Está en la página 1de 2

SE DEJA SENTIR LA INFLUENCIA DEL “SEGUNDO”

CEREBRO
Por HARRIET BROWN

Dos cerebros son mejores que uno. Al menos ésa es la lógica para la estrecha relación
entre los dos cerebros del cuerpo humano, el que se encuentra en la parte superior de la
medula espinal y el oculto pero poderoso cerebro en las entrañas conocido como sistema
nervioso entérico, que gobierna todas las funciones del sistema gastrointestinal, o GI.

De hecho, cualquier persona cuyo estómago se haya sentido alguna vez un poco revuelto
antes de pronunciar un discurso o que haya tenido un ataque de urgencia intestinal la
noche previa a un examen, ha experimentado los mecanismos de los sistemas nerviosos
duales.

El vínculo entre los cerebros se encuentra en el corazón de muchas aflicciones, físicas y


psiquiatritas. Padecimientos con la ansiedad, depresión, síndrome de intestino irritable,
úlceras y mal de Parkinson predicen síntomas a nivel cerebral y visceral.

“La mayoría de los pacientes con ansiedad y depresión también tendrán alteraciones en
su función GI”, apuntó Emeran Mayer, profesor de medicina, fisiología y psiquiatría en la
Universidad de California en Los Ángeles.
Los síntomas y las curas de un sistema podrían afectar al otro. Los antidepresivos, por
ejemplo, causan aflicción gástrica en hasta una cuarta parte de las personas que los
toman. Un estómago revuelto es causado por un repunte de hormonas del estrés liberados
por el cuerpo en una situación de “pelear o huir”. El estrés también puede estimular en
exceso los nervios del esófago, lo que da sensación de sofoco.

Michael D. Gershon, autor de El Segundo Cerebro y presidente del consejo del


departamento de anatomía y biología celular de la Universidad de Columbia, es uno de
varios investigadores en proceso de estudiar los vínculos entre cerebro y entrañas en el
área relativamente nueva de la neurogastroenterología. Una nueva comprensión de la
forma en que funciona el segundo cerebro y las interacciones entre ambos, ayudan a
tratar varios trastornos como estreñimiento, úlceras y el mal de Hirschprung.

El papel del sistema nervioso entérico es manejar todos los aspectos de la digestión,
desde el esófago hasta el estómago, el intestino delgado y el colon. El segundo cerebro, o
cerebro pequeño, logra todo eso con las mismas herramientas que el cerebro grande, una
sofisticada red casi autónoma de sistemas de circuitos neurales, neurotrasmisores y
proteínas.

No es de sorprenderse que exista una relación directa entre el estrés emocional y el


malestar físico. “Los médicos clínicos por fin reconocen que gran parte de la disfunción
en trastornos GI involucran cambios en el sistema nervioso central”, dijo Gary M, Mawe,
profesor de anatomía y neurobiología en la Universidad de Vermont.

Los sistemas entéricos y nerviosos central utilizan el mismo hardware, por así decirlo,
para ejecutar dos programas muy diferentes. La serotonina, por ejemplo, es crucial para
los sentimientos de bienestar. De ahí el éxito de los antidepresivos conocidos como
SSRIs, que elevan el nivel de serotonina disponible en el cerebro. Pero el 95% de la
serotonina del organismo está albergada en las vísceras, donde actúa como
neurotrasmisor y mecanismo indicativo.

Estudios recientes sugiere que el estrés, particularmente a temprana edad, puede causar
enfermedades GI crónicas, al menos en animales. “Si pones a una rata sobre una pequeña
plataforma rodeada de agua, lo que es muy estresante para una rata, desarrolla el
equivalente a la diarrea” dijo Mayer.

Mayer señaló que hasta el 70% de los pacientes que atiende por trastornos intestinales
crónicos habían experimentado traumas en la temprana infancia como divorcios de los
padres, enfermedades crónicas o muertes de los padres. “Creo que lo que ocurre a
temprana edad, junto con los antecedentes genéticos de un individuo, programa cómo
responderá una persona al estrés durante el resto de su vida”, declaró.

Tomado del New York Times para Optómetras de Yahoogroups