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Violencia Moral

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Artículo editorial a favor de difundir buenas noticias.
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Published by: Roberto Emilio Martínez Elizondo on Feb 05, 2011
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Violencia moral

Por Roberto Martínez (08-Nov-1997).Los padres de familia somos susceptibles a la violencia física dirigida contra nuestros hijos, pero casi insensibles a la violencia moral a la que diariamente son sometidos. Independientemente de que estemos a favor o en contra de las nalgadas como factor correctivo de conducta, nunca delegamos esta facultad a familiares del niño, ni mucho menos a maestros. ¿Cómo entonces es que no reaccionamos igual ante la violencia que sale del televisor y entra por los ojos de nuestros hijos directo a sus mentes?

Los antiguos métodos de enseñanza, en donde el profesor utilizaba una regla o una vara para golpear a sus alumnos, están en vías de extinción. Parece inconcebible que tan sólo una generación atrás, fueran vistos estos métodos como indispensables para "meter" las matemáticas en la cabeza de los pequeños. Hoy en día un maestro que tenga dos dedos de frente no se atrevería a levantar su mano contra ninguno de sus pupilos, so pena de ser expulsado del plantel educativo.

Un padre de familia que abulta las estadísticas de violencia doméstica con su ira desenfrenada merece nuestra reprobación. Una madre de familia que sienta a sus hijos frente al televisor para que no molesten, sin censurar lo que ven, igual los daña, o tal vez peor. La violencia doméstica tiene estas dos facetas: una física, otra moral.

La violencia moral es aquella que irrumpe el silencio de nuestra conciencia y la carga de imágenes y contenidos contrarios a los valores, a la auténtica libertad y el amor. Escenas donde desfilan las pasiones desordenadas y la desesperanza. Situaciones donde la fuerza bruta se propone como la única solución a las injusticias.

La violencia genera violencia, sin embargo, nuestros hijos no están recibiendo ese mensaje. No necesito un estudio científico que me avale, es cuestión de sentido común. La violencia engendra odio y rencor, deseos de venganza. El temor a la supremacía de fuerza del enemigo aplaca los incidentes violentos, pero si el

sentimiento está arraigado surgen manifestaciones como el terrorismo, un fenómeno imposible de erradicar mediante el uso de la fuerza.

Por otra parte, la paz no es sólo ausencia de violencia, la verdadera paz construye lazos y relaciones personales que unen a los individuos y a las comunidades. Entonces la violencia debe erradicarse mediante el perdón, que nunca es fácil, y la comunicación, dos elementos siempre presentes en las relaciones humanas constructivas.

El perdón es un acto movido por el propio conocimiento y el entendimiento de la naturaleza humana, por lo que depende mucho de la educación que recibimos y que nos auto-impartimos. La comunicación en cambio es un ambiente donde podemos colaborar todos, los individuos, las instituciones y los medios masivos.

Todos podemos contribuir significativamente a disminuir la violencia moral si evitamos el sensacionalismo. No podemos adoptar una postura indiferente en esta cuestión, o se es parte de la solución o parte del problema.

Televisa y Televisión Azteca ya nos han puesto el ejemplo cancelando cada uno sus noticieros sensacionalistas. ¡Felicidades para ellos!

El sensacionalismo alimenta la desilusión de los jóvenes y la angustia existencial del hombre, porque se presenta la realidad, no tal como es, sino como callejón sin salida. Estos reportajes siembran desconfianza y dañan la motivación para hacer vida los valores humanos, además de difundir preocupación por el propio destino y el futuro de la Nación.

El País no camina con suficiente dinamismo por falta de educación y el reportaje "al desnudo" no educa, sólo ofrece una visión pesimista. Faltan noticias con un enfoque más edificante, donde sean protagonistas los que contribuyen al bien común y no el que se roba las despensas destinadas a los damnificados del Huracán "Paulina".

No estoy proponiendo filtrar las malas noticias para difundir sólo las buenas. Lo que necesitamos es informar objetivamente todo lo que acontece, pero buscar aquellas noticias que vale la pena comentar y poner mayor atención en ellas.

Si el hecho es trascendente, que se publique, se comente y se difunda por televisión. Si es un acontecimiento emocionante, que ocupe la primera plana. Si una persona elocuente hace una declaración importante que se le preste atención. Si un hecho deja una moraleja edificante que quede plasmada en los libros. Entre más trascendente sea la noticia el artículo será más importante.

Pero si el caso no cumple ninguno de estos criterios y el hecho es que un hombre mató, otro defraudó y el otro atacó a la hermana del señor Obispo, ¿por qué le damos tanta importancia? ¿En qué nos ayuda? Al difundir de boca en boca estas noticias estamos alimentando la morbosidad, la neurosis social y atizando el miedo generalizado.

La selección de las noticias que difundimos masivamente y comentamos personalmente es un buen camino para sustituir la violencia moral con la verdadera paz. Te reto a que lo pongas en práctica. Elige una noticia positiva y coméntala. No es fácil dominar la lengua, pero si comentamos lo bueno que escuchamos y nos reservamos lo malo, podemos contribuir a crear un ambiente positivo, propicio para la creatividad y la vida serena.

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