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Tartamudez

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La tartamudez, trastorno de la fluidez del habla que se puede prevenir
La tartamudez, trastorno de la fluidez del habla que se puede prevenir

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TARTAMUDEZ: Trastorno socialmente muy limitante, pero prevenible.

Por: NÉSTOR ANTONIO PARDO RODRÍGUEZ* Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo Profesional Titulado por la Universidad Nacional de Colombia

INTRODUCCIÓN
Las dificultades que una persona presenta para su comunicación, a menudo constituyen una de las mayores limitantes para la interacción social, así como para su salud mental y la de su familia. La Tartamudez podría definirse como una serie de cortes, interrupciones y / o repeticiones que afectan la continuidad o fluidez del discurso hablado, las cuales se acompañan, algunas veces, de tensión muscular y emocional, tics, movimientos asociados de zonas cercanas a los órganos fonoarticuladores y accesorios de otras partes del cuerpo. Estas interrupciones o repeticiones podrían ser la expresión visible de la interacción de determinados factores biológicos, psicológicos, educativos, culturales, familiares y sociales. El Terapeuta del Lenguaje, Terapeuta de la Comunicación, Fonoaudiólogo o Logopeda, en compañía del Psicólogo, son figuras de vital relevancia en el proceso de evaluación, diagnóstico e intervención terapéutica de personas que presentan este trastorno del habla. Trataremos aquí de describir lo que ocasiona este trastorno y algunas pautas para que la familia pueda prevenirlo.

LA TARTAMUDEZ
Según datos estadísticos, dos (2) de cada cien (100) personas en el mundo presentan una tartamudez en algún momento de su vida, con un rango de 4 a 1 entre hombres y mujeres. Es decir, por cada 4 hombres hay 1 mujer que tartamudea. Un amplio porcentaje de los niños entre dos (2) y siete (7) años de edad pasan por una etapa normal de su desarrollo durante la cual tartamudean. Todavía no hay respuestas exactas acerca de las causas de la tartamudez. Cuando algunos niños tartamudean, a menudo comienzan a desviar sus ojos sin mirar de frente al interlocutor, mueven o sacuden la cabeza o las manos, parpadean y mueven la boca exageradamente. La tartamudez persistente, es improbable que desaparezca con la edad, por lo cual es recomendable acudir al Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo. En un amplio número de casos, la tartamudez puede ser aprendida.

*

Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo, titulado por la Universidad Nacional de Colombia. 27 años de experiencia en los campos de Educación (regular, especial e inclusiva), Salud (prevención y rehabilitación), Promoción Comunitaria y Cooperación Internacional: 15 años en Colombia, en instituciones gubernamentales y privadas de nivel nacional, departamental y municipal y 12 años de experiencia internacional en Bolivia, Nicaragua y Perú. Ha sido Secretario de Educación Municipal, Asesor de Concejo Municipal en el tema de Educación, Creador de Programas de Educación Especial, Promotor de ONGs relacionadas con la temática de la Educación y Terapeuta del Lenguaje (sectores Público y Privado) en Colombia. Cooperante de la ONG de Cooperación Internacional Británica CIIR / Progressio en Nicaragua y del Servicio Internacional Británico en, Docente Universitario y Conferencista. Actualmente Maestrante de Educación Superior en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca y de Gerencia Social en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

¿CÓMO ES POSIBLE ESTO?
De los 3 a 5 años, aproximadamente los niños atraviesan por un periodo normal de tartamudez. Por lo general pueden repetir una sílaba o se demoran para iniciar la pronunciación de una palabra. Esto se debe a que ya manejan una buena cantidad de palabras y la forma de combinarlas, pero no están muy seguros de si lo están haciendo bien. Para ello necesitan la guía de los padres. Estos a veces se asustan y cuando el niño repite algo, lo corrigen, le expresan que así no se dice. Otros lo regañan fuertemente, se burlan o lo imitan. El niño en lugar de obtener un apoyo, encuentra un rechazo. Esto lo puede marcar y originar una real tartamudez. El niño en edad pre - escolar está muy ocupado aprendiendo a hablar, por ello comete errores en el habla llamados "disritmias del discurso" o "tartamudez funcional o fisiológica", dependiendo de los diversos autores que tratan el tema.

¿CUÁLES SON LOS FACTORES QUE PUEDEN DESENCADENAR UNA TARTAMUDEZ?
A menudo hay cuatro factores que se asocian muy estrechamente, y cuya combinación puede generar la Tartamudez:  Padres muy ansiosos, exigentes, agresivos o drásticos con su hijo (a), quienes esperan que él (ella) hable, piense y actúe como adulto y no como el niño (a) que es.  Retrasos en el Desarrollo del Lenguaje.  Un clima hogareño tenso, competitivo y de mínimas oportunidades de diálogo entre sus integrantes.  Vinculación a Centros Educativos con niveles de exigencia superiores a las capacidades actuales del niño. Los afanes de la vida moderna han desencadenado un hecho latente como es la desvinculación de la familia dentro del periodo de formación inicial del ser humano. Los niños de finales del siglo XX y comienzos del XXI son llamados “niños de departamento” o “niños de guardería”. Para ellos las figuras materna y paterna son prácticamente inexistentes o son ejercidas por las empleadas domésticas o técnicas de preescolar y el infaltable televisor o los juegos electrónicos. La familia es el elemento fundamental para el desarrollo integral de la persona. En la dinámica interior de la misma se generan procesos de reflexión y toma de decisiones que implican la reorientación y reconstrucción de la vida hogareña, cada vez que llega un nuevo integrante a la misma. Esto se ratifica aún más cuando el nuevo integrante presente Necesidades Educativas Especiales relacionadas con el ambiente, la discapacidad o aptitudes sobresalientes, y quien debe ser aceptado. Aceptación significa reconocer el derecho de la persona a su dignidad y respeto, a pesar de su problemática. Es percibir al individuo tal como es, incluyendo sus habilidades y limitaciones, actitudes, sentimientos y comportamientos. De otro lado, cada vez los niños van más temprano a las guarderías, nidos, hogares comunitarios o centros de educación inicial o preescolar. Estas instituciones en general están pensadas para la educación de niños con características homogéneas y a menudo la exigencia que se hace a los niños está por encima de sus posibilidades reales. Los padres presionan para que sus hijos aprendan a hablar más rápido, utilicen un segundo idioma y hasta que salgan leyendo y escribiendo antes de ingresar a la primaria. Quienes no alcanzan estos niveles y se diferencien por sus dificultades o dotes excepcionales van siendo segregados y derivados a sistemas y/o servicios especiales de atención. Aquí comienza el peregrinaje de los padres a consultas especializadas y diversos profesionales para que “curen” a su hijo y pueda ser reintegrado a su centro educativo.

¿QUÉ HACER PARA PREVENIR LA TARTAMUDEZ?
1. Aprenda a escuchar a su hijo y ofrézcale experiencias frecuentes y variadas fuera y dentro de casa.

El padre de familia actual, argumenta que "no tiene el tiempo" y / o la formación necesaria para asumir su rol en un mundo cambiante. En el hogar, la comunicación se limita a lo mínimo para la supervivencia o solamente se produce información vaga, órdenes para realizar acciones puntuales o expresiones con tendencia a castigar. Por lo tanto, se genera cierto grado de deprivación sensorial producido por la insuficiente calidad y cantidad de estímulos lingüísticos. Esta, a su vez, genera una respuesta fisiológica alterada, y por lo tanto, un trastorno en el desarrollo del sistema nervioso central que afecta la adquisición del lenguaje. La interacción de los padres con el niño, en el hogar, es el punto de partida para su formación como sujeto social, capaz de comunicarse, participar realmente y de acuerdo con sus posibilidades en el medio social, cooperar, construir conocimientos y expresarse libre y creativamente. Educar en este contexto, supone facilitarle al niño experiencias e instrumentos variados, cada vez más ricos y complejos, para que construya aprendizajes realmente significativos, de acuerdo a su nivel evolutivo y al contexto sociocultural en el que vive. Nelson (1985), demostró que los niños y niñas que gozaban de la oportunidad de salir más a menudo de sus casas, tenían mayores niveles de adquisición de lenguaje que otros niños. Las salidas y el cambio de actividades rutinarias dentro del hogar, pueden generar diversas experiencias que proporcionan tanto el contenido como la motivación para compartirlas mediante el discurso. Durante el siglo XIX, y de modo más intenso en el siglo XX, se va consolidando la relación del binomio juego y educación. El "aprender jugando", se va apoderando de la realidad familiar y escolar. Podemos encontrar las ideas de autores como Pestalozzi y Fröebel, los aportes desde el campo de la educación especial de Montessori o Decroly, la innovación metodológica propiciada por la Escuela Nueva y las generadas a partir de la obras de Wallon y Vygotsky, entre otros. Cada individuo, desde que nace, interactúa con un ambiente y tiene una serie de experiencias que le permiten paulatinamente comprender, valorar y prospectar su propia existencia. Posee unas características que varían de acuerdo con el proceso evolutivo, las cuales están determinadas por variables madurativas, hereditarias y heurísticas, lo que representa un conocimiento del niño o la niña como individuo único e irrepetible, que tiene unas potencialidades a aprovechar en el medio circundante y susceptible al cambio, dada la permeabilidad en su estructura psíquica. El ambiente de y para la educación será todo el entorno que rodea a la persona, sin necesidad de crear uno específicamente para este fin. Corresponde a la familia el establecimiento de unas relaciones reforzantes con el niño, la creación de un ambiente de estimulación desde períodos tempranos del desarrollo lo que repercute significativamente en la competencia social, desempeño intelectual e independencia personal, entre otros. Se deben buscar las ocasiones para jugar con el niño o la niña, ojalá en el suelo, con elementos manipulables (animales, carros, muñecos, etc., de materiales durables). Se pueden crear situaciones, moviendo los juguetes y narrando lo que está pasando. 2. Muéstrese entusiasmado por comunicarse.

A ninguno de nosotros se nos ocurriría hablar con alguien que no parece interesado en lo que estamos diciendo. El interlocutor ayuda a mantener el interés del niño por comunicarse, con sus

respuestas, comentarios y preguntas de final abierto, cuando es posible, con el fin de permitir la ampliación en la longitud y profundidad del tema. Trate de no hacer preguntas cerradas al niño; es decir aquellas que se responden con un sí o un no. Recuerde que comunicarse no es pedirle al niño que repita palabras. Es conversar. De otro lado, cuando estén jugando, no le dé órdenes. Recuerde que en el juego estamos al mismo nivel. En lugar de ello, puede narrar lo que están haciendo tanto Ud. como el niño o la niña. Harris (1988) afirma que un rasgo central de cualquier intercambio comunicativo es la expectativa de influir sobre otro individuo. Así, la comunicación presupone una comprensión de lo que ciertas acciones o sonidos pueden significar para otras personas y una decisión para ejecutar aquellas acciones o sonidos, con el fin de evocar tales significados. La pregunta que surge, continúa el citado autor, es cómo los bebés y los niños pequeños se hacen conscientes de su capacidad para mantener interacciones sociales. Una solución al problema es pensar que éstos desarrollan la intencionalidad como resultado de observar a sus mayores responder ante sus acciones ejecutadas al azar, calificándolas erradamente como si fueran intencionales (Ryan, 1974; Shotter, 1975; Newson, 1979). En la misma forma, en una etapa posterior, a las acciones particulares (por ejemplo, alcanzar un objeto) se les puede atribuir un significado social especial y así tomar las características de las mismas por gestos (es este caso, señalar). 3. Busque información acerca de las etapas del desarrollo del lenguaje del niño.

Como decíamos anteriormente, la interacción de los padres con el niño, en el hogar, es el punto de partida para que aprenda a comunicarse, participar realmente y de acuerdo con sus posibilidades en el medio social, cooperar, construir conocimientos y expresarse libre y creativamente. Educar en este contexto, supone facilitarle al niño experiencias e instrumentos variados, cada vez más ricos y complejos, para que construya aprendizajes realmente significativos, de acuerdo a su nivel evolutivo y al contexto sociocultural en el que vive. La validez de un acto comunicativo no se puede entender por aislado como la adecuada emisión de oraciones sintáctica y semánticamente bien estructuradas. Implica partir de un individuo que tiene un "Mundo Interno Subjetivo" caracterizado por sus conocimientos, experiencias, cultura, pertenencia a una familia y a un grupo social, estado de salud, anímico, etc., el cual en determinadas circunstancias, un lugar y un momento específicos tiene la intención de informar algo a otro individuo con un "Mundo Interno Subjetivo" diferente, con el fin de lograr un acuerdo enmarcado en una situación contextualizada. Este acuerdo proposicionalmente diferenciado externamente merced a la estructura lingüística tiene que ser aceptado internamente como válido por los participantes. Es decir, no puede quedar en el aire la duda acerca de la intencionalidad real que tenían los interlocutores al expresarse. Un amplio número de estudios han reportado cómo el discurso de tanto adultos como niños se relacionan con actividades específicas. Wood, McMahon y Cranstoun (1980); Bruner (1983); y Tizard y Hughes (1984) han explicado la manera en la cual ciertas actividades favorecen la comunicación. Por ejemplo, cuando un adulto y un niño pequeño (alrededor de los 18 meses) leen juntos un libro, la rutina de sentarse cerca y voltear las páginas ayuda a establecer exactamente de qué se está hablando. Además, la estructura de la actividad y su naturaleza repetitiva hacen más fácil para el primero predecir la respuesta lingüística del segundo. En conjunto, estas características incrementan las oportunidades de que el adulto sea capaz de determinar lo que el niño está intentando decir, aunque su articulación (pronunciación) todavía tenga un pobre desarrollo. De otro lado, las expectativas convencionales acerca de qué significados son apropiados para la actividad permite inferir una estrecha gama de posibles interpretaciones y se reduce la posibilidad de que se confunda la intencionalidad del niño (Scollon, 1979).

Hacia los 2 ó 3 años, ya el niño tiene el dominio de un amplio número de palabras, lo cual hace que se inicie la producción de frases y oraciones. Como todavía no maneja todas las reglas del idioma y tiene dificultad para producir algunos sonidos del habla, ocasionalmente repite sonidos, sílabas, palabras o partes de la oración. Los padres deben entender que él o ella se sienten evaluados constantemente y se ponen nerviosos. Mucho más nerviosos, al ver al padre o a la madre ansiosos o asustados por la forma de hablar del niño. Una enseñanza: escúchenlo con calma, sin ansiedad, sin angustia. No importa que se equivoque. Valoren más lo que les quiere decir, que la forma como lo dice. Denle la oportunidad de equivocarse. Más bien apóyenlo moldeando su discurso. Es decir, repitiendo en forma correcta lo que trató de decir el niño o la niña, pero sin hacerlo sentir mal. 4. Mantenga la calma cuando el niño comienza a hacer gestos con su cara, se retuerce las manos, aprieta sus ojos, etc., al tiempo que tartamudea.

Trate de aplicar lo tratado en el punto 1 de este apartado. Sin embargo, sería recomendable que consultara con un Terapeuta del Lenguaje, Fonoaudiólogo o Logopeda para que lo asesore. Y más conveniente aún, si este profesional trabaja en armonía con un Psicólogo, para enseñarles a Uds. y a su hijo a controlar la ansiedad y evitar o manejar situaciones que la provocan.

LA TARTAMUDEZ DESPUÉS DE LOS 5 AÑOS, ADOLESCENCIA Y ETAPA ADULTA.
Las recomendaciones anteriores son perfectamente válidas para estos momentos. La asesoría tanto del Terapeuta del Lenguaje como del Psicólogo es necesaria para la familia, la persona que presenta tartamudez, los maestros y los compañeros de colegio, universidad o trabajo. Todos deben colaborar, tratando de hacer menos tensionante el ambiente y evitando burlas por la presencia de tartamudez. El Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo le dará pautas y estrategias a la persona `para controlar su tartamudez y el Psicólogo orientaciones para controlar su comportamiento en situaciones tensionantes.

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