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Creación y más
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2011 Año V, Vol. 1, N° 7 | Cajamarca, I semestre de 2011 - Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es

E S P E C I A L: JOSÉ SARAMAGO
vaticEl vatic-ano se folla a Saramago

[Daniel de Cullá]--------------------2 El rey Midas tiene orejas de pollino[Daniel de Cullá]--------------3 pollino Hilos sueltos [Fernando Menéndez]-----4 Aquí yo [Fernando Pessoa]-------------8 Bruckner [Jaime Sáenz]----------------8 Poema I [Francisco Bendezú]----------11 Algunos poemas [Julio Cortázar]------11 Ojo en fosa o sismo de 1985 [Daniel de Cullá]--------------------14 la Poema en honor de la marquesa de Cañete [Daniel de Cullá]--------------------15 Mastelero de velacho [Daniel de Cullá]-16 Pajani Fotófago Pajani [Jack Farfán Cedrón]-17 Estimada Pera González [Daniel de Cullá]-18 La casa de mi vida [Gustavo M. Galliano]-18 Batalla Batalla carnal entre mujer & centauro [Jack Farfán Cedrón]---------------------20 Entrevista a André Coyné[Rodolfo Ybarra]-22 Desencuentros con Dios [Jack Farfán Cedrón]---------------------26

CRÍTICA
EL VATIC-ANO SE FOLLA A SARA-MAGO
Saramago en el Asnal Parnaso y la Rebótica de la Luenga

Daniel de Cullá [España]

or la prensa sabemos que Saramago, premio Nobel de literatura en 1998, había tenido amores con una antirreligiosa sobre una cama Sutra marxista. L’Osservatore Romano de la globalización de la mierda cristiano fascista le ha dedicado piropos al aire de solano. El día después de su muerte el vespertino Rebuzno de la santa sede, siguiendo su instrucción Rebuznal y su talento, cargó contra su conciencia atrayéndole al fuego eterno, preciándose de contar las hazañas de un escritor de primera, que alargó más la Verdad y puso bajo las cuerdas a una Secta que no es más que una gran Mentira y jactancia vana. Saramago es un clásico y, como a todos los clásicos pasa, sus obras quedarán relegadas en las estanterías dentro del marco reservado a la historia de la literatura. Lo mejor de la obra de Saramago es él mismo, quien, cual alcalde de Moscas, no admite apelación, y esto quedó en anécdota y refrán porque un alcalde de un lugar de León, llamado Moscas, sentenció a unos ladrones a la horca y los ejecutó a pesar de que apelaron. “Razón tiene el hi… de pu…” La tiene, confesemos, en decir, afirmar y repetirnos en El Evangelio según Jesucristo que la memoria del cristianismo no es más que un Rebuzno dado a tiempo”, nos viene a decir el rotativo vespertino vatic-asnal. Saramago como intelectual y como todo hombre derecho y con pelos en el pecho no creía en dios. ¡Magnífico¡ Sobre su esqueleto se han lanzado las aves carroñeras y quebrantahuesos de la Secta partiendo sus aconteceres singulares, viendo al estilo del visionario Stahl desaforados gigantes, sin saber que, al hilo de Voltaire “si de historia se trata, nada debe ser demasiado”, y aunque era viejo y cansado tres veces, bien se las hizo, como él mismo nos dejó claro: “cuando me acuesto, me meo; a la media noche, peo, y a la mañana me cago en dios.” Saramago, fallecido a los 87 años, se ha visto convertido en Asno por culpa de ese lance asombroso 2

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de una canilla de animal cristiano fascista que definió al recién fallecido de “populista extremista”, y salvado por los gansos que de gorra de terciopelo hacen unos zapatos, y, preguntándoles los amigos la causa del trueco, responden con donaire: —En Baeza, tanto valen los pies como la cabeza. Y a esto juntan: “reciben a Saramago con honores militares”, con la poca gracia que le hacían; “cuerpo de Saramago trasladado a Lisboa”, cuando él nunca quiso llegar a Lisboa. “La vida, según San Saramago, ateo confeso”, más o menos bendito sea dios cual pollo en el gollizno, que se dice cuando se come la hacienda lo que era para otros fines, como sucedió en Almedina, villa del campo de Montiel, donde se repartía trigo para sembrar, y se escribía en qué paga y hazas. Que un pobre hombre fue a pedir seis fanegas y, preguntando dónde las había de sembrar, dijo que en el gollizno (el gollizno es un estrecho de un arroyo que hacen unas peñas y pasa el agua como por gollete o gaznate; de donde toma nombre todo aquél término de tierras de sembrar). El hombre se comió el pan de su casa, y en agosto, demandándole el trigo, como no lo tuviese ni hubiese sembrado, hiciéronle cargo del engaño: el respondió: —Bien claro que lo dije que en el gollizno lo había de sembrar —señalando su garganta. Ni añado ni quito nada en eso. En tal misa, la publicación de Caín ha sido contestada en horrendos Rebuznos imitando a los Asnos con jactancia del modo más solemne y circunspecto, tal es su contento de Rebuznar con santo celo. Si Caín mató con una Quixada a Abel, si Sansón hirió con una a mil filisteos no es más que por venerar las bíblicas reliquias encerradas en el vientre de un Asno artificial, hecho expresamente para esto. Abel, ignorante como mojigato, daba morcilla a Caín; y Caín, como él decía “mataba puerco”, pues el Asno de Abraham y los Asnos de Sodoma y Gomorra ordeñaban Asnos, al igual que los filisteos en cátedras de sexo anal dotados a este efecto. “San José Saramago”, permítaseme, es ya una leyenda. Hacedor de mil prodigios, él ha matado a ese dragón Vatic-Ano que iba a devorar, otra vez más, la Razón. Personajes históricos han llevado su nombre, entre ellos el hijo del patriarca Jacob y de Raquel, ministro de Faraón, rey de Egipto; José “Sincelo”, esposo de María; José de Arimatea, que descubrió un murciélago en el sepulcro de Jesús; dos Josés emperadores; y los muchos soberanos y príncipes musulmanes, a quien se les conoce

generalmente por el de Yussuf o Jucef. Y parafraseando a Ji Pa, ministro y médico del emperador Hoang-Ti, Saramago vivió según el Tao, el “Principio”. Observaba la ley del Yang y del Yin, era sobrio, vivía una vida regular y simple. Por esta razón, sano de cuerpo y espíritu, sin dios ni embustes semejantes, vivirá cientos de años”. La acción del inquisidor ha valido para que yo conozca con certeza las obras de Saramago y verle con el grotesco sambenito de veleidades marxistas con el que le ha vestido la Secta, y así como él con los cánones establecidos por la Iglesia me limpio el culo en el Cook Observatory de Wynerwood, cerca de Filadelfia, sospechando que la causa de la órbita y conducta de este cuerpo saramago viene a dar la razón al pronóstico de que la existencia de Sodoma estaba antes determinada por el cálculo matemático una vez puestos los huevos en el infinito ateo.

Pues sí, como le dice Sancho Panza a don Quijote: “Ni Poesía ni Pollas en Vinagre. Basta ya de la mitología y de sus cuentos, de los embustes de los curas y las patrañas del gobierno. Sólo vale lo que vale un Rebuzno dado a tiempo”. Nosotros somos adoradores de Rucio, el Pollino de Sancho, y seguidores de su doctrina cuando dice: “Rebuznar no es un Arte; es una Ciencia”. (Hist. De don Quixote. Cap. 28) Y no la objeción pueril de la fe que embauca a cuatro majaderos. Cuando le preguntan si en España hay buenos y graves Poetas y Escritores, responde Gerineldo: “—Sí, en España, patria del Asno, hay muy buenos y grandes Asnos. Tenemos la gloria de haber poblado de Asnos las Américas.”

EL REY MIDAS TIENE OREJAS DE POLLINO idas. Mit. Rey de Frigia, que obtuvo de Baco la facultad de convertir en oro todo cuanto tocaba, y al ver que corría el riesgo de morir de hambre, porque hasta sus alimentos se transformaban en el citado metal, renunció al funesto don, de que el dios le libró haciéndole bañarse en el Pactolo, río de la antigua Lidia, afluente del Hermus, que, según la fábula, arrastraba pepitas de oro desde que Midas se bañó en él, y cuyas aguas curaban de todo mal. Se le considera como el símbolo de la opulencia. Apolo, irritado contra Midas por haber juzgado éste que su canto era menos suave que el de Marsias y el de Pan, diole orejas de Asno. Esta deformidad, que Midas ocultaba cuidadosamente, fue descubierta por su barbero, el cual confió a la Tierra el secreto. Junto al agujero que para ello abrió, crecieron unas cañas que al menor soplo de viento repetían: “¡El rey Midas tiene orejas de pollino¡” Más tarde, en la escuela o el colegio algo de Rebuznar nos enseñaron los maestros y maestras, ya de Virgilio y de Ovidio citando varios textos, y recordando a los tontos y al pelotón de los torpes poniendo a Jaimito por ejemplo que al leer de los libros tanto y bueno siempre decía que “esto no son más que Rebuznos”, por lo que el maestro o la maestra de turno le colocaban unas orejas de Burro, trayéndole muy bien por los cabellos, para ser el hazmerreír de todos. Atrevimiento sin igual estando delante de los que tienen el pesebre lleno.

M

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AFORISMOS
H i l o s s u e l t o s
FERNANDO MENÉNDEZ [España]

El mar: una línea en el horizonte de la soledad Existen versos desprevenidos de la palabra Una idea imprecisa siempre tiene un porvenir. Longanesi Los sueños me hacen envejecer Caminar por la melancolía del retorno
Los hombres no tienen necesidad de verdad, sino de certezas y explicaciones. Montherlant

V

ivieron felices porque costaba menos. Longanesi

Hay que entrar en el vacío para diluirse en lo insignificante El vacío, como la muerte, se encamina a la plenitud La oscuridad es mi intimidad. Merini Dios sólo existe en la brújula En diplomacia mentir es útil, en amor, necesario. Gervaso Hay días de abulia en el olvido de las palabras Bañarse en la oscuridad de uno mismo Los mejores saludos se dan en la lejanía La mirada atrás es otro punto de vista La lógica nos devasta, a veces, más que la sinrazón. Mallet La ilusión de escribir un epigrama en el ombligo de una mujer Sabemos la velocidad de la luz, pero no la velocidad de la noche Cien mil personas juntas quieren lo individualmente, no quieren nunca. Gervaso Es la melodía lo que traza el destino. Viviani La vida: mínimas naturalezas de poesía Un poema es un fracaso del silencio La realidad es irreductible, como el sueño. Viviani La obra de arte debe corromper a la sociedad La plusvalía de las mentiras 4 que,

La conciencia limpia de lo inescrutable Los mediocres no eligen la soledad Las derrotas siempre tienen detrás una utopía La imposibilidad de ser nos conduce al absurdo Yo no sueño, traigo mi incompletud. Jourdan La clave del hombre está en su privación de futuro Los optimistas no escriben mal; saben mentir Todo es posible menos el dinero limpio En la lisura del papel vive el temblor de la poesía El hombre es superior al animal como hombre, pero no como animal. Reverdy Uno es orgulloso por naturaleza y modesto por necesidad. Reverdy El mar y el verso poseen su ambigüedad Una brizna de hierba entre las hojas de un libro usado La vanidad es ausencia del orgullo Busco las pisadas de los pájaros en los versos Las memorias son las esponjas del pensamiento No puede existir la poesía sin una oposición poética En la mancha de la tinta vive la humedad de la luz Tentando los límites me siento discontinuo

Miro lo que me mira para lo posible Entre la palabra y el silencio, la solitaria tinta Morir es también una cosa que hay que hacer. Munier La libertad es un límite humano en la naturaleza El universo piensa lo impredecible La madurez mejora el estilo y apaga la inspiración. Burdin Los farsantes son disciplinados con su moral Yo no siento más que ausencias. Perros Usar preservativos contra los imbéciles Con horror descubro que ciertas cosas las he hecho sólo por recordarlas. Bufalino La muerte genera un sentimiento de expectación propia Enamorarse es un lujo. Quien no puede permitírselo, finge. Bufalino Cuajo mi temple en libros rumiados En el enamoramiento todo es premura La minuciosidad del amor se ejerce fuera de tiempo. Mallet Adivinar es más seguro que comprender. Busquet La necesidad interior para lo enigmático Poesía: arte de hablar para no decir nada, sino para sugerirlo todo. Valéry La fugacidad del instante se halla en las nubes El tedio de la religión la vuelve fanática Un mentiroso débil de carácter cree en sus mentiras. Roy Vivir es una experiencia destructiva Creer en uno mismo puede llegar a ser asfixiante La decepción de tenerse como un extranjero de lo humano El arte sirve para coleccionar artistas. Fignon Creo en la sensación de ser. Jourdan La muerte: una moral de la circunstancia Lo que vale para la moral vale para sobrevivir 5 La masa cromática de los recuerdos La desgracia puede ser un acto de honradez La obscenidad de demostrar la libertad He soñado la metástasis del bien. Fignon La vida es la más monótona de las aventuras. Siempre acaba del mismo modo. Gervaso No hay responsables, sólo culpables. Scutenaire El hombre: un tiempo oportuno dentro del tiempo El pensamiento permite a las palabras acceder al poder. Jabés Una gota de tinta puede ser la patria del escritor Conócete a ti mismo, pero con ironía Las breverías de la soledad Hablan del futuro y se olvidan de que el futuro es el fin del mundo La imagen manipula el sentimiento La poesía es un milagro del corazón El estúpido dice estupideces, el inteligente las hace. Morandotti Nos consolamos en un montón de excrementos Es ya cometer injusticia el soportarla. Bernasconi El primer grado del poder: la esclavitud. Franchini Existen sílabas desconocidas del pensamiento Las palabras a menudo tienen la edad de quienes las eligen. Jabés La alegoría de la educación

La vulgaridad es contagiosa siempre; la delicadeza, única El poema nace para clamar en las ruinas de los hombres Componer versos tiene sus límites en el lenguaje Mi incompetencia de vivir roza lo sublime. Bufalino A quien no comprende las ilusiones es inútil proporcionarle la explicación. Ceronetti Para ser libres debemos librarnos del mundo de los sueños Después de hacer el amor, el primero que habla dice una tontería. Montherlant Si quieres existir no debes desistir. Fingon Conocerse: una verdad exagerada de tantas Somos huellas de ausencias El amor es una resonancia en fuga

La más tangible angustia se encuentra en lo no dicho El desprecio del pasado o es ignorancia o es miedo. Ojetti Lo que dimana del decir: los límites de lo no dicho Amigo es con quien puedes estar en silencio. Sbarbaro Para mejorar el universo absurdo y feroz, el hombre ha inventado dos excusas: el arte y la piedad. Bucci Acaso Dios no procede del simio Ahora el tiempo es la probabilidad Soy el límite de mi ironía El amor, como la belleza, son sencillas nadas El adorno es el suicidio del arte A mitad de camino, las huellas comienzan a parecerse. Basili Quién no padece la necesidad de la existencia

Sin memoria no hay educación De la inmensidad del espacio, una gota de luz La cultura: el sufrimiento del pasado Maltratar lo decible para que sea lo indecible Todo deseo es una nostalgia Cuidado con el relativismo acrítico moderno La cultura se basa más en prejuicios que en realidades La verdad es una pasión. Biongiari La mirada maléfica de los ángeles Lo primario del hombre es ocultarse Cuando un escritor llega a clásico no hay necesidad de leerlo: basta citarlo. Gervaso. El hombre es la suma aritmética de lo paradójico y lo efímero La locura y la noche juegan con las estrellas El mundo: una caverna de simulacros y pasiones Pararse a contemplar la sombra de un verso Hoy la poesía es un movimiento clandestino de resistencia. Spaziani El escéptico es la forma más sutil de la intolerancia. Cioran Del dolor y la razón nacen los hombres 6 Todo se sacraliza, hasta el corazón El poeta debe recuperar sus sueños para silenciarlos No existe viaje perfecto por los huecos del tiempo Las ideologías de la muerte definen la existencia humana La luz callada de la belleza La situación de neoliberalismo fiasco como condición del

Soy el ojo, el punto de fuga de mi palabra No hay poema que pueda contenerlo todo De Dios a monstruo hay sólo un paso La inmundicia de ser dioses En los límites de la caligrafía surge el erotismo de la luz La belleza de un poema se entiende por lo que le limita El fondo de las cosas es la ausencia La palabra es una fuga del silencio La pasión errante del verso Quién no siente vergüenza de ser hombre También los muertos envejecen. Morandotti Hay que retorcer las palabras hasta el futuro Con los años no he aprendido a escribir, sino a leer. Burdin El poeta busca otro lugar El estilo esconde la ambición del hombre Las palabras eligen al poeta. Jabés La poesía es consustancialmente inútil, como el deseo Los imbéciles se encuentran en la noche de los tiempos El poema debería penetrar en la opacidad del mundo El naufragio del artista es la obsesión de la novedad Poeta no es un nombre ni un adjetivo, sino una forma de ser A veces el verso no tiene fondo, sino deseo También el milagro tiene sus límites. Viviani El hombre es un átomo de tiempo El artista debe errar con autoridad El amor y la poesía quieren perderse en lo indecible El corazón también encanece Más conservador que el poder es Dios La existencia de curas hace dudar de la de Dios. Scutenaire Tanto el lenguaje como el amor viven secretos 7 La vida no se reproduce, se disemina. Munier La vida lo abarca todo menos las pulgas de los gatos
–© Editorial Difácil-.

La poesía tamiza el yo En la mano tengo un libro donde florecen mariposas Humanidad: telaraña de la razón

Lo difícil no es escribir, sino desaparecer en lo que escribes La angustia es, pues, el vértigo de la libertad. Bousquet La sabiduría de los contradecirse. Sbarbaro proverbios está en el

Viajar con lo ignoto de uno mismo

POESÍA

B

R

U C K N E R

Jaime Sáenz [Bolivia]

http://meridiano75.blogspot.com/2008/06/la-noche-de-jaime-saenz-fragmentos.html

6. Iba y venía, de aquí para allá, en el estar, cuidando un poco el estar, y otro poco la vida y otro poco la muerte, manejando un cuchillo de doble filo que guardaba en el bolsillo, en otro bolsillo muchos papeles, entonando aires meridionales, de amor, de sueño, y de suave esperanza, de hermosura y de adiós, trasmontando en la idealidad las montañas y aspirando largamente el efluvio del Mar Interior, con una ventana siempre abierta a los presagios, mirando con ojos deslumbrados el tránsito del Nibelungo, contemplando en el horizonte aquellas lejanas tierras del sur —muy lejanas, y aun inaccesibles para él, con un íntimo adiós a la hermosura de un venturoso existir, y por eso mismo, no quería moverse de su sitio, tapiadas que fueron en una pared las cosas de esperanza y de ansia, en calidad de ilusiones, y prefería no alejarse del recinto, suspendido en el tiempo, con emanaciones y con vapores y con hervores en la materia del júbilo, comiendo manzanas italianas en la oscuridad, con dientes ya gastados por los años, pelando y cortando las manzanas con toda placidez, con aquel cuchillo que brillaba en la oscuridad, mascando lentamente y gustando hasta lo último, callada la boca y siempre a partir de la corbata —a partir de la torsión de la corbata, si se quiere, en oculta simetría con la textura de la tela del gabán, de engañosa suavidad a la altura de los hombros que se borran, que señalan el conjunto corporal y la hechura del gabán con una curva, en sincronía con la carne y con las arrugas de la carne, en sincronía con la holgura del cuello almidonado 8

De LA GUÍA REGIONAL, periódico de Venado Tuerto...

y con la ruptura de la curva, en que trasciende un antiguo candor escondido para sustentar esta cabeza, este gesto, esta imagen, este mirar de difunto, en oscuras y profundas amplitudes. Más arriba del aire y más abajo de la tierra —en la desnuda morada en que el señor del júbilo habita. En la morada circular y angular en que el liberador del hacer habita, en que el hacedor del hacer habita, en el filo de la sombra —en la arista en que se acaba el camino y en que se abre el espacio, en que la música del músico se encuentra. En el estruendo aniquilador que precede y que sucede a la aniquilación, en que fluye la música con despiadado amor por el mundo, en que la música del músico se encuentra. En la abrupta pendiente en que la pendiente se hunde.

Es un relámpago providencial que te sacude, y que, en el instante preciso, te señala un espacio en el mundo: un espacio, uno solo; para habitar, para estar, para morir —y tal espacio de tu cuerpo.

L A S T I N I E B L A S 8. Paradójicamente, cierta paz interior parece nutrirse con un hervor de ira —con un hervor de ira, con un hervor de júbilo, con un hervor inexpresable. Con un sentimiento provocado por el cuerpo físico, por este instrumento del vivir, con desesperanza, con calma, y con mucho dominio y con mucho rigor, ante el inminente acabamiento de la extraña aventura, incomprensible y pavorosa que se llama vivir.

2. Pues existe un mandato, que tú deberías cumplir, en homenaje a la realidad de la noche, que es la tuya propia; aun a costa de renunciamientos imposibles, y de interminables tormentos, deberás decir adiós y recogerte al espacio de tu cuerpo. Y deberás hacerlo sin importar el escarnio y la condena de un mundo amable y sensato. Es de advertir que miles de miles de mortales se recogen tranquilamente al espacio de sus respectivos cuerpos, día tras día y quieras que no, al toque de rutilantes trompetas, y en medio de lágrimas y lamentos; pues en realidad recogerse al espacio del cuerpo es morir. Pero aquí no se trata de morir. Aquí se trata de cumplir el mandato; y por idéntica razón, habrá que vivir. Y tan es así, que no se podrá cumplir el mandato, sino a condición de recogerse al espacio del cuerpo, con el deliberado propósito de vivir. Lo cierto es que aquel que acomete tan alta aventura no hace otra cosa que ocultarse de la muerte, para vislumbrar así la manera de ser de la muerte.

L A N O C H E 1. Extrañamente la noche en la ciudad, la noche doméstica, la noche oscura: la noche que se cierne sobre el mundo: la noche que se duerme y que se sueña, y que se muere; la noche que se mira, no tiene que ver con la noche. Pues la noche sólo da en la realidad verdadera, y no todos lo perciben. 9

4. ¿Qué es la noche? —uno se pregunta hoy y siempre. La noche, es una revelación no revelada. Acaso un muerto poderoso y tenaz, quizá un cuerpo perdido en la propia noche. En realidad, una hondura, un espacio inimaginable. Una entidad tenebrosa y sutil, tal vez parecida al cuerpo que te habita, y que sin duda oculta muchas claves de la noche.

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uando pienso en el misterio de la noche, imagino el misterio de tu cuerpo, que es sólo una manera de ser de la noche; yo sé de verdad que el cuerpo que te habita no es sino la oscuridad de tu cuerpo; y tal oscuridad se difunde bajo el signo de la noche. En las infinitas concavidades de tu cuerpo, existen

infinitos reinos de oscuridad; y esto es algo que llama a la meditación. Este cuerpo, cerrado, secreto y prohibido; este cuerpo, ajeno y temible, y jamás adivinado, ni presentido. Y es como un resplandor, o como una sombra: sólo se deja sentir desde lejos o en lo recóndito, y con una soledad excesiva, que no te pertenece a ti. Y sólo se deja sentir con un pálpito, con una temperatura, y con un dolor que no te pertenece a ti. Si algo me sobrecoge, es la imagen que me imagina, en la distancia; se escucha una respiración en mis adentros. El cuerpo respira en mis adentros. La oscuridad me preocupa —la noche del cuerpo me preocupa. El cuerpo de la noche y la muerte del cuerpo, son cosas que me preocupan.

De ahí que el iniciado en los secretos de la noche, camine siempre con cautela, como si de súbito hubiera enceguecido, o hubiera perdido la noción del espacio. Y es éste en realidad un caminar en las tinieblas —es de hecho un caminar en el seno de la noche. Pues el iniciado habrá perdido la luz para siempre, aunque, por otra parte, podrá encontrarla el momento que lo desee, dispuesto como está a pagar el alto precio que se le exige. Pues para el hombre que mora en la noche; para aquel que se ha adentrado en la noche y conoce las profundidades de la noche, el alcohol es la luz. El que su cuerpo se vuelva transparente, y el que esta transparencia le permita mirar el otro lado de la noche, es obra exclusiva del alcohol.
Jaime Sáenz Poeta y narrador boliviano nacido en La Paz. Escritor rebelde, marginado, no es sólo uno de los pocos enfants terribles de las letras bolivianas, sino que es parte integrante de una vida que asumió la escritura con vocación monástica. Entre sus obras destacan, El escalpelo (1955), Aniversario de una visión (1960), Visitante profundo (1964), Muerte por el tacto (1967), Recorrer esta distancia (1973), Bruckner. Las tinieblas (1978), Imágenes pacenhas (1979), Al pasar un cometa (1982), La noche (1984), Los cuartos (1985), La piedra imán (1989) y Los papeles de Narciso Lima Acha (1991), éstas dos póstumas. El impacto del alcohol en su vida está ampliamente explorado en quizá sus dos libros más importantes, el poemario La noche (1984) y la novela Felipe Delgado (1989). A partir de la década de los sesenta Saenz no volvió a beber hasta poco antes de su muerte en 1986. La ciudad de La Paz fue su espacio vital y el permanente trasfondo de su obra.

Y

yo me pregunto: ¿Qué es tu cuerpo? Yo no sé si te has preguntado alguna vez qué es tu cuerpo. Es un trance grave y difícil. Yo me he acercado una vez a mi cuerpo; y habiendo comprendido que jamás lo había visto, aunque lo llevaba a cuestas, le he preguntado quién era; y una voz, en el silencio, me ha dicho: Yo soy el cuerpo que te habita, y estoy aquí, en las oscuridades, y te duelo, y te vivo, y te muero. Pero no soy tu cuerpo. Yo soy la noche.

6. Nadie podrá acercarse a la noche y acometer la tarea de conocerla, sin antes haberse sumergido en los horrores del alcohol. El alcohol, en efecto, abre la puerta de la noche; la noche es un recinto hermético y secreto, que se hunde en lo hondo de los mundos, y no se podrá mirar en sus adentros, sino por la vía del terror y del espanto. Además, existen ciertas afinidades con lo oscuro; y quien no las tiene, jamás podrá acercarse a la noche. Tales afinidades prosperan bajo un signo que podría parecer inconsistente al no iniciado; pero este signo es ya de por sí indicativo, y lo constituye un extraño y permanente temor de caer en el camino. 10

P O E M A I
Francisco Bendezú
e adivino mientras crece entre la hierba la lámpara del miedo A la hora de los ciegos iracundos y el anillo de plomo olvidado en un peldaño Mientras el ratón de goma roe el quicio de mi puerta y el pie paralizado Te hablo desde lejos al otro lado del mar Cuando suben a tu sueño los vapores y el buscador de perlas Te escribo mis cartas en relieve Mis cartas escritas en la nube de papiro blanco Mis cartas de algodón incendiado Eres la esclava de corazón de azogue Eres la loca que se mira en el espejo y llora Eres la golondrina aterida con escarcha en las pestañas Eres la niña de madera mojada en el sudor de los hervores Eres la muerta que huye dando gritos Espantada del crujido de las barcas y la rotura del agua Espantada de la brasa que quema la venda de sus ojos Marchas entre rieles imantados por el rodar de la moneda Marchas hacia los jirones de noche perdidos en las zarzas En busca de la paloma herida En busca de tu lengua de puente entre dos abismos Quiero pronto los buques para cargar mi sangre Quiero pronto la estatua para graduar su sueño Quiero ver a la tarde labrar sus lingotes de oro
De: Los años; 2da. Ed.; 1961

A L G U N O S P O E M A S
Julio Cortázar [Argentina]
CANADA DRY

T

Sé que me acordaré de un cielo raso donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada. Sé que me acordaré del ruido de un water en alguna habitación lejana del hotel, su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia. Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines Serás por siempre imán de imágenes, las más turbias y vanas me traerás con el gesto que en la caliente oscuridad del cuarto era encender los cigarrillos del hartazgo, ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco, Las más pequeñas turbias cosas, una uña lastimada que te dolía tanto, el triste rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres. Tan sólo compartimos los bares y las calles antes de amarnos contra tres espejos: ¿qué más podría darme tu recuerdo? Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato en el mismo bolsillo donde llevo esta vida que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma, el baño está ahí al lado, yo fumaré esperándote empezaremos otra vez. El cielo raso dibuja un gato, un número, una mano cortada. fantasma, el baño está ahí al lado, yo fumaré esperándote empezaremos otra vez. El cielo raso dibuja un gato, un número, una mano cortada. DESPUÉS DE LAS FIESTAS Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, 11

En: Exquioc; 14-12-2009; [http://revistaexquioc.blogspot.com/2009/12/poema-i.html]

y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día, juntos, riendo, despeinados. DOBLE INVENCIÓN Cuando la rosa que nos mueve cifre los términos del viaje, cuando en el tiempo del paisaje se borre la palabra nieve, habrá un amor que al fin nos lleve hasta la barca de pasaje, y en esta mano sin mensaje despertará tu signo leve. Creo que soy porque te invento, alquimia de águila en el viento desde la arena y las penumbras, y tú en esa vigilia alientas la sombra con la que me alumbras y el murmurar con que me inventas. EL FUTURO Y sé muy bien que no estarás. No estarás en la calle en el murmullo que brota de la noche de los postes de alumbrado, ni en el gesto de elegir el menú, ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes ni en los libros prestados, ni en el hasta mañana. No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras, ni en una cifra telefónica estarás, o en el color de un par de guantes o una blusa. Me enojaré amor mío sin que sea por ti, y compraré bombones pero no para ti, me pararé en la esquina a la que no vendrás y diré las cosas que sé decir y comeré las cosas que sé comer 12

y soñaré los sueños que se sueñan. Y sé muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo, ni allí afuera en ese río de calles y de puentes. No estarás para nada, no serás mi recuerdo y cuando piense en ti pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti. ENCARGO No me des tregua, no me perdones nunca. Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; tállame como un sílex, desespérame. Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos. Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas. Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces. No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre. Compártelo. Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, lo que nadie te pide: las espinas hasta el hueso. Arráncame esta cara infame, oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre. HAPPY NEW YEAR Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestás tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones,

el canto de los gallos, el amor de los hombres. PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA LOS AMANTES ¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos? Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche llena de ojos. Son los amantes, su isla flota a la deriva hacia muertes de césped, hacia puertos que se abren entre sábanas. Todo se desordena a través de ellos, todo encuentra su cifra escamoteada; pero ellos ni siquiera saben que mientras ruedan en su amarga arena hay una pausa en la obra de la nada, el tigre es un jardín que juega. Amanece en los carros de basura, empiezan a salir los ciegos, el ministerio abre sus puertas. Los amantes rendidos se miran y se tocan una vez más antes de oler el día. Ya están vestidos, ya se van por la calle. Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos, que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos. NOCTURNO Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo. Todo ha quedado allá, las botellas, el barco, no sé si me querían, y si esperaban verme. En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos, una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets. Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad, yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías. Mi mujer sube y baja una pequeña escalera como un capitán de navío que desconfía de las estrellas. Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche. Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran a la ventana que tengo a mi espalda. 13 Has visto verdaderamente has visto la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa Has tocado de verdad has tocado el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás Has vivido como un golpe en la frente el instante el jadeo la caída la fuga Has sabido con cada poro de la piel sabido que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón había que tirarlos había que llorarlos había que inventarlos otra vez. POEMA Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz, voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia. No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada, encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro. Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa. Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío. QUIZÁ LA MÁS QUERIDA Me diste la intemperie, la leve sombra de tu mano pasando por mi cara. Me diste el frío, la distancia, el amargo café de medianoche entre mesas vacías.

CHE Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía. Lo quise a mi modo, le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra. No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.
©Herederos de Julio Cortázar

Las Ruinas de México (Elegía del Retorno) De José Emilio Pacheco Y a la cronista Elena Poniatowska En su Nada, Nadie El significado de la Vida Que no tiene sentido Y la grandeza de la Naturaleza Que no es más que una chuminada, una tontería Pues la Naturaleza vive sus reacciones En todas las formas vivientes Y los sismos son factores más o menos normales Dotados de movilidad propia Y que muestra lo limitado De nuestro conocimiento O el amor a la Vida del gobierno de entonces Cual cernícalo de cortos alcances Manteniéndose en el aire Sin batir o batiendo Muy ligeramente las alas Que enterró en la arena o en el légamo La Solidaridad primera Preocupado más en el crossing-over De las larvas de los Dípteros Acaparando la ayuda humanitaria Mientras el Sol hacía dibujos indelebles En la epidermis de la Tierra Mexicana Al hilo de la Naturaleza haciendo tasajo Asesinando o cortando el suelo en pedazos Como si de una res se tratara.

OJO EN FOSA O SISMO DE 1985
Daniel de Cullá [España]
as Ciencias Físicas Se basan en el principio de causalidad Lo que no excluye que también Puedan considerarse Los fenómenos vitales Desde un punto de vista finalista El principio finalista Que sirve de base Para especulaciones teóricas Mientras que el principio de causalidad constituye El fundamento de la investigación experimental No faltando las tentativas Del principio de indeterminación Que ha revolucionado En los últimos tiempos la Física atómica Más esto es otro cantar Para los malditos Señores de la Guerra. Hoy tenemos buen tiempo; El tiempo está lluvioso. La conjugación que hacemos del sismo de México La hacemos sin precipitación ni apremio. Mira, Ve: 14

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“Entelequia: el ser acto en oposición al ser en simple potencia.” El sol se vuelve tarumba En su movimiento aparente en la Eclíptica Recorriendo en esta Primavera Las inmediaciones de Michoacán y Guerrero (en el Playa Azul había una pareja de recién casados Amigos míos De Iscar. Valladolid. España Que se salvaron) Jalisco y Colima Y México azotada por el desastre Acunando a Los Niños/Bebés del Milagro Leyendo y recordando Muy cerca del puerto de Lázaro Cárdenas En paralelo a la desembocadura Del Río Balsas

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erremoto de México

Abre o levanta el tiempo en Verbo: Irse amontonando las nubes Prepararse a llover Haber vientos fuertes Ya sabes: Las cosas a su tiempo Y los nabos en adviento Y a mal tiempo buena cara. Que nos dirá La “Brigada de Rescate Topos Tlatelolco” Corriendo la posta Para hacer una diligencia ajena. La Vida sigue, alma amada Hermana, Hermano El epicentro localizado en el Océano Pacífico Nos señala una vez más Que nadie puede jugar con la Madre Tierra Y que la Escala de Richter Jugó a la Oüija De forma trepidante y oscilante Transparente Con índice de refracción Y superficie de curvatura Facilitando la presencia De numerosos ojos Ojo en fosa

Poema en honor de la Marquesa de Cañete POSTAL DE LAS ISLAS MARQUESAS (Nota: el autor vivió en Cañete y anduvo a güevos y nidos de pájaras)

acrificando perros a Marte Se encuentra una Burra Que a la husma le anda un gran Jumento En derrota y fuga Por el archipiélago de la Polinesia Del mar Pacífico Descubierto por Álvaro de Mendaña, navegante Donde San Benito Ató el diablo al mar Y no en la mar de Sicilia Como falsamente nos contaron Cuando el bélico clamor de los Borricos Aterró y aterraba A los de las Islas Marquesas (Nukahiva) Pareciendo que los Asnos de Baco Y de Vulcano 15

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Y de los Silenos Cantaran a dúo y a tiempo Un poema de honor A la marquesa de Cañete Mujer de don García de Mendoza Virrey del Perú Este Perú Que el Asno de Hispania Puso en el cielo De la capilla del espíritu santo En la catedral de Cuenca Erecta Gracias a un rebuzno Muy fuerte dado en Huari, Pallasca y Pomabamba Por el filósofo rancio de Marchena Fray Francisco De la orden de predicadores Rufián de la volatería Que topándose con una negra a oscuras (a los frailes) Le refirió el hecho De que en La Huérguina Y Alfoz de Moya Antes de los Condestables de Castilla Un tal Álvaro de Luna Jefe del ejército Del maestre de Santiago Adoraba a escondidas a Borak La Burra de Mahoma Haciendo burla del Asno del Vaticano Donde hartos de buenos caldos En los Oficios Traen los curas provechos Sobre manojos de dineros Y pidiendo gollerías Haciendo uso del refrán: “Conde y condadura Y cebada para la mula” Sabiendo bien de esto: Que cuando el papado anda a grillos El hambre y las ganas de joder aprietan Más cuando anda al Rebuzno y a los güevos Son “anillo en nariz de puerco” Como cantan los Proverbios de Salomón Mareando el hato de las viudas Y beatas Con facilidad y sin escrúpulos Para vergüenza eterna De sí propios Ocupándose de cosas rateras Como cantara el folklore popular: “Cuando la zorra va a grillos El sacristán a cardillos Y el escribano pregunta

A cómo andamos de mes Jodíos andan los tres”.

donde los obscenas”.

sacerdotes

cometen

acciones

bien

Se iban tambaleando rodeados de toda esa corte celestial de dioses, diosas, semidioses que siempre rodean o cortejan a los borrachos, y riendo repetían: —Lo que vale un buen trago, amigos. Bucéfalo, pretendiendo avisar a la gente que dormía, se tiró un gran pedo, prorrumpiendo en un OH¡ Romanos”, no pudiendo los otros dos pronunciar palabra y diciendo: Hagámosle aire, que no está cocido, y, prosiguiendo en la O de su pedo, atronaron los tres al unísono a todo el barrio, como si de los Músicos de Bremen se tratara, acudiendo las gentes de la plebe y ellos escapando no fuera a ser que entonces dijeran “qué malo es peder fuera de tiempo”, por los palos que sin duda recibieran del pueblo. Escondidos en el pajar que justo está detrás de la iglesia, Enero, que veía la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, y justo mientras Bucéfalo le endilgaba la suya por detrás, no se pudo resistir y comenzó a despotricar contra los curas diciendo: —¿Qué diremos de los sacerdotes hipócritas, obscenos, embusteros, y que su bien le fundan solamente en engañar y alucinar el pueblo? —Valientes hijos de puta, replicó Bucéfalo. Prosiguiendo Aldebarán: —A que no sabéis , ahora que os veo, del gran combate, a quien más, que Príapo sostuvo con el Asno a una apuesta a quien más verga tenía, y Príapo dejó al Asno abochornado y vencido; pero luego, ¿qué hace el Asno? Va y coge, y lleno de rabia se abalanza a Príapo; y a la sombra de sus mismos laureles le deja muerto, que es lo mismo por lo que se pelearon Caín y Abel queriendo dar por culo a una Jumenta, que fue muerta y con su quijada Caín mató a su hermano. Agregando Enero: —Y yo barrunto que del tal lance sacaron los latinos el proverbio Veni, Vidi, Vinci, que es lo mismo que decir: Voy, Cojo y te Capo, que usaron y siguen usando los señores de la guerra aun hoy en día. Después del combate descomunal y tan terrible y fiero en que estos dos borrachos de Enero y Bucéfalo tanto ardor emplearon, tanto esfuerzo, la 16

ARTÍCULOS
MASTELERO DE VELACHO
Daniel de Cullá [España]

(Gavia o vela que se arma en el mastelero del palo trinquete) Persistía el viento durante la noche. Se había terminado la partida de juego de azar en que se tallaron gruesas cantidades formalmente. Llegados hasta los bordes del vaso, salieron de la taberna “Señora de Borbón” lindamente amueblada, tres hombres. Beatriz era su dueña, y Sonado su marido, valiente bonete, o buen bonete, es decir tonto. Los dos se tiraban a la cabeza o mandaban al aire sus bonetes en disputas acaloradamente extraordinarias. A la entrada de la puerta colgaba un letrero que decía “Almete y bonete hacen cosas de copete”. Sonado había estudiado para clérigo secular, y llegó a ser árbitro de Europa, dejando preñada a una “Ja de dinastía real”, como él decía, vanagloriándose de su esposa progenitora de varias familias de la España que subsiste. —Eh, vosotros, que os dejáis la borracha, gritó, saliendo de la taberna y dirigiéndose a los tres hombres, que se emborrachaban con frecuencia y cometían grandes excesos, perdidos por exceso de uva. Bucéfalo, Aldebarán y Enero se volvieron a la vez a por la bota para el vino. Siempre iban juntos. Desde jóvenes allá en tiempos de antaño cual mozos andaban por casas y mesones como buscando el Asno que Sancho había perdido, y que, como decía Aldebarán, “se encontraba en cierta casa parroquial

suerte de vara hizo que quedaran en el combate medio muertos y dormidos los dos de ellos, viéndoles Aldebarán mientras se chupaba el dedo, y riendo se decía a sí mismo: —Aquí muere Enero, mas de Bucéfalo es la dehesa; acordándose igual de aquél Gil González Dávila que fue un enamorado y por él hicieron coplas, y cuando era viejo y las oía cantar, decía él: “Mi fe, hija, ya no llama”, que parce que podían ser palabras de la madre, su esposa, cuando él cesó de acudir a ella como antes. Y mirándose a su miembro, le habló de tal guisa: —Aldebarán llama a la aldaba; mi fe, hija, ya no llama”. Ahora pintas cuento, ay, mi baldón de flojas y comilonas.

CORRESPONDENCIA
F O T Ó F A G O P A J A N I
Jack Farfán Cedrón

e me antoja imaginarlo como a un animalillo inmiscuido en el mundo de la pornografía gráfica. Amén del estilo trajinado, subvierte la fórmula del realismo sucio en detrimento de la estética del texto. En el prolífico envío a la Revista dio más que sobrados motivos para ser censurado por los editores. “En términos médicos, lo agruparíamos dentro de la personalidad vouyerista” —acotó uno de ellos; el más sesudo—. El zopenco de marras se dedicaba a la pornografía gráfica, es un hecho si de suposiciones nos valemos. Eh ahí el material que ostentaban sus trabajos; todos rayanos en el mismo estilo repetitivo, asaz pornógrafos, dotados de un excentricismo fálico valorizado en no más de una peseta (fumará, creo yo, dado su deseo reprimido suxo-fálico tramitado en casi todos los paralajes de su acometida de ejercicio, más que de obra). No ya un erotismo colindante con la naturaleza estética que esta sensación corporal place; develadas unas tramas que ni él mismo las ubicaría en el terreno de las suposiciones más pueriles que se hayan leído, eso sí, únicamente en foros virtuales para 17

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aficionados adefesios. Tal es el mundo de este animal ¿letrado? que va ocupando el tema. Los mismos inicios, maliciados nudos melodramáticos dentro de lo que podríamos denominar, llaneza del estilo perpetuado, monocorde, inmerso en una monolinealidad abrupta respecto de la forma conservadora a destajo; quien no va más allá de su entorno, supeditado a una forma aterrada cuya realidad, más que pretenciosa, escuece ya, un material más que reciclado, no sea cosa que uno de sus miembros, el cibernético, realice una búsqueda en Google®, y dé con el paradero de estos ociosos artefactos recopilados de la mismísima basura diamantina cuya veta interminable, guarda qué perlas literarias; no sea. Ya para la pacata sociedad del pueblo en la que se circunscribía el ámbito geográfico de dicha publicación más que académica, Revista, los documentos del tal Fotófago Pajani, eran una bomba bochornosa, descarada, infecta, los cuales tramaban restos de todo un amor estercolero, el cachondo en cama ajena. La periferia del desencanto, ya pacato, ya enano en ideales que no miraban más allá de la línea de semen, escaleras abajo, desde el cuarto del solterón ahogado en una autofelación casi esofágica, disque atragantado con su propio órgano fálico, por donde el desdoblamiento de personalidad lo había llevado a creerse dotado de un clítoris en la garganta. Sus aspiraciones sub-poéticas, de cohorte más alentadora, eran un poco más serias. Podría decirse de este asunto, que iba más lejos en cuanto al aspecto formal del metasentido apoético, si de desgranar mazorcas se trata, gubia al cinto e ideales en el esquelético dedo que casi horada tu pecho. No sin la influencia bukowskiana, de la cual todos, por estos desérticos tiempos creadores tomaban lazadura, a falta de buenos chauvinistas; ya que en aquella época literatosa, todos eran los calzoncillos del padre del reliasmo sucio, el poeta underground de Los Ángeles; claro, panzudo, eructante, sin la disciplina del mencionado y duro secretor, que si bien se chupaba toda la cerveza de los minimarkets de su manzana, era entendido que alivianaba su resaca durante poco más de doce horas, escribiendo, lapso en el cual no sólo la hacía de negro literario, cartero, mujeriego por instinto y testarudo de cuadra, sino que también se dedicaba a empapelar con sus manuscritos rechazados las paredes desconchadas de su cuarto, o sea todo el ambiente, pocilga con olor a calzoncillos pegoteados de caca, esparcidos de medias sucias, blancas botellas vacías ya1, y ronquidos feraces, donde bien pudo haber escrito “Pensión de mala muerte”, como quien se chupa un vino de azúcar quemada.

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Frágil; Av. Larco. Disquera “Pantel”. Lima-Perú. 1980.

Pero, volviendo al bochornoso proyecto de escritor del cual habían recibido colaboración los fundadores de la Revista. Era penoso. Para ellos la literatura sólo y únicamente debería circunscribirse a un acto más que serio, en donde las palabras no significaran su literalidad o su facilismo comunicativo --entiéndase por texto como la misma y fricativa linealidad ritmada de palabras-. Tal había sido su desfachatez del colaborador señalado, que en el mail, consignaba: “Me atrevo a remitirles tales textos…”, mandándose con una parvada de estos ejercicios de catecúmeno de chongo, no sólo por la ampulosa linealidad de cohorte repetitivo y cochambroso, algo menos que pajero mantenido o fotófago fetiche; siendo que su fama venía de lo menos un par de censuras por parte de revistas no menos serias, “on line”, encausadas en una caótica de la seriedad que era para reírse, o para rasurarse las rojas pelotas. Habría que tomar nota, M i e m b r o s. Los escritores, quién diría, uno ni se imagina las maravillas de qué ambientes siniestros están rodeadas, hasta que se da —sorprendido uno— con la ingrata sorpresa de la monolinealidad arquetípica de un animalejo colaborador aspirante a magazine académico-qué-se habrá-creído-éste; como éste, gusarapo, fachendoso mirón prostibulario; como éste, que, a decir de su material gráfico, esputo verborreico y collage sarniento de chacra virtual de perlas recicladas minado, era obvio que no sólo fotografiaba a chicas resfriadas. Anotado, M i e m b r o s de Revista.

de costa más que provecho, ruin y erial para el hombre que, en lugar de acertar y ganar, sale con daño y pérdida, porque vuestro oficio de mujer es coger las madejas que os queman, consolándoos de vuestro yerro haciendo de vuestro mal un gozo. Pera González, alma y cuerpo amado, si quieres verme, ven al Geriátrico de Caparra, al que he regresado, y donde, aunque soy viejo y cansado, tres veces bien me las hago: cuando me acuesto, me meo; a la medianoche, peo, y en la mañana me cago. Tuyo afectísimo, Grillo Grillo
P.D.: Añoro tu limpieza volviendo del revés la braga que hacía un mes llevabas puesta.

F I C C I Ó N
La casa de mi vida
Gustavo M. Galliano [Argentina]

ESTIMADA PERA GONZÁLEZ
Daniel de Cullá [España]
Alma y cuerpo amado, e escribo desde Caparra, un pedazo de calle de pocas casas, cerca de Plasencia, en el camino de la Plata, donde existen grandes ruinas y restos de haber sido una gran ciudad en tiempo de los romanos. Soy un pobre hombre que en tiempo de amores plantó en baldío muchos besos para cercar el haza de tu bella geografía y sembré allí las correduras de eras ajenas (aunque me conociste barbilindo, fui cornudo y educado en el oficio de la picardía), y mis apreturas y roces duraron lo que duró tu humedad, pues como tú y yo bien sabemos: “el Amor dura lo que dura dura”. Ahora, llegada la sequía, todo es nada y queda por refrán entre los que me conocen que mi amor fue 18

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lena, la joven empleada inmobiliaria, atractiva y curvilínea tan dulce como su sonrisa, —aunque aquellas curvas fueran más sugerentes y sumamente más peligrosas que su sonrisa, indudablemente más turbantes― me recibió cordialmente en el portal, haciendo uso de un verborrágico monólogo finamente estudiado en cada detalle, para indicarme finalmente que le acompañara en el ingreso a la casa. Era la encargada de mostrarme la bellísima mansión, que se alzaba en pleno Boulevard Carmesí, una magnífica mole de mármoles y finas maderas, caobas, robles; adornos imponentes de cristal, bronce, plata y oro, escaleras con barandales macizos, cuadros y pinturas de exquisitos autores. Y su mejor sonrisa para ocultarme las pocas bondades que los años se atrevieron a robarle a aquel inmueble impresionante. Pero mi ojo clínico, mi sagaz perspicacia, mi delicada intuición, ya habían dictaminado, apenas cruzado el umbral, apenas traspasado el dintel, que aquella era “la casa”. La residencia donde acabaría mis días. Lo sentenció la fragancia a jazmines proveniente de los jardines, la luz pura que penetraba

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los ventanales. Adoré la fachada de ladrillos antiguos, la firmeza energizante de sus cimientos, la fuerza rojiza de sus tejas. Desde la amplitud del living y la comodidad extensa de los dormitorios, hasta los marmóreos baños de griferías en oro. Desde el hogar rústico de acogedores leños ardientes hasta la sobria biblioteca repleta de libros nunca leídos. Desde la increíble cocina, hasta le inexistencia de un sótano que detesté desde niño. Una pena que Elena resultare tan eficiente en su trabajo. No cesaba de hablar y hablar sobre las bondades de la casa. Una hermosa mujer no debería hablar constantemente, pues abrumando se desmerece. Un buen vendedor debería aprender que en ciertas oportunidades debe aprender a callar. A mirar a los ojos. Como cuando un sommelier se toma unos instantes y cierra sus ojos para dejar descansar el buen vino en su paladar, antes de dar el veredicto. Pero Elena era una máquina posmoderna preparada para avasallar, no dejar pensar. De la terrible escuela sacrílega del “confunde con tus palabras, al extremo que no piensen, utiliza el engaño para que no vean defectos, luego será tarde, cierra el negocio, cobra tu comisión y vé por otro cliente, tiempo y vida convergen finitos. Mañana vivirás”. ¡Vaya si conozco sobre esto! Respiré hondo, antes de suplicarle, cortésmente y mirándole a los ojos: ―“Cállate, por favor”— Ella titubeo, confundida. —“Esta es la casa, entiendes Elena. Es la mejor, y tú eres la mejor. La he escogido entre cientos. Despreocúpate. Tan sólo necesito unos minutos a solas, en la terraza del ala Norte, si puede tu enérgica verba otorgármelo, luego estaré a tu plena disposición, dalo por hecho. He escogido esta casa. Aquí viviré hasta el último de mis días. Lo juro. El precio no será obstáculo alguno”―. La joven sonrió, en una mezcla de ambición, codicia, perversión y satisfacción. Seguramente resultaba la venta más rápida y sencilla que había logrado en su corta carrera. Un antecedente meritorio rumbo a una carrera brillante. “El cliente perfecto”, pensó casi en voz alta. Aunque también eso llegó a molestarle un poco: necesitaba demostrar todas sus habilidades; había resultado demasiado fácil, y no era una mujer que gustara de lo fácil, necesitaba retos que movilizaran la adrenalina de su cuerpo. De todos modos, el resultado era el mismo: dinero y buen concepto, lo cual calmó su ánimo.

Me indicó con una sonrisa casi distraída la dirección del pasillo hacia la terraza, y me explicó que estaría en la biblioteca preparando los documentos pertinentes, para la firma. Le respondí que me parecía correcto, siempre que respetara mi cuarto de hora de intimidad en la terraza del ala Norte. Accedió con un gentil gesto, fingiendo una sobriedad que ahogaba la total euforia del triunfo. Una vez instalado en la terraza, me dejé caer en un cómodo sillón de esterillas, ubicado allí, no casualmente. Observé los picos nevados de la majestuosa Montaña Clamor, sobre mi diestra. Como contraste, a mi siniestra, las luces insinuantes del atardecer próximo a devorar Ciudad Santa Fe. Respiré relajado, imaginando a Elena, habitante de un cuerpo tan hermoso, capaz de generar tanta pasión, y sin embargo convertido en un frasco de codicia, completando formularios a ultra velocidad. Encendí un cigarro con la última lumbre que me quedaba. Siempre fui bueno para no desaprovechar últimas oportunidades. –“Esto sí resulta majestuoso, y es todo mío” ―pensé. ―“Tal como lo imagine”— Exhalé una intensa bocanada, una nube maciza y condensada de nicotina y recuerdos. Hurgué en el interior de mi abrigo, comenzaba a castigar la brisa. Saqué la pistola. El marco era perfecto, como una pintura a la que sólo le falta el pincelazo final. Lamentaba que Elena tuviera que ser quien pusiera el broche final, hacerse cargo, ella, tan plena de belleza y superficialidad, pero no podía hacerme cargo yo por ella. Debemos optar. Sacrificios. Tantos años me llevó encontrar la casa de mi vida. Donde pasar hasta el último de mis días. La boca de acero me beso la sien. Y la piel se erizo ante el frío del incipiente invierno que la convertía en más frío aún, pero sólo por un instante. La visión era maravillosa, la naturaleza posee tanta belleza que solemos obviar sólo por distraídos. Quizás por ser tan imperfectos como humanos que no recalamos en la perfección que nos rodea, quizás por encerrarnos en nuestras cápsulas de dolor, por dedicarnos a atormentar nuestras almas en lugar de cuidarlas, quizás por aferrarnos, costumbristas, a las penas hasta que la carga se torna insoportable, antes que escoger la libertad. Luego creí escuchar la voz de Elena reclamándome y decidí apresurarme. Una obra de arte no debe desperdiciarse. Aquél paisaje, aquella terraza, la comodidad del sillón, la musicalidad de la brisa, el pico nevado en el celeste de Montaña Clamor, las amarillentas luces relucientes de Ciudad Santa Fe. La 19

casa perfecta, para el partir adecuado. No sirve ya repensar las causas, demasiado frío afuera y adentro, no comprenderían. No se comprende jamás el dolor ajeno. No por incapacidad, sólo por genuino desinterés espontáneo.

XXXIII, por su obra “La casa de mi vida” (Cuento Breve) Gustavo M. Galliano obtuvo por unanimidad el primer premio en esta versión XXXIII, del año 2010. El Acto de entrega de premios se realizó el sábado 7 de agosto, a las 20 Hs., en la Sala “Aldo Braga” del Teatro, Complejo Cultural de la Ciudad. San Lorenzo, Santa Fe, República Argentina.

BATALLA CARNAL ENTRE MUJER & CENTAURO
Jack Farfán Cedrón

Toda la firmeza que no tuvo mi alma hasta entonces, se concentró en mi diestra. La mano responde al cerebro y al corazón, supongo. Porque los ojos se llenan de lágrimas, que pueden ser producto de penas, recuerdos, o del viento frío que azota ya incesante la terraza del ala Norte. —“Vamos, ya es hora. Es la casa de tu vida, aquí soñaste siempre que fuese el fin”―, me dije en voz alta, para insuflarme esa fuerza que comenzaba a flaquear. A la distancia, la nieve de las montañas comenzaba a vestirse de un ostentoso manto azul. Las luces de Ciudad Santa Fe ya presumían su expansivo color naranja flúo, casi prepotente. Desde la biblioteca la voz de Elena llegaba lejana pero clara: ―“Apúrese, ya anochece, debemos regresar”—. Pero no había regreso, ya no. La detonación fue única y retumbó en cada rincón de la magnífica mansión. La joven dudó unos instantes antes de correr hacia la terraza. Al llegar al Ala Norte supo que era más tarde de lo tarde que había presumido. Más allá de la terraza todavía el eco del disparo aún escapaba y se escondía entre montañas y luces que fulguraban distraídas. Mi cuerpo estaba tendido en el cómodo sillón de esterillas, ella no atinó a acercarse. Tampoco a pronunciar palabras. Su verba parecía haberse agotado inexplicablemente. Mientras la nieve comenzaba a dislocarse en suaves y ligeros copos, un hilo purpúreo descendía por mi hombro y mi brazo izquierdo, apoyado en el piso de mármol, e iba dando paso a una mancha que se expandía conformando una extraña figura. Figura de contornos extraños, formada por sangre casi tibia. Tibia de apasionados recuerdos, fría de vida y mutiladas esperanzas. Demasiado fría por inmensas desilusiones. Sacrificios. Anochecía, y el reflejo inexpresivo de la oscuridad trataba de cubrir con un manto de piedad el piso de Mármol de Carrara, de la Terraza en el Ala Norte de la bellísima Mansión ubicada en el Boulevard Carmesí, de Ciudad Santa Fe, cercana a Montaña Clamor.PREMIO NACIONAL EL QUIJOTE DE PLATA XXXIII EN GÉNERO CUENTO. Organizado anualmente la Asociación Arte y Cultura de San Lorenzo y auspiciado por la Municipalidad de San Lorenzo y la Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe (Argentina). Elda Forcatto, organizadora y miembro del Jurado, entregando al escritor Gustavo M. Galliano el Quijote de Plata

La mujer desnuda mira al centauro; la impresión de verlo por primera vez la remite, sumisa, a un amanecer anegado, con llamas nubosas extendidas al borde amaneciendo. El centauro ha posado el cuerpo frágil de la mujer sobre el monte rocalloso; piel tersa, pubis enmarañado. La mujer retrotrae al centauro, barbado, afilado de músculos. La parte hombre se echa hacia delante para asirla entre sus brazos; el caballo retrocede, da coses al aire cortando la limpidez de un cielo de montaña, donde, a la entrada de los dioses se eternizará en llamas tenues una forma de entrega desfallecida a un nuevo nacimiento. El centauro acalla en esos remansos lechosos de espumas inciertas diseminados en orillas que él ha recorrido, acechante, tras los setos, donde, ora veía cabelleras echándose para atrás, ora piernas tersas; piel fresca, y, a veces, bamboleantes senos que le imaginaban traspatios de conventos. Pero ahora, la tenía cerca. El cuerpo latiente, el centro del cuerpo que se anegará a la embestida caballuna de sable electrizante. La mujer detiene al viento de su montaña y le dice: “En verdad, eres un centauro, existes”. Tocándole la línea de río pausado que separa sus dos pectorales fuertes. Lo mira calmada, le entrega un estío descorriéndose cortinaje aqueo, una lluvia astral, una entrega animal, una grupa mojada. Está lloviznada de noches sucesivas que ensayan la podredumbre marina. Que es cierto. En estruendosa voz de un cuerpo que huye, ella lo invita a verle las grupas: Es cierto. “Móntame —le susurra—. Lejanas están las huestes; las muchedumbres iguales tardarán más de lo que tu chorro candente me pueda atravesar hasta la boca, más de lo que me parta en dos y me destruya de una agónica suerte placentera; verme enterrada hasta la garganta, de tu cosa; serme la primera mortal atravesada por un animal mitológico, por lasciva bestia cabalgándome los lomos. Móntame, remece mi cuerpo, sacúdeme hasta volverme sucia, caliente, sacudida, vaceada, montada por pedestre lascivo de cascos. Ser yegua por primera vez, mujer por siempre, penetrada por la venosa enhiesta y negra, bamboleante, acordonada por la crin de tu cola”. En estampida se acaballa ante el centauro. Se entrega. “Tómame, antes que las voces nos alcancen”. El caballo retrocede, el hombre quiere conservar la
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imagen trasera de la mujer de campo apacible, que segundos antes era el traspatio de oro, la tempestad estruendosa, la mies surcada por un viento y su silbo misterioso, derramado en el agua sucia de las gotas de esperma. Sugirieron envolverla en mantas blancas. La grieta de la mujer estaba constelada por un amanecer encendido de rosas, la mata traslúcida dejando entrever el boquerón arruinado, los labios ladeados, el río zoofílico trasminando un olor acre, a crin, espeso, de la simiente derramada dentro del cuero exánime. De esa unión nacería el primer Bárbaro, la bestia perseguida por huestes pura sangre; inalcanzable. El Elegido para contiendas supinas, al oscilar correntoso de la furia delatora, del pozo con su monstruo incestuoso, con su enano de balcón aprovechando la posición aireada, en ángulo recto, de las ancas de vírgenes sofocadas al paso de mancebos enhiestos. Y atrás, las enredaderas cediendo a la corriente floral de cuerpos unidos, de venas supurantes; la unión animal y la raya profanada de los límites. Durante la escena zoofílica, ella cedió al horror, al grito, al relincho caballar. Vio las montañas partirse, el cielo vomitando esferas alocadas en una incandescencia sexual y de madréporas desapareciendo en una lluvia meteórica; las frondas arrear la poderosa marea que es cierta. Eres cierto. Cáchame. El sudor del animal plantado en un torso caballuno se entremezclaba con el de la tersa piel de la amante victimada por su encendida voluntad pidiendo a gritos su bestia vibrátil, su cosa mojada. Enterrada en un orgasmo alocador, asaz picante hasta grados en que el cuerpo pide no se acabe el cisma electrizándole la entrepierna, las coses lastimando sus talones, la tela limpia y jabonosa del himen como estrías epidérmicas salpicadas en sus muslos. Como el horror que lleva a bestias satisfechas, como el horror que actúa después del orgasmo, el centauro es conducido al averno de los sucios, cercenado por el hado de las montañas embravecidas. Al correr tras la victoria amorosa, plagada de unción, de mito sensual, de cara alevosa, un filón rampante y pétreo le cercenó en dos el mito mitad caballo/mitad hombre lascivo, al centauro amado, al corredor tras su chorro de la entrega; de manera que el colgajo carnal 21

que unía la parte animal con la parte hombre, sirvió para que las muchedumbres, las masas desconcertadas, lo fueran arrastrando hasta el filo abismal con olor a podredumbre. Como el horror arrastrando a los vencidos por orgasmo, la leve minucia de caer en el estruendoso cisma de la entrada, llama a puertas del sueño eterno a mitad racionales y mitad bestias, presas del pánico orgásmico, a escuchar el llamado divino. La puerta dorada es la flecha que seguir. “Me acecha la voz. Penétrame, hombrecaballo. Me sacude, me estremece la bestia sangrante. Eres cierto. Cáchame tuya. Somos la verdad traslapada al chasquido de los huecos profanados. Cáchame”. Una revolución pantanal de alas desaforadas secunda la entrada del centauro hacia el llamado déifico, surreal, sobrevolado al pantano de sangre de los castos orificios hasta entonces. Ese último gemido de la mujer penetrada valió la espera del centauro llamando a los caídos, con sus dioses de horror, la espera llamando a los caídos, favorecidos por la cueva carnal; y el caído, animal, bestia o maldito, alcanza los favores carnales, al emolumento de caer exánime al llamado divino. Hacia el final sin aliento después del polvo. * Cría de centauro y mujer virgen, la centaura no es mujer mitad yegua; la centaura no es yegua mitad mujer de pechos henchidos supurantes de leche, que, libada, sonroja los carrillos de fieles, adoradores de El evangelio del mal2, del Nunca Visto; la centaura es golfa que presta está a sentarse sobre cualquier pertrecho carnal de bestia aventajada. ____
Imagen: Centauro abrazando a una ninfa. Johan Tobias Sergel. Estocolmo, 1740 – 1814. Terracota. Alt. 0,365 m; ancho 0,395 m. Escena mitológica con resonancias eróticas en la que se aprecia la influencia que tuvo el arte antiguo sobre este escultor. Sergel vivió once años en Roma (de 1767 a 1778) y durante su estancia realizó este grupo. Cuando volvía a Suecia en 1778, llamado por el rey Gustavo II, dejó esta terracota en París. [http://www.profesorenlinea.cl/artes/esculturasfamosas.htm]

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Patrick Graham. Primera edición. Grijalbo. Barcelona, 2008.

que él fuese el único surrealista que captara el pensamiento de Guenón. ¿Sabes quién fue Guenón? Y.-Se refiere usted al estudioso, René Guenón? C.-Si hubieras dicho “el filósofo” te hubiera dado una bofetada. No era un filósofo. Era un transmisor de la sabiduría eterna. Fue predestinado para eso ¿no? Para recordar a occidente que había perdido el sentido de la tradición con “T” mayúscula. La tradición que rige lo suprahumano que se ha manifestado según los tiempos, según las circunstancias en todas las tradiciones que han ido en el mundo. Yo soy bastante Guenoniano. Y.-Mi pregunta era ¿por qué Artaud en vez de ir al oriente, según la búsqueda de su misticismo, viaja a México, un país que se había convertido en receptáculo de disidentes, de expatriados y asilados? C.-Bueno, porque Artaud era medium psicológicamente. Espiritualmente hubiera podido “subir”, pero sicológicamente estaba medio desequilibrado y no podría luchar contra eso totalmente. Se imaginó que México, el México de la revolución, no tenía nada que ver con las revoluciones de Europa que ya estaba totalmente pegado con los surrealistas que se habían metido en el comunismo, con sus relaciones con los comunistas. No sé porque se imaginó que la revolución mexicana era totalmente diferente y que en México había posibilidad de renovar el contacto con la tradición. Evidentemente se encontró con el PRI que no era lo que él pensaba. Y.-¿Hubo alguna relación entre Moro y Artaud? C.-Moro se contactó con Alfonso Reyes, con Vidaurrutia a quien llegó a conocer; pero Artaud fue antes. Antes que Moro fuese a México. Moro nunca conoció a Artaud… pero el viaje de Artaud no me acuerdo cuándo fue. Yo tengo un texto que voy a publicar sobre la posición de Artaud cuando fue a México y también la posición de los surrealistas. Artaud dio unas cuantas conferencias en territorio mexicano sobre lo que era para él la revolución del espíritu. Los más desesperados eran los mejores. Artaud llegó a dirigir la revista surrealista el año en que salieron todas esas cartas al Dalai Lama, al Papá, etc…, etc. Y Bretón se asustó. Bretón era muy prudente dentro de su signalismo del espíritu. Se asustó de darse cuenta que había un peligro para la integridad de las personas.

( E N T R E) V I S T AS
ENTREVISTA A ANDRÉ COYNÉ
Rodolfo Ybarra

ace unos años, el 2003, le hice una larga entrevista al peruanófilo André Coyné. Debido a mis constantes mudanzas, por razones de trabajo y asuntos personales, creí haber perdido la cinta magnetofónica. Nunca, debido a mi horror vacui, me resigné a perder el material y cada cierto tiempo, buscando, también, otros escritos, removía los cientos de libros, estantes, cachivaches y papelería sin fin, tratando de encontrar la entrevista. Para mi sorpresa la cinta apareció (en otra mudanza) siete años después, aunque una parte estaba hongueada e irrecuperable, prueba de que el tiempo no pasa en vano. La parte que no aparece de la entrevista es la que se refiere a Haya de la Torre, a un encuentro que tuvo con él en el Ganges donde se bañaron desnudos, a su labor de docente en Camboya y su prueba sicodélica con peyote en la Argentina donde literalmente se sintió volar por los aires; y otros temas que el destino ha preferido velar para siempre y alimentar alguna leyenda urbana. Esto es lo que queda de aquella entrevista, que recuerdo muy bien, fue en una tarde de otoño, aunque con luz solar, en una casa cerca al Reducto en Miraflores, Lima. Luego de aquella conversa hicimos algunas bromas y hubo una pequeña sesión de fotos posadas y rostros gesticulantes y alguna declamación de poemas. Como se entiende, este es un homenaje y una celebración a André Coyné, amigo y maestro, y, a través de él, a César Moro. (Fallas técnicas) (…) C.-…en su infancia tuvo problemas sicóticos, y eso duró hasta el final porque fue encerrado durante años y allá en ese tiempo cuando estaba lúcido tenía una aspiración hacía el “más allá”, “más arriba” que hizo 22

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Y.-Pero a Artaud por qué lo acusa de cobarde. Incluso en el segundo Manifiesto hay muchas contradicciones. Parece que Artaud tuvo una agresión. Alguien le pegó una bofetada y gritó “mamá”, y aparece ese texto en el Segundo Manifiesto Surrealista. C.-De todos modos Bretón tomó la dirección de la revista y explicó a su manera, tendrían que tener todos esas revistas y documentos surrealistas donde está también el texto de Artaud contra los surrealistas, donde no hay censuras y donde sobre todo él quería hacer la revolución del espíritu. Entonces en México dio algunas conferencias, recordó sus primeros personalismos cuando él tenía la ilusión del surrealismo. Dijo que venía a buscar a México las señales de la revolución del espíritu y que Europa era un continente condenado; pero se tuvo que dar cuenta que México también estaba condenado y que los dirigentes mexicanos querían occidentalizar hasta esas “tribus” (entre comillas) que escapaban todavía a la influencia de la civilización moderna. Y.-Usted habló en la conferencia de ayer que en México se hablaba el francés como una lengua culta. C.-Eso fue después y durante la Segunda Guerra Mundial. Y que tenían como idioma común al francés. Había gente que venía de Inglaterra, España, etc..., pero eso dije para el grupo que estuvo en México durante la Segunda Guerra Mundial. Y.-¿Y en México quienes apoyan a Artaud? ¿Él creo que no tenía amigos? Incluso para viajar… C.-Finalmente, luego de sus conferencias en las universidades le dieron algo de dinero para que fuera al país de los tarahumaras, pero fue una pequeña suma. En realidad él andaba de un lugar a otro. Entonces el viaje a los tarahumaras se convirtió en una cosa mítica de la cual se habló hasta el final de su vida cuando él tenía momentos de lucidez, pero en realidad se quedó poco tiempo y hay varias versiones. Si tú tienes las obras completas de Artaud te das cuenta. Y.- Sí cómo no. Lo que es cierto es que ingirió peyote. C.- Pero no se sabe si realmente las tomó o no. Yo las tomé. Y.-Y qué tal. C.-No quisiera contar de eso porque no acabaríamos nunca. 23

Sí, Artaud contó de varias maneras su viaje a los tarahumaras porque cuando volvió de México, su viaje, de todos modos (fue brevísimo), para impregnarse de la tradición. Volvió a Europa y de ahí se fue a Irlanda y fue cuando volvió a Irlanda con la cruz pastoral de San Patricio, el evangelizador de Irlanda y cuando lo detuvieron, cuando llegó a Francia, y a partir de ahí fue internado y como estalló la Primera Guerra Mundial, entonces el internamiento fue total. Y.-Había un psiquiatra que se hizo muy amigo de él… C.-En Rodhesia que estaba en la zona no ocupada por los alemanes. Los alemanes durante un tiempo ocuparon una mitad de Francia y la otra la dejaron rodeada. Artaud tuvo la suerte de estar en un hospital del sur, después los alemanes invadieron todo. Artaud salió del hospital, después de que terminó la guerra dio una conferencia famosa en la que acudió todo París, pero ya estaba moribundo, tuvieron que internarlo nuevamente en un hospicio cerca de Vitec. Es ahí donde murió y algunas personas se aprovecharon de él. Y.-Antes de morir tuvo un programa de radio. C.-Grabaron para la radio un programa que no llegó a emitirse, sino que lo dieron en la noche de su muerte. Es ahí cuando escribí ese poema. Los programas culturales eran muy tarde. Mis padres se acostaban y yo escuchaba los días en que había programas, y ahí fue cuando me enteré de la muerte de Artaud; y cuando escuché su voz por primera vez porque ese programa fue grabado. Y escuché su voz que era impresionante, parecía de ultratumba y fue cuando escribí ese poema que fue traducido por Moro en el número 6 de Las Moradas que ha sido reeditado hace poco. Se llama la (…) y lo materno por un poeta desconocido. Título completo del poema. Y.-Sobre su vida de actor, muy poco se habla de su vida dedicada a la actuación cuando escribía guiones de teatro o guiones de cine. C.-En aquél momento se dominaba, pero a partir de su viaje a Irlanda yo ya había pasado, como dijo Bretón, al otro lado del espejo. A partir de ese momento incitaba. Bueno, antes había tomado medicamentos también, drogas para… pero, llegó a dominarse durante la época del Teatro de la Crueldad. Ese teatro no tuvo éxito; pero dio varias conferencias

en que cita a Guenón, precisamente y fue cuando decidió ir a México. Y.-Artaud recoge a Alfred Jarry y reclama como que Ubú Rey debería ser reconocido… C.-Pero a partir del momento en que va a México y que vuelve de México, va a Irlanda ya es alguien que no se controla y el que tiene que vivir bajo un control médico permanente y como estalla la guerra, las condiciones muy especiales y muy duras de la ocupación sufre más. Y en el último hospicio en que fue hospitalizado antes de su muerte, ahí hubo gente que se aprovechó. Sus obras completas cubren 20 volúmenes de la colección blanca. Y no ha habido muchos pleitos alrededor de los últimos textos. Creo que el último artículo que escribí en el suplemento de El Comercio el 57’ cuando, en aquél tiempo, era mejor que ahora. No sé si en la hemeroteca se puede encontrar, se llama “Sobre una cultura mágica” y es precisamente mi último artículo que fue el último año que estuve aquí y es precisamente una presentación de “Los Tarahumaras” de Artaud que nadie conocía. Y.-Han salido varias versiones del “País de los Tarahumaras”. C.-Sí, porque lo ha estado reescribiendo constantemente, y, por eso, hay varias versiones también de su viaje. Debe salir exactamente ese artículo mío que en la Universidad Católica, la imprenta, no sé si han tomado cita. El rector ha dado orden para que se reediten, reúnan mis artículos sobre, alusivos, a Moro, Vallejo. No sé si conoces mis artículos que los van a publicar. Y.-Sí, por supuesto. C.-Pero el rector ha dado orden y no sé cuándo se publicarán. Y hay un artículo precisamente sobre Artaud, Moro y Pere en México donde distingo las diferentes experiencias y especialmente lo de Artaud, trato de especificar “cuál ha sido su viaje” y lo de Pere que es un punto de vista surrealista ortodoxo que es totalmente diferente. Y.-En un número de la Revista Quimera aparece un reportaje al viaje que hizo Moro al país de los Tarahumaras en México y habla ahí un escritor mexicano que cuenta la historia. C.-En Quimera, después de la muerte de Enrique Molina se reproduce la última carta que me escribió, eso sí ha sido reproducido por unos muchachos de 24

San Marcos, Walter Espinoza, y tienen una revista que se llama Ensueño Indescifrable. Han reproducido mi artículo de Quimera del año 2000. Y.-Hablemos un poco de Moro. ¿Cómo era la vivencia de Moro con los surrealistas, el trato que tenían ellos con Sopault, Aragón —¿Había un trato como amigos? O había mucho respeto literario, competitividad de camaradas, el típico celo literario. C.-Moro entró al grupo surrealista, no cuando llegó a Francia, sino a fines del 28, los conoció por la línea de Silva, Alina Alestonap era prima indirecta de Moro y crecieron un poco juntos y se consideraban como hermanas. Alina llegó a casarse una sola vez, con Alfonso de Silva, pero cuando se casó con Alfonso, ya tenía dos hijos con otros dos señores: uno vive y se acuerda, él es Paco, Francisco Abril de Vivero, es sobrino también de Xavier Abril y otro que era hijo de un señor que tuvo mucha importancia entre los pleitos de Mariátegui y Haya de la Torre, el señor Cecada, y el hijo, también, se llama Alberto Cecada. De modo que Alina cuando se casó con Alfonso ya tenía dos hijos con dos padres diferentes y cuando Moro llegó a París se alojó en casa de los Silva. Alfonso era músico, pero que murió relativamente joven. En París conoció a Vallejo que en Poemas Humanos le escribió un poema que es el único poema sobre la muerte de un amigo (que aparece ahí). Vallejo cuando se enteró de la muerte de Alfonso de Silva, porque murió bastante joven, escribió un poema dedicado a la memoria de Alfonso. Pero Moro conocía a Alfonso y a Alina desde mucho antes, en la infancia, mientras que Vallejo conoció a Alfonso ya en París. Y.-¿Conoce usted de alguna anécdota o hecho fortuito donde Moro y Vallejo, que no son contemporáneos, se hayan encontrado o se vieran alguna vez? C.-No son de la misma generación. Se encontraron alguna vez en la casa de los Silva. Uno entraba y el otro salía, y se saludaron. Moro no había publicado nada y (más) se le conocía como pintor. Entonces Vallejo en Perú había publicado dos libros, pero en Francia no había publicado nada; y, pues, se saludaron. A Moro nunca le gustó mucho la poesía de Vallejo, lo que más le gustaba era los poemas Los Heraldos Negros porque la única cosa que traían en común los dos fue la admiración de toda la vida por Rubén Darío. Y.-Hace poco tiempo en la Centro Cultural de España, en Lima, se hizo una exposición de las pinturas de

Moro titulada “Con los anteojos de azufre. César Moro artista plástico”. C.-Sí, la mitad eran mías y yo estaba invitado para la conferencia, pero no pude porque estaba enfermo. Y.-Lo que quería decirte es que ese día se repartió un panfleto de un tal señor Iriarte que supuestamente había sido amante de Moro y que —según el panfleto— conservaba poemas inéditos. C.-Es el que puso en Internet ese poema con una explicación totalmente idiota. Y.-Están incluso, otros textos… C.-Es un poema cuyos párrafos o versos empiezan todo con cadáver. Es falso. Ese nombre no existe en la vida de Moro. No sé si es un farsante que tomó ese nombre, pero evidentemente el poema está hecho a base de cosas que podrían ser de Moro, pero Moro nunca hubiera escrito un poema en que todos los versos empezaran por cadáver. Creo que lo hice autentificar por el amigo Ferrari. Y él me dijo “cómo te metes en eso. Es evidentemente falso”. Además dice que lo conoció aquí y volvió Moro al Perú. Yo veía casi todos los días a Moro. Nunca apareció un señor con ese nombre. Y.-Entonces es falso. C.-Yo voy a poner una nota en mis archivos negando esto, yo no lo había visto, fue alguien que me lo mandó. Y.-En el Periódico La Prensa aparece un poema dedicado a Villaurrutia, el poema se llama “Si así fuera” y ha sido recopilado en una revista nueva llamada Homúnculus (dirigida por la poeta Gladys Flores). Ese poema no ha sido recogido. C.-Yo no lo puse en la edición de La Tortuga Ecuestre y otros poemas, un poco por olvido, porque cuando murió Villaurrutia yo no estaba en Lima. Fue una de las pocas veces en que fui a Francia y Moro me escribió, pero evidentemente me escribió mandándome la página de homenaje que había publicado: “Si yo fuera” no sé qué; y al mismo tiempo me escribió una carta anunciándome la muerte de Villaurrutia que probablemente se suicidó en una noche de Navidad. Era relativamente joven porque Villlaurrutia era nacido el mismo año que Moro. Este año están celebrando el centenario en México; y en otra carta antes que yo regresara me dice que ha empezado a morir con la muerte de Villaurrutia. 25

Y.-¿Y cuál era la verdadera relación entre Villaurrutia y Moro? FIN DE LA PRIMERA CINTA (…) …de la prosa chilena y eso no le gustaba mucho a Huidobro. Además Huidobro era tan egocéntrico como Neruda, era tan natural que chocaran los dos. El número siguiente lo dedicó a Moro en respuesta a ese pequeño aviso. Moro de Calcomanía. Lo insultaba a Moro. Al mismo tiempo que afirmaba que cómo iba a ser arribista él cuando había nacido y llega a jactarse. Efectivamente Huidobro había nacido en una familia muy rica. Su padre poseía unos viñedos enormes. Y su madre tenía una tertulia poética en su casa cada semana. Entonces cómo había nacido ya arribado no tenía por qué ser arribista y entonces negaba evidentemente, hasta negaba conocer ese número de la revista que en el surrealismo se vio mucho. Cosa curiosa cuando Huidobro había muerto hacía años uno de los surrealistas, de los llamados surrealistas chilenos. Arenas, publicó la obra poética de Huidobro en dos tomos de editorial Zigzag. Inmediatamente busqué ese “Árbol en Cuarentena” para averiguar qué parecido podría tener con el texto de la revista surrealista. Ese Árbol en Cuarentena no aparece en las obras completas. Ésa sería más bien una cosa contra Huidobro. Esa hoja que parece que han publicado en una reproducción es “El Obispo Embotellado” que es la respuesta que dieron al panfleto de vital contra Moro que escribieron el propio Moro, quien escribió a propósito un texto en francés (…) porque Huidobro es censurado ante… de poner textos en francés a sus obras cuando estaba en América, es decir que Huidobro había escrito poemas en francés únicamente porque estaba en Francia y para descollar en Francia, pero lo que no imaginaba era que en España un chiquillo podría publicar poemas franceses, y él censuraba a Moro precisamente por haber puesto títulos franceses en una exposición que se realizaba… Se publicaba en una hoja, en cuatro páginas grandes. En tabloide, que se llama “El Obispo Embotellado”. Hay un texto de Emilio Westphalen, Rafo Médez, Dolores de Lazarte. Y en la última página están reproducidos los primeros poemas de Huidobro que es patriotiquero, etc..., etc... Como Huidobro vivió desde que nació.

RESEÑAS
Desencuentros con Dios
Jack Farfán Cedrón

Caín
José Saramago
Lima, 2009

En un principio fue
creado, a partir de la oscuridad genésica, todo animal que se mueve, vuela o repta sobre la faz de esta esfera girando sobre su eje; mas si el dedo omnipresente la soltara como una honda, todo saldría despavorido hacia la colisión final tan promocionada como la segunda gira del Redentor, auspiciada por Coca-Cola®. José Saramago, en Caín reescribe el Antiguo Testamento, cual lo ha hecho con el Nuevo, en El evangelio según Jesucristo; tal como lo hizo Nikos Kazantzakis, en La última tentación de Cristo; así como reinventamos nuestro constante perecer, al poner la pata izquierda, simios nosotros, desencontrados con el día a día que, mientras no lo advirtamos que no viene en serie, todo va bien con la rutina. Es certero este re-cuento de la historia bíblica antigua, sobre todo cuando se trata de ironizar, con negra veladura, asaz, agria, digamos con la espada de la sinceridad de quien reflexiona, a partir de un hecho hasta hoy tan cierto como alegórico, el Antiguo Testamento. Caín recrea las antiguas escrituras dictadas a los profetas en un rapto de empatía entre el Omnímodo y sus criaturas súbditas, desaladas. Estamos pues frente a una bomba maléfica (la urdida por el octogenario escritor, autor de El Cuaderno), 26

para los entendidos eclesiásticos, entre otras cofradías religiosas. La puesta en reflexión (¿o debería decir la puesta en blasfemia?) de una verdad que jamás se nos hubiera ocurrido a tan doblegados y mortales seres que acuden a misa los domingos, y tienen, en esa floral institución con cirios y santos, y una que otra canilla de mirra e incienso, su panacea espiritual, de sólidas cúpulas y estructuras, que cada final de jornada les purifica el ánima cochambrosa, no sólo por el smog repletado en los cornetes del ronque, sino también por la rutina obligada de ser el rey en esta selva de cemento, so pena y brecha infernal de morir devorado por el más recio de los hombres. Los seres humanos, creados a imagen y semejanza de su Creador, valgan verdades, tienen errores, y si al origen de la simiente y divina fuente me remito, valga también apreciar que el creador ciertamente tuvo errores, entre ellos, hacer semejante a su Majestad creadora al hombre, con todo y sus defectos, entre otras sutilidades, como ser invencible, ególatra, entre otro dedo de férrea anulación, para que bien te portes. Creado también sensible, el hombre, ñoña debilidad, conflagración poderosa cual bombardas de los más ostentosos ripios líricos melosos hasta el alfeñique del hartazgo, alrededor de ese mal que por mal viene, el amor sensual, debidamente registrado en los fanales poéticos de cada lírida descorazonado, que más se aproxima a los ángeles que a los querubines, por delicados y falsos. Caín entraña el personaje siniestro, el asesino, el “Sol negro levantándose sobre el horizonte de los ojos” — aplaude un irónico Caín, loándolo no sólo como urdidor de novelas escépticas, tanto como fabricante de tomos de poesía completa, de sus caros inicios sin gloria— La ofrenda de Caín, consistente de tres tristes mieses, no llegó al Señor, cual humo ahogado, expandido por el viento en los aires, como sí la de su hermano bueno, Abel, incinerado ovejo ascendente en irrefrenable columnata de humo hasta las puertas del cielo; esto se repite varias veces (una semana, creo), avivando la furia del protagonista hermano, el malo de la historia. El punto de conflicto de la novela espina acontecimientos que estaban como sacramentados por una perfección metapoética trazada con la estilográfica de los profetas tocados por rayo divino; santas escrituras que no debían ser refutadas bajo pena de sacrilegio, con su cohorte de castigos, según la gradación a la que se maleaba el autor intelectual de la afrenta en aquel tiempo. Si los ateos hubiesen pensado hasta este momento en las injusticias, que según el autor de estas reflexiones sacrílegas, ponen en tela de juicio la Divinidad

absoluta, quizá hubiesen colapsado en el intento de ser los ateos perfectos; más aún, se hubiesen decepcionado más todavía de la estolidez que prefigura de por sí la contradicción de no creer en Dios (esto de que “el ateo no existe” hubiese corroborado la presencia del maligno), aun presenciando de oídas las recreaciones del escritor portugués, entre las negociaciones de las dos autoridades máximas; la una, la del bien, coronada con triple corona y cetro, trajeado con piel de cielo y destellos armoniosos de lago; la otra, la del mal, con la cornamenta y malasaña fulgente a la cabeza poseedora de bífida lengua imprecando poco más que contradicciones, como la de sonsacar a la víctima creada a costillas del jovencito y rojo Adán, Eva de mis sueños, su verdad prohibida, que entre el rapto onírico o vanidad que sucede al halago maléfico serpeando en edénicos lares, a unos ocho orgasmos por lecho de hierba, gracias a la indumentaria prístina de un Adán sin ombligo, ni taparrabos ni faldita de piel derivada de los trajes que por primera vez vistió con pesadas pieles el Absoluto, apareciese en el principio del Edén a la horda de aves oscureciendo el cielo al tronar de dos dedos, por su cólera divina ante tal desobediencia. Tal Eva, enredada en la trampa de quien hace soltar una verdad que se malicia: Con que el Señor os ha ordenado que no comáis de todo fruto de cuanto árbol aquí crece, No, eso no es cierto, el Señor nos ha prohibido comer de toda fruta de cuanto árbol crece; menos de uno, que es el árbol del Conocimiento y de la Vida, fruto del pecado, con que yo comí, y convidé también al tibio compañero de mis futuros desenlaces reproductores a punta de azadón y sudor en la frente. En el sueño, el simbólico acto de probar de la manzana, entraña que la verdadera historia del pecado original se nos muestra en sentido figurado, simbólico, cuando la pareja edénica sabía perfectamente —y en esto no perdieron el tiempo, según narra el mago— que estaban desnudos desde que el Magnánimo los arrojó al retozo de sus placeres, el Jardín de mis Pecados. Que este sueño confirmara que mordieron hace rato la prueba ominosa y jugosa del pecado, viene a cuento, cuando de ajustar cuentas se trata, ser arrojados a desérticos terrenos, para que se las vieran, trajeados de pesadas pieles de sabe qué carnívoros, sabe el Hacedor por qué ángel degollados; bamboleándose sobre sus piernas como hombres de las cavernas, que por vez primera salieran de sus covachas de sombras de fuego, castigados por la Autoridad celestial, que con ella no se juega. Adán en lo de cultivar la tierra donde crecerían cardos y otras malas hierbas, Eva en lo de pujar para dar el fruto de su descendencia y desobediencia, que, hasta 27

hoy el escarmiento original jamás se desobedece, so pena de morir de hambre en el intento. La historia entraña ya un primer personaje reflexivo, un Adán descontento que empieza a filosofar desde ya, ante la grata impresión de Azael, querubín de recia complexión, espada fulgente al ristre, cuya mano traviesa toca el seno sudoroso de una Eva harapienta que con sus tretas femeninas (y sus bamboleantes tetas) lo convence para que le traiga unos frutos del Paraíso (un costal, para caer en detalle), de manera que sortearan la hambruna que se pasaba fuera de sus puertas, que no era poca, como consecuencia de su rebeldía de tamaña mordedura hasta hoy atracada en la garganta nuestra. No habíamos pensado en otros seres de igual parecido que poblaron los alrededores del Edén —nos refresca el escritor—, caravanas que con auspiciosa ayuda en los gastos del hogar a la pareja, palanquean lo que comienza a despuntarse, la historia que ya todos saben, aunque sea de oídas, desde los primeros grados de educación religiosa, la otra parte de la historia que hasta hoy no termina de desgraciarnos, a unos; y de alegrarnos, a otros, como que unas son de cal y otras de arena, y ni vuelta despavorida que darle. El niño Caín está sentado frente a un árbol que recién ha plantado, se le acerca la madre y le dice que los árboles no crecen mientras son espiados; ante lo cual —filosofo como su padre— Caín le refuta que en cuanto ella deje de mirarlo, éste reanudará su crecimiento. Comienza aquí, la eterna discusión entre Dios y la mancha negra de la historia; el Sol negro rayando en la frente menguante del fratricida, que ha de terminar, sabe Dios, en una sucesión de discusiones comparables a los parlamentos, a las borracheras doblando jornadas enteras con el rayar del Sol y la cebada que no cesa de resbalar por las gargantas. Montado en su burrito, Caín, luego de perpetrar el alevoso fratricidio a quijadazo limpio de jumento, contra su hermano y burlón Abel, al que, entre engaños de que una zorra se escondía en una cueva (le gustaban los animalitos, al bueno), lo arrastra a la desaparición oficiosa de pastor por el mundo, que no ha de haber sido tan bueno como para alentar la ira del hermano humillado por su pequeñez de ofrenda al Señor, consistente de cuatro hierbas secas que ni a humarajos llegó. Comienza a atacar a Dios, Caín, el marcado, el fratricida; cuestiona las pruebas que les infringe a sus súbditos, como el citado fratricidio, ocasión aquella que pudo haberse evitado, pero que se dio por esta lógica de que Historia que es, nadie la cambia. Mejor castigo que la errancia por tiempos disímiles en espacios y lugares repentinos a lomo de piajeno bíblico, no habría podido darle al malhechor de sus

dolores de Universo, ya que aceptando una muerte que pudo evitarse, lo condena al vagabundeo, no sin la punzada culpable, cuña de error en las estadísticas iniciáticas de la historia sagrada, que el incisivo Caín, última novela de Saramago, osa atacar, sacudir polvo antiguo, mismo ateo contestatario. El homicida llega a tierras de Nod, donde se inicia en el trabajo de pisador de barro. Su destino cambia cuando Lilith, la ama y señora del pueblo lo acoge en su recámara como guarda, so pretexto de exprimirle hasta la última gota de semental, en refocilos de animales en celo, acto que daría como fruto a Enoc, quien desaparece al abordar su padre manchado, el crucero Arca. Cumpliendo la orden de la enrancia, Caín debe continuar. Deja embarazada a Lilith. Camino al monte de Sinaí, Caín —siempre con el jumento apertrechado de agua y alimentos, que en otro espacio babélico enterrara en pleno barro, a limpia coz, a un cristiano que osó confundirlo con jamón— detiene el brazo asesino a Abraham, antes que el ángel enviado, que por fallas defectuosas de sincronización de sus alas no llegó a tiempo para detener el degüelle de la ofrenda, Isaac, al Señor. Ahí no sólo se maquina el intento de asesinato, planeado y alevoso, sino que también —nos dice el relator—, da cuenta de que la complicidad Omnipresente sigue ocasionando víctimas, que más adelante se contarán por miles, pero para esto había ya acondicionado el Barbón las gónadas de sus creados al trato carnal con cuantas mujeres se les cruzaran; sean éstas o no de la familia, suegras, yernas, cuñadas o concubinas, o hasta madres, en un incesto digno de Arca. Caín novela una sarta de cópulas sucesivas, llegando incluso al incesto, donde Cam, hijo de Noé, aprovecha durante el crucero en el Arca de seiscientos pies de largo, por cien de ancho y sesenta de alto, todo un jumbo del diluvio universal, el ofrecimiento en posición fetal del ortencio desnudo del ebrio vejete, jefe de la tribu a salvarse de las aguas universales, con todo y animales, que más cagaban que otra cosa. El aprovechado Cam, viéndolo indefenso, aprovecha para enterrársela sin remilgos, por la puerta falsa, a lo que sin reparos divulga por todo el crucero diluvial, lo que le costará la maldición de su progenie, de esta y de tribus futuras. Siguiendo con el curso de los tiempos arbitrarios, épater le bourgeois, Dios mediante, llega Caín a Sodoma. Hay un diálogo con Abraham, donde se cuestiona la frase aquella de “pagan justos por pecadores”, dimitiendo así que la visión de El de Arriba no apunta a detalles insulsos, y trata a todos iguales, con mano de hierro, infringiendo castigos vistos desde una distancia no menor a los millones de años luz, que separan al Cielo de la Tierra. Castigos a 28

diestra más que a siniestra, que unos pocos justos pagan también, como en las cárceles de hoy. Para el caso de Sodoma, los niños que murieron calcinados por la lluvia de fuego y azufre, amén de la curiosa mujer de Lot que quedó convertida en estatua de sal, sufrieron esa llamada minoría, que en teoría, salvaba a toda la horda pecaminosa, pero que en la práctica, todos murieron refritos, castos y depravados, por el Dedo creador. A trote en el mismo jumentillo, que valía su peso en oro en aquellos tiempos y lares de denuesto, Caín presencia la conflagración de la Torre de Babel, donde —por bien intencionado y arduo que sea— llegar al cielo atenta contra la Divinidad en persona, que a tiempo de voltear las ancas, montado en su asno, Caín presencia su destrucción como por vendaval o soplo de magia, quedando reducida a polvo, como todo, que del polvo al polvo retorna. Hay una frase que acota este capítulo, resumiendo toda la canallada: “La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él”, para corroborar la confusión de las mil lenguas carajas durante la construcción a ladrillo limpio, previamente cocido, de una torre que intentaba llegar a su celestial Presencia, quien infligió tal castigo alevoso de confusión plurilingüe, paralizando la obra civil más bíblica de la arquitectura, hasta hoy conocida. Uz, las tierras de Nod, Sinaí, Jericó, La Torre de Babel, las encinas de Mambré, sacrificios que daban jugosos réditos de prisioneros de guerra y mujeres con o sin marido o sofocador de tibias noches, para el gasto de ejércitos de las mil y doce tribus consteladas desde los tiempos de Abraham, el Multiplicaos a diestra y siniestra que sigue la cuenta regresiva, hasta nuevo año. Cabezas de ganado, ovejas, entre otros enseres de eficiente contaduría se transaban en tal antigüedad de matanza como castigos, amén de la regulación hidráulica maquinada por el Ingeniero celestial, de cuanta fuente bañara la naranja achatada a los polos, y todo movimiento, sea animal, volador, algal o fúngico, poblando su comarca mundana que quedó atrás, como el polvo de la historia. Así pues, no del todo queda puesto en el tapete del desenlace la eterna discusión divina con el lunarejo de Caín —quien para esta parte de la historia ya habría despanzurrado al bíblico jumento de tanto rodar por el mundo—, quien a vivo desenlace le declara la guerra a su propio Creador, diciéndole desde su bífida lengua con la que comía, que con el mismo odio con que mató a su hermano saldó el rencor que aún no desenlaza entre Jehová Dios y el enemigo de los hombres, Caín, el castigado a la enrancia y a la muerte a salto de mata, quien descendió secundado del Arca, hacia últimas líneas de la narración, por un séquito de

animales meados y cagados por tantos y abombados cuarenta días de diluvio universal, con sus noches, donde, no sé por qué capricho propio de la historia en curso, la paloma de la paz trayendo la ramita de olivo, ni sus plumas, menos aun las caras víctimas del inefable rencor de Caín, retornados al polvo de humana descendencia, cuando no a fósiles enterrados en milenario lecho marino hasta el fin de los días.
En: Revista de Letras 13.11.09. [http://www.revistadeletras.net/desencuentros-con-dios/]

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