CUADERNOS DE MITOLOGÍA Nº 23

LO QUE ESCONDEN LOS MITOS
IES RÍO JÚCAR MADRIGUERAS (ALBACETE) Donativo 2 euros. 2010-2011

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CUADERNOS DE MITOLOGÍA Nº 23 LO QUE ESCONDEN LOS MIITOS LO QUE ESCONDEN LOS M TOS IES RÍO JÚCAR MADRIGUERAS (ALBACETE) Donativo 2 euros. 2010-2011 TEXTO: Alfredo Alcahut Utiel. CORRECCIÓN: Raúl Alcahut Utiel. D.L AB-286-2001 (REVISTA DIDÁCTICA DEL IES RÍO JÚCAR) 2010-2011 Avda, Levante S/N 02230 Madrigueras (Albacete) COLABORAN: CEP DE CASAS IBÁÑEZ Y TALLERES DE TEATRO Y CINE DE AMPA SAN ISIDRO, CONSEJERÍA DE CULTURA - JUNTA DE COMUNIDADES DE CASTILLA-LA MANCHA, PROGRAMA ALCAZUL, AYTO. DE MADRIGUERAS SEMINARIO PERMANENTE USO DEL CÓMIC EN LA PRACTICA DOCENTE. MITOLOGÍA, CIENCIA, PENSAMIENTO E HISTORIA.
COORDINADOR: Alfredo Alcahut Utiel. PARTICIPANTES: Josefa Daría López López, Nieves Fernández Mancebo, Soledad Catalán Fuentes, Carmen Fuentes Gascón, Pedro Gómez Sánchez, Juana Ruiz Rodríguez, Mª Isabel Real García, Pedro Andrés Saéz Pardo, Carlos García Sánchez, Mª Carmen Martínez Merino, Pedro Gómez López, Carmen Perales López, Emilio Molina Vega, Mª Rocío Ruiz Godoy, Olga Jaén López, Ruth Vidal Daza, Ana Lucía Valiente Cabañero. Portada: Hércules y Atlas: relieve y escultura viviente realizada por Cristina García Jiménez, Héctor Carretero Milla y Pedro Martínez Jiménez. EDITORIAL No cabe duda de que los antiguos griegos y romanos daban bastante credibilidad a lo que contaban sus leyendas, si bien intentasen una y otra vez pasar los mitos por la criba del racionalismo. Llegó a existir un movimiento cultural, llamado evemerismo, que se especializó en racionalizar el mito hasta incluso los menores detalles. Después de muchos siglos la ciencia moderna consideró a la mitología como un conjunto de fantasías de las cuales a lo sumo se podría extraer una enseñanza moral. El tiempo, sin embargo, ha ido poniendo las cosas en su sitio, y gracias al afán de investigadores aventureros y soñadores como Schliemann, se ha ido descubriendo que hay gran verdad detrás de algunos mitos, aunque esta sea solo una base histórica o geográfica. Esta es la base de este trabajo, que pretende resumir hallazgos e interpretaciones y a la vez plantear nuevas propuestas. Se trata en definitiva, de sentir que el mito, tras tantos siglos, vive y tiene aún mucho que decir.

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ÍNDICE
1. EL TEMOR A POSEIDÓN Y LOS TSUNAMIS DEL EGEO…pág. 3 2. EL VIAJE DE LOS ARGONAUTAS O LA APERTURA DE LA RUTA DEL MAR NEGRO…………………………………………pág. 6 3. LOS VIAJES DE HÉRCULES O LA APERTURA DE LAS RUTAS DE OCCIDENTE ………………………………………….….……pág. 8 4. LAS GUERRAS DE TROYA Y DE ILIÓN……………………pág. 11 5. PERO… ¿A QUÉ ISLA REGRESÓ ULISES? …………………pág. 15 6. CUESTIONES DIDÁCTICAS……………………………..…pág. 24 7. BIBLIOGRAFÍA……………………………………………..…pág. 24

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1. EL TEMOR A POSEIDÓN Y LOS TSUNAMIS DEL EGEO
La civilización cretense o minoica, así llamada por el legendario rey Minos, es una de las más apasionantes de la antigüedad y de las que más misterios plantea: su origen, su esplendor, su brusca decadencia, los ecos míticos de su legado… todo ello hizo que a los pocos siglos de su final fuese vista por los griegos posteriores como una cultura de maravilla, cercana a los dioses. Las excavaciones y las románticas reconstrucciones llevadas a cabo han aumentado, aún si cabe, ese aura de maravilla y fascinación que rodea al mundo de los habitantes de la antigua Creta en el tercer y segundo milenios a. C.

Fresco de escena de tauromaquia. Palacio de Cnoso, Creta. La mitología nos habla de un rey, Minos, quien ordenó la construcción del laberinto. Rendía culto a los dioses, en especial a Poseidón, dios de los mares y que sacude la tierra. Esta deidad hizo surgir del mar a un hermoso toro, para que el rey se lo sacrificase. Pero Minos, en puesto de sacrificarlo, retuvo al bello animal. Irritado, Poseidón hizo que Pasífae, esposa del soberano, concibiese una pasión antinatural por el animal, al que finalmente se unió carnalmente. De resultas de esta unión nació un ser monstruoso, de cuerpo humano y cabeza de toro, Asterión, llamado Minotauro, que se alimentaba de carne humana. Encerró al toro en el laberinto, hasta que el joven ateniense Teseo, encerrado allí para ser devorado, acabó con el monstruo.

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CONCLUSIÓN
Tras el aparente brillo de sus procesiones, su rico colorido, su hedonismo, su alegría de vivir, sus tauromaquias y celebraciones atléticas, se escondía una civilización aterrorizada. Recientes descubrimientos con macabras pruebas de sacrificios humanos a los dioses demuestran que los cretenses eran conscientes de estar sujetos periódicamente a la furia desatada de la naturaleza, que azotaba el Egeo con terremotos y maremotos. Un dios era el claro responsable de estas catástrofes: Poseidón, dios del mar. La fuerza de este dios, que hacía mover el subsuelo, era representada por el toro, un animal vinculado al dios del mar por el mito del Minotauro. Hacia 1700 a. C. hay evidencias claras de la destrucción de los palacios, ya sea por invasiones, o más probablemente por terremotos. Estos son rápidamente reconstruidos, inaugurando la etapa de más esplendor de esta cultura. El final de esta civilización se precipitó por la explosión del volcán de la isla de Tera, poco antes del 1450 a. C. Las consecuencias de esta catástrofe fueron terroríficas: una lluvia de cenizas sepultó la isla de Creta, un tsunami gigantesco arrasó los puertos de la isla, la onda de choque y los sismos arruinaron los palacios de Cnosos, Festo y Maliá. Los griegos del continente, los micénicos, aprovecharon el desastre para invadir Creta. La leyenda del ateniense Teseo, matador del Minotauro, pudiera ser un eco mítico del final de esta civilización.

Teseo, ayudado por Atenea, mata al Minotauro.

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2. EL VIAJE DE LOS ARGONAUTAS O LA APERTURA DE LA RUTA DEL MAR NEGRO
Una de las más apasionantes sagas que hemos heredado de la antigüedad es la que se conoce como el viaje de los Argonautas. El resumen de la historia vendría a ser el siguiente: Habiendo sido destronado Esón, rey de Yolcos por su hermano Pelias, éste fue advertido por el oráculo de que tuviera cuidado con un hombre calzado con una sola sandalia porque pondría en peligro su trono. Jasón, hijo de Esón, fue educado por el centauro Quirón hasta que fue adulto. Cuando Jasón cumplió los veinte años, se dirigió a Yolcos dispuesto a recuperar el trono que por herencia le pertenecía. En el camino, tuvo que cruzar un río donde perdió una de sus sandalias. Al llegar a la ciudad, fue llamado por su tío Pelias y éste, al darse cuenta de que aquél podía ser el hombre que anunciaba el oráculo, decidió alejarlo de su tierra enviándolo a una difícil misión: viajar hasta la Cólquida (al pie del Cáucaso), y traer de allí el vellocino de oro, que había sido la piel de un carnero fabuloso que había salvado la vida a Frixo, antepasado de Pelias, y lo había trasladado a la Cólquida. Allí Frixo ofreció en sacrificio a Zeus este carnero y luego regaló la piel del animal, que era de oro, al rey Eetes, que lo depositó en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por la boca y una serpiente que nunca dormía. La expedición la organizó Jasón, acompañado de un grupo de unos cincuenta héroes griegos (Orfeo, Cástor, Pólux, Peleo, Hércules, Teseo, Laertes, Atalanta –única mujer de la expedición, famosa corredora y arquera—, Meleagro...) organizó la expedición. Le encargó a Argos, hijo de Frixo, la construcción del navío que recibió el nombre de Argo en homenaje a su constructor. Y del nombre de la nave tomaron a su vez el de Argonautas (marineros de Argo) los héroes que en ella embarcaron. Reunidos pues los Argonautas, se hicieron a la mar en dirección a la Cólquida. No mucho después llegaron a la isla de Lemnos, donde sólo habitaban mujeres. Los Argonautas permanecieron con ellas un tiempo y luego se marcharon. Después de pasar por algunos países, llegaron a Salmideso donde encontraron a Fineo, ciego y adivino, al que los Argonautas ayudaron a deshacerse de las Harpías, monstruos voladores con rostro de mujer, garras y alas, que, cumpliendo un castigo impuesto por los dioses, impedían que Fineo pudiera alimentarse. Fineo, en agradecimiento, informó a los Argonautas sobre el camino a seguir hasta la Cólquida.

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Superado este obstáculo, llegaron a la Cólquida. Jasón anunció a su rey, Eetes, su propósito. Éste le dijo que le dejaría llevarse el vellocino de oro si antes conseguía superar unas terribles puebas. Medea, la hija del rey Eetes, que era hechicera, se enamoró apasionadamente de Jasón y ayudó a éste a llevar a buen término su hazaña. Luego, Medea provocó un terrible sueño a la serpiente que custodiaba al vellocino, Jasón se apoderó de la preciada piel y huyó con sus hombres, con Medea y con el hermano de ésta, Apsirto, en su embarcación. Los hombres de Eetes persiguieron a la nave y Medea mató a su hermano, lo despedazó y lo arrojó al mar. El rey Eetes recogió los restos de su hijo y perdió de vista a los Argonautas. Después de esto, los Argonautas emprendieron el regreso sorteando diversos peligros hasta llegar a Yolcos. Allí Pelias recibió de Jasón el vellocino y luego murió, a manos de sus propias hijas, debido a una artimaña de Medea. Entonces Jasón y Medea huyeron a Corinto. Tuvieron dos hijos. Pero más tarde Jasón repudió a su mujer para casarse con Glauca, hija del rey de Corinto. Medea, para vengarse, acabó con la vida de Glauca y con la de los hijos que había tenido con Jasón. Jasón, destrozado por todo lo ocurrido, llevó una vida triste y solitaria, y un día que estaba sentado al borde de su barco, le cayó un enorme madero en la cabeza que acabó con su vida.

COMENTARIO
Los griegos y romanos de la antigüedad dieron un transfodno real a esta expedición, de la que el geógrafo Estrabón dice en su libro I “y la riqueza de aquella tierra, procedente de sus minas de oro, plata y hierro, sugiere para aquella expedición un motivo razonable”. Dejando aparte los hechos novelescos que van adornando el periplo, lo esencial para nosotros es esto: para los griegos se trata del primer navío que salió de las tierras griegas, cruzó el Helesponto y se adentró en el mar Negro. Ahora sabemos que el Mediterráneo oriental estuvo surcado entre el 3000 y el 1000 a. C. años por grandes navíos comerciales que se dedicaban casi indistintamente al comercio y a la piratería. Se han documentado para la ciudad de Ugarit navíos de 500 toneladas de capacidad en torno al 1300 a. Cto. Este mito parece evocar la apertura de una nueva ruta comercial que será de enorme importancia para los griegos, y que determinará en adelante una pugna por el control de los estrechos entre Europa y Asia.

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3. LOS VIAJES DE HÉRCULES O LA APERTURA DE LAS RUTAS DE OCCIDENTE
Dentro de las doce tareas que le fueron encargadas el héroe griego Heracles, más conocido como Hércules, dos de ellas nos resultan muy cercanas en lo geográfico a los habitantes de la península ibérica. Hércules es hijo de Zeus y de Alcmena. Desde su nacimiento Hera persigue con saña a Hércules, celosa por la infidelidad de su esposo. Por ello en la misma cuna ya le envía el primer problema: dos inmensas serpientes que intentan matarlo pero el recién nacido acaba con ellas estrangulándolas. El joven crece instruido en las armas y en las artes, pero su enorme fuerza le ocasiona numerosos problemas por lo que Anfitrión decide enviarle al campo, como pastor. Allí se hace adulto y alcanza una fuerza descomunal y una estatura fuera de lo normal. Realiza, luego, otras hazañas por las que Creonte, el rey de Tebas, le concede a su hijas mayor, Mégara, con la que tiene tres hijos. Pero Hera le volverá loco y en ese estado mata a sus hijos. Como expiación debe ponerse a las órdenes de Euristeo, rey de Tirinto y Micenas, y realizar los trabajos que él le encargue. En el décimo trabajo debía traer vivas a Micenas las vacas del monstruoso Gerión, ser de tres cuerpos que habitaba en Eritía, isla situada frente a la costa de Gades. Los tres cuerpos estaban fundidos en uno de cintura para arriba y se mantenían como tres de cintura para abajo. Las vacas estaban guardadas por el perro Orto y por el vaquero Euritión. Hércules mata al can con la maza y al vaquero. Mata también a Gerión, avisado por algunos pastores, Y mete las vacas en una vasija de oro que le había regalado el Sol. A la vuelta algunas de esas vacas son robadas por un famoso ladrón, de nombre Caco, aunque Hércules descubre el robo y da muerte a su autor. Finalmente son entregadas a Euristeo que las sacrifica en honor de Hera. Traer las manzanas de oro de las Hespérides será el undécimo trabajo que tenga que cumplir Hércules. Para conocer la localización del jardín de las Hespérides, Heracles tiene que encadenar a Nereo, divinidad marina, aunque éste opone fuerte resistencia. En su camino encuentra a Anteo, el gigante hijo de Posidón o de la Tierra,

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que recibía una fuerza invencible por su contacto con ella. Éste tenía por costumbre matar a todos los extranjeros que pasaban por su territorio. Hércules consigue derrotarlo levantándolo en vilo y evitando así que siguiera recibiendo la citada fuerza. En otra etapa de su camino libera a Prometeo que permanecía atado a una roca por su desacato a Zeus. El titán en agradecimiento le indica el camino a seguir para cumplir su encargo: primero debe buscar a su hermano Atlas y convencer a éste de que sea él quien vaya a buscar las manzanas de oro al jardín de las Hespérides, que, según parece, se encontraba en el sur de la península ibérica. Así lo hace, persuade al gigante de que vaya a por los frutos, mientras él sujeta la bóveda celeste, castigo eterno al que había sido condenado Atlas por Zeus, pero a la vuelta el titán se niega a colocarse de nuevo bajo la bóveda, por lo que Hércules le engaña diciéndole que la sujete un momento mientras él se pone una almohadilla. Cuando el gigante lo hace Heracles escapa con las manzanas. Por fin las lleva a Euristeo quien se las regala a Hércules, aunque éste se las entrega a Atenea que las devuelve a su lugar original.

COMENTARIO
Hasta hace unas décadas estos trabajos eran interpretados sin más como producto de la fantasía. Sin embargo recientes hallazgos de productos micénicos en el sur de España (cerámica micénica del Llanete de los Moros, junto a Montoro, fechada en la primera mitad del siglo XIII a.C., en torno al 1300 a. C.) han confirmado los intercambios entre los antiguos hispanos y los griegos micénicos. A la luz de estos descubrimientos resultan mucho más plausible considerar que, tras los trabajos de Hércules ubicados en occidente, en torno a Hesperia, se hallan expediciones en parte comerciales, en parte de saqueo. Incluso la apertura de esta ruta comercial queda fijada en el recuerdo por el nombre que tenía en la antigüedad el estrecho de Gibraltar: estrecho de las Columnas de Hércules, por suponer que el héroe había abierto ese paso en su viaje hacia Eritía. También es muy interesante la mención del legendario reino de Tartessos, que aparecerá luego citado por Heródoto. Sostenía García Bellido al estudiar todas estas cuestiones que la manía de ciertos autores helenísticos, Estrabón uno de ellos, que considerar a Homero como un historiador y geógrafo digno de crédito implicaba aceptar lo que no eran sino fantasías que la critica moderna había de rechazar de manera decidida, citando expresamente

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entre esas fantasías la noticia que facilita Asclepiades y Estrabón transmite de una ciudad de nombre Odysseús en la sierra granadina. Con relación a esas hipotéticas excursiones micénicas por tierras de nuestra Península, anteriores en varios siglos a los tiempos de la formación de la cultura tartésica en Andalucía, va a ser muy difícil obtener, en el hipotético caso de que las mismas hubieran sido reales, alguna prueba documental que pudiera ser estudiada por la moderna Arqueología. Jaime Alvar, no obstante, matizaba recientemente que "hace veinticinco años ningún investigador en sus cabales hubiera defendido la existencia de una presencia permanente de micénicos en Italia y hoy, incluso, se han excavado algunos de sus enclaves". En fechas también recientes, con motivo de las excavaciones llevadas a cabo por Martín de la Cruz en el Llanete de los Moros, en Montoro (Córdoba), se han identificado fragmentos de cerámica micénica fechada en la primera mitad del siglo XIII a.C., mucho tiempo antes de que los comerciantes fenicios arribaran a las costas del sur de España. Es imposible precisar el modo en que esa cerámica llegó a nuestro país, pero permite suponer una relación con los micénicos. El poblado ubicado en el Llanete de los Moros debía recoger las producciones de minerales procedentes de la zona de Cardeña, en la serranía cordobesa. El mineral era, precisamente, lo que atraía a los viajeros orientales. Para profundizar en el conocimiento de la presencia micénica o de otros pueblos del Mediterráneo Oriental en los siglos que anteceden al nacimiento de Tartessos habrá que prestar especial atención a la evolución de la investigación arqueológica en los próximos años, sin olvidar, además, la importancia de profundizar en el estudio de los barcos representados en el abrigo de Laja Alta (Cádiz), sin duda navíos de origen oriental, así como de interpretar adecuadamente los elementos que decoran las denominadas estelas funerarias de guerreros propias del sur de nuestra Península en los tiempos del Bronce, elementos en los que muchos investigadores ven reflejadas las creencias funerarias propias del mundo griego antiguo. Tampoco hay que pasar por alto el objeto de los viajes, las manzanas de oro y los bueyes. En todos los tiempos, pero particularmente en épocas previas al uso de la moneda, el oro y el ganado se convierten en símbolo de posesión de riqueza. Por tanto, en sentido literal o figurado, los micénicos vinieron a las tierras de occidente en busca de riquezas, y los viajes de Hércules son el testimonio oral deformado de la apertura de una ruta marítima que unía Grecia con el extremo occidental del Mediterráneo y las cercanas costas atlánticas.

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4. LAS GUERRAS DE TROYA Y DE ILIÓN
Durante siglos y siglos la impronta de la obra poética de Homero, ha sido tan enorme en la cultura occidental que ha moldeado gran parte de nuestra literatura y pensamiento, y de modo especial la visión que tenemos del mundo. En el siglo XIX Schliemann, con su genial intuición, hizo realidad muchos sueños y Troya reapareció a la luz. Homero, pues, decía verdad, pero hablaba de una potencia que era, a la vez, Troya e Ilión, y de un príncipe que lo mismo se llamaba Paris que Alejandro, y de un pueblo que era indistintamente conocido por dárdanos, teucros y troyanos. Y poco después, las fuentes hititas se abren a nuestro conocimiento para aportar preciosos datos: Asuwa, Truisa, Wilusa, Ahhiyawa. ¿Cuántas guerras, ciudades o países se esconden tras el mito de Troya?

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
La historicidad de Troya, dudada durante milenios, se ha comprobado ahora, tras siglos de oscuridad. Tras la aventura de Schliemann y otras fructíferas investigaciones posteriores, hoy damos a Homero su justo crédito, como antaño hicieran los griegos. Pero parece como si la discusión sobre Troya se hubiera detenido en su existencia. Es curioso lo poco que se sabe sobre una ciudad que ha dado tanto que hablar. Sólo a fines del s. XIX y durante el s. XX se han dado pasos concretos que nos permiten decir algo más sobre el pueblo de los troyanos. La Troya que dio pie a la leyenda fue una impresionante ciudadela habitada desde el III milenio a C. La ciudad de Troya que aparece en los poemas épicos de Homero se consideró durante largo tiempo que era sólo legendaria, pero en 1870 el apasionado arqueólogo alemán Heinrich Schliemann inició unas excavaciones que desenterraron las verdaderas murallas de piedra y las almenas de una antigua ciudad en la colina llamada Hissarlik (en turco “lugar de fortalezas”), a unos 7 Km. del mar Egeo y de los Dardanelos. Tras su muerte, las excavaciones de Schliemann fueron continuadas entre 1893 y 1894 por su ayudante, Wilhelm Dörpfeld, quien complementó los anteriores descubrimientos. Entre 1932 y 1938 se realizaron nuevas excavaciones bajo la dirección del arqueólogo norteamericano Carl Blegen. En la colina de Hissarlik, se determinaron los siguientes asentamientos: Troya I, el primero, con una muralla construida con piedras pequeñas y pizarra, fechado hacia el 3000 a. C.; Troya II, fortaleza prehistórica, con fuertes terraplenes de defensa, un

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palacio y casas, de una fecha algo posterior; Troya III, IV y V, villas prehistóricas construidas sucesivamente sobre las ruinas de Troya II durante el periodo transcurrido entre el 2300 y el 2000 a. C.; Troya VI, una fortaleza, que abarcaba una zona más amplia que los asentamientos anteriores, con grandes murallas, torres, puertas y casas que databa del 1900 al 1300 a. C.; Troya VII a, reconstrucción de Troya VI, construida después de que la ciudad fuera destruida por un seísmo; Troya VII b y VIII, de casas sencillas de piedra, fechadas desde el 1100 a. C. hasta el siglo I a. C. aproximadamente, y Troya IX, la acrópolis de la ciudad grecorromana de Ilión, o Nueva Ilión, con un templo dedicado a Atenea, edificios públicos y un gran teatro, y que existió desde el siglo I a. C. hasta aproximadamente el 500 d. C. Heinrich Schliemann, que descubrió los primeros cinco asentamientos, identificó Troya II con la Troya homérica. Los descubrimientos de Dörpfeld, confirmados por Blegen, probaron que la Troya homérica debía identificarse con Troya VII a, que fue destruida por el fuego en una fecha similar a la de la guerra de Troya. Esta y no otra es la Troya que cantó Homero en la Ilíada. Por su parte los documentos hititas nos han aportado datos precisos sobre un país, conocido como Truisa en sus documentos, situado en la costa de Anatolia. Este estado mantuvo relaciones con Hattušaš que oscilaron entre la sumisión y el enfrentamiento abierto. Ayudó al país de Hatti contra Egipto en la batalla de Kadeš, pero posteriormente se unió a la liga formada por Luqqa (Licia), Asuwa (Asia), Wilusa (Ilión) y otros para enfrentarse con el Imperio Hitita con varia fortuna. Finalmente Truisa fue destruida, quizá por los Ahhiyawa o aqueos de Rodas y Mileto1. Es muy posible que este acontecimiento tuviera tanta resonancia en el mundo micénico que dio pie a la leyenda troyana en sus múltiples y poetizadas variantes. La leyenda confundió fantasía y poesía, lo histórico y lo mítico, por lo que es frecuente encontrar en ella confusiones, errores y equívocos. Famosa y ya esclarecida es la identificación equivocada de Troya con Ilión. Hoy sabemos sin ninguna duda que Troya-Trusa e Ilión-Wilusa eran dos países distintos e independientes aunque pertenecientes ambos a la Liga de Asuwa.

Sobre las relaciones hititas-aqueos es fundamental la obra de Page, History and the Homeric Iliad, Berkeley, 1959, y también la Introducción a Homero, de R. Adrados, F. Galiano, L. Gil Y Laso de la Vega, Labor, madrid, 1984, capítulo VII.

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Es más, los descubrimientos de textos luvitas y las investigaciones posteriores entre 1980 y 1990 por parte del profesor Calvert Watkins, permiten suponer que la lengua de Wilusa era el luvita. En efecto, se descubrió una frase luvita “alati Wilusa” cuya traducción se corresponde exactamente al epíteto homérico “αι̉πὲν ̉́Ιλιον” o “escarpada Ilión”. Pero lo más sorprendente es que la inercia del error mantenido durante

milenios hace que se siga diciendo que la lengua de los troyanos era el luvio.

COMENTARIO
De manera casi inconsciente, diríase que casi atávica, hemos transmitido la identificación Troya-Ilión de generación en generación, arrastrados por el impetuoso torrente de la tradición, como si los grandes descubrimientos de estos últimos siglos no sirvieran para nada. Es menester deshacer el error: es verdad que admitir la ecuación “alati Wilusa” = “αι̉πὲν ̉́Ιλιον” despeja una incógnita: la lengua de los habitantes de Wilusa podría haber sido el luvio o luvita, una lengua indoeuropea del grupo anatolio emparentada con el hitita. Pero nada hace suponer que en Troya se tuviera que hablar la misma lengua que en Ilión. Los documentos hititas de los archivos oficiales de Hattuššas señalan la existencia de los Ahhiyawa (aqueos) de Rodas y Milawatas (Mileto), y la creación de una liga encabezada por el reino de Asuwa (Asia), que incluye Luqqa (Licia), Wilusa o Wilusiya (Ilión) y T(a)ruisa (Troya). Tras la derrota de la liga por el soberano Tuthaliya, los aqueos, unos auténticos vikingos del II milenio a. C., se lanzan a saquear Troya, que fue auxiliada por sus debilitados aliados. La tradición oral posterior confundiría Troya y Paris (nombre tracio), con Wilusa o Wilusiya y su rey Alaksandas (el Alejandro de la Ilíada). Resulta muy esclarecedora a este respecto la noticia que nos da Esteban de Bizancio2, quien afirma que un tal Mótilo hospedó a Alejandro-Paris. El nombre de Mótilo coincide bastante bien con el del rey hitita Muwatalli, con quien precisamente firmó un pacto de vasallaje Alaksandas, rey de Wilusa. ̉ Ni el nombre Τροία está emparentado con ̉́Ιλιον, ni Truisa con Wilusa. Τροία (en jonio Τροίη), el nombre en griego de época histórica, debe de originarse por su fonética de una forma hipotética *Trosya >*Troyya >*Troiya > Τροία, es decir, la

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Esteban de Bizancio, s. v. Σαµυλία.

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misma evolución que, por ejemplo, el grupo –osyo que va a dar lugar a los genitivos οι̃ο/-ου̃. Esta hipótesis está firmamente apoyada por la forma que aparece en los documentos anatolios, es decir, T(a)ruisa. Podemos fácilmente conjeturar la forma de la cual pudo derivar esta Truisa, es decir, *Trusya. Vemos que los nombres que reconstruimos son idénticos salvo en un detalle: los diferentes timbres o/u. Además podemos extraer fácilmente la raíz de este topónimo: se trata de trus/tros, según consideremos el vocalismo. El otro elemento que aparece en ambas raíces es un sufijo muy extendido –yā, que sirve para formar nombres de países en diferentes lengua: latín Italia, griego Γαλατία, ruso Российя, árabe , etc. El único pueblo cuyo nombre

presenta afinidad con los habitantes de *Trusya/Trosya serían los tirrenos o etruscos. La raíz de este pueblo no indoeuropeo es trus/turs, tanto en griego como en latín. Así tenemos en griego arcaico, es decir “tirsenos”, y más tardíamente Τυρρήνοι o “tirrenos”: En latín los etruscos eran llamdos “Etrusci” o “Tusci”, que procede de un latín arcaico *turscoi. Esta primera afinidad se refuerza si tenemos en cuenta que el nombre Etruria deriva de *E-trus-ya. Lo hasta aquí expuesto nos conduce una única salida lógica y coherente, y es pensar que el pueblo etrusco (o tirreno) y el pueblo troyano están íntimamente vinculados, cuando no debamos establecer sin más que se trata del mismo pueblo en dos fases de su existencia: los troyanos serían el pueblo trus/tros conocido en su apogeo político y económico como potencia dominadora del norte del Egeo y de la costa de Anatolia en el II milenio, mientras que tirrenos o etruscos serían sus gloriosos continuadores en el mediterráneo occidental, tras las migraciones que se produjeron en torno al año 1000 a. C. Damos por supuesto que la patria de los etruscos es el Asia Menor. Un solo inconveniente parece tener esta propuesta de etimología y es el hecho de que la raíz que hemos propuesto oscila entre trus y tros. Pero este obstáculo es sólo aparente, puesto que tanto el lemnio como el etrusco tienen una sola vocal posterior, que en lemnio es notada o (pronunciado como o cerrada en la grafía jonia) y en etrusco u. Por tanto nos hallamos ante la misma raíz.

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5. PERO… ¿A QUÉ ISLA REGRESÓ ULISES?
Ulises llegó a casa solo, tan avejentado y aturdido tras veinte años de ausencia que no conoció a la tierra que le vio nacer, a la humilde y pedregosa isla de Ítaca. Pero eso es lo mismo que les ha ocurrido a muchos investigadores de todos los tiempos, que no acaban de reconocer en la actual Ítaca a la antigua. ¿Qué ha ocurrido? Vamos aquí a presentar el resultado de una muy sencilla investigación en la que con Internet y Google Earth en una mano y la Odisea de Homero en la otra, dentro de la clase de griego, hemos creído descubrir algunos detalles sobre la patria de Ulises, Ítaca.

ÍTACA
Ítaca es una isla del mar Jónico que pertenece a Grecia y tiene una superficie de 96 km² y 5.000 habitantes. Es un municipio independiente en la prefectura de Cefalonia, y se encuentra al noreste de la isla de Cefalonia.

PERO, ¿ES ÍTACA LA PATRIA DE ODISEO?
Hay muchas dudas acerca de que la isla llamada Ítaca en la actualidad sea la patria legendaria de Odiseo (Ulises), el

protagonista de La Odisea de Homero. El autor describe 26 lugares específicos de Ítaca y ninguno de ellos parece corresponderse con la moderna Ítaca. Existen varias teorías para explicar por qué esto es así, ninguna de las cuales es concluyente. Por otro lado, algunos estudiosos creen que puede que se trate del lugar donde habitara el mismo Odiseo. Se han intentado localizar en la actual Ítaca ciertos lugares a los que hace referencia Homero, como se ve en el mapa adjunto.

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OTRAS TEORÍAS
Ante el hecho de que la descripción que hace Homero se aviene poco a la Ítaca actual algunos investigadores han buscado en otros lugares la localización de la isla de Ulises. Así el arqueólogo Dörpfeld sostuvo que Levkas sería realmente Ítaca. Otros aseguran que habría que buscar la ubicación de la patria de Ulises en Italia, concretamente en el occidente de la isla de Sicilia.

TESTIMONIOS DE HOMERO
En el canto II de La Ilíada se mencionan sucesivamente los contingentes del ejército aqueo, entre los cuales están: Los de Duliquio y las sagradas islas Equinas, que están situadas frente a la costa de Élide; al frente de éstos iba Meges Filida, igual a Ares, al que había engendrado el cochero Fileo, caro a Zeus, que había emigrado a Duliquio, enemistado con su padre. A éste cuarenta naves le seguían. A su vez, Odiseo acaudillaba a los magnánimos cefalenios, que poseían Ítaca y su frondoso Nérito y administraban Crocilea y la escarpada Egílipe, a los que poseían Zante y administraban Same y sus alrededores, y a los que poseían el continente y regían la costa de enfrente. De éstos era jefe Odiseo, igual a Zeus en ingenio. A éste, doce naves, de proas rojas, le seguían. La isla grande en el centro es Cefalonia. Ítaca es la isla a su derecha. La península de Paliki, que algunos sostienen que sería en realidad la legendaria Ítaca, es la parte occidental de Cefalonia (NASA). Pero las descripciones que hace Homero en La Odisea, en el canto IX concretamente, sobre la patria de Odiseo no se corresponden con la actual Ítaca: Soy Odiseo, el hijo de Laertes, el que está en boca de todos los hombres por toda clase de trampas, y mi fama llega hasta el cielo. Habito en Ítaca, hermosa al atardecer. Hay en ella un monte, el Nérito de agitado follaje, muy sobresaliente, y a su alrededor hay muchas islas habitadas cercanas unas de otras, Duliquio y Same, y la poblada de bosques Zante. Ítaca se recuesta sobre el mar con poca altura, la más remota hacia el

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Occidente, y las otras están más lejos, hacia Eos y Helios. Es áspera, pero buena criadora de mozos. Esto ha llevado a los investigadores a realizar otras hipótesis basándose en sus estudios. Una de ellas, defendida desde 2005 por el británico Robert Bittlestone, sitúa la patria de Odiseo en la península de Paliki. Según esta teoría, esta península que se asemeja en gran medida a las descripciones de Homero, habría constituido una isla en tiempos antiguos al estar dividida la isla de Cefalonia (de la que forma parte), por un canal marino, que con el tiempo se habría cerrado. Según esta hipótesis, la actual Ítaca podría haber correspondido en realidad a la homérica isla de Duliquio. Historiadores británicos dijeron que han descubierto nuevas pruebas geológicas para resolver uno de los mayores misterios de la antigua Grecia: precisar dónde se encuentra la antigua isla de Ítaca, hogar del legendario héroe de Homero, Odiseo. "Estamos a un paso de descubrir el antiguo misterio", dijo el asesor Robert Bittlestone, quien ha trabajado con profesores de historia clásica y geología para unir las piezas del intrigante rompecabezas arqueológico. Encontrar Ítaca podría rivalizar con descubrimientos tan notorios como el de la antigua Troya en las costas anatolias en la década de 1870, o el de Cnossos en Creta. Nadie sabe si Odiseo o su ciudad existieron realmente. Pero el descubrimiento de las ruinas de Troya, donde Odiseo y otros héroes legendarios griegos batallaron, llevó a los estudiosos a creer que la historia de Homero es más que una leyenda. Hasta ahora, se pensaba que el reino de Ítaca estaba en la isla jónica de Ithaki. Pero el equipo de Bittlestone dijo que cree que está en Paliki, una península en la isla de Kefalonia, al oeste de Ithaki. Bittlestone, que quedó intrigado por el misterio mientras estaba de vacaciones en Grecia, consiguió la ayuda del clasicista de Cambridge James Diggle y el geólogo de Edimburgo John Underhill para perforar un pozo de 122 metros en la franja que une Paliki con el resto de Kefalonia. El equipo de investigadores no encontró roca caliza sólida, lo que sugirió que Paliki podría haber sido una isla por sí sola. El equipo dice que las avalanchas y los deslizamientos de tierra causados por terremotos podrían haber llenado un antiguo canal marítimo. Bittlestone aseguró que se

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harían más pruebas a lo largo del istmo para probar su teoría. "Existen evidencias de que estamos tras la pista correcta", afirmó. "Durante miles de años la gente pensó que Homero estaba equivocado en la descripción de Ítaca. Creo que Homero estaba en lo cierto pero no lo vimos porque el paisaje ha cambiado", agregó.

COMENTARIO
Hasta aquí de Internet y los libros más conocidos. Ahora nosotros, atando cabos y con Homero en la mano y después de leer esto, nos encaminamos a la península de Paliki: de la mano de Google Earth, tras un atento examen de las fotografías que nos proporciona, observamos que: 1. Entre Paliki y Cefalonia hay un valle que correspondería al estrecho que separa

Ítaca de Cefalonia. Aquí es donde recientes excavaciones han comprobado la ausencia de roca caliza. 2. Al norte de la isla hay un puerto natural con forma de tenaza que es donde Odiseo

llega desde Feacia. La descripción corresponde perfectamente con lo que dice Homero. “En el pueblo de Itaca hay un puerto, el de Forcis, el viejo del mar, y en él hay dos salientes escarpados que se inclinan hacia el puerto y que dejan fuera el oleaje producido por silbantes vientos; dentro, las naves de buenos bancos permanecen sin amarras cuando llegan al término del fondeadero. Al extremo del puerto hay un olivo de anchas hojas y cerca de éste una gruta sombría y amable consagrada a las ninfas que llaman Náyades. Hay dentro cráteras y ánforas de piedra y también dentro fabrican las abejas sus panales. Hay dentro grandes telares de piedra donde las ninfas tejen sus túnicas con púrpura marina ¡una maravilla para verlas! y también dentro corren las aguas sin cesar. Tiene dos puertas, la una del lado de Bóreas accesible a los hombres; la otra, del lado de Noto, es en cambio sólo para dioses y no entran por ella los hombres, que es camino de inmortales. Hacia allí remaron, pues ya lo conocían de antes, y la nave se apresuró a fondear en tierra firme, como a media altura ¡tales eran las manos de los remeros que la impulsaban! Éstos descendieron de la nave de buenos bancos y levantando primero a Odiseo de la cóncava nave, le colocaron sobre la arena, rendido por el sueño, junto con su manta y resplandeciente sábana. También sacaron las riquezas que los ilustres feacios le habían donado cuando volvía a casa por voluntad de la magnánima Atenea.

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Conque colocaron todo junto, cerca del tronco de olivo, lejos del camino no fuera que algún caminante cayera sobre ello y lo robara antes de que Odiseo despertase, y se volvieron a casa”. Canto XIII. 3. Desde ese

puerto la ruta natural lleva al centro de la isla, donde aún hoy hay caseríos

dispersos. . Uno de ellos fue

donde cuidaba piaras Odiseo.

Eumeo las de

«Llégate en primer lugar al porquero, el que vigila tus cerdos, quien se mantiene fiel y sigue amando a tu hijo y a la prudente Penélope. Lo encontrarás sentado junto a los cerdos; éstos están paciendo junto a la Roca del Cuervo, cerca de la fuente Aretusa, comiendo innumerables bellotas y bebiendo agua negra, cosas que crían en los cerdos abundante grasa. Detente allí, siéntate a su lado y pregúntale por todo, mientras yo voy a Esparta de hermosas mujeres a buscar a tu hijo Telémaco, Odiseo, pues ha marchado a la extensa Lacedemonia junto a Menelao para preguntar noticias sobre ti, por si aún vives.» Canto XIII “Entonces él se puso en camino desde el puerto a través de un sendero escarpado en lugar boscoso por las cumbres, hacia donde Atenea le había manifestado que encontraría al divino porquero, el que cuidaba de su hacienda más que los demás siervos que el divino Odiseo había adquirido. Y lo encontró sentado en el pórtico, donde tenía edificada una elevada cuadra, hermosa y grande, aislada, en lugar abierto.” Canto XIV.

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4. El camino continúa hacia la población más importante de la isla, la antigua Ítaca. “Eumeo condujo hacia la ciudad a su soberano, que se asemejaba a un miserable y viejo mendigo, que se apoyaba en su bastón y cubría su cuerpo con vestidos que daban pena. Cuando en su marcha por el empinado sendero se encontraban cerca de la ciudad y llegaron a una fuente labrada de hermosa corriente, a donde iban por agua los ciudadanos (la habían construido Itaco, Nerito y Polictor en el centro de un bosque de álamos negros que crecían con su agua; era completamente redonda y de lo alto de una piedra caía agua fría, y encima de ella había un altar de las Ninfas, donde solían sacrificar todos los ciudadanos), allí se topó con ellos Melantio, hijo de Dolio, que conducía las cabras, las que sobresalían entre todo el ganado, para festín de los pretendientes; y con él marchaban dos pastores... Así diciendo, los dejó caminando lentamente; en cambio, él se puso en camino y llegó enseguida a la morada del rey... Odiseo y el divino porquero se detuvieron en su caminar; les llegaba el sonido de la sonora lira, pues Femio se había puesto a cantar para ellos. Entonces Odiseo tomó de la mano al porquero y le dijo: «Eumeo, a lo que parece ésta es la hermosa morada de Odiseo, pues se destaca tanto que se la puede ver fácilmente entre otras muchas. Una estancia sigue a la otra, su patio está cercado con muro y cornisa y sus puertas bien firmes son de doble hoja.” Canto XVII 5. Al sur hay una minúscula isla con una pequeña ensenada, ideal para que un barco se oculte. Aquí estarían emboscados los pretendientes que aguardaban el regreso de Telémaco. “Hay una isla pedregosa en mitad del mar entre Itaca y la escarpada Same, la isla de Asteris. No es grande, pero tiene puertos de doble entrada que acogen a las naves. Así que allí se emboscaron los aqueos y esperaban a Telémaco”. C IV.

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Costa de Paliki (Antigua Ítaca)

Islita en la que los pretendientes aguardaban a Telémaco de regreso de Pilos.

Costa de Cefalonia

Pero aún hay más: A: La población principal de Paliki (la única que merece este nombre) tiene hoy un puerto artificial. B: Observando la línea de la costa se ven unos desniveles acusados en los campos que bordean la ciudad. Estos desniveles podrían perfectamente corresponder a un puerto

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natural cegado luego por la erosión. Algunos de estos terrenos están hoy a una altura de 6-8 m. sobre el nivel del mar. C: Muy cerca del puerto hay un promontorio sobre una pequeña elevación, entre 24 y 29 metros sobre el nivel del mar. Se trata de un lugar estratégico, de fácil defensa. Aquí podría estar la acrópolis de la antigua ciudad y la casa de Odiseo. D: En lo alto de esta elevación se ve una excavación arqueológica.

CONCLUSIÓN
Si todo lo que llevamos dicho tiene sentido, así serían las islas vecinas de Ítaca hace unos 3.000 años:

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La fotografía ha sido obtenida de Google Earth y manipulada por nosotros para mostrar el canal entre Ítaca y Cefalonia.

¿Qué les ha parecido? ¿Les convence la idea? A nosotros sí. Y creemos que a Homero también.

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6. CUESTIONES DIDÁCTICAS
I. Hacer una línea del tiempo con los principales acontecimientos minoica, micénica y griega arcaica. II. Busca la definición de: laberinto, mégaron, atlas, Aries, Tauro, tirreno, odisea, Minotauro, catasterismo y Leo. ¿Con qué mito o personaje mítico se relaciona cada término? III. Relaciona con los contenidos de esta publicación: el buque oceanográfico Hespérides; la compañía de aviación Iberia; las columnas del escudo de España; el pretendido origen troyano de los fundadores de Roma; la cordillera marroquí del Atlas. IV. Relaciona con los contenidos de esta publicación las siguientes obras literarias: Medea de Eurípides, El viaje de los Argonautas de Apolonio de Rodas, la Odisea de Homero, El toro del mar, de Mary Renault; El Vellocino de Oro, de Robert Graves. de las civilizaciones

7. BIBLIOGRAFÍA
BLANCO FREIJEIRO, Antonio. La Guerra de Troya. Historia 16. Madrid. 1985. BOARDMAN, J. Los griegos en ultramar. Alianza. Madrid.1983. CHADWICK, John. El mundo micénico. Alianza Universidad, Barcelona, 1982. CÓRDOBA ZOILO, Joaquín María. Las relaciones entre oriente y occidente durante el primer milenio A.C. Revista de estudios albacetenses, Albacete, 1984. ELVIRA, Miguel Ángel. El enigma etrusco. Historia 16. Madrid. 1988. GRIMAL, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Paidós, Barcelona, 1981. HERÓDOTO. Historias. Alma Mater. Barcelona. 1960. HESÍODO La teogonía. Ed. bilingüe de Luis Segalá. Visión libros, Barcelona, 1986. HIGINO. Fábulas. Ediciones Clásicas. Madrid. 1997. HOMERO. Himnos. Edicomunicación. Barcelona. 1999. trad. de Luis Segalá. HOMERO. Ilíada. Edaf. Madrid. 1989. Prólogo de Alberto Bernabé. MACKENZIE, Donald A. Creta y el prehelénico europeo. Studio/M. E, Madrid, 1996 KOVALIOV. Historia de Roma. Akal Textos. 1979. RUIPÉREZ/TOVAR Historia de Grecia Montaner y Simón, Barcelona, 1979. BENDALA, Manuel El arte tartésico. Historia 16. Madrid 1991.

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