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El Proyecto ATMAN, Ensayo del libro

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Psic.

Dorotea Milke 2009

EL PROYECTO ATMAN

Ken Wilber en su obra logra compaginar compagina la psicología oriental y la occidental en una exposición brillante, innovadora y sumamente diferente sobre el desarrollo de la conciencia, que tiene como meta la Conciencia. Es un libro brillante, que sin duda forma parte fundamental o base de la psicología transpersonal del desarrollo del ser humano. En este maravilloso escrito el autor propone un interesante enfoque dentro de la psicología evolutiva, que resulta, desde mi punto de vista, en un acercamiento científico a la espiritualidad humana. El dice que el tema de su obra es básicamente simple (aunque de simple no tiene nada): el desarrollo es evolución y la evolución es trascendencia y el objetivo final de la trascendencia es Atman, que es la Conciencia de Unidad esencial en sólo Dios y que todos los impulsos sirven a este impulso, que todos los deseos dependen de este Deseo y todas las fuerzas están supeditadas a esta Fuerza. Es a este movimiento (proceso evolutivo) en su conjunto al que K. Wilber denomina Proyecto Atman, (el impulso de Dios hacia Dios), se trata de un impulso que se origina en el psiquismo humano y cuyos resultados van desde el éxtasis hasta lo catastrófico. Es decir, el desarrollo es la evolución, la evolución es trascendencia, y la trascendencia tiene como meta final la Conciencia Superior. Entonces empieza a explicar el punto de partida, que es el primer periodo de la infancia humana, diciendo que este estado de fusión infantil es una especie de «paraíso», pero que este paraíso no es del despertar transpersonal sino el paraíso de la ignorancia prepersonal. Así mismo, equipara el psiquismo al cosmos en el sentido de que está multiestratificado y compuesto de totalidades, unidades e integraciones sucesivamente supraordenadas, y que por lo tanto, el desarrollo psicológico de una persona desde la infancia hasta la madurez es simplemente una versión en miniatura de la evolución cósmica y que ambas apuntan hacia un mismo objetivo: el despliegue de unidades e integraciones de orden superior. En relación a su teoría de la evolución de la conciencia, Wilber desarrolló un cuadro de evolución de la conciencia llamado “Ciclo global de la vida”, donde presenta dos dimensiones –externa e interna-, y tres estadios 1

(subconsciencia, conciencia y superconciencia). Este ciclo de evolución avanza desde el nivel subconsciente (instintivo) al de la autoconciencia (egoica y conceptual), y además, se despliega recorriendo dos dimensiones o arcos, el Arco Externo (la lucha del paso del subconsciente a la autoconciencia) que representa la primera mitad de la historia de la evolución de la conciencia, y el Arco Interno (que va de la autoconciencia a la supraconciencia) es la segunda mitad, donde se encuentra la psicología de la eternidad. En cuanto a las raíces primordiales de la conciencia, el inicio es el YO PLEROMATICO, donde para el recién nacido su yo y el entorno físico que le rodea son una y la misma cosa. Su conciencia es aespacial, atemporal y aobjetiva, por eso se habla de un estado de OMNIPOTENCIA que perdura mientras no exista ninguna noción de objeto. Después va surgiendo el YO UROBÓRICO (para Wilber es una etapa Prepersonal, colectiva y arcaica) que corresponde al estadio preegoico de la temprana infancia en el que empieza a aparecer un rudimentario germen de ego, corresponde también a la etapa oral. Cabe mencionar que el uroboros seguirá ejerciendo una profunda influencia a lo largo de los siguientes estadios -oral-sádico y anal y terminará viéndose gradualmente superado por una conciencia cada vez más personal e individual. Posteriormente surge el YO TIFONICO, que es un estadio de transición (correspondiente a la etapa fálica de Freud) entre el estadio urobórico y el estadio auténticamente humano del ego mental, este tiene tres subestadios principales: el cuerpo axial y el cuerpo pránico (experimentar el cuerpo físico como algo distinto del entorno físico) y el cuerpo imagen (un yo corporal rudimentario identificado con las funciones corporales), pero la diferencia entre ellos no es nítida. Es de este estado de fusión primordial («sustrato inconsciente») de donde emerge el yo independiente que, según Freud, comienza manifestándose como cuerpo, como el yo corporal, que es una sensación corporal generalizada en la que la unidad del cuerpo que constituye la primera expresión de la individualidad. A continuación, con la aparición del YO SOCIAL viene la adquisición del lenguaje que constituye el proceso más importante y significativo del Arco Externo del ciclo vital del individuo al adquirir un estilo cognitivo nuevo y superior donde se da un desarrollo fundamental de la conciencia, ya que, a medida que el yo mental emerge y se diferencia del cuerpo, lo trasciende y puede operar sobre él, y así puede postergar mediante la palabra la gratificación instintiva inmediata.

Me llama la atención la afirmación de Wilber de que esta nueva conciencia adquirida –condena- por así decirlo, al hombre, a adquirir un pasado y anhelar un futuro, ya que es la conciencia misma la que nos diferencia de 2

los demás animales, y este “privilegio” tiene un precio, ya que es indudable, que esta sensación de identidad independiente conlleva un gran miedo intrínseco, y es justamente por esto que, poco después de la adquisición del lenguaje los niños atraviesan por un largo período de pesadillas de las cuales despiertan aterrados y conmocionados. En cuanto a los REINOS EGOICO-MENTALES, el estadio del ego conceptual trae a su vez el final de la emergencia del superego propiamente dicho que constituye el conjunto de advertencias, órdenes y prohibiciones verbal-conceptuales –procedentes normalmente de los padres- que el sujeto ha interiorizado o introyectado por vía auditiva, aunque lo que se interioriza realmente es la relación entre padre e hijo. Es decir, la conceptualización verbal propia de este estadio convierte a las relaciones interpersonales del estadio anterior en estructuras intrapsíquicas, lo cual implica que el desarrollo rudimentario del pensamiento conceptual o sintáctico lleva implícita la capacidad de asumir roles abstractos, lo cual resulta decisivo para el desarrollo del ego y en la medida en que el individuo se identifique con su ego (su self conceptual dialogístico) se verá «sometido al guión» o estará programado por ciertas directrices interiorizadas. Es por ello que, en este nivel, el ello tifónico es experimentado como una «voz interna». Por lo tanto, a partir del momento en que se crea el superego, este es quien decide los impulsos o necesidades que serán permitidos o reprimidos, por lo tanto, ciertos afectos y conceptos quedarán alienados, o permanecerán indiferenciados u olvidados, o serán proyectados, reprimidos o eliminados selectivamente de la conciencia De este modo, el individuo se forja una idea fraudulenta de sí mismo, un yo idealizado o un ego débil. Wilber divide el reino del ego en tres etapas cronológicas sucesivas, el ego temprano (de los 4 a los 7 años), el ego medio (de los 7 a los 12) y el ego maduro (desde los 12 hasta el comienzo del Arco Interno, en el supuesto de que el individuo lo alcance, rara vez antes de los 21 años). Finalmente señala que la mente egoico-verbal se conoce con diversos nombres, como en el budismo mahayana con el nombre de manovijnana, y que se corresponde con las necesidades de autoestima de la jerarquía de Maslow. Así llega al fin del Arco Externo.
Ahora, el autor se adentra al tema se los Símbolos de Transformación que van llevando el ascenso de la conciencia. Queda explicado que cada nuevo nivel emergente constituye una transformación (y una trascendencia) del anterior, es decir, siempre hay una transformación ASCENDENTE y en cuanto a la dinámica transpersonal de la misma, se encuentra en su núcleo el proyecto Atman, es decir, el intento de alcanzar la Unidad última utilizando medios que se lo impiden y forzando, de este modo, la aparición de sustitutos simbólicos, cada uno de los cuales se halla más próximo a la Fuente pero sin dejar de ser por ello meros sustitutos.

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Por lo tanto, es necesario analizar los factores transformadores ya que, cada transformación se ve catalizada o sostenida de algún tipo de estructura simbólica, y una vez que aparece en la conciencia una estructura de orden superior, el yo se identifica con ella, se diferencia de la inferior y termina trascendiéndola, lo cual le permite operar sobre las estructuras inferiores y llegar a integrarlas (proceso de ascenso de la conciencia). En cuanto a la Transformación y Traducción, vemos que una estructura profunda es como un paradigma que contiene en su interior todos los principios básicos limitadores que condicionan las estructuras superficiales. El movimiento de las estructuras superficiales es –traducción- que implica un cambio en el lenguaje o de forma, y el movimiento de las estructuras profundas es -transformación-, que Implica un cambio en el tipo o forma de lenguaje. En cada uno de los estadios puede tener lugar una traducción concreta, es decir, las transformaciones son movimientos que conducen de un nivel a otro mientras que las traducciones, por su parte, representan el movimiento de los elementos en un determinado nivel. Así pues, cualquier transformación abre las puertas a nuevos tipos de traducciones, y dichas traducciones, a su vez, sostienen y consolidan la transformación. Es por ello que, en el momento en que una serie de traducciones fracasa en su propósito y se desmorona ( en el Arco Externo o Interno), el individuo se ve abocado a una transformación, ya que cuando la traducción fracasa, aparece la transformación, y ésta, puede ser tanto regresiva como progresiva. Me parece sumamente interesante la afirmación de Wilber de que todas las estructuras profundas se recuerdan y que las superficiales se aprenden, ya que esta idea rompe por completo con la ideología de otras corrientes como el psicoanálisis, que establece que las estructuras superiores existen a partir de las inferiores, por ejemplo, que el ego deriva del ello. También me llama muchísimo la atención como se explica la psicopatología desde el enfoque transpersonal, ya que se afirma que un determinado tipo de transformación establece las condiciones de un tipo concreto de enfermedad mientras que la traducción determina la naturaleza de los síntomas concretos que finalmente emergen a la superficie. Por lo tanto, el síntoma se asemeja a un lenguaje desconocido para el individuo y es incapaz de comprenderlo porque ha olvidado cómo traducirlo, y entonces, terapéuticamente hablando, lo que debe de hacerse es ayudar al paciente en la traducción del síntoma. 4

A continuación, la lectura se enfoca ahora en el Arco Interno, el cual es el camino de la comprensión y el ascenso hasta la Fuente, centrándose en el proceso que conduce de la autoconciencia hasta la supraconciencia. El CENTAURO es el siguiente nivel de evolución que implica una integración supraordenada entre el ego total y todos los niveles inferiores precedentes (uroboros, cuerpo, persona y sombra). En opinión del autor el estadio existencial del centauro es un nivel real y superior de la conciencia, una unidad de diferenciación y trascendencia superior, pero, aunque se trate de un nivel transverbal, no es aun transpersonal. Cabe mencionar que en la medida en que se alcanza el nivel del centauro y se trasciende, se considera como una de las etapas iniciales de la intuición mística. Todos los aspectos de los que se han hablado hasta ahora pertenecen al llamado “reino ordinario” , que es un reino ubicado más acá de los dominios sutiles y causales, ahora hablaremos de los Dominos Superiores. El primer reino o mundo del Domino Superior es el SUTIL, y se divide en el Yo Sutil Inferior y Yo Sutil Superior. En este reino, especialmente en el Superior, tiene lugar una diferenciación y una trascendencia de orden muy superior. Acá, la conciencia mediada por formas simbólicas arquetípicas prosigue su camino de transformación ascendente que terminará conduciéndole mucho más allá de la mente corporal ordinaria. Dicha transformación ascendente, implica la emergencia (recuerdo) de una estructura profunda de orden superior que va seguida de un desplazamiento de la identidad a esa estructura profunda superior y de la diferenciación o desidentificación de las estructuras inferiores, que llegan a superarse e integrarse. Wilber cita a Lex Hixon quien describió una forma de la estructura profunda del nivel sutil denominada «ishtadeva», que es un tipo de cognición arquetípica superior que se evoca (emerge) en ciertas meditaciones y que se percibe literalmente con el ojo de la mente, utilizando el proceso de la fantasía superior (o visión-imagen). Hixon dice que no somos nosotros quienes estamos proyectando el ishtadeva sino que es el resplandor primordial del ishtadeva el que nos proyecta a nosotros y a todos los fenómenos que llamamos universo». Es este símbolo arquetípico superior el que facilita la ascensión hasta que la conciencia se identifica con esa Forma y se llega a «comprender que la Forma o la Presencia Divina es nuestro propio arquetipo, una imagen de nuestra naturaleza esencial». Esto, supone una intensificación de la misma que posibilita un desarrollo, una evolución, una trascendencia y una identificación de orden superior. 5

En cuanto a los REINOS CAUSALES, el proceso de trascendencia e integración va desplegando unidades cada vez más elevadas que terminan conduciendo hasta la misma Unidad. En términos del budismo Mahayana, se trata del dominio del Dharmakaya. El nivel causal inferior (savikalpa samadhi) representa la cúspide de la Conciencia Divina, es decir, la culminación de los sucesos que comenzaron en el nivel sutil superior. En este nivel, el Arquetipo divino se condensa y disuelve en el Dios final, una experiencia que suele describirse como una iluminación audible, o bija-mantra. En síntesis, es la revelación última del Dios final en el Resplandor y la Liberación Perfecta. Ahora bien, en el nivel causal superior termina trascendiéndose por completo cualquier forma manifiesta hasta tal punto que ya no necesitan aparecer o emerger en la Conciencia. Esta es la trascendencia total y absoluta y la liberación en la Conciencia Sin Forma y en el Resplandor Ilimitado. Aquí no hay yo, ni Dios, ni Dios final, ni sujeto, ni tampoco hay nada, a excepción de la Conciencia como Tal. Este estadio es conocido en el hinduismo como nirvikalpa samadhi, y más allá de este , la Conciencia despierta por completo a su Condición y Esencia Original (tathata) que es, al mismo tiempo, la condición y esencia de todo cuanto existe, sea ordinario, sutil o causal – cuyo fin último es el vacio totalMe parece muy interesante lo que menciona el autor en cuanto a que el ello es atemporal, pero pretemporal, y que Dios, en cambio, es atemporal pero transtemporal. Por lo cual, está en desacuerdo con las psicologías ortodoxas cuando comparan o equiparan al ello don Dios, ya que hay una gran diferencia temporal entre ellos y ambos son ajenos al flujo del tiempo lineal. En cuanto a la FORMA DEL DESARROLLO, la forma es esencialmente la misma en todos los procesos evolutivos, para Wilber, la forma de la transformación es una constante del útero de Dios. Así pues, la forma de cada nuevo paso adelante en el proceso de crecimiento es esencialmente la misma, la forma de la trascendencia, la forma del desarrollo, un arco que, partiendo del subconsciente, atraviesa la autoconciencia y arriba a la supraconciencia, trascendiendo e integrando más y más, hasta que sólo existe esa Unidad que era lo único preexistente desde el mismo origen y que jamás ha dejado de ser el alfa y omega del viaje del alma a través del tiempo. En este punto de la lectura, K. Wilber explica que para continuar con el tema de la dinámica de la evolución o proyecto Atman es necesario estudiar la meditación, el inconsciente, la involución (lo opuesto a la evolución), la esquizofrenia y el misticismo

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Sobre el INCONSCIENTE dice que existe desde el comienzo, y para el autor, su descripción debe de complementarse tanto con una visión evolutiva o desarrollista del mismo, como por una consideración de los factores dinámicos que inciden sobre él. Para lo cual explica que hay muchos contenidos del inconsciente que dependen de factores evolutivos por lo que no es cierto que todo el inconsciente, en todas sus formas, esté determinado desde el mismo origen. Entonces presenta una perspectiva evolutiva y dinámica del inconsciente, hablado de diversos tipos fundamentales de procesos inconscientes: el sustrato inconsciente, el inconsciente arcaico, el inconsciente sumergido, el inconsciente encastrado, el inconsciente emergente y el inconsciente emergente reprimido. Una vez explicado lo anterior, prosigue a examinar el proceso de la meditación y el inconsciente. Wilber define la MEDITACIÓN como un camino sostenido hacia la trascendencia, es decir, un camino continuo de desarrollo o de crecimiento. A juicio del autor, los reinos transpersonales forman parte del inconsciente emergente y la meditación se limita simplemente a acelerar su emergencia, ya que, en primer lugar, la práctica de la meditación comienza a romper la traducción egoica presente, y cuando comienza a debilitarse, el individuo queda expuesto, en primer lugar, al inconsciente subliminal sumergido (el inconsciente sumergido no reprimido, en general), lo cual incluye, entre otras cosas, «el descubrimiento de muchos aspectos inadvertidos -debido al hábito, al condicionamiento o a las exigencias de la situación- en las experiencias». Entonces afloran a la conciencia todo tipo de recuerdos, recuerdos reprimidos, triviales y olvidados, y a medida de que avanza la meditación, va debilitándose la identificación inconsciente entre el self y el inconsciente encastrado y termina convirtiéndose en un objeto de conciencia o, por lo menos, pierde su poder sobre ella. En cuanto al PROYECTO ATMAN, vemos que todo individuo intuye correctamente que su naturaleza esencial es Atman pero distorsiona esa intuición y la imputa a su sensación de identidad independiente. Entonces siente que su self independiente es inmortal, y sustituye, a Atman por su ego. Por lo tanto, en ese mismo instante, reemplaza la auténtica Totalidad atemporal por el deseo de vivir eternamente y la unidad con el cosmos por el deseo de apropiarse de él y, en lugar de ser uno con Dios, pretende simplemente suplantarlo. 7

Una vez creada esta falsa sensación de identidad individual e independiente a partir de la Totalidad anterior, el self se ve enfrentado a dos grandes impulsos: el intento de perpetuar su propia existencia (Eros) y la lucha contra todo aquello que amenace su disolución (Thanatos). De este modo, la falsa identidad se resiste a la muerte, la disolución y la trascendencia (Thanatos), mientras que aspira, a la cosmocentricidad, la omnipotencia y la inmortalidad (Eros). Éstos son simplemente los aspectos positivos y negativos del proyecto Atman: Vida y Muerte, Eros y Thanatos, Vishnú y Shiva. En cuanto a la Evolución a través de los Niveles Egoicos, se observa que durante el estadio egoico se da la diferenciación definitiva entre el ego mental y el cuerpo físico. En relación al complejo de Edipo y de Castración, en el primero vemos que el niño traduce su mundo para evitar a Thanatos y para verse a sí mismo como cosmocéntrico y que, con el fin de implementar este proyecto Atman, desarrolla un enfoque narcisista, con gratificaciones sustitutorias y con resistencias, compensaciones y mecanismos de defensa especiales. Que importante es esta visión de Wilber, ya que según lo que explica, el hecho de que el niño busque unirse con la madre representa la totalidad del mundo, por lo tanto, según entiendo, el ser humano siempre está realizando intentos para evolucionar hacia la Unidad Total, es algo con lo que nacemos, y que desafortunadamente sobre todo en esta sociedad occidental vamos perdiendo en el camino, ya que nuestros padres y la sociedad en general nos enseñan de “todo” pero hacia afuera, y nunca nos muestran el camino o las bases para ir hacia adentro para luego ir hacia el vacio o al todo unificado. El proyecto edípico es el intento de vencer a la muerte convirtiéndose en el padre de uno mismo, y el hecho es que el niño debe terminar renunciando al incesto genital y esa renuncia recibe el nombre de «complejo de castración» o «desintegración del complejo de castración». La muerte de este tipo de incesto significa que el complejo de castración ha sido debidamente completado, que Thanatos ha sido aceptado a este nivel, y que, por consiguiente puede tener lugar la auténtica transformación ascendente, la sublimación. En relación con el incesto y el tema de fusión, diferenciación y disociación, en cualquier nivele del desarrollo, la fusión -o el fracaso de la diferenciación- tiene lugar cuando no se renuncia ni se transforma el Incesto-Eros. En ese caso, el individuo sigue aceptando las gratificaciones sustitutorias propias del nivel en cuestión y se niega a seguir adelante con el proceso de diferenciación, desarrollo y trascendencia.

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Wilber explica de forma sumamente clara que lo mismo ocurre con ciertas formas superiores de meditación sutil que pueden resultar tan gratas que el individuo quede atascado (fundido) en dicho reino durante un prolongado período de tiempo, negándose a dejar el nivel sutil y postergando, de ese modo, su ingreso en el dominio de lo casual. En este sentido, yo tengo un poco de experiencia con la meditación, sobre todo con las técnicas de Osho, y es muy claro que en clase, los alumnos generalmente nos aferramos o preferimos las meditaciones que son mas “placenteras” por así decirlo, más ligeras, que las más profundas, ya que estas últimas implican no solo gratificaciones sustitutorias sino un trabajo a otro nivel que honestamente es muy difícil de alcanzar, es más, es sumamente complicado siquiera estar en ese camino y soportarlo. Cabe mencionar que del mismo modo que el exceso de incesto (Eros) lleva a la fusión, el exceso de castración (Thanatos) conduce a la disociación. En cuanto al Yo Egoico, este constituye una sensación de identidad nueva y superior que encarna una unidad también nueva y superior. Está un poco más cerca de Atman, pero todavía no lo es. El Ego Ideal es donde residen todos los intentos anteriores de alcanzar la perfección cósmica, en el también residen todos los incestos y castraciones, y en el caso de que las castraciones de los niveles anteriores hayan dado lugar a fijaciones, el individuo, bajo el influjo de la inflexible conciencia, seguirá reprimiendo y disociando esos aspectos previos de la misma que ya deberían haber sido integrados. En tal caso, en lugar de diferenciación, trascendencia e integración, habrá disociación, fijación y represión; en lugar de sacrificar el estadio anterior y aceptar su muerte, el individuo habrá disociado ciertos aspectos de ese estadio como una forma de sacrificio sustitutorio. Así, bajo las directrices del Padre interiorizado, el individuo reprimirá, alienará y disociará todos aquellos aspectos del yo que supongan, a los ojos del Padre, una amenaza de muerte. De este modo, pues, el individuo que tenga una persona falsa e idealizada, disociará y reprimirá cualquier faceta de su yo (como, por ejemplo, la sombra) que implique una amenaza para su inflaccionada autoimagen. En lugar de aceptar la muerte de la falsa persona, el individuo sustituirá la muerte de la sombra por su represión y su disociación. De la misma manera que el ego ideal es un sustituto de Eros, la conciencia lo es de Thanatos. De esta forma es como K. Wilber logra reformular magistralmente las contribuciones del psicoanálisis sobre el superego, el ego ideal y la conciencia. 9

En el camino de la evolución de orden superior, ya vimos que el nivel del Centauro tiene rasgos que reflejan unidades supraordenadas, formas nuevas y superiores de Atman. Wilber llama a los terapeutas Humanistas-Existenciales “Terapeutas Centáuricos” y dice que ellos justamente hablan de una unidad de orden superior que engloba al ego, al cuerpo, a la mente y a las emociones, es decir, que engloba la integración entre cuerpo y mente, que es un camino que conduce a la unidad. Pero como ya mencione anteriormente, es poco probable que la sociedad actual produzca individuos que logren evolucionar mas allá de la etapa del ego maduro, es por esto que los individuos que siguen evolucionando más allá de los estadios egoicos deben hacerlo sobre la base de su talento, particular o contando con ayuda profesional especializada que consta de un guía que conduzca a la autorrealización, un terapeuta existencial-humanista o mejor aún, de un maestro espiritual. Es sumamente importante y clarificante la explicación que da Wilber de la labor del Terapeuta Humanista-Existencial, la cual consiste en ayudar al ego a aceptar el comienzo de la transformación ascendente que deberá terminar conduciéndole al nivel del centauro. Por lo tanto, esto significa que el terapeuta empezará por brindarle al cliente una nueva forma de traducir la realidad y, para ello, le proporcionará traducciones existenciales -diferentes a las egoicas (o personales) hasta que el ego pueda transformarse en centauro. Es decir, el terapeuta actuará como un instigador de la transformación que reemplaza a las fuerzas -ahora «sofocadas»- de la sociedad y de los padres. El terapeuta, pues, deberá obstaculizar y frustrar deliberadamente las viejas traducciones e incestos egoicos, al tiempo que enseñar y estimular las nuevas traducciones centáuricas supraordenadas, y cuando el cliente sea capaz de asumir de forma libre y auténtica las nuevas traducciones centáuricas, la transformación podrá darse por consumada y la terapia por concluida. Ahora continua con el interesantísimo tema de la ESQUIZOFRENIA Y EL MISTICISMO, creo que el tema de la esquizofrenia nos fascina a todos los profesionales de la salud mental, ya que, a pesar de todos los estudios y teorías que han tenido lugar durante tantos años, hay una parte que aún permanece desconocida u obscura, sin explicación total, y Wilber llega a un desarrollo impresionante para dilucidar este tema. El dice que, aunque ambas parezcan muy semejantes, en realidad se trata de dos fenómenos completamente diferentes, pero que, precisamente estas 10

similitudes han dado lugar a dos opiniones generales sobre dichos estados mentales. Una opinión es la de los que consideran que la esquizofrenia es una enfermedad, una grave patología, y tienen la misma idea sobre los místicos, a los cuales consideran casi patológicos. La segunda actitud general es la que no considera a la esquizofrenia como algo patológico sino, por el contrario, como algo supersano. Este punto de vista establece que los estados trascendentes son ultrarreales y, puesto que la esquizofrenia y el misticismo parecen tan semejantes, el esquizofrénico debe constituir también un modelo de salud extraordinaria. Debo de confesar que nunca había escuchado algo así, jamás hubiera imaginado que existiera una corriente de pensamiento que considerara la condición de la esquizofrenia como algo deseable y sano. Un último punto es el hecho de que el individuo pueda volver o no a la realidad egoica normal después de haber atravesado un episodio esquizofrénico. En el caso de que no lo haga tenderá a permanecer perdido, atrapado y abandonado en la confusión de fragmentos preverbales e incluso prepersonales. Sin embargo, en el clásico brote esquizofrénico tiene lugar una trasposición profunda de su ubicación con respecto a todos los dominios de la existencia. El centro de su experiencia se traslada de su ego a su Self, mezcla el ego con el yo, el interior con el exterior, y en el caso de que el individuo «regrese», normalmente estará más equilibrado y se sentirá más capacitado, menos a la defensiva y más abierto al mundo. Pero en ninguno de estos acontece nada parecido a la iluminación. No sé si esto tenga que ver con lo que buscan las personas en los estados alterados de conciencia, por ejemplo con el consumo de alucinógenos, ya que en este estado también se mezcla todo lo conocido por la persona, es una crisis profunda donde se llegan a enfrentar las sobras propias y los traumas mas escondidos, donde se rompen todas las estructuras. La mayor parte de los que “regresan” dicen haber experimentado una experiencia espiritual sublime, y refieren sentirse diferentes, más cerca de lo divino aunque mucho menos adaptados a la sociedad en la que viven. Hasta ahora, Wilber ha hablado de la evolución en un camino ascendente, pero también hay un proceso inverso que es la INVOLUCION, que también puede suceder dependiendo de las circunstancias. Para explicar este proceso, se apoya del Libro Tibetano de los Muertos, en el cual se dice que para involucionar, algo tuvo que pasar antes de nacer, este libro es un documento espiritual que narra los acontecimientos que se 11

supone tienen lugar desde el momento de la muerte física hasta el momento del renacimiento físico en un nuevo cuerpo, una serie de sucesos que, según se dice tradicionalmente, ocurren en un período de hasta cuarenta y nueve días. Es un libro muy profundo y difícil de comprender al menos para mí, habla de varias “etapas” que se van pasando y dice que la remembranza final, es decir, el impacto único de Dios en el Misterio absoluto y en lo absolutamente Desconocido, desarticula de una vez por todas el proyecto Atman. Así es como el proyecto Atman deja de existir y en realidad jamás ha existido, porque ahora sólo existe Atman, absoluto, resplandeciente, omnipenetrante. Por lo tanto, Atman es lo Invisible, lo Desconocido y lo Inefable, es anterior a todo lo que emerge y no es sino todo lo que emerge. Por consiguiente, después de todo, es también visible.

El Proyecto Atman me pareció una lectura magistral, en realidad bastante complicada ya que Ken Wilber es evidentemente un gran sabio que pudo plasmar en su obra una visión psicológica-espiritual holística. Nunca había leído algo como este libro, ya que el autor tiene una visión única y global del proceso de ascenso de la conciencia que también abre las puertas a la investigación futura hacia los estadios superiores de la evolución y el desarrollo humano de una forma más científica. La idea de que el desarrollo psicológico de los seres humanos persigue el mismo objetivo que la evolución natural, que es la creación de totalidades cada vez más inclusivas hasta llegar a la unidad es una verdad irrefutable. A lo largo de la lectura, Wilber no deja de recordarnos que en realidad todas las personas sabemos en nuestro interior (desde el nacimiento) que somos seres más espirituales que materiales, y que nuestra verdadera esencia es eterna, indestructible y total, pero, no hay que olvidar que para poder llegar a esto, es necesario ir abandonando el ego, es decir, ir renunciando a la identidad que nos ha dado la sociedad y el mundo, que hemos recibido de afuera, ya que es precisamente el “ego” el que nos da la ilusión de tener una identidad separada de todos los demás, por eso es que existen la guerra y el desacuerdo en la humanidad. Que maravilloso seria que nos dieran estas enseñanzas desde niños, pero en una cultura occidental como la nuestra difícilmente se podría lograr, ya que todas estas lecciones parecen contraponerse directamente con los “valores” (si así podemos llamarlos) de la sociedad capitalista actual.

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La lección más importante que me deja este libro es que cada uno de nosotros es responsable de elegir conscientemente su camino, ya sea de evolución o involución.

Bibliografía:

Wilber, K. (2008). Proyecto Atman: Una visión transpersonal del desarrollo humano. Barcelona, España: Kairos.

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