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La Timidez y su Tratamiento

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William

Montgomery
CONSEJO DIRECTIVO REGIONAL – LIMA

COLEGIO DE PSICÓLOGOS DEL PERÚ



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

1

LA TIMIDEZ Y SU
TRATAMIENTO
______________________________






William Montgomery Urday




Colegio de Psicólogos del Perú
Consejo Directivo Regional - Lima
Lima-Perú
2010
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

2



Colegio de Psicólogos del Perú – CDR - Lima
Junta Directiva Período 2010-2012


DECANO: Dr. Jaime Aliaga Tovar
SECRETARIO: Mg. Pedro Ticona Arellano
TESORERO: Lic. Jorge Saldarriaga Ruiz
VOCAL 1: Mg. Ramón Vera Cortegana
VOCAL 2: Lic. América Zalazar Lino






Título: La Timidez y su Tratamiento
Autor: William Montgomery Urday
Docente Universidad Nacional Mayor de San Marcos
© 2010 Colegio de Psicólogos del Perú
Consejo Directivo Regional – Lima
Jr. Camilo Carrillo 164 – Jesús María
Impreso en Gráfica Universo, Jr. Rufino Torrico 329 Int. 11 –
Lima-Perú
Primera edición.
Tiraje: 1000 ejemplares
Hecho el Depósito Legal Nº 2010 - 05494
en la Biblioteca Nacional del Perú.

ISBN: 978-612-45754-0-2
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

3




_____________________________

PRÓLOGO
_____________________________

Entre las variadas dificultades que ha encontrado la
elaboración de La Timidez y su Tratamiento está la ausencia
de estadísticas e investigaciones directamente relacionadas
con la prevalencia de la timidez en el Perú, lo cual no es de
extrañar, dado que en el mundo entero tampoco hay mucha
información al respecto, salvo la mencionada en las páginas
del capítulo inicial de esta publicación. Se ha prestado
mucha atención a los trastornos de fobia, ansiedad,
depresión, agresividad, falta de asertividad, evitación y
pánico asociados a diversas patologías sociales, pero muy
pocas veces a problemas poco manifiestos como el que ocupa
las páginas que siguen. Las razones de eso se explicitaran en
su debido lugar.
De cualquier modo, se juzga por lo general de acuerdo
a las solitarias investigaciones del Dr. Phillip Zimbardo y
sus colaboradores que entre un 40% a 50% de la población
mundial sufre o ha sufrido en algún momento de timidez, y
una parte menor de esa cifra (con timidez crónica) podría
acercarse al peligroso borde de la fobia social.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

4
El grado de disfunción conductual ocasionada por la
timidez más recalcitrante varía de acuerdo con una serie de
condiciones, a saber: el sexo, la edad, el número de
familiares, el tipo de red social y familiar, la clase social o
estatus socioeconómico,la disposición biológica, factores
ambientales e incluso la procedencia etnogeográfica. No
obstante se puede decir que, al margen de todas esas
condiciones, la Psicología ha desarrollado herramientas
terapéuticas suficientemente efectivas para ayudar al
individuo aquejado por ese problema. Dichas herramientas
quizá no eliminen por completo el trastorno, pero si
permiten afrontarlo y afrontar las situaciones que lo afectan.
Por ello, como se explicará en su momento, los conceptos de
control y autocontrol están muy vinculados a estos
procedimientos, que, por lo demás, son bastante conocidos y
de amplio uso en el “recetario” contemporáneo para
aplicarse a un extenso rango de problemas psicológicos.
Aquí se adaptan sus operaciones al problema de la timidez,
en consonancia con la experiencia de quien escribe.
Durante el transcurso de la exposición del tema en
todo momento se enfatiza la parte práctica, y se dedica más
de la mitad del libro al desarrollo de la evaluación, la
tecnología y su aplicación a través de un programa. En ese
sentido, esta obra muy bien pudo llamarse “técnicas para el
control de la timidez”.

William Montgomery Urday
Enero de 2010






William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

5



_____________________________

ÍNDICE
_____________________________



P.

INTRODUCCIÓN.......................................................

9
CAPÍTULO 1
La timidez....................................................................


19
CAPÍTULO 2
Timidez y autocontrol..................................................


37
CAPÍTULO 3
Evaluación inicial de la timidez...................................


53
CAPÍTULO 4
Control de las emociones negativas.............................


75
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

6

CAPÍTULO 5
Mejoramiento del trato social......................................


97
CAPÍTULO 6
Incremento de la efectividad personal.........................


121
CAPÍTULO 7
Modificación de la forma de pensar............................


143
CAPÍTULO 8
Un programa y matices en el enfoque.........................


165
EPÍLOGO....................................................................

181
BIBLIOGRAFÍA......................................................... 187






TABLAS
________________________________________________

1.1.Criterios para el diagnóstico de la fobia social según el
DSM IV, p. 23
1.2. Registro de conducta del niño tímido, p. 31.
1.3. Escala de timidez revisada de Check y Buss, p. 32.

2.1.Cuestionario de autocontrol infantil y adolescente
(muestra de ítems), p. 46.
2.2.Escala de locus de control para niños, p. 48.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

7
3.1. Criterios de determinación de un problema, p. 54.
3.2. Proceso de evaluación conductual, p. 55.
3.3. Taxonomía de estímulos y situaciones, p. 59.
3.4. Ejemplo de cuadro informativo, p. 62.
3.5. Inventario de indicadores de tensión y ansiedad, p. 68.
3.6. Inventario de ansiedad, p. 69.
3.7. Cuestionario de apoyo comunitario percibido, p. 70.
3.8. Modelo de hoja para test sociométrico, p. 72.

4.1. Hoja de control de los ejercicios de relajación, p. 89.
4.2. Autorregistro de ansiedad subjetiva, p. 90.
4.3. Hoja de autoverbalizaciones de afrontamiento, p. 91.
4.4. Escala breve de miedo a la evaluación negativa, p. 92.
4.5. Inventario de miedos escolares (muestra de ítems), p. 92.
4.6. Inventario de confianza para hablar en público (muestra
de ítems), p. 93.
4.7. Lista de emociones positivas y negativas, p. 94.

5.1. Tres tipos de comportamiento social, p. 104.
5.2. Ejemplo de registros de componentes verbales y no
verbales de la actuación, p. 111.
5.3. Escala de habilidades sociales (muestra de ítems), p. 112.
5.4. Inventario de destrezas sociales (muestra de ítems), p.
113.
5.5. Escala de comportamiento asertivo para niños (muestra
de ítems), p. 114.
5.6. Escala multidimensional de expresión social (muestra de
ítems parte motora), p. 116.
5.7. Escala multidimensional de expresión social (muestra de
ítems parte cognitiva), p. 117.

6.1. Escala de problemas, p. 134.
6.2. Hoja de metas, p. 135.
6.3. Hoja de perfil del problema, p. 136.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

8
6.4. Análisis y selección de alternativas, p. 137.
6.5. Inventario de toma de riesgos (muestra de ítems), p. 138.
6.6. Inventario de resolución de conflictos (muestra de
ítems), p. p. 140.

7.1. Hoja de debate de creencias irracionales, p. 149.
7.2. Módulo básico de funcionamiento de pensamientos
distorsionados, p. 151.
7.3. Registro diario de pensamientos distorsionados, p. 158.
7.4. Hoja de debate de pensamientos, p. 159.
7.5. Inventario de creencias (muestra de ítems), p. 160.
7.6. Inventario de aceptación-acción, p. 162.




















William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

9






_____________________________

INTRODUCCIÓN
_____________________________

En la experiencia clínica cotidiana no suelen ser
reportados muchos casos de timidez. Los que vienen
generalmente son de tipo infanto-juvenil, remitidos a
consulta por los padres y/o maestros preocupados por el
retraimiento social de los chicos, y más aun por sus posibles
correlatos de bajo rendimiento en otras áreas. Como dicen
Monjas (2001) y Banús (2010), se cree que las personas con
este problema no padecen seriamente debido a que su
comportamiento externo es poco perturbador, y no se les
identifica como sujetos de tratamiento especializado.
Además, son una minoría dentro del universo de pacientes
con padecimientos psicológicos.
Sin embargo cabe sospechar que, debajo de una parte
de los trastornos de depresión, ansiedad generalizada u otros
problemas de disforia por los que son remitidos niños y
adolescentes, habría causas relacionadas con la ansiedad
social. Por ejemplo, hay casos de masturbación compulsiva,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

10
de hábitos nerviosos, de trastornos alimentarios, etcétera,
desarrollados debido al temor y frustración que el o la joven
sufre con respecto a su fallida interacción con personas del
sexo opuesto de su misma edad. Entonces, lo que hay que
tratar allí es el problema de fondo, además de sus correlatos.
Quizá esta causa soterrada tiene que ver con la
conocida tesis de Jerome Kagan sobre lo que él llama
fenómeno de “inhibición conductual”, una especie de
manifestación del factor neuroticismo en el temperamento,
que hace que ciertos niños sean propensos a tener menor
control de sus reacciones de miedo y ansiedad, ante sucesos
no familiares (Kagan, 2000; Sandín, 2009). Esta inhibición
conductual se halla íntimamente relacionada con los
problemas de timidez y fobia social, y también con muchos
otros trastornos emocionales que aparentemente no tendrían
que ver mucho con ella
1
.
De cualquier modo, la tesis aquí defendida es que la
timidez permanente o crónica resulta un problema de mucha
mayor incidencia que la que se acostumbra aceptar, lo que lo
califica para ser objeto de mayor atención que la tenida hasta
ahora. Ciertamente, no todos están de acuerdo con esto. Por
ejemplo, para Scott (2006) la timidez en los tiempos que
corren se ha convertido sólo en un “mal estado de ánimo”
entre los habitantes del hemisferio occidental, debido a que
implica un fracaso en lograr valores culturales tales como la
asertividad y la expresividad, lo cual ocasiona una “moda
epidémica” de búsqueda de tratamientos que se reflejaría, por
un lado, en el aumento de intervenciones clínicas y de

1
Sin embargo, como se dice en el primer capítulo de esta obra,
sería un error atribuir el mayor peso de la influencia para el
surgimiento de la ansiedad social al factor biológico, teniendo
tanta evidencia empírica que demuestra, a su vez, el papel del
aprendizaje temprano en dicha etiología.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

11
páginas de autoayuda sobre la timidez en la internet, y, por
otro lado, en la creciente tasa de diagnósticos de fobia social,
trastornos de ansiedad social y de personalidad por evitación
El uso de los recursos de la internet también es motivo
de discusión con respecto a la timidez, pues para algunos
sumergirse en la wev constituye un medio de aislamiento
atractivo para los socialmente retraídos, empeorando su
hábito; mientras que para otros es un medio de
empoderamiento que ofrece oportunidades para desinhibirse
y adquirir competencias sociales. Al decir de Saunders y
Chester (2008), probablemente sea las dos cosas a la vez.
Mención aparte merece también el uso ya
enormemente generalizado de los teléfonos celulares.
Aunque todavía no hay investigaciones al respecto, es notorio
que andar permanentemente interconectado con una red
social y familiar proporciona cierto grado de apoyo y
seguridad para algunos individuos, lo que les puede servir
para mejorar su conducta de afrontamiento o calmar su
ansiedad (este último papel lo cumplía antes el cigarrillo).
Hoy en día es casi impensable no ver por las calles a mucha
gente, sobre todo a mujeres jóvenes, manipulando y
conectándose a través de llamadas por celular casi
“compulsivamente” cada tantos minutos.
¿Es eso una buena o mala señal? El tiempo lo dirá.



TIMIDEZ Y TIMIDEZ
________________________________________________


Ahora bien, ¿es tan “malo” ser tímido? No desde cierta
óptica. Phillip Zimbardo, el más connotado investigador de
este rasgo de la personalidad, señala que hay dos clases de
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

12
timidez: una “pública” o moderada y otra “privada” o
extrema (Zimbardo y Radl, 1981/2002). La primera es
molesta, pero superable con algún esfuerzo. El individuo que
es “tímido público” puede desempeñarse de manera
relativamente normal en la mayoría de actividades sociales, e
incluso esconder su timidez. La segunda, la timidez extrema,
en cambio, es recalcitrante y verdaderamente representa un
problema para quien la sufre, porque incapacita o disminuye
significativamente la capacidad de desempeño en situaciones
específicas que involucran exhibición o escrutinio
interpersonal.
En los casos moderados, podría decirse incluso que la
conducta tímida es una virtud. No inhibe al sujeto para
disfrutar de la vida de forma aceptable, y si no lo califica
como un compañero muy divertido que digamos, tampoco lo
convierte en un grave obstáculo para que otros se diviertan.
De hecho, probablemente este mundo sería mucho mejor si
estuviera mayoritariamente habitado por tímidos moderados;
y con seguridad sería mucho menos violento. Ellos suelen ser
más respetuosos y protocolares en el trato social.
Por eso el tratamiento psicoterapéutico se dirige más a
quienes vivencian su timidez de manera “privada”. Aquellos
que sienten emociones negativas y ven truncadas sus metas
debido a su incapacidad de controlarlas. Aquellos que
piensan distorsionadamente acerca de la realidad,
magnificando las dificultades. Aquellos que carecen de
habilidades de comunicación interpersonal y de estrategias
para manejar diversos tipos de conflicto. Ese tipo de timidez,
según las investigaciones del grupo de Zimbardo (véase
Henderson y Zimbardo, 1998a), correlaciona
significativamente con sentimientos de vergüenza, de
desconfianza interpersonal, de resentimiento y de hostilidad,
al par que muestra altas tasas operantes de distanciamiento y
evitación social.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

13
EL PLAN DE ESTE LIBRO
________________________________________________

Este libro está hecho para ayudar a tratar esos
problemas desde una perspectiva que se considera
consensualmente eficaz (véase el apéndice a esta
introducción).
Respecto al contenido de la obra, el ordenamiento es el
siguiente:
El primer capítulo tiene por objeto definir la timidez y
describir algunas de sus características, discutir los factores
que contribuyen a que aparezca y explicitar sus dimensiones
directamente observables.
El segundo capítulo se refiere a las relaciones entre la
timidez y los repertorios de autocontrol, tanto en términos de
variable de la personalidad como de estrategia de
afrontamiento.
El tercer capítulo aborda el campo de la evaluación
conductual de la timidez, empezando por los criterios
generales de determinación de un problema, la entrevista, los
registros, autorregistros y pruebas de autoinforme
pertinentes.
Los cuatro capítulos siguientes tratan sobre paquetes de
tratamiento para: 1) controlar las emociones negativas, 2)
mejorar el trato social, 3) incrementar la efectividad personal,
y 4) modificar la forma de pensar. Es evidente que estos
módulos requieren instrumentación propia para cumplir sus
objetivos. Por ello, en cada sección se brinda información
básica sobre registros y autoinformes desde un punto de vista
conductual, y se indican los registros y autoinformes más
indicados para cumplimentar las tareas evaluativas de cada
módulo, incluyendo los formatos de algunos de esos
instrumentos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

14
El último capítulo se ocupa tanto de la elaboración de
un programa conductual para el tratamiento de la timidez,
como de discutir algunas atingencias respecto a las
particularidades de la eficacia de las intervenciones
psicológicas, con referencia a la tecnología y la alianza
terapéutica.
Al final de cada capítulo se consigna una breve
bibliografía recomendada para la sección específica.
Para terminar, en el epílogo de la obra se presenta una
serie de listas con recomendaciones para padres, maestros y
otras personas en contacto directo con sujetos tímidos, con el
objeto de prevenir dificultades cotidianas relacionadas con su
trastorno.
Con el objeto de clarificar algunos aspectos del
tratamiento teórico-conceptual dado en este libro —sobre
todo para aquellos no iniciados en el enfoque conductual—,
también se incluye adjunto un apéndice a esta introducción
que explicita un conjunto de tesis básicas para lo que se va a
decir en los sucesivos capítulos.


APÉNDICE: UN ESBOZO TEÓRICO ESQUEMÁTICO
________________________________________________

Cualquier tipo de aplicación psicológica parte de una teoría.
La teoría implicada aquí es conductista, pero previniendo la
tradición de mal entendimiento que suele evocar esta declaración
sumaria, es conveniente precisar algunos aspectos de su
interpretación con base en textos anteriores de quien suscribe
(Montgomery, 2005ab, 2006, 2007). Las influencias fundamentales
de esta postura conductista pueden encontrarse en varias fuentes,
entre ellas Staats (1975/1979; 1996/1997), Santacreu, Hernández,
Adarraga y Márquez (2002), Fernández-Ballesteros (2004a), Ribes
y López (1985) y Goldfried y Davison, 1976/1981).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

15
A continuación, se enuncian una serie de postulados
progresivamente inclusivos que expresan los principios del enfoque
teórico, metodológico y aplicativo que se profesa:
1) El conductismo es una manera de ver lo psicológico
desde el punto de vista de la interacción intra y extraorgánica del
individuo con su ambiente físico, biológico y social. Dicha
interacción, llamada conducta o comportamiento, tiene correlatos
cognitivos. afectivos, motores y fisiológicos, y está sujeta a
principios funcionales (relacionados con el aprendizaje) en torno a
los cuales se delimita la metodología y la investigación.
2) Si bien el aprendizaje explica los rasgos humanos,
diversas condiciones biológicas (sistemas nervioso central y
periférico) pueden afectarlo. El papel de la biología es proporcionar
los mecanismos disposicionales para el funcionamiento de lo
sensorial, el aprendizaje y la ejecución de la conducta.
3) En el desarrollo humano, la interacción evoluciona
desde niveles simples hasta complejos por medio de intrincadas
combinaciones de repertorios conductuales adquiridos mediante el
aprendizaje, por lo que es central la metodología de análisis
detallados de los principios y combinaciones de ellos, que
intervienen en los niveles de adquisición humana y de personalidad.
El aprendizaje es “acumulativo-jerárquico”, una propiedad que
implica la agrupación de unidades pequeñas de conducta para
formar configuraciones más complejas, en las cuales, una vez
formadas como un todo, se cumplen los principios de aprendizaje
de la misma forma que se cumplían en las respuestas unitarias
simples. Cada nivel de comportamiento tiene su propia
configuración particular en base a la acumulación inclusiva de
aprendizajes en niveles anteriores.
4) En la base del funcionamiento “acumulativo-jerárquico”
están los procesos de condicionamiento clásico e instrumental, que
se sobreponen e interactúan entre sí. Hay tres funciones que los
estímulos pueden tener para el individuo: cuando se aparea un
estímulo incondicionado (Ei) de propiedades reforzantes (ya que
evoca respuestas glandulares internas) con un nuevo E, éste, ya
condicionado (Ec), llegará a evocar la misma respuesta que
producía el Ei, adquiriendo también la cualidad de estímulo
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

16
reforzador (Er). Así se mezclan principios de ambos tipos de
condicionamiento. Puesto que un Er también evoca respuestas
fisiológicas internas, hay que añadir que éstas igualmente se
condicionan a otros E presentes en la situación, constituyendo una
especie de “contexto propiciador” de interacciones (Ed) que
comprende funciones tanto discriminativas y reforzantes como
evocadoras (Ec) de respuestas instrumentales y emocionales. De tal
manera, el condicionamiento clásico es el que da funciones a un Ed
condicionado (instrumental).
5) Estas funciones, a su vez, se ven afectadas por los
estados de privación y saciedad, y los procesos de discriminación y
generalización, fortaleciéndolas, extendiéndolas, restringiéndolas o
debilitándolas. Así, el individuo tiene la oportunidad de aprender en
su desarrollo gran cantidad de comportamientos relacionados con
eventos emotivos y motivacionales a la vez, tanto en el sentido de
acercarse, como de alejarse de diversas situaciones. Por eso las
funciones hasta ahora reseñadas se denominan “actitudinales-
reforzantes-directivas” (sistema A-R-D), dando cuenta de las
actitudes e intereses característicos de toda persona. El hecho de
que gran parte de dicha conducta esté ligada a estimulación interna
explica el porqué de la autonomía de la conducta humana.
6) Los mecanismos implicados en el aprendizaje humano
son extraordinariamente complejos. La conducta del individuo está
tan determinada por acontecimientos anteriores, como es
determinante de lo que le sucederá después, debido a
constelaciones de habilidades complejas aprendidas en la niñez que
disponen las condiciones personales y situacionales para interactuar
de variadas formas en etapas posteriores. Así se llega al concepto
de personalidad como un conjunto de repertorios conductuales
básicos (RBCs) representativos del estado actual en que se
encuentra el aprendizaje acumulativo-jerárquico del individuo, pero
además que lo capacitan para nuevas adquisiciones. Un repertorio
(o conjunto de ellos) es condición para que aparezcan otros, y así
sucesivamente.
7) Los RBCs de la personalidad son los sistemas cognitivo-
lingüístico, emotivo-motivacional y motor-sensorial. El primero
involucra repertorios relacionados con el lenguaje receptivo y
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

17
productivo (aprendizaje verbal motor y verbo-emocional, habla,
imitación y etiquetación verbal, desarrollo de la lectura, la escritura
y los conceptos, inteligencia), el segundo involucra repertorios
relacionados con la afectividad (aprendizaje de actitudes,
vinculación y apego, condicionamiento parental), y el tercero se
compone de repertorios referidos al plano sensomotor instrumental
(habilidades de equilibrio y coordinación motora fina y gruesa,
manipulación, imitación, atención, imaginación, etc.). Si bien
pueden describirse e investigarse separadamente, debe quedar claro
que las tres clases de RBCs funcionan entretejidos en interacciones
complejas.
8) El análisis de los fenómenos psicológicos con base en
los conceptos, principios y métodos del aprendizaje permite
desplegar una ingeniería conductual que cambia o dispone sucesos
para promover, disminuir, mantener, extender o incrementar el
comportamiento en la medida que se necesite según el contexto, las
circunstancias del control y los correlatos motores, afectivos y
cognitivos que suponga. Los problemas del individuo bajo consulta
(“procesos” o “respuestas encubiertas”) se tratan como conductas
en sí mismas, porque involucran contingencias lingüísticas y
simbólicas observables como relaciones complejas, con parámetros
de orden geográfico (dónde y cuándo suceden), descriptivo (qué
sucede), topográfico (cómo se actúa o no, pudiendo hacerlo, en
ellas), demográfico (quiénes intervienen o no, pudiendo hacerlo),
probabilitario (cómo comenzó el problema y cuál fue su evolución;
con qué habilidades, déficits, excesos o inadecuaciones en el
repertorio se llega), discursivo (pensamiento acerca del problema) y
otros datos relevantes.
9) Las tesis expuestas no aluden al paradigma skinneriano
(aunque lo integran junto a otros enfoques). Se trata de un punto de
vista integrado e integrador desde el cual no se hacen distinciones
entre cognición y conducta. La cognición es una propiedad de la
conducta en función y no cabe crear un mundo fantasmal a partir de
su separación del mundo real. De hecho, la tecnología creada y
utilizada a partir de enfoques llamados (incorrectamente) cognitivo-
conductuales, como el aprendizaje social y los centrados en
creencias, valoraciones, atribuciones y estrategias, se basa
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

18
mayoritariamente en la aplicación de las leyes del aprendizaje a las
esferas del comportamiento verbal, emocional y simbólico., dentro
de los parámetros ya señalados.
10) Todas las técnicas mencionadas en este libro, al margen
de la declaración “procognitivista” de los autores de algunas de
ellas y de muchos de sus seguidores, son conductistas porque: a)
utilizan principios básicos del análisis conductual en distintas
combinaciones, tanto a nivel de conducta abierta como encubierta;
b) se ocupan de situaciones interactivas (ER); c) llevan la
analogía del análisis científico al quehacer cotidiano (división en
componentes, subcomponentes, objetivos, tareas, uso de
parámetros, etc.); d) utilizan métodos de observación y registro
conductual; e) trabajan con una lógica determinista, cuantitativa y
operacionalista, y f) enfatizan el cambio de la conducta abierta.
En este contexto, la timidez (en su versión extrema) resulta
un problema conductual abordable como RBC inadaptativo, con
correlatos de tipo cognitivo-lingüístico, emotivo-motivacional y
motor-sensorial abiertos y encubiertos.
















William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

19



_____________________________

CAPÍTULOO
_____________________________
* LA TIMIDEZ
_____________________________


En términos terapéuticos, la forma particular de
ansiedad social llamada timidez no suele ser tomada muy en
serio en comparación con otros trastornos, dado que siempre
se le ha considerado un problema menor, pero en realidad se
constituye en una seria dificultad para un buen número de
personas, principalmente aquellas que atraviesan las difíciles
etapas de la infancia y de la adolescencia. Si bien ninguna
etapa de la vida carece de exigencias, es indudable que los
niños y los jóvenes son los más presionados por la necesidad
social, y posteriormente económica, de relacionarse de
manera exitosa con sus semejantes, sintiendo vivamente las
carencias de habilidades comunicativas y de autocontrol de la
ansiedad que su formación familiar y educacional a veces no
les brinda.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

20
Estas carencias suelen manifestarse, de acuerdo con las
características de la situación en que se ve inmerso el sujeto
tímido, como simple dificultad en buscar, mantener o
responder adecuadamente a relaciones sociales, o como una
elevada reactividad nerviosa frente a circunstancias que lo
destacan protagónicamente de alguna manera (interactuar con
extraños, ser objeto de atención, estar bajo observación
evaluativa, etcétera). En suma, malestar e inhibición en
presencia de otras personas, lo que en el mundo actual es
realmente un gran impedimento.


1. CARACTERÍSTICAS GENERALES
________________________________________________


En su estudio, Monjas (2001) define sumariamente la
timidez (infantil) como “un patrón de conducta caracterizado
por déficit y/o inadecuación de relaciones interpersonales y
una tendencia estable y fuerte de escape o evitación del
contacto social con otras personas en diversas situaciones
sociales” (p. 39).
Técnicamente, los mecanismos de condicionamiento
clásico y operante se hayan en la base de la explicación
fundamental en la adquisición y mantenimiento del trastorno.
En términos de la teoría del aprendizaje emotivo-
motivacional de Staats (1996/1997), la timidez con
frecuencia se encuentra vinculada con ciertos sucesos
traumáticos que evocan reactividad emocional negativa en
relación a una vulnerabilidad predisponerte particular a cada
individuo, y más asíduamente se relaciona tanto con el
reforzamiento negativo que conlleva la evitación a
situaciones exigentes (por ejemplo, ir a reuniones sociales o
simplemente ir al colegio), como con el reforzamiento
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

21
positivo de la reacción tímida debida a la atención y la
sobreprotección de los entornos familiares o sociales más
cercanos.
También la experiencia vicaria, obtenida mediante la
observación de otros individuos y la recepción de
informaciones que inducen respuestas evitativas (por
ejemplo, la noticia de que la fiesta de fin de año va a ser
comenzada con discursos de cada uno de los asistentes),
puede jugar un papel determinante.
La prevalencia de la ansiedad social está cercana al 6
% de la población, y la atención sanitaria que se le brinda
desde la salud pública es todavía insuficiente (Vallés, 2008).
La timidez en sí misma suele ser reportada en mucho mayor
índice (en sus investigaciones, Herderson y Zimbardo
[1998b] han detectado hasta un 50 %). La mayoría de las
veces sólo se presenta en las primeras etapas del desarrollo,
tendiendo a aminorarse o desaparecer con el transcurso del
tiempo, pero en ocasiones continúa hasta la adultez, e incluso
se puede incrementar hasta constituirse como una fobia
social.
De hecho, la presencia de timidez infantil es un factor
de riesgo para la evolución de una fobia. En estudios hechos
al respecto (Heiser, Turner y Beidel, 2002) la prevalencia de
la fobia social es significativamente superior entre los
tímidos (18 % de la muestra) comparada con la de los no
tímidos (3 %), no obstante la mayoría de los tímidos no es
socialmente fóbica (83 %).
La diferencia de la fobia social con la timidez parece
ser una cuestión de grado (Olivares, Rosa, Piqueras, Sánchez-
Meca, Méndez y García-López, 2002). Ambas pueden
aparecer en la infancia, e involucran miedos persistentes a
contactos con personas no familiares y al enjuiciamiento
ajeno, con síntomas de anticipación cognitiva negativa,
ansiedad, desajustes psicofisiológicos, temor a fracasar,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

22
angustia y huida. Sin embargo, la intensidad y duración de
los síntomas, así como la frecuencia de la conducta
instrumental de escape o evitación, son mucho mayores en
los sujetos fóbicos (Caballo, 1995; Heiser, Turner y Beidel,
2002; Echeburúa y Corral, 2009). Esta diferencia
“clínicamente significativa” se especifica en los criterios
diagnósticos del manual de trastornos mentales DSM-IV
(APA, 1994/2002, p. 427; ver tabla 1.1).

En cualquier caso, mientras dura la ansiedad social, su
presencia en cualquier grado suele experimentarse como un
impedimento que priva al individuo aquejado por ella de
relacionarse a plenitud con ricas fuentes de estimulación
situacional e interpersonal que redundarían en mejoras vitales
a todo nivel, en los planos amical, familiar, sentimental,
educativo, laboral, de pareja, y otros. Según datos aportados
por Henderson en 1997 gracias a un perfil obtenido mediante
el Inventario de Minnessota (Cit. por (Olivares, Rosa,
Piqueras, Sánchez-Meca, Méndez y García-López, 2002; p.
525), la timidez provoca un deterioro de las relaciones
sociales en un 13 % de los casos. Y no sólo eso. Desde
siempre es comúnmente aceptado, entre otras cosas, que los
estudiantes que fracasan en la escuela con frecuencia
muestran como una de sus características el mostrar temores
intensos y ser muy conformistas (Clarizio y McKoy,
1970/1981).

Esto, desde luego, es muy relativo. Pero ilustra cómo
el trastorno en última instancia redunda en conflictos
personales, frustraciones, baja autoestima y baja autoeficacia,
con la consiguiente pérdida de oportunidades, y a veces en
cuantiosos gastos relativos a servicios de atención sanitaria y
tratamientos psicofarmacológicos.


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

23
Tabla 1.1. Criterios para el diagnóstico de la fobia social
según el DSM-IV.

A. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales
o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a
personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible
evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un
modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o
embarazoso. Nota: En los niños es necesario haber demostrado que
sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares
son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social
aparece en las reuniones con individuos de su misma edad.
B. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi
invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede
tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos
relacionada con una situación. Nota: En los niños la ansiedad puede
traducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en
situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco
familiar.
C. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional.
Nota: En los niños puede faltar este reconocimiento.
D. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se
evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.
E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el
malestar que aparece en la(s) situación(es) social(es) o
actuación(es) en público temida(s) interfieren acusadamente con la
rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o
académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente
significativo.
F. En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro
sintomático debe prolongarse como mínimo 6 meses.
G. El miedo o el comportamiento de evitación no se deben a los
efectos fisiológicos directos de una sustancia o de una enfermedad
médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro
trastorno metal.
H. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor
descrito en el Criterio A no se relaciona con estos procesos.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

24
2. FACTORES ENDÓGENOS Y EXÓGENOS
________________________________________________

Algunas teorías de la personalidad, que enfatizan los
factores biológicos, atribuyen los rasgos comúnmente
identificados con la timidez a predisposiciones
temperamentales, relacionadas con las tipologías
nerviosas y constitucionales tales como el tipo “melancólico”
de Hipócrates, el tipo “introvertido” de Jung y Eysenck,
los tipos “cerebrotónico” de Sheldon y “asténico” de
Kretschmer (véase Pinillos, López y García, 1966); pero, aún
cuando las correlaciones formales de la timidez con las
pruebas construidas para “medir” dichos rasgos tipológicos
puedan ser altas
2
, es poco probable que se deban a algo más
que generalizaciones hechas a partir de las propias conductas
de los individuos con problemas de ansiedad social.
El más representativo autor moderno de la postura que
da énfasis al plano biológico es Kagan (1994, 2000), quien, a
través de multitud de estudios con niños en la primera
infancia, indica que ha encontrado efectivamente
predisposiciones temperamentales predecibles hasta los
veinticuatro meses en un 15 por ciento de su muestra, que se
morigeran en la interacción con el ambiente y con la edad
(algo que, en honor a la verdad, también consideran los
teóricos de la personalidad antes mencionados).
Este posible aspecto genético se reflejaría en un patrón
temprano de inhibición conductual —timidez,
distanciamiento y pasividad—, ante personas, objetos o
situaciones no familiares, de manera más o menos estable

2
Henderson y Zimbardo (1998b) señalan que la diferencia entre
introvertidos y tímidos radica en la distinta actitud ante los
encuentros sociales. En resumen, todo tímido es introvertido,
pero no todo introvertido es tímido.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

25
hasta aproximadamente los siete años de edad. Según Kagan
(2000), la inhibición conductual se puede detectar a partir de
un seguimiento de la reactividad motora y del llanto de los
niños desde los cuatro meses hasta los dos años, y a los
cuatro años ya se puede predecir si un niño en particular es o
será tímido.
No obstante, la heredabilidad del rasgo de timidez o
vulnerabilidad a la fobia social no está concluyentemente
probada, pudiéndose atribuir las diferencias tempranas al
aprendizaje emotivo-motivacional del neonato. Las
interacciones lúdicas, cariñosas y vocales con el bebé son
formas primarias para su condicionamiento emocional, a
partir de sus primeras respuestas de conducta motora, de
atención y perceptiva, y pueden afectar de muy diversas
formas el factor temperamental (Staats, 1996/1997), como se
verá en el siguiente parágrafo respecto al papel del hogar en
los patrones de crianza.
Quizá estudios como el de Díaz, Pérez, Martínez,
Herrera y Brito (2000) pueden dar luz sobre la influencia de
ciertos elementos que modifican el equilibrio entre factores
endógenos y exógenos en la primera infancia. Ellos
investigaron, en una muestra de 38 niños y sus
correspondientes madres, el nexo entre cada una de las
personalidades maternas (a través del Cuestionario de
Personalidad 16PF de Cattell) y las reacciones
temperamentales (tono emocional, nivel de actividad y
vocalización) ante la estímulación física y social de cada uno
de sus respectivos bebés de nueve meses de edad, en
diferentes situaciones de laboratorio. Los datos fueron
positivos frente a la hipótesis formulada, acerca de una
relación significativa entre la extroversión materna y la
reacción temperamental de cada infante.
En otras palabras, la experiencia moldeada a través de
los patrones de crianza y cuidado de los individuos produce
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

26
un componente idiosincrásico típico de cada individuo, que
integra determinantes biológicos, culturales, sociales y del
medio físico. Hay, pues, factores endógenos y exógenos en
inextricable combinación, que intervienen en este complejo
problema conductual.

2.1. El papel del hogar
________________________________________________

Siendo importantes los patrones de crianza, cabe
preguntarse qué tipos particulares de ambientes o atmósferas
familiares son las que harían más propensos a los niños a
manifestar un comportamiento general rotulado como
“tímido” o “retraído”.
Desde semejante perspectiva se considera que la
dinámica familiar de los primeros años, con características
combinadas o yuxtapuestas en muchos patrones distintos
relacionados con la edad, el grupo étnico, el género sexual, el
número de miembros, la cultura, etcétera; influye
decisivamente sobre la aparición de conductas dependientes,
inhibidas, inseguras, ansiosas y desajustadas. Ciertas
investigaciones acerca de esa dinámica señalan, por ejemplo,
que las interacciones entre el comportamiento de una madre
excesivamente indulgente o muy rígida, y un padre pasivo,
por lo general influyen sobre el surgimiento de diversas
modalidades de timidez en sus hijos (Lebl, 2005), desde
luego condicionalmente al lugar que ocupen en el número de
vástagos, o con respecto a otras condiciones coyunturales.
Según Hauck (1980/1983), hay cuatro modelos de
amabilidad y firmeza en el hogar: a) poco amable y firme
(tiende a formar niños nerviosos, inseguros y acomplejados),
b) amable pero no firme (tiende a formar niños consentidos),
c) ni amable ni firme (tiende a formar vagos y delincuentes),
y d) amable pero firme (tiende a formar gente productiva).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

27
Cada hogar es distinto, pero también comparte una
serie de características con otros hogares que podrían ser
estadísticamente suficientes como para catalogarlo con las
etiquetas de “autocrático”, “tolerante” o “democrático”,
según las clasificaciones al uso. Es importante indicar que
para catalogar estos tipos de hogares se tienen en cuenta, por
un lado, el “calor” o “frialdad” de las relaciones sociales
dentro de ellos, y, por otro lado, el grado de independencia o
dependencia que fomentan entre sus variados participantes
(Crombach, 1977).

2.2. La familia
________________________________________________

En el caso de las familias afectuosas y democráticas,
los miembros se consultan y se alientan ente sí a expresar sus
emociones y sentimientos, tanto como a concretar sus
realizaciones. Puede decirse que ésta es la atmósfera familiar
ideal para producir individuos con buenas o aceptables
habilidades sociales y eficacia personal (los que sin duda en
la teoría de Eysenck [1981/1995] se llamarían, según el grado
de activación y labilidad, “extrovertido estable” o
“introvertido estable”).
En las familias demasiado indulgentes, los padres
sobreprotegen al niño generándole una sensación de
seguridad, únicamente dentro del propio hogar o círculo
interno. El refuerzo positivo se dispensa
indiscriminadamente, fortaleciendo la dependencia del hijo
con respecto a los padres, sin estimular respuestas
instrumentales de realización propia ni tolerancia a la
frustración.
Esto puede agudizarse si se trata de un hijo único, o del
menor del grupo. Cuando el niño criado en estas condiciones
tiene que salir del círculo interno en el cual se le ha encerrado
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

28
cual “jaula de oro”, difícilmente exhibirá las competencias
que requiere en el nivel justo para interactuar en el mundo,
inhibiendo su conducta social y mostrándose poco
comunicativo, poco asertivo, temeroso, sumiso, retraído e
indefenso, con las consiguientes dificultades que eso conlleva
en la relación con sus pares dentro de la escuela y con otras
redes sociales. No es raro, por ejemplo, encontrar sujetos de
este tipo entre las víctimas de bullying infantil y adolescente
(Monjas, 2001; García, 2008). Esto es irónico, pero se debe
la contraposición entre su crianza de trato “blando” y el duro
maltrato que sufren en otros contextos.
En el otro polo están las familias de carácter
autocrático. Allí la represión y el castigo están a la orden,
imponiendo normas que recortan la independencia de los
hijos. La exigencia es excesiva respecto a metas
distorsionadas, induciendo ansiedad, y la disciplina es rígida
y arbitraria, inclinando a los niños hacia la rebeldía, o, más
frecuentemente, al servilismo. En este último caso se produce
el rasgo de “conformidad obligada”: un niño callado, poco
asertivo, poco emprendedor, obediente, pero en esencia,
hostil. Acostumbrado a un grado de exigencia superior a sus
posibilidades y a ser constantemente reprimido, el individuo
criado bajo estas condiciones no tenderá, por lo general, a
rebasar los límites de su “universo” subjetivo, prefiriendo la
seguridad de pasar desapercibido en cualquier situación.
Una reciente investigación, hecha a partir de una
muestra de casi tres mil padres y madres con hijos e hijas
escolarizados (Torío, Peña e Inda, 2008), revela que hay un
grupo no consciente del conjunto de valores más importantes
en la educación de sus vástagos, difiriendo el deseo paterno
(lo que debería ser) de la realidad (lo que es) en las
tendencias de comportamiento. Esto realza la necesidad de
programas de de formación para padres, con fines de
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

29
orientación psicopedagógica adecuada y modificar o mejorar
sus prácticas de crianza.


3. DIMENSIONES DIRECTAMENTE
OBSERVABLES DE LA TIMIDEZ
________________________________________________

La timidez es un constructo que sintetiza una
determinada constelación de respuestas emocionales e
instrumentales. Los referentes que se consideran como
indicadores directamente observables del trastorno
(generalmente identificado en sus dimensiones con el
comportamiento no asertivo), son verbales y no verbales.
Los componentes verbales son, entre otros, volumen
bajo de la voz y poca fluidez de vocalización (tartamudez,
pausas exageradas, silencios, muletillas, vacilaciones, etc.), y
los segundos involucran gestos tensos o estereotipados;
faciales y de las extremidades (frotamiento de manos,
temblor, entrelazamiento), hábitos nerviosos (morderse las
uñas, jalarse el cabello, meterse el dedo en la nariz), hombros
encogidos, mirada huidiza, etc. Adicionalmente, pueden
considerarse el sudor de manos, la sequedad de la garganta,
la palidez o el enrojecimiento de la cara en situaciones
socialmente exigentes (Fábregas y García, 1988; Caballo,
1995).
Basados en estos indicadores, traducibles en
parámetros topográficos y de frecuencia, duración, latencia o
intensidad necesarios para la medición de la conducta, los
profesionales de la conducta pueden verificar
anecdóticamente a través de la entrevista y observación lo
siguiente con respecto al sujeto tímido (ver Zimbrado y Radl,
1981/2002):
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

30
a) ¿Es renuente a iniciar una conversación o actividad,
ofrecerse a hacer algo o preguntar?

b) ¿Es renuente a estructurar situaciones ambiguas
mediante preguntas, normas o el reordenamiento físico de los
elementos?

c) ¿Es más renuente que otros sujetos a hablar con sus
condiscípulos, permanece más tiempo en silencio, interrumpe
menos que otros individuos?

d) ¿Es incapaz de manejarse en situaciones permisivas,
por ejemplo una fiesta?

e) ¿Presenta dificultades más asiduas cuando las
pautas de conducta no son claras, con respecto a la
generalidad de sujetos?

f) ¿Hace menos gestos y movimientos que otros
individuos?

g) ¿Muestra mayor tendencia a obedecer órdenes sin
cuestionarlas y es poco bromista?

La Encuesta de Timidez de Stanford fue la primera
herramienta de investigación sobre la timidez (Zimbardo y
Radl, 1981/2002). Son un total de 34 preguntas ordenadas en
cinco secciones que indagan sobre: a) información básica
(datos personales, educativos, religiosos, étnicos), b) timidez
propia (autopercepción y creencia sobre la percepción ajena),
c) envergadura de la timidez (ante quienes y ante qué
situaciones), d) reacciones ante la timidez (sensaciones y
pensamientos), y e) consecuencias de la timidez (atribuciones
positivas o negativas). Lebl (2005, pp. 77-78), por su parte,
recomienda los siguientes formatos de registro para ser
aplicados por los padres y maestros del niño presuntamente
tímido (tabla 1.2):

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

31

Tabla 1.2. Registro de conducta del niño tímido.

Descripción de la conducta Siempre A
veces
Según
circunstancias
1 Mi hijo no levanta la cabeza
delante de la gente

X

2 Habla poco Delante de
extraños
3 No tiene amigos En el barrio




Autorregistro de conducta del padre frente al niño.


a) Cuando el niño hace algo bueno Semana.............................

Días Tono de
voz
Mi
reacción
(gestos)
¿A solas?
¿Con
testigos?
Comentarios o
expresiones
Primer
día
Fecha
Indiferente Elevo
las cejas
A solas “Bien, ahora
vete”
No digo nada

b) Cuando el niño hace algo malo Semana......

Días Tono de
voz
¿Qué
hago?
¿A solas?
¿Con
testigos?
Comentarios o
expresiones
Primer
día
Fecha
Gritos Ademán
de
pegarle
Delante
de los
hermanos
“Imbécil, cierra la
puerta”

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

32
Actualmente, la Escala de Timidez Revisada de Cheek
y Buss
3
puede servir de instrumento inicial para determinar
algunos aspectos generales (ver tabla 1.3). Contiene 13
reactivos cuya valoración está entre 1(muy en desacuerdo) y
5 (muy de acuerdo), por lo tanto la mínima puntuación
posible es de 13, y la máxima de 65. Las puntuaciones
inferiores a 34 indicarían ausencia general de timidez, aunque
la puedan sentir en un par de situaciones. Las personas
tímidas suelen alcanzar, e su mayoría, puntajes por encima de
35 a 39, y las de rasgo más extremo la puntuación máxima de
49 hacia adelante.


Tabla 1.3. Escala de Timidez Revisada de Cheek y Buss.


1 Me siento tenso cuando estoy con gente que no conozco bien.
2 Soy un poco raro socialmente.
3 No encuentro difícil solicitar información a otras personas.
4 No me suelo encontrar confortable en fiestas u otras
reuniones sociales.
5 Cuando estoy con un grupo de personas me cuesta decidir sobre
los temas adecuados de que hablar.
6 No necesito mucho tiempo para vencer mi timidez en situaciones
nuevas.
7 Me resulta difícil actuar con naturalidad cuando me encuentro
con gente nueva.
8 Me siento nervioso cuando he de hablar con alguien importante.
9 No tengo dudas sobre mi competencia social.
10 Tengo problemas al mirar a alguien directo a los ojos.
11 Me siento cohibido en las situaciones sociales.
12 No me resulta difícil hablar con desconocidos.
13 Soy más tímido con las personas del sexo opuesto.


3
Cheek, J. M. y Buss, A. H. (1981). Shyness and sociability. Journal
of Personality and Social Psychology (41):330–339.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

33

Como es lógico, este instrumento de medición debe
relacionarse con otros para evaluar el desempeño social y
asertivo.
Una vez verificados a través de distintas formas de
evaluación el tipo de respuestas y su grado de intensidad, así
como los demás parámetros de su ocurrencia, es conveniente
asesorar cuidadosamente al cliente tímido en la fijación de
metas, entre otras, en función a:
¿Qué es lo que quiere mejorar y en qué grado y/o
jerarquía?
¿Qué está dispuesto a hacer para ello?
¿Cuáles son sus objetivos a largo plazo en cuanto a
avance personal?
En algunos casos, dada la apariencia de “seguridad”
que le brinda encerrarse en su timidez, el sujeto prefiere
evitar las tareas que juzga desagradables aunque reconozca
racionalmente su necesidad. Por ello, como regla general, es
bueno ir dosificando los objetivos, de modo que su fácil
cumplimiento vaya fortaleciendo la poca confianza que tiene
en sí mismo.


RESUMEN
_____________________________________________

La timidez es una forma de ansiedad social que aqueja
a mucha gente y conlleva malestar e inhibición en presencia
de otras personas, debidas a la combinación de muchos
factores. La influencian componentes temperamentales y
también componentes relacionados con las formas de crianza
excesivamente protectora o represiva. El aprendizaje de los
patrones de comportamiento socialmente retraído, rotulado
como “tímido”, se vincula tanto a sucesos traumáticos
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

34
evocadores de respuestas emocionales negativas, como a la
evitación instrumental de situaciones exigentes. Asimismo,
puede desarrollarse por la atención y la sobreprotección
recompensantes del entorno familiar o social, y por la
observación de otros individuos o recepción de
informaciones que inducen respuestas evitativas.
Padecer timidez infantil es riesgoso para la formación
posterior, predisponiendo al individuo a numerosos tipos de
fracaso social. Los indicadores verbales y no verbales del
trastorno comparten dimensiones con el comportamiento no
asertivo, pudiéndose identificar a simple vista una serie de
respuestas vinculadas a la no-asertividad, con parámetros
distintivos que caracterizan al individuo tímido, entre ellas la
baja frecuencia de interacción con extraños, de gestuación y
vocalización. Esos parámetros de comportamiento deben
especificarse con miras a una intervención cuidadosamente
planificada para llevarse a cabo con la necesaria dosificación,
dada la fragilidad emocional de este tipo de pacientes. Para
determinar si existe un grado preocupante de timidez, pueden
utilizarse tanto registros como escalas de medición.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
_____________________________________________


Check, J. (1990/1990). Cómo vencer la timidez: Un enfoque
personalizado para adquirir seguridad y autocontrol.
Barcelona: Paidós.
Henderson, L. & Zimbardo, P. G. (1998). Shyness. Enciclopedia of
mental health. 3, 497-509. San Diego: Academia Press.
Recuperado de: www.shyness.com/enciclopedia.html/
Lebl, B. (2005). El niño tímido. En G. Aguilar, B. de Lebl y L.A.
Resinos (Eds.). Conductas problema en el niño normal.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

35
Problemas preventivos y terapéuticos. Guía para padres y
maestros. (pp. 72-86). Sevilla: Trillas-Eduforma.
Monjas, M. I. (2001). La timidez en la infancia y la adolescencia.
Madrid: Pirámide. Ed. Orig.: 2000.
Olivares, J., Rosa, A. I., Piqueras, J. A., Sánchez-Meca, J., Méndez,
X. y García-López, L. J. (2002). Timidez y fobia social en
niños y adolescentes: Un campo emergente. Psicología
Conductual, 10(3), 523-542.
Zimbardo, P.G. y Radl, S. (1981/2002). El niño tímido. Superar y
prevenir la timidez. Buenos Aires: Paidós Ibérica.























William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

36























William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

37



_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* TIMIDEZ Y
AUTOCONTROL
_____________________________


Toda persona ha sentido alguna forma de timidez en su
vida. El temor a las situaciones nuevas, a las exigencias de
ciertas responsabilidades o al roce con cierto tipo (o número)
de personas, es normal. Para la mayoría de la gente dichas
perturbaciones son episódicas, esporádicas y superables, en
base a estrategias espontáneas de afrontamiento que aprende
cada cual en el transcurso de su desarrollo.

Esto no es así para los individuos tímidos, quienes
sufren dichos temores de manera más profunda y frecuente,
careciendo del grado suficiente de habilidad y/o autocontrol
requeridos por el afrontamiento. Incluso, como dice
Zimbardo, hay tímidos “públicos” y “privados”. Los
primeros son aquellos que progresivamente se van
imponiendo a su retraimiento y, a la larga, logran
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

38
desempeñarse más o menos adecuadamente en situaciones
sociales. No pierden la timidez, pero saben dominarla. Los
segundos son aquellos cuya posibilidad de acción y control
emocional es rebasada por las circunstancias. Esos niños y
adolescentes cuya relación interpersonal es defectuosa por el
comportamiento inhibido, retraído y aislado que muestran,
tienen una posibilidad muy grande de sufrir trastornos
emocionales y problemas de personalidad.
Dicho esto, resulta evidente que el manejo del
autocontrol puede ser un gran apoyo para dominar la timidez.
Se puede contar con que entrenando al individuo en el
manejo de ciertas habilidades que sirvan para refrenar sus
emociones, y enseñándole a emitir cierto tipo de respuestas
corrientemente necesarias en todo contexto social, ese
aprendizaje le servirá para mejorar cuantitativa y
cualitativamente sus interacciones sociales.
En los parágrafos siguientes se caracterizan el
autocontrol y sus modalidades, su relación con la
personalidad y el afrontamiento, y las técnicas conductuales
que sirven para operativizarlo en los casos de tratamiento
terapéutico de la timidez



1. ¿QUÉ ES EL AUTOCONTROL?
____________________________________________


El autocontrol, de acuerdo con la definición funcional
de Thoresen y Mahoney (1974/1980), es un fenómeno
genérico en que cierta conducta de emisión poco probable se
emite en relativa ausencia de impedimentos externos
inmediatos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

39
Skinner (1979/1980) cuenta pintorescamente cómo se
le ocurrió la idea del autocontrol aplicado terapéuticamente
oyendo por radio la perorata de un predicador evangélico que
distinguía entre personalidades controladas y controladoras.
El pastor le dijo a un sujeto que refería no poder dominar su
afición a la bebida: “¿Qué quiere decir esto de que no sabe
cortar su afición a la bebida? ¿No es acaso su brazo el que
levanta el vaso hasta sus labios? ¿Quiere decir que no puede
dominar su brazo?” (p. 105). Por otro lado (Skinner,
1953/1971), reseña ocho formas que el individuo puede
utilizar para autocontrolarse, como conductas que describen,
analizan u operan sobre otras conductas propias:

1) Restricción y ayuda física.

2) Manipulación de estados de privación y saciedad.

3) Autoinducción de cambios en los estados emotivos.

4) Uso de estímulación aversiva.

5) Uso de fármacos o estimulantes.

6) Autorreforzamiento o autoextinción.

7) Autocastigo de respuestas indeseables.

8) Contrarrestando la conducta no deseada con
respuestas incompatibles.

El entrenamiento para el uso efectivo de
procedimientos de autorregulación y autocontrol por parte del
cliente bajo consulta en un episodio psicoterapéutico, es una
alternativa para el manejo que en la terapia conductual
tradicionalmente se ha cargado sobre la modificación del
ambiente para controlar el comportamiento, y actualmente es
una cuestión de rutina. Según lo muestra la experiencia, la
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

40
causación personal es posible y además reproducible. Las
personas aprenden a ejercer su voluntad, y por consiguiente
su autodirección, con diversos niveles de eficiencia y
efectividad, y si es necesario ellos se pueden incrementar,
como es el caso de los grados de habilidad que requieren los
individuos tímidos para mejorar su competencia social.
El control psicoterapéutico implica el uso del control
en la consulta clínica por parte de la acción discriminativa,
evocadora y reforzante del profesional que interviene sobre
un problema psicológico, mediante la instigación oral o
física, textual, gráfica o gestual, la retroalimentación de las
ejecuciones deseables, el moldeamiento de performances
adecuadas, y la prescripción instruccional. La meta es que la
misma persona bajo intervención pueda alterar, sin la
presencia del terapeuta, sus propios desajustes, cambiando
independientemente su entorno físico y social (Montgomery,
2008b, 2008c).
Desde esta perspectiva, el autocontrol puede
entenderse tanto como cambio autoimpuesto, o como
autorrestricción o control de la propia impulsividad o
emocionalidad. Esto es relativo, ya que en ocasiones la
impulsividad es la respuesta más adaptativa. En general, dice
Logue (1995), un individuo en buenas condiciones de ajuste
debería ser capaz de ser impulsivo o controlado en función de
que es lo que más le sirve según la índole de cada situación.
Por tanto, se debe contar, como señala Goldiamond
(1965/1972), con la suficiente capacidad intelectual de un
sujeto como para hacer un análisis funcional de su propia
conducta. Por ejemplo, un individuo tímido inmerso en una
reunión social podría utilizar la relajación para aminorar su
respuesta emocional de temor al ridículo, en cuyo caso
estaría empleando la forma (3) de autocontrol, o buscar en
una conversación el tema que le parece que maneja mejor
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

41
para conducirse con mayor seguridad y suficiencia en la
interacción, en cuyo caso estaría empleando (6).



2. PERSONALIDAD Y CONSTRUCTOS
DE AUTOCONTROL
________________________________________________

¿Quién ejerce el autocontrol? El constructo utilizado
para representar el conjunto de repertorios funcionalmente
unificado que integra el individuo, y constituye el agente
controlador llamado “sí mismo” o “yo” en la literatura
psicológica, es la personalidad. Esta se puede analizar de
acuerdo con las probabilidades de que alguien manifieste
ciertas tendencias de conducta en las variadas situaciones de
su vida cotidiana. Como señala Staats (1996/1997), los
repertorios de personalidad son concebibles como complejas
constelaciones de habilidades adquiridas en la niñez y
desarrolladas durante el resto de la vida. Estas
constelaciones, llamadas repertorios básicos de conducta,
una vez aprendidas por el sujeto y en relación con situaciones
del entorno, disponen condiciones para más aprendizaje.
Así, se puede suponer, por ejemplo, que un niño criado
por padres sociables —con buenas habilidades sociales, con
un gran círculo de amistades y muy atentos al desarrollo
lúdico de su hijo—, aprende desde muy pequeño a acercarse
a personas extrañas al círculo interno de la familia,
enriqueciendo su repertorio con atractivas conductas de
expresión y comunicación. Se relaciona afectivamente y se
ejercita en el juego cooperativo, y todo eso lo aplica después
a diversos ambientes conforme va creciendo y enfrentado
nuevos retos de desarrollo. Puesto que ya ha tenido
experiencias positivas con las personas, entonces tenderá
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

42
siempre a ver lo mejor en ellas y no le será difícil acercarse y
adaptarse a nuevas situaciones sociales exigentes.
Lo contrario será verificado si el niño fue criado en un
ambiente restrictivo para las relaciones sociales, con padres
parcos y desconfiados, con pocas oportunidades de
interacción amical. El niño probablemente desarrollará
repertorios básicos de temor y prevención frente a las
personas con que no trata regularmente. Preferirá aislarse
dedicándose a ocupaciones solitarias, y no llegará a adquirir
las suficientes habilidades sociales como para interactuar en
nuevos ambientes. Su falta de seguridad lo llevará a un apego
exagerado hacia figuras protectoras que le brindan atención y
aprobación, perpetuando su dependencia.
A propósito de eso (la dependencia), dos constructos
postulados por algunos teóricos de la personalidad para dar
cuenta de algunas tendencias manifestadas por los individuos
respecto a lo que creen que pueden y no pueden hacer, son
los del locus de control y de la autoeficacia percibida
(Visdómine y Luciano, 2006).
Un locus de control interno implica mayor
responsabilidad y sentimiento de que uno puede influir en las
circunstancias, con las implicancias autorregulatorias que eso
supone. Lo contrario es el locus de control externo, que hace
atribuir los resultados a la suerte o a factores humanos ajenos.
La autoeficacia percibida se diferencia del locus de
control en que, además de referirse a las creencias de las
personas sobre los resultados de sus acciones, comprende
también las creencias acerca de las propias competencias
para alterar el ambiente. En efecto, los individuos en proceso
de lograr metas tienden a evaluar con frecuencia su propia
performance. Aquellas respuestas satisfactorias en sí mismo
le producirán la motivación suficiente para avanzar o
concretar mayores éxitos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

43
Los niños o adolescentes que desarrollan repertorios de
confianza y seguridad en lo que hacen puede decirse que
tienen un locus de control interno y un buen índice de
autoeficacia, y que se encuentran en mejores condiciones de
enfrentar sus ansiedades. En lugar de mantenerse cerca de las
figuras protectoras, ser pasivos y acudir en busca de ayuda
cada vez que se halla en una situación de dificultad rutinaria,
serán autosuficientes y tomarán la iniciativa, incluso al
encontrarse con obstáculos cuya superación requiera de
particular esfuerzo.

Las técnicas de autocontrol que se reseñan a
continuación pueden permitir a los sujetos que no adquirieron
espontáneamente esos repertorios, a aprenderlos de manera
sistemática.


3. AUTOCONTROL Y AFRONTAMIENTO
DE LA TIMIDEZ
________________________________________________


Terapéuticamente, el autocontrol agrupa
procedimientos cuyo objetivo principal es enseñar
estrategias al cliente para que controle o modifique su propio
comportamiento frente a distintas situaciones. Todo eso para
alcanzar metas a largo plazo, en consonancia con el carácter
de la intervención (Rehm, 1991).

Las habilidades de afrontamiento que buscan instalarse
en el repertorio del individuo aquejado por la timidez son
modos de “saber hacer” fuera de la consulta. Por un lado se
auspicia el control de la reactividad nerviosa, y por otro
incrementar comportamientos sociales deficitarios.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

44
Específicamente, los procedimientos adecuados al
trastorno de la ansiedad social son las terapias de manejo de
la ansiedad, de asertividad, de condicionamiento encubierto,
de reestructuración racional, de solución de problemas, de
entrenamiento autoinstruccional y de biorretroalimentación,
además de otras técnicas insertas en ellas, como el manejo
contingencial, la comunicación y negociación, la toma de
decisiones, etcétera. Apelan a la modificación de respuestas
instrumentales y/o respondientes, sean lingüístico-cognitivas,
emotivo-motivacionales y sensorial-motoras.

A nivel lingüístico-cognitivo, suele dirigirse la
atención selectiva con prioridad a la información que le llega
en términos de fracaso social y amenaza (recibir críticas y
toda clase de desaprobación, sobredimensionar sus problemas
y subestimar sus capacidades). Su diálogo interno se orienta
preferentemente a la apreciación negativa de los
acontecimientos y hacia la autoevaluación desfavorable de sí
mismo. Henderson y Zimbardo (1998ab) añaden que es
frecuente la creencia en “formas correctas” de hacer las cosas
que el tímido piensa que debe adivinar.

A nivel emotivo-motivacional, el malestar se centra en
los sentimientos de embarazo y de vergüenza. El embarazo
implica sentirse una especie de estorbo, acompañado a la
sensación de torpeza e inutilidad. La vergüenza es una
sensación de bochorno vinculada a la percepción de lo que
piensa la gente frente al desempeño de la persona en
situaciones comprometidas. Eso se aúna, por un lado, a la
actitud de desagrado que lleva a la evitación o escape de
dichas situaciones; y por otro lado, a las reacciones
fisiológicas que acompañan las emociones negativas, tales
como la sequedad de la boca, la sudoración, los temblores
corporales, la ruborización y otros síntomas.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

45
A nivel sensorial-motor, lo evidente es el arsenal de
respuestas instrumentales que el sujeto tímido emite frente a
lo que teme, pasando por la lentitud, torpeza o
apresuramiento de su conducta verbal y no verbal, hasta la
evitación o escape.
La modificación de los repertorios lingüístico-
cognitivos, emotivo-motivacionales y sensorial-motores es
posible gracias a la articulación inteligente de los
procedimientos terapéuticos conductuales antes
mencionados. Los pasos o etapas usuales de la intervención
incluyen el autorregistro, la autoevaluación y el cambio
contingencial.

El autorregistro permite identificar las dimensiones de
las conductas problemáticas y otras colaterales en el
momento en que suceden; la autoevaluación posibilita el
examen de los paramétros registrados (probabilidad,
topografía, fuerza y escenario de la conducta) y sugerir
alternativas de autocontrol programadas en metas, objetivos y
análisis de tareas; y el cambio contingencial se compone de
operaciones para autorreforzar, autocastigar o autoextinguir
las conductas consideradas clave, de acuerdo a la evaluación
de los excesos, déficits o inadecuaciones encontradas. En
dicho proceso el terapeuta ayuda a desarrollar y fortalecer las
conductas controladoras (López, Rodríguez-Naranjo y
Gavino, 2006), atendiendo y reforzando positivamente su
ocurrencia.

A través de la tecnología conductual que propende al
autocontrol, el individuo puede aprender a ser un agente de
cambio de su propio comportamiento, convirtiéndose en
participante activo y responsable del episodio
psicoterapéutico. A manera de línea base, o simplemente de
estrategia de autoconocimiento, pueden tenerse en cuenta los
repertorios de automanejo personal, mediante el Cuestionario
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

46
de Autocontrol Infantil y Adolescente, de Cápafons y Silva
(2001). Se trata de una colección de 89 ítems con alternativas
de respuesta dicotómica (Si–No), aplicable a niños y
adolescentes entre los 11 y 19 años de edad. Son cinco
subescalas, tres de las cuales evalúan aspectos positivos del
auto-control (retroalimentación personal, retraso de la
recompensa y autocontrol criterial), otra mide aspectos
negativos (autocontrol procesual), y otra la “sinceridad” de
las respuestas (Tabla 2.1).

Tabla 2.1. Cuestionario de Autocontrol Infantil y Adolescente
(muestra de ítems).


1. Normalmente hago las cosas que realmente me gustan,
aunque haya cosas más urgentes que hacer.
2. Casi siempre hago las cosas que me gustan, aunque tenga
cosas más importantes que hacer.
3. Cuando quiero llegar temprano a un sitio, me fijo una hora
determinada para salir.
4. Cuando me dicen que debo portarme bien, suelo preguntar:
"¿Qué quiere decir eso?"
5. Cuando estoy aburrido pero quiero estudiar, procuro quitar
de mi vista todo lo que me pueda distraer (juguetes,
revistas, etc.)
7. A veces soy brusco con los demás.
8. Cuando cometo errores me critico a mí mismo.

9. Recuerdo mis obligaciones en casa.
10. Para mí es importante saber lo que tengo que hacer para
saber si lo estoy consiguiendo.
11. Llego puntual a todos los sitios.
12. Me gusta todo tipo de comida.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

47
13. Cuando prometo algo y me cuesta cumplirlo, procuro
tenerlo en la cabeza y recordármelo.
14. Si pongo un plan en marcha, quiero saber por mis propios
medios cómo me va funcionando.
15. Cuando me esfuerzo por algo, sé si voy teniendo éxito en
mi empeño.
16. Me cuesta mucho recordar las normas de clase, aunque
las sepa.
17. A veces me dicen que soy incapaz de saber lo que está
bien o mal hecho.
18. Suelo pensar en por qué mis amigos se comportan de la
manera que lo hacen.
19. A veces desobedezco a mis padres.
20. Recojo los papeles que otros tiran al suelo.
21. Me cuesta darme cuenta qué cosas de las que hago les
gustan a mis amigos.
22. Cuando soy incapaz de hacer algo que me cuesta, pienso
que se debe a la mala suerte.
23. A veces digo mentiritas a mis compañeros.
24. Cuando algo me da mucho miedo, me es imposible
pensar en cosas que me distraigan.
25. Cuando me preguntan "¿Por qué haces eso?", me quedo
sin saber qué responder.
26. Cuando alguien me cuenta sus problemas, me cuesta
saber cómo los puede solucionar.
27. Sólo trabajo cuando por ello puedo conseguir cosas
enseguida.
28. Si me prometo algo a mí mismo, intento pensar en si lo
que hago es lo que me he prometido.


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

48
También es digna de considerarse la Escala de Locus
de Control para Niños de Nowicki y Strilkland
4
, transcrita de
Kirby y Grimley (1986/1992, pp. 69-70), que contiene 40
reactivos igualmente puntuables dicotómicamente (Si-No),
los cuales dan una idea del grado en que el infante atribuye el
éxito o fracaso a factores internos o externos en una gran
variedad de situaciones (tabla 2.2).

Tabla 2.2. Escala de Locus de Control para Niños
(muestra de ítems).


1 ¿Piensas que la mayoría de problemas se resolverán solos si
no pierdes el tiempo con ellos?
3 ¿Algunos chicos nacen con suerte?
7 ¿Sientes que la mayoría de las veces no tiene caso
esforzarse demasiado porque las cosas de cualquier modo
salen mal?
10 ¿Piensas que basta con desearlo mucho para que ocurran
cosas buenas?
14 ¿Piensas que es casi imposible que cambies el punto de
vista de tus padres acerca de cualquier cosa?
15 ¿Crees que tus padres deberían permitirte tomar la
mayoría de tus propias decisiones?
18 ¿La mayoría de los chicos de tu edad son más fuertes que
tú?
23 ¿Sientes que si un niño de tu edad intenta golpearte no
puedes hacer gran cosa para detenerlo?
28 Opinas que los chicos se pueden salir con la suya si se
empeñan en ello?

4
Nowicki, S. y Strilkland, B. R. (1971, Sep. 3-7). A locus of
control scale for children. Paper presented at the 79th Annual
Convention of the American Psychological Association,
Washington, D.C.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

49
32 ¿Sientes que cuando suceden cosas buenas es porque se ha
trabajado duro para obtenerlas?
36 ¿Sientes que cuando no le agradas a alguien, poco puedes
hacer en ese sentido?
40 ¿Piensas que es mejor ser listo que tener suerte?



Las técnicas propuestas por el análisis conductual, que
pueden agruparse en cuatro categorías, son aptas para
controlar las emociones negativas, para mejorar la
interacción social, para incrementar la efectividad personal y
para reorganizar las cogniciones. Es conveniente observar
que, según los datos disponibles, esta tecnología (la
combinación de la exposición junto a las habilidades sociales
y procedimientos cognitivos), es la más eficaz en el
tratamiento de la ansiedad social (Olivares, Rosa, Piqueras,
Sánchez-Meca, Méndez y García-López, 2002; Henderson y
Zimbardo, 1998b).

3.1. Técnicas para controlar emociones negativas
_____________________________________________

Se dirigen a reconocer aquellas situaciones, síntomas
fisiológicos e interpretaciones del sujeto que activan sus
emociones negativas e impiden su normal recepción de
mensajes, para contrarrestarlas aplicando control
autoinstruccional, imaginería dirigida, respiración
diafragmática y relajación muscular autónoma (Wolpe,
1958/1980; Cautela y Groden, 1978/1985; Suinn,
1990/1993).
La biorretroalimentación es otra posibilidad, que
implica una preparación especial del sujeto para que pueda
reconocer estados fisiológicos normalmente inadvertidos,
para lo cual se amplifica la señal de las respuestas orgánicas
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

50
mediante aparatos, aprendiendo a controlar las propias
respuestas de tensión muscular, temperatura, superficie
dérmica, actividad cerebral, conductividad de la piel, presión
sanguínea y tasa cardiaca (Davis, Robbins y McKay,
1982/1985).
En ocasiones pueden combinarse estos entrenamientos
con la medicación psiquiátrica a través de tabletas de Prozac
o Paxil, entre otras corrientemente utilizadas para el
tratamiento de la fobia social.

3.2. Técnicas para mejorar la interacción social
_____________________________________________

Su objetivo fundamental es la enseñanza de una
adecuada discriminación de situaciones y del
comportamiento que se suele emitir frente a ellas, y de
diferentes destrezas sociales ejercidas para defender los
derechos individuales legítimos sin dañar a nadie. Asimismo,
de habilidades cognitivas para resolver problemas
interpersonales (Wolpe, 1958/1980; Lange, 1980/1983;
Caballo, 1993; Spivack y Shure, 1974).

3.3. Técnicas para incrementar la efectividad personal
_____________________________________________

La solución de problemas y el entrenamiento
autoinstruccional son recomendables para aumentar la
posibilidad de buen desempeño en diversos contextos.
La solución de problemas pretende reconocer y
analizar los componentes de las situaciones problemáticas, a
fin de reperfilarlas y articular una lista de posibles
soluciones a ellas, maximizando beneficios y minimizando
costos. Dichas soluciones son practicadas desde la más
probable hasta la menos probable (D’Zurilla, 1986/1993). El
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

51
entrenamiento auto-instruccional (Meinchembaum,
1985/1987), direcciona el “diálogo interno” que el individuo
utiliza para guiar su propia conducta, analizando
funcionalmente las habilidades requeridas para cumplimentar
cada acción, y programando sistemáticamente discursos
específicos que faciliten la tarea.


3.4. Técnicas para la reorganización cognoscitiva
_____________________________________________

La reestructuración racional, o reorganización
cognoscitiva, consiste del uso de medios contra-
argumentativos para identificar autoafirmaciones
incapacitantes y combatirlas autorreforzando respuestas
lingüísticas y lógicas incompatibles con el pensamiento
distorsionado (véase Yankura y Dryden, 1993/2000; Beck,
1998/2000, Ellis y Grieger 1980/1983).


RESUMEN
_____________________________________________

La causación personal es posible y reproducible. Los
individuos pueden aprender a ejercer su autodirección o
incrementarla para mejorar su competencia social, como es el
caso de los individuos tímidos.
El autocontrol puede tomar la forma de cambio
autoimpuesto, o autorrestricción, o control de la propia
impulsividad o emocionalidad. La tecnología de autocontrol
agrupa procedimientos cuyo objetivo principal es enseñar
estrategias al cliente para que controle o modifique su propio
comportamiento instrumental y/o respondiente frente a
distintas situaciones, sea en términos de repertorios
lingüístico-cognitivo, emotivo-motivacional o sensorial-
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

52
motor, con el fin de alcanzar metas a largo plazo de acuerdo
con las metas de la intervención. La tecnología para
cumplimentarlas pasa por procedimientos dedicados a
controlar las emociones negativas, para mejorar la
interacción social, para incrementar la efectividad personal y
para reorganizar las cogniciones.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
_____________________________________________

Davis, M., Robbins, E. & McKay, M. (1982/1985). Técnicas de
autocontrol emocional. Barcelona: Martínez Roca.
Henderson, L. & Zimbardo, P. G. (1998b). Shyness. Enciclopedia
of mental health. 3, 497-509. San Diego: Academia Press.
Recuperado de: www.shyness.com/enciclopedia.html/
Olivares, J., Rosa, A. I., Piqueras, J. A., Sánchez-Meca, J., Méndez,
X. y García-López, L. J. (2002). Timidez y fobia social en
niños y adolescentes: Un campo emergente. Psicología
Conductual, 10(3), 523-542.
Skinner, B. F. (1953/1971). Ciencia y conducta humana.
Barcelona: Fontanella.
Staats, A. W. (1996/1997). Conducta y personalidad:
Conductismo psicológico. Bilbao: Descleé de Brouwer.
Thoresen, C. E. y Mahoney, M. J. (1974/1980). Conducta y
autocontrol. Madrid: Morata.









William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

53



_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* EVALUACIÓN INICIAL
DE LA TIMIDEZ
_____________________________

¿Cómo percatarse de que existe un problema de
ansiedad social y cuáles son su naturaleza y su gravedad? La
única forma es una escrupulosa investigación de los
repertorios del individuo. Olivares, Méndez y Maciá (1997,
p. 152) resumen el procedimiento completo de determinación
de un problema psicológico, considerando todos los grupos
de variables implicadas (criterios de contrastación normativa
y de contrastación funcional. Aquí se adapta el esquema en la
tabla 3.1.
La contrastación normativa comprende criterios de
comparación del desempeño del sujeto con su forma de
ejecución o rendimiento previo (antes de que el problema se
manifestara como preocupante), con su desarrollo esperado
de acuerdo a su edad, y con el comportamiento estándar en la
cultura de referencia.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

54
Tabla 3.1. Criterios de determinación de un problema.

Por otra parte, los criterios de contrastación funcional
comprenden, en primer lugar, el contexto inmediato en que
ocurre la conducta cuando se presenta el problema. Esto es,
la actividad en curso y el escenario geográfico (momento y
lugar), demográfico (personas que rodean o participan en la
interacción), y ecológico (espacio físico relevante). En
segundo lugar, los déficits, excesos o inadecuaciones de la
conducta manifiesta, y en tercer lugar aquellos repertorios de
conducta encubierta que deban ser esclarecidos, como la
capacidad de autocontrol, las disposiciones (creencias,
intereses, atribuciones, expectativas, valores), y las aptitudes
(inteligencia, fluidez verbal, razonamiento, memoria,
concentración). Esa información se consigue mediante una
serie de operaciones evaluativas (tabla 3.2, adaptada de
Montgomery, 2008a, pp. 202-203):
CONTRAS
TACIÓN
FUNCIONAL
Contexto
inmediato
Conducta
manifiesta
Conducta
encubierta
Actividad
en curso
Déficit Autocontrol
Escenario Excesos Disposiciones
Inadecua-
ciones
Aptitudes
Geografía
Demografía
Ecología
CONTRAS
TACIÓN
NORMATIVA
Ejecución
previa
Desarrollo
esperado
(edad)
Promedio
cultural
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

55
Tabla 3.2. Proceso de evaluación conductual.


Entrevista inicial

a) Descripción del problema y variables de su mantenimiento (qué
sucede, qué hace o deja de hacer el cliente, que hacen o dejan de
hacer las personas involucradas, cuáles son los contextos
espaciotemporal y social, y qué repertorios de aprendizaje y
aspectos biológicos podrían estar implicados).
b) Información histórica personal (anamnesis).
c) Averiguación sobre repertorios positivos que puedan ayudar al
tratamiento (equilibrio, vocabulario, colaboración, etc.).

Operaciones de registro directo (registros)

a) Automático (con instrumental bioeléctrico).
b) De productos permanentes (impresos o grabaciones).
c) Observacionales (anecdótico, de frecuencia, duración,
intervalos).
d) Autorregistro (por el propio cliente).

Operaciones de registro indirecto (autoinformes)

a) Escalas (actitudinales, o de cuestionario exhaustivo).
b) Cuestionarios y listas de chequeo.
c) Inventarios estandarizados.
d) Pruebas inestructuradas (ejercicios sueltos o tests proyectivos).

Diagnóstico funcional

a) Gráfica de línea base (nivel porcentual de repertorios al
comenzar).
b) Análisis de secuencia (resumen de registros).
c) Ordenamiento de la información (situación problema,
antecedentes, motivación, autocontrol, relaciones
interpersonales).


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

56
Como se ve, el comportamiento se concibe como
función de variables situacionales o de su interacción con
variables personales. El interés se dirige a representar tanto
las características del contexto medioambiental que
determina la conducta como el repertorio disposicional del
individuo. Sus evaluaciones son repetidas en momentos clave
o durante todo el tratamiento, abogando por la exactitud, la
planificación, y el control sistemático de los cambios que
puedan haber durante el transcurso de la intervención (Heiby
y Haynes, 2004).


1. LA ENTREVISTA INICIAL
________________________________________________

La entrevista psicológica en general es, como se sabe,
el medio inicial y más importante para entrar en contacto con
el cliente y las personas más cercanas a él. Su misión
permanente es recopilar informes sobre los datos pertinentes
al caso y su evolución, así como determinar tempranamente
si el sujeto se adapta a las necesidades de la intervención, o si
se requiere ayuda interdisciplinaria. Por tanto, requiere una
gran sensibilidad a los indicios proporcionados por los
informantes (ver Oliva, 2004, para una revisión).
Para ser efectivas las primeras entrevistas suponen
precisión en los informes, por lo cual el entrevistador
necesita pedir ejemplos concretos de las interacciones
deficientes o inadecuadas del paciente, a fin de poder
proyectar un adecuado tratamiento
5
. Así que se privilegian

5
Véanse los modelos de entrevista conductual con niños y adultos
(Goldfried, 1983/1992; pp. 315-316), que sirven de inspiración
para el autor en su trabajo terapéutico desde hace mucho tiempo,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

57
los detalles concretos y actuales, procurando integrarlos para
el análisis funcional de los antecedentes, la conducta y sus
consecuencias. Los métodos, operaciones y objetivos de la
comunicación psicoterapéutica pueden consultarse en
Montgomery (2008b).

La indagación se inicia, lógicamente, con la solicitud:
“Según su opinión ¿Cuál es el problema?”, continuando con
“Describa que cosas le preocupan” o “¿Qué dificultades ha
tenido con...?” Las siguientes preguntas se refieren a la
posible magnitud del asunto: “Qué tan grave le parece este
problema?”, “Qué tan a menudo se le presenta?”. Por lo
común las primeras respuestas del cliente son desconfiadas,
parcas e imprecisas, tanto más si la entrevista se lleva a cabo
con un niño o adolescente tímido, poco experto en articular
discursos y con resistencias a su apertura al escrutinio ajeno.

Frente a esto, la estrategia del entrevistador, entonces,
es ir trasladando las quejas o demandas que se puedan
traslucir a una lista de comportamientos discretos con mayor
o menor índice de frecuencia, duración o latencia o
intensidad derivados de la descripción directa de la conducta
manifiesta, para verificar si son: a) perjudiciales para el
cliente o para quienes lo rodean; b) significativamente
desviados de un nivel óptimo de ejecución, c)
significativamente desviados de la norma cultural; d)
significativamente desviados del estándar fijado para su edad
en la región en que vive; y además si: e) trastorna a personas
significativas del contexto, y f) difiere (en qué medida), de la
conducta de otros sujetos calificados como competentes.

Respecto a la generalidad del caso, se inquiere:
“¿Desde cuándo le sucede esto?”. También son importantes

y se plasman en la presente descripción de las pautas de
entrevista.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

58
las condiciones contextuales en las que aumenta la
probabilidad de que ocurran las conductas problemáticas. Se
pregunta: “Dónde, cuándo y ante quién(es) suele comportarse
así?”, “¿Qué es lo más probable que pase antes que actúe de
esa manera?”, “¿Qué hace(n) o cómo responde(n) quien(es)
está(n) presente(s) en ese momento?” (influencias sociales), y
“¿Qué pasa con la actividad que desempeña?”.

Para fijar mejor los determinantes que intensifican o
alivian la conducta problemática se le pide que piense en
ocasiones en que empeora: “¿Qué sucede en esos
momentos?”, “¿Qué cree que provoca el malestar?”. “¿En
qué momentos cree que se suaviza?”.

La taxonomía de estímulos y situaciones propuesta por
Van Beck proporciona marcos de análisis sobre os cuales
profundizar en la indagación (cit. por Caballo, 1991, p. 861;
ver tabla 3.3).

Igualmente, se inquiere sobre el comportamiento
encubierto que puede acompañar, causar o seguir a los
episodios molestos: las emociones negativas, el autodiálogo,
las percepciones distorsionadas de la situación o las creencias
irracionales. Se pregunta: “¿Qué cree (o espera, o quiere, o
siente) de...?” o “¿Por qué consideras que...?”, “¿En qué
piensa durante los instantes en que siente el malestar?”,
teniendo en cuenta que éstas disposiciones verbales
funcionan como expectativas (pensamientos acerca de lo que
vendrá) o atribuciones (responsabilizar a alguien o a algo de
lo que sucede o sucedió), influenciando las ejecuciones,
desempeños o actividades del individuo frente a los
acontecimientos y personas juzgados como desagradables o
aversivos.



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

59
Tabla 3.3. Taxonomía de estímulos y situaciones.


CATEGORÍAS DE
ESTÍMULO


CLASIFICACIÓN DE
SITUACIONES

1. Contexto.
2. Lugar/ambiente físico.
3. Características
objetivamente discernibles
del ambiente físico.
4. Personas.
5. Características
objetivamente discernibles
de las personas.
6. Acciones y actividades
características de la
situación particular.
7. Objetos.
8. Aspectos temporales.

1. De lucha y conflicto
interpersonal.
2. Que reflejan el trabajar
conjunto.
3. Referentes a la actividad
sexual, intimidad y
relaciones interpersonales
4. Que implican actividades
recreativas.
5. Que se refieren a
actividades relacionadas
con los viajes.
6. Rituales religiosos y
similares.
7. Actividades deportivas.
8. Que implican excesos
conductuales.
9. De servicio.
10. Comerciales.



Por último, se pide al cliente (o a quienes lo reportan)
qué sugerencias pueden hacer de conductas alternativas a las
problemáticas, con el fin de ayudar al establecimiento de
metas para el tratamiento. Se pregunta. “¿Qué cree(n) que se
puede hacer al respecto?”, o “¿Cuál es el objetivo que le(s)
gustaría lograr?”, así como los posibles pasos para ello. No
está demás que se llene una lista de reforzadores para apoyar
la intervención, u obtener indicios de aquellos, como cuando
se pregunta: “¿Qué le gusta hacer (o consumir)?”, “¿Con
quién(es) se lleva bien?”. Y para terminar: “¿Hay algo que yo
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

60
debería saber para ayudar a solucionar su problema?”. La
entrevista con niños presenta una estructura parecida,
incluyendo un mayor detalle en la descripción del ámbito
amical y escolar, y por supuesto, mayor informalidad en la
charla.

Hay también disponible en castellano —adaptada al
contexto sociocultural español— una guía de preguntas a
manera de entrevista estructurada para niños: la Entrevista
para el Diagnóstico de los Trastornos de Ansiedad en Niños
según el DSM-IV (ADIS-IV: C/P), elaborada por el grupo de
B. Sandin, que para Echeburúa y Corral (2009) es,
presumiblemente, la mejor, y que también cuenta con un
cuadernillo para aplicación a la recogida de informes
paternos.

El modelo de cuestionario para primeras visitas de E.
Roca (2009, fecha de actualización), puede igualmente servir
de guía para una primera aproximación entre cliente y
terapeuta, en relación con datos tales como la vida de pareja,
creencias religiosas, red social, relaciones familiares,
relaciones laborales, tratamientos psicológicos y/o
farmacológicos anteriores, hábitos de consumo, horas de
descanso y esparcimiento, aparte de los aspectos ya
mencionados en la entrevista.

La información obtenida en la entrevista es susceptible
de resumirse organizadamente en un cuadro informativo
(Goldfried y Davison, 1976/1981), esbozo de análisis
funcional tentativo que comprende la conducta del cliente
durante la entrevista y su descripción física, la naturaleza de
los problemas presentados en la consulta, sus antecedentes
históricos, los determinantes situacionales actuales del
problema, las variables organísmicas pertinentes
(fisiológicas, de medicación, de factores cognitivos y
afectivos), las consecuencias, las cualidades favorables del
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

61
paciente y su motivación para el tratamiento, los objetivos
para el cambio, los tratamientos recomendados, la urgencia
del caso y algunos otros comentarios referentes a aspectos no
clasificables en los rubros anteriores.

En la tabla 3.4 se presenta un ejemplo de cuadro
informativo con un caso real.


2. REGISTROS Y AUTOREGISTROS
________________________________________________


Los registros de los acontecimientos pertinentes al
problema pueden ser hechos en formatos especiales de
observación por el evaluador
6
, por ayudantes, por el mismo
cliente o sus parientes, maestros, tutores, compañeros o
encargados, tanto en ambientes estructurados (el
consultorio, el gabinete psicopedagógico, el laboratorio),
como inestructurados (el hogar, la escuela, el vecindario).
La observación tiene el carácter de “participante”, si el
observador y el observado interactúan en un diálogo o
entrevista, o de “no participante”, cuando el sujeto
observado no se da cuenta de que lo es.





6
Para la evaluación hecha en el propio gabinete o consultorio se
utilizan métodos “análogos” de registro, tales como situaciones
simuladas (juego de roles y ensayo conductual) que ubican al
cliente en condiciones similares a su interacción problemática.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

62
Tabla 3.4. Ejemplo de cuadro informativo.


Nombre: Adelaida B. Edad: 19 años Sexo: F
Fechas de la entrevista: 02 y 09 de noviembre de 2004
Consultoría particular

1. Conducta durante la entrevista y descripción física
Adelaida es una estudiante universitaria mestiza de tez clara, delgada,
de pelo negro lacio (sin teñir) y largo, que lleva recogido. Viste chompa
y jeans de colores oscuros. Muy correcta a la hora de saludar y
despedirse. Durante toda la primera entrevista habló en voz baja y
entrecortada, con escaso contacto ocular. Se sentó muy rígida, con las
manos sobre su folder y éste sobre sus rodillas. En la segunda entrevista
se le percibió un poco más espontánea.
2. Problema presentado
A. Naturaleza: Ansiedad que se presenta fundamentalmente en
situaciones de ser evaluada, cuando tiene que hablar en público, o
cuando tiene que interactuar con personas extrañas (que recién conoce
o que están ocasionalmente junto a ella, por ejemplo, en una cola).
Diagnóstico de presunta timidez.
B. Antecedentes: La chica es de Chiclayo, pero emigró a Lima con su
familia a los 12 años de edad. Es la cuarta de cinco hermanos, y la
única mujer. Refiere que desde que se acuerda siempre tuvo problemas
para interactuar en público, pero que eso comenzó a preocuparla recién
al venir a Lima, donde se encontró con compañeras de colegio
particular muy extrovertidas. Al comienzo fue estudiante destacada,
luego cambió de colegio dos veces durante la secundaria, debido a que
fue objeto de acoso escolar que perturbó su rendimiento (repitió año y
sus padres decidieron moverla de institución). Con todo, el último año
recuperó su nivel académico y logró salir como la tercera con mejores
notas en su clase, mejorando también ligeramente su grado de
interacción social gracias a que por entonces una prima suya de visita la
animó a relacionarse más con las personas. Por entonces tuvo su primer
y único enamorado, cuya relación con ella duró sólo 3 meses por
incompatibilidad de carácter. Se presentó a la universidad y entró en
doceavo lugar dentro de la estadística de su Facultad.
En la universidad volvió a su pauta de aislamiento social, lo que la
perjudica mucho, ya que se siente “corta” para estudiar en grupo, pedir
aclaraciones en clase y solicitar o prestarse materiales.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

63

... Continúa cuadro informativo

Tampoco se relaciona mucho con los vecinos de su comunidad ni con
familiares que no pertenezcan a su círculo inmediato. No suele asistir a
reuniones sociales, y cuando va procura pasar desapercibida. Sus
pasatiempos principales son la música romántica, las telenovelas, el
internet y la lectura de libros de la carrera de su especialidad.
C. Determinantes situacionales actuales: Los contactos interpersonales y
reuniones sociales, las participaciones en las clases, el estudio en grupo.
D. Variables organísmicas: Piensa constantemente en cómo poder
relacionarse social y familiarmente más y mejor. Además es obsesiva
con hacer las cosas bien para que nadie la critique. No presenta
síntomas fisiológicos significativos frente a las situaciones molestas
para ella, fuera de ligera aceleración cardiaca e hiperventilación.
E. Consecuencias: Sentimientos de soledad y baja autoestima. Estados de
tensión y ansiedad, y respuestas de escape o evitación cada vez que se
halla en contactos y reuniones sociales, así como en situaciones de
clase y de estudio en grupo. Actualmente presenta bajo rendimiento
académico.
3. Cualidades favorables y motivación
La joven tiene una cultura y un coeficiente intelectual por encima del
promedio. Presenta una gran motivación y está dispuesta a hacer lo
necesario para llevar a cabo el tratamiento. Uno de sus hermanos
declara que puede apoyar su desempeño.
4. Objetivos para el cambio
Control de emociones negativas, mejoramiento del trato social,
incremento de la efectividad personal y modificación de la forma de
pensar.
5. Tratamientos recomendados
Se llevarán a cabo cuatro módulos de intervención: uno de
entrenamiento en relajación para el autocontrol, otro de entrenamiento
en habilidades sociales y asertividad, y también reestructuración
racional.
6. Comentarios
Una vez expuesto el plan de tratamiento, Adelaida se manifiesta muy
entusiasta y motivada. El pronóstico es de aproximadamente cuatro
meses para esperar mejoras significativas en los repertorios implicados.
Por el momento no se requiere tratamiento interdisciplinario.


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

64
Antes de registrar se toman decisiones sobre lo que se
va a observar, a quiénes se va a observar y en qué situaciones
(Fernández-Ballesteros, 2004b). La delimitación de la
conducta clave se da mediante definiciones claras, objetivas,
observables, descriptivas y sin ambigüedad; que impliquen
características o movimientos físicos de la acción por
registrar, así como el momento y el lugar en que ocurre, las
personas significativas y no significativas que están presentes
en el momento de la ejecución (Anguera, 2003).
Los formatos de registro son adaptables al tipo de
observación, respuesta y contexto específicos que se quieren
evaluar. Generalmente constan de celdillas unidimensionales
para una respuesta por vez, o multidimensionales para varias
respuestas a la vez. Pueden ser: a) automáticos, b) de
productos permanentes, y c) observacionales.
Los registros automáticos se hacen mediante aparatos
mecánicos o eléctricos, como por ejemplo los tensiómetros
de pulsera. Sin embargo, el costo del equipo es una dificultad
para el usuario.
Los registros de productos permanentes son huellas
tangibles y cuantificables de la actividad del sujeto. Ejemplos
son las grabaciones de audio o video, textos y dibujos (en el
caso de los niños tímidos, se les puede instigar a dibujar a los
miembros de su familia para ver las relaciones).
Finalmente, los registros observacionales que se
elaboran mientras ocurren los hechos, utilizando lápiz y
papel. Son los más usados por su bajo costo, y se adaptan a
diversos ambientes. Los de tipo continuo procuran describir
todo lo que ocurre para ofrecer después un cómputo general
de las alteraciones principales de la conducta; los de
frecuencia consignan el número de veces que ocurre una
respuesta, y los de duración registran el tiempo que dura la
emisión.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

65
Los autorregistros implican una tercera forma de de
observación: la auto-observación, cuando se le asigna al
propio sujeto la tarea de llevar un registro personal de lo que
le sucede. Éste se puede hacer en el momento mismo de la
ocurrencia clave, o más aconsejablemente, de manera
diferida (Fernández-Ballesteros, 2004c).


2. LOS AUTOINFORMES
________________________________________________

La misma Fernández-Ballesteros (2004c) habla de dos
clases de autoinforme aparte del autorregistro. La primera es
el simple mensaje verbal que el paciente emite como
respuesta a una pregunta sobre sus vivencias personales. La
segunda son los tests, que miden rasgos, dimensiones o
factores, y los cuestionarios de estados situacionales. La línea
más moderna en este rubro es obviamente, la de los estados,
por lo que está en la preferencia de los analistas de la
conducta. Estos cuestionarios pueden ser confeccionados
como listas de chequeo (donde se marcan las habilidades que
el individuo tiene), como escalas de apreciación subjetiva
(puntuables en grados numéricos de presencia o de acuerdo-
desacuerdo), o inventarios de conductas diversas con
puntuaciones escalares o dicotómicas.

Como dice Jensen (1996), los formatos de opción de
respuesta en los cuestionarios “conductuales” son más
específicos a la situación que los inventarios de personalidad
tradicionales, evaluando patrones de comportamiento
funcionales a ciertos contextos interesantes a la intervención,
y presentan algunas ventajas sobre los tests clásicos al
permitir recoger abundante información en poco tiempo,
debido a su brevedad y facilidad para responderse sin tantas
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

66
inferencias. Algo no menos importante es que, en los
cuestionarios conductuales, se enfatiza la evaluación del
triple sistema de respuesta (aspectos cognitivos, motores y
fisiológicos) que subyace a cada comportamiento.

En suma, la conducta expresada en el autoinforme tipo
cuestionario de estados es tomada como una muestra de
aquello que el individuo piensa, siente o hace en una
situación concreta; y los eventos inventariados allí pertenecen
a una determinada dimensión (por ejemplo la ansiedad, la
timidez, el miedo a...) cuya medida servirá para predecir la
conducta diferencial del sujeto ante situaciones particulares
(Fernández-Ballesteros, 2004b).

Con todo, no se deben olvidar algunos problemas en la
evaluación con este tipo de instrumentos, ellos: a) pueden
estar reflejando no la frecuencia, sino su intensidad e
importancia para el sujeto, b) pueden ser sólo una
reconstrucción de pensamientos incompletos, y c) pueden
informar sobre pensamientos no tenidos o no informar los
tenidos por preservar el autoconcepto.


3. ALGUNAS PRUEBAS INICIALES
________________________________________________

La anamnesis, los autoinformes, los ratios
sociométricos, y a veces los registros y autorregistros,
complementan los datos obtenidos en la entrevista inicial, y
durante el transcurso del tratamiento. Esto permite supervisar
y retroalimentar el desarrollo del programa o secuencia de
intervención hasta su término, siempre en contacto con el
sujeto tratado. Para los casos de presunta timidez la
evaluación puede incluir formatos y medidas variadas,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

67
dependiendo del evaluador la opción de optar por unas u
otras.

La opción mencionada se da en función a medidas de
autoinforme que puedan obtenerse acerca de la tensión y la
ansiedad, la timidez misma, la red interpersonal y
comunitaria, algún indicador de la integración social, e
inclusive el grado de autocontrol del individuo.

Para estimar la tensión y la ansiedad están el Inventario
de Indicadores de Tensión y Ansiedad de Cautela (transcrito
de Cautela y Groden, 1978/1985, p. 43), y el más general
Inventario de Ansiedad de Beck (transcrito de Echeburúa,
1996; p. 158)
7
. Para la timidez lo más indicado es la Escala
de Timidez Revisada de Cheek y Buss (1981). Respecto a la
red comunitaria, es interesante el Cuestionario de Apoyo
Comunitario Percibido (Gracia y Herrero, 2004; p. 342).

El Inventario de Indicadores de Tensión y Ansiedad de
Cautela es una breve lista de chequeo elaborada para precisar
en qué partes del cuerpo se sienten las sensaciones somático-
fisiológicas (sudoración, palpitaciones, rubor, nauseas,
compulsiones, etc.) que acompañan su vivencia de emociones
negativas. Consta de dieciséis ítems que deben ser
respondidos puntualmente como “se siente” o “no se siente”
(ver tabla 3.5).





7
También son una posibilidad el Inventario de Ansiedad Estado-
Rasgo para niños (hasta de 15 años) de Spielberger (1973/1988),
y la Escala de Ansiedad Social para Adolescentes, de La Greca y
López (Olivares, Ruiz, Hidalgo, García-López, Rosa y Piqueras,
2005).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

68
Tabla 3.5. Inventario de Indicadores de Tensión y Ansiedad.



1) Usted siente tensión en:
a. La frente ( )
b. La parte de atrás del cuello ( )
c. El pecho ( )
d. Los hombros ( )
e. El estómago ( )
f. La cara ( )
g. Otras partes del cuerpo ( )

9) Le tiemblan:
a. Las manos ( )

b. Las piernas ( )

c. Otras partes
...................................................

...................................................
2) Usted suda ( ) 10) Nota en su estómago una
sensación similar a la que
siente cuando se para de
repente ( )
3) Su corazón late de prisa ( ) 11) Siente náuseas en el
estómago ( )

4) Puede sentir los latidos de su
corazón ( )
12) Nota que sujeta con
demasiada fuerza las cosas
( )

5) Puede oír los latidos de su
corazón ( )
13) Se rasca una parte del
cuerpo ( )

6) Siente rubor o calor en la
cara ( )
14) Cuando tiene las piernas
cruzadas mueve la que está
encima, arriba y abajo ( )
7) Siente su piel fría y húmeda
( )
15) Le rechinan los dientes ( )

8) Se muerde las uñas ( ) 16) Tiene problemas con el
lenguaje ( )


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

69
El Inventario de Ansiedad de Beck está compuesto por
21 ítems que describen diversos síntomas de ansiedad. Valora
las señales de ansiedad somática en problemas de ansiedad y
depresión. La puntuación de cada reactivo es de 0 a 3, siendo
0 equivalente a "en absoluto", 1 a "levemente, no me molesta
mucho", 2 a "moderadamente, fue muy desagradable pero
podía soportarlo" y la puntuación 3 a "severamente, casi no
podía soportarlo". La suma de las de todos los ítems da el
índice de ansiedad. Si está entre 22 a 35 puntos se puede
hablar de ansiedad moderada. Si pasa de 36 indicaría un
grado de ansiedad severa (ver tabla 3.6).

3.6. Inventario de Ansiedad.

1Torpe o entumecido.
2 Acalorado.
3 Con temblor en las piernas.
4 Incapaz de relajarse
5 Con temor a que ocurra lo peor.
6 Mareado, o que se le va la cabeza.
7 Con latidos del corazón fuertes y acelerados.
8 Inestable.
9 Atemorizado o asustado.
10 Nervioso.
11 Con sensación de bloqueo.
12 Con temblores en las manos.
13 Inquieto, inseguro.
14 Con miedo a perder el control.
15 Con sensación de ahogo.
16 Con temor a morir.
17 Con miedo.
18 Con problemas digestivos.
19 Con desvanecimientos.
20 Con rubor facial.
21 Con sudores, fríos o calientes.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

70
El Cuestionario de Apoyo Comunitario Percibido de
Gracia y Herrero proporciona una medida de la integración y
participación comunitaria así como un índice del apoyo
percibido en organizaciones voluntarias de la comunidad
(grupos sociales, clubes, asociaciones deportivas, comisiones
de festejos, etcétera.). El cuestionario se compone de tres
subescalas con categorías de respuesta que van de muy en
desacuerdo (1) a muy de acuerdo (5): a) integración
comunitaria, de 4 ítems. b) participación comunitaria, de 5
ítems; y c) organizaciones Comunitarias, de 5 ítems (ver
tabla 3.7).

3.7. Cuestionario de Apoyo Comunitario Percibido.



1. Me siento identificado con mi comunidad/barrio
2. Mis opiniones son bien recibidas en mi barrio o mi comunidad
3. Muy pocas personas de mi comunidad saben quién soy yo
4. Siento el barrio como algo mío
5. Colaboro en las organizaciones y asociaciones de mi
comunidad
6. Participo en actividades sociales de mi barrio o comunidad
7. Participo en algún grupo social o cívico
8. Acudo a las llamadas de apoyo que se hacen dentro de mi
comunidad
9. No participo en las actividades socio-recreativas de mi
comunidad

Las asociaciones deportivas o culturales, grupos sociales o
cívicos (asociaciones de vecinos, amas de casa, de consumidores,
comisión de fiestas, etc.), la parroquia, agrupaciones políticas o
sindicales, ONGs, etc., son organizaciones en las que se
desarrolla una parte importante de la vida social de las
personas. En estas organizaciones:


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

71
10. Podría encontrar personas que me ayudaran a resolver mis
problemas
11. Encontraría alguien que me escuche cuando estoy decaído
12. Encontraría una fuente de satisfacción para mí
13. Lograría animarme y mejorar mi estado de ánimo
14. Me relajaría y olvidaría con facilidad mis
problemas cotidianos


El sociograma, aparte de una cantidad de otros datos
referentes al rendimiento general de los alumnos, investiga la
estructura del grupo y el grado de integración de la persona
tímida dentro del mismo. La prueba sociométrica se
administra a todos los integrantes del grupo con la indicación
de que cumplimenten lo que se les pide en total
confidencialidad. El recuento y tabulación de los resultados
ofrece un resumen de las atracciones y rechazos que recibe
cada estudiante, en cada una de las preguntas formuladas. En
un modelo usual de sociograma escolar (ver tabla 3.8), la
puntuación directa total del rubro “integración social” es: A +
C - B = PD de IS. A su vez, el puntaje directo se traslada
mediante la elaboración de un baremo a puntaje percentilar
(P)- Como cada integrante puede tener dos elecciones frente
a un rechazo, se valora al que tenga 1 de PD con percentil 50.
A partir de allí, y de acuerdo a la distribución e intervalos
respectivos, se va otorgando valores tanto hacia arriba como
hacia abajo del grupo, lo que da la ubicación final del sujeto
de interés.
Hay otra forma de sociograma menos formal, ideal
para niños pequeños. Monjas (2001, p. 100) señala el juego
del “Adivina quién”, en el cual se le imparte a cada niño una
lista verbal o escrita de ítems con descripciones positivas y
negativas de rasgos diversos de carácter. Entre ellos los de la
timidez. Por ejemplo:
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

72
— “Adivina quién es demasiado tímido para hacer
amigos”.
— “Adivina quién es simpático y habla con toda la
gente”.
— “Adivina quién teme a los demás compañeros.
— “Adivina quién se pone nervioso cuando le
preguntan”.
— “Adivina quién es el más tímido del grupo.


Tabla 3.8. Modelo de hoja para test sociométrico.

Test Sociométrico


Nombre:............................. Apellidos:..................................................

Edad:.......... Curso: ..............................................Fecha:......................

A. Escribe los nombres y apellidos de tus dos mejores amigo(a)s de
la clase.

1. Nombre........................... Apellidos...........................................
2. Nombre........................... Apellidos...........................................

B. Escribe los nombres y apellidos de tus dos compañero(a)s de
clase que consideras más aislado(a)s por ser antipático(a)s o tener
un carácter difícil.

1. Nombre........................... Apellidos...........................................
2. Nombre........................... Apellidos...........................................

C. ¿Quiénes son lo(a)s compañero(a)s que ayudan más a los demás?

1. Nombre........................... Apellidos...........................................
2. Nombre........................... Apellidos...........................................



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

73
Tabla 3.8. Cuadro de resumen y valoración del Sociograma.


NOMBRE


A

B

C

PD

P
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.


Todas estas mediciones son simplemente una muestra
de las que se podrían aplicar, de acuerdo con la índole
particular del problema de timidez que se atiende.


RESUMEN
_____________________________________________

En la evaluación conductual, la idea es representar
tanto las características del contexto medioambiental que
determina la conducta como el repertorio disposicional del
individuo. Sus medidas son repetidas en momentos clave o
durante todo el tratamiento. Para delimitar el problema se
requieren dos tipos de contrastación. La contrastación
normativa comprende criterios de compara el desempeño del
sujeto con su forma de ejecución o rendimiento previo. La
contrastación funcional comprende tanto el contexto
inmediato en que ocurre la conducta cuando se presenta el
problema, como la actividad en curso y el escenario en que se
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

74
presenta, los déficits, excesos o inadecuaciones de la
conducta manifiesta, y finalmente los repertorios de conducta
encubierta pertinentes. La entrevista psicológica resulta el
medio inicial para entrar en contacto con el cliente. Supone
precisión en los informes, por lo cual se necesita pedir
ejemplos concretos de las interacciones deficientes o
inadecuadas, a fin de poder proyectar un adecuado
tratamiento. Eso se resume en un cuadro informativo.
La anamnesis, los autoinformes e indicadores
sociométricos son auxiliares de la entrevista, sirviendo para
profundizar sobre aspectos de tensión y ansiedad, la timidez,
la red interpersonal y comunitaria, la integración social y el
grado de autocontrol del individuo.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
_____________________________________________

Fernández-Ballesteros, R. (Dir.) (2004). Evaluación psicológica:
Conceptos, métodos y estudio de casos. Madrid: Pirámide.
Goldfried, M. R. (1983/1992). Evaluación conductual. En I. B.
Weiner (Ed.). Métodos en psicología clínica (pp. 283-336).
México: LIMUSA.
Goldfried, M. R. y Davison, G. C. (1976/1981). Técnicas
terapéuticas conductistas. Buenos Aires: Paidós.
Jensen, B. J. (1996). Los cuestionarios de autoinforme en la
evaluación conductual. En G. Buela-Casal, V. Caballo y J.
C. Sierra (Dirs.). Manual de evaluación en psicología clínica
y de la salud (pp. 109-127). Madrid: Siglo XXI.
Olivares, J.; Méndez, F. X. y Maciá, D. (1997). Tratamientos
conductuales en la infancia y adolescencia. Madrid:
Pirámide.





William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

75



_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* CONTROL DE LAS
EMOCIONES NEGATIVAS
_____________________________


La piedra de toque fundamental de casi todo
tratamiento psicoterapéutico es lograr un aceptable grado de
control de las emociones negativas por parte del cliente,
como la ansiedad y el estrés, y desde luego el cliente tímido
no es la excepción.

La ansiedad es una perturbación emocional que
implica “aprehensión” o espera inquieta por algo que podría
ocurrir. Puede existir en forma de rasgo disposicional
permanente de la persona, o como un estado pasajero a veces
crónico. El estrés, en cambio, se expresa como una
“sobrecarga” o tensión del sistema nervioso debida a
condiciones de presión externa que, progresivamente, va
minando la resistencia psicológica (Spielberger, 1979/1980).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

76
Aunque la mayoría de las veces las personas
consultadas por sus síntomas de ansiedad y estrés declaran
experimentar trastornos físicos tales como tensiones en el
cuello y hombros, dolores de cabeza o estomacales, debilidad
y temblores generalizados, puede decirse con Suinn
(1990/1993), que los factores contribuyentes a la prevalencia
de ambas clases de manifestaciones son de tipo
multifuncional: biológico, cultural y psicológico.
A nivel biológico, el organismo humano responde a
una particular herencia evolutiva relacionada con la
susceptibilidad a ciertos estímulos que producen temor más
fácilmente que otros, debido a su papel como amenaza para
la supervivencia. Frente a ellos el organismo cambia
instintivamente, preparándose para la lucha o el escape. Por
ejemplo, el sujeto que está muy preocupado por cómo lo
miran y se siente “evaluado” puede sentir sequedad de la
saliva y del mucus, lo que aumenta su cantidad de entrada de
aire en los pulmones, y de esa forma acelera
involuntariamente su ritmo de respiración.

A nivel cultural, cada sociedad humana produce
contingencias normativas respecto a qué es lo que se debe
temer y qué no. Esto, por cierto, varía en relación con la
estratificación social, las influencias del vecindario, la
superpoblación y otros factores ambientales, algunos de tipo
étnico. En el Perú las convenciones sociales entre las clases
medias y bajas exigen, por ejemplo, ser sumisamente
receptivo a la invitación ajena en una reunión social, por más
que en ocasiones aquella pueda ser nociva para la salud del
invitado, o ir contra sus valores. Cualquier asomo de
asertividad a este respecto (digamos, negarse cortésmente a
compartir un vaso de cerveza) se considera una imperdonable
falta de etiqueta, y hasta una ofensa personal para con la
persona que invita.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

77
A nivel psicológico, las expectativas acerca de “lo que
puede pasar” y las atribuciones referentes a “lo que ya pasó”
de los individuos, juegan un papel importante. En el capítulo
anterior ya se han mencionado las funciones del locus de
control y la autoeficacia. El discurso interno personal sobre
lo que se percibe anda mezclado con las pautas culturales
descritas ut supra. El sujeto tímido, como anota Check
(1990/1990), es muy autocrítico y suele asociar la culpa a su
desempeño, por lo cual sus expectativas acerca de lo que se
espera de él son demasiado altas y sus atribuciones son poco
gratificantes para sí mismo.
Las emociones en general, entre ellas las negativas,
obedecen al principio de suma algebraica, según el cual la
combinación de muchos estímulos evocadors a los que el
sujeto se expone durante cierto tiempo, resultan en el
establecimiento de un estado emocional persistente (Staats,
1996/1997). Si se trata de un estado emocional negativo (con
manifestaciones como la ansiedad, el pánico, la disforia, el
estrés, etc.), su reducción es reforzadora, lo que puede llevar
al desarrollo de hábitos indeseables cuyo ejercicio permita el
aparente escape del individuo, como por ejemplo consumir
alcohol o drogas. Por ello, controlar el estado emocional
negativo es una labor terapéuticamente relevante. Ayudan a
ello la práctica dirigida, la visualización, el modelamiento y
el ensayo conductual, además de la respiración profunda.


1. LA PRÁCTICA DE LA RELAJACIÓN
________________________________________________

La base para lograr el control predicho está en la
práctica de la relajación, y en el uso de mandos abiertos y
encubiertos (lo que coloquialmente se llama “autosugestión”)
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

78
dirigidos al autorrefuerzo de las operaciones de tensión-
relajación.
La relajación en general se puede definir como “un
estado o respuesta percibidos positivamente en el que una
persona siente alivio de la tensión o del agotamiento”
(Sweney, citado por Payne, 2000/2002; p. 13), lo que supone
aspectos experienciales tales como una sensación
muscularmente agradable y de sosiego cognitivo.
Por otra parte, un mando es una clase de conducta
verbal que, según Skinner (1957/1981), se halla técnicamente
bajo control funcional de condiciones de privación o
estimulación aversiva. Se expresa entre otras formas como
pedidos, ruegos, sugerencias u órdenes. Si se emite como
discurso interno constituye una conducta verbal encubierta
con propiedades directivas análogas a las de la conducta
manifiesta.
Los principales antecedentes del uso de estas técnicas
se pueden encontrar en las obras de Jacobson, Schultz y
Lang. Ellos contribuyeron con diversos procedimientos
(respectivamente la relajación progresiva, el entrenamiento
autógeno y la retroinformación psicofisiológica) a la
configuración de un modelo que la terapia conductual ha
incorporado a su arsenal tecnológico, bajo la consideración
de que constituyen estrategias eficaces de afrontamiento, y
que su enseñanza resulta una meta terapéutica mas adecuada
y realista que resolver de manera completa los problemas del
cliente (McKain, 1984/1993).
El modelo conductual de relajación puede llevarse a
cabo como técnica central en sí misma (Cautela y Groden,
1978/1985), o incorporado en programas de lucha contra la
ansiedad y el estrés de mayor envergadura, como la
desensibilización sistemática (Wolpe, 1958/1980), la
inoculación del estrés (Meinchembaum, 1985/1987), o el
entrenamiento en manejo de la ansiedad (Suinn, 1990/1993).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

79
Algo que puede resultar complementario de cualquier tipo de
procedimiento de control de emociones negativas es la
biorretroalimentación asistida mediante aparatos, y una
variedad de otras técnicas (visualización, detención del
pensamiento, autohipnosis, etc.) (Davis, Robbins y McKay,
1982/1985; McKay, Davis y Fanning, 1982/1985) que, con
frecuencia, son componentes de las más elaboradas que van a
exponerse a continuación.


2. RELAJACIÓN PARA EL AUTOCONTROL
________________________________________________

Cautela y Groden (1978/1985) procuran reducir las
extensas indicaciones de Jacobson, abreviando la técnica en
cuanto a dos componentes: a) el ejercicio en grupos
combinados de músculos en vez de hacerlo detalladamente
uno por uno (lo que reduce el número se sesiones necesarias
para dominar el procedimiento), y b) menor duración de
sesiones de práctica cotidiana (en promedio veinte minutos).
Igualmente añaden un componente: el uso de conducta verbal
instigadora (mando o aserción) que refuerce el proceso. Los
mandos pueden ser administrados al principio por el
entrenador de la técnica, y luego autoadministrados por el
propio aprendiz, de manera abierta o encubierta, en una
cantidad y categorías tales que puedan ser emitidas antes,
durante o después de cada acción
8
. Asimismo, esto puede ser

8
Por ejemplo, al comenzar el entrenamiento, preguntarse “¿qué
debo hacer ahora con exactitud?”, durante la práctica decirse
“concéntrate, respira profundamente”, y después de ella “lo hice
bien, realmente funciona”. También palabras como “paz”,
“calma”, “relax”, “tranquilidad”, o “adelante” son útiles al
propósito del autorreforzamiento.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

80
complementado con reforzamiento positivo o negativo de
diversas clases, incluyendo estímulos imaginales
9
.

La meta es capacitar al cliente para que pueda, él solo,
decrementar los niveles de tensión percibidos en situaciones
específicas. Al inicio permite una actitud relativamente
pasiva del cliente, que es superada poco a poco en base a la
gradualidad del entrenamiento, experimentando sin grandes
sacrificios una mejoría parcial en poco tiempo. Si se practica
grupalmente requiere comenzar por un ejercicio de dinámica
grupal donde tomen confianza unos individuos con otros
(Sank y Schaffer, 1984/1993).

Los citados Cautela y Groden dividen en tres partes su
exposición de la técnica: 1) explicación breve de las
particularidades de la relajación, en términos de sus
operaciones generales (alternancia tensión-relajación
muscular), y de las situaciones en que puede aplicarse; 2)
explicación asistida de la postura que debe adoptarse durante
la práctica del método de relajación (de preferencia sentado),
y 3) la práctica misma de la secuencia, consistente en tensar y
relajar alternativamente los grupos de músculos
concentrándose en la sensación sentida en cada uno: frente,
ojos, nariz, sonrisa, lengua, mandíbula, labios, cuello, brazos,
piernas, espalda, tórax, estómago y parte baja de la cintura.

Un ejemplo del comienzo del discurso utilizado para
relajar al cliente sentado, con los ojos cerrados y en posición
cómoda es: “Mientras inhala profundamente por la nariz,
cierre el puño y apriételo lo más que pueda, concentrándose
en la tensión generada... ahora relájese, afloje el puño, exhale
suavemente el aire de sus pulmones por la boca, y advierta la

9
Los reforzadores encubiertos pueden consistir en imaginar
escenas agradables, tales como actividades atractivas o bellos
paisajes, asociados con las acciones que se emprenden.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

81
diferencia que hay entre la tensión anterior y la comodidad
que siente en este momento. Visualice una playa tranquila
bañada por el sol, y enfoque su atención en el ruido de las
olas y el canto de los pájaros... vuelva a inhalar
profundamente... ahora repita el ejercicio de tensión una vez
más...”. Se concluye haciendo ejercicios de respiración y
practicando la relajación en otras posiciones, o haciéndolo
cuando se camina, o sin alternar con la tensión.


3. DESENSIBILIZACIÓN SISTEMÁTICA
________________________________________________

Wolpe (1958/1980) fue el primero en adaptar la técnica
de relajación a los fines de la terapia de conducta, incluyendo
dicho método entre los pasos de la “terapia por inhibición
recíproca”, también conocida como desensibilización
sistemática. El principio de inhibición recíproca, desarrollado
en experimentos de laboratorio, muestra que si se asocian dos
repuestas incompatibles en una situación particular, una
respuesta tiende a inhibir a la otra. Sin embargo, fuera de esa
situación particular, y mientras menos semejantes sean otras
situaciones con ella, el efecto inhibidor se debilita.
Wolpe aplica este principio en la desensibilización
sistemática para el tratamiento de fobias y ansiedades,
instigando una respuesta de relajación muscular ante la
presencia del estímulo evocador de emoción negativa en
diversos grados. El estado fisiológico inhibitorio de la
ansiedad se induce al par que se expone al individuo, por
pocos segundos, a un débil estímulo temido. Tras varias
repeticiones, dicho estímulo va perdiendo su fuerza inicial
hasta desaparecer, y, a continuación, se presenta otro
estímulo que será sometido al mismo trato.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

82
A través de este procedimiento, progresivamente todos
los estímulos evocadores de ansiedad de una jerarquía
construida para el efecto, quedan sin potencialidad
evocadora. El proceso total tiene base conductual en lo que
Pavlov llama contracondicionamiento
10
.

El primer paso de la técnica de desensibilización, luego
de informar al cliente de sus posibilidades terapéuticas y del
rol que juega la ansiedad en su problema, es el entrenamiento
en relajación, de similar manera que en el caso de Cautela y
Groden. En segundo lugar se elabora una jerarquía de
estímulos ansiógenos, asignando valores de entre 0 (mínimo)
a 100 (máximo) a cada ítem, según la apreciación
cuantitativa de la aversividad. En tercer lugar, se practica el
uso de la imaginación preparando escenas que se pide al
paciente que evoque en todos sus detalles. Luego, se enseña a
distinguir claramente un grado de ansiedad de otro mediante
la escala de unidades subjetivas (0-100), y finalmente se
procede a confrontar la ansiedad del cliente expresada en la
jerarquía, con sus habilidades aprendidas para relajarse.

Cada escena aversiva se presenta en pleno estado de
relajación inducida
11
durante quince segundos, luego se
detiene y se pide una calificación en unidades subjetivas de
ansiedad. Se sigue repitiendo esto hasta que la ansiedad al
ítem en cuestión desaparece. Cada sesión no debe incluir más

10
O sea, condicionar una respuesta en dirección contraria a la que
debería producir el estímulo de forma incondicionada. Por
ejemplo, la aversión a la comida, o la salivación ante choques
eléctricos.
11
También hay escenas llamadas “control”, cuya función es
asociarse con el estado de relajación para reforzarlo
encubiertamente (ver nota de pie Nº 2).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

83
de cuatro escenas, y no debe pasarse de una a otra sin haber
extinguido el potencial de evocación negativa de la anterior.

El que sigue a continuación es un fragmento de
jerarquía construida para tratar un caso de timidez. Se trata de
un adolescente con problemas de interacción en compromisos
donde hay gente con la que está poco familiarizado. La lista
se ordena desde el estímulo menos ansiógeno hasta el de
máxima intensidad:

1) Recibe una invitación para ir a una fiesta.

2) Ve desde fuera la sala de una casa llena de gente
(hombres y mujeres).

3) Ve desde fuera la sala de una casa llena de gente
distraída en bulliciosa charla.

4) Se asoma a la puerta de la casa llena de gente
charlando y riendo.

5) Entra a la sala de la casa.

6) Observa los grupos desde un rincón.

7) Pasa por entre los grupos.

8) Alguien del mismo sexo se comunica con él en
frente de todos.

9) Alguien del sexo opuesto se comunica con él en
frente de todos.

10) Debe hablar frente a todos.

Hay dos elementos de la desensibilización sistemática
que no deben pasar desapercibidos: Wolpe (1961/1987)
señala que cuando la relajación es pobre, debe aumentarse
con la administración de un fármaco, y que los efectos del
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

84
procedimiento general de confrontación con los ítems
aversivos se potencian bastante con la ayuda de la hipnosis.


4. INOCULACIÓN DEL ESTRÉS
________________________________________________

La inoculación del estrés presenta gran similaridad con
la desensibilización sistemática, excepto en que no se queda a
nivel imaginal, sino que introduce elementos de
afrontamiento en situaciones reales
12
. La lógica general de la
técnica es que el estrés funciona en base a los pensamientos
automáticos que habitualmente invaden al individuo en las
situaciones que le evocan alarma, por lo que hay que ir
“aumentando sus defensas psicológicas” a través de la
provocación de tales situaciones en sentido progresivo,
mientras se le dota de los elementos emotivos (capacidad de
relajación) y cognitivos (nuevos “diálogos” internos) que
necesita para resistir al estrés.

Meinchembaum (1985/1987) señala que, después de
practicar la relajación progresiva y la respiración profunda,
hay que construir una lista personal de situaciones de estrés
(análoga a la jerarquía de estímulos ansiógenos de Wolpe).
Seguidamente, se aprende a evocar cada uno de los ítems
estresores de la lista visualizándolo claramente, mientras se
aplica el método de relajación. En tercer lugar, se
confecciona una lista de “pensamientos de afrontamiento al
estrés” con el fin de contrarrestar los pensamientos
automáticos habituales. Finalmente, se programan situaciones

12
Esto es relativo, pues desde la década del 90 también la
desensibilización sistematica incluye un módulo en que el cliente
puede ser expuesto directamente a la situación ansiógena
(Gavino, Berrocal y López, 2006).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

85
en las cuales el usuario de la técnica debe ejercitar in vivo sus
habilidades de afrontamiento.
Algunas de las situaciones que causan estrés a una
persona tímida son:

1) Tener que iniciar una conversación o actividad, u
ofrecerse a hacer algo, o preguntar. Pensamiento automático
posible: “Dios, no sé qué decir”
2) Tener que estructurar situaciones ambiguas
mediante preguntas, normas o el reordenamiento físico de los
elementos. Pensamiento automático posible: “No entiendo
nada. Si pregunto algo van a pensar que soy tonto”.
3) Tener que hablar con sus pares. Pensamiento
automático posible: “Me van a percibir ridículo”.
4) Tener que manejarse en situaciones permisivas, por
ejemplo una fiesta. Pensamiento automático posible: “Todos
me miran, se estarán riendo de mí”.
5) Tener que reaccionar espontáneamente ante
bromas o críticas. Pensamiento automático posible: “Quiero
salir de aquí”.
6) Tener que ser asertivo. Pensamiento automático
posible: “Tendré que aceptar esto. Es injusto, pero ¿qué más
puedo hacer?”

Por otra parte, algunos de los pensamientos de
afrontamiento al estrés más indicados para estos casos son:

1) “Es el momento de relajarte. Respira
profundamente y mantén la calma”.
2) “Ordena tus ideas y tómate el tiempo para
responder”.
3) “Debo llevar el tema de conversación donde me
convenga”.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

86
4) “Vamos, nadie se fija en lo que haces o dejas de
hacer mientras actúes con naturalidad”.

5) “Si actúo de cierta manera, es mi derecho mientras
no perjudique a otros”.

La práctica de las habilidades de afrontamiento en
situaciones reales puede ser un boomerang si no se refuerzan
positivamente los progresos y se ignoran los fracasos, y se
indica al cliente que sólo la continua interacción con eventos
molestos perfeccionará sus ejecuciones hasta hacerlas
efectivas. Por lo demás, se pueden combinar de estos
métodos con el manejo de contingencias y las habilidades
sociales.


5. ENTRENAMIENTO EN MANEJO
DE LA ANSIEDAD
________________________________________________

Según Suinn (1990/1993), la base para el
entrenamiento en manejo de la ansiedad (EMA) es
transformar la debilidad en fortaleza. Hace notar que los
clientes con este problema pueden, con un poco de ayuda,
describir detalladamente cómo son sus ataques de ansiedad,
en términos cognitivos (por ejemplo “pienso que algo malo
me va a suceder”), afectivo-autonómicos (por ejemplo
“siento golpes de pecho”), y somático-conductuales (por
ejemplo “tengo temblores”).

La idea de Suinn es utilizar constructivamente esas
respuestas de ansiedad, en vez de dejar que sigan
contribuyendo al trastorno a manera de un círculo vicioso.
Por tanto, “el EMA enseña a los clientes a reconocer estas
respuestas de ansiedad a medida que se forman, y después
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

87
usarlas como indicadores para iniciar la respuesta de
afrontamiento de la relajación” (Suinn, 1990/1993, p. 119).
El objetivo final es lograr que los usuarios de la técnica se
hagan tan expertos en el reconocimiento de los signos que
activan la ansiedad, que sean capaces de hacerla abortar en el
momento en que todavía no alcanza un nivel alto.

El método ofrecido se compone en promedio de seis a
ocho sesiones, pudiendo ser individual o grupal. Como en la
práctica de la desensibilización sistemática, se enlistan
escenas que evocan ansiedad y se practica la imaginación de
ellas, poniendo especial cuidado en la descripción verbal de
los síntomas experimentados por el cliente en cada
evocación.

Esto implica enfocar la situación ansiógena y la
reacción a ella en todas sus particularidades, para lo cual el
terapeuta puede pedir precisiones tales como: “¿En qué fecha
y hora del día ocurrió el incidente?”, “En qué lugar ocurrió,
¿tiene un nombre?”, “¿Qué actividad realizaba en ese
momento?”, “¿Qué sintió, qué vio, que oyó?”, “¿Qué otra
cosa podría destacar del hecho que lo diferencia de otros?”,
etcétera.

La práctica dirigida es intensa y reforzada, alternando
la escena de ansiedad con la relajación hasta que el cliente
asuma por completo el autocontrol, tanto dentro del
consultorio como fuera de él. Eso se consigue mediante la
programación de tareas que deben desempeñarse en la vida
real entre las sesiones, con la debida retroalimentación
terapéutica.




William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

88
6. BIORRETROALIMENTACIÓN
________________________________________________

La información inmediata sobre las condiciones
biológicas que caracterizan la las emociones negativas puede
ser obtenida mediante el uso de aparatos que miden la tensión
muscular, la temperatura de la piel, la actividad de las ondas
cerebrales, la actividad cardiovascular y la presión sanguínea.
El conocimiento de esas condiciones puede servir para
autorregular las funciones asociadas a la ansiedad y el estrés,
si se entrena al cliente en esa dirección, así como en la
utilización de las herramientas correspondientes (Davis,
Robbins y McKay, 1982/1985).
Los instrumentos de medición biológica disponibles
para la biotretroalimentación son el electromiógrafo, el
termógrafo, el dermógrafo, el electroencefalógrafo y el
cardiógrafo. Algunos de estos aparatos se distribuyen en el
mercado con la forma de relojes de muñeca para detectar
cambios en la tasa cardiaca, de controladores de temperatura,
o de medidores de presión.
La práctica de la biorretroalimentación es
recomendable con la asesoría permanente de un especialista,
y siempre como procedimiento complementario a las técnicas
antes reseñadas.


7. REGISTROS Y AUTOINFORMES
_____________________________________________

Un formato de registro para controlar los ejercicios de
relajación que se practican en casa es el siguiente (tabla 4.1).
En la primera columna van el día y hora de ejecución (las
mañanas después de levantarse y las noches entes de
acostarse). En la segunda columna va el grupo de músculos
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

89
entrenados y el ejercicio que se hace). En la tercera hay un
espacio para señalar si se siente mejor o peor, o no se ha
hecho correctamente el ejercicio, mediante una escala de 0 -
5. En la cuarta se anotan las dificultades u obstáculos
encontrados, o el estado de ánimo durante la práctica de ese
día.

Tabla 4.1. Hoja de control de los ejercicios de relajación



Día/ Hora

Ejercicio/Grupo muscular

Resultados

Observaciones

0 1 2 3 4 5

Manos, antebrazos, bíceps



Cabeza, cuello, hombros



Torax, abdomen y parte
baja de la espalda


Nalgas, muslos y
pantorrillas.




Otra medida de autocontrol de las emociones negativas
es la escala de ansiedad subjetiva, tomada a través de un
imaginario segmento de recta que va de menor a mayor (0 a
10, o a 100), en la cual el cliente (previo entrenamiento)
ubica el rango que cree pertinente en su propia evaluación.
Un punto de 80 sobre 100 posibles, por ejemplo, mostraría un
grado bastante alto. Uno de 50 daría mediano y uno de 15
sería bajo. Se utiliza mucho en el proceso de la
desensibilización sistemática y en los autorregistros, como el
del ejemplo (tabla 4.2, adaptada de Montgomery, 2002; p.
141).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

90
Si la timidez estuviera relacionada con algún tipo de
trastorno del hábito, como la bebida, el insomnio, la
compulsión, etcétera, también serían pertinentes
autorregistros al respecto.

Tabla 4.2. Autorregistro de ansiedad subjetiva.



Fech

Lugar

Compañía

Ansiedad

Duración

Observaciones


18/5

Paseo
Colón

Pedro
Javier

80

20’
Sentí que me
miraban. Creo
que me
abochorné.

19/5

Puerta
de mi
casa

Mamá
Tía

10

10’
Estaban
criticando mi
vestido
apretado.


La hoja de registro de pensamientos para el
afrontamiento también es un material útil para la acción
terapéutica. Esta hoja comprende los aserciones o
autoverbalizaciones de afronte antes, durante y después de la
situación desencadenante de distorsiones, que se sugiere
aprender a los clientes para dominar sus emociones negativas
y pensamientos automáticos (tabla 4.3).
Informes casi obligatorios, especialmente para los
estudiantes tímidos, son en esta área, probablemente, los que
proporcionan la Escala Breve de Miedo a la Evaluación
Negativa, de Leary (Zubeidat, Salinas y Sierra, 2007), el
Inventario de Miedos Escolares, de Méndez, y el
Cuestionario de Confianza para Hablar en Público, de Paul
(transcritos por Méndez y Maciá, 1997; pp. 472 y 476,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

91
respectivamente). Por último, un auxiliar es la Lista de
Emociones Positivas y Negativas de Watson, Clark y
Tellegen (1988).

Tabla 4.3. Hoja de autoverbalizaciones de afrontamiento.


SITUACIÓN DESENCADENANTE
DE EMOCIONES NEGATIVAS
......................................................................................................................
......................................................................................................................


AUTOINSTRUCCIONES


Antes...........................................................................................................

Durante.........................................................................................................

Después........................................................................................................



La Escala Breve de Miedo a la Evaluación Negativa
consta de 12 reactivos. Cada pregunta debe valorarse en una
escala de 5 grados en razón a los valores extremos "Nada" y
"Mucho". Si el resultado obtenido es similar o superior al
puntaje de 37, el miedo se considera elevado (ver tabla 4.4).
El Inventario de Miedos Escolares tiene 50
afirmaciones puntuables de manera similar al caso de la
escala anterior, excepto que el continuo de “Nada” hasta
“Muchísimo” se traduce en grados desde 0 a 4 (tabla 4.5).
El Cuestionario de Confianza para Hablar en Público
está compuesto de 30 enunciados con gradaciones de
respuesta entre 1 y 6, desde Completamente de acuerdo”
hasta “Completamente en desacuerdo” (tabla 4.6).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

92
4.4. Escala Breve de Miedo a la Evaluación Negativa.


1. Me preocupa lo que las otras personas puedan pensar de mí,
hasta cuando sé que eso no importa
2. No me importa que otras personas se formen una impresión
desfavorable de mí.
3. Temo con frecuencia que otras personas se den cuenta de mis
limitaciones.
4. Difícilmente me preocupa el tipo de impresión que puedo
causar a alguien.
5. Me asusta que los demás no me acepten.
6. Me asusta que la gente me encuentre fallos.
7. La opinión de las otras personas no me preocupa.
8. Cuando hablo con alguien, me preocupa lo que pueda estar
pensando de mí.
9. Usualmente estoy preocupado por la impresión que puedo
producir.
10. Me produce muy poco efecto saber que alguien me está
juzgando.
11. A veces pienso que me preocupo demasiado de lo que los otros
piensan de mí.
12. Suelo estar preocupado por si digo o hago cosas equivocadas.




4.5. Inventario de Miedos Escolares (muestra de ítems)


1. Vestirme para ir al colegio
2. Estar a punto de salir de casa para ir al colegio
4. Separarme de mis padres para ir al colegio
5. Asistir a las clases (en general)
8. Ser preguntado por el o la profesora en clase
11. Tocar un instrumento musical en clase
13. Saltar los aparatos de gimnasia
14. Tener que competir físicamente con compañeros
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

93
17. Asistir a la clase de............
18. Trabajar en la biblioteca del colegio
22. Comer en el comedor escolar
24. Dormir en un internado
27. Realizar un examen oral
30. Sacar malas notas
33. Permanecer en presencia de un profesor
39. Estar con ciertos compañeros
40. Ser objeto de bromas y chistes en el colegio
41. Ser criticado en el colegio
44. Caer enfermo en el colegio
48. Padecer dolores de cabeza en el colegio
50. Otros miedos relacionados con el colegio...



4.6. Inventario de Confianza para Hablar en Público
(muestra de ítems).


1. Espero con ilusión una oportunidad para hablar en público
2. Me tiemblan las manos cuando trato de coger algo estando en la tarima
4. Los auditorios parecen amables cuando me dirijo a ellos
5. Mientras preparo la charla, estoy en un constante estado de ansiedad
8. A veces no se qué decir a personas atractivas del sexo opuesto
11. Afronto con completa confianza la perspectiva de dar una charla
13. Prefiero tener notas a mano por si olvido mi charla
14. Me gusta observar las reacciones del auditorio ante mi charla
17. No me resulta fácil hacer un cumplido a alguien que me gusta
18. Si veo en una fiesta a una persona atractiva del sexo opuesto, tomo la
iniciativa y me acerco a entablar conversación con ella
22. Mi mente está clara cuando me encuentro delante de un auditorio
23. Tengo bastante fluidez verbal
24. Sudo y tiemblo antes de levantarme para hablar
27. Encuentro ligeramente agradable la perspectiva de hablar en público
30. Tengo una sensación de atención vigilante al estar frente a un auditorio



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

94
4.7. Lista de Emociones Positivas y Negativas.


1 Interesado

1

2

3

4

5
2 Afligido
1 2 3 4 5
3 Excitado
1 2 3 4 5
4 Alterado
1 2 3 4 5
5 Enérgico
1 2 3 4 5
6 Culpable
1 2 3 4 5
7 Asustado
1 2 3 4 5
8 Hostil
1 2 3 4 5
9 Entusiasta
1 2 3 4 5
10 Orgulloso
1 2 3 4 5
11 Irritable
1 2 3 4 5
12 Espabilado
1 2 3 4 5
13 Avergonzado
1 2 3 4 5
14 Inspirado
1 2 3 4 5
15 Nervioso
1 2 3 4 5
16 Resuelto
1 2 3 4 5
17 Atento
1 2 3 4 5
18 Agitado
1 2 3 4 5
19 Activo
1 2 3 4 5
20 Miedoso

1 2 3 4 5


RESUMEN
________________________________________________

El objetivo del tratamiento psicoterapéutico es lograr
un grado de control de las emociones negativas (ansiedad y
estrés) por parte del cliente, entendiendo que la enseñanza de
estrategias eficaces de afrontamiento resulta una meta
terapéutica más posible que resolver completamente los
problemas del individuo. Esta meta recurre al ejercicio en el
uso de técnicas como la relajación para el autocontrol, la
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

95
desensibilización sistemática, la inoculación del estrés y el
entrenamiento en manejo de la ansiedad, que pueden ser
complementadas con la biorretroalimentación. Todas las
técnicas señaladas incluyen componentes de práctica dirigida,
visualización, modelamiento y ensayo conductual, además de
respiración profunda.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
________________________________________________

Cautela, J. R. y Groden, G. (1978/1985). Técnicas de relajación.
Barcelona: Martínez Roca.
Davis, M., Robbins, E. y McKay, M. (1982/1985). Técnicas de
autocontrol emocional. Barcelona: Martínez Roca.
McKay, M., Davis, M. y Fanning, P. (1982/1985). Técnicas
cognitivas para el control del estrés. Barcelona: Martínez
Roca.
Meinchembaum, D. H. (1985/1987). Manual de inoculación de
estrés. Barcelona: Martínez Roca.
Suinn, R. M. (1990/1993). Entrenamiento en manejo de ansiedad.
Bilbao: Descleé de Brouwer.
Wolpe, J. (1958/1980). Terapia por inhibición recíproca. Bilbao:
Descleé de Brouwer.











William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

96































William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

97




_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* MEJORAMIENTO DEL
TRATO SOCIAL
_____________________________


Ninguna actividad específicamente humana se forma
sin la acción de la sociedad sobre el individuo y viceversa. Le
guste o no, el ser humano común y corriente vive en un
entorno de comunicación interpersonal casi permanente que
lo envuelve, e impregna todas sus relaciones. El trato social
es, en este sentido, ineludible. Es a través de él que las
personas conforman sus repertorios de conducta, siendo
vehículos de influencia social la imitación, los refuerzos
positivo y negativo y el castigo, todos ellos proporcionados
de manera intermitente por variadas formas de contingencia,
lo que aumenta su poder condicionante (Bandura,
1969/1983).

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

98
Lo que las personas hablan entre sí, cómo lo dicen y
acompañan con señales corporales, son ingredientes del trato
y la relación sociales. La comunicación humana supone un
conjunto de medios simbólicos que utilizan los individuos
para transmitir sus mensajes interpersonales. La conducta
verbal y la conducta no verbal sirven de medios para este
objetivo, comprendiendo tanto palabras y modismos como el
tono de voz, la postura y los gestos (lo que se llama “lenguaje
del cuerpo”). Los problemas aparecen cuando estos medios
no son bien utilizados, manejados adecuadamente o
interferidos por repertorios competitivos, como en el caso del
individuo aquejado por la timidez.
La persona tímida suele mostrar habilidades sociales y
una asertividad muy limitadas, lo que no significa que no las
tenga, sino que, o no ha aprendido a utilizarlas como se debe,
o hay fuertes bloqueos emocionales interpuestos en su
desempeño. La escasez de intimidad y espontaneidad, el
distanciamiento que muestra frente a la mayoría de las
personas con que interactúa, perjudican el establecimiento de
relaciones humanas cálidas fuera de un estrecho círculo.
Frecuentemente es objeto de malentendidos: se le percibe
como “frío”, “indiferente”, “apático”, e incluso “soberbio” y
“egoísta”, sin entender el sordo sufrimiento que padece, ni las
razones por las cuales se aleja del roce social aun deseándolo.
Como el efecto es recíproco, el individuo tímido a su vez
percibe a los demás como gente poco dispuesta a acercársele,
o de trato intimidante. En otras palabras, se forman actitudes
de rechazo mutuo, actuando en consecuencia.
Dado que en el capítulo anterior se ha considerado el
problema de los bloqueos ocasionados por las emociones
negativas, aquí sólo se aborda el punto del ejercicio social
inadecuado. Las estrategias desarrolladas por la terapia de
conducta para desarrollar los repertorios de comunicación
interpersonal de manera significativa son el entrenamiento en
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

99
habilidades sociales y el entrenamiento en asertividad (García
y Magaz, 1996), para mejorar la imagen del cliente,
haciéndola reforzante frente a los demás.

La sugerencia explícita de tales procedimientos es que
“un cambio en el valor reforzante de un individuo
incrementará el acercamiento verbal o motor o las respuestas
de sociabilidad, las respuestas de respeto, la conducta
afectiva, las conductas de adhesión, de sonreír, la
conversación agradable, las respuestas simpatizantes y otras
similares” (Staats, 1975/1979, p. 195).


1. HABILIDADES SOCIALES Y ASERTIVIDAD
________________________________________________

En la literatura disponible, frecuentemente los rubros
de “conducta socialmente habilidosa” y “conducta asertiva”
se sobreponen, haciendo difícil la distinción entre ellas
(Caballo, 1993), pero es necesario establecer una diferencia:
el concepto de habilidades sociales debe estar subordinado al
concepto de asertividad, en tanto el primero se nutre de un
grueso número de destrezas ejecutivas que se consideran
aceptables para expresar la competencia asertiva
13

Como es sabido las habilidades se clasifican en rubros
de respuestas agrupables en ciertas categorías, desde las más
elementales hasta las más complejas: 1) iniciar y mantener
conversaciones, 2) hablar en público, 3) expresar amor,
agrado y afecto, 4) defender los propios derechos, 5) pedir
favores o rechazarlos, 6) brindar o aceptar cumplidos, 7)
expresar opiniones personales de desacuerdo, molestia o

13
Esta es una tesis que el autor de este libro ha expuesto desde
hace algunos años (ver Montgomery, 1999).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

100
desagrado, 8) disculparse o admitir ignorancia, 9) pedir
cambios en la conducta del otro, y 10) afrontar críticas.

La asertividad, en cambio, es una actitud, un estilo
(algunos dirían hasta un “rasgo de personalidad”)
caracterizado como capacidad de expresión socialmente
aceptable de derechos y sentimientos personales (Wolpe,
1958/1980). Lange (1980/1983) acota que es “la
comunicación de las opiniones, creencias, sentimientos y
deseos personales de una forma directa, honrada y adecuada”
(p. 310). Es, entonces, habilidad social y más que eso.

A esta luz, no cabe duda que ambas potencialidades se
hayan estrechamente relacionadas, pero se caería en un error
al suponer que toda persona socialmente habilidosa siempre
es asertiva. Es por ello que el entrenamiento en habilidades
sociales y el entrenamiento asertivo pueden distinguirse y
exponerse como técnicas complementarias.


2. ENTRENAMIENTO EN HABILIDADES
SOCIALES
________________________________________________

En total son sesenta habilidades sociales para el
entrenamiento en niños, y otras cincuenta para
adolescentes (Goldstein, Sprafkin, Gershaw y Klein,
1981/1989). Las respuestas implicadas se adquieren por
aprendizaje (mediante la observación, la imitación, la
información, el ensayo), y son afectadas por la especificidad
de las situaciones, la edad, el sexo y el status.

Los programas de intervención ajustados a los
propósitos señalados requieren la presencia de un profesional
experimentado en terapia de conducta. En caso de trabajar
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

101
con grupos, se puede contar con monitores que apoyen la
supervisión de los ejercicios colectivos.
Antes de la primera sesión se definen los aspectos
relativos a las metas en relación con los repertorios
considerados incompetentes. Se explica el método a seguir y
los beneficios a obtener gracias a la participación activa del
cliente. Por último, se explicitan las reglas referentes a la
asistencia, puntualidad y cumplimiento de compromisos y
tareas por emprender, cuidando de inducir una actitud
entusiasta y positiva hacia el entrenamiento.

El proceso estructurado de las técnicas comprende las
siguientes operaciones de entrenamiento de conductas
específicas que se practican y se integran al repertorio
conductual:

1) Aleccionamiento. Mediante instrucciones verbales
o diagramadas a manera de pautas directrices sobre las
conductas deseables, presentándose generalmente al
comienzo de cada sesión. Es importante asegurarse de que el
cliente comprenda bien lo que se busca.

2) Modelado en vivo. Muestra la respuesta verbal y/o
no verbal que se debe emitir en relación con una situación
estructurada y un objetivo. El modelador debe exhibir buena
comunicación, flexibilidad, facilidad y experiencia para
plasmar ejemplos de la vida real. El modelado suele ser más
efectivo si el instructor es de edad y sexo similar al del
aprendiz.

3) Ensayo de conducta. Es la práctica de respuestas
que no existen o que muestran baja ocurrencia, en el
escenario de cortos episodios que simulan situaciones de la
vida real, con base en un guión previo con puntualizaciones
muy detalladas para la representación. Esto permite
identificar dificultades y habilidades específicas deficitarias
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

102
en el cliente, y observar que método emplea para manejar las
áreas problemáticas. Así, se transforman esas respuestas en
objetivos individualizados de tratamiento.

4) Retroalimentación y reforzamiento. Se proporciona
información sobre las ejecuciones observadas en el ensayo,
resaltando lo bien hecho y haciendo notar lo malo para
mejorarlo. Para reforzar los progresos se utilizan frases
elogiosas y optimistas.

5) Tareas para casa. Asignadas para realizarse entre
una sesión y otra. Se dirigen a la generalización de los
avances conseguidos dentro del consultorio, afirmando el
autocontrol del individuo. Generalmente requieren registros
de las situaciones problemáticas diarias y las respuestas de
afrontamiento ya aprendidas, y emitidas ante ellas. Los
registros se revisan como reportes en la siguiente sesión,
procurando retroalimentar sus resultados.

Como señala Kelly (1982/1987), es sumamente
importante el mantenimiento de la generalización de los
resultados del entrenamiento a través de retornos periódicos a
los ejercicios, así como el uso de los éxitos en contextos y
situaciones interpersonales distintos.


3. ENTRENAMIENTO ASERTIVO
________________________________________________

Wolpe (1958/1980) propone una mixtura de los
métodos de adiestramiento social de Salter (a cuya obra
Terapia de Reflejos Condicionados, de 1949, se atribuye el
origen de la terapia asertiva), con el psicodrama de Moreno y
la terapia de rol fijo de Kelly. Rebautiza como “ensayo
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

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conductual” su propia técnica psicodramática e incorpora
todo eso en el entrenamiento asertivo.

Puesto que la conducta asertiva implica que todo gira
sobre la base de saber defender los propios derechos sin
violar los ajenos, la mecánica del procedimiento consiste en
cuatro módulos:

1) Desarrollo de un sistema de creencias de respeto
por los derechos personales y ajenos. Es deseable introducir
al cliente en su conocimiento, puesto que la creencia en los
derechos humanos proviene de una idea que enfatiza la
igualdad y el respeto mutuo entre los individuos. Los
derechos básicos de alguien no dependen de su clase social,
sexo, edad o capacidad, sino que son inherentes a su
condición de persona. La lista de esos derechos puede ser
presentada pormenorizadamente (Caballo, 1993), incluyendo
actuar de modo diferente a como los demás desearían, a hacer
las cosas de manera imperfecta, a equivocarse alguna vez, a
pensar de manera propia y diferente, a cambiar las propias
opiniones, a aceptar o rechazar críticas o quejas, a no saber
algo, a no entender algo, a decidir la importancia que tienen
las cosas, a hacer y rechazar peticiones, a elogiar y a ser
elogiado, a expresar sentimientos diversos, etcétera.

A partir de esto, Lange (1980/1983) y Wolpe
(1977/1993) proponen pedir al cliente que identifique sus
derechos personales en situaciones hipotéticas, como cuando
se le acusa de un crimen, cuando es niño, cuando es novio(a),
o cuando se le entrevista para conseguir un empleo. Lo
siguiente es discutir de qué manera los demás estarían
violando sus derechos y cómo él mismo cliente los viola al
hacerlo ineficazmente o al no hacer nada al respecto. Por
ejemplo, si se trata de un pedido de ayuda de un familiar que
afecta los valores o la salud del individuo, su creencia
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

104
inasertiva sería: “No tengo derecho a negarle mi ayuda, por
mucho que me cueste. Si me comporto así, se molestará y
dejará de apreciarme”. En este caso, el derecho humano
básico que es violado en la situación sería: “Todas las
personas tienen derecho a hacer lo que deseen sin causar
daño a nadie, y también a negarse a prestar ayuda cuando se
sienten atropelladas”.

2) Distinción entre comportamiento asertivo y no
asertivo. En esta etapa se definen las diferencias entre los
estilos de conducta y se ejercita al cliente para que pueda
calificar las respuestas en situaciones particulares como
inasertivas, agresivas o asertivas. Se relieva que el
comportamiento asertivo suele ser más adecuado y reforzante
que otros, permitiendo mayor posibilidad para alcanzar
metas. La tabla 1.5 resume algunas características de los tres
tipos de comportamiento, de acuerdo con la manera de
afirmación de derechos, logro de objetivos, sentimientos,
sociabilidad y toma de decisiones.

Tabla 5.1. Tres tipos de comportamiento social.


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

105
Esto se completa en la fase indicando los componentes
verbales y no verbales más significativos de cada uno
(Montgomery, 1999). Así por ejemplo, el individuo asertivo
se comunicaría con voz modulada y fluida, sin muletillas,
dando espuestas directas, mensajes de acción en primera
persona y uso de verbos positivos: “Pienso”, “siento”,
“quiero”, “¿qué te parece?", “hagámoslo”, “¿cómo
resolveremos esto?”, “no estoy preparado”. Sus gestos serían
distendidos y su postura erguida. Su contacto ocular sería
directo pero relajado, con las manos sueltas y haciendo
movimientos firmes y seguros, acompañando lo que dice.
El individuo inasertivo, en cambio, mostraría un bajo
volumen de voz y poca fluidez. Vacilaciones y silencios,
muletillas frecuentes y bloqueos de comunicación. Mensajes
en condicional y pesimistas: “Quizá”, “supongo”, “no te
molestes en.... ”, “bueno...”, “ehh... esteee... ”, “lo haré
después”, “es muy difícil”, “que mala suerte”. Sus gestos
serían rígidos y su postura tensa o hundida. Su contacto
visual sería huidizo y frecuentemente bajo. Tendría las manos
escondidas, entrelazadas o temblorosas, desenvolviéndose
con movimientos torpes, inseguros e incómodos.
Por otra parte, el individuo agresivo tendría un alto
volumen de voz y habla rápida, a veces atropellada. Daría
espuestas directas sin respetar turnos, y mensajes impositivos
e intimidatorios. “¡No sabes cómo hacerlo!”, “cuidado”,
“¿qué se cree?”, “tienes que entender”, “se lo advierto”. Sus
gestos serían violentos y su postura tensa o amenazadora. Su
contacto visual tendería a ser fijo, con la cara fruncida, sus
manos y su torso hacia adelante, con movimientos firmes
pero toscos, enfatizando lo que dice, a veces de manera
desordenada.
Ver las diferencias entre estos estilos permite plantear
ejercicios prácticos con situaciones en las que dos personas
interactúan comportándose de tal o cual modo. El cliente
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

106
debe identificar el estilo de respuesta de cada una, con base
en las distinciones hechas.

3) Ensayo conductual. Es necesario comenzar
identificando las situaciones en que el sujeto no es asertivo,
evaluando aquellos componentes verbales y no verbales cuya
ausencia, déficit o exceso perjudica las interacciones
asertivas en esos episodios. Al principio se evalúan dentro
del ambiente de entrenamiento las respuestas tal y como se
dan, procediendo a ensayar desempeños asertivos; y,
finalmente, tras confeccionar guiones de actuación en base a
los mismos problemas que aquejan al sujeto, se hace lo
mismo con los episodios problemáticos en la vida real. Todo
con sus respectivas tareas intersesiones.
Los tipos básicos de respuesta asertiva que se practican
son cinco:
a) Elemental. Consiste en defender derechos e
intereses inmediatos, por ejemplo en caso de ser interrumpido
mientras se discute una cuestión importante: “Estoy en mi
turno de hablar y aún no termino. Déjame continuar, por
favor”.
b) Con reconocimiento. Destinada a personas a las
cuales se aprecia, o con las cuales se desea mantener un
vínculo. Por ejemplo en caso de ser invitado a una fiesta, o al
cine, o a cualquier compromiso al cual no se está dispuesto a
asistir: “Tú sabes que te estimo, desearía aceptar tu amable
invitación, pero realmente no puedo”.
c) Ascendente. Si la primera respuesta no cambia la
actitud del otro, se va elevando progresivamente la firmeza,
por ejemplo, si un vendedor llama a la puerta y ofrece sus
productos, y sigue haciéndolo pese a que ya se le dijo que no
se iba a aceptar la oferta: “No insista, ya le dije que no voy a
comprar” .
d) Frente a una contradicción. Se emite ante el
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

107
incumplimiento de un acuerdo previo que trastorna los
planes. Por ejemplo, cuando un compañero de trabajo se
muestra excesivamente crítico sin fundamento: “Lo que dices
se basa en interpretaciones erróneas, porque no tienes datos.
Antes de hablar conmigo debiste investigar a fondo el asunto
en el archivo de la oficina”.
e) Frente a comportamientos no asertivos. Al afrontar
conductas ajenas se hace ver al otro que su actitud no es
asertiva y se le explica cómo podría comportarse
asertivamente. Por ejemplo, ante alguien que pide un favor
que exige sacrificios personales al otro (cuidar a un bebé,
hacer un recado en un sitio peligroso, etc.), mientras él se va
a una discoteca: “Me parece que lo que pides es demasiado y
no estoy dispuesto a hacerlo por nadie, ya que estoy ocupado.
Creo que podrías cumplir con tu responsabilidad en vez de ir
a divertirte”.
Para manejar situaciones interpersonales delicadas, se
pueden ensayar ciertas técnicas de comunicación para su
utilización en conversaciones (Davis, Robbins y McKay,
1982/1985). Entre las más empleadas, están las siguientes:

a) Disco roto. Repetir el mismo punto de vista con
serenidad, ideal para las respuestas ascendentes.
b) Claudicación simulada. También llamada “banco de
niebla”. Muestra el aspecto de una aparente pérdida de
terreno sin que sea realmente así. Por ejemplo al responder:
“Quizá tengas razón, pero...”.
c) Acuerdo asertivo. Respuesta a una crítica
admitiendo haber errado, mas distinguiendo el hecho de ser
buena o mala persona. También se llama “aserción negativa”.
d) Interrogación negativa. Suscitar críticas sinceras
para aprovechar la información obtenida de ellas. Por
ejemplo preguntar al amigo irritado: “¿Qué es lo que te
molesta de mí?”.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

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e) Autorrevelación. Aceptar e iniciar discusiones
acerca de los aspectos positivos y/o negativos de nuestra
personalidad, con el objeto de favorecer la comunicación.
f) Aplazamiento. Postergar la respuesta a un desafío
demasiado exigente en el momento: “Eso lo veremos
después”.

Los diálogos sobre diversas temáticas que presenta
Smith (1975/1986) en Cuando Digo No, Me Siento Culpable,
pueden servir para ilustrar estos tipos especiales de respuesta
asertiva.

El siguiente diálogo, adaptado a la manera de Smith,
ilustra el método. En él se muestran ciertas técnicas de las
definidas anteriormente. La escena está enmarcada en la
exposición de Juan, un joven estudiante en un curso de
Métodos del Trabajo Universitario. Juan padece miedo de
actuar en público y ha sido tratado en el consultorio de
psicología de la universidad a que pertenece. Durante la fase
correspondiente al ensayo conductual se programó una
práctica con algunos miembros de la clase para que
interrumpieran su charla con diversos comentarios, desde
sarcásticos y tontos hasta inteligentes. La meta era que Juan
pusiera en juego sus habilidades asertivas frente a situaciones
difíciles perfectamente probables.
El tema de la exposición fue conducido a partir de una
lectura relativa al mejoramiento del trabajo intelectual
(Montgomery, 2000), hecha para servir de apoyo a las clases
teóricas del curso mencionado. Juan comenzó su
presentación y tras unos cuantos minutos fue interrumpido.
Juan: ...sin embargo, por más que se dominen las
suficiencias lectivas de quienes se dedican al trabajo
académico, tales como leer, apuntar, redactar, memorizar y
elaborar documentos, el escaso ejercicio de la higiene vital
no deja...
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

109
Miembro del grupo: ¿Esas son las únicas suficiencias
lectivas? ¿Qué acaso investigar no lo es?
Juan (haciendo un gesto afirmativo con el dedo):
Tienes razón (Claudicación Simulada), tu pregunta
demuestra que estás muy atento y puede servir para aclarar el
punto (Aserción Con Reconocimiento). Lo pasé por alto
porque creí que estaba sobreentendido que las capacidades
que mencione implicaban la investigación
(Autorrevelación)...
Miembro del grupo: ¿Por qué dices eso? No hay una
relación necesaria entre leer, memorizar, etc., e investigar...
Juan (asintiendo con la cabeza y sonriendo
ligeramente): Pensándolo bien, admito que debí indicarlo
expresamente. Pero sí lo sabía, ya que está en la lectura
(Acuerdo Asertivo). Bien, sigamos... Decía que el escaso
ejercicio de la higiene vital y el desequilibro emocional no
dejan producir frutos al buen desempeño intelectual (Disco
Roto).
Miembro del grupo: ¡No estoy de acuerdo! ¿Qué
diríamos entonces de grandes intelectuales que han producido
mucho a pesar de que su vida ha sido bohemia?
Juan: Estoy hablando del intelectual que se dedica al
trabajo científico (Disco Roto), no al literato ni al poeta...
Miembro del grupo: ¿Dices que el literato ni el poeta
pueden ser disciplinados?
Juan (levantando una mano): No he dicho eso, déjame
terminar (Respuesta Elemental de defensa). El intelectual que
se dedica al trabajo científico requiere mucha disciplina para
avanzar en la selección y lectura de textos difíciles, hacer
esquemas, visitar centros de documentación, y elaborar
informaciones que provienen de fuentes distintas para
producir un reporte de investigación, por ejemplo. Esas cosas
no las podría hacer un bohemio.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

110
Miembro del grupo: ¿Podrías dar el nombre de algún
científico que por ser bohemio no haya producido?
Juan (encogiéndose de hombros y abriendo los
brazos): Eso no me corresponde a mí. Tú deberías ser quien
mencione a un bohemio que haya producido científicamente
(Respuesta Asertiva Frente a Comportamientos No
Asertivos). En todo caso, después te puedo dar una larga lista
que los científicos disciplinados que sí han producido
(Aplazamiento).
Las tareas fundamentales del terapeuta frente a estos
ejercicios son modelar, ejecutar, registrar, retroalimentar y
reforzar las respuestas seleccionadas para el entrenamiento
del individuo dentro del ambiente de trabajo, y evaluar la
efectividad de la respuesta asertiva de aquel en la vida real
López, Rodríguez-Naranjo y Gavino, 2006).



4. REGISTROS Y AUTOINFORMES
________________________________________________


La cantidad de materiales que se podrían mencionar en
esta sección es impresionante, así que sólo se seleccionan
unos cuantos instrumentos de muestra.
Se dispone, por ejemplo, de varios modelos de hoja de
registro de componentes de la actuación, como la mostrada
en la tabla 5.2 (véase Fábregas y García, 1988), donde se
puntúa cada uno de ellos en una escala de 1-5 o de 0-10,
según la bondad de las ejecuciones prácticas.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

111


En cuanto a las pruebas, únicamente se reseñan la
Escala de Habilidades Sociales de Gismero (2000), el
Inventario de Destrezas Sociales de Achembach y Edelbrock,
adaptado a nuestro medio (Livia y Ortiz, 1993), la Escala de
Comportamiento Asertivo para Niños, de Michelson
(Michelson, Sugai, Wood, y Kazdin, 1983/1987), y la Escala
Multidimensional de Expresión Social (Caballo, 1993).
La Escala de Habilidades Sociales cuenta con 33 ítems
con 4 alternativas de respuesta, desde “No me identifico en
absoluto, la mayoría de las veces no me ocurre o no lo haría”
hasta “Muy de acuerdo y me sentiría o actuaría así en la
mayoría de los casos”. Mide 6 factores: autoexpresión en
situaciones sociales, defensa de los propios derechos como
consumidor, expresión de enfado o disconformidad, decir no
y cortar interacciones, hacer peticiones e iniciar interacciones
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

112
positivas con el sexo opuesto. Se aplica para edades de
adolescentes y adultos (tabla 5.3).

5.3. Escala de Habilidades sociales (muestra de ítems)


1. A veces evito preguntar por miedo a parecer estúpido
2. Me cuesta telefonear a tiendas, oficinas, etc.
3. Si al llegar a casa encuentro un defecto en algo que he comprado, voy a
la tienda a devolverlo
4. Cuando en una tienda atienden antes a alguien que entró después que
yo, me callo
6. A veces me resulta difícil pedir que me devuelvan algo que dejé
prestado
8. A veces no se qué decir a personas atractivas del sexo opuesto
9. Muchas veces cuando tengo que hacer un halago, no sé qué decir
10. Tiendo a guardar mis opiniones para mí mismo
11. A veces evito ciertas reuniones sociales por miedo a hacer o decir
alguna tontería
14. Cuando tengo mucha prisa y me llama una amiga por teléfono, me
cuesta mucho cortarla
15. Hay determinadas cosas que me disgusta prestar, pero si me las piden,
no se cómo negarme
17. No me resulta fácil hacer un cumplido a alguien que me gusta
19. Me gusta expresar mis sentimientos a los demás
20. .Si tuviera que buscar trabajo, preferiría escribir cartas a tener que pasar
por entrevistas personales
21. Soy incapaz de regatear o pedir descuento al comprar algo
23. Nunca sé como “cortar” a un amigo que habla mucho
25. Si un amigo al que le he prestado cierta cantidad de dinero parece
haberlo olvidado, se lo recuerdo



Si se trata de niños (de 6 a 11 años), está el Inventario
de Destrezas Sociales. Se trata de un cuadernillo con dos
partes: una dedicada estrictamente a la evaluación de
destrezas sociales de 20 ítems, y otra más amplia, como lista
de chequeo de problemas conductuales. La primera sección
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

113
es interesante para propósitos de investigación sobre la
presunta timidez infantil, desde la óptica de padres y
maestros. Su puntuación es bastante dispar, de modo que esta
información se remite a la tabla 5.4.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

114
Igualmente recomendable es la Escala de
Comportamiento Asertivo para Niños, que reúne y presenta
al individuo situaciones con las mismas áreas de contenido
que las observaciones naturales y los tests de juego de roles.
Hay dos secciones de 27 reactivos cada una, ambas abarcan
las mismas situaciones, pero la redacción de una parte esta
preparada para que la responda un observador externo,
mientras que la otra está preparada para la respuesta del
propio niño evaluado. Cada situación tiene, a su vez, 5
opciones de respuesta que ofrecen descripciones de actitudes
pasivas, asertivas y agresivas (ver tabla 5.5).

Tabla 5.5. Escala de Comportamiento Asertivo para Niños
(muestra de ítems)


2. Alguien ha hecho algo que el niño cree que está muy bien ¿Qué
haría/diría, generalmente, el niño?
(a) Comportarse como si no estuviera tan bien y decir “No está
mal”
(b) Decir: “Está bien, pero he visto mejores que éste”
(c) No decir nada
(d) Decir: “Yo puedo hacerlo mucho mejor”
(e) Decir: “Está muy bien”
8. El niño necesita que alguien le haga un favor. ¿Qué haría/diría,
generalmente, el niño?
(a) No pedirlo
(b) Decir: “Tienes que hacer esto por mí”
(c) Decir: “¿Me harías un favor? y entonces explicarle lo que
quiere”
(d) Hacer una pequeña insinuación de que necesita un favor
(e) Decir: “Quiero que hagas esto por mí”
12. Alguien ha sido muy amable con el niño ¿Qué haría/diría,
generalmente, el niño?
(a) Decir: “Has sido muy amable conmigo, gracias”
(b) Comportarse como si la persona no hubiera sido tan amable.
(c) Decir: “Me has tratado bien, pero me merezco mucho más”
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

115
(d) Ignorarlo y no decir nada
(e) Decir: “No me tratas todo lo bien que debieras”
16. Alguien tiene algo que el niño quiere utilizar ¿Qué haría/diría,
generalmente, el niño?
(a) Decir a la persona que se lo dé
(b) No pedírselo
(c) Quitárselo (a esa persona)
(d) Decir a esa persona que le gustaría utilizarlo y entonces
pedirselo
(e) Hacer un comentario sobre ello, pero no pedirlo




Respecto a la Escala Multidimensional de
Expresión Social, ésta tiene dos dimensiones: una de
conducta motora y otra de conducta cognitiva, ambas
puntuables en grados de 0 a 4, desde “Siempre o muy a
menudo” hasta “Nunca o muy raramente”. La de
comportamiento motor agrupa 64 ítems con 12 factores
o dimensiones de conducta: 1) iniciación de
interacciones, 2) hablar en público/enfrentarse con
superiores, 3) defensa de los derechos de consumidor, 4)
expresión de molestia, desagrado, enfado, 5) expresión
de sentimientos positivos hacia el sexo opuesto, 6)
expresión de molestia o enfado hacia familiares, 7)
rechazo de peticiones provenientes del sexo opuesto, 8)
aceptación de cumplidos, 9) tomar la iniciativa en las
relaciones con el sexo opuesto, 10) hacer cumplidos, 11)
preocupación por los sentimientos de los demás, y 12)
expresión de cariño hacia los padres (tabla 5.6).


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

116
Tabla. 5.6. Escala Multidimensional de Expresión Social
(muestra de ítems parte motora).



3. Cuando la gente me presiona para que haga cosas por
ellos, me resulta difícil decir que no.
4. Evito hacer preguntas a personas que no conozco.
7. Cuando mi superior o jefe me irrita soy capaz de
decírselo.
9. Me resulta fácil hacer que mi pareja se sienta bien,
alabándola.
14. Cuando me siento enojado con alguien lo oculto.
18. Me resulta difícil hablar en público.
19. Soy incapaz de expresar desacuerdo a mi pareja.
23. Me resulta difícil hacer nuevos amigos.
25. Expreso sentimientos de cariño hacia mis padres.
31. Me cuesta hablar con una persona del sexo opuesto a
quien conozco sólo ligeramente.
36. Me resulta difícil iniciar una conversación con un
extraño.
44. Hago la vista gorda cuando alguien se cuela delante de mí
en una cola.
50. Me resulta fácil aceptar cumplidos provenientes de otras
personas.
56. Evito pedir algo a una persona cuando se trata de un
superior.
61. Me resulta difícil mostrar afecto hacia otra persona en
público.
63. Soy una persona tímida.



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

117
La escala cognitiva cuenta con 44 ítems, y es una
compilación de pensamientos negativos en 12 factores:
1) temor a la expresión en público y a enfrentarse con
superiores, 2) temor a la desaprobación de los demás al
expresar pensamientos negativos y al rechazar
peticiones, 3) temor a hacer y recibir peticiones, 4)
temor a hacer y recibir cumplidos, 5) preocupación por
la expresión de sentimientos positivos y la iniciación de
interacciones con el sexo opuesto, 6) temor a la
evaluación negativa por parte de los demás al manifestar
conductas negativas, 7) temor a una conducta negativa
por parte de los demás en la expresión de conductas
positivas, 8) preocupación por la expresión de los demás
en la expresión de sentimientos, 9) preocupación por la
impresión causada en los demás, 10) temor a expresar
sentimientos positivos, 11) temor a la defensa de los
derechos, y 12) asunción de posibles carencias propias
(tabla 5.7).

Tabla. 5.7. Escala Multidimensional de Expresión Social
(muestra de ítems parte cognitiva).


2. Si un superior se molesta, temo tener que decírselo directa y
claramente.
3. Temo expresar opiniones personales en un grupo de amigos por
miedo a parecer incompetente.
4. Pienso que si no estoy seguro de lo que voy a decir es mejor que
no inicie una conversación porque podría “meter la pata”.
7. Me preocupa empezar una conversación con mis amigos cuando
sé que no se encuentran de humor.
9. El hacer cumplidos a otra persona no va con mi forma de ser.
10. Cuando cometo un error en compañía de mi pareja temo que
el/ella me critique.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

118
13. me preocupa “hacer una escena” cuando defiendo mis derechos
personales ante mis padres.
17. Temo expresar cariño hacia mis padres.
22. Pienso que no es agradable recibir cumplidos y que la gente no
debería prodigarlos tan a menudo..
24. Me preocupa notablemente el iniciar conversaciones con
desconocidos cuando no hemos sido presentados.
27. Me importa bastante hablar en público por miedo a parecer
incompetentes.
31. Me preocupa lo que piense al gente de mí si acepto
abiertamente un cumplido.
37. He pensado que si me enfrento a las críticas de mis amigos
probablemente de lugar a situaciones violentas.
41. Temo que la gente me critique.
44. Me preocupa bastante expresar sentimientos de afecto hacia
personas del sexo opuesto.



RESUMEN
________________________________________________

El trato social es ineludible. Proporciona las
contingencias que conforman los repertorios de conducta de
las personas a través de los procesos de imitación, de
refuerzo positivo y negativo, y del castigo. En este contexto,
el sujeto tímido suele mostrar repertorios de conducta social
y asertiva muy limitadas. Frente a ello, la terapia de conducta
permite desarrollar su capacidad de comunicación
interpersonal a través de los entrenamientos en habilidades
sociales y en asertividad. Ambos rubros son
complementarios, porque la asertividad, entendida como
competencia, presupone el buen manejo de numerosas
habilidades sociales verbales y no verbales. En los
entrenamientos respectivos, el terapeuta modela, ejecuta,
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

119
registra, retroalimenta y refuerza las ejecuciones
seleccionadas para el proceso de enseñanza-aprendizaje, y
evalúa su generalización y efectividad en las situaciones
cotidianas.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
________________________________________________

Caballo, V. (1993). Manual de evaluación y entrenamiento de las
habilidades sociales. Madrid: Pirámide.
Fábregas, J. y García, J. (1988). Técnicas cognitivas de
autocontrol. Madrid: Alhambra.
Goldstein, A. P., Sprafkin, R. P., Gershaw, N. J. y Klein, P.
(1981/1989). Habilidades sociales y autocontrol en la
adolescencia. Barcelona: Martínez Roca.
Kelly, J. A. (198/1987). Entrenamiento en habilidades sociales.
Bilbao: Descleé de Brouwer.
Michelson, L., Sugai, D. P., Wood, R. P. y Kazdin, A. (1983/1987).
Las habilidades sociales en la infancia. Barcelona: Martinez
Roca.
Smith, M. J. (1975/1986). Cuando digo no, me siento culpable.
Barcelona: Grijalbo.












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120























William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

121


_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* INCREMENTO DE LA
EFECTIVIDAD PERSONAL
_____________________________


Ser efectivo es ser exitoso. La palabra “efectividad”
proviene del vocablo latino effectus, que se refiere a algo que
sigue a una causa (Fernández-Ballesteros, 1996). Es decir, el
efecto conseguido a través de acciones dirigidas a
conseguirlo. Técnicamente, un comportamiento efectivo
viene a ser, pues, aquel que obtiene consecuencias
previamente anticipadas con una tasa de frecuencia
razonablemente alta. Esto conjuga, desde luego, un ejercicio
de poder con responsabilidad en el sentido asertivo.
La sensación de efectividad personal acrecienta la
autoestima y permite al individuo “hacerse cargo de su propia
vida”, sabiéndose capaz de tomar decisiones y resolver la
mayor parte de problemas que se le cruzan en su camino, de
utilizar las habilidades que posee para afrontar dificultades,
de autocontrolarse en circunstancias difíciles sin importar las
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

122
presiones, y, en general, de asumir responsabilidades (Clark,
Clemes y Bean, 1987/1993, Montgomery, 1999).

El sujeto tímido suele tener, por historia de
aprendizaje, grandes dificultades para concretar esas
posibilidades de acción y éxito personal. Como ya se ha
puntualizado en otro capítulo, un niño criado en un ambiente
restrictivo para las relaciones sociales, probablemente
desarrollará repertorios de temor y prevención, buscando
refugio en ocupaciones solitarias, sin rozarse con el ambiente
que le permite adquirir las habilidades sociales para
interactuar en nuevos contextos. Su excesivo apego a figuras
protectoras perpetúa su desvalimiento y “dependencia
infantil” hasta etapas muy avanzadas de su existencia. Como
su percepción de autoeficacia es baja (por más que
subjetivamente pueda creer lo contrario), cuando llega el
momento de asumir responsabilidades las elude, como a toda
tarea que suponga un reto de cierta exigencia. Si se le
presentan problemáticas nuevas o ambiguas, carece de la
habilidad para estructurarlas. Y así pierde numerosas
oportunidades de avance personal.

Un cliente adolescente (“Víctor”) aquejado de timidez,
en edad de buscar empleo, le refirió al autor de este libro lo
siguiente: “Estudio ciencias contables en la universidad,
deseo ayudar económicamente en mi casa porque me parece
que desde hace tiempo me «miran mal», como a un
«mantenido», y, tal como lo hacen algunos de mis
condiscípulos, decidí buscar empleo «aunque sea» como
practicante. Como actualmente no tengo familiares ni
conocidos que me puedan colocar, tuve que buscar por
periódico. Las primeras veces sentí pánico tan sólo al
acercarme a las direcciones donde había que presentarse para
ser evaluado, y me quedaba parado en la calle sin atreverme a
entrar. Pensaba qué haría si me preguntaban algo difícil.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

123
Estaba seguro de mis conocimientos, pero, más que eso,
también estaba seguro de «bloquearme» a la hora de
responder debido a mi nerviosismo, No sabía cómo resolver
la situación”.
Cabe manifestar que, en cierta ocasión, Víctor refería
que fue colocado como auxiliar de oficina gracias a la
recomendación de su prima en una empresa manufacturera.
El empleo sólo le duró una semana al joven y él mismo se
retiró silenciosamente, porque durante los primeros días
nadie se encargó de explicarle claramente lo que había que
hacer, y él, sintiéndose desconcertado, tampoco se atrevió a
preguntar. Lo peor es que toda la familia se enteró del asunto,
que el joven no supo explicar. Desde entonces le fue
imposible solicitar cualquier apoyo al respecto.

Este caso ilustra dramáticamente los perjuicios que
puede causar la sensación de inefectividad personal. El joven
era estudioso y obtenía buenas notas en las materias que
estaba cursando, pero no se sentía capaz de aplicar sus
conocimientos en la práctica real sin una guía muy directiva
que lo amparara. Cada situación que implicara tener que
desempeñarse solo, era un problema insoluble para él.

Ahora bien, la autosuficiencia se puede aprender. Eso
no significa solamente saber autocontrolar las emociones
negativas mediante la relajación, o entrenarse asertivamente,
(aunque esas habilidades siguen siendo necesarias para la
efectividad personal) sino también aprender a solucionar
problemas tanto a nivel general como interpersonal (McKay,
1987/1991).

Aquí están en juego los repertorios lingüístico-
cognoscitivo e instrumental-motor de que se ha hablado
antes. Los programas conductuales que buscan incrementar la
eficacia personal enseñando estrategias para reorganizar
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

124
cognitivamente la situación complicada y solucionar sus
problemas son varios. Los más conocidos son los del grupo
liderado por Spivack y Shure (1974), acerca del
entrenamiento de habilidades cognitivas para la solución de
problemas interpersonales (García y Magaz, 1996), y de
Goldfried y D’Zurilla (D’Zurilla, 1986/1993; Nezu y Nezu,
1991), referente a su terapia de resolución de conflictos.
También el entrenamiento autoinstruccional de
Meichembaum (1999) para mejorar la eficiencia de la
ejecución, puede aportar elementos terapéuticos relevantes a
estos propósitos.


1. TERAPIA DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
________________________________________________

Es definida por sus creadores (D’Zurilla, Goldfried,
Nezu) como un proceso conductual-cognitivo-afectivo por el
cual el individuo identifica o descubre medios —elaboración
de soluciones o toma de decisiones— para solucionar
conflictos del vivir cotidiano (D’Zurilla, 1986/1993). El
objetivo de esta técnica es aprovechar la capacidad natural de
“solucionador de problemas” interpersonales e
intrapersonales que tienen todos los seres humanos.
Para refinar dicha capacidad, el procedimiento de
solución de conflictos está diseñado para entrenar al sujeto
planteando sistemáticamente posibles problemas a los que
teme —y que le causan estrés o depresión—, a fin de
reevaluarlos y formular alternativas. Una vez aprendida la
estrategia, el individuo puede aplicarla a situaciones similares
o parecidas a aquellas ante las cuales antes su respuesta solía
ser ineficaz, e incluso a problemas completamente inéditos.
La secuencia de operación es la siguiente:
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

125
1) Orientación hacia el problema. Significa fijarse en
las características de la situación problemática, tanto en
términos de atención y sensibilidad afectiva, como de
creencias y expectativas acerca de él. Así, se considera lo
que se siente, se cree y se espera al respecto, y cómo afecta el
problema a la vida actual.

2) Definición y formulación del problema. El perfil del
problema incluye la descripción de dónde, cómo, cuándo y
ante quién suele suceder. Valora el conflicto y la propia
respuesta (qué se hace o se deja de hacer) del sujeto ante él,
así como lo que quiere hacer y cambiar (objetivos del
cambio).

3) Generación de alternativas. Consiste en listar una
jerarquía de alternativas (partiendo de una “lluvia de ideas”)
descomponiendo cada una en acciones concretas, a manera
de opciones diversas de afrontamiento al conflicto. A mayor
cantidad, mejor.

4) Toma de decisiones. Este paso requiere sopesar las
posibles consecuencias de cada una de las alternativas antes
generadas, para ordenarlas en razón proporcional a su posible
efectividad para solucionar el problema. El método para ello
es valorar cada alternativa en función a su costo y su
beneficio de acuerdo con escalas de –7 a +7, según sus
consecuencias negativas o positivas anticipadas
14
.

5) Puesta en práctica de la solución y verificación. Se
ensaya la solución cuyas consecuencias son
cuantitativamente más positivas y se evalúan sus resultados
en el hacer cotidiano, teniendo en cuenta que “el fracaso no

14
Hay también otro método (Navas, 1987; véase tabla 6.4).

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

126
existe”. Si las soluciones emprendidas no satisfacen, se
empieza de nuevo por el siguiente ítem de la jerarquía.

McKay, Davis, y Fanning (1982/1985) sugieren una
simplificación de la técnica en términos operacionales, con el
anagrama SOLVE (“solucionalo” en inglés): especificación
(specification) del problema, perfil de la respuesta (operant),
lista de alternativas, anticipación (view) de las consecuencias
y evaluación de los resultados. Este esquema se presta para
un ejemplo simple relacionado con el caso de Víctor,
presentado más arriba, con la atingencia de que el método de
solución de conflictos supone un entrenamiento previo en
manejo del control emocional y del trato social:

Problema: Estoy desempleado. Cada vez que quiero
postular a un trabajo no me atrevo, o lo hago mal. Me siento
como un “minusválido” frente a los demás.

Respuesta: Cuando estoy frente a la condición de ser
evaluado y no se qué puede venir, sobre todo ante personas
extrañas con autoridad, me pongo muy nervioso y siento
ganas de huir. Quiero dominar mi nerviosismo y rendir
adecuadamente en situación de evaluación para conseguir
empleo.

Alternativas: a) Respirar hondo y decirme: “Adelante
¿Qué puedo perder si lo intento?”, b) aplicar mis habilidades
sociales para ganarme al evaluador, c) hacer una lista de
posibles preguntas avenir en el examen e incrementar mi
dominio de los temas, d) presentarme a varios lugares al
mismo tiempo aumentando mi experiencia hasta que pierda
el miedo, e) utilizar una conducta verbal asertiva en la
entrevista...
Anticipación de las consecuencias: Elección de las
alternativas (a) y (d) como las de mejores consecuencias
positivas y menos negativas.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

127
Práctica y evaluación: Víctor aplicó las alternativas
escogidas por él y en poco tiempo consiguió “adiestrarse” en
la superación de dificultades típicas de la situación de
búsqueda de empleo. A través de esa práctica en vivo logró
dominar sus emociones negativas y pulir su respuesta social,
de modo que ahora postula sin ningún miedo a puestos de
responsabilidad.


2. HABILIDADES COGNITIVAS PARA
PROBLEMAS INTERPERSONALES
________________________________________________

Este es un entrenamiento con claras similitudes al de
solución de conflictos. Spivack y Shure (1974) se refieren a
cinco estrategias cognitivas propias de la inteligencia
interpersonal: búsqueda de alternativas de solución,
articulación de medios para el logro de fines, atribución
causal, previsión de consecuencias e identificación de
sentimientos en los demás. Estas estrategias se van
aprendiendo como habilidades en el transcurso del
crecimiento humano.
Abundando: un individuo no puede ser hábil
socialmente si no es capaz de encontrar varias soluciones
posibles a un problema de relación interpersonal. Igualmente
requiere del pensamiento causal, para poder ubicar qué
sucede en la conjunción social de una pareja o grupo
humano. Una vez “diagnosticada” la situación, debe se capaz
de ponerse objetivos y organizar los medios más factibles
para llegar a ellos. También debe saber prever las
consecuencias de un acontecimiento o de una manera de
referirse al hecho, y, finalmente, necesita la habilidad de
saber ponerse en el lugar del otro y sintonizar con sus
sentimientos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

128
La aplicación de este programa de amplio espectro para
fomentar dichas habilidades se dirige fundamentalmente a
niños de cuatro a once años de edad, procurando aumentar su
adaptación académica y social. Naturalmente que para los de
menos edad el carácter del entrenamiento impartido es más
elemental, pero en general todos los componentes del
programa se presentan en forma de juegos a realizar en el
aula de clase. Teniendo en cuenta las características
idiosincrásicas de la población iberoamericana, García y
Magaz (1996) hacen una adaptación del entrenamiento en
habilidades cognitivas para la solución de problemas
interpersonales, articulando una estructura con objetivos
generales y específicos, tal como sigue a continuación.

1) Objetivo general: Lograr que los niños sean capaces
de identificar situaciones de interacción social que
constituyan un problema.
Objetivos específicos: Lograr que identifiquen una
situación problema por la presencia de a) sentimientos
negativos asociados a una agresión, frustración o pérdida de
algo deseado, b) sentimientos de ansiedad-nerviosismo,
asociados a la duda sobre lo que vendrá en el futuro, c)
sentimientos de vergüenza, d) miedo, y e) alegría o
satisfacción.
Metodología: El monitor describe un contexto social
mediante láminas, transparencias o diapositivas,
preguntando si alguien tiene un problema dentro de la
situación planteada, y con qué detalles específicos sucede.

2) Objetivo general: Lograr que los niños sean capaces
de considerar que, en cualquier situación problemática,
siempre hay diferentes posibilidades de actuación.
Objetivos específicos: Lograr que generen múltiples
alternativas de actuación ante situaciones de interacción
social que constituyan un problema.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

129
Metodología: El monitor instiga y retroalimenta
respuestas a las interrogantes: ¿Qué puede hacer X ante esta
situación?, ¿Qué más puede hacer?, ¿Puede hacer algo
diferente a lo dicho?

3) Objetivo general: Lograr que los niños sean capaces
de considerar: a) que su comportamiento tiene consecuencias
sobre sí mismos y efectos sobre otros; y b) que dichas
consecuencias pueden ser inmediatas y demoradas.
Objetivos específicos: Lograr que: a) anticipen
múltiples consecuencias posibles debidas a un modo
particular de resolver una situación; b) anticipen múltiples
efectos en el mismo sentido; c) diferencien entre las diversas
consecuencias y efectos respecto a cuáles son inmediatos y
cuáles son demorados.
Metodología: El monitor instiga y retroalimenta
respuestas a las interrogantes: ¿Qué le puede suceder a X
si...?, ¿Y de inmediato / a largo plazo? ¿Qué les puede
suceder a los demás si...?, ¿Y de inmediato / a largo plazo?

4) Objetivo general: Lograr que los niños sean capaces
de elegir entre adecuada y éticamente varias alternativas
posibles ante situaciones de interacción social que
constituyan un problema.
Objetivos específicos: Lograr que: a) identifiquen entre
varias alternativas posibles: a) aquellas consecuencias que
sean mejores a inmediato y largo plazo; b) aquellas
consecuencias que generen menos perjuicios a otros a
inmediato y largo plazo.
Metodología: El monitor instiga y retroalimenta
respuestas a las interrogantes: ¿Qué puede hacer X para
conseguir...? analizando la relación de coste-beneficio.

5) Objetivo general: Lograr que los niños sean capaces
de planificar la puesta en práctica de una estrategia de
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

130
interacción social que constituye la solución de la situación
problemática.
Objetivos específicos: Lograr que especifiquen de
manera clara, concreta y operativa, la secuencia temporal de
pasos con que llevarán a cabo una interacción con otras
personas para resolver una situación problemática.
Metodología: El monitor instiga y retroalimenta
respuestas a las interrogantes: ¿Qué es lo primero, lo segundo
y lo tercero que puede hacer X para resolver este problema?
Evidentemente, estos procedimientos sirven para
promover el desarrollo personal, el uso del lenguaje para
expresar emociones y sentimientos, y la consideración a las
demás personas.


3. ENTRENAMIENTO AUTOINSTRUCCIONAL
________________________________________________

Según Meinchembaum y Cameron (1980/1983), el
entrenamiento instruccional se fundamenta en el papel del
“diálogo interno” como guía cognitiva de la conducta motora.
De acuerdo con ellos, ciertas cogniciones humanas que llevan
a conductas meta se pueden considerar en función de
imágenes y autoverbalizaciones automáticas, algunas
adaptativas y otras desadaptativas.
Para desactivar los mecanismos desadaptativos se debe
analizar la secuencia de respuestas y pensamientos
automáticos que la conforman, e introducir nuevos
mediadores verbales que, a manera de cogniciones
deliberadamente impartidas como autoinstrucciones,
permitan, por un lado, romper el circuito automático de
respuestas desadaptativas, y, por otro lado, facilitar la
emisión de la conducta meta más conveniente.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

131
El procedimiento, en particular para niños, consiste en
enseñar al individuo a utilizar conscientemente su discurso
interno para autodirigir su conducta. Como pauta previa se
realiza un análisis funcional de aquellas habilidades
requeridas para la acción o tarea concreta que se va a
entrenar, indagando cuáles de ellas están en el repertorio del
sujeto. A niños pequeños se les pide que digan en voz alta lo
que hacen al par que realizan la tarea. A niños mayores o
también jóvenes, se les da un registro para que observen
sistemáticamente su discurso interno y su conducta motora.
El método sugerido por sus creadores contempla los
siguientes pasos:

1) Modelamiento: Un modelo actúa mientras dice en
voz alta frente al niño lo que está haciendo.

2) Imitación de la ejecución modelada: El sujeto imita
lo hecho por el modelo en base a su guía verbal.

3) Ejecución autónoma: El sujeto vuelve a hacer lo
mismo, pero esta vez se guía él mismo en voz alta.

4) Ejecución autónoma con autoinstrucción
manifiesta: Similar a la anterior, pero con autoinstrucciones
en voz baja.

5) Ejecución autónoma con autoinstrucción
encubierta: Similar a la anterior, pero desarrollando la tarea
de manera subvocal.

El último paso lleva a la autorregulación de la
conducta del niño mediante autoinstrucciones subvocales.
Meichenbaum (1999) incluye también autoverbalizaciones
más abstractas y generales, que facilitan la generalización y
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

132
la transferencia del aprendizaje a otras diversas tareas,
problemas, acciones o situaciones (“interiorización de
reglas”). Aunque el programa de entrenamiento
autoinstruccional está diseñado preferencialmente para
fomentar el autocontrol en niños impulsivos, también se
adapta a las necesidades de los niños con problemas de
ansiedad social. De esta manera, las autoverbalizaciones que
el niño debe aprender a interiorizar, se ligan al carácter de la
situación, de la tarea por emprender, y de aquella cadena de
respuestas que se requiera.
En cualquier caso, la secuencia de práctica estándar en
el programa incluye siempre: a) la definición del problema
que se tiene que resolver, b) una aproximación a aquello que
se tiene que hacer para resolverlo, c) la focalización de la
atención en los pasos que hay que dar, d) las frases de
autorrefuerzo que se deben utilizar para el caso, e) un grupo
de verbalizaciones para hacer frente a los posibles errores, f)
la autoevaluación de la ejecución, y finalmente, g) las frases
de autorrefuerzo postejecutivo.
Por ejemplo, si un niño tiene dificultades para entablar
una relación amistosa con compañeros de su misma edad, se
puede planificar un entrenamiento inicialmente in vitro, en
que de mano del terapeuta se dirija a un interlocutor
imaginario (con el auxilio de una imagen fotográfica o de una
gigantografía), y después de cierto tiempo, haga lo mismo
con un auxiliar en un ambiente de su vida cotidiana. La
secuencia podría ser esta:

1. Definición del problema: “¿Qué tengo que hacer?
Debo presentarme ante este amiguito”.
2. Aproximación al problema: “Qué me piden que
haga?: Que me pare frente a él y diga: Hola, me llamo...
¿Cómo te llamas tú? ¿Qué estás haciendo?”.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

133
3. Focalización de la atención: “¿Estoy listo para
mostrar seguridad, sonreír y mirarlo de frente?”
4. Autorrefuerzo: “Lo voy haciendo bien, seguiré así”.
5. Verbalizaciones para hacer frente a los errores: "Al
presentarme lo he hecho un poco rígido, voy a tratar de
soltarme un poco".
6. Autoevaluación: “Hasta ahora voy bien.Tengo que
mejorar un poco mi contacto visual”.
7. Autorrefuerzo: “Lo hice. Las cosas me han salido
como yo quería”.

Si hubieran cogniciones desadaptativas interferentes
con las respuestas requeridas para completar las tareas o
efectuar las acciones, se procuran detectar para sustituirlas.
La persona sujeta a entrenamiento autoinstruccional
debe entender la razón por la cual se le está enseñando a
utilizar determinados diálogos internos y a seguir ciertas
reglas, y debe estar motivada para una práctica constante
enmarcada por diversas situaciones, debidamente
retroalimentada. No se espera que el trabajo sea un simple
proceso de memorización mecánica.


4. REGISTROS Y AUTOINFORMES
________________________________________________


La hoja de escala de problemas (Delgado Senior, 1983;
p. 95) ayuda a precisar la gravedad o urgencia de las
dificultades que hay que superar. En ella hay dos columnas:
una de “sensaciones” y otra de “conductas”. Para cada
problema se selecciona el número en la escala que mejor
exprese la severidad del caso (tabla 6.1).

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

134
Tabla 6.1. Escala de Problemas.



Nombre ..............................................................

Fecha ..................................................................

PROBLEMA A ..................................................................................

PROBLEMA B ..................................................................................



SENSACIONES

CONDUCTAS

0 Nunca me incomoda o
preocupa este problema

0 Este problema no interfiere de
ningún modo con mis
actividades normales
1 A veces me siento incómodo y
preocupado por este problema
2
1 Este problema ocasionalmente
interfiere con mis actividades
2 normales
3 Frecuentemente me siento
incómodo y preocupado por 4
este problema
3 Este problema a menudo
interfiere con mis actividades
4 normales
5 Muy a menudo me siento
incómodo y preocupado por 6
este problema
5 Este problema muy a menudo
interfiere con mis actividades
6 normales
7 Continuamente me siento
incómodo y preocupado por 8
este problema
7 Este problema interfiere seria y
permanentemente con mis
8 actividades
normales
9



Esto se complementa con la hoja de metas, donde se
especifica tanto el tipo de problema encontrado, como lo que
se espera que debe suceder para considerarlo solucionado
(tabla 6.2).


Pre:
Post:
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

135
Tabla 6.2. Hoja de metas. Tabla 6.2. Hoja de metas. Tabla 6.2. Hoja de metas. Tabla 6.2. Hoja de metas.


PROBLEMA(A) .....................................................................................
...............................................................................................................
Duración (años) ................ . Meses ......................

Meta A1 .................................................................................................
...............................................................................................................
Meta A2 .................................................................................................
...............................................................................................................
.

PROBLEMA(B) .....................................................................................
...............................................................................................................
Duración (años) ................ . Meses ......................

Meta
B1...........................................................................................................
...............................................................................................................
Meta
B2...........................................................................................................
...............................................................................................................

Otros problemas ..................................................................................
...............................................................................................................

DIAGNOSTICO....................................................................................
...............................................................................................................


Precisado el problema y fijadas las metas generales
para su solución, se confecciona la hoja de perfil del
problema (McKay, Davis y Fanning, 1982/1985, pp. 76-77).
Este es un cuestionario contestado con los detalles
paramétricos de lo que sucede en la situación problemática, y
lo que se suele hacer o sentir frente a ella (tabla 6.3).
La toma de decisiones para llevar a cabo ciertas
estrategias de acción sobre otras se puede hacer mediante la
ayuda de una tabla para el análisis y selección de las
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

136
alternativas de solución, como la que sugiere Navas (1987,
pp. 310-311) en el siguiente formato (ver tabla 6.4).

Tabla 6.3. Hoja de perfil del problema.


1. Situación (de los problemas ya fijados, o con palabras propias)
............................................................................................................

Quién está implicado – Otras personas
............................................................................................................

Qué sucede – Qué ha sucedido o dejado de suceder que le molesta
............................................................................................................

Qué sucede – Lugar
............................................................................................................

Cuándo sucede – Momento durante el día, frecuencia, duración
............................................................................................................

Cómo sucede – Las reglas que parece seguir, estados de ánimo implicados
............................................................................................................

Por qué sucede – Rezones que da Ud. o los demás para justificar el hecho
............................................................................................................

1. Respuesta (un resumen de lo que hace o deja de hacer)
............................................................................................................

Dónde lo hago – Lugar
............................................................................................................

Cuándo lo hago – Tiempo en reaccionar, duración de la respuesta
............................................................................................................

Cómo lo hago – Estilo, humor, intensidad o control
............................................................................................................

Por qué lo hago – Pensamiento sobre ello, teorías, explicaciones, razones
............................................................................................................

Qué quiero – Objetivos que si se cumplieran, significarían que el problema
estás solucionado
............................................................................................................
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

137
Tabla 6.4. Análisis y selección de alternativas.


ALTERNATIVAS


CONSECUENCIAS


UTILIDAD


1........................
2........................
3........................
4........................
5........................

Muy probable ( )
Medianamente probable ( )
Levemente probable ( )
Improbable ( )

Muy buena ( )
Moderadamente
buena ( )
Levemente buena ( )
Regular ( )
Mala ( )
Muy mala ( )



BENEFICIOS
(Corto plazo)

PERJUICIOS
(Corto plazo)

BENEFICIOS
(Largo plazo)

PERJUICIOS
(Largo plazo)

1
a......................
b......................
1
a......................
b......................
1
a......................
b......................
1
a......................
b......................
2
a......................
b......................
2
a......................
b......................
2
a......................
b......................
2
a......................
b......................
3
a......................
b......................
3
a......................
b......................
3
a......................
b......................
3
a......................
b......................
4
a......................
b......................
4
a......................
b......................
4
a......................
b......................
4
a......................
b......................
5
a......................
b......................
5
a......................
b......................
5
a......................
b......................
5
a......................
b......................


Seleccionar alternativas y ponerlas en acción implica
tomar riesgos, cosa que resulta complicada para un tímido. El
mismo Navas (1987, pp. 261 y ss) transcribe el Inventario de
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

138
Toma de Riesgos de Dauw
15
, un cuestionario de autoinforme
con situaciones que se puntúa en términos de 0 (“No
representa ningún riesgo para mí”), 1 (“Sería un pequeño
riesgo para mí”), 2 (“Sería un riesgo moderado para mí”) y 3
(“Sería un riesgo grande para mí”). Las puntuaciones de 100
a menos implican poca o muy poca capacidad de arriesgrase
(tabla 6.5).

Tabla 6.5. Inventario de Toma de Riesgos
(muestra de ítems).


1 Revelar a las personas ciertas experiencias de mi pasado
2 Revelar sentimientos negativos específicos acerca de mí mismo a
los demás
3 Romper con la rutina familiar
4 Expresar coraje hacia alguna persona
5 envolverme con alguien aun cuando pueda haber rechazo
6 Mostrar afecto hacia alguien
7 Buscar ayuda para mis problemas de parte de los demás
8 Comenzar algo nuevo y sentirme muy feliz acerca de eso
9 Recibir afecto de alguien
11 Pedir información de parte de miembros significativos de un
grupo
12 “Hacer mi mente” rápidamente acerca de una decisión
importante en mi vida y mantenerme firme al respecto
13 Tocar a alguien físicamente
14 Pagar la fianza para mi mejor amigo(a) sin cuestionar
15 Permitir que alguien me toque
16 Llegar a tener una relación personal y cercana con otra persona
en un grupo
18 Hacer declaraciones que podrían enojar a alguien
19 Expresar atención sexual a alguna persona
23 Admitir abiertamente que alguien ha herido mis sentimientos

15
Dauw, C. D. (1980). Increasing your self-esteem: How to feel
better about yourself. Illinois: Waveland Press.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

139
24 Decirle a los demás que me dejen solo o que dejen de
fastidiarme
28 Expresar mi confusión o incertidumbre en la presencia de otras
personas
30 Expresar y manjar conflictos con otra persona
32 Revelar mis sentimientos acerca de mis rasgos físicos en un
grupo
33 Compartir mis sentimientos acerca de los rasgos físicos de los
demás en un grupo
35 No tomar medidas para el retiro en las etapas iniciales de trabajo
en la vida
36 Decirle a otra persona que se ha vuelto importante para mí
37 Revelar una fantasía acerca de un miembro o grupo completo
38 Discutir sentimientos sexuales en un grupo
40 Expresar coraje o insatisfacción con un miembro de un grupo
41 Admitir que me siento mal por fallarle a los demás
43 Admitir que estaba equivocado acerca de otro miembro de mi
grupo
45 Arriesgar mi vida por alguna persona o causa muy importante
para mí
46 Arriesgar mi reputación por alguna persona o causa muy
importante para mí
48 Arriesgarme constantemente en nuevas experiencias en una
búsqueda consistente de estimulación


Por último, D´Zurilla (1986/1993, p. 214-215) ofrece
el Inventario de Resolución de Conflictos adaptado de
Heppner y Petersen
16
, para conocer cómo reacciona la gente
ante los problemas o sucesos en sus interacciones diarias.
Cuenta con 35 reactivos puntuables desde 1
(“Completamente de acuerdo”), 2 (De acuerdo) 3

16
Heppner, P. P. & Petersen, C. H. (1982). Development and
implications of a personal conflicts resolution inventory. Journal
of Counseling Psychology, 29, 66-75.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

140
(“Levemente de acuerdo”), 5 (“En desacuerdo”) hasta 6
(“Completamente en desacuerdo”). No hay puntaje 4. Para
computar las respuestas se suman todos los ítems, excepto los
números 9, 11 y 22, que son de relleno. Algunos reactivos
(subrayados) se puntúan de manera invertida (tabla 6.6).

Tabla 6.6. Inventario de Resolución de Conflictos
(muestra de ítems).


1 Cuando la solución de un problema ha sido insatisfactoria no
examino porqué no funcionó
3 Cuando mis primeros esfuerzos para resolver un problema
fracasan, dudo de mi capacidad para manejar la situación
4 Después de resolver un conflicto, no matizo qué funcionó
correctamente y qué no funcionó
5 Generalmente soy capaz de sugerir alternativas creativas y
efectivas para resolver un conflicto
6 Después de haber intentado resolver un problema con un cierto
curso de acción reflexiono y comparo los resultados obtenidos
con lo que yo pensaba que podría suceder
7 Cuando tengo un problema, pienso en tantas formas de
solucionarlo como puedo hasta que no me surgen más ideas
10 Tengo la capacidad para resolver la mayoría de los problemas,
aunque inicialmente no exista solución aparente
11 Muchos de los problemas que encuentro son demasiado
complejos para que yo los pueda resolver
12 Tomo decisiones y después me alegro de hacerlo
14 Algunas veces no me paro a reflexionar cómo solucionar mis
problemas, simplemente sigo adelante
15 Cuando decido sobre una idea o solución posible para un
problema no me paro a pensar las posibilidades de éxito de cada
alternativa
16 Cuando me enfrento a un problema, hablo sobre ello antes de
decidir el siguiente paso
.... Continúa
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

141
17 Generalmente pongo en práctica la primera idea buena que viene
a mi mente
18 Al tomar una decisión valoro las consecuencias de cada
alternativa y las comparo entre sí
19 Cuando hago planes para resolver un conflicto, casi estoy seguro
de que sabré hacerlo funcionar
20 Trato de predecir los resultados generales al poner en práctica
un determinado curso de acción
21 Cuándo intento pensar en las posibles soluciones de un
problema, no me surgen muchas alternativas
24 Ante una situación nueva tengo la confianza de poder manejar
los problemas que surjan
26 Hago juicios inmediatos y posteriormente los rechazo
27 Confío en mi capacidad para resolver problemas nuevos y
difíciles
28 Dispongo de un método sistemático para comparar alternativas y
tomar decisiones
29 Cuando intento pensar en las formas de resolver un problema,
no intento combinar las diferentes ideas
33 Tras adoptar una decisión, el resultado que obtengo es similar al
que esperaba
34 Ante un problema me siento inseguro de poder manejar la
situación




RESUMEN
________________________________________________


El comportamiento considerado efectivo es el que
obtiene consecuencias previamente anticipadas con una alta
tasa de frecuencia. La sensación de efectividad se asemeja a
la de éxito, presentando varias ventajas relativas al aumento
de la autoestima, la responsabilidad personal y la
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

142
independencia, por lo que es importante incrementar el
repertorio de respuestas efectivas en el individuo tímido
enseñándole estrategias de solución de problemas, tanto a
nivel general como interpersonal. Los programas
conductuales que sirven para incrementar la efectividad
personal más conocidos son los de terapia de solución de
conflictos y el entrenamiento de habilidades cognitivas para
la solución de problemas interpersonales. El entrenamiento
autoinstruccional es un complemento útil para potenciar estos
procedimientos, que por otro lado suponen habilidades
previas de control emocional y trato social.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
________________________________________________

D’Zurilla, Th. J. (1986/1993). Terapia de resolución de conflictos.
Bilbao, Descleé de Brouwer.
García, E. M. y Magaz, A. (1996). Agresividad y retraimiento
social: El entrenamiento en habilidades sociales. Madrid:
Albor.
Meinchembaum, D. (1999). Estado de la cuestión en el
entrenamiento autoinstruccional. En I. Caro (Comp.).
Manual de psicoterapia cognitivas: Estado de la cuestión.
Barcelona; Paidós.
Nezu, A. M. y Nezu, Ch. M. (1991). Entrenamiento en solución de
problemas. En V. Caballo (Ed.) Manual de modificación y
terapia del comportamiento (527-553). Madrid: Siglo XXI.







William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

143





_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* MODIFICACIÓN DE LA
FORMA DE PENSAR
_____________________________


Más allá de las disquisiciones sobre el papel de la
“conciencia” de las contingencias en el cambio conductual,
es indudable que, como señala Bandura (1969/1983), las
actividades “de nivel superior” tales como la atención
selectiva, la simbolización, la organización de los estímulos
informativos y las hipótesis que operan como reglas, influyen
sobre la selección y regulación de las respuestas de los tres
tipos de repertorio de la personalidad (lingüístico-
cognoscitivo, emotivo-motivacional y sensorial-motor).

Lo que está tras esas actividades es el lenguaje. Es
sabido que, en el análisis conductual, el lenguaje puede
concebirse como variable independiente si se convierte en
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

144
determinante de la conducta (por ejemplo, la frase “un perro
rabioso anda suelto por aquí” puede evocar una rápida
reacción de escape), como variable interviniente si media una
relación entre el comportamiento y alguna otra variable (por
ejemplo, el sujeto que se dice a sí mismo frente a una
situación ambigua: “debo desenredar esta madeja”), y como
variable dependiente si está determinado por otros repertorios
del mismo individuo, o variables externas a él (por ejemplo,
después de saborear un trozo de pastel un sujeto puede
exclamar: “¡está delicioso!”). Desde luego que, en la vida
cotidiana y en el autodiálogo silente, las tres funciones se
solapan.

El lenguaje silente se aprende a edad temprana por
procesos de condicionamiento respondiente y operante,
cuando “pensar” en voz alta conlleva consecuencias punitivas
en el hogar y en la escuela. Los padres enseñan, a veces
inadvertidamente, a sus hijos a guardar o esconder ciertos
pensamientos, y los profesores piden silencio a sus alumnos
para que no molesten a los demás (Martin y Pear,
1996/1999). Cuando estos preceptos son demasiado severos o
se mezclan con contingencias no favorables a la interacción
social, pueden surgir dificultades.

En un capítulo anterior ya se dijo que el desempeño
lingüístico del individuo tímido suele identificarse con el
comportamiento inasertivo, mostrando indicadores verbales
del tipo de bajo volumen de voz y poca fluidez, frecuentes
vacilaciones y muletillas, silencios y bloqueos de
comunicación. En su diálogo interno predominan mensajes
comúnmente en condicional y de corte pesimista o depresivo.
Hay evidencia empírica de que las personas crónicamente
tímidas, como lo señalan Henderson y Zimbardo (1998a) son
fuertemente autocríticas, culpándose a sí mismas de sus
inadecuaciones, y tienen una frecuencia de pensamientos
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

145
negativos mayor que los sujetos no tímidos.
Si, además, se indaga sobre el tipo de creencias
extremas que son reflejadas por su lenguaje, éstas se podrían
resumir de una forma algo apretada como: “Defender mis
derechos e intereses personales hará que los demás se
molesten y no me aprecien, además no merezco respeto, no
tengo derecho a pedir ayuda ni a negarla si me la piden, ni a
sentirme enfadado, triste o asustado, ni a opinar, ni a
equivocarme”.
El potencial del lenguaje para crear contingencias
virtuales dentro de las cuales el individuo se desenvuelve,
puede ser utilizado para cambiar las interacciones sociales
desajustadas. Un plan terapéutico para ello implica, en primer
lugar, ayudar al cliente a razonar sobre la manera combinada
en que su diálogo interno y su rotulación de lo que le sucede
influyen sobre sus respuestas emocionales e instrumentales.
Igualmente, se le entrena en la habilidad de identificar los
“pensamientos automáticos” que se dan como afirmaciones o
discursos internos relacionados con la violación de derechos
básicos o la no defensa de aquellos, para reemplazar esas
creencias por otras socialmente más adecuadas (Fábregas y
García, 1988; McKay, Davis y Fanning, 1982/1985).
Las técnicas más utilizadas para cumplir estos
objetivos son las denominadas “de reestructuración (o
reorganización) cognitiva”, que comprenden a la terapia
racional emotiva conductual (TREC) de Ellis (Ellis y
Grieger, 1980/1983; Yankura y Dryden, 1993/2000), con
aditamentos de Goldfried y Goldfried (1975/1987), y la
terapia cognitiva de Beck (1995/2000; Beck, Rush, Shaw y
Emery, 1979/1983). Sin embargo, también están siendo
probados nuevos tratamientos provenientes del conductismo
radical, como la psicoterapia analítico-funcional y la terapia
de aceptación y compromiso (Kohlenberg, Tsai, Ferro,
Aguayo, Fernández y Virués, 2005).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

146
1. LA REESTRUCTURACIÓN RACIONAL
________________________________________________

Se rotula como “terapia de reestructuración racional” al
conglomerado de posturas que sostienen el principio de que
es la interpretación distorsionada de lo que sucede, y no lo
que sucede, lo que produce las perturbaciones emocionales.
Ocurre que, en ocasiones, el diálogo interno que el sujeto
lleva consigo mismo en relación con ciertas circunstancias
molestas para él, se compone de pensamientos automáticos
perniciosos para su adaptación personal.
McKay, Davis, y Fanning (1982/1985) señalan algunas
características de estos pensamientos. Primero que nada son
mensajes específicos, expresados usualmente en una sola
palabra o frase corta (por ejemplo, un joven que teme ser
rechazado por su pareja puede decirse: “Ella no te quiere, te
encuentra tonto”), a veces en estilo “telegráfico”. Igualmente,
son ideas indiscutibles para el sujeto, tan creíbles para él
como el mismo aire que respira. Tercero, son espontáneos e
intrusivos: se generan en un instante basados en estereotipos
o juicios previamente instalados. Cuarto, se expresan con
palabras iniciales del tipo “debería”, “tendría que” o “habría
de”. Por último, estos pensamientos generalmente predicen
“catástrofes”, cosas terribles que pueden suceder en cualquier
momento, o dramatizan sucesos irrelevantes.
Al centrar la atención sobre una clase de pensamientos
automáticos, digamos, la idea de un supuesto rechazo social
hacia ella, la persona se autoinduce una especie de “visión de
tunel”, según la cual toda otra idea racional contraria es
excluida de la consideración inmediata. El sujeto se
obsesiona con eso, y todo lo que le pasa lo interpreta a la luz
de sus prevenciones negativas.
El primer paso para la reestructuración racional es
fijarse en esas ideas irracionales, desarrollarlas en la consulta
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

147
y analizarlas en relación con el contexto problemático. El
propósito es desvirtuarlas mediante una postura terapéutica
activa-directiva que auspicie un debate objetivo, debilitando
la creencia ciega en su validez y creando condiciones para, en
un segundo paso, llevar a cabo su cambio por pensamientos
más ajustados a la realidad (Vila y Fernández, 2009).


2. TERAPIA RACIONAL EMOTIVA CONDUCTUAL
________________________________________________

En la terapia racional emotiva conductual, Ellis
(1980/1983) trabaja sobre la base de once ideas irracionales
que, suscitadas por acontecimientos activadores, son
interpretaciones generalizadoras, polarizadoras, filtradas o
catastrofistas; inclinando al sujeto a vivenciar estados
emotivos acordes con ellas. En consonancia con tales
estados, se emiten respuestas de evitación, escape o
afrontamiento. Este es el clásico análisis ABC: A
(Acontecimiento impactante), B (Conducta de evaluación
errónea de A) y C (Acción-emoción perturbadoras).

Las once ideas irracionales son las siguientes (Ellis,
1967/1980):

1) “Es una necesidad para el ser humano adulto el ser
amado y aprobado por prácticamente toda persona
significativa de su comunidad” (p. 60).
2) “Para considerarse a sí mismo valioso, se debe ser
muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa
en todos los aspectos posibles” (p. 62).
3) “Cierta clase de gente es malvada e infame, y debería
ser culpabilizada y castigada por su maldad” (p. 64).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

148
4) “Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas
no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen” (p.
69).

5) “La desgracia humana se origina por causas externas
y la gente no tiene suficiente capacidad para controlar sus
penas y perturbaciones” (p. 69).

6) “Si algo es o puede ser peligroso o terrible, uno debe
sentirse terriblemente inquieto por ello, y deberá pensar
constantemente en la posibilidad de que esto ocurra” (p. 72).

7) “Es más fácil evitar que afrontar ciertas
responsabilidades y dificultades en la vida” (p. 74).

8) “Se debe depender de los demás, y es necesario
encontrar alguien fuerte en quien confiar” (p. 76).

9) “La historia pasada de uno es un determinante
decisivo de la conducta actual, y algo que ocurrió alguna vez
y le conmocionó, debe seguir afectándole indefinidamente”
(p. 78).

10) “Hay que sentirse muy preocupado por los problemas
y perturbaciones de los demás” (p. 79).

11) “Invariablemente, existe una solución precisa,
concreta y perfecta para los problemas humanos, y si esta no
se encuentra, sobreviene la catástrofe” (p. 81).

Una vez instigada la expresión de pensamientos o ideas
negativas sobre el sí mismo en relación con estas creencias,
se evalúa cada uno en su perfil básico, que comprende tanto
la situación problemática como la respuesta acostumbrada, y
posible alternativa de solución, teniendo en cuenta que lo
principal no es el problema, sino cómo se siente uno a su
respecto.
Para ello, se asigna el encargo de tomar atención a las
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

149
ideas que se experimentan diariamente, registrándolas en una
hoja horizontal dividida en tres partes: una columna de
creencias irracionales, otra de preguntas desafiantes a dichas
creencias, y otra de respuestas racionales, como en la tabla
7.1, que expresa la reflexión de una persona que ha cometido
un error rectificable (Sank y Scahffer, 1984/1993, p. 247):

Tabla 7.1. Hoja de debate de creencias irracionales.


CREENCIAS
IRRACIONALES

PREGUNTAS
DESAFIANTES


RESPUESTAS
RACIONALES


− Soy un
incompetente.
− No debí
equivocarme. El
trabajo debe ser
impecable.

− ¿Siempre trabajo
así?
− ¿Tener que
repetirlo significa
ser incapaz o
estúpido?

− A veces han
alabado la
calidad de mi
trabajo.
− Nadie es
perfecto.




El debate de las ideas irracionales se produce mediante
preguntas como estas: “¿Qué diría un observador objetivo de
esta creencia?”, “Cuál es la evidencia que tengo de que lo
que pienso sea correcto?”, “¿Existen explicaciones
alternativas? ¿Cuáles son?”.
Las metas del debate son que el individuo aprenda a
distinguir las presunciones lógicas de las ilógicas, las simples
dificultades de las “cosas terribles”, los resultados
desfavorables de las “catástrofes”, y, en general, las
interpretaciones subjetivas de los hechos objetivos. Para
reforzar las respuestas racionales se apela al ejercicio
autoinstruccional, con el fin de instalar nuevos discursos
internos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

150
Tomando como base el procedimiento reseñado,
Goldfried y Goldfried (1975/1987) lo sistematizan en un
esquema de cuatro fases:

a) Explicación de lo que son las concepciones
irracionales o inadecuadas;

b) Evaluación de las concepciones irracionales;

c) Análisis de los problemas del paciente en términos
racionales; y

d) Enseñanza de cómo cambiar las frases internas.


3. TERAPIA COGNITIVA
________________________________________________


Constituye un procedimiento “hermano” del anterior.
Desde la perspectiva de Beck (1995/2000; Beck, Rush, Shaw
y Emery, 1979/1983), el procesamiento de la información
continuamente distorsionado o sesgado (o sea la inadecuada
estructuración cognitiva), es el responsable de las respuestas
emocionales y conductuales desajustadas presentes en
trastornos como la ansiedad y la depresión.

La lógica subyacente es que la representación
ideacional negativa provoca en la persona que la sufre
reacciones idénticas a las que suelen suceder ante una
situación de pérdida o amenaza real, sólo que en mayor
número y gradación.

El modelo básico del funcionamiento cognitivo de
pensamientos distorsionados que presenta Beck (1995/2000,
p. 37) es el siguiente (tabla 7.2):

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

151


Para Beck, existen sujetos predispuestos a sufrir estrés
y ansiedad, y por lo tanto, a formarse esquemas negativos
de sí mismos, del mundo y del futuro (modelo de diátesis o
vulnerabilidad cognitiva). Ellos tienden a sentir más emoción
negativa que otros individuos, si se enfrentan con estímulos
estresantes, similares o equivalentes a los que originaron el
esquema distorsionado. Algunos de esos esquemas, que
toman la forma de pensamientos distorsionados, son:

1) Abstracción selectiva: Se sobredimensionan los
detalles negativos, dejando de lado los demás aspectos de la
situación (por ejemplo, estando en una reunión social: “Esa
chica me mira con desprecio”).

2) Polarización: Se piensa en forma dicotómica
extrema, sin términos medios (por ejemplo: “Nunca seré
capaz de exponer bien mi tema, seré reprobado”).

3) Sobregeneralización. Se extrae una conclusión
general de algo que sólo es una parte no sustancial de lo
ocurrido (“Cada vez que intento hablar, alguien me
interrumpe”).
Tabla 7.2. Modelo básico del funcionami ent o Tabla 7.2. Modelo básico del funcionami ent o Tabla 7.2. Modelo básico del funcionami ent o Tabla 7.2. Modelo básico del funcionami ent o
de pensami entos di st orsio nados. de pensami entos di st orsio nados. de pensami entos di st orsio nados. de pensami entos di st orsio nados.


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

152
4) Catastrofismo. Exageración de la significación de un
acontecimiento (“Qué desastre, mi traspiés al subir al
ómnibus me hizo ver ridículo, todos se burlan de mí”).

5) Personalización. Creer que todo lo que hacen o dicen
otras personas es una forma de reacción a los errores que se
pueden haber cometido (“Ellos se retiran del lugar porque se
aburren a mi lado”).

6) Inferencia arbitraria: Llegar a una conclusión sin
evidencia que la apoye, o pese a la evidencia contraria (“Es
muy amable, pero si le digo que está equivocado, el Doctor
se va a molestar conmigo”).

Las estrategias desplegadas para ayudar al paciente a
superar sus pensamientos automáticos son, según Beck, de
tipo conductual y cognitivo.

La estrategia conductual se refiere esencialmente a
programar gradualmente actividades y tareas con objetivos
fácilmente alcanzables, relacionados con el mismo problema.
Por ejemplo, para la persona que sea demasiado indecisa, se
programan actividades concretas en las cuales la opción para
decidirse sea mínima y preferentemente placentera,
incrementando poco a poco la dificultad de la tarea: elegir
ciertos platos de entre un menú, algunas canciones de entre
varias que no le atraen mucho, un pasatiempo social para los
momentos libres de cada día de la semana, etc. Si el
problema conlleva falta de motivación, se puede ir graduando
actividades que sean autorreforzantes una vez iniciadas, y así.
Lo conductual también incluye ejercicios de relajación y de
habilidades sociales o de rol playing pertinentes a cada caso.

La estrategia cognitiva se introduce generalmente
cuando la persona bajo tratamiento ya evidencia una mejoría,
asesorando directivamente al paciente para que identifique
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

153
sus pensamientos automáticos, los evalúe sacando a luz las
distorsiones respectivas. Igual que en la TREC los métodos
conductuales siguen presentes en esta fase de la terapia
cognitiva, a través de las tareas y autorregistros encargados al
cliente. Por último, se llega a una etapa de cambio de
esquemas, donde el debate y la contra-argumentación pasan a
primer plano (Beriso, Plans, Sánchez-Guerra y Sánchez,
2003). Por ejemplo, para combatir la abstracción selectiva de
cierto acontecimiento, se procura concentrar la atención en
las formas de afrontamiento al problema más que en el
propio problema. Así —de acuerdo al ejemplo presentado
más arriba—, se delinea en la consulta una situación
hipotética en la que primero el sujeto percibe
(imaginalmente) que alguien lo observa “con hostilidad”, o
“desprecio”, en medio de una reunión social. Luego de
debatir la justeza de esa percepción, la siguiente respuesta
que debe emitir imaginalmente el paciente es ir directamente
hacia esa persona y saludarla con amabilidad, tratando de
agotar las posibles consecuencias en pro y en contra de esa
acción.


4. TERAPIAS DE TERCERA GENERACIÓN
________________________________________________

Existen distintas perspectivas a la señalada hasta aquí,
esbozadas en la consideración de que los tratamientos de
reestructuración racional son parte de una “segunda
generación” de terapias conductuales. La crítica a esta
generación es que, influida por la cultura popular, otorga un
papel primordial a los eventos cognitivos como eje causal y
mecánico del comportamiento. Por lo tanto, al estar —según
esa lógica— las acciones reguladas por las cogniciones y
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

154
emociones, la conclusión es que se debe controlar el malestar
a través del cambio de ellas, ignorando el hecho de que,
contrariamente a lo que sostiene el stablishment cultural (“no
a la angustia”, “no a la ansiedad”, “no a la tristeza”, “no a la
baja autoestima”, etc.), el sufrimiento es consustancial a la
vida y por ello cada sujeto tiene que aprender a vivir con él.
Como la cultura promueve que eso no es así, las personas
buscan evitar las emociones negativas, lo que,
paradójicamente, les genera angustia y ansiedad. Frente a
ello, las terapias de “tercera generación” proponen un
procedimiento alternativo que logre que el paciente termine
aceptando los aspectos de su experiencia que ha tratado de
cambiar infructuosamente, sin que tales sucesos privados lo
paralicen o interfieran en su vida. Estas son las terapias
analítica-funcional (PAF) y de aceptación y compromiso
(ACT), basadas en el contextualismo, según el cual las causas
de la conducta están circunscritas a los eventos ambientales,
así que la modificación clínica de cualquier comportamiento
supone reestructurar el ambiente. Ahora bien, el “ambiente”
típico del ser humano es el de las contingencias regidas por
reglas como representación o descripción verbal de eventos
pasados, presentes y futuros. Entonces, el cambio clínico
viene dado por el cambio de las dimensiones funcionales del
contexto social verbal, o sea el lenguaje con que se refieren
los eventos internos y externos (Pérez-Álvarez, 2006).


5. PSICOTERAPIA ANALÍTICO-FUNCIONAL
________________________________________________

La PAF ofrece un método sistemático para observar y
tratar los problemas de la vida cotidiana en la consulta,
trabajando sobre el lenguaje que tiene lugar en la sesión. Este
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

155
se considera una conducta clínicamente relevante, porque es
tanto una muestra del problema como una ocasión para la
terapia.

Se ha comprobado que moldear lo que la gente dice
acerca de lo que hace, resulta ser una manera más segura de
modificar su conducta que moldear directamente la conducta
o dar instrucciones para que se haga. En consecuencia, el
moldeamiento de la conducta verbal es una potente técnica de
cambio de la conducta y es fácil de aplicar en las situaciones
clínicas. Las fórmulas verbales (tactos, mandos,
intraverbales, autocríticas) instruidas o moldeadas producen
nuevas respuestas y alteran las funciones o relaciones entre
comportamientos, sin entrenamiento explícito o necesidad de
exposición ante contingencias directas.

En la PAF, el terapeuta debe estar atento a generar
condiciones que provoquen numerosas respuestas
clínicamente relevantes en el cliente, a fin de facilitar la
generalización desde el nivel de ocurrencia conseguida en las
circunstancias clínicas, a los contextos en los que se detectó
la presencia de un problema.

Para realizar esta labor, el analista conductual tiene tres
funciones de estimulación verbal y gestual: evocativa,
discriminativa y reforzante. La función evocativa implica
instigaciones que dan lugar a conductas respondientes
(ejemplo: “¿Qué sintió al entrar y ver el cuarto vacío?”); la
función discriminativa se destina al esclarecimiento de
contingencias o estados (ejemplo: “¿Podría decir en qué
momento del día sucedió eso?”). La función reforzante se
dirige a proporcionar consecuencias que afectan la
probabilidad de emisión de conducta del cliente (por ejemplo,
atención selectiva y muestras de interés).
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

156
A partir de las formulaciones señaladas se ha
desarrollado un tratamiento llamado “terapia cognitiva
mejorada por la PAF”, para potenciar los efectos de la terapia
cognitiva de la depresión en los casos en que el cliente se
resiste a aspectos de dicho método y fundamento
(Kohlenberg, Tsai, Ferro, Aguayo, Fernández y Virués,
2005).


6. TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO
________________________________________________

En cuanto a la terapia de aceptación y compromiso, se
fundamenta en una reflexión sobre lo que es posible de
cambiar y lo que no puede cambiarse, así lo quisiera el
cliente. Se apunta que problema no está en la conducta, sino
en su función, que depende del contexto verbal. Así, se
utilizan ejercicios y metáforas que buscan situar los
problemas en un contexto verbal diferente y más favorable a
la adaptación.

Se diferencian cuatro tipos de contexto: a) la
explicación que uno mismo se da de lo que le sucede,
asumiéndola como causa del problema (por ejemplo: “Todos
pueden expresarse aquí menos yo, soy un fracasado, tendría
que desaparecer”); b) el control cognitivo-emocional de la
explicación (“Si domino mis nervios quizá pueda decir
algo”); c) el significado literal de las palabras (“Tengo
realmente algo dentro de mí que no me deja expresarme”), y
d) la evaluación de lo que se hace a la luz de la regla social
(“¿Por qué ellos sí pueden y yo no?”).

Para distanciarse del contexto negativista envolvente,
se fomenta la reubicación del sujeto en otra perspectiva
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

157
respecto de sus propios problemas, a fin de comprenderlos y
poder hacerse cargo de ellos.
El primer paso es crear un estado de “desesperanza
creativa”, reparando en que las soluciones —lógicas o no—
que el cliente ha venido ensayando son inútiles. En segundo
lugar se hace ver que el verdadero problema es el control que
el sujeto ha querido tener sobre sus emociones y
pensamientos (“cada vez que intento dominar mis nervioso,
me pongo más nervioso”). En tercer lugar, hay que
diferenciar entre el yo y la conducta (“no siempre soy tímido,
depende de las circunstancias”). En cuarto lugar, dejar de
lado la lucha contra las emociones y pensamientos (¿y qué si
tartamudeo al hablar?). Por último, hay que establecer el
compromiso de actuar, logrando que el cliente realmente se
comprometa y pase la prueba de la realidad (“pase lo que
pase, probaré a hablar muy despacio para reparar en lo que
trato y no equivocarme, no me importa lo que digan los
demás”).
La terapia de aceptación y compromiso se ha diseñado
para tratar la evitación experiencial, un componente muy
importante de muchos trastornos interpersonales, y se ha
ensayado también como tratamiento exitoso en problemas de
ansiedad situacional y generalizada (Kohlenberg, Tsai, Ferro,
Aguayo, Fernández y Virués, 2005; Luciano, 2006), por lo
que puede esperarse que surta efecto como terapia de la
timidez.


4. REGISTROS Y AUTOINFORMES
_____________________________________________

Para la evaluación y modificación cognitiva integral,
Beck y cols. (1979/1983) se valen del Registro Diario de
Pensamientos Distorsionados, que consta de cinco columnas
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

158
donde se indica, respectivamente: a) la situación que provoca
las reacciones, b) la emoción provocada, c) la cognición
distorsionada, d) la respuesta racional que se puede dar al
hecho, y e) el efecto de la respuesta racional. Sobre la base
de este registro se puede llevar adelante el debate dirigido a
la modificación cognitiva y a la acción consecuente con el
cambio, utilizando la Hoja de Debate de Pensamientos
(Beriso, Plans, Sánchez Guerra y Sánchez, 2003; p. 115). La
tablas 7.3 y 7.4 muestran esos formatos.

Tabla 7.3. Registro Diario de Pensamientos Distorsionados.


SITUACIÓN


EMOCIÓN


PENSAMIENTO
AUTOMÁTICO


RESPUESTA
RACIONAL


RESULTADO

Describa el
evento que
motivó la E
desagradable.


La corriente
de PA o el
recuerdo que
motivó la E
desagradable.

Especifique
la E: triste,
ansioso,
enfadado,
etc.

Evalúe la
intensidad
de la E de 0
– 100.

Anote el PA
que precede
a la E.



Evalúe el
grado de C
en los PA
de 0 – 100.

Anote una
respuesta
racional a
los PA.


Evalúe el
grado de
C en la
respuesta
racional
de 0 –
100.

Reevalúe el
grado de C en
los PA de 0
– 100.


Especifique y
evalúe las E
subsiguientes.

Donde: PA (Pensamiento automático) C (Creencia) E (Emoción)



Un autoinforme de análisis para descubrir y calibrar las
ideas irracionales que pueden campear en la forma de pensar
del paciente con timidez, es el Inventario de Creencias

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

159
Tabla 7.4. Hoja de Debate de Pensamientos.


PENSAMIENTO.................................................................................

¿Por qué es importante para mí? ....................................................
¿Qué significa para mí? ...................................................................

Grado de creencia (0-100) antes del debate: ....................
Grado de creencia (0-100) después del debate: ....................


PROCESO DE DEBATE


DISTORSIONES COGNITIVAS...............................................................
IDEAS IRRACIONALES........................................................................



VALIDEZ DE ESTE PENSAMIENTO


Hechos a favor..................................................................................

Hechos en contra..............................................................................


UTILIDAD DE ESTE PENSAMIENTO


Ventajas de pensar así
...................................................

Inconvenientes de pensar así
...................................................

MODIFICACIÓN DE ESTE PENSAMIENTO


Ventajas de cambiar
..................................................

Inconvenientes de cambiar
....................................................

PENSAMIENTO ALTERNATIVO

..........................................................................................................


¿CÓMO ME SIENTO? ¿QUÉ PUEDO HACER AHORA?


William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

160
(Navas, 1987; pp. 341-349); un conjunto de 100
afirmaciones que expresan diferentes posturas con respecto a
los acontecimientos. Se califica de manera dicotómica
(Acuerdo – Desacuerdo), con respecto a 10 de las creencias
irracionales enlistadas por Ellis. Cada creencia irracional, a
su vez, está representada por 10 enunciados (tabla 7.5).


Tabla 7.5. Inventario de Creencias (muestra de ítems)



1 Es importante para mí el que otras personas me aprueben
2 Odio el fallar en cualquier cosa
5 Si una persona quiere, puede ser feliz bajo cualquier circunstancia
8 Todo el mundo necesita a alguien de quien pueda depender para
ayuda y consejo
9 “Una cebra no puede cambiar sus rayas”
18 Trato de consultar a una autoridad sobre decisiones importantes
20 Me agrada dedicarme a muchas cosas a la vez
26 Frecuentemente no puedo apartarme de alguna preocupación
27 Evito el enfrentar mis problemas
33 La inmoralidad debería ser fuertemente castigada
38 Hay ciertas personas de las cuales dependo grandemente
41 Si no le agrado a los demás, ese es su problema, no el mío
48 Me agrada mantenerme firme sobre mí mismo(a)
51 Encuentro difícil el ir en contra de lo que piensen los demás
53 El temor al castigo ayuda a las personas a ser buenas
58 Soy el único que realmente puede entender y aceptar mis
problemas
62 Me perturba cuando los demás son mejores que yo en alguna
cosa
63 Todo el mundo es básicamente bueno
66 Me preocupo mucho respecto de ciertas cosas en el futuro
69 Nosotros somos esclavos de nuestras historias personales
71 Frecuentemente me preocupo acerca de cuantas personas me
aprueban y me aceptan
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

161
75 Más personas deberían enfrentar las incomodidades de la vida
80 Me agrada estar sin hacer nada
82 Frecuentemente me incomodo bastante por cosas pequeñas
83 Usualmente le doy a alguien que me ha hecho una mala jugada
una oportunidad
85 No hay razón alguna para permanecer apesadumbrado por
mucho tiempo
90 La mayoría de las personas trabajan demasiado duro y no
descansan lo suficiente
94 Casi nunca me perturbo por los errores de los demás
95 Las personas hacen su propio infierno dentro de sí mismas
98 He aprendido a no esperar que los demás se hallen muy
interesados acerca de mi bienestar
100 Ya no puedo sentirme realmente contento, a menos que me
encuentre relajado y sin hacer nada




Finalmente, para los que prefieran la estrategia del
ACT, está el Inventario de Aceptación-Acción de Hayes y sus
colaboradores
17
(Barraca, 2004; p. 515), que está compuesto
de 9 enunciados que hay que valorar en qué grado desde 1
(nunca), 2 (muy raramente), 3 (raramente), 4 (a veces), 5
(con frecuencia), 6 (casi siempre), a 7 (siempre), siendo la
suma de ellos el índice central, (teniendo en cuenta que los
items 1, 4, 5 y 6 suman de forma inversa; o sea, una
puntuación de 7 en el item 1 equivale a 1 punto). En la tabla
7.6 se ven los reactivos del instrumento.




17
Hayes, S. C., Bissett, R. T., Strosahl, K. D., Wilson, K. D.,
Pistorello, J., & Dykstra, T. A., et al. (2000). Psychometric
Properties of the Acceptance and Action Questionnaire (AAQ).
Manuscrito no publicado.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

162
Tabla 7.6. Inventario de Aceptación-Acción.


1. Tenga o no tenga claro cuál es el mejor modo de resolver un
problema, me pongo en marcha
2. Muchas veces me descubro fantaseando sobre cosas que he
hecho y que haría de forma distinta si tuviese otra oportunidad
3. La verdad es que cuando estoy deprimido o ansioso no soy capaz
de hacer frente a mis responsabilidades
4. Casi nunca me preocupa tener bajo control mi ansiedad, mis
preocupaciones o mis sentimientos
5. Mis sentimientos no me dan miedo
6. Cuando valoro algún suceso negativamente, lo habitual es darme
cuenta de que es sólo una apreciación y no un hecho objetivo
7. Cuando me comparo con otras personas tengo la impresión de
que la mayoría lleva su vida mejor que yo
8. La ansiedad es mala
9. Ojalá pudiese borrar por arte de magia todas las experiencias
dolorosas que he tenido en la vida



RESUMEN
_____________________________________________

Las actividades denominadas “de nivel superior”
influyen sobre la selección y regulación de las respuestas de
los repertorios de la personalidad lingüístico-cognoscitivo,
emotivo-motivacional y sensorial-motor. Siendo el lenguaje
lo que está detrás de eso, puede ser utilizado para cambiar las
interacciones sociales desajustadas. El desempeño lingüístico
del individuo tímido suele identificarse con el
comportamiento inasertivo, por lo que su terapia debe
ayudarlo a razonar primeramente sobre como su diálogo
interno, y el etiquetado que él mismo hace de los
acontecimientos en que participa, impactan sobre su propia
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

163
conducta emocional e instrumental. Luego, se fomenta su
capacidad para advertir y evaluar sus “pensamientos
automáticos” adscritos a la violación de derechos básicos o la
no defensa de aquellos, con el objetivo de cambiar esos
esquemas distorsionados por otros más adaptativos.
Los procedimientos terapéuticos más utilizados para la
“reestructuración racional” del individuo, son la terapia
racional emotiva conductual y la terapia cognitiva. Sin
embargo, recientemente la emergencia de la “terapia de
tercera generación” ofrece alternativas que reubican la
solución al problema no en el cambio de cogniciones, sino en
la modificación del contexto social-verbal del cliente.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
_____________________________________________

Beck, A.T. (1995/2000). Terapia cognitiva. Barcelona: Gedisa.
Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F. y Emery, G.
(1979/1983).Terapia cognitiva de la depresión. Bilbao:
Descleé de Brouwer.
Ellis, A. y Grieger, R. (Dirs.). Manual de terapia racional emotiva.
Bilbao: Descleé de Brouwer.
Goldfried, M. R. y Goldfried, A. P. (1975/1987). Métodos de
cambio cognitivo. En F. H. Kanfer y A. P. Goldstein (Eds.).
Cómo ayudar al cambio en psicoterapia: Un manual de
métodos (pp. 123-163). Bilbao: Descleé de Brouwer.
Luciano, C. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT):
Fundamentos, características y evidencia. Papeles del
Psicólogo, 2(27),
McKay, M., Davis, M. y Fanning, P. (1982/1985). Técnicas
cognitivas para el control del estrés. Barcelona: Martínez
Roca.



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

164































William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

165




_____________________________
CAPÍTULOO
_____________________________
* UN PROGRAMA Y
MATICES EN EL ENFOQUE
_____________________________

En este último capítulo se presenta, en primer término,
un ejemplo de programa conductual esquemático que incluye
algunos de los tratamientos sugeridos para superar la timidez
a lo largo del libro. Para ello se toma el caso de una
muchacha llamada Adelaida B., mostrado en el cuadro
informativo que se incluye en la tabla 3.4 del capítulo 3.

En una segunda parte, se hacen comentarios que
procuran morigerar las esperanzas desorbitadas acerca de
cualquier tipo de aplicaciones tecnológicas, teniendo en
cuenta el difícil control de las numerosas variables que
rodean y modulan el quehacer psicoterapéutico, a veces de
forma determinante.

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

166
1. EL PROGRAMA
________________________________________________

Los programas conductuales son el medio de
planificación-acción que media las aplicaciones tecnológicas,
plasmándose como un conjunto especificado de acciones y
recursos, diseñado en una determinada circunstancia para
resolver problemas individuales o colectivos.
Si bien los programas no pretenden ser registros
exhaustivos de todas las evaluaciones y tareas que se pondrán
en práctica durante el tratamiento, es conveniente que tengan
algunos lineamientos fijos. En su sección inicial permiten
acceder a los datos generales de los actores del episodio
psicoterapéutico y del ambiente o ambientes en los cuales se
trabaja. Luego, en otra sección, viene la descripción del
problema, procurando mostrar claramente las condiciones en
las que se produce y la respuesta habitual del cliente. A
continuación, se indican las formas de evaluación utilizadas y
se procede a categorizar el problema en alguna clasificación
existente, a manera de “diagnóstico” funcional, por ejemplo
la de Goldfried (1983/1992; Goldfried y Davison,
1976/1981), relacionada con trastornos de control de
estímulos, déficits, excesos, sistema defectuoso de incentivos
y/o dificultades con el autorrefuerzo.
Es importante señalar los repertorios precurrentes con
que llega el cliente, y su nivel de conducta preintervención.
Después se pormenorizan los detalles de la intervención,
formulando metas, objetivos y análisis de tareas, y, por
último, se mencionan las técnicas a utilizar así como algún
procedimiento para motivar al cliente. Se termina formulando
las observaciones que sean pertinentes de acuerdo a las
particularidades de cada caso (Montgomery, 2005a).
Previamente al inicio del programa se consignan algunas
pautas preliminares que deben llevarse a cabo antes de
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

167
cumplimentarlo. Dichas pautas implican conversar con el
cliente respecto a las reglas a seguir durante el transcurso del
programa: asistencia, puntualidad, tareas para casa,
confidencialidad y participación activa. Con base en los
lineamientos señalados, seguidamente se muestra un ejemplo
de programa conductual para un caso de timidez.




PROGRAMACIÓN DE CONDUCTA

I. DATOS GENERALES

– Nombre: Adelaida B.
– Sexo y edad: Mujer, 19.3 años.
– Grado de estudios: Secundaria completa. Estudiante
universitaria.
– Nivel socioeconómico: D.
– Remitente: Ella misma.
– Área: Emotivo-motivacional.
– Programa: Modificación de conducta social.
– Prestatario: Consultor.
– Lugar: Consultorio.
– Fecha de inicio: 23 / 01 / 2005.



II. DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA Y FORMA
DE EVALUACIÓN

Estados de tensión y ansiedad, y respuestas de escape o
evitación cada vez que se halla en contactos y reuniones
sociales, así como en situaciones de clase y de estudio en
grupo, o cuando tiene que interactuar con personas extrañas
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

168
(que recién conoce o que están ocasionalmente junto a ella,
por ejemplo, en una cola). Su historia no muestra signos de
depresiones anteriores, pero tiene sentimientos de soledad y
baja autoestima. Actualmente presenta bajo rendimiento
académico. No presenta síntomas fisiológicos significativos
frente a las situaciones molestas para ella, fuera de ligera
aceleración cardiaca e hiperventilación.
El problema para interactuar en público comenzó a
preocuparla en su colegio, donde al comienzo fue estudiante
destacada, luego cambió de colegio dos veces durante la
secundaria, debido a que fue objeto de acoso escolar que
perturbó su rendimiento. El último año recuperó su nivel
académico y logró salir con buenas notas, mejorando
ligeramente su grado de interacción social gracias a que por
entonces una prima suya de visita la animó a relacionarse
más con las personas. Se presentó a la universidad y volvió a
su pauta de aislamiento social, lo que la perjudica mucho, ya
que se siente “corta” para exponer, estudiar en grupo, pedir
aclaraciones en clase y solicitar o prestarse materiales. No se
relaciona mucho con los vecinos de su comunidad ni con
familiares que no pertenezcan a su círculo inmediato. No
suele asistir a reuniones sociales, y cuando va procura pasar
desapercibida. Sus pasatiempos principales son la música
romántica, las telenovelas, el internet y la lectura de libros de
la carrera de su especialidad.

Evaluación:

1. Entrevista personal e historia clínica.
2. Encuesta de Timidez de Stanford.
3. Inventario de ansiedad de Beck.
4. Escala de Timidez Revisada de Cheek y Buss.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

169
5. Escala Breve de Miedo a la Evaluación Negativa.
6. Escala de Habilidades Sociales de Gismero.
7. Inventario de Confianza para Hablar en Público.
8. Autorregistro de pensamientos distorsionados.


III. CATEGORIZACIÓN DEL PROBLEMA

Ansiedad social moderada, específica de contactos
interpersonales y reuniones sociales, participaciones en las
clases, el estudio en grupo. Resumen: Déficit de conducta
social y dificultades con el autorrefuerzo.


IV. REPERTORIOS DE ENTRADA
Y PRECURRENTES

Estado físico e intelectual promedio.
Habilidades perceptuales, verbales y motoras promedio.

Línea Base:

1. En la Encuesta de Timidez de Stanford, quedó claro
que las situaciones en las cuales Adelaida se experimenta
ansiedad son aquellas en las cuales es centro de atención ante
un grupo grande o pequeño, y cuando interactúa con una
persona del sexo opuesto (de su misma edad. Sus reacciones
involucran pensamientos centrados en lo desagradable de la
situación. Se autoclasifica como “introvertida extrema”.

2. Índice moderado (38 puntos) en la Escala de Timidez
Revisada de Cheek y Buss.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

170
3. Índice moderadamente alto (29 puntos) en el
Inventario de Ansiedad de Beck. Con especial énfasis en los
ítems 5 (temor a que ocurra lo peor), 7 (latidos del corazón
fuertes y acelerados) y 15 (sensación de ahogo).

4. Índice moderado (34 puntos) en la Escala Breve de
Miedo a la Evaluación Negativa de Leary. Con especial
énfasis en los ítems 1 (Me preocupa lo que las otras personas
puedan pensar de mí, hasta cuando sé que eso no importa) y
12 (Suelo estar preocupada por si digo o hago cosas
equivocadas).

5. Índice moderadamente alto (152 puntos) en el
Cuestionario de Confianza para Hablar en Público, de Paul.

6. Índice moderadamente bajo (78 puntos) en la Escala
de Habilidades Sociales de Gismero. Con especial énfasis en
los factores de “Expresión de enfado o disconformidad”,
“Decir no y cortar interacciones” y “Hacer peticiones e
iniciar interacciones positivas con el sexo opuesto”.

7. Su autorregistro señala una frecuencia de
pensamientos distorsionados de por hora, categorizables en
tres modalidades básicas:

– “Es más fácil evitar que afrontar ciertas
responsabilidades y dificultades en la vida”.

– “Para considerarse a sí mismo valioso, se debe ser
muy competente, suficiente y capaz de lograr
cualquier cosa en todos los aspectos posibles”.

– “Hay que sentir miedo y ansiedad ante cualquier cosa
desconocida, incierta o potencialmente peligrosa”.



William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

171
V. PROCEDIMIENTOS

A. Metas

Meta 1: Control de las emociones negativas.

Objetivos: La paciente será capaz de:

1. Practicar ejercicios de tensión-relajación muscular.
2. Analizar los estímulos evocadores de sus emociones
negativas.
3. Identificar signos o estados fisiológicos y
kinestésicos que acompañan sus emociones negativas.
4. Identificar reductores o pautas de control cognitivo-
fisiológico de la activación (palabras o escenas control).
5. Proporcionarse autoinstrucciones para manejar su
ansiedad.
6. Practicar ejercicios de detención del pensamiento.
7. Autoevaluar su propio desempeño.

Análisis de tareas: Con la asesoría del terapeuta, una libreta,
una pizarra y manuales instruccionales de relajación,
desensibilización sistemática e inoculación del estrés:

– A ojos cerrados y recostada, alternar 5 a 10 segundos
de tensión por 10 segundos de relajación en 4 grupos
musculares, acompañando esos ejercicios con
fórmulas verbales breves y sugestivas, y respiración
diafragmática profunda.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

172
– Elaborar una jerarquía de cuando menos 10
estímulos desencadenantes del estrés y la ansiedad,
practicando imaginalmente su evocación.
– Elaborar una jerarquía de cuando menos 10 estados
fisiológicos y kinestésicos que acompañan sus
emociones negativas, practicando imaginalmente su
evocación.
– Elaborar una jerarquía de cuando menos 10
reductores o pautas de control cognitivo-fisiológico
de la activación, practicando imaginalmente su
evocación.
– Elaborar una lista de autoinstrucciones para
confrontar su ansiedad, antes, durante y después de
cada episodio, practicando imaginalmente su
evocación.
– Evocar pensamientos desagradables y detenerlos con
la ayuda de mandos encubiertos, sustituyéndolos de
inmediato con reductores o pautas de control
cognitivo.
– Llevar una hoja de control, otra de tareas y registros
diarios de su patrón de respuesta.

Meta 2: Mejoramiento del trato social.

Objetivos: La paciente será capaz de:

1. Elaborar una jerarquía de cuando menos 20
situaciones en las cuales requiere el uso de habilidades
sociales y asertividad.
2. Delinear estrategias de acción para afrontar dichas
situaciones.
3. Expresar creencias, ideas, ilusiones opiniones, deseos
y sentimientos de manera fluida y asertiva.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

173
4. Decidir la forma de emplear su tiempo de manera
fluida y asertiva.
5. Decidir lo que ha de hacer con sus propios bienes y
dinero de manera fluida y asertiva.
6. Autoevaluar su propio desempeño.

Análisis de tareas: Con la asesoría del terapeuta, una libreta,
una pizarra, un equipo de grabación audiovisual, un espejo de
cuerpo entero y la colaboración de un hermano de la
paciente:

– Llevar a cabo ensayos conductuales en situaciones
simuladas de:
– Inicio y mantenimiento de conversaciones.
– Habla en público.
– Expresión de amor, agrado y afecto.
– Defensa de los propios derechos.
– Pedir favores o rechazarlos.
– Brindar o aceptar cumplidos.
– Expresar opiniones personales de desacuerdo,
molestia o desagrado.
– Disculparse o admitir ignorancia.
– Pedir cambios en la conducta del otro.
– Afrontar críticas.
– Llevar a cabo ensayos conductuales en situaciones
reales que requieran habilidades similares a las
mencionadas.
– Llevar una hoja de control, otra de tareas y registros
diarios de su patrón de respuesta.

Meta 3: Modificación de la forma de pensar.

Objetivos: La paciente será capaz de:

William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

174
1. Elaborar una jerarquía de cuando menos cinco
pensamientos distorsionados.

2. Identificar y discutir/detener pensamientos
distorsionados.

3. Detener y perfilar alternativas para pensamientos
distorsionados.

4. Autoevaluar su propio desempeño.

Análisis de tareas: Con la asesoría del terapeuta, una libreta,
una pizarra y formatos ad hoc para el caso:

– Llevar un diario de pensamientos automáticos.

– Escribir una lista de pensamientos automáticos y
establecer una jerarquía por orden de importancia
para el problema.

– Practicar detención del pensamiento mediante
autoinstrucción.

– Enlistar pensamientos alternativos y practicar su
autoadministración.

– Reconstruir una situación problemática típica en
todos sus detalles, repasándola en la imaginación
hasta sentir la emoción que provoca el malestar.

– Identificar la emoción y relacionarla con los tipos
pertinentes de pensamientos distorsionados.

– Argumentar 5 razones en pro y en contra de su
veracidad, calificando el peso ponderado de cada
una.

– Llevar una hoja de control, otra de tareas y registros
diarios de su patrón de respuesta.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

175

B. Técnicas.

Relajación para el autocontrol.
Desensibilización sistemática.
Entrenamiento en habilidades sociales.
Reestructuración cognitiva.

C. Procedimientos motivacionales.

Reforzamiento social (terapeuta / familiares).
Entrenamiento en autoadministración de refuerzos
encubiertos.


OBSERVACIONES

La joven tiene una cultura y un coeficiente intelectual
por encima del promedio. Presenta una gran motivación y
está dispuesta a hacer lo necesario para llevar a cabo el
tratamiento. Uno de sus hermanos declara que puede apoyar
su desempeño.
Se llevarán a cabo tres módulos de intervención: uno
de entrenamiento en relajación para el autocontrol, otro de
entrenamiento en habilidades sociales y asertividad, y por
último, también uno de reestructuración racional.
Una vez expuesto el plan de tratamiento, Adelaida se
manifiesta muy entusiasta y motivada. El pronóstico es de
aproximadamente cuatro meses para esperar mejoras
significativas en los repertorios implicados. Por el momento
no se requiere tratamiento interdisciplinario. Conforme se
observen los efectos de lo programado en el estado del
cliente durante los próximos tres meses, se redactará otro
programa o se dará término al presente.
________________________________________________
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

176
Sumario

Es conveniente repetir, para finalizar esta primera
sección, que los programas no son registros exhaustivos de
todas las operaciones a poner en práctica. Son simplemente
guías para el procedimiento fundamental. Durante el
transcurso de la intervención se van ajustando muchas
acciones y tareas de acuerdo a las necesidades.


2. MATICES EN EL ENFOQUE
________________________________________________

El acercamiento de la psicología a los estándares
científico-profesionales que sustentan la práctica de las
disciplinas de la salud, mediante las guías editadas por la
Asociación Psicológica Americana, referentes a los
“tratamientos con apoyo empírico” (Chambless y Ollendick,
2001), obliga a hacer precisiones, y a establecer algunos
matices en la rotundidad de las afirmaciones sobre la bondad
de los procedimientos expuestos en los capítulos pertinentes.
A saber: la relajación, la desensibilización sistemática, la
inoculación del estrés, el entrenamiento en manejo de la
ansiedad, en habilidades sociales y asertividad, la terapia de
solución de conflictos, el entrenamiento autoinstruccional, la
terapia cognitiva y la terapia de aceptación y compromiso.
Todos ellos presentados como intervenciones válidas y
eficaces para el tratamiento de la timidez.
En realidad, hay que decir que la posibilidad de éxito
terapéutico depende de algo más que la aplicación de una
buena tecnología. Existen variables de difícil manejo que
regulan el resultado final de la terapia (si es que lo hay), de
una manera que no necesariamente fue prevista por el
profesional a cargo, y por eso deben ser cuidadas en la
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

177
consulta. Lo cierto es que la investigación acerca de la
eficacia diferencial de las diferentes psicoterapias lleva a
pensar que, al parecer, sólo un 15% de la proporción de
mejoría del paciente puede explicarse por las técnicas
empleadas, mientras que el resto debiera atribuirse a otras
causas.
Las dificultades incidentes en este resultado de la
investigación son varias. Una es la ausencia de un prototipo
de paciente que pueda ser tratado de manera totalmente
previsible, y otra es la discrepancia entre el modelo de
técnica utilizada y las expectativas del paciente (Fernández y
Pérez-Alvarez, 2001). Otra, quizá mucho más importante, es
la naturaleza de la relación psicoterapéutica establecida entre
el prestatario y el usuario del servicio (Corbella y Botella,
2003).
Sobre el primer punto, las etiquetas diagnósticas a
menudo son rebasadas por la multiplicidad de las
características del paciente, por eso el terapeuta debe estar
preparado para utilizar de manera creativa las técnicas o
paquetes técnicos que están a su disposición, cambiando o
combinando las aplicaciones de acuerdo a cada caso
específico. En cuanto a las expectativas del cliente sobre el
tipo de tratamiento, se ha dicho que esto tiene que ver con la
intuitiva “teoría de la personalidad” que tiene cada persona,
la que influye sobre su idea de cómo debería ser intervenida
psicológicamente. Lazarus (1976/1984) sugiere la adecuación
del terapeuta a dicha expectativa en cuanto a estilo,
procedimiento, explicación y acciones (eclecticismo técnico
de la “terapia de amplio espectro”), y, si no se puede hacer
eso, la remisión del paciente a otro profesional que sí se
ajuste al canon buscado. Sin caer en esos extremismos, quizá
es posible para el terapeuta experimentado y con habilidades
sociales variar un tanto la manera de encarar el problema,
flexibilizando su manejo en relación con la cosmovisión del
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

178
cliente pero sin renunciar al tipo de trabajo que es de su
competencia.
Obstáculos como la resistencia, la defensividad, la
desgana, la hostilidad y la dominancia del cliente se
vincularían a la falta de una buena transferencia terapéutica,
y ésta, a su vez, a la deficiente “alianza” existente entre el
usuario y el prestatario del servicio. Lo que se llama alianza
terapéutica es la relación cooperativa que se construye desde
las primeras sesiones (y se va consolidando en las siguientes)
entre el paciente y su tratante, haciendo viables los procesos
de aceptación y de seguimiento del trabajo de modificación
de conducta. Esto implica poder vincularse con calidez
humana, y mantener acuerdo en las tareas y en los objetivos
del tratamiento.
Aun cuando es difícil decir si el papel de la alianza
terapéutica es decisivo en la buena marcha de cualquier
intervención, lo que sí puede afirmarse concluyentemente es
que mucha de la proporción de mejoría del paciente puede
explicarse por ese factor intrínseco (véase Safran y Muran,
2000/2005). Según Corbella y Botella (2003), en la mayoría
de orientaciones estudiadas, las características de una buena
alianza correlacionan con el resultado final de la psicoterapia.
En suma, la complementariedad entre los elementos
humanos del episodio psicoterapéutico se relaciona
significativamente con los resultados del tratamiento, lo que
debe considerar con mucha seriedad el profesional dedicado
a resolver los problemas en consulta. La tecnología
probadamente efectiva es un gran auxiliar y su utilización
sistemática también lleva por buen camino al
establecimiento de la alianza terapéutica
18
, pero no es la

18
A través de una investigación, Raue, Goldfried y Barkham (cit.
por Corbella y Botella, 2003; p. 211) concluyen que el
establecimiento de la alianza terapéutica en sesiones de terapia
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

179
determinante final del trabajo efectivo. Es la combinación de
la variable tecnológica con la buena relación entre cliente y
psicoterapeuta la que parece surtir efecto en la mayoría de los
casos.


RESUMEN
________________________________________________

En este último capítulo se presentan dos secciones: una
respecto a la elaboración de un programa conductual para la
timidez, y otra en relación a ciertas atingencias que hay que
tener en cuenta frente a la atribución de eficacia del
tratamiento (¿qué es lo que lo hace funcionar?).
En cuanto a lo primero, se recalca que los programas
conductuales sirven para planificar las acciones y los
recursos materiales y humanos relativos a las aplicaciones
tecnológicas. A continuación se da un ejemplo de programa,
con las especificaciones necesarias para llevar la intervención
frente a la timidez utilizando la tecnología
19
reseñada en
capítulos anteriores.
Seguidamente, se discute que sean únicamente las
técnicas las que proveen la eficacia del tratamiento,
concluyendo que las características de una buena alianza
psicoterapéutica comparten dicha responsabilidad. Sin
embargo, se puntualiza que el uso de la tecnología

cognitiva-conductual es superior al obtenido en las sesiones
psicodinámicas.
19
La razón de por qué debe denominarse sólo “conductual” y no
“cognitiva-conductual” a esta tecnología (como es de uso común
entre los practicantes) en este libro, debería haber quedado clara
en el Apéndice (“Un esbozo teórico esquemático”) a la
introducción de este libro.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

180
probadamente efectiva también lleva a la relación terapéutica
fluida.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
________________________________________________

Corbella, S. y Botella, L. (2003). La alianza terapéutica: Historia,
investigación y evaluación. Anales de Psicología, 19, 205-
221.
Fernández, J. R. y Pérez-Alvarez, M. (2001). Separando el grano de
la paja en los tratamientos psicológicos. Psicothema, 13(3),
337-344.
Goldfried, M. R. y Davison, G. C. (1976/1981). Técnicas
terapéuticas conductistas. Buenos Aires: Paidós.
Montgomery, W. (2005a). Construyendo programas de conducta.
El quehacer conductista, hoy: ensayos de interpretación
teórica y práctica (pp. 157-166). Lima: Ediciones de la
Revista Peruana de Filosofía Aplicada.
Safran, J. D. y Muran, J. C. (2000/2005). La alianza terapéutica:
Una guía para el tratamiento relacional. Bilbao: Descleé de
Brouwer.












William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

181



_____________________________

EPÍIOGO
_____________________________

En este libro se ha considerado la timidez como un
padecimiento que conlleva malestar e inhibición en presencia
de otras personas, vinculado a sucesos evocadores de
respuestas emocionales negativas, y a la evitación de
situaciones exigentes. Su incidencia probablemente tiene
componentes relacionados con aspectos temperamentales, y
también con formas de crianza sobreprotectora o represiva.
Para el tratamiento de la timidez se han postulado
cuatro formas que pasan por el ejercicio de respuestas de
afrontamiento: el control de las emociones negativas, el
mejoramiento del trato social, el desarrollo de la eficacia
personal y la modificación de la forma de pensar. Todas esas
aristas son importantes para encarar el problema en la
consulta psicoterapéutica.
La transferencia del aprendizaje de esas competencias
a situaciones del mundo exterior se da progresivamente, y se
puede potenciar incentivando la tendencia proactiva del
cliente. Para ser más efectiva, la generalización de los
progresos en la vida real debe darse en contextos diversos, en
situaciones interpersonales distintas y en tiempos diferentes.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

182
Principios y técnicas moleculares como los de la práctica
reforzada, el modelamiento, la detención del pensamiento, el
contracondicionamiento, etcétera, se integran en el ejercicio
supervisado de las destrezas.


LABORES DE PREVENCIÓN
________________________________________________

Aún cuando la timidez en sí misma sea difícilmente
superable en su totalidad, se puede reducir a niveles
manejables. Es parte del trabajo psicológico recomendar
estrategias de prevención familiar y escolar de la timidez.
Zimbrado y Radl (1981/2002) sugieren a los padres y
maestros alentar simultáneamente la responsabilidad o
independencia mediante tareas cotidianas concretas. Por
ejemplo, en el hogar:

a) Permitirle elegir su ropa y vestirse brindándole
varias alternativas y permitiéndole cometer errores.
b) Enseñarle a recoger y guardar sus juguetes en un
lugar especialmente designado para ello.
c) Enseñarle a tender su cama, con el ejemplo.
d) Enseñarle labores de higiene personal (peinarse,
lavarse los dientes, atarse los cordones de los zapatos, etc.), y
dejar que los haga sólo, reforzando los buenos desempeños.
e) Enseñarle labores de aseo ambiental (limpiar el
cuarto del baño, ordenar sus cosas personales, lavar su ropa).
f) Instruirlo en la preparación y el autoservicio del
desayuno o merienda personal.
g) Después de los diez años, salir solos a la calle,
separar turnos con el dentista, hacer mandados complejos,
practicar habilidades de uso de aparatos eléctricos.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

183
h) Incentivar buenos modales (agradecimiento,
disculpa, saludo, pedidos), con el ejemplo.
i) Permitirle gran cantidad de contactos
interpersonales con otros niños, sin importar su condición
socioeconómica. Practicar deportes.

La paciencia, el equilibrio en las relaciones familiares
y el modelamiento (empezar por compartir la actividad y
luego delegarla al niño por completo), son virtudes a mostrar
por los padres en estas tareas.

En la escuela, los maestros deben asumir las siguientes
actitudes:

a) No tratar de destacar excesivamente a un niño (sea
elogiándolo o criticándolo) en relación con sus compañeros.
b) No hacer comparaciones entre los alumnos o con
personas de otro ambiente.
c) Atender al hecho de que todos los estudiantes son
independientes de su físico o popularidad.
d) No descontrolarse actuando con violencia, por más
perturbación emocional que provoque algo.
e) Tener expectativas realistas con respecto a las
capacidades de cada uno.
f) Alentar el ejercicio de la libertad de expresión,
cediendo la palabra equitativamente, permitiendo
interrupciones e incentivando relativamente la inconformidad
con respecto al convencionalismo.

Para todos cuantos tienen contacto directo con el
individuo tímido, Monjas (2001) recomienda entre otras
cosas:
a) Tratar de comprender lo mal que se siente,
poniéndose en su lugar.
b) Mostrar interés por sus dificultades y dialogar con
él.
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

184
c) Evitar comentarios sobre la timidez en su
presencia.
d) Manifestar expectativas positivas sobre la
evolución favorable del problema.
e) Ir paso a paso en cualquier procedimiento que
suponga darle tareas para superar su timidez.
f) No reprocharlo ni criticarlo si las cosas no le salen
bien.
g) Proporcionarle modelos asertivos y desenvueltos.
h) Evitar sobreprotegerlo o prestarle atención cuando
se muestra tímido.
i) Evitar enfrentarle a retos excesivamente difíciles
para él.
j) Reforzar cualquier intento de afrontamiento de
situaciones interpersonales.
k) Provocar o facilitar la relación social satisfactoria
con otros sujetos de su misma edad.
l) Impedir que sus pares (compañeros, hermanos,
primos) se burlen de él o lo insulten por su timidez.
m) Apoyarlo en los fracasos, enseñándole a que
aprenda de ellos.


CONSIDERACIONES FINALES
________________________________________________

El diseño de programas para la capacitación de padres,
docentes y demás personas que tienen una interacción
cotidiana con los sujetos tímidos sería de gran utilidad para
fomentar comportamientos que les permitan desarrollar todas
sus potencialidades como personas. Es notorio que, en la
sociedad latinoamericana actual, las burlas, el machismo, la
brusquedad, la fanfarronería y la grosería en el trato personal
William Montgomery Urday – La Timidez y su Tratamiento

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son muy frecuentes, cortando muchas veces de raíz talentos
en ciernes.
Aquí se ha centrado la atención en niños y
adolescentes. A todos se les puede recomendar aquel consejo
que da Carnegie (1940/1996): “Por qué no estudiar la técnica
del más grande conquistador de amigos que ha conocido el
mundo? ¿Quién es? Tal vez lo encuentre usted mañana por la
calle. Cuando esté a cinco metros de él le verá agitar la cola.
Si se detiene usted a acariciarlo, saltará como enloquecido
para mostrarle lo mucho que le quiere. Y usted sabe muy
bien que detrás de esa muestra de afecto no hay motivos
ulteriores...” (p. 26).
Esa es la regla fundamental de seis maneras de agradar
a la gente: 1) interesarse auténticamente en los demás, 2)
sonreír, 3) llamar a las personas por su nombre, 4) ser un
buen oyente, 5) hablar siempre de lo que le interesa al
prójimo, y 6) hacer sinceramente que la otra persona se sienta
importante.
El individuo tímido suele ser caracterizado como una
persona “fría” y “poco demostrativa”. Las maneras de
interesarse en los demás, convenientemente
operacionalizadas, puedes practicarse como habilidades a
través de las técnicas señaladas en esta obra. Son
perfectamente aprensibles sin importar la edad del individuo,
y la motivación para emprender su ejercicio está en manos
del psicólogo.







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