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LA ROTACION DEL CAPITAL

Capítulo VII

TIEMPO DE ROTACION Y NUMERO DE ROTACIONES

Hemos visto que el tiempo total de circulación de un capital dado es igual a la suma del
tiempo durante el cual describe su ciclo y de su tiempo de producción. Es el período de
tiempo que transcurre desde el momento en que se desembolsa el valor–capital bajo una
determinada forma hasta el momento en que el valor–capital en acción retorna a su punto
de partida en la misma forma inicial.
El fin determinante de la producción capitalista es siempre la valorización del valor
desembolsado, ya se desembolse bajo una forma independiente, es decir, en forma de
dinero, o en forma de mercancía, en cuyo caso su forma de valor sólo posee una
independencia ideal en el precio de las mercancías adelantadas. Este valor–capital recorre
en ambos casos, durante su ciclo, diversas formas de existencia. Su identidad consigo
mismo aparece confirmada en los libros del capitalista o en forma de dinero aritmético.
Ya tomemos la fórmula D... D' o la fórmula P... P, ambas llevan implícito, 1) el hecho
de que el valor desembolsado funciona como valor–capital y se ha valorizado; 2) el hecho
de que, después de desarrollar su proceso, retorna a la misma forma en que lo inició. La
valorización del valor desembolsado D y al mismo tiempo el retorno del capital a esta
forma (a la forma dinero) aparecen tangibles en la fórmula D... D'. Pero lo mismo sucede
en la segunda fórmula, pues el punto de partida de P es la existencia de los elementos de
producción, o sea, de mercancías de un valor dado. La fórmula implica la valorización de
este valor (M' y D') y el retorno a la forma originaría, toda vez que en la segunda P el valor
desembolsado reviste de nuevo la forma de los elementos de producción en que
originariamente se desembolsó.
Más arriba hemos visto que “allí donde la producción presenta forma capitalista, la
presenta también la reproducción. En el régimen capitalista de producción el proceso de
trabajo no es más que un medio para el proceso de valorización; del mismo modo, la
reproducción es simplemente un medio para reproducir como capital, es decir, como valor
que se valoriza, el valor desembolsado" (libro I, cap. XXI, p. 512).

Las tres fórmulas: I, D... D'; II, P... P, y III, M'... M’ se distinguen en lo siguiente: en la
fórmula II (... P) la renovación del proceso, el proceso de reproducción, se expresa de un
modo real, mientras que en la fórmula I sólo se expresa como posibilidad. Pero ambas se
distinguen de la forma II en que el valor–capital desembolsado –ya sea en dinero o en
forma de los elementos materiales de producción– constituye el punto de partida y también,
por tanto, el punto de retorno. En D... D' el retorno es D' = D + d. Si el proceso se renueva
en la misma escala, D vuelve a servir de punto de partida y d no se incorpora a él, sino que
indica solamente que D se ha valorizado como capital, engendrando, por tanto, una
plusvalía, pero eliminándola después de engendrarla. En la fórmula P... P, el valor–capital
desembolsado en forma de elementos de producción, P, constituye asimismo el punto de
partida. Esta fórmula implica su valorización. Si el proceso es de reproducción simple, el
mismo valor capital renueva su proceso en la misma forma, P. Si es de acumulación, el
nuevo proceso se inicia con P' (que en cuanto a su magnitud de valor = D' = M') como un
valor capital incrementado. Pero vuelve a iniciarse con el valor capital desembolsado en su
forma inicial, aunque sea con un valor capital mayor que antes. En cambio, en la fórmula
III el valor capital no inicia el proceso como valor desembolsado, sino como un valor ya
valorizado, como la riqueza total existente en forma de mercancías y de que el valor capital
desembolsado no es más que una parte. Esta última fórmula es importante para la sección
tercera, donde el movimiento de los distintos capitales se concibe en conexión con el
movimiento del capital social en conjunto. No puede utilizarse, en cambio, para la rotación
del capital, que comienza siempre con el desembolso del valor–capital, sea en forma de
dinero o de mercancías, y condiciona siempre el retorno del valor–capital en giro en la
misma forma en que se desembolsó. De los ciclos I y II debe tenerse presente el primero
cuando se trate fundamentalmente de examinar la influencia de la rotación sobre la
formación de plusvalía y el segundo cuando se estudie su influencia sobre la formación de
producto.
Los economistas, que no separaban las distintas formas de los ciclos, no las estudiaban
tampoco por separado con vistas a la rotación del capital. Ordinariamente, se destaca la
fórmula D... D' por ser la que domina al capitalista individual y le sirve en sus cálculos,
aunque el dinero sólo constituya el punto de partida bajo la forma de dinero aritmético.
Otros parten de la inversión en forma de elementos de producción hasta que el capital
refleje, pero sin hablar para nada de la forma de este reflejo, que puede ser en mercancías o
en dinero. Así, por ejemplo: “El ciclo económico..., es decir, todo el transcurso de la
producción desde el momento en que se efectúa la inversión hasta el momento en que se
obtienen los ingresos” (“Economic Cycle... the whole course of production, from the time
that outlays are made till returns are received. In agriculture seedtime is its commencement,
and harvesting its ending”: S. P. Newman, Elements of Political Economy, Andower y
Nueva York, p. 81). Otros comienzan por M' (fórmula III): “El mundo del comercio de
producción puede considerarse como si se moviese en un círculo que llamaremos un ciclo
económico y en el que efectúa una rotación tan pronto como el negocio retorna, después de
operar sus sucesivas transacciones, al punto de que partió. El comienzo puede situarse en el
punto en que el capitalista obtiene los ingresos por medio de los cuales se reembolsa de su
capital; a partir de este momento, procede de nuevo a reclutar obreros y les distribuye en
forma de salario su sustento, o mejor dicho, la posibilidad de procurárselo, a obtener,
elaborados por ellos, los artículos en que negocia, a llevar estos artículos al mercado y a
cerrar allí el ciclo de esta serie de movimientos, vendiendo las mercancías y obteniendo de
este modo el reembolso de todo su capital invertido durante este período (Th. Chalmers,
On Political Economy, 2° ed. Londres, 1832, pp. 84 s.).
Tan pronto como todo el valor capital invertido por un capitalista individual en una
rama cualquiera de producción ha descrito el ciclo de sus movimientos, vuelve a revestir su
forma inicial y se halla en condiciones de repetir el mismo proceso. Y no tiene más
remedio que hacerlo, si el valor ha de perpetuarse y valorizarse como valor capital. Cada
uno de los ciclos representa en la vida del capital simplemente una etapa que se repite
constantemente, y por tanto un período. Al final del período D...D' el capital vuelve a
revestir de forma que envuelve su proceso de reproducción o de valorización. Al término
del período P...P el capital vuelve a asumir la forma de los elementos de producción que
constituyen la premisa de un ciclo renovado. El ciclo del capital, considerado no como un
fenómeno aislado, sino como un proceso periódico, se llama su rotación. La duración de
ésta se determina por la suma de su tiempo de producción y del tiempo durante el cual
describe su ciclo. Los dos sumandos dan el tiempo de rotación del capital. Esta suma
constituye, por tanto, el intervalo entre un período cíclico del valor capital en conjunto y el
siguiente, la periodicidad que existe en el proceso de vida del capital o, si se quiere, el
tiempo de renovación o de repetición del proceso de valorización o de producción del
mismo valor–capital.
Prescindiendo de todas las contingencias individuales que pueden acelerar o acortar el
tiempo de rotación de un capital suelto, el tiempo de rotación de los capitales difiere con
arreglo a sus distintas esferas de inversión.
Así como la jornada de trabajo es la unidad natural de medida para la función de la
fuerza del trabajo, el año es la unidad natural de medida para las rotaciones del capital
puesto en acción. La base natural de esta unidad de medida estriba en el hecho de que los
frutos más importantes de la tierra en la zona templada, que fue la cuna de la producción
capitalista, son productos anuales.
Tomando el año como unidad de medida y llamando al tiempo de rotación R, al tiempo
de rotación de un determinado capital r y al número de sus rotaciones n, tendremos que

n = R
r

Así, pues, si, por ejemplo, el tiempo de rotación, r, es de 3 meses, tendremos que n = 12/3
= 4, lo que quiere decir que el capital efectuará 4 rotaciones al año. Sí r = 18 meses,
entonces n = 12/18 = 2/3, lo que significa que el capital sólo recorrerá en un año 2/3 de su
tiempo de rotación. Cuando, por tanto, su tiempo de rotación abarque varios años se
calculará por múltiplos de un año.
Para el capitalista, el tiempo de rotación de su capital es el tiempo durante el cual debe
tener desembolsado su capital para valorizarlo y recobrarlo en su forma primitiva.
Antes de entrar a investigar más en detalle cómo influye la rotación del capital en el
proceso de producción y valorización, debemos examinar dos nuevas formas de capital que
brotan del proceso de circulación o influyen en la forma de la rotación de aquél.