Los cooperantes españoles en el exterior por José Daniel Espejo

José Daniel Espejo
a presente nota no hablará sobre cooperación, sino sobre cooperantes. No es la misma cosa, se entiende: la cooperación internacional comprende donantes, donaciones, oficinas en capitales occidentales, oficinas sobre el terreno, acuerdos de colaboración, subvenciones gubernamentales, inspectores, inspecciones, infinitas reuniones, proyectos en el papel y en la práctica, todo-terrenos y, a veces, teléfonos satélite. Los cooperantes (copulantes, como a veces los he oído autodenominarse, de broma y ante el tercer o cuarto whisky, en ciertos bares de Sarajevo) son las personas que, a través de esa ingente red administrativa, llegan al terreno, en cualquier país afectado por innumerables conflictos, y cobran por ello, o no.

L

de historias. Son faros frente al nihilismo y frente a la fatiga de nuestra vieja democracia. Todo eso es un cooperante cuando embarca en un avión y tiene por delante un complicado vuelo en dirección a cualquier parte poco recomendable del mundo. Todo eso, desde el punto de vista del que se queda ante el control de pasaportes. Del que vuelve a casa y teje y desteje una mortaja, digamos. ¿Y qué hace, entonces, Ulises? Lo primero es encontrar un hueco en la maleta para tal cantidad de honor. Da igual la organización, da igual el puesto, da igual el destino. Un cooperante internacional lleva siempre sobre los hombros esa mercancía. No saber arreglárselas con ella será un problema: frustración ante un trabajo, digamos, demasiado administrativo o alejado de la toma de decisiones; desencanto ante una posible apreciación negativa de su figura, por parte de locales; conflictos con los estratos superiores, en cuanto a una dirección del trabajo percibida acaso como injusta o incompetente. Todo eso puede pasar, y pasa. Sin embargo, las reservas de orgullo son imprescindibles. Cuando se acaban, el cooperante empieza a pensar en volver. He pensado concretamente en un amigo, medio danés medio estadounidense, al escribir lo anterior. El honor, que yo llamaría luterano, que lo trajo aquí. Su inagotable experiencia, su digno serbocroata, su moral sin grieta y su austeridad, digamos otra vez, luterana. El terrible proceso que lo llevó a la depresión, a mudarse a Sarajevo y conducir más de dos horas cada mañana, por entre montañas cubiertas de nieve, porque ya no le era posible seguir viviendo en el pequeño pueblo en el que se desarrollaba el proyecto que dirigía. Éste, que consistía en gestionar el retorno de un número de familias serbobosnias a una aldea ahora de mayoría musulmana, se había convertido en un enfrentamiento continuo con la población en general, con los empleados de las obras, con los nuevos y casuales

Sobre cooperación internacional, tendré que confesarlo, no sé mucho. Sólo de una manera tangencial formo parte de ella, como lector becado de español en la Universidad de Sarajevo. Sobre cooperantes, en cambio, sí sé algo. He conocido a cientos de ellos, he oído de sus labios miles de historias localizadas en todos los continentes, heroicas o tristes o divertidas o terribles. Y por otro lado, yo mismo no soy exactamente uno de ellos. Lo soy y no lo soy. Desde esta perspectiva un tanto marginal, tal vez distante, hablaré sobre ellos. Cooperantes, insisto, esas figuras literariamente irresistibles, homéricas casi, que llegan con una maleta organizada al milímetro, un currículum vertiginoso y un álbum de fotos, y al tiempo desaparecen (sólo las dos últimas cosas han aumentado de peso). Tal y como están las cosas, en estos principios turbulentos del siglo XXI, desde el punto de vista del mundo occidental, son los nuevos héroes, los únicos que escapan a la decadencia moral entre unioeuropeos y norteamericanos, los frutos escogidos del Imperio. Ostentan la superioridad de la conciencia, del estar haciendo algo para cambiar el mundo; también el prestigio del viajero, la posesión

14
septiembre 2002

Revista de la Consejería de Educación y Ciencia en Marruecos - 103 -

ALJAMÍA

VIII. Miscelánea

Los cooperantes españoles en el exterior

Fuga del paro o de unas oportunidades laborales estrechas. tal vez para tener un refugio vacacional que en el fondo saben que apenas visitarán. Cuando por fin se cerró todo. en señal de respeto a todo lo que los puso en el camino. En honor a esa historia. Cooperantes perdidos.D. casi siempre del norte de Europa (a una finlandesa del P. como Nueva York o Bruselas. como los que continuamente tenía que preparar para su organización. de la justicia. Fuga de una historia de amor profunda y desgraciada. refugiados en el límite de la resistencia humana o evacuaciones de último minuto. más honorable incluso por el hecho de saber contar su derrota. difícil de compartir. gobiernos corruptos. pero lo sigo recordando como un héroe discreto. desapareció. los que. pero muy pocas veces. entre cooperantes. con las familias beneficiarias (que en ningún caso ocuparon las viviendas. desapasionado y lleno de cifras. O de los programas de la tele. guardan una película propia. que probablemente cuestionaba su trabajo. es precisamente esto lo que barniza a un cooperante internacional con matices absolutamente irresistibles.Los cooperantes españoles en el exterior por José Daniel Espejo VIII. se puede preguntar. un caballero. con la municipalidad del cantón y con otros cooperantes que actuaban en la zona. como los detectives de Roberto Bolaño. lo que los viste de antihéroes (como el honor que ostentan los viste al mismo tiempo de héroes) en una mezcla insuperable y tan compleja que se parece a la realidad. tan extraño. casi la convenzo para comprarse una casa en Murcia. y que uno preferirá siempre hablar de la cara soleada de la historia. sólo sé que es bastante triste: ¿son caras las casas. pero que tan extraño. Pero ah. Lo último que supe de él fue que acababa de llegar a Timor. debajo de varios miles de historias con guerrillas. pero cada marco bosnio que entregaba para la nada le dolía como una cuchillada. José Daniel Espejo es poeta y colabora en diversas revistas literarias. en tu región? Hay un componente de fuga en las historias de muchos cooperantes. la pregunta: ¿son las casas caras en el sitio del que vienes? A ésa siguen otras: ¿qué tiempo suele hacer?.104 - . ¿Para qué? Sus organizaciones pagan sus alquileres y muchas veces el traslado de sus objetos personales. existe. ¿Fuga de qué?. ¿Cómo es el paisaje? Me las han hecho un buen montón de veces. ¿A cuánta distancia está de Madrid?. en casa. Buscan un sitio para poner sus cosas. a la que dan poca importancia. pero. No sé exactamente para qué ni por qué.N. y. Insisto en que este componente no es fácil de reconocer. Hay otra cosa que me llama la atención. que se suma al del honor. Era un tipo casi inaccesible a la depresión. con la organización a la que representaba. más o menos nobles: fuga de un determinado clima político. Da igual: fuga. O de la familia. y las pusieron en venta sin poner un pie en el pueblo). Acaso han perdido la esperanza o el deseo de establecerse definitivamente en cualquier lugar del terreno. desde un punto de vista literario. siempre cooperantes de entre treinta y cuarenta años. las que a pesar del riguroso control sobre el equipaje han ido acumulando. como tal. tras un mes de inactividad que sin duda pasó recuperando su (para mí extrañísimo) honor danés. Claro que uno normalmente sólo te hablará del segundo cuando te cuente los motivos que lo han llevado a tal o cual lugar. Pues de una infinidad de cosas. la pobre). Miscelánea habitantes de algunas de las casas en proceso de reconstrucción y rehabilitación. 14 septiembre 2002 ALJAMÍA Revista de la Consejería de Educación y Ciencia en Marruecos . Son los que prefiero. o social. esta breve nota. Y un brindis. o incluso religioso. Recuerdo el tono en el que relataba todo esto: el de un informe oral.U. Fuga del tedio. Más de un mes no lo conocí. movimiento centrífugo donde lo importante no es el destino sino la distancia que media desde el punto de partida: estar en otro lugar. o al menos en una de las sedes de la cooperación internacional. O.

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