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Leopold Von Ranke

Historia
de los Papas

H

"-^m.
Leopoid Von Ranke
Historia de los Papas

f,A estas alturas una Historia d e los Papas, y, además, de Ranke?


Como quien dice, una historia sobre un tema que ha sido capital en
losMestinos humanos, pero ai que Ia misma historia íe habría
consumido ei tuétano de su actualidad, y escrita por un "gran"
historiador, pero "superado ", ya que no por otra cosa, por Ia
corriente de los anos y su acarreo marginal de materiales. Epur si
muove!..., o se mueven, mejor, ei terna y ei autor. Ya se sahrá, \a se
está sahiendo, ei influjo extraordinário que ei papado ha ejercido en
Ia marcha de los acontecimientos actuales. Para bien o para mal, ya
se sabrá, pero extraordinário de todos modos por Ia desproporción que
guarda con Ia verosimilitud que le concedia Ia mente contemporânea.
Y en cuanto ai autor, tranqüilamente podemos decir que no ha nacido
todavia otro que le haya podido enmendar Ia plana, aunque varias le
hayan sido corregidas en ei detatle. Los grandes historiadores son, a
su manera, como los grandes artistas: insuperables, incomparables, y
hay que volver siempre a ellos como a maestros de educación
humanista para contrarrestar, entre otras cosas. Ia acción un poço
deSábrida de los filósofos. Y los grandes historiadores se engendran y
cidminan con ei tema que Ia época en que viven les seiiala y ningún
tema le podia indicar ei siglo X/x a Ranke con más ahinco que ei de Ia
comprensión de Ia obra dei papado en Ia historia moderna citando se
está debatiendo desesperadamente en Ia defensa de los últimos
vestígios de Ia donación constantiniana, que condenara Dante con
tanta ira. Si losjuicios se desbordan entre ei parangón épico y
herodotiano que establece Dilthey y Ia condición dei narrador
desenvuelto y agradable que le concede Betiedetto Croce, tenetnos que
buscar nosotros ei equilíbrio entre Ias atracciones de su manera
luminosa y humana de comprender los acontecimientos. Ia angustia
cultivada por ei afán de penetrar en Ias fatalidades bienhechoràs dei
poder y los asomos de decepción con que nos amaga Ia mano amorosa
que va colocando venerablemente cada época en "relación inmediata
con Dios"pero esquiva en su temblor Ia energia necesaria para
ponerlas a todas en relación disparada hacia Ia hechura definitiva
dei hombre. •
SECCIÓN DE O B R A S DE HISTORIA

HISTORIA DE LOS PAPAS V^:y imiíítf


U ÉPOCA MODERNA
EN LA

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HISTORIA
de los PAPAS
en Ia éfroca moderna
*

por

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FONDO DE CULTURA ECONÔMICA


MÉXICO
1'iiiik-i.i aliciou ni ali-máii. IK34-1X36
Segunda edición en alcmán,
(última revisada por ei autor) 1874
Primera edición en espaflol, 1943
Undécima reimpresión, 2004

Ranke, Leopold von


Historia de los papas en Ia época moderna / Lcopold von
Ranke ; trad. de Eugênio fmaz. — México : FCE, 1943
629 p.: ilus. ; 24 x 17 cm — (Colec. Historia)
ISBN 968-16-0909-3

I. Cristianismo 2. Papado — Historia I. fmaz, Eugênio, tr.


II. Ser III. t

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Vifictas de ELVIRA GAZCÓN i Da*8.3í?jR6./?8 p?ri

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D. R. © 1943, FONDO DE CULTURA ECONÔMICA


Carretera Picacho-Ajusco 227; 14200 México, D. F.

ISBN 968-16-0909-3
Universidade Estadual de Maringá
Sistema de Bibliotecas - BCE
Impreso en México • Printed in México

0000131722
PRÓLOGO '
Todo ei mundo conoce ei poderio de Roma en Ia Edad Antigtia y en Ia Media;
también en los tiempos modernos se ha visto ei renacimiento de su império mun-
dial. Después de Ia decadência que experimento en Ia primera mitad dei si-
glo xvi, ha podido constituirse otra vez en ei centro culminante de Ia fe y dei
pensamiento de Ias naciones románicas y ha llevado a cabo osados intentos, no
poças veces afortunados, para dominar de nuevo ai resto.
Esta época, Ia de un poder espiritual-temporal renovado, su rejuvenecimien-
to y desarrollo internos, su progreso y decadência, es Ia que pretendo describir,
por Io menos a grandes rasgos.
Empresa esta que; si bien puede resultar fallida, ni siquiera podría fiaberse
intentado de no haber tenido ocasión de utilizar unas fuentes desconocidas has-
ta ei momento. Mi óbligación primera será referirme a ellas.
En otra ocasión trabajé los documentos berlineses. Pero Viena, por ejem-
plo, es mucho más rica en esta clase de tesoros.
Además de su fundamental esftritu alentán, Viena presenta un elemento
europeo: costumbres y lenguajes múltiples se dan cita en Ias clases altas y en Ias
hajas y ya Itália se anuncia con Ia mayor viveza. Los colecciones de documentos
ofrecen también un caracter amplio. Nos hablan de Ia política y dela posición
mundial dei Estado, de sus viejas relaciones con Espana, Bélgica, Lombardía,
de Ias frecuentaciones vecinales y eclesiásticas con Roma; todo ello de una ma-
nera directa. Siempre gustó esa ciudad dei acarreo y Ia posesión. Ya solo por esto
Ias primitivas colecciones de Ia Kaiserlich-Kõniglichen Hofbibliothek poseen un
gran valor. Más tarde se han enriquecido con colecciones traídas de fuera. Se
compro en Módena una colección de volúmenes parecidos a nuestras Informa-
zioni,- procedente de Ia casa Rangone, y en Venecia los inapreciables manus-
critos dei Dogo Marco Foscarini; encontramos entre ellos los flanes dei propie-
tario para Ia continuación de su obra literária, crônicas italianas de Ias que no se
halla huella alguna en otra parte. También se enriquecia aquella biblioteca con
una densa colección de manuscritos histórico-políticos procedentes de los pape-
les dei príncipe Eugênio, que este excelente estadista había reunido con gran
perspicácia. Se hojea ei catálogo con ávida esperanza: jqué alegria, ante Ia inse-
guridad que ofrece Ia mayoría de Ias obras impresas de historia moderna, tropezar
con tanto testimonio inédito! jTodo un porvenir de trabajo fará el estudioso!
7
8 PRÓLOCO

Y, no obstante, unos poços pasos nias allá, Viena nos ofrece todavia sorpresas
majores. El archivo imperial contiene, como es fácil presumir, los documentos
más importantes y fidedignos en Io que se refiere a Ia historia alemana en gene-
ral, y también a Ia historia italiana. Después de vários avatares Ia mayor parte
de los archivos venecianos ha vuelto a Venecia, pero una cantidad no insigni-
ficante de documentos venecianos se encuentra todavia en Viena: despachos
originales o su copia; extractos de los mismos para ei servido político, conocidos
con ei nombre de "rubricarias"; relaciones, no poças veces en ejemplar único, de
gran valor; registros oficiales de Ias autoridades; crônicas y diários. Las noticias
que ofrecemos sobre Gregorio Xlll y Sixto V proceden en su mayor parte dei
archivo de Viena. Nunca ensaharé bastante Ia Uberalidad con que se me ha
permitido ei acceso a él.
S e r á esta ocasión de agradecer en detalle, las muchas ayudas que se me
han dispensado Io mismo en casa que fuera. Sin embargo, para hacerlo siento
cierto reparo, no sé si con razón. Tendría que citar demasiados nombres y entre
ellos algunos muy importantes: mi agradecimiento cobraria así cierto aire de
vanagloria y un tràbajo que tiene todos los motivos para presentarse con modés-
tia se revestiria de una aureola que no le iria muy bien.
Después de Viena mi intención se encaminó preferentemente a Venecia
y a Roma.
En Venecia las grandes famílias tenían Ia costumbre, cosi todas, de insta-
lar junto a Ia biblioteca un gabinete de manuscritos. Es natural que se refieran
con preferencia a cuestiones tocantes a Ia República: relatan Ia participación que
Ia casa ha tenido en los asuntos públicos y se conservaban como documentos
familiares para instrucción de las nuevas generaciones. De estas colecciones pri-
vadas se conservan todavia algunas, a las que me fué permitido ei acceso. Mu-
chas más se perdieron en Ia catástrofe dei afio 1797 y a partir de entonces. Si se
ha conservado más de Io que era de presumir, se Io debemos a los bibliotecários
de San Marco, que en ei naufrágio general procuraron salvar iodo Io que per-
mitían las posibilidades dei Instituto. De hecho^esta biblioteca conserva un
respetable tesoro de manuscritos, hnprescindibles para Ia historia interna de Ia
ciudad y dei Estado y de importância, sin duda, para Ia historia europea. Pero
no hay que cifrar demasiadas esperanzas. Se trata de un haber relativamente
nuevo, surgido accidentalmente de colecciones privadas, sin que domine ningún
plan de conjunto. No tiene comparación con las riquezas dei archivo público, tal
como está organizado hoy en dia. En ocasión de una investigación acerca de Ia
conjuración dei ano 1618 describí ya ei archivo veneciano y no es menester que
me repita. Por Io que se refiere a Ia parte romana tenía que apoyarme sobre
todo en las relaciones de los embajadores que volvtan de Roma. Pero deseaba
poder utilizar también otras colecciones, porque no es posible evitar las lagunas,
y este archivo, a fuerza de tantos traslados, ha padecido algunos perdidas. Pude
juntar cuarenta y ocho relaciones acerca de Roma: Ia más antigua, dei ano 1500;
dieciséis dei siglo xvt; veintinueve dei xvn —una serie cosi completa, con solo
algunas interrupeiones—; ocho dei XVIII, muy instruetivas. En Ia mayoría de
los casos pude utilizar ei original. Contienen una gran cantidad de noticias inte-
PRÓLOGO 9
resantes, trasiego de una visión directa, que parecían perdidas con Ia vida de los
coetáneos, y fueron las que me dieron Ia idea y ei ânimo para una exposición
de largo alcance.
Para su corroboración y ampliación solo en Roma, como es natural, podrían
encontrarse los médios.
lEra de esperar que se permitiera Ia libre entrada, para descubrir los se-
cretos dei Papado, a un extranjero que, además, tenta religión diferente? Acaso
Ia presunción favorable no era tan infundada, pues ningtina investigación
puede sacar a flote algo peor de Io admitido ya sin base y que ei mundo consi-
dera, sin más, como verdadero. Sin embargo, no puedo alardear de que las
cosas sucedieran como yo esperaba. He tomado noticia de los tesoros dei Vati-
cano y utilizado, para mis fines, toda una serie de volúmenes, peto ia libertad
que yo deseaba en modo alguno me fué concedida. Afortunadamente, se me
abrieron otras colecciones que permitían tina información, si no completa, por
Io menos autêntica y suficiente. En los tiempos dei apogeo de Ia aristocracia
—principalmente en ei siglo xvn— en toda Europa las famílias de rango que
intervenían en los negócios públicos conservaron también una parte de Ia docu-
mentación. Acaso en ninguna parte ai grado que en Roma. Los familiares dei
Papa, que siempre dispusieron dei poder, legaron a las casas principescas que
ellos fundarem una gran parte de los documentos públicos que cayeron en sus
manos en ei período de su administración. Esto formaba parle dei haber de una
família. En los palácios que erigieron, por Io general en las habitaciones de arri-
ba, había siempre unas salas reservadas para libros y manuscritos, que solían
ser llenadas dignamente como Io habían hecho los antepasados. Las colecciones
privadas, en este caso, son, en cierto respecto, colecciones públicas, y ei archivo
dei Estado se dispersa, sin extraneza de nadie, en las casas de las diferentes
grandes famílias que tuvieron intervención en los negócios. Así como ei exce-
dente dei patrimônio público enriquecia a los linajes papales, y Ia galeria vati-
cana, aunque excelente por su selección de obras maestros, no puede competir, sin
embargo, en riqueza e importância histórica, con algunas galerias privadas, como
Ia Borghese y Ia Doria, así también los manuscritos conservados en los palácios
Barberini, Chigi, Altieri, Albani, Corsmi resníícm de inestimable valor para Ia
historia dei Papado, dei Estado papal y de Ia lglesia. Establecido no hace mucho
ei archivo público, es importante en cuanto a Ia Edad Media por su colección de
"vegestos"; seguramente, tina parte de Ia historia de ese tiempo se esconde aqui
para ser descubierta, fero, en Io que a mi se me alcanza, creo que no aportará
gran cosa para Ia época moderna. Este archivo, si no he sido enganado, resulta
insignificante ante Ia riqueza de las colecciones privadas. Como es de suponer,
cada una de ellos abarca en especial ei período en que gobernó ei Papa de Ia
família respectiva; pero como los familiares siguieron desempenando un papel
importante, y como ocurre que cualquiera se empena en continuar y completar
una colección ya iniciada y esa tarea no resultaba muy difícil en Roma, donde
se había originado un comercio literário de manuscritos, ninguno de los archi-
vos privados deja de poseer noticias preciosas de tiempos anteriores y posteriores.
La más rica de estas colecciones —a consecuencia de herencias importantes tom--
10 PRÓLOGO

bién en este respecto— es Ia Barberiniana; Ia Corsiniana, desde un principio, se


organizo con ei mejor critério de amplitud y selección. Tuve Ia suerte de poder
utilizar estas dos colecciones y otras de menor importância, en ocasiones con
absoluta libertad. Pude cazar todo un botín insospechado de materiales seguros
y pertinentes. Correspondência de Ias nunciaturas, con Ias instrucciones que les
acompanan, relaciones, descripciones vivas de vários Papas, tanto menos preca-
vidas cuanto que no se escribieron pensando en ei público; descripciones
también de cardenales de nota, diários oficiales y privados, explicaciones de
acontecimientos y circunstancias, vistobuenos, consejos, informaciones sobre Ia
administración de Ias províncias, sobre su comercio e industria, cuadros estadísti-
cos, presupuestos de gastos e ingresos. En su mayor parte documentos desconoci-
dos, redactados por hombres que poseían un conocimiento vivo dei tema y tan
dignos de confianza que, si bien no dispensan dei examen y Ia crítica analítica,
nos ganan como solo pueden hacerlo los testimonios de coetáneos bien enterados.
Entre estos documentos, ei más antiguo, utilizado por mi, se refiere a Ia conjura-
ción de los Porcari contra Nicolás V; sobre ei siglo xv cayeron en mis manos otros
poços; en ei siglo xvi los testimonios se van haciendo más densos y numerosos
a cada paso; a todo Io largo dei XVII, época en Ia cual tan poço conocemos de
seguro sobre Roma, nos acompanan informaciones tanto más preciadas; por ei
contrario, disminuyen en cantidad y en valor a partir dei xvm. EI Estado y Ia
corte habían decaído también de su rango. Pienso examinar con detalle estos
documentos romanos y venecianos con propósito de recoger todo Io que todavia
me parezca interesante y que en ei curso de Ia presente historia he tenido inne-
cesariamente que sacrificar. Porque, dada Ia masa enorme dei material que se
presenta a los ojos en tantas hojas escritas o impresas, se le imponen ai relato
forzosas limitaciones.
Un italiano, un romano o un católico seguramente abordarían ei asunto
de otra manera. Su veneración o, acaso, tal como están ias cosas en Ia actualidad,
su ódio teniría Ia exposición, sin duda alguna, de colores brillantes y, en muchos
pasajes, podria ser más circunstanciado, más eclesiástico, más local. L/n protes-
tante, un alemán dei Norte, mal podria competir con ellos. Mantiene una acti-
tud de indiferencia frente ai poder papal y tiene que renunciar de antemano
ai calor que Ia simpatia o ei ódio pudieran prestar ai relato y que servirían acaso
para impresionar ai público europeo. También en Io que se refiere a este o aquel
detalle eclesiástico o canónico nos encontramos bastante distantes. Pero, en com-
pensación, se nos ofrecen otros puntos de vista que, si no me equivoco, pueden
pretender un caracter histórico más puro. {Qué es, ciertamente, Io que en Ia
actualidad puede prestar interés ai poder papal? No relación alguna con nos-
otros, ya que no ejerce ninguna influencia importante; tampoco preocupación
de nuestra parte, ya que los tiempos en que algo podíamos temer han pasado y
nos sentimos seguros.' Solo puede interesarnos su desarrollo histórico y su acción
1 Esto fué Io que escribí ei ano de 1834, en una época en que reinaba, o ai menos parecia
reinar. Ia paz entre Roma y Alemania. El prólogo aqui reproducido, e incluso tal vez ei libro
mismo, contiene Ia expresión dei ambiente de esta época. Pero, j cuanto ha cambiado todo desde
entoncesl Al preparar, cuarenta afios dcspués de su aparición primera, Ia sexta edición, rne
encuentro con que Ia lucha, calmada cntonces, ha estallado de nucvo en llamas. Huelga decir que
PRÓLOGO 11

sobre Ia historia universal. El foder papal no ha sido tan inmutable como se


pretende. Si prescindimos de los princípios que condicionan su existência y a
los que no puede renunciar so pena de hundirse, ha sido removido interna-
mente en no menor grado que otro poder cualquiera por los avatares que ha
sufrido Ia humanidad europea. Lo mismo que han cambiado los aconteceres
de Ia historia y una nación u otra ha ejercido ei predominio y se ha movido Ia
vida toda, así tanibién ei poder papal, sus máximas, sus empenos, sus pretensio-
nes han experimentado metavwrfosis esenciales y, sobre todo, su influencia ha
sido afectada por los mayores câmbios. Si seguimos siglos arriba Ia pauta de tan-
tos nombres ilustres, desde Pio 1, en ei n, hasta nuestros contemporâneos Pio VU
y Pio VIU, recibimos de pronto Ia impresión de una continuidad ininterrum-
pida. Pero no hay que dejarse enganar; en realidad, los Papas de Ias diferentes
épocas se diferencian no menos que Ias dinastias de un reino. Para nosotros, que
nos bailamos ai margen, Ia observación de estos câmbios ofrece ei máximo inte-
rés. En ellos vemos una porción de Ia historia general, dei total desarrollo uni-
versal. No solo en los períodos de predominio indiscutible sino, y acaso de
inanera más marcada, cuando fuerzas contrarias actúan, como en los tiempos
que pretende abarcar este libro, en esos siglos xvi y XVII, en que contemplamos
ai Papado en peligro, pero recobrándose y hasta ganando poder durante algún
tiempo, retrocediendo de nuevo y bordeando una nueva decadência, tiempos
en que ei espírita de Ias naciones occidentales se ocupa de preferencia en cues-
tiones eclesiásticas y en que ese poder, abandonado y atacado por algunos, sos-
tenido y defendido con renovado ardor por otros, se afirma indiscutiblemente
con significación universal. Este es ei punto de vista requerido por nuestra situa-
ción y en ei que este libro trata de colocarse.
Comienzo recordando Ia situación dei poder papal a comienzos dei si-
glo xvi y en ei curso de los acontecimientos que llevaron a esta situación.

no por eso se ha cambiado ni una tilde en ei libro, pero no me cs posible ocultar tampoco que ha
empezado una nueva época dcl Papado. No he podido sino indicar por medio de rasgos genera-
lcs ei desarrollo de esta, conservando siempre ei punto de vista objetivo que trate de mantener desde
ei principio, pero me pareció conveniente dirigir mi atención hacia ei actual pontificado en ese
mismo sentido. Con arreglo a esto no he podido repetir ei titulo original de Ia obra por ei que
esta se vinculo a otra publicación que se limitaba a los siglos xvJ y xvn, sino que escogi un título
más amplio.
LIBRO PRIMERO

INTRODUCCIÓN
• •

I. ÉPOCAS DEL PAPADO


1) EI cristianismo en ei Império romano
Si contemplamos ei âmbito dei mundo antiguo en los primeros siglos nos encon-
tramos con un gran número de pueblos independientes. Viven ai borde dei
Mediterrâneo, allí hasta dcnde llegan Ias noticias dei mar: diferenciados, en
limites angostos, formando Estados libres y muy particularizados. La indepen-
dência de que gozan no es solo política, pues en todos ellos se ha originado
una religión local; Ias ideas de Dios y de Ias cosas divinas tienen fuerte sabor
local; se reparten el mundo divinidades nacionales con los atributos más dispa-
res; Ia ley a que obedecen los creyentes se halla unida indisolublemente a Ia ley
dei Estado. Se puede decir que a esta íntima unión dei Estado y Ia religión, a
esta libertad doble, apenas limitada por leves obligaciones que dimanan dei pa-
rentesco de Ias estirpes, corresponde Ia parte mayor en Ia formaeión de Ia Anti-
güedad. Se hallaba encenada en limites estrechos pero, dentro de ellos, podia
desenvolverse plenamente, abandonada a sus impulsos, una existência despreo-
cupada y juvenil.
Todo esto cambio profundamente ai surgir el poderio de Roma. Todas Ias
autonomias que llenan el mundo se van doblegando y desaparecen una trás
otra. De pronto Ia tierra se desnuda de pueblos libres.
En otras épocas los Estados se derrumban porque se deja de creer en Ia
religión, mas esta vez el sojuzgamiento de los Estados es el que acarrea Ia deca-
dência de Ia religión. Fatalmente, a consecuencia dei domínio político, conflu-
ycn todas Ias religiones en Roma: pero £qué significación podían guardar una
vez arrancadas ai suelo que les dió vida? La adoración de Isis tuvo acaso un sen-
tido en Egipto porque divinizaba Ias fuerzas naturales tal como aparecían en Ia
tierra, pero en Roma se convirtió en un culto idolátrico desprovisto de sentido.
Además, ai entrar en contacto Ias diferentes mitologias, el resultado no podia
13
14 INTRODUCCIÓN

ser otro que Ia lucha y liquidación mutua. No es posible imaginar un filósofo


que hubiera podido allanar sus contradicciones. Pero tampoco, en este caso inve-
rosímil, se habría dado satisfacción a Io que ei mundo necesitaba.
Por mucho que sintamos Ia desaparición de tantos Estados libres, no pode-
mos negar que de sus escombros surgió una nueva vida. Al ceder Ia libertad
cayeron también los limites de Ias angostas nacionalidades. Las naciones habían
sido sojuzgadas, conquistadas, pero, a Ia vez, reunidas y fundidas. El âm-
bito dei Império coincidia con ei supuesto perfil de Ia tierra, y sus habitantes
se sentían como una sola raza. El gênero humano empezó a darse cuenta de su
unidad.
En este momento dei mundo nace Jesucristo.
Su vida transcurrió callada y escondida. Curaba enfermos, conversaba con
unes pescadores, que no siempre le entendian, hablándoles en parábolas acerca
de Dios. No tenía donde reclinar su cabeza. Pero desde ei punto de vista secu-
lar, que es ei nuestro, podemos decir que nada más inocente y poderoso, sublime
y santo se ha dado en Ia tierra que su vida y su muerte; en cada palabra que sale
de sus lábios aletea ei espíritu de Dios; palabras, como dice'Pedro, de vida eter-
na. El gênero humano no guarda en su memória nada que, ni de lejos, se le
pueda comparar.
Puede ser verdad que los cultos nacionales albergaran un elemento religioso
efectivo, pero Io cierto es que, por entonces, se había perdido por completo; no
conservaban ya sentido alguno y, así, ei Hijo dei Hombre, ei Hijo de Dios se
presentaba frente a ellos como Ia relación eterna y universal de Dios con ei mun-
do y de los hombres con Dios.
Cristo había nacido de un pueblo que se había distinguido como ninguno
por ei rigor exclusivista de su ley ritual, pero ai que cupo ei mérito incomparable
de haber mantenido energicamente desde un principio ei monoteismo. Claro
que no dejaba de ser una religión nacional pero en este momento recibe una
significación muy distinta. Cristo acaba con Ia ley. dándole cumplimiento; ei
Hijo dei Hombre se presenta también como senor dei sábado; Dios descubre
ei contenido eterno de unas formas que un entendimiento tosco no había com-
prendido bien. De ese pueblo, que hasta entonces se había apartado de los
demás por una insuperable limitación de creencias y de costumbres, surge, con
toda Ia fuerza de Ia verdad, una fe que llama a todos y a todos acoge. Se anun-
cia ei Dios de todos, ei que, como dice Pablo a los atenienses, ha hecho de una
misma sangre a todas las gentes que pueblan Ia tierra. Como hemos dicho, los
tiempos estaban maduros para tan sublime ensenanza: existia un gênero humano
que podia recibirla. Como un rayo de luz, dice Eusebio,1 ilumino toda Ia tierra.
En poço tiempo se expande desde ei Eufrates hasta ei Oceano Adántico, por ei
Rin y por ei Danúbio, hasta los confines dei Império.
Aunque era una doctrina inocente y bondadosa, es natural que encontrara
fuerte resistência en los cultos existentes, apegados a las costumbres y necesida-
des de Ia vida, a todos los viejos recuerdos, y que ahora trataban de adaptarse
a Ia constitución dei Império.
i Hist. eccls., n, 3.
ÉPOCAS DEL PAPADO 15
El espíritu político de Ias viejas religiones tantea en busca de una nueva
forma. El conjunto de todas aquellas autonomias que poblaron ei mundo, su
riqueza total se había dado en galardón a uno solo. No había quedado más que
un solo poder, que no dependia sino de si mismo y Ia religión reconocía este
hecho ai tributar ai-emperador honores divinos. Se le levantaron templos, se le
ofrecieron sacrifícios, se juro en su nombre, se celebraron sus fiestas y sus esta-
tuas ofrecían asilo. El culto rendido ai gênio dei emperador fué acaso ei único
de caracter universal en todo ei Império.2 Todas Ias idolatrias coincidían en
esto, que era su apoyo.
Este culto dei emperador y Ia doctrina de Cristo ofrecían cierta semejanza
frente ai conglomerado de Ias religiones locales; pero también se enfrentaban en
términos antagônicos.
El emperador concebia Ia religión en ei aspecto mundano, vinculada a Ia
tierra y a sus bienes, que le habían sido donados, como dice Celso; todo Io que se
posee a él se debe. El cristianismo concibe Ia religión en Ia plenitud dei espíritu
y en Ia verdad ultraterrena.
El emperador junta Estado y religión; ei cristianismo separa Io que es de
Dios de Io que es dei César.
Cuando se sacrifica en honor dei emperador, se confiesa Ia servidumbre
más profunda. Aquella unión de religión y Estado, que en otros tiempos había
representado Ia independência, significaba ahora ei remate de Ia servidumbre.
Fué un acto de liberación que ei cristianismo prohibiera a sus fieles sacrificar
en honor dei César.
El culto dei emperador llegaba tan solo a los confines dei Império, supues-
tos confines de Ia tierra; ei cristianismo estaba destinado a abarcar de verdad Ia
tierra, todo ei gênero humano.
La nueva fe trataba de despertar en todas Ias naciones aquella primitiva
conciencia religiosa que se supone ha precedido a Ias diferentes idolatrias, de
evocar, por Io menos, una conciencia pura, no enturbiada por ninguna relación
con ei Estado, y se enfrento así con este poder universal que, no contento con
Io terrenal, queria también someter Io divino. De este modo ei hombre se convir-
tió en un elemento espiritual, haciéndose de nuevo independiente, libre y per-
sonalmente insojuzgable; ei mundo recibió nueva vida y fué fecundado para
nuevas creaciones.
Era ia oposición de Io terreno y Io espiritual, de Ia servidumbre y Ia liber-
tad, de un morir paulatino y de un vivo rejuvenecimiento.
No es lugar aqui para que describamos Ia larga lucha de estos princípios.
Todos los elementos vivos dei Império romano fueron arrastrados por Ia nueva
corriente, empapados con Ia esencia cristiana y Uevados por ei gran camino dei
espíritu. Por si solo, dice Crisóstomo, se extinguió ei error de los ídolos.8 El paga-
nismo se le figura como una ciudad conquistada cuyos muros se han desplo-
2 Eckhcl, Doctrina numorum veterum, P. n, vol. vm, p. 456; cita un pasaje de Tertuliano
(Apol., c. 28) dcl cual parece dcducirse que Ia veneración dei César fué, a vecej, muy viva.
8
Xóyo; slç tòv itaxctQiov lia[5úí.uv xol xa-tà 'IouXiavoü xal jipòç lEM.»yvaç: Chry-
lostomi Opp., ed. Paris, li, 510.
16 INTRODUCCIÓN

mado, cuyos mercados, teatros y edifícios públicos son presa de Ias llámas y cuyos
defensores acaban de sucumbir. Sobre los escombros se yerguen todavia unos
poços viejos y unos niiios.
Prcnto desaparecen también estas figuras postreras y comienza una trans-
formación sin ejemplo.
En Ias catacumbas surge ei culto de los mártires. En los mismos emplaza-
mientos en que fueron adorados los dioses olímpicos, con Ias mismas columnas
que sostuvieron sus templos, se levantan los santuários en hcnor de aquellos que
habían ultrajado a los ídolos y habían sido castigados con Ia muerte. El culto,
que tuvo sus princípios en los yermos y en Ias prisiones, conquisto ei mundo. A
veces nos ascmbra que ei edifício mundano de los paganos, Ia basílica, se haya
convertido en ei lugar dei culto cristiano. Acontecimiento que encierra algo muy
significativo. El ábside de Ia basílica contenía un augusteo,4 donde se guardaban
Ias imágenes de los CésaTes que habían recibido honores divinos. En su lugar,
como podemos verlo todavia hoy, se coloco Ia imagen de Cristo y de los apósto-
les; donde estuvo ei emperador dei mundo, con atributos de Dios, se encuentra
ahora ei Hijo dei Hombre, ei Hijo de Dios. Las divinidades locales se disipan
y desaparecen. En todos los caminos, en las abruptas alturas, en lcs puertos y
gargantas, en las techumbres de las casas, en ei mosaico de los suelos se con-
templa Ia cruz. Victoria decisiva y completa. Como en las monedas de Constan-
tino vemos ei lábaro con ei monograma de Cristo sobre ei dragón derribado, así
sobre Ia paganía derrotada se levanta ei nombre venerado de Cristo.
También en este aspecto se nos ofrece Ia ilimitada significación dei Império
romano. En los siglos de su apogeo quebrantó Ia independência de las nacicnes
y aniquilo aquel sentimiento de suficiência que Ia particularidad significaba.
Pero en sus últimos tiempos ha visto salir de su regazo Ia verdadera religión, Ia
expresión más pura de una conciencia común, que excede con holgura los limi-
tes de su Império, Ia conciencia de Ia comunidad en un solo Dios verdadero.
Podemos decir que, en virtud de este acontecimiento, ei Império justifico su
propia necesidad. El gênero humano se había percatado^e si mismo y había
encontrado su unidad en Ia religión.
Esta religión recibió dei Império romano su forma externa.
Los sacerdócios paganos tenían caracter de ofícios civiles; en ei judaísmo
incumbia a una tribu Ia misión espiritual. El cristianismo se diferencia porque
constituye ei sacerdócio una clase especial, formada de rruembros que ingresan
en ella libremente, consagrados por Ia imposición de .manos, apartados de todos
los afanes dei mundo para entregarse a los negócios espirituales y divines. La
Iglesia se desenvolvió ai principio en formas republicanas que van desaparecien-
do a medida que Ia nueva fe va dominando. El clero se destacará cada vez más
frente a los laicos.
Según me parece, esto ocurrió no sin cierta necesidad interna. La Uegada
dei cristianismo vino a liberar Ia religión de los elementos políticos. Esto
implica ei establecimiento frente ai Estado de una clase sacerdotal separa-
da, con una constitución propia. Separación de Ia Iglesia y ei Estado, que
* Tome este date de F.. Q. Visconti: Museo Pio-Clementino, vn, p. 100 (ed. de 1807).
ÉPOCAS DEL PAPADO 17

representa, acaso, ei acontecimiento mayor y de mayores consecuencias de los


tiempos cristianos. El pcder espiritual y ei temporal pueden encontrarse muy
juntos y hasta constituirse en estrecha comunidad, pero su coincidência total
solo excepcionalmente y por breve tiempo puede darse. Las relaciones mutuas
entre estos dos poderes constituyen uno de los factores más importantes de toda
Ia historia.
Pero este estamento sacro tenía que copiar en su constitución Ia dei Impé-
rio. En correspondência con Ia jerarquía de Ia administración civil, se constituyó
Ia de los obispos, metropolitanos y patriarcas. No pasó mucho tiempo sin que
los obispos romanos se arrogaran Ia supremacia. Es una suposición inocente pen-
sar que han gozado de un primado indiscutible en los primeros siglos o en
cualesquiera otros, si es que pensamos en un reconocimiento universal de Este
a Oeste. Pero es cierto que ganaron muy pronto un prestigio que les hizo desta-
carse sobre las demás potestades eclesiásticas. Ivluchas circunstancias favorecieron
ei hecho. Si por todas partes Ia importância de Ia capital de província reper-
cute en Ia autoridad dei obispo de Ia misma, en mucho mayor grado habría
de ser este el caso en Ia capital de todo ei Império, cuyo obispo llevaba su nom-
bre.6 Roma era una de las sedes apostólicas más veneradas; en ella había corrido
Ia sangre de Ia mayoría de los mártires; durante las persecuciones, los obispos de
Roma se habían conducido con especial bravura y, a menudo, se sucedieron
en el puesto, en Ia persecución y en Ia muerte. Por otra parte, los emperadores
consideraron conveniente favorecer Ia formación de una gran autoridad patriar-
cal. En una ley que ha sido decisiva para el domínio ejercido por el cristianismo,
Teodosio el Grande ordena a todos los pueblos que de él dependen se sometan
a Ia fe que San Pedro predico a los romanos.8 Valentiniano III prohibió a los
obispos de Ia Galia y de otras províncias que se apartaran de las costumbres
seguidas sin el consentimiento dei obispo de Ia Ciudad Santa. Bajo los auspícios
dei César surgió así el poder dei obispo de Roma. Pero esta circunstancia polí-
tica significo, a Ia vez, un limitación para ese poder. Si no hubiera habido más
que un solo emperador, el primado universal podría haberse mantenido. Pero Ia
división dei Império Io hizo imposible. Mal podían los emperadores de Oriente,
tan celosos de sus derechos eclesiásticos, favorecer Ia expansión dei poder dei
patriarca de Occidente dentro dei âmbito de sus domínios. También en este
caso Ia constitución de Ia Iglesia correspondió a Ia dei Império.

2) El Papado se alta con el reino franco


Apenas tuvo lugar este gran cambio, apenas sembrada Ia reJigión cristiana y
establecida Ia Iglesia, ocurren nuevos acontecimientos universales: el Império
romano, que durante tanto tiempo venció y conquisto, se veia a su vez atacado,
invadido y vencido por sus vecinos.
8 Casauboni, Exercitatíones ad annaícs eccksiasticos Baronii, p. 260.
• Codex Theodos., xvi, i, 2: Cunclos populos quos clementiae nosfrae reg/r temperamenfnm,
iii h/i voJumus relig/one versar/, qu.im divínuni Pefriim Aposlo/um tradidisse Romanís re/ígio usque
mine ab ipso insinuara declarai. También Planck menciona el Edicto de Valentiniano en: Gcschicnfe
iler christíich-kirch/iciien Gcsc/Jsdiaftsvcr/assung, i, 642.
18 INTRODUCCIÓN

En ei cataclismo general también ei cristianismo resultó conmovido. En los


grandes peligros los romancs se acordaban todavia de los mistérios etruscos y
los atenienses pensaban que Aquiles y Minerva podrían salvarlos; los cartagine-
ses impetraban ai gênio celeste; pero se trataba de perturbaciones pasajeras. El
edificio de Ia Iglesia se mantiene firme mientras ei Império se derrumba en Ias
províncias occidentales.
Pero, como es natural, también Ia Iglesia conoció momentos de angustia
y se vió ante una situación tctalmente nueva. Una nación pagana se apoderó de
Bretana; los reyes arrianos conquistaron Ia mayor parte dei Occidente; en Itália,
y ante Ias puertas de Roma, los longobardos, viejos arrianos, siempre vecinos
peligrosos, fundaron un poderoso reino.
Mientras los cbispos de Roma, acosados por todas partes, se esforzaban —y,
en verdad, con toda Ia sagacidad y tenacidad que desde entonces les es pecu-
liar— en conservar su senorío cuando menos en su demarcación, ocurre un
desastre todavia mayor. No solo conquistadores, como los germanos, sino poseí-
dcs por una fe fanática y orgullosa, contraria radicalmente ai cristianismo, los
árabes se desparraman por Oriente y Occidente, conquistan ensucesivos ataques
ei África y en uno solo Espana, y Muza proclama su intención de marchar hasta
Itália a través de los Pirineos y de los Alpes, para plantar ei estandarte dei pro-
feta en ei Vaticano.
La situación en que se encontro ei cristianismo occidental era tanto más
peligrosa cuanto que en ese momento se agitaban furiosas Ias disputas de lcs
iconoclastas. El emperador de Constantinopla se había adherido a un partido
distinto que ei Papa de Roma; más de una vez trato de asesinarlo. Los longobar-
dos se percataron pronto de cuán favorable les era esta situación. Su rey Aistulfo
se apoderó de províncias que hasta entonces habían estado sometidas ai empera-
dor, se aproximo a Roma y exigió de Ia Ciudad Eterna ei pago dei tributo en
senal de sometimiento bajo terribles ainenazaSy
No era posible encontrar ayuda alguna en todo ei ^undo romano contra los
longobardos y mucho menos contra los árabes salvajes que en aquella época
empezaban a dominar ei Mediterrâneo y amenazaban ai cristianismo con una
guerra a muerte.
Por fortuna, ei cristianismo no se encerraba ya en los confines dei mundo
romano. Hacía tiempo que había traspasado Ias fronteras siguiendo su destino
original. Por ei Oeste había entrado en los pueblos germânicos y se había cons-
tituído ya en médio de ellos un poder ai que no tenía más que acudir ei Papa
para encontrar aliados dispuestos contra toda clase de enemigos.
Entre todos los pueblos germânicos, ei franco, ya en su primer levanta-
miento en Ias províncias dei Império romano, se había hecho católico. Esta
conversión le había madurado para grandes progresos. Los francos encontrarem
aliados naturales tín los súbditos católicos de sus enemigos arrianos, los burgun-
1 Anastasius Bibliothecarius: Vitae Ponfi/icum; "Vita Stephani III", ed. Paris. p. 83, Fre-
mens ut leo pesH/eras minas Romanis dirigere non desinebat, assetens omnes uno gladio iugulari,
nisi suae sese subderent difiom.
ÉPOCAS DEL PAPADO 19
dos y visigodos. Muchos milagros, nos dice Ia leyenda, favorecieron a Clodoveo:
San Martin le sefialó ei camino a través dei Vienne por médio de una perra; San
Hilário le precedia en su marcha asumido por una columna de fuego. No es
demasiado atrevido suponer que estas leyendas representan Ias ayudas que los
indígenas prestaban a un compaiiero en Ia fe, cuando aquéllos "anhelaban"
su victoria, como dice Gregorio de Tours.
Así fortalecido en sus comienzos con êxitos tan grandes, este sentir católico
fué refcrzado por otra circunstancia especial.
El Papa Gregorio ei Grande vió una vez en ei mercado de esclavos de
Roma a los anglosajones, que le llamaron Ia atención y le hicieron pensar en Ia
conveniência de evangelizar Ia nación a que pertenecían. Jamás un Papa tomo
decisión de resultado más fecundo. Con Ia doctrina cristiana se promovió en Ia
Bretana germânica una veneración por Roma y Ia Santa Sede como no se encon-
traba en parte alguna. Los anglosajones iniciaron sus peregrinaciones a Roma;
mandaban a los jóvenes para que se instruyeran en Ias cosas divinas; ei rey Offa
introdujo ei dinero de San Pedro para ayuda de los peregrinos; Ia gente de
rango marchaba a Roma para morir en Ia Ciudad Santa y poder ser recibida
mejor por los santos dei cielo. Parece como si esta nación hubiera traspasado
a Roma y a los santos cristianos Ia vieja superstición germânica de que los dio-
ses se hallan más cerca de un determinado lugar que de otro.
A esto se afiadió algo más importante, pues los anglosajones contaçiaron
de esta manera de pensar Ia tierra firme y los domínios francos. El apóstol de los
germanos fué un anglosajón. Lleno dei fervor de su nación por San Pedro y sus
sucesores, Bonifácio prometió ai comienzo de su apostclado someterse fielmente
a los mandatos de Ia Santa Sede, promesa que cumplió con ei mayor riçor. La
Iglesia germânica fundada por él recibió así un extraordinário sentido de obe-
diência. Los obispos tenian que prometer solemnemente mantenerse sometidos
hasta ei fin de sus dias a Ia Iglesia romana, a San Pedro y a sus sucesores. Pero
no solo convenció a los germanos. Los obispos de Ia Galia habían estado mani-
festando cierta independência de Roma. Bonifácio, que llegó a presidir algunas
veces sus sínodcs, encontro ocasión para marcar también con sus ideas esta por-
ción occidental de Ia Iglesia franca; a partir de él, los arzobispos gaios recibieron
ei palio de Roma. Y ei sometimiento de estilo anglosajón se extendió así por
todo ei âmbito dei reino franco.
El poder franco se había convertido en ei centro de todo ei mundo germá-
nico-occidental. En nada le perjudicó que ia vieja casa real, Ia dinastia mero-
vingia, se hundiera por los crímenes más atroces; su lugar fué ocupado por otro
linaje de hombres, de voluntad poderosa y de fuerza terrible. Mientras los
otros reinos se desmcronaban y ei mundo estaba a punto de convertirse en una
propiedad de Ia espada muslime, esta dinastia, Ia de Pipino de Heristal, que
después recibió ei nombre de carolingia, presentó Ia primera y decisiva resis-
tência.
Al mismo tiempo favoreció Ia evolución religiosa que iba teniendo lugar.
Desde muy temprano encontramos a Ia dinastia eti muy buenas relaciones cor
20 INTRODUCCIÓN

Roma, y Bonifácio trabaja bajo Ia protección de Carlos Martel y Pipino ei


Breve.8
Piénsese un momento en Ia posición dei poder papal en ei mundo. Por
un lado, ei Império de Oriente, en decadência, débil, incapaz de defender ei
cristianismo contra ei Islam y de asegurar sus propios domínios italianos contra
los longobardos y, sin embargo, con pietensiones de intervención soberana en los
asuntos eclesiásticos. Por otro, Ias naciones germânicas, Uenas de vida, pode-
rosas, vencedoras dei Islam, sometidas a Ia autoridad de que tenían menester
con toda Ia frescura de su entusiasmo juvenil y Uenas de fervor generoso.
Gregorio II se daba cuenta de Io que había ganado. "Todos los países de
Occidente —escribe lleno de seguridad ai emperador iconoclasta León Isáu-
rieo— dirigen sus miradas a nuestia humildad y nos tienen por un Dios sobre
Ia tierra." Sus sucesores se iban percatando cada vez con mayor claridad de Ia
necesidad de apartarse de un poder que no les ofrecía protección alguna y que
solo les imponía oblígaciones: Ia sucesíón dei nombre y dei Império de Roma no
podia atarlos. Así, pues, volvían su mirada ai lugar de donde unicamente podían
esperar alguna ayuda. Entablaron una alianza con los Senores de Occidente,
con los príncipes francos, alianza que se fué haciendo más estrecha con ei
tiempo, aporto a ambas partes ventajas considerables y se desenvolvió de tal
modo que llegó a revestir una significaçión de primer orden en Ia historia
universal. (
Cuando ei joven Pipino, no satisfecho con Ia réalidad dei poder monár-
quico, quiso también poseer ei título, sintió que le era menester un refrendo
superior, y ei Papa se Io ofreció. A cambio, ei nuevo rey prometió defender 'Ia
Santa Iglesia y Ia República de Dios" contra los longobardos. Pero a su ceio
no ie bastaba Ia mera defensa. Muy pronto obiigó a los longobardos a entregar
los territórios italianos arrebatados ai Império de Oriente, ei Exarcado. Parece
que Ia justicia reclamaba que los hubiera devuelto a su dueão ei emperador, y
en este sentido recibió Pipino alguna indicaciónyLa contestación suya fué que
"no había salido a combatir por ei bien de un hombté, sino movido por su
veneración a San Pedro, para ganar así ei perdón de sus pecados".9 Deposito
Ias llaves de Ias ciudades conquistadas sobre ei altar de San Pedro. Este fué ei
fundamento de todo ei poder temporal de los Papas.
Con tan animosa colaboración se fué desenvolviendo Ia alianza. Carlo-
magno alivio por fin ai Papa de Ia vecindad de los príncipes longobardos, desde
largo tiempo fastidiosa. Él en persona dió muestraí de Ia más profunda sumi-
sión: llegó a Roma, subió de hínojos los escalones de San Pedro, hasta llegar al
pátio donde le aguardaba ei Papa, a quien confirmo Ia donación de Pipino. Por
su lado, ei Papa se mostro ei amigo más fiel; Ias relaciones dei obispo de Roma
con los obispos italianos facilitaron a Carlom^no ei sometimiento de los lon-
gobardos y Ia adscripeión de este reino al sujo.
8 Bcinifarii Epistolae; "tp. M, ad Dmidem çpisc." Sine patrocínio principis Francornm nec
popuhim regerc nec pres&yferos veí diaconos, monaçhos vel ancílhs dei defendere possum, nec ipsos
paganorum rifus et sacrilegia idolorum in Germania sine ülius mandato et timore...
8 Anastasius: affirmans etiam sub juramento, quod per nuilius hominis íavorem sese cerramini
saepius dedisser, nisi pro amore Petri et venia dclictorum.
SPOCAS DEL PAPADO 21

Pronto ei curso de los acontecimientos conduciría a êxitos mayores.


En su propia ciudad, donde Ias facciones se cornbatían con fúria, no podia
ei Papa sostenerse sin Ia protección de fuera, y Carlomagno volvió a Ia Ciudad
Santa con este fin. El viejo príncipe aparecia nimbado de gloriosas victorias. En
largas guerras había sometido uno trás otro a todos sus vecinos y casi había
llegado a agrupar a todas Ias naciones cristianas romano-germánicas; ]as había
conducido a Ia victoria contra ei enemigo común; se había hecho duefio de
todas Ias comarcas sometidas a los emperadores de Occidente en Itália, en Ia
GaJia y en Germania, y disponfa de todo su poder.10 Es cierto que estos países
se habían convertido desde entonces en un mundo diferente, pero ^excluía
ello Ia dignidad suprema? Pipino había recibido Ia diadema real porque a quien
tiene ei poder corresponde ei honor. También esta vez ei Papa se decidió cn
favor dei rey. Lleno de reconocimiento y necesitado de una protección perma-
nente, coronó a Carlos con Ia corona dei Império de Occidente en aquel dia
de Navidad dei ano 800.
Así tuvieron cumplimiento los acontecimientos iniciados con Ia invasión
de los germanos en ei Império romano.
El lugar de los emperadores romanos de Occidente Io ocupa ahota un prín-
cipe franco y ejerce todos los derechos correspondientes. En Ia donación de los
territórios ai sucesor de San Pedro vemos Ia ejecución de un acto de suprema
autoridad por parte de Carlomagno. Su sobrino Lotario nombra a los jueces
y anula Ias confiscaciones llevadas a cabo por ei Papa. El Papa, jefe supremo
de Ia jerarquía eclesiástica en ei Occidente romano, se ha convertido en un
miembro dei Império franco. Se aparta dei Oriente y poço a poço cesa de lecihii
acatamiento. Hacía tiempo que los emperadores griegos le habían arrebatado su
base patriarcal en Oriente.11 En cambio, Ias iglesias de Occidente —sin excep-
tuar Ia longobarda, a Ia que se Uevaron Ias instituciones de Ia franca— le
prestaban una audiência que nunca había conocido. Al acoger en Roma Ias
escuelas de los frisones, sajones y francos, con Io que Ia ciudad comenzó a ger-
manizarse, entro en Ia combinación de elementos germânicos y románicos que
ha constituído desde entonces ei caracter dei Occidente. Su poder echa raíces
en un suelo vírgen en los momentos más angusciosos, y cuando parecia ahocaào
a Ia ruina se afirma por largo tiempo. La jerarquía creada dentro dei Império
romano se vierte en Ia nación germânica; aqui encuentra un campo infinito
para una actividad siempre creciente, en cuyo curso se desarrolla hasta Ia ple-
nitud ei núcleo de su propia substancia. ftfzXj,.'.líí.etol0^
1° Así entiendo los Annales Laureshamenses: ad annum 801. Visum est et ipsi apostólico
Leoni —ut ipsum Carolum regem Francorum imperatorem nominare debuissent, qui ipsam Romam
tenebat, ubi semper Caesares sedere so/iti erant, et reliquas sedes quas ipse per Italiam seu Galliam
nec non et Germaniam tenebat (probablemente queria decir: ipsi tenebant): quia deus omnipotens
tias omnes sedes in potestatem e/us concessit, ideo justum eis esse videbatur ut ipse cum dei
ad/utorio— ipsum nomen haberet.
U Nicolás I se lamenta de Ia perdida dei poder patriarcal de Ia Sede Romana per Epirum
veferem Epirumque novam atque fílyricum, Macedonhm, Thessaliam, Achaiam, Daciam ripensem
Daciamque mediterraneam, Moesrarn, Dardaniam, Praevalim, y de Ias perdidas dei patrimônio en
Calábria y Sicilia. Pagi (Critica in Annales Baronii, in, p. 216) pone junto a este escrito otro
de Adriano I dirigido a Carlomagno; de este último resulta que tales perdidas fueron ocasionadas
por Ias Inchas de los iconoclastas.
22 INTRODUCCIÓN

3) Relación con los envpeTadores germânicos. Formación indejjendiente


de Ia jerarquía
Dejemos transcurrir vários siglos para detenernos en ei punto a que nos con-
ducen y, desde él, proyectar una mirada de conjunto.
El Império franco ha caído y ei germânico surge poderoso.
Nunca ei nombre alemán ha tenido mayor valimiento en Europa que en
los siglos x y xi, bajo los emperadores sajones y los primeros emperadores sáli-
cos. Vemos a Conrado II dirigirse desde Ias fronteras orientales -—donde ei rey
de Polônia ha tenido que sometérsele y entregarle una fracción de su reino, y
donde ei duque de Bohemia ha sido condenado a prisión—- hacia ei Oeste, para
asegurarse Ia Borgona frente a Ias pretensiones de los senores franceses. Los
vence en los llanos de Champagne; a través dei San Bernardo acuden en su
auxilio sus vasallos italianos; se hace coronar en Ginebra y congrega su dieta
en Solothurn. En seguida le encontramos en Ia Itália meridional. "En Ia fron-
tera de su império —dice su cronista Wippo—, en Capua y Benevento, ha
resuelto Ias discusiones con su palabra." Enrique III reino con no menos poder.
Pronto Io encontramos en ei Escalda y el Lys, vencedor de los condes de Flan-
des, y en Hungria, a Ia que obliga durante cierto tiempo a prestarle pleito
homenaje, más allá dei Raab, hasta que le dan el alto los elementos. El rey de
Dinamarca le visita en Merseburgo. Uno de los más poderosos senores de Fran-
cia, el conde de Tours, se le ofrece como vasallo, y Ias crônicas espanolas
cuentan que exigió a Fernando I de Castilla, príncipe victorioso y lleno de po-
der, que le rindiese acatamiento como supremo senor feudal de todos los reyes
cristianos.
Si preguntamos ahora qué fuerza interior sostenía este poder expansivo
que pretendia Ia supremacia europea, nos encontramos con gue encerraba un
importante elemento religioso. También los gejmanos conquistaban mientras
convertían. Con Ia Iglesia, marchaban sus fronteras a través dei Elba hacia el
Oder y a Io largo dei Danúbio; los monjes y los sacerdotes precediercn ai influjo
germano en Bohemia y en Hungria. Por esta razón Ias autoridades eclesiásticas
disfrutaron de un gran poder. Los obispos y abades obtuvieron en Germania
derechos condales y a veces ducales más allá de sus propios domínios, y no se
describen Ias posesiones eclesiásticas como radicadas en lcs condados sino que,
por el contrario, son los condados los que radican en los obispados. En Ia Itália
alta casi todas Ias ciudades estaban sometidas a los vicecondados de sus obis-
pcs. Seria un error creer que Ias autoridades eclesiásticas han ganado con esto
una autêntica independência. Como Ia promoción para Ias dignidades eclesiás-
ticas correspondia ai rey —Ias fundaciones solían enviar el anillo y el cetro dei
dignatario fallecido a Ia corte, que los volvia a ceder de nuevo—, era hasta una
ventaja para los príncipes conceder atribuciones temporales ai hombre de su
elección, ccn cuya fidelidad debían contar. A pesar de Ia resistência de Ia
nobleza, Enrique III coloco en Ia sede de Milán a un plebeyo, de cuya fidelidad
estaba seguro; Ia obediência que más tarde encontro en Ia Itália dei Norte se
debió en gran parte a esta manera de proceder. Así se explica que, entre todos
ÉPOCAS DEL PAPADO 23

los emperadores, fuera Enrique III ei más generoso con Ia Iglesia y, ai mismo
tiempo, quien defendiera con mayor vigor ei derecho de promover los obispos.18
También se tenía cuidado en que Ias donaciones no se sustrajeran ai poder dei
Estado. Los bienes eclesiásticos no estaban exentos de los gravámenes públicos,
ni siquiera dei deber de vasallaje. A menudo encontramos obispos que conducen
a sus hombres a Ia guerra. Y se puede comprender Ia ventaja que suponía poder
nombrar obispos como ei arzobispo ue Bremen, quien ejercía Ia máxima auto-
ridad espiritual en los reinos escandinavos y sobre Ias diversas estirpes de los
vendos.
Siendo ei elemento eclesiástico tan importante en Ia organizaeión dei Im-
pério germânico, se comprende Ia importância que había de revestir Ia relación
que ei emperador mantuviera con ei jefe supremo, con ei Papa de Roma.
Lo mismo que en ei caso de los emperadores romanos y los sucesores de
Carlomagno, ei Papado guardo estrecha relación con ei emperador germânico.
No se puede dudar de su situación política subalterna. Es verdad que antes de
que ei Império cayera de manera definitiva en manos germânicas, cuando
era gobemado por jefes débiles y vacilantes, los Papas ejercieron actos de su-
prema autoridad. Pero desde ei memento en que los poderosos príncipes ger-
manos se arrogaron Ia dignidad imperial fueron de hecho, aunque no sin
resistência, tan senores dei Papado como los carolingios. Otón ei Grande prote-
gió con mano de hierro ai Papa que había elevado a Ia Sede 13 y sus hijos siguie-
ren su ejemplo. Como Ias facciones romanas se levantarem de nuevo y se
apropiaron Ia dignidad papal, manejándola como un interés de família, com-
prándola y vendiéndola, se hizo necesaria una intervención superior. Es sabido
con qué energia Ia llevó a cabo Enrique III. Su sínodo de Sutri depuso a los
Papas intrusos. Luego de colocarse ei anillo patriarcal en ei dedo y haber reci-
bido Ia corona imperial, serialó a su discreción quién había de ocupar Ia Sede.
Se sucedieron cuatro Papas germanos, todos nombrados por él; ai vacar Ia
Sede, los delegados de Roma, así como los enviados de los otros obispados, se
presentaban en Ia corte para recibir ei nombramiento dei sucesor.
En esta situación le convenía ai emperador mantener ei prestigio dei Pa-
pado. Enrique III fomento Ias reformas que emprendieron los Papas nombra-
dos por él, y ei aumento consiguiente de autoridad no provoco su receio. El
hecho de que León IX, contrariando Ia voluntad dei rey de Francia, convocara
a un sínodo en Reims, nombrando y deponiendo obispos franceses y recibiendo
ia declaración solemne de que ei Papa era ei único primado de Ia Iglesia ente-
ra, no podia sino satisfacer ai emperador mientras él pudiera disponer de poder
sobre ei Papado. Era congruente con Ia pretensión de primacía que trataba de
afirmar en Europa. La misma relación que se aseguraba con respecto a los
12 Ejemplos de esta severidad se encuentran en Planclc: Cesehichte der chrisHich-kirchlichen
Gese/ischa/tsveríassung, 01, 407.
13 En Goldast, Constitutt. ImperiaJes, i, p. 221, encontramos un instrumento (junto con los
Scholien de Dictrich von Nicm) segun ei cual ei derecho de Carlomagno a elegir su propio sucesor
y a nombrar cn ei futuro los Papas romanos se traspasa a Otón y a los emperadores germânicos.
Pero sin duda alguna este instrumento es una invención.
24 INTRODUCCIÓN

nórdicos a través dei arzobispo de Bremen, podia asegurársela sobre Ias otras
potências de Ia cristiandad a través dei Papa.
Pero en esto se encerraba un gran peligro.
La organización dei estamento eclesiástico en los domínios germânicos y
germanizados se había convertido en algo muy diferente a Ia que presentaba
en los rcmánicos. Se le había atribuído una gran parte dei poder político; dispo-
nía de poder principesco. Hemos visto que dependia dei emperador, de Ia
suprema autoridad secular, pero iqué podia ocurrir cuando esta autoridad caye-
ra en manos débiles, si ei jefe de Ia Iglesia, triplemente poderoso: por su
dignidad, objeto de Ia veneración general, por Ia obediência de los fieles y por
su influencia sobre otros Estados, aprovechara ei momento oportuno para
enfrentarse con ei poder real?
La situación se mostraba propicia en vários aspectos. El poder eclesiástico
albergaba en si un principio propio, antagonista de ese gran influjo secular,
principio que debía manifestarse en cuanto se sintiera con fuerzas suficientes.
Según creo, había también una contradicción en ei hecho de que ei Papa, que
cjercía ei máximo poder espiritual, tuviera que estar sometido por tcdas partes
ai emperador. Otra cosa hubiese ocurrido si Enrique III se hubiera decidido a
proclamarse cabeza de toda Ia cristiandad. Como no sucedió esto, es natural
que cn un momento de confusión política ei Papa se viera impedido, por su
sumisión ai emperador, de aparecer plenamente como ei padre de todos los fieles,
como correspondia a su dignidad.
En esta situación sube a Ia Silla de San Pedro Gregorio VII. Gregorio es
un espíritu osado, tenaz y de largo alcance; sistemático, podríamos decir, como
una construcción cscolástica; imperturbable en Ias consecuencias lógicas y muy
diestro ai mismo tiempo en eludir con Ia mejor apariencia contradicciones ver-
daderas y fundadas. Vió ei camino que llevaban Ias cosas, capto en ei trajín de
ia vida cotidiana sus posibilidades históricas, y decidió emancipar ai poder papal
de Ia tutela imperial. Una vez que se propuso este fin, echó mano sin contem-
placiones de todos los médios necesarios. La resolución que- inspiro a los concilios
de que en ei futuro jamás ninguna dignidad eclesiástica podría ser atribuída
por una autoridad secular, tenía que chocar con Ia esencia misma de Ia consti-
tución imperial, porque esta descansaba sobre Ia unión de Ia organización ecle-
siástica y Ia secular: ei vínculo Io representaba Ia investidura y significo tanto
como una revolución que se arrebatara este derecho ai emperador.
Es claro que Gregorio VII no hubiera pensado'en tal cosa de no haberse
dado cuenta de Ia descomposición dei Império germânico durante Ia minoridad
de Enrique IV y dei levantamiento de los pueblos y príncipes germanos contra
este emperador. Encontro aliados en los grandes vasallos. También ellos se
sentían oprimidos por Ia supremacia dei poder imperial y trataban de liberarse
de él. En cierto sentido ei mismo Papa era uno de los grandes vasallos dei Im-
pério. Así se comprende que ei Papa declarara a Alemania império electivo —ei
poder de los príncipes crecía de este modo en gran manera —y que los prín-
cipes no se opusieran cuando ei Papa se libro dei poder imperial. En Ia misma
lucha de Ias investiduras sus ventajas iban a Ia par. El Papa estaba muy lejos
ÉPOCAS DEL PAPADO 25
de querer designar por si mismo a los obispos y dejó ei nombramiento a cargo de
los cabildos, en los que Ia gran nobleza germânica ejercía ei máximo influjo.
En una palabra: ei Papa tenía a su lado los intereses de Ia aristocracia.
Pero, a pesar de estos aliados de marca, jqué guerras más largas y san-
grientas costó a los Papas Ia conquista de su libertad! Desde Dinamarca hasta
Ia Apulia, dice ei salmo dei Ano Santo, desde Ia Carolingia hasta Hungria, ei
Império ha vuelto sus armas contra sus entranas. La lucha entre ei principio
espiritual y ei temporal, que antes se entendieron tan bien, enzarzó a Ia cris-
tiandad en fatales altercados. Los Papas tuvieron que abandonar a menudo Ia
Ciudad Eterna y contemplar como ocupaban Ia Sede los Antipapas.
Por fin consiguieron ei triunfo. Después de muchos siglos de sumisión y
otros más de lucha indecisa, se había logrado de manera definitiva Ia inde-
pendência de Ia Santa Sede y su principio. De hecho los Papas gozaban de una
posición magnífica. La clerecía estaba completamente en sus manos. Es digno
de notar que los Papas más enérgicos de este período fueron todos benedic-
tinos ai igual que Gregorio VIL Al introducir ei celibato convirtieron a todo
ei sacerdócio en una espécie de orden monástica. El obispado universal que se
arrogaban guardaba cierto parecido con ei poder de un abad cluniacense, que
era ia única autoridad abacial en su orden. Y así estos Papas pretendían ser
únicos obispos de Ia Iglesia. No sintieron escrúpulo alguno para intervenir
en Ia administración de todas las dióccsis.14 Sus legados fueron equiparados por
ellos con los viejos procónsules romanos. Las potências estatales iban decayendo
mientras se constituía este orden que obedecia a una sola cabeza, que estaba
organizado apretadamente y se extendía por todos los países, poderoso por sus
riquezas territoriales y dominador de todos los aspectos de Ia vida. Ya a comien-
zos dei siglo xn ei preboste Gerohus pudo decir: "Llegarán las cosas ai extremo
de que los ídolos de oro dei Império se derrumbarán y todo reino mayor se
romperá en cuatro principados: entonces Ia Iglesia estará libre y no oprimida,
bajo Ia protección dei Sumo Sacerdote coronado."15 Poço falto para que no se
cumpliera Ia profecia. Porque en realidad, íquién era más poderoso en Ingla-
terra en ei siglo xm, Enrique III o aquellos veinticuatro sefiores que tuvieron
durante cierto tiempo ei gobiemo en sus manos? ^Y quién más poderoso en
Castilla, ei rey o los "altos homes"? No parecia necesario ei poder de un em-
perador después que Federico había otorgado a los príncipes dei Império los
atributos esenciales de Ia soberania territorial. Se puede decir que solo ei Papa
disfrutaba de un poder amplísimo y unitário. Así ocurrió que Ia independência
dei principio espiritual se trasmutó muy pronto en una nueva espécie de supre-
macia. Llevaban a ello ei caracter temporal-espiritual que dominó Ia vida toda
y ei curso de les acontecimientos. Cuando países durante tanto tiempo perdidos,
como Esparia, habían sido recobrados dei mahometismo y ganadas ai paganismo

14 Uno de los puntos principales, acerca dei cual quicro citar un pasaje de una carta de
Enrique IV dirigida a Gregorio (JVÍansi Concil, n. col/ecfio, xx, 471). Recfores sanetae ecc/essiae,
vide], arch/episcopos, episcopos, presbyteros. sicut servos pedibus tu/s caJcasti. Como vemos, ei Papa
tuvo en esto de su lado Ia opinión pública: In quorum concu/catione tibi favorem ab ore vuJgi
comparasti.
15 Schroeckh cita este pasaje en Kirc/iengeschichte, Part. 27, p. 117.
26 INTRODUCCIÓN

y pobladas con pueblos cristianos províncias como Prusia; cuando Ias mismas
capitales de Ia religión griega se sometieron ai rito latino y cientos de miles se
alistaban para Ia reconquista de los santos lugares, nada tiene de extrano que
gozara de un prestigio inmenso ei sumo sacerdote, que intervenía en todas estas
empresas y recibía Ia obediência de los sometidos. Bajo su dirección y en su
nombre se expandían Ias naciones occidentales en innumerables colônias como
si fueran un solo pueblo y trataban de aduenarse dei mundo. Por Io tanto, no
puede extraíramos que también en ei interior ejerciera una autoridad indiscu-
tible y que un rey de Inglaterra recibiera dei Papa su reino como feudo, que
un rey de Aragón Io pusiera a disposición dei apóstol Pedro y que Nápoles fuera
cedido por ei Papa a una dinastia extranjera. Asombrosa fisonomía ofrece esa
época, que nadie todavia nos ba presentado en su plena verdad. Es una com-
binación extraordinária de disensión interior y de brillante expansión hacia
fuera, de autonomia y obediência, de mundo espiritual y secular. Sorprende ei
caracter contradictorio dei fervor religioso. A veces se recoge en Ia abrupta
montaria, en ei bosque solitário para entregarse por completo a Ia contempla-
ción divina, renunciando a todos los goces de Ia vida en espera de Ia muerte;
o, en médio de los hombres, se empena con entusiasmo juvenil en acunar en
formas penetrantes y magníficas los mistérios vislumbrados, Ias ideas que le
alimentan. Pero junto a esto encontramos esa otra fuera que ha inventado
Ia Inquisición y que blande Ia terrible espada de Ia justicia contra los herejes:
"A nadie —dice ei caudillo contra los albigenses— de cualquier sexo, edad o
rango hemos perdonado, sino destrozado a todos con ei filo de Ia espada." A
veces ambos aspectos se concentran en un solo momento. A Ia vista de Jeru-
salén los cruzados se apean de sus caballos y se descalzan para llegar como
verdaderos peregrinos a Ias Santas Murallas; en médio de los combates más
fieros, se creen asistidos dei auxilio de los santos y de los ángeles. Pero apenas
escaladas Ias murallas se entregan ai saqueo y Ia matanza: én ei emplazamiento
dei Templo de Salomón degollaron cuatro míf sarracenos, quemaron a los ju-
dios en sus sinagogas y mancharon de sangre los santos lugares que venfan a
adorar. Contradicción inseparable de todo Estado religioso y que constituye
su prcpia esencia.

4) Contraste entre los siglos xiv y xv


En algunos momentos se siente uno tentado a indagar los planes dei gobiemo
divino dei mundo, Ias fases de Ia educación dei gênero humano.
Con todos sus defectos, ei desarrollo que acabamos de delinear fué necesa-
rio para que arraigara bien ei cristianismo en Occidente. Era muy difícil hacer
que se empaparan con Ias ideas dei cristianismo aquellas almas nórdicas, aris-
cas, dominadas por antiquísimas supersticiones. Era menester que Io espiritual
tuviera durante cierto ticmpo ei predomínio para que Ia levadura prendiera
por completo en ei alma germânica. A Ia vez se verifica entre ei elemento ger-
mânico y ei románico Ia unión sobre Ia que descansa ei caracter de Ia Europa
posterior. Existe una comunidad dei mundo moderno, que se ha considerado
áPOCAS DEI. PAPADO 27

siempre como fundamento principal de toda su formación, en Ia Iglesia y en ei


Estado, en ias costumbres, en Ia vida y en Ia literatura. Para que esto se pro-
dujera, Ias naciones occidentales tuvieron que componer alguna vez un solo
Estado universal.
Pero en ei inmenso curso de los acontecimientos no pasó de ser un mo-
mento. Una vez logrado ei cambio, necesidades nuevas operan otra vez.
Anuncia una nueva época ei hecho de que los idiomas nacionales cuaja-
ran casi por ei mismo tiempo. Poço a poço, pero de manera incontenible, se
filtran en todos los campos de Ia actividad espiritual y paso a paso le disputan
ei terreno ai idioma de Ia Iglesia. La universalidad se retrae y en ei campo
abandonado por ella crece una nueva particularidad de sentido superior. El
elemento eclesiástico había domenado Ias nacionalidades y ahora, transforma-
das, estas discurren por un camino nuevo.
No parece sino que todo ei afán de los hombres, que transcurre insigni-
ficante ^y que escapa a Ia observación, se halla sometido ai curso poderoso e
inconteríible de los acontecimientos. El poder papal fué cosa que Ias anteriores
circunstancias reclamaban, pero Ias nuevas le eran contrarias. Como Ias naciones
no hábían tanto menester dei impulso dei poder eclesiástico, pronto le ofrecieron
resistência. Sentían en si Ia fuerza de su independência.
Vale Ia pena de traer a recordación los hechos más importantes en que se
manifiesta este nuevo sesgo.
Como es sabido, fueron los franceses los primeros que hicieron frente de
manera decidida a Ias pretensiones dei Papa. Con unanimidad nacional se opu-
sieron a Ias bulas de excomunión de Bonifácio VIII y en cientos de documen-
tos todas Ias clases declararon su adhesión a Ia actitud de Felipe ei Hermoso.
Les siguen los alemanes. Cuando los Papas atacan ei Império con ei mismo
coraje de antes, aunque este ni de lejos mantenía ei antiguo poder, los prín-
cipes electores se allegaron a orillas dei Rin, reuniéndose en sus sitiales de pie-
dra dei campo de Rense, con ei propósito de acordar una medida general para
reafirmar "ei honor y Ia dignidad dei Império". Pretendían declarar solemne-
mente Ia independência dei Império contra toda intervención dei Papa. Pronto
les siguió Ia misma resolución de todas Ias fuerzas, emperador, príncipes y prín-
cipes eclesiásticos, y se enfrentaron unanimemente ai poder temporal dei
Papa.16
Inglaterra no se hizo esperar mucho. En ninguna otra parte gozaron los
Papas de mayor influencia ni administraron más arbitrariamente los benefícios;
cuando Eduardo III se nego a pagar ei tributo prometido por reyes anteriores,
ei Parlamento se adhirió a él y le aseguró su apoyo. El rey tomo sus medidas
para precaverse contra otros abusos dei pcder papal.
Vemos como una nación trás otra se afirman en su independência y uni-
dad; ei poder público nada quiere saber de otra autoridad superior; tampoco
cn ei pueblo encuentran aliados los Papas. Príncipes y estamentos rechazan
resueltamente sus intervenciones.
18 Licet /uris utriusque. En Olcnschlaeger, Staalsgeschichte des roemischen Kaiserthums in
der ersten Haelfte des Mten Jahrhunderts, n» 63.
28 INTRODUCCIÓN

Mientras tanto ocunió que ei Papado cayó en confusión y debilidad, Io


que permitió a Ias potências occidentales, que hasta entonces no habían buscado
más que afirmarse, influir a su vez sobre él.
Ápareció ei cisma. Obsérvense sus consecuencias. Durante largo tiempo
dependió de los príncipes nombrar uno u otro Papa según su conveniência
política, y ei poder espiritual no disponía de médio alguno para acabar con Ia
confusión que solo ei poder temporal podia dominar. Cuando se celebro una
reunión con este objeto en Constanza, no se voto por cabezas como antes, sino
por Ias cuatro naciones y a cada una de ellas le fué posible decidir en reuniones
previas a quién había de dar su voto; juntas destituyeron un Papa y ei recién
elegido tuvo que celebrar concordatos con cada una de Ias naciones, concordatos
cuyo contenido ya venía anticipado por Ia conducta seguida. Durante ei con-
cilio de Basilea y Ia nueva disensión, algunos reinos se mantuvieron neutrales
y solo ei esfuerzo de los príncipes consiguió impedir ei nuevo cisma.17 Nada
podia ocurrir que fuera más favorable ai predomínio dei poder temporal y a ia
independência de cada reino.
De nuevo ei Papa goza de gran prestigio y dispone de Ia obediência de
todos. El emperador le servia de escudero; hubo obispos, no solo en Hungria
sino también en Alemania, que se decían por Ia gracia de Ia Sede apostólica;18
en ei Norte se seguia recogiendo ei dinero de San Pedro; afluían peregrinos de
todos los países en ei jubileo dei ano 1450 y un testigo compara su llegada con
enjambres de abejas y con bandadas de pájaros. Pero, a pesar de todo, no habían
vuelto los tiempos pasados.
Para convencerse de esto basta con recordar ei ceio de los cruzados y com-
parado a Ia frialdad con que se recibió en ei siglo xv ei llamamiento para una
resistência común contra los turcos. Era mucho más urgente defender Ia propia
tierra contra un peligro que avanzaba irresistible, que rescatar ei Santo Sepul-
cro. Con Ia mayor elocuencia habló Eneas Silvio en Ia Dieta y e l monje Capis-
trano en Ias plazas de Ias ciudades, y los cronistas nos cuentan Ia impresión
producida en ei ânimo de los oyentes, pero no sabemos qije nadie acudiera a Ias
armas. Los Papas hicieron los mayores esfuerzos. Uno equipo una flota; otro,
Pio II, aquel elocuente Eneas Silvio, acudió, sòbreponiéndose a su enferme-
dad, ai puerto donde debían reunirse los que estaban en mayor peligro. Queria
estar presente, según sus palabras, para hacer Io único que le era posible: elevar
sus brazos ai cielo como Moisés. Pero ni los ruegos, ni Ias advertências, ni los
ejemplos sirvieron de nada. Había pasado Ia época de aquella juvenil cristian-
dad caballeresca y a ningún Papa le fué posible resucitarla de nuevo.
Eran otros los intereses que por entonces movían ai mundo. Después de
largas luchas intestinas los reinos de Europa se consolidam El poder central do-
mina Ias facciones que hasta entonces habían puesto en peligro ei trono y
cobija a todos los súbditos en única obediência. Muy pronto se empezó a minar
ei poder estatal dei Papado, que Io queria dominar todo y que en todo inter-
venía. El principado se alzó con mayores pretensiones.
11 Declaración dei Papa Félix, cn Georgius, Vita Nícoíai V, p. 65.
18 Constanza, Schwcrin, Fuenfkirchcn. En Schroeckh, Kirchengeschicnte, t. 3J, p. 60.
ÉPOCAS DEL PAPADO 29
Muchas veces se figura uno ai Papado gozando de un poder casi ilimitado
hasta Ia Reforma, pero Ia realidad es que los Estados se habían arrogado no
pequenas atribuciones en los negócios eclesiásticos durante ei siglo xv y co-
mienzos dei xvi.
En Francia, Ias, intervenciones de ia Santa Sede fueron esquivadas en su
mayor parte ccn Ia Pragmática Sanción, que estuvo vigente más de médio
siglo. Es verdad que Luis XI, poseído de una falsa piedad, que tanto más le
podia cuanto más le faltaba Ia verdadera, hizo concesicnes, pero sus sucesores
recuperaron con ventaja Io perdido. Se dice que Ia corte de Roma alcanza de
nuevo aquel poder antiguo cuando Francisco I celebra su concordato con
León X. Es verdad que ei Papa recibió de nuevo Ias attnatas. Pero, en cambio,
tuvo que renunciar a otras muchas cosas, entre Ias príncipales ai derecho, en
favor dei rey, de promover los obispados y otros altos benefícios. Es innegable
que Ia Iglesia galicana perdió sus derechos, pero no tanto en favor dei Papa
como dei rey. El principio que Gregorio VII quiso imponer ai mundo fué aban-
donado sin gran dificultad por León X.
En Alemania Ias cosas no podían ir tan lejos. Los acuerdos de BasiJea, que
cn Francia se convirtieron en Ia Pragmática Sanción.19 En Alemania, donde
también se aceptaron en un principio, resultaron moderados por ei Concordato
de Viena. Pero tampoco esta moderación ocurrió sin alguna contrapartida de Ia
Santa Sede. En Alemania no bastaba entenderse con ei jefe dei Estado; era me-
nester ganarse a los diversos estamentos. Los arzobispos de Maguncia y Tré-
veris obtuvieron ei derecho de disponer de los benefícios vacantes que corres-
pondían ai Papa; ei elector de Brandeburgo adquirió Ia facultad de promover
a los três obispos dei país; otros estamentos menos importantes, Ias ciudades de
Estrasburgo, Salzburgo y Metz, consíguieron también ciertas ventajas.20 Sin
embargo, no se acalló con esto Ia oposición general. En ei afio 1487 todo ei
Império se opuso a un diezmo que ei Papa quiso introducir.21 En ei afio 1500
Ia autoridad secular le retuvo ai legado dei Papa dos tercios de ia cantidad
aportada por Ia venta de indulgências, cantidad que dedico a Ia guerra contra
los turcos.
Sin necesidad de concordato alguno, ni de Pragmática Sanción, se llegó
en Inglaterra a resultados mayores que los derivados de Constanza. Enrique VII
tcnía ei derecho de nombrar un candidato para Ias sedes episcopales vacantes.
No le basto con tomar en sus manos ei fomento de los intereses eclesiásticos,
sino que dispuso de Ia mitad de Ias annatas. Cuando, después de esto, a comien-
zos dei reinado de Enrique VIII, Wolsey adjunto a sus otros cargos oficiales Ia
dignidad de legado, ei poder espiritual y ei temporal aparecieron conciliados
!9 Se reconoce Ia relación pof Ias siguientes -palabras de Eneas Silvio: Piopter decreta
tlasiliensis concilii intei sedem apostolicam et nationem vestiam dissidium coepit, cum vos iih
prorsus (enenda dicetetis, apostólica veio sedes omnia rejicciet. Iraque luit deniqne compositio façta
—per quam a/iqua ex dectetis- concilii- praedícti recepfa videnlur, a/iqua rejecta. En Epístola
ad Martinum Maierum contra murmur gravamims German/cae nationis, 1457. En Müllcr,
Re/chsragstlieatrum unfer Friedrich III, m, p. 604.
2
» En Schroeckh, Kircliengeschichie, t. 32, p. 173; en Staats- und Rcchtsgeschichtc de Eich-
hom, t. ni, pif. 472, n. c.
21 En Müller, Reichstagsthealrum, vi, p. 130.
30 INTRODUCCIÓN

en cierto modo, pero antes de que asomara ei ptotestantismo se acometió una


violenta confkcación de gran número de monasterios.
Tampoco los países meridionales se quedaron atrás. También ei rey de
Espafia podia nombrar los obispos. A Ia Corona estaban vinculados los grandes
maestres de Ias ordenes militares; y ella, que había establecido Ia Inquisición
y Ia dominaba, disfrutó de muchas atribuciones y derechos de orden eclesiásti-
co. Fernando ei Católico se opuso no poças veces a Ias autoridades papales.
En no menor grado que Ias ordenes militares espaiiolas, eran patrimônio
de Ia Corona Ias portuguesas de Santiago, de Avis, de Cristo, a Ia que habían
correspondido los bienes de Ia orden dei Temple.22 El rey Manuel consiguió
de León X no solo Ia terceia parte de Ja cruciata, sino también ei diezmo de los
bienes eclesiásticos, con ei derecho expreso de distribuirlos a su buen placer.
Por todas partes, tanto en ei norte como en ei sur, se trataba de limitar los
derechos dei Papa. El poder estatal buscaba Ia participación en Ias rentas ecle-
siásticas y Ia distribución de Ias dignidades y benefícios. Los Papas no ofrecieron
una resistência seria. Trataron de conservar todo Io que pudieron, pero fueron
cediendo. Lorenzo de Médicis, en ocasión de un altercado entre Fernando, rey
de Nápoles, y ei Papa, dice que aquél no pondrá ninguna dificultad en pro-
meter Io que sea, pero que luego, en ei momento dei cumplimiento, se verá Io
que siempre se ha visto en estas contiendas entre Papas v reyes.23 Hasta Ia mis-
ma Itália habia llegado este espíritu de oposición. Se nos cuenta de Lorenzo
de Médicis que siguió en estos asuntos ei ejemplo de los grandes príncipes y
no cumplía de los mandatos papales más que aquello que le venía en gana.24
Seria un error no ver en estos empenos más que actos de pura arbitrarie-
dad. La inspiración religiosa había cesado de dominar Ia vida de Ias nacicnes
europeas en Ia medida de antes: ei desarrollo de Ias nacionalidades y Ia forma-
ción de los Estados marcaban poderosamente su fuerza. Por Io tanto, era nece-
sario que Ia relación entre ei poder temporal y ei espiritual sufriera un cambio
profundo. Y hasta en los mismos Papas se notaba una gran mudanza.
' /
_____________—_________________
II. LA IGLESIA Y EL ESTADO PONTIFÍCIO A COMIENZOS
DEL SIGLO XVI

1) Engrandecimiento dei Estado de Ia Iglesia


Piénsese Io que se quiera de los Papas de los primeros tiempos, Io cierto es que
siempre tuvieron a Ia vista grandes intereses. Tuvieron que cuidar de una
22 "Instruttione piena delle cose di Portogallo ai Coadjutor di Bergamo, nuntio destinato
in Portogallo". MS de Ia Informationi politiche, que se halla en Ia KoenigJichen Bibliothelc de
Berlín, t. XII. León X ototgó a Ia orden este patronato: contentandosi il re di pagare grandíssima
composifrone di detto patronato.
23 Lorenzo a Juan de Lanfridinis. Fabroni Vita Laurenrii Mediei, n, p. 362.
24 Antônio Gallus (de rebus Genuensibus: Muratori script. R. It. xxm, p. 281) dice de
Lorenzo: regum ma/orumque principum contumacem Jicentiam adversus romanam ecclesiam seque-
batur, de juribus poníificis nisi quod ei videretur nihiJ permittens.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 31
religión perseguida, tuvieron que luchar con el paganismo, propagar ei cristia-
nismo en los pueblos nórdicos y establecer una jerarquía eclesiástica indepen-
diente. Ccnstituye uno de los títulos de Ia dignidad humana el afanarse por
ejecutar algo grande y este ímpetu animo también con fuerza a los Papas. Pero
los nuevos tiempos habían amortiguado aquellos entusiasmos. Se había domina-
do el cisma y había que avenirse a Ia imposibilidad de provocar una empresa
colectiva contra los turcos. En esta coyuntura, ocurriá que eJ Papa persiguió
con más decisión que nunca los fines de su principado temporal, dedicándole
toda Ia tenacidad de que era capaz.
Desde largo tiempo el siglo estaba poseído por este espíritu. "Antes, decla-
raba un orador en el Concilio de Basilea, era de cpinión que seria bueno sepa-
rar por completo el poder secular dei poder espiritual. Pero he aprendido que
Ia virtud sin poder es algo ridículo y que el Papa de Roma sin el patrimônio
de Ia Iglesia no seria más que un siervo de los reyes y los príncipes." Este ora-
dor, que gozo de tanta influencia en Ia asamblea que decidió Ia elección de
Papa a favor de Félix, considera que no es nada maio que un Papa tenga hijos
que le puedan prestar ayuda contra los tiranos.1
Un poço más tarde, se ocuparon en Itália de otro aspecto de Ia cuestión.
Parecia muy bien que un Papa sacara adelante su família: más bien se tendría
sospecha dei que así no Io hiciera. "Otros —escribió Lorenzo de Médicis a
Inocencio VIII— no han esperado tanto para querer ser Papas y tampoco se
han preocupado mucho por el honor y Ia buena conducta que Su Santidad ha
mantenido tanto tiempo. Ahora Su Santidad no solo tiene excusa delante
de Dios y de lcs hombres, sino que esa conducta honorable pudiera serie repro-
chada y atribuída a otros motivos. El ceio y Ia obligación fuerzan mi conciencia
a recordar a Su Santidad que ningún hombre es inmortal y que un Papa tiene
tanta importância como él quiera dársela: no puede hacer objeto de herencia
Ia dignidad que posee, y solo a los honores y los favores que distribuya a su
gente podrá llamar propiedad suya." a Estos eran los consejos dei hombre consi-
derado como el más sensato de Itália. Estaba interesado en el asunto, pues
había casado a su hija con el hijo dei Papa, pero jamás podría haberse expre-
sado de manera tan desenfadada si no fuera algo comente en el gran mundo
una opinión semejante.
Concuerda con esto que por el mismo tiempo los estados europeos arreba-
taron ai Papa una parte de' sus atribuciones y que él comenzó a enredarse en
empresas estrictamente seculares. Se sentia príncipe italiano antes que nada.
No hacía mucho tiempo que los florentinos habían vencido a su vecino
y queJa família de los Médicis había fundado su poder sobre ambos; el de los
Sforza en Milán, el de Ia casa de Aragón en Nápoles y el de los venecianos
en Lombardía habían sido logrados y consolidados violentamente, en tiempos no
borrados todavia de Ia memória de los hombres; {por qué no había de abrigar
el Papa Ia esperanza de establecer también un gran poder en aquellos dominios
1 Un extracto de este discurso se encuentra en Schrocckh, Kirchengeschichte, t. 32, p, 90.
2 De un escrito de Lorenio (sin fecha, pero probablcmcnte dei ano 1489, va que habla en
el dei quinto afio de pontificado de Inocencio) en Fabioni, Vira Laurcntü IJ, 390.
32 INTRODUCCIÓN

considerados como patrimônio de Ia Iglesia pero que se hallaban sometidos a


toda una serie de jefes independientes?
Con deliberada intención y efectivos resultados comenzó ei Papa Sixto IV
a caminar en esta dirección; Alejandro VI Ia prosiguió de manera poderosa y
con êxito extraordinário; Júlio li oriento esta política de forma inesperada
y permanente.
Sixto IV (1471-1484) concibió ei plan de fundar en los bellos y ricos
llanos de Ia Romana un principado a favor de su sobrino Girolamo Riario. Las
demás potências aliadas italianas se disputaban ya Ia supremacia, cuando no Ia
posesión, de estos territórios y, en cuestión de derechos, sin duda que ei Papa
podia hacer valer uno mejor. Pero ni en fuerzas estatales ni en recursos bélicos
estaba todavia a Ia altura de Ia empresa. No le preocupo demasiado poner ai
servido de sus propósitos todo su poder espiritual que se hallaba por endma
de todo Io terreno por naturaleza y destino, rebajándolo así ai plano de las con-
fusas contiendas dei momento. Como eran los Médicis, sobre todo, los que se le
cruzaban en ei camino, se vió comprometido en las pugnas florentinas, desper-
to Ia sospecVia de que estaba enteiado de Ia conjuración de los Pazzi y dei
asesinato ejecutado por estos ante ei altar de una catedral, y se habló de Ia
complicidad dei Padre de los creyentes. Cuando los venecianos cesaron de apo-
yar Ia causa dei sobrino, ai Papa no le basto con abandonados en una guerra
a Ia que él mismo les había empujado, sino que llegó ai extremo de excomul-
garlos mientras seguían en ella.3 Su estilo dentro de Roma no fué distinto. Los
enemigos de Riario, los Colonna, fueron perseguidos por él encarnizadamente;
les arrebato Marino; mando prender ai protonotario Colonna en su propia casa,
para llevarlo prísionero y ejecutarlo. La madre acudió a San Celso en Banchi,
donde se hallaba ei cadáver; alzó por los cabellos Ia cercenada cabeza y
grito: "Esta es Ia cabeza de mi hijo; esta es Ia lealtad dei Papa. Prometió que
si le entregábamos Marino dejaria en libertad a mi hijo; ya tiene Marino, y en
mis manos está también mi hijo, pero muerto. jMirad, así cumple ei Papa con
su palabra!"4 "*
Hazanas como esta eran necesarias para que Sixto íV lograra Ia victoria
sobre sus enemigos de dentro y fuera dei Estado. De hecho consiguió que su
sobrino fuera senor de Imola y Forli; pero no cabe duda que, si su prestigio
secular ganó mucho en Ia ocasión, perdió mucho más su dignidad espiritual.
Hubo un intento de convocar un concilio contra él.
Pero pronto Sixto IV seria superado. En ei ano 1492 sube a Ia Silla de Pe-
dro Alejandro VI.
Alejandro no había pensado en todos les dias de su vida más que en gozar
dei mundo, vivir alegremente y dar satisfacción a todos sus deseos y ambicio-
nes. Fué para él ei colmo de Ia felicidad poseer, por fin, Ia suprema dignidad
eclesiástica. Esta satisfacción parecia rejuvenecerle por dias, a pesar de Io viejo
S Sobre Ia guerra con Ferrara han sido publicados en Venecia, en ei afio de 1829, los Com-
mentarü di Marino Sanuto; en Ia p. 56 se hace alusión a Ia defección dei Papa. Refiriéndose
a los discursos dei embajador veneciano, dice: Tutri vedranno, aver noi cominciato questa guerra
di volontà dei papa: egíi perd si mosse a rompere Ia lega.
* Alegrctto Alegrctti, diar; Sanesi, p. 817.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 33

que era. Ninguna idea molesta duraba de un dia a otro. Lo único que le
preocupaba era lo que pudiera serie útil, Ia manera de enriquecer a su hijo
con dignidades y Estados; jamás ningún ctro pensamiento le entretuvo de-
masiado.5
Solo este propósito se hallaba en Ia base de todas sus alianzas politicas,
que tan gran influencia ejercieron en los accntecimientos históricos; un factor
importantísimo de Ia política europea era Ia cuestión de como ei Papa habría
de casar a su hijo y como lo dotaria y enriqueceria.
César Borgia, ei hijo de Alejandro, siguió Ia carrera de Riario. Comenzó
en el mismo tramo: su primera hazana consístió en expulsar de Imola y Forli
a Ia viuda de Riario. Con cordial desenfado prosiguió su tarea, y lo que aquél
no había hecho más que intentar o iniciar, él lo llevó a cumplimiento. Consi-
dérese el camino escogido. Lo podemos trazar en poças palabras. El Estado
pontificio era presa de Ia disensión a causa de los güelfos y de los gibelinos, de
los Orsini y lcs Colonna. Como los otros Papas, como el mismo Sixto IV, Ale-
jandro y su hijo se aliaron ai principio con uno de los dos partidos: el güelfo
de los Orsini. En virtud de esta alianza pronto pudieron con sus enemigos.
Expulsaron a los Sforza de Pesaro, a los Malatesta de Rímini, a los Man-
freddi de Faenza y se apoderaron de estas ciudades poderosas y bien amu-
ralladas, fundando en ellas un importante poder. Pero apenas lograron todo esto
y acabaron con sus enemigos, se volvieron contra sus amigos. En esto se distin-
guió el pcder de los Borgia de los anteriores, que siempre habian quedado pri-
sioneros de Ia faccióri a Ia que se habian adherido. César Borgia, sin empacho
ni vacilación, ataco a sus aliados. El duque de Urbino, que le había apoyado
hasta entonces, fué rodeado por una red sin que se diera cuenta, y apenas pudo
escapar de ella, convirtiéndose en un fugitivo en su propio país.6 Vitelli, Baglio-
ni, capitanes de los Orsini, quisiercn mostrar que eran capaces de resistência.
Decía César: "Está bien enganar a los que son maestros de todas Ias traiciones."
Con una crueldad bien calculada, los atrajo a su trampa y sin piedad alguna
se deshizo de ellos. Luego de haber domenado así a los dos partidos, ocupo su
puesto: a los partidários, nobles de rango inferior, los atrajo y los cclocó a suel-
do; mantuvo en orden los territórios conquistados apelando ai terror.
De este modo vió satisfecho Alejandro su deseo más vivo: los barones dei
país aniquilados y su casa en camino de establecer en Itália una gran dinastia
hereditária. Pero tuvo que sentir, a su vez, êl poder de Ias pasiones desatadas.
César no queria compartir con ningún familiar ni favorito su poder. Asesinó a
su hermano, que se cruzaba en su camino, haciéndolo arrojar ai Tíber; en Ias
escaleras de palácio fué acometido por orden suya su cunado.7 La mujer y
6 Relationc di Polo Capel/o, 1500. MS.
* En Ia gran crônica manuscrita de Sanuto, en todo el tomo cuarto, se encuentran afin mis
datos interesantes sobre César Borgia, y también algunas cartas escritas por él, dirigidas a Venecia
en diciembre de 1502, y ai Papa. En esta última firma: Vrae.Stis.humiJ/imus servus et devotissima
fartura.
1 Diário de Scbastiano de Branca de Telini, MS. Bibl. Barbeiini, n ? 1103. Enumera Ias
atrocidades de César dei modo siguiente: 0 piimo, il /ratei/o che si chiamava /o duca di Gandia,
lo fece buttar in fiume: tece ammazzare Io cognaro, che era figlio dei doco di Calábria, era lo piu
bello jovane che mai si vedesse in Roma: ancora fece ammazzare Vitellozzo delia città di casreJto
34 INTRODUCCIÓN

Ia hermana cuidaban dei herido; Ia hermana le preparaba Ia comida para tener


seguridad de que no seria envenenado. El Papa puso vigilância en Ia casa para
proteger dei hijo ai yemo. Precauciones de Ias que se reía César. Solía decir:
"Lo que no ha pasado ai mediodía puede pasar por Ia noche." Cuando ei prín-
cipe se encontraba convaleciente entro en su cuarto, hizo salir a Ia mujer y a Ia
hermana, y llamó a su verdugo, que estrangulo ai desgraciado. No le interesaba
demasiado Ia persona dei Papa, en ei que no veia más que un instrumento de su
propio poder. Mato ai favorito de Alejandro; Peroto, cuando este se guarecía
bajo ei manto pontificai: Ia sangre le salto ai Papa en Ia cara.
César tenía Roma y ei Estado pontifício bajo su poder. De bella figura,
de fuerzas que le permitían en Ias fiestas de toros cercenar de un golpe Ia ca-
beza dei bruto, generoso hasta Ia magnificência, voluptuoso, manchado de
sangre, Roma temblaba ante su nombre. César necesitaba dinero y tenía ene-
migos: todas Ias noches aparecia gente asesinada. Todo ei mundo callaba y nadie
hahía que no temiera le llegara su vez. Al que no le alcanzaba ei poder le
destruía ei veneno.8
Solo un punto había en ia tierra donde todo esto fuera posible. Este punto
era aquel donde coincidían Ia plenitud dei poder secular y Ia suprema instância
espiritual. Este es ei centro ocupado por César. También Ia degeneración tiene
su perfección. Muchos familiares de los Papas habían intentado cosas semejan-
tes, pero nadie llegó tan lejos. César es un virtuoso dei crimen.
iNo fué acaso una de Ias tendências fundamentales dei cristianismo en sus
orígenes hacer imposible un poder semejante) La suprema dignidad eclesiástica
debía servir ahora para hacerlo viable.
No era menester Ia predica de un Lutero para ver en todas estas historias
Ia más perfecta contradicción dei cristianismo. Pronto se empezó a decir que ei
Papa preparaba ei camino ai Anticristo y que cuidaba d^ Ia instauración dei
reino satânico y no dei reino de Dios.* y
No intentamos describir en sus detalles Ia historia de Alejandro. Como
consta por testimonio cierto, se propuso una vez eliminar por médio dei veneno
a uno de los cardenales más ricos, quien pudo sobornar con regalos, promesas y
ruegos ai jefe de cocina dei Papa. La pócima destinada ai cardenal fué ofrecida
ai Papa y así murió dei veneno que él había preparado para otro.10 Después
et era lo piu valenthuomo che fuste in quel tempo. Llama ai scflor de Faenza lo piu bcllo /iglio
dei mondo. •
8 He afiadido ai cúmulo de noticias existentes algunas tomadas de Polo Capello. En caso
de muerte de personas importantes, en seguida se penso en envenenamientos causados por cl Papa.
Sanuto esciibe sobre Ia muerte dei cardenal de Vcrona: Si judica, sia stato attoscato per tuorli le
faculta, perche avanti ei spirasse ei papa mando guardie attorno Ia caxa.
9 Una hoja volante, MS, de Ia crônica de Sanuto.
10 Successo de Ia morte di Papa Alessandro. MS. Ebenda. Cf. Analect. n' 4. Sé pcrfcctamcnte
que hacc poço se puso en duda ei envenenamiento porque los diários silencian ei heclio y
porque lo ignoran los' relatos privados o públicos de aqucllos dias. Pero incluso estos, hablan de
aquella cena en casa dei cardenal Adriano, donde se dice que empezó Ia cnfctmedad que fui mortal
a los poços dias. El cardenal Adriano liabló explicitamente con cl historiador Giovio de intentos
de envenenamiento que le amenazaban también entonces (Cf. Romanische und germanische Ccs-
chichte, p. 21?). Scgún mi opinión, no hay ninguna razón de peso para negar ei envenenamiento
frente a ia afirmación unanime de los contemporâneos. Entre los relatos sobre este licclio. Ia in-
fotmación citada más arriba me parece Ia mas fidedigna por su tono y contenido.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 35
de su muerte, los resultados de todas sus empresas fueron muy otros de los que
se había imaginado.
Los familiares de los Papas esperaban siempre hacerse con principados
hereditários, pero, en general, con Ia vida dei Papa acababa también ei poder
de sus parientes, que desaparecia en Ia forma que había venido. Si los vene-
cianos dejaron hacer a César Borgia, ello tenía sus motivos, y uno de los más
admisibles nos Io revela ei juicio que expresaron sobre los acontecimientos:
"Todo esto es humo de pajas; a Ia muerte de Alejandro volverán ias cosas como
estaban." u
Pero esta vez se enganaron. Sucedió un Papa de apariencia muy contraria
a los Borgia, pero que prosiguió sus empresas, aunque en otro sentido. El Papa
Júlio II (1503-1513) tuvo Ia enorme ventaja de encontrar ocasión de poder sa-
tisfacer por vias pacíficas Ias ambiciones de su linaje: le proporciono Ia heren-
cia de Urbino. De este modo, sin ser perturbado por sus familiares, pudo
entregarse a su pasión guerrera, conquistadora, innata en él, que Ias circuns-
tancias dei momento y el sentimiento de su dignidad encendieron violenta-
mente; pero fué en provecho de Ia Iglesia, de Ia Sede apostólica. Otros Papas
habían tratado de procurar principados a sus sobrinos e hijos, pero Júlio II con-
centro toda su ambición en el engrandecimiento dei Estado de Ia Iglesia. Hay
que considerarlo como fundador dei mismo.
Comenzó a actuar en médio de Ia confusión más extremada. Habían regre-
*ado todos los que pudieron escapar de César: los Orsini y los Colonna, los
Vitelli y los Baglioni, los Varani, los Malatesta y los Montefeltri; por todas
partes surgian los antiguos partidos, que se combatían hasta en el Borgo de
Roma. Se ha comparado a Júlio con el Neptuno virgiliano que emerge con
tostro sereno sobre Ias ondas y aplaca su tumulto.12 Fué Io bastante artero para
dcshacerse de César Borgia y quedarse con sus castillos, arrogándose el ducado.
Supo meter en cintura a los barones que entorpecían sus proyectos y cuido muy
bien de que no pudieran echar mano de los cardenales en calidad de jefes, pues
cn Ia ambición de estos podría haber semilla para Ias viejas disensiones. Arre-
metió sin más contra los que le negaban obediência.13 Sus artes llegaban ai
punto de hacer que un Baglione, que se había vuelto a apoderar de Perugia,
ie sometiera a los limites de una subordinación legal; sin prestar Ia menor resis-
tência, Juan Bentivoglio, ya viejo, tuvo que retirar dei magnífico palácio que
erigió en Bolonia aquella inscripción de que tanto se había vanagloriado. Dos
ciudades que habían sido siempre tan poderosas conocieron el poder directo
de Ia Sede apostólica.
Sin embargo, Júlio II estaba todavia lejos de su meta. La mayor parte de
los costas dei Estado pontifício se hallaba en poder de los venecianos. No esta-
bun dispuestos a devolverlas de buen grado y Ias fuerzas bélicas dei Papa eran
11 Priuli Cronaca di Venezia. MS. Del resto poço stimavano, conoscendo che questo acquisto,
(lie all'hora faceva il duca Valentinois, sarebbe foco di paglia, che poço dura.
ia Tomaso Inghirami en Notizie intorno RafaeJe Sanzio da Urbino. de Fca, p. 57.
1* Maquiavclo, Príncipe, cap. xi, no es cl único en advcrtirlo. También en Jovius, Vira
fumpeji Columnae, p. 140, se quejan los noblcs romanos durante el pontificado de Júlio II:
piiiicipcs urbis famílias souto purpurci galeri honorc pertinaci pontificum iivore privari.
36 INTRODUCCIÓN

inferiores. Es de comprender que ei ataque a estos territórios produjera conmo-


ción en Europa. £podía su osadía llegar a tanto?
Con sus muchos anos, ccn ei desgaste acarreado por los avatares de su larga
vida, por los rigores de Ia guerra y de Ia huída, por todos sus excesos, este an-
ciano no conocía, siri embargo, ei miedo ni Ia vacilación. A su edad, conservaba
Ia gran cualidad varonil: un valor indomable. No le preocupaban mucho los
príncipes de su tiempo porque se sentia superior a todos ellos y esperaba
alzarse con Ia ganância en ei alboroto de una lucha general. Cuidaba siempre
de tener dinero, para poder aprovechar ei momento favorable con tcda su fuer-
za. Como dijo un veneciano acertadamente, queria ser amo y senor en ei juego
dei mundo.14 Con impaciência espero ei cumplimiento de sus deseos, pero
mantuvo Ia mayor cautela. Si se busca Ia clave de su conducta, se encuentra
que sentia Ia necesidad de proclamar su propósito, de prohijarlo y gloriarse de
él. El restablecimiento dei Estado de Ia Iglesia se consideraba por entonces como
una empresa famosa y hasta religiosa. Todos los pasos dei Papa se encaminaban
a esta meta y tcdos sus pensamientos estaban animados de esta idea v templa-
dos por ella. Acudió a Ias combinaciones más atrevidas, poniendo en ello toda
su voluntad y presentándose hasta en ei campo de batalla; en Mirandola, con-
quistada por él, entro por Ia brecha a través de Ias heladas trincheras y, como
no había desgracia que le arredrara, sino que, por ei contrario, parecia darle
nuevas fuerzas, consiguió Io que queria: no solo arrebato sus territórios a los
venecianos, sino que en Ia lucha necesaria conquisto Parma, Plasencia y Reg-
gio, fundando un poder como nunca había poseído Papa alguno. La hermosa
región desde Plasencia hasta Terrafina le rendia pleno acatamiento. Quiso
aparecer siempre como un libertador y así trato a sus subditos con bondad y
prudência, granjeándose su simpatia y sumisión, No sin temor contemplaba
ei mundo tanta pcblación, militarmente dispuesta, obediente ai Papa. "Antes,
dice Maquiavelo, ningún barón había, por modesto que fuer^, que no despre-
ciara ei poderio papal; ahora hasta ei rey de Fraijcia Io respeta."

2) Secuhrizaáón de Ia Iglesia
Es natural que toda Ia organización eclesiástica tuviera su parte, colaborara y
se dejara arrebatar en Ia nueva dirección emprendida por los Papas.
No solo Ia dignidad suprema sino también Ias demás fueron consideradas
como patrimônios seculares. El Papa nombraba cardenales a su antojo, ya para
agradar a un príncipe ya —cosa no rara— por dinero. En estas circunstancias
no era de esperar que estuviera a Ia altura de su misión espiritual. Sixto IV
otorgó a uno de sus sobrinos uno de los cargos principales: Ia penitenziaria, a
Ia que incumbia una gran parte de Ia concesión de dispensas. Amplio sur facul-
14 Sommario de h relation di Domenigo Trivixan. MS. II papa voJ csser il dominus et
maistro dei jocho dei mundo. También existe una segunda relación de Polo Capello, dei afio 1510,
de Ia cual hemos leproducido aqui algunas noticias. Fiancesco Vettori, Sommario dei/' istoria
d'/talia, dice de él: Júlio piú /ortunato che prudenle, e piu animoso che íorte, ma ambiticso e
dcsideroso di grandezza oltra a modo.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 37

tades y Ias reforzó con una bula especial, declarando que cualquiera que dudara
de Ia legitimidad de tales disposiciones pertenecía ai grupo de lcs renitentes e
hijos dei mal.15 El resultado fué que su sobrino considero ei cargo como un be-
neficio cuyos ingresos trato de aumentar en lo posible.
Por esta época, los obispados se otorgaban por todas partes con una gran
intervención de Ias autoridades civiles, tomando en consideración intereses de
família o Ia voluntad de Ia corte, y distribuyéndolos en concepto de sinecuras.
La cúria romana trataba de sacar ei mayor provecho posible de tcda clase de
nombramientos. Alejandro recibió annatas dobles y estipulaba dos o três diez-
mos, lo que representaba algo parecido a una venta. Las tasas de Ia cancillería
crecían de dia en dia; su cúmulo provoco protestas, pero Ia revisión se enco-
mendaba generalmente a lcs mismos que las habían fijado.16 Por cualquier
certificado expedido por Ia dataria había que entregar una determinada suma.
Los altercados entre los príncipes y Ia cúria no se referían, por lo general, más
que a estas cuestiones de dinero. La cúria trataba de sacarles ei mayor jugo y
cn cada país procuraba defenderse de Ia mejor manera.
Fatalmente este caracter dominó todos los grados de Ia jerarquía. Se solía
renunciar ai cbispado pero reteniendo Ia mayor parte, por lo menos, de los in-
gresos y, a veces, Ia colación de los párracos diocesanos. Se burlaba Ia ley que
prohibía que ei hijo de un clérigo recibiera el cargo dei padre ni que nadie
pudiera disponer de aquél por testamento. Como cualquiera podia llegar a ser
coadjutor si no ponía reparo en Ia suma, se predujo de hecho una efectiva he-
íencia de este cargo.
Es natural que con este sistema padeciera el cumplimiento de las funciones
cspirituales. Me atengo en esta breve descripeión a las observaciones hecbas
por prelados bien intencionados de Ia cúria romana. "jQué espectáculo para un
cristiano que se pasee por el mundo cristiano: desolación de Ia Iglesia; los
pastores han abandonado a sus rebanos y los han entregado a mercenários!"1T
En todas partes eran los incapaces, las gentes sin vocación, no sometidas
a prueba alguna, las que escalaban los puestos de Ia administración eclesiástica.
Como los titulares de los beneficies no pensaban sino en encontrar los gestores
más baratos, pudieron disponer de candidatos entre los frailes mendicantes. Con
cl título desacostumbrado de sufragáneos los tuvieron los obispados y con el
título de vicaries las parroquias.
Ya de por si las ordenes mendicantes gozaban de privilégios extraordina-
1S Bula dei 9 de mavo de 1484. Quoniam nonnul/i iniquitafís filii, ehtinnis et prt'inaciae
mie spiritu assumpto, potestatem ma/oris poenitent/arii nostri —in dubium revocare— praesumunt
—<lccet nos adversus tales adhibere remedia, etc. BcVitium Romantim, ed. Cocquelincs. ni. p. 187.
18 Reformationes cancellariae aposlo/icae. Smi. Dni. Nri. Paulí ífl, 1540. MS. de Ia Biblioteca
Barberini en Roma, n* 2275. Enumera todos los abusos introducidos desde Sixto y Alejandro.
Las quejas de Ia nación alemana se refieren, especialmente, a estos "nuevos hallazgos" y cargos
de Ia Cancillera romana. J 14, J 38.
1T Consilium de/eeforum cardinaJium et a/iorum praelatorum de emendanda ecc/esia. Smo.
Dno. Pau/o J/I ipso jubente conscriptum anno 1538, que fué publicado ya entonces con frecuencia,
y que es importante porque denuncia el mal de un modo riguroso e indudable cn Ia medida en
que se daba en Ia administración. Este documento, aun mucho despues de su publicación, quedo
en Roma en las colecciones de documentos manuscritos de Ia cúria.
38 INTRODUCCIÓN

rios. Sixto IV, franciscano, los aumento de buen grado. Les fueron concedidas
licencias para confesar, dar Ia comunión y los óleos y enterrar en los conventos
con ei hábito de Ia orden. Licencias estas que aportaban prestigio y provecho,
y los desobedientes, es decir, los párrocos que pudieran molestar a Ias ordenes
por Ia cuestión de Ias herencias, fueron amenazados con Ia perdida de sus
cargos.18
Como Jlegaron a gobernar hs obispados y hasta Jas parroquias, se com-
prende Ia enorme influencia de que disponían. Todos los altos cargos y digni-
dades, ei disfrute de sus rentas, estaban en manos de Ias grandes famílias y de
sus partidários, de los favoritos de Ia corte y de Ia cúria, pero Ia gestión efectiva
corria a cargo de los mendicantes. Los Papas les protegieron en esta tarea. Fue-
ron ellos los que manejaron ei asunto de Ias indulgências, que tal empuje reci-
bió en esta época; fué AJejandro VI quien declaro oficialmente que Ias indul-
gências libraban dei fuego dei infierno. Pero también Ias ordenes se habían
mundanizado. Apenas se puede imaginar Ia intriga dentro de ellas para alcan-
zar los altos cargos. jQué ceio, en épocas de elecciones, para deshacerse de los
contrários! Cada cual procuraba ser enviado como predicador o como vicario y
a este propósito no se escatimaba ei pufial ni Ia espada y tampoco ei veneno
en ocasiones.10 Por otra parte, se traficaba con Jas gradas espirituales. Alquila-
dos por poço dinero, los mendicantes se hallaban ai avio de Io que saliera.
"jAy, exclama un prelado, quién me hace llorar! También los firmes han
caído y Ia viíia dei Sefior está devastada. Si solo ellos se hubieran hundido seria
un mal, pero soportable; mas como atraviesan toda Ia cristíandad como Ias venas
ai cuerpo, su hundimiento traerá Ia ruina dei mundo."

3) Dirección espiritual
Si pudiéramos abrir los Jibros de Ia historia tal como ha tenido lugar, y si ei
pasado pudiera hablarnos como Ia naturaleza, jauántas veces percibiríamos en
estas decadencias que tanto lamentamos Ia nueva semilla' escondida, y veríamos
surgir Ia vida de Ia muerte!
Si lamentamos esta mundanidad de Ias cosas religiosas, esta corrupción de
Ia organización eclesiástica, también tcnemos que pensar que dificilmente ei es-
píritu humano hubiera podido emprender sin este desorden una de esas direc-
ciones gloriosas que le son peculiares.
Por muy llenas de sentido, ricas y profundas que sean Ias creaciones de Ia
Edad Media, "no podemos negar que encontramos en su base una concepción
dei mundo fantástica y alejada de Ia realidad de Ias cosas. Si Ia Iglesia se hubíe-
1* Amplissimae gratiao et privilegia fratriim minorum convcntiiaüum ordinis S. Francisci, quae
proprere» mure inagnum nimciipanhir, 31 de agosto de H74. Bu/larium Roín., ni, 3, 139. A los
dominicos se les ototgó una bula parecida. Durante cl concilio de Lctrán dei afio 1512 se hablo
muclio de este maré magnuni: pero cs más fácil —o ai menos Io era en aquella época— otorgar
privilégios que suprimirlos.
2» En una importante inlonnación de C.iiaífa a Clemente, que aparece en Ia Vira di Paolo IV
tan solo de un modo incompleto y deformado, se dice sobre los conventos: Si vierie ad hoinicidi
non solo col veneno, ma abertamente col coítelJo e con Ia spada, per non dire con schiopctti.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 39
ra sostenido en su fuerza íntegra también hubiera mantenido aquel sentir. Pero
su postración dió lugar a Ia libertad de los espíritas, que iban a orientar los
acontecimientos en una dirección completamente nueva.
El horizonte que durante aquellos siglos médios encerro sin salida a los
espiritus era angosto y limitado y solo ei conocimíento renovado de Ia Antigüe-
dad hizo posible su ruptura, para que apareciera una perspectiva más ancha, alta
y profunda.
No es que los siglos médios no hayan conocido Ia Antigüedad. La avidez
con que los árabes, a los que ei Occidente debe importantes aportaciones en el
campo científico, reunían y asimiíaban Ias obras de los antiguos, no tiene mucho
que envidiar ai fervor de los italianos dei siglo xv, y el califa Al Mamun bien
se puede comparar con Cósimo Médicis. Pero notemos Ia diferencia que, a mi
parecer, es decisiva aunque parezea pequena. Los árabes solían traducir y a
menudo destruían los originales y, como mezclaban en Ias tradueciones sus
propias ideas, ocurrió que Aristóteles, por ejemplo, fué teosofizado, que Ia astro-
nomia se convirtió en astrologia, que esta se aplico a Ia medicina. De este modo,
contribuyeron no poço a Ia formación de aquella fantástica visión dei mundo
de que hemos hablado. Los italianos, por el contrario, leyeron y aprendie-
ron. De los romanos pasaron a los griegos y Ia imprenta propago los originales
por el mundo en ejemplares innumerables. El Aristóteles autêntico desplazó ai
arabizado y de los textos no corrompidos de los antiguos se aprendieron Ias ciên-
cias, Ia geografia de Ptolomeo, Ia botânica de Dioscórides, Ia medicina de Gale-
no e Hipócrates. Pronto se disiparon Ias fantasias que hasta entonces habían
poblado el mundo.
Exageraríamos si dijéramos que en este tiempo existia un espíritu científico
independiente y que se descubrieron grandes verdades y se crearon grandes pen-
samientos. Se trataba de comprender a los antiguos y no se pensaba en superar-
los; su influjo no se debió tanto a Ia herencia de su actividad científica cuanto
a Ia imitación.
En esta imitación reside uno de los factores más importantes en el desarro-
11o de aquella época.
Se competia con los antiguos en Ia bella expresión. El Papa León X fué
uno de los grandes fomentadores de esta tendência. Leia a su séquito Ia bien
escrita introdueción a Ia Historia de Jovio, pensando que nada semejante se
liabía escrito después de Tito Livio. Si recordamos que favoreció a improvisa-
dores latinos, podremos imaginar como le arrebataria el talento de un Vida, que
era capaz de describir el juego de ajedrez en sonoros hexámetros latinos. Mando
llamar de Portugal un matemático que dictaba sus lecciones en elegante latín
y queria que se ensenara en esa lengua Ia jurisprudência y Ia teologia Io mismo
que Ia historia eclesiástica.
Pero no era posible permanecer en este estádio. Por mucho que se tratara
de imitar Ia dieción de los antiguos, no por eso se abarcaba todo el âmbito dei
espíritu. Había algo de insuficiente, y muchos se daban cuenta de ello. Así
KC vino en Ia idea de imitar a los antiguos en Ia lengua materna, considerán-
dose con respecto a ellos como los romanos con los griegos. No se quiso com-
40 INTRODUCCIÓN

petir ahora en detalles, sino en todo ei vasto campo de Ia literatura y se puso


manos a Ia obra con osadía juvenil.
Por fortuna, ei lenguaje llegaba a tomar por entonces bastante cueTpo.
Los méritos de Bembo no residen solo en su latín estilizado ni en sus muestras
de poesia italiana, sino en sus esfuerzos, coxonados por ei êxito, de prestar a Ia
lengua materna corrección y prestancia y de sometería a regias fijas. Esto es Io que
en él celebra Ariosto: era ei momento oportuno y sus ensayos sirvieron de ejem-
plo de su doctrina.
Consideremos ahora ei grupo de los que recibieron este material, preparado
con tan sabia imitación de los antiguos y que había logTado una incompatable
flexibilidad y elegância, y podremos observar Io siguiente.
No se daban per contentos con una imitación demasiado estrecha. Ningún
efecto producían tragédias como Ia Rosmunda, de Rucellai, que había sido
escrita según ei modelo de los antiguos, ai decir de los editores, ni poesias di-
dácticas como Ias Abejas, dei mismo autor, que desde un principio remitían a
Virgílio y se servían de él de mil maneras. La comedia se mueve ya cen más
desembarazo, pues tenía que vestirse con \os co\oies y los caracteres de Ia actua-
lidad por Ia naturaleza dei asunto. Sin embargo, casi siempre le servia de base
una fábula antigua o una pieza de Plauto,20 y ni escritores tan dotados como
Babbiena y Maquiaveío han podido legrar para sus comédias ei reeonoeimiento
pleno de Ia posteridad. En obras de otro gênero tropezamos a veces con cierta
contradieción en sus partes constitutivas. Así, produce extrano efecto en Ia
Arcadia, de Sannazzaro, Ia prosa prolija y latinizante junto a Ia sencillez, inti-
midad y musicalidad dei verso.
No hay que extrafiar que ei propósito no se lograra por completo a pesar
de todo ei empefía. Se ofreció un gran ejemplo y se llevó a cabo un intento de
una fecundidad sin limites, pero ei elemento moderno no se desenvolvia con
completa libertad dentro de Ias formas clásicas. El espíritu fué dominado por
una regia extrínseca y no por ei canon de su^propia naturaleza.
Pero £era posible ei logro a base de imitación? Existe ei efecto dei mode-
lo, de Ias grandes obras, pero es un efecto dei espíritu sobre ei espíritu, y hoy
estamos todos de acuerdo en que Ia forma bella debe educar, formar, despertar,
pero nunca sofocar.
La obra serprendente había de venir cuando un gênio partícipe en los
esfuerzos de Ia época tanteara una obra en que Ia matéria y Ia forma se aparta-
ran en Ia Antigüedad y en Ia que se diera campo libre a Ia fuerza interna.
La épica está en este caso y a ello debe su originalídad. Como matéria, se
disponía de una fábula cristiana de contenido espiritual heróico. Los caracteres
20 Marco Minio, entre otras muchas cosas interesantes, cuenta a su scfior una de Ias prímeras
reptesentaciones de una comedia en Roma. Escribe, ei 13 de marzo de 1519: Finifa dita festa
[se retiere a! Carnaval] se ando ad una comedia, che fece ei reverendmo. Cibo, drwe i stato bellis-
sima cosa Io apparato tanto superbo che non si potria díre. La comedia tu quesfa, che fu tenta
una Ferrara e in dita sala fu (ata Ferrara preciso come Ia è. Dicono che Monsignor Revmo. Cibo
venendo per Ferrara e volendo una comedia li fu data questn comedia. F, sta tratta par*e de li
Suppositi di Plauto e dal Eunucho di Terenzío mo/fo bcllisima. Se trata sin dtida de los Suppositi
de Ariosto. pero, como vemos, no menciona cl nonibrc dcl autor, ni ei título de Ia obra, sino tan
solo Ia procedência <Se esta.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 41

más nobles se presentaban con trazos grandes y fuertes y se disponía de situa-


ciones, aunque no fueran muy desarrolladas. También existia ]a forma poé-
tica surgida inmediatamente en e\ habla popular. A todo se aftadió Ia tendência
de Ia época a apoyarse en Ia Antigüedad y ei efecto fué conformador, huma-
nizadot. |Cuán diferente ei Rinaldo de Boyardo, noble, modesto y lleno de una
alegre actividad, dei hijo de Haymon de Ia vieja leyenda! Lo fabuloso y gigan-
tesco se había transformado en algo comprensible, gracioso, atractivo. También
Ias viejas leyendas sin afeite poseen atractivo en su sencillez, pero cuán otro
ei placer de sentírse arrebatado por Ia música de Ias stanzas de Ariosto y cami-
nar de aventura en aventura conducido por u n espíritu sereno! Lo feo y lo
deforme se ha transformado en algo con perfil, forma y música. 21
Poças épocas suelen estar preparadas para Ia recepción de Ia pura belieza
I de Ia forma y solo unos cuantos períodos afortunados poseen este don singular.
'I;ti cl período que corre desde fines dei xv a princípios dei xvi. N o me seria
1 posible describir ni a grandes rasgos aquel cúmulo de bazanas artísticas. Me
I itrcvería a sostener que lo más bello que ia época moderna nos ba traido en
urquitectura, escultura y pintura pertenece a cse breve período. Su tendência
no es ei razonamiento, sino Ia práctica y ei ejercicio. La fortaleza que erige
ei príncipe, Ias notas marginales dei filólogo tienen algo de común. Debajo de
| todas Ias creaciones de esta época encontramos ei mismo fundamento bello
I y sólido.
No bay que olvidar que cuando e\ arte y Ia poesia trabajan con asuntos
I religiosos no dejan de influir en ei contenido. La epopeya que actualiza una
l leyenda sagrada tiene que elaboraria de algún modo. Ariosto se vió obligado
H despojar a sus fábulas dei trasfondo que les acompanaba en Ia leyenda.
En otros tiempos Ia religión tomaba tanta parte como ei arte mismo en
| lus obras de los pintores y los escritores. Pero desde e\ momento en que cl arte
[lintió ei hálito de ia Antigüedad se desligo d e Ias ataduras de Ias representacio-
| ítes religiosas. Podemos damos cuenta de este fenômeno siguiendo a Rafael
•flo por ano. Si se quiere, se puede reprochar esto, pero parece que era nece-
Mtio que interviniera ei elemento profano para que ei desarrollo iniciado alcan-
lura su esplendor.
(Y no es significativo que un Papa se decidiera a derruir Ia vieja basílica
H | San Pedro, metrópoli dei orbe cristiano, cada una de cuyas piedtas estaba
IBnlífícada y en Ia que los siglos habían ido acumulando los monumentos vene-
I Wbles, para levantar en su lugar un templo ai estilo de Ia Antigüedad? El
propósito era puramente artístico. Las dos facciones cn que se dividia por enton-

I
CQt. ei mundo artístico, tan predispuesto a Ia disensión, se pusíeron de acuerdo
b convencer a Júlio II de que acometiera Ia empresa. Miguel Ânocl desea
Un digno emplazamiento para ei sepulcro dei Papa que ha proyectado magní-
•cnmcnte, de manera grandiosa, como ei Moisés que acaba de cincelnr. Bra-
• u n t e todavia urge más. Queria realizar su atrevido pensamiento de erieir una
p Imnaiiún dei Panteórv montado sobre columnas colosalcs. Muchos cardenales
ül He tratado etc dcsafroítttr esto en mi fr.ihijo "Znr Gcscliichic der italianischcn Poesic"
B (AMuiidlungcti der K. Alndcrnic der Wissenschafteii, Bcrlín, 1855.
42 INTRODUCCIÓN

se oposieron y hasta parece que Ia oposición era bastante general, pues todo
templo antiguo es centro donde convergen muchos scntimientos personales, y,
en grado extremo, este era ei caso en ei santuário supremo de Ia cristiandad.22
Pero Júlio II no estaba acostumbrado a tomar en cuenta objeciones; sin más
contemplaciones, mando derribar Ia mitad de Ia vieja iglesia y él mismo coloco
Ia primera piedra de Ia nueva.
De este modo se yerguen en ei centro dei culto cristíano ias mísmas for-
mas en que se había expresado tan adecuadamente ei espíritu dei culto antiguo.
Sobre Ia sangre de los mártires, en San Pietro de Montorio, eonstruvó Bramante
una capilla con todo ei estilo sereno y alado de un períptero.
Esta contradicción se manifiesta en toda Ia vida. Sc iba ai Vaticano no
tanto para rezar en ei santuário dei Aposto], como para poder admirar en ei
palácio de los Papas Ias grandes obras dei arte antiguo, ei Apoio de Belvedere,
ei Laoconte.
También por entonces se le propuso ai Papa provocar una guerra contra
los infieles, según nos cuenta en un prólogo Navagero;23 pero no piensa en ei
interés cristiano de rescatar ei Santo Scpulcro, sino que espera que ei Papa
podrá encontrar los manuscritos griegos, y acaso también los romanos, que se
habían perdido.
León X vive en médio de toda esta plenitud de esfuerzos y creaciones, de
espíritu y de arte, gozando en ei esplendor mundano de Ias dignidades ecle-
siásticas. Se le ha querido disputar ei honor de que su nombre presida Ia época
y es posible que sus méritos no alcancen a tanto. Pero lo cierto es que fué él
quien tuvo más êxito. Creció en médio de los elementos que constituían aquel
mundo y su espíritu estaba dotado de Iibertad y sensibilidad bastantes para
fomentar su florecimiento y gozarlo. Si se complacía tanto en los trabajos latinos
de los imitadores directos, menos podría dejar de participar en Ias obras inde-
pendientes de sus coetáneos. En presencia suya se representajon Ia primera tra-
gédia y Ias primeras comédias en idioma italiajjo, a pesar de Ias resistências
provocadas por Ia escabrosidad de los asuntos, procedentes de Plauto. Apenas
hubo una que no fuese ei primero en veria. Ariosto era un conocido de Ia ju-
ventud; Maquiavelo ha escrito expresamente para él más de una vez; Rafael
cubrió sus habitaciones, galerias y capillas con los ideales de Ia belleza humana
y de una existência exquisita. Sentia pasión por Ia música, que por entonces
era cultivada con fervor en Itália, y todos los dias resonaban en Ias paredes dei
palácio los ecos musicales. El Papa acompafiaba en voz baja Ias melodias. Quizá
todo esto no sea más que una espécie de voluptuosidad espiritual, en todo caso
Ia única digna dei hombre. Por otra parte, León X era un hombre bondadoso
y de simpatia personal; jamás —y para ello se valia de Ias expresiones más indul-

22 De Ia obra no publicada de Panvinius, De rebiis ansiqiiis roonorabü&iis et de praeaianíia


basilicae S. Perri ApostoJornm Principis, etc, cita Fea en Noíizie intorno Ra/ae/e, p. 41, ei si-
guicntc pasajc: Qua m re [en cuanto a Ia nueva construcción] adversos pene habuit cunctorum
ordinutn íioinincs et pracserfim cardína/cs, non quod novam non cuperenr basihcam magníficenris-
simam extrui, sed quia anfiquam totó terranim orbe venerabifem, fot sancrorum sepulcris aiigusfissi
mam, tot celebenimis in ea gestis insignem fundirtis deieri ingemiscaiif,
23 Naiigerii Praefatio üi Ciceronis orationes, t. i.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 43

pentes— negaba algo, aunque era irhposible concederlo todo. "Es un buen hom-
brc, muy generoso y de buen natural, dice de él uno de esos embajadores pers-
picaces; si no le empujaran sus familiares, evitaria Ias equivocaciones." "4 "Es un
nombre docto, dice otro, amigo de los doctos, y ^ambién religioso aunque le
gusta vivir." 2!l Es verdad que no siempre mantuvo ei decoro papal. En ocasiones
•bandonaba Roma, con pesar dei maestro de ceremonias, no solo sin Ias vesti-
duras, "sino, Io que es peor, calzando botas", como anota ese maestro en su
diário. Pasaba el otono en diversiones rústicas: Ia cetrería en Viterbo, Ia caza
dcl ciervo en Cometo; en el lago de Bolsena se entregaba ai entretenimiento de
In pesca; luego pasaba una temporada en Mallana, que era su residência favo-
rita. Le acompaiiaban para animar el séquito talentos fáciles e improvisadores.
A Ia entrada dei invierno volvia a Ia ciudad. Esta crecía por entonces y en poços
•ftos Ia población había aumentado en un tercio. El artesanado sacaba su pro-
vecho, el artista su gloria y cada quien su seguridad. Nunca Ia corte estuvo más
•nimada, más agradable y espiritual. Ninguna suma era bastante grande para
)as fiestas religiosas o mundanas, para los juegos y el teatro, para regalos y dona-
«Ciones: no se reparaba en gastos. Se recibió con alegria Ia noticia de que Juliano
de Médicis y su joven esposa iban a residir en Roma. "Alabado sea Dios, le
Mcribió el cardenal Bibbiena, porque aqui no nos falta más que una corte
de clamas."
Hay que condenar los vicios de Alejandro VI, pero no hay reparo que
oponer a Ia vida cortesana de León X. Sin embargo, hay que admitir que no
Mtuba muy a tono con Ias exigências de un jefe de Ia Iglesia.
La vida encubre facilmente Ias contradicciones, pero cuando se reflexionaia
y te fijara Ia mirada sosegada sobre cilas, no tenían más remédio que hacerse
Hptdentes.
No se podia hablar en estas circunstancias de un sentido y de una convic-
> inii netamente cristianos. Más bien se produjo un ânimo contrario.
Las escuelas filosóficas comenzaron a disputar sobre si el alma racional,
•material e inmortal, era Ia misma en todos los hombres, o si no seria también
Mortal. Esto último afirmaba el más famoso filósofo de entonces, Pietro Pom-
Boiiuzzo. Se comparaba a si mismo con Prometeo, cuyo corazón devoro el buitre
jmr haber robado el fuego a Júpiter. Pero con todos sus dolorosos esfuerzos, con
Ioda su agudeza, no llegó a otro resultado que a afirmar: "Cuando el legislador
.declara que el alma es inmortal Io hace sin preocuparse mucho de Ia verdad." 2"
No hay que pensar que este sentir fuera exclusivo de poços o se mantu-
Mra en secreto. Erasmo se asombra de Ia cantidad de blasfêmias que oye; entre
3< Zorzi, Per ií papa, non voria ni guerra ni fatiche, ma quesfi soi Io intriga.
-" Marco Minio, Re/azionc. E docto e amador di docti, ben religioso, ma voi viver. Le llama
Iftoim persona.
a» 1'omponazzo abriga sobre el particular serias dudas, Io cual se puede deducir, entre otraj
• t i » , d e un extracto de cartas papales de Contelori. Petrus de Mantua —se dice cn él— asseruit
MiU"l anima rationalis secundum própria philosophiae et mentem Aristote/is sit seu videatur mortalis,
Kfltru determinationem concilii Lateranensis: papa mandat ut dictus Petrus revocet: a/ias contra
•Num procedatur, 13 Junii 1518.
44 INTRODUCCIÓN

otras cosas se le quiso demostrar, apoyándose en Plinio, que no hay ninguna


diferencia entre ei alma de los hombres y Ia de los animales.27
Mientras ei pueblo caía en una superstición casi pagana, que buscaba Ia
salvación en los actos dei culto, Ias clases superiores se orientaban por ei camino
de Ia incredulidad.
Grande fué el asombro de Lutero cuando llegó a Itália. Una vez acabada
Ia misa los sacerdotes proferían blasfêmias que eran su mayor negación.
Era de buen tono en Ia alta sociedad discutir los fundamentos dei cristia-
nismo. No se pasaba por un hombre distinguido, dice el padre Antônio Ban-
dino,28 si no se tenían opiniones absurdas sobre el cristianismo. En Ia corte se
hablaba todavia en broma de los princípios de Ia Iglesia católica y de los pasajes
de Ia Sagrada Escritura; se sentia menosprecio por los mistérios.
Se ve como todo está condicionado y como una cosa trae otra: Ias preten-
sioncs eclesiásticas de los príncipes, Ias seculares de los Papas; Ia decadência
de Ia institución eclesiástica, el desenvolvimiento de una nueva dirección espi-
ritual. Hasta que, por último, se halla minado en Ia opinión pública el funda-
mento mismo de Ia fe.
4) La oposición en Alemania
Es muy notable Ia posición que Alemania adopta en este desarrollo espiritual.
Tomo parte en él, pero desviándose.
Mientras en Itália había poetas como Boccaccio y Petrarca que fomenta-
ron el estúdio de Ias humanidades y animaron a Ia nación en este sentido, en
Alemania el movimiento surgió de una hermandad espiritual: los Jerónimos
de Ia vida cn común, hermandad unida en el trabajo y el retiro. Uno de sus
miembros era el profundo místico Tomás de Kempis, y en su escuela se forma-
ron todos los hombres que, atraídos a Itália por Ia luz de Ia literatura clásica,
volvieron luego para expandiria por Alemania.29 M
No solo los comienzos fueron diferentes en ambos países, sino también
el desarrollo. /
En Itália se estudiaron Ias obras de los antiguos para instruirse en Ias
ciências; en Alemania se fundaron escuelas. Allí se buscaba Ia solución de
los grandes problemas dei espíritu humano, ya que no en forma independiente,
por Io menos a Ia zaga de los antiguos; aqui los mejores libros se dedicaron a ia
ensenanza de Ia juventud.
A los italianos les encantaba Ia belleza de Ia forma; se comenzó por imi-
27 Burigny, Leben des Erasmus, i, 139. Citaré aqui todavia de Pablo Canensius, Vifa Pau-
li //, Ias siguientes frases: Pari qiioque diiigentia e médio romanae curiae nefandam nonnul7ortim
juvenum sectam sce/estamque opinionem substulit, qui depravatis nioribus asserebant nostram lidem
orthodoxam potins quibusdam sancrorum asturiis quam veris reruin testimoniis subsistere. En el
poema E/ Triunfo de Cariomagno, de Ludocivi, se advierte un materialismo muy desanollado,
como vemos por Ias citas de Daru cn cl tomo 40 de Ia flistoire de Venise.
28 cn Caracco'io, Vifa [MS] de Paulo A'. Jn quel tempo non pareva fosse galantuomo e
buon corfegiano colui che de'dogmi deila chiesa non aveva quaJche opinion errônea ed herética.
20 Mcincrs tiene el mérito de liabcr sido cl primero en descubrir esta gencalogia de Ia Revius
Davcnfria iifttsfrafa. Lcbensbcschrcibmigen berúhmtcr Macnner aus den Zeiten der Wiederherste-
i/ung der Wisscnschaffen, n, p. 308.
LA IGLESIA A COMIENZOS DEL SIGLO XVI 45
tar a los antiguos y, como dijimos, se llegó a producir una literatura nacional.
En Alemania estos estúdios tomaron un sesgo religioso. Conocida es Ia fama de
Reuchlin y de Erasmo. Si preguntamos cuál es ei mérito principal dei primero
encontraremos que escribio Ia primera gramática hebrea, un monumento dei que
espera, Io mismo que' los poetas italianos, "que será más duradero que ei bron-
ce". Con esto hizo posible ei estúdio dei Viejo Testamento; pero Erasmo se aplico
•1 Nuevo: Io hizo imprimir en griego, y sus paráfrasis, sus notas, tuvieron una
influencia mucho mayor de Ia que él mismo esperaba.
En Itália Ia dirección emprendida se iba apartando de Ia Iglesia y hasta
oponiéndose a ella, y algo parecido ocurrió en Alemania. Allí se filtro ei libre
l pensamiento en Ia literatura, libre pensamiento que no puede ser reprimido de
I manera completa, y desemboco en algunas ocasiones en Ia más resuelta incre-
I dulidad. También una teologia profunda, surgida de fuentes desconocidas,
I había sido puesta de lado por Ia Iglesia, pero nunca pudo ser sofocada. Esta
I teologia se sumo en Alemania a los esfuerzos literários. Es digno de destacar
I en este aspecto que, ya en ei ano 1513, los hermanos bohemios iniciaron una
I âproximación a Erasmo, aun cuando este llevaba una dirección completamen-
I te distinta.30
Y de este modo Ias cosas marchaban en ei siglo a un lado y otro de los
Alpes en oposición a Ia Iglesia. Abajo de los Alpes Ia ocupación eran Ia ciência
y Ia literatura, y arriba los estúdios religiosos y Ia teologia profunda. Allí ei
niovimiento era negativo e incrédulo, aqui positivo y creyente. En un lugar
desaparecia ei fundamento de Ia Iglesia, en ei otro se restablecía. En una parte
plnaban Ia burla y Ia sátira y ei sometimiento a Ia autoridad; en Ia otra, Ia gra-
ndad y ei resentimiento, y se llegó ai ataque más osado que jamás había sufrido
lu Iglesia.
Se considera como una cosa accidental que este ataque comenzara con ei
trrifieo de indulgências, pero hay que comprender que ei tráfico con Ia cosa
más íntima, representada por Ia indulgência, ponía de relieve de Ia manera más
tajante ei punto doloroso de Ia mundanización de Io espiritual y por esto aquel
negocio se presentaba en Ia más aguda oposición con los conceptos que se habían
Ido formando en Ia teologia alemana. De viva religión interior, empapado de
Jos conceptos de pecado y justificación tal como habían sido expresados en los
libras de Ia teologia alemana, reforzado con Ia lectura árida de Ia Biblia, un
lombre como Lutero por nada pudo haber sido removido tan profundamente
como por ei asunto de Ias indulgências. El tráfico con Ia remisión de los pecados
lenía que revolver precisamente a quien, partiendo de Ia idea dei pecado, había
cobrado conciencia íntima de Ia relación eterna entre Dios y ei hombre y ha-
lii.i podido, de ese mode, comprender mejor los Libras Sagrados.
Al principio se opuso a cada abuso en particular, pero Ias resistências mal
fundadas y puntillosas con que tropezó le fueron llevando más lejos; no tardo
en descubrir Ia conexión que aquel abuso guardaba con toda Ia decadência de
Ia Iglesia. Era un temperamento ai que nada amilanaba. Ataco ai Papa con
•"' Fuesslin, Kiichen- und Ketzergeschichte, ir. p. 82.
46 INTRODUCCIÓN

temerária osadía. El contradictor más valioso salió de Ias filas de los más decidi-
dos defensores dei Papado, los mendicantes. Como Lutero puso de manifiesto
con Ia mayor energia y claridad Ia distancia a que se hallaba de su esencia ei
poder de Roma, como dió expresión a Ia convieción de todos, como su oposición
—que no había desarrollado aún sus elementos positivos— complacía también
a los incrédulos, y como, por otra parte, ai contener aquellos elementos, daba
satisfacción ai anhelo de los creyentes, sus escritos ejercieron una influencia
enorme: en un momento cundieron por Alemania y por ei mundo entero.

III. COMPLICACIONES POLÍTICAS. RELACIÓN DE LA


REFORMA CON ELLAS

La tendência secularizadora dei Papado había provocado un doble movimiento:


uno, prenado de un futuro sin limites, dentro dei mismo campo eclesiástico, que
iba camino de Ia decadência; otro, de naturaleza política. Los elementos cuya
pugna habían conjurado los Papas se hallaban todavia en estado de fermenta-
ción y requerían un desarrollo posterior de Ias circunstancias. Estos dos movi-
mientos, su acción recíproca, Ias contradieciones que despertaron, han domina-
do durante siglos Ia historia dei Papado.
Nunca un príncipe o un Estado deben figurarse que les venga algo de pro-
vecho que no se Io deban a si mismos, que no se Io hayan conquistado con sus
propias fuerzas.
Mientras Ias potências italianas trataron de vencerse Ias unas a Ias otras
con ayuda de naciones extranjeras, habían comprometido Ia independência de
que gozaron durante el siglo xv y habían ofrecido ei propiq» país a los extran-
jeros como trofeo de victoria. Es menester recornocer ia gran parte que en este
asunto corresponde a los Papas. Habían conquistado uíi poderio como nunca
Io poseyó Ia Sede apostólica, pero no Io habían conseguido por si mismos: se ]o
debían a los franceses, a los espanoles, a los alemanes y a los suizos. Sin su
alianza con Luis XII, César Borgia no hubiese logrado mucho. Y, por muy
grandes que fueran Ias intenciones de Júlio II y heróicos sus esfuerzos, sin Ia
ayuda de espafioles y suizos no hubiera alcanzado gran cosa. Por otra parte, no
era verosímil que los que decidieron Ia victoria no trataran de disfrutar dei pre-
domínio que ella traía consigo.
Ya Júlio II se dió cuenta dei peligro y tuvo el propósito de mantener a los
muy fuertes cn una espécie de equilíbrio y de servirse de los menos poderosos,
los suizos, a los que pensaba manejar. Pero Ias cosas sucedieron de muy otra
mancra.
Se formaron dos grandes potências que, si bien no se disputaban el domínio
mundial, si por Io menos el rango supremo en Europa; eran potências a Ias que
ningún Papa podia hacer frente, y que lucharon por Ia hegemonia en tierra
italiana.
COMPL1CACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 47

Comenzaron los franceses. Poço después de ocupar Ia Sede León X atra-


Msaron los Alpes, con más poder que nunca, para conquistar de nuevo a Milán
m audillados por ei juvenil y caballcrcsco Francisco I. Todo dependia de si los
ituizos le harían resistência o no. Por esto ia batalla de Marinán es tan impor-
tante, pues los suizos fueron derrotados por completo y no volvieron a ejerccr
cn Itália ninguna influencia independiente desde ese momento.
El primer dia Ia batalla quedo indecisa y en Roma se enccndieron fogatas
de victoria ai recibir Ia noticia prematura dei triunfo de los suizos. La primera
noticia dei êxito de los franceses ai dia siguiente Ia recibió Ia embajada de
Vcnccia, que mantenía relaciones con ei rey y ayudó no poço a Ia victoria. Muy
Wr manana se dirigió ei embajador ai Vaticano para comunicar ia noticia ai
Papa. Sin acabar de vestirse se presentó este en Ia audiência. "Su Santidad,
dijo cl embajador, me dió ayer una mala y a Ia vez falsa noticia; hoy, en cam-
bio, le traigo una buena y verdadera. Los suizos han sido derrotados." Leyó Ias
Mrtas que acababa de recibir, que procedían de personas que ei Papa conocía
de Ias que no podia dudar. 1 El Papa no oculto su espanto. "iQué va a ser de
iwotros y hasta de vosotros?" —"Esperamos buenas cosas para ambos". —"Se-
tor embajador, replico ei Papa, debíamos arrojamos a los brazos dei rey y pe-
Irlc misericórdia." 2
Con esta victoria los franceses ganaron ei predomínio en Itália. De haber
wechado Ia coyuntura ni Toscana ni ei Estado pontifício, tan fáciles de mo-
a rebelión, les hubieran opuesto mucha resistência y habría sido difícil
ira los espafíoles sostenerse en Nápoles. "El rey, dice a este particular Francis-
Vettori, podría ser senor de Itália." jCuántas cosas dependían en este mo-
rnto de León X!
Lorenzo de Médicis solía decir de sus três hijos, Juliano, Pedro y Juan: "El
Imcro es bueno, ei segundo un atolondrado y ei tercero, Juan, es listo." Este
cero era ei Papa León X, y se mostro en esta terrible situación a ia altura de
•I circunstancias.
Contra ei consejo de sus cardenales, se dirigió a Bolonia para hablar con
rry.'1 Allí celebraron ei concordato por ei que se repartieron los derechos de Ia
Jjlrsia galicana. También tuvo que entregar Parma y Plasencia, pero pudo
íjurar Ia tormenta, convencer ai rey de que se retirara y mantenerse en Ia
icsión de sus domínios.
Se comprende Ia gran suerte que esto significaba para ei Papa si consi-
• t r n m o s Ias consecuencias que Ia mera proximidad de los franceses trajo con-
•g<> Es admirable que León X, después de Ia derrota de sus aliados y de haber
• t n i d o que ceder porciones de território, fuera capaz de asegurarse dos provin-
l Summario de Ja relafione di Zorzi. E cussi desmissiato venne fuori non compilo di vestir.
Hltor disse- pater sante, eri vra. sanlà. mi dette una cattiva nuova e falsa, io Ja daro ozi una
Ifll o vera, zoe Sguizari ê rotíi. Las cartas procedian de Pasqualingo, Dandolo y otros más.
* Domine orator, vedcrcino quel fará il re christmo. e ei meferemo in le so man diman-
Mo misericórdia. Lui, orator, disse: pafer sanfe, vosfra sanlita non avra ma/ alcuno.
• Zorzi. Quesfo papa è savio e praticho di sfato e si penso con li suoi consnllori di venir
Charsi a Bologna con vergogna di Ia sede. (ap.): molti cardinali, tra i qual il Cardinal Ha-
Itaii», Io disconse/ava: pur vi volse andar.
48 INTRODUCCIÓN

cias recién conquistadas, acostumbradas a Ia independência y con mil motivos


de descontento,
Siempre se le echó en cara su ataque a Urbino, un principado en ei que
su propia familia había encontrado refugio durante ei destierro. El motivo fué
que ei duque de Urbino había tomado dinero dei Papa y le traicionó en ei mo-
mento decisivo. León decía que "si no Je castigaba por ello apenas habría en los
Estados de Ia Iglesia barón de poço más o menos que no le hiciera frente.
Había recibido ei pontificado con prestigio y así Io queria mantener". 4 Pero
como ei duque tenía un apoyo secreto en los franceses y aliados en ei Estado
y en ei mismo colégio de cardenales, Ia íucha era peligrosa. No era tan fácil
expulsar ai aguerrido príncipe; hubo momentos en que ei Papa se vió deses-
perado por Ias malas noticias, y parece que hubo un complot para envenenarlo
aprovechando ei tratamiento que llevaba de una enfermedad. 5 Pudo ei Papa
defenderse de sus enemigos, pero ya se ve cuán difícil era su situación. El hecho
de que su partido hubiera sido derrotado por los franceses repercutió en Ia
ciudad y hasta en palácio.
Entretanto se había consolidado Ia segunda gran potência. Por muy asom-
broso que parezca que un mismo príncipe mande en Viena, en Bruselas, en
Valladolid, en Zaragoza y en Nápoles e incluso en otro continente, ei caso
es que uno llegó a esta posición por un entresijo de intereses familiares apenas
notado. Este apogeo de Ia casa de Áustria, que agrupaba naciones tan diferentes,
constituye uno de los mayores y más trascendentales câmbios que ha expe-
rimentado jamás Europa. Desde ei momento en que Ias naciones se distanciaron
de su punto central, sus circunstancias políticas Ias imbricaron en un nuevo
sistema. El poderio de Áustria se enfrento ai predomínio de Francia. Mediante
Ia dignidad imperial, Carlos V gozo de derechos legales de soberania por Io
menos en Lombardía. A propósito de este asunto italiano se abrieron Ias hosti-
lidades sin más tardar.
Como hemos dicho, los Papas creyeron que conseguirían Ia plena indepen-
dência con ei engrandecimiento de su Estado. Anora se yeían situados en médio
de dos potências muy superiores. Un Papa no era cosa tan poço importante
como para poder permanecer neutral en Ia lucha de Ias dos, ni tampoco Io
bastante poderoso como paia decidii con su apoyo Ia suerte de Ia pelea, así
que tenía que buscar un remédio en ei hábil aprovechamiento de Ias circuns-
tancias. Parece que León X se expresó una vez en ei.sentido de que no era
menester, una vez llegado a un acuerdo con un pajtido, abandonar Ias negocia-
ciones con ei otro. 0 Una política tan equívoca nacía de Ia posición que ocupaba
el Papa.

* Franc. Vettori (Sommario delia slotia d'ltalia), que conoce muy bien a los Médicis, da
esta exposición. El defensor de Francisco Maria, Giov. Batt. Leoni (Vita di Francesco Maria)
cuenta algunas cosas (pp. 166 ss.j que se aproximan mucho a esto.
r> Fea, en Notize intorno RaraeJe, p. 35, nos cuenta Ia sentencia contra los ties cardenales,
tomada de Ias actas dcl consistorio; esta sentencia habla expresamente de su inteligência con Fran-
cisco Maria.
8 Soriano, Re/atione di 1533. Dicesi de/ Papa Leone, che quando il aveva fatfo lega con
aicuno prima, soleva dir, che pero non si dovea restar de trattar cum 7o a/tro príncipe opposto.
COMPUCACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 49
Pero, en serio, dificilmente podría dudar León X qué partido le era más
conveniente. Aunque no le hubiera interesado demasiado Ia reconquista de
P.irma y Plascncia ni halagado Ia promesa de Carlos V de colocar a un italiano
i n ri gobierno de Milán, todavia había otro motivo, a mi entender, de caracter
(|i'( isivo. Tenía que ver con Ia religión.
En todo ei período considerado por nosotros nada babía más dcseable para
los príncipes enredados con Ia Santa Sede que provocar una oposición religiosa.
Cnrlos VIII de Francia no tuvo mejor ayuda contra Alejandro VI que ei domi-
nu .mo Savonarola en Florcncia. Cuanclo Luis XII perdió toda esperanza de
lli);ir a un arreglo con Júlio II convoco un concilio en Pisa y, aunque no tuvo
im exilo, parcciólc a Roma asunto muy peligroso. Pero £cuándo tropezó ei
f • M con un enemigo más atrevido que Lutero? Su mera existência tenía ya
iin i gran significación política. Este aspecto tuvo en cuenta Maximiliano y no
hcnnitió que se hiciera violência a Lutero y Io recomendo especialmente ai
•Hncipe elector de Sajonia: "Alguna vez Io podemos necesitar." Por momentos
• c i í a Ia influencia de Lutero. El Papa no pudo convenccrle, ni intimidarle, ni
•Dner Ias manos sobre él. N o se crea que León X ignorara ei peligro. jCuántas
• c e s intento atraer a los talentos que le rodeaban a este campo de Ia lucba! Pero
mina también otro médio. Así como tenía que temer que tan peligrosa oposición
hlcru protegida y fomentada si se ponía frente ai emperador, caso de aliarse
'"ii ei podia esperar su ayuda para impedir Ia renovación religiosa.
• En Ia Dieta de Worms dei ano 1521 se trato de Ia situación política y reli-
Ma. León concerto con Carlos V una alianza para Ia reconquista de Milán.
ei mismo dia en que se celebro ei acuerdo se fecho también Ia interdieción
Lutero. Es posible que este acto estuviera inspirado, además, por otros
tivos, pero nadie podrá creer que no guardara estrecha relación con aquel
to político.
No se hizo esperar mucho tiempo Ia doble victoria de esta alianza.
Lutero fué encerrado en ei castilío de Wartburgo. 7 Los italianos no que-
creer que Carlos Io había dejado marchar por cumplir con su palabra:
o se dió cuenta, decían, de que ei Papa tenía miedo a Ias enseíianzas de
Itcro, queria mantenerlo amagado con esta amenaza." 8 Sea de ello Io que
•uicra, cl caso es que por un momento Lutero desapareció de Ia escena: en
•arto modo estaba fuera de Ia Iey y, en todo caso, ei Papa había hecho fun-
•nnnr contra él una medida contundente.
Mientras tanto Ias armas imperiales y pontifícias obtenían êxitos en Itália,
•nrdenal Júlio de Médicis, hijo de un tio dei Papa, andaba en Ia guerra v
en Milán conquistada. Se decia en Roma que ei Papa pensaba otorgarlc
ucado. No encuentro prueba suficiente de esto y creo difícil que ei empe-
r se aviniera facilmente. De todos modos, Ias ventajas conseguidas eran
1 Se acía que Lutero babla mticrto: se contaba como babia sido asesinado por los papislas.
vicini (Isloria dei concilio <li Trenlo, I, cap. xxvm) deduce de Ias cartas de Alcander que
fia causa los núncios se liabian bailado cn peligro de nmcrtc.
" Vctlori: Cario si escuso di non potór prOtcJcrc pio o/Ire rfcpeffO a/ sa/vocondofro. ma
ffifu tu clic conoscendo che il papa remova luolto di qitctM docttina dí I.uriicro, ío vo//c fenerc
i|Hcslo íreno.
50 INTRODUCCIÓN

grandes. Habían sido recobradas Parma y Plasencia, habían sido alejados los
franceses, y era inevitable que ei Papa ejerciera una gran influencia sobre ei
nuevo duque de Milán.
Nos encontramos en un momento importantísimo. Comienza un nuevo
desarrollo político y también un gran movimiento religioso. Un momento en ei
que ei Papa podia imaginarse dirigir ei primero y contener ei segundo. Era
todavia Io bastante joven como para poder confiar en un aprovechamiento de Ias
circunstancias.
jSorprendente y falaz destino de los hombres! León X se hallaba en su
villa Malliana cuando le llegó Ia noticia de Ia entrada de los suyos en Milán. Se
entrego a los sentimientos correspondientes ai término feliz de una empresa.
Complacido, asistió a Ias fiestas organizadas por su gente con tal motivo y hasta
muy entrada Ia noche de aquel dia de noviembre anduvo paseando de un lado
a otro de su habitación, entre Ia ventana y Ia chimenea.9 Un poço fatigado, pero
animoso, llegó a Roma. No habían terminado todavia Ias celebraciones de Ia
victoria cuando fué atacado por mortal enfermedad. "Rogad por mi, decía a sus
servidores, que todavia os puedo hacer dichosos." Amante de Ia vida, le había
llegado también su hora y no tuvo tiempo de recibir Ia comunión ni los santos
óleos. Así, de repente, en plena juventud, en médio de Ias mayores esperanzas,
murió "como se marchita Ia amapola".10
El pueblo de Roma no podia perdonarle que se hubiera marchado sin los
últimos sacramentos ni que dejara todavia deudas después de haber gastado
tanto dinero. Acompanó su cadáver con insultos. "Como un zorro, decían, te has
deslizado; has gobernado como un león y te has marchado como un perro." u
Por ei contrario, Ia posteridad ha bautizado un siglo y una gran época de Ia
humanidad con su nombre.
Hemos dicho de él que fué una criatura feliz. Después de haber resistido
Ia primera desgracia, que no tanto le toco a él como a otros miembros de su
família, Ia suerte le fué llevando de placer en placer y de êxito en êxito. Las
contrariçdades le ayudaron a seguir avante. La vida se/deslizó en una espécie
de embriaguez espiritual y de perpetua satisfacción de sus deseos. A ello contri-
buía ei que fuera de buen natural y generoso, capaz de instruirse y muy agra-
decido. Estas cualidades son los dones más bellos de Ia naturaleza y de Ia
fortuna, que poças veces se alcanzan por ei esfuerzo y que condicionan ei goce
de Ia vida. Los negócios no le perturbaron mucho. Como no se preocupaba por
los detalles, sino que los abarcaba en grande, no tuvieron para él pesadumbre
9 Coppia di una lettera di Roma alJi Sgri. Bolognesi a di 2 Dcbr. 1521 scritta per Bartholomeo
ArgileUi. Se cncuentra en ei tomo 32 de Ia obta de Sanuto. La noticia llegó ai Papa ei 24 de
noviembre, ai Benedicite. La tomo por un augurio especialmente bucno. Dijo: Questa é una buona
nuova che havete portato. Los suizos empczaron cn seguida a disparar salvas de alegria. El Papa lcs
rogo que se calmaran, pero en vano.
10 En seguida se1 habló de veneno. Lettera di H/eronymo Bon ai suo barba a di 5 Dec, en
Ia obra de Sanuto. Non si sa certo se'l ponte/ice sia morto di veneno. Fo aperto. Maistro Fer-
nando /udica sia stato venenato: alcuno de li a/tri no: è di questa opinione Mastro Severino, che Io
vide aprire. dice che non è venenato.
11 Capitoli de una lettera scritta a Roma 21 Dec. 1521. "Concíudo che non c morto mai papa
cum peggior /ama dapoi è Ia chiesa di Dio".
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 51
solo contribuían a poner en actividad Ias más nobles facultades de su espíritu.
;• or Io mismo que no les dedicaba todas Ias horas dei dia, fué posible acaso que
los manejara con más desparpajo y que, en todos los momentos de confusión,
supiera captar Ia idea directriz y salvadora. La orientación más acertada proce-
dia de él. En sus últimos momentos todos los empeflos de su política desembo-
caban en ei triunfo. Hasta podemos considerar como una suerte que muriera
entonces. Se preparaban otros tiempos y es difícil presumir que hubiera podido
ofrecer una resistência afortunada ai disfavor de los mismos. Sus sucesores sin-
tieron toda Ia gravedad dei cambio.
El cónclave se aiargaba. "Senores —advierte ei cardenal Médicis, a quien
liabía puesto en espanto ei regreso de los enemigos de su família a Urbino y a
Perugia, hasta ei punto que temia también por Ia suerte de Florencia—, veo
que de todos los aqui reunidos ninguno puede ser Papa. Os he propuesto três
0 cuatro nombres y habéis rechazado todos, y ei que vosotros me proponéis
tampoco yo Io puedo aceptar. Tenemos que buscar alguno que no este presen-
te." Asintiendo, se le preguntó en quién pensaba. "Nombrad, exclamo, ai car-
denal de Tortosa, hombre honorable, entrado en anos, a quien todos tienen por
ionto." 1 2 Se trataba de Adriano de Utrecht, 13 antiguo profesor de Lovaina,
maestro de Carlos V, cuya simpatia le había valido ei nombramiento de gober-
nudor y ei capelo cardenalicio. El cardenal Cayetano, que por Io demás no per-
^enecía ai partido de los Médicis, se levanto para aprobar Ia propuesta. ^Quién
[nubiera creído que los cardenales, acostumbrados desde siempre a tener en
cuenta su provecho personal en Ia elección, se iban a poner de acuerdo sobre
Una persona extrana, un holandês que poços conocían y dei que nadie podia
esperar ventaja alguna? Se dejaron convencer por Ia recomendación. Una vez
hecha Ia cosa, no sabían muy bien como había sucedido. Estaban muertos de
mii'do, dice uno de nuestros informadores. Se dice también que habían pensado
que Adriano no aceptaría. Pasquino se burlaba de ellos: Io presentaba como
|IKiceptor y a los cardenales como colegiales que había que meter en cintura.
La elección no pudo recaer en persona más digna. Adriano gozaba de u n a
fuma intachable: justiciero, piadoso, activo, nunca se le vió más que con una li-
b r a sonrisa en Ia boca, siempre de intenciones limpias, un verdadero sacer-
dote. ,4 jQué contraste ai entrar en ei escenario en que León X había llevado

12 Leltera di Roma a di 19. Zener., en Ia obra de Sanuto. Mediei dubítando de li casí suoi,
Ito Ia cosa fosse troppo ita in /ongo, delibero mettere conc/usione, et havendo in animo questo
. luiillc. Derttisense per esser imperiaJissimo disse: etc.
13 Asi se nombra en una caria dei afio 1514, que se encuentra en Caspar Burmannus, Adria-
• *>••- V( sive ana/ecra histórica de Adriano V/, p. 443. En documentos de su pais se Uama Mcyster
An.ii'i> Florisse von Utrecht. En documentos más recientes se le ha Hamado a veces Boyens, porque
in padre firmaba Floris Boyens, pero esto no significa sino liijo de Bodewin y no cs apellido
(l|iinn. Cf. Burmann, en Ias anotaciones a Moringi, Vita Adriani, p. 2.
i* Liíerae ex Victorial directiva ad Cardinaíem de Flisco, en ei t. 33 de Ia obra de Sanuto,
li deteriben dei modo siguiente: Vir est sui tenax: in concedendo parcissimus: in recipiendo nullus
.mi ririisimus. /n sacri/icio cotidianus et matutinus est. Quem amet aut si quem amet nulli expio-
nluni ira non agitur, /ocis non ducitur. Neque ob pontificafum visus est exultasse: quin constat
1 |dh•ifer illuni ad e/us famam nuntii ingemuisse. En Ia colccción de Burmann se encuentra un
IfiiiiT.iriiini Adriani, de Ortiz, ei cual acompafió ai Papa y le conocía muy bien. Este asegura,
|> 323. no haber notado jamás nada rcprobablc en él y que fué un espejo de todas Ias virtudes.
52 INTRODUCCIÓN

una vida tan magnífica y pródiga! Se conserva una carta de él en que dice
que preferia servir a Dios en Lovaina que ser Papa. 15 En ei Vaticano continuo
su vida de profesor. Le caracteriza muy bien (y por esto Io contamos) que tra-
jera consigo a su vieja sirvienta, que siguió como antes ocupándose de los
trabajos de Ia casa. Tampoco cambio nada en otros aspectos de Ia vida. Se
levantaba muy temprano, decía su misa y se ponía a trabajar en sus asuntos
o en sus estúdios, que interrumpía con Ia sóbria comida dei mediodía. No se
puede decir que le fuera ajena Ia educación dei siglo; era aficionado ai arte
holandês y apreciaba cn Ia crudición ei timbre de Ia elegância. Erasmo confiesa
que fué ei primero que le defendió contra los ataques de fanáticos escolásticos.16
Pero Ias inclinaciones casi paganas que dominaban en Roma le desagradaban
y nada queria saber de Ia secta de los poetas.
Nadie con más empeno que Adriano VI —que conservo su nombre— po-
dia desear Ia corrección de los abusos de que adolecía Ia cristiandad.
El avance de los turcos y Ia caída de Belgrado y de Rodas le animaron
especialmente en ei propósito de restablecer Ia paz entre Ias potências cristia-
nas. Aunque había sido preceptor dei emperador, adoptó en seguida una posición
neutral. El embajador imperial, que esperaba arrancarle una dcclaración favo-
rable para Ia nueva guerra, tuvo que abandonar Roma sin haber conseguido
nada. 17 Cuando se le comunico Ia noticia de Ia perdida de Rodas, miro ai suelo,
no dijo una palabra y suspiro profundamente. 1H El peligro de Hungria advertia
de mucho. Temió por Itália y por Roma. Todo su empeno se centraba en con-
seguir, si no una paz inmcdiata, por Io menes un armistício por três anos, para
entretanto llevar a cabo una campana general contra los turcos.
También estaba dispuesto a tomar en consideración Ias rcclamaciones de
los alemanes. Nadie pudo habersc expresado con mayor rigor contra los abusos
que reinaban en Ia organización eclesiástica. "Sabemos —dice en su 'instruc-
ción' ai núncio Chieregato, enviado por él a Ia Dieta— que desde hace tiempo
han ocurrido muchas indignidades en Ia Santa Sede: abusos en matéria espi-
ritual, excesos de poder: todo se ha convertido cn maldad. Desde Ia cabeza ei
mal se ha corrido a los miembros; desde ei Papa a los prelados; todos nos hemos
desviado y no hay nadie que haya hecho cl bien, ni uno solo." Y prometia
cumplir como un bucn Papa: favorecer a los virtuosos y a los capaces, acabar
con los abusos, si no de una vez, si poço a poço; despertaba Ia esperan/a de una
reforma tantas veces pedida de Ia cabeza a los pies. 19
Pero no es tan fácil hacer retornar ei mundo a los carriles. Por muy grande
15 A Florindo Ocm Hyngaerdcn: Vitoria 15 cie Fcbr., 1522, cn Bnrmann, p. 398.
1" Erasmo dice do él, cn una de sus cartas: libct sclio/astids disciplinis /averct, satit tamen
aequus in 'bonas litcras, Burmann, p. 15. Jovius cuenta eomplacido cuún útil fui, para él, con
Adriano, su faina de sciipíor annafium valdc elcjj.-us, sobre todo porque no era poeta.
17 Gradcnigo. cn Relatioiie, noiubra ai virrey de Nápoles. Cirolamo Negro, cn aiyas Lelícre
di principi, t. i. se ballan algunas cartas bastan'.e interesantes sobre aquella época, dice. p. 109, de
|uan Manuel: Se parti mezo dispcrato.
18 Negro, dei relato dei secretario veneciano, p. 110.
10 ínslrnctio pro te Francisco CliCRp.it", etc, se baila, entre otios, también <n Rcinaldus,
t xr, p. 563.
COMMJCACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 53

que sea Ia buena voluntad de uno solo, no aleanza ni con mucho. El abuso tiene
i.iiccs demasiado profundas y crece con Ia vida misma.
Lejos de que Ia caída de Rodas incitara a los franceses a buscar Ia paz,
pensaron, por ei contrario, que esta perdida proporcionaria ai emperador un
nuevo quehacer y concentraron sus intenciones contra él. No sin que Io supie-
um aquellos cardenales en quienes más confiaba Adriano, estableeieron algunos
lontactos en Sicilia y atacaron Ia islã. El Papa se vió entonces obligado a cele-
brar una alianza con ei emperador, dirigida principalmente contra Francia.
Tampoco a los alemanes se les remediaba mucho con Io que se llamaba
una reforma de Ia cabeza a los pies. Y esta misma reforma era ya muy difícil,
por no decir imposible.
Si ei Papa pretendia invalidar decretos de Ia cúria en los que notaba cier-
lo aire de simonía, tampoco podia hacerlo sin lesionar los derechos bien adqui-
ridos de aquellos cuyos cargos se apoyaban en los decretos y que, por Io general,
habían sido comprados por ellos.
Si intentaba un cambio en matéria de dispensas matrimoniales y trataba
'I' limiar algunos impedimentos, se le hacía ver que Ia disciplina eclesiástica
• 0 podia sino padecer y debilitarse con ello.
Para corregir ei abuso de Ias indulgências, a gusto hubiera restablecido Ias
Mejas penitencias, pero Ia Penitenziaria le hizo observar que, en su intento de
j;.ni,ir a Alemania, corria ei riesgo de perder a Itália. 20
Como vemos, a cada paso que daba se veia rodeado de mil dificultades.
A esto se anade que en Roma se encontraba en un ambiente extrano, que
imposible dominar por Io mismo que no Io conocía ni comprendía sus
impii! os internos. Había sido recibido con alegria: se contaba que iba a repar-
U r unos 5,000 benefícios vacantes y todo ei mundo esperaba algo. Pero jamás
• ) Papa escatimó más en esta matéria. Adriano queria saber a quién confiaba
• I puesto y administro ei negocio con Ia mayor escrupulosidad, 21 defraudando
•itKlias esperanzas. El primer decreto de su pontificado consistió en suprimir
B t derechos a dignidades eclesiásticas que habían sido concedidos y hasta retiro
• f g o s ya atribuídos. Es natural que ai publicarse en Roma ei decreto se hiciera
• n muchos enemigos. Hasta su llegada se había gozado en Ia corte de una cierta
lil» ii.ul de palabra y de escritura que él no estaba dispuesto a tolerar. 22 Dada
• rxhausta situación de Ia caja pontifícia y. Ias necesidades crecientes, se vió
^Higado a estableccr algunos nuevos impuestos, Io cual se considero intolerable
• f l ti, que tan poço gastaba. Todo ei mundo estaba descontento. Se dió cuenta
V i io no dejó de influir en él. Empezó a desconfiar un poço más de los
• u k m n s ; los dos holandeses, a quienes permitia asomarse a los asuntos, Enke-

r
\ ü<> 1". Sarpi, Historia dei concilio Tridcntino, cd. de 1629; cn ei primer libro encontramos
&IH11 cxposición excelente de Ia situación. tomada de un diário de Cliicrcgato.
'.'l Ortiz, Itiricrarium, cap. xxvm, cap. xxxix, muy fidedigno, dice: ciim provisiones et alia
modi testis ociilatus inspcxcrini.
M I.cttere di Negro. "Capitolo dei Berni":
i.' quando un segue il libero costume
Di tfogani scrjiciido e di cantara,
Lo rninaccia di /ar buttare in tiume.
54 INTRODUCCIÓN

fort y Hezius, ei primero datario suyo y ei segundo secretario, no los compren-


dían ni entendían a Ia corte, y él mismo tampoco podia abarcarlo todo; además,
queria seguir estudiando, y no solo leer sino escribir; no era muy accesible y
los asuntos fueron demorándose y se trataron con torpeza.
Así ocurrió que en los asuntos generales más importantes no se hizo
nada. Comenzó de nuevo Ia guerra en Ia Itália superior. En Alemania volvió
a agitarse Lutero. En Roma, que por Io demás fué víctima de Ia peste, ei descon-
tento se apoderó de Ias gentes.
Dijo una vez Adriano: "jCuán importante es, aun para ei mejor hombre,
ei ticmpo en que nace!" Todo ei dolor de su situación está contenido en esta
sentencia. Con razón ha sido inscrita en su sepulcro en Ia iglesia alemana
de Roma.
No es posible atribuir unicamente a Ia personalidad de Adriano que ei
tiempo de su pontificado no conociera ei êxito. El Papado se hallaba envuelto
por grandes fatalidades mundiales que hubiesen dado mucho que hacer también
a persona más templada para los negócios y más conocedora de hombres y de
médios.
Entre los cardenales, ninguno había que pareciera más a Ia altura de Ias
circunstancias que Júlio de Médicis. Bajo ei pontificado de León X había lle-
vado Ia mayor parte de los asuntos, en especial Ia pesadumbre dei detalle. Tam-
bién con Adriano había conservado cierta influencia.23 Esta vez no dejó escapar
Ia oportunidad y adoptó ei nombre de Clemente VII.
Con mucho cuidado evito los inconvenientes que se habían producido
con sus dos antecesores: Ia irresponsabilidad, ei despilfarro y Ias costumbres
frívolas de León X, así como Ia oposición en que se coloco Adriano con respecto
a Ias tendências de Ia corte. Todo se deslizo razonablemente; por Io menos su
acción era intachable y llena de moderación;2* Ias ceremonias pontificales
se llevaban a efecto con sumo cuidado, Ias audiências se ajendían incansable-
mente a Io largo dei dia y Ia ciência y ei arte gran fomentados en Ia dirección
que habían emprendido, Clemente VII estaba muy e/iterado. Con Ia misma
perícia que sobre cuestiones filosóficas y teológicas, se podia ocupar de asuntos
de mecânica y de construcciones hidráulicas. En todo manifestaria extraordiná-
ria agudeza, penetraba en Ias cuestiones más embrolladas hasta ei fondo y a
nadie se podia oír que hablara con mayor tino. Ya durante León X se había
mostrado Júlio de Médicis insuperable en ei buen consejo y en Ia realización
prudente. ,
El buen piloto se prueba en Ia tormenta. Se hizo cargo dei Papado en
una situación escabrosa aun si solo tomamos en cuenta los problemas dei prin-
cipado italiano.
Los espanoles eran los que más habían coadyuvado ai engrandecimiento
y consolidación dei Estado pontifício y habían vuelto a colocar a los Médicis
23 Relatione di Marco Foscari, 1S26; dice de él con referencia a aquella época: Slava con
grandíssima reputatione e governava il Papato et havia piu zente a Ia sua audientia che il papa.
24 Vetori dice que desde hacía 100 anos nunca había sido Papa un hombre tan bueno: non
superbo, non simoniaco, non avaro, non 7íbidinoso, sóbrio nel victo, parco nel vestire, religioso,
devoto.
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 55
en Florencia. En esta alianza con los Papas, con Ia casa de los Médicis, fueron
progresando en los asuntos italianos. Alejandro VI les había abierto Ias puertas
de Ia Itália inferior; Júlio II les había introducido en Ia Itália central; con el
otaque a Milán, Uevado a cabo conjuntamente con León X, se habían hecho
duenos de Ia Itália superior. El mismo Clemente les había ayudado en esta
ocasión. Existe una instrucción dirigida por él a un enviado suyo en Ia corte
cspanola, en Ia que cuenta los servicios prestados a Carlos V y su casa. A él se
debe, sobre todo, que Francisco I no hubiera seguido hasta Nápoles en su pri-
mera entrada; a él que León X no se opusiera ai nombramiento de emperador
de Carlos V y que derogara ia vieja constitución que prohibía que ningún
rey de Nápoles fuera ai mismo tiempo emperador; a pesar de todas Ias prome-
tas de los franceses, favoreció Ia alianza de León X con Carlos V para Ia recon-
quista de Milán, y en esta empresa arriesgó Ia fortuna de su família, Ia de sus
•migos y su propia persona; había puesto el Papado en manos de Adriano VI
y entonces no había casi diferencia en que fuera nombrado Papa Adriano o el
mismo emperador.25 No quiero examinar en Ia política de León X cuánto fué
obra de los consejeros y cuánto dei Papa, pero Io cierto es que el cardenal
Médicis estuvo siempre de parte dei emperador. Una vez llegado a Papa ayudó
también a Ias tropas imperiales con dinero, víveres y concesión de gracias espi-
rituales, y una vez más debieron Ia victoria a su ayuda.
Tan íntima era Ia relación entre Clemente y los espanoles, pero, como
Ocurre no poças veces, con los êxitos de su alianza se produjeron abuses ex-
traordinários.
Los Papas habían ocasionado el orto dei poderio espanol pero nunca se Io
•ropusieron deliberadamente. Habían arrebatado Milán a los franceses, pero no
quisicron entregaria a los espanoles. Más de una guerra había tenido lugar por
Causa de que Milán y Nápoles no estuvieran en Ia misma mano;26 y como enton-
Ccs los espanoles, duefios de Ia Itália meridional desde hacía tiempo, se afirmaban
Cada dia más en Ia Lombardía y demoraban el reconocimiento de Sforza, se
Brodujo en Roma cierto descontento e impaciência.
Clemente se sentia personalmente defraudado y ya en aquella instrucción
Vemos que no siempre se había considerado bien pagado por sus servicios como
Étnlenal: se le seguia haciendo poço caso. Contra su consejo expreso, se empren-
ttió el ataque a Marsella en el ano 1524. Sus ministros —Io dicen ellos mismos—
'tjmían cada vez mayores desconsideraciones con Ia Santa Sede y no veían en los
•pafioles más que afán de domínio e insolencia.27
El curso de los acontecimientos y su propia posición personal parecieron li-
gar a Clemente a los espanoles con los vínculos de Ia necesidad y de Ia voluntad.
iFcro ahora se le presentaban mil motivos para menoscabar el poder a cuyo esta-
|Slt'cimiento había coadyuvado y oponerse a él.
H8 ínstruttione a/ Card. reverendmo. di Farnese, che íu poi Paulo I/í, quando andd Icgaío
•PVinperafore Cario V doppo il sacco di Roma.
nu Se dice explicitamente en esta instrucción: el Papa se mostraba dispuesto a hacer también

t que no le gustaba: purche ío stato di Müano restasse ai duca, a/ quaJe etíetto si erano /arte tutte
glicrre d'ltalia.
8T "M. Giberto datario a Don Michele di Silva". Letfere di principi, i, 197 b.
56 INTRODUCCIÓN

D c todas Ias empresas políticas quizás sea Ia más difícil Ia de abandonar una
línea seguida hasta cl momento y hacer ineficaces êxitos en cuyo logro se ha
tomado parte.
Esta actitud importaba mucho. Los italianos se daban ttiity bien cuenta de
que se trataba de una euestión con trascendencia de siglos. En Ia nación había
cuajndo un gran sentimiento común. Creo que influyó cn ello sobremanera Ia
educación artística y literária, cn Ia que Itália se adclantaba tanto a Ias demás
naciones. También Ia política y Ia ambición de los cspanolcs se hacían inso-
portables tanto para los dirigentes como para ei común dei pueblo. Con mezcla
de desprecio y cólera se miraba a estos extranjeros semi bárbaros, duefios dei
país. Todavia Ias cosas estaban cn un punto twie podia permitir ei desentenderse
de cllos. Pero no había que perder de vista que. de no oponerse con todas Ias
fuerzas dc Ia nación, Ia derrota supondría Ia perdición para siempre.
Me gustaría trazar Ia descripeión completa de los acontecimientos de este
período, dc Ia lucha entera dc Ias fuerzas soliviantadas. Pero tengo que conten-
tarme con destacar los momentos más importantes.
Se comenzó cn 1525, y parecia cosa bien pensada, con un intento de
atraerse ai mejor general dei emperador, que se hallaba muy descontento. N o
se podia esperar cosa mejor que arrebatar ai emperador, con su general, ei ejér-
cito que le servia para dominar a Itália. No se quedaron cortos en promesas,
entre Ias que no falto Ia de una corona. Pero se había cakuhào ma] y ]a fina
astucia, tan segura de si misma, fracasó de modo rotundo ai tropezar con una
matéria ruda. El general, Pescara, era italiano de nacimiento pero de sangre
espanola, no hablaba más que espafiol ni tampoco queria ser otra cosa; no había
participado de Ia cultura italiana, sino que toda su formación se Ia debía a los
libros de caballería espanoles, que no respiraban más que lealtad y fidelidad.
Por naturaleza se oponía a una empresa nacional italiana. 28 Apenas se le bizo
Ia propuesta se Ia mostro a sus camaradas y ai emperador, y ei intento sirvió
tan solo para que Fernando de Pescara inquiriese entre los italianos e inutili-
zase todos sus planes. ,
Por esto mismo —pues Ia confianza mutua se batia quebrantado de ma-
ncra definitiva—, se hizo inevitable una lucha decisiva con ei emperador.
Por fin cn ei verano de 1526 vemos a los italianos poner sus propias fuer-
zas a Ia obra. Los milaneses se han levantado contra los imperiales y un ejército
veneciano y otro pontifício corren en su ayuda. Se tiene. Ia promesa de un auxi-
lio suizo y se está en inteligência con Francia e Irjglatcrra. "Esta vez •—dice ei
confiado ministro de Clemente VII, Gilberto— no está en juego una pequena
venganza, un puntillo de honra o una ciudad; esta guerra decide Ja libertad o
Ia eterna osclavitud de Itália." No duda dcl êxito. "Las generaciones venideras
tendrán envidia de no haber vivido en nuestro tiempo y no haber podido par-
is Vctlori dice dc él Ias pcores (fitas! Era snpcrbo olfre Riojo, invidioso, ingrato, avaro,
venenoso e crudcle. senza religione, senta Immaiiità, nato próprio per dislruggcre 1'Italia. También
Moione dijo cn una ocasión a Gmcciardini que no existia liombrc más infiel y maligno que
Pescara (llist. ti'Itália, xvi, 476), pero sin embargo le hino hs proposicionet No cito estos inícios
como ciertos: tan solo dcmucstraii que Pescara no manifesto bacia los italianos sino hostilidad
r ódio.
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 57
ticipar en una dicha tan grande." Espera que no sea necesaria Ia ayuda de los
príncipes y los soldados extranjeros. "Solo para nosotros será Ia gloria y ei fruto
tanto más dulce." so
Con estos pensarnientos y esperanzas emprcndió demente Ia guerra con-
tra los espanoles. 3 " Fué su idea más osada y grandiosa, peto también Ia más
desdichada y catastrófica.
Los asuntos dei Estado y los de Ia Iglesia se hallaban mczclados incxtri-
cublemente. El Papa parecia descuidar por completo Ia cuestión alemana. Y esta
fué una de Ias primcras repercusiones.
En ei momento en que Ias tropas de Clemente VII se adentraron por Ia
Itália superior en julio de 1526, se reunia Ia Dieta en Espira para adoptar una
rcsolución definitiva sobre los abusos eclesiásticos. No era muy natural que ai
wrtido imperial, a Fernando de Áustria, que representaba ai emperador, le
mportara mucho sostener ei poder papal arriba de los Alpes cuando abajo era
atacado peligrosamente por los ejércitos dei Papa. No olvidemos que ei mismo
Fernando tenía sus ojos puestos en Milán. Por mucho que se hubiera pregona-
do antes, 31 solo Ia guerra abierta con ei Papa hizo que desaparecieran todas
Ias consideraciones que se pudieran tener por él. Jamás Ias ciudadcs se cxpre-
faron con mayor libertad ni los príncipes instaron con maycr vigor a que se
tomara una resolución; se presentó Ia proposición de quemar los libros en que
te contenían los nuevos princípios y de tomar como regia única Ia Bíblia; pcro
HO se Ilegó a un acuerdo. Fernando dirigió una comunicación a l:i Dieta cn
cuya vírtud se dejaba a Ia libre disposición de los estamentos ei comportarse
Cn matéria de religión tal y como cada uno pudiera responder ante Dios y ei
imperador, es decir, según su albedrío. Comunicación en Ia que ei Papa no es
nombrado ni una sola vez y que puede ser considerada turno cl cc.micnzo
«í<• Ia verdadera Reforma, como Ia instirución de una nticv.i iglesia en AJe-
munia. En Sajonia, en Hcsse y los países vecinos se llegó a dar este paso sin
gran vacilación. La existência legal dei partido protestante se basa sobre todo
en cl acuerdo de Espii» dei afio 1526.
May que reconecer que este estado de ânimo de Alemania fué también
decisivo para Itália. Faltaba mucho para que todos los italianos cstuvieran entu-
liusmados con Ia obra común y para que estuvíeran unidos tan siquiera los
«pie tomaban parte cn ella. El Papa, tan espiritual y tan italiano de sentimien-
|os, no era hombre para ser arrebatado por Una causa, como exigia Ia situación.
Su sagacidad pareció perjudicarle a veces. Sabia, más de Io que era conveniente,
que era ei más débil, y todos los peligros se anunciaban a su ânimo y le con-
lundían. Existen unas dotes inventivas cn Ia vida práctica que captan Io sen-
cillo en los asuntos intrincados y se deciden con seguridad por Io hacedero v
•mveniente. Estas dotes le faltaban. 3a En los momentos más decisivos se le veia

"» '"G. M . C i b e r t o a) vescovo di V c m l i " . Lcttcrc efí principi, i, p, 192 a.


* " Foscari dice: Qucllo ia a presente di volcr /ar lega con Francía, (a per ben sim e <rit.ilia,
lliin pcrelii ama Francesi.
:
" l.as insiruccioncs dei empciador que inspir.inm cierto temor a los protestantes son <!< niar/o
1126, época cn q u e cl Papa ami no había celebrado sn abaliza con Krancia.
:
''-' Soriano, Kclatioiic di J53?. le cnCncntra: core frigidiíjiilio: cl tpia/c U le Beatne. S. esser
58 tNTRODUCClÓN

titubear, vacilar y pensar en ahorros de dinero. Y como los aliados no cumplie-


ran con su palabra, ni de lejos logro los êxitos que se prometia. Las tropas
imperiales se mantenían todavia en Lombardía cuando en noviembre de 1526
Jorge Frundsberg atravesó los Alpes con un ejército de lansquenetes para de-
cidir Ia lucha. Todos eran luteranos, empezando por ei caudillo. Llegaron para
vengar ai emperador en ei Papa. A su desleal tad se había atribuído Ia causa
de todas las desgracias, Ia guerra inacabable entre cristianos y las victorias de los
turcos, que por entonces andaban por Hungria. "Si llego a Roma —decía
Frundsberg— colgaré ai Papa."
La tormenta arrecia y ei horizonte se angosta. La gran Roma, que si está
llena de pecados, también resplandece por sus nobles empenos, por su espíritu
y por su cultura, por sus obras de arte insuperables, que ei mundo jamás habia
contemplado, tesoro ennoblecido por Ia impronta de un espíritu que irradia por j
todas partes, se ve amagada por Ia catástrofe. Una vez reunidas las tropas ale-
manas con las imperiales, las bandas italianas se dispersan ante ellas y ei único
ejército que todavia subsiste les sigue de lejos. Como ei emperador hace tiempo i
que no paga a su ejército, tampoco puede, si es que quiere, imponerle otra di-
rección. Marcha bajo las banderas imperiales, pero es empujado por su propio
ímpetu devastador. El Papa espera negociar todavia y trata de someterse, de
Uegar a un arreglo, pero ei único médio que le pudiera salvar —entregar ai
ejército ei dinero que reclama— o no quiere o no puede emplearlo. {Tratará
de oponerse seriamente por las armasí Hubieran bastado 4,000 hombres para
cerrar ei paso de Ia Toscana, pero ni siquiera se hizo ei intento. Roma contaba
acaso con 300,000 hombres aptos para llevar las armas; muchos de ellos cono-
cían Ia guerra; con sus espadas habían peleado en las facciones y se vanaglo- I
riaban de grandes hazanas. Pero para hacer frente ai enemigo, que representaba
una verdadera calamidad, nunca se pudo conseguir sacar de Ia ciudad más de
500 hombres juntos. El primer ataque acabo con ei pc€er dei Papa. Dos horas
después de Ia puesta dei sol dei 6 de may"b de 1527 entran los imperiales a Ia
ciudad. El viejo Frundsberg no estaba ya con elloá: cuando no encontro Ia debi-
da obediência tuvo un ataque de apoplejía y quedo enfermo; Borbón, que
condujo ei ejército después, había caído en los primeros intentos de escalo; y
una muchedumbre de soldados indisciplinados, desprovista de jefes, sedienta
de sangre, endurecida por largas privaciones y enfurecida por su mismo oficio,
cayó sobre Ia ciudad. Jamás presa más rica estuvo en manos de tropas más
violentas y nunca se conoció un saco más continuado y espantoso.33 El esplen-
dor de Roma ilumina los comienzos dei siglo xvi: representa un período admi-
rable dei espíritu humano. En estos dias se apago su brillo.
El Papa, que queria libertar a Itália, se vió sitiado en Sant-Angelo y hecho
ditara di non vulgar timidilà. non dirò pusilanimità. II che pero parmi áver e trovate comunemente
iii Ia natura fiorentina. Questa timidità causa che S, Sà è molto irresoluta.
83 Vettori: La uccisione non fu moita, perche rari si uccidono quelii che noa si vogliono
difendere, ma Ia preda fu inestimabile in danari contanti, di gioie, d'oro e d'argento lavotato, di
vestiti, d'arazzi, paramenti di casa, mercantie d'ogni sorte e di taglie. Que no era culpa dei Papa
sino de los habitantes y los llama: superbi, avari, homicidi, invidiosi, libidinosi e simuiatori. Dice
que una tal población era incapaz de resistir.
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA T»

irisionero. Se puede afirmar que con esta gran victoria se estableció de manera
ndiscutible ei predomínio de Espafia en Itália.
Un nuevo ataque de los franceses, muy prometedor en sus comienzos,
!r»casó tan por completo que se dispusieron a renunciar a todas sus pretensio-
ttt sobre Itália.
No menos importante fué otro acontecimiento. Todavia no había sido con-
BUistada Roma, pero basto que se viera ei camino emprendido en su dirección
por ei condestable de Borbón, para que en Florencia los enemigos de los Medi-
ei» se aprovecharan de Ia confusión dei momento y arrojaran de nuevo a Ia
l.imilia dei Papa. Casi le dolió más a Clemente Ia perdida de su ciudad que

I
I de Roma. Con asombro se observo que volvia a reanudar relaciones con los
nperiales después de tan duros agravios. Se avino a esto porque veia en los es-
íftoles ei único médio de hacer volver a Florencia a sus familiares y partidários.
0 pareció más tolerable soportar ei predomínio dei emperador que ei triunfo
• los rebeldes. Cuanto peor les iba a los franceses, tanto más se acercaba a los
ipanoles, y cuando aquéllos fueron totalmente derrotados celebro con estos ei
cuerdo de Barcelona. Cambio de tal modo su política que se sirvió dei mismo
Jército que había conquistado a Roma y le había tenido sitiado tan largo tiempo
tra rescatar su ciudad paterna.
Carlos V era más poderoso en Itália que cualquiera otro emperador desde
||Mila muchos siglos. La corona que recibió en Bolonia volvia a cobrar su plena
Wgnificación. Milán le obedecia no menos que Nápoles y, por ei hecho de haber
•Mtablecido a los Médicis en Florencia, pudo ejercer influencia sobre Ia Toscana
Uurante toda su vida; el resto se alio con él o se le sometió. Tuvo reducida a
lllulia de una punta a otra con Ias fuerzas conjuntas de Espafia y Alemania,
Mon sus armas victoriosas y con sus prerrogativas de emperador.

Así acabo Ia guerra italiana y, desde entonces, Ias naciones extranjeras no


•twn cesado de mandar en Itália. Veamos ahora como se desenvolvieron Ias
•Uestiones religiosas, en tan íntima conexión con Ias politicas.
Cuando el Papa se avino a Ia supremacia espafiola esperaba cuando menos
^ k este emperador poderoso, tenido por católico y devoto, le ayudaría ai resta-
BUccimiento de su autoridad en Alemania. En uno de los artículos de Ia paz de
Hurcclona se hablaba de esto. El emperador prometia trabajar con todas sus
Ifurr/.as para reducir a los protestantes-y parecia decidido a ello. Los enviados
protestantes que le visitaron en Itália recibieron de él una respuesta poço hala-

I
cfta. En su viaje a Alemania, en el ano de 1530, algunos miembros de Ia
ria que le acompanaban, y especialmente el legado, cardenal Campeggi, pla-
uron unos proyectos atrevidos y muy peligrosos para Alemania.
Existe una comunicación dei legado ai emperador, en tiempos de Ia Dieta
Augsburgo, en que pone de manifiesto aquéllos planes. En honor a Ia ver-
d, y aunque a desgana, diré algunas palabras.
El cardenal Campeggi no se contentaba con lamentarse de los desordenes
Igiosos sino que se fijaba especialmente en Ias consecuencias políticas, en
mo Ia nobleza había decaído con Ia Reforma en Ias ciudades, como los prín-
60 INTRODUCCIÓN

cipes eclesiásticos o seculares no encontraban debida obediência y como Ia falta


de respeto rozaba ya Ia majestad dei emperador. Despucs expone Ia manera de
hacer frente a Ia situación.
El secreto de su política no es muv hondo. No seria necesaria más que
una alianza entre cl emperador v los príncipes bien dispuestos; se intentaria
luego ganarse a los adversos mediante promesas o amenazas; pero i q u é hacer
con los obstinados? Se tiene ei derecho "de extirpar esta planta venenosa con
ei hierro y ei fucgo". : " Lo más importante es confiscar sus bienes seculares y
eclesiásticos, en Alemnnia tanto como en Hungria y cn Bohemia. Porque con
los herejes se puede hacer esto. Una vez aplicada esta medida, se establece Ia
Santa Inquisición para que siga indagando y proceda contra los rebeldes como
en Espana se ha procedido contra los marranos. Además, se pondrá en entre-
dicho Ia universidad de Wittcnberg y se declarará por indigno de Ia gracia
imperial y pontifícia a quienquiera estudie en ella. Se quemarán los libros de
los herejes, se devolverán a los claustros los monjes que les abandonaron y en
ninguna corte se tolerará ningún hereje. Pcro lo primero es una demostración
de mano fuerte. "Aunque Su Majestad se limite a los jefes principales —dice ei
legado - podrá arrebatarles una gran suma de dinero que, por otra parte, es muy
necesaria para luchar contra ei turco."
Este es ei sentido dei proyecto, estos sus princípios básicos.35 En cada pa-
labra alientan Ia opresión, Ia sangre y ei despojo. No hay que extrafiarse de
que en Alemania se esperara lo peor de un emperador que tenía tal séquito y
de que los protestantes deliberaran sobre cl estado de nccesidad en que se les
colocaba.
Por fortuna. Ia situación no bacia temible tal intento.
El emperador no era, ni con mucho, tan poderoso como para poder llcvar
.1 cabo cl proyecto. Erasmo lo puso de manifiesto de manera convincente. Y,
BUn de Iv.iberlo sido posiblc, dificilmente hubiera tenido voluptad para cllo.
Por naturalcza era bien intencionado, reflexivo v lento, más bien que lo
contrario. Y cuanto más de cerca los veia, los acontecimientos lc tocaban más
Ia fibra scnsible de su alma. Sti clcclaración a Ia Dieta decía que queria oíi Ias
diferentes opiniones, ponderadas y tratar de llcgar a una verdad cristiana. Es-
taba, pues, muy lejos de aquellas intenciones violentas.
Ni aquel que tienda a sospechar de Ia pureza de Ias intenciones humanas
puede poner en dnda lo siguiente: que no era ventajoso para Carlos apelar
a Ia violência.
<;Es que cl emperador se iba a convertir cn un ejecutor de los decretos
pontifícios? ilba a ser él quien sometiera a los enemigos que les Papas —este
y los venideros— se creasen? Adcmás, no estaba muy seguro de Ia amistad dei
poder papal.
*• Se a/cutri vc lie fnsscro, che d/o no/ voglia, li qnaíi obstinatamente perjeverassero in questa
diabólica via, qiielh (S. M.) polti infllere h mano ai /erro et a/ foco et radilitns c.xtirpare questa
nula vcnenos.i pianta.
"•'• Se osaba llamar a un tal esboro una mslruccinn: /nilrucl/o dala Caesari a reverendmo,
Canipfggii) in dieta Auçiislana Ií?0. r.nrnnlrc cl acta, autínlica sin duda alguna, cn una biblioteca
'"mana, junto con otros docunicntos de Ia época.
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 61
Las circunstancias presentaban una oportunidad favorable y no tenía más
que cchar mano de ella para que su supremacia se robusteciera todavia más.
No voy a discutir aqui si con razón o sin ella, pero ei caso es que se pen-
liiba ^eneralmente que solo un concilio eclesiástico podría resolver Ia cuestión.
I ns concilios gozaban de crédito por Io mismo que los Papas no se mostraban
iBUiy prepicios y todas las oposiciones tuvieron Ia pretcnsión de que se convoca-
fnn. En ei ano de 1530 Carlos V Io pensó seriamente y prometió un concilio
U breve plazo.
Los príncipes en disputa con Roma nada podían desear mejor que un
•poyo eclesiástico, de suerte que en estas circunstancias Ia propuesta de Carlos
j contaria con las más poderosas asistcncias. Se hubicra convocado a su instância,
•clebrado bajo su influencia y las conclusiones serían aprobadas por él. Estas
>'i lnsiones marcarían una dohle dirección, pues se referirían tanto ai Papa
'mu a sus enemigos y Ia vieja idea de una reforma en Ia cabeza y en los miem-
|os hubiese tenido realización. jQué predomínio hubicra acarreado tal suceso
poder temporal y sobre todo ai emperador en persona!
Era algo razonable e inevitablc si se quicre, pero además en armonía con
interés dei emperador.
Pero nada más peligroso podia ocurrirles ai Papa y n su corte. Tengo Ia
rueba de que cuando se empezó a pensar en serio en ei concilio bajaron con-
ierablemente de precio todos los cargos enajenables de Ia corte pontifícia. 30
:ir este dctalle se puede comprender Io que significaba para ei estado de cosas
bitual.
Pero Clemente VII tenía también en contra dei proyecto consideraciones
lipo personal. Como no era hijo legítimo, como no había llegado a Ia suprema
plgnidad por caminos completamente limpios y como había emprendido una
9»tosa guerra movido de fines personalcs, utilizando las fuerzas de Ia Iglesia
kntra Ia pátria —cosas todas cie las que bien se podia pedir cuentas a un
Hlpa—, es natural que síntíera un temor justificado, y asf, como dice Soriano,
i'l Papa eludia en Io posible hasta Ia mención misma dei nombre de concilio.
Y aunque no rechazó de manera tajante Ia propuesta, cosa que no podia
• i r r si queria preservar el honor de Ia Sede apostólica, no podemos hacernos
H ^ o n c s acerca de los sentimientos que abrigaba. j->?J";:X3«I / í 6 C ° ' ° 5
Ccdió, se sometió, pero manifesto con energia las razones que desaconsc-
• h i i i i aquclla iniciativa; expone de Ia manefa más viva todas las difieultades
• Pfligros que van vinculados a un concilio y, por otra parte, más que duda
lei exito.37 Pone como condiciones Ia colaboración de todos los demás prínci-
•»«, el sometimiento provisional de los protestantes, condiciones que pareccn
•jplliinas dentro dcl sistema papal, pero que las circunstancias haccn ya impo-
Bhli •-. <;Cómo se podia esperar que se pusiera a Ia obra en el plazo fijaclo por el
'"< "I.ettcra anônima alVarcivescovo Pimpincllo" (Letferc di principi. m. 5): C/f ufíícii solo
n l.i fama de/ concilio sono invi/iti tanto che non se nc trovano aemri. Scgún vco, t.iinbidn
R mvicini cita esta carta, m, 7, 1; pero no si por quí rar.ón Ia atribmc a Sanga.
• HT "P. c. airimperatorc: di man própria di papa Clemente". Lctrere di principi. n, 197: Al
• I I I I Í J I ncssnn Irimcdh) c p/u perico/oso c per parlor/r ni.iggiorí nia/i Itlcl concilio) qti.int/o non
•H nino /c ikhite circonslamrc.
62 INTRODUCCIÓN

emperador, no de una manera aparente y con meras demostraciones, sino en


forma decisiva y seria? Muchas veces ei emperador le ha reprochado que su vaci-
lación fué Ia responsable de todas Ias calamidades posteriores. Sin duda alguna 1
presumia poder esquivar Ia fatalidad que se le venía encima.
Pero esta le sujetó como suele. Cuando Carlos V volvió en ei afio 1533 a
Itália, todavia lleno de Ias impresiones y de los proyectos de su estância en /Me- 1
mania, le insto de palabra —se reunió con ei Papa en Bolonia— y con gran
vehemencia a que convocara ei concilio que tantas veces había reclamado por ]
escrito. Las opiniones contrarias chocaron: ei Papa se mantuvo firme en sus !
condiciones y ei emperador le hizo ver Ia imposibilidad de Ias mismas. No había j
manera de ponerse de acuerdo. En los Breves decretados en esta ocasión se pue-
den percibir ciertas diferencias. En unos ei Papa se aproxima más que en otros a
Ia opinión dei emperador.38 Pero, de todos modos, tendría que volver a anunciar j
ei concilio. Si no queria cegarse, no podia dudar que, ai retorno dei emperador, J
que habia ido a Espafia, ya no podría defenderse con meras palabras y que ei 1
temible peligro que representaba para Ia Sede apostólica un concilio celebrado 1
en aquellas circunstancias, caería todo sobre él.
Era una situación en que ei titular de un poder, cualquiera que sea, puede
ser cxcusado muy bien cuando adopta una resolución equivocada para sentirse j
más r.eguro. El emperador era politicamente prepotente y aunque ei Papa estabi
resignado, muchas veces tenía que resentir a qué situación había llegado. Le
ofendió en extremo que Carlos V decidiera las viejas disputas de Ia Iglesia con
Ferrara en favor de esta última; hizo como que Io aceptaba, pero se quejó ante
sus amigos. Más seria se puso Ia cosa cuando este monarca, dei que se hnbía
esperado Ia sujeción rápida de los protestantes, se elevaba, por ei contrario, con
motivo de los desordenes surgidos, a un predominio sobre Ia Iglesia no cenocido
desde siglos y ponía en peligro ei prestigio espiritual de Ia Santa Sede. {Tendría
que abandonarse por completo en manos dei emperador, efitrcgándose a su
merced?
En Bolonia mismo tomo Ia resolución. En ocasiones diversas Francisco I \
había ofrecido ai Papa alianzas políticas y familiares. Clemente las había recha-
zado siempre, pero en ei apuro de ahora se acordo de ellas. Expresamente se
nos asegura que ei motivo verdadero por ei cual Clemente escuchó esta vez ai
rey de Francia fué Ia cuestión dei concilio.39
38 Sobre las negociaciones de Bolonia enconlramos buenís datos en uno de los mejores
capítulos de Pallavicini, lib. m, cap. xn, procedentes dei aicbivo dei Vaticano. Alude a esta
diferencia y cuenta que rcsultó evidente después de abiertas negociaciones. En efecto, encontramos
en cl escrito a los estamentos católicos (Rainaldus, xx, 659, Hortledcr, i, xv) Ia repetición
de las condiciones de una participación general: ei Papa promete dar cuenta dei êxito de sus
esfuerzos; respecto a los puntos propuestos por los protestantes, se dice, explicitamente, en ei 1
artículo 5: quod si forsan aliqui príncipes velint tam pio negotio deesse, nihilominus summus Ds.
nr. procedet cum saniori parte consentiente. Parece que es a esta diferencia a Ia que alude Palla-
vicini, aunque nos habla aún de otra desviación.
39 Soriano, Relafione 1535. 1/ papa ando a Bologna contra sua voglia e quasi sforzato, como
di buon logo ho inteso, e fu assai di cio evidente segno che S. Sà, consumo di giorni cento in tale
viaggio il qualc potea far in sei di. Considerando diinque Clemente questi tali casi suoi e per dire
cosi Ia servitú nella quale egli si trovava per Ia matéria dei concilio, Ia quale Cesare non lasciava
di stimolare. cominciò a rendersi piu facile ai christianissimo. E qtiivi si trattò 1'andata di Marsilia
COMPUCACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 63

En consideración a los peligros eclesiásticos a que tenía que hacer frente,


ic veia obligado ahora a lo que, con toda seguridad, no se hubiese decidido por
miras puramente políticas, a saber: a restaurar ei equilíbrio de Ias dos grandes
potências y a mostrarse igualmente amable con ellas.
Al poço tiempo Clemente celebraba una entrevista con Francisco I. Tuvo
lugar en Marsella y se llegó a Ia más estrecha alianza. Lo mismo que en aquellos
peligros florentinos ei Papa consolido su amistad con ei emperador casando
a un hijo natural de este con una de sus sobrinas, así ahora desposó a su joven
tobrina Catalina de Médicis con ei segundo hijo dei rey. En aquella ocasión
lemia a los franceses y a su influencia directa en Florencia; ahora lo que temia
era ai emperador y sus intenciones de celebrar un concilio.
Tampoco se esforzó por disimular sus propósitos. Poseemos una carta suya
• Fernando I en Ia que le confiesa no haber tenido êxito en su empeíio de hacer
participar a todos los príncipes cristianos en Ia idea dei concilio; ei rey Fran-
cisco I, con ei que habló, no consideraba oportuno ei momento para tal reunión
V no queria tomar parte en ella; él, por su lado, albergaba todavia Ia esperanza
de conseguir en otra ocasión una acogida mejor de los príncipes cristianos.10
|No me explico como se puede dudar de Ias intenciones de Clemente VII. To-
Uavía en su último escrito dirigido a los príncipes católicos de Alemania repite
l.i condición de una participación general y, como declara que tal participación
<\ imposible, deja ver sus verdaderas intenciones de no cumplir con lo prome-
tido.41 Su alianza en Francia le dió ânimo y pretexto para ello. No puedo con-
wencerme de que ei concilio hubiera llegado jamás a celebrarse bajo su égida.
Pero no fué solo esta Ia consecuencia de aquella alianza. Otra más se des-
ircndió inmediatamente, inesperada pero de gran importância, en especial para
Í Os alemanes.
La combinación que se produjo en esta confusión de intereses temporales
ly espirituales era muy extrana. Francisco I se hallaba entonces en Ias mejores
líelaciones con los protestantes y ai ponerse ahora tan cerca dei Papa lograba
Incluir en cierto modo a los protestantes y ai Papa en ei mismo sistema.
Nos damos cuenta de Ia fuerza política que correspondia a Ia posición
tomada por los protestantes. El emperador no podia pensar en someterlos ai Papa
|in más; antes bien, se sirvió dei movimiento para tener a aquél en razón. Poço
jl poeo se puso de manifiesto que tampoco ei Papa deseaba verlos entregados a Ia
clisireción dei emperador y, por esto, su alianza con los mismos no fué impre-
incditada, pues esperaba valerse de su oposición contra ei emperador, dándole
• este nuevo quebradero.
Ya entonces se observo que ei rey de Francia hizo creer ai Papa que los
|TÍ.'IS notables príncipes protestantes dependían completamente de él y le dió a
entender como les convenceria para que renunciaran a Ia idea dei concilio.'12
I Iniieme Ia pratica dei matrimônio, essendo gia (a nipote nobile et habile. Antes, ei Papa hu-
Wlru invocado, como excusa, su origen y su edad.
10 20 de mano de 15J4. Pallavicini, in, xvi, 3.
i *1 Soriano. La Sertà. Vra. dimque in matéria de/ concilio può esser certíssima ede dei canto
l | Clemente fu fuggita con tutti li mezzi e con tutte le vie.
<3 Sarpi, Historia dei concilio Tridentino, lib. i, p. 68. Soriano corrobora, aunque no todo.
64 INTRODUCCIÓN

Pcro, si no nos equivocamos, estas connivcncias fueron todavia más estTCchas.


Poço dcspuós de su entrevista con ei Papa, Francisco I celebro una rcunión
con ei landgrave Felipe de [lesse. Se pusieron de acuerdo para restaurar ai
duque de "VViirttcmberg, que babía sido depuesto por ia casa de Áustria. Fran-
cisco I premetió entregar dinero. En una campana corta, con sorprendente
rapidez, ei landgrave puso manos a Ja obra. Es cierto que debía penetrai en los
territórios austríacos: 4:1 en general, se sospechaba que ei rey pretendia atacar
de nuevo Milán pot cl lado alemán. 44 Una nueva pista nos ofrece Marino
Giustiniani, por entonces embajador veneeiano en Francia. Asegura que este
movimiento alemán fué convenido por Clemente y Francisco en Ia rcunión
de Marsella; anade que no estaba fuera dei plan bater llegar estas tropas a
Itália, para Io que trabajaría secretamente ei Papa. 45 Seria un poço ligero tomar
esta afirmación como fidedigna, a pesar de ia seguridad con que se expresa,
pues son menester otras pruebas. Pcro aunque no Ia aceptemos a ojos cerrados,
pone de manifiesto un extrano fenômeno. ^Quién Io hubiera sospechado? En
ei momento en que ei Papa y los protestantes se combaten con un ódio acerbo,
y se lincen una guerra religiosa que parte a) mundo en dos. los encontramos
unidos por Ia fuerza de intereses políticos idênticos.
Así como en Ia confusión de Ias disputas italianas nada le fué tan perni-
cioso ai Papa como Ia doblcz d e su política, demasiado sutil, en los asuntos
propiamente religiosos le trajo frutos tedavía más amargos.
Amenazado en sus territórios, ei rey Fernando se apresuró a celebrar Ia
paz de Kacfan, entregando a Württenberg y entrando en alianza con ei land-
grave. Eran los dias más felices de Felipe de Hesse. Como había restablecido
en sus dcTechos a un príncipe alemán despojado, Ia hazana le convirtió en uno
de los jefes más prestigiosos dei Império. Pero había logrado, a Ia vez, otro
exito decisivo. Esta paz contenía una cláusula muy importante para Ias cuestio-
nes religiosas: ei tribunal dei Império no aceptaría ninguna/lemanda sobre los
bienes eclesiásticos confiscados. rf

gran parte de Io que dice Sarpi: El embajador Soriano dice: Avcnda fatto credere a Clemente che
c/a S. Kí. Chma. dipendessero que/li Sti. principalissimi e capi delia /attione luterana —si che almeno
si fuggisse il concilio—. Y solo esto me atrevo a afirmar.
«a En Ia instrueción a sus enviados a Francia, de agosto de 1532 (Roínmcl, l/rkundcnbuch
61) st excusa de dass wir nit furtzugen, den Koenig in sêmen Erb/andcn anzugrei/cn.
*• Jovius, Historiae suí temporís, lib. xxxn, p. 129; Paruta, Stoiia Venez., p. 389.
<4 Relatione dei claríssimo M. Marino Giustinian eí Kr. Venuto iambasciator ai christianissimo
re di Francia dei 1535 (Archivio Venez.). Francesco tece I'abocçamento di iMarsilia con Clemente,
nel qual vedendo loro che Cesare stava fernio —conchiusero il movimento dclle armi in Gcrmania
sotto pretesto di voler metter il duca di Virtenberg in casa: nel quale se íddio non avesse posto
Ia mano con il mczzo di Cesait, il quale ali' improviso e con gran ptestezza senza saputa dei Xmo.
con Ia retitution dei ducato di Virtenberg íece Ia pace, tutte queí/e gentí ven/vano in Itália sotto
il favor secreto di Clemente. Crco que encontraremos algún dia datos más exactos sobre esto. En
Ia obra de Soriano liaílamos aún Io siguiente: Di tutli li desideiii (dei ic) s'accommoàò Clemente
con p.irule t:ili che Io facevano credere, S. S. esser disposta in tntto alie sue voglie, senza pero /ar
provÍMone ali una '" scriítnra. No se puede negar que se trataba de una empresa italiana. El Papa
pretendia kibirla rccuazaáo, non averc bisogno di moto in Itália. F,\ ICT 1c había liicho que se
ínantuviesc tranqüilo: trin le ni.ini actorte ncllc maniche. Probablenicnte afirniahan los franceses
Io que ntcatwn U«i italiano!! <!e mnilo que ei embajador en Francia resulta más positivo que cl
embajador ui Roma. Pero aunque cl Pipa dijera que no necesitaba ningún niovimicnto en Itália,
\emos ni.li! poro cxiluvc esta afirmación un imniimtnro en Alcinania.
COMPLICACIONES POLÍTICAS. LA REFORMA 65

No sé de ningún otro acontecimiento que haya tenido tanta influencia


para ei triunfo dei nombre potestante como Ia hazana dei landgrave. Esa cláu-
Mila referente ai tribunal representa Ia garantia jurídica dei nuevo partido y
I reviste extraordinária importância. Sus efectos no se hirieron esperai. Creo que
podemos considerar Ia paz de Kadan como Ia segunda gran época en ei levan-
iumiento de una fuerza protestante en Alemania. Después de apenas haber
[ hecho progresos durante cierto tiempo, comenzó a expandirse de manera pu-

I tnte. Württemberg, tescatada, se reformo sin más. Le siguieron en seguida


RR províncias alemanas de Dinamarca, Pomerania, Ia marca de Brandenbur-
go, Ia segunda rama de Sajonia, una rama de Braunscbweig, ei Palatinado. En
I ti término de poços anos Ia Reforma se extendió por toda Ia alta Alemania y se
Mfirmó para siempre en Ia baja.
El Papa Clemente estaba enterado y hasta hahía consentido quizás en una
Mmpresa que llevó tan lejos y apresuró Ia separación.
El Papado se encontraba en una posición falsa, insostenible. Sus tenden-
lios seculares babían provocado ei apartamiento que fué ocasión de tantas rebel-
di;is y apostasías; pero Ia continuación en Ia misma linea y Ia insistente con-
Usión de intereses espirituales y temporales llevaron Ias cosas ai extremo.
También ei cisma de Inglaterra depende de esta circunstancia. A pesar de
RI declarada enemistad por Lutero y de su íntima unión con Ia Sede apostólica,
• notable que Enrique Vlll amenace a Ia Santa Sede con innovaciones ecle-
•iticas, 46 ya en Ias primeras diferencias, en asuntes puramente políticos, que
Rirgcn a comienzos dei ano 1525. Por ei momento se dejó todo a un lado y ei
Wy se entendió con ei Papa en contra dei emperador, y cuando Clemente se
•Kontraba sitiado en Sant-Angelo y abandonado de todo ei mundo, Enri-
|Ut- VIII hailó Ia manera de hacerle líegar un socorro. Por esta razón, Clemente
•ttía acaso por él más afición que por ningún otro príncipe.47 Después salió
I relucir ei asunto dei divorcio dei rey. No se puede negar que, todavia en ei
HtV> 1528, ei Papa, si no le aseguró una solución favorable, se Ia liizo ver como
^ktflile "tan pronto como los alemanes y los espaüolcs sean expulsados de Ita-
HL",4" Ya sabemos que ocurrió todo Io contrario. Los impe-riales se afianzaron
^ H verdad y vimos como se entendió Clemente con ellos. En estas circunstan-
Hlai tan diferentes no podia dar satisfacción a una esperanza que, por Io demás,
B*> había sido más que ligeramente sugerida.49 Apenas celebrada Ia paz de
16 Wolsey había escrito, de un modo amenazador, che ogni província doventarà Lufherana,
• M esta que podemos considerar como Ia primera manifestacion de Ia separación de Roma dei
• N t i estatal inglês ("S. Giberto ainiintii d'Inghilterra": Lettere di principi, i, p. 147).
*T Contatini, Refatione di 1530. Io asegura explicitamente. También Soriano, cn 1533, diceí
WÁ»t.!i.i S. Santità ama et era con/unetissimo prima. Declara rotundamente que Ia intención dei rey
H 4 * Blvorciarsc era una paz/ia.
IH lie los despachos dei doctor Knight de Orvicto, dei l" y 9 de enero de 1528; Herbert,
Mlllr nf Henry VIII, p. 218.
W Sc vc claramente toda Ia situación por los siguientes pasajes tomados de un escrito dei
Bjjfctrliitio dei Papa, Sanga, d«\g\do a Campc^gi, Viterbo, 2 de septiembtc de 1528, momento en
Hlli' había fracasaclo Ia empresa napolitana (exilo a) que se alude en h carta) y Campcggi tenía
B Inlcnción de marcharse a Inglaterra: Come vostra Sign. Revma. sa, tenendosi N. Signore obíiga-
H|HIIIIII come Ia a qiiel Screnmo. re, nessuna cosa è si grande delia quale non desideri compiacerli.
Mia Imogna ancora che sua Beatitudine, vedendo l'imperatore vittorioso e sperando in questa vittoria
66 DSTRODUCCIÓN

Barcelona llegó ei proceso a Roma. La mujer de Ia cual se queria divorciar era


tia dei emperador y un Papa anterior había declarado expresamente válido ei
matrimônio. Tan pronto ei asunto entrara en Ia jurisdicción correspondiente
de Ia cúria y habida cuenta dei influjo dei emperador, no se podia dudar de
cuál iba a ser Ia sentencia. Así Ias cosas, Enrique VIII se encaminó, sin más, por
Ia via en que antes había pensado. Se mantuvo tan católico como antes en Io
fundamental, pero su asunto, que en Roma se enredo tan claramente con con-
sideraciones políticas, desperto en él una oposición cada vez más viva contra
ei poder temporal dei Papado. Cada paso que se daba en Roma en perjuicio
suyo era contestado por él con una medida contra Ia cúria y se iba emancipando
cada vez más de ella. Cuando en ei afio 1534 se pronuncio Ia sentencia defi-
nitiva, no Io penso mucho tiempo y declaro Ia separación completa de su reino
y ei Papado. Los vínculos que ataban todavia a Ia Sede apostólica a Ias diversas '
Iglesias nacionales eran tan débiles ya, que bastaba Ia decisión de un príncipe
para que su reino, se separara de aquélla.
Estos acontecimientos llenan los últimos anos de Clemente VII. Le fueron
tanto más amargos porque no estaba exento de culpa y sus desgracias revelaban
una dolorosa conexión con sus cualidades personales. Las cosas se ensombrecían
dia por dia. Francisco I amenazaba de nuevo con caer sobre Itália y afirmaba
que había recibido Ia anuência verbal, ya que no escrita, dei Papa. El empe- ]
rador, no aguantando más palabras demoradoras, urgia con Ia mayor energia Ia j
convocatória dei concilio. Se afiadieron desgracias familiares: luego de todos los j
esfuerzos que había costado ei sometimiento de Florencia, tuvo que ver ei Papa
oómo sus dos sobrinos se disputaban ei senorío de Ia ciudad y se combatían j
acerbamente. Las preocupaciones, el temor a Io que había de venir —dolor y j
tortura secretos, dice Soriano— le llevaron ai sepulcro.50
Hemos dicho de León X que fué afortunado. Clemente, acaso mejor que
él —por Io menos más libre de faltas, más activo y hasta jnás sagaz— fué, si 1
consideramos todo el conjunto de su acción y,omisión, menos afortunado. Se- I
guramente, el más fatal de todos los Papas que se ha# sentado en Ia Silla de
Pedro, hizo frente a Ia superioridad de fuerzas enemigas, que le acosaban por I
todas partes, con una política vacilante, pendiente de Ias probabilidades dei j
momento, política que acabo por hundirle. Vió como se tornaban en todo Io
contrario aquellos propósitos de crear un poder político independiente a que se j
entregaron sus antecesores más ilustres. Tuvo que contemplar como aquellos
mismos a quienes queria arrebatar Itália aseguraban por siempre su domínio I
sobre ella. La separación de los protestantes fué ensanchándose ante sus ojos y j
todos los médios que empleó tuvieron el efecto contrario. A su muerte, Ia Sede I

non trovarJo alieno delia pace —non si precipiti a dare aH'imperatore causa di nuova rottura, I
/a quaie Zeveria in perpeíuo ogni speranza di pace: oftre che ai certo metteria. S. Sà. a íaoco et a 1
tota/e eccidio tutto ii suo stato. (Letfere di diversi autori Venetia, 1556, p. 39.)
50
Soriano: L'imperatore non cessava di sollecitar il concilio.—S. M. Clirístma. dimandò che 1
da S. Sà. ii íussino osservate le promesse essendo ie condifioni postre ira /oro. Pcrc/o S. Sà. si I
pose a grandíssimo pensiero, e íu questo do/ore et a/fanno che Io condusse alia morte. II do/or fu I
aceresciuto da/ie pazzie dei Cardinal de Mediei, il quale allora piu che mai intendeva a rinuiitiare I
il capello per Ia concurrenza alie cose di Fiorenza.
OOMPLICACIONES POLÍTICAS. LA RBFORMA 67

npostólica quedo con ei prestigio disminuído y sin ninguna autoridad espiritual


D temporal. Aquella Alemania dei Norte, que había sido tan importante para ei
Pupado, cuya conversión en tiempos lejanos había ayudado a fundar ei poder
ilc los Papas en Occidente, y cuya revuelta contra ei emperador Enrique IV le
presto tan grandes servicios para ei establecimiento de Ia jerarquía, se había
rebelado ahora contra él. Alemania ha prestado ei servicio imperecedero de haber
restaurado ei cristianismo en Ia forma pura de los primeros siglos, de haber re-
dfscubierto Ia verdadera religión. Con esta arma era invencible. Sus conviecio-
I|U's se abrieron paso entre los países vecinos. Llegaron a Escandinávia; contra
[1B intención dei rey, pero ai amparo de Ias medidas tomadas por él, se extendie-
Ifon por Inglaterra; en Suiza, con poças modificaciones, se labraron una exis-
•encia segura; penetraron en Francia, y hasta en Itália y en Ia misma Espana
Encontramos huellas suyas en tiempos de Clemente. Se expanden cada vez más.
I n estas convíceiones vive una fuerza que a todos arrebata. La lucha de los in-
Ircses espirituales y temporales en que se coloco ei Papado parece haber sido
bpuesta para procurar a aquellas convieciones su perfecto senorío.
I E N Z O S DE R E G E N E R A C I Ó N EN
EL C A T O L I C I S M O

No es hoy cuando Ia opinión pública empieza a ejercer influencia en ei mun-


do: en tcdos los siglos de Ia Europa moderna ha representado una fuerza
importante. Difícil adivinar de donde surge y como se forma. Tenemos que
consideraria como ei producto peculiar de nuestra vida común, como Ia expre-
sión más inmediata de los movimientos internos y de los câmbios de esa vida.
Brota de fuentes ocultas y de ellas también se alimenta: sin necesidad de
grandes razanes, mediante convencimientos arbitrários, se apodera de los espí-
ritus. Solo en sus perfiles más amplies muestra una concordância consigo mis-
ma, mientras que, ai extenderse en infinitos círculos mayores y menores, es
transformada de modo peculiar y diverso. Como se está enriqueciendo de nuc-
vos conocimientos y experiências, como siempre se dan espírjtus independientes,
que, si bien están influídos por ella, no se dejan arrebatar sencillamente por su
comente, sino que reaccionan con energia, se halla çemprendida en un pro-
ceso de metamorfosis incesante: escurridiza, multiforme, es más una tendên-
cia dei momento que una doctrina fija. A menudo, no hace sino acompanar ei
acontecimiento que Ia provoca, y se forma y se desenvuelve con él; en ocasiones,
cuando se le enfrenta una voluntad inflexible de Ia que no puede hacerse due-
na, se encabrita con brio de violenta exigência. Hay que reconocer que, por Io
general, posee un buen olfato para Io que es necesario y para Io que falta, pero,
en Io que se refiere a Io que fuera menester pener en obra, es obvio que no
puede tener clara conciencia por su propia naturaleza. Así ocurre que en ei
curso dei tiempo con frecuencia se transforma en su contraria. Ha establecido
ei Papado v ha contribuído a su liquidación. En los tiempos que estamos estu-
diando, alguna vez fué totalmente profana pero, por Io general, religiosa. Ya
nos dimos cuenta de como se inclino hacia ei protestantismo en toda Europa y
ahora vamos a ver como en una gran parte de ella se vistió de otros colores.
Comencemos por mostrar como Ia doctrina protestante empezó haciendo
brecha en Ia misma Itália.
ASOMOS DE PROTESTANTISMO EN ITÁLIA 69

1) Asomos de protestantismo en Itália


L»s sociedades literárias ejercieron en Itália un influjo incalculable, no solo
tin su propio domínio sino también en ei desarrollo científico y artístico. Solían
*gruparse unas veces alrededor de un príncipe, otras en torno a un sábio des-
pi ido o ai amparo de un particular rico y aficionado a Ias letras y, en ocasio-
nes, en libre aseciación de iguales. Las más valiosas son Ias que han surgido de
Una manera espontânea y nada formal de las necesidades inmediatas. Segui-
temos sus pasos con ei mayor gusto.
Por ei mismo tiempo en que comenzaba ei movimiento protestante en Ale-
•Uinia aparecieron en Itália círculos literários de cierto tinte religioso.
Así cemo bajo Ia égida de León X ei tono de Ia alta sociedad Io daba Ia
itln y hasta Ia negación dei cristianismo, en los hombres mejor dotados, en los
B crapapados de Ia educación dei siglo, se produjo, sin renunciat a esta edu-
ión, un movimiento contrario. Nada tiene de extrano que se buscaran unos
tros. El espíritu humano necesita Ia coincidência, o por Io menos Ia desea,
si se trata de convkciones religiosas, cuyo fundamento es un profundo
limicnto de comunidad, entonces esa necesidad se hace incontenible.
Ya cn tiempos de León X se nos habla de un oratório dei amer divino,
mdado por unos cuantos varones eminentes en Roma, para Ia edificación en
•nún. En ei Transtèvere, en Ia iglesia de San Silvestre y Dorotea, no lejos
|1 lugar donde se creía había habitado ei apóstol Pedro y habían tenido lugar
| l primeras ccngrcgáciones de cristianos, solían reunirse aquellos varones para
tir Ia misa v cl sermón y practicar ejercicios espirituales. Eran unos cincuenta
•rsenta. Se encontraban entre eHos Contarini, Sadolet, Giberto, Caraffa, que
fiiiron todos a cardcnales, Gaetano da Thiene, que ha sido canonizado, Lippo-
iBno, escritor religioso de gran fama e influencia y ctros hombres famosos. El
(troco de aquella iglesia, Julian Bathi, servia de centro de Ia reunión. 1
A pesar dei lugar de reunión, no hay que imaginarse que Ia dirección de
c movimiento fuera muy opuesta ai protestantismo, por cl contrario, en cierto
Utido le era similar. Cuando menos, su propósito era ei de hacer frente a ia
etidencia general de Ia Iglesia mediante Ia renovación de Ia doctrina y de
punto de donde habían arrancado también Lutero y Melanchton. Se
ipcnía de gentes que después tuvieron opiniones muy varias pero que por
tonces coincidían en un mismo propósito.'
Pcro pronto se anuncian tendências más determinadas y diversas.
Una parte de Ia sociedad romana Ia encontramos, luego de algunos anos,
Venccia.
i Ho tomado esta infnrmacion de Caracciolo. Vita di Paolo IV. MS. Oncí poclii hnnmini
I lidic cd cruditi prclati che çrano in Roma in que/ (empo di Leone X, vedendo Ja città di Roma
k l t o ií resto d'/taíia, dove per Ia vicinanza alia sede apostólica doveva piu /iorire 1'osservanza
euere cosi maltrattato ií culto dii ino —si unirono in un'oratorio chiamafo dei divino amore
Manta di loro per /are quivi quasi in una torre ogni s/orzo per giiardare le divine leggi.
ílo, Vita Ca/etani Thienaei (AA. SS. ed. n) c. i, 7-10, repite Io mismo, y aun Io desarrolla
to aqui no cucnla sino cincuenta miembros. La Historia clcricornm rcgularium vulgo Theati-
ilc (oscph Silos Io corrobora cn varias ocasiones: pasajes reproducidos cn cl "Comentarius
" a Ia Vita Ca/ctani.
70 COMIENZOS DE REGENERAClÓN

Roma había sido saqueada, Florencia conquistada, Milán era ei escenario


perpetuo de bélicas tropas y, en esta ruina general, solo Venecia se había man-
tenido incontaminada de extranjeros y de soldados y sirvió de asilo común. Allí
se encontraron los dispersados intelectuales romanos, los patriotas florentinos,
expulsados para siempre de su pátria. En estos últimos se manifesto —como nos
informan ei historiador Nardi y ei traductor de Ia Biblia Bruccioli— un fuerte
movimiento religioso en ei que no poça parte correspondia ai influjo de Ias
ensefianzas de Savonarola. Otros refugiados, como Reginald Poole, que había
abandonado Inglaterra para sustraerse a Ias innovaciones de Enrique VIII, to-
maron también parte en ese movimiento. En sus huéspedes venecianos encon-
traron una benévola acogida. En Ias reuniones celebradas en Ia casa de Pedro
Bembo en Padua Ias discusiones se referían mayormente a matérias doctas, ai
latín ciceroniano. Los temas tratados eran más hondos en casa dei erudito Gre-
gorio Cortese, abad de San Giorgio Maggiore en Venecia. En los jardines de
San Giorgio coloca Brucelli algunos de sus diálogos. No lejos de Treviso tenía
Luigi Priuli su villa, de nombre Treville.2 Es uno de esos caracteres venecianos
finamente cultivados, que hoy todavia tropezamos, Iíeno de serena simpatia
por los sentimientos generosos y capaz de una amistad desinteresada. Aqui Ia
ocupación constante eran los estúdios y los diálogos en matéria religiosa. Encon-
tramos ai benedictino Marco de Padua, varón de gran piedad, con seguridad ei
padre espiritual de Poole. Podríamos considerar como jefe de grupo a Gaspar
Contarini, de quien nos dice Poole que nada le era desconocido de Io que ei
espíritu humano descubre por indagación o Io que Ia gracia divina le comunica
y que, además, estaba ornado de todas Ias virtudes.
Si queremos saber cuál era Ia idea fundamental que a estos hombres auna-
ba, nos encontramos con Ia doctrina de Ia justificación, Ia misma que con Lutero
dió toda su fuerza ai movimiento protestante. Contarini escribió un tratado
sobre Ia cuestión, que Poole no sabe como ensalzar. "Tú h^s sacado a relucir
—le dice— esa piedra preciosa que Ia Iglesia tenía escondida." Y ei mismo
Poole nos dice que ei tratado, en su sentido más profundo, no ensefiaba más
que esta docrina; Io alaba por haber sacado a luz esta "verdad santa, fecunda,
imprescindible".3 Al círculo de amigos que le rodeaba pertenece M. A. Flami-
nio. Vivió durante cierto tiempo con Poole, y Contarini quiso llevárselo a Ale-
mania. Véase con qué resolución predicaba aquella doctrina. "El Evangelio
—nos dice en una de sus cartas4— no es otra cosa que Ia feliz nueva de que ei
hijo encarnado de Dios, vestido de nuestra carne, ha dado satisfacción por
nosotros a Ia justicia dei Padre Eterno. Quien en esto cree va ai reino de Dios,
disfruta de Ia remisión de sus pecados y de criatura carnal se convierte en
espiritual, y de hijo de Ia cólera en hijo de Ia gracia. Vive en Ia dulce paz de
Ia certeza." Apenas podia expresarse uno en términos más ortodoxamente lu-
teranos.

2 Epistolae ReginaJdi Poli, ed. Quirini, t. n. Diatriba ad epístolas Schelhornii CLXXXIII.


3 Epistofae Poli, t. m, p. 57.
* "A Theodorina Sauli, 12 de Febrero de 1542". Lettere vo/gari (Raccolta dei Manuzio) Vi-
negia 1553, a, 43.
ASOMOS DE PROTESTANTISMO EN ITÁLIA 71
Esta creencia se propago como una tendência literária sobre una gran
parte de Itália.5
Es notable observar como de pronto Ia disputa en torno a una opinión,
ue hasta entonces solo en ocasiones fué discutida en Ias escuelas, se apodera
3 e un siglo y Io llena, reclamando Ia preocupación de todos los espíritus. En
fl siglo xvi Ia doctrina de Ia justificación provoca los mayores movimientos, Ias
más agudas disensiones y Ias más patentes transformaciones. Para compensar Ia
mundanización de. Ia institución religiosa, que casi había perdido por completo
Ia relación inmediata dei hombre con Dios, se tenía que apoderar de los espí-
ritus esta cuestión trascendental, que encierra ei mistério más profundo de
•quella relación.
Hasta en Ia misma Nápoles, divertida y alegre, Ia doctrina se extendió
llcvada por un espanol, Juan de Valdés, secretario dei Virrey. Por desgracia
ic han perdido los escritos de Valdés, pero conservamos un testimonio muy
cierto de Io que le achacaban sus enemigos. Hacia ei ano 1540 comenzó a
circular un librito Del beneficio de Cristo que, según Ia noticia que nos da Ia
Inquisición, "se ocupaba de manera halagadora de Ia justificación, aminoraba
ja importância de obras y méritos, Io atribuía todo a Ia fe y, como este era preci-
(lamente ei punto que chocaba a muchos prelados y frailes, se extendió mucho".
Se ha preguntado muchas veces por ei autor de este opúsculo. La noticia inqui-
liiorial Io senala circunstancialmente. "Era un fraile de San Severino, un
discípulo de Valdés, y Flaminio Io reviso."6 Así, pues, se atribuye ei libro a
un discípulo y a uh amigo de Valdés; tuvo un êxito extraordinário e hizo
popular durante cierto tiempo Ia doctrina de Ia justificación en Itália. La ten-
(dencia de Valdés no era exclusivamente teológica, Io que es natural si tenemos
eu cuenta que ejercía un importante cargo público; no fundo secta alguna y su
libro surgió de una ocupación liberal con ei tema dei cristianismo. Con alegria
B Entre otros, ei escrito de Sadolet a Contarini (Epistolae Sadoleti, libro ix, p. 365) sobre
Uu comentário a Ia epístola a los romanos, es particularmente interesante: in quibus comentariis,
di< r Sadolet, mortis et crucis Christi mysterium totum aperire atque illustrare sum conatus. Pero
Contarini no quedo completamente satisfecho con este comentário, ni tampoco era absolutamente
dr Ia misma opinión. Sin embargo, promete incorporar a Ia nueva cdición una explicación inequí-
«iii .i sobre cl pecado original y Ia gracia: de hoc ipso morbo naturae nostrae et de reparatione
Llllutrii nostri a spiritu sancto racta.
* Schclhom, Gerdesius, incluso Tiraboschi, y otros más atribuyeron este libro a Aonius
falcarius, cl cual dijo en un discurso ante ei Senado de Siena, en 1542: Bx Ciisti morte quanta
fwiimoda lint allata humano generi cum hoc anno Tüsce scripissem etc. El compêndio de los in-
Miusiclores <mc encontre en Ia Vita di Paolo IV, MS, de Caracciolo, Io expresa dei modo siguiente:
[õiirl libro dei beneficio di Christo, íu il suo autore un monaco di Sanseverino in Napoíi discepolo
•fl Va/des, fu revisore di detto libro il Flaminio, íu stampafo molte volte ma particoíarmente a
BodeiM de mandato Moroní, ingannò rnolti, perche trattava delia giustiíicatione con do/ce modo
Ria hcrcticamentc. Aqui se trata de un buen testimonio que se halla en contradicción con otro tes-
llnnmio. Peio ya que Ias palabras de Pairará» no designan aquel libro de tal modo que no pueda
Hmdindirse con otro de título y contenido parecidos, y ya que Palearius dice que en aquel mismo
IO" se ocupo de él, mientras que ei compêndio de los inquisidores se expresa de un modo incquí-
| tom y afiade: quel libro íu da rnolti approbato, solo in Verona fu conosciuto e reprobato, dopo
BtftJ anni fu posto nelfindice, me vi obligado a considerar como errônea Ia opinión de aquellos
[tniilitos, y aeí tener que seguir Ia información de los inquisidores. No puedo negar, sin embargo,
•iir cllos también han podido equivocarse. El libro se ha buscado en vano en su lengua original, ei
_Kliino, pero ha sido traducido ai francês, y dei francês, en los afios setentas dei siglo xvi, ai inglês.
| | i l i última traducción: The benefit of Chrisfs death se ha vuelto a encontrar en Ia cdición de
72 COMUENZOS DE RECENERAClÓN

pensaban sus amigos en aquellos hermosos dias que habían gozado con él en ei
Chiaja y en ei Pcsüippo, allí, cerca de Nápoles "donde Ia naturaleza se com-
place y sonríe en su magnificência". Valdés era un caracter dulce y afable, con
nervio espiritual. "Una parte de su alma —decían de él sus amigos— bastaba
para animar su débil y magro cuerpo; y Ia mayor parte de ella, aquella su inte-
ligência límpida, Ia empleaba siempre en Ia contemplación de Ia verdad."
Gozo de extraordinária influencia entre Ia nobleza y los doctos de Ná-
poles y también Ias mujeres participaron vivamente en este movimiento religio-
so y espiritual.
Nos enccntramos también con Vittoria Colonna. A Ia mucrte de su esposo
Pescara se entrego por completo ai estúdio. En sus poesias Io mismo que en sus
cartas encontramos una moral autêntica, una religión sincera. Cuán bellamente
consuela a una amiga sobre Ia muerte de su hermano, "cuyo espíritu apacible
encontro Ia verdadera paz eterna: no tiene que lamentarse, pues ahora puede
hablar con él sin que su ausência, como otras veces, le impida ser escuchada poi
él".7 Poole y Contarini se encontraban entre sus amigos de confianza. No puedo
creer que se sometiera a Ia práctica de ejercicios espirituales de estilo monacal.
Con ingenuidad nos dice de ella Aretino: "Su idea no es que Io importante
consista en no abrir los lábios, en cerrar los ojos y en vestir ropas ásperas, sino
en Ia pureza dei alma."
También Ia casa de los Colonna, propiamente Ia casa de Vespasiano,
duque de Palliano, y de su esposa Julia Gonzaga, que pasaba por ser Ia mujer
más bella de Itália, simpatizaba con este movimiento. Un libro de Valdés estaba
dedicado a Julia.
Pero también en Ia clase media Ia doctrina tuvo gran resonancia. La noti-
cia de Ia Inquisición se nos antoja un peco exagerada, cuando nos dice que se
adherían a aquélla três mil maestros de escuela. Pero, aun rebajando, jcuán
grande no debió ser su influencia sobre Ia juventud y ei puçblo!
Y no debió ser menor Ia aceptación que obtuso en Módena. El obispo Mo-
rone, muy amigo de Poole y Contarini, estaba a su favor/per su recomendación
expresa se imprimió ei librito Del beneficio de Cristo y fué repartido en nume-
rosos ejemplares. Su capellán, don Girolamo da Módena, era ei presidente de
una academia en que prevalecían los mismos princípios.8 '
De tiempo en tiempo se ha solido hablar de los protestantes en Itália y
hemos citado algunos nombres que suelcn aparecer en esta circunstancia. Cier-
tamente que en estes hombres habían echado raieis algunas de Ias opiniones
que llegaron a imperar en Alemania. Trataban de fundar su doctrina en ei tes-
timonio de Ia Escritura y en Ia euestión de Ia justificación andaban muy cerca
1638 y fui reimpresa hacc unos anos por Ia Rc/igious tracts Socicty. Pero no ha sido decidida Ia
euestión liligiosa sobre su autor, tnquirc not oi lhe aiithor, reza ei prefacio, lie is unknown. Lo
mismo que entonces, también ahora se destino ei librito a Ia cdificación imncdiata.
1 Letlcte rolgari, i, 92. Letterc di divc/si autoii, p. 604. Sobre todo Ia priwcra cs una
colección muy útil.
8 En Schclhorn, Amoeniratr. liíerar, t. xn, p. 564, se hallan reproducidos los articu/i contra
Moronum, editados por Vcrgerio cn ei ano 1558, en los que tampoco faltan aqucllas acusaciones.
He tomado Ia información más exacta dei compêndio de los inquisidores.
A S O M O S DE P R O T E S T A N T I S M O E N ITÁLIA 73

«Ir Ia concepción luterana. Pero no podemos decir que sostuvieran esta concep-
lión en todos los dcmás campos, porque ei sentimiento de unidad de Ia Iglesia
cru demasiado profundo, tenían muy metida en su alma Ia veneración por ei
l-Papado y muchos usos católicos coincidían demasiado ccn Ia manera de ser
jwiional para poder apartarse de eJJos facilmente.
Flaminio concibió una explicación de los salmos cuyo contenido dogmáti-
I co ha sido aprobado por escritores protestantes, pero también este autor se trai-
Iclona en Ia dedicatória, en Ia que denomina ai Papa "guardián y príncipe de
Ioda santidad, lugarteniente de Dios en Ia tierra".
Giovan Battista Folengo atribuye Ia justificación unicamente a Ia gracia
y hasta habla dei provecho de los pecados, Io que no está muy lejos dei efecto
Hpcivo atribuible a Ias buenas obras. Con vehemencia disputa contra Ia con-
iian/a cn los ayunos, frecuentes oraciones. misa y confesión, y hasta en ei
iiuicrdocio mismo, en Ia tonsura y mitra. 0 Sin embargo, murió tranqüilamente
• los sesenta anos de cdad en ei mismo convento de benedictinos en que había
fcgrcsado a los dieciséis.10
Cosa no muv diferente ocune con Bernaròino Ochino. Scgún sus palabras,
lesde un principio fué su profundo anhelo "llcgar ai paraíso que se gana por
U gracia de Dios", lo que lc llevó a ingresar en Ia orden franciscana. Su ceio
|ra tan fucrte que pronto se entrego a Ias rigurosas disciplinas de los capuchi-
En ei capítulo terecro, y luego en ei cuarto de esta orden, fué elegido
li In i.il, cargo que ejerció a satisfacción de los padres y hermanos. Sicndo su
uda tan rigurosa —ibà siempre dcscalzo, dormia sobre los hábitos, nunca behió
Mim, aconsejaba ei voto de Ia pobreza como ei médio mejor de alcanzar Ia per-
hii'ión— se fué convenciendo cada vez más dei principio de justificación por
gracia, principio que propago con vehemencia en ei confesonario y en ei
lÚlpito. "Le abri mi corazón —dice Bembo— como lo haría delantc de Cristo
M iiií como si nunca hubicra estado cn presencia de un hombre más santo." A
||l sermones afluían de otras ciudades, Ias iglcsias resultaban pequenas y
Bpdos, sábios e ignorantes, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. se aplacaban
• p n sus palabras. Su hábito áspero, su larga barba que lc llcgaba hasta ei p?cho,
H M cabellcs grises, su pálido rostro enjuto y Ia debilidad producida por sus ayu-
k i i . olislinados le daban figura de santo. 11
j Pero hubo una íínca dentro dei catolicismo que no fuc alcanzada por Ias
Hiicvas opiniones. En Itália no se cntabló Ia lucha con cl sacerdócio ni cl mo-
Bpcato y se estaba muy lejos de atacar ei primado dei Papa. Per ejemplo, jcómo
• l i Poole podría llcgar a tal punto si precisamente había huido de Inglaterra
T | l i i "<) verse obligado a venerar en ei rey ai jefe de Ia Iglesia inglesa? Con
1 Itloncl Vida, discípulo de Vergcrio, opinaban que "en Ia Iglesia cristiana cada
|n<> tienc su oficio: cl obispo Ia cura de almas de sus diocesanos, a quienes

I
rte que guardar dcl mundo y dcl demônio; ei metropolitano tienc que cuidar
• Ad Psaím. 67, f. 246. Se encuentia un cxlracto de estas cxplicacioncs cn Ccrdcsíus, flaí/a
ItiBla, pp. 257-261.
i' Thiuini /fistorâe ad a. 1559. i. 473.
1 Bovcrio, Annaíi di /rali minori Cjpuccini, i, 375. Craliani, Vfc de Cnnimeiidone. p. 143.
74 COMIENZOS DE REGENERACION

que los obispos cumplan con ei deber de residência y los metropolitanos, a su


vez, están sometidos al Papa, a quien se encomienda ei gobierno general
de ia Iglesia, que deberá realizar con santo espiritu. Cada cual debe adminis-
trar su oficio".12 Estos hombres consideraban Ia separación de Ia Iglesia como
ei mayor mal. Isidoro Clario, varón que mejoró Ia Vulgata con ayuda de otros
trabajos protestantes y Ia acompanó de un prólogo que fué sometido al expur-
go, advertia a los protestantes en un escrito especial que se apartaran de tal
proceder. "Ninguna corrupción puede ser tan grande que pueda justificar Ia
separación de Ia sociedad santa. ^No seria mejor restaurar Io que se tiene en
lugar de confiarse por traer cosas nuevas con ensayos inciertos? Hay que pensar
tan solo en Ia manera de mejorar Ia vieja institución y depuraria de sus de-
fectos."
En ei mismo sentido opinaban también muchos de los partidários italianos
de Ias nuevas doctrinas. Así, Antônio dei Pagliarici, de Siena, que pasó por ser
ei autor dei libro Del beneficio de Cristo, Camesecchi, de Florencia, que fué
considerado como su partidário y propagandista, Giovan Battista Rotto, de Bo-
lonia, que contaba entre sus protectores a Morone, Poole y Vittoria Colonna,
que encontro médios para auxiliar con dinero a los partidários más pobres, Fray
Antônio de Volterra y, en casi todas Ias ciudades, algún hombre importante. 18
Se trataba de una opinión resueltamente religiosa, pero eclesiásticamente mo-
derada, que abarco al país entero y Io agito en todos sus círculos.

2 ) Intento de una reforma interior y de una reconciliación


con los protestantes
Se atribuye a Poole Ia declaración de que ei hombre tiene que darse por con-
tento con Ia convicción interior, sin preocuparse demasiado de si en Ia Iglesia
se dan errores y abusos. 14 Pero ei primer intento de reforma surgió precisa-
mente dei lado en que él estaba.
Acaso ei hecho más famoso de Paulo III, í o n ei que marco su subida al
solio pontifício, fué que nombró cardenales a unos cuántos varones eminentes
sin otra consideración que su mérito personal. Comenzó con ei veneciano
Contarini y parece que este hizo Ia propuesta de los restantes. Eran hombres
de costumbres intachables, con fama de sábios y piadosos, conocedores de Ias
necesidades de cada país: Caraffa, que residió mucho tiempo en Espafía y en
los Países Bajos; Sadolet, obispo de Carpentras en Francia; Poole, fugitivo
de Inglaterra; Giberto, que luego de haber participado en Ia dirección de los
asuntos generales, administro en forma ejemplar ei obispado de Verona; Fede-

12 "Ottonello Vida Dot. al Vescovo Vergerio"; Lettere vo/gari, i, 80.


18 Nuestra fuente sobre esto ha sido ei extracto dei compêndio de los inquisidores: Bologna,
reza este, fu en molti perico/i, perche vi furoní heretící princípa/í, ira quaJi fu un Cio Ba. Rotto,
il quaíe haveva amicizia et appoggio di persone potenrissime, come di Morone, Polo, Marchesa dl
Pescara, e raccogiieva danari a tutto suo pofere e gli comparativa tra gii herefici oceulti e poveri che
stavano in Bo/ogna, ab/urò poi nel/e mam dei padre Sa/merone (dei jesuíta) per ordine de) legato
di Bologna. (Compend. foi. 9, c. 94). Y así pasa revista a todas Ias ciudades.
1* Pasaje de Atanagi, en M'Cric, Re/ormation in italien, p. 172 de Ia trad. alemana.
INTENTO DE REFORMA INTERIOR 75

ligo Fregoso, arzobispo de Salerno; casi todos, como vemos, miembros dei ora-
tório dei amor divino, y vários orientados por aquella tendência religiosa que
propendia ai protestantismo. 15
Estos fueron los cardenales que prepararon un proyecto de reforma ecle-
siástica por orden dei Papa. Fué conocido por los protestantes, que más bien
Io tomaron a mofa. En efecto, ellos habían ido un poço más lejos, pero no se
bucde negar que para Ia Iglesia católica revestia una importância extraordinária
|uc desde Roma misma se atacara ei mal que un Papa achacaba a otros, como
I ilicc en ei preâmbulo: "que con frecuencia escogieron servidores no para
(prender de ellos cuál era su deber, sino para que les declararan lícito Io que
ecían", y que semejante abuso dei supremo poder se consideraba como Ia
Mente más abundante de perdición. 18 Pero no paro aqui Ia cosa. Se conservan
unos opúsculos de Gaspar Contarini en que combate encarnizadamente sobre
o aquellos abusos que aportaban ganâncias a Ia cúria. El uso de Ias com-
iciones, es decir, Ia concesión de gracias espirituales mediante dinero, Io
Iara simoníaco y digno de ser considerado como una espécie de herejía. Se
sideró improcedente que se hicieran reproches a Papas anteriores. "^Por qué
hemos de preocupar tanto dei nombre de três o cuatro Papas y no más bien
mejorar Io que está corrompido, y ganarnos así buena fama? Seria demasiado
ir que se defendieran todos los actos de todos los Papas." Ataca vigorosa-
ntc ei abuso de Ias dispensas. Considera idolátrico afirmar, como solía hacer-
(|ue cl Papa no debe seguir ocra norma que su voJuntad en ei establecimiento
en Ia derogación dei derecho positivo. Vale Ia pena que le escuchemos en este
nio. "La Ley de Cristo es una ley de libertad y prohibe esa tan grosera serví-
mbre que los luteranos han comparado a Ia cautividad de Babilônia con mu-
razón. ^Pero es que puede llamarse propiamente gobierno aquel cuya regia
In voluntad de un hombre, voluntad que por naturaleza es propensa ai mal y
ivida de infinitas pasiones? jNo, todo dominio es un domínio de Ia razón!
fin es asegurar Ia felicidad de aquellos que le están sometidos, ofreciéndole
médios adecuados para sus fines. También Ia autoridad dei Papa es un do-
nio de ia razón: Dios 5a ba atribuído a San Pedro y sus sucesores para que
duzean a Ia vida eterna a los rebanos confiados a su cuidado. U n Papa debe
r que ejerce ese dominio sobre hombres libres, y no tiene que mandar,
hibir o dispensar a su libre arbítrio, sino según Ia regia de Ia razón, de los
«ndamientos divinos y dei amor: una regia que todo Io refiere a Dios y ai
•jor bien común. Porque no es Ia arbitrariedad Ia que establece Ias leyes
itivas. Estas se dan cuando se acomodan ei derecho natural y los manda-
rmos divinos a Ias circunstancias y solo a tenor de estas normas y Ias exigen-
R inexcusables de Ias cosas pueden ser modificadas." "Su Santidad —exclama
tiy,icndose a Paulo III— se cuide de no apartarse de esta regia. No te orientes

I» Vita Reginaldi Poli, cn Ia edición de Ias cartas de este por Quirini, t. I, p. 12. "Florebclli
ft Vita Jacobi Sadoleti commcntarius", en Epp. Sadofeti CoJ. 1590, vol. 3.

t l6 Sc trata dcl Consilium delecrorum Cardinal/uin et aliorum prae/atorum de emendanda


Jciiu, ai que ya aludimos. Firmado por Contarini, Caraffa, Sadolct, Poolc, Fregoso, Giberto,
llc»c y Alcander.
76 COMIENZOS DE REGENERAClÓN

a Ia impotência de Ia voluntad, que escoge ei mal, ni a 1


sirve ai pecado. Entonces serás poderoso y libre, y de csa manera se hallará
contenida en tu vida Ia república cristiana." "
Como vemos, es un intento de establecer un Papado racional, tanto más
notable cuanto que parte de Ia misma doctrina sobre Ia justificación y Ia volun-
tad libre que sirve de base a Ia separación protestante. No es que Io sospeche-
mos por tratarse de Contarini, sino que Io dice expresamente. Declara que ei
hombre se inclina ai mal y esto procede de Ia impotência de Ia voluntad, que,
ai orientarse ai mal, se halla comprendida más cn pasión que en acción, y solo se
liberta por Ia gracia de Cristo. Reconoce así ei poder papal, pero reclama de él
que se oriente hacia Dios y ei bien general.
Contarini prcscntó sus escritos ai Papa. En noviembre de 1538, en un
sereno dia, marcho con él a Ostia. "En ei camino —escribe a Pocle— nuestro
buen viejo me tomo a un lado y habló conmigo a solas sobre Ia reforma de Ias
composiciones. Me dijo que tenía ei opúsculo escrito por mi y que Io habia
leído por Ia manana. Yo había perdido todas Ias esperanzas, pero ha hablado
conmigo tan cristianamente que me naccn nuevas de que Dios hará algo grande
y no dejará que Ias puertas dei Infierno prevalezcan sobre su espíritu." , 8
Es fácil comprender que Ia empresa más difícil que se podia afrontar era
Ia de una honda corrección de los abusos, ya que había de afectar tantos dere-
chos y privilégios personales y tantas viejas costumbres. Pero ei Papa Paulo
parecia cada vez más resuelto. Así, nombró comisiones para Ia puesta en prác-
tica de Ia reforma 1U de Ia Câmara, dei tribunal de Ia Rota, de Ia Cancillería y
de Ia Penitenciaria; y llamó de nucvo a Giberto. Aparecieron bulas de sentido
reformador; se hicicron preparativos para un concilio general, tan temido y es-
quivado por ei Papa Clemente, y contra ei que Paulo 111 tenía también motivos
de caracter privado.
iQuc ocurriría si Ias reformas tuvieran lugar, se renovada Ia corte roma-
na, se cortaran los abusos y ei mismo dogma del^que partió Lutero sirviera de
principio a una renovación de Ia vida y Ia doctrina? iNo/scría posible entonces
una reconciliación? Porque hay que tener en cuenta que los protestantes se
fucron apartando de Ia unidad de Ia Iglcsia solo poço a poço y con renuencia.
Muchas cosas parecicron posibles y no poços tenían puesta su esperan/.a
en Ias conversaciones religiosas.
El Papa no podia consentir en ellas, desde ei punto de vista teórico, ya
que se trataba de resolver cuestiones de religión, en Ias que pretendia cl conoci-
miento supremo, y que no se rcsolverían sin ingerência dei poder secular. £
bien es verdad que se resistió, acabo por ceder y envio sus delegados.
17 C. Contarini Cardinalis ad Paulum III P. M. de polcstate pontificis in compositionibus'
Imprcso por Roccabcrti, Bibliolhcca Pontifícia Máxima, t. xm. En mis manos se encuentra ade-
más un Tr.ictatus c/c compositionibus datarii Revmi. D. Casparis Contarem', 1556, que no lie po-
dido encontrar imprcso cn ninguna parte.
18 "Gaspar C. Contarcnus Rcginaldo C. Polo. Ex ostiis Tibcrinis XI Nov. 1538". (Epp. Poii
ii, 142).
l» "Acta consistorialia" (6 de agosto de 1540) cn Rainaldus, AnnaJes ecc/esiastici, t. xxi
p. 146.
INTENTO DE REFORMA INTERIOR 77
Procedió con mucha cautela, escogiendo siempre gente moderada, gente
que estuvo en sospecha de protestantismo en ocasiones posteriores. Además, Ia
[instruyó razonablemente en cuanto a su condueta política.
Así, por ejemplo, cuando en ei ano 1536 envio a Alemania a Morone,
ttxlavía joven, no olvido de recomendarle "que no hiciera deudas, que parará
rn Ias posadas senaladas, que se vistiera sin lujo y sin pobreza y que visitara
l IHN iglesias, pero sin ninguna afectación hipócrita". Tenía que personificar Ia
•iforma romana, de Ia que se hablaba tanto: se le recomendaba una dignidad
pnoderada por Ia serenidad. 20 En ei ano 1540 ei obispo de Viena dió un paso
[•xlrcmo. Pretendia que se propusiera a los neocreyentes los artículos de Lutero
de Melanchton declarados heréticos y que, sin más, se les preguntara si esta-
in dispuestos a renegar de ellos. En modo alguno ei Papa hizo ninguna indi-
ción en tal sentido a su núncio. "Antes se dejaría matar, según tememos —de-
que abdicar de esa suerte," 21 No quiere sino ver un rayo de esperanza
cn cuanto aparezea, mandará una fórmula no vejatoria que ha sido redactada
i por varones prudentes y dignos. "jSi estuviéramos ya en ese momento, apenas
tendríamos que esperar!"
Nunca los dos grupos estuvieron más cerca que en Ias conversaciones de
Itisbona dei afio 1541. Las circunstancias políticas eran excepcionalmente
apicias. El emperador, que queria servirse de las fuerzas dei Império en una
jlcrra contra los turcos o contra Francia, apenas deseaba otra cesa. Escogió entre
teólogos católicos a los varones más moderados y sensatos, Gropper y Júlio
flug. Por otra parte, ei landgrave Felipe se hallaba en buenas relaciones con
•tlstria y confiaba en recibir ei mando supremo en Ia guerra que se preparaba.
II emperador contemplo con alegria y admiración su entrada en Ratisbona,
íntado en un soberbio potro. Por ei lado protestante se presentaron ei pacífico
Jtyer y ei flexible Melanchton.
Ya Ia elección de los legados por ei Papa nos muestra en qué grado desea-
el êxito de las negociaciones; entre ellos se encuentra Gaspar Contarini, tan
^mprometido en Ia nueva dirección que había ganado a Itália y quien había
•hajado en Ia redacción dei proyecto de reforma general. Ahora Io vemos en
momento propicio y en un puesto todavia más importante, en médio de dos
inienes y partidos que se dividen ei mundo, con Ia misión y esperanza de con-
Inrlos. Puesto este que nos autoriza, si es que no nos obliga, a considerar más
i • |' n io su personalidad.
Mcsser Gaspar Contarini, ei hijo mayor de una família noble de Venecia
kir traficaba con Levante, se había dedicado a los estúdios de filosofia. No deja
I lencr interés ver como los emprendió. Decidió dedicar três horas ai dia a
ns estúdios, ni un minuto más ni uno menos, y siempre comenzaba con un
M» y estudiaba cada disciplina hasta ei final, sin jamás saltar de una a otra. 22
I» ínstruetio pro causa fidei et conci/ii data episcopo Mutinac 24. Oct. 1536 MS.
II Instrticriones pro Revmo. D. cp. Mutincnsi apostólico núncio inter/uturo convenfui Ger-
IIIIII Spirae 12. Ma/i 1540 celebrando.- "Tiniendum est atque adeo ccrlo scicndiim, isfa quac iii
ilicu/is pie et prudenter conlinentur non solum íretos silvo conduclu esse eos tecusafuros,
II cliain ubi inors praesens immineret, illam potius praeelecluros".
« Joannis Casac Vita G. Contarini": en /o. Casac Moniincntis latinis. cd. Hal. 1708, p. 88.
78 COMIENZOS DE RE6ENERACIÓN

N o se dejó embaucar por Ias sutilezas de los intérpretes de Aristóteles, y


le parecia que nada había más agudo que Ia falsedad.
Mostro ei más claro talento y, todavia, mayor solidez. N o se preocupaba
mucho por ei ornato de Ia frase y se expresaba con sencillez y justeza.
Se desarrolló gradualmente con el mismo orden sencillo con que Ia natu-
raleza trae una estación trás otra.
Cuando en su juventud fué acogido en el consejo de los Pregadi, que era
el senado de su ciudad, no osó hablar durante mucho tiempo; hubiera querido j
tener algo que decir, pero no encontraba fuerzas, hasta que se decidió por fin I
una vez y habló no muy graciosamente ni con demasiado ingenio, ni tampoco |
con pasión y viveza, pero de manera tan sencilla y sólida que se ganó Ia consi-
deración de todos.
Le habían tocado tiempos muy movidos. Vió como su pátria perdia sus
dominios y ayudó a recuperados. Cuando Carlos V hizo su primera entrada en
Alemania, fué enviado como embajador y se dió cuenta de los comienzos de Ia j
escisión eclesiástica. Acompanó ai emperador a Espafia cuando Ia nao Victoria ]
volvia de dar Ia vuelta ai mundo; 2 3 que yo sepa, fué el primero en resolver el I
mistério de que el barco llcgara un dia más tarde de Io que marcaba su libro ]
de bitácora. Intervino para conciliar ai Papa —ai que fué enviado después de I
ia conquista de Roma— con el emperador. Testimonios luminosos de sus ob- ]
servacioncs penetrantes sobre el mundo y de su razonable amor pátrio los en- ]
contramos en el librito sobre Ia constitución de Venecia —una obrita muy I
bien informada y concebida— y en Ias "relaciones" autografas de sus embajadas 1
que encontramos desparramadas aqui y allá.24
En el ano 1535, un domingo en que se hallaba reunido el Gran Consejo I
y Contarini —que entretanto había ido ocupando los más importantes cargos— I
se sentaba ante Ias urnas electorales, llegó Ia noticia de que el Papa Paulo, a I
quien no conocía y con el que no mantcnía ninguna relación, Ife había nombrado j
cardenal. Todos se apresuraron a felicitar ai soqírendido Contarini, que no Io I
queria creer. Aluise Mocénigo, que hasta entonces hat>ía sido su adversário I
en los negócios públicos, proclamo que Ia República perdia su mejor c i u - 1
dadano.- 5
Esta feliz nueva, tan honrosa, ofrecía, sin embargo, para él otro aspecto I
menos agradablc. ^Tendría que abandonar su libre pátria, que le había distin- I
guido con los honores máximos y que le permitia un campo de acción donde I
poder alternar con los jefes dei Estado, para ponerse ai servido de un Papa I
apasionado y no limitado por ninguna ley? ^Habría de abandonar su República, 1
cuyas costumbres se acomodaban tan bien a Ias suyas, para competir en el lujo J
y el esplendor de Ia corte romana? Fué Ia consideración dei ejemplo que el 1
23 Bcccatcllo, "Vita dcl C. Contarini" (Epp. Poli, ni), p. cm. También existe una edición t
especial, peto esta ha sido tomada de Ia colección de cartas y cuenta el mismo número de páginas. J
2J La primera (relación) cs de 1525, Ia otra de 1530. Sobre todo aquélla tiene gran impor-j
tancia para Ia primera época de Carlos V. No lie podido descubrir rastro de cila ni en Viena ni en I
Venecia. Kn Roma descubrí un cjcmplar, v nunca hc vuclto a ver otro.
25 D.inicl Bárbaro a Doincnico Venjcjo; Lellcie volgaii, i, 3.
I N T E N T O DE REFORMA INTBRIOR 79
, mcnosprecio de una dignidad tan alta significaba en tan difíciles tiempos, Io que
B movió a aceptar' ei nombramiento. 26
Todo ei ceio que hasta entonces había dedicado a su pátria Io volcó ahora
rii los negócios generales de Ia Iglesia. A menudo tuvo enfrente a los carde-
Malcs, que encontraban extrano que un recién llegado, un veneciano, tratara
I reformar Ia corte romana, y también tuvo en contra ai Papa en ocasiones.
B n n vez se opuso ai nombramiento de un cardenal. "Ya sabemos —dijo ei
B i p a — como se navega en estas águas: no les gusta a los cardenales que otra
• m i n a sea elevada a Ia misma dignidad." Herido, repuso Contarini: "No creo
Bu*' ei capelo cardenalicio constituya mi mavor honor".
Un este momento se nos manifiesta también en Ia dignidad y modetación
• su ânimo con ei rigor, sencillez y energia de siempre.
La naturaleza no priva ni ai organismo más sencillo dei adorno de su es-
lendor, de ia flor de su apogeo, en Ia que aiienta y se comunica su existen-
, Un los hombres es ei sentir producto de todas Ias fuerzas superiores de su
u y a él debe su conducta moral y, su figura, Ia expresión con que nos
iin. Esta era en Contarini una expresión dulce: verdad interior, honesta
nlidad y, en especial, una profunda convicción religiosa que ilumina y hace
li".<> ai hombre.
Contarini se prescntó cn Alemania imbuído de este espíritu de modera-
, de acuerdo con los protestantes en los más importantes puntos de doctrina,
Miaba dar término a Ia división con una regeneración de Ia misma llevada
||DO desde esos puntos de vista y con ei propósito de acabar con los abusos.
| <;Pero acaso aquélla no había avanzado demasiado y no habían arraigado
| excesiva fuerza Ias opiniones divergentes? No quisiera contestar cn este
Mii>'iiii>.

Oiro veneciano, Marino Giustiniani, que salió de Alemania poço tiempo


• t de Ia Dieta, y que parece que observo escrupulosamente Ia situación, con-
brnba posible Ia conciliación.-7 N o serían necesarias más que unas poças
lersiones importantes. Y senalaba Ias siguientes. "Ul Papa no había de pre-
• e r que se le considerara como representante de Cristo también en h secular;
• a que poner sustitutos a los obispos y sacerdotes ignorantes y viciosos, susti-
m intachables en su vida y capaces de instruir ai pueblo; no se toleraria ei
bi( 10 de Ias misas ni Ia acumulación de benefícios ni ei abuso de Ias compo-
bnes, y Ia violación de Ias leyes dei ayuno se castigaria con penas suaves; si
llilorizaba Ia comunión en ambas espécies y ei matrimônio de los sacerdotes,
Wguro se acabaria en seguida con Ia disensión alemana, se obedeceria ai
m cn los asuntos espirituales, se permitiria decir misa, se aceptaría Ia confe-
y hasta se reconocería Ia necesidad de Ias buenas obras como fruto de Ia
{•li Ia medida en que derivaran de esta. Como Ia escisión debía su orioen
)N :ibusos, podría acabarse con aquélla acabando primero con estos."
Recordamos en este momento que ei landgrave Felipe de Hesse había de-
m Casa, p. 102.
I Rc/azione dcl clarmo. Aí. Marino Ciuslinian Kavr. (rifornato) dal/a /egazione Ji Cermania
| Peidinando :e di Rommi. Bibl. Corsini, Roma, núin. 481.
80 COMIENZOS DE REGENfcRAClÓN

clarado ya en ei ano anterior que se podria tolerar ei poder temporal de los


obispos en cuanto se encontrara un médio para asegurarse de una buena
gestión espiritual, y en cvanto a Ia misa, se podria Uegar a un acuerdo si se
permitia Ia comunión en Ias dos espécies.'-8 Sir» duda bajo determinadas condi-
ciones, Joaquín de Brandeburgo se declara dispuesto a reconocer ei primado
dei Papa. Entretanto Ia aproximación seguia también por otro lado. El emba-
jador dei emperador repetia que era menester ceder por ambas partes hasta ei
punto en que fuera compatible con ei honor de Dios. También los no protes-
tantes hubieran visto con gusto que se hubiera despojado dei poder espiritual
a los obispcs que se habían convertido en verdaderos príncipes, traspasándolo a
superintendentes, si en Ia cuestión de Ia aplicación que hubiera de darse a los
bienes de Ia Iglesia hubiese prevalecido un sentido general de innovación. Se
empezó ya a hablar de cosas más bien neutras, que se harían o dejarían de hacer-
se, y hasta en los electorados eclesiásticos se organizaron rogativas por ei êxito
de Ias negociaciones.
No queremos discutir Ias posibslidades y perspectivas que ofrecía este ne-
gocio; de todas maneras era algo muy difícil. Pero de haber una mínima espe-
ranza, era obligado ei intento. Por eso se desperto de nuevo uft gran deseo de
trabajar por Ia conciliación, deseo a] que se anudaion Ias mayores esperanzas.
Me pregunto si también ei Papa, sin ei cual nada podia lograrse, se hallaba
dispuesto a ceder, y en este punto es muy interesante un pasaje de Ia "instruc-
ción" entregada a Contarini.29
No se le concedieron los plenos poderes que reclamaba ei emperador. El
Papa tenía miedo de que los alemanes presentaran peticiones que ningún lega-
do ni ei mismo Papa pcdría conceder sin Ia asistencia dei consejo de otras na-
ciones. Pero no por eso repudia de antemano Ias negociaciones. Hay que ver
primero, decía, si los protestantes se ponen de acuerdo con nosotros en Ias cues-
tiones de principio, per ejemplo, sobre ei primado de Ia Sarjta Sede, sobre los j
sacramentos y otras cuestiones. Acerca de estas "otras cuestiones" ei Papa no se|
expresa con demasiada claridad. Senala como tales lo/]ue ha sido admitido.]
de acuerdo con Ia Sagrada Escritura o con Ia tradición constante de Ia Iglesia.i)
cosas conecidas para ei legado. Y anade que sobre esta base se puede intentarl]
llegar a una inteligência sobre todas Ias cuestiones en litígio.80
No se puede dudar que esta manera incierta de expresarse fué delibera-
28 Escrito dei Iandgrave cn Rommel, (Mundenbueh, p. 85. C"f. ei escrito dei obispo d«1
Lunden, Seckcndorf, p. 299. "Contarini ai Cl. Farnese, 1541, K April" (Epp. Poli, p. cciv) EH
Iandgrave y cl príncipe clçctor pidicron ei matrimônio de sacerdotes y Ias dos espécies; aquél se
muestra mis intransigente Cn cuanto a Ia cuestión dei primado y este cn cuanto a Ia doctrinJ
de missa quod sit sacrificiiim.
20 ínslructio dita Revnio. Cl. Contareno in Cermaniam legato d. 28 mensis Januarii IS1I sJ,
encuentran manuscritos de t lla en muchas bibliotecas; impresa en Quirini, Epp. Poli, nr, ccucxxvtJ
. ..3" YidcKlum imprimis esf an Protestantes et íi qui ab ecc/esiae grêmio c?e/ecerunf, in prínA
cipns nobiscmn conveiuaiif, cu/nsmodi est hujus sanetae sedis primatus tanquam a deo et sa/vafoni
nostro instilutus, sacrosanetae ecclesiae sacramenta, et alia quaedam quae tiim sacrarum JitterarunU
antonl.itc tmii universa/iis, ecclesiae perpetua observatione hactenus observata et comprobata t"uei«
et tibi nota esse bene scimus, quibus statim initio admissis omnis super aliis controversiis concordij
tentaretur, Dcbcmos tener presente Ia posición, sumamente ortodoxa, inflexible por naturaleza, de
un Papa, para advertir cuán gran importância tiene una tal rnanifcstación.
INTENTO DE REFORMA INTERIOR 81
iln: Paulo III queria probar hasta donde llegaba Contarini y queria tcner Ias
iniiinos sueltas para ei momento de Ia raüficación. Al principio dejó ai legado
[«Irrta libertad de acción. Claro que le hübiera costado mucho esfuerzo conse-

t ini que los intransigentes de Ia cúria aceptaran Io que se acordara en Ratis-


Diin, que no podia ser a su plena satisfacción, pero Io primero de todo era con-
jiuir Ia avenencia de los teólogos reunidos. La tendência mediadora era todavia
|1 UM,ido vaga para poder ser designada con un nombre: solo cuando se apo-
iru cn algún punto firme, ya logrado, podría pretender un mayor valimiento.
Las negociaciones empezaron ei 5 de abril de 1541; se puso como base de
ttUfión un proyecto de origen imperial, aceptado por Contarini después
unas iígeras modífícacíones. Ya en este momento creyó conveniente ei legado
purarse un tanto de su "instrucción". El Papa reclamaba, en primer lugar, ei
onocimiento de su primado. Contarini vió muy bien que con esta cuestión,
propia para encender Ia pasión en los ânimos, podia fracasar en sus comien-
toda Ia empresa. Y, así, consiguió que entre los artículos presentados a dis-
(fón figurara en último término ei referente ai primado dei Papa. Le pareció
|l hacedero comenzar con aquello en que él y sus amigos se aproximaban
los protestantes, y en los que se tocaban puntos importantísimos que afecta-
a los fundamentos de Ia fe. Tomo mucha parte en las díscusiones perti-
ltcs. Asegura su secretario que nada se acordo por los teólogos católicos, ni
.cumbió una tilde, sin antes consultarle.31 Morone, obispo de Módena, y
Imaso da Modena, maestro dei Sacro Palácio, que estaban con él en ei artículo
• e n t e a Ia justificación, le apoyaron.32 Fué un teólogo alemán ei que opuso
mayor díficultad, aquel viejo contradictor de Lutero, ei doctor Eck. Pero
flpdo a discutir punto por punto ei famoso artículo, se vió obligado a hacer
Jttuciones que se juzgaron satisfactorias. De hecho hubo acuerdo y —jquién
I hübiera sospechado!— en breve tiempo, sobre los cuatro importantes artículos
|íca de Ia naturaleza dei hombre, dei pecado original, de Ia redención y de Ia
É/ficación. Contarini aceptó ei punto principal de Ia doctrina luterana, a
Jt, que Ia justificación de los hombres no resulta dei mérito, sino tan solo
li fc; por su cuenta, anadió que esta fe tenía que ser viva y activa. Melanch-
cconoció que esta era precisamente Ia doctrina protestante.33 Atrevida-
iptc afirma Bucer que en los artículos discutidos se hallaba comprendido
Io que es necesario para vivir beata, justa y santamente delante de Dios y
los hombres".34 Igual contento se manifiesía en ei otro lado. El obispo de
ijiiil.i califica de santa Ia controvérsia y no duda de que traerá consigo Ia recon-
Bdón de Ia cristiandad. Con alegria se enteraron los amigos de Contarini de
»lii donde se había Uegado. "Cuando me he enterado de Ia coincidência de ]as
nioncs —le escribe Poole—, he sentido un bienestar que ninguna armonía

* ' Beccatcfli, Viía dei Cardinal Contarini, p. cxvn.


\ M Pallavicini, iv, xrv, p. 433, de las caitas de Contarini.
»» "Melanchton a Camcrar. 10 de Mayo" (Epp., p. 360): Adsentiuntur justifican homines
J *t (iiiidem in eam senteníiam ut nos docemus. Cf. Planck, Gcschichte des protestantischen
jfbrijnffs, ni, n, 93.
** Todas las gestioneS y escritos, para Ia comparación de Ia religión por su majestad imperial,
lutados ao. 1541 por Martinum Bucerum, en Hortleder, Libro r, cap. 37, p. 280.
82 COMIENZOS DE REGENERAClÓN

musical me hubiera producido. No solo porque veo aproximarse Ia paz y Ia


unanimidad, sino porque estos artículos constituyen ei fundamento de toda
Ia fe cristiana. Parece que tratan de diferentes cosas, de Ia fe, de Ias obras y
de Ia justificación, pero sobre esta última se apoya el resto, y te felicito, y doy
gradas a Dios, de que los teólogos de ambas partes se hayan puesto de acuerdo
sobre esto. Esperamos que quien ha comenzado tan piadosamente Io terminará
dei mismo modo."35
Según creo es este un momento de importância esencial para Alemania y
también para el mundo entero. En cuanto a Alemania: los puntos tratados
albergan Ia intención de cambiar toda Ia constitución espiritual de Ia nación
y de dotaria frente ai Papa de una posición más libre, a salvo de sus interven-
ciones seculares, e independiente. Se hubiera afirmado de este modo Ia unidad
de Ia Iglesia, y con ella Ia de Ia nación. Pero los efectos hubiesen trascendido
mucho más. Si el partido moderado, ai que se debe Ia tentativa y Ia dirección,
se ganara el mando en Roma y en Itália, ia Iglesia católica cobraria en el mundo
entero un aspecto bien diferente.
Ahora bien; un resultado de estas proporciones no se obtiene sin enco-
nadas luchas. Lo que se acordara en Ratisbôna tenía que ser aceptado, de un
lado, por el Papa, y de otro, por Lutero, a quien ya se había enviado una
embajada.
Ya aqui se presentan Ias primeras dificultades. Si bien en el primer mo-
mento no se mostro dei todo contrario. Lutero derivo pronto a Ia sospecha de
que el enemigo maquinaba un engano y de que todo aqueJIo no era más que
un simulacro. No podia convencerse de que también en el otro lado Ia doc-
trina de Ia justificación hubiera echado raíces. En los artículos de coincidência
no veia sino algo artificial, compuesto de dos opiniones diferentes y él, que se
sentia siempre en médio de Ia lucha dei cielo y el infiemo, olía aqui los manejos
de Satán. Aconsejó vivamente a su senor, ei príncipe ele/tor, que se abstu- I
viera de visitar Ia Dieta. "A él es precisamente a. quien busca el demônio." 30 En I
verdad, Ia presencia y Ia aprobación dei elector hubjeran significado mucho. j
Entretanto estos artículos habían llegado a Roma. Hicieron mucha im- I
presión. Los cardenales Caraffa y Marcello extranaron Ia declaración sobre Ia
justificación y costó mucho trabajo a Príulí aclararles su sentido.37 Pero ei Papa
no se pronuncio tan resueltamente como Lutero. El cardenal Farnesio escribió
ai legado que Su Santidad ni aprobaba ni desaprobaba el acuerdo. Pero todos
los que lo habían visto opinaban que sus palabras <podían haber sido más claras
en el supuesto de que su sentido estuviera de acuerdo con Ia fe católica.

85 "Polus Contareno. Capranicae 17. Maji 1541". Epp. Poli, t. m, p. 25. Tambiín son inte»
icsantes Ias cartas de aquel obispo de Aquila, en Rainaldus, 1541, núms. 11 y 12. Se creía que si
solo se pudiera llegar à iun acuerdo en cuanto a Ia comuníón, todo Io demâs se arreglaría facilmente.
Id unuin est quod omnibus spem maximam facit, assertio Caesaris se nuílo pacto nisi rebus bene
composit/s discessurum, atque etiam quod omnia scitu consiiiisque revmi. legati in colloquio a nostrii
theologis tractantur ei disputantur.
S« Corpus Rei., tv, p. 397. Lutero a Juan Federico en Ia colección de Wette, v, 353, 377.
ST Me parece injustificable que Quirini no comunicara por completo Ia carta de Priuli, que
tuvo en sus manos, sobre estas circunstancias.
INTENTO DE REFORMA INTERIOR 83
Pero, por muy fuerte que fuera esta oposición teológica, no era Ia única
nl quizá Ia más influyente. Surgió otra dei lado político.
Una reconciliación como Ja proyectada dotaria a Alemania de una gran
Unidad y de un poder extraordinário ai emperador que se pudiera servir de
illii."8 En ei caso que se celebrara un concilio, ganaría en toda Europa un pres-
H^O incomparable como jefe dei partido moderado. Como es natural, se alzaron
II cnemistades habituales.
Francisco I se sintió amenazado de manera directa y no descuido sabotear
unidad buscada. Se lamento vivamente de Ias concesiones hechas por ei
|ndo en Ratisbona.39 "Su conducta desarma a los buenos y aumenta ei atre-
licnto de los maios; a fuerza de hacer concesiones ai emperador, se va a llegar
lejos que no haya manera de arreglar ei asunto. Se hubiera hecho bien en
Jchar eJ consejo de los príncipes." Aparentaba que el Papa y ia Iglesia
Kuhan en peligro. Y prometió defenderlos poniendo en juego su propia vida
[todas Ias fuerzas dei pais.
Por otra parte, se desperto en Roma un receio diferente dei que provenía
Ias preocupaciones en matéria de fe. Se observo que ai abrir ei emperador Ias
liones de Ia Dieta, en el momento en que anuncio Ia celebración de un concilio
lieral, no anadió que era el Papa a quien incumbia su convocatória. Se creía
Icontrar indícios de que el emperador se arrogaba para si este derecho. En los
•Culos de aquel acuerdo celebrado con Clemente VII en Barcelona, se trope-
con un pasaje que parecia orientado en esa dirección. Y ino decían de
ltinuo los protestantes que era ai emperador a quien correspondia convocar
| concilio? Al emperador no le era muy difícil hacerles concesiones cuando su
Intiija coincidia con Ia doctrina de ellos de medo tan patente.40 Esto encerraba
l Migro mayor de una escisión.
Entretanto los ânimos empezaron a agitarse también en Alemania. Gius-
jlínni asegura que el poder que el landgrave había adquirido a] colocarse a I
peza dei partido protestante desperto en otros Ia idea de lograr algo parecido
locándose ai frente dei partido católico. Un concurrente a Ia Dieta nos infor-
que los duques de Baviera eran enemigos de todo arreglo. También estaba
contra el príncipe elector de Maguncia. En una carta personal ai Papa, le
íía cn guardiã contra un concilio nacional y contra cualquier clase de con-
*" Sicmpre existió un partido imperial que defendió esta tendência. Y en ello reside, entre
ii cosas, todo el secreto de Ias negociadores emprendidas por el arzobispo de Lunden. Este
Ma liccho ai emperador Ia siguiente indicación: che se S. M. volesse tolerare che i Lutherani
««em ncJ/i ioro errori, disponeva a modo e voíer suo di tutta /a Germania. Instruzione di
ffa III a Montepu/ciano, 1539. También ahora deseaba el emperador Ia tolerância.
19 Habló sobre cl particular con el núncio pontifício en su corte: "II Cl. di Mantova ai Cl.
Mitini", cn Quirini, m, ccLXXVin: Loces 17 Maggio 1541. S. Ma. Chma. diveniva ogni di
urdcnre nel/e cose delia chiesa, le quali era risoluto di voíer difendere e sostenere con tutte le
N me e con Ia vita sua e de'figliuoli, giurandomi che da questo ii moveva principalmente a
i questo ollicio. Granvella, por el contrario, tenla otras informaciones: m'aí/ermò, dice Contarini
mm carta a Farnesio, ibidem, CCLV, con giuramento havere in mano lettere dei re christmo., il
$h tciive a questi principi protestanti che non si accordino in alcun modo e che lui aveva voluto
|K 1'opinioni /oro le quaíi non spiacevano. Según estas informaciones, Francisco I habria intri-
i en ambos bandos contra Ia reconciliación.
«» "Ardinghello al nome dei Cl. Farnese ai Cl. Contarini 29 Maggio 1541".
84 COMIENZOS DE RECENERAClÓN

cilio que hubiera de celebrarse en Alemania: "habría que conceder demasiadas


cosas".41 Encontramos también otros comunicados en que católicos alemanes se j
quejan ante ei Papa de Ias ventajas que está cobrando ei protestantismo en Ia i
Dieta, de Ia transigência de Gropper y Pflug, y de Ia ausência de los príncipes
católicos en Ias conversaciones.42
En una palabra, en Roma, en Francia y en Alemania, entre los enemigos
de Carlos V y entre los en verdad o en apariencia católicos celosos, se levanto
una fuerte oposición contra Ia actitud conciliadora dei emperador. En Roma
se observaba Ia extraordinária confianza dei Papa con ei embajador francês y se
decía que pretendia casar con un Guisa a su nieta Vittoria Farnesio.
Como es nautral, estos movimientos tenían que repercutir vivamente en
los teólogos. El doctor Eck se adbirió ai punto de vista de Baviera. "Los enemi-
gos dei emperador —dice ei secretario de Contarini—, Io mismo dentro de Ale- ;
mania que fuera de ella, que temen su grandeza en ei caso de que consiga Ia
unión de toda Alemania, empiezan a sembrar Ia cizana entre los teólogos. La
envidia de Ia carne interrumpió ei coloquio."43 Dada Ia dificultad dei objeto
en discusión, nada tiene de extrano que no se llegara a ningún acuerdo en los '
restantes artículos.44
Es injusto achacar Ia culpa exclusivamente a los protestantes o recargarla
sobre ellos. Muy pronto, ei Papa dió a entender ai legado, como firme decisión
de su voluntad, que, ni publicamente ni como particular, debiera dar su aquies- j
cencia a ningún acuerdo en ei que no estuviera contenida Ia opinión católica \
en palabras inequívocas. Roma rechazó resueltamente Ia fórmula con que Con-
tarini trataba de conciliar Ias diversas opiniones sobre ei primado dei Papa y Ia
autoridad de los concilios.45 El legado se vió obligado a hacer declaraciones que
parecían contradecir otras suyas anteriores.
Con ei fin de conseguir algo, ei emperador deseaba, cuando menos, que
se mantuvieran provisionalmente Ias fórmulas aprobadas de Jos primeros artícu- 1
los y que se tolerasen Ias restantes divergências, mientras tanto. Pero ni Lutero I
ni ei Papa estaban dispuestos a ello. Se comunico ai cajdenal que ei Colégio en ]
pleno había acordado no aceptar de ningún modo Ia tolerância en puntos tan |
esenciales.
Después de tan grandes esperanzas y tan felices augurios iniciales, volvió j
Contarini sin haber conseguido arreglar Ias cosas. Hubiera deseado acompanar l
ai emperador a los Países Bajos, pero le fué negado. En Itália pudo recoger los J
•41 Lilerae Cardinafis Moguntini, en Rainaldus, 1541, núm. 27.
42 Anônimos se encuentran también en Rainaldus, núm. 25. De qué lado procedian, resulta 1
claro, ya que se dice en ellos de Eck: unus duntaxat peritus theoJogus adhibitus est. Conticnçn j
muchas insinuaciones contra ei emperador: nihil, se dice en ellos, ordinabitur pro robore ecclesiae.l
quia fimetur, il/i (Caesari) displicere.
43 Beccatelli, Vita, p. cxoc. Hora i/ diavoío, che sempre a/Ie buone opere s'attraversa, íece 1
si che sparsa questa famp delia concórdia che tra catholiei e protcstanfi si preparava, gh' invidi I
delrimperatore in Germania e fuori, che )a sua grandezza temevano quando tutti gli Alemani fusser&A
stati uniti, cominciarono a seminare zizania tra que"i theologi colíocutori.
44 El coloquio se interrumpió ai llcgar ai artículo sobre Ia comunión. Contarini insistió en J
conservar Ia concepción de Ia transustanciación; en una reunión convocada especialmente, los pro- j
testantes deeidieron no aceptar esta concepción.
4B "Ardinghello a Contarini", Ibid., p. ccxxiv.
NUEVAS ORDENES 85
comentários que se esparcieron desde Roma por todo ei país sobre su conducta
| ms supuestas concesiones. Era Io bastante generoso para que ei fracaso de
! menciones tan nobles le doliera tanto más hondamente.
La opinión católica moderada había tenido en él un valedor de altura.
rtro, como esa opinión no logro sacar adelante sus propósitos universales, se le
njuntcaba Ia cuestión de si, a partir dei fracaso, podría simplemente sostenerse.
LT"Ua tendência grande lleva consigo Ia misión ineludible de hacerse valer, de
•nponerse, y pronto le amenaza Ia ruina completa si no logra prevalecer.

3) Nuevas ordenes religiosas


ctanto se había desarrollado otra dirección, cercana en sus orígenes a Ia
acabamos de describir, pero que se fué apartando de ella poço a poço, y
Jque también su propósito era de reforma, Ia proyectaba en franca oposición
i cl protestantismo.
Cuando Lutero rechazó el sacerdócio católico en su principio y concepto,
levanto en Itália un movimiento que trato de restaurar ese principio y de
Itarle nuevo prestigio con una disciplina rigurosa. Por ambos lados se perca-
de Ia corrupción de Ia instituciõn eclesiástica, pero mientras en Alemania
pontentaron con Ia abolición dei monacato, en Itália se trato de rejuvenecerlo;
Intras allí el clero rompia con muchas ligaduras, aqui se pensaba, por el con-
Bo, en restablecerlas con más rigor. Arriba de los Alpes se emprende un
lino completamente nuevo; abajo se repiten intentos que ya fueron ensaya-
cn otros siglos.
Porque desde siempre Ia organización eclesiástica había propendido a Ia
illarización y, con frecuencia, había vuelto a recordar sus orígenes y tratado
' trstaurarse. Ya los reyes carolingios se vieron obligados a someter ai clero
regia de Chrodegang, a ia vida en común y a Ia disciplina. A los claustros
tao les servia Ia regia sencilla de Benedicto de Nursia; a Io largo de los
x y xi, vemos congregaciones disciplinadas con regias especiales, según
Bodelo de Cluny. Ello repercutió en el clero secular y, con Ia introducción
celibato, fué casi sometido a Ia forma de una regia monástica. Cuando apa-
las ordenes mendicantes se hallan en estado de profunda decadência
, estos institutos religiosos, a pesar dei gran impulso que Ias cruzadas supu-
III para los pueblos, ai punto de que los caballeros y senores sometieron su
Inización guerrera a Ia forma de Ias regias monásticas. En sus comienzos,
H ordenes mendicantes coadyuvaron sin duda alguna en el restablecimiento
rji lencillez y rigor primitivos, pero ya hemos visto como también ellas se
Dmpieron y secularizaron finalmente hasta constituir uno de los factores
Itlpules de Ia corrupción eclesiástica.
Ya a partir dei ano 1520, y cada vez con mayor viveza a medida que el
Htantismo hacía progresos en Alemania, se hizo sentir Ia necesidad de una
ft reforma de los organismos eclesiásticos en los dos países no afectados por
I movimiento. Ahora en una y después en otra, se manifesto esta tendência
li mismas ordenes.
86 COMIENZOS DE RECENERACIÓN

A pesar de Ia vida recoleta de Ia orden de los Camaldulenses, Paulo Gius-


tianini encuentra que se halla tocada de Ia corrupción general. En ei afio 1522
fundo una nueva congregación que recibió ei nombre de Monte Corona, de
Ias montafias donde tuvo su sede más prestigiosa.4' Três cosas considera
necesarias Giustiniani para ei logro de Ia perfección espiritual: soledad, vo-
tos y reclusión de los monjes en diferentes celdas. En sus cartas nos habla
con especial agrado de estas pequenas celdas y ermitas, que todavia encon-
tramos en Ias cúspides de Ias montafias en médio de un paisaje solitário que
parece convidar ai alma a elevarse a Ias alturas y a conservar un profundo sosie-
go.47 La reforma de estas ermitas se extendió por todo ei mundo.
Entre los franciscanos, en los que acaso Ia perdición babía penetrado más •
profundamente, se intento también una nueva fcrma después de Ias muchas
que habían sido ensayadas. Los capuchinos pretendían restablecer Ias institu-
ciones dei primer fundador, Ia misa de medianoche, los rezos a determinadas ?
horas, Ia disciplina y ei silencio, es decir, todo ei rigor de vida dei instituto j
primitivo. Hace sonreír Ia importância que ponían en pequefias cosas, pero no
se puede negar que en ocasiones se portaron bravamente, como por ejemplo
en Ia peste de 1528.
Pero con una reforma de Ias ordenes no se conseguia mucho porque ei
clero secular se mantenía muy lejos de Io que reclamaba su misión. Por Io tanto,
una reforma efectiva tenía que abordar este problema.
De nuevo tropezamos con miembros de aquel oratório romano. Dos de
ellos —varones, a Io que parece, de caracteres muy contrários— iniciaron Ia
obra. Del uno, Gaetano da Thiene, apacible, tranqüilo, dulce, de poças pala- ,
bras y entregado a los deliquios dei éxtasis religioso, se decía que deseaba refor-
mar ei mundo pero sin que se supiera que él estaba en ei mundo.48 Del otro,
Juan Pedro Caraffa, violento, colérico, vehemente, fanático, nos ocuparemos
después con mayor detenimiento. Él mismo reconocía que sentia su corazón
tanto más oprimido cuanto más se dejaba llevar por sus deseos de refcrma, y
que no encontraba tranquilidad sino cuando se abandonaba a Dios, viviendo
en Ia tierra dentro de un mundo celestial. Así, coincidieron en Ia necesidad
dei retiro, que a uno le pedia su naturaleza y ai otro se le presentaba como un
ideal, y también en Ia inclinación a Ia actividad religiosa. Convencidos de Ia
urgência de una reforma, se unieron para fundar un instituto, que lleva ei nom-
bre de orden de los teatinos, cuya misión era, a Ia vez, Ia contemplación y 1
trabajar por ei mejoramiento dei clero.49

40 Es preciso fijar Ia fecha de Ia fundación a partir de Ia redacción de Ia regia, después de j


haberse dejado Masacio a Ia nueva congregación en 1522. Monte Corona fué fundado por Basciano,
sucesor de Giustiniani. Helyot, Histoiic des ordres monastiques, v, p. 271.
47 "Lettera dei b. Giustiniano ai vescovo Teatino", en Bromato, Storia di PaoJo JV, Lib.
iu. J 19.
4* Carraciolus, Vira S. Ca/erani Thienaei, c. ix, 101. In conversatione humi/is, mansuetus, mo-
destus, pauci sermonis —meminique me iJ/um saepe vidisse inter precandum Jacrymanfem. Le des-
cribe muy bien ei testimonio de una sociedad religiosa en Viccnza, que se halla Ibid., c. i, n. 12.
49 Carraciolus, ibid.t c. u, $ 19, define su propósito: clcricis, quos ingenti popu/orum exirio
improbiras inscitiaque corrupissent, elencos a/ios debere sulíici, quorum opera damnum quod iJli per
pravum exempJuin mtuiisscnt sanaretur.
NUEVAS ORDENES 87

Gaetano pertenecía a los protonotari partecipanti, cargo a que renuncio,


(V Caraffa, titular dei obispado de Chieti y dei arzobispado de Bríndisi, renuncio
Ittmbién a ambos. 60 En unión de dos amigos íntimos, miembros como ellos dei
I Oratório, profesaron sus votos solemnemente ei 14 de septiembre de 1524." El
làe pobreza llevaba ei anadido de que, además de no poseer nada, tampoco
I fcubrían de mendigar, sino que esperarían Ias limosnas en ei convento. Después
Iflr una breve residência en ia ciudad, ocuparon una modesta casa en ei monte
Vlncio, en Ia Vigna Capisucchi —de Ia que más tarde se haría Ia Villa Médi-
Iflk - y que, no obstante estar enclavada dentro de los muros de Roma, disfru-
|t*l>.i de una completa soledad. En ella vivieron en Ia pobreza prescrita, dedicados
• cjercicios espirituales y ai estúdio, sefialado ai detalle, de los Evangelios,
[OHiulio que se repetia mensualmente. Después descendieron a Ia ciudad y co-
B t n z a r o n a predicar.
No se presentaban como monjes, sino como clero regular: eran sacerdotes
• n votos monásticos. Su propósito era fundar una espécie de seminário para ei
Bem. El breve de su fundación les autorizaba a admitir clero secular. No se
^fcusieron forma o color de hábito determinado, detalles que se fijarían según
• costumbre dei clero de Ia localidad. Las ceremonias dei culto Ias celebrarían
H p arreglo a los usos dei país. De este modo, se libraban de muchas ataduras
^^fcias de los frailes y declaraban expresamente que ni en Ia vida ni en ei ser-

r
^ • o divino podia obligar a Ia conciencia costumbre alguna; 5 2 pero querían
tregarse ai oficio clerical, Ia predicación, Ia administración de los sacramentos,
Cuidado de los enfermos.
Entonces se volvió a ver en Itália algo que ya no era acostumbrado: sacer-
• w que se presentan en ei púlpito con Ia capucha y Ia cruz. Primero en ei
Itorio y luego, a menudo, en misiones callejeras. Caraffa mismo predico con
|uclla elocuencia caudalosa que no le abandono nunca. En su mayoría gentes
I Ia noblcza que conocían los goces dei mundo, él y sus compafieros comen-
H>n a visitar los enfermos en las casas y en los hospitales y a asistir a los mo-
Kindos.
Restauración de los deberes sacerdotales que revistió gran importância. Esta
mVn no se convirtió en un seminário de sacerdotes, pues para eso no fué nunca
llnntc numerosa; pero se constituyó en u n seminário de obispos. Con ei tiem-
I, se convirtió en una orden aristocrática y, así como desde sus orígenes se ob-
ITVii que los nuevos miembros son de origèn noble, así también se ha solido
taucrir después, en ocasiones, pruebas de nobleza para ser admitido. Se com-
pele que ei plan primitivo de vivir de limosnas, pero sin pedirlas, no era posi-
1 sino en tales condiciones.
"'> De un escrito dcl datario pontifício dei 22 de septiembre de 1524 (Lettere di principi, i,
I), resulta autenticamente que ei Papa se habia negado durante largo tiempo a aceptar Ia renun-
III. n volendo privare queí/e chiese di cosi buon pastore). Solo cedió al fin ante las reiteradas
Mlim de Caraffa.
li Kl acta sobre ello se encuentra en ei commentariiis praevius AA. SS. Aug. n, 24°.
M Regia de los teatinos en Bromato, Vita di Pao/o IV, Lib. nr, J 25. Nessuna consuetiidine,
tin modo di vivere o rito che sia, tanto di queile cose che spettano al culto divino e in quafun-
i>i.ido /.innosi in chiesa, quanto di queile che peí viver commune in casa e fuori da noi si
Hftrio praticare, non permetiamo in veruna maniera che acquisfino vigore di procetto.
COMIENZOS DE * S C H N B * A C I 6 N

11
íL YJSÍ*
sacerdotales con'T" ^ T t S e Í m Í t Ó e s a N * * » de aunar los deberes I
"? monásticos.
los votos
Desde 1521 Ia Itália superior está a?r»t,j
Ia devastación, hambre y enfermedades Zl *". ^ ^ " ^ "AU Y f"
los huérfanos en peligro de perderse c Z l r T ^ ™ 1 ^ ' " n í
l
• t . i„ j „ • J - i P°ral V espiritualmente, relizmente, 1
junto a la desgracia se despierta Ia compa*;,^ n i • /->• i
n/i- • .", •_ i i / i i , x o n - Un senador veneciano, (jirolamo
Miam, recogio los ninos que Ia huida h a uk a 11 , , . , , x j i I
? u • , ia nevado hacia Venecia, acogiéndolos 1
en su casa; los anduvo buscando por Ias úia- c u e r id e a lia C1 •áadi i s m • i
mucho caso de Ias protestas de su cufiada vl l J , ° " » V ^ 7 I
„„„„ . , , . i , . ' endio la plata v la tapicena de la I
casa para proporcionar a los ninos habita™/ n •i ' •i
o~„ » „ c A J J- J • •• ° Y vestido, comida v ensenanza. I
roço a poço tue dedicando a esta mision r(V i„ ' . .» ,'.«• ' ,•
~,k. »«J~ ~ D - _ ei L i r i u a a su actividad. l u v o un gran êxito, 1
sobre tcdo en Bergamo. El hospital fundadoMO r, ,i r i J i
i/ , . » , , r por él fué tan socorrido, que esto le I
dio animo de extender su obra a otras vritiA ,u , , r . ,
i.,.,,», i x, „ . _ uades v asi tueron surgiendo otros 1
hospitalesen
r Verona, Brescia, Ferrara, Ckim,. mo .,..,•' n - r " t> -n- I
, > Milán, Pavía, Gênova. Por ultimo, I
íngreso con unos amigos en una congrega,,;*,,n n .* • i
, , 1 1 1 1 • ue ° ° que se llamo Somarca, organizada
segun ei modelo de los teatinos, v Q ao*,,,, ,^ , , . , o ? I JJI
° ., , , ., - , i i , s r u Paba elencos reeulares. Su hnahdad 1
esencial era Ia educacion. Iodos los hr™;. us , i • ,. • i_-
., , 1r„ Pttales que n administraba reabieron I
una organización comun. "'
Lo misrno que cualquier otra ciudad lMv l -l , , ., , , ,
, ^ i r ' lan conoeió todos los desastres que
acompanan a la guerra en los trecuentes sit.„ s . T
r • i •J J J i c s i i i J ° V conquistas por unos y otros. La I
hnalidad de los fundadores de la orden aj e, , ' . " T i , T • E • .1
» , . . , . , . , , los barnabitas, Zaccana, 1'erran y |
Morigia, tué aminorar estos males y h a c P rr f. i j » .: I
• - ° •• i . i j - • " e n t e a ]a consisuiente descomposi- i
cion mediante la ensenanza, la predicaciór, , , . • ,,° , • -,
, , . .. * , n V ei eiemplo. Una crônica milanesa
nos cuenta con que admiración se seguia *,,,, i „ , , ,i
.„ ^ ,. , i , " o r ias calles a estos sacerdotes, vestidos I
con sencillez, con su birrete redondo, la f.dQDi e . . . . , . . i
_j „. . ., , o A za inclinada, v de pareia íuvcntud
todos. Vivian en comunidad en San A»v,k„ UDrn . ' ., ' ., ,
, T i . T n i/ sio. Los protegió especialmente Ia
condesa Lodovica I orella, que vendió su 1n e1Br ,„ . A S^ i j„l
, ,. , , ?. ~. . . . . e n c i a paterna, (Juastalla, empleando
ei dinero en buenas obras."4 lambien lc» u_ ^. , , • >, 1
, D
* arndbitas adoptaron r Ia rtorma de clé-
rigos regulares. /
Pero por mucho que hicieran estas cm, i i i
... ., r , , r. ^, , , , ^"ngresaciones dentro de su campo, la
limitacion dei hn, en ei caso de los bah>~ví na i i- • - j i j--JÍ
. i i . bitas, o la limitacion de los médios
impuesta
r por Ia naturaleza de Ias cosas, C nmm „ , , i .. • j'„_
., , , , r. i • ° en ei caso de los teatinos, impedian
una acción de largo alcance. Son admiraW«» .- —•_ • J i
., , ° . , «oies porque su espontâneo naeimientti
es expresion d e una hierte tendência Hq ueP -: .* . K. . - r . , •i .1
. Y ,. ... sirvió infinitamente para ei restablecH
miento dei catolicismo, pero eran menesteP rr „ , S j u „ r J
, , •. i , °txas fuerzas para r poder hacer frenta
a Ia marcha atrevida dei protestantismo.
Por una via similar, rpero en forma ;„,. , ,. , . ,
„ '"esperada y pecuhansima, se desarro-
llaron estas rfuerzas. l
' r
53 Approbafio socielatis tain ceclesiasficarqm _ . ,
erigendum hospiialia pro subventione pauperum O I K 1 " s e c " , a r i u m pe"onarum, nuper inrtitutae *
mo fin se halla, en algunos silios, vinculado con T a n o r u , n e t inulierum convertitarum (este_ ÚM
de 1540. Buliarium Cocque/ines, iv, 173. Vemos ^ ' P " m e r o ) . Bula de Paulo 111, dcl 5 de )unM
diciembre de 1568, que solo entonces hicieran lcjj; „ l a b u l a d e P , ° V ' fn/nnetum nobis, dei 6 de
5* Crônica de Burigozzo de Custodc: Contin.. 1 ^ l o s miembros deesta congregación *
uac
' ó n de la Stona di Milano, iv, p. 88, de Vetn,
IGNACIO DE LOYOLA 89

4) Ignacio de Loyola
•ntrc Ias sociedades caballerescas dei mundo solo Ia espanola había conservado
figo de su fermento religioso. La guerra con los moros que prosiguió en África
•penas terminada en Ia península, Ia vecindad de los moriscos sojuzgados, con
M que se sostuvo continuamente Ia hostilidad religiosa, Ias campanas aventu-
fft Contra los infieles de Ultramar, mantuvieron este espíritu. Libros como ei
lis de Gemia, llenos de una bravura leal, ingênua y entusiasta, idealizaron
rasgos.
Don Inigo López de Recalde,65 ei hijo menor de Ia casa de los Loyola,
cido en ei solar de sus mayores entre Azpeitia y Azcoitia, en Ia província de
lipúzcoa, de una de Ias famílias más nobles dei país, "parientes mayores" —ei
de ellas solía ser invitado por un escrito especial a prestar acatamiento
[ley—, criado en Ia corte de Fernando ei Católico y en ei séquito dei duque
Najera, estaba animado de ese espíritu. Perseguia Ia gloria de Ia vida caba-
fiica: los bermosos caballos y Ias armas resplandecientes, Ia fama de bravura,
[•venturas de duelos y amores le atraíán como a cualquier otro joven, pero
fcbicn Io religioso se hacía sentir en él vivamente, y canto un romance caballe-
al primero de los apóstoles.66
Probablemente habríamos visto su nombre entre los de otros muchos no-
valientes a los que Carlos V ofrecía oportunidades para destacar, si no hu-
hi sido por una desgracia que le ocurrió en ei ano 1521 en Ia defensa de Pam-
iia contra los franceses, en Ia que fué herido con herida doble en ambas
ias. Aunque era tan resistente que mando abrir dos veces sus heridas, sin
reacción que cerrar ei puno en ei momento de mayor dolor, se curo de
!• manera.
Le gustaban los libros de caballerías, sobre todo ei Amadts, y mientras se
uba se entrego a Ia lectura de Ia vida de Cristo y de algunos santos.
Fantástico por naturaleza, cerrado ei camino de una carrera que le augu-
mayores triunfos, obligado a Ia inactividad y excitado por los padecimien-
| ie encontro en ei estado más extrano dei mundo. Los hechos de San Fran-
i y Santo Domingo, que se le presentan con toda ia gloria de Ia fama religiosa,
•ncitan a Ia imitación, y a medida que los va leyendo se siente con fuerzas
competir con ellos en renunciamiento y rigor.07 De seguro que estas ideas
[dlsiparon ante otras más mundanas. Se imaginaba como había de buscar en Ia
Jiiil a Ia dama de sus pensamientos —no una condesa ni una duquesa, sino
más alto—, con qué palabras bellas y graciosas se dirigiria a ella, como le
»* Asi rezan Ias actas judiciales; ei hecho de que no se sepa como le vino ei nombre de
•lilc no prueba nada contra Ia autenticidad de este nombre. Acra Sanctorum 31. Julii. Com-
jtfanut praevius, p. 410.
I M Maffei, Vita Ignarii.
I W líl acta antiquissima, a Lodovico Consalvo ex ore Sancfi excepta, AA. SS. I. I., p. 634, nos
jlliyc sobre ello de un modo autêntico. Loyola penso una vez: Quid, si ego hoc agerem quod
Wk ftanciscus, quid si hoc b. Dominicus? Y luego: "de muchas cosas vanas que se le ofrecían
íl«t>ta": precisamente aquel honor que pensaba rendir a su dama. "Non era condesa ni duquesa,
' lia tu estado más alto que ninguno destas". Confesión singularmente ingênua.
90 COMIENZOS DE RECENERACION

demostraria su devoción y qué demostraciones caballerescas llevaría a cabo en su


honor. Así divagaba su mente de una fantasia en otra.
Pero cuanto más se demora su curación y menos resultados promete, Ias
fantasias religiosas van prevaleciendo. No creemos ser injustos con él si pensamos
que le ayudó en este cambio Ia idea de verse poço a poço en Ia imposibilidad
de restablecerse por completo e incapacitado para dedicarse a Ia guerra y a Ia vida
caballeresca. Por otra parte, tampoco ei trânsito era tan violento como pudiera
imaginarse. En sus ejercicios espirituales, cuyo origen se pone siempre en rela-
ción con Ias primeras ideas de su despertar religioso, se figura dos ejércitos, ei
de Jerusalén y ei de Babilônia, ei de Cristo y ei de Satanás; en uno todo Io
bueno, en otro todo Io maio, y los ve aprestados para ei combate. Cristo es un rey
que anuncia su voluntad de someter a todos los países infieles. Quien quiera
alistarse en su ejército tendrá que alimentarse y vestir como él, sufrir Ias mismas
penalidades y sostener Ias mismas vigílias, y solo en tal medida participará en Ia
victoria y en ei botín. Ante Él, Ia Virgen y toda Ia Corte Celestial, cada cual
prometerá seguir fielmente ai Caudillo, compartir con él todas Ias asperezas y
servirle en una pobreza verdadera, espiritual y corporal.68
Figuraciones tan fantásticas facilitaron Ia transición de Ia caballería mun-
dana a Ia celestial. Porque esto era Io que perseguia: una caballería cuyo ideal
estaba representado por Ias hazafias y renuncias de los santos. Se aparto de Ia
casa paterna y de sus familiares y subió a Montserrat, y no en expiación de sus
pecados ni empujado por una necesidad propiamente religiosa, sino —como él
mismo ha dicho— con ei anhelo de realizar hazanas tan grandes como Ias que
dieron gloria a los santos: para someterse a penitencias tan fuertes o mayores
que Ias de ellos y para servir a Dios en Jerusalén. Velo sus armas ante una
imagen de Ia Virgen Maria, Io que significa una vigilia militar distinta de Ia
caballeresca, pero que recuerda expresamente ei Amadís,M que nos describe tan
ai detalle los ejercicios de Ia vela de armas dei caballero; pasó^a noche rezando de
hinojos o en pie, con su bastón de peregrino ^iempre en Ia mano; se despojo
dei hábito de caballero con que había venido y vistió 1# áspera estamena de los
ermitanos, cuyas celdas solitárias se hallaban enclavadas en Ia pelada roca. Des-
pués de haber rendido confesión general, no se encaminó directamente, como
Io pedia su propósito de dirigirse a Jerusalén, a Ia ciudad de Barcelona —parece
que temia ser reconocido en ei camino—, sino que marcho a Manresa para luego
andar hacia ei puerto, después de nuevas penitencias."
Le aguardaban otras pruebas. El camino iniciado como por una espécie
de juego se había hecho dueno de él y le imponía su gravedad. En una celda de
un convento de dominicos se entrego a Ias más rudas penitencias: a medianoche
se levantaba para orar, pasaba siete horas diárias de hinojos, se disciplinaba três
veces ai dia. Estas pruebas a veces le apesadumbraban tanto que dudaba si podría
68 Exercitia spirituaJia: secunda hebdom. Contemplatio regni /esu Chiisti ex simiiitudine regis
teneni subdifos MIOS evocantis ad beJíum, y olros pátrafos.
58 Acla antiquissima: Cum mentem rebus iis re/ertam habereí quae ab Amadeo de Cauía cons-
ciiptae et ab cjus generis sciiptoiibus [Io cual es una extrana equivocación dei redactor, ya que
Amadis no es probablemente ningún escritor] nonnuiJac iüi similes oceunebant.
IGNACIO DE LOYOLA 91
uguantarlas toda Ia vida; pero Io más grave era que notaba que no conseguia
«rrcnarse. En Montserrat había pasado três dias para hacer una confesión gene-
ral de toda su vida, pero no creía haber hecho bastante. La repitió en Manresa,
trayendo a colación pecados olvidados y buscando escrupulosamente verdaderas
nimiedades, pero cuanto más cavilaba más penosas eran Ias dudas que le
•cometían. Creía que Dios no le queria recibir, que no estaba justificado ante
Él. En Ia vida de los santos padres había leído que una vez Dios fué movido
t gracia por Ia abstención de todo alimento y se mantuvo de un domingo a otro
lln probar bocado. Su confesor se Io prohibió y él, que de nada en ei mundo
ii iií.i tan alto concepto como de Ia obediência, siguió ia indicación. En ocasiones
| e disipaba su melancolia como un pesado manto que se desliza por Ias espaldas,
pero pronto volvían Ias pertinaces torturas. Le parecia como si toda su vida no
lubiera sido sino una fábrica de pecados. Hubo momentos en que le entro Ia
tcntación de tirarse por Ia ventana.60
Sin querer le viene a uno a Ias mientes Ia situación penosa a que veinte
Iftos antes se había visto arrastrado Lutero a causa de dudas semejantes. No
ri.i posible colmar por Ias vias ordinárias de Ia Iglesia los anhelos religiosos de
ini.i reconciliación plena con Dios que se hiciera patente en Ia conciencia; no era
•nsible para Ia insondable profundidad de un alma atormentada consigo misma.
I ICI salieron de este laberinto por caminos muy diferentes. Lutero llegó a Ia
•Ctrina de Ia reconciliación con Cristo sin necesidad de Ias obras y, a partir
me esta creencia, empezó a comprender Ias Escrituras, en Ias que se apoyó con
firmeza. No sabemos que Loyola estudiara Ias Escrituras ni que ei dogma le
liii icra impresión alguna. Como vivia con sus emociones internas, con Ias ideas
oiii" le venían de dentro, unas veces se creía en manos dei buen espíritu y otras
flel maio. Por fin se dió cuenta de ia diferencia. El espíritu bueno era alegria
y (onsuelo para ei alma y ei maio le fatigaba y atemorizaba.61 Cierto dia pareció
Brspcrtar de un sueno. Vió con claridad que todos sus tormentos no eran más
que tretas dei demônio. En este momento se decidió a terminar de una vez
pii.i sicmpre con toda su vida pasada, a no abrir de nuevo Ias viejas heridas.
No fué tanto un apaciguamiento como una decisión. Más una decisión que
l|r toma porque se quiere, que una convicción a Ia que se somete uno. No necesita
fdr Ia Escritura porque descansa en ei sentimiento de una conexión directa con ei
ferino dei espíritu. A Lutero no le hubiera bastado esto, ya que rechazaba toda
Inipiración, toda visión, pues consideraba a'todas, sin diferencia alguna, como
•rtcstables: buscaba Ia palabra de Dios sencilla, escrita, indubitable. Por ei
iniiinirio, Loyola vivia en sus fantasias y visiones. El más entendido en religión

*0 Maffei, Ribadeneira, Orlandino y todos los demás, liablan de estas tentaciones. Pero ei
MIH iimcnto más autêntico Io constituyen siempre Ias actas que proceden dei mismo Ignacio. Des-
Ipllir su estado, por ejemplo, en ei siguiente pasaje: Cum his cogitationibus agitaretur, fentabafur
lltrpr graviter magno cum impetu ut magno ex foramine quod in cejíu/a erat sese dcjiceiet. Nec
[iriri.il foramen ab eo Joco ubi preces fundebat. Sed cum videret esse peccatum se ípsum oce/dere,
Miiiiui c/amabat: domine, non latiam quod te offendat.
k 01 Una de sus observaciones más originales y personales, cuyo principio atribuye él mismo a
MU* fantasias durante su enfermedad. En Manresa se convirtió para él en certeza. Se encuentra muy
Rrorrollada en los ejercicios espirituales. Aqui encontramos regias dctalladas/ad motus anúnae quos
H/versi excitant spiiitus discernendos, ut boni solum admittantur et pelíantur maJi.
92 COMIENZOS DE REGENERACION

le pareció aquel anciano que le anuncio en médio de sus torturas-que Cristo se le


apareceria otra vez. Al principio no Io comprendió, pero pronto creyó haber
visto a Cristo y a Ia Virgen con sus propios ojos. En Ias escalinatas de Santo
Domingo, en Manresa, quedo parado y sollozando porque, en ese momento, creía
contemplar ei mistério de Ia Santísima Trinidad.62 No habló en todo ei dia de
otra cosa y era inagotable en comparaciones. Repentinamente se le alumbró en
símbolos místicos ei secreto de Ia Creación dei mundo y vió en Ia Hóstia ai Dios
y Hombre. Un dia caminaba por Ias márgenes dei Llobregat hacia una lejana
iglesia. Al momento de sentarse y fijar su mirada en Ia corriente, se sintió
arrebatado por una comprensión plástica de los mistérios de Ia fe y se levanto
como si fuera otro hombre. Ya no tenía necesidad de ningún testimonio ni de
ninguna palabra escrita. De no haber existido estos, hubiera afrontado Ia muerte
sin pestanear por Ia fe que siempre había sido suya.08
Una vez senalados los fundamentos de una evolución tan peculiar, de esta
caballería de Ia abstinência, de esta resolución de fervor y ascetismo fantásticos,
no es necesario seguir paso a paso Ia vida de lnigo de Loyola. Marcho a Jerusalén
con Ia esperanza de trabajar para ei fortalecimiento de los creyentes y Ia conver-
sión de los infieles. Pero esto último no le era posible en su ignorância, sin com-
paneros y sin poderes. Su propósito de permanecer en los Santos Lugares fracasó
ante Ia resuelta negativa de Ias autoridades eclesiásticas de Jerusalén, que tenían
para ello una expresa autorización pontifícia. Al volver a Espana tuvo que
afrontar muchas persecuciones. Cuando comenzó a e^parcir sus enseíianzas, y a
dar a conocer los ejercicios espirituales que se le habían ocurrido entre tanto,
cayó en sospecha de herejía. Seria un extrarío embite dei azar que Loyola, cuya
Compaíiía dió siglos más tarde tipos de alumbrados, hubiera mantenido rela-
ciones con una secta de este nombre.64 Y no se puede negar que los alumbrados
de entonces en Espana, entre los que se le sospechaba, mantenían opinionesj
que guardaban cierto parecido con sus fantasias. Disgustados con Ia veneración
por Ias obras dei cristianismo de entonces, se entregaron ai deMquio interno y cre-!
yeron contemplar ei mistério —se referian muy" especialmente ai de ia Santí-j
sima Trinidad— en una iluminación inmediata. Lo rnlsmo que Loyola y susj
secuaces, ponían como condición de Ia absolución Ia confesión general y acon-^
sejaban sobre todo Ia oración interior. No me atreveria a afirmar que Loyola
no mantuvo contacto alguno con estas opiniones. Pero tampoco se puede sos-
tener que hubiera pertenecido a Ia secta. De ella se distingue, más que nada, por-!
que así como Ia secta ponía Ias exigências dei espíritu rriuy por encima de todos j
los deberes comunes, él, por ei contrario, antiguo soldado, declaraba Ia obedien-1
cia como Ia suprema virtud. Todo su entusiasmo y toda su profunda convieción ]
los sometió a Ia Iglesia y a sus potestades.
Mientras, todas estas persecuciones y obstáculos produjeron un resultado
«2 "En figura de três teclas".
«3 Acta antiquissima: Ws visis haud mediocriter rum confirmatus est [en ei original: "y le
djeron tantas confirmaciones siempre de Ia fe"], ur saepe etiam id cogirarir, quod etsi nul/a scripturaj
Diysteria i/Ja fidei doceret, famen ipse ob ea ipsa quae viderat statuerer sibi pro his esse moriendum.
«* También a Láinez y Borja se hizo este reproche. Llorente, Hist. de l'inquisition, m. 83.
Melchor Cano les Uamaba incluso alumbrados, los gnosticos dei siglo.
IGNACIO DE LOYOLA 93
decisivo para su vida. En ei estado en que se encontraba, sin instrueción alguna
y sin fundamentos teológicos, sin ningún apoyo político, es seguro que hubieia
transitado sin dejar una profunda huella. Dicha grande que consiguiera en Es-
púria unas cuantas conversiones. Cuando se le trata de imponer que estudie cua-
tro anos de teologia en Alcalá y en Salamanca, antes de que pueda empezar a
tmsenar acerca de ciertos dogmas dificiles, se le fuerza a escoger un camíno
•n ei que poço a poço se abrirá un campo insospechado a su anhelo de activi-
• l.iil religiosa.
Se dirige a Paris, donde está Ia universidad más famosa dei mundo.
Los estúdios se presentaban dificultosos puesto que para poder ser admitido
•1 estúdio de Ia teologia'15 tuvo que pasar antes por Ia clase de gramática, ya
fmpezada por él en Espana, y por Ia de filosofia. Pero cuando meditaba sobre Ias
pulabras o trataba de analizar los conceptos lógicos caía en los deliquios de pro-
fundo sentido religioso que acostumbraba a unir a aquéllos. Es grandioso que
ignacio considerara estas inspiraciones como obra dei demônio, que trataba de
Bstraerle dei camino emprendido y, así, se sometió a Ia disciplina más rigurosa.
Si bien con los estúdios se percataba de un mundo nuevo, no por eso se
lejó desviar de Ia dirección espiritual y de su afán de comunicación, Fué en Paris
irecísamente donde hizo Ias primeras conversiones importantes y de significa-
iión para ei mundo.
De los dos camaradas de estúdios en ei colégio de Santa Bárbara, uno, ei
idre Faber de Saboya —hombre que se había criado entre los rebanos de su
idre y que una noche, bajo ei cielo abierto, tomo Ia decisión de dedicarse a Dios
a los estúdios— no fué difícil de ganar. Repitió con Ignacio —que este nom-
c llevaba Inigo en ei extranjero— ei curso de filosofia, e Ignacio le revelo sus
rincipios ascéticos. Le ensenó a combatir sus faltas, no todas a Ia vez, sino una
«pués de otra, y a ganar Ias virtudes también por su orden. Le acostumbró a Ia
(nfesión y a Ia comunión frecuentes. Trabaron íntima amistad e Ignacio com-
irtía con Faber Ias limosnas que en abundância le venían de Espana y de
lundes. Más difícil se presentaba ei caso con Francisco Xavier, natural de Pam-
lona, que anbelaba anadir a Ia serie de sus gloriosos antepasados, senalados por
:hos de guerra a \o largo de quinientos anos, ei nombre de un sábio. Era
Ixlto, rico, lleno de espíritu, y tenía ya entrada en Ia corte. Ignacio no descuido
f mostrarle ei bonor que pretendia y de bacer que los demás también se Io
ndieran. Le procuro cierto público para su primera lección. Una vez amigos,
p dejó de producir sus efectos naturales ei ejemplo y ei rigor de Ignacio. A
Kuvicr y a Faber los convenció para que hicieran los ejercicios espirituales bajo
• u dirección. No tuvo muchos miramientos y los hizo ayunar três dias y três
•IKIICS; en ei inviemo más crudo —los coches corrían sobre ei Sena congelado—
^ilx-r aguantó. Cobro total ascendiente sobre los dos y les comunico sus pen-
Imicntos.69

Í 1 «» Scgún Ia más antigua crônica de los jesuítas, Chronicon breve, AA. SS. J, í, p. 525, Ignacio
ptnvo en Paris de 1528 a 1535. Ibi vero non sine magnis molestiis et persecutionibus primo gram-
^•jalicac de integro, (um philosophiae ac demuni theo/ogico síudio sednlam operam navavif.

r
90 Orlandinus, que escribió también una vida de Faber, obra que no vi, nos da en su gran
Historiae societaí/s Jesu, parte i, p. 17,. más detallcs sobre ello que Ribadeneira.
94 COMIENZOS DE REGENERACIÓN

La celda dei colégio de Santa Bárbara asume una significación histórica


enorme mientras estos três jóvenes proyectan planes de una fantástica religio-
sidad y preparan empresas que ni ellos mismos sospechan a donde van a con-
ducirles.
Consideremos ahora los factores en los que descansará Ia expansión poste-
rior de esta alianza parisina. Luego que se les juntaron algunos espaficles: Sal-
merón, Láinez, Bobadilla, para los que Ignacio se había hecho imprescindible
por su buen consejo o por su apoyo, se dirigieron un dia a Ia iglesia de Mont-
martre. Faber, ya sacerdote, dijo Ia mísa. Prestaron ei voto de castidad y juraron
dedicarse ai término de sus estúdios, en total pobreza, a cuidar de los cristianos
y a convertir a los sarracenos en Jerusalén y, caso de que fuera imposible llegar a
quedarse en los Santos Lugares, ofrecerse ai Papa para ir a donde les mandara,
sin retribución ni conàición alguna. Así Io prcmetieron y luego comulgaton. A
continuación prometió también Faber y comulgó. A Ia vuelta tomaron un refri-
gerio en Ia fuente de Saint Denis.
Alianza de jóvenes: fervorosa pero no muy comprometedora, trabada por
Ias ideas primeras de Ignacio, con Ia variante única de que pensaba en Ia posi-
bilidad de no poderlas llevar a cabo.
A comienzos dei afio 1537 los encontramos en Venecia con otros três com-
paneros más y con Ia intención de emprender ei viaje. Ya hemos visto algunos
de los câmbios que sufrió Loyola: de una caballería mundana pasa a Ia caballe-
ria celestial; es presa de Ias tenraciones más terribles, a Ias que escapa con uti
ascetismo de tipo fantástico; ahora se ha hecho teólogo y fundador de una socie-
dad entusiasta. Por último, sus propósitos se orientan de manera definitiva. La
guerra entre Venecia y los turcos, que rompe entonces, le impide Ia salida y
pospone Ia idea de Ia peregrinación; en ese momento encuentra en Venecia
una institución que podríamos decir que le abre de verdad los ojos. Durante una
temporada Loyola frecuenta a Caraffa y habita en ei convatito de los teatinos
establecido en Venecia. Sirve en los hospitales gbbemadcs por Caraffa y en los
que hacía practicar a sus novicios. Es verdad que Ia ordên de los teatinos no le
satisface por completo; habló con Caraffa sobre algunos câmbios que serían
convenientes y parece que con este motivo rifíeron.67 Pero ya esto nos indica
cuán profunda impresión hizo sobre él. Vió una orden de sacerdotes dedicarse
con ceio y rigor a los ofícios propios dei clero secular. Se daba cuenta de que si
tenía que abandonar su proyecto de marchar a Jerusalén", como cada vez parecia
más claro, y dedicarse a Ia cristiandad Occidental, tampoco él podría seguir otro
camino.
Con sus eompaneros, recibió Ias sagradas ordenes en Venecia. Comenzó
a predicar en Vicenza con três de sus camaradas, después de cuarenta dias de
oración. EI mismo dia, a )a misma hora, aparecieron en distintas calles y, subidos
sobre unas piedras, agitaron sus sombreros, llamaron a Ia gente y comenzaron a
predicar penitencia. Èxtrafios predicadores, harapientos y demacrados, hablaban
una jerigonza incomprensible, mezcla de espafiol e italiano. Permanecieron por
67 Sachinus: cujas sit autoritstis quoâ in b. Cajetani Thienaei vita de beato Ignatio traditur,
habla ai dctalle, y antes que Orlandinus, de esta circunstancia.
IGNACIO DE LOYOLA 95
csos lugares hasta que hubo pasado ei afio que habían decidido esperar. De aqui
marcharon a Roma.
Al separarse, pues querían hacer ei viaje por diferentes caminos, esbozaron
Ias primeias regias, para poder observar cierta uniformidad de vida estando
apartados. iQué habrían de contestar si se les preguntaba por su ocupación?
Se les ocurrió que Io mejor seria declararse soldados en Ia guerra contra Satán
y, de acuerdo con Ias viejas fantasias militares de Ignacio, acordaron titularse
Compaiiia de Jesus, Io mismo que una compaiiia de soldados lleva ei nombre
de su capitán.88
En Roma Ias cosas no se presentaban ai principio muy fáciles. Todas Ias
ventanas, dice Ignacio, parecen cerradas. Una vez más, tienen que ser absueltos
de Ia vieja sospecha de herejía. Pero su gênero de vida, su ceio en Ia predicaeión
y en Ia ensenanza y ei cuidado de los enfermos, les atrajeron muchos simpatizan-
tes. No poces de ellos querían entrar en Ia Companía, y pudieron pensar en Ia
[Institución formal de Ia misma.
Habian prometido dos votos y ahora ei tercero: obediência. Por Io mismo
wue Ignacio ponia esta virtud por encima de todas, Ia Companía queria exceder
cn ella a todas Ias demás ordenes. Ya era mucho que eligieran un general para
toda Ia vida, pero no les bastaba, y anadieron Ia obligación "de hacer todo Io
que les mandara ei Papa, de ir a cualquier país de turcos, paganos o herejes,
M que fueran enviados, sin hacer objeciones, sin poner condiciones ni pedir retri-
loución, sin demora". •
jQué contraste con Ias tendências de Ia época! Mientras ei Papa encontraba
iBor todas partes resistência y defección y no podia esperar sino ei incremento de
Mta, se formaba aqui una companía de voluntários, llena de ceio, que se ponía
Exclusivamente a su servido con ei mayor entusiasmo. Sin peligro alguno, pudo
•Br aprobada ai principio —en 1540— bajo ciertas condiciones, y más tarde —en
11543— sin condición alguna.
Mientras tanto Ia Companía dió ei último paso. Se reunieron seis de los
•nas antiguos camaradas para elegir ai jefe, ei cual, como rezaba ei primer pro-
^fteto entregado a] Papa, "distribuiria los grados y los cargos a su discreción,
Mancaria Ia constitución con Ia asistencia de los miembros, pero seria ei único
• a r a mandar en todas Ias demás cosas, y en él habría de honrarse a Cristo como
^•isente". Por unanimidad salió elegido Ignacio que, como escribió Salmerón
B h su boletín, "los había engendrado a todos en Cristo y criado con su leche".69
Ya tenía Ia Companía su forma. Era una sociedad de clérigos regulares:
Hiicansaba en una fusión de deberes clericales y monacales; pero se diferenciaba
H | turno grado de Ias otras sociedades de este gênero.
Los teatinos habían abandonado ya ciertas obligaciones menores, pero los
"x Ribadcneira, Vita brevior, cap. xn, observa que Ignacio escogió este nombre: ne de suo
•Viiiine diceretur. Nigroni explica ei nombre de socieras dei modo siguiente: quasi dicas cohoitcm
• n t i-enturiam quae ad pugnam cum hoslibus spiritua/ibus conserendam conscripta si'. Postquarn
• M vilanique nostram Christo Domino nostro et e/us vero ac íegitimo vicario in terris obtuleramus.
• trza Ia Deliberatio primorum patrum. AA. SS. i. i., p. "163.
I "• Suf/ragium Salmeronis.
96 COMIENZOS DE RBGENERAClÓN

jesuítas fueron más lejos.70 No les basto con renunciar a todo ei indumento
monástico: prescindieron de todos los ejercicios de comunidad que en los con-
ventos absorbían Ia mayor parte dei tiempo y, entre otras cosas, de Ias obligacio-
nes de coro.
De esta suerte pudieron dedicar todo ei tiempo y todas sus fuerzas a los
deberes esenciales. No a uno solo, como los bamabitas —aunque cuidaron tam-
bién de los enfermos, porque esto favorecia su prestigio—, ni tampoco bajo
condiciones limitadoras, como los teatinos, sino con toda su alma. En primer
lugar Ia predkación: cuando se separaron en Vicenza se comptometieron a pre-
dicar ai pueblo preocupándose más de producir impresión que de brillar por su
elocuencia, y esta fué Ia regia que siguieron. En segundo lugar, Ia confesión,
pues con ella se tiene mano para dirigir y dominar Ias conciencias; los ejercicios
espirituales, que les habían agrupado alrededor de Ignacio, ofrecían una gran
ayuda. Finalmente, Ia instrucción de Ia juventud, y para ello quisieron obligarse
por una cláusula especial de sus votos y, si bien esto no tuvo efecto, Io recalcaron
expresamente en Ias regias de Ia Companía. Ante todo les interesaba Ia gene-^
ración joven. En una palabra, renunciaron a todo Io accesorio y se dedicaron
de lleno a los trabajos esenciales, efectivos y prometedores de influencia.
De los empefios fantásticos de Ignacio había salido una obra perfectamente
práctica; de su conversión ascética, una institución calculada con un sentido <
político mundano.
Sus esperanzas fueron más que colmadas. Tenía en sus manos Ia dirección
ilimitada de una Companía que asimiló una gran parte de sus intuiciones y dió.j
cuerpo reflexivo a sus convicciones religiosas, ganadas por él con gênio y por;
accidente; una Companía que no llevó a Ia práctica su plan de cruzada un poccn
vano, pero que emprendió Ias misiones más lejanas y fecundas y, sobre todo,
una Companía que tomo a su cargo Ia cura de almas, que él había recomendado,!
en proporciones que no podia sospechar, y que le prestaba una obediência a Ia!
vez militar y religiosa.
Antes de estudiar Ia rápida acción de Ia Gímpanía debemos explicar una
de Ias más importantes circunstancias que condicionaron !Íu triunfo.

5) Primeras sesiones dei concilio tridentino


Ya vimos ei interés que había por parte dei emperador para convocar ei concilia]
y para evitarlo por parte dei Papa. En un aspecto tan solo un concilio de laí
Iglesia podia ofrecer a este algo favorable. Para que Ias doctrinas de Ia Iglesia]
católica se pudieran formular con una celosa energia y pudieran cundir, ersfl
necesario eliminar Ias dudas que sobre diversos puntos habían surgido dentrcí
dei seno de Ia misma Iglesia. Solo un concilio podia llevar a cabo esta tarea com

70 En esto se distingiien de los mismos teatinos. Didacus Payva Andradius, Orthodoxarunaj


Êxpl/calt., Lib. i, foi. 14: llli (Theatini) sacrarum aeternartimque rerum mediationi psalmodiaeqtin
porissimum vacant: isti vero (Jesuitae) cuni divinorum mysteriorum assídua contemplatione, docew
dae plebis, evangelii anipíificandi, sacramenta adrninistrandi arque reliqua omnia apostólica muncra
con/ungunt.
PPJMERAS SESIONES DEL CONCILIO TTUDENTINO 97

iutoridad indiscutible. Lo importante era convocarlo en ticmpo oportuno y


inantcncrlo bajo Ia influencia dei Papa.
Peso sobremanera ese gran momento en que los dos partidos religiosos se
•nroximaban más que nunca en una opinión media moderada. Como dijimos,
| I Papa sospechaba que ei emperador pretendia convocar ei concilio. En este
•Momento, asegurado de Ia lcaltad de los príncipes católicos, no perdió ticmpo
• u r a tomarle Ia dclantera. En médio de Ia agitación se decide a convocar un con-
•ilio ecumênico, acabando con todas Ias vacilaeiones.71 Se le comunico a Conta-
[flni y, a través de él, ai emperador; se iniciaron Ias gestiones con toda seriedad
y, I malmente, Ias convocatórias. Al ano siguiente los legados dei Papa se en-
picntran en Trento. 72
También esta vez se presentaron nuevos obstáculos: ei número de obispos
k e s e n t e s era exiguo, Ia época demasiado enredada en guerras y Ias circunstancias
mu dei todo favorables. Hubo que esperar hasta diciembre de 1545 antes de que
• inaugurara ei concilio. Por fin, ei anciano remiso encontro que había llegado
i'l momento.
| No otro podia ser mejor que aquél en que ei emperador, viéndose amena-
lo en su prestigio imperial y en ei régimen tradicional dei país con los progre-
del protestantismo, se había deeidido a combatirlo con Ias armas. Como
:sitaba de Ia ayuda dei Papa no podia hacer valer sus pretensiones con Ia
••ma fuerza que lo hubiera hecho en un concilio celebrado cn otras circuns-
ii ias. La guerra tenía que absorberle, y, como Ia fuerza de los protestantes
permitia predecir Ias vicisjtudes de Ia campana, tanto menos podia él urgir
reforma con Ia que hasta entonces había estado amenazando a Ia Santa
Ic. Además, también en este punto supo adelantársele ei Papa. El emperador
Igió que ei concilio comenzara por Ias reformas y a los legados pontifícios les
Meio un triunfo ei acuerdo que decidia que trataran a un tiempo Ia reforma
los dogmas; 73 de hecho se comenzó por ei dogma.
Como ei Papa se daba cuenta de qué cosa podia perjudicarles, arremedo con
que importaba. Lo decisivo para él era fijar los princípios discutidos. Había
|C ver ahora si de aquellas tendências que se aproximaban ai protestantismo,
lia ser absorbida alguna que otra dentro de ias formulaciones católicas.
El concilio, que trabajó muy sistematicamente, se ocupo en primer lugar de
rcvelación y de Ias fuentes que proporcionan su conocimiento. Ya en este
uno se escucharon algunas vocês que se orientaban hacia ei protestantismo.
jbispo Nachianti de Chiozza nada queria saber fuera de Ia Biblia; en ei Evan-
se baila escrito todo lo necesario para nuestra salvación. Pero se encontro

' t "Ardinghello ai Cl. Contarini 15 Giugno 1541", en Quirini, m, CCXLVI: Consideraro che
h concórdia a Chrisriani è suecessa e Ia toíeraníia [Ia cual se había propuesto en Regensburgo,
ip .|M( fué rechazada por ei consistorio de cardenalcs] è illccitissima e damnosa e /a guerra dií/i-
r pcricolosa, —pare a S. S. che si ricorra aí rimedio dei concilio.—Adunquc—S. Beatitudine
i lírlcmiinato di levar via Ia prorogatione delia suspensione dei concilio e di dichiararlo e con-
•lifo quanto piu presto si potrà.
Tü Llcgaron ei 22 de noviembre de 1542.
'" Un recurso propuesto por Thom. Campeggi, Pallavicini, vi, vn, 5. Por lo demás, fui
prelada, desde ei principio, una bula de reforma, pero esta nunca se publico. BuIIa reformationis
l/i popae III concepra non vulgata, primum edidit H. N. Ciausen. Havn. 1829.
98 COMIENZOS DE REGENERACION

con una gran mayoría enfrente. Se acordo poner en ei mismo rango de Ia Sagrada
Escritura a Ia tradición no escrita, surgida de Ia boca de Cristo y transmitida
con Ia asistencia dei Espíritu Santo hasta los últimos tíempos. En cuanto a h
Bíblia, ni siquiera se remitió ai texto original. Se reconoció Ia Vulgata como
traducción autêntica y solo se tuvo en cuenta que había de ser impresa con ei
mayor cuidado en Io futuro.74
Sentadas así Ias bases —no sin razón se dijo que se había andado Ia mitad
dei camino—, se llegó ai principio clave de Ia justificación y Ias doctrinas conexas.
En esta discusión se concentraba ei mayor interés.
No eran poços en ei concilio los que tenían una opinión no muy díspar de
Ia protestante. El arzobispo de Siena, ei obispo de Ia Cava, Giulio Contarini, j
obispo de Belluno y, con ellos, otros cinco teólogos, fundaban Ia justificación i
unicamente en los méritos de Cristo y en Ia fe. La caridad y Ia esperanza eran j
Ias companeras de Ia fe, y Ias obras Ia prueba misma y no otra cosa, pues eíj
fundamento de Ia justificación era unicamente Ia fe.
En un momento en que ei Papa y ei emperador combatían a los protestantes
con tcdo ei poder de Ias armas, {como se podia pensar que un concilio celebrado i
bajo los auspícios de ambos diera acogida ai principio fundamental de donde]
derivaban aquéllos toda su doctrina? En vano pedia Poole que no se rechazaraj
una opinión porque Lutero Ia sostuviera. Los ânimos se enconaron. El obispo I
de Ia Cava y un fraile griego vinieron efectivamente a Ias manos. No era posiblej
que ei concilio entrara ni siquiera a discutir seriamente una expresión tan inequí-
voca de Ia opinión protestante y, por esto, Ias discusiones giraron en torno —loj
que tampoco deja de tener importância— de Ia opinión mediadora que repre^j
sentaron Gaspar Contarini, ya fallecido, y sus amigos.
Presentó esas opiniones ei general de los agustinos, Sepirando, no sin antes
advertir que no sostenía Ias opiniones de Lutero sino Ias de dos de sus más famojj
sos contradictores, por ejemplo, Pflug y Gropper. Suponía/una doble justifica+j
ción:T5 una interna, inherente, por Ia cual dey pecadores nos hacemos hijos dei
Dios, también grada pura y no merecida, que actúa en obras, que se patentizal
en virtudes, pero que no es capaz de llevarnos a Ia gloria de Dios; Ia otra es Ia'
justificación por el mérito de Cristo, atribuída a nosotros, imputada, que suplffl
todas Ias deficiências totalmente y nos hace beatos. Esto era Io que había enseba
fiado Contarini. Dería este que si nos preguntamos sobre cuál de Ias dos justifi-j
caciones debemos apoyamos, sobre Ia que nos inhiere o "sobre Ia que nos es impu
tada por Cristo, el hombre piadoso contesta qué solo podemos confiar en là\
última. Nuestra justificación no es sino primeriza, imperfecta, llena de insufil
ciências; Ia justificación por Cristo es verdadera, perfecta, Ia única grata a los
ojos de Dios y solo pensando en ella se puede creer en una justificación ante É1.71

1* Cone. Tridentini Sessio IV: in publicis /ectionibus, disputationibus, praedicationíbus et


expositionibus pro authentica habeatur. La Vulgata había de publicaise mejotada, posthac no conM
pletamente como dice Pallavicini, quanto si potesse piu tosto: vi, 15, 2.
™ "Parere dato a 13 di Luglio 1544". Citado por Pallavicini, vm, xi, 4.
T6 Conta/eni rractatus de /ustificatione. Pero no se debe ai principio, como fué también mi
caso, consultar Ia edición veneciana dei afio 1589; en esta se busca en balde este pasaje. Todavia
en 1571 aprobó Ia Sorbona aquel tratado tal como era; en Ia edición de Paris de este ano se
PRIMERAS SESIONES DEL CONCILIO TRIDENTINO 99

Aun en esta forma modificada —pero que conservaba ei núcleo de Ia


IIIM irina protestante y podia haber sido aceptada por los adherentes de este cre-
• I• > - Ia opinión fué verdaderamente combatida.
Caraffa, que ya le impugno en otra ocasión en Ias negociaciones de Ratis-
)na, se hallaba ahora entre los cardenales a los que estaba confiada Ia vigilan-
lu dei concilio de Trento. Presentó un tratado suyo sobre Ia justificación en ei
uc combatia vivamente opiniones semejantes.77 A su lado se agruparon los
pitas. Salmerón y Láinez se habían procurado ei discreto privilegio de hablar
d ei primero y otro ei último. Eran dos varones doctos, vigorosos, en ei esplen-
I de Ia edad y llenos de ceio por Ia causa. Aconsejados por Ignacio para que
aceptaran ninguna opinión que pudiera significar una innovación,78 se opu-
iii ion todas sus fuerzas a Ia doctrina de Sepirando. Láinez parecia combatir
i con un libro que con Ia palabra. La mayor parte de los teólogos esta-
con él.
Sin embargo, aquella distinción de Ias justificaciones fué admitida por
contradictores, pero afirmando que Ia justificación imputada quedaba ab-
foida en Ia inherente: o sea, que ei mérito de Cristo se aplica y comunica di-
tumente a los hombres mediante Ia fe; claro que hay que edificar sobre Ia
tificación de Cristo, pero no porque completa Ia nuestra sino porque Ia pro-
c Aqui estaba Ia clave. Según Contarini y Sepirando no se podia sostener ei
rito de Ias obras. La otra opinión mantenía ei valor de Ias obras. Era Ia vieja
trina de los escolásticos de que ei alma, revestida con Ia gracia, ganaba Ia vida
Irna.79 El arzobispo de Bitonto, uno de los padres más doctos y elocuentes,
Itinguió una justificación provisional, dependiente de los méritos de Cristo,
(diante Ia cual ei hombre se libra de Ia condenación, una justificación poste-
la autêntica, que depende de Ia gracia infundida en nosotros. Decía ei
jlipo de Fano 80 que en este sentido Ia fe no era más que Ia puerta para Ia justi-
Miión, pero que no habia que permanecer en ella, sino andar todo el camino.
Aunque parezca que estas opiniones se aproximan mucho, en el fondo se
illui en perfecta oposición. También el luterano exige el renarimiento inte-
W, sefiala el camino de Ia salvación y afirma, como consecuencia, Ias buenas
Iras, pero Ia gracia de Dios se deriva exclusivamente de los méritos de Cristo. Por
Contrario, el concilio de Trento acepta también los méritos de Cristo pero les
^ibuye Ia justificación unicamente cuando producen el renacimiento interior
Con él, Ias buenas obras, que son Ias que Importan. El hombre queda justifi-
co cuando, por los méritos de Ia Pasión de Cristo, por Ia gracia dei Espíritu
(lio, se siembra en su corazón el amor de Dios y vive en él; convertido en un
ligo de Dios, el hombre avanza de virtud en virtud y se renueva de dia en dia.

r
•tntra integro. Pero en 1589 cayó bajo Ia censura dei gran inquisidor de Venecia, Fra Marco
idlui, el cual no se contento con suprimir algunos pasajes, sino que Io transformo según el dogma
pado. Uno se asombra ai encontrar en Quirini, £pp. Poli, ra, ccxrrr, Ia colación. Es preciso
• Lu estas violências injustificables para explicarse un ódio tan amargo como el que abrigaba
Sirpi.
TT Bromato, Vita di PaoJo IV, t. n, p. 131.
t i Orlandinus, vi, p. 127.
T» Chcmnitius, Examen concilii Tridentini, i, 555.
ao Scssio VI, c. vil, x.
100 COMIENZOS DE REGENERAClÓN

Al cumplir con los mandamientos de Dios y de Ia Iglesia, prospera, con Ia ayuda


de Ia fe y mediante Ias buenas obras, en Ia justificación conseguida con Ia gr
cia de Cristo y resulta cada vez más justificado.
La opinión de los protestantes fué apartada así de Ia católica y se hizo impo-
sible Ia mediación. Ocurría esto cuando ei emperador lograba Ia victoria en Ale-
mania y los luteranos se sometían por todas partes, prosiguiendo aquél con ei pro-
pósito de someter a los rebeldes que todavia quedaban. Los defensores de Ia
opinión mediadora, ei cardenal Poole, ei arzobispo de Siena, habían abandonado
ei concilio con pretextos diferentes: 81 en lugar de poder instruir a los demás en su
fe, tenían que tener cuidado de no verse atacados y condenados.
Con esto se había vencido Ia dificultad mayor. Como Ia justificación ocurre
dentro dei hombre y en un desarroUo continuo, no puede ei hombre prescindir
de los sacramentos, con los cuales comienza su camino o Io prosigue, o Io recobra
una vez perdido.82 Por Io tanto, no era difícil conservar los siete sacramentos
en su forma tradicional y referirlos ai fundador de Ia fe, ya que Ias doctrinas de Ia
Iglesia de Cristo no se comunican solo por Ia Escritura sino mediante Ia tradi-
ción.83 Como es sabido, estos sacramentos abarcan Ia vida entera cn todas sus
etapas y asientan Ia base de Ia jerarquía eclesiástica, ya que esta interviene en
todos los momentos de Ia vida. Y como no solo significan Ia gracia, sino que Ia
comunican, llevan a perfección ei vínculo místico dei hombre con Dios.
Se busca apoyo en Ia tradición porque ei Espíritu Santo asiste sicmpre a Ia
Iglesia; se aceptó Ia Vulgata porque Ia Iglesia romana, por especial gracia divina,
está preservada dei error; esta asistencia dei elemento divino explica que ei prin-
cipio de Ia justificación haga presa en ei hombre mismo y que Ia gracia vinculada
a los sacramentos le sea participada paso a paso y abarque su vida y su muerte.
La Iglesia visible es ai mismo tiempo Ia verdadera, Ia llamada invisible. Fuera
de su âmbito no puede reconocer ninguna existência religiosa.

6) La lnquisición /
Para propagar estas doctrinas y reprimir Ias contrarias se tomaron Ias medidas
convenientes.
Tenemos que volver una vez más a los tiempos de Ias conversaciones de
Ratisbona. Cuando se vió que no se llegaba a ningún acuerdp con los protestan-
tes y que en Itália empezaban Ias disputas sobre los sacramentos y Ias dudas sobre
ei fuego dei infierno, y que además asomaban otras opiniones peligrosas para ei
rito romano, ei Papa preguntó un dia ai cardenal Caraffa qué médio le aconse-
jaba para poner remédio ai mal. El cardenal le repuso que no veia otro que ei de
83 Por Io menos Jiubíera sido un extrsão azar que una enfermedad extraordinária los hubiera
imposibilitado de regresâi a Trento. Polo ai Cli. Monte e Cervini 15 Sett. 1546. Epp., t. rv, 189.
Esto hizo mucho dano a Poole. Mendoza ai Emperador Carlos 13 Jul. 1547. "Al Cardinal de In-
glaterra le haze danno Io que se ha dicho de Ia justificación".
82 Sessio VII. Prooemium.
88 Las discusiones sobre ei particular nos son contadas por Sarpi, Historia de? concilio Tri-
denrino, p. 241. (ed. de 1629). Pallavicini no nos ofrece sino datos insuficientes.
LA INQUISICIÓN 101

una Inquisición general, y a su opinión se adhirió Juan Âlvarez de Toledo, car-


ilenal arzobispo de Burgos.
La vieja Inquisición dominicana había desaparecido hacía tiempo. Como
quedo encomendada Ia elección de inquisidores a Ias ordenes monásticas, ocurrió
no poças veces que estos participaban de Ias opiniones que tenían que combatir.
En Espafia se habían alejado de Ia antigua forma instituyendo un supremo tri-
bunal de Inquisición para ei país. Caraffa y Álvarez de Toledo, ambos dominicos
viejos, de sombrio sentido justiciero, fanáticos de un catolicismo puro, rigurosos
cn sus vidas, inflexibles en sus opiniones, aconsejaron ai Papa ei establecimiento
de un supremo tribunal de Inquisición según ei modelo de Espafia y dei que
habían de depender los demás. Así como San Pedro, decía Caraffa, venció a los
primeros herejes en Roma, así su sucesor debía dominar todas Ias herejías dei
mundo en Roma.84 Los jesuítas se gloriaban de que Loyola había apoyado ia
propuesta mediante un escrito especial. La bula que Io fundaba se expidió ei 21

I
de julio de 1542.
Nombra a seis cardenales, entre los primeros Caraffa y Toledo, comisarios
de Ia Sede apostólica e inquisidores generales dentro y fuera de Itália. Les da
atribuciones para nombrar en todas Ias localidades que les parezca clérigos con
poderes delegados, para decidir Ias apelaciones contra Ias decisiones de estos y
para proceder sin intervención de los tribunales eclesiásticos ordinários. Todo
ei mundo, sin excepción, sin reparo de rango o dignidad, estará bajo su juris-
dicción; los sospechosos serán puestos en prisión, los culpables castigados con Ia
vida y sus bienes confiscados. Solo se les fija una limitación: ellos son los que
dcben condenar, pero a los culpables que se conviertan podrá agraciarlos solo
ei Papa. Harán todo Io que este en su poder para que los errores esparcidos
por Ia comunidad cristiana sean reprimidos y extirpados.85
Caraffa no perdió un momento para poner en ejecución Ia bula. No era un
hombre rico, pero no por eso espero a que Ia Câmara apostólica le proporcionara
los médios: alquiló una casa, arregló con sus propios médios Ias habitaciones
de los funcionários y Ias prisiones; Ias proveyó de cerrojos y fuettes candados, con
tormentos, cadenas y cuerdas y todo ei resto de implementos de tortura. Nombró
comisarios generales para los diferentes países. El primero en Roma fué su pro-
pio teólogo, Teófilo di Tropea, cuyo rigor pronto sintieron cardenales como
Poole.
La biografia manuscrita de Caraffa nos dice que ei cardenal se había sefia-
l.ulo Ias siguientes regias, entre Ias más importantes: 88
"primera: en cuestiones de fe no hay que esperar un momento sitio obrar con Ia ma-
yor energia a Ia menor sospecha;

84 Bromato, Vira di Paoío IV, Libro vn, 5 3.


85 Licet ab initio. Deputatio nonnui/orum S. R. E. Cardinalium generalium inquisirorum
luereticae pravitatis 21 Julii 1542. Cocquclines, w, i, 211.
86 Caracciolo, Vita di Paolo IV MS, cap. vru. Haveva egli quesle infra scritte regole tenute
dl lui come assiomi verissimi: Ia prima, che in matéria di fede non bisogna aspettar punto, ma
«ubito che vi c qualche sospelto o indicio di peste herética /ar ogni sforzo e violenza per estir-
|Milj(a, etc.
102 COMIENZOS DB REGENERACIÓN

"segunda: no hay que tener contemplaciones con ningún príncipe ni prelado por muy
altos que estén;
"tercera: hay que proceder con ei mayor rigor con aquellos que tratan de defenderse
bajo Ia protección de u n gobernante; solo si confiesan habrá que tratarlos con dulzura y
piedad paterna!;
"cuarta: frente a los herejes, y especialmente frente a los calvinistas, no habrá lugar
a ninguna tolerância".

Como vemos, todo es rigor, y rigor implacable, hasta que se obtiene Ia


confesión. TerribJe en un momento en que Ias opiniones no estaban totalmente
desarrolladas, en ei que muchos trataban de hacer compatibles Ias ensenanzas
profundas dei cristianismo con Ias instituciones de Ia Iglesia establecida. Los más
débiles cedieron y se sometieron; los fuertes fué entonces cuando se decidieron
por Ias opiniones perseguidas y trataron de sustraerse a Ia violência dei poder.
Uno de los primeros fué Bernardino Ochino. Se venía observando que ha-
bía aflojado en sus obligaciones monacales; en ei afio 1542 sus sermones des-
concertaban. De manera resuelta sostenía que solo Ia fe justifica y, apoyándose
en un pasaje de San Agustín, proclamo: "^El que te creó sin contar contigo no te
salvará también de igual modo?" Sus explicaciones sobre ei fuego dei infierno
no parecían muy ortodoxas. EI núncio de Venecía Ie prohíbíó predicar durante
unos dias; fué llamado a Roma, y ya había Ilegado a Bolonia y a Florencia cuando
decidió huir, quizá por temor a Ia Inquisición recién establecida. El historiador
de su orden87 nos cuenta como ai llegar a San Bernardo se detiene todavia y
recuerda todos los honores que le ha rendido su bella pátria, los innumerables
compatriotas que le recibieron llenos de esperanza, que le escucharon con entu-
siasmo y, agradecidos y admirados, le acompanaron hasta su casa; sin duda un
orador pierde más que cualquier otro hombre ai abandonar Ia pátria. Pero, a
pesar de sus afios, Ia abandono. Entrego a su acompanante ei sello de su orden,
que hasta entonces había Uevado consigo, y se dirigió a Gii!ebra. Todavia sus
convicciones no eran muy firmes y cayó en conEnsión extraordinária.
Por Ia misma época abandona Itália Pedro Mártir Vérmigli. "Rompi de una
vez con tanta hipocresía y salve mi vida dei peligro que Ia amenazaba." Le siguie-
ron más tarde muchos de los discípulos agrupados alrededor de él en Lucca.88
Celio Secundo Curione espero ai peligro más de cerca, hasta que apareció
Bargello en su busca. Curione era un hombre alto y fornido. Con ei cuchillo, se
abrió paso entre los esbirros, salto sobre un caballo y sahó ai galope. Se dirigió
a Suiza. '
Ya antes se habían producido movimientos en Módena y ahora se renova-
ron. Se acusaban unos a otros. Fílíppo Valentín escapo a Trento y también a
Castelvetri le pareció prudente guarecerse por cierto tiempo en Alemania.
Porque por todas partes en Itália se desato Ia persecución y ei terror. El
ódio entre Ias facciones ayudó a los inquisidores. jCuántas veces, después de tan-
87 Boverio, Annali, i, 438.
88 Un escrito de Pedro Mártir a su comunidad abandonada, en ei que expresa sa sentir de
que haya a veces ocultado Ia verdad, en Schlosser, Leben Beza's und Perer jvfartyrs (p. 400).
Muchos datos se encuentran en los libros arriba citados de Gerdesius y M'Cric.
LA INQUISICIÓN 103
to tíempo de andar buscando inutilmente una oportunidad para vengarse, se
acuso ai enemigo de herejía! Ahora los frailes fanáticos podían manejar libre-
mente sus armas y condenar a perpetuo silencio a aquel grupo de gentes ilus-
tradas a quienes su formación literária había conducido hacia cierta tendência
religiosa; eran dos partidos que se odiaban cordialmente. "Apenas si es posible
—proclama Antônio dei Pagliarici— ser cristiano y morir en Ia cama."89 La
academia de Módena no fué Ia única disuelta. También se clausuraron por
orden dei virrey Ias academias napolitanas, fundadas por los Seggi, que se dedi-
caron en un principio a los estúdios, pero que pasaron pronto a Ias disputas teo-
lógicas con arreglo ai espíritu de Ia época.90 Toda Ia producción escrita estaba
sometida a Ia más estricta vigilância, El afio 1543 ordeno Caraffa que, en ade-
lante, ningún libro se imprimiria sin licencia de los inquisidores, cualquiera
que fuese su contenido, y fuera viejo o nuevo; los libreros debían presentar los
índices de sus libros a los inquisidores y no podían venderlos sin su permiso,
los aduaneros de Ia àogana recibieron Ia orden de no dejar pasar ningún envio
de libro manuscrito o impreso sin presentarlo antes a Ia Inquisición.91 Poço a poço
se llegó ai índice de libros prohibidos. Lovaina y Paris ofrecieron los primeros
ejemplos. En Itália Giovanni delia Casa, persona de confianza de los Caraffa,
hizo imprimir en Venecia ei primer catálogo que comprendía unos setenta nú-
meros. Con más detalíe aparecieron catálogos en Florencia (1552) y en Milán
(1554) y ei primero se reimprimió en 1559 en Roma en Ia forma entonces
adoptada. Contenía escritos de cardenales y Ias poesias dei mismo Casa. Y no
solo los impresores- y los libreros se vieron obligados por Ias nuevas leyes, sino
que era también obligación de conciencia de los particulares denunciar Ia exis-
tência de libros prohibidos y colaborar en su destrucción. Con un rigor increíble
se pusieron en práctica estas medidas. Si bien ei libro De! beneficio de Cristo se
había extendido en muchos miles de ejemplares, también es verdad que desapa-
reció por completo y que no hubo ya manera de encontrarlo. En Roma se encen-
dieron hogueras con ejemplares recogidos.
En todas estas actividades ei clero se servia de Ia asistencia dei brazo secu-
lar.92 Vino bien a los Papas que poseyeran un domínio tan importante donde
podían ofrecer ei ejemplo para ser imitado. En Milán y en Nápoles no se había
de oponer ei Gobierno, que había tenido ei propósito de introducir Ia Inquisi-
ción espafiola. Solo Ia confiscación de los bienes se prohibió en Nápoles. En
Toscana, Ia Inquisición era accesible a Ia influencia secular, merced ai legado
que supo procurarse ei duque Cósimo; pero Ias hermandades fundadas por
8» Aonii Paleari Opera, ed. Wetsten, 1685, p. 91. 11 Cl. di Ravenna ai Cl. Contarini: Epp.
Po/i, m, 208, ya invoca este motivo: Sendo quella città (Ravenna) partialissimanè vi limanendo
ntiomo a/cuno non confarn/naío di questa maechia delle íattioni, si van voluntieri dove Foceasion
íolferisce carricando i'un 1'alrro da inimki.
00 Giannone, Storia di Napoli, xxxn, cap. v.
81 Bromato, vn, 9.
»2 También otros poderes seculares se adhiercn a sus esfuerzos. Fu limediato, se dice en ei
compêndio de los inquisidores, opportunamente dal S. Of/icio in Roma con porre in ogni città va-
lenti e zeJanti inquisitori, servendosi anche talhora de secolari zelanti e dotti per a/uto de/la fede,
come, verbi grafia dei Godescalco in Como, de/ conte Aíbano in Bergamo, dei Mutio in Mi/ano
Questa risolutione di servirsi de'secolari íu presa perche non íoli moltissimi vescovi, vicarü, fratí e
preri, ma anco molti deH'istessa inquisitione erano herefici.
104 COMIENZOS DE REGENERACION

aquélla produjeron muy mal efecto. En Siena y cn Pisa se arrogó más derechos
de los que lc correspondían frente a Ias universidades. En Venecia, ei inquisidor
estaba sometido a cierta inspección secular. En Ia capital, desde abril de 1547,
tenían asiento en ei tribunal cie Ia Inquisición três nobili venecianos. En Ias
províncias ei rettore de cada ciudad —que a veces se hacía acompanar de docto-
res y, cn casos difíciles, sobre todo si se trataba de personas de rango, hacía
intervenir en primer lugar ai Consejo de los Diez— tomaba parte en Ia pesquisa.
Pero todo esto no impedia que cn Io csencial se pusieran en práctica Ias ordenes
de Roma.
Y de este modo fueron sofocados en Itália los gérmenes de Ia divergência
religiosa. Casi toda Ia orden de los franciscanos se vió obligada a retractarse. La
mayor parte de los partidários de Valdés hubo de hacer Io mismo. Los extran-
jeros, los alemanes, concentrados en Venecia a causa dei comercio o de los estú-
dios, disfrutaron de cierta libertad, pero los nativos tuvieron que abjurar de sus
opiniones y fueron destruídos sus lugares de reunión. Muchos huyeron y trope-
zamos con estos fugitivos en todas Ias ciudades de Alemania y Suiza. Los que ni
cedieron ni pudieron escapar, fueron víctimas dei castigo. En Venecia fueron
sacados en dos barcas ai mar; entre ellas se colocaron unas tablas donde se agrupo
a los condenados; en ese momento los remeros de ambas barcas empezaron a
remar en dirección contraria; Ias tablas cayeron ai mar y los desdichados
se sumergieron con ei nombre de Jesus en los lábios. En Roma los autos de fe se
celebraban en toda regia delante de Santa Maria alia Minerva. Muchos huían
de pueblo en pueblo, con mujer y ninos. Los podemos acompanar un rato pero
desaparecen de pronto: probablemente han caído en Ias redes de los implacables
perseguidores. La duquesa de Ferrara —que de no haber existido Ia Icy sálica
hubiese sido Ia heredera de Ia corona de Francia— no estaba protegida por su
nacimiento ni por su rango. Su mismo esposo era un enemigo. "No hay nadie
—dice Marot— ai que pueda quejarse; entre ella y sus amigos están Ias monta-
nas y Ias lágrimas se mezelan en su vino." ^

7) Desarrollo de Ia orden de los jesuítas


AI curso de los acontecimientos, cuando los enemigos son eliminados por Ia
violência, los dogmas consolidados conforme ai espíritu dei siglo y ei poder
eclesiástico vigila Ias opiniones con armas infalibles, Ia orden de los jesuítas se va
abriendo camino en estrecha conexión con ese aparato.
No solo en Roma, sino en toda Itália, su êxito es, extraordinário. Fundada
Ia Companía con ei pensamiento puesto en ei pueblo, fué en Ias clases altas
donde tuvo acogida.
En Parma es protegida por los Farnesios: 93 Ias princesas practican los ejer-
cicios espirituales. Láinez explica ei Evangelio de San Juan a los nóbtli en

93 Oilandinus se expresa de un modo extraílo. Et c/vitas, dice en su obra, n, p. 78, et prívati


quibus fuisse dicitur alíqua ciim Romano pontífice necessitudo, supplices ad eum /iferas pro Fabro
reíinendo dederunt. Como si no se supieia que Paulo III tuvo un híjo. Por Io demás, más tarde,
con motivo de una oposición contra cl clero de tendências jesuítas, se introdujo Ia Inquisición
en Parma.
DESARROLLO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS 105

Vcnecia y, con Ia ayuda de un Lippomano, puede en 1542 poner ya los cimientos


dei colégio de jesuítas. En Montepulciano, Francisco Estrada obtuvo tal influen-
cia entre algunas de Ias personas de más viso de Ia ciudad, que le acompanaron
a mendigar por Ias calles; Estrada llamaba a Ia pucrta y sus acompanantes reci-
bían Ias limosnas. En Faenza, si bien es verdad que Ochino había influído mu-
cho también, lograron un gran ascendiente, de suerte que pudieron acabar con
rencillas seculares y fundar sociedades para ei auxilio de los pobres. No hago más
que citar algunos ejemplos. Se hallában presentes en todas partes, se ganaban
partidários, fundaban escuelas y arraigaban.
Pero por Io mismo que Ignacio era espanol y partió en su obra de ideas es-
panolas, y que sus discípulos más ilustres fueron también espanoles, Ia Compa-
nía en que este espíritu había cuajado tuvo cn Ia península ibérica todavia mayor
êxito que en Itália. En Barcelona se ganaron ai virrey Francisco de Borja, conde
de Gandia; en Valencia ia iglesia no podia cobijar a todos los oyentes de Araoz
y se le construyó un púlpito ai aire libre; en Alcalá, Francisco Villanueva, aun-
que enfermo, de humilde origen y sin muchos conocimientos, junto pronto
muchos partidários; de aqui y de Salamanca, donde comenzaron en 1548 con
una modesta casa, los jesuítas se extendieron por toda Espana.94 También fueron
bienvenidos cn Portugal. De los dos jesuítas que se le enviaron a petición suya, ei
icy dejó que uno marchara a Ias índias Orientales —Xavier, que conquisto allí
cl nombre de apóstol y de santo— y ai otro, Simón Roderich, Io retuvo consigo.
En ambas cortes los jesuítas se hicieron querer. Reformaron por completo Ia
corte portuguesa y en Ia espafiola fueron confesores de muchos grandes, dei
presidente dei Consejo de Castilla y dei cardenal de Toledo.
En ei afio de 1540 Ignacio envio a unos jóvenes a estudiar a Paris. La
Companía se extendió desde aqui a los Países Bajos. Faber tuvo ei mayor êxito
cn Lovaina: dieciocho jóvenes, ya bachilleres o maestros, se le ofrccieron para ir
con él a Portugal, abandonando casa, universidad y pátria. Se le vió también
cn Alemania, y de los primeros en entrar en Ia orden fué Pedro Canisio, que en
esc dia cumplía sus 23 afios, y que después le presto tan grandes servidos.
Gomo es natural, este êxito rápido tenía que influir de mancra poderosa en
cl desarrollo de Ia constitución dei instituto. Esta influencia se desenvolvió de Ia
«iguiente mancra. Ignacio escogió a unos poços entre sus primeros eompaneros
para formar con ellos los profesores. Le parecia haber poços hombres que, a Ia
par de gozar de una gran cultura, fueran buenos y píadosos. Ya en los primeros
proyectos presentados ai Papa manifiesta su intención de fundar colégios en una
u otra universidad para Ia formación de Ia gente joven. En número inesperado
tuvo gente como Ia que apetecia, que formaba Ia clase de los escolásticos frente
n los profesos.05
Pero pronto se dió cuenta de un inconveniente. Como los profesos, merced
ul cuarto voto que los distinguía, se obligaban a contínuos viajes para servir ai
»* Ribadcneira, Vita Jgnatií, cap. xv, n. 214, cap. xxxvm, n. 285.
9" "Pauli III facultas coadjutores adinittcndi d. 5 lunii 1546": ita ut ad vota servanda pro
•o tempore quo tu, tili praeposife, et qui pro tempore fuerint cjnsdcm soc/efatis praeposite, eis in
ministério spirituaJi veí tempora/i utendum /udicaveritis, et iion ultia astringaiitur. Coipus insti-
tutorum, i, p. 15.
106 COMIENZOS DE RECENERACIÓN

Papa, resultaba contradíctorio encomendarles colégios y otros establecimientos


que no pueden prosperar más que con una residência constante. Pronto Ignacio
creyó necesario instituir una tercera clase, Ia de los coadjutores, también sacerdo-
tes, con formación científica, dedicados expresamente a Ia juventud. A mi pare-
cer, propia y exclusiva de los jesuítas, es esta una de Ias fundaciones más impor-
tantes en que descansa ei esplendor de Ia Compafiía. La Compafiía pudo entonces
asentarse en cualquier localidad, ganar ascendiente y dominar Ia ensefianza. Lo
mismo que los escolásticos, los coadjutores no prestaban más que los três votos, y
de manera sencilla y no solemne. Esto quiere decir que, de haber intentado
abandonar Ia Compafiía, hubieran caído en excomunión. La Compafiía podia,
aunque en casos muy determinados, expulsados.
Pero hacía falta algo más. Estas clases habrían visto interrumpidos sus par-
ticulares estúdios y ocupaciones si hubieran tenido que preocuparse de ganar
Ia vida. Los profesos vivían de limosnas en Ias casas; los coadjutores y los esco-
lásticos tendrían ingresos comunes en los colégios. De su administración —que
no podia incumbir a los profesos, quienes tampoco podían disfrutar de aqué-
llos—, así como dei cuidado de todas Ias cosas exteriores, se encargaron unos coad-
jutores especiales, que también prestaban los três votos pero que tenían que
contentarse con Ia idea de que servían a Dios con esa su ocupación lega ai servir
de sustento a una sociedad que estaba dedicada a Ia salvación de Ias almas.
Esta organización suponía una jerarquía que, en sus diversos planos, suje-
taba a los espírítus con mayor rigor."
Si repasamos Ias leyes que fué recibiendo Ia Compafiía nos damos cuenta
de que ei propósito principal que le sirve de guia es ei de apartarse y singulari-
zarse con respecto a lo habitual. El amor a los familiares se condena como debi-
lidad carnal.97 Quien abandona sus bienes para entrar en Ia Compania, no los
cederá a sus parientes, sino que los repartirá entre los pobres.98 Una vez dentro,
ni se recibe ni se escribe una carta que no sea leída por ei superjor. La Compafiía
quiere ai hombre entero y pretende dominar too^as sus inclinaciones.
También quiere tener parte en sus secretos. Ingresa cgn una confesión gene-
ral. Debe proclamar sus faltas y también sus virtudes. El superior le fija un con-
fesor y se reserva Ia absolución de aquellos casos de que conviene este enterado.99
Le interesa esto para conocer a los que están a sus ordenes y poder utilizados a
discreción.
Porque ei lugar de todas Ias motivaciones que en ei mundo incitan a Ia ac-
ción, lo ocupa en Ia Compafiía Ia obediência, Ia obediência pura y simple, sea
96 Su base Ia constituyeron los novicios, los huéspedes, los indiferentes, de los que se fot-
maron Ias diferentes clases.
97 "Summarium constitutionnm", J 8, en ei Corpus institutorum societatis /esu. Antverpiae
1709, t. i. En Orlandinus, m, 66, se hace gran elogio de Faber porque este, después de algunos
aflos de ausência, llegó a su ciudad natal en Saboya y tuvo ei valor de no detenerse en ella.
98 Examen generaíc, c. iv, J 2.
99 Prescripciones que se encuentran en particular en ei Summarium constitutionum, J 32,
J 41, y en ei Examen generale J 35, $ 36 y en Ia Constitutionum Pauli ///, cap. i, n. 11, U/i
casus reservabantur, se dicc en esta última, quos ab eo (superiore) cognosci necessarium videbittir
aut valde conveniens.
DESARROLLO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS 107
lo que quiera Io mandado.100 Nadie debe solicitar un grado distinto dei que tiene
ni apetecerlo: ei coadjutor lego, caso de que no sepa, no tiene que aprender sin
permiso a leer ni a escribir. Se debe dejar guiar con total negación dei juirio pro-
pio, en ciega sumisión ai superior, como una cosa inanimada, como un bastón obe-
dece a quien lo empuna. Porque en ei superior actúa Ia providencia divina.101
Se puede imaginar ei poder concentrado de esta suerte en un general escc-
gido de por vida, que no tiene que reridir cuentas a nadie y a quien se obedece
con tal obediência. Según ei proyecto de 1543, los miembros de Ia orden que se
encuentren con ei general en un mismo lugar serán llamados a consejo hasta
para los asuntos más nimios. El proyecto de 1550, aprobado por Júlio III, dis-
pensa ai general de esta obligación, ya que dependerá de su discreción llamar
o no a consejo.102 Solo le es obligado ei consejo para cambiar Ia constirución o
para clausurar casas y colégios ya fundados. En todo lo demás dispone de poder
absoluto para gobernar Ia Companía. En Ias diversas províncias cuenta con asis-
tentes, pero que no tratan de otros asuntos que aquellos que él les encomienda.
Nombra a discreción a los superiores de Ias províncias, colégios y casas, acepta
y expulsa, dispensa y castiga: dispone de una espécie de poder papal en pe-
queno.108
Podia presentarse ei peligro de que ei general, investido de estos poderes, se
apartara de los princípios de Ia Companía. En este sentido se le sometió a cierta
limitación. Acaso nos parezca no tener Ia importância que le debió asignar Igna-
cio ei hecho de que Ia Companía o sus diputados dispongan sobre ciertas exte-
rioridades, sobre Ia comida, ei vestido, Ia hora de dormir y sobre toda Ia vida
cotidiana;104 de todos modos algo significa que se le arrebate ai titular dei
máximo poder aquella libertad de que goza ei hombre más modesto. Los asisten-
tes, que no eran nombrados por él, le vigilaban. Había un admonitor especial-
mente nombrado y los asistentes podían convocar una congregación general que
podia deponer ai general en caso de graves violaciones.
100 Escrito de Ignacio, "Frattibus societatis Jesu qui sunt in Lusitânia", 8 Kal Ap. 1553, J 3.
101 Constitutiones, vi, 1. Ef sibi quisque persuadeat, quod quí sub obedientia vivunt, se ferri
ic regi a divina providentia per superiores res suos sinere debent, perinde ac cadáver essent. Tam-
bién existe otra constitución, vi, 5, según Ia cual parece que también puede mandar cometer un
pecado. Visum est nobis in domino —nul/as constitutiones, dec/arationes veZ ordinem ul/um vivendi
iojse ob/igafionem ad peccatum mortaíe vef venia/e inducere, nisi superior ea in nomine Jesu
Í •hristi vel in virtufe obedientiae jubeat. Se queda uno consternado ai lccr, esto, porque cs lo más
lógico y natural referir ea ai peccatum morta/e vel vtfnia/e, de modo que ei superior bien puede
ordenar Ia comisión de un pecado. Pero Ia opinión general no ha admitido este sentido. La cons-
titución se vincula con Ia declaración de Ia regia dominica según Ia cual se autorizo a los priores
praecepta lacere quae transgressores ob/igabunt non solum ad poenam sed etiam ad mortaíem cuJ-
«m, Se habla aquf de ordenes cuya violación implica una culpa interna. Del mismo modo tam-
C ièn ei general de los jesuítas puede imponer obligaciones con Ia condición de que quien Ias rompe
le hace culpable de uno u otro pecado. Pero siempre resulta una autorización extraordinária. Entre
l". dominicos esta constituía más bien una mayor severidad de Ias regias de Ia orden, mientras que
entre los jesuítas se convirtió en una parte de Ia obediência incondicional que ei general estaba
•utnri/ado a exigir.
102 Ad/utus, quatenus ipse opportunum /udicabif, /rafrum suorum consilio, per se ipsum ordi-
n«ndi et /ubendi quae ad dei gloriam pertinere videbuntur, jus totum habeat, se dice en Juíii III
etmlirwatio instituti.
los Constitutiones, rx, rn.
104 Schcdu/a Ignatii AA. SS. "Commentatio praevia" n. 872.
COMIENZOS DE RECENEÍUCION
Esto nos lleva un poço más lejos.
Si no nos dejamos despistar por Ias expresioncs hiperbólicas con que los
jesuítas han pintado este poder, y consideramos su efectividad en ei desarrollo
expansivo de Ia Companía, tendremos ei siguiente cuadro. El general tiene ia
dirección suprema y, sobre todo, Ia vigilância de los superiores, cuya conciencia
conoce y a los que distribuye Ias funciones. A su vez, los superiores disfrutaban
de igual poder dentro de su círculo y, a veces, Io hacían sentir con más fuerza
que ei general. 105 Los superiores y el general mantenían entre si una espécie
de equilíbrio. El general debía ser enterado sobre Ia persona de todos los miem-
bros de Ia Companía y aunque, como es natural, no había de intervenir más
que en casos muy espcciales, de todos modos le correspondia Ia inspección supre-
ma. Pero, por otra parte, una comisión de profesos le inspeccionaba a su vez.
H a habido también otras instituciones que, siendo un mundo dentro
mundo, han desvinculado a sus miembros de todos los lazos con el exterior y
los han apropiado imbuyéndoles un principio nuevo de vida. Esto era también
Io que se proponía Ia Companía, pero le es peculiar que se aduena por completo
de Ia persona a Ia vez que fomenta el desarrollo individual. Por esto los factores
que entran en juego son Ia personalidad, Ia sumisión y Ia vigilância recíproca.
Todo cllo formando una unidad cerrada y perfecta, con nervio y dinamismo. Por
esta razón ha subrayado el poder monárquico y se somete a él por completo, a no
ser que su titular traicione los princípios.
Con Ia idea de Ia Companía está de acuerdo que ninguno de sus miembros
pueda investir una dignidad eclesiástica. Porque con ella tendría que ejercer
funciones y encontrarse en circunstancias que imposibilitarían toda vigilância.
Por Io menos ai principio este requisito se cumplió con rigor. Jay no queria ni
podia aceptar el obispado de Trento y cuando Fernando I, que se Io había ofreci-
do, desistió de su deseo a instigación escrita de Ignacio, este mando celebrar una
misa solemne y un Tedéum. 1 0 0
Otro factor Io tenemos en el hecho de que, así como Ia Címpanía eludió Ia
pesadumbre de Ias ceremonias litúrgicas, tambiéíf se aconsejó a los miembros
que no exageraran en cuestión de prácticas religiosas. (2on ayunos, vigílias y
penitencias no se debe debilitar el cuerpo ni robar mucho tiempo ai servicio dei
prójimo. También en el trabajo habrá que guardar medida. El potrillo inquieto
no solo debe ser espoleado sino frenado también: no hay que armarse de tantas
armas que luego no se pueda con ellas ni abrumarse con tanto trabajo que padez
ca el espíritu en su libertad. 107
Se ve como Ia Companía, ai mismo tiempo que" dispone de sus miembros
como propiedad suya, procura el máximo desarrollo de los mismos que sea com-
patible con sus princípios.
De hecho, todo esto era necesario para dar abasto en Ias difíciles faenas a

105 Mariana, Discurso de Jas enfermedades de Ia compafiía de Jesus, cap. xi.


1U0 Extractado de Ludovico Consalvus, liber memoria/is quod desistente rege S. Ignatius indi-
xcrit missas et Te deum laudamus in gratiarum actionem. Commcntarius praevius in AA. SS. Ju-
lii VII, n. 412.
107 Constitutiones, v. 3, I. "Epístola Ignatii ad fratres qui sunt in Hispania". Corpus Znstitu-
tonim, in. 540.
DESARROI.LO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS 109

<|iie se había dedicado. Como sabemos, estas eran Ia predicación, Ia ensefianza y


Ia confesión. Con su peculiar estilo, los jesuítas se dedicaron de preferencia
a estas dos últimas.
La ensefianza estaba en manos de aquellos literatos que, después de haberse
dedicado a los estúdios con un espíritu profano, habían dado en una tendência
espiritual no muy agradable a Ia corte de Roma y que por último se considero
rcprobable. Los jesuítas se impusieron como tarea desplazarlos y ocupar su
puesto. En primer lugar, fueron más sistemáticos: organizaron Ias escuelas en
clases que iban siguiendo ei mismo espíritu desde los comienzos hasta Ia etapa
superior; además, se preocuparon por Ias costumbres y por Ia educación de Ia gen-
te; ei poder estatal les protegia y Ia ensefianza.era gratuita. Si Ia ciudad o el
príncipe tundaban un colégio, no necesitaban pagar los particulares. Les estaba
prohibido a los jesuítas pedir o recibir retribución o limosnas y !a ensefianza era
Rrautita, Io mismo que Ia predicación o Ia misa; dentro de sus iglesias tampoco
había cepos de limosnas. Como son los hombres es natural que todo esto les
valicra de mucho, si tenemos en cuenta que trabajaron con êxito y con ceio. No
lólo se ayudó a los pobres sino que también se alivio a los ricos, nos dice Orlan-
dini. 108 Observa el êxito extraordinário. "Vemos a muchos de los que brillan poi
Ia púrpura cardenalicia, que hace poço se sentaban en los bancos de nuestras
escuelas; otros, están en el gobierno de Ias ciudades y de los Estados; hemos
laçado también obispes y consejeros suyos, y hasta otras congregaciones religio-
ias se han nutrido de nuestros alumnos." Como es fácil imaginar, sabían Ia ma-
ncra de atraerse los mayores talentos. Se constituyeron en un cuerpo de maestros
que, ai extenderse por todos los países católicos, presto a Ia ensefianza el color
religioso que conservo desde entonces, afirmo una unidad rigurosa en disciplina,
método y doctrina, y ha ejercido una influencia incalculable.
Esta influencia Ia reforzaron ai dedicarse a Ia confesión y tomar en sus
manos Ia dirección de Ias conciencias. Ningún siglo más propicio ni más nece-
litado de ello. El libro de Ias constituciones les sefiala que "sigan un mismo mé-
todo en Ia forma y modo de dar Ia absolución, que se ejerciten en los casos de
conciencia, que se acostumbren a una breve manera de preguntar y que tengan
preparados los ejemplos de los santos, sus palabras y otro gênero de ayudas para
cada clase de pecado". 109 Regias, como puede verse, a Ia medida de Ias necesida-
dus de los hombres. Pero también otro factor les ayudó en el êxito extraordinário
con que Ias pusieron en práctica, êxito quê representa una expansión de su
espíritu.
Es admirable el librito de los ejercicios espirituales que Ignacio no solo
proyectó, sino que elaboro en todos sus detalles. 110 Con él logro sus primeros y
posteriores discípulos, y por él sus partidários se pusieron en general a su dispo-

108 Orlandinus, Lib. vi, 70. Sc pudicra hacer una comparación con Ias escuelas conventuales
de los protestantes en Ias que también llcgó a predominar por completo Ia tendência clerical.
S. Xturm en Ruhkopf, Geschichte des Schuíwesens, p. 378. Todo depende de Ia diferencia.
109 Regula sacerdotum, $$ 8, 10, 11.
110 Porque, según todo Io que se ha escrito en pro y en contra, resulta claro que Ignacio tuvo
«mio modelo un libro parecido de Garcia de Cisneros, pero Io más original parece proceder de
ê\ mismo. Comm. praev. n. 64.
110 COMIENZOS DE REGENERACIÓN

sición. Su acción fué incesante, acaso mayor porque se recomendaba oportuna-


mente en momentos de zozobra interior y de necesidad personal.
No es un libro de ensenanza sino un incentivo para Ia propia reflexión.
"El anhelo dei alma —dice Ignacio— no se satisface con una colección de cono-
cimientos sino por una propia visión interior." m
Provocaria es Io que se propone. El ejercitante explica los puntos de vista y
ei ejercitando tiene que colocarse en ellos. Antes de dormir y después de desper-
tar, concentrará sus pensamientos en ellos y rechazará de si esforzadamente todo
Io que les es extrafio. Las puertas y Ias ventanas cerradas, de rodillas y tendido
en tierra, lleva a cabo Ia meditación.
Comienza percatándose de sus pecados. Considera como los ángeles fueron
arrojados ai infierno por un solo acto de voluntad; y por él, que ha cometido
mayores pecados, han impetrado los santos, y ei cielo y las estrellas, los ani-
males y las criaturas se han puesto a su servido, y para librarse ahora de Ia
culpa y no ser condenado eternamente, implora a Cristo crucificado y escucha
su respuesta, y entre los dos se desarrolla un diálogo como entre un amigo y otro
amigo, entre un servidor y su sefior.
Trata de edificarse con ei recuerdo de Ia Historia Sagrada. "Veo como Ia
três personas de Ia Santísima Trinidad contemplan toda Ia tierra llena de horr
bres destinados ai infierno; como deciden que Ia segunda persona encarne para
redimidos; veo todo ei âmbito de Ia tierra y en un rincón Ia cabana de Ia Virgen
Maria, de Ia que proviene Ia salud." Por momentos va avanzando en Ia Historia
Sagrada: actualiza las acciones en todos sus detalles, según las diversas catego-
rias de lcs sentidos: se deja campo libre a Ia fantasia religiosa, suelta de las
ataduras de Ia palabra; se sienten y se besan los vestidos y las huellas de los santos
personajes. De esta exaltación de Ia imaginación, con ei sentimiento de cuán
grande es Ia dicha de un alma que ha sido llenada con las gracias y virtudes
divinas, se vuelve a Ia consideración dei propio estado. Si hay qjie escogerlo, este
es ei momento, según las apetencias dei corazón, gemendo ante los ojos ei fir
único: salvarse por Ia gloria de Dios y con Ia idea de hallarse presente ante
Dios y todos los santos. Si no hay que escoger estado, se medita sobre Ia propia
vida: las frecuentaciones, Ia vida doméstica, los gastos necesarios y Io que hay
que dar a los pobres, y todo como se quisiera tenerlo hecho en ei momento de Ia
muerte y sin otro pensamiento que Ia gloria de Dios y Ia salvación propia.
Treinta dias se dedican a estos ejercicios. Se alternan Ia meditación sobre
Ia Historia Sagrada y sobre las circunstancias personales, Ia oración y Ia resolu-
ción. El alma está de continuo tensa y en movimiento. Finalmente, ai repre-
sentarse Ia providencia de Dios, "que en sus criaturas trabaja activamente por
los hombres", se piensa todavia estar en presencia dei Altísimo y de sus santo
y se le pide Ia dedicación a su amor y honra: se le brinda Ia libertad, se le ofrece
Ia memória, ei entendimiento y Ia voluntad, y así se cierra con Él ei pacto de
amor. "El amor consiste en ia comunidad de todas las facultades y bienes"
Dios distribuye sus gracias ai alma en recompensa de su entrega.
l l l Non enim abundanfia scienthe, sed senstis et gusíus rerum interior desidcrium animar
repJere so/et.
DESABROLLO DE LA ORDEN DE LOS JESUÍTAS 111

Nos basta con esta idea somera dei libro. Su composición está calculada
en forma que si bien permite ai pensamiento una actividad interna, Io acosa
también en un estrecho círculo. De Ia manera más perfecta cumple con su fin,
que es ei de una meditación dominada por Ia fantasia. Es tanto más certero
cuanto que se apoya en experiências personales. Ignacio ha incorporado a los
ejercicios los momentos vivos de su despertar religioso y de sus progresos espiri-
tuales desde los orígenes hasta ei ano 1548, en que los aprobó ei Papa. Se dice
que ei jesuitismo ha sabido aprovechar Ias experiências de los protestantes y
esto puede ser verdad en algún punto. Pero consideradas Ias cosas en conjunto
Ia oposición puede ser mayor. Frente ai método discursivo, demostrativo, funda-
mentador y polêmico de los protestantes, Ignacio presenta un método conciso,
intuitivo, que conduce a Ia visión, un método que cuenta con Ia fantasia y
trata de culminar en decisiones repentinas.
Así, cobro una significación y eficácia extraordinárias aquel elemento fan-
tástico que le animo desde un principio. Pero como también era soldado, con
ayuda de su fantasia religiosa había formado una compafiía, escogiendo hombre
por hombre, instruyéndoles individualmente para sus fines y poniéndola ai
«ervicio dei Papa. Este ejército se extendió ante sus ojos por toda Ia tierra.
Al morir Ignacio contaba Ia Compafiía trece províncias, sin incluir Ia de
Roma.112 Una inspección somera nos sefiala donde estaba ei nervio de Ia orga-
nización. La mitad mayor de estas províncias, siete, radicaba en Ia península
Ibérica y en sus colônias. En Castilla contamos diez colégios, cinco en Aragón
y otros tantos en Andalucía. El progreso era todavia mayor en Portugal, pues se
contaba con casas de profesos y novicios. Casi se habían hecho los amos de Ias
colônias portuguesas. En Brasil operaban veintiocho miembros de Ia Compafiía
y en Ias índias Orientales, desde Goa ai Japón, unos cien. Se hizo un intento
con Etiópia, a donde se mando un provincial y se abrigaron Ias mayores espe-
i m/as. Todas estas províncias de habla espafiola y portuguesa fueron regidas
por un comisario general, Francisco de Borja. La influencia máxima corres-
ponde ai país en que habían surgido Ias primeras ideas dei fundador. No muy
• ia zaga le iba Itália. Había três províncias de habla italiana: Ia romana, direc-
tamente sometida ai general, con casas de profesos y novicios, ei colégio romano
y ei germânico instituído especialmente para los alemanes por consejo dei car-
denal Morone, pero que no prospero por entonces: Nápoles pertenecía a esta
província; Ia de Sicilia, con cuatro colégios terminados y dos en preparación
(cl virrey, de Ia Vega, fué quien llamó a los primeros jesuítas. Mesina y Palermo
compitieron para fundar colégios y de estos salieron los restantes); y, final-
mente, Ia província propiamente italiana, que comprendía Ia Itália superior, con
cliez colégios. En otras naciones su êxito no fué similar: por doquier encontro
In oposición de protestantismo o de tendências cercanas a él. En Francia no con-
taba más que con un solo colégio y, aunque respecto a Alemania se habla de
dos províncias, estaban en sus puros comienzos. La de Ia Alemania alta se com-
ponía de Viena, Praga e Ingolstadt, pero estaba en situación precária; Ia de Ia

lia En ei afio de 1556. Sacchinus, Historia societatis Jesu. p. n, sive Lainius, desde ei principio.
112 COMIENZOS DE REGENERAClÓN

baja debía comprender los Países Bajos, pero Felipe II no había reconocido to-
davia allí a los jesuítas una existência legal.113
Este rápido crecimiento de Ia Companía era indicio dei poder que ei futuro
le reservaba. Y tiene Ia mayor importância que lograra tan poderoso influjo en
Ias dos penínsulas, es decir, en los países propiamente católicos.

8) Conclusión
Frente a los movimientos protestantes que iban prosperando por momentos, he-
mos visto como se produjo dentro dei catolicismo un nuevo movimiento en
torno ai Papa. ,.
Como aquéllos, este también encuentra un motivo en Ia secularización de
Ia Iglesia o, mejor dicho, en Ia necesidad nacida por esta circunstancia en los
espíritus.
Ambos movimientos se aproximan ai principio. Hubo un momento en Ale-
mania en que no se estaba todavia decidido a renunciar por completo a Ia jerar-
quía, ei mismo en ei que Itália se inclinaba a introducir reformas racionales
en ella. Pero este momento se esfumó.
Mientras los protestantes caminaban cada vez con mayor osadía hacia Ias
formas primitivas de Ia fe y de Ia vida cristianas, apoyados en Ia Bíblia, en el
otro lado se decidió mantener y renovar Ia institución eclesiástica desarrollada
a Io largo de los siglos, insuflándole nuevo espíritu y rigor. Allí el calvinismo
evolucionó en un sentido todavia más anticatólico que el luteranismo; con cons-
ciente anímadversíón, se elimino aqui todo Io que de cerca o de lejos olía a
protestantismo y se le hizo frente con resolución.
Así, dos manantiales surgen vecinos en Io alto de Ia montaiia y cmprenden
direcciones contrarias ai verterse rpor laderas diferentes.
LIBRO TERCERO

LOS P A P A S A M E D I A D O S D E L S I G L O XVI

El siglo xvi se caracteriza sobre todo por ei espíritu de creación religiosa. Hoy
vivimos todavia en ei antagonismo de Ias convicciones que por entonces se
abrieron paso.
Si pretendiéramos senalar con mayor exactitud el momento de significa-
ción histórica universal en que tuvo lugar Ia separación, ese momento no habría
de coincidir con Ia entrada en escena de los reformadores, porque Ias opiniones
no se perfilaron en seguida y se abrigo Ia esperanza de una conciliación durante
mucho tiempo. Pero en el ano de 1552 todas Ias tentativas en este sentido esta-
ban totalmente agotadas y Ias três formas dei cristianismo occidental habían
cobrado su aspecto duradero. El luteranismo era más riguroso, más agrio y cerra-
do; el calvinismo se separo de él en los artículos más importantes, habiendo
pasado antes Calvino por un luterano; enfrente de los dos, el catolicismo adqui-
rió su forma moderna. Y, a partir de los princípios asentados, se fueron formando
três sistemas teológicos con Ia pretensión de desplazarse mutuamente y someter
ai mundo.
Parece que Ia dirección católica, que pretendia sobre todo Ia renovación
de Ia Iglesia establecida, habría de tener tarea más fácil en su expansión. Pero
su ventaja no era mucha. También estaba rodeada y presionada por otras fuer-
zas seculares, como Ia ciência profana y Ia convicción teológica disidente, y se
presentaba más bien como matéria de fermentación. Era caso de preguntarse si
seria capaz de dominar los elementos en cuyo centro había nacído o si seria
vencida por ellos.
La primera resistência Ia encuentra en los Papas mismos, en su persona
y en su política.
Ya hicimos observar como un sentir profano había hecho presa en los jefes
de Ia Iglesia, había provocado Ia oposición y fomentado en tan gran medida
el protestantismo.
Había que ver ahora en qué medida el movimiento rigorista llegaría a do-
minar y transformaria este estado de espíritu.
114 LOS PAPAS A MBDIADOS DEL SIGLO XVI

En Ia historia de los Papas que vamos a considerar ahora, me parece que


Ia cuestión principal reside en ]a oposición de esos dos princípios, de Ja política
tradicional y de Ia necesidad de llevar a cabo una reforma interior profunda.

1) Paulo III
En Ia actualidad se presta a menudo demasiada atención a los propósitos y a
Ias influencias de altos personajes, de príncipes y de gobiemos, y su recuerdo
no poças veces padece con Ias culpas de todos, pero también ocurre que a ellos se
atribuya Io que es mérito de Ia generalidad.
El movimiento católico estudiado per nosotros en ei libro anterior comien-
za bajo ei Papado de Paulo III, pero seria un error ver en este Papa a su ini-
ciador. Se dió muy bien cuenta de Io que ei movimiento significaba para Ia Sede
romana, y no solo dejó que tuviera lugar sino que Io estimulo en muchos as-
pectos. Pero podemos decir, sin preocupación alguna, que ei espíritu de ese mo-
vimiento no formaba parte dei suyo.
Alejandro Farnesio —este era ei nombre de Paulo III— era un hombre
de mundo en no menor grado que otros antecesores suyos. Se lia formado por
completo en ei siglo xv —había nacido en ei aho 1468—. Estúdio en Roma
con Pomponio Laetus y en Florencia en los jardines de Lorenzo de Médicis, y
se apropió Ia erudición elegante y ei sentido artístico de aquella época, sin ser
ajeno tampoco a sus costumbres. Su madre considero conveniente una vez
mantenerlo prisionero en ei castillo de Sant'Angelo y, cuando pasaba Ia prece-
sión dei Corpus, aprovechó un momento de descuido para deslizarse por una
cuerda y escapar. Tenía un hijo y una hija naturales. A pesar de todo, y en
edad relativamente joven, pues aquella época no se asustaba por gran cosa, fué
nombrado cardenal. En su condición de tal, mando construir los más bellos
palácios romanos, los Farnesinos. En Bolsena, donde radicqfca su patrimônio,
construyó una viüa que ei Papa León encontrójo bastante atractiva para visi-
taria unas cuantas veces. A esta vida magnífica junto él /(trás actividades. Desde
un principio penso en ia suprema dignidad y le caracteriza bastante que Ia
tratara de alcanzar mediante una neutralidad completa. Las facciones francesa
e imperial se repartían Itália, Roma y ei colégio cardenalicio. Se cendujo con
tal cautela, con tal sagacidad, que nadie podia decir con qué partido simpatizaba
más. A Ia muerte de León, y todavia más a Ia de Adriano, estuvo a punto de ser
elegido Papa. Le enfadaba ei recuerdo de Clemente'VII, que le había sustraído
doce anos de Papado que le pertenecían. Por fin, en octubre de 1534, a los
cuarenta afies de cardenal y setenta y siete de su vida, vió colmados sus deseos.1
Ahora le afeçtaban de otro modo las grandes contradieciones dei mundo
contemporâneo: Ia disputa de aquellos dos partidos, en médio de los cuales acaba,
de crearse una posición tan importante; Ia necesidad de lucha contra los pro-
testantes y Ia alianza secreta que por razones políticas mantuvo con ellos: Ia incli-
nación natural, debida a Ia situación de su principado italiano, a debilitar ei
* Onuphrius Panvinius, Vita Pau/i 111.
PAULO III 115

poderio espanol, y ei peligro que inhería a cada una de estas tentativas; Ia nece-
sidad urgente de una reforma y Ia poço deseable limitación dei poder papal, que
parecia su consecuencia.
Es admirable como pudo transcurtir su política en médio de tantas exi-
gências contradictorias.
Paulo III tenía maneras agradables y acogedoras. Rara vez un Papa ha sido
más querido en Roma. Es magnífica aquella elección para cardenales de cuatro
personajes extraordinários, sin conocimiento de los interesados; este proceder
generoso está muy lejos de aqucllas pequenas consideraciones personalcs que
cran Ia regia. Pero no solo los nombró sino que les reconoció una desacostum-
brada libertad, soportando que le contradijeran en ei consistorio y animándoles
para una discusión sin reservas.2
Pero si respetaba Ia libertad de los demás y les dejaba gozar de Ias prerro-
gativas de su cargo, no era menor ei empeno que ponía en mantener Ias suyas.
Cuando ei emperador se le quejó de que hubiera hecho cardenales a dos nietos
suyos en temptana edad, tepuso que haría Io que sus antecesores, y había ejem-
plos de ninos de pecho hechos cardenales. En cuestión de nepotismo parecia
exceder tedo Io conocido. 3 Lo mismo que otros Papas, estaba decidido a obtener
principados para sus familiares.
N o es que todo lo demás lo subordinara a este propósito, como un Alejan-
dro VI. No se puede decir esto, porque pensaba seriamente en promover Ia paz
entre Francia y Espana, en someter a los protestantes, luchar contra los turcos
y reformar Ia lglcsia; pero tampoco descuidaba, ni mucho menos, Ia presperi-
dad de su casa.
Al proponerse tantas metas contradictorias y ai mezclar finalidades públi-
cas y privadas, se vió forzado a adoptar una política cautelosa, morosa y mante-
nida siempre a Ia expectativa. Lo que le importaba era Ia ocasión, Ia cembinación
de circunstancias que él trataba de provocar con parsimonia para, rapidamente,
tomar el asunto por el punto más ventajoso.
Los embajadores encontraban difícil tratar con él. Les extranaba que no
diera muestra alguna de falta de valor y que, sin embargo, rara vez se le hiciera
tomar una decisión. Por el contrario, él era quien trataba de sujetar a los de-

2 En el ano 1538 habló Marco Antônio Contarini ante el senado veneciano sobre Ia corte
pontifícia. Desgraciadaiiicntc no lie podido encontrar'este discurso en el arcliivo veneciano ni en
mnguna parte. En un MS. sobre Ia guerra contra los turcos de aquella época, con el título Trc
libri del/i coinmcnrari dcl/a guerra J537, 38, 39, que se halla cn mis manos, encuentro un breve
extracto de él, dei cual tome el dato citado más arriba. Disse de/ stato dcJfa corlc, che mo/ti anni
MI.MI/1 íi prclati non erano síaíi in que/Ia riíorina di vila ch'eran aílora, e clie Ji cardina/i havevano
Jibcrtá maggiore di dire /'opinion /oro in consistoro ch'avesser avuro gia mai da gran tempo, e che
di cio ií ponteíicc non solamcjitc non si do/eva, ma se n'era studiaíissimo, onde per quesía ragione
li poteva sperare di giorno in giorno rnaggior riforma. Considero che tra cardina/i vi erano tali
nomini celebeirimi che per opinione comniuiie it mondo non n'avria altietanti.
3 Soriano, 1535. E Romano di sangue et è d'animo mo/to gagliardo: stima assai J'ingiurie
Che g/i si fanno, et é inc/inatissirno a far grandi i suoi. Varchi (íslorie /iorentine, p. 636) nos
liahla dei priincr secretario de Paulo. Mcsser Ambrogio, "que pudo todo lo que queria y queria
todo lo que pudo": entre otros muchos rcgalos recibió una vez sesenta jofainas de plata con sus
|iirros. "^Y cónio cs posible —se preguntaba Ia gente entonces— que con tantas jofainas no pueda
conservar Ias manos limpias?
116 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

más, de sonsacarles una palabra comprometedora, una garantia irrevocable,


mientras, por su parte, se escurría. Este rasgo se manifestaba también en cosas
de poça monta, pues era poço aficionado a decidir o prometer algo de antemano,
porque le gustaba guardar manos libres hasta ei último momento y, claro, este
estilo lucía sobre todo en los asuntos de peso. A veces, había dado una noti-
cia, una información, pero en ei momento en que se queria aprovecharla Ia
negaba, porque pretendia ser siempre dueno de Ias negociaciones.4
Como dijimos, pertenecía a Ia escuela clásica y, en latín y en italiano, bus-
caba siempre Ia expresión elegante y escogía y pesaba cada palabra, cuidando dei
contenido y de Ia forma. Las palabras salían quedas, con perezosa cautela.
Con frecuencia no se sabia a qué carta quedarse con él. A veces, de lo que
decfa se creía conveniente deducir que su opinión era Ia contraria. Pero con este
procedimiento no se hubiera acertado siempre. Los que le conocían mejor ha-
bían observado que, cuando se proponia llcvar a cabo algo, ni hablaba dei asunto
ni aludia a las personas con las que tuviera relación.5 Lo que se sabia de fijo
era que, una vez adoptada una decisión, no cejaba en cila. Esperaba poder
realizar todo lo que se proponia, si no en seguida, en otra ocasión, en circuns-
tancias diferentes o por otras vias.
No contradice los rasgos de un caracter de tan largo alcance, de tan circuns-
pecta mirada y de ponderación tan recôndita ei que, además de las potências
terrenales, tomara en cuenta también las celestíales. En Ia época era común Ia
creencia en ei influjo de los astros sobre el resultado de las actividades huma-
nas, y Paulo III no asistió a ningún consistorio importante ni emprendió viaje
alguno sin escoger antes el dia y sin consultar las estrellas.8 No se llegó a un
acuerdo con Francia porque no existia conformidad alguna entre el dia dei naci-
miento dei rey y el dei Papa. A lo que parece, este Papa se sentia en médio de
mil influjos contrários, no solo de las potências de Ia tierra sino también de las
celestíales, de las constelaciones, y a tenor de su naturaleza se propuso tener
en cuenta unas fuerzas y otras para esquivar su desgracia y aprovechar su favor
y, así, poder navegar seguro en médio de los escollos hasta arribar a puerto.
Examinemos como trabajó en este sentido y si fué 'feliz en Ia empresa,
si consiguió dominar efectivamente el juego de tantas fuerzas antagônicas, o si
estas pudieron con él por el contrario.
•* En Guill. Ribier, Lettres et Mémoircs d'Etat, Paris, 1666, se encuentran muchas pruebas
de estas negociaciones y de su caracter desde 1537 hasta 1540, a través de los despachos de los
embajadores franceses. Las describe de un modo directo Matteo Dandolo, en Relafione di Roma
1551 de 20 Janii in senatu, MS. que se baila en mis manos. II negotiare con P. Paolo íu giudicato
ad ogn'un dif/icile, perche era tardissimo nel par/are, perche non voleva mai proferire parola che no
fusse elegante et exquisita, cosi nella volgare come nella latina e greca, che di turre tre ne faceva
professione [no creo que haya negociado con frecuencia en lengua griega], e mi aveva scoperto
di quel poço che io ne intendeva. E perche era vecchissimo, parlava bassissimo et era jonghissimo, ne
volea negar cosa che se gli addimandasse: ma né anche (volea) che I'uomo che negotiava seco potesse
esser securo di havere havuto da S. Sa, il si piu che il no, perche lei voleva starse sempre in Tavantaggio
di poter negare e concedere: per il che sempre si risolveva tardissimamente, quando vo/ea negare.
6 Observaciones dei card. Carpi y de Margarthen: "que sou —dice Mendoza— los que más
pratica ticnen de su condición".
« Mendoza: "Es vertido Ia cosa a que ay muy poços cardcnales, que conciertcn negócios,
aunque sea para comprar una carga de lefia, sino es o por médio de algún astrólogo hechizero."
Sobre el Papa mismo encontramos ali £ las particularidades más indudables.
PAULO m 117

Consiguió en sus primeros anos una alianza con Carlos V y los venecianos
contra los turcos. Insto con vehemencia a los venecianos, y se levanto otra vez
Ia esperanza de ver Ias fronteras cristianas desplazarse hasta Constantinopla.
Pero Ia renovada guerra entre Carlos V y Francisco I constituía un obstácu-
lo peiigroso para cualquier empresa. El Papa no escatimó esfuerzo alguno para
allanar Ia enemistad. La entrevista de los príncipes en Niza, a Ia que asistió, fué
su obra. El embajador veneciano, que también estaba presente, no encuentra
palabras bastantes para loar ei ceio y Ia paciência mostrados en esta ocasión por
ei Papa. Después de grandes esfuerzos, y solo en ei último momento, cuando
amenazó con marcharse, consiguió que se llegara a Ia firma de un armistício.7 Lo
utilizo para trabajar en Ia aproximación de ambos monarcas, aproximación que
parecia destinada a convertirse en confianza.
Mientras ei Papa cuidaba así de los negócios generales, no por eso descui-
daba los suyos propios. Se observaba que entretejía ambos intereses y que lo
liada con ventaja para los dos. La guerra contra ei turco le proporciona ocasión
iara apropiarse de Camerino. Esta ciudad estaba a punto de aliarse con Urbino;
f a última Varana, heredera de Camerino, se hallaba casada con Guidobaldo II,
que subió ai gobierno de Urbino en ei ano 1538.8 Pero ei Papa declaro que
Camerino no podia ser heredado por mujeres. De buena gana los venecianos
hubieran apoyado ai duque, cuyos antepasados habían estado siempre bajo Ia
protección de Venecia y servido en su ejército; también ahora se pusieron
de su parte, pero tenían reparos a consecuencia de Ia guerra. Temían que ei
Papa llamara en su auxilio aí emperador o ai rey de Francia y veían muy bien
que, caso de ganar ai emperador, tanto menos podría hacer este contra los tur-
cos; si ganaba a Francia, Ia paz de Itália se veria en peligro y su situación seria
más precária y solitária;9 con ei peso de estas consideraciones abandonaron a
su suerte ai duque, y este se vió obligado a entregar Camerino, que ei Papa
cedió a su sobrino Octavio. Porque ya entonces su casa cobraba poder y pres-
tigio. jCuán provechosa fué para él Ia reunión de Niza! Mientras trabajaba en
cila consiguió dei emperador Novara y sus domínios para su hijo Pier Luigi,
y Carlos V decidió casar a su hija natural, Margarita —después de Ia muerte
de Alejandro de Médicis—, con Octavio Famesio. Podemos creer ai Papa cuando
nos asegura que no por eso se había pasado definitivamente ai partido dei empe-
rador. Por ei contrario, deseaba entablar con Francisco I relaciones no menos
íntimas. También ai rey le interesaba y por eso le prometió en Ia entrevista de
Niza un príncipe de Ia sangre, el duque de Vendôme, para su nieta Victoria.10

1 "Relatione dei Cimo. M. Niccolo Tiepolo dei convento di Nizza", Informar. poJit. VI
(Bibl. Berlin). Existe también una edición vieja de esta relación, reproducida en Du Mont, iv, n,
con un titulo algo distinto.
8 Adriani Istoiie 58 H.
3 Se cnentan Ias delibeiaciones en el comentário ya citado sobre Ia guerra contra los turcos,
cl cual cobra por ello un interés social.
10 "Grignan, Ambassadeur du roi de France à Rome, au Connetable". Ribier, i, 251.
Monseigneur, sadire Sainteté a un merveilleux désir du mariage de Vendôme: car il s'en ett
entiérement declare a moy, disant que pour estre sa niece unique et tant aimée de luy, ü ne désiioit
apres le bien de Ia Chrestienté autre chose plus que voir sadite niece mariée en France, dont ledit
teigneur (le roí) luy avoit tenu propôs a Nice et apres Vous, Monseigneur, luy en aviez pule.
118 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Paulo III se sentia feliz con esta alianza con Ias dos famílias más poderosas
de Ia tierra, le halagaba ei honor que para él representaba y habló de ello en
ei consistorio. También su ambición espiritual se veia halagada por Ia postura
pacificadora, mediadora, entre Ias dos potências, adoptada por él.
Pero estos negócios no se desarrollaron de modo perfecto. Se cstuvo muy
lejos de conseguir algo contra los turcos, y Venecia tuvo que aceptar una paz
desventajosa. Francisco I retiro aquella su promesa y, aunque ei Papa nunca
perdió Ia esperanza de llevar a cabo una alianza de família con los Valois, Ias
negociaciones se fueron demorando. La inteligência entre ei emperador y el rey,
que él había conseguido, parecia consolidarse cada vez más y el mismo Papa
llegó a estar celoso de su obra, puesto que se quejaba de que, siendo^í ei autor,
los favorecidos le olvidaban;" pero pronto se disiparon Ias esperanzas y Ia
guerra prendió de nuevo. El Papa abrigo entonces otros propósitos.
Siempre había solido decir a sus amigos, y hasta se Io había dado a enten-
der ai emperador, que Milán pertcnecía a los franceses y que había que devol-
vérselo cn justicia. 12 Poço a poço abandono esta opinión. Se conserva una
propuesta de] cardenal Carpi, que gozaba de su mayor confianza, cuyo tono
es muy diferente. 13
"Ei emperador —se dice en elía— no debe pretender ser conde, duque o
príncipe, sino solo emperador, y no debe tener muchas províncias sino grandes
vasallos. Su fortuna se eclipso cuando se apoderó de Milán. N o se le puede
aconsejar que Ia devuelva a Francisco I, pues no haría sino aumentar con eso
Ia avidez de tierra de ese rey, pero tampoco debe mantenerla en su posesión.' 4 Si
tiene enemigos es porque se sospecha que trata de apoderarse de territórios extran-
jeros. Si desvanece esta sospecha, si cede Milán a un duque, entonces Fran-
cisco I no encontrará ningún partidário, en tanto que el emperador tendrá con-
sigo a Alemania y a Itália, sus banderas se desplegarán en Ias naciones má
apartadas y su nombre —podemos decir— se hará inmortal."
Si el emperador no ha de abandonar Milárf a los franceses ni retencrl;
para si, c quién había de ser el agraciado con el ducado? Âl Papa no le parecia
impropio, como solución media, que ese ducado fuera a parar a su nicto,
yerno dei emperador. Ya Io había dado a entender a algunas embajadas. En una
nueva entrevista con ei emperador —en Busseto, en 1543— presentó Ia propuesta
formal. Los pensamientos dei Papa apuntaban muy alto, si es cierto que se pro-
ponía también casar a su nieta con cl heredero de, Piamonte y Saboya: sus

Jl "Gtígnan 7 Mars 1539". Ribicr, i, 406. "Le cardinal de Boulogne au roi 20 Avri] 1539".
ífc/d., p. 443. El Papa le dijo qu'il esloit íort estonnc, veu Ia peine et travai! qu'il avoit pr/s pour
vous appointer, VOIIS et 1'Empeicut, que vous /e laissiez ainsi arriere.
12 También M. A. Conlarini Io confirma cn su rclación.
13 Discurso dcl Rmo. Cie. di Caipi dei 1543 [tal vez ya un afio antes] a Cario V Cesare dei
modo dcl doininare. Bibl. Corsini n" 443.
U Se Ia M. V. dello Mato di Milano íe usasse cortesia, non tanto si spegnerebbe quanto si
accendercbbc 'a sele sua: si cbe e rncglio di anuarsi di qucl dncato contra di lui.—V. JvJ. ha d»
esser carta, cbe, non per alíctlionc clie altri abbia a qticsto ore, ma per interesse particolaro, e Ia
Certnania e T/talia, sinche da tal sospctto non saranno iiberate, sono per sostentare ad ogni Io
poteie Ia poteulia di Fiattcia.
PAULO III 119
nietos hubieran dominado a ambos lados dei Po y de los Alpes.18 En Busseto
se negocio seriamente sobre Milán y ei Papa abrigaba Ias más vivas esperan-
zas. El gobernador de Milán, marquês dei Vasto, ganado a su favor, bastante
crédulo y magnificente, apareció un dia, con bien preparadas palabras, para
conducir a Margarita a Milán como su futura Sefiora. Se dice que Ia negocia-
ción falló por algunas pretensiones excesivas dei emperador.16 Pero me parece
que ei emperador no hubiese estado dispuesto en ningún caso y a ningún precio
a abandonar un principado tan importante a Ia influencia extranjera.
Ya, sin más, Ia posición adquirida por los Famesio era peligrosa para él.
Entre Ias províncias italianas dominadas por Carlos o sobre Ias que ejercía in-
fluencia, ninguna había en Ia que ei gobierno no se hubiera establecido o, por
Io menos, consolidado per médio de Ia violência. En Milán, en Nápoles, en Flo-
rencia, en Gênova y Siena, por todas partes había gentes descontentas ciiyo
partido había sido vencido, y Roma y Venecia estaban llenas de refugiados. A
pesar de su estrecha relación con ei emperador, los Farnesio no descuidaron
entenderse con estos partidos que seguían siendo poderosos por Ia importância
de sus jefes, de sus riquezas y de sus partidários, a pesar de haber sido sometidos.
El emperador se hallaba a Ia cabeza de los vencedores y los vencidos buscaban
amparo en ei Papa. Infinidad de hilos secretos los unían entre si, y se mantu-
vicron cn conexión visible o secreta con Francia. Constantemente elaboraban
nuevos planes y se proponían nuevos golpes. Unas veces pensaban en Siena,
otras cn Gênova, otras cn Lucca. jCuántas veces ei Papa trato de obtener un
apoyo de Florencia!' Pero en ei joven duque Cósimo tropezó con ei hombre
que le podia hacer frente. Con áspera seguridad, Cósimo se expresa en estos
términos: "El Papa, ai que le han salido bien tantas empresas, no abriga otro
deseo más vivo que ei de hacer algo también en Florencia, de arrebatar ai empe-
rador esta ciudad, pero irá ai sepulcro con estos deseos." "
En cierto aspecto ei emperador y ei Papa se enfrentan como jefes de dos
lacciones. Si ei emperador ha casado a su hija con un pariente dei Papa h ha
hecho para tenerlo a recaudo, para consolidar su situación cn Itália. Por su lado,
cl Papa trata de utilizar su alianza con ei emperador para menoscabar un poço
su poderio. Pretendia realzar su casa bajo Ia protección dei emperador y con Ia
16 Dandolo, Rchtione di Francia 1545: si i dubitato, che S. Stà. fosse per tener con Cesare
lli queste Iraftationi massime a beneficio de ií dtica di Savog/ia, coi qua/c gii voJcva dar Ia nepote.
Rn Francia tuvieron lugar manifestaciones violentas -por cllo (gagliarde paro/e).
1« Pallavicini niega rotiindamcntc estas negociaciones. También, según Io que dice Muratori
(Anna/i d'lralia, x. n, 51), aun se pudicra dudar. Este se apoya cn historiadores que bien han
podido escribir según Io que oycron decir. Pero de importância decisiva cs un escrito de Girolamo
Cuicciardini a Cósimo Mediei, Crcinona 26 Giugno 1543, que se encuentra cn ei Arcliivo Mcdícco
cn Florencia. Et rtifsmo Cranvclla habló de <íi. S. Mà. mostrava non esser aliena, quanefo per Ia
parle de/ papa fussino adcnipiute le larghe offerfe cíie eran state pwtcTte dal duca di Castro sin a
Gênova. No sé cuáles han podido ser Ias proposiciones, pero eran demasiado fuertes para cl Pana.
Icgún Gosscliui, secretario de Fcrrante Gonzaga, cl emperador temió, ai marcharse che in volgendo
eg/i le spaJ/e (i Farnesi) non pensassem ad ocupar/o (Vita di Don Ferrando, p. iv). De un
liiodo dctallado y ameno habla de cllo también una biografia napolitana, aún sin publicar, de
Vasto, que se ltalla cn Ia Biblioteca Chigi cn Roma.
1T Escrito de Cósimo encontrado en ei archivo de los Médicis, Data dei ano 1537. A! papa
POn c restara altra vog/ia in quesfo mondo se non disporre di questo stato e levarío dal/a divotionc
íif/l imperatore, etc.
120 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

ayuda de sus enemigos. De hecho, existe todavia un partido gibelino y otro


guelfo. Aquél a favor dei emperador, este dei Papa.
En eJ afto 1545 volvemos a encontrar a los dos caudü/os en amistosa con-
versación. Como Margarita se hallaba embarazada, ia perspectiva de contar
pronto en Ia família con un descendiente dei emperador, inclino a los Famesio
hacia Carlos V. El cardenal Alejandro Famesio fué a buscado a Worms. Es
una de Ias embajadas más importantes de Paulo III. El cardenal venció Ia
desgana dei emperador. Trato de justificarse y justificar a su hermano de algu-
nos reproches, pero de otros pidió ei perdón, prometiendo que en Io sucesivo
todos serían hijos y servidores obedientes de Su Majestad. Contesto ei empera-
dor que en ese caso él también los trataria como a hijos. De aqui pasaron a
negócios más importantes. Se pusieron de acuerdo sobre Ia guerra contra los
protestantes y sobre ei concilio. Convinieron que este se celebraria en seguida.
Si ei emperador se comprometia a llevar sus armas contra los protestantes, ei
Papa le aseguraba por su parte Ia ayuda con todas sus fuerzas y tesoros, "así
tuviera que vender su corona".18
En ese mismo ano se inauguro ei concilio. Ahora vemos con chiidad por
qué tuvo lugar, por fin, ei acontecimiento: en ei afio de 1546 se inicia ia guerra
también. El Papa y ei emperador se alían para aniquilar Ia Liga de Esmalcal-
da, que dificultaba ai emperador ei gobiemo de su Império no menos que ai
Papa ei de ia Iglesia. El Papa entrego dinero y envio tropas.
El propósito dei emperador era aliar ei poder de Ias armas con Ias nego-
ciaciones de paz. Mientras reprimia Ia desobediência de los protestantes me-
diante Ia guerra, ei concilio debía allanar Ias divergências religiosas y dar entrada
a reformas que hicieran posible a los protestantes Ia sumisión.
La guerra se deslizo con mayor fortuna de Ia esperada. Al principio se hu-
biera creído que Carlos V estaba perdido, pero supo resistir Ia situación más
peligrosa, y, al finalizar ei afio 1546, toda Ia Alemania alta estaba en sus manos
y Ias ciudades y los príncipes se le fueron entregando a porfía; p*areció llegado ei
momento en que, vencido ei partido protestante e*n Alemania, se pudiera res-
catar para ei catolicismo todo ei norte.
iQué hizo ei Papa en este momento?
Llamó a sus tropas, que estaban sirviendo al emperador, y con Ia excusa
de que se había desarrollado una epidemia traslado ei concilio, que tenía que
cumplir ahora con su cometido y comenzar su actividad pacificadora, de Trento
—donde había sido convocado por solicitud de los alemanes— a Bolonia, su
segunda capital.
No es muy dudoso Io que le movió a ello. Una vez más Ias tendências
políticas dei Papado entraron en competência con Ias espirituales. Nunca hu-
18 Nos informa acerca de Ia embajada de un modo autêntico ei mismo Granvella. Dispaccio
di Monsignor di Cortona a/ Duca di Fiorenza, Vormatia 29. Maggio 1545. (Granvella) mi concíuse
in somina ch'eJ cardinale era venuto per giustificarsi d'alcune calumnie, e supplica S. M. che
quando non potesse interamente discolpare rattioni passate di Nro. Signore sue e di sua casa,
el/a si degnasse rimetferle e non ne tener conto. Expose dí piu, in caso che S. M. si risoJvesse
di sbattere per via d'arme, perche per giustitia non vi vedeva quaji jnodo alcuno, li Luterani, S.
Beatirudine concorrerá con ogni somma di denari.
PAULO m 121

biera deseado ei Papa que Alemania entera fuera vencida y sometida ai empe-
rador. Había calculado Ias cosas de otro modo. Seguramente creyó que ei em-
perador conseguiria algunas ventajas para Ia Iglesia católica, pero como él
mismo confiesa,18 tampoco dudó de que tropezaría con numerosas dificultades
y complicaciones, que le proporcionarían a él una completa libertad para pro-
icguir sus fines. El destino se burlo de sus previsiones. Ahora tenía que temer
—y Francia se Io advirtió en seguida— que este poderio dei emperador reper-
cutiera en Itália y que muy pronto Io sintiera él mismo en Io espiritual y en Io
temporal. Pero, además, crecieron también sus preocupaciones con ei concilio.
Ya le estaba pesando 20 y había pensado en disolverlo, pero los prelados simpati-
zantes con ei emperador, envalentonados por Ia victoria, dieron unos pasos
atrevidos. Bajo ei nombre de censuras, los obispos espafioles presentaron algunos
artículos que significaban un menoscabo dei prestigio papal y, así, parecia inevi-
table Ia reforma tan temida por Roma.
Parece extrano, pero no deja de ser verdad: en ei momento en que toda Ia
Alemania dei Norte temblaba ante Ia perspectiva de un restablecimiento dei
poder papal, ei Papa se sentia como aliado de los protestantes. Manifesto su ale-
gria por Ias ventajas dei elector Juan Federico frente ai duque Maurício; su
mayor deseo era que aquél se pudiera también sostener frente ai emperador; y a
Francisco I, que ya trataba de concertar una unión mundial contra Carlos, le
•consejó expresamente "que apoyara a aquellos que no estaban todavia venci-
dos".21 De nuevo le. pareció verosímil que ei emperador, tropezando con Ias
mayores dificultades, tendría todavia mucho que haeer. "Cree esto —dice ei
embajador francês— porque Io desea."
Pero volvió a equivocarse. La fortuna dei emperador hizo que todos sus
cálculos se volvieran contra él. Carlos V venció en Mühlberg y se llevó prisio-
neros a los dos caudillos dei partido protestante. Ahora podia dedicar mayor
•tención que nunca a los asuntos de Itália. H J P ( J * \t£, £\o
La conducta dei Papa le indigno de Ia manera más profunda. Penetro sus
Intenciones. "El propósito de Su Santidad desde un principio —escribe a su
embajador— ha sido embarcamos a nosotros en esta empresa y dejarnos luego
en Ia estacada."22 La retirada de Ias tropas pontifícias no tenía mayor importân-
cia. Mal pagadas y, por Io mismo, de no muy lúcida disciplina, no habían servido
para mucho. Pero ei traslado dei concilio si. Ia tenía, y muy grande. Sorprende
también esta vez como Ia disensión entre ei Papado y ei Império, provocada
por Ia posición política de aquél, vino en ayuda de los protestantes. Se hubiera
1» "Charles Cl. de Guise au roy 31 Oct. 1547" (Ribier, u, p. 75), después de una audiência
con ei Papa, este invoca Ias razones que motivaron su participación en Ia guerra alemana: Aussi
I dire franchement qu'il estoit bien mieux de 1'empescher (1'empereur) en un lieu dont ii pensoit
qu'aisemenr il ne viendroit a bout.
20 "Du Mortier au roy 26 Avril 1547". ]e vous asseure, Sire, que pendant il estoit à Trente,
c'etíoit une charge qui íe pressoit íort.
21 "Le même au même". Ribier, i, p. 637. S. S. a entendu que le duc de Saxe se trouve
íort, dont e//e a te/ contenfement, comme celuy qui estime Je commun ennemy estre par ces moyeru
• • fí-nti d'executer ses entreprises, et connoist-on bien qu'i/ seroit utile suosmain d'entretenir ceux
>|iii /iiy resisfent, disant que vous ne sçauriez faire dé"pense p/us utile.
22 Copia de h carta que S. M. scriviò a Doo Diego de Mendoça a xi de Hebrero 1547 aos.
122 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

dispuesto de los médios para someterlos ai concilio, pero como ei mismo concilio
se había dividido —los obispos partidários dei emperador quedaron en Trento—,
y como no se podia tomar ningun acuerdo válido, no era cosa de forzar Ia adhe-
sión de nadie. El emperador vió como Ia parte esencial de sus planes fracasaba
por Ia defección de su aliado. N o solo insistió en que ei concilio volviera a
Trento sino que dió a entender que iria a Roma para celebrar allí ei concilio.
Paulo III se rehizo: "El emperador es poderoso —decía—, pero también
nosotros podemos algo y tenemos algunos amigos." En este momento cuaja Ia tan
negociada alianza con Francia. Horacio Farnesio se desposa con Ia hija natural
de Enrique II y no se escatima médio alguno para ganar a los venecianos hacia
una alianza general. Todos los refugiados se agitaron. En momento oportuno
estallaron revueltas en Nápoles, apareció un delegado napolitano pidiendo pro-
tección ai Papa para sus vasallos de Ia localidad y hubo cardenales que le acon-
sejaran dar este paso.
Nucvamcntc se enfrentan Ias facciones italianas. Con tanto mayor encono
cuanto que los caudillos respectivos rinen también con frecuencia. A un lado,
los gobernadores de Milán y de Nápoles, los Médicis en Florencia, los Doria cn
Gênova. Como centro de todos ellos, Don Diego de Mcndoza,' embajador dei
emperador en Roma, que dispone de muchcs partidários gibelinos. Al otro lado,
ei Papa y los Farnesio, los emigrados y descontemos, un nuevo partido de los
Orsini y los partidários de los franceses. La parte dei concilio que se quedo en
Trento, en favor de los primeros, y Ia que marcho a Bolonia, de los segundos.
El ódio con que se miraban los dos partidos estalló por fin violentamente.
Su estrecha relación con cl emperador Ia había utilizado ei Papa para
ganar Parma y Plasencia, en calidad de ducado enfeudado a ia Sede apostólica,
para su hijo Pier Luigi. No podia proceder con Ia falta de escrúpulos de un
Alejandro VI o de un León X en iguales circunstancias. En compensación, puso
Camerino y Napi a disposición de Ia Iglesia. Mediante un cálculo de los gastos
que Ia vigilância de aquellos puestos fronterizos ocasionaba, "as tasas con que
había de contribuir su hijo y los ingresos provenientes de,los territórios devuel-
tos, trato de demostrar que Ia Iglesia no sufría perjuicio alguno. Pero tuvo que
hablar personalmente con cada cardcnal, sin lograr convencer a todos. Algunos
se opusieron abiertamente, otros dejaron de asistir ai censistorio en que se discu-
tió ei asunto y se vió en ese dia a Caraffa girar una visita solemne a Ias siete
iglesias."3 Tampoco ai emperador le gustó, pues por Io menos hubiera deseado
que se hubiese transferido ei ducado a su yerno Octavio, a quien también
pertenecía Camerino. 24 Dcjó pasar Io hecho porque necesitaba de Ia amistad dei
Papa, pero nunca consintió, pues conocía demasiado bien a Pier Luigi. Todos
"Quanto mas yva cl diclio [próspero suceso] adclantc, mas nos confirmávamos cn ercher que fuese
verdad Io que antes se havia savido de Ia intencion- y inclinacion de S. S., y Io que se dezia [cs]
que su fin havia sido pot embaraçar nos en Io que estávamos y dexarnos cn cllo con sus fines,
dcsiiíos y p'aticas, pero que, nunque pesasse a S. S. y a otros, esperávamos con Ia ayuda de N. S.,
aunque sin Ia de S. $., guiar esta impresa a bucn camino".
*» liromato, Vita di PaoJo IV, n, 222.
M Las ncgociacioncs sobre esto resultan claras Icycndo cl escrito de Mcndoza dei 29 de no-
vicinbrc de 1 547. El Papa dice haber dotado a Pier Luigi, porque esto fué Io que prefirieron los
cardenales: y "haviendo de vivir tan poço como mostrava su indisposición".
PAULO III 123

los hilos de Ia secreta trama de Ia oposición italiana los tenía ei hijo dei Papa
cn sus manos. No se pone en duda que supo de Ia acción de Fiesco en Gênova
y que auxilio en ei Po ai violento caudillo de los emigrados florentinos, Pietro
Strozzi, en un momento de peligro, después de su fracaso en ei ataque a
Alil.in, salvándolo. Hasta se sospechaba que tenía sus miras puestas en Milán. 25
Un dia ei Papa, que se sentia con buena estrella y seguro de conjurar todas
Ins tormentas que le amagaban, se hallaba en Ia audiência de buen humor:
contaba Ias buenas fortunas de su vida y se comparaba, en este aspecto, con cl
emperador Tiberio. En ese mismo dia, su hijo, a quien habían ido a parar todas
«us ganâncias, ei favorecido en verdad por su fortuna, era asesinado por unos
conjurados en Plasencia. 26
Los gibelinos de Plasencia, agraviados y excitados por Ias violências dei
l duque, que figuraba en Ia estirpe de los príncipes de mano dura de Ia época, y
que había tratado de sujetar a Ia nobleza, fueron los autores de su muerte; por
entonces todo ei mundo creía que Ferrante Gonzaga, gobernador de Milán, ha-
bia tomado parte en ei asesinato, 27 así que Io podemos dar por bueno. EI biógra-
I'i de Gonzaga, su secretario de confianza en aquellos dias, asegura, tratando de
cxculparlo, que ei propósito fué ei de hacer prisionero y no ei de matar ai
Farnesio.28 En algunos manuscritos encuentro Ia indicación —que no puedo
ituscribir sin más— de que ei emperador tuvo conocimiento de Io que se tramaba.
I " cierto es que Ias tropas imperiales se apresuraron a tomar posesión de Pla-
irncia, haciendo valer los derechos dei Império sobre Ia ciudad. En cierto sentido
[ern Ia réplica por Ia defección dei Papa en Ia guerra contra Ia Liga de Es-
•nalcalda.
La situación que se creó no tiene par.
Se creía saber que ei cardenal Alejandro Farnesio había dicho que no ha-
bía más remédio que matar a algunos ministros dei emperador y, como no cabia
| hncer uso de ia violência, había que buscar ei remédio en ei arte. Mientras los
•ministres tomaban sus precauciones para ponerse a salvo dei veneno, se prendió
• n Milán a unos bravucones corsos de los que se obtuvo Ia confcsión, no sé si
fnlsn o verdadera, de que habían sido comprados por los familiares dei Papa con
•ti objeto de asesinar a Ferrante Gonzaga. Lo cierto es que Gonzaga se encole-
[ri/ó cie nuevo. "Tenía —decía— que asegurar su vida como pudiera y no le
ipuiliba más remédio que deshacerse, por si o por otros, de dos o três de sus
fcimigos."M Mendoza opina que, en este caso, se asesinaría a todos los espa-
flnlcs de Roma, se incitaria secretamente ai pueblo y se trataria luego de excusar
ei liccho con Ia fúria incontenible dei populacho.

'-'K Gossclini, Vita di Fcrr. Gonzaga, p. 20. Scgni, Storie Fiorentine. p. 292.
"<> fVfcridoça aí Emperador 18 septiembre 1547: "Gasto Ia mayor parte dcl tempo [de aquel
tn contar sus felicidades y coinpaiarse 3 Tiberio imperador".
ü? Coniperturn habermis Fcrdinandum ase aurorem, dice cl Papa en ei consistorio. E.ttrait clu
htljijtoirc temi par N. S. Pcre, en un despaclio de Morvillicr, Vcnisc 7 sept. 1547. Ribicr, n, 61.
ÜH Gossclini, p. 45. Nè i'iniperarore nè D. Fernando, como di natiira niagnaniiiii, consentirono
alia morte dcl duca Pier Luigi Farnese, anzi fecero ogni opera di salvarjo comandando in
i.ililà a congiurati che vivo il fenessero.
21) Mendoça a/ Emp. "Oon Mcrnando procurara de asegurar su vida como mejor pudicre, hc-
nndo a parte dos o três de estos o por su niano o por mano de otros."
124 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

No era posible pensar en una conciliación. Habrían querido valerse para


ello de Ia hija dei emperador, pero esta no se encontraba a gusto en Ia casa de
los Farnesio, despreciaba a su esposo, mucho más joven que ella, revelaba sin
tapujos ai embajador sus malas cualidades. Dería que preferia cortar Ia cabeza
a su hijo que pedir algo a su padre que pudiera desagradarle.
Tengo ante mi Ia correspondência de Mendoza con ei emperador. Difícil i
seria encontrar algo comparable ai ódio profundo, contenido y patente de los |
dos partidos que rezuman estas cartas. Traslucen un sentimiento de arrogância |
que se ha ido enconando con amargor, un desprecio que no deja de ser precavido
y un receio como ei que se mantiene frente a un malvado contumaz.
Si ei Papa, en médio de esta situación, queria buscar amigos y apoyo en
alguna parte, solo Francia podia suministrárselos.
En presencia dei embajador francês, le encontramos explicando largamen-
te a los cardenales Guisa y Farnesio Ias relaciones de Ia Sede apostólica con
Francia. "Ha leído en libros antiguos —decía—, ha oído en su tiempo de car- j
denal y Ia experiência misma le ha ensenado que Ia Santa Sede se ha encontrado |
con poder y prestigio siempre que ha mantenido alianza con Francia y, por ei
contrario, ha padecido perdidas cuando no ha sido ese ei caso; no podia perdonar ]
a León X ni a su antecesor Clemente ni a si mismo que se hubieran puesto ai- J
guna vez a favor dei emperador, pero ya estaba decidido a unirse a Francia por 1
siempre. Esperaba vivir tcdavía Io bastante para dejar Ia Sede apostólica en I
disposición favorable ai rey de Francia; queria hacer de él uno de lostmayores j
monarcas dei mundo y su propia casa se le vincularia indisolublemente." 80
Su propósito no era otro que establecer una alianza con Francia, con Suiza
y Venecia, ai principio de caracter defensivo, pero de Ia que él mismo decía no ]
ser sino Ia puerta para una ofensiva.31 Los franceses calculaban: sus amigos ]
unidos les procurarían en Itália un domínio tan grande como ei que poseía ei I
emperador; ei partido de los Orsini estaba dispuesto a consagrarse ai rey de
Francia en cuerpo y alma. Los Farnesio pensaban que en ei domínio de Milán j
podían contar con Cremona y Pavía por Io menos; los emigrados napolitanos
prometieron poner en pie de guerra 15,000 hombres y entregar en seguida |
Aversa y Nápoles. El Papa tomo gran parte en todos estos asuntos. Da a 1
conocer a los franceses ei ataque que se prepara contra Gênova. Nada tenía j
que oponer si había que establecer una alianza con ei Gran Khan o con Argel
para apoderarse de Nápoles. Acababa de subir ai trono de Inglaterra Eduar-
do VI y ei Gobierno estaba en manos de los protestantes, pero ei Papa no deja
por eso de aconsejar a Enrique II que haga Ias paces con Inglaterra, según dice
"para poder llevar a cabo otros proyectos en beneficio de Ia cristiandad".82
30 "Guise au roy, 31 oct. 1547". Ribier, n, 75.
81 "Guise au roy, 11 nov. 1547". Ribier, n, 81. Sire il semble au pape a ce qu'il m'a dH,
qu'il doit commencer a vous fair declaration de son amitie' par vous presenter luy et toute sa mai-
son: et pource qu'iíj rTauroient puissance de vous faire service ny vous aider a offenser si vous
premierement vous ne íes aidez à defcndre, ii luy a sembJé devoir commencer par Ia ligue defen-
tive, laqueíle il dit estre Ia vraye porte de Tofíensive. También es instructiva toda Ia correspondência
que sigue.
32 "François de Rohan au roy 24 Février 1548". Ribier, m, 117. S. S. m'a commandé de
vous faire entendre et conseil/er de sa part, de regarder les moyens que vous pouvez tenir pour vout
PAULO ni 125

Así de violenta era Ia enemistad dei Papa con ei emperador, así de estrecha
lu alianza con los franceses y tan grandes sus esperanzas; sin embargo, jamás
llegó a firmar ei acuerdo, nunca se decidió a dar ei último paso.
Los venecianos se asombran. "El Papa ha sido atacado en su dignidad,
ofendido en su sangre, despojado de ias porciones más preciadas de su patrimô-
nio; tendría que establecer esa alianza a cualquier precio, y, sin embargo, des-
pués de tantas ofensas, le vemos dudar y vacilar."
Por Io general Ias ofensas suelen provocar resoluciones extremas, pero hay
[caracteres en que esto no ocurre, que siguen calculando en ei momento en que
|ft sienten más profundamente heridos, no porque ei sentimiento de venganza sea
! menos fuerte en ellos, sino porque Ia conciencia que tienen de Ia superioridad
drl enemigo se sobrepone a todo. Domina en ellos ei cálculo que consiste en Ia
revisión dei futuro y Ias grandes contrariedades no les sublevan sino que les
E Bccn cobardes, taimados y débiles.
El emperador era demasiado poderoso para que pudiera temer algo serio
los Famesio. Prosiguió su camino sin reparar en ellos. Protesto de manera
llemne contra Ia sesión dei concilio en Bolonia declarando nulas de antemano
actas de los acuerdos. En el ano 1548 publico ei ínterim en Alemania. Y
inque ai Papa le pareció intolerable que el emperador prescribiera normas
fe y se quejó vivamente de que los bienes de Ia Iglesia fueran abandonados
tus actuales poseedores —ei cardenal Famesio aíiadía que veia en el Ínterim
siete a ocho herejías—,33 no por eso se inmutó el emperador. Tampoco en el
hunto de Plasencia dió su brazo a torcer. El Papa exigia el restablecimiento
Ia situación y el emperador afirmaba su derecho por parte dei Império. El
Pipa se refirió a Ia alianza de 1521 en Ia que se garantizaba esa ciudad a Ia
Je apostólica y el emperador aludió a Ia palabra "investidura", por Ia que
Império mantiene derechos soberanos. Replico el Papa que en este caso Ia
ilabra se tomaba en un sentido distinto dei feudal y el emperador ya no discutió
lis, pero declaro que su conciencia le prohibía devolver Plasencia.34
Con gusto hubiera el Papa acudido a Ias armas, y se hubiera alistado ai
de Francia, levantando a sus amigos y a su partido —en Nápoles, Gênova,
ena, Plasencia y hasta en Orbitello se notaba Ia agitación de sus partidários—,
• gusto también se hubiera vengado con un golpe inesperado, pero temia Ia
liperioridad dei emperador y, sobre todo, su influjo en Ias cuestiones eclesiás-
|cas; temia que se convocara un concilio que se declarara contra él e incluso
•Wttrc en paix pour quelque temps avec les Ang/ais, afin que n'estant en fant d'endroits empeché
I Vim» puiss/ez pJus íacilement erecurer vos desseins et entreprises pour ie bien puWic de Ia
^ttitílicnlé.
M "Hazer intender a V. M. como en el intetim ay 7 o 8 heregias". Mendoza 10 junio 1548.
Ias Letteie de/ commendarorc Annibal Caro scritre ai nome dei Cl. Farnesc, Ias cuales son re-
iinl.is en general con gran reserva, se encuentra (r, 65) un escrito ai cardenal Sfondrato referente
Ínterim en el que se dice que "el emperador había dado lugar a un escândalo en Ia cristiandad,
[que hubiera podido hacer algo mejor".
N "Lettcre dei Cardinal Famese scrite ai vescovo di Fano, nuntio all'impcratore Cario". Infor-
llioni politiche xix, y algunas instrueciones dei Papa y de Famesio, ibid., xn, revelan estas nego-
ones, de Ias que solo pude tratar los puntos más importantes.
126 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Ie depusiera. Dice Mendoza que Ia acción de los corsos contra Ferrante Gon-
zaga le habia insuflado todavia más miedo.
Sea como sea, ei caso es que supo contenerse y disimular su cólera. A los
Farnesio no les desagrado que ei emperador se apoderara de Siena, pues espe-
raban que se les entregaria como compensación de sus perdidas. Con esta ocasión
se hicieron Ias propuestas más extranas. "Si ei emperador se aviene —se dijo a
Mendoza—, ei Papa volverá a llevar ei concilio a Trento y no solo lo conducirá
a gusto dei emperador —por ejemplo, reconociendo soleninemente su derecho
sobre Ia Borgoría— sino que nombrará a Carlos V sucesor suyo en Ia Silla de
San Pedro. Pues —decían—, Alemania tiene un clima frio e Itália caliente y
para Ia gota que padece ei emperador los países calientes son más sanos." 35 No
quiero decir que pensaran en ello seriamente, ya que ei viejo Papa creía que
ei emperador moriría antes que él, pero vemos por qué caminos tortuosos, apar-
tados dcl curso ordinário de Ias cosas, orientaba ei Papa su política.
No escaparon a los franceses Ias negociaciones dei Papa con ei emperador.
Conservamos una carta dei condestable Montmorency, llena de indignación, en
Ia que habia claramente de "hipocresía, mentiras, de golpes traicioneros" que
los de Roma asestan ai rey de Francia.38
Finalmente, como ei derecho sobre Plasencia no solo se disputaba a su
casa sino también a Ia Iglesia, para hacer algo y por lo menos ganar un punto
firme en todo este altercado, decidió entregar ei ducado a Ia Iglesia. Era Ia
primera vez que emprendía algo contra ei interés de su nieto, pero no dudaba
que este lo aceptaría a gusto. Creía disponer de una indiscutida autoridad
sobre él y así habia hecho su elogio y manifestado su contento. Pero habia una
diferencia: en otras ocasiones habia perseguido siempre Ia ventaja patente de
su nieto mientras que ahora queria realizar algo que le perjudicaba.37 Quiso
evitar ei golpe de manera indirecta. Se le dió a entender que ei dia fijado para
ei consistorio era nefasto; ei cambio con Camerino, que se le daria en compen-
sación, significaria para Ia Iglesia una perdida, y se argumento con les motivos
utilizados por él en otra ocasión. Con todo esto no hacían más que demorar Ia
acción, pero no podían impediria: ei comandante de Parma, Camillo Orsino,
recibió Ia orden dei Papa de mantener Ia ciudad a nombre de Ia Iglesia y de
no entregaria a nadie, cualquiera que fuese. Después de esta declaración, que no
dejaba lugar a dudas, los Farnesio no pudieron contenerse. De ningún modo
querían dejarse arrebatar un ducado que les colocaba ep ei rango de los prín-
cipes independientes de Itália. Octavio intento apqderarse de Parma contra Ia
voluntad dei Papa, con astucia o con violência, y solo Ia habilidad y decisión
dei nuevo comandante hizo abortar Ia tentativa. Cabe imaginarse los sentimien-
tos que en ei ânimo de Paulo III provocaria este incidente. Su nieto, ai que

35 El caidenal Gambara hizo esta propuesta a Mendoza, con ocasión de una reunión secreta
cn una iglesia. Al menos dice "que havia scripto ai papa algo desto y no lo havia tomado mal".
30 "Le connestable au roy 1. Sept. 1548" (Ribier, n, 155). Le pape avec ses ministres VOUJ
ont /usques-icy usé de toutes dissimu/afions, /esqueíles ils ont depuis quelque temps voulu couvrir de
pur mensonge, pour en/ormer une vraye meschancetí, puisqu'// /aut que ;e J'appel/e ainsi.
37 También Dandolo asegura que estaba firmemente decidido. S. S. era ai tutto volta a res-
tituir Parma alia chiesa.
PAULO HI 127

había dedicado todas sus preferencias, por cuyo bien se había comprometido
nnte el mundo, se volvia contra él al final de sus dias. Ni siquiera ei fracaso
de su tentativa hizO cejar a Octavio. Escribió al Papa que si no volvia a reco-
brar Parma, celebraria Ias paces con Ferrante Gonzaga e intentaria conquis-
taria con Ias armas imperiales. Y, de hecho, Ias negociaciones cen el enemigo
mortal de su casa habían progresado mucho: fué enviado un correo al empe-
rndor con proposiciones secretas.88 El Papa se lamento de haber sido traicionado
por les suyos: sus acciones eran de tal índole que de ellas se seguiria Ia muerte
dcl Papa. Lo que le hirió más profundamente fué el rumor de que él tenía cono-
cimiento secreto de Ias maquinaciones de Octavio y también una parte en ellas
que estaba en flagrante contradieción con sus palabras. Dijo al cardenal de
Este que nada en su vida le había dolido tanto, ni Ia muerte de Pier Luigi ni Ia
Ocupación de Plasencia, pero que el mundo veria claramente cuáies eran sus
[intenciones.39 Le cabia el consuelo de que, por lo menos, el cardenal Alejandro
Furnesio no había participado en Ia conjura y se hallaba totalmente entregado
|ft él. Pero se dió cuenta poço a poço de que también él, que gozaba de toda su
(«onfianza y que tenía en sus manos el canamazo de los negócios, estuvo ente-
ndo dei asunto y en pleno acuerdo. Este descubrimiento le quebrantó. El dia
Me Ias animas (2 de noviembre de 1549) confio al embajador de Venecia su
imargo sufrimiento. Para distraerse un poço, se dirigió al dia siguiente a su Vigna
i n Monte Cavallo. No encontro reposo. Mando llamar al cardenal Alejandro,
lurgió Ia disputa y el Papa se enfureció de tal suerte que le arrebato a Alejan-
dro el capelo de Ias manos y se lo arrojo al suelo.40 La corte supuso que vendría
ii n cambio y que el Papa alejaría al cardenal dei gobierno de los negócios,
fpeno no pudo llegar a esto. Aquella violência de ânimo a los ochenta y três
[âftos pudo con él. En seguida se sintió enfermo, para morir a los poços dias: el
|I0 de noviembre de 1549. En Roma todo el mundo acudió a besar sus pies.
Era tan querido como ediado su nieto, y se le tuvo compasión porque había
•ufrido Ia muerte por causa de aquel a quien más servidos había rendido.

Fué un hombre lleno de talento y de espíritu y de penetrante sagacidad,


colocado en el puesto más importante. Pero jcuán insignificante aparece un
mortal de talla ante Ia historia universal! En todos sus planes y accienes está
«do y dominado por Ia tensión de Ia época, que él desconoce; por sus ten-
dências momentâneas, que a él se antojan eternas. Las circunstancias personales
y a b a n particularmente, dándole tanto quehacer y Uenando sus dias —si a
I» Gosscllini, Vifa di Ferr. Conzaga, p. 65.
10 "Hippolvt Cardinal de Ferrare au roy 22. Oct. 1549". Ribier, n, 248. S. S. n>'« asseuré
ir cn sa vie eu chose. dont e/Ic air fant receu d'ennuy, pour 1'opinion qu'e)Je craint qu'on
c prendre que cecy ait este de son consenfement.
*0 Dandolo: í/ Revmo. Farnese si risolse de non voler che casa sua restasse priva di Roma
« K ne messe a/Ja forte.—S. S. accortasi di questa contraoperatione dei Revmo. Farnese me Ia
•MUtlicò ii di de'morti in gran parte con grandíssima amarifudine et il dl dietro Ja matlina per
frinpo se ne ando alia sua vigna di monte Cavallo per cercar transfuílo, dove si incolero per tal
iiiuv.i con esso Revmo. Farnese.—Cli /u trovafo tutto 1'interiore nettissimo, d'haver a viver ancor
i|iw/c lie anno, se non che nel core tre goecie di sangue agghíacciato [lo cual es tal vez una equi-
•ocución] giud/casi da/ moío dei/a co/era.
128 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

veces de satisfacción- con tanta frecuencia de desenganos y amarguras que


acaban por consumirle. Y mientras muere, los acontecimientos siguen su curso.

2 ) Mio lll. Marcelo U


Una vez durante ei cónclave, cinco o seis cardenales se reunieron junto ai altar
de Ia capilla. Hablaban de Ia dificultad de encontrar un Papa. "Nombradme
a mi —decía uno de ellos, ei cardenal Monte—, y ai dia siguiente os hago favo-
ritos mios en ei colégio de cardenales." "Me pregunto si debemos nombrarlo",
decía otro, Sfondrato, cuando se separaron. 41 Monte pasaba por violento y colé-
rico y tenía poças perspectivas porque su nombre era ei que menos sonaba. Sin
embargo, fué elegido (7 de febrero de 1550) y en recuerdo de Júlio II, de quien
había sido camarlengo, adoptó ei nombre de Júlio III.
En Ia corte imperial ei nombramiento es recibido con alegria. El duque
Cósimo fué quien más trabajó en ei resultado. En ei cenit de Ia fortuna y ei
poderio, en que por entonces se encontraba ei emperador, era un buen remate
que subiera por fin a Ia Silla de Pedro un Papa propicio, con ei que se podría
contar. Parecia como si los negócios públicos fueran a tomar otro sesgo.
Al emperador le importaba mucho que ei concilio volviera a reunirse en
Trento y creía poder obligar a los protestantes a concurrir a él y someterse. El
nuevo Papa acudió con gusto a cumplir este deseo. Llamó Ia atención sobre Ias
dificultades inherentes ai asunto, no sin avisar que no queria se tomara su indi-
cación como un pretexto, no cansándose de asegurar Ia verdad de Io contrario,
pues siempre había obrado sin reservas y pretendia seguir en el mismo camino.
Fijó Ia reanudación dei concilio para Ia primavera de 1551 y declaro que no
celebraba pacto alguno ni ponía condiciones. 42
Pero no se había logrado todo con Ia buena disposición dei Papa.
Octavio Farnesio había recobrado Parma por un acuerdo de los cardenales
en el cónclave que trajo a Júlio III. No sucedió esto contra Ia voluntad dei
emperador, pues ambos negociaban desde hacía tiempo, y se abrigaron ciertas
esperanzas en el restablecimiento de buenas relaciones. Pero como el emperador
no podia decidirse a entregarle también Plasencia, sino que retuvo además los
territórios que Gonzaga había ganado en los domínios de Parma, Octavio man-
tuvo un espíritu belicoso frente a él. 43 Después de tantos agravios recíprocos, no
era posible que albergara otra cosa que ódio y receio. De.cía que se trataba de
arrebatarle también Parma y de deshacerse de él, pejo sus enemigos no se sal-
drían con Ia suya en ninguno de los dos casos.44

41 Dandolo, Relatione 1551: Questo revmo. di Monte se ben súbito in consideratione di


ogn'uno, ma ali'incontro ogn'uno parlava tanto delia sua cólera e subitezza che ne passo mai che
di pochissima scommessa.
42 "Lettere dei Nunzio Pighino 12. e 15. Ag. 1550". in//. poíif., xrx.
43 Gossellini, Vita di Ferr. Gonzaga, y Ia justificación de Gonzaga contra Ia acusación de
liaber causado Ia guerra, que se halla en el tercer libro, explican de un modo autêntico el giro que
tomaron los acontecimientos.
44 "Lettere delli Signori Farnesiani per Io negotio di Parma". In/ormat. pol. xix. Lo arriba
citado proviene de un escrito de Octavio al cardenal Alejandro Farnesio, Parma, 24 de marzo
de 1551.
JÚLIO III. MAKCELO II 129

Es cierto que Ia muerte de Paulo III había desprovisto a sus nietos de un


#ran apoyo, pero también Ios había libertado. Ya no les era menester tomar
en consideración Ios intereses generales de Ia Iglesia y solo Ios propios les servirían
de pauta. Así, Octavio podia dirigirse sin cuidado alguno ai rey de Francia,
Enrique II.
Lo hizo en un momento en que podia esperar ei mejor resultado.
Lo mismo que en Itália, en Alemania pululaban Ios descontentos. Lo que
d emperador había realizado y lo que todavia se temia de él, su actitud religiosa
y política: todo le había granjeado numerosos enemigos. Enrique II podia osar
lu reanudación de Ios planes antiaustríacos de su padre. Abandono Ia guerra
contra Ios ingleses y pacto una alianza con Ios Farnesio. En primer lugar, tomo
I o su servido Ia guarnición de Parma. Pronto aparecieron en Mirandola tropas
Irancesas. Las banderas de Francia flotaban ai viento en ei corazón de Itália.
Júlio III se mantuvo firme ai lado dei emperador en estas nuevas complica-
[ciones. Consideraba intolerable que "un miserable gusano como Octavio Far-
Incsio se sublevara contra ei emperador y contra ei Papa". "Es nuestra voluntad
l«—declaro a su núncio— embarcamos en ei mismo barco que ei emperador y
confiamos a Ia suerte que él corra. A él, que tiene Ia visión y ei poder, abando-
Inamos Ia decisión a tomar."45 El emperador se decidió por ei desplazamiento
linmcdiato y violento de Ios franceses y sus partidários. En seguida vemos mar-
> li ir juntas Ias tropas pontifícias e imperiales. Cayó en sus manos una impor-
[ tnnte fortaleza en Ios domínios de Parma, que fueron devastados por entero, y
••mbién cercaron a Mirandola.
Pero no era posible contener con estas pequenas escaramuzas ei movimiento,
Originado en Itália, pero que se había extendido por toda Europa. La guerra
MHitalló en todas las fronteras que separaban Ios domínios dei emperador y dei rey
l e Francia y también en ei mar. Cuando por fin Ios protestantes alemanes se
iinivron con tos franceses, supuso e]to un contrapeso más grande que ei de Ios
Italianos. Tuvo lugar ei ataque más decidido que jamás conoció Carlos. Los fran-
ceses aparecieron en ei Rin y ei príncipe elector Maurício en ei Tirol. El viejo
Vencedor, que había sentado sus reales en Ia zona montafiosa entre Itália y
Ale 'mania para amagar las dos regiones, se vió pronto en peligro, derrotado y a
Minto de caer prisionero.
Inmediatamente repercutió Ia situación en Ios asuntos de Itália. "Nunca
bubiéramos creído —decía ei Papa— que Dios nos habría de probar de esta
•Ucrtc."4B En abril de 1552 tuvo que avenirse a firmar un armisticio con sus
Htmigos.
Se dan a veces desgracias que no son totalmente ingratas para Ios hom-
rs. Ponen término a una actividad que ya empezaba a contrariar las propias
clinaciones. Y prestan un motivo legal, una exculpación luminosa a Ia reso-

Í
dòn de abandonaria.
<S "Julius Papa III manu própria: Instruttione per voi Monsignor d'Imola con l'imperatore;
Átimo di Marzo" (Informar, polir., xn). También explica Ia razón de esta unión esrrecha: non
lf ilícito alcuno humano, ma perche vedemo Ia causa nostra esse con S. Mà Cesiiea in tutti li
brf e massimamente in quel/o delia religione.
«« "Al Cl. Crescentio 15 Abril 1552".
130 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

Parece que Ia desgracia ocurrida ai Papa es de este gênero. Con desagrado


veia como su Estado se llenaba de tropas y sus cajas quedaban vacías, y creyó
encontrar motivos para quejarse dei embajador imperial.47 También ei concilio
le había venido a preocupar. El concilio tomo un cariz más inquietante después
de Ia aparición de los delegados alemanes, a los que se había prometido una
reforma. Ya en enero de 1552 se quejaba ei Papa de que se le queria menosca-
bar Ia autoridad y Ia intención de los obispos espanoles seria, por un lado, some-
ter a servidumbre a los cabildos y, por otro, sustraer a Ia Sede apostólica Ia cola-
ción de todos los benefícios, pero no estaba dispuesto a tolerar que, con ei
título de abuso, se le quitara Io que no era tal, sino una atribución de sus facul-
tades esenciales.48 No le pudo desagradar demasiado que ei ataque de los
protestantes disolviera ei concilio y se apresuró a decretar su suspensión, viéndosfl
libre de este modo de numerosas reclamaciones y disgustos.
Desde entonces, Júlio III no se entrego ya de manera seria a actividades
políticas. Los habitantes de Siena se quejaron de que ei Papa, a pesar de ser
originário dei país por parte de madre, había apoyado ai duque Cósimo en su
propósito de someter Ia ciudad, pero una investigación judicial posterior ha de-
mostrado Ia falsedad de esta acusación. Por ei contrario, Cósimo tenía más bien
motivo para quejarse. El Papa no impidió que se reunieran y armaran en sus
domínios los emigrados florentinos, los más acendrados enemigos de su aliado. |
Delante de Ia Porta dei Popolo ei extranjero visita todavia Ia villa dei Papa
Júlio. Reviviendo aquella época, sube Ias espaciosas escaleras hasta llegar a Ia
galeria, desde donde puede contemplar toda Ia anchura de Roma, a partir
dei Monte Mario, y ei meandro dei Tíber, Júlio III se entrego a Ia construc-j
ción de este palácio y ai ornato de su jardín. Él mismo trazó ei primer proyecto,
que nunca estuvo listo, porque todos los dias tenía nuevas ocurrencias y de-
seos que ei constructor tenía que apresurarse a llevar a Ia práctica.19 Aqui vivia
ei Papa sus dias, olvidado dei mundo. Favoreció bastante a sus familiares; ei j
duque Cósimo les cedió Monte Sansovino, de donde procedían, y Novaraj
ei emperador; él les confirió ias dignidades dei "Estado pontifício y Camerino. I
Cumplió con Io prometido a su favorito y le hizo cardenal. Era un joven ai que
había tomado carino en Parma. Le había visto una vez atacado por un mono,
portarse con bravura y serenidad; desde entonces se encargo de su educación|
y le mostro una afección que, desgraciadamente, fué todo su mérito. Júlio III
deseó su prosperidad y Ia de los demás familiares, pero.no se mostro propicio
a verse enredado en complicaciones por causa de eUos. Como hemos dicho, Ia

47 "Lettera dei Papa a Mendoza 26 Dec. 1551". (Inf. pol. xrx): "Sea dicho jin orgullo:
No nos cs mcnester ningún consejo, nosottos mismos pudiéramos dar conscjos; pero Io que cs
menester es ajuda".
48 "Al Cl. Crescentio 16 Gcnn. 1552". Exclama: non sara vero, non comportaremo mai,
prima lassaremo ruinare il mondo.
40 Vasari. Boissard habla de su extensión de entonces: occupat fere omnes col/es qui ab urbe
ad pontem Milvium protenduntur —describe su esplendor y cita algunas inscripeiones, p. e. honesta
voluptarier conetis fas honestis esto, y, sobre todo, Dehinc próximo in templo Deu ad divo Andreae
gratias agunto [yo entiendo, los visitantes] vitamque et saiu tem Júlio I/I Pontefici Máximo Baldui-
no ejus fralii et eorum íamiliae universae plurimam et aeternam precantor. Júlio murió ei 23 de
marzo de 1555.
JÚLIO III. MARCELO II 131

placentera vida en su villa le bastaba. Dió fiestas con su espí-


ritu cáustico, que a veces hacía ruborizarse. En los la Iglesia
y dei Estado tomo Ia parte que era ineludible.

Ahora bien, estos asuntos no podían prosperar mucho en tal forma. La


pugna entre Ias dos grandes potências católicas iba cobrando cada vez un cariz
más peligroso. Los protestantes alemanes se habían librado de su sumisión dei
ano 1547 y se mantenian más firmes que nunca. Ya no era posible pensar en Ia
cacareada reforma católica y el porvenir de Ia Iglesia romana se presentaba
bastante oscuro.
Como hemos visto, dentro dei seno de Ia Iglesia habia surgido un riguroso
movimiento que supo condenar energicamente el estilo peculiar a tantos Papas.
iNo volveria a renovarse con Ia elección de un nuevo Papa? La personalidad de
I este importaba mucho; por eso tan alta dignidad dependia de Ia elección, para
1 que se colocara a Ia cabeza un hombre que respondiera ai sentir dominante
en Ia Iglesia.
A Ia muerte de Júlio III es cuando, por primera vez, el partido extremista
cobra influencia en Ia elección papal. En su conducta poço digna, Júlio III se
había sentido cohibido muchas veces por Ia presencia dei cardenal Marcello
I Carvini. Este fué el elegido con el nombre de Marcelo II el 11 de abril de 1555.
Durante toda su vida mantuvo una conducta decidida e intachable: Ia
reforma de Ia Iglesia, ante Ia cual vacilaban los demás, Ia encarnaba él en su
persona. Por eso desperto Ias mayores esperanzas. "Había pedido —dice un con-
temporâneo— que viniera un Papa que supiera limpiar Ias bellas palabras igle-
sia, concilio, reforma, dei desprestigio en que habían caído y mis esperanzas
parecían cumplidas y mi deseo convertido en realidad con esta elección." 50 "La
opinión que se tenía de Ia bondad y de Ia sabiduría incomparable de este Papa
•—dice otro— reavivo Ias esperanzas dei mundo; si hay alguna ocasión, ahora
lera posible que Ia Iglesia extinga Ias opiniones heréticas, acabe con los abusos
I y Ia vida corrompida, y recupere su salud y su unidad."51 Con este sentido
comenzó Marcelo. No permitió que sus parientes vinieran a Roma, introdujo
mucha^ economias en el presupuesto de Ia corte y parece que redactó un me-
morial de Ias mcjoras que había de implantar en Ia organización eclesiástica; en
primer lugar, trato de restablecer en su autêntica solemnidad el culto divino, y
' todos sus pensamientos se concentraban en el concilio y Ia reforma.62 En el aspec-
to político adoptó una posición neutral, con Ia que se dió por satisfecho el
emperador. "Sin embargo —dicen aquellos contemporâneos suyos—, el mundo
no estaba a su altura." Y le aplican Ias palabras que Virgílio dirigió a otro Mar-
L ceio: "El destino no quiso sino exhibirlo." Murió a los veintidos dias de su
pontificado.
No podemos hablar de Ia influencia de un pontificado de tan breve dura-
| ción, pero ya Ia elección y el comienzo de Ia administración muestran qué ten-
so "Seripando ai vescovo di Fiesole". Lettere di principi, m, 162.
M Lettere di principi, m, Ml. Habla aqui el mismo editor.
M Petri Polidori de vjta MarceJíi li opmmeararius 1744, p. 119.
132 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

dencia ganó predomínio. En ei cónclave siguiente salió también t


22 de mayo de 1555 era nombrado Papa ei más riguroso de todos 1
Juan Pedro Caraffa.

J IV

Muchas veces nos hemos ocupado de él. Es ei mismo que fundo Ia orden de
los teatinos, restableció Ia Inquisición y promovió tan energicamente en Trento
Ia consolidación dei viejo dogma. Si existia un partido que reclamaba Ia restau-
ración dei catolicismo en todo su rigor, Ia Silla de San Pedro estaba ocupada
ahora no por un miembro de ese partido, sino por uno de sus fundadores y
caudillos. Paulo IV contaba ya con setenta y nueve afios. Pero su mirada pene-
trante conservaba todo ei fuego de Ia juventud; era alto y delgado, de rápido
andar, todo nervio. Así como en su vida diária no se sometía a ninguna regia y
a menudo dormia de dia y estudiaba de noche —y jay dei criado que entrara
en Ia habitación sin que él hubiera llamado!—, también en Io demás se guiaba
dei impulso dei momento.68 Pero estos impulsos le orientaban según un sentir
formado a Io largo de su vida y convertido en segunda naturaléza. No parecia
conocer otro deber ni otra ocupación que ei restablecimiento de Ia vieja fe en su
esplendor antiguo. De tiempo en tiempo suelen formarse caracteres de esta clase,
con los que tropezamos todavia alguna vez. Han comprendido Ia vida y ei
mundo desde un solo centro y su tendência individual y personal es tan pode-
rosa, que todos sus puntos de vista se hallan completamente dominados por
ella; hablan sin descanso y conservan siempre cierta frescura; expresan sin césar
sus opiniones, que se van desenvolviendo en ellos con una espécie de fatalidad.
Adquieren máxima significación cuando vienen a ocupar un puesto en que su
actividad depende simplemente de su opinión, y ei poder y Ia voluntad coinci-
den. jQué no se podría esperar de Paulo IV, quien nunca; había guardado
contemplaciones y había impuesto siempre su oninión con extrema violência,
ahora que se hallaba en Ia cúspide! M El mismo estaba sprprendido dei lugar a
que había Hegado, pues nunca había hecho Ia menor concesíón a ningún car-
denal ni dejó sospechar en él más que un extremado rigor. Por eso no se creía
elegido por los cardenales, sino por Dios mismo, y llamado a cumplir sus in-
tenciones.55

58 "Relatione di M. Bernardo Navagcro (che fu poi cardinajc) alia Serma. Pepca. di Venetia
tomando di Roma Ambasciatore appresso dei Pontcfice Paolo IV 1558". Se encuentra en nume-
rosas bibliotecas italianas, y también en Ias Jnformatione po/ifiche. en Berlín. La complessione di
questo pontefice è colérica adusta; ha una incredibil gravita e grandczza in tutte ie sue azioni et
veramente pare nato ai signoreggiare.
54 Se puede suponer que su manera de ser no agradaba a todo ei mundo. En ei Copitoio ai re
di Francia, Aietino le desciibe dei modo siguiente:
Caraffa ipocrita infingardo
Che tien per coseienza spirituaie
Quando si mette dei pepe in sul cardo.
05 Relatione de/ Cimo. M. A/uise Mocenigo K. ritomato daila corte di Roma 1560. (Arch.
Venez.) Fu eietto pontefice contra i) parer e credere di ogn'uno e forse anco di se stcsso, coma
S. S. própria mi disse poço inanzi morissc, che non avea mai compiaciuto ad alcuno, e che se un
PAULO IV 133

"Prometemos y juramos —dice en Ia bula con que inaugura su pontifica-


do— cuidar en verdad para que se ponga en obra Ia reforma de Ia Iglesia
universal y de Ia corte romana." El dia de su coronación Io serialó con mandatos
referentes a los conventos y a Ias ordenes religiosas. Envio inmediatamente a Es-

r iana a dos frailes de Monte Cassino, para restablecer allí Ia decaída disciplina,
nstituyó una congregación para Ia reforma, comprendiendo três departamentos,
cada uno compuesto de ocho cardenales, quince prelados y cincuenta varones
doctos. Los artículos que habían de ser discutidos, y que se referían a Ia pro-
moción de cargos, fueron comunicados a Ias universidades. Como se ve, se puso
j u Ia obra con gran seriedad.56 Parecia que Ia tendência eclesiástica que hacía
ticmpo había ganado Ias zonas bajas, se apoderaba también dei Papado e ins-
[ pirata los desígnios de Paulo IV.
Pero había que preguntarse qué posición iba a tomar en los movimientos
I universales.
No es tan fácil cambiar Ias grandes direcciones adoptadas por una potência,
porque poço a poço se han fundido con su esencia propia.
Por ia naturaleza de Ias cosas, tenía que ser un àeseo dei Papado tratar de
•istraerse a Ia supremacia espanola y ahora era un momento en que ello volvia
u parecer posible. Aquella guerra que vimos surgir de Ia revuelta farnesina fué Ia
irás desdichada de Ias emprendidas por Carlos V. Se hallaba en apuro en los
Países Bajos; Alemania se había separado de él; Itália ya no le era fiel, y ni
llquiera podia confiarse en los Este y los Gonzaga. Él mismo se hallaba agotado
, y enfermo. De no pertenecer ai partido dei emperador, no sé si otro Papa hu-
['Dicra resistido ia tentación que Ia situación ofrecía.
Esta era especialmente fuerte para Paulo IV. Había visto a Itália con Ia
1'lx'rtad que gozo en ei siglo xv (había nacido en 1476) y su alma anoraba este
fecuerdo. Comparaba Ia Itália de entonces con un instrumento de cuatro cuer-
• l.r. bien acordado. Las cuerdas eran Nápoles, Milán, Ia Iglesia y Venecia, y
Blldecía Ia memória de Alfonso y de Ludovico ei Moro, "almas desdichadas
y perdidas —decía— cuya escisión destruyó esta armonía".57 A partir de enton-
ces los espanoies se a]zaron con ej senorío de Itália, situación a Ia que no pudo
•vtnirse. La familia Caraffa pertenecía ai partido francês y muchas veces había
tomado las armas contra los castellanos y catalanes; todavia en 1528 se ha-
bía aliado con los franceses y fué Pedro Caraffa quien aconsejó a Paulo III
<|ii<' se apoderara de Nápoles durante las révueltas de 1547. A este ódio parti-
flarista se vino a juntar otro. Caraffa había afirmado siempre que Carlos V
había favorecido a los protestantes por celos contra ei Papado y achaco ai empe-
t "Ir Ia culpa dei progreso de este partido.88 El emperador Io conocía muy
bien. Le expulso una vez dei Consejo formado para Ia administración de Nápo-

MrdinaJe gíí avea domancíafo quaiche grafia g/i avea sempre rísposto aHa ríversi rrè mti compacta-
lii/o, onde disse: io non sn come mi habbiano elerto papa e concludo che Iddio faccia Ij poiitefici,
»« Bromato, Vita dl Paolo ÍV, Lib. DC, J 2, J 17 (n. 224, 289).
B7 Infelici quelle anime di Alfonso d'Aragona e Ludovico Ouça di Milano, che fumo li primi
i t tuastarono cosi nobíl instrumento d'|ra/ia. En Navagero.

k
M "Memoriale dato a Annibale Rucellai Sett. 1555". (/nformat. pol. xxiv). Chiamava libe.
Minite Ia mi. S. Cesarc» /aurore di hiretíci e scismatici.
134 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

les y no permitió que llegara a tomar posesión de sus cargos eclesiásticos napoli-
tanos, y en alguna ocasión le pasó aviso a causa de algunas declamaciones suyas
en ei consistorio. Como puede imaginarse, Ia resistência de Caraffa se hizo con
esto más violenta. Odiaba ai emperador como napolitano y como italiano, y
también como católico y como Papa. Junto a su ceio reformadof, no conocía
más pasión que este ódio.
Apenas había tomado posesión dei pontificado —no sin cierto orgullo cuan-
do vió que los romanos le erigían una estatua por dispensarlos de ciertas tasas
e importar trigo, y cuando recibió, con ei fasto de una corte regida por aristocra-
tas napolitanos, Ias embajadas que se apresuraban a rendirle acatamiento—, y j
ya se vió enredado en mil disputas con ei emperador. Ya este se había quejado
ante los cardenales partidários suyos de Ia elección que había tenido lugar; sus
partidários celebraron reuniones sospechosas y algunos de ellos se apoderaron
en ei puerto de Civitavecchia de unos barcos que les habían sido arrebatados
por los franceses.59 El Papa entro en furor. Hizo prisioneros a los vasalios dei
emperador y a los cardenales de su partido que no pudieron huir, y confisco
sus propiedades. Pero no le basto esto. Celebro Ia alianza con Francia, por Ia que
Paulo III nunca había podido decidirse. Decía ei Papa que ei emperador pre-
tendia acabar con él por una espécie de fiebre espiritual; pero ahora se iba a j
decidir a un juego franco y queria libertar a Ia pobre Itália de Ia tirania de los
espanoles con Ia ayuda dei rey de Francia, esperando ver a dos príncipes fran-
ceses en Milán y Nápoles. Pasaba Ia larga sobremesa bebiendo ei negro y espeso
vino volcánico de Nápoles60 —ei Mangiaguerra— y despotricaba de Io lindo
contra esos cismáticos y herejes, condenados de Dios, casta de judios y marranos,
desperdícios dei mundo, y otras cosas por ei estilo que decía de los espanoles.81
Pero se consolaba con los versículos de Ia Biblia: caminarás sobre serpientes,
pisotearás leones y dragones; había llegado ei momento en que ei emperador
Carlos y su hijo recibirían ei merecido por sus pecados; él, ei Papa, iba a ser ei
ejecutor: libertaria a Itália. Si no se le escuchafca, si no se le queria hacer
caso, algún dia se diria que un viejo italiano, tan cerca^de Ia muerte que le
hubiera sido mejor descansar y prepararse a bien morir, tuvo planes tan subli-
mes. No es menester examinar ai detalle Ias negociaciones que llevó a cabo

69 "Instruttioni e lettere di Monsignor delia Casa a nome dei Cl. Caraffa, dove ti contiene
d principio delia rottura delia guerra fra papa Paolo IV a l'iniperatore_Carlo V 1555". También I
en Ias fnformat. po/., 24.
80 Navagero: L'ordine suo è sempre di mangiare due volte ü" giorno: vuol esser servito mo/to
delicatamenle, e neJ principio de/ ponteficato 25 piatti non bastavano: bebe molto piu di quel/o che
mangia: il vino è potente e gagliardo, negro e tanto spesso che si polria quasi tagliare, dimandasi
mangiaguerra, che si conduce de/ regno di Napoli: dopo pasío sempre beve ma/vagia, che i suoi
chiamano iavarsi i denti. Stava a mangiare in publico come g/i a/tri pontefici sino a/J'u/tima ,
indisposilione, che /u riputata morta/e quando perdette Vappetito: consumava qua/che volta tre hore
di tempo dal sedeze ai /evarsi da mensa entrando in varii ragionamenti secondb /'occasione ef usando
mo/te volte in que/ ímpeto a dir mo/te cose secrete d'importanza.
«l Navagero: Mai par/ava di S. Ma. e de/Ja natione Spagnoia; che non g/i chiamassa cretici,
scismatici e maledetti da dio, scme di Giudei e di Mori, feccia de/ mondo, dep/orando )a miséria
d"ira/ia, che fosse asfretra a servire gente cosi ad/etfa e cosi vi/e. Los despachos de los embajadorej
franceses estin llenos de tales manifestaciones violentas, por ejemplo los de Lansac y de Avançon.
(Ribier, n, 610-618.)
PAULO IV 135

inspirado por estas ideas. Cuando los franceses, a pesar de un acuerdo convenido
um cllos, llegaron a un armistício con Espana,62 envio a Francia a un sobrino
luyo, Carlos Caraffa, que consiguió atraerse a los diferentes partidos que se
disputaban ei poder —los Montmoiency y los Guisa— y a Ia esposa y Ia amante
dei rey, para provocar una nueva ruptura de hostilidades.63 En Itália logro un
tudo aliado en ei duque de Ferrara. Se pretendia un cambio completo de Ia
lituación italiana. Los refugiados florentínos y napolitanos pululaban por Ia cu-
ii.i. pues parecia llegado ei dia de su triunfo. El fiscal pontifício formulo una
tcusación contra ei emperador Carlos y ei rey Felipe que implicaba una exco-
iiniiiión de estos dos monarcas y una dispensa a sus súbditos dei juramento de
fidelidad. En Florencia se afirmaba tener Ias pruebas de que también Ia casa
de los Médicis estaba condenada a Ia perdidón.64 Todos se aprestaban a Ia
guerra y se ponía una vez más en cuestíón ei curso íntegro dei siglo.
Pero jqué camino más distinto dei que se esperaba tomo ei Papado! Los
[impérios reformadores se pospusieron a los guerreros y estos trajeron consigo
resultados bien contrários.
Se vió a quien había condenado con ei mayor ceio, y hasta con propio
peligro, ei nepotismo como cardenal, entregarse de Ueno a él como Papa. Su
Sobrino, Carlos Caraffa, que había llevado siempre una vida bárbara y escan-
dalosa de soldado65 •—ei mismo Paulo IV deda que su brazo estaba manchado
de sangre hasta ei codo— fué hecho cardenal. Carlos había encontrado mane-
ia de captar ai débil anciano: se habia dejado sorprender implorando ante un
11 iu-ifijo con muestras de desesperado arrepentímiento.'* Pero Io decisivo fué
I que ambos coincidian en ei mismo ódio. Carlos Caraffa, que habia servido a Ias
Ordenes dei emperador en Alemania, se quejaba de que este le habia pagado
con su desvio. El hecho de que se le arrebatara a un prisionero por ei que espe-
iiba un gran rescate y de que no hubiera podido tomar posesión de un priorato
tn Malta para ei que ya estaba nombrado, le colmaron de rencor y de deseos de
Venganza. Esta pasión suplía ante ei Papa a todas Ias virtudes. No sabia como
•nsalzarlo y aseguraba que jamás Ia Sede apostólica habia dispuesto de un
aarvidor más capaz. No solo le cedió Ias sumas de los negócios seculares, sino
también de los espirituales, y vió complacido que se consideraba a su sobrino
como ei donante de Ias mercedes que se distribuian.
De sus otros dos sobrinos no hada ei Papa gran caso, hasta que coinddie-
II Muy característica es Ia descripeión que hace Navagero de Ia incredulidad que mostraron
|1 principio los Caraffa. Domandando io ai pontefice et ai Cl. Caraffa, se havevano awiso alcuno
dflle rregue [de Vaucelles], si guardorno I'un 1'altro ridendo, quasi volícssero dire, si como mi
dliie anche apertamente il Pontefice, che questa speranza dí tregue era assai debole in lui, e non-
dimeno verme I'awiso il giorno seguente, il quale si come consolo tutta Roma cosi diede tanto
tffvaglio e tanta moléstia a! papa et ai cardinaíe che noa Io poterono dissimulare. Diceva il papa
lhe queste rregue sarebbero Ia ruína dei mondo.
• I Rabutin, "Mémoires", Collect. univer»., t. 38, 358. Principalmente Villars, "Mémoires",
PU., t. 35, 277.
«« Cussoni, Relatioue di Toscana.
08 Babon, en Ribier, u, 745. Villars, p. 255.
•• Bromato.
136 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

ron con Ia hispanofobia dei tio. 67 ^Quién hubiera esperado Io que hizo? Declaro
que con frecuencia se habia desposeído de sus castillos a los Colonna, perpétuos
rebeldes contra Dios y Ia Iglesia, pero que no se habia sabido conservados, y
que ahora los encomendaria a vasallos suyos que los supieran defender. Los
repartió entre sus sobrinos, nombrando ai mayor conde de Pallianó y marques
de Montebello ai más joven. Los cardenales guardaban silencio y miraron ai
suelo cuando ei Papa les manifesto su voluntad. Los Caraffa abrígaron los
proyectos más atrevidos. Las hijas habrían de entrar en Ia família, si no dei rey
de Francia, por Io menos dei duque de Ferrara. Los hijos esperaban apropiarse
por Io menos de Siena. Alguien que bromeaba sobre ei gorro incrustado de
pedrerías de un hijo de Ia casa, recibió Ia corrección de Ia madre de los sobrinos
dei Papa: era ei momento de hablar de coronas. 68
De hecho todo dependia dei êxito de Ia guerra que acababa de estallar y
que no presentó muy buen cariz desde un principio.
Después de aquella acusación dei fiscal, ei duque de Alba pasó dei domí-
nio napolitano ai de Roma. Le acompanaban los vasallos dei Papa, que se daban
cuenta de Ia situación. Nattuno expulso Ia guamición pontifícia y llamó a los
Colonna. Alba ocupo Frosignone, Anagni, Tívoli en Ia montaria, Ostia en Ia
costa, y cerco a Roma por ambos lados.
El Papa confio ai principio en sus romanos. Él personalmente, habia pasa-
do revista a las tropas. Desde Campofiore, pasando por delante de Sant'Angelo,
que saludaron con salvas, llegaron a Ia plaza de San Pedro, donde estaba ei
Papa a Ia ventana con sus sobrinos. Componían 340 filas de arcabuceros, 250
de picas, cada fila de nueve hombres, bien equipados, ai mando de nobles
capitanes; cuando los abanderados pasaron por delante, ei Papa dió su bendi-
ción. 69 Todo parecia muy bonito, pero estas gentes no eran muy aptas para
defender Ia cíudad. Cuando se supo que los espafioles se encontraban tan cerca,
bastaba un falso rumor, un grupo de jinetes, para que se produiera tal confusión
que no habia manera de encontrar a nadie en su puesto. El Papa tuvo que bus-
car otro apoyo. Pietro Strozzi le llevó las tropas fjue habían servido en Siena,
rescató Tívoli y Ostia y alejó ei peligro inmediato.
Pero era una guerra extraria.
En ocasiones parecia como si las ideas, que mueven los acontecimientos,
que constituyen los fundamentos ocultos de Ia vida, se enfrentaran visiblemente.
En un principio, ei duque de Alba pudo haberse apoderado de Roma
sin gran dificultad; pero su tio, ei cardenal Giacomo, le recordo ei mal fin que
tuvieron todos los que habían tomado parte en ia conquista de Ia Cíudad
Eterna por ei condestable de Borbón. Como buen católico, ei de Alba condujo
Ia guerra con extrema prudência: combatia ai Papa pero sin césar de venerarle y
solo queria arrebatarle Ia espada de las manos; no tenía ei menor deseo de ganar
«7 Ertractuí processus Cardinalis Caraffae. Simíliter dux Palliani deponit, quod donec se decla-
ravit contra imperiales, papa eum nunquam vidif grato vuJtu et bono óculo.
«8 Bromato. J", 16- u. 236. Literalmente: non esser quel tempo da parlar di berette, mj
di corone.
69 Diário di Cola Calleine Romano dei rione di Trastevere dall'anno 1521 fino alfanno
1562. MS.
PAULO IV 137

Ia fama de conquistador de Roma. Sus tropas se lamcntaban de que habían


MÜdo a combalir contra una vaporosa niebla que molestaba y no había manera
de apresarla ni de sofocarla en su fuente.
(Y quiénes eran los que defendían ai Papa de tan buenos católicos? Los
más eficaces eran alemanes, todos protestantes. Se burlaban de Ias imágenes
cn los caminos y en Ias iglesias, se reían de Ia misa, violaban los ayunos y
cometían otras mil barbaridades que, cada una de por si, hubiera merecido Ia
K.'na capital de parte dei Papa. 70 Y hasta tropiezo con que Carlos Caraffa cele-
I iro una inteligência con ei gran caudillo protestante, ei margrave Alberto de
Brandeburgo.
Las contradicciones no podían resaltar con mayor relieve. A un lado, ei
Kntido católico riguroso, que por Io menos dominaba ai caudillo, jcuán lejos
Ititaban de él los tiempos borbónicos! Al otro, las tendências mundanas dei
Papado ante las que Paulo IV había sucumbido también, a pesar de haberlas
Condenado tanto. Y, así, ocurrió que sus fieles le atacaban y que los que se
habían apartado de él le defendían; aquéllos mostraron en ei ataque su sumisión
mientras estos, ai protegerle, le mostraban animadversión y menosprecio.
La lucha comenzó propiamente cuando asomó Ia ayuda francesa dei otro
]tdo de los Alpes: 10,000 hombres de infantería y una caballería menos nume-
rosa pero también considerable. Los franceses hubieran preferido dirigirse contra
Müán, que creían menos defendida, pero tuvieron que seguir ei impulso hacia
(Nápoles insuflado por los Caraffa. No dudaban estos de encontrar numerosos
partidários en su pátria: pensaban en ei poder de los emigrados, en ei levanta-
micnto de su partido, si no en todo ei reino por lo menos en los Abruzos, por
Aquila y Montorio, donde los partidários de Ia família paterna y de Ia materna
habían conservado siempre una gran influencia.
De una manera o de otra tenían que dispararse las fuerzas concentradas.
Con demasiada frecuencia se había manifestado Ia oposición dei poder papal
«outra ei predomínio espafiol, para que en esta ocasión no estallara abiertamente.
El Papa y sus sobrinos estaban decididos a todo. Caraffa no solo llamó en
MI auxilio a los protestantes, sino que hizo también Ia propuesta a Solimán II
iurn que cejara en su campana húngara y se arrojara con todo su poder sobre
f ns dos Sicilias.71 Apelo a Ia ayuda de los infieles contra ei rey católico.
En abril de 1557 las tropas pontifícias cruzan Ia frontera napolitana. El
I Jucvcs santo lo senalaron con Ia conquista y saqueo cruel de Compli, Ilena de
riquezas propias y de otras que allí se habían resguardado. Inmediatamente, el
dr Cuisa pasó el Tronto y sitio a Civitella.
Pero encontro el reino bien preparado. El de Alba sabia muy bien que no
70 Navagero: Fu riputata Ia piu eserciíata gente Ia Tedesca [3 SOO hnti, pero otros MS. indi-
| Un cifras diferentes], e piu atta alia guerra, ma era in tutto Luterana. La Cuascona —era tanto
•folente, tanto contro í'onor delle donne et in torre Ia robba— gli offesi maledicevano publica-
rlinite chi era causa di questi disordini.
71 Sus confesiones en Bromato, Vifa di Paoh TV, t. n. p. 369. Por lo dcmás, también sobre
li Riicrra se encuentran buenas informaciones en Ia obra de Bromato. No oculto este que las tomo
| palabra por palabra de un manuscrito muy extenso de Nores, que se refiere a esta guerra, y que
H encuentra muy frecuentemente en las bibliotecas italianas.
138 LOS PAPAS A MEDIADOS DBL SIGLO XVI

tenía que temer ningún movimiento mientras fuera ei más fuerte en ei país.
En ei parlamento de nobles recibió un importante donativo; Ia reina Bona de
Polônia, de vieja estirpe aragonesa, que había llegado hacía poço con muchas
riquezas a su ducado de Bari, y que odiaba cordialmente a los franceses, puso
a su disposición médio millón de escudos; se aduenó también de los dineros
eclesiásticos que tenían que ir a Roma y hasta echó mano dei oro y Ia plata
de Ias iglesias y de Ias campanas de Benevento.72 Pudo fortificar todas Ias plazas
napolitanas y todos los puestos fronterizos romanos que estaban en su poder,
y juntar, ai viejo estilo, un. considerable ejército de alemanes, espafioles e ita-
lianos. Formo también centúrias napolitanas ai mando de Ia nobleza. Civitella
fué defendida valientemente por ei conde Santafiora, que había movido a los
habitantes a participar en Ia batalla y que rechazaron un asalto.
Mientras ei reino de Nápoles resistia de esta manera y no mostraba sino
lealtad por Felipe II, dei lado de los atacantes se produjeron vivas disensiones
entre franceses e italianos, entre Guisa y Montebello. Guisa se quejaba de que
ei Papa no cumplía ei tratado celebrado con él ni le prestaba Ia ayuda prometida.
Cuando ei duque de Alba apareció con su ejército en los Abruzos a mediados de
mayo, considero Guisa conveniente levantar ei sitio y repasar ei Tronto. La
guerra se traslado de nuevo a terreno romano.
Era una guerra en que se avanzaba y retrocedia, en que se ocupaban ciu-
dades y se volvían a perder, pero una vez conoció una batalla de importância.
Marco Antônio Colonna amenazaba a Palliano, que le había sido arrebata-
da por ei Papa, y Giulio Orsino acudió con víveres y tropas de refresco. I Iabían
llegado a Roma 3,000 suizos, bajo ei mando de un nativo de Unterwalden. El
Papa los recibió con alegria, regalando a sus capitantes cadenas de oro y títulos
de nobleza. Hablaba de Ia legión de ángeles que le había enviado Dios. Giulio
Orsino acaudilló estas tropas y algunas orras italianas de a pie y de a caballo.
Marco Antônio le cerro ei paso. Fué una batalla ai estilo de Ias que conocieron
Ias guerras italianas entre 1494 y 1531. Tropas pontifícias e imperiales, un Co-
lonna y un Orsino; como tantas veces, a los suiabsse enfrentaron los lansque-
netes alemanes bajo ei mando de sus últimos caudillos de^ama, Caspar von Felz
y Hans Walter. Una vez más los viejos enemigos luchaban por un asunto en
que les iba bien poço, pero no por eso dejaron de pelear con su proverbial bra-
vura.73 Por último, àicen los espafioles, Hans Walter, grande y fomiào como
un gigante, se arrojo en médio de una companía de suizos con Ia pistola en una
mano y Ia espada en Ia otra, cayendo sobre ei abanderado, dei que se deshizo
de un disparo ai costado y un poderoso tajo en Ia cábeza; toda Ia companía se
arrojo sobre él, pero sus lansquenetes acudieron a tiempo. Los suizos fueron
totalmente derrotados. Sus banderas, en Ias que en grandes letras se leia "De-
fensores de Ia fe y de Ia Santa Sede", mordieron ei polvo. Su jefe no pudo
volver a Roma más que con dos de sus once capitanes.
72 Giannone, ístoria di Napoli, Lib. xxxin, cap. i. No solo Gosseimi, sino también M.im-
brino Rosco, DeJ/e historie dei mondo, Lib. vn, iclatan esta guerra detalladamente y con buenai
fuentes; otros atribuyen a Ferrante Gonzaga gran parte en Ias hábiles medidas que tomo Alba.
73 Las circunstancias particulares de este pequeno encuentro Ias tomo de Cabrera, Don Felipe
Segundo, Lib. ra, p. 139.
PAULO IV 139

Mientras tenía lugar esta pequena guerra, en Ia frontera de los Países


Bajos se enfrentaban los dos grandes ejércitos. Fué Ia batalla de San Quintín.
Los espanoles obtuvieron Ia victoria más completa. En Francia se sorprendían
de que los espanoles no atacaran Paris, que hubieran conquistado facilmente.74
"Espero —escribía por entonces Enrique II ai de Guisa— que ei Papa
liará por mi, en Ia necesidad en que me veo, tanto como yo hice en Ia suya."75
íQué ayuda podia esperar Paulo IV de los franceses cuando más bien eran
estos los que se Ia pedían? Guisa declaro "no haber ya cadenas que le pudieran
tetener más tiempo en Itália",70 y se apresuró a acudir con sus tropas en auxi-
lio de su rey.
En este momento los espanoles y los Colonna volvieron contra Roma, sin
que nadie les pudiera oponer resistência. Una vez más, los romanos se vieron
umenazados por Ia conquista y ei saqueo. Su situación era tanto más deses-
perada cuanto que no temían menos a sus defensores que a los enemigos. Du-
rante muchas noches mantuvieron iluminadas Ias ventanas y Ias calles y se
Cuenta que una tropa de espanoles, que hizo una exploración hasta cerca de Ias
puertas, retrocedió espantada; pero Io que los romanos buscaban con ese proce-
dimiento era ponerse en guardiã contra Ias violências de los soldados pontifí-
cios. Todo ei mundo despotricaba y deseaba cien veces Ia muerte dei Papa, y
pedia que se permitiera Ia entrada dei ejército espaüol mediante un convênio
formal.
Hasta tal punto dejó ei Papa que llegaran Ias cosas. Solo se avino a Ia
paz cuando vió su empresa totalmente fracasada, vencidos sus aliados, ei Esta-
do ocupado por los enemigos en su mayor parte y Ia capital amenazada por
legunda vez.
Los espanoles concluyeron Ia paz con ei mismo sentido que habían lleva-
do Ia guerra. Devolvieron todos los castillos y ciudades de Ia Iglesia y hasta se
promeüó a los Caraffa una compensación por Palliano, que habían perdido.77
El de Alba llegó a Roma: con gran veneración besó los pies dei vencido, ei
cnemigo jurado de su nación y de su rey. Dijo que jamás había temido rostro
de hombre como ei dei Papa.
Pero por muy ventajosa que pareciera esta paz para ei poder papal, re-
lultaba decididamente contraria a sus empenos. Se puso fin a todas Ias tenta-
tivas de liberarse dei predomínio espano), que ya no volvieron a renovarse
• Ia antigua manera. En Milán y en Nápdles ei dominio de los espanoles se
mostro inconmovible. Sus aliados eran más fuertes que nunca. El duque Có-
limo, ai que se pretendió arrojar de Florencia, había ganado sobre ella Siena
y poseia un poder independiente importante; con Ia entrega de Plasencia,
tueron ganados los Famesio a Felipe II; Marco Antônio Colonna se había
hecho con un gran nombre y restaurado ei viejo prestigio de su estirpe. No
tuvo más remédio ei Papa que acomodarse a Ia situación. Le había tocado Ia
1* Monluc, Mémoires, p. 116.
TS "Le roy à Mons. de Guise" (Ribier, n, p. 750).
7« "Lettera dei duca di Palliano ai Cl. Caraffa. in/ormat. polit., xxn.
TT En cuanto a Palliano, se celebro una convención secreta entre Alba y ei cardenal Caraffa;
Krrcta no solo para ei público, sino para ei mismo Papa (Bromato, n, 385).
140 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

vez a Paulo IV y podemos imaginar Io penoso que seria para él. Alguien habla-
ba de Felipe II como de un amigo y ei Papa exclamo: "jSí, mi amigo, ei que
me ha tenido sitiado y ha buscado mi perdición!" Frente a extranos Io comparo
un dia con ei hijo pródigo dei Evangelio, pero en ei seno de lá\ confianza
ensalzaba a aquellos Papas que habian pretendido hacer emperadores a los
reyes de Francia. 78 Su ânimo seguia siendo ei mismo, pero Ias circunstancias
le acosaban: ya no tenía nada que esperar y no digamos que emprender, y
hasta ei lamentarse debía hacerlo en secreto.
Es inútil tratar de resistir a Ias consecuencias de los acontecimientos col-
mados. Después de cierto tíempo, repercutíeron sobre Paulo IV con un efecto
que es de Ia mayor importância Io mismo para su gestión que para ei cambio
operado en su caracter.
Su nepotismo no se basaba en ei egoísmo familiar que distinguió a Papas
anteriores, ya que favoreció a sus sobrinos porque apoyaran su batalla contra
Espana y los consideraba como sus naturales auxiliares en ia contienda. Como
había terminado esta. desapareció su interés por ellos. Sobre todo si no ha |
sido ganada en forma muv legal, cualquier posición destacada tiene necesidad
de êxitos. El cardenal Caraffa. pensando sobre todo en ei interés de su casa
por conseguir Ia compensación por Ia perdida de Palliano. aceptó una cmba-
jada ante Felipe II. Al volver de ella sin haber obtenido gran cosa. se vió como
ei Papa le trataba cada vez con mayor frialdad. Pronto no le fué posible ai
cardenal disponer dei séquito de su tio como hasta entionces, reservando ei acce-
so a los amigos íntimos. A oídos dei Papa llegaron también malediceneias que
pudieron reavivar Ias impresiones penosas de tiempos pasados. El cardenal
enfermo una vez y ei Papa le visito inesperadamente; se encontro con unos
cuantos indivíduos de Ia peor fama. "Los viejos son desconfiados —dijo— me
he dado cucnta de cosas que me abren de nuevo los ojos." Como vemos, bas-
taba Ia menor chispa para que estallara ei incêndio. Un suceso insignificante
Io provoco. En ei Afio Nuevo de 1559 se produjo un tumulto callejero en ei
que un joven cardenal. ei favorito de Júlio III, cardenal Monte, había sacado
ei punal. El Papa Io supo a Ia manana siguiente y le disgustó que su sobrino
no le hubiera dicho una palabra. Espero unos dias y, por fin, dió rienda suelta
a su cólera. La corte, ya por otra parte impaciente a Ia espera de câmbios, se
alborozó con este signo de desgracia. El embajador florentino, que había sido
ofendido mil veces por Caraffa, se apresuró a ir ai Papa con Ias más amargas
quejas. La marquesa delia Valle, también una parjente, a Ia que no se quiso
permitir Ia entrada, encontro ei médio de colocar en ei breviario dei Papa un
billete en que se contaban algunas acciones feas de los sobrinos: "Si su Santí-
dad desea conocer más detalles, escriba su nombre debajo"; Paulo IV firmo
y es de suponer que no faltarían Ias informaciones. Con ei ânimo tan mal dis-
puesto acudió ei Papa ei 9 de enero a Ia reunión de ia Inquisición. Habló

7» "I/cvcsqne iVAngoulesme au roy 11 Juin 1558", Ribier, n, 745. El Papa habría dicho:
que votis Sire rTcstiez pas pour degenerer de vos predecesseurs, qui avoient toujouts este conserva-
teurs et defcnsetirs de ce Saint siege, comme au contraire que /e roy Philippe tenoit de race de te
vou/oir rainer et confondre entierement.
PAULO IV 141

de aquel tumulto callejero, increpó violentamente ai cardenal Monte, amena-


znndole con castigarle, y no cesaba de exclamar: jreforma!, jreforma! Aquellos
curdenales que, por Io general, solían callarse, cobraron valor. "Santísimo Padre
interrumpió ei cardenal Pacheco— Ia reforma tenemos que empezarla en
nosotros mismos." Eí Papa guardo silencio. La frase le habia llegado al alma y
liis convicciones que fermentaban en su interior se presentaron decididas en su
I conciencia. Dejó sin acabar ei asunto Monte y se retiro a su habitación consu-
mido de ira. N o pensaba sino en sus sobrinos. Después de haber mandado
I que no se diera cumplimiento a ninguna orden dei cardenal Caraffa, le retiro
H. i rcdenciaíes; ei cardenal Vitellozzo Vicelli, que llevaba fama de conocçr
lios secretos de Caraffa, tuvo que jurar que revelaria todo Io que sabia, y
• inullü Orsino fué Ilamado de su residência campestre con ei mismo fin. El
•Tudo rigorista, que durante largo tiempo habia contemplado con indignación
|os manejos de los sobrinos, se alzó ahora. El viejo teatino don Hieremía, que
teiiía fama de santo, pasó largas horas en Ia câmara dei Papa y este se enteró
de cosas que jamás hubiera sospechado y que le produjeron espanto y horror.
Se impresionó tanto que perdió ei apetito y ei sueno y diez dias los pasó enfer-
iin i y con fiebre. Admirable que un Papa, con una gran violência interior,
•ofocara Ia atracción de sus familiares: por fin, estaba decidido. El 27 de enero
Convoco un consistorio y con vehemencia expuso Ia mala vida de sus sobrinos
•y protesto ante Dios, ei mundo y los hombres no haber tenido Ia menor noti-
cia, de haber sido enganado siempre. Los depuso de sus cargos y los desterro,
junto con sus famílias, a lugares distintos. La madre de los sobrinos, anciana
de setenta anos, vencida por los achaques, sin culpa personal, se postró a sus
ies cuando entraba en Palácio; él, profiriendo duras palabras, siguió adelante.
F •lego también Ia joven marquesa Montebello desde Nápoles; encontro su
palácio cerrado y en ninguna hospedería quisieron alojaria; anduvo en Ia
Boche lluviosa buscando hospedaje, que le fué negado, hasta que por fin pudo
fmllar acomodo en una fonda apartada, que no habia recibido orden alguna.
Inutilmente se ofreció ei cardenal Caraffa para ser puesto en prisión y rendir
cuentas. La guardiã suiza recibió orden de no permitir ei paso ni a él ni a
n.iilie que de alguna manera hubiese estado a su servido. El Papa hizo una
llnii a excepción. Retuvo consigo al hijo de Montorio, a quien queria y al que
habia nombrado cardenal a los dieciocho anos. Los dos juntos rezaban Ias
• t o a s . Pero jamás ei joven podia nombraf a los desterrados ni pedir algo
por ellos. No podia siquiera mantener comunicación con su padre. La desgra-
(cia que habia caído sobre su casa le afectó más hondamente, y Io que le estaba
Vedado expresar en palabras se hizo presente en su rostro y en su figura.79
iSe puede pensar que estos acontecimientos no repercutirían en ei ânimo
dei Papa?
Parecia como si nada le hubiera acaecido. Ya en aquel consistorio en que
pronuncio Ia sentencia con poderosa elocuencia y Ia mayoría de los cardenales
|e sintieron consternados, no parecia estar afectado, y pasó, sin más, a tratar de
TB En Ia --!-ra de Pallavicini, pero, sobre todo, en Ia de Bromato, se encuentran suficientes
I liiliirinaciones sobre esto. En nuestras Xnformationi de fierlín, t. viu, se halla además, un "Diário
142 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

otros asuntos. "En médio de câmbios tan repentinos —se decía de él— de nue-
vos ministros y servidores, se mantiene firme, obstinado e inflexible; no siente
compasión alguna y parece como si no conservara recuerdo algumo de los su-
yos." Ahora se entregará a otra pasión muy distinta. \
Este cambio tiene una importância definitiva. El ódio contra los espa-
fioles, Ia idea de poder convertirse en ei libertador de Itália, habían conducido
a Paulo IV a empresas seculares, a otorgar a sus familiares territórios de Ia
Iglesia, a promover a soldados suyos a Ia administración de negócios eclesiás-
ticos, a enemistades y a derramamientos de sangre. Los acontecimientos le
obligaron a renunciar a estas ideas y a sofocar aquel ódio y así, poço a poço,
se le fueron abriendo los ojos a Ia conducta reprobable de sus familiares y se
desentendió de ellos con un sentido justiciero vehemente, después de una
fuerte lucha interior. Desde ese momento volvió a sus viejas intenciones de
reformador y empezó a gobemar como se sospechó ai principio que empezaría
gobemando. Y con ia misma pasión con que había llevado ia enemistad y ia
guerra condujo Ia reforma dei Estado y, más que nada, de Ia Iglesia.
De arriba abajo, los negócios seculares se encomendaron a manos nuevas.
Perdieron sus puestos los viejos Podestà y gobernadores. Tal como se llevó
a cabo este cambio no dejó de tener, en ocasiones, algo de extraordinário. En
Perugia, ei nuevo gobemador se presentó de noche y convoco a los Ancianos,
sin esperar ai dia, les mostro sus credenciales y les ordeno prender inmedia-
tamente ai gobemador antiguo, que se hallaba presente. Desde tiempos inme-
moriales fué Paulo IV ei primer Papa que rigió sin familiares. En su lugar
encontramos los cardenales Carpi y Camillo Orsino, que ya con Paulo III
habían gozado de mucha influencia. Con ei cambio de personas entro tam-
bién un cambio en Ias maneras y sentido dei gobiemo. Se ahorraron sumas
considerables y se rebajaron los impuestos. Se instalo un buzón, cuyas llaves
guardaba ei Papa y en ei que cada persona podia depositar sus quejas. El
gobemador hacía comunicaciones diárias. Se administro con ei mayor escrú-
pulo y sin ninguno de los viejos abusos. -
Áunque ei Papa, entregado a otras empresas, no había perdido nunca de
vista ia reforma de Ia Iglesia, ahora se dedico a ella con toda su alma y sin)
otra preocupación por delante. Introdujo una mayor disciplina en Ias iglesias;
prohibió toda mendicidad, hasta Ias limosnas recogidas por los sacerdotes para
Ia misa; suprimió Ias imágenes impropias. Se grabó un mcdalla con su efígie
y con Cristo arrojando a los mercaderes dei templo, pesterró de Ia ciudad y dei
Estado a los frailes que habían abandonado ei convento. Obligó a Ia corte
a observar ordenadamente los avunos y a celebrar Ia Pascua con Ia comunión.
Hasta los cardenales tuvieron que predicar de vez en cuando. También él
predico. Trato de extirpar muchos abusos de caracter lucrativo. Nada quiso
saber de dispensas matrimoniales ni de su precio Toda una serie de puestos,
que hasta entonces habían sido vendidos, entre ellos los Chiericati à% Carne
d'alcune attioni piu notabili nel pontificato di Paolo IV 1'anno 1558 sino alia sua morte" [desde
ei 10 de Sept. de 1558], que no conoce ninguno de los dos primeros autores y que, siendo piuducto
de obsetvaciones personalcs, me ofreció nuevas informaciones.
PAULO IV 143

ral0 serían otorgados en adelante según méritos. También impuso Ia dignidad


y decência eclesiásticos en Ia colación de cargos eclesiásticos. Aquellas Tecesse,
todavia en uso, por Ias que uno cumplía con Ias obligaciones y otro se quedaba
con los derechos, rio fueron toleradas por él. También tuvo Ia intención de
devolver a los obispos muchos de los derechos que les habían sido arrebatados
, y considero muy reprobable Ia avidez con que todo se retenía en Roma.81
Pero no se contento con Ia cirugía. Trato de rodear de gran pompa al
culto. El revestimiento de Ia Capilla Sixtina y ei monumento de Jueves Santo
roceden de él.82 Le ilusionaba ese ideal dei culto católico moderno, lleno de
Signidad, devoción y magnificência.
Como él mismo pregonaba, ningún dia dejó pasar sin que se publicase
j ilguna orden destinada aí restablecimiento de Ia pureza original de Ia Iglesia.

I
En muchos de sus decretos se reconocen los rasgos de los ordenamientos a
que más tarde había de otorgar su sanción ei concilio de Trento.83
Como era de esperar, también en esta dirección mostro aquel caracter
inflexible que era su natural.
Entre todas Ias instituciones favoreció a Ia Inquisición, que había restau-
lido. Muchas veces dejó pasar los dias destinados a Ia signatura y al consis-
Orio, pero jamás los jueves en los que se reunia ante él Ia congregación de Ia
nquisición. Queria en estos asuntos mano firme. Le sometió nuevos delitos
] le otorgó ei derecho cruel de aplicar Ia tortura para ei descubrimiento de los
«ómplices. En él no había excepción de personas y Ias gentes más encopetadas
ueron llevadas ante ei tribunal: cardenales como Morone y Foscherari, que
labían sido empleados antes para examinar ei contenido de libros importantes
"mo, por ejemplo, los Ejercicios espiritucdes de Ignacio, fueron llevados a
prisión porque ei Papa empezó a dudar de su ortodoxia. Instituyó Ia fiesta de
•nto Domingo en honor de este gran inquisidor.
De esta suerte fué prevaleciendo en ei Papado Ia dirección religiosa ri-
gurosa y restauradora.
Paulo rV pareció olvidar que había tenido otras preocupaciones. El re-
Clierdo de los tiempos pasados había desaparecido en él. Vivia entregado a Ias
Informas y a Ia Inquisición; dictó leyes, encarceló gentes, excomulgó y presidio
iiiiins de fe. Finalmente, cuando le postró Ia enfermedad —una enfermedad
• u c también hubiera acabado con Ia vida dè un hombre joven— llamó a los
Mirdenales, encomendo su alma a sus oraciones, y a su cuidado Ia Santa Sede
M Caracciolo, Vita di Paolo IV, MS. los menciona particularmente. El Papa dijo: che simiJi
QlUài d'amministratione e di giustitia conveniva che si dassero a peisone che ii facessero, e non
^ ^ M t r l i a chi avesse ocassion di volerne cavare il suo danaro.
I »» Bromato, n, 483.
i M Mocenigo, Relatione di 1560. Nelíi officii divini poi e nelle ceremonie procedeva questo
I p , l , e ' ' c e c o n • s n t * graviti e devotione che veramente pareva degnissimo vicario di Gesu Christo.
I H*"e cose poi delia religione si prendeva tanto pensiero et usava tanta diligencia che maggior non
^ P poteva desiderare.
i •» Mocenigo: Papa Paolo IV andava continuamente facendo qualche nova determinatione e
•Forma, e sempre diceva preparare altre, acciò che restasse manco occasione e menor necessita di /ar
144 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO JT.VT

y Ia Inquisición. Intento incorporarse, pero le fallaron Ias fuerzas y cayó


muerto (18 de agosto de 1559).
En esto, por Io menos, son más felices Ias naturalezas apasionadas que
los caracteres débiles: sus convicciones Ias ciegan, pero tambiénMas aceran y '
haccn invencibles.
Pero ei pueblo no podia olvidar tan de prisa como ei Papa Io que bajo él
había sufrido. N o le podia perdonar Ia guerra que había traído a Roma y no i
era bastante compensación haber alejado a los odiosos sobrinos. A su muerte
se reunieron unos cuantos en el Capitólio y acordaron que había que destruir su
sepulcro por los danos que había hecho a Ia ciudad y ai mundo. Otros saquea-
ron el edifício de ia Inquisición, le prendieron fuego y maltrataron a los cor-
chetes dei tribunal. También se quiso asaltar el convento de los dominicos en
Minerva. Los Colonna, Orsini, Casarini, Massimi, todos ellos ofendidos mor-
talmente por Paulo IV, tomaron parte en estos tumultos. La estatua que se
había erigido en su honor fué arrancada de su pedestal, hecha pedazos y Ia I
cabeza con su triple corona arrastrada por Ias calles.84
jQué feliz hubiera sido el Papado de no haber conocido más reacción que
esta contra Ias empresas de Paulo IV!

4 ) Observaciones sobre el desarrollo dei jrrotestantistno durante el


Papado de Paulo IV
Ya hemos visto como aquella disensión de] Papado con el poder imperial
espafiol contribuyó, quizá más que ninguna otra cosa, ai establecimiento dei
protestantismo en Alemania. Sin embargo, no se supo evitar una segunda esci-
sión que ejerció todavia una acción más amplia en círculos mayores.
Como primer momento podemos considerar Ia retirada de Ias tropas pon-
tifícias dei ejército imperial y el traslado dei concilio. Pronta se manifesto Ia
importância de estos hechos. Ningún obstáculo•'mayor conoció el intento de
sojuzgamiento de los protestantes que los tejemanejes àé Paulo III en aquella
ocasión.
Pero solo después de su muerte tuvieron sus actos consecuencias histórico-
universales. La alianza con Francia a que llevó a sus familiares ocasiono una
guerra general.
Una guerra en Ia que no solamente los protestantes alemanes lograron una
victoria memorable por Ia que se libraron para siempre dei concilio, dei empe-
rador y dei Papa, sino en ia que, además, Ias nuevas opiniones, favorecidas de
una manera directa por los soldados alemanes que luchaban por ambos bandos
84 Mocenigo: Viddi il popo/o correr in fúria verso Ia casa di Ripetta deputara per le cose
deJCinquisitione, melter a sacco turra /a robba ch'era dentro, si di vittualie come d'altra robba, che
Ja maggior parle era de/ Revmo. Cl. Alessandrino sommo inquisitore, trattar maíe con basíonate
e ferile tutti i ministri dci/'inquisitione, levar Io scritture gcllandole a refuso per Ia strada e final-
mente poner /oco in quella casa. / frafi di S. Domenico erano in tanfodio a que) popolo che in ogni
modo volevan abbriiciar il monastero delia Minerva. Dice que Ia mayor culpa en esto Ia tuvo Ia
nobleza. Además, en Pcrugia tuvieron lugar tumultos parecidos.
PAULO IV 145

B, indirectamente, por el tumulto bélico que impedia una vigilância rigurosa, se


propagaron por Francia y los Países Bajos de manera poderosa.
Sube a Ia Sede Paulo IV. Se dió cuenta dei sesgo que tomaban los aconte-
cimientos y prctendió ante todo restablecer Ia paz. Pero, con ciega pasión, se
comprometió en Ia lucha. Y, así, ocurrió que él, el fanático violento, que
odiaba y perseguia ai protestantismo, fué quizás, entre todos los Papas, quien
más contribuyó a su fortalecimiento.
Recordemos su acción en Ia cuestión inglesa.
La primera victoria de Ias nuevas opiniones en aquel país no fué completa
y bastaba un encogimiento dei poder estatal, el simple hecho de que subiera ai
trono una reina católica para que el Parlamento decidiera someter de nuevo
Ia Iglesia ai Papa. Pero este tenía que proceder con ticnto, pues no podia de-
clurar Ia guerra a ias situaciones creadas ai amparo de Ias innovaciones. Júlio III
vió esto muy bien. Ya el primer delegado dei Papa observo 85 cuán vivo era el
Interés por los bienes eclesiásticos confiscados y Júlio tomo el sábio acuerdo
Be no urgir su devolución. De hecho, el legado dei Papa no pudo pisar suclo
Inglês antes de haber ofrecido suficientes garantias a este respecto. Era Ia base
de toda Ia eficácia de su acción. 80 Tuvo, también, el mayor êxito. El legado era
nuestro conocido Reginald Poole, el más apropiado entre todos los hombres
He su época para trabajar por el restablecimiento dei catolicismo en Inglaterra.
Limpio de intenciones por sobre toda sospecha, comprensivo, moderado, bien-
uisto de Ia reina, de Ia nobleza y dei pueblo como nativo de buena cuna. El
S xilo excedió a Ias esperanzas. La subida de Paulo IV se senaló con Ia llegada
de embajadores ingleses que aseguraron ai Papa Ia obediência dei país.
Paulo IV no necesitaba conquistar esta obediência sino tan solo mante-
iii iLi. Veamos Ias medidas tomadas por él en esta situación.
Declaro deber ineludible Ia devolución de los bienes de Ia Iglesia, pues su
liuumplimiento acarreaba Ia condenación eterna. También mando rccolectar
Uc nucvo el dincro de San Pedro. 87 Además de esto, ^podía darse algo más
liiipiopio para llevar a perfección Ia conciliación que el combalir apasionada-
K l t e a Felipe II, que era también por entonces rey de Inglaterra? Tropas in-
lesas tomaron parte en Ia batalla de San Quintín que tanto significo para Ita-
S u. Por último, persiguió ai cardenal Poole, a quien no podia soportar, y lc
Irspojó de su dignidad de legado, cuando ningún otro podia serio cen más
•ovecho para Ia Santa Sede, y puso en su- lugar a un fraile, llcno de anos
y de achaques, pero de opiniones más extremadas. 88 De haber querido el Papa
Impedir Ia obra de Ia conciliación no habría podido proceder de manera más
Httera.
I «5 Lc-ttcre di Mr. Hcniico Nov. 1553, en un MS., con el título: Letfere e negofi.ili di Polo,
• l contiene todavia más elementos interesantes para esta historia. Sobre Ia negociación cf. Palla-
Klni, xm, 9, 411.
M No tuvo reparo en reconocer a los propictarios hasta entonces. L/tlerae dispensatoriae C)/s.
foll Concilia M. Britanniae, rv, 112.

r
"T Vivia entonces entregado a estas ideas. Publico su bula: "Rcscissio alienationum" (Bnlh-
, ív, 4, 319) en Ia que anulo todas Ias enajenaciones de los antiguos bienes de Ia Iglesia en
ml.
*>n También Goodwin, Annalei AngJiae, etc., p. 456.
146 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Nada tiene de extrafiQ que en seguida de Ia rápida e inesperada muerte


de Ia reina y dei legado se hicieran valer Ias tendências contrarias con mayor
fuerza. Las persecuciones que Poole había condenado, pero que habían sido
permitidas por sus obcecados enemigos, tuvieron no poça parte en ello.
Sin embargo, Ia cuestión se le volvió a plantear de nuevo ai Papa. Había
que pensarlo tanto más cuanto que esta vez iba incluída Escócia, También en
este país los partidos religiosos se hallaban en una lucha enconada y Ia direc-
ción que tomaran los acontecimientos en Inglaterra fijaria su porvenir.
Fué muy importante que Isabel, que en modo alguno se mostraba dei todo
protestante en sus comienzos,89 comunicara ai. Papa su ascensión ai trono. Se
habló, por Io menos, de su casamicnto con Felipe II, cosa que, por entonces,
parecia muy verosímil. Nada mejor, ai parecer, podia esperar un Papa.
Pero Paulo IV no conocía ia moderación. Dió una respuesta insolente ai
embajador de Ia reina Isabel: Antes que nada, dijo ei Papa, debía someter sus
pretensiones ai juicio de él.
No se crea que fué solo ei espíritu sistemático de Ia Sede Io que le movió
a ello. Había también otros motivos. Los franceses, por receio de poder, querían
impedir aquel matrimônio. Supieron halagar ai hombre piadoso, ai teatino, e
hicieran ver ai Papa que Isabel era protestante en ei fondo de su corazón y que
aquel casamiento nada bueno podia traer consigo.00 Los que mayor interés
tenían en ei asunto eran los Guisa. Cuando Isabel fué rechazada por Ia Santa
Sede, Ia hija de su hermana, Maria Estuardo, delfina de Francia y reina de [
Escócia, se convirtió en pretendiente de Ia Corona de Inglaterra. Los Guisa
abrigaban Ia esperanza de poder mandar, en su nombre, en los três reinos. De
hecho, Maria Estuardo adoptó ei emblema inglês y firmaba sus edictos contan-|
do los anos de reinado en Inglaterra e Irlanda. En los puertos escoceses sé\
hacían preparativos de guetra.91
Aunque Isabel no hubiera tenido ninguna inclinación.protestante, es se-
guro que las circunstancias Ia hubieran empujadp en esa dirección. Dió ei paso
con Ia mayor resolución. Logro un Parlamento con maioria protestante02 me-l
diante ei cual se introdujeron en poços meses todos los câmbios que han dejado
impreso su sello a Ia Iglesia anglicana.
Como es natural, este sesgo de los acontecimientos afectó a Escócia. Ante
los progresos dei partido franco-católico se levanto un partido nacional-protestan-
te. Isabel no vacilo un momento en aliarse con él. El mismo embajador espanol
Io considero conveniente.98 El pacto de Berwick cqn Ia oposición escocesa valió
a esta Ia supremacia. Antes de que Maria Estuardo penetrara en ei reino tuvo
que renunciar ai título de reina de Inglaterra y confirmar acuerdos de un
89 Todavia Nates, Mcmoris oi Burgh/ey, n, p. 43, encuentra sus princípios religiosos at íirrt
Tiahle to some âoubs,
90 Información extrafia de Thuanus.
91 En Forbes, Transactions, p. 402, una "Responsio ad petitiones D. Glasion et episc.
Aquilani", de Cecil, que destaca muy vivamente todos esos motivos.
92 Neal, History of the Puritans, i, 126: The court took such measures about elections U
seldom fail o/ success.
93 Camdcn, Rerum Ang/icaium annales, p. 37.
pio iv 147
1'utlamento de orientación protestante, entre otros, uno que prohibía Ia misa
Imjo pena de muerte.
Àsí, pues, Io que aseguró para siempre ei triunfo dei protestantismo en Ia
Gran Bretana se debió, en buena parte, a una reacción contra ias pretensiones
francesas favorecidas por ei Papa.
No quiere esto decir que los impulsos internos de los protestantes depen-
^ieran de tales sucesos políticos, pues tenían un fundamento bastante más hon-
<)•'. pero ei caso es que, por Io general, los factores que gobemaron ei comien-
• d desarrollo y Ia decisión de Ia lucha coincidieron exactamente con Ias
inmplicaciones políticas.
También tuvo mucha influencia en Alemania una medida de Paulo IV.
)mo se opuso a Ia transferencia de Ia corona imperial por su vieja animad-
rsión a Ia casa de Áustria, obligó a Fernando I a cuidar con más ceio que
iies su amistad con los aliados protestantes. Desde entonces fué una unión
§ príncipes moderados de ambos bandos Ia que gobernó a Alemania y bajo
uya acción se llevó a efecto ei traspaso de Ias fundaciones eclesiásticas de Ia
•ja Alemania a Ia administración protestante.
Parece que ningún dano ha experimentado ei Papado en que de un
|odo u otro no hayan tenido participación sus empenos políticos.
Si en este momento paseamos desde Roma nuestra mirada por ei mundo,
is daremos cuenta de cuán grandes fueron Ias perdidas suíridas por Ia fe cató-
a. Se habian separado los países escandinavos y Ia Gran Bretana; Alemania
1 protestante casi en su totalidad; Polônia y Hungria estaban fuertemente
itadas; Ginebra convertida en un centro tan importante para ei Occidente y
mundo románico como Wittenberg Io era para ei Oriente y los pueblos ger-
ínicos; y en Francia, como en los Países Bajos, se levantaba un partido bajo
bandera protestante.
La fe católica contaba con una sola esperanza. En Espana y en Itália Ias in-
inaciones disidentes fueron reprimidas y se produjo una opinión restauradora
rigor eclesiástico. Y, a pesar de que ei gobierno de Paulo IV le fué tan
vantajoso, sin embargo, esta orientación llegó a prevalecer en Ia corte romana
cn ei Palácio Vaticano. La cuestión que se planteaba ahora era si sabría
«ntenerse y si, en ese caso, ei mundo católico podría afirmarse de nuevo
uniise.

5) Pio IV
cuenta que cierto dia, en un banquete de cardenales, Alejandro Farnesio
tregó una corona a un muchacho que improvisaba con Ia lira para que se Ia
nitiera a aquel de los presentes que iba, ei primero, a ser Papa. El muchacho,
)vio Antônio, más tarde varón famoso y cardenal, se acerco a Giovanni Ângelo
heis v le dedico ia corona cantando sus alabanzas. Este Médicis fué ei
cesor de Paulo con ei nombre de Pio IV. 94
04 Nicius Erythraeus cuenta esta anícdota cn ei artículo sobre Antoniano: Pínacotheca, p. 37.
Pftnibién Mazzucnelli Ia repite. La elección tuvo lugar ei 26 de diciembre de 1559.
148 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Era de origen modesto. Su padre Bernardino se había trasladado a Milán


y había logrado amasar una pequena fortuna mediante arrendamientos de tie-
rras dei Estado. 05 Pero los hijos tuvieron que valerse por si mismos; uno de ellos,
Giangiacomo, que entro en Ia milícia, presto sus primeros servidos a un noble; ei
otro, nuestro Giovani Ângelo, se dedico ai estúdio pero en condiciones muy
precárias. La suerte le visito en esta forma singular. Giangiacomo, arriscado
y dinâmico por naturaleza, se ofreció ai gobernador de Milán para eliminar
a un enemigo suyo, un vizconde conocido por Monsignorin. Una vez realizado
ei crimen, los inductores quisieron deshacerse dei instrumento de que se habían
servido y enviaron ai joven ai castillo Mus, en ei lago de Como, con una carta
ai casteílano encomendándole que matara ai portador. Giangiacomo entro en
sospecha, abrió Ia carta, vió Io que se le preparaba y se decidió ai punto. Esco-
gió unos cuantos companeros seguros, se sirvió de Ia carta para procurarse ei
acceso y logro apoderarse dei castillo. Después, se comporto como u n príncipe
independiente y desde su fortaleza tuvo en constante jaque a milaneses, suizos
y venecianos. Por fin, adoptó Ia cruz blanca y entro ai servido dei empera-
dor. Fué nombrado marquês de Marignano y condujo ei ejército imperial hasta
Ias puertas de Siena. 96 Era tan astuto como osado, de buena estrella en todas
sus empresas y sin compasión alguna. Como algunos campesinos quisieran
pasar víveres a Ia ciudad, él mismo los abatió con su bastón de hierro; no había
un solo árbol de Ias cercanias dei que no colgara algún rústico y se contaron
hasta 6,000 entre los que él mando matar. Conquisto Siena y fundo una bien
prestigiada casa.
Con él prospero también su hermano Giovanni Ângelo. Se hizo doctor y
ganó fama de jurista; compro un cargo en Roma. Gozaba ya de Ia confianza >
dei Papa Paulo III cuando ei marques caso con una Orsino, hermana de Ia
esposa de Pedro Luis Farnesio. 07 Poço después fué nombrado cardenal. Desde
ese momento Io encontramos ocupado en Ia administración de Ias ciudades
pontifícias, en Ia dirección de Ias negocíaciones políticas y, más de una vez, -
como comisario de Ias tropas dei Papa. Se mostfo diestro, sagaz y bondadoso.
Pero Paulo IV no Io podia soportar y una vez arremetio contra él en ei con-
sistorio. Médicis creyó prudente abandonar Roma. En los banos de Pisa o eltl
Milán, donde construyó mucho, supo mitigar los sinsabores dei destierro con
ocupaciones literárias y también con bucnas obras que le valieron ei nombre
de padre de los pobres. Acaso Ia oposición en que se encontraba con respecto
a Paulo IV contribuyó, más que nada, a su elección.
Esta oposición era bien marcada.
95 Hieronymo Soranzo, Re/ationc di Roma. Bernardino padre B. S. /u stinuta persona di somma
bontá e di gran industria, ancora che fusse nafo in povero e basso stato: nondimeno venuto habitar
a Milano si dicde a pighar datii in aífito.
80 Ripamonte, Historias urbis Med/o/ani. Natalis Comes Ilist.
97 Soranzo: Nato 1499, si dottorò 1525, vivendo in studio cosi strettamente che in Pasqiu
suo medico, che stava con lui a dozena, I'accommodò un gran tempo de) suo servitore e di qua/cha ,
a/fra cosa necessária. Del 1527 compro un protonofariato. Servendo ií Cl, Farncse [Ripamonte re-
cuerda su buena relación con ei mismo Paulo III] co/la piu assídua diJigenza, s'andò mettendo^
inanzi: eb be diversi impieghi dove acquistò nome di persona integra e giusta e di nafura officiosa.
EI matrimônio dei marquês tuvo lugar con promessa di /ar Jui card/naie.
pfo rv 149
Paulo IV, noble napolitano de Ia facción antiaustríaca, fanático, fraile e
Inquisidor; Pio IV, advenedizo milanés, unido estrechamente a Ia casa de Áus-
tria a través de su hermano y de unos parientes alemanes, jurista, amante de Ia
Vida y con sentido mundano. Paulo IV mantuvo un porte altivo y pretendia
Biostrar dignidad y majestad en Ia menor de sus acciones; Pio IV era todo bon-
tlad y condescendência. Cada dia se le veia por Ia calle, a pie o a caballo, casi
un acompanamiento y hablando afablemente con todo ei mundo. Se le puede
honncer si se leen los despachos venecianos.98 Los embajadores le encuentran
twribicndo y trabajando en una sala fria; se levanta y empieza a pasear con
los; o en ei momento en que se dispone a ir hacia ei Belvedere y, entonces, se
• .li.: sin abandonar ei bastón, escucha Io que tienen que decirle y anda ei
.mino cn su companía. Por Io mismo que alterna con esta sencillez quiere que
le trate con tacto y consideración. Cuando los venecianos le proponen una
Jución ingeniosa, se alegra y Ia alaba entre risas; aunque es muy favorable a
• austríacos, le fastidian Ias maneras inflexibles y despóticas dei embajador
ipunol Vargas. No le gusta que le aburran con detalles, pero cuando uno se
ncreta a Io importante y general entonces se puede tratar con él. Se vuelve
usivo y confiesa como, por naturaleza, odia cordialmente a los maios y ama Ia
Iticia. No herir a nadie en su libertad, portarse con bondad y amistad con
do cl mundo; piensa trabajar con todas sus fuerzas en favor de Ia Iglesia y
I" i.i cn Dios poder hacer algo. Nos Io podemos representar vivamente: un
niiano corpulento, bastante ágil todavia para llegar antes de Ia salida dei sol
IU villa campestre, con cara apacible y ojos despiertos; le placen Ia conversa-
felón, Ia mesa y Ia broma; recién restablecido de una enfermedad, que se consi-
Itró grave, monta a caballo, se dirige a Ia casa donde vivió como cardenal y
x- Ias escaleras valientemente mientras exclama: "jNo, no! No queremos
Bhorir todavia."
Un Papa de este ânimo, con tanto amor a Ia vida y tal sentido mundano
MU i üdecuado para gobemar Ia Iglesia en Ia difícil situación en que se halla-
I? ([No era de temer que se apartara dei camino emprendido por su antece-
I cn los últimos anos? Acaso su naturaleza propendiera a ello, pero los hechos
dcsarrollaron de modo bien distinto.
Pcrsonalmente no le gustaba gran cosa Ia Inquisición y le reprochaba Ia
nuvi monacal de su procedimiento. Poças yeces, si acaso, visito Ia Congrega-
ilón, pero tampoco se atrevió a intervenir en ella. Decía que no entendia de
hto, que no era teólogo y le dejó todo ei poder que había recibido de Paulo IV."
Hizo un gran escarmiento con los sobrinos de Paulo IV. Como es de su-
uniH-r, los excesos cometidos por ei duque de Palliano aun después de Ia muerte
H i tu tio —mato por celos a su propia mujer— facilitaron el juego de los ene-
Imi^os de los Caraffa, sedientos de venganza. Se les formo un proceso bien
*8 "Ragguagli dell'ambasciatore Veneto da Roma 1561. De Marco Antônio Amulio (Mula)".
•Ipfmniat. polit., xxxvu.
| í» Sorano: Se bene si conobbe, non esser di sua satisíatione il modo che tengono g/'inquisitori

t proccdcre per 1'ordmano con tanto rigore contra gl'inquisiti, e che si hscia intendera che piu
piaceria che usassero tcrmini da cortese genti/uomo che da /rate severo, non di meno non ardisce
«on vuolc mai opponersi ai giudicii loro.
150 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

lamentable. Fueron acusados de los crímenes más espantosos, de robôs, asesina-


tos, falsificaciones y, además, de gobierno despótico y de engano constante de
aquel pobre anciano que se llamó Paulo IV. Conservamos su defènsa, que no
está trazada sin ciertas apariencias de justificación.100 Pero sus acusadores
pudieron más. Después de haber escuchado Ia lectura de Ias actas en ei consis-
torio desde por Ia mafiana hasta Ia noche, el Papa pronuncio sentencia de
muerte contra el cardenal, el duque de Palliano y dos parientes cercanos, el
conde Aliffe y Leonardo di Cardine. Montebello y otros pudieron escapar. El
cardenal temia, a Io sumo, el destierro, pero en ningún caso Ia pena de muerte.
Cuando le fué comunicada Ia sentencia —una mafiana, estando todavia en el
lecho— y ya no le cupo duda ninguna, se cubrió con Ias sábanas durante unos
momentos, se levanto, junto Ias manos y exclamo aquellas dolorosas palabras
que todavia hoy escuchamos en Itália en casos de desesperación: "jQué se va
a hacer! j Paciência!" No se le permitió confesar con su confesor ordinário y,
ai nuevo que se le envio, tuvo, como es natural, muchas cosas que contarle
y por eso Ia confesión duro bastante. "Monsignore, termine usted —le advir-
tió el policia—, que tenemos otras cosas que hacer."
Así acabaron estos familiares. Son los últimos que ambicionan principados
independientes y promueven grandes movimientos históricos con sus particu-
lares fines políticos. Nos encontramos con ellos desde Sixto IV: Girolamo
Piiario, César Borgia, Lorenzo de Médicis, Pier Luigi Farnesio y los Caraffa,
que son los últimos. Más tarde ha habido también nepotismo, pero con un
sentido diferente.
Después de una ejecución tan ejemplar, £cómo podia pensar Pio IV en
permitir a los suyos violências ai estilo de Ias que él había castigado en los Ca-
raffa de manera tan terrible? Como hombre por naturaleza animoso, queria
gobernar por si mismo y los asuntos más importantes los decidió según su crité-
rio y más bien se le reprochaba que buscara poços apoyos. A psto se afiadió que
aquel de entre sus sobrinos ai que podría habej ayudado en el mejor de los
casos, Federico Borromeo, murió a temprana edad. El írtro, Carlos Borromeo,
no era hombre para ser honrado con honras humanas, pues nunca Ias hubiera
aceptado. Carlos Borromeo jamás considero su relación con el Papa y, por ende,
con los negócios graves, como un derecho que le otorgara ciertas libertades, sino
como una obligación, a Ia que se entrego con el mayor ahinco. Modéstia y*
aplicación fueron sus maneras; sin fatiga se dedico a -Ias audiências y, com
minuciosidad, a Ia administración dei Estado. Formo un colégio de ocho doc-
tores dei que se ha derivado después Ia Consulta. Asistía ai Papa. Es el mismo
que después ha sido elevado a los altares. Ya por entonces se mostraba en toda
su nobleza e inocência. "No se sabe de él otra cosa —dice Girolamo Soranzo—I
sino que está limpio de toda mancha; vive tan religiosamente y da tan buen
ejemplo que ni los mejores pueden pedir más. Digno de Ia mayor alabanzaj
100 En Ia obra de Bromato se encuentran, tomadas principalmente de Nores, informacionei
detalladas sobre estos sucesos. En Ias Informar, encontramos además Ias cartas de Mula, p. e., 19
de julio de 1560, Exfractus processus cardinaíis Cara/fae, y El suceso de /a muerte de los Cara/M
con /a decJaraciòn y el modo que murieron. La morte de) Cl. Caraffa (Bibli. Venccia, vi, n. 39) ei
el MS. que consulto Bromato además de Nores.
pfo rv 151
porque, en Ia flor de Ia edad, sobrino de un Papa y disfrutando de su favor,
viviendo en una corte donde se puede procurar toda suerte de placeres, lleva,
«in embargo, una vida tan ejemplar." Su única expansión era ver reunidas
por Ia tarde algunas gentes doctas. Las conversaciones comenzaron por Ias
letras profanas, pero pronto se pasó de Epicteto y los estoicos, que Borromeo,
Joven todavia, no menospreciaba, a las cuestiones religiosas.101 Si algo se le
reprochaba no era falta de buena voluntad, de aplicación, sino, acaso, de talen-
in, sus servidores se lamentaban de que tenían que prescindir de los grandes
Ifivores que acostumbraban recibir de anteriores familiares.
Las cualidades dei sobrino suplían Io que los rigurosos podían echar de
menos en ei tio. En todo caso, se siguió en ei camino emprendido, los negó-
cios espirituales y temporales se llevaron con ceio y circunspección y ia reforma
|ué continuada. El Papa advirtió publicamente a los obispos su deber de resi-
dência y se vió en seguida a algunos que volvían a ocupar sus puestos, después
de besarle los pies. Las tendências rigoristas habían prevalecido en Roma y ya
ii" era posible que ei Papa se desviara de ellas.
El sentido mundano de este Papa no perjudicó a Ia restauración dei
Mentir religioso riguroso, y, además, tenemos que anadir que contribuyó mu-
Itho, por otro lado, ai aplacamiento de las disensiones promovidas dentro dei
Unindo católico.
Paulo IV creía obligación de un Papa tratar de someter ai emperador y a
I n reyes y, por esta razón, se mezcló en tantas guerras y altercados. Pio IV se
•ió mejor cuenta dei error cuanto que habia sido cometido por un antecesor
myo frente ai cual se sentia en contraposición. "Por esto hemos perdido a
^In^laterra —exclamo— que pudimos haber conservado si hubiéramos apoyado
• •|(M- ai cardenal Poole; por esto se ha perdido Escócia también, y, durante Ia
•erra, las doctrinas alemanas han penetrado en Francia." Él, por ei contrario,
Brsca Ia paz por encima de todo. Ni siquiera contra los protestantes está dis-
•uesto a hacer Ia guerra y ai embajador de Saboya, que trata de lograr su apoyo
pura un ataque contra Ginebra, le interrumpe con frecuencia: £"Pero qué
•empos son estos para que se le hagan a él tales proposiciones? De nada se
•ene tanta necesidad como de paz."102 Le gustaría estar a bien con todos. Con
mrilidad otorga los favores eclesiásticos y lo hace con tacto y moderación si
Ill^ima vez tiene que negarse. Está convencido, y así lo manifiesta, de que ei
I""d i dei Papa no puede mantenerse sin Ia autoridad de los príncipes.
La última época de Paulo IV se caracterizo porque todo ei mundo cató-
Mliii reclamaba de nuevo ei concilio. Es seguro que Pio IV solo con grandes
[dlficultades se podria haber sustraído a esta exigência. No podia, como sus
min cesores, poner Ia excusa de Ia guerra, pues por fin Ia paz reinaba sobre

I
la Europa. Y hasta para él mismo era urgente tal medida, puesto que los
nceses amenazaban con un concilio nacional que facilmente podia provocar
mi Son las Nocfes Vaticanae, las que menciona Glussianus, Vita CaroJi Borromei, i, iv, 22.
102 Mula: 4 de febrero de 1561. Pio le rogo de dar ei informe: che havemo animo d» sfare
puce, e che non sapemo niente di questi pensieri dei duca di Savoia, e ei maravigfiamo che vada
rando qiiestc cose: non è lempo da fare 1'impresa di Ginevra ne da far gencraii. Scrivete che
no constanti in questa opinione di star in pace.
152 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

un cisma. Pero, a decir verdad, tengo que anadir que, además de todas estas
circunstancias, existia su buena voluntad. Escúchese como se expresa: "Que-
remos ei concilio, Io queremos sin duda, Io queremos todos. De no quererlo
podríamos escudamos ante ei mundo con mil dificultades, pero más bien nues-
tro deseo es acabar con ellas. Hay que reformar Io que tiene que ser refor-
mado, también en nuestra persona y en nuestras propias cosas. Si albergamos
alguna otra intencíón que Ia de servir a Dios, que Él nos castigue." A menudo
parece como si los príncipes no le apoyaran Io bastante para una empresa de
tal envergadura. U n a manana ei embajador veneciano le visita en su lecho,
donde se hallaba postrado por Ia podagra; le encuentra ocupado con sus pen-
samientos. "Tenemos buenas intenciones —exclama— pero estamos solos."
"Me dió compasión —dice ei embajador—, verle en Ia cama y escuchar Io que
decía: estamos solos para sostener una carga tan pesada." Pronto se puso manos
a Ia obra. El 18 de enero de 1562 se reunieron tantos obispos y delegados en
Trento que se pudo reanudar de nuevo ei dos veces interrumpido concilio.
El Papa tuvo Ia mayor intervención en ello. "Es cierto —dice Girolamo Soran-
zo, que no estaba ai lado dei Papa— que Su Santidad mostro en ei asunto
todo ei ceio que se podia esperar de un tan gran pastor y nada ha descuidado
que pudiera conducir a una obra tan santa y necesaria."
I
6 ) Las últimas sesiones dei Concilio de Trento
(
jCómo había cambiado ia situación dei mundo desde Ia primera convocatória
dei Concilio! El Papa no tenía que temer ahora que un emperador poderoso
utilizara Ia rcunión para dominar ai Papado. Fernando I no poseía poder alguno
en Itália. Tampoco había que temer errores graves sobre puntos esencialcs dei
dogma. 103 Como ya se había puesto de manifiesto en las primeras sesiones,
c-1 dogma, aunque no formulado por completo, dominaba ya sobre una gran
parte dei mundo católico. No era posible pensar seriamente en una unificación
con los protestantes. En Alemania habían adquirfBo una jrosición muy fuerte,
de Ia que no era posible desalojados; en ei Norte, Ia nueva orientación religiosa
se había fundido con ei poder estatal y Io mismo estaba ocurriendo en Ingla-
terra. El Papa, ai declarar que ei nuevo concilio no era más que una conti-
nuación dei anterior y ai acallar las vocês que se levantaron en contra de este
critério, renuncio a tales esperanzas. ^Cómo podían los protestantes libres
adherirse a un concilio cuyas resoluciones anteriores habían condenado ya los
artículos más importantes de su credo? " , 4 Con esto Ia eficácia dei Concilio
se limitaba de antemano ai mundo, tan consíderablcmente disminuído, de las
naciones católicas. Su propósito tenía que concentrarse en componer las dife-
10» Así considero Fernando I ei asunto. "Litterae ad Icgatos 12 Aug. 1562", en Lc Plat:
Monum. ad. Iiisí. cone. Tridenfini, v. p. 452. guiei eniin attinct —disquírere de Jiis dogmatibus, de
quibus apud omites non solum príncipes, vertim criam privatos homines catliolicos, nu//a mine
penitus existit disceplario?
104 La cansa principal dei escrito de recusación de los protestantes: Causae cur ciccíores prín-
cipes aiiiqiie Aiigusíanac confessioni ndjimcti status recusent adirc concibum. Le Plat, iv. p. 57.
Dcstacan ya cn cl primer aviso las palabras omni supensioiie subiara. Rccucrdan Ia condenación que
sufrieron anteriormente sus princípios y explican ai detallc quae maJa sub ca confirmatione lateant.
pio iv 153
tencias surgidas entre estas naciones y Ia suprema autoridad eclesiástica, en
formular ei dogma en algunos puntos que no habían sido fijados todavia, y
MIIHC todo, en dar término a Ia reforma interior ya iniciada y prescribir normas
disciplinadas de caracter general.
Pero también esta tarca se mostro muy dificultosa y pronto se originaron
|us más vivos altercados entre los teólogos allí reunidos.
Los espanoles plantearon Ia cuestión de si Ia obligación de residência de
(bispos en sus diócesis era de derecho divino o solo de derecho eclesiástico.
• I t c í a una disputa ociosa puesto que, por todas partes, se reclamaba ei deber
residência. Pero los espanoles sostenían de una manera general que ei poder
.copai no era emanación dei poder papal, como se pretendia en Roma, sino
su origen descansaba inmediatamente en Ia institución divina. Con esto
on en ei nervio de toda Ia organización eclesiástica. Aceptado ese principio,
mbiera restablecido Ia independência de Ias potestades eclesiásticas subal-
las, cuya dominación habían cuidado tanto los Papas. Estando en Io más
» de Ia discusión, llegaron los delegados dei emperador. Sorprendcn los
tulos que presentan. "También ei Papa —reza uno— tiene que humillarse
iiendo ei ejemplo de Cristo y someterse a una reforma en su persena, en su
go y en su cúria. El concilio debe reformar ei nombramiento de los carde-
:s y ei cónclave." Fernando solía decir: "Si los cardcnales no son buenos
no van a elegir un buen Papa?" Para Ia reforma pretendida por él queria
•U<* sirviera de base ei proyecto dei Concilio de Costanza, que allí no pudo
•evarse a efecto. Las resoluciones debían ser preparadas por Ias diputaciones
l e las diferentes naciones. Además pedia: que se autorizara Ia comunión cn
dos espécies y el matrimônio de los clérigos; dispensa dei ayuno para algunos
sus súbditos; institución de escuelas para los pobres; depuración de los bre-
Vlurios y santorales; un catecismo inteligible; himnos religiosos en alemán; re-
farma de los conventos, entre otras cosas "para que sus grandes riquezas no se
PMplcaran de manera tan desastrosa".105 Como vemos, proposiciones todas muy

105 Pallavicini, xvir, i, 6, omite casi por completo estos postulados. Son molcstos para él.
I ii efecto, nunca han sido conocidos cn su forma autêntica. Los tenemos ante nosotros en três
nliuliis. Un extracto se encuentra en P. Sarpi, Lib. vi, p. 325, e, idénticamente, aunque en latín,
Kainaldi y Goldast; un segundo, más extenso, cn Bartolomé de Martyribus, el tercero, más
pleto, cn Schelhorn. No concuerdan bien. Mc he atenido a Io que se encuentra en Schclhorn.
i (|uc cn las ediciones anteriores hubiesc sido muy deseablc una información de Viena, y una tal
ii| nación se encuentra justamente aliora en Ia gran colección de documentos para Ia historia dei
(•un [lio de Trento, de Sickel, y cn un artículo que Io completa en el tomo 45 dcl Archiv fiir
dilinc/i. gesch. Por las actas icproducidas allí dcl gabinete dei emperador Fernando I conocemos
lii npmión moderada, acertada, de este príncipe, de acuerdo con las tendências alemanas gcnerales.
l i primera instrueción a sus embajadores en Trento, dei 1° de encro de 1562, tal como está escrita,
.mu lioy Ia atención. Es esta trabajo dei vicecanciller Seld, ayudante dcl emperador y muy
llilhil cn el maneio de Ia pluina. Pero tampoco esta instrueción contienc Io que buscamos, que es cl
lliiin.iili) "libelo de reforma" de Fernando, un proyecto que fué resultado de muclias consultas, y
()MP contienc Io que ya hcnios leído en Shclhorn. No se creyó necesario repctirlo por entero, sino que
I líiivtii Ia indicación de las diferencias poço importantes con respecto ai manuscrito autógrafo. Sickel
Um li.ibla con ceio cscrupuloso, en el artículo citado, sobre su origen. Be cllo resulta que Io misino
i|in li instrueción primera, también cl libelo de reforma lia de considerarse como manifiesto dcl
|iiiiil.i medio, pero católico aún, que insistia cn una aproximación a los protestantes en Alemania.
También se han utilizado los proyccros de Jnlio Pflug. Su cnnteniclo será importante para
lb> épocas posteriores a esta, c incluso, si no nos equivocamos, para hoy dia.
154 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

importantes y que suponían una transformación honda de Ia Iglesia. En cartas


reiteradas urgia ei emperador su discusión. \
Por fin, se presentó también ei cardenal de Lorena con los prelados fran-
ceses. Se adhirió a todas Ias propuestas alemanas. Reclamaba, sobre todo, Ia
comunión en Ias dos espécies, Ia administración de los sacramentos en el idioma
materno, Ia instrucción y Ia predicación durante Ia misa y Ia autorización para
cantar en francês los salmos, cosas todas de Ias que se esperaba el mejor resul-
tado. "Tenemos Ia seguridad —dice el rey— de que Ia autorización de Ia co-
munión en Ias dos espécies aplacará a muchas conciencias inquietas, reunirá
de nuevo con Ia Iglesia a províncias enteras que se han separado de ella y será
uno de los médios mejores para acabar con los distúrbios en nuestro reino." 10 *
Pero los franceses trataron además de reponer los acuerdos de Basilea y abierta-
mente sostenían que el concilio era superior ai Papa.
Los espanoles no estaban de acuerdo con Ias pretensiones de alemanes y
franceses; repudiaban con Ia mayor vehemencia Ia comunión en Ias dos espécies
y el matrimônio de los clérigos y no era posible que el concilio llegara a una
concesión en estas matérias: solo se logro pasar que el Papa pudiera autorizar-
los; pero hubo puntos en los que Ias três naciones se enfrentaron a Ias preten-
siones de Ia cúria. Consideraban intolerable que solo los legados dei Papa
dispusieran dei derecho a presentar propuestas. Como además estos legados
tenían que recoger Ia anuência dei Papa a todas Ias resoluciones que se hu-
bieran de adoptar, les parecia esto un agravio a Ia dignidad dei concilio. Por-
que de esta mancra, dccía el emperador, había dos concilios: uno en Trento y"|
otro, el verdadero, en Roma.
Si en estas circunstancias se hubieran decidido Ias opiniones por naciones
se habría llegado a acuerdos muy particulares.
Como no ocurrió esto, Ias três naciones, aun tomadas juntas, quedaron
siempre en minoria. Eran mucho más numerosos los italiairt>s, acostumbrados
a sostener sin muchas preocupaciones Ia opinión de Ia cúria, de Ia cual de-
pendia Ia mayoría. El encono encendió a ambas partes/Los franceses bromea-
ban diciendo que el Espíritu Santo venía a Trento en Ia valija. Los italianos
hablaban de Ia peste espaíiola y dei mal gálico que iban contagiando a los]
fieles. Como el obispo de Cádiz Uegó a decir que hubo obispos famosos y
Padres de Ia Iglesia que no habían sido nombrados por ningún Papa, los ita-
lianos comenzaron a gritar, pidieron su expulsión y rfablaron de anatema y]
herejía. Los espanoles devolvieron Ia papeleta, acirsándoles a su vez de here-
jes. 107 En algunos momentos se formaron tumultos callejeros a los gritos dej
jEspafia! j Itália! y se vió correr Ia sangre en Ia ciudad de Ia paz.
No tiene nada de extrano que transcurrieran diez meses en una ocasión
sin que se celebrara ninguna sesión y que el primer legado tuviera que disuadif,
108 "Mcmoiie baillé .i Mr. le Cl. de Lorraine, quand il est parti pour aller au concü".
Lc Plat, iv, 562.
107 Pallavicini, xv, v, 5. "Paleotto Acta": A/ii praeíati íngeminabant cíamantes. Exeat
exeat; alii Aiiatfiema sit; ad quos Granetensis conversus respondit: Anathema vos estis. Mendham,
tuvo lugar el 8 de encio de 1566.
pio rv 155
ul Papa de trasladar ei Concilio a Bolonia: "áQué se iba a decir si ei concilio,
lejos de llegar a su conclusión regular, tenía que ser disuelto?"108 Pero una
disolución, una suspensión o un simple traslado, en ei que se penso con fre-
Bucncia, hubieran sido muy peligrosos. En Roma no se esperaba nada bueno.
Br consideraba que un concilio era una medicina demasiado fuerte para ei
debilitado cuerpo de Ia Iglesia, que no haría sino arruinaria por completo
junio con Itália. "Poços dias antes de marcharme, a princípios dei afio 1563
•-nos cuenta Girolamo Soranzo—, me dijo el cardenal Carpi, decano dei Co-
légio y varón verdaderamente circunspecto, que había rogado en su última
tniermedad a Dios que le concediera Ia gracia de Ia muerte para no ser testigo
drl derrumbamiento y entierro de Roma. También los demás cardenales de
Bota se lamentan sin césar de Ia desgracia, pues ven claramente que no hay
•ivación para aquélla si no es con Ia intervención especial de Ia mano de
|)ms."109 Pio IV temió que fueran a caer sobre él todos los males que orros
Papas habían visto cernirse con Ia idea dei concilio.
Supone una idea elevada que sea una asamblea de sus prelados Io único
•ue pueda socorrer a Ia Iglesia cuando corren tiempos difíciles para ella y ha
i. miriido graves equivocaciones. "Sin presunción ni envidia, en santa humil-
•ad, en paz católica —dice San Agustín— debe deliberar una tal asamblea:
•on una mayor experiência abre Io que estaba cerrado y saca a Ia luz dei dia
b que estaba oculto." Pero se estaba muy lejos de alcanzar este ideal en los
•rimeros tiempos. Hubiera sido necesaria una pureza dei sentir, una indepen-
dência de influencias extrafias que no parece acordada a los hombres. jPero
ttuánto más difícil alcanzarlo ahora en que ia Iglesia se halla imbricada con el
Ettndo en tantas situaciones contradictorias! Si, a pesar de todo, los concilios
•o/.aron siempre de gran prestigio y fueron reclamados con tanta frecuencia
V esperados con tanta impaciência, se debió sobre todo a Ia necesidad de poner
il poder de los Papas. Pero ahora parecia confirmarse Io que estos siempre
li ili!,m sostenido: que en tiempos de gran confusión una asamblea de Ia Igle-
. lia cs más apropiada para aumentar aquélla que para ponerle remédio. Todos
HM italianos participaban de los temores de Ia cúria. "O el concilio —decían—
[le continua o es disuelto. En el primer caso, si entretanto muere el Papa, los
ullramontanos dispondrán dei cónclave según sus intenciones y en dafio de
| li.ilia, y tratarán de limitar Ias facultades dei Papa de suerte que no sea mucho
más que un simple obispo de Roma, y arruinarán los cargos y toda Ia cúria.

I
I, por el contrario, es disuelto sin resultado alguno, los fieles se sentirán de-
uudados y los dudosos se encontrarán en grave peligro de perderse dei todo."
Si contemplamos Ia situación, parece imposible que en el seno dei Concilio
108 "Lettera dei Clc. di Mantua, legato ai concilio di Trento, scritta ai papa Pio IV li 15
«nn. 1563." Quando si havesse da dissolversi questo conci/io —per causa d'a/tri e non nosfra—,
i piaceria piu che Vra. Beafitudine íusse restata a Roma.
100 Li Card/nali di maggior autoritâ dcploravano con tutti a futte í'ore ia íoro miséria, ia qua/e
(mano (anto maggiore che vedono e conoscono assai chiaro, non esservi rimedio alcuno se non
•»«licl/o che piacesse dare a) Sr. Dio con Ja sua santíssima mano! Cerco non si può se non temere,
I inucle cl mismo Soranzo, Sermo. Príncipe, che Ia povera Itália afflitta per aítre cause habbi ancox
I • irntire aff/ittionc per qnesto particularmente: Io vedono e Io conoscono tutti i sav/.
156 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

se pudiera producir un cambio de Ias opiniones dominantes. Frente a los lega-


dos dirigidos por ei Papa, y los italianos que dependían de él, estaban los pre-
lados de Ias otras naciones que se apoyaban en los embajadores ;de sus
príncipes. No se podia pensar en ninguna conciliación, en ningún arregio
mediador. Todavia en febrero de 1 5 6 3 n o Ia situación parecia desesperada;
todo era discórdia y cada partido mantenía con obstinación sus puntos de vista.
Pero si tenía ei valor de ver Ias cosas tal y como eran, se presentía Ia
posibilidad de salir de este laberinto.
Era en Trento donde chocaban Ias opiniones, pero su origen estaba en
Roma y en los diversos príncipes. Si se queria obviar Ias dificultades había que
acudir a Ia fuente. Pues que Pio IV había dicho que ei Papado no podia
mantenerse sin asociarse a los príncipes, este era ei momento de hacer buena I
Ia máxima. Una vez abrigo Ia idea de acomodarse a Ias exigências de Ias dife-
rentes cortes y darles satísfacción sin acudir ai concilio. Pero hubiese sido una
medida a médias. Su misión no podia ser otra —pues tampoco existia otro
médio— que llevar a cabo ei concilio de acuecdo con Ias grandes potências.
Pio IV se decidió en este sentido. A su lado tenía ai cardenal Morone, ei
de mayor prudência política.
Había que empezar con ei emperador Fernando ai que, como sabemos, se
habían adherido los franceses y ai que también Felipe II tomaba en conside-
ración como sobrino suyo que era.
Morone, que acababa de ser nombrado presidente dei Concilio, pero que
pronto se convenció de que nada se podia conseguir en Trento, acudió en
abril de 1563, sin acompanamiento de ningún otro prelado, a entrevistar ai em-
perador en Innsbruck. Lo encontro desanimado, enfadado y molesto; estaba
convencido de que en Roma no se buscaba ningún mejoramiento serio, y deci-
dido a procurar ai Concilio su libertad. 111
Le era menester ai legado una habilidad extraordinária, ^ \ nuestro tienv
po diríamos diplomática, tan solo para aplacar ai yidignado monarca. 112
Fernando estaba malhumorado porque sus artículos/de reforma habían
sido pospuestos sin que se presentaran efectivamente a discusión; ei legado
pudo convencerle de que, no sin justificación, se había considerado peligroso
someterlos a una discusión en regia, pero que, sin embargo, Ia parte más
importante de los mismos había sido admitida y hasta acordada. El emperador
se quejó además de que ei Concilio fuera dirigido desde Roma y que se ma-
/
n o En un escrito dei obispo de Fünfkirchen se recomienda Ia suspcnsión dei concilio. Praestat
etenim omniiim indicio consilium hoc cum aliqua spe futurae concordiac et reíbrmationis suspendi,
quam sine omni íructu atque etiamcum lotais bonae spei iactura orbisque magna perturbatione claud"
ac úifeiiciter vel certe inftuctuose íiniii. (Sickel, 427.)
111 También es interesanle para este tema: Rehtione in ser. falta dal Comendonc ai Sri.
legati dei concilio sopra le cose rirratle da)l'imperatore 19 Febr. 1563. Pare che pensino trova
modo e forma di haver p/u parte et autorità nel presente concilio per stabiíire in esso tutte le lon
giuntamente con li Fiancesi.
112 El documento más importante que he podido encontrar sobre Ias negociaciones triden-
tina es Ia relación de Morone sobre su embajada: es breve, pero muy instractiva. Ni Sarpi n*
Pallavicini están enteradoS de ella. Reíatione sommaria dei Cl. Morone sopra Ia legatione sua
Bibl. Altieri, en Roma, vn, F. 3.
pio iv 157
nejara a los legados por médio de instrucciones; Morone observo, y no le fal-
lulia razón, que también los embajadores recibían instrucciones de sus capitales
y tenían indicaciones nuevas continuamente.
Morone, que yá desde largo gozaba de Ia cortfianza de Ia casa de Áustria,
lulió con bien de esas aclaraciones delicadas; disipó Ias malas impresiones per-
lonales dei emperador y trato de llevar Ia discusión a aquellos otros puntos
cn disputa que habían provocado los más grandes altercados en Trento. No
trn de opinión que se cediera en Ias cosas esenciales ni que se debilitara Ia
mitoridad dei Papa: "Lo que importaba —decía— era ponerse de acucrdo sobre
flqucllas disposiciones que ei emperador creía que le darían satisfacción, sin
• u c con ellas se menoscabara Ia autoridad dei Papa o de los legados." 113
El primero de estos puntos era ei de Ia iniciativa exclusiva de los legados
Uuc se afirmaba ir contra Ia libertad inherente a un concilio. Reponía Moro-
Ke que no convenía a los príncipes conceder Ia iniciativa a todos los prelados.
[No le había de ser muy difícil convencer ai emperador. Era fácil que, en caso
Re goxar los obispos de esta facukad, pronto presentarían proposiciones cuyo
• n t i d o seria contrario a Ias pretensiones y derechos de los Estados. Era patente
• confusión que habría de originarse con una concesión semejante. Sin embar-
C", también se queria complacer en cierta medida los deseos de los príncipes
V cs admirable Ia solución encontrada. Prometió Morone presentar como propo-
Uciones Ias que los embajadores le entregaran a este fin y, caso de que no lo
Bjcicra él, los mismos embajadores podrían hacerlo en su lugar. Transacción
i i i que caracteriza ei espíritu que poço a poço iba imperando en ei Concilio.
l<is legados ceden una vez ai renunciar a Ia exclusividad de Ia iniciativa, no
tiinio cn favor de los Padres dei Concilio como de los embajadores. 114 De lo que
M sigue que solo los príncipes se benefician de una parte de los derechos
• u v , por lo demás, se reserva ei Papa.
Un segundo punto rezaba que Ias diputaciones que piepaiaian Ias rcsolu-
ir. habrían de reunirse por naciones. Morone observo que así había suce-
l l d o siempre, pero que se trataria de cumplir con más exactitud cn este extremo,
ipucsto que era deseo dei emperador.
Se llegó ai tercer punto, ei de Ia reforma. Fernando reconoció, por fin, que
Bnbfa que evitar Ia expresión de una reforma dei Papado y también Ia vieja
ptiestión sorbónica de si ei concilio está o no sobre ei Papa; en cambio, Morone
113 Fu necessário trovare temperamento tale che paresse aJJ'irnperatore di essere in alcuno
liiiiiln satisíarto et insieme. non si pregiudicase a/i'autorità dei Papa nè de'Jegati, ma restasse il
MDiitihb neJ suo possesso.
114 "Summarium eorum quac dicuntur acta inter Caesaream Majestatem et iluslrissimum
liKliinlcin Moronum", en Ias aetas de Torellus, también en Salig. Gesehichte des (ridentinischen
i liiums, m, A. 292, lo expresa dei modo siguiente: Ma/. S. sibi reservavit vcl per médium
Hhtmmii ícgatonim, vei si ipsi in fioc giavasentur, per se ipsum vei per ministros suos proponi
Tcngo que confesar que no hubiera podido deducir facilmente de este texto que tuvo lugar
Uni negociación, tal como Ia relata Morone, aunque de verdad Ia implique. En Ia Duplica S. C.
m i i cn Ia obra de Sickel, 499, Ias palabras son Ias siguientes: ut et Rmi. D. /egaii nomine Mtis.
H j/iuriirnque catholicorum regum et principum ea quae hisce ad conservandam catho/icam reli-
|IIIIIÍ-III in regnis et doininiis suis necessária videntur et de quibus ipsi Rmi. D. Jegati você vel
•(r/pto in/ormabantur proponanf.
158 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SICLO XVI

prometió una reforma verdadera en todos los demás aspectos. El proyecto que
presentó a este particular alcanzaba ai mismo cónclave.
Una vez resueltas estas cuestiones capitales facilmente se pusièron de acuer-
do sobre Ias accesorias. El emperador renuncio a muchas de sus exigências y
dió instrucciones a sus embajadores de mantener buenas relaciones con los
legados pontifícios sobre todo. Después de conseguir este arreglo Morone volvió
a Itália. "Cuando se supo en Trento —nos dice él mismo— ei buen acuerdo dei <
emperador y se percataron de Ia inteligência existente entre sus embajadores y]
los dei Papa, ei Concilio empezó a cambiar de aspecto y a ser mucho más
tratable."
A esto coadyuvaron otras circunstancias.
Los espanoles y los franceses se habían peleado por ei derecho de prece-
dência de los representantes de sus reyes y, a partir de este momento, coincidie-j
ron muchas menos veces.
Además, se habían iniciado gestiones especiales con ambas partes.
La misma naturaleza de Ias cosas obligaba a Felipe II a buscar una inteli-
gência. En gran parte su poderio en Espaiia se apoyaba en intereses eclesiásticos]
y tenía que procurar, sobre todo, tenerlos a mano. La corte de Roma sabia nmy
bien, y ei núncio de Madrid Io decía a menudo, que una clausura apacible dei
Concilio era tan deseable para ei rey como para ei Papa. Los prelados espanolejj
habían protestado en Trento contra ei gravamen de los bienes eclesiásticos, q u d
representaba una parte importante de los ingresos dei Estado; ei rey quedo I
preocupado y rogo ai Papa que impidiera discusiones tan desagradables. u fl
iCómo iba a ocurrírsele, en estas circunstancias, trabajar en favor de Ia iniciativa]
de sus prelados? Por ei contrario, trato de sujetarlos un poço. Pio IV se quejó de
Ia oposición violenta y continua que le hacían los espanoles y ei rey le prometió]
apelar a médios que pondrían término a aquella desobediência. En una pala-
bra, ei Papa y ei rey se dieron cuenta de que sus intereses eran los mismos.
Debieron de tener lugar otras negociacicnes. El Papa se arrojo por completo em
brazos dei rey y este prometió solemnemente venir en ayjida dei Papa con todas
Ias fuerzas de su reino en cualquier momento de necesidad.
Los franceses también se aproximaron por su lado. Los Guisa, que ejercían |
en Francia tan gran influjo sobre ei Gobierno y en Trento sobre ei ConcilioJ
fueron orientando su política en una dirección cada vez más católica en amboij
campos. Se debe a Ia transigência dei cardenal de Guisa, que se reanudanin Ias
sesiones dei Concilio después de una suspensión de diez meses y después da
ocho aplazamientos. Pero se trataba de llegar a una unión más estrecha. Guisa
presentó Ia proposición de un encuentro de los príncipes católicos poderosos,
dei Papa, dei emperador y de los reyes de Francia y Espaiia. 110 Marcho a RomaJ
para tratar dei asunto y ei Papa no encontro palabras bastantes para loar "ell
ceio cristiano dei cardenal por cl servicio de Dios y Ia tranquilidad pública,!
no solo en Ias cuestiones dei Concilio, sino también en otras que se refieren ai

115 Paolo Ticpolo, Dispaccio di Spagna 4 Dec. 1562.


11» lnstrultione dala a Mons. Cario Visconti mandato da papa Pio IV a// re caíl. per
dei concilio di Tfento (ultimo Ottobie 1563). Bibli. Barb. 3007.
pio iv 159
klcncstar general". 117 Esta reunión en proyecto hubiera complacido mucho
|1 Papa y, a cuenta de ella, envio embajadas ai emperador y ai rey.
No solo en Trento sino en Ias cortes y mediante negociaciones políticas,
fueron obviando .Ias dificultades más importantes y allanando obstáculos para
a terminación dichosa dei Concilio. Morone, que trabajó mucbo, se supo
ii.ir personalmente a los prelados, dedicándoles todo ei honor, alabanza y
•PC que pretendían. 118 Puso de manifiesto Io que puede conseguir en Ias cir-
istancias más difíciles un hombre inteligente y hábil, que comprende Ia
lluación y se propone un fin adecuado a ella. A él sobre todo tiene que agra-
r Ia Iglesia ei término feliz dei Concilio.
El camino estaba allanado. "Ahora se podían abordar —dice él mismo—
lificultades inherentes a Ias cosas."
Todavia aguardaba una resolución Ia vieja disputa sobre Ia necesidad de
residência y el derecho divino de los obispos. Durante mucho tiempo los espa-
lcs se mostraron inconmovibles en sus princípios y, todavia en julio de 1563,
declaraban tan infalibles como los diez mandamientos, y el arzobispo de
Brnnada pretendia prohibir todos los libros en que se afiimaba Io contrario; 119
10 ai redactarse el decreto consintieron en que su opinión no fuera expresada.
dicron por satisfechos con una redacción que les permitia en Io futuro seguiria
ntcniendo. Este caracter equívoco es, precisamente, Io que Láinez alaba
el decreto. 120
Lo mismo ocurrió con Ia otra disputa acerca de Ia iniciativa: iprvponen-
egatis. El Papa declaro que cada asistente ai Concilio debía pedir y
ir lo que le competia pedir y decir según los viejos concilios, pero se guardo
y bien de emplear Ia palabra "proponer". 121 Se encontro un arreglo que
ifizo a los espanoles sin que ello significara que el Papa cediera lo más
imo.
Una vez que desapareció el apoyo supuesto por Ias tendências políti-
i, se trato no tanto de decidir sobre Ias cuestiones que habían ocasionado
enconadas disputas cuanto de esquivadas mediante habilidosas compo-
íldas.
Con este estado de ânimo es natural que fueran resueltos con mayor faci-
rlnd otros puntos menos graves. Nunca el Concilio había avanzado tan rápi-
H7 "II beneficio universale". Lert. dí Pio IV 20 Ott. 1563.
li» Li prelati. dice el mismo Morone, accarezzali e stimafi e lodati e gratiati si fecero piu
lliiliili. Martin Pérez de Ayala, que se opuso hasta el último momento, está indignadisimo con
dcfccción general: "Todo lo havia ya vencido el cardenal Moron con sus artes ansi ai cl. de
itrnii como ai arzobispo de Granada como otros siete o ocho que ai principio estubicron bien
|H Im cosas dei bien comun." Llama a Morone "hombre doblado" y crec que también a él había
•Uriulo halagarle (De su autobiografia, en Ia Vida de Vií/anueva, n, p. 420).
110 Scriltura nel/e lettere e memorie dei núncio Visconti, II, 174.
HO E/iu verba in uframque partem pie satis posse exponi. Paleotto en Mendham, Memoirs
• •' llic council of Trent, p. 262. Fué propuesta Ia siguiente redacción: episcopos esse a Christo insri-
(oii pero se prefirió: esse hierarchiam divina ordinatione institutam, quae constai ex episcopis,
ihytcris et ministris. Era inútil que algunos propusieran ordinatione pecuiiari, u otros institutione.
Kiipo Mendoza de Salanianca atribuye el êxito ai proceder cuerdo dei cardenal Morone. En
Immcva, II, p. 427.
mi Pallavicini, 23, 6, 5.
160 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

damente. Los importantes dogmas sobre ei sacramento dei orden, sobre ei de j


matrimônio, sobre Ias indulgências, sobre ei purgatório, sobre ei culto de loí |
santos, y Ias disposiciones reformadoras más importantes que acordo\el Conci-1
lio, se concentran en Ias três últimas sesiones dei ano 1563. Tanto para una»
como para otras resoluciones se compusieron Ias congregaciones con miembros
de cada país. El proyecto de reforma se discutió en cinco reuniones especia-1
les, una francesa, con ei cardenal de Guisa, otra espanola, con ei arzobispo
de Granada, y três italianas. 122
Sobre Ia mayoría de Ias cuestiones se llegó facilmente a una inteligência
y dos únicas propuestas ofrecieron todavia dificultades: Ia de Ia exención àm
los cabildos y Ia de Ia acumulación de benefícios, en Ias que volvieron a jugar
gran papel los intereses.
La primera afectaba sobre todo a los espanoles. Los cabildos habían per-
dido algunas de Ias libertades extraordinárias de que gozaban. Guando se trato de
recuperarlas, ei rey intento, por su parte, limitadas todavia más; puesto que <1
promovia los obispos, en sus manos estaba ampliar sus facultades. El Papa, potJ
ei contrario, estaba en favor dei cabildo. Su sumisión incondicional ai obispo
hubiera menoscabado su influencia sobre Ia Iglesia espanola/ Una vez ma.
chocan aqui Ias dos grandes tendências y Ia cuestión es cuál de Ias dos sacará]
mayoría. El rey era muy fuerte en ei Concilio y su embajador supo alojar a uni
delegado enviado por los cabildos para defender sus derechos, pues tenía tantail
mercedes eclesiásticas a distribuir que había de pensado antes quien quisiera]
renir con él. En Ia votación oral ei resultado fué favorable ai cabildo. Obsér-1
vese ei rodeo que hicicron los legados pontifícios. Acordaron que, por esta
vez, los votos se dieran por escrito, pues solo Ias declaraciones verbales eram
cohibidas por Ia presencia de tantos partidários dei rey, pero no Ias votaciones]
escritas que los legados recibicron en sus manos. Y, en efecto, con este proce-j
dimiento, consiguieron una mayoría importante en favor dei Papa y de los
cabildos. Apoyados en este resultado y valiéndose de Ia mecliación de Guisa,]
entablaron nucvas conversaciones con los prelados espanoles quienes, por fin, j
se dieron por satisfechos con una ampliación de sus facultades mucho más pe-[
quefia que Ia que pretendían. 1 - 3
Todavia más importante para Ia cúria era ei segundo artículo referente
a Ia acumulación de benefícios. Desde siempre se había hablado de una reforma
dei cardenalato y había muchos que pretendían ver e n j a decadência de este
instituto ei origen de todos los males; precisamente los cardenales eran losj
que con frecuencia juntaban un gran número de benefícios, y se trataba de
poner coto a esto mediante ei rigor de Ia ley. Se comprende Io poço agradable
122 Las mejures informaciones sobre esto se encuentran allí donde nadic Ias buscaria: en ÜC
Vira di Palestrina, de Baini, i, 199, procedentes de correspondências autênticas. También ei diário'
de Servantio, que utilizo Nfendham (p. 3(H), alude ai asunto.
123 Tampoco consultando Sarpi, vnr, 816, se ve cl asunto muy claro. Muy a punto ia cxpli-
cación autêntica de Morone: L'.irfico/o dcí/e canse c de/J'esscnzioni de canon/ci íu vinto secondo M
domanda degli oJtramontani: poi /acendosi contra Vuso che li padri tutti dessero voti in inscritm
/urono mutate rnoltc sentenfie c íu vinto iJ contrario. Si venne ai fin alia concórdia che si vale
nei decretti, e fu mezzano Lorena, che gia era tornato da Roma, tutto additto aí servitio di 3J
Beatitudine et alia fine de/ concilio.
pio iv 161

ijue había de ser para Ia cúria cualquier innovación en este sentido; se temia
ya cl tratar seriamente dei asunto y por cso se eludió. También es muy par-
ticular Ia solución propuesta por Morone. Presentó juntas Ia reforma dei car-
clcnalato con los artículos sobre los obispos. "Poços se dieron cuenta —nos
dice— de Ia importância dei asunto y de esta forma se sortearon los escollos."
El Papa consiguió de esta suerte conservar Ia corte romana en su forma
tradicional y también se mostro dispuesto a abandonar Ias reformas pedidas
bor los príncipes, tal como se pensaba, ccdiendo así a indicaciones dei em-
fccrador.124
En realidad aquello parecia un congreso de paz. Mientras Ias cuestiones
He importância subordinada fucron preparadas por los teólogos hasta recibir Ia
forma de resolución general, Ias cortes negociaban sobre Ias grandes cuestio-
Jlcs. Los mensajeros iban sin césar de un sitio a otro y se pagaba una conce-
MUII con otra.
Al Papa le interesaba terminar pronto. Los espanoles se resistieron duran-
cierto tiempo, pues Ia reforma no les parecia bastante, y ei embajador espa-
ol hizo ademán una vez de que iba a protestar. Pero como ei Papa se declaro
itpuesto a convocar en caso necesario un nuevo sínodo, 125 como preocupaba
dea de Ia posibilidad de una vacante de Ia Sede sin estar clausurado ei
poncilio, y como cada quien estaba ya cansado y queria marcharse a su casa,
los espanoles tuvieron que ceder ai final.
En Io esencial estaba vencido ei espíritu de oposición. Precisamente en su
Último período ei Concilio mostro Ia mayor sumisión. Se avino a pedir ai Papa
IIii i cnnfirmaeión de sus resoluciones y declaro expresamente que todos los
Mccrctos de reforma, cualesquiera fueran los términos en que se expresaran,
lialnin sido redactados en ei supuesto de que no padeciera con ellos en Io más
mínimo ei prestigio de Ia Sede apostólica.12" Cuán lejos se estaba por entonces
In Trento de aquellas pretensiones de Costanza y Basilea sobre Ia superioridad
• I« -1 concilio. En Ias aclamaciones redactadas por ei cardenal de Guisa, con
mu' sc puso término a Ia sesión, se reconoció especialmente ei episcopado uni-
ttrsal dei Papa.
Había Hegado, pues, a feliz término. El Concilio, reclamado con tanta
Mlicmencia, eludido durante tanto tiempo, disuelto dos veces, sacudido por
Imitas tormentas, en grave peligro en su tercera etapa, se clausuraba ai fin con
|N unanimidad dei mundo católico. Se comprende que ei 4 de diciembre de
• 563, ai reunirse por última vez los prelados, se sintieran conmovidos y dicho-
• » . Los hasta entonces enemigos, se congratulaban mutuamente, y se vieron
•«rimas en los ojos de muchos ancianos.
Mas si fueron menester tanta flexibilidad y tanta destreza política para
Mm eguir este resultado, t n o podemos preguntarnos si no padeció de este modo
• I Concilio en Ia eficácia de su acción?
IM El que no se llcgara a una severa reforma de Ia cúria, de los cardenales, dei cónclave, dc-

I
imlio exactamente de Ia omisión de Ia reforma de los príncipes. Extractos de una correspondência
p H» legados, en Pallavicini, 23, 7, 4.
i»n Pallavicini, 24, 8, 5.

>••"> Scssio XXV, c. 21.
162 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

En los tiempos modernos, si no en todos, es ei de Trento ei concilio más


importante.
En dos grandes momentos se hace patente su importância. /
El primero, dei que ya hablamos, durante Ia guerra esmalcáldica. Des-
pués de diversas oscilaciones, ei dogma se aparto por completo dei sentir pro-
testante. Sobre Ia doctrina de Ia justificación, como entonces quedo estableci-
da, se levanto todo ei sistema de Ia dogmática católica, tal como se mantiene
hasta hoy.
El segundo momento, también considerado por nosotros, es ei verano y
otono dei ano 1563. La jerarquía fué reorganizada en Io teórico desde Ia base
por los decretos sobre ei sacramento dei orden y prácticamente por Ias medi-
das de reforma.
Estas reformas fueron y siguen siendo muy importantes.
Los fieles fueron sometidos a una firme disciplina eclesiástica y, en caso
necesario, a Ia espada de Ia excomunión. Se fundaron seminários y se cuido
que los nuevos sacerdotes se formaran en ei temor de Dios y en rigurosa dis-
ciplina. Se puso orden en ei asunto de los párrocos, en Ia administración de los
sacramentos y en Ia predicación, y también se sometió a cânones Ia actividad
de los frailes. Se reforzaron Ias obligaciones de los obispos, especialmente lá!
inspección dei clero, según los diversos grados de su dignidad. Revistió una
gran importância que los obispos se comprometieron solemnemente a observar
los decretos tridentinos y a someterse ai Papa, mediante una profesión de fe
firmada y jurada.
Pero en modo alguno fué realizado aquel propósito de limitar ei poder
dei Papa que ai comienzo también tuvo cabida en ei Concilio. Por ei contrario,
salió de Ia lucha ampliado y reforzado. Como conservo ei derecho exclusivo
de interpretar Ias resoluciones dei Concilio, en su mano estaba determinar Ias
normas de fe y costumbres. Todos los hilos de Ia disciplina reorganizada se
juntaban en Roma.
La Iglesia católica se dió cuenta de sus liitíitaciones; no se ocupo para
nada de los griegos ni dei Oriente, y repudio ai protestantismo con innumera-
bles anatemas. En ei catolicismo anterior se había guarecido un elemento de
protestantismo que ahora era compelido para siempre. Pero, ai limitarse, se
concentraron Ias fuerzas y todo ei sistema se rehizo.
Solo a través dei entendimiento y ei acuerdo con los príncipes católicos
más importantes se pudo llegar tan lejos. En esta alianza con los principados
descubrimos una de Ias condiciones más importantes de todo ei desarrollo
posterior. Guarda cierta analogia con Ia tendência dei protestantismo a reunir
los derechos principescos y los episcopales. Poço a poço se fué promoviendo
este curso entre los católicos. Pero se comprende que aqui se encerraba Ia posi-
bilidad de nuevas dísensíones, aunque ai princípio nada había que temer.
Una província trás otra acogió los decretos dei Concilio. Precisamente por esto
corresponde a Pio IV una significación histórica universal, pues fué ei primer
Papa que renuncio a sabiendas a Ia tendência de Ia jerarquía a contraponerse
al poderio de los príncipes.
PÍO rv 163
Con ei êxito dei Concilio creyó haber dado fin a Ia obra de su vida. Es
cxtrano que cediera también ia tensión de su ânimo con su clausura. Se creía
nbscrvar que descuidaba ei culto, que comia y bebía muy a gusto, que se com-
•Ucia demasiado en ei fausto de Ia corte, en fiestas magníficas y cn construc-
iKiiics costosas. Los rigoristas senalaron Ia diferencia entre ó\ y su antecesor, y
W quejaron abiertamente. m
Pero no había que temer ninguna repercusión. Se había afirmado en ei
catolicismo una tendência que no era ya posible hacer retroceder ni siquiera
fnntcncr.
Una vez que el espíritu despierta, cs imposible prescribirle el camino.
• d a desviación de Ia regia, aun Ia más insignificante, por parte de aquellos
Cjiu" rienen que encarnaria, provoca los sintomas más alarmantes.
Este espíritu de rigorismo católico fué peligroso inmediatamente hasta para
gl inismo Papa.
En Roma vivia un tal Benedetto Accolti; católico exaltado que hablaba
iempre de un secreto que Dios lc había comunicado y que el iba a revelar,
y, para demostrar que no mentia, caminaria sobre una hoguera ante el pueblo
bnvocado en Ia Piazza Navona.
Su secreto consistia en el conocimiento anticipado de que se iba a producir
k breve plazo una unión entre Ia Iglesia griega y Ia romana y esta Iglesia cató-
|cu unificada sometería a los turcos y a todos los apóstatas; el Papa seria un
iinbre santo, que alcanzaría Ia monarquia universal e impondría sobre Ia tierra
única justicia perfecta. Estas ideas le poseían fanáticamente.
Le parecia que Pio IV, cuya mundanidad se alejaba tanto de su ideal, no
'0 apto para tan magnífica empresa. Y Benedetto Accolti creía estar llamado
ir Dios para libertar a Ia cristiandad de este jefe incapaz.
Se propuso matar por si mismo ai Papa. Encontro un companero a quien
guró ias bendiciones de Dios y los favores dei futuro santo monarca. Un dia
decidieron. El Papa venía en médio de una procesión, ai alcance, sin sospe-
.1 ni defensa alguna.
Accolti, cn lugar de ir sobre él, empezó a temblar y demudó Ia color. El
Uito de un Papa tiene algo que debe impresionar a un católico tan fanático.
Papa pasó por delante sin que nada oeurriera.
Pero otros habían observado a Accolti. El companero, Antônio Canossa,
era un caracter muy consecuente y si ahorà se dejaba convencer para realizar
icción en otra ocasión, luego se sentia en Ia tentación de denunciarse a si
o. No callaron dei todo. Por último, fueron apresados y condenados a
erte. 128
1 ST Paolo Ticpolo: Doppo che questo (ij concilio) hcbbe fine, Jiberato da una grande solle-
KÜrie iattosi fermo e gag/iardo nelTaiiforilà sua, incominciò pin libcranienrc ad operarc conforme
lira inc/inalione e pensicri.- onde /aci/mente si connobbe in Jtii animo piu tosto da príncipe che
Qdctse ío/amente ai farto suo, che di pontefice che avesse rispcflo Ia beneficio e salufe deg/i
l Panvinius observa Io mismo.
lSft Tomo estas noticias, que no pude encontrar en ningún otro lugar, de un manuscrito de
Biblioteca Corsini de Roma, mim. 674, con cl título: Antônio Canossa. Questo c il somniario
mia depositione per /a cual causa io moro, quale si degnerá V. S. mandarc alli miei sri. padre
«dre. Pio murió el 9 de diciembre de 1565.
164 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

V a m o s q u é espíritus se a g í t a b a n en a q u e l l a m o v i d a e t a p a . A p e s a r d e t o d o
Io q u e P i o I V h a b í a h c c h o por Ia r e c o n s t r u c c i ó n d e Ia Iglesia, h u b o m u c h o s a los
q u e e n modo a l g u n o les pareció bastante y abrigaban m u y distintos proyectos.

7 ) Pio V

P e r o los partidários dei rigorismo t u v i e r o n p r o n t o u n êxito i n e s p e r a d o . F u é ele-}


gido u n P a p a ai q u e p o d í a n c o n t a r e n t r e sus filas: P i o V .
N o q u i e r o r e p r o d u c i r Ias noticias m á s o m e n o s ciertas q u e ei libro sobre los
cónclaves y a l g u n o s cronistas d e a q u e l t i e m p o n o s t r a n s m í t e n sobre Ia elcccíón. jj
T e n c m o s u n escrito d e Carlos B o r r o m e o q u e aclara b a s t a n t e . " D e c i d i [y es c i e r t a j
q u e t u v o ei mayor influjo sobre Ia elección] n o p r e o e u p a r m e d e n a d a t a n t o c o m o ,1
d e Ia religión y d e Ia fc. C o m o c o n o c í a Ia p i e d a d , Ia v i d a i r r c p r o c b a b l c y l a j
s a n t i d a d dei e a r d e n a l d e A l e j a n d r í a , creía q u e n a d i e podría regir mejor que>
él Ia república cristiana, y a c o n s e g u i r esto d e d i q u e todo mi e s f u e r / o . " , 2 Ü N o s e '
podia esperar otra cosa d e u n h o m b r e dei s e n t i d o eclesiástico d e C a r l o s Borro-'!
m c o . Fefipe I I , q u e h a b í a sido g a n a d o a favor dei m i s m o e a r d e n a l por su crnba-i
jador, a g r a d e c i ó e x p r e s a m e n t e a B o r r o m e o su participación en Ia elección. 1 '"' Se'
ercín necesitar un hombre cemo ei elegido. L o s p a r t i d á r i o s d e P a u t o JV, q u ô j
h a s t a este m o m e n t o se h a b í a n m a n t e n i d o t r a n q ü i l o s , se Ias p r o m e t i e r o n m u j H
feliees. C o n s e r v a m o s cartas d e ellos. " V e n i d , v e n i d confiados a R o m a — e s c r i t o ]
u n o — sin p e r d i d a d e t i e m p o , p e r o con toda h u m i l d a i : D i o s n o s h a v u e l t o O
tracr a P a u l o I V . "
M i c h e l c Ghislieri — d e s d e ahora P i o V — d e o r i g e n modesto, n a c i d o e n e f l
afio 1504 e n Bosco, n o Icjos d e A l e j a n d r í a , e n t r o a los c u a r e n t a a n o s e n u n corlfl
v e n t o d e d o m i n i c o s . S e e n t r e g o e n c u e r p o y alma a Ia p o b r e z a y Ia p i e d a d m o n a ^ j
cales exigidas por su o r d e n . D e s u s l i m o s n a s n o g u a r d o ni siquicra Io s u f i c i e n t e ]
para hacerse u n m a n t o ; c o n t r a los calores dei v e r a n o aconscjjjha c o m e r p o ç o y
a u n q u e era confesor d e u n g o b e r n a d o r d e M i l á n s i e m p r e c a m i n a b a a p i e y c o f l j
su saco a Ias e s p a l d a s . S i e n s e n a b a , Io h a c í a con p r e c i s i ó n / y b u e n a g a n a ; si tenía' j
q u e g o b e r n a r u n c o n v e n t o c o m o prior, era riguroso y a h o r r a d o r y a m á s d e u n o j
le arregló s u s d e u d a s . El d e s e n v o l v i m i e n t o d e su p e r s o n a l i d a d c o i n c i d e con los
a n o s e n q u e t a m b i é n en Itália Ia d o c t r i n a tradicional l u c h a b a con los brotes d e
p r o t e s t a n t i s m o . S e p u s o dei l a d o d e Ia vieja d o c t r i n a ; d e treinta tesis sostenídas
por él en 1543 en P a r m a , Ia mayoría se refiere a Ia a u t o r i d a d d e i P a p a y g j
o p o n e a Ias n u c v a s o p i n i o n e s . P r o n t o se le e n c o m e n d o u n p u e s t o d e i n q u i s i d o r .
S u gestión a b a r c a b a l o c a l i d a d e s e s p e c i a l m e n t e peligrosas: C o m o y B é r g a m o , 1 8 1 ' !

!-'!' "Clis, Borromcus llcnrico Cli. Infanti Portugalliac Romae d. 26. Fcbr. 1Ç66". Glussiani,
Vita C. Borroroci, p. 62. C. Ripmnonti, Historia mbis Medio/ani, Lib. XII, p. 814.
|;f
" Lo encuentro en un Dispaccio di Soranzo ambre. in Spagna. Non essendo conosciufe le
qua/ifà di S. Si. da .qwcsto Strmo. :c, mentre era in cardina/ato, ií detto commendator (Luigi
Rec/iicsc;is. Coimii. maggiof] sempre (o /aiidrt mo/ío, predicando questo soggeto esser degno dfl
ponliíicato, con il che S. St. si mosse a dargli ordine clic con ogni suo potere Ji desse hvore.
Y con eslo pierde valor Ia historieta que cuenta Oltrocchi en Ias notas a Giussano, p. 219. La
elección tuvo lugar cl 8 de encro de 1566.
1*1 Puolâ lic-polo. Rc/a?ione di Roma in tempo di Pio ÍV et V. In Bergamo Ji fn /evato
per forza dj//e prigioni dei rnonastero di S. Domenico, dove aIJora si so/evano mettere i rei, un
rio v 165
[en Ias que no se podia evitar ei trato con suizos y alemanes; Ia Valtelina, que
GMaha sometida a Graubünden. Dió muestras en esa ocasión de Ia obstinación
• dei valor de un fanático. Algunas veces fué recibido a pedradas a Ia entrada de
I bmo; a menudo, para salvar su vida, se tuvo que guarecer de noche en los
[albergues de los campesinos y hubo que huir como un fugitivo, pero no se dejó
•redrar por ningún peligro. El conde delia Trinita le amenazó con arrojarle a un
Kr/o y contesto que ocurriría Io que Dios quisiera. Estaba tambíén enredado
Ia Iucha de Ias fuerzas religiosas y políticas que agitaban por entonces a íta-
la, Como ei partido por ei que luchó salió victorioso, prospero él también. Fué
Dinbrado comisario de Ia lnquisición cn Roma tf, poço después, Paulo IV decía
ic I ri Michele era un gran servidor de Dios y merecedor de grandes honores:
nombró obispo de Nepi —pues queria sujetarlo para que, cualquier dia, no se
i Itara a Ia tranquilidad dei convento 132 — y en 1557 le hizo cardenal. Ghislieri
lintuvo su rigor en su nueva dignidad y también su pobreza y su sencillez;
i Ia a su eompanero de habitación que tenía que figurarse que vivían en un
ivento. No pensaba sino en sus práctícas piadosas y en Ia lnquisición.
En un hombre de este temple creían ver Borromeo, Felipe II y todo el
ri ido extremista, Ia salvación de Ia Iglesia. Los romanos no estaban quizá tan
ütentos. Pio V se dió cuenta y decía: "Tanto más me cchatán de menm cuarv
muera."
Gomo Papa seguia viviendo con todo cl rigor monacal; no dejó de practicar
fayuno cn toda su amplitud ni se ponía ningún vestido de traza fina; 133 a me-
• 0 decía misa y todos los dias Ia oía; pero cuidaba que sus prácticas religiosas
le distrajeran demasiado de los negócios públicos; no hacía siesta y se levan-
• muy temprano. Si dudáramos de Ia profundidad de su rigor religioso ten-
• m o s una prueba en el hecho de que no creía que el Papado favorecia su
J.KI, ni le ayudaba en nada a Ia salvación de su alma y a alcanzar Ia gloria dei
MÍso. Pensaba que sin el auxilio de Ia oración no hubiera podido sobrellevar
carga. Saborcó hasta el fin de sus dias )a dicha de una piedad ferviente, única
[a que era capaz, piedad que a menudo se deshacía en lágrimas y le dejaba Ia
Ihvicción de haber sido escuchado. El pueblo se arrebataba ai verlo en Ia proce-
Sn descalzo y descubierto, con Ia expresión pura de una piedad sincera, con sus
Brgis barbas blancas como Ia nieve; no rccordaban jamás que hubiera habido
in Papa tan piadoso y contaban que su solo aspecto nabía convertido protestan-
te Iira también bondadoso y campechano ytrataba a sus viejos servidores con
nayor confianza. Y cuando aquel conde delia Trinita se le presentó como
ujador, le dirigió, ai reconocerle, estas hermosas palabras: "Mira como Dios
ila ai inocente", y no le guardo ningún rencor. Era caritativo y tenía una lista
ns menesterosos de Roma a los que hacía socorrer según su condición social.
i|i,i/c herético, nominato Giorgio Mondaga [otro nombre para el índice de los protestantes
(un gr.in per/colo suo e de'l>ati. Nel/o medesima città poi travagfiò assai per /orrnare
•«cesso contra i/ vescovo aliora di Bergamo.
IAS Catcna, Vila di Pio V, obra de Ia cual liemos tomado Ia mayor parte de Ias informaeio-
t.nnbién contiene aquélla. Pio V mismo Ia reficre a los embajadores venecianos. Mich.
|rimio, Pablo Ticpôlo, sepiín óstos cuentan, cl 2 de octuore de 1568.
Inn Catcna. Tiepolo: Ne mai ha iascialo /a camisia di rassa, che come frafe incominciô di
Itlire. Fa le oralioni diVotissimamenle et aJcune volte coJJe íacrime.
166 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Caracteres de este tipo son humildes, abnegados e infantiles, pero si se les


irrita y ofende se provoca en ellos una cólera violenta e implacable. Corisideran
como ei más alto deber suyo Ia realización de sus ideas y ei desacato les indigna
y subleva.
Pio V sabia muy bicn que había caminado siempre en linea recta. Esta
rectitud lc había llevado hasta el Papado y le llenaba de una confianza en si
mismo que le colocaba por encima de cualquier consideración.
Era cxtremadamente obstinado en sus opiniones. Se veia que ni Ias me-
jores razoncs le podían hacer desistir. La contradicción le encolerizaba facil-
mente, encendía su rostro y le hacía proferir Ias expresiones más violentas. 184,
Como entendia poço de los asuntos dei mundo y dei Estado y se dejaba impre+l
sionar más bien por cosas accesorias, rcsultaba difícil entenderse con él.
En Ias relaciones pcrsonales no se dejaba llevar por Ia primera imprcsión,'
pero si formaba una vez una opinión, buena o mala, de alguien, ya nada leí
liaria cambiar.1311 En todo caso, antes creería en un cambio para mal que para bien,]
porque Ia mayoría de los hombres le era sospechosa.
Sc observo que nunca aminoraba Ias penas a los criminales, antes ai con-
trario, hubiera descado por Io general que fueran más duras. •
No le basto con que Ia Inquisición castigara los crímenes rccicntcs, sino quef
incito a Ia indagación de crímenes viejos en diez y veinte anos.
Si en una localidad se habían aplicado poços castigos, no por eso Ia consi-
deraba como pura, pues Io atribuía ai abandono de Ias autoridades.
Podemos ver con qué rigor vigiló Ia disciplina eclesiástica. "Prohibimos —dice'
en una de sus bulas— que cualquier médico que asista a un enfermo postnvj
do en Ia cama, Io visite más de três dias seguidos si no recibe un certificado do*
que el enfermo ha confesado sus pecados." , s o En otra bula establece sancione*
por Ia profanación dei domingo y por sacrilégio. Para Ias gentes de rango Ias penil
son pecuniárias. "Pero un hombre ordinário, que no puede cagar, Ia primí r i
vez será expuesto un dia dclante de Ias puertas de Ia iglesia, con Ias manos atada»
a Ia espalda; Ia segunda, será azotado a través d e l a s calles; Ia tercera, se le tala-'
drará Ia lengua y será enviado a galeras."
Este cs cl estilo general de sus disposiciones y muchas veces hubo de adver-
tírselc que no trataba con ángclcs sino con hombres. 137
No le contienen consideraciones, ahora tan necesarias, con Ias potenci;
seculares; Ia bula In Cocna Domini, de Ia que se quejaron desde el primer m «
mento los príncipes, no solo Ia volvió a publicar sirio que Ia reforzó con nueve
134 Jntormationc di Pio V (Bibli. Ambrosiana, Milano F. D. 181). La S. Sà. naturalmen
c gioviale e piacevofe, se ben per accidente pare di aJtra dispositione, c di qui viene che voJon
tícri onestamenfe r.igiona con Mr. CirilJo suo maestro di casa, il quale con le sue piaccvo/c/.
essendor htioino dextro et accorto diJetfa S. Beatitudine e sempre proíitta a se sfesso et altri.
13.> Infonn.ifione di Pio V. E piu dificultoso di íasciar in cattiva impressione che ia buoiu,
e massimaiiiciifc di quede persone clic non ha in pratica.
1W Supra gregem doiniiiicimi. Buli. iv, li, p. 281.
137 En Ias Inrbrniatioiii po/itiche, xn, se encuentra, por cjemplo, una "Epístola a N. !•
Pio V nella quale si esorta S. S. tolera rcgli Ebrei c le cortcggiane", de un cierto Bcrtano. I.ot
Caporioni rogaron ai Papa Ia última tolerância. El Papa contesto que preferia abandonar Roma
a hacer Ia vista gorda.
pio v 167
implementos. En ellos parecia negar a los gobiernos ei derecho a establecer nue-
vos tributos sobre los bienes de Ia Iglesia.
Se comprende que estas intervenciones violentas fueran seguidas de sus
naturales consecuencias. No solo que nunca se pudiera dar satisfacción a Io que
un hombre de semejante rigor pedia ai mundo, sino que también se le ofreció
una resistência deliberada y se origino gran descontento. Tan devoto como era
1'Vlipe II, una vez tuvo que recordar ai Papa que no tratara de probar Io que es
Ciipaz de hacer un príncipe puesto fuera de si.
Esto Io resentía e] Papa hondamente. Mucbas veces se sentia desgraciado
[fciijo Ia tiara. Decia que estaba cansado de vivir y que, como procedia sin consi-
ili i.i< ión de personas, se había granjeado muchos enemigos y no experimentaba
m.is que disgustos y persecuciones desde que era Papa.
Pero sea como quiera, y aunque Pio V no podia, como ningún otro hombre,
l a r satisfacción a todos, Io cierto es que su condueta y su manera de sentir ejer-
Mrron un influjo incalculable en sus contemporâneos y en ei desarrollo de Ia
Iglesia. Después de que habían ocurrido tantas cosas por ei propósito de provocar
• n a orientación religiosa más exigente, después que hubieron sido tomadas
Rntns resoluciones para que esa orientación llegara a imperar, era menester un
ipa como este para que tal movimiento religioso pudiera no solo ser anunciado
todos sino también llevado a Ia práctica. Su ceio, Io mismo que su ejemplo,
Icron en este sentido extraordinariamente eficaces.
Por fin se vió que Ia tan cacareada reforma de Ia corte tomaba cuerpo,
Unquc no fuese en Ia forma proyectada. Se redujeron extraordinariamente los
Istos dei presupuesto dei Papa; Pio V necesitaba poço para él y a menudo solía
Dcir que quien quiere gobernar tiene que empezar por si mismo. Sus servidores
Uf, según él creía, le habían sido fieles toda su vida por pura afición y no por
Iperanza de recompensa, fueron atendidos por él sin excesiva generosidad y sus
imiliares desatendidos como por ningún Papa. Doto modestamente a su sobrino
bnclli, a quien había hecho cardenal unicamente porque se le había dicho que
ru necesario para mantener una relación mejor con los príncipes, y cuando una
ti. Ronelli llamó a su padre a Roma, obligó ei Papa a este a que abandonara
\ ciudad en Ia misma hora y noche de su llegada; no quiso que ei resto de sus
Imiliares pasara dei nivel de Ia clase media y jay de quien tuviera algún tro-
Iczo, así no fuera más que una mentira! N o habría obtenido su perdón y seria
lejado por él. Se estaba bien lejos de aquel nepotismo que durante siglos repre-
|litó un papel tan importante en Ia historia de los Papas. Mediante una bula
foliibió Pio V en Io futuro cualquier dotación con no importa qué posesión de Ia
llcsia y bajo no importa qué título o excusa; amenazaba con ei destierro a quien
I ptreviera tan solo con ei consejo, e hizo que todos los cardenales suscribieran
lia prohibición. 138 Persiguió con ceio los abusos y se obtuvieron de él poças
llprnsas y menos composiciones; a menudo limito ias indulgências concedidas
br los antecesores. Ordeno a su auditor general ei procesamiento de todos los
fluibipos que no residieran en sus diócesis y que se presentasen propuestas para

L I.W Pfohibitio a/ienandi et infeudandi civitates et loca S. R. E. Admonet nos: 1567 29 Mart.
168 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

Ia dcposición de los desobedientes. 139 Bajo severas penas, mando a todos los
párrocos que se mantuvieran en sus iglesias parroquiales y que se oéuparan dei I
culto, y revocó Ias dispensas que en este sentido hubieran recibido. 140 También
trato de restablecer ei orden en los conventos. Por un lado les confirmo Ias exen-
ciones de impuestos y otras cargas, como, por ejemplo, Ia de alojamiento militar; !
no queria que se les perturbara en su tranquilidad, pero prohibió a los frailes !
confesar sin ei permiso y ei examen dei ordinário y, con cada nuevo obispo, debían
repetir ei examen. 141 Ordeno rigurosa clausura, también para Ias monjas. N o
siempre recibió alabanzas por ello. Se elevo Ia queja de que imponía regias más
rigurosas que aquellas a Ias que uno se había comprometido; algunos se desespe-
raron y otros huyeron. 142
Estas medidas Ias puso en ejecución por primera vez en Roma y en ei Estado ,
pontifício. Obligó a Ias autoridades eclesiásticas y civiles a Ia ejecución de sus '
disposiciones eclesiásticas.143 Él mismo procuro que Ia administración de justicia [
fuera rigurosa e imparcial. 144 No se contento con advertir a los magistrados en ]
particular, sino que celebraba una audiência pública con los cardenales cada ;
último miércoles de mes, en Ia que todo ei mundo podia presentar sus quejas j
contra los tribunales. Por Io demás, era incansable en tener audiências. Desde J
muv de manana se sentaba en su silla y recibía a todo ei mundo. De hecho, este j
ceio trajo consigo una reforma total de Ias maneras romanas. "En Roma —dice,'
Pablo Tiépolo— Ias cosas marchan ahora de otra manera. Los hombres se hana
hecho mucho mejores, o Io parecen por Io menos."
Poço más o menos ocurrió algo parecido en toda Itália. Por todas partes
coincidió Ia publicación de los decretos dei concilio con ei reforzamiento de fl
disciplina eclesiástica y se presto ai Papa una obediência como ninguno de suM
antecesores había disfrutado.
El duque Cósimo de Florencia no tuvo reparo alguno en entregado los
acusados por Ia Inquisición. Carnesecchi, uno de los literatos aue habían parti-
cipado en los primeros movimientos dei protestantismo en Itália, había sal ido
bien hasta entonces, pero ya no le valieron su prestigio personal, Ia reputación ]
de su família ni los vínculos con Ia casa reinante y, atado, fué puesto en manos de
Ia Inquisición romana para ser quemado vivo. 145 Cósimo se hallaba totalmente,
entregado ai Papa. Le apoyó en todas sus empresas y accedió a todas sus recla-ví
maciones eclesiásticas. En recompensa, ei Papa se sentia movido a nombrarle
gran duque de Toscana y a coronarle con este rango. Eja más que dudoso cl
" 9 Cuin nuas: 1566 10 funii Buli., iv, II, 303. /
140 Cupicntcs: 1568 8 Julii. Ib., iv, m, 24.
H l Romani: 1571 6 Aug. Ib., iv, m, 177.
142 Ticpolo: Spesse voílc nel dar rimedio a quclche disordine incorre in un'a/fro maggio
procedendo niassimainente per via degli estrcmi.
143 Buli. iv, in, 284.
14 i fnforniafionc de//e qualitá di Pio V e del/e cose che da quelíe dependono. (Bibl. de
lín). N'el conferire le gratie iion si cuia deííe circonsranze, secondo che a//e voltre sarebbe neces!
per qufl|sivpg/w rispelto considerabi/c, nè a requisition d'a)cuno Ja giustiíia si lia punlo alter;
ancora che sií senza dar scandalo e con csempio d'alrri ponte ficipofesse /are. Soriano encuentra •
no otorga ninguna gracia sin advertências: ii che mi parse próprio ií sfi/o de'coníessori, che fan
una gr.ui riprensione a/ penitente, quando sono per assoíverío.
145 1567. Cantini, Vita di Cósimo, p. 4Í8.
PÍO V 169
(trecho de Ia Santa Sede para una medida semejante; Ias costumbres dei príncipe
Kl .mdalizaban con razón, pero Ia sumisión a Ia Santa Sede demostrada por
, "Mino y Ias rigurosas instituciones eclesiásticas que introdujo en ei país, pare-
,ii i"ii ai Papa un mérito superior a todos.
Los viejos enemigos de los Médicis, los Famesio, competían con ellos en
p»u dirección, y también Octavio Farnesio ponía todo su honor en dar cumpli-
• nio, a Ia menor senal, a Ias ordenes dei Papa.
Con los venecianos sus relaciones no eran tan buenas. No eran tan enemi-
><. de los turcos, ni tan indulgentes con los conventos, ni tan bien dispuestos con
Inquisición como él deseaba. Pero se guardo muy bien de romper con ellos.
I parecia "que Ia República estaba fundada sobre Ia fe y se había mantenido
tmpre católica y era Ia única que se había conservado libre de Ia inundación
| los bárbaros. El honor de Itália descansa sobre cila"; y declaro que Ia amaba.
•mbién es verdad que los venecianos hicicron por él más que por ningún otro
|pu. De otro modo nunca hubicran procedido, en Ia forma que Io hicieron,
ii i I pobre Guido Zanctti de Fano, quien, habiendo sido sometido a pes-
n i por virtud de sus opiniones religiosas y huído a Parma, fué entregado
ír ellos ai Papa. Pusieron bastante orden en ei clero de Ia ciudad, que desde
leia tiempo no se preocupaba demasiado de los cânones eclesiásticos. Tierra
Icntro, Ia Iglesia de Verona fué reorganizada de Ia mejor mancra por Mattco
jiberti. Con su ejemplo ha querido mostrar como debe vivir un verdadero
Mspo11" y sus disposiciones han servido de modelo a todo ei mundo católico,
arque ei concilio tridentino Ias acogió una trás otra. Carlos Borromeo mando
|ntar su retrato para tener siempre presente su proceder.
i Pero Ia influencia dei mismo Carlos Borromeo fué todavia mayor. Con
Rins Ias dignidades y cargos que poseía —entre otras cosas era penitenciário
liivor—, y a Ia cabeza de los cardenales, donde le había colocado su tio, pudo
|brr logrado en Roma una posición brillantísima. Pero renuncio a todo,
kn objeto de dedicarse a sus funciones eclesiásticas en cl arzobispado de
lilán. Se entrego a ellas con verdadera pasión. Viajaba continuamente por
| diócesis y ninguna localidad había donde no htibiera estado dos o três
|»TS; se desplazó a Ias montaflas más altas y a los valles más apartados. Gene-
llimnte, le había precedido un visitador y él llegaba ya con su informe; Io
lipeccionaba todo con sus propios ojos y fijaba los correctivos e implantaba
M mejoras.147 De igual modo dirigió ai clero y se celebraron seis concilios pro-
llicialcs bajo su presidência. Además, era incansable en sus deberes sacerdo-
llis. Prcdicaba y decía misa y, durante dias enteros, daba Ia comunión, orde-
iiln sacerdotes, asistía a Ia toma de hábito de Ias monjas y consagraba
(trtivs. La consagración de un altar exigia una ceremonia de ocho horas y se
ucntan 300 consagraciones. Muchas de sus intervenciones se refieren a Io
xinior, especialmente restauración de edifícios, unificación dei rito, exposi-

'•* "Pctri Francisci Zini, bom pastoris cxcmplum ac specimen singulare ex Jo. Matthaeo
ciln cpiwopo expresstim atque propositum". Escrito en 1556 y destinado, ai principio, a Ingla-
|fti Opera C/bcrti, p. 252.
117 G/us.rânm de vita et rcbns gestis S. Carofi Borromaei Mcdioí., p. 112. habla muy deta-
Oincnlc sobre cl r/tns visitationis v todas Ias demás cosas.
L
170 ° S PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

ción y adoración dei santo sacramento. Pero Io principal es Ia rigurosa disci-


plina a que sujetó ai clero y con Ia que a este se sometieron a su vèz Ias pobla-
ciones. Conocía muy bien los médios para hacer cumplir sus ordenes. En los
domínios suizos visitaba los sitios venerados, repartia regalos entre ei pueblo
y sentaba a su mesa a Ias personas de viso. Pero también sabia componérselas
con los que se le resistían. El pueblo de Valcamonica le espero para que le
diera su bendición. Pero como hacía tiempo que no pagaba los diezmos pasó
de largo sin mover ei brazo ni mirar a nadie. La gente quedo impresionada y
se avino a cumplir con ei viejo deber. 148 A veces tropezó con una resistência
más obstinada y enconada. Como quíso reformar Ia orden de los humíííados,
enojo en tal forma a los miembros, que habían entrado en ella para disfrutar
de sus riquezas en una vida sin compromiso, 149 que trataron de asesinarle.
Pero nada le fué más provechoso que este atentado. El pueblo creyó ver uri
milagro en su salvación y empezó desde este momento a adorarle. Como su ceio
era puro, constante y no estaba enturbiado por fines terrenos, y como en Ia
hora dei peligro, en los dias de Ia peste, mostro un cuidado incansable por
Ia salud dei cuerpo y dei alma de sus diocesanos, como no respiraba sino
abnegación y piedad, creció su influjo de dia en dia y Ia ciudad de Milán
cobro un aspecto nuevo, "Como íendré que alabarte, beDísJroa ciudad —exda-
maba Gabriel Paleotto ai término de Ia gestión de Borromeo— admiro tu
santidad y religión; veo en ti una segunda Jerusalén." A pesar de toda Ia
mundanidad de Ia aristocracia milanesa, tales alabanzas entusiastas no pueden
dejar de tener algún fundamento. El duque de Saboya felicito solemnemente
ai arzobispo por ei êxito de sus esfuerzos. Trato de asegurar sus medidas
para ei futuro. Una congregación se ocuparia de mantener Ia uniformidad
dei rito; y una orden especial —Ia de los oblatos, formada de clérigos regula-
res— se comprometió ai servido dei arzobispo y de su Iglesia; los bamabitas
recibieron nuevas regias y se ocuparon desde entonces, primero en Milán y
después en todos los lugares donde se íntrodujeron, en auxiliar a los obíspos
en su cura de almas. 150 Instituciones que recuerdan, o repiten en pequeno, Ias
romanas. También se fundo un Colégio suizo para Ia restauración dei catoli-
cismo en Suiza, como había un Colégio germânico en Roma para Alemania.
Con esto ei prestigio dei Papa no hacía sino aumentar. Borromeo, que recibió
un breve papal con Ia cabeza descubierta, implanto ia misma sumisión para
su Iglesia.

Mientras tanto Pio V ganaba en Nápoles una / influencia extraordinária.


En ei primer dia de su pontificado había llamado a si a Tomaso Orsino da
Foligno, para encomendarle Ia visita reformadora de Ias iglesias romanas. Una
vez terminada, le nombró obispo de Strongoli y le envio con Ia misma misión

n » Ripamontf, Historia urbis Medio/ani, en Graevius, n, i, p. Ç64. Por Io demás, toda Ia


segunda parte de Ia historia de Ripaniontc está dedicada a Carlos Borromeo (lib. XI-XVII).
14» Poseían juntos noventa y cnatro casas de Ias cualcs cada una hubicra podido alimentar a'
cien hombres, pero tenian tan poços inienibros que a cada dos les tocaba una casa. La orden fué
disuclta y sus riquezas luego beneficiaron a Ias fundaciones de Borromeo y también a los jesuítas.
150 Ripaniontc, p. 857, da los nombres de los primeros fundadores, que son: Bcccaria, Ferra-
ria y Morigia. Giussano, p. 442, indica los nombres ordinários.
pio v 171
ti Nápoles. Seguido de este pueblo tan devoto, llevó a cabo Orsino su visita
en Ia capital y en una gran parte dei reino. Es verdad que ni en Nápoles ni en
I Milán lc faltaron ai Papa altercados con Ias autoridades reales. El rey se quejó
, lie Ia bula In Coena Domini y ei Papa nada queria saber dei exequatur; para
Iqucl Ias autoridades eclesiásticas hacían demasiado; para este Ias autoridades
MUIIS demasiado poço y, constantemente, liubo friceiones entre ei virrey y el
l i r / o bispo. En Ia corte de Madrid, como dijimos, muchas veces habia disgusto
y el confesor dei rey se quejaba abiertamente. Ambas potestades atribuían Ia
fcâyor culpa a los funcionários y consejeros de Ia otra. Pero no se produjo
lingún rompimiento. PersonaJmente guardaron relaciones de confianza. Una
viv, que aquejó una enfermedad a Felipe II, Pio V elevo sus manos ai cielo
y togo a Dios que librara ai rey de ]a enfermedad; rogo ai Senor que le quitara
finos anos para cederlos ai rey, cuya vida era más importante.
Espana fué regida completamente en el sentido de Ia restauración ecle-
•lústica. El rey dudó un momento si acogería Ias resoluciones tridentinas sin
más y, por Io menos, hubiera limitado a gusto el poder dei Papa para conceder
•ispensas en contradieción con aquéllas, pero el caracter religioso de su mo-
•urqiiia se oponía a cualquier intento de esta clase y se daba cuenta que tenía
IK' evitar aun Ia apariencia de cualquier diferencia seria con Ia Sede apostó-
K ca si queria estar seguro de Ia sumisión de sus súbditos. Los decretos dei
•oncilio fueron anunciados por doquier y se dió cumplimiento a sus disposi-
•niies. Prevaleció Ia dirección dogmática más rigurosa. Carranza, arzobispo
•c Toledo, primado dèl país, que habia sido miembro dei concilio de Trento
y que, con Poole, era el que más habia trabajado por Ia restauración dei cato-
IcUmo en Inglaterra bajo Ia reina Maria, no pudo sustraerse a Ia Inquisición
• pesar de sus títulos. "No me he propuesto otra cosa —decía— que combatir
WÊ hercjía, y Dios me ha ayudado en esta tarea. Yo mismo he convertido a
•unos extraviados; he mandado desenterrar los cuerpos de algunos principales
fcrrjeí y hs he mandado quemar; católicos y protestantes me Jian proclamado
•riincr defensor de Ia fe." Pero esta protesta, tan indudablemcnte católica, no
i r valió contra Ia Inquisición. Se encontraron en sus obras dieciséis tesis en Ias
• l i e parecia aproximarse a Ias opiniones de los protestantes, sobre todo por
•> que se reficre ai problema de Ia justificación. Luego de haber sido mantenido
lurgo tiempo cncarcelado en Espana y torturado con Ias vicisitudes dei proceso,
luc 1'nnducido 11 Roma, Io que le pareció una gran fortuna, pues así era arre
•atado a Ias manos de sus enemigos; pero tampoco aqui pudo evitar el juicio
Bondenatorio.11*1
Si esto sucedió con un hombre tan relevante y en un caso tan dudoso,
Utl comprenderá que poço inclinada estaria Ia Inquisición a tolerar disidencias
Inncgablcs en personas de más o menos, Io que no fué dei todo raro en Espa-
íln. El rigor extremado con que se hahían estado persiguiendo Ias opiniones
mídüizantes y mahometanas, se volvió ahora contra los protestantes, y los
•li los de fe se sucedieron unos a otros, hasta que ya no quedo ninguna simiente
L l l l Llorcnte dedico a este suceso três largos capítulos de su historia de Ia Inquisición. Hisfoirc
M> /'inijnisílion, ni, 183-315.
172 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

viva. A partir dei ano 1570, no vemos casi más que extranjeros juzgados a
causa de protestantismo por Ia Inquisición. 152
En Espana ei Gobíemo no favorecíó a los jesuítas. Se decía que Ia mayo-
ría era judeo-cristiana, y no de pura sangre espanola o eompuesta de cristianos
viejos, y se le atribuía Ia idca de vengarse algún dia de todo ei mal trato que
estaba recibiendo. Por ei contrario, en Portugal llegaron muy pronto los miem-
bros de Ia orden a gozar de un poder casi ilimitado, y gobernaron ei país en
nombre dei rey Sebastián. Como también en Roma, bajo ei Papado de Pio V,
gozaban de crédito, utilizaron Ia autoridad de que disfrutaban en cada país a
tenor de Ias inspiraciones de Ia cúria.
Y de este modo Pio V dominó en Ias dos penínsulas como nunca había
dominado ningún antecesor suyo; por todas partes entraron en vigor Ias dispo-
sicioncs de Trcnto; todos los obispos juraron Ia Professio fidei, que contenía
un resumen de los princípios dogmáticos dcl Concilio; ei Papa Pio V dió a
conocer ei catecismo romano, en ei que se desarrollaban aquéllos; anulo todos
los breviarios que no emanaran expresainente de Ia Santa Sede o tuvieran una"''
tradición de doscientos anos, y dió a conocer otro nucvo, concebido según Joí"
más viejos breviarios de Ias iglesias de Roma y deseando que se extendiera poíl
todas partes; 153 tampoco olvido Ia publicación para uso general de un misai
nucvo "según Ia norma y ei rito de los Santos Padres"; 104 los seminários se lleh»*|
ron, los conventos fueron reformados de verdad y Ia Inquisición velaba con rigofl
implacable por Ia unidad e intangibilidad de Ia fe.
Esta misma política es Ia que establece una estrecha relación entre todos ct-j
tos países y Estados. Mucho contribuyó en ello que Francia, entregada a Ia guej
rra civil, desístíera de sus víejas diferencias con Espana o no Ias hiciera valer conj
Ia misma fuerza. Los distúrbios franceses tuvieron también otros efectos. D *
los acontecimientos de una época emergen siempre unas cuantas conviecione»
políticas generalcs que Uegan a dominar prácticamente ei mundo. Los prín^
cipes católicos tenían ei convencimiento de que un Estado se malbarata desdi
ei momento en que permite câmbios en Ias ideas relígipsas. Si Pio IV había
dicíio que Ia Iglesia no se podia soscener sin los príncipes, ahora eran los prín<]
cipes los convencidos de que su inteligência con Ia Iglesia era también de necafl
sidad. Sin césar les predicaba esto Pio V. Y de hecho vió como este m u n d a
cristiano meridional se agrupaba alrededor de él para una empresa común.
El poder turco seguia prosperando cada vez más; .dominaba ei MedilB
rráneo y sus ataques a Malta y luego a Chipre mostraban cuán seriamentí|
pensaba en una conquista de esas islãs, hasta entonces invictas; desde Hungria
y Grécia amenazaba a Itália. Pio V consiguió que los príncipes católicos sd
dieran cuenta dei peligro y, con ocasión dei ataque a Chipre, le asaltó Ia idca
de trabajar por una alianza que fué propuesta por él a los venecianos, por un
lado, y a los espanoles, por otro. "Cuando recibí autorización para entrar cn

152 M'Cric, líistory oi the progress and suppresion of the reformafion in Spain, p. 336.
1.13 Rcjnotís iis quac aíiena et incerta essent. Quoniam nobis: 9 /ulii 1568.
1M CoJ/atis omnibus ciim vefustissimis nostrac. Vaticanac bibliothecae aliisque undique con-
•juisitis emendatis afgue incorruptis codicibus.
pio v 173
ncgociaciones y se Ia comunique a él —nos dice ei embajador veneciano— le-
vanto sus manos ai cielo, dió gracias a Dios y prometió dedicar todo su espíritu
y Iodos sus pensamientos a esta empresa." lr ' : ' Le costo mucho trabajo allanar íos
.obstáculos que se oponían a una unión de Ias dos potências marítimas; Ias res-
liintcs fuerzas de Itália Ias atrajo en seguida y él mismo, que no tenía dinero,
mi barcos, ni armas, encontro médios para enviar galeras pontifícias a Ia flota
liliada; tuvo parte en Ia elección dei almirante, don Juan de Áustria, cuya scd
de gloria y picdad supo inflamar ai mismo ticmpo. Y, así, tuvo lugar en Lepanto
lu batalla más dicbosa que han conocido los cristianos. El Papa estaba tan ab-
•orto por esta empresa que, ei dia de Ia batalla, le pareció contemplar Ia victoria
ni una espécie de arrebato. Conseguida esta, le creció Ia confianza en si mis-
iini y se atrevió con proyectos mayores. En unos cuantos anos esperaba poder
•ciliar completamente con cl poderio de los turcos.
Pero no sóío medió en empresas tan gloriosas. Su religiosidad era tan ex-
icliisivista y despótica que distinguió con su ódio más violento a los cristianos
B r olra confesión. jQué contradieción que Ia religión de Ia inocência y de Ia
Buinildad persiga a Ia verdadera picdad! Pio V, educado cn Ia ínquisición,
•Cgado a madurez con sus ideas, no encontraba contradieción en ello. Si trato
• J extirpar con ceio infatigablc los restos de disidencia que todavia podían
HcmUrarse en los países católicos, persiguió también con enconado ahinco
los protestantes ya emancipados o que todavia se encontraban cn lucha. No
tl«» ayudó con una pequena fucrza a los católicos franceses, sino que, ai cau-
IIIo que los mandaba, ei conde Santafiore, le hizo Ia indicación extraordina-
I de "no coger ningún hugonote prisioneio y matai «imediatamente a todo
que cayera cn sus manos". ir '° Guando estallan los distúrbios en los Países
(jos, Felipe II duda de como tratar a Ias províncias y ei Papa le aconseja Ia
•rrvención armada. Su razón era que, cuando se negocia sin ei apoyo de
II armas, se reciben leyes, pero, con ias armas en Ia mano, se prescriben. Apro-
i Ias medidas sanguinárias dei duque de Alba y bendijo su sombrero y su
kgn. No se puede demostrar que conociera los preparativos de Ia noche de
mi Uurtolomé, pero ha cometido acciones que no permiten dudar que él hubie-
I nprobado Ia matanza, Io mismo que su sucesor.
jQué mezcla más sorprendente d e sencillez, arrogância, rigor personal,
•negación religiosa y áspera exclusividad, .de ódio violento y persecución
tlt^iicnta)
Con este ânimo vivió y murió Pio V . 1 " Viendo venir Ia muerte, visito
tini vez más Ias siete iglesias "para despedirse —como él decía— de tan santos
Ignres"; besó três veces los últimos escalones de Ia Scala Santa. LIna vez había
fiunetido emplear para una empresa contra Inglaterra los bienes de Ia Igle-

"15 Soriano: Haviita Ia riso/uíione —andai súbito alia audienza, benche cia di noite ei 1'hora
BOimoda et S. Si. travagliata per Ji accidenti seguifi que? giorno per )a coronatione dei diica di
Inrrn/a ed ií protesto deJi'ambasciatore Cesareo: (contra) e coiimiunicato ia commissione ciic
IWvu, S. Sa. si aiíegrò tutta.
i 160 Catena, Vita di Pio V, p. 35. Pio si doíse dei conte che non havesse il conun-
lUiriito di lui osservato d'ammazzar súbito qiialunquc herético gli fosse venuto alie niani.
F IS7 Murió ei 1' de mayo de J 572.
174 LOS PAPAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

sia, cálices y cruces inclusive, y, además, ir en persona a dirigiria. Se le pre-


sentaron unos católicos arrojados de Inglaterra y dijo que deseaba d,ar su sangre
por ellos. Sobre todo hablaba de Ia Liga, para cuya feliz continuación dejó todo
preparado, y para ella fué también su última limosna.158 Los espírirus de sus
empresas le acompanaron hasta ei último momento. No dudaba de su prose-
cución feliz y creía que, en caso necesario, Dios haría surgir de Ias piedras ei
hombre que híciera falta.
Su perdida se sintió más de Io que él mismo se había figurado, y ahora
que estaba constituída una unidad, se contaba con una fuerza cuyos impulsos
interiores debían proseguir ei camino emprendido.

138 ínrormatione de.Tir./ermiÜ di Pio V. Havendo in w i Jtania in una casietrma 1? m. se.


per donare e /are eicmosine di sua mano, due giomi avanli sua morte fece chiamare ií depositaria
de/ía cameia e Jevafii, dicendo che sarieno boni per /a iega.
LIBRO CUARTO

ESTADO Y CORTE
.. A E P O C A D E G R E G O R I O X I I I Y D E S I X T O V

Con fuerzas rejuvenecidas y agrupadas de nuevo, ei catolicismo se enfrenta


ai mundo protestante. Si queremos comparar los dos mundos, Ia ventaja grande
dei catolicismo reside en que cuenta con un centro, con una cabeza que puede
dirigir sus movimientos en todas direcciones. El Papa no solo logro reunir Ias
fuerzas de todas Ias potências católicas para una empresa común, sino que con-
taba además con un Estado piopio, }o bastante fuerte para poder contribuir a
cila con algo esencial.
El Estado pontifício se nos presenta ahora con una significación nueva.
Había ido estableciéndose a medida que los Papas trataron de asentar su
Estado con Ia pretensión de procurar ei rango principesco a sus famílias o de
crearse para si mismos un prestigio entre Ias potências dei mundo, especial-
mente entre los Estados italianos. Pero ni una cosa ni otra había sido conseguida
por ellos en Ia medida deseada, y ahora se había hecho imposible para siempre
reanudar estos esfuerzos. Una ley pontificia prohibió Ia enajenación de Ias pc-
•esiones eclesiásticas y los espafioles eran demasiado poderosos en Itália para
poder competir con eilos. Pero contra esto tenemos que ei Estado se había con-
vertido en un apoyo dei poder espiritual. Con los médios financieros que ofre-
cln fué importante para ei desarrollo general. Antes de proseguir debemos de
txaminar un poço ai detalle su administración, tal y como se fué formando
poço a poço en ei transcurso dei siglo xvi.

I. A D M I N I S T R A C I Ó N D E L E S T A D O P O N T I F Í C I O
Los Papas habían recibido una región bien situada y rica.
La "relaciones" dei siglo xvi no encuentran palabras bastantes para ensal-
/11 Ia fertilidad de Ia región. Los hermosos valles que rodean a Bolonia, por toda
176 ESTADO Y CORTE

ia Romana hasta ia Apeninos, regalan su grada y su fertilidad. "Viajábamos —di-


cen los embajadores venecianos de 1522— de Macerata a Tolentino por Ia comar-
ca más bella; colinas y valles llenos de trigo y no otra cosa se veia en treinta
millas a Ia redonda y no encontramos ni un palmo de tierra que no estuviera
labrado; parece imposible recolectar tanto grano y no digamos utilizado." La
Romana producía anualmente 40,000 stara de granos más de Io que necesitaba.
Había una gran demanda con Ia que se abastecia Ia región montaiiosa de Ur-
bino, Toscana y Bolonia y 35,000 stara tomaban todavia ei camino dei mar.
Mientras que de Ia Romana y de Ia Marca se abastecia a Venecia, 1 desde
Viterbo y ei Patrimônio eran abastecidos, en ei otro mar, Gênova generalmen-
te y a veces Nápoles. En una de sus bulas dei afio 1566, ensalzaba Pio V Ia
gracia divina que ha hecho que Roma, que en otros tiempos no podia subsistir
sin importar trigo, no solo tiene ahora de sobra, sino que está en condiciones
de exportar a los países veeinos y a los extranjeros, en Ia tierra y en ei mar. 2 Se
calcula Ia exportación de trigo dei Estado pontifício en ei ano de 1589 en un
valor anual de 500,000 escudos.3 Algunas localidades eran famosas por produc-
tos espccialcs: Peru fia por cl cánamo, Facnza por ei lino, Viterbo por ambos, 4 !
Cescna por un vino que pasaba Ia mar, Rímini por ei aceite, Bolonia por sus
venados, y Ias vides de Montefiascone eran conocidas en todo ei mundo. En
Ia Campana existia una clase de caballo no muy inferior ai napolitano, y haciai
Nettuno y Terrafina había Ia más hermosa caza, a veces de jabalí. No faltabaní
los lagos ricos en pesca y se contaba con salinas, minas de alumbre y canteraa
de mármol. Todo Io descable para Ia vida parecia darse en abundância.

Tampoco se estaba apartado dei comercio dei mundo. Ancona conocía


un comercio florccicnte. "Es un lugar hermoso —dicen aqucllos embajadorejn
de 1522—, lleno de mercaderes, en su mayoría griegos y turcos, y se nos ase-
guró que algunos de cllos hicicron ei pasado ano un negocio por valor de
500,000 ducados." En ei ano 1549 encontramos asentadas iJDscicntas famílias/
griegas, con iglesia propia, todas comerciantes. JE1 puerto está lleno de caraJ
belas de Levante: armênios, turcos, florentinos, gentes/de Lucca, venecianosJ
judios de Oriente v Occidcnte se hallan presentes. Las mercancías con Ias quty
aqui se trafica consisten en seda, lana, cuero, plomo de Flandes, panos. Aumen-
to ei lujo, subían los alquileres de las casas y se tomaba a servido médicoaj
y maestros en mayor número y con mejor sueldo que antes. 5
Pero más que Ia iniciativa y actividad comercialcs" de los habitantes dei
/
1 Badocr, Relacione 1591. La amistad de Ia Romana se basaba en Ia convieción quanto irn-j
poria /a vicinítà di questa citli per ben vendere per 1'ordinario le íoro biade, vim, ftütti, gnadi et
alfre cose, riportandone aífinconíro bom danaii.
2 "Jurisdictio consulum artis agriculrurae urbis", 9 Sept. 1566. BulJar. Cocqucl., iv, n, 314.
3 Giovanni Gritti, Re/ationc Í5S9. La Romagna e )a Marca sola si mette clic alcnne voítei
abbia mandato ÍIIOTÍ 6om. mbbh Oi grano e piu di 3om. di menudi. 11 paese di Roma e Io st.ito
di 7à deli' Alpi quasi ogni anno somniinisfra il viver a/ paese di Gênova ed altri Juoghi ciiconviciilfj
onde de/ uscifa di grani e di biade delío slato ectíesiastico si tien per cosa certa clie ogni anno entri
in esso valsente di 500in. se. almcno: nè aH'incontrò ha bisogno di cose di /uori se non di poço
momento et in poça stima, clie sono specierie e cose da vestirsi di nubili e persone principali.
* Vovage de Montaigne, n, 488.
5 Saracini, Notizie istoriche deiJa cita d'Ancona. Roma 1675, p. 362.
J
ADMimSTRAClÓN DEL ESTADO PONTIFÍCIO 177

listado pontifício, se nos pregona su valor, que a veces nos es presentado en


ms diferentes matices. Los peruginos son muv alerta en ei servicio; los roma-
IIOILS valientes pero descuidados; los espoletinos ricos en tretas de guerra; los
Ixiloneses bravos pero indisciplinados; los de Ia Marca aficionados ai pillaje;
|os faentinos capaces, sobre todo, de contener un ataque y de perseguir ai ene-
tnigo en su retirada; para maniobras difíciles, los forlivesinos, y para ei manejo
do Ia lanza, los habitantes de Fermo. 0 "Todo ei pueblo —dice uno de nuestros
ienecianos— es diestro para Ia guerra y bárbaro por naturaleza. Tan pronto
tomo han abandonado su país pueden ser empleados para cualquier hecho de
• l e r a , y Io mkmo para siüos que para batallas en campo abierto; soportan
iiui facilidad Ias penalidades de Ia campana". 7 Venecia reclutaba sus mejores
•Opas de Ia Marca y de Ia Romana y por esto Ia amistad con ei conde de Urbino
cru tan importante para ia República; encontramos siempre a su servicio capi-
luncs procedentes d e esas regiones. Pero se decía que allí había capitanes para
(todos los príncipes dei mundo y se recordaba que de allí había salido Ia com-
panía de San Jorge, con Ia que Alberico de Barbiano había destruído a los
fcercenarios extranjeros y renovado Ia gloria de Ias armas italianas; era Ia mis-
rrr.i casta de gentes que contribuyeron tanto en su dia a h íundación de] ím-
kn-rio romano. 8 En los tiempos modernos se ha justificado menos una alabanza
liin extraordinária. Sin embargo, Napolcón, que se sirvió de esta gente fuera
Bcl país, Ia prefiríó con mucho ai resto de Ias tropas italianas y a una buena
parte de Ias francesas.
Todas estas regiones abundosas y estas poblaciones tan bravas se hallaban
tometidas ai poder pacífico y espiritual dei Papa. Vamos a examinar ahora
jen sus rasgos generales ei tipo de Estado que con estas bases se desarrolló.
Como ei Estado italiano en general, descansaba en una limitación más o
menos fuerte de Ia independência municipal, que se fué desarrollando por
Moquier en ei curso de los siglos.
Todavia durante ei siglo xv, sentados en sus asíentos de piedra delante
de Ia puerta dei ayuntamiento, los priori de Viterbo tomaban juramento ai
wdestà que les era enviado por cl Papa o su representante. 9
Cuando en ei ano 1463 Ia ciudad de Fano se sometió directamente a Ia
Siilc apostólica, Io hizo bajo condiciones: no solo Ia autonomia por siempre,
ílíio, además, ei derecho de elegir •podestà propio sin necesidad de confirma-
imii; exención por veinte anos de toda clase de cargas nuevas; el privilegio
He Ia venta de Ia sal, y otros derechos parecidos. 10
Ni siquiera un déspota como César Borgia pudo evitar conceder privile-
* Landi, Quacstiones Forcianae, Neapoli, 1536: un libro lleno de buenos datos sobre Ia situa-
i mu de entonces en Itália.
1 Soriano, 1570: Quanto a soldafi, è comniune opinione che ne//o stíto delia Mesa siano i
U|Uori cli tutto il resto d'ItaJia, anzi d'Europe.
» Lotenzo Priuli, Re/afione 1586: Lo stato pieno di viveri per darne anco a popoíi vicini,
pleno di huomini beliicosi. Nombra a los Genga, Carpana, Malatesta. Pareno tutti questi popo/í nafi
*t ol/evati nel/a miJitia. E mo/to presto si metferia insieme mo/to buona gente toecando i/
llinbiiro.
9 Feliciano Bussi, Jstoría di Viterbo, p. 59.
JO Amianí, Memorie istotiche delia citta di Fano, t. n, p. 1.
178 ESTADO Y CORTE 1

gios a Ias ciudades que componían su domínio. Concedió a Ia ciudad de Sini-


gaglia ingresos que hasta entonces habían pertenecido ai príncipe. 11
En cuánto mayor grado tuvo que hacer esto Júlio II Io comprenderemos
si consideramos que ambicionaba aparecer como un libertador de Ia tirania. Él
mismo recordo a los peruginos que había pasado los anos floridos de su juven-
tud entre sus muros. Cuando expulso de Perugia a Baglione, se contento con
llamar de nuevo a los desterrados, devolver su poder a Ia pacífica magistratura
de los priori, aumentarles ei sueldo a los profesores de Ia universidad y no
toco para nada Ias antiguas libertades. Mucho tiempo después esta ciudad
seguia tributando poço más que unos cuantos miles de ducados y, todavia bajo
Clemente VII, encontramos un cálculo de cuántas tropas podia poner en pie de
guerra, Io mismo que si fuera una comunidad totalmente independiente. 1 -
Tampoco Bolonia se hallaba más sometida. Junto con Ias formas, ha con-
servado también muchos atributos esenciales de su independência municipal.
Administraba libremente sus ingresos, mantenía sus propias tropas y ei legado
dei Papa estaba a sueldo de Ia ciudad.
Júlio II conquisto Ias ciudades de Ia Romana en Ia guerra con Venecia.
Pero ninguna fué adscrita sin que le reconociera Ias condiciones limitadoras
o le concediera determinados privilégios; siempre se apelo después a Ias capi-
tulaciones celebradas entonces. La situación de derecho público en que se en-
cuentran Ia designan con ei título de libertad eclesiástica.13
Si abarcamos en su totalidad ei Estado formado de esta suerte, veremos
que nos ofrece una gran analogia con ei veneciano. Tanto en uno como en]
otro ei poder estatal había permanecido hasta entonces en manos de los mu-|
nicipios, que se habían sometido por regia general y mandaban a otras comu-
nidades más pequenas. Estas municipalidades gobernadoras se pusieron en)
Venecia bajo ei domínio de los nobili, sin perder por ello completamente suj
independência y bajo condiciones exactamente determinadas. En ei Estado
de Ia Iglesia quedaron sometidas a ia cúria. Porque, Io mismo que en Vene-
cia Ia nobleza, Ia corte constituía una comunidad. Durante Ia prímera mitad]
de este siglo Ia dignidad de prelado no era necesaria para los cargos más inv(
portantes y, así, encontramos vicedelegados seculares en Perugia y parece sen
regia en Romana que sea un presidente secular quien presida Ia administra-
ción; los laicos adquirieron a veces el mayor poder y un prestigio indiscutible,
como ocurrió con Jacobo Salviati bajo Clemente VII; pero también formabar»
parte de Ia cúria, puesto que entraban en el séquito dei Papa y, por Io tanto,
eran miembros de aquella corporación; pero Ias ciudades empezaron a preferitl
los gobernadores eclesiásticos y a pedir prelados, porque les parecia más hon-j
roso obedecer a altas dignidades eclesiásticas. Comparándolo con un principado
alemán y con su estruetura estamental, un principado italiano parece despro-j
visto a primera vista de toda forma jurídica. Pero, en realidad, también aqui

11 Sicna, Storia di Sínigaglia. App. n. vi.


12 Soriano, ReJatione di Fiorenza 1533.
13 Ranaldus Io menciona, aunque muy brevemente. Sobre Ravena H/cronymi Rubei Hislorúw
rum Ravennatum, lib. vm, p. 660.
ADMIN1STRACION DEL ESTADO PONTIFÍCIO 179

existia una notable articulación de diversos estamentos: los nobili de una ciu-
dad frente ai poder dei Estado, los cittadini en relación a los nobili, Ias comu-
nidades sometidas frente a Ias principales, los aldcanos frente a Ia ciudad. Lo
ejue llama Ia atención es que casi en ninguna parte de Itália se produjeron
instituciones de tipo provincial. En ei Estado pontifício hubo reuniones pro-
Vinciales a Ias que se da ei importante nombre de parlamentos, pero algo debía
de haber en estas reuniones que no se compaginaba con Ias costumbres y ca-
jláctcr de los italianos, puesto que jamás ejercieron influencia alguna.
De haberse desarrollado por completo Ia constitución municipal, para lo
uc tenía posibilidades y basta parecia estar en camino, hubiera representa-
3 ii, con Ia mayor fuerza —en virtud de Ia limitación dei poder dei Estado,
Sracias a los derechos, y ai gran poder de Ias comunidades, y a Ia pluralidad
• los privilégios particulares— ei principio de estabilidad, es decir, un derecho
público fijado mediante atribuciones particulares y Ia recíproca limitación.
En Ia constitución de Venecia se llegó muy lejos en este sentido, pero
•Bucho menos en ei Estado pontifício.
Esto obedece a ia diferencia originaria de Ias formas de gobierno. En
venecia es una corporación hereditária y autônoma Ia que se considera titu-
l.ii de los derechos públicos. Frente a esto, Ia cúria romana es demasiado
faióvil, pues entran indivíduos nuevos después de cada cónclave y los paisanos
Mc los diferentes Papas cobran cada vez una gran participación en los nego-
(Ki,. La elección para cualquier cargo administrativo en Venecia tenía lugar
i ii Ias mismas corporaciones, mientras en Roma dependia de Ia discreción dei
Papa. Allí los gobernantes estaban contenidos por leyes rigurosas, por una
vigilância estrecha y por un control corporativo; aqui, Ias personas que admi-
nistran están retenidas menos por ei temor ai castigo que por Ia esperanza de
avance, que depende mucho dei favor y buena voluntad, y, así, queda mayor
| campo abierto a su actividad.
Además, desde un principio ei gobierno papal había estipulado para si
1111,1 posición más libre.
En este aspecto tenemos un ejemplo ilustrador si comparamos Ias circuns-
Inncias romanas con Ias venecianas. La comparación es fácil en ei caso de
[ I'acnza, que poços anos antes de entrar bajo ei poder dei Papa se había some-
la In a los venecianos y celebro capitulaciones con ambos. 14 En Ias dos ocasiones
estipulo, por ejemplo, que no se introduciría ningún nuevo impuesto sin su
me ptación por Ia mayoría dei Gran Consejo de Faenza. Los venecianos lo
concedieron sin mas, pero ei Papa agrego Ia siguiente cláusula: "Siempre que,
iicu motivos importantes y razonables, no le plugicra otra cosa." No quiero
•laminai ai detalle este tema, pero por todas partes se ve lo mismo y bastará
con otros cuantos ejemplos. Los venecianos habían concedido, sin más, que
1 Iodos los juicios criminales serían de Ia competência dei yoãestà y de su cúria;

E
Papa hizo Ia misma concesión en términos generales, pero puso una excep-
ón: "En delitos de lesa majestad y otros crímenes parecidos, que pueden
14 Historie di Faenza, iatica di Giu/io Cesare Tonduzzi, Faenza, 1675, contiene Ias capitu-
;ioncs concluídas con los venecianos, p. 569, y Ias otoigadas por Júlio II en 1510, p. 587.
180 ESTADO Y CORTE /

provocar un escândalo público, participará Ia autoridad dei gobernador." Se


ve como ei gobierno papal, desde u n principio, se reserva una intervención
más fuerte de su soberania. 15
N o se puede negar que esta actitud era muy favorecida por Ia otra parte.
En Ias ciudades sometidas Ias clases médias, los burgueses, aun viviendo
de sus rentas, los comerciantes y los artesanos, se mostraban pacíficos y obe-
dientes, mientras los patrícios y los nobili, que tenían en sus manos ei gobierno
municipal, se hallaban en perpetua agitación. No ejercían ninguna industria y
se ocupaban muy poço de Ia agricultura y tampoco les importaba mucho Ia alta
cultura ni Ia destreza en Ias artes de Ia guerra; su vida estaba Uena de disen*
siones y enemistades. Todavia subsistían los bandos de güelfos y gíbelinos. Lat
últimas guerras, que unas veces favorecieron Ia victoria de un partido y otraí
d e otro, fueron nutriendo Ia disensión. Se conocía a todas Ias famílias q u é
formaban en uno u otro bando. En Faenza, Ravena, Forli, mandaban los gibeli-i
nos, en Rímini los güelfos, pero en cada una de esas ciudades subsistia ei partido
contrario; en Cesena e Imola estaban equilibrados. Y bajo Ia tranquilidad apa-
rente y exterior se hacían una guerra secreta y cada partidário no pensaba sino
en perseguir a su enemigo, en no dejarle prosperar. 16 Los caudillos disponían de
gentes de Ia clase más ínfima, decidida a todo, bravucones a Ia espera de dueno
y que buscaban a aquellos de quienes sabían que estaban temerosos de que sus
enemigos les prepararan algo o que trataban de vengar una ofensa; estaban
díspuestos en todo momento a cometer un crimen por dinero.
Con esta continua cizana ocurría que, ai no consentir un partido ai otro
ei ejercicio dei poder, ni confiar en él, Ias ciudades no podían afirmar con
tanta fuerza sus privilégios. Cuando llegaba a Ia província ei presidente o efi
legado, no se le preguntaba si estaba dispuesto a observar ias leyes municipales
sino que se trataba de saber con qué partido simpatizaba. Apenas se puede
decir en qué grado se alegraban los favorecidos y cuán turlíados se hallaban;
los defraudados. El legado debía tener mucho cuidado. Las personas destacadas
de Ia localidad se le agregaban con facilidad, trataban/de complacerle, mos-l
traban un gran ceio por ei interés dei Estado y consentían en todas las medit
das tomadas para su fomento; pero todo esto Io hacían, con frecucncia, para,
ganar su confianza y poder perseguir con mayor eficácia ai partido odiado.17,]
La situación de los nobles en ei campo era un poço diferente. Por Io gene-
ral eran pobres pero generosos y ambiciosos, de suerte"que mantenían casa')
15 Cuáles fueron los médios que utilizo. Io indica Paulo III, diciendo (1547): Ceux qui
viennent nouvei/ement au papat viennent pauvres, obíigés de promesses, et ia depensc quiís íoní
pour s'asscurer dans /es íerres de /'eg/isc monfe p/us que le proíit des premieres annécs. "Lc cardív'
nal de Guise au roy de Francc", Ribier, n, 77.
10 Re/atione delia Romagna (Bibl. Alt.): Li nobi/í hanno seguíto di mo/te persone, delh '
qua/i afcnne voire si vag/iono ne'conseg/i per conseguire quaíche carica o per se o per a/íri, pef I
potere vinecre o per impedire alValtri quaíche richiesta: ne'giudicii per provare et aícuiie voJM
per fcstificare nellc inimicitic per íare vendetfe, ingiurie: alcuni ancora a Ravenna, Jniofa e Faen/aj
usavano di conrrabandare grano.
ít Rchtionc di Monsrc. Revmo. Ciov. P. Chisilieri ai P. Gregorio X/i/, (ornando eg.'í daí]
presidentato di Romagna. De Tonduzzi, Historie di Faenza, p. 673, resulta que Gliirilicri llcgó"1
a Ia provincia en 1578.
ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO PONTIFÍCIO 181

íbieita y gastaban más de Io que podían casi sin excepción. Tenían partidários
cn Ias ciudades, de los que se servían a veces para cometer actos contra Ia ley.
IVro su empeno mayor consistia en mantener buenas relaciones con sus cam-
pcsinos, de los cuales Ia mayoría poseía también un pedazo de tierra, que no
merecia ei nombre de riqueza. En los países dei Sur se tiene en cuenta ei
prestigio de Ia cuna y Ias prerrogativas de Ia sangre, pero Ia diferencia entre
lus clases no es ni de lejos tan grande como en los dei Norte; no excluía una
•itrccha confianza personal. También estos barones convivían con sus cam-
pesinos en un sistema de subordinación fraternal, y no se podia decir si los
Viisullos obedecían y servían con mejor voluntad que sus senores les prestaban
•yuda; había algo de patriarcal en Ia relación que les unia. 18 Esto se debía,
bntre otras razones, a que ei senor queria evitar de cualquier manera que sus
Ifúbditos recurrieran ai poder dei Estado. No queria saber gran cosa de Ia
loberanía senorial de Ia Sede apostólica. Que ei legado pretendiera arrogarse
l.i tegunda instância y a veces Ia primera, no Io consideraban estos feudatarios
como un derecho sino, más bien, una coyuntura política desgraciada, que
Mtnría pronto.
Además tenemos aqui y allá, principalmente en Ia Romana, localidades
Míticas completamente libres. 19 Se trata de grandes linajes; senores en su
•ropia aldea, todos armados y especialmente diestros en ei empleo dei arcabuz,
por Io general bastante rudos. Se les puede comparar con Ias comunidades
•bres griegas o eslavgs, que conservaron su independência con los venecianos
I que lucharon por recobraria con los turcos, tales como los encontramos to-
Itvía hoy en Candía, Morea y Dalmacia. En ei Estado pontificio se arrimaron
| Ias diversas facciones. Los Cavina, Scardocci y Solaroli eran gibelinos; los
Mumbelli, Cerroni y Serra, güelfos. Los Sena tenían en su dominio una co-
lina que servia de asilo para todos los que habían cometido algún desaguisado.
LIH más fuertes de todos cran los Cerroni, que se extendían hasta los domínios
porentinos. Se habían dividido en dos ramas, los Rinaldi y los Ravagli, que
Hiiintenían una enemistad perpetua, a pesar de su parentesco. Conservaban
•nu espécie de relación hereditária, no solo con Ias famílias más distinguidas
l i Ias ciudades, sino también con abogados, que apoyaban a una facción u
01 M en sus altercados. En toda Ia Romana no había ninguna família tan pode-
Bin que no hubiera podido ser perjudicada facilmente por estos rústicos. Los
trrnccianos tenían siempre a su servido a uno u otro de los caudillos, para
•II.ir seguros de su asistencia en caso de guerra.
Si todos estos habitantes se hubieran entendido le hubiera sido difícil a
M prelados romanos hacer valer ei poderio de Roma. Pero sus disensiones
•restaron fuerza ai Gobiemo. En una "relación" de un presidente de Ia Ro-
kuna ai Papa Gregorio XIII, encuentro Ias palabras siguientes: "Es difícil

I
alternar cuando ei pueblo está demasiado unido, pero, si se halla dividido,
1* Relalione del/a Romagna: Essendosi aggiusrali gJi uni aWhumorc deg/i altri.
I 1* Los campesinos acababan de librarse dcl dominio de muchas ciudades. Ghisilicri: Scossi da
Ml liogo e recati quasi corpo diverso da queJIe ciftá (p. cj. Forli, Cescna) si governano con certe
»o leggi separate sotto il governo d'un protertore eiefro da /oro medesimi, U qua/i hanno ampJis-
|M tutorità di far le resoJutioni necessário per li casi occorenli aJ/i contadini.
182 ESTADO Y CORTE /

entonces es fácil." 20 Además, nos encontramos con que se formo en estos países
un partido favorable ai Gobierno. Se trataba de gentes de paz que deseaban
tranquilidad, de aquclla clase media en que no habían penetrado Ias faceio-
nes. En Fano formaron una unión que se denomino santa; se vieron obligados
a unirse, como se nos dice en el acta de fundación, "porque toda Ia ciudad
está infestada de robôs y asesinatos, y se encuentran en peligro no solo aquellos
que se hallan mezclados en Ias luchas, sino también los que comen su pan
con cl sudor de su rostro." La alianza Ia celebraron juramentándose en Ia
iglesia, como hermanos a vida y muerte, a mantener el orden en Ia ciudad y a
destruir a los que Io perturbaran. 21 El Gobierno les protegia y les otorgó el
derecho a llevar armas. En toda Ia Romana los encontramos bajo el nombre
de jracifíci y poço a poço forman una espécie de magistratura plebeya. Tam-
bién entre los campesinos ei Gobierno tiene sus partidários. Los Mambelli
apoyan a Ia corte dei legado. Perseguían a los bandidos y vigilaban Ias fronteras
y esto les proporciono bastante prestigio entre sus vecinos. 22 Por otra parte,
vinieron a favorecer ai Gobierno los celos vecinales, Ia oposición entre el campo
y Ia ciudad y otras disensiones internas.
Y, así, en lugar de Ia legalidad, tranquilidad y estabilidad a que debía
haber llegado esta constitución en razón de su idea, encontramos: una graii
agitación de Ias facciones, de Ia que se aprovecha el Gobierno; el contrapeso
de Ias municipalidades, cuando consiguen entenderse; en una palabra: violên-
cia en favor de Ia lcy y violência en contra de ella. Cada uno mira hasta donde
puede llegar.
Ya con León X, los florentinos, que tenían en sus manos Ia mayor parte
dei Gobierno, hicieron valer los derechos de Ia cúria de manera muy sensible.
Se vió a los enviados de Ias ciudades llegar uno trás otro a Roma con el objetoj
de que se atendieran sus quejas. Rávena declaro que preferia entregarse a l o i
turcos que continuar con un Gobierno semejante. 23 La vacante de Ia Sede Ia
aprovechaban a menudo los viejos senores y esfuerzo le costaba ai nuevo Papa
desalojados. Ya es un cardenal, un familiar dei Papa^ un príncipe vecind
quien trata de arrogarse el gobierno de una u otra ciudad mediante una suma
entregada a Ia Câmara. Por eso Ias ciudades mantienen agentes y embajadores
en Roma, para que tengan conocimiento inmediato de cualquier plan de esfflf
índole c impedir así que se llcve a ejecución. En general suelcn lograrlo. Perfl]
en ocasiones se ven en el trance de apelar a Ia fuerza contra Ia autoridad papal
y hasta contra Ias tropas pontifícias. Casi en todas jas historias de estas ciuda-
20 Gliisilicri: S/ccome li popofo disimito facilmente si domina, cosi diíficilmenfc si regge
q u a n d o è froppo unito.
21 Es como )a Hcrmnndad. Amiani, Mcmoric di F a n o , ti, H 6 , nos da su lema, bnsado cn un
refrán: Beati paci/ici, quia filii dei vocabtiiifur. De esle lema tal vez provenga cl nombre que t u v »
en otras ciudades.
22 Scgún Ia Rc/afionc de Ja Romagna, también se llamaban, por su residência, h u o m i n i d.i
Schicío: huomini, dice esta rclación, che si fanno mo/to riguardare.- sono Gue/fi: h coile di R o í
magna si è valtifa dci/'opera íoro molto iitiiincnrc, massime in havere in mano banditi et in ovvianl|
al/e fratidi che si fauno in estrarre bestiami daí/e montagne.
23 Marino Zorzi, Re/atione di 1517. Le terre di Romagna è in gran combtisfíone e desordine:
li vien fatia poça /usfitia: e hii nrator ha visto ta/ x man di oratori a/ cardin.il di Mediei, cll#|
negotia íc /acende Jamentandosi di mali portamenti lanno quelli rettori íoro.
ADMIN1STRACIÓN DEL ESTADO PONTIFÍCIO 183

i «les encontramos un ejemplo u otro de una ruda oposición. El verano dei ano
L 1521 hubo en Faenza una espécie de batalla callejera entre los suizos dei Papa
I Lcrón y los habitantes de Ia ciudad. Los suizos pudieron reunirse en Ia Piazza
JKTO los ciudadanos bloquearon todas Ias salidas de Ias calles que desemboca-
[pun en ella y aquéllos tuvieron que darse por satisfechos con que se les abriera
una salida y se les dejara marchar sin dano. Faenza ha celebrado después ese
• li.i durante largos anos con fiestas religiosas.24 Jesi, ciudad no muy importante,
Ittivo ei valor de atacar en su palácio ei 25 de noviembre de 1528 ai vicego-
I" rnador, que reclamaba ciertas demostraciones de honor que los vecinos le
nr^iban. Se unieron ciudadanos y campesinos y se tomo a sueldo a cien alba-
Bícses que se hallaban en Ias proximidades. El vicegobernador emprendió Ia
lundu con todos sus funcionários. "Mi pátria —dice ei cronista de esta ciudad,
(por Io demás católico muy piadoso—, que recobro así su primitiva libertad,
cordó celebrar este dia todos los anos a costa dei erário público." 2 5
Como se comprende, Ia consecuencia de estos actos no podia ser otra
ue castigos y sojuzgamientos mayores. El Gobierno aprovechaba estas ocasio-
m para arrebatar sus viejas libertades a ciudades que conservaban importantes
Bstos todavia y someterlas así completamente.
Como ocurrió esto, nos Io ensenan los casos notables de Ancona y Pe-
lUgia.
Ancona solo pagaba ai Papa un tributo anual. Fué pareciendo más insu-
Icicnte a medida que aumentaban sus ingresos. En Ia corte de Roma se
Jalculaban estos en 50,000 escudos y se consideraba intolerable que Ia nobleza
kal se los repartiera entre si. Como Ia ciudad se sustrajo a nuevos tributos
r se apoderó de un castillo que pretendia, esto ocasiono un franco rompi-
niinio. Véase como los Gobiemos hacían valer sus dcrechos ya por cntonces.
«m funcionários dei Papa recogieron todo ei ganado de Ia comarca anconitana
mi.i compensar Ia suma que importaban les tributos. A esto se llamaba re-
Kialias.
Pero Clemente VII no se dió por satisfecho con esto. Espero una oca-
Jon favorable para proclamarse senor efectivo de Ancona. Y preparo ei mo
Bento con no poça malícia.
Mando construir una fortaleza en Ancona bajo Ia excusa de que, estando
•1 poder turco en gran adelanto en todo ei Mediterrâneo, después de sus
êxitos en Egipto y en Rodas, muy pronto se habría de arrojar sobre Itália.
J ü u é peligro no seria para Ancona, que ya tenía en su puerto una serie de
onreos turcos, si no estuviera protegida por obra alguna! Mando a Antônio
.Bnngallo construir Ia fortaleza. Los trabajos se efectuaron con Ia mayor rapi-
dez, y pronto fué ocupada Ia fortaleza por una pequena guarnición. Era ei
momento que esperaba ei Papa. En este punto Ias cosas, en septiembre de
15^2, apareció un dia ei gobernador de Ia Marca, Monsignor Bernardino delia
purha, sacerdote, pero de temple guerrero, con un ejército de consideración,
que pudo reunir gracias a Ia malquerencia de Ias localidades vecinas, se hizo
2< Tonduzzi, Historie di Faenza, p. 609.
ü5 Baldassini, Memorie istoriche deWantichissimi città di Jesi. Jesi, 1744, p. 256.
184 ESTADO V CORTE

'M
dueno de una de Ias puertas, llegó ai mercado y avanzó con sus tropas a palá-
cio. En él vivían, revestidos con los signos de Ia máxima dignidad, los "an-
cianos" bacia poço elegidos por insaculación. Monsignore delia Barba entro con ;
su séquito militar y les declaro sin ambajes que "ei Papa queria tener el:j
gobiemo ilimitado de Ancona en sus manos". No era posible oponer ninguna
resistência. Los nobili jóvenes hicieron venir a toda prisa dei campo a sus
leales, pero iqué se iba a hacer, si Ias tropas dei Papa eran superiores s i n
disputa con Ias nuevas fortificaciones? Los ancianos no querían exponer Ia |
ciudad a los peligros de ia destrucción y ei saqueo y se sometieron a ia fatalidad;
Los ancianos abandonaron ei palácio y, a poço, apareció ei legado dei
Papa, Benedetto delle Accolti, ei cual había prometido a Ia Câmara 20,000;
escudos anuales en calidad de derechos por ei gobiemo de Ancona.
Toda ia situación cambio. Hubo que entregar Ias armas y fueron deste-
rrados sesenta y cuarro nobili prestigiosos. Se reorganizo ia administración,,
una parte de los cargos se otorgó a los no nobles, a los habitantes de Ia comarca
y Ia justicia ya no se administro con arreglo a los viejos estatutos.
jAy dei que se levantara contra estas disposiciones! Algunos principalei
fueron sospechosos de conspiración y, en seguida, encarcelados, encadenados.1
y ejecutados. Al dia siguiente, en médio de Ia plaza dei mercado, se extendüí
un tapiz sobre ei que se tendieron los cuerpos de los ajusticiados, colocándose
una antorcha junto a cada cuerpo. El espectáculo duro todo ei dia.
Es verdad que Paulo III alivio un tanto Ia situación, pero ei sojuzga-
miento continuo, pues estaba muy lejos de querer restablecer Ias viejas 1
bertades.2*
Por ei contrario, se sirvió dei mismo Bemardino delia Barba para acaba
con ias de otras ciudades.
El Papa había elevado ei precio de ia sal en una mitad. La ciudad de Pe-
rugia se creía autorizada, por sus privilégios, a oponerse a ^ s t a medida. E
Papa pronuncio Ia interdieción y los ciudadanos, reunidos en Ia iglesia, eli-
gieron una magistratura de "veinticinco defensores". Qepositaron Ias Havei 1
de Ias puertas ante un crucifijo colocado en Ia plaza. Ambas partes se apresta-'
ron a Ia lucha.
El hecho de que una ciudad tan importante se levantara contra cl seno-
río dei Papa produjo una agitación general. Hubicra tenido consecuencia^
notables de haber existido por entonces en Itália una guerra. Pero, como todo es-
taba en paz, nipgún Estado podia prestar Ia ayuda cn que Perugia había pensado,'
Si bien Ia ciudad no dejaba de tener cíerto poder, no era este, sin embar»
go, de proporciones suficientes para hacer frente a un cjército como cl qutt
reunió Pedro Luis Famesio, de 10,000 italianos y 3.000 espanoles. El Gobiernq
de los veinticinco se mostro más violento que conciliador. N i siquiera tiivicroa
dinero para pagar a Ias tropas que puso a su disposición Baglionc. Su únio
aliado, Ascanio Colonna, que también se opuso ai gravamen, se contento coi
retirar ganado de los domínios eclesiásticos, pero no dió una ayuda seria.

28 Saracini, Not/z/e istoríche deila città d-Ancona, n, xi, p. 355.


HACIENDA PAPAL 185

Al poço tiempo, ei 3 de junio de 1550, Ia ciudad tuvo que entregarse. Ves-


tidos de duelo, con sogas ai cuello, aparecieron sus diputados ante ei pórtico
de San Pedro para impetrar, a los pies dei Pontifice, su gracia.
El Papa les concedió esta, pcro no les devolvió sus libertades, y desde en-
lonees se acabaron todos sus privilégios.
Bcrnardino delia Barba llegó a Perugia para arreglar Ias cosas como en
l i i i o n a . Fueron entregadas Ias armas, retiradas Ias cadenas con Ias que se solían
" n.ir Ias calles, se allanaron Ias casas de los veinticinco, que habían podido
•m.ip.ir, y, entretanto, en ei lugar que habitaron los Baglione, se constmyó
una fortaleza que los ciudadanos tuvieron que pagar. Se les nombró magis-
•IUIOS. Su nombre senala ya su finalidad: conservadores de Ia obediência
H Ia Iglesia. Otro Papa les devolvió más tarde el título de priores, pero ninguno
I r los viejos privilégios.27
Entretanto Ascanio Colonna fué vencido también por el mismo ejército
• desalojado de sus plazas fuertes.
\ Con golpes tan afortunados, el poder dei Papa en su Estado aumento
• i h d e m e n t e : ni ias ciudades ni los barones dei campo se atrevieron ya a ha-
mr\r frente; los municípios libres se fueron sometiendo unos trás otros y pudo
ptili/ar todos los recursos dei país para sus fines.
Veamcs como llevó a cabo esto.

II. LA H A C I E N D A PAPAL
que importa, en primer lugar, es que nos hagamos presente el sistema de
hacicnda papal, sistema que no solo es importante para su Estado, sino para
i Europa por el ejemplo que estableció.
Si se ha observado que Ias actividades cambistas en Ia Edad Media deben
lincipalmente su desarrollo a Ia naturaleza de los ingresos papales que, sien-
cobrables en todos los países, habia que mandarlos desde todos ellos a Ia
iria, tampoco hay que descuidar que el sistema de Ia deuda pública, que
finalmente nos afecta a todos y condiciona todo el tráfico, también se desarro-
)or primera vez de manera sistemática en el Estado de Ia Iglesia.
Aunquc fueran muy fundadas Ias quejas contra Ias extorsiones que se
nitió Roma durante cl curso dei siglo xv, también es evidente que dei mon-
lc Ias mismas muy poço llegó a manos de los Papas. Pio II disfrutó de Ia
liencia general de Europa y, sin embargo, una vez tuvo que limitarse
su séquito, por falta de dinero, a no hacer más que una sola comida diária.
200,000 ducados que necesitaba para Ia guerra en preparación contra los
ws, tuvo que pedidos prestados. Rcvelan cuán pobre era en realidad Ia
Dnomia de Ia casa aquellos médios mezquinos de que se servían algunos
'J1 Mariotti, Memorie istoriche cívili ed ecclcsiastichc delia città di Perugia c siio contado,
II(IJ, 1806. relata estos sucesos. i, p. 113-160. de un modo fidedigno y dclallado. También más
iinlc hacc alusión a cllos. p. cj. cn t, m. p. 634.
186 ESTADO Y CORTE \

Papas para obtener de un príncipe, obispo o gran maestre, con un asunto en Ia


cúria, algún pequeno regalo, por ejemplo, un caliz de oro repleto de ducados
o algunas pieles.28
Entraba dinero, si no en Ias cantidades extraordinárias de que se habla,
si en cantidades considerables, pero, ya en Ia corte, se filtraba por miles de
manos. Era absorbido por los cargos que, desde hacía mucho tiempo, se solía
enajenar. La mayoría de esos cargos se basaban en emolumentos y Ia industria
de los funcionários disponía de un campo bastante libre. El Papa no recibía de
todo ello más que ei precio de venta, en caso de vacante.
Si ei Papa queria emprender alguna acción costosa no le cabia más remé-
dio que apelar a médios extraordiarios. Por eso tenía tanta afición a los jubileos
e indulgências, pues Ia generosidad de los fieles le proporcionaba así un ingreso
limpio. También había otro médio de fácil uso. Para hacerse con una suma
importante, le bastaba con crear nuevos cargos y venderlos. Gênero especial
de empréstito por ei que Ia Iglesia pagaba intereses bien crecidos y que estaba
en uso bacia mucho tiempo. Según registro autêntico de Ia casa Gbisi, en ei
afio 1471 había unos 650 cargos enajenables, cuya renta se calculaba alrededor
de los 100,000 escudos.29 Casi todos son procuradores, registíadores, abrevia-
dores, corredores, notarios, escribanos y hasta recaderos y conserjes, cuyo nú-
mero creciente hacía subir cada vez más los costos de una bula o de un breve.
Y esto era Io que les interesaba, porque, por Io demás, Io que tenían que hacer
no era gran cosa.
Se comprende que los Papas que a continuación mencionamos, que tanto
se mezclaron en Ia política europea, hayan tenido que apelar con frecuencia
a un médio tan cômodo de llenar Ias cajas. Sixto IV utilizaba para esto ei
consejo de su protonotario Sinolfo. Instituyó de pronto colégios enteros, cuyoí
puestos fué vendiendo por unos cuantos cientos de ducados. En esta ocasión
aparecen títulos singulares, por ejemplo, un colégio de cj^n jenízaros, que
eran nombrados por 100,000 ducados y podían ^mbolsarse Ias rentas de bulas
y annatas.30 Notariados, protonotariados, procuradurías jen Ia Câmara, todo Io
vendia Sixto IV y con tanto ahinco que se le tuvo por fundador dei sistema.
Por Io menos, se hace habitual a partir de él. Inocencio VIII, que en sus apu-
ros llegó hasta empenar Ia tiara, fundo un nuevo colégio de veintiséís secre-
tários a 60,000 escudos y un montón de otros cargos. Alejandro IV nombró
ochenta escribanos de breves, de los que cada uno tenía que pagar 750 escu-
dos, y Júlio II afiadió cien escribanos de archivo, al»mismo precio.

28 Voigt, "Vocês de Roma sobre Ia cúria pontifícia en ei siglo xv" (Srimmen aus Rom ttebci
c/en pacpstlichen l/o/ ini /iien/zchnfen /alirhundert) en Fr. von Raumer, Hislorische Taschenbuch,
1833, contiene muclias informaciones sobre ello. Quien tenga a mano cl libro Schlcsxn vor unrf
scíl dem /ahie 1740, encuentra en él, 11, 483, una sátira bastante buena sobre ei abuso de los re-
gaios cn cl siglo xv: Passio domini papac secundum marcam auri et argenti.
20 C/i uííicii mu antichi. MS. Biblioteca Chigi N. II. 50. Son 651 cargos y 98,340 escudos
fin a)/a cre.ifione rli Sisto IV. Tan no es cierto Io que dice Onuplirius Panvinus, que Sixto IV fué
cl prinicro cn venderlos: p. 34S.
30 EntTC cllos se encontraban también stradioti y mamelucos, pero más tarde fucron supri-
midos. Adstipulatorcs. sine quibus milhe possent confiei fabu/ae. Onuphrius Panvinius. Según d
registro uíficii antichi esta creación liabría producido tan solo 40,000 ducados.
HAC3ENDA PAPAL 187

Pero Ias fuentes de donde estos centenares de funcionários recogían sus


Ingresos no eran inagotables. Ya hemos visto como todos los Estados cristianos
•tentaron limitar estos efectos de Ia corte romana. La gestión de los Estados
Coincide con los momentos en que los Papas se ven obligados a hacer gastos
[extraordinários por Ias grandes empresas en que se han embarcado.
Guando Júlio II adscribió Ias annatas a los citados escribanos les anadió
li ihgana y Ia caja pública. Instituyó un colégio de ciento cuarenta y un pie-
• e n t e s de Ia annona, que fué dotado totalmente con Ia caja pública. Los
•eedentes de los ingresos dei país los dedico a conseguir empréstitos. Esto es
|II que en este Papa llamaba más Ia atención a Ias demás potências: que podia
•acerse con dinero como queria. Y, en gran parte, su política descansaba en
• t e hecho.
Pero todavia mayores necesidades que Júlio tuvo León X, no menos enre-
lado en guerras y más pródigo y dependiente de sus familiares. "Era tan im-
Bosible —dice Francisco Vettori de él— que ei Papa pudiera tener nunca mil
lucados juntos como que una piedra remonte por si misma ei vuelo." Se le
Kiisaba de que había consumido ei tesoro de três Papas: ei de su antecesor,
|rl que había heredado un importante tesoro, ei suyo propio y ei de su suce-
|0r, ai que dejó quebrantado de deudas. No se contento con vender los cargos
M existentes, pues sus numerosos nombramientos de cardenal le aportaron
lutuas importantes y prosiguió con gran denuedo Ia costumbre ya iniciada de
Urnr nuevos cargos,. con Ia sola finalidad de venderlos. Él solo creó más
| r 1,200.31 El mistério de todos estos •portionarii, scudieri, cabalieri di San Pietw,
n i nino se llamen, es que tienen que pagar una suma por Ia que cobran inte-
Ifws durante toda su vida. Su cargo no tiene ninguna otra significación que
fmlwlsar intereses y disfrutar de alguna pequena prerrogativa. En rcalidad,
Do se trata sino de una renta vitalícia. León X saco de esos cargos más de
900,000 escudos. Los intereses, muy importantes, pues representaban por ano
|a octava parte dei capital, 32 se cargaron, en una cierta parte, a una pequena
porción de Ias rentas eclesiásticas, pero en su parte mayor fueron cargados a
IIIS tesorerías de Ias províncias recién conquistadas, es decir, a los excedentes
de Ias administraciones municipales, a Ias minas de alumbre, a Ia venta de Ia
inl y a Ia dogana en Roma. León X aumento ei número de cargos hasta dos
inil quinientos cincuenta y sus ingresos anuales se estimaban en 320,000 escu-
dos, que pesaban a Ia vez sobre Ia Iglesia y ei Estado.
Por muy reprobable que nos parezea esta prodigalidad. ei Papa León se
I ii incitado por ei hecho de que, de momento, tenía más efectos ventajosos
c|iii' daninos. Si Ia ciudad de Roma prospero tanto en esta época en parte
ihiibía que agradecerlo a esta gestión monctaiia. Ningún lugar había en ei mun-
ido donde se pudiera colocar ei capital tan lucrativamente. Mediante Ia
81 Sommario di /a rchtion di M. Minio, 1520: Non ha confanti, perche e liberal, non sa
Iruii danari: poi Ji Fiorcntini. fche) si fanno c sono soi parenli, non li lassa mai aver un soldo:
r ihti Pjorentíra è in gran ódio in corte, perche in ogni cosa è Fiotentini.
( ü2 Los 612 Portionarii di ripa —aggunli ai collcgio dei presidenti— pagaron 236,200 y reci-
I binou anualmente 38,816 ducados: los 400 Cavalicri di S. Pictro pagaron 400,000 y recíbicton
I lil.dlO ducados ai afio.
188 ESTADO Y CORTE

masa de nuevas creaciones de cargos, Ias vacantes y Ias transferencias se creó


un movimiento en Ia cúria que ofrecía a todo ei mundo Ia posibilidad d e
prosperar facilmente.
También se consiguió que ei Estado no se viera en Ia necesidad de crear
nuevos impuestos. Sin duda, ei Estado pontifício entre todos los de Itália, y»
Roma entre todas Ias ciudades, contaban con ei menor número de impuestos.
Ya antes se había acusado a los romanos de que mientras Ias demás ciudades
sostenían a sus Senores con fuertes empréstitos y pesadas gabelas, ei Papa les-
hacía ricos. Un secretario de Clemente VII, que describió poço después el«
cónclave que eligió a este Papa, expresa su extraneza de que ei pueblo romanojj
no este más entregado a Ia Santa Sede, ya que sufre tan poço de los tributosJ
"Desde Terrafina hasta Piacenza —exclama— posee Ia Iglesia una grande yl
bella parte de Itália y su domínio se extiende ancho y distante y, sin embargo,]
países florecientes y ciudades ricas, que sostendrían con sus tributos grandes
ejércitos bajo otro Gobiemo, apenas pagan ai Papa de Roma Io suficiente par»
sufragar los gastos de Ia administración." 83
Pero, por Ia naturaleza de Ias cosas, esta situación solo podia durar mien-
tras hubiera excedentes en Ia caja pública. Ya León X no puder hacer frente M
todos sus empréstitos. Aluise Gaddi le había adelantado 32,000 escudos, Benj
nardi Bini 200,000; Salviati, Rodolfi y todos sus servidores y familiares, hicieJ
ron Io posible para procurarle dinero; de su generosidad y juventud esperaban
todos ellos restitución y brillante recompensa. Su muerte repentina los arruino.'
Como se pudo dar buena cuenta su sucesor, dejó Ias cajas vacías.
El ódio general que acompanó ai pobre Adriano se debió a que, en Ia gran
necesidad de dinero en que se encontraba, acudió ai remédio de imponer Uffl
tributo. Importaba médio ducado por hogar.34 La impresión fué tanto peot»)
por Io mismo que no había costumbre.
Pero tampoco Clemente VII pudo evitar ei establecer nuevos impuestos
indirectos. Se echaba Ia culpa ai cardenal Armellin, considerado como su in-
ventor; cl mayor descontento Io produjo ei porfazgo de consumos, pero no
hubo otro remédio. 35 La situación era tal que hubo de écharse mano de otras
ayudas bien distintas.
I Lista ahora los empréstitos se disfrazaron bajo Ia forma de cargos ena-
jcnables y fué Clemente VII, en ei ano de 1526, en aquel momento decisivo
en que se armaba contra Carlos V, quien se acerco a Ia forma pura dei
empréstito.
33 Viancsius Albergatus, Commenfarü rerum sui temporis (no es más que una descripeión
dei cónclave): Opulcntissimi popuíi et ditissimae urbes, quae si alterius dilionis essent, suis vecti-
galibus vcl magnos exercitus alere possent. Romano pontilici vix tantum tributum pendunt
quantum in praetorum magistratutimque expensam suíficcie queat. En Ia Relación de Zorzi, 1517,
se calculan, según una indicación de Francisco Armellin, los ingresos procedentes de Perugia,
Spolcto, Ia Marca y Ia Romana juntos cn 120.000 ducados. De cllos Ia mitad fué asignada a l.i
câmara papal. Di que) somma ia mità è per terra, per pagar i legati ef altri officii, c a/fra mifà lia
il papa. Dcsgraciadamcntc se encuentran en Ia copia de esta relación, en Sanuto. no poças crrnlas.
3* "Hieronynio Negro a Marc Antônio Michcli. 7 Abril 1523". Lettere di pr/ncipi, i, 114.
35 Foscari. Kelationc 1526. E qualchc mtirmurafíon in Roma eriam per causa de) cardinal
Armellin. qual fruova ntiove invention per trovar danari in Roma. e /a metter nove angarie, e fint\
chi porta tordi a Roma cl altre cose di nianzar paga tanto: Ia qual angaria importa da duc. 2500.
IIACIENDA P A P A L 189

Con ei cargo, ei capital se perdia a Ia muerte si Ia familia no Io volvia a


l|di|uirir de Ia Câmara apostólica. Clemente recibió a préstamo un capital de
• 0 , 0 0 0 ducados, que no tenía unos intereses tan altos como suponían Ias
intas de los cargos, aunque siempre eran de consideración ( u n 10 %) y se
tnnsmitían a los herederos. H e aqui ei Monte non vacabile, ei Monte delia
ir/i". Los intereses se cargaron a ia dogana. El Monte ofrecía una buena ga-
miii.i. pues se permitió a los acreedores tomar parte en Ia administración de Ia
OHmia. Pero esto quiere decir que nos nos hemos alcjado de Ias vicjas formas,
montistas formaron un colégio. Unos cuantos empresários pagaron Ia suma
Câmara y Ia distribuyeron luego entre los miembros dei colégio.
^Podemos decir que Íos acreedores dei Estado, en Ia medida en que dis-
liiii.ni de un derecho a los ingresos generales, ai producto dei trabajo de todos,
IfK.in, por ello, a toner una participación mediata en ei ejercicio dei poder?
Io menos así parecia comprenderse ei asunto en Roma, y los prestamistas
ic avenían a entregar su dinero sin alguna forma de tal participación.
Como veremos, fué esto ei comienzo de operaciones financieras cn gran
fiila.

Paulo III Ias prosiguió moderadamente. Se contento con rebajar los inte-
es dei Monte clementino; como pudo asignar ingresos a menos intereses
In, también, hacer subir ei capital casi en una mitad. Pero no instituyó
i' un nuevo Monte. Es posible que Ia creación de seiscientos cargos nuevos
Mimpcnsara de esta moderación. Pero Ias medidas que han hecho famoso
nombre en Ia historia financiera dei Estado pontifício fueron otras.
Ya vimos los resultados que produjo Ia elevación dei precio de ia sal.
1'uvo cjue renunciar. En su lugar, y con Ia promesa expresa de derogarlo, in-
lujo ei impuesto directo de "subsidio". Se trata de aquel impuesto directo
DIIInido por entonces en muchos países meridionales, que encontramos en
Ipiina con ei título de servido, en Nápoles con ei de donative y cn Milán
|>n ei de mensuale, y con otros títulos en otros lugares. En ei Estado pontifício
K introducido por três anos y fijado en 300,000 escudos. Se estableeió Ia
• t e (orrespondiente a Roma y a Ias províncias, y se reunieron los parlamentos
•Vinciales para hacer ei reparto por ciudades. Estas, a su vez, Io volvieron a
llMiiluiír entre Ia ciudad y ei campo. Todo ei mundo debía contribuir. La
llil.i decía expresamente que todos los súbditçs seglares de Ia Iglesia romana,
«un los eximidos o privilegiados, incluídos marqueses, barones, feudatarios y
jncionarios, tenían que entregar su parte para esta contribución. 38

No se pago sin una viva protesta, sobre todo cuando se vió que iba pro-
Mândose de três en três anos, sin que se derogara jamás. Pero tampoco llegó
J»(T cobrada por completo en ningún caso.37 Bolonia, a Ia que se había fijado
ilni , nota de 30,000 escudos, fué Io bastante avisada para eximirse de una
por todas con una suma global. Parma y Plasencia fueron traspasadas y no

In Bailar. En cl aflo 1557 declara cl embajador francês: La debilite efu revenu de 1'eglisc
Kstado), doní e//e n'avoi't poinf ma/ntenant -fOni. escus de rente par an de quoi eííe puisse
pt tstat. Ribier, i, 69.
Bula Dcccns esse censemus: 5 Scpt. 1543. Buli. Cocq., rv, i, 225.
190 ESTADO Y CORTE

pagaron más. Fano nos ofreee un ejemplo de Io que pasó en otras ciudades.
Bajo Ia excusa de que su cuota era excesiva, Ia ciudad se nego durante cierto
tiempo a pagaria. Paulo III decidió perdonarles Ias cantidades vencidas, pero j
bajo Ia condición de emplear una cantidad igual en Ia reconstrucción de sus i
muralias. Más tarde siguió aplicándose una tercera parte de su cuota a este.]
fin. A pesar de ello, generaciones sucesivas se han quejado de Ia cuantía exce- j
siva de Ia cuota; también se quejaron sin césar Ias comunidades rurales, por
Ia porción que Ias fijaba Ia ciudad, e intentaxon sustraerse a Ia obediência ]
dei consejo municipal; mientras este defendia su autonomia, ellas con gusto sei
hubieran entregado ai duque de Urbino. Nos llevaría demasiado lejos entrar.]
en ei detalle de estos pequenos intereses. Bástenos con saber que dei subsidio]
apenas si se cobro más de Ia mitad. 38 En ei ano de 1560 se estima su importes
total en 165,000 escudos.
Pero a pesar de todo, este Papa aumento los ingresos dei Estado de manera
extraordinária. Bajo Júlio II se calculan en 350,000 escudos anuales, con Lcóna
en 420,000 y con Clemente VII, en ei afio 1526, en 500,000. Poço después de
Ia muerte de Paulo III, en un registro autêntico que ei embajador venecianoJ
Dandolo se procuro de Ia Câmara, se estiman en 706,473 escudos.
Sin embargo, los sucesorcs no encontraron gran mejoría. Júlio III se queja
en una de sus instruccipnes de que su sucesor le ha cnajenado todos los ingre-í
sos —sin duda con cxclusión dei subsidio, que no podia ser cnajenado puestoj
que estaba fijado para três anos, por Io menos nominalmente— y de que, ade-l
más, le ha dejado una deuda flotante de 500,000 escudos. 39
A pesar de ello, cuando Júlio III se compromete en una guerra contra los J
franceses y los Farnesio, se enreda en Ias mayores complicaciones. AunquM
los imperialcs le ayudaron con una suma no insignificante para aquellos tiemposJ
todas sus cartas están llenas de lamentos. "Pensaba recibir de Ancona 100,00(1
escudos y apenas si ha recibido 100,000 bajoechi; en lugar de los 120,000 es-j
cudos de Bolonia solo 50,000; inmediatamente después de Ias promesas hechafl
por banqueros de Gênova y de Lucca estas harfsido retiradas; ei que tiene un
centavo Io guarda y no quiere exponerlo." 40
N o había más remédio que apelar a medidas especiales si queria mante-
ner su ejército. Se decidió a fundar un nuevo Monte y Io hizo en una forma
que después ha sido imitada.
Estableció un nuevo derecho cobrando dos carlin sobre ei rubbio de na-
rina; después de todas Ias mermas le llegaron a él 30,000 escudos, cantidadj
que destino a pagar los intereses de un capital que tomo a préstamo y así]
fundo ei Monte delia farina. Notemos como esta operación financiera se aseme-J
38 Bula de Paulo IV. Cupicntes indemmtati: 15 Abril 1559. BuJ/ar. Cocq., rv, i, 358. Exa»|
lio causantibus diversis exceptionibus iiberlatibus et immunitatibus a so/utibne ipsius subsidH
diversjs coinmuniíaíibtis et iinivcrsiratibus et particularibus personis nec non civitatibus terra
oppidis et íocis nostri síatus eccíesiastici concessis, et iactis díveisanim portíonum e/usdem subsidü
donationibus seu remissionibus, vix ad dimidium summae Ireccntorum millium scutorum hujuf-
inodi ascendit.
38 "Istruttione per voi Monsignore d'Imola: ultimo di Marzo 1551". Informationi poíirt
che, t. XII.
40 U papa a Ciovamb. di Monte. 2 Abril 1552.
HACIENDA PAPAL 191

t i a Ias anteriores. Así como antes se crearon cargos eclesiásticos y se les retri-
iliyó con los ingresos crecientes de Ia cúria, con ei solo fin de poder vender
pios cargos y tener a mano Ia suma que hacía falta en ei momento, así se
Niimcntaron ahora los ingresos dei Estado mediante un nuevo impuesto dei
• u c se servia unicamente como masa de intereses para pagar un gran capi-
i 'I que no se hubiera podido obtener de otra manera. Todos los Papas poste-
riores hicieron Io mismo. Unas veces estos Monti eran, como ei clementino,
Hon vacabili; otras vacabili, es decir, que con Ia muerte dei acreedor cesaba ia
Bligación de pagar intereses, pero entonces estos eran más altos y Ia organi-
• ii iii colegial de los montistas se acercaba más a Ia figura de los cargos. Pau-
IV instituyó ei Monte novennale deFrati sobre Ia base de Ia contribución
que obligó a Ias ordenes regulares. Pio IV impuso un quatrin por libra de
• t e y utilizo sus ingresos para fundar un Monte fio non vacabile, que
aporto 170,000 escudos. Pio V cstableció un nuevo qitatrin sobre Ia libra
i carne e instituyó ei Monte lega.
Si consideramos este desarrollo en su conjunto se nos revela Ia importan-
del Estado de Ia iglesia. ^Cuáles son Ias necesidades que obligan a los
Ipas a adoptar este gênero particular de empréstitos que supone un gravamen
directo de su país? Por Io general se trata de Ias necesidades dei catolicismo
general. Una vez que acabaron los dias de Ias tendências puramente polí-
i n, ya no se piensa más que en Ias puramente eclesiásticas. Casi siempre ei
'Mui de nuevas operaciones financieras reside en Ia necesidad de ayudar a
potências católicas en su lucha contra los protestantes o en sus empresas
Jntra los otomanos. Por eso ei Monte fundado por Pio V se llama Monte
gfl, porque ei capital que aporta se aplica a Ia guerra contra los turcos que
Papa emprende en unión de Espafia y Venecia. Este sesgo se acentua cada
más, y todo movimiento europeo afecta ai Estado de Ia Iglesia en esa
m u . Casi siempre tiene que acudir a un nuevo gravamen para sostener
intereses eclesiásticos. Por esta razón era tan importante Ia posesión de su
lltado para poder afirmar Ia posición eclesiástica de los Papas.
Pero no se contentaron solo con los Monti, sino que siguieron apelando
los viejos médios. Continuamente crearon nuevos cargos o caballerate, con
•Ivilcgios especiales, ya sea que Ias remuneraciones se cubrieran a Ia par
Ipn nuevos impuestos o que Ia depreciación notória dei dinero aportara sumas
Tbortantes a Ia Câmara.' 11
Así ocurrió que los ingresos de los Papas —después de una pequena baja
jon Paulo IV, debida a sus guerras— crecieron continuamente. Todavia con
bulo remontaron hasta 700,000 escudos; con Pio se estimaban en 898,482
pcudos. Paulo Tiépolo se asombra de que en ei afio de 1576, trás una ausência
íueve anos, hayan aumentado en 200,000 escudos, llegando hasta 1.100,000.
H r r o Io extraordinário, aunque no pedia ser de otra manera, es que no por eso
k l Papas recibían más. Con los impuestos aumentaron también ias enajena-
Honcs de Ias rentas. Se calcula que Júlio III enajenó 54,000 escudos de renta
I *> De este modo se hallaban Iiacia 1580 muchos luoghi di monte a 100 cn vez de 130: los
•JUIIos de los vacabili se rebajaron de 14 a 9, Io que constituyó un gran ahotio.
192 ESTADO Y CORTE

y Paulo IV 45,960, en tanto que Pio IV, que apelo a toda clase de médios,
hasta 182,550. Con él ei número de los cargos enajenables se elevo a cuatro mil
quinientos, como es natural con exclusión de los Monti, que no se contaron
entre los cargos.4- Y Ia suma de Ias cnajenaciones llegó a 500,500 escudos, pero
siguió creciendo, pues en ei afio 1576 llcgaba a 530,000. Y aunque los ingresos
aumentaron mucho, Ias enajenaciones importaron casi Ia mitad.43
Los registros de Ias rentas papales de Ia época ofrecen ún cuadro extraor-
dinário. Después de indicar a cada renglón Ia suma a cuya entrega se había
obligado ei arrendatário —los arrendamientos rústicos se celebraban por \&
regular por nueve anos—, se senala qué parte se ha enajenado de ella. Por
ejemplo, Ia áogctna de Roma suministró ei ano de 1576 y los siguientes Ia
respetable suma de 133,000 escudos, pero de ellos 111,170 estaban ya asignados^
y todavia sufrían otras retracciones, de suerte que Ia Câmara no recibía más
de 13,000 escudos. Algunas gabelas sobre trigo, carne y vino se cancelabarw
por completo, pues estaban asignadas a los Monti. De varias cajas provinciales»"
denominadas tesorerías —que ai mismo tiempo tenían que sufragar los gastos
de Ia província—, por ejemplo, Ias de Ia Marca y Camerino, no entro un solo
bajocco en Ia Câmara apostólica. Y eso que a menudo se lesagregaba ei sub-
sidio. Se hicieron tan fuertes asignaciones a cargo de Ias minas de alumbre»
de Tolfa, en Ias que antes se confiaba más que en otra cosa, que sus ingresosl
disminuyeron en unos cuantos miles de escudos.44
Para los gastos de su persona y de Ia corte ei Papa descansaba preferen-
temente en los ingresos de Ia dataria, que eran de dos clases, unos, más bien'
eclesiásticos: composiciones, determinados pagos en virtud de los cuales Ia
dataria consentia algunas irregularidades canónicas, como reservas, ei paso de
un beneficio a otro, etc. Paulo IV los acortó mucho merced ai rigor con que
procedió,45 pero volvieron a aumentar poço a poço. Los otros ingresos tenían'1
más bien caracter secular. Se producían en casos de vacantes y nuevas transfe-'
rencias de Ias caballerate, cargos y puestos enajenables en los Monti vacabilú
y fueron creciendo a medida que crecieron estos. Pero Jjacia 1570, ambas claseyi
de ingresos juntas cubren apenas Ias necesidades diárias de Ia casa.
El Estado de Ia Iglesia se vió en una situación nueva con esta marcha.
Así como antes pregonaba ser ei Estado italiano con menos gravámenes, aliora
no iba a Ia zaga de los demás y hasta los sobrepasaba;48 l o s h a b i t a n t e s s e ,
q u e j a b a n a b i e r t a m e n t e . D e Ia vieja i n d e p e n d ê n c i a m u n i c i p a l a p e n a s q u e d a b é '
n a d a . L a a d m i n i s t r a c i ó n se h a c í a c a d a v e z m á s r e g u l a r . L o s d e r e e b o s p ú b l i c o s

42 Lista degíi ufíicii de/Ja corte Romana. 1560. Bibl. Ghigi N. u, 50. Muchos otros Índice»
de diferentes anos.
*8 Tiépolo calcula que se emplearon además 100,000 escudos para sueldos, 270,000 para
castillos y nunciaturas, de modo que ai Papa lc qucdaban 200,000 libres. Hace Ia cuenta de que
los Papas con cl pretexto de sus necesidades para Ia guerra turca, tuvieron 1.800,000 escudos de
ingresos, mientras que en rcalidad habían gastado para este fin tan solo 340,000.
** P. e. Entrara delia reverenda camera apostólica sotto il ponti/icato de N. S. Gregorio XIII
fatta ne»'aiino 1576. MS. Gothana, n. 219.
45 Según Mocnnigo, 1560, produjo Ia dataria antes entre 10,000 y 14,000 ducados por mej.
Bajo ei pontificado de Paulo IV estos ingresos oscilaron entre 3,000 y 4,000 ducados.
«« Paolo Ticpolo, Reíatione di Roma in fempo di Pio IV e Pio V, dice ya: L'impositione
GRECORIO XIII 193
Con frecuencia se solían ceder a los cardenales y prelados que estaban en favor
' que sacaban así bastante partido de Ia situación. Los paisanos de los Papas,
I os florentinos con los Médicis, los napolitanos con Paulo IV, los milaneses
con Pio IV, disfrutaron de los mejores puestos. Pio V acabo con esto. Aquellos
favoritos nunca habían administrado por si mismos, sino que dejaron ei cuidado
• algún doctor júris;47 Pio V utilizo a estos doctores, pero ei provecho que
llia a parar a los primeros se Io reservo para Ia Câmara. Todo era más ordenado
1
regular. Se había instituído una milícia y había reclutados 16,000 hombres;
Í 'ío IV creó un cuerpo de caballería ligera; Pio V disolvió ambas instituciones:
liquido Ia caballería y dejó Ia milícia abandonada a su suerte; toda su fuerza
•rmada no llegaba a quinientos hombres, de los cuales, trescientos cincuenta
nran en su mayoria suizos, y residían en Roma. Si no hubiera habido que de-
Ifcnder Ias costas contra los ataques de los turcos, Ia gente hubiera perdido Ia
[costumbre de Ias armas. Esta población bélica parecia querer hacerse pacífica.
I M Papas deseaban gobernar ei país como un gran domínio cuyas rentas se
rmplcaran principalmente en cubrir Ias necesidades de Ia Iglesia, aunque
rn parte sufragasen los gastos de Ia casa.
Ya veremos como en este aspecto tropezaron todavia con grandes difi-
íultades.

III. LA ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y DE SIXTO V

1) Gregorio X1I1
Crcgorio XIII —Hugo Buoncompagno, de Bolonia— que había prosperado
Bino jurista y en los negócios dei mundo, era alegre y amante de Ia vida por
naiuralcza; tenía un hijo, bien es verdad que anterior a su ingreso en ei sacer-
dócio, pero de todos modos habido fuera de matrimônio y, aunque desde en-
bnces llevó una vida regular, nunca fué, sin embargo, un tipo rigorista, y
mi. bien le desagradaba Ia manera severa; parecia querer inspirarse48 más
rn ei cjemplo de Pio IV, cuyos ministros volvió a reponer, que en ei de su
•mediato antecesor. Pero con este Papa vemos lo que puede un sentir que
lia llcgado a prevalecer. Cien anos antes "hubiera regido como un Inocen-
•0 VIII todo lo más, pero en este momento ni siquiera un hombre de sus
condiciones se pudo sustraer a Ia tendência rigerista que- dominaba en Ia
lj;li-sia.

«l/.i \t.ito ccc/csiastico è gravezza quasi insopportabi/e per essere per diversi alrri conti molto
I if;i;r.iv'.ifo; —d'alienare piu entrate delia cíiiesa non vi è piu ordinc, perche quasi turre F entrate
Hffrte si frovano gia alienatc e sopra I'incerto non si trovar/a chi desse danari.
*1 Ticpolo, ibid. Qua/chc governo o Icgatione rispondeva sino a tre, quatro o forse setle
I niila c piu scudi. J'anno. E quasi tutri a//egramen(e ricevendo il denaro si scaricavano dei peso
• drl governo coí metrerc un doffore in iuogo loro.
** Se espero que iba a gobernar de manera distinta de Ia de sus antecesores: mifiori qua-
I dum hominumque captui accommodatiori ratione. Cominentarii de rebus Gregori X1I1 (MS.
•ibl. Alb.)
194 ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V

Existia en Ia corte un partido que se había impuesto como meta principal


mantener aquel rigor. Se trataba de jesuítas y teatinos y de amigos suyos. Se
cita a los monsignori Frumento y Corniglia, ai valiente predicador Francisco
Toledo, ai datario Contarell. Pronto cobraron ascendência sobre ei Papa, con
tanta mayor rapidez cuanto que trabajaban juntos. Le hicieron ver que ei
prestigio de que gozo Pio V se debió sobre todo a su conducta personal; en to-
das Ias cartas que le mostraban no se hablaba de otra cosa sino dei recuerdo
de Ia santa vida dei difunto, de Ia fama de sus reformas y de sus virtudes.
Impedían que le llegara cualquier manifestación en sentido contrario. A Ia
ambición de Gregorio XIII le dieron un matiz eclesiástico.49
Le tentaba mucho favorecer a su hijo y elevarlo a Ia dignidad de prínci-
pe. Pero con los primeros favores que le demostro, haciéndole castellano de
Sant'Ângelo y gonfaloniero de Ia Iglesia, sus amigos le plantearon una cuestiónj
de conciencia. Durante ei jubileo de 1575 no permitieron que Giacomo per-
maneciera en Roma y, solo pasado este tiempo, consintieron su regreso, y esoJ
porque ei disgusto dei joven ponia en peligro su salud. Gregorio caso a su hijo
y permitió que Ia república de Venecia le nombrara nobili50 y ei rey de Espafia
general de su guardiã. Pero siempre Io mantuvo muy sujeto. Cuando una vea|
se permitió liberar de Ia prisión a un compafiero de universidad, ei Papa le
desterro de nuevo y estuvo a punto de desposeerle de todos sus cargos. La esposa
Io impidió postrándose a sus pies. Pero, de todas maneras, volaron sus esperan*]
zas por mucho tiempo.51 Solo en sus últimos anos Giacomo tuvo influenciai
sobre su padre, pero tampoco en los negócios importantes dei Estado ni de unj
modo absoluto.62 Cuando se le rogaba que interviniera con ei Papa se encogíal
de hombros.
Si esto ocurría con ei hijo, mucho menos podrían esperar otros familiares
un favor irregular o una participación en ei gobiemo: nonu/ró cardenales a dos|
sobrinos suyos; también Pio V había hecho algo parecido, pero ai tercero, que
no pretendia menos, se nego a recibirlo en audiência y/Te obligó a alejarse en efl
término de dos dias. También ei hermano dei Papa se había figurado que había |
Uegado ei momento de disfrutar de Ia dicha recaída sobre Ia casa; llegó hasta Or-1
49 Relatione delia corte di Roma a tempo di Gregorio XIÍI (Bibl. Corsini 714) 20 Fcbr.
1574; muy instructiva sobre este punto. El autor dice de Ia persona dei Papa: non è stato scrupti-
loso nô dissoluío mai e le son dispiaáute le cose mal ratre.
' o La República de Venecia tuvo con ese motivo Ia cucstión delicada de determinar su ori-
gcn. Se ha elogiado como prueba de Ia habilidad veneciana ei que se le llamó Signor Giacomo
Boncompagno, "estrechamente relacionado con Su Santidad". Fué esto un recurso dei cardcnal
Como. Cuando se habló de este asunto, ei embajador prcguntó ai ministro si era conveniente
llamar a Giacomo hijo de Su Santidad. S. Sgri.i. /l/mo. prontamente, dopo avere sensato con
mo/te paro/e il /a/to di S. Si. che prima che havesse a/cuno ordine ecc/esiastico generasse questo
figliuolo, disse: che siipotrebbe nominarlo per il Sr. /acomo Boncompagno Bologhese strettamenta I
congiimto con Sua Santirà. Dispaccio Pao/o Tiepolo, 3 Marzo J574.
81 Antônio Tiepolo, Dispacci Agosto Setf. 1576. En un despacho dei ano 1583 (29 de mar-
zo) se dice: il Signor Giacomo non si lascia intromettere in rose di stato.
*2 Solamente en estos últimos renglones se expresa Ia opinión, muy arraigada, que encuentro,
p. cj., también en Ias memórias de Richelieu: prince doux et benin fut meilleur faomme que
bon pape. Se verá en cuán limitada medida es esto cierto.
GliEGORIO XIII 195

vlcto, pero se encontro con un enviado de Ia corte que le ordeno regresar. Las
Jégrimas le saltaban a los ojos y no podia resistir ei deseo de marchar a Roma,
Bero una segunda orden le obligó a regresar a Bolonia.83
En una palabra, no se puede achacar a este Papa ei haber fomentado ei
otismo ni haber favorecido a su família ilegítimamente. Cuando un carde-
recién nombrado le dijo que estaba agradecido a Ia casa y a los familiares
Su Santidad, golpeó este los brazos de Ia silla, y exclamo: "A Dios y a Ia
ita Sede tenéis que estar agradecido."
Así, estaba dispuesto a afirmar Ia tendência religiosa. No solo trato de
lar Ia piedad de Pio V, sino de excederia.54 Los primeros anos de su ponti-
do decía misa três veces a Ia semana y Ia dei domingo nunca dejó de
iria. El cambio de su vida no solo era irreprochable, sino edificante.
Jamás un Papa ha cumplido con ciertos deberes de su cargo con más fide-
I M !. Tenía listas de personas de todos los países dignas de ser elevadas ai
itcopado y se mostraba muy enterado cuando se le hacía alguna propuesta.
ei mayor cuidado procedia en Ia promoción de estas altas dignidades.
Sobre todo procuro fomentar una buena ensefianza eclesiástica. Con gran
lierosidad apoyó a los colégios de jesuítas. Hizo importantes donativos a Ia
lia de los profesos en Roma: compro casas, cerro calles y les asignó rentas
|ru dar ai colégio Ia forma que hoy conserva todavia. Se penso en veinte
lias y en trescientas sesenta celdas para los estudiantes; se le llamaba semina-
de todas las naciones. Para indicar que ei propósito era abarcar ai mundo
Itcro, en su apertura se pronunciaron veinticinco discursos en diferentes idio-
y cada uno con su inmediata traducción latina.58 El Colégio Germânico,
idado con anterioridad, estaba en peligro por falta de recursos y ei Papa le"
lió 10,000 escudos de Ia Câmara apostólica, además dei palácio de San
Jinar y las rentas de San Stefano de Montecelio. Hay que considerar a
:gorio como autêntico fundador de este instituto, dei cual han salido ano
afio camino de Alemania apóstoles dei catolicismo. También fundo un
legio inglês y le doto de médios. Sostuvo los colégios de Viena y de Gratz
tu propio pecúlio y no había ninguna escuela de jesuítas en ei mundo que
gozara en una forma u otra de su generosidad. Por consejo dei obispo de
jtlu fundo también un colégio griego. Se admitirían muchachos de trece a
leiséis anos y no solo de países que estuvieran bajo Ia soberania cristiana, como
Inrfú y Candía, sino también de Constantinopla, Morea y Salónica. Tenían
liestros griegos; vestían ei caftán y ei birrete veneciano; se les quiso educar
)inplctamente a Ia griega y no debían olvidar que habrían de volver a su
Hria. Había que permitirles su rito Io mismo que su idioma y serían instruídos

M EI buen hombre se queja de que ei pontificado de su hemiano le era más perjudicial que
|0, porque le obligaba a gastos mayores de Io que importaba Ia subvención de Gregorio.
, M Seconda reiazione deli'ambasciatore di Roma Cimo. M. Pao/o Tiepolo Cavre. 3 M.iggio
pi. NeJ/a religione ha tolto non solo d'imitar, ma ancora d'avanzar Pio V: dice per ('ordinário
llicno tre volte messa alia settimana. Ha avuto particolar cura delle chiese, focendole non solo
• rabriche et altri modi ornar, ma ancora colla assistência e frequentia di preti accrescer nel
li" divino,
M Dispaccio Donato li Genn. 1582.
196 ÉPOCA DE GREGOBIO 3UII V SIXTO V

en Ia fe según los princípios dei concilio en que se unifican Ias Iglesias griega
y latina.56
En esta preocupación por todo ei mundo católico cuenta también Ia re-
forma dei calendário. Era un deseo dei concilio tridentino: Io hacía riecesario
Ia desviación de Ias grandes fiestas de su relación, fijada por resoiuciones con-
ciliares, con Ias épocas dei ano. Todas Ias naciones católicas tomaron parte en
esta reforma. Un calabrés poço conocido, Luigi Lilio, ganó renombre inmortal
ai ofrecer métodos fáciles para acabar con ei desorden. Su proyecto fué comu-
nicado a todas Ias universidades, entre otras Ias de Salamanca y Alcalá, y de
todas partes llovieron aprobaciones. Una comisíón en Roma, cuyo miembro^
más acriVo y enterado era ei alemán Glavius,57 Io sometíó a una nueva invés-;
tigación y resolvió en definitiva. En Ia empresa tuvo gran parte ei erudittW
cardenal Sirleto. Se trabajó con cierto mistério, pues no se mostro a nadíe ei j
nuevo calendário, ni siquiera a los embajadores, hasta que fué aprobado potij
Ias diversas instâncias.58 Gregorio Io dió a conocer solemnemente. Ensalza<
Ia reforma como una prueba de Ia inconmensurable grada de Dios a favor de Ia
Jglesia.58
Perc no todas Ias actividades de este Papa fueron de naturaleza tan pa-j
cífíca. Le causaba desazón que los venecianos celebraran Ias paces con ei turcoJ
seguidas de un armistício de Felipe II. Si hubiera dependido de él, jamás se
hubiera disuelto Ia Liga que ganó Ia batalla de Lepanto. La actividad dei PapaJ
se ensancha con los distúrbios de los Países Bajos y de Francia y con Ias díscu-J
siones de Jos partidos en Aiemania. Era incansable en sus pioyectos contra los
protestantes. Las revueltas que Ia reina Isabel tuvo que dominar en Irlanda
fueron animadas casi siempre desde Roma. El Papa no ocultaba que queríaw
emprender una acción general contra Inglaterra. Ano trás afio sus nuncioM
hablan de esto con Felipe II y con los Guisa. No dejaría de tener interésjj
abarcar en conjunto todas estas tentativas, a menudo desconocidas por aquellod
cuya perdición maquinaban y que, por último, condujeron ai episódio de Ia
Armada Invencible. Gregorio XIII puso ei mayoí empeno en todas estas nego-,
ciaciones. La Liga en Francia, que fué tan peligrosa prara Enrique III y para]
Enrique IV, tiene su origen en las relaciones de este Papa con los Guisa.
Es verdad que Gregorio XIII no apesadumbró mucho ai Estado con sus
familiares, pero, por Ia naturaleza de sus empresas, tan amplias y tan costosaw
tuvo que echar mano en gran medida de los recursos públicos. La expedicióry
no muy importante, de Stuckley, que fracasó en África, le costó una suma]
considerable. A Carlos IX le envio una vez 400,0Cfo ducados, conseguidos cory
impuestos indirectos en las ciudades dei Estado. A menudo auxiliaba con sumas]
de dinero ai enrperador y ai gran maestre de Malta. Pero también sus activida*!
des pacíficas exigían gastos importantes. Se calcula que las ayudas para losj
«« Dispacáo Antônio Tiepolo 19. Marzo 1577: accio che /afio maggiori possano afíerrionat»-1
mente e con li verità imparata dar a vedere ai suoi Greci /a vera via.
57 Erythraeus: in quibus Chrisíophorus C/avius principem iocum obtinebat,
68 Dispaccio Oonato 20 Dec. 1582. 2 Giugno 1582. Elogia ai cardenal como un huomOi
veramente di grande Jitteratura.
6» Bula dei 1J de febrero de 15S2, J 12. Bullar. Cocq., rv, 4, 10.
GREGO RIO XIII 197

estúdios de jóvenes le costaron 2.000,000.eo Mucho le debieron suponer tam-


bién los veintidós colégios de jesuítas que le debíau su nacimiento.
Dada Ia situación de Ias finanzas dei Estado —que nunca contaba con uri
I excedente disponible a pesar dei aumento de los ingresos— debió encontrarse
leon frecuencia en dificultades.
Poço después de ser nombrado Papa los venecianos trataron de animarle
hora un empréstito, Con atención creciente escuchó Gregorio Ia propuesta de-
liilluda dei embajador y cuando se dió cuenta de Io que este pretendia, excla-
mo: "Senor embajador, estoy perdiendo ei tiempo. La congregación se reúne
•odos los dias para procurar dinero y no encuentra ningún médio efectivo."61
La administración pública de Gregorio XIII era ahora importante. Se
•abía llegado a condenar Ias enajenaciones y Ia imposición de nuevos tributos,
t>ii( s se cayó en Ia cuenta de Io peligroso y corrupto de un sistema semejante.
Ifcri-gorio encomendo a Ia congregación que le procurara dinero, pero no rae-
Mliintc concesiones eclesiásticas ni con nuevos tributos, ni tampoco con Ia ena-
•nación de Ias rentas de Ia Iglesia.
iQué otro médio se podia encontrar? Son nota.bíes Ias dísposicíones adop-
íilas y sus efectos.
Gregorio XIII, que seguia siempre un concepto jurídico absoluto, pareció
icontrar que ei principio eclesiástico disponia de muchos derechos que no
mia más que hacer valer para que aportaran nuevos recursos.62 No le preocu-
p a respetar los privilégios que se le cruzaran en su camino. Sin consideración
guna, anulo ei derecho de los venecianos a exportar trigo en condiciones
ivorables de Ia Marca y de Rávena. Decía que estaba dispuesto a que los
«ranjeros pagasen tantos impuestos como los nativos.63 Como no se sometieron
i seguida, mando entrar en su almacén de Rávena., subastar Io que se encon-
•ra y meter en Ia cárcel a los propietarios. Pero esto no era mucho, solo
lílalaba ei camino por ei que estaba decidido a marchar. Mucho más impor-
iitc* íaé que le pareció percibir ia existência de ciertos abusos entre ia aristo-
km ia de su país, abusos con los que queria acabar en provecho de Ia caja
Bíblica. Su comisario en Ia Câmara, Rodolfo Bonfigliuolo, le presentó un
•fuyecto con una extensa ampliación y renovación de los derechos feudales,
Mui en Ia que no había pensado apenas. Considero que una gran parte de los
•uillos y bienes de Ias baronías dei Estado pontifício habían revertido ai
'•jw, unos por h estinción de los derecho habientes, ottos por no pagar
I icntas a que estaban obligados.64 Nada podia parecerle más oportuno ai
'"i Cálculo de Baronius. Posscvinus en Ciacconiuj Vitae Ponti/icum, iv, 37. Lorcnzo Priuli
ll< iilu que gasto anualmente 200,000 escudos en opere pie. Los más autênticos y detallados sobre
*r punto son los extractos de Ias relaciones dei cardenal de Como y de Musotti que comunica
loquei ines ai final de los Annali de Maffei.
»i Pispaccio 14 Mano J57J. Es una congregatione deputata sopra Ia provisione di danarí.
I M Maffei, Annah di Gregoiio XIII, i, ]04. Calcula quç eJ Estado pontificio solo tenía
10,(100 escudos de ingresos libres.
•8 pispaccio Antônio T/epofo 12 Aprií 1577.
"i Pispaccio A. Tiepoío 12 Genn. 1579. II commissario delia camera attende con moita dili-
|tlti.i a ritrovare e rivedere scritture per ricupírare quanto dalli pontefici passati si è stato obligato
ilullo in pegno ad alcuno, e vedendo che S. Si, gli assentisse volontieri, non Ia spargna o porta
iprllo ad alcuno.
198 ÉPOCA DE GREGORIO XHI Y STXTO V

Papa, que ya había adquirido bienes parecidos por extinción de línea o por
dinero. Se puso en seguida a Ia obra. En Ias montanas de Ia Romana arrebato
Castelnovo a los Isei de Cesena y Coreana a los Sassatelli de Imola. A los Ran-
gone de Módena se les confisco Lonzano en una bella colina y Savinano en Ia |
llanura. Alberto Pio entrego voluntariamente Bertinoro, para evitar ei proceso
con que le amenazaba Ia Câmara, pero esta no se dió por satisfecha, pues le
arrebato también Verucchio y otras localidades. Fué presentando Ias rentas
todos los dias de San Pedro, pero no se le aceptaron más. Esto ocurrió en Ia
Romana. Pero así se procedió también en Ias demás províncias. No solo se echá|
mano a los bienes con cuyas obligaciones feudales no se cumplía; existia»!
otros, en poder de los barones, que estos habían recibido en hipoteca; su origem
jurídico estaba olvidado ya y venían pasando de mano en mano como propie-<|
dad libre enriquecida de muchas mejoras; ahora se les ocurrió ai Papa y a su
comisario Ia conveniência de resolver Ias hipotecas. De este modo se hicieronj
duefios dei castillo Sitiano, depositando Ia suma de 14,000 escudos, que ni cora
mucho representaba ei valor de Ia finca.
El Papa puso demasiadas esperanzas en estas acciones. Creía ganar méri-
tos para ei cielo si conseguia aumentar los ingresos de Ia Iglésia, sin apelar a
nuevos tributos, tan siquiera en 10 escudos. Calculaba satisfecho que los ingre-J
sos dei Estado pontificio habían aumentado en 100,000 escudos en poço tiempffl
y por vias legales. Aumentan, así, Ias posibilidades de abordar empresas contrai
los herejes e infieles. En Ia corte Ia mayoría prestaba su asentimiento. "Esta
Papa se llama alerta [esto significa Gregorio] —decía ei cardenal de Como—i
quiere estar alerta y recobrar Io suyo."98
Pero en ei país estas medidas produjeron otra impresión entre Ia aristo-|
cracia.
Muchas grandes famílias se vieron de pronto despojadas de una posesión
que consideraban de todo derecho. Otras se sentían amej>azadas. Todos los
dias se examinaban viejos papeles en Roma y s/ encontraban nuevos derechos
que hacer valer. Pronto, nadie se sintió seguro y muçhos se decidieron a deA
fender sus bienes con Ias armas antes de contestar ai comisario. Uno de esto»
feudatarios le espeto ai Papa: "Si de todos modos hay que perder, por lo menos
se siente cierto gusto cuando uno se defiende."
Por ia influencia de Ia nobleza sobre los campesinos y sobre los nobili de
Ias ciudades vecinas, se produjo efervescência en todo-ei país.
Se anadió que ei Papa, mediante unas medidas mal calculadas, también
infligió serias perdidas a algunas ciudades. Entre otras cosas había subido los
derechos aduaneros de Ancona, creyendo que ei aumento recaería sobre los co-
merciantes y no sobre ei país. Con esto hizo un dano a Ia ciudad dei que ya
no pudo reponerse; ei comercio se alejó repentinamente. De poço sirvió qua
Ias tasas fueran retiradas y que los ragusanos recobraran sus viejas libertades.
65 Dispaccio 21 Ott. 1581. Sono molti anni che Ia chiesa non ha havuto pontefice di questo
nome Gregorio, che secundo Ja sua etimologia greca vuol dire vigilante: questo che è Gregorio «
vigilante, vuol vigilare e ricuperare il suo, e li par di far un gran servitio, quando ricupera alcunt
cosa, benche minúna.
GREGORIO xm 199

Las consecuencias fueron inesperadas y extranas.


La obediência, y más en un país tan pacífico, reposa siempre en una su-
Inisión voluntária. Pero los elementos de agitación no estaban eliminados sino
Unicamente reprimidos; solo Ia hegemonia dei Gobiemo los mantenía ocultos.
Pero tan pronto como cedió en un punto Ia subordinación, esos elementos
lubieron a Ia superfície y se presentaron con ímpetu de lucha. El país parecia
recordar de pronto que durante siglos había sido muy guerrero, aficionado a las
•rmas e independiente en médio de sus luchas de partido. Empezó por menos-
Breciar ei gobiemo de curas y doctores y volvió ai estado de ânimo que era
11 suyo natural.
No es que se produjera una oposición, una revuelta contra ei Gobiemo,
bero ya era bastante que por todas partes empezaran a resurgir los viejos
partidos.
Toda Ia Romana apareció de nuevo escindida por ellos. En Rávena los
Rasponi y los Leonardi, en Rímini los Ricciardelli y los Tignoli y en Cesena
•M Venturelli y los Sassatelli. Es decir, con ei nombre viejo, gibelinos y güel-
los, pues si bien los intereses en pugna habían cambiado mucho, los nombres
•urgieron de nuevo. A menudo los partidos poseían cuarteles especiales o se
••bían hecho duefios de diferentes iglesias. Llevaban pequenos distintivos: los
•üelfos, Ia pluma a Ia derecha dei sombrero, los gibelinos, a Ia izquierda;M
L división penetro hasta Ia más pequena aldea y nadie hubiera perdonado Ia
Vida ni a su hermano de pertenecer este a Ia facción contraria. Algunos se des-
^Icieron de sus mujeres por ei asesinato para tomar mujer de una família que
•erteneciera ai mismo partido. Los pacifici no servían ya, entre otras cosas por-
ue ei favor había hecho entrar en esta corporación a gentes de menos valia,
Í as facciones administraban justicia dentro de si mismas. A menudo declaraban
mocente ai que había sido condenado por los tribunales papales. Irrumpieron
tn las prisiones para libertar a sus amigos, y a sus enemigos los buscaban
también en ellas; a veces se veían ai dia siguiente sus cercenadas cabezas ex-
bucstas en Ia fuente de Ia plaza.87
Como ei poder público era tan débil, montones de foragidos formaron
pequenos ejércitos en Ia Marca, en Ia Campana y en todas las províncias.
A su cabeza iban Alfonso Piccolomini, Roberto Malatesta y otros jóvenes
|K mnecientes a las famílias más distinguidas. Piccolomini se apoderó dei ayun-
larniento de Monte-abboddo; mando buscar a todos sus enemigos y los hizo
ijrtutar ante los ojos de sus madres y esposas; tan solo de Ia familia Gabuzio
murieron nueve. Mientras tanto, sus secuaces bailaban en Ia plaza. Cruzo
lodo ei país con ínfulas de Sefior; en los dias aciagos se hacía pasear delante
dr su tropa en un litera. Aviso a los habitantes de Cometo que se dieran prisa

r >r recoger sus cosechas, porque iba a quemar los sembrados de su enemigo
Mino Orsino. Él personalmente se comporto con cierto honor: arrebato a un
"O En las Relatione delia Romagna se encuentran las diferencias neJ tagliar dei pane, neí
«ligersi, iii portare il pennacchio, fioeco o fiore ai capello o aWorecchio.
•t En ei MS. Sixtus V Pontiiex M. (Bibl. Altieri, Roma) se encuentra Ia descripeión deta-
H.i'1.1 de esta situación.
200 ÉPOCA DE GRBGORIO XIII Y SIXTO V

mensajero Ias cartas, mas no toco ai dinero. Pero tanto más ávidos y rapaces se
mostraron sus companeros. De todas partes acudían a Roma los delegado*
de Ias ciudades en busca de ayuda.68 El Papa aumento su fuerea armada y diò>
plenos poderes ai cardenal Sforza, mayores de los que nadie hàbía poseído de»*
de los tiempos dei cardenal Albornoz. No solo debía proceder sin tener en
cuenta los privilégios, pero ni siquiera Ias normas jurídicas ni Ias formas de
proceso alguno y con manu regia.69 Giacomo Boncompagno salió ai campo yi
consiguió dispersar Ias partidas, limpiar ei país de ellas, pero volvió a instaurara*
ei anterior estado de cosas en cuanto Ias fuerzas se alejaron.
Una circunstancia especial coadyuvó en este desorden.
El Papa, que a menudo fué tenido por demasiado bondadoso, había to-
mado muy en serio tanto sus derechos principescos como los eclesiásticos.7*!
No tuvo reparos con ei emperador ni con ei rey de Espana, ni considerariam
alguna con sus vecinos. Y no solo con Venecía se enzarzó en mil cuestionesJ
sobre ei asunto de Aquileya, sobre Ia inspección de sus iglesias, etc. —los enw
bajadores no aciertan a describir Ia indignación dei Papa cuando se le habla*
de estos asuntos, ei resentimiento de que da muestras—, sino también con
Toscana y Nápoles; Ferrara fué tratada sin contemplacíones; Parma acababai
de perder grandes sumas en sus pleitos con ei Papa. Todos estos vecinos se
alegraron ai ver ai Papa embarullado con Ias revueltas y, sin gran disgustoJ
acogieron a los bandidos en sus países para soltados, a Ia primera ocasión,
sobre ei território pontifício. El Papa les rogo inutilmente que desistieran. Les
parecia un poço extrano que no guardando Roma consideración alguna a
nadie, ahora Ia pidiera para si.71
De este modo Gregorio no pudo dominar a sus rebeldes. No se pagaba>l
tributo alguno y ei subsidio no Uegó. En todo ei país se produjo un desconten4
to general y hasta algunos cardenales se preguntaban si no seria mejor adhe-j
rirse a otro Estado. ^
No era posible pensar en continuar en estas circunstancias con Ias medi-
das adoptadas por ei comisario de Câmara. En djciembr&de 1581 ei embajadod
veneciano comunica de modo expreso que ei Papa ha suspendido todos los proJ
cesos en matéria de confiscaciones.
Tuvo que sufrir que Piccolomini se presentara en Roma y le hicicra llegar]
«8 Dispacci Donato dei 1582.
fl9 Breve, para Sforza, reproducido en los Dispacci. Omnimodam facultarem potcsfafem)|
auetoritatem et arbitrium contra quoscunque bannitos facinorosos receptatores fautores compIicMj
et sequaces etc. nec non contra communitafes universitates er' civitates terras et castra et a/ioj
cu/uscunque dignitatis vel praeeminentiae, Barones Duces et quavis autoritate fugentes, et extra-
/udicía/iter et /uris ordine non servato, etiam sine processu et scripturis, et manu regia ilibsquo
omnes et singulos puniendi tam in rebus in honis quam in personis.
10 Ya en 1578 Io advirtió P. Tiepolo. Quanto piu cerca d'acquistarsi nome di giusto, tanto |
piu Io perde di gratioso, perche concede mo/to meno gratie estraordinarie di que! clie ha fatio
altro pontefice di molti anni in qua: —Ia qoaí cosa, aggiunta a7 mancamento ch'è in lui di certí
ofíici grati et accetti per Ia difficoltâ massimamente naturaíe che ha nel parlar e per le pochissinJ
parole che in ciascuna oceasione usa, fa ch'eg'i in gran parte manca di quel/a grafia appresso le
persone.
TI Dispaccio Donato 10 Seft. 1581. E una cosa grande che con non dar m.ii satisfationi
nissuna si pretende d'avere da altri in quello che toeca a/la íibertà de/Jo stato suo corrcntemenMf
ogni sorte d'ossequio.
sacro v 201
mu petición de absolución. 72 Le corrió un calosfrío cuando leyó ei documento,
cnn toda Ia larga serie de crímenes que tenía que perdonar, y Io dejó sobre
Ú» mesa. Pero se le decía: de três cosas una; o su hijo Giacomo morirá a manos
tlr Piccolomini, o este tendrá que ser muerto por Giacomo, o no hay más
(irmcdio que absolver ai bandido. Los confesores de San Juan de Letrán
dcclararon que, aunque no querían romper con ei secreto de confesión, podían
•ciir por Io menos que iba a ocurrir una gran desgracia de no hacerse algo. A
Ipdo esto se anadía que Piccolomini estaba protegido por ei gran duque de
Toscana, como se dejaba ver por ei hecho de que vivia en ei palácio de los
Médicis. Por fin, con gran dolor de su corazón, se decidió ei Papa y firmo
•1 breve de absolución.
Pcro no por esto se restableció ei orden. Su propia capital estaba infestada
bandidos. Las cosas llegaron ai extremo de que tuvo que intervenir Ia ma-
ilratura municipal de los "conservadores" para que fuera obedecida Ia policia
li Papa. U n tal Marianazzo rechazó ei perdón ofrecido: "Le era más ventajo-
—decía— vivir como bandido, pues tenía mayor seguridad." 73
El anciano Papa, cansado de Ia vida y débil, elevo Ia mirada ai cielo y
:lamó: "Te levantarás, Senor, y te apiadarás de Sión."

2) Sixto V
linda como si en todas estas revueltas se escondiera una fuerza secreta capaz
agitar y dirigir a los hombres.
Mientras en ei resto dei mundo los principados o las aristocracias iban
nsmitiendo su seiiorío de generación en generación, ei principado eclesiásti-
tenía de particular que se podia ascender a él desde los estratos más bajos
]a sociedad. De ellos salió un Papa dotado de Ia fuerza y ei temple necesa-
• para poner término ai caos.
Muchos habitantes huyeron a Itália con los primeros êxitos de los o t o
|lnos en las provincias de Iliria y de Dalmacia. Se les vió llegar, sentarse por
Mpos en Ia ribera y elevar sus brazos ai cielo. Entre estos fugitivos se hallaba
bablcmente un antepasado de Sixto V, Zanetto Peretti, de origen eslavo. Y,
mo ocurre con los refugiados, ni él ni sus descendientes, que residieron en
liuHalto, pudieron ufanarse en su nueva pátria de una suerte especial. Pier-
lltili Peretti, padre de Sixto V, tuvo que abandonar Ia ciudad a causa de sus
ilidas y solo por su matrimônio estuvo en situación de arrendar un huerto en
íte a Maré, en Fermo. Lugar extraordinário donde, en médio de Ia vegeta-
m, se descubrieron las ruínas de un templo de Ia Juno etrusca, de Ia Cupra.
) faltaban los frutos dei sur, pues Fermo disfrutaba de un clima más suave
r ei resto de Ia Marca. Aqui le nació a Peretti un hijo, ei 13 de diciembre
1521. Poços dias antes había tenido un sueno en ei que, ai dolerse de las
11 Donato 9 Apiil 1583'. 1/ sparagnar Ja spesa e Tajsícurar B Signor Giacomo, che /o desiâe-
I, cf il fuggir Coccasione di dísgustarsi ogni di piu per questo con Fiorenza si come ogni di
wniva, ha fatio venir S. Sà. in quesfa risoíutione.
TJ Che ii viver fuoruscito J'intorni piú a conto e di maggior sicuríà. Grcgorio gobemó desde
li de mayo de 1572 hasta ei 10 de abril de 1585.
202 ÉPOCA DB GRECORIO Xni Y STXTO V

muchas desgracias que le habian aqúejado, fué consolado por una santa voz
que le aseguró que tendría un hijo que seria Ia felicidad de su casa. Con toda Ia
vivacidad de una mentalidad softadora, ya de por si inclinada a Ias zonas de
Io misterioso, con una confianza exagerada por Ia necesidad, concreto su espe-
ranza dándole ai hijo ei nombre de Félix.74
Comprenderemos Ia situación en que se hallaba Ia família si recordamos,
por ejemplo, que ei muchacho cayó una vez en un estanque en ei que su tia
lavaba Ia ropa y fué ella quien le saco; que tenía que vigilar Ia fruta y guardar
los cerdos; aprender a leer en Ia cartilla que los chicos, que tenían que atravesar
ei campo para ir a Ia escuela, le dejaban ai volver de ella, porque ei padre no
contaba con cinco bajocchi sobrantes para poder pagar Ia mensualidad ai maes-
tro. Por fortuna, Ia família tiene un pariente franciscano, Fra Salvatore, que se
ablanda hasta pagar ei gasto de Ia escuela. A ella fué Félix, con su zoquete de
pan, que comia todos los dias junto a Ia fuente, que le regalaba su líquido.
A pesar de circunstancias tan precárias, Ias esperanzas dei padre pasaron ai cora-
zón dei hijo y cuando este entro a los doce anos —todavia ningún concilio
tridentino había prohibido votos tan tempranos— en Ia orden franciscana,
conservo su nombre de Félix. Fra Salvatore le trato con severidad, empleó Ia
autoridad de un tio que a Ia vez representa ai padre. Sin embargo, le envio
a Ia escuela. Frecuentemente Félix estudiaba sin haber cenado, a Ia luz de una
lintema en ei claustro y, cuando esta se apagaba; junto a Ia lámpara que luría
en Ia iglesia ante ei Sagrario. Ningún rasgo se nos describe que delate en él un
especial entusiasmo religioso o una profunda inclinación científica; solo sabemos
que hizo rápidos progresos, tanto en Ia escuela de Ferno como en Ias escuelas
y universidades de Ferrara y Bolonia, adquiriendo los grados acadêmicos con Ia
mayor loa. Especialmente se desarrolló en él un talento dialéctico. Se apropió
en alto grado de Ia habilidad monacal para tratar confusas cuestiones teológi-
cas. En ei afio de 1549, en un congreso general de los franciscanos, en ei que
se celebraron también concursos literários, disputo con gran habilidad y presen-
cia de ânimo con Antônio Pérsico, de Calábria, que había ganado mucha fama
en Perugia.75 Este triunfo le proporciono cierto prestigio y ei protector de Ia
orden, cardenal Pio de Carpi, se le aficionó mucho.
Pero su verdadera fortuna le viene de lado muy distinto.
7* Tempesti, Sloria de/Ia vita e geste di Sisto V, 1754, consulto ei archivo de Montalto sobre
ei origen de su héroe. Las aseveraciones de Tempesti son confirmadas* y ampliadas por Huebner,
Sixte V, i, 204. Un documento autêntico constituye Ia Vita Sixti V, ipsius manu emendata, MS,
de Ia Bibl. Altieri de Roma. Sixto nació cum pafer Ludovici Veccnii Firmam' hortum excoleret,
mater Dianae nurui ejus perhonestae matrona? domestica ministeriis operam daret. En edad muy
avanzada, esta Diana pudo presenciar ei pontificado de Sixto. Ânus senio confecta Roman delem
vo/uit, cupida venerari eum in summo rerum humanarum fastigio positum, quem oJitoris sui filiam
paupere victu domi suae natum aluerat. Por Io demás pavisse puerum pecus et Picentes memorant
et ipse adeo non diffitetur ut etiam prae se ferat. En Ia Biblioteca Ambrosiana, R. 124, se cncuciitra
F. Radice de/J'origine di Sisto V, información con fecha dei 4 de mayo de 1585, que no dice sino
cosas insignificantes.
7S Si-tus V Pont/fex Maximus: MS. de Ia Biblioteca Altieri. Eximia Persicus apud omnes /ate
fama Perusiae philosophiam ex Te/esii píacitis cum publice doceret, novitate doctrinae tum primam
nascentis navitiim ingenii Iumcn mirifice illustrabat. Montaltus ex universa theo/ogia excerpfas poli-
fiones cardinali Carpensi inscriptas tanta cum ingenii laude defendit ut omnibus admirarioni lucrit.
SIXTO V 203

El afio de 1552 predico Ia cuaresma en Ia iglesia de los Santos Apóstoles


de Roma, con ei mayor aplauso. Sus sermones eran vivos, ricos en palabras y
fluyentes, sin alardes retóricos, llenos de orden y de lenguaje claro y agradable.
Un dia, con Ia iglesia repleta, se detuvo en médio dei sermón, a Ia costumbre
de Itália y, luego de descansar un momento, empezó a leer Ias cédulas con Ias
ücostumbradas peticiones y ruegos, cuando he aqui que tropezó con una que
había sido encontrada sellada en ei púlpito y que contenía cosa muy diferente.
Sc hallaban sefialadas en ella Ias tesis principales sostenidas en sus sermones
por Peretti, especialmente Ias que se referían a Ia doctrina de Ia predestinación,
y junto a cada una escrito con grandes letras: jMientes! Peretti no pudo disi-
mular por completo su asombro; se apresuró a acabar y, una vez llegado a
[casa, mando ei papelito a Ia Inquisición.76 Muy pronto se le presentó en su celda
ri Gran Inquisidor, Michel Ghislieri. Comenzó ei riguroso examen. Más tarde
lha contado muchas veces Peretti ei temor que le infundió Ia presencia de este
Lhombre, con sus severas cejas, ojos hundidos y rasgos muy marcados en su ros-
Itro. Sin embargo, se repuso, contesto bien, sin caer en ningún renuncio. Cuan-
d<> ei Gran Inquisidor vió que ei hermano no solo era inocente, sino muy
Instruído y firme en Ia doctrina católica, se volvió otro hombre, le abrazó entre
lágrimas y llegó a ser su segundo protector.
Desde entonces Fra Felice Peretti se mantuvo decididamente ai lado dei
tnrtido extremista que iba ganando terreno en Ia Iglesia. Entabló Ias más estre-
chas relaciones con Ignacio, Felino y Filippo Neri, que después asumieron halo
ilc santidad. El hecho de haber encontrado resistência en su orden, que trato de
[leformar, y de haber sido expulsado una vez de Venecia por sus cofrades, aumen-
|tó su prestigio ante los representantes de Ia nueva tendência que había subido
.11 poder. Fué introducido ante Paulo IV y Uamado a consejo en casos difíciles.
^Trabajó como teólogo en Ia congregación para ei concilio de Trento y como
uponsultor en Ia Inquisición; tuvo gran parte en Ia condenación dei arzobispo
ÍCarranza y no escatimó ningún esfuerzo para encontrar en los escritos de los
«protestantes los pasajes adoptados por Carranza en los suyos. Se ganó por
completo Ia confianza de Pio V, que le nombró vicario general de los francis-
[Cunos expresamente con Ia intención de autorizarle a Ia reforma de Ia orden.
[Peretti procedió con energia: destituyó a los comisarios generales que disponían
dei poder supremo de Ia orden; restauro Ia vieja constitución, por Ia que ese
poder pasaba a manos de los provinciales, y puso en práctica Ia inspección
más rigurosa. Pio V vió cumplidas con creces sus esperanzas, y considero su
dcbilidad por Peretti como una espécie de inspiración divina. Sin hacer caso
t\v Ias murmuraciones, le nombró obispo de Santa Ágata y cardenal en ei
fino de 1570.
También se le atribuyó ei obispado de Fermo. Ya poseedor de Ia púrpura
Cnrdenalicia, Peretti volvió a su país, allí donde en su infância había cuidado
7» Relato dei mismo manuscrito..Jam priorem orationís partem exegerat, cum oblatum líbelluin
• frilgnat ac racitus, up populo sumiriam exponat, legere incipit. Quotquot ad eam diem cathoJicae
íídeí dogmata Montaltus pro concione affirmaraf, ordine co/lecta continebat singu/isque id tantum
."Mcli.it. literis grandíoribus: Mentiris. Comp/icatum diíigenter libellum, sed ita ut consternatíoiiis
ItiMiirestus multis esset, ad pectus dimittit, orationemque brev ipraecisione paucís absolvit.
204 ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V

Ia fruta y ei ganado de su padre; pero todavia no se habían colmado Ias espe-


ranzas de este ni Ias suyas propias.
Muchas veces se han relatado Ias supuestas intrigas dei cardenal Mon-
talto —así se llamaba ahora— para llegar a cenir Ia tiara: Ia humildad con que J
se presentaba y su mismo simulado aspecto enfermízo, encorvado, tosiendo y j
arrastrándose con un bastón. Pero se adivina, en seguida, que en todos estos ]
relatos no hay mucho de verdad, pues no es esta Ia manera de lograr Ias supre- \
mas dignidades.
Montalto vivia tranqüilo, con economia y aplicación. Todo su placer con- j
sistía en plantar árboles y vifías en su vinedo —visitado todavia hoy— de Santa i
Maria Maggiore, y en hacer algún favor a su pátria. En Ias horas de trabajo, ]
le ocupaban Ias obras de San Ambrosio, que edito en 1580. Aunque Ias elaboro I
mucho, su manera fué un poço arbitraria. Por Io demás no fué tan inocente!
como se ha dicho; ya una relación dei ano 1574 nos Io describe como erudito I
y agudo, mas también como astuto y maligno." Pero mostraba un extraordina- j
rio domínio de si mismo. Cuando fué asesinado su sobrino, ei esposo de Vittoria}
Accorambuona, fué ei primero en pedir ai Papa que desistiera de ias pesqui-J
sas. Esta conducta, que asombró a todos, ha contribuído quízá más que nada j
a abrirle Ias puertas dei Papado. Como se achaco ia culpa dei asesinato a uno de
los más próximos parientes de Ia casa Médicis, a Paulo Giordano Orsini, se pen- I
só que Montalto había renido para siempre con esa casa. No se podia creer que I
los Médicis pudieran pensar en elevar ai pontificado a un hombre que en ese I
caso estaria en situación de vengar ei agravio sufrido. Sin embargo, esto fué Io
que sucedió.
Desde hacía tiempo ei gran duque de Toscana mantenía relaciones amis- |
tosas con Montalto; su hermano, ei cardenal Fernando de Médicis, nos dice
77 Un Discoiso sopra i soggetti papabi/i, durante ei pontificado de/ Gregorio XIII dice de
Montalto: La natura sua, fenuía terribiíe imperiosa et arrogante, non li può punto conciliare /a
grafia. Vemos que, como cardenal, tuvo Ias mismas características que como P3pa. Gregorio XIII j
decía a menudo a los suyos: caverent magnum ilíum cinerarium. Famesio le vió acompafiado de los
dominicos, Traiii y Justiniano, que también se liacían sus esperanzas. El autor de Sixfus V P. M. le
hace decir: Nac Picenum hoc jumentum magni/ice olim exiliet, si duos ilhs, quos hinc atque ií/inc
maie ferf, carbonis saccos excusserit, y afiade que precisamente a causa de esta esperanza se habíi |
casado Ia Accorambuona con cl sobrino de Sixto. Por Io demás, cl gran Duque Francisco de Toscana j
tuvo gran parte cn esta elección. En un despacho dei embajador florcntino Alberti, dei 11 de mayo
de 1585 (Roma Filza n. 36) se dice: Vra. Aítezza sia so/a que/ia che come conviCne goda il frutto\
deWopera che cila ha fatia [se trata de esta elección] per avere questb Pontefice amico e non altro |
se ne faccia be/Io. En otro despacho florentino se dice: II papa replica, che il gran duca aveva [
mo/te ragioni di desidcrargli bene, perche egli era come quel agricoltore che pbnta un /rutto che
ha poi caro insieme di vederío crescere et andare avanti lungo tempo, aggiungendoli che egli
era stato quel/o che dopo il Signor Iddio aveva condofta quesfopera, che a lui solo ne aveva ad
aver ob/igo, e che fo conosceva, se ben di queste cose non poteva parlar con ogn'uno. Como vemo», j
ocurrió algo muy diferente detrás de bastidores, de Io que poço o nada «abemos. Así escribí en ei
afio de 1837. Desde entonces ei barón Huebncr dedico a este asunto amplios estúdios y publico en
su Sixte-Quinte (1870) un relato detallado sobre ei cónclave, relato documentado en un gran nu- !
mero de actas de archivos de los más diversos países. Resulta de este relato que ei hermano dei |
Gran Duque de Toscana, cl cardenal Fernando de Médicis, dirigió y decidió Ia elección. Sobre
todo es importante un informe que rindió este último a su hermano, en ei mismo dia de Ia elección
(24 de abril de 1585), n, 459. De este informe tomo los datos que intercalo cn esta última edición,
y por Io que se distingue esta de Ias anteriores. La elección tuvo lugar cl 24 de abril de 1585.
SIXTO V 205
como, entre todos, se había fijado desde un principio en Montalto.18 Por Io
demás, Ias mejores perspectivas estaban a favor dei cardenal Farnesio, sobrino
de Paulo III, decano dei colégio, querido por ei pueblo y emparentado con ei
rey de Espana. Pero los Médicis, casi en abierta enemistad con los Farnesio, en
modo alguno querían que fuera Papa. En esta actitud les acompanaba ei carde-
nal Este, tan emparentado con Ia casa de Francia como Farnesio con Ia espanola.
Pero en esta elección no existió Ia oposición entre Espana y Francia. Feli-
pe II no estaba por Farnesio y era muy pequena Ia influencia dei embajador
francês en Roma. La mayor influencia política sobre ei cónclave derivo de Ias
relaciones entre Ias grandes famílias italianas. Los Médicis y los Este estaban
contra los Farnesio. Y, para no perjudicar Ia causa de Montalto, Fernando de
Médicis no solo tuvo que disimular su inclinación por él sino negaria; pues
ei prestigio de Farnesio era tanto que podría haber logrado Ia exclusión de
Montalto en un principio. Para este plan de Fernando nada fué más ventajoso
que aquella ruptura entre Montalto y Ia casa de los Médicis que se considera-
ba como permanente. El Farnesio no rechazó de antemano a Montalto porque
no podia creer que los Médicis le fueran a apoyar. Sin ser perturbado por
Farnesio, ei cardenal Fernando pudo utilizar secretamente su prestigio y su
talento práctico, que siempre le fueron reconocidos, en favor de su propósito.
Como siempre, los cardenales se hallaban divididos en facciones, según los di-
ferentes Papas que les habían nombrado y cuyas criaturas eran. Ganó en pri-
mer lugar ei cardenal Altemps, uno de los sobrinos de Pio IV, hijo de su
hermana, Chiara, y a cuyo alrededor se agrupaban los cardenales de este
pontificado. Altemps temia que en Ia lucha de los partidos llegara a Papa ei
más odiado de sus colegas, Ceneda. Para excluir a este acogió, después de pen-
sado, Ia propuesta de Médicis, con Ia condición de que se le reconociera ei
mérito de Ia elección y se le asegurara ei favor dei futuro Papa. Después Fer-
nando se dirigió ai sobrino de Pio V, ei cardenal Alejandrino, ai que seguían
Ias criaturas de aquél. Pero entre los favorecidos por este Papa se contaba tam-
bién Montalto. Alejandrino aceptó ei nombre de este último con alegria. No
quedaba sino ganar además a los numerosos cardenales elevados a Ia dignidad
cardenalicia por ei último Papa. El jefe de ellos, cardenal San Sixto, no quiso
dcclararse por él, pero no dominaba por entero a su grupo y fué ganado por
Médicis un buen número de gregorianos, precisamente los sobrinos dei último
Papa. Este resultado se le comunico a San Sixto, advirtiéndole que Ia elección
suldría adelante tanto con su concurso como sin él, así que considero prudente
adheriíse. Ni ei mismo Farnesio se atrevió a oponerse. Por consejo dei eardenal
Médicis, Montalto se mantuvo tranqüilo y, aunque estaba enterado de toda Ia
elección, tuvo lugar esta sin ninguna intervención suya. Cuando los cardena-
les se reunieron ei 24 de abril en Ia capilla, fué elegido no por escrutínio, sino,
como se decía, por adoración. Sabia todo Io que debía ai cardenal Médicis y
le anuncio que él seria su hijo preferido. El cardenal Fernando rogo ai nuevo
Papa que no pusiera en ningún cargo importante a partidário alguno de los

58 Io haveva sempre havuta h mira mia a Montalto principalmente.


206 ÉPOCA DE GREGORIO XH1 Y SIXTO V

Farnesio, a Io que accedió;79 en Ia reorganización que se siguió, ei cardenal


tuvo gran intervención. También se tuvo en cuenta ai cardenal Altemps.80 Se
tomaron medidas especiales en favor de Paulo Giordano, y también se penso )
en otros. El nuevo Papa declaro que los familiares de los Médicis eran también
familiares suyos. En Ia elección, no solo se tuvieron en cuenta Ias destacadas |
cualidades de Montalto, su gran fama, sino también, como se dice en ei relato |
veraz dei acto, su relativa juventud, ya que tenía sesenta y cuatro anos y era |
de una complexión sana y robusta. Todo ei mundo reconocía que en Ias cir-1
cunstancias reinantes era menester ante todo un hombre vigoroso.
Así vió colmados sus deseos Fray Félix. Tenía que producirle un senti-
miento varonil y digno ei ver satisfecha una ambición tan alta y legítima. Se le
represento todo en su interior, donde alguna vez creyó descubrir un destino
muy alto. Escogió como lema: "Oh Dios, tú eres mi protector desde ei seno J
de mi madre."
En todas sus empresas se creyó protegido por Dios. Elevado a Ia Sede,
declaro su resolución de acabar con los bandidos y malhechores. Y si no tuviera |
fuerzas bastantes para ello, Dios le enviaria sus legiones de ángeles.81
Se puso a Ia difícil tarea con resolución y cálculo.

a) Extermínio de. los bandidos.—El recuerdo de Gregorio le contraríaba I


y no podia proseguir Ia ejecución de sus medidas. Despidió Ia mayor parta |
de Ias tropas con que se encontro y disminuyó en una mitad los alguacjles.
Pero se decidió ai castigo ejemplar de los culpables que cayeran en sus manos. 1
Hacía tiempo que estaba prohibído llevar armas cortas, especialmente
cierta clase de pistolas. Cuatro jóvenes de Cora, próximos parientes, fueron. |
sorprendidos llevando tales armas. Al dia siguiente se iba a celebrar Ia coronai]
ción dei Papa y se quiso aprovechar Ia coyuntura para pedir gracia por ellos. |
Sixto contesto: "Mientras yo viva, todo criminal morirá."82 El mismo dia se vió |
colgados de Ia horca los cuerpos de los cuatro desgraciados, en ei puente dei
Ángel. "
Un joven transtiberino había sido condenado a muerte por haberse resis-
tido a los corchetes que le querían quitar su asno. Todo ei mundo se compa-
decia ai ver ai pobre mucbacho, llorando, cuando era conducido ai lugar del[
suplício por tan pequena falta. Se hizo presente ai Papa Ia juventud dei mu-
chacho. "Le voy a regalar unos cuantos anos de los mios", dicen que fué su
contestación. El caso es que Ia sentencia fué cumplida.
Estos primeros actos de Sixto V atemorizaron a todo ei mundo y prestaron
una gran fuerza a sus disposiciones.
7» Mi rispose non esser conveniente servirei di chi non volesse bene a casa nostra.
80 Lo que se menciona en Tempesti, i, 78, de Ia vita Sanfonas, no concuerda sino mal con Io
que cuenta ei cardenal Médicis.
81 Dispaccío Piiuli 11 Maggio 1585. Discurso dei Papa en ei consistorio. Disse di due COM
che lo fravagJiano, ia matéria delia giustitia e delia abondantia, alie quali voleva attender con ognj
cura, sperando in dio che quando li mancassero li a/uti proprii e forasfieri, li mandcrâ tante legioni
di angeli per punir li malfattori e ribaldi, et esoftò li cardinali di non usar le loto franchigie n*I|
dar ricapito a tristi, detestando il poço pensier dei suo predecessor.
82 Se vivo facinorosis moriendum esse.
SIXTO V 207
Los barones y los municípios fueron advertidos para que limpiaran de ban-
didos sus territórios y sus ciudades; ei dano que produjeran estos bandidos ten-
dría que ser reparado por ei senor o ei municipio en cuyos domínios ocurriera
cl hecho.88
Era costumbre poner precio a Ia cabeza de los bandidos. Sixto V ordeno
que este precio no fuera pagado en adelante por Ia Câmara sino por los parien-
Ics dei bandido y, en caso de ser pobres, por Ia comunidad de su procedência.
Queria provocar ei interés de los senores, de los municípios y de los fami-
liares en favor de sus fines. Y también trato de despertar ei interés de los ban-
didos. Prometió a quien entregara vivo o muerto a un companero, no solo Ia
igracia para él, sino también para unos cuantos amigos que podría designar. Y
OÍrecía encima un prêmio en dinero.
Después de tomadas estas disposiciones y haberse experimentado su rigu-
Wosa ejecución en unos cuantos ejemplos, Ia persecución de los bandidos cobro
f n seguida otro cariz.
Fué una dicha que muy pronto se diera con unos cuantos cabecillas.
Al Papa le quitaba ei sueno saber que Prete Guercino, que se titulaba
rry de Ia Campana y que una vez se permitió prohibir a los vasallos dei obispo
• li- Viterbo que obedecieran a su Senor, continuara ejerciendo su profesión:
Bacia poço que había llamado Ia atención con nuevas hazanas y saqueos. "Pidió
• Dios —dice Galesino— que librara ai Estado de Ia Iglesia de este forajido."
A Ia manana siguiente corrió Ia noticia de que Guercino había sido prendido.
Nu cabeza, cubierta con una corona dorada, fué expuesta en Sant'Angelo; ei
que Ia entrego recibió Ia recompensa de 2,000 escudos y ei pueblo alabó ia bue-
nu justicia de Su Santidad.
A pesar de todo, un tal delia Fará se atrevió una noche a llamar a Ia
Porta Salara para, después de pronunciar su nombre, decir a los guardianes
que le abrieron que transmitieran sus saludos ai Papa y ai gobernador. Six-
to V ordeno a los familiares que le entregaran ei sujeto, bajo pena de muerte.
K o pasó un mes y cayó Ia cabeza de Fará.
A veces era algo más que justicia Ia que se hacía con los bandidos.
En Urbino se habían reunido treinta de ellos en un monte; ei duque
hlw> pasar por Ias proximidades recuas de mulas cargadas de víveres. Claro
que no dejaron pasar Ia presa. Pero los víveres estaban envenenados y todos
los bandidos murieron. Nos dice un cronista de Sixto V que ei Papa tuvo una
trim satisfacción ai recibir Ia noticia.84
Un dia, en Roma, padre e hijo eran llevados a Ia muerte, a pesar de que
li i' i.in protestas de inocência. La madre se cruzo en ei camino y pidió que se
detuviera un momento Ia comitiva, pues podia demostrar en aquel momento
Ml inocência de los suyos. El senador se nego. "Como tenéis avidez de sangre
»- exclamo ella— os quiero dejar satisfechos", y se arrojo desde una ventana
• li I Capitólio. Entretanto los desgraciados llegaron ai lugar de Ia ejecución.
C»da uno queria ser ei primero en sufrir Ia muerte: ei padre no queria ver
88 Buli., t. rv, p. rv, p. 137. Bando en Tempesti, i, DC, 14.
84 Memorie dei ponte/icato di Sisto V: Ragguagliato Sisto ne prese gran contento.
208 ÉPOCA DB CREGORIO XIII Y SIXTO V ,

morir ai hijo, ni ei hijo ai padre. El pueblo gritaba movido por Ia piedad. El


bárbaro verdugo se enfureció con Ia inútil demora.
N o había aceptación de personas. El duque Juan Pepoli, de una de laM
primeras famílias de Bolonia, pero que había tomado gran parte en Ia vida
bandolera, fué estrangulado en su prisión y ei fisco incauto sus bienes y m
dinero. N o pasaba dia sin ejecución. Por todas partes, en los bosques y en loa]
Hanos, se encontraban postes coronados de cabezas. El Papa alababa a aquelloí
de sus legados y gobemadores que le enviaban bastantes cabezas. Hay algo dej
barbárie oriental en esta justicia.
Los bandidos no alcanzados por ella caían víctimas de sus compafieros.
Las promesas dei Papa los habían dividido, nadie se fiaba de nadie y se ma-
taban unos a otros. 85
Apenas había pasado un ano y Ia agitación en ei Estado de Ia Iglesia
había sido contenida, cuando no sofocada en su fuente. En ei ano 1586 t e n e i
mos Ia noticia de que los últimos caudillos, Montebrandano y Arara, harfj
sido muertos.
El Papa se sentia muy complacido cuando los embajadores que le visita-]
ban le comunicaban que, ai atravesar ei país, habían encontíado paz y tran-H
quilidad por todas partes. 88

b ) La administracián.—Lo mismo que los abusos que combatia ei Papa


reconocían otro origen además de Ia falta de vigilância, también ei êxito que|
obtuvo se debió a Ia entrada en vigor de otras medidas.
A veces se considera a Sixto V como ei único fundador dei orden en ei
Estado pontifício, se le atribuyen instituciones muy anteriores a él y se le desig-
na como financiero consumado, como estadista libre de prejuicios y cornei
restaurador de las antigüedades. Era de esas naturalezas que hacen impresióiB
en Ia memória de los hombres y en cuyo nombre prenden íácilmente relato*
fabulosos y magníficos.
Pero si bien no fué esta Ia entera verdad, siempre queda Ia de que
administración se revelo como admirable.
En cierto aspecto con un sentido contrario a Ia gregoriana.
Gregorio fué en sus medidas generales riguroso, efcctivo y unilater
pero pasó por alto los casos particulares de desobediência. Por lo mismo qt
por un lado, lesionó intereses que se levantaran contra él, y, por otro, dfi
que prevaleciera una lenidad sin igual, dió ocasión aj desorden incontenible
se le vino encima. Sixto V, por ei contrario, era implacable en los ca
particulares y manruvo ei cumplimiento de sus Jeyes con un rigor que bordea
los limites de Ia crueldad. En cambio, en lo que se refiere a las medidas ge
rales le encontramos suave y conciliador. Bajo Gregorio Ia obediência no ar
85 Disp. PniiJi, dei 29 de funio de 1585. Li íuoiusciti s'ammazzano fun 1'aJtro per Ja piovisi
dei nevo breve.
HO Vita Sixíi V i. m. em. Ka quies ei franquif/iras uf in urbe vasta, in hoc conventu nation
in tanta peregrinorum advenammque col/uvie, ubi tot nobi/ium superbae eminent opes, nemo
teriuis, tam ab/ectae fbrtunae sit qui se nunc sentiat co/usquam injuriae obnoxium. Según Cualtcriu
Vira Sixti V, este Papa aplico ei lema: lugit ímpias nemine persequente.
SIXTO v 209

vivhaba y Ia resistência no perjudicaba. Con Sixto V había que temerlo todo


in caso de resistência, y todo se podia esperar también si se estaba en buenos
li iminos con él. Nada podia favorecer mejor sus intenciones. Desde un prin-
iipio acabo con ei descontento que su antecesor, por causa de sus pretensiones
eclesiásticas, había provocado en los Estados vecinos. Declaro que un Papa
tlrbe conservar y aumentar los privilégios que corresponden a los príncipes.
Devolvió a los milaneses, por ejemplo, ei puesto en Ia Rota que les había arre-
butado Gregorio XIII. Se mostro muy contento cuando los venecianos le pre-
ktaron ei proyecto de un breve que resolvia a favor de ellos Ias pretensiones
• ii il asunto de Aquileya. Estaba decidido a revocar aquella cláusula molesta
Uc Ia bula In coena domini. Disolvió Ia congregación sobre jurisdieción ecle-
fctósiica, de donde procedia Ia mayoría de Ias disputas.87 Cierto que esta medi-
ilii encierra algo muy particular, puesto que una de Ias partes hace caducar
•crichos que están en disputa. El rey de Espana mando ai Papa un escrito
• c propia mano comunicándole que había ordenado a sus ministros en Milán
y eu Nápoles obedecer Ias prescripeiones dei Papa no menos que Ias suyas
kopias. Sixto V se conmovió hasta Ias lágrimas por ei hecho de que ei mayor
fconarca dei mundo le honrara de esta manera a él, un pobre fraile. Toscana
• mostro sumisa y Venecia satisfecha. Estos vecinos tenían ahora una política
Buy distinta. De todas partes se le enviaban bandidos que se habían refugiado
||sando Ias fronteras. Venecia impidió a los bandidos ei regreso ai Estado de Ia
I blcsia, y a sus barcos que recogieran fugitivos ai tocar en Ias costas de aquel
itado. El Papa estaba encantado. Decía que no Io olvidaria y que estaba
lunuesto a dar su cabeza y su sangre por ella. Así pudo acabar con los ban-
•os porque en ninguna parte recibían acogida ni ayuda.
I No cumplió tampoco con Ias rigurosas disposiciones de Gregorio en favor
| Ia Câmara. Después de haber castigado a los feudatarios culpables trato de
inarse ai resto. Unió a Ias dos grandes famílias, Colonna y Orsini, mediante
«trimonios entre si y con los de su propia casa. Gregorio había arrebatado
lltillos a los Colonna; Sixto puso orden en su hacienda y hasta les hizo ade-
nios.88 Caso a dos sobrinas nietas con ei condestable M. A. Colonna y con
| duque Virginio Orsini, respectivamente. Les cedió una dote igual e iguales
ivores, y arregló su disputa de precedência reconociendo siempre ai más an-
ino de los presentes ei primer lugar. Hacía una gran figura donna Camilla,
l lurmana dei Papa, en médio de su familía, con tan nobles yernos y nie-
!K casadas.
Sixto gustaba de repartir privilégios.
Con respecto a Ia Marca se mostro como un paisano bien intencionado.
Irvolvió a los de Ancona algunos de sus antiguos privilégios; erigió en Mace-
ii.i un tribunal supremo para toda Ia província e hizo nuevas concesiones ai
H
7 I.orenzo Priuli, Rehtione 1586. E Ponteíice che non cosi leggiermente abbraccia íe quereíe
j B l i principi, anzi per íuggirle ha Jevata /a congregatione delfo giurisdittione ecclesiastica (en otro
H | | I I I dice que principalmente por consideración con Espana) e sfima di potere per qitesfa via
Knrludcr con maggior facilita le cose e di sopportare con manco indegnità quel/e che saranno
^Mll.iic secretamente da Jui solo.
| HH Dispacci degii ambasciatore estraordinarü 19 Ott. 25 Nov. 1585.
210 ÉPOCA DE CREGORIO XIII Y SIXTO V

colégio de abogados de Ia misma. Fermo se convirtió en arzòbispado, Tolen- f


tino en obispado, Ia aldea Montalto, donde habían vivido sus padres, Ia con- I
virtió en ciudad y obispado mediante una bula: "Porque —dice— allí comen-
zó, entre buenos auspícios, nuestra carrera." Ya como cardenal había fundado
una escuela y como Papa instituyó en Ia universidad de Bolonía ei colégio
Montalto, para cincuenta escolares de Ia Marca, de los que ocho procedían j
de Montalto y Ia pequena Grotte a Maré presentaría dos.88
También se determino a convertir en ciudad a Loreto. Fontana le hizo
ver Ias dificultades: "No te preocupes, Fontana, más difícil me fué decidirmél
que Io ha de ser ponerlo en práctica." Se compro una parte de Ia tierra a los
recanatesos, se llenaron hondonadas y se allanaron colinas. Se trazaron Ias ca-|
lies y fueron animados los municípios de Ia Marca para que edificaran una
casa cada uno. El cardenal Gallo puso nuevos funcionários en Ia Santa Capillil
de Loreto y de este modo dió satisfacción ai Papa en su patriotismo y en su
devoción por Nuestra Senora de Loreto.
También presto atención a todas Ias demás ciudades de Ias demás provín-
cias. Tomo disposiciones para contener ei incremento de sus deudas y limito
sus enajenaciones y cargas. Mando inspeccionar ei estado de sus cajas y se dicel
que Ias ciudades empezaron a prosperar de nuevo gradas a sus disposiciones.8*]
Fomento Ia agricultura. Emprendió Ia desecación de Ia Chiana de Orvie-1
to y de los pântanos pontinos. Estos últimos los visito en persona: ei Fiunt*
Sixto, Io mejor que se ha hecho hasta ei tiempo de Pío VI, fué idea suya.
También se ocupo de Ia industria. Un tal Pedro de Valencia, ciudadano |
de Roma, había decidido montar unas fábricas de seda. Es característico de
este Papa que acudiera en ayuda dei industrial con una ordenanza detallada.']
Ordeno plantar moreras en todo ei Estado, en todos los valles y colinas, allí
donde no se dieran cereales, y senaló cinco moreras por cada rubbio de tierrol
y amenazaba a los municípios con sanciones pecuniárias irnportantes en caso
de negligencia.81 También trato de fomentar k industria de Ia lana "parâj
que los pobres —decía— puedan ganar algo"; ai prime/ empresário le auxilio
con una suma de Ia Câmara a cambio de Ia entrega de una determinada can-
tidad de pano.
Seríamos injustos con los antecesores de Sixto V si atribuyéramos exclu-
89 También corltó, dentro de Montalto, Ias localidades vecinas, Vita Sixti V, ipsiiis mano
emendata. Porcu/am Patrignorum et Mintenorum, quia Montalto haucT ferme Iongius absunt qiiui»
ad te/i /acfum et crebris af/iiiitatibus inter se et commcrciis re/um oninium et agrorum <juadam|
communitate con/unguntur, haud secus quam patriae partem Sixtum fovit semper atque diiexit,
omniaque iis in commune est elargitus, quo pauiatim velut in unam coaleseerent civitatem.
90 Gualtcrius: Ad ipsarum (universitatum) stafum cognoscendum corrigendum constituía
dum quinque camerae apostolicae clericos m/sit. También cn Ias Memorie se observa Ia utilidaj
de estas instituciones. Con le quali provisioni si diede principio a rihaversi le communità de/Io
stato ecclesiastico: le quali poi de tutto ritornorono in piedi: con quanto 1'istesso provedimeflfl
perrezionò Clemente VIII.
91 Cuni sicut accepimus: 28 Ma/i Í58<>. Buli. Cocq., rv, 4, 218. Cualterius: Bombicinani
sericam lani/iciam vitrcamque artes in urbem vel induxit vel amplificavit. Ut veio serica ars ít*-\
quentior esset, mororum arborum seminaria et plantaria per universam ecclesiasticam ditionrin
/.cri praccepit, ob eamque rem Maino cuidam Ilcbieo ex bombicibus bis in anno iruetum ••!
tericam ampli/icaturum sedulo pollicenti ac recipienti máxima ptivilcgiã imperíivit.
SIXTO V 211

llvamente a este miras de tal índole. También Pio V y Gregorio XIII favore-
•eron Ia agricultura y Ia industria y lo que caracteriza a Sixto no es ei haber
indado un camino completamente nuevo, sino ei haber procedido por él con
biayor rapidez y decisión. Por eso quedo su memória en ei recuerdo de los
hombres.
L Cuando se dice que fundo Ias congregaciones de cardenales no hay que
Éntenderlo a Ia letra. Las siete más importantes —Ia de Ia Inquisición, Ia dei
Índice, Ia de Concilios, Ia de Obispos, Ia de Congregaciones religiosas, Ia
plgnatura y Ia Consulta— existían ya. Y en ellas no se descuidaron por com-
pleto los asuntos dei Estado, pues Ias dos últimas entendían de justicia y admi-
fciitración. Sixto V decidió agregar otras ocho congregaciones, de las que solo
los se ocuparían de asuntos de Ia Iglesia,92 una con Ia fundación de nuevos
bbispados, y otra con los asuntos de las tradiciones eclesiásticas. Las otras seis
te disiribuyeron determinadas ramas de Ia administración: annona, construc-
i iiiii de caminos, derogación de impuestos gravosos, construcción de naves de
iuerra, imprenta dei Vaticano y universidad de Roma.93 Vemos con qué poço
Ultema trabajó ei Papa este asunto y en qué forma pone ai mismo nivel inte-
Nscs pasajeros e intereses generales. A pesar de todo, su obra fué aceptada y se
a mantenido durante siglos con poças modificaciones.
Levanto ei prestigio dei cardenalato. Tenían que ser hombres excelentes,
I costumbres intachables, de palabra segura, norma para Ia vida y ei pensa-
Icnto de los demás, sal de Ia tierra, luz en candelero.04 Pero no se crea, por
to, que procedió siempre en los nombramientos de manera concienzuda. En
«vor de Gallo, ai que hizo cardenal, no supo decir otra cosa sino que era su
idor, a quien queria por muchos motivos y que, una vez en un viaje, le
bió muy bien.95 Pero también impuso una regia que, si bien después
0 se ha observado siempre, por lo menos se ha pensado en ella. Fijó ei mi-
cro de cardenales en setenta: "Lo mismo que Moisés escogió setenta ancianos
cl pueblo para tener consejo con ellos."
También se ha atribuído a menudo a este Papa ei haber acabado con ei
potismo. Pero las cosas, vistas de cerca, tienen otro aspecto. Ya con Pio IV,
> V y Gregorio XIII fueron de poça monta los favoritismos con los sobrinos.
i este sentido, si alguien merece una alabanza especial es Pio V, quien con-
nó expresamente las enajenaciones de tierras de Ia Iglesia. Como décimos, ei
IjM) antiguo de nepotismo había acabado mucho antes de Sixto V. Con los
02 Congregation de sacri riti e cerimonie ecc/csiastiche, dclle provisioni consistoriali: a questa
twlJc appartenesse Ja cogniíione dclJe cause dell'erettione di nove cattedrali.
03 Sopra aiJa grascia et annona —sopra al/a fabrica armamento e mantenimento delia galere
lopra gli agravi dei popolo —sopra le strade acque ponti e confim' —sopra alie stamperia Vati-
MII.I |dió ai primer propietario de Ia imprenta eclesiástica habitación en ei Vaticano y 20,000 es-
fuilns para diez afios] —sopra 1'università dello studio Romano.
04 Bulla: Postquam verus ille: ? Dic. 1586. Buli. M., rv, iv, 279.
0B Ya que Sixto no tolero ninguna otra oposición, sufrió Ia que se expresaba en los sermones.
1 |csuita Francisco Toledo dijo cn uno de los suyos que era pecado, por causa de servidos per-
ulcs, dar a alguien un cargo público. Non perche, continuo, uno sia buon coppiere o sealeo,
li commette senza nota d'imprudenza o un vescovato o un cardinalatto. Gallo había sido jefe
cocina. (Memorie dei pontificato di Sisto V.)
212 ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V

Papas dei siglo siguiente se constituye de nuevo, pero en otra forma. Hubo
siempre dos sobrinos favorecidos, uno de ellos cardenal, que se encargaba de Ia
administración suprema de los asuntos espirituales y temporales, y ei otro,
seglar, casado con ventaja, dotado con bienes raíces y con Loitgfi» di Monte,
fundaba un mayorazgo y una casa principesca. Si preguntamos ahora cuándo
se introdujo esta forma nos encontramos con que se fué estableciendo poço a
poco, pero que inicio su marcha con Sixto V. El cardenal Montalto, ai que ei
Papa queria tiernamente y con ei que solía moderar su habitual violência, fué
admitido en Ia Consulta y participo en Ia política exterior, y su hermano Mí-
chele, hecho marquês, fundo una casa bien dotada.
Pero si se piensa que de esta forma Sixto introdujo un gobierno nepotista,
Ia equivocación es total. El marquês no ejerce influencia alguna y ei cardenal
tampoco muy importante.96 Lo contrario hubiera contradicho ei sentir dei
Papa. Sus favores tienen algo de ingênua confianza, le proporcionan una base
de buena voluntad pública y privada, pero nunca abandona Ias riendas, siera-1
pre gobierna él mismo. Aunque parezca favorecer Ias congregaciones y de
hecho invita a que se le hable con franqueza, pierde Ia paciência y se indigna]
tan pronto como alguien le contradice.97 Imponía su voluntad con gran obsti-
nación. "Con él —dice Giovani Gritti— casi nadie tiene voz de consejo y no
digamos de resolución."98 A pesar de todas aquellas manifestaciones de favo»
personal a Ias províncias, su administración es penetrante, rigurosa y auto-
ritária.
Pero estos rasgos se acentúan en ei aspecto financiero.

c) Hacienda.—La casa Chigi en Roma conserva un pequeno libro de


memórias dei Papa Sixto V que este fué escribiendo cuando fraile.09 Se hojea
con ei mayor interés. Ha ido sefialando cuidadosamente todas Ias ocurrenciail
importantes de su vida, donde ha predicado Ia cuaresma, qtfé encargos ha recí-
bido y cuáles cumplido, libros que posee y «cuáles han sido encuadernadolj
por separado y cuáles juntos, y, finalmente, toda st/ pequena economia de
fraile. Así leemos, por ejemplo, como su cuiíado Bautista le compro doce
ovejas, como pago primero doce florines y luego dos más y veinte boloncsas,
de suerte que eran propiedad suya; ei cufiado Ias tenía consigo participando
en Ia mitad de Ias utilidades, como era costumbre en Montalto. Y así prosigue ei
libro. Se ve como lleva cuenta de sus pequenos ahorros, como van subiendo
poco a poco hasta juntar unos centenares de florines. Se siguen estos detalle»]
con interés y agrado, pues revelan ei mismo sentido administrativo que poco
después mostrara este franciscano en Ia administración dei Estado de ia Igle-j
sia. Su sentido dei ahorro es una cualidad de Ia que se gloria en cada bula

98 Bentívoglio, Memoríe, p. 90. Noa aveva quasí a/cuna partec/patíone neí governo.
97 Gualterius: Tametsi congregationibus aliisque negotia mandarei, iíla tamcn ipse cognc*
cere atque confieere consuevit. Diligentia incredibilis sciendi cognoscendique omitia quae a recto-
ribus tubis, provi-iciarum, populorum omnium, a ceteris magislratibus scdis aposto/icae agcbantllfc
98 Gritti, Relatione. Non ei è chi abbi con lui voto decisivo, quasi ne anche consultivo.
99 Memorie autografe di papa Sisto V.
SIXTO v 213

cuando se presenta Ia ocasión y en muchas inscripciones. En verdad, Papa


nl^uno administro con tanto êxito ni antes ni después de él.
Al ocupar Ia Sede se encontro con Ias cajas exhaustas, y se queja amarga-
mente dei Papa Gregorio que había consumido una buena parte de Io corres-
iBundiente ai pontificado anterior y ai suyo.200 Tenía tan mal concepto de él que
Hiimdó decir misas a su nombre, pues le vió en suefios padeciendo en ei
Purgatório. Las rentas se hallaban empefiadas hasta ei mes de octubre próximo.
Razón de más para procurar llenar las cajas. En esto sobrepujo todas las
Mpcranzas. Cuando su pontificado no contaba más de un afio, en abril de
Í5H6, había reunido ya un millón de escudos de oro, en noviembre de 1587
11 n segundo millón y un tercero en abril de 1588. Esto representa más de cinco
pillones y médio de escudos de plata. Cuando tuvo apifiado ei primer millón,
I" deposito en ei castillo de Sant'Angelo, dedicándolo a Ia Virgen Maria, Ma-
• de Dios y a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. "No solo vigila —dice en
bula— Ia marejada en que a veces oscila Ia navecilla de Pedro, sino tam-
tn las tormentas que amenazan de lejos: ei ódio dei hereje es implacable, ei
tieroso turco, Assur, él azote de Dios, amenaza a los creyentes, y Dios, en
que confia, le indica a veces que tiene que vigilar también de noche Ia Casa
I Padre. Sigue el ejemplo de los patriarcas dei Antiguo Testamento, los cua-
I conservaron siempre una buena cantidad de dinero en el Templo dei Se-
ir." Como es sabido, fijó rigurosamente los casos en que seria permitido ser-
mo de este tesoro. Son los siguientes; para una guerra por Ia conquista de los
tntos Lugares, para una camparia general contra los turcos, en caso de ham-
! o d e peste, en caso de peligro de que se pierda una província dei orbe
tólico, cuando el enemigo ataque el Estado de Ia Iglesia o cuando haya que
conquistar una ciudad que pertenezca a Ia Sede apostólica. Conminándolos
n Ia cólera de Dios Todopoderoso y Ia de los apóstoles Pedro y Pablo, obliga
lus sucesores a que se atengan a los casos prescritos.101
Dejernos por el momento de ocupamos dei valor de estas disposiciones
preguntemos qué médios empleó Sixto para reunir un tesoro tan sorpren-
ite para aquellos tiempos.
No era una aglomeración de puros ingresos; el mismo Sixto ha dicho a
;nudo que Ia Santa Sede no cuenta de estos por más de 200,000 escudos.102
Tampoco hay que atribuído a sus ahorros. Los ha hecho: redujo el gasto
su mesa a seis paoli por dia; suprimió en" Ia corte muchos empleos inútiles;
lujo las tropas; pero no solo poseemos el testimonio dei veneciano Delfino
ru saber que todo esto no disminuyó los gastos de Ia Câmara arriba de
100 Vira e successi dei cardinal di Santaseverina. MS Bibl. Alb. Mentre g/i parlavo dei
Iri;io de'níofiri e di quel degli Armeni, che havevano bisogno di soccorso, mi rispose con qual-
i/teratione, che in castello non vi erano danari e che non vi era entrara, che ii papa passato
mangiato ii ponteficato di Pio V e ii suo, dolendosi acremente dello stato nel quale haveva
(o h sede apostólica.
101 Ad clavum: 21 Apr. 1586. Cocq., rv, rv, 206.
102 Dispaccio Giitti 7 Giugno 1586. El papa censuro a Enrique III por no haber ahorrado
i teniendo 14 millones de ingresos. Con addur 1'esempio di se medesimo nel governo dei pon-
Icnli), che dice non haver di netto piu di 200,000 se. aII'anno, battuti li interessi de'pontefici
•ali e le spese che convien fare.
214 ÉPOCA DE CREGORIO XIII Y SIXTO V

150,000 escudos, sino que ei mismo Sixto calculo una vez los alivios que debía
a Ia Câmara en 146,000 escudos.103
Con todos sus ahorros, los ingresos no pasaron nunca de 450,000 escudos,
según sus propias palabras. Apenas le llegaban para sus construcciones, y mu-
cho menos para su colosal tesaurización.
Ya vimos Ia economia especialísima que se instituyó en este Estado,
aquel aumento de los impuestos y de Ias cargas sin que, por ello, aumentaran
los ingresos netos, aquella variedad de empréstitos valiéndose de Ia venta de|
cargos y de los Monti, aquel creciente gravamen dei Estado por Ias necesidades |
de Ia Iglesia. Se comprenden los efectos enojosos que tenían que acompanar |
a un sistema así, y si tomamos en cuenta Ias alabanzas, tan abundantes, que sei
han dedicado a Sixto V, debemos figuramos que supo acabar con ei mal. Por]
eso sorprende que siguiera sin consideración alguna ei mismísimo ca mino:
consolido en tal forma este gênero de administración financiera que ya no pudo
ser contenido.
Una de sus fuentes más importantes era Ia venta de cargos. En primer[
lugar, subió ei precio de muchos de ellos. Ejemplo: ei cargo de tesorero de laj
Câmara. Hasta entonces había sido enajenado por 15,000 escudos y él Io ven-í
dió a un tal Justiniano por 50,000; habiéndole nombrado cardenal, volvió a
vender ei cargo a un tal Pepoli, por 72,000; cuando este fué hecho también
cardenal, aparto Ia mitad de Ias rentas dei cargo, 5,000 escudos, y Ias asignóa
a un Monti, y, a pesar de esta merma, pudo revender todavia ei cargo pó»
50,000 escudos de oro. En segundo lugar, empezó a vender cargos que antesij
se habían estado concediendo sin más: notarías, fiscalías, puestos de com is a rio
general, de solicitador de Ia Câmara, de abogado de los pobres; a veces en pre*j
cios muy altos, como, por ejemplo, ei de comisario general en 20,000 escudos [
y Ias notarías en 30,000. Por último, creó una gran cantidad de cargos nuevos,]
algunos muy importantes: tesorería de Ia dataria, prefectura de Ias prisionesj
veinticuatro referendariatos, doscientos caballerate, notarías en Ias localidades]
principales dei Estado; estas Ias vendió todas juntas. ,
Le produjo esta gestión una cantidad muy importante: 608,510 escudos
oro y 401,805 escudos plata; un total, pues, de millón y médio de plata;10^
pero pensemos en qué grado no habría crecido ei mal, si ya antes los cargos^
enajenables eran una lacra dei Estado —como sabemos, implicaban una parti-]
cipación en los derechos públicos, en razón dei présfamo, derechos que se
hacían valer con todo rigor contra los obligados a^ pago, sin atender ai cum-
plimiento de Ias funciones—. De aqui vino que se considerara ei cargo como
una posesión que otorgaba derechos y no como una obligación que imponía
deberes.
Además, Sixto aumento extraordinariamente los Monti. En esto excedió
a todos sus antecesores, pues creó três Monti non vacabili y ocho vocabili.
Ya vimos que los Monti se apoyaban siempre en nuevos impuestos. Tam-
103 Dispaccio Badoer 2 Giugno 1589.
104 Cálculo dctallado que se encuentia en un manuscrito sobre Ia hacienda romana durante
ei pontificado de Clemente VII. (Bibl. Barberina, Roma.)
SIXTO v 215

poço Sixto V pudo encontrar otro médio, a pesar de que tal principio le repug-
. linha. En ei consistorio, cuando habló por primera vez a los cardenales de una
Unvcrsión dei tesoro, ei cardenal Farnesio le dijo que su abuelo Paulo III tuvo
liil intención, pero que considero que no seria posible sin aumentar los im-
jinustos y por ello desistió. Sixto le contesto con violência. La insinuación de
• I'•• un Papa anterior había sido más prudente, le indigno. "Eso se debe —re-
ÍUM) —a que en tiempo de Paulo III había unos cuantos grandes derrocha-
lorcs que, gracias a Dios, no hay entre nosotros." Farnesio se sonrojó y calló.1015
fero Ias cosas ocurrieron como él Ias había previsto. En ei afio de 1587 Six-
V ya no se paro en barras. Cargo con nuevos impuestos a ofícios ínfimos;
)Í ejemplo, ei de aquellos que arrastraban con bueyes y caballos Ias barcazas,
irriente arriba dei Tíber, y a artículos de primera necesidad como Ia lena y Ias
Intas de vino. Empeoró Ia moneda y, como se origino un pequeno tráfico de
lucro en cada esquina a consecuencia de ello, aprovechó Ia ocasión para vender
autorizaciones ai efecto.100 Favoreció a Ia Marca, pero perjudicó ei comercio
Ancona con un nuevo derecho dei 2 por ciento sobre Ia importación. La indus-
|a, que apenas empezaba a animarse, le proporcionaba un beneficio indirecto
Io menos.107 Le aconsejaba estas y otras operaciones un judio português ape-
lado López, huído de Portugal por miedo a Ia Inquisición, que gozaba de Ia
>nfianza dei datario y de Ia senora Camilla y que logro ganar también Ia dei
fipa. Después de Ia respuesta que dió a Farnesio ningún cardenal se atrevió
oponérsele. Una vez que se hablaba dei citado impuesto dei vino, dijo Albano
Bérgamo: "Me parece bien todo Io que Su Santidad dispone, pero me pa-
Ccría mejor que no le agradara este impuesto."
Y de esta suerte Sixto logro tantos ingresos nuevos que pudo aceptar de los
\onti un empréstito de três millones y médio de escudos oro, exactamente
|,424,725, con los intereses correspondientes.
Reconozcamos que esta gestión hacendística tiene algo de incomprensible.
Mediante nuevos impuestos y nuevos cargos se grava ai país de manera
luy pesada; los cargos se nutren de emolumentos, cosa que no puede sino
ibar Ia marcha de Ia justicia y de Ia administración; los impuestos recaen
Jbre ei comercio en general y sobre ei comercio ai detalle, y tienen que perju-
|cor su movilidad. {Y para qué sirven los ingresos?
Sumemos Io que los Monti y los cargos han aportado, y tendremos casi Ia
Inia tesaurizada en Sant'Ângelo: cinco millones y médio de escudos, en reali-
10B Memorie de/ ponte/icato di Sixto V. Muíatosi per (anto nel volto mentre Farnese parla-
k, ínto piu tosto che grave gli rispose: Non e maraviglia, Monsignore, che a tempo di vostro
ti non si potesse mettere in opera il disegno di /ar tesoro per Ia chiesa con Tentrate e proventi
iliiuni, perche vi erano di mo/ti e grandi scialaquatori [palabra que gustaba mucho de emplear],
[qtiu// non sono dio grafia a tempi nostri: notando amaramente /a moltitudine di figh' e íigiie e
tpiili d'ogni sorte di questo pontefice. Arrosi a/quanto a quel dire Farnese e tacque.
mu Se obtenía en cambio por un viejo Càiíio, aparte de 10 Ba/occhi, que él había acuflado,
mplcmento de 4 a 6 Quatrin.
107 Un buen ejemplo de su administración (Le sfesse memorie): Ordinò non si vendesse seta
Moita o tessuta in drappi nè iana o panni se non approbati da o/ficiali creati a tal efíetto, nè
riírassero senza /icenza degü stessi: inventione uti/e contro alie íraudi, ma molto piü in pró
illu camera, perche pagandosi i segni e le licenze se n'imborsava gran danaro dal pontefice. Tam-
pndría ser en provecho de Ia industria.
216 ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V

dad un poço más. Todas Ias empresas que han dado fama a este Papa podrí»
haberlas llevado a cabo con ei monto de sus ahorros.
Se comprende que se junten y ahorren los excedentes, y que se emita un
empréstito para cubrir una necesidad dei presente es también Ia regia, pero ei]
algo extraordinário que se tomen empréstitos y se impongan cargas para ence4|
rrar un tesoro en un castillo con vista a necesidades futuras.
Y, sin embargo, esto es Io que ei mundo ha admirado más en ei Papa
Sixto V.
Es cierto que Ias medidas de Gregorio XIII tuvieron algo de odiosas y
violentas y produjeron repercusiones desagradables. Pero, aparte de esto, me
parece que de haber conseguido que Ia caja pública pudiera prescindir de nua*
vos impuestos y empréstitos, hubiera producido un efecto muy beneficioso, y ei
Estado de Ia Iglesia habría conocido un desarrollo mejor.
Pero a Gregorio le falto en sus últimos aríos Ia energia necesaria para Ue-
var adelante su pensamiento.
Energia es Io que no le faltaba a Sixto. Su tesaurización mediante em-
préstitos, venta de cargos y nuevos impuestos, no hacía sino aumentar Ias caw
gas, y ya veremos Ias consecuencias más tarde. Pero que consiguiera Io que con|
siguió, ofusco ai mundo y dió ai Papado un nuevo prestigio momentâneo.
En médio de Estados que en su mayoría padecían por falta de dinero,
los Papas tuvieron una mayor confianza en si mismos con Ia posesión dei tesotCB
y un prestigio extraordinário ante terceros.
En realidad este tipo de administración pública concuerda muy bien con
ei sistema católico de Ia época.
Al concentrar todas Ias fuerzas financieras dei Estado en Ias manos dei
primer jerarca de Ia Iglesia, convierte a éstè en un órgano perfecto dei poder
eclesiástico.
Pues ipara qué otros fines se podia emplear este dinero sino^ara Ia dcfen-
sa y propagación de Ia fe católica? y
Sixto V vivia en médio de proyectos que tendían a es/ meta. A veces, se
referían ai Oriente y a los turcos; más a menudo, ai Occidente y a los protes*
tantes. Entre los dos sistemas, ei católico y ei protestante, estalló una guerra en
Ia que los Papas tuvieron parte muy activa.
En ei libro siguiente nos ocuparemos de ella. Detengámonos todavia un
momento en Roma, que supo ejercer de nuevo su acción sobre ei mundo.
/
ch) Construcciones de Sixto V.—Por tercera vez se nos ofrece Roma,
también exteriormente, como Ia capital de un orbe.
Conocida es Ia magnificência y grandeza de Ia antigua Roma y, a travei
de Ias ruinas y de Ias leyendas, hemos tratado de hacérnosla presente de mil
maneras. También Ia Edad Media merece un esfuerzo parecido. Era magní-
fica aquella Roma, con Ia majestad de sus basílicas, ei culto de sus catacum-
bas, ei patriarcado de los Papas; en ella se conservaban los monumentos de Ia
cristiandad primitiva, ei palácio de los Césares, todavia magnífico, que pcrte-
SIXTO v 217

necia a los reyes germânicos, los castillos que linajes independientes habían
podido mantener en médio de tantas potestades.
Esta Roma medieval había decaído como Ia antigua durante Ia estância de
los Papas en Avignon.
Cuando Eugênio IV volvió a Roma, en ei afio de 1443, estaba convertida
•n un poblacho de pastores y en nada se diferenciaban sus habitantes de los
labradores y pastores dei campo. Hacía tiempo que se habían abandonado Ias co-
linas y se vivia en Ia parte liana, en los meandros dei Tíber; en Ias estrechas
Cnlles no había pavimento alguno, y los balcones y Ias arcadas, que sostenían
I .r..i con casa, Ias ensombredan todavia más. El ganado andaba suelto. Desde
S.in Silvestre hasta Ia Porta dei Popolo todo era tierra cultivada y pântanos
•onde se cazaban patos silvestres. El recuerdo de Ia Antigüedad casi había
desaparecido. El Capitólio era montana para Ias cabras y ei Foro prado para
Itts vacas. Se enredaban Ias más extranas leyendas en los poços monumentos que
Wavfa se mantenían en pie. La Iglesia de San Pedro corria ei peligro de de-
umbarse.
Cuando Nicolás recobro Ia obediência de toda Ia cristiandad, contando
n Ia riqueza aportada por los peregrinos que acudieron ai Jubileo, concibió
idea de adornar a Roma con edifícios tales que quienquiera Ia viera tuviera
iic pensar que se hallaba en Ia capital dei mundo.
Pero no era esta obra de un solo hombre y los Papas han venido colabo-
ndo en ella durante siglos.
No voy a referir ai detalle los esfuerzos de cada uno, que encontramos
méritos en Ias crônicas de su vida. Por sus logros Io mismo que por su con-
ste, Ias dos épocas más importantes son Ia de Júlio II y Ia de Sixto.
Con Júlio II fué renovada por completo Ia ciudad baja en Ia margen dei
Ibcr, hasta donde se había extendido Roma. Despues que Sixto IV hubo uni-
mejor Ias dos partes a ambos lados dei rio mediante aquel sólido y sencillo
ente en ei Travertino que todavia lleva su nombre, se empezó a construir
un lado y otro con ei mayor afán. En ei lado exterior dei rio, Júlio II no se
ntcntó con Ia construeción de Ia basílica de San Pedro, sino que renovo
mbién ei Palácio Vaticano. En Ia hondonada entre Ia construeción vieja y
villa de Inocencio VIII, el Belvedere, coloco Ias Logias, una de Ias obras
tjor pensadas que puede imaginarse. No lejos de allí sus primos, los Riari,
tu tesorero mayor, Agostino Chigi, competían por quién habría de construir
más bella casa. Sin duda que Chigi se llevó Ia palma: construyó Ia Farne-
n, admirable de situación y adornada por el pincel de Rafael. En el lado
terior dei rio debemos a Júlio II Ia terminación de Ia Cancillería, con sus
Wftile de proporciones tan puras, sin duda los pátios más bellos dei mundo
;• cardenales y nobles trataban de imitarle: Farnesio, cuyo palácio se ha ga-
do Ia fama de ser el más perfecto de los palácios romanos por su magnífica
trada; Francisco de Rio, que presumia dei suyo diciendo que se mantendría
pie hasta que Ia tortuga hiciera el recorrido de Ia tierra; los Médicis, cuya
In albergaba todos los tesoros dei arte y de Ia literatura; los Orsini, que ador-
ou también su palácio de Campofiore por dentro y por fuera con estatuas
218 ÉPOCA DE GREGORIO XIII Y SIXTO V
108
y cuadros. El forastero no siempre dedica Ia atención que merecen a los
monumentos de esta bella época, en que se intento igualar a Ia Antigüedad
en torno a Campofiore y a Ia Plaza Famesina. Emulación, gênio, esplendor,
bienestar general: todo concurria. Como Ia población aumentaba, se construyó
también en ei Campo Marzo, en torno ai mausoleo de Augusto. Todavia se
construyó más con León, pero ya Júlio tuvo ocasión de trazar Ia Lungara ai
otro lado dei rio y, enfrente, en ei lado de acá, Ia Strada Julia. Todavia se ve
Ia inscripción en que los "conservadores" celebran que haya trazado y abierto
caminos nuevos, "adecuados a Ia majestad dei senorío recién adquirido".
La peste y Ia conquista mermaron otra vez 4a población, y Ias agitaciones
bajo Paulo IV infligieron a Ia ciudad nuevos danos; solo después pudo recu-
perarse y creció también su número de habitantes con Ia obediência renovada
dei orbe católico.
Ya Pio IV había pensado en construir en Ias colinas abandonadas. En Ia
Capitolina construyó ei palácio de los "conservadores"; en Ia Viminal Miguel
Ángel erigió sobre los escombros de Ias termas dioclecianas Ia iglesia de SantaJ
Maria degli Angeli; Ia Porta Pia, en ei Quirinal, lleva esculpido su nombre.10*!
También Gregorio XIII edificó en este lugar.
Pero todos estos esfuerzos eran inútiles mientras Ias colinas padecieran de
falta de água.
A esto pone remédio Sixto V. Dentro de Ia ciudad misma, debe su fama
singular entre los Papas a haber hecho frente a esta necesidad, trayendo Ias
águas por colosales acueductos. Lo hizo, como dice, "para que estas colinas, qum
todavia en los tiempos cristianos lucían magníficas basílicas, que gozan de ui»|
aire sano, de una situación preciosa y de un bello panorama, pudieran ser de|
nuevo habitadas". "Por esta razón —aiiade— no nos hemos arredrado poin
dificultad alguna ni por los gastos." Desde un principio dijo a los arquitectotj
que su deseo era fabricar una obra que pudiera ponerse a Ia altura de Ia Roma|
imperial por su magnificência. Desde una distancia de veintidós millas par^
tiendo dei agro Colonna, a pesar de todos los obstáculos, hizo traer Ia Acua\
Martict, en parte bajo tierra y en parte sobre altas arcadas. Con gran contento
pudo ver ei Papa elevarse ei chorro de estas águas en su Vigna y todavia Ias
llevó hasta Susana, en ei Quirinal, y Ias bautizó con su propio nombre, Acua
Felice. Y con no menor complacência hizo esculpir en Ia fuente Ia figura de
Moisés haciendo brotar ei água de Ias penas.110
Para ei barrio y para toda Ia ciudad Ia obra fué muy beneficiosa. La Acua
Felice pródiga en veinticuatro horas 20,537 metros cúbicos de água y alimen-
ta veintisiete fuentes.
Así se comenzó a construir de nuevo en Ias alturas. Sixto V animo a ello
108 OpuscuJum de minbilibus novae et vetais urbis Romae editum a Francisco Aibertino J
'515, principalmente en Ia segunda parte de este, de nova urbe.
100 Luigi Contarini, Antichità di Roma, p. 76, elogia sobre todo los esfuerzos de Pio IV,
S'eg/i viveva ancora -f anni, Roma sarcbbe d'edi/i'cii un a/tra Roma.
HO De Tasso poscemos "Stanze all'acqua felice di Roma" (Rime, n, 311). Allf describe como
ei água corre ai principio en oscura via y luego asciende alegremente hacia Ia luz dei sol, para VW
a Roma tal como Ia vió Augusto.
SIXTO v 219
con privilégios especiales. Allanó ei suelo en Trinitá de'Monti y puso los ci-
micntos para Ia escalera de Ia Plaza de Espafia, que constituye Ia comunica-
ción más próxima entre Ia ciudad baja y esta altura.111 Aqui construyó Ia Via
Yvlice y ei Bordo Felice, y abrió Ias calles que hoy todavia conducen por todas
partes a Santa Maria Maggiore. Su intención era unir todas Ias basílicas con
• --I.I mediante anchas y grandes vias. Los poetas cantan que Roma parece du-
plicar su población y busca sus viejos albergues.
Pero no solo por ei hecho de construir en Ias alturas se diferencia Sixto V
di* los Papas anteriores. Tuvo también proyectos muy contrários a los de otros
[Papas.
Con una espécie de fervor religioso se contemplaban en ei tiempo de
Lión X Ias minas de Ia vieja Roma, pues en ellas se entraba en contacto con
_U chispa divina dei espiritu de Ia Antigüedad. Aquel Papa penso sobre todo
«•li Ia conservacíón "de aquello que todavia quedaba de Ia vieja madre de Ia
ima y Ia grandeza de Itália".112
Sixto V estaba muy lejos de pensar así. Este franciscano no tenía sentido
mo de Ja belleza de hs minas anúguas. El Septizonio de Severo, obra ma-
ivillosa que se había conservado a despecho de todas Ias vicisitudes de los
impôs, tampoco halló gracia ante él. Lo derribó y algunas columnas Ias llevó
San Pedro.113 Era tan animoso para Ia destmcción como afanoso en Ia cons-