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DICCIONARIO JURIDICO - C2

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Aquellos que no tienen nombre específico y particular dado por el derecho.

La Empresa moderna ha sentido con más fuerza que nunca la necesidad de los contratos atípicos o innominados, para
encauzar la nueva realidad de su evolución.
Messineo nos dice que el contrato innominado es el índice más seguro de que la vida jurídica no se fosiliza en normas
inmutables, sino que, al contrario, esta en constante movimiento y evolución; por ejemplo, de la venta se ha desprendido
el suministro, de la locación se ha destacado el arriendo de cosas productivas (renting y leasing); del mutuo, la apertura
de crédito, el anticipo, el descuento, el reparto. A las formas tradicionales (y en cierto sentido, arcaicas) de origen
romanista, se van agregando figuras de contrato que son el resultado de la vida económica moderna. La aparición
constante de nuevas figuras de contratos innominados, se debe, no tan sólo a un proceso técnico de diferenciación, sino
también (y sobre todo) al nacimiento de nuevas necesidades económicas: cuanto más rico es el desarrollo de la vida
económica, tanto más crece el número de las nuevas figuras contractuales.
Estaría fuera de la realidad pensar que las partes, al estipular un contrato, se preocupan por mantenerse estrictamente
dentro de la regulación previamente dispuesta por la ley y de encuadrarse en los tipos, o solamente acudir a los tipos que
ella dispone.
El contrato innominado o atípico y el comercio. La evolución de los recursos técnicos, la ampliación de los mercados y la
expansion de la economía, van requiriendo constantemente nuevas figuras contractuales, por cuanto las clásicas figuras de
los contratos típicos resultan insuficientes para dar adecuada solución a todos éstos problemas.
Señala messineo: " el contrato innominado reproduce, en términos particulares, la situación, más general, por la cual el
derecho estatuido se encuentra, en un cierto modo, atrasado con respecto a la realidad vivida, en el sentido de que los
institutos jurídicos tienen por lo común su germen, no en la fantasía de los juristas o del legislador, sino en la inventiva
práctica de los mismos interesados, y encuentran generalmente una primera disciplina en los usos, antes que la legislación
se apodere de ellos".
Por otra parte, esta ha sido la nota caracterizante y la explicación histórica del derecho comercial: los comerciantes han
ido creando su propio derecho, sobre la base de costumbres, cuando las fórmulas del derecho clásico resultaron
insuficientes para dar adecuada solución a los nuevos problemas que el intenso trafico comercial fue originando a partir
de la segunda mitad del medievo.
En la Argentina, debido a la vejez del código de comercio, son numerosos los supuestos de contratos innominados o
atípicos de aplicación cada vez mas frecuente en la vida de los negocios: contrato estimatorio, contrato de suministro,
contrato de agencia, de concesión, contratos parciarios de la más diversa índole, sindicación de acciones, la mayoría de
los contratos bancarios, etcétera.
La posibilidad, reconocida a los sujetos, de crear contratos fuera de los esquemas establecidos por la ley constituye, el
decir de messineo, la extrema concesión que el ordenamiento jurídico hace a la autonomía privada en lo referente a la
libertad contractual de la cual el contrato innominado constituye la manifestación máxima. Por otra parte, el legislador no
tiene razón alguna para oponerse a esa actividad creativa de las partes, al contrario, tiene todas las razones para
favorecerla, lo cual encuentra su apoyo en nuestro código civil en el artículo 1197.
El contrato innominado (o atípico) tiene sustento legal en el derecho argentino y otorga a las partes las acciones
pertinentes para exigir el cumplimiento de las obligaciones así nacidas. Las razones son obvias: el código civil reconoce
la posibilidad de existencia de contratos innominados sin señalar ninguna advertencia en contra de ellos. La definición de
contrato del artículo 1137 es suficientemente amplia, no se limita a las figuras típicas reguladas por la ley; a lo cual
debemos agregar la norma contenida en el artículo 1197, consagratoria del principio de la autonomía de la voluntad
contractual.
Según una teoría, la ley protege todo contrato innominado que no sea ilícito.
Según otra posición, la ley no debe proteger contratos atípicos a pesar de no ser ilícitos, si no desempeñan una función
económico-social. Spota sostiene que corresponde amparar el contrato atípico en tanto no se aparte del objeto fin social
que debe satisfacer todo negocio jurídico. No es digno de tutela el negocio atípico que signifique un mero capricho o algo
fútil, aun cuando permanezca dentro del ámbito de lo licito. "El límite lo brinda el objeto fin social que debe satisfacer
todo negocio jurídico, o sea, que no se ofendan aquellos valores éticos y sociales que la colectividad debe siempre
tutelar".

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