El Chamán de los Cunaguaros Viaje por el mundo indígena venezolano
Marisa Vannini de Gerulewicz

© Marisa Vannini de Gerulewicz © Fundación Editorial el perro y la rana, 2008
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corrección: Yessica La Cruz Báez portada y diagramación: Carlos Herrera diseño de la colección: Carlos Zerpa ilustraciones: Myriam Álvarez
hecho el Depósito de Ley
N° lf 4022008800649 ISBN 978-980-396-991-2

Milagros Carvajal

c o l e c c i ó n Páginas Venezolanas

La narrativa en Venezuela es el canto que define un universo sincrético de imaginarios, de historias y sueños; es la fotografía de los portales que han permitido al venezolano encontrarse consigo mismo. Esta colección celebra –a través de sus cuatro series– las páginas que concentran tinta como savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes. La serie Clásicos abarca las obras que por su fuerza se han convertido en referentes esenciales de la narrativa venezolana; Contemporáneos reúne títulos de autores que desde las últimas décadas han girado la pluma para hacer rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas; Antologías es un espacio destinado al encuentro de voces que unidas abren senderos al deleite y la crítica; y finalmente la serie Breves concentra textos cuya extensión le permite al lector arroparlos en una sola mirada.

Fundación Editorial

elperroy larana

A todos mis antiguos y recientes alumnos: los de kinder, preparatorio y primaria del Instituto Montessori y del Colegio Lourdes; los de las clases particulares a quienes enseñé a leer y escribir con tanto cariño; los de las clases de Italiano y Español del Instituto Venezolano Italiano de Cultura; de los Liceos: Pedro Emilio Coll, Instituto Politécnico, Guadalupe, San José de Tarbes, Cultura, América, Moral y Luces; a las maestras y maestros criollos e indígenas del interior del país, mis alumnos presenciales y a distancia de la Universidad Nacional Abierta; del Instituto Pedagógico; de la Universidad Católica Andrés Bello, de la Universidad Metropolitana y muy especialmente a los de la Universidad Central de Venezuela, que me han acompañado por muchísimos años. Todos ellos fueron para mí presencia, apoyo y estímulo en las letras, cultura y vida. A mis hijos y a mis nietos: Leonardo Simón, Gerardo Américo, Donatella Maigualida Gerulewicz Vannini; Natalia y Fabián Hernández Gerulewicz y Eugenio Clemente Gerulewicz Rojas.

El texto. y para muchos desconocido. se propone reflejar en forma documental la realidad y situación actual de estas etnias y poner al lector frente al universo inmenso. basado en un reco� rrido personal a través del mundo indígena. . de las maravillosas culturas aborígenes. contiene observacio� nes directas sobre las etnias tratadas. cuya acción se desarrolla en las co� munidades indígenas de Venezuela.Este relato de corte juvenil. y ha sido complementado con consultas a especialistas y con una investigación bibliográfica.

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Los Yukpa. Lizot. Saler. H. Dieter. R. Los Yanomami. Coppens. Los Sape. de la Dirección Nacional de Asuntos 11 . �alter. Los Wayuu. Ruddle. de la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio de Educación. Mitrani. Agradezco también la colaboración de los antropólogos y lin� güistas Esteban Emilio Mosonyi. Thomas. �alter Coppens. Caracas. Overing. �alter. M. Omar Gon� zález. que figuran como ensayos en la obra Los aborígenes de Venezuela. en la cual nos hemos apoyado para nutrir nuestra narra� ción: Heinen. Los Warao. Los pemónes. 1983�1988. Los Jodi. publicada por el Instituto Caribe de Antropología y So� ciología de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. Los Piaroa o Maquiritare. Johannes.Agradecimiento Los datos documentales que ilustran los capítulos siguientes han sido tomados de las valiosas investigaciones editadas por �al� ter Coppens. Benson. Jacques. Ronny Velásquez. Los Yaruro. Philippe. Joanna y Kaplan. Kenneth y �ilbert. David John. Coppens.

Jesús Ramón Opi� rashi y Efraín Ramos. Javier Armato. -12- .El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Indígenas. con particular afecto para Ana Cecilia Apashi. la Biblioteca Central de la Universidad Central de Vene� zuela. maestras y colaboradores indígenas. de la Dirección de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura. y muy especialmente de los maestros. la Biblioteca de la Fundación La Salle.

tratando de mante� ner una secuencia lógica y accesible al lector juvenil. dentro de las limitaciones y de la fabula� ción que implica una obra narrativa. hemos intentado acercarnos a las etnias indígenas más numerosas. 13 . Sin ceñirnos estrictamente al rigor geográfico de un escrito de mayor densidad científica o antropológica.Nota En este relato hemos establecido el recorrido por la Venezuela indígena en una forma espontánea y fortuita.

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trigueño.Vuelta a Venezuela indígena —¿Dónde van ustedes a pasar las vacaciones? —Yo. —Yo me quedo en Caracas. a la costa. —¿La vuelta a Venezuela? —Tal como lo oyen. —Yo. con mi padrino que es pescador. Así mismo. a dormir bastante. y regresamos por el occidente. al llano. leer y jugar béisbol. buen deportista. ar� tesanía. una visita a todos los parientes. iglesias. ver televisión. ojos oscuros. Yo. rasgos especiales ninguno. Hay la vuelta turística. —Pero. compañeros: salimos hacia el oriente. folclore. voy a dar la vuelta a Venezuela. —¿Y tú? Tú. sitios de batallas. estudiante de noveno grado de la escuela básica. ¿qué vuelta? Puede haber muchas clases de vueltas… —Claro. o bien una de tipo comercial. flacuchento. Filatelio González. cabello negro y liso. la vuelta histórica. Podría ser una vuelta de tipo familiar. regular eje� cutante de cuatro. a través de antiguos caminos. ¿a dónde vas? —Yo… yo voy a dar la vuelta a Venezuela. orejas pronunciadas. 14 años. fortalezas. a la finca de mi abuelo. de mediana estatura. para ver paisajes. con miras 15 .

Los dos morochos. los morochos. redonditos como bojotes y por eso apellidados el número “ocho”. donde habitamos. entonces. mamá. y yo mismo. ex guardia de fronteras. a la que llamamos así porque aún no acepta su nombre. recogida su abundante cabellera azabache en un pañuelo de algodón de vivos colores. alto y fuerte con sus anchos hombros protectores. los ojos intensamente azules. mi compañero inseparable. 46 años. Rafael González. Maigualida. Y yo. posado sobre mi gorra. —¿Y qué tipo de vuelta es la tuya? ¿Alguna de estas. Las veredas de Coche se arropan silenciosas en la oscuridad para defenderse del frío. inconfundible -16- . también denomina� do Supermudo porque habla sólo si algo le entusiasma. trigueña. Carmen Uribe. el rostro sereno. talentosos canto� res expertos en el arte de silbar. están desiertas. pero tiene algo de todas estas. realmente. en la actualidad competente fotógrafo reportero. Cierra el desfile. de frente color del sol. con el pelo lacio y mis orejotas ocultas bajo la gorra de béisbol. nuestra hermanita de tres años. alumnos de cuarto grado. Superloro. con años de experiencia en la prensa nacional. Muñeca. caminamos uno tras otro. nombre que me obsequió un abuelo extravagante aficiona� do a las estampillas… todos. Filatelio. frágil. Papá. Es aún noche cerrada. saludables y siempre con ganas de inventar.El Chamán de los Cunaguaros. 34 años. Viaje por el mundo indígena venezolano a examinar la producción y el mercado… o quizás una “vueltecita” política para conseguir votos. menuda y leve como la brisa de la aurora. largo y difícil de pro� nunciar. enfermera en un hospital público. revueltos los claros cabellos que recuerdan un antepasado nórdico. bostezando a esa hora tan oscura. u otra dis� tinta? —La mía es distinta. En fila. —Explica. el más moreno y ágil. Mamá. saldremos a dar una vuelta muy especial: la vuelta a Venezuela indígena. Filatelio. Mor y Ocho. al empezar las vacaciones. ¿qué vuelta es? —Es una vuelta muy especial. un au� téntico loro real amazónico. El campanario de la Catedral lanzó hace poco los cuatro toques de la madrugada. apoyo. llamado a veces “palillo” por mis dos traviesos hermanos. llena la cabeza de buclecitos dorados que la hacen parecer una antigua muñeca de porcelana. Las calles de los Jardines de El Valle. la que voy a dar junto con mi familia. Papá. Muñeca. de piel cla� ra y mejillas rosadas. Superloro.

para que accedan más fácilmente a que se les tomen fotos. Lo abordamos llevando a mano lo más importante. los vistosos y llamativos regalos que piensa ofrecer a los indígenas. exuberante vocalización y alegre personalidad. Hace años nadie lograba fotografiarlos. con cámaras. Mamá quiere cerca de sí el maletín de enfermera. Resuelvo la pelea sentán� dome yo allí. cin� tas para el cabello en tonos brillantes para las muchachas y sandalias de goma que aprecian bastante. Les llevamos radios de pilas con una buena provisión de ellas. Yo soy el encargado de las linternas. no grande por cierto. Como de costumbre. está cargado desde la noche anterior con equipaje y provisiones para más de un mes. verdaderos descubridores de los mejores usos del caucho. ya empiezan a discutir porque cada uno quiere saber lo que lleva el otro sin revelar lo que él mismo carga.Vuelta a Venezuela indígena por su plumaje de bello colorido. pilas y mapas viales: todo esto lo -17- . aun� que su habitual timidez. y porque ambos pretenden sentarse en el único espacio medio libre detrás de papá. ni la cobija rosada de la buena suerte. trípodes y por supuesto. pero fue sólo a fina� les del siglo XIX cuando el caucho fue utilizado industrialmente en suelas de zapato. los hace un poco aprensivos. Aunque hoy andan descalzos. Los morochos arrastran dos enormes mochilas. Pero con el tiempo han ido perdiendo sus temores más fuertes y hoy día. a la medida. que creció con nosotros y nos acompaña siempre. Muchos de ellos pen� saban que la cámara podía capturar su alma junto con la imagen. Muñeca se cuida de no perder su almohadilla azul. porque él tiene que echar bien hacia atrás el asiento para extender sus largas piernas. Papá aco� moda su equipo de fotógrafo y camarógrafo. o que el hecho mismo de retratarlos era cosa del más allá. caballo de batalla de nuestra familia. que resulta muy cargado. si se les pide permiso y se les ofrece uno que otro obsequio. tan integrado que lo llamamos cariñosamente “Tío Jeep”. es posible obte� ner muy buenas y naturales imágenes. calzaban en tiempos precolombinos zapatitos de caucho. Introdu� cían el pie directamente en el látex que al solidificarse formaba allí mismo excelentes calzados. cachuchas para los hombres. los naturales. El jeep azul. mientras ellos argumentan. llenas de una cantidad de cosas que de seguro resultarán inútiles. Los siglos XVI y XVII los conquistadores se asombraban mucho de esto. unida a la escasa familiaridad con artefac� tos como la cámara fotográfica.

Detrás. y otras iniciativas más sofisticadas para producir el acercamiento tan deseado. o acaso temor. a la escuela: ya estamos en marcha. Papá al volante. los morochos encaramados encima del equipaje. y luego elaboró re� portajes para diarios y revistas desde lo ancho y largo de toda Ve� nezuela. yo atrás. por tantas narraciones y cuentos que se oyen en relación al mundo indígena. de oriente. con el nombre que les dieron a los nativos de América los primeros viajeros que creían haber llegado a la India. Brasil y Colombia. Un rápido adiós a nuestra casa. mamá a su lado. calendarios. nos proponemos visitar varias comunidades indígenas. a las bicicletas. reunirlas en un libro. Viaje por el mundo indígena venezolano he ubicado en mi amplio morral escolar y como complemento per� sonal llevo al hombro mi cuatro viajero y al pulso mi inseparable e infalible cronómetro. comprenda y aprecie a nuestros indígenas. los González�Uribe. Delante. Si logra reunir suficientes y buenas fotos. ¡Una vuelta como esta. ¿Cuáles secretos y misterios guarda? ¿Qué habrá de cierto o de falso en los rumores acerca del carácter esquivo o la con� ducta hostil de nuestras etnias aborígenes? -18- . sur y occidente de Vene� zuela y de los territorios limítrofes entre Venezuela. a las veredas. Sin duda debe ser otro universo —pensábamos los jóvenes—. o como familiar� mente hemos venido llamándolos. Es justo que todo el país co� nozca. a los patines. podrá presentarlas a alguna empresa que elabore afiches. avanzamos rápidamente. ha decidido emprender un recorrido específico para tomar fotografías de los indígenas en diversos aspectos: rasgos individuales. televisivos.El Chamán de los Cunaguaros. Superloro asomán� dose a la ventanilla trasera. Nosotros. centro. a las pelotas de básquet. o también ofrecerlas en progra� mas radiales. con cierta inquietud. Guyana. Este año. nuestros indios. Papá domina bien rutas y caminos porque durante su juventud trabajó en la Dirección de Fronteras. Tuvimos suerte de que papá accediera a llevarnos con él. agendas. Su intención es conocer y hacer conocer mejor a los legítimos hermanos nuestros que integran las comunidades aborígenes. se empieza a abrir el cielo a las luces del amanecer: vamos hacia el este. el valle de Caracas aún sueña. Muñeca entre ellos. ambiente. cultura. pocos y pocas veces la pueden dar! Estamos llenos de expectativas.

en anhelante curiosidad—. estoy seguro de esta intuición. distribuidos en una treintena de grupos étnicos esparcidos en diversos puntos del territorio nacional. —¡Y son tantas. a la manera de los antiguos expedicionarios sobre los que tanto he leído. —Esto seguramente dificulta la comunicación entre ellos —observo. Pero tengo el presentimiento de que en este viaje encontraremos alguien o algo muy importante para nosotros. capaz de curar males del cuerpo y del alma.Vuelta a Venezuela indígena —Los indígenas son como nosotros. Quizás en una de las más remo� tas aldeas indias encontraremos una hierba mágica. ¿Será cierto que los chamanes. Yo. convirtiendo el nerviosismo. o un animal que la ciencia aún no ha clasificado. Sí. ¡Ya verán qué aventura inol� vidable! —¿Inolvidable? ¿Inolvidable? —tratando de captar la palabra. Los indígenas son herederos de culturas y lenguas distintas entre sí. alguna piedra. el temor a lo des� conocido. nuestra hermanita Muñeca repetía constantemente. —Hay muchas etnias en el país. llena de vegetación—. Nuestra población aborigen aún pura alcanza una cifra cercana a los 500. imitada por el loro cautivado por el acopio de vocales. del cosmos. ya lo saben ustedes —comenzó papá mientras el jeep. encierre los arcanos del tiempo. Cada grupo posee su propio patrimonio cultural y habla su propio idioma. diseminadas en zonas tan alejadas de los cen� tros poblados! —comenta mamá. una tierra inédita. después de atravesar la ciudad de oeste a este y emprender la autopista de oriente. algún pájaro. y desde tiempos inmemoriales las han mantenido vivas. -19- .000 individuos. No hay que temer —nos alentaba nuestro padre. pueden vislumbrar el futuro de la humanidad en las volutas de humo de su tabaco. que siempre he soñado con conocer y hasta descubrir lu� gares secretos. imagino una extraña dimensión. se acercaba a una zona poco ha� bitada. esos mágicos curande� ros indígenas. donde alguna flor. en los caracoles. o tan sólo con su mirada transparente? ¿Podrán develarme algunos de los retos y di� ficultades que me esperan en la vida? Quizás sea mucho pedir. tal vez sueño demasiado.

la Guajiba y otras independientes. pues per� tenecen a varias familias lingüísticas: la familia karibe. pero esta diversidad. ellos! —vocaliza a todo pulmón Superloro. como los describía el historiador Oviedo y Baños en su Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. como la de las sabanas y las selvas. afortunadamente ya superado. las flechas preparadas. por hablar idio� mas diferentes. —¿Entonces el español no es para ellos la lengua materna? —De ninguna manera. casi una voz de guerra que resonaba lejana y nos envolvía completamente. —No. sino un medio. a las cuales no se les han encontrado aún las raíces lingüísticas. no podían unirse para combatirlos! —Entonces —Ocho no logra convencerse—. -20- . se oyó un clamor extraño. el español no debe ser considerado ni su lengua materna ni un sustituto de ella. en absoluto. —¡Papá! —chilló Muñeca— ¡Son ellos! —¡Ellos. ¡Cuánta soledad! ¡Qué difícil conocerse. cuando más entretenidos estábamos oyendo las palabras de papá y vislumbrando en nuestra imaginación el estereotipo. el arco tenso. ¿los indígenas no se comunican entre sí? Imagino una inmensidad sin límites. la arawak. Sus lenguas son muy distintas. —¿Cuántas lenguas indígenas se hablan actualmente en Vene� zuela? —Hasta ahora se han clasificado unas treinta y cuatro. nuestro padre. esta pluralidad idiomá� tica. de comunicación. de los indígenas ace� chantes. con el pasar de los años los ha llevado a estudiar y aprender una lengua común y oficial: el español. En aquel preciso momento. —¡Es cierto —interviene Mor con una frase simplista— si no se entendían. integrarse! —Así es. facilitó a los españoles la conquista de nuestro país —nos re� cuerda Rafael. aunque importante. y cada quien expresándose en un idioma distinto. la Chibcha. intercambiar. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esta misma falta de entendimiento. ¡Será bien pro� blemático entendernos con ellos! —¿Y no se parecen entre sí? —también mamá está intrigada. aunque les ha dificultado la unión y la resistencia ante los atropellos de que han sido objeto.El Chamán de los Cunaguaros. —¡Treinta y cuatro lenguas indígenas! ¡Increíble! ¡Qué rompe� cabezas! —los morochos están desconcertados—.

—Nosotros queremos saber si lograste avisarles que vamos a visitarlos —agrega Mor. Ya más tranquilos y concentrados en el objetivo de nuestra ex� pedición. nos había encargado investigar sobre lo concerniente a la vida indí� gena. Papá. en el extremo oriental. Rafael. un humo denso y misterioso subiendo en espiral. Pero una vez en camino hacia esas regiones. intrigado. Específicamente. casi a ras de la espesura. mientras el jeep se interna en un camino polvoriento de poco tráfico. saborear las ricas meriendas de empanadas y pasteles que trae mamá. —En estos momentos —nos había aclarado— estoy muy ocu� pado con los preparativos y ustedes con los exámenes finales.Vuelta a Venezuela indígena A estos gritos. Tendremos tiempo para estirar las piernas de vez en cuando. como si cada uno fuese vocero del otro… para luego contradecirse entre ellos y empezar a discutir. graznando con estridencia. ahora tienes que decirnos exactamente cuáles etnias indígenas vamos a conocer. Es propio de los morochos hablar siempre en plural. para poder discutir el tema durante el viaje. hogueras rodeadas de bohíos. que prefiere guardar sus secretos. brillo de fogatas. ni con gritos! En días anteriores a nuestra partida. no. papá. —No. podremos intercambiar nuestros conocimientos y puntos de vista. para acampar. tomar fotos del paisaje e imaginar cómo nos recibirán… ¡Les aseguro que no será con graznidos. por un instante nos quedamos paralizados. lo más amplia y profundamente posible. nos señaló una bandada de perdices montaraces que levantaban el vuelo. sin detener el vehículo. nos hace callar a todos con una sola pregunta: -21- . Su diálogo nos evocó redobles de tam� bores. Lue� go rompimos todos a reír. repiquetear de maracas. —Aún falta mucho para que divisemos la primera comunidad indígena —comentó irónico—. insistiendo en ello. Comienzo yo: —Por fin. más que eso queremos saber ¿cómo hiciste para avi� sarles? —lo interrumpe Ocho con malicia. nuestro padre nos había dado una explicación general. será muy largo. Nuestro recorrido hasta el Delta del Orinoco. emplazamos a papá. —Y hablarnos de ellos —apoya mamá.

no preguntaron? —insiste papá. El proble� ma es que en la biblioteca de nuestra escuela no hay ninguno. por la edad. no es por esto. difíciles de conseguir —prosigue Mor que. humm… Quedamos mudos.El Chamán de los Cunaguaros. y sé que inclusive hay versiones simplificadas. dentición. —¡Siempre el sabelotodo! —agrega Ocho. Sin embargo resulta que aquellos libros son para especialis� tas. Con la investigación. América Central. muy complicados. porque tengo cédula de identidad —interrumpo orondo. ¡la mayoría está en inglés! —No creo que la pobreza bibliográfica sobre los indígenas sea tan acentuada. ¿No se informaron con alguien. —A mí sí me los dieron. que parece no estar muy sorprendido de nuestro fracaso. no nos dejan entrar. entre los morochos. y para completar. sin hacer caso de sus burlas—. —Palillo el sabihondo —insinúa Mor. Tengo la impresión de que no se esforzaron bastante. Teliooo —refuerza contento Superloro con ese mote juguetón que desde hace tiempo me aplica. —Los libros son escasos. siempre habla de primero. tipo sanguíneo. y en las demás. —Es difícil entender los que están escritos en español —reco� nozco. o sobre aspectos específicos (características físi� cas. —Yo fui a la Biblioteca Nacional y a la de la Universidad Cen� tral —continúo— busqué en la computadora bajo la voz “indígena”. pero no encontré obras que ofrecieran una visión completa de las etnias caribeñas. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Y qué pasó con la investigación que les encargué? —Humm. —Telio. no —objeta y se queja Ocho—. —Pero por supuesto —termina el segundo— allá no les pres� tan libros a escolares de primaria. no nos fue muy bien… —No hay mucho material sobre estas culturas —titubeo. alianzas matrimoniales) de algunas de ellas. —A nosotros nos aconsejaron —aclara el primero— que fuéra� mos a bibliotecas técnicas. —No. el doctor Filatelio —se ríe Mor. ante una mueca de disgusto de mis herma� nos—. Perú. -22- . —Si lo dices tú. Sólo hay estudios sobre culturas de México.

practican distintas formas de cazar y alimentarse. tienen las mismas costumbres. —Es cierto. ojos grandes y oscuros. a orillas o lejos de cursos de agua y de carreteras. de ninguna manera —enfatiza papá—. lo poseen. que hablan la misma lengua. dependen de cómo fueron tratados hace siglos por sus invasores. Esta diversidad es una de sus principales características. sus rostros se diferencian bastante de una etnia a otra. Tienen piel cobriza clara. Creen que son todos iguales. muy erróneamente. ya lo verán durante el viaje. del tamaño delicado de los de nuestros niños. —¿Y no es así? —inquiere cándidamente Ocho. nos expliques con más detalles. pelo lacio. -23- . en términos más accesibles para nosotros—. como una unidad racial. —También es disímil su medio —continúa papá después de una breve pausa. —Pero. —¿Y en cuanto al carácter? —Generalmente son criaturas simpáticas y nobles. Poseen diferentes tipos de recursos. no es así. otros en caseríos. Algu� nos viven en chozas aisladas en la selva. algún rasgo común tendrán los indígenas. el mismo grado de aculturación… piensan que cuando se ha visto una etnia se conocen todas. tradiciones y mitos son disímiles. en adelante. Las culturas indígenas son muy complejas y su potencialidad creativa es de gran valor para la especie humana. especialmente en lo físico: son pequeños. a veces tenemos la impresión de que siglos de historia las separen. pero la gente sabe muy poco sobre los indígenas —se defiende Mor. como en el idioma. Han alcanzado diversos niveles de interculturalidad hasta el punto que. es su riqueza y uno de sus mayores aportes a nuestro mundo.Vuelta a Venezuela indígena —Tratamos. Pero sus dis� tintas formas de comportarse hoy día. nuestra madre—. y en particular los de las montañas y de la selva lucen manos y pies mínimos. en cam� pamentos. no los diferencian entre sí —deplora Carmen. —No. cada comunidad pa� rece vivir en una época distinta. no serán tan diferentes en todo. frecuentemente alargados y sin embargo. —Lo entendemos. —Lo peor es que los califican. sus cos� tumbres. de cuerpos agraciados. Esta pregunta intempestiva revela lo poco que investigó el nú� mero ocho. y esperamos que tú mismo. ágiles.

Este es el sentido de nuestro viaje. Pero el presente lo descubriremos via� jando y observando. entre los mismos aborígenes. Todo lo aprenderán por sí mismos. conviviendo con ellos: investigación de campo. -24- . acercándoseles. contamos con� tigo! —En cambio yo —canturrea papá alegremente— cuento con ustedes. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es decir que ustedes cuentan conmigo para captar estas si� militudes y diferencias? —¡Sí. Papá tiene razón. Vamos al encuentro de la realidad de nuestros aborígenes. viéndolos. Será más emocionante. sí —exclamamos todos enfáticamente—. se va a llamar… —¿No nos vas a explicar nada? —Les he preparado algunas referencias sobre el pasado —son� ríe papá misteriosamente—. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir que la investigación que les encargué la van a completar ahora. de nuestros hermanos indíge� nas de Venezuela.El Chamán de los Cunaguaros.

5. 9. 10. 3. 8.9 1 10 11 2 8 6 3 4 5 1. 7. Warao Kariña Pemón Sape Ye’kuana Jodi Yanomami YaruroWayuu Yukpa Bari 7 . 6. 2. 4.

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No fue un amor fácil. y al fin me la habían confiado. una imponente colección de collares y abalorios y hasta una choza rodeada de una extensión de camburales. de mirada penetrante y largos cabellos. Mis padres habían madurado esa decisión por mucho tiempo. Pero Ashirama no podía decidirse. hombre fuerte y osado. Se llamaba Ashirama y seguramente ese nombre le sonaría a papá como la lluvia sobre el río. Le inspiraba respeto aquel hombre responsable y formal. papá. que como nunca podría volver a hacerlo. Allá por sus veinte años. El amor 27 . se enamoró por primera vez en su vida y. mas ella soñaba con un amor real. el cacique Guaricuto. no lograba aceptarlo. la hija predilecta del jefe de aquella comunidad. no impuesto por las circunstancias. de ojos risueños y voz suave y cantarina. mucho antes de conocer a mamá. Ella era joven. Había otra razón. la pretendía y ya había adelantado obsequios de compromiso: unas hermosas flechas con su arco. al empezar su carrera de Guardia de Fronteras después del servicio militar. que aún no había terminado de construir. aún más importante para nuestra familia. Sólo nosotros tres la conocíamos. creyó.El Chamán de los Cunaguaros Conocer a los indígenas no era el único motivo que nos llevaba a emprender aquella fabulosa vuelta por el mundo aborigen. Era una indígena de la etnia bari. Sesebe. mucho mayor que ella. El chamán del pueblo.

si llegaban a enfrentarse al poderoso chamán. vínculo al cual los bari conceden esencial importancia. es capaz de predecir. huraño. Durante largos paseos y profundas conversaciones entre el humo de los tabacos que ambos disfrutaban. de facciones austeras. joven. Reunidos varias noches en los claros del monte o al borde de los ríos. Viaje por el mundo indígena venezolano que esperaba debía ser especial. cacique pacífico. Para apaciguar su ánimo. Guaricuto. especialmente los jóvenes.El Chamán de los Cunaguaros. Buscó el apoyo de los ancianos. la máxima autoridad después del cacique. Era un extraño personaje. conoce su origen. invocar o alejar las fuerzas de la naturaleza que atraen las buenas cosechas y alejan las tormentas. quiso complacer a la hija. Que tenía de su lado misteriosos espíritus con quienes había hecho un pacto sobrenatural. Los mismos indígenas afirmaban que Sesebe poseía el dominio de las artes mágicas. Otros. que tenía poderes extraordinarios capaces de sanar o matar. Entonces temió por el destino y hasta la existencia de la joven y del audaz enamorado. darle el esposo que deseaba. sus mitos. el sacerdote y curandero que guarda las claves secretas de la etnia. Se enamoraron desde el primer instante. que conocía a la perfección todos los arcanos del milenario universo de la magia bari. Paseaban junto al río seguidos por corros de niños. nuestro padre. No es conveniente desairar a un chamán. En la etnia se creó una situación de conflicto. Sus miradas se encontraron y pareció que se miraban también sus almas. enseñándose mutuamente sus idiomas y confiándose pensamientos y sueños. pero cercanos en sentimientos y carácter. era demasiado tarde: nada podía hacer ya para separarlos. pensaban muchos. se convirtió en mediador. Al conocer a Rafael. y debía hablar a su corazón no con obsequios ni promesas. ese Sesebe. gallardo en su uniforme. considerando su poder mágico y la influencia que ejercía sobre los bari. Se decía en la comunidad que conocía los secretos del fuego. sintió que era el elegido de su corazón. hosco. y no dudaron en manifestar abiertamente sus sentimientos. sino con verdaderas palabras de pasión. de la vida y de la muerte. Sin embargo. después de mucho reflexionar dieron con una posible solución: ofrecerle a Sesebe el padrinazgo. apuesto. conversaban a la luz de la luna entre nubes de cocuyos. Es peligroso hacerlo. Guaricuto logró con Sesebe un -28- . veían con simpatía la pasión naciente entre esos dos seres tan disímiles por origen. no podía desestimar la reacción del tenaz chamán. monitos y pájaros. tolerante y de amplio pensamiento. Cuando Guaricuto se dio cuenta del amor entre su hija y el forastero.

de manera que él mismo pudiese formarlo en las creencias y tradiciones bari desde los primeros años.El Chamán de los Cunaguaros entendimiento: le prometió nombrarlo padrino del primer hijo que tuviese la pareja y le aseguró que éste no saldría de la comunidad durante toda la infancia. -29- .

Se celebró en el seno de la comunidad el enlace de los dos jóvenes. Ashirama sería suya. Ashirama avanzaba radiante hacia Rafael. vagó por los bosques. Pero poco duraría la felicidad. y lo llevaron a la selva para los ritos mortuorios. para quien ella había escogido el nombre de Aparicuar. Permanecía oculto en algún lugar de la selva. aguardaba a la novia bajo una lluvia de hojas de bucare y gorjeos de pájaros. ni siquiera para los rituales y ceremonias fúnebres. aficionado a la fotografía. coronada de flores y plumas. Los hombres subrayaban con flautas la inquietud de Rafael quien. de acuerdo a un ancestral conjuro bari. Se alejó del pueblo. en cuerpo y alma. por un camino de pétalos de rosas de montaña.El Chamán de los Cunaguaros. se encerró en aquella choza escondida entre camburales a rumiar su rencor. -30- . Hubo gran duelo en la comunidad. Viaje por el mundo indígena venezolano Sesebe aceptó aparentemente sin reservas el padrinazgo. sencillo en su uniforme de Guardia de Fronteras. cuyas recientes flores habían sido arrancadas por la tormenta y esparcidas sobre la hierba. según él injustamente. Tal vez no deseaba mostrar a todos su dolor. En aquel momento la naturaleza comenzó a dar señales de comprender y acompañar los sentimientos de los bari: una lluvia de violencia arrolladora desgajó los árboles y los frutos. pero muchos se preguntaron si acaso no sería él el culpable de aquella injusta muerte y por eso no se atrevía a mostrarse en el pueblo. esta vez para siempre. durante la cual Rafael. Aquel forastero destruía todo lo que él había soñado. se ganó a los indígenas explicándoles pacientemente los procesos fotográficos y tomándoles artísticos retratos que luego distribuiría entre ellos. pero su rostro cada vez más sombrío reflejaba una dolorosa contrariedad. los ríos se quedaron sin peces. no cantaban las aves. a saborear amargamente sus sentimientos de infelicidad y venganza. escribió en la tierra el nombre de Ashirama junto al suyo. Al dar a luz a su hijo. Se escuchaban hermosos cantos con los cuales las mujeres bari saludaban al amor y daban recomendaciones a la novia. y allí sembró un pequeño araguaney. Le arrebataba el amor de su vida. las ranas no entonaban sus coros nocturnos. que no podía rechazar pues se lo ofrecía el Consejo de sabios ancianos. Siguió una gran fiesta. Después de llorar por el amor que le quitaban. Sesebe no apareció. la bella Ashirama dolorosamente murió. Cuando floreciera. Entre gritos y lamentos envolvieron el joven cuerpo en su más bella túnica tejida y bordada en primorosos colores. mirando obsesivamente el araguaney.

lo que era su mayor afición. siempre más desolado. llegó a plantearse si aquel hombre de rasgos duros y mirada de águila. Sin embargo no quiso romper los mandatos y promesas bari. conducen a los lugares de caza y pesca. el causante de su desgracia? Su renuncia al amor de la joven tal vez no implicaba cederla a otro. nadando casi sumergida en el pozo. dándole de comer a algún perico. en cambio. sonriente ante la cámara que captaba cada gesto. ¿Había decidido acaso Sesebe apoderarse y conservar para sí al hijo de Ashirama. anonadado. no tendría la responsabilidad de su muerte. Continuó su trabajo y siguió viviendo solo. exploraban los senderos que saliendo del bohío en forma de gran abanico. como algo que pertenecía a su tierra. Le hablaba de su trabajo. flores y frutos distintos que había en aquellos extensos territorios de frontera. de sus viajes. a su gente? Poco a poco los bari se iban consolando con el hecho de que el niño permanecería en la etnia.El Chamán de los Cunaguaros También Rafael. el padre no debía llevárselo hasta que tuviera la edad escolar: sólo entonces podría reclamarlo. —¡Qué buenas fotos tomas. no encontraba paz. lo instruyó en las primeras letras. dormida en su hamaca. cada ángulo de aquel bello rostro indígena. de las cosas que veía en ellos. pero también algunas capaces de perjudicar y hasta matar. Frecuentemente visitaba al hijo. ¿Sería esa la explicación del trágico fin de Ashirama? ¿Sería Sesebe. saltando y corriendo con los compañeros. trepando a los árboles. los detalles de la naturaleza avasallante que los rodeaba. aquel chamán que había pretendido antes que él a Ashirama. a cargo del abuelo materno que lo criaría cual hijo propio. de la gente que conocía. poco a poco. Le enseñaba el español. Cuando fue creciendo. por su rectitud y porque sabía que al hacerlo corría el riesgo de poner en peligro su integridad física y hasta la del pequeño. Miraba una y otra vez las fotos que le había tomado a Ashirama en las fiestas y durante su breve unión: con aquella flor roja en el oscuro pelo. Según los pactos. sumido en los recuerdos. Sabía que los indígenas conocían y usaban hierbas curativas. nombrando los elementos. papá! —comentaba el muchachito. el hermético chamán. Juntos observaban las fotos de la madre. comiendo un trozo de mamey. Rafael. -31- . dejar que hiciera feliz a un criollo. Se bañaban en el río. lo llevó por los mismos caminos que recorriera con la madre. con su monito en el brazo. destruido. Empezó a retratar también al niño: jugando con los animales. de los muchos animales. como es costumbre entre ellos.

en los cuales son tan diestros los bari desde tiempos remotos. antepasados de los bari. a quienes legaron toda su avanzada cultura. conocimientos ancestrales de los Chibchas. El abuelo. Construyó para él una flauta. oculto en el fondo de la tierra. esa especie de felinos salvajes de poca alzada pero de gran corpulencia. en extremo sensibles. -32- . Especialmente los cunaguaros. En la comunidad se empezaba a hablar de una particular ascendencia y autoridad que ejercía el jovencito sobre los animales. que fue en un tiempo amigo de la gran familia Chibcha y ahora en cambio huye de los bari y de toda la gente.El Chamán de los Cunaguaros. le enseñaba a conocer el nombre y la posición de las estrellas. son oro en flor: Y con la magia que su tronco encierra saca el oro del centro de la tierra y lo presenta en flor sobre sus ramas1 Le transmitía rudimentos de artesanía. manifestándose sólo como florescencia sobre las ramas del araguaney cuyos pétalos. Desde sus primeros años. Le hablaba de la esencia de los metales. estaban atentos a su voz. excelentes orfebres y mineros que desarrollaron una cultura vasta y especializada. le explicaba el misterio de los astros y las causas de las sequías y crecientes. los superiores. 1 Jorge Schmidke. Viaje por el mundo indígena venezolano Desde entonces Rafael fue sintiendo afirmarse siempre más en él aquella antigua pasión por la fotografía. Aparicuar sentía gran cariño y afinidad por su padre. lo admiraba y se entristecía cada vez que debía despedirse de él. siempre más apacible. lo apreciaba. según una antigua leyenda interpretada por poetas venezolanos. Aparicuar parecía entender el lenguaje de los pájaros. invitándolos a acercarse. y le refería cosas de sus antepasados. iniciándolo en el camino de la música. que ejercía su autoridad principalmente como servicio. Sin embargo. sabio y comprensivo. imitaba a la perfección los gritos de los loros y guacamayos. para la cual el niño manifestó enseguida gran disposición y talento. y éstos acudían desde el bosque. parecían obedecerle. y juntos se reunían en la espesura. fue acostumbrándose a su ausencia. quienes en una era dorada eran los dueños de todas aquellas selvas y montañas. Enfocaba el rostro de su hijo en diversas expresiones y fotos sorprendentes. como el oro. Más de una vez se le vio llamando a los venados. Él rugía como ellos. como una donde el niño cabalgaba un cunaguaro.

parejas de guacamayos. confiados en sus cualidades de sanador. llenos de semillas. en pos de hierbas. nadie le preguntaba nada. lapas y picures. desaparecía entre el bosque por varias horas. vuelos de grillos y chicharras. ejercía cumplida y tesoneramente su solemne papel de padrino. con algo de jaguar. no querían hostigarlo. pero el chamán. escuadras de loros. y también a los animales de la selva. le desentrañaba los usos y virtudes de las plantas medicinales. que utilizarían para los enfermos. que se limitaban a una o dos por mes. a curar las mordidas de serpiente. poderoso protector. pericos con el ala rota. Aparicuar se acercaba cada vez más íntimamente al padrino. Regresaban con los mapires. proclamaba festivo: —Yo seré chamán. Parecía feliz. su padre. a bajar las fiebres. Frecuentemente se internaban en la selva. el poder de las aguas. Sanaba a la gente. más y más se emblanquecía su cabellera. Al abuelo le iban creciendo los años. Nadie sabía a dónde iba. A veces. orquestas de ranas y sapitos. Día a día se reforzaban los nexos y semejanzas entre ellos. cocimientos de hojas o semillas trituradas. Él los curaba como le había enseñado su padrino: con cataplasmas de hierbas.El Chamán de los Cunaguaros Para entonces también Sesebe. y era forzoso distanciar las visitas. esas características cestas de palma tejida. raíces y plantas curativas. le hacía memorizar los ensalmes secretos. más y más se encorvaba su espalda. contingentes de cotorras y pericos. Le ilustraba las fuerzas de la naturaleza. venados. picures con las orejas infectadas. Pronto aprendió a predecir las tormentas. El abuelo se preocupaba. en la comunidad su autoridad y mando pasaban casi desapercibidos. escrutando el humo de su tabaco afirmaba: —Está en camino. Se entendía bien con ellos. Al anochecer se le veía llegar. En esas ocasiones. acompañado de cunaguaros. de tigre o de puma en los ojos. Al ver la mejoría de los pacientes. y mucho más. Sesebe le contestaba con intensa gravedad: —Tú serás chamán. le traían animales enfermos: monos con una pierna chamuscada. Con el pasar de los años. descansaban en hamacas de bejucos montaraces colgadas en cualquier lugar donde hubiera árboles -33- . En ocasiones. Se había encariñado con el ahijado que a su vez sentía un afecto especial y una extraña fascinación por él. como tú. padrino y ahijado. la Dirección de Fronteras lo enviaba siempre más lejos. A Rafael. hojas y flores. Le enseñaba las lenguas indígenas que él mismo había logrado conocer enviando por largo tiempo a las etnias más distantes bandadas de pájaros.

Pero antes de partir quiero decirte algo que no debes olvidar nunca: recuerda tu origen. Llegaron con la madrugada. Voy a hacer un viaje hermoso.El Chamán de los Cunaguaros. El conjuro del abuelo se extinguió con las últimas estrellas. Sintió encogerse el corazón. padrino. un escalofrío le recorrió la espalda. mientras extendía su mano ya casi inmóvil hacia aquel nieto mestizo. Era tiempo de ejercer su derecho y autoridad paterna. Debes permanecer con nosotros y ayudar a tus hermanos. al abrigo de las tormentas. hijo —dijo el anciano. Después de varios días. se dirigió enseguida al pueblo de los bari. a reclamar al niño por fin suyo: al cumplir los seis años y al perder al abuelo. Ya Aparicuar iba a cumplir los seis años cuando una noche. tal vez demasiado tarde. sus cenizas descansan en nuestra selva. el chamán lo despertó: —Debemos volver al pueblo. Aparicuar se aproximó sin poder contener las lágrimas. Debes andar tú ahora estos caminos. quemando etapas. se enteró de que aquella misma noche había muerto Guaricuto. aún a tiempo para acompañar al abuelo en los últimos instantes: —Acércate. Rafael tuvo un raro presentimiento. que ella anduvo contigo en su vientre. Eres parte de los bosques. mientras graznaba doliente. le correspondía a él su crianza. pero el niño lo tranquilizaba: —No te preocupes. que he estado preparando. No te separes de tu padrino. se encontró con una desalentadora sorpresa: Aparicuar había desaparecido. un descendiente de los chibcha. es tu deber ahora. El chamán encendía hogueras para alejar a las fieras. Su voz grave anunciaba lo inevitable. de los animales. y los labios del viejo se abrieron en un asomo de sonrisa. bajo una luna gigantesca. de los ríos. pasó un gavilán volando casi sobre su cabeza. proporcionarle una educación completa. en un murmullo apenas audible. La sangre de tu madre se derramó en este suelo. según lo pactado. de llevarlo consigo. tú perteneces al mundo indígena. a todos los aborígenes. en la que dormía rendido de tanto buscar plantas. Con el corazón en tumulto. de nuestro entorno… no te vayas nunca de aquí. Una terrible -34- . estando conmigo ningún animal podrá atacarte. —No debes llorar. Por traerte al mundo entregó su vida. asombrado ante lo desconocido. consagrar la tuya a esta misma tierra. Tú eres un bari. Viaje por el mundo indígena venezolano gruesos. Pero al llegar. A la hora en que murió el abuelo.

alguna pista sobre el paradero o los pasos de su hijo y del chamán Sesebe. pero nunca obtuvo ningún resultado. -35- . en pesquerías. decidió no reintegrarse al trabajo. Solo. al abrigo del fuego. animales y gente. más que el mío. loros. Llegaba con el resplandor de la luna. sus costumbres. —Pero quiero ser chamán como tú. ofreció recompensa. Al correr el tiempo. iba tomando cuerpo una leyenda. Se murmuraba acerca de un poderoso chamán. de resistir a la penetración de los criollos.El Chamán de los Cunaguaros sospecha lo hostigó: ¿el padrino se lo habría llevado selva adentro. que le permitiría mayor amplitud de movimiento. Se presentaba ungido de colores. Mientras tanto. sigiloso. cada vez con mayor empeño. rodeado de cunaguaros. Era un ser especial. nadie supo explicar. recogiendo frutas. meses y años. suplicó. tu destino es importante y difícil. al cual se le comenzaba a llamar el Chamán de los Cunaguaros. donde jamás pudiera encontrarlo. nadie pudo ayudarle. En vano preguntó. chispeantes los ojos dorados del color de la luna menguante. lapas. entre bosques. por todos los alrededores. Nadie se atrevió a acompañarle. rogó. sin dejar huella. surgido quizás de la misma selva. en conversaciones nocturnas. montañas. Les insistía en la urgencia de unirse. Tratando de hallar algún indicio. luego en los sitios más alejados. ríos. Rafael continuaba su búsqueda. —Tú serás chamán. de fotógrafo a destajo para diarios y revistas. toda la gente hablaba de lo mismo. Año tras año recorría las regiones bari y de otras etnias. Se dedicó a indagar. infatigable. rodeados de cunaguaros. mariposas y cocuyos. al aire su larga cabellera oscura con reflejos cobrizos. allá en lo más profundo de la floresta. y mucho más. con un puñado de fotografías y el corazón desbordante de afecto por el hijo que había vuelto a perder. para no entregárselo nunca? En vano lo buscó con desesperación por todo el pueblo y los caminos cercanos. —Debes aprender a conocer bien la selva y sus habitantes. el chamán y su ahijado conversaban sobre plantas. hablaba a todas las etnias de la importancia de preservar su cultura. Otra vez estaba solo. Angustiado y deprimido. cruzado de collares. siempre con la misma esperanza. a tratar de ubicar al niño durante días. nadie quiso revelarle dónde estaba Aparicuar. un ente mágico. Nadie supo contestarle. con el mismo paso lento y firme de los cunaguaros. dejó su cargo en Fronteras y aceptó un nuevo trabajo. En pueblos y comunidades. Pidió ayuda. sin hacer ruido. Algunos contaban haberlo visto llegar. hasta recurrió a las amenazas.

wayuu. Se entendía con la gente y con los animales. tañía su flauta melancólica que hablaba de extrañas y lejanas nostalgias. indicaban que había estado allí. —Que acecha en las noches. A veces ni siquiera lograban verlo. -36- . kariña. Viaje por el mundo indígena venezolano Conocía varias lenguas: bari. de fuerza. —No es más que una leyenda contada al calor de las hogueras —comentaban algunos. de superación. warao. para reforzar su mensaje de unión. —Dicen que brotó del vientre de una hembra de jaguar. yukpa. como un cunaguaro. un rastro felino. una rama rota. de lluvia sobre el río.El Chamán de los Cunaguaros. —Que se vuelve puma. pero un olor característico. de aves en vuelo. —Que se convierte en tigre. yekuana.

nuestras voces perviven en el aire. de aliento y de esperanza. 37 . Están escritas en fuego y sangre nuestras lenguas. las veloces ardillas. traspasan la selva y llegan al corazón de la tierra. en nuestras flautas. que arrastra flores y ramas en la espesura. Mis ojos miran a lo lejos. Cantemos juntos. Piso como la danta. Pertenezco a la selva. traigo palabras de unión y fuerza. resuenan a través de los siglos. soy brillo de luciérnagas entre la hojarasca. Mis cabellos flotan sobre el río. Mis amigos son los ardientes cunaguaros. Mi canto es el canto del torrente. nuestro vigor está en nuestros cantos. compás de lluvia en la arena. Soy piedra y latido. mi paso es el paso del lagarto y del jaguar. en nuestros pasos a través de los árboles. las lánguidas iguanas. como el picure. Nuestra fuerza está en la tierra y la unión con ella. tengo el signo de la flor y el canto. Veo en el aire rostros desconocidos. dancemos juntos. flores y truenos. soy rugido de fiera en la noche.Palabreo del chamán Soy la voz del piapoco en la rama.

Todos permaneceremos. a los animales. cada día seremos más fuertes. creceremos como la hierba. a los ríos. Viaje por el mundo indígena venezolano hablemos a las flores. entibiaremos la tierra con calor de sol.El Chamán de los Cunaguaros. -38- . como el bejuco silvestre.

como el grupo de indígenas que nos han recibido apaciblemente al cumplirse la primera etapa de nuestro viaje. ya se sienten dueños del agua. hasta orquídeas de colores insólitos. hábiles navegantes. Para acceder al territorio warao es preciso atravesar los estados Anzoátegui y Mo� nagas. donde el Orinoco se abre en su fabuloso Delta. hábi� tat natural de los waraos. o el “indio guapo”. Después hay que seguir más hacia el este. si se parte. que fertiliza las tierras de esta gran comunidad indígena. arao: gente. gente de canoa —¡Somos waraos. “gente de canoa” (wa: embarcación. extrema. Fue ciertamente trabajoso arribar hasta aquí. son lugares mágicos. como nosotros. habitante). hasta Delta Amacuro. de Caracas. agitando con ambos brazos unas fron� das que simulan remos. Allí puede encontrarse desde hojas inmensas. de una naturaleza exuberante y podría decirse. como la “malanga”.Los waraos. somos gente de canoa! Tratando de mantener el equilibrio sobre una urdimbre de ra� maje que han arrojado al río. Los caños y morichales del Orinoco. rosadas. capaces de vestir a una persona. 39 . los morochos surcan las turbias aguas del caño gritando a pleno pulmón. Entusiasmados por el significado de la palabra warao.

monos de diversas clases. somos dos waraos! —¡Filatelio. enormes culebras de agua. al piapoco. Los niños de la comunidad warao celebran divertidos. nos reímos de ellos: —Payasos. En este lugar ideal. al paují de monte. aprende a navegar! Nadie aplaude. como si fuesen dos personas en una misma. como los morochos pretenden. de una forma amena. para satisfacción de mis dos ceritos. muestra su inquietud -40- . o la repetición de un muchacho. relajada. atigradas. sino su parecido para ellos extraordinario. siempre deseosos de llamar la atención. más que el intenso calor y la humedad del ambiente. Lo primero que se siente al llegar. que resuenan estruendosamente a lo largo y ancho del campamento. Nos han ofrecido para el día el breve campamento y los co� nucos. animado. aves de colorido plumaje y canto armonioso. son constantes: —¡Carmen. Dan la impresión de estar muy entretenidos. quienes conocen el fenómeno a través de las lecciones de los misioneros.El Chamán de los Cunaguaros. enclavados en el agua. Viaje por el mundo indígena venezolano verdes. los ma� yores también comienzan a reírse tapándose la boca con una mano. no se cansan de contemplarlos y admirarlos. Allí se escondían durante la conquista. Por el contrario. asos —repite Superloro. de urgencias. por lo que los waraos. su hazaña. apretados entre la maleza y el borde del caño. en refugio y sitio de recogimiento espiritual. es la ausencia de prisas. Imitan con gracia al arrendajo. Yo les sonrío. a pesar de que ha tenido la precaución de enseñar a sus hijos a nadar desde pequeños y sabe que más allá del agua no pueden caer los novatos marineros. —Asos. míranos. Sin embargo papá. y para la noche los característicos palafitos. Ahora silban a dúo. pocas veces los han visto en persona. pumas. en perenne comunión con el entorno. parecen payasos —los increpa Muñeca. Los gritos de mis hermanos. sin contar con una fauna impresionante. los waraos han conver� tido los caños y morichales con su espesa vegetación selvática. y viven ahora en pleno contacto con la naturaleza. Entre los indígenas no hay gemelos idénticos. No sólo festejan el sorprendente silbar de mis hermanos. uno primero y el otro le responde. ellos re� doblan sus risitas y algunos se esconden tras los árboles para reír mejor. loros con exóticos colores. Después de ellos. de temores.

zancudos y otras plagas comunes en esos cursos de agua. Se secarán rápido. Son exper� tos en pescar. en los cuales siembran yuca dulce y amarga. espanta mosquitos. batata. pues ambos. y aleja eventuales fieras. o chicha de yuruma elaborada a partir de la savia de la palma moriche. para nada amilanados. la improvisada balsa se voltea. gente de canoa porque conoce la presencia de caimanes en esos caños. han optado por usar el guayuco de tejido vegetal que sólo cubre las partes íntimas. vestimenta tradicional de los indígenas desde tiem� pos inmemoriales. nadan a grandes brazadas dando un nuevo toque de hazaña a su gritería: —¡Indios náufragos. ya en esta etapa inicial del viaje.Los Warao. un fornido joven de nariz pronunciada. morocotos y cachamas. somos indios náufragos! Botoboto. Mientras tanto. cuidado. Sa� boreamos trozos asados de ocumo y yuca dulce junto con los tiernos cogollos de palmito que hacen la función de pan. en la pesca y en la caza. También mamá se asusta al verlos a punto de zozobrar: —¡Hijos. con una caña y un hilo -41- . se lanza rápidamente al agua y los saca chorreando. experto na� dador. La subsistencia de los waraos. Observamos que hoy día han adop� tado la labranza de conucos. A un brusco movimiento de uno de los dos (¿es a Mor a quien se le ocurre dar un brinco?). y más recientemente el llama� do ocumo chino. se basó tradicionalmente en la recolección de frutos sil� vestres. y como bebida el kasiri. el mismo atuendo que llevaba originalmente la mayoría de los waraos. fro� tando con habilidad unos palitos de guatacare a la manera tradicio� nal. no sean locos. desde lejos vemos que al borde mismo de la selva los demás prenden para ellos una crepitante hoguera. la cual fermentan en grandes recipientes de barro. pueden volcarse. en arrimar a la orilla montones de cangrejos. con arpones. arrojando al fangoso turbión a los dos héroes de la familia quienes. que se ha expandido asombrosamente. como la de los demás aborígenes de América. pequeños campos ganados a la selva que bordea y acecha los caños y poblados. En los pozos de los morichales prac� tican aún la pesca a la manera tradicional. ocumo. irán a parar a la corriente! No está equivocada. al que no tardamos en apellidar “olímpico” por parecer un atleta de las Olimpíadas. Nos reunimos todos alrededor del fuego que además de servir para cocinar los alimentos.

Nos explican que después de barridos con escobas vegetales. es una adquisición relativamente reciente. En vilo sobre un tallo caído de palma. papá accede a comentar el origen y ubicación de la etnia. que ha atraído por siglos la atención de artistas y científicos. pues yo quisiera encontrar antiguas reproducciones de la flora de esta región. en Eu� ropa. que casi parecen pisos de cemento. —Abran paso a la ciencia —subraya silbando Ocho. que pocas veces habla. Iremos juntos. antiguo amigo de papá y nuestro anfitrión. Viaje por el mundo indígena venezolano recabado. —El territorio de los waraos. así como los arpones y boyas de pescar. aparece en los más tempranos mapas de la Provincia de Venezuela y la Nueva Andalucía. Eran documentos impresionantes. Pero —me apoya mamá condescendiente— tenemos copias en la carto� teca de nuestra Biblioteca Nacional. nos dicen. los morochos se balan� cean y reactivan la conversación con una acertada pregunta: —¿Dónde están los otros waraos? ¿Acaso ustedes son todos? ¿No hay más? -42- . Después de este frugal condumio. con ornamentos propios de aquella época: peces. los lavan con una infusión de hierbas desinfectantes que repele toda clase de garrapatas. o conejillo de indias. muy bien trazados. podrías observarlos en los museos donde los exhiben. delfines. —¡Cómo me gustaría verlos! —comento con entusiasmo. —¡Habló el sabio! —ironiza con una mueca Mor. as� tros y brújulas. tan fastidiosos y frecuentes en los climas tropicales. Rafael y yo nos sentamos en el suelo. de los vástagos de la palma moriche que complementan con carnadas de gusanos extraídos del fruto del mismo árbol: el anzuelo. Cazan poco. Carmen. Se lo ha ofrecido el anciano Jabasuru. Me asombra la limpieza de esos suelos de tierra. que ellos destinan a sus principales o a los visitantes de consideración.El Chamán de los Cunaguaros. a quienes ya los mismos descu� bridores llamaban “gente de canoa”. tallado en un tronco de madera de balsa o sangrito. monstruos marinos. chinches y chipos. y su presa preferida es el pequeño acure. que no consideran indispensa� ble. una especie de roedor silvestre de orejas muy pequeñas y cuerpo grasoso. está sentada en el dujunoko o asiento de honor warao. Londres o Florencia. —Si algún día llegaras a Madrid.

después de los wayuus. pues así llaman al brazo principal del Delta del Orinoco. Quizás los hemos puesto en un aprieto.Los Warao. niños y hasta algunos monitos capuchi� nos que éstos cargan abrazados. lamentablemente —papá nos pone al tanto de los últimos datos—: La mayoría de los waraos están repartidos hoy día en unos doscientos cincuenta poblados palafíticos. jóvenes. —Nosotros. Ahora han dejado de reírse. tratando de captar sus rasgos físicos. espaldas anchas. no encuentran las palabras adecuadas. compuesto por hombres y mujeres. manos y pies de regular -43- . pero tienen cuerpos armoniosos y bien for� mados. los waraos que habitan los caños y alrededores del Delta del gran río Orinoco. El olímpico Botoboto completa la información. Aprovechamos para mirarlos. Delta Amacuro y de la Guayana Esequiba. Conformamos el segundo grupo más nume� roso entre los indígenas. son más de veinte mil. con un tono agrio que bien comprendemos: —Antiguamente éramos muchos más. Habitan los caños del Delta y áreas adyacentes de los estados Bolívar. O no saben contestar. o en su caste� llano escaso y vacilante. Antes de las sucesivas invasiones a nuestro ambien� te. el noroccidental —ha hablado con tanto en� tusiasmo y tanta rapidez que se ha quedado sin aliento. nombre que se daba en tiempos co� loniales a la zona comprendida entre los ríos Orinoco y Amazonas. Pero en total. quizás cente� nares de miles. hombros fuertes. adultos. —Así fue. que se ubica al extremo nororiental de Venezuela. nuestra gente poblaba las vastas áreas de las selvas y aguas que formaban la “Isla de Guayana”. somos sólo un caserío. gente de canoa Les contesta Samu. a lo largo de una faja costera de siete mil kilómetros cuadrados entre los caños Ma� riusa y el área del Delta Amacuro al sur del Río Grande. un escolar que como la mayoría de los jó� venes de la última generación está aprendiendo en la Misión y en la escuela local bilingüe la lengua de los inquietos viajeros. No son altos. ancianos. colocados al otro extremo de Venezuela. decenas. Sucre. los que tú ves aquí. de quienes pronto se convertirá en compañero de travesuras. Planteamos enseguida otra pregunta: —¿Hay mucha similitud entre estos grupos waraos? ¿En qué se diferencian? Se hace silencio en el grupo. Monagas.

andan completamente descalzos. quizás para defenderse del sol. Nos explicarán luego que eso lo hacen sólo en ocasión de fiestas o bailes. ocho! ¡Buenos días. aquí! —¡Mo�o�o. y desde allí. que parece ser universal. buenos días! Se acercan los niños para mirarlo de cerca. y cuando salen en canoa. hola. y collares de peonías y otras semillas de varias vueltas. Tienen rostros expresivos. ade� más de monitos y morrocoyes. Sigue reinando el silencio que sorpresivamente rompe Super� mudo. bastante pronunciada. Como todos los indígenas. característica común de los indígenas sudamericanos. Contrariamente a lo que espe� rábamos. y sombreros de hojas de palma. pero no blue jeans. no están pintados ni maquillados. y los brazos. lustroso y abundante. Con éstas también se adornan la fren� te. Carmen. los niños waraos no conocen sino su propio idioma. de telas de colores. Fael! ¡Hola. Las mujeres lucen vestidos largos. inocente y alegre. aquí. Ellos también. en los cuales usan también máscaras. como frecuentemente hace. a la manera nuestra. Los hombres visten guayucos. La piel es de color co� brizo claro. Los niños exhiben una desnudez completa. Destacan en sus rostros de altos pómulos los ojos oblicuos y brillantes. bastante más largo en las mujeres. De todas formas. encima de mi cabeza. Vuelven a empezar las risitas.El Chamán de los Cunaguaros. hay murmullos. el cabello negro oscuro. especialmente en los varones. y les causa gracia que Superloro lo hable tan fluidamente. Viaje por el mundo indígena venezolano tamaño. tienen loros que repiten las palabras warao: copian lo que oyen. la nariz. No entendemos lo que dicen. como todos los loros del mundo. sino del tipo que llamamos kaki. telio. así como ellos no nos comprenden a no� sotros: antes de ir a la escuela. Algunos llevan al cuello sencillos collares de semillas. muchos de los cuales tienen un trozo de tela ade� lante que parece un delantal. usan unas camisas blancas hiladas por ellos mismos que llevan abiertas. a manera de cintillo. cortos o arremanga� dos. Se les nota sanos y bien alimentados. cortado por encima de las orejas en los hombres. el cual se ha instalado. Sólo algunos llevan pantalones. mirada penetrante. ostenta su potente voz. haciendo honor a su segundo nombre de Superloro. pero no saben hablar castellano. llamándonos a todos con la adap� tación de nuestro propio nombre: —¡Telio. le tienden el dedo a Superloro para que se agarre con sus -44- .

instrumentos. es decir. conozco ese libro. vestuario. y pasa algunos meses allá y otros en el Delta con su familia: —Nosotros. Por fin. quien estuvo algunos años en el Delta. saludando y pasándose de una mano a otra. hace tiempito que circula entre nosotros. Recordé entonces una noticia que acababa de leer en la prensa de Caracas: la publicación de un libro para alfabetizar en warao y castellano. y los escolares que frecuentan la escuela que tenemos en uno de nuestros palafitos. algunos para enseñar a leer y escribir. donde maestros waraos imparten una enseñanza bilingüe. otros para reunir nuestra literatura. El título lo tenía anotado en la agendita que llevo siem� pre conmigo. el Cancionero warao por ejemplo. fijar y transmitir nuestras tradiciones. -45- . los que conformamos esta ranchería de Muraki. lo que él hace de buen grado. la capital del estado. vi� vimos aún al estilo tradicional. que casi han perdido la verdadera esencia indígena. gente de canoa patitas. algunos diri� gentes quienes sin embargo lo hablan con dificultad. una joven bachiller que estudia enfermería en Tucupita. todo eso llega a un por� centaje mínimo de la población. Quizás harían falta menos textos. sus manos hábiles tejen un mapire o cesta con fibra extraída de cogollo de moriche. y en cambio más personas. tratamos de conservar el idioma y las tradiciones. plátanos y otros recursos de la selva y de los caños.Los Warao. en verdad han ido cambiando tanto. una linda muchacha hasta entonces silenciosa. una bata floreada cubre su cuerpo moreno. Pero otros grupos no pudieron mantenerse puros. Lo elaboró el hermano Pedro Martínez. sólo los estudiantes que han cursado el liceo. Aquí. Nos alimentamos a base de sagú. con el fin de que no se pierda nuestra antigua lengua. Pero no es suficiente. —Sí —confirmó él—. otros para enseñar el castellano. fueron asimilán� dose a los criollos. elaborado por los mismos waraos que investigan y recogen testimo� nios de su cultura. los que conocen el castellano son pocos. en los morichales. El largo cabello sedoso le envuelve los hombros. Lo busqué y se lo leí a Botoboto: Idamotuma karata teribuia. obtuvieron herramientas. Hay otros libros. más maestros. en espa� ñol y warao. “Los adultos estudiamos”. No nos hemos integrado al mundo criollo. se han he� cho varios esfuerzos. Es Katera. ollas de peltre. y nosotros somos varios millares. toma la palabra. olvidaron su lengua.

a abandonar la navegación. criollas. a una relación espiritual. Ojudo a mojo. ¿Qué quiere decir Botoboto con estas palabras? Reflexiono. iguales. waraotuma a najoro: “El gusano de moriche es alimen� to de los waraos”. y los ha obligado a retirarse de la costa. hasta antillanas. Las intenciones de los distintos gobiernos na� cionales. y con buenas intenciones. a veces positivas. el anciano Jabasuru añade: —Efectivamente. pausado—. Los criollos se nos han estado acercando más. —Los waraos que viven en el Delta occidental y suroriental están sufriendo un cambio cultural profundo —prosigue en tono lento.El Chamán de los Cunaguaros. la deforestación de la zona ribereña y el cierre de los caños. ¿Correcto. Pero no es tan fácil como la gente de afuera cree. estos libros son también una ayuda material. Pero quizás ellos aspiren a otro tipo de ayuda. Quizás deseen afecto. —En ese sentido tienes razón. les han traído conse� cuencias graves. indígenas. Era un caño muy utilizado por los waraos para comercializar sus productos vegetales -46- . es un intento acertado de revalorizar la cultura indígena —objeto. Dirigiéndose especialmente a mi padre. Sigo leyendo algunas frases del libro que he copiado en mi li� breta: —Ine jakotai neburatu yabatu: “Yo soy un hombre pescador”. instrumentos. sentirse acogidos. —¿Recuerdan ustedes el caso del caño Mánamo? —nos inte� rroga papá. lo recordamos. La construcción de obras para la agricultura. como diques o canales de riego. como todo lo que se le da a los indígenas: medicinas. en este momento y desde el siglo pasado. ha motivado la tala. últimamente. Y tampoco es lo que más necesitamos. un contacto continuo y siempre más intenso con las poblaciones adyacentes. En fin. de esto hablan los maestros cuando nos ex� plican la geografía de la parte oriental del país. aprecio tu esfuerzo. el mundo warao presenta dos alternativas: por una parte. Botoboto? —Casi casi. alimentos. su medio ancestral de vida. emocional. y por la otra. otras discutibles. Sí. perso� nas entre nosotros. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sin embargo. una vida tra� dicional en un hábitat casi inaccesible al interior del Delta y en sus islas pantanosas.

y en pueblos fantasmas se convirtieron los caseríos cercanos. Mas todo fracasó. no hubo dique o no fun� cionó.Los Warao. ni se pudo recuperar la nave� gación. Caño Mánamo se ha convertido en una ciénaga espantosa. no se logró la cosecha esperada. y lo rellenaron de tierra para establecer allí cultivos. como -47- . gente de canoa o artesanales. Fue cerrado para construir un dique que permitiera el acceso a embarcaciones de gran calado.

—¿Quieres decir algo. de nuestro hermoso país de agua. ¿Y los demás? —A los demás les va aún peor. hacia la cual realizaban frecuentes expediciones comerciales intercambiando plumas de garza. mamá se per� cata que de los grandes ojos ligeramente alargados de la indígena brotan gruesas lágrimas. Daunaba? Te escuchamos.El Chamán de los Cunaguaros. —Dijiste algunos. Viaje por el mundo indígena venezolano Puerto Amador. Daunaba. —Es preocupante y doloroso —explica la joven—. especial� mente en la zona de Pedernales. la daiba o hermana mayor de Katera. casi un lamento lo interrumpe. En esas condiciones les es difícil conservar la cul� tura tradicional. ¿qué haces? Es una corona. Allá. en estos últimos años. Allí fueron marginados y hasta despojados de sus conucos por los hacendados y ganaderos del estado Monagas. en sus actividades agrícolas y madereras. mujeres y niños apenas sobreviven implorando una -48- . Da tristeza pensar que antes vivían apaciblemen� te del tráfico fluvial. Al mirarla. y los explotan y reducen a la categoría de peones. y los explotan llevándolos a la mendicidad. —¿Y qué pasó con los restantes? —Algunos se integraron a las empresas pesqueras. Enséñame. Muchos waraos. cestas y chinchorros por objetos manufacturados. La mayoría se estableció en los alrededores de Tucupita. sólo habitados por millares de pájaros que con su intenso revoloteo y sus graznidos hacen imposible cualquier intento de comunicación. con un pago irriso� rio. del trueque con los criollos y con los habitantes de la cercana isla de Trinidad. —Los waraos —continúa quedamente Jabasuru— tuvieron que irse. Un hondo suspiro. que también está tejiendo. se mezclaron con los criollos y viven como tales. Daunaba? ¿Te lastimaste? ¿Te equivocaste en el tejido? —mamá se le acerca—. hoy capital del estado. quienes los trasladan a las grandes ciudades. han sido engañados por traficantes. deja caer el trabajo: —¡Ay! —¿Qué ocurre. una de las hermosas coronas con las cuales los waraos se adornan en ocasiones rituales. que pretenden ser dueños absolutos de las tierras ganadas al Delta. lejos de nuestras selvas. donde no hay ninguna posibilidad de trabajo rentable para ellos.

su pensamiento: —Mientras nazcan niños y conservemos viva nuestra lengua. Maracay. los pies desnudos sobre el asfalto. niños y hasta bebés que lo rodean. Por falta de medios. sufriendo toda clase de atropellos y penurias. completa con voz recia. quizás para ir a desbrozar su conuco de las hierbas malas que nacen cada día. con sus manos tendidas. Colombia o Brasil. en Caracas. qui� zás la pérdida de algún ser querido. seremos cada vez menos. pues agrega con voz quebrada: —Nosotros estaremos cada vez más solos. Viene a nuestra memoria el espectáculo constante y frecuente. de mujeres waraos rodeadas o car� gando niños. una lata vacía entre las manos. mientras aún recordemos nuestras tradiciones y costumbres. —Somos demasiado obstinados para desaparecer —me tran� quiliza Jabasuru sonriendo—. ¿hay peligro de que desaparezcan los waraos? —pregunto consternado. un nombre español y el otro indígena? Risitas por parte del grupo. Barquisimeto. solemnemente. Con esa costumbre de la risa. la muchachada que ha seguido acudiendo para conocernos. A la vez que se levanta para alejarse un rato. ¡y seguimos reproduciéndonos! Mira con satisfacción. casi nunca logran volver. —¿Cómo te llamas? —pregunto con curiosidad a uno de los ellos. ¡Qué terrible y vergonzoso es esto! Mamá abraza a la tejedora. paradas en los semáforos y cruces de las calles desde el alba al ocaso. —¿Cómo se explica eso. Valencia y otras ciudades de Venezuela. atentos a sus palabras. -49- . Admiro a este recio anciano. segui� remos siendo la antigua y memorable nación warao. bajo el sol y bajo la lluvia. A su partida. gente de canoa limosna. muchachos. a nuestro alrededor. —¿Qué dices. —¿Y tú? —Antonio �ayaru. entre extrañada e interesada. Se nota que sufre por la ausencia. —Francisco Mataruka —es la inmediata respuesta. estre� chándonos en un cerco.Los Warao. capaz de continuar la tradición de saberes indígenas a sus hijos y nietos. los numerosos jó� venes. se avecina aún más. co� mún a todos los aborígenes como me daré cuenta a lo largo del viaje.

si es que vamos a la escuela —contesta por él Kosibu—. tomado de algún santo. como lo manda su fe. a los 13. La cédula ha sido una conquista reciente. como ellos mismos. los aborígenes utilizan su nombre en público. preferimos utilizar nuestro nombre familiar indígena. deben habérselo puesto los misio� neros. pero luego es fácil advertir que la risa es para los indí� genas algo sano. pueden votar y tener constancia de su edad que anteriormente cal� culaban en forma variable y aproximada. apellido. que ya es bachiller. Kosibu. Podría creerse que es uno mismo el objeto de ella. como los demás estu� diantes del país. o uno de su especial de� voción. los misioneros nos dan el nombre de algún santo cristiano. aunque sin consultarnos. Las explicaciones que me da Kosibu son claras. en� tiendan o no. El primero. —¿Qué crees tú acerca de esos nombres nuestros? —me empla� za un nieto de Jabasuru. les sirve de apellido. para diferenciarnos. ninguno. A la vez tratan de que no perdamos el de nuestra ascenden� cia indígena y con este fin nos lo ponen como apellido en la misma partida de bautismo. que es indígena. La recibimos. Viaje por el mundo indígena venezolano no nos sentimos incómodos. Pocos de nuestros padres y de nuestros hermanos mayores la tuvieron. 14 años. y hasta fecha de nacimiento. ciudadanos. y a la vez estre� mecedoras: ¡sólo desde que tienen cédula.El Chamán de los Cunaguaros. Pero entre nosotros. es recibida por otro coro de carcajadas. espontáneo. —¡Acertaste! Al bautizarnos. para recordar y resaltar la etnia a la cual pertenecemos. de cuando por fin los “civilizados” dejaron de tildarnos de “irracionales” y em� pezaron a considerarnos. son recibidos en los hospi� -50- . y de los abuelos. por la misma serenidad en que viven. generalmente el del mismo día. —Mira aquí: Simón Kiwikure —me enseña orgulloso su cédu� la nuevecita un chiquillo vivaz quien ha ido a buscarla expresamen� te—. para el bautismo. aparecen inscritos en los registros electorales. uno de nuestros mayores logros. acompañadas de miradas de simpatía: —El segundo nombre. Esto se refleja en el acta de nacimiento y en la cédula de identidad. —¿Todos ustedes tienen cédula? —Apenas la última generación. Afortunadamente encuentro una explicación lógica que. al terminar el sexto grado de la educación básica. tengo nombre.

gente de canoa tales en caso de necesitarlo! ¡Y han pasado más de cinco siglos en la clandestinidad! Al contemplar al resplandor de las llamas sus rostros circuns� pectos. en un combate en la Guayana. que de cuidar su vida”. El piso. Raleigh refiere cómo su hijo había muerto en el primer asalto. encajadas una en la otra por troncos de árbol. “más deseoso de adquirir honores. Interrumpo mi soliloquio histórico y decido reunirme con papá quien. Con dolor de padre expresa “yo no he perdido únicamente a una querida prenda. la cual abunda en el interior deltaico pues ne� cesita bastante humedad y agua no salobre. rugiente. pues me ha en� cargado redactar las narraciones de las fotos. suspendidas sobre troncos. techadas con hojas de palma de moriche ojidu arroko. quien en el siglo XVI levantó los mapas del Delta del Orinoco que sirvieron de guía a los demás navegantes. estuvo a punto de hacerlo naufragar a la entrada de la Boca de Serpiente. quien tuvo la desdicha de perder a un hijo cerca de aquí. pero afables. allende el curso de agua. exploradores y conquista� dores. maravillado por la es� tilizada gracia de esas habitaciones acuáticas que parecieran brotar del plácido caño. Después la recorrió el idealista viajero Robert Dudley.Los Warao. descansa. instalado con su equipo al borde del caño se encuentra muy atareado enfocando desde diversos ángulos los palafitos que nos quedan al frente. Estas mismas viviendas. de gran altura. cubierto con corteza del mismo moriche o también de una variedad de la palma de manaca llamada anare. El mismo Almirante comenta en su Diario de a bordo cómo una ola inmensa. Las más tradicionales no tienen paredes. sobre gruesos pilotes enclavados en el lecho del caño. yo pensé en la impresión tan grata que estos indígenas debieron causar en los primeros navegantes europeos. En una emotiva carta. Los palafitos waraos son típicas viviendas indígenas hechas de palma. Sus antepasados vieron el arribo de Colón en el tercer viaje. a comienzos de agosto de 1498. para mantenerse seco. estas aguas las surcó también el famoso aventurero y literato inglés �alter Raleigh. Posteriormente. Las observo y detallo yo también. sino también a todo lo que amaba en esta vida”. pero ubicadas en el otro extremo de -51- . el suelo y el techo constituyen dos construccio� nes independientes. casi hundidas en el agua. La emotividad del instante me induce a reflexionar sobre mis lecturas en relación a ellos.

que parece surgir del mar Adriático. Mas enseguida. cuando el navegante floren� tino Américo Vespucio al llegar allá en 1499 recordó a la legendaria Venecia. quizás para jugar a asustarlos. es decir que deben adaptarse a su hábitat. —¿Por qué construyen sus viviendas de esta forma. -52- . gente de tierra alta ( jota: tierra alta. lo primero que le preguntan es “de qué lugar viene”. A su palafito o casa los waraos lo llaman hanoko. nos acercamos a nuestros pa� dres. —No hay tantos —Kosibu es sincero. En ese momento nos llegó un ruido siniestro. y al lugar le dan mucha importancia. Así lo hicieron con nosotros. jotarao. agrega una frase tenebrosa—: pero a veces se escuchan sus gruñidos en la noche. y no las han modificado en tantos siglos? —inquiero entre la juventud para tener un testimonio directo. Viaje por el mundo indígena venezolano Venezuela. que son una tremenda ame� naza por ser estas aguas estancadas y oscuras. un ronco gemido. aunque la oscuridad está lejos de caer. Durante este último diálogo Jabasuru había regresado cargan� do unos grandes y suculentos ñames que traía del conuco. mirando confiados la pira siempre encendida. Los morochos se inquietan aún más al oír la palabra caimán: —¿Hay muchos por aquí? —indaga a su vez Ocho. sin importarle su procedencia. Mor se sobresalta: —¿Cuáles fieras? —no se imagina que el discurso va en serio. para protegernos de la plaga y para defendernos de las fieras salvajes —responde Kosibu. en voz tan sonora que al oír la palabra “fieras”. y le piden que indique con la mano la dirección de su origen. ¿o serían los chasquidos de las ramas con el viento? Por si acaso. y los dejamos satisfechos al señalarles al oeste una dirección lejana. fueron las que dieron origen al nombre de Venezuela. Para ellos noko es “el lugar”. —¿Es decir que estuvimos en peligro mortal? —chilla Mor. arao: gente. habitante) llega a sus poblaciones. Cuando un fo� rastero o no waraos. —Lo hacemos porque habitamos una tierra fangosa y anega� diza. a orillas del lago de Maracaibo.El Chamán de los Cunaguaros. habitadas para entonces por los Paraujanos hoy desaparecidos. aunque ya creo saber la respuesta. —En primer lugar los caimanes. al que llaman. Pero ellos no podrían trepar a nuestros palafitos. el occidental.

como yo mismo. José de Oviedo y Baños. Hubo uno muy importante.Los Warao. de conocer nuestros dere� chos. Fray Antonio Caulín. como nos gusta llamarlo. —Muchísimo. o “paraíso de agua”. Todavía conserva especies endémicas desconocidas. Y aho� ra. en el tercer milenio. las -53- . José Gumilla. gente de canoa —Nuestro país de agua. a la que tanto aspirábamos. Jabasuru? —es papá quien pregunta. a través de algunas Misiones creadas por el Ejecutivo. la historia. —¿Y ahora? —La situación ha mejorado. en el cual se logró un pequeño cupo de admisión a las universidades destinado exclusivamente a los indígenas. se han ampliado aún más las posibilidades de estudios superiores y técnicos para nuestros hijos y nietos. Antonio de Herrera. es uno de los más antiguos y ricos ecosistemas del mundo. Eran otros tiempos. Nos hemos ido organizando y pudimos instalar los congresos waraos. —¿Recuerdas los autores? —Fray Bartolomé de las Casas. no hubo medios ni patrocinio. con el fin de hacernos escuchar. —Muy justo. Fray Pedro Simón. Jabasuru. Desde entonces. sólo unos pocos se graduaron de bachilleres o de maestros. —¡El programa completo de historia colonial! Nunca hubiese pensado encontrar una biblioteca especializada aquí. Tengo en mi vivienda varios libros de cronistas e historiadores que he logrado reu� nir a través de años. ¡Les habrá costado bastante lograrlo! —¡Y todavía! Estamos en un proyecto de reserva de biósfera. Fray Pedro de Aguado. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés. principalmente anfibios y peces. —¿Y tú. sobre las aguas. el “Proyecto Delta Amacuro”. sobre todo las del Nuevo Mundo. no lograste estudiar en la universidad? —No pude. Puedo mostrárselos. de los primeros. Juan de Castellanos. a través del cual podríamos traba� jar en forma artesanal y aprovechar la bora. realizado en 1990. Para la universidad. ya varios se han graduado. Durante las últimas décadas he� mos tenido oportunidad de reflexionar. la palma moriche. en una de estas viviendas tan singulares de los waraos. De mi generación. —¿Te interesan las ciencias naturales.

Tradicionalmente. el Proyecto Delta Amacuro tendrá segu� ramente éxito. dijiste. el puente tiende de un lado a otro. y quien come la cabeza del pez. especialmente las bromelias. entonan con alegría. nuestras flores. adornos. y no nos damos cuenta! Si logran implantarlo. duras y blandas. comerciali� zarlas. La fibra extraída del cogollo de moriche sirve para tejer chinchorros y cuerdas de distinto grosor y resistencia para diferentes usos. progresar. la temiche (yawiji) y la manaca (anare). con el fin de venderlos. esta última en tres variedades. sapoaras. Esto ayudaría a nuestra gente. Jabasuru? Mis hermanitos. pavones. la sapoara y el morocoto. su pasarela como un chinchorro… ¡Cómo me agrada oír mencionar la sapoara. que aún son niños. Viaje por el mundo indígena venezolano maderas. permitiría a la juventud disfrutar los productos del desarrollo actual. Pero la riqueza más grande la constituyen las palmeras. casi bailando. el añorado canto infantil: Miro del puente del Orinoco.El Chamán de los Cunaguaros. pues ella constituye el principal recurso de adaptación de los indígenas americanos a su propio ecosistema: todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. Mis hermanos y yo logramos distinguir tres clases. Y con razón. lazos. el sangrito que produce una especie de madera de balsa. ese pez cuyo nom� bre indígena pasó a nuestro idioma. se casará con una muchacha warao! ¡Cuánto de la cultura aborigen ha penetrado en la nuestra. -54- . la palma moriche es considerada sagrada por los waraos. Se destacan la alta ceiba. el purgo. Además nos proponemos implantar una cría de cachamas. el cua� jo. collares. y ade� más para elaborar las cestas y las coronas. junto con la creencia de que quien come su carne no acierta a dejar esa tierra. que con mayor precisión nos señala� rán más tarde nuestros recientes amigos: la palma moriche (ojidu). que nosotros mismos hemos observado en nuestro reco� rrido. vivir tan confortablemente como en las poblacio� nes criollas. —¿Sapoaras. Las frondosas selvas que se extienden a lo largo de los caños son valiosísimas en varias clases de preciadas maderas. la gigantesca mora.

esas emblemáticas figuras del pasado aborigen que dieron vida a las primeras páginas de la historia americana? —le pregunto. ¿Porque estamos nosotros? ¿Por cierto temor reverencial? Sus ojos oblicuos parecen captar un punto remoto en el tiempo. No hay duda. botánicos!… Jabasuru sigue reflexionando: —Nuestros jefes nos han guiado bien… y nos siguen guian� do… especialmente los líderes más jóvenes. ¿Y por qué no de caciques. —La figura del cacique —interrumpe papá que siempre trata de aclararlo todo—. nosotros hemos trabajado y luchado mucho… pero nues� tros hijos serán profesionales. líderes. en el tronco de la palma se crían unas larvas grasosas o gusanos que les suministran tantas proteínas. ojalá dentro de pocos años. gente de canoa que usan en ocasiones festivas. salvaje. Se interrumpe pensativo. que pueden sustituir a la carne. ayudarán y defenderán mejor a su pueblo. la condición esencial. podríamos encontrarlos con títulos universitarios de profesores. pues por presentar cierta elasticidad ofrece comodidad y resistencia a los saltos de las danzas rituales. Este es el pacto. tan representativa y famosa en tiempos de la -55- . su mirada adquiere un destello extraño. jefes. enseres domésticos y especialmente para cons� truir las pistas de baile. —Un trabajo y una lucha constante. velas para las canoas y recipientes para guardar la savia que proporciona el almidón con el cual hacen su pan o sagú. médicos. Con las hojas techan las casas y con los pecíolos conforman arpones. La firmeza de su mirada y su recta expresión garantizan que así será. Noto que quisiera decir algo que no se decide a expresar. odontólogos. la de la gente warao. ¡Y cómo nos alegra pensar que en el próximo. Con la fruta elaboran una bebida muy aceptable y para completar. —Hablas de dirigentes. que los jóvenes waraos no se aprovecharán de los recursos del Estado para especializarse en otras regiones y explotar sus conoci� mientos en lejanas latitudes. boyas de pescar. La corteza se utiliza para hacer los pisos de las casas. —¿Crees que ellos regresarán aquí? —Seguramente. —Sí.Los Warao. Papá dice que encontraremos a varios indígenas con formación de maestros y técnicos en nuestro viaje actual.

pronunciada después de una larga pausa en forma de murmullo sonoro. Ocho también pareciera sentir el mismo desaliento. Con el transcurrir de los siglos. el misterioso sacerdote que tiene algo de cu� randero y de mago. —Se ha acabado la época de los caciques. célebres en la historia de América. Aquella época de guerra contra los invasores y de rivalidades entre nosotros. Paramaconi. consejeros. A través del tiempo la figura del chamán ha perdido mucho de su brillo. atraer las lluvias y desentrañar el futuro. después del acoso que nos redujo a esta exigua población actual. afortunada� mente. aquellos gloriosos personajes de resonantes nombres. quizás no. Es muy respetado entre el grupo o nebú que nos alberga por ser el más viejo. Terepaima. quizás renunciaron voluntariamente al poder que poseían. —¿Y el chamán. No tenemos enemigos que enfrentar. dirigentes. ya no existe más. Vivimos actualmente un período de calma. sin perder de vista las llamas que continuamente ati� za. tan sometido a la razón. todo con un simple -56- . La contestación de Jabasuru. los ancianos han suplantado a los caciques como guías. casi únicos. que conoce los secretos de las plantas y puede sanar males físicos y espirituales? ¿También desapareció? Se nota una gran desilusión en la voz de Mor. con su acostumbrado empuje. Jabasuru. cesó el exterminio. —Pero entonces. Naiguatá. asiente con la cabeza.El Chamán de los Cunaguaros. Pero son pocos. nos resignamos —en la voz del anciano hay un dejo de tristeza. Los grandes chamanes se fueron haciendo a un lado. ante un mundo tan distinto. ¿no han tenido sucesores? —pregunta. Tama� naco. nuestro número ocho. ha ido desapareciendo. algunos aún existen. Sin embargo luego levanta la voz. —¿Eran muy poderosos? —Tanto. pues entre los waraos. al materialismo. Viaje por el mundo indígena venezolano conquista por la forma como ellos conducían a sus guerreros y por el valor con que resistían a los conquistadores. como en la mayoría de las etnias indígenas. decidido: —Aún tenemos chamanes. que algunos podían conjurar tormentas e inundacio� nes. Guaicaipuro. la tranquili� dad reina en nuestros pueblos. de su fuerza original. es completamente enigmática: —Quizás sí. se aquietaron las hostilidades.

sus mágicos poderes tras� pasaban fronteras. El anciano calla. lograban bajar a lo más profundo y revelar si había buena pesca en las pozas. ¿la gente a quien le hace más caso? —Un poco a ambos… —Habasburu no se compromete—. con una mirada penetrante y secreta. ¿Se� ría cierto. Sin intervenir en el diálogo. Por largo rato el “Olímpi� co” no volverá a hablar. —¿Y eso te parece poco. al que le fue arrebatada gran parte de su fuerza. se limitan al uso de las plantas curativas y mágicas para aliviar males físicos y espirituales. Entonces Botoboto concluye el relato: —Poseían conocimientos especiales. volar y ver sus pueblos desde arriba. Botoboto? —Es poco. Tor� nados en peligrosas víboras podían vengarse de sus enemigos. habría algo de verdad en lo que los waraos nos relataban? Racionalmente. deberíamos rechazar todo lo que decían… sin em� bargo… la magia indígena tiene tantos secretos. Quedamos dudosos ante tan extraordinarias revelaciones. y a un gesto impositor de Ja� basuru. comparado con todo lo que podían hacer antes. tan extraños… —¿Y ahora? —preguntamos— ¿Ya no pueden hacer esas haza� ñas? —Perdieron mucho de su poder. —¿Tú conociste alguno de los grandes chamanes. Botoboto titubea. que hasta los mismos médicos los aprecian y recurren a ellos para consultarlos sobre algunos casos específicos. Conta� minados de ritos extraños y creencias foráneas. Sus conocimientos de las hierbas curativas son tan certeros. ¿aún logran curar con las plantas? —insisto. transmutados en caimán o en la serpiente de agua.Los Warao. ahora en su mayoría sólo practican la curandería. Pero debes saber que hay casos reconocidos por los mismos galenos en los -57- . mamá asiente con la cabeza. Podían convertirse en gavilanes. la gran madre de los ríos. Botoboto? —Yo… todavía… Extrañamente. aprieta los labios y baja la cabeza. quizás escrutando nuestra reacción. gente de canoa gesto de sus manos. —Y en esa colaboración entre médicos y chamanes. —Hoy día. de supersticiones y ceremoniales ajenos a la tradición warao. —Seguramente. como todo nuestro mundo indígena.

Creo que tenemos la misma edad. más maduro que yo. Pasé con Botoboto menos de una hora. posado en un bucare bajo. Y yo también a él. —¿Así es de verdad? ¿Cómo se explica? —Porque los curanderos conocen palabras. pero Botoboto se nota más serio. diferencias.El Chamán de los Cunaguaros. ejecutados en forma rítmi� ca y característica. —Telio —me dice por fin. así como yo con papá. Es sin duda el mejor ayudante de Jabasuru. que había vivido en mis catorce años. hasta aquel mo� mento. hacia abajo. Al rato. hacia arriba. o sobre la persona enferma o necesitada. Según me explicó Botoboto. quien los suministra y aplica. llamándome como lo hace mi loro—. cantos. dejando a Supermudo que estuvo mudo y triste bas� tante tiempo. y encargado de supervisar la fabricación de todas las -58- . más reflexivo. que lo llevaría a hacerse moyotu. ahora somos los ancianos los que tenemos au� toridad sobre la familia y la etnia. ¿tienen mucha influencia en las comunidades indígenas? —En realidad. tanto en la vida diaria como en el trabajo —afirma Jabasuru con un desplante de orgullo—. la construcción de patios o áreas de fiesta y danza. ven conmigo. cele� bramos alianzas matrimoniales. para conjurar el mal. te enseñaré mi canoa. Resolvemos contiendas. planeamos el levantamiento de nuestras viviendas con sus puentes. Botoboto se me dirige a mí directamente. —¿Y cómo son esos pases mágicos? —Son movimientos con las manos. Durante toda la conversación me ha estado mirando. acompáñame. —Estos curanderos actuales. Lo hago. Los hacen sobre algún cocimiento. Viaje por el mundo indígena venezolano cuales los medicamentos surten efecto sólo si es el chamán. a quien ellos llaman curandero o curioso. de comprensión nos une y envuelve. su mano derecha diríamos nosotros. bebedizo. reconozco con cierta vergüenza. de emociones. es decir especialista en fabri� car canoas. estudiando mi actitud y mis impresiones. Sentimos que un halo de afinidad. Parecieran apartar el aire o acariciarlo. tratamos de mantener una apacible convivencia y la serenidad en nuestros po� blados. pases mági� cos que potencian los efectos benéficos de los vegetales. y quizás fue esa la hora más densa de experiencia. él estaba en un proceso tradicio� nal.

apoyado solamente por su hahe. memorizar todos los atajos y cañitos. o a veces con una hoja de palma temiche o con una conformada por vástagos de moriche. con el hábitat y comportamiento de los animales. por ejemplo las constelaciones y los astros. el verdadero warao nunca renunciará a la navegación tradi� cional en su canoa. nunca hemos podido. cestas. —Para sobrevivir en el Delta —prosigue Botoboto con gran compenetración— es necesaria una comprensión completa y a la vez detallada del medio ambiente. esto lo convertiría en una autoridad en materia religiosa. que transcurre muchísimo tiempo en ella. y tener amplia experiencia para cubrir grandes distancias. no poseen dinero para pagarla y los muchos revendedores se la cobran mucho más de lo que cuesta. un precio irrisorio. tenemos que familiarizarnos con la ubicación de los morichales. como vela. debe conocer las corrientes de los ríos y la dirección de las mareas. limpios. —¿Hace falta conocerlos? -59- . dentro de la cual pedirá ser sepultado. en un trueque en el cual asig� nan a los productos indígenas. los de Murako. bronceados. sombreros. musculosos). Si bien es cierto que también entre ellos en la actualidad se ha generalizado el uso de motores fuera de borda. Al precio real de la gasolina se añade. —Por otra parte —me aclara en tono burlón—. tienen una vida breve. Pero hay otras cosas que aún no domino. chinchorros. pienso. chamanística y referente a la cosmovisión. canalete. la antigua explo� tación de que son objeto los indígenas. ¡huele malísimo y cuesta carísima! Nosotros. y el canalete sólo lo emplean para distancias cortas. distinguir los caños no funcionales o de escasa corriente. No tienen acceso directo a ella. gente de canoa embarcaciones de la comunidad. lo fui aprendiendo desde niño. temichales y macanales. Debemos dominar la red de los gran� des ríos del Orinoco.Los Warao. a diferencia de nuestros brazos (y aquí levanta y extiende los suyos. y la pestilen� te gasolina con que se mueven. con las diferentes especies de peces. Un simbolismo profundo conecta la canoa con el destino ulterior del moyotu. Además de proporcionarle am� plios conocimientos técnicos. ni podremos jamás pagarla. Además. —¿Y tú ya has aprendido todo esto? —Sí. esos motores se echan a perder a cada rato. con la calidad y época de maduración de los frutos silvestres.

pues no tenemos otras fuentes de agua dulce. La vida de los waraos depende del ciclo anual marcado por ellos. una estrella de la constelación Cáncer. El sol. Cuando se presentan creci� das excepcionales todo se pierde y sólo es posible. el agua cercana a la costa se vuelve salobre: este fenómeno puede llegar has� ta unos sesenta kilómetros río arriba de todos los caños. Botoboto? —Más que todo con la práctica. nuestro kura o joida. waniko. Los primeros aguaceros son terribles.El Chamán de los Cunaguaros. luego. —No. ambos selváticos. El año. debemos saber cuándo empiezan y cuándo terminan. La luna. el Orinoco experimenta una fuerte creciente y las islas del� táicas se inundan: hay que abandonarlas. —¿Y la navegación. cómo las apren� diste. Debemos estar prevenidos y almacenarla en pozos. determina con sus fases el flujo y reflujo de las aguas. Para algunas etnias comienza un nuevo año. así como las fases de marea muerta y marea viva. explícame mejor. Hay épocas especiales -60- . una vez al año. se cuenta por el paso de las lunas. —Durante nuestra estación seca. trasladarse a ellas. sabemos que está entrando la estación de las lluvias. en la época de lluvias. jokoji. —¿Cómo saben cuándo va a llover? —vuelvo a la carga. de enero hasta abril. Desde pequeño aprendí a re� conocer y ubicar los árboles apropiados: los bisi y los habe. determina el día. jo manuka y joida. —¿Las lluvias representan un problema para ustedes? —me atrevo a preguntar. ya. prevenirlas y tomar medidas. por el Oeste. Pero. y la fabricación de canoas. —Pueden serlo. de tronco rojo y de tronco blanco. son necesarias. de ninguna manera. Viaje por el mundo indígena venezolano —Es imprescindible. preparar otras viviendas. que también determinan las épocas de lluvia. y nos damos cuenta de que Orión y las Pléyades han desaparecido. Por otra parte. Lo cierto es que frecuentemente destruyen y obligan a abandonar las plantaciones de maíz y plátanos que algu� nos waraos y criollos intentan cultivar. He Araní. —No entiendo bien. —¿Estas crecientes son peligrosas? —inquiero con aprensión. —Cuando al anochecer aparece encima de los árboles. con relámpagos y truenos. aprovechar esas tierras como pastizales en la época seca. pero la duración de la luz y de la oscuridad la rigen las constelaciones.

que requiere precisión y exactitud. pareciera dispuesta ya a cruzar los caños. actualmente con herramientas de metal obtenidas de los criollos. —Exacto. Arotu. ya hemos llegado. refulge con la luz que apenas penetra por entre los árbo� les. construida para ad� quirir velocidad en el agua. a los que algunos antes llamaban guaraúnos. gente de canoa para tumbarlos y para cortarlos y tratarlos. que realizaban según antiguos métodos mediante hachas de piedra y conchas marinas. halagado por mi evidente interés— aunque a ambas se les llame corrientemente canoas: hay curiaras y canoas monóxilas fabricadas a partir de un tronco ahuecado. He aquí delante de nosotros la canoa de Botoboto: al pie de un tamarindo. pide a gritos ser usada! Ante mi incontenible admiración. —Hay dos tipos de embarcaciones —sigue explicándome con paciencia. estrecha. Dauarani. Pocos conocen hoy en día la manufactura de las curiaras tradicionales. aerodinámica. Se construyen de un solo árbol. Pero detente. considerados expertos carpinteros. en la construcción de excelentes canoas y curiaras. que se usan para cruzar ríos menores. para ahuecar la parte central del tronco. dándole un aura mágica. —Yo leí en mis libros de historia que ya desde la época de la Conquista era conocida la habilidad de los waraos. Asombrado por su extre� ma precisión exclamo: —¡Ágil. para asegurarse de que no se haya ahuecado más de lo conveniente y resulte en un casco demasia� do delgado. La fabricación de una canoa es un proceso largo. esté listo para transformarse en canoa. sino que es mucho más compleja: hay que esperar el momento propicio en que la madre de la selva.Los Warao. capaz de contener en su interior fácilmente unas diez personas. anti� guamente usando hachas de piedra. exacta. Después que el tronco ha sido moldeado se le perforan pe� queños agujeros en la parte exterior. Telio. Cuando el vaciado ha llegado hasta las perforaciones. un brillo especial. Botoboto sonríe orgulloso. otor� gue el permiso y en que el guardián del árbol. se ha logrado el espesor apropiado del casco y se detiene el proceso de -61- . ayudándose con el fuego. De extremos aguza� dos. y embarcaciones más pe� queñas hechas de corteza cosida con fibras de palma. así lo hacían y en parte todavía lo hacemos. Para un especialista en hacer canoas la cuestión no está en tumbar el tronco apropiado.

no hay sino quince kilómetros de aquí a Trinidad. caños y por nuestros dos mares. —¿Y cuáles islas? —Trinidad. Quisiera imitarlo. los acechos de la naturaleza? ¿Cuánto tiempo me llevaría aprender todo lo que él ya sabe? ¿Quién me lo enseñaría? Me doy cuenta de que es. Telio. casi ofendido. —¿A dónde vas con tu canoa? ¿Sales a pescar? —agrego impru� dentemente. Me he dado cuenta de ello a lo largo de mi ob� servación y de nuestra conversación. las arenas movedizas que pue� den tragársela sin remedio. tocar las poblaciones de los criollos. penetro en los caños más escondidos. se tapan los agujeros con tapones de madera. Con mi curiara surco las aguas del Orinoco. —¿Puede suceder eso? —me extraño. ¡Dominar el mar! Me imagino a ese joven warao. Barranquilla. yo soy canoero. la mancha colorida del guayuco sobre el cuerpo desnudo. que domino el mar. de los vientos. Pero. interlocutor de la bóveda celeste. experto y soñador. Sabes. la cautela. sigo las corrientes. puedo navegar días enteros. Margarita. No lo dudo. procuramos ser meticulosos y precavidos. creo que lo he sor� prendido. no pescador. la reflexión son sus características. por inexperiencia o imprudencia. en soledad. las islas del Caribe. —De ninguna manera. Viaje por el mundo indígena venezolano ahuecamiento. como él lo hace. Paria. Sin embargo. ¿sería yo capaz de vencer. de las co� rrientes. Por su mirada seria y su expresión ceñuda. solitario navegante en el Caribe con su canalete labrado y su vela vegetal. Curazao. Los waraos no dejan nada a la improvisación. Tobago. un -62- . —¿Vas solo? —Siempre solo. Me gusta navegar por nuestros ríos. Tucupita. lucho con los caudales y los remolinos. sentir que supero los peligros. los anegadizos. la prudencia. es necesario que quien la lance al agua sepa detectar los peligrosos bajos.El Chamán de los Cunaguaros. a los criollos. —¿Cuáles poblaciones? —Barrancas. Aunque sean creativos. Siento envidia por esa forma de vivir. el suyo. —A veces. A nosotros difícilmente. Por fin. a veces junto con el canoero —concluye sarcásticamente.

espero conseguir un subsidio para estudiar oceanografía y piscicultura en la Universidad de Oriente. casi des� conocido. por el mar. que en este siglo XXI tú. aprovechar sombras de árboles que nunca resguardaron la presencia del hombre? —Completamente cierto. de no olvidar esta lección de vida que Botoboto me está dando. los pericos. Ya que terminé con buenas calificaciones el liceo. gente de canoa saber conquistado lentamente a través de generaciones. los loros. en tus nave� gaciones con tu canoa. morena. transmitido fielmente día a día. hayas logrado cruzar aguas nunca surcadas. poética. vierte sus aguas en el Atlántico. saludada desde la orilla por sorprendidos dantos y bá� quiros y entre las aguas por morocotos y sapoaras. desemboca en el golfo de Paria. el guayuco� delantal (bua o buha) hecho a la manera antigua como el que lleva ahora levantado por el viento. —¿Es posible. Yo navego de uno a otro. de día y de noche. que estoy haciendo investigaciones sobre el ecosistema del Delta. llamado Río Grande. intensamente. ¿Los tenemos nosotros? ¿Hasta qué punto? Botoboto percibe mi preocupación. Botoboto. por lo menos en esa forma tan natural y espontánea. ¿Qué entiendes con eso? —Nuestro Delta es muy ancho. serpenteando entre las islas por cañitos escondidos entre ramas y hojas. Ninguno de nosotros. hollar tierras jamás pisadas por ser humano. mi vacilación. la constancia. lograría hacer lo mismo. Mánamo. mientras que el brazo mayor del Orinoco. la sutil canoa impulsada por el liviano canalete entre los manglares. “Cuando yo vuelva…” ¿Habrá un retorno? ¿Seré yo capaz de no dejarme arrastrar por la rutina ciudadana. Otra vez ante mis ojos la figura esbelta.Los Warao. con bases -63- . Y te diré más. el desprendimiento que los indígenas tienen. Regresaré aquí preparado. luego a través de los caños más grandes. —Has hablado de dos mares. como creativa. al que ustedes llaman Golfo Triste. las blancas o rosadas garzas. Telio. Haría falta el empeño. Cuando tú vuelvas… Se interrumpe y nos miramos los dos. acompañada a trechos por bandadas de pájaros. Me sonríe: —Quiero decirte. de volver para completarla y proseguirla? Aún no lo sé. El más occidental de los caños. los guacamayos azul y amarillo. el valor. y vuelvo a navegar. Es aún muy poco explorado. casi abrazada por el oculto verdor de la vegetación. momento a momento. en el mar Caribe. los criollos.

este indígena. sobresaliente estudiante ilus� trado de principios del siglo XXI. tratando de calcular las horas y minutos -64- . Regresaré para compartir tu éxito. compuesta por lau-lau y cachamas que acaban de sacar del caño. dauwaba. al amontonarla. hacer algo tan importante. encima de una capa de barro. y al atizarla en las madrugadas frías ubahe. No hablamos más. Viaje por el mundo indígena venezolano científicas. ¿Cuándo. más o menos como “el fuego de mi sueño”. donde nuestros anfitriones nos brindan una apetitosa comida. de la choza warao. Durante el día se mantiene en� cendido en la cocina. Sigo sin po� der conciliar ese sueño tan universal que abarca a todos. dejamos la orilla de la selva para dirigirnos a los pala� fitos. Nos volvemos a mirar. có� modo. —Y yo estoy seguro. cuando hagas conocer tus descubrimientos y realizaciones. asada sobre las llamas. Todo está dicho. único mobiliario. utilizando arpones fabricados al mo� mento con vástagos de palma moriche. quizás con instrumentos. aborígenes. Aún no es total la oscuridad cuando. cuando todo el mundo valorice tanto tu aporte como la riqueza de esta región. insatisfecho. Botoboto. La noche cae con un pleno de estrellas que relucen casi al alcan� ce de la mano. a la cual con razón llaman hanoko. producto directo de la selva y de las aguas del corazón de nuestra misma tierra? Se anuncia el anochecer. estaré contigo. Pero yo me siento mortificado. Creo que podré adelantar mucho en este campo. el lugar del chinchorro. Nos acercamos al campamento. La responsable del fuego es la mujer. guaraúnos y jotarao. la principal del día. con medios de trabajo. apiñados en las alargadas embarcaciones que ellos manejan diestramente. Fijo los ojos en mi flamante cronóme� tro con luz incorporada. a la que a veces dan el sobrenombre de mahekunu. al que llaman ha. criollos. dónde y cómo podría yo. o por lo menos comparable a lo que se propone hacer y seguramente hará con tan pocas herramientas tecnológicas. miles de luciérnagas rodean los palafitos. El fuego nunca se apaga. diríamos nosotros. Ella es también la encargada de recoger y almacenar la leña a la cual llaman. Doy vueltas en mi chinchorro de fibra de moriche. Sobre el piso de las casas. donde descansaremos hasta el amanecer. “mueble”.El Chamán de los Cunaguaros. en la noche se coloca debajo de los chinchorros para que dé calor y ahuyente la plaga. hay grandes fogones. “mi fuego”. ancho. Te prometo que en aquel mo� mento. esta vez alentados los dos. con tan limitada prepa� ración.

abstraída. distante. —Un bello sueño por el que valdría la pena luchar. confirmar la propiedad de sus territorios. llena de símbolos y tatuajes. A ratos me llega un murmullo apagado. ¿Estaría en esa mirada. Logro cap� tar algunas frases al vuelo: —¿Nada. perseguirse de monos nocturnos. luminosos. tañendo una flauta muy melodiosa. ojos amarillos. —Eso creo yo también. que los visita y los aconseja. de los centros de información. les recomienda no aceptar modelos ni consignas de los “civilizados” que sean contrarios a su manera de vivir y de pensar. pero creo que no saben nada. extrañas creencias. que sale con la luna. enigmática. Les habla. matizado por gritos de animales. la presencia mágica del chamán desconocido? La ausencia de voces humanas me permite apreciar el silencio de la selva. rescatar su grandeza y dignidad. su mirada misteriosa. tener mejor calidad de vida y ocupar un lugar más justo en la sociedad actual. que no es tal. con la cabeza. —En cambio me enteré de ciertos rumores. una visión lejana. —¿Sí? ¿Qué te dijeron? —Me hablaron de un chamán. un warao mágico. Dicen que anda rodeado de animales. —O quizás exista. alguna leyenda. de piel clara. En ese momento recordé la expresión ausente de Jabasuru. chirriar de grillos. en un diálogo secreto que sólo yo puedo descifrar. gente de canoa que faltan para que amanezca. Rafael? —Esta gente es muy colaboradora. anunciándoles un día en que los indígenas de todas las etnias y regiones lograrán unir� se. ulular de grises búhos insomnes. Pienso en estos seres tan alejados aún de las ciudades. ¿Cómo es ese chamán? —Lo describen alto. de acercamiento y amistad. Afortunadamente estoy todavía despierto cuando unos extra� ños seres. —Puede ser alguna fantasía.Los Warao. Son las voces quedas de papá y mamá. Pongo aten� ción. con una larga cabellera oscura. en ese brillo de sus pupilas. porque conozco la historia. tradiciones e ideología. en su propia lengua. los hombros y la espalda ocultos en una -65- . Los insta a conservar su cultura. Parecía atisbar un recuer� do.

y entre tenebrosos gruñidos pronuncian escalofriantes llamados: —Wa. los dos aterradores perso� najes. Antes de que lo hagan. dile que no nos pegue! ¡No hicimos nada malo. colgados bastante alto sobre el fuego que espanta la densa plaga orinoquense. Las lanzas hechas a la manera indígena. el rostro cubierto por fieras máscaras fabricadas con totumas pintadas de vivos colores. anegadas en lágrimas. ¡Por favor. despertado por el es� cándalo. Viaje por el mundo indígena venezolano pequeña canoa que sostienen cargándola con los brazos. ya lo habrán adivinado) y la emprendo con ellos a puñetazos tan feroces que. que les dan una apariencia de hombres�jaguares. pues les salen perfectos. que empuñan con decisión. derrumben la casa. quiere kasiri. Es que estábamos jugando a los muertos. jebu jebu! … Sobresaltadas al despertar de un sueño tranquilo por tan ho� rrendo barullo y viendo. —¡Qué muertos. Al llegar cerca de Muñeca y de mamá. exi� giéndoles una explicación inmediata. -66- . Avan� zan sigilosamente.El Chamán de los Cunaguaros. era un juego! Eso creen ellos. jebu. Carmencita. al abrir los ojos. —Fue idea mía —reconoce Mor—. por favor! —a nuestra madre la lla� man por su nombre y diminutivo cuando verdaderamente la nece� sitan—. que llaman wa. mamá y mi hermana. lanzan unos chillidos que deben haber ensayado bastante. penetran en el palafito que los waraos han destinado a nuestra familia. vá� yanse de aquí. los muy cobardes. ni qué diablos! —truena papá enfurecido. lucen amenazantes. Wa. Los hijos de Jabasuru nos contaron que cuando ellos mueren se hacen sepul� tar en su canoa. mucho kasiri!… —¡Jebu. toscas y puntiagudas. jebu. quemen los chinchorros. caigo sobre los dos “hombres�canoa” (se trata de los morochos. intentan bajar de los chinchorros. Pero va a juzgarlos papá. se olvidan de su original representa� ción y empiezan a pedir socorro. Wa… —¡Jebu. papá. —¡Carmen. —Los waraos muertos. exponiéndose al peligro de caer y que� marse en la brasa. me lanzo yo cual rayo del mío. quien los hace comparecer ante él con canoa y todo. Deja que te explique.

—Por lo menos aquí no existen herencias. en su plenitud. una en� trega a Daunarani. qué lindo. ni rivalidades para ellas —apunto con un dejo de humor—. con la canoa a cuestas? —pregunto incrédulo. También le ruega a los familiares que destruyan su chinchorro. Se evitan todos los líos de pleitos sucesorales. Al warao. que pasa la mayor parte de su vida en la curiara. acláralo completamente —impone papá.Los Warao. papá —Ocho. amarrándolo con lianas y esparciéndole tierra encima para protegerlo de los animales feroces. —No. también por eso los waraos se denominan “gente de canoa”. empieza a va� gar alrededor de la casa que antes habitaba. a la que llaman hebu. mortificado. gente de canoa —Es cierto —reflexiono para mí—. Pide bebida. y sus per� tenencias. kasiri. —Sigue. papá. —¿Cómo. que significa viento… —O también “el sol de su pecho”. costumbres. trata de ablandarlo y aliviar la confesión. —Eso es todo —concluyen los morochos al unísono con un ci� nismo disfrazado de humildad. Mas no obtiene resultado. —Su esencia convertida en hebu o ser espiritual. la madre de la selva. y que se alejen del lugar. Yo también lo había oído. eso fue una invención nuestra para hacer el juego más dramático. oye. cada vez más exasperado. ha. Ahora el pobre Mor casi balbucea: —Y su esencia espiritual principal. —Nosotros quisimos interpretar esa leyenda. en forma de viento. lengua. Sin embargo. yo quedo admirado de la correcta interpretación que el número ocho ha dado al significado de la muerte entre estos indígenas. tan comunes entre los supuestos “civilizados”. alrede� dor de los palafitos. en defensa de su hermano. -67- . ceñudo. Es algo así como un retorno simbólico al vientre materno. se le sepulta en ella. sagú. cubierto con hojas de palma manaca. Una tradición tan interesante merecía que la representáramos como es debido. o las arrojen al río. convertirnos en personajes warao con su vestimenta. oye. —Acaba de una vez —le impone terminantemente nuestro pa� dre. o alimento. que derrumben la casa para purificar el sitio. —El hebu va vagando algún tiempo.

El Chamán de los Cunaguaros. y se convertiría en un fracaso para todos nosotros. para que más bien interpreten y asuman de inmediato su personalidad de estu� diantes. castigos. Y el perdón vino. no abría el pico Supermudo. deberes. no hagas que termi� ne así nuestro viaje. las lanzas. que les interrumpa aquí mismo el viaje y los devuelva a Caracas. Sería demasiado triste para ti. las canoítas. y sobre todo. temblorosos en sus apretados guayucos. se irguieron sobre ellas las figuritas pequeñas. Nos dieron lástima. No hablábamos nosotros. —Rafael. de Mor y Ocho. un recorrido que empezamos con tanto entu� siasmo. papá les impone a los pícaros que se despojen del curioso atuendo. Sin hablar él tampoco. no chistaban los morochos pecadores. exámenes. Siguió un silencio absoluto. por gestos. en cambio. magnánimo: -68- . libros. Quizás también a papá. con tareas. Todos con la mirada imploramos perdón. re� dondas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Pero por tanto atrevimiento y por el susto que nos hicieron pasar —truena de nuevo papá— merecen ustedes. Al levantarse a otro gesto im� perioso de papá. Yacieron en el suelo las máscaras. callaban los waraos que se habían dado cuenta de todo desde sus palafitos tan próximos. por favor —intercede mamá—.

ni alguno de los cultivos de ocumo tan frecuentes en el lugar. pusieron el pie en el vacío y se precipitaron con estruendo en el agua fangosa del caño. jaguares y otros voraces habitantes de la selva.Los Warao. un poco de ayuno no les caería mal. por lo menos no enseguida. ni en el jeep. Es casi imposible. trepar a las chozas. Inesperadamente. que alrededor de las vivien� das está aún más revuelta y oscura. Diríjan� se de inmediato a la selva y transcurran allá “solos” —y ese “solos” sonó enfático—. están unidas por unos breves puentes de tipo levadizo. pero recordó que sus muchachitos eran expertos en encaramarse a los árboles y esconderse arrastrándose por horas entre las ramas. y además recubiertos del deslizante musgo del río. -69- . planificadas en forma tal que no se las pueda alcanzar. gente de canoa —Aléjense de mi vista. desde abajo. enseguida Ocho. y así les arrebatan a los waraos monitos. Mamá se estremeció cuando oyó la palabra selva. Y si no encontraban huevos de guacha� raca o de iguana. y echaron a correr a toda prisa por la parte frontal de los palafitos. Déjennos dormir en paz. con el fin de defenderse de los caimanes que aunque no logren subirse acechan entre el turbio fango de la orilla a los peque� ños animales cuando van a beber. construidas sobre el agua paralelas al río. de manera que cualquiera que preten� da asirse de ellos se resbala indefectiblemente. y ocasionalmente algunas gallinas o pavos que les regalan los misioneros. acures. A todos nos pareció justa su decisión. cercanas la una de la otra. el mandato de papá no se cumplió ca� balmente. el tiempo que falta para el proseguimiento de nues� tro viaje. sin reparar en la au� sencia de algunos de los puentes. conformados por troncos de árbo� les que con frecuencia ellos alzan durante la noche. Las pequeñas casas de los waraos. y que por tanto nunca logran criar. Les impongo no pasar la noche con nosotros. tampoco en el campamento. serviría para fijar ciertas cosas en su memoria. primero Mor. Arréglenselas como puedan para dormir y para comer. Los morochos suspiraron de alivio: en realidad el castigo se convertía para ellos en el inicio de otra esplén� dida aventura. Remen. nuestro sueño completo. Nuestros morochos olvidaron este detalle. báquiros. pues se sienten más protegidos de eventuales incursiones de cunaguaros. amén de que eso les dificulta andanzas nocturnas a los adolescentes enamorados. pulidos. Para completar los palafitos están limados. Sin embargo. Consigan una canoa.

dijo reflexivo: —Es un navegante warao. Cuando ya iban ganando la playa. —Sin él… ¡quién sabe lo que hubiera pasado con ese cunagua� ro. sólo interrumpida por trazados centenarios abiertos por los mismos naturales a través de “picas”. tal vez! —se estremeció Ocho. y por tanto de su propiedad. los remeros se detuvieron. sus compinches en anteriores ocurrencias de menor cuantía que nunca llegaríamos a conocer. -70- . El rugido cesó. La flauta se escuchaba más lejana. Estamos familiarizados con todos los so� nidos —dijo Samu. —¡Es él! —exclamaron los waraos con alivio. espesa y tenebrosa. Un fuerte ronquido gutural. el Chamán de los Cu� naguaros. al fin. un chamán. es un cunaguaro! Nosotros aquí en la selva. Las palabras del joven fueron acalladas por la música armonio� sa de una flauta. Ninguna contestación directa. —¡Es un tigre! —gritó Mor tembloroso. Samu y Kosibu fueron a buscarlos en una canoa livianísima recién fabricada por Botoboto. mirando hacia la orilla. sin contar con que seguramente no andaba solo! Él tiene poder sobre los cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Por suerte para los dos prófugos. que se la facilitó. Samu. lanzado al aire como un reclamo parecía denunciar la presencia cercana de un jaguar. inciertos y preocupados. los rescataron de inmediato y se dirigieron hacia la orilla de la selva. apenas detrás de las hileras de palafitos. Guiados en la oscuridad por los silbidos inconfundibles de los morochos. una de las cuales papá había logrado recorrer con nuestro jeep.El Chamán de los Cunaguaros. igual que a nosotros. —¡No. —¿Quién? —preguntaron los ceritos al unísono. —Tienen suerte. conocemos las voces de los animales. conocidas por muy po� cos. no habían permanecido extraños al desenvolverse de los acontecimientos. —¿Pero quién es? —seguían preguntando los morochos sin ob� tener respuesta. los hijos y nietos de Jabasuru. boscosa y misteriosa. que se extiende. a lo largo de las tierras que bordean los brazos de agua. —¡Un puma. parece que los protege a ustedes. más bien estaban pendientes de ellos.

Otra vez en el campamento en tierra firme. Como bebida. me hizo crecer. Lo hicimos para ir acostumbrándonos a su vida y forma de pensar. el todo complementado con casabe. recién asados al sol. frutos silvestres y tortas de sagú. por aquel “solos”. para tener una base de aprendizaje y de comparación durante el resto del viaje. Antes de regresar. me luzco con un joropito. gente de canoa Al aproximarse a la playa. se sube a mi cabeza y marca el tiempo picándome la oreja. papá nos explica: —Entre los waraos. pasarían las horas de la noche. pero no se atrevieron a que� darse acompañándolos. y se encaramaron en una mata de jobo silvestre donde. Complacido. me hizo adulto. diría.Los Warao. Ha llegado el momento de irnos. Esperamos que papá tome las fotos que le faltan para terminar la película. les dieron sin embargo una recomendación: —¡Cuídense! Cuando gritaban pidiendo ayuda. sin silbar ni siquiera una vez. carne de tortuga y bagre rayado. Katera y Daunaba lo miran insistentemente: —¿Es tuyo? ¿Lo quieres tocar? —pregunta por fin Katera. Y mucho más. -71- . nos hemos quedado bastante tiempo. los morochos aterrorizados se apresuraron a salir del agua a grandes brazadas. ustedes esta� ban silbando igual al silbido de las babas cuando están criando y llamando a sus hijos. cambures titiaros y tigüi�tigüi. Estoy sentado en un tallo de palma con el cuatro a mi lado. pronunciado por papá con tanta fuerza y convicción que había resonado amenazador en toda la comunidad Murako. cangrejos y morocotos apenas saca� dos del río. Superloro abre sus her� mosas alas. me sugirió distintos caminos. los waraos descargaron abundante miel. Al prepararnos para la partida en la media mañana del día si� guiente. maíz de su propio conuco y de postre. a pesar de que se bamboleaba peligrosamente. madurar en poco tiempo… casi. La conversación que yo tuve con Botoboto abrió mi mente a nuevos enfoques. con jere o caracoles terrestres. Nos reunimos alrededor de Tío Jeep. kasiri y agua con miel. apreciamos el sabroso festín warao de despedida. ¡Tuvieron suerte que no les salió una tremenda baba! Al oír estas palabras. por ser la primera etnia indígena que visitamos. Todo se logró.

porque si lo oyen pueden acercársele el jaguar. me explica la bella Katera. com� ponen cantos tan variados y numerosos que algunos misioneros y antropólogos los han reunido en varios cancioneros waraos. —¿Tú también? —Yo también —se sonroja— para mis hermanitos y sobrinos. para mí o para mis futuros hijos? —la chanza es de Ocho. flautas y hasta unos pequeños ar� tefactos de cuerdas parecidos a violines que llaman sekeseke. Tengo más de una docena. que se ha cobijado en su regazo: Dakobo sanuka dakóbo sanúka onanaka. con instrumentos que fabrican ellos mismos. —¿No tienen algo más alegre. -72- . Ubausa. como dos pequeños arrendajos. qué susto! ¡Pobres criaturas! —se asombra Mor. bien modulada. Duérmete. —¡Qué bueno! Ya me he dado cuenta de que las familias waraos son numerosas. Los morochos silban armoniosos. duérmete. El tigre vendrá por ti si continúas llorando. la culebra… —¡Ay. maracas. porque tenemos muchos niños. Las canciones de cuna son frecuentes. Algunas las componen las mismas madres o hermanas. Luego es Katera quien entona una tierna can� ción de cuna warao.El Chamán de los Cunaguaros. dirigiéndola a un hermanito soñoliento. Con conchas de caracoles o guaruras que resuenan como trompetas. Los waraos son un pueblo musical. Noakitía tobe ji kuare ónayayakóre. Viaje por el mundo indígena venezolano Mamá acompaña cantando. Hermanito hermano chiquito no llores. ubausa. Las jóvenes se reúnen con una voz linda. ¡Hacen falta canciones de cuna! ¿Y cuál es el tema de ellas? —El niño que debe dormir sin llorar.

-73- . Y les gustó tanto lo que vie� ron. monos —precisa Daunaba. lagartijas. danzas y cantos. qué cuento tan espeluznante! —tiembla Mor. —Ahora miraré a los araguatos con más circunspección —agrega Ocho—. estas aguas. los niños que correteaban cerca movían sus piernas y brazos siguiendo el ritmo. gente de canoa —Pues sí. se invocan también los animales amigos de nuestra gente: cangrejos. tara� reando algunas. A ellos los miramos desde lejos. —En los palafitos sólo he visto los simpáticos capuchinos y aquellos graciosos monitos tití.Los Warao. felices cuando hay sol. Mamá había notado que al escuchar la música y los cantos. algo que hable de su origen? —Las antiguas crónicas orales y tradiciones cuentan nuestro origen celeste: nuestros ancestros bajaron de las nubes donde vivían. que se quedaron en la hermosura de este paisaje. —¡Uy. —Habla la lluvia… ¿qué quiere decir eso? —Cuando truena. les tenemos respeto. gritándole sarcásticamente al warao: “¡Me la debes!”. como dirían nuestros profesores en las clases de literatura. Y ya que hablamos de narraciones. lo despojó de la piel y se dispuso a asarlo para comerlo. Una le� yenda cuenta que un warao flechó a un araguato. la vistió y se alejó hacia la selva. metáforas y hasta imágenes. ¿no entiendes? Me lo ha explicado y lo entiendo… Reconozco que los indí� genas nos superan en comparaciones. ¿A ellos no los consideran amigos? —�arao no es amigo de araguato —contesta—. este clima. casi miedo. —¿A ustedes les gusta bailar? —insinúa. Pero al poco rato el simio se levantó. ¿No les gustan los araguatos? En el camino nos hemos topado con varios. que con su hermosa melena parecen leoncitos en miniatura. Ellos practi� can al ocaso un ritual que llamamos “el sol de los araguatos”: danza entre aullidos. realmente espectaculares en su pelaje rojizo. recogió su piel. pero no hay ninguno domesticado entre ustedes —inquiere Mor—. vueltas y saltos y no toleran ser molestados. felices cuando habla la lluvia. por una cuerda de bejucos entretejidos. ¿tienen algu� nas otras. acerca de ustedes mismos. loros. que completamos con nuestra música.

sí. pero Ocho se la sabo� tea: —¡Caramba! ¡Ni aquí nos salvamos de la discriminación de los sexos! Kosibu prefiere no comentar y desvía el discurso hacia detalles más cultos: —Quiero hacerles notar que en nuestros rituales y cantos es característico el número 4. atado a un palo.El Chamán de los Cunaguaros. —La numerología es una ciencia milenaria —agrega Ocho. un sartal de sonajas hechas de semillas de retama. Mor? —le comento al morocho— La matemática tiene un rol primordial. como he averiguado que lo era entre los antiguos griegos. mira que hasta aquí en plena selva le dan importancia. Viaje por el mundo indígena venezolano Kosibu se convierte en su informante: —Tenemos danzas hermosas. pero Kosibu la interrumpe con fuerza: —No. en lugar del 3 occidental. no. Sólo durante el baile. —¿De veras? —Pues. —¿Para largo rato? —Quién sabe… —empieza a contestar provocadora Daunaba. Principalmente baila� mos el tradicional sagú. Y en los cantos. —Durante ese baile —comenta pícaramente Daunaba—. —Y la X. alrededor de dos flechas sagradas. que bailamos en nuestras pistas de baile. y el número de estrofas. —¿Te fijas. Se manifiesta en las figuras que describen las parejas en los bailes. siete maravillas del mundo… -74- . ¿no te sugiere un hombre con los brazos en alto? —Mor intenta hacer una observación seria. que produce. el cuatro es el número que regula los versos. como la tierra. entre los palafitos. Una de éstas tiene una línea horizontal marcada con onoto. siempre en número de cuatro. con aires de sabiondo— y yo podría demostrarles que el número 7 también es importante en la historia occidental: hay siete virtudes. Es un ritual de fertilidad. Hay el “de las maracas pequeñas” para el cual se prepara el sewei. los waraos intercambian esposas. qué va. que representa la feminidad. —¡Lo veo claro! La línea horizontal es la tierra y simboliza a la mujer. siete pecados capitales. La otra tiene forma de X y es expresión de lo mascu� lino.

ubau. No estalla una enésima riña entre ellos porque papá que ha terminado la película nos insta a subir apresuradamente al jeep. cangrejito. trato de cantar las canciones. sasari. miro por la ventanilla el paisaje warao desdi� bujarse en la distancia. ¿Acaso podría llamarse Filatelio? Mauka sanuka Mauka sanukáre. pequeño cangrejito. duérmete. de origen español! En el vehículo reclamo para mí el espacio trasero. como en cambio ha sucedido con aquella. sasari. sasari. Tiene las facciones delicadas y el pelo liso de los waraos. dihana. Al último momento.Los Warao. sasari. onanaka. gente de canoa —Para ti. Niñito mío Hijo mío chiquitico hijito mío. sin carne en las patas. es aún más importante —remarca Mor implacable— porque es lo que es lo que vas a sacar en matemática cuando llegue� mos: ¡cero siete! —Y a ti —Ocho no se queda atrás. la piel trigueña de los criollos. demostrando una insospe� chada actualización de conocimientos que me deja impresionado— te va a corresponder algo peor: un cero absoluto. cangrejito. y me tien� de una hoja bien doblada. Katera susurra una palabra. bellísi� mas. con la traducción al lado. Cangrejito Pequeño. ¿Será una carta de amor? La desdoblo con cuidado: son unas canciones de cuna warao originales. sasari. a muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando -75- . Me imagino a un niño que duerme. Sasari Rane rane sasari. no llores. cangrejito. nauka sanukáre onanaka tanu. quizás un adiós. también sugestiva. Me acomodo cargando mi cuatro. pero que entre ellos significa “te llevo en mis ojos”. no llores. ¡Qué lástima que la poesía indígena venezolana no haya pasado a nuestra literatura. sasari. Acompañándome con mi instrumento. Mi corazón da un vuelco. sasari sasari. A muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando amuhí a toma ekeroya sasari.

nana na nana. jae… Ma jiota. No llores. Onanaka onanaka. Tana nana nana ta nana. duerme. Viaje por el mundo indígena venezolano A muhí a toma ekeroya sasari sin carne en las patas. -76- . no llores.El Chamán de los Cunaguaros. Nana. na naná. que la serpiente viene… Mi niñito mi encanto ea. No llores. nana. Onanaka ubau. ma moneri nerané. tanu. eh. Uama naoya akari. na naná.

mi paz. más poderosos. Ahora es conveniente que me vaya con mis ancestros. Los espíritus me anuncian que ha llegado el momento. Te guían los espíritus más sabios. Pronto llegó el menguante. cuando los grillos iniciaban su concierto nocturno. Era la luna propicia para talar los troncos más apropiados para canoas. con la luna nueva. Aparicuar —dijo un día Sesebe. Desde ese día. aparear los animales. Pero el chamán lo tranquilizaba: —Morirse es malo cuando uno no está preparado. Nunca lo estarás. Ya he vivido bastante. mi muerte será mi triunfo. cortar los mejores bejucos que servirían para hacer sogas. cuando no ha hecho las cosas que vino a hacer al mundo. Y yo te protegeré siempre. —Padrino. fabricar cestas y chinchorros.Muerte de Sesebe —Con la luna menguante será mi muerte. Aparicuar espiaba cada movimiento del padrino. —No estás solo. La preocupación y la angustia que reflejaban los ojos amarillos del muchacho lo hicieron suavizar la gravedad de sus palabras con una sonrisa. Yo estoy listo. no puedes dejarme solo —musitaba Aparicuar. Temía que intentara algo contra su vida. 77 . —No te alarmes. hice todo lo que debía.

Y a los grandes abuelos del tiempo. envolviéndolo todo en un manto de frío. mientras entraba la aurora. de ideas renovadas.El Chamán de los Cunaguaros. Tú. Ya se retiraba cuando observó su reflejo en la superficie del pozo. No sentía hambre ni sueño. —¡Padrino! —No te angusties por mí. Aparicuar se quedó solo. Se inclinó y bebió agua fresca en el cuenco de sus manos. lleno de desasosiego. La luz de la luna me llama. padrino? —Lo harás. Recuerda. donde tienes una misión importante que cumplir. las regiones se abrirán a un futuro mejor. todas las culturas. flores con rostros de mujer. a mi madre. Tú serás la fuerza nueva. flota ya sobre las nubes. Por eso eres el elegido. el punto de unión entre nuestros pueblos indígenas y entre todas las etnias. el chamán de la unión. —¿Podré hacerlo. en el mundo del pasado. Varias veces te dije que tú serías chamán y mucho más. Muchos días con sus noches viajó el joven a través de la selva en gran desconcierto. Veo pájaros hermosos. -78- . como murmullo de viento entre las hojas: —Veo ante mí a mis antigüeros. Una tarde. el único que los espíritus han designado para esta misión. Después de ti todo cambiará. la inquietud y la sed que ya comenzaba a acuciarlo. a los abuelos del mundo. en cambio. ser el nuevo chamán. Viaje por el mundo indígena venezolano Sesebe colgó su hamaca de las ramas de un moriche. la vía. creadoras. mi espíritu se aleja de la tierra. Tú serás el camino. Aparicuar: tú serás chamán y mucho más. En tu sangre se funden dos linajes. estás en el mundo y en la tierra de hoy. Caminaba como un autómata. la tierra floreciente de gente nueva. Puedo ver desde aquí ese futuro. eres el presente. Pero detrás de él apareció el rostro adusto de Sesebe. El chamán habló suavemente. Yo estoy donde debo estar. dos mundos diferentes. agobiado por el pesar. lentamente. en la tierra del ayer. Y a los padres de ellos. Aparicuar. El último aliento del chamán se extinguió con su última palabra. Aparicuar. se detuvo frente a un pozo cristalino. Ese es tu destino Aparicuar. y Aparicuar la suya. la sangre nueva. a mi padre. la vida nueva.

Por suerte. El calor era asfixiante. empapándonos de sudor. ¿hacia qué lugar? Al salir de la comunidad warao habíamos emprendido camino por una estrecha carretera selvática. saliendo por Tucu� pita. nos indica que vamos al occidente.Los kariñas. Los ka� riñas. El sol de la tarda mañana. en la cual a ratos papá debía detener� se y cortar con el machete gruesos leños y fuertes bejucos que obs� truían el paso. Esta pregunta de papá nos deja mudos. mientras sin que casi nos dié� ramos cuenta la humedad daba paso a una brisa aromada a monte quemado. los kariñas… Se nos han nublado las ideas… ¿Dónde queda su territorio? Acabamos de dejar a los waraos. tan invadida por la vegetación que parecía casi abandonada. la cálida humedad gravitaba sobre nosotros. Pero. que fulge detrás de nosotros. a sabanas áridas: estábamos saliendo de la influencia del 79 . Seguimos más confiados y a las pocas horas la carretera comen� zó a hacerse cada vez más amplia. la frescura del Orinoco nos alcanzó y densos vuelos de mariposas multicolores nos secundaron en la segunda etapa de nuestra arriesgada aventura familiar. unos aguaceros breves pero intensos nos llenaron de renovados ímpetus. antiguos guerreros —¿Cómo se llega a los kariñas? Nadie contesta.

Ante las risas de sus familiares. en un paisaje predominantemente árido de tunas. Yo preciso: —¡Eso era antes! karibes se les ha dicho siempre en términos generales porque descienden de ellos. resecos montarascales e inmensos cardones que parecen implorar el agua de los cielos con sus vegetales brazos extendidos. últimos descendientes de los bravíos guerreros que antaño dieron su nombre a nuestro mar. en las islas del mar Caribe. pues nadie lo sabe —comentan. —Muchísimos. —¿Cómo se llega a los kariñas? —repite papá. ¡Sorpresas se van a llevar ustedes si creen que los indígenas aún no han salido de la selva! —¡Qué fácil era! ¡Qué tontos somos! —reconocen los dos bo� joticos. En esta tierra roja y arenosa. Hacia esas sabanas vamos. —¿Cuántos eran? —pregunta Carmen. especialmente a los que navegaban por las costas y las islas de este mar. apenas a unos doscientos kilómetros de Tucupita. porque desde el siglo XVI se españolizó el nombre. -80- . y cerca de las sabanas llaneras. o mejor karibes. por esta carretera bastante accidentada.000! —exclamo. En los tiempos de la conquis� ta. de vegetación xerófila de tipo cactáceo. sentados con aceptable comodidad en nuestro “Tío Jeep”. es donde esperamos encontrar a los kariñas. ¡Los calcularon en más de 100. hasta se les llamó caníbales. y por fin recuerdan haber leído que esta etnia se ubica en el bosque tropical del centro occidente del país. —Nadie contesta… y no dejamos mensaje. los jóvenes investigadores quieren sin em� bargo justificarse. por eso nos confundimos. A los kariñas se les llega en automóvil. nos mira por el espejo retrovisor—. mis hermanos menores. saliendo de su silencio habitual.El Chamán de los Cunaguaros. y agregan: —Lo que pasa es que a los kariñas los llaman también karibe. quienes antiguamente eran muy numerosos. y aprovecho para demostrar mis aficiones literarias agregando—. estremecida por el término “caníbal”. —Sí —Mor me apoya—. —Hijos —se alza la voz burlona de papá que sin dejar del vo� lante. descaradamente irónicos. Casi derecho. pero transitable. Viaje por el mundo indígena venezolano exuberante Delta orinoquense para entrar en las semidesérticas tierras de Anzoátegui.

Los indios karibes eran terribles. —Mas no lo eran. dictada por la visión oficial y por la tradición española. para jus� tificar su propia crueldad. en el peor de los casos. nunca alimentario. los Taíno de Puer� to Rico. ¿saben qué quiere decir? -81- . cuando nos insinuaron que probable� mente practicaban el canibalismo. ¿recuerdan? —Sí: “Nosotros somos verdaderamente humanos”. Hoy día. Y ningún historiador. tal vez sólo se aprove� chaban de ellos. por aclarar que. me imagino —insinúa mamá. aunque vaya aumentando su número. piaroas. pero está comprobado que con las comunida� des vecinas. —¡Qué cosa! —ironizo— ¿Acaso tenían un maestro español? —No necesariamente —tercia papá con ecuanimidad—. el lírico. con eso aún hay dudas. antiguos guerreros El poeta Juan de Castellanos dijo de ellos: “Hierve la gente como hormigas”. se tenía y transmitía una visión dogmática de la historia. Fue una de las pocas cosas sobre los indígenas que nos enseñaron en la escuela desde los primeros grados. pulga! —respondo en una broma poco cariñosa. y hasta hace pocos años. —Ya salió el sabio. saqueaban y sometían en Tierra Firme a los pe� mónes. waraos. son unas pocas decenas de miles. y además a los habitantes de las islas del mar Caribe. —Pero eso de ensañarse contra los demás indígenas… —No exageres. Los “karibeaban”. como los Siboney de Cuba. saben cuántos son? —papá. se ve obligado a precisar él mis� mo—. —¡Qué exterminio! ¿Es cierto que los conquistadores. Atacaban. sino que durante los siglos XIX y XX. los acusaban de caníbales o consumidores de carne humana? —Eso dicen. hubo luchas que los diezmaron. defraudado por los es� casos conocimientos de sus hijos. —No sabemos. el historiador —enfatiza Ocho. sólo se trataría de un canibalismo ritual. “Na’na kari’na rootena” era su lema. y a veces entre la misma comunidad.Los kariñas. los Guayquerí de Margarita. —¡Cállate. ni siquiera criollo. los Lucayo de Jamaica. —¿Por cuáles motivos? —Seguramente para hacerse del poder. ocasional. arawacos. —¿Y ahora. restringido. se interesó mucho por rehabilitar a los naturales.

valiéndose especialmente de la sal. Transportaban gente a las islas vecinas. por no entender sus costumbres. fabricaban sus canoas quemando para ahuecar los troncos de los árboles que derribaban con este fin. a veces. En aquel en� tonces viajaban continuamente. no bañarse ni nadar en los ríos. para rechazar la esclavitud. donde han organizado sus renombrados “saladeros”. en la misma forma que hace mil años. “Nosotros somos verdaderamente humanos”. “karibear” todavía significa entre nosotros abusar del débil. Algo indigno de los seres humanos —la voz y la expresión de Rafael eran severas. muy pesados. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sí. es un grito de afirmación de la propia humanidad. frecuen� tados por pescadores y comerciantes de toda el área Caribe. osados. ya trabajando. Algunos trabajan en las ciudades. por ejemplo la de andar vestidos y armados. ya que siempre han sabido cómo conseguirla abundantemente en la costa. a veces algunos se alzaban en señal de rebeldía y se -82- . indomables. Hasta principios del siglo XX seguían siendo grandes nave� gantes. pero sin manifestarse como los únicos humanos: Na’na kari’ña rootena.El Chamán de los Cunaguaros. se trasladaban a grandes distancias sin usar mapas ni brújulas. —Algo que no hay que hacer nunca. guiándose de noche por las estrellas y de día por el sol. —Aparte eso de “caníbales” ¡qué fuertes. libres en las haciendas. Conforman una de las etnias más in� tegradas a nuestra cultura actual. comerciaban con pueblos criollos e indígenas. O quizás lo gritarían para contras� tar la dominación de los primeros pobladores y de los criollos. lo� grando sin embargo no perder completamente sus rasgos. Tal vez lo lanzarían ante los invasores españoles. Otros se han reunido en importantes po� blados. Han progresado muchísimo. de seres humanos. Incluso más tarde. y a la vez aclara el panorama con datos más precisos: —De ninguna manera. tenían que ser esos karibes! —pensamos nosotros los muchachos con admiración. no pescar. Tuvieron el valor de proclamar en todo momento su condición de hombres. Quizás pre� paraba uno de sus típicos sermones. a quienes probablemente verían como bárbaros. interesantes pero. cuando eran los dueños del mar Caribe. —¿Y cómo viven ahora los kariñas? —pregunto con rapidez para desviarlo— ¿Están aislados? Papá renuncia a sus veleidades oratorias para complacerme.

que huyó hacia el Amazonas envuelto en su característico faldón azul. y entre ellos era muy mencionado el famoso brujo -83- . Algunos hijos de hacendados se casaron con “caribas” y tuvieron feliz convivencia y larga descendencia con ellas. En un pasado no tan lejano. Se habló por largo tiempo del bandido Guardajumo. ¡Lo que nos cuenta papá a continuación parece una telenove� la! Nos sentimos transportados a esa época de karibes bravíos y de hacendados que imponían la ley del más fuerte. que hay un karibe alza� do”. cercanas a la “casa grande”. Los hombres karibes que con tesón y trabajo lograron independizarse de los terratenientes y convertir� se en propietarios de tierras y negocios. con sus hembras. durante la Independencia y hasta las postrimerías del siglo XIX. Casi los vemos. robar ganado. no vayan a Cantaura. bien sujeto a la espalda. que hasta todo el siglo XIX se limitaba a una especie de falda corta o faldón. La costumbre de vestir ropas azules tuvo su origen en la abundancia en la zona de una especie de bejuco fácil de obtener que al hervirse da una excelente tintura azul. saquear hatos. de porte altivo y mirada centellante. al estilo crio� llo. los kariñas eran llamados karibes y se asentaban en los hatos de los terratenientes de Monagas y Anzoátegui. de origen karibe. lo que las “caribas” hacían utilizando cestas tejidas por ellas. donde se los contrataba para labrar la tierra y para usos domésticos. Tuvieron además fama de curanderos. El cacao iba adelante y el niño detrás. Era frecuente encontrar en las haciendas familias karibes que tenían sus viviendas ya no indígenas. Sentían y aún sienten especial predilección por el color azul en su ropa. y más allá los indígenas. la de los dueños.Los kariñas. a lo largo del período de la Colo� nia. sin duda legendario y cautivador. antiguos guerreros dedicaban a cometer fechorías. en las cuales cargaban a sus hijos. Tal vez por eso. amasando casabe. pilando maíz. Trabajaban en las haciendas como peones. tostando café y recogiendo cacao. Has� ta no hace mucho se oían angustiosas advertencias: “Cuidado. los hacendados con altas botas y el foete restallante en la mano. a Bergantín. de un tono íntimo y vibrante. las “caribas”. sino hechas de bahareque. para el cultivo y la siembra. marcaron una importante presencia en el estado Anzoátegui. hoy en día son tan cercanos a la civilización. a Caicara. Era un mundo de magia y misterio.

a la vez que detiene el jeep en toda la sabana. y algunos de ellos llevan colgada del pecho una placa de cobre dorado. pero no las habíamos visto porque están protegidas por troncos de árboles altísimos. esféricas. Quedaban bien cerca. la ventilación. se dirige hacia nosotros dejando la sombra de un frondoso yaque que los protege de la resolana. en la orientación de la estructura. ¡Y una vez adentro. Éstas en cambio. grandes. tratamos de desperezarnos y a los pocos pasos helas frente a nosotros. des� de donde le hacían señas a nuestro conductor. clavados en tierra a manera de estacas alrededor del poblado. manifiestan una estilización artificial y rebuscada: en lugar de los bancos. indi� cándolas. -84- . ¡ya llegamos! —anuncia papá satisfecho. signo de apego a la etnia. Estas fantasmagóricas visiones flotaban en el aire. y con gran cordialidad nos invitan a sus casas. cargando a Muñeca. Bajamos del jeep con las piernas adormecidas.El Chamán de los Cunaguaros. Tenemos la impresión de estar lejos de cualquier asentamiento humano. Hablan español perfectamente. de las cestas colgadas del techo que veíamos en aquellas viviendas. Pero nos percatamos de que un grupo de indígenas kari� ñas. la selección de los materiales. Viaje por el mundo indígena venezolano Yaguarín. —Provoca entrar —exclama mamá que nos alcanza acalorada. con el porte de unos veteranos llaneros. nos esperan… unos muebles de diseño refi� nado. aquéllas encubrían una sofis� ticación natural. qué gran sorpresa! ¡Qué diferencia con las casas auténticas. que se decía combatió en la lucha por la Independencia a las órdenes de Páez. comparables a los que lucen los más modernos apartamentos de nuestra capital. cuando des� de su puesto al volante: —Familia. que más parecen hacendados criollos por su correcto atavío y sus sombreros de fina palma tejida. —Pasen adelante —nos repiten atentos los kariñas. las proporcio� nes. Sobre un moderno pantalón visten una amplia camisa azul de algodón decorada con pinturas llamativas. techadas de palma en forma elaborada. de los fogones. interrum� piendo su novelesco relato. que nos habían transportado a otro mundo entre los waraos! Aparentemente simples.

llenos del fango y tierra de las trochas waraos.Los kariñas. Tiene mucho cuidado de no ensuciarla con los zapatos de su niña dormida. y de que los suyos propios no dejen rastro en las alfombras tejidas con signos y figuras de animales. antiguos guerreros Mamá casi no se atreve a sentarse en la elegante butaca que le ofrecen. Papá y yo nos acomodamos sobre unas -85- .

aliviados. —¡Ay mi cabeza!. quienes han presenciado con sus propios ojos la cómica caída por partida doble. no lo haga en ninguna otra parte. —¡No les dé vergüenza. Por fin. en realidad más espectaculares que có� modas. Atraídas por el alboroto general se acercan las mujeres kari� ñas con sus bebés. —Nuestra venganza será dulce —me susurran indignados. Enseguida se dirigen hacia allá. carece de la suavidad de los espesos tapetes. cohibidos ante tanta opulencia. impide la continuación de mi broma. Pero su rostro enrojecido y sudoroso. campeones! El chinchorro se le voltea a cualquiera. que al hacerlo el chinchorro se les voltea. en caso de ensuciar. más como adorno tí� pico que como asiento.El Chamán de los Cunaguaros. y si uno no los abre con la mano antes de sentarse. colocado cerca de unos materos. —¡Ojalá no se les voltee el chinchorro cuando vuelvan a la es� cuela. A ellos “se les volteó el chinchorro”. Me pongo a Superloro en todo el medio de la cabeza para que. Los chinchorros son cier� tamente traicioneros. divisan casi al fondo. envueltas en hermosas batas de algodón tejido en las cuales predominan los tonos celestes. atravie� sa la estancia y se ubica parloteando entre las cuerdas del chincho� rro. ¡ay de mí! —exclaman en coro. Viaje por el mundo indígena venezolano llamativas sillas de mimbre. ataviadas y aún más -86- . queridos hermanos! —les comento con humor. fue un espectáculo mejor que el circo! Este episodio sirvió para acabar con la extrañeza. Mor y Ocho. En ese refinado interior. los arrastra hacia atrás y los arroja con estruendo al suelo. corre el riesgo de rodar por el suelo de inmediato con el relativo estrépito. bien lo sabe quien los usa. tal como les ocurrió a Mor y Ocho. debido a las macetas. les tenemos preparada una merienda especial. —Levántense. que justo en aquella esquina. un chinchorro tejido hermosamente decorado. como dice la gente cuan� do algo sale mal por no haberlo preparado adecuadamente. la timidez. cierta reserva que enturbiaba el ambiente. hacen acudir a los anfitriones. pero… se sientan en todo el borde con tanto empacho y mala suerte. la conversación languidece. no hallan un acomodo a su gusto. El golpe de sus huesos en el duro piso junto con las lastimeras quejas y los gritos de Superloro que enseguida alza el vuelo. Todos se esmeran en ayudarlos a incorporarse entre palabras de ánimo: —¡Vamos. ¡ay mis piernas!. recorriendo con la mirada el espacio� so estar.

preparar cartillas bilingües para las escuelas. hechas de barro y decoradas con barniz gris. Al verlos es inevitable una reflexión. mujeres y niños. —¿Es verdad —interfiere Mor— que como transmiten frecuen� temente por televisión. sin huso ni rueca. Observamos atentamente el grupo. —¡Barnizan la vajilla tan bien como los especialistas en cerá� mica. Pero. Para mí no hay sino una repuesta: dentro del fenómeno cultural que permite tanto la continuidad como el cambio. Nos obsequian con frutas y dulces preparados por ellas mis� mas. que presentan en bandejas y vasijas de distinto tamaño. por qué los kariñas siguen siendo tales a pesar de la diferencia entre su vida pasada. de� vorando un sabroso merey envuelto en nata y azúcar. pero nos dirigimos miradas de asombro. los kariñas. hacen bien. Visten igual que nosotros. Todos la habla� mos y la estudiamos a fondo. después de lo cual quedó con cara y manos tan embadurnadas que bien motivaron la recriminación que le dirigió Ocho entre agresivas muecas: —¡Menos mal que no te estabas comiendo eso cuando te sen� taste en el chinchorro. casi ofendido—. hombres. integrada a la común existencia del país? Es algo que nos intriga a todos. sosteniéndolo con los dos primeros dedos del pie. al que he oído que llaman Sate—. saludan con cortesía. antiguos guerreros identificadas que los hombres con su ascendencia indígena.Los kariñas. amigo —le pregunto a un muchacho de mi misma edad que se me ha acercado. ¿Por qué esta gente sigue siendo indígena. como nos explicaron luego. rojo y amarillo. enrollando el algodón con la mano y deslizando el hilo a lo largo de la pierna. ¡y eso que no usan el plomo! —exclama admirado Mor. de la familia lingüística arawak. estu� diar un alfabeto para cada lengua. y no debe desaparecer. de antropólogos y lingüistas. Mu� chas de sus telas las elaboran todavía. ¿us� tedes siguen hablando su propia lengua? —Por supuesto —me contesta con una mueca de desagrado. ¿cómo lo logran? —Dime. el Ministerio de Educación ha encargado a un equipo de maestros indígenas. La lengua kariña es una lengua importante. verter por escrito y publicar las tradiciones indígenas? -87- . creo yo. hablan español. hermanito despistado! Van entrando los menores. No podemos comentarlo en el momento. aceptando todas las innovaciones del nuevo milenio. y su vida actual. propia de una etnia ancestral. quieren a la vez seguir siendo kariñas y.

más o menos desde hace varios años se ha venido ha� ciendo. Sin embargo los misioneros los precedieron. La Misión Guaicaipuro específicamente se ocupa de estos grupos. No teníamos alfabeto. ni en to� das las etnias. que no nos hacen sentir “gente”. —¿Trabajaron bien los misioneros? —Quizás no científicamente. sino “objetos” de estudio. Nos valorizaron. Pero tal vez no en forma sistemática. y frecuentemente nos tratan como tales. Empezaron a estudiar con los misioneros y algunos ya son universitarios y hasta profesores de lenguas indígenas en las universidades.El Chamán de los Cunaguaros. salvaguardaron y difundieron nuestra cultura. —¿Qué opinas tú de los antropólogos. hasta elaboraron diccionarios de lenguas indígenas. -88- . nos visitan y se ocupan de nosotros constantemente. Afortunadamente. es decir. y los lingüistas? —Ellos también trabajaron para nosotros. entre ellos las minorías in� dígenas. pero a mi entender presentan un obstáculo: aparte algunos muy competentes y dedicados. en un alfabeto castellano adaptado por ellos. que resi� den en el país. ni ese invento maravilloso que es la escritura. en los últimos tiempos… Súbitamente se interrumpe. —¿Y los naturales? —Igual. lingüistas? —Es gente muy preparada. A pesar de su sabiduría. narraciones. ni continua. etnógrafos. —¿Pero es cierto que los indígenas no saben escribir sus propias lenguas? —Fue cierto por siglos. Apenas en el siglo pasado algunos misioneros recogieron como pudieron. —¿Y los antropólogos. ni indígenas ni criollos. algunos cantos. así como algu� nos lingüistas y también algunos naturales. hay una mayoría que lo hace esporádicamente. desde que se han creado varias misiones para dignificar y educar a los venezolanos de menores recursos. no me parece acertado que nos estudien personajes de tan lejanas latitudes. Todo se guardaba y transmitía en forma oral. pero nosotros les estamos agra� decidos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esto. y más lo hacen aho� ra. y ni siquiera son ve� nezolanos. con muy buena voluntad.

un protector —opino con sin� ceridad. Aguzo bien los sentidos. habla claro. ser indígenas no nos avergüenza. el valor y belleza de nuestra lengua y cultura. —Explícales algo. —Sí… no… significa que. Por suerte. los intentos de que tú hablas vienen desde afuera. uno de los pocos que quedan. como si no las creyeran. nos explica y recuerda nuestros derechos sobre ellas. son nuestros amigos —lo tranquilizan sus hermanos. que aparece con su flauta en las noches de luna llena…Viene de lejos… Anda siempre rodeado de cunagua� ros… Nos reúne. Pero me resulta embarazoso formular la pregunta siguien� te. de lo que ha� cían nuestros antepasados. y mucho más. —¿Quién es? ¿Algún maestro? ¿Algún cacique? —¿No será algún espíritu de la selva? —la inoportuna interrup� ción de Mor pone en peligro el flujo de la conversación. ¿eso es lo que tú querías decir? —lo espoleo. del espíritu de constancia y desafío que los llevó a sobrevivir y conservar nuestra tradición. es muy inteligente y preparado para su corta edad—. reconozco. me extraño. al contrario es un -89- . Sate no le hace caso y continúa con seriedad: —Es un chamán kariña. amigo. de alguien en especial entre no� sotros mismos. para no perder una sola sílaba. El interés. nuestra superioridad en muchos aspectos. sus renuncias. en cambio yo permanezco alerta. un esfuerzo por reivindicar nuestra presencia. antiguos guerreros —Recientemente hay en el país un renovado interés por las lenguas y culturas indígenas. algo propio de nosotros mismos. un caminante kariña que recorre estas tierras. —Es bueno contar con un guía. —¿Quién? —Un amigo. nos habla de cómo vivíamos antes. —No es así exactamente —puntualiza el chico que. o de naturales que se le han asimilado.. Es un chamán. de sus luchas. Mis hermanos se muestran escépticos ante estas palabras. quizás el único en su género. mejor dicho. desde el mundo “ci� vilizado”. Sate. que abordo con cierta vacilación—: ¿Y cuáles costumbres… de épocas pasadas… mantienen? —¿Quieres decir costumbres indígenas? No tengas pena. Últimamente hay algo más.Los kariñas. Al oír esto.

conservamos muchas. que serpentean en el claroscuro de las paredes. pescamos y cultivamos en la forma tra� dicional —nos sigue informando Vadáamaka. Viaje por el mundo indígena venezolano orgullo. con una fuerte asa para colgar al hombro. el hermano mayor de Sate. Trabajamos y decoramos fuentes y vasos de barro. —También cazamos. tejido con palma de moriche y a veces con otro tipo de bejuco incorporado. Cuidamos con gran celo a las mujeres. colgados con simetría del techo. —Vénganse conmigo. de hermosa y dura corteza roja y pulpa amarilla. Señala una serie de ellos. ¿Quieren que les hable de esto? —Sí. Aquí durante el día se sale poco de las casas. Además de ser útil. Nos acercan una fuente de barro llena de frutas re� cién cocidas de un rojo ladrillo. gustosas y frescas. sobre una alfombra de tonos azulados. sí —aceptamos los tres caraqueños. al patio principal o algún lugar cercano. Los seguimos a un rincón del amplio recinto. —¡Qué bien acomodados y protegidos quedarían en un mapire nuestros útiles escolares! ¡Cómo nos gustaría lucir sendos mapires al hombro cuando regresemos a Caracas! —los morochos suspiran con melancolía. Seguimos siendo exper� tos en cestería. Parece que están acostumbrados a la extrañeza y a las preguntas de los visitantes sobre su modo de vida—. para que no en� tren los mosquitos que se lo comen a uno vivo. ya que se usa para guardar casabe. grande.El Chamán de los Cunaguaros. caraqueños y kariñas. lo tejemos y confeccionamos vestimentas y alfombras. las que el ambiente y la cerca� nía de los criollos nos permiten. parecidas a las del mango. sí. nos acomodamos todos. Creemos que nos llevará afuera. al que pintan de color oscuro y entrelazan con el tejido blanco de la palma formando figuras geométricas o de ani� males. pero no se atreven a pedirlos. ovales. como talladas en madera… son las frutas del moriche. Mantenemos nuestra lengua. carne salada y frutas. que están bien cerradas y resguardadas. nuestros amigos a la vez que echan en algunas hogueras cáscaras de naranja y limón. nuestra especialidad es la fabricación de mapires. es muy decorativo. Por cierto. El mapire es una especie de cartera o bolso vegetal. Hilamos el algodón. can� tos y poemas. que se nos ha acercado. Pues. nos tien� den hojas de tabaco mojadas que aplicamos apresuradamente para aliviar la picazón. a las cuales se atribuye el poder de espantar la plaga. Superloro -90- . Pronto nos desengañamos.

caños y co� rrientes de agua formando selvas de galería en líneas irregulares. —¡Hablas como un libro! —interrumpe Mor—. —Las palmas que crecen a lo largo de nuestros ríos. son todavía nuestros grandes aliados. Además. ya que todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. la alta concentración de material orgánico proveniente de ramas y hojas. Comen� zamos a comer y a escuchar. mientras con la otra agarra fuertemente una fruta y la lleva al pico. así como lo hacen los agricultores y ganaderos criollos. saboreándola entre ronquidos de contento.Los kariñas. antiguos guerreros baja a pasitos largos de mi cabeza en la cual se había instalado ras� guñándome suavemente el cráneo como es su arraigada costumbre. al pudrirse abona nuestros suelos y los hace óptimos para la agricultura. Se instala en el borde de la fuente sosteniéndose con una patica. -91- . ¿esas nociones y ese vocabulario te los enseñan en la escuela? —Sí. claro. pero además aquí los padres de uno contratan maestros para que nos eduquen e instruyan. y tratando de peinarme llevando mechones rebeldes detrás de mis prominentes orejas.

del venado. sólo matamos y consumimos familiarmente acures. Sigo oyendo. con Guyana. ¿No saben que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversidad del planeta? —¿Los kariñas se preocupan por la protección del ambiente. quienes trafican con esto. cuatro y guitarra. —Pues sabrás —responde Vadáamaka airado y molesto— que no somos nosotros. algo tan de actualidad? —Actual será para los criollos —casi me agrede— nosotros lo hacemos desde siempre. tortugas de río. y tocaran piano y violín! —Pues —contesta Vadáamaka sin captar mi ironía— habla� mos inglés. qué me dices? —insiste. acures. —¡Oye! —objeta con buena puntería un morocho—. —No te molestes. tigres. dantas. jaguares y perros de agua bautizados por ellos nutrias. chigüires. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Era lo que faltaba! —exclamo casi irreverente— ¡No me ex� trañaría que los niños de por aquí hablaran inglés. cómo lo logran. se dedi� can a la caza de báquiros. El inglés nos sirve mucho en nuestros intercambios con la isla de Trinidad. cerbatanas y lanzas! —Porque entre los kariñas está prohibida la escopeta. explícame cómo lo practican. de otros animales. en defen� sa de la fauna —asevera tajante nuestro informante—. el ecosistema. Por eso. francés. con los turistas… Me doy por vencido y no insisto. Vadáamaka. Son los negociantes criollos y de países vecinos quienes sacrifican varios -92- . En principio. lapas. babas. venados. los naturales. cachicamos… ¡pero en pleno siglo XXI lo hacen con flechas. Otra sorpresa: me entero de que estos jóvenes. y según las épocas. en todas nuestras etnias está prohibida la caza del danto y limitada la del manatí. conejos de monte.El Chamán de los Cunaguaros. portafolios. ¿cómo se justifica entonces el comercio de pieles de caimanes. para impresionar? ¿Cómo se explican las tremendas carteras. aunque no tocamos piano sino flauta. más fuerte es la prohibición. zapatos de piel de serpiente y cocodrilo que lucen las grandes damas de nues� tras ciudades y de las extranjeras? ¿Ajá. en la amplia sabana llanera. picu� res. por respeto a los animales. en práctica. —Por tradición. cuanto más grande es el animal. monederos.

cachamas. la plaga se ha calmado. —¿Y las bicicletas? ¡Qué pregunta tan citadina la de Mor! Se ríen a más no poder. —¿Con tan agrestes carreteras y distancias tan grandes? ¿Qué automóviles tienen? —¿No los vieron al llegar? Están parqueados al borde de la em� palizada. no los persiguen? —Cunaguaros ni hablar. Hasta a los pequeños caimanes. Él los lleva consigo. Los atacan con el arco acabándolos generalmente al primer flechazo: es esta una medida prudencial que reduce el número de animales muertos y ayuda a conservar la fauna. son los mismos que poseen ustedes. tigres. para no exterminarlos. de dónde viene? —insisto. Tenemos lanchas a motor y por supuesto. serpientes para vender sus pieles y enriquecerse. ¿Hay muchos por aquí? ¿A ellos no los cazan. no los vemos casi nunca. -93- . 4 x 4. lo siguen a todas partes. hasta manatíes. Toyota. los voluminosos sirénidos que tanto maravillaron a los conquistadores. antiguos guerreros animales silvestres. Quizás consideren que nos han sufi� cientemente informado. la hemos abando� nado casi completamente. Cambian rápidamente el tema. sin embargo ninguno me contesta. en El Tigre: Jeep. —No has mencionado los cunaguaros. camarones. peces armadillos. Mientras caminamos. ca� mionetas y pick up para el transporte de productos y animales. a pasear por los alrededores.Los kariñas. —¿Pero quién es ese chamán. ¡pobres caimancitos! —¿Siguen dedicándose a la navegación? —La navegación tradicional. de la misma manera tradicional. palometas. que tienen la costumbre de sacar la cabeza fuera del agua y constituyen un blanco perfecto para los ambiciosos cazadores de escopeta. nadie quiere problemas con el chamán que los reúne y los protege. Y aún si hubiera muchos. los jóvenes ar� queros kariñas los flechan con el arco. nos cuentan que también pes� can. nadie los tocaría. nos invitan a salir. bagres y muy de vez en cuando. se los compramos a los criollos en Ciudad Bolívar. Advierto una mirada de complicidad entre los dos kariñas. en esta época. El calor ha disminuido. automóviles. contagiándonos. jaguares. guabi� nas. tra� tando de averiguar algo más.

¡Pero qué divertido sería ver un indígena en motocicleta. auyama. nos provocaría imitarlos! ¡Pero qué difícil sería para nosotros vivir como indíge� nas y como criollos al mismo tiempo! No sabríamos hacerlo. la pa� labra indio hoy día está bastante reivindicada. nunca habíamos visto un indígena en bicicleta —reflexionamos— ¿Por qué será? ¿Acaso los veremos más adelante? —Por aquí caballo. caña de azúcar. gesticulando y moviendo las manos como si estuviesen manejando una moto. disponer de ellos en abundancia… nada de enlatados ni congelados. En realidad. —Pues si supieras. melones. Nosotros somos indios. indio no monta bicicleta. bien cuidadas. Nos señalan la dirección de los extensos campos cultivados. siempre lo fuimos. de lejos: gran� des cuadras de hermosas bestias.El Chamán de los Cunaguaros. motocicletas. pues cultivan sistemáticamente maíz. Es algo ficticio. No tendríamos la fortaleza ni el valor de declararnos “indígenas”. yuca. plátanos. por eso ahora. cantan a dúo. Los caballos sí los habíamos observado en la vía. batata. hasta por decreto y por ley. hay consenso en decirles indígenas. se ve que lo decidieron. como siempre. ¡Es una sana manera de vivir y si pudiéramos. con casco y todo! Los morochos. bicicleta no. Viaje por el mundo indígena venezolano —No. entre el regocijo de los kariñas: Súbete a mi moto nunca encontrarás otro amor tan veloz. —A nosotros nos agrada comer alimentos frescos. y los corrales pobla� dos por inquietos becerros. a los naturales no nos gusta mucho eso de indígenas. Y si no los hay. bien regados y ordenados que había� mos admirado en la última parte del trayecto. junto con los potreros llenos de hermosas vacas y toros de buena raza. mejor caballo —insisten divertidos—. de -94- . Y poco nos gustan las bicicletas. Luego oímos que se empeñan en ser excelentes agricultores. de piel reluciente. sin consultarnos. tabaco. además de los vegetales y hor� talizas implantados por los criollos. —¿Indio? ¿Ustedes se llaman a sí mismos indios? Creíamos que era un término despectivo.

su amigo verdadero! Siento el deseo de manifestar esta inquietud. Quisiera que nunca perdieran ese deseo de ser ellos mismos. No tendríamos la voluntad ni encontraríamos el tiempo para cultivar. ¡Cómo me gustaría permanecer más tiempo entre ellos. Mor la toma muy en serio: —¿Pero qué es mejor. ¿estás loco? —lo recrimina Ocho— ¿Cómo vamos a volvernos indígenas. que los criollos nos volvamos indígenas. como Dios mandó a los hombres. a asimilar. hermosas e importantes. sin perder los rasgos de su cultura. Papá se había quedado para descansar del ma� nejo. como estos kariñas. dis� frutan y saben aprovechar los adelantos de la existencia moderna. ni punto de en� cuentro. culturas tan genuinas y puras. Mamá dormitaba con Maigualida en una fresca butaca. se ve que practican activamente la solidaridad. antiguos guerreros luchar por mantener una lengua. Estoy orgulloso de compartir con esta gente recia. que goza de un nivel de vida igual o superior a los denominados “criollos”: poseen. sin embargo. conseguir nuestra propia alimentación a la manera antigua. Un grupo -95- . como un celaje oscuro. consciente de su propio valor. sentirme su hermano. su complejidad.Los kariñas. con el sudor de la frente. Además. a vivir alejados de los aportes. tachándolas de menores o de diversas. Se la confío a los morochos. no encontramos contestación. Y para completar. ¡Son extraordinarios estos kariñas! Quizás sean ellos el único grupo aborigen del oriente. o los indígenas criollos? —Qué guáramo. un desencuentro total. —Entonces. ¿podrían todos ellos volverse criollos. No existe la mendicidad entre ellos. unas tradiciones. de la civilización occidental? Eso sería un retroceso. ni solución de compromiso. o de todo el país. espe� cialmente tecnológicos. no por eso han perdido su identidad y sus característi� cas propias. cazar. pescar. Por entre las hileras de cacao el calor era agobiante. Nos sor� prendió el cruzar de una sombra. Poco después seguimos a los kariñas a la plantación de cacao que debían atender. Yo tuve el honor (dudoso) y la responsabilidad (grave) de ir con ellos para vigilar a mis dos inquietos ceritos. en un mundo que tiende cada vez más a anular los gru� pos minoritarios. su di� versidad? Por el momento.

huyendo. —Es el diablo— comentó sereno uno de nuestros amigos. Algo más tarde. las garzas. Ahora hay que recoger los frutos de las matas. Biscucuy… —empieza Mor— la gente al tomarlo. siempre cu� rioso. porque adora su olor. —¿Quéee? ¿Quéee? Mis dos cómicos hermanos se aterraron Pero luego Sate les ex� plicó que se trata de un diablo bueno y amistoso. que vive entre las matas de cacao y las cuida. solo. Cuando están secas. agregarles la leche. —¿Y cómo se prepara el cacao? —preguntó Mor. lo partió y salieron blancas se� millas. celebramos esta simpática coincidencia. atraído por el bello colorido del crepúsculo lla� nero y por los vuelos de los pájaros. un poco inquietos. ¡El chocolate es vida! Dicen por aquí. —¿Cómo es eso? —Cuando prepara chocolate en las veladas navideñas. muy aficio� nados a las golosinas. A continuación el kariña arrancó uno de los frutos. Sólo así adquirirán su sabor fuerte que tanto nos gusta en bebidas calientes o frías. vainilla y se amasa en pelotitas que se ponen de nuevo a secar. cuando los venezolanos que te� nían haciendas de ese fruto vivían tan esplendorosamente que eran -96- . has� ta que quede como una harina fina. el alcara� ván. Divertidos. Nos las dio a probar: eran dulces. yo me encaminé. Allí se le agregan especies como canela. envueltas en una seda musgosa. anís. y ya tienes un rico chocolate que al tomarlo provoca una sensación de placer. pueden derretirse. Nos detuvi� mos. mamá nos cuenta que en su pueblo. de un aroma exquisito.El Chamán de los Cunaguaros. como creo que lo fue en siglos pasados. reflexionando sobre la riqueza que podría proporcionar el cacao. —Es cacao crudo. calma y energía. si fuera bien cultivado y valorizado. —Parece un embrujo —dijo Ocho. —Después de secarlo al sol. como te dije. Viaje por el mundo indígena venezolano de tórtolas corrieron y levantaron el vuelo. —Y por allá —completan de una voz los morochos. dice ¡el chocolate es vida! —completa Ocho. luego sacar las semillas de cada fruto y ponerlas a secar al sol. el corocoro. por un sendero abierto hacia una mata de sabana y un estero. hay que molerlo. Pero ya esta cosecha está lista. —¿Qué será eso? —preguntó Mor.

un sentimiento de seguri� dad me colmó de una rara plenitud. antiguos guerreros llamados “los grandes cacaos”. pienso que podrían tocarse. que parecieron presagiar una presencia intangible. analizados mis movimientos —¿estaría imaginándolo todo?— dudaba. asesino! —¡Tan cruel como un conquistador español! -97- . y les doy un varazo por la espalda a cada uno de mis fantasiosos hermanos. No era ninguna fuerza espiritual. —¡Ay. a nosotros los karibes nos gusta la carne de Palillo. un hálito de fiera escondida. pude seguir mi camino y regre� sar a la vivienda para reunirme con mi familia. el palo po� deroso del espíritu que defiende de las brujerías. pleno de estrellas enormes. No pude detallarlo. de los peligros. Minutos después me despierta un dolor insoportable al pie descalzo que asoma fuera del chinchorro.Los kariñas. Llega la noche y una luna gigantesca pasa por sobre nuestras cabezas y toma su puesto en el cielo. ¿Qué animal me deparó tan tremendo mordisco? Mas enseguida oigo susurros: —¡Mmm… sabrosa carne humana! —Sí. pero extrañamente. cruzó la maleza pa� ralelo a mi senda. Alborozado. ¡Es puro hueso! Empuño a toda velocidad una varita de palo santo. Una forma indefinible con la rapidez de un pájaro. de las malas in� fluencias. su fuerza que per� dura y trasciende el tiempo y la tierra que habitan. Interrumpió mis reflexiones un rui� do en la hojarasca junto a los chaparrales. una presencia poderosa que parecía acompañarme. Casi quedándome dormido. seguido por un murmullo salvaje. Los kariñas nos han dispuesto cómodos chinchorros y enseguida me entrego al sueño. y que providencialmente había recogido en el paseo por los chaparrales para transformarlo en un garrote si� milar a los de los antiguos garroteros larenses. sino algo tangible. Sentí sus ojos sobre mí. me detuve pensando si no serían los espíritus ancestrales de los valerosos karibes. aun� que esté flaquito. tan al al� cance de la mano se ven. quienes decían que el juego del garrote hasta tiene una música secreta. Sentí el ruido de sus pasos. Una extraña sensación que me hizo erizar la piel me sacó de mi error. un visaje entre los árboles. de una ser� piente. de un jaguar. vislumbré su imagen. Me sabía observado.

para deleite de todos. nada. otro más grande para papá y el último. Sate busca su guitarra.El Chamán de los Cunaguaros. Son mis dos ceritos. dos idénticos para los dos ceritos. Rafael. que encarna el tipo de la mujer criolla por su rostro mesti� zo. los morochos tuvieron pesadillas. Nos dirigimos hacia Tío Jeep para cargarlo con nuestros enseres. mis hermanitos pájaros que hacen gala de su arte imitando los más bellos trinos de aves. Muñeca y Carmen asis� ten con rítmicas palmadas y Superloro se regocija y gorjea de vez en cuando. Viaje por el mundo indígena venezolano En la penumbra apareció Carmen. una grata pregunta llega a mis oídos: —Filatelio. cuando nos alcanzan corriendo algunos niños kariñas que nos entregan con entusiasmo unos ex� traordinarios obsequios. —Caníbales. soñaron con unos caníbales. Yo lo acompaño con alegría dedicándolo a mi mamá Carmen. —Sate —contesto de inmediato— vamos a ensayar una can� ción. —¿Qué pasa. dantas: uno para mamá. Mientras saludo con cariño a mis anfitriones. antes de volverse a dormir tranquilito en mi hombro. Me quita la varita de palo santo y se lleva por las orejas a los dos morochos antropófagos. La mañana se presenta pronto. rendido en su lecho colgante. uno para mí. Alegres silbidos de pájaros van bordeando la melodía con increíble acierto. su dulzura y su carácter discreto. Yo toco guitarra. Agradecemos con gozo este regalo de despedida. yo te sigo. —Nada. caníbales —susurra Superloro. Criollísima. la afina y entona un merenguito orien� tal. Son bellos mapires tejidos con fuerte be� juco y adornados con intrigantes dibujos. ¿tocas cuatro? Vi uno en el Jeep junto a tus cosas. pequeñito. para Maigualida. Carmen? —murmura Rafael. En todo el pueblo resuena la música fresca y espontánea: Tienes la ilusión del campo en tu piel brillan como dos luceros de miel tus ojos. —¡Positivo! Empieza. entre los cuales creemos distinguir cunaguaros. que han venido a despedirnos. Duerme. en tu tez morena. babas. -98- . Tú con tu guitarra y yo con mi cuatro.

silbar como los pájaros. la calidez de su sonrisa. pero mi casa es la selva y mis hermanos los tucanes. ¿Cómo olvidarlo? Ellos quieren ser mi familia. Los he visto pasar. diáfanos. Son mis hermanos. y sonreí al ver a mis hermanos correr.Monólogo del Chamán de los Cunaguaros Soy aquel que ellos buscan. los que vienen de la ciudad. cantar. de la montaña Weykpuimá. 99 . Soy el guardián del umbral de nuestros ancestros. Los he mirado de lejos. observé sus rostros claros. hacer travesuras. Mi techo es el cielo estrellado. y aunque dejé de verlo hace muchos años. pero no puedo unirme a ellos. de los caños. el que tanto querían ver. el centinela del Catatumbo. Yo me enfrento a los demonios para salvar a mi gente indígena. y el rostro blanco de la luna es el farol que me alumbra cuando atravieso la selva y cruzo ríos y montañas. los cunaguaros que me rodean siempre. los araguatos y las lapas que acuden a mi llamado. Con ellos va mi padre. el vigía del cerro Autana. de los innumerables caminos. recuerdo la luz de sus ojos claros.

wayuu. estrella. conocemos las ciudades. con cariño. yukpa. no hay límites. Viaje por el mundo indígena venezolano yo hablo varias lenguas. su mano generosa. pemón. de apertura y consideración. niebla sobre el río. y mucho más… -100- . kariña. Cierro los ojos y aparece ante mí el rostro de mi padrino Sesebe. sobre el indígena. En esta visión no hay fronteras.El Chamán de los Cunaguaros. ella derrama sobre el blanco. Nuestros hermanos están aquí con nosotros. nadie tratará de arrebatárnoslas. Este es el mundo que veo y mi corazón tiembla de alegría. bari. me vuelvo lechuza. soy todos y uno solo. vamos a ellas y allí nos reciben con respeto. sape. Veo un mundo donde todos estamos juntos. todos sus dones. jodi. de alegría. yaruro. y bailamos a la luz de las hogueras. nosotros la de ellos. todos pertenecemos a la tierra y ella nos da su sustento. oigo su voz profunda y gutural: —Tú serás chamán. Soy warao. sobre el criollo. Veo un mundo de dignidad. tenemos buenos vehículos. yekuana. hablan nuestra lengua. yanomami. Se abren caminos grandes. nos desplazamos. Poseemos nuestras propias tierras. Yo vislumbro un futuro distinto.

Impresionantes formaciones pétreas nos asombran en un paisaje sobrecogedor. Avanzamos por un terreno llano aunque ondulado. Corremos hacia la Gran Sabana. cuales raros centi� nelas. con tierras estériles. una cascada. que se extiende entre la formación de Imataca y la de Rorai� ma por unos 35. un bosque. pero llena de suges� tión. un lago. interrum� pido por cadenas de montañas abruptas. cru� zadas por numerosos zanjones y lechos de ríos. de alucinante encanto. muy a lo lejos. Son los tepuyes: el Auyantepuy. dejando sólo 101 . con una vegetación herbácea que no supera los 10 ó 15 centímetros de altura. que la luz dibuja en formas irreales en el camino: un río. se eleva casi fantasma� górica la Sierra Roraima. la inmensa planicie llamada también Alto Caroní. cubiertas de bosques.Los pemónes.000 km2. el Autana. Al fondo. el �ekpuima y el más impre� sionante. Es una región interminable. despoblada. una ciudad con altas torres… y al acercarnos desparecen en el aire espeso y caliente. Uno tras otro se suceden los espejismos propios de esa zona tan dilatada. como de otro mundo. la única Gran Sabana de Venezuela. magia en sus palabras Vamos al Sur. Cerros delgados y extraños se yerguen verticales. apenas el palmo de la mano.

quiere decir “gente”. kamarakoto. En este extenso territorio de la parte suroriental de la nación. cerca de la población de El Dorado.000 ocupan una porción del estado Bolívar. Se encuentran asen� tamientos pemónes también en el valle del río Cuyuní. Papá. parece estallar en fuego. maneja taciturno. alucinante y quizás inexistente país: El Dorado. entre Guayana y Amazonas. Las chispeantes llamaradas están tan cerca que papá trata de desviar la marcha y apartarse del supuesto incendio. Pero al aproximarnos aún más y llegar junto al árbol. La tarde apenas se insinúa y sin embargo vemos cómo el cielo se está poniendo oscuro. incólume. A pesar de su solidez y de su antigüedad (el macizo o escudo guayanés es una de las primeras formaciones del planeta). con los consiguientes daños a la flora y fauna. No le preguntamos. lo vemos in� tacto. estas regio� nes fueron devastadas por los conquistadores. el ambiente es muy delicado. y la zona en reclamación con Guyana hasta las márgenes del Esequibo. la cuenca del río Caroní hasta los límites con Brasil. existe una comunidad indígena im� portante y numerosa: los pemónes. que se entienden entre sí: arekuna o arichuna. gruesas nubes descienden con rapidez. enloquecidos tras la búsqueda de un fantástico. que en número de aproxima� damente 4. el sol desaparece. el grueso ramaje sigue verde. en el habla de origen karibe. no nos habla. nombres que a veces se atribuyen en lugar del genérico pemón. -102- . Calculamos llegar antes del anochecer a las primeras viviendas del asiento pemón contactado por nuestro padre. del cual somos testigos en este mismo transitar. Se dice que el ecosistema de la Gran Sabana es uno de los más frágiles del mundo. polvorienta y desierta. Viaje por el mundo indígena venezolano un rastro de polvo. poco hemos logrado averiguar acerca de ellos. no queremos distraerlo. La etnia está dividida en tres distintas agrupaciones dialectales. Pemón. las lenguas de fuego han desaparecido. En un pasado.El Chamán de los Cunaguaros. El más extraordinario de ellos. cansado del viaje por esa llanura ardiente. A pesar de nuestro empeño. por haber sufrido intensa de� forestación y la incursión constante de cazadores furtivos. taurepán. Uno de los altos currucay que se elevan al borde del camino. tiñendo de negro pastizales y morichales. nos deja atónitos y sobresaltados.

—Tarén. Frente a nosotros el horizonte es torvo.Los pemónes. buscar refugio. insinúo a papá: —Podríamos detenernos. sólo una rendija. tarén. No me gustan. Parece un hombre o un puma. pemón? —Tarén. Debo estar soñando o alucinando. el viento mur� muraba extraños conjuros. Trato de cerrar los ojos lo más fuerte que pueda y luego los abro un poco. Konok yepui yaktaino. Con razón. ¿Dónde habrá caído el rayo? Sin poder contenerme más. Ni siquiera me contesta. le temo a los temporales. que cambiara la dirección. me hacen sentir desam� parado. al mismo paso. de un verde alucinante. el ojo del huracán. ¿dónde. me llega la voz queda y sonora de papá: —Tarén. me deprimen. ¿Lo hago? Seguro que se rei� rían de mí. Su paso es amplio. magia en sus palabras …“y advirtió que la selva tenía miedo…” ¡Qué bien quedarían aquí las páginas referidas a la tormenta en la novela Canaima del maestro Rómulo Gallegos! En verdad las hojas enormes. Detenerse para guarecer� se. tratando de tapar también mis exageradas orejas. La luz fúrica de un relámpago arroja fogonazos sobre el jeep. medio fiera se mueva tan ágilmente y a la vez como en una especie de ráfaga brumosa. Filatelio. El aire rugía cargado de presagios. No me queda sino estrechar la varita de palosanto. Konok yepui yaktaino. Se desplaza como envuelto en un vendaval permanente que hace ondear sus largos cabellos lacios. un inmenso vórtice de huracán. elástico. como sacudidas por una fuerza telúrica invisible. parecían temblar. tarén… ¿Qué es eso? Serán palabras kariña. warao. Aprieto los párpados de nuevo. que además de sus poderes mágicos tiene una afilada y protectora punta que le he ido tallando y puliendo durante nuestro viaje. En esos breves segundos creo entre� ver una sombra sigilosa moviéndose al mismo tiempo que nuestro vehículo. Quisiera decirle a mi padre que no siguiera. firme. si todo es desierto? ¿Cambiar de rumbo? Demasiado tarde. y calarme hasta los ojos mi salvadora gorra azul de béisbol. Un trueno sacude el cielo con ruido terrorífico. Por eso me percato con terror de que el jeep enfila hacia la zona más oscura. Aún así atrincherado. No puedo creer que esta figura medio humana. no me da vergüenza re� conocerlo. vuelvo a abrirlos y no veo nada. su soltura es pasmosa. Yo. -103- .

¿Acaso él conoce esa lengua? ¿Quién se la enseñó? ¿Cuánto tiempo estuvo entre ellos? ¡Cuántas sorpresas nos depara nuestro extraordinario progenitor! La mirada de mamá. y la Gran Culebra. tarén. yo también. pe� gados con la espalda a la ventanilla trasera. tamba� leándose entre las cajas con un cómico giro de sus pupilas. ¿Quiénes eran ellos? La Gran Culebra y el Viento. y yo Amochima-piá. se adelantaron el Viento. todas las miradas están fijas en él. además de Kavá. para desvanecerlos. las de los morochos. y el pájaro Kavá para desarmarlo con la risa. que le bebió el agua. que le cambió el rumbo. para quedar como tarén. el horizonte. ni a warao. contra ella misma. Ellos se nombraron para soplar el aguacero. La Gran Culebra o Arco Iris. la aprieto. Se hablaron y se concertaron para salirle al encuentro del tiempo que ya venía acercándose. claro que yo. dentro de ella misma voy cayendo. a su lado. para beber el aguacero. dijeron a una: “Vamos a secarlo”. Kavá-kavá piá. y también el pájaro Kavá. el remolino. que viene alzada y armada. Y dijeron nombrándose para terminar: —Yo. Debe ser pemón. Non-tiri tiri-piá. Inesperadamente. Y los pájaros: —Yo.El Chamán de los Cunaguaros. Tarén. También estaba allí. Ella también decidió ir al encuentro del aguacero que se avecinaba. Orekana-pia Seterimá. Amochima. a la cresta de su pico. Contra la gran oscuridad. el Viento para llevarlo hacia otro rumbo. yo la traslado al grandísimo cerro. papá murmura como si estuviese rezando. la de Superloro. Reunidos todos. a la falda inmensa del cerro la llevo. desde la cesta donde reposa. Viaje por el mundo indígena venezolano De lo poco que he oído. y aunque prosiga en castellano. -104- Tarén contra el aguacero que se ve venir . el águila. Tarén. la de Muñeca. su voz teje alrededor de nosotros un halo de misterio: Fueron al encuentro de unos negros nubarrones. una vez a la derecha y otra a la izquierda. no me suena a kariña. yo estoy cayendo. Mientras el aguacero venía y mientras los pájaros conferenciaban.

la acción misteriosa que ejerce sobre los elementos. en recogimiento. un frenazo de papá ante una profunda zanja me arroja casi sobre el guardia. influir en el tiempo. observo. Un hombre en uniforme. si seguimos sus indicaciones… pero aún falta bastante para llegar… Desde las dos cajas sobre las cuales estoy sentado en vilo. el poético ritual de mi padre. hermano. magia en sus palabras Tan abstraídos estamos por ese extraordinario relato que papá recita haciendo gala de una voz sonora y de impensables dotes de dicción. Soy Luepa Martínez. por su larga permanencia y afinidad con los aborígenes. de baja estatura. Luepa le indica la vía más fácil y más corta. Saluda y se presenta con humildad: —Buenos días tengan los viajeros. Con súbito desconcierto. -105- . Des� pués del tarén. Ellos pueden calmar la tempestad. Éste me recibe regocijado.Los pemónes. que iba caminando con extraordinaria rapidez por la angosta carretera. se nos acerca. los arrendajos y pizcúas han vuelto a trazar círculos alrededor del jeep. por estar tan ligados a las fuerzas telúricas del ambiente. me hacen pensar en la estrecha relación de los aborígenes con su entorno natural. pe� món. tú también eres tan flaco… acomódate aquí. percibo el mágico efecto del tarén. ¡Menos mal que es bien delgado! Y muy pe� queño también. sabe cómo mane� jarlas. él se queda ensimismado. El poder de la palabra indígena. La extraña oración. Y he aquí una pregunta de nuestra pequeña Muñeca que aviva un mundo de interrogantes en cuatro sencillas palabras: —¿Qué es tarén. Invitado por papá. que no nos hemos dado cuenta de que el cielo se ha ido aclarando. cabemos los dos. la sabana toda ha adquirido su brillantez habitual. sube y se acomoda en el reducido puesto que le cedo. —Eso. han logrado algo impensable: conjurar la violencia de la na� turaleza. Guardia Forestal. por este mismo camino. voy a la casa de mi familia. Como nos dirigimos al mismo sitio. papá? En ese momento mi padre detiene bruscamente el vehículo. accesible para nuestro jeep. Papá también las conoce. cerca del río Karún. pero calma y serena. los nubarrones se han levantado. papá aprovecha para con� sultar con él la ruta a seguir. entre el equipaje. su normal aspecto de una tarde nublada.

Viaje por el mundo indígena venezolano Bien apretados. -106- . Tener a un auténtico indígena todo para mí por largo rato es una gran oportunidad. la voy a aprovechar. es cierto. casi uno encima del otro… pero así nos oímos bien y conversamos.El Chamán de los Cunaguaros.

Los pemónes viven muy retirados. Luepa? —Claro que lo soy. como ves —me indica la insignia en su som� brero— me alisté en la Guardia Forestal. Luego. —¿Cómo es eso. allá está mi hijo. muy pocos. —¿Por qué lo hiciste? —¿Te digo la verdad? No fue sólo para tener un oficio seguro y para velar por nuestra flora y fauna. surgen muchas trabas… que si uno no posee partida de nacimiento. y su rostro cetrino. ni oficina de identifi� cación. allá me casé con Uonka. hecho a la intemperie. tenemos cédula de identidad venezolana. cuando falleció papá. Se nota que los indíge� nas están orgullosos de tenerla. 14 años. volvimos a integrarnos a nuestra etnia. hace algunos años. cursamos la escuela básica. sí.Los pemónes. o de retirarla. ya que por requerimientos de mi cargo tengo que recorrer continuamente el territorio pemón y reportarme en los Puestos de Guardia. mayormente en la sabana o en la selva. Pero al momento de solicitarla. pero de segunda generación. mi esposa. Nací en un caserío criollo de la frontera. —Luepa. Recordé las palabras del joven warao. ¿Tú eres pemón. tienes una doble vida? —Pues para que tú veas. Allá viven mis herma� nos. Me había llamado la atención su referencia a la cédula de iden� tidad. ¿todos ustedes tienen cédula de identidad? —Entre los pemónes. Me presento de una vez: —Me llamo Filatelio. de un negro lustroso azabache. magia en sus palabras Empiezo contemplando su pelo cortado en una especie de pon� cha. al viento. —¿Tienen derecho a ella? —Seguro que sí. donde no hay jefatura. Mi padre tuvo que salir del poblado en busca de trabajo y subsistencia. ni siquiera hospitales y menos aún escuelas. al sol. -107- . Voy cuan� do puedo. estudiante. nos bautizaron los misioneros. —¿Qué quiere decir eso? —Que no he vivido siempre con los pemónes. por los cuatro costados. que si otro no sabe firmar… —¿Y eso sucede frecuentemente? —Pues. sino para poder regresar con mi gente y estar cerca de ella. y así mis hermanos.

los pemónes perdieron sus dominios. —Lo era. Hubo una época en la que fuimos dueños y seño� res de la sabana. es difícil revertir la situación. —Explícame. se sumaron a la tuberculosis y al paludismo que tratábamos de -108- . a finales del siglo XIX. zapatos de goma. No lo disfrutan. se inició la extrac� ción y comercialización del caucho. como debe ser respecto al mundo indígena. A pesar de que ac� tualmente se inician esfuerzos por devolverles parte de sus derechos y de sus tierras. Pero con el tiempo.El Chamán de los Cunaguaros. saram� pión. si entendemos por progreso un desarrollo autosostenido. —¿En un pasado reciente? —Ni tanto. gorras. de los muchos ríos que surcan esta tierra para nosotros sagrada. cuando nos vimos obligados a refugiarnos en la selva para huir de la esclavi� tud y la muerte. Aparecieron mercancías foráneas. En el pasado se cometieron muchos errores. que más bien sembraron discordia y rivalidades. que explotaron y diezmaron a los indígenas. —¿Pero no fue esto un signo de progreso? —No. sarrapia. Viaje por el mundo indígena venezolano —Tan marginados… ¿No son de ellos todas estas tierras? —Tienes razón. y deberían ser los legítimos dueños de la Gran Sabana.… y poco después cortes de tela. Al mismo tiempo arreciaron las enfermedades: la viruela. balatá. y esa fue nuestra desgracia. chico. —Justamente. del viento. escopetas. acaso no lo son? —Lo fueron. de la selva. escarlatina. cu� chillos. Eran cosas fútiles. el esquema secular en que ellos siempre han sido los perdedores. —Pero la región de ustedes es muy rica. Los abusos empezaron con la conquista. inne� cesarias. brasileros y de otras naciones. y perjudicaron el hábitat de los pemónes. Desde entonces se fueron alterando las costumbres de los indígenas. de las altas montañas. el descubrimiento de los yacimientos diamantí� feros del cerro Parrai�Tepuy atrajo en la primera mitad del siglo XX algunas empresas y muchísimos aventureros criollos. Costará bastante para que todos los venezolanos lo admitan y lo acepten. Después. —¿Por qué dices deberían ser. Hubo entonces grandes de� forestaciones y expediciones mineras. árboles en los cuales nuestros bosques son abundosos. ropa. Los pemónes son los verdaderos habi� tantes. machetes. los despojados. Ya no son posee� dores de su principal territorio.

Ante la última afirmación del pemón. -109- . ¿olvidar eso? Sería como olvidar montar en bicicleta. Además. se han ido acercan� do intrigados por nuestra conversación. una medida del propio gobierno venezolano de aquel momento nos marginó de nuestras tierras. y ni siquiera con cerbatanas. sorprendido: —Pero. magia en sus palabras superar. —Exactamente. su altivez de siglos. con algún dardo ponzoñoso. Tuvieron que emigrar. para cuando alguien me moleste en clase. como apresando tiempos idos. eso sí. Aunque no se considere un pemón originario. donde su mano de obra fue cruelmente explotada en la extracción del caucho. divertido. visten blue jeans. prohibiéndoles sus prácticas de tala. —¿Cómo sucedió? Las manos ágiles y morenas de Luepa se agitan inútilmente en el aire. Y lo peor es que algunos pemón se “criollizaron” al punto que sus hijos no hablan sino castellano. esta acul� turación. por haber nacido en un pueblo criollo y ser ahora Guardia Forestal. las minas de diamantes. —En esta forma terminaron de despojarlos de sus medios de vida. es totalmente negativa? —trato de retomar el discurso. Así fue. los morochos que se habían estado comunicando por silbidos. bolsas. no saben ya disparar con arcos. sino un descendiente de ellos. bultos. Navegando entre cajas. paquetes. —Lo fue. —Un decreto de Estado declaró “zona de reserva forestal” el territorio que habitaban los pemónes. Luepa sonríe. Mor interrumpe. Se percibe cierto resentimiento en este joven. Enseguida irrumpe Ocho tarareando el famoso merenguito caraqueño: Yo no monto en bicicleta porque me puedo caer… —Si quieren —chancea Mor— me dan a mí las cerbatanas.Los pemónes. Su expresión ceñuda se suaviza. —Debió ser una época muy difícil. internándo� se en la selva o acercándose a los asentamientos criollos. —¿Y tú consideras que este acercamiento a los criollos. la recolección del oro. mantiene intacto su orgullo de pemón. caza y pesca.

Por eso me atrevo a preguntarle: —Dime. Yo. Por fin habla: —¡Cómo me avergüenzo! Me siento inútil. -110- . cuando igual que tú trabajó en la protección de los bos� ques y en la Dirección de Fronteras. —Los conoce mi padre. para un no iniciado. No ha caído una gota de agua. Me lo merezco. a conocer el poder de sus rituales. sus ojos se humedecen. Me supera en el respeto a nuestra tradición. sensato. Viaje por el mundo indígena venezolano —No es negativa en sí. me inspira confianza. papá lo desvió y demoró hasta ahora. —Como los tarén —agrego yo. aprendió a convivir con ellos. que durante su permanencia aquí en su juventud. a punto de llegar aquí iba estallando tremendo temporal… Pues. sí. —Notable. a comprender y respetar la naturaleza. Se familiarizó con las tradiciones de los distintos pueblos indígenas. —¿Y logró aplacar el temporal? —Ya lo viste. nuestra cultura. con un tarén. ¿qué son exactamente los tarén? Él se pone muy serio. ¿cómo los conoces? Son sa� grados. —Eso mismo pienso. con sus hermosas expresiones. Su mirada vaga en la distancia. los tiene siempre presentes. Luepa. Pero no es eso. pero buen amigo de mi gente. ya no desea contestarme. Luce mortificado. recuerdo las palabras. —¿Los tarén? —se sobresalta—. lo recitó completo. Quizás mi curiosidad lo ha molestado. lo empezó en pemón y lo ter� minó en castellano. Este hombre pequeñito. por entrépito. criollo. —¿Tu padre lo conoce todo? —Creo que sí. konok yepui yaktaino”? —Ese mismo. siendo pemón. más bien pienso que es un proceso ine� vitable. nuestra lengua. casi he olvidado los Tarén… y tu padre. Lo malo es que se pierde nuestra tradición. Por lo menos logró demorarlo. logró con los naturales algo más que el mero contacto. —¿Será posible? ¿Cuál tarén? ¿El que reza “Tarén.El Chamán de los Cunaguaros. y a veces he llegado a creer que habría que acelerarlo para que también los indígenas pudieran disfrutar de los inventos con� temporáneos. Ima� gínate.

rituales. Para que los distintos alimentos que se consumen suelten sus propiedades nutritivas ayudando a los cha� manes en sus curaciones. noche tras noche. oí decir a mi abuelo que él mismo había aprendido más de cien. la cual consiste en aguantar grandes hormigas sobre las palmas de las manos. magia en sus palabras Lo comprendo perfectamente y en signo de amistad. Hay uno para cada circunstancia. invocaciones a la naturaleza. le palmeo el hombro iz� quierdo con mi mano derecha. que las muchachas deberán enfrentar al llegar a la pubertad y los jóvenes noveles cazadores para asegurar el éxito de la cacería. concitándolos. sobre varios temas. de carácter personal y espiritual. Son. Para cuando va a nacer un niño de los huesos de su padre y la sangre de su madre. —Yo diría que sí. Prosiguió después de un momento de recogimiento: —Cuando pequeño. identificándonos con ellos con el fin de que nos protejan. conjurándolos. a sus seres. —Son algo así como oraciones. a sus poderes. narraciones y emanaciones mágicas. —¿Son muchos esos Tarén? —Muchísimos. —Lo haré para ti. —Pero dicen que ya no hay chamanes entre ustedes.Los pemónes. -111- . en la cara y en las plantas de los pies. —Los tarén —trata luego de explicarme— son poemas sa� grados. entre nosotros y entre todos los grupos. él es el depositario del saber y la tradición. en los brazos. aunque me cueste moverme apretado como estoy. El chamán es el personaje que nunca desaparecerá. Filatelio. entonces. te siento amigo mío y de mi gente. en palabras castellanas. dentro de la cosmogonía y creencias pemón. Para superar la prueba de las hormigas. alejen de nosotros los peligros y nos salven de percances. —¿Con cuáles motivos? ¿Todos relativos a las fuerzas de la na� turaleza? —No. ¿O sí los hay? —Claro que sí los hay. pueden considerarse plegarias. y la paloma Wakuwa vuela a los cielos para traerle el alma. —Menciona alguno. que nunca per� derá su importancia. Aunque su nombre pueda cambiar o modifi� carse. Luepa.

—Entonces. que es para nosotros una planta sagrada. un varón de pocos meses. del uso de las plantas y sus propiedades. Fuma y sopla sobre el cuerpo del enfermo. asistida por los espíritus auxiliares. amigo. tan ex� traordinario. nuestros antepasados se valían de la memoria y del recuerdo. ¡Qué esfuerzo grande. Los indígenas dominamos nuestras lenguas oral� mente. Vuelven a su mente los viejos acentos familiares. su cuerpo asume una actitud distinta. y todavía lo hacemos. Otro silencio entre nosotros. de vencer las enfermeda� des? ¿Y cómo lo hace? —Realiza curaciones con ayuda de pases mágicos. Me confía: —¿Sabes. Filatelio?. conservamos en el pensamiento nuestras tradiciones. el humo del tabaco. La memoria colectiva es larga y se remonta a varios siglos. Desde tiempos antiguos. preservar en la mente el patrimonio espiritual de un pueblo para transmitirlo. ves… Como tuve que viajar para reintegrarme al trabajo… fue difícil dejarlo. —¿Y aquellos cien tarén que conocía tu abuelo. —¡Qué alegría para ti. los había apren� dido de memoria? —Todos. Se tensa su frente.El Chamán de los Cunaguaros. Es el tarén para viajar siendo padre de un recién nacido. ¡Cómo deseo oír otro tarén! ¡Y de boca de un indígena. de la invoca� ción a los ancestros. -112- . un tarén hermoso y largo. y jamás lo olvidaré. que sea especial para ti? Las añoranzas se agolpan en los ojos oblicuos y brillantes del pemón. sería maravilloso!… Decido insistir: —Por favor. tan pequeño… pero necesitaba hacer� lo… Entonces he aprendido. yo tengo un niño. sobrenatural. agita sus maracas para ahuyentar los malos espíritus. las inquietudes. uno que tenga un significado preciso. —¿Logra curar definitivamente? —Los poderes curativos del chamán dependen del poder de su alma. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que es capaz de sanar. a mante� nernos serenos… O quizás poseen realmente un poder misterioso. confiándolo a otra generación! Y esos tarén… ayudan a aliviar los problemas. ¿podrías tú mismo recitarme otro tarén. y siempre lo repito. es el espíritu pemón que se renueva! —por mis palabras. Luepa se siente animado a proseguir. y al rezarlos se cumple lo que uno desea y está ence� rrado en sus palabras tan sugestivas.

adelante con Maigualida. me sacó de mí mismo y me hizo alcanzar el poder ancestral de esta gente. tu padre y tú me inspiran confianza. -113- . por entre nubes.Los pemónes. que compartían con Superloro. lo que fuese. Y aunque no las entiendas. para que el tarén actúe. Te voy a pedir que me acompañes a recitar el Tarén. Cerrando los ojos y abstrayéndose de todo. en la obra de un misionero capuchino. Papá y mamá. el danto. magia en sus palabras Los morochos habían vuelto a encaramarse sobre las cajas y permanecían callados. haz un esfuerzo por retener algunas palabras. —Muchacho. trance. debe hacer su camino. Mucho más tarde encontré su trascripción y traducción al español. siendo padre de un recién nacido se puso de viaje. en las lagunas y en los ríos por donde iba a salir de viaje. y no en un viaje cualquiera. conversaban entre ellos. Así empecé a hacerlo. muy conmovido: era la primera vez que penetraba realmente en el mágico mundo indígena. que habitan en las selvas. por cuya fuerza y mu� sicalidad me dejé cautivar. Y por eso se nombró a sí mismo y se hizo tarén. Sueño. toda la fuerza del mágico universo pemón se apoderaba de mí. por lugares pantanosos y hasta de noche en medio de las grandes selvas habitadas por Waira. Un tarén para no perecer. Luepa dio inicio a un prolongado murmullo en lengua pemón. en un nicho íntimo. en las serranías. Luepa y yo está� bamos como aislados. Sentía mi es� píritu transportarse y viajar al pasado. Había un ambiente pro� picio a confidencias. el cual recorrió tanto y tantas veces estas regiones. Así tendrá más fuerza. es decir el “Padre Correcaminos”: Este es un tarén para no dañarse y para no dañar a su hijo el que es padre de familia y debe salir de viaje. Haz un tubo con tus dos manos y aspira repetidas veces. deleitándose con unas meriendas encontra� das en las mismas. Pero Waira se dio cuenta de que por allí andaban las grandes serpientes y otros seres. realidad. fray Césareo de Armellada. Y el tarén comienza diciendo que “Waira”. Por la montaña adentro. que los naturales empezaron a llamarlo Emasensén Tuari. aún sin comprenderlo. Tamanúa y Cunaguaro. diciendo ¡uk-uk!.

esas cosas no lo lastimarán. la nube será mi sombrero. el que se nombra como tarén es el “Tamanuá” u oso hormiguero. Este sólo y único nombre fue el que dijo. sino por las sabanas y los “wontai” o montecillos. Y esto. y me nombro a mí mismo. que yo. Porque he aquí. Y dijo terminando su tarén y nombrándose: Yo. tengamos que ir de caza o por otros motivos viajar a través de las montañas holladas por los cunaguaros. yo voy a caminar por lugares sin camino y entre plantas espinosas y pelusas que escuecen. en tiempo de verano a través de caminos inseguros y por medio de lugares sin camino. -114- . agotados. mi hijo no llorará. yo que soy el “Dawairapiá”. y a pesar de todo. Mientras soplaba con fuerza el ¡uk�uk! dentro de mis manos dobladas a manera de caña. Y mi hijo no se escocerá. de piel cobriza. más bien yo los asustaré y los ahuyentaré. él se hizo tarén diciendo: En medio de este gran verano yo voy a salir de viaje. mi hijo no se debilitará. por medio de árboles espinosos y de cañas y hierbas punzantes. Yo iré por medio de las grandes serpientes y las iré espantando. ni me verán los “awapirí” nocturnos. Pero yo haré que mi hijo no se enferme. teniendo un niño pequeño. me voy de camino con mis sandalias de hierba en los pies y mi sombrero de palma en la cabeza. ciertamente yo y por mí mismo. Al terminar el tarén los dos estábamos conmovidos. su hijo no se enfermó ni entristeció. muy pequeño. ¿Por qué? Porque el oso hormiguero se fue siendo padre de un niño muy pequeño. Y este es nuestro tarén para cuando siendo padres de recién nacidos. Yo cargaré siempre a mi hijo sobre mí mismo. yo mismo. porque al tiempo de salir de viaje. Viaje por el mundo indígena venezolano Así se hizo tarén Waira: He aquí que yo voy a salir de viaje. y los “mawaritón” no me verán. me parecía ver al hijo de Luepa. Pero cuando el viaje no es por las selvas. con un mechoncito de cabello negro.El Chamán de los Cunaguaros. Y ni él se dañó ni sus hijitos. casi en trance.

casi esperando mis comen� tarios.Los pemónes. El danto representa la fuerza. Surge en las noches al claror de la luna. Por eso lo llaman el Chamán de los Cu� naguaros. “cunaguaro”. Nosotros podemos presentir su llegada. es el poderoso danto. la inteli� gencia. y mucho más. es un chamán. rodeado de un séquito de cunaguaros que lo acompañan y protegen. de la grandeza del mundo indígena. cuéntame cómo el cunaguaro se les ha venido manifestando a ustedes. —Antiguamente. hay tantas narraciones acerca de esto. de nuestras costumbres. él encarna todos las fuer� zas sobrenaturales de los espíritus que habitan ríos. pero comprensible para todos nosotros. Nos habla en nuestro idioma. recordando la descripción que de un extraño Chamán de los Cunaguaros nos habían hecho los waraos y los kari� ñas. montañas y bos� ques. las palabras “waira. en medio de la penumbra. el pequeño tigre nocturno de manchas aterciopeladas. —¿Estos animales representan algo en especial en las tradicio� nes indígenas? —Sí. quizás por su repetición. Pero hoy día existe un extraño hombre�tigre. y el cunaguaro el poder. —¿Trataste de fijar algunas palabras en tu memoria? ¿Cuáles? Me habían llamado la atención. Tamanúa. al oír las palabras del pemón le pido con vehemencia: —Háblame más. a veces en el canto de un pájaro. de su poder. un pe� món especial que muchos reverencian como un poderoso chamán. Sorprendido. has acertado. —Es emocionante. un sugestivo sonido de flau� ta lo precede. tamanúa”. no podría decirte. Se avecina sigiloso. magia en sus palabras Me di cuenta de que me observaba. En realidad. —�aira. el astuto oso hor� miguero de frondosa cola palmeada. en el murmullo del río. la constancia. Él puede materializarse en un ser humano. del valor de nuestras tra� diciones. Me extraño: —¿Por qué le atribuyen dotes superiores al cunaguaro? —El cunaguaro es la voz de la selva. llevar mensajes ancestrales. Cunaguaro. Te agradezco ha� berme llevado a tu mundo. Conoce -115- . me siento estremecido. hablar en una lengua salvaje. el oso hormi� guero el empeño.

Luepa? -116- . como si Luepa fuese mi padre o mi hermano. ramas rozan su techo y a veces se parten con un ruido seco como un sollozo. los brazos reco� gidos en las rodillas. sus faltas y debi� lidades. ¿Existen los afectos entre ustedes. ya salió el indio enamorado —canturrean en coro. nuestra gente. Todas las etnias conocen esta historia. ¿conoces algún tarén de cariño. con las manos casi juntas. acurrucado al lado de Luepa. que no se diferencian tanto de nosotros ni tienen mayores poderes. —¡Guácala. enseñarles nuestro maravilloso mundo natural. y cada una tiene su propia versión. nuestras tradiciones. Es reciente. por la selva. encaramados los unos sobre los otros. se apersona al oír la palabra siempre mágica: amor. por el poco espacio. nos asegura que no son invencibles. un fluido magnético. El afecto familiar es un vínculo muy fuerte. Los niños son cuidados amorosamente.El Chamán de los Cunaguaros. y a los ancianos se les ama con un respeto reverencial. con ellos se tiene una paciencia inagotable. los zapatos. Es tarén y leyenda. por los ár� boles. Lo apremiamos: —¿De qué comunidad era. de amor? Me gusta� ría oírlo. gotas de lluvia empañan los vidrios. ¡Ojalá que viéramos lo mismo entre todos los pueblos! El número Ocho que va y viene tratando de hacer malabaris� mos y piruetas en el poco espacio libre del jeep. para poder caber los dos en tan poco espacio! Siento un calor humano. —Hay un tarén muy hermoso sobre el amor —continúa Luepa sin perturbarse— tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada. los conocen? ¿Qué es el amor para los indígenas? —El amor para los indígenas es algo natural y espontáneo. Todo eso me sugiere otra pregunta: —Luepa. Se tambalea el jeep sobre el terreno desigual. tra� tar de comprenderlos y hacer que nos comprendan ellos también a nosotros. sus atropellos. poniendo los ojos en blanco. ¡Qué extraña sensación. y un lazo de cariño indestructible nos uniera. Luepa estuvo largo rato en silencio. Viaje por el mundo indígena venezolano además el mundo de los criollos. nuestras piernas casi pegadas. Habla de una bella joven que sacri� ficó su vida por amor. Incluso con algunos de ellos podríamos relacionarnos y superando nuestra altivez. Lo sienten por su familia y por los animales que los rodean.

la voz de Luepa adquieren un tono sombrío. la Bella Durmiente. Un hombre distinto. El hombre de los ojos color de agua lloró mucho. Prosiguió luego. un poderoso chamán. tal vez esté escondido para escapar de la magia del chamán. pensando! ¿Sabrá que nosotros existimos? —¿Y qué pasó entonces con la bella indígena. —¿Y si está vivo? —Difícilmente. Algunos dicen que desapareció en plena selva. estoy casi seguro de que esta leyenda se refiere a mi padre y a la bella Ashira� ma. y el hijo es mi hermano. nunca lo han podido encontrar. ¡Cómo quisiera saber dónde se encuentra ahora. Su alma se ensombreció. con esfuerzo. magia en sus palabras Siguió contando la leyenda con palabras mágicas. uno de los padres mo� riría. convertido en cunaguaro él mismo. la ingenua Cenicienta. Los amantes son ellos. con esas imá� genes poéticas propias de los indígenas. qué estará haciendo. Aumenta mi desconcierto. de ojos color de río. casi como en un tarén: —Era de la etnia bari. la cautivaron y aceptó ser su esposa.Los pemónes. Reviviremos la magia. sintiéndose rechazado. El chamán. lanzó un conjuro mortal sobre la pareja: al nacer el primer hijo. la doncella más linda que puedas imagi� nar. Sus maneras suaves. hablando con extremada lentitud: —Ella se murió de amor. en yévaro. -117- . Muchos creen que se vol� vió lucero y brilla en las tardes claras. su des� tino. convertido en palma. con el hombre criollo. Fue su escogencia. Tengo un presentimiento. Otros aunque lo criaron los cunaguaros y que con ellos anda. permanecemos atentos. —Llegó un forastero. con palabras pausadas. perdido en la selva. con el hijo? ¿De qué murió ella realmente? La mirada. los dos ríos de sus ojos desbordaron sus cauces. su sonrisa. hasta los morochos. doloroso. Todos. y la criatura pasaría a manos del chamán. Si vive. casi amenazante cuando afirma. que la había comprometi� do con el hombre más sabio de la comunidad. con fra� ses entrecortadas: —La joven bari murió al alumbrar. en yagrumo. un criollo. la hermosa Blanca Nieves. el embrujo de los cuentos de hadas. El hijo desapareció. Su padre estaba tan orgulloso de ella. la expresión. pendientes de sus palabras.

el cielo de la sabana se lo han quitado. no crees que aquel hijo de la leyenda y el perso� naje amigo de ustedes. la selva. Luego se pronun� ció: —Esto también habría que preguntárselo a él mismo. Los waraos creen que es uno de ellos. largamente. en todas nuestras etnias. sin embargo lo excluyo. si el padre lo siguió buscando. el Chamán de los Cunaguaros. él le sonrió. en el conuco. Una duda repentina me asalta: —¿Y tú. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Pero. No hay que ir en contra de ellos. Del otro. Se echan en la espesura y allí lo esperan. La sangre indígena. cada etnia reclama su procedencia. Luepa. podrían ser una sola. —¿Y a ese pemón protector de ustedes. preguntarle a él sería la única forma de saber la ver� dad. —Mas entonces. cada pueblo afirma que es suyo. absorbiéndolo. —¿Crees que yo podría llegar a conocerlo? -118- . el Chamán de los Cu� naguaros. mejor ni mencionarla a mis padres”. es ilógico —pienso—. Los cunaguaros que lo acompañan no entran en los poblados. El nuestro es un indígena auténtico. Estaba con el niño. también los kariñas y ahora los pemónes. —¡Aquél también lo es! —le grité estas palabras con tanta fuer� za. Venía solo. la misma persona? —No lo había pensado. —¿Por qué? —Los ancestros invocados dicen que no lo recuperará jamás. Él es bari. ¿él no quiere encontrar a su padre? —Habría que preguntárselo a él mismo. —No volverá a tener a su hijo. pero no se unirán. en cambio. sin darme cuenta de mi atrevimiento. Puede que lleguen a encontrarse. —¿Y si algún día lo encontrara? —Será en vano. segu� ramente. —¿Y ella no se asustó? —No. Hay que descartar esta eventualidad. haciéndolo suyo. si aún lo siguiera bus� cando? —pregunto. “Es cierto. Aunque es imposible. quién lo ha visto. Por el mismo dictamen él está obligado a perseguirlo incesantemente. El niño le tendió los brazos. que Luepa me miró extrañado. cuándo? —Mi mujer lo vio.El Chamán de los Cunaguaros.

llano. Su familia. parecen haber visto morochos antes. dan una impresión de solidez. Se detiene el jeep. No se extrañan ante mis hermanos.Los pemónes. nosotros aguardamos siempre su llegada. todos los habitantes salen de sus casas: no son más de unos treinta. pienso en ese joven chamán indí� gena y criollo. junto con mis confusas divagaciones. redondas y oblongas. atadas. nos aclara Luepa. La idea de un pueblo o aldea es ajena a los pemónes. una en cada uno de los lados más largos. le tocan y acarician con deleite los rizos rubios. Es naturaleza salvaje. espí� ritu y niebla lejana. selva y montaña. pequeña. Se acercan a Mai� gualida. podemos ver el brillo de los fogones prendidos en uno o en ambos extremos. con dos. Hemos llegado al asentamiento. formando una rejilla a la cual se le rellena con barro: colocadas entre los horcones de las esquinas y los horcones de la entrada. Me di cuenta de que ese extraño ser era más conocido. Desde afuera. generalmente a lo largo de un curso de agua. Sin embargo. rumor de río. No se acerca sino a los indígenas. Nos detallan con simpatía. magia en sus palabras —Es difícil hasta que llegues a verlo. Hay tres tipos de viviendas entre los pemónes: cuadradas. nube que pasa entre los tepuyes. tres. Sólo él decide cuándo visitarnos. esperado y seguido de lo que ellos querían reconocer. Estas paredes se construyen con varas fuertes. mucho más de lo que admitían. orilla de mar y alta serranía. flor que se esconde en los despeñaderos. todas con techumbre de palma. Es voz del viento. y no a todos. y todos ríen -119- . compuesto por unas pocas casas. río arriba. ellos no se reúnen en poblados grandes. explica. fiera y hombre. Las vi� viendas oblongas y las rectangulares tienen dos puertas. Sabían mucho sobre él. pero a los niños les causa gracia el que lleven guayucos como los suyos propios. Pero es así entre los pemónes. lo imagino hosco. está a una escasa media hora de allí. En la vivienda tradicional de la sabana las paredes son de barro. En un arrebato de imágenes. canto de ave. forman pequeños grupos comunitarios con miembros vinculados por lazos de consan� guinidad. A nuestra llegada. hasta seis grupos habitacionales. ni todo el tiempo. camino de sabana. Las observo. En la zona fluvial son de corteza de árboles o de paja. puede haber varios asentamientos en relativa proximidad. Las redondas tienen una sola.

Acércate a nosotros. Lo miro alejarse bajo la lluvia. hola. Unas gruesas gotas. huesos. chigüire salado. ñames. me empapan. que por fin se desgaja con una fuerza insospechada. Quizás muy pronto. Observo que los hombres pemón visten pantalones kaki y ca� misas de manga corta. que raramente llegan a tener. trozos de carne de picure. bailoteando en la visera de mi gorra. ni con sus armas tradicionales. Viaje por el mundo indígena venezolano cuando ella. sencillas batas de tela de al� godón estampado. nos refugiamos en la más cercana choza pemón. -120- . ¡Hola. los arcos y las flechas sin plumas que antiguamente usaban para pescar. con mi usual insistencia. ni collares. en juego. que apenas encuentran a veces algunos caracoles. no dan ni siquiera para co� mer. Luepa se apresura a despedirse: —Volveremos a vernos. pa� labras que conocen. Debemos cono� cernos más. plátanos. Se ha producido tal desbalance en su ecosistema. les hala fuertemente sus híspidos mechones negros. el manjar favorito que han preparado en previsión de nuestra visita. La subsistencia de los pemónes se basa en la horticultura. Por ahora no veo ningún tatuaje. A Superloro lo saludan gritándole. ni zarcillos. Es una densa sopa a base de agua. de forma circular. mien� tras.El Chamán de los Cunaguaros. apresurando siempre más sus cortos miembros: ya está cerca. pero ya no puede seguir deteniendo al aguacero. su hijito lo espera… En la casa nos reciben con el kumasá. sostenido por una vara. delgado. les contesta con las mismas en castellano. Filatelio. Son casi vegetarianos y ellos mismos afirman que no son buenos ni cer� teros cazadores. ajíes ocumos. pero principalmente harina de yuca. ni con las escopetas. pequeño. a pesar de que conservan. mapueyes. Arrecia el temporal. lairenes. que poco a poco se van haciendo goterones golpean mi cabeza. a tierra húmeda. y se muestran contentos cuando él. La selva comienza a oler a lluvia. Tampoco practican la pesca. lapas enteras. mi padre explica: —Estos ríos apenas si tienen peces. batatas. sin utilizarlos. Las mujeres. El tarén cumplió su cometido: nos permitió llegar al pueblo. Al inquirir el motivo. entrando uno a uno por el único angosto acceso. La acompañan con tortas de casabe recién secadas al sol. Sólo me llama la atención la forma en que las mujeres lle� van a sus hijos más pequeños cargados: para eso usan un trozo de tejido en forma de equis. invitados por el jefe de ella. adiós!.

como diciéndome: “¡Pruébalos. y papá. con la que preparan un gustoso picante muy del agrado de los criollos de Gua� yana y Amazonas. sopa!”. y no forman parte de su dieta.Los pemónes. los mira atentamente con su mirada algo oblicua. maíz. auyama. batata. caraota negra. las hormigas voladoras y en especial la katara. casi desaparecida. si no fuera por su dominio del idioma castellano. y con gran variedad de insectos. Abuelo. conucos. Actualmente. caña de azúcar. -121- . sólo para que los alegren en su vida diaria con sus grazni� dos y bellos colores. incluyendo las larvas de la palma moriche. lechosa. El Capitán es el repre� sentante del grupo. y an� tes de llevárselos al pico… me los ofrece a mí en mi propia boca. magia en sus palabras Todos tienen conucos que cultivan esforzándose muchísimo. como gallinetas y garzones que revolotean frecuentemente en la maleza. En esta tarea de reconocimiento vegetal. colaboran con noso� tros los tres hijos del jefe de la vivienda. Capitán. hoy día desusada. nos había enumerado sus numerosos productos agrícolas: yuca amarga con la cual elaboran el casabe. Por cierto. presentando como siempre dos hacia delante y dos hacia atrás. ocumo. ñame. Super� loro. piña y también algodón y tabaco. nos entretenemos identificando uno a uno los elementos de la nutrida y variada sopa. son las figuras que reemplazan la tradicional del cacique. y sosteniendo los trocitos de vegetales en una pata con sus cuatro deditos. ají. El que se luce es Superloro. con el tradicional sistema de la tala y la quema. patilla. cambur. Kumuratu. melón. y ni siquiera huertas. a quien papá nos advirtió que debíamos llamar Capitán. quien grita a toda voz: “¡Sopa. Jefe. yuca dulce. y para ser escogido para el cargo debe tener firmes nociones de sus tradiciones y cos� tumbres y un conocimiento suficiente de la lengua española. a una pregunta nuestra. actúa de padre de su pueblo. te van a gustar!”. los mantienen sin propósito utilitario. ¡Más que suficiente para una die� ta familiar! A veces la completan con algunas aves pequeñas. pero. mapuey. Los habíamos vis� to en el último trecho de nuestro recorrido. pasaría aquí desapercibido. Mientras la comemos con las anchas cucharas de tapara. poco antes de llegar. No es empresa fácil para inveterados ciudadanos como nosotros que no conocemos siembras. plátano. como ya nos hemos dado cuenta. porque los pemónes tienen tantos loros ¡y de tantas variedades! como todos los indígenas. ligada al pasado histórico colonial.

“habitante de”: koto. kachiriyek. sobre todo si el aludido está presente. ¿Acep� tan? —¡Aceptado! —se conforman cordialmente nuestros recien� tes amigos. porque es fuerte! —nos aconsejan a gestos pues son escasas las palabras castellanas que conocen. cuchichean. que se prepara hirviendo un día completo una mezcla hecha con pasta de yuca amarga rallada y masticada. Dos. —¡Tomen poco. para exprimir la yuca. pero funcional. —¡De la que nos salvamos!. Por fin anuncian su decisión que no me parece nada original. —Nosotros no nos llamamos por nuestros nombres —les advierte enseguida Kumuratu. Karionipon. y así seguido. -122- . Por ejemplo. eso es todavía más difícil! —Pueden recurrir entonces a algún nombre especial en español —les sugiere el Capitán pemón—. al otro Karo� nigoto. pronunciarlos está prohibido y se considera una ofensa usarlos para dirigirse a cualquier persona. los sopladores para avi� var el fuego. y una raíz roja. kok. —Vamos a hacer una competencia a ver quién se enreda menos llamándolos —empecemos ya —propone Ocho. Karonikok. el kachiri que ya conocemos. respiran aliviados—. sí lo es. —¡Qué trabalenguas! —Mor se siente a sus anchas. Uno. pero nos interesan sobre todo los wayares. —Vamos a llamarlos Uno. pon. preocupados por nuestro entusiasmo en saborearla. también rallada. luego Kanonikon. kon. Y para celebrar su nuevo bautizo.El Chamán de los Cunaguaros. Entre nosotros los nombres propios en lengua pemón son secretos. Durante unos instantes los dos bogoticos discuten entre ellos. pueden decirle a uno Karonikoto. Viaje por el mundo indígena venezolano Ellos llevan los simpáticos nombres de Apoipó. observamos su cestería colgada de las vigas del techo y a lo largo de las paredes. tomando como punto de partida nuestro río Caroní. esto no es ofensa. muy bien hecha. goto. Dos y Tres nos brindan su bebida predilecta. Mientras tanto. —¡Peor que peor. Íbamos a ofender a nuestros anfitriones. ¿Pero cómo podemos di� rigirnos a ellos. los manares para colarla. varón o hembra. se hacen gestos. sin saberlo. Upoipó. Tres —les proponen—. más bien agrada. los cedazos. por suerte—. variada y elaborada: reconocemos el sebucán. intercambian silbidos. Opoipó. entonces? Pueden hacerlo mediante un nombre de lugar y uno de nuestros numerosos sufijos que significan “gente de”.

los consienten. los dejan jugar hasta grandecitos. al que rajan en tiras. Algunas de las mujeres presentes. Como es na� tural entre los indígenas. llevan aún los tradicionales guayucos rectangulares en forma de delantal y nos enseñan cómo los tejen en telares de mano en forma de arco. los llevan consigo cuando van a trabajar en los conucos. los “pemoncitos”. mucho en pemón y casi todo con gestos. niños de cara redonda. hecho de un volante circular de madera a través del cual se introduce una varita recta. En ese ambiente familiar tan propicio. hablando por turno —poseen una mímica tan expresiva que logra� mos entenderlos perfectamente— Uno.Los pemónes. magia en sus palabras unos originales cestos para llevar niños a la espalda. cabello alborotado. sin embargo. también Los pemónes aman mucho a sus hijos. obedientes. y por eso necesitan implementos para transportarlos y cargarlos. crecen saludables. Los aca� rician. ojos saltones. Dos y Tres nos informan que esos artículos que tanto admiramos se elaboran con una fibra obtenida del tallo del arbusto que llaman manare. dóciles. elabo� rando el hilo con el huso para algodón. Las madres nunca los dejan solos. no les exi� gen colaboración en las tareas domésticas. también -123- . Un poco en español. pelan y a continuación tejen. alegres. los protegen sobre todas las cosas.

El Chamán de los Cunaguaros. como la mayoría de los niños venezolanos. A instancias nuestras. del cual van sacando uno a uno atuendos magníficos. el parichará. destinado a atraer los báquiros y asegu� rar una copiosa cacería. Ver el huso. En cambio. Nos disponemos a oír gratas armonías. pies y manos mínimas. sem� brado al lado de las casas. los pemónes lucen aún más pequeños que los demás. Son trajes y objetos ceremoniales: el aró y el imaripadai. nunca habíamos comprendido antes. que nos maravillan por su forma y su hermosa textura vegetal. una diadema y un camisón de hojas de maripa que visten para su más importante danza típica. El algodón lo tienen allí mismo en abundancia. nos damos cuenta de que. en el cuento de ella misma. Uno y Dos bajan de lo alto otro akai. su perversa madrastra y la manzana enve� nenada. hilaba con el huso y la rueca. con miembros breves aunque fuertes. pues le recuerda el retrato de una abuela alemana que cuando niña. despierta asustada. traen los instrumentos para ensayar el acompañamiento musical de la danza: las flautas de caña de guasdúa. ¡pues no sabíamos lo que era un huso! Algunos. Mor y Ocho -124- . allá en las montañas de la Selva Negra. Superloro manifiesta su descontento agrediendo a picotazos mi oreja derecha. que mueven con una vivacidad y una presteza sorprendentes. a esa que llaman música concreta? Mamá se protege los oídos nerviosa y Muñeca. Al detallarlos de cerca. cabalmente. Viaje por el mundo indígena venezolano de madera. Ante nuestro asombro e interés. pudo pincharse un dedo con ese huso. tan atareados y risueños. También nosotros lo observamos con atención: por fin entendemos cómo fue que la Bella Durmiente. que los criollos llaman juajua. si bien todos los indígenas sudamericanos son de es� casa estatura. de lo estridente que suena… ¿o es acaso un acercamiento a la música moderna. a finales de 1800. lo asocian con el trompo y la perinola. que se había dormido. aún más grande. que hoy casi nadie conoce. Tienen gráciles cuerpos de niños. figúrense. pero nos estremecemos al escu� char tan sólo hoscos resoplidos y ruidos extraños… ¡Su música es una imitación de los gruñidos que emiten los báquiros! Dicen que sirve para atraerlos… aunque alguno de nosotros piensa que mejor serviría para alejar animales y gentes. emociona a papá. suceso que. antes de que su propio padre trajera la familia a Venezuela. bien proporcionados y flexibles.

pero con una energía y una mímica tan extraordinarias que nos proporcionan una comprensión cabal—. En el si� glo pasado. —¡Parece rap! ¡Qué bueno está esto! —y al finalizar este primer concierto. Algunos regresan regularmente. son los que van a trabajar como personal de campo de la Dirección de Fronteras. se agitan y lanzan zarpazos a enemigos imaginarios mientras gruñen amenazantes. Si quieren. -125- . como maestros en las Misiones. Ellos custodian la selva y también nuestra cultura. la mayoría jamás. del Ministerio de Sanidad. —¡Seguro! —consienten en su propio idioma. el de ellos y el de los papás. imitan los rugi� dos y los movimientos de Uno. empiezan a reír y murmurar entre ellos. Cuando terminan y se sientan en el piso. casi diría que les sale perfecto. el siglo XX. Vamos a enseñarles el rito de los cunaguaros. Los morochos. —Sí. magia en sus palabras están extasiados y acompañan con meneos e improvisados silbidos los inéditos sones. —Somos cada vez menos —lamenta el Capitán en su español escaso pero comprensible— y cada vez más desasistidos. se muestran com� placientes. como repentinos cunaguaros. —¿Cuántos pemónes quedan ahora? —pregunta Rafael. se diezmó la población indígena. —¿Criollizados? —inquiero. poco más del doble. la aparición de enfermedades traídas por los criollos causaron terribles devastaciones. En verdad no lo ha� cen nada mal. Dos y Tres. Tengo la impresión de que los cinco jovencitos están confabu� lando. ¡Un poco más tarde lo sabré! Se han formado dos grupos. pero no me esfuerzo por averiguar de qué se trata. criollizados. ya desenvueltos. al cual me agrego. vamos todos. exhaustos. Puros. Los observo admirado. quizás lleguemos a cuatro mil. o si han logrado estudiar. enseguida quieren averiguar: —¿Hay algún otro baile que imite o llame a los animales? ¿Po� dríamos aprenderlo? Nuestros jóvenes amigos. de algunas em� presas de explotación minera especialmente de diamantes. em� pezamos ya. Todos a gatas por el suelo.Los pemónes. otros de vez en cuando.

tradi� cionalmente. pues les dan el sustento. utensilios. a través de la horticultura de tala y quema. Aparte de lo que algunos cronistas o misioneros españoles hayan podido recoger. Se esfuerzan por defenderlas. El capitán y yo mismo escuchamos en la más completa concen� tración. —¿Y los tarén? —Los tarén no son históricos en su contenido. paranaquire. los proveedores de los artículos manufacturados que han comenzado a ser también para ellos de primera necesidad. ha hablado bien. —¿El Estado se las reconoce? —Hasta no hace mucho —papá interviene en apoyo de Kumu� ratu con una de sus largas disertaciones— se permitía a los terrate� nientes criollos considerar la tierra indígena como baldía. Luchamos por preservar el derecho a las tierras que siempre. los capitanes pemónes. —Nosotros. hemos habitado. y en término general tuponken (hombre con ropas). sus tradiciones? —Nosotros no sabemos mucho de cosas antiguas ni de luchas para reivindicarlas —contesta con modestia el Capitán—.El Chamán de los Cunaguaros. la vida. De su expresión casi reverencial. lo cual favorecía las invasiones. más que de luchar para conseguir ventajas. holandés. karaiva (brasilero) mekoró e inglespon (negro y blanco guyanés). noto que Kurumatu presta -126- . o que desean poseer pero que no están en capacidad de producir: he� rramientas. desahogos. toda nuestra tradición oral se han ido difu� minando en el tiempo. consuelos espirituales. Son invocacio� nes mágicas. o “racionales” en español. Kurumatu está en lo cierto. Los pemónes. medicamentos. estamos tomando parte activa en la formación y en las labores de la Federación Indígena del estado Bolívar y de la Confederación Indígena de Venezuela. a quienes aquí llaman también. ropa. éstos no son sino los fabricantes. preservar y transmitir su cultura. calzados. En definitiva. al verlas peligrar ante el acoso de los ha� cendados y ganaderos criollos. es� tán pendientes de sus tierras. nuestro pasado. refiriéndose a sus nacionalidades spanyoro (español venezolano). son para estos in� dígenas un fenómeno que han llegado a aceptar como parte de su vida en los últimos doscientos años. Los criollos o no naturales. de las cuales dependen. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué se está haciendo para defender los derechos de la etnia.

será oscuro el destino de los pemónes que permanecen arraiga� dos en sus tierras tradicionales. llega con sus palabras a la mente y al corazón de gente tan distinta. Los emplean en la construcción de edificios y dependen� cias. el ente inmaterial. pues ha trabajado en su juventud con una maestra bilingüe. un hombre tan sencillo. y también el único centro de abastecimiento de artículos criollos. aunque por partes. ¡Qué rico es el fabuloso mundo pemón! Owaka. el espíritu del mal en todas sus formas y manifestaciones. como asalariados. la fuerza maligna que causa enfermedades y epidemias. accesible. mejor que su compañero. se volverán sombrías las perspectivas del porve� nir. despierta en mí otra ola de inquietudes. Habla español. Son numerosos los indígenas que están en deuda permanente con la misión. en las misiones. los pemónes siempre se definen como: Pemonton Tuariton. habla con tanta propiedad. Aceptan ir a trabajar con ellos. magia en sus palabras la máxima atención. pero sólo hasta obtener el dinero suficiente para sufragar sus necesidades inmediatas y adqui� rir artículos de proveniencia criolla. “Nosotros los pemónes que so� mos pobres”. que sin embargo sabe tantas cosas. En Kamarata. con su trabajo. y pe� riódicamente deben regresar para pagar. Kanavayén y Wonken la misión capuchina es la única. muchos se dan cuenta de que ellos son los menos beneficiados. ¡Que Kanaima se aleje de nosotros! Esa referencia a Kanaima.Los pemónes. que se compran en efectivo. —Cuando hablan de sus relaciones con los criollos —continúa Rafael dirigiéndose a mí especialmente—. en las minas de diamantes. en el levantamiento de represas para el suministro de agua. si no se nos reconoce la tenencia legal de nuestro territorio. y mayor� mente marginados. en la labranza y cultivo de las tierras para el abastecimiento de los padres y sus escuelas. El capitán Kurumutu asiente con gran convicción y agrega ape� sadumbrado: —Si esto sigue igual. Sin embargo. Enseguida. Conversando con ella me -127- . Me siento orgulloso de mi papá. la mujer del Capitán que nos ha preparado la sabrosa cena. es la única de la familia que lleva la cara tatuada y gruesos zarcillos de madera y metal que. llama “mari� posas”. según creo entender. Pero hay pocas fuentes de trabajo remu� nerado en la región. después retornan con sus compras al hogar. en el corte de maderas.

pero no permiten que las men� cionemos ni que opinemos sobre ellas. Los pemónes guardan celosamente sus tradiciones. Sin embargo había algunas dudas. Y hasta vegetal. sabe curar con hierbas y flores salvajes. los Mawaritón. Los malestares. una persona. son cosas secretas. espíritus fluviales que pueblan los ríos al oscurecer y ayudan a los chamanes en sus curaciones. en los árboles. sólo las piedras carecen de ella. Si yo lo hiciera. —¿Sólo humana? —También animal. seres sobrenaturales que pueden manifestarse en forma humana o animal y se encuen� tran de noche en la selva. aprovechando la buena disposición de Kumuratu. mis amigos pemónes… —Cada persona —me había explicado Owaka— tiene cinco almas. se manifiestan en enfermedades y epidemias que sólo el cha� mán. son Ka� naima. el espíritu del mal… que dio nombre a parte de esta región… que era nombrado y temido por viajeros de siglos pa� sados… y mencionado por los cronistas… ¿Todavía existe? —¿Cómo “todavía”? —se indigna Kumuratu— Kanaima siem� pre existió y siempre existirá. a los pemónes? —El mal es necesario —responde gravemente— como la muer� te. -128- . los malos sentimientos nos acechan. puede ir al más allá después de la muerte. Acerca de todo esto no puedo discutir con el Capitán. no puede ser completamente bueno. incorpóreas. que daban vueltas en mi cabeza durante esta segunda etapa del viaje y que. en la maleza.El Chamán de los Cunaguaros. mi padre me llamaría la atención con mucho rigor. una emanación? —Puede ser un ente puramente espiritual o su encarnación en forma humana. No les molesta que lleguemos a conocerlas. Viaje por el mundo indígena venezolano he enterado de que existen los kanaimatónes. pero sólo una. la que habla. Es un espíritu ancestral. Tienen algo de brujos. es tradición. También los ani� males y plantas tienen alma. —¿Pero no es algo maligno? ¿Algo que les hace daño a ustedes. los daños. los Awapiri mencionados en los tarén. —¿Entonces Kanaima es un ser. fruto de mis lecturas de los cronistas. Nuestro mundo no es. que son como sombras. que habita la selva en todas sus formas y manifestaciones. me atrevo a consultar: —Kanaima. y allí se refugian los espíritus malos. Kanaima es la fuerza más activa y poderosa de la vida pemónes.

Salgo afuera. ceñuda. alguna vez la creyeron? ¿Es verdad lo que antiguamente contaban explo� radores y viajeros acerca de una ciudad de oro. lo han discutido con él? Los pemónes. ¿Acaso en algún momento otros viajeros. Dos y Tres con mis hermanitos. se vuelve seria. Su forma de vivir despierta respeto. están alejados. escruto los yagrumos y los bucares. con la consiguiente burla general. en el Orinoco y en Guayana. ¡Lo he pensado y estudiado mucho! Una antiquísima leyenda yekuana dice que Kanaima encierra el espíri� tu de los primeros hombres que por desobedientes y crueles fueron transformados en demonios por el Supremo Hacedor —me confía a continuación. y de pronto logro distinguirlos entre el ramaje. antropólogos. habla Kanaima! Todos se acercan y he aquí que. curiosidad. de abierta y colaboradora. llegan en tropel y le dan un tono irónico a la conversación: —Yo opino que era una artimaña de los indígenas. Se nota por su forma más fluida de expresarse en castellano. familiar. pintados de negro y de verde con la tradicional tintura pe� món que seguramente. le han hecho preguntas. Capitán. con calles llenas de polvo dorado. que los españoles situaban en estas tierras? La expresión del Capitán. también crees en Kanaima? —Profundamente. pero no fuera del mundo. Mientras tanto Uno. que detienen los lúgubres gritos para anunciar: —¡Kanaima. le han proporcionado los tres hermanos de curiosos nombres. para alejar de ellos a los conquistadores —apunta Mor. los dos emisarios de Kanai� ma resbalan y caen estruendosamente al suelo. y algu� nos kariñas. Siguen los silbidos. muy sabihondo. Corta nuestra conversación un silbido ululante. como de búho nocturno. impresionados por la algarabía que despertaron o debido a su impericia. acompañados en la retaguardia por Superloro que corretea veloz. Otro le responde con la misma lobreguez. así como los waraos.Los pemónes. donde yacen como enormes iguanas camufladas. Parecen prove� nir de los árboles cercanos. Ya pasado el sobresalto. que este tema le es cercano. interés. Son Mor y Ocho. exploradores. vuelvo a reunirme con mi padre y con el Capitán y me atrevo con otro tema: —¿Y la leyenda de El Dorado…? ¿Saben de qué se trata. El nombre de Kanaima resuena en toda la selva amazónica. -129- . magia en sus palabras —¿Pero tú. con el mayor gusto.

aquí. el Capitán mantenía un silencio respetuoso. haciéndose el chistoso. aludiendo a cierta golosi� dad del número cero. que nos pareció enigmático. otros al sur. oro. ¿Será que el espíritu de Kanaima nos acecha? Miro a mis inocentes hermanos y hago una silenciosa ple� garia para protegerlos de todo mal. ¿Acaso él y su gente eran los guardianes de aquellos secretos? ¿Conocerían el misterioso lugar donde está ubi� cado El Dorado? ¿Existe. aquí! -130- . —Pero nunca se supo cuál es el río. al sur oriente de Venezuela. en un antiquísimo ritual. Creo que de mis dos ceritos se ha apoderado por un momento la fiebre del precioso metal. cuáles las aguas teñidas en oro… —¡Cómo me gustaría bañarme en ese polvo esplendoroso! Pero no lo botaría en el río —comenta Mor extrañamente codicioso. —No hay que ser tan escépticos con las creencias indígenas —interviene pausadamente papá—. para después sumergirse en un río y dejar en su lecho todo el brillo de sus cuerpos. está de verdad escondido el fabuloso poblado donde la gente se recubre de polvo de oro. Ninguna contestación por parte del Capitán. —¡Claro que no! Lo guardarías para comprarte todos los dulces del mundo —le replico en burla cariñosa. sobre todo del egoísmo y de la codicia. Viaje por el mundo indígena venezolano —Tal vez algún indígena lo creyó por haber tomado demasiado kachiri —se balancea como mareado Ocho. —¿Ah. loro. aún hoy existe una leyenda de la “Ciudad Dorada” que se ve desde el aire: tiene altas torres de oro y calles empedradas con guijarros color del sol. existió aquel fabuloso pueblo? ¿Puede ser cierta la creencia de que el oro huye de los blancos y sólo se muestra a los indígenas? Se hizo un ambiente pesado que rompió el grito estridente de Superloro: —¡Oro! ¡Loro. sí? ¿Pero puedes decirme dónde queda? —inquiere sar� dónico Ocho. hacia Amazonas. Tal vez en algún arcano lugar de la selva. —¿Me vas a decir que tú no quisieras ese oro? —me interroga Ocho con una rara expresión que nunca le había visto. —Algunos la han visto sobrevolando la Guayana. Mientras.El Chamán de los Cunaguaros.

Jorge Spira. y también el ritual de -131- . Jerónimo de Ortal. corren el riesgo de desaparecer con ellos. Ambrosio Alfinger. me asomo con prisa a la entrada de la choza para gozar del espectáculo. que con tanto celo han preservado. No me desperté sino bien entrada la mañana a los gritos jocosos de mi hermanita: —¡Los tucusitos. uñas y pico (o boca) oscuros. gateando por el suelo con cómicos movimientos. el chinchorro típico de ellos me resultó tan cómodo que acabé por dormir largamente. chupaflor o pájaros�mosca. así como la del parichará que atrae a los báquiros. suspendida en el aire. que recorrían la Guayana en pos del mítico Dorado. los célebres rallos. Por algo dicen en� tre los indios que los chinchorros pemón son inigualables. Nada de nada. Miro al cielo esperando ver. una nube de graciosos tucusitos. Pero a pesar de todo. ¿Será cierto que El Dorado existía sólo en el universo mágico y sobrenatural de la leyenda. garganta blanca. pero el Capitán seguía obstinadamente callado. Y sin embargo. a mí. Lo comentamos un poco en serio un poco en broma. ¡Cuánto de misterio. los tucusitos! Salto velozmente al suelo. algún enigma que ellos quieren mantener a toda costa? Es penoso pensar que sus hermosos mitos. que se realiza para invocar a los pájaros. alas y cola (o brazos y asentaderas) negros. de magia. Aquella noche nos desvelamos sugestionados con El Dorado. La danza del tukuí. se me acercan cinco tucusotes: son los tres muchachos pemónes y nuestros dos criollos. con aire solemne. con puntos bermejos y mati� ces de un verde dorado. magia en sus palabras Su voz impertinente nos recordó la de los ambiciosos aventure� ros. ya que los pemónes creen que el espíritu humano transmigra en el animal. en el vasto territorio mítico de las anti� guas tradiciones indígenas? ¿Acaso hay algo oculto. el mito sigue vivo aún hoy día. paticas coralinas. personalmente. �alter Raleigh. que se han pintado el cuerpo imitando al colibrí: pecho azul violáceo. los secretos de los pemónes. nunca pudo localizarse el sitio de un lugar tan fantástico. Diego de Ordaz. Antonio de Berrío. en taparrabos. el maléfico Kanaima. encierran estas culturas indíge� nas! Nunca pudo aclararse el secreto. Están interpretando el baile tukuí. y que los Yekuana los aprecian al punto que los truecan con lo mejor de su producción.Los pemónes. de no existir un esfuerzo serio y real por ayudarlos a conservar su propia identidad como pueblo. En cambio.

que apenas arranca el jeep em� piezan a planificar una representación del baile Tukuí en el plantel de El Valle. son pruebas de la creencia tan común en varios gru� pos indígenas. revolotea entre los danzarines con las alas abiertas. Viaje por el mundo indígena venezolano los cunaguaros. y así lo considera papá que después de haberles tomado varias fotos corre tras ellos con su cámara de video. Nuestros padres aplauden la idea. desplegando sus plumas multicolores en una impresionante danza salvaje. erizando el copete. se con� funden en una novedosa armonía. “hombre vestido. de que invocando al animal a través de su imitación se le atrae y captura. el zumbido que hacen los pemónes imitando el vuelo raudo del tucusito y los eufóricos gorjeos de mi loro.El Chamán de los Cunaguaros. Y he aquí que Superloro. Los silbi� dos de los morochos. porque en la escuela no los van a dejar bailar en taparrabos… Todavía me arrepiento de mi mezquindad y de mi impruden� cia. silban con maestría imitando el hermoso gorjeo del diminuto pájaro que in� vocan. contagiado del frenesí de aquel mágico rito. Debo reconocer que la actuación de los cinco danzarines es excelente. pero yo (¿acaso con un sesgo de rivalidad. hombre con pantalones”. La danza mixta debe de haberle agradado también al Capitán. vuelve a sus ancestros de la selva y. porque desde entonces mis traviesos hermanos han silenciado a la manera pemón mi nombre Filatelio… y me han atribuido el apo� do que aquellos ingeniosos indígenas acuñaron para los extranjeros y los criollos: Tuponken. -132- . tukuí! Tan satisfechos se sienten ellos. pues al momento de irnos les dirige a los morochos un saludo especial: —¡Vuelvan pronto. de envidia por su éxito?) cedo a la mezquina tentación de echarles una ducha fría: —Tendrán que inventar algo. La película será un grato recuerdo para la familia. En verdad. esto es mucho mejor que la fallida representación de Kanaima. Mis hermanos abren los brazos como si volaran.

amada. Porque tu ausencia duele como la herida de mil dardos ponzoñosos en la mitad del pecho. tu cuerpo andariego. tus pasos de jaguar. tu sigilo de nube leve como un celaje de la tarde. suaves como las alas de seda de las doradas mariposas. cómo olvidar tu brillo. dame fuerzas para soñar que estás aún conmigo. Cómo olvidar el color de tu risa suave como lluvia sobre el caño. tu acento de pájaro silvestre. Evoco tus cabellos nocturnos. cómo olvidar tu ropa revuelta que se abrazaba tenue alrededor de tus muslos. pleno de soles y lunas.Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada Amada mía. 133 .

vuela con alas de mariposa sobre los ríos interminables. y siento de nuevo tu olor entre las frutas escondidas del monte. vuela con alas de colibrí brillante sobre las grutas secretas de las cumbres desconocidas. mientras yo encuentro tu rostro en las hojas y escucho tu acento en las piedras que los niños lanzan al río. -134- . Viaje por el mundo indígena venezolano Con esas alas vuelas tú.El Chamán de los Cunaguaros. y oigo tu risa en el salto de agua más cercano. con esas alas doradas y sedosas. amada. sobre las montañas sagradas. Vuela sobre la selva.

el del tabaco que jamás se apaga. de la pasión inconclusa.Tarén de un joven perdido en la selva No conoce los caminos y quiere encontrar el rastro. el de los largos cabellos. la huella invisible del chamán amigo. a la luna fría y distante. Tarén de un niño-tigre que no encuentra el rumbo. del amor insatisfecho. y después oirá la voz del mochuelo nocturno el canto helado de los grillos. el trino solitario de las aves que pueblan la noche espesa. el de la voz de águila y murmullo de espumas. Escuchará el rugido de los ardientes cunaguaros 135 . Le preguntará a los astros el camino.

para llevarlo al río para que sacie su sed de siglos y contemple el rostro sabio del padrino. -136- . fue uno con el viento. porque conoce todos los secretos de la selva. uno con el lustroso cunaguaro. Así llegó al lugar seguro y no lo tocó la tormenta.El Chamán de los Cunaguaros. Así encontró el sendero y fue uno con los seibos de copa riente. Tarén del joven que bebió el agua pura de la tierra escarchada de estrellas. guiaba sus pasos. y supo que el chamán protector lo miraba desde el aire. tarén de un joven que halló su camino. con el obstinado armadillo. ni lo asustó el murciélago. ni la lechuza. Viaje por el mundo indígena venezolano que se acercan envueltos en luciérnagas. por eso toca su flauta mientras termina este tarén.

Al acercarnos a los dominios de los Sape. hasta que al mirar una copa de árbol me pareció que unas flores oscuras se movían y las ramas se balanceaban rítmicamente: —¡Estoy mareado. ellos también emiten unos chillidos agudos y luego continúan comiendo y peleándose por las mejores ciruelas. ¿Qué pasa? Las flores oscuras que creímos ver. sombra y alma Nos dirigimos siempre más al occidente. son una gran manada de ma� cacos. poseen un pelaje color miel. aquí todo parece bailar. Pero noble y valiente avanza nuestro rústico por la densa selva.Los sapes. —Es verdad —exclaman los morochos—. Son de un bonito tono caramelo. y su rostro es blanco. veo flores bailando! Tengo un mareo ma� cho… —¡Las flores bailan. 137 . altísimas lianas y bejucos a ambos lados casi obstruyen en ocasiones el paso de Tío Jeep. las plantas bailan. caminos boscosos. Pareciera que llevaran una graciosa máscara. Aprovechamos para detallarlos cuando el jeep se les acerca más. Al oír nuestros gritos. devorando las ciruelas de huesito de un inmenso árbol carga� do de esta sabrosa fruta. bailan! —grita Maigualida. Yo no veía nada sino los zancudos que nos asaltaban a más y mejor. por eso también se les llama “monitos cariblancos”.

no te olvides de ellos —agrego. valga la redundancia! —Hay también los araguatos que acabamos de ver tan gritones y escandalosos. aunque a veces come algunos insectos. —Uh. -138- . opio! —refuerza Muñeca. sería “nuestro” itinerario. —Inerario… upa… opio… —ríe Muñeca. por ejemplo el mono araña —contesta Rafael. En el jeep estalla el jubiloso alboroto que arman los morochos. hijos. —En todo caso. querrías tener uno. Atravesamos quebradas y riachuelos. parecen gatos aullándole a la luna! ¿Para qué quieren esas cosas? ¿Se han vuelto sabios de repente? ¿Investigadores? —los interroga mamá. —¡Basta. —Luego están los tití. una lupa! —grita Mor. —A “tu” itinerario —completa Ocho. peludo. —¡Upa. —Sape. —¡A callar! —les impone papá— Son más ruidosos que una bandada de guacamayos. —¿Pica como una araña? —No. siempre en movimiento. ¿O es que no quieren seguir? —¡Seguro que queremos! Pero necesitamos una lupa. ah. es que es negro. alborozada. a cual más sorprendente. Sape —apoya Superloro. y sus brazos y piernas son tan largos como su cola. mientras una fresca brisa proveniente del norte nos brinda a ratos cierto sosiego. un microscopio! —chilla Ocho. ¿A qué se debe este escándalo? —Al itinerario —explica Mor. —¡Un microscopio. que si los ves. —Muchos otros. —Sape. —¡Qué monitos más monos. Pero es inofensivo y totalmente vegetaria� no. subrayado ale� gremente por la niña. Sape —exclama ella. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué otros monos hay por aquí? —quiere saber mamá. —¡Una lupa. luego los capuchinos. esbeltos y ágiles. —Y un microscopio. oh —corea Superloro.El Chamán de los Cunaguaros. Son muy bellos con su cara de niño y su melena de león. de un marrón muy parecido al del hábito de los monjes capuchinos. Silencio por parte de ellos.

—No. por favor. término que constituye la autodenominación del gru� po. recordando lo que he logrado averi� guar sobre ellos: -139- . tam� bién llamado Osoi-merú. microscopios! —insisten a una sola voz. otros se han alejado. algo están tramando. Rápido. con una filiación linguística indepen� diente. afluente del Medio Paragua. con las mis� mas palabras. lentes. Enseguida. tú no. lo hacen a una sola voz. Por fin. es decir no mezclada. —Pasa… que sin microscopio no los vamos a encontrar —la� mentan los morochos. entes. Estas son las tres zonas de la cuenca del Río Para� gua. Cómo se enteraron. a decir lo que les ocurre. qué les preo� cupa? —Sape. empiezan a hablar. ¿dónde hallarlos? —Buscaremos en la isla Casabe. no excede a quince personas. dispersas en estas tremendas extensiones. —Luego en el Medio Karún. Los Sape. —Hablo yo. pero por una vez mis herma� nos están en lo cierto. saben mucho sobre los Sape ¿Y qué pasa. situada en el Bajo Paragua. ¿Cómo lo logran? Artimañas de morochos… —¿Dónde vamos a encontrar a los Sape? Tenemos muchas ganas de verlos. —¡Hacen falta lupas. yo. sombra y alma —Cuando no hablan. sin haberse puesto de acuerdo previamente. —Upas. la población de los Sape aún pura. Su idioma representa una lengua aislada… hablada hoy día por no más de dos decenas de personas. donde los pocos Sape que aún existen se ubican. pues muy pocos son los Sape que sobreviven en su propio territorio. opios —refuerza Muñeca. son una etnia particular. Yo mismo trato de explicar. siempre al unísono—. Sape —Muñeca se divierte. Tienen razón. —Yo. difícil saberlo. al pie del raudal Cosoiba. perdiendo así sus nexos con la comunidad y el entorno. —Correcto. Y como de costumbre.Los Sape. porque según los antro� pólogos. pero. del Escudo Guayanés. pasa. Muchos de ellos han sucum� bido. —Y por fin en el Alto Paragua.

El sarampión diezmó a la comuni� dad. Ellos dieron nombre a los ríos (Pauré murán. Luego. Mor y Ocho. Ya no forman comunidades. Llevan una existencia distinta. en las cabeceras de los ríos Pauré-murán y Karún las cuales están cercanas. resultaron suficientes para sanarlos —termino exhausto. que son terribles para los naturales. con los pe� mónes. —De los escasos contactos que tuvieron con los criollos se ori� ginaron entre ellos epidemias de enfermedades contagiosas. Me quedo largo rato callado. se refu� giaron en el área del Karún. Mo murán). Pienso en la suerte de tantos in� dígenas. Se han trasladado a las zonas mineras. separadas por un trayecto de apenas dos o tres días de camino. y se ven constantemente explotados y humillados. pero satisfecho de haber dado una lección a mis dos ceritos. hay sin embargo otros. lo sabemos. Se sentían inseguros. Ni la magia de los chamanes sape. en la cuenca del Paragua y especialmente en la isla de Casabe. no lejos de estos escasos Sape puros. No mantienen su estilo de vida indígena. tal como hicieron otros indígenas cuales los Shirishana o Yanam que emigraron desalojados por la avanzada de la sociedad blanca. con los Yanami. Tío Jeep sigue -140- . Quizás. los demás también reflexionen calladamente sobre el destino de nuestros indígenas. Tuponken —me animan. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los Sape. y a muchos saltos de agua. a perder su individualidad. O bien obligados a claudicar. cuya lengua hablan ahora. En efecto. Aún falta bastante por llegar. como yo. se expresan en español. transmitiéndoles estos conocimientos adquiridos a lo largo de lectu� ras realizadas en la biblioteca de la Fundación La Salle. diezmados como los Sape. Ahora en el rústico reina un extraño silencio. asistidos por la ley. ni viven en la protectora selva tropical. ancestrales pobladores de la zona del Alto Paragua. a mezclarse.El Chamán de los Cunaguaros. y sus viviendas se volvieron aún más rudimentarias. amenazados. no están dotados de anticuerpos ni poseen vacunas. aunque con poco respeto. —Sigue. lo que es muy poco para aquella inmensi� dad. quienes. por eso nunca abandonaron las costumbres itinerantes. entremezclados con los Arutani o Uruak. pero tampoco son venezolanos en plena posesión de sus derechos. trabajan y comercian en las minas de diamantes. antiguamente eran numerosos y fuertes. ni aquella aún más potente de sus vecinos Yaman. Acosados.

—¡Pero el de ustedes es tan largo! No puede ser un decálogo. no me gusta verlos tan decaídos. el decálogo de los cuentos de algunos libros célebres. Está completamente lleno de las caligrafías menudas y torcidas de Mor y de Ocho. El nuestro contiene peguntas sobre los indígenas que vamos a hacerles ahora mismo. No se queden callados. busquen un tema de conversa� ción. allá él. —Afortunadamente. pájaro de mal agüero. esto es un secreto. las tareas. a veces casi a ciegas. ¿Acaso es un testamento. a los cuales trasladaron parte del equipaje aliviando así los repletos morrales. los mo� rochos desenrollan su papiro y leen solemnemente. sombra y alma avanzando entre tupidas lianas. Significa diez de cada cosa. se intercambian los trabajos. los morochos sorpresivamente echan ma�no de sus mapires. —¿Y los exámenes? —¡Ah. regalo de los waraos. —¿Pero. tan silenciosos. —¡Qué pícaros! —les dije yo una vez. Será un centálogo. —¿Un decálogo? ¿De dónde sacaron eso? ¿Conocen bien esa palabra? —Claro. Es un decálogo. orejón. piedras y raíces que cubren el camino. las -141- . —Pues sabrás. por si se los come un tigre. Ante esta invitación. eso no! Cada uno se hace el suyo y si se embroma. o se los englute una tragavenados? —Cállate. hablen. chapotea en charcos y más charcos.Los Sape. o los pica un zamuro. inteligen� tes y honrados —reconocí en aquel momento. o los devora un caimán. un milálogo. y majestuosamente se disponen a desenrollarlo. no. tan parecidas que es imposible distinguir una de la otra… Hasta en la escuela. mis ceritos son jóvenes sanos. todos los estudiantes somos pícaros. se tambalea so� bre ramas. palillo. el decálogo de los diez mandamientos de la Biblia. qué es eso? —pregunto ahora— ¿Qué será ese papiro que traen con tanto cuidado? Tiene cara de un documento serio. de discusión —nos anima papá. Los alumnos tenemos nuestro código de honor: no se enga� ña a los maestros. Aunque ningún título se le adapte perfectamente. canten. —Jóvenes. Con toda for� malidad extraen un pliego grande enrollado al estilo de pergamino o papiro egipcio. una a una. los cuestionarios… y nadie se da cuenta.

El Chamán de los Cunaguaros. por vía transgeneracional. navegando de un pueblo a otro para intercambiar sus mercancías. a la tarea de contestar el “milálogo”: ¿Qué se entiende por indígena? En términos criollos. Barajando ideas. De� cidimos. y no unánimes. ¿Por qué los waraos se llaman a sí mismos “gente de canoa”? Porque siendo su hábitat el Delta del Orinoco viven entre caños y ríos. de su identidad. puntas de flechas y arcos. ¿Por qué hay confusión entre los nombres que se les atribuyen a las comunidades indígenas? Porque ellos mismos utilizan distintos nombres que heredaron de sus antepasados. cestas. estatura pequeña. esteras. ¿Cuáles productos propios utilizan los indígenas para sus intercambios? Vasijas. Viaje por el mundo indígena venezolano inquietantes preguntas acerca de los indígenas que contiene. figuras talladas en madera de animales cuales -142- . collares. ¿Qué se entiende por comunidad indígena? Una comunidad indígena es aquella que desciende directamen� te. el cabello negro. y tienen además los que les dieron los conquis� tadores. de otras comunidades ya presentes en el continente para el momento de la llegada de los primeros con� quistadores. Son lam� piños. con entusiasmo. liso y brillante. fuertes. miembros cortos. ¿Cuáles elementos comunes encontramos entre todas las etnias? El color cobrizo de la piel. recatados y generalmente silenciosos. ágiles. los indígenas se caracterizan además por la conserva� ción. de acuerdo a cri� terios algunas veces infundados o apresurados. buscar unas breves respuestas. veloces. entre todos. lengua y cultura distintiva. misioneros y más tarde los antropólogos. totumas pin� tadas. o cuya madre o abuela la habló. siquiera parcial. rallos. satisfactorias para el momento. y quizás las retomaremos para completarlas y pro� fundizarlas al final del viaje. los ojos rasgados y oscuros. nos abocamos enseguida. a pesar de la inevitable aculturación y mestizaje. son considerados como indígenas aque� llas personas que hablan o hablaron en su infancia una lengua indí� gena. y pasan gran parte de su vida en las canoas. cuando tengamos mayor información.

¿Cómo eran llamados los Bari en el siglo pasado? Eran llamados “motilones”. en el estado Apure y en los playones del río Arauca. Los Yekuana están asentados en la selva de la ribera sur del Orinoco y su territorio llega casi hasta los límites con Guyana o Brasil. ¿Es cierto que los kariñas descienden de los karibes? Descienden de los karibes pero están muy civilizados. ¿Dónde se localizan las comunidades yaruro? Los yaruros o pumés se localizan en los llanos del occidente de Venezuela. camiones. un fenómeno natural. pero al� fombradas y amobladas al gusto citadino. apenas algunos centenares. ¿Y después de ellos? Después de ellos los wayuus. chinchorros de moriche. tucanes. ¿En qué se parecen los waraos y los yekuana? En que ambos viven cerca del Orinoco y es este río su principal sustento. Poseen automóviles. computadoras y celulares. poseen automóviles. también llamados Guajiros. han aprendido a mane� jar. ¿Cuáles indígenas buscan en el relámpago del Catatumbo el camino del cielo? Los wayuus. quienes creen que ese resplandor.Los Sape. morrocoyes. Los waraos navegan por los caños del Delta. ¿Cuáles son los indígenas más cercanos a la vida criolla de Venezuela? Los kariñas. Se les llamó así porque su cabello fue rapado o cortado por los misioneros durante la Colonia a causa de una epidemia de tifus. que viven en casas de bahareque al estilo criollo. ¿Dónde viven los Jodi y cuán numerosos son? Viven en la selva del estado Amazonas y lamentablemente que� dan muy pocos. tanto que hoy día son prósperos comerciantes o activos ganaderos. que en poco tiempo dan un fruto muy nutritivo. -143- . vis� ten ropas como las de los caraqueños. vocablo que viene del español an� tiguo “motilar”. de grandes propiedades alimenticias. por cortar. que viven en chozas con techo de palma. señala el paso de las almas al más allá. especialmente de auyama. y de una invasión de piojos. sombra y alma cunaguaros. y sin embargo no han perdido sus costumbres y tradiciones. plumas de garza. semillas.

¿En qué se diferencian los Yanomami de los Yekuana? Estas etnias son bastante distintas. troncos para hacer canoas. ¿Cuáles son los indígenas que recitan conjuros y oraciones? Los pemónes conocen y recitan oraciones y conjuros llamados Tarén. ¿Cuáles indígenas consideran sagrada la palma moriche? Todos. ¿En qué se destacan los Yekuana? En la cestería de alta calidad estética. aunque vivan relativamen� te cerca. para varios momentos de la vida: el amor. Hay diferencia también entre sus idiomas y sus tradiciones. ¿Cuáles indígenas participaron en la guerra de Independencia? Los yaruros o Pumé. las enfermedades. más bien taci� turnos. que hacen llegar su mente a un alto grado de concentración y les permiten adquirir poderes especiales. y también algunos kariñas. y su vida se centra en la selva. respectivamente. y su vida se desenvuelve en el ambiente de la Orinoquia. y en sus rallos. Medio y Alto Paragua. frutos para comer. -144- . pero especialmente los waraos y los Yekuana. ¿Cuáles etnias habitan la sierra de Perijá. habitantes de los llanos que combatieron bajo el mando del general José Antonio Páez.El Chamán de los Cunaguaros. premiada hasta interna� cionalmente. Los Yanomami están asentados en Amazonas. palma para techar casas. Antes eran lla� mados. Los Tarén son una especie de reflexiones o relatos interiores. motilones bravos y motilones mansos. savia para elaborar el sagú. al occidente de Venezuela? Los Bari y los Yukpa habitan la sierra de Perijá. su fauna y flora. Los Yukpa son de naturaleza suave y afable. ¿En qué se diferencian los Bari y los Yukpa? Los Bari son más audaces. los peli� gros. que es el pan de ellos. y están en peli� gro de extinción porque de ellos hoy día sólo se han localizado unas quince personas. muy apreciados por las demás etnias. Los Yekuana se ubican hacia Guayana y el Esequibo. tímidos y esquivos. De este ár� bol obtienen fibra vegetal para tejer cestas. cerca de la frontera de Venezuela con Brasil. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Y los Sape? Habitan zonas del Bajo. y en un pasado fueron fieros y ague� rridos. en los límites de Venezuela con Guyana. la caza.

-145- . el ñame y la batata. ¿Los indígenas conocen el dinero. cambiando objetos. “moneda. el maíz. muy fácil de cultivar. Cada uno sirve para colgar un extremo de una. Se les llamaba “cobres” por el material con que es� taban fabricados. y el de la hama� ca contigua. el pepino de monte. adornos.Los Sape. servían para comprar cantidades regulares de todo género de alimentación. el casabe que se elabora con yuca. ¿Cómo es la alimentación indígena? Hay ciertos alimentos comunes a todos. el cuerpo similar les parece un prodigio o un em� brujo. semillas. El rostro repetido. el pijiguao. el plátano. “Cobre” corres� ponde a lo que hoy día llamamos “plata”. ¿Por qué los indígenas usan todavía la palabra “cobre” para referirse al dinero? A principios del siglo veinte. cerca de un fuego prendi� do. el aguacate. y en particular de los indígenas. y ellos siguieron llamándolos así. la cual se da en todo el territorio sudameri� cano. ¿Qué es la Misión Identidad? Es una misión recientemente creada que se ocupa de los ve� nezolanos indocumentados. y frutas como el cambur. pero en pequeñas cantidades. a los cuales trata de incorporar en el registro de datos con toda la infor� mación referente a su comunidad étnica. ¿Cómo duermen los indígenas? Duermen en hamacas y chinchorros. y algunos sobre esteras. alimentos. También comen muchos vegetales como la auyama.” o “dinero”. ¿Cómo se cuelgan las hamacas? Las hamacas se cuelgan en tres palos fuertes colocados en trián� gulo. y otras raíces autóctonas como el ocumo. Sólo a finales del siglo XIX y albores del XX comenzaron a manejar el dinero. se utilizaban mucho los centavos que poseían alto valor ad� quisitivo. algo asombroso. sombra y alma ¿Por qué los morochos causan sensación entre los indígenas? Porque entre los indígenas no existen los gemelos idénticos. cuando ellos comenzaron a conocer el dinero. lo manejan? Tradicionalmente los indígenas comerciaban a partir del true� que. la yuruma y muchas otras que todavía no conocemos. otorgándoles cédula y per� mitiéndoles conservar en ella el nombre tradicional que tienen en su idioma.

los indígenas comen casi todos los insectos menos los zancudos. y de esto hay testigos de viajeros y cronistas. Al levantarse. es también apreciado como pan por los Bari. caña fermentada por los wayuus. el camacuto o camarón de río y frecuente� mente los insectos. de la cual hacen el casabe. cobran piezas importantes como dantas. a veces endulzada con miel. pemón. a partir del casabe. Algunos los consumen vivos y otros asados. en la cual consumen lo que han conseguido durante el día. el palmito. ¿Qué beben? Toman sólo agua. ñame. ocumo. mapuey. chirrin� che. líquido o savia de la palma moriche. ¿Cuáles alimentos crecen espontáneos en los territorios indígenas? ¿Cuáles deben cultivar en conucos? Espontáneas crecen las raíces. conejos de monte. común a muchas etnias: yaruro. y al caer de la tarde. ardillas. el ají y los vegetales. Su pan antiguamente era la arepa. o bien piezas pequeñas como acures. lapas. como los escorpiones. los hombres toman bebidas fermentadas: Hashiri o Kasiri.El Chamán de los Cunaguaros. además el pijiguao. Cuando cazan. warao. el maíz. la caña de azúcar. yuca. principalmente la yuca. Viaje por el mundo indígena venezolano Las proteínas animales que consumen en todas las comunidades son el pescado de río. ba� tata. el cambur. yanomami. que son una importante fuente de ellas. Con la llegada de los europeos y su huida hacia la sel� va. ¿Cuáles insectos comen? En la selva. antes de salir a la faena. a la pesca y cultivo. Deben culti� var el plátano. báquiros. chicha a base del maíz. generalmente fresca de manantiales. En las fiestas. la arepa y el casabe. ¿De qué sufren la falta? -146- . sólo pudieron recoger y luego cultivar raíces. picures. El sagú. ¿Cuál era y cuál es actualmente el pan de los indígenas? Se consideran pan de los indígenas el sagú. Jodi y otras etnias. y además gallináceas como la guacharaca y el paují. ye� kuana. de los cuales dicen que saben a camarones o a pollos. A la caza se dedican sólo los indígenas de la selva. corazón. venados. las lím� pidas fuentes de agua que ellos llaman casimbas. ¿Cuántas veces al día comen? Generalmente dos veces al día. Esta es su comida principal. todos los demás.

Los gatos. Actual� mente. porque desde que los atrapan pichones les enseñan palabras. Eran pequeños y muy útiles en la caza. a veces la traen los indígenas yekuana y pemón desde el sur. pero mayormente deben surtirse de los holandeses del Esequibo a cambio de muchos días de trabajo. ¿Cuáles animales son peligrosos para los indígenas? Son peligrosas para los indígenas las fieras de la selva que ata� can de improviso. gatos monteses. ya que la obtienen en el Brasil. Antiguamente les era fácil conseguirla mediante el trueque con los Cumanagotos. y el ladrido más débil denotaba una presa pequeña. deben haber sido llevados por los misioneros para acabar con las ratas. cachicamo. inclusive cuando caminan o se bañan en los ríos. báquiro o venado. ¿Cómo se comportan los loros de la selva? ¿Hablan? ¿Les enseñan a hablar? Los loros y pericos aprenden a hablar las lenguas indígenas. morro� coyes. ¿Cuáles son los animales preferidos de los indígenas? Los que se pueden domesticar: monos de varias clases. Ladraban fuerte si la presa era grande. -147- . lapa. cunaguaros. por eso es tan preciada. enseñán� doles a dar la patica y a permanecer en su hombro. En tiempos de la Colonia se logró un acerca� miento con los indígenas mediante la sal que los colonos llevaban a sus asentamientos. que la extraían de las salinas de Cumaná y Anzoátegui. sombra y alma De la sal. ¿Es verdad que las indígenas amamantan a monitos pequeños? Las yanomami. y en los ríos caimanes y caribes. silbidos. Buscan mucho al turpial por su canto armonioso y suelen domesticarlo así como al loro. ¿Hay perros entre ellos? ¿Cómo son? ¿Y gatos? Hay crónicas que mencionan la existencia de una raza autócto� na de perros.Los Sape. pumas. a silbar como otras aves y a cantar cantos locales. ruidos. pájaros. loros y guacamayos. si los hay. de los cuales aún hay bastantes en las costas de Anzoátegui y Sucre luchando por recuperar su identidad. pemón y yekuana acostumbran amamantar a monos y baquiritos cuando la madre ha muerto. picure. En los caminos selváticos los acechan las serpientes. así como el candirú en las aguas quie� tas. jaguares. para cuyas mordeduras conocen varias plantas que las curan o neutralizan. especialmente en el área de Guayana.

son cazadores. y en esta forma se han transmitido sus costum� bres y tradiciones. cerbatanas con dardos venenosos. las lenguas indígenas tienen distintas raíces: arawak. recolectores. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cómo se defienden de ellos? ¿Tienen armas de fuego? ¿Y municiones? Armas de fuego no tienen. todos. a cuyos puntos específicos vuelven periódicamente. navegantes. entre los indígenas. palos y trampas que fabrican ellos mismos. pero en sentido de itinerantes. Criadores de ganado. Se defienden con lanzas. ¿Su idioma se puede escribir? Las lenguas indígenas han permanecido hasta ahora en una etapa de oralidad. los waraos y los kariñas. ¿Es verdad que los indígenas no se entienden entre sí. ¿Cuáles libros reflejan el medio ambiente de los indígenas? La Vorágine de José Eustaquio Rivera. cada dos o tres décadas. y por qué? -148- . y así las municiones. Los yaruros pueden representar la condición de nómadas. ¿Cuáles. los wayuus. Tabaré de Zorrilla de San Martín. pues casi siempre utilizan un espacio grande bien definido. Aunque hay muchos rasgos culturales comunes. cultivadores y pescadores. Recolectores. Actualmente los antropólogos y etnolingüistas han diseñado una manera de transcribirlas mediante signos. ¿Cuáles animales propios de los territorios de los indígenas están en peligro de extinción. ¿Cuáles libros podemos leer para ampliar nuestros conocimientos acerca de los indígenas? Los tres tomos de Los aborígenes de Venezuela editados en Cara� cas por la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. son demasiado costosas. y adap� tándolas a nuestro alfabeto. chibcha. arcos y flechas. Navegantes. y el que tienen en sus manos. nómadas? Cazadores. karibe y otras. y por qué? No se entienden por razones lingüísticas. ¿Usan trampas sólo para defenderse? No. garrotes. los de la selva. El Chamán de los Cunaguaros o Vuelta a Venezuela indígena.El Chamán de los Cunaguaros. criadores de ganado. las usan también para cazar báquiros y picures. Doña Bárbara y Canaima de Rómulo Gallegos.

Los Sape. -149- . al cual cazan porque dicen que el miembro viril es afrodisíaco. La lapa. La iguana. sombra y alma En peligro están el oso frontino de la sierra de Perijá. porque pare un solo hijo al año. porque la persiguen y la dañan para sacarle los huevos.

piojos. como por los indígenas mismos. cotiza. alacranes. y logró que se promulgaran Las Leyes de Indias. totuma. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cuáles insectos los atormentan. añingotarse por agacharse. pero muchos de nuestros vocablos más comunes la tienen. caribear. He aquí algunos: canoa y conuco. Estas palabras se usan más que todo en las regiones del interior cercanas a los asenta� mientos indígenas.El Chamán de los Cunaguaros. hormigas y bachacos. Algunos misioneros los alfabetizaron. ¿Es verdad que alguien llamó a los indios irracionales. ¿Cómo es considerado el aporte de los Misioneros? En general es considerado positivo. tapara. las mariposas peludas que en época de creciente de los ríos llegan hasta los poblados y casi los dejan ciegos con el polvillo de sus alas. lo que les permitió entenderse con los españoles y entre ellos mismos. zancudos. ¿Cuáles fueron los rasgos positivos que la civilización española transmitió a los indígenas? Podemos decir que unificaron el idioma. entre ellas las de nadar como peces o trepar a los árboles. Sin embargo los jóvenes de toda Venezuela usan algunas expresiones. por sus costumbres. tanto por los criollos. ¿Cuáles palabras indígenas pasaron al español? ¿Las usamos frecuentemente? ¿Por qué no nos damos cuenta? Generalmente no advertimos su procedencia indígena porque no la conocemos. Intentan alejarlos con foga� tas sobre las cuales arrojan ciertas hierbas que hacen huir a las plagas. ¿Cuál fue la primera voz española que se levantó en defensa de los indígenas? Fray Bartolomé de las Casas en el siglo XVII instó a la Corona Española a proteger a los indígenas. hormigas voladoras. como: ¡cabeza de totuma! -150- . macuto. y por qué? Los primeros españoles difundieron la creencia de que los indí� genas eran animales por su color de piel. y porque hablaban una lengua gutural como gruñidos de animales o trinos de pájaros. mariche. les inculcaron valores espirituales. y cómo se defienden de ellos? Los molestan arañas grandes. que se consideran los pri� meros indigenismos que pasaron al español. gusanos. en las cuales se ordenaba que a los indígenas se les tratase con respeto y consideración. enseñándoles a todos el castellano.

Los llevan consigo a todas partes y los tratan con cariño. “Indio no pinta canas”. ¿Cómo calculan el tiempo los indígenas? Cuentan los años por las lluvias y los meses por lunas. ¿Por qué no se ven indigentes entre los indígenas? Porque en su sistema comunitario de vida. toda la comunidad los alimenta. con todos los miembros de su comunidad. El tiempo para ellos pasa muy rápido y un año puede ser definido por ellos como “un invierno” o “poco tiempo”. ¿Hay niños abandonados entre los indígenas? Absolutamente ninguno. dice un refrán. Pero generalmente tienen una vida bre� ve. Han ido incorporando el concepto del tiempo occidental europeo a medida que se han ido transculturizando. nunca. ¿Son acaso traicioneros? Alguien podría decirlo. sus alimentos. por eso algunos autores los llamaron “hijos de la luna”. donde pueden cazar. Cuando deben ausentarse. aunque sea por accidente.Los Sape. ¿Qué ley terrible tienen los wayuus? La ley de la sangre: la muerte se paga con la muerte. pescar y cultivar. sin embargo. debe morir. cuida y protege. viviendas y todo lo que obtienen. Pero esto seguramente fue por la violen� cia con que eran tratados los indígenas. pero si éstas fracasan se procede a la venganza. Si alguien mata a un Guajiro. Se puede recurrir a negociaciones clánicas para compensar económicamente cualquier atropello. pero en todo caso sería una forma de defensa. Las mujeres indígenas cuidan a sus hijos con celo parecido al de muchos animales silvestres. ellos reparten sus bienes. -151- . sombra y alma ¿Cuántos años viven los indígenas? Es difícil saberlo porque nunca aparentan su edad. con promedio de sesenta años. la noción del tiempo en los indíge� nas no es igual a la nuestra. ¿Cómo se explica entonces que haya tantos mendigos indígenas en las grandes ciudades? Porque al sacarlos de su medio ambiente no pueden obtener el sustento con la misma facilidad que cuando están en contacto con la naturaleza. si no pueden llevarlos. Se cuenta que Guaicaipuro incumplió muchas veces la paz pactada con los españoles.

y las mujeres coloridos trajes de mangas anchas. por jue� go. y tal vez así aseguraban su supervivencia. -152- . como Yanomami. o lo sustituyen con un pantalón de tipo kaki. sobre sus ritos y creencias. Mentían sobre la ubicación de sus pueblos. sobre los astros. mentira como protección. Mienten como puede hacerlo un niño por defensa. Además. penachos de plumas. ¿Los indígenas son honestos? La honestidad de los indígenas es algo que sorprende. No nos robaron nada. sin pensar en las consecuencias: en su código de valores. La timidez también es una forma de amparo y las personas suelen desa� rrollarla cuando temen ser agredidas. Sape. En otras más transculturizadas lo completan con una camisa. varillas para la nariz y las orejas. hojas y flores. En algunas etnias de la selva. Los Yukpa de las altas montañas visten unas batas largas de algodón tejido por ellos mismos. Aún en algunos grupos queda la mentira por desconfianza ante los blancos. y han incorporado algunas prendas de la vestimenta criolla. sobre la existencia de animales raros. ¿Qué creencias mágicas tienen? Muchas y muy variadas. para preservarlos. Hay creencias sobre las plantas. La mentira fue en el período de la Conquista la única defensa de los indígenas. los ani� males. una ciudad tan violenta. Tal vez en su ingenuidad de niños no ven en eso nada especialmente perverso. distinto al nuestro. Tal vez la costumbre de mentir provino de una manera que idearon para protegerse de los conquistadores. Los hombres wayuu usan aún actualmente faldones azules. por costumbre. Yekuana. la argucia no es vista como algo malo. sobre la creación y el origen del hombre. Fabulaban sobre mitos como el de El Dora� do. suerte de taparrabo de fibra ve� getal. ¿Cuáles son su adornos más comunes? Collares.El Chamán de los Cunaguaros. ni siquiera el brillante cronómetro que tan útil me ha sido en este viaje y del cual me dolería desprenderme. ¿Cuál es la vestimenta más usada por los indígenas? Hasta hace poco era el guayuco. generalmente blanca. ni uno solo de nuestros objetos. brazaletes de semillas y huesitos de animales. Jodi lo usan aún. sobre� todo a nosotros que venimos de Caracas. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Son mentirosos? ¿Son tímidos? Podría alguien decir que son mentirosos.

tratando de picotearme algunos mechones. Hay bailes para la fer� tilidad. -153- . Las oí� mos y respondemos con solicitud.Los Sape. casi todas ceremoniales. pareció desperezarse. para atraer la buena suerte. Se pintan el cuerpo de rojo con onoto o bija. ¿Cómo se mueven al bailar? Al bailar. y la cara de negro con hollín. Hay danzas guerreras. Con la semilla del onoto fabrican una pintura que mezclan con gra� sa de báquiro y luego adhieren a su cuerpo. por ejemplo el báquiro o el piapoco. todos participan en ellos. con cantos específicos. Cuando estábamos por concluir el milálogo. Existen bailes para convocar los espíritus. al comenzar otra luna. porque abarca tópicos sobre los cuales todos tenemos alguna confusión. y otra más práctica. para celebrar la cacería. confundió tu cabeza con una totuma llena de granos de maíz! La última parte del largo rollo de papel. para llamar las lluvias. funerarias y danzas para cumplir un ciclo. Superloro se pasea sobre mi gorra entusiasmado. se centra sobre “diferencias”. que un morocho desen� vuelve y el otro va recogiendo. sombra y alma ¿La costumbre de pintarse es común a todas las etnias y todavía la practican? Es común a todas las etnias. la practican desde tiempos inme� moriales y algunos de ellos aún hoy en día. Casi todos los bailes son colectivos. que le da un hermoso brillo rojizo a la piel. pero también para concitarlas. impermeabilizándolo y protegiéndolo de la plaga. la de defenderse de la plaga. en sus movimientos y gruñidos. Cuando tienen alguna ceremonia añaden el blanco y el azul extraído de bejucos colorantes y se dibujan rayas en cara y cuerpo. con excepción de los bailes guerreros que son sólo para hombres. Los morochos aprovechan para una de sus consabidas bromas: —¡Mira. sacudió sus plumas y gritó: —¡Hola… guayuco… totuma… tapara… picure… hola…! —¡Cuántas palabras indígenas aprendiste! —lo felicita Muñeca. Superloro que ha� bía guardado un extraño silencio. generalmente imitan algún animal. ¿Cuál es su forma de bailar? Tienen distintos tipos de danzas. la de adornarse. Bai� lan para festejar la cosecha. Esto cumple dos funciones: una función estética.

útil sólo para cruzar los caños o ríos poco profundos. piragua”. que se llamó al principio Indias Occidentales. rancho. Irracionales. palafito”. Indígena es el nombre actual que se le da a los indios. Viaje por el mundo indígena venezolano Qué diferencia hay entre: —Hamaca y chinchorro. como la selva. La cabaña es una vivienda rústica pero al estilo criollo. es de madera más liviana y en ella sólo caben unas cuatro personas. “Indio. “Canoa. y por eso es más común en lugares calurosos. Indígena y aborigen significan ambos habitantes ori� ginarios de una región. grande. se les llamó al comienzo de la conquista a los indígenas. Aborigen. El rancho es una casa de madera. cabaña. irracional”. La curiara es una canoíta más estrecha. -154- . bloques o cartones con techo generalmente de zinc. de bejuco. y también sal� vajes. Re� cientemente se formó el compuesto amerindio. El palafito es una choza de palma construida sobre pilotes clavados en el agua. término racista y prejuiciado porque ningún pueblo puede ser irracional. La canoa es una embarcación hecha de un solo tronco. criollo o mestizo. si se hace de un árbol grande. de buen calado. es decir los hilos son más apretados. y se usa de preferencia en las regiones montañosas y frías. puede ser indígena. porque los conquistadores los consideraban carentes de razón. frecuente en zonas más urbanas como los entornos de Caracas u otras ciudades. La choza es cualquier casa indígena o criolla con techo de palma. aborigen. natural. La piragua. en las sierras. El chinchorro tiene los hilos entrecruzados más ampliamente. un poco más sofisticada que la choza. mucho más grande que la curiara. se refiere a los prime� ros habitantes de las Indias Occidentales. en ella caben hasta diez personas y frecuentemente se le pone motor. Indio es la palabra con la cual se denominaba a los habitantes del territo� rio americano.El Chamán de los Cunaguaros. sancionado por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. “Choza. con agujeros que permiten pasar el aire. Ambos pueden ser de moriche. de lianas o de algodón. curiara. Natural es equivalente a nativo. muy usado por los antropólogos. sin paredes o con paredes de palma o de bahareque. puede ser intermedia. en nuestro contexto. en la cual pueden caber hasta veinte personas. los llanos y la costa. La hamaca tiene la trama más tupi� da. indígena.

La amarga es veneno� sa. que se dispara soplando en la cerbatana. “Acure y picure”. Generalmente se le llama acure a un conejito pequeño de orejas cortas. Se le llama picure a un roedor ungulado grande. y la Cueva del Charal en Trujillo. No tiene plumas en el extremo. Nos hemos entretenido contestando las preguntas del milálogo de Mor y Ocho. en forma de torta de casabe. venados y animales de piel gruesa. hay que rallarla y prensarla para extraerle el yare. sombra y alma “Yuca dulce y amarga”. entre una vegetación consistente en fuertes árboles. con punta de hueso o piedra y plumas en el otro extremo para equili� brarla. se reivindican el arco y la cerbatana. El dardo es una flecha corta. Se dispara con el arco y se usa para cazar dantos. “Arco y cerbatana”. delgada. Los indígenas uti� lizaban las cuevas sólo como reducto. La cerbatana es una caña larga. Ambos son comestibles. arbustos de un verdor que embriaga los sentidos y ser� penteantes bejucos que parecieran querer engullir cualquier vehículo. después de que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversi� dad del planeta. ¿Por qué los hombres primitivos del viejo continente vivían en cavernas y nuestros indígenas no lo hacían? Por razones climáticas. Luego se seca al budare y se pone al sol. Es parecido a los arcos europeos. hueca. preparada especialmente.Los Sape. La dulce se san� cocha y se puede comer. o como refugio en caso de verse amenazados. En las cuevas hace demasiado calor y el clima tropical pide una vivienda fresca. En Venezuela existen algunas cuevas célebres con nombres indígenas que recuerdan hechos del pasado. veneno activo. y una fibra que hace de disparador. El arco está compuesto de una madera cur� va. para terminar de cocerla. -155- . monos. muy aguda y veloz. Se usa para cazar aves. del tamaño de una lapa. La flecha es una varilla larga. con la que se disparan los dardos. que asemeja una flauta. y hasta a papá le ha resultado más llevadero el ma� nejo por esta monótona trocha. un poco más gran� de que un hámster. “Flecha y dardo”. como pasaje de un lado a otro de las montañas. Son variantes léxicas regionales para designar a una especie de roedor. animales de piel delgada que están en los árboles. que quizás sea el mismo. lo que lo hace más rápido y de mayor alcance. sancochada o frita. Ambas son silvestres. aireada. Hoy día. como la Cueva del Indio en la isla de Margarita.

Habla en voz baja con papá: —¿Acaso tus contactos fallaron? ¿O entendieron que queríamos la canoa sin guía? ¿O eso significa que no quieren que vayamos? Él no contesta. Lo llaman “La Pequeña Paragua”. ua! —los morochos reanudan sus payasadas— ¡Una lupa. divisamos enseguida una canoa. tendríamos que olvidarnos del viaje. Hay vida en ella. porque el calor arrecia desde temprano. nadie a la sombra de la ve� getación que bordea el curso de agua. donde podre� mos ver y conocer a los Sape sin tener que recurrir (¿con satisfacción o con pena. La maleza. La selva. por parte del número Ocho?) a ningún microscopio. Viaje por el mundo indígena venezolano tragarse el camino y borrarlo para que ningún humano pudiera tran� sitar por él. son navegables… sólo por quienes los conocen. ni lupa. nos damos cuenta de que ya hemos llegado al lugar de encuentro con la persona que debe llevarnos a Oroytepe. nadie en las aguas turbulentas. Luego comienzan a silbar. el cual junto con sus numerosos afluentes constituye la única vía de acceso a la región. ¡Cómo empe� zamos a comprender a los indígenas que se guarecen en los bosques. un microscopio! Ambos recorren las cercanías escudriñando el suelo como si tu� vieran la lupa en sus manos. nadie a sus orillas. en una especie -156- . y los mosquitos son aquí una plaga insopor� table. En un recodo del caño. ¿Y el conductor? Sin él. Nadie en las postrimerías de la selva que dejamos detrás de nosotros. nos recibe. un recién concluido techo de hojas de palma. nadie en la inmensa sabana cuyos contornos se pierden en la lejanía. ahora que conocemos su medio ambiente! —¡Ua. Frente a nosotros vemos. con todos sus peligros. Es uno de los tantos claros de monte llenos de trinos de pájaros que surgen a orillas del río Paragua. no nos atrae. Quizás esté buscando un sitio para levantar nues� tro modesto campamento. Mamá se muestra preocupada. aún fresca y tamizada de rocío. Al terminarlas. la comunidad del Karún en el propio corazón de la etnia.El Chamán de los Cunaguaros. cruzados por numerosos saltos y raudales. casi en espera. Nos cuesta resignarnos: pasar un día entero y quizás también la noche en aquel exiguo paisaje. Y ahora ¿quién va a remar y a dirigir nuestra inminente trave� sía fluvial? Miramos alrededor: nadie. Los ríos que conducen al territorio sape. Allí dejaremos el vehículo hasta el regreso. Aquí están el río y la canoa. Habrá que hacerlo rápido. la sentimos más amiga.

Los Sape. no hay duda. de rostro apergaminado. no tenerla siempre fija en la tierra. Así nos enseñó nuestro creador Kaelen. Pero he aquí. Saluda a mi padre. Son profundos estos Sape. confiados en la altiva protección de nuestro guía. —Porque —nos explicará él más tarde— nosotros distinguimos entre cuerpo y alma: al alma le decimos I-Korona. sombra o doble. ¡Sorpresa! Allá arriba. sí. sorpresivamente. se manifiestan. está fresca y -157- . y a la vez. que reconocen entre carcajadas: —¡Nos hemos equivocado de instrumento! ¡Hacía falta un bi� nóculo. ¿Qué la pone tan contenta? Nuestros ojos siguen la dirección que indica su mano. es muy indicado para una persona que. Superloro brinca a mi hombro. una vocecita aguda: —¡Ah. como dándonos la bienvenida. y nos recuerda nuestro Karipu. un largavista. como él. un astrolabio! El indígena desciende ágilmente la considerable altura. luego. Nos alejamos en la corriente impetuosa. en el que participa con graznidos alegres Superloro. subimos todos. se llama I-Korona. Esto. sin miedo. Es acertado. Pasamos a la canoa lo indispensable. Lo entienden también los morochos. “alma”. apoyado con la espalda a su tronco. si es conveniente. empieza la travesía fluvial hasta el territorio sape. sí! —Muñeca ríe. está un atlético personaje… ¡Seguramente el muchacho sape que debía venir a buscarnos! ¡Muy bien. elevarla hacia el cielo. ah! ¡Sí. La espuma salta alegre. saco la mano y toco el agua. cuyos músculos ya no tienen la dureza de la juventud. además. pero aún vigoroso y bien parecido. Cuando llega al suelo y se yergue frente a nosotros. Muñeca! Hay que levantar la mirada. o chamán. ¿Saben qué quiere decir I-Korona? “Som� bra”. sino un hombre cercano a los cincuenta años. desli� zándose de una rama a otra. Su com� portamiento no es insólito entre los habitantes de la selva y de la Gran Sabana: primero observan sin ser vistos. instalado en la cima de un ele� vado y corpulento caucho. sonríe a mamá y a Muñeca ofreciéndoles una miel bien cerrada en una taparita. mirando y señalando hacia lo alto. A nosotros los muchachos nos ordena autoritariamente que carguemos con lo que queremos llevar. sombra y alma de diálogo secreto que sólo ellos conocen. vemos que no es un joven.

que no pareciera tener la fuerza de que hace gala. los grandes araguatos rodean un grueso árbol mientras ejecutan una suerte de extraña danza. un extraordinario paisaje: loros de colores encendidos entre altos árboles de un verde intenso y brillante. Con su cámara apretada al pecho observa incansable el majestuoso paisaje. como un pequeño dios antiguo de pie en la canoa. Rafael. sin una nube en el horizonte. Parecieran danzar. dándose la mano. por encima del fragor de la corriente llegan los gritos y chillidos de esos gruesos mo� nos ululantes. un ceibo! Y ese es un bucare. están tomados de la mano! —exclama mamá sorprendida—. ¿Será que pronto va a oscurecer? -158- . Algunos indígenas afirman que ellos son casi gente. afincándola en el fondo del caño arenoso y fuerte. Los campesinos re� fieren haberlos visto reverenciando a determinados árboles. —¡Allí va una manada de araguatos. ¡Allá. pero maravilloso. Viaje por el mundo indígena venezolano cristalina. surcado continuamente por varias clases de aves. Su largo cabello gris ondea llevado por el viento y es tan delgado nuestro guía. ¡qué flores tan rojas! El de la izquierda es el árbol del pan. A pesar de la reducida estatura se ve imponen� te. y frecuentemente la levanta y la dispara dándonos apresuradas explicaciones: —¡Miren. parvadas de conejos montaraces.El Chamán de los Cunaguaros. los clanes que forman. Papá se siente feliz. pequeñas cas� cadas que forman piedras y leños atascados en las corrientes desde tiempo inmemorial. rebaños de chigüires. Vemos desplazarse en la orilla. aquellos que más frutos les brindan. Sé que muchos investigadores han dedicado años a estudiar el modelo social de la vida de los araguatos. Observo que. guacamayas que pasan graznando hacia lo lejos. que adoran al sol y le rinden culto al caer la tarde. cada vez más torrentoso. casi un día entero. en las rocas. El viaje es largo. a lo largo del curso de agua. algunos de los cuales nos acompañan mientras otros… —¡Fíjate. fíjense en su pelaje color bermejo tan característico! ¡Oigan cómo chillan! Hasta el medio del río. un poco más abajo. manejando con destreza la pértiga con que se impulsa. Uno después del otro él salva los raudales. por donde navegamos. hay varios mereyes! Nos provocaba bajar y recoger la fruta rojiza y amarilla. dirigiendo tan hábilmente nues� tra embarcación a través de rápidos y recodos de río. y todo bajo un cielo de un azul intenso.

realmente —nos aclara nuestro padre—. es el sol de los araguatos —comenta nuestro guía señalándolo— que presagia las crecientes. nos hemos dado cuenta con asombro que los ara� guatos tienen una gran variedad de aullidos. Mor silba algo y Ocho le contesta. —Habla el detective de la selva —ironizo. Hasta Superloro se queda completamente ca� llado. La araguatas. Las que más gritan son las damas. —Pero sí. —¿Qué dicen? Dejen ya ese idioma de silbidos. distinto uno del otro. —Copia este método para buscar novia. sombra y alma Un sol rojo y reverberante se deja ver sobre nuestras cabezas y al rato pareciera ocultarse entre nubes que también se tiñen de rojo. Filatelio… si no son su� ficientes las que has conocido en este viaje —me sugieren burlones mis dos ceritos. —Debe ser su propio código secreto —apunta Mor. pues no puede con tanta competencia: los araguatos o monos aulladores se despiden del sol poniente. mirándome como para indi� carme algo. mediante el cual los distintos clanes se diferencian y comunican y así reconocen su ubicación desde lejos. —Es cierto. Esto hace que den por terminado el altercado. porque una ensordecedora al� garabía nos trastorna. —Pues creo que te equivocas. —¡Cópienlo ustedes también que no tienen ninguna! —les re� plico un tanto molesto. Me tienen cansa� do —les reclamo. buscando novio. revelan su posición dentro del clan e indican en qué árbol están. designándome con un nuevo. —Queremos explicarte que ese es el sol de los araguatos.Los Sape. dejando la huella de su mítico baile en los negativos de papá. Mientras tanto. —El que más grita debe ser el jefe del clan —afirma Ocho con� vencido. dando al paisaje un raro fulgor. De allí proviene el nombre que se le da al baile de ellos. -159- . es un código. chistosísimo nombre que hace quedar el anterior como un apellido: —¡Araguato Tuponken! Tenemos que taparnos los oídos.

Oroytepe nos recibe.El Chamán de los Cunaguaros. que por su avan� zar felino. No se les entiende nada cuando hablan. colocadas en po� sición vertical. Apenas I-Korona entra a la vivienda. algo entu� mecidos. alegrado por una vegetación exuberante. Saltamos a tierra. ¡Qué frío en Oroytepe! Nos penetra hasta los huesos. elusiva. gesticulan. se reúnen todos alrede� dor de él. a brincos. Por fin. Viaje por el mundo indígena venezolano Poco después. Quien va con ellos es un ser extraño. una criatura rara de la región? Tal vez el cansancio me hace ver visiones. verdad. Estamos impresionados. Parece haberse cernido sobre el lugar el clima lluvioso de la selva tropical. breve. Entramos. y ellos tampoco entienden español. Pero insistentemente va interrum� piendo mi sueño un suave canto de flauta. con los extremos semicirculares. cerca de la desem� bocadura del caño Karun. Arrullados por el vuelo de los pájaros y el rugido de la corriente dormitamos un poco. Algo pasó -160- . parecen querer darle una noticia. esta vez profundamente. ¿Será un indígena. Y estos Sape son pocos. de estructura rectangular. Hemos llegado de verdad. o bien alguna especie de ser o ente desconocido. El te� cho. lo que les da la apariencia de un enrejado. Camina sigiloso. avanza suavemente. me vuelvo a dormir. y amarradas entre sí mediante bejucos. resguardados. miro. acciona su cámara: quedarán grabados dos grandes báquiros. dantas. Nos adentramos en la selva. recubierto con caña brava. que indiferentes a nuestra presencia siguen tomando agua y resoplando. Otra vez dormiremos en una vivienda fabricada por los indígenas. Al borde de una extensa área bien barrida hay una sola casa gran� de. Nos sentimos segu� ros. Alzo la cabeza. me parecen feroces: pumas. que manteniendo el equilibrio como mejor puede. pero auténticos. junto con ellos. posee forma cónica. tallada por el mismo I-Korona en un grueso tronco ahuecado con la técnica del fuego. Entre la tupida vegetación del margen derecho de la orilla. Sólo nuestro guía conoce algunas palabras. La canoa. seguida de un cortejo de animales que desde la embarcación no logro distinguir pero. algo que se mueve en la otra orilla llama la aten� ción de nuestro fotógrafo. es profunda y cómoda. Cierro los ojos. Las paredes están hechas con cortezas de palma temiche seccionadas. rodeado de áreas de cultivo. entre la espesa vegetación las estrellas relucen cada vez más cercanas. Va oscureciendo siempre más. espejismos entre la espesura. cunaguaros o quizás tigres. veo una sombra pasar.

Pero a los morochos. pero I-Korona y su mujer Akito. —¿Y ahora no está? —insisto— Quisiera verlo. entiendo que de ningún criollo se trata. y a Maigua con cariño. y por los amplios gestos que hacen. Mor y Ocho ca� minan lentamente. Sólo por noso� tros. Cuento a los habitan� tes: son catorce. —La presencia de criollos no es nada nuevo para ustedes. Los -161- . no —afirman negando hasta con las manos—. que les ha alegrado mucho. Los Sape… pero. nadie. Al entrar papá y mamá. —Anoche. siempre nos recuerda resguardarnos y preservar nuestra fauna. conocerlo. —¿Reciben ustedes visitas? —pregunto— ¿Son muchos los que logran penetrar hasta estas lejanías? —Muy pocas veces —afirma el Sape. ¿Quién era? —Es un Sape legendario —contesta trabajosamente I-Korona ayudándose con gestos— un chamán que se acerca a nuestra comuni� dad. seremos veinte. Alguno vino hoy? —No. nuestro ambiente y sobre todo nuestra cultura. na� die. —No. nadie —pero están contentos. Y ahora sucede un hecho extraño. Él no se deja ver por los extranjeros. to� dos los reciben con normalidad. porque por un buen rato nadie nos hace caso. antropólogo.Los Sape. parece. sombra y alma en su ausencia. con qué asombro los observan! Un poco sorprendidos ellos también. con alegría y cierta timidez. ¿Qué? Debe ser algo más importante que nuestra llegada. los Sape. por todo. coreados por un murmullo de admiración. se fue. con mi loro al hombro. Lo llamamos el “Chamán de los Cunaguaros”. Papá trata de averiguar de qué se trata. Siempre. mientras íbamos por el río —me atrevo a comen� tar— divisé a lo lejos una figura extraña. rodeada de animales salva� jes. Con nuestra familia. pero posible� mente de alguien mucho más ligado a la comunidad. —¿Fue él quien los visitó? Ninguna respuesta. con sem� blante satisfecho sólo le hacen comprender en el escaso español que conocen. que fue algo bueno. ¡con qué atención. aquí no hay mucha gente. enton� ces —prosigo—. una presencia o visita. y pronuncia con propiedad ciertas palabras que ya domina: explorador. la comunidad experimentará un sensible aumento: esta noche. no. me miran con curiosidad. Cuando paso yo. misionero.

Ellos hablan rápido. porque repiten muchas veces las mismas palabras —me parece también. levantan las manos hacia el cielo y van murmurando con en� tusiasmo algunas palabras cuyo sentido a mí me suena así: —¡La misma cara. logró que los Sape se tranquilizaran. A papá. no hagas juicios apresurados —casi me regaña papá. lo de hablar rápido es una impresión nuestra. Reflexiono y recuerdo que en una clase de ciencias. en cambio. la mayoría apenas llegamos a cinco… y los indígenas. los kariñas. De todas formas. los mismos ojos. magia! —¿A qué se debe tanta conmoción con mis ceritos? —le inquiere a papá. rapidísimo. jamás vieron gemelos. les sonrieran a nuestros dos ceritos.000 vocablos. los ojos. tan retirados. especialmente los niños. se parecen tanto. a quien confío mis suposiciones—.500 � 3. les tocan la cara. Viaje por el mundo indígena venezolano Sape. que los gemelos provienen de un solo óvulo. porque no entendemos lo que dicen. hayan atisbado algunos. la misma boca! ¡Todo repeti� do! ¡Magia. —¿Cómo va a ser? ¿Y en qué nos superan? —Ellos conocen todos los nombres de los animales. los insectos. la boca. y que por esto tienen rasgos comunes. casi el doble del criollo normal que apenas llega a las 2. A este punto. hasta les hizo un dibujo en el suelo tratando de aclararles. con sus nombres… nadie lo supo ha� cer. de los árboles. las flores. mamá Carmen. algo preocupada. pues tienen mayor contacto con los criollos y no se extrañaron tanto. Es posible que las comunidades que visitamos anteriormente. se les acercan. —Hijo. hasta se asustan! Voy a hablarles.El Chamán de los Cunaguaros. los pemónes. más rápido que cualquiera de nosotros —me parece— y deben tener un vocabulario muy limitado. y hasta empezaran a hablarles. los peces. siempre tan detallista y preciso. que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca aprendimos.000 palabras. Y en cuanto al vocabu� lario. entre los indígenas no existen gemelos. tan alejados como están de todo. -162- . las raíces. le costó mucho explicar� les que en varios pueblos es frecuente ver gemelos idénticos. —Hija. yo pongo atención. los waraos. ¡Por eso se sorprenden. aunque creo que na� die lo entendió. estudios recientes han comprobado que el léxico común de los indígenas alcanza los 5. Pero los Sape. a un nove� doso profesor se le ocurrió pedirnos que dibujáramos diez distintos árboles comunes en Venezuela.

Los Sape de avanzada edad se ocupan de labores que requieren menos fuerza. enrollándolo en dos vueltas cada cierto espacio para así su� jetarlo con mayor fuerza. cedazos hechos de bejucos y de tiras de cañas entretejidas. entre encorvado. A su fabricación dedican varias horas diarias los mismos varones. con gran acopio de puntas de flechas. con la tonalidad casi plateada de las nubes tormentosas. Un niño que viste un guayuco mínimo que le deja las nalgui� tas afuera y se está entrenando como cazador. nos enseña la manera particular que tienen los Sape para amarrar la cuerda de los arcos: la tensan bien estirada. que ya habíamos observado entre los pemónes. para la pesca. manoseando unos bejucos. punta de piedra en forma de corazón invertido. Es algo para considerar… He aquí que alguien se me acerca. En cambio no vemos aquí ninguna cerbatana. Me había llamado la atención su cabello de niebla. Así lo indica la variedad de la carne que se está asando.Los Sape. —¡Seguro que sí! —contesto entusiasta. En efecto. trata de explicarnos. Los Sape son excelentes cazadores. punta con hueso de mono y punta acicalada de madera para caza menor. ¿Acaso por lo espeso de la selva? Alineados en el piso y colgando del techo observo también los manares. color de humo. como la cestería. pero que aquí tienen mayor importancia y variedad. Tengo la certeza de que los alimentos serán buenos y abundan� tes. sombra y alma podrían haber nombrado y dibujado por lo menos una veintena. y luego los truecan por instrumentos de trabajo en pueblos del Bajo Paragua. tan silenciosamente que sus palabras me sobresaltan: —¿Quieres comer? De la mirada y de los gestos capto lo que la muchacha sape intenta preguntarme. algunas de las cuales tienen unas plumitas de piapoco de color rojo en el extremo inferior: punta lan� ceolada de bambú para cacería mayor. y luego colocan el extremo sobrante a lo largo de la madera. Observo además los bastones sonajeros utilizados -163- . Los arcos y flechas. y los arcos apoyados en las paredes. a la puerta de la vivienda había visto a un anciano en extraña posición. los usan también para la captura de peces grandes. Ahora entiendo: estaba tejiendo un manare. doblado y agachado. como tratan de explicarnos con una mímica valiosa y muy comprensible. valiéndose diestramente de manos y pies.

Superloro abrió las alas. piapocos. —¿Seré capaz de comer todo esto? —me pregunto. perdiz. guacamayas. ¡La lista es larga! —Báquiros. acures. Superloro se me adelanta y empieza a beber de la totuma. venados. despacio. sin perjudicar su entorno. Viaje por el mundo indígena venezolano como instrumentos de percusión en las fiestas. a comer… Los niños sape observaban divertidos. desplegando sus más hermosos colores. se posó sobre el dorso de mi mano con un graznido de satisfacción. con satisfacción. lapas. picure. y yo tuve que rendirme ante la astucia de mi querido amigo alado que me disputaba los mejo� res bocados. codorniz acompañadas de batata y casabe. Deduzco que ellos conocen bien todos los animales. Ella comprende y sonríe también. La jovencita que me había interpelado regresa trayendo en una tapara una copiosa porción de carnes de diferentes animales. ni en períodos de reproducción. báquiro. palo� mas. pavos. claramente. gua� characas o gallinas de monte. bien asadas. y empezó a picotear trocitos de rica carne: —Rrrr… Rrrr… Superloro Rrrr… Rrrr… A comer. Sólo caza� mos ejemplares adultos. seguramente recogida de algún manantial. Pero voy a tener un ayudante… Al oler el apetitoso aroma. babas… —¡Cuánta variedad! ¡Pero a ese paso podrían acabar toda la fauna! —Jamás lo haríamos —responde serio I-Korona—. cachicamos. a flores silvestres. aromáticas. grullas. y me ofrece una totuma llena de agua bien fría.El Chamán de los Cunaguaros. -164- . dantas. paujíes. No puedo evitar sentir su olor fresco a tierra llovida. y saben cuándo y cuánto cazar. Le sonrío y mis hermanos me observan con picardía. y en temporadas en que no estén criando. morrocoyes. —¿Qué carnes son? —trato de averiguar— ¿Qué animales cazan ustedes? I-Korona. —¿Cuál es tu nombre? —le pregunto mientras tanto. que a todos maravilló. destinada a mi persona. pendiente de todo. Vuelve la joven. nuestro guía. En un vuelo impre� sionante. ayuda a mi anfitriona a contestar. elaborados con una caña de bambú a la cual le sujetan un puñado de pezuñas de báquiro.

provisionalmente. perfecto! -165- . el propio. ella se cambió el de Lora por el de Mariposa Azul. están demasiado pendientes de la cena que comen con gran apetito. Ellos se burlan: —¿Y acaso esos nombres no resultarían aún más extraños en nuestro ambiente? —A ti te sentaría mucho mejor el de “Tucán Enamorador” —apunta Mor—. por lo menos en lo que a la fauna silvestre se refiere! Aprecio esta costumbre indígena. Sólo recibo el consuelo burlón de los morochos: —Cállate. in� sisto en que yo también debería tener la libertad de llamarme Báquiro o Chigüire. todos están satisfechos con el suyo. la mayoría de los nombres que se les dan a los niños son de animales. no busques otro nombre. y enseguida después me mues� tra con insistencia una pluma azul. Pero. me cuesta renunciar a mis aspiraciones de renova� ción onomástica. puede cambiarse en el transcurso de la vida adolescente o adulta. burlándose de su propia invención. entre ellos el nombre no es permanente. Entiendo. por ejem� plo. Quitarme ese extravagante Filatelio y llamarme. Darles a los niños un nombre cual� quiera. —¡Ya me la pagarán! ¡Encontraré un nombre especial para us� tedes! ¡Qué lástima. Ya te hemos rebautizado no� sotros ¡Tuponken es el que mejor te queda. hermano! —Y si lo rematas con Araguato… mejor aún: ¡Tuponken Araguato.Los Sape. y más en este bosque donde todavía revolotean mari� posas. sombra y alma A continuación me indica mi loro (que aletea complacido por la atención). Aquí. entre los Sape. Es un acierto. Chigüire Peludo o Báquiro Gritón. Por esto a ella la llamaron Lora. y dejarlos libres de adoptar el que quieran en la edad adulta. Estoy seguro de que. ¡con lo mujeriego que eres! —El nombre científico es Tucanis amoratis —se ríe a carcajadas Ocho. No recibo apoyo. Me señala una mariposa nocturna. Estoy entusiasmado con la idea. Lo comento con mis padres y hermanos. Mariposa Azul le queda perfecto a esta joven tan ágil y graciosa. Cachicamo Bravo. ya casi desaparecidas en las grandes ciudades. o Lorita quizás. —¡Si yo pudiera hacer lo mismo! —comento con los moro� chos—. luego deniega expresivamente con las manos y con la cabe� za. Así.

caribe. ocumo. a veces. A mí también me la ofrecen. tierna. pero no me queda más remedio que declarar que es excelente. cotumare. Evidentemente es la encargada de los alimen� tos. que ellos saben cocer y preparar para que pierda su toxicidad. Viaje por el mundo indígena venezolano A continuación mis dos ceritos se transforman: ya no son más Mor y Ocho. con arco y flechas. De vez en cuando. Estos sabrosos ali� mentos se acompañan con la bebida fermentada elaborada en base al líquido que suelta la yuca amarga. La comida. Ella se regocija. Los morochos apoyan mi curiosidad: —¿Qué clase de peces se consiguen en estos ríos? —Aymara. —¡Qué bien hemos comido! —le agradezco a la joven. cultivado con esmero: yuca amarga y dulce. cuyas lenguas. para preparártelo mañana. lau lau. me pare� ce muy fuerte y me hace toser. También. pero comen mucho! —comentan los mo� rochos— ¡Y están en lo cierto! Además de la carne. consumido con entusiasmo. Le agrada ver su esfuerzo reconocido. son de origen diferente. sin embargo. bagre… —la enumeración parece no tener fin. que nos traen algunos visitantes. curimata.El Chamán de los Cunaguaros. Es la única palabra que presenta similitud en todas las etnias visitadas hasta ahora. —¿Ustedes pescan frecuentemente? ¿Y de qué manera? —Los peces grandes. a base de carnes variadas. pámpano. curbinata. auyama. bocón. sino dos simpáticos araguatos que saltan y chillan sin cesar. legumbres cultivadas en el pequeño conuco. or� ganizamos una pesquería con barbasco. y casabe fresco elaborado día a día por ellos mis� mos. suculenta. mapuey. Me dice algo que enseguida el guía me traduce: —Quiere saber si te gusta el pescado. y me extraña que tenga también un nombre parecido. coporo. bien cocida. —¡Qué variedad. morocoto. payara. Por la madrugada saldremos de pesca. kasiri. y en plena selva! ¡El mejor hotel turístico en cualquiera de las grandes capitales del mundo. es sabrosísima. Bien preparada. Creo que esta bebida es la misma que nos ofrecieron los waraos y los pemónes. no podría ofrecer tantas exquisiteces! —¡Los Sape son pocos. hay los productos del conuco que hemos observado al llegar. sura� pire. ñame. ¿Por qué será? ¿Provienen de una tradición -166- . usamos anzuelos con hilos de nylon. y el manjar preparado.

-167- . sombra y alma ancestral común a todas ellas? ¿Quizás los indígenas americanos tu� vieron también. pero no sé explicarlas. un único idioma común. y luego la confusión de las lenguas? Todas estas interrogantes me intrigan.Los Sape. como algunos pueblos occidentales y según reza la Biblia. ni res� ponderlas.

Se considera que los artefactos per� tenecen siempre a la persona que los ha fabricado. La de masticar tabaco es una de las pocas prácticas extrañas. Viaje por el mundo indígena venezolano Desaparecen Mariposa Azul y las demás mujeres. al ennegrecer toda la dentadura. una maraca) sin consultárselo previamente. en un rincón. sin tener su consentimiento. es an� tiquísima y respetada. y se lo co� locan entre el labio inferior y los incisivos. dejándonos desconcertados. en el centro de la vivienda. Entre los Sape. piña. Pero masticar estas plantas. Algunos Sape sacan su rollo de tabaco. Se cree que si se les castiga o reprende duramente. ¡Son de mi producción! ¡Perso� nal y sagrado! —¡Pero cómo van a ser de tu producción —se indignan los mo� rochos— si no te cuestan ningún trabajo! Sólo los recoges. un banco. que ellos mismos cultivan. les oscurece la sonrisa.El Chamán de los Cunaguaros. a los niños se les trata con cariño y consideración. los ancestros podrían cobrarles gravemente a los padres la falta de paciencia. si bien preserva sus dientes. un chinchorro. así como la del yopo. las hortalizas y el licor. y además miel silvestre y fruta para los más pequeños: cambur. los padres no pueden disponer de ese objeto (sea un juguete. arañas de monte. plátano. ¿Qué les parece? ¿No es cierto que nosotros. tenemos aún muchas cosas sobre las cuales reflexionar? Qué tal si yo le dijera a mamá: —Mamá. Además. Los varones permanecemos en el amplio espacio donde nos han servido la carne. me parece que no la siguen sino algunos an� cianos. pero teniendo a su disposición las mismas comidas. Lo que -168- . esto los ayuda a conservar los dientes que les duran hasta edades avanzadas. servidos por la mujeres. Pues bien. el labio inferior se les hincha y ensancha dándole al rostro una rara expresión. serpientes y sapos disecados. caracoles. un arquito. Ellas lo hacen luego con los niños. ¿Y saben de qué me he enterado? Hay un enorme respeto por la propiedad. el consumo de los alimentos obedece a un ritual. cuan� do el productor ha sido un niño. Aquí también. casi repulsivas que he encontra� do entre los indígenas. Sin embargo. caña de azúcar. inclusive el Kasiri. Los varones comen primero. piedras de río. de monstruos recortados. no se te ocurra echar a la basura esa colección de hojas secas. que nos creemos tan su� periores. Más tarde averiguaré que la costumbre del tabaco. son bien atendidos y tomados en cuenta. en perfecto estado y sin caries. a quienes de tanto chupar y mascar.

que nos hace� mos nosotros mismos con tanto esfuerzo y tesón. estos Sape. nos llama tratando de captar nuestra atención con unas palabras extrañamente coherentes: —¡Sape. zancos.Los Sape. ¿Será algo pasajero. es ambidiestro) un bastón sonajero encontrado en la vivienda. el cachicamo. cansados por el viaje y por tanto ajetreo. Aquí. o en rudimentarios taburetes. hay otros que presentan formas de animales: la tortuga. música. en lugar de reírse de ellos y despreciarlos. suaves. son mullidos y frescos. sin elemento adicional. Yo también lo hago. de casualidad). Los miramos bien. o real� mente relaciona y comprende lo que dice? Quisiera hacer algo para averiguarlo. No teníamos noticia de que existiera entre ellos tanta disparidad de forma en los asientos. la lapa. sabíamos que los indígenas acostumbran sentarse en chinchorros. Sape . música! ¡Bravo y valiente amigo. un detalle desvía nuestra mirada y de repente nos echamos a reír todos. Hasta ahora. yoyos. acaban de acostarse. Estoy rendido. para dar un paseo fuera de la casa. Los chinchorros de bejuco de curagua. huéspedes y anfitriones: Supermudo se ha conseguido un banquito en forma de loro. botas gigantes. Y desde allí. vemos que al lado de algunos bancos que tienen las acostumbradas dos o cuatro patas. perinolas. están hechos de una palma especial -169- . Una vez trabada la amistad. ilustre Tuponken… ¡Por una vez. impresionante porque en la punta tiene sujetas unas pezuñas de báquiro. aquí se le despertó su sentido de iden� tidad! A fin de cuentas. de huecos pe� queños. erguido y grotesco. agitando con la patica izquierda (como todos los loros. en el ta� llado de madera! Mientras tratamos de decírselo. esta noche o mañana. en el piso desnudo. la abundante alimentación me da una sensación de pesa� dez. esta es su selva. él empuñará su cámara y le tomará fotos a todos y a todo. me ganó el redondito número ocho! —¿Se han fijado en los bancos? —inquiere papá. pero un compromiso conmigo mismo me obligó a dejar mi asiento (en forma de báquiro. loro. realmente interesantes. me dirijo al espacio destinado a los chinchorros en los cuales mis hermanitos. trompos. Enseguida después. pelotas de trapo. ¡Ni los bancos se salvan! Y seguramente empezará por aquellos sobre los cuales estamos senta� dos. gurru� fíos. sombra y alma habría que respetar son nuestros juguetes. sobre alguna estera. ¡Maravillosos banquitos! ¡Son unos artistas. como a veces hacen nuestros progenitores y hasta tú mismo.

que este tipo de vida no me atrae. Al verme.El Chamán de los Cunaguaros. de huecos separados para que el aire circule libremente. esta noticia ha salido hace poco en la prensa…. escopetas. motores fuera de borda. no es sino un sueño. profesor Báquiro. especie de cedaza. por fin regresaste! ¡Cómo me agrada que me llame Báquiro. compro ropa. “profesor”! Al alborear siguiente. los morochos se ríen cuando les cuento. Me empeñaría en revivir su antiguo idioma. por largo tiempo con la espalda doblada. ¿Saben qué sueño? Que soy un sape llevado a trabajar a una mina de diamantes. profesor! No es sino un sueño. —Es auténtico —les aseguro a mis hermanos que me miran en� tre admirados y extrañados—. tan debilitada en estas últimas décadas. Siento que me falta algo. se convirtiera en una mera reminiscencia. podría evitar que la cultura sape. hacia Oroytepe donde. ¡Cuántas cosas lograría hacer! Junto con Mariposa Azul. la Ciencia y la Cultura. artefactos. Lean los periódicos… culturícense. tú no eres un sape. El tejido es ancho. siento que es mi amigo. El parloteo de las mujeres me adormece. el protector de todos. Oigo su flauta selvática.000 lenguas entre mayori� tarias y minoritarias que se hablan actualmente en el mundo. sé. Pero no estoy contento. la selva entera se abre a mi paso. me grita: —¡Regresaste. Viaje por el mundo indígena venezolano que combate el calor de los días más ardientes. Así que arrojo todo al río. desti� nadas a desaparecer en el transcurso de este siglo. y escapo en curiara hacia mi pueblo. me saluda con la mano. con el fin de que no pasara jamás a formar parte de la mitad de las 6. Rugen los cunaguaros a lo lejos. actualícense. muevo la surruca. según un informe presentado recientemente por la Organización de las Naciones Uni� das para la Educación. la parte relativa a Mariposa Azul: —¡Modérate. Mariposa Azul que prepara en el fogón un aromático corroncho asa� do. encuentro piedras grandes y brillantes. y son tan holgados que en ellos caben hasta dos personas. y aún más. queridos repollitos… -170- . Escarbo en el fango. Pero… ¿si en alguna forma se realizara? Me sentiría satisfecho. muy engreído. me observa el Chamán de los Cunaguaros. Tuponken. me dan dinero por ellas. y menos. Cierro los ojos. desde la espesura.

cien —lo apoya Superloro. con ademán de saltarme encima. Sigue surgiendo el sol y nos quedamos embelesados. Papá acciona la video� cámara y dispara la cámara. ¡Qué lindo es un amanecer en la selva! Miles de pájaros despiertan y cantan tan fuerte que no se escuchan nuestras palabras. los dejo a ambos un tanto sorprendidos. nos retrata con una buena frase: —¡Entre los tres. hacen cien! —Cien. contemplándolo. proyectando la fan� tasmagórica sombra de un larguirucho adornado por un exuberante sombrero de plumas. cien —sigue repitiendo Superloro fascinado por esa palabra tan fácil. Trato de defenderme de ellos mientras papá. cien. Papá la retrata a ella también con los ojos perdidos en la lejanía hacia las luces de la aurora. No puede perderse ese reflejo de un rosa tenue que se filtra por entre la enramada. orejón. Los morochos se desconciertan y yo. suspira. participando jocoso en la competencia de sobrenombres. el número uno.—¡Cállate. palillo. Tuponken Araguato! —me gritan. Mamá. 171 . mientras con mi loro encaramado en la cabeza camino veloz hacia el sol que triunfa. el palillo flacuchento y los dos bogotes redon� ditos. —Cien. cien.

para adivinarlas y sentirlas.El Chamán de los Cunaguaros. pero yo ya lo encontré. calibré sus piernas y sus brazos. semejante al del ciervo núbil. he observado su rostro sereno en la hamaca. Tiene la rara condición del silencio. Quizás mi hermano podría ser chamán como yo. brillando en la oscuridad. solo y reflexivo. y a la luz de las hogueras lo puedo ver meditando. y líder de su pueblo. He apreciado su cuerpo delgado. -172- . Mi hermano es un zorro alerta y pensativo. y suena como las piedras del río. su torso niño. como la punta de las lanzas. El hijo de mi padre es solitario como yo y tiene una rara intuición para ver las cosas. que tiembla en la espesura. Él quiere encontrarme. He visto a mi hermano. sus ojos de lince joven. cuida muy bien sus palabras. Viaje por el mundo indígena venezolano Palabreo del chamán al pensar en Filatelio He visto el rostro de mi hermano. La sonrisa de mi hermano brilla como el filo del machete. Pero otras veces ríe y es como el zorro de monte. dos puntas finas de flecha. nervioso y duro. pensando. Mi hermano es un venado bebiendo agua del pozo siempre alerta. intuitivo.

contarte antiguas historias. venado brillante y sabio. 173 . Pero te quiero. venado incierto. niño-venado. en este claro de cielo.su mirada perdida en las nubes que puede abarcar. iniciarte en el arte de las plantas. Es imposible que tú y yo seamos más hermanos que la palma y el cielo. de las hojas que dan la vida. joven venado de risa sonora. Y coronarte de plumas de guacamayo. quisiera tenerte contra mí. Es imposible hermano. ofrendarte claros colores. joven zorro chamán. hermano zorro de ojos de lince y risa de río entre las piedras. Tú podrías ser chamán como yo. hacerte escuchar el canto del piapoco. la brisa y las mariposas.

tal vez contagiado del entusiasmo por el próximo vuelo. di stare lassú. -174- . Ellos. Mis dos ceritos no pueden ocultar su inquietud y para regocijo de todos nosotros deciden pedir a Superloro unas lecciones de vuelo: —Oye Superloro. el loro se alborota. se va haciendo estruendoso. imitan su aleteo con los brazos y revolotean alrededor de nosotros entonando la canción del italiano Modugno que han aprendido de los pequeños comerciantes ítalos. como si en efecto estuviera enseñando a volar a mis hermanos. nuestros vecinos en El Valle: Volare. ah ah cantare. extiende y agita las alas. ¿cómo haces para mantener el equilibrio en el aire? No hay respuesta. de suave. pobladores de la niebla —¡Papá es un gran organizador! —exclaman Mor y Ocho. dipinto di blu felice. Por primera vez en nuestra vida volaremos. y no te hagas el mudo. tú que conoces el poder de los vientos: ¿qué hacer si el avión se desvía por alguna tormenta? —Dime Superloro. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yekuana. ah ah ah ah nel blu.El Chamán de los Cunaguaros. se� ñalando en el cielo un punto refulgente que se acerca precedido por un ruido que. felices. pero. Están felices.

y nosotros. frente a la espontaneidad de los indí� genas. —¿Nada tirado. Aún más. Tampoco son confiables los ríos. —Eso se nota —acoto yo—. en el Jeep. pelean menos. lo que dice Mor parece convencer a Ocho. por tener siempre la última palabra. donde el terreno es fangoso y correríamos el peligro de atascarnos. para no olvidarlo. todo doblado y ordenado —contestan enfática� mente los dos ceritos a una sola voz—. carece de significado ante la inmensidad de la naturaleza. a la vez que con experta mirada revisa nuestro indispensable equipaje: su ma� letín. Pero. Quizás se han dado cuenta de que su constante afán por contrade� cir.Los Yekuana. —Todo está arreglado —constata siempre serena mamá. —¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso? —¡Ah. y viceversa. pobladores de la niebla Yo me percato que con el transcurrir de los días. en cuyos lechos correríamos el riesgo de que� dar presos o ser llevados por la corriente. —¿Qué familia es esa? —Chigüires silvestres. la ropa de Muñeca envuelta en la cobijita rosada de la buena suerte y colocada en la cesta que le regalaron los Sape. Y debería escribirlo en mi agenda. impenetrables y traicioneras. Para llegar a los Yekuana tenemos que seguir el viaje en avión: cruzaremos la porción de selva donde no hay caminos transitables. —¿Preparados sus morrales?—inquiere papá. sino doblado y ordenado? —Nada tirado. -175- . Ni siquiera Tío Jeep que siempre nos lleva a todas partes con su potencia. los chigüires no se caracteri� zan por tener orden en su guarida. Lo otro. recibén bañados en las aguas frescas y espumosas del caño. que yo ya encontré un nombre zoológico especial para ustedes! Me miran atónitos. lo habíamos deja� do a orillas del río Paragua. —Morrales y mapires listos. los aparatos de papá. con un nombre latín recién inventado por mí. puede con esas trochas selváticas. —Esa afición que tienen ustedes por el agua —prosigo— indica sin duda que pertenecen a la familia Hidrocaeri hidrocuiri. los mapires de sus tres hijos varones.

imponente. ¿Entenderá? Entiende. El zumbido del mo� tor da paso de nuevo al majestuoso silencio del bosque. —¡Ahí viene. que nos cautiva desde que lo vemos por primera vez. el loro! —grito. Supermudo. siento las lágrimas refrenadas golpear mis sienes y hervir en mi cabeza. Miro fijo al aviador. Listos para despegar. Mudito. ¡Dejar a mi loro. Viaje por el mundo indígena venezolano Una risa de Maigualida hace que los morochos frunzan el ceño y despechados se alejen silbandito. un saludo a mamá. hombros. el aviador. El helicóptero de la Fuerza Armada Venezolana enfila hacia el claro al borde del cual está Oroy� tepe. un abrazo y una rápida entrega de bultos a I-Korona. mi Superloro querido. El punto que Mor y Ocho acaban de divisar en el cielo se aveci� na rápidamente. tal vez su sencillez. alto. Es un moderno he� licóptero rojo brillante. afuera. a revi� sar cuellos. a nosotros un ¡hola! cordial y una invitación a subir al espacioso helicóptero. Detallamos al que será nuestro piloto y. entrecano el cabello ondulado. Aterrizaje perfecto. holgado. habla. su naturalidad. hacia nosotros. —Pero yo lo he bautizado “Helipájaro”. Y he aquí que -176- . por supuesto. Es uno de los más grandes. ven! ¿Dónde estás? Nada. ustedes son una familia numerosa. por la habilidad con que se desplaza por el cielo. solo en la selva! ¡Jamás! Me quedaré con él. una palmadita a Muñeca. no está! Los morochos me ayudan. roja la cara mo� fletuda. con su acostumbrada exageración. ¡Supermudo no aparece! La angustia me atenaza el pecho. Mudo. mientras la niña y el loro los sa� ludan con su nuevo sobrenombre: Hidrocaeri hidrocuiri. Ya estamos a bordo del Helipájaro. Superloro. La comunidad sape. con un vozarrón cordial—.El Chamán de los Cunaguaros. Pero… —¡El loro. De fuerte complexión y jovial presencia. Miro mi hombro: ¡Supermudo. rebotando entre la selva y la sabana. Un apretón de manos entre el piloto y mi pa� dre. se acerca para recibirlo. alborozada. —¡Mudo. no lo olviden —nos in� forma enseguida. ahí viene! —nos parece que dicen. El intenso zumbido del motor resuena en extraños ecos. algo en él nos atrae. espaldas y bolsillos de todo el mundo. como lo llama su conductor. jocoso. compañero de viaje y aventura. dedos afilados de congoja re� secan mi garganta. Es corpulento.

¡Por fin en el aire! ¡No todos los días se presenta la oportunidad de volar. medicinas. ciu� dad célebre por los nombres disparatados de sus habitantes. casi rojos. Nombre significativo. sin ni siquiera saludarnos. Arriba. los araguaneyes en la selva. a la vez que cacarea. Luminosos. caminando pau� sado y orgulloso a lo largo del motor se va acercando Superloro. nuestro árbol nacional. frío. en oleadas de árboles apretados. con júbilo. Una neblina ligera se desprende de los bosques y de los matorrales. ¡Nos estrenamos hoy como aviadores! ¡Sensacional! Suspendi� dos en el aire. Valiente loro. dificultosamente pero con gravedad: —¡Burr. —Los araguaneyes. es maravilloso. Ya nos acercamos. penetra por la ventanilla del piloto y va a acomodarse con la mayor imperturbabilidad en la cesta de Muñeca. ¡qué panorama! La selva. Y abajo. les ha traído a los Sape. y bien llevado en este caso: en efecto. puros. Es la humedad que pronto. ¿quería acaso llevar a cabo el viaje encaramado en el eje de la hélice? —¡Adiós. Saludamos desde el cielo. Anfictiones son los representantes de las nacio� nes en los congresos para la amistad. ¡cuántos! Parecen una isla de oro. “Adiós” parece ser la única palabra española que conocen bien.Los Yekuana. y para completar con el patrocinio de la Fuerza Armada Venezolana! Noto que es constante la colaboración que la Fuerza Aérea ofrece a los indígenas. —Miren. frío! ¡Burr. deben ser bucares. tiene al igual que yo mismo. tras la hélice. adiós. ¡no todos los árboles tienen el mismo color! —Allá. Coronel! —gritan desde abajo los niños sape. originario de Maracaibo. La euforia es general. el espléndido sol tropical que todos los días nos ampara. burr! Luego de pasar encopetadísimo frente a nosotros. además en un helicóptero. aquella mancha oscura. granos. pobladores de la niebla entre la sorpresa y admiración general. ¿serán cedros? —Y a la izquierda. sal. el sol. frascos de vitaminas. en el aire tibio y en los rayos calientes del as� tro rey. Pero el suyo lo es aún más: se llama Anfictión. -177- . un nombre insólito. de parte de su general. llegaremos en pocos minutos. se desvanece. que ya conocen al simpático personaje que suele frecuentarlos. casi abalanzándose los unos sobre los otros. Este Coronel. donde se hunde apresuradamente en la célebre cobijita rosada.

los Yujuru’ña o arribeños. “de abajo”. La selva hú� meda o selva nublada.El Chamán de los Cunaguaros. hombres del río. la constituyen en gran parte los raudales Atures y Maipures. y un constante rumor de aguas cayendo se confunde con el delirante par� loteo de los pájaros. escenario de sus mitos de creación. el bosque pluvial y las escarpadas forma� ciones montañosas de piedra arenisca que cubren el área. a los valientes Yekuana. han perdido sus ca� racterísticas propias que en cambio conservan éstos. Debido a estas características topográficas que estable� cieron los límites de la colonización española. igualmente conocidos. Pero al contacto con los criollos. las misiones de diversos credos. durante mucho tiempo este vasto territorio situado en la margen derecha del Orinoco no fue explorado. no puedo evitar evocar el Mundo perdido. curiosamente erosionadas. Viaje por el mundo indígena venezolano Es corto el viaje aéreo. pareciera que de cada monte fuera a surgir un dinosaurio. —Hay Maquiritares también en sitios más accesibles —explica papá—. los “de arriba”. Entre todo el paisaje. con infiltraciones de todo tipo. según ellos mismos se denominan. -178- . es decir los aba� jeños. de helechos y caídas de agua. —Miren —nos señala Anfictión Pimentel—. suave pero constante. envolviéndolo todo. dando a la gente y a las cosas un halo de irrealidad. como Maquiritare. penetra la niebla. ¡Tantos nombres para una sola etnia! Por eso es que los criollos se confunden. Son los de los pueblos Anei’ña. desde aquí pueden observar el Macizo Guayanés. características de la zona. Como en la novela. única forma de llegar a los hijos de Wanadi. los brasileros. es decir los que se han ubicado en las cabe� ceras de los ríos. hábitat ancestral de esta etnia. Contemplamos las espectaculares montañas de caídas muy pro� nunciadas. los más venenosos del mundo. y a veces como Piaroa. y este no es el único caso… La topografía de esta zona. una de las formaciones más antiguas de la corteza terrestre de Venezuela y del mundo. Ante este paisaje sobrenatural. no logran identificar a nuestros indígenas. los rápidos y las cascadas de otros ríos. Una densa vegetación esconde infinidad de ranas y sapos de varios colores. enseñoreándose de árboles y flores. en el territorio de la niebla. según el nombre de una etnia cercana. señores de la selva. es un territorio misterioso y lujuriante. esa gran obra de Arthur Conan Doyle que papá me regaló en mi cumpleaños.

¡Bravo Ocho! Nuestro honor de estudiantes está salvado. en el claro del cielo y bajo el esplendor de la mañana! ¡Cuánta razón tenía nues� tro poeta Leoncio Martínez. Por eso luchamos todos. al celebrar en todos los es� tribillos de su poema.Los Yekuana. ya cerca del año 2000 esté alumbrando libertades el claro sol de mi país! Por una vez los ceritos no me echan bromas. Tuponken! Anfictión. gneis. a la vez que aterrorizan a mamá. Nos señala también el altiplano del cerro Druida. esta capa casi continua se asentó y. cuarzo. granitos y rocas metamórficas. Se hace un silencio sugestivo. los picos más altos. A continuación pregunta—: ¿Conocen us� tedes la composición del Macizo? Mor y yo escarbamos desesperadamente en el “disco duro” de nuestra memoria. el viento depositó grandes cantidades de arena sobre esta base. fiu! Otro silbido similar le responde. Ocho anota un punto a su favor: —Está compuesto principalmente por rocas ígneas. después de desplazarse. haciendo dar a su Helipájaro unas voltere� tas que encantan a Muñeca y a Superloro. un sil� bido como de perico ligero o de mono aullador rompe el hielo: —¡Fiu. “el claro sol de mi país”! Recito una estrofa: ¡Ah. Observen ahora al hori� zonte. Con el tiempo. De pronto. Se conforman con bostezar y lanzarme un: —¡Basta. sufrió fisuras a causa de las presiones de su propio peso y de la erosión —nos explica el Coronel. sin dar con el dato. fascinado. ¡Cómo destacan las altas cimas. sobrecogedor. un tanto más grave: -179- . quién sabe si para entonces. —¡Excelente! —aprueba el Coronel—. me aplaude: —El tercer milenio ya nos ha alcanzado y la libertad parece con� solidada en nuestro país. pobladores de la niebla —Durante los períodos desérticos de la historia del planeta.400 metros de altura. También está llegando a los indígenas el momento de su valorización y superación. Uno a uno los indica. mordaz crítico del general Juan Vicente Gómez y por eso varias veces encarcelado. que alcanza 2.

Buenas intenciones y buena voz. ¡Qué mezcla tan potente. según la leyenda. aunque los versos. Pero él. Esta afición me viene en parte por los Pi� mentel. -180- . yo. el va� leroso Luis Rafael Pimentel Agostini que participó en la expedición del Falke. —Capitán. el cerro Autana y el cerro Sipapo. loro. y todos lo cele� bramos. mientras vuelo. Capitán era mi tío. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Fiuó. ¿Será que viene al� gún Yekuana con nosotros? —¡Fiu. compongo versos y a ve� ces canto. que se estableció en Maracaibo. ya que mi abuela era familia de Francisco Pimentel. a mí perso� nalmente. capitán de altura. maracaibero e italiano! Como para demostrarlo. —¿Conocen la leyenda de Autana? —nos interroga papá. del oeste al oriente. loro. vehemente opositor del general Gómez que lo encerró por casi diez años en las peores cárceles del país. —Coronel… —vuelvo a empezar. fiu…! Superloro reclama sus derechos como Yekuana. yo soy Anfictión Pimentel Napolitano. Pronto. fiuó! —Caray —expresa admirado nuestro piloto—. El cerro Yekuana. me parecen un tanto pasaditos de moda. y en parte por un abuelo italiano. no —me corta tajante—. lo estamos sobrevolando. poeta y humorista. que no lo� gramos distinguir. ¡el cerro Yekuana! De él emergieron. ¿Se lo digo? —Capitán… —empiezo vacilante. los antepasados de esta etnia. otra vez me interrumpe con vehemencia: —¡Atención! Debajo de nosotros. desempeñan un papel importante en los mitos de creación de los Yekuana. así silban los yekuana para encontrarse en medio de la niebla. el gran Job Pim. con su poderosa voz de tenor nuestro piloto entona: ¡Sobrevuelo la tierra de esta gente valiente! Desde Zulia a Guayana. yo. nuestro piloto nos alegra con otra sorpresa: —Yo también soy poeta —confiesa—.El Chamán de los Cunaguaros. Saben.

Envió a un guerrero de fuerza sobrenatural. —¡Notable! ¡Cómo amplía nuestros horizontes este acercamien� to al mundo indígena! ¡Cuántas realizaciones. y todo tan lógico! —los morochos. —¡Y cómo resalta nuestra ignorancia —agrego levantando la voz. que entre los dos completaron este denso párrafo. cu. pobladores de la niebla —¿Te refieres al cerro? —Según la leyenda no es un cerro. Los peces cayeron en los ríos y las aves se fueron al cielo. hablan con una seriedad que impresiona. el pijiguao. —¡Qué horrible. ideas. Es el tronco cortado de un árbol gigante. Según los Yekuana se llamaba “el árbol de todos los frutos”. desde el cielo. ana. —¡Qué impresionante! —Sí. vocablo de origen arawak que significa exactamente “gente del río”. capaz de derribar un tronco tan gigantesco. florecía con toda clase de frutos y flores. por no haber sabido apreciarlo y compartirlo. agua. pero también daba peces y aves. pensamientos nuevos encontramos.Los Yekuana. —La palabra “yekuana” con que se denomina los más antiguos habitantes de esos cerros y de sus alrededores —nos aclara papá— de� riva de las raíces ye. Y sólo quedó el árbol trunco. para los que perdieron todo lo que poseían. Wanadi. Cada quien quería más frutos para sí y para su gente. Así se autodenominan ellos. pues el ruido del motor es ahora tan fuerte que nos cuesta oír� nos— frente a las concepciones cosmogónicas y cosmológicas. Pero al cabo de un tiempo. el cual cortó el árbol. Significa por tanto “los del palo en el agua”. símbolo de lo que pudo ser una vida sin esfuerzo. y los animales también. la yuca. pero entre los criollos se ha genera� lizado el nombre makiritare. comen� zaron las peleas. Autana. pobre árbol! —Cuando cayó todos los frutos se desparramaron por la tierra. castigó la codicia de los humanos y de los ani� males. tal -181- . —¡Qué extraño! —reflexiono— ¿Y cómo fue que lo cortaron? —En aquel entonces los hombres vivían felices con los frutos de la tierra. En aquella época no había que sembrar ni cazar. palo de madera. gente. dirigido en conjunto a lo que se han aglu� tinado en grupos de filiación karibe. Así nacieron el plátano.

Helipájaro aterriza. para admiración de los dos ceros. con el Wasata. agrupados en unos treinta poblados a lo largo de los grandes ríos y sus tributarios: el Ventuari. Me impre� siona su tipo de pintura. Matawanadi. pero ¿cómo se localizan geográfica� mente los Yekuana? —nos emplaza el Capitán. el Wota y el Jurumato. en la desembocadura del caño Wajuna con el río Ventuari. parte en el estado Bolívar. 3era y 5ta de latitud norte. para ubicarse utilizan los ríos como sinónimo de área o región. Por ejemplo. el Cuara con el Erebato. fuertes y alegres. varias bandas de algodón en los brazos. inteligente y original además de práctico. de forma ovalada. ¿Está claro? —Hiperclaro. —Hasta aquí está bien. el Padamo. Avenaja y Menaue acuden. el Paragua y el Orinoco —lo he recitado todo sin cortar la voz. para el viajero común. con escasas edificaciones. —Veamos. y hasta. rodeada de caños. completamente diáfano. 63era y 63era de longitud occidental —aventura Mor. Viaje por el mundo indígena venezolano como lo dirían mis maestros. wajunañam. —¿Por la división política? —inquiere Ocho. imagínense. Hemos llegado al poblado. Hasta podríamos hallarlos en Internet: www. el Cunucunuma.com —acota Mor regocijado. tan ordenadas y hasta organizadas de nuestros indios! ¡De todos ellos! —Los Yekuana —comento más adelante haciendo gala de algu� nos conocimientos adquiridos en mis lecturas— son unos mil qui� nientos. delgados collares de muchas vueltas en el pecho. Estarían parte en el estado Amazonas. cuyo vozarrón supe� ra sin esfuerzo el zumbido del helicóptero. Entre la maleza. ¿pero entonces? —Entonces. el Cuntinamo. con sus am� plios guayucos de intenso colorido. No sólo el cuerpo luce de un rojo luminoso: -182- . se va divisando una llanura bastante amplia. El pueblo se llama Wajunana y sus habitantes son los Wajunañancom.El Chamán de los Cunaguaros. el Chajura y el Canaracuni. —Sin contar el atractivo de los trabalenguas —refuerza Ocho con un silbido de admiración. ¿nos les parece? —Sí. —Quizás por las coordenadas geográficas. sin detener el motor. —Quizás… sería dificultoso y poco manejable. que evi� dentemente ha consultado los mapas del Coronel. hay un caserío. hay un pueblo en territorio brasi� leño… Algo complicado.

como asar un báquiro. coronada por una punta o aguja cónica que llega a doce metros de altura. de varios centímetros de diámetro. no se sabe cómo es su boca. están los asa o departamentos de -183- . el cual se utiliza para las comidas. y vuelve a levantar su nave. que sostienen la cubierta de hojas de palma mediante una trabazón de bejucos. Las muchachas. Justa. la gran casa comunal. estos Yekuana. si están serios o sonríen. pues es capaz de alojar a unas sesenta personas. En el medio. sorpren� dentemente racional. El casco de la selva ensombrece el poblado que se está desperezando. Alrededor. atta. Su arquitectura. Nos ayudan a descargar. Con esto. Hemos salido al alba. Esta casa cónica o puntiaguda. Ellos hablan un poquito español y saben leer y escribir. a otras tierras amigas encamino mi vuelo. siempre de parte del Gene� ral. han despejado de toda vegeta� ción. Es aún temprano. las cuales pasan la mayor parte de su tiempo dentro de ella. para reci� bir visitas. pobladores de la niebla la mitad de su rostro. bailar y para las actividades que exigen un espacio grande. brilla de un negro hollín. como otros muchachos sape. de la nariz a la barbilla. Pimentel Napolitano les tiende la caja con sal. es realmente algo espectacular. Tiene una curiosísima forma de cúpula rebajada. Son un poco enigmáticos. en cambio. que lo recibe con familiaridad. En el centro hay el annaca. a ellas no les fue permitido alejarse del pueblo. de base redonda y techo cónico. exprimir la pulpa de la yuca rallada. especie de salón de fiestas.Los Yekuana. Allí adentro caben todos. Superloro. baja de primero y se coloca en el hombro de Matawanadi. aspirinas y otros medicamentos. La armazón está formada por un conjunto de palos largos y flexibles. tostarla ya convertida en mañoco. porque en una oportunidad los envia� ron a un campamento de misioneros que se estableció en las cercanías con este propósito. parece ser una particularidad de la construcción yekuana. llaman los Yekuana a su pueblo: un espacio circular abierto que después de haber abatido los árboles. el vuelo ha sido breve. avispadísimo. con sus diecisiete metros de diámetro. a la vez que entona otra épica canción que a mí personalmente tampoco acaba de gustarme: Por el aire me voy con mi ave de fuego. no pudieron aprender nada.

apartándose unos pasos con pie de gato. con ruedas de piña. me fijo bien. ¿cómo lo hace? Yo no sabía que los Yekuana eran grandes poetas. Evidentemente también está prendido de ella. a una media hora de camino. Pero. sus principa� les alimentos. son expertos. cabello larguísimo que la envuelve como una nube flotante en su espalda. la ausencia de neblina y la luz favorable para tomar unas buenas fotos de conjunto. Los conucos están más lejos. cocina o casa de trabajo para elaborar diariamente mañoco y casabe. tabaco y algunas plantas medicinales. que constituyen la comida básica yekuana. se ven las pequeñas huertas donde cultivan algodón. Regresarán asombrados de tanta variedad y exuberancia. a la manera yekuana. además del nombre. -184- . pertenencias personales y el fogón. aprovecha el poco movimiento. Me acerco. Más allá.El Chamán de los Cunaguaros. sin gesticular. risa fresca y musical como la del río entre las piedras. se reúne con nosotros Menaue. Grandes ojos rasgados de mirada hechizante. seguramente un poema a la hermosura de la muchacha. Mientras per� sisto en mirarla extasiado. lugar de reunión de las mujeres. con el rostro pintado de negro brillante. formas armoniosas que recuerdan las del ciervo. Siempre. siempre la miro y le hablo. sin mirar ni a ella ni a nadie en la cara. teleobjetivos y otros recursos tecnológicos. con un ceñido guayuco y varios collares bien tallados. Mor y Ocho salen de expedición para observar las plantas curati� vas. cámaras. en� tusiasmado. menuda y agraciada. Cerca del atta surge una pequeña construcción también redon� da y cónica. Presiento que no me va a ser fácil olvidarla. comienza a susurrar en lo que debe ser la manera típica de la etnia. trato de grabar algunas palabras. cada uno con sus chinchorros. Y hablarle. aún más que otros indígenas. en lo cual los Yekuana. Está ocupadísimo con sus trípodes. Rafael. y al advertir mi admiración me confía en tono jovial: —A mí también me gusta contemplar a Mereka. de largo cabello azabache. pero he aquí que el joven. Si Wayasuri es agraciada. caña de azúcar. lentes. y la esbelta y siempre alegre Mereka. Ellas les brindan tortas de casabe y yuca sancochada. el jororo. Carmen y Muñeca se encaminan hacia el jororo con dos mu� chachas yekuana: Wayasuri. Mereka es realmente esplendorosa. un largo monólogo. Viaje por el mundo indígena venezolano las familias.

muy pequeño. a quienes él califica como “sonrientes poetas de la selva”. Tu mano es como el tierno fruto de la palma. mariposa. Tu pie es como la semilla del algodón ligero y silencioso. pero tu boca no tiene espinas. vertido al italiano. que cosecha la yuca y cuece tortas de casabe. Ven conmigo en la selva. Si los indígenas confían. Bailo contigo. El agua es para todos los hombres de la selva. Mereka es luna. Mereka. Tu aliento tiene el sabor de la piña. la doncella que amo. con la portada representando un ciervo sobre piedra. muestra del arte Piaroa. rebuscando en la computadora de la Biblioteca Nacional todo sobre los Yekuana. y que ahora puedo reproducir aquí. En las primeras páginas encuen� tro. que tanto se repite. pobladores de la niebla Mereka. agua. Mereka. encuentro un librito hermosísimo. ¿por qué no puedo hacerlo yo? Mis esfuerzo y mi obstinación darán resultado porque al volver a Caracas. Mereka.Los Yekuana. vertiéndolo a mi vez al castellano: La luna es para el hombre que espera. el sol para la canoa que remonta el río. guardan y trans� miten todo mediante la memoria. Se titula Poesie degli indios Piaroa. sol. -185- . Pero la mariposa roja es para Mereka. escrito por el viajero italiano Gior� gio Costanzo. ven con Menaue ven conmigo sobre las cálidas piedras del río. de ape� nas 10 x 6 centímetros. el poema dedicado a Mereka que yo oí.

-186- . Viaje por el mundo indígena venezolano yo veo la luna en tus ojos. Contigo la vida será dulce será dulce.El Chamán de los Cunaguaros. tu seno es de miel.

ellas se entienden con mamá y con Maigualida. Mientras habla. rallamos la yuca. Miramos a los niños pequeños. —Con la tela hacemos nuestros guayucos. y las bandas que lle� vamos en los brazos y en las piernas. como la mayoría de las lenguas indígenas del área caribeña.Los Yekuana. Mientras son pequeños y aún no ayu� dan en la caza y en la pesca. sin necesidad de utilizar los útiles e implementos de que dis� ponemos nosotros. esa integración de sexos y edades a los trabajos caseros! —Cuando terminamos —continúa— hilamos el algodón en el huso. quizás por el susto que me hizo pasar Superloro. qué artistas son! Ni Wayasuri ni Mereka hablan castellano. preparamos alimentos. me acerco a las dos jóvenes y me apoyo de espaldas en uno de los palos que sostienen la casa. Sin embargo. un varoncito y una niña. nos muestra todo esto. Esto para mí constituye otra sorpresa. se comunican… ¡y lo más extraordinario es que yo puedo seguir el diálogo! —¿Qué haces tú en esta casa. —¿En qué consiste tu trabajo? —Nosotras las mujeres. o quizás ta� tarabuelas. Lejos de la civili� zación. pro� viene de la familia karibe. Unas hablan yekuana. y luego lo tejemos en el telar. de muy difícil comprensión. ¡Qué sobresalientes artesanos. También los niños nos ayudan —señala a dos. —Trabajo todo el día. las otras español. —¿Los niños también colaboran? —Sí. que llevan tantas que parecen fajados. varones y hembras. como lo hacían con sus críos nuestras abuelas. Veo que Wayasuri le ofrece a mamá un asiento. Wayasuri? —es la pregunta de mamá. el idioma de los Yekuana. tienen que aprender y colaborar en todo. los naturales logran unas realizaciones artísticas de tanta pureza y creatividad que lo dejan a uno estupefacto. La expresión y los gestos no admiten otra interpretación. pobladores de la niebla Algo cansado. de una línea tan actual que llamaría la atención en el Museo de Arte Moderno. Mira. es lo que estamos haciendo. ¡Es una lección para nosotros. elaboramos las tortas de casabe. muy atentos a su trabajo. de unos cinco o seis años. -187- .

lo que hacen frecuentemente. que luego se recubren con resina y se dejan secar. El rallo les sirve como principal producto de intercambio. Ya los habíamos visto entre los Sape. es de color rojo intenso. sobre todo en fiestas y ceremonias. los palpamos. Es la misma técnica que utilizan para tallar los sellos de madera con que se pintan la cara y el cuerpo. Enseña con orgullo un desfile de rallos apoyados en una petaca o canoa volteada. para darle colorido. observando que las partes su� periores e inferiores de los rallos llevan diseños de tipo geométrico.El Chamán de los Cunaguaros. A la tinta la llaman Keraeu. ¡Qué eficientes los rallos de los Yekuana! Son cé� lebres en todo el territorio nacional. —Los trazamos nosotros mismos con resina mezclada con tin� tes. a la cual se le in� crustan pedacitos de piedra bien escogidos que recogemos en el ce� rro Autana (aquí está el secreto. ya que muchas comunidades vecinas han perdido el arte y el oficio im� plícito en su elaboración. pienso yo). —¿Y estos dibujos? —pregunto. los examinamos mientras ella trata de explicarnos: —El rallo se hace con una tablita de madera. Los observamos de cerca. La preparan con las hojas de una enredadera que -188- . y recurren a ellos para conseguirlos. y a veces los tallamos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Cuando el sol está alto y ya se disipó la niebla —nos explica indicándolo— ayudamos a los hombres a fabricar los rallos.

entre los indígenas y nosotros. a la vez que explica: —Así. Nos muestra también varias pulseras para brazos y piernas. suponemos. y un collar. Hay un nexo. pobladores de la niebla secan al sol. de los ríos. tiene en la mirada dulce y profunda algo que la hace parecer a las indias yekuana. de dientes de báquiro. Los adornos masculinos se distinguen de los femeninos porque llevan plumas y dientes de animales. ¡Le queda precioso! Completa el ajuar con unos zarcillos en forma de triángulo. que asienten con la cabeza. creo que a todas las indígenas. Tiene que es� tar destinado a algún chamán. y dicen que además de adornarlos. los protege contra las picaduras de insectos. máscaras. No lo sé con exactitud. Me gustaría descender. ¡Qué suerte que Mereka no insista en ponerme a mí los zarcillos de media luna! ¡Quién sabe qué otro sobrenombre me pondrían en� tonces los morochos! Nada gracioso… Pero sí quiere que mamá se lleve unos. Vemos que los niños de ambos sexos lucen un collar con dientes de chigüire. todos de tipo geométrico. a las sape. hechos por ella. —¡Los guayucos. de cabello negro y ojos oscuros. cultura y raza. interrumpien� do mis reflexiones. —Linda. linda —creo que dice. más fuerte que el de simpatía y afinidad. pero siento que es así. —¡Fíjate en los collares que hacemos. por ejem� plo. para los hombres. y poder decir: —Mi tatarabuelo era un yekuana. los veremos en tallas. To� dos somos venezolanos. que las ykuana han sacado de -189- . hombre de los remos. provenimos de los mismos aborígenes. considerado un amuleto protector. que los de mujer no pueden ostentar. Por mis venas corre sangre india. luego pulverizan y mezclan con aceite de seje. en nuestra familia. los zarcillos. objetos de madera y en pin� turas faciales. cestas. impresionante. y la señala a las demás mujeres. Estos dibujos.Los Yekuana. en forma de triángulo. com� partimos la misma tierra. resina negra y onoto. Mamá. me indica varios. Y seguramente hay algún aborigen en nuestro pasado. somos una misma familia. de los Yekuana. Nos enseña uno. los brazaletes! Mereka le pone a mamá un collar al cuello. En forma de media luna. mira los guayucos! —Muñeca. los hacemos para las mujeres. Me ha transmitido mucho de su mundo.

—Maigualida. se podría decir “más elegantes”. para mostrarlos. especie de “portabebés” indígenas. Para completar. ¿te gusta? ¡Espléndido! Admiro la sencillez de mi hermanita. en forma de campanita. bellísima. Tengo mucho que aprender de ella. ahuecados y rellenados con semillas de parapara o peonía. los zarcillos y… ¡qué ex� traordinario! —Una hamaquita portabebé —explica Wayasuri con sus expre� sivos gestos. a los cuales llaman shiriyoca. Maigualida —le ofrece Mereka. colgados al ruedo. A punto está de tocarla. corretea por los alrededores. —Se llama muaju —le explica nuestra amiga. ajados. satisfecha. descolo� ridos. que corretea comodísima con su guayuco. de manera tal que los niños pueden apretarlos por el pico o por la cola y agitarlos como maracas. un cachicamo. una tortuga. más grandes y sin franja. más frescas y livianas. al borde del campamento. un loro. los collares para ellos. con bordados simétricos y franjas de lo más graciosas. ¡Una gran solución para las madres que quieren trabajar o trasladarse sin dejar a sus críos! Nos recuerda los wayares de los waraos. de llamativos colores. y que nos ense� ña. llevan adornos hechos con frutas de bejuco salvaje. Junto a un enorme helecho. ponte uno. Las yekuana enseñan ahora los guayucos para hombres. fresca. una iguana. Cayuwai se las ha arreglado para no perder los lindos juguetes que aprieta en sus puñitos.El Chamán de los Cunaguaros. Yo aún no tengo ese espíritu de adaptación. Despojada de su formal trajecito caraqueño�citadino. durante todo este proceso de demostración. -190- . encantada con su nombre—. con este guayuco se siente libre. Muñeca muy satisfecha con su guayuco nuevo. él también: son animalitos de madera. estas hamaquitas son distintas. Viaje por el mundo indígena venezolano una cesta. cuando Superloro alza el vuelo y le cae sobre la manita extendida. y que a cada mo� vimiento de la mujer producen un sonido musical. a la vez que llama—: ¡Cadío. Miro melancólico mis blue jeans. Mientras tanto. Por cierto. Cadío! Llega mamá Cadío con su hijito Cayuwai. ve una ranita azul. Sin embargo. esas cestas tejidas. feliz. calientes. ¡Qué bien trabajados! De algo� dón y con diminutas cuentas de mostacilla. ese valor de enfrentar cam� bios inesperados. bien pintados. y nos da una demos� tración del uso de la hamaquita. o wöwa. —Mira mi muaju —me sonríe coqueta Muñeca—. ponte este. La niña lo hace.

hijos. y el negro de la fruta del árbol identificado como genipa americana. —¡Uuu… uuu…! —silba Mor— ¡Qué peligro! —¡Uuu… uuu…! —responde Ocho— ¡Y que lo digas! —¿Cómo sabría Superloro que esa ranita es peligrosa? —pre� gunto lleno de curiosidad— es un loro amazónico. Los animales. saben que los reptiles o los batracios de colores brillantes son venenosos. todas temibles. aún asustada. no atacan a nadie. no se acercan a la gente. Son bastante huidizas. La cestería yekuana no sólo se exhibe en el Museo de Bellas Artes de nuestra capital. Pero si las toca la gente. liberándose así de ellas. le salvó la vida. en la ciudad. tejido por los hombres. por la epidermis. su memoria genética —explica papá reflexi� vo—. —No —exclama papá suspirando hondo—. porque su piel exuda una secreción tóxica. sino que -191- . A los gritos de Muñeca todos corremos. pero ya la ranita había desaparecido a ras de la hierba.Los Yekuana. rosadas y amarillas. pero criado en Caracas. —Es su herencia. lo que acarrea un riesgo grande. —¡Superloro la mordió! —advierte Mor. las dos jóvenes nos traen y enseñan la variedad de cestas que elaboran: la wöwa. y las lindas canwa o petacas de exóticos decorados. pobladores de la niebla graznando durísimo. Hay que cuidarse de ellas. escondi� das en la selva. Impresionados. Una vez pasado el susto y vuelto todo a la normalidad. azules. el veneno les penetra por la piel. los humanos. Como no pueden procesar las toxinas de estos animales. in� clusive papá que deja su trípode abandonado. a menos que se les provoque. por un instinto que llevan en sus genes. el turi o catumare. Hay muchas de estas ranitas. tan pequeñas y tan peligrosas? —se extraña mamá. de rayas rojas. Esos colores son una advertencia. las sudan. Estas ranas de colores matan al sólo tocarlas. con las mismas figuras geométricas en las cuales predominan el rojo y el negro. todos escudriñamos los alrededores. —¿Pero cómo es posible. tejida por ellas. —El origen de su peligrosidad radica en que se alimentan de escorpiones y hormigas venenosas. Las tinturas son de origen vegetal: el rojo se extrae de las hojas de una bignonia o de la semilla del onoto. En realidad no son agresivas de por sí.

hamacas y… trampas. —Nuestra amiga sería una gran actriz —insinúa mamá. Ahora somos las mu� jeres quienes cultivamos en ellos varios productos necesarios —este es seguramente el sentido de lo que sigue explicando Wayasuri. entiende: —¿Nosotras las mujeres? —Bueno. -192- . —Vamos. tigres.El Chamán de los Cunaguaros. Alrededor de nosotros. collares. rectangulares. las mujeres y los hombres. Hay mucho movimiento en el poblado. —¡Qué gente tan ordenada y trabajadora! —comenta mamá Luego le pregunta a Wayasuri con voz y gestos—: ¿Qué hacen afuera? ¿Afuera de aquí. —Por cierto. construimos trampas para animales mayores. para talar y quemar secciones de la selva. con expresiones y ademanes muy claros. El sol brilla alto. bá� quiros. —Aquí en los conucos. la gua� camaya. atareadísimo con sus fotos. después de un momento de duda. casi invisibles. monos y caimanes. En ellas se aprecian tigres. imitando relojes de arena. de la casa? Ella. si es que ellos trabajan —ambas ríen. partiendo desde la gran casa. entretejidos en sutil armonía con las fibras que tan bien saben trabajar. y fue duro. cascadas. ven conmigo —Wayasuri le tiende la mano. Muñeca y yo las seguimos. arrastrando o cargando sobre sus cabezas. atraviesan la selva. y bien los merece por la amplísima variedad de formas: en campana. obtuvo reconocimientos en exposiciones realizadas en Europa. Proseguimos hacia los conucos por una red de senderos que. el paují. primero trabajaron los hombres. En� contramos a papá. se ven obligados a recorrer grandes distancias a pie. pero sobre todo para capturar pájaros como el piapoco. hasta en número de seis. otras yekuana están confeccionando cestas. hasta que el río reúna las condiciones para navegar. oblongas. Viaje por el mundo indígena venezolano tiene renombre mundial. —Sí. o de pan� tomima! —bromeo. —¿Trampas? —nos extrañamos. zonas pedregosas y a la estrechez de los caños. Es a través de esos senderos. ¡pero de cine mudo. que los Piaroa se comunican con las demás etnias. pues debido al gran núme� ro de rápidos. las escasas canoítas y curiaras que tienen y utilizan sólo en la época de lluvias. una excelente actriz. compenetradas con su labor.

Por otra parte. ñame. ella es llamada a cultivar la tierra. Una a una las señala. pienso. La amarga se utiliza únicamente para hacer el casabe. La dulce se consume hervida o asada. como los del maíz. ocumo. piña. Es una forma muy efectiva de comunicación y los indígenas. Wayasuri nos enseña que la mayor parte del conuco se siembra con yuca de las dos variedades. He� mos aprendido algo muy especial. Todas estas verdu� ras. que lo he reconocido enseguida. No podría distinguir la siembra del ñame de la del ocumo. Los karibes trajeron desde las Antillas la yuca a la tierra firme. ¡Y creo que es un logro. a pesar de haberlas oído nombrar en mi casa. La ma� yoría de mis compañeros. pero antes es preciso extraerle el yare o jugo venenoso. ma� puey. un gesto de un dedo o una mano. tiene el don y la misión de hacerla producir. -193- . —Y lo de allá —agrega la india con cierto desdén. dicen a veces más de mil palabras. esto es algo valioso. Aplaudo sus palabras. Filatelio. nos estamos especializando todos en el lenguaje gestual. plátano.Los Yekuana. y a pesar de haberlas individualizado recientemente. caña de azúcar… —las dos siguen. Los conoci� mientos de los indígenas en relación a este vegetal son ancestrales. —¿Qué es? —mamá desde lejos. Pero hay muchas otras siembras. y mamá se esfuerza en reconocerlas: —Ají. importantes. no lo distingue. apio. auyama. que coincide con lo que yo he leído sobre la mitología indígena. pobladores de la niebla —No te rías. Fíjate. una conquista. lo manejan a la perfección. que a veces deben hablar con pueblos de otras lenguas para comerciar. durante este viaje. dulce y amarga. también apruebo lo dicho por la joven Piaroa. tampoco las conocen. y es citado por los antiguos cronistas: debido a que la mujer pare. indicando algo en un rincón del conuco— lo trabajan los hombres. una sonrisa. ni la del mapuey de la de la yuca. algo que nos hace crecer! Mamá tiene completamente razón. un movimiento de hombros. batata. cocinadas entre los pemónes. Una mirada intencionada. nutritivas en su estado natural me son totalmente ajenas. cuyos habitantes antes centraban su alimentación en torno al maíz. la importancia del lenguaje ges� tual. cuando mamá prepara el sancocho criollo. maíz. y ya han mencionado más de veinte… Me siento un poco avergonzado. —Es el tabaco —le aclaro yo.

Sin embargo parece apreciar la actitud conciliatoria de mamá porque. Mamá se muestra especialmente interesada. es posible que piense. Se dice que algunos indígenas lo llamaban tobako. especialmente del yopo. ¡A lo que pueden llevar la violencia y la exasperación. entre ellos. Ella. observando atentamente las plantas. después de titubear un poco nos indica con sigilo otras plantas: son las mágicas. El tabaco es autóctono de América y los naturales lo consideraron siempre una planta sagrada. papá me mencionó la quema que hizo Ezequiel Zamora de to� dos los campos donde se cultivaba el mejor tabaco. para saber si tendrán suerte o correrán algún peligro. Muchos lo masticaban. si no se sabe controlarlas! Ante la expresión ceñuda y despreciativa de Wayasuri Carmen ríe. y las medicinales. que absorben por la nariz con un instrumento apropiado. Viaje por el mundo indígena venezolano Le indico a mi mamá esa planta rastrera. otros picaban las hojas finamente y las fumaban en grandes pipas. en su pueblo. Se intercambian experiencias. es la heredera. esa mezcla de semillas. Ahora recuerdo que una vez en la que hablábamos de los yaru� ros. con grandes hojas verde oscuro recubiertas de suave vello o pelusa. Lo consultaban en tiempo de guerra y aún lo consultan cuando van a cazar. que además del tabaco o mezclándolo con él. cultivadas sólo por los hombres. los Yekuana hacen uso de los alucinógenos. luego de abundantes aunque -194- . Fumar tabaco tiene. secretos curativos. experta en plantas curativas. palabra que sin embargo no existe en todas las lenguas de América. mamá sacará de su maletín pastillas. sino algo que está basado en una antigua sabiduría. Wayasuri. comprende que aquí no hay ningún artificio ni engaño. y de allí vendría el nombre que le dieron los españoles a la planta. que ellos tanto aprecian. Carmen y Wayasuri parecen dos hermanas. fines ceremoniales: afirman que el humo posee poderes curativos.El Chamán de los Cunaguaros. y trata de hacerle comprender que algo hay que consentírsele a los hombres. hablando a gestos o en voz baja. píldoras y po� madas para entregárselas a Wayasuri. como enfer� mera. jarabes. los cuales se transmiten por línea mater� na. miel y corteza de árboles silvestres. sin decirlo. Más tarde. no más alta de un metro. de los secretos de las especies medicinales. sólo por las mu� jeres. Nuestra amiga no está del todo convencida. Muy cerca una de la otra. que a través de él puede conocerse el futuro de la persona que lo fuma.

pobladores de la niebla mudas explicaciones.Los Yekuana. me llevo a mi hermanita: —Vente. —¿Y ningún cambio es desfavorable? —Los que hacen entre ellos mismos. descendientes de los perros autóctonos que según relataba el misionero Padre Gumilla denunciaban por el ladrido el tamaño de la presa. Muñeca. Allá nos dirigimos. He notado que frecuentemente Wayasuri y Mereka llaman a mi mamá. —Nada de todo eso —nos explica papá—. consi� guen cantidades de cosas. para localizar cuevas de lapas y manadas de báquiros. puede ser trocado por una escopeta. Así como sus rallos. ni se disgustan. Con varios de ellos obtienen hasta un motor fuera de borda. Son una sola gente. de buena raza! Nos to� pamos con Rafael. demos un paseo. producir. Pertenecer a la etnia. son muy apreciados. los perros de los Yekuana. ¿Ustedes lo saben? —¡Para jugar! —grita Muñeca. Nunca se engañan. constituyen su riqueza. colegas. consciente de que estarán en buenas manos. profesionales que han estudiado años en la universidad. plantas y semillas que trans� portará con gran cuidado y luego comentará con los médicos del hospital donde trabaja. sacándoles fotos. en lugar de Carmen. y conocen cómo hacerlo! —mi sorpresa va en aumento. era una escuela para perros! ¡Hasta a eso se dedican. —¿Cómo lo logran? —Esto sucede por el gran espíritu de solidaridad que tienen los aborígenes. ¡Qué lindos perros. lo comparten todo. entrenados para perseguir dantas y venados. su bienestar. —Para compañía o protección —opino yo. y así es. Para que las tres puedan seguir disfrutando tranquilamente su encuentro. hermanas. —¡Lo menos que esperaba yo encontrar entre los indios. —Sepan que uno de estos animalitos bien entrenado en las “es� cuelas de perros” locales. -195- . poseer destrezas tradicionales. no. Cuando quieren hacer trueques. y apreciarán el valor de esa contribución medicinal. son perros cazadores. amigas. Cawaruwa. son ellas. —Ya averigüé para qué crían estos perros. Nuestra madre se irá de aquí con hojas. Vamos a saludar aquellos perritos que vimos al pasar. palabra que seguramente significa “amiga”.

bien alimentados. su imaginación. el suave tintineo de las shirivocas anuncia el arribo de Cadío y sus hermanas que traen comida y agua a los perros. Las hacen de un tejido grueso cubierto con una capa de arcilla. El extremo inferior de los dardos está en� vuelto en algodón. lanza en mano. emblemático de la cercanía de Angostura. Pronto. deben ser terroríficos. donde guardan las máscaras y los instrumentos sagrados que utilizan en su gran fiesta. Los Piaroa poco utilizan el arco y la flecha. tan organizados? Observamos bajo el cobertizo. una la parte superior y otra la inferior. sus capacidades? ¿Acaso el oro puede valer tanto? ¿Si ellos tuvieran oro. son impresionantes. en negro con resina. pavorosos. serían tan trabajadores. Quizás no exista (aún tengo dudas). mientras dos capas de hojas de palma esconden el resto del cuer� po. sobre la cual trazan. ni el legendario lago Pa� rima que tenía la misma profundidad y extensión. y en la punta superior le untan el curare. la casa de los hombres. limpian el piso. El perro localiza la presa. rodeados de sus típicos dibujos lineales. a la que llaman sari-warime. Pero ¿qué mayor riqueza que sus ideas. sus tradiciones. unos veinte cachorros bien cui� dados. juegan con ellos. los acarician. la esperan y la matan. el secular veneno indígena a base de plantas que ellos mismos producen y que es considerado de muy buena calidad. o por lo menos nadie haya visto el fabuloso Dorado. la enrumba hacia la orilla del río y allí el hombre con su compañera. Pensamos que este desfile de bailarines cubiertos desde la cabeza hasta los pies con sus enormes máscaras. warime. es una empresa familiar: marido. Estas máscaras. en blanco con arcilla y en rojo con onoto. mujer y perro. especialmente la del báquiro. agitando el palo zumbador que llevan en la mano. unos ojos y una boca desproporcionados.El Chamán de los Cunaguaros. También para la pesca las parejas salen juntas. Las máscaras y atuendos quizás reflejen el temor a -196- . Cuando estén grandes —aprendo— los llevarán de cacería. y a menudo llevan a los niños. cazan con lanzas o con cerbatanas de varios tamaños y todas con dos tubos. Cubren toda la cabeza o sobresalen de ella. Nos impactan y asustan. grandes. uno externo y otro interno. redondas. Viaje por el mundo indígena venezolano Reflexiono de nuevo sobre el inmenso patrimonio espiritual y moral de estos indios. siempre de palma: es el ruode. Cerca del cobertizo de los perros se encuentra otro tipo de cons� trucción cónica. Entre los Yekuana la caza mayor. tan recordado en las canciones Flor peregrina y Canción del lago Parima del criollísimo Quinteto Contrapunto.

Hago un esfuerzo por distinguir algún movimiento. aferrado a mi hombro derecho. reunidos. Pero sólo pájaros pasan rozan� do los árboles. los alcanzo mientras se aprestan a ir en busca de los excursionistas. El Capitán y mi padre intercam� bian miradas y se levantan. ellos siempre aparecen a la hora de las comidas. tupirito. repartien� do mensajes. debían haber regresado. —¿Dónde están tus hermanos? —se extraña—. guamache) que acompañan los alimentos. ¿qué te pasa. No habíamos reparado en la ausencia de los morochos. ha regresado a buscarnos más temprano de lo que esperábamos: —Joven. pendare. confiándole a ella Superlo� ro. pobladores de la niebla peligros sobrenaturales. algún color. dirigiéndose apresuradamente hacia el helicóptero. cucurito. y luego resulta casi imposible salir sin ayuda. Con respecto a las die� tas de los demás indígenas encuentro una novedad: la variedad de jugos preparados a base de frutas silvestres o cultivadas (curuba. Dema� siado larga. le haces la competencia a tu loro? En efecto Supermudo. que luego de cumplir otros encargos de su General. papá la disuade y la calma. bien agarrado con sus patitas en la orilla. corro tras ellos. uno más largo y el otro cortito. -197- . Salieron temprano para una breve excursión. fuertes y activos. es fácil perder el sentido de la orientación. La expresión preocupada de papá ha comenzado a angustiarme.Los Yekuana. pide ir a bordo. Hay engañosos cursos y pozos de agua. Se me suman papá. También a Superloro le fascinan. angustiada. alguna sombra. chiquichique. Carmen. ha vuelto a su costumbre de no hablar. La apretada vegetación casi no permite ver. géneros y medicamentos. que según algunos antropólogos juega un rol importante en la mitología Piaroa. fieras. tan silencioso. absorbe laboriosamente todo el contenido de la totuma que le han ofrecido. saborean con satisfacción. peligrosa. Los Yekuana se alimentan bien y en forma correcta: por eso se ven tan saludables. El helicóptero explora la zona. ya incumbe la tarde. dos deditos ade� lante y atrás los otros dos. Extraviarse en ella es un riesgo muy grande. y dale que dale con su piquito. La selva es oscura. Al entrar la tarde me acerco a la annaca para consumir la balan� ceada comida que ellos mismos preparan y. insectos ponzoñosos. mamá y sorpresivamente el coronel Anfic� tión. allá abajo. pero yo.

-198- . izados violen� tamente hacia la copa de un yagrumo: habían caído en una trampa india. de las muchas que hay en la selva. si no fuera porque me está empezando a dar hambre. Intentaron soltarse. —Sí. aquella fuerte malla de fibra estaba diseñada para no permitir el escape. Estamos perdidos. al pisar un terrón de hierba que lucía fresca y revuelta. Esta vez las tendrían. como el de los indígenas? Conmigo estás a salvo. ¿Sabes que he de� sarrollado un sexto sentido. los dos muchachos se sintieron presos. en silbidos —propuso Mor. Enseguida después del sobresalto inicial. una hamaca para báquiros. pero era inútil. —Tú consuélate con eso. haciendo ademán de detenerse. impenetrable. y grandes. des� tinadas a atrapar báquiros. y que por lo gordo que estás tú. —¡Nunca! Esta trampa es alta. se dieron cuenta de que estaban atrapados. antes de que nos encuentren. para predecir problemas y ac� cidentes? —¡A veces me falla! —se defendió Ocho—. —Mejor devolvámonos —aconseja Mor. pero yo no lo creo. casi no cabemos. para que al pisarlas se disparen hacia arriba con la presa. —Podría dormir aquí tranquilamente —dijo Ocho tratando de hacerse el valiente—. Papá que fue guardia de fronteras. está fuera del alcance de las fieras. parece una hamaca. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Qué había sucedido? Caminando y curioseando. Y la verdad es que es bien cómoda para dormir. Pero tranquilízate. se habían alejado bastante del campamento. siempre en busca de aventuras. —¡Tremendo guía que eres tú! —recriminó Mor— ¿No tenías un sexto sentido. como los indígenas. Y creo podemos encontrar algo impor… Aún Ocho no había terminado la frase cuando. algún jaguar nos devorará. preparadas hábilmente. —No te preocupes. lapas y hasta venados. Llegaron a un des� campado con maleza alta y pocos árboles. envueltos en una manta de fibras vegetales. los dos ce� ros. Vamos por buen camino. cono� ce la región y sus acechanzas. y aprisionadas con tierra.El Chamán de los Cunaguaros. disimuladas entre la hierba. Pronto vendrán a buscarnos. —Podríamos intentar llamar con nuestros códigos personales. Más allá la selva densa.

suspendidos sin remedio. Tal vez vienen en camino. envolverlos en un hálito salvaje. Se oyeron pasos cercanos. los dos muchachos cerraron fuer� temente los ojos y se abrazaron estremecidos. temblando. resignados a su suerte. Los sobresaltó un rugir brutal. en las fauces de aquel animal que ya se disponía al ataque. cuando oyeron un rugido cercano. parece que aquí nuestro arte no sirve de nada. rumor de una fuerte -199- . de monos? Colgaban uno encima del otro. —Oye. Atisbando entre las lianas divisaron un tigre joven. con un certero tajo en la garganta. pero ni un solo ruido les respondió. es más. ni siquiera sabes… La furiosa perorata del indómito Mor fue interrumpida por un gruñido amenazante. —¡Fiu… Fiu… uooouu! —¡Fuuuuo a a a! —Nada. Eres tú fingiendo ser un tigre. Los grillos callaron de re� pente. ¡Qué mal lo haces! ¡No sólo como guía. que pareció rodearlos.Los Yekuana. estás soñando. Un olor fuerte y agrio impregnaba el aire. y entre la maleza miles de grillos empezaban a revolotear con un chirri� do ensordecedor. El sol se posaba horizontal sobre los altos árboles. La sangre teñía la hierba fresca. de serpientes. —Espera un rato. de fiera herida. La bestia se defendía de un atacante. Una extraña sensación de ingravidez se apoderaba de ellos. —¡Juii… juii! Pasaron varios minutos. sino también como imitador te morirías de hambre! No creas que me asustas. La luz del día disminuía. Ante el inminente peligro de morir en forma terrible. Vamos a silbar como el piopoco. de loros. Anonadados se adormecían. una lucha a muerte. —Es lógico. cada vez más fuerte y más cercano. —¿Escuchaste eso? —Claro que lo escuché. pobladores de la niebla —¡Buena idea! Seguro nos escucharán desde lejos y vendrán a rescatarnos. ¿No ves que estamos rodeados de silbidos de pája� ros. —Vamos a imitar al arrendajo. corpulento. de grandes pintas negras que avanzaba hacia ellos mostrando sus aterradores colmillos. Si piensas que en un programa cómico de televisión te aceptarían. pero éste pronto la dejó sin vida.

pero no logramos divisar nada más que árboles y grandes hojas bri� llantes. aquí. Los morochos permanecían atontados. sintieron de un solo tirón rasgarse su prisión vegetal y cayeron al suelo aturdidos.El Chamán de los Cunaguaros. papá! El helicóptero descendió con gran estrépito en aquel descampa� do. Rafael. que la atravesaba transversalmente. Alto. El Coronel examinó la trampa y vio la huella de un objeto afila� do. Viaje por el mundo indígena venezolano respiración humana. coronado de rojas plumas de guacamayo. sin dejar huella alguna. Inesperadamente. —¡Nos salvó un indígena. —¡Es papá. —Parece que alguien la hubiera desgarrado con un cuchillo o un puñal —sentenció—. —¿Esta no es una película de Tarzán que ustedes vieron? —pre� gunto yo. Sólo acertaron a ver cómo las ramas bajas se movieron. Aún temblando trataron de incorporarse para agradecer a su misterioso protector. te lo dije! —gritó Ocho saltando— ¡Aquí. Frente a ellos. escéptico. Se oyó el frotar y el chasquido de los palos que despiertan el fuego. rodeado de cunaguaros que olfateaban inquietos la maleza. Rafael pudo abrazar a sus dos arriesgados retoños. él prendió el fuego. al viento la larga cabellera. acrecentada por las ramas verdes que le iba agregando. —Pero él estaba aquí. Mor y Ocho alzaron la vista hacia lo alto. acaba de irse! —dijo Mor señalando hacia la selva—. -200- . y de pronto se levantó una columna de humo. es papá. Alguien los sacó de aquí. cuando se perdieron entre el follaje los rabos de los cunaguaros. se erguía la majestuosa figura de un indígena. Reunía con prisa hojas secas y arbustos. des� de donde los llamaban. El ruido del avión les sacó de su estupor. un poco más lejos. —¡Y nos salvó de un jaguar enorme que quería devorarnos! Lo mató con su cuchillo de caza. Lo acompañaban muchos cunaguaros. ellos solos ja� más hubiesen podido soltarse. él nos liberó con un cuchillo. El viento de las aspas dispersó el acre humo. pero al bus� carlo con la vista se dieron cuenta de que se había esfumado entre la espesura. Con los faros del helicóptero iluminamos el espacio circundante.

Comimos con apetito. secundado por el cola� borador Pimentel Napolitano: —Hablando de espíritus y seres especiales. lleno de resentimiento y odio. a pesar de las bromas que les hice a los dos “ceritos” asusta� dos. mientras el Capitán me anima con la mirada—. Me doy cuenta de que he logrado captar la atención de la pequeña audiencia. Yo también. aunque le duela contrariarla. Noto que papá. sabía que ellos aparecerían en cualquier mo� mento. —Después de todo. y un pesadísimo sermón para nosotros! Decido desviar de inmediato la conversación. lo que nos habían guardado. —Es una leyenda interesante —reconoce Anfictión poniéndo� se de pie. el sol se acercaba al ocaso. por los hermosos y variados -201- . Debíamos apresurarnos. o alguien. empiezo a pensar que algo. La crisis ha sido superada. Wanadi entonces lo tiró a la selva. se abrieron. y su hermano. nunca me desesperé. ¡Seguiría una larga reprimenda para los incautos. el padre o héroe mítico de los Yekuana. y de ellos surgieron Wanadi. dejó caer sobre la tierra tres huevos mágicos.Los Yekuana. los liberó. Y agrega. pero rápidamente. nacen los demonios. El sol que como el cielo es sobrenatural. Dos cayeron correctamente. ¿conocen ustedes el origen de los Yekuana? —empiezo. Recogemos solícitamente nuestras co� sas. y prosigo después de una pausa estratégica: —Pero el tercer huevo se magulló sin abrirse. de las cuales cada vez tenemos más. nunca perdí la calma —nos confía mamá—. Pero no es el momento de comentar su aventura. Papá permaneció callado. a apoderarse del secreto que guardaba. No había rastro de los cunaguaros. a Cajushava. pobladores de la niebla —¿Pero dónde están los cunaguaros. Mis dos hijos más traviesos tienen un ángel o espíritu bueno que los protege. Con esta segunda caída el huevo se partió y dejó salir. ni del cuerpo del tigre. que representa el mal y es generador de los espíritus malos y de los demonios. A lo lejos. En el pueblo yekuana nos recibieron con alegría. está a punto de aclararle el peligro que corrieron y el mal rato que nos hicieron pasar. que representa el bien. despertando la hilaridad de los jóvenes—: Cui� dado cuando coman huevos: si se les caen. la selva lo invi� taba a adentrarse en ella. dónde está el tigre? —se extrañaba el Coronel mirando a su alrededor. Hasta la fogata se había extin� guido completamente. pensativo.

el Kaima al norte. porque su verdadero nombre. Superloro está quieto en mi hombro. el Cuchivero y el Parucito al oeste. Viaje por el mundo indígena venezolano regalos que nos hacen nuestros generosos amigos: cestas decoradas con pájaros. el cerro Maigualida recorta su figura contra la luna enorme que ya ha aparecido frente a nosotros. también esta vez. ¡Cómo nos gusta este helicóp� tero. nuestro experto piloto nos señala los límites del territorio habitado por los Jodi. Maigualida. Muñeca y mamá están felices. no le agradaba. agitando sus poderosas hélices. papá. Debajo de nosotros. para llevarnos a la próxima eta� pa en plena selva orinoquense. se mantiene en el vacío. los Yekuana saludan con mesurada seriedad. Y ahora. El viaje. qué fácil se maneja. Estamos detenidos en el aire. erguido y desafiante. —¡Papá. por fin. qué seguro se siente uno en él! —Coronel —pregunta Mor—. de acercarnos a aquella región donde bulle la vida de nuestros aborígenes. es corto. visible en el crepúsculo: la serranía de Maigualida al este. Entre ellos pasaremos la noche que ya se acerca y los dos días si� guientes. sin hablar. entre los numerosos y sorprendentes Yanomami. Papá no habla. visitamos a los Yekuana y nos dirigimos hacia la zona que habitan los Jodi. ¿Cambiará de idea? Se lo habíamos puesto justamente por el deseo de tener un nombre indígena en la familia. El Capitán va a esperarnos. el Majagua y el Asita al sur. Abordamos el helicóptero. Como un inmenso colibrí el helicóptero interrumpe el vuelo. —¡Maigualida. —¡Mira. podemos ver el cerro Maigualida. alzado frente a ella en toda su majestuosidad. Esta va a ser una jor� nada muy intensa. dejamos a los Sape. quizás aún contrariado. y dedicado a ordenar sus películas. maracas. ¿qué debe hacer uno para ingre� sar en la Fuerza Aérea? -202- . Maigualida! —grita mi hermana entusiasmada. Maigualida. Desde el aire. ni chillar. tómale una foto! Inmenso. En el mismo día. A mi hermanita la hemos llama� do siempre Muñeca.El Chamán de los Cunaguaros. collares y totumas para beber. mientras el piloto detie� ne un momento su aparato. tu cerro! La expresión satisfecha y enternecida de Muñeca nos indica que de ahora en adelante aceptará su nombre. Rafael apunta la cámara y capta la foto.

signo de luz el tuyo. coronada de brillos solares. aroma de íntima flor. hermanita que duermes aún en el regazo de tu madre. signo de amplia claridad el de tu nombre. Hermanita dorada y pequeña como un lirio que estrena sus colores. yo velaré por ti siempre. 203 .Palabreo del chamán para Maigualida Nombre de cerro el tuyo. cruzaré los ríos crecidos por ti. abriéndote a la vida como la flor del yagrumo. con tus laderas verdes. de fruta fresca. mi hermana es un conejito blanco que se arrebuja entre el colchón de la hierba crecida. he ideado suaves canciones para arrullar tu sueño. donde amaneces siempre. mi hermana es espuma de río. Duerme hermanita hermosa. Mi hermana es pequeña y clara como la mañana. y subiré al árbol del pijiguao para ofrecerte dulces frutos. Cabecita de claro esplendor. duerme y sueña.

ni a la cascabel traicionera. clara hermanita luminosa. signo de luz el tuyo. Viaje por el mundo indígena venezolano No temerás al danto ni a la tormenta.El Chamán de los Cunaguaros. porque yo estaré contigo. nombre de cerro el tuyo. -204- .

con ondas parecidas al oleaje marino. y en la cuenca de los ríos Iguana y Majagua. Aquí hay algo raro. palabra que puede traducirse como “hombre” o “gente”. estado Bolívar. La verde extensión bajo el helicóptero da la impresión de un inmenso mar. En un giro diestro. se coloca de forma que podamos apreciar mejor el panorama. guardianes de la selva Se llaman Jodi. —Pero no es posible —reflexiono—. su idoma tampoco. nuestro súper piloto Anfictión sobre� vuela una especie de océano vegetal. —¡A la playa! —se entusiasman Mor y Ocho. estado Amazonas. Se considera que la población total actual alcanza apenas unas cuatrocientas personas. Viven en las zonas altas de la cabeceras del Cu� chivero.Los Jodi. Su cultura no tiene parangón en los pueblos vecinos. por lo tanto se catalogan como pueblo independiente. 205 . Para llegar hasta ellos. donde ocupan el área selvática. En este momento. pero también son conocidos como Chicano o Shikana. oigo unas voces alteradas: —¡El mar! ¡El mar! —grita Muñeca. Waruwaru o Yuana. estamos muy lejos del mar Caribe.

Es tan difícil llegar. hijos. Son ustedes los peligrosos. —¡Cuéntenos de ese bosque! —Afirman las narraciones jodi que los hombres que oyen el canto de esas extrañas flores se quedan para siempre en la selva. y luego de un breve vuelo logra detener su He� lipájaro al borde de un jagüey. en el cual se mece en un alarde de equilibrio. perdiéndose y necesitando de los demás a cada rato. Y quizás fue lo que los preservó hasta ahora de la total extinción. la selva es cerrada. a la vista. profunda. las bromelias más exóticas. las -206- . Afortunadamente. las orquídeas más raras están aquí. ese mar que creen ver abajo. —Sí —asiente papá. aún extrañado. —No se alejen —nos recomienda papá. —¿Será verdad? —Quién sabe… pero es cierto que algunos aventureros no han regresado jamás. que pocos logran penetrar. con su habitual ironía. ya. ese inmenso mar verde azulado.El Chamán de los Cunaguaros. —¡Qué paisaje! ¡Miren las bromelias! —exclama mamá de� tallando un árbol gigantesco que junto a su copa exhibe una gran bromelia abierta. —¡Así que eso era! —reconozco. —¿Cómo hacen para seducirlos? —Parece que los llaman con sus propios nombres. enamorados de ellas. preparando la cámara—. Peligrosos para la tranquilidad de todos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Ya. úl� tima guarimba donde poder vivir a salvo del asedio de los invasores. Aquí no hay poblados. nuestro padre. no se las echen de explora� dores ni de baquianos. acceder a esa urdimbre de árboles milenarios que ha sido por generaciones refugio ideal. ya —canturrea Superloro que ha escogido para posar� se el espaldar del asiento del piloto. —¿Acaso estos indígenas son peligrosos? —De ninguna manera. el Coronel conoce los alrededores de estas inhóspitas regiones. ¡es la selva! Por ahora guárdense las ganas de bañarse —nos alerta. y así despier� tan en ellos una pasión irresistible. Esa selva enmarañada. —Hasta dicen que hay un bosque de orquídeas cantoras —agre� ga Anfictión. Manténganse cerca. es el territorio de los Jodi. —Despierten.

hacia atrás. y se esfuerza por pronunciarlo completo y sin error. —Parecen árboles de frijoles mágicos —agrega Ocho—. Muchachos. Desde los tiempos de la conquista se refugiaron en estas regiones boscosas de donde nunca salen. ¿cómo lo vamos a encontrar? —subraya mamá preocupada. Lograron escapar del ase� dio español y otros peligros y acechanzas. y viven aún completamente aislados. monos pequeños y ciertas clases de insectos. haciendo imposible la navegación. Y tal como lo hizo mamá con mi hermana. poca gente lo ha visto. que aquí los árboles alcanzan alturas de hasta cuarenta y cinco metros! —¡Cómo va a ser. —O me equivoqué yo. Caminamos un rato. estrecho con la mano derecha las paticas de Supermudo afincadas en mi nuca. que desde que vio su cerro aceptó su verdadero nom� bre con entusiasmo. Pimentel Napolitano nos guía. caen las sombras. para no preocupar a nuestros padres procede� mos en apretado tropel. el largo y el corti� co que sería el pulgar. Nosotros los muchachos. que como ustedes saben constituyen las mejores y frecuentemente únicas vías de comunicación en estas regiones. es decir otro ecosistema. La verdad es que se esconden tan bien que es problemático encontrarlos. Es el de la copa de los árboles que en lo más alto está compuesto por una fauna distinta: pájaros. guardianes de la selva pocas viviendas son difíciles de distinguir. —No —añade papá—. Los Jodi han tenido escaso contacto con los criollos.Los Jodi. están obstaculizados por una serie continua de saltos y raudales. lo que encontraremos es otro mundo. La zona que habitan no ofrece posibilidades de penetración fluvial: los ríos. pero de los indígenas… ni rastro. dentro de poco será noche profunda. tal vez veremos que ahí están el gigante y el castillo del cuento Juan y las habichuelas mágicas. dos deditos orientados hacia delante y dos. —¿Y después. esto que van a ver. o por enor� mes árboles caídos que los taponan y los desvían. si subi� mos. jóvenes. —Si alguien se pierde. aunque ya le tenemos confianza al am� biente y a los naturales. o se mudaron ellos —comenta Anfictión con su acostumbrado buen humor—. ¡Consideren. ¿cómo se va a orientar?. a la vez que aprieta la mano de Maigualida. eso es casi imposible! —exclama Mor. más abajo? -207- .

-208- . —Un DVD. con el apoyo de Ocho. Cada uno con su propia fauna y flora. Deseoso de aportar él también sus conocimientos. medici� nas para cuando se enfermen. vuelos interplanetarios. una computadora —agrega Mor. deberíamos participar todos nosotros. se crearía una línea de quiebre en el tiempo —ríen Mor y Ocho. —Depende de lo que llamamos “hacer” —me risposta papá en tono irónico—. Muchas veces tratando de ayudar. excluida y relegada como los Jodi! —Mor. Viaje por el mundo indígena venezolano —Viene otro sistema. permi� tiera salvaguardar su cultura. muy pocas veces ha sido visitado. —Claro. diversiones. con televisión. que a la vez que los acercara a las ventajas del tercer milenio. una tarea. computadoras. paujíes y guacharacas. se “desayuda”. Allí viven monos más gran� des. hay aún gente tan alejada. teléfonos celulares y otros innumerables avances tecnológicos. fue observado por pri� mera vez apenas en 1942 y desde entonces. una responsabilidad directa y cumplirlos con ahínco y constancia. el Coronel prosigue. —¡Cómo se ve que ustedes ven muchas películas de televisión! ¡Tienen ya los ojos cuadrados! —remato yo. —¿Y qué podríamos hacer por los Jodi? —exclamo de pronto. por ejemplo la ropa que los abrigaría. consternado por la idea de su exigua población. intermedio. los zapatos. habitado por pájaros y lagartijas. —No exageren —interviene mamá— esos objetos más bien podrían trastocar su mundo. Después sigue otro. —Yo me refiero a poder proporcionarles algunas de nuestras co� modidades.El Chamán de los Cunaguaros. —Una camioneta Toyota —completa Ocho. expresa el asombro que yo mismo experimento. Internet. juegos. de su automargina� miento de la vida del país. que fuera algo útil. libros para leer. dándole a su voz un tono confidencial y secreto: —El grupo hacia el cual nos dirigimos. a veces algunas culebras y así hasta llegar al suelo. asumiendo cada uno un deber. preservar sus tradiciones y su ambiente? En esto. cambiarles su esencia. —¡En pleno siglo XXI. —¿Qué podríamos hacer por los indígenas.

una apacible armonía. erguido. sólo con esfuerzo logro distinguirla. de aspecto solemne y apacible subrayado por tiras multicolores que le adornan las muñecas y los tobillos. me parecen diferentes de aquellos de los indígenas que hemos observado hasta ahora: los encuentro más abiertos. pero… ¿todo se ha hecho bien? ¿Todos han actuado desinteresadamente? ¿Han tenido como fin principal el bien de ellos? Y… ¿qué es exactamente el bien de los aborígenes? ¿Quién puede contestar. roncos. a tropezones.Los Jodi. el mediano. invadida por follaje y ramas. elaborado con plumas de gua� camayas. cavilando sobre las palabras de papá. su misma expresión. Los rasgos de su cara. es cierto. pureza. Es una morada sencilla. respetando su libertad física e intelectual. guardianes de la selva —No es tan fácil —reflexiona papá— hacer algo por nuestros indígenas. más serenos. Admiro el brillo rojizo de su piel pintada de onoto. de ayudar a otros. A mí me cuesta verla. calidez. un jodi aparece. sin ningún ob� jetivo relacionado con nuestros propios intereses? Proseguimos en silencio. sonidos guturales. Volveré a buscarlos. pero apenas el Coronel y Rafael lanzan llamados propios del lugar. y me dispongo a seguir silenciosamente nuestro grupo al que el jodi. el único de esta comunidad que maneja algunos rudimentos de -209- . el más largo. quién puede decir cuál es el bien de los indígenas. bien propor� cionado. No se ve habitante alguno. allá está la vivienda! Los entrego y regreso a mi Heli� pájaro. ¿Somos capaces. Sobre su pecho se cruzan tres collares de distintas medidas y hechuras: el más corto. Guardo mi impresión para mí mismo. por esa trocha de monte oscura. ahora uno detrás del otro en fila india. que imitan el grito de los monos en celo. Su mirada refleja afabilidad. sino ellos mismos? Un suspiro de alivio del Coronel interrumpe lo que pudiera haberse convertido en la base de un manifiesto en pro de nuestros naturales: —¡Allá. en nuestro mundo tan materialista. cubierta por un muro�techo construido con hojas de palma seje. alternando pezuñas de animales combinadas con picos de ave. Algo se ha hecho por los indígenas. que no resalta en la vegetación: una armazón de palo. de bri� llantes semillas negras.

Se lo devuelvo a Kaima. quien me sonríe con calidez. aromáticos cangrejos de río. Los niños empiezan a llorar. Patomu. Usan mucho estas tiras o tiritas que se colocan tam� bién alrededor de las muñecas y tobillos. híspido. Notamos con regocijo que forma parte de la familia también un bebé. las hijas aún niñas de nuestro anfitrión. y a nosotros nos explica: —Nunca habían visto morochos. Ongua empieza a hablar rapidísimo. olorosa a hierbas. Pero ellos creen que tus hermanos traen un es� píritu maligno que los castigará. tiene sus propios cánones. tienen forma rectangular y ellos se los amarran a la altura de la cadera me� diante un cinturón de fibra o una correa tejida de cabello humano. Lo que no nos esperábamos era que todos los Jodi huyeran despa� voridos al llegar nosotros. los de las mujeres son iguales pero más pequeños. el de Ongua.El Chamán de los Cunaguaros. para tenerlo yo también en brazos. Ongua nos invita a comer. que están asando en la brasa sobre un entramado de ramas. a musgo. Estrecho ese bebé de grandes pupilas inocentes. las muchachas se tapan los ojos. los niños llevan sólo una tirita. y sus ojos rasgados parecen interrogarnos mansamente. Luego de tranquilizar a los suyos dándoles la mejor explicación que pudo en su lengua. Nos atienden en la amplia cocina donde se reúnen la esposa. ha invitado a entrar. Observo que todos los miembros de la agru� pación llevan guayucos. acorra� lados. Yo sí. Viaje por el mundo indígena venezolano español. Kaima. Algunos se alejan corriendo. este refrigerio nos cae de lo mejor. su piel limpia. como tratando de calmar a su gente. después de presentarse con su propio nombre. porque una vez fui a un pueblo de misioneros. y Mitu y Hoga. Tiene el cabello hirsuto. el hijo mayor. Los de los hombres. carne de picure y trozos de yuca envueltos en hojas de plátano. se arriman en un rincón y se estrechan. La etiqueta jodi —como deduzco por nuestro recibimiento— exige que a los visitantes gratos se les ofrezca comida inmediatamente a su arribo… Después de tantos sobresaltos y emociones. Otros. Esa reacción es la más fuerte de las que hasta ahora la presencia de mis hermanos morochos había despertado en los grupos indígenas. que aún no camina y está casi todo el tiempo al pecho de su madre. el último hijo de Ongua. de algodón. casi protegiéndose. aspiro el olor montaraz de su pelo. compuestas por algodón -210- . La cultura indígena es estructurada. Mamá quiere cargarlo un rato y luego se lo pido.

armoniosas.Los Jodi. adornadas por un borde que luce una decoración exterior punteada. Algunos jodi tienen el lóbulo de la oreja atravesado por un canuto de caña o de colmillo de caimán. Admiramos. la recolección de frutas de palma y la pesca de cangrejos tan abundantes en los caños pedregosos después de las crecientes. el plátano es el principal producto agrícola. lo que hacen después de asarlas sobre hojas de higuera silvestre. Papá me insta a que me fije en los collares que quizás se han puesto para dar un carácter de fiesta a nuestra visita. pero la miel silvestre que recolectan es el alimento más apreciado y más codiciado. inclusive orugas que despren� den de la corteza de los árboles o ensartan en un palo puntiagudo introducido entre las ramas y hojas de pequeños arbustos. vasos y cucharas. imitando tortugas. guardianes de la selva y cabello humano. En ella encontramos tam� bién aquellas costumbres extrañas para nosotros que ya conocemos: comen gusanos de muchas variedades. Los hay de semillas negras de parapara. esta tarde. ellos también aprovechan el fruto del taparo para hacer las totumas. es fácil reunir las hebras completas y trenzarlo para hacer adornos. que yo ya había observado entre los pemónes quienes las llaman arañas pollito por su sabor a pollo. son importantes. disfrutan sobremanera unas arañas grandes. más estrechas en la boca. Las moldean con la arcilla roja y fuerte que se da al borde del río. miel y jalea de las colmenas diluidas en agua. apiladas en un rincón. La alimentación de los Jodi es variada. y que aquí. Como todos los indígenas. Entre ellos. van y vienen constantemente: salen -211- . La comida se inicia con una sabrosa sopa de plátano rallado. que entrelazan con una aguja muy afilada de hueso de mono. Como ambos sexos lo tienen tan largo y tan sano. las vasijas de barro que ela� boran los Jodi. pulseras y cinturones. de semicírculo. Los más llamativos están conformados por plumas. la caza es fundamental. que tienen la función de platos. indistintamente de hombre o de mujer. marrón oscuro de ojo de za� muro. su carácter entusiasta. rojas de peonía. las secan al sol y luego las cuecen en simples hornos de piedra y leña. anchas en su parte central. tal vez eso es lo que man� tiene su vivacidad. y para calmar nuestra sed. alas o picos de pájaros y pezuñas de báquiro recortadas en fragmentos de un centímetro. en forma de pez. de las cuales saben extraer el veneno con gran habilidad para que no haga efecto al comerlas.

lo saluda: —¡Hola. perdices. hola! Superloro. lo que nos despierta una remembranza lejana. Superloro. se persiguen entre ellos. entablan cómicas luchas. Muy entusiasmado al ver a otro de su especie. Detalla� mos su cuerpo delgado pero firme que se recorta en la habitación. picures. grullas. hola. Son los animalitos silvestres que los Jodi capturan en sus salidas de recolección y cacería. brr! Su homólogo colega plumífero no se queda callado: —¡Đ∆ĭĕðĕØö¥ÿĕĕ¤! La respuesta del otro loro en el habla jodi. su reluciente cabello largo. hola. sus ojos de mirada enigmática. especialmente cuando Superloro toma parte en la representación. bailan. quizás una señal tan esperada. pavas. luego se abrazan entre sí y con sus amiguitos jodi. el frío se cuela en la vivienda. nos arrimamos al fuego. se acerca a Superloro con las alas abiertas y baila también girando sobre sí mismo. Ladea su cabecita como queriendo escuchar -212- . ¡rrr. los animalitos se lucen con sus mejores gracias y habilidades: saltan. tuca� nes.El Chamán de los Cunaguaros. rrr! ¡A jugar. pájaros carpinteros… ¡Un zoológico completo! ¡Aquí hay que abrir bien los ojos. chigüires. Aplaudimos y nos reímos hasta más no poder. porque nadie habla español! Dirigidos y ayudados por Patamu y las dos niñas Mitu y Hoga. Reina animación en el ambiente. y luego do� mestican y crían como compañeros de juego para los niños: monos. Al son de la flauta esta noche tenemos hasta teatro: lo protago� nizan unos actores de excepción. Viaje por el mundo indígena venezolano vacías hacia el fogón y regresan llenas de diferentes víveres aderezados con caracoles y camarones de río. nos vienen a la memoria otras notas similares. sus bellos collares y atavíos de plumas. a jugar! A este punto un loro real muy parecido al nuestro reclama su rol en el espectáculo. volando y girando de un hombro a otro mientras tirita: —¡Hola. lechuzas. ¡Increíble! El espectáculo es de primera. Superloro. saludan. Superloro despliega su copete amarillo y como iniciando una amistad. Entre el humo de la hoguera. en la semipenumbra de la noche que cae. hablan y cantan. entra la oscuridad. loritos. Al escuchar el cautivante sonido. periquitos. deja al nuestro con un aire de desconcierto. En el mágico tono de la melodía se nos antoja un presagio. el joven Patamu se acerca tocando suavemente una armo� niosa flauta.

Los Jodi. muy atinadamente: “¡A dormir. yo también mortifi� cado. a dormir!”. estaba pichoncito y todo picotea� do. —¡Pero no creo que haya volado hasta allá! ¡Y sé que en Caracas no hay loros! —Nos lo trajo un amigo yukpa. luego empezó a volar y hablar. Los re� petidos fogonazos dirigidos a los extraordinarios actores confieren al ambiente un halo de luminosidad que nos conforta. Ongua se ríe a carcajadas mostrando sus dientes blanquísimos. imitando la risa del jodi. casi de ver� güenza. y todos lo imitamos durante un buen rato. lo crié con cariño. y se quedó en familia. Papá había conseguido durante la comida el beneplácito de nues� tro anfitrión Ongua para tomar fotos. Alrededor de cada uno -213- . y empiezo a mecerlo rascándole la coronilla. Es la señal. —Pobre loro. tan selvático. Superloro bosteza estruendosamente acompañado por Maigua y las hijitas de Ongua a la vez que grita. de ninguna! Lo traemos de Caracas. —¡Tú no entiendes eso. Por fin se decide: —¿Cómo tienen ese loro con ustedes? ¿De cuál comunidad lo sacaron? —¡No. Para mayor sorpresa. luego papillas. Superloro empieza a reír también. pana! —le susurro. guardianes de la selva mejor. Es muy tarde. lo tenía siempre cerca de mí. y a todos nosotros nos da un sentimiento de pena. y ya ha disparado los primeros flashes para familiarizar con ellos a nuestros nuevos amigos. Me había dado cuenta de que hacía rato Ongua miraba con ex� trañeza a Superloro. —¿Como qué? —Por la mañana me llama fuerte: “¡Buenos días Telio!”. si volviera aquí tal vez recordaría su idioma nativo. y así me despierto con rapidez para ir a la escuela. Yo me encargué de él. vive allá con noso� tros. Parecía querer decir algo. y para consolarlo le tiendo mi dedo. que ya tiene encendidos dos fogones. —¿Qué sabe decir tu loro? —Muchas cosas. Se había caído del nido. viviendo con una familia de cara� queños que los han desarraigado de su ambiente —reflexiono—. Kaima nos lleva a una vivienda ubicada detrás de esta. a la cual brinca de inmedia� to. le di tetero.

pasa un ave nocturna de ligero vuelo. que se recuesta ense� guida apretando entre los brazos un monito tití que las niñas Jodi le han prestado. ¡Es suficiente para ella. Siento mi corazón acelerarse cuando presiento su paso. lleno de una majestad impalpable. Destellos de luna rebotados de las estrellas encienden chispas alrededor de su figura. porque Supermudo ha encontrado de su completo agrado uno de los dos postes verticales alrededor de los cuales está enrollada horizontalmente la fibra con que han elabo� rado mi chinchorro. haciéndole comprender que es sólo hasta mañana. Solo. a mis hermanos y a mi madre dormidos. inmedia� tamente. se va acer� cando. siempre encaramados en lo alto de los árboles. Luego se aleja con su séquito feli� no. Nos enseña las de su familia. fuerte. El fuego arderá la noche entera. la oigo siempre más y más cercana. las de las niñas y del bebé colga� das por encima de las grandes. bien dormido. No falta uno mínimo para Maigualida. refugiado en lo más alto. Presto atención. Me incorporo y advierto que al mismo tiempo lo hace papá. se oye el bramar de un venado en celo. ali� mentado oportunamente por una sombra silenciosa: Ongua. nos enrollamos en nuestros lechos col� gantes que bien sirven de cobija. tratamos de penetrar con la mirada la penumbra de la choza que la débil fogata no logra vencer. el chamán. melodio� sa. se queda muy a gusto. el chamán! Clava en mí sus ojos amari� llos como las pupilas de los cunaguaros y yo bajo los míos. que a su vez lo contempla sin hablar. cerca del otro fogón. ¡Es él.El Chamán de los Cunaguaros. caen sobre ella! A continuación nos indica nuestros chinchorros. escon� dida su coronada testa de loro real en el hueco del hombro. que no se esperaba una sorpresa tan extraordi� naria! Se duerme abrazada a la pequeña criatura de hermosa melena leonada y quizás sueñe con pertenecer a una selvática familia de estos diminutos seres. nuestro bondadoso anfitrión. y si se caen. sencillas y espaciosas. Es él. Una flauta. Allí. reforzándolo luego con tiras transversales. desde lejos. Viaje por el mundo indígena venezolano están suspendidas en forma de triángulo varias hamacas de algodón. Chisporrotea el fuego. Contempla largo rato a mi padre. Para protegernos del frío. casi como un grito. Yo también me acuesto. ¡Qué tierna esta costumbre! ¡Mamá jodi duerme con sus hijitos al alcance de la mano. En silencio. como con una corona invisible -214- . No se borra el gesto fiero y pensativo de su rostro.

No logro volver a conciliar el sueño. sino porque mide el tiempo con absoluta precisión. ¿de qué hablas? Me conformo con la respuesta. que tanto aprecia su cafecito mañanero. —¿Y quién es él? —¿Que quién es él? Un jodi sobrenatural. Me despiertan los graznidos de Superloro: —¡Hola. por nuestra gente. las dos. Respiro hondo. como pocas veces. baja de su morada celestial y nos brinda el calor de su protección especial. tal vez —murmuró en voz muy baja como arrancado de sus hondas meditaciones. no tanto por su elegancia. hola. me quedo realmente dormido. Aprovecha el frescor del amanecer para tomar fotos -215- . Me senté junto a papá y al jefe jodi. señor de la selva y los ríos. La una. entre esperanzado y temeroso de que volviera sobre sus pasos y nos hechizara con un ademán o con un conjuro de sus labios. que conversaban en voz baja. Y luego—: Filatelio. fortalecido. Me siento des� cansado. Papá ya empieza a traficar con las películas. Mantengo cerrados los ojos. Su flauta tiene cualidades curativas. a comer! —y nos invade el aroma del café recién colado en el fogón de la cocina por Carmen. el olor que tanto temen las lapas y los picures. el Cha� mán de los Cunaguaros. ese bello artefacto de brillante niquelado del cual me siento muy orgulloso. Su palabra hace crecer en nuestros corazones el amor por lo nuestro. guardianes de la selva en las sienes. Pulso la ruedita que ilumi� na el cronómetro. gravemente. que después del nombre estrambótico me regaló con especial cariño mi abuelo de Maracaibo. Por fin. por nuestras tradiciones. Me vienen a la memoria las palabras de Ongua cuando apenas acabábamos de conocerlo: —¿Les llegan visitantes? —El que siempre viene por aquí es nuestro jodi sagrado. su presencia hace fruc� tificar la tierra. buenos días. con poderes divinos.Los Jodi. Flota en el ambiente un almizcle agridulce. y tomé con ellos café con miel en una totuma honda. Él nos vi� sita con cada luna llena. que siempre carga un cucurucho en su equipaje para complacer a papá. cazador incansable. el rastro del cunaguaro. las tres de la madrugada. —Creo que tuve una pesadilla ¿verdad papá? —Tal vez Filatelio. mágico.

que vemos alineadas en el suelo a lo largo de la pared de -216- . de los instrumentos.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano del interior de la vivienda. que están apoyados en el piso o colgados de las paredes en gran orden y limpieza. Los Jodi no poseen arcos ni flechas. y para los pequeños las cerbatanas. Para la caza de animales mayores utilizan lanzas con puntas de metal y a veces de piedra.

entre treinta y cuarenta centímetros. —Pero el carcaj —continúo después de examinarlo bien— es un trozo de caña gruesa de bambú. porque sus puntas están frecuentemente untadas con curare. me felicito yo mismo! —¿Qué longitud tienen por todo las cerbatanas? Calculo rápidamente. equipadas con una buena cantidad de dardos apretados en los carcaj. —Pero no siempre se preocupan en rescatar los dardos que no han dado en el blanco. ¡Qué bien las detallé. y si los ca� zadores fallan en acertar debido al reducido tamaño de las presas. —Los alcanzan. para que me ayudes luego a comentar las fotos que tomamos. —Varían. el cual sobresale en el extremo opuesto de la boquilla. para que los cazadores puedan soplar intro� duciendo los labios en ella —me aclara papá. después el tubo externo —prosigo yo— y el cuarto elemento es un tubito que recubre y protege unos quince centímetros de la caña interna. La bo� quilla es bastante ancha. que paraliza y mata las víctimas.Los Jodi. La cerbatana es un arma silenciosa. monos. para que no merme su acción instantánea. y cuando éstos se agotan. Cuando se solidifica lo ablandan me� diante fuego. papá. —Muy probable. que los cazadores aplican en forma líquida. con varillitas del monte que aguzan con extrema rapidez y destreza —remarca mi progenitor—. —¿Y los dardos? Míralos. abierto arriba y cerrado abajo en -217- . Creo que están hechos de corteza de seje. ¡Son bien largas! —Me parece. Aquí casi todo lo hacen con la palma seje. pavos y pájaros. guardianes de la selva fondo de la vivienda. Observa bien las cerbatanas. elaboran otros de inmediato. —Luego está la caña interna. Sé que no debo tocar los dardos. mezclado con saliva. ar� dillas. que pueden alcanzar los tres metros —aventuro con cierta duda. Así lo hago. y le transmito en voz alta mis observaciones mientras él cambia los rollos: —Estas cerbatanas tienen cuatro partes —empiezo—. tienen la oportunidad de volver a disparar con el mismo dardo. ese terrible y misterioso veneno vegetal de los indígenas. Filatelio —me pide a continuación—. Así lo hago. pero no los toques.

sorteando selva y río. se alma� cenan las lanillas de ceiba que usan para la elaboración de dardos nuevos. Más tarde los explotaron cruelmente. a traer otros lentes. también los criollos recolectores de pan� dare. Por cierto. Ayudo a papá que quiere montar el trípode. Después de retratar las vasijas salimos. Contempla luego las puntas de las dos lanzas. de la cual jamás salieron. obligán� dolos a trabajar para ellos.El Chamán de los Cunaguaros. —¿Y cómo las consiguen? —Mediante trueque. y comenta: —Fíjate hijo. Es un miedo ancestral. más abajo del nudo. varios muchachitos jodi se nos acercan de entre las hierbas altas donde habían estado escondidos. voy a fotografiarlas ya. observándonos. padre. Viaje por el mundo indígena venezolano forma natural por un nudo de la caña. a la luz brillante de la mañana divisamos otras habitaciones de hojas de palma. las puntas metálicas de estas lanzas las fabrican con hojas de machete o cuchillos afilados. despertados por el vuelo desordenado de Superloro que en su prisa por seguirme. Poco después. al lanzarse del poste de ma� dera se ha enredado entre tantos chinchorros. al menos unos tres metros. raptándolos en sus lugares de origen. Y ahora dime. papá? —Seguramente están asustados. llevan a cabo con asentamientos criollos ofre� ciendo sus cerbatanas y las vasijas que tanto nos llamaron la atención ayer. para salvarse del asedio español y de los traficantes de esclavos que compraban y vendían indígenas. cuando tuvieron que refugiarse en esta lejana zona de la selva. ¿qué es esa lanilla? Papá se acerca con una nueva película y toma de cerca algunas vistas del carcaj que yo estoy describiendo. origina� do desde hace siglos. hasta que se empezó a recurrir a la fabricación de productos sintéticos. Una vez afuera. con métodos crueles. que una vez al año en alguna expedición. desde la época de la conquista. ellas tam� bién. algunas con techo de caña brava. Por eso es que en la actualidad quedan sólo -218- . a la vez que me explica: —En la parte inferior del carcaj. largas. —¡Buenos días! —la vocecita de Maigualida acompaña dos so� noros besos. —¿Acaso nos tienen miedo. caucho y balatá. mientras los morochos empiezan a desperezarse.

Ellos la interrogan con una mirada seria y desconfiada. y eso será cuando llueva. A esta conclusión que me alegra. No se quieren quedar atrás y cantan: Pajarillo verde. las rencillas antes tan frecuentes. con las nalguitas al aire. a través de los niños. y les ofrece los demás. como yo pensaba antes. que todos los indios son americanos! —exclamo en voz alta. Por una vez. especialmente entre los dos ceritos. Ahora papá les está tomando fotos. —¡Nosotros no somos políticos! —exclaman a dúo los moro� chos—. en el comienzo. parece una indígena también. —Quizás —me contesta papá— establecer la comunicación nos sería más fácil si lo hiciéramos. qué te puede dar un indio pajarillo verde por mucho que yo lo quiera ay ay ay ay una cesta de cangrejos pajarillo verde. —¿Saben que esa canción era el himno de los antigomecistas? —se sorprende papá. Seguimos observando a los niños jodi. lo somos todos. Uno de ellos lo lanza en un espacio abierto. En eso vemos que Maigualida les tiende a los niños unos ca� ramelos que le ha dado mamá. no obs� tante sus ojos claros y sus ricitos rubios. Juegan con un aro que han elabora� do con presteza amarrando un bejuco. corriendo. ¿O acaso lo es? A lo mejor. celebro su agudeza. Los demás. —Será lento y difícil volver a ganar su confianza. que viven fieles a la tradición. Muñeca. Su rostro se suaviza en una sonrisa. pero ocultos y recelosos. se agrega el entusiasta consen� timiento de los morochos que acaban de llegar. las peleas. se confunde entre ellos. Al fin extienden la mano y los aceptan. ¡Acertaron! Este compartir con los indígenas ha constituido un gran aporte a nuestro crecimiento como familia.Los Jodi. y la música no tiene partidos. con su guayuco yekuana y los collares de semillas de peonía que le han puesto. libres y sueltos en sus cor� dones. Han cesado las controversias. introduce uno en su propia boca. La niña los desenvuelve. ¿Todos los americanos somos indios? ¡Pero lo cierto es. tratan de atravesarlo con un -219- . guardianes de la selva pocos centenares de Jodi.

Uno de ellos. el sonido los alcanza. unos muchachitos un poco más grandes se entretienen entre juego y trabajo. a las cuales acechan. unos jovencitos que empuñan lanzas no tan largas. al cual como mínimo hay que velarlo toda la noche. Han comprendido. bien afiladas. quizás previo al definitivo. Los adolescentes hacen más lento su paso y nos observan asombrados. Los miran y les sonríen con simpatía. entre cantos y gritos. elaborando en conjunto trampas para pájaros.El Chamán de los Cunaguaros. Comprendemos que no se trata de un jugue� te. —¡Míralos cómo gozan! —subrayan los morochos. El que lo logra de primero. O bien ocultos en un mirador cuyos costados han cubierto con hojas de palma o platanillo. hechas de una variedad de bambú. El enfoque de su cámara cambia sólo cuando se acercan. No se detienen y siguen a paso acompasado hacia el bosque. O quizás preparándose para apresar un venado. comienza a silbar como un tucán en la espesura. Largo y vibrante. no sin antes repetir a la perfección los silbidos de los morochos. El otro morocho inventa un silbido de paují fuerte y certero que hace que la marcha jodi se detenga por completo. como un saludo alegre. El cazador -220- . se convierte en el lanzador. y los muchachos aguardan en vilo para no espantar al animal hasta que antes del alba él mismo se acerque. después de saludar cariñosa y burlonamente a los niños. y es muy arriesgada. con puntas de la misma madera. con esa diversión tan sencilla y sana. y el juego continúa… Da gusto ver cómo se entretienen. Un poco retirados. adelantán� dose algunos pasos. Mor y Ocho no resisten la tentación. Me gusta imaginarlos ensayar la imitación de los cantos de pájaros. cerca de un árbol frutal donde caen frutos maduros que sirven como alimentos a varias bes� tiecillas. Viaje por el mundo indígena venezolano palito. al borde de la choza. y algunas para animales mayores. Papá sigue sacando fotos. Luego reanudan su procesión. casi marchando en una ordenada cuadrilla. Tengo la impresión de que van a practicar las diversas técnicas de la cacería. muy compenetrado. que se considera un asunto estrictamente individual. —¡Parece que nos entendemos! —exclaman contentos los dos ceritos silbadores. Me comentan que han averiguado que los jóvenes jodi deben además ejercitarse en la cacería del báquiro. un recur� so para atraerlos. sino de un instrumento de caza.

Nos indican que así debemos hacerlo también nosotros. y así se lo hago comprender a Superloro. según el decir de papá. juegan y ríen gozosos. logra bajar el panal y depositarlo en tierra cuidadosamente. o cunaguaros. pues el báquiro es un animal sumamente peligroso por su fuerza y voracidad. Los Jodi caminan contentos. Es seguro que encuentran emocionante esta actividad. Ungua nos tenía una sorpresa: en días anteriores a nuestra lle� gada habían hallado en el tronco de un árbol. Los demás se retiran unos pasos y él con gestos y conjuros. Los niños embadurnados y hartos de miel y jalea. con su característica varita atravesando la nariz. expectantes. tiene lugar el más delicioso festín. guardianes de la selva empieza por aprender a localizar las manadas. Luego quiebra el panal y a continuación. mientras los mapires -221- . espanta con humo a las abejas que huyen a buscar otro refugio. siguiendo técnicas antiguas que lo protegen de las terribles picaduras. Actúa con tanto sigilo y tanta cautela que sus movimientos parecen en “cámara lenta”. guiándose por el fuerte olor característico que despiden esos mamíferos. lo que es esencial para no perturbarlas. Al caer la tarde. una especie de pértiga. se ocultan con sigilo detrás de un grueso tronco. muy despacio se aproxima y valiéndose de un palo largo. llegamos hasta el tronco de árbol que protege la colmena completamente callados.Los Jodi. ancianos y niños. ¡una colmena completa! La habían guardado para obsequiárnosla y recogerla junto con nosotros. plantas pisadas o quebradas. Con movimientos de una lenti� tud extrema. mujeres. que en esta ocasión debe volverse de verdad Supermudo. pistas. anticipando el banquete que se van a dar. hombres. entre voces y cantos. Nosotros nos apartamos también. en plena selva. trepar como monos o lagartijas y desde allí acechar al animal como si ellos mismos fuesen pumas. en un clima de suspenso y de exaltación. Comemos la miel allí mismo y nos llevamos las abundantes sobras a las casas. excrementos que indiquen en qué dirección se des� plazan. que sabe de este arte milenario. el encantador de abe� jas. pero en el más completo silencio para no asustar a las abejas. Para buscarla salimos todos juntos. He aquí que se adelanta un indígena especial. Cuando deciden ata� car su presa. o caminan� do a través de la selva hasta hallar huellas. en la que se ven obligados a encaramarse con agilidad a los árboles. a fin de treparlo inmediatamente en caso de ser descubiertos y desde allí poder disparar sus lanzas.

¡Pero yo no veía el menor riesgo! Caminá� bamos por la selva. despertando la envidia de mis hermanos. atándolas por las patas traseras y delanteras: así es más fá� cil transportarlas. El grupo se dispersa de pronto. Pero pesan bastante. Al despuntar el día. A mí junto con Patomu nos -222- . Los veíamos galopar hacia nosotros gruñendo y cuando me percaté de sus enormes colmillos corrí hacia el árbol con los de� más. Son los machos más viejos del grupo. Luego un se� gundo. rompiendo ramas y hojas. Un extraño tro� pel. y sin que nos picara ni una sola abeja. muy ufano. Muy oportunamen� te me tienden la mano y me hacen subir. Volvemos al poblado felices de haber participado en tan exquisita y singular excursión. Me habían dado una lanza a mí también para defenderme en caso de necesidad y yo trataba de llevarla al igual de mis amigos jodi. por entra� ñar considerable peligro. a quienes no les habían ofrecido participar en la aventura. Todo eso me desconcierta. Los demás huyen hacia la selva. ¡La cacería del báquiro! Había aceptado feliz. dejando un rastro abierto en la espesura. Súbitamente un báquiro cae herido de muerte. Sobreviene un ruido hosco. Y yo los imitaba expectante e impre� sionado. Por cierto.El Chamán de los Cunaguaros. Patomu y dos muchachos avan� zan rápidamente y se encaraman en lo alto de un bucare frondoso. inclinados entre la maleza. y de ellas amarran sus tres presas. Mis compañeros cortan varas gruesas. y cuando apareciera un báquiro. sintiendo su fuerte aliento en mis talones. sintiendo que estaba viviendo una de las más interesantes experiencias de mi vida. lo flecharíamos o le arrojaríamos la lanza. Eran varios. Patomu y sus primos me hicieron señas de seguirlos y de adentrarme con ellos por un sendero bosco� so. Viaje por el mundo indígena venezolano repletos de taparas cargadas de miel anuncian el fin de la jornada. no imaginaba la suerte que en la madrugada siguien� te me tocaría. gruñidos y jadeos. a unos cincuenta metros de nosotros. Otros se quedan conmigo. eso era todo. unos raros rugidos… Salieron del bosque inesperadamente. grandes y oscuros. donde es menos densa la piel del animal. mientras nosotros al fin bajamos del árbol. Las cer� teras lanzas de los Jodi los han matado en segundos entrando por el cuello. y otro más. tratando de no hacer ni el más leve ruido. ame� nazantes. Los báquiros nos embestían. Adelantaban sigilosos. mientras la manada golpea el tronco con horrendos topetazos y agudos gruñidos.

la estrella de la tarde. '¡pero nos hemos entendido muy bien! —ex� clamamos satisfechos. te da una cesta a medio tejer y te pide que la termines. —¿Y después? —preguntamos en suspenso. pero voy a complacerte —consiente el Coronel. Cuando uno lo encuentra en la floresta parece muy cariñoso. por lo menos nosotros —habla Mor en nombre del número Ocho—. En las selvas cercanas a los do� minios de los Sape y de los Jodi se habla de la leyenda de Mawadi. la apasionante excursión en pos del panal de abejas y yo. vive en el agua de donde pocas veces sale. personalmen� te. ¿no salen fantasmas? ¿Por aquí no hay narraciones fantasmales? —No es exactamente el tipo de preguntas que me gusta con� testar. -223- . en blanco�negro y en colores. al recordar el maravilloso teatro animal. Entramos en la aldea triunfantes y todos nos salen a recibir. ¿En esa selva tan intrincada y solita� ria. y se lo re� lata con detalles al Coronel. regocijándose al pensar en los festines que tendrán en los siguientes días. quien ha logrado fotografiar y filmar. Ha logrado apresar algunas y las guarda con cuidado en una taparita que él mismo había arrancado de un árbol. ¿En� tonces no hay preguntas? —Preguntas sí tenemos. guardianes de la selva toca cargar el báquiro más pesado de todos. que ha pasado las noches en el helicóptero y las horas del día explorando los alrededores. puedo aclararles algunas dudas. vaciado y perforado con agujeros pequeños para llevár� selas a su General. ¡Es la hora de la partida! Debemos reunirnos y aprestar nuestro equipaje. las extraordinarias secuencias. o mejor se hace —aprueba Anfictión—. El más exaltado y feliz es nuestro fotógrafo Rafael. y persiguiendo las hermosas ma� riposas rojas típicas de la región. aseado y pulcro en su uniforme se presenta puntualmente nuestro Anfictión. alta en el cielo.Los Jodi. que no conocen el español. Al despuntar. si las tienen. —¿Estamos listos? —pregunta en efecto. Me temo que no les habrá sido tan fácil conversar con los Jodi. —Estaríamos. —Conversar no. dando a su vozarrón unos tonos tenebrosos—. —Así se habla. Es un ser mítico. pero… mamá no aparece. —Vamos a darle un compás de espera —ofrece cortésmente el Coronel—. Véspero. Mientras tanto. la impresionante cacería del báquiro.

“para cualquier emergencia”. y tú puedes aprovechar el momento para huir. Mamá. —El Uruturú se acerca poco a poco al hombre que atraviesa la selva y se convierte en hombre también. te encierra en ella y te lleva para comerte. te grita. convencidos.El Chamán de los Cunaguaros. disolviendo algo en él. en piedra del camino. con un niñito en los brazos. A su lado. De cuclillas en el suelo una indígena. —Mejor no cruzar la selva solos. mamá sigue sin aparecer. —Esto no me está gustando nada —murmura Ocho. —¡Es sólo una leyenda! —ríen los morochos pero súbitamente se sobresaltan al oír un resoplar que resulta ser el graznido de Su� perloro. —¿Qué animal es ese? —Es un tigre raro. Experimento ahora la misma sensación que me embargó entre los Yekuana. Viaje por el mundo indígena venezolano —Si la terminas bien. el Coronel tiene un repertorio fantasmal insospe� chado. guiada por su voz. Al ver el trabajo mal hecho el Mawadi se molesta mucho. el maletín de enfermera de campo está abierto. que al decir de los ancianos se transforma a veces en persona. los morochos. Le da conversación. arropado en la cobijita rosada de Maigua. Me acerco a un techito de hojas de palma. —Exactamente —confirma el Coronel—. —Y no han oído hablar del tigre Uruturú? Al parecer. búscala. —Pero por si acaso. —A mí menos —puntualiza Mor. trata de cal� mar su llanto y proporcionarle algún alimento en uno de los teteritos de los cuales se proveyó antes de salir. entonces —concluyo yo. lo que yo aprovecho para burlarme de su nerviosismo. te lo quita. llámala —me insta papá. al observar a mamá junto con Wayasury. A todas estas. con Mereka: a -224- . se dedica a arreglarlo. pero una escena inesperada me hace retroceder. sentada en un chinchorro. no queremos aprender a tejer cestas —se comprometen. —¡Qué susto! ¡Me da escalofríos! —Entonces hay que tejerla mal —acotan los morochos a una sola voz. —Ve tú. prepara con mucho cui� dado otro tetero. le cuenta un relato y después se lo come. convertido de nuevo en jaguar. donde me parecía ha� ber visto dirigirse a Carmen con una jodi.

de qué? —indaga papá. estaba enfermo. ambas son las madres del pequeño jodi llorón. al bebé le preparé un tetero de flores de manzanilla y le disolví una aspirina infantil -225- . mi amiga yekuana. —¿Qué? —Sí. entre serio y burlón. y la jodi envuelta en sus collares de rojas semillas y su breve guayuco de hojas. —¿Pero mamá. el de los ena� morados… —¡Ese es el tuyo. Luego. ¿nos vamos? —Sí. y el niño está recién nacido. —En el idioma de las madres —susurra Carmen. le entrega el niño ya dormido a la indígena. son hermanas. el de los payasos. quizás enfermo. Estos in� dígenas son muy cautos en lo que atañe a sus críos. me llama: —Filatelio. —¿Es posible? —esta vez me sorprendo yo— ¿Ya sabes prepa� rar las hierbas medicinales. —Dándole a su amiga jodi una clase de medicina —contesto yo por ella. Salimos. ese era el mismo que hablabas con Wayurami? —Ocho. —¿Qué tenía el niño. Pero se las enseñé a la ma� dre. Lo curé con hierbas de Wayurami. Ella. —Lo sé. las medias to� billeras. Recoge el maletín. y con esto me gané su confianza. los botines de cuero. sabrán que además de varios idiomas. —El de los borrachines. quiere puntualizar. —Una gran calentura y tos. Aquí las noches son frías. los pantalones de dril. no les gusta darles a sus hijos nuestras medicinas.Los Jodi. no tanto. Mamá me ve. Suavemente. el italiano hay varios lenguajes: el de los músicos. —El mismo. —¿Cómo lo curó? —pregunta curioso el Capitán—. y aplicarlas? —No —sonríe mamá—. Aunque ellos las tomen. el de las mamás. Las últimas recomendaciones se las da en un cariñoso murmullo. —¿En qué idioma? —se informa la voz irónica de Mor. —¿Qué estabas haciendo? —pregunta papá. guardianes de la selva pesar de la franela de algodón. mamá. el fran� cés. siempre pendiente de las muchachas! —me agreden los morochos al unísono. ¡ustedes! —replico yo. el alemán. nos tenemos que ir —susurro casi avergonzado por interrumpirla. mamá pertenece a este mundo indíge� na.

silenciosos. -226- . sin arrancarlos de sus tradiciones. como rugido misterioso? —pregunto. le enseñé a preparar otros teteros con los mismos ingredientes. pero a la vez sorprendidos. La creen formada por los cabellos de un ser humano y le atribuyen un significado sagrado. —Caramba. Como ella comprendió. pero solícitos y colaboradores. Coronel —gritamos todos. Los sentimos amigos. —En realidad esta caída de agua se llama Churún Merú. afecto. una mano permanentemente tendida hacia ellos. un rumor lejano pero im� presionante nos hace enmudecer. la contemplan desde lejos con veneración. el rugido de Kanaima. Precedidos por el Coronel. temporal: quizás aprobación. ha� cia el helicóptero. una de nuestras maravillas. Helipájaro y yo mismo les hacemos este regalo.El Chamán de los Cunaguaros. recorremos el camino a la inversa. —¿Qué es ese ruido. algo más que una simple ayuda. y el deseo de volverlo a ver. sus amigos. Asimismo lo hacemos nosotros. Al poco de haber levantado el vuelo. ¡Cuente usted con toda mi admiración! —No es nada importante —se defiende azorada. y que tenía el mismo efecto que las hierbas. Esta vez. pero protegidos por las condi� ciones atmosféricas favorables. Sabemos que les gus� taría volver a vernos. Estoy segura de que la fiebre se le quitará en pocas horas. Papá y mamá se miran como si supieran algo que nosotros ignoramos. Nunca se le acercan demasiado. ángel! —apoyan Muñeca y Superloro. Nos queda el recuerdo de este inolvidable paisaje venezolano. Nuestra ruta no la incluye. la más grande del mundo. doñita. —Es ciertamente un rugido. comparable a los de las maravi� llas del mundo. Viaje por el mundo indígena venezolano adentro. desviándonos a unos cuantos kilómetros de la impresionante cascada. con sus conocimientos y su psicología —dice el Capitán— sería usted una valiosa ayuda para cualquier an� tropólogo. Que esperan algo más de nosotros. —¡El salto Ángel! Gracias. que los acerque a nosotros sin forzarlos. Mamá tiene muchas cualidades y aún más: dedicación. —¡Ángel. colaboración. Nosotros sabemos que sí lo es. algunos Jodi se nos unen. amor y deseo de ayudar. lo que significa algo como larga cabellera. haciéndole ver que esto era lo mismo. es así como la denominan los indígenas. la voz de nuestra fascinante catarata.

en reflexiones con fundamentos científicos… ¿Quiénes son realmente los llamados a acercarse a ellos. guardianes de la selva Mientras volamos hacia otras regiones. deberían estar basados en estudios de las condiciones humanas.Los Jodi. Cualquier viaje. Las acciones dirigidas hacia nuestros aborígenes. donde una inmensa red vegetal se extiende por kilómetros. intento. no pue� den ser improvisadas. -227- . exploración. hoscos pensamientos cruzan por mi mente. de esta grandiosa naturaleza. que ha tendido lazos de co� municación entre estas culturas. acción o decisión. en vínculo entre ellas. Como el Chamán de los Cunaguaros. a dirigirnos a noso� tros en la colaboración que se les quiera prestar? ¿Los gobernantes? ¿Los políticos? ¿Los misioneros? ¿Los maestros? ¿Los antropólo� gos? Quizás un equipo interdisciplinario formado por todos éstos. Deben ser personas comprometidas a fondo. identifica� das con las necesidades de esta gente. y ha tratado de llamar a un despertar de las razas y etnias indígenas. con su consenti� miento. se ha convertido. y la nubosidad a veces se con� vierte en llovizna punzante. en puente de confluencia de tantos sueños e inquietudes. pero con la participación de algunos representantes de los mismos indígenas.

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según la imagen que ha viajado en el tiempo para mí.Palabreo para Carmen Carmen es morena y menuda. Y se veía una mujer en plenitud lunar. a través de dibujos que mi padre me dio diciendo: “Esta es tu madre”. exacta. breve. callada. Ella habla con voz leve como la brisa de la tarde. 229 . según la imagen que tengo guardada. pequeña y suave como las hierbas del camino. Ocupa el lugar de mi madre y es como ella. hermosa. con el embrujo del puma en la mirada. como las piedras brillantes de los ríos son sus ojos color de miel húmedos y lentos al posarse sobre las cosas. como pájaros o pétalos de flores. Carmen es criolla.

Viaje por el mundo indígena venezolano Carmen no tiene su sonrisa. -230- . Pero la siento cercana. Siento su voz amiga y presiento que también su imagen quedará presa en mi memoria.El Chamán de los Cunaguaros. esa sonrisa de flores y frutas que se ve en la imagen de mi madre. su piel de hierba me recuerda la piel de nuestra gente.

o al menos. desconocían el arte de la navegación. Noto que papá los mira sorprendido. Recorrían la selva a lo largo de rudimentarias trochas. por cortos trechos.Los Yanomami. la selva es demasiado tupida. El Amazonas. Al borde del caño donde nos deposita el Co� ronel. al oscurecer. se dejaban llevar por la corriente en troncos huecos de palmas. Pero no teman. Algo así no habríamos podido ni si� quiera imaginarlo. No sé si lograré describirlo. o construían balsas con tallos de plátanos o con maderas livianas ensambladas entre sí. Yo entiendo la recomendación de Anfictión. confíen en ellos —lo tran� quiliza Anfictión. una canoa nos espera. —No puedo llevarlos más cerca. relatarlo. han empe� zado a aventurarse por aquellos ríos selváticos parecidos a acuáticos caminos. Sin embargo. Habíamos llegado al territorio yanomami luego de un vuelo bas� tante largo. A veces. atravesaban los caños equilibrándose en pa� sarelas de lianas. llamado pulmón vegetal del mundo por sus 231 . Antiguamente los Yanomami eran un pueblo de tierra firme. hijos de la luna Nos embarga la emoción. no me sería posible aterrizar. Con el tiem� po. tam� bién comparto la preocupación de papá. han aprendido a manejar curiaras. con cierta aprensión. con dos jóvenes a los remos. a tallar canaletes.

el número 100. importante. es más delgado. somos mogave. sus ojos son agudos y penetrantes. humanos. parece que estuviese recordan� do en sueño paisajes melancólicos. dejándose una tonsu� ra en la coronilla o en la fontanela de la cabeza. que son mogave. que se utiliza tanto para las cosas como para los seres vivientes. ¿Y ellos dos? Ellos son huya. Aún más bonitas son las palabras que se usan para los bebés. plantas. que se adelanta escoltada por papá. corre. presta a ambos un aire de seriedad. al año auprao. o sea que no saben. De los niños grandes. animales. como -232- . dos hermanos de buena disposición que han cursado en la Misión Católica la primaria y dominan el español.El Chamán de los Cunaguaros. Mientras nosotros nos impresionamos con la amplia gama de palabras para designar las edades y mis hermanos las repiten con deleite. de cuerpo armonioso y mirada apagada. hombre. Al acercarnos a la embarcación nos anima la actitud responsable y cordial de Xoto y Makobi. adulto. plenos de una inmensa diversidad de fauna y flora y constantemente amenazados por la invasión del hombre. Superloro ha estado con la oreja aguzada. El corte de cabello típico de los Yanomami. que inspira confianza. Los indígenas que se des� plazan por ellas tienen que conocerlas perfectamente para internarse en la espesura sin correr el riesgo de extraviarse. pues pata significa maduro. cami� na en cuatro patas. se para. ihuri. mujer. sagaces. Makobi. está surcado por centenares de vías fluviales que constitu� yen la única forma de comunicarse entre los poblados asentados en lo espeso de la selva o en las riberas de los ríos. y por fin a pata waikiwe. Un bebé recién nacido es a shatio shoave (aún mama). saben lo que hacen. Nos saludan. Luego se vuelve aterekou. “pequeño”. ayudan a mamá a acomodarse en la canoa y luego: —Adelante. Viaje por el mundo indígena venezolano intrincados bosques interminables. a los cuales no dan enseguida nombre propio. Mamá es moko. sus músculos destacan brillantes. El viejo es wero pata y la vieja suwe pata. como papá. de solidez. ya es grande. Acosan a los remeros con preguntas y averiguan también que de los niños pe� queñitos se dice que son mojodi. en cambio. muy atento. entonces. Nosotros. sube —le dicen sonriendo y tendiéndole la mano a Maigualida. son inocentes. costumbre parecida a la de los monjes franciscanos pero anterior a la penetración misionera. Los morochos aprovechan enseguida para aprender la palabra ihuri y su significado. Xoto es más alto y fornido. juega.

no habitan en embarcaciones… —No.Los Yanomami. no viven al borde de los ríos. —Los Yanomami siempre encontramos el camino —afirma Makobi. con las alas abiertas: —¡Hola! ¡Pata. abundantes en la temporada de lluvia. y también muchos kerepes. —¿De veras? ¿Por qué? —Porque no sólo nos permiten movilizarnos. Muy cómodos en la embarcación consumimos una sabrosa en� salada de palmito y yerbas aromáticas recogidas entre los Jodi. pero sobre todo de los criollos. Nos gusta mucho agregarlos a la sopa con caracolitos de río y camacutos. que para nosotros son una amenaza no sólo por la posible dependencia a la que nos someten. siempre volvemos a nuestra selva. hojas y bejucos. Son peces muy pequeños. pata. de las fieras? —En parte. cachamas. sino por las enfermedades que traen consigo. pata! —¡Qué brío. -233- . Superloro! —lo aplaudimos. impresionado por esa navegación zigzagueante. sino que en ellos hallamos nuestra principal fuente de sustento. ni esca� mas. Los cursos de agua son nues� tros amigos. qué hacen si se pierden por aquí? —pregunta Mor. —¿Y los que no son Yanomami. camarones y cangrejos de río. enri� quecidas por ruedas de huevos de iguana ofrecidos por los mismos. casi todos techados por un inmenso tejido vegetal de lianas. Repentinamente nos asombra gritando. bravo. más verde que azul. nuestra dieta preferida. camacutos. —¿Y en qué consiste esa dieta? —Bagres. Superloro. y conversamos con nuestros guías mientras nos transportan hábil� mente hacia el campamento cruzando a través de una red de caños y pequeños riachuelos. después de navegar por los ríos y visitar a veces los po� blados de otros indígenas. no tienen casi espinas. —¿Saben qué son los kerepes? —puntualiza Xoto—. que nos envuelve y nos protege. —Pero los Yanomami no son navegantes. hijos de la luna escuchando. —¿Los protege? ¿De qué. pero sustanciosos. el menor de los hermanos—. cubierta de hojas. —¿Cómo encuentran el camino en este laberinto y en tanta pe� numbra? —les pregunta Mor.

cerrado en la parte de afuera hacia la selva con paredes de hojas de palma. —¿Cuáles recursos? —estoy sorprendido. —¡Bravo. el mismo de cuando se confabulan para hacer alguna tra� vesura. ¡Otra broma de mis dos ceritos! —¡Bravo! —los alaba Makobi—. “se juega la vida cotidiana”: se realizan las fiestas. —¿El pájaro campana? ¿Cómo es ese pájaro? ¿Cómo canta? —Ocho manifiesta una gran curiosidad. se -234- . Tiene una voz armónica que pareciera reproducir fielmente el tañer de una campana con su repique alto y melodioso. pero ellos también tienen sus re� cursos. Es bien difícil imitar su canto tan melodioso. melancólico sonido de las campanas del Ángelus. cierro los ojos e intento descansar. yo mismo creo escuchar el canto del pája� ro campana. Como me encuentro cabeceando. —Dicen los mineros criollos que si uno se pierde en el Amazo� nas. Poco después.El Chamán de los Cunaguaros. Empieza a caer la noche cuando llegamos al campamento. le responde al primero. al oír el canto del pájaro campana. Me sobresalto: —¡Papá rápido. que era Mor. Sólo lo saben hacer los arpistas locales. Así mismo canta ese pájaro. Recuerda el suave. Papá. cuya figura se balancea entre los colores del crepúsculo en el borde de la canoa. Viaje por el mundo indígena venezolano —A veces pasan trabajo. lo llaman ellos: un gran techo de forma circular. Shabono. prepara la cámara! ¡Un pájaro campana! Pero al momento otro supuesto pájaro campana que es Ocho. Toda la familia se siente orgullosa por esta alabanza. abierto hacia adentro a un patio común donde se derrama la luz y donde. palos y nudos de fibra vegetal. se reciben las visitas intercomu� nitarias y ejecutan las danzas colectivas. bravo! —refuerza Xoto. y al ver que mis hermanos ya incorporaron a su amplio repertorio ese her� moso canto amazónico. trata de satisfacerla: —El pájaro campana es un ave blanca característica de los bos� ques amazónicos. despertando el rego� cijo de los dos remeros. conocedor y familiarizado con la zona y su fauna. como dicen ellos. Noto que Mor y Ocho tienen su característico brillo pícaro en la mirada. se celebran las victorias. algo ovalado. encontrará la salida. del tamaño de un loro pero con un copete de caca� túa.

El negro lo obtienen del caruto. para acogerlos dentro de sí y darles vida en la eternidad. parecen no advertir nuestra presencia. un espectáculo extraordinario e inespe� rado nos sobrecoge: es la celebración del pijiguao. sumidos en su recuerdo y en su dolor. bailan. es cuando se reúnen. Pero es a la vez un rito: el reahu-mou. hacen fiestas. El poblado circular no es simplemente un lugar de residencia: es un círculo mágico entre el hombre y la naturaleza. tabaco. nos adentramos en el shabono tratando de no perturbar a los indígenas que. desnudos como es costumbre entre los Yanomami. hijos de la luna despide a los muertos. el orden cósmico y expresa una visión simbólica del tiempo y del espacio. Todos están pintados. que. Adultos y niños se reú� nen en círculo. fruta de un árbol muy alto. Agrupados alrededor de nuestros padres. de iniciación chamánica y donde lo sagrado se incorpora a la vida cotidiana. Protegidos por la penumbra. refleja también la organización social. Es la hora del acercamiento a los difuntos. los colores poseen una lectura simbólica: el negro y el rojo son sus dos matices fundamentales de ornamentación. igual hago yo con Superloro en todo el tope de mi cabeza. que encuentran al escarbar su� perficialmente el suelo y lo extienden ampliamente por todo el cuerpo en señal de luto y dolor. También lo usan los guerreros y todo el que -235- . o también del carbón natural. Llantos y plañidos nos estremecen. racimos de plátanos. Nos sentamos en una es� tera en el borde entre el espacio techado y el descubierto en el cual están prendidas algunas fogatas. Entre ellos. ollas. Colocamos el equipaje bajo la porción de techo que Xoto nos ha asignado. es el espacio ceremonial donde se libran sesiones de curación. detrás de seis chinchorros destinados a nosotros alrededor de un fogón prendido. de negro y de un fuerte color ocre.Los Yanomami. Mamá acuesta en su regazo a Maigualida. adyacente a los objetos de uso diario. Al� gunos llevan los atavíos ceremoniales y los adornos sagrados. inquietos y asombrados asistimos a la sorprendente ceremonia que se desarrolla ante nosotros. el rojo simboliza la vida y el negro la muerte. una clase de palma que produce un fruto considerado festivo y simbólico por los Yanomami: cuando madura y lo recogen para cocinarlo y convertirlo en manjar. al fondo. con reflejos rojizos. Al asomarnos al patio. que consiguen a veces caídas a flor de la tierra. como sabremos después. mejor dicho embadurnados o coloreados en caras y cuerpos. en el cual los Yanomami ingieren las cenizas de sus muertos.

cachetes prominentes. durante los cuales hacen el elogio de los fallecidos cuyas cenizas se van a repartir en el encuentro. Las parientes las recogieron de las altas hogueras de brillantes llamas donde los Yanomami acostumbran quemar a sus muertos. En el amplio patio. que protegen y dan energía a los Yanomami. intenso colorante natural vegetal que sirve como repelente contra la plaga y para curar quemaduras e irritaciones. es un color pacífico y alegre. que son todos hermosos. Al comenzar el rito. Las madres de los difuntos se hacen manchas circulares oscuras en la cara con la ceniza y las llevan como homena� je hasta que desaparezcan naturalmente. los pequeños yanomami destacan entre los más bellos niños de Vene� zuela. grandes ojos brillantes. se utiliza para enamorar. dirigente moral de los Yanomami. de pelo negro oscuro. con los brazos extendidos hacia los lados simulando alas. empiezan a bailar a la luz de las fogatas una extraña danza: alineados o casi. Viaje por el mundo indígena venezolano esté dispuesto a matar. también luce coloreado su cuerpo desnudo. El rojo. las vierten en una batea en la cual aún humea una sopa de plátanos verdes recién preparada. avanzando y retro� cediendo a la vez. El marrón o violáceo es índice de la transición entre vida y muerte. También los niños participan en el baile con el rostro y los bracitos embadurnados de arcilla blanca: parecieran pintados con la misma blancura plateada de la luna. que crece espontáneo en la selva sin estar sometido a ninguna técnica de cultivo. empapados de la luz lunar. mientras arrecian lamentos y lloros. Luego. El rojo se obtiene del naroa u onoto. rollizos. y hojas de palma en las manos que agitan y hacen zumbar delan� te de ellos: estas hojas simbolizan la presencia de los hekura o espíritus de la selva. aso� ciado a la sangre y a la luna. alguien que por la auto� ridad y prestigio de que goza evidencia ser el chamán. ya coloreados completamente rostro y cuerpo.El Chamán de los Cunaguaros. cantos o diálogos rituales. Cantan los waya-mou. manifiesta alegría. llena de sopa una totuma más grande. realizan carreras hacia delante y hacia atrás. y de ella toma pausadamente un largo -236- . y las han guardado en unas totumitas selladas con cera de abeja. El plátano. Bien proporcionados. Revuelven la mezcla lentamente. Algunos em� piezan a salmodiar y suben el tono de la voz hasta hacerlo a gritos. Todos lloran o se lamentan desgarradoramente. y que renueva el pacto del hombre con la naturaleza es el alimento de mayor consumo entre los indígenas. especie de oraciones nocturnas que duran hasta el amanecer.

papá. estremecidos por una turbación nueva. Entre nosotros seis. siete con Superloro. reconfortándonos uno al otro con nuestro cariño. ¡Ojalá todas las familias pudiesen tener estos víncu� los que vemos tan evidentes también en las comunidades indígenas! La noche va cayendo con desgano. no se oye ruido humano mientras dura la ceremonia de absorción de la sopa. unida toda la familia como un puño. ¿Con qué cobijarnos? -237- . el eco de los pájaros en la selva. Sólo nos envuelven el viento. yo me he dado cuenta de que. alguna vez. rodea nuestros hombros. casi al unísono. palpitante. Sin embargo. amparados por el afecto mutuo. hijos de la luna sorbo. y entre la muerte y la vida. y uno tras otro conscientemente absorben las cenizas de sus muertos a los cuales deben la continua� ción de la vida. mientras sus seguidores hacen esfuerzos para rodearlo y aislarlo. entre la vida y la muerte. Sin embargo. La pasa a los más próximos. mezcladas con la sopa hecha con el fruto de la tierra. Mi hermanita empieza a toser. pero su actitud distante y compenetrada nos detiene. una fuerza que nos vivifica y conserva con salud. Los llantos han cesado completamente. Todos sentimos un nudo desagradable en la garganta. Agobiados de cansancio —el día fue tan intenso— nos dejamos caer pesadamente en las su� tiles hamacas de lianas. el silencio está tan borda� do de gritos guturales. seguimos sentados en el umbral del shabono. agazapado en la semioscuridad. suspiramos. Todos cercanos. gorjeos de pájaros. con esa aura mágica. todos juntos. sin� tiendo la serena conciencia de estar vivos.Los Yanomami. uno cerca del otro. en la muerte? Hoy. y el rumor de la rama quebrada por los monos al preparar su yacijo para la noche. Detrás de nosotros. Mamá con Maigualida dormida en los brazos. a la cual deben la subsistencia. según los Yanomami el que narra los mi� tos. hay una energía vital que nos mantiene unidos. cualquiera que sea nuestro credo y nuestra religión. el repiqueteo del carpintero. Quisiéramos acercarnos a ese ser espe� cial. una continuidad permanente. ¿Han pensado ustedes. un frío súbito nos hiere. pero a la vez asomados al abismo insondable de la muerte como quien se asoma al borde de un pozo oscuro de la selva. chillidos de monos. entre los in� dígenas Yanomami. ruidos de la selva húmeda. hay un lazo indisoluble. que es el chamán. los morochos y yo mismo. que parece un ente vivo. hacia el alba.

son medios de seducción y transfiguración espiritual. hábilmen� te.El Chamán de los Cunaguaros. ¿Acaso no lo apagan nunca? A nuestro alrede� dor una hilera de chinchorros. se explayan: —Parecen cotufas. la tos se calma. para familiarizarse antes de tomar las fotos. Poco después observo que mis dos ceritos se han dado a la tarea de apresar y comer ellos también las hor� migas voladoras. las hormigas voladoras que salen con la lluvia. y distintas taparitas llenas de miel. pero se acercan Xoto y Makobi que nos interrumpen para ofrecernos frutos de pijiguao afortunadamente ya cocinados. ellos. El aire ya es caliente. que mezclan con agua. papá nos había explicado que la pintura facial y corporal de los indígenas. hasta demasiado. Nos llama la atención la extensión de pinturas y la abundancia de adornos que todos llevan: más que todo plumas. su� mamente caluroso. No hay gente en ellos. más bajos. pues al estado natu� ral son tan duros y resecos que ni siquiera Superloro logra romperlos con su pico aunque lo intente varias veces. Veo el celaje de sus largos cabellos al pasar. entre ellos. La belleza de los ornamentos. empezamos a preguntar. atravesados. se mezclan. y la de la noche húmeda y fría. y flores. donde papá ya conversa con varios integrantes del grupo. e introducen en totumas para comerlas con deleite. la cual puede ser dulce o agria. y de la cual tiene muchas va� riedades. armonioso y ágil. que desciende hasta los doce grados. se persiguen a lo largo del círculo que forma el techo del shabono. más de treinta grados. pero el fogón continúa prendido aunque ya sin llamas. el cuerpo desnudo. es el reflejo de la belleza de los espíritus. aña� de leña. más altos. Cuando ven mi gesto de asombro. reanudamos un sueño tibio y tranquilo. ellas. atiza el fuego. Viaje por el mundo indígena venezolano En el territorio yanomami se nota aún más la gran diferencia que hay en ese bosque tropical perenne. El sol debe estar alto cuando los morochos y yo despertamos. Pronto una sombra amiga se desliza hacia nuestro fogón. Durante el viaje. Salimos al patio. así como sus atavíos simbólicos y cere� moniales. admiramos la fuerza de los relámpagos y al rato vemos que los indígenas atrapaban con los dedos. Quisiéramos saber algo más al respecto. es energía. Una lluvia recia se abalanza repentinamente sobre el poblado. entre la temperatura del día. Cobijados bajo el shabono. La llama nos apacigua. en triángulos. Todos se han levantado. -238- .

—¿Sólo los Yanomami lo practican o también otras etnias? —Los Yanomami son los únicos en practicarlo. Me satisface que ustedes. mas no al significado profundo de la ceremonia—. —Aparte de que la absorción de las cenizas de los muertos es una impresionante tradición. Para nosotros lo importante es que. podría dar lugar a una epide� mia. —Así lo percibo yo —interrumpo convencido—. Aún lo estamos. —Yo también. creo que es conveniente. participación y continuidad en nuestra estirpe. aseguramos su presencia. viviendo en este medio tan cálido. pero quisiera preguntarte si todos lo aceptan. quemándolos y absorbiendo sus cenizas. quemar a los muertos como hacen ustedes en lugar de enterrarlos. Enterrar a los muer� tos en la selva. pensando en la trascendencia y en la anti� güedad de esta costumbre. con el calor del trópico. entiendan su significado. cada vez me estremezco. Me quedé pensando en el sabor que tendrían. —No.Los Yanomami. ¿Qué opinan? -239- . ¿De verdad serían sabrosos? ¿Los comería mi hermano indígena? ¿Comería otros insectos? —¿Se asustaron anoche? —Makobi se nos dirige a nosotros los muchachos. —Yo también pienso que influyen razones higiénicas —insiste Ocho con el mismo desatino de su hermano—. —Lo es. por lo menos en los territorios amazónicos. hijos de la luna —¡Son exquisitas! Afortunadamente la lluvia cesó cuando se disponían a darle a Muñeca algunos de estos inquietos volátiles. Mor rompe el silencio con una reflexión lamentablemente personalista y llena de pragmatismo. A pesar de asistir a esta ceremonia nuestra regu� larmente. pero estábamos impactados. Callamos un rato. —Esto —contesta Xoto muy solemnemente— debería yo pre� guntárselo a ustedes. o si esta costumbre es motivo de críti� cas y menosprecio hacia tu gente. —Es un rito profundo y simbólico. ¿no es cierto? —Quemar o enterrar un cuerpo sin vida viene siendo lo mismo —contesta Xoto un tanto resentido al advertir que las observacio� nes de los Morochos se refieren a los detalles. siendo criollos.

qué porcentaje representan? —me decido a preguntar yo mismo. salvajes o inferiores. nuestros indígenas no son inferiores. fija en mí con aprensión. Otros tantos pudiera haber en Brasil. hasta diría en su filo� sofía. a los Piaroa. como si dijera “profesor”. por� que comprendo que Mor y Ocho se sienten cohibidos. ¡Nos avergonzamos de oírlo hablar con tanta propiedad. Xoto tiene un brillo húmedo en los ojos: —Sigue. Viaje por el mundo indígena venezolano —Diría —respondo por todos— que la mayoría de los que des� precian a los Yanomami. desde que empezamos el viaje. pero en las cuales pienso insistentemente de día y aún más de noche.000. a todos los indígenas tildándolos de irracionales. los indígenas demuestran una intensidad y coherencia propias de una cultura antigua y sólida. desco� nocimiento. me es� timula a continuar. Filatelio —me dice.000 almas que se contabilizaron en el censo del año 2000. que según nuestra propia estimación sobrepasa las 500. pues nuestra etnia ocupa una extensión geográfica que se reparte en dos áreas de casi igual extensión entre Brasil y Venezuela. —Considerando —prosigue Xoto alentado por el interés que ha despertado— que la población indígena representa aproximadamente -240- . que había vislumbrado antes. Aprovecho el momento para confiar a mis hermanos y a mis amigos algunas de estas inquietudes: —Creo además que en su pensamiento. Somos todo oídos. sino dife� rentes. que nosotros en la mismísima capital. La mirada de los dos hermanos. lo hacen por ignorancia. porque este es un discurso difícil. sin que por ello se les considere infe� riores. Representamos el 5% de la población indígena de Venezuela. Parece saber más este joven aquí en la selva. ligereza.El Chamán de los Cunaguaros. Medito un instante. y de lo poco que sabemos! —¿Con respecto a la totalidad de los habitantes de Venezuela. pronunciando mi nombre con solemnidad. Y tienen derecho a serlo. Cavilamos un rato. —A mi juicio. Los morochos con su habitual curiosidad quieren indagar más: —¿Todas las comunidades yanomami son así como esta? ¿Hay muchas? ¿Dónde están ubicadas? —Los Yanomami somos unos 10. Estoy ha� blando de cosas importantes.

como pueblo —el cuerpo delgado de Xoto se yergue. batata. y luego dejamos que la tierra descanse. nos encontramos con que en esta región. Todos. Caura. dónde están ubicados los Yanomami? —Nosotros realmente no estamos agrupados. estableciéndose en lugares aptos para levantar distintos conu� cos: plátano. al� gunos son caminantes. mapuey. apenas el 0. quiero decir que se desplazan dentro de nuestro territo� rio. maíz. ¿Cómo logran ser fieles al pasado. —Pero. con su acostumbrado desplante. El rie� go también es distinto. —Pero si hacemos un cálculo regional. Paragua. ocumo. se mudan de la selva? —exclaman al unísono los morochos. en cambio el plátano. nuestro porcentaje sería insignificante. Ventuari. hijos de la luna el 1. a las antiguas costumbres? —Porque lo que nos une no es sólo la tierra. su pecho se infla. todos nosotros. —¿Acaso migran. Pero… —Pero… ¿qué? —estamos pendientes de sus palabras.25% de la población total de nuestro país. necesitan el suelo movido. y de gran importancia! —¿Dentro del estado Amazonas. cambur y yuca requieren un suelo compacto y perennemente húmedo. el estado Amazonas. sino nuestras tradi� ciones. sino dispersos a lo largo y ancho del territorio. —¿Cómo es eso? —Pues nos vamos de esa zona a otra y levantamos otros conu� cos. hay un estado poblado en su mayoría. —No. Y además. nuestra propia cultura como gente. Su afirmación nos sobrecoge. su mirada se hace altiva cuando prosigue con voz firme—. especialmente en las regiones del Alto Orinoco. No lo sabíamos. para que el lugar anterior regenere su suelo.04 %. ¡Eso es notable. —¿Y por qué tantos? ¿Por qué no siembran en un mismo conuco todos los vegetales? —Porque las raíces como batata.Los Yanomami. la mayor parte de la pobla� ción es indígena. si están tan esparcidos y constantemente se mueven —inquiere Mor—. ñame. Cuchivero. Acos� tumbramos recoger dos o tres cosechas seguidas. aireado y arenoso. por indígenas. ni lo habríamos imaginado: en Venezuela. ñame y ocumo. para los plátanos es siempre mayor. todos los -241- .

Regresarán los cazadores. como a veces no nos sentimos ni siquiera en nuestra ciudad. —¡Pero de qué instrumento tan raro se valen! —interrumpe Mor. Ocho. —Sí. Nos ayudan en todo. y prosigue: —Después pulen con cuidado la madera frotándola con hojas rugosas del árbol pourouma. Percibimos que ellos dos se entienden. ni de los árboles. que encuentra las palabras adecuadas para apoyar esta determinante declaración: —Que defiendan siempre sus tradiciones Xoto. sentirse tan unidos con alguien aquí en la selva. mediante un nudo simple la fijan al tensor que han elaborado con la corteza de una especie de yagrumo. y luego la trabajan con la mandíbula inferior del báquiro. ni de los cazadores. de lo cual me alegro. —Así será —contesta Xoto con decisión. y ni siquiera de los arcos. Que reciban. cómo los usan. la mirada clavada en las pupilas claras de papá. la misma que uti� lizan para las cuerdas de los chinchorros. —Los hombres tallan los arcos con la madera de las palmas de pijiguao y seje. entonces —concluyo. —Empecemos a salir a la selva —nos anima el joven— para que conozcan mejor nuestro ambiente. —Todo a base de plantas. convirtiendo en risueña la expresión nostálgica de Makobi. ofrezcan. Se nos ha acercado papá. —¡Y pregúntale qué piensa el báquiro! —asoma. con amigos aparentemente mucho más afines. Xoto no les presta atención. y la embadurnan con una savia negra y espesa. separan una astilla larga y estrecha utilizando machete y hacha. es nuestro deseo. Es apasionante. ni de las flechas… Aprovechando la buena disposición y el ánimo sereno del mo� mento. compartan. Es nuestro único y mayor orgullo. Por fin. los Yanomami. -242- . las plantas son nuestras amigas.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Yanomami mantenemos nuestras tradiciones. me atrevo a preguntar sobre algo que me apasiona: —Explícame cómo hacen los arcos y las flechas. pero que sigan siendo ustedes mismos. volverá el aviador… y si no nos apresuramos no habremos tomado fotos. que todos nos enten� demos. burlón. y que no se dejen doblegar. Una estrecha comunicación se establece entre nosotros.

supongo? —Entre nosotros. teníamos la sospecha. las puntas de las flechas se envenenan. Ahora. para que la flecha se dispare. que las contiene y aísla. entre las barbas de las plumas. y puntas encorvadas de palma. La cola.Los Yanomami. —Entonces. el curare. lo apasiona. qué grandes! ¿Cómo las llevan? —Ya estamos más que acostumbrados —prosigue Xoto—. Por todo tienen más de dos metros de largo. las cuales se le fijan con un hilo fuerte que se enrolla alrededor del fuste de la flecha. Se completan con dos elementos muy importantes. —¡Uy. puntas de arpón con una astilla de hueso afilada y sujetada a la madera de un arbusto apropiado. —De igual importancia. hecho con madera del árbol “pata de grulla” y tallado con un buril que se amarra al extremo in� ferior de la verada con una cabuya untada con resina de paramán. que cultivamos con este propósito. las plantas. hay tres tipos: punta lanceolada con di� ferentes bambúes. Está claro que la descripción de la flecha. Está hecho con un fragmento de bambú cortado de manera que uno de los tabi� ques transversales sirva como fondo. casi nacimos con ellas. —¿Pero no es peligroso cargar flechas envenenadas? —Para eso tenemos el carcaj. porque continúa con énfasis: —En la cola se le inserta un talón. que llevan muescas transversales para que se quiebren en la herida. debe llevar dos medias plumas de paují. de forma que el veneno se disuelva rápidamente en la sangre. pero no la segu� ridad. —¿El veneno dijiste? ¿De verdad? Hasta este momento. —¿Y las flechas. —Supongo que las puntas son aún más importantes que las co� las —ya casi me figuro ser un cazador indígena con su carcaj y sus flechas preparadas. ¿todas las flechas están envenenadas? ¿Y con curare. Antes. los ríos. hijos de la luna Es impresionante este vínculo de los indígenas con la naturale� za. y se endurecen con fuego. cómo se hacen? —Se hacen con el tallo de la caña brava. Cerramos la abertura superior -243- . sí. de que los indígenas aún hoy día usaran su típico y mortal veneno. esa inmemorial arma indígena. la cola y la punta. se direccione y vuele bien.

para lo cual han reunido cantidades de flores frescas y perfumadas. están pintadas y llevan adornos. vamos en camino. también alude al amor. las -244- . Atravesamos el extenso patio donde las yanomami ya están tra� bajando. Práctica quizás necesaria. A la vez que recorremos el recinto. indicar disponibilidad. y lo llevamos colgado de un cordel sobre la espalda. y algunos con vistosos aretes. que al simbolizar la vida. aceleremos el paso. Los llaman pauxi. Hay adornos masculinos a base de plu� mas y pieles o huesos de animales. cuando Ocho me grita. alegría. repartiendo la comida a los niños y arreglándose ellas mismas. —Mira. —¡Qué buena explicación! —aprueba nuestro padre—. tienen otra bastante extraña para nosotros: se pasan constantemente por la cabeza.El Chamán de los Cunaguaros. ¿por qué no aprovechas para que te abran las orejitas tan chiquitas que tienes y te pongan unos zarcillos? Trato de perseguir a Mor para darle su merecido por lo que acaba de decir. corriendo para que no lo alcance: —¡No lo niegues! Tú querrías ponerte zarcillos y un piercing en el ombligo. Tuponken. tan frecuentes entre ellos. Pero aho� ra. de los cuales cuelga un plumón de pecho de tucán. barriendo. la de adornarse. Los adornos son muy importantes para esta etnia. Predomina el color rojo. para despiojarse. Los masculinos consisten en brazaletes confeccionados con piel de paují. o plumones de guacamaya azul o amarilla. Viaje por el mundo indígena venezolano con una piel de animal. Se embellecen además con coronas o cintas elaboradas con la piel del mono araguato o capuchino. Nos ex� plican que para ceremonias oficiales los hacen de garza blanca real. sirve para enamorar. La acción de pintarse se denomina oni mou. tallos o ramitas de plantas. solas o una a otra. limpiando. y adornos femeninos. Y yo tengo una linda sorpresa: reconozco el largo y flotante cabello. que se ciñen a la frente ajustándolas con hilos de algodón y completan con una vistosa diadema de plumones de águila o gavilán. pauxi mou. manifiesta paz. —¡Mentirosos! ¡Serán ustedes! Pero enseguida callamos y nos quedamos embelesados viendo algunas jovencitas hermosísimas en sus atuendos naturales. Al lado de esta costumbre tan agradable. pero… Desde la mañana las indiecitas. los detallamos. de flores. especialmente las más jóvenes. sus típicos peines de espinas.

quiero averiguarlo. para nosotros. tales prácticas le recuerdan la acupuntura. que obtienen del bambú o de las ramitas finas de la planta payoari.Los Yanomami. Sanema. hijos de la luna piernas ágiles. Se intercambian flores. las cuales siempre se conservan blancas. Los adornos femeninos que observamos en estas jóvenes tan compuestas y agradables. estarán muy en� tretenidas. como “hijos de la luna”. waika. ¡Fabuloso que pregunte eso al empezar la marcha! A mí también me interesa. alrededor de las muñecas. Algunos antropólogos nos han dado nombres ficticios. pero no es correcto. significa “extranjero”. En cambio. -245- . se los incrustan en el tabique nasal o bien en la boca. Nosotros somos Yanomami. propiamente. y los engalanan con hierbas y flores fragantes. y quisiera quedarme más… —Déjate de pájaro bravo —me comenta con sorna Ocho que ve el éxtasis en mis ojos. tal vez a causa de que en estos bos� ques poco penetra el sol. Mamá y Maigualida se sienten felices entre las indígenas. Yanam que son variaciones regionales del gentilicio común. más bien los ilumina la blanca luz de la luna. —¿Por qué a ustedes mucha gente los llama waika? —le pregunta Ocho a nuestro guía al adentrarnos finalmente en el tupido bosque. Me quedo rato admirándola. en el cabello. —Este nombre se ha generalizado. consisten principalmente en varitas o palitos. A mamá. que se enteró y luego comentó todo esto. es hasta más importante que el sol. la prima de Xoto. más bien ro� mánticos. Ella. aspiran juntas su perfume. Los llaman hiyo kasi husi kami con ellos desde temprana edad se perforan las orejas. cuándo sem� brar y cultivar. lo que significa “ser humano”. lo con� sideramos despectivo. debajo del labio inferior. Más tarde las acompañarán a los conucos donde van diariamente para cultivarlos. se ayudan a colocár� selas detrás de la oreja. Nuestra etnia comprende varios subgrupos: Yanoama. el cuerpo cimbreante de la muchacha que avivó el fogón: es Wasari. o de que estamos siempre pendientes de ella: sus fases nos indican cuándo podemos cortar los troncos para nuestras casas. perteneciente a otra comunidad. Podemos dejarlas sin contemplaciones.

se nos acerca. Nomai. que nos consideramos tan superio� res. Al llegar al tope despega un ramaje rojo. un compañero de escuela. utilizando dos pares de esta� cas amarradas en forma de tijeras que apoya a las espinas del árbol. y ni siquiera waika puedo ser yo! Interrumpe nuestra risa un aleteo de Superloro que desde su acostumbrada posición. ¡Qué vergüenza! Nosotros. ágil y seguro. porque el término waika no se aplica sino a los integrantes foráneos de otros grupos indígenas. allá arriba! Papá ya está disparando su cámara. Pero he aquí que una -246- . con el mismo sistema y la misma velocidad. un muchacho escala una altísima palma de pijiguao. es decir. Está a punto de salir. qué embarque! —dramatiza Mor en una de sus payasa� das— ¡ni yanomami. no ustedes. peque� ño. casi… —Entonces —puntualiza Mor— aquí en el shabono. —Casi. seríamos nosotros. algo así como el “musiú” que usamos en Caracas para quienes nacieron en Francia. aferrado a mi hombro nos advierte que algo extraño le llama la atención. Miro alrededor y no veo nada. los waika. bien maduro. y vuelve a bajar. los musiú. Con una velocidad sorprendente. Alemania. al atletismo natural de los aborígenes… vale. ¡qué distancia! ¡Cuántas cosas ganamos y cuántas perdemos con la civilización! A un ruego de mi padre. su invitación a trepar el árbol. —Pues dije “casi. afortunadamente sin comentarios iró� nicos sobre nuestra incapacidad por hacer lo mismo. de expresión altiva y fiera empuña nuevamente sus estacas para repetir la escalada.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano —O sea. enjuto. —¡Ay. ofrece la fruta a papá y nos tiende con opti� mismo burlón las estacas a los morochos y a mí: —¿Quieren probar ustedes? Nadie se atreve a aceptar. casi”. cuando: —¡Allá. Y pensar que yo tengo la medalla de deporte de mi escuela… Pero de nuestro atletismo adquirido. Nomai. ¡Extraordinario. fuera de Ve� nezuela. no podríamos hacer eso ni siquiera practicando un mes entero. nuestros amigos yanomami son unos acróbatas! —¡Bravo! —le grito cuando aterriza. de navegación y cacería de Xoto y Makobi. Italia. junto con las estacas.

6 m/seg. t = tiempo. dicen que en un apartado rincón de una remota montaña llamado “el raudal de la desolación”. nuestro máximo curso de agua. satisfecho. temible pez dotado de un poderoso veneno. = 1.Los Yanomami. Todo el territorio yanomami está surcado por una densa red de ríos y caños más o menos importantes que desembocan finalmente en el Orinoco. esperando un pie desprevenido. Superloro me abandona y se prende del hombro del yanomami. ¡Un récord! ¡Una marca olímpica! Superloro regresa a mí. El Orinoco nace en la zona yanomami. sagrado para muchas etnias. d = distancia. que como una inmensa arteria vital cruza el territorio venezolano fecundando todas las tierras que baña. Aumenta el calor. y frota el pico contra mi meji� lla. Superloro! Seguimos caminando. más rápido que un ascensor de los ultramodernos! He verificado el trayecto de subida en mi relucien� te reloj cronómetro que tanto me ha servido en este viaje: Altura de la palma: 20 metros. En sus riberas tienen asiento muchas comunidades indígenas. o “el raudal de la tristeza”. soñado por tantos aventureros y exploradores. la mortal acechanza de la raya. y cuan� do sale de allí tiene todavía un tamaño reducido: cerca de Manaviche 44 metros. Tiempo empleado: 12 segundos. en Ocamo 180. viven multitudes de aves. Lo sigo con la mirada. me da: V = 20 m. en Platanal 122. reptiles. 12 seg. campeón. lo lograste. hijos de la luna pequeña tormenta se desata cerca de mi cuello. Pronto llegamos -247- .6 metros por segundo. La vegetación se vuelve aún más espesa. peor que el de la culebra. Esto es: 1. hoy te mereces plena� mente tu nombre. Velocidad: X Aplicando la fórmula: V= d t donde V = velocidad. ¡Arriba! ¡Abajo! ¡Extraordinario. mamíferos y podría ocultarse entre el musgo. Con un breve vuelo a plumas desplegadas. como diciendo: —¡Ajá! ¿Has visto? —¡Felicitaciones.

Viaje por el mundo indígena venezolano a un riachuelo. Papá y yo nos quitamos la camisa. en el Amazonas. porque podría ocultarse entre ese mismo musgo la mortal acechanza de la raya. estos Yanomami. y parece que les gusta burlarse de nosotros. Son bien alegres. frente a los Yanomami me siento con la ligereza y rapidez de… casi diría un morrocoy. Papá apenas tuvo tiempo de accionar la cámara. —¿Qué vas a hacer con Superloro? —indago yo. —Vente con nosotros. afiladas. que feliz se traslada a él. o más bien un caño. Xoto extrae de entre el herbazal donde estaba guardada. que ninguno de nosotros había visto. -248- . pero que él. peligroso pez dotado de un poderoso veneno. Entiendo bien por qué los indios usan guayuco o viven desnudos. nos invita a cruzar las aguas. peor que el de la culebra. En las horas del día no se soporta ninguna indumentaria encima de la piel. con su acostumbrada rapidez y desenfado… ¡se encara� ma en un puente aéreo! Es un sutil. Desde la orilla con un guiño y una mueca le tiende el dedo índi� ce a Superloro. cargada y en posición! —Tu loro se portó como un perfecto yanomami —me dice Nomai a señas al devolvérmelo. ¡Y menos mal que ya sabe que entre estos sorpren� dentes Yanomami debe tenerla siempre lista. vamos —le ruega Ocho. porque los rayos no logran penetrar la densidad de los árboles. Todo se vuelve un tormento ardiente y acuoso so� bre el cuerpo. pero yo… yo… un as de la escuela en atletismo. con el loro al hombro. pero ellos nos indican su fondo de piedras oscuras. Los incorregibles morochos aprovechan el momen� to para reforzar que el nombre Tuponken me queda siempre más apropiado. liviano e inconsistente puente de lianas tendido altísimo sobre el río. No hay sol. pero Nomai no lo hace. Nos apretamos en ella. algo inquieto. una pequeña curiara. una pereza o un elefante! ¡Qué calor caminar en la selva! Hoy seguramente el termóme� tro sobrepasa los treinta y cinco grados. Nomai no aborda la canoa. En cambio.El Chamán de los Cunaguaros. ¡Está aceptado entre los nuestros! ¡El loro sí. recubiertas de un musgo resbaloso que hace el vadearlo difícil y además inseguro. Los jóvenes se ríen con ganas. pero el aire es tórrido y húmedo. aquí. cuando desembarco—. cruza ágilmente llegando a la otra orilla mucho antes que la canoíta. proseguimos con sólo los pantalones. —¿Te quedas? —pregunta sorprendido Mor.

Han salido temprano en la mañana para explorar una zona de la selva. casi un rito. en rastrear los animales por muchas horas. õniwë Riehe. riehe Momonaki riehe Riehe. en dirección distinta a la nuestra. riehe. õniwë õniwe ira siki õniwe. en un radio entre diez y quince kilómetros. Rariwei ke Son las voces de algunos cazadores que van recorriendo otro sendero.Los Yanomami. Ééé ara shinaki wai Shinaki wai. hijos de la luna Ahora unas voces guturales. el cazador está al acecho. riehe Momonaki riehe Prai rë. La caza consiste en primer término. Mientras se desplaza. la caza es un proceso complicado. Entre los aborígenes. y regresarán al comienzo de la tarde. riehe. makekeratiai Makekeratiai ééé Õniwë. atento -249- . con la necesidad diaria de carne asegurada. prai rë Yëpi thë wëri Pashoyaki rariwei ke. unos coros con ancestrales reso� nancias serpentean por entre la vegetación. que tiene reglas y modalidades que hay que respetar.

observa las huellas. para identificarlos. hasta que el animal se asfixia. Son diestros en cazar con dardos la gallina de monte y la perdiz colorada. pero jus� tamente son los más apreciados. y también algunas lapas. los lomos a carne de res. el báquiro. sabe a gallina. Makobi y Nomai. imitan el grito de sus pichones. los costados a pollo. lo que llamaríamos la barriga del animal. Especialmente llama la atención la caza de la danta cuya carne es muy apetecida porque tiene siete sa� bores distintos. blancas o grises. dependiendo de la parte del cuerpo que se coma. de plumas tornasoladas y arrogante copete: cuando canta y lanza un lúgubre lamento. pequeños roedores provistos de mucha carne parecidos a la lapa. —¡Ya saliste tú. cuando se posan sobre las ramas. para lo cual se apostan sobre una platafor� ma montada en las ramas de un árbol. con tus cosas exotéricas! —me critica Mor. Es una cacería peligrosa porque ella corre siempre en línea recta y si por casualidad nota al cazador. A los cachicamos y caimanes los capturan en sus guaridas soplando humo de tabaco o de hoguera dentro de la cueva con una especie de canuto o tronco hueco. los indígenas se su� mergen en el agua. Más frecuentemente. La pierna o pernil sabe a cerdo. utilizan señuelos que pueden consistir en un manojo de plumas coloridas y dos palitos imitando un pico. son los más difíciles de encontrar y de cazar. pueblan los cursos de agua. intelectual fallido. casi a diario. porque la danta refresca su cuerpo dentro del río y hasta duerme allí. —Pero hemos oído que los tizones encendidos tienen algo que ver con el más allá —comento después de escuchar con atención la larga explicación. examina los frutos que han mordido los animales. casi diría lección. Tienen un método especial para el paují. Los animales grandes como la danta. lindísimo pájaro nocturno negro. Para atraer a las grullas frecuentes en los ríos que. al amanecer. arremete hacia él y lo atropella causándole a veces heridas mortales. el oso hormiguero. las patas delanteras a venado. -250- . Viaje por el mundo indígena venezolano a cualquier movimiento repentino: localiza el mínimo ruido. Para engañar a los tucanes. Las orejas y trompa tienen un exquisito gusto a pescado y la panza o falda. cazan picures. ellos dicen que “llora” y salen en su búsqueda agitando tizones delante de sí para alumbrar el camino. Para cazarla. que sobre la caza nos han dado conjuntamente Xoto. que parece un gemido de dolor.El Chamán de los Cunaguaros. mientras las costillas tienen un sa� bor que recuerda la carne de chivo o cabra.

shinaki wai. mientras el último. fórmulas para cazar. oyen con deleite la narración de las expediciones de cacería. la caza es sin duda la activi� dad a la que los varones se dedican con mayor entusiasmo. o lo agradecen —nos responden. que tiene la propiedad de favorecer y proteger -251- . En uno de ellos resuena riehe. —¿Qué cantos son esos? Parecen conjuros. Al principio no quieren contestar. —¿Será alguna fórmula mágica. pero luego consienten en mencionarlos. riehe. sino hasta de capturar el alma del cazador. el momo. constituía una invocación a la linda flor de una planta mágica. un hechizo? —se agitan mis hermanos. capaces no sólo de espantar la caza. bonitas las flores del momo son bonitas son bonitas. y nos enteramos de que el Kaiporá.Los Yanomami. aunque no los acom� pañen. Toda la comunidad yanomami se siente insatisfecha cuando tiene que consumir un producto vegetal básico sin acompañarlo con carne. riehe. palabras rituales —inquiero con interés. animales irreales del mundo cosmogó� nico yanomami de los cuales los cazadores deben defenderse para salir con vida en la selva. hijos de la luna Pero Xoto me da la razón: —Los tizones prendidos tienen también la finalidad de ahuyen� tar los malos espíritus. Presto atención a los coros de los cazadores y me sorprende la monótona repetición de algunas palabras. —Son versos rituales. bonitas. Los Yanomami son cazadores natos. cuyas repeti� ciones me intrigaban. de dónde encontraron y de cómo ultimaron los animales. y que más interesa a los jóvenes y a las mujeres. quienes. Bonitas. el Mapinguare y el Abaxá son esos seres míticos. —¿Qué malos espíritus andan por aquí? —pregunta al unísono el número Ocho con poco respeto. Más tarde averiguaría que el primer canto contenía una alusión a la cola de la guacamaya. La carne es para ellos un alimento sustancial. Ellos concitan el éxi� to de la cacería.

¿cómo puede ser a la vez warao. captura nuestra atención. Un crujido de ramas quebradas y una flauta que vibra con opaca sonoridad. Sólo queda el recuerdo alucinante de su imagen. Que domina los vientos. Nos habla en nuestra lengua de los tiempos antiguos. yekuana. del legado de nuestros ancestros. kariña. conocernos. silvestres o cultivadas por ellos. intercam� biar entre nosotros y con ustedes. —Viaja visitando todas las etnias. —Creo que tiene razón —suspira Mor. ¿Hay varios chamanes. Aprovechamos para observarlos de cerca y cuando se alejan reiniciando su camino. Un ruido hace que nuestros guías se detengan. —¿Dónde va? —inquiere Mor. algo que yo no distingo. Dicen que es hijo de la luna lle� na. como río lejano. la selva. todos los indígenas. lo vemos pasar. los criollos. Seguimos avanzando. -252- .El Chamán de los Cunaguaros. con reverencial delicadeza. jodi. —El Chamán de los Cunaguaros —aclara Nomai orgulloso—. un pemón sagrado. Pero debe ha� ber una confusión entre ellos. yanomami? Dicen que es un warao mágico. los ríos. Casi confundido entre lo espeso e intrincado de la selva. Insiste en que debemos unirnos. Puede interpre� tarse así: Hay entre los Yanomami una veneración especial por las plantas. Viaje por el mundo indígena venezolano a los cazadores. su paso ágil semeja al de los cunaguaros que lo siguen. hay una gran confusión respecto a él. es uno y múltiple. se queden en suspenso. a las cuales creen poseedoras de encantos. un sabio. uno por cada etnia? Y si hay uno solo. Es un yanomami especial. En si� lencio. —¿Quién es? —susurra Ocho aún sobrecogido. los cazadores recurren a ellas: en la punta de las flechas colocan bulbos secos de plantas del género Cyperus. que a indicación de Xoto se detienen para permitirle a papá tomar fotos. Para mejorar su puntería. cuyo fruto venenoso se recoge del suelo y se hace secar sobre una estera cerca del fuego para poderlo comer. Pronto desaparece. nos señalan un punto distante bajo los árboles. Nos cruzamos con otro grupo de cazadores. Pienso que seguramente es el mismo personaje del que nos han hablado en otras etnias. ¿Cómo podré dilucidar este misterio? Probablemente no es ninguno de ellos. aún excitados por la fascinación del mis� terioso yanomami selvático. Sus largos cabellos flotan en el viento. un yekuana legendario.

disminuye su tiempo de vida. será más fácil encontrarla. la defensa. entre ellos. Qué ridí� culas sonarían en esta verde vorágine preguntas por el estilo de: —¿A qué hora almuerzan ustedes? O bien: —¿Nadie ha traído merienda? —¿No habrá por ahí un pasapalito? O peor: —¿Qué tal si nos detenemos a hacer un picnic. chiquechiqui. si no da en el blanco. que todos estallamos en risas. resistentes. Muchas veces él mismo ayuda a los mayores en su confección. no sería un buen cazador. las -253- . la in� tegridad. que no nos atrevemos a decir nada. que los frutos que recogimos a lo largo del camino. son una prolongación del ca� zador. Cuando cada joven sale de la pubertad y entra en la adolescencia. Pero estos indios son tan tenaces. hijos de la luna acosamos a nuestros guías con preguntas sobre detalles que aún no nos habían sido aclarados: —¿Por qué tienen arcos tan grandes y flechas tan largas? —Es por lo espeso de la selva. Se le otorgan en un acto ceremonial con música y comida. lo acerca más a su muerte. Las flechas tienen un gran valor. Si las perdiera todas. De ellas sólo se cambian las pun� tas cuando se dañan. y el arco tan grande. nos han dado un hambre atroz. la alegría. por eso es larga. cauyaro. La flecha que se pierde va directo al inframundo. después a Mor y luego a mí. no alcanzan a calmar. es un paso menos del cazador en la tierra. y se estaría quitando muchos años de vida. Y también porque. Por eso cada cazador debe seguir con la vista la dirección de su flecha y recogerla. las que lo acompañarán toda su vida. ya que se considera una extensión casi humana de la persona misma. —¿Sucede muchas veces que las flechas no den en el blanco? —es Ocho quien pregunta.Los Yanomami. —Depende de quien dispare… Es tan pícara la intención de Nomai al mirarlo a él. La flecha del arco no debe perderse. a pellizcar algo? En la selva hay problemas mayores: la subsistencia. Y percibimos también que. la conversación. El camino. guamache. Hay que darle trayectoria a la flecha. se le dan sus propias flechas.

sino apenas suficiente. Ellos deben ser sobresalientes en la caza también. pero que no imaginábamos tan estricta. —Entonces —indaga el Mor. Luego Makobi nos habla con seriedad. Viaje por el mundo indígena venezolano intenciones son dominantes. sino para alimentarse. lapas.El Chamán de los Cunaguaros. casi reprochándonos: —Quizás no vean lo que se imaginan. Luego. en cambio. Hay otras razones. Los Yanomami. —¿Cuáles? —Entre nosotros no está permitido cazar más de lo que se pueda consumir. lo intuyo ahora. Sentimos alivio cuando Xoto nos comunica: —Dimos muchas vueltas. hacia la vida. Cruzaremos de nuevo el caño. Nunca cazar más de lo que se puede consumir: esto se llama ser verdaderos cazadores. como la mayoría de los indígenas. El objetivo que persiguen les hace so� brellevar cualquier esfuerzo. Ya es la hora. los acompañaremos al manantial del caño. Traerán un gran botín. y allá vamos para comer con los demás. —aclara Nomai con firmeza—. cachicamos! Nuestros amigos entrecruzan una mirada. nos hace sentir a todos pequeños e ignorantes. Quedamos impactados. ¿entonces no le disparas? —No. que confirma una regla de la que teníamos algunas nociones. ¡Cuánto respeto en esta costumbre indígena! Respeto hacia la selva. la caza no es copiosa. chigüires. pero quizás. yo creía que los Yanomami eran buenos cazadores. —No es por esto. casi tartamudeando—… si ves pasar cerca de ti un grueso báquiro… y está a tu alcance… y tienes la flecha preparada… y piensas que será un gran orgullo contárselo a tus amigos… pero sabes que ya has cazado bastante. dantas. No se caza por cazar. —No importa —se disculpa Mor. pero no estamos tan lejos del shabono. a media tarde. ¡Veremos báquiros. cuando oigamos el motor del helicóptero. La contestación. hacia el hombre y los animales. seca y altiva. Los Yanomami somos excelentes cazadores. Por lo tanto. el espíritu de la caza: practicarla para -254- . hacen una sola comida importante diaria. al regreso de los cazadores. sean buenos pescadores. o agricultores. avergonzado—. —Seguramente habrán cazado mucho —se entusiasma Ocho—. Esto debe ser.

a parrilla. las hormigas shifö que habitan el árbol kouponera y que tienen el poder de neutralizar el dolor de la picadura de la araña. el pez caribe. si se las aplica y se les deja morder la parte pica� da. fado. ¡Qué mundo tan interesante este de los Yanomami! No nos atrevemos a seguir pregun� tando. pues lo consideramos portador de sabiduría. —El morrocoy es muy respetado entre los Yanomami. el historiador de los cielos. —¿Cuáles son los animales hekura de Omao? —La anaconda. es un hekura o ente tutelar. —¿Y cuáles son entonces los animales perjudiciales? —Hay la gigantesca araña. Nosotros cocinamos la carne durante bastante tiempo para que no quede rastro alguno de sangre. nuestra principal divinidad —nos explican ante nuestra extrañeza. o para alardear. los Yanomami dan muestras de alegría. en nuestras civili� zaciones modernas.Los Yanomami. el caimán. junto con algu� nos chiquillos del lugar está jugando y alimentando con pétalos de cayena una hilera de morrocoyes. venenoso. es� píritu animal protector aliado de Omao. recorremos el regreso en silencio. el zamuro blanco o zamuro real. buío o serpiente de agua. —¡Apresurémonos. el morrocoy. el pájaro carpintero. algunos se acercan. Mi hermanita. hijos de la luna subsistir. jefe máximo de todos los hekura animales. pero lo estará pronto. patrullero. —Aún no. Al vernos llegar. no como lo hacen algunos de nosotros. Al cocinarla bien eliminamos esta posibilidad. hekura de las aguas femeninas. la madre de los ríos. semicruda. el alacrán y las serpientes que con sus punzadas matan al indíge� na por los caminos de la selva. Indudablemente por una sabiduría ancestral. toda adornada con flores. Un apetitoso olor a carne chamuscada. que devora a quienes caen junto a ellos y el candirú que se introduce en la uretra humana y luego abre las branquias -255- . En agua dulce el pez raya. y así mismo me contesto—. innata. centinela del Apure. portador de sabiduría. ya la comida está lista —grita al unísono el número Ocho. —¿Cómo lo saben? —me pregunto a mí mismo. para destruir. La carne de animales salvajes tiene parásitos que podrían enfermarnos. es tan sabrosa? —Lo hacemos por razones de higiene. nos guía hacia el shabono. —¿Pero por qué si la carne al natural.

la hermana de Wasari. por eso los Yanomami nunca orinan en los ríos. Hay mucha higie� ne aquí. los amamantan hasta los tres. algo ambiciosos. con palitos en el tabique nasal. su� mamente coquetas. Las niñas pe� queñas lucen espléndidas con flores frescas y aromáticas en el lóbulo perforado de sus orejas y madejas de algodón sobre el pecho. robustos. Tuponken! Al vernos llegar. mezclados con dientes del zorro guache. Hay que reconocer que a las muchachas se les ve impresionantes. Me entero de que aquí a los niños. que pareciera notar mi admira� ción. a veces revoltosos. Viaje por el mundo indígena venezolano provocando la muerte.El Chamán de los Cunaguaros. Fíjense… ni en las pisci� nas y ni siquiera en los ríos. dámela a mí. cuatro años. Algunas llevan collares con bulbos secos o trozos de maderitas perfumadas. sonriéndome con cariño. Notowe. además de consentirlos mu� cho como en otras etnias aborígenes. alegres aunque. Hoy me siento especial� mente antropófago. que subraya sus movimientos -256- . como en un boceto de estudio de proporciones realizado por Leonardo Da Vinci. dando paso a las concebidas bromas fraternas: —¿Acaso te embobó el Kaiporá de la selva? —¿No puedes ver una falda sin perder la razón? —Si no quieres tu carne. y las niñas. los Yanomami dan muestra de alegría. con sus armoniosos cuerpos desnudos cruzados por hilos de algodón. Lo hago con gran entusiasmo cautivado por la gracia y serena belleza de Wasari. a mi parecer. Cero contaminación. algunos se acercan. Además visten con soltura un mini guayuco prensadi� to y arruchadito de lo más gracioso. “para que no les duela”. Se les ve a todos sanos. lo que me deja todo confundido y casi me quita el apetito. muy pendientes de las apariencias. que está amamantando a un robusto niño ya grandecito. adornadas con brazaletes de piel de pájaro y pendientes de plumas de aves de vivos colores. Nunca les pegan. —¡Ajá! —me dirijo a los repollitos—. —Nosotros nunca orinamos en la piscina —me contestan ofen� didos y retruecan. o si lo hacen es tan sólo con la mano o con un puñado de hojas. malintencionados: —¡Eso va contigo. nos invita a sentarnos cerca de ellas dos y de mamá y Maigualida. considerados amuletos para evitar enfermedades y acelerar el crecimiento. varillas finas sin corteza en las comisuras de los labios.

—¿Cómo? ¿Por qué? —Pues. Filatelio? ¿Será por envidia? —me pre� gunto siempre a mí mismo. En el centro. en trozos. lo que él hace es repartir la caza entre los cazadores que no han cazado. Lo pienso. Pero la cacería se considera de todos. por� que se acerca Xoto con unos atractivos trozos de asado. No tenemos tiempo de comentar tan apropiada distribución. la carne se está asando en los fogones. envueltos en -257- . en la repartición participan también quienes no cazaron y sus familias. niñas y jovencitos tienen la cara frotada o pintada con diversos afeites. Más bien es por simpatía. ni de los personajes de Fantasía y otras películas de �alt Disney. Aún no han comenzado a comer. ¡Y sin necesidad de que los especialistas los maquillaran. coquetas ellas. no del que la consiguió. No desmerecerían al lado de los siete enanitos de Blanca Nieves. hijos de la luna ágiles y naturales. Por eso. ni del príncipe. hay quien lo logra y quien no. No debo permitir que me embargue aunque sea un mínimo asomo de envidia. por admiración. al cual a veces pegan plumones blancos con el látex del ár� bol del caucho. —¿Qué hace. ni de ella misma. Mor. Los niños. entre los cuales predomina la arcilla blanca o el zumo rojo del caruto. bien cortado en la frente o con cuidadosa tonsura. Makobi aclara: —No. me he dado cuenta. uno de los cazadores se esmera en cortarla y picarla cruda. claro. Estos cuidados corporales. ante estos seres tan felices. un pigmento violeta que obtienen masticando las hojas del árbol Picramnia. No hay nada. cuando se sale a cazar. Pregunta estúpida. siempre sucede.Los Yanomami. demasiado superficial. brillante. adjuntados al atractivo de su pelo negro azabache. los hacen parecer unos hermosos muñecos de teatro o de cine. como cuando juegan con los trompos fabricados por ellos mismos con frutos de palma o con las pelotas que recaban de las vejigas de los osos hormigueros. ingenuos y puros en su vida natural. corta él solo toda la carne para asar? —es la voz de Mor. si en realidad te gustan. entre estos indígenas. lo hacen ellos mejor! —¿Por qué dices entonces que son ambiciosos ellos. que no tenga una lógica profunda.

Estamos mudos de sorpresa. tienen un olor grato: puede ser por las hojas rugosas con que las pulen. firmes. Viaje por el mundo indígena venezolano esas hojas tan especiales que a la vez que sirven de olla. que casi me atraganto con la carne. las mismas que usan para las flechas. Ningún cazador come de lo que él ha cazado. todos comen. Ahora les aclaro. condimentan. comen los viejos. -258- . Puede matar. se van a morir de hambre! —Ocho está tan preocupado que hasta deja de morder su trozo de lapa. Nos damos cuenta de que estamos en el grupo de la familia del cazador que distribuía la car� ne. Es cierto…. Pero qué extraño. Pero Makobi se ha dado cuenta. los muchachos. También las totumas en las que nos sirven miel agria mezclada con agua. menos él… y debe tener hambre. ningún ca� zador debe comer de lo que ha cazado. supervisando a sus familias… —¡Pero cómo va a ser. a su gente. porque no le es permitido matar para alimentarse a sí mismo. ¿Cuál será el motivo de su actitud? —Claro que aquí —me confiesa en voz baja Ocho. Casi ninguno de los hombres jóvenes come… En los grupos familiares. se enfermarán. pero ellos no… Están sentados o de pie. —¡No! —Xoto lo tranquiliza—. es decir cazar. entonces qué comen. En la selección y preparación de estas hojas.El Chamán de los Cunaguaros. algunas mujeres con sus niños. después de tanto esfuerzo en esa caza tan pesada. porque de vez en cuando se acerca a la parrilla donde se asa la yuca y se lleva algunos trozos a la boca. ellos son maestros: en ninguna otra comunidad. sólo con el fin de alimentar a su familia. hemos encontrado en la carne un aroma y un sabor tan grato como aquí. no es para tanto. —Es así —asevera nuestro padre—. por la mirada. salan y le dan a los alimentos un toque especial. Empezamos a comer con gran apetito. —¿Les intriga que el cazador no coma? —y nos explica—: Él no puede comer nuestra comida porque entre los Yanomami. a quien depende de él. observen que hay otros ca� zadores que no están comiendo. y por cuya subsistencia es responsable. que tiene la misma curiosidad— no se puede preguntar: “¿Está en dieta? ¿Sufre de acidez? ¿Tiene el colesterol alto?” ¡Se vería bastante ridículo! —Ya lo creo —contesto riéndome tanto. de nuestra curio� sidad. se van a debilitar. alrededor de los fogones.

ellos también se alimentan! Me había percatado de que tenían hambre y eso me tenía angustiado —reconoce Ocho a la vez que. Tiene la cara llena de jugo de carne y trocitos de hojas… se asemeja a una yanomami embadurnada ella misma. ¡Y de los Yanomami parecemos tener el apetito. —¿Qué tal —pregunto a Nomai. pero sí de lo que han cazado los demás. ¡Qué carne más tierna. desaparecida la preocupación. quien ha venido a sentarse cerca de mí triturando un tremendo trozo de báquiro con sus dientes blan� cos bien alineados—. salud excelente. Una rápida mirada al grupo me confirma lo que a primera vista ya había notado: aspecto saludable. entre ustedes? —Mira a tu alrededor. Ya van a ver. ba� tata y plátanos para acompañarla. y una fresca bebida a base de agua y miel. ¡Tan jugosa y tierna. No puede comer de lo que ha cazado. En lugar de con� testarte. el cazador no come nada? ¿Cómo es posible? —Ocho se muestra alarmadísimo. Es cierto. te sugieren la forma de llegar tú mismo a la respuesta o conclusión correcta. hasta Superloro! Va picoteando las hojas que envuelven la carne -259- . qué tal los problemas de salud. —¡Por fin. No me extraña que. hijos de la luna —¿Mas entonces. Pero también me ayuda a comprender las razones: lactancia prolongada por parte de madres sanas y bien nutridas. algunas mujeres sacan de los fogones los últimos pedazos de carne envueltos en sus cucuruchos de hojas. qué quieres decir. variados. sin contamina� ción. —¿Y los demás le dan? —Claro. Los demás le dan lo que nosotros llamamos “la por� ción del cazador”. esta costumbre de los indígenas. ambiente sereno. alimentos frescos. por aquí. La voz de mamá interrumpe mis pensamientos: —Quién tuviera esta carne en Caracas —suspira—. vida sobria. todos noso� tros. Es simpática. abundantes. y los llevan a los cazadores. ejercicio. vuelve a atacar con entusias� mo su pata de lapa.Los Yanomami. hoy. los Yanomami se vean tan llenos de energía. amiguito. con esta buena dieta. qué buen sabor! Han repartido yuca. —Cálmate. amigo —contesta guiñándome el ojo. saludables y activos. fíjense qué bien la come mi niña! Basta con verla. Una vez servidos los viejos y los niños.

—¡Déjalo tranquilo! —exclama Nomai al notar mi azoramien� to—. Dentro de mí. ¿Y si quisiera quedarse para siempre? Tendría derecho. con tanta insistencia que parece que en la gran totuma de la cual se ha apoderado no va a quedar nada. y me llama estrepitosamente: —¡Hola. Yo los observo a los dos. Lo dejo en libertad. a los animales los queremos y consentimos mucho. Aquí. altivos. y no tengo que temer ninguna infidelidad por parte de Superloro. con cierta intui� ción. se desprende en la rama que le ha ofrecido Nomai. Sin embargo. ¡de loros está llena la selva! Muchos niños tienen su pichón de loro. Prosigue animado: —Me gusta entretenerme con el tuyo. hola. animales feroces y de gran� des ríos. Siempre lo he sabido. Éste. y las que siguen de al� borozo: —Además. Por eso se encuentra tan a su gusto. ¡Doble alivio! Mi conciencia está tranquila. frente a frente. o con el dueño que le corresponde.El Chamán de los Cunaguaros. si quiero uno me lo consigo. cuando los animales de la selva. Viaje por el mundo indígena venezolano y luego la yuca. yo tuve uno cuando tenía tu edad. El indígena con sus grandes pupilas os� curas. se lo doy. Pero ahora me dedico a otras cosas. el joven me tranquiliza en todo sentido: —No. se encariñan con una persona. generador de gente altiva. sabrá encontrarte donde quiera que estés. qué va. Telio. entrecerrada. siempre te seguirá a todas partes. con expresión hosca. y Superloro acude a su llamado. con el pico ladeado. Superloro. Por suerte. no hay manera… no se los puede separar… eso es natural. bravíos. además. es verdaderamente un loro real de las florestas amazónicas. A lo mejor por simpatía hacia ti. especialmente los loros. y su pupila derecha fija. le tiende una rama. con Superloro. Telio! -260- . igual� mente fieros. —¿Lo quieres? —le pregunto a Nomai. Se miran el uno al otro. a ese ambiente húme� do y boscoso. como siempre hace. ceñuda… Es claro que pertenecen al mismo medio. Filatelio. qué dices. me preparo: —Si lo quiere. Él. mi loro es de aquí. su comida se la merece: ¡es un loro trepador! Se levanta. Estas palabras me llenan de contento. Tu loro. la amargura me agobia.

Y si no lle� ga. Preparan hilos de gran solidez con las fibras de curagua y para amarrar usan el bejuco de mamure. cabuyas y cuerdas. aspiran la hierba soplándola a través de un largo tubo vegetal hueco. Las mujeres hilan el algodón y los hombres fabrican las cabuyas y cuerdas. durante o después de la fiesta del -261- . consideran más adecuada la corteza de una especie de yagrumo. una especie de pipa o canuto. en lugar de explicar. o más bien dirigidos por algunos indígenas. nos quedamos. las retuercen una a una y luego las trenzan juntas. ha encontrado en abundancia aque� lla hierba extraña que ya conoce. la carne salada y las tortas de casabe que nos han obsequiado nuestros anfitrio� nes. con hilos. Este es en efecto el método.Los Yanomami. o mejor dicho la inhalan soplándola. pero en pocos minutos el que inhaló el yopo parecerá un ser sin alma. con mucha frecuencia. Y comida… ¡hasta demasiado! Cuéntame. —Bien… y no tan bien. el yopo. hijos de la luna ¡Qué feliz me siento! Me dirijo hacia mis padres para comentar con ellos la actitud de Nomai y de Superloro. En cambio para hacer los tensores de los arcos y las cuerdas de los chinchorros. —Explica. en parejas. Mamá se ha dado cuenta de que. se dirige casi regañando a Nomai y a Xoto que se le han venido aproximando: —Hemos visto mucho yopo en las huertas. luego las cestas. Pero ella. Mamá está molesta porque en los conucos. Hemos visto cómo retuercen los hilos sobre sus muslos con un movimiento de la mano en posición plana: las tiras de las que se componen las cuerdas las amarran a un soporte fijo. —Ya va a llegar —le contesta Rafael con aplomo—. —El Coronel ya debería estar aquí —observa mamá. las humedecen con saliva o con agua. y le han informado que los hombres la fuman. además del cultivo del tabaco que a ella poco le gusta. Ellos están empaque� tando en una cesta. el uno en la boca o nariz del otro. Techo tenemos. envuel� ven todo en hojas y amarran los paquetes. junto con nuestras pertenencias y enseres. en fabricar todo lo cual los Yanomami son especia� listas. Ayudados. Uno frente al otro y los demás en círculo. terminan� do ya de empaquetar. ¿cómo te fue con tus hierbas? Mamá lo mira… Hay un dejo de pesar en su mirada brillante. anulada su concien� cia caerá en una suerte de trance misterioso que lo atonta y debilita. la reacción no es inmediata.

y no sólo eso. el yopo se usa con fines religiosos. El yopo. y sin que eso les cause inquietud. El yopo es una dro� ga. No te alteres. por ocio y sin ninguna finalidad ulterior. Xoto agrega casi titubeando. Y tampoco produce adicción. ni de tráfico. en este uso no debe hablarse ni de droga. Quizás. de reflexión. Dicen que hubo. Carmen. La hierba del yopo es tenida por medicinal.El Chamán de los Cunaguaros. —El yopo. pues disminuye la fuerza física y mental y puede llevar a la adicción y a la decadencia. y como tal dañina. ni de vicio. -262- . En cambio drogas como la cocaína o la heroína. por lo menos no una droga al estilo civilizado. recordando a uno de sus escritores preferidos—. ni puede venderse. de religión. en cambio. los Yanomami han estado inhalando yopo. es una costumbre muy antigua. de magia. como un tránsito espiritual y místico del indígena. Pero no hay que considerar al yopo como una droga. Como lo entendemos nosotros. se consumen con una intención banal. al que llamamos sagrada planta milenaria. —Hay respuestas que llegan antes que las preguntas —sentencia papá. piensa ella. Son muchos los que la practican entre los indígenas. La cocaína o la heroína. lamentablemente pre� sentes en los países occidentales. en cambio. sino que dañan el cerebro y a la larga destruyen poco a poco al individuo. Cada quien tiene el derecho de usarla. Además. quizás buscando las palabras: —Escúchame a mí también. no se compra. no se comercia. Viaje por el mundo indígena venezolano pijiguao. drogas que alteran la conciencia. no hubo nada me voy pa’l yopo de madrugada. que beneficia a la comunidad. se la aprecia y respeta. reflexiona. amiga. por perversión. como toda nuestra cultura —interviene pausadamente el mayor de nuestros amigos—. se sabe que muchos yanomami van a trabajar a las ciudades y están años sin probar el yopo. Es algo distinto. cuyo tráfico además es vergonzoso porque genera grandes riquezas a gen� tes sin escrúpulo. no sólo los Yanomami. y hunde en la desesperación a tantos jóvenes incautos y a sus familiares. engañan con falsas promesas de lucro perjudicando gravemente a muchos. son sustancias nocivas. produce un estado alterado en la mente de quien lo usa. por su propia decisión y responsabilidad. pero en ningún caso perjudica el organismo.

—Especialmente en los Andes y en la conquista del valle de Caracas muchos de los soldados murieron por flechas envenenadas -263- . Al parecer. y con la intención de tranquili� zar a Carmen tararea la copla oriental: Inspirados. el secreto del curare. Pasán� dole cariñosamente un brazo alrededor de los hombros le pregunta a mamá. la poderosa poción con que aún hoy en día untan sus flechas para dar muerte segura a los animales que cazan y a sus enemigos. como algo normal. más hermanos nuestros”. irrumpen los repollitos con la primera parte de la canción. inocuo —agrega papá. hijos de la luna —Creo que también lo usan los yaruros y los kariñas. “¡Qué lástima —reflexiono— que ni siquiera los indígenas. se los llevó muy ligero cuando desaparecieron cuál no sería mi dolor… Todos callamos pensativos. por esos peligros que nos acechan en todas partes. los que más lo usaron y todavía lo usan. algo que parece una décima warao: Mis tres hermanos queridos se los llevó la corriente dice un indio tristemente. un poco en broma y un poco en serio: —Y el curare… ¿lo encontraste? Los Yanomami. poseen según se dice. aunque sabemos que en tiempos de la conquista fue utilizado por otras etnias y representó un arma terrible que causó estragos entre los conquistadores. Ellos son ciertamente quienes mejor lo preparan. que conocen diferentes venenos extraídos de plantas tanto silvestres como cultivadas. nadie ha logrado descubrir.Los Yanomami. Papá tiene una buena ocurrencia para alegrar el ambiente. hasta ahora. esa fórmula. también entre ellos y no sólo en los países industrializados. ¡qué caso tan dolorido! Marchamos todos unidos a bañarnos sin temor Vino el río en su furor. en su lejanía y pureza. estén exentos de costumbres y usos perjudiciales! Sin embargo por eso mismo. los siento aún más cercanos.

podemos distinguir los audaces puentes aéreos de los Yanomami. nuestros indígenas! -264- . papá! —nos alarmamos nosotros haciéndole señas de callarse. ha� bilidad y constancia. Hasta a Ambrosio Alfinger le tras� pasaron la garganta y lo mataron con una de esas flechas untadas de curare. permanecerían agarrados a las ramas más altas de los árboles y el cazador tendría que subirse a ellas arriesgándose a perder la presa. indignada. y esta actividad está unida al resto de las actividades chamánicas. tendidos en lo alto a lo largo del río. Me dijeron que el secreto de la fabricación del curare se transmite por herencia. —¡Mejor. Nos despedimos diri� giéndonos apresuradamente a la canoa. pues el veneno actúa sobre su sistema nervioso relajando sus músculos y haciéndolos caer a tierra. Sobrevuela el shabono y enfila hacia el sitio de aterrizaje. mucho mejor así! —opina cáustico papá—. ¡Qué pena. —Claro que encontré la planta del curare —contesta mamá—. casi invisibles en su verdor. hoy día los Yanomami se sirven muy poco de las flechas envenenadas. me explicaron bastante sobre esta hierba… sobre las arañas monas. arrastrando y volteando unas taparas de agua. Me enseñaron la liana que lleva ese nombre a la que añaden cortezas y grandes hojas en formas de corazón. En expediciones guerreras las utilizan sólo cuando están seguros de alcanzar al adversario.El Chamán de los Cunaguaros. preferentemente de padre a hijo. ¡De cuántos recursos han sabido proveerse con su esfuerzo. querrás decir! —acota jocoso Mor. sería muy peligroso tener una esposa que conoce la preparación del curare y… —¡Qué raya. Sin esto. —¡A curarazo limpio. y cae cómicamente al suelo. de un verde muy brillante y gusto amargo. Viaje por el mundo indígena venezolano —recuerdo con aire profesoral—. mien� tras Ocho finge haber sido alcanzado por una flecha indígena. que no habíamos sido capaces de ver al llegar. Ahora que los conocemos. una vez muertos. como pasarelas vegetales. venenosas. Mamá. quiere reclamarle esa broma pesada cuando un zumbido en el aire advierte el arribo del Coronel. qué torpes somos los civilizados! Afortunadamente. Le dan mayor uso en la caza para derribar ciertos animales como los monos. seguidos por nuestros guías. con que mezclan las hojas… pero el secreto de su prepara� ción no me lo revelaron. de ori� lla a orilla.

—Nosiriwë caminaba por la selva llorando de hambre —em� pieza Xoto. Nuestros repollitos subrayan la narración con gritos y sollozos. cremar los cadáveres —hay satisfacción en la voz de Xoto. —¿Cómo? —Por engaño. los Yanomami nos hemos vuelto mortales. Quisiera ahondar más en el tema. les permitió calentarse por la noche. alumbrarse en la oscuridad. Por esa misma maldición. —El fuego fue robado sorpresivamente por los Yanomami al caimán que lo tenía en la boca —empieza Xoto. —Nosiriwë la colocó en su labio y comenzó a alegrarse: la cabeza le daba vueltas y se alejó escupiendo de contento. nos volvimos vulnerables a las enfermedades. que era muy bella —Makobi subraya esa respuesta con una mímica comiquísima. descu� bierto por Rabipelado. calentarse. hijos de la luna Aprovechamos la navegación de regreso para que los dos her� manos nos cuenten el origen del fuego. Cada vez que su saliva tocaba el suelo se transformaba en una mata de tabaco —terminó Makobi acompañando el relato con su alegre y sugerente mímica—.Los Yanomami. Le hicieron abrir su bocota. las cuales viajan con el humo. pero su hambre no se calmó y siguió llorando hasta encontrar a Rabipelado que comía frutas kayu. Rabipelado le proporcionó una gran mascada de tabaco. debido a la maldición del caimán que se en� fureció. alumbrarse. Subimos uno a uno en el espacioso -265- . luego hizo posible la agricultura enseñándoles la tala y la que� ma. Él se las dio. tan importante para cocinar. Como aún falta por llegar al manantial del caño. Por eso se dice que el tabaco que descubrió rabi� pelado. pero eran insípidas. pero los remeros están dedi� cados a acercar lo más posible la canoa a la orilla. Para calmar su necesi� dad de tener algo mejor en la boca. Anfictión Pimentel Napolitano ya ha aterrizado. diciéndole que que� rían oír su voz. —El fuego les permitió cocinar los alimentos que antes comían crudos. los Yanomami nos complacen con otra leyenda sobre el origen del tabaco. lo hizo proliferar Nosiriwë. porque le había robado el fuego. —Pero desde entonces —continúa Makobi—. —Se encontró primeramente con los Arimari quienes para sa� tisfacerlo le dieron frutas de las que ellos comían.

Viaje por el mundo indígena venezolano helicóptero. los jóvenes agitan los brazos en un enérgico saludo. con nuestra habitual torpeza de ciudadanos. los monos marimondas gritan. brillante brillante es la tragavenado y reluce. Baila. Prai rë. Ééé ara shinaki wai shinaki wai. observamos el shabono que se ve apenas. el trasero de la paloma es chiquito. Rërëi hetu yaki shii rërëi. Pintada. un punto insigni� ficante en la selva. rërëi. ¡Qué milagro. Ééé. õniwë.El Chamán de los Cunaguaros. la piel del tigre está pintada pintada. Nos elevamos. resuenan en mis oídos los cantos de cacería de los Yanomami imitados por los morochos que silban: Õniwë. rariwei ke. la cola de la guacamaya -266- . Rërëi. Otra vez me asalta la duda: ¿Cuál es el bien. prai rë yëpi thë wëri pashoyaki rariwei ke. y cuál es el mal para nosotros y para los indíge� nas? Junto con esa duda. gritan. pintada pintada. Debajo de nosotros. õniwë õniwe ira siki õniwe. baila baila grulla. Hõrema thë koroshi wai këkëa praroima kë kë kë. la vida humana donde pareciera no haber sino presencias vegetales y de animales feroces! ¡Una vida tan compleja y tan estructurada! Con su bien y su mal. Brillante. La paloma la paloma.

Los Yanomami. Así estamos nosotros. ééé. hijos de la luna makekeratiai makekeratiai ééé. arriba. como la guacamaya. -267- . rumbo hacia otros fabulosos pueblos indígenas. bien arriba en el cielo. está arriba. arriba.

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saltan como el alcaraván y la camaza. Mis hermanos son gemelos. Visten de fiesta la tarde. ardidos. Debe ser algo mágico. Mis hermanos. mis hermanos dobles. entre los indígenas. hijos de mi padre son dos paujíes. sus voces y cantos de llamada están unidos por un vínculo extraño y especial. como el tucán en la espesura. Me enorgullecen mis dos hermanos pájaros. vigorosos. porque sus silbidos se comprenden.Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar Mis hermanos son dos paujíes alados. nacieron el mismo día. Tienen el mismo rostro repetido No se ve eso aquí. Mis hermanos silban entre las ramas. cantan como el cucarachero y el chirulí. brillantes y certeros. saltan y ríen en la espesura 269 . sus silbidos ágiles. como el paují de terciopelo y oro. de la misma madre.

pavita o torcaz. dos azules agudos en una sola dirección. con sus alegres cuerpecitos. Y creerán que quien silba es el arrendajo. son chicharras verdes. caminaré a su paso. y bajo las piedras se esconden los camacutos. Y creerán que soy paují. domar esos paujíes. como el agua cristalina de las quebradas. el gonzalito. sus espíritus se unen. el silbo fino. cada uno con su hojita de paciencia. Golpean mis oídos como el sordo tambor del sapo cuando llega el invierno. sus silbidos son bachacos bravos. Mis hermanos son paujíes. Los hijos de mi padre son perdices en la hierba. dulce y delgado. pizcúa. como el mato de agua cuando hay creciente y brincan el pavón y la cachama. se trenzan y destrenzan formando una red. gavilanes en el monte. sus silbidos son como el ají karibe. firme y prolongado. son iguales y distintos. Caminaré en la selva aunque no me vean. Caminaré con ellos entre lirios. sus pasos son los pasos saltarines de la lapa.El Chamán de los Cunaguaros. Mis hermanos son dos paujíes. hipnótico. loro azul. enseñarles el silbo de la iguana. sobre hojas de un verde lustroso moviéndose con el viento de la selva. Mis hermanos son dos lanzas de silbido. como el chirrido de la rana platanera cuando florece la macolla. bordaré su camino con silbidos seré paují con ellos. sus silbidos son cantos dilatados. Yo podría cazar con ellos. paraulata montañera. caminaré oculto como un paují solitario -270- . entre orquídeas. picantes y gratos. y creerán que es el curiñatá y el picoeplata. grillos enronquecidos. con el que los animales de la selva acuden a mi llamado y no tienen secretos para mí. el cristofué. sus canciones son pozos de montaña. Viaje por el mundo indígena venezolano con sus rojos guayucos. estaremos juntos sin que lo sepan. perico ligero.

Palabreo del Chamán cuando oye a los morochos silbar

entre las hojas del yagrumo, entre el brillo de la sarrapia, entre el verdor del alto currucay poblado de monos araguatos que devoran codiciosos las frutas bermejas. Y aprenderán a silbar en silencio su nostalgia de paujíes lejanos, me sentirán cercano aunque no me vean y me sabrán hermano, y sangre suya, viejo recuerdo que se hace presente, que acompaña a los hijos de mi padre.

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Los yaruros, centinelas del viento
Nuestro querido “Tío Jeep”, al que habíamos recordado frecuen� temente en nuestro azaroso viaje en lo profundo de la selva, nos es� pera como un viejo y cordial amigo allá abajo, en la vía de acceso al territorio de los Sape, a orillas del río Paragua. Ellos lo han cuidado, y en previsión de nuestro retorno han renovado y ampliado el techo de palmas que habíamos encontrado la primera vez. Aterrizamos con rapidez en un ocaso violento, lleno de luces fúl� gidas y de relámpagos electrizantes. Abrazamos con una mirada afec� tuosa el helicóptero. El “Helipájaro” de nuestro querido Coronel va a ser difícil de olvidar para nosotros. Cómodo y capaz, con sus asientos tapizados en blanco y su exterior de un rojo vibrante, ya es una figura familiar para los González Uribe. Le hemos tomado mucho cariño, casi tanto como a Tío Jeep, y éste parece reclamarnos: —¡Epa, muchachos, primero fue sábado que domingo! Después de un saludo cariñoso, un fuerte abrazo y un agradeci� do “¡Hasta pronto!” a nuestro incomparable piloto Anfictión, vamos enseguida a bañarnos en el caño que corre cercano. Ya con ropa seca y fresca comemos con gran apetito los espaguetis con salsa italiana, las salchichas alemanas enlatadas, los tostones y la yuca frita que bien se acompañan con las arepitas caraqueñas preparadas por mamá en la
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

hornilla a gas que forma parte del equipo… ¡la vida civilizada tam� bién tiene sus placeres! Acostados en los chinchorros, abrigados con nuestras cobijas, mientras papá revisa los mapas al claro de una linter� na de acetileno comentamos el viaje y los recientes amigos: —Creo que Nomai va a ser una gran persona. —Y Xoto y Makobi también. —Serán capaces de defender los valores y tradiciones de su co� munidad. —Y de acercarse entre ellos, de integrarse también a nosotros. —Seguramente. —¡Qué gran tipo, el Coronel! ¡Un extraordinario Comandante del aire! —¡Cómo me gustaría ser Comandante, del aire o del mar! —dejo escapar, transportado en sueños. —¿Y no te atreverías a ser Comandante en la sabana, como el general Páez, el osado guerrero al que llamaron el “Taita”, es decir el padre de los llanos? Él comandó un escuadrón formado por indíge� nas Yaruros. La pregunta de papá me impresiona. —¡Pues yo sí me atrevería! —contesto entusiasta. —Papá, ¿cómo es eso? ¿En verdad Páez reclutó a los yaruros? —los morochos parecen incrédulos. —Él mismo lo cuenta en su Autobiografía: que tropezó en los llanos con indígenas, que los atrajo a la causa de la Independencia. Eran trescientos indios de Cunaviche, al mando de uno de ellos lla� mado Linache, a quien dio el grado de general de sus compañeros. Fueron luchas desiguales, porque los realistas tenían armas de fuego y los llaneros sólo lanzas y algunos machetes. Para que no se asusta� ran al oír silbar las balas, Páez les repartió raciones de aguardiente, quizás cocui, a aquellas tropas llaneras, acostumbradas a herir sólo babas y caimanes. Se volvieron tan audaces que se rasgaban la len� gua con la punta de sus flechas, se bañaban el rostro con la sangre que brotaba de la herida y se lanzaban como demonios contra las trincheras enemigas (sobre las cuales algunos fueron muertos a ma� chetazos) logrando la victoria. En páginas estremecedoras, relata también las penurias, privaciones y hasta hambruna que sufrió su ejército de llaneros, “los bravos de Páez” cuando estaba aún en cier� nes.
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Los Yaruro, centinelas del viento

Mor inquiere extemporáneamente: —¿Cómo vivía, de qué se alimentaba esa gente en medio de tanta soledad? —Siempre pensando en la comida —le acoto burlón. Pero como yo también he leído, y varias veces, las memorias de Páez, puedo responder su pregunta con las mismas palabras del Centauro Llanero: —Su comida era “un trozo de la res recién muerta asada al res� coldo, sin pan y sin sal, y el agua de la tapara la bebida, y la cama un cuero seco, y el zapato la planta del pie, y el gallo el reloj, y el juez la lanza”. Así describe Páez mismo aquella forma de vida. —¿Y sabían montar a caballo? —inquiere Ocho. —Eran excelentes jinetes y nadadores —responde Rafael—. Vadeaban charcos y ríos con la lanza entre los dientes, nadaban con un solo brazo para tener una mano libre con la cual tranquilizar a su querida bestia, protegerla, animarla a nadar contra la corriente, en una comunión con el animal, burlaban a los caimanes gritándoles para espantarlos. —¿Burlar a los caimanes? —Sí, los indígenas saben cómo hacerlo. Nunca se verá a un in� dígena mordido por caimanes, porque los ahuyentan con una téc� nica milenaria, les gritan y los hostigan con una especie de arpón o palo aguzado. Aunque en realidad —concluye papá— a los segui� dores de Páez, criollos, llaneros o indígenas, nunca se les pregunta� ba si sabían cabalgar o nadar, sino que se los mandaban montarse y conducir como fuera la manada a buen recaudo o arrojarse al río y guiar al ganado. —¡Qué temple, cuánta habilidad en esos yaruros! —comento. —Sí, ellos incluso ayudaban a aquellos oficiales que no supie� ran nadar a cruzar los cursos de agua, haciéndoles botes de cuero de ganado. —Quizás los yaruros fueron decisivos en los triunfos de Páez aquí en los Llanos. —No sólo aquí —acota Rafael— ellos combatieron en el sur con el mariscal Sucre, y se dice que muchos de los soldados que fue� ron a Ayacucho, los famosos lanceros, eran yaruros. —Antes les decían “los bravos de Páez”. ¿Por qué después los llamaron “lanceros”?
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

—Enseguida que llegaron al sur de América fueron llamados “lanceros” por los españoles, porque en sus lanzas, las que hacían seis palmos más largos que las ordinarias y manejaban con habili� dad, lograban ensartar hasta tres personas… —¿Tan temibles eran? —Figúrense que hasta les decían “los demonios”. El escuadrón de doscientos llaneros yaruros que Sucre llevaba con él, cuya pre� sencia dejó pasmados a ecuatorianos y peruanos, decidió el éxito de la Batalla de Pichincha. —Hablando de héroes y hombres de valor, nuestro combatien� te del aire no ha querido detenerse aquí, ni siquiera apagó el motor —observa mamá. —Voy a dormir a la orilla del mar —anunciaba apresurado—, otra misión me espera. —¿Cuál será? —¡Qué vida tan interesante! —comenta Mor. —Y arriesgada —completa Ocho. —Ustedes, ceritos, le han estado preguntando tantas cosas du� rante el viaje, que quién sabe si algún día me voy a encontrar con uno o dos hermanos en la Fuerza Aérea Venezolana… pues, me agradaría… —Y si vas a ser antropólogo, doctor Tuponken, podríamos serte útiles. —A mí me gustaron mucho los monos tití —Maigualida inter� viene en la conversación con entusiasmo— y también los demás mo� nitos, las tortugas, las lagartijas, los pájaros. —¡Qué bueno sería tener una hermana veterinaria! —¡Cuánto me agrada ver —se contenta mamá— que la armonía, en nuestra familia, va en aumento! ¡Qué tranquilidad, no tener que sortear peleas entre mis hijos! ¿Cómo ha sucedido algo tan bueno? No hay contestación, en realidad no lo sabemos, pero segura� mente tiene mucho que ver en esto el contacto con los indígenas, con su manera de vivir y de pensar, su sobriedad, su solidaridad. —¡Ya todos tienen el futuro arreglado! —se complace papá—. Ahora hagan el favor de dormir y dejarme descansar. A partir de ma� ñana nos esperan largos trechos en jeep y este Comandante que les habla, aunque sólo sea de tierra y no tan extraordinario como Páez, necesita concentración…
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Los Yaruro, centinelas del viento

—Sí, papá, sí, a dormir. ¡Y tú eres el mejor de los Comandantes! Buenas noches, Comandante de tierra. Con tantos Comandantes dando vueltas en la cabeza, me entre� go a una pacífica duermevela. Entonces se me presenta una figura co� nocida, familiar que me habla con voz ronca y cariñosa: ¡es Tío Jeep! —Soy un Jeep proletario, viejo y un poco destartalado, sin em� bargo estoy contento de andar con ustedes. He recorrido muchos ca� minos, ya estoy cansado, pero este viaje ha sido el más lindo de todos los que hice. Con la familia a bordo, tratando de encontrar a ese per� sonaje mágico que es el hermano que falta, me siento feliz. Desperté en la mañana y casi creí oír la voz de Tío Jeep, vi su carrocería azul, las cajas, cestas, morrales y mapires ya cargados sobre él, sus ruedas listas para el camino. Me puse a espolvorearlo un poco, afectuosamente, pero a nadie le conté que soñé con haber conversado con él. Emprendemos la marcha temprano. Primero atravesamos un trecho de selva afortunadamente no muy extenso, por un trazado que sólo con gran optimismo podría llamarse vía. Tío Jeep ronronea con las asperezas y fragores del camino. Después de algunas horas salimos a campo abierto, a la inmensidad de la sabana. El recorrido que la prolongación de la estación seca nos permite librar a campo travieso, es largo y monótono. De vez en cuando un caserío, un ran� cho, un techo sobre palos retorcidos revela una presencia humana. Al borde de los corrales, grupos de llaneros descalzos vigilan sus reses sentados en un cráneo de caballo o en la cabeza de un caimán, como en los tiempos del general Páez, cuando esos eran los únicos asientos. Maigualida empieza a gritar de alegría, indicando algo a veces en la tierra, a veces entre tupidas matas de sabana o sobre las piedras, que nosotros no logramos divisar. Superloro sí, porque celebra con gritos él también lo que la niña señala con el dedo. Al fin las vemos: lentas, majestuosas, con una decencia prehistórica, se deslizan suave� mente en un cómico andar contoneado, para sorpresa y júbilo de mis hermanos: —¡Las iguanas! ¡Sí, son iguanas! No las lográbamos ver porque, así como los camaleones y otros rastreros, adaptan su piel al lugar donde están y se confunden con el paisaje. Con estas técnicas de camuflaje, las iguanas se defienden de
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

enemigos cuales culebras, boas, cunaguaros, gavilanes y demás pre� dadores que constantemente las acechan. Enseguida Mor comienza a silbar y Ocho se le une, con un silbi� do sigiloso. —¿Qué hacen? ¿A quién imitan ahora? —pregunta mamá. —¡A nadie! Estamos silbandito iguanas. Seguramente mis hermanos investigaron algo sobre la estrecha relación de los indígenas y hoy en día también de los criollos, con estos reptiles. Los silban para atraerlos y cazarlos. Si es un cherre, es decir un macho, lo sacrifican aunque se defienda dando tremendos latigazos con la cola, y lo preparan tan bien para comérselo, que al estar cocido, sabe mejor que un pollo. Si es hembra, para no extinguir la raza le sacan los huevos que asados al sol son un manjar exquisito, luego le cierran la herida con destreza, cosiéndola con un hilo fino extraído de la palma y aplicándole hierbas cicatrizantes, y por fin la sueltan en el monte. —¡Estamos en el Llano que describe Gallegos en Doña Bárbara! —apunto embelesado por la belleza del estero que acabamos de pasar, lleno de garzas blancas y corocoras rojas— ¡Miren cuántas aves! —Y es también el llano que canta Alí Primera —agrega Mor. Y sin esperar, junto con Ocho se pone a tararear: Cunaviche adentro, llano adentro cantando el llanero, cantando su suerte… —Pero por aquí no está el Cunaviche —corrijo irónico. —Bueno, está cerca —tercia papá—. Por estos llanos corren el río Cunaviche, el Meta y el Arauca. —¡Alí Primera los conocía! —insiste Mor. —No sabía que les gustaran estos cantos tan venezolanos, que realmente son más de nuestra época —se sorprende mamá. —En la escuela nos hablaron de él, de su interés por la cultura popular y por los Llanos. El territorio de los yaruros, también llamados Pumé, abarca prin� cipalmente el estado Apure. Tierras bajas, áridas, de escasa vegeta� ción. Llanos de Apure: extensos, infinitos. Matorrales polvorientos y retorcidos, algún venado que escapa veloz, reses vagando en bús� queda de agua, manchas negras de zamuros al acecho, frecuentes y
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si la oscuridad sucede a la luz. Con tales pensamientos me entrego al sueño. paralizante. Proseguimos interminablemente. es decir ubicada en la parte central del estado Apure. No sabría decir con claridad si a veces se detiene. Veo sólo llano y más llano. —Hemos llegado —me alerta papá con unas palmaditas en el hombro. Hace tanto calor en el Llano. Hasta Superloro ha dejado de hablar. los monzones. los cómicos hocicos y sus ojillos achinados que parecieran preguntar: “¿Quiénes son ustedes?”. Me protejo los ojos con la mano. Quizás esta zona se le parezca. Las lagunas y los brazos muertos alrededor del Capanaparo y de sus afluentes (caño La Pica.Los Yaruro. que un intenso sopor nos invade. ese viento que sopla con fuerza día y no� che incesantemente. de sinuoso cauce y aguas doradas. Me asomo a la ventanilla. vientos del desierto. los camellos. y toma de vez en cuando un sorbo del café que mamá le ha preparado en un termo. inclusive de graznar. el sol resplandece tan fuerte. —¿Hemos llegado? Pero… ¿dónde están los yaruros? —Fíjate bien. pero llena de vida. inhós� pito y abandonado. los desiertos de África. caño Casanarito) constituían la zona llama� da “montes”. inanimado. tan codiciadas por su carne y sus huevos. La selva que dejamos atrás era calurosa. la ausencia del movimiento y del ruido del jeep me despiertan. o “matas de sabana”. centinelas del viento numerosos rebaños de alborotados chigüires. o la luz a la oscuridad. Todo luce tan reseco. famoso por los grandes arenales de sus riberas donde desovan las tortugas. Deberíamos haber arribado a la comunidad de los yaruros del río Capanaparo. Es la zona Pumé más antigua y más desasistida. unos granos de arena me bombardean la cara. Aguzo la mirada. por contras� te. allá está su campamento. Más adelante bordeamos el río Apure. buen escondite y refugio para los indígenas que en tiempos de la Colonia escapaban de la cautividad y esclavitud impuestas por los conquistadores y colonizadores. casi amarillas. que hoy día se consideran una especie amenazada. los grandes mamíferos roedores que nos hacen reír con sus pelambres erizadas. Pienso en los árabes. descubro -279- . terrible. atravesada por ese río. uno de los de mayor importancia de Venezuela. Llevados por el barinés. Esto parece. Está amaneciendo. hasta que. a trechos. su ruidoso chapoteo. Al aumentar la claridad. Sólo papá está alerta.

el jefe yaruro que papá conoció hace años. En lontananza. imperceptible. Papá y yo nos detenemos. Viaje por el mundo indígena venezolano el “campamento”: algunas ramas frondosas y estacas de menos de un metro clavadas en la arena. Sólo algunos perros. con paso gastado. Vemos canoas encalladas en los bordes. Todos se agrupan alrededor de las hogueras. los tol� dos desaparecen. No parece un cam� pamento. un espejismo en la inmensidad de la llanura. Las ráfagas le desordenan las plumas. que parecen no terminar nunca. hacen infructuosos es� fuerzos por huir. El despertar es silencioso. No hay saludos ni miradas de alegría. acertaste. Es aún temprano. De entre ellos. se ponen en cuclillas. que parecen dormir semienterradas en la misma arena. Es vie� jo. la brillantez de las sabanas del Capanaparo. criaturas casi irreales. Algunas mujeres amamantan a los niños. La brisa azota. En el agua varias tortugas prisioneras. se adelanta Hatchawa. muy lejos. como en meditación. quizás niños. prenden el fuego. los yaruros! Pero acer� quémonos. trabajoso. Aquí y allá. tendi� dos casi a ras del suelo. el frío de la noche se está convirtiendo en un calor asfixiante. amarradas a las embarcaciones con una cuerda que pasa a través de un agujero practicado en sus caparazones. Ha disminuido la violencia del viento. lo que hace difícil distin� guirlas. un muro de sombras: ¿acaso el piedemonte andino? —No sé cómo pudiste encontrar esto. atados a las esta� cas. unos toldos vegetales aún más pequeños. del color de la tierra misma se agitan en su lecho de arena. Sólo. Estamos cerca de un caño. Siempre que se llega a una comunidad de indígenas. Su piel ha adquirido la misma tonalidad de la sabana. otras se levantan. se están levantando. vasijas y otros en� seres amontonados. Logro divisar algunas figuras humanas acosta� das. se la conozca o no. camina lentamente. hace frío. y nos recibe. —Así es. o bien con las patas traseras atadas a las delanteras. Superloro se aferra con presión a mi hombro. le cuesta hablar. Liberan los perros. Nos observan. se sientan. Figuras espectrales. no es conveniente irrumpir en ella sin saber su reacción. sino un encantamiento. protegen a otros durmientes.El Chamán de los Cunaguaros. papá. ¡Irreales y perdidos. advierten nuestra presencia y nos ladran con voz débil. todos permanecen en silencio. Bajamos los dos del jeep. seco. -280- . que nos rodean. que resguardan cestas.

son lo más parecido a una vivienda. un machete. yo me esfuerzo por pro� teger la cámara del viento y de la arena: —Vamos a retratar el equipo de cazadores. No practican la agricultura. el chigüire lo cazan con una flecha�arpón y salan su carne que así dura mucho más tiempo. de la humedad de la noche y. o sacándolo del mismo río. plátanos. con algo de yuca. siempre en remojo. un arpón o algún cuchillo. unas hojas parecidas a las del tabaco. Entre ellos. y dentro de ella caben todos sus bienes: el arco. como la de animales acuáticos cuales babas. para indicar la caza y la pesca. mientras un compañero o la mujer. apenas cultivan huertos de verano a orillas del río. Al comienzo parece cosa rápida: una flecha para chigüires y pe� ces. La baba herida. ocumo. cambures. aetaín. los enseres. Para la caza de la baba y la captura de las tortugas el cazador se mantiene de pie en la proa de la curiara. o mejor dicho itinerante entre los indígenas: los yaruros. del sol.Los Yaruro. de día. si lo hay. y en el caso de las tortugas. centinelas del viento Por fin sé cuál es la etnia que mejor representa la condición nó� mada. a base de lo que puedan conseguir internándose en las matas de sabana. pues los Pumé nunca salen solos a pescar. Ramas clavadas en la arena o pequeñas chozas rectan� gulares sin paredes y con techos de hojas de moriche que bajan hasta un metro del suelo. lo que ocurre también en otras lenguas. No poseen animales domésticos de los cuales alimentarse. La canoa es su más preciada posesión. simples refugios para protegerse de la intemperie. la flecha. la matan con el machete o con algún cuchillo. -281- . se las puede capturar vivas. sólo los flacos canes que los acompañan son sus resignados amigos. el término noa sirve para designar tanto la car� ne proveniente de animales terrestres. por su forma de vivir. El animal herido puede ser seguido gracias a la verada de la flecha que flota sobre el agua. ñame. en las riberas del río. Utilizan la misma palabra. tortugas y chigüires que se solaza. lechosas. Consumen una sola comida diaria. sujeta por un cordón. antes de que salgan a buscar el sustento. después que se levanta el sol. maneja la embarcación. Papá obtiene el permiso de tomar fotos. Utilizan un tipo de flecha�arpón constituido por una verada de unos ochenta centímetros y una punta desprendible de diez centímetros.

de delicioso sabor y muy nutritiva. ya que salada o ahumada su carne se presta para preparar el famoso “pisillo de venado”. que no hieren el ambiente. muy alimenticio y duradero. los cazadores se colocan sobre la cabeza una especie de gorro inserto en un trozo de madera que imita la cabeza y el cuello del garzón soldado. aire muy popular en esta zona. expertos en el arte del camuflaje. Viaje por el mundo indígena venezolano Sin embargo. Los morochos. se camuflan cubriendo sus hombros con plumas: Pero.El Chamán de los Cunaguaros. y se pin� tan el pecho de blanco. Así pueden aproximarse hasta ponerse a tiro del animal al que no le ahuyenta la presencia del garzón. garzas. específico. se cuadran militarmente y rompen el silencio arrancan� do a silbar. un gabán. imagínense. para no quedarse atrás. ¡la técnica de camuflaje! Se usa para la captura de venados. propias de ellos. En cada una de las que visitamos hemos encontrado algún rasgo particular. Para cazar venados. la cual se hace en grupo. Para capturar la garza. gabanes y gar� zones. Cuando logran cazar un venado es una fiesta: tienen comida para un mes. aprovechan la oportunidad. anda pa alante gabán anda pa lante garzón mira que te están tirando con pólvora y munición. el garzón soldado de exquisita carne y el gabán. Aquí. reposta también cantando: A mí me gusta el gabán pero cuando está pichón -282- . serían excelen� tes profesores de artes marciales en mi aula! —le comento a papá. poco después Hatchawa llama a uno de los más jóvenes del campamento para que le demuestre y explique a Rafael otras maneras peculiares de cazar. Ocho. Repentinamente recuerdo las clases de instrucción premilitar que han comenzado a dictar en mi liceo: —¡Los yaruros. Tenía razón papá cuando nos hablaba de la diversidad de las et� nias indígenas. por suerte en tonos bajos. que hace rato nos han alcanzado. Luego Mor canta suavemente: Ay. los yaruros sólo cazan aves cuando no han logrado hacerse de un buen venado o un chigüire.

y sin embargo lo avalan muchos libros de crónicas y de historia. luchar y sobrevivir. contagiado con los aires militares comienza a re� correrme la espalda y los hombros en un acompasado paso marcial. —Hay que acatar sus costumbres —insiste—. quizás. centinelas del viento porque me como las piernas las pechugas y el alón. pero no hablarles. Estas características se pusieron de relieve durante la Guerra de Independencia a comienzos del siglo XIX. nos recuerdan a los antiguos pensadores del mundo asiático. y a ésta contestarle. ¿Son acaso estos yaruros los filósofos de la sabana? Unos filósofos indígenas. como suelen hacer.Los Yaruro. Se encaminan a pie o bien. Es algo tan extraño lo que nos refiere papá a continuación… como los fantasmas… como los espejismos. dos. que pro� híbe al hombre extranjero dirigir la palabra a la mujer "yaruro. se espabila y extrañamente. —No les hablen a las mujeres —recomienda papá—. Qui� zás por esto se cree que existe un antiguo tabú. que en su des� nudez material y actitud contemplativa. Los yaruros tienen fama de extraordinarios brujos. sumido en sopor después de tanto rodar. Sólo mamá y Maigua podrán. Aún hoy día. siempre en pareja. Filatelio. tomarles fotos. Superloro. marcando con sus patitas: un. dos. un. suben a unas ca� noítas. muy singulares. Las mujeres yaruros son muy tímidas y suelen esconderse. en un mutismo que es. soledad y paz. y luego en la Federal que liderizó el mariscal Falcón a finales del mis� mo siglo. reman ágilmente aguas arriba. Puede ser pe� ligroso irrespetarlas. si lo logran. entre ellos. Se ha dicho que el yaruro que -283- . cuando los llaneros de Páez y los seguidores de Ezequiel Zamora invadieron esas tierras para refugiarse. desaparecen en las curvas del río. entenderse con las yaruro. tan sabios. Podemos mirarlas. los criollos temen y rehúyen su compañía por esta ex� traña y tal vez aventurada creencia. Todo esto en silencio. recuérdaselo e insísteselo a los mo� rochos antes de que salgan a explorar y tremendear. sinónimo de reflexión. tan herméticos. mientras se une a la mu� sical algarabía imitando el canto de los copleros del llano: —¡Aaaaaaaaaaaa! A continuación salen del campamento los ancianos en grupos de a dos.

la leyenda y la realidad —constata papá—. llamado el “Chingo Olivo”. que las mujeres yaruro utilizan sortilegios o po� ciones de hierbas mágicas para cautivar al hombre criollo. porque ni siquiera sabe pescar. nosotros una vez hasta hicimos un cuadro escolar y el profesor nos mandó dibujar el anillo de hojalata del Chingo Olivo. y en verdad saben domesticar cai� manes y babas. no sea que te embrujen y te obliguen a quedarte por aquí —me es� peta Ocho burlón. —De los varones de esta etnia —prosigue papá— se cuentan historias impresionantes: que un brujo yaruro hechizó a un criollo y lo sacó de su hacienda. —Y lo van a botar luego de la comunidad. mucho cuidado. Filatelio. Viaje por el mundo indígena venezolano acompañaba a Ezequiel Zamora a todas partes. Creen que estos quelonios. sus preferidos. mucho menos manejar una lanza —completa Mor.El Chamán de los Cunaguaros. haciéndolo enloquecer por medio de un brebaje misterioso preparado con hierbas y raíces que sólo ellos co� nocen. logran advertirles de peligros y amena� zas. Ceritos gordinflones. a los cuales atribuyen propiedades mágicas. que la tropa llegó a besarle respetuosamente. tú que te las das de picaflor. como los morrocoyes. a los cuales llevan de mascota para que los protejan. —Imagínate. costumbre que en los llanos de Apure todavía tienen las familias descendientes de ellos. y hasta pueden dejarlo impotente si se muestra reacio a complacerlas. era un brujo que pronosticó la muerte de Zamora y la suya propia dos semanas más tarde a manos de los mismos matadores. —¿Será cierto eso de que hablan con los animales? —Es voz común que ejercen hábilmente la comunicación con los animales a través de la telepatía y que algunos de éstos. —Ajá. y le había regalado un anillo de azabache. además de -284- . pueden predecir tormentas y crecientes de río. que a otro le hizo perder la razón por haber osado dirigirle la palabra a su mujer. con sin fundamento. También se oye decir. Otras tradiciones les atribuyen una especial habilidad para amansar las fieras. Zamora lo había elevado a la calidad de capitán. —Pues vean cómo se entremezclan el pasado y el presente. pues le rendía verdadera veneración por sus cualidades de vidente. papá —recuerdo en un sobresalto—. el brujo de Zamora. —¡Dejen ya el subdesarrollo. culturícen� se y compórtense! Presten atención.

Todos contestaron: —La vengaremos —y así fue. No nos hablan. Hay cierta animación en el grupo femenino. Debe ser triste para ellos no tenerlos más. Tengo entendido que además de la arcilla con que fabrican sus lindas vasijas. Del mismo Páez se cuenta que cuando le hirieron mortalmente el caballo. De color del barro con que hacen sus tinajas. tal vez por herencia. aquellas hojas y hierbas tan comunes en la floresta. de los cuales son golosos y devoran en cantidades con avidez. que las abrigan del viento. buscan y recogen un tipo de arcilla procedente de los bancos situados a lo largo de los cur� sos de agua. fue siempre para ellos un gran problema. Cargan a sus hijitos al pecho o a horcajadas. —¿Qué hacen. que necesitan especialmente para conservar los alimentos. me percato que sobresalen las figuras de los más jóvenes: esbeltas.Los Yaruro. que abastecen a los indígenas de sal y sales minerales. ¿dónde están sus corceles? No veo ninguno en los alrededores. Los antiguos yaruros. y cambures. del porte ergui� do y de la altiva apariencia propios de los llaneros de Páez. le pre� guntó a los compañeros si estaban resueltos a vengar su muerte. como otras comunidades que visitamos. ergui� das y fibrosas. papá? —Se preparan para salir. Ellas también realizan sus propias in� cursiones tierra adentro. Detallando todo el grupo a la luminosidad del sol naciente. o por el mucho ejercicio: caminar. sin más riendas que las crines. -285- . sin embargo. coloridas flores como las de cayena. centinelas del viento invasiones de extranjeros. por desgracia de los enemigos. para recoger frutas. si acaso consiguen caballos los montan a lomo pela� do. remar. pero sonríen amistosamente. —¿Y hoy día? —Hoy día. cargar. desarrollaban una gran afinidad con ellos. Los yaruros no tienen. La obtención de la sal. visten unas camisolas largas. Los mantienen amarrados a una cuerda larga cerca de su campamento y se esmeran en alimentarlos ade� cuadamente con hojas frescas. montar caballo. de una sola pieza. Carecen. altos pómulos y rasgos achinados. Al lado de los musculosos yaruro. que los provee de sal. así como todos los llaneros. hojas que utilizan con fines particulares y raíces comestibles. con rostros an� chos. y todavía lo es. querían mucho a los caballos. lucen pequeñas y frágiles las mujeres. —Pero —me pregunto—.

encajan perfectamente en el marco de esas sabanas resecas y escuálidas. Pero aprovechemos el momento y la luz —me insta Rafael—. sin elevación ninguna. para sus intercambios con las etnias de la sabana y de la selva. Figúrate que los cumanagotos de las costas de Paria utilizaban ese tesoro. el tráfico de la sal. Pero hacia el sur. La llevaban en grandes trozos. y esto dio lugar entre los mismos indígenas a una de sus primeras y antiquísimas empresas comerciales. Cada mujer lleva varios collares y un cesto en la espalda. está abierto el paso -286- . sujeto a la cabeza con un listón de tejido vegetal que le atraviesa la frente. y el río Orinoco y los montes de Guayana al este.El Chamán de los Cunaguaros. que obtenían en las salinas de Araya. Viaje por el mundo indígena venezolano —Para ellos y para muchas otras etnias —agrego. y la trocaban por veneno de los Yekuana y puntas de hueso o de piedra de los yaruros y Pemón. un palo para cavar. Mira cómo se equipan. Con la abundante cabellera negra cubrién� dole los hombros y sus críos a horcajadas. y ayúdame a retratarlas. donde los llanos se adentran hacia Colombia. —¿De dónde llega tanta ventolera? ¿No hay montañas que protejan? —La llanura que habitan los yaruros está enmarcada entre las estribaciones de los Andes venezolanos al oeste. —Es cierto. ¡Las fotos de papá van a resultar estupendas! Ojalá el hosco viento no las vaya a estropear. En la mano.

más acogedor? —No tienen opciones. personas. su territorio ancestral. la somnolencia. los comentamos con los morochos: nos parecía ver bosques colgados del cielo. las amenazas con armas de fuego de los ganaderos. que no producen lluvias sino que absorben el resto de humedad que en� cuentran a su paso. jejenes. ciudades con altos palacios. —¿Pero no podrían encontrar un sitio al abrigo del viento? —Prefieren el viento a los miles de insectos que anidan en los lu� gares estancados. caballos galopando en el aire. a la terrible resolana del llano azotado por el sol. un protector de la fauna fluvial con su larga cabellera y sus muchos collares y amuletos. Y prefieren la frescura de la brisa. han sido despojados de las tierras que les pertenecían. -287- . vientos refrescantes y generalmente secos. hijo? —Sí. atormentando la epidermis del hombre. —¿Por qué no buscan un lugar más guarecido. ¿Recuerdas nuestro reciente recorrido? ¡Y cómo! El aire pesado. los han exilado de sus propios territorios. A esto se debe el aspecto desértico de la región. Tenía tanta altivez que parecía reclamar con la mirada su espacio propio en la selva. los espejismos. Creemos ver cosas. Los cercos de los hatos. pegones. A lo largo de los últimos siglos. centinelas del viento al soplar de los alisios. Remaba con maestría y la embarcación surcaba rauda las aguas. —¿Te impresionaron los espejismos. el lugar que perteneció a sus antepasa� dos. pozos de agua delante de las ruedas del jeep… —…que iban desapareciendo apenas el vehículo se acercaba. grandes lagos trans� parentes. figuras. que me hacía dudar de estar cuerdo. agrégale a todo esto los insectos que nos habrían atacado si hubiésemos detenido el jeep: zancudos. la fatiga y el cansancio nos producen a veces. la presión de los hacendados.Los Yaruro. un espejismo más —trata de explicar� me mi padre. Luego reanuda su razonamiento. Filatelio. —Era una extraña sensación. pero todo es como un delirio. —Entonces. Parecía un dios de la selva. En ese momento me asalta un recuerdo y una preocupación: —Pero hay algo que vi. no sé si es espejismo o realidad. el sudor. remontando un curso de agua. partiéndolas en dos. mosquitos. pues ape� nas lo pude divisar a lo lejos: un hombre en una canoa. —Esas son las cosas que el calor.

no son gente tan simple como habíamos creído. Más tarde me apartaré con el anciano Hatchawa para confiársela y él. eso es todo? —les pregunto. Él vela por las tortugas. la de estos indígenas! Miro su asentamiento. mortificados. Viaje por el mundo indígena venezolano —Y además —completo yo— los tábanos. se� guramente a cazar. ahora casi vacío. los disminuye en el paisaje y los convierte en habitantes de la soledad. totumas. También los jóvenes han salido. Y el viento les arroja polvo y más polvo… pareciera la arena del olvido. cuida las iguanas y los chigüires. Vuelven. intentando protegerse del sol. que parecía venir de la misma tierra: —Es nuestro hermano Pumé. nos damos cuenta de que los yaruros. reposan semidesnudos y semienterrados en la arena. huevos y miel traen los hombres. no he quedado convencido. pero profundos en su mentalidad. vigías del viento barinés. sin embargo hace la existencia soportable? Volviendo a los espejismos. mirándome sonriente me explicó con su voz antigua. ¡Qué forma de vida extraña. Todo se anima. los más viejos. realmente. harapos. pe� ces de río.El Chamán de los Cunaguaros. bajo la sombra de la hojarasca. el Chamán de los Cunaguaros. que los cubre. Mor y Ocho que apenas han logrado en� contrar unas tortuguitas a lo largo de su caminata. ¡No hay mucho más que retratar! Pero horas más tarde. Sólo unas cestas destartaladas. —También nuestras fotos serán rápidas. la inmen� sa arena del abandono. Han regresado cargados: babas y tortugas. una raíz comestible que -288- . los oculta. que aunque pueda parecer demasiado molesto para el bienestar humano. Las cestas de las muje� res están repletas de hojas y de changuango. Simples son en bienes materiales. —Todo y nada. —¿Comprendes ahora por qué los yaruros prefieren el viento. en su sentir. cuando vuelven las mujeres por un lado y los pescadores y cazadores por otro. vasijas para agua y hogueras apagadas denotan la cercanía de seres humanos… Los pocos que han quedado allí. algunas estacas. los puri�puri y toda la minúscula fauna de esos bichitos que atormentaron al sabio Hum� boldt cuando recorría el Orinoco. —¿Pues. protege los animales del río y también a nosotros. La visión del canoero me persigue.

Con excepción de los fru� tos. Van a encender las hogueras para prepararla. cocinan todos los alimentos. los yaruros no comen nada crudo. La comida. y con unos altos graznidos agradece la aten� ción. centinelas del viento se recolecta en la sabana.Los Yaruro. hervidos. es motivo de gran animación. asados. Se la ofrecen a Superloro. única del día. Observamos con atención. que la encuentra de su completo agrado. -289- . cocidos a la parrilla.

ella atiza la hoguera. como el guatacare. Mbuae le contesta algo que nos deja perplejos. Luego introduce el otro en la incisión. haciendo ti� tilar las figurillas de azabache en forma de pequeñas tortugas que le adornan el cuello. árbol de madera dura que se encuentra en abundancia a lo largo de las riberas del Capanaparo. de varas durísimas. las atizan. —A uno de ellos le han hecho una incisión en la mitad —co� menta mamá al observar los palitos de cerca. y al momento de cocinar. Ella repite y re� pite los misteriosos sonidos. Es la planta más utilizada. ¡Zac! Salta la chispa sobre un montoncito de hojas y ramas secas pre� paradas de antemano. Mbuae? —le pregunta mamá. acostumbran más bien dejar las hogueras encendidas. Los Jodi. pero hasta ahora no habíamos asistido tan de cerca y al aire libre a ese procedimiento. que vimos entre los waraos. y colocan las tortugas y babas más pequeñas sobre un entramado de palos unidos con fuertes -290- . los Yanomami. y lo hace girar con velocidad entre las palmas de las manos. Las llamas se levantan. especiales para avivar el fuego. se acerca con los dos palitos de madera. señalándole los que están a nuestro alrededor. Se levanta y con el brazo extendi� do indica y nombra el Kolorí. Mamá no se rinde: con un arbusto dibuja en el suelo arenoso los palillos. Mbuae. pro� pio de la región oriental. Aquí es distinto. cada tarde. dice papá.El Chamán de los Cunaguaros. el oficio de hacer fuego. —¿De cuál árbol sacas esas varitas. que utilizan todos los indígenas para este fin. luego unas llamas y por fin muchos árboles de distintas formas. Viaje por el mundo indígena venezolano Sabemos que varias comunidades indígenas encienden el fuego sin necesidad de fósforos. Son los jóve� nes los que tienen a su cargo. aprisionándolo para darle firmeza. Mbuae coloca en el suelo justamente ese palillo y lo mantiene en posición vertical entre los dedos de los pies. una ocurrente muchachita que a gestos ha logrado hacerme entender que su nombre significa “Estrella de la mañana”. Es bien difícil la lengua de los yaruros. Ella ríe graciosamente. avivándola con una hoja de palma moriche. aunque hemos sabido que también hacen fuego con astillas de otros árboles. definida por los antropólogos “una lengua aislada”. las mujeres acercan unas raíces oleosas. Ha entendido. La sutil arena esparcida por el viento apaga prontamente las brasas. La operación es rápida. pero nosotros no entendemos ni una palabra. los Yekuana. siempre a gestos.

—¿Cuántos son los yaruros por todo? —aprovechando la inti� midad de la comida. que así también los indígenas llaman a los criollos. de los aventureros y forajidos que representan un peligro para los niños y las mujeres. las ca� rencias. estos yaruros realmen� te no parecen los mismos que combatieron con Páez. Luego. al tostarse. el viento. —Han perdido su antiguo esplendor. Mi inquietud es grande. Tengo que manifestarla. hijo… Y disminuimos al pasar de los días. Dentro de pocos años. el acoso de los “racionales”. Me dirijo a Rafael que se ha venido acercando: —Pero papá —vacilo un poco dudoso—. nos abre inmediatamente el apetito: es el típico “pisillo”. miro alrededor y trato de contarlos. olvidados. Las dificultades de existencia. rele� gados. quizás. las amenazas de los braceros que los obligan a trabajar. sentándonos en su mismo círculo. Los hombres destazan las más grandes y pronto la carne blanca y jugosa hierve en una de las grandes poncheras de arci� lla que ellos elaboran. En invierno. reflexiono. Nos invitan a compartir su alimento. Ya que estamos todos cerca. Creo que no quedan más que unos doscientos yaruros a lo largo y ancho de estos llanos. carne desmenuzada de venado guisada con hierbas. le pregunto a Hatchawa. como de carne mechada. a manera de parrilla. tal vez habremos desaparecido… Comprendo su desespero. donde los yaruros pasan a lo largo de la narración como figuras que el viento lleva. cuando ustedes quizás regresen. hasta que sus caparazones. centinelas del viento bejucos. las lluvias que convierten el llano en una inmensa ciénaga y los obligan a abando� narlo. A sus sufrimientos. se resquebrajan. Sin embargo recién ahora las leyes venezolanas se -291- . Un delicioso guiso. Unos treinta. que comprende bien el español. la cual tiene como telón de fondo el bravío llano venezolano. Me mira con desaliento: —Somos pocos. —¿Cuántos yaruros hay aquí? —me pregunto—. disminuidos.Los Yaruro. que nos sirven en tazones y platos de la misma arcilla. hijo. tal vez no nos encuentren. esparciendo un delicioso aroma. a la permanente humillación en que han vivido se refiere Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. el abandono. lo que hacemos gustosos. a refugiarse en lejanas e inhóspitas alturas. el acecho de los hacendados que quieren arrebatarles sus tierras. En verano.

puede arrojar� los todo el que se levante por la madrugada. Al regresar a Caracas arrojaremos como desperdicios esos productos artificiosos de una cultura viciada… —Perfecto —y ahí viene la ducha fría de papá—. Frente a una costumbre que encuentran tan atractiva. sensacional! ¡Esto sí nos encanta! —exclaman felices. como los Yanomami. o se servían usando taparitas alargadas a manera de cucharas. —¿A qué se debe tanto entusiasmo? —inquiero con aprensión. porque aunque tiene fama de ser muy gustoso. y esperamos que se logren algunas que real� mente los protejan. Con esto se consuelan. no hay cubiertos: la comida se toma con los dedos y así mismo se lleva a la boca. mejor si para la familia completa. Algo raro me llama la atención: el contento de los dos ceritos es exagerado. entre los yaruros. desvían poderosamente estos pen� samientos. —Desechemos los vicios de la civilización. y regrese cargando a cuestas suficiente comida para el día entero. ¡Y re� sulta incomparable! Aún no habíamos visto algo igual hasta ahora. Las humeantes ollas de barro llenas de diversos manjares muy aromáticos que colocan a continuación en el centro del círculo for� mado por nosotros en cuclillas. A Mor y Ocho no les queda más remedio que callarse y seguir comiendo. mamá! ¡Estupendo. Pero lo que a todos nos fascina además del pisillo es la carne de la baba.El Chamán de los Cunaguaros. Los demás cortaban sus alimentos con cuchillo. existe la creencia de que deja estéril al hombre. la mejor de todas las carnes. Viaje por el mundo indígena venezolano están ocupando de ellos. de los cuales se sorbe el contenido. como los pemónes. —¡Vámonos a pie! —bromea Ocho a la manera criolla. excelentemente preparada. —¡Qué maravilla. parecido a la carne mechada. ¡Y el consuelo es abundante! Hay huevos de baba y tortuga. Mor y Ocho declaran con su acostumbrada exageración: —¡Tenemos que volver a la naturaleza! ¡Aprendamos de los indí� genas! ¡Pura mano! —grita Mor. como los waraos. empezando por los cuchillos y tenedores —concluyen juntos—. Le han quitado el rabo. Su euforia se debe a que. —¡Caramba. salga hacia el Ávila o los valles de Aragua. los yaruros están más adelantados que nosotros! ¡Ya encontraron un anticonceptivo masculino! -292- . y algunos se valían de varillas de palma bien talladas y afila� das.

Son ambidiestros. Cuando un sitio está muy hollado. centinelas del viento La salida de Ocho causa la risa de nuestra familia. trabajan igual con la izquierda que con la derecha. Un movimiento silencioso y continuo nos sorprende. siempre sin levantarse. sino que se arrastran de cuclillas. los yaruros se trasladan a uno nuevo. es mucho más veloz y precisa. quien nos llama para hacernos co� nocer otro rasgo extraordinario de ellos. los disparos. se alejan de las hogueras. de rodillas o a gatas de un lugar a otro. Las mujeres. como las demás comunidades indígenas hacen varias veces al día con rastrillos o con escobas hechas a partir de la hierba conocida como escobilla. ni mesa que limpiar. —Se acabaron escobas. ni corotos que fregar. agachándose. para evitar los peligro� sos alacranes. y para completar… ¡ade� más de trabajar con las manos. que es ponzoñosa y puede gangrenar el sitio donde pica.Los Yaruro. ¿Será la liberación femenina? —canturrean los morochos a media voz. Pero la técnica de éstos. aplicada a cualquier labor. sobre todo la golofa o jolofa. Mamá se acerca a las madres yaruro que están reposadamente sentadas o recostadas. Síiiii… ¡pegaron una. aquí. realiza la lim� pieza. al transportar la arena. también lo hacen con los pies! Nos recuerdan a los varones sape y kariña. escobillones. pienso con indignación. circulando con una destreza sorprendente. que al despertarse y después de comer nunca se ponen de pie. y me invitan a dar un paseo con ellos en esa posición. debido a una prolongación de la ancestral costumbre de evitar. A los amigos yaruro. mis dos ceritos! —Es cierto que el viento. A la vez que cantan se me acercan gateando. posteriormente de los hacendados? Nos aproximamos a mamá. ese peligro —afirma convencido el número ocho. que lo hacían esencialmente en el tejido. —Pero los brujos yaruro saben conjurar ese veneno. primero de los conquistadores. ciempiés y hormigas. descansan después de la comida: no hay vajilla que lavar. Comprendo al vuelo a quién están imitando. ¿Acaso por una medida higiénica? ¿O no será más bien. que a duras penas logramos detener. lo que también contribuye a que en su medio pasen desapercibidos y sea tan difícil verlos. se arrastran hasta círculos de arenas limpias -293- . coleto y haragán. Nos perca� tamos de que los integrantes del asentamiento. fresco y aseado —reflexiona mamá. Ni siquiera es necesario barrer.

El Chamán de los Cunaguaros. siempre más molesto y resen� tido— porque en tiempos no muy lejanos no existía quien protestara por los atropellos a los indígenas. Este recuerdo. nosotros lo deseábamos y los habríamos tratado -294- . Los adultos fuman un tabaco picado en pipas grandes fabrica� das de barro. enfurece a mi padre. son la señal de que Kuma. rosados. ni se dejaban identificar. Pero en ninguno de esos casos nos dejaron hablar� les. algunos directamente aspiran la hoja enrollada. Donde los pemónes vimos desde lejos a uno. violetas. Los niños juegan: imitan a los animales. Viaje por el mundo indígena venezolano y contemplan con embeleso la puesta del sol. las mujeres preparan algunos cigarritos delgadísimos con esas hojas silvestres parecidas al tabaco que recogieron por la mañana y manipulan con recato. Otro lo habíamos visto entre los Yekuana. sentado en un banco con su perro al lado. Sabíamos que había chamanes en las comunidades que visitábamos. trepan. —¿Y será cierto —insisto con terquedad— que algunos terrate� nientes tomaban puntería matando a los yaruros. que gozó de fama internacional pero que se perdió a finales del siglo XIX. pero no se nos acercaban. ha manifesta� do su complacencia. cuando el caudillo Ezequiel Zamora. Los seguimos y nos reu� nimos con ellos. quien diera la cara por ellos. Fue una lástima. se manifiesta una presencia nueva: el chamán o guía espiritual. Con semblante satisfecho. rebuscando en mis estudios de historia de Venezuela. porque los estor� baban en su codicia por la tierra? —Es posible que hayan sucedido éstas y otras barbaridades —contesta papá con tono de rebelión. agi� tando la maraca para un niño recostado en una hamaca. mientras absorbía la sopa de plátano. roncan como el cochino. mandó a quemar los campos donde se guarecían sus oponentes? —aventuro. que fumaba tabaco cerca de un enfermo. salta. por temor. mientras el cielo se tiñe de matices rojos. por consejo del inseparable bru� jo “Chingo Olivo”. corren a gatas como si fuesen perritos. Otro aún lo observamos desde lejos entre los Yanomami. balan como cabras. la diosa creadora de todas las cosas. se� gún nos informaron. Al insinuarse el brillo de la luna. por la inhumanidad que trasunta. a perder sus poderes y su fuerza al contacto con los “civilizados” o “criollos”. se persiguen entre risas. Los yaruros se alegran: estos bellos colores del ocaso. Se acerca la noche. —¿Será acaso un rastro del célebre “tabaco de Varinas”.

parecen encontrarse en una especie de trance. único instrumento de acompañamiento musical utilizado por los yaruros. hay chamanes hom� bres. logre o no curar. y me parece. en un murmullo ronco y sostenido. La llaman Añikui. y chamanes mujeres. pues todos reconocen que son los más indicados para resolver o aliviar cualquier problema grave de salud o espiritual. Ambos son muy considerados y acatados. nos explica Hatchawa que al percatarse de nuestra buena disposición e interés se muestra más comunicativo y logra expresarse en un español bastante corrido. Cada chamán. No sé bien cuáles sean. Los yaruros musitan una monótona salmodia. un personaje femenino con los brazos extendidos. y sabemos que. la vida del grupo gira a su alrededor. De cara al suelo. hombre o mujer. la ascen� dencia y acción del chamán entre los indígenas es benéfica. Este viejito es el encargado de iluminar el entendimiento de los que quieren convertirse en chamanes. y a veces a Acava. a la diosa Kuma. Esta tarde oficia una mujer. los gritos de los araguatos. Los últimos co� ros de la noche. de todas formas. tendidos. con experiencia. desde lejos. tenga o no éxito. el rugido de algún jaguar. un denso silencio se cierne sobre el grupo. en cambio. centinelas del viento con mucho respeto. fabrica su propia maraca y la decora con grabados y dibujos geométricos o esti� lizados que simbolizan a Poana. respondiendo al chamán masculino oficiante. la voz del zorro parecida a un ladrido. Tanto los hombres como las mujeres antes de ser chamanes tienen que entrenarse para modular su voz. por el contrario. la gran serpiente anaconda. “hermana menor”. La mujer chamán. El canto de la “hermana menor” se celebra al atardecer. Aquí. pero me doy cuenta de que los embargan unos sentimien� tos intensos. y ella canta sola desde su chinchorro. ya que sus éxitos en la lucha contra ciertas enfer� medades son indiscutibles. debe ser una mujer madura. un anciano arrugado a quien la mitología Pumé presenta como el hijo de Kuma y Poana. el resoplido de las toninas en el río. Apenas llega el crepitar de la arena arrojada por el viento y. -295- . El chamán hombre empieza su actividad relativa� mente joven. son dirigidos por un chamán masculino quien toca la maraca. pues serán los cantores de la comunidad.Los Yaruro. que goce de autoridad. mien� tras la voz de la chamán los guía por el mundo espiritual. entre los yaruros. A medida que la oscuridad disipa los colores del cielo.

casi alegre. se levanta. después de tantos años? —Encontré las fuerzas que había perdido en mi reciente fami� lia. El grupo se le une. -296- . —¿Y cómo vuelves ahora. Fue imposible encontrarlo. enigmática. en toda la infinita sencillez de su cuerpo del color de la tierra. Las maracas suenan insistentemente. De pronto todo cambia. vi tu rostro en el silencio de la noche. a quién llaman? —le pregunto. —Evocan nuestro amigo. intrigado. capaces de una vida completamente espiritual y sin embar� go. Se mezclan. por todos los caminos y pueblos de la selva. da inicio al coro nocturno. humillados y despojados de las tierras que les pertene� cen y cuyos productos son suyos por derecho ancestral. que parece brotado del mismo suelo. ¿Pero cómo sabes de mi hijo. los brazos abiertos. el Chamán de los Cunaguaros. levantados. tachados con maldad e injusticia de “irracionales”. Enseguida se dirige a mi padre: —¿Quién eres tú? —lo increpa. Los gestos de los yaruros. El canto que entonan refleja la angustia y el desaliento de estos indígenas. pero con un dejo de melancolía: la chamán se incorpora en su chinchorro. —¿Por qué abandonaste a tu hijo? —lo interpela la yaruro. su figura se pierde en las tinieblas que avasallan. atropellados. sus ojos mirar a al� guien. cómo es que conoces mi vida? —El mundo de los espíritus me reveló tu pérdida. repica con fuerza sus propias maracas de tono grave y profundo. un yaruro especial —me responde en un murmullo. ¡Yo sé quién eres! Papá la mira con cierta inquietud. ellos también. mirándolo fijamente—. con mirada torva. movimiento y animación. su paso lento por los bosques.El Chamán de los Cunaguaros. su repiqueteo deviene agudo. melancolía y sensuali� dad. —No lo abandoné. En ese momento el chamán hombre se adelanta. —¿Con quién hablan. vibrante y sutil. la yaruro se aleja de Rafael. al anciano. parecen indicar algo. ¿Estás dispuesto a enfrentar el pasado que tu hijo representa? Sin esperar respuesta. sus palabras dirigirse a una presencia misteriosa. Viaje por el mundo indígena venezolano Un súbito agitar de maracas. Lo busqué por todas partes. Ellos me dieron ánimos para emprender una nueva búsqueda. Y vi el rostro solitario de tu hijo. Lo perdí. nuestro protector.

¿un sabio ancestro indígena? Él. pero a la vez la esperanza de un futuro mejor. de la montaña y de la flor salvaje del zorro sabanero del puma que ronda del caimán que acecha. rodeado de luciérnagas? ¡Vino de la fresca brisa. les trae un mensaje de solidaridad. es un in� dígena puro: su cuerpo tiene el color de la arena. sus ojos amarillos el de las aguas del río Apure. a unirnos. Este hermético coro. como el agua. su pelo el del azaba� che. el gran chamán de los feroces cunaguaros? ¿De dónde llegó con sus tigres. De los bosques del cielo fue enviado este sabio hermano yaruro a confortarnos.Los Yaruro. como la arena. centinelas del viento Entonces… esa melodía opaca y constante invoca la figura del misterioso personaje de quien hemos oído hablar en todas las comu� nidades que hemos visitado: ¿un líder espiritual?. Que somos los dueños del venado y de la noche. parece expresar nuestro propio sentir. que refleja lo que significa para ellos ese amigo y guardián es� pecial. y allende ellas. sobre las piedras. una evocación del dominio perdido. en el silencio de la noche. de la tierra de donde brotaron. todo lo que suscita en nosotros su figura mágica. del río brotaron sus pasos! Él camina en la espuma. ¡Vivan! —dijo— ¡Vivan bien en esta tierra! Esta tierra es de ustedes. ese chamán que les habla de paz y de unidad entre to� das las etnias. Somos los señores de la sabana. Nos dice que somos grandes. su presencia inasible: ¿Cuándo volverá nuestro hermano yaruro. -297- . Representa para ellos un símbolo del poder de sus an� tepasados. Según las descripciones que hasta ahora hemos oído. de la llanura. los amos de la tierra. como nuestros antepasados. de integración.

vivan bien en esta tierra. Eso dijo el Chamán de los Cunaguaros nuestro hermano yaruro.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Kuma los ama a ustedes. Vivan. -298- . Esta es la tierra de ustedes.

del ceibo. Sape de luna llena somos yukpa de la sierra. de guacamayos. se posan sobre enormes hojas que tienen la forma de un corazón. Allá van los colibríes como joyas voladoras zumbando entre las flores que se abren como hermosos labios de doncellas núbiles. Llueve sobre el río y las ranas verdes. amigos del mono y el terecay somos los pemónes. que hablan con la tormenta somos gente del agua. Somos los jodi.Coro de la selva Allá van las guacharacas. somos yanomami de la selva somos los yekuana del país de la niebla somos los kariñas de historia guerrera somos warao enemigos del olvido somos yaruro de arena y viento 299 . warao de canoa y de sonrisa somos bari de ensueño. de loros reales llenando de fiesta el aire de la selva. Allá van las bandas de pericos. rojas. azules como forjadas en el taller de los dioses salen de los pozos. entre las ramas bajas del yagrumo.

Viaje por el mundo indígena venezolano y nosotros. Nos llena una esperanza nueva abrámosle camino a esa esperanza ella abrirá paso hacia nosotros entre la espesura de la selva. somos gente de la misma sangre del poderoso chamán mezclados con sangre de otros mares pero estamos aquí con ustedes y amamos los caminos selváticos las torrenteras secretas. -300- .El Chamán de los Cunaguaros. las suaves hojas del pijiguao la débil luz de la luna entre los altos árboles el fuego de los astros el viento que se lleva a los yaruros el relámpago que deslumbra a los wayuus el misterio que envuelve a los Sape la lluvia que reverdece las grandes hojas el sol de los venados fugitivos.

Miles de flores se despegan de los árboles y empren� den el vuelo… pero ¡no son flores! Son las garzas llaneras. Ya debemos dejar sus polvo� rientos y áridos territorios. No puede distraerse. —¡Qué belleza! Deberías tomar fotos. Cantan los pájaros con tal algarabía que apenas si se oyen nuestras voces. Junto con nosotros se ha despertado el Llano todo. 301 . su modo de vida. la blanca chusmita. —Este recorrido será muy largo —nos alecciona— acomóden� se lo mejor que puedan. descubridores de misterios Resuenan en nuestros corazones los cantos nostálgicos de los yaruros y las palabras agoreras de aquella mujer chamán que parecía conocer la vida de mi padre. cuando bien de madrugada. los secretos de su mágico universo espiritual. No es posible. Mientras. la magia de sus miradas. Rafael. aún ador� mecidos. captar sus rostros. papá nos hace subir al jeep. las de color de rosa. la roja corocora. emprender otra etapa. Su objetivo es otro: fotogra� fiar a los indígenas. Papá consiente pero no lo hace.Los wayuus. Apresar su esencia. su entorno más cercano. sus expresiones. traten de seguir durmiendo un rato. el rocío aviva los olores de los mastrantales que trae la brisa desde lejos.

Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Cómo es esa frase célebre que siempre nos repites? —pre� gunto. La respuesta de papá es algo enigmática. lo disgusta. —El recorrido será muy largo. a lo lejos se yerguen altos árboles. Falcón y Lara. —¿Nunca habitaron esta parte tan bonita de Venezuela? —in� sistimos. pero no quiere decir que no las hubo. quien se fija una elevada meta. —Non si volta chi a stelle è fisso. cabras. observando la amplitud y magnificencia del paisaje. breves —nos in� forma.El Chamán de los Cunaguaros. No los hay. el paisaje varía. papá. Leonardo da Vinci y las estrellas —los morochos vienen en mi ayuda. ni paisajes. —Papá. —El que no las haya quiere decir que no las veremos. De los yaruros a los wayuus. “no vuel� ve la mirada quien la fija en las estrellas”. por ahora. Las etapas. pura carretera. -302- . empiezan a verse pequeños poblados dispersos. ha guardado todo su equipo en la parte trasera del vehículo como diciendo: —Ahí te dejo por un buen rato. no se distrae ni un momento. que no las habrá. ¿no hay comunidades indígenas en estos lugares? El vehículo avanza. puro carro. ya lo sabemos. En efecto. surge el sol. Atravesaremos los estados Barinas. a los sermones. Papá es muy aficionado. —¿Cuál de tantas? —sonríe Carmen mirándolo. Estas últimas las conoce y las recita en su idioma original. gente que lleva ganado. lo sabemos. —No se distrae quien tiene un alto objetivo —traducen libre� mente los repollitos. No nos detendremos en ningún grupo de naturales en estos parajes. —La de Leonardo. a las lecciones y explicacio� nes. o sea no voltea la vista quien persigue una estrella. No hay lugar. Lo sabemos. y a las frases célebres. por hermosos que sean. no las hay. —No. Es decir. que nunca habitaron estas tierras. Es así. la vegetación se hace exuberante. donde podrían haberse asentado satisfactoriamente. Papá persigue buscar a su hijo y tomar las fotos. Nos hemos dado cuenta de que así habla cuando algo lo preocupa. para amaneceres.

—Las hubo y se extinguieron. pero se nota contento por el interés que mos� tramos hacia esos indígenas que están tan cerca de su corazón. había aquí muchas etnias. en un próximo viaje es la de los Baré. Pero quiero que conozcan esta triste verdad. —Mencionaré las que no vimos. algo malhumorado. que están en el -303- . Rafael empieza. se agita sobre el asiento del jeep y por fin prosigue: —Me cuesta referirme a hechos de nuestra historia de los cua� les.Los Wayuu. las más numerosas diría que son: Panare. era muy numerosa. Rafael rezonga. —¿Quedan lejos? Y ya que no nos llevas hasta allá. Cuando llegaron los conquistadores a Venezuela. me avergüenzo. Eran los Caquetíos y los Jirahara. Hiwi o Jiwi. Frunce aún más el ceño. descubridores de misterios —Explícate por favor. para que no me mortifiquen y no me re� prochen. los indígenas que poblaban estas regiones fueron exterminados durante la expansión española en sus territorios. que hasta Tío Jeep empieza a corcovear con júbilo. ¡Qué familia tan pasada tengo! ¡Claro que bromea! Sabemos que sin nosotros. Baré. —De las que faltan. Sáliva. lo interrumpen los morochos: —¿Nos faltan muchas etnias por ver? ¿Cuántas? ¿Dónde están ubicadas? ¿Por qué no vamos a visitarlas ahora? Un tropel de preguntas se abate sobre papá que a duras penas se las ingenia para responder algunas: —Voy a mencionarlas. pero quizás veremos en un próximo viaje… —¡Promételo! —gritamos todos. La población indígena que hoy en general resulta bastan� te escasa. como venezolano y como ser humano. jamás se habría animado a emprender este viaje. ¡dinos algo de ellas! —Una de las que más me gustaría visitar con esta familia tan exigente. y… Alborotadísimos. Paraujanos o Añu. Tal vez por su fiereza y su alti� vez. carrasquea. muchas más que las que vimos y de algunas que quizá veremos en otro viaje. —Prometido —responde levantando las dos manos con tanto ahínco. que posiblemente en las escuelas no les hayan revelado en su totalidad y crudeza.

—Sí. Tal vez por no querer ceder su oro. fueron exterminados. igualmente numerosos. que tenía fama de hombre sabio y era considerado un Dios por ellos. Tenían una cultura avanzada. Viaje por el mundo indígena venezolano Amazonas. ni siquiera todos los cronistas. eran numerosos y poseían muchos adornos y dijes de oro. denominara a nuestro país Venezuela. cerca del Maracaibo están los pozos de la Cuiva donde se dice que vive su espíritu. Esa fue la verdadera razón de su resis� tencia a la codicia de los invasores. y cómo eran los otros. Los Panare habitan nues� tras selvas de Guayana y Amazonas. ocupan un espacio en Guayana. De paso.El Chamán de los Cunaguaros. en estas tierras del estado Falcón que estamos reco� rriendo ahora. cederse ni comercializarse. el oro es sagrado. pero eran muchos hacia 1500. Los Jiwi o Guajivos están también en nuestra Orinoquia y hacia el sur sus dominios colindan con los de los Sape y los Yekuana. al punto que la vista de un pueblo palafítico en esas aguas azules hizo que Américo Vespucio. Los Paraujanos o Añu vivían en palafitos alrededor del lago de Maracaibo. invadidas por bancos de arena. —Yo he leído sobre los Caquetíos —intervengo orgulloso— y la leyenda del rey Manaure. y en parte porque tienen fama de predecir el futuro con semillas y frutos secos. ni poder. tampoco he leído todo lo que hay sobre ellos. al oeste del estado Bolívar. —¿Cómo? ¿Cómo es eso? —preguntan los morochos siempre entusiasmados. áridas. como ya les dije. los que desaparecieron? ¿Qué pasó con ellos? —Aquí. Quedan muy pocos. en el Zulia. -304- . eran tantos que ni siquiera los cronistas los men� cionan en su totalidad. ni fuerza. casi en nuestra frontera con Brasil. —¿Estás seguro que los mencionaste a todos? —Pues no. lo que despertó la codicia de los con� quistadores. que lucen secas. En parte porque son numerosos. habitaban los Caquetíos. No debe regalarse. pequeña Venecia. de ninguna manera. —¿Por qué no quisieron compartir sus riquezas? —Para los Caquetíos y para todos los indígenas el oro no signifi� ca riqueza. Los Sáliva. —¿Papá. Yo no soy una enciclopedia. azotadas por ese viento que si bien refresca no da paz.

descubridores de misterios —Dicen que si uno le pide: “Rey Manaure. complejas. —¿Cómo eran? -305- . por fin se calman. los dos ceritos se dedican a silbar inspirados por el paují de la canción. Estaba originalmente poblado por varias etnias. pero se desahogan entonando un dueto clásico que rematan en forma muy personal: Por la cuesta de un cerro Coriano iba un Caquetío que cantaba así: Ocho le contesta. Rey Manaure.Los Wayuu. cerca de este camino que estamos cruzando. —Los Jirajara. pidamos —nos instan los morochos—busquemos ese oro! A una señal adusta de nuestro padre. estatuillas. y aún hoy se encuentran en Falcón. sale del agua una culebra amarilla y se convierte en un trozo de oro sólido —los complace papá. en los límites con Falcón y Ya� racuy. Investigaciones recientes han descubierto que en la región falconiana estuvo el asentamiento humano quizás más antiguo de la tierra. había culturas hermosas. Poblaban justamente el estado Lara. dame tu limosna”. —¿Qué otras etnias se extinguieron? —preguntamos todos. improvisando una copla de rima pegada tan cursi que habría horrorizado a mi profesora de castellano y literatura: qué alegría siente el alma mía por la melodía que silba el paují A continuación. —¡Vamos. —También deben saber —sigue aleccionándonos Rafael— que este territorio del norte occidental de Venezuela es considera� do por los antropólogos de una extraordinaria antigüedad. Lara y Yaracuy restos de cerámicas. Se han calculado nueve mil años de antigüedad para las culturas de esta zona. ídolos y recipientes sagrados de los aborí� genes.

y se sabe que a los conquistadores les gustaron desde que las probaron. de antropófagos. Oigo gritos. hasta que se extinguieron? Papá se ensombrece. con carne de cacería. Con razón las perlas parecen lágrimas y en las poesías y en las canciones siempre las han relacionado. inmerecida quizás. llena un saco de ostras y sube al fin a la superficie. aquí! —canturrea Superloro al oír men� cionar uno de sus manjares más apetecidos. había la etnia de los karibes. sombríos. como tantos otros. Pronto morirá. jadeante. —¡A quién no! —concluyo recordando las ricas arepas de per� nil. —Lamentablemente los Guaiquerí y Cumanagoto no pudieron resistir sumergirse tantas veces por tanto tiempo. De ellos sólo queda un grupo en Belice. Al tiempo que habla mi padre. —¡Cuántas vidas perdidas por la codicia de las perlas! —de� ploro—. desde los vageles. mezclados con criollos. país centroamericano. las comían solas. siempre en el mar.El Chamán de los Cunaguaros. —¡Qué maravilla! —ríe Mor— ¿Reina pepeada o rellenas de carne mechada? —No. que tienen la fama. Otros de sus descendientes. y morían sacando perlas para los conquistadores. es cierto que los Guaiquerí y los Cumanagoto fueron utilizados para extraer perlas. ¿resistirá el buceador? Lo intenta y lo hace. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los cronistas y viajeros cuentan que eran excelentes agri� cultores. Pero también hoy día el cantar isleño refleja los riesgos de la vida del marinero. ¿Recuerdan que los visitamos? —¿Rafael —pregunta mamá—. Pero. delgados. cultivaban grandes sembradíos de maíz y ya preparaban arepas. —¡Qué explotación tan dolorosa! —protesta mamá. arepa. mis favoritas. mustia la piel de tanto sumergirse en las aguas profundas del Caribe. apagados los ojos. en la lengua de los invasores: —¡Allí! ¡Allí hay un banco de ostras! Acércate. —Además —prosigue papá—. son los kariñas. rápido. aquí. lacios los cabellos. me parece verlos. —¡Arepa. Entrega la preciosa carga y se recuesta maltrecho. ¿Recuerdan el canto favorito de la isla: Margarita es una lágrima? -306- .

esta vez con una de las etnias más numerosas de Venezuela. reanudamos el interrogatorio so� bre el pasado aborigen: —Y en Caracas… ¿No había indígenas? -307- . pronto estaremos en territorio wayuu. subraya el tema margariteño de la Virgen del Valle.Los Wayuu. —Este… —balbucea Mor. pero en el interior del vehículo hay un momento de re� flexión. Virgen del Valle reina del Oriente alza tu mano. Ocupan toda la península de la Gua� jira y su fama de bravos e intrépidos los acompaña. Ocho comienza a silbar una gaita zuliana haciéndose el desen� tendido y luego le dice ufano a Superloro. —¿Qué han investigado ustedes sobre los wayuus? —pregunta Rafael. descubridores de misterios El tenue silbar de los repollitos. que pareciera estar tan cansado del camino como nosotros. primito. —¡Ya comenzó a sentirse maracucho! —lo satiriza Mor. acunados por el rumor continuo y fati� goso de Tío Jeep. nos da aliento. de respetuoso silencio. Estamos preparados para un nuevo encuentro. La historia dice que no lo vieron cuando en lo inmenso del mar se hundió sólo se sabe que salió un día y que a la playa no regresó. Seguimos avanzando. nos estremecen con el polo El marino: Cuentan que un día un marinero se fue a la playa y no volvió más… Se fue cantando en su velero su copla triste quedó en el mar. La frase nos saca de nuestro letargo. —¡Anímense viajeros! —nos insta papá—. no… A continuación. no me abandones. asentado sobre mi gorra: —Vai. por una vez respetuoso y con� movido. Como todavía falta por llegar. pues.

prác� ticamente extinta. durante la conquista. —Sí. Los que no pudieron o no quisieron retirarse fueron exterminados. Los indígenas que no aceptaron la servidumbre impuesta. Guaicaipuro y Paramaconi? Ellos eran verdaderos líderes indígenas y comandaban un ejército de flecheros que desde los cerros que rodean el valle de Caracas. mejor en� frentarse a los invasores. escondiendo su piquito bajo el ala. —Antes que huir. la gente. Esta etnia. —Donde nadie me encontrase —corrobora Ocho. Es la triste verdad: estas etnias desaparecieron con la expansión europea. el valle donde hoy se asienta la capital de Venezuela estaba poblado por los indios Caracas. convivía con los Teques de los altos mirandinos. tal vez por su fiereza. Viaje por el mundo indígena venezolano —Claro que sí —asegura mi padre—. heroicos guerreros. —¿Y cómo se extinguieron estas etnias? —pregunto con ansie� dad. y son las etnias que actualmen� te vemos sobreviviendo a duras penas. —Pero no.El Chamán de los Cunaguaros. —¡Qué valientes! —observo con desasosiego. opusieron fiera resistencia al invasor. Según los cronistas. En los picachos que dan hacia el litoral estaban los dominios de los caciques Naiguatá y Terepaima. en toda la costa del Caribe y aún tierra adentro. mejor morir luchando. con preocupación y desaliento. —Yo hubiese huido bien lejos —se apresura a comentar Mor. ni ser re� ducidos a esclavos. ¿Y qué de� cir de Tamanaco. —¿Y eso ocurrió en todo nuestro territorio? —inquiere Car� men. de allí su nombre actual. nuestros derechos. tenían dos alternativas: huir o morir luchando. el líder absoluto de la resistencia indí� gena. Algunos indígenas se escondieron en la selva. fiuu!. no y no —rectifican ambos enseguida—. -308- . —Pues también a sangre y fuego. ¡ay ay! —comenta Superloro quizás impresiona� do con el ambiente de recogimiento y dolor. con la mis� ma disposición. con espíritu poco aguerrido. defender nuestras tierras. comandados por Guaicaipuro. —¡Fiu. por no querer ceder los territorios en su totali� dad a los conquistadores. Otros se enfrentaron y fueron exterminados.

se usaban los arcabuces. bien asfaltada: y he aquí la capital del Zulia. En el siglo XVI. el viento se hace brusco y duro. Me pregunto si en otros países sabrán que Venezuela cuenta con algo tan moderno y funcional. que sigue guardando los misterios con que soña� ra Julio Verne en El soberbio Orinoco y que tanto persiguieron aventu� reros como �alter Raleigh y Antonio de Berrío. como las inmensas llanuras de la Guayana.Los Wayuu. caminos de arena y pocas vías asfaltadas. siempre fiel al Libertador. casi mágicas y todavía ignoradas. maravilla natural en las entrañas del país. —¿Tenían ametralladoras los conquistadores? —se apresura Mor. al bravo guerrero de las montañas. Tuponken! —me interrumpe Ocho. los páramos soberbios de cumbres nevadas. con la pólvora nadie puede. impresionantes. la ciu� dad del petróleo. nos quedamos pasmados ante la poderosa estructura de concreto y metal que se extiende sobre el lago y nos permite atravesarlo con toda comodidad. las selvas amazónicas y La Orinoquia. el jeep devora unos 150 kilómetros de carretera recta. Mientras recordamos a nuestros antepasados aborígenes. con sus flechas certeras. como diría nuestro cantor Alí Primera: Terepaima. y aún creo que resuena en mis oídos el grito de Terepaima. presto a rechazar al invasor. de las et� nias extintas. pasarelas de lianas. en pleno siglo XXI. Sin embargo. que eran como… —¡Como una escopeta grande. tu incultura me ofende. que lleva el nombre del prócer zuliano Rafael Urdaneta. Todos ríen y se aleja por momentos el recuerdo triste. —¡Qué barbaridad! —comento con grave indignación—. y que a la vez. tu grito resuena en el monte… Y rememoro. posee aún regiones hermosas. con el grito ancestral de una guarura indígena. Nos aproximamos al Puente sobre el Lago. Pare� ciera traer extrañas voces de batalla. Maracaibo. cuando ocurrió la conquista de Venezuela. -309- . remotos caracoles de guerra. Luego de tantas trochas silvestres. descubridores de misterios —Todos ellos fueron derrotados porque aunque fuesen exce� lentes flecheros y buenos estrategas. puentes de bejucos. bien conserva� da.

El jeep enfila directamente hacia el territorio de los wayuus. Ante la negativa de papá a entrar en Maracaibo.El Chamán de los Cunaguaros. ¿sería mucho esperar que se incorporara a nuestra familia? Siento que hay una gran afinidad entre nosotros dos. señor Tuponken. ¿Otro viaje? Aunque parezca un sueño irrealizable. abrazarlo. Coro. —�ayuu… ¿por qué? La pregunta de Maigua nos sorprende. Barquisimeto. Si lo encontráramos. -310- . —¡Cállense. compartir con él. tenemos nuestro itinerario. —No podemos —nos hace entender papá—. las refinerías. cuando visitemos Mérida. ¡cómo se ha desarrollado el habla de la niña! Al salir de Caracas. Viaje por el mundo indígena venezolano Los morochos me sacan de mis reflexiones cantando a voz en cuello una gaita llamada Sentir zuliano: Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente siento una emoción tan grande que se me nubla la mente. las empresas multinacionales. Recuerden el objetivo de nuestro via� je. el oro negro. Cumaná. ape� nas balbuceaba. los morochos se consuelan silbando y cantando a su manera: Maracaibo en la noche pero ahora es de día no la vemos para nada ni siquiera al mediodía. Me asalta un gran deseo de conocerlo. y quedémonos al menos un día para verla toda. ese otro recorrido podremos hacerlo con mi hermano Aparicuar. Es la ciudad del petróleo. En tan poco tiempo. —Pasemos por Maracaibo. papá. este no es un viaje turístico. Me siento alborozado. ahora no es Navidad! —En el Zulia se cantan gaitas todo el año. tal vez. tantas otras ciudades de Venezuela… y quizás de Colombia y Brasil. las torres perforadoras. nos están esperando. quiero pensar que algún día. Quisiéramos conocerla. A Maracaibo iremos en alguna otra ocasión.

—No bromeen. hablan perfectamente wayuu y español. cuando las demás etnias indígenas no la tienen? —Guajiro es una denominación geográfica. ¡Con tantas sorpresas que nos han dado los indígenas! —Y sin embargo —puntualizo yo resumiendo mis lecturas— su forma de vida. el cual forma parte de la familia lingüística arawak. Son extraños. no podemos contestar. ni qué significa la voz wayuu. —Y a lo mejor chino y japonés. que no es como la de los demás indígenas. —No. esto puede resultar verdad. —Con más sentido que las tuyas —apunta Ocho. No sabemos de dónde proviene. mantu� vieron su autonomía e independencia. compadecido de nuestra algazara— se autodenominan a sí mismos “wayuu” en su propio idioma. y con sentido… —obser� va Mor. no —aseguran los dos a la vez—. Colombia y Brasil los llamamos guajiros.Los Wayuu. tú primero. —Estos indígenas —aclara por fin Rafael. -311- . —¡Qué raro! ¿Cómo es eso? —Es porque su cultura es indo�hispana —comenta papá. estos guajiros —prosigue papá. descubridores de misterios —Y ahora pronuncia frases completas. Casi todos son bilingües. ni siquiera todos nosotros. —Y cuidado si inglés también. La “ese” del plural se le aplica a veces porque el nombre se ha españolizado. Total. Están muy transculturizados. el número 100 al completo. reflexivo— o wayuu en su propio idioma. —¿Y qué es guajiro? ¿Y por qué guajiros con la “ese” del plural. ay! —objeta mamá— ¿Acaso van a regresar las antiguas rencillas? Todavía no se ha acabado el viaje y ya vuelven los vicios… —No. tampo� co es como la nuestra. pero a la vez aprovecharon e incorporaron elementos de la cultura española a su manera de vivir. —¿Qué quiere decir? —Quiere decir que desde los tiempos de la Conquista. En Venezuela. ceritos. así se llama a quie� nes viven o pertenecen a la tierra guajira o también goajira. Vamos mejor a tratar de… —Contestar la pregunta. —¡Ay. —Empieza tú.

para guiarnos. Por supuesto. en la parte superior de la península. el pastoreo. han venido a recibirnos Jashichi y su sobrino Ka’laírra. que forman sin discusión el grupo indígena más grande de este país. —¿Qué otra cosa podrían hacer sino pastorear? —comento en alta voz—. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Por ejemplo? —Por ejemplo. asnos. —A mí me parece que debían hacer esto también antes de la con� quista española —refuerza imprudentemente Mor. bu� rros. cerca de los límites con Colombia. Los encontramos cerca de Castillete. —¡Hola.000 guajiros. ¿No han visto los animales? —Sí —contesta Maigua entusiasmada—. si no se piensa antes de hablar! —conviene el morocho avergonzado. que pertenece a Colombia. Desde la ranchería conocida por papá. tigres. —¡Qué fácil es equivocarse. Reflexiono sobre esta situación. mamá y yo mismo lo miramos burlones. chivos. en las que suponemos guardan dinero y objetos pequeños. ¡hablan español perfecta� mente y con gran propiedad! Mientras Jashichi se coloca adelante entre nuestros padres. es árida y seca. cabras. ambos con sombreros de fibras de magüey tejidas. lagartos. —¿Y con cuáles animales? ¿Olvidas que los caballos. ¡Cómo llamarían la atención en la escuela esos multicolores bolsos artesanales. que se asoma al golfo de Venezue� la. noso� tros nos encaramamos con Ka’laírra en nuestro sitio preferido: encima -312- . ovejas y chivos los trajeron aquí los españoles? —¿Acaso pudieron hacer pastoreo con iguanas. burros. burros. Sobre unos faldones. ovejas. su vestimenta típica. En la parte occidental. Creo que aún hoy día esta es su principal actividad. Vamos a visitar la parte más representativa de esta antigua cul� tura: la Alta Guajira. hola! —apoya Superloro. La península de la Guajira. su medio de subsistencia. La parte oriental. burros. que conforma la punta más septentrional de la América del Sur. caballos. es habitada por más de 100. viven unos 20. llevan elegantes camisas de corte americano y bolsas adornadas con borlas suspendidas del cinto por medio de un fajín tejido con algodón. cachicamos y zamuros? —enfatizo.El Chamán de los Cunaguaros. equivalentes a nuestros koalas! En� seguida suben a nuestro jeep. Papá. vacas. Nos proponemos conseguirnos algunas.000.

—Se ve que no hay agua en esta región. —¿En un solo rancho? —No. —¡Y ese calorón! —Ese calorón siempre lo tenemos. ay! —Superloro. —¿A dónde nos dirigimos ahora. esto se vuelve un solo pantano. descubridores de misterios de las cajas de equipaje. todo vuelve a la vida. En la estación lluviosa se forman arroyos y que� bradas. —Sí. Por eso cavamos pozos y más pozos. ay. sino la de lluvia. acalorado. —¿Llueve mucho? —Cuando llueve. —¡Está a la vista! —¡Pero hay muchas más reses! Se encuentran arriba. pegada la nariz a las ventanillas traseras del vehículo. entonces? —Es lo que yo también me pregunto. nuestra principal actividad es el pastoreo. significa el “tigre” —agrega orgulloso. Ka’laírra? —A nuestra ranchería. Ka’laírra. en los pas� tos. Y mi nom� bre. ¿No ven que por aquí todo es desértico? Lo confirma la escasa vegetación formada por árboles desnudos. mi tío. en algo así como cincuenta ranchos. bravo como un perro bravo. es el clan de Jashichi. cactus. ¡Sólo de noche refresca un poco! —¡Ay. -313- . —¿Está tu familia allá? —Sí. —¿Cómo hacen. Estamos contentos. Pero luego nos gusta ver cómo todo reverdece. Nos las arreglamos. se queja. y aún peor —suspira Ka’laírra abanicándose con su sombrero—. porque el guajirito nos lo va explicando todo y con él podemos comentar. —¿Es grande la ranchería? —Unas cuatrocientas personas. No tenemos ríos. y los animales pueden pacer bastante durante varios meses. que parece haber seguido la conversa� ción. —¿Qué quiere decir Jashichi? —Quiere decir “bravo”.Los Wayuu. verificar o corregir ciertos datos co� munes entre la gente o adquiridos en nuestras desordenadas lecturas. —No hay. Vamos de los 28 a los 40 grados to� dos los días. que se secan en el verano. dividive y otros arbustos resecos.

¡Ya no existen! ¡Cuánta patraña cuenta la gente! Nuestras casas son tan modernas como las viviendas de Maracaibo o de Caracas. —¿Es cierto —preguntan los morochos aún no completamente convencidos— que los guajiros no conocían el pastoreo antes de la llegada de los conquistadores españoles? —Por supuesto que es cierto. Estos guajiros. Se dedica. Hemos decorado las paredes de nuestra habitación con afiches de los viajes de los astronautas. con techos de concha de cují y paredes de barro? Ka’laírra se ríe con gusto: —Oye. ¿Acaso íbamos a esperar que nos los ofrecieran? Esto ya no nos gusta tanto. yo creo captar el significado. usando arcos y flechas porque son armas más económicas que la escopeta.El Chamán de los Cunaguaros. él es más pequeño y más calmado. También practicábamos la pesca y la recolección. o mejor di� cho lo dedican al pastoreo. los demás indios no lo hacen. ¡Qué actualizados están! —Y tu hermano. ¿es como tú? —No. Y hasta más confor� tables. y en efecto Ka’laírra nos lanza una mirada pícara y aclara burlón: —¡Los tomamos prestados! —¿Cómo? —Pues. -314- . los carros de carrera. Sustraer es es una acción dudosa… Sustraer no es bueno. tales chozas no las conoció ni mi abuelo. sí. las supercomputadoras y los grupos musicales de rock y salsa. las olimpíadas. A continuación nos confía: —Mi hermano y yo tenemos una buena litera para dormir. ¿cómo los íbamos a llevar a pastar? —¿Y cómo consiguieron tantos animales? —Pues más rápido escapa el ganado hacia afuera que hacia adentro. —¿Qué? Mis hermanos se quedan en la luna. nutrias. Si no teníamos ani� males. se los sustrajimos a los primeros hacendados que se asen� taron por aquí. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que las viviendas de ustedes están hechas al estilo de las chozas de los aborígenes. una ducha con agua fría y caliente. Nos dedicábamos a la caza de ar� madillos. lo que aún hacemos y seguiremos haciendo.

pero sí. Algunos ranchos son de cemento. aunque alejada y soli� taria. son considerados una riqueza. a la vez que chilla: —¡Hola. queso. en carrera. son un excelente medio de transporte y de carga en estas regiones poco habitadas. a comer! Los morochos ya están en marcha. Los caballos les proporcio� nan facilidad de traslado. pues propor� cionan leche.Los Wayuu. Era algo bastante natu� ral. prepárense. no tanto. ¿No te parece lógico? —Bueno. Todos ellos son excelentes jinetes. descubridores de misterios ¿Por qué? ¿Se habrán visto obligados a ello? ¿O es un vicio inculcado en su raza? ¿Acaso lo consideran natural. por ejemplo. mejor dicho. a comer. y resultó aceptable. y lo en� cerrábamos en nuestros propios corrales. Yo le pido permiso a papá. hola. Si las tierras guajiras pasaban a los blancos. les dan prestigio. otros de yotojolo. una varilla sacada del cactus seco. Los burros. en ese ambiente y en esa época. pieles y además son animales fáciles de sustentar y mantener. con mayor seriedad: —La aparición del ganado entre nosotros fue una consecuencia de la invasión de los blancos. el ganado de los blancos pasaba a los guajiros. Ka’laírra se precipita del vehículo con tanta velocidad que sólo Superloro logra seguirlo revoloteando. que establecían sus hatos en el territorio tribal guajiro. Ahora entiendo. enramadas de palma sostenidas por postes de alambre. En esos hatos había ganado que se escapaba… los guajiros lo recibíamos con hospitalidad. obtenido el permiso. hacendados. Los chivos y las cabras. El pastoreo trajo grandes ventajas para estas comunidades. por su resistencia. acaso lo practican todavía? Ka’laírra prosigue. me parece. entrego a mamá una Maigua muy tris� te porque quiere acompañarnos… Y mamá me devuelve una Maigua triunfante que. El jeep se detiene ante una ranchería que. da la impresión de ser moderna y confortable. La voz de papá pone fin a mis cavilaciones: —Ya vamos a llegar. ganaderos. Todos tienen su buen techo de zinc. se encarama sobre mis hombros y me incita: -315- . El ganado va� cuno les permite comerciar con su carne. Ka’laírra nos invita: —Los voy a llevar a ver los animales que cuida mi hermano menor.

qué creen ustedes? Por fin llegamos al pastoreo donde Sawawa. que anteriormente designaba un grupo indí� gena enemigo de ellos. algo extrañado. tapado. llegaremos primero! En efecto. la voz burlona de Superloro: “Hola burro. el hermanito. desató cerca de mí una chiva brava que me agredió cayéndome encima a topetazos. ahora voy a decirles que estos guajiros no son tan dóciles. se escapó el ganado?”. no era sino un juego… Empezó a dirigirme entre dientes algunos improperios: —¡Kusina! ¡Alijuna! El término kusina. No hubo manera de hacerle comprender que perdí el equilibrio porque venía cargado con la niña y que de to� das formas. Hoy. bicho… Casi nos caímos a golpes… Menos mal que la presencia de Muñeca. y también puede ser despreciativo. pusieron una nota cómica y aplacaron los ánimos. Me dejó tan mal parado que tuve que acostarme clandestinamente sin poder dar las buenas noches a nadie. hoy significa extranjero. -316- . hola burro”. dejamos atrás a Superloro sorprendido. por mi parte. aún sin almorzar. derrumbamos a Ka’laírra a la vez que caemos sobre él y vamos rodando juntos un buen trecho cuesta abajo. Yo. y por no haberlo visto a tiempo. Pero todavía pienso quién pudo haber sido el individuo que pocas horas después. y la llegada de los morochos asustados: “¿Qué hubo. corre. mientras yo estaba ensimismado admirando las constelaciones. Alijuna quiere decir “no indígena”. Los animales ya comieron bastante. Y yo. que reía y me aseguraba: “Tú corres mejor que un burro”. —¿Vas a regresar tan temprano? —le pregunta Ka’laírra. ya está reuniendo el ganado. quizás salvaje. aventajamos a los morochos rezagados en explorar los alrededores. abordamos a todo tren una bajada. y di vueltas en la cama hasta la madrugada a pesar del bálsamo de ti� gre y de las hierbas medicinales que mamá se preocupó por aplicarme en sitio delicado… ¿Quién habrá sido.El Chamán de los Cunaguaros. —Pensaba hacerlo. ni tienen muy desarrollado el sentido del humor. le espeto con fuerza: —Bruto. Bueno. ni tú ni nadie me dio relevo. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Corre. Ka’laírra creyó que esto había sido intencional.

—¿Te la pasas en eso todo el día? —le pregunta Mor— ¿Cuántos años tienes? —Tengo seis. desde los cuatro años. mientras supervisa el ganado. aunque sea recogiendo leña o trayendo agua —informa con seriedad Sawawa—. —¿Y tú te consideras un pastor? —¿Un nómada? Las preguntas son de los morochos. Las enseña en algunas de las bestias: dos círculos concéntricos. ¡y con este calor. Yo soy un guajiro andariego. Me encargo de los caballos y mulas. ¡Apenas seis años y atendiendo tantas bestias! —Aquí los niños trabajamos desde chiquitos.Los Wayuu. A la sombra de uno de los escasos árboles de la región. alrededor de un punto. descubridores de misterios —Por estar buscando a estos —contesta Ka’laírra señalándonos con poca amabilidad. Con la dulzura de las frutas. —Temprano en la mañana —nos explica Ka’laírra— yo lo ayudo en los corrales de la ranchería. Gómez. ¿Ven cuántas? Tenemos más de quinientas ca� bezas. cuando aquí se termina el pasto nos vamos para otro. las frutas del cacto y una fresquísima patilla. Vengan. -317- . y sabemos poner trampas para atrapar animales pequeños. sería muy difícil cuidarlo —apoya Sawawa. Por aquí todo el ganado está marcado de manera que no se confunda. nos estamos desmayando! —Lo mismo digo yo. —De otra forma. —Esta es la marca de nuestro clan. que así nos llamamos los de la ranchería. como lagartijas o iguanas. Nosotros estamos confundidos. aún resentido. ni pastor ni nómada. Fíjense en la marca que todas tienen. La contestación es de lo más apropiada: —No. los Jaya. Por el tamaño y la voz se nota que es un niño de poca edad. devoramos los dividive. —¿Lo llevas también a otras partes? —Seguro. aquí tengo algo que les aliviará. producto del conuco que el mismo Sawawa cultiva ahí cerca. hasta Ka’laírra se suaviza: —Miren las reses. pero Sawawa nos salva con una frase solidaria: —¡Hola gente! ¿Y ustedes almorzaron? —Todavía no. También elaboramos y utilizamos hondas para cazar aves.

sólo me quité la sed con frutas. —¿Con eso estás desde la mañana? -318- . —Por supuesto. entre nosotros. a partir de los cinco. —¿Y si no viene nadie? —Pues no hay relevo —sonríe— ni almuerzo. vamos al pozo para que tomen agua. —Y yo lo hago bien —asegura Sawawa—. sino nom� bres de figuras cercanas. no utilizar términos directos de parentesco. con el fin de que ninguno ande solo por entre los arbustos. un pedacito de queso de cabra y papelón. —¿Qué desayunaste? —¿Cómo. con esas vainas la madre de mis hermanas prepara una excelente sopa. Ba� rremos el corral y limpiamos los animales. Lo que pasa es que es costumbre. —¿Y qué es eso del relevo que dijiste antes? —A veces viene alguien para relevarme. —¿Quién es la madre de tus hermanas? —me extraño. cuyas hojas y vainas consumen el ga� nado bovino y caprino.El Chamán de los Cunaguaros. sé dónde están el trupillo y las mejores hierbas. a los animales se les ordeña al regresar al rancho… Y además. lo más cerca posible del rancho. hoy desayuné. ni se quede sin pastar. Las vainas son muy importantes en la esta� ción seca. ya que al digerirlas las bestias obtienen parte del agua que necesitan. —¿El trupillo? —Es una especie de cují. siempre estoy alerta. y luego él se los lleva donde haya hierba para que pasten. Viaje por el mundo indígena venezolano mientras él atiende a los chivos y ovejas. Tiene que cuidarlos. qué desayuné? —la pregunta le extraña— Lo de siem� pre: una totuma de chicha. este trabajo lo hacía yo. —¿Por qué no ordeñas algún animal y bebes la leche? Responde con sorna: —Bueno. Como hoy… —¿No comiste desde el desayuno? —No. ni se pierda. Otros ordeñan las vacas. —¿Tú no lo acompañas? —Antes. es mi mamá. Y te diré más. seis años. sólo si fuera a morirme de hambre… Pero no acostum� bramos hacer eso. y descansar un rato. así puedo ir a la casa a almorzar completo. Pero entre nosotros es costum� bre que de eso se encarguen los más pequeños de la familia.

el traje típico llamado “manta”: unas batas muy amplias. jugos de fruta. tan típicas en los hombres guajiros. Estas “mantas” en telas de gran colorido teñidas con los célebres tintes wayuu en tonos violetas. Sobre las coloridas faldas de flores. distintas las unas de las otras. cuajada. llenos de agua. amarillos. Se nota que los wayuus los atienden bien. arepas y are� pitas. descubridores de misterios —Desde la madrugada —puntualiza Ka’laírra—. —¡Buen provecho! —celebran los hermanos guajiros— Pero… ¡A que nosotros les ganamos en la cena! Y así fue. de chivo. pan tostado. Las mulas y caba� llos fueron introducidos en los corrales. con grandes paredes de cactus. y la prestancia de las mujeres. rojos. a torso desnudo.Los Wayuu. ¿Y ustedes? Casi nos da vergüenza enunciar los elementos de nuestro acos� tumbrado desayuno criollo: —Huevos. a la pimienta. nos llama la atención la inte� gridad y pulcritud de los wayuus alrededor de la mesa. son una fiesta para los ojos. ¡Qué diferencia con los pollos criados artificialmente. nata. Regresamos a las rancherías en un solo gran grupo. ellos llevan camisas criollas de mangas largas. que consumimos en la ciudad! Sin embargo más que la comida. caraotas. En efecto. y saben aprovecharlos para su subsistencia. unos pollos carnosos y de buen sabor. con eso esta� mos todos. que no se ven ni en los mejores mercados de las ciudades: quesos blancos. ordeñaron las vacas por segunda vez. amarillos. bollos. frijoles. arepas. verdes. suaves. para cuya confección se necesitan varios metros de tela. de mano. duros. caballos y muchachos. anaranjados. en el centro de la larga mesa alrededor de la cual nos sentamos en sólidas sillas de cuero de vaca. El primer cuidado fue para el ganado: algunos hombres en guayuco. ovinos. está dispuesta tanta varie� dad de quesos y tan sabrosos. Algunas llevan pañuelos o vistosas bandas de colores -319- . sorgo. prensadas en torno a la cintura y con holgadas mangas. mulas. de cabra. y los animales jóvenes aún lactantes en otros más pequeños. jojotos. tortas. vacunos. el célebre kojosu o leche fermentada. luego las dejaron sueltas. y las Guajiras las lucen con una soltu� ra envidiable. Todo esto acompañado por platos humeantes de yuca. y anchas fajas tejidas en llamativos colores. Ellas visten. largas hasta el suelo. todas. Y para completar. mejor que el yogurt citadino. al ajo.

se deja mecer en su dedo tendido. que cambiaron por completo el aspecto de nuestra madre. —Seguro que esta noche vas a soñar que eres un wayuu poderoso.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano cruzando su frente. Resulta que Carmen. le conversa. Juega con las anchas mangas de su traje que le llegan hasta la muñeca. será que no va a presentarse en la cena? Al rato nos extraña la familiaridad de Superloro con una guajira. lo mejor de su equipaje. En este momento nos sorprende una pícara pregunta de Ka’laírra. brazaletes. hasta que nos damos cuenta. Fueron entonces los dos juntos a uno de los talleres de la ranchería. que nos guiña el ojo: —¿Cuál les parece la más bonita de mi ranchería? —¡Difícil contestar! —admito. con su escasa ropa toda aja� da? Cuando llegamos. además de tener un valor estético. se habrá escondido por pena. Pues aquí se encontró con que. empezamos a cavilar: —¿Dónde estará mamá. —¿Y cómo. —Nosotros no actuamos así —objeta Ka’laírra que ha captado la intención. no la vemos entre las mujeres. donde las mujeres hilan en telares y tejen con agujas. según papá. Éstos protegen los dedos de sus pies de las espinas y otros objetos cortantes. —¡Qué raro! —exclamamos. aquello no estaba a la altura de la vestimenta de sus anfitriones. Las damas lucen tan elegantes que casi nos intimidan. Allí él le compró a ella una deslumbrante manta guajira. Completan el ajuar zarcillos. con caprichosos zarcillos y fantasiosos collares de semillas negras y piedras pulidas. en la ya débil luz del atardecer. de que aquella señora es mamá. dueño de pozos de petróleo en Maracaibo. collares de muchas vueltas y las características sandalias adornadas en la parte delantera con motas o pompones de lana. al llegar. pero de golpe te cansas de todo y regresas a tu rancho donde espera “ella” envuelta en su manta y sus collares —inventa Mor. generalmente rojos. los cuatro hijos a la vez. entonces? -320- . que nunca quiso lucir entre los otros indígenas porque le parecía “demasiado citadino”. Todos pensamos: ¿cómo se las arreglará mamá. y mientras comemos. se había puesto una falda y una camiseta blanca. y corremos a abrazarla.

-321- . como las chozas.Los Wayuu. Es una ceremonia austera y grave. —¿Y lo de comprar a la mujer. Nos senta� mos en los tures de cuero de toro negro bajo el refrescante techo de yotojoro y palma. como todo lo que se refiere al sexo femenino… Además no se trata de comprarla realmente. pero lo otro existe. la enramada que se utiliza para descansar. ron. ha diezmado familias enteras. pero creíamos que pertenecía al pasado. pero a la vez propiciadora de una extraña calma y serenidad. casi la mayoría de la etnia. o cantos tradicionales del pueblo guajiro. ay. Es nuestra. —¿Como qué? ¿Flores? ¿Manjares? ¿Joyas? —No propiamente… una o dos docenas de vacas sirven mejor al caso. de verdad… y mejor si van acompañadas por algunas cabras. y hay tantos guajiros. conversar y recibir visitas. algodón… —¿Y si uno no tiene vacas? —¡Ay. es bueno o malo? —Bueno. ovejas. adultos y jóvenes que recitan los jayéechi. descubridores de misterios —Pues nos llevamos a la mujer. por supuesto. la terrible ven� ganza guajira. Después de la cena nos reunimos todos en la lumá. ¡Imagínense que hasta el ganado doméstico figura en esas canciones épicas! ¡Qué desaliento no poder entender lo que dicen! Mi frustra� ción aumenta cuando pienso que el wayuu es uno de los idiomas in� dígenas que más fácilmente se podrían aprender porque este pueblo es muy accesible. Pero no me atrevo… tengo presente su reacción y el episodio aquel de la caída… banal. nos ha costado cara. Se trata de algu� nos hombres. y que se renueva en cada generación. si no hay vacas. Es costum� bre que cuando uno quiere llevarse por esposa a una joven hermosa y trabajadora. debe obsequiar a la familia de ella con algún regalo. porque van a llegar los jayéechi. ancianos. lo bueno y lo malo. bueno. Habíamos oído de esta costumbre guajira. el matrimonio no se hace! ¡Qué divertido es Ka’laírra con sus razonamientos pícaros y filo� sóficos a la vez! Me gustaría preguntarle acerca de la venganza. trabajando y estudiando en nuestras ciudades! Transmitir su pro� pio idioma a la juventud citadina los beneficiaría también a ellos. pero significativo. que aunque sea casi siempre el último recurso cuando fracasa la negociación. —Veo que están mal informados… No habrá tal vez chozas.

siempre ocupados con el béisbol. con viajes interplanetarios. más trans� culturizados que los demás indígenas. Las culturas de los naturales tienen momentos de tanta dignidad que uno no se atreve a importunar: —¿Por qué ustedes. y tienen su valor. Viaje por el mundo indígena venezolano les impediría olvidarlo. y extraordinaria a la vez! Estas son las grandes contradicciones. ¡Qué buena noticia! Esto nos alivia un poco la amargura de oír algo que parece tan interesante y emocionante. y no entender nada! Ni siquiera Jashichi y Ka’laírra nos pueden ayudar. de manera que les alcance para todo? En cuanto a la opor� tunidad. Internet es un medio de información y una fuente de conocimientos. patrimonio cultural? —La nuestra es una lengua puramente oral. que parecen ser más despiertos. si aún quieren. inexplicables. Todo se confía a la memoria.El Chamán de los Cunaguaros. Los morochos piensan lo mismo: —¡Qué necios fuimos en no hacerle caso a papá. celulares. —Pero ¿por qué no tienen nada escrito? —el que pregunta es Mor. como lamentablemente les está sucediendo a muchos. No existe la escritu� ra. no le han dado forma escrita a su historia. está estudiando Idiomas Modernos en el Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. ¿Pero saben ustedes distribuir su propio tiempo. cuando nos decía que estudiáramos por lo menos un idioma indígena antes del viaje! ¡Y nosotros. —No podemos traducirles —dice Jashichi— los jayéechi son muy complicados. ¡Qué contestación más sencilla. los patines. existe -322- . Todo se transmite de generación en generación mediante los jayéechi —agre� ga Ka’laírra. tradiciones. la In� ternet! ¡Por eso perdimos la oportunidad! —El béisbol y los patines no son malos —papá nos ha oído— son deportes. Epieyu Pushaina. Él sería un mag� nífico profesor para ustedes. Son la expresión fundamental de la cultura wayuu. —Sobre nuestras tradiciones no tenemos nada escrito. electrónica. computadoras. Yo también estaba pensando hacerlo pero no me decidía. Jashichi me dijo que un sobrino suyo. como si dijéramos nuestros propios libros de ética e historia. En pleno siglo XXI. y se lo agradezco. no la han perdido. que no lo han enseñado ni siquiera a sus hijos y nietos.

que repi� te dirigiéndose a nosotros los muchachos—: ¡Amigos. los demás. —Hay luna llena… ¿y qué más? —Con la luna llena. lo transmiten fielmente… pero. hay luna llena! Me da la impresión de que quiere añadir algo más. trato de ani� marlo.Los Wayuu. en las arenas del río… —y luego de titubear un poco. una escritura paralela. legendario. procedencia. escrito. para la nuestra y otras lenguas indígenas. mitología. de los wayuus. conflictos. que les permite tomar notas y luego publicar sus observaciones y vivencias entre nosotros. Mantienen celosamente el recuerdo de su pasado. en nuestro idioma. y se -323- . agrega—: ¿Quieren ir? Nos ponemos en camino aceptando con el mayor entusiasmo. el cielo o paraíso. migraciones. hazañas. ¡y hasta las escrituras ficticias! —Por supuesto —Jashichi considera esto normal—. Ya hay algunas obras publicadas. Todos ellos comprenden y hablan la lengua wayuu. puedo decirte que en estos últimos años los an� tropólogos han inventado. es inexplicable. los ayútshio o sacerdotes. ¡no lo saben escribir! ¿O acaso es que no quieren hacerlo? Porque. contentos con esta proposición que nos va a acercar al mundo espiri� tual. el cielo de los wayuus. hay luna llena! —se acerca Ka’laírra. Nos visitan especialistas de muchos méritos. ¡pero es frustrante pensar que casi todo lo nuestro lo han recogido. y exclama con rabia—. —Sin embargo. pero no su propia lengua… Casi no lo comprendo. especial� mente narraciones —aclara el joven guajiro. Si quieres ser antropólogo tienes que aprenderte bastantes idiomas para poder co� nocer a cada comunidad. durante el plenilunio. ellos saben escribir y leer el español. de varias nacionalidades. un reflejo del más allá. cavilo. esos alijuna. descubridores de misterios una comunidad indígena tan desarrollada y consciente como muchos grupos de criollos. ¿Qué an� tropólogo serías si no hablaras nuestro idioma? Los improvisadores no nos sirven. y el de sus héroes. Muchos de ellos conservan esta tra� dición ancestral y dicen ver. y luego traducirlas al castellano. si tenemos suerte. no nosotros mismos! —¡Eso vale para ti! —observan los morochos—. ¡La faena que me espera no es poca cosa! —¡Hay luna llena. publicado. Sus muertos más queridos bajan de Jepirra. que están investigando el origen y las manifestacio� nes de nuestra cultura. podemos ver el reflejo de Jepirra.

Se hace un silencio profundo. rápido. con riberas arenosas de color ocre brillante. hermana! En Jepirra. Urimana y Karuna emprenden el regreso. Creo compren� der el sentido de las frases concitadas que las dos muchachas dirigen a Ka’laírra. ya volvió. Urimana y Karuna. vamos. que se llama Burate. La luna aún estaba alta en el cielo. en las cuales sólo distingo la palabra “Oramán”. acompañados por Ka’laírra y dos muchachas.El Chamán de los Cunaguaros. Se llamaba Walika y murió hace un año. Nos sentamos allí y co� menzamos a observar. una manada de tigres y cunaguaros atraviesa la vía. Desde el cielo wayuu la muchacha sonríe al hermano y lo saluda con cariño. —¡Es la hija de mi madre! —grita Ka’laírra— ¡Hola. Arrecian los rugidos. La luz de la luna es tan clara y brillante que permite ver claramente los alrededores. indiferente a nuestra presencia. —Mira. Se dibuja una figura de mujer: joven. Vuelve el chapoteo de las aguas. con Ka’laírra entre ellas. Marchamos durante media hora en una impresionante soledad. un búho canta a lo lejos. luego acallados por el eco de una extraña melodía. desde su pecho ser� pentinas de collares lanzan brillantes reflejos. tiende los brazos hacia la imagen femenina. —Es él. cuando oímos rugidos distan� tes. ¡un wayuu. Ka’laírra se incorpora. bellamente ataviada. la cual intenta acercarse a él. desa� parece. Cuando tratamos de -324- . parece detener sus aguas. mira —exclama Mor—. La tupida cabellera adornada por plumas esconde su rostro. quién es. al contraluz de las estrellas. El mágico instante se eterniza. quizás reúna a los wayuus esta misma noche. De pronto surge de la arena una forma caprichosa. Viaje por el mundo indígena venezolano acercan a las márgenes del río para saludar a los familiares a quienes a veces anuncian sucesos futuros. según me entero luego. El río. quién toca la flauta con tanta maestría? No nos contestan. Creo que están mintiendo. que al caminar sobre la arena dejan la huella ondulante de sus largas y co� loridas mantas. aceleran el paso. apenas un arroyo. sonriente. Súbitamente una figura se recorta delante de nosotros. los nombres de los muertos no se mencionan. si tendrán un buen año o si la sequía será fuerte. —¿Quién. debemos apresurarnos. veo su rostro! —Es una mujer —objeta Ocho—. Todos caminamos en silencio. callo. pero de pronto. ¡Viene en un barco! Como no logro ver nada. El río es pequeño.

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aproximarnos, dirigirle la palabra, el misterioso caminante ha desa� parecido. Nuestros amigos wayuu prosiguen aún más apresurados, las jóvenes han recogido sus largas faldas para poder correr. No nos hablan, no contestan nuestras preguntas, se alejan de nosotros al divi� sar el rancho. Después de esto no les cuento más nada, porque fue cuando, al demorarme en el patio de la ranchería para meditar admirando el pai� saje nocturno, sucedió lo de la chiva… prefiero callar e irme a dormir. Despertamos temprano con la intención de visitar los talleres de los guajiros, donde hay maestros, capataces, obreros y aprendices. Jashichi y su sobrina Yuraima, una hermosa joven de ojos esplendorosos y delicada facciones, nos acompañan. Están muy bien organizados: aunque sean pequeños, no tienen nada que envidiarle a la fábrica de zapatos que ha montado un italiano en El Valle y que se considera un modelo, ni a los telares del español, ni a la fábrica de camisas del por� tugués, ni a la pantalonería que tiene mi padrino en La Yaguara, sitio donde he observado actividades parecidas a estas. ¡Esto parece una colmena! Son las seis, empieza la jornada. En los cobertizos los guajiros llegan, saludan,… ¡y manos a la obra! —¡Cuántos telares! ¿Y por qué son diferentes? —se extraña Mor. —¿Chico, no ves que aquí están especializados? Tienen telares de distintos tamaños según lo que quieran producir: hamacas, de te� jido muy tupido; chinchorros, de tejido abierto, parecido a una red; fajas de hombres, fajas de prensar el sobrecincho. Y además, también suelen tejer adornos para caballos, mulas y burros. Es un buen nego� cio, son muy requeridos —papá se luce. —Estamos pensando ampliarnos y abarcar también el campo de adornos para mascotas, perros, gatos, conejos, pájaros —agrega, complacido, Jashichi. ¡Qué buena idea! —me regocijo— voy a conseguir para mi loro una de las cintas de algodón con las que se amarran las alpargatas, tipo zapatillas, tan comunes en la Guajira. ¿Pero él la aceptará? —Y en los otros cobertizos, ¿qué hacen? —Montones de cosas: mantas, cobijas, alfombras. —Y ahora, vengan a ver a las alfareras. Mientras los telares son operados por hombres y mujeres jóvenes, las alfareras son todas mujeres mayores, envueltas en unas mantas que nos parecen viejas y descoloridas, comparadas con las que llevaban
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las guajiras de la ranchería. Deben ser batas de trabajo. En efecto las ancianas trabajan afanosamente, como presionadas. —¡Fíjense qué lindas vasijas elaboran! ¡Con qué sugestivas figu� ras las adornan! Nos damos cuenta de que a mamá le gustaría mucho tener una de aquellas vasijas para su cocina, pero en este momento, frente a Jashichi y su sobrina, no nos atrevemos a comprarla para no ponerlos en la di� fícil situación de tener que regalarla. Pronto su entusiasmo se calma, cuando una de las artesanas le precisa, con toda naturalidad: —Nuestras vasijas tienen mucha demanda, ya que se utilizan es� pecialmente como urnas funerarias. Mamá renuncia enseguida al deseo de tener una. ¡Está resuelto el problema! Proseguimos hacia el cobertizo del cuero y de la madera. Allí producen bolsos, zapatos, collares, y también los lanía, es decir, talis� manes o amuletos. —¿Serán efectivos de verdad? Aseguran que sí y nos proveemos de algunos para el resto del viaje, prometiendo que tendremos cura y confiaremos en ellos, como nos exigen. —Y ahora, continuamos para las fábricas de queso, aquí cerca —nos insta papá, con su cámara en plena acción. ¡Qué variedad de quesos y de gente ocupada en elaborarlos, en� volverlos, despacharlos! —Nosotros somos regulares productores de queso —explica el maestro Jayaliqui, con una modestia que nos impresiona—. Vende� mos anualmente varios quintales. —¿Todo ese queso lo hacen aquí? —El que se vende, sí. —¿Y los tapices, los lindos tapices guajiros, multicolores, que adornan las casas de Venezuela y Colombia, y han sido llevados al extranjero? —Más retirado tenemos el taller. Es un taller�escuela, donde al� gunos ancianos enseñan a los más jóvenes, para que no se pierda el arte de nuestros antepasados. —También tenemos talleres modernos —agregan— con instru� mentos y máquinas que nos ahorran mucho trabajo. —¿Cómo lograron montarlos? —pregunto.
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—Pues —Jashichi y Ka’laírra, que nos han alcanzado, para sus� tituir al tío quien al llegar al último se retiraría llevándose con él a nuestros padres, se intercambian una mirada cómplice— con créditos del Estado. No somos los únicos. Varias empresas los han recibido. —¿Y los devuelven? —Los devolvemos puntualmente —contestan a una voz, inter� cambiándose una sonrisa socarrona. Papá, como nos confiará después, empieza a sospechar que esos modernos talleres son una avanzada criolla, y que algunos funcionan como pequeñas empresas capitalistas. Por eso indaga: —¿Y los otros productos se elaboran todos aquí mismo? Es decir, ¿la gente es empleada aquí para trabajar, o trabaja también en su casa? Recordamos haber visto, a lo largo del camino, algunas mujeres sentadas o en cuclillas, ocupadas en hilar con el huso y tejer con agu� jas. Elaboraban con un tipo de crochet carteras de varios tamaños, para hombres y mujeres, y también las bolsas típicas en forma de redes que usan para transportar ollas, recipientes de agua y objetos. —Entre nosotros lo que se acostumbra es el yanama, o labor co� munitaria. Pero algunos guajiros, especialmente las mujeres, trabajan en la casa, y nos traen su producción que se les compra.

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Esta aclaratoria nos inquieta. Nos da la impresión de que no hay libertad de trabajo entre los guajiros, como la había en todas las otras etnias. ¿Acaso entre ellos existe la explotación? ¿Habrá grupos de ex� plotadores que monopolizan la industria guajira, en perjuicio de los más humildes? —¿Qué hacen luego con todos estos productos? —indago. —Tenemos vendedores, que llevan la artesanía guajira a Mara� caibo, a Caracas, a las islas del Caribe. Nosotros mismos recordamos haber visto, en varios sitios de nuestra ciudad y especialmente en Las Mercedes, varios bancos con tapices, fajas, trajes y sandalias Guajira. —O también —prosigue Ka’laírra— los llevamos a Maicao —se ríe guiñándole el ojo al encargado del taller. ¡Maicao, en la frontera con Colombia, que ellos cruzan a me� nudo! Este nombre, que ya conocíamos, nos suena a aventura, a mo� dernos filibusteros, a contrabando. En Maicao se consigue whisky, cigarrillos, perfumes, rifles, armas, ¡hasta droga! Viene de las frescas montañas cercanas a la altiplanicie bogotana, donde se cultiva ma� rihuana y coca, plantas propias de las frías alturas. Sabemos que en varias áreas de la península Guajira se trafica con marihuana junto con cocaína y otras sustancias narcóticas, de las cuales ilegalmente se envían grandes cantidades al extranjero por vía aérea y marítima. ¡Hay tantos pequeños puertos en La Guajira, y más de cien pistas de aterrizaje clandestinas! Maicao, así como Maracaibo, alberga dos poblaciones wayuu: una residente y otra flotante, que va en busca de trabajo, atención mé� dica, a veces contrabandeando o huyendo de sus enemigos. Es de� cir, son fuentes de empleo, y refugio. A ambos lados de la frontera venezolano�colombiana hay tiendas que proveen a los indígenas de alimentos, rollos de tela, cigarrillos, kerosene, linternas. Los propie� tarios, mestizos y bilingües, dueños de empresas comerciales y del transporte con camiones, tienen importantes conexiones y por eso, ventajas económicas y políticas. Empezamos a convencernos de que los wayuus son algo mani� puladores. Lo cierto es que algunos de ellos son relativamente pobres, viven al margen de la mera subsistencia. Otros, en cambio, poseen bienes considerables, que provienen de la ganadería (el número de cabezas de ganado que poseen, es el indicador de su riqueza), de
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actividades comerciales y del contrabando, que practican desde la co� lonia. Nosotros mismos, en el trayecto, observamos cómo la mayoría de los guajiros monta mulas o burros, pero algunos jinetean altane� ramente excelentes caballos, gozando de la admiración que aquí se le profesa a la figura romántica del guajiro que cruza sus tierras con hidalguía cabalgando un pura sangre adornado con fajas, bolsas y bandas multicolores, y quizás armado, o con un manto de algodón o seda sobre los hombros. Otros, en fin, poseen camiones y toda clase de vehículos. Deben existir entre ellos remarcables desigualdades. ¡Esos guajiros se las saben todas! Son realmente distintos de los de� más indígenas, tan diáfanos y apacibles. Tenemos la sospecha de que demasiado acercamiento a la civilización, ha contaminado esta etnia. Quisiera hacer un comentario mordaz, pero el recuerdo de las coces de la chiva loca me calla a tiempo. Los morochos, que nos han precedido, nos llaman con alegría hacia el último cobertizo, donde hay instrumentos musicales: desde el típico vibráfono que utiliza como caja de resonancia la cavidad bu� cal, hasta el talirai, violín guajiro, pasando por numerosas flautas, y el tambor de piel de oveja o de cabra en ambas caras, llamado káaschi. Y ahora, ¡otra novedad! ¡Este impredecible Ka’laírra es un músico de primera! Con el vibráfono y con el talirai nos da una demostración de virtuosismo que nos deja impresionados. Celebro esta habilidad, que merece toda mi admiración, con palabras de elogio. Pero él las recibe con gran humildad: —No es nada, todos nosotros lo sabemos hacer. —¿Saben tocar así los 100.000 guajiros de Venezuela, y los 20.000 de Colombia? ¡Serán ustedes un pueblo de pájaros! —Pues casi lo somos, todo buen guajiro es un virtuoso —y aso� mándose fuera del cobertizo—: ¡Sawawa, ven, acércate para que te oigan! El pequeño Sawawa, que pasa por ahí cerca con su ganado, viene hacia nosotros. Tiene en la boca un vibráfono y lo toca tan bien como su hermano. —Oye, Ka’laírra —me atrevo a dirigirle una pregunta que hace rato me venía dando vuelta—, ¿qué haces durante el día, mientras tu hermano pasta el ganado? —Acompaño a mi tío en todo —nos explica—. Así aprendo. Entre nosotros, como habrán visto, no hay escuelas.
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—¡Qué comodidad, qué alivio! —subrayan los morochos. —No tanto, porque los que nos enseñan son nuestros tíos, y éstos no se cansan nunca. Con ellos no hay receso, ni días libres, ni vacacio� nes! A mí me dejan flojear un poco ahora para acompañarles a uste� des, pero luego… —¿Entonces ese rol de educador corresponde al tío, y no al pro� pio padre? —Dentro de nuestra organización tradicional, de tipo matrili� neal, el hermano de la madre es el responsable de la educación de sus sobrinos. Es porque a través del tío no hay duda sobre la descendencia sanguínea directa. El hermano de tu madre tiene tu misma sangre, eso es indiscutible. —¿Y el padre, no se siente desplazado? —El padre, a su vez, tiene otros sobrinos a quienes educar. —¿Qué te enseña tu tío? —¡Todo y de todo! Es necesario que yo conozca los trabajos que se desarrollan en los talleres, para poderlos dirigir algún día: por tan� to, soy tejedor, talabartero, lechero, quesero, alfarero, músico. Tam� bién tengo que ser buen nadador y excelente jinete, con el mejor estilo. Luego debo saber de ventas, compras, cálculos, porcentajes, intereses, en fin todos los rudimentos del mercadeo, y oigan, aquí no está per� mitido ayudarnos con calculadoras ni con computadoras: ¡puro cere� bro y rapidez! Además, es preciso conocer los clanes, su ubicación, las carreteras, los caminos, los árboles, los animales, hasta el cielo con las estrellas. Debo añadir que me imparten nociones de medicina, botá� nica y química aplicada. —¿Tantas cosas? —Eso y más. También debemos aprender los jayéechi, dominar el idioma español, la geografía de Venezuela, su historia, lo mismo que las de Colombia, la cuestión de los límites, los tratados. Sabrás que recientemente se ha traducido y publicado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a nuestro idioma autóctono, el wayuunaiki, y debemos conocerla en los dos idiomas, y de memoria. Empieza con énfasis: —Tu Laulaasukaa Putchi Sulu’u Oumainwaa Mulu’usukalu Woliwariaana Wenesueela… Lo escuchamos atónitos ¡Y eso que no hay escuelas! Pero no ha terminado:
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—Para colmo —agrega—, ahora mi tío ha decidido comple� mentar la formación de los jóvenes guajiros con algunos idiomas extranjeros. Cuando regrese mi primo, que fue a la capital a estu� diarlos y luego quizás viaje al exterior para perfeccionarlos, tendré que fajarme yo a aprender unos cuantos, comenzando por el inglés, siguiendo por el chino… Se aprieta la cabeza entre las manos, y da muestras de desmayar� se. Nuestros brazos, prontamente y entre risas, lo sostienen. —¡Qué buenos amigos! —reconoce animado. —¿Y tu hermanito? —pregunto con curiosidad. —Después de mí, le tocará a él. Lo mismo. Aquí no se salva na� die. Siempre habrá otro hermano pequeño para el ganado, o si no un sobrino, o un nieto. —Queremos saber algo más. En esta sociedad de tipo matrili� neal, como tú mismo dices, ¿qué tipo de educación reciben las muje� res? —También las educan, aunque no les enseñan tantas cosas. Sin embargo para ellas la vida es más dura, porque no les dan libertad de salir a ninguna parte. —¿Cómo se las arreglan para encontrar marido? —pregunto yo, recordando que mis compañeritas de escuela asocian la libertad de movimiento que les proporcionan los estudios, con la posibilidad de conocer a los jóvenes. —Oye, Filatelio, aquí tenemos unas fiestas tan buenas que si vie� nes, hasta tú conoces a la chica de tus sueños y te casas ahí mismo. Se me presentan enseguida la sonrisa invitante, la cabellera aza� bache, los grandes ojos fulgurantes de la hermosa Yuraima: —¿Qué fiestas? —pregunto con interés. —La chicha maya, el Ayonajá y el Kóulayawaa, o baile de las ca� britas. ¡Qué nota! ¡Vengan algún día! ¡Quisiéramos poder aceptar la invitación! Los morochos y yo confabulamos un rato. Como vemos a Ka’laírra en tan buena disposición, pensamos preguntarle por algu� nas cosas que nos intrigan. Empieza Mor, directo: —¿Qué es eso de la venganza guajira? El joven, sin titubear, nos mira de frente:
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—Es que aquí, no se le perdona nada a nadie. Ni ofensa, ni abuso, ni desprecio. Nada a nadie, ¿me oyes? Ni se le perdona, ni se olvida. —¿Ni siquiera entre ustedes? —Empezando por nosotros. La muerte se paga con la muerte, es la ley guajira. No se olvida ni se perdona. El que no venga su propia sangre, no es wayuu. Los guajiros cobran con la vida cualquier afren� ta, y si alguien les mata a un ser querido o éste muere por negligencia debida a alguien, esa persona lo paga con la muerte. Sólo a veces, me� diante negociaciones entre los clanes, se logra compensar económica� mente algún hecho de violencia. Pero a la vez tenemos otra tradición: los mismos guajiros deben pagar con dinero en efectivo cada gota de sangre que alguien derrame por su causa. Si en una riña, el perdedor resulta herido por un rasguño o un puñetazo, al vencedor guajiro le corresponde cancelar una suma cuantiosa o regalarle una vaca. Así mismo, si hay algún accidente. Y después de una pausa que nadie interrumpe: —¿No han visto, camino hacia acá, la quema de un rancho? Bue� no, eso lo demuestra. Habíamos visto, en realidad, unas llamas a orillas de la carrete� ra, detrás de una empalizada de cactus y cardones, pero no habíamos pensado que se tratara de una vivienda en llamas, y menos que el fue� go fuera intencional. —A mí no me parece eso muy cristiano —objeto finalmente. —No será cristiano —Ka’laírra es tajante—. Pero es guajiro. Esta frase manifiesta el orgullo de ser wayuu, que ellos tanto cul� tivan. —Y resuelve muchos problemas —agrega después de un ligero titubeo. —Aunque crea otros. —Yo en cambio creo que los aleja —insiste, y nos observa desa� fiante. No hallamos qué decir. No estamos suficientemente preparados para argumentar con los indígenas. Todos, y especialmente estos gua� jiros, tienen una fe absoluta en sus tradiciones, y las defienden aunque sean discutibles. Para poder razonar con ellos habría que tener cono� cimientos firmes. Sería necesario haber captado su mundo espiritual y su identidad. Me voy dando cuenta de que ser antropólogo no es nada fácil. Haría falta una sólida preparación, en muchos campos, y
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que ha tenido gran aceptación. un cuerpo de policía especial llamado “Poliwayuu”. Nos pagan poco. ¿es verdad? —¡Verdadita! —enfatiza Ka’laírra— Y es un cuerpo muy efi� ciente. lo paga con su vida. —Todo ha mejorado. —¡Eso sí que no! —un grito. me atrevo a lanzar la última pregunta: —Ka’laírra. ¡Y eso que dicen que los indígenas en general. pero reconfortado por las sensatas explicaciones que el joven guajiro ofrece a tan curiosos episo� dios. El Waláa es un fetiche de oro que influye en la suerte de quien lo posea. con una linterna y un rolo de madera. El escuadrón “Poliwayuu” hace constantes rondas diurnas y nocturnas en monopatines o en pequeñas bicicletas. el que ofende o agrede a un wayuu. Los vecinos están satisfechos porque antes había tremenda delincuencia y la vigilancia era dema� siado costosa e ineficaz. visitaba distintas comunidades guajiras. Tal vez no sea el caso de hablar de eso. ¿quisieras hablarnos de Waláa? —¿Podríamos verlo? —apoyan Mor y Ocho. se hacía dar golpes y puñetazos. llegando así a reunir millones. aún en caso de molestarse! Quizás esta reacción tan violenta se debe a la marcada aculturación del clan de Ka’lairra. pero nos ganamos el respeto y el cariño de la comunidad. y los wayuus en particular no suelen ser descorteces. un salto hacia atrás. les buscaba pleito. O quizás tener la viveza —recuerdo con cierto regocijo— de aquel marabino que. según una noticia publicada en el diario Panorama que había comentado papá antes de iniciar el viaje. permitiéndole aumentar su riqueza y poder. descubridores de misterios una gran inteligencia. Nosotros somos uno. —Con nosotros los guajiros. y al quedar herido reclamaba su pago. un puñetazo en el aire manifiestan su desagrado. —¿Qué te parece? —dice Mor— no necesitan ni las armas de reglamento. —¿Y ahora. lo utilizan también como árbitro de la guerra y de -333- . Siem� pre lo obtenía. —Acuérdate del “ojo por ojo” —replica Ocho. De probable origen chibcha.Los Wayuu. —Hemos sabido que últimamente los wayuus han formado es� cuadrones de vigilancia. Nos te� men. los hampones no se meten. las cosas mejoraron? —pregunto con curiosidad.

Viaje por el mundo indígena venezolano la paz. a mí me suenan como: “¡Extranjero. son los que más recelan de nosotros. Eso es quizás lo que soy. ofrecemos una disculpa por nuestra osadía. Poseerlo da un inmenso prestigio. se benefician de los adelantos tecnológicos. los que aún aprovechándose de lo que podamos ofrecerles. lo que contribuyó a formarlas y a fomentarlas a través del tiempo? ¿Cómo se podría superar esta situa� ción. grande. de nuestra conducta. quizás los más integrados a la cultura nuestra.El Chamán de los Cunaguaros. de las influencias financieras y políticas y hasta hacen sentir su presencia en la Asamblea Nacional. extranjeros atrevidos! Un poco apenados. la desconfianza que no existen en las demás etnias indígenas son propias de ellos? ¿O será algo proveniente de nosotros. que visitan las ciudades. Este incidente nos hace reflexionar. de merecer su confianza. ¿Fueron siempre así o quizás anteriormente manifestaban ante los criollos la natural aceptación que aún subsiste entre los indígenas menos evolucionados? ¿La altanería. —Eso sí que no —repite—. de oro puro. y callamos definitivamente. cruzan frecuentemente las fronteras. los que menos confianza nos tienen. ¡Kusina! ¡Alijuna! —y luego en espa� ñol— ¡Ustedes. los civilizados. apaciguar esos sentimientos? Estoy confundido. ignorante!”. tan adelantados en nuestro progreso. presumido. pues su significado depende mucho del contex� to. pero incapaces de una verdadera y eficaz aproximación a la cultura de los indígenas. Los guajiros. Sabemos que la familia de Ka’laírra guarda uno. A pesar de que luego Ka’laírra se disculpa y nos ofrece amistad. la malicia. lo que somos muchos de nosotros los criollos. en definitiva nos desprecian. de hallar las razones de lo que nos parece negati� vo. Y aunque estos términos no sean siempre despectivos. -334- . de valorizar lo positivo. sus palabras resuenan por largo tiempo en mis oídos: —¡Kusina! ¡Alijuna! Eso es lo que me ha dicho.

Coro wayuu Wayuu solitario en la planicie. La luna en las noches me alumbra el sendero de los espíritus. Wayuu solitario soy. y mi hermosa mujer ondula a lo lejos con su bata de colores que brilla y vuela como una mariposa. 335 . la luz de los ancestros me guía con el rayo del Catatumbo. con la tuna. mientras mis toscas sandalias dejan su rastro que el viento borra sobre la arena infinita. uno mismo con la arena y la distancia. con el sol a mi espalda camino. solo con la luna. camino con mi sombrero de palma y llevo mis collares y amuletos para que los antiguos tiendan sobre mí su sombra protectora. sobre el polvo fugaz de las estrellas. Soy con el cardón.

calcinado de sol. -336- . Viaje por el mundo indígena venezolano Wayuu solitario en la llanura. cansado de tanta lejanía espero llegar pronto a mi casa y saludar a mi mujer y a nuestros hijos que me esperan entre balidos de cabras. sediento y solo.El Chamán de los Cunaguaros.

En vista de que el camino para llegar a la gente que nos proponemos visitar es largo y agreste. nos encanta porque. apoyado a la portezuela de un grueso vehículo oscuro reco� noce a su antiguo amigo el maestro Javier Armato. La conversación estalla animada. quien luce para la ocasión un espeso sombrero decorado con semillas. como nos ex� plica. que dejaremos al cuidado de su familia. Papá disminuye la velocidad mirando a todos lados hasta que por fin. es el de una clase de pececito de río. señores de la sierra A medida que Tío Jeep avanza hacia las frías y húmedas altu� ras de la Sierra de Perijá.Los Yukpa. nos llevará en su moderno rústico este nuevo amigo yukpa. en dirección de Machiques y luego de El Tukuko. representante de su etnia ante la Asamblea Na� cional y cuyo nombre. para aprovechar los firmes conocimien� tos del docente: 337 . entre los árboles del mágico y boscoso lugar comienzan a divisarse pequeñas figuras morenas. de rostro armonioso. ya que todos participamos con numerosas preguntas. cargando cestas y fardos: son los Yukpa. Armato. que es además diputado. Armato nos conduce hasta un caney donde nos hace aparcar nuestro viejo jeep. ojos bri� llantes y luminosos.

luego se hunde en alguna ciénaga y allí desaparece. aparece en las noches. entre ellos Fray Pedro Simón. que se suponía entrada hacia la especiería. arroja la lanza con la intención de traspasar a quien encuentra a su paso. poco después de comenzar la invasión de los conquis� tadores. Dio muestras de tan extremada crueldad. ¡Menos mal que es aún de día! —comento apoyado por el número ocho. —Venezuela es tierra de fantasmas —reflexiono pensando en las muchas almas atormentadas que pudieran vagar por nuestra his� toria tan violenta y azarosa. es decir desde el Zulia hasta Sucre. que su alma que� dó aprisionada en estas tierras. el sur del Golfo. Un silbido agudo se cuela en nuestro vehículo. en armadura. Otro lejano le responde. somos el espíritu de Alfinger y el de Lope de Aguirre —revelan los morochos tratando de dar a su voz un to� que tenebroso. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es cierto lo que dicen los cronistas. —¡Pero era casi toda la parte norte del país! —Exacto. una compañía de acaudalados banqueros alemanes. Dicen que su fantasma a caballo. los Reyes Católicos otorgaron a los �elser. que fue nombrado primer Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela. pues arrasó. —¡Qué escalofriante! Me recuerda la leyenda del fantasma de Lope de Aguirre que aún recorre las playas de la Isla de Margarita. hacia el fabuloso Mar del Sur. pues deben haberlo estudiado en la escuela. —No somos paujíes. que en toda esta región los conquistadores quemaron los poblados y masacraron a los indios? —Así fue. Como ustedes sabrán. —¿Quiénes son estos paujíes? —pregunta mamá sabiendo ya la respuesta. una concesión para explotar y poblar todo lo que se llamó “Nueva Andalucía” o “Pro� vincia de Venezuela”. -338- . Hubo entre sus emisarios algunos muy sanguinarios. para explorarlo. y ellos aprovecharon muy mal sus derechos. como Ambrosio de Alfinger. en 1528.El Chamán de los Cunaguaros. Entre 1530 y 1540 Alfinger devastó una amplia zona entre Maracaibo y Coro en su frenética búsqueda de oro y de especias. —Entonces son los fantasmas de dos angelitos —comenta papá riéndose.

alguien los so� corrió. Nosotros antiguamente tuvimos una escritura. telas y códices que representaban nuestra manera de escribir. —La conquista fue. Sus lugartenientes diezmaron a los indígenas. Es im� posible referirse al acontecer indígena sin mencionar el trauma. y cayó en el olvido el conocimiento de los habitantes del territorio yukpa. un modo de transmitirnos mensajes. quizás aún más que para otros aborígenes. los abuelos recuerdan desde los tiempos más remotos nuestros -339- . destruyeron sus asentamientos. resentidos. donde por siglos vivieron temerosos. la fractura que causó el arribo de los descubridores. en ese forzoso destierro se perdieron hasta las trazas de nuestra antigua cultura: objetos y tapices con significa� dos mágicos y religiosos. pobladores. aislados del mundo. violentos. algo terrible para ellos. buscaron refugio en la sierra de Perijá. —¿Y en ese caso los Yukpa lograron levantarse. Se bloquearon los caminos por siglos. entonces. ya en la segunda mitad del siglo XVIII. lo fue. Aquello se malogró. Después de una breve pausa que no nos atrevemos a interrum� pir por el impacto que nos causa tanta injusticia. —Sí. que se siguió considerando zona hostil. Alfinger reveló un cruel ensañamien� to. como el comienzo de una segunda existencia. se escondieron en lo alto de los montes. Fue como un volver a nacer de mala manera. Pero poco después el torbellino de las guerras de Independencia los obligó a clausurar sus misiones.Los Yukpa. aislados. y casi inmediata� mente después de los conquistadores. hasta estudiosos y antropólogos dicen que no había una escritura indígena —el maestro parece hablar con cierto rencor— sin embar� go. Muchos. recons� truida penosamente sobre las cenizas de la primera. Los indígenas subieron aún más arriba en las montañas. vivieron recluidos en los bosques. impenetrable. mientras sus avances en el cultivo y su cultura retrocedían. Los pocos sobrevivientes se dispersaron en la oscu� ridad de la selva. Armato prosigue con evidente frustración su relato: —En esa huida. sólo tuvieron lugar contactos esporádicos. los antiguos colonizadores. misioneros se ocu� paron de ellos? —Sólo los misioneros capuchinos intentaron acercárseles. señores de la sierra El yukpa prosigue: —En sus expediciones.

caña de azúcar. usurpaban progresiva� mente en estas regiones. en cultivos de coca. las cosas vegetales arden mejor que otras en el fuego. los waitía ya habían alcanzado el río Tukuko. mientras también su potente rústico parece suspirar por esos caminos tan áridos. —Así fue —corrobora nuestro padre—. al principio. los indígenas trataron de proteger sus antiguos territorios que los hacendados criollos. plátanos. y llega� ron hasta Machiques. —¿Qué siembran ellos? —Mayormente maíz. Mientras. Por eso también sufren el cons� tante acoso de la codicia de los hacendados criollos. antiguo límite meridional del territorio yukpa. ve� nezolanos. todas nuestras tradiciones escritas en alguna forma de grafía. la principal población. como en gran parte aún viven. los indíge� nas vivían. hasta hoy día. El docente completa el relato: —A mediados del siglo XX. y luego. sin poder practicar ni siquiera el true� que o intercambio. em� pezaron a acosarnos. Viaje por el mundo indígena venezolano códices. mientras a ellos -340- . —Y más aún porque usábamos para escribir hojas y tejidos ve� getales y sobre ellos estampábamos nuestras historias con pigmen� tos sacados de piedra molida. ni siquiera suficiente. Javier guarda un silencio digno y contesta con una especie de suspiro. y no logramos frenarlos a pesar de defendernos con repetidos ataques en forma de incursiones. para convertirlos en hatos de ganado. Poco a poco. no podían asegurarse una dieta balanceada. colombianos y hasta brasileros. en un nivel muy bajo de subsistencia. o en minas de carbón a cielo abierto. sin auxilio. luego yuca dulce. —Claro —reflexiono—. —Pero con la violencia de la conquista todos esos grabados y escritos pudieron ser quemados —acota papá.El Chamán de los Cunaguaros. ocumo para su consumo diario y en las zonas más altas el café. los watía colonizaron las tierras bajas expropiando a los indígenas. semillas o bejucos colorantes. nuestro calendario. cuyo cultivo se ha incrementado hoy día por la gran demanda y posibilidad de comercio. —Después de los conquistadores. los ganaderos que nosotros llamamos watía. cambures. un término resentido que significa “no yukpa”. Con sólo los productos del antiguo cultivo basado en la tala y la quema.

costumbre que todavía tienen. —¿La usurpación de las tierras yukpa siguió. Ocupan cerca de 2. —¿Cómo se supo eso. Se dedicaban tesoneramente a la recolección de insectos. atacados por varios males y deficiencias.000 metros. A los ganaderos criollos. Sus aldeas se pierden en el páramo. la pesca. para proveerse de proteínas y grasas animales necesarias? —Los Yukpa. —¿Pero la caza.Los Yukpa. sin importarles violentar los derechos y aspiraciones de sus propios vecinos y familiares.000 km 2. Los Capuchinos fundaron una Misión en el Tukuko y reiniciaron su campaña. en los valles de la vertiente venezolana de la sierra de Perijá. entonces? -341- . en 1945. ubicados en la serra� nía oriental de los Andes. dos siglos después del primer contacto. señores de la sierra mismos. si estaban tan alejados. sus fundamentales enemigos. el cultivo del café no les aporta casi nada. se hallaban desnutridos. —En parte. —Tal vez mejoraría la situación. a una altitud entre 500 y 3. algunos indígenas transcultu� rizados los explotan en la cría de ganado. en territorio co� lombiano. todavía apartados. estaban tan aterrados y deprimidos que dejaron de practicarlas. frutos silvestres y hojas para proporcionar a sus hijos la alimentación indispensable. aislados. en peligro de desaparecer. En los alrededores se establecieron varias familias formando un caserío de cierta importancia. Algunos viven allende la sierra de Perijá. se les agregaron los colombianos que pasan impunemen� te la frontera a cada rato para adueñarse de tierras venezolanas. —¿Han logrado poner fin a la avanzada de los waitía? —Al contrario. que hoy día tiene unas sesenta viviendas con más de quinientos habitantes. que limita al este con la cuenca de Maracaibo y al oeste con el valle del río César.000. lo que da una densidad de 2 habitantes por km2. incomunicados? —Así lo reportaron los Misioneros Capuchinos cuando logra� ron volver a ellos. —Cuántos son ahora los Yukpa? —Se calculan en unos 4. que de por sí son de naturaleza pacífica y afable. en ese momento. Y peor aún. es vergonzoso reconocerlo. en zonas boscosas surcadas por ríos. para enriquecerse e ingresar como empre� sarios a la economía del mercado regional. No obstante. en la producción de café u otros cultivos rentables.

después de horas y hasta días de camino. hábiles en cual� quier actividad. cauchos gigantescos para pisar troncos y vadear charcos. y desde el salle del Alto Tukuko hasta el Río de Oro. Al considerar el caso de nuestro acompañante. viven aún más lejos. El vehículo rústico del maestro. Otros siguen estu� dios superiores en Maracaibo o Caracas. trabajo. entre nieblas y neblinas donde se llega sólo a pie o en bestia. En 1961 se estableció oficialmente una reserva indígena que se extiende des� de las estribaciones orientales de la sierra de Perijá hasta la frontera colombiana.El Chamán de los Cunaguaros. Algunos laboran como jor� naleros en la Misión misma o en las haciendas. Él ha llegado a ser do� cente de Lenguas Indígenas en la Universidad del Zulia. Otros indígenas bajaron entonces de las montañas y establecieron sus poblados a menor altitud. con becas y subsidios que les consiguen los Capuchinos: lo merecen. Los Yukpa auténticos. con doble tracción. Sin embargo. hoy día. participa en la vida pública como representante de su etnia. mejor equipado que nuestro Jeep. pues son jóvenes inte� ligentes. pero quizás demasiado tarde. el atropello sigue. los que papá ha escogido como objeto de su estudio fotográfico y de nuestra visita. En la Misión del Tukuko los indígenas han aprovechado su lección de educación. leen y escriben. nos percatamos de que su preparación ha ido mucho más allá. ya entrado el siglo XXI. —¿Y por qué las autoridades venezolanas no hicieron nada para frenar tanto atropello? —Lo intentaron. nos ha llevado sin tropiezos cuesta arriba. viaja a reuniones y congresos dentro y fuera del país. han completado la educación primaria hasta sexto grado estudiando como internos o externos en la Misión. rescate de tradiciones. primigenios. Hablan español. vida espiritual. Los Yukpa son una de las etnias que mejor se han llevado y aún se entienden con los misioneros. Al -342- . capaces de asumir responsabilidades. cruzando numerosos vados de ríos o varias veces el mismo. —Maestro —quiere saber mamá—. Viaje por el mundo indígena venezolano —Siguió y se afianzó. mucho más arriba del Tukuko. salvando barrancos y cañadas. Han sido bautizados. colaboradores. muy aplicados al estudio. alfabetizados. en las laderas de la sierra de Perijá. ¿cómo han sido las rela� ciones de ustedes con los Padres Capuchinos? —Se consideran positivas.

tan poco acostumbrados a las largas caminatas. nerviosas. recobran su paso firme y cauteloso. esos pobres burritos flacuchentos no pueden con ustedes. estamos en el lejano oes� te! ¡Arre! —insiste el número ocho. voy con papá a tomar fotos de los alrededores. con aprensión. -343- . —¡Arre! —grita de repente Mor. con pantalones. donde el camino se vuelve una estrecha trocha. Una vez más puedo constatar cómo estos indígenas en su extremada sencillez se diferencian unos de los otros y poseen características propias. guiados con precaución. que se nos dirigen en español y están trajeados como nosotros a la manera criolla. sorprendiéndonos a todos. luego de un último recorrido a pie por una empinada cuesta apoyándonos en palos y bastones. Mientras mis hermanos. chaquetas. —Tengan calma. —¿Los animales o tú? —me contestan con poca cortesía. señores de la sierra bajarnos de él. Nuestros guías yukpa se muestran molestos por su atrevimiento y se esfuerzan por frenar las cabalgaduras. franelas con escrituras. di� visamos enseguida algunas bestias de montura y varios indígenas provistos de fuertes bastones. entre la selva. que mantienen hasta que unas dos horas después. y que sólo se distinguen por una variedad de sombreros que elaboran ellos mismos. dándole en la grupa a su cabalgadura y a la de Ocho. —¡Qué burritos! ¡Son bravos corceles. ¿Qué será lo que les preocu� pa? Al fin los morochos entran en razón y los cuadrúpedos. Miran a la derecha y a la izquierda. rasgos originales. tan gordos —les grito. agotados por el viaje y por sus trave� suras. pero después comprobamos que era lo más apropiado para nuestros cuerpos citadinos.Los Yukpa. nos acomodan en las bestias y se ponen en camino. tratando de emular a los vaque� ros tejanos o mejicanos. acompañan a la casa más grande del poblado a mamá y Mai� gualida que tienen frío y quieren descansar. que apuran el paso. Armato se devuelve prometiendo volvernos a buscar. llega� mos a las pocas viviendas dispersas que conforman el caserío yukpa. mucho menos en subida por escabrosas montañas y en medio de aquella agreste selva. —¡Cuidado! ¡Es peligroso andar con juegos! Los animales pue� den asustarse —les advierto. En el momento todo aquello nos pareció un tanto exagerado. mientras nuestros guías.

Generalmente está rodeada por una simple empalizada de cañas o troncos de yagrumo joven. incluso los muchachos. pero puede ser semipermanente. pequeños recipientes de una arcilla gruesa y rojiza que modelan con los dedos en diversas formas. así como los racimos de plátano. el viento. Observamos las cestas y los costales colgados de las vigas. el pescado y la carne ahumada. que puede medir dos metros de largo por dos de an� cho y dos y medio de alto. seguramente hermanas. y algunas esteras. para defenderse de eventuales ataques de grupos vecinos. Se utiliza generalmente como abrigo temporal para las partidas de caza y pesca. y para los transeúntes —me dejo llevar por un arrebato lírico. Papá. al mundo sobrenatural de los espíritus. pues ya han sido avisados de nuestra visita. ensartados en una madera que llaman tayko. el río. amarradas a un sencillo enrejado de caña sostenido en ángulo de cuarenta y cinco grados por dos horcones. duermen dos bellas jóvenes. disponible para todo el mundo. frescos. El paraviento. Del te� cho bajan ristras de ají picante seco que utilizan para alejar a Okatu. el espíritu de la muerte. fuman con avidez. Son viviendas de esencia poética. con una intimidad hecha de viento. alta. Los Yukpa de ambos sexos y de todas las eda� des. orientadas de manera que corten la brisa y pro� tejan del viento y del frío. —Me fascinan estos paravientos. cambur o cocuiza. es una estructura de hojas de plátano. las piedras. Sentados -344- . pisos de tierra y paredes de caña brava.El Chamán de los Cunaguaros. ya que en la amplia cosmogonía yukpa. sin secretos. o más propiamente de los malos espíritus . como yo. Sobre una de ellas tendida directamente en la tierra junto a la pa� red. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yukpa habitan dos tipos de casas: la vivienda rectangular y el paraviento. está contento de poder filmar y retratar el exte� rior y el interior de la original choza. aireados. No hay chinchorros. En un lugar resguardado están suspendidos enormes rollos de hojas de tabaco que almacenan allí después de ha� berlas secado y curado. sino una plataforma que levantan para dormir. aire y naturaleza: todo lo muestra. no esconde nada. así como el alma de una casa siempre abierta para sus habitantes. perfuma� dos a hierba. que nos permitirán visitar y retratar. tiene techo de dos aguas. Para esto utilizan unas pipas que ellos mismos fabrican. La casa rectangular es amplia. cada elemento tiene un poder y está conectado al más allá.

Iroka —contesta la otra. despertando a las muchachas: —Cuidado. levantándose rápida� mente. Un fogonazo de la cámara fotográfica explota de repente con un ruido fragoroso. Nos acercamos para excusarnos. los padres observan sin interrumpirnos nuestra actividad. Ella parece ser coqueta. de uñas -345- . han vuelto al hogar por unos días de asueto.Los Yukpa. Hablan bien español. Shukumo Opirashi y su mujer Ana Cecilia. Es muy hermosa esta yukpa. o por lo menos conoce las costumbres ciudadanas. en escalones. lisa y cortada irregularmente. más inquieta y curiosa. —Salgamos. y ejercen. Los padres. medio recostada. rodea un rostro de una atractiva palidez. Atashi —alerta una tratando de incorporarse. Me tiende una mano pequeña. Sus padres la siguen. Atashi. han egresado de la escuela de la Misión del Tukuko como maestros. La familia comprende y acepta nuestras disculpas. señores de la sierra cerca. envuel� ve como un manto una figurita agraciada. Iroka. Su larguísima cabellera de un negro azabache. Las hijas aún estudian allá como internas. fu� mando ambos con aparente deleite las largas y voluminosas pipas de uso común. y yo mismo. flanquea a papá para enterar� se de los secretos de la fotografía. Quedamos en el umbral del sugestivo paraviento.

Iroka va a ser la informante que yo deseaba. persona. Orejón y. pero creo que Iroka. Como en un soplo de flauta dulce. que todos los Yukpa. acaricia mis oídos una respuesta que me estremece: —Nosotros los Yukpa. Los humanos: los que existen. es armonioso. -346- . completamente musical. dulce. y que recibiré respuestas completas. tanto los Yukpa como los demás indígenas. —Iroka. Yo creo sa� ber la respuesta. nosotros la gente. Nosotros los humanos: seres ligados a la tierra. sin nin� guna estridencia ni guturalidad. —¿Qué quiere decir “Yukpa”? Fija en las mías sus pupilas encendidas. —¿Cómo lo conoces? —Oí que tu papá te llamaba. ¡Qué suerte que no están mis hermanos y no me hacen pasar la vergüenza de recordarle mis otros nombres. más amplias. Yo no soy poeta. Titubea. mueren. hombre. se referían a eso justamente. En este momento recuerdo que una vez un niño warao me contestó. a la esencia de la vida. o algo relacionado con su propio ambiente o actividades. son eso: seres humanos. nosotros los habi� tantes. Tuponken! —¿No dormías? —Casi. original. sutil. baja. elevado. soy. somos nosotros los humanos. queda. indicándome que la ayude a levantarse. Las demás etnias nos han dicho que su nombre significa gente. Viaje por el mundo indígena venezolano rosadas y piel suave. peor aún. Cuando en otras etnias me decían casi lo mismo: nosotros los hombres.El Chamán de los Cunaguaros. Ahora comprendo. existo como ser humano. ¡qué lindo nombre! —También Filatelio me gusta. Recuerdo a los waraos: gente de canoa. Palillo. sufren. en un halo de simpatía. Me siento transportado. Es característica la voz de los Yukpa. Es como decir estoy. Así lo hago y quedamos frente a frente. a su gente. casi… —¡Mejor así! Pausada. Siento que puedo hacerle con confianza las preguntas más impor� tantes. todos los indígenas sí lo son. cuando le pregunté qué signi� ficaba warao: “Significa estoy aquí”. Los Jodi: guardianes de la selva.

para luego ayudar a Ra� fael a colocar las narraciones a las fotos. que destruyen a las hembras en cría: se les aparece en forma de hombre. —¿Me lo prometes? —aunque un poco decepcionada. Ante tan evidente acoso. —Nosotros no somos grandes cazadores. estoy alarmado. a mi lado. Amamos a los ani� males. me da una respuesta que me aclara no sólo la habilidad física. Por eso los Yukpa. Afortunadamente papá es un hombre serio: —Al final del año escolar. Nuestros cazadores acostumbran andar en pareja: -347- . Estremecidos. el guardián de los animales. nos repugna matarlos. también de hermoso cabello ne� gro y resplandeciente mirada. pensando en el abuelo Guaricuto. pueden presentarse seres sobrenaturales. las encon� trarás en tu escuela. me da la razón en todo. amplía la contestación de la hermana: —Es peligroso salir solos de cacería. insinuante y cariñosa.Los Yukpa. Saldrá espectacular en las fotos que mi padre ha estado tomando. el padre de Ashirama. a ellos los protege un espí� ritu bueno. ¿me las enviarás? Te daré un regalo bonito. en sus primeros acercamientos: —Indígena es un estado de conciencia que consiste en convivir en comunicación estrecha con la naturalidad. señores de la sierra He quedado tan impresionado por estos pensamientos. me hace partícipe de una asombrosa definición de indígena que le diera el cacique Guaricuto. o como una tormenta espantosa. en nues� tro hermano Aparicuar. si pasas todas las materias. sólo si realmente es necesario. es más. Iroka. Se acerca la bulliciosa Atashi. para alimentar a su gente. Atashi. ¡Tengo que darle relevo! —Quisiera preguntarte algo. en la Misión. Además. ¿Cómo practican ustedes la caza. Yorsathi. que busco una vez más la opinión de papá. que cazan con su arco y sus flechas capturan a los báquiros y otros animales grandes cuando no tienen cría. sino también la parte espiritual del rito de la caza. los dos nos abrazamos. —Rafael —le insiste ella. Él me oye con atención. se vuelve a colgar del brazo de papá. Él castiga a los cazadores que persiguen las manadas. abrazándo� lo—. y cuáles son los animales que cazan? Atashi es inteligente y despierta. en tantos otros sabios indígenas que conocimos.

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

mientras uno caza, el otro distrae al guardián de los animales, para que no se dé cuenta de nuestra presencia. Los perros los acompañan para protegerlos, levantar y acorralar las presas. Generalmente atra� pamos mamíferos pequeños, de preferencia acures, también lapas, venados, cachicamos y lo hacemos con jaulas o trampas basculantes. —¿Por qué prefieren cazar acures? —Porque no corren peligro de extinción. La hembra pare hasta quince críos en cada parto, cuatro veces al año. A un llamado de su madre, ambas se alejan hacia el paraviento. —La fauna de esta sierra es prodigiosa —reconozco—, aquí hay osos también, ¿no es así, papá? —Hay varios. El oso melero que anda por los árboles y tiene hábitos nocturnos; por largo tiempo se dudó de su existencia, justa� mente porque sale sólo de noche. También está el oso hormiguero o palmero: tiene una cola larga y ancha como una hoja de palma, un hocico puntiagudo y una lengua pegajosa con la que se come las hor� migas. ¿Y qué sabes del oso frontino? —Mmm… no lo conozco en absoluto —confieso. —Es un plantígrado raro, bien grande, tiene pintado sobre el ho� cico un antifaz y sólo come hojas y frutas. Es de la familia del panda asiático. Vive en estos bosques, pero está en peligro de extinción. —¡Qué lástima!, ¿Y por qué? —Hay dos razones, ninguna válida para matarlo. Se dice que el miembro viril de este oso sudamericano es un poderosos afrodisíaco, estimulante de las funciones sexuales. —¡Ahora resulta que los indígenas tienen su propio viagra! —chanceo— ¡Qué avanzados están! ¿Y la otra razón? —También es fruto de interpretaciones fantásticas. Corre la voz entre los campesinos de que hay un oso salvaje más chiquito y menos amenazante que los otros. Su apariencia, una rara mezcla de simio, oso y humano, es bondadosa. Se acerca a los indígenas para calentarse en las hogueras y los ayuda a cosechar, pidiendo a cambio sólo unos cuantos plátanos y yuca. Pero muchos lo confunden con “el salvaje”, una criatura legendaria de la cual dicen que habita la sierra y rapta a las mujeres. Entonces lo matan, creyendo que se trata del mismo ser. —Pero… ese tal salvaje… ¿No existe, verdad? —Son narraciones, producto de la imaginación popular.
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Los Yukpa, señores de la sierra

—Se parece a Pie Grande, el fantasma de Canadá —comento recordando haberlo oído mencionar por los morochos, asiduos lec� tores de historietas. Después de este diálogo entre nosotros, les preguntamos a las muchachas que han regresado trayéndonos una bandeja de yuca re� cién hervida: —¿Es verdad que en las montañas de esta región todavía que� dan osos? —¡Y bastantes! —se nota que Atashi es amiga de ellos, porque explica con entusiasmo—: Tenemos el oso frontino, el oso mele� ro, el oso palmero. No los cazamos ni los molestamos, son nuestros animalitos mimados, así como los monos, las ardillas, los pájaros, los perros, los cangrejos de río. Los criamos en las casas como com� pañeros de los niños, que organizan para ellos fiestas y bailes to� cando instrumentos confeccionados aquí con madera y cáscaras de frutas. Jugamos todos juntos, y… Le da pena continuar. Lo hace Iroka. —¿Sabes?, cuando un yukpa muere, para poder llegar a un lugar mejor, lo que en la Misión llaman el Paraíso, debe cruzar un río muy ancho y de mucho oleaje. Dice la tradición que sólo logrará hacerlo si los animales lo ayudan, y ellos le ayudarán sólo si, en vida, ha sido bueno con ellos. —¡Qué leyenda tan hermosa! ¿Conoces otras? —Muchas. —Cuéntame alguna. —Oye la leyenda de Masiramu, el espíritu del bosque. Es un oso frontino, mágico, poderoso, agresivo, hostil hacia los humanos, muy temido por su extraña apariencia, pues tiene el cuerpo cubier� to con muchísimo pelo y los pies vueltos hacia atrás. Tiene como aliados a todos los felinos, y anda siempre acompañado por pumas y jaguares. Sabemos, Filatelio, que los guías que los trajeron con las bestias procedían con precaución, pues según ellos Masiramu ron� daba el caserío, escoltado por los cunaguaros. A estas palabras, creí entender que el oso frontino precedía y anunciaba la llegada del misterioso chamán, el cual parecía hacer el mismo viaje que nosotros, pues encontrábamos sus huellas en todas las comunidades. ¡Cómo quisiera saber más de él! Presiono a Iroka: —Sigue, sigue contando, Iroka, por favor.
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—Hay otra leyenda, que tenemos por cierta y a ti te va a gus� tar. Se refiere a nuestro hermano yukpa, un espíritu que vino de las estrellas, de más allá del sol. Lo enviaron nuestros ancestros para hablarnos de nuestra cultura, para recordarnos nuestra dignidad de yukpa, señores de la montaña. Él habita estas selvas con su fami� lia de cunaguaros, porque al llegar a la tierra yukpa se convirtió en hombre y tigre para velar por nosotros, sus hermanos. —Cuéntame otras narraciones. Háblame más de los osos, del oso frontino, de los cunaguaros, del hermano que vino de las es� trellas. —Ahora no. Por la noche. No, por la noche no. Será en la ma� drugada. —¿Por qué? —Rafael quiere presenciar la pesca nocturna. Mi padre lo ha invitado, y nosotras los acompañamos. Será muy emocionante para papá. No hemos visto esto en otras etnias: los Yukpa pescan de noche, con fogatas y antorchas, hurgan� do en los pozos que forma la corriente. —¿Hay muchos peces? —Muchísimos y variados: bocachico, sardina, dorado, dentón, lisa, guabina, bagre. Los hombres los atacan con flechas, y mientras tanto las mujeres y los niños capturan a otros. —¿Lo hacen con hierbas? ¿Acaso barbasco? —Nada de eso. Las mujeres buscan los corronchos bajo las pie� dras y junto con los muchachos, cavan la arena para localizar el pez amarillo, que se puede atrapar con la mano. Nunca pescamos mu� chos, sólo los que podemos comer, salar o ahumar para guardarlos, colgados de las vigas, el tiempo que duran: unas dos semanas. —Pero con tan poca caza y tan poca pesca, ¿cómo alimentan a los niños, a los muchachos que crecen? ¿A base de una dieta pura� mente vegetal, sin grasa, sin proteínas? —¡Por eso somos tan chiquitos! —chancea Iroka, poniéndose derecha a mi lado. Debemos tener la misma edad, y no me llega ni al hombro. Efectivamente, los Yukpa son tan pequeños como los pemó� nes, al punto que junto con ellos son considerados los pigmeos de América, pues generalmente no superan la estatura de un metro
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treinta centímetros. Tienen miembros menudos y delgados, manos pequeñitas con unos deditos mínimos. —Lo que te contaremos sobre nuestra comida no te va a agra� dar —anticipa su hermana con viveza. —¿Por qué? ¿Me vas a decir que ustedes son caníbales, que de� voran a cuanto waitía pase por aquí? —¡Que Dios me libre! Son demasiado grandes, muy indigestos y de mal sabor. —Gracias por lo que a mí me atañe. ¿Qué comen entonces? —Pues, insectos. —¿Insectos? —Sí, son más graciosos, apetitosos y fáciles de masticar. Ade� más, hasta los infantes los tragan y digieren sin problemas. Debo confesar que es con cierta repugnancia que me apresto a oír la larga lista que en parte ya conozco, de estos extraños aunque saludables elementos que consumen mis amigos, desde niños: pio� jos humanos, larvas, orugas, hormigas, abejas, mariposas, la mosca soldado, el friganeo tejedor, y por fin los caracoles, varios moluscos y las larvas de palma moriche. Estos insectos, especialmente gusanos, hormigas y mariposas, los comen también otros indígenas, pero no forman, como aquí, parte esencial de su dieta. Ahora recuerdo ha� ber visto entre los pemónes a una niña que recogía mariposas, les arrancaba las alas y chupaba con deleite el tronco. Guardaba otras en una cesta tejida, para dárselas de comer a sus hermanitos. —Buen provecho —quisiera decir irónicamente, pero me freno justo a tiempo al oír la detallada explicación de las dos hermanas sobre las raíces silvestres, tallos y hojas que así como las frutas, espe� cialmente el sara, de la misma palmera, desempeñan un papel im� portante en su nutrición en el caso, aún hoy bastante frecuente, de aguda escasez de alimentos. Unas voces altas y ruidosas se aproximan. Pertenecen a un gru� po bastante nutrido: los morochos, Maigualida, mamá y Superlo� ro, acompañados por unos jóvenes yukpa. Papá dispara la cámara a continuación, ¿wué lo motiva a hacerlo? Están todos vestidos de la misma manera, si no fuera por el distinto tamaño lucirían igualitos: llevan la túnica tradicional yukpa en la cual, en ese aire fresco, se encuentran a su completo gusto. Las túnicas, de un tejido de algo� dón tupido, sencillas y prácticas, ofrecen buena protección contra la
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temperatura rígida de estas alturas. Se componen de una sola pieza rectangular que guarda la blancura original del algodón y cubre el cuerpo desde el cuello hasta los tobillos, a la que se le han hecho es� cotaduras para la cabeza y los brazos. A la manera yukpa y de la ma� yoría de los indígenas, nuestros familiares avanzan descalzos. Y he aquí un detalle que nos hace sonreír: los pies de ellos se ven enormes, al lado de los piececitos de los Yukpa, mínimos, quizás un 32�33 de nuestra numeración. Especialmente los de las mujeres, torneados y agraciados, serían la envidia de cualquier jovencita de la capital. Vienen silbando los morochos entusiastas y exagerados como de costumbre. Se han recargado de muchos adornos: collares de se� millas de brillantes colores, otros de hilo de algodón con plumas, dientes de animales o picos de aves y para completar se han coloca� do unos favorecedores sombreros, facilitados por sus nuevos amigos Makoíta y Totayanto, que los siguen en la retaguardia. Mamá remata el impresionante atuendo con unas coronas decoradas con semillas y un bolso tejido con la más bella fibra vegetal, de una graciosa forma oblonga bastante moderna y comercializable hasta en los mercados de las grandes ciudades. En eso también se diferencian los Yukpa de los demás aborí� genes: no usan guayuco, y se visten, acertadamente y de acuerdo al clima, con esas túnicas hechas por sus mujeres al estilo tradicional: hilan el algodón, lo tejen, juntan unas piezas y les practican unos cortes. Las completan con sombreros de palma tejida y ala ancha que a la vez que los resguardan de la lluvia y de la niebla, les dan una apariencia de nobleza y abolengo. Mi familia es recibida con cordialidad por los docentes yukpa, que en proximidad de las frías horas nocturnas ya habían vestido sus propias túnicas, y continuaban fumando sin interrupción sus pipas sentados en una estera. Todos mis familiares, hasta Maigualida con su tuniquita y el loro con un asomo de manto que mamá le apoyó entre las alas, se adecuan al ambiente. Al verme, Superloro me lla� ma a toda voz y liberándose del manto, emprende el vuelo y logra aterrizar justo en el centro de mi cabeza: —¡Telio, hola, hola, buenas tardes! Lo miro con gran cariño: es un verdadero loro real, con la ma� jestad de su plumaje verde, coronado por un copete amarillo que mueve a voluntad. Las puntas de sus alas son rojas, y bajo la cola
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asoma una larga pluma azul turquí. En algo nos recuerda los colores de la bandera. En cambio, en este cuadro, los pantalones blue jeans y las camisas de rayas mías y de Rafael que insistimos en llevar desen� tonan bastante, como una nota chillona. La maestra Ana Cecilia Apashi, mujer aún joven, hermosa, de linda melena oscura y mirada inteligente, se levanta y empieza en� seguida a preparar comida para todos. En el camino los morochos, instruidos por Makoíta y Totayanto, han recogido arbustos secos para prender el fuego. Con destreza y orgullo lo hacen ellos mismos a la manera tradicional, con los pa� litos de madera. La fogata se alza tan alta, que la miro preocupado. ¿El fuego no se extenderá? —He leído muchas veces en los periódicos noticias acerca de grandes incendios que han azotado esta región —le comenta papá, también inquieto, a Shukumo Opirashi. —Es cierto, esto es últimamente uno de nuestros mayores pro� blemas. Pero aquí los incendios no se prenden con las fogatas, que todos supervisamos, ni con la quema, que así como la tala se practica entre nosotros como medio de cultivo desde hace siglos. —Y no sólo entre los indios, sino en todas las regiones de Ve� nezuela. En conucos y sembradíos es la técnica tradicional en los campos —nos recuerda a nosotros Rafael. —¡Esto no lo trajeron los españoles! —bromeo yo. —No, es un aporte de los indígenas a la agricultura. —¿Representa algo positivo? —No lo sé de cierto —reconoce Opirash—, pero en algunos lugares, si no se quema, el cultivo resulta de inferior calidad, mien� tras que cuando se hace, se dan frutos mejores. Positivo o no, creo que sea muy beneficioso para este tipo de suelo. Sin embargo, vean ustedes —prosigue motivado por nuestro interés—; los grandes in� cendios, los que nos perjudican, no son causados por las fogatas, ni por las quemas, ni por los Yukpa. —¿Entonces? ¿Por la autocombustión? —preguntan los moro� chos, curiosos y desubicados como siempre. —¡No! Aquí, con nuestro clima frío y húmedo, no hay auto� combustión. Son incendios dolosos. —¿Dolosos? ¿Producidos por quién? El rostro de Shukumo adquiere una seriedad impresionante:
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—Por nuestros enemigos… los hacendados, los ganaderos, los comerciantes, los sembradores de cultivos ilegales que en esos días proliferan, los invasores criollos, colombianos y de otras naciones sudamericanas. Ellos quieren, en esta forma, alejarnos siempre más, atemorizarnos, usurpar nuestras tierras. No les importa destruir la vegetación, acabar con los animales, perjudicar a las personas… su ambición es tan grande que todo lo atropellan y destruyen. El pequeño grupo yukpa se ha reunido alrededor de Shukumo y asiente con gravedad. Nosotros estamos consternados. Tanto odio, tanta avidez, ¿lograran algún día aniquilar esta paciente y sufrida etnia? —¿Y ustedes no se defienden? —Lo intentamos, pero ¿cómo podríamos hacerlo? No tenemos medios ni armas de fuego con que hacerles frente. Nuestra única defensa es tratar de subsistir, resistir, preservar nuestra cultura, transmitirla a cada generación. —¿Lo logran? —Sí, en esto los misioneros nos han ayudado. Ya tenemos un sistema de escritura, podemos escribir y leer, además del castellano, nuestro idioma. Se ha publicado un diccionario yukpa y varios libros de texto para nuestras clases, que son bilingües. Actualmente el Ministerio de Educación y otras entidades gubernamentales, a tra� vés de algunas “Misiones” nos apoyan. La Asamblea Nacional aca� ba de sancionar la Ley Orgánica de Comunidades Indígenas, mediante la cual se les otorgan a los pueblos aborígenes derechos absolutos en términos políticos y culturales. —¿Dónde quedan las escuelas de que hablas? Hemos sabido sólo de la misión católica de los Capuchinos. —Esa es la más importante, la que dirige las demás, forma a los maestros. Allí estudian más de cien alumnos, externos e inter� nos. Pero en la montaña, en la floresta, tenemos varios planteles: son pequeños paravientos, techitos aún más estrechos que estos que ha� bitamos, donde los maestros vamos a pie en una marcha que puede durar hasta tres días, para alfabetizar a los niños. —¿En español? —En los dos idiomas, ya lo he dicho, esto es fundamental para la preservación de ambas culturas, para proporcionar a cada idioma una literatura escrita que refuerce la tradición oral.
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Lleno de interés me le acerco aún más. —¿Cómo es tu escuela? —Mi escuelita es apenas un claro del bosque que se ha limpiado de maleza, un techo de madera, unos cuantos pupitres y un pizarrón verde como la sierra. Está rodeada de troncos para que podamos pasar en temporada lluviosa, cuando se hace difícil el acceso. —¡Qué ganas de aprender! —pienso para mis adentros—. Creo que si los morochos y yo tuviéramos todas esas dificultades, tal vez no iríamos a la escuela. —¿Dónde queda tu escuela, Opirashi? —prosigo—. Quisiera saberlo. —De aquí no la puedes ver. Sígueme hasta el río. Conversando, nos dirigimos los dos al río cercano, de lecho an� gosto, pero de aguas claras y caudalosas, donde ya se hacen prepa� rativos para la pesca nocturna, a la cual asistirá como único invitado Rafael, mi padre. A sus orillas está depositada una gran variedad de cestas, pues ellos son excelentes tejedores de cestería, y algunos arcos pequeños que llaman wacara kask, fabricados con madera de teba, o palma macanilla. Los flanquean varios tipos de flechas: sen� cillas, múltiples y con punta de arpón.

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moteada de nubes. Viaje por el mundo indígena venezolano En el camino nos alcanzan los morochos. En este momento se oyó una flauta lejana. De improviso. con sus amigos Makoíta y Totayanto. Lo habría hecho de saber que él andaba por aquí. se fueron también. Filatelio? —me preguntan los repollitos. de ani� males salvajes. Recogió un gusanito del suelo. —¿Escuchaste. Shukumo señala una espesa y elevada montaña. teme� rosos. aún más asustados. Estaba tan mortificado que decidió regresar a la casa grande junto con su hermano. —¿Ves? Mi escuela queda allá arriba. el chamán de los Cunaguaros. era un lamento de fieras. En la punta tenía un anzuelo. llegar a más de 2. y es cuando mis hijas me visitan. recapacité. Debí haber usado el arpón. y desde el margen opuesto. Sorpresivamente. Me voy de aquí el primer sábado del mes. pero sin duda sería un buen banquete cuando regresáramos al paraviento. recibido por los gritos de admiración de los morochos fascinados. Pero aquella flauta ya la había oído antes. éste saca de su mapire un cordel largo. pero sé que así los peces sufren más. Claro que lo había escuchado. es apenas un valentón —les explicó pa� cientemente Totayanto. —¡Adiós. Los morochos. nuestro amigo Makoíta se apresuró a sacar el an� zuelo de la boca del valentón que aún coleteaba enérgico. pescado! ¿Por qué haces esto? —le preguntan los ce� ritos. y lo lanzó de vuelta al río. Nos vio y creo que le molestó lo que hice. —Acaba de pasar nuestro hermano yukpa. tengo que cruzar cuatro ríos. regreso el último. mírenlo bien. un sordo plañido que nos hizo erizar la piel. -356- . Era una especie de bagre grande. Nosotros vadeamos el río.El Chamán de los Cunaguaros.000 metros de altitud. —¡Una cachama! —¡Un morocoto! —No. Aprendí a pescar con anzuelo. lo ensartó en él y lo lanzó a las aguas. A los pocos minutos salió un pez de regular tamaño. Son dos jornadas comple� tas de camino. después tengo unos días libres.

pronto no habrá ni un yukpa que no sepa leer y escribir en dos idiomas. —¿Por qué lo hacen así? —Yo personalmente. se afirman sus características propias: respeto. —¿Vale la pena un esfuerzo tan grande? —Ciertamente. confabulan y luego confiesan: —Tenemos varios. Y a la vez. —¡Qué maravilla! —exclamo yo dirigiéndome a las dos her� manas que nos escuchan—.Los Yukpa. -357- . Salimos jun� tos. lo conveniente es alfabetizar primero en la lengua nativa. ¡Todo tan positivo! ¿Acaso ustedes no tienen defectos? Las jóvenes se sonrojan. al regresar al paravien� to. —¿Cuáles? —El principal es que los Yukpa —se sincera Atashi— somos mentirosos. ya bilingües. como tomadas por sorpresa. señores de la sierra Me enseña luego una ladera más cercana. la dejo al irme y la recojo de regreso. cinco o seis en la segunda. Además. los jóvenes yukpa cursarán la escuela básica completa. Pienso que luego. Se miran entre sí. honradez y dedicación al trabajo. Cada año tenemos algunos discípulos más que el anterior. pero progresivo crecimiento. nues� tra etnia está logrando aumentar su población. y luego hacerlo en la lengua dominante. como indígena y como maestro. en todos estos montes. Me parece muy acertado su razonamiento. en la parte alta del valle de Tukuko: —Allá está la escuela de Ana Cecilia. —Su futuro será mejor —corrobora Opirashi—. Es como una costumbre antigua. consi� dero que esta es la forma adecuada para evitar que se aminore la autoestima y que sea desplazado el idioma nativo. aún manteniéndose pura. se lo comento—. Afortunadamente. —Es cierto —confirma Rafael cuando. era muy alto el porcentaje de analfabetas. el español. —¿Se los enseñan contemporáneamente? —No. en su campo de actividad o estudio. Lo comprueban las estadísticas: la etnia Yukpa está en moderado. mi mujer. Unos diez cada uno en la primera etapa de la escuela básica. —¿Cuántos alumnos tienen? —Pocos. difícil de erradicar. Hasta hace poco.

O tal vez esto sea una tendencia a dejarse llevar por la imaginación. Accedo. nos confe� saron en los días siguientes. Acaso sin darse cuenta. ocumo y batata sancochados. Por una vez la familia González Uribe dormirá sepa� rada. las diligencias para conseguir la típica vestidura. —¿Qué otros defectos tienen? —estoy a punto de preguntar. pero no pudieron cumplirla porque… ¡se quedaron dormidos! ¡Qué nota! El viaje en jeep. o diciendo una verdad parcial. el paseo hasta nuestro paraviento. Los morochos regresan con mamá y Maigua a la casa mayor. ají. Qui� zás mintiendo lograban sobrevivir. la caminata por la empinada cuesta. el es� píritu de la lluvia. es imposible evitarlo. ¡Más que suficiente! —Filatelio. Creo que también los demás indígenas que visitamos decían mentiras. Teníamos pensado llegar hasta ustedes asustán� dolos con rugidos de tigre. los reprendemos si mienten. y luego echarles unas totumas de agua fría para purificarlos.El Chamán de los Cunaguaros. Quizás antigua� mente se vieron obligados a hacerlo. ¡Suerte que nos salvamos! Y ellos salieron premiados. Rafael también vendrá. porque los padres de sus amigos. como un medio de defensa. ya tenemos la estera pre� parada y una cobija. y al río. apreciando su conducta de Waitía decentes y -358- . el trayecto en el rústico. El breve paraviento no puede acogernos a todos juntos. sin saber que lo hacían. Viaje por el mundo indígena venezolano Tratamos de que los niños no lo sean. pero para nosotros mismos. después de la pesca. la vivienda rectangular de los abuelos de Makoíta y Totayanto. ida y vuelta… habían agotado sus reservas y dado al traste con sus veleidades de exploradores… —¿Y qué iban a hacer cuando se dejaron vencer por el sueño? —Pues… yo iba a representar a Yorsathi. Seguramente pasarán gran parte de la no� che conversando desde sus esteras… ¡y esperemos que no inventen alguna diablura! Se les había ocurrido una bien buena. Para salvación de las dos jóvenes. el genio protector de los animales —cuenta Mor— y Ocho interpretaría a Imanta. vas a pasar la noche aquí. con los cuales han hecho gran amistad. La comida está lista: sopa de pescado con plátanos verdes. escapar de sus enemigos. a entrar en ese mundo mágico de los aborígenes. nos alcanza un apetitoso aro� ma que nos hace acudir apresuradamente al llamado de Ana Ceci� lia. Estas palabras me hacen reflexionar. alejarlos hacia territorios que no existían sino en su fantasía y en su deseo de liberarse de ellos.

varias veces me he preguntado: ¿cómo puede explicarse que los Yukpa tengan alguna noción del diluvio? ¿Pertenece este mito a su propio. que recuerda un hecho propio también de nuestra civilización. Una leyenda llena de magia. y ellos la incorporaron posteriormente a su pa� trimonio cultural? ¿Acaso el mito del diluvio es de carácter univer� sal y ocurre paralelamente en otras etnias. acompañada por la ristra de ají picante seco que sirve para alejar las malas influencias y presencias espirituales no deseadas. de animalitos con sus nombres indíge� nas. de solidaridad y amor por los humanos en la cual se repite la pa� labra “antiguamente” tan cara a los Yukpa y.Los Yukpa. que represen� tan las más altas categorías de los Yukpa que han alcanzado un éxito especial. de estera a estera. lo más extraordinario. entre quienes sin embargo oí variantes del mito del diluvio? ¿O pudo haber tenido una difusión muy temprana. antiguo patri� monio? ¿Podría pensarse que esa noción les fue traída por los waitía en algún momento. les entregaron como regalos de despedida dos mag� níficos sombreros adornados con semillas ensartadas. que se volverían la admiración de sus amigas caraqueñas. y que luego me entregó bien escrita en letras grandes en una hoja de su cuaderno de tareas. tan distantes de ellos. A Maigua y a Carmen les ofrecieron unas carteritas elabo� radas con pequeñas tiras de casupo tan típicas y bien confeccionadas. Al leer y releer la leyenda de “El Diluvio”. es decir anterior a la conquista? -359- . de encanto. como los Yanomami. señores de la sierra colaboradores. Yo también me fui de aquel sugestivo paraviento con un ex� traordinario obsequio: la leyenda que Iroka me narró al regresar de la pesca en la madrugada.

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se quedó comiéndolos. aún hoy día hay ríos subterráneos. con el fin de que por allí escurrieran las aguas. Estaba demasiado cansado. y continuó cavando por siete días. fue enviado a ver si los campos ya estaban secos. Pasaron muchos soles y lunas y un día Kurumachu. buscó voluntarios para hacer un gran hueco hasta el centro de la Tierra. y comenzó a cavar. ¿Crees que los Yukpa bajaron entonces del monte? Pues no. al darse cuenta de que había animales muertos por la inundación. el zamuro. pero no pudo terminar. las aguas de los ríos y arroyos se salieron de sus cauces al mismo tiempo. Llegó entonces Ramashru. Por esto. la gente y sus animales huyeron y subieron a la cima del alto monte Tetare. Cavó y cavó par varios días. Pero allá arriba no había alimentos y Atancha el primer hombre. el cachicamo. 361 . La Tierra estaba llena de lodo y tenían que esperar que se secara. Pero Kurumachu. Antiguamente hubo una enorme inundación que se llamó “Kun apanane”.Kun apanane. hasta que al fin la tierra se abrió y las aguas que se habían reunido fluyeron al centro de ella. Cuando las aguas cubrieron todo. El Diluvio Cuentan los Yukpa que antiguamente. Se presentó Kava. el cangrejo.

Viaje por el mundo indígena venezolano Cuando vieron que no volvía. frutos y más allá una gran hilera de montañas… todo estaba seco. y Kopto fue enviada nuevamente al valle.El Chamán de los Cunaguaros. flores. Kopto voló por aquí… por allá… Pero encontró todo mojado. Los hombres y los animales bajaron por fin con gran alegría del monte Tetare y celebraron con música y una gran fiesta el retorno a la tierra. Pasaron esos cuatro días. Regresó al monte Tetare y dijo que era necesario esperar al menos otros cuatro días. -362- . Entonces dio un vuelo rasante y miró… Árboles. la paloma. enviaron a Kopto. criar a sus hijos. habitar sus casas. Ya podrían cultivar los conucos. salir de pesca y de cacería.

nos llenamos de luz de nuestros ríos revoltosos y alegres y asomamos entre el follaje nuestros ojos brillantes como peces. que mancilla la selva. Vagamos por las intensas montañas. Nos bañamos en pozos profundos. diáfanos como el frescor de la corriente. transparentes. nuestro dolor por tantos hermanos muertos bajo el negro polvo de carbón que contamina nuestros pasos. los humanos. pozos donde se hunden nuestras penas. y subir cerro arriba a las alturas de la sierra donde la niebla espesa se detiene 363 . que enturbia nuestros ríos caudalosos.Canto yukpa Somos los Yukpa. Hay que cruzar montañas florecidas con flores que desde antes habitaban el antiguo paraíso de los Yukpa para llegar aquí.

la voz de la serpiente en la hojarasca. soy yukpa y hablo con los pájaros. Viaje por el mundo indígena venezolano a conversar con las hojas.El Chamán de los Cunaguaros. Frutas de mis montañas te ofrezco. yemas de mis ocultas sierras. conozco el lenguaje del águila. -364- .

hábiles en labrar el oro según las reglas de la vieja tradición pero con la maestría de los modernos orfebres. ¿A qué se debe tanta disimilitud en dos etnias tan próximas? Ellas son próximas en área pero no en cultura. más bien contiguas. Pertenecen a esa cultura compleja y avanzada que aún tiene numerosos descendientes en Colombia. 365 . expertos en localizar vetas de esmeraldas. también llamados durante casi todo el siglo pasado. Tan bravíos. sumisos. mirada huidiza. porte orgulloso. respectivamente motilones mansos y mo� tilones bravos. Los Bari son los únicos Chibcha de Venezuela. presencia importante: los Bari. audaces. porte suave. son de filiación karibe. rebeldes los otros. como los demás indígenas del territorio caribeño y venezolano. presencia casi invisible: los Yukpa. se notan diferencias muy marcadas.Los Bari. Cabello híspido cortado en línea recta. Los Yukpa. pacientes los unos. Tan dóciles. Me refiero a los Yukpa y a los Bari. Hasta físicamente. dueños de la música Tan cercanos y tan diferentes. paso afincado. mirada agresiva. paso silencioso. Cabello fino que cae desordenado. entre estas dos etnias tan cercanas en sus te� rritorios.

las empinadas cuestas del territorio yukpa. se retiraron. y cuidarse de la excesiva velocidad y peligrosa osadía con que abordan rectas y curvas los carros y camiones que vienen hacia nosotros. de la niebla y de los barrancos. tenía que cuidarme de la vegetación y de las crecientes. toma frecuentes sorbos de café. después de la variedad de la selva. las pintorescas vías que cruzan el páramo. manejaba preocupándome por mí mismo. del llano. Los Bari. Papá. En el páramo. en cambio. de incursionar o adentrarse los unos en los territorios de los otros y úl� timamente de intercambiar alimentos y productos. Inclusive sus idiomas son disímiles. Hay que estar alerta y prevenir el frenazo de quien precede la carrera para pasar del que nos sigue. y se queja de la imprudencia de los conductores: —En el llano. En la selva. tengo que manejar por tres: el que viene en dirección contraria. al que me gustaría considerar como un abuelo. —Realmente —reflexiono para mí mismo— en este tercer mi� lenio tan avanzado en tecnología. lo hirieron a él mismo con la flecha enve� nenada con curare que le causó la muerte. los Yukpa huyeron. las opulentas avenidas que rodean Ma� racaibo. A pesar de la vecindad. sus tierras llanas. La ancha carretera que estamos recorriendo para llegar a los territorios bari nos resulta monótona. al volante. los de� sérticos caminos guajiros. y el que me sigue. Caribe y Chibcha.El Chamán de los Cunaguaros. Estoy ansioso por conocerlos. el bondadoso cacique Guaricuto. Al empezar la conquista. A los Bari pertenecían la hermo� sa y desdichada Ashirama. no se entienden entre ellos por hablar lenguas de diferentes familias. Lo que menos imaginábamos era llegar hasta los Bari o Moti� lones. Pero aquí. sus cultivos. sigue siendo grande la impericia de los automovilistas. se le enfrentaron fieramente cortándole el paso. Viaje por el mundo indígena venezolano Su historia también es diferente. jamás los dejaron entrar al propio territorio. abandonaron sus aldeas. el que tengo adelante. y entre ellos nació nuestro hermano Aparicuar. cuando el cruel Ambrosio Alfinger después de explorar los márge� nes del lago de Maracaibo intentó cruzar las sierras que lo rodeaban hacia el occidente. los indígenas que tienen fama de haber sido en tiempos de la -366- . persiguieron y diezmaron a sus hombres.

mamá! En las cercanías del paso del río. desde Maracaibo. justamen� te por carretera. El contacto con el agua es necesario para los loros ya que les mantiene las plumas en condiciones sanas. los más bravos. Superloro. así podemos observar de cerca el río Catatumbo. echados transversalmente sobre el equipaje. pero durante el viaje ha tenido que contentarse con una rápida zambullida en algún receptáculo. hay tráfico. En eso. inaccesibles de toda la América del Sur. guarda el mapa y sigue aba� nicando al loro con el pañuelo que se quita de la cabeza. ya. ¡Y una de las buenas! El jeep adelanta veloz. Superloro se le une. desde San Cristóbal del Táchira y hasta desde Colombia. con la nariz pegada a la ventanilla trasera. temibles. célebre por el extraño relámpago que parece des� prenderse de su cauce y que se ve desde muy lejos. ya. ¡Todos la miramos con cariño: es bonita. pensamos todos. El animalito estaba acostumbrado a un baño diario con bastante agua. Rafael ve. sacan peli� grosamente la cara de las ventanillas laterales. Mai� gualida ya está acurrucada encima de las cajas. el cabello se le suelta y un oscuro oleaje le enmarca la tez morena y el rostro bondadoso. —¡Hola Telio. pero se hace el que no se da cuenta. debe estar cansado y acalorado. más tarde! —tratamos de explicarle. sorprendida por tantas miradas fijas en sus manos se percata. uno por cada lado. Telio! —grita— ¡Aquí. o bajo la ducha. en la bañera. intercambiándose mensajes: -367- . con tanto plumaje! Es mamá quien logra calmarlo dándole una tacita de agua que toma gustoso y abanicándole las plumas. Mejor. al ver tanta agua. da muestras de querer zambullirse para darse un buen chapuzón. ¡Pobre Superloro. Esta es la ventaja de ser mayores. adelanta con esfuerzo. con la intención fallida de adoptar la misma posición. con el mismísimo mapa vial de papá. Lo sujetamos a tiempo. frecuentemente se detiene. si lo hiciéramos nosotros… Hasta que Carmen.Los Bari. ya! —¡Ahora no. Se ha formado una soberana cola. para refrescarlo. la vía se abre ante nosotros recta. dueños de la música conquista junto con los Araucanos. dando picotazos en el vidrio. Tío Jeep jadea con dificultad. ¡Vamos a cruzar el río Catatumbo! Gran agitación en el vehículo. o rociado en el patio con el pulverizador que usamos para regar las matas. llana y asfaltada. ahora no. Los morochos. y hasta no hace mucho. tal como una concha de coco o una totuma.

el famoso relámpago del Catatumbo que llena de una luz algo brillan� te. Ocho. eternos exploradores no se dan por vencidos: —Miremos. la ruta que cruzan los muertos al dejar el mundo? -368- . Pero. No se verá. y desemboca al sur del lago de Maracaibo. El reflejo esperado. mas ni ven ni encuentran nada. Se une con el río Negro que vie� ne desde Colombia. algo siniestra. —¡Hijos! —interviene mamá— ¡Cómo van a ver el relámpago en pleno día. las tardes y noches tropicales. y mejor si no hay luna. miremos bien. Mor. mira bien por tu lado. es el río. Majestuoso. con toda esta luz! Sólo se puede distinguir de noche. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Ya estamos! —¡Vamos a ver el relámpago! —¡Vamos a descubrir lo que es! —Ojo. Los dos incorregibles acallan con silbidos y una defectuosa adaptación suya propia la grata voz de Carmen: Mor: Ocho: Mor: Ocho: Maracaibo en la noche. pudiera. Busquemos ya.El Chamán de los Cunaguaros. mira bien por el tuyo. Y reflexionan filosóficamente: —Todavía queda el misterio. solemne. Pero del relámpago. ¿Tendrá el relámpago del Cata� tumbo alguna relación con la sierra de los fieros Motilones? —¿O con el espíritu de sus indómitos antepasados? —¿Será cierto que el relámpago. —Ojo. pudiera ser… —Se esfuerzan. como afirma un mito wayuu. Lo dice la canción: Maracaibo en la noche relampaguea tiene el gran Catatumbo con su reflejo. no hay traza. En él se sienten latir siglos de vida y de historia. ilumina el camino del más allá.

recorrió estos caminos. Rafael? —Ahora. antropólogos. Luego mamá. con las puertas abiertas. interrumpida de vez en cuando por am� plias casas de hacienda sombreadas por platanales.500 Km2 habitados por unas 2. algún día lo descubriremos. muchachos. La dilatada planicie. Ya no hace calor. y el verdor de los árboles es impresionante ¿Qué superficie abarca el territorio bari.000 al� mas. escasa: unos 1. ¿cuándo? -369- . rebaños de reses se asoman a las empalizadas. empieza a acusar una subida siempre más pronunciada. En esta exuberante tierra vivió cuando era aún muy joven. sus confidentes. callamos. Antes… —Antes. Es un fenómeno atmosférico que más bien tiene que ver con los grandes yacimientos minerales de la zona.Los Bari. Al noreste. trata de levantar los ánimos: —¡Qué parajes tan hermosos! ¿Han aspirado el olor de esta sel� va? Hay un perfume de flores silvestres muy aromático. Observamos muchos potreros. Al borde de la carretera des� filan escasos ranchitos de paredes blancas y techos de palma. dueños de la música Estrechándose la mano. gran porvenir se están forjando mis hijos —comenta papá con su típica sonrisita medio en serio medio en broma—. ¿Podrá mantener su serenidad ante tantos recuerdos? ¿Logrará cerrar esta página de su vida? Por un rato. Aviadores. que el relámpago del Catatumbo no es nada sobrenatural. —Gran porvenir. compren� demos la complejidad del momento. Se di� visa más claramente la serranía que los Bari llaman Abogsaki. —Estamos ya en la tierra de los Bari —anuncia papá con una gran alteración en la voz. Una bandada de coloridas mariposas parece señalarnos el camino. se comprometen el uno con el otro: —Algún día. Especialmente mamá y yo mismo. Todos estamos conscientes de que se enfrenta a una importante fase de su pasado. probó los frutos de estas monta� ñas. Con tal de que salga algo bueno… Pero sepan. apoyando la mano en su hombro. la sierra de Perijá se pierde hacia el sur en la República de Colombia. exploradores.

Viaje por el mundo indígena venezolano —Hasta el siglo XVII los Bari controlaban más de 20. -370- .000 Km2. uno de los morochos me dio un tremendo empujón. —¿Cómo puede llamarse progreso lo que en el caso indígena ha significado despojo? —protesto irónicamente. Instintivamente me hice hacia atrás y me sujeté de la ventanilla del jeep con tan mala suerte que presioné el seguro y éste cedió. —Hijo. Tuponken!”. y que resultó ser uno de mis mejores marcadores que subrepticiamente me habían sustraí� do. del aparato abierto a todo vo� lumen salió la sabrosa música de un canto de nuestro llano que re� sultó de lo más atinado: Me monté en un burro muerto que no me pudo cargar. reflexionando —sugiere papá. pasaban sobre mí y encendían el radio colocado al lado del motor. que estaba entretenida repartiendo unas galletas entre Maigualida y Superloro y no se había dado cuenta cabal de lo que estaba pasando. No tuve tiempo de hacerlo porque de repente.El Chamán de los Cunaguaros. Quizás puedas encontrarla dentro de ti mismo. triunfantes. al grito furioso de: —¡Abran paso al progreso! ¡Qué escándalo! Para completar. solamente los zamuros me lo hicieron corcovear. estas preguntas no tienen una respuesta fácil. cantando a ritmo de salsa: “¡Nosotros te ayudamos a reflexionar. a Superloro por silbar feliz al ritmo del golpe tocuyano. A continuación se entreabrió la puerta obligándome a hacer gran� des esfuerzos para volverla a cerrar sin rodar abajo. de la ganadería. desarraigados. mientras ellos. empezó a preguntar alarmada: —¿Qué pasó? ¿Chocamos? ¿Atropellamos a alguien? A Muñeca le dio por llorar. —Del llamado “progreso” —comenta Ocho. de los cultivos. Mamá. mientras escruto por la ventanilla en espera de descubrir algún indígena bari. mientras el otro me apuntaba al pecho con algo como un puñal. Ellos también han sido alejados. marginados por la penetración de las vías asfaltadas.

de un asentamiento vecino. parecía que la misma montaña se los hubiese tragado. Los Bari son una de las pocas etnias que aún tienen caciques. al planificar el viaje. a buscar a su hijo. vestidos con un simple guayuco y empuñando su Kari o arco. brotados sigilosamente. junto con sabroso queso fresco. para “arreglar cuentas”. ¡Por suerte no venía nadie detrás! Apagó el radio a secas y con una dura mirada nos hizo bajar a los tres varones. A Akuero y Bandú. aparecen dos indígenas bari. ¡comemos bien completo! Hoy mismo el fuerte castigo de papá. Les -371- .Los Bari. alborozado. Pero en esa sola vez. es decir el cacique y su lugarteniente. año tras año. que no los han sus� tituido por los ancianos o por los capitanes. Mejor no sigo contando. pero le resultó imposible. situado entre el macizo de la sierra de Perijá y la serranía Abogsaki. no se supo más de ellos. nos alimentamos una vez al día. si es que alguien viene a buscarnos y nos las trae. Por lo pronto no se veía a nadie. y nos sentamos en el pico del cerro a consumir algún alimento. Estamos todavía saboreando la carne de Santa Bárbara de la cual nos proveímos en un tarantín callejero de esa célebre región ga� nadera. desviándonos de la carretera prin� cipal. inalcanzables en la selva y muy lejos de cualquier desarrollo. Últimamente hemos adoptado la costumbre de los yaruros y demás indígenas: con excepción de un poco de leche y ga� lletas para Maigua. de la comunidad que nos va a recibir. Habrá que seguir a pie. comunicarse con el antiguo poblado donde vi� vió y conoció a Ashirama. en aquel momento. el kakbaibai y el cici’bai. papá los había conocido bien en esa época y siguió tratándolos cuando iba. café para papá y un tentempié para el loro. o en bestia. completamente merecido. arepas y hallaquitas. dueños de la música Papá frenó con fuerza el Jeep. entendido como diversidad e interculturalidad… No hubo palabras hasta que. cuando frente a nosotros. Equipamos los morrales para el resto del camino. se levanta para recibirlos: son nada menos que Akuero y Bandú. habríamos querido ser tres auténticos bari. Poco a poco se habían internado en los bosques. llegamos por un camino escabroso a una empinada cumbre desde la cual se divisa el Valle de los Motilones. Lo cierto es que. Aquellos bari se habían ido de allí después de la muerte de Guaricuto. Rafael había intentado. no nos ha disminuido el apetito. Papá. —Aquí se acaba la vía —anuncia papá—.

conocí a Carmen. nosotros nos miramos diverti� dos. -372- . eras otro… pensaste en cambiar tu existen� cia errabunda. Tuve gran afinidad y afecto por los Bari. dejarlo seguir su propio camino. mulas y burros. Hemos traído monturas para todos: caballos. jóvenes —nos incita Akuero— es bueno llegar antes de que caiga la noche. especialmente a mamá: —Doñita —le dice Akuero en un español bastante fluido. ¡He� mos visto tantas fotos suyas! Mamá se ruboriza. Viaje por el mundo indígena venezolano había entregado algunas fotos del niño pidiéndoles que lo ayudaran a encontrarlo. su mamá… —Sí —prosigue Akuero por él—. Ambos bari se muestran muy cordiales con mi padre. Mis hermanos lo miran extrañados. ¡Nunca nos habríamos imaginado que los indígenas Bari fue� ran algo así como nuestros padrinos! —Vamos. pasaba entre ellos gran parte de mi tiempo. Pero un día. pero yo comprendo perfec� tamente. hablaste de establecerte y formar una familia… Fue una decisión difícil. trayen� do las fotos de la doñita. intratable… Recorría la selva en completa soledad. luego ya vuelto un joven. cuando era funcionario de la Dirección de Fronteras.El Chamán de los Cunaguaros. Tenía ami� gos entre los indígenas. de paso por Caracas. y nosotros te ayudamos a tomarla… Era preciso que dejaras atrás el pasado y trataras de empezar de nuevo. las imágenes ya no sirvieron… el niño. aquí sabemos de usted. Había llegado el momento de que Rafael desistiera de la búsqueda desconsolada del hijo. con algún acento de la región occidental—. y se nota que sienten curiosidad por conocernos a nosotros. tantas cosas sucedieron… períodos de dolor y de tristeza me alejaron de mis amigos indígenas… Me volví hura� ño. Aparicuar ya tenía su vida. Ellos las guardaban con celo. cuando volviste aquí. Como padre —opinaban— él tenía que entender. hasta pensé quedarme aquí para siempre. su destino estaba abierto ante él: integrarse a la selva. formar parte de ese mundo indígena tan distante y dife� rente. Los Bari lo aconsejaron bien. Papá nos explica a nosotros los muchachos: —En mi juventud. seguía desaparecido. Los tres hombres se dan fuertes palmadas en la espalda y se abrazan. liberar ese recuerdo. Mamá sigue sonrojándose. Luego. mas después de algún tiempo. como ya saben. viajaba mucho por todo el país.

La cuesta es empinada. —Es cierto. sabe cómo protegernos frente a los ávidos y tramposos terratenientes y cocaleros. son amigos. dueños de la música ¡Menos mal que ya tenemos alguna experiencia y que las bestias son mansas! Adelante van a caballo mamá y papá escoltados por Akuero. —¿Y no hay posibilidad de luchar contra ellos? —Confiamos en recuperar lo nuestro con el tiempo. prudencia y persistencia de nuestros líderes. Venezuela. A veces las ramas nos rasgan la cara. porque no se ve senda ni trocha. se ha incrementado la presión de extranjeros. les tenemos bastante confianza. nuestra esperanza está en el hermano bari que nos visita pe� riódicamente. rojo carmesí. exhiben una gama de colores insólitos: morado. para molestarnos y amenazarnos. luminosas. y con mu� cha habilidad. de frente. Las mariposas que revolotean alrededor son cada vez más espectacu� lares. que carga a Maigualida. útiles en muchas cosas. Grandes. —Sin embargo he leído en los periódicos que la situación ha sido algo tensa últimamente —le replico. por suerte. se están prepa� rando para su próxima profesión: inspectores de la Dirección de Fronteras. venciendo la resistencia de Superloro que amenaza con tirarse de la mula para continuar solo. por asuntos de esos grupos armados. Colombia… Ah. Él es un au� téntico líder. Cruzamos algunos caños. Papá y mamá se miran. Cada animal sigue al otro. Se han aliado. y de último los morochos montados en dos burritos guiados por Bandú. a nuestro Chamán de los Cunaguaros. con los cultivadores ilegales. verde limón. ¿A dónde -373- . —Bien. Sobre todo. tratados. Ha habido problemas. que operan en los linderos —me explica pacientemente—. gente ajena al ambiente que intenta arrebatarnos las tierras sin el menor respeto a nuestra cultura ni a nuestros derechos. Además. morado claro. —¿Cómo se llevan ustedes con la gente de fronteras? —le pre� gunto a Bandú. muy belicosos. Árboles y más árboles. Luego vengo yo. brincando. topografía. a través del cual no penetran los rayos solares. azul índigo. con el cual conversan sobre límites. ya lo capto. Yo los miro a ellos y pienso en el fasci� nante chamán que nunca logramos ver abiertamente. un follaje intrincado.Los Bari.

Es un caney.El Chamán de los Cunaguaros. Y desde hoy. los Bari o “Motilones bravos” de hoy día. temi� bles aún hoy en día”. ustedes también. teníamos miedo al acercarnos al Valle de los Motilones. irreductibles. desde donde estamos no parece una vivienda sino una mancha boscosa. Sin querer admitirlo. son en realidad inofensivos. no era para menos! Y ahora nos parece imposible estar aquí. escuchando su música. disimulada entre la vegetación. parecen un pueblo totalmente distinto al que con tanta fiereza acometía a los -374- . ¡Con todo lo que habíamos oído. compartiendo su propia vivienda. Pequeños y ágiles. —¿Cuál vivienda? —se extraña Mor. difíciles de ubicar e invisibles en la misma urdimbre de la vivienda. “Flecharon y mataron a muchos españoles y criollos desde los tiempos de la conquista hasta el mismísimo siglo pasado”. recubierto y techado con palmas y be� jucos. en forma de pirámide trunca. —¿Qué pasa? —Hemos llegado —sonríe Bandú—. sentados tranquilamente en nuestros chinchorros colgados al lado de los de los Bari. a los cuales nadie pudo acercarse por siglos. “Los Bari o Motilones. dicen otros. enorme. o bohío como lo llamaban los cronistas. Tiene algunas entradas secretas casi escondidas en la maleza. Los morochos tienen razón. en el corazón de la selva. —¡Sólo veo bosque! —completa Ocho. asustándonos. que apenas se divisan. cuentan todavía en Caracas. “Los Bari son indígenas de espíritu guerrero. son indios bravos”. saboreando sus comidas. Estamos cada vez más extrañados. Allí está nuestra vivienda. salvajes. La luz está menguando. armados de flechas envenenadas y negras macanas. —¡Qué casa tan grande! —me extraño— ¿Cuánta gente vive en ella? —Toda la comunidad —me contesta Bandú— unas cien perso� nas. Con fama de terribles flecheros y de agresivos atacantes. Viaje por el mundo indígena venezolano vamos? No hay trazas de poblado. que sólo ellos conocen. y unas mirillas bastante bajas. nos decían los maes� tros en la escuela. No me gustaría pasar aquí la noche. ni aún con nuestros dos guías… La mula se detiene. afables a pesar de su porte bravío.

Apenas despunta el alba y un rayo de luz se infiltra en el interior. su paso leve entre la espesura. esbelta y graciosa. ¿Cómo pudo adivinar que me gusta la música. Akuero me entrega una monitubí en regalo. Su sensibilidad y peri� cia musical es lo que más nos sorprende. entre los Bari. algo monótonos. de unos cuarenta centímetros de largo. donde el embru� jo y la fascinación de la música autóctona nos han envuelto. la temperatura agradable. lo sabemos todos. sino el tubo de una caña parecida al bambú. cuando veo la brillantez de las flores. Al amanecer. más largo. resguardados. a la que llaman monitubí. o percibo el aroma de los frutos del lugar. y uno. es acoge� dor. el primero en abrir los ojos lanza un silbido imitando a un pájaro. una jocosa costumbre de los Bari nos despierta. despertan� do la aceptación y la admiración general. Entre coros y sones de flauta nos entregamos a un sueño profundo. Ella ya forma parte de nuestra familia. aunque en desnuda penumbra. Otras flautas se alternan luego con cantos suaves. maravilla� dos y felices de encontrarse en un ambiente propicio. la ancha doksará. Los demás le contestan en -375- . El instrumento propio de ellos es la flauta. ¿Acaso esos místicos sonidos le evocan la belleza exótica de Ashirama? Yo también pienso en ella a veces. Logro acom� pañar a una hija de Bandú. no pierden la oportunidad de lucirse: imitan al arrendajo y al turpial. No es una flauta como la nues� tra. La tocan hombres y mujeres. Son colores. que es el de la embocadura. quizás de rezo. ha sido aquí. las alargadas buirokdorá y orrona. por donde se sopla suavemente acercando los labios. no me sale nada mal. y que charrasqueo bastante bien el cuatro? Tanteo la flauta.Los Bari. Akuero la enseña y nos explica con detalles: —Esta es la flauta principal. ¡Qué felicidad! A mí personalmente. la ensayo. El interior del bohío. con tres huecos: dos para abrir y cerrar con los dedos. dueños de la música invasores y extranjeros hasta no hace mucho. Nos sentimos seguros. Nuestros hermanos. fragancias que evocan su inasible pre� sencia. que se acerca ento� nando un extraño son. los dos ceritos expertos silbadores. Papá se queda absorto. de recibimiento a la noche y al sueño. obstruido en los extremos. Aunque otras etnias tengan instrumentos y cantos. pero hay también otros tipos: la pequeña y redondeada darikbará. Todas están fabricadas con caña de bambú.

El Chamán de los Cunaguaros. con benignidad y simpatía. para completar de su misma edad. y un día entero para los mayores. pero poseen una viveza y una resistencia sorprendentes. y dicen ellos. tú no conoces ni una palabra del idioma bari. a ellos les lleva apenas unos quince minutos. que aquí confir� mo: un trecho que el más atlético de nosotros emplearía una hora en recorrer. este� ras. de origen Chibcha. —En un rato iremos de pesca con ellos —anuncia papá mien� tras lo ayudo a montar su aparejo. Cuando dicen que el poblado está a pocas horas de camino. arcos. y en una algarabía de trinos y gorjeos de variadas aves. No sólo esta comunidad indígena se ha interesado mucho. siempre con sus pies desnudos. He aquí que unos intensos silbidos anuncian el regreso de mis hermanos. salvan ríos. todos se levantan. Mor y Ocho. La noticia me sobresalta. Caminan largas distancias cargando fardos pesadísimos. que estaban correteando desde temprano. Ya desde antes había quedado admira� do por la velocidad con que caminan los indígenas. Ya verás. que es palabra castellana. Pero mucha gen� te les dice motilones. ellos me están dando clases a mí. Deriva del verbo -376- . ¿De pesca en una montaña tan alta? ¿Y con esta maraña de selva? Tengo curiosidad de ver eso. con nombres parecidos a los suyos: Kobakai y Skikbai. Trepan cuestas. se han enterado de todo. siempre con el mismo paso rápido y seguro. en un santiamén. Los Bari son de poca estatura. hay que prepararse: para nosotros. flechas. —Claro que no entiendes. ¡Lo que es tener pa� drinos! Con los morochos indígenas de padrinos. son al menos unas ocho para los jóvenes. —Pero —objeto yo— no distingo en qué Kobakai y Skikbai se le parezcan a Mor y Ocho. por eso se le pone la terminación del plural a diferencia de los nombres de las demás comunidades. sino que por primera vez en el viaje. Están de plá� ceme. se han encontrado con dos morochos. por su parecido y por su condición de morochos. Significa “los de cabellos cortos”. Ahora. hamacas. Grandes y pequeños se entregan enseguida al trabajo: son ex� pertos y diligentes en la fabricación de collares. barran� cos y toda clase de obstáculos. Viaje por el mundo indígena venezolano la misma forma. —Este grupo —nos aleccionan— está conformado por bari que hablan su propia lengua. contento al pensar en sus fotos.

los Motilones castraban a los guerreros vencidos y a los invasores. que mamá y Maigualida seguidas por Su� perloro se acercan divertidas para enterarse. les cortaron los… los los los co… —¡Cállense de inmediato! ¡Cambien de tono ya! ¿Cómo se les ocurre? —objeta mamá escandalizada: les cortaron… ¡la retirada! …rematan ellos precipitadamente. Luego. -377- . cortar el cabello. Es tan llamativa la mímica de mis hermanos imitando guerre� ros españoles enfermos. rapar.Los Bari. cocó. que hoy en día es tan practicado por los peluqueros elegantes de los niños sifrinos. cuando tuvieron que cortarse el pelo debido a una epi� demia de tifus propagada por los conquistadores españoles. los graciosos ceritos guardan un silencio de risas contenidas. —Cocopelados. A este punto. que quizás aprendie� ron del mismo abuelo estrafalario que me dio a mí el nombre de Filatelio que cargo. parecen entretenerse a su gusto. —¡No! —enfatiza Ocho— Ni pelones ni cocopelados. entiendan o no. o según otros a una invasión de piojos. indígenas asustados. —Entonces —observa mamá—. ¡cocó. sin ninguna consideración por el decoro de nuestros anfitriones que. Tienen el corte totuma. gracias a su amor por las estampillas: y los indios motilones. los morochos pretenden lucirse con una coplita satírica de moda en la mitad del siglo pasado. ¡Qué pícaros! Querían aludir a la leyenda según la cual. es decir. motilones sería como decir “pelones”. dueños de la música “motilar”. a todo volumen y a toda ve� locidad. cocopelados. Así se les llamó en tiem� pos antiguos. cocó! —gritan la niña y el loro al unísono. tijeras que cortan el pelo y cráneos pelados.

uno a la vez. danzas. Enfáticas exclamaciones de mamá y Maigualida nos inte� rrumpen: —¡Ahí vienen los morochos bari. mucho más alto que la mayoría de los Bari. pues está ligado a la civilización Chibcha —completo yo mismo. fiestas. videntes. y el guayuco también. —Porque —explican con cierta lógica. ahí vienen! ¡Miren. casi de mi tamaño. es cierto. en lugar de Bari. el ape� lativo Bari. Papá se sorprende de esto. son “síquicos”. mínimo. Tienen facultades paranormales. Sí. En cambio. y para completar. Motilones. Descubren el porvenir en la observación de los frutos de parapara. los moro� chos— ellos siguieron cortándose el cabello… —…bien parejito. en la elaboración de máscaras de láminas doradas que se exhiben en famosos museos del oro. brillantes y perfectamente esféricos. flaco! ¡Y el otro es alto. se sientan y dejan caer los paraparas en el espacio que abarcan entre sus piernas: por la forma como caen desglosan el futuro y previenen cualquier peligro. que es su propio nombre. Pero… ¡uno de los Motilones es chiquito. miren! ¡Qué morochos! Nos quedamos estupefactos: la cara es idénti� ca. y no en comparación con otra u otras. El período de la conquista y colonia representó un estancamiento en su evolución. adivinos. La cultura de los Bari de nuestras sierras ha evolucionado más lentamente. se vieron obligados a alejarse. porque tenía entendido -378- . una en reducción y la otra en ampliación. su capacidad de ver más allá de la realidad. ya que la palabra implica cierto desprecio. Los recogen del suelo. yo sabía que los Bari son de filiación Chibcha.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano —Lo que no logro captar —prosigue mamá una vez calmado el alboroto— es por qué todavía se les llama así. aún después de la epidemia… —Y además los criollos prefirieron seguir llamándoles Motilo� nes. Pero evolucionaron hacia una fuerza espiritual insospechada. negros. También sé que los Chibchas en otras regiones alcanzaron un alto grado de de� sarrollo que todavía se manifiesta en sus ritos. arte y artesanía. que realmente los identifica. es decir. y bien gor� dito! Parecen dos copias de la misma foto. Encienden su tabaco. —Por fin —completa papá que parece haber seguido el hilo de mis pensamientos— toda cultura se debe valorar intrínsecamente. agu� dizaron su sexto sentido. enaltecería su origen. a disimular sus manifestaciones vitales.

así como Mor y Ocho. sin pinturas. mis queridos chi� güires silvestres? —¡Pues. Son bien formados. y otros jóvenes se agregan al grupo. ¡Con estos Motilones. de cara redonda acentuada aún más por el corte de pelo. conver� sar animadamente a voces y gestos con nuestros parecidísimos Mor y Ocho. sus dientes blancos y sanos se descubren en frecuentes sonrisas. nos produce un gran contento. su nombre se parece al nuestro. afeites ni adornos. —¿Y Skikbai? —¿? —Skikbai quiere decir “mucho”. Ellos son los morochos “Mu� cho” y “Poco”. papá sigue tomando sus películas y sus fotos ensimismado. nos sentimos como en familia! Y casualmente… Mor y Ocho no hablan bari. —¿Y qué será eso tan exclusivo de ustedes. Por eso. les queda muy bien el nombre de Motilones a estos indios fuertes. De ahí viene la cosa. Prontamente. Akuero le explica que Kobakai y Skikbai tienen una abuelita criolla. Mientras tanto. con sus caras iguales. ¡Qué nota! Mor y Ocho los reciben con entusiasmo: —¡Adelante.Los Bari. Tuponken. el idioma de los morochos! ¡Qué ocurrencia! Me veo obligado a celebrarla. de piel lisa y lim� pia. dueños de la música que entre los indígenas no existen morochos. algo que tú nunca podrás hablar. Kobakai! —¡Adelante. membrudos y regordetes. ni Mucho y Poco hablan español… ¿Cómo se entienden? —¿Qué idioma hablan ustedes? —Algo que tú no conoces. Skikbai! Y nos explican a nosotros con picardía: —¿Saben qué quiere decir Kobakai? —¿? —Kobakai quiere decir “poco”. No sé si en esto habrá mucha o poca lógica. En realidad. Sus cabecitas pobladas de un espeso pelo negro ostentan un corte fresco y limpio. bien parejito… ¡estilo totuma! -379- . Mucho y Poco forman morochos. A pesar de su ceño aguerrido. sin embargo ver al grandote Mucho y al pequeñito Poco.

un porte solemne. amistosos y serviciales con los que co� nocen y con quienes se les acercan precedidos por mensajes y mensa� jeros que den todas las garantías. la comprensión. la amistad. alguna reacción hasta violenta —nos confía Akuero—. Viaje por el mundo indígena venezolano Son juiciosos y hábiles. mejor dejársela lejiiito… donde no alcancen las fle� chas… ellos la van a recoger. ¿cuántas comunidades de Motilones hay en la actua� lidad? —En Venezuela. Reflexiono y me pregunto: ¿hemos logrado la paz. Los Bari recordarían con ira y te� mor las antiguas incursiones y los recientes despojos y atropellos de las compañías petroleras y de los terratenientes… Por supuesto. O peor aún. Akuero. Se distinguen por los nombres de sus caciques. —Probablemente.El Chamán de los Cunaguaros. Akuero? ¿Aún hoy? El cacique no duda en contestar. nueve. adquiere una presencia. sí. adornado con collares de colmillos de báquiro. Entre las otras hay Zimbá. el cacique. ungido con el penacho de gobernante hecho de plumas de piapoco. —Vemos que aún tienen caciques. y no hemos sido capaces de lograrlo con nuestros indígenas? ¿Por qué tenemos relaciones frecuentes y constantes con Colombia. Ariká. Guañaguaña… Endereza su figura. —Akuero. —¿Cuál es el nombre de la principal comunidad? —Es el mío. y la mantenemos. aunque sea con buenas intenciones… ¿qué pasaría? —Probablemente algo insospechado. Me lo imagino en sus actos sagrados con una macana cuidadosa� mente tallada al estilo bari. Bora. En las demás etnias de Ve� nezuela desapareció esa figura. —¿Y si les traen un saco de sal? —La sal. —¿Cuáles son las más pacíficas y cuáles las más agresivas? —Depende de quién y cómo se le acerque… En principio. Yo soy el kakbaibai. —¿Todavía. —Recuerda que nosotros somos Chibchas. el entendimiento con tantos pueblos del mundo en� tero. no lo dejarían pasar. Sin embargo. investido de su alta esencia de cacique. Dabrokná. lo rechazarían a flechazos. -380- . hay que considerarlas todas agresivas. si a un desconocido se le ocurriera presentarse ante ellos llana y simplemente.

y cuando por ahí pasa el pez. Australia. A nuestro grupo. -381- . Esparcidos en diferentes sitios de la represa. —Pesca… ¿Qué pesca. —Pon algo de tu parte. y entendemos que quiere decir en días anteriores. una canti� dad de cosas: —¡Pescar sí es sabroso! —Pues yo no le encuentro aún la diversión —objeto. lo acompañan los morochos bari. cómo van a construir una pesca? Segu� ro que por pesca entiende represa —cavilo. pues sabemos que la concepción del tiempo en los indígenas es diferente a la nuestra— construimos una pesca con piedras. Nos lanzamos al agua con entusiasmo. Algu� nos. nuestros hermanos. hundidos en el agua hasta los muslos. traspasándolo. troncos. morocoto. Mi� ran fijamente el agua. cargan machetes enganchados a la parte posterior del guayuco. cristalino! Mariposas y “caballitos del diablo” rozan las ondas transparentes. El bosque se puebla de voces y colores. arcos. que nos comunican con palabras. La comunidad entera está entrando en acción. España. Nigeria. corroncho. sostienen el arpón con ambas manos. siendo ellos. alegres. Nos sentimos sanos. adelante —nos invitan Mucho y Poco.Los Bari. Tuponken —me recriminan los moro� chos— pescar es para ellos un deporte. China. Francia. como son. los Estados Unidos de Norte Amé� rica. quienes comparten nuestro territorio y quienes estaban en él antes que todos nosotros y nuestros propios antepasados? Un intenso movimiento dentro y fuera del bohío me hace com� prender que llegó la hora de la pesca: hombres. ayer. mujeres y niños se dirigen al río. pero nunca fallan. flechas. dueños de la música Cuba. Corea y tan pocas con nuestros aborígenes. Llegamos. gestos y mímica. trucha. hojas de cambur y de bijao. en la retaguardia. —Ahora les toca a ustedes. lanzan el arma y lo apresan. La vas a ver. ayer —intenta comentar Skikbai. bagre. que efectivamen� te esto quería decir Mucho con la palabra pesca. Italia. guabina. ¡Qué sabroso es nadar y hurgar en aquel río fresco. —Ayer. cuchillos. No sé si es que lo ven o lo presienten. empuñando arpones. como tampoco fallan quienes más arriba disparan flechas y dardos. armato. adultos y ancianos. así como para nosotros el béisbol y el fútbol.

se evita torturarlos innecesariamente —agrego con� vencido—. que al ser machacada y hundida en el agua de los ríos produce un efecto soporífero sobre los peces… ¡Y todavía nada! —Parece que las hojas les hacen efecto a ustedes y no a los peces —comenta sardónico papá. Nos ayudan con unas hojas de bakkí.El Chamán de los Cunaguaros. tienen el orificio causado por el arpón en el mismo lugar: justo detrás de las branquias. Probamos con los arpones… ¡Nada! Nos facilitan un arco y unas flechas. Pero de pesca. Viaje por el mundo indígena venezolano llenos de ánimo. Me ayuda el haber leído tantos libros sobre animales y recordar la técnica de los enjundiosos ami� gos kariñas: —Esto revela un buen conocimiento de la anatomía del ani� mal. ¡Nada! Invocan a Uwaptu. salgo bien parado. esen� ciales para mejorar la suerte del pescador. ¡Nada! Los morochos bari empiezan a silbar. —¿Qué? —Piensen. me fijo en algo curioso: —¡Todos los peces tienen el hueco del arpón en el mismo sitio! Juntos. los nuestros les responden: dicen imitar el canto de amor de los morocotos para atraerlos. treinta… no vale la pena seguir contando. Es una forma mucho más precisa y humana de pescar que la nuestra —comento—. mueren instantáneamente. sin sufrimientos. Los peces no experimentan una larga agonía. papá. ¡Nada! Arrojan al río hojas de kwamikurayi. veinte. pues todos. ¿Dónde están sus estudios de zoología y anatomía? Por una vez. -382- . y nos frotan alrededor de los ojos las cenizas de las hojas de pakabiapto para asegurar una buena puntería. Esto tiene mucho que ver con las creencias religiosas de los indígenas. llega directo al corazón del pez y lo mata de inmediato. el espíritu de los peces. ¡Qué puntería! —Y algo más… —sugiere papá. que propicia una pesca exitosa. absolutamente todos. Ellos son profundamente respetuosos de la flora y de la fauna. los amigos bari nos sugieren que participemos en la preparación de la voluminosa parrilla que le sigue. los morochos y yo mismo examinamos los pes� cados: diez. Mientras colaboramos en aprestarla. nada. Pero ni así tenemos suerte. Para consolarnos de nuestro fracaso en la pesca. y procuran causar el menor daño posible al ambiente. El arpón penetra por el opérculo branquial. hierba silvestre parecida al barbasco.

los morochos bari siempre logran seguir nuestros diálogos. abriéndose paso con fatiga. quién sabe dónde? Maigua empieza a llorar. celebrando con gritos la captura de los peces. Es asombroso cómo estos indígenas conocen intuitivamente la anatomía de los animales. y yo. a mi pobre Superloro. Pero de repente. de cada hierba y cómo saben aplicar sus conocimientos. sinceramente. hasta Mucho y Poco que para expre� sarlo. plátanos y yuca. pero no aparece. Se acer� ca Superloro. Pero… apenas comenzamos a comer el sabrosísimo pescado bien cocido a la parrilla acompañado de auyama. las propiedades de cada planta. Me inquieto. abandonarnos ahora. con el pico y las patas.Los Bari. se tragó las hierbas soporíferas y está sumido en un largo. ñame. un corroncho gigante. dueños de la música —¡Correcto! Los presentes aprueban. me doy cuenta de que Superloro no está por ninguna parte. nadie puede contestarnos. pues viene cargadísimo: medio arrastra y medio empuja. ¡tan grande como los que pescaron los indígenas! -383- . peligroso sueño. no lo sujeté. me dan palmadas en la espalda tan fuertes que casi me tum� ban. ¡El susto es grande! Es la segunda vez que desaparece mi loro. quizás presintiendo el fin de nuestro viaje? Recordamos haberlo visto bajar con nosotros hacia el río. brin� car de hombro en hombro de los pescadores. lorito. y le decía: —Atrás. Todos miramos esperanzados en esa dirección. los indígenas colaboran. De alguna forma. La misma preocupación nos embarga: —¡Aquellos arpones tan cortantes! ¡Y ese loro tan vivaracho e inquieto! En mi angustia. internado o fugado en la selva? ¿O acaso por cu� rioso. ¿Lo habrá alcanzado un cuchillo o un machete? ¿Lo habrá herido un arpón? ¿Se habrá perdido. atrás. Pero a mi loro. ¿Habrá decidido quedar� se aquí en la selva. mientras mamá sujetaba a Maigua. ad� quiridos por herencia o por experiencia. un alboroto proveniente de la maleza nos sobresalta. ¡cuídate! Lo buscamos por todas partes. ni le dije: —Atrás. y la primera corrió gran peligro. quisiera hacer otro tanto. cuídate. Preguntamos por él. volví a ver a los Bari que afilaban continua� mente los arpones sobre las piedras con el machete. niña. y atrevido.

¡En lugar de un antro� pólogo vas a ser un arqueólogo. Ocho agrega: —Tú nunca vas a hacer ningún cambio. que nadie co� rre a recibirlo. Nuestros anfitriones se acomodan en las esteras. tuvo tiem� po de tomarlas justamente en el punto culminante de la hazaña. lo echa en el fuego. Nosotros nos reunimos alrededor de papá. Superloro! Quedamos tan admirados observando la escena. se acerca majestuosamente a la parrilla: una vez allí. otras víctimas. Superloro. comentando el valor y la sociabilidad de los Bari. filmar películas. Me provoca hacerles bromas: —¿Ya se cansaron de ser aviadores. lo agarra con el pico. inspectores? ¿Ahora quieren ser productores de cine. Todos lo buscan y celebran. arriesgados. hola! Desde entonces. papá. Superloro se vuelve un personaje popular entre los Bari. Las gestas de los Bari podrían servir de tema para escribir novelas. ¡Un loro pescador. Viaje por el mundo indígena venezolano ¡Bravo. sin soltar el pescado. emocionados y cansados. parrilla y todo! Regresamos al bohío. con corroncho. crear programas de televisión. —A estos indígenas no se les conoce bastante —comenta papá—. encienden las pipas. como si tuvieran en sus manos poderosas cámaras de video. cuándo? Cuéntanos. y hasta un sepulturero! -384- . —¿Cómo es eso? ¿Dónde sucedió. se aleja prudentemente y dirigiéndose hacia el grupo estupefacto que formamos nosotros y los indígenas Bari que nos han ayudado a bus� carlo. o dirigieran desde la silla del director la filmación a punto de empezar. Superloro. indomables. Rafael con su cámara siempre lista. Veo que Mor y Ocho hacen gestos en el aire. al caer de la no� che. pocas veces se ha visto! ¡Afortunadamente. cavernícola —me agrede Mor. Tuponken. levanta el copete amarillo y grita: —¡Hola. le piden a papá que les regale fotos del bizarro animal.El Chamán de los Cunaguaros. o actores? —Cállate palillo. Escuchamos con gran atención. otras victimarios. que la cultura criolla sigue tachando de peligrosos y antisociales. pero siempre osados. A veces fueron héroes. se recuestan en los chinchorros.

¿Han oído hablar de ellas? -385- . y empieza a remon� tar el Catatumbo. De todas for� mas. y algunos hasta llegaron a automutilarse a mordiscos. ¿cómo sabes tú tantas cosas? —Nada especial. es alcanzado por las primeras flechas motilonas de puntas de piedra negra. como si realmente for� mara parte de esas etnias. Arístides Rojas. cuando regresemos. me temo que esta será la última etnia de nuestro itinerario… Creo que papá quiere dar fin aquí al viaje. he leído algunos libros. ellos lo mere� cen… Es extraño. especialmente los de los cronistas e historiadores: Oviedo y Valdés. —Papá. Quizás nuestra aventura indígena deba terminar en el propio territorio de origen de mi hermano desaparecido. dispa� radas desde la selva misteriosa. cuya presencia se delataba a distancia por la fuerza y habilidad con que disparaban las saetas. a la búsqueda. dueños de la música Quizás tenga razón. tan oscuras que reflejaban la luz. otros no. Más re� cientemente. Sin embargo. los cambios son necesarios. y algunos otros. o releerlos. los in� dígenas prefirieron dejarse morir de hambre y sed. porque ya nos envuel� ve en una atmósfera de calidez la voz de papá: —Cuando en el año 1615 el capitán Alonso de Ojeda deja las aguas del lago de Maracaibo. De los libros que ha mencionado algunos los tengo. dejando abierta una esperanza. y qué desesperación! Estamos estremecidos. Yo también quiero leerlos. A partir de entonces. sucedió que muchos fueron apresados: pues bien. Deben estar en la biblioteca de la escuela. ¡Qué valor. —Voy a explicarles también lo que se menciona como las “ca� cerías de Motilones” —prosigue papá—. por primera vez la palabra “regreso” se asoma a mi pensamiento… pero es así. antes que vivir en cautiverio. leí ensayos de misioneros. no tengo la oportunidad de contestarles. Antonio de He� rrera. y relaciones de viajeros.Los Bari. que muchos años más tarde el poeta zuliano Udón Pérez llamaría el “lago de seda”. Oviedo y Baños. fueron muchos los conquistadores que conocieron el rigor de la defensa de aquellos “indios de ojos claros” (así los mencionaban por el brillo de sus pupi� las). Grabo los nombres en mi memoria. mientras otros se suicidaban arrojándose a los barrancos y precipicios de la sierra. Además recuerden que yo he vivido entre los indígenas mucho tiempo —lo dice en tono orgulloso. antropólogos. Quiero conocer más a nuestros aborígenes.

Fue necesario trazar planos de acuerdo con la to� pografía del terreno. cuando éste emprende otro interesante relato: —Mucho costó. Cuando. algunos de los cuales siguen persiguiéndolos con prácticas parecidas aún hoy día. —¡Qué grande sería una película ambientada en el corazón de la sierra de los Motilones. y a hacer mímica con piernas y brazos gritando las palabras bari que han logrado aprender de sus maestros morochos: numerosas. o venidos ex� presamente de países vecinos para apoderarse de estos campos tan fértiles. Tomando como excusa sus supuestas incursiones en los poblados para proveerse de sal y herramientas. organizaban partidas de caza contra ellos. sagrados. implantar el ferrocarril en esta región. el Gran Ferrocarril del Táchira comenzó a funcionar y sus altivas locomotoras cruzaron -386- . Viaje por el mundo indígena venezolano Es una verdad. Forzosa� mente la vía férrea penetró en territorios que los Bari consideraban propios. para sembrar allí sus nocivas siembras. por fin. Y hay que decir que muchos de estos hacendados. pero un poco difícil de filmar —trato de calmarlos yo. pronto dejan el agite y vuelven a agacharse a los pies de papá. los hacendados y ganaderos. artistas… no los para nadie! Empiezan a pegar saltos y brincos. a fines del siglo XIX. de verdad. que por supuesto son muy rentables. pero a la vez exalta la fantasía de mis hermanos. buscar los caminos más accesibles. con estas aventuras! —se entusiasman. como pude enterarme luego: Wira: Barí: Barira: Dombé: listo gente español bravo Barabará: Chi: Akdabai: Abi: nube flecha machete sangre Por suerte. —Sería grandiosa. Esta verdad nos enternece y entristece. con el pretexto de casti� garlos. les quitaban las tierras. o por lo menos atinadas.El Chamán de los Cunaguaros. intocables. los desplazaban. Fue� ron represalias sangrientas contra los Bari. una de las tristes verdades de nuestra historia. son en realidad sembradores de cultivos ilegales. y si se resistían los masacraban con armas de fuego. —¡Ya se sienten directores de películas.

y a mi tierra! Hubo que acercárseles. ofendidos. amargados pero satisfechos. troncos grandes de árboles. —Vamos a hacer una película —insisten los morochos—. Lo vemos como en un largometraje: aquellos arrojados y venga� tivos indígenas. Ya están lejos. los pasaje� ros y el personal hostigado y atacado a flechazos. Los niños lloran. lo que pasa es que no va� lorizamos nuestro pasado. Pen� sar que se han hecho tantas sobre los pieles rojas. Hacían detener el tren. tiros de escopeta. O bien se acercan a los vagones. -387- . entraban en él por las ventanillas. piedras. dueños de la música ruidosamente los valles. El tren de los Andes fue clausu� rado pocos años más tarde. —Tanto —aclara papá— que hubo que suspender la recién in� augurada travesía del ferrocarril. y no hemos sido capaces de hacer una sobre las hazañas de nuestros propios indígenas! —Material. se gestaron también en Venezuela. Veloces. y hasta hoy no ha sido restablecido. a veces herían a los pasajeros y los robaban. y con golpes de macana amenazaban. Los indomables Motilones ponían obstáculos en la vía. Tienden los arcos. por el peligro que representaban los indígenas. Sin embargo son hechos de vulgar delin� cuencia. pactar con ellos. y hasta peores. lamentos. en época de Gómez. apuntan con infalible instinto. —Es un hecho penoso. espetándoles en la cara: —¡Vengo a robarte. lo habría —les apoyo—. Yo nunca supe que los famosos asaltos a los trenes que vemos en los filmes del oeste. atemorizan a los pasajeros con sus largos bastones o macanas negras en las cuales se aprecia con bella talla su tótem o animal tutelar. silen� ciosos y temibles: los primeros trenes fueron asaltados. Gritos.Los Bari. pero no podemos dejar de pensar que entre los llamados civilizados. oírlos. aún hoy día se producen sucesos pa� recidos. la nube de flechas vengadoras envuelve el tren. recluidos en lo más impenetrable de la selva. las muje� res se desmayan. no tienen ese halo de audacia. es� perando que el silbido de la locomotora anuncie el paso del convoy. como tú a mí. de heroicidad —reconozco. los indígenas se hicieron presentes. aceptar sus condiciones. ocultos detrás de los tupidos árboles. trepan a las ramas con su carcaj a la espalda. no conocemos bien nuestra historia. los mohicanos… ¡las vemos a diario.

sigilosos. ¿qué hi� cieron? —¿Cómo fue?. un brigadier realista originario de Ceuta de nombre Ramón Correa. No puedo darles mu� chos detalles a este propósito. descalzos. a su gente. con su cabello reluciente. los bravos indios. más apasionante que todas las películas. pero nunca llegó a luchar contra Bolívar. cuántas sorpresas. —¿Pero?… —¿Fue una toma de conciencia instintiva. del� gados. hemos entrado en nuestra historia nacional. algún mensaje atávi� co? ¿Una intuición? ¿Fue acaso un sentimiento de apego a su tierra. Pequeños. logró reunir un grupo de guerreros indíge� nas. que se negó a combatir contra los libertadores de su propia tierra. emociones. cautos. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Han oído ustedes hablar alguna vez del “Batallón de los Motilones”? —nos interroga a este punto nuestro padre. ¡Cuántos secretos.El Chamán de los Cunaguaros. Cuando se dieron cuenta de lo que se les exigía. Nuestra ignorancia es grande. Ahora ya no estamos frente a una pantalla de cine. con su acostumbrada. pero todos nosotros queremos recorrerlo. positiva disposición hacia los valores indígenas. Este fue el fin del “Batallón de los Motilones”. hacia 1812. Estamos asombrados. porque sería necesario hacer una investigación histórica más profunda. desapare� cieron uno a uno entre los árboles. el carcaj lleno de flechas. Contra los patriotas. ¿cuándo ocurrió? —Al comenzar nuestra Independencia. Rescatar su vida -388- . ágiles en sus guayucos colorados. a los demás venezolanos? ¿O quizás el nombre y el valor de Bolívar habían llegado hasta ellos? No nos atrevemos a preguntar. Los llamó “Batallón de Motilones”. exaltados. el suspenso es casi irresistible: —No puedo decirles cuál fue el motivo: el “Batallón de los Mo� tilones” se formó. Pero… Todos callamos. nuestros aborígenes no lanzaron ni una sola flecha. los arcos tendidos. y quiso llevarlos a la lucha en contra del Libertador. encierra la historia compleja y legendaria de los indíge� nas! Será largo y difícil el camino para conocerla y para compren� derla. Por la sorpresa y el interés nues� tras preguntas se atropellan: —¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quiénes eran?. retomaron el camino de la selva. Lo cierto es que en aquella época.

el de nosotros los indígenas. pe� netra en oleadas el frío de la noche. murciélagos. dueños de la música y su historia. Lo último que veo antes de quedarme dormido es su rostro pensativo. Extraños pájaros nocturnos aletean y graznan entre la espesura.Los Bari. ahora es preciso partir. mecen las copas de los árboles más altos. tal vez. Alrededor de nosotros se ha ido intensificando la oscuridad. de tanta esperanza. —Pero no opuestos. Nos sentamos en un círculo cada vez más estrecho. después de tanta búsqueda. pero convencido de estar haciendo lo mejor. Mamá nos alcanza las cobijas. valorizarlas. No podemos sustraernos a este impostergable deber. Admite que es tiempo de finalizar su peregrinar en pos del hijo. Él conoce tu búsqueda. que es el nuestro. silbidos de arañas. mi padre comprende que debe renunciar. Con pe� sar. y se hace más profunda la calma nocturna. Papá respira profundamente. Con la humedad. la noche agujereada por miles de ruidos: grillos. Ráfagas heladas agitan las hojas. para no perderme ni una sola palabra. los Bari. resignado. Las ramas se quiebran con un crujido seco. Las mismas que tenemos nosotros. -389- . Trato de aguzar el oído. de este largo recorrido por las regiones y comu� nidades indígenas. también lo sabe. blanquea las piedras de la orilla y se derrama más allá. visitar las tierras que no pudimos conocer. La selva está oscura. partidas por los araguatos que aprestan su lecho col� gante. Decide regresar. —Ustedes saben que nunca dejé de buscarlo. tenemos que asumirlo y cumplirlo. sobre la arena húmeda. Mis hermanos dormitan. A la luz parpadeante de la fogata observo que Akuero se acerca a papá. Nuestros caminos deberían encontrarse. Sé que al día siguiente nos comunicará con firmeza que hemos llegado al fin de nuestro viaje. Tiene las facultades de su abuelo y de su madre. Des� pués de tanto viajar. intenso. pero quizás está consciente de que su cami� no y el tuyo son diferentes. Rafael… Por ahora debes dejar que él realice su destino. La luna se eterniza en saltos y cabriolas sobre el río. Nos recostamos todos en los chinchorros. es un deber hacia nuestros aborígenes y hacia nuestro país. —Aparicuar. Que si bien en un futuro podríamos volver. —Algún día. que hice todo lo posible por encontrarlo.

pero profundamente humano: ¡el Chamán de los Cunaguaros. Una flauta lejana. es el viento en la hojarasca: —¡Padre! La voz de papá es apenas un trino. pensativo y fiero. extraña y sorprendente. eterno en su soledad. mi hermano! La revelación me deja en suspenso. Tanto esperar por su presencia y allí estaba. de un color indefinible. No nos atrevemos a movernos. verde selva. En un parpadeo. Yo contengo la respiración y me imagino que mi padre también. se deja oír. ¡Jamás pensó que su hijo era aquel misterioso indígena que visitaba todas las etnias. mi hermano! El orgullo me hace detallarlo claramente. y también. La noche misma se queda inmóvil. Nos mira fijamente. un puma más grande va a su lado y algunos linces lo rodean obedientes. La brisa ya no juega entre bejucos y ramas. Avanza sigiloso en la oscuridad. Yo ardo en deseos de hablarle. cercano y distante. El sonido salvaje de aquella flauta me desvela. ¿Qué color es? ¿Amarillo hierba. llevando una palabra de aliento. Viaje por el mundo indígena venezolano Al rato todo parece detenerse. su cuerpo brilla. Sólo la luz de la luna sigue bailando dentro de las ondas del río. ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Sus cabellos fluctúan con el álito nocturno. los pájaros selváticos suspenden su revoloteo. un susurro. Parece más bien el canto de un moriche. de confianza! ¡El Chamán de los Cunaguaros! ¡Aparicuar. A sus pies. esperando la luna llena -390- . él está frente a nosotros. envuelto en un mágico resplandor. que mira a su vez en silencio. Cesa el canto de los grillos. con unos ojos ra� ros. a papá. miel de árbol? ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Su voz resuena como un río crecido. fascinado. imagino. cuando le con� testa: —¡Aparicuar! No hay más palabras. Varios cunaguaros jóvenes lo siguen al mismo paso.El Chamán de los Cunaguaros. los cu� naguaros acechan fieramente: ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Papá lo contempla inmóvil. el ágil ave de los bosques que gorjea intensa y melodiosamente. envuelto en un halo de cocuyos. como el sonido del carrizo en el viento. Desde mi hama� ca puedo observar a mi padre. Entonces lo vemos pasar. detenida en el tiem� po. dora� do luna. ungido de aceites vegetales. com� pletamente despierto.

o bien atravesándola en la oscuridad. cumplien� do un vaticinio de magia y hechizo de una antigua etnia. ¡Aparicuar no se quedaría con nosotros! Él no podía hacerlo. nuestra fami� lia. del destino de mi hermano. Aparicuar tiene nuestra sangre. colibrí de monte. Su imagen se había vuelto una con la selva. de formar parte de los González Uribe. es hijo y hermano nuestro. Es el símbolo de la pervivencia indígena. sus tradiciones. como se pierde el celaje índigo de la noche al llegar el alba. su memoria. su ros� tro era hoja. su larga cabellera flotante. Y algo más de mi presentimiento se cumplió: nosotros encon� tramos un significado. para promover una respuesta digna. rodeado de su impresionante séquito de cunaguaros. una nueva visión de la vida. sus habilidades y capacida� des distintivas. serpiente elusiva. in� tensamente. no sabía si todo había sido un sueño. pertenece a nuestra descendencia. a seguir por ese difícil camino de la vida? Erguido ante nosotros.Los Bari. su idioma. y de nuestro pue� blo venezolano. flor. sonríe y desaparece. Aparicuar nos contempla profunda. ¡Nuestro viaje no había culminado en una renuncia. Cuando intento decirle algo. Debía continuar recorriendo todas las et� nias. Debía seguir siendo el representan� te de la especificidad de los pueblos indígenas. ¡Se había cumplido mi presentimiento! Sabía que en este viaje encontraríamos algo muy importante para nosotros. para reafirmar y valorizar los méritos internos de cada cultura. dueños de la música para cruzar la selva. un acercamien� to noble a la discriminación y exclusión de que había sido objeto el pueblo indígena durante siglos. Al amanecer siguiente. para que nos ayudara a crecer. de su crecimiento intercultural. Mas a la vez. dejaba abierta una esperanza! Habíamos logrado encontrar al hermano: ¿lograríamos in� tegrarlo a nuestra familia para que participara de nuestras propias vivencias y memorias. leve gruñido de felinos salvajes. es chamán y mucho más. ni de la gente criolla. Observo los dibujos rituales de su cara. el promotor de su identidad y diversidad. pero ni su mirada ni su gesto delatan la intención de dejar la selva. su olor selvático. Y lo hallamos: la revelación de la misión de Aparicuar. En menos de un segundo ya no estaba allí. -391- . a nuestra familia.

Me quedo pensando. su aporte racial y humano a la hermosa raigambre aborigen. Pero. ¿lo son realmente? ¿No hay una vía de acercamiento. de un verdadero chamán. que con una rapidez sorprendente. Se acerca Akita. Sobre la selva se levanta un nuevo sol. a la vez. en un personaje mágico. aparentemente distantes. Aspiro profundamente. nuestros oídos extrañarán las voces de la selva nublada. el alba asoma perezosa tras un cerro y se van distinguiendo los contornos del pai� saje: las plantas. se ha realizado el verdadero encuentro de dos culturas. tratando de apresar en mis pulmones los olores frutales del monte. la joven hija de Bandú. las emanaciones del campo llovido. Cuando estemos lejos. mítico. en un cuerpo de hombre. Mi padre es. ¡Es como si fuera el padre de toda Venezuela! De los indígenas. en el Chamán de los Cunaguaros. enciende el antiguo fuego. no fue un sueño —me asegura reflexivo mi padre. con el verdor que embriaga los sentidos. de los criollos. de dos mundos diferentes. En un ser humano. con ma� yor multiplicidad cultural y étnica.El Chamán de los Cunaguaros. y también es nuestro padre. Proveyó su sangre. Viaje por el mundo indígena venezolano —No Filatelio. y a no� sotros nos dio también su savia. de entendimiento? Se hermanaron en un punto la sangre indígena y la criolla. Mi papá es el padre de un indígena. producto de muchas mezclas étnicas. de los pioneros de nuestra existencia americana. más amplia. Él es el padre de dos culturas. Parvadas de pájaros enjoyados saludan la aurora. la hoguera ya apagada. ¡Padre! Es una palabra para pensar. Los colores del mundo indígena. la tibieza de los fogones. sus enormes hojas lujuriantes. puros. esas abigarradas mezclas étnicas se pueden reencontrar en una Venezuela nueva. En mi hermano. sopesando la palabra que Aparicuar le di� rigió a mi querido progenitor: “Padre”. por él tenemos tantos rasgos di� ferentes. Y mis ojos se llenan con los ojos brillantes de los Bari. Esos rasgos distintos. la choza. pronto no serán más que un recuerdo. con el vuelo de las mariposas. -392- . de todos. Una palabra hermosa. vibrantes.

el ruido de cada pájaro nocturno. bajo la noche de mis antepasados. padre.Palabreo del chamán después de ver a su padre En esta oscura inmensidad azul. aunque yo mismo lo desee. selvática y profunda. 393 . bañando de un brillo estéril las piedras. con mis plumas y abalorios. aunque te dé ventaja y te abra las puertas de mi alma. Y veo ante mí la madre luna. Me abro inmóvil bajo la noche. Con mis cunaguaros y mis pumas ando y desando la selva. desnudo de pasado y de presente me entrego a la noche con todos mis recuerdos. mansa y perdurable. tupidas de espeso monte y noche clara. Nunca podrás alcanzarme. mojando todo con su plata antigua. bebiendo en el agua arremansada de las pozas. siento el calor de cada estrella.

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

Te veo allí dormido, y me pregunto con qué sueñas, cuáles caminos de ciudad visitas mientras duermes, me quedo silencioso junto a ti y no me ves, ni me sientes. Yo sin embargo me agazapo para velar tus ensueños, y siento que vagas por rutas que no conozco, raros ruidos, gritos, humo, casas llenas de gente, algarabías, luces extrañas. Pero en la noche dilatada recuerdo con alegría tu sonrisa, las palabras cariñosas, “Ven, hijo, recoge estos jobos, vamos al río”, en una lengua ágil y sonora que siento tan mía y tan distante a la vez, tan amenazante como esa ciudad que brilla y tiembla en tus párpados dormidos. Y rememoro tu inmenso pesar al despedirte cada vez que nos veíamos, cuando apenas era yo un niño, capaz de cabalgar una lapa o un picure y las flores para mí hablaban con la voz ajena de mi madre. Que no alcance nunca a mi padre la maldad de las serpientes, que no sucumba al acecho del caimán ni al rugido del yaguareté, Padre, amigo de siempre, yo me miro en ti y te siento, sé como el puma en la espesura, prudente y sabio, invencible y fuerte. Más solitario que nunca me abro paso entre las cepas de malangas, entre los grandes helechos gigantes, entre los bejucos plateados a esta hora plenilunar, me hago uno con la luz, salto con mis pumas en el monte, acecho las casas de los pueblos, rondo las hogueras de la gente, alerta merodeo y doy vueltas en mis hoscos pensamientos, mientras el humo de mi tabaco

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Palabreo del Chamán después de ver a su padre

legado fiel de mi padrino se va apagando y va apagando la luna esa aurora que llega arrastrándose, con pasos de serpiente.

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Canto a mi hermano indio
Canto a mi hermano indio, el del pie desnudo, el de los ojos transparentes, El que cruza la selva pasando ríos y caños, remonta la luna llena y contempla el resplandor de los cocuyos. Canto a mi hermano bari, el sabio, el poderoso chamán de las crecientes, el que camina entre hoscos cunaguaros, con paso leve y firme, con el mismo sigilo del mochuelo, de la lechuza gris que vaga entre la niebla. Canto a su fuerza, a su camino, al ritmo inspirador de sus pasos, en esta aventura de ensueños, de suaves mariposas azules, de grandes océanos de selva, de bosque interminable donde sentimos el pulso de los árboles, el resonar del canto del piapoco, y reímos como warao, como yukpa, cantamos como kariña, como jodi, como bari,
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bailamos como sape, como pemón, como wayuu, soñamos como yekuana, yanomami, yaruro. Luchamos como wayuu, bari. Canto a mi hermano indio, a la noble pureza de su espíritu al futuro de nuestra raza, al despertar de la fuerza indígena, al alborear de un nuevo sol que borre todas las fronteras, que una todas las lenguas. Yo buscaré la huella lenta de mi hermano, lo hallaré entre la espesa selva, con la magia de los astros me hablará de tiempos absolutos y perfectos.

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Canto del chamán a la gente antigua
Canto a mi raza bravía, hermosa, canto a mi estirpe de jaguar, a mi linaje de montaña, a mi sangre que es savia y esencia de la selva. Canto a mi gente antigua, mi gente, cónclave de estrellas, siembra de lunas remotas, sendero de flores secretas, mujeres que ríen con gracia, mostrando sus ojos de piedra húmeda, y su paso de río entre las hierbas. Hombres que silban y sueñan, gente que sube a lo más alto para encontrarse con los astros, niños que hablan como pájaros, guerreros incansables, cazadores perfectos, que entran a los dominios de Kanaima
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y desafían sus poderes para rastrear la huella del danto, del báquiro que rompe la maleza, del paují que se pierde en la espesura. Miro a mi gente desde lejos y mi pecho crece altivo de un orgullo infinito, por mis hermanos sabios como la paraulata de monte por mis hermanos fuertes como el oso de la selva, por mis hermanos agudos certeros como jaguares, luminosos como peces, hermosos como mariposas, aéreos como libélulas.

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Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros
No volveré quizás a ver a mis hermanos, los que son dos y uno, los del mismo rostro repetido, los que gorjean como el curiñatá. Siento nostalgia por ellos, por mi hermano el sabio silencioso como las cautas teracayas. No volveré quizás a escuchar desde lejos a mi padre perdido, siento nostalgia por este padre fuerte y firme, como un árbol de la selva. Por esta hermanita que brilla como si llevara el sol en su cabeza, por esta madre amiga que va con ellos, menuda y serena como la lluvia, como la tarde. No volveremos a vernos quizás no volveré a sentirlos desde lejos, no escucharé sus voces alegres,
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sentados a la lumbre del shabono. ahora pleno de añoranzas y recuerdos. hablando y comentando las cosas de las ciudades. de la lluvia limpia sobre los helechos. del tráfico inclemente. mi paso por la selva. de soles compartidos. trepando como el zorro y como el puma. ajenos. Y proseguiré mi cacería de sueños. del parloteo del río con las curiaras. Viaje por el mundo indígena venezolano no sentiré ya deseos de ir a su encuentro. de la lluvia sucia sobre el asfalto. ellos volverán. o las cosas de la selva. quizá vendrá un tiempo de reencuentros donde estaremos bajo la misma luna antigua. -402- . distantes. Los sabré lejos. la selva los traerá en canoas de esperanzas volando como los guacamayos. un tiempo de luciérnagas y ríos. Volveremos a vernos en un tiempo de claras mariposas. andando otros caminos.El Chamán de los Cunaguaros. perdidos entre otra gente como ellos. Pero quizás vendrá un tiempo de orquídeas. del agua que cae desde lo alto. en un tiempo de auroras.

soledad del río al atardecer. a las lunas antiguas de su raza. Pero canto a la altivez de mi hermano. y me hice danto. 403 . sigiloso candirú. Era el sonido de su flauta remota. anduve a lomos del caballito del diablo. buscando el rastro del báquiro. me volví culebra de monte.Canto final de Filatelio Un recorrido incierto Entre atrevidas luciérnagas me llevó a los dominios de la libélula. y la voz de la selva era la voz de mi hermano. volé sobre un guacamayo. a su pie cobrizo sobre la huella del tapir. caimán. era el rugido de los cunaguaros que lo rondan. Volveré a ver el rostro fiero de mi hermano. Y escuché la voz de la selva. rumor de brisa entre bucares. entre las aguas arenosas. me enrosqué en los árboles. Su recuerdo me cerca y me acompaña.

Hermano mío. tigres y hombres. encierra misterios para mí. luego el agua. y seré con mi hermano. hermano mío. hermano. el suave centro de su alma. en nuestro pueblo. rodeado de agrestes cunaguaros. amigo. a la danta. seamos uno y todos a la vez. y pisaré de nuevo esos caminos lejanos. celebremos la vida de nuestros pueblos. dancemos juntos al calor de las estrellas. al loro real. con tu flauta de siglos. Yo encontraré la fuerza elemental. Primero fue la piedra. inmensas torrenteras cascadas rumorosas. brillemos como cocuyos en la noche.El Chamán de los Cunaguaros. y él conmigo hombres y cunaguaros. y luego vino el hombre indígena dueño de todos los caminos. que caminas contagiado de lunas. Volveré a la gran selva dormida. despertaré al paují al ciervo. saltemos como peces. con tu piel de relámpago. como garzas. -404- . y dibuja tu signo en las estrellas. Hubo lunas lejanas cuando esta selva era solitaria y umbría y sólo el canto del paují trizaba la hojarasca. dame la mano. traza tu propia huella entre los otros. señor de la lluvia y la tormenta. Viaje por el mundo indígena venezolano La selva aún guarda respuestas. Hermano amigo.

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. . . . 101 Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada . . 27 Palabreo del chamán . . sombra y alma . . . . . . . . . . . . . . . antiguos guerreros . . 99 Los pemónes. 173 Palabreo del chamán para Maigualida . pobladores de la niebla . . . 13 Vuelta a Venezuela indígena . . 171 Los Yekuana. . . 37 Los waraos. . . 77 Los kariñas. 203 . . . . . . . . . . . . . 15 El Chamán de los Cunaguaros .Índice Agradecimiento . . 133 Tarén de un joven perdido en la selva . . . . . magia en sus palabras . . . 135 Los Sape. . . . . . . .79 Monólogo del Chamán de los Cunaguaros . . . . . . . . . . . . 11 Nota . . . 137 Palabreo del chamán al pensar en Filatelio . . . .39 Muerte de Sesebe . . . gente de canoa .

. . . 399 Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros . . . dueños de la música . . . señores de la sierra . . . 401 Canto final de Filatelio . 393 Canto a mi hermano indio . . . . . . .Los Jodi. . centinelas del viento . 273 Coro de la selva . descubridores de misterios . . . . . . 301 Coro wayuu . . . . . 365 Palabreo del chamán después de ver a su padre . . . . . . . . . . 269 Los yaruros. . 335 Los Yukpa. . . hijos de la luna . . . 229 Los Yanomami. . 337 Kun apanane . 409 Bibliografía esencial . 361 Canto yukpa . . guardianes de la selva . . . . . . . 231 Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar . . 397 Canto del chamán a la gente antigua . . . 363 Los Bari. . . El diluvio .405 . 299 Los wayuus. . . . . . . . . . . . 205 Palabreo para Carmen . . . . . .

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Fundación Editorial elperroy larana .

Se terminó de imprimir en abril de 2008 en la Fundación Imprenta Ministerio de la Cultura Caracas. Venezuela.000 ejemplares impresos en papel Mando Creamy. 60 gr. . La edición consta de 3.

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