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Los Elementos de la Oración

Los Elementos de la Oración

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El autor de Eclesiastés nos enseña cuáles son los elementos que debemos considerar para orar según el plan de Dios.
El autor de Eclesiastés nos enseña cuáles son los elementos que debemos considerar para orar según el plan de Dios.

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Categories:Types, Speeches
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Título: Actitudes para la Oración. Lugar: Iglesia Cristiana Neza Pasaje: Eclesiastés 5:1-3 Fecha: 24 de Junio de 2010 Propósito: Confrontar, Auto examinar, Exhortar. Idea Central: Dios demanda una actitud determinada del hombre cuando está orando.

Cuando se habla de la oración, es necesario entender los diferentes elementos que la conforman. En fácil creer que la oración es solo una repetición de palabras o frases que han sido elaboradas por personas hace muchos años. Otras personas creen que la oración es un ritual que se debe cumplir cada determinado tiempo para ser objeto o recibir los diferentes favores que se quieren recibir, tales como salud, prosperidad, dinero, etc. Aún más, hay personas que creen que la oración solo puede hacerse en un lugar determinado y en un horario fijo, establecido y que no puede moverse por ningún motivo, además de que hay personas que exigen que se haga con una postura determinada, o bajo condiciones exclusivas. Pero además de todo, hay quienes creen que la oración debe ser dirigida a muchos así llamados “santos”, quienes pueden ayudarnos a que nuestras oraciones puedan llegar a Dios, para que Él las escuche y las pueda cumplir. En otras palabras, la gente cree que hay muchos medios para acercarnos a Dios. Así que es necesario que entendamos que hay ciertos elementos que se deben cumplir para que la oración sea aceptada. Es muy importante lo que voy a decir a continuación, y le pido que me escuche con atención: no todas las oraciones son escuchadas. No cualquier persona puede hacer una oración que tenga los elementos necesarios para que sea aceptada por Dios. Solo las personas que practican la oración de acuerdo a los siguientes principios pueden esperar ser escuchados. Pero no todos son atendidos. Permítanme leer un texto bíblico en el que se ejemplifica los requisitos necesarios para que la oración pueda ser escuchada. El texto se encuentra en Eclesiastés 5:1-3 que dice: “Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque éstos no saben que hacen el mal. No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra; por tanto sean pocas tus palabras. Porque los sueños vienen de la mucha tarea, y la voz del necio de las muchas palabras.” Estudiemos paso a paso lo que este texto quiere decir en relación a lo que necesitamos para que nuestra oración pueda ser escuchada por Dios.

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Primero que nada, debe haber humildad. El texto dice: “Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios…”. Esto quiere decir que se debe cuidar la actitud con la que vamos a orar. Es importante que se explique lo siguiente: para poder orar correctamente, es necesario que entendamos la condición en la que nos encontramos. Piense en lo siguiente: ¿Cuál es el concepto que tiene de usted?, ¿Cree que merece algo?, ¿Cree que las personas le deben algo a usted? Si comprendemos de manera adecuada la condición natural en la que nos encontramos, entonces será mucho más fácil poder cumplir con los requisitos que este texto enseña para que podamos orar adecuadamente. En general, las personas creen que la oración es un acto sencillo, en el que simplemente se deben repetir un par de palabras o simplemente se debe hacer una lectura de una tarjetita, cumpliendo así con el “requisito” de la oración. Lo que no saben, es que para poder orar adecuadamente, se necesita una preparación. El corazón de las personas que quieren orar adecuadamente debe contener un elemento esencial para que pueda ser efectiva su oración. La humildad es el elemento indispensable en la vida de todas las personas. Es muy fácil querer orar sin entender que no nos encontramos en condiciones de exigir. El texto dice: “guarda tus pasos”, en otras palabras, debes de tener cuidado de cómo caminas cuando te acercas ante Dios para orar. Debes revisar tu corazón, tus deseos, tus intenciones y tus pensamientos. Como lo estudiaremos más adelante, se debe hacer esto por la condición en la que nos encontramos. Solo somos un poco de polvo en la tierra, que después de algunos años volveremos al suelo. Entonces, si usted quiere que su oración sea aceptada por Dios, entonces debe revisar su corazón: ¿Para qué voy a orar?, ¿En mi oración estaré abogando por otra persona, o utilizaré la oración para buscar un beneficio personal? Las intenciones por lo tanto, deben ser humildes y genuinas, pidiendo perdón por los pecados propios, intercediendo por otras personas y reconociendo la autoridad de Dios. En segundo lugar, debe haber disposición a escuchar. El texto dice: “…y acércate a escuchar…”. Lo primero que se debe hacer, es tener

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humildad para orar. Una vez que se cumple con este requisito, debemos entender que en nosotros debe haber una actitud de querer aprender. Es interesante notar la forma en la que avanza el texto, avanza de manera progresiva. Observe lo siguiente: si no hay humildad, entonces no hay posibilidad alguna de que pueda aprender. Por lo tanto es de suma importancia que se reconozca la humildad como el elemento principal en la oración. Observemos que este también es un mandamiento. No es una recomendación o una alternativa para nosotros. Es una necesidad que debemos reconocer todo el tiempo. Pero podemos hacer un par de preguntas: ¿A quién se debe escuchar? Y ¿Qué se debe escuchar? Bueno, respondiendo la primera pregunta también se responde la segunda… La primera parte del texto dice que se debe escuchar a Dios. Solo él es el que nos puede enseñar lo necesario para vivir correctamente y para orar correctamente. La mejor fuente de aprendizaje para la vida, solo la encontramos en Él. Cuando no lo escuchamos a Él, entonces estamos dependiendo de lo que a nuestros ojos es correcto y adecuado. Estamos viviendo creyendo que nuestras experiencias son suficientes para enfrentarnos a las necesidades diarias, con las cuales luchamos a cada momento. La preparación para aprender también debe ser en el corazón. Del corazón surgen todos los deseos, pensamientos, intenciones, etc. Cualquier cosa que usted haga, siempre surge del corazón. Así que debe preparar su corazón, siendo humilde, y estando dispuesto a recibir la instrucción que se le dé. III. En tercer lugar, debe haber prudencia al hablar. El texto dice: “…en vez de ofrecer el sacrificio de los necios…”. ¿Cómo hablan los necios? Con necedad, esto es obvio. Cuando oremos, debe hacerse con prudencia. En otras palabras, se debe cuidar el tipo de lenguaje que se utiliza. Ustedes saben esto muy bien: es muy común que utilicemos un lenguaje determinado para hablar con los amigos, y utilicemos otro diferente cuando estamos en la familia o en algún otro lugar en donde se necesita ser más serios. Esto es común. Por ejemplo, cuando se es joven y se trata de conquistar a una muchacha, tratamos de hablarle de una forma diferente que a los

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amigos, ¿verdad? Entonces lo que hacemos, es ser prudentes, tener cuidado de no causarle un disgusto a la mujer y por lo tanto cuidamos las palabras que usamos, el tono de voz, etc. De la misma forma, debemos de tener cuidado cuando vamos a orar. Ya explicamos que es necesario tener humildad, y que también es necesario aprender de Dios, lo que nos tiene que decir; pero también es muy importante que al orar no tengamos una actitud de ser exigentes. Ninguno de nosotros está en posición de exigir algo a alguien. Se deben hacer súplicas, pero esto no quiere decir que Dios esté obligado a cumplirlas. Debemos de cuidar el tipo de vocabulario que utilizamos. No debe ser un lenguaje vulgar, sucio, con doble sentido. Deben ser palabras que salgan de lo más profundo de nuestro ser, palabras honestas, sencillas. Orar no significa hablas mucho, o hacer una declaración poética cuando hablamos; sin embargo si debe ser genuina. Debemos de exponer todo lo que hay en nuestro corazón, dejando que Dios conozca todo lo que tenemos en nuestro interior. Sea reverente al orar. No crea que está hablando con su amigo de toda la infancia. Sea respetuoso en las expresiones que utilice. No use un lenguaje grosero, sino amable. IV. En cuarto lugar, debe haber comprensión de lo que se dice. El texto dice: “porque éstos no saben que hacen el mal…” Si no habla prudentemente, obviamente estará hablando cosas vanas, cosas sin sentido. La parte anterior del texto dice que no debe ser como un necio. Una persona necia es aquella a la que después de haberle instruido sobre lo que es correcto hacer, no hace caso, sino que se cree más inteligente y sabio. Es como la mayoría de los jóvenes. No prestan atención a las instrucciones que les dan las personas mayores. Como jóvenes creemos que nos podemos comer el mundo de un solo bocado. Creen que saben todo lo que se necesita para vivir la vida. No entienden la necesidad de prestar atención a las llamadas de atención de la gente mayor. Y cuando no prestan atención, entonces caen en una actitud de arrogancia y soberbia. Permítame decirle lo siguiente: ser soberbio y arrogante, es al mismo tiempo se un necio. Porque por un lado, recibe la instrucción, pero no hace caso de ella; y por otro lado, cuando alguien le quiere instruir, no

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recibe sus palabras. Sino al contrario lo toma como una ofensa. Esto es ser necio. Entonces, cuando seguimos las instrucciones dejamos de ser necios. Observe que el texto dice que cualquiera que viene a orar con soberbia y arrogancia, en realidad está haciendo el mal. No crea que su oración será agradable a Dios cuando la dice con altanería. Si usted ora de esa manera, entonces no está presentando algo bueno en sus oraciones. Hemos dicho que la oración debe ser humilde. Si es humilde entonces puede surgir algo bueno de ella; pero si no tiene humildad, entonces las palabras son vanas, sin sentido, son palabras vacías que se lleva el viento. En otras palabras, no sirven para nada. V. En quinto lugar, se debe meditar lo que se va a hablar. El texto dice: “No te des prisa en hablar ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios…” Este es otro elemento muy importante para considerar. La oración siempre va acompañada de meditación. Cuando usted vaya a orar, hágase las siguientes preguntas: a. ¿Para qué voy a orar? b. ¿Mi oración es genuina? c. ¿Mi oración es humilde? d. ¿Las palabras que planeo usar son buenas, correctas, adecuadas? e. ¿Mis pensamientos son puros? f. ¿Hay actitudes que debo corregir antes de orar? g. ¿Hay en mi corazón un deseo de aprender, de ser instruido? h. ¿Hay sentimientos o pensamientos que estorban mi oración, o la ensucian? Es de suma importancia que se realicen estas preguntas. Meditar no solo significa pensar de vez en cuando en un texto bíblico, sino que significa reflexionar sobre la forma en la que ese texto afecta mi vida, mis actitudes, mis pensamientos, mis sentimientos y mi voluntad. Por eso el texto dice: “no te des prisa en hablar”, en otras palabras significa que en la oración no necesariamente tenemos que llegar corriendo con el costal de peticiones, o con el tambache de súplicas, dejarlas e irnos. Significa que debemos de admirar a Dios. No te apresures, dice el texto. Contempla con tu corazón la bondad y misericordia de Dios. Guarda silencio en su presencia y obsérvalo.

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Además dice, “ni tu corazón a proferir palabra…” nuevamente se repite la idea de hace un momento: la oración debe ser con el corazón. Cada palabra, cada pensamiento debe provenir del corazón, no de otro lugar. Para orar correctamente, entonces se necesita reflexionar sobre las intenciones del corazón. Se debe buscar si hay intenciones dobles en nosotros, si es que pretendemos engañar a nuestro cerebro, y descubrir que cuanto más expongamos nuestro corazón ante Dios, entonces podremos orar de una mejor manera. VI. En sexto lugar, se debe comprender la posición en la que estamos. El texto dice: “Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra…” La condición que tenemos, es de ser un ser inferior. No somos creadores de nada, ni dueños de nada, ni propietarios de alguna cosa que hayamos podido obtener. Para que la oración sea correcta, entonces se debe entender que como creación, no podemos reclamarle al que nos creó. Tampoco podemos ponernos al tú por tú, creyendo que tenemos privilegios especiales. Esto apunta nuevamente a la humildad. Tal vez suene aburrido, repetitivo pero es necesario hacerlo: la humildad es la puerta por la que podemos alcanzar la salida a muchos de nuestros problemas. La razón por la que la mayoría de las personas tienen problemas, es porque no son humildes. No aceptan sus errores, no están dispuestos a escuchar instrucciones, y mucho menos está dispuesto a cambiar conductas. Por eso este texto repite frecuentemente la necesidad de volver a las cosas elementales, las cosas básicas; y lo más necesario para todos nosotros es precisamente la humildad. Entonces, como seres creados, no estamos a la altura de Dios como para exigirle o demandarle el cumplimiento de nuestras oraciones. Debemos de ser dependientes, entendiendo que Él hará lo que es mejor para cada uno de nosotros. En séptimo lugar debe haber sabiduría. El texto dice: “…por tanto sean pocas tus palabras…” Habla lo que es necesario. No hables palabras de las que después te puedas arrepentir, sino más bien solo las que sean adecuadas para el momento; pero además, no te quedes con las ganas de confesar algo, un

VII.

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sentimiento, una idea que tengas, una emoción por la que quieras agradecer, etc. Así como se debe ser prudente en buscar la palabras adecuadas para hablar, también debemos de ser sabios para usar correctamente las palabas, el tiempo, el espacio en el que nos encontramos.

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