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Los cooperantes españoles en el exterior

por José Daniel Espejo

Los cooperantes españoles en

VIII. Miscelánea
el exterior
José Daniel Espejo

a presente nota no hablará sobre coopera- de historias. Son faros frente al nihilismo y frente a

L ción, sino sobre cooperantes. No es la


misma cosa, se entiende: la cooperación
internacional comprende donantes, donaciones, ofi-
la fatiga de nuestra vieja democracia. Todo eso es un
cooperante cuando embarca en un avión y tiene por
delante un complicado vuelo en dirección a cual-
cinas en capitales occidentales, oficinas sobre el ter- quier parte poco recomendable del mundo. Todo
reno, acuerdos de colaboración, subvenciones eso, desde el punto de vista del que se queda ante el
gubernamentales, inspectores, inspecciones, infini- control de pasaportes. Del que vuelve a casa y teje y
tas reuniones, proyectos en el papel y en la práctica, desteje una mortaja, digamos.
todo-terrenos y, a veces, teléfonos satélite. Los
cooperantes (copulantes, como a veces los he oído ¿Y qué hace, entonces, Ulises? Lo primero es
autodenominarse, de broma y ante el tercer o cuarto encontrar un hueco en la maleta para tal cantidad de
whisky, en ciertos bares de Sarajevo) son las perso- honor. Da igual la organización, da igual el puesto,
nas que, a través de esa ingente red administrativa, da igual el destino. Un cooperante internacional
llegan al terreno, en cualquier país afectado por lleva siempre sobre los hombros esa mercancía. No

ALJAMÍA
innumerables conflictos, y cobran por ello, o no. saber arreglárselas con ella será un problema: frus-
tración ante un trabajo, digamos, demasiado admi-
Sobre cooperación internacional, tendré que nistrativo o alejado de la toma de decisiones; desen-
confesarlo, no sé mucho. Sólo de una manera tan- canto ante una posible apreciación negativa de su
gencial formo parte de ella, como lector becado de figura, por parte de locales; conflictos con los estra-
español en la Universidad de Sarajevo. Sobre coope- tos superiores, en cuanto a una dirección del trabajo
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rantes, en cambio, sí sé algo. He conocido a cientos percibida acaso como injusta o incompetente. Todo

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de ellos, he oído de sus labios miles de historias eso puede pasar, y pasa. Sin embargo, las reservas de
localizadas en todos los continentes, heroicas o orgullo son imprescindibles. Cuando se acaban, el
tristes o divertidas o terribles. Y por otro lado, yo cooperante empieza a pensar en volver.
mismo no soy exactamente uno de ellos. Lo soy y no
lo soy. Desde esta perspectiva un tanto marginal, tal He pensado concretamente en un amigo,
vez distante, hablaré sobre ellos. medio danés medio estadounidense, al escribir lo
anterior. El honor, que yo llamaría luterano, que lo
Cooperantes, insisto, esas figuras literariamente trajo aquí. Su inagotable experiencia, su digno ser-
irresistibles, homéricas casi, que llegan con una bocroata, su moral sin grieta y su austeridad, diga-
maleta organizada al milímetro, un currículum ver- mos otra vez, luterana. El terrible proceso que lo
tiginoso y un álbum de fotos, y al tiempo desapare- llevó a la depresión, a mudarse a Sarajevo y condu-
cen (sólo las dos últimas cosas han aumentado de cir más de dos horas cada mañana, por entre mon-
peso). Tal y como están las cosas, en estos principios tañas cubiertas de nieve, porque ya no le era posible
turbulentos del siglo XXI, desde el punto de vista seguir viviendo en el pequeño pueblo en el que se
del mundo occidental, son los nuevos héroes, los desarrollaba el proyecto que dirigía. Éste, que
únicos que escapan a la decadencia moral entre consistía en gestionar el retorno de un número de
unioeuropeos y norteamericanos, los frutos escogi- familias serbobosnias a una aldea ahora de mayoría
dos del Imperio. Ostentan la superioridad de la musulmana, se había convertido en un enfrenta-
conciencia, del estar haciendo algo para cambiar el miento continuo con la población en general, con los
mundo; también el prestigio del viajero, la posesión empleados de las obras, con los nuevos y casuales

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Los cooperantes españoles en el exterior
por José Daniel Espejo
VIII. Miscelánea

habitantes de algunas de las casas en proceso de para qué ni por qué, sólo sé que es bastante triste:
reconstrucción y rehabilitación, con las familias ¿son caras las casas, en tu región?
beneficiarias (que en ningún caso ocuparon las
viviendas, y las pusieron en venta sin poner un pie Hay un componente de fuga en las historias de
en el pueblo), con la organización a la que represen- muchos cooperantes, que se suma al del honor.
taba, con la municipalidad del cantón y con otros Claro que uno normalmente sólo te hablará del
cooperantes que actuaban en la zona. Recuerdo el segundo cuando te cuente los motivos que lo han lle-
tono en el que relataba todo esto: el de un informe vado a tal o cual lugar. Pero ah, existe. ¿Fuga de
oral, desapasionado y lleno de cifras, como los que qué?, se puede preguntar. Pues de una infinidad de
continuamente tenía que preparar para su organiza- cosas, más o menos nobles: fuga de un determinado
ción, que probablemente cuestionaba su trabajo. Era clima político, o social, o incluso religioso, en casa.
un tipo casi inaccesible a la depresión, pero cada Fuga del tedio. Fuga del paro o de unas oportuni-
marco bosnio que entregaba para la nada le dolía dades laborales estrechas. Fuga de una historia de
como una cuchillada. Cuando por fin se cerró todo, amor profunda y desgraciada. O de la familia. O,
desapareció. Lo último que supe de él fue que aca- pero muy pocas veces, de la justicia. O de los pro-
baba de llegar a Timor, tras un mes de inactividad gramas de la tele. Da igual: fuga, y, como tal, movi-
que sin duda pasó recuperando su (para mí extrañí- miento centrífugo donde lo importante no es el des-
simo) honor danés. Más de un mes no lo conocí, tino sino la distancia que media desde el punto de
pero lo sigo recordando como un héroe discreto, un partida: estar en otro lugar. Insisto en que este com-
caballero, más honorable incluso por el hecho de ponente no es fácil de reconocer, y que uno preferirá
saber contar su derrota, tan extraño, pero que tan siempre hablar de la cara soleada de la historia, pero,
extraño, entre cooperantes. desde un punto de vista literario, es precisamente
esto lo que barniza a un cooperante internacional
Hay otra cosa que me llama la atención, la pre- con matices absolutamente irresistibles, lo que los
gunta: ¿son las casas caras en el sitio del que vienes? viste de antihéroes (como el honor que ostentan los
A ésa siguen otras: ¿qué tiempo suele hacer?, ¿A viste al mismo tiempo de héroes) en una mezcla
ALJAMÍA

cuánta distancia está de Madrid?, ¿Cómo es el pai- insuperable y tan compleja que se parece a la reali-
saje? Me las han hecho un buen montón de veces, dad.
siempre cooperantes de entre treinta y cuarenta
años, casi siempre del norte de Europa (a una fin- Cooperantes perdidos, como los detectives de
14 landesa del P.N.U.D. casi la convenzo para com-
prarse una casa en Murcia, la pobre). Buscan un sitio
Roberto Bolaño. Son los que prefiero, los que, deba-
jo de varios miles de historias con guerrillas, gobier-
para poner sus cosas, las que a pesar del riguroso nos corruptos, refugiados en el límite de la resisten-
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control sobre el equipaje han ido acumulando, tal cia humana o evacuaciones de último minuto, guar-
vez para tener un refugio vacacional que en el fondo dan una película propia, difícil de compartir. En
saben que apenas visitarán. Acaso han perdido la honor a esa historia, a la que dan poca importancia,
esperanza o el deseo de establecerse definitivamen- en señal de respeto a todo lo que los puso en el cami-
te en cualquier lugar del terreno, o al menos en una no, esta breve nota. Y un brindis.
de las sedes de la cooperación internacional, como
Nueva York o Bruselas. ¿Para qué? Sus organiza- José Daniel Espejo
ciones pagan sus alquileres y muchas veces el tras- es poeta y colabora en diversas revistas literarias.
lado de sus objetos personales. No sé exactamente


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