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Lucas

Lucas

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Leo Boles
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31 En aquel mismo día se acercaron unos fariseos - Los fariseos eran
enemigos de Jesús. En esta ocasión se le acercan fingiendo amistad y buenos
deseos, pero en realidad, todo lo que querían era que se fuera para que no los
opacara a ellos. Lucas es el único que relata este incidente. Este es Herodes
Antipas, el mismo que había mandado a decapitar a Juan el Bautista, pero
que estaba celoso de la popularidad e influencia de Jesús. Grandes multitudes
seguían a Jesús y muchos pensaban que en algún momento crítico se
proclamaría rey y establecería su reino en la tierra, con lo cual se convertiría
en rival de Herodes, razón por la cual Herodes procuraba matarle. El plan de
Herodes fue de utilizar a los voluntariosos fariseos para que indujeran a Jesús
a que apresurara su viaje a Jerusalén, donde estaría en mayor peligro de sus
enemigos en el sanedrín. Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, había
gobernado Galilea y Perea por treinta años. Por temor al pueblo, Herodes no
quería dar muerte a Jesús de la misma forma que había hecho con Juan el
Bautista. Ahora quiere usar a otros para cumplir su plan malévolo. El creía
que si de alguna manera podía convencer a Jesús a que se fuera de su
territorio, entonces los judíos se encargarían de aniquilarlo en Jerusalén.

32, 33 Y les dijo: Id, y decidle a ese zorro - Jesús no le temía a ningún
poder terrenal; tenía una misión que realizar, y la cumpliría sin obstáculos ni
temor. Algunos creen que los fariseos estaban tan ansiosos como Herodes de
que Jesús llegara a Jerusalén. Era una advertencia astuta y malintencionada,
más bien para tenderle una trampa en Jerusalén, que para procurar su
seguridad. Jesús les responde: "Díganle a ese zorro". Esto demuestra la
determinación, firmeza y valentía con que Jesús cumplía su plan de quedarse
en la región hasta que terminara todo lo que se había propuesto. Herodes era
astuto, artificioso y traicionero, por lo cual algunos comentaristas creen que
la gente ya le había apodado "el zorro". Este apodo también describe la

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malicia con que los fariseos planeaban frustrar la misión de Jesús y
eliminarlo porque le consideraban una competencia demasiado poderosa.

Yo echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana - Con el
uso de estas frases que se acostumbraban como refranes, Jesús enfatiza la
urgencia de su trabajo y la brevedad del tiempo que le restaba. Esta frase
tiene paralelo en Juan 11: 9, 10. Jesús está diciendo que él tenía un plan de
trabajo y que dedicaría el tiempo a su obra en esta región, de acuerdo a lo
que se había planeado de antemano, y que no está dispuesto a permitir
interrupciones o dejar que lo apresuraran con intimidaciones. "Al tercer día
termino mi obra" es una frase que parece referirse a su muerte y resurrección.
De acuerdo al plan de Dios, Jesús tenía que morir en Jerusalén, pero a su
debido tiempo, no antes ni después. Primero tenía que terminar la obra que
se había propuesto en esta región. El tiempo ya estaba señalado, el curso
estaba trazado y Jesús definitivamente había fijado su rostro en Jerusalén. En
breve concluiría su trabajo en la tierra. "Al tercer día" no quiere decir,
"dentro de tres días", sino que es una expresión figurada para decir "en
breve", o "dentro de poco tiempo". Se cree que Jesús subió a Jerusalén a la
fiesta de los tabernáculos y que ya no regresó a Galilea; sino que de
Jerusalén viajó por Samaria y Galilea, y hasta las regiones más allá del
Jordán.

No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén - La conducta
de los judíos hacia los profetas del pasado había sido tan cruel y sanguinaria,
que lo más probable es que un profeta fuera asesinado en Jerusalén que en
cualquier otra parte de su territorio. A decir verdad, no temía las artimañas de
los fariseos y de Herodes en este territorio. Jesús sabía que en Galilea tenían
las manos atadas porque no querían ofender al pueblo. Si hubiese querido,
fácilmente habría podido incitar una sedición, pero le asegura a Herodes que
eso no estaba en sus planes. Los profetas eran juzgados solamente por el
sanedrín, por lo que, necesariamente tenía que ser en Jerusalén. Aquí Jesús
predice que sería juzgado por dicho tribunal.

34 ¿Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas - Esta exclamación
parece tener el mismo significado que la de Mateo 23: 37-39. La repetición
de la palabra "Jerusalén" es para hacer énfasis. Poco tiempo después, Jesús
repitió su lamento en la misma ciudad de Jerusalén, al concluir su ministerio
y entregarse para ser crucificado por los pecados del mundo. Algunos creen
que Jesús expresó este lamento sólo una vez, y que Lucas lo relata fuera del
contexto cronológico. Pero no hay razón para decir que Jesús no repitió este
lamento y otras enseñanzas en diferentes lugares y tiempos durante su
ministerio. Los profetas habían dado muerte a los profetas de la antigüedad,
y ahora los dirigentes de los judíos estaban haciendo un complot para
asesinarle. Con un solo vistazo Jesús repasa toda la historia de Jerusalén,
manchada frecuentemente con la muerte de sus profetas.

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35 He aquí, vuestra casa es dejada desierta - Jesús había anhelado
mucho reunir a los hijos e hijas de Jerusalén, como la gallina junta sus
polluelos para calentarlos y protegerlos, pero no le quisieron aceptar. Ahora
su casa es dejada desierta; y el templo ha de ser profanado y destruido.
Cuando algo es dejado "desierto" quiere decir que es como el polvo del
desierto, como la tierra estéril que ya no sirve para cultivar nada.

18. JESUS SANA A UN HIDROPICO,
PARABOLA DE LA GRAN CENA
14: 1-24

1 Aconteció un sábado, que habiendo entrado para comer en casa -
Probablemente Jesús estaba en Perea en esta ocasión, donde había sido
invitado a cenar en casa de uno de los principales de la sinagoga. Algunos
comentaristas creen que este hombre era uno de los dirigentes de los fariseos,
y otros piensan que incluso era miembro del sanedrín; pero no se puede
determinar a ciencia cierta el grado de prominencia de este hombre. Lo que
importa es que su casa estaba en Perea y que Jesús era su huésped de honor.
Era un hombre distinguido y de recursos, quien probablemente quería
satisfacer su curiosidad sobre la persona y enseñanzas de Jesús. Era un día de
reposo. Los judíos acostumbraban reunirse en familia y con amigos los días
de sábado y en días festivos; consideraban lícito y apto pasar parte del
sábado en quieta conversación (Nh. 8: 10). Ya que el Señor buscaba
oportunidades para enseñar, no vaciló en aceptar la invitación. Pero otros de
los fariseos estaban listos observándolo para ver si lo sorprendían haciendo
algo contrario a las leyes del día de reposo. Estaban muy atentos, ni
parpadeaban, espiándole para encontrar alguna falta en él concerniente a
algunas de las muchas tradiciones y reglas que habían impuesto sobre las
leyes de Moisés relacionadas con el sábado.

2, 3 Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico - La
narración de Lucas da a entender que este hombre hidrópico no estaba allí
por casualidad, sino a propósito, era parte del plan de los fariseos para
ponerle una trampa. Es posible que el enfermo haya sabido de los planes
malignos de los fariseos y que se haya prestado a ellos, o quizá era inocente
o un bobo útil; o tal vez le hayan prometido que Jesús le sanaría. Este
milagro es exclusivo de Lucas, quien siendo médico, no lo deja pasar
desapercibido. Esta es la única ocasión en que Jesús sanó a un hidrópico.
Esta enfermedad consistía en la acumulación de agua debajo de la piel, en
varias partes del cuerpo, por lo general a consecuencia de otra enfermedad, y
con frecuencia era incurable.

Entonces Jesús tomó la palabra - Jesús se dirigió a "los intérpretes y a
los fariseos", quienes eran responsables por haber hecho los arreglos para
traer a este enfermo delante de Jesús. Si Jesús hubiese sanado al hombre de

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inmediato, le habrían acusado de trabajar en el día de reposo; y si no lo hacía,
estaban listos para difamarlo diciendo que no había tenido misericordia del
enfermo, o que no lo había hecho por temor. Según ellos, Jesús estaba en un
callejón sin salida. Pero es muy interesante notar cómo Jesús les desarmó y
resolvió el dilema. Les preguntó: "¿Es lícito sanar en sábado, o no?". Esta
pregunta pone a los fariseos a la defensiva y efectivamente en retirada, y en
un dilema. Si contestaban que sí era lícito sanar al hombre, echarían a perder
la acusación que pensaban hacer contra Jesús. Pero si contestaban en forma
negativa, se pondrían en evidencia como crueles, inmisericordes, que no se
compadecían del necesitado ni estaban dispuestos a ayudarle. Ellos sabían
que era necesario hacer ciertas cosas durante el día de sábado; muchas veces
las enfermedades y los fenómenos naturales obligaban a la gente a realizar
faenas que normalmente no se permitían. Claro que permitían y hacían tareas
además de sanar.

4 Mas ellos callaron - Por una parte no podían oponerse al acto
misericordioso de sanar al hombre hidrópico en este día de reposo; y por
otra, temían comprometerse con Jesús de algún modo si le contestaban en
forma afirmativa. Siendo astutos, se quedaron callados como la salida
cobarde al dilema en que Jesús les había puesto. Jesús les exhibió como los
hipócritas que eran. Luego tomó al hombre, le sanó y le despidió. De acuerdo
a su costumbre, Jesús tocó al hombre y le sanó. Hay una asombrosa antítesis
entre este silencio inhumano de los fariseos, y la prontitud y misericordia con
que Jesús sanó a este enfermo.

5, 6 Y dirigiéndose a ellos, dijo - Jesús había derrotado por completo a
sus enemigos, pero los arrincona y avergüenza aun más. Ahora les obliga a
hablar, haciéndoles una pregunta directa: "¿Quién de vosotros, si su asno o
su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en
sábado?". Este argumento es parecido al que Jesús expresó en Mateo 12: 11,
donde la versión es completa, mientras que en el relato de Lucas, el
argumento es breve y deja que la conclusión sea suplida mentalmente. En el
relato de Mateo se menciona una oveja, pero en el de Lucas es un asno o un
buey. Pero la palabra que usa Mateo en sentido general puede incluir a todos
los animales domésticos (Ex. 20: 17; Is. 1: 3). Si uno de sus animales
domésticos caía en un pozo o una barranca, no lo pensarían dos veces ni se
esperarían hasta el próximo día para rescatarlo. El argumento concluye con
la pregunta de Jesús: "¿Cuánto más vale un hombre que una oveja?" (Mt. 12:
12).

7 refirió a los convidados una parábola - Durante el transcurso de la
cena en casa del principal de los fariseos, Jesús les refiere tres parábolas para
enseñar a los invitados, a propósito de la cena. La primera, de los versículos
7-11, se refiere a la conducta de los que son convidados a una fiesta; la
segunda, de los versos 12-14, está dirigida a los que por egoísmo solamente

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invitan a quienes les pueden pagar el favor; y la tercera, de los versos 16-24,
tiene el propósito de corregir las ideas erróneas sobre las bendiciones del
reino mesiánico. Estando sentado a la mesa, Jesús observó, tomó nota, puso
atención (Hch. 3: 5) cómo los invitados escogían los primeros asientos. Estos
dirigentes religiosos habían venido ex profeso a espiar y vigilar a Jesús, para
criticarle y acusarle de alguna infracción de la ley del sábado. Ahora es Jesús
quien los observa para usar su conducta como ejemplo de sus lecciones a los
demás. Los "primeros asientos" eran los mejores. Los asientos de entonces
no eran como los que usamos en las casas modernas, sino que se reclinaban
sobre una especie de lechos o canapés. En cada lecho cabían tres personas.
El puesto más importante en una cena entre los judíos y los romanos era
sentarse en medio de dos personas.

8, 9 Cuando seas convidado por alguno a bodas - Ahora Jesús procede
a mostrarles las diferentes disposiciones y características que se
manifestaban por la conducta en las fiestas o banquetes. El primer consejo es
no sentarse "en el primer lugar", sino ocupar un sitio sin notoriedad, y
permitir que el anfitrión coloque a cada convidado de acuerdo a su juicio y
preferencia. Sentarse en los primeros lugares, sin que lo pida el anfitrión, es
una muestra clara de orgullo, egoísmo y arrogancia. Las personas humildes
no se comportan así.

y viniendo el que te convidó - Hay que practicar la humildad y la
modestia. Si uno entra a una fiesta de bodas y se sienta en el puesto más
importante, corre el riesgo de que venga una persona más distinguida y el
anfitrión nos humille al darle el primer lugar al invitado de más honor. Es
preferible sentarse en un rincón y que después le honren sentándole en un
lugar más importante, que ser obligado a cederle el asiento a alguien de más
importancia. "Entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar",
quiere decir que en esas circunstancias embarazosas uno no desea ni
moverse, sino que quisiera que "se lo tragara la tierra". El que sin ser
asignado a un puesto importante, se sienta en primer lugar, termina en
humillación y vergüenza en el lugar más bajo; porque a estas alturas, todos
los puestos importantes ya estaban ocupados, y lo único disponible eran los
asientos más alejados del banquete. Quizá no le digan que se siente en el sitio
más humilde, pero el convidado tiene que hacerlo, porque ya no hay más
donde sentarse.

10 Mas cuando seas convidado, vé y siéntate en el último lugar -
Primero Jesús enseñó en forma negativa, es decir, lo que no se debe hacer
para evitar humillaciones; pero ahora enseña en forma positiva, lo que sí se
debe hacer: "Siéntate o recuéstate en el último lugar", pónte cómodo y espera
hasta que te llamen a un lugar de más importancia. Jesús en ninguna manera
está enseñando que hay que ser hipócritas, ni aparentar una falsa humildad.
Lo que está diciendo es que los invitados no deben buscar ser el centro de

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atención, sino evitarlo, porque la atención corresponde al anfitrión. Tampoco
enseña una falsa modestia para que toda la concurrencia se dé cuenta cuando
el anfitrión nos llame al primer lugar. La falsa humildad es la peor muestra
de orgullo.

11 Porque cualquiera que se enaltece - Jesús concluye la parábola con
esta amonestación. La aplicación es muy fácil y la repitió en varias ocasiones
(Mt. 23: 12). El espíritu orgulloso y vanaglorioso es precursor de una gran
caída y de la humillación. Este principio es muy importante y aplicable tanto
en los negocios del reino de Dios como en los de este mundo. El propósito de
Jesús era no sólo que enfocaran la atención en la humillación y exaltación
entre los hombres, sino en el sentido más sublime y espiritual del reino de
Dios. Este es un principio que se enseña a través de la Biblia (Pr. 16: 18; Ex.
21: 26).

12 Dijo también al que le había convidado - Esta segunda parábola del
capítulo 14 tiene el propósito de amonestar a los que son egoístas cuando
hacen una fiesta e invitan sólo a quienes pueden pagarles el favor. Esta
parábola va dirigida al anfitrión y establece la base correcta cuando uno
invita a una fiesta. Lo normal es que se invite a los familiares y amigos, pero
Jesús enseña: "Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos". Estas cuatro clases de
personas seguramente podrán convidarte a sus fiestas, y de esa forma "ya
tengas tu recompensa".

13 Antes bien, cuando hagas banquete - Otra vez Jesús vuelve a
enseñar en forma negativa y luego regresa a la enseñanza positiva. Aquí nos
dice a quiénes no debemos invitar y luego a quiénes sí. El banquete para "los
pobres, los mancos, los cojos y los ciegos" no debe ser para burlarnos de sus
miserias, sino para compartir nuestro amor y bendiciones con ellos. A los
necesitados debemos darles toda la atención y ayuda que podamos. Es
mucho mejor dar de comer a los necesitados, sin esperar nada a cambio, que
ofrecer banquete a los glotones y esperar que por obligación nos inviten a sus
fiestas. Todos deben esforzarse por dar de comer a los pobres, ayudar a los
cojos, sanar a los mancos, y dirigir a los ciegos, en vez de buscar la
satisfacción del orgullo y egoísmo de divertir y engordar a quienes no lo
necesitan.

14 Y serás dichoso - No hay recompensa en el mero intercambio de
regalos o de fiestas, pero sí por socorrer a los necesitados en el nombre de
Jesús. El intercambio de invitaciones y fiestas sólo manifiesta el egoísmo que
será condenado; pero si uno ayuda a los necesitados, a sabiendas de que no
hay recompensa terrenal, equivale a hacer tesoros en el cielo. Todos
debemos estar dispuestos a ayudar y socorrer en todo lo posible a los
necesitados, los que sufren y los indefensos, porque si se hace en su nombre,
Cristo lo considera como si se hiciera a él (Mt. 25: 31-46). El que socorre al

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necesitado será dichoso aquí y en el más allá. "Recompensado en la
resurrección" quiere decir que uno será recompensado en el día del juicio,
cuando los justos sean resucitados de los muertos. El creyente en Cristo, que
practica la caridad, el amor y la misericordia, recibirá su recompensa en esa
resurrección donde estarán los pobres y desposeídos de la tierra.

15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados - Recordemos que
Jesús todavía está en casa de uno de los principales de los fariseos, en una
cena en día de reposo (14: 1) a la cual le habían invitado. Acaba de
pronunciar las dos parábolas anteriores, y uno de los convidados dijo:
"Dichoso el que coma pan en el reino de Dios". Muchos comentaristas se
esfuerzan por explicar por qué este invitado dijo estas palabras, y también
hay diversidad de opiniones sobre lo que quiso dar a entender. Algunos creen
que el hombre se refería literalmente a comer pan en Jerusalén en la gran
fiesta. Otros creen que tenía en mente comer pan en el reino mesiánico, que
para él sería una institución terrenal. Muchos judíos creían que el reino del
Mesías sería establecido con un grandioso festival, en el cual todos los
miembros de las familias israelíes serían invitados de honor. Algunos
comentaristas creen que este judío entendió que la referencia de Jesús a la
resurrección se aplicaba a la restauración del antiguo reino material de Israel.
Entonces Jesús pronunció esta parábola para corregir ese falso concepto de
los judíos.

16 Un hombre hizo una gran cena - Esta es la tercera parábola de esta
ocasión, conocida como "parábola de la gran cena". Esta parábola tiene el
propósito de corregir la idea de que toda la nación de Israel tenía la
prerrogativa de participar de las bendiciones en el reino mesiánico, sin
importar su comportamiento o cambio de manera de vivir. Recordemos que
Jesús todavía está en la cena en casa de un fariseo, y como el diestro maestro
que era, utiliza la ocasión como ejemplo para recalcar sus enseñanzas de
verdades fundamentales. Jesús no contradijo las afirmaciones de otros, y sin
embargo, sus enseñanzas claramente se oponía a las falsas doctrinas. Uno de
los invitados recién había hablado de comer pan "en el reino de Dios", dando
a entender que era un derecho de nacimiento para los judíos. Jesús toma las
palabras de este invitado para elevar su concepto al nivel de un reino
espiritual, y al mismo tiempo extiende la invitación a todos los que quieran
pagar el precio para entrar a dicha cena.

17 Y a la hora de la cena envió a un siervo - El encargo y mensaje del
siervo es anunciar a los invitados que ya todo está listo para la cena. Esta
parábola da a entender que el hombre que hizo la gran cena pertenecía a la
clase noble y adinerada de los judíos. Esta es la segunda invitación y el
último recordatorio, ya que anteriormente se había enviado la primera
invitación (Est. 5: 8; 6: 14). Los invitados debían acudir de inmediato si
querían disfrutar de la cena, porque ya todo estaba preparado.

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18 Y todos a una comenzaron a excusarse - "A una" no quiere decir
que se habían reunido para ponerse de acuerdo, sino que coincidieron en su
actitud y reacción a la invitación; sus excusas eran de la misma naturaleza y
revelaban la misma disposición del corazón y de la mente. Todas las excusas
manifiestan la misma actitud: Menospreciaron el honor de participar en la
gran cena y prefirieron las cosas de importancia secundaria.

El primero le dijo: He comprado un campo - El primero es un
terrateniente que recién había comprado un campo. Su excusa es "Necesito ir
a verlo". Los terrenos eran muy valiosos y este hombre tiene que salir de su
casa para ir a inspeccionar el campo que ha comprado. A primera vista uno
podría pensar que esta excusa es válida y razonable para no asistir a la cena.
Es la mejor excusa que puede ofrecer y piensa que será aceptable. Quizá
tendría que viajar a otra ciudad para terminar la transacción, y claro que no
regresaría a tiempo para asistir a la fiesta. Muy cortésmente ruega que le
excusen, pensando que su excusa es válida. Pero, ¿quién compra un terreno
sin haberlo visto primero?

19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes - Este era un
hombre de negocios y su excusa es que quiere ir a probar las cinco yuntas de
bueyes. Esta excusa se parece a la anterior, aunque expresada en el lenguaje
rústico de un campesino. Para probar los bueyes tenía que ponerles el yugo y
arar. Quería probar su fuerza, habilidad, resistencia y facilidad para
maniobrarlos. Es evidente que podía haberse esperado hasta después de la
cena. También cabe preguntarnos, ¿cómo es que compró los bueyes sin
haberlos probado primero? Su excusa representa a los hombres que se
emocionan con los negocios y no toman tiempo para lo demás. El también lo
siente mucho, pero no puede asistir a la cena.

20 Y otro dijo: Acabo de casarme - Este hombre no tenía compromisos
comerciales, sino que su excusa es el placer personal y la felicidad hogareña.
"Acabo de casarme", literalmente "me he casado con una mujer", pero es una
acción del pasado, no del presente. Esto nos presenta la fuerza de las
tentaciones al tratar de reconciliar deberes conflictivos. Asistir a esta gran
cena no significaba que se descuidarían los deberes familiares por causa de la
nueva relación. Simplemente quería decir que le daban la atención e
importancia que la invitación merecía, y que las demás obligaciones podían
esperar. La ley confería ciertos favores al recién casado (Dt. 24: 5; 1 Co. 7:
33). Este afirma terminantemente que no puede asistir a la cena.

21 Regresó el siervo e hizo saber estas cosas a su señor - Las tres
clases de excusas representan las diferentes fases de la vida. No son excusas
“endebles” o ridículas, como algunos las interpretan; son las excusas más
importantes y razonables que uno puede dar. Provienen de las situaciones
honrosas en la vida de los negocios y las relaciones sociales. No obstante, era
un insulto no aceptar esta invitación. Todas estas excusas podían ser puestas

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a un lado o postergadas. Los hombres que dieron estas excusas bien pudieron
haber asistido a la cena y después atender sus negocios y compromisos
hogareños.

Sal inmediatamente por las plazas - No hay tiempo que perder, porque
la cena ya está lista, las provisiones son abundantes y no se pueden echar a
perder; cada lugar debe estar ocupado en esta mesa. El siervo recibió
instrucciones de ir a la ciudad, donde invitaría a la clase alta y la clase pobre
y desposeída. Ricos y pobres están incluidos en esta invitación. Pero esta vez
no se invita a un grupo selecto de amistades o conocidos, sino a todos por
igual. Sin embargo, se destaca a las clases no privilegiadas de "los pobres,
los mancos, los cojos y los ciegos". Estas son las mismas clases que se
mencionan en el versículo 13. "Trae acá" no significa que debía obligarles o
traerles a la fuerza, sino que enfatiza la urgencia de la invitación.

22-24 Señor, se ha hecho como mandaste - La orden fue de que saliera
inmediatamente. Parece que aún después de esta urgente invitación a todos,
no se habían ocupado todos los asientos, y había lugar para más. Esto
significa que se había preparado suficiente comida para muchos invitados,
por eso es que se llama "la parábola de la gran cena". Ahora el dueño de la
casa ordena que el siervo salga "a los caminos y a los vallados, y fuérzalos a
entrar". Los caminos eran las carreteras públicas que conducían de una
ciudad a otra. Los vallados eran los senderos privados entre las viñas y los
jardines. Los desamparados y los vagos se refugiaban detrás de los setos o
vallados.

Porque os digo que ninguno de aquellos - Ninguno de los que habían
despreciado su oferta y rechazado su invitación merecía gozar de esta fiesta.
Con su comportamiento habían probado que no eran dignos del honor y
bendiciones que les habían ofrecido; por lo tanto, no deben disfrutar ni
recibir nada de lo que había sido preparado para ellos. Esta parábola ha
recibido diversas interpretaciones y aplicaciones. Está claro que ninguno de
los primeros invitados merece participar de la gran cena; pero el dueño de la
casa estaba determinado a compartir todo el banquete con alguien, pero no
con los que habían rechazado su invitación. Jesús había ofrecido las
bendiciones del evangelio a los judíos, los cuales habían rechazado su
invitación, y dando varias excusas, menospreciaron al Mesías. Los gentiles y
otras personas que originalmente eran menos dignas de las bendiciones de
Dios, ahora recibirán las invitaciones y bendiciones que primero fueron
ofrecidas a los judíos.

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