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Horacio Foladori - La Intervencion Institucional

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Horacio C.

Foladori

La Intervención Institucional
Hacia una clínica de las instituciones
http://psikolibro.blogspot.com

(DITORIALARdS

Horacio Carlos Foladori cursó la carrera de Psicología en Uruguay, recibiéndose en 1971. Posteriormente, realizó estudios de Maestría y Doctorado en México y en EE.UU., respectivamente. Si bien se orientó hacia la psicología clínica y al psicoanálisis, desde muy temprano se interesó por los grupos y por sus amplios espacios de aplicación tanto en ámbitos clínicos como sociales. Pero los grupos siempre tienen una inserción institucional, por lo que su investigación acerca de los grupos no podía dejar de lado la problemática del poder que la intervención sobre los mismos supone. En 1976 se traslada a México asumiendo la Dirección del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, donde se implementa, desde 1980, un novedoso programa grupal de orientación y que produce material para publicar varios libros sobre el tema. Más tarde funda la primera Maestría en Psicología Clínica Infantil del país, al tiempo que edita la revista Ilusión Grupal. A partir de 1993 se radica en Santiago donde además de psicoanálisis enseña psicología de los grupos (grupos operativos) y análisis institucional. En Chile ha publicado Análisis vocacional grupal (1997), El grupo operativo de-formación (2001), Grupalidad. Teoría e intervención (2005), Intervención grupal en el ámbito comunitario (compilador) (2006), además de artículos e investigaciones en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Actualmente es académico de la Universidad de Chile (en pre y postgrado); de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (Departamento de Filosofía); de la Universidad Adolfo Ibáfiez (Magíster en Psicología Clínica); de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis (Ichpa) y de la Universidad ARCIS (Magíster en Grupos e Instituciones). Es fundador (1993) y Director de la Escuela de Psicología Grupal y Análisis Institucional Enrique Pichón-Riviére. Profesionalmente trabaja como psicoanalista y realiza intervenciones familiares, grupales e institucionales.

Horacio C. Foladori

La Intervención Institucional
Hacia una clínica de las instituciones

(DIlORIAL-ARdS

©Universidad ARCIS Editorial AliClS Libertad 53 Teléfono: (56-2) 386 6 4 U F.-mail; publicacionesC'^^iatcis.cl - www.iiarcis.cl La Intervención Institucional. Líacia una clínica de las Instituciones l^ edición: Septiembre de 2008 C^loordinador de publicaciones: Víctor Fíugo Robles L^íseño y díagramación: Paloma Castillo Registro de propiedad Intelectual N° 163-440 LSBN: 978-956-310-844-6 Impreso en Alfabeta Artes Gráficas

ÍNDICE

Prólogo Gregorio Baremblitt Prólogo Osvaldo Saidón Presentación. Recortes de implicación Metodología Teoría de la fisura I Parte Casos de intervenciones institucionales El grupo-análisis: Técnica de diagnóstico de clima organizacional. Análisis de un caso de alcoholismo Del deseo a la autogestión, intervención en la universidad Intervención en un Ministerio Intervención en un hospital geriátrico La intervención: del sufrimiento a la recuperación del pensar

II Parte Las instituciones y el pensamiento La institución de las organizaciones no gubernamentales y su "crisis" Violencia: La institución del maltrato La institucionalización del pensamiento Represión psícjuica, represión-política La salud de la institución: a modo de conclusiones transitorias Bibliografía Anexos El nuevo programa de Orientación Vocacional como analizador institucional Bion y Rickman. La intervención institucional en el Hospital Militar de Northfield

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PRÓLOGO

Gregorio Baremblitt

El autor de este libro, profesor Horacio Foladori, además de un "antiguo" compañero de estudios y trabajos, ha sido siempre un amigo con el que compartí, digamos, tanto la "producción de alegría" como la de "sufrimiento" (véase el capítulo correspondiente a este escrito) durante épocas tenebrosas de las dictaduras del Río de la Plata. Las vicisitudes del exilio y de nuestras actividades nos llevaron por rumbos geográficos diferentes, y durante demasiados años nos privaron de mutuas noticias. El honor y el placer que el profesor Foladori me da de prologar este importante libro suyo, es un testimonio de que todo ese tiempo de convivencia que se nos escapó, en parte por "Las venas abiertas de América Latina", no fue perdido en términos de vida, trabajo y militancia. Según creo este texto es una contribución de gran valor para la bibliografía del movimiento instituyente en Latinoamérica. Recuerdo que a nuestro amigo Rene Lourau no le gustaba el término "riqueza", ni siquiera empleado en forma metafórica. Obviamente, le desagradaba su inevitable matiz acumulativo pecuniario. No obstante, no se me ocurre otra palabra para celebrar la forma y el contenido de este volumen de Foladori cuyos numerosos méritos no me siento capaz de describir fehacientemente en pocas líneas. Apenas intentando, diré que se trata de un texto que cubre candentes problemas de los llamados "grupalismo" e "institucionalismo", de sus condiciones de producción

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y de ejercicio teórico y técnico, de su campo de análisis y de intervención entendidos desde diferentes y eminentes corrientes de su gesta. Me parece aceptable opinar que el autor ha practicado, en esa revisión y sus aplicaciones, una actitud tjue alguna vez denominamos "eclecticismo superior" (por analogía con la calificación que C Deleuze hace de la filosofía de Hume "un empirismo superior"). Se trata de que Foladori en su larga y activa formación, ha tomado lo mejor de autores célebres para construir su modo original de pensar, de actuar, sin ninguna sumisión doctrinaria ni sistemática. Una de la impresiones que nos ha sorprendido muy agradablemente, es la de que, a pesar de compartir una gran parte de esas preferencias bibliográficas, Foladori ha "extraído" valiosos aportes de otros que nosotros no hemos transitado demasiado y que nos han revelado consecuencias que no sospechábamos. Otro gran mérito que me permito destacar, es el estilo de escritura de estas páginas, riguroso, pero extremadamente claro y preciso, valores estos que parecen haber sido abandonados por los intelectuales contemporáneos. Por otra parte, el libro presenta una serie de crónicas clínicas de intervenciones institucionales que son muy escasas en la literatura de este dominio y que los estudiosos reclaman insistentemente. Entre los diversos capítulos neta y clásicamente grupalistas e institucionalistas, "aparece" uno inesperado que se pregunta nada más y nada menos acerca de "qué es pensar", y lo hace no desde un punto de vista especulativo, sino desde una óptica estrictamente relacionada con la primacía de la praxis de los agentes, grupos, organizaciones y movimientos que aspiran al autoanálisis y a la autogestión como medio y como fin.

Para no demorar la entrada de los interesados en este valioso libro, agregaré apenas que el mismo muestra también una severa aunque serena vocación autoanalítica, lo cual nosotros vemos como una realización del lema esquizoanalítico de experimentar "con la infinita audacia e infinita prudencia". Mi sincera bienvenida al libro del profesor Foladori al panorama cultural de nuestros pueblos. Bello Horizonte, diciembre 2007 http://psikolibro.blogspot.com

PRÓLOGO

Osvaldo Saidón

T e n e m o s u n nuevo libro sobre el análisis institucional en Latinoamérica. D e m o r é unas semanas en comenzar su lectura, en los días que lo recibí me encontraba trabajando en unos textos sobre la potencia de lo grupal. Ya en las primeras líneas Foladori nos advierte que la diferencia entre dispositivos grupales y dispositivos institucionales es inexistente. Entonces ya m e t o m ó el entusias-

m o que provoca la lectura de u n amigo, que cordillera de por medio va a hablarnos también, a su manera, de la riqueza del dispositivo grupal en el trabajo con instituciones... Al culminar su lectura percibí que hay una pregunta que recorre todo el libro, y que es tma pregunta necesaria para tocios los que se interesan en el trabajo con grupos e instituciones. La podríamos resumir así. ¿Cómo se hace'i Foladori tiene coraje de militante, la claridad del maestro y la clínica sutil del psicoanalista y... responde con toda franqueza, diciendo: como él hace. Actitud poco c o m ú n en nuestro medio. A partir de allí, nos introduce en cómo piensa, cómo interviene, c ó m o analiza, y sobre todo c ó m o crea. El quehacer c o m o plano de consistencia que recorre el libro se inscribe en la mejor tradición institucionalista. Es la que nos señala Franco Basaglia c u a n d o nos convoca a un o p t i m i s m o de la acción. Al enseñarnos c ó m o hace sus intervenciones, nos muestra cómo se las ha arreglado en estos años en un lar-

go recorrido por Latinoamérica a sostener la fuerza instituyente de su trayectoria en los más diversos ámbitos. Es esta trayectoria profundamente latinoamericana la que hace a este libro necesario. Necesario en primer lugar para el autor que se lo ve y se lo escucha a través de su escritura, precisando exponer lo que ha hecho y pensado, interviniendo en las más diversas instituciones. En el libro, asimismo, realiza una puesta a punto de su marco conceptual, a partir de las situaciones políticas que ha tenido que enfrentar. Necesario para nosotros sus compañeros y colegas, que acompañamos vicisitudes similares en otros países y que necesitamos el testimonio de las intervenciones que ha realizado en países como Uruguay, ("hile, México, y de pensamiento que ha surgido de estos trabajos. Pero este libro es necesario sobre todo para consolidar, para dar consistencia a un plano latinoamericano del trabajo con grupos e instituciones. Podemos discutir acerca de la originaliciad y la importancia del pensamiento latinoamericano en el psicoanálisis, la psicología y/o la sociología. De lo que sin duda podemos coincidir, y este es uno de esos textos para confirmarlo, es de la creatividad y la consistencia de la escuela de grupos latinoamericana. Cada vez más las academias, las universidades, la salud y la educación publicas e incluso las diversas asociaciones en América Latina se confrontan con esta evidencia. En ese sentido este texto recoge y recrea aportes de latinoamericanos como Suárez, Pichón-Riviére, Bleger, Bauleo, Baremblitt, y los cruza con los de Lourau, Mendel, Guattari, para sorprendernos en el último capítulo con un análisis lleno de observaciones interesantísimas sobre el propio Bion. Es que el pensamiento en grupos e instituciones latinoamericano no es un regionalismo, sino que obtiene su

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potencia justamente de una divetsidad que solo ha sido teorizada y sobre todo actualizada en infinitas intervenciones en nuestros países. Esta diversidad, este m o d o de habitar lo múltiple es lo que posibilita el dispositivo grupa! que tan bien lo vemos desplegar a través del texto y qtie le permite a Foladori inventar y redescubrir nuevos conceptos. El libro esta aquí para que Uds. lectores vayan recorriendo estos conceptos, así que no deberé extenderme sobre los mismos. Me referiré a algimos t|ue me han afectado particularmente, por tomar el desah'o c]ue el propio autor p r o p o ne c u a n d o nos dice que solo se puede pensar con otro, en grupo, en diálogo y haciendo máquina. Señalaré algunos t]ue me afectaron particularmente d u r a n t e la lectura. En el libro le dedica un capítulo a explicarnos su idea de fisura institucional. La fisura es im concepto clave que no solo desarrollara teóricamente, sino que también una y otra vez lo veremos utilizarlo para entender, intervenir y avanzar o retroceder en diferentes intervenciones. El concepto me parece especialmente litil para resp o n d e r a u n a encomiencia siempre presente e n t r e los analistas institucionales consistente en acortar la distancia entre el c a m p o de análisis y el campo de intervención. Pasan por las páginas del texto diferentes instituciones: de salud, de aprendizaje, de gestión de Estado, de servicios y producción. Las fisuras nos las muestra a través de los relatos del cotidiano institucional. Desfilan a través de las intervenciones diferentes universos, diferentes m o d o s de habitar el m u n d o . Es especialmente conmovedor el de los repartidores de gaseosas, c u a n d o nos dicen que "las heridas no

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se curan", frase que no puede dejar de remitirnos a una multiplicidad de sentidos en el C^hile post-Pinochet. Así revistan diversos personajes, historias de vida que nos arrastran a otros mundos de los tjue habitualmente convivimos. Tal vez allí esté el gusto, la verdadera pasión que nos sostiene implicándonos en el análisis y la intervención institucional. Salir de lo mismo, experimentar otros múñelos, habitar el desierto. Los analistas institucionales cjue nos reconocemos en estas páginas somos exilados, desterrados, nómades, contraculturales, un poco antiedípicos y sobre todo desinstifucionalizados por deseo más que por necesidad. Por eso cuando Foladori se reitere a otro concepto que me afectó patticularmente: el osttacismo institucional, creo que toca un tema en el C]ue estamos especialmente implicados. Casi no hay intervención entre las que se relatan en el libro en la que no aparezca el temor a la pérdida de! trabajo. Casi diría yo que no hay verdadera intervención, especialmente en Latinoamérica que no pase por enfrentar esta amenaza. Y nosotros los grupalistas, los institucionalistas, transcurrimos gran parte del análisis de nuestra implicación, transformando este temor en una herramienta para la acción y la invención. El ostracismo institucional, que tanto padecimiento causa a funcionarios, pacientes, alumnos y maestros, debe ser especialmente soportado por nuestra tribu. Sabemos que el temor y el miedo son derivados del terror cjue se inocularon en los cuerpos durante nuestra historia reciente. En los análisis institucionales que enfrenta se lo ve al autor interesado en enseñarnos cuáles son los métodos que utiliza y que sustenta cada elección. Estoy convencido

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que c u a n d o planteamos los más diversos encuadres, lo i m p o r t a n t e no es el formato, sino el sostenimiento de una actitud, que muchas veces se extiende más alia de la p r o pia intervención. A diferencia de ciertos analistas que nos c o m p r o m e ten con fórmulas preestablecidas, Foladori n o solo explora las características de la demanda, sino que las sitúa en el contexto sociopolítico de su época, las historiza. Es fiel a la regla del "decirlo todo" pero entiende que decirlo todo no es simplemente una cuestión psicológica, sino u n desafío político en nuestras democracias nacientes. Lo peligroso que puede resultar la liberación de la palabra tiene un contexto particular en los países d o n d e le ha tocado intervenir. Las marcas de la dictadura en Chile, el temor a la pérdida del trabajo, también favorecen de un m o d o muy particular y bien estudiado por el autor ima predominancia de lo psicológico familiar que está al servicio de ocultar lo político. Su clínica es la estrategia con la que trabaja para producir un desocultamiento, una contraefectuacion a la queja y la apatía institucional... El sufrimiento habla a través de ciertos estallidos en la institución. Foladori se inscribe en la tradición del análisis generalizado y de la autogestión, y por lo tanto se mete en la t o r m e n t a que produce el estallido. Nos muestra por ejemplo: cómo el conflicto con la autoridad despótica estalla a través de problemas a nivel interpersonal del propio g r u p o . O t r a vez de lo que se trata es de devolver el poder a los propios actores institucionales evitando la regresión hacia lo psicológico y asumiendo los riesgos políticos. La intervención consiste entonces en p o n e r en evidencia lo instituido y lo instituyente en sus relaciones complejas.

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A través de un trabajo con diversos grupos en una dependencia del Estado arma dispositivos, intenta liberar la palabra, aparecen avances y retrocesos. Son intervenciones sucias, con momentos fríos y momentos calientes, donde la sistematización aparece a posteriori, con encuadres reinventados permanentemente, en función de posibilitar el surgimiento de los analizadores... En la segunda parte del libro comienza a trabajar con el pensamiento como institución. No deja pa.sar mucho tiempo que ya está nuevamente en el campo de la intervención concreta. Analizando y cuestionando los nuevos emergentes sociales, la predominancia de las ONCi en los contextos políticos latinoamericanos de hoy. Nos advierte sobre el modo en que las ONCi con su institucionalización han ¡do perdiendo su origen autogestivo y constructor de un incipiente poder paralelo quedando como una versión actualizada de la institución de la beneficencia. Así en realidad alarga el concepto de institución, planteando un artálisis cíe las cuestiones sociales de la época. Aquí al traer la política concreta formula una serie de hipótesis, para ir construyendo un pensamiento que escape a las normas instituidas que justamente son las que le retiran stt potencia al pensar... A medida que elabora su idea de lo que considera un inconsciente político, está el propio haciendo política en una inmanencia en la cual al tiempo que cuestiona el poder ya está proponiendo los instrumentos para resistirlo. Aquí los dejo lectores con un texto que nos va a permitir valorar, mejorar, y alegrarnos de nuestra implicación en la corriente institucionalista latinoamericana. Buenos Aires, enero de 2008

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PRESENTACIÓN RECORTES DE IMPLICACIÓN

El texto que se presenta corresponde a u n amplio desarrollo de reíiexiones y de diversas intervenciones institucionales y grupales realizadas durante los últimos 15 años. Ello no obsta para tjue ios orígenes de la "pasión" se encuentre m u c h o antes, en ios m o m e n t o s iniciales de mi vida profesional cuando estaba lejos de poder asiunir cabalmente (esto no supone que lo haya hecho ahora) las implicancias institucionales del trabajo técnico. Los primeros pasos, así como los siguientes, se vieron sistemáticamente cuestionados por los diversos efectos institucionales de la labor profesional, lo que acentuó la conciencia de la necesidad de profundizar el estudio, e n t r e n a r m e y abrir nuevos capítulos de interrogación en lo que consideré, desde un inicio, como un ejercicio profesional socialmen te c o m p r o m e t i d o . En tal sentido, los institucionalistas hablan de implicación para poder dar cuenta de los diversos niveles de articulación y determinación que las instituciones tienen sobre las personas, instituciones que limitan de diversos m o d o s la observación y lectura tjue se realiza de lo c]ue se recorta como discurso. Esta noción se opone radicalmente a pensar el lugar del técnico c o m o ostentador de una cierta neutralidad, observar desde afuera, sin comprometerse y realizar intervenciones desde una asepsia más deseada que posible. Si el lenguaje es una institución y se lo hereda* - r e c o r d e m o s tjue se habla del "lenguaje materno"—
* La noción de herencia con la cjue trabajo, justo es decirlo, no tiene nada que ver con la biología en sus desarrollos genetistas. Se trata de podet pensar la manera que adopta la transmisión de la vida psíquica a través de las generaciones, los mecanismos que utiliza la cultura para

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aparece desde allí un "rayado de cancha" que determina lo que oímos, lo que vemos y cómo o en relación a qué reaccionamos. ¡Qué decir de todos los otros fenómenos de la cultura! Recordemos c]ue Le Barre (1977) "acusa" a Dcvereaux de haber demostrado que toda investigación social es autobiográfica, casualmente portjue lo t]ue muestra la pesquisa social son las diversas instituciones que atraviesan al científico social. El que seamos conscientes de algunas de las instituciones que nos han formado y que constittiyen nuestra identidad y a las que pertenecemos (familia, religión, organizaciones sociales diversas, clase social, etc.) no implica que también pertenezcamos a otras (prejuicios, ideología sexual, xenofobia, etc.) sobre las que quisiéramos mejor no enterarnos. Así, el efecto de las instituciones sobre nuestras acciones y sentires no puede ser neutralizado a voluntad. En general, estos atravesamientos operan directamente más allá de nuestros deseos, lo admitamos o no, comprometiendo tanto el análisis de la situación como a la intervención institucional misma c]uc se realiza. Ya que la red de determinaciones institucionales es miíltiple, se hace imposible, a pesar de ser deseable, poder construir un mapa completo. A pesar de estas limitaciones, creo firmemente que ciertas determinaciones institucionales son imprescindíbles para que la investigación pueda ser comprendida en su unidad; una nueva pretensión. Pero además, hace a la
"eternizarse" y las formas en que el "aprendizaje social" de una generación se constituye en patrimonio de la siguiente. También, tiene que ver con aquel trabajo de simbolización no realizado por una generación y que "pesará" en la siguientes de múltiples formas en su producción cotidiana (Tisseron 1997, Kaes y otros 1996). Freud nove otra forma para fundar el aparato psíquico que instalando de manera decidida la herencia psíquica a través del núcleo constitutivo de lo inconsciente: la represión primaria (las fantasías originarias).

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naturaleza del compromiso que cada quien adquiere con lo que hace, c o m p r o m i s o con el reconocimiento de los límites hasta d o n d e sea posible y hasta d o n d e pueda ver, en un m o m e n t o particular. Ya que la vida entera del investigador está expuesta en cada intervención-investigación, justo es reconocer algunos hitos de la historia, sabiendo además que otros podrán leer intenciones no confesadas y que además el inconsciente siempre está dispuesto a jugarnos una mala pasada. Lo institucional entonces ha intervenido decididamente en este compromiso y ha flechado la pasión en un sentido. Sería c o m o aventurarse a darle cierta secuencia al texto que se presenta, unidad que —vale la pena decirlo desde un inicio— no se construye como un proyecto de investigación de manera lineal con objetivos y metas, sino c o m o algo que deviene en im camino único que se transita, sin saber muchas veces hacia d ó n d e va, por el cariz de btisqueda que adopta. Por ello es que la imidad no proviene del proyecto m i s m o sino de ese devenir, lo cual abre desde ya miiltiples preguntas acerca de su sentido como p r o d u c t o r de conocimiento, de sus relaciones con lo que está instituido c o m o "conocimiento científico" y con las consabidas preguntas por la validez de lo producido y de la "verdad" que se persigue. Por otro lado, no es posible reflexionar sobre este devenir, sino es t o m a n d o en consideración ciertos acontecimientos de la historia más o menos reciente. D i cho de otro m o d o , las preguntas en ciencia no surgen de cualquier manera y de la nada, sino que son preguntas coyunturales, es decir, que tienen que ver con circunstancias sociales que las producen, con efectos maquínicos, con instancias de poder que operan en u n m o m e n t o particular regulando los flujos y d e t e r m i n a n d o - h a s t a d o n d e cada quien puede darse o no cuenta— de la producción desean-

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te en la que participa. Así, tampoco hay que buscar un marco teórico estructurado (o rígido), lo cual no significa pensar u operar desde la ilusión de la neutralidad. Si bien el psicoanálisis fijrmó parte importante desde un inicio de mi preocupación-formación, el estudio del mismo lo realicé a través de una crítica sistemática y permanente de su institucionalización: como no se podía estar "al día" con lo que ofrecía la luiiversidad (limitada en la formación analítica que podía brindar), había que recurrir a otros espacios de aprendizaje tildados de "salvajes". La institución psicoanalítica oficial era reacia a validar espacios de formación no "oficiales" (ya que se autoatribuía el monopolio de la formación de analistas). En realidad, en mi caso, la formación comenzó desde lo grupal que de inmediato abrió a lo institucional. Allí estuvieron muy presentes Armando Bauleo y Gregorio Baremblitt como dos figuras que marcaron tanto las preguntas acerca del acontecer de los grupos como sobre el poder que se produce en los grupos y hacia el exterior de los grupos. Podría decir que la articulación compleja entre el grupo y la institución se constituyó desde un inicio en la pregunta latente. Esta es un conclusión actual que puede ser reconstruida en perspectiva, desde el a posteriori, ya que en ese momento no solamente no tenía clara conciencia de sus repercusiones sino que, además, estaba absorbido por el cúmulo de impresiones y vivencias que el espacio grupal y la producción de sus normativas generaba en los participantes. Los autores y especialistas mencionados fueron a su vez protagonistas del Grupo Plataforma, movimiento internacional, que a principios de los 70 ocasionó no pocos problemas a la Asociación Psicoanalítica Internacional en la medida en que en diversos foros se cuestionó el "curriculum oculto" de la formación de analistas, a saber: producir sometimiento,

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reprimir la creatividad, ideologizar (vía la ilusión de neutralidad) los análisis, compromiso con el sistema, control social, "fiscalización" de los candidatos, etc. Ello significó la renuncia de varios contingentes importantes de analistas de la institución oficial, tanto en la Argentina como en Europa. Desde allí las preguntas por la fiarmación y por sus atravesamientos institucionales. Si se asumían las críticas al oficialismo no correspondía ingresar a una institución analítica oficial para ÍDrmarse, había c]ue hacerlo de manera autogestiva y eso fue lo que comenzamos a hacer en Montevideo con un grupo de colegas, a pesar de que esta alternativa significaba una descalificación por parte de la institución oficial. Paralelamente, Robert ("astel comenzaba a ser leído a través de algunas traducciones informales: no estaba cuestionada solo la institución psicoanalítica, sino el psicoanálisis mismo como institución. Deleuze y Guattari realizan una de las críticas más duras con el Antiedipo. Estos desarrollos son producto del mayo francés del 68 que ha generado un férreo cuestionamiento al autoritarismo en todos los sectores. Pero América Latina tenía su propia lógica; amplios sectores de la población impactaban el espacio político al demandar por la situación social de empobrecimiento a que se veían sometidos. Se revitalizan los movimientos organizados en el Cono Sur (montoneros, tupamaros, miristas, etc.). Estos movimientos tienen cierto éxito, por ejemplo con el ascenso al gobierno de Allende en el 70. Ya para el 73 los militares, haciéndose cargo de resguardar cierta "institucionalidad" han dado golpes de estado en Chile, Argentina y Uruguay y han instalado la represión social y política de los disidentes, con el patrocinio e intervención directa de los Estados Unidos. La vida misma está en riesgo; como tituló alguna vez el director del prestigioso semanario uruguayo

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Marcha, Carlos Quijano: "Encierro, entierro, destierro, los destinos del pueblo". Emigré a México. No pocos destacados analistas habían icio a parar a México, grupalistas e institucionaiistas t]ue se sumaton a otros que ya estaban trabajando estos problemas de lo grupal y lo institucional o de lo psíquico y lo social como también se decía. Cabe mencionar a Santiago Ramírez (quien se había apartado hacía poco de la Asociación Psicoanalítica Mexicana), Marie Langer (de Plataforma argentina), Armando Suárcz (que provenía del grupo disidente de Caruso en Austria), Miguel Matrajt (también de Plataforma), el grupo de analistas grupalcs de la Asociación Mexicana ác psicoterapia analítica de grupo (y su renuncia a adoptar el término psicoanálisis a partir de presiones de la Asociación Psicoanalítica Mexicana), el grupo de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (cuya licenciatura en psicología social utilizaba los grupos operativos), grupos emergentes en Querétaro y en JVÍonterrey. En el 75, Armando Suárez había logrado reunir en un debate a Franco Basaglia, Marie Eanger, Igor Caruso, Thomas Szasz, Elíseo Verón y Cíuillermo Barrientos, las intervenciones fueron luego publicado con el título de Razón, locura y sociedad. A México llegaban los fundadores del pensamiento institucionalista. Alrededor de los 80 Robert Castel estuvo en Cuernavaca para un encuentro de alternativas a la psiquiatría, también participó David Cooper. Rene Lourau aceptó mi invitación para venir a Cuernavaca y debatir sobre cuestiones institucionales; había sido contratado para intervenir en AMPAG. También Claire Ruetf (integrante del grupo Desgenettes animado por Gerard Mendel) dictó un seminario en la U. Iberoamericana. Félix Guattari estuvo en un Foro en Monterrey. Varios colegas regresaban de París habiendo completado 22

estudios con Lourau, Lapassade, Foucault, etc. La U A M X fimda una maestría en grupos e instituciones. El análisis institucional estaba en todo su apogeo. Los congresos adoptaban estos temas, publicaciones, revistas (La nave de los locos, T r a m a s , Ilusión grupal, etc.). Los trabajos del II Simposio internacional de psicoanálisis, grupos e instituciones, que se realizan en Río de Janeiro, son publicados por su presidente Ci. Baremblitt en México bajo el título El inconsciente institucional. Se vive un cierto boom de las intervenciones institucionales las que se realizan en empresas, en organizaciones diversas y en sistemas de salud y educacionales. M e decido a ima nueva emigración: Chile con la vuelta a elecciones en medio de una Constitución p i n o chetista vigente. Las experiencias grupales existentes dejan fuera las diversas corrientes psicoanalíticas de trabajo grupal (grupos operativos, analíticos, p s i c o d r a m á t i c o s , etc.). Recordemos que lo primero que se prohibe por una dictadura son las retmiones. T a m p o c o es fácil hablar de análisis institucional: El tema de la institución es escuchado en términos de un cuestionamiento al " o r d e n a m i e n t o institucional", patrimonio de los militares, en t a n t o así justificaron la razón de su intervención. Por otro lado, hay grupos que a pesar de la represión han estado trabajando m u c h o en estos temas, pensando la actual coyuntura y las pasadas y d e n u n c i a n d o , d e n t r o y fuera de Chile, el avasallamiento a los derechos h u m a n o s y las condiciones de vida d u r a n t e la dictadura. M i experiencia m e dice, en ese m o m e n t o , que hablar de instituciones en espacios académicos produce temor y reserva. El miedo está presente en todos los rincones. Pero u n a m a n e r a de enfrentarlo es analizarlo, estudiarlo y abordarlo con todos los mecanismos que se tengan a m a n o . Múltiples grupos lo h a n hecho y han

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podido publicar trabajos qne son leídos sobre todo fuera de Chile, y muchas de estas organizaciones son solicitadas por su experiencia para intervenir en situaciones similares en otros países. Preguntas sobre el Estado, sobre los grados de institucionalización, el panóptico es uno de los remas de los artistas, porque así se construye la ciudad, todo se controla en todo momento. Instituciones piiblicas así como O N G dan cuenta de estos atravesamientos. Pero sobre todo las preguntas interrogan la realidad cotidiana en un sistema de opresión sin par. Qué ocurre con el pensamiento, con lo no dicho, con hi represión psítjuica y política. Qué ociure con el retorno de lo reprimido social. Las preguntas que me insisten giran alrededor del tema de la conciencia social y política, de la capacidad organizativa de las masas (de los grupos sociales), del problema planteado por Marx, por Pe Bon, y en el que se inscriben también Freuti, Pdton Mayo, Lewin y todos los grupalistas e institucionalistas, acerca de si los grupos htmianos son capaces de pensar, del problema de la autogestión y del sometimiento a la autoridad, al líder. También creo que hay problemas que abren la concepción del imaginario social y de la memoria colectiva, al igual que el tema de la represión social. Las interrogantes anteriores se complementan con el asunto del retorno de lo reprimido social y de sus diversos mecanismos de desplazamiento. Podría decirse que las cuestiones, anteriormente enimciadas, se condensan en la pregunta por una metapsicologfa del psiquismo social, si se puede plantear de ese modo. No hay que olvidar que, a lo ya enunciado, como campo de problemáticas interconectas, se debe sumar eí problema del Estado, de su origen, de su naturalización y de su necesidad de legitimación permanente, así como 24

el asunto político que plantean las sociedades primitivas, cuando se organizan contra el Estado (Clastres 1974). Por otro lado, figuran también los enfoques fcnomenológicos que se preguntan acerca del valor psicosocial de las instituciones, de la necesidad de sostenerlas en tanto constituyen soportes psíquicos imprescindibles para la vicia social, para controlar la locura (E. Jacques 1951, Menzies 1969) y para constituir identidades a través de su afiliación. Preguntas todas que se concentran en esa línea fronteriza donde lo técnico no se desmarca de lo político (toda la práctica de los científicos sociales se dibuja en ese borde) para angustia de muchos. Pretil en el que la propia teoría aparece interrogada (al estar instituida) en su compromiso social y en sus efectos, requiriéndose de nuevos análisis para mostrar su implicación. ¡Qué decir, entonces, de las intervenciones...! Sobre estas preguntas desordenadas, caóticas casi como paradigma es c]ue se desarrolla este texto. Aclaro que no se trata de contestarlas...

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METODOLOGÍA

Las intervenciones que se relatan presentan una metodología que varía en función tanto de las posibilidades de cambio institucional como de la demanda planteada. C]omo se ha dicho, el dispositivo es siempre griipal. Ahora bien, en algimos casos la grupalidad es abordada con fines de esclarecimiento de las relaciones interpersonales y de los conflictos que los diversos siibgrupos mantienen al interior de la institución, desde una perspectiva fundamentalmente afectiva. Ello no implica que además, con las técnicas utilizadas, no se trate de buscar esclarecer las dificidtades que el grupo tiene para dedicarse decididamente a lo que le compete, sorteando los obstáculos que toda tarea supone. Se trata de btiscar los impedimentos para la creatividad, siempre con la mira de que el grupo tendería a la autogestión de su trabajo. Por supuesto, pensar en la autogestión como objetivo último supone articular adecuadamente tanto los tiempos de la intervención que están dedicados al esclarecimiento como los límites que la institución impone a la autogestión de los grupos que la componen. Creo que siempre es posible trabajar en ese sentido aunque más no sea para que el proceso grupal advenga en un esclarecimiento de la conciencia en el sentido de desmarcarse de los paternalismos y dependencias y asumirse, de acuerdo a sus posibilidades, como actores responsables de su propio devenir y destino. Este camino reproduce lo que Goldman(1980) en su momento llamó la conciencia real y la conciencia posible, y el "tránsito" de la primera a la segunda. Las técnicas utilizadas en estos casos en que se privilegian los aspectos intragrupales y afectivos tiene que 27

ver con el grupo Balint (1961) (Lucilina 1982), el grupo operativo según lo creara Pichón-Riviére (1971) y sus discípulos (Bleger 1977, Bauleo 1977, Ulloa 1967, 1977), y grupos de discusión en su modelo más clásico lewiniano (Bradford 1962). Pero hay otras aproximaciones en las cuales ha sido posible planificar y desarrollar estrategias que se sitúan decididamente en la órbita socioanalítica, esto es, el análisis institucional en el momento de la intervención. En estos casos, los instrumentos utilizados han sido aquellos privilegiados por Lourau (1970, 197,3), como es la asamblea general, o por Mendel (1974, 1993), quien propone un modelo de grupos totalmente autogestivos desde un inicio, sin coordiitación alguna. Estos instrumentos han sido luilizados en forma pura o combinados irnos con otros según el caso, a pesar de que ello podría ocasionar tanto el espanto de Lourau como la anatema de Mendcl, por las diversas consideraciones y críticas que cada uno realiza sobre el otro. Mi experiencia me dice que la riqueza de cada récnica puede ser perfectamente obtenida si no se fuerzan las condiciones de su aplicación y que más que contraponerse, son de inigualable ayuda si se las puede articular según los momentos de la intervención. He de reconocer en las razones de esta combinación, gratas experiencias personales producto de la realización de laboratorios sociales o de relaciones humanas, cuya característica esencial dice de la capacidad de combinar con sumo cuidado las técnicas más disímiles, siempre y cuando se las instrumente planificadamente en función de un objetivo preciso más amplio que aquel que puede perseguir la utilización de una técnica en particular. Los objetivos que se fijaron ambos representantes del análisis institucional son diferentes. Lourau, por ejemplo.

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parece importarle poco el resultado de la intervención en términos pragmáticos; su norte está en la posibilidad de hacer patente durante la intervención que allí, de diversos modos, está presente el Estado. Ese es su objetivo. El Estado c o m o esa presencia, poder inconsciente que se cuela y se reproduce casi en todo m o v i m i e n t o institucional a través de las normativas presentes en lo instituido y a través del movimiento instituyente que al poco t i e m p o termina como instituido. M e n d c l , por su parte, está más p r e o c u p a d o p o r replantear los mecanismos de distribución de poder, de cuotas de poder que se dan en toda pirámide institucional. Así los distintos niveles de la jerarquía institucional (él las llama originalmente clases institucionales, t é r m i n o bastante controvertido) operan según un cierto "repart o " de poder. Se trata, entonces, en u n a intervención sociopsicoanalítica, de generar mecanismos autogestivos al interior de cada clase para que la clase c o m o grupo se pueda reapropiar tie algo del poder sobre su trabajo originalmente expropiado. Este es im típico m o v i m i e n t o grupal; Mendel sostiene la imposibilidad de que esta reapropiación del trabajo se pueda realizar a través de un "combate" individual. A m b o s autores coinciden tácitamente en que la autogestión es la tínica alternativa ya sea porque la intervención socioanalítica de Lourau implica la autogestión de la asamblea general como técnica esencial, ya p o r q u e el funcionamiento de los grupos correspondientes a las clases institucionales requieren de u n distanciamiento permanente de modelos paternalistas (grupos con coordinador, m o n i t o r , director de debate o c o m o se quiera llamarlos, pero siempre dirigidos técnicamente). El caso de Pichón-Riviére (1971) es llamativo, por cuanto se trata —como todo grupo orientado psicoanalí-

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t i c a m e n t e - de un grupo que cuenta con equipo técnico para p o d e r funcionar. Por otro lado, su preocupación siempre estuvo centrada en lograr c]ue el grupo operativo funcionara con un equipo c o o r d i n a d o r que coordinara solo por presencia, atmque en los hechos ello acontece de tanto en vez. Para lograr ese objetivo, la coordinación se hace transitoriamente imprescindible. Por ello es que no me ha parecido que las propuestas de los autores sean antagónicas, si bien hay que reconocer que aún falta m u c h o por ser investigado en este t u b r o . O t r o s autores del análisis institucional, Guattari (1976), Castoriadis (1989), han sido muy creativos teóricamente, p r o p o n i e n d o conceptualizaciones novedosas y útiles para pensar problemas institucionales y sociales; sin embargo, no han diseñado específicamente metodologías y técnicas para planificar la intervención institucional. Tai vez haya que esperar una segunda generación de discípulos para contar con un insttumcntal más logrado. A m o d o de ejemplo, sobresalen las intervenciones institucionales diseñadas pot Ana Matía Fernández (1993, 1999) y su eqinpo, por su gran creatividad para abordar situaciones complejas. Ella se basa fundamentalmente en la teorización del imaginario social de Castoriadis. Subsiste acjuí una vieja discusión teórica esencial que no habré de profundizar, dado los alcances de la misma, sino tan solo enunciar. El problema tiene cjue ver con c ó m o pensamos la naturaleza última del poder m i s m o . Es decir, cuál es la relación c|ue el poder guarda con los sistemas de representación, con el lenguaje, con el psiquismo. D e qué foritta se hace presente ia estructura social (jerarquías, concentración de poder, apropiación-recuperación del poder, etc.) en el psiquismo de los h u m a n o s . Para algunos, que se inclinan más por u n a posición psicoanalítica, t o d o es representación y, por tanto, len-

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guaje. Y aquello que aún no lo es, debe llegar a poder ser simbolizado. Si es así, los problemas institucionales, de poder, solamente pueden ser resueltos desde el aparato psíquico, en el inconsciente freudiano, por lo que las técnicas serán grupales con conducción psicoanalítica, incluso en el caso en el cual se pueda incorporar el psicodrama como instrumento (Bouquet y Satne 1970, Anzieu 1982). El caso de Kononovich y Saidon (1991, 1995) es diferente ya que ellos utilizan las técnicas dramáticas para ejemplificar situaciones de poder sin recurrir a interpretaciones acerca del contenido de las mismas, sin suponer ima escena que sea representacional. Esta postura se distancia del psicoanálisis y se acerca a un modelo esquizoanalítico (Deleuze y Cuattari 1974). Ea otra postura que toma distancia clara del enfoque más psicoanalítico está representada por Lourau y Castoriadis. Para ellos, las instituciones no son un efecto de la infraestructura social como hizo entender a algunos la lectura de Marx. Eas instituciones son parte de la "base material", las relaciones de producción ya están instituidas desde un inicio por lo que no son parte de las superestructuras. Si ello es así, entonces el inconsciente está "sometido" al marco socioinstitucional más amplio y el poder en las instituciones solamente puede ser abordado a partir de intervenciones directas sobre lo real, sobre la institución misma. Poco importa si el poder, a partir de sus representaciones, puede ser trabajado psíquicamente. El hecho es que ese será solo un efecto, no la raíz misma del poder. P^sto explica por qué las intervenciones institucionales pueden desarrollarse desde una perspectiva o desde la otra, desde un enfoque más subjctivista o desde una posición más objetivista. Eos argumentos son contundentes en ambas posiciones por lo cual no ha sido posible superar esta controversia. Ea polémica sigue vigente, con-

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flicto que produce abundante material creativo de ambas posiciones. Esta diferencia hace también a la definición del instrumental de intervención: la diferencia entre interpretación e intervención. La primera, supone que nos estamos moviendo en el terreno de la representación, que hay algo del orden de lo imaginario c]ue debe ser "traducido" a lo simbólico, puesto en palabras. La intervención, por el conttario, es tut acto que opera en lo real, que modifica una situación ya que introduce allí algo t]ue no figuraba y que al presentarlo genera un cambio en las condiciones existentes. La intervención supone un reacomodo de los elementos, desbarata esc momento y su eficacia se mide por los efectos. Ahora bien, la interpretación de alguna manera también es una intervención, ya que filtra en el discurso otra producción. Difícil es saber si la eficacia de la interpretación se debe a la producción de sentido que ctea o al impacto como intervención, ya c[ue su novedosa presencia interroga toda la situación. Lo mismo ocutte con la intervención que, según el caso, podría ser entendida como interpretación (tanto cuando es verbal como cuando la intervención es im acto). Por ello, me inclino a pensar que si bien es necesario abundar en los desarrollos teóricos rigurosos pertinentes, en los hechos es complicado deslindar los diversos matices que están presentes cuando se utiliza un determinado instrumental. Los casos aquí considerados presentan toda la gama de matices, desde aquellos más "afectivistas" hasta los más radicales, siempre bajo la artictüación del análisis de la demanda, por un lado, ciertos objetivos propios del tiempo de institución con la que se trabaja, por otto, y el imponderable aspecto que supone la implicación, que es la que define, en liltima instancia, la elección realizada.

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TEORÍA DE LA FISURA
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Hace ya algunos años que trabajo en intervenciones institucionales. Algunas de ellas han sido a b o r d a d a s a través de diversos dispositivos grupales y otras lo han sido por medio de dispositivos analizadores. Entiendo por estos liltimos aquellos abordajes técnicos que emanan de las teorías de análisis institucional tespectivas. La diferencia entre dispositivos grupales y dispositivos institucionales en el h)ndo es inexistente, ya que toda intervención se realiza sobre un grupo que está institucionalizado y la solicita. I'recisando estos bordes, Bleger decía que el contrato es institucional y el dispositivo es grupal en todos los casos. Ahora bien, en tanto hay dispositivos que han sido creados por enhiques grupalistas y otros por las diversas corrientes del análisis institucional, se ha m a n tenido esta nomencíattita que no hace más que ser fiel al origen teéirico del instriuncnto utilizado. Sin e m b a r g o , hay que considerar también un matiz esencial que hace a la intenciém de cteación del dispositivo, esto es, q u e los enfoques grupalistas han puesto el énfasis en los aspectos afectivos grupales e interpersonales, localizando allí el origen de todos los males. A su vez, los institucionalistas han perseguido dilucidar el origen del poder al interior de las instituciones (que son grupos amplios). Por ello es c]ue la teotía que se elija c o m o referente determina el para qué del dispositivo, si bien en sentido estrictamente técnico toda intervención institucional se realiza a través de dispositivos grupales (en el e n t e n d i d o de que se realiza sobre un grupo). Segiin el marco referencial que se elija se tendrá un dispositivo grupal con el que se podrá trabajar la problemática del poder o la problemática afectiva interpersonal del grupo.

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M i práctica profesional de intervención ha seguido los pasos de mi e n t r e n a m i e n t o personal. I n i c i a l m e n t e realizaba solo intervenciones desde la óptica grupalista; p o s t e r i o r m e n t e , c u a n d o estudié e investigué acerca los diversos enfoques del análisis institucional, c o m e n c é a realizar intervenciones con dispositivos institucionalistas. Actualmente, trato de elegir el enfoque más adecuado - s e gún mi experiencia— sin perder de vista que la problemática del poder está siempre presente, c o m o también aquella afectivo-grtipal, a u n q u e no necesariamente la incidencia de cada aspecto es igual en todos los casos. Ahora bien, las diversas experiencias realizadas me han dejado siempre un sinnúmero de problemas a resolver. En muchos casos las preguntas provienen de aspectos teóricos poco claros, lagunas en la conceptualización institucional o formulaciones poco precisas, así como abundantes dificultades en las técnicas de intervención que no acaban de "cerrar" en una propuesta suficientemente coherente. H a y un problema que se presenta casi p e r m a n e n temente en las intervenciones y que tiene que ver con el cambio, con la teoría del cambio institucional. C]on el cambio posible y con el cambio imposible. C u a n d o se pretende trabajar con una institución, es decir, con un instituido, la intervención es posible siempre y c u a n d o lo instituido presente una fisura. Esta tesis primaria debe ser fundamentada: C o m i e n z o por señalar que lo instituyente tiene dos formas de operar. U n a dice sobre aquello que Lourau llama lo instituyente-en-lo-instituido y que tiene que ver con el cambio previsto, con el cambio n o r m a d o desde lo instituido, con el cambio m í n i m o necesario para que lo instituido n o quede "fijado", detenido en el tiempo y se vuelva entonces anacrónico. Lo instituido, por más instituido que esté, requiere de ciertas adecuaciones para p o -

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der seguir manteniéndose como lo instituido. Se trata de considerar un ripo de cambio que a su vez esté instituido. H e aquí el cambio "reformista" que no puede escapar a aquel " n o r m a d o " por lo instituido. La segunda forma de operar de lo instituyente es rupturista y dice acerca de la creación de un m o d e l o de institución nueva, lo cual supone la disolución de lo instituido para poder instituir a su vez otra cosa. Se rrata de reconocer que lo instituido ha perdido vigencia y que es necesario —para recuperar el poder expropiado originalmente— crear una contrainstitución. Se trata de u n acto esencialmente revolucionario ya que s u p o n e la r u p t u r a de lo instituido a través de la disolución de los vínculos de "representación" y la implantación de un mecanismo de acción directa, superando la estructura jerarquizada y resistiendo toda forma de apropiación y concentración nueva de poder. En los hechos, c o m o la historia lo demuestra, este camino es complicado. Muchas veces el m o d e l o originalmenre revolucionario instala finalmente una estrucrura institucional también basada en jerarquías y diferencias, procesos de delegación de poder, etc., que reprime la p o sibilidad de la participación direcra de los interesados. A h o r a bien, es aconsejable c o m p r e n d e r q u e esta división que da cuenta de las formas de operar de lo instituyente es m e r a m e n t e analítica y didáctica. En los hechos toda manifestación de lo instituyente supone la presencia de márgenes de acción que se encaminan tanto en la primera fórmula como en la segunda. El desarrollo del conflicto y el proceso de institucionalización, vale decir, la coyuntura particular en cada instante, dará cuenta del resultado, más polarizado en u n sentido o en otro. Desde la perspectiva de la intervención, si lo instituido funciona de manera armónica y organizada n o hay

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espacio para intervención alguna. Si lo instituido es capaz de procesar la fuerza de lo instituyente en lo instituido (el cambio normado como posible) no hay necesidad de una apertura externa. Si el conflicto puede ser "manejado" por la institución autorizando cierto reajuste, ITO se instala la fisvira. Mvichas institvicioncs jamás rec^uieren de una intervención, la eficacia de lo instituido alcanza para regular el funcionamiento y evitar una apertura. La intervención es demandada cuando lo instituido (a través de la apuesta inicialmente reformista que le ofrece lo instituyente) es incapaz para disminuir el sufrimiento institucional. Dicho sufrimiento es sentido como una amenaza anárc]uica, vale decir, c]uc al generalizarse puede llegar a romper totalmente lo instituido. Por tanto, el pedido de intervención siempre es para controlar internamente el devenir institucional (aunque no sea ese necesariamente su efecto): reforzar el orden de lo instituido para que este pueda responder a la misión institucional. (Recuérdese que Mi.ihlmann [19681 señalaba que lo instituido es el fracaso de la profecía, es decir, lo que queda, el monumento en recuerdo de lo instituyente, la negación del proyecto. La misión institucional es lo que ya no está, es el homenaje a la clausura del proyecto creativo). De este modo, lo instituido (vacío de contenido creativo) logra su objetivo, esto es, eternizarse; hacer honor al dicho popular "Los hombres pasan, las instituciones quedan". Por tanto, es duro para lo instituido reconocer y enfrentarse con su propia incapacidad y es más complicado aún visualizar que dicha demanda no hace más tjue instalar allí, de hecho, la fisura. Por otro lado, la estructura misma de la fisura se construye en tanto se hace depositaria de los intereses de lo instituyente: la fisura es el éxito de lo instituyente, es la razón de su existencia y la culminación de su esfuerzo. Es

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el primer paso para que algo pueda suceder c o m o cambio institucional. Puede, por t a n t o , hacer fuerza justo allí m o s t r a n d o todo sti poderío. Diría que es lo instituido que instituye la fisura, a u n q u e paradójicamente se resiste a reconocer su existencia en tanto la naturaleza de la m i s m a proviene de lo instituyente. D e hecho, c u a n d o el m o m e n to de la intervención, lo instituyente podrá aprovechar la fisura para manifiístarsc y p r o p o n e r alternativas radicales para el cambio institucional. En muchos casos lo instituyente fracasa, y ese es el p u n t o al que deseo llegar: dicho fracaso hace que lo institindo se "cierre" nuevamente, recomponga c o m o pueda sus defensas "tapando la fisura" e intente anular el proceso recorrido, si bien aceptando algunos cambios menores (algo debe ser negociado), que podrán tener lugar bajo el nuevo o r d e n a m i e n t o . Solo se ha logrado un cambio reformista, la negociación, en el fondo ha favorecido una vez más a lo institiüdo. La fisura ha sido aprovechada más por lo instituido que por lo instituyente d o n d e incluso este último se ha mostrado, facilitando entonces la puesta en funcionamiento de fuerzas selectivas para su contención y represión. Se plantean entonces las siguientes preguntas: ¿Por que es que lo instituido tiende a recomponerse tan fácilmente? ¿Cuáles son los factores determinantes que hacen qtie lo instituido termine rearmándose? ¿Cuáles son las razones que dan cuenta de la "incapacidad "de lo instituyente para "aprovechar" el m o m e n t o de la fisura, destruyendo lo instituido para sustituirlo por un nuevo proyecto? Si bien Pourau se ha preocupado de estudiar "la autodisolución de las vanguardias" mostrando a la vez cómo es que lo apenas instituido se puede disolver cuando reconoce el fracaso del lugar de vanguardia en la medida en que se instituyó, no es menos cierto que esas no son las institucio-

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nes que importan al sistema. Hay muchas instituciones del sistema que tienen "autorización" para disolverse ya cjue no ponen en peligro al fundamento mismo, el Estado. La autodisolución de las vanguardias estudiadas por Lourau (1980) supone en el lenguaje de Gtiattari el pasaje de un grupo en sí a un grupo para sí. Esta diferencia se asienta en el reconocimiento de una diferencia: hay grupos que emprenden una tarea y la realizan (grupos en sí), y hay otros, que además de hacer su trabajo se hacen preguntas acerca de cómo funcionan (grupos para sí) cuando realizan una tarea. T a m p o c o es cierto t]ue las instituciones, como hechos sociales, nacen, se desarrollan y m u e r e n . Más bien tienden a eternizarse a d o p t a n d o los cambios m í n i m o s (lo instituyente al servicio de la renovación de lo instituido, el reformismo) que garantiza su supervivencia. Si bien lo instituido se "abre" en el m o m e n t o de la fisura, aprovecha dicho m o m e n t o para tomar conocimiento de la existencia de lo instituyente y de su fuerza, así como de sus pretensiones. Dicho "aflojamiento" del control - y a vimos las razones que tiene para obrar de ese modo— parece constituirse en una suerte de trampa para lo instituyente, que emerge entusiasta para mostrarse tal cual es. Habría que discutir si este no es un riesgo, ima falla estratégica, en el análisis de Lourau. Esto explica la capacidad de reconstitución de la defensa —la sutura de la fisura— que hace que ahora lo instituido pueda operar "selectivamente" en tanto m a n i o b r a con conocimiento de causa: n o es nada fácil ni c o m ú n lograr un cambio radical en la institución. Por ejemplo, Basaglia es excepción, otros han solo construido "islas "sociales. ¿Por qué ello es así? Sostengo que hay dos series de vectores que inciden y d e t e r m i n a n este proceder. Estas series de vectores funcionan de manera independiente unos de otros, si bien se apuntalan m u t u a m e n t e c o m o se podrá apreciar.

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La primera serie de vectores la c o n s t i t u y e el factor p o l í t i c o El Estado debe legitimarse p e r m a n e n t e m e n t e , c o m o una manera de preservar su existencia que no es otra que la del poder que ejercen los grupos de poder que se han constituido c o m o sus dueños. La apropiación del poder va de la m a n o con la apropiación del excedente e c o n ó m i co. Apropiarse del poder-hacer es apropiarse del trabajo, del p r o d u c t o del trabajo h u m a n o . La división del trabajo (técnica y jerárquica) hace eso posible. Se debe legitimar de manera p e r m a n e n t e en todas y cada una de las instituciones que se sostienen en su interior y tal legitimación repercute en la legitimación total del sistema estatal. Se puede decir que el Estado opera p e r m a n e n t e m e n t e a la defensiva, vale decir, s u p o n i e n d o la pregunta por su legitimidad en todo á m b i t o y en todo m o m e n t o y reaccion a n d o en su defensa. U n a de las formas más p o t e n t e de legitimación es la naturalización; es decir, aparecer c o m o natural, c o m o lo dado, c o m o u n hecho incuestionable, necesario y eterno; por t a n t o , inmodiftcable. El mecanismo con que cuenta el Estado para naturalizarse es el de monopolizar el modelo de institución que autoriza y que i m p o n e a través de lo instituido. C o n ello logra que toda institución creada dentro del Estado lleve sti sello y que n o se permita a su vez, u n m o d e l o de institución distinto de aquel que rige para el Estado. Si no existe otra alternativa de m o d e l o institucional, entonces el modelo oficial aparece c o m o "natural". L o u r a u incluso sostiene que el Estado es el inconsciente, ya que es la forma que termina i m p o n i é n d o s e por doquier y aparece más allá de las propuestas más radicales que cuestionan su existencia y su estructura. Es decir, el Estado se i m p o n e más allá de la ideología que sostienen formas alternativas

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y diferentes. Si hay Estado, este está presente en todas las instituciones del sistema y en todas las instituciones creadas dentro del espacio del Estado. Por eso, para Lourau la intervención socioanalítica tiene sentido, tiene "éxito", si logra mostrar (poniendo al descubierto, ya tjue está camuflado) de qué manera particular el Estado está presente en esa institución en la que se interviene.

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La s e g u n d a serie de v e c t o r e s t i e n e n q u e ver c o n el v e c t o r p s i c o l ó g i c o , aquel de la s u b j e t i v i d a d D e s d e las teorizaciones de Elliot Jacques (1951)

p o d e m o s decir cjue las instituciones c o m o hechos sociales externos, c u m p l e n una (unción psicológica m u y i m p o r t a n t e . T i e n e n qtie ver con proveer al psiquismo de u n nuevo (segundo) sistema de defensas frente a las ansiedades psicóticas, ante la paranoia y la depresión. Eas instituciones cumplen por tanto una función de control y soporte: el sistema normativo institucional, su "firmeza" instituida, garantizan al ser h u m a n o que no es posible hacer cualquier cosa y que las instituciones velarán por cierta permanencia de lo racional frente a los impulsos de más difícil control. Esto explicaría por qué algunos ex pacientes de hospitales psiquiátricos, una vez dados de alta, regresan al poco tiempo al m a n i c o m i o , o como también, presos t\ue son puestos en libertad, cometen actos a toda luces incongruentes con mantenerse en libertad. H a y autores que han creído ver en indicios c o m o estos, algo así como la firma del delincuente, que si bien p o r u n lado aludirían a "su obra" (el robo c o m o un arte) por otro delatarían al autor. Por tanto, valdría la pena preguntarse si el acto de "atrapar al ladrón" no estaría en parte posibilitado por algún

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acto fallido cometido por este. Algo así como suponer que el ladrón se delata a sí mismo a través de los indicios que deja a su paso, siempre bajo la interrogante que plantea el "retorno" al espacio institucional. H a y otros ejemplos en ese sentido que muestran, a mi juicio, cierto requerim i e n t o de protección por parre del yo y la b ú s q u e d a del "refugio" institucional conocido. Esto lleva a preguntarse por los riesgos para la estructiu-a psíquica de vivir en la ant)rmatividad, al margen de las instituciones. CACO que a los h u m a n o s nos cuesta movilizarnos en la anormatividad y encontramos c o m o d i d a d en las normas claras y explícitas para hacer las cosas. Si bien esto se aprehende en la familia, no es menos cierto que nos sometemos a ellas no sin cierto placer y sintiendo en m u chos casos im dejo de protección c u a n d o pertenecemos a ima institución. En todo caso, la institución t a m b i é n nos brinda su identidad y ya sea por sexo, edad, profesión, apellido, escolaridad, etc., tuilizamos a las instituciones para definir quiénes somos a partir de mostrar lo que hacemos: la afiliación a la institución. Aí'jn hay un argumento adicional tjue tiene que ver con la relación g r u p o - i n s t i t u c i ó n . D e s d e los estudios de Le Bon (1895) y luego más precisamente con Freud (1921) sabemos que en la medida en que u n individuo se incorpora a un grupo se cusparan mecanismos m u y primitivos (el efecto de la grupalidad) (Foladori 1999) que implican casi la disolución de su psiquismo en el espacio del grtipo-masa. EJ anonimato, reacciones q u e muestran dependencia absoluta de un líder, la dificultad de pensar, el descontrol emocional, son todos fenómenos que dan cuenta del surgimiento de u n funcionamiento psíquico m u y primitivo, previo a la individuación, en el que prim a n grandes m o n t o s de angustia sobre todo persecutoria y que nos habla de u n m o m e n t o de funcionamiento

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sincrético muy distinto al de la sociabilidad posterior, cuando este individuo se relaciona con un otro similar a él. Se podría sostener que se ha producido una regresión en la estructura y funcionamiento yoico, lo que implica metapsicológicamente que el yo se ha visto en la necesidad de operar con mecanismos defensivos muy primitivos para lograr un cierto control de la situación. Acá es donde la institución interviene para "rescatar" ese yo y proveerlo de mecanismos defensivos adicionales. La jerarquía institucional que se "introduce" en los grupos es un fuerte instrumento que posibilita contar con elementos discriminadores, en tanto vuelve a definir lugares "únicos" reconocidos dentro de la estructura. Es por esto que los integrantes de grupos tienden a organizarse como institución (jerarquizada) recurriendo a las normativas que definen los lugares institucionales. Así, la jerarquía es la que resiste la grupalización y posibilita al yo operar en un espacio grupal discriminado. Este lugar que cumplen las instituciones como una suerte de segundo sistema defensivo del yo frente a la indiferenciación a que lo somete la pulsión, muestra que el ostracismo institucional se enfrenta con la locura. El campo anormativo caracteriza im lugar en el cual las amenazas son grandes y las angustias se hacen presente sin más, sin mediaciones. Si bien como ha señalado Sartre no se puede estar en ningún lugar: si se está fuera de una cierta normativa inevitablemente se está dentro de otra, ello no significa que desde la perspectiva subjetiva no se genere cierto sentimiento de liberación cuando se sale de algún sistema normativo y se deja de sentir el peso de las reglas conocidas, y esto a pesar de "los riesgos" que se corren al vivir al margen de las instituciones.

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Los problemas del cambio institucional En párrafos anteriores se dio cuenta de dos series de vectores que apuntalan y determinan la afiliación a las instituciones: los factores políticos y los factores psicológicos. Con dichos instrumentos es posible pensar la problemática del cambio en las instituciones, cualquiera sea este y en sus diversos grados. Por lo general, se contará con dos conjuntos de fuerzas (los vectores descritos) que intervendrán para sostener la permanencia de un sistema institucional y evitar toda modificación en su estructura y en su mecánica. Se genera así un fuerte movimiento resistencial a través de los vectores señalados (los factores políticos y los psicológicos), los que se apuntalan recíprocamente para evitar la debacle de las relaciones institucionales tanto en el plano subjetivo como en el político, aquel que hace a la concentración del poder y que a su vez genera dependencia. El discurso que se emite desde el lugar de poder tiende siempre a legitimar lo dado, la institución como un hecho social, aquello para lo cual la institución ha sido creada pero que en el discurso oficial se plantea siempre como una necesidad "natural"; no hay otra alternativa. Al misrno tiempo, dicho lugar de poder desde donde se emite el discurso oficial, cumple la función de sostener el sistema normativo institucional, transmitiendo seguridad y protección a los miembros del grupo institucional (aspecto subjetivo) y autorizando -según el propio sistema normativo— ciertas formas de discrepancia, cuando el sistema es suficientemente firme como para soportarlas. Esta teoría del cambio en base al funcionamiento de dos fuerzas paralelas permite explorar algunos problemas que se producen en los casos en que solamente uno solo

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de los vectores es valorado y considerado en el m o m e n t o del cambio institucional previsto. 1. Los cambios cjue solamente se p r o d u c e n en el " m u n d o i n t e r n o " p r o d u c e n a la larga frustración, si no se pueden asentar a su vez en cambios externos reales. La írustración opera así c o m o una cierta "vacuna" ante la p o sibilidad de otros cambios: la experiencia n o ha sido suficientemente satisfactoria. Claro está que el psicoanálisis puede colaborar en aimientar la capacidad de frustración, con lo cual aparece aliado a la estructura sociopolítica externa. T a m b i é n puede, a través de su trabajo de análisis, liberar diversas fuentes de energía que el yo puede aprovechar para poner el principio de realidad al servicio del principio del placer. Ello s u p o n e inciusionar en los tortuosos caminos de modificación de la realidad imperante. 2. Los cambios políticos cjiíe no van acompañados de una cierta elaboración de las ansiedades que produce el m o m e n t o de caos o locura que acompaña los m o m e n t o s anormativos, contribuirán a producir comportamientos regresivos en términos personales y políticos en términos sociales, acentuándose la dependencia y rechazando a mediano y largo plazo el cambio introducido. El cambio político —a nivel del p o d e r - sostiene una estructtua jerarquizada de base. El cambio radical del modelo institucional n o ha implicado muchas veces un cambio en los modos del vínculo (por ejemplo, el problema de la ruptura de los sistemas jerárquicos), es decir, no se ha procesado el cambio en la subjetividad, no se ha hecho consciente la constitución de una contrainstitución, con los peligros que ello implica. Ahora bien, a la hora de la intervención socioanalítica, c u a n d o se p u e d e plantear en el grupo el análisis del cambio particular que se persigue y para lo cual han solicitado la intervención, el p a n o r a m a general del grupo se

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complejiza ya que aparece un nuevo elemento que tiene que ver con la manera en cómo los diversos sectores institucionales se imaginaron el cambio deseado o posible. El cambio se diluye entonces en múltiples propuestas, requiriéndose de todo LUÍ trabajo de discusión y síntesis para construir un proyecto de cambio. Este proyecto crea ya de por sí un espacio anormativo generador de múltiples angustias. El cambio nunca es visualizado como n e u t r o : están aquellos que lo verán como favorable (creen c]ue ganan con el cambio) y otros c|ue lo sentirán c o m o a m e n a z a n t e (creen que pierden con el cambio). Ejemplificando de manera simple y esquemática: el que cree que gana y ve al cambio como favorable, sentirá angustia ya tjue la institución ya no será soporte de su yo, al menos d u r a n t e el periodo en el cual se establecen n u e vas normativas. Q u e d a situado en un trecho en el cual la situación de anormatividad lo podría inducir a "hacer locuras", si no encuentra un espacio grupa) suficientemente continente. A su vez, el que cree que piercie (poder de decisión, poder económico, lugar en la jerarquía, etc.) va a sentirse amenazado y podría realizar también "actos de locura" para defender ac]uello cjue ha sentido d u r a n t e m u cho tiempo c o m o propio y c o m o parte de su identidad.

La fisura y l o s d e s v i a n t e s Abordare ahora el problema que supone pensar la fisura en t o r n o a sus características más concretas. Para ello es conveniente partir del asunto de la d e m a n d a institucional que, como lo señala Lourau, es siempre una d e m a n d a de el o los grupos que pueden formularla y que de u n a manera u otra son los que tienen el poder de con-

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tratación. Ello supone que in situ, en la medida en que se instale el proceso socioanalítico, surgirán otras demandas representativas de grupos "sumergidos" o marginados del poder institucional. La explicitación de las demandas supone ubicarlas en un cierto registro que Lourau ha teorizado a través del concepto del desviante: ideológico, libidinai u organizacional, que conforman a su vez la manera de leer los problemas que ocurren en la institución. Dicho de otro modo, toda demanda construye el desviante y lo materializa, en el sentido de que lo constituye en la coyimtura específica del momento que corresponde a la intervención. Eso muestra donde parece que el problema está, vale decir, objetiva un punto de referencia para iniciar el trabajo. La propuesta concreta de una intervención no puede dejar de hacer referencia explícita a un conflicto visualizado por los demandantes en uno de los tres desviantes señalados; pero en tanto el proceso de socioanálisis avance irá mostrando que otras demandas podrán aludir a los otros desviantes. El proceso de análisis tiene como objetivo la elucidación de estas propuestas, su jerarquización e interdependencia y sobre todo el estudio de su naturaleza de desviante. Ello significa partir del hecho que el desviante es siempre un lugar desplazado, que siempre la problemática del poder (de lo instituido) aparece donde no está, coino una forma de camuflarse, incluso de defenderse de la interrogación instituyente que ha cobrado fuerza en el marco del proceso autogestivo socioanalítico. Se trata de un efecto sorprendente que tiene consecuencias tanto teóricas como prácticas. Teóricas porque reabre la pregunta acerca de la naturaleza misma de la fisura, de sus determinaciones, de la imagen que lo instituido pretende dar de ella y de la intensidad de las fuerzas en juego.

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Desde un punto de vista práctico, el desviante guía al analista como una briijula ya que le posibilita un trabajo paralelo de articulación de la demanda con los otros desviantes que no aparecen aludidos en la explicitación de la misma, casualmente como una forma de construir el inconsciente institucional* en cada momento. La objetivación del desviante, la posibilidad de dar cuenta del camino realizado por el desplazamiento, supone construir una nueva realidad que implica necesariamente la pérdida del poder de los grupos que lo tenían hasta ese momento; de aquí las pasiones que dicho movimiento despierta. Esto es lo que confiere a la intervención socioanalítica el carácter de virulenta y convierte al proceso de intervención en un campo de lucha donde lo instituido y lo instituyente polarizan su accionar.
* El "inconsciente institucional" es un término extraordinariamenre complejo, amplio y a la vez ambiguo. Diversos autores han realizado propuestas teóricas en las que lo aluden, a saber: En sentido global, el tétmino aparece mencionado por Baremblitt y otros (198.3) quien apunta a la trama de podet no visible en las instituciones; Deleuze y Guattari (1974) hablan del inconsciente maquínico; Lourau (1978) propone el Estado inconsciente; Castel (1980) discute - e n lo patticular aquello sociopolítico que el psicoanálisis deja fuera cuando se instituye- y acuña el término de inconsciente social del psicoanálisis. Otros autores se interrogan mis por lo no dicho institucional (ver en este mismo texto el capítulo sobre la institucionalización del pensamiento). En todo caso, debe quedar claro que el "inconsciente institucional" nada tiene que vet con la problemática de la sexualidad (según el concepto de inconsciente acuñado por Freud para el psicoanálisis), sino con los mecanismos que instalan los nticleos de podet. Es particularmente importante tomar en cuenta las propuestas, pot ejemplo de Deveteaux (1977) del ptoblema de la implicación, como de Guattari (1976) de la transversalidad, así como de Baremblitt (1991) de la transferencia institucional, ya que con ellas estaríamos interrogando aquellas determinaciones sociopolíticas del científico social que inciden y determinan sus intervenciones de manera no consciente. Ahora bien, la dilucidación de los desarrollos teóiicos de cada autor y de los límites del concepto que cada quien propone constituye de por sí un estudio independiente que transciende con creces los objetivos de este trabajo.

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Lo anterior debe alertar a los analistas en el sentido de no dejarse guiar por las apariencias. No necesariamente una deiTianda planteada en el desviante libidinal supone mayor pasión que otra que aborda el problema desde lo organizacional o desde lo ideológico (a las que se les podría atribuir la puesta en juego de mayores recursos intelectuales en detrimento de los emocionales). Sostengo que el problema hay que pensarlo en términos de las características de la fisuta qtie lo instittiido insi:ala para poder apreciar la magnitud de lo que está en juego en esa ocasión y del movimiento que lo instituido realizará para recomponerse.

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I PARTE

CASOS DE INTERVENCIONES INSTITUCIONALES

En este primer apartado se relatan diversos casos que dan cuenta a su vez de varias formas de intervención institucional. Se utilizan esquemas referenciales que responden tanto a las demandas y/o coyunturas de la intervención como a la postura ideológica del analista. El relato de las intervenciones es seguido de reflexiones ulteriores desde la perspectiva de la teoría de la fisura, así como también para explorar problemas adyacentes.

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E L GRUPO-ANÁLISIS:

TÉCNICA DE DIAGNÓSTICO DE CLIMA ORGANIZACIONAL
Análisis de un caso de alcoholismo

La técnica del grtipo-análisis, a diferencia de otros enfoques como puede ser el de la encuesta, estudia al grupo humano como ima globalidad, lo que permite un grado de profimdidad considerable en lo que hace a la esencia y determinación de los "síntomas" que la empresa presenta, de los conflictos que acontecen en su seno. El grupo-análisis permite una visión dinámica de las situaciones, esto es, una visión de la empresa como totalidad, en su cotidianeidad, en su quehacer, en las relaciones que los individuos mantienen, nucleados por una tarea comiin t|ue constituye la producción. El método del grupo-análisis permite reproducir en el grupo piloto la totalidad de las variables intervinientes, así como poder valorarlas de una manera estructural y determinar la incidencia de cada una de manera cualitativa —no cuantitativa—, lo que no deja de presentar ventajas ya que las conchisioncs que se extraigan reproducen el "aquí y ahora" de la empresa con toda la riqueza que ello aporta al diagnóstico de la situación. Por lo menos, así es en teoría. En la práctica, intervienen otros factores por lo que, en resumidas cuentas, se hace lo que se puede. Se pretende que el análisis de caso que se expone a continuación ilustre este proceso. Antes, es conveniente precisar algunos fundamentos del método, que hacen a la
* Una primera versión de esce trabajo se publicó en Revista Psicología,

Vol. IV, U. de Chile, 1993.

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congruencia entre la concepción que se puede tener de la empresa y la puesta en práctica de una técnica acorde con la misma que arroje una imagen de una empresa "viviente". Algunos postulados son: 1. La empresa funciona como un conglomerado humano incluido en la categoría de grupo grande o pequeño según su tamaño (Schlemenson 1983). Todo grupo funciona a partir de leyes que le son propias en tanto grupo, descritas y estudiadas por especialistas desde hace ya tiempo. Así, se trata de un grupo porque hay una tarea (la producción) que los reúne (Pichón-Riviere 1971); puesto en situación de reflexión por una coordinación técnica, el grupo se analiza a sí mismo (Foulkes 1981); el grupo se mueve en función de una serie de esrructuras imaginarias inconscientes (supuestos básicos de Bion 196.3), etc. Calato está que la empresa no solamente es un grupo, también es una institución ya que su estructura, sus lugares, están normados, esrán reghimentadas las relaciones entre sus miembros y esrá organizada según una particular estructtira donde las jerarquías son responsables del cumplimiento de la tarea. 2. La empresa, si bien constituye un grupo amplio, está también integrada por múltiples grupos pequeíros, los que se definen por sus tareas específicas dentro de la empresa con sus responsabilidades e intereses particulares. Los inregrantes de los grupos pequeños (administrativos, choferes, repartidores, personal de planta, etc.) y a su vez, también de la empresa en su totalidad como grupo amplio, son soportes y creadores de una estructura grupal informal, resultando todos, a su vez, efecto de la misma. Son "encargados" de manera no consciente de determinados conflictos (grupales y/o institucionales) y actúan, muchas veces sin saberlo, situaciones con otros ajenos a ellos. En suma, cuando se trata del análisis de un grupo

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es necesario realizar una adecuada valoración de aquellos aspectos q u e pertenecen a la c o n f o r m a c i ó n del g r u p o a m p l i o institucional, de otros aspectos particulares de los grupos pequeños funcionales a la empresa y de otros grupos de pertenencia de cada individuo (por ejemplo, la familia de cada quien). D e más está decir que las relaciones entre los individuos al interior de u n grupo se caracterizan por principios bastante diferentes a los aportados por la psicología cuando estudia al individuo aislado, por ejemplo, en lo que tiene que ver con las normativas grupales (E. M a y o 1977; Sherif 19.36) o con los cambios de actitudes (K. Lewin 1947), etc. Es así c o m o la aproximación del grupo-análisis al estudio de la empresa aprovecha una amplia experiencia en grupos y miiltiples investigaciones en el área, además de reproducir una situación natural (E. Jacques 1 9 5 1 ; A.K. Rice 1963). Para ilustrar algunas de estas cuestiones se analizará el caso de una empresa que permite mostrar de c]ué manera se puede realizar el deslinde de las determinaciones de los síntomas y a su vez, en consecuencia, deducir las proposiciones modificadoras.

C a s o : U n a e m p r e s a p r o d u c t o r a y repartidora de refrescos e m b o t e l l a d o s A n t e c e d e n t e s : La m e n c i o n a d a empresa localizada en u n a ciudad relativamente extendida, cubre en la actualidad el 8 0 % del c o n s u m o local de refrescos. Ciertos estudios informan que podría expandirse en u n 4 0 % del mercado aún no cubierto, pero n o está en condiciones de hacerlo por problemas organizativos en el reparto y otros. Niveles gerenciales de la empresa temen que los competidores se apropien de ese crecimiento potencial, c o m o de 55

hecho ha estado sucediendo. El estudio estima que es la ineficiencia la t|ue generó este problema. M o t i v o de consulta: La empresa manifiesta preocupación p o r q u e de un tiempo a esta parte ha detectado un incremento del alcoholismo en los operarios, aspecto para el que la empresa no encuentra causalidad alguna. Dicho incremento lo ha medido en otros indicadores a saber; ausentismo y llegadas tarde. Ambos aspectos dificultan la distribución ya que por las llegadas tarde no pueden salir los camiones repartidores a la hora y entonces la competencia gana espacios. Por el ausentismo hay camiones que no pueden partir de ningima manera, ya que la empresa n o tiene personal suplente para cubrir las rutas; esto también es aprovechado por la competencia. Se agregan a lo anterior los accidentes c|ue han tenido los camiones, todos ellos muy aparatosos y con pérdidas importantes de maquinaria y mercadería, así c o m o también problemas de responsabilidad civil c]ue implican fuertes erogaciones. Los camiones salen de la planta a las 6:30 a.m. a cargo de un chofer (responsable) y dos operarios. La ruta a cubrir está determinada con precisión y nunca es terminada antes de las 18 hrs. En algunos casos, los camiones regresan a la planta ¡cerca de las 21 hrs.! (A veces cuesta oír estos relatos que muestran la cruda realidad de la explotación). En todos los casos, al arribo realizan la entrega de la caja con lo recaudado y llevan el camión a cargar para que quede listo para el día siguiente. Los sueldos son relativamente buenos y en el caso de los choferes son muy buenos. El m o d e l o t é c n i c o : Se p r o p u s o trabajar con u n grupo piloto de 15 integrantes, conformado por las autoridades de la empresa de manera variada (choferes, operarios, personal de planta) en 3 sesiones de 3 horas cada

%

una. T a m b i é n se realizaron entrevistas individuales con aquellos operarios que se requirió. De hecho, la empresa seleccionó a los individuos "problema": alcohólicos y "faltanrcs". El grupo fue coordinado por un equipo técnico especializado en grupo-análisis con roles de c o o r d i n a d o r y observador complementarios. En las sesiones se estimuló la participación y se realizaron preguntas y comentarios sobre el trabajo cotidiano. El material fue registrado para tui posterior análisis. Del material obtenido se p u d o ir, poco a poco, separando lo accesorio de lo importante, lo anecdótico de lo básico, lo que se puede ordenar en los siguientes acápites.

El d i s c u r s o d e l o s f u n c i o n a r i o s El operario y su cuerpo Una de las primeras cosas que llama la atención es la gran cantidad de cicatrices que todos los m i e m b r o s del grupo tienen. Eanto en la cara c o m o en las manos, brazos, piernas, y dicen t]ue hasta en la espalda, por el estallido de las botellas y p o r q u e también al tirar las cajas de envases desde lo alto del camión se golpean y se r o m p e n . El calor y el m o v i m i e n t o hacen que la presión d e n t r o de las botellas a u m e n t e considerablemente, p o r lo cual, c u a n d o esrallan lo hacen con gran violencia. Ahora bien, de esto la empresa no se entera oficialmetite p o r q u e las heridas no son d e n u n c i a d a s por t e m o r a perder el empleo. Se curan c o m o p u e d e n y tratan —en la medida de lo posible— de estar al otro día en el trabajo de nuevo. Claro está, surge entonces que el equipo de seguridad no es utilizado: no usan los guantes p o r q u e a r g u m e n t a n que al hacer la m a n o más grande, les dificulta agarrar las

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botellas, sobre todo cuando tienen que ordenarlas ya que los comercios las entregan revueltas. No usan los zapatos con suela antideslizante porque dicen que los que provee la empresa son inadecuados. De hecho, la empresa solamente a los de planta les da suelas antideslizantes de ¡buena calidad! Sin este tipo especial de zapatos les es más difícil trepar al camión y bajar las cajas sin golpes o caídas (y cortaduras). Tampoco usan fajas especiales para el cuidado de la columna port]ue son incómodas y no las soportan por el calor. En consecuencia las lumbalgias son comunes. De hecho, cada caja pesa 25 kg y son capaces de levantar por lo menos tres y a veces hasta cuatro por vez. Comentan jocosamente cómo se entrenan los nuevos operarios, que deben levantar una caja desde el piso y colocarla sobre el hombro. El caso es que deben ser capaces de hacer eso con cuatro cajas: hay algunos principiantes que a la primera clase se retiran y no regresan. Todo este manejo ostentoso del cuerpo y sus cicatrices, de la fuerza y la despreocupación por los accidentes, se asienta en patrones culturales machistas, donde el uso del equipo de seguridad es visto como que "ateminiza" (lo denuncia como débil) al operario. Un "buen macho" debe poder hacer todo con su fuerza y no preocuparse de las consecuencias. Es evidente entonces que los cursos sobre el uso del equipo de seguridad caerán en "saco roto" hasta que no se modifique la actitud de los operarios hacia sí mismos, para lo cual habrá que implementar algo más que un simple curso de capacitación. Sin embargo, no hay que dejarse guiar por el psicologismo ya que las condiciones laborales de sobreexplotación, el chantaje en base a la pérdida del trabajo y la manera como opera la empresa hace que sea casi imposible que los operarios puedan pensar las cosas de otro modo: cierta naturalidad laboral se impone.

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Ahora bien, hablando de accidentes reconocen que las respectivas familias se oponen a que el operario trabaje en la empresa. Los argumentos son variados: Es la familia la que se hace cargo del herido cuando llega a la casa; hoy es una simple cortadura, pero mañana... lo que configura una fuente de permanente preocupación. Porque además, los camiones son asaltados y algo hay que entregarle a los ladrones a cambio de la vida; otra fuente de preocupación. Las cajas de seguridad que se han instalado en los camiones repartidores salvan el dinero de la empresa pero no los exime del asalto. El ratero siempre obliga a los operarios a que le entreguen algo. Por tanto, la angustia de la familia se incrementa pues temen que algún día el operario no regrese. El grupo familiar

Tampoco el horario los favorece: llegan tarde y se van muy temprano y entonces no hay convivencia en el hogar (Nos podríamos preguntar ¿qué llega del operario a la casa luego de trabajar más de 15 horas?). Comentan en broma que cuando ingresa a la casa la madre, le dice a los niños "llegó el repartidor de...". Ahora bien, este rechazo de parte de la tamilia hacia el trabajo que el jefe de la casa realiza, lo comienza a sentir como un rechazo a su persona. Vale decir, les ocasiona culpa el no poder hacer algo para que las familias puedan vivir más tranquilas y evitar las quejas, que son sentidas como presiones. Afirman que esto hace que el trabajador tienda a llegar cada vez menos a la casa para evitarse el malestar que le ocasiona las quejas, ya que no tiene muchas posibilidades de cambiar de trabajo. Dicen que prefieren, entonces, permanecer más con los compañeros de ruta y de otras rutas, con quienes conviven todo el día, se distancian del hogar y la "familia"

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se traslada al grupo de compañeros de ruta: sienten que estos sí se solidarizan con él, incluso lo aplauden y lo estim u l a n , lo cuidan y lo protegen. Además, es con los que se pueden divertir y recuperar energías luego de una ardua jornada laboral. Este aspecto crucial tiende a generar im espacio propicio para el alcoholismo. Relaciones entre pares

Lo primero que hay que señalar es que los operarios, en general, t o m a n m u c h o , desde antes tie su ingreso a la empresa. Vale decir c]ue desde siempre ha existido un nivel base de c o n s u m o excesivo. Este aspecto tiene raíces culturales y se "jtistifica" por el clima semitropical de la ciudad cionde laboran. Pero este nivel base de constmio sería aquel que la empresa midió primero. Por tanto, la inquietud actual se sitúa en las razones del incremento que "afecta" la producción. Los operarios no tienen claro las causas de ello, pero entre todo lo qtie relatan recuerdan que algún tiempo atrás funcionaban en la empresa equipos de fi'itbol que se reunían a jugar c u a n d o retornaban del reparto. Los partidos estaban fijados para las 17 horas y convocaban un gran público. C u a n d o los camiones iban llegando, los operarios se encaminaban al partido. Allí se pasaban por lo menos tres horas y luego c o m e n t a b a n sobre el partido t o m a n d o cerveza. Pero se dio el caso de que por no perderse el partido h u b o camiones que a b a n d o n a b a n la ruta y esto ocasionó que la empresa —sin medir las consecuencias— suspendiera unilateralmente los encuentros de fútbol. Los operarios interpretaron que el deporte les proveía además de un c o m p r o m i s o en su tiempo libre, actividad en sí que poco se podía combinar con el exceso de bebida; pero la suspensión de los encuentros abrió para muchos

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de ellos un espacio de varias horas, en las cuales sentían que no tenían nada que hacer: se comenzaron a reunir en la cantina a matar el tiempo, así lo relatan. A nálisis de resultados

El trabajo con los grupos arrojó información que se usó para hipotetizar sobre las razones que m a n t e n í a n y desarrollaban cada vez más el alcoholismo entre los trabajadores. Hs ticsdc el deslinde de las disfintas "causas" enunciadas por los participantes en los grupos con que se trabajó en ese caso concreto y segiin el imaginario del grupo, se construye la posibilitiad del p l a n t e a m i e n t o de medidas apropiadas y consistentes de solución. Es evidente que acá la empresa (y el sistema todo) pone entre paréntesis todas las normas laborales, por lo que las medidas que se puedan sugerir son solo paliativos que no hacen otra cosa que sostener el sistema de explotación. —Factor cultiual: Los operarios piensan que t o m a n m u c h o p o r q u e provienen de un medio que t o m a m u c h o y d o n d e el tomar es una actividad valorada positivamente porque es propia de machos. Sentirse m a c h o es tomar y para poder sentirse perteneciente al grupo de iguales, de trabajadores de la empresa, es necesario compartir entre ellos la bebida. lisie ritual, al estilo de la c o m u n i ó n , configura el sustrato alcohólico cuya modificación es harto complicada porcjue responde a un valor cultural que trasciende con m u c h o a la empresa de la que el caso trata. Se podría pensar cómo es necesaria la droga del alcohol para soportar el trabajo físico y psíquico que realizan los operarios, generando manía y " a y u d a n d o " a dormir. —Factor familiar: Los operarios dicen tomar p o r q u e n o desean regresar a sus casas m u y t e m p r a n o ya que co-

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rren el riesgo de ser sometidos a todo tipo de críticas y quejas. Lo hacen bien entrada la noche cuando ya "no hay moros en la costa". Esta conducta les ocasiona culpa, porque en el fondo, quieren estar con la familia, con los hijos y pata eso trabajan. Este es un factor que es factible modificar porque es posible tomar medidas que abarquen la participación familiar. -Factor ergonómico: Aunque no lo reconocen de modo directo enuncian una relación entre tomar y carga física, de modo que se podría decir que toman porque la carga física es realmente extenuante, es decir, toman para poder mantenerse en pie y con energías mínimas para cumplir con el trabajo. Toman durante el reparto. Peligroso porque se producen descuidos y accidentes con los camiones. Este factor también puede ser modificado tanto a través de la introducción de nuevas tecnologías como de la re-organización de las rutas. —Factof psicológico: Si bien no relacionan explícitamente las condiciones de ejecución del trabajo y la ingesta de alcohol, sí lo hacen a través del discurso (quejas) que ponen en boca de las familias. Así se podría decir que tomar es una manera de olvidar el temor y la angustia de estar día a día expuestos a asaltos, robos, accidentes y de buscar amparo y solidaridad; protección que no pueden pedir sin reconocerse angustiados. También este factor puede ser modificado si se analizan y elaboran los temores y riesgos del trabajo. —Factor temporal (el tiempo libre): Dicen que tomar es el espacio que encuentran para estar con los compañeros y recuperarse, ya que su cultura no cuenta con otros mecanismos que puedan llevar a un uso diferente del tiempo libre. Este factor, que depende directamente de la empresa, tal vez sea el factor más sencillo de abordar, conside-

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rando actividades para el tiempo libre, que mantengan a los operarios "de pie" sin modificar estructuralmente la relación laboral. Este análisis de las determinaciones, presentes en el imaginario del grupo pero muchas de ellas incluso ausentes en el discurso de los operarios, no se podría haber realizado de otro modo que no fuera a través de la escucha organizada y sistemática de lo que ios operarios tenían que decir acerca de su trabajo, el ambiente laboral, la relación trabajo-familia, etc. Resulta evidente que una vez aplicado el método del grupo-análisis es posible diseñar una estrategia inmediata a seguir para revertir el índice de alcoholismo que, como se vio, afecta tanto a la empresa en su producción y crecimiento como a la salud física y menta] de los trabajadores, pero que no aborda la estructura de sobreexplotación que está instituida por la sistemática transgresión a la ley que el sistema autoriza. A su vez es sorprendente ver como han sido "vendidas" por la empresa las condiciones laborales que no generan ni interrogantes ni protestas por parte de los operarios. En suma, el caso expuesto pretende mostrar una metodología de trabajo diferente de aquellos enfoques cuantitativos a la vez que mostrar los límites de una intervención en el ámbito empresarial. En tal sentido, se utilizan los desarrollos de la teoría de los grupos y, en particular, aquellas que dan cuenta del imaginario grupal, para pensar una estrategia que posibilite su investigación y análisis. El grupo-análisis residta un instrumento (técnica) útil para realizar esta pesquisa ya que provee la posibilidad de realizar una lectura de la latencia grupal, necesaria para el deslinde de ciertas causas primarias que determinan el síntoma "alcoholismo", por el que la empresa consulta. Para ello, se parte de que el síntoma se construye como

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un lugar de condensaciones de sentidos. El trabajo de análisis grupal s u p o n e el proceso contrario. En rigor, c u a n d o se habla de alcoholismo como síntoma, se entiende el incremento en la ingesta de alcohol que motiva la consulta. Se señaló desde un inicio que hay un "alcoholismo base" que ya de por sí es elevado. Por tanto, el incremento de alcoholismo se constituye como un síntoma sobredeterminado por el alcoholismo base. En m u c h o s de los Factores analizados resulta imposible pcjder separar ambos aspectos.

Comentarios adicionales Hay que comenzar por señalar que la presente intervención presenta una amplia gama de limitaciones: El aceptar la d e m a n d a institticional cercena ya de por sí las posibilidades de análisis del problema. Eai este caso, la complicidad del técnico con la empresa impide ya sea profundizar los mecanismos de poder al interior de la empresa tanto c o m o interiorizarse de las fantasías de los s operarios. Son los riesgos de este tipo de trabajo en 1os cuales se termina cayendo en una ideologización del análisis. Parecería cjue todo el problema de los operarios se reduce a que les gusta estar juntos, ya sea jtigando al fútbol o c o m p a r t i e n d o la cerveza. La psicologización es tma forma de ideologización del síntoma. Por ello es que no hay análisis de los circuitos de poder, tan solo intervención grupal "diagnóstica". Se acepta lo dado c o m o natiual y se interroga solamente cierta superficie del imaginario grupal sin alcanzar a analizarlo, ya que la empresa no tiene interés en ello. HiLj que t o m a r en cuenta que muchas veces las empresas solamente quieren realizar una intervención p u n -

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tual, lo cual limita considerablemente las posibilidades de la intervención. A m o d o de ejemplo, se puede decir que la empresa consulta por cuanto se ha p r o d u c i d o una fisura algo especial. N o es propiamente dicho u n a fisura institucional, es u n p r o b l e m a que afecta el desarrollo de la empresa en el terreno de la expansión productiva. Es evidente que el síntoma por el cual consulta n o es el único; más atin, no sería difícil suponer que este síntoma de alcoholismo estaría a su vez d e t e r m i n a d o por otros y por toda una historia institucional d o n d e lo que se repite - c o m o acto— no es ni más ni menos que la intervención arbitraria del ejercicio del poder total, en función de sus objetivos económicos, en los que la suspensión de los partidos de fútbol luego del horario de trabajo es tan solo un detalle. N o se le generó a la empresa u n problema institucional —de p o d e r - , sino que la medida fue contestada a través del síntoma. El síntoma también c o m o el lugar de lo no dicho institucional, de ac]ueilo de lo que n o se puede hablar. La intervención realizada develó ciertos sentidos primarios del síntoma pero no planteó el problema de poder que estaba allí expresado; por ello, es que se trató de una intervención sobre el imaginario grupa!. D e igual m o d o , los operarios tampoco tuvieron claro el panorama, lo que allí estaba en juego, la arbitrariedad (violencia) institucional que debería haber sido contestada en el plano de lo político evitando así la afectación grupal-familiar-personal (alcoholismo). Tal vez se hizo presente la culpa por lo no c u m p l i d o , la inseguridad laboral, la vergüenza ante la familia por el regaño sufrido, etc.; en fin, factores todos que limitaron en su m o m e n t o la posibilidad de pensar y de instrumentar una respuesta o p o r t u n a en el terreno de lo político.

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D E L DESEO A LA AUTOGESTIÓN, INTERVENCIÓN EN LA UNIVERSIDAD*

Análisis de la d e m a n d a El pedido de intervención' es planteado en términos de una consultoría sobre aspectos vinculados a la curricula de una carrera. La consultoría es h a b i t u a l m e n t e una de las formas a través de la cual se canaliza la necesidad de una intervención socioanalítica, si bien n o siempre puede ser así. A pesar de que en el caso que nos ocupa existía en la institución una cierta información sobre la pertinencia del análisis institucional para ese tipo de situaciones, la consultoría se adecuaba mejor a las dificultades que, c o m o veremos, presentaba la institución. Se trata de una carrera humanístico-social, que se centra en los vínculos h u m a n o s . En el decir de los directivos de la misma, tiene un perfil harto vaga, con una curricula d o n d e hay "de todo un poco" y por tanto se pierde el norte de la especificidad. Esto trae aparejado una profunda contusión en los egresados que "no saben qué pueden hacer" (se preguntan también "qué son"). A su vez se conforman zonas de superposición con otras carreras similares en el mcciio. Por tanto, el pedido se centra en u n a asesoría técnica: esperan que el consultor - l u e g o de estudiar u n poco la situación académica— les pueda decir qué tienen que esttidiar, d u r a n t e cuánto tiempo, c ó m o deben ser las prácticas y cómo saldrá preparado el profesional para que

* Publicado originalmente en Tramas N " 3, UAM-X, México, D.F., 1991. El autor agradece a Claudia Salazar los valiosos comentarios a este trabajo. ' La experiencia que a continuación se relata fue desarrollada por el autot en una escuela de una univetsidad estatal en México.

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pueda laborar y tener una clara inserción ocupacional y social en el medio. Escucho estos antecedentes corno un problema institucional, de poder al interior de la escuela. D e hecho, la consultoria no fue la primera que tuvo lugar. Existieron dos anteriores, de reconocidos especialistas de organismos asesores de universidades y de la Secretaría de Educación Pública, t]ue realizaron sus estudios y propusieron proyectos alternativos, desde la verticalidad del saber institucional del Estado. Ambas fracasaron; por ello, insisten por tercera vez. Ea d e m a n d a alude a algiín tipo de malestar que en todo caso no es el m i s m o para todos los grupos involucrados. Dicha elucidación es parte del trabajo de intervención. A m o d o de ejemplo, p o d e m o s señalar que los egresados plantean cuestiones bastante diferentes a los directivos: ellos se quejan de la distancia entre "la formación" y los requerimientos del campo de trabajo: no están preparados para hacer aquello que las empresas les solicitan. A mi juicio no era im problema de brindar la asesoría en el plano de "lo manifiesto" en este caso de lo académico, concretamente el c o n t e n i d o y operación de una curricula, sino de lograr abordar los planos latentes del conflicto. Eos anteriores consultores ya se habían centrado en ello e incluso en la estructura educativa, los aspectos manifiestos de lo instituido. Eeí la solicitud c o m o un efecto de una relación pervertida entre saber y poder (habría cjue pensar si hay algunas que no lo sean) y podría corresponder, por tanto, generar m í n i m a s condiciones para la recuperación del deseo, y en términos institucionales, el poder instituyentc (aspecto este que veía m u c h o más complicado y limitado) ¿Quién pedía la asesoría? Mis informes señalaban que la intervención tenía posibilidades de abrir un espacio de

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reflexión ya que se habían comenzado a dar en la propia carrera algunos movimientos de cuestionamiento del propio quehacer y ello había promovido que las autoridades tuviesen que hacerse cargo del asunto mal que bien porque la política general de dicha universidad preveía, a partir de un cambio de autoridades centrales, políticas de revisión de proyectos académicos. En estos casos de estructuras intermedias, siempre está la necesidad de quedar bien de los directivos locales con las autoridades de turno. Este pimto es más importante que la estabilidad política al interior de una escuela c]uc puede ser fácilmente sostenida por medio de la represión. Se dice que los problemas del centro están en la periferia. En este caso, creo t]ue por el modelo orgánico de la institución, es posible ver también t]ue ios conflictos tie la periferia están en el centro; en tanto que contradicciones que adquieren la tonalidad típica según los sectores en los que surgen, pero que en esencia remiten a aspectos de la misma polaridad.

El contrato - la implicación Los contactos se realizaron durante por lo menos seis meses donde la solicitud de intervención para asesorar en "el cambio del plan de estudio" transita por un envío de documentos, programas, reglamentaciones y el consiguiente pedido de ima propuesta de trabajo y presupuesto y fechas probables para la realización de la asesoría. De hecho, conviene señalar que en lo personal había estado concurriendo a dicha ciudad durante más de tres años con el propósito de entrenar coordinadores de grupo operativo; que además había dictado varios cursos sobre psicoanálisis, psicología social, análisis institucional y había participado en algunas actividades de difusión, todo 69

lo cual me daba un determinado lugar en la zona. A su vez, algunos discípulos se encontraban dictando clases en dicha escuela y de hecho fueron ellos los que comenzaron una práctica docente diferente que interesó a im buen sector de estudiantes. Algunos pocos estudiantes participaban también en el aprendizaje de grupos operativos. Debe agregarse a lo anterior la llegada al poder, en la universidad, de un grupo de intelectuales de tendencia progresista tjue de inmediato plantearon terminar con la estructura porril' dentro de las escuelas, cosa que se logrtí en poco tiempo. Por otra parte, la propuesta de un nuevo modelo de universidad no me era ajena ideológicamente. En los sectores medios, entonces, se refugiaban los grupos más reaccionarios, sin moverse mucho, a la espera de lui cambio en el "clima" institucional. Mi propuesta se centró en la necesidad de realizar el "cambio curricular" de luia manera diferente a la tradicional, es decir, comprometiendo a todo el miuído en el proceso para lo cual propuse un contrato, el que podría eventualmente renovarse, en tres fases que abarcaría tm lapso total de ocho meses donde de manera intensiva se podría trabajar tres días seguidos por fase, con los diversos sectores que conforman la carrera. Honorarios y gastos serían cubiertos por la universidad. Si bien conozco el principio de c]ue los honorarios deben ser autogestionados, me permito sostener que dicho concepto merecería ser revisado. Finalmente, "resolví" el problema planteando en imo de los primeros plenarios la necesidad de participación estudiantil y de los maestros a los efectos de garantizar que los cheques estuvieran a tiempo y evitar así las "resistencias" que la burocracia institucional podría introducir para limitar el proceso.
^ Término utilizado en México para aludir a los grupos estudiantiles gansteriles que operan en la casa de estudio.

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Primera fase: Montar el dispositivo de intervención Se trataba de trabajar con un grupo de más de 600 personas, integrado por alumnos, maestros, personal directivo y de servicio, incluyéndose también a un importante sector de egresados. ¿Cómo trabajar con un grupo tan numeroso? La carrera funcionaba en dos turnos. La primera tase planteaba, a través de un programa, montar el dispositivo de intervención, el qtic organizado de manera grupal establecía dos actividades básicas: 1. Reuniones de sectores (siguiendo el modelo de Mendel), esto es: -Una reunión con directivos. -Tres reuniones con alumnos de diferentes grupos. -Dos reuniones con maestros según los turnos. -Una reunión con egresados. 2. Una reunión plenaria (asamblea general, según el modelo de Lourau). Esta propuesta se basó en los siguientes criterios: -Entrar en contacto con la realidad de la escuela a través de los puntos de vista de los diversos sectores involucrados. Esto posibilitaría comenzar a identificar los núcleos conflictivos, las diversas demandas. —Posibilitar el acceso a la palabra de todos los participantes en la medida en que dicha recuperación se constituye en el primer paso para generar un lenguaje común así como auspiciar momentos de reflexión sobre la realidad de la carrera. -Generar un espacio de pensamiento colectivo sobre dicha realidad donde las dificultades se pudiesen ir visualizando como evidentes por la propia comunidad; toma de conciencia imprescindible para el abordaje de los proyectos de cambio, supuestamente requeridos.

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- N o asunción de la tarea de consultor; sí de referente transferencial' de escucha, del discurso grupal. Conviene seiíalar que el trabajo sobre la tarea manifiesta se convierte a nuestro juicio en la posibilidad de leer a partir de allí la problemática del poder. Por tanto, toda la intervención se centró en la modificación del plan de estudios demandacia, en tanto tarea acordada, la que al ser asumida por los participantes de diversas maneras, iba dejando al descubierto —como se verá- los vericuetos, los conflictos, los manejos, que se estaban haciendo por parte de diversos grupos al interior de la carrera. En todo caso, el acceso a la palabra es el primer escalón para asumir procesos autogestionarios'. Por mi parte, el rol desempeñado fue el de hacer posible en todas esas reuniones, la libre expresión de los participantes t]ue eran sometidos, muchos de ellos, a presiones iniciales de las más diversas clases. C'on una libreta de notas registraba los emergentes principales que iban apareciendo en cada grupo, coordinaba la discusión y de vez en cuando proponía abordajes para delimitar contenidos de las materias.

' En un trabajo anterior, pretendo plantearme si la autogestión es en realidad posible, si no se trata de un planteo descriprivo, por aquello de tjue el deseo es siempre de otro. Por tanto, el hacer podría ser también para otro. Ese lugar constituye el referente trairsfcrencial. tlsto no supone que ese sea el tínico lugar que ocupé como consultor para los miembros de la institución. Ver; Foladori, Horacio, Grupo operativo, autogestión, aprendizaje, La nave de los locos, N° 10, Morplia, 1986. '' Procesos autogestionarios y no proyectos autogestionarios ya que el socioanalista no tiene por qué ofrecer ningiin modelo. En todo caso, el proyecto se constituye como un momento del proceso grupal, en una etapa bastante avanzada. La situación de anormatividad que la intervención genera, es propicia para la aparición de miiltiples iniciativas.

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La regla de "decirlo todo" debía ser promovida y defendida El proceso seguido durante esos días dio cuenta de: 1. Una amplia participación en todos los grupos, mayor que la que esperaba para grupos tan numerosos. 2. Un interés constante y creciente de parte de todos los participantes en un clima animado y de compromiso entusiasta. 3. Si bien se fueron expresando diversas opiniones sobre la realidad de la carrera ello se dio en un clima de aceptación colectiva generalizada. 4. La información se transmitía también de manera horizontal entre los grupos fuera de las reuniones, lo que dio al proceso un ajuste esencial. Es interesante ver de Cjué manera el proceso autoriza la circulación de la información de tal forma que a pesar de que los últimos grupos aparentemente podían desconocer lo acontecido en horas anteriores, de todos modos se "enganchaban" en el proceso grupal como si hubiesen estado participando desde el primer momento. No hay participantes fuera de contexto y no hay manifestaciones aludiendo a lagunas o carencias informativas sobre lo ya analizado. En el plenario realicé una devolución de los problemas planteados asumiendo una función sintetizadora ya que era el linico que había estado en todas las reuniones. Ello se correspondía con comentarios ampliatorios de representantes de cada grupo. Dicha síntesis incluía a su vez una propuesta de tareas de "investigación" para que —en lo manifiesto- se esclarecieran las raíces de los problemas detectados. Así, el temario incluía encuestas a egresados, determinación de la historia de la carrera (había rumores de que había sido creada para contar con votos en el Consejo Universitario), profundización en los motivos que di-

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ficultan la titulación (maestros y alumnos hablaban de la imposibilidad de pensar críticamente; yo me preguntaba por los obstáculos epistemofílicos y por los generados por la represión institucional), etc. También se rescató el problema de la "neutralidad" del profesional que trabaja en el área ya que ello implica saber al servicio de quién se va a trabajar, esto es, incluyendo los vínculos de la carrera con el exterior. De igual modo, había que tomarse como eje de autoobservación ya que importaban, de manera particular, los vínculos al interior de la propia escuela, para lo cual era conveniente, de manera organizada, ir abriendo instancias de comimicación más amplias. Los muros de la escuela (totalmente limpios en el momento de mi arribo, me hizo pensar más en un cuartel que en una escuela universitaria) podrían servir para que todos los sectores se pudiesen expresar, tanto en cuanto a los resultados de las investigaciones como la opinión de los integrantes sobre ellos mismos. Lo anterior como condición de la necesidad de horizontalizar la información para posibilitar en los participantes intervenciones más oporttmas y eficaces. Finalmente, señalé que cuando tuvierait avanzado el desarrollo de las tareas me avisaran para planificar la segunda fase. Pensaba que poco a poco la máquina iba a comenzar a ponerse en movimiento, no sin sufrimientos y obstáculos diversos. Había que esperar.

Segunda fase: El desarrollo de la autogestión: "Se me terminó la Navidad" Cuatro meses después solicitan nuevamente mi presencia. Ya contaba con algunos informes parciales que daban cuenta del desarrollo de las investigaciones planteadas.

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El programa se esboza según el siguiente orden: 1. Dos reuniones plenarias, una al inicio y otra al finalizar la fase. 2. Desarrollo de reuniones con los ocho grupos de investigación. 3. Reimiones por estratos (alumnos, maestros y directivos). En el primer plenario los diversos sectores vincidados a la investigación informan brevemente sobre su organización y avances. En lo personal había previsto que se formarían alrededor de cinco grupos; e n c o n t r a r m e con 8 grupos de investigación superaba con creces la expectativa y se explicaba por el entusiasmo que se vivía. Cada grupo estaban conformado por un colectivo de alumnos de 15 a 20 participantes d o n d e además habían incluido a u n o o dos maestros interesados en el tema. U n hecho sin precedentes lo constituía la "Pared de la entropía", espacio mural, frente a la biblioteca, d o n d e básicamente los ahminos habían pegado —de manera m u y ordenada— poemas, dichos, caricaturas, declaraciones de apoyo y de repudio a diversas personas del á m b i t o escolar. La pared era una manifestación más de la liberalización de la palabra que se estaba d a n d o . D e más está decir que la existencia de dicho mural no era bien visto por algunos sectores docentes de la escuela, sobre todo aquellos duram e n t e criticados. Rastreando sus orígenes supe que había "nacido" luego de que un grupo de alumnos asistió a u n congreso de otra universidad cercana y c o n s t a t a r o n la presencia de un periódico mural. Este hecho m e hizo reflexionar sobre la necesidad de ver materializado el hecho como c o m p l e m e n t o de la "autorización" expresada por mí en el plenario de la primera fase. La "Pared de la entropía" reflejaba, además, que la escuela se había comenzado a t o m a r autorreflexivamente c o m o objeto de estudio.

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Este hecho, sin paralelo, merece ser destacado ya que a nuestro juicio la demostración de que los integrantes de la institución han entrado en el proceso socioanalítico, han comenzado a reflexionar sobre lo que les acontece y el esclarecimiento que se ha ido produciendo no deja de polarizar la contradicciones, las que a su vez se comienzan a clarificar haciéndose más transparentes. Si bien en el plenario se informó sintéticamente de los avances de cada grupo de investigación —lo que aytitió a elaborar el programa para la segunda fase- también se explicitaron las carencias que los grupos encontraron en su trabajo. De este modo, se mencionaron aspectos metodológicos, de espacio físico, de materiales de apoyo, de bibliografía, de falta de colaboración de las personas consultadas, destacándose en esta extensa lista algunos puntos: —Falta se asesores: los alumnos solos no podrían realizar todo el trabajo y había muchos maestros que no estaban participando. —La necesidad de incorporar más alumnos al proceso ya que había un importante sector que no estaba participando. Este aspecto me hizo reflexionar sobre el problema del pago, por un lado, y sobre la necesidad de que la "vanguardia" no se distancie mticho de la masa. Así, los grupos de alumnos próximos a egresar estaban mucho más motivados que los que recién habían ingresado. —Por sobre los puntos anteriores se destacó uno que se constituyó en el aspecto central del proceso: la resonancia emocional de algunas lecturas que cuestionaban frontalmente verdades aprendidas en la carrera, confundía y preguntaba por la identidad de los alumnos como futuros profesionales. Porque aquí se tocaba uno de los analizadores, el análisis estaba interrogando frontalmente a la identidad

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profesional y, consecuentemente, se constituía en una crítica a la propia elección vocacional. Sorprende que recién en CSC m o m e n t o , en una carrera humanístico-social, se comenzara a tomar en cuenta la relación profunda existente entre el c o n t e n i d o de las materias y el involucramiento de los estudiantes con sus propias producciones psíquicas. Vale decir, aparecía en toda su m a g n i t u d la implicación del estudiantado. En el plenario se resolvió la apertura de todos los grupos de investigación (que venían trabajando como grupos cerrados), por lo c]ue las reuniones que continuaron congregó un sector estudiantil y docente más amplio. En todo caso, era condición el garantizar la horizontalización de la información y evitar su "propiedad privada" y octdtamiento. Eas retmiones con los grupos de investigación abarcaron la mayor parte del tiempo de la segunda fase. N o corresponde entrar en detalles sobre todo el material de trabajo; sí señalar algunos aspectos sobresalientes: 1. La dificultad de llamar a las cosas por su n o m b r e se contrapuso a la necesidad en ciencia de ser más precisos en el lenguaje; existía poca rigurosidad en el uso de términos. 2. En algunos grupos -investigación sobre egresados— se había producido abundantes cantidades de fichas, esquemas, encuestas, etc., lo q u e requería de apoyos técnicos - c o m p u t a d o r a , por ejemplo— para facilitar su procesamiento. C o m e n z a b a n a surgir ya nuevas estrategias para p r o m o c i o n a r la carrera más afín a los resultados parciales de las investigaciones. 3. En varios grupos se topan con el problema del c o m p r o m i s o del científico social, para quién trabaja, al servicio de quién está, etc., lo cual implica una decisión ideológico-política que no se atreven aún a

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tomar. N u e v a m e n t e , este aspecto centra la intervención socioanalítica en el problema de la implicación del estudiantado. Se puede ver cómo el c o m p r o m i s o del profesional que se visualiza en primer término como im problema de orden ideológico, deriva —más profundamente— en un problema libidinal y todo ello muestra aspectos del proceso socioanalítico al tomarse los estudiantes c o m o objeto de análisis. 4. El problema de "aplicación" de la teoría está presente como un gran fantasma. Cada cosa nueva que estudian aparece cuestionada a través de ¿y esto para qué nos sirve?, ¿para cjué sirve estudiar y saber? Acá aparece claramente expresada la d e m a n d a del sector estudiantil que —como puede apreciarse- es diferente de la d e m a n d a de los egresados y de la de los directivos. 5. Los materiales trabajados rompieron sistemáticam e n t e las ilusiones generadas por manuales superficiales, planteándoles grados m u c h o más complejos de abordaje de los problemas que la carrera estudiaba. El emergente principal lo constituyó, a mi juicio, un a l u m n o que d a n d o cuenta de determinadas teorizaciones freudianas sobre la familia, expresó en un m o m e n t o : "A partir de esta lectura a mí se me t e r m i n ó la Navidad". Esto centraba el conflicto en un plano intrapsíquico; había que establecer su correlato institucional preguntándose por los intereses que operaban el fomento y m a n t e n i m i e n t o de las ilusiones. 6. O t r o s emergentes plantean la diferencia entre el conocimiento vulgar y el científico, discriminación que se intenta aplicar al proceso que vive la escuela. Entre las repercusiones colaterales del montaje del proceso autogestionario aparecieron dos fenómenos:

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-Ahmmos de la otra carrera c|ue ftmcionaba en la escuela, comenzaron a reunirse espontáneamente para determinar sobre la pertinencia o no del tronco comiin que mantienen ambas carreras. Además, se sintieron seducidos por la forma entusiasta en que los grupos de investigación funcionaban y procesaban información que ellos podrían a su vez requerir. -El modelo implementado en la escuela llegó a oídos de la C'oordinación Regional citándose al Director a informar a una reunión de pares, como ejemplo de revisión de im plan de estudios en un proceso profimdo y democrático. El Director, sorprendido al ser tomado como ejemplo, tuvo dificultades para dar cuenta de algo que no solamente no comprendía, sino que además tampoco estaba muy convencido de t]uc sirviera para algo, aparte de lo "peligroso" que podría resultar. Se realiza una reunión con los maestros, sector que se había constituido en el punto resistencial al proceso: su poder se veía seriamente amenazado y como todo cambio de plan de estudios supone la eliminación de materias, algunos docentes podrían quedarse sin trabajo. Es un grupo c]ue se siente superado por el proceso autogestionario: los alumnos requieren del asesoramiento de los docentes, ellos no conocen los textos que los alumnos están leyendo, no se atreven a incorporarse porque de hacerlo deben renunciar a su saber. Están indignados por la "Pared de la entropía", algunos "no la han visto". Tampoco se atreven a contestar en la misma pared con carteles aquellas cosas que etiquetan como mentiras. El tipo de trabajo "el chambismo", hace que no sea posible pensar sobre el quehacer docente. El poder se ejerce verticalmente sobre los alumnos. Hay estudiantes que, como efecto del proceso, ya no desean asistir a clase con algunos maestros. ¿Serán todos reprobados?

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l a m b i é n se realiza una reunión con los directivos centrándose el encuentro alrededor de la prcgimta: ¿No se va a perder el control de la situación? La participación astista y el uso de la palabra más aiin. Están un poco paralizados ya n o saben qué hacer. Ni siquiera están conformes con el beneficio político que les puede traer el proceso. El tíltimo plcnario sirve para resumir el trabajo colectivo. Así se fijan nueva metas para la tercera fiíse. El énfiísis se pone en la necesidad de horizontalizar la información para que otros puedan c o n t i n u a r incorporándose al proceso. Se deben procesar resúmenes que deben ser diftmdidos, concretar espacios de trabajo, adquirir algunos materiales, ampliar investigaciones. Fanre todo esto se destaca la stigerencia de realizar un panel midtidisciplinario sobre el problema de la "neutralidad" del técnico social, con especialistas de la zona. Einalizada esta segunda fase me queda claro que los estudiantes han recuperado su deseo de aprender y de estudiar. Mientras la institución los obliga al estudio academicista rígidamente controlado por la burocracia escolar, la respuesta es la apatía qtie rechaza las imposiciones institucionales. C u a n d o se generan procesos autogestionarios, todos tienen tiempos adicionales y se encuentran lugares de los más diversos, modificándose sustancialmente la relación m a e s t r o - a l u m n o . Los grupos de investigación han funcionado hasta en días festivos y fines de semana para cubrir el material establecido. H a n accedido a una nueva ÍDtma de aprender, la memorización ha dcjaclo lugar al d e s m e n u z a m i e n t o crítico de la información y a su articulación con la práctica social. Sienten que p r o d u c e n conocimientos. M e regreso con la sensación de que estoy frente a una escuela viva, activa, d o n d e el aprendizaje se ha salido de los cánones habituales. Por otra parte, me

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c]ucda claro también el costo social cjtie insumirá el proceso: las resistencias irán a u m e n t a n d o y estructurándose como barreras más firmes.

T e r c e r a fase: el s e g u i m i e n t o . " A p r e n d i m o s m á s e n seis m e s e s q u e e n c i n c o a ñ o s de la carrera" Transcurrieron otros cuatro meses sin tener noticias de la escuela, l'inalmentc, me llamaron para que concurriera para la tercera fase. N o contaba con informaciones extraoficiales. El plenario inicial m o s t r ó un salto cualitativo con respecto a la fase anterior. La cantidad de materiales producidos era descomunal: fichas, resúmenes de trabajos, investigaciones socioeconómicas en la zona, encuestas, análisis de planes de estudio, etc. Se destacaba la síntesis c]ue se venía procesando d o n d e ya se empezaba a vishnnbrar con más claridad la jerarquización de temas, contenidos y materias para el armado curricular. Se imponía, por tanto, realizar un trabajo sobre los grupos de investigación y conformar un grupo grande de diseño que se encargara de comenzar a organizar todos los materiales en la conformación de la nueva curricula, perfiles y demás. Hn el aspecto dinámico se vivía un "período caliente". Estaban sucediendo cosas. H a b í a n habido amenazas anónimas a maestro y estudiantes, otros estudiantes habían sido golpeados acusándolos de infidelidad a grupos conservadores. Algunos grupos de investigación habían visto m e r m a d o su n i i m c r o de p a r t i c i p a n t e s , en otros se h a b í a n i n c o r p o r a d o , finalmente, n u e v o s e l e m e n t o s . Pocos maestros más se habían decidido a participar. La presión sobre los estudiantes era grande: los maestros exigían un r e n d i m i e n t o "académico" c o m o si nada estu!1 con objetivos,

viera sucediendo en la escuela. Se estaba procesando una redistribución de fuerzas y sobre todo se visualizaba que la contradicción fundamental aparecía más claramente: ya n o se planteaban las cosas en términos de una carrera contra la otra, sino que ahora el problema estaba ubicado entre aquellos que impulsaban y querían un cambio en la escuela y otros t|ue se oponían c o m o podían al m i s m o . En los grupos de investigación se notaba la utilización de términos técnicos con bastante precisión y de manera espontánea. Los grupos de investigación resultan grupos de trabajo estables, se percibía ima firme integración. En otros grupos se quejan de que los materiales producidos fueron "robados" ya que "desaparecieron" de escritorios de funcionarios. La crítica de los planes de estudio vigentes a la luz de lo estudiado posibilita una serie de ironías sobre la congruencia y metas de algunas materias. El requerimiento de nuevos estudios aparece por doquier: investigar se ha convertido en una necesidad, se hace eso espontáneamente. En suma: cada grupo ha descubierto más y más contradicciones, las que son presentadas con total claridad. Empiezo a sentir que ya casi n o tengo nada que hacer allí\ El análisis de la ideología educativa aparece una y otra vez en los grupos. El grupo amplio de diseño se reúne por dos ocasiones, c o n j u n t a n d o representantes voluntarios de todos los grupos de investigación y otros interesados en seguir de cerca el proceso. Sorprende la velocidad con que se
'' En realidad, podría pensarse que la tercera fase más que constituir una nueva fase del proceso, tiene todas las caraccerísticas de un momento de seguimiento. No hay, de hecho, cambios cualitativos importantes en esta fase. La ptesencia del consultor se realiza porque de algiin modo figuraba en el contrato, pero desde el punto de vista de la dinámica, el socioanálisis continúa su proceso autogestionariamente. Del consultor se requiere casi solamente su presencia. '' Término mexicano para aludir al trabajo de vulcanización; trabajo más bien mecánico y sucio, engorroso.

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trabaja. Si bien es un grupo que conjunta a cerca de 40 personas, da la impresión de que hubiese estado trabajando d u r a n t e largo tiempo. Los comentarios son precisos, se discute poco, pareciera que todos están ya de acuerdo. Se esquematiza lo que podría ser una curricula futura, el n u e vo perfil de la carrera, la discriminación con otras similares, la importancia de algunos temas y el papel secundario de otros. T o d o está ya hecho, falta el engorroso trabajo de "talacha"''. Ll plenario final sintetiza lo avanzado: —Romper los monopolios de información y del conocimiento. —Generar un estudio y discusión sobre el aprender a pensar. —Garantizar de algún m o d o la posibilidad de una crítica p e r m a n e n t e sobre todo lo que se hace. N o es posible en el medio universitario realizar comentarios que tengan efectos represivos sobre el a l u m n o . —Publicar los primeros estpiemas del nuevo diseño curricular para poder recibir aportaciones de otros sectores. Sin e m b a r g o , la polarización de fuerzas va en aum e n t o . Sectores de maestros solicitan a los directivos la intervención directa, p o r q u e el proceso ya ha llegado demasiado lejos". T a m b i é n hay grupos estudiantiles que c o m p a r t e n el p o d e r desde el lugar g r e m i a F , q u e han p e r d i d o el control sobre sus "subditos". La difusión del esquema de la nueva curricula genera también pánico: si bien no se habla de maestros que q u e d a r í a n al margen,
' De hecho, parre importante del control del estudiantado lo ejercen los propios estudiantes; asociación que comparte el poder con las autoridades y que a su vez sirve de instrumento a los directivos para realizar algunos trabajos de "orientación" con la pedagogía del garrote. El socioanálisis genera que algunos contingentes de estudiantes se salgan del control de la federación.

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las exigencias teórico-técnicas son muy específicas y no habría mtichos maestros en condiciones de dictar las clases. Por otra parte, a partir de la experiencia transcurrida se teme c]ue los "mtichachos asuman la docencia", estudien solos y por su cuenta, desconociendo la estructtira institucional. Se maneja que podría ser la primera vez que los egresados no se vayan de la escuela sino que puedan seguir trabajando en ella. Esto trac miíltiples problemas. Por otra parte, la proximidad del egreso de los grupos más inquietos así como la cercanía de los períodos de exámenes y de vacaciones hace difícil no pensar en un estancamiento del proceso a corto plazo: el "periodo caliente" no se puede sostener, podría suceder un "congelamiento" transitorio o permanente. Si bien la escuela (y los directivos) cuentan con un reconocido prestigio en la región por la naturaleza del proceso y como se ha llevado a cabo, ello no necesariamente significa que al interior de la escuela la contradicción no se maneje de otro modo. Se abre la posibilidad de uir recontrato, sin embargo, correspondería entender primero cuál era la nueva composición de fuerzas al interior de la escuela. Las vacaciones congelaron el "período caliente". Supe que una comisión del grupo amplio de diseño continuó trabajando en el mismo para darle la forma que correspondía al planteo de cambio del plan de estudio, sin embargo, otros hechos vinieron a complicar el panorama: el grupo de intelectuales progresistas tuvo que irse como llegó: sin pena ni gloria; de hecho, fue madrugado por sectores más conservadores en una típica pugna local de intereses de grupo en la universidad. Resurgía el porrismo. Ello ocasionó que el director de la escuela "ascendiera" y otro de los directivos pasó a ocupar su lugar. Las urgencias políticas cambiaron, lo académico volvió al lugar que siempre tuvo.

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Algunas reflexiones sobre la intervención La recuperación del deseo de aprender ¿Cuáles son los límites de una intervención como la relatada? La misma escuela se encuentra sometida a un funcionamiento institucional que ella decididamente no eligió. El vínculo maestro-alumno se halla a su vez tan determinado por las condiciones del entorno institucional escolar que su modificación traería aparejada la ruptura de la institución. En cuanto al cambio de plan de estudio, no vale ni la pena discutir el punto, ya que como fue señalado, se constituye en el registro manifiesto de la intervención. Actualmente, si se ha podido dar o no, es algo que escapa a nuestro conocimiento. Entonces ¿cuál es el poder instituyente que parcialmente, al menos, ha podido ser recuperado? En este sentido, creo que tanto los que han asumido una posición más progresista como los c]ue se han resistido han podido darse cuenta que la presencia del deseo de aprender redefine los vínculos, genera un poder hasta ese momento desconocido, replantea las reglas del juego presentándose como un poderoso elemento motivador de la relación del sujeto con su mundo. El deseo de aprender ha generado en poco tiempo un cúmulo de conocimientos que ha desbalanceado la relación tradicional entre saber y poder: ello ha dejado a los maestros en una posición incómoda, sabiendo que el ejercicio del poder no se sustentaba más en un supuesto conocimiento que les daba ventaja sobre los alumnos. El mismo personal docente tuvo que reconocer que no sabía nada sobre aquello que los alumnos estudiaban y requerían. Y parece que cuesta utilizar el poder en tales condiciones, desnudo, cuando no puede ser encubierto bajo otro tipo de consigna o de mensaje.

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Casi estamos frente al recurso del p o d e r físico q u e a su vez es m a n i f i e s t a m e n t e r e p u d i a d o en el á m b i t o de la cultura. I^or ello, las amenazas de los maestros no e n c o n t r a r o n eco. A su vez los estudiantes, en diversos grados, const a t a r o n su i n v o l u c r a m i e n i o , su d e s i l u s i ó n , su p o d e r e m a n a d o de una acción d o n d e c o m o efecto se iban radicalizando las posiciones. La r u p t u r a de mitos —de mitos sobre la imposibilidad de pensar críticainente— cuestionó las ataduras mentales, más férreas que la telaraña b u r o crática. El sistema se abrió por breves m o m e n t o s para mostrar sus mecanismos de s o m e t i m i e n t o en el plano de las ideas, el a d o c t r i n a m i e n t o , la deformación que p r o m u e v e . Es diferente estudiar para sí mismo que para rendir exámenes, pero de ahí a renunciar a la institución educativa, a "los papeles", hay otro trecho m u c h o más largo. El sistema se apuntala una y otra vez por todos lados y si bien se abre también i n m e d i a t a m e n t e r e c o m p o n e sus defensas. El sistema puede utilizar el socioanálisis realizado; de hecho d u r a n t e m u c h o tiempo la escuela fue modelo, ejemplo de c ó m o abordar una rcformulación curricular. Lo que el sistema n o puede incorporar es el deseo de aprender, este debe ser necesariamente robado a los sujetos como condición para su sometimiento. Incluso el sistema podría aceptar que la relación m a e s t r o - a l u m n o pudiera cambiar; lo que no ptiede aceptar es que todos p u e d a n pensar sobre el devenir institucional, sobre su función, acerca de sus mecanismos, sobre el uso q u e hace del poder. educativa

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La recuperación de la palabra El primer momento del proceso socioanalítico lo constituyó el montaje de un dispositivo donde la palabra pudiera cumplir su función y fuese a su vez preservada. Aquí la oposición es entre palabra y violencia. Esta dialéctica presenta varios matices. Por un lado, y en determinados niveles de su ftmcionar, la palabra evita la violencia ya que lo t|ue se puede decir no será necesariamente actuado. Pero por otro, el ejercicio libre de la palabra lleva inevitablemente a la toma de posiciones, lo que conduce a una polarización del proceso y, por tanto, a alimentar la alternativa de un choque -hasta físico— entre las fuerzas en cuestión. Hay que tomar en cuenta que lo que estaba en juego era de poco valor: en el caso de la posible pérdida de empleo por parte de algún maestro, se trataba de horas semanales, como tantas otras que tendría en el consabido "chambismo". Poco se podría perder, la paranoia colectiva tuvo mucho trabajo que realizar. Recuperar la palabra era de algiin modo invertir la historia: los grupos de alumnos tendrían algo que decir, los maestros iban a tener que escuchar y hablar en otro lado sobre sus miedos y frustraciones, recuperar la palabra es perderle miedo a la palabra, poder llamar a las cosas por su nombre, aprender a expresarse adecuadamente, no en términos formales, sino usando la precisión de la terminología que se discutía. Recuperar la palabra es acceder a un pensamiento libre, porque solo se piensa con palabras. Ejercitar el juego de la crítica, soportar argumentos, contener —por medio de la palabra— las emociones. La "Pared de la entropía" comenzó a cumplir esa función liberadora, escribían cosas, se anunciaban apo87

yos, se denunciaban corruptelas, se caricaturizaba, se leía el futuro. Recuperar la palabra es romper la represión psíquica, superar la apatía, ponerse en movimiento, porque hablar es moverse. Claro está, dicha recuperación pone sobre el tapete el tema de la expropiación de la palabra, y surgen así aquellos c]ue no quieren que se diga, que se hable, que se comente, que se opine, lal vez Paulo Freiré tenía razón, la palabra cumple una función liberadora.

INTERVENCIÓN EN UN MINISTERIO*

Introducción El caso c|uc aquí se presenta tiene interés por c u a n t o se trata de una oficina de un Ministerio, vale decir, intervenir en el mismo centro del Estado. Acá no está en juego un cjuiehre institucional, por lo que la intervención p o dría haber atioptado una modalidad más tradicional. Hay un elemento que me parece pertinente rescatar y es aquel que tiene que ver con la esfera de lo piiblico bajo determinadas políticas de gobierno que p r e t e n d e n reducirlo, privatizarlo o iTiercantilizarlo. Mas allá de un eficientismo inmediato, el beneficiario de un b u e n funcion a m i e n t o de la oficina no es el ministro del ramo sino la totalidad de la población, incluyendo directamente a los funcionarios mismos.

1. O r i g e n de la d e m a n d a ' La d e m a n d a de intervención en la Oficina de Partes se origina en ima serie de hechos acontecidos en la misma y que oficiaron como factor desencadenante de la consulta.

* Publicado originalmente en Revista de Psicología, Vol. VIII, N " 1, U. de Chile, 1999. Este trabajo se realizó en conjunto con la Ps. Livia Sepúlveda. ' Para el investigador socioinstitucional, la demanda se convierte en tm lugar de condensaciones (personales, grupales, sociales, políticas, institucionales, etc.) de im sinnúmero de requerimientos de los más diversos sectores y que obedecen a disímiles inteteses. Allí, por tanto, es donde el proceso se inicia, por lo que su análisis se constituye en el primer movimiento que el grupo realiza desencadenando a su vez los pasos sucesivos.

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a. El hecho más significativo lo constituyó la detección de un caso de tuberculosis en la Oficina y que naturalm e n t e generó alarma en el Ministerio, por c u a n t o la situación amenazaba no solamente al resto de los funcionatios de la Oficina, sino también a otros sectores. La situación fue abordada de manera inmediata por la enfermera del Ministerio que solicitó apoyo a otras reparticiones del Estado. En rodo caso, este aspecto mostró varias realidades, a saber: b. El grado de hacinamiento en que esta Oficina se encontraba y la necesidad de disponer de remodelaciones edilicias urgentes en varias secciones, lo que se comenzó a realizar en su m o m e n t o y se mantuvo durante la intervención. c. El altísimo porcentaje de licencias médicas solicitadas por funcionarios de esta Oficina, la ptesencia de enfermedades psicosomáticas de largo arraigo, intervenciones medicas, etc. d. La presencia de un índice significativo de depresión entre el grupo de funcionarios que también incidía en la necesidad de licencias médicas de mayor diuación. e. La edad promedio cic los fimcionarios de la Oficina que a ojos de las autoridades administtativas es elevado. Estos aspectos habían motivado la intervención de im sociólogo quien realizó un primer taller-diagnóstico sobre el clima laboral en la Sección de archivos y partes. Además, se detectó una serie de problemas interpersonales variados entre los funcionatios, así como dificidtades en las relaciones con el Jete de la Oficina. Este preámbulo hizo conciencia sobre la necesidad de u n a consulta de mayor envergadura a los efectos de generar una intervención que "ayudara a las personas a c o m p r e n d e r algo de lo que allí acontecía" y que sirviera también para estudiar algunas de las determinaciones de las relaciones laborales particulares de la Oficina.

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Se solicitó así un proyecto al equipo consultor', el que fue presentado en abril de 1998.

2 . C o n t r a t o de trabajo En junio, el equipo consultor es solicitado nuevam e n t e para iniciar la intervención. El proyecto presentado, y que fue aceptado en su totalidad, establecía algunas condiciones, a saber: a. Q u e d t u a n t c la intervención —que se fijaba en 20 sesiones, vale decir aproximadamente d u r a n t e 5 meses— no se realizaran intervenciones de otras consultoras. El motivo de esta contiición a p u n t a b a a rescatar la importancia y significación de la intervención para el Ministerio y fiícilitar la concentración emocional de los participantes sobre ima única actividad. b. Ea necesidad de cjue todos los timcionaros que participaran lo hicieran volimtariamente. Este requisito se basaba en la necesidad de rescatar el deseo propio cíe cada quien, ya que en este terreno nadie puede ser "esclarecido", si no desea hacerlo, a difi^rencia de lo que sucede en un curso de capacitación. La institución había aportado un escrito en el cual los funcionarios se c o m p r o m e t í a n voluntariamente a asistir.

• El equipo consultot se constituyó con psicólogos con fotmación en trabajo grupal dinámico y en análisis institucional. El modelo implementado en este caso se distancia de lo que puede set un cutso de capacitación cütriente, en el sentido de generar im dispositivo de intervención que permite develat las detetminaciones profundas que afectan al grupo a ttavés de una metodología de escucha y análisis, en vez de la enttega de intotmación. El equipo consultot sostiene así la tesis de que en la medida en que el grupo participa y analiza sus situaciones, se esclarece y descubre las conexiones entre su sufrimiento (psícjuico e institucional) y sus padecimientos (tísicos u otgánicos).

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Como se verá, esta institución vertical hizo que no haya elección posible: los funcionarios no se animan a expresar su discrepancia y decir N O , se escabullen sin enfrentar la situación y actúan el descontento institucional saboteando de diversos modos. Lo significativo es que la institución no cumplió ninguna de estas dos condiciones. Durante toda el trabajo sostuvo intervenciones con otras consultoras, así como los funcionarios fueron "comisionados" a diversos cursos que los extraía del campo de intervención. Con esto, el propio Ministerio implícitamente comunicaba su desconfianza sobre la intervención, así como que su compromiso era algo meramente formal. Esto fue señalado por el equipo consultor en oficio de septiembre de 1998. A su vez, también en sti momento presionó a los funcionarios para que concurriesen a las reuniones. El modelo de intervención consistió en organizar dos grupos paralelos (ya que se habían inscrito cerca de 20 funcionarios) en horarios complementarios a los efectos de que las diversas dependencias no quedaran sin personal y pudieran continuar trabajando. Se instituyó un espacio "para hablar" de todo lo que tuviese que ver con el desarrollo del trabajo. La técnica consistía en producir un discurso que era permanentemente precisado, interrogado y esclarecido por el equipo consultor, con un momento de devolución en que el ohservudor releía aquellos dichos del discurso grupal que configuraban verdaderos nudos conflictivos, al expresar no solamente situaciones emocionales significativas, sino también tomas de conciencia que marcaban el proceso del grupo'.

' La técnica es la conocida como grupo operativo diseñada por Enrique I'ichón-Riviere.

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En suma, se trataba de construir un espacio de reflexión y análisis de los problemas en el entendido de que tienen que ser los propios fimcionarios —si así lo desean— los que pueden esclarecerse acerca de las motivaciones de lo que les acontece. Se señaló que no se iban a dar consejos, recomendaciones, sugerencias, etc., ya que los problemas nunca pueden ser solucionados desde "afuera" (tratar a los funcionarios como sujetos dependientes refuerza el paternalismo que la propia institución genera y cuyo efecto, en parte, es visualizado a través de una amplia gama de síntomas como la apatía, la depresión, etc.). El trabajo de intervención comenzó en julio de 1998 y se desarrolló sin interrupciones hasta noviembre como estaba previsto. Inicialmente, se comenzó a trabajar en un local que fue sustituido por otro, en el que se funcionó de manera definitiva.

3. Características del grupo de funcionarios 3.1. Expectativas

Las primeras reuniones dieron cuenta de las expectativas de los funcionarios en cuestión. a. Se expresó que "creían que se trataría de un solo taller"; vale decir, la institución generó un malentendido, tai vez para obtener la anuencia de los funcionarios a participar. Fue necesario entonces comenzar a mostrar que los problemas tenían larga data y era ilusorio suponer que en una sesión aislada se podían obtener esclarecimientos sobre situaciones tan complejas. b. La actitud de los funcionarios fue —como es habitual según la mecánica de los "cursos"- la de esperar que 9.3

los expertos les dijeran qué tenían que hacer y por que les sucedía lo t[ue acontecía. Por tanto, se hizo también necesario mostrar que la ansiada "mejoría" era un trabajo que debería ser hecho por todos, que era un " p r o d u c t o " al cual se podría arribar pero que había que trabajar para ello. N o fue poco el desconcierto. c. Inicialmente se atribuyó a "problemas familiares" la presencia de tantos problemas en la Oficina. Ello significaba plantear la cuestión en términos de "no nos m e t a m o s con la vida privada de nadie", lo que constittu'a una resistencia férrea al trabajo grupal que teníamos que hacer: abrir los problemas, animarse a mirarlos y esclarecerlos. N a t u r a l m e n t e , la intervención era sentida como amenazante ya que requería de im grado de confianza y de c o m p r o m i s o emocional con el trabajo de análisis. Por ello, la insistencia en solicitar recomendaciones que siempre permanecen c o m o "exteriores" al sujeto y le permite jugar con la ilusión de c]ue él elige si las va a aplicar o no. d. Por otro lado, el equipo consultor se convertía en un intermediario entre los funcionarios de la Oficina y las autoridades administrativas, por lo que - e n el imaginario del grupo— podría negociarse a través del equipo mejoras laborales (salarios, ascensos, vacaciones, beneficios diversos, etc.), con lo que algunas sesiones se convirtieron en "mesa de negociaciones" de las condiciones de trabajo. C o n ello, los funcionarios al contar con "abogados defensores" evitaban tener que astunir ellos mismos los reclamos que deseaban hacer a las autoridades y jugársela por sus ideas y proyectos. e. T a m b i é n estuvo presente desde el inicio la idea de qtie por estar el equipo interventor formado por psicólogos, las reuniones se transformarían en tma suerte de terapia de grupo; y más aún por cuanto el índice de enfer-

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medades psicosomáticas y depresión

figuraban

entre los

motivos de la convocatoria. Pero se trataba de una "terapia de g r u p o " que no era solicitada personalmente c o m o tal, porque ello significaba asumirse como enfijrmo: jugar a la terapia de grupo entonces, lo que implicaba la propia negación del intento. 3.2. Desarrollo sintético del proceso

C.ada u n o de los subgrupos adquirió desde el inicio características propias. Sin perjuicio de ello, el proceso que siguieron fue similar. Transitaron por diversas etapas y fue interesante detectar de qué manera el conflicto central del grupo hie variando a lo largo del proceso. En este sentido sostenemos que lo que llamamos el conflicto central, es acjuel lugar en el que aparece la mayor concentración de fuerzas opuestas. Pero las fuerzas son móviles y según se esclarecen distintas escenas, de ser vividas c o m o situaciones antagónicas, pasan a ser situaciones complementarias; se disuelve el conflicto que aparece nuevamente polarizado en otro par de situaciones. Se puede mostrar que el conflicto nació centrado en situaciones personales e interpersonaíes, ai poco tiempo se polarizó en la figura de la jefatura de la Oficina, más tarde adquirió la tonalidad de los problemas internos a cada subsección, posteriormente se hizo presente c o m o conflicto con la institución total: el Ministerio. Más tarde se polarizó en un férreo cuestionamiento al gremio, para adquirir por último la tonalidad de los conflictos intrafamiliarcs. Cada u n o de estos m o m e n t o s deberá ser mostrado y explicado ya que conlleva la respuesta al interrogante general que convoca la intervención, vale decir, ¿cuáles son las determinaciones del estrés laboral^ El grupo contesta T O D A S ELLAS, lo cual no significa que todas

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operen con el mismo peso, ni tampoco que lo hagan de igual m o d o en todos y cada u n o cic los funcionarios de la Oficina. De hecho, cada participante se vio afectado de distinta manera por el proceso global. 4. Desarrollo de los m o m e n t o s del conflicto A los efectos de visualizar claramente el desarrollo del conflicto anteriormente descrito, se detallarán U)S diversos m o m e n t o s con las cnimciaciones t]ue dan cuenta de su identificación, a saber: 4.1. Momento de los conflictos personales funcionarios

La p r i m e r a respuesta del g r u p o de

tiene que ver con c ó m o ellos justifican lo que les sucede en el Ministerio. Parten de la base de que muchos de los ftmcionarios concurren al trabajo con ima gran carga emocional p r o d u c t o de sittiacioncs familiares, es decir, los conflictos personales los indisponen para el trabajo en comiin ya que se sienten d c p t i m i d o s , enojados, alegres, etc., según como vengan desde sus propias casas. Se juega aquí una cierta manera de pensar los problemas ya que sobre t o d o la impotencia ante los conflictos hogareños y la imposibilidad de estar allí (para solucionarlos, ya que tienen c]ue ir a trabajar) hace que lo hagan con disgusto. Así, atribuyen a una determinada "naturaleza himiana" lo que les sucede en el trabajo: son desleales, tienen problemas de carácter, contestan de mala manera, tienen falta de educación, tienen familiares enfermos graves, sufren de desconfianza entre ellos, etc. D i c h o a r g u m e n t o no toma en cuenta que - t t i s t e es decirlo— en realidad hay u n t i e m p o mayor que pasan en el empleo, comparativamente con aquel destinado al hogar

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y que la explicación podría ser castialmente la contraria, vale decir, que se llevan los conflictos del trabajo a la casa: si están más de 8 horas en el trabajo y deben viajar en muchos caso no menos de dos o tres más, llegan a la casa para cenar y acostarse, por lo que el tiempo en la casa es exigtio. 4.2. Momento de los conflictos con la jefatura

Superado el m o m e n t o inicial y señalada la contradicción en el argumento, el grupo se centra ahora en su sittiación interna. En tal sentido, se tmen contra la jefatura a quien acusan de todos los males que les toca vivir. Veamos en detalle: a. Despreocupación por parte de la jefatura (no son tomados en cuenta, no son alentados, no se c o m p r o m e t e ni se la juega por sus empleados). Y'X sentir generalizado es de que existe una gran distancia entre la jefatura y el grupo de funcionarios. Rara vez son tomados en cuenta o consultados en sus o p i n i o nes. M e n o s aiín son alentados en sti trabajo. Plantean airadamente que un jefe debe jugársela por sus funcionarios, cosa c|ue en este caso n o octirre. b. Envidias de los privilegios (los "preferidos", los "serviciales"). A su vez el jefe no trata a todos por igual, sino que tiene a "sus preferidos" y a su séquito", lo cual hace que los niveles de exigencia sean diferentes para cada quien. Están aquellos que "se saben colocar" con el jefe y otros que sencillamente se m a n t i e n e n en la periferia. c. Arbitrariedad en la distribución de las horas extraordinarias y en los contratos nuevos. O t r a queja m u y significativa tiene que ver con la manera arbitraria en c ó m o la jefatura ejerce sus funciones.

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Si hay regalones, hay algunos más beneficiados que otros de aquello que se produce como "reparto": no a todos les toca gozar del beneficio de hacer horas extras, si bien las licencias médicas numerosas producen necesidad de más trabajo. Más significativo e hiriente para los funcionarios es ver que algunas nuevas contrataciones se realizan a salarios muy superiores a ios que establece el escalafón o que hay funcionarios que son "ascendidos" varios grados en el momento de la contratación. d. Inseguridad (El miedo a que si la jefatura también se ve amenazada desde instancias superiores, eso ios dejaría sin protección). "Todos somos esclavos". Reconocen que el jefe también sufre lo stiyo ya que es probable que esté muy presionado desde "arriba" para obtener a su vez calificaciones buenas. Esto hace que esté permanentemente cuidándose para "no perder su pega". Ello repercute generando en los funcionarios la sensación de desamparo. Así, en el fondo, el grupo necesita cautelar la figura de la jefatura. e. Se monopoliza la información. ¥Á jefe cuenta con abundante información que no da a conocer a los funcionarios, información que puede ser imprescindible para realizar mejor el trabajo. Así como resulta exigente y avaro con la distribución de horas, también lo hace con el manejo de la información. f. Los jefes a su vez tienen la posibilidad de elegir los mejores "cursos de capacitación, que son aquellos con los que se puede viajar al extranjero. En ese sentido los jefes aparecen como siendo muy envidiados por los funcionarios. g. Abuso de poder por medio de la calificación (descalificación). La queja más significativa la constituye el abuso t]ue se hace, en opinión de los funcionarios, de las calificaciones. Las mismas tienen para ellos una destacadísima 98

importancia ya que de estas dependen ios ascensos y la posibilidad de ganar unos pocos pesos más. La calificación es el linico elemento que los funcionarios pueden pretender controlar -vía un buen desempeño— ya t]ue los otros elementos para obtener un mejor ingreso depende de las "bondades de otros". Por ello, el problema de las calificaciones, los juicios t]ue se emiten en las mismas y las repercusiones en cuanto a las comparaciones que resultan entre ellos, se convierte en el conflicto central con la jefatura. Es interesante observar que la reacción de los funcionarios a;ue las calificaciones es diversa. Hay cjuienes prácticamente reconocen preocuparse mucho por la calificación y por la forma en que se aplican los juicios por parte de la jefatura; hay otros que pretenden "negar" su importancia, seguramente como una manera de neutralizar la propia sensación de impotencia que la arbitrariedad de la misma les produce. En todo caso, es un tema que no deja de poner al desnudo toda la situación laboral, por lo que se convierte en un denimciante de la misma. Esta c]ueja sobre la jefatura adopta el modelo de una situación familiar". Eos fimcionarios se quejan como si estuviesen ante un padre malo, arbitrario, que no trata a todos los hijos por igual y que se reserva las mejores tareas y funciones. Pero, a su vez, también plantean cjue el jefe "debe mandar" y coinciden en señalar que si la jefatura se manejara con "mano dura" hay cosas que no se tolerarían en la Oficina. (Creen que la competencia y riña entre los fimcionarios aumenta de manera manifiesta si el jefe es condescendiente). Resulta sorprendente este pedido, esta nueva queja que da cuenta de la enorme pasividad con que los funcionarios se enfrentan a la jefatura, prácticamente no tienen iniciativa y permanecen a la espera de que sea el jefe quien, a través de sus instrucciones, los reconozca y les diga qué deben hacer. Este aspecto de la

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pasividad generalizada reviste singular relevancia ya que aparecerá de diversas manera a lo largo del taller y articulado con otros momentos. La pasividad es el efecto de la resignación, la desesperanza, (tirar la toalla", "tirar la esponja", "no hay espíritu de cambio", "no se puede esperar retribución", "no calentarse la cabeza", "hacerse la lesa , etc.), que a su vez es, tal vez, el peor enemigo del cambio en la institución. 4.3- Momento de los conflictos internos entre subsecciones Cuando se les mostró que seguramente todos los males de la Oficina no provenían solamente de la jefatura, se generó un tercer momento de desarrollo del conflicto que se pasó a centrar en las relaciones entre ellos mismos, entre las diversas subseccioires que conviven bajo la gran repartición de la Oficina de Partes. a. Remodelaciones y locales Si bien cuando comenzó el taller ya habían sido instalados en su nuevo local más cómodo, iliuninatio y ventilado, no todos los funcionarios pudieron gozar de inmediato de este beneficio. Hay secciones que tuvieron que mudarse transitoriamente a otros espacios o soportar dnrante bastante tiempo la operación de obreros trabajando en las mismas oficinas. Algunos arreglos y remodelaciones son vividos como necesarios; otras -como la entrada del Ministerio—, a su juicio son prescindibles cuando tienen sueldos tan bajos. Además, se quejan de que sus opiniones sobre la funcionalidad de los espacios no es tomada en cuenta y que los arquitectos se preocupan más por io bonito sin percatarse de las necesidades mínimas y sobre todo de la seguridad del local. b. Quién trabaja más, si los que atienden al público o Jos que están en escritorios. Un larga discusión se dio

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entre los sectores que "atienden piiblico" y otros que realizan un trabajo más apartado. Como si estuviesen en competencia permanente, discutieron si unos trabajaban más t]tie otros, los grados de tensión que se acumulaban en el trabajo ya sea por la rutina o porque se tenían que hacer cargo de las tensiones del piiblico. c. Problema de los uniformes. Un desarrollo particular del punto anterior lo constituyó la discusión sobre el "beneficio" de los uniformes ya que se les había entregado a aquellos que atendían piiblico. Este es un nuevo punto de rozamiento entre sectores ya que produce envidias muy agudas; sirve para etiquetar a aquellos favorecidos por la autoridad y a sentirse a su vez descalificado y despreciado por esta. d. Estar a cargo de otros (flojos). Así como discutieron sobre las diversas subsecciones también lo hicieron a partir de las relaciones entre ellos en los subequipos de trabajo. Les cuesta decirse las cosas y actúan sus enojos. Hay funcionarios que parecen tener más capacidad de trabajo que otros por lo que los "flojos" son sentidos como aquellos que le "cargan la mano a los demás". En el fondo, esta es una queja a la jefatura que debe poner orden y distribuir el trabajo de manera equitativa porque si no "terminan haciéndole el trabajo a aquellos que por flojos no se lo merecen". e. Comedor ("Se revolvió el olor a pescado con el desodorante ambiental"). El episodio del comedor se constituyó en el centro del conflicto de este momento, ya que el comedor generó un espacio en el cual se disolvió "la frontera" dentro de la Oficina. Originalmente, el comedor pertenecía a una subsección. Pero al modernizarse permitió dar cabida a todos los funcionarios, en distintos horarios. Esto generó una lucha por el microondas ya que hubo un subgrupo que vivió como una expropiación, el

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que pudiese ser utilizado por todos. A su vez el espacio del comedor tuvo que ser tácitamente reglamentado. ¿Qué se podía cocinar allí? ¿Qué se podía hacer? ¿Qué se podía decir, con qué intensidad se podían reír, qué tipos de chistes contar? No fue fácil llegar a acuerdos y los niveles de tensión fueron en aumento. Parecían dos bandos luchando por un territorio: uno llenando con "olor a pescado" y el otro invadiendo con "desodorante ambiental", mientras los compañeros comían. En todo caso, el conflicto —cjue abarcó varias sesiones— se fue hablando y analizando hasta que se disolvió. Los mismos funcionarios reconocieron luego que se había llegado como a un acuerdo tácito, no sin violaciones a las normas (de horarios) implantadas. Este momento permitió identificar la baja tolerancia que los funcionarios tienen a las diferencias entre ellos (de rendimiento, de educación, de formas de ser y hasta de trabajo, para mencionar las más notorias) como si pretendieran que todos fuesen uniformizados al estilo de un batallón... 4.4. Momento de los conflictos con el trabajo Cuando los conflictos entre secciones y al interior de las secciones se fueron disipando, comenzaron a surgir una serie de reflexiones sobre el trabajo mismo, sobre las tensiones que genera, sobre la relación que mantiene cada quien con su actividad. Este aspecto se convierte, en el sentir de los funcionarios, en un punto neurálgico ya que es poco lo que se puede hacer para cambiarlo ya que se define como las características del cargo que cada quien ocupa; en suma, la esencia del empleo. Cuesta tomar medidas ante eso y en muchos casos se depende de instancias que están mucho más allá de la propia Oficina. Veamos algunos ejemplos:

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a. Docimientación personal y documentación oficial. Parece ser c]ue en un abuso de confianza - y también de autoridad- los funcionarios del Ministerio solicitan que la correspondencia personal de cuentas, cuotas, pagos, etc., les sea enviada al propio Ministerio, en lugar de a su domicilio particular. De este modo, el trabajo de la sección correspondencia se recarga excesivamente ya que una oficina prevista para la correspondencia oficial debe trabajar el triple para cubrir también todas las cartas personales c]ue llegan. Se quejan de la falta de ética al utilizar los bienes estatales en beneficio personal. b. Presión por terminar el trabajo en el día, y otras presiones por el estatuto administrativo. El planteo se centra en lo que puede ser un trabajo contra reloj, o en su detecto, el tener que quedarse más allá del horario de salida para terminar con el trabajo del día. Si bien el estatuto establece de manera terminante el tipo de trabajo a realizar, la cantidad de trabajo -sobre todo en determinadas fechas— puede ser desmesurado. Sorprende, en este caso, el exceso de celo por parte de los funcionarios, que no parece ser reconocido por parte de las autoridades. c. El problema de la atención al público. La información que el público maneja se obtiene a través de relaciones personales, no oficiales e informales. Otra cosa es ser la cara del Ministerio —brindar información oficial— y sentir el peso de toda la administración. La sección de Ltformación es de reciente creación y los funcionarios están muy orgullosos del trabajo que se ha hecho para organizaría y tratan por todos los medios de brindar un buen servicio. Sin embargo, notan que no reciben toda la información que requieren para canalizarla al piiblico. Nadie les informa de nada y tienen que estar buscando la información para poder orientar al público consultante. Se siente la enorme responsabilidad de ser

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la cara del Ministerio, esto supone que son los que dan la cara pero también los cjue se encuentran en la primera línea de combate, lo que ocasiona... no pocas tensiones y heridas. ("Somos la piedra de tope, las instituciones y los s Directores hacen y deshacen y u n o está en la mitad, el Ministerio n o puede hacer nada, la gente descarga eso en nosotros"). Y sobre todo cuando hay problemas que no se p u e d e n resolver (ya que responden a políticas inciertas de la propia repartición) y c u a n d o no se cuenta con los datos m í n i m o s para hacerlo de una manera eficiente. N o les queda más qtie hacerse cargo de los problemas de las personas... y sufrir las consecuencias - m u c h a s veces enloquecedoras que el impacto del problema del público les produce. C o n el telefono no les va mejor. En suma. Información es "como la posta", pero allá los médicos y enfermeros se van endureciendo; acá eso no es posible. Es evidente que no aparece claramente discriminado lo que es el brindar información al público de los reclamos que el público se cree con derecho de hacerle al M i nisterio (padres y apoderados de diversas partes del país que muchas veces son enviados de un lado a otro desde las entidades locales, M u n i c i p i o s , unidades regionales, etc.) y que realiza a través de la "cara del Ministerio", la oficina de Información. d. T r a b a j o r u t i n a r i o ("Hacer lo m i s m o a b u r r e y mata"). C u a n d o el funcionario se ha pasado 25 años de su vida realizando el mismo tipo de trabajo mecánico, sin m u c h a s posibilidades de creatividad, sin cambios y sin e s t í m u l o , c o m i e n z a a gestarse una cierta sensación de desesperación. Se fantasea con la rotación de funciones; luego se concluye que no es viable, muchas actividades requieren una experiencia que n o se adquiere de u n día para otro.

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e. Descoordinación entre secciones (no se proveen de los materiales necesarios). "Todos se lavan las manos". Si bien el objetivo de la burocracia es la racionalización del trabajo, en la práctica las cosas no funcionan de manera aceitatia y muchas veces el trabajo de algunas secciones se ve detenido por el no cumplimiento de responsabilidades en techa, por parte de otra sección. No parece ser im problema de no trabajo, sino probablemente por la taita de comunicación entre las secciones que permita planificar las acciones con precisión y sobre todo cuando hay urgencias para cumplir diversas acciones al interior o al exterior del Ministerio. f. La evaluación estadística de todo ("Todo se basa en la estadística, pero el drama está detrás"). Los criterios de evaluación del rendimiento y de la calidad del trabajo del Ministerio, está basado en lo cuantitativo; lo cualitativo, las diferencias esenciales, no son para nada tomadas en cuenta, liste enfoque neoliberal de tener que medir todo afecta el funcionamiento de todo el Ministerio y de todas las acciones que el mismo emprende. "No hay calidad de vida en el trabajo, es para volverse loco". El sentido del trabajo y su evaluación aparecen distorsionados por la supuesta objetividad que los niimeros aportan cuando lo único que se toma en cuenta son casualmente los niimeros. Para los funcionarios, que viven el trabajo como una totalidad, el Ministerio al tomar solamente la parte, los niimeros, la estadística por el todo, distorsiona significativamente la realidad cotidiana, produciendo además un fenómeno ilusorio, que enajena a los funcionarios incrementando los niveles de sufrimiento laboral. Este aspecto es determinante para comprender la distorsión que se produce en la imagen del trabajo que se genera en los funcionarios, ya que el Ministerio se apropia (negándolo) de todo lo que hace a la relación entre

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trabajo-satisfacción-placer-realización personal, al valorar solamente las "cantidades" de trabajo. Se podría pensar entonces en un alto grado de enajenación producido estructuralmente por "el modelo que cruza la acción del Ministerio. g. Dificultad en aceptar los adelantos técnicos (Todo se va a computarizar. A uno le quitan el pensar"). Las innovaciones son siempre persecutorias ya que amenazan la estabilidad del empleo. Los funcionarios reaccionan, como es natural, defisndiéndose de las máquinas y de la tecnología, que inicialmente desplaza al trabajador. Es cierto que a la larga le soluciona muchos problemas, pero hasta no conocer cuál es el verdadero alcance de la tecnología, los funcionarios sienten temor. Pero, además, queda claro que el Ministerio no tiene una política de psicohigiene para introducir la nueva tecnología, vale decir, generando procesos que disminuyan las ansiedades ante la nueva tecnología. La carencia de una política explícita para disminuir las ansiedades ante lo nuevo, muestra la existencia de una política tácita c]ue las aumenta. La capacitación técnica no alcanza a resolver las resistencias al cambio que la nueva tecnología genera. Por otra parte, las fases de modernización necesarias lejos están de tomar en cuenta las opiniones de los funcionarios, por lo cual es común sentir entonces que los miembros de las diversas secciones no pueden pensar los problemas que les atañen: su capacidad de pensar no es tomada en cuenta por las autoridades. 4.5. Conflictos con la institución (el Ministerio) Hay un momento en que el grupo de funcionarios toma conciencia de que los problemas que tiene con el trabajo dependen de las normativas, de la forma de orga-

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nizar el trabajo, de la estructura burocrática, de las jerarquías, etc., que no necesariamente hace a la naturaleza del trabajo en sí, sino que pasa por la manera en cómo la institución norma la actividad laboral. Dicho de otro modo, los conflictos con el trabajo tienen un común denominador ya que hay responsables que toman decisiones sobre políticas y sobre formas de hacer las cosas a las que los funcionarios deben someterse*. No se trata entonces de un problema sobre la "naturaleza del trabajo en sí" (además, porque los funcionarios están plenamente convencidos de que el Ministerio y su trabajo es muy importante, tal vez haciendo gala de mecanismos de idealización), sino sobre la manera en cómo se ejerce un determinado poder sobre el trabajo, y allí la violencia de la institución aparece en toda su magnitud. En lo concreto, se vuelven a cxplicitar en el grupo muchos de los planteos que se hicieron sobre la figura del Jefe, ya que este encarna en el espacio de la Oficina a la institución. Sin embargo, en esta oportunidad hay una mayor discriminación, en el sentido de que el Jefe es también un engranaje del Ministerio y de que los problemas rebasan su esfera de responsabilidades. a. El estatuto administrativo no respeta las necesidades de las personas. La violencia que el estatuto administrativo rígido instaura, solamente puede ser combatido violando a su vez su letra. Veamos algunos ejemplos:

' Lo que se está cuestionando no es la necesidad de un ordenamiento sobre la actividad laboral y una organización de la misma. Lo que se pone en entredicho es si esta manera de "hacer las cosas" (manejo despótico del poder, jerarquización arbitraria de funciones, invalidación de las iniciativas personales y grupales, control irracional del tiempo y del espacio, valoración de lo cuantitativo por sobre lo cualitativo, eficientismo, etc.) realmente es la mejor forma de hacerlas; cuánto esta normativa está realmente al servicio de los objetivos que el Ministerio dice perseguir.

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— Si la rutina los agobia y el encierro los abruma, deben entonces tomarse más del tiempo estipulado para la colación para tener un m o m e n t o de desahogo. — Si hay problemas en el hogar, cuidado de los hijos o de familiares y deben hacerlo, no hay otra forma más que reciurir a las licencias mentirosas. — Si el horario de llegada es m u y estricto y aparecen descuentos por llegar un m i n u t o tarde ("me ponen u n 6 si llego atrasada"), hay que recurrir a otros mecanismos fraudulentos para contrarrestar los descuentos ("La carrera del m i n u t o " , cjue no ha dejado de provocar accidentes por correr). En todo caso, estas acciones no dejan de generar culpa, lo que afectará el trabajo, ya que es como si el p r o p i o Ministerio n o les permitirá ser honestos al inducirlos a prácticas corruptas. b. Los salarios son a m p l i a m e n t e insuficientes e inequitativos. Sienten que la situación general es caótica; colaboran con algunos funcionarios para juntar papeles sobrantes de las oficinas para venderlos y mejorar el salario, otros venden huevos, miel, etc. Sienten c]ue los niveles de bienestar antes de la dictadura eran muy superiores: tenían médico, dentista, jardín de niños, comedor y posibilidades de comprar las mercaderías básicas. El salario en esa época tenía u n mayor poder adtjuisitivo ("Les quedaba dinero para el otro mes"). El estatuto administrativo incide desfavorablemente ya que las calificaciones generan una "baja del salario" y una dificultad para ascender en el escalafón. En este rubro la impotencia es absoluta ya que sienten que "El Ministerio no tiene remedio", que no p u e d e n hacer nada para mejorar la situación ya que todo está amarrado, deben soportar con rabia e indignación. La angustia a u m e n t a ante la posibilidad de jubilarse ya que lo acumulado no les alcanzará para siquiera sobrevivir

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d i g n a m e n t e . A pesar de eso "deben dar gracias a Dios de tener im trabajo". La impotencia y la rabia señalada en este p u n t o cruzó de manera transversal todo el desarrollo del grupo d u r a n t e todo el taller, manifestándose de diversas manera según el m o m e n t o pero estando permanentemente presente. c. Niveles de corrupción en el trabajo. El grupo observa que se da un pago de horas extraordinarias a funcionarios por misiones q u e n o son realizadas. Existen además, contrataciones que se saltan niveles del escalafón y con sueldos m u y por encima de lo c|ue estiman que correspondería. d. Falta seguridad en el trabajo. Este aspecto a p u n t a a mostrar diversos niveles: - M u c h o s funcionarios renunciaron a su base por o b tener tm mayor salario en el sistema de contratación, el cual no da garantías laborales de permanencia y ante las situaciones cic crisis social y económica, aparece el fantasma del despido. Este aspecto se agrava c u a n d o los funcionarios tienen ya muchos años de trabajo, no tienen los grados para obtener un b u e n salario y no pueden ni siquiera decidir irse del M i nisterio. - E n otro sentido, la seguridad tiene q u e ver con cosas más concretas, como los accidentes en el trabajo, a la entrada o en las escaleras, falta de escaleras de incendio, sobre t o d o en un país en el cual los terremotos son una preocupación p e r m a n e n t e ("Las grietas del edificio terremotcado están cubiertas con p u t a pintura"), etc. e. El peso de la dictadura y su relación con la institución. El grupo siente c o m o u n a fractura en su historia el acontecimiento del golpe militar y la consolidación de

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la dictadura que implicó una h o n d a distorsión en las relaciones laborales y en el clima de trabajo. Funcionarios que fueron perseguidos y detenidos, clima de persecución p e r m a n e n t e , prohibición de conversar de a dos, suinarios, aplicación brutal de las normativas, la planta fue drásticamente disminuida, etc. C u a n d o se perdió una carta, la Oficina fue sumariada por parte de la Fiscalía Militar, se les exigió a algunos funcionarios que "se echaran la culpa". En simia, la experiencia de la dictadura significó una marca p e r m a n e n t e de miedo que aún subsiste en muchos. Herida, que c o m o en m u c h o s otros sectores de la sociedad chilena, ha p e r m a n e cido abierta generando autocensura y sufrimiento. f. Las enfermetlades que el trabajo genera. "Situación sin salida". Los problemas que no se pueden resolver generan un m o n t o de angustia importante, les echa a perder la vida, se deprimen, se enferman por la rabia de no poder decir las cosas d u r a n t e tantos años. Cosas que no se pueden remediar y se repiten. La rabia que no se puede canalizar hacia afuera termina a p u n t a n d o a la propia personalidad en diversas manifestaciones tie autoagresividad y desvalorización. Este aspecto da cuenta del d a ñ o que se ocasiona en el personal cuando no hay políticas de psicohigiene en el trabajo. ¿Qué hacer con las tensiones que se generan? ¿De qué manera las mismas pueden ser descargadas y elaboradas? Si n o existen estos mecanismos de procesamiento, su acumulación paulatina irá m i n a n d o progresivamente el cuerpo de los funcionarios a través del proceso de somatización de las tensiones. ("Somos corderos", "no puedo", "no quiero", "no me siento capaz", no hay solución", "no puedo discutir", "es como echarle agua a un canasto", "no se puede hacer nada".

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etc.). La resultante es la variedad de enfermedades psicosomáticas que los funcionarios presentan, muchas de las cuales van acompañadas de diversos estados depresivos más o menos cíclicos o en otros casos el alcoholismo crónico. 4.6. El momento de los problemas con el sindicato

La única respuesta posible para enfrentar a la institución, que aparece como poderosa y sólida, es la u n i ó n de los funcionarios a través de una organización que les dé posibilidades de luchar. Por tanto, c u a n d o los funcionarios se plantean algiín tipo de proyecto reivindicativo, algún tipo de acción de conjunto para mejorar stts condiciones laborales, surge inmediatamente el tema del sindicato que acapara las tensiones y que marcan la presencia del conflicto central. Pero el sindicato también abre a u n s i n n ú m e r o de dificultades entre ellos y con la organización que dice representarlos: a. Distancia entre los representantes y la base. - U n o de los primeros problemas que surge es que los representantes no informan a la base acerca de los proyectos y actividades que se realizan, y c u a n d o los funcionarios se atreven a preguntar reciben dilatorias —Acusan a la dirigencia de acordar con el Ministerio a espaldas de sus necesidades. —Existe falta de organización al interior del sindicato que estimule la participación y m a n t e n g a a todos en sus lugares. - A l no saber "en qué a n d a n " los dirigentes, tienen dudas sobre sus realizaciones y c o m p r o m i s o con la base. Por otra parte, los dirigentes "la pasan m u y bien, en reuniones y comidas" y gozan además de las licencias sindicales, lo cual visualizan c o m o un beneficio singular.

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b. Política s o l a m e n t e economicista c u a n d o pesan otros problemas. El sindicato solamente se preocupa de cuestiones del salario, c u a n d o habría un amplio abanico de problemas que deben ser tratados en la mesa de las negociaciones, vinculados a los beneficios C|ue se tuvieron y que se perdieron c u a n d o la dictadura. Reconocen, asimismo, que svi participación en el sindicato es esporádica, no asisten a las reuniones de manera regular y están bastante divididos al interior del m i s m o , lo que no deja de quitarle a la organización posibilidades operativas. En el fondo n o ven que el sindicato represente una herramienta que tenga ftmciones específicas de representación y de defensa de los fimcionarios, no es sentido como algo propio, del cual pueden disponer para asesorarse de manera p e r m a n e n t e . 4.7. El momento de la articulación de los problem^as institucional fa-

miliares con el funcionamiento

Finalmente, el grupo vuelve a plantear inquietucies acerca d e Ja vida personal, ahora centrados en Ja vida familiar y sus conflictos. Sin embargo, en la medida que avanza el análisis se comienzan a descubrir relaciones de funcionamiento similar entre esa vida familiar personal y la manera en cómo los conflictos laborales son vividos. D i c h o de otro m o d o , los modelos de comunicación, las d e m a n d a s hacia c o m p a ñ e r o s y jefes, las a c t i t u d e s , las reacciones caracterológicas, en fin, es como si el modelo de funcionamiento familiar fuese transpuesto al á m b i t o laboral. Lo grave de la situación es que dicha transposición genera n o pocas pasiones en los e n c u e n t r o s laborales.

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perdiéndose buena parte de la distancia necesaria que la situación formal del trabajo requeriría. Ello ocasiona que en la subjetividad, los funcionarios vivan pendientes en el á m b i t o laboral de las situaciones familiares que cada u n o vive, ya que traslada y actualizan con los c o m p a ñ e r o s todos esos conflictos. Así, hay una pérdida de distancia evidente y cada encuentro es polarizado en una situación de amor-odio (como en la familia, los afectos están primero), lo cual trasciende con creces una relación más laboral y eficiente como debiera ser la situación del trabajo: privilegiar el pensar (trabajo) sobre el sentir (familia). ¿r\)r qué se produce este fenómeno? Escuchemos al grupo: "Pasados los 40 todos son cambios malos, no hay calidad de vida, vivimos lejos, se ve solo lo trágico, t e m o r a los asaltos, todo el día tensa, aburrida, somos personas llenas de temores, vivir e n d e u d a d o . El m e d i o social, cada vez mis agresivo, gatilla la i m p l e m e n t a c i ó n de m e c a n i s m o s de a i s l a m i e n t o y de biísqueda de lugares más seguros para protegerse de una sociedad que produce temor. El refugio natural es el medio familiar, que es el espacio conocido y tradicional de protección. Pero el caso es de que los funcionarios pasan de 8 a 9 horas juntos, por lo que el c a m p o del trabajo se convierte en el lugar de protección, desplazando allí todas las características protectoras del grupo familiar de origen. "Se arman las peleas c o m o italianos", "esto es una familia, pasamos todo el día juntos", "tenemos m a m á y madrastra", "nos echamos de menos", "los problemas se solucionan dentro de la familia", los trapos sucios se lavan adentro", "hay solterones amargados", "soledad entre nosotros", "nos damos u n gusto y al otro día ni para la micro". Las deslealtades son entendidas como familiares y no en relación al problema del r e n d i m i e n t o que el trabajo implica. "El abuelo sería el Ministro", "acá hay problemas

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de comunicación como en la familia". Reflexionando sobre los líos que tuvieron por el comedor, afirman: "Acá, las discusiones son en la mesa, los italianos respetan la mesa". También aparecen los problemas entre generaciones: "Hay una generación que entra joven, ellos no se hacen problemas". Esta referencia obviamente también alude a la estructura familiar y a los grados de responsabilidad que cada quien asume en su interior.

5. Alcances del proceso. Los cambios producidos Comprender el proceso como el desarrollo de un conflicto que va cambiando de cara, permite también evaluar los alcances del mismo y determinar los cambios que el proceso produjo. FA esclarecimiento se produce cuando el grupo, a partir del acto de poner en palabras, simboliza situaciones, atribuye sentidos y produce a su vez nuevos sentidos. Esto permite transformar una experiencia impactante, inasible, "traumatizante", en un acontecimiento que, al insertarse en una lógica, adquiere significaciones diversas. Por tanto, si bien el conflicto cambia de cara, las situaciones continúan permaneciendo, no hay olvido o represión posible, hay simplemente resignificación. Pero ello es suficiente para que el conflicto pierda buena parte de la intensidad que es vivida como "traumática". Por tanto, el análisis progresivo de las situaciones —en el decir de los funcionarios— hace que el conflicto que en un momento fue sentido como que los polarizó, más tarde ha perdido buena parte de su intensidad. El "espacio para hablar" adquiere para aquellos que se animan a aprovecharlo, el sentido de una particular 114

descarga emocional que no es otra cosa que ese reordenamiento de las escenas más ansiógenas. El grupo oficia como continente de las mismas y como un espacio de solidaridad donde el compromiso colectivo permite pequeñas modificaciones, muchas veces suficientes para disminuir el sufrimiento personal. Los cambios (que no se agotan en lo registrado al finalizar la intervención)^ están limitados por cuestiones de la confi^)rmación de la realidaci en la cual los sujetos construyen su vida cotidiana. Por ejemplo, no pueden operando individualmente, modificar sus sueldos y beneficios, pero sí pueden -individual y colectivamente— asumir una relación con el trabajo y entre ellos más creativa, que resulte menos mecánica y frustrante. Pueden autogestionar amplios espacios de su trabajo y utilizar su ingenio para descubrir las fisuras de la institución y combatir así algunas de sus arbitrariedades. Sobre la evaluación Se realizó en dos momentos: el primero consistió en presentar a los funcionarios un cuestionario para evaluar el proceso. Esta forma se vio enfrentada con el estereotipo que tienen los funcionarios piiblicos que están habituados a evaluar personas. Así, el tema de la evaluación no dejó de ser persecutorio, lo que ocasionó que varios de ellos buscaran consciente o inconscientemente formas
^ El modelo de funcionamiento centrado en "el espacio para hablar" es internalizado por los participantes como una metodología de análisis, lo cual les permite conservar posteriormente elementos de reflexión. A su vez, cada uno de los participantes continúa mucho más allá del momento de la intervención, con reflexiones personales y colectivas que pueden ptoducir nuevos cambios inimaginados en el momento de corte. Por supuesto, el alcance de estos procesos depende tanto de la flexibilidad de la personalidad de los involucrados como de la rigidez de las normativas institucionales en la cual se insertan.

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de "escabullirse". Esto mostró una vez más la rigidez implantada por la institución en la materia, reactivándose las fantasías sobre las evaluaciones personales (calificaciones) y la incidencia de la misma en los criterios institucionales sobre "asistencia", "colaboración", etc. En suma, el fantasma presente era aquel de si el funcionario es o no "conflictivo". El segundo momento consistió en abrir la evaluación a una discusión colectiva. Allí fue posible cotejar impresiones y deslindar algimos "logros", así como la permanencia de patrones enfermantes y estresantes de gran arraigo. Por tanto, esta metodología de evaluar resultó no solamente novedosa, sino también desestructurante. Es de destacar que algunos funcionarios stifrieron de depresión a partir de la visualización cíe la finalización del taller. A nuestro juicio ello muestra que el taller además fue para algunos un espacio privilegiado de estabilidad personal, ya que el mismo les permitía poner en palabras y elaborar, en un clima de escucha, muchas de las ansiedades que la vida cotidiana y el espacio laboral genera, mostrando a su vez la necesidad de ese tipo de espacios de manera permanente. Otros funcionarios no cjuisieron acercarse. En total participaron del proceso evaluatorio la mitad de los funcionarios que comenzaron el taller, porcentaje levemente menor que aquel que asistió la mayoría del tiempo. Los funcionarios, en el proceso de evaluación del taller reconocen: a. Mejoría en las relaciones humanas: reconocen que están menos sensibles a los vínculos entre ellos, lo cual ocasiona que no se ofendan tanto entre sí. Las discusiones y análisis realizados en el taller permitieron limar asperezas, lo cual supone que hay conflictos interpersonales que se han disuelto.

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Además, el conocer más acerca de las situaciones personales de los diversos compañeros, facilitó en el grupo ima mejor comunicación, comprensión y respeto, por lo que los límites interpersonales se vieron modificados. b. Efecto catártico: El espacio del taller sirvió para desahogar situaciones antiguas cnquistadas y tensas, lo cual produjo una significativa relajación de la tensión entre los fimcionarios, más marcado entre algunos de ellos. c. T o m a de conciencia de su realidad laboral: El análisis pormenorizado de su situación laboral esclareció al grupo sobre muchos factores que operan diariamente en el ámbito laboral y acerca de los cuales no tenían clara conciencia. Ello implicó mejorar los niveles de discriminación entre aquellos problemas que pueden ser abordados de manera individual y grupalmente, de otros que al ser estructurales requieren de movimientos institucionales mucho más amplios. La toma de conciencia sobre la situación laboral implica a su vez un reconocimientos tanto de las potencialidades como de las limitaciones personales. Estos reconocimientos no se dieron de manera gratuita, por el contrario, causaron no poco dolor y sufrimiento de manera transitoria. d. Reconocimiento de la función de u n "espacio para hablar". La vida cotidiana en el ámbito laboral es generadora de rutinas que al formalizarse i n c o m u n i c a n a las subjetividades en juego. El "espacio para hablar" generó un "lugar de la verdad", en el sentido de que ellos podían decir lo que sentían, comunicarse con los otros y descubrirse en aspectos desconocidos para ellos mismos. Esto asustó a algunos —el poder de la verdad de las palabras— y en otros casos fue sentido c o m o deslealtad. Sorprende que funcionarios que hace 35 años que están trabajando en el m i s m o puesto y rodeados de las mismas personas, desconozcan aspectos de los demás, esenciales para la convivencia. "Las cosas se repiten pero ahora se ven con otros ojos".

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A su vez, además de lo señalado por los funcionarios, desde el lugar del especialista, podemos decir c]ue en m u c h o s casos el individualismo de los funcionarios les i m p i d e tomar conciencia acerca de sus posibilidades c o m o grupo, sus potencialidades de creatividad para sortear lo que sienten como "cuellos de botella" y disponer de sus recursos psíquicos para dar solución a algunos problemas cotidianos. En m u c h o s casos, se autoctüpan de los problemas burocráticos que les atañen, m o s t r a n d o su dificiütad para tomar distancia de los mismos y c o m p r e n d e r las determinaciones estructurales. H a y que c o m p r e n d e r que para el funcionario, solucionar los problemas t|ue se le presentan es la única fornid de satisfacción que recibe de su trabajo; por tanto, es cuando el trabajo adquiere sentido. Por ello, el funcionario no puede dejar de buscar senrirse satisfecho c u a n d o hay im trabajo bien realizado que se completa, que se concluye. Esto hace que el funcionario asimia responsabilidades que están m u c h o más allá de sus compromisos laborales y que tienda, por todos los medios, a darle feliz solución. La institución sabe eso y de algiin m o d o juega deslealmente con dicha alternativa: el funcionario siempre va a hacer más que para aquello que ha sido contratado. Los funcionarios, entonces, sf hacen cargo de problemas institucionales —exhibiendo una extrema omnipotencia— t]ue, a ojos vista, corresf)onden a otras instancias de resolución, segtín la estructura jerárquica del Ministerio. Este tipo de problemas mayoritariamente no podrán ser solucionados, produciendo en el personal angustia y frustración. Esto genera que inicialmente el funcionario se culpe c u a n d o algo sale mal o c u a n d o no puede solucionar u n problema, i n d e p e n d i e n t e m e n t e de que en m u c h o s casos la solución del m i s m o n o pertenezca a la esfera de sus compromisos laborales.

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Debe entenderse además, que la búsqueda de soluciones para estas situaciones se realiza de manera individual; por ello, hay una acumulación progresiva de tensiones t]uc va minando la salud de las personas. Es solamente en el espacio interpersonal que los funcionarios pueden darse cuenta de que las raíces de los problemas están más allá de sus posibilidades, generándose entonces la vía de la descarga y de la elaboración. Correspondería investigar acerca de los motivos que determinan que la vía colectiva aparezca con tanta dificultad para ser encontrada.

6. Sugerencias a futuro El contrato con el Ministerio suponía enviar un documento tjuc diese cuenta de algunas conclusiones y sugerencias. Del análisis del proceso se pudieron realizar algunas apreciaciones con proyección a futuro, detalle que fue puesto a consideración de los funcionarios, en primer lugar: 1. Espacios para hablar: Sería conveniente estudiar la posibilidad de generar de manera periódica (cada 15 días) una suerte de espacio en el cual los funcionarios, al margen de jefaturas, pudieran acceder voluntariamente a un espacio en el cual puedan compartir sus inquietudes y angustias cotidianas. 2. En lo administrativo: a. Capacitación: Si bien el Ministerio tiene una muy buena disposición para capacitar permanentemente a sus funcionarios, pareciera ser —según los funcionarios— que en muchos casos estos cursos no necesariamente responden a una programación que detecte prioridades de necesidades de los funcionarios. Además, no pareciera existir 119

una política de evaluación y seguimiento de los programas de capacitación, que tenga repercusiones, a su vez, en el estatuto salarial y escalafonario del fiuicionario. b. Rotación: Si bien este es un aspecto complejo y frente al cual los funcionarios tienen diversos grados de resistencia (tal vez por temor a perder "su fétido") podría convenir estudiar, en conjunto con los afectados, bajo que parámetros y en qué funciones la rotación es posible. c. Dcsnormativización del trabajo: F,l trabajo que los funcionarios realizan está tan estrictamente n o r m a d o que es imposible realizar cambios creativos para que el mismo resulte más gratificante. El Ministerio no aprovecha ni la capacidad ni la sabiduría de los propios funcionarios para ir d a n d o nuevas soluciones a viejos problemas, generando mayores niveles de participación y c o m p r o m i s o . Esta p o dría ser una manera de manifestar confianza y estímulo de la institución hacia sus funcionarios. d. Calificación: El sistema resulta ser persecutorio y arbitrario, lo cual más que apoyar el desempeño de la gestión ocasiona casualmente lo contrario: incrementa de manera significativa los niveles de miedo y de estrés. Es u n elemento e m i n e n t e m e n t e represivo que afecta la situación salarial y la seguridad futura (jubilación). Ya que el sistema de calificación afecta la totalidad del Ministerio, debiera cuestionarse los electos que está p r o d u c i e n d o , los que resultan antagónicos con los objetivos para los cuales fue propuesto. ?). Política de selección: "El Ministerio tiene la política de reventar al funcionario, la institución mata". T a n t o la Organización M u n d i a l de la Salud c o m o la Organización Internacional del Trabajo recomiendan realizar, cada vez más, u n análisis de las condiciones del empleo y de las características de personalidad de los aspirantes. Se ha visto que hay tipos de empleos que desen-

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cadenan la psicopatología personal y familiar en algunos tipos de personalidad, mientras que otros empleos los ayudan a mantener la salud mental. Dicho de otro modo, se trata de ubicar a cada funcionario en el lugar más adecuado para preservar su higiene mental en lugar de sabotear con el trabajo su estructura de personalidad. Esta política redunda en beneficio tanto del trabajador como del trabajo. Sería una de las maneras de comenzar a combatir el alto índice de enfcnnedades psíquicas y psicosomáticas que se observan en la Oficina. C'onviene precisar que si bien esta Oficina de Partes presenta ima situación particularmente preocupante para el Ministerio, lo que motivó la realización del Taller, sus características generales no se diferencian de lo que constituye un perfil de los problemas que se encuentran en otras reparticiones, estatales y privadas. Por tanto, es preciso interrogarse acerca de las características del modelo de trabajo que el régimen implanta y que ocasiona este tipo de sufrimiento y excesos. En tal sentido, las estadísticas nacionales sobre depresión y causas de mortalidad reflejan situaciones que dan cuenta de un mal manejo de la agresividad, autoagresividad, violencia e impotencia. El problema de esta Oficina, develado a través de este Taller, muestra de manera dramática estas sobredeterminaciones. Sin fisura Hay que comenzar por señalar que el problema de la Oficina de I'artes no tiene nada que ver con la fisura institucional, inexistente en esta Oficina que no hace más que a una práctica burocrática dentro del Ministerio. Estamos trabajando en el Estado mismo, en el poder central, siendo la Oficina de Partes periférica con respecto a la esencia de lo que es la temática del Ministerio. Es cierto, como lo

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m e n c i o n a Lourau, que el centro está en la periferia y que, por lo tanto, el trabajo en la periferia tiene sentido por cuanto repercute en el centro. Sin embargo, la Oficina es tan periférica que si no hubiese sido por el p r o b l e m a de la tuberculosis, nadie se habría fijado en ella. Desde la óptica ministerial, la Oficina es solo necesaria para que la burocracia funcione (archivo). El temor del Ministerio está en el problema del contagio; en ese caso hay un riesgo que amenaza la p t o ducción global del Ministerio. Por ello es que si bien, c o m o se puede apreciar, se realizaron intervenciones dirigidas a la problemática de poder (sobre todo con respecto al sindicato), las baterías fueron dirigidas a las relaciones intcrpersonales en el grupo de funcionarios, esclareciendo según lo posible algunas determinaciones de los confiictos. La intervención, realizada en un sector aislado, marginado de las decisiones segiin tm m o d e l o feudal de funcionamiento institucional, no puede pretender interrogar aquello que tiene la misión de sostener la institución, con algunos costos, claro está.

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INTERVENCIÓN EN UN HOSPITAL GERIÁTRICO*

Antecedentes Las instituciones públicas son portadoras de muchas dificultades e inconvenientes en su funcionamiento. T a m bién es posible apreciar que presentan ventajas, efecto de la propia estructura del Estado. Ello no significa desconocer la importantísima labor social que c u m p l e n y c|ue no realizan las instituciones privadas por motivos propios de sus intereses. Importa por tanto, y nos importa, el pensar formas en que las instituciones de la salud ptiblica puedan residtar tanto mejores lugares de trabajo para los empleados que laboran en ellas, c o m o espacios suficientemente eficientes desde el ptmto de vista sanitario; su responsabilidad resulta relevante en lo que al c o m p r o m i s o social se refiriere. El hospital que nos convocó no presentaba ninguna anomalía particular', simplemente se trataba de un centro de salud inquieto por pensar algunas diñcukades en su funcionamiento; pretendía cambiar algo de su cultura

* Publicado originalmente en Revista de Psicología, Vol. Vil, U. de Chile, 1998. lista intervención se realizó con la colaboración del Dr. Ricardo Hidalgo. ' Puede resultar extraño que un hospital demande una intervención sin "padecer" de alguna anomalía. En todo taso, lo que se quiere significar es que el hospital en cuestión no se encontraba atravesando una situación de crisis. No eran visibles síntomas que demandaran una intervención de urgencia. Ello no obsta para que -como en toda institución- exista una serie de trastornos en la vida cotidiana del hospital de los cuales no se tenía conciencia cabal. La intervención tenderá a mostrar casualmente que aquello que es vivido como costumbre o como lo habitual, puede ser pensado como una alteración de un funcionamiento.

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interna y adecuarse paulatinamente a algimos de los cambios que se estaban visualizando en el medio social: mejorar el r e n d i m i e n t o de sus empleados, mejorar la atención a los pacientes y sobre todo convertir al hospital en un lugar un poco más saludable (física y mentalmente) para trabajar. T i e m p o atrás se había realizado ya u n primer "ciiagnóstico" en el marco de una intervención de riuina: un análisis F O D A (Fortalezas, o p o r t u n i d a d e s , debiliclades, amenazas) había arrojado los siguientes resultados (se resumen): "Debilidades: - Satisfacción personal se constituye en un área crítica; emigración de profesionales, licencias, descontento en ei trabajo. Ausencia de espacios para proyectar potencialidades personales. Palta de información. - Ambiente h'sico muy precario. - Clima laboral caracterizado por la dependencia. No existe trabajo en equipo. Fl grupo institucional tiende a aislarse del exterior. Ausencia de liderazgo creativo - Las relaciones hmnanas se caracterizan por la faira de confianza. - La comunicación se reconoce como deficiente, tanto entre el personal como con la familia del paciente. Se señalan algunos puntos críticos: evaluación y alta de los pacientes. Fortalezas: - La mayor fortaleza es el capital humano. - Lealtad de los funcionarios y compromiso con el rrabajo, quienes reconocen un deterioro los tres últimos años. - Conciencia de estar en crisis. - Se destaca el reconocimiento de los pacientes por el servicio: limpieza, alimentación y buena atención. 124

Contrato Luego de varias entrevistas con el director del hospital nos atrevimos a p r o p o n e r un modelo de trabajo que nos permitiera realizar simultáneamente u n diagnóstico y una m i c r o i n t e r v e n c i ó n , a b r i e n d o espacios nuevos y generando un muy incipiente modelo de reflexión sobre el acontecer del hospital. Se propuso entonces trabajar d u r a n t e 4 meses con dos grupos sucesivos de aproximadam e n t e 12 integrantes cada u n o en sesiones semanales de una hora y media. Ello suponía intervenir sobre el 2 5 % de los funcionarios de la institución. El equipo de especialistas dispuso la utilización de Ja tt'cnica del g r u p o Balinf que proveía de un modeJo de intervención psicodinámico, generando la libre asociación localizada en las vicisitudes del trabajo, privilegiando el intercambio verbal facilitando así la simbolización y la historización de los participantes. T a m b i é n formó parte del marco teórico del equipo técnico el grupo operativo de Pichón-Riviére y los referentes conceptuales y técnicos de intervención institucional desarrollados por la corriente del análisis institucional francés. El primer grupo sería integrado de manera heterogénea por personal seleccionado e invitado a participar por la administración de la institución según criterios propios. El segundo quedaría abierto a las conclusiones que se pudiesen extraer del primero, l^a tínica condición establecida por el equipo consultor consistió en que los grupos fuesen de participación voluntaria. Finalizados ambos grupos, se elaboraría un informe detallado sobre la situación de la institución así como una serie de propuestas con vistas a profundizar algunas líneas de trabajo, segtin los objetivos propuestos. Por tanto, esta primera experiencia (piloto) se constituía en un primer momento de un trabajo a largo plazo.

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D e s a r r o l l o d e la e x p e r i e n c i a (Primero y segundo grupo) El primer grupo fue constituido por elección directa de la administración del hospital en el e n t e n d i d o de que se integraba con el mejor personal, c o m o tm m o d o de premiación y con vistas a reforzar, asimismo, esta actitud de c o m p r o m i s o . Así, el p r i m e r grupo incorporaba u n personal variado, a saber: en su mayoría auxiliares, además de un médico, una asistente social, im kinesiólogo y una nutricionista. Q u e d ó claro de inmediato una cierta "confusión" entre los integrantes que no sabían si estaban allí por decisión propia o porque la institución los había enviado. En todo caso, fue significativo el sentir de varios de los miembros que manifestaron que si bien originalmente tenían deseos de asistir por propia motivación, c u a n d o se enteraron de que era "obligatorio" se sintieron tanto decepcionados c o m o molestos por la actitud autoritaria de la institución. Si bien ello podía constituir una fintasía natural en grupos institucionales, la misma se vio corroborada en los hechos por ima sanción administrativa que fue aplicada a u n o de sus miembros, quien se había negado a concurrir a ía primera sesión. Frente a este hecho -el que de algún m o d o marcó todo el desarrollo del taller- la palabra del equipo de especialistas (realizada tanto en la propuesta presentada c o m o en la consigna de trabajo dada al grupo) q u e d ó invalidada, ya que la estructura institucional decidía, finalmente, acerca de la suerte de los participantes. En este sentido, la expresión espontánea de ideas y sentimientos se vio limitada, la angustia persecutoria se incrementó ya que se sospechaban razones ocultas en este tipo de convocatoria, lo que a u m e n t a b a las especulaciones destructivas. M a r c a d o por esto, desde su fundación, el g r u p o tuvo u n desarrollo frenado, cuidadoso al hablar y al

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analizar sus propias situaciones, con pocos espacios de significativa reflexión acerca del acontecer institucional y de ellos como personal de una institución de servicio. De todos modos, algo siempre se cuela, lo que será comentado en otros parágrafos. Desprovistos los integrantes por parte de la institución del deseo de constituir un grupo y de participar en él, la liberalización de la palabra y por ende del pensar se vieron redticidas a expresiones esporádicas de algunos miembros. El grupo se movió lentamente, lortalccicndo sus defensas y retroalimentando paranoicamente su proceso. Afortunadamente, esta apreciación evaluativa permitió cambiar radicalmente el enfocjue del Equipo técnico para el segundo grupo -aspecto que había sido previsto por cuanto los grupos habían sido planificados para este electo, de manera secuencial. El Equipo de especialistas redactó un llamado el que fue acogido por la institución que lo difundió, constituyéndose en 15 días un segundo grupo con características sustancialmente diferentes al primero, a saber: —la mayoría de los integrantes eran del sector administrativo del hospital. —rodos ellos concurrieron porque asi lo deseaban, -en tanto administrativos, desconocían lo acontecido con el primer grupo, lo que de hecho constituía para ellos una experiencia sin antecedentes, — su vez, su propia distancia con la problemática de a las tareas asistenciales les proveía de puntos de vista diferentes y con una adecuada distancia' sobre el quehacer asistencial.
' Adecuada distancia" remite a un problema de involucramiento afectivo. Frente a lui determinado problema, determinados cuadros psicopatológicos, por ejemplo, reaccionan tóbicamenre, es decir, poniendo una gran distancia anímica con el objeto. Otros, podría decirse que se contaminan y se confunden con el objeto, lo que trae aparejado una dificultad para

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—sus m e c a n i s m o s internos no fueron

alimentados

por la paranoia, por el contrario, todos se preocuparon de construir un espacio grupal propio, acogedor y agradable con p r e d o m i n i o de una intención socializado ra. Puede decirse, asimismo que m u c h o de lo que aqtu' se exporie fue posible por la comparación entre los dos grupos, si bien ambos operaron de manera dispar, el discurso de cada grupo fue t o m a d o c o m o mostrando los diversos aspectos de la vida institucional, de sus obstáculos, de su sentir y de su devenir, así c o m o de las expectativas de cada u n o de los fiuicionarios c|ue laboran en su interior. Vale decir, lo que allí se habló es representativo del sentir colectivo. En síntesis, el discurso p r o d u c i d o por cada grupo se estructura como las dos caras de ima misma m o n e d a ya que son producidos en el espacio institucional. Es interesante a su vez, descubrir tanto las similitudes como las diferencias a hipotetizar en im sentido y en otro acerca de sus causas.

Los a n a l i z a d o r e s 1. La problemática del alta

El alta constituye u n indicador privilegiado ya que condensa un s i n m i m e t o de efectos y afectos. Desde u n p u n t o de vista teórico se puede decir que el alta establece el m o m e n t o de corte, de separación entre el a d e n t r o y el afuera institucional. Separación donde

poder pensar sobre lo que acontece c intervenir técnicamente. Se trata entonces de podet colocarse a una "distancia" que permita ser impacrado por el acontecimiento y a su vez poder reflexionar sobre el mismo e instrumentar mecanismos de contención y de simbolización.

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se juega la conclusión de im proceso y d o n d e se evalúan los restdtados: tanto el paciente como la institución se separan el tmo del otro y discriminan cada u n o lo propio. M o m e n t o de duelo en el c|ue se acepta o n o la independencia a partir de la tristeza c]ue implica a b a n d o n a r lo que se tenía. El dtielo que realizan los funcionarios s u p o n e admitir que el paciente "se curó", por lo que su ayuda ya no es necesaria. Para el paciente, el duelo implica tener que reconocer que el hospital no es su casa y que debe hacerse cargo de sí m i s m o de ahora en adelante. Desde la perspectiva institucional, el alta es el m o mento en el cjue se cimiplc el objetivo y la institución demuestra su eficacia; su existencia queda así justificada. Pero a su vez, el alta es además i m p o r t a n t e p o r q u e ambos grupos la incluyeron espontáneamente en su discurso. C'omo analizador está s o b r e d e t e r m i n a d o ya que toca también aspectos qtie hacen al clima laboral, a la relación entre los funcionarios y a la imagen que la institución tiene de sí misma. Por ello, es posible afirmar que tal vez sea en el m o m e n t o del alta d o n d e la institución se juega su verdadero sentido. En tanto centro asistencial tiene c o m o cometido incidir en un proceso de cura (según los tiempos estipulados para ello). En algunos casos pareciera que el hospital tiende a convertirse en un asilo. ¿Por qué sucede esto? Si bien es cierto que hay pacientes cuya p o l i p a t o logía se traduce en una cura a largo plazo y por la edad de los mismos tienden entonces a morirse en el proceso, hay otros tactores que d e b e n tomarse en cuenta: la manera en c ó m o el g r u p o h u m a n o que labora en el hospital se ubica en su rol, g e n e r a n d o un tipo de relación particular que se da en este trabajo con los ancianos. Sugerente es la coincidencia de que los mismos funcionarios

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(por diversos motivos que no vale la pena mencionar acá) se piensan a sí mismos como en un trabajo "para toda la vida". Es decir, los funcionarios no se quieren ir del hospital, no se quieren jubilar, quieren continuar trabajando allí hasta morirse (como siempre, hay excepciones que confirman la regla; por ejemplo, el caso de los individuos que se van a trabajar a otra instituci<Sn, tema que será considerado más adelante). lista sitnación se podría decir que es "contagiosa" y que lleva a que el paciente que ingresa sea visco como alguien que "viene a quedarse" en lugar de un paciente que debe ser tratado y devuelto a su hogar. Es cierto que hay mía dificultad adicional cuando al paciente es devuelto a su casa y la familia no desea recibirlo: el cuidado de un anciano requiere de tiempo especial, cuidados particulares y erogaciones a veces costosas. Es s decir, los funcionarios que dan de alta a un paciente del hospital, se encuentran con una particular resistencia cuando desean reintegrarlo a su niiclco huniliar. Sin embargo, esta dificultad no ha sido enfrentada como para ser resuelta positivamente en la mayoría de los casos, f'xiste en este sentido un "derrotismo" de parte de los fimcionarios, que suponen -muchas veces antes de constatar el hecho- que la familia no desea recibir al paciente dado de alta. Debe mencionarse que esta "complicidad" se asienta en la relación afectiva profunda que el paciente establece con el personal del hospital, ya por el tipo de probleiíia que presenta, ya por las condiciones de dependencia en la que muchas veces se encuentra el anciano. El paciente comienza a acostumbrarse al tipo de trato recibido y el personal identifica con precisión la manera en cómo deben tratar a cada quien. Y este vínculo se construye entonces como un encadenamiento firme que atenta contra la separación encarnada en el alta.

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El grupo h u m a n o abraza la idea de que nadie cuida mejor al anciano que el hospital y a su vez el anciano se gratifica con la idea de que está ctirándose y que por el motivo de estar enfermo recibe atenciones c]ue no recibiría en su propia casa estando sano. El beneficio es para ambos por lo que el resultado es la saturación del hospital: son siempre más los c]ue llegan que los que se van. Se alimenta así la idea de que del hospital se sale m u e r t o . Debe acotarse c[ue la mtierte de un anciano también tiene el sentido de un fracaso del personal ya que en ese extremo se pierde, asimismo, el objetivo de la institución qtie es el de asistir. Por ello, la muerte del anciano no deja de deprimir, cuestionando la eficacia, la dedicación, el Funcionamiento del grupo de trabajo y abriendo interrogantes acerca de la autovaloración del personal. Esto explicaría - c o m o se v e r á - una cierta contradicción entre la imagen externa y la imagen interna de la institución. El alta como analizador también da cuenta de que el tema central de la institución es la muerte. La muerte tiene implicancias psicológicas significativas (ya se ha visto como está directamente relacionada con los afectos que se disparan ante el alta) pero también se constituye en ima serie de prácticas normadas por la institución y por la sociedad en general, que muestran circuitos de control y de concentración de poder en el espacio institucional. Recuérdese c]ue se trabaja con ancianos, por lo que la muerte, más que n i n g ú n otro hospital, está allí presente en los días siguientes de todos los pacientes. La m u e r t e si bien angustia a los funcionarios, también les provee de mecanismos n o r m a d o s (que los resguardan) para su trabajo. Y si les dan a todos de alta ¿no es que muere el hospital? O sea más allá de la problemática psicológica que la muerte genera, la institución de la muerte se constituye en un tema capital a ser analizado.

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2. Historia e historización Se define como historia la secuencia de hechos que pautan un determinado acontecer. Para el hospital la historia comenzó hace mucho tiempo. En su edificio se condensa la historia de largos años, aunque este hospital se haya constituido más recientemente. Rescatar esta historia (la del edificio, la de otras instituciones y la del hospital) es imprescindible para que pueda ser incorporada por los funcionarios de una manera congruente y ordenada. Historización es la manera como cada persona y el grupo humano se cuentan la historia, es decir, la interpretación que hacen de los hechos. Esta narrativa, novelada, constituye un punto fundamental de arranque para comprender la identidad del grupo: para el ser humano su "versión" de su historia es un trampolín que lo lanza en su proyecto de vida. Dicho de otro modo, la historización que el grupo que trabaja en el hospital realiza, es fundamental para comprender de qué modo se posiciona del espacio, cuáles son sus proyectos, así como la manera en que pueden explicarse lo que en su interior acontece. Ahora bien, resulta que en el trabajo con los funcionarios del hospital se descubre un particular desconocimiento de la historia, lo que repercute en un relato fragmentario y lagunar de los acontecimientos que en el mismo han tenido lugar. En todo caso, se puede ver de qué manera los chismes, los rumores, las anécdotas y comentarios al pasar, sirven para reconstruir una versión necesaria de los hechos pero muy deformada por desconocimiento de las circunstancias en los que los mismos han tenido lugar. Como no se puede vivir sin historia porque ello supondría no tener identidad, el grupo humano "escribe una novela" (la novela institucional) con los conte132

nidos más disímiles y más contradictorios. Dicha novela llena de lagunas y contradicciones no constituye un referente para enfrentar nuevas tareas. Por ello, es que pueden surgir proyectos que se distancian significativamente de la historia, generando la ¡dea de que en el hospital se puede hacer casi "cualc[uier cosa". l^as preguntas que sobre la historia institucional fueron surgiendo, podrían constituir un cierto proyecto de investigación colectiva. Y si se tiene en cuenta que el hospital en un futuro mediato se mudará de local, contar con una rica historia que agrupe al personal será un puntal muy favorable para evitar situaciones que desperfilen su identidad así como su acción social. De nuevo aparece aludida allí la muerte, del edificio (si hay mudanza), como acerca de la historia de los "muertos" en el imaginario del personal (tanto pacientes como compañeros que se fueron a trabajar a otros lados, incluso compañeros muertos). Nótese que la historia oficial aparece como un nodicho institucional, obligando a los funcionarios a reinventarla. 3. Historia personal e historia "Elfuturo es envejecer" administrativa.

Trabajar en el hospital es contar con un empleo público, lo que en los hechos significa un empleo de por vida. Y ello no es poca cosa en este modelo económico que se ha caracterizado por introducir la inseguridad entre las personas. Desocupación, privatización del sistema de salud y de previsión, las personas aún no se acostumbran a que no cuenten ahora con lo que contaron buena parte de su vida, sobre todo aquellos que tienen más de 35 años de edad y que vivieron en otra época. Por tanto el empleo hay que cuidarlo.

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Pero el empleo no ofrece, a la luz del fvmcionario, estímulos suficientes para volcarse a él de manera creativa y productiva. La falta de incentivos es un denominador común, el escalafón es muy limitado y se reqtiieren muchos años para poder ascender. No hay muchas posibilidades para cambiar de tareas por lo que el trabajo se convierte en luia cosa muy rutinaria, tediosa, aburrida y poco gratificante, sobre todo cuando todas las semanas hay ancianos que fallecen, lo que no deja de deprimir. El aliciente de sentir que se construye algo importante y valioso —como aspecto significativo de la autoestima— se balancea entre obligaciones más impuestas que asiuniclas y sensaciones de impotencia tanto frente al trabajo asistencial como ante la burocracia verticalista y formal. En términos generales se puede decir que los funcionarios se sienten no tomados en cuenta en cuanto a proyectos y movimientos que la institución debe hacer. Se sienten como objetos que son manipulados por un jugador de ajedrez, sin entender bien ni los motivos ni las necesidades. La capacitación existente no alcanza a cubrir las expectativas del personal. Aquellos funcionarios interesados en mejorar saben que su aprendizaje no será considerado ni como posibilidad de ascenso ni en cuanto a im cambio de funciones dónele puedan demostrar las virtucies de lo aprendido. Se generaliza así un estado de apatía profundo que más allá de la buena disposición momentánea, se revierte en un clima laboral pobre en ideas y en relaciones tensas de trabajo. En este tipo de instituciones solamente emigran los especialistas ya que los funcionarios con bajo perfil de especialización, contentos están de haber obtenido un empleo de por vida. Y ese es el punto, ya que la mayoría de los funcionarios no puede plantearse una meta diferente a la de morir trabajando en la institución. La muerte entonces aparece como el fin liltimo de la burocracia: interrum134

pe un largo proceso ya muy sufrido por el funcionario y se constituye en la meta del proceso de envejecimiento natural que se da mientras se labora en la institución. 4. Institución hacia adentro e institución hacia afuera Se trata de cotejar las imágenes que el hospital genera: hacia el exterior y hacia su interior. En el primer caso, el hospital resulta un lugar de nioviiniento: se dictan cursos diversos para especialistas y se entrenan personas en el manejo primario del anciano, se plantean proyectos productivos y se recupera la atención del anciano en los espacios comunitarios. Todo ello y otras iniciativas se dirigen a posicionar al hospital en un lugar particular, liderando el trabajo con el anciano en el medio. Así, se ha ganado un reconocimiento público por su labor. Ello no está en duda. En el otro polo, el hospital supeditado a su vez a una política económica nacional, resulta el lugar de lo estático; a nivel interno el hospital congela a sus funcionarios, bajos salarios, pocas posibilidades de ascenso, carencia de incentivos, trabajo sentido como poco productivo, insatisfacción, ausentismo, etc., todo lo cual brinda ima imagen un tanto gastada y apática de su devenir. ¿C]ómo pensar esquemas que relacionen estas dos imágenes tan disociadas? ¿Cómo introducir metodologías y estrategias destinadas a rescatar en lo interno lo externo, como una manera de autovaloración a través de aquellos aspectos más positivos que el hospital presenta? ¿Cómo reconocer en lo externo lo interno, generando condiciones reales desde el afuera, en las que el hospital se ubique de otro modo consigo mismo y con el entorno del Estado? Hay un punto que es llamativo y es el que tiene que ver con el problema de la rotación de personal. Por un

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lado, el hospital es parte de la vanguardia nacional en lo que a atención en geriatría se refiere. Así, logra niveles de especialización alta en su personal profesional. Ha sucedido una y otra vez que dicho personal altamente calificado abandona el hospital para irse a laborar a otros espacios, mejor remunerados. Este "robo" del personal especializado se constituye en una sangría más o menos permanente con el agravante de que en tanto son los mejores elementos los que se van, dejan tras de sí un grupo que —en tanto no se puede ir- padece de sentimientos de desvalorización. Por otro lado, ha costado muchos años de trabajo el lograr tales niveles de excelencia por lo que la merma en la productividad es particularmente sensible. Agudo problema ya que el modelo socioeconómico dominante legitima el cambio, atribuyéndolo a posibilidades de competir en el mercado', desconociendo a su vez el sentido social de las instituciones en juego. Paralelamente, resulta en im elemento desmotivante el que parezca que la institución no puede cuidar a su personal. El tipo de trato c]ue el personal siente que la institución tiene con él, ¿condicionará de algún modo la manera en cómo el personal, a su vez, se vincula con los pacientes?

' La contradicción es visible: por un lado el empleo público - c o m o se afirmó- brinda seguridad en cuanto a la estabilidad del empleo. Por otro, la oferta de mejores remuneraciones como efecto del poco personal especializado en el área (leyes del mercado), hace que muchos funcionarios estén pendientes de la posibilidad de abandonar la institución oficial. Ya Freud había utilizado el término de ambivalencia justamente para dar cuenta de la coexistencia de sentimientos opuestos sobre un mismo objeto. Estas contradicciones, obviamente pueden ser visualizadas trente a otras situaciones.

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5. Relación de los funcionarios y con ellos mismos (algunas del clima organizado nal)

con la

institución

características

Tal vez haya que tomar como prototípico el inicio del taller: se transcriben las notas tomadas por el equipo luego de la primera sesión del G r u p o A. "Llego media hora antes, la Secretaria administrativa desea ir a constatar que todo está dispuesto para el taller si bien aún no sabe en qué sala funcionar. Subimos a un pabellón que está vacío: salón amplio, buena luz, aislado, faltan las sillas. Da orden de que traigan 14 sillas. Le digo que es un buen lugar, mejor que el auditorio. Bajamos. Llega el otro integrante del Equipo y nos vamos para arriba con ella. Cuesta que abandone el lugar. Ante nuestra insistencia lo hace no sin antes manifestar su preocupación por la gente: no se sabe si todos están avisados del horario y del lugar. Comienzan a llegar por goreo, de a uno o de a dos. Esperamos un buen rato. A los 20 minutos la mayoría está presente y podemos comenzar. Se refleja en lo descrito el siguiente m o d e l o : la institución se preocupa de sus funcionarios de manera burocrática y paternalista, es decir, c o n t i n u a n d o el movimiento mecánico sin altibajos ni sobresaltos. N a d a es más i m p o r t a n t e que otra cosa en el orden institucional y así lo sienten los funcionarios. La institución dispone de t o d o , de manera autocrática: —dispone del horario (puede organizar actividades fuera del horario y los funcionarios d e b e n asistir igual). —dispone del deseo de los funcionarios; es ella que decide si deben o n o hacer tal o cual cosa. 137

—dispone de la vida familiar de los funcionarios, de su vida privada. —dispone de la calidad del trabajo ya que determina los grados de satisfacción y de trustración de sus funcionarios. En suma, dispone de la vida de los ftmcionarios y si así lo hace, también dispone de la m u e r t e . La institución tiende entonces a igualar (principio de equivalencia) a los funcionarios con los pacientes: dispone de ellos. El poder es total a u n q u e no parezca así al principio. Es el poder del Estado. H a y u n sector que se tibica en los peldaños más bajos escalafonarios que reacciona un tanto m a n í a c a m e n t e ante lo que se vislumbra c o m o la necesidad de "salvar a la institución" de la bancarrota, o en la terminología neoliberal, de la necesidad de que se autofinancic en todos los sectores. Aprovechan la institución para fantasear proyectos productivos, empresariales y "vender lo que se pueda". Está allí en esta actitud, el temor al despido que se contrarresta inyectando dinero para garantizar la p e r m a n e n cia en el cargo. T a m b i é n la de generar un proyecto que interrogue la historia institucional actual en oposición a la historia desconocida de a n t a ñ o . Por líltimo, es el sector que se hace cargo de la m u e r t e de la institución con los diversos matices y sentidos ya señalados. O t r o analizador significativo es la queja, así hablan. En ambos grupos, el modelo es el mismo y reiteradamente se puede escuchar c o m o un pensamiento r u m i a n t e que plantea sus reflexiones en términos de una d e m a n d a , de u n pedido letárgico y hasta, en algunos casos, h i p o c o n dríaco. La queja guarda la función de asegurar un cierto ostracismo de lo cotidiano, un particular alejamiento del sufrimiento y del involucramiento. D a d o que siempre hay algo de qué quejarse, se cuenta así con u n i n s t r u m e n t o

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que inhabilita, que protege del pensar y sentir en el "aquí y ahora" institucional y que tácticamente coloca a todos los funcionarios enfrentados con todos los demás. La q u e ja además da cuenta de la impotencia frente a una cotidianeidad que no pregunta y que se i m p o n e a pesar de las voluntades personales. Y tal vez, también la queja sea una manera de identificación con los pacientes, ancianos que tienden —en mtichos casos— a generar pena, compasión, cidpa, c o m o una inanera de seducción para lograr mejor trato. 1.a queja nos invita a pensar en un estado regresivo más o menos p e r m a n e n t e que se caracteriza por culpar al aftiera y no hacerse cargo de las propias responsabilidades personales. Son siempre los otros los que n o hacen lo que deberían hacer. La esencia de la queja se define c o m o algo —una falt a - c]ue se pide a otro c]ue se haga cargo. Si la falta se asumiera c o m o problema, se vería surgir el deseo de pensar las acciones que tiendan a construir sobre la carencia. La queja muestra entonces una actitud más primitiva. Ahora bien, hay que interrogarse también acerca de las condiciones institucionales que producen la aparición de la queja y no del deseo de construir creativamente. Se quejan de la vida y se quejan de los procedimientos establecidos para la muerte. Por todo ello es que los funcionarios se encuentran en un p e r m a n e n t e estado de tensión, ya que sienten que no hay respeto por sus vidas, sus tiempos, sus lugares, sus necesidades. D i c h o de otro m o d o , sienten que la institución los "pasa a llevar" diariamente y en t o d o m o m e n t o , sin tener tampoco m u c h a conciencia de ello; simplemente, la institución lo hace. Los funcionarios se sienten en términos generales un buen equipo (dentro del cual hay otros subequipos), pero la impresión de que son u n b u e n equipo es más una de-

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fensa frente a lo C|ue sienten como una institución avasallante, que como un ecjuipo realmente aceitado en el cual los conflictos que naturalmente surgen se discuten y solucionan. El equipo es el espacio de protección que atmque conflictivo resulta un instrumento útil para defenderse de la institución. Por otro lado, hay un aspecto muy valioso que tiene que ver con el sacrificio que los funcionarios realizan para sacar algunas tareas adelante. Sacrificio que se manifiesta en el trato entre algunos de ellos y con los pacientes, donde tratan de tapar los "huecos" de la institución con iniciativas personales. Es posible que estas reacciones contradictorias con el letargo generalizado percibido tenga que ver con cierta forma de enfrentarse a la muerte. Son las formas como lo instituyente, lo creativo, fluye a través de las fisuras que se van abriendo en la cotidianeidad del hospital. Inicialmente, el discurso en los grupos es desde el "deber ser" —seguramente para mostrar ante extraños que conocen el oficio y también para dar cuenta de este "alentarse" permanente que hacen los equipos. Tiempo después pueden comenzar a reconocer algo de la realidad de su trabajo: —que no "aman" tanto a los ancianos. —que el trabajo con ellos no siempre es gratificante. —que es agotador. -que hay trabajos que son rechazados porque producen repulsa. —que no conforman un equipo tan concertado y que tienen problemas de responsabilidades. —que si bien cada quien hace lo que debe, a veces "otros les cargan la mano". —que se entristecen cuando un anciano muere o cuando no es aceptado en la familia, al ser dado de alta.

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-que no le ven muchas perspectivas a su trabajo. —que la solidaridad entre los funcionarios es cosa del pasado. En suma, el clima laboral se ve teñido por una suerte de inercia regresivante en la que -por el tipo de trabajo y por las condiciones del mismo— juega un importantísimo papel el movimiento emocional, el que no alcanza a ser contenido por las exigencias del trabajo mismo. Si bien en general se puede afirmar que todo el mundo trabaja mucho, hay factores desgastantes que generan una especie de desubicación con respecto a las responsabilidades concretas que el trabajo implica. El pensar sobre la tarea ha sido desplazado por el sentir con respecto a los compañeros, constituyéndose un ambiente en el que pesan más las características "tamiliares" que las "laborales". Algunas reflexiones sobre la intervención La intervención en el hospital ha producido abundante material para reflexionar. Sin pretender ser exhaustivos, se pueden elegir algunos tópicos sensibles y relevantes en la problemática descrita. 1. El problema de la salud mental de los funcionarios A partir de lo señalado en esta intervención, una de las primeras reflexiones que podrían realizarse tendría que ver con las posibilidades de salud mental del personal y la manera en que la misma afecta el desarrollo del trabajo asistencial que se realiza con los pacientes internados. Es difícil escapar a considerar los requisitos de ingreso para laborar en un lugar de estas características, como enfatizando, por ejemplo, el papel que puede o debería cumplir el proceso de selección de los funcionarios. Y 141

sobre todo c u a n d o u n o se entera de que algunas veces los funcionarios son enviados desde otros servicios " c o m o castigo", vale ciecir, c o m o una suerte de proceso punitivo por supuestas o demostradas fallas en otros servicios. Esta acción se realiza con la intención de establecer el lugar del ostracismo laboral y social en un servicio que se cenrra, casualmente, en la atención de aquellos que ya no son útiles desde la perspectiva de la producción. ¿C]oincidenc¡a de enfoques? ¿Casualidad inimaginable? I,o cierto es que la etiqueta se sostiene al igual que en otras instituciones que terminan p r o d u c i e n d o aquello que dicen combatir. Puede pensarse que todo el personal está sometido a una situación tan estresante que sería necesario e imprescindible que semanalmente contaran con espacios catártico-terapciuicos que los ayude a elaborar las ansiedades que el trabajo y la jubilación produce. ¥.s cierto que esta podría ser una recomendación, si bien habría q u e interrogarse acerca de su eficacia, más allá de las posibilidades reales para contar con un servicio adicional de esta naturaleza. ¿Es acaso la psicoterapia el i n s t r u m e i u o más adecuado a utilizar en esta situación o es posible pensar desde otros parámetros el problema de la salud mental ptiblica de los funcionarios? ¿De qué manera lo que llamamos h a b i r u a l m e n t e salud mental no aparece definido desde determinados criterios conductuales, los que a su vez son fijados desde precisos lugares sociales? En suma, el hospital c o m o institución ¿cuenta con las condiciones necesarias para que el espacio (en términos de salud mental) sea p r o m o t o r y dé garantía de la salud a stis agentes, o en realidad se convierte en un "foco de infección y de contagio" —para utilizar una terminología médica no del todo feliz— d o n d e la patología personal de los participantes se ve agravada más que neutralizada? Ya hace altos, Bleger señalaba para el caso de los manicomios que los mismos.

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lejos de discriminarse del objeto de su existencia —el l o c o - , utilizaban la lógica de este en su f u n c i o n a m i e n t o institucional, con lo cual en vez de constituirse en lugares d o n d e se combatía la locura, en los hechos se la generaba. Y por último, ¿qué hacer con la depresión "enquistada" que identifica una singular aspiración que p o n e en igual plano tanto a pacientes como a funcionarios: a m b o s deben salir de la institución... muertos? 2. El problema de la violencia en el hospital geriátrico

Pensar sobre la violencia en el hospital significa articular una serie de planos de análisis de la cotidianeidad que ocurre en su interior: Un primer nivel de análisis tendría que ver con la violencia que se ejerce por medio de una estructura disfuncional al tipo de paciente que reúne: una arquitectura no adecuada a las condiciones de posibilidad de un cuerpo que no puede adaptarse al marco exterior. Escaleras, t e m p e r a t u r a del local, espacio personal en el q u e los objetos queridos no siempre pueden estar al alcance de la m a n o , manejo particular de la i n t i m i d a d d o n d e la h u m'iWaóón puede ser la manifestación más c o m ú n , falta de resguardo a las miradas de otros así c o m o la designación del paciente por su patología en lugar de por su n o m b r e . O t r o lugar lo ocupa el de la rigidez institucional: cuanto más "científica" la institución, más "preocupada" por los procedimientos administrativos, los que a su vez desafectivizan el trato con los pacientes. En este abanico, por ejemplo, las casas de reposo figuran con u n relajamiento casi total de las n o r m a s . D i c h o de otro m o d o , las instituciones se mueven entre márgenes, cuyos extremos - p o r exceso o por d e f e c t o - son productoras de situaciones cercanas al destrato personal.

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No hay que descuidar la cuota de violencia que corresponde a los mismos pacientes, los que a su vez son portadores (por sus antecedentes, por su patología, por su historia) de diversos grados de hostilidad que puede manifestarse o desencadenarse en la situación de internación. Las polipatologías incluyen trastornos que afectan las relaciones interpersonales o las relaciones consigo mismo. Es importante considerar el vínculo del anciano con el equipo médico como totalidad, ya que muchas veces el paciente puede intentar acciones divisionistas para obtener puntuales beneficios. Es observable que estos comportamientos ocurren ante la ñilta de proyecto terapéutico, ausencia de personal auxiliar o de enfermería con quien el paciente pudiera tener una relación más cercana, conflictos latentes al interior del equipo y sobre todo en períodos de crisis o de cambios sustantivos a nivel institucional. El tema de la violencia en la institución adquiere su manifestación visible trente al maltrato al anciano, síntoma que condensa algunos de los aspectos señalados y otros que se indicarán a continuación. El maltrato se constituye en un nodulo que abrocha una amplia gama de temáticas y se convierte —por sus implicancias- en un espacio mudo: al estar manifiestamente penalizado no es posible hablarlo y, por ende, reconocerlo en la situación de trabajo grupal, y sin embargo se constituye en una especie de napa que se desplaza clandestinamente en toda temática tratada. Si bien durante las sesiones no existieron de hecho manifestaciones ni alusiones sobre el tema, la institución sabe que el maltrato al anciano es un hecho de la cotidianeidad del hospital; difícil de cuantificar, pero no difícil de detectar en el trato personal, grupal e institucional del personal con los pacientes. Las formas que este maltrato adquiere abarcan una amplía gama de manifestaciones y

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reacciones —más allá de las señaladas anteriormente— que van desde el insulto manifiesto hasta otros más o menos velados, desde la intervención verbal agresiva hasta formas de contacto corporal donde se nota la intención hostil fi'sica o también a través de la ausencia de respuesta, de servicio, de atención, o la postergación más o menos indefinida de la presencia del personal. No olvidarse de que toda intervención física puede ser realizada de manera más o menos agresiva, desde tomar la presión o cambiar de posición al anciano. También se incluyen en el maltrato las amenazas del tipo "si no hace tal cosa lo voy a soltar" o "si no se apura lo dejo así nomas". Por último, hay un tipo de maltrato que se origina en una suerte de venganza personal y colectiva y que adquiere todas las características —reconocidas las distancias— de los fenómenos de linchamientos colectivos: hay ancianos que por su patología y por las características de su personalidad, se constituyen en los sujetos odiados poi todo el personal, ancianos que se convierten fácilmente en chivos expiatorios de la incapacidad y la frustración de la pirámide asistencial, desde el médico hasta el último de los auxiliares. Ancianos que son contestadores, criticones y encuentran todo mal y a su vez se pasan solicitando atención todo el día; ancianos que todo el personal desea sacárselo de encima lo antes posible, incluso precipitando el alta y forzando de algún modo la voluntad del anciano a no retirarse del hospital hasta con la fuerza pública. Ahora bien, es cierto que estas conductas pueden ser sumariadas y que existe una preocupación de la institución sobre el particular que conlleva a la implementación de medidas que puedan neutralizarlas y, sin embargo es claro también que las determinaciones estructurales harán que, de un modo u otro, siempre existan. No solamente porque la presencia de pulsiones agresivas es constitutiva

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del ser h u m a n o , sino porque además hay otros planos de análisis social en los que el maltrato se constituye c o m o un elemento fundante. A través del análisis realizado de la situación de los funcionarios queda patente las diversas formas en que la institución y, por ende, el Estado maltrata al personal; por ejemplo, cuando dispone de traslados sin consulta, cuando ignora capacidades o iniciativas, cuancio frustra expectativas y congela ascensos, cuando dispone de los horarios, cuando dispone de los feriados y días de descanso, cuando sanciona de manera arbitraria ignorando su propio discurso, cuando no informa adecuadamente de sus proyectos c iniciativas, cuando supone cjue el funcionario no siente y no piensa, cuando se congelan salarios y/o se los mantiene tan bajos que la gente no puede vivir con lo que gana, cuando transforma los beneficios sociales en un problema de capital privado, cuando elimina la cobertura en salud y en educación generando nuevos locos de intrantjuilidad colectiva y social, cuando trata a todo ser h u m a n o como mercancía... E n t o n c e s aparece en t o d a su m a g n i t u d el d o b l e discurso de la institución: el problema es el maltrato al anciano; c u a n d o del personal se trata, es porque operan las leyes del mercado. Pero a su vez la institución en tanto debe negar el maltrato a sus funcionarios, se preocupa por el maltrato al anciano. Este p i m t o nos lleva invariablemente al siguiente. 3. El problema de la gestión; en especial, de la autogestión

Los procesos de descentralización administrativa, de modernización de la gestión pública suponen —al menos en los discursos— u n mayor grado de participación en las decisiones, niveles de corresponsabilidad, incremento de la eficiencia en virtud de mejores relaciones laborales que

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atimenten los grados de compromiso con la gestión, estudio de iniciativas - q u e en principio son bien tecibidas—, etc. El fortalecimiento de las relaciones laborales y de la relación con un trabajo más rico y productivo repercutiría en tm a u m e n t o de los niveles de satisfacción personal. El e n t r e n a m i e n t o , la educación, la salud, pasan a constituir parte del "capital" que la institución debe cuidar. En los hechos las cosas no ocurren tan fácilmente. Ea presencia de controles administrativos por doquier, el centralismo en la ciisponibilidad presupuestaria, la estructina laboral organizada de manera piramidal y fuertemente jerarquizada, la distribución del personal por funciones y por zonas, etc., convierten a ima institución en im m o nolito con pocas o nulas posibilidades de flexibilización. Vale decir, ha primado claramente lo instituido por sobre lo instituyeme y la conflictiva del poder se ha orientado más a mantener lo existente que a la posibilidad de gestionar lo nuevo. Coexisten, por tanto, normativas no coherentes entre sí, que a su vez se apoyan en los naturales temores ante lo nuevo. Y si bien es cierto que la institución deberá flexibilizarse para poder ajustarse a nuevas realidades, no es menos evidente que la sus propuestas innovadoras. El funcionario, e n t o n c e s , no deja de p e r m a n e c e r perplejo en t a n t o es atravesado por una normativa contradictoria y por discursos plagados de dobles mensajes que lo dejan inmóvil, entre la espada y la pared: —Capacítate pero n o apliques lo que aprendas. - P a r t i c i p a pero no te organices. - H a z t e cargo responsablemente de tu trabajo pero no dispongas de tu horario. —Atiende bien al anciano pero no te quejes si la institución te maltrata a ti. flexibilización, en los hechos, no se desarrolla por los caminos previstos en

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-Debes estar a gusto en la institución aunque la misma se olvide de ti. - N o debes pensar mal de las autoridades: toda medida que se ha adoptado ha sido realizada para beneficio de ti y de la institución. - N o puedes desfallecer en tu trabajo, la institución te necesita aunque te pague bajos salarios y no reconozca tu labor. Ahora bien, este no es un problema de las autoridades de turno, ni siquiera de la ciipula ministerial. Tiene que ver con la estructura general del Estado, con la manera en cómo la institución se sostiene y visualiza las posibilidades de sus cambios. Hasta dónde el entramado normativo social autoriza vías alternativas. Y no es por falta de energía ya que las posibilidades son enormes; prueba de ello es la manera en como el personal es capaz de intervenir en situaciones de crisis, de participar creativamente y resolver encrucijadas, pero siempre bajo la marca de un espacio no normado, como si la legalidad imperante limitara incluso la posibilidad del pensamiento. ¿Cuáles son los niveles de socialización de la información que se requieren para que Ja ge.srión (cogesnón, autogestión) sea posible? ¿De qué modo la estructura piramidal que respeta y congela los roles fijos por funciones, atenta directamente contra los intercambios interpersonales limitando las posibilidades reales de pensar con el otro? ¿Es posible en la órbita del Estado el pensar en procesos de reingeniería, sobre todo cuando hay una enorme experiencia acumulada que no se maferiaüza en maquinaria sino en un saber colectivo asentado mal o bien en equipos de trabajo? ¿Hasta qué punto es posible recortar el espacio de trabajo y "aislarlo" del exterior institucional como para que el trabajo en sí pueda recuperar sus condi-

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ciones satisfactorias para beneficio de los funcionarios y por ende de los ancianos que requieren del servicio?

Epílogo
Un informe concreto y sintético fue entregado al director, quien lo estudio con detenimiento facilitando luego ima reunión para su discusión. Allí, se extendió sobre algunos problemas que retroalimentan la reflexión acerca de lo que acontece en el hospital. Dice que ha notado un grado de paranoia extrema en el personal ya que se encuentra que siempre que se propone hacer algo la gente piensa que lo han ideado contra ella. Esto es permanente y se resiste a creer que no se pueda modificar, pero invariablemente aparecen situaciones en las que se confirma esta hipótesis. Se sorprende que haya participado gente en los grupos que por sus antecedentes conocen la historia del recinto. A esto lo llama una "búsqueda de la amnesia" y no le encuentra explicación posible. Hay como un olvido generalizado donde a pesar de haber vivido ciertas circunstancias de la historia, los individuos no se hacen cargo de ella ni son capaces de evocarla. Otro problema interesante es la dificultad que presentan los funcionarios para aprovechar lo que se les ha dado. Pone el ejemplo de los baños, que cuando él llegó eran inhumanos. Han sido mejorados y ahora son buenos; sin embargo, en los lugares cotidianos en los que comen o viven los auxiliares y otro personal mantienen el lugar como un chiquero. No se reconocen cambios a pesar de haberlos habido. Otro caso es el de la grúa que se compró para que pudieran levantar a los pacientes y colocarlos en las sillas 149

de rueda, l.e pidió a la enfermera jefe que hiciera im entrenamiento para el resto del personal y no pasó nada, no se usa la grúa. Se prefiere cargar personalmente a los ancianos con todos los riesgos que ello implica. P o s t e r i o r m e n t e , se instaló una silla mecánica eléctrica q u e p e r m i t e subir y bajar pacientes ciel s e g u n d o piso. H a s t a ese m o m e n t o se realizaba t a m b i é n el traslado por la escalera, llevando alzado al paciente e n t r e dos auxiliares. Le sorprendió que le vinieran a preguntar si la silla mecánica se podía utilizar ¡para subir objetos y para bajar cadáveres! Relata una anécdota m u y particular: Hace u n t i e m p o ingresó un paciente complicado, de esos que son criticones y que todo lo encuentran mal. Se había evaluado que el paciente no podía ser d a d o de alta por diversas circunstancias, hasta no evaluar algunos efectos de su metabolismo y situación social. A propósito de la huelga qtic se estaba a n u n c i a n d o y de un comentario que hizo en el sentido de qtie si la huelga era masiva en el hospital habría que ver cuáles pacientes podrían ser más rápidamente dados de alta —y ante luia ausencia de él d u r a n t e dos días— el médico, la subdirccción administrativa, la jefa de enfermeras, etc., movieron cielo y tierra y consiguieron darlo de alta, apelando a la ¡fuerza piiblica!, ya que se lo llevaron en un furgón de la policía a una institución de beneficencia. I^or supuesto, el paciente en silla de ruedas, apareció en la sala de espera del ministro para presentar una queja... con lo que se tuvo que instridr un sumario, etc. Se corrieron riesgos en la salud del paciente innecesarios. Se trata de un caso de maltrato físico y psicológico ya que el paciente no quería, por n i n g ú n motivo, irse del C e n t r o .

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La fisura de la reconversión La intervención que se presenta responde a un primer momento cuya segunda etapa ya no fue posible. Se trata de cómo la fisura institucional se hace visible ante un proyecto de reconversión, de cambio en el funcionamiento del Estado, a partir de un proyecto político que se impone desde el gobierno. En el fondo, es el tema de la modernización, el hospital debe adecuarse a los nuevos tiempos, cambiar algunas prácticas y costumbres obsoletas y convertirse en un centro de atención más eficiente (con todos los sentidos que este término puede tener en un modelo de Estado que privilegia el economicismo). La dirección se encuentra allí para lograr este cambio de funcionamiento según estándares t]ue provienen del Ministerio de Hacienda (por no decir del Fondo Monetario Internacional) sin perder de vista el sentido social de la gestión hospitalaria. Se choca entonces con la vieja cultura de fiuicionamiento hospitalario que se opone como un poder invisible al nuevo proyecto. No se descarta que para algunos funcionarios esta oposición sea consciente y planificada en función de intereses sindicales, políticopartidistas o de grupos de presión, pero la mayoría de los funcionarios reaccionan de manera espontánea. La fisura que adquiere la vertiente libidinal en primer lugar, se desplaza más adelante hacia el polo de lo organizacional. La misión de la institución no varía en esencia, se podría decir que con los cambios adquiere mayor precisión. Pero es entonces en lo organizacional donde la institución requiere centrar sus esfuerzos. Ahora bien, esta no es una institución cualquiera del Estado. Se trata de una que está centrada alrededor del tema de la muerte. Como ya se mostró este asunto no es menor por cuanto regula de un modo u otro todas ISl

las relaciones al interior del hospital, y con el exterior. Los aspectos psicológicos están imbricados con los institucionales ya que las reacciones que se producen provienen de la forma en que la muerte aparece normada en la institución. La muerte está totalmente burocratizada, no solamente para descargarla a u n q u e sea parcialmente de la c o n n o t a c i ó n angustiante que invariablemente conlleva, sino p o r q u e los controles, los ritos, la ideología, las prácticas reglamentarias, las creencias, etc., sostienen que de n i n g u n a manera la m u e r t e es un fenómeno natural, a u n q u e lo sea. Lo más interesante de la cuestión es que si bien los pacientes ancianos, por sus características, son propensos a morirse p r o d u c t o de su enfermedad, los funcionarios también se acoplan a este "proyecto tácito" de muchas maneras. Si el hospital tiende a convertirse en lui asilo n o es por mala voluntad de los funcionarios, sino p o r q u e hay como una m c t a n o r m a institucional que reza algo así c o m o "Del hospital la personas deben salir muertas". N o olvidar que de este criterio también participan los familiares de los pacientes, por más trágico que suene. Es el lugar de los desechos h u m a n o s , el cementerio de los elefantes.

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L A INTERVENCIÓN: DEL SUFRIMIENTO A LA RECUPERACIÓN DEL PENSAR

Hace varios años, cuando residía en México, fui requerido de un país de América Central para realizar una intervención. Algimos aspectos del caso permiten pensar la relación entre el sufrimiento y las relaciones interpersonales, motivo de este trabajo.

I. La demanda de intervención. Antecedentes La institución que consulta pertenece al sector salud estatal. Se trata de una repartición que ha crecido significativamente ya que el número de fimcionarios se ha multiplicado por cinco en los tiltimos años. El personal está compuesto por asistentes sociales, médicos, psiquiatras y psicólogos, terapeutas ocupacionales, etc., algunos de ellos vienen trabajando desde hace varios años y los demás son de reciente contratación. El motivo de la demanda tiene que ver con una situación extremadamente crítica a nivel interpersonal: los antiguos y los nuevos profesionales no pueden conformar un eíjuipo de trabajo. Se han dividido en dos subgrupos antagónicos al pimto de que no hay comunicación alguna entre ellos; existen fuertes rencores que les impide dialogar y resolver en torno al trabajo que deben hacer en comiín. Invalidan el trabajo recíproco y sabotean sistemáticamente toda iniciativa proveniente del subgrupo contrario. El conflicto se pone de manifiesto a un mes del ingreso de los nuevos elementos y se ve acentuado por la contratación de un profesional médico para el cargo de 153

c o o r d i n a c i ó n del e q u i p o , quien, al poco t i e m p o , hace alianza de trabajo con los nuevos. La situación desencadena una serie de actisaciones mutuas de irresponsabilidad, manipvileo de la información y de los beneficiarios, en un in crescendo que finaliza transitoriamente c u a n d o una resolución de la autoridad decide el traslado de la coordinación a otro servicio dejando al equipo dividido y peor que antes. La intervención solicitada es extemporánea ya que transcurren m u c h o s meses entre que el etjuipo solicita la ayuda y la institución que la aprueba y se implementa el espacio de análisis. Por tanto, hay un plus de dificultad ya que si bien los interesados asisten, lo hacen iniciaimente de mala gana, por cuanto sienten un cierto "congelamiento" del conflicto que aytida a paliar el sufrimiento. Asistir al espacio de análisis es tener que hablarlo, lo que en el sentir de los presentes incrementa la angustia y el malestar. Este temor se manifiesta en el espacio griipal de esclarecimiento que se puebla de silencios largos y tensos con abundantes manifestaciones de desconfianza y recriminaciones m u t u a s ; a pesar del tiempo, la situación e m o cionalmente conflictiva está a flor de piel. El acontecer que es de interés para estas reflexiones tiene que ver con aquello que ocurre al mes de comenzar el ttabajo de esclarecimiento. C o n paciencia e impaciencia se puede comenzar el descongelamiento del conflicto, viendo cuál es sti c o n t e n i d o . En cada sesión se da un paso más, en relaciones que siento m u y frágiles. Se trata de —ayudados en parte por la d i s t a n c i a - poder pensar acerca de lo ocurrido. N o es casual que cuando se acercan al nt'icleo del conflicto sea difícil mantener el diálogo y superar m o m e n t o s de gran tensión d o n d e tengo la idea de que se repiteti por enésima vez monólogos conocidos.

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No puedo dejar de entusiasmarme' por vez primera cuando un integrante del subgrupo de los nuevos manifiesta —haciendo referencia a la historia del conflicto— que en ocasiones actuaron con impulsividad y rencor. Llamo a esto el primer indicador de reconocimiento, ya que la actitud defensiva generalizada ha perdido fuerza dejando lugar a una reflexión sobre el funcionamiento personal. Se espera tjue el proceso de análisis vaya facilitando progresivamente este tipo de reflexiones. A la sesión siguiente* los antiguos profesionales enuncian una serie de vivencias en torno al maltrato que sufrieron cuando se produjo el ingreso de los nuevos profesionales, l'alcs dichos se centran en sistemáticas desautorizaciones vehiculizadas por la autoridad, por ejemplo al desconocer su experiencia, su esfuerzo de varios años, incluso acerca de la posibilidad de acceder al lugar de coordinación que por legítimo derecho les correspondía. Tengo la impresión de que estas expresiones son oídas de otra manera por los nuevos. PLUos reconocen que los profesionales que estaban en el servicio tenían toda la razón de sentirse de ese modo y manifiestan su solidaridad con ellos. Les muestran que en diversos momentos iniciales los antiguos profesionales fueron apoyados por ellos de diversas maneras. Sostienen que dicha situación con la administración no tenía que haberlos involucrado a ellos, cjue estaban recién llegados y en total desconocimiento de los antecedentes. Recuertian que el médico-coordinador también se vio envuelto en desencuentros administrativos ya t|ue para

' Este es el problema de la implicación, má.s que de la contrarransferencia. Se descubre aquí la presencia de un encargo institucional (no cxplicitado en el contrato de trabajo) que dice de la necesidad que la institución tiene de que finalmente el equipo dividido funcione como equipo de trabajo. Los encatgos son imposibles de realizar. * Mi agradecimiento a Livia Septilveda por su colaboración para la realización de esta intervención.

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hacer viable el nombramiento se le había prometido condiciones económicas interesantes, lo que no se concretó a su arribo. Se señala que también allí hubo maltrato que generó malestar que seguramente se volcó erróneamente al equipo. Los nuevos, entonces, salieron en defensa del coordinador, enviando un oficio donde reclamaban y sugerían utilizar ciertos fondos para cubrir la diferencia, a los efectos de que el coordinador pudiese continuar en ese puesto. La administración reaccionó aireadamente diciéndoles que era inadmisible su oficio, argumentando con una serie de citas de reglamentaciones y códigos de la institución. De este modo, los nuevos también pasan a sentirse maltratados por la institución, lo cual es ilustrado con nuevos ejemplos. Al rato, uno de los participantes nuevos que no había hablado en dicha sesión interviene para preguntarse lo siguiente: "Si en lugar de ingresar nosotros, lo hubiera hecho otro grupo distinto de profesionales, ¿de todos modos se hubiese dado el conflicto?". Séllalo que la pregunta supone una respuesta y esta tiene que ver con sentirse actores de un libreto escrito por otros. Los lugares estaban asignados desde antes de que llegaran. La institución ha movido sus hilos. Hasta aquí el desarrollo del proceso y de la sesión.

2. La producción de sufrimiento institucional: lo psíquico Y lo político Voy a llamar a la pregunta el segundo momento de reconocimiento ya que no solamente se ha dado en ese momento la posibilidad de pensarse, abandonando de manera significativa la paranoia como defensa, sino que además se ha producido un insight: han podido mirarse 156

desde fuera del lugar laboral, como ajenos a sí mismos. Pero de qué reconocimiento se está hablando. C^reo que el desarrollo del proceso de esclarecimiento pone sobre el tapete una nueva forma de sufrimiento institucional que tienen que ver con cierta estrategia (sin estratega) de la institución. En el sentir de los participantes, ellos han sido meros títeres de la estrategia institucional. Hay allí esbozada una manera de ejercer el control político (administrativo) pero de desplazar sus efectos al plano de las relaciones ¡ntcrpersonales. Dicho de otro modo, hay un efecto de camuflaje, de enmascaramiento, de presentar las situaciones en términos libidinales (amor-odio) cuando su naturaleza misma es del orden de lo ideológico (tiene que ver con la misión institucional) y de lo organizacional (problemas en la designación de nuevos profesionales, jefaturas, coordinaciones, distribución de locales, etc.). Porque es evidente que en cuanto el equipo asuma cabalmente que ha estado actuando un libreto escrito por otros, no solamente la división entre ellos no tendrá el más mínimo sentido, sino que además podrán participar de manera concertada en la planificación de sus tareas y en la defensa de sti proyecto institucional. Este tipo de sufrimiento podría adscribirse de manera lejana a lo planteado por Kaes (1989) en términos de el reemplazo de la tarea primaria de las instituciones. Allí muestra de manera general cómo las instituciones, en tanto se abocan "pasionalmente" a las funciones administrativas y organizativas, tienden a olvidar la verdadera razón de su misión. Así, se pervierte la tarea primaria en aras de "cumplir" con la función estatal de control social. Ello es productor de diversos grados de sufrimiento institucional afectando la productividad y

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en consecuencia la realización personal' de los integrantes de la institución. Sin embargo, en el caso reseñado sostengo que no hay un rrasrrocamiento de la tarea primaria del servicio, por el contrario, tanto los profesionales antiguos c o m o los de reciente adc|uisición desean trabajar a r d u a m e n t e , realizar sus fruiciones y avanzar en brindar tut servicio cada vez mejor a la población. La intervención administrativa resulra boicoteadora no p o r q u e implique una limitante en la planificación de sus acciones, sino porque la autoridad administrativa se coloca en im lugar inaccesible, de prepotencia, de maltrato del personal y de búsqueda de su s o m e t i m i e n t o . Tal es así que las medidas administrativas resultan arbitrarias para los fimcionarios; esro es, carentes de sentido y por eso productoras de sufrimiento. l,os funcionarios sienten que a la atuoridad solo le interesa mostrar tpie ejerce el poder. Algiín ejemplo p u e d e c o n t r i b u i r a mostrar c ó m o opera la producción de sufrimiento. El caso del n o m b r a m i e n t o de la coordinación resulta emblemático: Inicialmentc, la coordinación está en manos de luio de los profesionales con más experiencia en el servicio. N u n c a es n o m b r a d o oficialmenre en el cargo si bien se le e n c o m i e n d a n rateas de coordinación de manera tácita a través de ciraciones, de envío a reuniones, de representaciones diversas, etc. E,s obvio que todos esperan (tanro los nuevos c o m o los viejos) que si el servicio crece, en algiin
' Para que una persona pueda trabajar en una institución debe darse un cFeeto de acoplamiento; esto es, que la "tealización" de la institución conlleve de algtin modo tm cierto efecto de realización personal de aquellos que laboran en la misma. Así, cada c]u¡en visualiza que la institución, a través de su proyecto, realiza en parte el proyecto personal que cada quien abraza. Si el proyecto de la institución se distancia del proyecto personal de sus trabajadores y tuncionarios, aumenta significativamente el sufrimiento de estos ya t]ue el trabajo qtie se tealiza en la institución tiene poco sentido para ellos.

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m o m e n t o se oficialice el n o m b r a m i e n t o en el cargo a la persona con más antigüedad. Ello no ocurre así. Se "filtra" el rumor de que alguno de los nuevos que cuenta con cierta experiencia en el área podría ser n o m b r a d o coordinador, idea que el propio "designado" desecha. Más tarde se plantea que como en el equipo faltan médicos, alguno que sea contratado podría ocupar el cargo. Es u n r u m o r —en esc m o m e n t o - que la jefatura (y sobre tocio en un servicio de salud) no líombraría a un no médico a cargo de la coordinación. En todo caso, nunca hay una propuesta explícita acerca del pcrhl del coordinador. Finalmente, la autoridad n o m b r a a un medico, a quien se le p r o m e t e algo que la propia institución no cumple. VÁ suírimienro p r o d u c i d o abarca todos los sectores del equipo. Pero además el n o m b r a m i e n t o ha servido para descalificar a todos: a los viejos porque se los ignora c o m o aspirantes, a los nuevos porc]ue no son médicos, y al m é dico porque no se le reconoce su acuerdo. Este mecanismo es "sellado" por la autoridad ya que por su carácter de tal esta puede n o m b r a r a quien se le ocurra, imposibilitando cualquier tipo de cuestionamiento. N o p u d i e n d o producirse por t a n t o u n a descarga emotiva (rabia) hacia el nivel superior institucional, se abren las puertas para que p r o d u c t o del sufrimiento solo pueda ser descargado al interior del equipo, entre los pares. El manejo del poder ha logrado producir suspicacias, ambiciones, heridas narcisistas, invalidaciones, desautorizaciones, etc., que se manifiestan p a r a n o i d e m e n t e en las relaciones interpersonales del equipo. Así, u n conflicto con la autoridad despótica estalla c o m o conflicto a nivel del propio grupo. D e un m o v i m i e n t o de la energía hacia afuera se ha transfi:5rmado en u n estallido adentro, ocasion a n d o la destrucción del proyecto del equipo. Se puede decir que ya n o hay grupo (equipo) que lleve adelante un

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proyecto en el cual todos puedan realizarse, hay individualidades que realizan solitariamente su trabajo, el que carece ahora de sentido. 3. Sobre la conceptualización del sufrimiento institucional El sufrimiento institucional es aquel que se produce a partir de la inserción de ios sujetos en las instituciones. Si es necesario particularizarlo es porque presenta algunas características que lo convierten en algo especial. No se trata, por tanto, del sufrimiento per se o el sufrimiento producto de condiciones intrasubjetivas, si bien el sufrimiento, por definición, se produce en el espacio intrasubjetivo (Kaes 1998). Pero en este caso es im sufrimiento cuya determinación inmediata tiene que ver con la participación del sujeto en el espacio institucional, lo que hace a un tipo de sufrimiento en el que la acción de los sistemas normativos sociopolítico-administrativos interviene de manera directa en la producción de patología, al grado de llegar en uno de sus extremos más graves a generar el síndrome de burn-out (Foladori 2004). Se podría decir que este síndrome pudiera ser entendido como un estar sin estar en el espacio institucional. Un estar tísicamente pero un no estar psíquicamente, en tanto el funcionamiento psíquico aparece bloqueado por la falta de sentido de lo que se realiza como trabajo en la institución. Podría pensarse que el accionar de la autoridad institucional en tanto implanta sus propias directrices (norma) acerca del trabajo que allí se realiza, somete al aparato psíquico de los funcionarios a un estímulo constante que es vivido como excesivo (el psiquismo no está en condiciones de procesar las intensidades de este tipo de estímulo 160

que se producen en su seno). En este caso, el accionar institucional es productor de una suerte de efecto traumático por cuanto el aparato psíquico se ve superado o desbordado por este interjiícgo que es desde su particular lectura vivido como violento. Sostengo que la violencia tiene que ver con una acción de sometimiento que se realiza desde un nivel jerárquico superior y ante el ctial no hay escapatoria posible (Foladori 2006). Lo jerárquicamente superior se explica en tanto que en la pirámide institucional lo que aparece diferenciado es el poder de decidir sobre los demás. Así, alguien en un nivel jerárquico superior usufructúa un poder adicional a ac]uei qtic le corresponde, en tanto inherente a su condición de ser humano. De este modo, es posible afirmar que el sufrimiento institucional es directamente el producto de la violencia institucional, de aquello que es sentido como avasallamiento del yo, condiciones impuestas, imposibilidad de implcmcntación de una estrategia defensiva que le otorgue cierta autonomía al yo. Se funda entonces un tipo de relación tjuc a todas luces consigna la situación como una lucha desigual y con el agravante de que se ha instalado una sensación de atrapamiento, ya que cada quien está a merced de los designios institucionales. Agregúese a esto que la institución opera despcrsonalizadamente, vale decir, que el aparato burocrático se presenta como una cara ausente, sin rostro, justamente porque en la institución, desde el punto de vista de la autoridad y de la jerarquía nadie está nominado para dar la cara: la norma se cumple más allá de lo difuso de la máscara que la hace cumplir. Sostengo que esta cara sin rostro es uno de los mecanismos de la estrategia que utiliza la institución para internalizar el conflicto político-administrativo como psíquico ya que la ausencia de rostro funciona como espejo, devol-

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viendo a la propia persona sus sentimientos y obligándola ahora a hacerse cargo de los mismos. En el caso que nos ocupa el sufrimiento se produce no por la situación de agresión a que están expuestos los diversos funcionarios, por las divergencias que pudieran sostener al realizar su trabajo. Desctiptivamente, el conflicto entre subgrupos, la división en el seno de la repartición se encuentra normada por un marco que escapa a los designios de los funcionarios. Y en todo caso está claro que nadie puede salirse de la situación administrativa ya que supondría la pérdida del trabajo. En esta realidad institucional que somete a los profesionales en su lugar laboral, la subjetividad creada supone la puesta en juego de mecanismos de agresión-rechazo, complementado con alianzas circunstanciales defensivas como una manera de sobrevivencia en lui encierro (nótese la terminología del toreo) que hay que resistir.

4. El "desplazamiento " del conflicto. Sus "orígenes " A los tres meses de funcionamiento del taller, la tensión interna del equipo ha ido in crescendo; atiministrativamente, las autoridades han decidido incorporar a un médico. E,sta inclusión ha posibilitado de manera interina llegar a cierto acuerdo: el médico (nuevo ingreso, sentido como neutral) oficiará de coordinador del equipo y lo representará ante la autoridad, tarea que comienza a asimiir con responsabilidad de inmediato. Días después, la administración entrega nuevas instalaciones, lo cual supone el fin del hacinamiento y de la dispersión: varios profesionales tenían que trabajar en una sola oficina y los que no cabían debían buscarse espacios en otros locales. En suma, el equipo funcionaba con pro162

blemas graves de comunicación y malestar creciente por ello; el hacinamiento los hacía hipersensibles. Ahora, cada cjuien tendrá una oficina y habrá otros locales adicionales para reuniones. Este es el primer acto de la autoridad en el que, segiin el sentir de los participantes, han sido t o m a dos en cuenta, lo que les produce regocijo y placer. T o d o s disfrutan el m o m e n t o . Debe señalarse que los participantes del taller realizan una distinción entre usuarios y beneficiarios. Los primeros son aquellos que concurren a entrevistas con los profesionales (asistentes sociales, médicos, psicólogos, etc.), se adecúan a las normativas establecidas por el p r o grama. Son los que están agradecidos p o r q u e pueden a su vez detectar el compromiso y la dedicación de los profesionales que los escuchan y atienden. Los beneficiarios son los que han p r o m o v i d o y peleado políticamente la ley que constituyó el programa. Algunos de los beneficiarios son usuarios pero otros desarrollan una serie de talleres por motivación propia y también para mantener a cierto grupo u n i d o , pero sobre todo para estar presente y hacer presión sobre determinados "movimientos" del programa. Las asociaciones de beneficiarios tienen peso político y se sienten con el derecho de observar y, dado el caso, objetar ciertas decisiones. Está en franca alianza con los viejos profesionales cjue fueron los primeros n o m b r a d o s para indizar y organizar los diversos subprogramas de asistencia. La autoridad los reciben y escucha y acuerda con ellos. Así, el conflicto original es aquel que se define entre u n empuje autogestivo a través de la movilización de amplios sectores de la población para obtener la aprobación de la ley que crea el Programa y del cual los beneficiarios se sienten directa y orgtdlosamente responsables, y el Estado. Pero c u a n d o se logra la aprobación de la ley, el Es-

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tado es el que queda a cargo de imp^lementar el programa y el m o v i m i e n t o originario queda entonces con una tarea reducida: en el mejor de los casos, velar p o r q u e el proyecto se realice como fue acordado. En los hechos, se da la paradoja qtie al perder el control del proyecto el grupo originario queda sin proyecto. Un grupo de beneficiarios se sostieiie viviendo "adjunto" al nacimiento del Programa con un doble motivo: Por un lado, garantizar que el Estado no se "desvíe" de su objetivo. Por otro, presionar para la obtención de mayores beneficios. En suma, resulta interesante refiexionar acerca de este m o v i m i e n t o de institucionaiización: El h e c h o de instituir parece otorgar cierto derecho de propiedad sobre eso que se instituye. Pero la institucionaiización tiende a independizarse progresivamente (y por estrategia) del m o m e n t o instituyente: Un programa especializado termina q u e d a n d o en manos de los profesionales y tenderá a b u r o cratizarse c o m o todo ac|uello qtie el Estado toca. Pareciera que para que el programa pueda funcionar eficaziTiente, debe desmarcarse de su propio origen. En los hechos, los beneficiarios se resisten a a b a n d o n a r el local del programa y con razón, más allá de que su presencia fiscalizadora pueda ser i n c ó m o d a , no t a n t o para la a u t o r i d a d —que prefiere en ese caso "jugar" a la política- c o m o para los profesionales que perciben una interferencia y duda con su trabajo. D e la existencia de este grupo la C^oordinación del Taller no había sido informada. Es indudable que se abre un abanico de preguntas y de problemas teórico-técnicos: ¿Habría que incluirlos de algiin modo? ¿Habría que haberlos incluido desde un inicio? ¿De qué forma? C u a n d o el Programa se p o n e en funcionamiento y comienza a crecer aparece entonces polarizado entre los viejos profesionales que representan la historia de la movi-

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lización originaria, pero que a su vez viven de "las glorias del pasado" (lo instituido) y los nuevos funcionarios que quieren desarrollar y "realizar" el p r o g r a m a haciéndose cargo ahora de la fuerza instituyente. H e aquí otra determinación de la estrategia de internalización de u n conflicto político en im conflicto interpersonal.

5 . Los i n t e n t o s de n o r m a l i z a c i ó n Acordada en sesión una agenda para realizar la inauguración del nuevo local, se da cuenta de que los antiguos profesionales no concurren a la misma. Se ha recargado el trabajo en los nuevos y mostrado al público la división en el equipo. Esto ocasiona que el m é d i c o - c o o r d i n a d o r que se había m a n t e n i d o neutral, proteste por el c o m p o r tamiento de los viejos, ya que el acto había sido aprobado por todos. Se podría pensar que tanto el crecimiento n u m é r i c o del equipo como el otorgamiento de nuevas instalaciones se encaminan en la línea de "normalizar" —desde la perspectiva del E s t a d o - el funcionamiento del programa. Es posible esperar que nuevos movimientos de la autoridad estén en la línea de "ajustar" el funcionamiento de lo específico del programa a los parámetros del funcionamiento de los servicios de salud, esto es, introducir la distancia que produce el control estadístico ante el cual las personas se pierden. Podría pensarse que los viejos profesionales reaccionan a eso ya que son los más amenazados por el creciente control que la autoridad ejerce en el programa y sobre todo con la "intención" de que cierta historia pueda ser finalmente absorbida por la burocracia de salud. En suma, los problemas de salud son entonces individuales e impersonales. Por este c a m i n o , los asuntos administrati-

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vos t a m p o c o son de ecjuipos, sino de individuos infantilizados que no "alcanzan" a c o m p r e n d e r c ó m o funciona el sistema, acusando el impacto personal del "ajuste". Así, el sistema también psicologiza el problema político de la ideología del sistema que se operativiza a través del servicio de salud. Los profesionales "revoltosos" y conflictivos requieren entonces de psicoterapia c o m o una instancia normalizadora, para que puedan operar "ajustadamente" en el sistema qtie se implanta.

6. La i m p l i c a c i ó n del lugar p r o f e s i o n a l En todo caso, en las sesiones semanales se puede por vez primera hablar del tipo de pacientes tjue ellos atienden, que por la polipatología que presentan residtan ansiógenos para los profesionales a cargo. Algiuia luz se abre y es posible pensar acerca del estado emocional con el cual cada u n o de los profesionales sale de tma entrevista con el usuario: T o d o s reconocen sentirse muy afectatios a partir de lo que tienen que oír en las entrevistas, incluso varios de los profesionales que est<án allí manifiestan que ellos mismos son beneficiarios del programa. Se instala e n t o n ces la pregunta acerca de las razones que cada profesional ha tenido para "elegir" trabajar en ese sitio, abriéndose el análisis de la implicación. Se plantea por vez primera el tema de la victimización y de la culpa, aspectos que analizaremos más adelante. Luego de u n periodo de vacaciones hay novetlades en el equipo. Sin duda, el t i e m p o de recapacitación ha sido productivo. Varios de los viejos más radicalizados han solicitado traslado a otras reparticiones hospitalarias. Algunos de los nuevos c o n t i n ú a n con licencias adicionales o con vacacio-

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nes y otro de los nuevos —que dice que ha estado procesando algo de lo visto en sesión— ha llegado a la conclusión de que debe renunciar al cargo (a pesar de no tener empleo previsto aún) ya que ha perdido toda motivación por su trabajo. En suma, se ha producido un "desmantelamiento" parcial del equipo, no solo por la salida de los viejos, sino también porque los nuevos de una u otra manera intentan tomar distancia'. No puede obviarse la pregunta acerca del modo en que la institución recibe esta avalancha de cambios. Y sobre todo porque es de suponer que tal clase de "desenlace" del conflicto no debía figurar en lo deseable por la autoridad. Desde el pimto de vista administrativo han ocurrido varias cuestiones: El medico que pretendía sostenerse en la coordinación de equipo entra en contradicciones con la jeíatura y renuncia a esta. La autoridad nombra una enfermera (especialista en administración-estadística; era previsible) para poner orden ya que en el programa se "ha hecho todo mal". Además, hay un sumario en puertas. La jefatura aparece dividida entre un lugar administrativo y otro político. Todo esto es vivido por los integrantes del equipo como prepotencia de parte de la autoridad, ignorancia de la verdadera naturaleza del trabajo que realizan (reducción del tiempo de las sesiones, llenado de planillas de cuantificación estadística, derivaciones de casos a otros servicios
' El asunto de la distancia ("distancia óptima" se decía en otras épocas) remite a varias cuestiones complejas. Este lugar en el que hay que sentir pero no mucho, en el que hay que vivir pero siempre y cuando se pueda a su vez pensar, en el que hay que comprometerse pero sin llegar a confundirse, en el que hay que acompañar sin caer en paternalismos, etc., configura un lugar enigmático, lleno de ilusiones y falto de garantías. En suma, es útil para que cada quien deposite allí lo que desee. Véase, entre otros, Norbert Ellis (1983), Compromiso y distanciamiento, Ed. Península, Barcelona, 2002.

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"por orden de jefatura", control de asistencia, etc.), arbitrariedad y control administrativo. Han tenido varias reuniones para "informar" a las autoridades sin éxito. Se sienten incomprendidos y desalentados. Quisieran poder realizar una sesión clínica para mostrar el tipo de paciente que atienden y el trabajo que realizan con él. Pareciera que la autoridad trata al programa como a cualquier otra unidad de trabajo del ramo de la salud (datos y cifras, porcentajes, flujos, etc.), si bien el origen del programa no tiene nada que ver con eso. Los asistentes al taller comienzan a darse cuenta de que la salida de los viejos no disminuye en natia el malestar que sienten en el trabajo cotidiano y que, en todo caso, las disputas que mantenían con ellos no puede entenderse como una problemática interpersonal. Más bien, se vislumbra la idea de que los conflictos entre ellos canalizaban las rabias y depresiones provenientes del diálogo de sordos que mantenían con las autoridades oficiales. I,o que sí desaparece de manera ciefinitiva es la polarización tensa que se daba en los primeros meses de trabajo. Ello ayuda significativamente a que los participantes puedan irse centrando cada vez más en su sentir, en la medida en que ha disminuido de manera sustancial la ansiedad paranoide. Este cambio en la situación emocional de las sesiones no hay que entenderlo como si el conflicto se hubiese solucionado. La comprensión del entorno macroinstitucional y los vaivenes de su política no supone la restitución de los vínculos interpersonales cuando estos también están determinados por estructuras de personalidad de los sujetos soportes. Las arbitrariedades contimian: ahora sobre el personal médico. En el taller se acuerda un nuevo horario para que los médicos de nueva incorporación puedan participar de las

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sesiones. Sin embargo, ello no se concreta ya que a la h o r a de hacerse presente, los médicos declinan incorporarse (a pesar de haber aceptado el horario) p o r q u e "da mala imagen en el currícidum participar en u n g r u p o 'terapéutico'". El grupo entonces queda reducido a aquellos que venían participando.

7 . D i f i c u l t a d e s para la a u t o g e s t i ó n : la v i c t i m i z a c i ó n . S u d e s b l o q u e o C u m p l i d o s los dos tercios del proceso y luego de "deslindar" la infinidad de problemas a d m i n i s t r a t i v o s , maltratos, prepotencias institucionales, desautorizaciones, etc., la discusión comienza a centrarse en cierta incapacidad que el grupo tiene para operar. P o r q u e queda claro que si bien cada quien desempeña su tarea contratada, no existe el más m í n i m o atisbo de un posible trabajo en equipo. N a d i e asume iniciativa alguna que sea "representativa" de la totalidad. T o d o s desean contar con reuniones clínicas para discutir sus casos, complejos y m u y difíciles, pero no pueden reunirse. Se sorprenden de que no puedan tener una actitud de defensa solidaria frente a los ataques de la autoridad. Interrogados acerca de los motivos de esta pasividad manifiestan que no van a hacer n i n g ú n planteo ante la autoridad si no saben si los demás van a apoyarlo. En los hechos, se p o n e de manifiesto un alto grado de desconfianza m u t u a que alcanza varios niveles, m o s t r a n d o que la paranoia aún es m u y fuerte al interior del equipo. H a y que señalar que es poca la normativa que rige el funcionamiento del equipo por lo que estarían en condiciones de realizar una amplia variedad de proyectos si así lo dispusieran. Comienzan a preocuparse por su propia pasivi169

dad. Acerca de la dificultad para realizar reuniones clínicas aducen que los demás podrían realizar críticas sarcásticas sobre los casos de cada quien, auitque reconocen que eso es solo una fantasía ya que jamás ha ocurrido algo así. Algo del orden de la victimización se encuentra instalado allí. O t r a línea asociativa a partir del término de "validación", significante que insiste en la sesión, muestra que no se trata de la validación de los pares, tampoco de la validación que realizan los pacientes que continiian asistiendo reconociendo en dicho acto la "validez" de la terapia; menos se trata de la validación de parte de la autoridad de la cual solo se puede esperar total ignorancia acerca del quehacer que realizan. El asunto de la "validación" como una obligación, pareciera calar m u c h o más h o n d o y estar vinculado, tal vez, a la razón que ha guiado a cada quien a trabajar en ese tipo de labor. Victimización y validación van, a mi juicio, unidas ya que ambas suponen la presencia de culpa. La victimización proveniente originalmente de los pacientes que han sido objeto de violencia, se constituye en un m o d e l o a ser " a d o p t a d o " . Pareciera que es tan fuerte el m o d e l o , que es imposible resistirlo. Y si varias de las profesionales son a su vez beneficiarlas, las identificaciones con los pacientes pasan a constituirse en resistencia para a b a n d o n a r el lugar de víctima. Agregúese a lo anterior la posible presencia de experiencias infantiles de victimización que apuntala la asunción del lugar. En los funcionarios de u n servicio, la victimización se r e p r o d u c e sobre las figuras de las autoridades. T a n p r o n t o la autoridad opera de manera autoritaria se desencadenan mecanismos en los que los funcionarios se colocan en el lugar de víctimas. La víctima n o es que sea absolutamente pasiva; es activa en su victimización. Más aiin, si t o m a n medidas de

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defensa, estas tienen siempre el techo de la independencia. La victimización es la renuncia a la independencia, a gestionar y autogestionar de manera libre. La victimización mantiene un ancla a la dependencia: siempre hay que estar exigiendo, solicitando desde el lugar de víctima. El beneficio es tan grande que es impensable abandonarlo. La víctima es Kierte en su lugar porque reivindica aquello ya ocurrido, no lo por venir. Pretende operar con la culpa, con la acusación indiscriminada del daño que se ha producido, el cual crece día a día, no encontrando jamás reparación alguna. Si así íuera, habría que renunciar a ella. La víctima es la memoria, trae siempre el recuerdo de lo ocurrido, como un letargo que siempre retorna. La víctima desea en su fuero interno invertir la situación y lo logra a través de la victimización. Utiliza las herramientas de su propio daño para dañar. (]reo ver allí plasmado el concepto de poder circulante acuñado por Foucault (1979). "Ustedes lucran con el daño que nos han hecho", denunciaba una paciente, acusando a su terapeuta y mostrando el uso que hacía de la victimización. Nada pudo contestar el terapeuta asumiendo, en ese instante, el lugar de víctima. La paciente atacaba a aquel que pretendía ayudarle, ataque indiscriminado ya que se trata de cobrarse el daño una y otra vez en todo aquel que se le pusiera por delante. El orgullo de haber sido víctima y, por tanto, de ser víctima para siempre, como si fuera un condecoración. Las víctimas llevan marcas en el cuerpo, producto de vejaciones, del maltrato, de privaciones, de la tortura. Marcas que dan testimonio, que son prueba viviente de lo pasado, de lo ocurrido. El cuerpo marcado, el yo marcado, huellas imborrables como un cuerpo escrito. Clastres (1974) estudia la tortura en las sociedades primitivas, marcas que impiden olvidar, marcas que garantizan un deseo de funcionamiento social contra el Estado.

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Avanzado el proceso se produce un primer hecho significativo. Pueden acordar, ante la ausencia de un supervisor externo, un día de reimión para discutir casos clínicos entre ellos. Se trata de la primera acción de reconstitución del equipo. Están contentos por lo logrado; reconocen que no se habían dado cuenta de lo que les costaba definir y habitar ese espacio. Lo repiten como sin creerlo aún. Se han juntado y lo han pasado bien y reconocen que les sirvió mucho. Han gestionado lui segundo espacio de junta clínica con un servicio similar de otra parte de la ciudad. Dispondrán ahora de reuniones clínicas dos veces a la semana. Aprenden y se descargan, piensan. Pero también lo dicen como sin poder creérselo del todo, nadie sabe cuánto puede durar tal iniciativa. En realidad es la realización de ima fantasía en la que funcionan solo como especialistas en clínica; esto es, sin tener que hacerse cargo de las tareas administrativas inherentes a lo que significa un empleo en una institución de salud. No están en su consulta privada. Ello abre la discusión acerca de los motivos por no poder realizar reuniones de todo el equipo (donde se sumen los médicos y las coordinadoras) y debatir allí, en un espacio cerrado, los problemas del programa y sus relaciones con las autoridades de salud. Reconocen que en el hospital el trato de lo administrativo se realiza de manera muy informal, en pasillos, en conversaciones al pasar y muchas veces en decisiones en las que no todos están enterados de la trascendencia de la misma. Ahora se torna imprescindible juntarse (espacio y tiempo), llevar actas de las resoluciones —lo que alguna vez se hizo— y debatir acerca de funciones y responsabilidades compartidas. Dicen que tienen que encuadrar el trabajo para que los problemas administrativos no los enloquezcan todos los días. Alguien se ofrece para hacer el orden del día. Tienen que

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"arrear" a la gente. Muchos huirán de la reunión. ¿Deben estar todos? Sería mejor, así luego no hay problemas con las resoluciones. Veamos si pueden instalar el nuevo dispositivo para "ordenar el caos".

8. La l ó g i c a de los p e d i d o s Y la r e c u p e r a c i ó n del p e n s a r En im nuevo acto arbitrario la institución decide intcrrimipir el taller sin consulta ni con los participantes ni menos con el equipo técnico que lo estaba c o o r d i n a n d o . Los participantes entonces, por su cuenta, envían un oficio de protesta en el cual a r g u m e n t a n en fiívor del taller y de sus beneficios, solicitando que se concedan algunas sesiones para poder transitar por una fase de cierre. C o n gran sorpresa de todos el pedido es concedido. Esta respuesta resulta inesperada ya que no se inscribía en la mecánica sustentada por la autoridad. Lo interesante es que la "escucha" administrativa abre a una pregunta por la estrategia: cuáles son las razones que hacen que ahora se haya tenido éxito en el pedido, a diferencia de tantas otras ocasiones en que las solicitudes fueron rechazadas. La reflexión del grupo se encamina en dos direcciones: —Por un lado, consideran el grado de afectividad que las solicitudes transmitían en relación directa con la rigurosidad de la fundamentación formal. Reconocen que en muchas ocasiones sus pedidos eran m u y apasionados pero poco fundados o, por el contrario, se desdibujaba el motivo de fondo en u n a formalidad que resultaba aburrida y estéril. - P o r otro lado, evalúan lo preciso del p e d i d o en relación con la capacidad de la institución para disponer 173

y operar en consecuencia. Así, hubieron solicitudes que resultaron poco específicas o que en otros casos el pedido era desproporcionado a las posibilidades de la administración. Se supone que en ambos casos el pensamiento de la burocracia institucional es lineal y poco diferenciador de matices, por lo que hay que puntualizar y precisar los tópicos que se desea tratar. D a d o que los que leen ios oficios son burócratas y ellos en general saben un poco de todo pero nada en profundidad, hay que aptmtar a tocar una veta personal. La conclusión es que para tener éxito hay que formular las solicitudes con rigurosidad argumentativa que conlleve una i m p o r t a n t e carga e m o c i o n a l . La sección dedicada al pedido específico debe ser a su vez atingente y concreta. Estas reflexiones realizadas por el equipo mtiestran de manera flagrante la recuperacicín de la capacidad de pensar, y de pensar bien, c o m o instancia de recuperación del poder de decidir acerca de su propio trabajo en el espacio institucional. Y este es el principal objetivo del taller ya que, c o m o fue señalado, el equipo que concurrió n o se encontraba en condiciones de operar c o m o un grupo "para sí", esto es, un grupo c]ue además de realizar su tarea (nunca estuvo en d u d a la misma) pudiese reflexionar acerca de aquello que le acontece c u a n d o pretende hacerla. Lo que "ocurre", tiene necesariamente que ver con las condiciones en que ocurre, esto es, el asunto de los diversos atravesamientos institucionales y las implicaciones de los participantes que resultan de los mismos. Así el equipo comienza a recuperar su posibilidad de pensar acerca de su lugar en la institución, de c ó m o opera la institución y de c ó m o insertar su programa en el orden de la institución. P e d a g ó g i c a m e n t e podría decirse que

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esta es la primera fase ya que la segunda remitiría a las acciones que la nueva estrategia determina. En los hechos, ambas van juntas ya que nuevas ideas suponen llevarlas a la práctica y la práctica resulta instituyente de una nueva subjetividad, como puede ser visible en el ejemplo del caso tratado.

9. Epílogo
Las reflexiones acerca del modo táctico para actuar con la autoridad determinaron que, ante la interrupción, los participantes elaboraran un informe en el que evaluaban el desarrollo del taller. Allí, haciendo gala de una voluntad temeraria plasmaron de forma directa y concreta sus discrepancias con el modo de trato y conducción, sus expectativas y frustraciones, sus compromisos y proyectos y sus necesidades a futuro como equipo. El taller entonces les ayudó a ver la realidad de la institución, a desconfiar de sus propias ilusiones y a comprometerse más con un hacer que con un quejarse sobre el funcionar de la autoridad. El informe evaluatorio perseguía un fin estratégico que era el validar un espacio revirtiendo la situación institucional -que había decidido cerrar el taller- para no solamente poder habilitar otros espacios similares o complementarios en el futuro (supervisión, asesorías, capacitación y otros talleres de autoayuda que fueron fundamentados como permanentemente necesarios), sino también para posicionarse y apropiarse de un saber que les permitía ahora interrogar a la institución a través de la fórmula ¿en base a qué criterios ustedes, en total desconocimiento de que lo que ocurría en el taller, resolvieron interrumpirlo? Pregunta fuerte, cuya posible respuesta 175

resultaba vacía, ya que los criterios que la podían llenar habían sido ya manejados por los participantes y descalificados terminantemente. No se esperaba respuesta y creo que no la hubo.

10. Algunas conclusiones Hay que comenzar por señalar que nada hacía suponer al comienzo del taller cuál sería el desenlace del proceso. En algún momento se tuvo la sensación de cjue el taller no iba para ningún lado y se fantaseó con disolverlo. Seguramente, tanto el compromiso contractual, por un lado, como cierta curiosidad y confianza en el trabajo grupal, por otro, contribuyeron a sostener el setting. La interrupción planteó de hecho una situación no prevista: ¿Había que continuar con el taller al margen del compromiso contractual? Se sostuvo que no, ya que no tenía sentido crear un espacio limbo al margen de los acontecimientos institucionales. Más bien había que trabajar con eso para mostrar lo que es el funcionar despótico de la autoridad, y renunciar a todo patcrnalismo y a todo compromiso que pudiera traslucir el deseo del equipo coordinador más allá de lo conveniente. Esto implicó que los participantes se movilizaran y consiguieran una extensión de algunas sesiones adicionales como para hacer un "cierre" antes de tiempo, pero cierre al fin. Para los participantes, el taller significó: - Un espacio de discriminación y de análisis de su implicación, lo que les permitió dilucidar qué tanto estaban comprometidos con la tarea del programa, qué tanto la soportaban y les hacía daño (problema también de la disposición personal para un trabajo de esa naturaleza), qué tanto deseaban mantenerla 176

o tomar distancia de la misma, etc. Reflejo de ello fueron las solicitudes de traslado a otro programa, la renuncia al programa y la solicitud de d i s m i n u c i ó n de horas, así como la afirmación de otros en su deseo de continuar laborando en el mismo. Puede decirse que esta es parte de la tarea de esclarecimiento que el grupo realizó en el taller. — O t r a parte de la misma corresponde a mejorar la percepción acerca de lo qtie ocurre en la institución y sobre cómo dicho acontecer les afecta en las relaciones interpcrsonales. En tal sentido y desde m u y t e m p r a n o se fueron d a n d o comentarios que posibilitaron recorrer dicho camino. La relación entre el operar autoritario de la institución y la imposibilidad de descarga de la inquietud que se producía, y los efectos inmediatos en las relaciones interpersonales. Se destraba así un mecanismo que implica percatarse de c ó m o lo político-administrativo se transforma en un conflicto interno del equipo. El segundo m o m e n t o de la estrategia institucional es apoyarse en el "objetivo" logrado y acusar al equipo de infantilismo y condicionarlo a operar bajo dichas reglas. —Por último, el destrabe de la acción; esto es, desmantelar el mecanismo de la queja (que resulta articulado desde el infantilismo del equipo) abriendo el espacio para el pensamiento, el análisis causal y la toma de decisiones que conllevan la implantación de ciertas estrategias de tipo autogestivo. El grupo entonces se apropia de la palabra, reflexiona y opera de una manera nueva, luchando ahora por aquello que es posible y es además de su incumbencia. T o d a una propuesta de desterritorialización. La reacción institucional debe desmarcarse entonces de su mecánica anterior ya que los sostenedores del p r o g r a m a se han

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"movido" de su lugar. Así, los participantes se encuentran consigo mismo —que ya son otros— a través de la respuesta institucional; todo lo cual sorprende alegremente. Pueden ser ahora protagonistas.

BIBLIOGRAFÍA

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II PARTE

LAS INSTITUCIONES Y EL PENSAMIENTO

En el transcurso de intervenciones institucionales surgen preguntas en el analista acerca de las habilidades que tiene el grupo institticional con el cual trabaja, de visualizar determinados fenómenos y acerca de la posibilidaci de reflexionar sobre los mismos. Dicha pregunta es extensiva a la sociedad en general. ¿Bajo qué condiciones el discurso social puede tornarse autorreflexivo, preguntándose acerca de la sociedad misma como constructora de su devenir? ¿Es posible tomar el discurso que se produce como objeto de estudio? Su factibilidad depende de una cierta distancia "óptima". Lo de "óptimo" tiene que ver con una gama de distancias; se podría pensar que en la medida en que se puede tomar mayor distancia, es posible hacer reflexiones que no se podrían realizar desde una distancia menor. Allí es donde la implicación determina, tanto para el analista como para los participantes. Pero a su vez, la distancia posible del especialista con la institución tiene que ver con la manera como la institución transmite su lógica de funcionamiento, y "atrapa" en ella al analista; por supuesto, también al grupo institucional. Bleger (1966:91) había observado que "Por responder a las mismas estructuras sociales, las instituciones tienden a adoptar la misma estructura de los problemas que tienen que enfrentar". Más adelante, hablando de los manicomios y asilos complementa: Como en ningún otro caso, se hace aquí evidente el hecho de que la institución tiende a adquirir la misma estructura y el mismo sentido que el problema que se propone resolver. El asilo tiene en su organización la misma alienación que sus pacientes. (...) Los locos, las prostitutas 181

y delincuentes son los síntomas de una sociedad perturbada, y las instituciones tienden a reprimir y segregar tanto como la sociedad misma ya que las instituciones son los insttumentos de esta liltima".

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M a s allá de esta notable y terrorífica observación que muestra la contradicción entre los objetivos que la institución se p r o p o n e y aquello que hace en realidad, me interesa plantearme la pregunta por las razones que darían cuenta de esa forma de operar. Es decir, interrogarse sobre p o r qué en las instituciones, d o n d e hay especialistas, técnicos, profesionales, generalmente personas kicidas y bien intencionados, que manifiestamente se c o m p r o m e t e n a llevar adelante d e t e r m i n a d o s proyectos, objetivos q u e hacen a la "grandeza" de la institución en la cual trabajan, en los hechos, se ven llevados a actuar en una lógica absol u t a m e n t e contraria con la explicitada y a arribar a metas iatrogénicas en las que lejos de solucionar el problema terminan reproduciéndolo una y otra vez. Por eso, creo que hay algo que no puede ser ni visto ni pensacio, c u a n d o se está en la institución. H a y un problema de lógica que se i m p o n e más allá de lo espcrable, hay mecanismos que operan para que determinadas realidades aparezcan c o m o no vistas y hay discursos que o m i ten registrar y reflexionar sobre ciertos temas. El servicio que la institución brinda al público parece no poder desligarse de un trabajo de autotreflexión que la institución necesita realizar en su interior. Así, la intervención institucional no puede dejar de t o m a r en cuenta estos obstáculos que se hallan en la órbita de la lógica del pensar, estos mecanismos no conscientes que d e t e r m i n a n drásticamente los temas abordables, así c o m o otros prohibidos, que se guardan en secreto y que configuran el registro del discurso de lo no dicho ins182

titucional. Hay allí una relación con el poder, porque es desde el poder que es posible normar los temas institucionales y la institución asume entonces, de manera firme y decidida, el control de aquellos que la integran. Es sobre estos problemas que se centrarán los capítulos siguientes, pretendiendo echar alguna luz acerca de los mecanismos que operan para que estas lógicas iatrogénicas se impongan.

18.3

LA INSTITUCIÓN DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES Y SU CRISIS

Introducción El pasaje de la dictadura a la "democracia" significó tjue las ONCJ transitaran por una crisis ya que tuvieron que repensar su destino. La crisis facilita a su vez que salgan a la luz algtmos implícitos sobre los que m u c h a s O N C I han funcionado hasta ahora, esto es, entre otros, el acto de beneficencia que define su accionar, en tanto son captadoras de fondos para intervenciones sociales. Se analiza entonces como tema central la estructura de la beneficencia como institución, los encargos que la misma conlleva y los amarres estructurales que la sostienen, así como los riesgos cié sus acciones. Se trata de pensar acerca de las fisuras estructurales de este tipo de institución.

D e v e n i r de las O N G América Latina fue, d u r a n t e los 80, centro de "inversión" para múltiples fundaciones extranjeras a través de las O N C que se fueron creando en varios países. La represión política d u r a n t e las dictaduras, la pobreza creciente, problemas sociales, etc., urgían tomar en cuenta una "necesidad": la de dar asistencia de diversas maneras a sectores muy amplios de la población c]ue se vieron "marginados"'

' El término "marginación " resulta una noción equívoca ya que alude simultáneamente a diversos procesos y lugares de los más dispares. Si bien no se pretende realizar im análisis exhausrivo de sus sentidos, creo que vale la pena deslindar algunos de manera breve;

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de las políticas oficiales. El procedimiento de fundación fue claro: un equipo de personas, en general de profesionales en algo, elaboraban un proyecto asistencial dirigido a determinado sector social indicado como "privilegiado" (por ser objeto de acciones que captan fondos especiales),

- En primer Itigar hay que dccit que marginal viene de margen, o sea que la noción hace a ima cierta ubicación, a una topología, a un cierto lugar respecto a otro que sería el centro. C'laro está, las anotaciones "al margen", por su lugar, resaltan más que lo que está en el centro: llaman la atencicín. - Jurídicamente apunta a estar "al margen de la ley" lo que constituye un contrasentido ya que los primeros que se marginaron fueron los movimientos golpistas. Pero como el que tiene el poder es el que dicta las normas, "marginado" en América Latina nombra a ac¡tiellos individtios que configuran los perseguidos políticos por "atentar" contra el régimen establecido, aunque sea de (acto. - Ideológicamente, marginados son aíjtiellos que no participan de la ideología ohcial y que promueven ideas "totalitarias" u otras que llevarían -en la opinión de algunos (radicales)— a la desintegración social y al caos. - Socialmente, el marginatio es aquel que está al margen de "la sí^cied.td \ pero la sociedad aparece definida en términos de sociedad desarrollada, por lo que el marginatio es el que no hace mía vida social como "todos". At|uí hay dos matices: 1) la marginación con respecto a la sociedad de eonstmio en términos de Sííciedad "avanzada", aquel que no tiene para comprar cosas, objetos de consumo, y 2) la marginación en términos de vida rural (más "salvaje" o "primitiva" y atrasada) como opuesta a la vida citadina (supuestamente más civilizada). A su vez, y sobre todo en las ciudades, marginado lambién es aquel que carece de los servicios elementales, ya sea porque por el lugar donde vive no llega luz, agua potable, teléfono, transporte ptíblico, correo, etc., ya porque, por el motivo que sea, no cuenta con servicios como educación, salud, vivienda, prestaciones sociales, etc. - Laboralmente, el matginado es el desocupado, parcial o totalmente, o que trabaja en tareas no reconocidas como "trabajo": prostitución, pepenadores, tragaftiegos, etc. Aquí también habría que tibicar a los jubilados... - Educativamente, el marginado es el analfabeto o que cuenta con niveles de "instrucción" mínimos en función de ciertos critetios "deseables". ' Subjetivamente, marginado es el que "se margina" de un grupo, por lo cual es culpable de su propia marginación. Interesante conclusión ya que exime a los demás de toda responsabilidad y además lo hace objeto icieal para ser utilizado como chivo expiatorio por parte del grupo. En suma, y para decirlo en pocas palabras, los marginados son los malos. Es el problema de las nociones funcionalistas.

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se constituían en una ONG y solicitaban financiamiento a asociaciones y fundaciones fundamentalmente europeas, aunque también norteamericanas y/o locales. Si el proyecto era aprobado, recibían los fondos solicitados durante el plazo convenido y podían ejecutar su trabajo. Finalizado el plazo, un informe detallado tanto de acciones como de gastos, y luego de dificultosas negociaciones, se podía abrir la puerta a una nueva "contratación" por otro período. De hecho, a través de ese sistema se pudieron realizar en América Latina proyectos bastante novedosos y "beneficiar" a sectores más o menos extensos de la población. Frente a la ruptura primero y luego destrucción del miuo de Berlín y ante la angustiante situación para los europeos de ver las "necesidades" de sus vecinos (realidad amenazante, emigración masiva con su efecto xenófobo) dichos fondos se han ido canalizantio a nuevos destinos, lo que hace que América Latina ya no sea más el lugar "privilegiado" para que las O N G contimien siendo financiacias. Se agrega a lo anterior lui matiz político que es el "retorno" a la democracia de algunos países, t|ue supuestamente haría innecesaria la "ayuda", vale decir, los gobiernos ahora elegidos "democráticamente" en tanto representantes de la población, deberían asumir a su vez la cobertura de muchas de las acciones que las O N G habían estado realizando. En todo caso, las democracias "tuteladas", como se las llama en algunos espacios -al ser su desarrollo vigilacio por los mandos militares— tienen un importante papel cjue jugar por su "representabiiidad", ya que para los sectores europeos t]ue respaldan las O N G la presencia militar no es un elemento discriminador suficiente: la democracia progresa. Es cierto que aquí se cuela una determinada ideología que partiendo de la categoría de "población en riesgo" edifica toda una postura de "asistencia" social por cuanto

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hay un riesgo —debe entenderse de vida— stiscitado por una marginalidad generada por las políticas oficiales represivas justificadas por la necesidad de introducir el neoliberalismo a ultranza. Es decir, el riesgo aparece señalado en el sector salud, educación, trabajo básicamente, inscribiéndose claramente en una problemática de tipo social. Pero da la casualidad de que a ese riesgo subyace otro de tipo político - q u e no se m e n c i o n a - y que termina orientando las líneas de acción más generales de estos grupos. El "riesgo" de que el incremento de población marginada c u l m i n e en una serie de importantes movimientos sociales que unificados en un proyecto pongan en tela de juicio la permanencia del sistema neoliberal, que los mismos militares implantaron en América Latina en la década de los 70 y que cuidan ahora desde bastidores. Y este doble nivel entre el riesgo social y el riesgo político es el qtie define los lineamientos de las fundaciones que respaldan las O N G , ya que son los gobiernos de esos países europeos los que terminaron manifestando su reconocim i e n t o de los regímenes militares y luego favorecieron el surgimiento de las O N G casualmente para "sostener" de algiin m o d o acciones que el modelo neoliberal dice haber a b a n d o n a d o . Se trata del doble juego del capitalismo —tan conocido y tan sentido— que parcha con acciones aqtiellos s p u n t o s débiles, inoctdando, por la naturaleza de la estruc~ No creo conveniente discutir atjuí el problcniu de las determinaciones y limitaciones que a su ve/, los ptoyectos tienen en sí mismos. Muchos técnicos de las ONCí se animan a sostener que no sufrieron "recortes" o que sus proyectos tueron aprobados tal cual por las fundaciones extranjeras, significando con ello que los europeos se "tragaron" la "semilla revolucionaria" implícita en el mismo. Hasta podría creer que esto es vercíad. Pero soy un poco más cscéptico por aquello efe la implicación: es decir, de qué modo cada quien está metido, se la juega, manifiesta su deseo, en lo que hace. En este caso, el primer objetivo del equipo técnico es hacer que el proyecto sea vendilile "en Europa", para lo cual ya se conocen algunas de las condiciones que debe cumplir este. En suma, la autocensura puede ser más peligrosa t]ue aquella t]ue proviene del exterior.

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tura misma que transmite, una suerte de parálisis en las institticioncs, c o m o otra forma más de control social y político. Dicho de otro m o d o , las O N G se constituyen en un lugar sintomático que aparece en lo manifiesto c o m o una ayuda litil, planificada, armónica c interesada en el h o m b r e , su crecimiento y desarrollo. Por otro, en tanto adoptan el modelo de la beneficencia, estructuran a las instituciones segiin dicha ideología, en la cual, c o m o dice el dicho popular "a caballo regalado no se le miran los dientes", y entonces todos en la e n t i d a d terminan operando —de u n o u otro modo— segiin el modelo de la beneficencia impuesto. La estructura base de todo esto pasa por el trasfondo de h u r t o y explotacióir que desde el "descubrimiento de América", Europa primero y los E E . U U . después han sometido a Latinoamérica y al resto del I creer M u n d o . Explotación de las riquezas naturales, políticas colonialistas, m a n o de obra barata, esclavitud, invasión, etc., a partir de los intereses del capital material i/,ado en la penetración de las transnacionales. Así se puede hablar de un lugar de víctimas d o n d e se ha colocado a Latinoamérica. Este aspecto estructural constituye a nuestro juicio un mecanismo de control social, ya que ata de manos a los profesionales soportes en actitudes paternalistas y de autoexigencia culposa que los obliga a dar más de lo convenido porque "como hay otros que p o n e n el dinero, yo tengo que, al menos, poner el trabajo"'. Este modelo n o debe dejar de generar sus efectos en la "población en riesgo", en la cual habría que incluir a los "especialistas en riesgo" que son aquellos que a su vez laboran en las O N C í . Porque en todo caso, las fundaciones extranjeras no dejan de generar "fuentes de trabajo": esa es la ilusión que a su vez venden. Al m i s m o tiempo la relación del profesional con el "cliente" es transmisora

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- c o m o de manera s u b l i m i n a l - de este tipo de implícito que no dejará de condicionar de varios modos aquello que se recibe tan b o n d a d o s a m e n t e . Pero lo más grave, a mi juicio, está en que el modelo de O N G , en ranto estructurado sobre un sistema financiero de beneficencia, no habilita para pasar a otro m o d e lo p r e t e n d i d a m e n t e aurogestionado. He aquí lo peligroso. Y no habilita p o r q u e la subjetividad de la beneficencia implica un c o m p r o m i s o culposo que impide muchas veces pensar las cosas de otro m o d o , vale decir, r o m p i e n d o con la beneficencia y r e n u n c i a n d o al Itigar de víctimas. Plantearse la necesidad de trabajar (autogenerar grupalm c n t e sus propias fuentes de trabajo) se o p o n e a la autoimagen idealizada de la "ayuda" que es necesario prestar a la "población en riesgo", con la cual los especialista se identifican. En todo caso, resulta claro que "la ayuda" debe poder cambiar de lugar": debe poder pasar del lugar de meta al lugar de efi^cto: solo se podrá ayudar al otro si se puede hacer algo consigo mismo. El otro será el efecto de mi capacidad de hacer cosas, producir, trabajar y no podrá ser el objeto de mi proyecto. Pero este cambio es e n o r m e m e n t e resistido ya que supone diversos procesos de elaboración, a saber: - r e n u n c i a al paternalismo de la beneficencia que por su propia naturaleza estructura y condiciona la acción de trabajar c o m o ayuda. —renuncia al lugar del "dador" de "ayuda" a otros, -análisis de las condiciones objetivas del trabajo que se realiza, para pensar la "productividad" segtin las determinaciones capitalistas. —renuncia a una cierta mezcla ideológica entre trabajo y iBÜitancia en la cual trabajar y cobrar por él, está mal visto (en determinada "ideología" socialista), y cotilo la militancia no se cobra, se confunde

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a u t o m á t i c a m e n t e a la militancia con la beneficencia y la solidaridad. —renuncia al lugar de víctima (social y política) y a los enormes beneficios —como los beneficios secundarios del síntoma— que ser víctima implica. D e hecho, lo que se quiere resaltar es que interesa analizar la beneficencia por el tipo de relación particular que establece; esto es, un modelo de dependencia que como tal impone. Muestra así el ejercicio de un poder vertical que se encubre en una apariencia de desinterés y bondad.

El t r á n s i t o a la d e m o c r a c i a Una interrogante que me inquieta d u r a n t e estas reflexiones se centra en las determinaciones de las O N G en los dos períodos en que se hace referencia: Si bien surgen d u r a n t e los gobiernos de jacto, se adecúan para p e r m a n e cer d u r a n t e los gobiernos "democráticos". Pero mientras bajo los g o b i e r n o s militares c o n s t i t u y e r o n biisquedas autogestionadas colectivas de trabajo (ante la e n o r m e desocupación generada por el "ajuste" del modelo socioeconómico) para responder a las amplias necesidades sociales de ayuda, y hasta con pretensiones de lograr un poder popular paralelo, en tiempos actuales se han convertido en pequeñas empresas del sistema, perdiendo buena parte de su finalidad política y sobreviviendo gracias a la habilidad para "ganar" licitaciones. En suma, muchas se han constituido en consultoras paraestatales. Es decir, ¿qué ha sucedido con este proceso de institucionalización en el cual parece t]ue se ha perdido el origen autogestivo así como la construcción de un incipiente poder paralelo? En todo caso, habría que discutir la relación entre la víctima de una acción —la que a su vez está fechada como

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hecho social— y el imaginario que implica sentirse víctima - q u e alude a una permanencia en un d e t e r m i n a d o lugar social, que d e m a n d a tma y otra vez por una "reparación" a todas luces imposible. Hcgel en la dialéctica entre el a m o y el esclavo había analizado este tipo de relación. En el caso que nos ocupa, es indudable que vivirse coino víctima es vivirse como esclavo: es hacerse cargo del deseo del a m o . La víctima tiende a eternizarse en el sentirse víctima luilizancio para ello buena parte de su energía y a b a n d o n a n d o otras posibilidades más creativas y ricas de realización. Creo que el problema está no tanto en cómo las víctimas se viven a sí mismas, sino el lugar que las mismas tienen en el discurso oficial, ya que es posible que no les quede otra alternativa. Es el propio Estado el qtie etiqueta y es desde allí c]uc hace "uso" de la victiniización con objetivos poco claros. En un análisis estratégico habría que pensar también t]ue las ONC] cuentan en su habet con una h o n d a experiencia en la elaboración de proyectos viables (¿aiuogestionados?) y con un bagaje de experiencia de negociación nada despreciable, si han p o d i d o sortear los rcc]uisitos de las "normas de calidad" de los europeos...

La estructura de la b e n e f i c e n c i a La estrtictura de la beneficencia se sostiene en base a un p r o d u c t o que se comparre; en todo caso, es un excedente que se distribuye lo que no solamente no pone en peligro el ingreso del benefactor, sino cjiíe además por contaminación de esa ideología religiosa de "dar a los p o bres", provee al benefactor de tm beneficio adicional, es decir, saca nuevo beneficio del beneficio ya sea porque de ese m o d o accede —en el más allá- a u n estatus diferente

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—ya porque en el más acá— recibe reconocimientos sociales por sus acciones, e incluso, c o m o sucede en m u c h o s países, las donaciones son deducibles de impuestos, a u n q u e p u e d a n provenir de la socialdemocracia. C o m o donación, se trata de un regalo o dádiva que c o m o tal debe ser aceptado, no hay negociación ni condiciones, así es: o se lo rechaza de plano o se lo acepta sin peros. Ahora bien, el regalo no deja de generar una situación particiüar en la relación h u m a n a , una situación de desigualdad ya que alguien da sin recibir - a l m e n o s de manera directa— del otro c]ue resulta beneficiado. Se produce una situación de poder, de "imposición" sobre todo c u a n d o hay necesidad. Es extraño pero en los pueblos amazónicos caracterizados por algtmos como "primitivos" las normas son m u y otras. Clastres (1971:15) comenta: " fodos los que quieren alguna cosa la consiguen, en la medida de nuesttas posibilidades, y siempre a cambio de otra cosa: puntas de flecha, (...). Los y a n o m a n i entre ellos jamás dan algo sin nada a cambio, por lo que conviene hacer lo m i s m o " . ¿Sabiduría del "primitivo"? N o sé, pero sí me parece significativo que en las sociedades "primitivas" n o hay desigualdades, en todo caso, se cuidan m u y bien de n o fomentarlas. Ahora bien, la beneficencia tiene u n sentido particular ya c]ue se constituye por su intención manifiesta en una "ayuda". Pero da la casualidad de que la ayuda se o p o n e al trabajo, el que queda opacado por esta donación. ¿Ostentación de la ayuda? N o es necesaria; el propio acto de la donación estructura la relación, p o n i e n d o en juego una particular dialéctica del poder, a saber: El d o n a n t e apela a un acto de profiando agradecim i e n t o eterno por lo que su poder se instala en u n lugar d o n d e ignorarlo implica una c o n d e n a moral. Pero el que

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rrabaja con la donación es el orro, sin embargo, su proyecro queda eclipsado ya que rodo lo producido remire al p a t r i m o n i o del benefactor. Es c o m o que el trabajo ya no les perrenece a sus dueños, rodo fue posible a parrir de la donación. Pero puede darse el caso de que el receptor genere algo de ral importancia que adquiera más r e n o m b r e , reconocimiento, poder, que el obrenido por el bcnefacror. Enronces, el receptor puede pretender riranizar al bcnefacror con nuevas donaciones, so pena de dcmuiciar su tacañería. Esto úlrimo subsiste en el nivel de lo imaginario (en las fundaciones), se explícita en más de una o p o r t u n i dad en las relaciones con los especialistas. Si la beneficencia genera una siruación desigual, es evidente que el que ha recibitlo se encuentra en luia posición incómoda, hasta podríamos decir que debe inhibir su rabia por no poder denunciar la desigualdad ya que entonces se hace acreedor de una sanción; en última instancia debe rentmciar a la "ayuda". Si acepta, esto no puede dejar de generar cfecros. Pero además, c o m o el rrabajo ha sido desvalorizado en favor de la "ayuda", su rrabajo aunque sea r e m u n e r a d o no alcanza a pagar "la b o n d a d " del d o n a n t e . Solamente se puede equilibrar la situación si el beneficiado reproduce en algiin orro este modelo de "donación". Peligrosa situación d o n d e la estrucrtira genera mecanismos para su reproducción y perperuación. D e b e m o s agregar un deralle m u y significativo que tiene que ver con la escala social: La donación parre de las clases o secrorcs más pudienres, que inciden a través de los especialistas (sectores medios), los que a su vez operan sobre la "población en riesgo" (clases pauperizadas y proletarias), los que a su vez actiían... La diferencia riende a acrecentarse. Esto hace que a u n q u e se reproduzca el m o delo, siempre se esrá en falra, ya no se alcanzará a igualar la desigualdad creada: nuevos m o n t o s de insatisfacción,

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ansiedad y agresión. Lo más grave es la situación de inhibición de la agresión: no se puede "morderle la m a n o a quien da de comer", los sujetos en este lugar no p u e d e n expresar su rabia. Sostengo q u e la situación de beneficencia opera c o m o un doble vínculo —scgiin lo establecido por la Escuela de Palo A l t o - ya que denunciar el m o d e l o y salirse del c a m p o es quedarse sin la donación, sin el trabajo. Pero entonces, c u a n d o se la acepta, se está atado a una estructura d o n d e si bien se puede hacer, en lo manifiesto, lo que se quiere, en los hechos no se puede hacer más que lo contrario: reproducir una y otra vez la estructura impuesta. El cometido es "ayudar" desinteresadamente y, sin embargo, lo que se p r o p o n e por medio de la estructura es una violencia que se vehiculiza a través de una "ayuda" condicionada. En realidad, es conveniente no ser tan ingenuo y atreverse a ver que las O N G han pasado a ocupar un lugar similar a aquel que han c u m p l i d o los institutos de investigación de universidades o centros estatales en otras épocas. Se ha generado u n lugar mejor camuflado para que pueda cumplir los cometidos que se persiguen, fls evidente que los costos de m a n o de obra son en el Tercer M u n d o m u c h o más reducidos que en el Primer M u n d o . Por ello, realizar una investigación sistemática en el Tercer M t u i d o resulta en u n ahorro considerable de recursos. C^uando otrora diversas instituciones piiblicas y privadas aprobaban proyectos de investigación de institutos, por ejemplo de universidades reconocidas, no hacían otra cosa más que enfatizar la necesidad del capitalismo de arribar a una mayor eficiencia —siempre e c o n ó m i c a sobre todo c u a n d o nuestras universidades m a n t i e n e n a pesar de t o d o u n b u e n nivel en la fiarmación de técnicos e investigadores.

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A nuestro juicio, el fenómeno acaecido con las O N G es similar al descrito, en el sentido de que dichas donaciones adoptan la cara de "encomiendas" de "encargos" de investigación de temas que resultan interesantes a la metrópolis. N o importa si ello debe ir revestido de un m a n t o asistencial, educativo, desarrollo c o m u n i t a r i o , o incluso autogestión popular, etc. Los informes que obligadamente hay que realizar deberán dar cuenta de los detalles que no dejarán de ser estudiados minuciosamente por los "interesados" de t u r n o . Para aquellos que requieren consuelo, es b u e n o recordar que por el tan m e n t a d o fi;nómcno de la a u t o n o m í a relativa es posible que algimos clientes puedan aprovechar de otro m o d o dicha ayuda, generando efectos disímiles de imprevisibles consecuencias. N o se trata de poner en duda el destacadísimo papel que han c u m p l i d o y cumplen hoy en día las O N G ya que gracias a su existencia se ha podido realizar una amplísima gama de actividades, de proyectos en los que muchas veces se ha trabajado con sectores m u y amplios fiívoreciendo procesos de concientización. En otros casos las O N G han t o m a d o a su cargo la defisnsa de derechos h u m a n o s individuales y colectivos con singular pasión y dedicación realizando significativos aportes en la búsqueda de espacios cada vez más democráticos. Pero hay que separar niveles de análisis y discriminar diversas clases de efectos.

A l g u n a s reflexiones ulteriores s o b r e la fisura estructural El análisis realizado sobre el fenómeno de la beneficencia ha dado cuenta de una fisura estructural ya que la beneficencia c o m o institución n o se sostiene sin la presen196

cia de contradicciones. El grado de antagonismo que las mismas adquieren convierte al proyecto general en riesgoso, en algún momento de su existencia. Es de suponer entonces que aquellas instituciones que se funden sobre el fenómeno de la beneficencia, tarde o temprano tendrán que acusar la fragilidad que la fisura determina, más allá de que, en apariencias, el proyecto institucional pueda mantenerse en el tiempo. La fisura estructural se apoya en un no dicho compartido que entra en contradicción con la "naturaleza" del sistema vigente. Es probable que este no dicho institucional se apoye en un sistema de creencias no únicamente religiosas. En simia, todo pende de un hilo y este es el beneficio que obtiene el dador en términos económicos, mientras su contribución sea redituable en sentido amplio. Creo que la comprensión de la fisura estructural advierte a los consultores acerca de cierto voluntarismo militante —muy común en este tipo de instituciones— posibilitando el análisis de la implicación un paso más allá del esperable en estos casos. Dicho de otro modo, la contratación de un consultor para intervenir en los momentos de crisis de estas instituciones se realiza, muchas veces, eligiendo personas más o menos comprometidas ideológicamente con el proyecto institucional, lo que significa, por un lado, involucrar militantemente al consultor en el fenómeno de la beneficencia y, por otro, garantizar que dicho fenómeno —por complicidad— no sea analizado.

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VIOLENCIA: LA INSTITUCIÓN DEL MALTRATO*

El tema del maltrato ha cobrado relevancia social en los últimos años. El periodismo se ha encargado de resaltarlo y de contribuir a hacerlo público para u n a b u e n a parte de la población. Maltrato a niños y a la mujer hasta hi muerte, sobre todo en ciertas sociedades que dicen preocuparse por los derechos h u m a n o s . Es c o m o p o n e r en jaque a la sociedad, mostrar algo que no desea ser visto, denunciar el grado de deterioro social. Darle u n a nueva vuelta al problema de la violencia: ya n o se trata de guerras en las cuales se puede, en todo caso, aducir cierta necesidad de defenderse, ahora se trata de mirar al interior de la trama social y ver la violencia en su seno, en su núcleo constitutivo, fundacional. Al interior de la familia. La reacción social a través de la legislación ha ido cob r a n d o forma en algunas normativas, en primer lugar represivas sobre los agentes de violencia y en segundo lugar forzando una cierta negociación bajo la mirada atenta de los tribunales. Así, se han dictado leyes sobre las llamadas mediaciones, en algtmos países, o arbitrajes, en otros, que pretenden una salida más expedita que el lento proceso judicial. En m u c h o s casos, la participación de los servicios "psi" ha sido autorizada generándose consecuentemente una seductora apertura del mercado laboral, en muchos casos ampliamente saturado**.

* Publicado originalmente en Gradina N° 1, ICHPA, Santiago de Chile, 2000. ** Es llamativo que los colegios profesionales "psi" no se hayan pronunciado sobre este nuevo tipo de trabajo, y sobre todo porque hay un visible desliz en la función del técnico a cargo, lo que no deja de connotar cuestiones éticas.

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Diversos grupos han corrido presurosos a prestar sus "servicios" a r g u m e n t a n d o cierta "patología social" y la necesidad de i m p l e m e n t a r intervenciones "terapéuticas" para "curar" estos males. Varias corrientes psicológicas se han autoadjudicado contar con i n s t r u m e n t o s de intervención, y con saber " c ó m o hacer" para enfrentar esta epidemia. En t o d o caso, me ocuparé de comentar, en esta ocasiórt, cierto enlocjtie, de un partictilar p u n t o de vista, que por gozar de u n marco referencial sofisticado interviene con " f u n d a m e n t o s " ante los fenómenos del maltrato. Y no se trata de una línea de trabajo pasada de m o d a , sino que, por el contrario, su actualidad, sus propuestas conceptuales elaboradas se han convertido en alternativas seductoras para m u c h o s voluntariosos y bien intencionados que desean aportar algo a la problemática en cuestión. M e estoy refiriendo a cierto enfoque psicoanalítico sobre el maltrato a la mtijer que se apoya, por im lado, en la teoría de las relaciones objétales de Fairbairn —ampliada posteriormente por otros autores— con el cruzamiento que se produce con los desarrollos de O . Kernberg y sus "estados fronterizos" (diagnóstico estructural, estrategias de abordaje, etc.), síntesis que ha desarroUado imcnsamentc D . Celani ( 1 9 9 3 , 9 4 , 9 6 , 9 7 ) . Ello no obsta para abrir una amplia mirada a las diversas prácticas terapéuticas extraanalíticas en el área de la violencia intrafamiliar, sus implícitos, sus técnicas y sus efectos, análisis crítico que creo que aún no se ha realizado. U n cierto enfoque positivista supone que la violencia intrafamiliar debe ser erradicada —los estudios estadísticos a p u n t a n a ello si se t o m a en cuenta la forma en que son presentados al público— sin un comentario que vaya más allá de la simple descripción y que involucre u n análisis de sus causas estructurales, institucionales y sociales.

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La teoría de las relaciones objétales propuesta por Fairbairn permite visualizar la dirección de la pulsión, vale decir, el tipo de trato a que se somete al objeto. Dicho planteo supone interpretar las pulsiones en juego haciendo caso omiso a las diversas situaciones sociales en las que el conflicto acontece. En este caso, se trata de las pulsiones agresivas que obviamente aparecen combinadas con las libidinales. Celani (1997) destaca así los "apegos obstinados y frecuentemente autodestructivos". En el trabajo de Celani el énfasis está puesto en cierta forma que adquiere la relación de objeto en la cual el yo no está en condiciones de prescindir del objeto, en el mundo interno, lo cual traería como resultado la dificultad para desmarcarse en la vida cotidiana del lugar de víctima de la golpiza. El trabajo terapéutico va dirigido entonces a analizar (y fortalecer) el lugar yoico para que pueda habilitarse la prescindencia del objeto imprescindible. Todo este planteo supone que el mundo interno reproduce fielmente la realidad cotidiana, de manera paralela y puntual; es como la teoría del trauma. Celani dice: "este tipo de pacientes está activamente involucrado en una lucha relacional con un objeto externo que calza exactamente con el patrón de su estructura interna". Desde el punto de vista psicopatológico esta estructura yoica débil y esta actividad masoquista (femenina) en la cual es imposible desvincularse del objeto es categorizada como estado fronterizo, lo cual determina asimismo, según Kernberg, estrategias terapéuticas precisas para garantizar su evolución. La manera de abordar el planteo conceptual y práctico del que Celani se hace portavoz, puede realizarse, a mi juicio, analizando con detenimiento aquel corpus teórico que se constituye en el núcleo mismo del problema: el 201

concepto de violencia. Ello implica a su vez un trabajo de discriminación ya que, para el caso del psicoanálisis no se habla de violencia, sino que de agresión. ¿Son estos términos equiparables? ¿Responden ambos a los mismos orígenes? ¿Se encuentran en similares planos epistemológicos? ¿Provienen de las mismas disciplinas? Considero que una mínima elucidación de los mismos es necesaria a los efectos de asentar la práctica clínica sobre bases más firmes. En todo caso, me adelanto a señalar que una falta de conceptualización en este sentido produce un desarrollo teórico y práctico a todas luces psicologizante y por ende represivo. Creo que es posible separar radicalmente dichos conceptos y, en todo caso, mostrar que la violencia no necesariamente tiene nada que ver con las manifestaciones de la agresividad. Por pulsión agresiva "designa Freud las ptüsiones de muerte, en tanto que dirigidas hacia el exterior. El fin de la pulsión agresiva es la destrucción del objeto" (Laplanche y Pontalis 1971:339) Así, la agresividad es este conjunto de tendencias que se actualizan en comportamientos (reales o fantaseados) que tienen la intención de dañar al otro, etc. Se trata de una tendencia que muestra la especie y que a su vez vincula al hombre con el desarrollo onto y filogenético. Ahora bien, la violencia es de otro orden: es un fenómeno de la cultura. Ya Aristóteles distinguía los movimientos naturales y los movimientos violentos. Por los primeros entendía la lógica de un movimiento que sigue un proceso natural, por ejemplo, una piedra que cae o el humo que se va hacia arriba. El caso de una piedra que cae muestra una trayectoria que no es interrumpida o trastrocada por una fuerza ajena a dicha trayectoria. Es natural porque es siempre igual sin

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intervención externa, el movimiento reproduce aquello que expresa una fuerza de la naturaleza (por ejemplo, la gravedad). El humo sube porque hay una lógica —natural— ciue tiene que ver con corrientes de aire (frías y calientes) que desplazan al humo. Ahora bien, si lanzo una piedra, es porque le he imprimido una fuerza adicional para contrarrestar la fuerza de gravedad. Estoy modificando la natural trayectoria —caer— para lograr que la piedra se desplace en una trayectoria inventada por mí y no siga su movimiento natural. Por tanto estoy en presencia de un movimiento violento. Cuando el movimiento violento se extingue es que se restituye el movimiento natural. Es decir, para Aristóteles el movimiento violento es introducido en el orden de las cosas, en lo natural. El movimiento violento atenta contra la legislación natural. Lo violento es del orden de lo social, o lo social le atribuye un sentido. La violencia, por tanto, es un acto típicamente humano ya que se genera a partir de ciertas situaciones sociales que no ocurren en la naturaleza y en otras especies. Es la interpretación de un hecho. Veamos esto más rigurosamente: En primer lugar, la violencia supone una actividad de destrucción sin freno de parte del sujeto. Sin freno significa que no existe en el ser humano un mecanismo de origen biológico —como en muchas especies animales— de inhibición de la agresión (ver, por ejemplo, a K. Lorenz). En tal sentido, es llamativo que las luchas entre animales de la misma especie rara vez culminan con la muerte y destrucción del otro. El animal cuenta con un mecanismo de autocontrol que hace que en determinado momento pueda detener su ataque. Nada de esto existe en el hombre que puede —una vez desencadenado un ataquedestruir hasta la muerte a su opositor. Es en este sentido de "destrucción sin freno", que a veces se equipara y 203

define violencia c o m o una agresión sin límites, agresión sin control, agresión hasta la destrucción total. Este sería el aspecto de la diferencia cuantitativa entre violencia y agresión, el extremo último de la agresión, una agresión particularmente intensa, fulminante. En este p u n t o es d o n d e la diferencia entre agresión y violencia parece disolverse ya que la agresión busca, en el último caso, la destrucción total del objeto. Pero no es casual que esto sea así solamente para el caso del ser h u m a n o , ya que, c o m o se vio, este carece de mecanismos de contención de la agresión p o r q u e es un sujeto de cultura, vale decir, los límites a sus acciones desenfrenadas aparecen puestos por las normativas sociales. En segundo lugar, la violencia tiene c]ue ver con una situación en la cual la víctima no puede escapar a la acción del victimario. N o solamente se trata de un ataque fulminante, sino que la "huida" n o es posible. D i c h o de otro m o d o , la víctima se halla a merced, lo que significa que está c o n d e n a d o de a n t e m a n o . Ahora bien, el estar a merced no es solo una fórmula física que implicaría la ausencia de defensa, es también simbólica, es n o poder salirse de las coordenadas de la situación, incluso en aquellos casos en los que n o hay manifestaciones agresivas. Este matiz introduce una diferencia radical, cualitativa, que hace que la situación de violencia se instituya c o m o diferente de aquella de la agresión. Veamos algunos casos extremos: C o m ú n m e n t e se dice que u n terremoto es violento. A primera vista parecería que en este sentido la violencia se atribuye a u n fenóm e n o natural, y, sin embargo, u n análisis más detallado p u e d e aportar significativos elementos de comparación. Si se aplica la propuesta de Aristóteles, el terremoto resulta en un m o v i m i e n t o contra natura, así es interpretado por la sociedad. Además, el terremoto resulta violento p o r q u e

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genera destrucción y muerte a sectores m u y amplios de la población, es decir, tiene repercusiones sociales decisivas por cuanto implica que los individuos sometidos a la violencia no pueden abandonar la situación: están a merced. Pero debe agregarse, además, que el t e r r e m o t o aparece c o m o im factor desestructurante del orden social. El terremoto del 85 en México, se convirtió m u y p r o n t o en u n analizador (recuperación de la palabra) del régimen político, cjuedando al desnudo la inoperancia, la burocracia y la corrupción y d e t o n a n d o im proceso autogestionario que fue vivido m u y peligrosamente por el Estado, que tuvo que hacer denodados esfuerzos para retomar el control de la situación de un proceso t]ue por la masividad social, el grado de c o m p r o m i s o y el activismo de grandes capas de la población amenazaba con generar una organización y una normativa paralela. El caos que el terremoto genera es social y pone entre paréntesis la ley o p e r a n d o u n a suerte de recuperación del poder delegado. En suma, poco importa si el terremoto es u n fenómeno natural en sí, lo que interesa es el efecto social que genera y en ese sentido es t]ue se puede decir que es violento. Sostengo que como violencia y agresividad corresp o n d e n a órdenes diferentes puede darse u n a sin la otra. Por ejemplo, la policía siempre está en condiciones de someter al ciudadano, por lo que este no puede escapar a la situación en tanto hay u n a normativa que se aplica. Ello no obsta para que se siente violentado y, sin embargo, puede no haber agresividad. N o es un e n c u e n t r o entre individuos que están en u n plano de igualdad, no se conocen, n o se están peleando por nada. La policía no tiene n i n g u n a situación personal con su "víctima". Si la persona pretende argumentar y rebelarse es sometida y entonces se produce una situación en la que además de violencia puede haber agresión, pero n o siempre es así.

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D o s vecinos que discuten por algo son personas que se e n c u e n t r a n en u n plano de igualdad con respecto al lugar social. N o existe una relación cié jerarquía entre uno y otro, por tanto allí se canaliza principalmente la agresión. En general, cualquiera de ellos puede —dadas las circunstancias— a b a n d o n a r el campo de la discusión. La violencia responde a una situación en la que los participantes no se encuentran en el misrno plano estruc-^ tural, desde la perspectiva del lugar social que ocupan. La violencia s u p o n e im desfase entre los involucrados ya que u n o ejerce im poder sobre otro. Pero dicho poder n o es físico, sino que tiene que ver con un d e t e r m i n a d o lugar en las relaciones sociales. C o m o se veía, los agentes del orden no están en el m i s m o plano que el resto de los mortales. Si fuese así no podrían someterlos. Se acttia en representación de todos los ciudadanos. La violencia implica un lugar de poder, poder que se ha adquirido por delegación. Los ciudadanos delegan su poder individual en el régimen para que sea este el que mantenga el orden. Por tanto, c u a n d o el policía actiía, no lo hace desde su p o d e r personal —que lo pondría en igualdad de situación con otros ciudadanos— sino o p e r a n d o a partir de este acto de delegación, actiia en n o m b r e de otros, actiía desde un d e t e r m i n a d o lugar institucional, actiía desde u n lugar que tiene poder sobre aquellos que han delegado a su vez su poder. Para c o m p r e n d e r este problema de las jerarquías y el manejo del poder es necesario plantearse el problema del origen mismo de la institución. C o m o todo problema de los orígenes se trata del mito fundacional, sin embargo, el m i s m o es necesario para dilucidar el lugar en que cada quien se encuentra con respecto a los demás. Se trata en última instancia del problema del origen del Estado. A h o ra bien, no todas las culturas han producido un Estado.

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Gracias a Clastres (1974) sabemos hoy que hay sociedades que se han cuidado m u c h o de instituir un Estado. Tal vez ayude pensar de qué manera nace hoy en día una institución, cómo se determina el m o m e n t o de constitución de un orden institucional, c ó m o se eligen a los directivos y qué ftmción deberán cumplir a futuro con respecto al resto de los miembros. La estructura y forma que adquiere u n a institución está determinada por normas explícitas elaboradas por el Eistado. Resultado, todas las instituciones del Estado son solidarias de la estructura misma del Estado, así colaboran en sostener cjue dicha forma de organización es la única, en t a n t o no existen visiblemente otras. Lo presentado c o m o único tiene la intención de mostrar a lo único c o m o lo natural, ocultando la diversidad p r o d u c t o de la cultura. C u a l q u i e r club, sociedad, sindicato, empresa, familia, etc., adopta, c u a n d o se ftmda, el modelo oficial en el cual se establece el mecanismo de delegación del poder sobre algimos agentes que figurarán como los responsables sociales en tanto que representantes del colectivo. ¿Delegar el poder para qué? Simplemente para sostener el orden institucional. Por tanto, la primera responsabilidad de los directivos es hacer cumplir los estatutos y reglamentos; por tanto, someter a los miembros de la institución al orden institucional en tanto estos ya delegaron su poder en los primeros. Esta delegación del poder instituyente produce que los integrantes "de base" de la institución se sientan sin poder y que t o d o lo que p u e d a n hacer sea presentar sus d e m a n d a s a los directivos para que estos estudien, resuelvan y operativicen medidas de beneficio colectivo. Del lugar activo que ocupaban en el m o m e n t o de la fundación de la institución, como efecto de la delegación de poder que se ha p r o d u c i d o , se han convertido en sujetos pasivos y dependientes.

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A h o r a bien, violencia es casualmente el acto mediante el cual los miembros han renunciado a su poder, inherente a ellos como seres h u m a n o s . Por tanto, el poder no es más que la apropiación (por vías más o menos explícitas y/o tácitas) del poder de la base. Por ello, la violencia está en el m i s m o acto de fundación de la institución; la institución se asienta sobre un "reparto" del poder que r o m p e con el m o m e n t o del poder igualitario que todos tienen antes del m o m e n t o fundacional. Surgen así las jerarquías —que hacen a los plus de poder que tiene cada nivel— y los lugares institucionales, funciones que hacen a la tarea que nuclea a la institución. Por tanto la violencia es del orden de la institución ya que remite necesariamente a la estructura social, de la cual n o es posible evadirse. La violencia es la acción que se ejerce desde la institución —cuya fundación implica la delegación del poder en unos pocos y que realiza la misión de someter a aquellos que han delegado su poder en el acto de fundación. La primera tarea de la institución es m a n t e n e r el orden institucional, es decir, evitar que aquellos que han delegado su cuota de poder pretendan recuperarlo. Ferrater M o r a (1994), en su Diccionario de Filosofía de reciente aparición, a propósito de la noción de violencia dice que esta "ha sido usada también y sobre todo, para referirse a actos ejecutados por seres h u m a n o s , tanto en sus relaciones interpersonales c o m o y sobre todo, en sus relaciones sociales. Desde el m o m e n t o en que se constituye una c o m u n i d a d h u m a n a y en particular desde el m o m e n t o en que se constituye un Estado, con un aparato de gobierno, aparece el fenómeno de la violencia, ejercida por los que d e t e n t a n el poder: ' u n a histoiia implacablem e n t e realista muestra o parece mostrar que la violencia se halla en el origen m i s m o del poder del Estado, que es

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inseparable de él. ¿En qué se diferencia violencia y poder? En el comienzo, en la implantación de todo Régimen, el poder es pura y simplemente —visto desde la situación anterior— violencia. Pero el régimen, una vez establecido, se auto legitima. Con ello la violencia desnuda, primaria, elemental deja de ejercerse, pues el poder legitimado se considera purificado de violencia... Ello no quiere decir, sigue apuntando Aranguren, que la violencia ha desaparecido ciel todo; lo que ocurre es que ha quedado atrás, olvidada, de modo que la auto legitimada violencia de cada día aparece pura y simplemente como enforcement áe la Ley, como defensa del orden piíblico'". El problema de la autolegitimación del poder es bien importante ya que hace a la manera en cómo el poder (concentrado) se sostiene en dicho lugar: Debe asentarse en un mito, pero la misma justificación denuncia aquello que se pretende ocultar y es c]ue en el fondo de la cuestión la delegación del poder aparece como un acto ilegítimo, transitorio y que podría ser recuperado sin más. ¿Por qué no? C'asualmente, para que ello no ocurra es que el poder debe autolegitimarse para colocarse en la legalidad y ahuyentar los intentos de aquellos que deseen recuperar su poder delegado. Solamente se autoriza la fundación de instituciones que sigan los mismos parámetros, vale decir, que funcionen del mismo modo. La disolución de una institución significa poner en entredicho el problema de la delegación del poder, lo que constituye una afrenta a la estructura social total. De hecho, es mucho más sencillo fundar una institución que disolverla. Disolver una institución es restituir el poder a sus originales poseedores y hacer explícito el proceso de autolegitimación del orden imperante. La familia entra también en este juego, no es la excepción: aparece normada su fundación y seriamente

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cuestionada su posible disolución, el poder que se ejerce alude a mecanismos históricos de delegación del poder y de distribución de roles. En la familia se reproduce la estructura de poder que impera en la estructura social. La diferencia de derechos y deberes de los componentes del núcleo familiar salta a la vista. Lo que se ha pretendido igualar nos alerta sobre su desemejanza. El acto de kmdación supone la delegación del poder, lo que constituye la instauración de situaciones desiguales que implican el mantenimiento de cierto orden, de ciertos controles que se manifiestan a través de actos de violencia más o menos graves pero, también, más o menos velados. Recuérdese que una condición básica de la violencia tiene que ver con la imposibilidad del objeto de escapar del campo en cuestión AUNQUE LO DESEE. Por tanto, suponer deseos autodestructivos cuando la situación es de aprisionamiento político, me parece que es optar por ima posición ideológica reaccionaria. Veamos más de cerca el funcionamiento de estos sistemas normativos institucionales generadores de violencia. Porque en todo caso, las instituciones funcionan no solamente sobre las normatividades explícitas (estatutos, reglamentos, acuerdos, etc.), sino sobre aquellas tácitas. Mas allá de lo dicho, la institución se construye sobre un paquete de normas "acordadas", que regulan de manera precisa la circulación de cierto saber, de cierta información institucional. Un pensador tan agudo como R. Laing (1969) ha propuesto a través de su conceptualización de las metanormas familiares, la regulación de cierto discurso y de la ausencia de ciertos temas en los discursos familiares. Dice Laing que en las familias es posible suponer la existencia de una norma N° 1 que reza: Está prohibido hablar del tema X. Una norma N° 2 que dice: Está pro-

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hibido hablar de la n o r m a que prohibe hablar del tema X. Una n o r m a N " 3 que sostiene: Está p r o h i b i d o hablar de la n o r m a N " 2 (es decir, de la n o r m a que prohibe hablar de la n o r m a que prohibe hablar del tema X), y así sucesivamente. Para Laing este es un tema e m i n e n t e m e n t e político y se sitiia en lo que otros autores (Castell, Baremblitt, Lourau, Ciuattari, etc.) designan c o m o el inconsciente institucional: Aquel sistema de normas inconscientes que son productoras de violencia. Son inconscientes en el sentido de lo no dicho institucional, están allí y regulan el funcion a m i e n t o institucional pero nadie se ha percatado de ello y, más aún, negarían su existencia. Guattari (1976) define este a t r a v e s a m i e n t o (transversalidad) de la i n s t i t u c i ó n c o m o el grado de apertura de las anteojeras que todo ser social presenta. La pareja, entonces, puede estar atrapada por estas normativas que de algún m o d o tienen que ver con la estructura psíquica de los involucrados pero que difícilmente pueden ser trabajadas desde la estructura psíquica, por cuanto pertenecen a otro orden. La posición que defiende Celani se incluye en lo que, por ejemplo, Castel (1980) etiqueta como psicoanalismo. La crítica de Castel apunta al núcleo m i s m o de la p r o d u c ción freudiana c u a n d o muestra que el acto de fundación del psicoanálisis, c o m o espacio teórico, s u p o n e dejar afuera (acto de represión) lo sociopolítico. Si de represión se trata, es que se producirá una y otra vez "el retorno de lo reprimido político" en el proceso del análisis. Eso que fue fundado como más allá del espacio analítico intentará retornar a él de múltiples formas ya que no hay escucha posible para ello. N o se trata de no ser neutral, sino que es imposible pretender serlo. La neutralidad del apoliticismo es optar políticamente. Algo similar ocurre con el tema de la violencia

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(y de sus orígenes), por lo que las intervenciones técnicas enfocadas sintomáticamente serán represivas: más de lo mismo, pero ahora desde el poder del Estado que, por la vía de los técnicos "invitados", violenta la dinámica intrafiímiliar. ffoy en día la violencia preocupa a capas cada vez más amplias de la población. Tal parece que cada sector desea contar con un tipo de violencia propia; así se habla de la violencia escolar y de la violencia en los estadios, tie la violencia indígena y de la violencia de la policía, de la violencia contra los niños y contra las mujeres, la violencia universitaria, la violencia de la delincuencia, la violencia de los trabajadores portuarios, la violencia del tránsito, en fin, la violencia intrafamiliar... ¿y la violencia extrahimiliar? P o r q u e esta a t o m i z a c i ó n d e la violencia intenta producir la ilusión de que son cosas separadas que no guardan relación unas con otras y de c|ue cada una cié ellas obedece a causas absolutamente independientes. La violencia intrafamiliar cae en este m i s m o juego, tratando de recortar un espacio que se podría explicar por sí mism o . Pero c o m o siempre sucede, el intento de represión es fallido y se termina d e n u n c i a n d o aquello que se pretendía ocultar. La pregunta por la violencia extrafamiliar coloca el tema de otro m o d o : estableciendo una suerte de relaciones causales posibles entre lo que ocurre al interior de la familia y lo que sucede en la sociedad en la que los integrantes de la familia desarrollan su cotidianeidad. Esta sola pregunta abriría a la hipótesis de si la violencia ahora localizada intrafamiliarmente no sería casualmente u n o de los lugares d o n d e se hace visible (efecto de síntoma) aquello que ocurre en otros espacios y que es producido por otras causas, posiblemente ajenas al c a m p o familiar específico. Y si esto es así, la intervención profesional en el c a m p o familiar solamente se constituye en un acto de represión (para que el síntoma "social" no se produzca

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allí), mostrando la complicidad del técnico con el sistema social cuyo asesoramiento se instituye como un parche, y que ignora la estructura de la violencia en cuestión, que a su vez le da sentido. Es cierto que el proceso de instituir lo social en el ser humano, pasar de la naturaleza a la cultura, es un acto de violencia necesaria, contingente e inevitable. Instaurar la ley, fimdar el sujeto, es decir, introducir lo social, el sentido compartido de la vida social, el lenguaje. Pero parece ser que lo que preocupa es la violencia secundaria, es la violencia como acto de sometimiento a un orden ya instituido en el que se participa reproduciéndolo, orden que se caracteriza por el establecimiento de estratos sociales con diversos grados de poder. Si Ja violencia ocurre en la pareja, al interior de la institución pareja, es decir, a partir de un acto de fundación mutuo, ¿es posible desmantelarla en un análisis individual? ¿Es posible oficiar desde un lugar personal el desmantelamiento del sistema normativo creado en el acto de fundación y respaldado por el Estado? Porque la norma se elimina con otra norma. En todo caso, es a partir de una segunda norma que la primera puede ser puesta en entredicho. La norma siempre remite a un grupo que legisla, a un grupo de referencia. Es desde dicho lugar que puede interrogarse la norma fundadora. Esta situación de golpiza a las mujeres presenta en algunas poblaciones de Santiago características que merecen nuestra reflexión. Es posible observar que el "apego" al victimario no funciona exactamente de dicho modo. Luego de un tiempo de mucha violencia, hay mujeres que adoptan la firme determinación de no aceptar más un solo golpe de parte de su pareja. En estos casos, se apoyan en sus conocimientos sobre su compañero para determinar con precisión en que momento van a ser nuevamente objeto de golpiza. Se apropian de algún objeto contundente 213

o de un buen cuchillo y revierten desde el inicio mismo el ataque en cuestión. Este cambio brusco no deja de tomar desprevenido a la pareja que es expulsado violentamente de la casa. Ahora bien, es interesante observar que esta situación es posible siempre y cuando la mujer pertenezca a un grupo de pobladoras con las C[ue conforme un grupo confidente de sus vicisitudes ya que es necesario que desde allí emane una nueva norma que establezca para ese microgrupo que las mujeres no tienen por que dejarse golpear. Es en la medida en que esta nueva norma es discutida, analizada e implantada por el grupo de referencia, que las mujeres que lo componen están en condiciones de adoptar un cambio micropolítico radical (Ciuattari) y reasumir el poder sobre sí mismas. Por último, deseo destacar que las anteriores argumentaciones me llevan a sostener que la situación de violencia intrafamiliar es solamente una manera particular en que aparece un problema social mucho más vasto. Es uno de los lugares donde la institucionalidad se hace visible, es el lugar en el cual el control del Estado se ejerce de manera más drástica ya que toca la institución más numerosa del sistema. Es obvio que nadie en el niicleo familiar tiene conciencia del encargo de que es objeto y de los sutiles grados de implicación que cada quien encarna. Estos encargos y los "acuerdos" del acto de fundación de la pareja constituyen lo no dicho de la institución familiar. Ahora bien, es sabido que desmantelar lo no dicho, no es posible solamente con decirlo. En todo caso, lo que importa es el análisis de los mecanismos grupales, sociales e institucionales que hacen que lo no dicho permanezca como tal. En todo caso, de qué no dicho nos hacemos cargo cuando analizamos, de qué no dicho nos hacemos cómplices. Como se pregunta Baremblitt: ¿qué instituimos cuando analizamos? 214

LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO*

El título de la propuesta es en sí mismo una contradicción. El pensamiento no puede ser institucionalizado ya que se negaría a sí mismo en su propia naturaleza. En todo caso, su libertad —aparente— se constituye en algo no encarcelable. "Me podrán amarrar el cuerpo pero no las ideas". Al menos ese es el supuesto con el que se ha vivido, y sin embargo... Porque, ¿qué es pensar? Tiene que ver directamente con la posibilidad de combinar palabras. Se piensa en palabras, por tanto, sus posibilidades combinatorias abren a la construcción de sentidos. Pensar es relacionar palabras y producir nuevos sentidos. Pensar es asociar libremente, lo cual, después de Freud, se nos hace mucho mas difícil. ¡Ah, si Freud no hubiera existido...! En broma o en serio está claro que, en todo caso, lo que Freud aportó fue casualmente la idea de que no se piensa muy libremente, ya que asociar libremente está mucho más allá... de la posibilidad de la neurosis. Pensar es, de algún modo, trabajar con el lenguaje. Se trata de situar la problemática en el terreno del proceso secundario. Las "ocurrencias", el tener insight, el darse cuenta o esa ampolleta o foco que los dibujantes de tiras cómicas ubican sobre la persona para ejemplificar el surgimiento de una idea nueva, la solución a un problema o enigma; cuando se "enciende la ampolleta" es cuando, por casualidad, ya que no ocurre muy a menudo, se es "inteligente".

* Publicado originalmente en Tramas N° 18/19, UAM-X, México D.F., 2002.

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Ahora bien, si solamente se puede pensar con palabras se está amarrado desde un inicio. El lenguaje es una institución, hay una gramática con sus reglas, hay una fonética que dice cuando un sonido es significativo y cuando no lo es. Las palabras constituyen un universo finito; más allá de que se puedan inventar otras nuevas, hay reglas para construir nuevos términos. Solamente el ser humano se puede expresar a través de este sistema que ya está normado desde antes de nacer. Se lo hereda sin mucha conciencia de ello. No es lo mismo pensar en un idioma que en otro. Por algo, en general, se sueña en la "lengua materna". El ser humano ha sido objeto de una violencia primaria (Aulagnier 1988) que ha instituido el pensamiento a través del lenguaje. De todos modos, el lenguaje es tan rico... y sin embargo no es posible traducir el sentido; por algo el dicho popular que reza: Traductor, traidor. Ahora bien, el problema de pensar libremente, de asociar libremente, muestra casualmente lo opuesto, que hay mecanismos psíquicos —C]ue se han llamado represión— que dan cuenta de ima particular determinación del pensamiento mismo. No es nada fácil asociar libremente... Para que ello sea posible es necesario un largo proceso de análisis que trabaje sobre la represión misma, que restituya la memoria (lagimas mnémicas) y que distribuya cierta energía psíquica de otro modo. Un efecto visible de lo anterior lo constituye el mejorar la posibilidad de aprender en la medida en que las inhibiciones se han podido ir superando. Si por momentos se levanta la represión, afloran esas asociaciones, insospechadas, abruptas, pero sobre todo obvias, que hacen exclamar "¿cómo es que no me di cuenta antes?" Por otro lado, es imposible no pensar, en el sentido de que es imposible no tener ideas "dentro de la cabeza".

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¿Cómo hacer para no pensar en nada? Porque la nada se define casualmente por la ausencia de todo, de algo, es una especie de valor absoluto. Pensar en nada no es lo mismo que pensar en LA nada. Ya que LA nada se convierte en algo cuando uno piensa en ella. Pensar en nada, es decir, tjue no exista idea alguna. Afortunadamente ello no es posible. En suma, menos mal que no es posible pensar en nada. No es el caso de aquellos t]ue dicen que "no se les ocurre nada". Eso se explica por medio de la represión psíquica -y Freud ya se había dado cuenta de eso—, por lo que se trata de un caso que cae dentro de la misma lógica que ya se ha discutido. Ahora bien, existen algunos desarrollos que pueden plantear el caso desde otro ángulo. Veamos, en primer lugar, la noción de secreto familiar. Muchas escuelas de terapia familiar y de trabajo con grupos dan cuenta de la existencia en todo grupo de temas tabii, vale decir, problemáticas acerca de las cuales no se puede hablar, por tanto, tampoco pensar sobre ellas. La noción de secreto familiar da cuenta de un sistema represivo a nivel del grupo familiar como unidad, más allá de los mecanismos intrapsi'quicos ya señalados ba/o el nombre de represión. Se trata de un mecanismo nuevo que tiene que ver con la conformación del grupo y c|ue opera en el espacio interpersonal, mejor dicho intersubjetivo, condicionando a su vez aquel otro intrasubjetivo. El desmontaje de este mecanismo es complejo ya que es comiin al grupo del que se excluye al psicoterapeuta familiar. ¿Cómo es posible detectarlo para denunciarlo? ¿Cómo poder pensar algo que es ajeno al registro posible del coordinador grupal? En todo caso, se destaca la significación del problema ya que no solamente hay que denunciar el tema "secreto", sino que hay que desmontar los mecanismos grupales para

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que n o se vuelva a constituir c o m o tema secreto, si es ello posible. El segundo desarrollo lo constituyen los estudios de R. Laing (1969) también sobre la familia pero realizados desde otra óptica. Ronald Laing sostuvo en sus últimos textos sobre la política de la familia, que hay un sistema de normas, que él llame') las metarreglas, que no dependen de la represión psíquica tal cual fue descrita por Treud y a quien él conocía muy bien, sino que se trata de una prohibición de pensar. Prohibición que se sostiene por este sistema de normativas escalonadas que se van p r o h i b i e n d o sucesivamente a los eíectos de evitar toda aproximación a un d e t e r m i n a d o tema. Es decir, la propuesta de l-aing a p u n t a a mostrar de qué manera el pensamiento puede estar institucionalizado, vale decir, regido por un c ú m u l o i m p o r t a n t e de normativas implícitas que se generan en un espacio institucional, c o m o es el de la hunilia. D i c h o de otro m o d o , se podría pensar la existencia de cierta estructiua intragrupal en la tjue lo institucional condicionaría y determinaría las posibilidades de pensar de sus miembros. Sobre todo en aquellos grupos que, por su naturaleza, reflejan ima particular manera de fundarse y organizarse según parámetros definidos a partir de normativas sociales (establecimiento de jerarquías, de responsabilidades diferentes y rígidamente sostenidas, control del poder, etc.) fijadas por el Estado. Véase la dimensión del problema. En el caso de la concepción del psiquismo freudiano se trata de un conflicto psíquico que caracteriza a la neurosis, por tanto, cada individuo en lo particular contaría con su sistema de represión en función de su historia y de la manera de historizarla. Ahora resulta que con Laing el problema se ubica en otro plano, ya que todos en la familia (más allá de la

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patología personal de cada cjuien) estarían sometidos a las mismas metarreglas... Se trata, por tanto, de un m o d e l o de fimcionamiento radicalmente diferente del de Freud, el qtie a su vez daría cuenta de otra manera de represión de la que la institución se haría cargo en tanto tal. Si la institución reprime, entonces se puede suponer (utilizando el modelo freudiano como metáfora) que se crearía otro registro también inconsciente c]ue llamaremos el inconsciente político. El inconsciente político es todo aquello que ha sido reprimido políticamente, que es aquello que desea escapar a las reglas t]ue los hiunanos se dan h a b i t u a l m e n t e para acordar su convivencia. C'ada vez que aparece una nueva norma que impide hacer algo (ejercer el poder inherente a la condición de ser social) se produce un efecto de represión sociopoh'rica. l^ste inconsciente político no se relaciona directamente con la sexualidad, se constituye como u n a tópica diferente de la freudiana. Se ha complejizado el problema por c u a n t o el inconsciente político es c o m ú n a la sociedad y a todos los que viven bajo el control del Estado. Así se c o m p r e n d e que, por ejemplo, analistas y analizandos c o m p a r t i r í a n el m i s m o inconsciente sociopolítico, a pesar de n o necesariamente coincidir en cuanto al inconsciente personal (producto de la neurosis de cada c]uien). N o se puede dejar de suponer que si Freud ponía el énfasis en ese modelo dinámico, vale decir de oposición de fuerzas - l o que le permitió explicar el sueño—, tal vez ocurra lo mismo con este nuevo inconsciente del que estamos hablando. Si lo reprimido retorna una y otra vez, no se lo puede educar ni someter y cada vez que aparece juega una mala pasada; algo similar puede ocurrir con lo político. Si se puede dar cuenta de esta aparición abrupta

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con el concepto de retorno de lo reprimido en términos e s t r i c t a m e n t e freudianos, deberá existir algún tipo de retorno de lo políticamente reprimido en el c a m p o social. Y si ese retorno expresa de manera más o menos violenta el deseo, no es difícil imaginar que el deseo de instituir —vale decir, el poder instituyente— aparece ima y otra vez oponiéndose, cuestionando con actos, aquello establecido, ya instituido. Tal es así que esta óptica posibilita una determinada lectura de los fenómenos sociales, de sus cnquistamientos y de sus sublevaciones, de sus normativas y de sus cuestionamientos y transgresiones, si se adopta el concepto de retorno de lo político en el sentido de ese deseo de hacer cosas, de ejercer el poder de hacer cosas, y de hacer con otros cosas, poder-deseo de instituir. Esta es una manera de recuperar el poder, el hacer —poder, hacer cosas e incidir sobre los demás— muestra una propuesta de recuperar el poder delegado. Articular el poder desde el deseo de hacer colocando en jaque a lo instituido, fiel reflejo del poder delegado. Lo político reprimido retorna en el asumir el poder de hacer, en el asumir el hacer-poder. Ahora bien, n o es fácil darse cuenta de eso cuantío se está m e t i d o , atravesado por instituciones que se han hecho carne y a las cuales cada quien se somete de manera automática, sin saberlo y menos pensarlo. Se ha retornado al problema del pensamiento ya que entonces hay algunas fisuras del retorno de lo político que aparece en ideas que se o p o n e n necesariamente a toda normativa del pensamiento. Ello p u e d e ser apoyado y estimulado. D e lo contrario, se estaría lejos de poder pensar, los h u m a n o s tendrían u n pensamiento particularmente n o r m a d o , esquemático y congelado. Se podría repetir, no pensar. F. Guattari, cuyas ideas han tenido amplio desarrollo ú l t i m a m e n t e , postula que hay grupos en sí y grupos para

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sí. Los grupos en sí son aquellos grupos que viven pendientes de lo que tienen que hacer; repiten por tanto una cierta pauta de funcionamiento y hacen m e c á n i c a m e n t e aquello que se les ha e n c o m e n d a d o . Simplemente funcionan, y hasta lo hacen bien, son grupos que funcionan un poco c o m o una máquina. Los otros, los grupos para sí, son grupos que pretenden estar pendientes de cómo hacen las cosas que hacen. N o solamente se preoctipan por su eficacia, sino que también lo hacen por sus inquietudes, por sus mecanismos internos, por sus relaciones, por su organización. Piensan sobre sí mismos y sobre lo que les pasa c u a n d o hacen algo. Se preocupan por estar conscientes de su propia estructura y dinámica y entonces aspiran a autorregularse c o m o para evitar algunos otros efectos, c o m o por ejemplo, realizar tareas de manera impersonal, burocrática, autoritaria, etc. T o d o s son grupos que conversan. Se podría decir que los primeros son grupos que parlotean (no saben, ni muchas veces quieren saber), los segundos son grupos c|ue piensan. Porque además, y es bueno señalarlo, la actividad de pensar solamente puede realizarse en grupo. N o se está afirm a n d o que cada quien no pueda pensar solo, lo que se dice es que cuando se piensa solo, siempre se está dialogando con otros aunque no estén presentes; dialogar es discutir. Por lo tanto, para pensar hay que empezar por oponerse. El que está de acuerdo no piensa, acata. Si está de acuerdo no se le ocurre nada. Solo la fuerza de la discrepanciainterrogadora hace que se pueda pensar. El acto de pensar se ubica en una cierta ilegalidad, en una cierta oblicuidad con respecto al deseo. Popularmente se habla del "abogado del diablo" como de aquel que cumple una determinada función grupal (es posible pensarlo así) relacionada con la confrontación de ideas que ayudan a pensar.

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Quiero ir im poco más allá para estudiar t]ué sucede con estas reglas que impiden pensar. La institución se conforma cuando se comienzan a normar los lugares, los espacios, los procedimientos, ios tiempos, etc. Se habla así de una carta fundacional y de reglamentaciones variadas. Pero este paquete normativo se constituye en vm acervo consciente. Cada quien que pertenece a la institución lo firma, como una manera de ciarse por enterado de su existencia y de su vohmtad de acatamiento. Se constituye en aquello que rige la vicia institucional y tiue se modifica a través de complejos procedimientos, los t|ue a su vez están explícitamente normados. Es lo que conocemos como la lógica de la burocracia, la "racionalidad" del sistema. Pero este no es el problema porque esto es lo sabido, lo conocido y ante lo cual algo se puede hacer si hay ima norma que disgusta. Es la normativa explícita que está impresa y que se debate por la masa social día a día. El problema está en otra normativa —que es a la que alude Laing— qtie se constituye como un férreo sistema de control del pensamiento y de la acción y t]ue no forma parte de acuerdos dichos entre los miembros. Se trata de acuerdos tácitos, de pactos y coníabulaciones acortiadas de manera espontánea sobre las cuales no queda ningún tipo de registro pero que tienen la fuerza de ima verdadera ley y cjue se imponen a todo sujeto de manera automática. No quiero decir "inconsciente" porque no estoy seguro de que esta normativa se encuentre en el Inconsciente freudiano. Claro está que este funcionamiento de los grupos, estos acuerdos tácitos son no conscientes, en el sentido que no han sido explicitacios. Son normativas observables, descubribles en todo grupo y que hacen a cierto funcionamiento informal del colectivo. Son peor que el conjunto de normativas acordadas porque el grupo parte del supuesto de que no existen; por tanto, no hay manera

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de dar cuenta de su efecto. Conclusión: resultan m u c h o más difíciles de modificar que la normativa explicirada. Se constituye en un verdadero esquema de funcionamiento grupal que genera en visitantes un cierto sentimiento de extrañeza y perplejidad. Se sienten sus efectos pero n o se verbal iza.

II Por cierto, todo esto parece un callejón sin salida. Si fuese así, jamás se hubiese podido pensar algo nuevo, algo que se desmarcara de las normativas existentes del pensamiento. Ello s u p o n e que no todo el pensamiento está n o r m a d o o, segunda alternativa, existen mecanismos para sortear los amarres que las normativas establecen para el pensamiento. N o es hícil de mostrar lo uno y lo otro. En primer lugar, se puede suponer que existen resquicios del pensamiento c|ue permanecen sin ser n o r m a dos porque, aparentemente, no implican u n "atentado" contra aquello que no se puede pensar. C o m o los caminos son infinitos, entonces es posible, d a n d o muchas vueltas, sortear aqticllos espacios de la represión institucional del pensamiento. Por otro lado, t o d o sistema de represión genera fuerzas en su contrario. Debe recordarse que Ereud no dejó de pensar que algunos hitos del discurso obedecían a lo que llamó el "retorno de lo reprimido". Lo cual quiere decir que aquello reprimido de algún m o d o retorna y termina por imponerse le guste o no al sistema normativo. Más bien, se sabe que no le gusta, si bien al principio n o se da m u c h o cuenta de su sentido. El retorno de lo reprimido se encauza de manera abrupta y sobre todo deformada

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para evitar que no guste y alerte a los vigilantes de turno. El camuflado es esencial para que pase "la frontera". Pero dicho camuflado contiene por su forma las marcas de aquello que denimcia, por cuanto entonces es posible mostrar su contenido. Ahora bien, he atjuí un problema estratégico: ¿en qué espacios es posible frecuentar estos retornos de "audio" que dan sentido al retorno? ¿De qué manera se pueden "cultivar" los retornos aunque más no sea en forma de retoños que condensan aquello que se ha prohibido? ¿Dónde encontrar ese "torrente" de discurso que por su propia estructura fuerza al sistema represivo a una fracttua que deje libre lo prohibido de ser pensado? ¿En qué figura, la urgencia de pensar, arremete, mostrando que el aparato represor normativo puede ser sobrepasado, al menos en parte? No por casualidad es en el grupo donde dicha figura írgura. El grupo que se constituye como ini espacio libre de pensamiento —lo cual no implica que lo sea, sino solamente que pretenda serlo- en que la construcción tiel discurso comienza por escapar a los sujetos soportes para configurar lo que Foladori (1984) ha llamado en alguna ocasión, salvadas las distancias, "hablat como los sobrinos del Pato Donald", en esta sintaxis comim que trasciende claramente las pretensiones de autonomía e individtialidad de los miembros. Por tanto, hay algo del orden de lo no conocido que se produce allí en esc enjambre de ideas que chocan y se disparan pero que no pueden más que expresarse condensadamente en la sintaxis en la que todos se inscriben. Y aun en el caso de que palabra alguna sea dicha, por cuanto el silencio no se constituye al margen de la sintaxis. Este esfuerzo de condensación se constituye en un torrente que por su fuerza no deja de arrastrar consigo fragmentos de normativas que sucumben a su paso, denunciando su presencia. 224

¡Cuidado! N o hay nada allí del orden de la conversación. N o hay que estar pendiente de una linealidad, más deseada c[ue real. Porque el sentido se construye a posteriori y la intención de los hablantes de "decir algo concreto" fácilmente se desmantela ante lo que resulta c o m o producción grupal, si es posible escucharla, escucharse. N o todo grupo produce ideas ntievas... la mayoría solo tiene la ilusión de hacerlo... Ilusión de a u t o n o m í a , ilusión de individualidad, ilusión de voltmtad, ilusión de conversación, ilusión de controlar el lenguaje, el deseo. I'iecto de atjuello que lo grupal potencia ya que su dramática prefigura la polarización de sentidos. Cirupo que ai centrarse en ima tarea se distancia de sí m i s m o , de su accionar, ("ondición para, a su vez, poder escuchar (y no escucharse) desde una lejanía cpie posibilita ahora ver el boscpie, c u a n d o antes solo había árboles. ( í n i p o s que trabajan sobre su propio origen, sobre la manera en c]uc se constituyen y Kmdan su organización (explícita o tácitamente), sobre los mecanismos de "reglamentación interna", sobre el nacimiento de su sistema normativo. " C r u p o s para sí", en el decir de Guattari. G o tas de agua t|ue crean en la t o r m e n t a el arco iris.

III H a y otra forma de abordar el problema. Si partimos de los sistemas n o r m a d o s es evidente que la prohibición de pensar, c o m o muestra Laing, se basa en una cierta normativa. Hay una ley c]ue dice qué se puede pensar y qué no. Esa ley, creada socialmente, determina lo que en determinado m o m e n t o histórico es posible de ser pensado. N o se trata de sostener que está d e t e r m i n a d o de a n t e m a no aquello que la sociedad puede pensar, solo se muestra

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que el pensamiento es posible dentro de cierto sistema n o r m a d o y que, en tanto se modifiquen las condiciones de la institución social, se generan las diversas alternativas para pensar aquello que no era posible antes. Parece una verdad de Perogrullo el que las distintas épocas cabalgaron en grupos de ideas concretas y no sobre otras que fueron autorizadas más adelante. Para poder a b u n d a r en este aspecto: Desde el p u n t o de vista social interesa aquel pensamiento que se expresa, que figura en palabras que son cuchas o escritas, que con comunicadas, transmitidas, compartidas en el espacio de la institución social. Por tanto, el mecanismo de represión del pensamiento opera como mecanismo de represión de la palabra hablada. Allí es d o n d e se efectiviza la censura contra un intento de trasgresión. Esto es fundamental ya que evita plantearse el problema de aquel pensamiento que es pensado pero no dicho. En primer lugar, si no es dicho no sé si en verdad existe. En segundo lugar, si no es dicho no ejerce efecto social, no hay impacto, no hay repercusión, no hay secuencia -discurso social-, encadenamiento, que me plantee, casualmente, una cierta trama, como el caso de los sobrinos del Pato D o n a l d . En tercer lugar, si no es dicho n o es estudiable, analizable, trabajable, incluso pcnsable... El pensamiento es también objeto del pensamiento. El pensamiento c o m o material de análisis y reflexión a cargo del m i s m o pensamiento. Pero en el terreno social el decir implica una forma de decir —además de aquello de que se dice una cosa para no decir otra— que muestra también, por alusión, sentidos que se pueden construir, que se pueden pensar, a partir de lo que se dice y de cómo se dice. Es el problema de lo implícito y/o de lo n o dicho. Lo no dicho es pensado pero opera sobre ello una serie de mecanismos institucio-

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nales y grtipales sofisticados que hacen que lo n o dicho permanezca como tal. Hacía allí se dirigen las reflexiones de Laing, de los grupalistas y de los institucionalistas. Lo no dicho es sabido pero callado. Es de "mala educación" decirlo y es lo que aparece anunciado en el c a m p o grupal por aquella figura que Pichón-Riviére designa c o m o portavoz, mostrándolo como el alcahuete, vale decir, aquel que dentmcia "sin pcriniso" algo qtie debe ser guardado como secreto. Secreto es algo que sé. Lo implícito no es lo no dicho institucional. Lo implícito está aludido, lo no dicho esta r e p r i m i d o socialmcntc. El mensaje del portavoz no es c o m p r e n d i d o a menos que sea decodificado. El grupo lo siente a primera vista como algo que no tiene nada que ver y el integrante que es portavoz no tiene la m e n o r noticia de que lo es, hasta c]ue no hay alguien que lo muestre c o m o tal. El mensaje del portavoz transita por el borde de la angustia, es como una señal, tma alerta sobre cierto desborde que se ha producido. Lo no dicho institucional se asienta sobre una normativa tácita, ya que si se puede hablar de la normativa (al hacerla explícita), a u t o m á t i c a m e n t e se habla del contenido censurado. Por tanto, lo no dicho es sostenido allí en un acto de violeircia que se manifiesta en la reacción de indignación c u a n d o lo no dicho es, por último, dicho. Acá no hay sorpresa, hay rabia y el trasgresor debe ser castigado. La instittición refuerza entonces el sistema de control con penalidades que son nuevas normativas. Acá no es un problema de angustia sino de descontrol, de pérdida de poder; se ha p r o d u c i d o un acto de recuperación del poder c u a n d o lo no dicho puede ser dicho. Algo queda al desnudo y no es de naturaleza sexual. Lo que queda al desnudo es la violencia que la institución, para ser tal, ha instituido. T o d o el trabajo de autolegitimación institucio-

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nal ha sido destruido ya que lo no dicho pone en tela de juicio el origen m i s m o de la institución. Entonces, lo que hace la n o r m a es impedir que u n cierto pensamiento se pueda protiucir. Por tanto, cambiada la n o r m a de la institución social, se autoriza un cierto pensamiento qtie no había podido expresarse hasta e n t o n ces, se modifica el juego de fuerzas sociales - e n términos de represión y normativización de ciertas ¡deas centrales. La n o r m a no desaparece de cualquier manera. Solamente la n o r m a se elimina c u a n d o se dicta otra que la modifica. H a y un cierto salto, escalón, entre aquello n o r m a d o y aquello que no ha sido n o r m a d o todavía. El poder instituyente tiene cierta frescura inicial, vale decir, es siempre más sencillo crear de la nada, que modificar algo que ya está creado, instituido. Es más fácil hacer una norma en algo que no está n o r m a d o , que modificar una norma ya existente. Incluso se requiere de una norma para "disolver normativas anteriores, para "desnormativizar".

IV
Deseo pasar ahora a un ejemplo que no ha dejado de causar algunos problemas de conceptualización. Me refiero al arresto de Pinochet en Londres. Este acontecim i e n t o insólito e imprevisto se convirtió en un analizador de la sociedad chilena y hasta m u n d i a l . Un analizador es un dispositivo (natural o artificial) que desencadena algunos hechos significativos, por ejemplo, p o n e a todo el m u n d o a hablar. Produce una cierta recuperación de la palabra. Esto significa a su vez que cierta palabra cjue no figuraba en el discurso social por efecto de la prohibición, comienza nuevamente a ser utilizada. El dispositivo analizador natural del arresto de Pinochet algo hizo con las

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normativas sociales, con la prohibición de hablar y con la posibilidad de hablar. Porque hay que tomar en cuenta que aquello que fue puesto entre rejas -a partir de un acto jurídico— fue nada más y nada menos que el agente fundador de la institución represora: la dictadura, como el ejercicio de un poder total sobre los sujetos. O sea que el acto de detención (nueva normativa que se impone a la vieja normativa) modificó la normativa sobre lo que se podía hablar, y sobre lo que no se podía hablar por un lado, y por otro, cambió la correlación de fuerzas en cuanto al peso del poder represor. Para decirlo de otro modo: el arresto instituye una nueva "reglamentación social" sobre aquello de lo que se puede hablar. Por tanto, hay que pensar que con la detención de Pinochet se generó ima normativa que cambió tanto la calidad como la cantidad de lo que el sujeto social podía expresar. Desde el punto de vista cuantitativo, se "liberaron" temas. Desde el cualitativo, disminuyó la intensidad de la fuerza que ejerce la represión. Que quede claro c]uc esta disquisición es meramente un recurso pedagógico ya que es muy difícil separar una de la otra. La normativa de la puesta de "la represión entre rejas", por sí misma, supone un avance de las fuerzas emergentes, recuperativas de un cierto discurso social. Esta instancia de recuperación de la palabra no deja de adquirir cierta virulencia en su faz emergente y sobre todo por cuanto está en directa relación con la intensidad de la fuerza represora. Es un problema económico no moral. Responde a las características del conflicto suscitado entre represión social y expresión social, en el terreno de la meta subjetividad social. Esta virulencia es vivida como tal porque en la medida en que emerge, arrastra consigo otros temas que se encuentran asociados a los primeros. Por tanto, se genera

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una cierta eclosión necesaria para restablecer ciertos equilibrios perdidos durante la instancia de la represión política más feroz. El efecto del analizador ~si bien es transitorio en cuanto a su acción— es permanente en cuanto a la dinámica del conflicto, ya que no se podrá retornar al momento anterior, por cuanto las fuerzas se encuentran ahora distribuidas de otra manera.

V
Hans Christian Andersen (1805-1875) era un maravilloso conocedor del comportamiento humano. Sus cuentos, muchos de ellos terroríficos, han dado la vuelta al mundo generación tras generación. Su impacto en la mente de los niños no ofrece lugar a duda así como tampoco en la de los mayores. Algunos podrían decir que este autor ha dado en múltiples ocasiones en el clavo, al considerar conflictos internos y sociales de relevante significación. Uno de estos cuentos, conocido como cl de Los vestidos nuevos del Gran Duque (1972), muestra una capacidad de entendimiento de lo humano, de lo socioinstitucional y de los mecanismos que operan en los grupos. Brevemente: el cuento gira alrededor de im Duque que gusta de presentarse con los vestidos más suntuosos y variados, y que llega a cambiárselos varias veces al día. Llegan al poblado un par de charlatanes que se presentan como famosos tejedores de los tejidos más deliciosos y mejor diseñados, así como por la finura de los productos empleados, hilos de seda y oro. Estos vestidos poseían la virtud de ser invisibles para todos los que no supiesen desempeñar el oficio o fuesen demasiado brutos. El Gran Duque no 230

puede permanecer impasible ante tal oferta seductora y decide encargarles la realización de un suntuoso vestido y de esta forma podrá saber el valor de cada uno de los miembros de su ducado, distinguiendo a los inteligentes de los tontos. Los tejedores comienzan pidiendo fuertes sumas de dinero para comprar el hilo, realizando una parodia de su arte de tejer en pura mímica ya que no hay tela visible. El Gran Duque envía varios representantes para ver el avance del trabajo y todos, para evitar ser tildados de tontos, evitan mencionar que no han visto tela algima. Regresan al palacio e informan con cantidad de detalles de lo maravilloso del trabajo de los tejedores, de los colores y de lo fino del tejido logrado. Así, llega el día del estreno, y claro está, el Duque no puede menos que seguir la parodia para no pasar por tonto; se pone el vestido, el que además es sumamente liviano, sale a la calle con toda una guardia de acólitos que no dejan de alabar el magnífico trabajo de los tejedores y lo bien que le sienta al Gran Duque. Todo ello transcurre en un clima festivo hasta que un niño del público exclama: "¡el Duque está desnudo!". l o d o el cuento gira alrededor de una ilusión, aquella que tiene que ver con un magnífico vestido. Nótese que la ilusión se construye como una suerte de delirio, de representación imaginaria, que tiene que ver con una imagen determinada de uno mismo. Así, el Duque no puede dejar de pensarse portando un maravilloso vestido y ser objeto de admiración y envidia por parte de aquellos que lo rodean así como de estar dotado de gran inteligencia. El caso es de que esa imagen es aquella que él descubre en su propio espejo donde ve lo que quiere ver. Esta ilusión es contagiosa y comienza a circular por la masa: todos "acuerdan" que el Duque está vestido esplendorosamente, aunque en realidad "vean" otra cosa. La necesidad de con-

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tinuar perteneciendo al colectivo hace que nadie se atreva a denunciar el tácito complot. D e este m o d o , resiüta por demás claro que el grupo himiano funciona a partir de lo que cree que es y en ningim caso desde una visión de la realidad que se ajuste a los hechos. Claro está, si bien es cierto qtie en el cuento todos lo saben (que el D u q t i e está desnudo), en la vida cotidiana muchas veces no se sabe, en el sentido de c|ue hay cosas que a u n q u e se sepan, mejor no saberlas. H e aquí d o n d e se introduce la presencia del deseo que genera su propia realidad, su otra escena, c o m o le gustaba reconocer a Frcud. A esta alttira vale la pena introducir una precisión: Es conocido el concepto cié desmentida que Freud acuñó en el artículo sobre el fetichismo para dar cuenta de lui mecanismo inconsciente que opera como no percepción de la realidad y que genera - d e manera a u t o m á t i c a - , la sustitución de u n a ausencia (la castración) por un objeto (el objeto fetiche). Ese mecanismo n o es el que funciona en este caso ya que no se trata de im mecanismo inconsciente - l a desmentida—, sino de no poder hablar de algo de la realidad. N a d i e p o n e en duda c|ue todo el pueblo ve la desntidez; el niño además de verlo, se atreve a decirlo. Por ello, no está acá en juego una instancia psíquica, sino que lo que ha operado es la represión política de la palabra. Tal vez convenga destacar que las alusiones a Freud son metafóricas; es decir, que se utilizan las conceptualizaciones freudianas para pensar el problema de la tópica política y aportar al esfuerzo de discriminación entre lo psíquico y lo político. El imaginario social es el que determina la posibilidad del cambio, el grupo opera a partir de su propia representación, n o a partir de lo que es. Andersen disfruta del e m b a u c a m i e n t o a que el pueblo es sometido, e m b a u camiento que ocurre a diario y que sucede ima y otra vez

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cuando se tejen en el discurso social las propuestas más deshilvanadas. No se trata tanto de lo que se le hace creer a la gente como de los mecanismos que en la gente tienen la virtud de operar ima puesta entre paréntesis de evidencias. "No hay peor ciego que el que no quiere ver" parece recordarnos Andersen, quien no puede dejar de ridiculizar a la supuesta masa adulta a través del comentario del niño que denuncia el fraude. Al mejor estilo de un portavoz —diría E. PichcSn-Rivicre- es capaz de poner en palabras una verdad, la que a su vez anuncia el camino ostensible de la represión; así como la puesta en movimiento de otros mecanismos de defensa (el Duque, a pesar de su vergüenza, sigue haciendo como si no fuese verdad lo demmciado por el niño), el espectáculo debe continuar. El aparataje del encubrimiento, el cuidado de la imagen y lo desnudo que queda el Duque —no tanto en cuanto a su vestimenta, sino en lo que anuncia como mecanismos psicológicos de engaño, autoadoración y ocultación frente a un hecho que replantea de inmediato su lugar. En todo caso, parece que lo obvio es lo más difícil de ser visto y dicho. La conexión entre el ser social y el imaginario social. Hay otra lectura posible del cuento que nos acerca a nuestro tema y que se engarza con la anterior. Hay algo que tiene que ver con la desnudez y cierto recubrimiento que no puede ser dicho. No se puede hablar de ello porque fue normado así por los embaucadores, que por operar desde un determinado lugar de poder tienen la capacidad de regular las posibilidades del discurso. Es cierto que los tejedores se sitúan con respecto a los demás en un determinado lugar social de poder: son aquellos que pueden hacer —porque cuentan con el instrumental— aquello que otros no pueden. Y desde allí proyectan una imagen que resulta seductora sobre el Duque

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en primer lugar, y con la complicidad de este, sobre sus acólitos. Dicho de otro modo, no cualquiera puede normar el discurso social, ello debe ser realizado desde cierto lugar de poder. Pero dicho lugar no es el del jefe, sino de aquellos cercanos al jefe que tienen ciertos intereses en el asunto. La normativa entonces, la prohibición de hablar "desciende" por la escala social y todos, de un modo u otro se van afiliando a la normativa cjue reza que hay que respetar la prohibición. En todo caso, todos aparecen identificados con el lugar del Duque, todos aspiran a ocupar ese lugar y gozar de los beneficios que ese lugar les confiere; por tanto acatan el mandato implícito. El niño es el que aparece ajeno al poder, por tanto ajeno a la confabulación social, ajeno incluso a la aspiración de poder y, por tanto, es el que queda al margen del discurso normado. Su marginación estructural del discurso normado es lo que le posibilita descubrir que hay una feroz contradicción entre el discurso y los hechos; en suma, es el único que puede pensar denunciando el acuerdo social. Aparece como el niño ingenuo que "sin saberlo" interroga el sentido. Siempre me maravilló aquel niño que ante un vendedor que golpea la puerta, sale y le dice: "Dice mi mamá que no está".

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REPRESIÓN PSÍQUICA, REPRESIÓN-POLÍTICA*

1. El caso chileno** Llega tarde y entra como apurado, se justifica con que hubo tm taco' y se demoró. Le pido que se recueste en el diván. No cabe, pone una pierna y la otra le queda como colgando. Da la sensación de que se va hundiendo de a poco. A su vez la cabeza parece como que no encaja -luego sabré que tiene aproximadamente 150 años. Como por la mitad hay un gran cinturón donde se lee ¿Vio, vio? 1 odo lo que veo — que me impresiona— es una gran prey sa en construcción'. Pienso, como para mí ¿quién estará preso? ¿Por qué estará preso? Justamente en ese lugar la vestimenta contrasta, nace como una prenda de un tejido de lana firme, con colores que a pesar del tiempo —se nota que lleva allí más de 500 años- sostiene toda su dignidad y marca su diferencia con el resto, un tanto roído, como con trozos de plástico con colores vistosos pero no hacen juego. Parches, combinación desordenada de modas diversas, cocidas de manera desprolija. Sorprende las diferencias entre los collares de oro y atuendos de sedas, al lado de trozos ya muy gastados, en hilachas que dejan ver a su vez una piel también curtida. Hay trozos rotos. A

* Publicado originalmente en Cuadernos de Psicología, Campos de interferencia: subjetividad e institución, U. Arcis, Santiago de Chile, 2003. ** El caso está redactado con las expresiones típicas locales. Además, está fechado (2001), por lo tjue hace referencia a un momento particular del "proceso de transición". ' "Taco" es un embotellamiento en el tránsito, típico de las horas de mayor concurrencia (laboral, escolar, comercial, etc.). ' La presa es Raleo sobre el río Biobío, zona habitada por los pehuenches. Se ¡uega con el significante.

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esta imagen convergen otras con igual intensidad y sentido. Pienso que esta debe ser una mtiy rica metáfora del conjunto: lo roto desde tiempo inmemorial o... desde el Memorial^. Más tarde me entero de que el roto chileno' ha constituido con el tiempo ima cierta inversión; de im lugar desvalorizado se ha convertido ambivalentemente en orgullo nacional. U n a novela sirve en su época para fiuidar un estilo, plasma una cierta ilusión de identidad. ¿Roto chileno o chileno roto? Por m o m e n t o s el discurso se sitúa en las familias rotas, desintegradas y exterminadas. Recuerdo que otro paciente de una época similar hablaba de una trilogía de destinos: Encierro, destierro o entierro. Aquí, el entierro en m u c h o s casos, ya no fue posible. D e p r o n t o , en ese discurso aparece otro texto. Intertextos, todo discurso es im collage de textos ya escritos. T o d o está ya escrito. ¿Quién habla ahora? Parece que los jóvenes, los muy jóvenes. N o solamente hablan, tienen que gritar para ser m í n i m a m e n t e escuchados. Algo pasó con los p a s e s \ c|ue si les cobraron ya o aiin no, el caso es que con los pases n o pasan y eso, c o m o es lógico, produce protestas. C o m o desde la nada (estamos en los inicios del semestre) surge

' El Memorial es un monumento que se construyó en el Cementetlo (¡eneral en Santiago de Chile dutante el primer gobierno elegido por voto popular luego de la dictadura, donde figuran los nombres de los detenidos desaparecidos durante el régimen militar, cuyas denuncias realizadas por sus familiares fueron comprobadas. ' La expresión "roto chileno" proviene de la Guerra del Pacífico (Chile contra Perú y Bolivia), siendo un término despectivo que se acuñó por las clases altas peruanas. El caso fue que, finalmente, el roto chileno triunfó en la guerra. '' En Chile, los estudiantes de primaria, secundaria y de la universidad cuentan con un "pase escolar" que les permire una sensible rebaja en el precio del boleto en el transporte público, medida difícilmente tolerada por los dueños de los autobuses. ¡El plástico del pase fue raspado por algunos alumnos demostrando que bajo su nombre había otro!

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un movimiento que empieza a paralizar las secundarias. Lo sorprendente es que nadie los toma en cuenta, ni los universitarios, ni los padres, ni los docentes. Eso n o reduce su protesta, por el contrario, los paros se suceden una y otra vez, y realizan varias marchas. Los que tienen que saber, no saben, los que se tienen que hacer responsables, se cscutren. En el discurso oficial eso es s i m p l e m e n t e una pataleta de niños chicos. Las preguntas comienzan a inquietar: ¿Qué pasó con las platas (el dinero)? ¿Quién c o m p r o m e t i ó su palabra? C o m o está de moda, se instala una mesa más de m o nólogos''. El m o v i m i e n t o avanza. Cxjnfrontado alguien reconoce c]ue h u b o dolo, que algtin micrero^ se llenó el bolsillo. Q u e alguien cjue tenía cjue controlar, se borró, n o estuvo. La queja a b a n d o n a su matiz de pataleta para adoptar la forma de ima interpelación, y sobre t o d o c u a n d o los pases se transíorman en raspe-pases. C o n el pase no pasa, por tanto raspe, y si le sale su n o m b r e , entonces pasa... C^laro está, en C'hilc todos tienen su raspe, hasta la Teletón, ¿porqué no habrían de tenerlo también los micreros? Negocio r e d o n d o . The Clinic^ titula "Se chorearon los pendejos". F e n ó m e n o extraño, los micreros retroceden tácticamente y cambian a su líder. Se acepta negociar. El problema económico pasa a segundo plano: la discusión

'' Alusión a la Mesa de Diálogo donde se pretendió reunir a representantes de las Fuerzas Armadas y a abogados de familiares de detenidos desaparecidos para encontrar "salidas" y poder saber dónde estaban los cuerpos de los "desaparecidos". ' Por "micrero" se entiende tanto los dueños como los choferes de los autobuses del transporte ptiblico. " The Clinic es un semanario independiente que comenzó a circular a partir del arresto de Pinochet, cuando estaba internado en una clínica en Londres. Dado el monopolio periodístico informativo existente en Chile, The Clinic se atreve a decir muchas cosas que no forman parte del discurso oficial.

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es si el famoso pase es u n servicio, un beneficio o un derecho, irriunpe así el tema de t o n d o ; invisible a simple vista termina imponiéndose. Días después se termina aceptando el derecho de los estudiantes a viajar gratis. Ya Freud nos había mostrado que el retorno de lo reprimido no se i m p o n e ral cual, se lo puede hacer objeto de una nueva represión y debe transitar por largos proceso de transacción para poder, de alguna manera, hacerse presente, c o m o en el sueño, el acto fallido, el síntoma, etc.

2 . El analizador: el r e t o r n o de l o r e p r i m i d o social U n cierro análisis corresponde ser realizado sobre este acontecimiento. Hs ral, por cuanto se constituye en el contexto en un hecho singular, un analizador, como le gusta decir a los analistas institucionales. HI abril de los secundarios instala en el discurso social im tema, una polémica nueva y c o n m i n a a hablar de ella. Natiie puede quedar al margen, se constituye como im lugar privilegiado del discurso cotidiano, m o s t r a n d o cierta recuperación de la palabra alrededor de un tema, que no la tenía hasta ese m o m e n t o . Hablar de algo de lo que no se hablaba, recuperar un cierto discurso. Sostengo la tesis de cjue el derecho de los estudiantes a viajar gratis era un tema del que no se podía hablar. F e n ó m e n o similar ocurrió c u a n d o la detención de Pinochet en Londres, para algunos el hecho más significativo desde el golpe de Estado. H e c h o por demás insólito y sobre todo inesperado, como caído del cielo. Puesta la represión entre rejas, es posible entonces hablar. Rota la muralla defijnsiva, algo se cuela, y entonces personas que habían olvidado, recuerdan, c o m u n i c a n , p o n e n en palabra, dicen cosas que n u n c a habían sido dichas antes.

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Esto ocurre con los seciuidarios que hablan desde otro lugar d o n d e el discurso social comienza por no reconocerse. ¿Desde qué lugar? Ellos no fueron objeto de la tortura, de la persecución, del encarcelamiento, ni siquiera del toque de queda. T i e n e n a lo más 16 años, nacieron con la vuelta a elecciones (más preciso q u e hablar de vuelta a la democracia). Saben sobre la dictadura aquello que está en el discurso social, por referencia, no c o m o experiencia personal, conocen por la historización de otros mayores. Por ello, lo que a través de su disctirso surge tiene luia doble determinación que importa señalat. Por un lado, pata ellos se trata de su m o v i m i e n t o , de su contingencia, de su lugar propio en esta sociedad, la de los secundarios, parte de la vida de ellos, de sus reivindicaciones, de sus luchas. Pero por otro, se trata de u n lugar d o n d e cierto disciuso social vuelve, d o n d e es posible que se exprese de manera desplazada el retorno de lo reprimido social, porque es allí en el discurso adolescente que se desmatca de la represión social global, que ejerce la dictadura disfrazada en la cual vivimos. Porc]ue lo que más sorprende es que el p r o b l e m a del derecho de los secimdarios a viajar gratis existió en una época remota y fue reprimido violentamente c u a n d o con tantjues se empezaron a negar muchos derechos que la población tenía. El modelo implantado a sangre y fuego tenía que hacer negocios. Y allí estuvieron los militares para posibilitar eso. ¿Qué negocios se podían hacer en u n país de todos? Por ello, a u n q u e los adolescentes —como discurso— no sean conscientes de ello, su triunfo es valorado por todo el discurso social ya que se trata de comenzar a poner las cosas en otro sitio. El retorno de lo reprimido r o m p e tal cual un lapsus, el discurso oficial p r o d u c i e n d o un nuevo sentido.

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3 . ¿ E l i m i n a c i ó n o r e p r e s i ó n del objeto? Pero situémonos más allá de lo anecdótico. El problema del pase, roto ahora en tanto raspe y redefinido en tanto retorno de lo reprimido político, plantea una disyuntiva sobre la cual rara vez se reflexiona. Lo reprimido político, institucional (si el pase es un derecho, es entonces una institución), es algo que está allí, está reprimido pero está y scgtin la mecánica del conflicto social tratará de abrirse paso con el pase (mecanismo del desplazamiento) para retornar a la conciencia social. N o está presente pero está latente. Es decir, late, insiste, está vivo, vuelve a la memoria accesible. Su retorno dependerá de la coyuntura, del m o m e n t o y de la disminución de la fuerza represiva. Nótese que la memoria social no tiene nada que ver con los individuos soportes, no se trata de que algunos recuerden, se trata de que la memoria se hace presente —como retorno de lo reprimido— en otros agentes diferentes a aquellos sobre los que operó la represión. Lo escrito, escrito está, no se pierde pero no se sabe c u á n d o y a través de quiénes se recupera. D i s t i n t o es si el objeto ha sido perdido, p o r q u e entonces no está, no es asequible y no hay posibilidad de que retorne. Solo resta aceptar su perdida, como en un duelo o vivir el duelo de manera p e r m a n e n t e . Esta d u a l i d a d de alternativas s u p o n e a d e m á s u n cierto referente e n e r g é t i c o ya q u e el yo social se halla con d i s t i n t a s fuerzas según el caso. Si el objeto está p e r d i d o , en t a n t o o b j e t o de a m o r , se fue con u n a parte n u e s t r a , p e r m a n e c i e n d o n o s o t r o s tristes, d e s g a n a d o s , con esa mezcla de rabia y d e p r e s i ó n —cuando n o de remordimiento— q u e inmoviliza y aisla. R e c u p e r a r las energías d e p o s i t a d a s en el objeto y que se fueron con

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él, llevará t i e m p o ; la melancolía estará p r e s e n t e , t o d o será gris. Pero en el caso de la represión un litigio está presente, ima lucha, una mecánica del c o m b a t e , un juego de posiciones. N o hay por t a n t o d e b i l i t a m i e n t o , sino movilización estratégica. La inactividad, el desinterés, la apatía pueden presentarse entonces como camuflajes para descolocar a la represión. El combate es desigual pero los recursos son ¡limitados; esto es lo que nos enseñan los secimdarios. F,l ejemplo de los secundarios es tan solo u n o , pudiera haber m u c h o s otros, tendría q u e haber m u c h o s otros que se constituyen en el retorno de lo reprimido, si podemos identificarlos. En este m i m d o complejo en que vivimos, no todo es igual, hay fisuras, fracturas, roturas por d o n d e lo reprimido se cuela c u m p l i e n d o su misión: derrotando a la represión. T o d o depende de cierta escucha, sensibilidad necesaria para c o m p r e n d e r . Me parece que esta discriminación entre lo perdido definitivamente y lo que nos parece perdido pero que en realidad está reprimido, nos indtice a algunas conclusiones. En primer lugar, no hay que dar nada por perdido hasta que se demuestre que está perdido definitivamente no existiendo posibilidad alguna de recuperación. En segundo lugar, no hay que dejarse llevar por una cierta apariencia de los fenómenos; un poco de paranoia, de sospecha, de desconfianza ayuda a valorar los acontecimientos de otro m o d o . En tercer lugar, se requiere de una actitud atenta, capaz de escuchar y percibir los matices en los procesos sociales, a r r i m a n d o a una valoración diferente de ciertas coyunturas. Por último, cierta acción sobre el debilitamiento de la represión política se constituye en u n a alternativa para

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poder recuperar lo nuestro, por la vía del retorno de lo reprimido.

4. La represión institucional: lo no dicho Se trata entonces de profundizar un poco más en la naturaleza de la represión institucional, política y realizar algunas reflexiones acerca del vínculo entre represión psíquica y represión política o irrstitucional ya t|ue se trata de la represión a cargo del Estado. Hay que señalar que la represión institucional si bien opera como represión, en sentido estricto no tiene las características atribuibles a la represión psíquica por cuanto no se trata de algo que se halla en lo inconsciente de los diversos integrantes de la sociedaci. La represión institucional es aquella que se instala a partir de una normativa que prohibe hablar, acto que fimda la dictadura en la medida en que se establece la censura previa, así como, por ejemplo, la prohibición de reunión o de expresión. A través de este medio el aparato político se asegura de que ciertos significantes no circulen por el medio social, ciertas cosas no puedan ser dichas y se bloqueen los caminos del intercambio de ideas. Un reconocido escritor chileno, Volodia Teitelboim, decía: "La voz de los sin voz, porc]ue se les había prohibido hablar". Una consecuencia directa de estas medidas como corolario es que la represión institucional produce, en segunda instancia, la imposibilidad de pensar ya que al no poder hablar, tampoco es posible pensar sobre ello. Dado que el pensar se realiza únicamente con palabras, si se ha prohibido el uso de palabras se afecta entonces la posibilidad del pensamiento. Por ello es que en los períodos de dictadura se produce una regresión muy significativa en 242

el terreno de la cultura ya que se estanca la producción de relaciones, de ideas nuevas. Van a ser los artistas, c o m o emergentes del discinso social, los que a través de sus producciones plantearán desplazadamente y de manera metafórica temáticas que solamente podrán ser c o m p r e n d i d a s t i e m p o después, c u a n d o se desbloqueen los mecanismos represores institucionales. Por tanto, la tepresión institucional se sitúa en el plano de lo no dicho más que en el plano de lo latente (o reprimido en lo inconsciente como le gustaba mostrar a Freud). N o se trata de que la gente no haya sabido en ese entonces y que no sepa que hay desaparecidos o que existió la tortura, pero no es posible hablar de ello y su sola mención sitúa al sujeto en el lugar de la ilegalidad. (Si bien no fue el caso en todos los países, en algunos se prohibió que la prensa utilizara expresiones c o m o : guerrillero, sidiversivo, combatiente, etc., debiendo emplearse términos que aludieran a delitos comunes.) Esto trastroca de manera significativa el concepto de memoria social así c o m o la estrategia conducente a "restituirla". Lo n o dicho institucional no tiene que ver explícitamente con el tema de la sexualidad c o m o en el caso de la represión psíquica. Lo no dicho alude a la manera en como se reprime la temática del poder y del ejercicio del poder. Por ello, sería banal pensar que lo no dicho institticional desaparece con solamente decirlo —ya que es sabido y n o inconsciente, se lo podría simplemente decir. Lo no dicho solamente puede set desmantelado en tanto es posible desarticular los mecanismos que hacen que lo no dicho permanezca como tal. Y estos mecanismos tienen que ver con el ejercicio del poder. En la medida en que dicho poder sin límites, el p o der de la i m p u n i d a d ya que se define como el poder total, pueda ser limitado en sus funciones, a u n q u e más no sea

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de m a n e r a transitoria, se libera de manera a u t o m á t i c a cierta palabra en torno a las temáticas explícita o tácitam e n t e prohibida. A m o d o de ejemplo, la mayor contribución del juez Garzón fue generar otra normativa que colocaba "entre rejas" la normativa de la prohibición pinochetista con lo t]ue la consecuencia inmediata fue poder recuperar la palabra, poder expresar acpiello c]ue estaba prohibido que se dijera. Es decir, posibilitar la liberación de la palabra y del pensamiento en la medida en que el miedo - p r i n c i p a l i n s t r u m e n t o t|ue es ejercido para sostener la p r o h i b i c i ó n disminuyó considerablemente, por cuanto había otro poder más fuerte, que podía controlar a aquel c]ue aparecía como el poder total. Ahora bien, la lucha por la memoria social se ha situado, con razón, en el plano del discmso oficial porque es allí d o n d e debe poder circtdar lo no dicho al igual que es en el discurso manifiesto d o n d e debe poder encontrar su lugar la sexualidad reprimida. Así c o m o es a través del chiste que la sexualidad escapa a la represión psícjuica, es también a través del chiste que el tema del poder - y sobre todo del poder despótico, impime— escapa a la represión institucional. Ya Freud se había dado cuenta de que el chiste es el más "sano" de todas las formaciones del inconsciente ya que se lo construye para ser dicho con lo cual cabalga al m i s m o tiempo en el espacio intrapsícjuico como en el interpsíqtáco. Se constituye entonces en el ret o r n o de lo reprimido psíquico y social.

5. El r e t o r n o d e l o r e p r i m i d o i n s t i t u c i o n a l Deseo a b u n d a r en el tema de la represión institucional con una ilustración del propio Freud. En su segunda

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conferencia d i c t a d a en los Estados U n i d o s en

1909,

Freud recurre a un ejemplo para mostrar el proceso de la represión: en síntesis, supone que dentro de la sala de conferencias podría existir un individuo revoltoso que lo distrajera de su tarca con comentarios, risas y ruido. Se vería entonces en la necesidad de detener la conferencia y solicitar que el barullero sea desalojado (represión) de la sala, colocándose algunas sillas contra la puerta para impedir su reingreso (resistencia). Se podría entonces retornar a la disertación siempre y c u a n d o el individuo ahora hiera del recinto no generara tal jaleo que imposibilitara la escucha, por cuanto quisiera reingresar y participar con los demás. En ral caso no había más remedio que solicitar ima intermediación (transacción) a los efectos de negociar el reingreso del susodicho, pero a condición de que no perturbara más el normal desarrollo de la conferencia. C'omo puede verse a través del ejemplo, la problemática central no es llamativamente aquella de la sexualidad como podría suponerse si Freud habla del psicoanálisis, sino la del poder: Se produce una suerte de atentado al orden instituido - l a conferencia— reduciéndose al revoltoso y colocándolo en el exterior de la sala. En tal caso, ya no es necesario volver a hablar de la situación y se puede retornar al tema de la conferencia. El tema del excluido ha q u e d a d o tácitamente p r o h i b i d o . Va a ser el barullo exterior el que va a poner nuevamente al excluido en el discurso de la sala, produciéndose entonces una instancia de negociación política, la que de tener éxito readmitiría al barullero a condición de que su c o m p o r t a m i e n t o se atenga a las normas de convivencia del lugar. C o m o se puede apreciar, el ejemplo aporta a una comprensión de un p r o b l e m a f u n d a m e n t a l m e n t e político. Es m u y interesante este "desliz" del p e n s a m i e n t o freudiano ya que se traslada el dispositivo de análisis de lo psí-

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quico a lo político. N o podía set de otro m o d o por cuando se trata de análisis de discursos. El análisis de la transacción le sirve a Freud para concluir que "no es esta ima figuración inadecuada de la tarea que compete al médico en la terapia psicoanalítica de las neurosis". Es extraño en este caso que Freud no haya puesto c o m o ejemplo lo ocurrido con alguno de sus casos, con D o r a , con Juanito, con el H o m b r e de las ratas. ¿O es que Freud quiere darnos a entender otra cosa? ¿No será que la represión psíquica es en una primera instancia represión política? ¿No se tratará de que el mecanismo de la represión es esencialmente un procedimiento político y, en todo caso, no se debería hablar de política de las relaciones interinstancias? Voy a sostener la tesis de que el asunto hay que plantearlo justo al revés. Freud importa el concepto de represión del c a m p o político-social al c a m p o psícitiico. La génesis social del concepto se i m p o n e así en toda su magnitud. N o se trata de u n pasaje de lo psíquico a lo político, sino de lo político-institucional a lo psíquico, y este no es el único ejemplo que da Freud, veamos. C u a n d o Freud tiene que dar cuenta del mecanismo de la censura en el límite m i s m o entre el sistema preconsciente-consciente y el sistema inconsciente, recurre a un ejemplo por demás célebre. Dice Freud que la censura funciona como en la frontera rusa d o n d e las cartas aparecen tachadas en líneas o párrafos, en que la propia tachadura denuncia la presencia de la censura, queda una marca. Vuelve entonces a importar del c a m p o político un ejemplo que le permite teorizar el mecanismo de la censura psíquica, m o s t r a n d o que opera como aquella política. La lucha política se ha situado liltimamente en t o r n o a c ó m o el discurso oficial se conforma, se construye. Porque es en el discurso oficial d o n d e la ausencia de temas se hace palpable ya que es sobre ello que lo no dicho —como

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normativas tácitas— encuentra su lugar. Los temas excluidos lo son en tanto la propia formulación del discurso social implica un particidar lugar de poder -por apropiación de este-, el que no puede dejar de manifestarse más que como violencia sobre aquellos que se hacen cargo de enunciar los temas en cuestión. Por ello, no es necesario que se prohiba por decreto hablar de ciertas cosas aunque las dictaduras llegan al ridíciüo de prohibir expresamente palabras -como en el caso uruguayo y argentino— o el colmo de la payasada cuando en ambas márgenes del río de la Plata se prohiben los siete tangos "subversivos" de Gardel. En muchos casos basta con operar no dando lugar al reconocimiento oficial de dichos discursos. Otro caso por demás insólito ocurre luego del atentado contra las torres gemelas, cuando al gobierno norteamericano se le ocurre que 150 canciones deben ser suprimidas del discurso cotidiano. Ahora resulta que Imagine, New York New York, y otras tan célebres como esas, tendrían algiin tipo de valor terrorista...

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LA "SALUD" DE LA INSTITUCIÓN: A MODO DE CONCLUSIONES TRANSITORIAS

Plantearse la posibilidad de que la institución ptieda tenet "salud" implica, a su vez, que pueda no tenerla; vale decir, que pueda estar enferma. Ahora bien, ¿es posible hablar de salud-enfermedad de una institución? ¿No será forzar el c o n c e p t o de salud-enfermedad extendiéndolo a im espacio en el cual los criterios deberían ser fijados segtin la propia naturaleza ciel campo en cuestión? ¿Es p o sible extrapolar conceptos como los de salud-enfermedad de manera tan libre y riesgosa y hablar entonces de instituciones sanas y enfetmas, tanto c o m o de grupos sanos y enfermos y hasta, según algimos, de sociedades sanas o enfermas, o de familias sanas o enfermas? En todo caso, es cierto que vivimos en instituciones, que somos parte de ellas, c|uc fundamos instituciones y nos sepatamos de ellas y cjue su funcionamiento nos afecta de manera más que relevante. Por último, es obvio que la forma de funcionar de las instituciones tiene enormes implicaciones en la salud de sus miembros soportes. ¿Pero es posible hablar de una psicopatología o sociopatología institucional? T a m b i é n sabemos que hay instituciones q u e funcionan mejor que otras, que cumplen de manera más acabada con sus metas y objetivos, que agrupan un personal C[ue se siente partícipe con las actividades e intenciones institucionales y que satisface el trabajo de sus miembros, en oposición a otras tjue son sentidas c o m o rígidas, b u r o cráticas, verticalistas, esclerosadas y congeladas, d o n d e los participantes enferman y el trabajo en su seno resulta para los actores tensionante y desagradable. Es decir, n o todas las instituciones son exactamente iguales ni funcionan del 249

mismo modo (a pesar de que su estructura sea idéntica), tampoco producen entre sus integrantes el mismo tipo de enfermedad física o mental, ni todos operan de igual modo, por ejemplo, frente al piiblico exterior que requiere sus servicios o intervención. Por tanto, se abre una amplia gama de variaciones del proceso institucional que sin llegar a constituir una "psicopatología institucional" establecida, permite repensar virtudes y defectos, valores, procedimientos, modos de operar, icieologías que sustentan y lazos libidinales que promueven. Dicho de otro modo, el ciimulo de elementos que conforman una institución puede ser analizado en aras de generar transformaciones donde algunos problemas que acontecen en su seno pueden ser evitados, generando un espacio dinámico que tienda a promover la salud, en lugar efe funcionar corno un medio enfermante de los individuos soportes. El especialista no puede interrogarse sobre la naturaleza de esta sin tomar en cuenta el peso de las instituciones, ya que nuestra existencia esta atravesada (Guattari) por instituciones. Las instituciones, obviamente, no dejan de marcar de manera precisa, con su sello, el estado de salud. Por ello, es posible afirmar que interrogarse sobre la salud es cuestionarse también acerca de la relación que todo individuo tiene con las instituciones en las que desarrolla sus actividades, con los sistemas normativos que delimitan su ideología, su pensamiento, su concepción de miuido Y sus proyectos y valores. Interrogarse sobre esta relación es abrir el tema de la participación y de la implicación, ya que si bien la institución es fundada por el hombre también la institución hace de algún modo al hombre; si bien el hombre promueve — lo intenta, segtin el caso— el o cambio institucional, también la institución genera una suerte de resistencia al cambio; de igual modo facilita o rigidiza la gestión humana, realiza o frustra las aspiracio-

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nes de sus participantes. El h o m b r e en el marco de u n a institución tiene un lugar prefijado que está d e t e r m i n a d o por su cuota de poder. En todo caso, el problema global de la institución es el manejo del poder: la delegación, la estructuración y la vehiculización del ejercicio del poder. T a m b i é n , de la problemática de la recuperación del p o der, de la autogestión, del cambio institucional y de la disolución de la institución con el retorno del poder a sus legítimos dueños. Debe tomarse en cuenta que el poder no produce un discurso. Al poder se lo visualiza en actos, en el ejercicio del poder (Foucault), sus mecanismos deben ser investigados, deducidos, señalados, etc., en los intersticios de la acción; en suma, denunciados, ya que el poder - e n muchos casos- no deja de atentar contra la salud, atmquc también el poder pueda promoverla. La institución se constituye como un p r o d u c t o social, como el resultado de un d e t e r m i n a d o accionar entre los hombres; por tanto, se define c o m o u n i n s t r u m e n t o que está a su servicio. Pero si se enfiícara de manera más precisa el operar institucional, podría visualizarse ima suerte de iatrogénica, d o n d e resulta que es el h o m b r e el que queda atrapado en la institución; el h o m b r e al servicio de la institución. Y es frente a esta inversión que es necesario pensar en torno a las condiciones que una instittición genérica podría ctmiplir para aportar a la salud y evitar las estructuras y dinámicas que en las instituciones concretas conducen irremediablemente a la enfermedad de sus miembros. El análisis de la institución s u p o n e ima dialéctica que se mtieve en t o r n o a tres polos: Por u n lado, está lo instituido, el poder de lo instituido, aquello ya n o r m a d o , ya establecido c o m o fijo, aquello q u e identifica la identidad institucional. Se habla de reglamentaciones, de estatutos, de acta fundadora, de organigramas, de distri-

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bución de funciones, de responsabilidades, de jerarquías y de poder. Lo instituido legitima el poder y lo congela por el lapso establecido. En el otro polo está el llamado poder instituyen te, que es la oferta de cambio, la posibilidad del progreso institucional, la adecuación a la realidad, la búsqueda de nuevos proyectos, la propuesta de nuevos espacios organizativos, el intento de redefinir el organigrama y generar una nueva alternativa de redistribución del poder. Es el poder c|ue tienen todos los participantes de la institución de hacer cosas, de crear; es el poder de enfrentarse a lo anquilosado y cambiarlo; en su extremo, es el poder de disolver la institución y generar la alternativa tínica de recuperación total del poder, por parte de los miembros de la institución. La disolución es el acto máximo de cambio social, por cuanto muere algo para posibilitar hacer algo nuevo, que no se podría haber liecho en el marco de lo anteriormente instituido. Por tiltimo, y siempre siguiendo a Lourau, se habla del proceso tie institucionalización, que da cuenta de los vericuetos grupales, del imaginario social indicador de la direccionalidad del deseo colectivo y su articulación en un proyecto social definicio. El proceso de institucionalización resume y sintetiza los conflictos que se presentan ante la alternativa de consolidación institucional (lo instituido) y de una organización sin normatividades, sin delegación del poder (lo instituyente). Hace a los síntomas del proceso, a las rupturas y desplazamientos del conHicto como efecto de transacciones producidas en el movimiento institucional. Percatarse de la manera en cóino la institución deviene, se mueve, es también t o m a r en cuenta la interrelación entre los factores seííalados pudiéndose sopesar en cada instante la incidencia de cada u n o de ellos en el pro-

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ducto final. D e este m o d o , se entiende que la institución se debe a un movimiento constante; sin embargo, si c o m o lo señala el dicho "Los hombres pasan, las instituciones permanecen", el peso de lo instituido parece acabar con todas las alternativas del movimiento. Recuérdese tjue la gente y la sociedad requiere de insiitucioncs. E. Jacques aportaba la idea de que esa necesidad sirve para mantener un d e t e r m i n a d o grado de salud mental, en tanto la institución ofrece un marco más o menos firme en el que los individuos pueden sentirse contenidos y evitar así la angustia, el desenfreno, la locura. Pero por otro lado, la pertenencia a una institución supone depositar en ella una serie de proyectos personales, proyectos de realizacióíi, de trabajo, de colaboración, de protección, de justicia, etc., por lo cual las posibilidades ciertas de que los proyectos se vayan c o n c r e t a n d o , refuerzan sentimientos, por ejemplo, de autovaloración, de seguridad, de salud, etc. Si esto no es así, si los proyectos se ven impedidos, la frustración y el desamparo harán estragos en el psicjuisino del individuo. D i c h o de otro m o d o , la posibilidad de participación de los miembros de una institución en el proyecto se convierte en un poderoso y definitorio elemento de promoción y m a n t e n i m i e n t o de la salud mental. Pas instituciones "castradoras" que frustran ima y otra vez las aspiraciones de sus miembros son generadoras de enormes tensiones, estrés, angustia, sentimientos efe desvalorización personal y soledad. N o es posible ser m i e m b r o de una institución sin participar de algún m o d o en su proyecto; la marginalidad solo anuncia una falta de c o m p r o m i s o con el futuro, con un proyecto. Por ello, abre al especialista ima hipótesis prospectiva dudosa sobre la salud de los involucrados; más sano sería salirse en busca de nuevos proyectos transformadores, transgrcsores.

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Ahora bien, planteado el problema en términos de las fuerzas cjue constituyen a la instittición (¿cómo es qtie lo instituido se enfrenta al poder instituyentc, o de qué forma la institución se resiste al cambio?), se corre el riesgo de no poder dar cuenta del problema de poder cpie existe en el fondo. El asunto tiene que ver con sectores o individuos que han accedido a cieterniinados lugares de poder, a partir del proceso de institucionalización ya recorrido. El proceso de institucionalización daría cuenta efe los momentos de apropiación que se han producido. Resulta entonces, cjue el conflicto central se define en términos del juego de poderes (en til tima instancia, el monopolio ciel poder supone la liquitfación de uno de los polos del conflicto) que hacen al movimiento institucional. Así, las redes de "benettciarios" operan como soporte del poder hasta lo injustificable (por ejemplo, podría ser el caso de la corrtipción, aliatfa siempre del poder), liste juego está normado explícita y tácitamente segi'm la naturaleza de la institución. Es evidente que a mayor concentración de poder, menor creatividad en la institución; por ejemplo, el Ejército y la Iglesia (las instituciones elegidas por Freud para su análisis) son espacios en los c|ue el pensar no es una de sus virtudes. Su fortaleza se basa en un mito. Cuando los miembros de una institución se sienten attapados en sus vericuetos de poder y les cuesta cimiplir con sus objetivos y, además, aparecen claros signos de impotencia, apatía, desagrado y problemas personales entre ellos, es posible, por medio de una intervención exterior, revertir el proceso de institucionalización liberando a los integrantes de sus luchas internas y redefiniendo un marco para que, por medio de una paulatina recuperación del poder instituyentc, el conjunto pueda volver a ser productivo y creativo. Un socioanálisis así iniciado se apoya

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en la estructura grupal para la reorganización de tareas y - a l analizar los manejos del poder, no sin angustias ni d o lor— estimula a una mayor y mejor participación, lo que restituye la salud mental entre sus miembros. Esta recuperación del poder puede ser virtual, c o m o ocurre en muchas intervenciones. La construcción de un dispositivo interventor que necesariamente devolverá la palabra a los participantes, juega con una cierta ilusión: tomarse el poder. Esto es cierto en el espacio del dispositivo. O t r a cosa será c u a n d o lo analizado d u r a n t e la intervención sea volcado a la institución de referencia, p o r q u e allí las cosas serán de otro tenor. Es notable ver c ó m o la participación tan solo en el espacio del dispositivo tienen el^ectos, p r o d u c i e n d o mejoría de los participantes. Si bien es un aliciente también constituye un riesgo. La salud de la institución es posible, por t a n t o , a partir de u n a participación institucional en la que el poder no solo se reparte, sino c|ue también se ejerce en diversos niveles; participación política en el fondo, por tratarse del poder. C u a n d o se habla de participación, ¿de qué se está hablando en realidad? Porque hay muchos grados y formas posibles de participación. Las experiencias históricas dan cuenta de ello. Si el Estado es la institución primera en nuestra cultura, la manera en cómo la participación se de en el sistema político general se constituirá en modelo para todas aquellas instituciones que cobija. Así como el autoritarismo imperante se refleja fielmente en instituciones verticalistas manejadas de manera hasta despótica, un funcionamiento más participativo de parte del Estado (no se pretende que ello sea mecánico) habrá de repercutir en el "ablandamiento" de los sistemas de jerarquías y de toma de decisiones, incorporando en las decisiones colectivas a grupos cada vez más activos en el ejercicio de su poder.

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La historia de las experiencias de participación reúne una lista larga de acontecimientos, l a l vez valga la pena señalar los más significativos: la C'omtina de París de 1 8 7 1 , la Rcvohición rusa de 1917, la Revolución francesa de 1 7 8 9 - 1 8 0 1 , la Revolución norteamericana de 17741776, la República española de 19.36-.39, las guerras de liberación (Argelia, Yugoslavia), la Revolución mexicana de 1 9 1 0 - 1 9 1 7 , la Revolución cubana, el M o v i m i e n t o Zapatista, la Revolución sandinista, el mayo francés del 6 8 , la Unidad Popular en Chile, etc. Pero también habría que mencionar para su esttidio y análisis los proceso de cogestión en Alemania de la posguerra, los Kibutz de Israel, el M o v i m i e n t o de los Sin fierra de [brasil, el sindicato Solidaridad en Polonia, y hasta la Ley 180 impulsada pot Basaglia en Italia, por mencionar solamente algunos procesos significativos a nivel micro pero que tienen o tuvieron repercusiones macrosociales. Es importante rescatar el hecho de que, por ejemplo, en el caso de la C o m u n a de París, los investigacforcs destacan el carácter "festivo " que la misma tuvo, aspecto que se repite una y otra vez en los movimientos independentistas, de liberación, etc., cuandt) se animan a adoptar a u t o n o m í a con respecto al poder instituido, c u a n d o se apropian de sí mismos y de su destino, c u a n d o se organizan libremente —digamos autogestivamente— es decir, cuando finalmente se animan colectivamente a recuperar su poder, aquel que les había sido en algún m o m e n t o expropiado. Y entonces es lícito preguntarse si ese estado de festividad, de gozo natural que se produce en el m o m e n t o de ruptura de cadenas no consiste en lo más parecido a lui estado de salud generalizada. Porque esta anormatividad transitoria no es para nada un m o m e n t o de caos total, como se lo podría hacer ver. Allí se crea una normatividad

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que tiene que ver casualmente con la manera en como el colectivo se organiza. No se trata de un destierro, al viejo estilo griego, más allá de las fronteras de la polis y donde las leyes no rigen. Se trata de que la grupalidad del colectivo se plasma en acuerdos explícitos o tácitos, alrededor de las tareas que el mismo asume. Podría decirse que el trabajo y las condiciones que el mismo por su naturaleza impone, es el que apela a cierta normatividad para que la tarea sea posible: liderazgo, búsqueda de los saberes, llamado a las habilidades requeridas, producción de las herramientas, unificación de fuerzas en un sentido acordado, etc. Creo ver, tal vez con demasiada buena voluntad, que hay una relación directa entre ese estado de festividad y de salud que se patentiza en el momento de la recuperación del poder por parte del colectivo y la "salud" que podría hipotetizarse tiene la institución. Diría más, que lo segundo es causa de lo primero, que en la medida en que la institución madre, originaria, es impugnada en su arbitrariedad, en su despotismo, y el colectivo entonces en un acto de autonomía se reencuentra con su propio poder, aquel que le es inherente en tanto tal, se produce en el psiquismo colectivo un gran alivio. Metapsicológicamente, es posible hipotetizar que la represión ha sido "controlada", lo que ha ocasionado el resurgimiento de sentimientos de libertad y gozo porque el yo "colectivo" se ha hecho poderoso, exitoso, vencedor (hay que suponer la recatectización del yo). Es la imagen de Moisés y su pueblo que ha cruzado el mar Rojo cuando los ejércitos egipcios han sucumbido en el mismo. Se han liberado, son dueños ahora de su propio destino. Pero el efecto de liberación en el plano político de participación social no es el único que la situación de revolución produce. Hay que señalar también los efectos

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que este fenómeno festivo, de goce, tiene sobre el pensamiento de los involucrados. Porque no es casual que en dichos momentos —donde hay rupturas de instituciones tan importantes como puede ser la del propio Estadocoinciden la aparición de recursos intelectuales, creativos, asociativos diversos. Esta reorganización de las fuerzas posibilita pensar aquello que no había existido antes. Surgen entonces, fenómenos organizativos colectivos de un grado de complejidad y de eficiencia en su accionar, que sorprende por los efectos. Estamos en presencia del funcionamiento de la democracia directa, alejada sustancialmente del operar en el individualismo. La democracia directa supone la posibilidad de ejercer el poder sin mediaciones, sin representantes, sin instancias intermedias de negociación, pero tampoco sin que cada quien haga lo que se le ocurre. Esto último supone un nivel de acuerdo, de aprobación de lo que se va a hacer, sin necesidad de consulta. Lodos operan en representación de todos en la medida en que se construye un proyecto sobre la marcha, el que es compartido. La democracia directa supone el anonimato de los agentes, ya que, en el fondo, son todos los operadores del poder. La democracia representativa se focaliza en el representante, a quien se le pide, además, que asuma im cierto liderazgo. El colectivo se ve impulsado, forzado, a resolver los distintos obstáculos para poder avanzar en su proyecto; por tanto, cada uno de los integrantes se ve requerido por la totalidad para realizar aquellos aportes, tanto en ideas como en ejercicio activo de su poder (y sobre todo para que no les sea arrebatado nuevamente). Cada quien opera en el colectivo, cobijado por él pero también sosteniéndolo e impulsándolo. Así, a modo de conclusión, se puede pensar que una institución más "sana" es aquella que muestra un mayor 258

grado de participación, en todos los niveles de su cotidianeidad. Esta participación supone la incorporación de las ideas de todos en un funcionamiento horizontal q u e "garantice" que todos p u e d e n desempeñar casi todos los roles. N o se elimina el liderazgo pero sí la acumulación de poder que el liderazgo implica c u a n d o este ya n o es necesario. Segiin este r a z o n a m i e n t o , las i n s t i t u c i o n e s estudiadas pot Freud c o m o prototípicas, por sus características, la Iglesia y el Ejército, serían las más "enfermas" de todas.

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ANEXOS

EL NUEVO PROGRAMA DE ORIENTACIÓN VOCACIONAL

COMO ANALIZADOR

INSTITUCIONAL*

En este trabajo pretendemos mostrar cómo el Nuevo Programa de Orientación Vocacional para las preparatorias' se convirtió involuntariamente en un analizador de la institución universidad en la que fue aplicado. Señalaremos algunas de las raíces mismas de la estructura universitaria que quedaron al descubierto con el Nuevo Programa, asi como las medidas que tuvo que adoptar la universidad para mediatizarlo y neutralizarlo. De más está decir que esta elaboración es muy posterior a la implementación del programa en sí, que lejos de analizar la institución educativa nuestro objetivo siempre fue brindar un servicio asistencial del mejor nivel posible dentro de la orientación vocacional. De lo que aquí hablaremos será de un efecto del programa, no de una meta. El concepto de analizador, rescatado de la química y de la biología, alude a un aparato orgánico que desmenuza, analiza la información proveniente del mundo exterior. Así la retina y el oído son analizadores especializados del sistema nervioso. Pavlov lo utilizaba para designar todo aparato nervioso de sensibilidad exteroceptiva. De este modo el analizador es un dispositivo que cumple la función de descomponer la realidad en sus elementos, es la definición misma de análisis, se trata pues de "un dis* Publicado originalmente en H. Foladori y colaboradores. Contribuciones al análisis vocacionalgrupal, UAEM, Cuernavaca, 1987 ' Foladori H..- Nuevo Programa de orientación vocacionalpara las preparatorias de la U.A.E.M., folleto, 1982. También Foladori, H. (1985),^««/ú« vocacional y grupos, UAEM, Cuernavaca, y Foladori, H. et al. (1987), Contribuciones al análisis vocacional grupal, UAEM, Cuernavaca.

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positivo experimental, u n intermediario entre el investigador y la realidad"^. En esta o p o r t u n i d a d hablamos de u n analizador construido, artificial; en el caso de aquellos de los que habla el fisiólogo (ojo, cerebro, oído, etc.) se trata de analizadores naturales. Los analizadores construidos pretenden simular a los analizadores naturales. Para el caso del análisis institucional L o u r a u ' señala: "daremos el n o m b r e de analizador a lo que permite revelar la estructura de la institución, provocarla, obligarla a hablar". Es claro que c u a n d o se practica una intervención socioanalítica, se construye artificialmente un dispositivo provocador en el sentido de obligar a la institución a expresarse; material que será t o m a d o c o m o discurso institucional para ser analizado. En nuestro caso el N u e v o Programa de Orientación Vocacional se constituyó en un dispositivo artificial que hizo n o solamente hablar a la institución, sino también actuar, hechos que a posteriori nos hicieron reflexionar acerca de ese efi;cto "desconocido" que había tenido el N u e v o Programa, paralelamente a los interrogantes que nos hacíamos acerca de los motivos por los cuales el N u e vo Programa había entrado en u n callejón sin salida. Pero hagamos un poco de historia para c o m p r e n d e r mejor las raíces más profundas de este largo e intrincado proceso. En 1981 nos fiarmulan la invitación a hacernos cargo de la jefatura del D e p a r t a m e n t o de Orientación Vocacional, dado que su funcionamiento no satisfacía los anhelos institucionales. En ese m o m e n t o se practicaba una serie de tests c u a n d o quedaba alguna hora libre por inasistencia de maestros y hacia el final del año escolar se le entregaba a cada a l u m n o u n a hoja d o n d e figuraban gráficamente sus
' Lapassade, G.: El analizador y el analista, Gedisa, Barcelona, 1979. Lourau, R.: El análisis institucional Amorrortu, B.A., 1975.

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posibilidades futuras. Todo ello, si alcanzaba el tiempo para valorar adecuadamente las pruebas de más de 7.500 alumnos. La realidad era que había alumnos que durante los tres años de las preparatorias no recibían la visita del orientador vocacional. Nuestra postura frente a la orientación vocacional se encontraba ya bastante definida luego de haberla practicado de miiltiples maneras y se resumía en una serie de principios que pasaron a formar parte de las bases conceptuales del NUEVO PROGRAMA propuesto. 1. La problemática vocacional es el efecto combinado de una muy variada gama de contradicciones sociales, culturales, políticas, así como de un conflicto de identidad típico de la edad adolescente. Reducir la Orientación Vocacional a un problema de habilidades, de aptitudes y de vocación en el sentido más vulgar del término, es distorsionar el problema y consecuentemente engañar al adolescente. Propusimos entonces lo que llamamos la "despsicologización de la orientación vocacional" que no era otra cosa que considerar otro tipo de determinaciones —en lo que a la problemática vocacional se refiere- además de las psicológicas. 2. Rechazar el enfoque psicometrista de la Orientación Vocacional, por reduccionista (psicologista) y por falso, sobre todo a partir de las críticas formuladas por una serie de autores a los conceptos de cociente intelectual, aptitud, selección''', etc. Además, porque la propuesta de los tests genera en el adolescente la ilusión de que el orientador sabe más que él acerca de su problema y acerca de su futuro, lo cual es alienante y refuerza el paternalismo educativo y social. En suma, el test se convierte en un instrumento sometedor del joven.
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3. Postular la existencia del grupo como el lugar natural en el cual el adolescente crece y se desarrolla, del grupo de pares donde el joven se siente pertenecer, protegido, pero que a su vez es diferente del grupo familiar que ya no soporta. La utilización de este lugar natural para reflexionar acerca de lo vocacional con todas sus determinaciones, podría constituirse en la nueva metodología de abordaje de los conflictos del adolescente. Habría que darle una forma técnica para que el orientador tuviese un rol definido y fuese útil en este proceso. Se seleccionaron las técnicas del grupo de discusión y del grupo operativo como las más viables para ser utilizadas en un contexto como el de las preparatorias. 4. Entender que la vocación es algo a construir; en forma alguna puede ser algo dado hereditariamente. Pero esta construcción no es voluntarista, se trata de un reencuentro con la propia historia personal y con las limitantes sociales que la forjaron, donde la elección, lejos de ser expresión del libre albedrío, es la conclusión lógica del determinismo psíquico y social. Proceso de conocimiento del entorno, de las fuerzas que lo mueven y de autoconocimiento de los vectores que han enriquecido el psiquismo del adolescente. 5. En tal marco el orientador ya no orienta, ya que no hay nada que introducir en el individuo. Su función es la de coordinar al grupo para facilitar el análisis de las múltiples determinaciones que afectan el proceso vocacional. Preferimos el término de "análisis vocacional" más que el de "orientación", teñido de toda una serie de connotaciones, paternales, sometedoras, guiadoras, donde el adolescente se pierde como individuo consciente en busca de una identidad propia. 6. Proponer como aspecto esencial del Nuevo Programa la inclusión de tareas de microinvestigación en el entorno social, educativo, laboral, político, familiar, psi274

cológico, biológico, etc.I Es decir, partir de la necesidad de un compromiso voluntario entre el adolescente j ^^ técnico en el cual ambos realizan un trabajo de colaboración tendiente a comprender los implícitos de los temas que abarca lo vocacional, no desde una posición pasiva donde el adolescente recibe datos, sino realizando y resolviendo temas concretos que abarcan todo el espectro de la problemática vocacional. Sustituimos las antiguas conferencias sobre alguna profesión, por visitas y entrevistas a profesionales en sus propios lugares de trabajo. http://psikolibro.blogspot.com En las preparatorias El programa propuesto empieza a funcionar en agosto de 1981 en una forma un tanto particular. En primer lugar, se consigue sustituir la función de la orientación vocacional como el parche que tapa las ausencias de maestros regulares, por un servicio que tiene una hora semanal asignada y fija. Igual que las otras materias de la preparatoria. Este hecho, que a primera vista constituye un avance significativo en la valoración de la orientación vocacional, tendrá repercusiones no previstas por nosotros y se transformará en un boomerang contra el propio programa. En los hechos, el servicio es de asistencia voluntaria, no existe forma alguna para obligar a los alumnos a asistir por más que disposiciones administrativas pretendan establecerlo como obligatorio. He aquí una problemática muy compleja, parte de la cual hemos analizado en otro trabajo'^' y que tiene que ver con los encargos institucio-

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nales implíciros a la orientación vocacional. Nuestra primera propuesta era progresiva, es decir, comenzar con un servicio hacia los primeros años, luego a los primeros y a los segundos hasta alcanzar en tres años la totalidad del alumnado. La exigencia institucional estuvo dirigida desde tm principio a cubrir toda la supuesta demanda de alumnos, creemos que por un problema de demagogia, más que por necesidad real. Ahora bien, el problema de la asistencia vohmtaria ocasionó que la institución tuviera que comenzar a hablar, así como también tuvo que hacerlo para opinar acerca de los temas que eran debatidos "con tanta libertad' en los grupos de orientación vocacional. A su vez, el departamento de Orientación Vocacional promovió toda una serie de reuniones con directores y maestros principalmente, con im doble objetivo político y técnico: obtener alianzas rransitorias que posibilitaran im trabajo cada vez más integrador y lograr el apoyo técnico de maestros en aquellos rubros donde fuera necesario. Es conveniente señalar que los posrulados de nuestra propuesta llevaban implícito un objetivo de totalización, vale decir, cuando proponíamos la despsicologización de la orientación vocacional, estábamos señalando que de una u otra manera todos los habitantes de la preparatoria eran responsables de la orientación vocacional. Explicitamos que cuando un maestro de química, por ejemplo, dicta una clase, está simultáneamente transmitiendo una imagen vocacional de lo que es un maestro y acerca de lo que es un químico. En suma, nuestro intento pretendía hacer girar la estructura de la preparatoria en torno a la orientación vocacional. Pensamos que si los alumnos visitaban un centro agrícola-industrial, sus observaciones, entrevistas e interrogantes podrían ser discutidas en

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orientación vocacional, así como también en las materias específicas del área, enriqueciéndose así el análisis de las implicaciones vocacionales y el propio desarrollo de la docencia. Esta idea de raíces idealistas (modificar el sistema educativo desde la práctica educativa misma y no desde el sistema socioeconómico que le da existencia) generó a su vez un delirio megalomaníaco en los técnicos (nosotros íbamos a producir un estudiante nuevo, lo íbamos a hacer crecer para que tomara decisiones más responsables, más críticas, en fin, que iba a poder romper con la dependencia y el paternalismo para asumirse como un ser más consciente de su propio destino). Esta idea generó que aceptáramos ubicar el servicio de orientación vocacional en un horario de la curricula en base a la ilusión de que ahora sí el servicio sería valorado al tener un lugar como todos. Pero ubicamos la contradicción donde no estaba: el servicio puede ser igualmente desvalorizado estando dentro de la curricula o fuera de ella, el problema central es la esencia del servicio, vale decir, si es este un servicio o si por entrar a la curricula se convierte en materia, prostituyendo así la misma razón del servicio.

La institución comienza a hablar Y habla por medio de los diversos sectores que se ven involucrados: 1. Los directores empiezan a quejarse de que los estudiantes no asisten a orientación vocacional, lo que ocasiona múltiples perjuicios para el orden de la preparatoria: hay un gran número de alumnos libres entre las clases que son prácticamente incontrolables. Orientación Vocacional

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atenta, entonces, contra las normas institucionales, contra los reglamentos, las obligaciones y derechos de los alumnos, pero sobre todo da una imagen de anarquía donde la libertad comienza a ser vivida como peligrosa. No es posible que los adolescentes hagan lo t]ue quieran, aún son niños y deben ser guiados. No se puede esperar que adopten conductas responsables; les importa más jugar que estudiar, no tienen conciencia de su problema, de la importancia de la orientación vocacional. Los directores se quejan de que la extrema libertad amenaza la imagen de la preparatoria. 2. Los maestros se sienten juzgados en cuanto a su metodología docente, así no se dicta clase, no es posible que en un grupo se pueda decir cualquier cosa, cjuc se comparen metodologías de enseñanza tan dispares. No es posible que hablando en grupo se pueda enseñar nada. La libertad se ha transformado en libertinaje, la orientación vocacional debe reducirse a su especificidad y no meterse con las otras materias, debe respetarse la atomización de la enseñanza. ¿Cómo es eso de sacar a los alumnos de las preparatorias? Ellos no van a poder sacar conclusiones. ¿Qué conclusiones extraen? ¿Son adecuadas para el crecimiento y desarrollo del adolescente? Está bien que los adolescentes sean críticos, que maduren, ¿pero bajo qué parámetros?, ¿según qué objetivo? 3. Los alumnos están divididos: el 70% no participa, como no es una materia y no es obligatoria prefieren mantenerse al margen, jugar, estudiar, o simplemente no hacer nada. Una hora libre en el internado de 6 horas diarias es buena para relajarse un poco. El 30% que entra se interesa, participa y discute según los programas establecidos, el tiempo es poco para analizar en profundidad los problemas, piden más horas por semana, solicitan se incluyan otros temas de interés y actualidad, manifies-

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tan que es la única oportunidad que tienen para poder manifestarse de manera totalmente libre sin miedo a la venganza del maestro. Pueden decir cualquier cosa. Es importante romper la apatía, pero también son objeto de burlas de lo otros que no participan, están muy presionados. El problema de la elección de carrera es secundario, al adolescente le importan otras cosas que tienen más urgencia, "temas de la vida". Se sienten muy dependientes, el peso del paternalismo es excesivo, no se puede aprender a caminar. 4. La burocracia actúa. Se pierden materiales iníorniativos sobre carreras en todas las preparatorias, los horarios dedicados a orientación vocacional se ven sumamente reducidos por interferencias, se suspenden clases ptidiéndose cubrir solamente el 60% del programa por semestre, en repetidas ocasiones los horarios para orientación vocacional se modifican resultando en superposiciones con otros cursos. Las autoridades evaden las quejas, los informes se archivan, no hay materiales de apoyo, no se pagan viáticos o se pagan pasados 6 meses, Orientación vocacional comienza a vivir un aislamiento tácito.

La mediatización del programa En junio de 1983 el H. Consejo Universitario resuelve t[ue Orientación Vocacional pasa a ser una asignatura más de la curricula con calidad de obligatoria. Dicha disposición se adopta sin haberse consultado al Departamento de Orientación Vocacional. La medida pretende liquidar el "libertinaje" reinante, restituir el orden en las preparatorias, y como la mayoría de los adolescentes no tienen conciencia de sus carencias y de su necesidad de la orientación vocacional, se los va 279

a orientar a como dé lugar. Pero además llegan órdenes de modificar el programa: deben incluirse temas sobre el conocimiento de la legislación universitaria, sobre todo en lo que tiene que ver con los derechos y obligaciones de los alumnos; en particular, a la administración le interesa que los alumnos sepan cuántas materias pueden reprobar sin ser dados de baja, en qué períodos se pueden presentar a examen, etc., es decir, que disminuyan los conflictos por desconocimiento de la legislación vigente. Además recibir entrenamiento acerca de cómo estudiar, qué es el proceso de enseñanza-aprendizaje y qué técnicas es posible disponer para obtener mejores beneficios del estudio. "Debemos defender la libertad de exposición, luego, que el alumno escoja aquella técnica que le resulte más conveniente". O sea, la mediatización del Nuevo Programa viene desde lo institucional para reforzar la atomización de la educación, uniformizar a los educandos y someterlos según las necesidades del sistema. Se pervierte el servicio de ayuda, se anula la demanda, se pretende cambiar la libre asociación grupal por una clase expositiva, se fuerza la entrada de orientación vocacional en la curricula generándose a su vez los sistemas sobre su funcionamiento (si el alumno "aprende" o no en orientación vocacional). Pero la represión no actúa sin riesgos y sin costos; cuando el conflicto no es solucionado de fondo, adquiere nuevas formas de expresión, veamos algunas: a) Si orientación vocacional es una materia más, entonces, el sindicato de maestros exige que sea boletinada, puesta a concurso, e incluso, según acuerdos de contrato colectivo, comienza a ser repartida entre los maestros de las diferentes preparatorias. Claro está (por aquello de la excelencia académica), la institución no puede permitir que cualquier maes-

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tro dicte orientación vocacional, debe contar con u n e n t r e n a m i e n t o específico en el área, cosa que n o ocurre. El sindicato ve aquello como favoritismo y amenaza con incluirlo en las violaciones al c o n t r a t o colectivo de trabajo. b) Si orientación vocacional es una materia más, los orientadores de las preparatorias tienen injerencia directa en la designación de los orientadores. c) El funcionamiento transitorio de orientación vocacional en calidad de materia es un fracaso total: los alumnos entran, pero al no tener interés no participan. A su vez los salones se atiborran de 50, 60 u 80 alumnos que ni caben en el salón y que su vez por el gran n ú m e r o imposibilitan siquiera trabajar grupalmente. d) Los o r i e n t a d o r e s se ven t o t a l m e n t e s u p e r a d o s técnicamente (no existen técnicas para trabajar con grupos grandes), por lo que se defienden con inactividad, en algunos casos, ausentismo, burocratismo. e) Los maestros se quejan de que los orientadores no orientan ya que es esa su función y que el grupo se desarrolla en un divague total sin conclusión alguna. Sugieren que algunos de ellos sin saber nada, serían mejores orientadores que los propios orientadores. f) Los alumnos que algo de interés tenían, ahora se sienten superados por el n ú m e r o de compañeros que n i n g ú n interés tienen. Señalan que el programa es totalmente inoperante, que se pierde el tiempo, que el orientador "no les da" orientación, etc. g) La institución reprocha cjue n o se han cumplido los objetivos, que no se les enseña a los alumnos lo que tienen t|ue saber de cualquier m o d o , que no es posible partir de una situación de tanta libertad; que al adolescente no se le puede dejar libre si viene de

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toda una estructura educativa autoritaria, se debe poder guiarlos de a poco para que puedan ser sujetos responsables. El problema se convierte en un volcán institucional, d o n d e altos puestos son cuestionados en su responsabilidad por lograr un programa mejor. La política supera a la ciencia, no se trata de cortar cabezas pero debe haber alguna respuesta que calme los ánimos. La institución debe tener un sistema de orientación vocacional eficaz, el mejor del país. Pero t a m p o c o hay ánimos para retroceder, analizar las ¡nv plicancias del problema, lo complejo del contlicto y comenzar a ubicar la orientación vocacional de pie y no de cabeza.

Conclusiones Decíamos al principio que el N u e v o l'rograma se había c o n v e r t i d o i n v o l u n t a r i a m e n t e en un analizador institucional y ¡vaya si hizo hablar a la institución! Y lo que la institución dijo remite —como e m e r g e n t e - al papel que juegan las instituciones educativas en nuestro medio social. 1. El desorden: la reacción de la institución educativa ante el supuesto desorden que causa un programa de esta naturaleza es terminante. La libertad causa el caos y, en tal sentido, debe reducirse el margen de libertad para que cada quien ocupe en t o d o m o m e n t o su lugar. El desorden, efecto de la libcralización del estudiante, atenta contra la organización educativa. La institución ha invertido el problema p o n i e n d o al orden como el req u e r i m i e n t o para la posibilidad de educación, en vez de centrarse en la educación y generar un orden acorde a las necesidades del proceso educativo. El Nuevo Programa

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al proponer la libertad de elección que se materializa en la elección de entrar o no a los grupos de orientación vocacional, pretende poner al sistema educativo otra vez de pie, hecho c|ue no soporta la estructura institucional. Además, es sabido que todo cambio debe partir de una desorganización de lo instituido para ser posible y buscar consecuentemente nuevas formas de organización. i'ero el desorden en sí no significa nada, si no es por lo ciue a su vez genera lui desconocimiento de la autoridad de t i n n o , im retorno del poder a las bases y la amenaza de nuevas alianzas y agrupaciones de personas. Si la revolución se institucionaliza es porcjue ha perdido su esencia transformadora, pero, a su vez, la itistitucionalización ganuitiza un jerarquizado manejo del poder. En suma, utta propuesta que en los hechos itnpliqtie el desorden, deberá rápidamente ser neutralizada por el sistema ya cjue es visitalizada como utia ametiaza directa a la estabilidad del mistno. 2. Enseñar es someter. El sistema educativo está instalado para etisefiar a pensar; al menos ese es el cometido manifiesto: entretiar itidividitos para que puedan solucionar problemas de la c o m u n i d a d . atiteriores. Se debe, por tanto, brindar un espacio para que los alutnnos se puedati entrenar en el arte de producir ideas originales, eticontrar relaciones entre conceptos, desmenuzar, analizar, en fin, lo ciue se ha pasado a llamar el pensatnienro crítico. "Por una Elumanidad Culta" reza el embletna de la universidad; pero cultura no es algo estático, sitio es la manera c ó m o nos vatnos relacionando con el e n t o r n o material y social, de ciué forma lo vamos conociendo, p a u l a t i n a m e n t e , incorporando elementos a una espiral cada vez más integradora. Pues bien, eso es lo que Todo problema es en sí mismo nuevo y requiere de salidas diferentes a otros

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no es posible hacer en la institución^. Se supone cjue hay que "llevar de la m a n o " al estudiante para que saque tal o cual conclusión, con lo tjue se desvirtúa el procedimiento m i s m o . Solamente se puede aprender a pensar, pensando. Cualquier sistema mediatizador obtura el tiempo de reflexión e impide tener pensamientos realmente novedosos y propios. El planteo de la institución se dirige a mostrar que si t o d o el sistema educativo es paternalista desde hi primaria, es imposible pedirle al esttidiante universitario que sea diferente, no está capacitado para ello. Pero a su vez, si también en la universidad le señalamos su c a m i n o , i m p e d i m o s que p u e d a darse cuenta de las dificultades para poder tener un pensamiento realmente creativo. H a remos técnicos pero no científicos. 3. Pensar por sí m i s m o es angustiante. Acceder al pensamiento crítico, a u n q u e más no sea visualizarlo desde lejos, resulta entusiasmante por la atracción que p r o d u ce todo lo nuevo, pero también angustiante por cuanto comienzan a operar ansiedades frente a lo novedoso: paranoides y depresivas. Es optar por la desalienación, por la soledad, por las diferencia y es oponerse a un sistema que marca una y otra vez lo opuesto, la alienación, la tmiformidad, el pegoteo de unos con otros, la mediocridad. Es saberse desposeídos de estereotipos, de defensas sin razón, de una ubicación de marginalidad con respecto a la totalidad, de un incremento de la responsabilidad frente a los otros. N o se soporta el dejar de depender, como tampoco ese lugar que ofrece u n pensar libre. En otro nivel, la crítica, el pensamiento independiente puede cuestionar el orden institucional, señalar errores, marcar desconocimientos y hasta ocasionar trastornos en la carrera de algún jerarca con proyectos de ascenso político. Por ello
" Michaud, G.: Análisis institucional y pedagogía, Laía, Barcelona, 1972; y Mendel, F. y Vogt, C..- El manifiesto de la educación, S. XXI, México, 1975.

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es que la institución educativa, la verdad y, por tanto, la ciencia están siempre en un segundo plano con respecto del desarrollo de la política institucional. Las sugerencias y proyectos deben calmar y someter, porque las manifestaciones de disconformidad cuestionan la conducción. Pensar es, entonces, poder cuestionar la jerarquía; difícil para el jerarca como para el cuestionador. 4. La eficacia de la burocracia. Y aquí nos encontramos nuevamente con un mecanismo institucional que lejos de servir para garantizar la eficacia productiva de un sistema, opera como neutralizador de dicha eficacia". La burocracia es eficaz en cuanto puede mediatizar cualquier intento de cambio, en tanto es capaz de garantizar el mantenimiento de las mismas reglas del juego. La eficacia de la biuocracia es tanto mayor cuanto que puede hacer sentir su peso sin aparecer directamente, cuanto más esfuerzos realiza por demostrar su inexistencia. Por ello, en un sistema educativo superior, cada quien puede hacer cosas, proponer proyectos, módulos, programas, en fin, la institución está dispuesta a escucharlo todo y a aceptarlo, en principio. Todo sea por el desarrollo de la ciencia. Pero la realidad es que los controles -desvalorizados directamente por los jerarcas— corroboran su eficacia cada día, al impedir hacer. Nueva forma de garantizar el sistema piramidal, cada quien está bien donde está; de lo contrario estaría en crisis el sistema todo. Nadie puede proponer ideas que no hayan sido ya pensadas por lo niveles superiores, sobre todo si las mismas proponen organizaciones diferentes al orden instituido. "No saltar niveles" es la norma de todos los funcionarios de la institución, asegurando así a la burocracia su máxima eficacia.
' Lapassadc, G.: Grupos, organizaciones e instituciones. La transformación déla burocracia, Granica, Barcelona, 1977.

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Sistemas de información más que de formación, de adoctrinamiento más que de crítica, de repetición más que de creatividad, de sometimiento más que de liberación. En fin, si las institticiones de enseñanza superior deben proveer los técnicos cjue el sistema económico necesita para desarrollarse, esto debe hacerse automáticamente como en una híbrica, independientemente de la humanidad de los individuos soportes. A su vez, la orientación vocacional cumple una función un tanto misteriosa: el sistema hace agua por todos lados (deserción, cambios de carrera, inmaciurez, falta de creatividad, etc.), la orientación vocacional delie poder ir solucionando (desde el exclusivo registro de lo psicológico) todos esos problemas, lo t]ue constituye un entoqvie totalmente falso desde todos los ángulos cjiíe se lo mire. No hay una demanda clara, manifiesta, explícita, hay ima depositación que es asumida masivamente sin ser analizada. Pero cuando el Departamento de Orientación Vocacional pretende introducir modificaciones de fondo, todt)s los sectores se sienten cuestionados y reaccionan mediatizando el programa y demmciando la ineficacia para tapar los agujeros estructurales de la propia institución. ¿Qué alternativa hay? ¿La hay? Sí, el caso de un Departamento de Orientación Vocacional como un feudo más, qtie fiíera de la estructura curricular es capaza de trabajar exclusivamente en lo psicológico sin pretensiones de totalización, de globalización o de cuestionamiento de la estructura educativa. Lugar reducido y enquistado en el aparato institucional que provee a la institución de reconocimiento social (por haberse acogido a la moda) y de un servicio, de eficacia secundaria y sobre todo ilusoria para el adolescente que concurre a requerirla. Al menos existirá demanda. Es el modelo de la mayoría de las universidades del país, que cuentan con el servicio. La "isla" no amenaza

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la estabilidad del sistema, lo preserva, en tanto respeta la atomización ya lograda.

Post

scriptum

El desarrollo presentado en el trabajo abarca u n lapso que tiene sus comienzos en mayo de 1981 y finaliza en marzo de 1983. Pero c o m o la historia n o se detiene, corresponde realizar una actualización del análisis institucional ya que en estos dos años han transcurrido hechos por demás significativos que lejos de modificar las conclusiones que del trabajo se podía extraer, marcan nuevos hitos de este "discurso institucional" objeto de nuestro estudio. F i m d a m c n t a l m e n t e son dos los hechos a destacar: 1. Fl D e p a r t a m e n t o de O r i e n t a c i ó n Vocacional logra - d u r a n t e algiín tiempo— un grado considerable de estabilidad. C'omo por oleadas, retorna la preocupación en el programa a partir de las presiones que desde distintos círculos confluyen sobre la administración. Tal es así que im año después otro d e p a r t a m e n t o de la universidad es encargado de realizar una "evaluación del programa de orientación vocacional". El procedimiento que se sigue debe ser a todas luces "objetivo" y para tal fin se diseña un cuestionario (ver anexo) y se selecciona una muestra de alumnos y de grupos de las preparatorias, que serán los objetos del estudio. Las pregimtas son p u n t u a d a s entre O y 5 graduándose en función del r e n d i m i e n t o . Cada grupo es valorado a su vez i n d e p e n d i e n t e m e n t e lo que arroja una determinada conclusión parcial sobre el grupo y su orientador. Finalmente, se promedian todos los parciales para arribar a un gran total sobre el programa en general. Cabe hacer notar, c o m o se desprende del análisis de las preguntas, que el D e p a r t a m e n t o de Orientación V o 287

cacional no tuvo injerencia alguna en el sistema de valoración ni en el diseño de la encuesta y menos aún en la aplicación y en los cálculos finales: únicamente se pudieron realizar limitadas sugerencias sobre la necesidad de correlacionar las opiniones de los estudiantes con sti propio grado de compromiso con el programa: no es lo mismo opiniones del estudiante que asiste y participa activamente, que aquellas de individuos que jamás se han incorporado al trabajo grupal y que hablan más por referencias que por haber vivido una experiencia personal. Por ejemplo, nunca hubiésemos realizado preguntas como la N " 3 . 1 . "El orden de sus exposiciones fue...", porcjue simplemente no había exposiciones en nuestra metodología. Pero ¿cómo hacerle entender a los "evaluadores" que un programa no puede ser evaluado "desde fuera", desde una ideología diferente a la que el propio programa sustenta? Desde la educación tradicional las "exposiciones" es lo que permite aprender, el grupo por sí mismo no puede producir conocimiento alguno. Idéntico interrogante puede plantearse sobre las preguntas N " 3.2. "Las conclusiones del expositor al término de las sesiones fueron...", c o m o si el supuesto expositor tuviese que dar las conclusiones siendo estas las oficiales; o la N ° 4.2. "La transmisión del interés a los estudiantes siempre f u e . . . " y N ° 4 . 3 . "El aliento que ofreció a los estudiantes que intervenían fue...", ahora parece que el interés se transmite c o m o u n dato más, así c o m o es función del orientador "alentar", o sea dar aliento, porque este falta cuando se está en una carrera (de obstáculos) a pesar de que los alumnos aún no han elegido carrera. ¡Y qué decir de la N ° 5.1. "El conocimiento del maestro de los temas a tratar de acuerdo a su criterio fue...": en este caso no se entienden las diferencias entre conocer y esclarecer o hacer conciencia sobre las determinaciones de un fenómeno a todas luces único, individual, que depende

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de la propia historia personal. Peor es aún la N ° 5.2. "La seguridad de sus afirmaciones fue...", lo cual muestra la ideología de adoctrinamiento educativo de los evaluadores en completa oposición a nuestros planteos que pretenden rescatar el "aprender a pensar", ser crítico sobre los contenidos y sobre uno mismo. Destácase un lugar particular para las preocupaciones acerca del "orden" en las discusiones, c o m o si ambas cosas pudieran ir j u n t a s . . . y peor aún es el grupo de preguntas N " 8, que tienen que ver más con un d e t e r m i n a d o estatus esperado, promovido y deseado por la institución sobre el lugar que debe cumplir el "educador". En fin, solo del cuestionario daría para realizar u n análisis institucional completo. C u a n d o f i n a l m e n t e los d a t o s ú l t i m o s e s t u v i e r o n prontos, nuestra sorpresa fue mayúscula. El informe final estableció: Los alumnos opinan en general que: a) El programa es aceptable y, de acuerdo al orientador, satisfactorio. b) El desempeño de los orientadores en general es aceptable y el de algunos de ellos satisfactorio. c) Desean que sea obligatorio. d) La reestructuración del programa y la actuación de los orientadores lo hará más satisfactorio. Más aún, h u b o orientadores q u e resultaron valorados c o m o M u y Buenos, mientras que otros se ubican en otras categorías hasta regulares. La explicación de estos resultados para nosotros fue inmediata: conociendo lo que es el fenómeno transferencial llegamos rápidamente a la conclusión de que se había " m e d i d o " otra cosa totalmente diferente a la que se pretendía medir. Los parámetros evaluaron el grado de simpatía de cada evaluador más que el programa en sí. En aquellos

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casos en que la dedicación del orientador mostraba im adecuado grado de relación con los alumnos, los puntajes eran altos; en los grupos en que la relación era más tirante (transferencia más negativa), las cifras eran bajas. Si por mala suerte, para la transferencia se seleccionó el grupo que tenía una transferencia negativa más aguda, ese orientador aparecía calificado pobremente. Los orientadores más histéricos y maníacos obtuvieron mejoies puntajes por sobre aquellos más apáticos y obsesivos. A su vez, una lectura minuciosa del cuestionario permite detectar contradicciones que no hablan favorablemente sobre la evaluación. Pero lo interesante fue que independientemente de nuestro análisis, la institución imiversitaria se tranquilizó, el programa sufrió un respaldo político como no había contado hasta el presente. Se tuvo un paquete de números (alusión a una supuesta cientificidad) que "demostraba" que el programa era aceptable y por lo tanto aceptado. Las quejas de directores, maestros y alumnos tuvieron que ser canalizadas en otras direcciones. Para el Departamento de Orientación Vocacional se demostraba una vez más que lo formativo era la relación técnico-alumno más que los mentados contenidos; pata la institución se contaba por primera vez en 4 años con un sistema de evaluación seguro, eficaz, verdadero, del desarrollo del programa de orientación vocacional. 2. Desde el inicio del Nuevo Programa se gestó la inquietud acerca del problema de la formación de los orientadores vocacionales. Hacia fines de 1981 se establecieron contactos con el Ministerio de Educación a los efectos de estudiar los puntos de interés común y constituir una comisión conjunta que se planteara el problema de la formación. Las coincidencias con el Ministerio fueron en amplio espectro, ya que estudios realizados mostraban la

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diversidad de formaciones; era un p r o b l e m a nacional. Se constituyó, entonces, la comisión interinstitucional que trabajó d u r a n t e seis meses en la elaboración de u n proyecto de especialidad en orientación vocacional. El proyecto estuvo p r o n t o a tiempo pero los recortes presupuéstales acaecidos al comienzo de la crisis postergaron su consideración. A nivel local, nuestra insistencia hizo que a fines de 1983 la administración universitaria lo turnara a la Escuela de Psicología, manifestado que "una especialidad de orientación vocacional tenía que desarrollarse c o m o postgrado de psicología". El feudalismo universitario imperante hizo que la Escuela de Psicología n o pudiese aceptar un proyecto realizado por gente ajena a la Escuela: nadie le iba a venir a decir cómo tenían que hacer las cosas. Además, la ideología del proyecto era manifiestamente opuesta a la sustentada por la Escuela, por lo que resultaba inaceptable. La Escuela de Psicología (en la que n o había ni siquiera una cátedra de O r i e n t a c i ó n Vocacional) manifestó que ellos se encargarían de hacer su proyecto de especialidad en orientación vocacional. El proyecto se vio pospuesto ntievamente y relegado al archivo. C u a n d o s u r g e n n u e v a m e n t e a l t e r n a t i v a s d e fin a n c i a m i e n t o para el proyecto —siempre por parte del Ministerio— se piensa en encargárselo a una Escuela de Educación en formación. Así p u d o ser presentado y espera pacientemente que nuevos recortes presupuéstales lo posterguen una vez más. Este espaldarazo último debe ser e n t e n d i d o , a nuestro juicio, no tanto c o m o un apoyo al D e p a r t a m e n t o de Orientación Vocacional, sino como el interés de la administración de contar con postgrados, lo que no solamente hace crecer a la universidad, sino que también le provee de nuevos recursos. D e b e discriminarse lo que puede ser u n servicio asistencial de orientación vocacional sobre

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el que siguen pesando las opiniones más dispares y las presiones e intereses más personales, de un proyecto de postgrado que hace a la esencia misma de la universidad: la formación de profesionistas. Y recordemos que una de las maneras de "evaluar" las aportaciones de cada administración en beneficio de la comunidad y de la cultura es a partir de la cantidad de nuevas carreras creadas, por lo que un ofrecimiento de esta naturaleza podrá verse postergado —por burocracia y feudaHsmo interno— pero difícilmente rechazado. En suma, qué se evalúa, por qué medios, en base a qué ideología y con qué criterios: no solamente el "discurso institucional" está conformado por lo que la universidad manifiestamente dice, también hay que deducir lo que no dice y por qué no lo dice.

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ANEXO

NOMBRE DEL ORIENTADOR: FECHA: ESCUELA: GRUPO: ^ Pedimos tu colaboración contestando con la mayor sinceridad las cuestiones que se te proponen sobre el Orientador Vocacional y sobre ti mismo. Debes tachar el número que a tu juicio completa lo propuesto. Al final hay preguntas abiertas que podrás contestar brevemente y espacio para cualquier aclaración que desees hacer. La clave numérica es la siguiente: 0=NULO 1=MUY DEFICIENTE 2=DEFICIENTE 3=APENAS ACEPTABLE 4=SATISFACT0RI0 5=MUY SATISFACTORIO 1.1. Tu asistencia a las sesiones de Orientación Vocacional ha sido 1.2. Tu participación en las sesiones ha sido 1.3. El modo en que las sesiones a las que has asistido han ayudado a tu desarrollo personal ha sido: 1.4. La ayuda que te han prestado las sesiones en el desarrollo de tu confianza para expresar fus ideas ha sido 1.5. Antes de tomar el curso pensé que sería 1.6. Después de tomar el curso opino que es 1.7. La oportunidad para hacer preguntas e iniciar debates fue 1.8. Tus relaciones con el Orientador Vocacional fueron 2.1. La puntualidad del Orientador Vocacional fue 2.2. Su asistencia siempre fue 2.3. Su manejo de las sesiones en cuanto a la pérdida de tiempo fue 3.1. El orden de sus exposiciones fue

012 3 4 5 012345 012 3 4 5

Las conclusiones del expositor al término de las sesiones tueron 4.1. Su interés en lo que tiacía tue 4.2. La transmisión del interesa los estudiantes siempre tue 4.3. El aliento que ofreció a los estudiantes que intervenían tue 5.1. El conocimiento del maestro de los temas a tratar a tu criterio fue 5.2. La seguridad fin sus atirmaciones fue 5.3. La forma de responder a las preguntas que se le hacían 6.1. 6.2. 6.3. 7.1. tue siempre La utilización comprensible fue El uso de ejemplos claros y suficientes fue La verificación, durante la sesión, del entendimiento de sus explicaciones fue El mantenimiento del orden sin coartar la libertad de

3.2.

012 345 012345 012345 012 3 45 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12345 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12 3 4 5 0 12345 0 12 3 4 5

discutir fue 7.2. El promover la participación de la mayoría tue 7.3. El uso de sus intervenciones variadas e interesantes fue 8.1. La aceptación con amabilidad de las sugerencias de los estudiantes demostrando interés fue 8.2. 8.3. El permitir acercarse a él para aclarar dudas fue El ganarse el respeto de los estudiantes fue

¿Consideras que las sesiones de Orientación Vocacional deben ser obligatorias, o crees que no deberían serlo?: ¿Porqué?: ¿Cuáles de las sesiones te parecieron más interesantes? ¿Cuáles de las sesiones te parecieron menos interesantes?

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BlON Y RiCKMAN.

LA INTERVENCIÓN INSTITUCIONAL EN EL HOSPITAL MILITAR DE NORTHFIELD*

W . R . Bion es uno de los grandes analistas del siglo del psicoanálisis. M u y respetado en Inglaterra, en E u r o p a y en las Americas, su pensamiento ha m a n t e n i d o u n a vigencia singular y se ha convertido en lectiua obligada en muchísimas instituciones analíticas y de grupos de estudio privado. De origen hindii tuvo que separarse de su familia a los ocho años para ir a estudiar a Inglaterra. Más tarde, dejó el colegio para participar en la Primera Guerra Mundial d o n d e tuvo experiencias m u y desgarradoras. Su participación en la misma le valió el reconocimiento del líjcrcito siendo incluso c o n d e c o r a d o con la Legión de D o n o r . Más tarde estudió Medicina en Londres, ya con im marcado interés por la psicjuiatría y la psicología. Es a través de T r o t t e r (1916) que se interesó por los grupos y las hordas primitivas. En los años 30 entró en análisis con J. Rickman con quien desarrollará luego una amplia colaboración. Bion es a m p l i a m e n t e conocido por m u c h a s ideas que se plasman en im pensamiento notablemente original y creativo, siempre desmarcándose de dogmatismos y estereotipos. En la Tavistock Clinic funda una corriente de psicoanálisis de grupo (la otra corriente i m p o r t a n t e en Inglaterra la va a crear en la misma época S.H. Foulkes 198D> a fines de los 4 0 . Luego continuará con investigaciones sobre la psicosis y sobre el funcionamiento del
* Una primera versión de este traajo se publicó en Gradiva, N" 5:2, ICHPA, Santiago de Chile, 2004

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pensamiento. Pero todos estos desarrollos tan importantes para el psicoanálisis —y que en esta oportunidad solo se mencionan— van precedidos de una experiencia notable que Bion realiza en el ala de Entrenamiento militar del Hospital Militar de Northfield en 1942, cuando lo nombran jefe de sector (Joseph 1980). Bion y Rickman relatan esta experiencia en lui artículo breve que luego es incorporado con el título de "Consideraciones previas" al libro de Bion (1963), Experiencias en grupos. Se trata del primer experimento realizado en Northfield durante tan solo 6 semanas. Michael Foulkes se encarga de realizar el segundo a partir de julio de 1943.

Bases conceptuales de la experiencia bioniana En plena Segunda Guerra Mundial se trata de rehabilitar a un grupo numeroso de soldados-pacientes a los efectos de que puedan dedicarse lo antes posible tanto a actividades militares como civiles segiín el caso. El problema es la neurosis que se observa a través de una sintomatología variada. Al evaluar la forma tradicional de tratamiento de las neurosis, a Bion (1947) le llamaba la atención cierta complicidad: "una especie de equilibrio de insinceridad que había sido logrado por los pacientes, los médicos y la comunidad". Bion, entonces, sostuvo que la neurosis "en el tratamiento grupal debe presentarse como un problema del grupo". Y no iba a poder hacer otra cosa ya que su pabellón contaba con cerca de 400 pacientes que gozaban de todas las bondades terapéuticas del hospital, pero sin disciplina alguna. Quedaba descartado, por tanto, un enfoque individual. Para Bion, interiorizado del psicoanálisis y de ciertas propuestas freudianas en torno a la relación entre el líder y la masa, el problema debería 296

ser centrado en la figura del oficial a cargo del batallón ya que se trataba de enfrentar el problema de la neurosis como un problema militar. El líder (Bion mismo), entonces, "debe saber cómo ejercer autoridad en circunstancias que hacen a sus compañeros incapaces de aceptarla, a menos que quien la tenga aparezca como digno de ejercerla". Comprenderá que su tarea consiste en producir hombres que se respetan a sí mismos, socialmente adaptados a la comunidad, y que, en consecuencia, acepten voluntariamente sus responsabilidades tanto en tiempo de pax como de guerra". Ahora bien, para unir al grupo en tan magna tarea debía encontrar un enemigo, un peligro común; la amenaza elegida será la neurosis. La neurosis fiie fiocalizada entonces como el peligro del grupo y, a su vez, como el objetivo militar a ser derrotado. La neurosis, por tanto, iba a tener que ser estudiada y atacada. "El sector de adiestramiento debía cumplir con dos requisitos militares tie menor importancia, pero eminentemente prácticos. La organización debía, en lo posible, fiícilitar un medio para comprobar el progreso de los pacientes, de modo tal que el psiquiatra pudiera decir si un hombre podía ser dado de alta". Para ello, Bion dispuso que, en general, todos deberían tener libre circulación para poder así evaluar cuándo sus comportamientos mostraban buena adaptación e integración (militar o civil) y cuándo translucían la "mera expresión de la impotencia neurótica".

Introducción del experimento Con estos antecedentes dignos de una lectura de un experimentado estratega militar, Bion se dispuso a introducir una reglamentación muy precisa para el funcionamiento del sector. Se trataba de organizar un espacio 297

y tornarlo eficiente. Las normas que Bion introduce se alejan sensiblemente de todo intento de burocratización; por el contrario, tienen la intención de crear identidad en la medida en que todos los pacientes se encuentran ahora perteneciendo a im grupo o a otro. Por ejemplo: T o d o s los hombres deberían ser miembros de u n o o más grupos destinados al esttidio de un oficio o actividad. Aquel que se sintiera incapaz de ir con im grupo tenciría c]ue ir a la sala de descanso tlonde una enfermera registraría la asistencia. En el decir de Sartre no se puede estar en n i n g ú n lado; si no se pertenece al conjimto, se forma parte del grupo de los que no pertenecen al conjunto. O t r a n o r m a establecía la necesidad de entrenamiento físico diario, salvo c|ue fueran eximidos por certificado médico. T o d o s debían asistir al plenario a mediodía, durante ima hora, d o n d e se pasarían avisos sobre el funcionamiento del pabellón. Había otro problema y era la presentación personal de los soldados-pacientes. Bion no estaba dispuesto a recibirlos en su oficina si no se presentaban limpios y bien vestidos c o m o indicaba el reglamento militar. Así se los hizo saber en ima retmión plenaria d o n d e , además, luego de regaiiarlos por su desidia, les comimicó c|ue no iban a ser castigados por ello, pero si deseaban consultarlo acerca del funcionamiento del pabellón o de cualcjuier cuestión que les preocupara (a lo cual él se mostraba dispuesto e interesado) deberían dirigirse a su oficina en una tenida acorde con lo esperable para la ocasión.

E f e c t o s d e la i n t e r v e n c i ó n Inicialmente no ocurrió nada destacable. Los primeros días los pacientes trataron de ver hasta d ó n d e Bion

"iqo

estaba dispuesto a sostener su palabra. Bion se m a n t u v o firme. Al poco tiempo, los pacientes comenzaron a dar señales de cambios en su actitud. (Comenzaron a aparecer avisos a n u n c i a n d o diversas actividades de los grupos que se iban constituyendo. Las actividades se publicitaron con banderines de colt)res, y al poco tiempo el salón adquirió "características primaverales". T o m Main (1983:205) relata la estrategia de Bion: "F,l (labellón estaba mugriento, las camas no se hacían por días, se incrementaron las ausencias sin permiso y el alcoholismo, y todo el staff del hospital estaba alarmado y enojado. Era el caos pero Bion sencillamente no recibió su condecoración en la l'rimera Cíucrra M u n d i a l por nada y se m a n t u v o firme". A medida que el tiempo pasaba, un n ú m e r o en a u m e n t o de pacientes-soldados vestidos correctamente comenzó a presentarse en la oficina de Bion. "Idlos l e n t a m e i n e lueron creciendo en responsabilidad hacia ellos mismos y hacia sus compañeros de pabellón y comenzaron a lormar sus propios grupos de discusión y clubes y sistemas disciplinarios. La limpieza y el orden se impuso desde abajo, creció al interior del grupo del pabellón. 1,1 superyó militar, que había sido proyectado sobre las altas autoridades, había retornado a la organización de base y el pabellón de Bion se convirtió en el mas eficiente del hospital". Así, este modelo lleno de imaginación, creatividad y arrojo, y sostenido con firmeza, no m e r a m e n t e permisivo pero delegando coherentemente la responsabilidaci de la salud a los mismos pacientes, dio sus frutos y logró revertir la neurosis (el a b a n d o n o ) qtie capeaba en el pabellón. Bion recibía a todo aquel que quisiera discutir cuestiones del pabellón. Jacques Lacan (1947:17) c o m e n t a c o m o incluso apoyó d e c i d i d a m e n t e u n a p r o p u e s t a de instalar un grupo de baile p o r q u e "él sabe dar confianza a

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una motivación más secreta que advierte en el sentimiento de interioridad propio de todo hombre apartado del honor del combate.... y se da cuenta que el curso de baile que se desarrolla en presencia del jefe, representa para estos hombres una iniciación a un estilo de comportamiento que, por su prestigio, restablece en ellos el sentimiento de su dignidad". Hay que mencionar que todo esto nc> transcurrió sin complicados problemas. Las demandas de intervención hacia Bion comenzaron a adquirir mayor virulencia, sobre todo cuando una parte del pabellón comenzaba a hacerse cargo de sí mismo y otros aún permanecían en la pasividad más absoluta. Así, Bion tuc requerido para interceder, castigar, señalar, sobre los que —en el sentir de los mas "activos"- saboteaban el incipiente cambio que comenzaba a visualizarse. Sistemáticamente, Bion se negaba a participar en estas contiendas del tipo de caza de brujas, transfiriendo el problema al pabellón, y aduciendo la necesidad de estudiarlo con rigiuosidad y en proftmdidad y de presentarlo en el meeting diario de mediodía.

La reacción de la jerarquía hospitalaria El experimento había sido exitoso; sin embargo, fue de corta duración (seis semanas). ¿Cómo se explica esto? Tom Main comenta que lo no publicado del asunto, aquello que se mantuvo secreto, fue que a Bion lo echaron del hospital. Por su parte, Pat de Maré (1983:223) aporta algunos datos secretos adicionales: "Era un enfoque muy radical y fue aplicado de una manera que demostró ser muy radical para el resto del hospital. El problema de las camas mojadas, por ejemplo, no se dejaba para ser abordado secreta-

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m e n t e por el staff áe enfermeras como era la manera ortodoxa de hacerlo; lo que incrementó la sensación de desgracia y de inadecuación de los soldados fue que se enfocó como un problema de todo el pabellón, teniendo que ser discutido abiertamente en las reuniones del m i s m o " . "La primera razón para terminar el experimento tuvo que ver con la ansiedad de las 'autoridades' en el sentido de que ese enfoque tan radical no conduciría a la disciplina y la última gota que derramó el vaso ocurrió cuando el comedor fue dejado en desorden luego de la exhibición de un film, con el piso regado de diarios y contraceptivos usados ". A su vez T o m Main (1983:206) concluye que el experimento de "Bion fue terapéutico para su pabellón pero antiterapéutico para el staff xxúWtzx, exitoso en su pabellón, una organización horizontal, pero altamente perturbador para el hospital, una organización vertical".

R e f l e x i o n e s ulteriores Lo primero que llama la atención de la intervención de Bion es la relación que es capaz de establecer entre el funcionamiento de los pacientes y cierta lectura psicoanalítica que posibilita introducir regulaciones decisivas para cambiar el comportamiento y las actitudes al interior del pabellón. El mismo Jacques Lacan (1947) está maravillado con el ejemplo: "Encuentro ahí la impresión del milagro de los primeros freudianos: encontrar la fuerza viva de la intervención en el mismo callejón sin salida de una situación". Bion no interpreta, se sostiene; n o hace un grupo de terapia, regula la vida del conjunto; n o ve individuos.

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piensa en términos de todo el "batallón"; no ve la enfermedad mental, diseña una estrategia para abordarla c o m o en un c a m p o de batalla. "lín la siruaci(Jii prescrita, Bion tiene más dominio sobre el grupo que el psicoanalista sobre el individuo, ya que, por lo menos de derecho y como jefe, él iornia parte del grupo. Pero justamente, eso es de lo que el grupo no se da cuenta. Así el médico deberá pasar por la apáreme inercia del psicoanalista, y apoyarse en el único apoyo que de hecho le es dado, el de tener al grupo al alcance de sti palabra' (l.acan 1947:1 5). Bion es capa/, de instalar procesos aiuogestionarios, al grado de que logra la organizacié)n sistemática y eficiente de cerca de 4 0 0 personas. Ea disciplina —en términos de autodisciplina- termina imponiéndose pero no p o r q u e Bion lo haya o r d e n a d o . H a mostrado una y otra vez que no le corresponde hacerse cargo de aspectos que no son de su responsabilidad (aspecto este, cpie no es compartido por las autoridades del hospital). ¿Qué es lo que no se tolera del experintento de Bion? T. Main intuye la respuesta cuando compara la oiganización horizontal del pabellón con la oiganización vertical del hospital. Y Bion muestra su eficacia al grado de que son sus mismos superiores que en diversas roncEis deben reconocer que el pabellón de Bion se ha convertido en el más ordenado y limpio del establecimiento. ¿Pero cómo es t]ue Bion ha logrado esto, sino es casualmente haciendo cargo de su deseo a los divetsos pacientes del pabellón? Y allí es donde sitiia el punto de ruptura: El Ejército no está para que cada quien haga lo que quiera aunque terminen todos haciendo lo mismo: la guerra... a la neurosis. El Ejército está para que se cumplan las órdenes, para que exista organización, administración, ejecución y sobre todo control de los procesos.

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Debe primar el principio de autoridad, pero no de la autoridad que emana del acuerdo colectivo del grupo de pares (pacientes del pabellón), sino de la autoridad instalada por la jerarquía institucional. Bien no se presenta como el jefe autoritario (renuncia una y otra vez a ocupar ese lugar), sino como aquel que se ofrece como lugar de identificación para sus pares, los que a su vez lo imgen como líder otorgándole todo su reconocimiento, a pesar de haber sido nombrado por la jerarquía militar. Bion está más preocupado por fortalecer el "espíritu de grupo", necesario para poder dar la batalla. El caso es que el "espíritu de grupo" se logra mientras da la batalla. No hay entonces preparación para el trabajo, sino cjue el trabajo mismo es el que produce el "espíritu de grupo". Bion no solo cura a los pacientes, muestra que todo el fimcionamiento del hospital militar en particular, y de la organización militar en general, tal como funciona en ese momento, responde a ima ideología contraria y se apoya en procedimientos antagónicos con los más elementales principios humanos. En todo caso, como lo reconoce Tom Main (1946) tácitamente, las comunidades terapéuticas (término que él acuña en esa fecha) tiene su origen en estas experiencias. Dice el autor: "El experimento de Northfield es un intento de utilizar el hospital no como una organización regida por doctores interesados en su gran eficiencia técnica, sino como una comunidad con el inmediato propósito de participación plena de todos sus miembros en su vida cotidiana y de un eventual propósito de resocialización de los neuróticos para la vida en sociedad". Es decir, horizontalizar las relaciones; esa es la apuesta de la comunidad terapéutica. A su vez Stuart Whiteley (1975) reconoce que tanto el modelo utilizado por Bion y Foulkes en Northfield

como la experiencia de comunidad terapéutica de Mili Hill realizada por el equipo de Maxwell Jones, supone un cambio de perspectiva significativa en la conceptualización y en el tratamiento de la enfermedad mental. El abordaje a través de un grupo amplio (un pabellón o incluso el hospital como totalidad) supone el pensar que la enfermedad mental no necesariamente es efecto de procesos individuales, sino que determinados "funcionamientos" sociales (como es el caso de la guerra) son capaces de desencadenar patologías diversas que requerirán a su vez para su curación un abordaje social.

Otra mirada: los aspectos políticos La intervención de Bion en Northfield trasciende por completo cualquier tipo de intervención psicoanalítica. A pesar de las alabanzas de Lacan, el diseño del dispositivo de intervención, sus objetivos y el desarrollo de su mecánica escapan ampliamente a lo que sería la utilización del psicoanálisis en un espacio institucional. Sorprende que el principal instrumento analítico —la interpretación— brille por su ausencia. Y, por otto lado, hay un cierto estímulo a la participación y sobre todo a la autogestión, si bien todo ello en el marco de la figura del líder que además opera por ausencia, lo opuesto a lo que el Ejército le solicitaba. No es posible avanzar en el esclarecimiento de la experiencia sin hacerse algunas preguntas acerca del origen del dispositivo, acerca de las influencias que operan en Bion y sobre la variedad de instrumentos que pone en juego en un estilo nada analítico. Por ello, es posible sostener la hipótesis de que Bion más que una intervención psicoanalítica -como sí la realizará más tarde Foulkes en 304

el Northfield II— montó un dispositivo institucional, un analizador, más de 25 años antes que el mayo francés. Afortunadamente, contamos con un excelente estudio realizado por Tom Harrison (2000) acerca de todos los aspectos del Northfield Experiment y que reúne un amplísimo abanico de datos de donde es posible extraer algunos para ayudar en la dilucidación del interrogante. Desde un inicio Harrison es de la tesis de que el Northfield I debe ser entendido a partir de un trabajo mancomunado, intelectual, de intercambio de ideas entre Bion y Rickman (2000:14). "La influencia de Rickman, a menudo destacada pero raramente explorada, olrece un punto de mira estratégico nuevo. Mientras que el último nunca desarrolló ima teoría completa por sí mismo, sus escritos contienen las semillas de mucho de los insights de su colega"*. Y también Rickman "había estado considerando las consecuencias de los trabajos de Melanie Klein en situaciones sociales mucho antes del estallido de la guerra. Artículos y conferencias dictadas por Rickman en los 30 son probablemente la primera aplicación pública de la teoría de las relaciones objétales a grupos y a la psicología social". Por tanto, tenemos aquí un trabajo en equipo a través del cual sería difícil deslindar aquellas ideas propias de Rickman de otras de Bion. Ambos estaban en contacto con las diversas corrientes de la psicología social tanto norteamericana como inglesa y sobre todo de los estudios de K. Lewin, desde antes de ingresar al Ejército. El psicoanálisis formaba parte del centro del pensamiento de ambos. Ambos habían escrito artículos juntos sobre los efectos de la guerra y sobre la rehabilitación de pacientes psiquiátricos.
* Debe agregarse el factor del análisis personal que Bion había estado realizando (19.38-39) con Rickman.

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Interesa ahora profundizar en las aportaciones concretas realizadas por Rickman en el marco de aquello que no era material básico de Rion. Se sabe que desde muy t e m p r a n o Rickman estaba preocupado por las consecuencias sociales de los trabajos de Freud. Así, estudió los raids aéreos, la experiencia religiosa y el crimen y sobre todo la teoría grupal. (2000:44) "Mas tarde él investigó las consecuencias psicológicas de la Ciucrra civil española, entrevistando a I^ongdon-Davis, quien escribió un artículo sobre los efectos de los raids aéreos alemanes allí y asistió a una conferencia de Emilio Mira, un psicjuiatra que había tratado las neurosis de guerra que surgieron de ese confficto'. En conferencias dictadas en el 38 y 39 c o m b i n ó sus observaciones sobre la sociedad de las aldeas rusas con sus aprensiones sobre la fortaleza o debilidad de los totalitarismos, c o m o opuestos a la sociedad democrática. Si bien se desmarca de pasar tni eslogan político lermina afirmando que la democracia es más madura, más integrada culturalmcnte que la idealizada vida de la villa o los benehcios de la dictadura. Así, realiza una lectina sobre el factor uniformidad-democracia y acerca de la d e p e n d e n cia-independencia en el régimen dictatorial. Rickman también r e c o n o c e el valor del trabajo c o m o inia actividad llena de propé)sitos c o m o luia m a n e ra de resolver problemas tic agresié)ii. C'oincide así con la terapia ocupacional c o m o una forma de rehabilitar a los soldados. Así, los procesos de interacción social deben ser reconocidos c o m o mecanismos que avanzan en la resolución de conflictos, c o m o una manera de realizar una prueba de realidad. Harrison (2()()0:5]) sostiene que a diferencia de m u c h o s de sus colegas, Rickman "comenzó a visualizar vías de terapia diferentes al diván psicoanalítico

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Hay q u e m e n c i o n a r también la creciente preocupación en las imiversidades eiuopeas por el m a r x i s m o . Y sobre t o d o a partir de la Revolución rusa se crea luia expectativa acerca del m o d o de organización social en c|ue las p e r s o n a s p u e d a n c o n t a r con a m p l i a s vías de realización. Si bien las o p i n i o n e s estaban divididas, la instalación del tema para ser d i s c u t i d o a nivel social p r o d u j o luia serie de electos de no poco alcance. 1.a maytjtía cié los protagonistas del E x p e r i m e n t o Northfield eran de izcpiierda. Sus i n q u i e t u d e s se objetivaron, por ejemplo, en el I n s t i t u t o l a v i s t o c k . N o r t h f i e l d fue parte t a m b i é n de este proceso en el cual era de interés, por im lado, visualizar procesos grupales y, por o t r o , tender íUR'va.v redes soúnles ennc ¡os humanos. La idea cejitral giraba alrededor del principio ele c]ue el i n d i v i d u o h u m a n o existe solo y a partir de las reties sociales en las q u e vive. "F,l ser social d e t e r m i n a la conciencia" parecía buscar a cada instante una manera de insertarse c o m o metodología de abordaje tie problemas así conu) tie técnicas a ser empleadas. Hn este proceso de recopilación de "inHuencias" sociopolíricas tni capítulo aparte lo constituye la propuesta antipedagógica de María Montessori. Hila había trabajado d u r a m e n t e con niños en los barrios bajos de Roma y sus ideas estaban t e n i e n d o singular r e c o n o c i m i e n t o en lo que concierne al desarrollo de los niños. Hila creía qtie la escuela debería de permitir la libre manifestación del niño, ya t]ue ello tendría que ver con la libre expresión de la naturaleza infantil. N o era un problema de ausencia de límites, sino de lograr que el niño a través de la educación pudiera ganar independencia. Así, luchó contra ciertas ideas en boga en las citie adultos hacían las cosas por lo niños y para los niños. Sostuvo que los niños eran los que deberían realizar las cosa.s por sí mismos.

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"A la disciplina se llega siempre por vías indirectas. VA fin se obtiene no atacando el etror y peleando con el, sino desarrollando actividades de trabajo espontáneo... La disciplina del niño es de este modo no aquello que el niño era en un principio, el que sabe cómo ser bueno pasivamente; pero es un individuo que se ha hecho a sí mismo mejor" (Harrison 2000:71). Lo a n t e r i o r p o d r í a p e r f e c t a m e n t e c o n s i d c t a s e el encabezado del trabajo total realizado por Bion en N o r thfield. Incluso hay expresiones bionianas casi idéitticas a estos dichos. Montcssori era m u y conocida en la Tavistock Cdinic ya que había dictado un curso sobte psicología infantil. Y había u n proyecto para que en 19.39 desarrollara un programa educacional, lo que se vio truncado por el estallido de la guerta. En suma, es posible sostener que la preocupación de Bion-Rickman en la intervención en Northfield trasciende ampliamente el marco m e r a m e n t e analítico, nutriéndose tanto del marxismo teórico c o m o de las experiencias que se llevaban a cabo en la Rusia soviética; tanto de la guerra civil española —la experiencia más larga y masiva autogestionaria que jamás haya tenido lugar en la historia, opinaba Lotirau— como de las propuestas antipedagógicas que cuestionaban el orden, la disciplina, la educación, el aprendizaje y hasta el desarrollo infantil. En este marco se pensaba la psicología de los grupos, los fenómenos de masa, los efectos de la guerra, etc., y sobre todo maneras no etiquetadoras de la problemática de la salud mental. Y es allí d o n d e Bion-Rickman descubren que lo que cura es la participación... el trabajo y la política.

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En la intervención institucional confluyen necesariamente dos disciplinas: el análisis institucional, como el referente que piensa el problema del poder al interior y entre las instituciones y la psicología de los grupos, que trata acerca del imaginario social (inconsciente) que tiene lugar en todo espacio colectivo. El dispositivo de intervención es el momento en el cual ambos enfoques se entrecruzan de diversas maneras y sobre todo en la figura del analista institucional. Se trata de reflexionar acerca de cuáles son las condiciones para que los grupos y las masas puedan pensar, como primera fase para que contruyan proyectos y los lleven adelante. Los casos que se reseñan dan cuenta del complejo problema de construcción del dispositivo así como de los efectos que los mismos producen. Interrogar las condiciones de posibilidad de "libertad" del pensamiento es imprescindible para plantearse los límites de la conciencia posible en cada coyuntura determinada. Toda esta trama de determinaciones cabalga sobre el inconsciente estatal, que retorna una y otra vez para limitar las acciones de los colectivos produciendo frustración y sufrimiento.

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ESCUELA DE PSICOLOGÍA CRUPAL Y ANÁLISIS INSTITUCIONAL ENRIQUE PICHÓN-RIVIÉRE

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