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El Chaman Delos Cunaguaros

El Chaman Delos Cunaguaros

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  • Agradecimiento
  • Nota
  • Vuelta a Venezuela indígena
  • El Chamán de los Cunaguaros
  • Palabreo del chamán
  • Los waraos, gente de canoa
  • Muerte de Sesebe
  • Los kariñas, antiguos guerreros
  • Monólogo del Chamán de los Cunaguaros
  • Los pemónes, magia en sus palabras
  • Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada
  • Tarén de un joven perdido en la selva
  • Los sapes, sombra y alma
  • Palabreo del chamán al pensar en Filatelio
  • Los Yekuana, pobladores de la niebla
  • Palabreo del chamán para Maigualida
  • Los Jodi, guardianes de la selva
  • Palabreo para Carmen
  • Los Yanomami, hijos de la luna
  • Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar
  • Los yaruros, centinelas del viento
  • Coro de la selva
  • Los wayuus, descubridores de misterios
  • Coro wayuu
  • Los Yukpa, señores de la sierra
  • Kun apanane. El Diluvio
  • Canto yukpa
  • Los Bari, dueños de la música
  • Palabreo del chamán después de ver a su padre
  • Canto a mi hermano indio
  • Canto del chamán a la gente antigua
  • Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros
  • Canto fnal de Filatelio
  • Bibliografía esencial
  • Índice

El Chamán de los Cunaguaros Viaje por el mundo indígena venezolano
Marisa Vannini de Gerulewicz

© Marisa Vannini de Gerulewicz © Fundación Editorial el perro y la rana, 2008
Centro Simón Bolívar Torre Norte, El Silencio piso 21, Caracas - Venezuela. Teléfonos: 0212-377-2811 0212-808-4986

correos electrónicos:

elperroylaranaediciones@gmail.com
corrección: Yessica La Cruz Báez portada y diagramación: Carlos Herrera diseño de la colección: Carlos Zerpa ilustraciones: Myriam Álvarez
hecho el Depósito de Ley
N° lf 4022008800649 ISBN 978-980-396-991-2

Milagros Carvajal

c o l e c c i ó n Páginas Venezolanas

La narrativa en Venezuela es el canto que define un universo sincrético de imaginarios, de historias y sueños; es la fotografía de los portales que han permitido al venezolano encontrarse consigo mismo. Esta colección celebra –a través de sus cuatro series– las páginas que concentran tinta como savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes. La serie Clásicos abarca las obras que por su fuerza se han convertido en referentes esenciales de la narrativa venezolana; Contemporáneos reúne títulos de autores que desde las últimas décadas han girado la pluma para hacer rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas; Antologías es un espacio destinado al encuentro de voces que unidas abren senderos al deleite y la crítica; y finalmente la serie Breves concentra textos cuya extensión le permite al lector arroparlos en una sola mirada.

Fundación Editorial

elperroy larana

A todos mis antiguos y recientes alumnos: los de kinder, preparatorio y primaria del Instituto Montessori y del Colegio Lourdes; los de las clases particulares a quienes enseñé a leer y escribir con tanto cariño; los de las clases de Italiano y Español del Instituto Venezolano Italiano de Cultura; de los Liceos: Pedro Emilio Coll, Instituto Politécnico, Guadalupe, San José de Tarbes, Cultura, América, Moral y Luces; a las maestras y maestros criollos e indígenas del interior del país, mis alumnos presenciales y a distancia de la Universidad Nacional Abierta; del Instituto Pedagógico; de la Universidad Católica Andrés Bello, de la Universidad Metropolitana y muy especialmente a los de la Universidad Central de Venezuela, que me han acompañado por muchísimos años. Todos ellos fueron para mí presencia, apoyo y estímulo en las letras, cultura y vida. A mis hijos y a mis nietos: Leonardo Simón, Gerardo Américo, Donatella Maigualida Gerulewicz Vannini; Natalia y Fabián Hernández Gerulewicz y Eugenio Clemente Gerulewicz Rojas.

y ha sido complementado con consultas a especialistas y con una investigación bibliográfica. El texto. y para muchos desconocido. de las maravillosas culturas aborígenes. cuya acción se desarrolla en las co� munidades indígenas de Venezuela. se propone reflejar en forma documental la realidad y situación actual de estas etnias y poner al lector frente al universo inmenso. basado en un reco� rrido personal a través del mundo indígena. contiene observacio� nes directas sobre las etnias tratadas.Este relato de corte juvenil. .

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Joanna y Kaplan. R. Saler. Caracas. Overing. en la cual nos hemos apoyado para nutrir nuestra narra� ción: Heinen. Los pemónes. Philippe. de la Dirección Nacional de Asuntos 11 . David John. Coppens. Los Jodi. H. Los Wayuu. Ruddle. Los Yanomami. Los Sape. 1983�1988. Kenneth y �ilbert. Los Piaroa o Maquiritare. Los Yukpa. publicada por el Instituto Caribe de Antropología y So� ciología de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. Benson. de la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio de Educación. Los Warao. que figuran como ensayos en la obra Los aborígenes de Venezuela. Los Yaruro. Thomas. Agradezco también la colaboración de los antropólogos y lin� güistas Esteban Emilio Mosonyi.Agradecimiento Los datos documentales que ilustran los capítulos siguientes han sido tomados de las valiosas investigaciones editadas por �al� ter Coppens. M. �alter. Omar Gon� zález. Mitrani. �alter. Coppens. Jacques. Dieter. �alter Coppens. Ronny Velásquez. Johannes. Lizot.

maestras y colaboradores indígenas.El Chamán de los Cunaguaros. la Biblioteca Central de la Universidad Central de Vene� zuela. -12- . y muy especialmente de los maestros. Javier Armato. de la Dirección de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura. Viaje por el mundo indígena venezolano Indígenas. la Biblioteca de la Fundación La Salle. con particular afecto para Ana Cecilia Apashi. Jesús Ramón Opi� rashi y Efraín Ramos.

hemos intentado acercarnos a las etnias indígenas más numerosas. 13 . tratando de mante� ner una secuencia lógica y accesible al lector juvenil.Nota En este relato hemos establecido el recorrido por la Venezuela indígena en una forma espontánea y fortuita. dentro de las limitaciones y de la fabula� ción que implica una obra narrativa. Sin ceñirnos estrictamente al rigor geográfico de un escrito de mayor densidad científica o antropológica.

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fortalezas. ar� tesanía. a la costa. —Yo me quedo en Caracas. Filatelio González. al llano. o bien una de tipo comercial. —¿La vuelta a Venezuela? —Tal como lo oyen. flacuchento. folclore. a través de antiguos caminos. estudiante de noveno grado de la escuela básica. de mediana estatura. orejas pronunciadas. —Pero. la vuelta histórica. rasgos especiales ninguno. ¿qué vuelta? Puede haber muchas clases de vueltas… —Claro. 14 años. Hay la vuelta turística. y regresamos por el occidente. regular eje� cutante de cuatro. trigueño. buen deportista. —¿Y tú? Tú. Así mismo. leer y jugar béisbol. cabello negro y liso. a la finca de mi abuelo. ¿a dónde vas? —Yo… yo voy a dar la vuelta a Venezuela. Yo. iglesias. sitios de batallas. —Yo. para ver paisajes. compañeros: salimos hacia el oriente. con miras 15 . una visita a todos los parientes.Vuelta a Venezuela indígena —¿Dónde van ustedes a pasar las vacaciones? —Yo. ver televisión. con mi padrino que es pescador. voy a dar la vuelta a Venezuela. ojos oscuros. a dormir bastante. Podría ser una vuelta de tipo familiar.

apoyo. Maigualida.El Chamán de los Cunaguaros. y yo mismo. están desiertas. ex guardia de fronteras. Superloro. caminamos uno tras otro. Los dos morochos. Filatelio. Las calles de los Jardines de El Valle. El campanario de la Catedral lanzó hace poco los cuatro toques de la madrugada. de piel cla� ra y mejillas rosadas. el más moreno y ágil. Papá. alto y fuerte con sus anchos hombros protectores. al empezar las vacaciones. —Explica. inconfundible -16- . largo y difícil de pro� nunciar. enfermera en un hospital público. Cierra el desfile. Carmen Uribe. pero tiene algo de todas estas. un au� téntico loro real amazónico. nombre que me obsequió un abuelo extravagante aficiona� do a las estampillas… todos. Muñeca. redonditos como bojotes y por eso apellidados el número “ocho”. Mor y Ocho. a la que llamamos así porque aún no acepta su nombre. nuestra hermanita de tres años. Filatelio. donde habitamos. mamá. con años de experiencia en la prensa nacional. Superloro. recogida su abundante cabellera azabache en un pañuelo de algodón de vivos colores. frágil. saludables y siempre con ganas de inventar. revueltos los claros cabellos que recuerdan un antepasado nórdico. en la actualidad competente fotógrafo reportero. menuda y leve como la brisa de la aurora. también denomina� do Supermudo porque habla sólo si algo le entusiasma. Mamá. Muñeca. los ojos intensamente azules. 46 años. trigueña. de frente color del sol. mi compañero inseparable. Papá. llamado a veces “palillo” por mis dos traviesos hermanos. posado sobre mi gorra. alumnos de cuarto grado. —¿Y qué tipo de vuelta es la tuya? ¿Alguna de estas. bostezando a esa hora tan oscura. Las veredas de Coche se arropan silenciosas en la oscuridad para defenderse del frío. la que voy a dar junto con mi familia. el rostro sereno. los morochos. con el pelo lacio y mis orejotas ocultas bajo la gorra de béisbol. Y yo. En fila. u otra dis� tinta? —La mía es distinta. llena la cabeza de buclecitos dorados que la hacen parecer una antigua muñeca de porcelana. Viaje por el mundo indígena venezolano a examinar la producción y el mercado… o quizás una “vueltecita” política para conseguir votos. Es aún noche cerrada. entonces. realmente. talentosos canto� res expertos en el arte de silbar. ¿qué vuelta es? —Es una vuelta muy especial. 34 años. Rafael González. saldremos a dar una vuelta muy especial: la vuelta a Venezuela indígena.

cin� tas para el cabello en tonos brillantes para las muchachas y sandalias de goma que aprecian bastante. llenas de una cantidad de cosas que de seguro resultarán inútiles. pilas y mapas viales: todo esto lo -17- . que resulta muy cargado. trípodes y por supuesto. los vistosos y llamativos regalos que piensa ofrecer a los indígenas. Los siglos XVI y XVII los conquistadores se asombraban mucho de esto. Aunque hoy andan descalzos. pero fue sólo a fina� les del siglo XIX cuando el caucho fue utilizado industrialmente en suelas de zapato. Les llevamos radios de pilas con una buena provisión de ellas. calzaban en tiempos precolombinos zapatitos de caucho. mientras ellos argumentan. los naturales. tan integrado que lo llamamos cariñosamente “Tío Jeep”. no grande por cierto. para que accedan más fácilmente a que se les tomen fotos. unida a la escasa familiaridad con artefac� tos como la cámara fotográfica. El jeep azul. Pero con el tiempo han ido perdiendo sus temores más fuertes y hoy día. Hace años nadie lograba fotografiarlos. Resuelvo la pelea sentán� dome yo allí. exuberante vocalización y alegre personalidad. con cámaras. Muchos de ellos pen� saban que la cámara podía capturar su alma junto con la imagen. Como de costumbre.Vuelta a Venezuela indígena por su plumaje de bello colorido. Introdu� cían el pie directamente en el látex que al solidificarse formaba allí mismo excelentes calzados. y porque ambos pretenden sentarse en el único espacio medio libre detrás de papá. verdaderos descubridores de los mejores usos del caucho. Los morochos arrastran dos enormes mochilas. es posible obte� ner muy buenas y naturales imágenes. ni la cobija rosada de la buena suerte. Mamá quiere cerca de sí el maletín de enfermera. a la medida. Yo soy el encargado de las linternas. los hace un poco aprensivos. si se les pide permiso y se les ofrece uno que otro obsequio. cachuchas para los hombres. o que el hecho mismo de retratarlos era cosa del más allá. Muñeca se cuida de no perder su almohadilla azul. porque él tiene que echar bien hacia atrás el asiento para extender sus largas piernas. ya empiezan a discutir porque cada uno quiere saber lo que lleva el otro sin revelar lo que él mismo carga. que creció con nosotros y nos acompaña siempre. Lo abordamos llevando a mano lo más importante. caballo de batalla de nuestra familia. está cargado desde la noche anterior con equipaje y provisiones para más de un mes. aun� que su habitual timidez. Papá aco� moda su equipo de fotógrafo y camarógrafo.

Papá domina bien rutas y caminos porque durante su juventud trabajó en la Dirección de Fronteras. a las veredas. con el nombre que les dieron a los nativos de América los primeros viajeros que creían haber llegado a la India. o acaso temor. ha decidido emprender un recorrido específico para tomar fotografías de los indígenas en diversos aspectos: rasgos individuales. Sin duda debe ser otro universo —pensábamos los jóvenes—. pocos y pocas veces la pueden dar! Estamos llenos de expectativas. Brasil y Colombia. calendarios. Si logra reunir suficientes y buenas fotos. Superloro asomán� dose a la ventanilla trasera. sur y occidente de Vene� zuela y de los territorios limítrofes entre Venezuela. avanzamos rápidamente. ambiente. televisivos. los morochos encaramados encima del equipaje. Detrás. a la escuela: ya estamos en marcha. Viaje por el mundo indígena venezolano he ubicado en mi amplio morral escolar y como complemento per� sonal llevo al hombro mi cuatro viajero y al pulso mi inseparable e infalible cronómetro. agendas. mamá a su lado. el valle de Caracas aún sueña. se empieza a abrir el cielo a las luces del amanecer: vamos hacia el este. o como familiar� mente hemos venido llamándolos. reunirlas en un libro. los González�Uribe. comprenda y aprecie a nuestros indígenas. y luego elaboró re� portajes para diarios y revistas desde lo ancho y largo de toda Ve� nezuela. Su intención es conocer y hacer conocer mejor a los legítimos hermanos nuestros que integran las comunidades aborígenes. centro. nuestros indios. ¿Cuáles secretos y misterios guarda? ¿Qué habrá de cierto o de falso en los rumores acerca del carácter esquivo o la con� ducta hostil de nuestras etnias aborígenes? -18- . a los patines. con cierta inquietud. a las pelotas de básquet. Muñeca entre ellos. yo atrás. Delante. Papá al volante. y otras iniciativas más sofisticadas para producir el acercamiento tan deseado. nos proponemos visitar varias comunidades indígenas. por tantas narraciones y cuentos que se oyen en relación al mundo indígena. Guyana. Este año. Tuvimos suerte de que papá accediera a llevarnos con él. a las bicicletas. ¡Una vuelta como esta. cultura. o también ofrecerlas en progra� mas radiales. Nosotros.El Chamán de los Cunaguaros. podrá presentarlas a alguna empresa que elabore afiches. Es justo que todo el país co� nozca. de oriente. Un rápido adiós a nuestra casa.

distribuidos en una treintena de grupos étnicos esparcidos en diversos puntos del territorio nacional. —Hay muchas etnias en el país. o un animal que la ciencia aún no ha clasificado. Pero tengo el presentimiento de que en este viaje encontraremos alguien o algo muy importante para nosotros. tal vez sueño demasiado. imagino una extraña dimensión. y desde tiempos inmemoriales las han mantenido vivas. —¡Y son tantas. ¿Será cierto que los chamanes. No hay que temer —nos alentaba nuestro padre. en los caracoles. que siempre he soñado con conocer y hasta descubrir lu� gares secretos. una tierra inédita. o tan sólo con su mirada transparente? ¿Podrán develarme algunos de los retos y di� ficultades que me esperan en la vida? Quizás sea mucho pedir. alguna piedra. a la manera de los antiguos expedicionarios sobre los que tanto he leído. imitada por el loro cautivado por el acopio de vocales. encierre los arcanos del tiempo. después de atravesar la ciudad de oeste a este y emprender la autopista de oriente. del cosmos. Nuestra población aborigen aún pura alcanza una cifra cercana a los 500. capaz de curar males del cuerpo y del alma. en anhelante curiosidad—. estoy seguro de esta intuición. algún pájaro. pueden vislumbrar el futuro de la humanidad en las volutas de humo de su tabaco. diseminadas en zonas tan alejadas de los cen� tros poblados! —comenta mamá. se acercaba a una zona poco ha� bitada. Sí. llena de vegetación—. ya lo saben ustedes —comenzó papá mientras el jeep.Vuelta a Venezuela indígena —Los indígenas son como nosotros. Cada grupo posee su propio patrimonio cultural y habla su propio idioma. ¡Ya verán qué aventura inol� vidable! —¿Inolvidable? ¿Inolvidable? —tratando de captar la palabra. Quizás en una de las más remo� tas aldeas indias encontraremos una hierba mágica. esos mágicos curande� ros indígenas. Yo. el temor a lo des� conocido.000 individuos. donde alguna flor. convirtiendo el nerviosismo. -19- . —Esto seguramente dificulta la comunicación entre ellos —observo. nuestra hermanita Muñeca repetía constantemente. Los indígenas son herederos de culturas y lenguas distintas entre sí.

la arawak. las flechas preparadas. ¡Será bien pro� blemático entendernos con ellos! —¿Y no se parecen entre sí? —también mamá está intrigada. la Guajiba y otras independientes. aunque importante. aunque les ha dificultado la unión y la resistencia ante los atropellos de que han sido objeto. la Chibcha. intercambiar. integrarse! —Así es. -20- . pero esta diversidad. como la de las sabanas y las selvas. de los indígenas ace� chantes. facilitó a los españoles la conquista de nuestro país —nos re� cuerda Rafael. ellos! —vocaliza a todo pulmón Superloro. —¡Papá! —chilló Muñeca— ¡Son ellos! —¡Ellos. ¡Cuánta soledad! ¡Qué difícil conocerse. por hablar idio� mas diferentes. no podían unirse para combatirlos! —Entonces —Ocho no logra convencerse—. se oyó un clamor extraño. y cada quien expresándose en un idioma distinto. En aquel preciso momento. con el pasar de los años los ha llevado a estudiar y aprender una lengua común y oficial: el español. ¿los indígenas no se comunican entre sí? Imagino una inmensidad sin límites. el arco tenso. —¿Entonces el español no es para ellos la lengua materna? —De ninguna manera. esta pluralidad idiomá� tica. —¡Treinta y cuatro lenguas indígenas! ¡Increíble! ¡Qué rompe� cabezas! —los morochos están desconcertados—. de comunicación.El Chamán de los Cunaguaros. casi una voz de guerra que resonaba lejana y nos envolvía completamente. —No. cuando más entretenidos estábamos oyendo las palabras de papá y vislumbrando en nuestra imaginación el estereotipo. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esta misma falta de entendimiento. afortunadamente ya superado. —¿Cuántas lenguas indígenas se hablan actualmente en Vene� zuela? —Hasta ahora se han clasificado unas treinta y cuatro. Sus lenguas son muy distintas. el español no debe ser considerado ni su lengua materna ni un sustituto de ella. en absoluto. sino un medio. —¡Es cierto —interviene Mor con una frase simplista— si no se entendían. a las cuales no se les han encontrado aún las raíces lingüísticas. nuestro padre. pues per� tenecen a varias familias lingüísticas: la familia karibe. como los describía el historiador Oviedo y Baños en su Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela.

Específicamente. saborear las ricas meriendas de empanadas y pasteles que trae mamá. lo más amplia y profundamente posible. ni con gritos! En días anteriores a nuestra partida. —En estos momentos —nos había aclarado— estoy muy ocu� pado con los preparativos y ustedes con los exámenes finales. hogueras rodeadas de bohíos. Rafael. Ya más tranquilos y concentrados en el objetivo de nuestra ex� pedición. papá. casi a ras de la espesura. como si cada uno fuese vocero del otro… para luego contradecirse entre ellos y empezar a discutir. que prefiere guardar sus secretos. Comienzo yo: —Por fin. Su diálogo nos evocó redobles de tam� bores.Vuelta a Venezuela indígena A estos gritos. mientras el jeep se interna en un camino polvoriento de poco tráfico. Papá. repiquetear de maracas. por un instante nos quedamos paralizados. para acampar. nos señaló una bandada de perdices montaraces que levantaban el vuelo. —Aún falta mucho para que divisemos la primera comunidad indígena —comentó irónico—. nuestro padre nos había dado una explicación general. —No. brillo de fogatas. para poder discutir el tema durante el viaje. nos hace callar a todos con una sola pregunta: -21- . Es propio de los morochos hablar siempre en plural. —Nosotros queremos saber si lograste avisarles que vamos a visitarlos —agrega Mor. intrigado. Nuestro recorrido hasta el Delta del Orinoco. ahora tienes que decirnos exactamente cuáles etnias indígenas vamos a conocer. en el extremo oriental. Pero una vez en camino hacia esas regiones. emplazamos a papá. Tendremos tiempo para estirar las piernas de vez en cuando. tomar fotos del paisaje e imaginar cómo nos recibirán… ¡Les aseguro que no será con graznidos. sin detener el vehículo. —Y hablarnos de ellos —apoya mamá. nos había encargado investigar sobre lo concerniente a la vida indí� gena. Lue� go rompimos todos a reír. no. más que eso queremos saber ¿cómo hiciste para avi� sarles? —lo interrumpe Ocho con malicia. un humo denso y misterioso subiendo en espiral. será muy largo. podremos intercambiar nuestros conocimientos y puntos de vista. graznando con estridencia. insistiendo en ello.

Tengo la impresión de que no se esforzaron bastante. o sobre aspectos específicos (características físi� cas. ¿No se informaron con alguien. América Central.El Chamán de los Cunaguaros. que parece no estar muy sorprendido de nuestro fracaso. El proble� ma es que en la biblioteca de nuestra escuela no hay ninguno. —Los libros son escasos. y en las demás. no preguntaron? —insiste papá. —Si lo dices tú. y sé que inclusive hay versiones simplificadas. ante una mueca de disgusto de mis herma� nos—. no —objeta y se queja Ocho—. pero no encontré obras que ofrecieran una visión completa de las etnias caribeñas. entre los morochos. -22- . Sin embargo resulta que aquellos libros son para especialis� tas. —Telio. difíciles de conseguir —prosigue Mor que. alianzas matrimoniales) de algunas de ellas. el doctor Filatelio —se ríe Mor. siempre habla de primero. Con la investigación. sin hacer caso de sus burlas—. no nos fue muy bien… —No hay mucho material sobre estas culturas —titubeo. dentición. —A mí sí me los dieron. Perú. no es por esto. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Y qué pasó con la investigación que les encargué? —Humm. —Palillo el sabihondo —insinúa Mor. muy complicados. no nos dejan entrar. —No. —Pero por supuesto —termina el segundo— allá no les pres� tan libros a escolares de primaria. porque tengo cédula de identidad —interrumpo orondo. Sólo hay estudios sobre culturas de México. —A nosotros nos aconsejaron —aclara el primero— que fuéra� mos a bibliotecas técnicas. y para completar. tipo sanguíneo. —Yo fui a la Biblioteca Nacional y a la de la Universidad Cen� tral —continúo— busqué en la computadora bajo la voz “indígena”. por la edad. humm… Quedamos mudos. —Es difícil entender los que están escritos en español —reco� nozco. ¡la mayoría está en inglés! —No creo que la pobreza bibliográfica sobre los indígenas sea tan acentuada. Teliooo —refuerza contento Superloro con ese mote juguetón que desde hace tiempo me aplica. —¡Siempre el sabelotodo! —agrega Ocho.

ágiles. Han alcanzado diversos niveles de interculturalidad hasta el punto que. no serán tan diferentes en todo. muy erróneamente. el mismo grado de aculturación… piensan que cuando se ha visto una etnia se conocen todas. Poseen diferentes tipos de recursos. dependen de cómo fueron tratados hace siglos por sus invasores. practican distintas formas de cazar y alimentarse. sus rostros se diferencian bastante de una etnia a otra. Pero sus dis� tintas formas de comportarse hoy día. en términos más accesibles para nosotros—. Esta pregunta intempestiva revela lo poco que investigó el nú� mero ocho. nuestra madre—. ya lo verán durante el viaje. —¿Y no es así? —inquiere cándidamente Ocho. sus cos� tumbres. del tamaño delicado de los de nuestros niños. de cuerpos agraciados. especialmente en lo físico: son pequeños. Las culturas indígenas son muy complejas y su potencialidad creativa es de gran valor para la especie humana. ojos grandes y oscuros. como en el idioma. tienen las mismas costumbres. como una unidad racial. Tienen piel cobriza clara. —Pero. en adelante. —Lo peor es que los califican. no los diferencian entre sí —deplora Carmen. a veces tenemos la impresión de que siglos de historia las separen. Algu� nos viven en chozas aisladas en la selva. que hablan la misma lengua. no es así. —¿Y en cuanto al carácter? —Generalmente son criaturas simpáticas y nobles. otros en caseríos.Vuelta a Venezuela indígena —Tratamos. nos expliques con más detalles. tradiciones y mitos son disímiles. lo poseen. de ninguna manera —enfatiza papá—. —No. en cam� pamentos. y en particular los de las montañas y de la selva lucen manos y pies mínimos. cada comunidad pa� rece vivir en una época distinta. —Lo entendemos. pelo lacio. y esperamos que tú mismo. —También es disímil su medio —continúa papá después de una breve pausa. a orillas o lejos de cursos de agua y de carreteras. algún rasgo común tendrán los indígenas. Esta diversidad es una de sus principales características. frecuentemente alargados y sin embargo. -23- . —Es cierto. pero la gente sabe muy poco sobre los indígenas —se defiende Mor. es su riqueza y uno de sus mayores aportes a nuestro mundo. Creen que son todos iguales.

El Chamán de los Cunaguaros. Será más emocionante. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es decir que ustedes cuentan conmigo para captar estas si� militudes y diferencias? —¡Sí. acercándoseles. entre los mismos aborígenes. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir que la investigación que les encargué la van a completar ahora. Pero el presente lo descubriremos via� jando y observando. -24- . se va a llamar… —¿No nos vas a explicar nada? —Les he preparado algunas referencias sobre el pasado —son� ríe papá misteriosamente—. Todo lo aprenderán por sí mismos. contamos con� tigo! —En cambio yo —canturrea papá alegremente— cuento con ustedes. Este es el sentido de nuestro viaje. Vamos al encuentro de la realidad de nuestros aborígenes. sí —exclamamos todos enfáticamente—. conviviendo con ellos: investigación de campo. viéndolos. Papá tiene razón. de nuestros hermanos indíge� nas de Venezuela.

6. 10.9 1 10 11 2 8 6 3 4 5 1. 3. 9. 5. 4. Warao Kariña Pemón Sape Ye’kuana Jodi Yanomami YaruroWayuu Yukpa Bari 7 . 2. 7. 8.

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una imponente colección de collares y abalorios y hasta una choza rodeada de una extensión de camburales. Le inspiraba respeto aquel hombre responsable y formal. No fue un amor fácil. creyó. hombre fuerte y osado. la hija predilecta del jefe de aquella comunidad. el cacique Guaricuto. mucho mayor que ella. de mirada penetrante y largos cabellos. aún más importante para nuestra familia. Mis padres habían madurado esa decisión por mucho tiempo. se enamoró por primera vez en su vida y. Sólo nosotros tres la conocíamos. Allá por sus veinte años. y al fin me la habían confiado. mucho antes de conocer a mamá. mas ella soñaba con un amor real. la pretendía y ya había adelantado obsequios de compromiso: unas hermosas flechas con su arco. El chamán del pueblo. no impuesto por las circunstancias.El Chamán de los Cunaguaros Conocer a los indígenas no era el único motivo que nos llevaba a emprender aquella fabulosa vuelta por el mundo aborigen. Ella era joven. Había otra razón. no lograba aceptarlo. que aún no había terminado de construir. papá. Se llamaba Ashirama y seguramente ese nombre le sonaría a papá como la lluvia sobre el río. que como nunca podría volver a hacerlo. El amor 27 . Pero Ashirama no podía decidirse. Sesebe. de ojos risueños y voz suave y cantarina. Era una indígena de la etnia bari. al empezar su carrera de Guardia de Fronteras después del servicio militar.

Se decía en la comunidad que conocía los secretos del fuego. conversaban a la luz de la luna entre nubes de cocuyos. Sin embargo. nuestro padre. especialmente los jóvenes. tolerante y de amplio pensamiento. invocar o alejar las fuerzas de la naturaleza que atraen las buenas cosechas y alejan las tormentas. huraño. Reunidos varias noches en los claros del monte o al borde de los ríos. pero cercanos en sentimientos y carácter. apuesto. Cuando Guaricuto se dio cuenta del amor entre su hija y el forastero. Entonces temió por el destino y hasta la existencia de la joven y del audaz enamorado. Sus miradas se encontraron y pareció que se miraban también sus almas. Guaricuto logró con Sesebe un -28- . Es peligroso hacerlo.El Chamán de los Cunaguaros. considerando su poder mágico y la influencia que ejercía sobre los bari. cacique pacífico. era demasiado tarde: nada podía hacer ya para separarlos. pensaban muchos. gallardo en su uniforme. Era un extraño personaje. En la etnia se creó una situación de conflicto. sintió que era el elegido de su corazón. es capaz de predecir. Otros. la máxima autoridad después del cacique. Paseaban junto al río seguidos por corros de niños. monitos y pájaros. de la vida y de la muerte. quiso complacer a la hija. Guaricuto. de facciones austeras. Viaje por el mundo indígena venezolano que esperaba debía ser especial. enseñándose mutuamente sus idiomas y confiándose pensamientos y sueños. darle el esposo que deseaba. Los mismos indígenas afirmaban que Sesebe poseía el dominio de las artes mágicas. Se enamoraron desde el primer instante. No es conveniente desairar a un chamán. veían con simpatía la pasión naciente entre esos dos seres tan disímiles por origen. Buscó el apoyo de los ancianos. no podía desestimar la reacción del tenaz chamán. sus mitos. hosco. ese Sesebe. después de mucho reflexionar dieron con una posible solución: ofrecerle a Sesebe el padrinazgo. Al conocer a Rafael. sino con verdaderas palabras de pasión. se convirtió en mediador. vínculo al cual los bari conceden esencial importancia. si llegaban a enfrentarse al poderoso chamán. y debía hablar a su corazón no con obsequios ni promesas. y no dudaron en manifestar abiertamente sus sentimientos. Durante largos paseos y profundas conversaciones entre el humo de los tabacos que ambos disfrutaban. el sacerdote y curandero que guarda las claves secretas de la etnia. Para apaciguar su ánimo. que conocía a la perfección todos los arcanos del milenario universo de la magia bari. que tenía poderes extraordinarios capaces de sanar o matar. conoce su origen. Que tenía de su lado misteriosos espíritus con quienes había hecho un pacto sobrenatural. joven.

-29- .El Chamán de los Cunaguaros entendimiento: le prometió nombrarlo padrino del primer hijo que tuviese la pareja y le aseguró que éste no saldría de la comunidad durante toda la infancia. de manera que él mismo pudiese formarlo en las creencias y tradiciones bari desde los primeros años.

Después de llorar por el amor que le quitaban. Se escuchaban hermosos cantos con los cuales las mujeres bari saludaban al amor y daban recomendaciones a la novia. mirando obsesivamente el araguaney. aficionado a la fotografía. escribió en la tierra el nombre de Ashirama junto al suyo. se encerró en aquella choza escondida entre camburales a rumiar su rencor. los ríos se quedaron sin peces. Ashirama sería suya. no cantaban las aves. pero su rostro cada vez más sombrío reflejaba una dolorosa contrariedad. Entre gritos y lamentos envolvieron el joven cuerpo en su más bella túnica tejida y bordada en primorosos colores. Permanecía oculto en algún lugar de la selva. cuyas recientes flores habían sido arrancadas por la tormenta y esparcidas sobre la hierba. a saborear amargamente sus sentimientos de infelicidad y venganza. la bella Ashirama dolorosamente murió. Al dar a luz a su hijo. de acuerdo a un ancestral conjuro bari. Cuando floreciera. Siguió una gran fiesta. sencillo en su uniforme de Guardia de Fronteras.El Chamán de los Cunaguaros. que no podía rechazar pues se lo ofrecía el Consejo de sabios ancianos. Sesebe no apareció. Aquel forastero destruía todo lo que él había soñado. durante la cual Rafael. Tal vez no deseaba mostrar a todos su dolor. vagó por los bosques. Los hombres subrayaban con flautas la inquietud de Rafael quien. ni siquiera para los rituales y ceremonias fúnebres. Pero poco duraría la felicidad. por un camino de pétalos de rosas de montaña. Viaje por el mundo indígena venezolano Sesebe aceptó aparentemente sin reservas el padrinazgo. y lo llevaron a la selva para los ritos mortuorios. Se celebró en el seno de la comunidad el enlace de los dos jóvenes. esta vez para siempre. y allí sembró un pequeño araguaney. Hubo gran duelo en la comunidad. para quien ella había escogido el nombre de Aparicuar. según él injustamente. coronada de flores y plumas. Se alejó del pueblo. se ganó a los indígenas explicándoles pacientemente los procesos fotográficos y tomándoles artísticos retratos que luego distribuiría entre ellos. Le arrebataba el amor de su vida. Ashirama avanzaba radiante hacia Rafael. las ranas no entonaban sus coros nocturnos. en cuerpo y alma. aguardaba a la novia bajo una lluvia de hojas de bucare y gorjeos de pájaros. pero muchos se preguntaron si acaso no sería él el culpable de aquella injusta muerte y por eso no se atrevía a mostrarse en el pueblo. En aquel momento la naturaleza comenzó a dar señales de comprender y acompañar los sentimientos de los bari: una lluvia de violencia arrolladora desgajó los árboles y los frutos. -30- .

-31- . no tendría la responsabilidad de su muerte. de los muchos animales. destruido. llegó a plantearse si aquel hombre de rasgos duros y mirada de águila. Juntos observaban las fotos de la madre. Le hablaba de su trabajo. de sus viajes. ¿Sería esa la explicación del trágico fin de Ashirama? ¿Sería Sesebe. dormida en su hamaca. pero también algunas capaces de perjudicar y hasta matar. —¡Qué buenas fotos tomas. Se bañaban en el río. nombrando los elementos.El Chamán de los Cunaguaros También Rafael. ¿Había decidido acaso Sesebe apoderarse y conservar para sí al hijo de Ashirama. el causante de su desgracia? Su renuncia al amor de la joven tal vez no implicaba cederla a otro. poco a poco. de la gente que conocía. Sabía que los indígenas conocían y usaban hierbas curativas. Según los pactos. sonriente ante la cámara que captaba cada gesto. no encontraba paz. Frecuentemente visitaba al hijo. flores y frutos distintos que había en aquellos extensos territorios de frontera. anonadado. con su monito en el brazo. Rafael. dándole de comer a algún perico. Cuando fue creciendo. siempre más desolado. nadando casi sumergida en el pozo. a cargo del abuelo materno que lo criaría cual hijo propio. Continuó su trabajo y siguió viviendo solo. cada ángulo de aquel bello rostro indígena. dejar que hiciera feliz a un criollo. de las cosas que veía en ellos. en cambio. saltando y corriendo con los compañeros. comiendo un trozo de mamey. como es costumbre entre ellos. Miraba una y otra vez las fotos que le había tomado a Ashirama en las fiestas y durante su breve unión: con aquella flor roja en el oscuro pelo. lo llevó por los mismos caminos que recorriera con la madre. papá! —comentaba el muchachito. Sin embargo no quiso romper los mandatos y promesas bari. exploraban los senderos que saliendo del bohío en forma de gran abanico. el hermético chamán. aquel chamán que había pretendido antes que él a Ashirama. por su rectitud y porque sabía que al hacerlo corría el riesgo de poner en peligro su integridad física y hasta la del pequeño. trepando a los árboles. Le enseñaba el español. a su gente? Poco a poco los bari se iban consolando con el hecho de que el niño permanecería en la etnia. sumido en los recuerdos. como algo que pertenecía a su tierra. Empezó a retratar también al niño: jugando con los animales. conducen a los lugares de caza y pesca. el padre no debía llevárselo hasta que tuviera la edad escolar: sólo entonces podría reclamarlo. los detalles de la naturaleza avasallante que los rodeaba. lo que era su mayor afición. lo instruyó en las primeras letras.

a quienes legaron toda su avanzada cultura. -32- . y éstos acudían desde el bosque. Aparicuar sentía gran cariño y afinidad por su padre.El Chamán de los Cunaguaros. Especialmente los cunaguaros. que ejercía su autoridad principalmente como servicio. y juntos se reunían en la espesura. oculto en el fondo de la tierra. en extremo sensibles. Le hablaba de la esencia de los metales. invitándolos a acercarse. quienes en una era dorada eran los dueños de todas aquellas selvas y montañas. estaban atentos a su voz. fue acostumbrándose a su ausencia. son oro en flor: Y con la magia que su tronco encierra saca el oro del centro de la tierra y lo presenta en flor sobre sus ramas1 Le transmitía rudimentos de artesanía. sabio y comprensivo. Desde sus primeros años. lo apreciaba. En la comunidad se empezaba a hablar de una particular ascendencia y autoridad que ejercía el jovencito sobre los animales. conocimientos ancestrales de los Chibchas. Sin embargo. Aparicuar parecía entender el lenguaje de los pájaros. antepasados de los bari. lo admiraba y se entristecía cada vez que debía despedirse de él. los superiores. en los cuales son tan diestros los bari desde tiempos remotos. le explicaba el misterio de los astros y las causas de las sequías y crecientes. Él rugía como ellos. parecían obedecerle. iniciándolo en el camino de la música. 1 Jorge Schmidke. que fue en un tiempo amigo de la gran familia Chibcha y ahora en cambio huye de los bari y de toda la gente. para la cual el niño manifestó enseguida gran disposición y talento. siempre más apacible. esa especie de felinos salvajes de poca alzada pero de gran corpulencia. El abuelo. según una antigua leyenda interpretada por poetas venezolanos. Construyó para él una flauta. imitaba a la perfección los gritos de los loros y guacamayos. como el oro. excelentes orfebres y mineros que desarrollaron una cultura vasta y especializada. y le refería cosas de sus antepasados. Más de una vez se le vio llamando a los venados. le enseñaba a conocer el nombre y la posición de las estrellas. Viaje por el mundo indígena venezolano Desde entonces Rafael fue sintiendo afirmarse siempre más en él aquella antigua pasión por la fotografía. como una donde el niño cabalgaba un cunaguaro. manifestándose sólo como florescencia sobre las ramas del araguaney cuyos pétalos. Enfocaba el rostro de su hijo en diversas expresiones y fotos sorprendentes.

venados. A veces. en la comunidad su autoridad y mando pasaban casi desapercibidos. esas características cestas de palma tejida. llenos de semillas. y mucho más. El abuelo se preocupaba. su padre. no querían hostigarlo. a bajar las fiebres. proclamaba festivo: —Yo seré chamán. en pos de hierbas. de tigre o de puma en los ojos. le hacía memorizar los ensalmes secretos. la Dirección de Fronteras lo enviaba siempre más lejos. escuadras de loros. Él los curaba como le había enseñado su padrino: con cataplasmas de hierbas. Parecía feliz. Frecuentemente se internaban en la selva. poderoso protector. Al anochecer se le veía llegar. a curar las mordidas de serpiente. vuelos de grillos y chicharras. Al ver la mejoría de los pacientes. padrino y ahijado. le desentrañaba los usos y virtudes de las plantas medicinales. confiados en sus cualidades de sanador. parejas de guacamayos. el poder de las aguas. más y más se encorvaba su espalda. Con el pasar de los años. En esas ocasiones. que se limitaban a una o dos por mes. hojas y flores. Se había encariñado con el ahijado que a su vez sentía un afecto especial y una extraña fascinación por él. cocimientos de hojas o semillas trituradas. Regresaban con los mapires. y también a los animales de la selva. más y más se emblanquecía su cabellera. y era forzoso distanciar las visitas. lapas y picures. orquestas de ranas y sapitos. pero el chamán. nadie le preguntaba nada. Día a día se reforzaban los nexos y semejanzas entre ellos.El Chamán de los Cunaguaros Para entonces también Sesebe. contingentes de cotorras y pericos. que utilizarían para los enfermos. Le ilustraba las fuerzas de la naturaleza. con algo de jaguar. descansaban en hamacas de bejucos montaraces colgadas en cualquier lugar donde hubiera árboles -33- . escrutando el humo de su tabaco afirmaba: —Está en camino. Sesebe le contestaba con intensa gravedad: —Tú serás chamán. Sanaba a la gente. ejercía cumplida y tesoneramente su solemne papel de padrino. Le enseñaba las lenguas indígenas que él mismo había logrado conocer enviando por largo tiempo a las etnias más distantes bandadas de pájaros. Se entendía bien con ellos. le traían animales enfermos: monos con una pierna chamuscada. Nadie sabía a dónde iba. acompañado de cunaguaros. A Rafael. Al abuelo le iban creciendo los años. En ocasiones. pericos con el ala rota. raíces y plantas curativas. Aparicuar se acercaba cada vez más íntimamente al padrino. Pronto aprendió a predecir las tormentas. picures con las orejas infectadas. desaparecía entre el bosque por varias horas. como tú.

a todos los aborígenes. Con el corazón en tumulto. sus cenizas descansan en nuestra selva. Su voz grave anunciaba lo inevitable. es tu deber ahora. y los labios del viejo se abrieron en un asomo de sonrisa. Ya Aparicuar iba a cumplir los seis años cuando una noche. de llevarlo consigo. en un murmullo apenas audible. —No debes llorar. a reclamar al niño por fin suyo: al cumplir los seis años y al perder al abuelo. Aparicuar se aproximó sin poder contener las lágrimas. que ella anduvo contigo en su vientre. El chamán encendía hogueras para alejar a las fieras. bajo una luna gigantesca. un descendiente de los chibcha. hijo —dijo el anciano. al abrigo de las tormentas. se enteró de que aquella misma noche había muerto Guaricuto. Debes andar tú ahora estos caminos. Debes permanecer con nosotros y ayudar a tus hermanos. de nuestro entorno… no te vayas nunca de aquí. Tú eres un bari. Llegaron con la madrugada. que he estado preparando. proporcionarle una educación completa. le correspondía a él su crianza. de los animales. se encontró con una desalentadora sorpresa: Aparicuar había desaparecido. pero el niño lo tranquilizaba: —No te preocupes. Después de varios días. La sangre de tu madre se derramó en este suelo. mientras graznaba doliente. consagrar la tuya a esta misma tierra. Una terrible -34- . A la hora en que murió el abuelo. No te separes de tu padrino. asombrado ante lo desconocido. el chamán lo despertó: —Debemos volver al pueblo. Era tiempo de ejercer su derecho y autoridad paterna. estando conmigo ningún animal podrá atacarte. tal vez demasiado tarde. según lo pactado. Eres parte de los bosques. Viaje por el mundo indígena venezolano gruesos. aún a tiempo para acompañar al abuelo en los últimos instantes: —Acércate. tú perteneces al mundo indígena. padrino. Rafael tuvo un raro presentimiento. Por traerte al mundo entregó su vida. de los ríos. Voy a hacer un viaje hermoso. un escalofrío le recorrió la espalda. Sintió encogerse el corazón. pasó un gavilán volando casi sobre su cabeza. El conjuro del abuelo se extinguió con las últimas estrellas. quemando etapas. mientras extendía su mano ya casi inmóvil hacia aquel nieto mestizo. en la que dormía rendido de tanto buscar plantas. Pero al llegar. Pero antes de partir quiero decirte algo que no debes olvidar nunca: recuerda tu origen. se dirigió enseguida al pueblo de los bari.El Chamán de los Cunaguaros.

infatigable. Nadie supo contestarle. Angustiado y deprimido. en conversaciones nocturnas. iba tomando cuerpo una leyenda. ríos. a tratar de ubicar al niño durante días. Pidió ayuda. nadie supo explicar. Llegaba con el resplandor de la luna. animales y gente. Era un ser especial. alguna pista sobre el paradero o los pasos de su hijo y del chamán Sesebe. sin dejar huella. para no entregárselo nunca? En vano lo buscó con desesperación por todo el pueblo y los caminos cercanos. sin hacer ruido. entre bosques. dejó su cargo en Fronteras y aceptó un nuevo trabajo. En vano preguntó. Se presentaba ungido de colores. —Tú serás chamán. rogó. hablaba a todas las etnias de la importancia de preservar su cultura. sus costumbres. —Pero quiero ser chamán como tú. al cual se le comenzaba a llamar el Chamán de los Cunaguaros. Rafael continuaba su búsqueda. rodeados de cunaguaros. suplicó. que le permitiría mayor amplitud de movimiento. nadie quiso revelarle dónde estaba Aparicuar. mariposas y cocuyos. decidió no reintegrarse al trabajo. chispeantes los ojos dorados del color de la luna menguante. Otra vez estaba solo. Les insistía en la urgencia de unirse. por todos los alrededores. montañas. un ente mágico. y mucho más. al abrigo del fuego. pero nunca obtuvo ningún resultado. loros. allá en lo más profundo de la floresta. Al correr el tiempo. Mientras tanto. ofreció recompensa. Año tras año recorría las regiones bari y de otras etnias. donde jamás pudiera encontrarlo. con un puñado de fotografías y el corazón desbordante de afecto por el hijo que había vuelto a perder. al aire su larga cabellera oscura con reflejos cobrizos. -35- . siempre con la misma esperanza. en pesquerías. Se murmuraba acerca de un poderoso chamán. de resistir a la penetración de los criollos. tu destino es importante y difícil. sigiloso.El Chamán de los Cunaguaros sospecha lo hostigó: ¿el padrino se lo habría llevado selva adentro. con el mismo paso lento y firme de los cunaguaros. luego en los sitios más alejados. recogiendo frutas. lapas. rodeado de cunaguaros. Se dedicó a indagar. En pueblos y comunidades. Algunos contaban haberlo visto llegar. más que el mío. Tratando de hallar algún indicio. el chamán y su ahijado conversaban sobre plantas. Solo. —Debes aprender a conocer bien la selva y sus habitantes. nadie pudo ayudarle. meses y años. cruzado de collares. toda la gente hablaba de lo mismo. cada vez con mayor empeño. hasta recurrió a las amenazas. surgido quizás de la misma selva. de fotógrafo a destajo para diarios y revistas. Nadie se atrevió a acompañarle.

de lluvia sobre el río. —Que se convierte en tigre. un rastro felino. indicaban que había estado allí. yekuana. pero un olor característico. de superación. yukpa. de fuerza. —Que se vuelve puma. wayuu. —Dicen que brotó del vientre de una hembra de jaguar. —No es más que una leyenda contada al calor de las hogueras —comentaban algunos. -36- . una rama rota. A veces ni siquiera lograban verlo. Viaje por el mundo indígena venezolano Conocía varias lenguas: bari. tañía su flauta melancólica que hablaba de extrañas y lejanas nostalgias. warao. para reforzar su mensaje de unión. de aves en vuelo. como un cunaguaro. —Que acecha en las noches. Se entendía con la gente y con los animales. kariña.El Chamán de los Cunaguaros.

tengo el signo de la flor y el canto. traspasan la selva y llegan al corazón de la tierra. soy brillo de luciérnagas entre la hojarasca. Veo en el aire rostros desconocidos. resuenan a través de los siglos. nuestro vigor está en nuestros cantos. Cantemos juntos. flores y truenos. las veloces ardillas. traigo palabras de unión y fuerza. Están escritas en fuego y sangre nuestras lenguas. las lánguidas iguanas. Nuestra fuerza está en la tierra y la unión con ella. en nuestras flautas. Piso como la danta.Palabreo del chamán Soy la voz del piapoco en la rama. Pertenezco a la selva. Mis amigos son los ardientes cunaguaros. dancemos juntos. como el picure. mi paso es el paso del lagarto y del jaguar. Soy piedra y latido. de aliento y de esperanza. 37 . en nuestros pasos a través de los árboles. compás de lluvia en la arena. que arrastra flores y ramas en la espesura. Mi canto es el canto del torrente. nuestras voces perviven en el aire. Mis cabellos flotan sobre el río. Mis ojos miran a lo lejos. soy rugido de fiera en la noche.

a los ríos. Todos permaneceremos. a los animales. entibiaremos la tierra con calor de sol. cada día seremos más fuertes. Viaje por el mundo indígena venezolano hablemos a las flores.El Chamán de los Cunaguaros. como el bejuco silvestre. creceremos como la hierba. -38- .

de una naturaleza exuberante y podría decirse. como nosotros. “gente de canoa” (wa: embarcación. agitando con ambos brazos unas fron� das que simulan remos.Los waraos. donde el Orinoco se abre en su fabuloso Delta. o el “indio guapo”. como el grupo de indígenas que nos han recibido apaciblemente al cumplirse la primera etapa de nuestro viaje. hábiles navegantes. somos gente de canoa! Tratando de mantener el equilibrio sobre una urdimbre de ra� maje que han arrojado al río. si se parte. de Caracas. que fertiliza las tierras de esta gran comunidad indígena. habitante). rosadas. Allí puede encontrarse desde hojas inmensas. Para acceder al territorio warao es preciso atravesar los estados Anzoátegui y Mo� nagas. hasta Delta Amacuro. los morochos surcan las turbias aguas del caño gritando a pleno pulmón. gente de canoa —¡Somos waraos. como la “malanga”. capaces de vestir a una persona. extrema. son lugares mágicos. ya se sienten dueños del agua. Los caños y morichales del Orinoco. arao: gente. Fue ciertamente trabajoso arribar hasta aquí. Después hay que seguir más hacia el este. hasta orquídeas de colores insólitos. 39 . Entusiasmados por el significado de la palabra warao. hábi� tat natural de los waraos.

en refugio y sitio de recogimiento espiritual. siempre deseosos de llamar la atención. sin contar con una fauna impresionante. Nos han ofrecido para el día el breve campamento y los co� nucos. Dan la impresión de estar muy entretenidos. Viaje por el mundo indígena venezolano verdes. a pesar de que ha tenido la precaución de enseñar a sus hijos a nadar desde pequeños y sabe que más allá del agua no pueden caer los novatos marineros. asos —repite Superloro. nos reímos de ellos: —Payasos. su hazaña. —Asos. al piapoco. de temores. atigradas. es la ausencia de prisas. Allí se escondían durante la conquista. loros con exóticos colores. de una forma amena. relajada. Ahora silban a dúo. como los morochos pretenden. son constantes: —¡Carmen. Los gritos de mis hermanos. los ma� yores también comienzan a reírse tapándose la boca con una mano. Por el contrario. como si fuesen dos personas en una misma. y viven ahora en pleno contacto con la naturaleza. Entre los indígenas no hay gemelos idénticos. ellos re� doblan sus risitas y algunos se esconden tras los árboles para reír mejor. pumas. de urgencias. Después de ellos. animado. Lo primero que se siente al llegar. Sin embargo papá. no se cansan de contemplarlos y admirarlos. para satisfacción de mis dos ceritos. monos de diversas clases. míranos. somos dos waraos! —¡Filatelio. Yo les sonrío. aprende a navegar! Nadie aplaude. muestra su inquietud -40- . Imitan con gracia al arrendajo. más que el intenso calor y la humedad del ambiente. enormes culebras de agua. por lo que los waraos. que resuenan estruendosamente a lo largo y ancho del campamento.El Chamán de los Cunaguaros. parecen payasos —los increpa Muñeca. Los niños de la comunidad warao celebran divertidos. sino su parecido para ellos extraordinario. al paují de monte. los waraos han conver� tido los caños y morichales con su espesa vegetación selvática. pocas veces los han visto en persona. o la repetición de un muchacho. uno primero y el otro le responde. apretados entre la maleza y el borde del caño. En este lugar ideal. aves de colorido plumaje y canto armonioso. enclavados en el agua. y para la noche los característicos palafitos. en perenne comunión con el entorno. No sólo festejan el sorprendente silbar de mis hermanos. quienes conocen el fenómeno a través de las lecciones de los misioneros.

en los cuales siembran yuca dulce y amarga. Nos reunimos todos alrededor del fuego que además de servir para cocinar los alimentos. al que no tardamos en apellidar “olímpico” por parecer un atleta de las Olimpíadas. la cual fermentan en grandes recipientes de barro. que se ha expandido asombrosamente. batata. cuidado. o chicha de yuruma elaborada a partir de la savia de la palma moriche. como la de los demás aborígenes de América. gente de canoa porque conoce la presencia de caimanes en esos caños. pueden volcarse. Mientras tanto. el mismo atuendo que llevaba originalmente la mayoría de los waraos. un fornido joven de nariz pronunciada. ocumo. fro� tando con habilidad unos palitos de guatacare a la manera tradicio� nal. vestimenta tradicional de los indígenas desde tiem� pos inmemoriales. Sa� boreamos trozos asados de ocumo y yuca dulce junto con los tiernos cogollos de palmito que hacen la función de pan. nadan a grandes brazadas dando un nuevo toque de hazaña a su gritería: —¡Indios náufragos. se basó tradicionalmente en la recolección de frutos sil� vestres. experto na� dador. para nada amilanados. no sean locos. la improvisada balsa se voltea. irán a parar a la corriente! No está equivocada. espanta mosquitos. También mamá se asusta al verlos a punto de zozobrar: —¡Hijos. se lanza rápidamente al agua y los saca chorreando. pues ambos. con una caña y un hilo -41- . En los pozos de los morichales prac� tican aún la pesca a la manera tradicional. zancudos y otras plagas comunes en esos cursos de agua. ya en esta etapa inicial del viaje. en la pesca y en la caza.Los Warao. Son exper� tos en pescar. y más recientemente el llama� do ocumo chino. morocotos y cachamas. La subsistencia de los waraos. han optado por usar el guayuco de tejido vegetal que sólo cubre las partes íntimas. en arrimar a la orilla montones de cangrejos. y aleja eventuales fieras. con arpones. Observamos que hoy día han adop� tado la labranza de conucos. arrojando al fangoso turbión a los dos héroes de la familia quienes. Se secarán rápido. A un brusco movimiento de uno de los dos (¿es a Mor a quien se le ocurre dar un brinco?). somos indios náufragos! Botoboto. pequeños campos ganados a la selva que bordea y acecha los caños y poblados. y como bebida el kasiri. desde lejos vemos que al borde mismo de la selva los demás prenden para ellos una crepitante hoguera.

que ellos destinan a sus principales o a los visitantes de consideración. Me asombra la limpieza de esos suelos de tierra. Carmen. está sentada en el dujunoko o asiento de honor warao. muy bien trazados. —Abran paso a la ciencia —subraya silbando Ocho. una especie de roedor silvestre de orejas muy pequeñas y cuerpo grasoso. chinches y chipos. los lavan con una infusión de hierbas desinfectantes que repele toda clase de garrapatas. con ornamentos propios de aquella época: peces. Iremos juntos. Rafael y yo nos sentamos en el suelo. Después de este frugal condumio. Viaje por el mundo indígena venezolano recabado. Cazan poco. que pocas veces habla. así como los arpones y boyas de pescar. o conejillo de indias. Pero —me apoya mamá condescendiente— tenemos copias en la carto� teca de nuestra Biblioteca Nacional. antiguo amigo de papá y nuestro anfitrión. de los vástagos de la palma moriche que complementan con carnadas de gusanos extraídos del fruto del mismo árbol: el anzuelo. a quienes ya los mismos descu� bridores llamaban “gente de canoa”. en Eu� ropa. y su presa preferida es el pequeño acure. —¡Habló el sabio! —ironiza con una mueca Mor. monstruos marinos. —Si algún día llegaras a Madrid. que ha atraído por siglos la atención de artistas y científicos. tan fastidiosos y frecuentes en los climas tropicales. tallado en un tronco de madera de balsa o sangrito. aparece en los más tempranos mapas de la Provincia de Venezuela y la Nueva Andalucía. Se lo ha ofrecido el anciano Jabasuru. los morochos se balan� cean y reactivan la conversación con una acertada pregunta: —¿Dónde están los otros waraos? ¿Acaso ustedes son todos? ¿No hay más? -42- . nos dicen. Eran documentos impresionantes. que no consideran indispensa� ble. —¡Cómo me gustaría verlos! —comento con entusiasmo. pues yo quisiera encontrar antiguas reproducciones de la flora de esta región. as� tros y brújulas. papá accede a comentar el origen y ubicación de la etnia. es una adquisición relativamente reciente. —El territorio de los waraos. delfines. Nos explican que después de barridos con escobas vegetales. que casi parecen pisos de cemento.El Chamán de los Cunaguaros. Londres o Florencia. En vilo sobre un tallo caído de palma. podrías observarlos en los museos donde los exhiben.

lamentablemente —papá nos pone al tanto de los últimos datos—: La mayoría de los waraos están repartidos hoy día en unos doscientos cincuenta poblados palafíticos. niños y hasta algunos monitos capuchi� nos que éstos cargan abrazados. tratando de captar sus rasgos físicos. que se ubica al extremo nororiental de Venezuela. pero tienen cuerpos armoniosos y bien for� mados. Delta Amacuro y de la Guayana Esequiba. El olímpico Botoboto completa la información. Aprovechamos para mirarlos. Planteamos enseguida otra pregunta: —¿Hay mucha similitud entre estos grupos waraos? ¿En qué se diferencian? Se hace silencio en el grupo. adultos. nombre que se daba en tiempos co� loniales a la zona comprendida entre los ríos Orinoco y Amazonas. el noroccidental —ha hablado con tanto en� tusiasmo y tanta rapidez que se ha quedado sin aliento. O no saben contestar. Pero en total. Monagas. de quienes pronto se convertirá en compañero de travesuras. decenas. ancianos. son más de veinte mil. quizás cente� nares de miles. no encuentran las palabras adecuadas. —Así fue. un escolar que como la mayoría de los jó� venes de la última generación está aprendiendo en la Misión y en la escuela local bilingüe la lengua de los inquietos viajeros. Conformamos el segundo grupo más nume� roso entre los indígenas. jóvenes. somos sólo un caserío. gente de canoa Les contesta Samu. Quizás los hemos puesto en un aprieto. manos y pies de regular -43- . colocados al otro extremo de Venezuela. hombros fuertes. pues así llaman al brazo principal del Delta del Orinoco. los que tú ves aquí. los waraos que habitan los caños y alrededores del Delta del gran río Orinoco. Ahora han dejado de reírse. después de los wayuus. Antes de las sucesivas invasiones a nuestro ambien� te. No son altos. con un tono agrio que bien comprendemos: —Antiguamente éramos muchos más. nuestra gente poblaba las vastas áreas de las selvas y aguas que formaban la “Isla de Guayana”. espaldas anchas. o en su caste� llano escaso y vacilante. —Nosotros. Sucre. a lo largo de una faja costera de siete mil kilómetros cuadrados entre los caños Ma� riusa y el área del Delta Amacuro al sur del Río Grande. compuesto por hombres y mujeres. Habitan los caños del Delta y áreas adyacentes de los estados Bolívar.Los Warao.

lustroso y abundante. Nos explicarán luego que eso lo hacen sólo en ocasión de fiestas o bailes. quizás para defenderse del sol. el cabello negro oscuro. Se les nota sanos y bien alimentados. le tienden el dedo a Superloro para que se agarre con sus -44- . inocente y alegre. y desde allí. cortos o arremanga� dos. ocho! ¡Buenos días. Contrariamente a lo que espe� rábamos.El Chamán de los Cunaguaros. pero no blue jeans. bastante pronunciada. Destacan en sus rostros de altos pómulos los ojos oblicuos y brillantes. telio. llamándonos a todos con la adap� tación de nuestro propio nombre: —¡Telio. y los brazos. Algunos llevan al cuello sencillos collares de semillas. y cuando salen en canoa. Tienen rostros expresivos. el cual se ha instalado. aquí! —¡Mo�o�o. ade� más de monitos y morrocoyes. Vuelven a empezar las risitas. Viaje por el mundo indígena venezolano tamaño. encima de mi cabeza. así como ellos no nos comprenden a no� sotros: antes de ir a la escuela. Las mujeres lucen vestidos largos. La piel es de color co� brizo claro. especialmente en los varones. característica común de los indígenas sudamericanos. que parece ser universal. de telas de colores. De todas formas. a manera de cintillo. bastante más largo en las mujeres. a la manera nuestra. Sigue reinando el silencio que sorpresivamente rompe Super� mudo. No entendemos lo que dicen. los niños waraos no conocen sino su propio idioma. sino del tipo que llamamos kaki. aquí. ostenta su potente voz. como frecuentemente hace. pero no saben hablar castellano. Los niños exhiben una desnudez completa. y collares de peonías y otras semillas de varias vueltas. Los hombres visten guayucos. Carmen. Con éstas también se adornan la fren� te. no están pintados ni maquillados. andan completamente descalzos. en los cuales usan también máscaras. hay murmullos. usan unas camisas blancas hiladas por ellos mismos que llevan abiertas. Sólo algunos llevan pantalones. y sombreros de hojas de palma. buenos días! Se acercan los niños para mirarlo de cerca. tienen loros que repiten las palabras warao: copian lo que oyen. y les causa gracia que Superloro lo hable tan fluidamente. como todos los loros del mundo. muchos de los cuales tienen un trozo de tela ade� lante que parece un delantal. la nariz. Fael! ¡Hola. Como todos los indígenas. Ellos también. hola. cortado por encima de las orejas en los hombres. haciendo honor a su segundo nombre de Superloro. mirada penetrante.

el Cancionero warao por ejemplo. ollas de peltre. es decir. gente de canoa patitas. toma la palabra. “Los adultos estudiamos”. No nos hemos integrado al mundo criollo. Recordé entonces una noticia que acababa de leer en la prensa de Caracas: la publicación de un libro para alfabetizar en warao y castellano. obtuvieron herramientas. Lo elaboró el hermano Pedro Martínez. -45- . olvidaron su lengua. Aquí. los que conocen el castellano son pocos. y pasa algunos meses allá y otros en el Delta con su familia: —Nosotros. todo eso llega a un por� centaje mínimo de la población. algunos diri� gentes quienes sin embargo lo hablan con dificultad. sus manos hábiles tejen un mapire o cesta con fibra extraída de cogollo de moriche. se han he� cho varios esfuerzos. instrumentos. lo que él hace de buen grado. elaborado por los mismos waraos que investigan y recogen testimo� nios de su cultura. más maestros. fueron asimilán� dose a los criollos. otros para reunir nuestra literatura. en espa� ñol y warao. plátanos y otros recursos de la selva y de los caños. Pero no es suficiente. en los morichales. otros para enseñar el castellano. una bata floreada cubre su cuerpo moreno. en verdad han ido cambiando tanto. Pero otros grupos no pudieron mantenerse puros. una joven bachiller que estudia enfermería en Tucupita. tratamos de conservar el idioma y las tradiciones. El título lo tenía anotado en la agendita que llevo siem� pre conmigo. Quizás harían falta menos textos. quien estuvo algunos años en el Delta. vestuario. —Sí —confirmó él—. El largo cabello sedoso le envuelve los hombros. hace tiempito que circula entre nosotros. que casi han perdido la verdadera esencia indígena. una linda muchacha hasta entonces silenciosa. saludando y pasándose de una mano a otra. algunos para enseñar a leer y escribir. Hay otros libros. la capital del estado. con el fin de que no se pierda nuestra antigua lengua. conozco ese libro. Lo busqué y se lo leí a Botoboto: Idamotuma karata teribuia. fijar y transmitir nuestras tradiciones. Nos alimentamos a base de sagú. Es Katera. y los escolares que frecuentan la escuela que tenemos en uno de nuestros palafitos. sólo los estudiantes que han cursado el liceo. vi� vimos aún al estilo tradicional. los que conformamos esta ranchería de Muraki. y en cambio más personas. Por fin.Los Warao. donde maestros waraos imparten una enseñanza bilingüe. y nosotros somos varios millares.

a veces positivas. —Los waraos que viven en el Delta occidental y suroriental están sufriendo un cambio cultural profundo —prosigue en tono lento. a abandonar la navegación. en este momento y desde el siglo pasado. la deforestación de la zona ribereña y el cierre de los caños. es un intento acertado de revalorizar la cultura indígena —objeto. sentirse acogidos. su medio ancestral de vida. Los criollos se nos han estado acercando más. Pero no es tan fácil como la gente de afuera cree. Las intenciones de los distintos gobiernos na� cionales. iguales. emocional. a una relación espiritual. como diques o canales de riego. Sí. La construcción de obras para la agricultura. Ojudo a mojo. lo recordamos. aprecio tu esfuerzo. ¿Qué quiere decir Botoboto con estas palabras? Reflexiono. ha motivado la tala. y con buenas intenciones. Dirigiéndose especialmente a mi padre. —¿Recuerdan ustedes el caso del caño Mánamo? —nos inte� rroga papá. y por la otra. estos libros son también una ayuda material. de esto hablan los maestros cuando nos ex� plican la geografía de la parte oriental del país. y los ha obligado a retirarse de la costa. el anciano Jabasuru añade: —Efectivamente. una vida tra� dicional en un hábitat casi inaccesible al interior del Delta y en sus islas pantanosas. indígenas. el mundo warao presenta dos alternativas: por una parte. Botoboto? —Casi casi. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sin embargo. instrumentos. pausado—. alimentos. Quizás deseen afecto. últimamente. Pero quizás ellos aspiren a otro tipo de ayuda. Sigo leyendo algunas frases del libro que he copiado en mi li� breta: —Ine jakotai neburatu yabatu: “Yo soy un hombre pescador”. perso� nas entre nosotros. un contacto continuo y siempre más intenso con las poblaciones adyacentes. como todo lo que se le da a los indígenas: medicinas. Y tampoco es lo que más necesitamos. les han traído conse� cuencias graves. otras discutibles. waraotuma a najoro: “El gusano de moriche es alimen� to de los waraos”. criollas.El Chamán de los Cunaguaros. hasta antillanas. —En ese sentido tienes razón. ¿Correcto. En fin. Era un caño muy utilizado por los waraos para comercializar sus productos vegetales -46- .

Los Warao. Mas todo fracasó. ni se pudo recuperar la nave� gación. no hubo dique o no fun� cionó. Caño Mánamo se ha convertido en una ciénaga espantosa. no se logró la cosecha esperada. como -47- . y en pueblos fantasmas se convirtieron los caseríos cercanos. Fue cerrado para construir un dique que permitiera el acceso a embarcaciones de gran calado. y lo rellenaron de tierra para establecer allí cultivos. gente de canoa o artesanales.

y los explotan y reducen a la categoría de peones. ¿qué haces? Es una corona. Muchos waraos. lejos de nuestras selvas. hacia la cual realizaban frecuentes expediciones comerciales intercambiando plumas de garza. de nuestro hermoso país de agua. casi un lamento lo interrumpe. han sido engañados por traficantes. Al mirarla. que pretenden ser dueños absolutos de las tierras ganadas al Delta. cestas y chinchorros por objetos manufacturados. en sus actividades agrícolas y madereras. con un pago irriso� rio. una de las hermosas coronas con las cuales los waraos se adornan en ocasiones rituales. Un hondo suspiro. se mezclaron con los criollos y viven como tales. hoy capital del estado. la daiba o hermana mayor de Katera. —¿Quieres decir algo. Daunaba. —Es preocupante y doloroso —explica la joven—. Allí fueron marginados y hasta despojados de sus conucos por los hacendados y ganaderos del estado Monagas. del trueque con los criollos y con los habitantes de la cercana isla de Trinidad. En esas condiciones les es difícil conservar la cul� tura tradicional. —Los waraos —continúa quedamente Jabasuru— tuvieron que irse. deja caer el trabajo: —¡Ay! —¿Qué ocurre. donde no hay ninguna posibilidad de trabajo rentable para ellos. ¿Y los demás? —A los demás les va aún peor.El Chamán de los Cunaguaros. Allá. quienes los trasladan a las grandes ciudades. mamá se per� cata que de los grandes ojos ligeramente alargados de la indígena brotan gruesas lágrimas. Enséñame. Daunaba? Te escuchamos. La mayoría se estableció en los alrededores de Tucupita. y los explotan llevándolos a la mendicidad. sólo habitados por millares de pájaros que con su intenso revoloteo y sus graznidos hacen imposible cualquier intento de comunicación. —Dijiste algunos. —¿Y qué pasó con los restantes? —Algunos se integraron a las empresas pesqueras. Da tristeza pensar que antes vivían apaciblemen� te del tráfico fluvial. que también está tejiendo. en estos últimos años. Viaje por el mundo indígena venezolano Puerto Amador. Daunaba? ¿Te lastimaste? ¿Te equivocaste en el tejido? —mamá se le acerca—. especial� mente en la zona de Pedernales. mujeres y niños apenas sobreviven implorando una -48- .

la muchachada que ha seguido acudiendo para conocernos. —Somos demasiado obstinados para desaparecer —me tran� quiliza Jabasuru sonriendo—. en Caracas. completa con voz recia. quizás para ir a desbrozar su conuco de las hierbas malas que nacen cada día. estre� chándonos en un cerco. -49- . segui� remos siendo la antigua y memorable nación warao. —Francisco Mataruka —es la inmediata respuesta. paradas en los semáforos y cruces de las calles desde el alba al ocaso. Se nota que sufre por la ausencia. mientras aún recordemos nuestras tradiciones y costumbres. bajo el sol y bajo la lluvia. A la vez que se levanta para alejarse un rato. Colombia o Brasil. atentos a sus palabras. niños y hasta bebés que lo rodean. seremos cada vez menos. ¿hay peligro de que desaparezcan los waraos? —pregunto consternado. entre extrañada e interesada. con sus manos tendidas. Admiro a este recio anciano. se avecina aún más. ¡y seguimos reproduciéndonos! Mira con satisfacción. un nombre español y el otro indígena? Risitas por parte del grupo. Maracay. Con esa costumbre de la risa. ¡Qué terrible y vergonzoso es esto! Mamá abraza a la tejedora. —¿Y tú? —Antonio �ayaru. Por falta de medios. los numerosos jó� venes.Los Warao. —¿Qué dices. su pensamiento: —Mientras nazcan niños y conservemos viva nuestra lengua. Barquisimeto. muchachos. sufriendo toda clase de atropellos y penurias. A su partida. Valencia y otras ciudades de Venezuela. casi nunca logran volver. de mujeres waraos rodeadas o car� gando niños. Viene a nuestra memoria el espectáculo constante y frecuente. qui� zás la pérdida de algún ser querido. —¿Cómo te llamas? —pregunto con curiosidad a uno de los ellos. co� mún a todos los aborígenes como me daré cuenta a lo largo del viaje. los pies desnudos sobre el asfalto. a nuestro alrededor. solemnemente. gente de canoa limosna. —¿Cómo se explica eso. una lata vacía entre las manos. pues agrega con voz quebrada: —Nosotros estaremos cada vez más solos. capaz de continuar la tradición de saberes indígenas a sus hijos y nietos.

Afortunadamente encuentro una explicación lógica que. o uno de su especial de� voción. aunque sin consultarnos. —¿Todos ustedes tienen cédula? —Apenas la última generación. los aborígenes utilizan su nombre en público. Pero entre nosotros. y de los abuelos. como ellos mismos. como los demás estu� diantes del país. ciudadanos. si es que vamos a la escuela —contesta por él Kosibu—. aparecen inscritos en los registros electorales. que es indígena. tomado de algún santo. uno de nuestros mayores logros. que ya es bachiller. para diferenciarnos. a los 13. La cédula ha sido una conquista reciente. para el bautismo. Kosibu. al terminar el sexto grado de la educación básica. El primero. deben habérselo puesto los misio� neros. ninguno. —¡Acertaste! Al bautizarnos. y a la vez estre� mecedoras: ¡sólo desde que tienen cédula. generalmente el del mismo día. pueden votar y tener constancia de su edad que anteriormente cal� culaban en forma variable y aproximada. pero luego es fácil advertir que la risa es para los indí� genas algo sano. les sirve de apellido. como lo manda su fe. es recibida por otro coro de carcajadas. Viaje por el mundo indígena venezolano no nos sentimos incómodos. Podría creerse que es uno mismo el objeto de ella. Las explicaciones que me da Kosibu son claras. de cuando por fin los “civilizados” dejaron de tildarnos de “irracionales” y em� pezaron a considerarnos. Pocos de nuestros padres y de nuestros hermanos mayores la tuvieron. Esto se refleja en el acta de nacimiento y en la cédula de identidad. —Mira aquí: Simón Kiwikure —me enseña orgulloso su cédu� la nuevecita un chiquillo vivaz quien ha ido a buscarla expresamen� te—. por la misma serenidad en que viven. en� tiendan o no. 14 años. preferimos utilizar nuestro nombre familiar indígena. los misioneros nos dan el nombre de algún santo cristiano. La recibimos. tengo nombre. A la vez tratan de que no perdamos el de nuestra ascenden� cia indígena y con este fin nos lo ponen como apellido en la misma partida de bautismo. apellido. para recordar y resaltar la etnia a la cual pertenecemos. acompañadas de miradas de simpatía: —El segundo nombre. espontáneo. —¿Qué crees tú acerca de esos nombres nuestros? —me empla� za un nieto de Jabasuru. son recibidos en los hospi� -50- . y hasta fecha de nacimiento.El Chamán de los Cunaguaros.

Las más tradicionales no tienen paredes. pero afables. de gran altura. la cual abunda en el interior deltaico pues ne� cesita bastante humedad y agua no salobre. En una emotiva carta. sobre gruesos pilotes enclavados en el lecho del caño. yo pensé en la impresión tan grata que estos indígenas debieron causar en los primeros navegantes europeos. “más deseoso de adquirir honores. sino también a todo lo que amaba en esta vida”. Después la recorrió el idealista viajero Robert Dudley. el suelo y el techo constituyen dos construccio� nes independientes.Los Warao. encajadas una en la otra por troncos de árbol. allende el curso de agua. El mismo Almirante comenta en su Diario de a bordo cómo una ola inmensa. techadas con hojas de palma de moriche ojidu arroko. Las observo y detallo yo también. La emotividad del instante me induce a reflexionar sobre mis lecturas en relación a ellos. a comienzos de agosto de 1498. estas aguas las surcó también el famoso aventurero y literato inglés �alter Raleigh. exploradores y conquista� dores. pues me ha en� cargado redactar las narraciones de las fotos. Posteriormente. Sus antepasados vieron el arribo de Colón en el tercer viaje. quien en el siglo XVI levantó los mapas del Delta del Orinoco que sirvieron de guía a los demás navegantes. estuvo a punto de hacerlo naufragar a la entrada de la Boca de Serpiente. Los palafitos waraos son típicas viviendas indígenas hechas de palma. rugiente. quien tuvo la desdicha de perder a un hijo cerca de aquí. suspendidas sobre troncos. descansa. para mantenerse seco. casi hundidas en el agua. en un combate en la Guayana. cubierto con corteza del mismo moriche o también de una variedad de la palma de manaca llamada anare. pero ubicadas en el otro extremo de -51- . instalado con su equipo al borde del caño se encuentra muy atareado enfocando desde diversos ángulos los palafitos que nos quedan al frente. Raleigh refiere cómo su hijo había muerto en el primer asalto. El piso. maravillado por la es� tilizada gracia de esas habitaciones acuáticas que parecieran brotar del plácido caño. Con dolor de padre expresa “yo no he perdido únicamente a una querida prenda. gente de canoa tales en caso de necesitarlo! ¡Y han pasado más de cinco siglos en la clandestinidad! Al contemplar al resplandor de las llamas sus rostros circuns� pectos. Estas mismas viviendas. que de cuidar su vida”. Interrumpo mi soliloquio histórico y decido reunirme con papá quien.

aunque la oscuridad está lejos de caer. quizás para jugar a asustarlos. Durante este último diálogo Jabasuru había regresado cargan� do unos grandes y suculentos ñames que traía del conuco. gente de tierra alta ( jota: tierra alta. Viaje por el mundo indígena venezolano Venezuela. Los morochos se inquietan aún más al oír la palabra caimán: —¿Hay muchos por aquí? —indaga a su vez Ocho. ¿o serían los chasquidos de las ramas con el viento? Por si acaso. que parece surgir del mar Adriático. y le piden que indique con la mano la dirección de su origen. y los dejamos satisfechos al señalarles al oeste una dirección lejana. Mas enseguida. -52- . habitante) llega a sus poblaciones. para protegernos de la plaga y para defendernos de las fieras salvajes —responde Kosibu. en voz tan sonora que al oír la palabra “fieras”. agrega una frase tenebrosa—: pero a veces se escuchan sus gruñidos en la noche. habitadas para entonces por los Paraujanos hoy desaparecidos. el occidental. cuando el navegante floren� tino Américo Vespucio al llegar allá en 1499 recordó a la legendaria Venecia. A su palafito o casa los waraos lo llaman hanoko. lo primero que le preguntan es “de qué lugar viene”. —¿Por qué construyen sus viviendas de esta forma. Mor se sobresalta: —¿Cuáles fieras? —no se imagina que el discurso va en serio. —¿Es decir que estuvimos en peligro mortal? —chilla Mor. sin importarle su procedencia. un ronco gemido. En ese momento nos llegó un ruido siniestro. —No hay tantos —Kosibu es sincero. a orillas del lago de Maracaibo. Así lo hicieron con nosotros. Pero ellos no podrían trepar a nuestros palafitos. —En primer lugar los caimanes. nos acercamos a nuestros pa� dres. Para ellos noko es “el lugar”. Cuando un fo� rastero o no waraos. mirando confiados la pira siempre encendida. jotarao. al que llaman. y al lugar le dan mucha importancia. es decir que deben adaptarse a su hábitat. —Lo hacemos porque habitamos una tierra fangosa y anega� diza. aunque ya creo saber la respuesta. arao: gente. que son una tremenda ame� naza por ser estas aguas estancadas y oscuras.El Chamán de los Cunaguaros. fueron las que dieron origen al nombre de Venezuela. y no las han modificado en tantos siglos? —inquiero entre la juventud para tener un testimonio directo.

sobre las aguas. a la que tanto aspirábamos.Los Warao. —Muchísimo. José de Oviedo y Baños. no lograste estudiar en la universidad? —No pude. la palma moriche. Todavía conserva especies endémicas desconocidas. gente de canoa —Nuestro país de agua. Y aho� ra. Puedo mostrárselos. Fray Pedro de Aguado. Hubo uno muy importante. Para la universidad. De mi generación. como nos gusta llamarlo. Jabasuru. con el fin de hacernos escuchar. en el cual se logró un pequeño cupo de admisión a las universidades destinado exclusivamente a los indígenas. Eran otros tiempos. es uno de los más antiguos y ricos ecosistemas del mundo. Tengo en mi vivienda varios libros de cronistas e historiadores que he logrado reu� nir a través de años. las -53- . como yo mismo. a través de algunas Misiones creadas por el Ejecutivo. a través del cual podríamos traba� jar en forma artesanal y aprovechar la bora. —¿Recuerdas los autores? —Fray Bartolomé de las Casas. sólo unos pocos se graduaron de bachilleres o de maestros. en el tercer milenio. ya varios se han graduado. Juan de Castellanos. la historia. o “paraíso de agua”. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés. Antonio de Herrera. en una de estas viviendas tan singulares de los waraos. Fray Antonio Caulín. de los primeros. realizado en 1990. no hubo medios ni patrocinio. ¡Les habrá costado bastante lograrlo! —¡Y todavía! Estamos en un proyecto de reserva de biósfera. —¡El programa completo de historia colonial! Nunca hubiese pensado encontrar una biblioteca especializada aquí. de conocer nuestros dere� chos. Nos hemos ido organizando y pudimos instalar los congresos waraos. el “Proyecto Delta Amacuro”. —Muy justo. —¿Te interesan las ciencias naturales. José Gumilla. —¿Y ahora? —La situación ha mejorado. principalmente anfibios y peces. —¿Y tú. Desde entonces. se han ampliado aún más las posibilidades de estudios superiores y técnicos para nuestros hijos y nietos. Fray Pedro Simón. Durante las últimas décadas he� mos tenido oportunidad de reflexionar. sobre todo las del Nuevo Mundo. Jabasuru? —es papá quien pregunta.

Jabasuru? Mis hermanitos. Se destacan la alta ceiba. que aún son niños. Tradicionalmente. y no nos damos cuenta! Si logran implantarlo. —¿Sapoaras. ese pez cuyo nom� bre indígena pasó a nuestro idioma. junto con la creencia de que quien come su carne no acierta a dejar esa tierra.El Chamán de los Cunaguaros. entonan con alegría. el sangrito que produce una especie de madera de balsa. pavones. la palma moriche es considerada sagrada por los waraos. casi bailando. se casará con una muchacha warao! ¡Cuánto de la cultura aborigen ha penetrado en la nuestra. el purgo. y quien come la cabeza del pez. collares. comerciali� zarlas. dijiste. permitiría a la juventud disfrutar los productos del desarrollo actual. progresar. Esto ayudaría a nuestra gente. -54- . adornos. la temiche (yawiji) y la manaca (anare). vivir tan confortablemente como en las poblacio� nes criollas. la gigantesca mora. pues ella constituye el principal recurso de adaptación de los indígenas americanos a su propio ecosistema: todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. Y con razón. el añorado canto infantil: Miro del puente del Orinoco. el Proyecto Delta Amacuro tendrá segu� ramente éxito. la sapoara y el morocoto. Las frondosas selvas que se extienden a lo largo de los caños son valiosísimas en varias clases de preciadas maderas. que con mayor precisión nos señala� rán más tarde nuestros recientes amigos: la palma moriche (ojidu). duras y blandas. La fibra extraída del cogollo de moriche sirve para tejer chinchorros y cuerdas de distinto grosor y resistencia para diferentes usos. nuestras flores. esta última en tres variedades. lazos. sapoaras. con el fin de venderlos. Además nos proponemos implantar una cría de cachamas. el cua� jo. especialmente las bromelias. y ade� más para elaborar las cestas y las coronas. el puente tiende de un lado a otro. su pasarela como un chinchorro… ¡Cómo me agrada oír mencionar la sapoara. Pero la riqueza más grande la constituyen las palmeras. Mis hermanos y yo logramos distinguir tres clases. que nosotros mismos hemos observado en nuestro reco� rrido. Viaje por el mundo indígena venezolano maderas.

¡Y cómo nos alegra pensar que en el próximo. odontólogos. ayudarán y defenderán mejor a su pueblo. —La figura del cacique —interrumpe papá que siempre trata de aclararlo todo—. podríamos encontrarlos con títulos universitarios de profesores. tan representativa y famosa en tiempos de la -55- . Con las hojas techan las casas y con los pecíolos conforman arpones. su mirada adquiere un destello extraño. La corteza se utiliza para hacer los pisos de las casas. la condición esencial. —Un trabajo y una lucha constante. gente de canoa que usan en ocasiones festivas. botánicos!… Jabasuru sigue reflexionando: —Nuestros jefes nos han guiado bien… y nos siguen guian� do… especialmente los líderes más jóvenes. —Hablas de dirigentes. ¿Porque estamos nosotros? ¿Por cierto temor reverencial? Sus ojos oblicuos parecen captar un punto remoto en el tiempo. —¿Crees que ellos regresarán aquí? —Seguramente. velas para las canoas y recipientes para guardar la savia que proporciona el almidón con el cual hacen su pan o sagú. nosotros hemos trabajado y luchado mucho… pero nues� tros hijos serán profesionales. pues por presentar cierta elasticidad ofrece comodidad y resistencia a los saltos de las danzas rituales. jefes. líderes. boyas de pescar.Los Warao. salvaje. ¿Y por qué no de caciques. que pueden sustituir a la carne. médicos. enseres domésticos y especialmente para cons� truir las pistas de baile. ojalá dentro de pocos años. No hay duda. —Sí. Con la fruta elaboran una bebida muy aceptable y para completar. La firmeza de su mirada y su recta expresión garantizan que así será. la de la gente warao. que los jóvenes waraos no se aprovecharán de los recursos del Estado para especializarse en otras regiones y explotar sus conoci� mientos en lejanas latitudes. esas emblemáticas figuras del pasado aborigen que dieron vida a las primeras páginas de la historia americana? —le pregunto. Este es el pacto. en el tronco de la palma se crían unas larvas grasosas o gusanos que les suministran tantas proteínas. Se interrumpe pensativo. Papá dice que encontraremos a varios indígenas con formación de maestros y técnicos en nuestro viaje actual. Noto que quisiera decir algo que no se decide a expresar.

que algunos podían conjurar tormentas e inundacio� nes. asiente con la cabeza. ha ido desapareciendo. se aquietaron las hostilidades. nuestro número ocho. que conoce los secretos de las plantas y puede sanar males físicos y espirituales? ¿También desapareció? Se nota una gran desilusión en la voz de Mor. Aquella época de guerra contra los invasores y de rivalidades entre nosotros. —¿Y el chamán. afortunada� mente. Es muy respetado entre el grupo o nebú que nos alberga por ser el más viejo. dirigentes. nos resignamos —en la voz del anciano hay un dejo de tristeza. Naiguatá. Paramaconi. la tranquili� dad reina en nuestros pueblos. Terepaima. Sin embargo luego levanta la voz. con su acostumbrado empuje. ya no existe más. al materialismo. pues entre los waraos. tan sometido a la razón. Los grandes chamanes se fueron haciendo a un lado. quizás no. Pero son pocos. quizás renunciaron voluntariamente al poder que poseían. Con el transcurrir de los siglos. —Se ha acabado la época de los caciques. el misterioso sacerdote que tiene algo de cu� randero y de mago. —Pero entonces. ante un mundo tan distinto. —¿Eran muy poderosos? —Tanto. Viaje por el mundo indígena venezolano conquista por la forma como ellos conducían a sus guerreros y por el valor con que resistían a los conquistadores. consejeros. ¿no han tenido sucesores? —pregunta. sin perder de vista las llamas que continuamente ati� za. pronunciada después de una larga pausa en forma de murmullo sonoro. aquellos gloriosos personajes de resonantes nombres. No tenemos enemigos que enfrentar. Vivimos actualmente un período de calma. atraer las lluvias y desentrañar el futuro. La contestación de Jabasuru. Jabasuru. Tama� naco. de su fuerza original. célebres en la historia de América. casi únicos. A través del tiempo la figura del chamán ha perdido mucho de su brillo. Ocho también pareciera sentir el mismo desaliento. Guaicaipuro.El Chamán de los Cunaguaros. los ancianos han suplantado a los caciques como guías. después del acoso que nos redujo a esta exigua población actual. es completamente enigmática: —Quizás sí. todo con un simple -56- . algunos aún existen. cesó el exterminio. como en la mayoría de las etnias indígenas. decidido: —Aún tenemos chamanes.

Entonces Botoboto concluye el relato: —Poseían conocimientos especiales. ahora en su mayoría sólo practican la curandería. Botoboto titubea. Conta� minados de ritos extraños y creencias foráneas. que hasta los mismos médicos los aprecian y recurren a ellos para consultarlos sobre algunos casos específicos. se limitan al uso de las plantas curativas y mágicas para aliviar males físicos y espirituales. la gran madre de los ríos. ¿Se� ría cierto. ¿aún logran curar con las plantas? —insisto. gente de canoa gesto de sus manos. —Hoy día. de supersticiones y ceremoniales ajenos a la tradición warao. Podían convertirse en gavilanes. Quedamos dudosos ante tan extraordinarias revelaciones. quizás escrutando nuestra reacción. Pero debes saber que hay casos reconocidos por los mismos galenos en los -57- . deberíamos rechazar todo lo que decían… sin em� bargo… la magia indígena tiene tantos secretos. sus mágicos poderes tras� pasaban fronteras. al que le fue arrebatada gran parte de su fuerza. habría algo de verdad en lo que los waraos nos relataban? Racionalmente. Botoboto? —Es poco. Sus conocimientos de las hierbas curativas son tan certeros. como todo nuestro mundo indígena. —¿Tú conociste alguno de los grandes chamanes. Botoboto? —Yo… todavía… Extrañamente. volar y ver sus pueblos desde arriba. transmutados en caimán o en la serpiente de agua. —¿Y eso te parece poco. aprieta los labios y baja la cabeza. Por largo rato el “Olímpi� co” no volverá a hablar. lograban bajar a lo más profundo y revelar si había buena pesca en las pozas. Sin intervenir en el diálogo. comparado con todo lo que podían hacer antes.Los Warao. tan extraños… —¿Y ahora? —preguntamos— ¿Ya no pueden hacer esas haza� ñas? —Perdieron mucho de su poder. —Seguramente. y a un gesto impositor de Ja� basuru. El anciano calla. mamá asiente con la cabeza. con una mirada penetrante y secreta. —Y en esa colaboración entre médicos y chamanes. ¿la gente a quien le hace más caso? —Un poco a ambos… —Habasburu no se compromete—. Tor� nados en peligrosas víboras podían vengarse de sus enemigos.

estudiando mi actitud y mis impresiones. dejando a Supermudo que estuvo mudo y triste bas� tante tiempo. él estaba en un proceso tradicio� nal. Al rato. cantos. Lo hago. hacia arriba. llamándome como lo hace mi loro—. te enseñaré mi canoa. Los hacen sobre algún cocimiento. que lo llevaría a hacerse moyotu. quien los suministra y aplica. —¿Así es de verdad? ¿Cómo se explica? —Porque los curanderos conocen palabras. —Estos curanderos actuales. Y yo también a él. su mano derecha diríamos nosotros. Según me explicó Botoboto. —Telio —me dice por fin. a quien ellos llaman curandero o curioso. cele� bramos alianzas matrimoniales. más maduro que yo. hasta aquel mo� mento. la construcción de patios o áreas de fiesta y danza. planeamos el levantamiento de nuestras viviendas con sus puentes. para conjurar el mal. Pasé con Botoboto menos de una hora. Creo que tenemos la misma edad. ¿tienen mucha influencia en las comunidades indígenas? —En realidad. diferencias. —¿Y cómo son esos pases mágicos? —Son movimientos con las manos. que había vivido en mis catorce años. Es sin duda el mejor ayudante de Jabasuru. Sentimos que un halo de afinidad. ejecutados en forma rítmi� ca y característica. tratamos de mantener una apacible convivencia y la serenidad en nuestros po� blados. tanto en la vida diaria como en el trabajo —afirma Jabasuru con un desplante de orgullo—. pases mági� cos que potencian los efectos benéficos de los vegetales. Resolvemos contiendas. hacia abajo. Durante toda la conversación me ha estado mirando. de comprensión nos une y envuelve. o sobre la persona enferma o necesitada. ahora somos los ancianos los que tenemos au� toridad sobre la familia y la etnia. y quizás fue esa la hora más densa de experiencia. Botoboto se me dirige a mí directamente. pero Botoboto se nota más serio. es decir especialista en fabri� car canoas.El Chamán de los Cunaguaros. reconozco con cierta vergüenza. acompáñame. así como yo con papá. y encargado de supervisar la fabricación de todas las -58- . posado en un bucare bajo. Parecieran apartar el aire o acariciarlo. Viaje por el mundo indígena venezolano cuales los medicamentos surten efecto sólo si es el chamán. de emociones. más reflexivo. bebedizo. ven conmigo.

en un trueque en el cual asig� nan a los productos indígenas. chamanística y referente a la cosmovisión. con las diferentes especies de peces. apoyado solamente por su hahe. ni podremos jamás pagarla. nunca hemos podido. —Por otra parte —me aclara en tono burlón—. —¿Y tú ya has aprendido todo esto? —Sí. temichales y macanales. No tienen acceso directo a ella. o a veces con una hoja de palma temiche o con una conformada por vástagos de moriche. cestas. con el hábitat y comportamiento de los animales. memorizar todos los atajos y cañitos. debe conocer las corrientes de los ríos y la dirección de las mareas. dentro de la cual pedirá ser sepultado. y la pestilen� te gasolina con que se mueven. Pero hay otras cosas que aún no domino. esto lo convertiría en una autoridad en materia religiosa. Al precio real de la gasolina se añade. como vela. Además de proporcionarle am� plios conocimientos técnicos. lo fui aprendiendo desde niño. el verdadero warao nunca renunciará a la navegación tradi� cional en su canoa. a diferencia de nuestros brazos (y aquí levanta y extiende los suyos. —¿Hace falta conocerlos? -59- . Además. y el canalete sólo lo emplean para distancias cortas. por ejemplo las constelaciones y los astros. Si bien es cierto que también entre ellos en la actualidad se ha generalizado el uso de motores fuera de borda. esos motores se echan a perder a cada rato. chinchorros. distinguir los caños no funcionales o de escasa corriente. musculosos). ¡huele malísimo y cuesta carísima! Nosotros. no poseen dinero para pagarla y los muchos revendedores se la cobran mucho más de lo que cuesta. Un simbolismo profundo conecta la canoa con el destino ulterior del moyotu. Debemos dominar la red de los gran� des ríos del Orinoco. gente de canoa embarcaciones de la comunidad. tienen una vida breve. un precio irrisorio. canalete. los de Murako. que transcurre muchísimo tiempo en ella.Los Warao. con la calidad y época de maduración de los frutos silvestres. tenemos que familiarizarnos con la ubicación de los morichales. pienso. sombreros. y tener amplia experiencia para cubrir grandes distancias. —Para sobrevivir en el Delta —prosigue Botoboto con gran compenetración— es necesaria una comprensión completa y a la vez detallada del medio ambiente. la antigua explo� tación de que son objeto los indígenas. limpios. bronceados.

con relámpagos y truenos. trasladarse a ellas. Hay épocas especiales -60- . determina el día. luego. son necesarias. —¿Cómo saben cuándo va a llover? —vuelvo a la carga. La vida de los waraos depende del ciclo anual marcado por ellos. Lo cierto es que frecuentemente destruyen y obligan a abandonar las plantaciones de maíz y plátanos que algu� nos waraos y criollos intentan cultivar. de tronco rojo y de tronco blanco. así como las fases de marea muerta y marea viva. —Durante nuestra estación seca. jokoji. explícame mejor. preparar otras viviendas. jo manuka y joida. —¿Las lluvias representan un problema para ustedes? —me atrevo a preguntar. La luna. El sol. —No entiendo bien. He Araní. Desde pequeño aprendí a re� conocer y ubicar los árboles apropiados: los bisi y los habe. una estrella de la constelación Cáncer. —Pueden serlo. —¿Y la navegación. Debemos estar prevenidos y almacenarla en pozos. prevenirlas y tomar medidas. Por otra parte. waniko. y nos damos cuenta de que Orión y las Pléyades han desaparecido. nuestro kura o joida. se cuenta por el paso de las lunas. —¿Estas crecientes son peligrosas? —inquiero con aprensión. por el Oeste. —No. Los primeros aguaceros son terribles. pero la duración de la luz y de la oscuridad la rigen las constelaciones. Cuando se presentan creci� das excepcionales todo se pierde y sólo es posible. y la fabricación de canoas. que también determinan las épocas de lluvia. en la época de lluvias. el Orinoco experimenta una fuerte creciente y las islas del� táicas se inundan: hay que abandonarlas. Botoboto? —Más que todo con la práctica. El año. Viaje por el mundo indígena venezolano —Es imprescindible. una vez al año. pues no tenemos otras fuentes de agua dulce. aprovechar esas tierras como pastizales en la época seca. de ninguna manera.El Chamán de los Cunaguaros. ya. debemos saber cuándo empiezan y cuándo terminan. Para algunas etnias comienza un nuevo año. de enero hasta abril. —Cuando al anochecer aparece encima de los árboles. determina con sus fases el flujo y reflujo de las aguas. sabemos que está entrando la estación de las lluvias. ambos selváticos. el agua cercana a la costa se vuelve salobre: este fenómeno puede llegar has� ta unos sesenta kilómetros río arriba de todos los caños. cómo las apren� diste. Pero.

considerados expertos carpinteros. halagado por mi evidente interés— aunque a ambas se les llame corrientemente canoas: hay curiaras y canoas monóxilas fabricadas a partir de un tronco ahuecado. Dauarani. Botoboto sonríe orgulloso. en la construcción de excelentes canoas y curiaras. Pocos conocen hoy en día la manufactura de las curiaras tradicionales. exacta. La fabricación de una canoa es un proceso largo. —Yo leí en mis libros de historia que ya desde la época de la Conquista era conocida la habilidad de los waraos. se ha logrado el espesor apropiado del casco y se detiene el proceso de -61- . Asombrado por su extre� ma precisión exclamo: —¡Ágil. dándole un aura mágica. Telio. estrecha. que requiere precisión y exactitud. para ahuecar la parte central del tronco. Se construyen de un solo árbol. otor� gue el permiso y en que el guardián del árbol. esté listo para transformarse en canoa. ayudándose con el fuego. a los que algunos antes llamaban guaraúnos. refulge con la luz que apenas penetra por entre los árbo� les. anti� guamente usando hachas de piedra. Arotu. —Hay dos tipos de embarcaciones —sigue explicándome con paciencia. y embarcaciones más pe� queñas hechas de corteza cosida con fibras de palma. —Exacto. pide a gritos ser usada! Ante mi incontenible admiración. Cuando el vaciado ha llegado hasta las perforaciones. que realizaban según antiguos métodos mediante hachas de piedra y conchas marinas. pareciera dispuesta ya a cruzar los caños. Pero detente. Después que el tronco ha sido moldeado se le perforan pe� queños agujeros en la parte exterior. construida para ad� quirir velocidad en el agua. He aquí delante de nosotros la canoa de Botoboto: al pie de un tamarindo. Para un especialista en hacer canoas la cuestión no está en tumbar el tronco apropiado.Los Warao. para asegurarse de que no se haya ahuecado más de lo conveniente y resulte en un casco demasia� do delgado. aerodinámica. sino que es mucho más compleja: hay que esperar el momento propicio en que la madre de la selva. así lo hacían y en parte todavía lo hacemos. actualmente con herramientas de metal obtenidas de los criollos. que se usan para cruzar ríos menores. gente de canoa para tumbarlos y para cortarlos y tratarlos. capaz de contener en su interior fácilmente unas diez personas. De extremos aguza� dos. un brillo especial. ya hemos llegado.

la cautela. Sabes. —¿Vas solo? —Siempre solo. —¿Cuáles poblaciones? —Barrancas. Me gusta navegar por nuestros ríos. es necesario que quien la lance al agua sepa detectar los peligrosos bajos. en soledad. solitario navegante en el Caribe con su canalete labrado y su vela vegetal. Curazao. Pero. puedo navegar días enteros.El Chamán de los Cunaguaros. la prudencia. —De ninguna manera. las islas del Caribe. Siento envidia por esa forma de vivir. casi ofendido. Con mi curiara surco las aguas del Orinoco. de las co� rrientes. la mancha colorida del guayuco sobre el cuerpo desnudo. experto y soñador. Por su mirada seria y su expresión ceñuda. A nosotros difícilmente. creo que lo he sor� prendido. interlocutor de la bóveda celeste. de los vientos. yo soy canoero. a veces junto con el canoero —concluye sarcásticamente. lucho con los caudales y los remolinos. sigo las corrientes. el suyo. Barranquilla. las arenas movedizas que pue� den tragársela sin remedio. no pescador. Viaje por el mundo indígena venezolano ahuecamiento. por inexperiencia o imprudencia. como él lo hace. Telio. —¿Y cuáles islas? —Trinidad. —A veces. los acechos de la naturaleza? ¿Cuánto tiempo me llevaría aprender todo lo que él ya sabe? ¿Quién me lo enseñaría? Me doy cuenta de que es. Paria. —¿A dónde vas con tu canoa? ¿Sales a pescar? —agrego impru� dentemente. Me he dado cuenta de ello a lo largo de mi ob� servación y de nuestra conversación. procuramos ser meticulosos y precavidos. —¿Puede suceder eso? —me extraño. tocar las poblaciones de los criollos. Quisiera imitarlo. ¡Dominar el mar! Me imagino a ese joven warao. no hay sino quince kilómetros de aquí a Trinidad. No lo dudo. caños y por nuestros dos mares. se tapan los agujeros con tapones de madera. Tobago. ¿sería yo capaz de vencer. Margarita. Por fin. que domino el mar. la reflexión son sus características. un -62- . penetro en los caños más escondidos. los anegadizos. Aunque sean creativos. a los criollos. Tucupita. Sin embargo. sentir que supero los peligros. Los waraos no dejan nada a la improvisación.

¿Los tenemos nosotros? ¿Hasta qué punto? Botoboto percibe mi preocupación. —¿Es posible. casi abrazada por el oculto verdor de la vegetación. intensamente. Yo navego de uno a otro. de volver para completarla y proseguirla? Aún no lo sé. —Has hablado de dos mares. Regresaré aquí preparado. Cuando tú vuelvas… Se interrumpe y nos miramos los dos. hollar tierras jamás pisadas por ser humano. hayas logrado cruzar aguas nunca surcadas. y vuelvo a navegar. poética. la sutil canoa impulsada por el liviano canalete entre los manglares. los loros. Telio. Es aún muy poco explorado. Ninguno de nosotros. los pericos. casi des� conocido. en el mar Caribe. El más occidental de los caños. por el mar. las blancas o rosadas garzas. Ya que terminé con buenas calificaciones el liceo. Me sonríe: —Quiero decirte. gente de canoa saber conquistado lentamente a través de generaciones. serpenteando entre las islas por cañitos escondidos entre ramas y hojas. momento a momento. llamado Río Grande. que en este siglo XXI tú.Los Warao. de no olvidar esta lección de vida que Botoboto me está dando. la constancia. con bases -63- . Mánamo. el valor. mi vacilación. luego a través de los caños más grandes. Haría falta el empeño. de día y de noche. acompañada a trechos por bandadas de pájaros. mientras que el brazo mayor del Orinoco. ¿Qué entiendes con eso? —Nuestro Delta es muy ancho. como creativa. morena. transmitido fielmente día a día. el desprendimiento que los indígenas tienen. lograría hacer lo mismo. por lo menos en esa forma tan natural y espontánea. el guayuco� delantal (bua o buha) hecho a la manera antigua como el que lleva ahora levantado por el viento. en tus nave� gaciones con tu canoa. aprovechar sombras de árboles que nunca resguardaron la presencia del hombre? —Completamente cierto. saludada desde la orilla por sorprendidos dantos y bá� quiros y entre las aguas por morocotos y sapoaras. los guacamayos azul y amarillo. Otra vez ante mis ojos la figura esbelta. vierte sus aguas en el Atlántico. al que ustedes llaman Golfo Triste. Botoboto. desemboca en el golfo de Paria. Y te diré más. espero conseguir un subsidio para estudiar oceanografía y piscicultura en la Universidad de Oriente. que estoy haciendo investigaciones sobre el ecosistema del Delta. “Cuando yo vuelva…” ¿Habrá un retorno? ¿Seré yo capaz de no dejarme arrastrar por la rutina ciudadana. los criollos.

Pero yo me siento mortificado. con tan limitada prepa� ración. ¿Cuándo. dauwaba. miles de luciérnagas rodean los palafitos. Nos acercamos al campamento. La noche cae con un pleno de estrellas que relucen casi al alcan� ce de la mano. sobresaliente estudiante ilus� trado de principios del siglo XXI. dónde y cómo podría yo. Todo está dicho. o por lo menos comparable a lo que se propone hacer y seguramente hará con tan pocas herramientas tecnológicas.El Chamán de los Cunaguaros. este indígena. y al atizarla en las madrugadas frías ubahe. Durante el día se mantiene en� cendido en la cocina. criollos. en la noche se coloca debajo de los chinchorros para que dé calor y ahuyente la plaga. hacer algo tan importante. utilizando arpones fabricados al mo� mento con vástagos de palma moriche. producto directo de la selva y de las aguas del corazón de nuestra misma tierra? Se anuncia el anochecer. al amontonarla. Botoboto. Creo que podré adelantar mucho en este campo. Sigo sin po� der conciliar ese sueño tan universal que abarca a todos. encima de una capa de barro. asada sobre las llamas. No hablamos más. de la choza warao. diríamos nosotros. cuando todo el mundo valorice tanto tu aporte como la riqueza de esta región. Ella es también la encargada de recoger y almacenar la leña a la cual llaman. “mueble”. Fijo los ojos en mi flamante cronóme� tro con luz incorporada. Viaje por el mundo indígena venezolano científicas. Te prometo que en aquel mo� mento. aborígenes. —Y yo estoy seguro. insatisfecho. donde descansaremos hasta el amanecer. có� modo. compuesta por lau-lau y cachamas que acaban de sacar del caño. más o menos como “el fuego de mi sueño”. cuando hagas conocer tus descubrimientos y realizaciones. guaraúnos y jotarao. hay grandes fogones. quizás con instrumentos. “mi fuego”. a la cual con razón llaman hanoko. apiñados en las alargadas embarcaciones que ellos manejan diestramente. Aún no es total la oscuridad cuando. dejamos la orilla de la selva para dirigirnos a los pala� fitos. a la que a veces dan el sobrenombre de mahekunu. Nos volvemos a mirar. con medios de trabajo. El fuego nunca se apaga. Doy vueltas en mi chinchorro de fibra de moriche. tratando de calcular las horas y minutos -64- . el lugar del chinchorro. estaré contigo. ancho. único mobiliario. al que llaman ha. la principal del día. Regresaré para compartir tu éxito. donde nuestros anfitriones nos brindan una apetitosa comida. esta vez alentados los dos. Sobre el piso de las casas. La responsable del fuego es la mujer.

—O quizás exista. de piel clara. alguna leyenda. ¿Cómo es ese chamán? —Lo describen alto. Les habla. matizado por gritos de animales. —Eso creo yo también. gente de canoa que faltan para que amanezca. Afortunadamente estoy todavía despierto cuando unos extra� ños seres. un warao mágico. que los visita y los aconseja. su mirada misteriosa. Logro cap� tar algunas frases al vuelo: —¿Nada. Los insta a conservar su cultura. tradiciones e ideología. de los centros de información. En ese momento recordé la expresión ausente de Jabasuru. Rafael? —Esta gente es muy colaboradora. —Un bello sueño por el que valdría la pena luchar. —Puede ser alguna fantasía. —En cambio me enteré de ciertos rumores. ojos amarillos. perseguirse de monos nocturnos. los hombros y la espalda ocultos en una -65- . Pongo aten� ción. en su propia lengua. A ratos me llega un murmullo apagado. la presencia mágica del chamán desconocido? La ausencia de voces humanas me permite apreciar el silencio de la selva. en ese brillo de sus pupilas. distante. confirmar la propiedad de sus territorios. Dicen que anda rodeado de animales. Parecía atisbar un recuer� do. abstraída. llena de símbolos y tatuajes. rescatar su grandeza y dignidad. les recomienda no aceptar modelos ni consignas de los “civilizados” que sean contrarios a su manera de vivir y de pensar. extrañas creencias. en un diálogo secreto que sólo yo puedo descifrar. pero creo que no saben nada. que no es tal. anunciándoles un día en que los indígenas de todas las etnias y regiones lograrán unir� se. de acercamiento y amistad. enigmática. chirriar de grillos. Son las voces quedas de papá y mamá. tener mejor calidad de vida y ocupar un lugar más justo en la sociedad actual. ulular de grises búhos insomnes. con la cabeza.Los Warao. tañendo una flauta muy melodiosa. luminosos. ¿Estaría en esa mirada. que sale con la luna. una visión lejana. Pienso en estos seres tan alejados aún de las ciudades. —¿Sí? ¿Qué te dijeron? —Me hablaron de un chamán. con una larga cabellera oscura. porque conozco la historia.

Avan� zan sigilosamente. quemen los chinchorros. Deja que te explique. Los hijos de Jabasuru nos contaron que cuando ellos mueren se hacen sepul� tar en su canoa. Wa… —¡Jebu. jebu. intentan bajar de los chinchorros. los muy cobardes. -66- . quien los hace comparecer ante él con canoa y todo. anegadas en lágrimas.El Chamán de los Cunaguaros. papá. dile que no nos pegue! ¡No hicimos nada malo. mamá y mi hermana. colgados bastante alto sobre el fuego que espanta la densa plaga orinoquense. era un juego! Eso creen ellos. exi� giéndoles una explicación inmediata. que llaman wa. caigo sobre los dos “hombres�canoa” (se trata de los morochos. se olvidan de su original representa� ción y empiezan a pedir socorro. Pero va a juzgarlos papá. —Los waraos muertos. los dos aterradores perso� najes. exponiéndose al peligro de caer y que� marse en la brasa. Wa. me lanzo yo cual rayo del mío. jebu. al abrir los ojos. Viaje por el mundo indígena venezolano pequeña canoa que sostienen cargándola con los brazos. derrumben la casa. —¡Carmen. quiere kasiri. por favor! —a nuestra madre la lla� man por su nombre y diminutivo cuando verdaderamente la nece� sitan—. Es que estábamos jugando a los muertos. jebu jebu! … Sobresaltadas al despertar de un sueño tranquilo por tan ho� rrendo barullo y viendo. ni qué diablos! —truena papá enfurecido. Al llegar cerca de Muñeca y de mamá. que empuñan con decisión. ya lo habrán adivinado) y la emprendo con ellos a puñetazos tan feroces que. toscas y puntiagudas. lanzan unos chillidos que deben haber ensayado bastante. despertado por el es� cándalo. penetran en el palafito que los waraos han destinado a nuestra familia. —¡Qué muertos. ¡Por favor. que les dan una apariencia de hombres�jaguares. vá� yanse de aquí. mucho kasiri!… —¡Jebu. el rostro cubierto por fieras máscaras fabricadas con totumas pintadas de vivos colores. y entre tenebrosos gruñidos pronuncian escalofriantes llamados: —Wa. Carmencita. Las lanzas hechas a la manera indígena. lucen amenazantes. Antes de que lo hagan. —Fue idea mía —reconoce Mor—. pues les salen perfectos.

—No. —Por lo menos aquí no existen herencias. Sin embargo. mortificado. la madre de la selva. —Sigue. sagú. cada vez más exasperado. eso fue una invención nuestra para hacer el juego más dramático. empieza a va� gar alrededor de la casa que antes habitaba.Los Warao. —Eso es todo —concluyen los morochos al unísono con un ci� nismo disfrazado de humildad. oye. papá —Ocho. —Nosotros quisimos interpretar esa leyenda. Mas no obtiene resultado. alrede� dor de los palafitos. ceñudo. que derrumben la casa para purificar el sitio. y que se alejen del lugar. —Acaba de una vez —le impone terminantemente nuestro pa� dre. Se evitan todos los líos de pleitos sucesorales. cubierto con hojas de palma manaca. —Su esencia convertida en hebu o ser espiritual. y sus per� tenencias. Una tradición tan interesante merecía que la representáramos como es debido. kasiri. en forma de viento. en defensa de su hermano. Al warao. papá. o las arrojen al río. con la canoa a cuestas? —pregunto incrédulo. acláralo completamente —impone papá. —¿Cómo. o alimento. en su plenitud. ha. ni rivalidades para ellas —apunto con un dejo de humor—. -67- . yo quedo admirado de la correcta interpretación que el número ocho ha dado al significado de la muerte entre estos indígenas. amarrándolo con lianas y esparciéndole tierra encima para protegerlo de los animales feroces. Pide bebida. oye. Ahora el pobre Mor casi balbucea: —Y su esencia espiritual principal. que significa viento… —O también “el sol de su pecho”. también por eso los waraos se denominan “gente de canoa”. convertirnos en personajes warao con su vestimenta. a la que llaman hebu. lengua. Es algo así como un retorno simbólico al vientre materno. una en� trega a Daunarani. trata de ablandarlo y aliviar la confesión. costumbres. Yo también lo había oído. gente de canoa —Es cierto —reflexiono para mí—. —El hebu va vagando algún tiempo. qué lindo. tan comunes entre los supuestos “civilizados”. que pasa la mayor parte de su vida en la curiara. se le sepulta en ella. También le ruega a los familiares que destruyan su chinchorro.

no chistaban los morochos pecadores. Sería demasiado triste para ti. un recorrido que empezamos con tanto entu� siasmo.El Chamán de los Cunaguaros. para que más bien interpreten y asuman de inmediato su personalidad de estu� diantes. y sobre todo. Quizás también a papá. que les interrumpa aquí mismo el viaje y los devuelva a Caracas. papá les impone a los pícaros que se despojen del curioso atuendo. Viaje por el mundo indígena venezolano —Pero por tanto atrevimiento y por el susto que nos hicieron pasar —truena de nuevo papá— merecen ustedes. —Rafael. Sin hablar él tampoco. magnánimo: -68- . Nos dieron lástima. con tareas. libros. temblorosos en sus apretados guayucos. no abría el pico Supermudo. y se convertiría en un fracaso para todos nosotros. castigos. re� dondas. de Mor y Ocho. Al levantarse a otro gesto im� perioso de papá. las canoítas. por favor —intercede mamá—. Yacieron en el suelo las máscaras. deberes. no hagas que termi� ne así nuestro viaje. por gestos. Y el perdón vino. en cambio. No hablábamos nosotros. callaban los waraos que se habían dado cuenta de todo desde sus palafitos tan próximos. las lanzas. Todos con la mirada imploramos perdón. exámenes. se irguieron sobre ellas las figuritas pequeñas. Siguió un silencio absoluto.

el tiempo que falta para el proseguimiento de nues� tro viaje. serviría para fijar ciertas cosas en su memoria. de manera que cualquiera que preten� da asirse de ellos se resbala indefectiblemente. jaguares y otros voraces habitantes de la selva. Las pequeñas casas de los waraos. pusieron el pie en el vacío y se precipitaron con estruendo en el agua fangosa del caño. Mamá se estremeció cuando oyó la palabra selva. Inesperadamente. ni alguno de los cultivos de ocumo tan frecuentes en el lugar. gente de canoa —Aléjense de mi vista. por lo menos no enseguida. sin reparar en la au� sencia de algunos de los puentes. ni en el jeep. pulidos. conformados por troncos de árbo� les que con frecuencia ellos alzan durante la noche. un poco de ayuno no les caería mal. Los morochos suspiraron de alivio: en realidad el castigo se convertía para ellos en el inicio de otra esplén� dida aventura. acures. primero Mor. Consigan una canoa. trepar a las chozas. construidas sobre el agua paralelas al río. Remen. cercanas la una de la otra. Para completar los palafitos están limados. pero recordó que sus muchachitos eran expertos en encaramarse a los árboles y esconderse arrastrándose por horas entre las ramas. Déjennos dormir en paz. Es casi imposible. y echaron a correr a toda prisa por la parte frontal de los palafitos. el mandato de papá no se cumplió ca� balmente.Los Warao. Les impongo no pasar la noche con nosotros. y además recubiertos del deslizante musgo del río. con el fin de defenderse de los caimanes que aunque no logren subirse acechan entre el turbio fango de la orilla a los peque� ños animales cuando van a beber. A todos nos pareció justa su decisión. Arréglenselas como puedan para dormir y para comer. planificadas en forma tal que no se las pueda alcanzar. Nuestros morochos olvidaron este detalle. y así les arrebatan a los waraos monitos. amén de que eso les dificulta andanzas nocturnas a los adolescentes enamorados. Sin embargo. -69- . Diríjan� se de inmediato a la selva y transcurran allá “solos” —y ese “solos” sonó enfático—. Y si no encontraban huevos de guacha� raca o de iguana. pues se sienten más protegidos de eventuales incursiones de cunaguaros. están unidas por unos breves puentes de tipo levadizo. y ocasionalmente algunas gallinas o pavos que les regalan los misioneros. tampoco en el campamento. que alrededor de las vivien� das está aún más revuelta y oscura. desde abajo. y que por tanto nunca logran criar. nuestro sueño completo. enseguida Ocho. báquiros.

boscosa y misteriosa. Un fuerte ronquido gutural. al fin. Samu y Kosibu fueron a buscarlos en una canoa livianísima recién fabricada por Botoboto. —¡Es él! —exclamaron los waraos con alivio. un chamán. lanzado al aire como un reclamo parecía denunciar la presencia cercana de un jaguar. dijo reflexivo: —Es un navegante warao.El Chamán de los Cunaguaros. El rugido cesó. parece que los protege a ustedes. que se la facilitó. La flauta se escuchaba más lejana. los remeros se detuvieron. que se extiende. sólo interrumpida por trazados centenarios abiertos por los mismos naturales a través de “picas”. Las palabras del joven fueron acalladas por la música armonio� sa de una flauta. el Chamán de los Cu� naguaros. Estamos familiarizados con todos los so� nidos —dijo Samu. —¡Es un tigre! —gritó Mor tembloroso. una de las cuales papá había logrado recorrer con nuestro jeep. conocemos las voces de los animales. Cuando ya iban ganando la playa. Viaje por el mundo indígena venezolano Por suerte para los dos prófugos. espesa y tenebrosa. Guiados en la oscuridad por los silbidos inconfundibles de los morochos. sin contar con que seguramente no andaba solo! Él tiene poder sobre los cunaguaros. Ninguna contestación directa. -70- . y por tanto de su propiedad. apenas detrás de las hileras de palafitos. —Tienen suerte. no habían permanecido extraños al desenvolverse de los acontecimientos. es un cunaguaro! Nosotros aquí en la selva. sus compinches en anteriores ocurrencias de menor cuantía que nunca llegaríamos a conocer. —¡No. Samu. inciertos y preocupados. los rescataron de inmediato y se dirigieron hacia la orilla de la selva. —¿Quién? —preguntaron los ceritos al unísono. tal vez! —se estremeció Ocho. —¡Un puma. —Sin él… ¡quién sabe lo que hubiera pasado con ese cunagua� ro. a lo largo de las tierras que bordean los brazos de agua. más bien estaban pendientes de ellos. igual que a nosotros. mirando hacia la orilla. los hijos y nietos de Jabasuru. —¿Pero quién es? —seguían preguntando los morochos sin ob� tener respuesta. conocidas por muy po� cos.

Y mucho más. recién asados al sol. ¡Tuvieron suerte que no les salió una tremenda baba! Al oír estas palabras. Otra vez en el campamento en tierra firme. les dieron sin embargo una recomendación: —¡Cuídense! Cuando gritaban pidiendo ayuda. me hizo adulto. maíz de su propio conuco y de postre. frutos silvestres y tortas de sagú. Al prepararnos para la partida en la media mañana del día si� guiente. nos hemos quedado bastante tiempo. apreciamos el sabroso festín warao de despedida. por ser la primera etnia indígena que visitamos. Estoy sentado en un tallo de palma con el cuatro a mi lado. me sugirió distintos caminos. por aquel “solos”. carne de tortuga y bagre rayado. sin silbar ni siquiera una vez. Como bebida. Antes de regresar. kasiri y agua con miel. Esperamos que papá tome las fotos que le faltan para terminar la película. Ha llegado el momento de irnos. Lo hicimos para ir acostumbrándonos a su vida y forma de pensar. Complacido. me hizo crecer. papá nos explica: —Entre los waraos. me luzco con un joropito. Todo se logró. Superloro abre sus her� mosas alas. pero no se atrevieron a que� darse acompañándolos. madurar en poco tiempo… casi. diría. a pesar de que se bamboleaba peligrosamente. pasarían las horas de la noche. los waraos descargaron abundante miel. cambures titiaros y tigüi�tigüi. ustedes esta� ban silbando igual al silbido de las babas cuando están criando y llamando a sus hijos. los morochos aterrorizados se apresuraron a salir del agua a grandes brazadas. y se encaramaron en una mata de jobo silvestre donde. pronunciado por papá con tanta fuerza y convicción que había resonado amenazador en toda la comunidad Murako. el todo complementado con casabe.Los Warao. gente de canoa Al aproximarse a la playa. Katera y Daunaba lo miran insistentemente: —¿Es tuyo? ¿Lo quieres tocar? —pregunta por fin Katera. se sube a mi cabeza y marca el tiempo picándome la oreja. Nos reunimos alrededor de Tío Jeep. cangrejos y morocotos apenas saca� dos del río. para tener una base de aprendizaje y de comparación durante el resto del viaje. La conversación que yo tuve con Botoboto abrió mi mente a nuevos enfoques. con jere o caracoles terrestres. -71- .

flautas y hasta unos pequeños ar� tefactos de cuerdas parecidos a violines que llaman sekeseke. Luego es Katera quien entona una tierna can� ción de cuna warao. Los morochos silban armoniosos. bien modulada. qué susto! ¡Pobres criaturas! —se asombra Mor. -72- . Noakitía tobe ji kuare ónayayakóre. —¡Qué bueno! Ya me he dado cuenta de que las familias waraos son numerosas. porque si lo oyen pueden acercársele el jaguar. —¿No tienen algo más alegre. —¿Tú también? —Yo también —se sonroja— para mis hermanitos y sobrinos. maracas. para mí o para mis futuros hijos? —la chanza es de Ocho. Algunas las componen las mismas madres o hermanas. Las canciones de cuna son frecuentes. El tigre vendrá por ti si continúas llorando. Duérmete. Tengo más de una docena. Con conchas de caracoles o guaruras que resuenan como trompetas. Ubausa. com� ponen cantos tan variados y numerosos que algunos misioneros y antropólogos los han reunido en varios cancioneros waraos. Viaje por el mundo indígena venezolano Mamá acompaña cantando. ¡Hacen falta canciones de cuna! ¿Y cuál es el tema de ellas? —El niño que debe dormir sin llorar. Las jóvenes se reúnen con una voz linda. Hermanito hermano chiquito no llores. que se ha cobijado en su regazo: Dakobo sanuka dakóbo sanúka onanaka. duérmete. me explica la bella Katera. la culebra… —¡Ay.El Chamán de los Cunaguaros. porque tenemos muchos niños. como dos pequeños arrendajos. Los waraos son un pueblo musical. dirigiéndola a un hermanito soñoliento. ubausa. con instrumentos que fabrican ellos mismos.

—Habla la lluvia… ¿qué quiere decir eso? —Cuando truena. monos —precisa Daunaba. acerca de ustedes mismos. felices cuando habla la lluvia. —¡Uy. que completamos con nuestra música. como dirían nuestros profesores en las clases de literatura. que se quedaron en la hermosura de este paisaje. -73- . gente de canoa —Pues sí. ¿no entiendes? Me lo ha explicado y lo entiendo… Reconozco que los indí� genas nos superan en comparaciones. les tenemos respeto. los niños que correteaban cerca movían sus piernas y brazos siguiendo el ritmo. felices cuando hay sol. realmente espectaculares en su pelaje rojizo. Y ya que hablamos de narraciones. qué cuento tan espeluznante! —tiembla Mor. danzas y cantos. algo que hable de su origen? —Las antiguas crónicas orales y tradiciones cuentan nuestro origen celeste: nuestros ancestros bajaron de las nubes donde vivían. —¿A ustedes les gusta bailar? —insinúa. vueltas y saltos y no toleran ser molestados. ¿No les gustan los araguatos? En el camino nos hemos topado con varios. recogió su piel. tara� reando algunas. este clima. gritándole sarcásticamente al warao: “¡Me la debes!”. pero no hay ninguno domesticado entre ustedes —inquiere Mor—. ¿tienen algu� nas otras. por una cuerda de bejucos entretejidos. metáforas y hasta imágenes. ¿A ellos no los consideran amigos? —�arao no es amigo de araguato —contesta—. casi miedo. Una le� yenda cuenta que un warao flechó a un araguato.Los Warao. Ellos practi� can al ocaso un ritual que llamamos “el sol de los araguatos”: danza entre aullidos. A ellos los miramos desde lejos. se invocan también los animales amigos de nuestra gente: cangrejos. lagartijas. loros. —En los palafitos sólo he visto los simpáticos capuchinos y aquellos graciosos monitos tití. lo despojó de la piel y se dispuso a asarlo para comerlo. Y les gustó tanto lo que vie� ron. que con su hermosa melena parecen leoncitos en miniatura. estas aguas. —Ahora miraré a los araguatos con más circunspección —agrega Ocho—. Pero al poco rato el simio se levantó. la vistió y se alejó hacia la selva. Mamá había notado que al escuchar la música y los cantos.

Se manifiesta en las figuras que describen las parejas en los bailes. sí. los waraos intercambian esposas. Sólo durante el baile. pero Kosibu la interrumpe con fuerza: —No. el cuatro es el número que regula los versos. en lugar del 3 occidental. que produce. La otra tiene forma de X y es expresión de lo mascu� lino. un sartal de sonajas hechas de semillas de retama. que representa la feminidad. pero Ocho se la sabo� tea: —¡Caramba! ¡Ni aquí nos salvamos de la discriminación de los sexos! Kosibu prefiere no comentar y desvía el discurso hacia detalles más cultos: —Quiero hacerles notar que en nuestros rituales y cantos es característico el número 4. alrededor de dos flechas sagradas. —La numerología es una ciencia milenaria —agrega Ocho. Una de éstas tiene una línea horizontal marcada con onoto. —Durante ese baile —comenta pícaramente Daunaba—. —¿De veras? —Pues. Viaje por el mundo indígena venezolano Kosibu se convierte en su informante: —Tenemos danzas hermosas. entre los palafitos. —¿Te fijas. —¿Para largo rato? —Quién sabe… —empieza a contestar provocadora Daunaba. atado a un palo. que bailamos en nuestras pistas de baile.El Chamán de los Cunaguaros. siete pecados capitales. y el número de estrofas. no. mira que hasta aquí en plena selva le dan importancia. —Y la X. Principalmente baila� mos el tradicional sagú. Hay el “de las maracas pequeñas” para el cual se prepara el sewei. Y en los cantos. como la tierra. siempre en número de cuatro. ¿no te sugiere un hombre con los brazos en alto? —Mor intenta hacer una observación seria. siete maravillas del mundo… -74- . —¡Lo veo claro! La línea horizontal es la tierra y simboliza a la mujer. como he averiguado que lo era entre los antiguos griegos. Es un ritual de fertilidad. qué va. con aires de sabiondo— y yo podría demostrarles que el número 7 también es importante en la historia occidental: hay siete virtudes. Mor? —le comento al morocho— La matemática tiene un rol primordial.

Me acomodo cargando mi cuatro. cangrejito. Tiene las facciones delicadas y el pelo liso de los waraos. sasari. es aún más importante —remarca Mor implacable— porque es lo que es lo que vas a sacar en matemática cuando llegue� mos: ¡cero siete! —Y a ti —Ocho no se queda atrás. ¿Será una carta de amor? La desdoblo con cuidado: son unas canciones de cuna warao originales. No estalla una enésima riña entre ellos porque papá que ha terminado la película nos insta a subir apresuradamente al jeep. de origen español! En el vehículo reclamo para mí el espacio trasero. quizás un adiós. a muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando -75- . Acompañándome con mi instrumento. Al último momento. con la traducción al lado. sasari. dihana. no llores. bellísi� mas. sin carne en las patas. sasari. ¿Acaso podría llamarse Filatelio? Mauka sanuka Mauka sanukáre. ¡Qué lástima que la poesía indígena venezolana no haya pasado a nuestra literatura. onanaka. ubau. la piel trigueña de los criollos. como en cambio ha sucedido con aquella. Katera susurra una palabra. sasari. pequeño cangrejito. demostrando una insospe� chada actualización de conocimientos que me deja impresionado— te va a corresponder algo peor: un cero absoluto. sasari sasari. sasari. Cangrejito Pequeño. pero que entre ellos significa “te llevo en mis ojos”. Niñito mío Hijo mío chiquitico hijito mío. no llores. miro por la ventanilla el paisaje warao desdi� bujarse en la distancia. Me imagino a un niño que duerme. Sasari Rane rane sasari. nauka sanukáre onanaka tanu. sasari. cangrejito. A muhí a toma ekeroya sasari Cangrejito se está quedando amuhí a toma ekeroya sasari. Mi corazón da un vuelco. gente de canoa —Para ti. y me tien� de una hoja bien doblada. duérmete.Los Warao. también sugestiva. cangrejito. trato de cantar las canciones.

jae… Ma jiota.El Chamán de los Cunaguaros. No llores. No llores. eh. na naná. ma moneri nerané. Onanaka onanaka. na naná. Tana nana nana ta nana. Onanaka ubau. que la serpiente viene… Mi niñito mi encanto ea. tanu. no llores. Uama naoya akari. duerme. nana. Viaje por el mundo indígena venezolano A muhí a toma ekeroya sasari sin carne en las patas. Nana. nana na nana. -76- .

—No te alarmes. más poderosos. Yo estoy listo. aparear los animales. Aparicuar —dijo un día Sesebe. Nunca lo estarás. hice todo lo que debía. Temía que intentara algo contra su vida. Pero el chamán lo tranquilizaba: —Morirse es malo cuando uno no está preparado. —Padrino. Y yo te protegeré siempre. fabricar cestas y chinchorros. cuando no ha hecho las cosas que vino a hacer al mundo. Ya he vivido bastante. cuando los grillos iniciaban su concierto nocturno. 77 . con la luna nueva. Los espíritus me anuncian que ha llegado el momento. cortar los mejores bejucos que servirían para hacer sogas.Muerte de Sesebe —Con la luna menguante será mi muerte. no puedes dejarme solo —musitaba Aparicuar. Era la luna propicia para talar los troncos más apropiados para canoas. Desde ese día. Aparicuar espiaba cada movimiento del padrino. Pronto llegó el menguante. mi muerte será mi triunfo. —No estás solo. Te guían los espíritus más sabios. Ahora es conveniente que me vaya con mis ancestros. La preocupación y la angustia que reflejaban los ojos amarillos del muchacho lo hicieron suavizar la gravedad de sus palabras con una sonrisa. mi paz.

Muchos días con sus noches viajó el joven a través de la selva en gran desconcierto. el punto de unión entre nuestros pueblos indígenas y entre todas las etnias. creadoras. estás en el mundo y en la tierra de hoy. La luz de la luna me llama. la sangre nueva. Ese es tu destino Aparicuar. Tú serás el camino. la tierra floreciente de gente nueva. ser el nuevo chamán. Pero detrás de él apareció el rostro adusto de Sesebe. donde tienes una misión importante que cumplir. en cambio. la vida nueva.El Chamán de los Cunaguaros. y Aparicuar la suya. de ideas renovadas. lleno de desasosiego. El chamán habló suavemente. Después de ti todo cambiará. Varias veces te dije que tú serías chamán y mucho más. a los abuelos del mundo. —¡Padrino! —No te angusties por mí. el chamán de la unión. Por eso eres el elegido. mi espíritu se aleja de la tierra. —¿Podré hacerlo. Ya se retiraba cuando observó su reflejo en la superficie del pozo. envolviéndolo todo en un manto de frío. Tú. Veo pájaros hermosos. en la tierra del ayer. en el mundo del pasado. En tu sangre se funden dos linajes. a mi madre. dos mundos diferentes. Aparicuar. lentamente. El último aliento del chamán se extinguió con su última palabra. la inquietud y la sed que ya comenzaba a acuciarlo. Yo estoy donde debo estar. las regiones se abrirán a un futuro mejor. Aparicuar. Tú serás la fuerza nueva. Aparicuar: tú serás chamán y mucho más. Recuerda. Caminaba como un autómata. eres el presente. Puedo ver desde aquí ese futuro. No sentía hambre ni sueño. se detuvo frente a un pozo cristalino. a mi padre. todas las culturas. mientras entraba la aurora. agobiado por el pesar. flores con rostros de mujer. Viaje por el mundo indígena venezolano Sesebe colgó su hamaca de las ramas de un moriche. Y a los padres de ellos. flota ya sobre las nubes. como murmullo de viento entre las hojas: —Veo ante mí a mis antigüeros. Se inclinó y bebió agua fresca en el cuenco de sus manos. Y a los grandes abuelos del tiempo. -78- . el único que los espíritus han designado para esta misión. padrino? —Lo harás. Aparicuar se quedó solo. Una tarde. la vía.

antiguos guerreros —¿Cómo se llega a los kariñas? Nadie contesta. a sabanas áridas: estábamos saliendo de la influencia del 79 . la frescura del Orinoco nos alcanzó y densos vuelos de mariposas multicolores nos secundaron en la segunda etapa de nuestra arriesgada aventura familiar. nos indica que vamos al occidente. empapándonos de sudor. Seguimos más confiados y a las pocas horas la carretera comen� zó a hacerse cada vez más amplia. El sol de la tarda mañana. El calor era asfixiante. que fulge detrás de nosotros. la cálida humedad gravitaba sobre nosotros. Pero. saliendo por Tucu� pita. mientras sin que casi nos dié� ramos cuenta la humedad daba paso a una brisa aromada a monte quemado. en la cual a ratos papá debía detener� se y cortar con el machete gruesos leños y fuertes bejucos que obs� truían el paso. ¿hacia qué lugar? Al salir de la comunidad warao habíamos emprendido camino por una estrecha carretera selvática. Por suerte. los kariñas… Se nos han nublado las ideas… ¿Dónde queda su territorio? Acabamos de dejar a los waraos.Los kariñas. Los ka� riñas. tan invadida por la vegetación que parecía casi abandonada. Esta pregunta de papá nos deja mudos. unos aguaceros breves pero intensos nos llenaron de renovados ímpetus.

—Hijos —se alza la voz burlona de papá que sin dejar del vo� lante. A los kariñas se les llega en automóvil. o mejor karibes. Ante las risas de sus familiares. y agregan: —Lo que pasa es que a los kariñas los llaman también karibe. En los tiempos de la conquis� ta. Casi derecho. últimos descendientes de los bravíos guerreros que antaño dieron su nombre a nuestro mar. ¡Sorpresas se van a llevar ustedes si creen que los indígenas aún no han salido de la selva! —¡Qué fácil era! ¡Qué tontos somos! —reconocen los dos bo� joticos. Viaje por el mundo indígena venezolano exuberante Delta orinoquense para entrar en las semidesérticas tierras de Anzoátegui. saliendo de su silencio habitual. es donde esperamos encontrar a los kariñas. quienes antiguamente eran muy numerosos. apenas a unos doscientos kilómetros de Tucupita. descaradamente irónicos. y cerca de las sabanas llaneras. resecos montarascales e inmensos cardones que parecen implorar el agua de los cielos con sus vegetales brazos extendidos. sentados con aceptable comodidad en nuestro “Tío Jeep”.000! —exclamo. —Sí —Mor me apoya—.El Chamán de los Cunaguaros. pero transitable. nos mira por el espejo retrovisor—. de vegetación xerófila de tipo cactáceo. ¡Los calcularon en más de 100. Yo preciso: —¡Eso era antes! karibes se les ha dicho siempre en términos generales porque descienden de ellos. especialmente a los que navegaban por las costas y las islas de este mar. Hacia esas sabanas vamos. y por fin recuerdan haber leído que esta etnia se ubica en el bosque tropical del centro occidente del país. por eso nos confundimos. y aprovecho para demostrar mis aficiones literarias agregando—. mis hermanos menores. —Muchísimos. en las islas del mar Caribe. estremecida por el término “caníbal”. pues nadie lo sabe —comentan. hasta se les llamó caníbales. —¿Cuántos eran? —pregunta Carmen. —Nadie contesta… y no dejamos mensaje. los jóvenes investigadores quieren sin em� bargo justificarse. porque desde el siglo XVI se españolizó el nombre. —¿Cómo se llega a los kariñas? —repite papá. en un paisaje predominantemente árido de tunas. por esta carretera bastante accidentada. -80- . En esta tierra roja y arenosa.

sino que durante los siglos XIX y XX. Fue una de las pocas cosas sobre los indígenas que nos enseñaron en la escuela desde los primeros grados. ¿saben qué quiere decir? -81- .Los kariñas. saqueaban y sometían en Tierra Firme a los pe� mónes. el lírico. defraudado por los es� casos conocimientos de sus hijos. Los “karibeaban”. para jus� tificar su propia crueldad. arawacos. —¿Y ahora. son unas pocas decenas de miles. —¿Por cuáles motivos? —Seguramente para hacerse del poder. y hasta hace pocos años. tal vez sólo se aprove� chaban de ellos. y a veces entre la misma comunidad. los Lucayo de Jamaica. cuando nos insinuaron que probable� mente practicaban el canibalismo. dictada por la visión oficial y por la tradición española. y además a los habitantes de las islas del mar Caribe. por aclarar que. pulga! —respondo en una broma poco cariñosa. —Mas no lo eran. el historiador —enfatiza Ocho. con eso aún hay dudas. antiguos guerreros El poeta Juan de Castellanos dijo de ellos: “Hierve la gente como hormigas”. me imagino —insinúa mamá. —¡Qué cosa! —ironizo— ¿Acaso tenían un maestro español? —No necesariamente —tercia papá con ecuanimidad—. pero está comprobado que con las comunida� des vecinas. ni siquiera criollo. restringido. se tenía y transmitía una visión dogmática de la historia. aunque vaya aumentando su número. piaroas. —¡Cállate. —No sabemos. hubo luchas que los diezmaron. —Pero eso de ensañarse contra los demás indígenas… —No exageres. en el peor de los casos. saben cuántos son? —papá. los Taíno de Puer� to Rico. waraos. como los Siboney de Cuba. Atacaban. se ve obligado a precisar él mis� mo—. ¿recuerdan? —Sí: “Nosotros somos verdaderamente humanos”. nunca alimentario. Los indios karibes eran terribles. sólo se trataría de un canibalismo ritual. los Guayquerí de Margarita. se interesó mucho por rehabilitar a los naturales. —Ya salió el sabio. “Na’na kari’na rootena” era su lema. Hoy día. los acusaban de caníbales o consumidores de carne humana? —Eso dicen. ocasional. —¡Qué exterminio! ¿Es cierto que los conquistadores. Y ningún historiador.

tenían que ser esos karibes! —pensamos nosotros los muchachos con admiración. y a la vez aclara el panorama con datos más precisos: —De ninguna manera. valiéndose especialmente de la sal. no bañarse ni nadar en los ríos. pero sin manifestarse como los únicos humanos: Na’na kari’ña rootena. Quizás pre� paraba uno de sus típicos sermones. por ejemplo la de andar vestidos y armados. “Nosotros somos verdaderamente humanos”. lo� grando sin embargo no perder completamente sus rasgos. cuando eran los dueños del mar Caribe. Hasta principios del siglo XX seguían siendo grandes nave� gantes. libres en las haciendas. para rechazar la esclavitud. O quizás lo gritarían para contras� tar la dominación de los primeros pobladores y de los criollos. ya trabajando. indomables. a veces algunos se alzaban en señal de rebeldía y se -82- . se trasladaban a grandes distancias sin usar mapas ni brújulas. comerciaban con pueblos criollos e indígenas. “karibear” todavía significa entre nosotros abusar del débil. Tal vez lo lanzarían ante los invasores españoles. fabricaban sus canoas quemando para ahuecar los troncos de los árboles que derribaban con este fin. muy pesados. a quienes probablemente verían como bárbaros. osados. de seres humanos. Algunos trabajan en las ciudades. Conforman una de las etnias más in� tegradas a nuestra cultura actual. Viaje por el mundo indígena venezolano —Sí. en la misma forma que hace mil años. es un grito de afirmación de la propia humanidad. Incluso más tarde. En aquel en� tonces viajaban continuamente. Algo indigno de los seres humanos —la voz y la expresión de Rafael eran severas. ya que siempre han sabido cómo conseguirla abundantemente en la costa. no pescar. —¿Y cómo viven ahora los kariñas? —pregunto con rapidez para desviarlo— ¿Están aislados? Papá renuncia a sus veleidades oratorias para complacerme. Tuvieron el valor de proclamar en todo momento su condición de hombres. interesantes pero. Otros se han reunido en importantes po� blados. —Aparte eso de “caníbales” ¡qué fuertes. frecuen� tados por pescadores y comerciantes de toda el área Caribe. por no entender sus costumbres.El Chamán de los Cunaguaros. —Algo que no hay que hacer nunca. Han progresado muchísimo. a veces. Transportaban gente a las islas vecinas. guiándose de noche por las estrellas y de día por el sol. donde han organizado sus renombrados “saladeros”.

sin duda legendario y cautivador.Los kariñas. lo que las “caribas” hacían utilizando cestas tejidas por ellas. Tuvieron además fama de curanderos. Sentían y aún sienten especial predilección por el color azul en su ropa. tostando café y recogiendo cacao. que huyó hacia el Amazonas envuelto en su característico faldón azul. marcaron una importante presencia en el estado Anzoátegui. pilando maíz. Tal vez por eso. y más allá los indígenas. Trabajaban en las haciendas como peones. amasando casabe. no vayan a Cantaura. los hacendados con altas botas y el foete restallante en la mano. bien sujeto a la espalda. al estilo crio� llo. de origen karibe. Se habló por largo tiempo del bandido Guardajumo. Los hombres karibes que con tesón y trabajo lograron independizarse de los terratenientes y convertir� se en propietarios de tierras y negocios. a Caicara. hoy en día son tan cercanos a la civilización. con sus hembras. robar ganado. a lo largo del período de la Colo� nia. donde se los contrataba para labrar la tierra y para usos domésticos. a Bergantín. Casi los vemos. sino hechas de bahareque. durante la Independencia y hasta las postrimerías del siglo XIX. Era frecuente encontrar en las haciendas familias karibes que tenían sus viviendas ya no indígenas. las “caribas”. de un tono íntimo y vibrante. la de los dueños. y entre ellos era muy mencionado el famoso brujo -83- . antiguos guerreros dedicaban a cometer fechorías. Era un mundo de magia y misterio. que hasta todo el siglo XIX se limitaba a una especie de falda corta o faldón. en las cuales cargaban a sus hijos. La costumbre de vestir ropas azules tuvo su origen en la abundancia en la zona de una especie de bejuco fácil de obtener que al hervirse da una excelente tintura azul. cercanas a la “casa grande”. saquear hatos. Algunos hijos de hacendados se casaron con “caribas” y tuvieron feliz convivencia y larga descendencia con ellas. Has� ta no hace mucho se oían angustiosas advertencias: “Cuidado. que hay un karibe alza� do”. para el cultivo y la siembra. los kariñas eran llamados karibes y se asentaban en los hatos de los terratenientes de Monagas y Anzoátegui. El cacao iba adelante y el niño detrás. de porte altivo y mirada centellante. En un pasado no tan lejano. ¡Lo que nos cuenta papá a continuación parece una telenove� la! Nos sentimos transportados a esa época de karibes bravíos y de hacendados que imponían la ley del más fuerte.

que más parecen hacendados criollos por su correcto atavío y sus sombreros de fina palma tejida. pero no las habíamos visto porque están protegidas por troncos de árboles altísimos. la selección de los materiales. que se decía combatió en la lucha por la Independencia a las órdenes de Páez. Tenemos la impresión de estar lejos de cualquier asentamiento humano. Quedaban bien cerca. aquéllas encubrían una sofis� ticación natural. con el porte de unos veteranos llaneros. indi� cándolas. Bajamos del jeep con las piernas adormecidas. signo de apego a la etnia. y con gran cordialidad nos invitan a sus casas. qué gran sorpresa! ¡Qué diferencia con las casas auténticas. ¡ya llegamos! —anuncia papá satisfecho. de las cestas colgadas del techo que veíamos en aquellas viviendas. Estas fantasmagóricas visiones flotaban en el aire. des� de donde le hacían señas a nuestro conductor. en la orientación de la estructura. de los fogones. -84- . —Provoca entrar —exclama mamá que nos alcanza acalorada. manifiestan una estilización artificial y rebuscada: en lugar de los bancos. nos esperan… unos muebles de diseño refi� nado. a la vez que detiene el jeep en toda la sabana.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Yaguarín. la ventilación. techadas de palma en forma elaborada. que nos habían transportado a otro mundo entre los waraos! Aparentemente simples. se dirige hacia nosotros dejando la sombra de un frondoso yaque que los protege de la resolana. Éstas en cambio. cargando a Muñeca. esféricas. clavados en tierra a manera de estacas alrededor del poblado. interrum� piendo su novelesco relato. Sobre un moderno pantalón visten una amplia camisa azul de algodón decorada con pinturas llamativas. comparables a los que lucen los más modernos apartamentos de nuestra capital. tratamos de desperezarnos y a los pocos pasos helas frente a nosotros. Pero nos percatamos de que un grupo de indígenas kari� ñas. grandes. las proporcio� nes. Hablan español perfectamente. —Pasen adelante —nos repiten atentos los kariñas. y algunos de ellos llevan colgada del pecho una placa de cobre dorado. ¡Y una vez adentro. cuando des� de su puesto al volante: —Familia.

antiguos guerreros Mamá casi no se atreve a sentarse en la elegante butaca que le ofrecen. Papá y yo nos acomodamos sobre unas -85- . y de que los suyos propios no dejen rastro en las alfombras tejidas con signos y figuras de animales. llenos del fango y tierra de las trochas waraos. Tiene mucho cuidado de no ensuciarla con los zapatos de su niña dormida.Los kariñas.

El Chamán de los Cunaguaros. El golpe de sus huesos en el duro piso junto con las lastimeras quejas y los gritos de Superloro que enseguida alza el vuelo. que justo en aquella esquina. en realidad más espectaculares que có� modas. fue un espectáculo mejor que el circo! Este episodio sirvió para acabar con la extrañeza. —¡No les dé vergüenza. aliviados. —¡Ojalá no se les voltee el chinchorro cuando vuelvan a la es� cuela. —Nuestra venganza será dulce —me susurran indignados. más como adorno tí� pico que como asiento. Los chinchorros son cier� tamente traicioneros. y si uno no los abre con la mano antes de sentarse. que al hacerlo el chinchorro se les voltea. no hallan un acomodo a su gusto. A ellos “se les volteó el chinchorro”. pero… se sientan en todo el borde con tanto empacho y mala suerte. no lo haga en ninguna otra parte. cohibidos ante tanta opulencia. hacen acudir a los anfitriones. impide la continuación de mi broma. en caso de ensuciar. divisan casi al fondo. ¡ay mis piernas!. Me pongo a Superloro en todo el medio de la cabeza para que. la conversación languidece. tal como les ocurrió a Mor y Ocho. ataviadas y aún más -86- . atravie� sa la estancia y se ubica parloteando entre las cuerdas del chincho� rro. ¡ay de mí! —exclaman en coro. carece de la suavidad de los espesos tapetes. Viaje por el mundo indígena venezolano llamativas sillas de mimbre. En ese refinado interior. les tenemos preparada una merienda especial. como dice la gente cuan� do algo sale mal por no haberlo preparado adecuadamente. Enseguida se dirigen hacia allá. Todos se esmeran en ayudarlos a incorporarse entre palabras de ánimo: —¡Vamos. corre el riesgo de rodar por el suelo de inmediato con el relativo estrépito. campeones! El chinchorro se le voltea a cualquiera. bien lo sabe quien los usa. recorriendo con la mirada el espacio� so estar. —¡Ay mi cabeza!. Mor y Ocho. un chinchorro tejido hermosamente decorado. —Levántense. los arrastra hacia atrás y los arroja con estruendo al suelo. queridos hermanos! —les comento con humor. Pero su rostro enrojecido y sudoroso. cierta reserva que enturbiaba el ambiente. debido a las macetas. Atraídas por el alboroto general se acercan las mujeres kari� ñas con sus bebés. quienes han presenciado con sus propios ojos la cómica caída por partida doble. envueltas en hermosas batas de algodón tejido en las cuales predominan los tonos celestes. la timidez. Por fin. colocado cerca de unos materos.

estu� diar un alfabeto para cada lengua. Pero. ¿us� tedes siguen hablando su propia lengua? —Por supuesto —me contesta con una mueca de desagrado. hablan español. Visten igual que nosotros. Para mí no hay sino una repuesta: dentro del fenómeno cultural que permite tanto la continuidad como el cambio. Mu� chas de sus telas las elaboran todavía. sosteniéndolo con los dos primeros dedos del pie. hechas de barro y decoradas con barniz gris. de� vorando un sabroso merey envuelto en nata y azúcar. de antropólogos y lingüistas. La lengua kariña es una lengua importante. como nos explicaron luego. Observamos atentamente el grupo. Nos obsequian con frutas y dulces preparados por ellas mis� mas. el Ministerio de Educación ha encargado a un equipo de maestros indígenas. hermanito despistado! Van entrando los menores. pero nos dirigimos miradas de asombro. que presentan en bandejas y vasijas de distinto tamaño. mujeres y niños.Los kariñas. ¿cómo lo logran? —Dime. al que he oído que llaman Sate—. verter por escrito y publicar las tradiciones indígenas? -87- . integrada a la común existencia del país? Es algo que nos intriga a todos. de la familia lingüística arawak. y no debe desaparecer. Al verlos es inevitable una reflexión. sin huso ni rueca. los kariñas. preparar cartillas bilingües para las escuelas. por qué los kariñas siguen siendo tales a pesar de la diferencia entre su vida pasada. casi ofendido—. ¿Por qué esta gente sigue siendo indígena. rojo y amarillo. hombres. No podemos comentarlo en el momento. saludan con cortesía. quieren a la vez seguir siendo kariñas y. propia de una etnia ancestral. —¿Es verdad —interfiere Mor— que como transmiten frecuen� temente por televisión. hacen bien. —¡Barnizan la vajilla tan bien como los especialistas en cerá� mica. Todos la habla� mos y la estudiamos a fondo. ¡y eso que no usan el plomo! —exclama admirado Mor. enrollando el algodón con la mano y deslizando el hilo a lo largo de la pierna. después de lo cual quedó con cara y manos tan embadurnadas que bien motivaron la recriminación que le dirigió Ocho entre agresivas muecas: —¡Menos mal que no te estabas comiendo eso cuando te sen� taste en el chinchorro. creo yo. amigo —le pregunto a un muchacho de mi misma edad que se me ha acercado. aceptando todas las innovaciones del nuevo milenio. antiguos guerreros identificadas que los hombres con su ascendencia indígena. y su vida actual.

A pesar de su sabiduría. y ni siquiera son ve� nezolanos. más o menos desde hace varios años se ha venido ha� ciendo. en los últimos tiempos… Súbitamente se interrumpe. nos visitan y se ocupan de nosotros constantemente. —¿Y los naturales? —Igual. hay una mayoría que lo hace esporádicamente. Empezaron a estudiar con los misioneros y algunos ya son universitarios y hasta profesores de lenguas indígenas en las universidades. Viaje por el mundo indígena venezolano —Esto. -88- . algunos cantos. y los lingüistas? —Ellos también trabajaron para nosotros. ni continua. que no nos hacen sentir “gente”. La Misión Guaicaipuro específicamente se ocupa de estos grupos. Sin embargo los misioneros los precedieron. —¿Qué opinas tú de los antropólogos. que resi� den en el país. Afortunadamente. ni en to� das las etnias. narraciones. lingüistas? —Es gente muy preparada. salvaguardaron y difundieron nuestra cultura. pero a mi entender presentan un obstáculo: aparte algunos muy competentes y dedicados. y frecuentemente nos tratan como tales. —¿Y los antropólogos. es decir. sino “objetos” de estudio. —¿Pero es cierto que los indígenas no saben escribir sus propias lenguas? —Fue cierto por siglos.El Chamán de los Cunaguaros. ni indígenas ni criollos. desde que se han creado varias misiones para dignificar y educar a los venezolanos de menores recursos. en un alfabeto castellano adaptado por ellos. etnógrafos. hasta elaboraron diccionarios de lenguas indígenas. no me parece acertado que nos estudien personajes de tan lejanas latitudes. Todo se guardaba y transmitía en forma oral. con muy buena voluntad. pero nosotros les estamos agra� decidos. Nos valorizaron. Apenas en el siglo pasado algunos misioneros recogieron como pudieron. —¿Trabajaron bien los misioneros? —Quizás no científicamente. ni ese invento maravilloso que es la escritura. Pero tal vez no en forma sistemática. y más lo hacen aho� ra. No teníamos alfabeto. entre ellos las minorías in� dígenas. así como algu� nos lingüistas y también algunos naturales.

—¿Quién? —Un amigo. es muy inteligente y preparado para su corta edad—. que aparece con su flauta en las noches de luna llena…Viene de lejos… Anda siempre rodeado de cunagua� ros… Nos reúne. los intentos de que tú hablas vienen desde afuera. un esfuerzo por reivindicar nuestra presencia. nuestra superioridad en muchos aspectos.Los kariñas. de lo que ha� cían nuestros antepasados. en cambio yo permanezco alerta. —Explícales algo. Sate. —No es así exactamente —puntualiza el chico que. quizás el único en su género. desde el mundo “ci� vilizado”. ¿eso es lo que tú querías decir? —lo espoleo. me extraño. ser indígenas no nos avergüenza. que abordo con cierta vacilación—: ¿Y cuáles costumbres… de épocas pasadas… mantienen? —¿Quieres decir costumbres indígenas? No tengas pena. habla claro. Mis hermanos se muestran escépticos ante estas palabras. mejor dicho. de alguien en especial entre no� sotros mismos. antiguos guerreros —Recientemente hay en el país un renovado interés por las lenguas y culturas indígenas. reconozco. el valor y belleza de nuestra lengua y cultura. al contrario es un -89- . nos explica y recuerda nuestros derechos sobre ellas. Es un chamán. —Sí… no… significa que. son nuestros amigos —lo tranquilizan sus hermanos. El interés.. Aguzo bien los sentidos. —Es bueno contar con un guía. o de naturales que se le han asimilado. del espíritu de constancia y desafío que los llevó a sobrevivir y conservar nuestra tradición. como si no las creyeran. nos habla de cómo vivíamos antes. —¿Quién es? ¿Algún maestro? ¿Algún cacique? —¿No será algún espíritu de la selva? —la inoportuna interrup� ción de Mor pone en peligro el flujo de la conversación. amigo. de sus luchas. sus renuncias. para no perder una sola sílaba. un caminante kariña que recorre estas tierras. y mucho más. Últimamente hay algo más. algo propio de nosotros mismos. Sate no le hace caso y continúa con seriedad: —Es un chamán kariña. Por suerte. uno de los pocos que quedan. Pero me resulta embarazoso formular la pregunta siguien� te. un protector —opino con sin� ceridad. Al oír esto.

Seguimos siendo exper� tos en cestería. de hermosa y dura corteza roja y pulpa amarilla. nos acomodamos todos. el hermano mayor de Sate. Señala una serie de ellos. grande. ovales. El mapire es una especie de cartera o bolso vegetal. con una fuerte asa para colgar al hombro. sí. —También cazamos. Nos acercan una fuente de barro llena de frutas re� cién cocidas de un rojo ladrillo. Viaje por el mundo indígena venezolano orgullo. Los seguimos a un rincón del amplio recinto. como talladas en madera… son las frutas del moriche. —Vénganse conmigo. nuestros amigos a la vez que echan en algunas hogueras cáscaras de naranja y limón. nos tien� den hojas de tabaco mojadas que aplicamos apresuradamente para aliviar la picazón. para que no en� tren los mosquitos que se lo comen a uno vivo. caraqueños y kariñas. Por cierto. Cuidamos con gran celo a las mujeres. que serpentean en el claroscuro de las paredes. ¿Quieren que les hable de esto? —Sí. —¡Qué bien acomodados y protegidos quedarían en un mapire nuestros útiles escolares! ¡Cómo nos gustaría lucir sendos mapires al hombro cuando regresemos a Caracas! —los morochos suspiran con melancolía. lo tejemos y confeccionamos vestimentas y alfombras. can� tos y poemas. Superloro -90- . tejido con palma de moriche y a veces con otro tipo de bejuco incorporado. Parece que están acostumbrados a la extrañeza y a las preguntas de los visitantes sobre su modo de vida—. Pues. Hilamos el algodón. pero no se atreven a pedirlos. las que el ambiente y la cerca� nía de los criollos nos permiten. que están bien cerradas y resguardadas. sobre una alfombra de tonos azulados. nuestra especialidad es la fabricación de mapires. gustosas y frescas. Creemos que nos llevará afuera. Mantenemos nuestra lengua. Pronto nos desengañamos. que se nos ha acercado. Trabajamos y decoramos fuentes y vasos de barro. colgados con simetría del techo. al que pintan de color oscuro y entrelazan con el tejido blanco de la palma formando figuras geométricas o de ani� males. Aquí durante el día se sale poco de las casas. a las cuales se atribuye el poder de espantar la plaga. conservamos muchas. sí —aceptamos los tres caraqueños. ya que se usa para guardar casabe. al patio principal o algún lugar cercano.El Chamán de los Cunaguaros. parecidas a las del mango. pescamos y cultivamos en la forma tra� dicional —nos sigue informando Vadáamaka. carne salada y frutas. es muy decorativo. Además de ser útil.

Además. —¡Hablas como un libro! —interrumpe Mor—. mientras con la otra agarra fuertemente una fruta y la lleva al pico. son todavía nuestros grandes aliados. Se instala en el borde de la fuente sosteniéndose con una patica. ya que todos sus componentes son objeto de consumo o insumo directo. ¿esas nociones y ese vocabulario te los enseñan en la escuela? —Sí. así como lo hacen los agricultores y ganaderos criollos. saboreándola entre ronquidos de contento. antiguos guerreros baja a pasitos largos de mi cabeza en la cual se había instalado ras� guñándome suavemente el cráneo como es su arraigada costumbre. caños y co� rrientes de agua formando selvas de galería en líneas irregulares. -91- .Los kariñas. claro. la alta concentración de material orgánico proveniente de ramas y hojas. al pudrirse abona nuestros suelos y los hace óptimos para la agricultura. pero además aquí los padres de uno contratan maestros para que nos eduquen e instruyan. —Las palmas que crecen a lo largo de nuestros ríos. y tratando de peinarme llevando mechones rebeldes detrás de mis prominentes orejas. Comen� zamos a comer y a escuchar.

del venado. cuatro y guitarra. el ecosistema. lapas. en defen� sa de la fauna —asevera tajante nuestro informante—. Vadáamaka. sólo matamos y consumimos familiarmente acures. El inglés nos sirve mucho en nuestros intercambios con la isla de Trinidad. babas. Por eso. y según las épocas. chigüires. quienes trafican con esto. en práctica. picu� res. algo tan de actualidad? —Actual será para los criollos —casi me agrede— nosotros lo hacemos desde siempre. portafolios. —No te molestes. cachicamos… ¡pero en pleno siglo XXI lo hacen con flechas. los naturales. conejos de monte. —Pues sabrás —responde Vadáamaka airado y molesto— que no somos nosotros. En principio. —¡Oye! —objeta con buena puntería un morocho—. explícame cómo lo practican. para impresionar? ¿Cómo se explican las tremendas carteras. monederos. zapatos de piel de serpiente y cocodrilo que lucen las grandes damas de nues� tras ciudades y de las extranjeras? ¿Ajá. más fuerte es la prohibición. jaguares y perros de agua bautizados por ellos nutrias. cerbatanas y lanzas! —Porque entre los kariñas está prohibida la escopeta. se dedi� can a la caza de báquiros. venados. aunque no tocamos piano sino flauta. cuanto más grande es el animal. de otros animales.El Chamán de los Cunaguaros. con Guyana. en la amplia sabana llanera. Sigo oyendo. tigres. Son los negociantes criollos y de países vecinos quienes sacrifican varios -92- . acures. cómo lo logran. dantas. qué me dices? —insiste. tortugas de río. con los turistas… Me doy por vencido y no insisto. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Era lo que faltaba! —exclamo casi irreverente— ¡No me ex� trañaría que los niños de por aquí hablaran inglés. en todas nuestras etnias está prohibida la caza del danto y limitada la del manatí. y tocaran piano y violín! —Pues —contesta Vadáamaka sin captar mi ironía— habla� mos inglés. ¿cómo se justifica entonces el comercio de pieles de caimanes. francés. Otra sorpresa: me entero de que estos jóvenes. ¿No saben que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversidad del planeta? —¿Los kariñas se preocupan por la protección del ambiente. —Por tradición. por respeto a los animales.

bagres y muy de vez en cuando. no los vemos casi nunca. sin embargo ninguno me contesta. Cambian rápidamente el tema. los voluminosos sirénidos que tanto maravillaron a los conquistadores. lo siguen a todas partes. -93- . no los persiguen? —Cunaguaros ni hablar. se los compramos a los criollos en Ciudad Bolívar. nadie los tocaría. tra� tando de averiguar algo más. los jóvenes ar� queros kariñas los flechan con el arco. contagiándonos. la plaga se ha calmado. ¡pobres caimancitos! —¿Siguen dedicándose a la navegación? —La navegación tradicional. —¿Y las bicicletas? ¡Qué pregunta tan citadina la de Mor! Se ríen a más no poder. Tenemos lanchas a motor y por supuesto. jaguares. antiguos guerreros animales silvestres. —No has mencionado los cunaguaros. nadie quiere problemas con el chamán que los reúne y los protege. automóviles. Él los lleva consigo. en El Tigre: Jeep. Advierto una mirada de complicidad entre los dos kariñas. para no exterminarlos. a pasear por los alrededores. serpientes para vender sus pieles y enriquecerse. de dónde viene? —insisto. nos invitan a salir. camarones. de la misma manera tradicional. peces armadillos. Toyota. Quizás consideren que nos han sufi� cientemente informado. Hasta a los pequeños caimanes. cachamas. palometas. —¿Con tan agrestes carreteras y distancias tan grandes? ¿Qué automóviles tienen? —¿No los vieron al llegar? Están parqueados al borde de la em� palizada. son los mismos que poseen ustedes. guabi� nas. 4 x 4. ca� mionetas y pick up para el transporte de productos y animales. que tienen la costumbre de sacar la cabeza fuera del agua y constituyen un blanco perfecto para los ambiciosos cazadores de escopeta. Y aún si hubiera muchos. tigres. la hemos abando� nado casi completamente. ¿Hay muchos por aquí? ¿A ellos no los cazan. en esta época. El calor ha disminuido. Los atacan con el arco acabándolos generalmente al primer flechazo: es esta una medida prudencial que reduce el número de animales muertos y ayuda a conservar la fauna. —¿Pero quién es ese chamán. hasta manatíes.Los kariñas. nos cuentan que también pes� can. Mientras caminamos.

se ve que lo decidieron. Viaje por el mundo indígena venezolano —No. mejor caballo —insisten divertidos—. No tendríamos la fortaleza ni el valor de declararnos “indígenas”. batata. ¡Pero qué divertido sería ver un indígena en motocicleta. a los naturales no nos gusta mucho eso de indígenas. Nosotros somos indios. disponer de ellos en abundancia… nada de enlatados ni congelados. entre el regocijo de los kariñas: Súbete a mi moto nunca encontrarás otro amor tan veloz. cantan a dúo. como siempre. por eso ahora. bien regados y ordenados que había� mos admirado en la última parte del trayecto. Luego oímos que se empeñan en ser excelentes agricultores. de lejos: gran� des cuadras de hermosas bestias. de piel reluciente. junto con los potreros llenos de hermosas vacas y toros de buena raza. sin consultarnos. caña de azúcar. pues cultivan sistemáticamente maíz. Es algo ficticio. Los caballos sí los habíamos observado en la vía. auyama. melones. indio no monta bicicleta. siempre lo fuimos. además de los vegetales y hor� talizas implantados por los criollos. ¡Es una sana manera de vivir y si pudiéramos. Y si no los hay. Nos señalan la dirección de los extensos campos cultivados. —A nosotros nos agrada comer alimentos frescos. la pa� labra indio hoy día está bastante reivindicada. gesticulando y moviendo las manos como si estuviesen manejando una moto. Y poco nos gustan las bicicletas. plátanos. —¿Indio? ¿Ustedes se llaman a sí mismos indios? Creíamos que era un término despectivo. de -94- . yuca. En realidad. —Pues si supieras. bien cuidadas. tabaco. bicicleta no. y los corrales pobla� dos por inquietos becerros.El Chamán de los Cunaguaros. hay consenso en decirles indígenas. motocicletas. hasta por decreto y por ley. con casco y todo! Los morochos. nunca habíamos visto un indígena en bicicleta —reflexionamos— ¿Por qué será? ¿Acaso los veremos más adelante? —Por aquí caballo. nos provocaría imitarlos! ¡Pero qué difícil sería para nosotros vivir como indíge� nas y como criollos al mismo tiempo! No sabríamos hacerlo.

como estos kariñas. culturas tan genuinas y puras. Mamá dormitaba con Maigualida en una fresca butaca. como un celaje oscuro. con el sudor de la frente. sin perder los rasgos de su cultura. no por eso han perdido su identidad y sus característi� cas propias. o los indígenas criollos? —Qué guáramo. su di� versidad? Por el momento. ¡Son extraordinarios estos kariñas! Quizás sean ellos el único grupo aborigen del oriente. conseguir nuestra propia alimentación a la manera antigua. Además. Se la confío a los morochos. que goza de un nivel de vida igual o superior a los denominados “criollos”: poseen. se ve que practican activamente la solidaridad. No tendríamos la voluntad ni encontraríamos el tiempo para cultivar. como Dios mandó a los hombres. su complejidad. Mor la toma muy en serio: —¿Pero qué es mejor. Papá se había quedado para descansar del ma� nejo. ¿estás loco? —lo recrimina Ocho— ¿Cómo vamos a volvernos indígenas. ¿podrían todos ellos volverse criollos. Yo tuve el honor (dudoso) y la responsabilidad (grave) de ir con ellos para vigilar a mis dos inquietos ceritos. consciente de su propio valor. ni solución de compromiso. de la civilización occidental? Eso sería un retroceso. tachándolas de menores o de diversas. Por entre las hileras de cacao el calor era agobiante. un desencuentro total. ¡Cómo me gustaría permanecer más tiempo entre ellos. dis� frutan y saben aprovechar los adelantos de la existencia moderna. Nos sor� prendió el cruzar de una sombra. Poco después seguimos a los kariñas a la plantación de cacao que debían atender. pescar. —Entonces. antiguos guerreros luchar por mantener una lengua. a asimilar. Estoy orgulloso de compartir con esta gente recia.Los kariñas. que los criollos nos volvamos indígenas. Quisiera que nunca perdieran ese deseo de ser ellos mismos. sin embargo. hermosas e importantes. Y para completar. ni punto de en� cuentro. en un mundo que tiende cada vez más a anular los gru� pos minoritarios. Un grupo -95- . cazar. no encontramos contestación. espe� cialmente tecnológicos. o de todo el país. No existe la mendicidad entre ellos. a vivir alejados de los aportes. unas tradiciones. sentirme su hermano. su amigo verdadero! Siento el deseo de manifestar esta inquietud.

luego sacar las semillas de cada fruto y ponerlas a secar al sol. Pero ya esta cosecha está lista. pueden derretirse. lo partió y salieron blancas se� millas. si fuera bien cultivado y valorizado. reflexionando sobre la riqueza que podría proporcionar el cacao.El Chamán de los Cunaguaros. un poco inquietos. como creo que lo fue en siglos pasados. —¿Quéee? ¿Quéee? Mis dos cómicos hermanos se aterraron Pero luego Sate les ex� plicó que se trata de un diablo bueno y amistoso. cuando los venezolanos que te� nían haciendas de ese fruto vivían tan esplendorosamente que eran -96- . anís. dice ¡el chocolate es vida! —completa Ocho. hay que molerlo. —Después de secarlo al sol. las garzas. —Parece un embrujo —dijo Ocho. —Y por allá —completan de una voz los morochos. Biscucuy… —empieza Mor— la gente al tomarlo. atraído por el bello colorido del crepúsculo lla� nero y por los vuelos de los pájaros. porque adora su olor. que vive entre las matas de cacao y las cuida. yo me encaminé. por un sendero abierto hacia una mata de sabana y un estero. Nos detuvi� mos. Viaje por el mundo indígena venezolano de tórtolas corrieron y levantaron el vuelo. solo. huyendo. celebramos esta simpática coincidencia. ¡El chocolate es vida! Dicen por aquí. como te dije. —Es el diablo— comentó sereno uno de nuestros amigos. agregarles la leche. —Es cacao crudo. Sólo así adquirirán su sabor fuerte que tanto nos gusta en bebidas calientes o frías. —¿Cómo es eso? —Cuando prepara chocolate en las veladas navideñas. mamá nos cuenta que en su pueblo. muy aficio� nados a las golosinas. el corocoro. —¿Y cómo se prepara el cacao? —preguntó Mor. Allí se le agregan especies como canela. vainilla y se amasa en pelotitas que se ponen de nuevo a secar. el alcara� ván. Nos las dio a probar: eran dulces. calma y energía. has� ta que quede como una harina fina. —¿Qué será eso? —preguntó Mor. Algo más tarde. Divertidos. Ahora hay que recoger los frutos de las matas. de un aroma exquisito. y ya tienes un rico chocolate que al tomarlo provoca una sensación de placer. envueltas en una seda musgosa. siempre cu� rioso. A continuación el kariña arrancó uno de los frutos. Cuando están secas.

a nosotros los karibes nos gusta la carne de Palillo. un sentimiento de seguri� dad me colmó de una rara plenitud. —¡Ay. y les doy un varazo por la espalda a cada uno de mis fantasiosos hermanos. de un jaguar. pienso que podrían tocarse. de los peligros. seguido por un murmullo salvaje. Llega la noche y una luna gigantesca pasa por sobre nuestras cabezas y toma su puesto en el cielo. el palo po� deroso del espíritu que defiende de las brujerías. quienes decían que el juego del garrote hasta tiene una música secreta. Alborozado. pleno de estrellas enormes. asesino! —¡Tan cruel como un conquistador español! -97- . Los kariñas nos han dispuesto cómodos chinchorros y enseguida me entrego al sueño. Una extraña sensación que me hizo erizar la piel me sacó de mi error. vislumbré su imagen. de una ser� piente. Minutos después me despierta un dolor insoportable al pie descalzo que asoma fuera del chinchorro. No pude detallarlo. un hálito de fiera escondida. Interrumpió mis reflexiones un rui� do en la hojarasca junto a los chaparrales.Los kariñas. aun� que esté flaquito. sino algo tangible. de las malas in� fluencias. ¡Es puro hueso! Empuño a toda velocidad una varita de palo santo. cruzó la maleza pa� ralelo a mi senda. me detuve pensando si no serían los espíritus ancestrales de los valerosos karibes. Me sabía observado. Casi quedándome dormido. No era ninguna fuerza espiritual. una presencia poderosa que parecía acompañarme. Una forma indefinible con la rapidez de un pájaro. pude seguir mi camino y regre� sar a la vivienda para reunirme con mi familia. Sentí sus ojos sobre mí. antiguos guerreros llamados “los grandes cacaos”. pero extrañamente. su fuerza que per� dura y trasciende el tiempo y la tierra que habitan. Sentí el ruido de sus pasos. que parecieron presagiar una presencia intangible. y que providencialmente había recogido en el paseo por los chaparrales para transformarlo en un garrote si� milar a los de los antiguos garroteros larenses. ¿Qué animal me deparó tan tremendo mordisco? Mas enseguida oigo susurros: —¡Mmm… sabrosa carne humana! —Sí. un visaje entre los árboles. tan al al� cance de la mano se ven. analizados mis movimientos —¿estaría imaginándolo todo?— dudaba.

en tu tez morena. Alegres silbidos de pájaros van bordeando la melodía con increíble acierto. mis hermanitos pájaros que hacen gala de su arte imitando los más bellos trinos de aves. —Nada. uno para mí. —¿Qué pasa. Agradecemos con gozo este regalo de despedida. cuando nos alcanzan corriendo algunos niños kariñas que nos entregan con entusiasmo unos ex� traordinarios obsequios. —Caníbales. su dulzura y su carácter discreto. una grata pregunta llega a mis oídos: —Filatelio. caníbales —susurra Superloro. antes de volverse a dormir tranquilito en mi hombro. La mañana se presenta pronto. Nos dirigimos hacia Tío Jeep para cargarlo con nuestros enseres. babas. —Sate —contesto de inmediato— vamos a ensayar una can� ción. yo te sigo. que encarna el tipo de la mujer criolla por su rostro mesti� zo. Yo toco guitarra. Rafael. que han venido a despedirnos. soñaron con unos caníbales. Son bellos mapires tejidos con fuerte be� juco y adornados con intrigantes dibujos. Me quita la varita de palo santo y se lleva por las orejas a los dos morochos antropófagos. dos idénticos para los dos ceritos. nada. entre los cuales creemos distinguir cunaguaros. Tú con tu guitarra y yo con mi cuatro. rendido en su lecho colgante. otro más grande para papá y el último. -98- . Duerme.El Chamán de los Cunaguaros. pequeñito. para deleite de todos. Son mis dos ceritos. Mientras saludo con cariño a mis anfitriones. ¿tocas cuatro? Vi uno en el Jeep junto a tus cosas. Yo lo acompaño con alegría dedicándolo a mi mamá Carmen. —¡Positivo! Empieza. Sate busca su guitarra. dantas: uno para mamá. la afina y entona un merenguito orien� tal. En todo el pueblo resuena la música fresca y espontánea: Tienes la ilusión del campo en tu piel brillan como dos luceros de miel tus ojos. para Maigualida. Criollísima. Muñeca y Carmen asis� ten con rítmicas palmadas y Superloro se regocija y gorjea de vez en cuando. Viaje por el mundo indígena venezolano En la penumbra apareció Carmen. los morochos tuvieron pesadillas. Carmen? —murmura Rafael.

y aunque dejé de verlo hace muchos años. pero no puedo unirme a ellos. silbar como los pájaros. los cunaguaros que me rodean siempre. de los caños. cantar. y sonreí al ver a mis hermanos correr. el vigía del cerro Autana. los que vienen de la ciudad. Los he visto pasar. 99 . Los he mirado de lejos. Mi techo es el cielo estrellado. Con ellos va mi padre. el que tanto querían ver. recuerdo la luz de sus ojos claros. diáfanos. de la montaña Weykpuimá. la calidez de su sonrisa. hacer travesuras. el centinela del Catatumbo. Yo me enfrento a los demonios para salvar a mi gente indígena. ¿Cómo olvidarlo? Ellos quieren ser mi familia. observé sus rostros claros. y el rostro blanco de la luna es el farol que me alumbra cuando atravieso la selva y cruzo ríos y montañas. pero mi casa es la selva y mis hermanos los tucanes. de los innumerables caminos. Son mis hermanos.Monólogo del Chamán de los Cunaguaros Soy aquel que ellos buscan. los araguatos y las lapas que acuden a mi llamado. Soy el guardián del umbral de nuestros ancestros.

En esta visión no hay fronteras. Veo un mundo donde todos estamos juntos. jodi. y bailamos a la luz de las hogueras. niebla sobre el río. Nuestros hermanos están aquí con nosotros. y mucho más… -100- . yekuana. yanomami. todos sus dones. su mano generosa. nos desplazamos. bari. Se abren caminos grandes. Viaje por el mundo indígena venezolano yo hablo varias lenguas. yaruro. pemón. sape. Soy warao. conocemos las ciudades. nadie tratará de arrebatárnoslas. soy todos y uno solo. con cariño. todos pertenecemos a la tierra y ella nos da su sustento. Este es el mundo que veo y mi corazón tiembla de alegría. hablan nuestra lengua. tenemos buenos vehículos. Cierro los ojos y aparece ante mí el rostro de mi padrino Sesebe. no hay límites. kariña. Poseemos nuestras propias tierras. estrella. Veo un mundo de dignidad. yukpa. nosotros la de ellos. Yo vislumbro un futuro distinto. wayuu. sobre el criollo. de alegría. sobre el indígena. oigo su voz profunda y gutural: —Tú serás chamán. vamos a ellas y allí nos reciben con respeto. ella derrama sobre el blanco. me vuelvo lechuza. de apertura y consideración.El Chamán de los Cunaguaros.

el Autana. Cerros delgados y extraños se yerguen verticales. una ciudad con altas torres… y al acercarnos desparecen en el aire espeso y caliente. una cascada. Son los tepuyes: el Auyantepuy. que la luz dibuja en formas irreales en el camino: un río. de alucinante encanto. pero llena de suges� tión. cru� zadas por numerosos zanjones y lechos de ríos.000 km2. Uno tras otro se suceden los espejismos propios de esa zona tan dilatada. dejando sólo 101 . cubiertas de bosques. magia en sus palabras Vamos al Sur. un lago. se eleva casi fantasma� górica la Sierra Roraima. con tierras estériles. Es una región interminable. muy a lo lejos. que se extiende entre la formación de Imataca y la de Rorai� ma por unos 35. la única Gran Sabana de Venezuela. Al fondo. interrum� pido por cadenas de montañas abruptas. la inmensa planicie llamada también Alto Caroní. con una vegetación herbácea que no supera los 10 ó 15 centímetros de altura. despoblada. Avanzamos por un terreno llano aunque ondulado. Corremos hacia la Gran Sabana. Impresionantes formaciones pétreas nos asombran en un paisaje sobrecogedor.Los pemónes. el �ekpuima y el más impre� sionante. cuales raros centi� nelas. un bosque. como de otro mundo. apenas el palmo de la mano.

Uno de los altos currucay que se elevan al borde del camino. lo vemos in� tacto. No le preguntamos. Pemón.El Chamán de los Cunaguaros. en el habla de origen karibe. enloquecidos tras la búsqueda de un fantástico. gruesas nubes descienden con rapidez. las lenguas de fuego han desaparecido. parece estallar en fuego. A pesar de su solidez y de su antigüedad (el macizo o escudo guayanés es una de las primeras formaciones del planeta). Pero al aproximarnos aún más y llegar junto al árbol. no nos habla. cansado del viaje por esa llanura ardiente.000 ocupan una porción del estado Bolívar. la cuenca del río Caroní hasta los límites con Brasil. que en número de aproxima� damente 4. del cual somos testigos en este mismo transitar. kamarakoto. tiñendo de negro pastizales y morichales. Papá. existe una comunidad indígena im� portante y numerosa: los pemónes. que se entienden entre sí: arekuna o arichuna. Las chispeantes llamaradas están tan cerca que papá trata de desviar la marcha y apartarse del supuesto incendio. incólume. Calculamos llegar antes del anochecer a las primeras viviendas del asiento pemón contactado por nuestro padre. poco hemos logrado averiguar acerca de ellos. Viaje por el mundo indígena venezolano un rastro de polvo. La etnia está dividida en tres distintas agrupaciones dialectales. Se encuentran asen� tamientos pemónes también en el valle del río Cuyuní. -102- . por haber sufrido intensa de� forestación y la incursión constante de cazadores furtivos. no queremos distraerlo. y la zona en reclamación con Guyana hasta las márgenes del Esequibo. cerca de la población de El Dorado. El más extraordinario de ellos. el grueso ramaje sigue verde. el sol desaparece. polvorienta y desierta. nos deja atónitos y sobresaltados. el ambiente es muy delicado. alucinante y quizás inexistente país: El Dorado. nombres que a veces se atribuyen en lugar del genérico pemón. estas regio� nes fueron devastadas por los conquistadores. En un pasado. con los consiguientes daños a la flora y fauna. maneja taciturno. Se dice que el ecosistema de la Gran Sabana es uno de los más frágiles del mundo. La tarde apenas se insinúa y sin embargo vemos cómo el cielo se está poniendo oscuro. En este extenso territorio de la parte suroriental de la nación. entre Guayana y Amazonas. taurepán. quiere decir “gente”. A pesar de nuestro empeño.

-103- . No me gustan. Aún así atrincherado. ¿dónde. Detenerse para guarecer� se. —Tarén. un inmenso vórtice de huracán. me hacen sentir desam� parado. Debo estar soñando o alucinando. al mismo paso. me llega la voz queda y sonora de papá: —Tarén. El aire rugía cargado de presagios. insinúo a papá: —Podríamos detenernos. no me da vergüenza re� conocerlo. En esos breves segundos creo entre� ver una sombra sigilosa moviéndose al mismo tiempo que nuestro vehículo. Parece un hombre o un puma. Por eso me percato con terror de que el jeep enfila hacia la zona más oscura. Un trueno sacude el cielo con ruido terrorífico. y calarme hasta los ojos mi salvadora gorra azul de béisbol. No me queda sino estrechar la varita de palosanto. su soltura es pasmosa. vuelvo a abrirlos y no veo nada. sólo una rendija. warao. elástico. La luz fúrica de un relámpago arroja fogonazos sobre el jeep. Ni siquiera me contesta. Quisiera decirle a mi padre que no siguiera. el ojo del huracán. firme. como sacudidas por una fuerza telúrica invisible. Con razón. pemón? —Tarén. medio fiera se mueva tan ágilmente y a la vez como en una especie de ráfaga brumosa. le temo a los temporales. Filatelio. Su paso es amplio. parecían temblar. tratando de tapar también mis exageradas orejas. Konok yepui yaktaino. tarén… ¿Qué es eso? Serán palabras kariña. ¿Lo hago? Seguro que se rei� rían de mí. Frente a nosotros el horizonte es torvo. tarén. de un verde alucinante. Aprieto los párpados de nuevo. magia en sus palabras …“y advirtió que la selva tenía miedo…” ¡Qué bien quedarían aquí las páginas referidas a la tormenta en la novela Canaima del maestro Rómulo Gallegos! En verdad las hojas enormes. Se desplaza como envuelto en un vendaval permanente que hace ondear sus largos cabellos lacios. buscar refugio. que además de sus poderes mágicos tiene una afilada y protectora punta que le he ido tallando y puliendo durante nuestro viaje. Konok yepui yaktaino. ¿Dónde habrá caído el rayo? Sin poder contenerme más.Los pemónes. si todo es desierto? ¿Cambiar de rumbo? Demasiado tarde. No puedo creer que esta figura medio humana. que cambiara la dirección. el viento mur� muraba extraños conjuros. Trato de cerrar los ojos lo más fuerte que pueda y luego los abro un poco. me deprimen. Yo.

la aprieto. Inesperadamente. Reunidos todos. a la falda inmensa del cerro la llevo. además de Kavá. el águila. También estaba allí. tarén. su voz teje alrededor de nosotros un halo de misterio: Fueron al encuentro de unos negros nubarrones. Orekana-pia Seterimá. una vez a la derecha y otra a la izquierda. que viene alzada y armada. dentro de ella misma voy cayendo. contra ella misma. para desvanecerlos. la de Superloro. Y los pájaros: —Yo. la de Muñeca. Tarén. desde la cesta donde reposa.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano De lo poco que he oído. Debe ser pemón. Se hablaron y se concertaron para salirle al encuentro del tiempo que ya venía acercándose. Amochima. claro que yo. Kavá-kavá piá. y también el pájaro Kavá. se adelantaron el Viento. no me suena a kariña. Tarén. y aunque prosiga en castellano. Contra la gran oscuridad. yo la traslado al grandísimo cerro. que le bebió el agua. ¿Acaso él conoce esa lengua? ¿Quién se la enseñó? ¿Cuánto tiempo estuvo entre ellos? ¡Cuántas sorpresas nos depara nuestro extraordinario progenitor! La mirada de mamá. todas las miradas están fijas en él. -104- Tarén contra el aguacero que se ve venir . y el pájaro Kavá para desarmarlo con la risa. papá murmura como si estuviese rezando. que le cambió el rumbo. yo también. el Viento para llevarlo hacia otro rumbo. pe� gados con la espalda a la ventanilla trasera. ¿Quiénes eran ellos? La Gran Culebra y el Viento. ni a warao. las de los morochos. Mientras el aguacero venía y mientras los pájaros conferenciaban. el remolino. La Gran Culebra o Arco Iris. para beber el aguacero. Y dijeron nombrándose para terminar: —Yo. dijeron a una: “Vamos a secarlo”. tamba� leándose entre las cajas con un cómico giro de sus pupilas. Ella también decidió ir al encuentro del aguacero que se avecinaba. el horizonte. y yo Amochima-piá. a su lado. a la cresta de su pico. para quedar como tarén. Non-tiri tiri-piá. Ellos se nombraron para soplar el aguacero. y la Gran Culebra. yo estoy cayendo.

sube y se acomoda en el reducido puesto que le cedo. el poético ritual de mi padre. magia en sus palabras Tan abstraídos estamos por ese extraordinario relato que papá recita haciendo gala de una voz sonora y de impensables dotes de dicción. El poder de la palabra indígena. tú también eres tan flaco… acomódate aquí. influir en el tiempo. papá aprovecha para con� sultar con él la ruta a seguir. han logrado algo impensable: conjurar la violencia de la na� turaleza. La extraña oración. Como nos dirigimos al mismo sitio. me hacen pensar en la estrecha relación de los aborígenes con su entorno natural. su normal aspecto de una tarde nublada. en recogimiento. por estar tan ligados a las fuerzas telúricas del ambiente. cabemos los dos. voy a la casa de mi familia. Papá también las conoce. los arrendajos y pizcúas han vuelto a trazar círculos alrededor del jeep. accesible para nuestro jeep. Con súbito desconcierto. los nubarrones se han levantado. ¡Menos mal que es bien delgado! Y muy pe� queño también. Invitado por papá. que iba caminando con extraordinaria rapidez por la angosta carretera. un frenazo de papá ante una profunda zanja me arroja casi sobre el guardia. Un hombre en uniforme. por este mismo camino. que no nos hemos dado cuenta de que el cielo se ha ido aclarando. observo. pero calma y serena. la acción misteriosa que ejerce sobre los elementos. cerca del río Karún. sabe cómo mane� jarlas. él se queda ensimismado. papá? En ese momento mi padre detiene bruscamente el vehículo. Saluda y se presenta con humildad: —Buenos días tengan los viajeros. por su larga permanencia y afinidad con los aborígenes. Luepa le indica la vía más fácil y más corta. hermano. entre el equipaje. Soy Luepa Martínez. -105- . la sabana toda ha adquirido su brillantez habitual. Ellos pueden calmar la tempestad. Des� pués del tarén. de baja estatura. —Eso. Y he aquí una pregunta de nuestra pequeña Muñeca que aviva un mundo de interrogantes en cuatro sencillas palabras: —¿Qué es tarén. percibo el mágico efecto del tarén. si seguimos sus indicaciones… pero aún falta bastante para llegar… Desde las dos cajas sobre las cuales estoy sentado en vilo. Guardia Forestal. pe� món. Éste me recibe regocijado. se nos acerca.Los pemónes.

es cierto.El Chamán de los Cunaguaros. Tener a un auténtico indígena todo para mí por largo rato es una gran oportunidad. Viaje por el mundo indígena venezolano Bien apretados. casi uno encima del otro… pero así nos oímos bien y conversamos. -106- . la voy a aprovechar.

muy pocos. —¿Tienen derecho a ella? —Seguro que sí. o de retirarla. ¿todos ustedes tienen cédula de identidad? —Entre los pemónes. ni siquiera hospitales y menos aún escuelas. Me había llamado la atención su referencia a la cédula de iden� tidad. volvimos a integrarnos a nuestra etnia. Luego. de un negro lustroso azabache. Me presento de una vez: —Me llamo Filatelio. —¿Qué quiere decir eso? —Que no he vivido siempre con los pemónes. surgen muchas trabas… que si uno no posee partida de nacimiento. ni oficina de identifi� cación. hace algunos años. mayormente en la sabana o en la selva. Pero al momento de solicitarla. —¿Por qué lo hiciste? —¿Te digo la verdad? No fue sólo para tener un oficio seguro y para velar por nuestra flora y fauna. tenemos cédula de identidad venezolana. estudiante. Voy cuan� do puedo. sí. al sol. al viento. y su rostro cetrino. Se nota que los indíge� nas están orgullosos de tenerla. mi esposa. tienes una doble vida? —Pues para que tú veas. —Luepa. -107- .Los pemónes. donde no hay jefatura. allá está mi hijo. por los cuatro costados. Mi padre tuvo que salir del poblado en busca de trabajo y subsistencia. cursamos la escuela básica. magia en sus palabras Empiezo contemplando su pelo cortado en una especie de pon� cha. como ves —me indica la insignia en su som� brero— me alisté en la Guardia Forestal. —¿Cómo es eso. y así mis hermanos. allá me casé con Uonka. Los pemónes viven muy retirados. Recordé las palabras del joven warao. que si otro no sabe firmar… —¿Y eso sucede frecuentemente? —Pues. pero de segunda generación. Luepa? —Claro que lo soy. ya que por requerimientos de mi cargo tengo que recorrer continuamente el territorio pemón y reportarme en los Puestos de Guardia. Nací en un caserío criollo de la frontera. sino para poder regresar con mi gente y estar cerca de ella. Allá viven mis herma� nos. hecho a la intemperie. cuando falleció papá. ¿Tú eres pemón. 14 años. nos bautizaron los misioneros.

—Justamente. Eran cosas fútiles. Aparecieron mercancías foráneas. de los muchos ríos que surcan esta tierra para nosotros sagrada. En el pasado se cometieron muchos errores. los despojados. de la selva. acaso no lo son? —Lo fueron. del viento. se inició la extrac� ción y comercialización del caucho. que más bien sembraron discordia y rivalidades. de las altas montañas. Costará bastante para que todos los venezolanos lo admitan y lo acepten. —¿Pero no fue esto un signo de progreso? —No. Los pemónes son los verdaderos habi� tantes. No lo disfrutan. se sumaron a la tuberculosis y al paludismo que tratábamos de -108- . Hubo una época en la que fuimos dueños y seño� res de la sabana. Desde entonces se fueron alterando las costumbres de los indígenas. Ya no son posee� dores de su principal territorio. Después. a finales del siglo XIX. si entendemos por progreso un desarrollo autosostenido. escarlatina. como debe ser respecto al mundo indígena.El Chamán de los Cunaguaros. chico. escopetas. el esquema secular en que ellos siempre han sido los perdedores. Hubo entonces grandes de� forestaciones y expediciones mineras.… y poco después cortes de tela. —Explícame. —Lo era. inne� cesarias. los pemónes perdieron sus dominios. —¿En un pasado reciente? —Ni tanto. cu� chillos. balatá. cuando nos vimos obligados a refugiarnos en la selva para huir de la esclavi� tud y la muerte. y perjudicaron el hábitat de los pemónes. es difícil revertir la situación. gorras. sarrapia. saram� pión. machetes. y esa fue nuestra desgracia. ropa. árboles en los cuales nuestros bosques son abundosos. que explotaron y diezmaron a los indígenas. y deberían ser los legítimos dueños de la Gran Sabana. el descubrimiento de los yacimientos diamantí� feros del cerro Parrai�Tepuy atrajo en la primera mitad del siglo XX algunas empresas y muchísimos aventureros criollos. Viaje por el mundo indígena venezolano —Tan marginados… ¿No son de ellos todas estas tierras? —Tienes razón. —¿Por qué dices deberían ser. Pero con el tiempo. Los abusos empezaron con la conquista. zapatos de goma. Al mismo tiempo arreciaron las enfermedades: la viruela. A pesar de que ac� tualmente se inician esfuerzos por devolverles parte de sus derechos y de sus tierras. —Pero la región de ustedes es muy rica. brasileros y de otras naciones.

internándo� se en la selva o acercándose a los asentamientos criollos. divertido. es totalmente negativa? —trato de retomar el discurso. sorprendido: —Pero. por haber nacido en un pueblo criollo y ser ahora Guardia Forestal. los morochos que se habían estado comunicando por silbidos. —Un decreto de Estado declaró “zona de reserva forestal” el territorio que habitaban los pemónes. las minas de diamantes. Así fue. como apresando tiempos idos. se han ido acercan� do intrigados por nuestra conversación. magia en sus palabras superar. no saben ya disparar con arcos. paquetes. ¿olvidar eso? Sería como olvidar montar en bicicleta. prohibiéndoles sus prácticas de tala. eso sí. —¿Cómo sucedió? Las manos ágiles y morenas de Luepa se agitan inútilmente en el aire. y ni siquiera con cerbatanas. Se percibe cierto resentimiento en este joven. Su expresión ceñuda se suaviza. —Exactamente. —¿Y tú consideras que este acercamiento a los criollos. Aunque no se considere un pemón originario. Luepa sonríe. esta acul� turación. Ante la última afirmación del pemón. —Debió ser una época muy difícil. Y lo peor es que algunos pemón se “criollizaron” al punto que sus hijos no hablan sino castellano.Los pemónes. donde su mano de obra fue cruelmente explotada en la extracción del caucho. sino un descendiente de ellos. mantiene intacto su orgullo de pemón. Tuvieron que emigrar. —Lo fue. con algún dardo ponzoñoso. su altivez de siglos. Mor interrumpe. una medida del propio gobierno venezolano de aquel momento nos marginó de nuestras tierras. para cuando alguien me moleste en clase. caza y pesca. la recolección del oro. -109- . Enseguida irrumpe Ocho tarareando el famoso merenguito caraqueño: Yo no monto en bicicleta porque me puedo caer… —Si quieren —chancea Mor— me dan a mí las cerbatanas. bultos. Navegando entre cajas. Además. visten blue jeans. —En esta forma terminaron de despojarlos de sus medios de vida. bolsas.

—Como los tarén —agrego yo. a conocer el poder de sus rituales. Me supera en el respeto a nuestra tradición. sus ojos se humedecen. siendo pemón. —¿Será posible? ¿Cuál tarén? ¿El que reza “Tarén. con sus hermosas expresiones. a punto de llegar aquí iba estallando tremendo temporal… Pues. los tiene siempre presentes. Por eso me atrevo a preguntarle: —Dime. Ima� gínate. sensato. y a veces he llegado a creer que habría que acelerarlo para que también los indígenas pudieran disfrutar de los inventos con� temporáneos. Quizás mi curiosidad lo ha molestado. Su mirada vaga en la distancia. Por lo menos logró demorarlo. a comprender y respetar la naturaleza. más bien pienso que es un proceso ine� vitable. konok yepui yaktaino”? —Ese mismo. -110- . lo empezó en pemón y lo ter� minó en castellano. Luepa. pero buen amigo de mi gente. —Notable. —¿Y logró aplacar el temporal? —Ya lo viste. Se familiarizó con las tradiciones de los distintos pueblos indígenas. —Los conoce mi padre. logró con los naturales algo más que el mero contacto. que durante su permanencia aquí en su juventud. por entrépito. nuestra lengua. —¿Tu padre lo conoce todo? —Creo que sí. ¿cómo los conoces? Son sa� grados. con un tarén. No ha caído una gota de agua. ¿qué son exactamente los tarén? Él se pone muy serio. Pero no es eso. Me lo merezco. recuerdo las palabras. Lo malo es que se pierde nuestra tradición. —¿Los tarén? —se sobresalta—. aprendió a convivir con ellos. nuestra cultura. criollo. —Eso mismo pienso. Este hombre pequeñito. cuando igual que tú trabajó en la protección de los bos� ques y en la Dirección de Fronteras. ya no desea contestarme. Viaje por el mundo indígena venezolano —No es negativa en sí. para un no iniciado. casi he olvidado los Tarén… y tu padre. sí. Yo.El Chamán de los Cunaguaros. lo recitó completo. me inspira confianza. Por fin habla: —¡Cómo me avergüenzo! Me siento inútil. papá lo desvió y demoró hasta ahora. Luce mortificado.

noche tras noche. entonces. Filatelio. —Pero dicen que ya no hay chamanes entre ustedes. alejen de nosotros los peligros y nos salven de percances. en la cara y en las plantas de los pies. narraciones y emanaciones mágicas. Aunque su nombre pueda cambiar o modifi� carse. Son. a sus poderes. concitándolos. en los brazos. entre nosotros y entre todos los grupos. identificándonos con ellos con el fin de que nos protejan. rituales. dentro de la cosmogonía y creencias pemón. que nunca per� derá su importancia. la cual consiste en aguantar grandes hormigas sobre las palmas de las manos.Los pemónes. Prosiguió después de un momento de recogimiento: —Cuando pequeño. de carácter personal y espiritual. aunque me cueste moverme apretado como estoy. Para cuando va a nacer un niño de los huesos de su padre y la sangre de su madre. y la paloma Wakuwa vuela a los cielos para traerle el alma. -111- . —Menciona alguno. —¿Con cuáles motivos? ¿Todos relativos a las fuerzas de la na� turaleza? —No. te siento amigo mío y de mi gente. a sus seres. conjurándolos. ¿O sí los hay? —Claro que sí los hay. —Son algo así como oraciones. le palmeo el hombro iz� quierdo con mi mano derecha. —¿Son muchos esos Tarén? —Muchísimos. El chamán es el personaje que nunca desaparecerá. invocaciones a la naturaleza. sobre varios temas. —Los tarén —trata luego de explicarme— son poemas sa� grados. él es el depositario del saber y la tradición. —Yo diría que sí. Hay uno para cada circunstancia. en palabras castellanas. Para que los distintos alimentos que se consumen suelten sus propiedades nutritivas ayudando a los cha� manes en sus curaciones. oí decir a mi abuelo que él mismo había aprendido más de cien. Para superar la prueba de las hormigas. magia en sus palabras Lo comprendo perfectamente y en signo de amistad. que las muchachas deberán enfrentar al llegar a la pubertad y los jóvenes noveles cazadores para asegurar el éxito de la cacería. —Lo haré para ti. pueden considerarse plegarias. Luepa.

de vencer las enfermeda� des? ¿Y cómo lo hace? —Realiza curaciones con ayuda de pases mágicos. Me confía: —¿Sabes. de la invoca� ción a los ancestros. yo tengo un niño. —¿Y aquellos cien tarén que conocía tu abuelo. a mante� nernos serenos… O quizás poseen realmente un poder misterioso. un tarén hermoso y largo. Filatelio?. que sea especial para ti? Las añoranzas se agolpan en los ojos oblicuos y brillantes del pemón. ves… Como tuve que viajar para reintegrarme al trabajo… fue difícil dejarlo. confiándolo a otra generación! Y esos tarén… ayudan a aliviar los problemas. el humo del tabaco. ¡Qué esfuerzo grande. Fuma y sopla sobre el cuerpo del enfermo. Luepa se siente animado a proseguir. nuestros antepasados se valían de la memoria y del recuerdo. Desde tiempos antiguos. asistida por los espíritus auxiliares. los había apren� dido de memoria? —Todos. las inquietudes. ¿podrías tú mismo recitarme otro tarén. y siempre lo repito. Se tensa su frente. Vuelven a su mente los viejos acentos familiares. es el espíritu pemón que se renueva! —por mis palabras. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que es capaz de sanar. sería maravilloso!… Decido insistir: —Por favor. conservamos en el pensamiento nuestras tradiciones. tan pequeño… pero necesitaba hacer� lo… Entonces he aprendido. del uso de las plantas y sus propiedades. -112- . Los indígenas dominamos nuestras lenguas oral� mente. preservar en la mente el patrimonio espiritual de un pueblo para transmitirlo. y al rezarlos se cumple lo que uno desea y está ence� rrado en sus palabras tan sugestivas. uno que tenga un significado preciso. tan ex� traordinario. su cuerpo asume una actitud distinta. Otro silencio entre nosotros. Es el tarén para viajar siendo padre de un recién nacido. ¡Cómo deseo oír otro tarén! ¡Y de boca de un indígena. —¡Qué alegría para ti. un varón de pocos meses. —Entonces. y todavía lo hacemos. sobrenatural. y jamás lo olvidaré.El Chamán de los Cunaguaros. que es para nosotros una planta sagrada. —¿Logra curar definitivamente? —Los poderes curativos del chamán dependen del poder de su alma. agita sus maracas para ahuyentar los malos espíritus. amigo. La memoria colectiva es larga y se remonta a varios siglos.

Sentía mi es� píritu transportarse y viajar al pasado. Por la montaña adentro. -113- . Papá y mamá. diciendo ¡uk-uk!. Luepa dio inicio a un prolongado murmullo en lengua pemón. magia en sus palabras Los morochos habían vuelto a encaramarse sobre las cajas y permanecían callados. Así tendrá más fuerza. realidad. Luepa y yo está� bamos como aislados.Los pemónes. Sueño. conversaban entre ellos. toda la fuerza del mágico universo pemón se apoderaba de mí. que habitan en las selvas. deleitándose con unas meriendas encontra� das en las mismas. en la obra de un misionero capuchino. siendo padre de un recién nacido se puso de viaje. trance. Y el tarén comienza diciendo que “Waira”. Un tarén para no perecer. —Muchacho. el cual recorrió tanto y tantas veces estas regiones. el danto. por entre nubes. Y por eso se nombró a sí mismo y se hizo tarén. Había un ambiente pro� picio a confidencias. es decir el “Padre Correcaminos”: Este es un tarén para no dañarse y para no dañar a su hijo el que es padre de familia y debe salir de viaje. para que el tarén actúe. Haz un tubo con tus dos manos y aspira repetidas veces. aún sin comprenderlo. me sacó de mí mismo y me hizo alcanzar el poder ancestral de esta gente. muy conmovido: era la primera vez que penetraba realmente en el mágico mundo indígena. Mucho más tarde encontré su trascripción y traducción al español. por lugares pantanosos y hasta de noche en medio de las grandes selvas habitadas por Waira. que compartían con Superloro. Y aunque no las entiendas. lo que fuese. Así empecé a hacerlo. haz un esfuerzo por retener algunas palabras. adelante con Maigualida. en las lagunas y en los ríos por donde iba a salir de viaje. tu padre y tú me inspiran confianza. debe hacer su camino. Tamanúa y Cunaguaro. Pero Waira se dio cuenta de que por allí andaban las grandes serpientes y otros seres. fray Césareo de Armellada. por cuya fuerza y mu� sicalidad me dejé cautivar. y no en un viaje cualquiera. en un nicho íntimo. en las serranías. Cerrando los ojos y abstrayéndose de todo. que los naturales empezaron a llamarlo Emasensén Tuari. Te voy a pedir que me acompañes a recitar el Tarén.

Al terminar el tarén los dos estábamos conmovidos. muy pequeño. y los “mawaritón” no me verán. Y dijo terminando su tarén y nombrándose: Yo. de piel cobriza. mi hijo no llorará. porque al tiempo de salir de viaje. Pero yo haré que mi hijo no se enferme. Yo iré por medio de las grandes serpientes y las iré espantando. en tiempo de verano a través de caminos inseguros y por medio de lugares sin camino. teniendo un niño pequeño. y me nombro a mí mismo. sino por las sabanas y los “wontai” o montecillos. -114- . con un mechoncito de cabello negro.El Chamán de los Cunaguaros. que yo. Mientras soplaba con fuerza el ¡uk�uk! dentro de mis manos dobladas a manera de caña. Este sólo y único nombre fue el que dijo. Y este es nuestro tarén para cuando siendo padres de recién nacidos. me voy de camino con mis sandalias de hierba en los pies y mi sombrero de palma en la cabeza. ¿Por qué? Porque el oso hormiguero se fue siendo padre de un niño muy pequeño. ni me verán los “awapirí” nocturnos. y a pesar de todo. por medio de árboles espinosos y de cañas y hierbas punzantes. yo voy a caminar por lugares sin camino y entre plantas espinosas y pelusas que escuecen. mi hijo no se debilitará. él se hizo tarén diciendo: En medio de este gran verano yo voy a salir de viaje. Yo cargaré siempre a mi hijo sobre mí mismo. Porque he aquí. la nube será mi sombrero. Y ni él se dañó ni sus hijitos. el que se nombra como tarén es el “Tamanuá” u oso hormiguero. más bien yo los asustaré y los ahuyentaré. Pero cuando el viaje no es por las selvas. yo que soy el “Dawairapiá”. Y esto. esas cosas no lo lastimarán. me parecía ver al hijo de Luepa. casi en trance. su hijo no se enfermó ni entristeció. Viaje por el mundo indígena venezolano Así se hizo tarén Waira: He aquí que yo voy a salir de viaje. ciertamente yo y por mí mismo. agotados. Y mi hijo no se escocerá. yo mismo. tengamos que ir de caza o por otros motivos viajar a través de las montañas holladas por los cunaguaros.

y mucho más. Por eso lo llaman el Chamán de los Cu� naguaros. es un chamán. las palabras “waira. la inteli� gencia. rodeado de un séquito de cunaguaros que lo acompañan y protegen. montañas y bos� ques. en el murmullo del río. el astuto oso hor� miguero de frondosa cola palmeada. me siento estremecido. en medio de la penumbra. de la grandeza del mundo indígena. un pe� món especial que muchos reverencian como un poderoso chamán. Nos habla en nuestro idioma. —�aira. el pequeño tigre nocturno de manchas aterciopeladas. Te agradezco ha� berme llevado a tu mundo. pero comprensible para todos nosotros. cuéntame cómo el cunaguaro se les ha venido manifestando a ustedes. de su poder. recordando la descripción que de un extraño Chamán de los Cunaguaros nos habían hecho los waraos y los kari� ñas.Los pemónes. es el poderoso danto. Tamanúa. —Es emocionante. Él puede materializarse en un ser humano. y el cunaguaro el poder. Cunaguaro. “cunaguaro”. a veces en el canto de un pájaro. Pero hoy día existe un extraño hombre�tigre. En realidad. de nuestras costumbres. Nosotros podemos presentir su llegada. hablar en una lengua salvaje. no podría decirte. El danto representa la fuerza. hay tantas narraciones acerca de esto. al oír las palabras del pemón le pido con vehemencia: —Háblame más. —¿Estos animales representan algo en especial en las tradicio� nes indígenas? —Sí. Se avecina sigiloso. un sugestivo sonido de flau� ta lo precede. Me extraño: —¿Por qué le atribuyen dotes superiores al cunaguaro? —El cunaguaro es la voz de la selva. Surge en las noches al claror de la luna. del valor de nuestras tra� diciones. tamanúa”. magia en sus palabras Me di cuenta de que me observaba. la constancia. Conoce -115- . has acertado. casi esperando mis comen� tarios. —¿Trataste de fijar algunas palabras en tu memoria? ¿Cuáles? Me habían llamado la atención. quizás por su repetición. Sorprendido. llevar mensajes ancestrales. el oso hormi� guero el empeño. —Antiguamente. él encarna todos las fuer� zas sobrenaturales de los espíritus que habitan ríos.

Es reciente. y a los ancianos se les ama con un respeto reverencial. que no se diferencian tanto de nosotros ni tienen mayores poderes. ¿Existen los afectos entre ustedes. con ellos se tiene una paciencia inagotable. Incluso con algunos de ellos podríamos relacionarnos y superando nuestra altivez. nuestra gente. Todo eso me sugiere otra pregunta: —Luepa. sus atropellos. ya salió el indio enamorado —canturrean en coro. Los niños son cuidados amorosamente. Es tarén y leyenda. y cada una tiene su propia versión. nuestras piernas casi pegadas. para poder caber los dos en tan poco espacio! Siento un calor humano. Lo apremiamos: —¿De qué comunidad era. por el poco espacio.El Chamán de los Cunaguaros. Todas las etnias conocen esta historia. sus faltas y debi� lidades. nuestras tradiciones. los zapatos. Habla de una bella joven que sacri� ficó su vida por amor. ¿conoces algún tarén de cariño. los brazos reco� gidos en las rodillas. gotas de lluvia empañan los vidrios. un fluido magnético. de amor? Me gusta� ría oírlo. poniendo los ojos en blanco. por los ár� boles. El afecto familiar es un vínculo muy fuerte. Luepa? -116- . —Hay un tarén muy hermoso sobre el amor —continúa Luepa sin perturbarse— tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada. Se tambalea el jeep sobre el terreno desigual. encaramados los unos sobre los otros. Luepa estuvo largo rato en silencio. —¡Guácala. acurrucado al lado de Luepa. ¡Qué extraña sensación. los conocen? ¿Qué es el amor para los indígenas? —El amor para los indígenas es algo natural y espontáneo. por la selva. enseñarles nuestro maravilloso mundo natural. con las manos casi juntas. y un lazo de cariño indestructible nos uniera. se apersona al oír la palabra siempre mágica: amor. Viaje por el mundo indígena venezolano además el mundo de los criollos. tra� tar de comprenderlos y hacer que nos comprendan ellos también a nosotros. como si Luepa fuese mi padre o mi hermano. nos asegura que no son invencibles. Lo sienten por su familia y por los animales que los rodean. ramas rozan su techo y a veces se parten con un ruido seco como un sollozo. ¡Ojalá que viéramos lo mismo entre todos los pueblos! El número Ocho que va y viene tratando de hacer malabaris� mos y piruetas en el poco espacio libre del jeep.

un poderoso chamán. convertido en palma. sintiéndose rechazado. permanecemos atentos. pendientes de sus palabras. convertido en cunaguaro él mismo. en yévaro. con el hombre criollo. con fra� ses entrecortadas: —La joven bari murió al alumbrar. pensando! ¿Sabrá que nosotros existimos? —¿Y qué pasó entonces con la bella indígena. -117- . que la había comprometi� do con el hombre más sabio de la comunidad. la ingenua Cenicienta. perdido en la selva. lanzó un conjuro mortal sobre la pareja: al nacer el primer hijo. tal vez esté escondido para escapar de la magia del chamán. su des� tino. la cautivaron y aceptó ser su esposa. Tengo un presentimiento. casi como en un tarén: —Era de la etnia bari. Su alma se ensombreció. y la criatura pasaría a manos del chamán. magia en sus palabras Siguió contando la leyenda con palabras mágicas. de ojos color de río. un criollo. Los amantes son ellos. hablando con extremada lentitud: —Ella se murió de amor. Un hombre distinto. qué estará haciendo. Sus maneras suaves. El hijo desapareció. su sonrisa. la doncella más linda que puedas imagi� nar. nunca lo han podido encontrar. hasta los morochos. —¿Y si está vivo? —Difícilmente. con esas imá� genes poéticas propias de los indígenas. —Llegó un forastero. Algunos dicen que desapareció en plena selva. estoy casi seguro de que esta leyenda se refiere a mi padre y a la bella Ashira� ma. con esfuerzo. Fue su escogencia. Prosiguió luego. doloroso. y el hijo es mi hermano. Otros aunque lo criaron los cunaguaros y que con ellos anda. la hermosa Blanca Nieves. casi amenazante cuando afirma. la voz de Luepa adquieren un tono sombrío. con palabras pausadas. ¡Cómo quisiera saber dónde se encuentra ahora. los dos ríos de sus ojos desbordaron sus cauces. El hombre de los ojos color de agua lloró mucho. la expresión. la Bella Durmiente. uno de los padres mo� riría. el embrujo de los cuentos de hadas. con el hijo? ¿De qué murió ella realmente? La mirada. El chamán. Su padre estaba tan orgulloso de ella. en yagrumo. Si vive. Todos. Muchos creen que se vol� vió lucero y brilla en las tardes claras. Reviviremos la magia.Los pemónes. Aumenta mi desconcierto.

también los kariñas y ahora los pemónes. sin embargo lo excluyo. segu� ramente. La sangre indígena. —¿Y si algún día lo encontrara? —Será en vano. El nuestro es un indígena auténtico. el Chamán de los Cu� naguaros. la misma persona? —No lo había pensado. no crees que aquel hijo de la leyenda y el perso� naje amigo de ustedes. preguntarle a él sería la única forma de saber la ver� dad. en cambio. cada etnia reclama su procedencia. largamente. Los waraos creen que es uno de ellos. —No volverá a tener a su hijo. quién lo ha visto. —¿Y a ese pemón protector de ustedes. que Luepa me miró extrañado. cuándo? —Mi mujer lo vio. Luepa. Por el mismo dictamen él está obligado a perseguirlo incesantemente. —¿Crees que yo podría llegar a conocerlo? -118- . si aún lo siguiera bus� cando? —pregunto. el cielo de la sabana se lo han quitado. Del otro. él le sonrió. Se echan en la espesura y allí lo esperan. El niño le tendió los brazos. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Pero. podrían ser una sola. sin darme cuenta de mi atrevimiento. Aunque es imposible. Estaba con el niño.El Chamán de los Cunaguaros. ¿él no quiere encontrar a su padre? —Habría que preguntárselo a él mismo. Hay que descartar esta eventualidad. Él es bari. Venía solo. en el conuco. Luego se pronun� ció: —Esto también habría que preguntárselo a él mismo. haciéndolo suyo. si el padre lo siguió buscando. absorbiéndolo. No hay que ir en contra de ellos. “Es cierto. —Mas entonces. Puede que lleguen a encontrarse. cada pueblo afirma que es suyo. —¿Y ella no se asustó? —No. Una duda repentina me asalta: —¿Y tú. en todas nuestras etnias. la selva. —¡Aquél también lo es! —le grité estas palabras con tanta fuer� za. es ilógico —pienso—. mejor ni mencionarla a mis padres”. pero no se unirán. el Chamán de los Cunaguaros. —¿Por qué? —Los ancestros invocados dicen que no lo recuperará jamás. Los cunaguaros que lo acompañan no entran en los poblados.

Los pemónes. La idea de un pueblo o aldea es ajena a los pemónes. orilla de mar y alta serranía. formando una rejilla a la cual se le rellena con barro: colocadas entre los horcones de las esquinas y los horcones de la entrada. Las redondas tienen una sola. todos los habitantes salen de sus casas: no son más de unos treinta. Hay tres tipos de viviendas entre los pemónes: cuadradas. Estas paredes se construyen con varas fuertes. mucho más de lo que admitían. Su familia. lo imagino hosco. No se acerca sino a los indígenas. compuesto por unas pocas casas. nube que pasa entre los tepuyes. Sin embargo. una en cada uno de los lados más largos. río arriba. tres. En la vivienda tradicional de la sabana las paredes son de barro. magia en sus palabras —Es difícil hasta que llegues a verlo. Se acercan a Mai� gualida. Sabían mucho sobre él. camino de sabana. espí� ritu y niebla lejana. redondas y oblongas. A nuestra llegada. dan una impresión de solidez. puede haber varios asentamientos en relativa proximidad. selva y montaña. Es voz del viento. Desde afuera. hasta seis grupos habitacionales. junto con mis confusas divagaciones. explica. forman pequeños grupos comunitarios con miembros vinculados por lazos de consan� guinidad. Pero es así entre los pemónes. llano. Las observo. ellos no se reúnen en poblados grandes. ni todo el tiempo. con dos. En un arrebato de imágenes. todas con techumbre de palma. No se extrañan ante mis hermanos. En la zona fluvial son de corteza de árboles o de paja. flor que se esconde en los despeñaderos. pero a los niños les causa gracia el que lleven guayucos como los suyos propios. y no a todos. pienso en ese joven chamán indí� gena y criollo. nosotros aguardamos siempre su llegada. generalmente a lo largo de un curso de agua. rumor de río. parecen haber visto morochos antes. Nos detallan con simpatía. Las vi� viendas oblongas y las rectangulares tienen dos puertas. le tocan y acarician con deleite los rizos rubios. fiera y hombre. podemos ver el brillo de los fogones prendidos en uno o en ambos extremos. canto de ave. está a una escasa media hora de allí. Se detiene el jeep. Sólo él decide cuándo visitarnos. pequeña. atadas. Es naturaleza salvaje. Hemos llegado al asentamiento. y todos ríen -119- . Me di cuenta de que ese extraño ser era más conocido. esperado y seguido de lo que ellos querían reconocer. nos aclara Luepa.

su hijito lo espera… En la casa nos reciben con el kumasá. a pesar de que conservan. Debemos cono� cernos más. los arcos y las flechas sin plumas que antiguamente usaban para pescar. mapueyes. huesos. Tampoco practican la pesca. les contesta con las mismas en castellano. Viaje por el mundo indígena venezolano cuando ella. La selva comienza a oler a lluvia. sin utilizarlos. nos refugiamos en la más cercana choza pemón. que poco a poco se van haciendo goterones golpean mi cabeza. Arrecia el temporal. entrando uno a uno por el único angosto acceso. pero principalmente harina de yuca. ajíes ocumos. Es una densa sopa a base de agua. Acércate a nosotros. chigüire salado. con mi usual insistencia. en juego. que apenas encuentran a veces algunos caracoles. ni collares. Unas gruesas gotas. de forma circular. me empapan. Lo miro alejarse bajo la lluvia. que raramente llegan a tener.El Chamán de los Cunaguaros. A Superloro lo saludan gritándole. Se ha producido tal desbalance en su ecosistema. adiós!. pa� labras que conocen. Por ahora no veo ningún tatuaje. batatas. ¡Hola. lapas enteras. a tierra húmeda. pero ya no puede seguir deteniendo al aguacero. ñames. lairenes. El tarén cumplió su cometido: nos permitió llegar al pueblo. Filatelio. Sólo me llama la atención la forma en que las mujeres lle� van a sus hijos más pequeños cargados: para eso usan un trozo de tejido en forma de equis. ni con las escopetas. -120- . La subsistencia de los pemónes se basa en la horticultura. Quizás muy pronto. Son casi vegetarianos y ellos mismos afirman que no son buenos ni cer� teros cazadores. sostenido por una vara. que por fin se desgaja con una fuerza insospechada. Al inquirir el motivo. mi padre explica: —Estos ríos apenas si tienen peces. no dan ni siquiera para co� mer. mien� tras. ni zarcillos. les hala fuertemente sus híspidos mechones negros. el manjar favorito que han preparado en previsión de nuestra visita. bailoteando en la visera de mi gorra. Luepa se apresura a despedirse: —Volveremos a vernos. Observo que los hombres pemón visten pantalones kaki y ca� misas de manga corta. plátanos. La acompañan con tortas de casabe recién secadas al sol. Las mujeres. hola. y se muestran contentos cuando él. sencillas batas de tela de al� godón estampado. delgado. invitados por el jefe de ella. apresurando siempre más sus cortos miembros: ya está cerca. pequeño. ni con sus armas tradicionales. trozos de carne de picure.

a quien papá nos advirtió que debíamos llamar Capitán. los mantienen sin propósito utilitario. quien grita a toda voz: “¡Sopa. plátano. melón. lechosa. conucos. nos entretenemos identificando uno a uno los elementos de la nutrida y variada sopa. Super� loro. poco antes de llegar. pero. ¡Más que suficiente para una die� ta familiar! A veces la completan con algunas aves pequeñas. con la que preparan un gustoso picante muy del agrado de los criollos de Gua� yana y Amazonas. y an� tes de llevárselos al pico… me los ofrece a mí en mi propia boca. con el tradicional sistema de la tala y la quema. casi desaparecida. y no forman parte de su dieta. porque los pemónes tienen tantos loros ¡y de tantas variedades! como todos los indígenas. auyama. y sosteniendo los trocitos de vegetales en una pata con sus cuatro deditos. y para ser escogido para el cargo debe tener firmes nociones de sus tradiciones y cos� tumbres y un conocimiento suficiente de la lengua española. El que se luce es Superloro. -121- . te van a gustar!”. Por cierto. Jefe. hoy día desusada. pasaría aquí desapercibido. Abuelo. como diciéndome: “¡Pruébalos. No es empresa fácil para inveterados ciudadanos como nosotros que no conocemos siembras. ají. maíz. piña y también algodón y tabaco. nos había enumerado sus numerosos productos agrícolas: yuca amarga con la cual elaboran el casabe. Kumuratu. cambur. incluyendo las larvas de la palma moriche. como gallinetas y garzones que revolotean frecuentemente en la maleza. Los habíamos vis� to en el último trecho de nuestro recorrido. En esta tarea de reconocimiento vegetal. sólo para que los alegren en su vida diaria con sus grazni� dos y bellos colores. Mientras la comemos con las anchas cucharas de tapara. yuca dulce. son las figuras que reemplazan la tradicional del cacique. El Capitán es el repre� sentante del grupo. si no fuera por su dominio del idioma castellano. mapuey. caña de azúcar. y papá. patilla. sopa!”. los mira atentamente con su mirada algo oblicua. batata. actúa de padre de su pueblo. presentando como siempre dos hacia delante y dos hacia atrás. como ya nos hemos dado cuenta. ligada al pasado histórico colonial. Capitán. caraota negra. ocumo. ñame. magia en sus palabras Todos tienen conucos que cultivan esforzándose muchísimo. a una pregunta nuestra. las hormigas voladoras y en especial la katara. y con gran variedad de insectos. Actualmente. y ni siquiera huertas.Los pemónes. colaboran con noso� tros los tres hijos del jefe de la vivienda.

kok. pronunciarlos está prohibido y se considera una ofensa usarlos para dirigirse a cualquier persona. Opoipó. que se prepara hirviendo un día completo una mezcla hecha con pasta de yuca amarga rallada y masticada. —¡De la que nos salvamos!. ¿Pero cómo podemos di� rigirnos a ellos. kon. —Vamos a llamarlos Uno. eso es todavía más difícil! —Pueden recurrir entonces a algún nombre especial en español —les sugiere el Capitán pemón—. el kachiri que ya conocemos. pero funcional. los sopladores para avi� var el fuego. —Vamos a hacer una competencia a ver quién se enreda menos llamándolos —empecemos ya —propone Ocho. esto no es ofensa. los cedazos. por suerte—. Dos. Mientras tanto. observamos su cestería colgada de las vigas del techo y a lo largo de las paredes. muy bien hecha. Y para celebrar su nuevo bautizo. Uno. Entre nosotros los nombres propios en lengua pemón son secretos. luego Kanonikon. ¿Acep� tan? —¡Aceptado! —se conforman cordialmente nuestros recien� tes amigos. “habitante de”: koto. para exprimir la yuca. Viaje por el mundo indígena venezolano Ellos llevan los simpáticos nombres de Apoipó. Karonikok. varón o hembra. variada y elaborada: reconocemos el sebucán. Tres —les proponen—. Por ejemplo.El Chamán de los Cunaguaros. al otro Karo� nigoto. kachiriyek. —¡Tomen poco. entonces? Pueden hacerlo mediante un nombre de lugar y uno de nuestros numerosos sufijos que significan “gente de”. los manares para colarla. porque es fuerte! —nos aconsejan a gestos pues son escasas las palabras castellanas que conocen. cuchichean. pero nos interesan sobre todo los wayares. Karionipon. respiran aliviados—. Íbamos a ofender a nuestros anfitriones. se hacen gestos. y así seguido. Upoipó. —Nosotros no nos llamamos por nuestros nombres —les advierte enseguida Kumuratu. también rallada. y una raíz roja. goto. Dos y Tres nos brindan su bebida predilecta. —¡Peor que peor. sin saberlo. más bien agrada. sí lo es. tomando como punto de partida nuestro río Caroní. sobre todo si el aludido está presente. Durante unos instantes los dos bogoticos discuten entre ellos. pon. -122- . —¡Qué trabalenguas! —Mor se siente a sus anchas. intercambian silbidos. preocupados por nuestro entusiasmo en saborearla. pueden decirle a uno Karonikoto. Por fin anuncian su decisión que no me parece nada original.

cabello alborotado. En ese ambiente familiar tan propicio. Dos y Tres nos informan que esos artículos que tanto admiramos se elaboran con una fibra obtenida del tallo del arbusto que llaman manare. Los aca� rician. los consienten. sin embargo. magia en sus palabras unos originales cestos para llevar niños a la espalda. pelan y a continuación tejen. obedientes. mucho en pemón y casi todo con gestos. también Los pemónes aman mucho a sus hijos. los “pemoncitos”. hecho de un volante circular de madera a través del cual se introduce una varita recta. y por eso necesitan implementos para transportarlos y cargarlos. hablando por turno —poseen una mímica tan expresiva que logra� mos entenderlos perfectamente— Uno. Un poco en español. Las madres nunca los dejan solos. crecen saludables. alegres. dóciles. no les exi� gen colaboración en las tareas domésticas. niños de cara redonda. también -123- . los protegen sobre todas las cosas.Los pemónes. Como es na� tural entre los indígenas. ojos saltones. elabo� rando el hilo con el huso para algodón. al que rajan en tiras. los dejan jugar hasta grandecitos. Algunas de las mujeres presentes. los llevan consigo cuando van a trabajar en los conucos. llevan aún los tradicionales guayucos rectangulares en forma de delantal y nos enseñan cómo los tejen en telares de mano en forma de arco.

suceso que. emociona a papá.El Chamán de los Cunaguaros. En cambio. También nosotros lo observamos con atención: por fin entendemos cómo fue que la Bella Durmiente. a esa que llaman música concreta? Mamá se protege los oídos nerviosa y Muñeca. de lo estridente que suena… ¿o es acaso un acercamiento a la música moderna. que los criollos llaman juajua. Uno y Dos bajan de lo alto otro akai. figúrense. Al detallarlos de cerca. Son trajes y objetos ceremoniales: el aró y el imaripadai. aún más grande. su perversa madrastra y la manzana enve� nenada. sem� brado al lado de las casas. pies y manos mínimas. que mueven con una vivacidad y una presteza sorprendentes. que se había dormido. pues le recuerda el retrato de una abuela alemana que cuando niña. pero nos estremecemos al escu� char tan sólo hoscos resoplidos y ruidos extraños… ¡Su música es una imitación de los gruñidos que emiten los báquiros! Dicen que sirve para atraerlos… aunque alguno de nosotros piensa que mejor serviría para alejar animales y gentes. si bien todos los indígenas sudamericanos son de es� casa estatura. que nos maravillan por su forma y su hermosa textura vegetal. Mor y Ocho -124- . allá en las montañas de la Selva Negra. Ver el huso. del cual van sacando uno a uno atuendos magníficos. lo asocian con el trompo y la perinola. Ante nuestro asombro e interés. nos damos cuenta de que. bien proporcionados y flexibles. nunca habíamos comprendido antes. a finales de 1800. Viaje por el mundo indígena venezolano de madera. antes de que su propio padre trajera la familia a Venezuela. el parichará. como la mayoría de los niños venezolanos. ¡pues no sabíamos lo que era un huso! Algunos. los pemónes lucen aún más pequeños que los demás. cabalmente. traen los instrumentos para ensayar el acompañamiento musical de la danza: las flautas de caña de guasdúa. pudo pincharse un dedo con ese huso. El algodón lo tienen allí mismo en abundancia. destinado a atraer los báquiros y asegu� rar una copiosa cacería. Superloro manifiesta su descontento agrediendo a picotazos mi oreja derecha. tan atareados y risueños. hilaba con el huso y la rueca. en el cuento de ella misma. Tienen gráciles cuerpos de niños. una diadema y un camisón de hojas de maripa que visten para su más importante danza típica. con miembros breves aunque fuertes. que hoy casi nadie conoce. Nos disponemos a oír gratas armonías. A instancias nuestras. despierta asustada.

Si quieren. pero no me esfuerzo por averiguar de qué se trata. -125- . Ellos custodian la selva y también nuestra cultura. empiezan a reír y murmurar entre ellos. Todos a gatas por el suelo. Dos y Tres. —¿Criollizados? —inquiero. ¡Un poco más tarde lo sabré! Se han formado dos grupos. poco más del doble. del Ministerio de Sanidad. son los que van a trabajar como personal de campo de la Dirección de Fronteras. enseguida quieren averiguar: —¿Hay algún otro baile que imite o llame a los animales? ¿Po� dríamos aprenderlo? Nuestros jóvenes amigos. se agitan y lanzan zarpazos a enemigos imaginarios mientras gruñen amenazantes. Tengo la impresión de que los cinco jovencitos están confabu� lando. vamos todos. Los observo admirado. como repentinos cunaguaros. Los morochos. magia en sus palabras están extasiados y acompañan con meneos e improvisados silbidos los inéditos sones. como maestros en las Misiones. —Somos cada vez menos —lamenta el Capitán en su español escaso pero comprensible— y cada vez más desasistidos. —¿Cuántos pemónes quedan ahora? —pregunta Rafael. el siglo XX. En verdad no lo ha� cen nada mal. criollizados. Algunos regresan regularmente. En el si� glo pasado. Cuando terminan y se sientan en el piso. pero con una energía y una mímica tan extraordinarias que nos proporcionan una comprensión cabal—. se diezmó la población indígena. o si han logrado estudiar. ya desenvueltos. em� pezamos ya. casi diría que les sale perfecto. la aparición de enfermedades traídas por los criollos causaron terribles devastaciones. exhaustos. la mayoría jamás. Puros. el de ellos y el de los papás. quizás lleguemos a cuatro mil. Vamos a enseñarles el rito de los cunaguaros. otros de vez en cuando. —¡Seguro! —consienten en su propio idioma. —¡Parece rap! ¡Qué bueno está esto! —y al finalizar este primer concierto. imitan los rugi� dos y los movimientos de Uno.Los pemónes. al cual me agrego. —Sí. se muestran com� placientes. de algunas em� presas de explotación minera especialmente de diamantes.

Kurumatu está en lo cierto. —¿El Estado se las reconoce? —Hasta no hace mucho —papá interviene en apoyo de Kumu� ratu con una de sus largas disertaciones— se permitía a los terrate� nientes criollos considerar la tierra indígena como baldía. los proveedores de los artículos manufacturados que han comenzado a ser también para ellos de primera necesidad. holandés. consuelos espirituales. los capitanes pemónes. utensilios. Se esfuerzan por defenderlas. éstos no son sino los fabricantes. es� tán pendientes de sus tierras. nuestro pasado. Aparte de lo que algunos cronistas o misioneros españoles hayan podido recoger. De su expresión casi reverencial. son para estos in� dígenas un fenómeno que han llegado a aceptar como parte de su vida en los últimos doscientos años. paranaquire. El capitán y yo mismo escuchamos en la más completa concen� tración. calzados. a quienes aquí llaman también. medicamentos. —¿Y los tarén? —Los tarén no son históricos en su contenido. sus tradiciones? —Nosotros no sabemos mucho de cosas antiguas ni de luchas para reivindicarlas —contesta con modestia el Capitán—. noto que Kurumatu presta -126- . la vida. más que de luchar para conseguir ventajas. estamos tomando parte activa en la formación y en las labores de la Federación Indígena del estado Bolívar y de la Confederación Indígena de Venezuela. a través de la horticultura de tala y quema. Los criollos o no naturales. karaiva (brasilero) mekoró e inglespon (negro y blanco guyanés). o que desean poseer pero que no están en capacidad de producir: he� rramientas. ropa. toda nuestra tradición oral se han ido difu� minando en el tiempo. tradi� cionalmente. Los pemónes. y en término general tuponken (hombre con ropas). Luchamos por preservar el derecho a las tierras que siempre. lo cual favorecía las invasiones. pues les dan el sustento. de las cuales dependen. Son invocacio� nes mágicas. al verlas peligrar ante el acoso de los ha� cendados y ganaderos criollos. En definitiva. o “racionales” en español. refiriéndose a sus nacionalidades spanyoro (español venezolano). desahogos. ha hablado bien. preservar y transmitir su cultura. hemos habitado.El Chamán de los Cunaguaros. —Nosotros. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué se está haciendo para defender los derechos de la etnia.

y mayor� mente marginados. mejor que su compañero. Aceptan ir a trabajar con ellos. ¡Qué rico es el fabuloso mundo pemón! Owaka. —Cuando hablan de sus relaciones con los criollos —continúa Rafael dirigiéndose a mí especialmente—. los pemónes siempre se definen como: Pemonton Tuariton. Conversando con ella me -127- . que sin embargo sabe tantas cosas. la fuerza maligna que causa enfermedades y epidemias. que se compran en efectivo. Son numerosos los indígenas que están en deuda permanente con la misión. Sin embargo. como asalariados. llama “mari� posas”. Enseguida. En Kamarata. aunque por partes. Pero hay pocas fuentes de trabajo remu� nerado en la región. y pe� riódicamente deben regresar para pagar. habla con tanta propiedad. Los emplean en la construcción de edificios y dependen� cias. será oscuro el destino de los pemónes que permanecen arraiga� dos en sus tierras tradicionales. pues ha trabajado en su juventud con una maestra bilingüe. un hombre tan sencillo. muchos se dan cuenta de que ellos son los menos beneficiados.Los pemónes. ¡Que Kanaima se aleje de nosotros! Esa referencia a Kanaima. en las minas de diamantes. según creo entender. Habla español. si no se nos reconoce la tenencia legal de nuestro territorio. en las misiones. llega con sus palabras a la mente y al corazón de gente tan distinta. pero sólo hasta obtener el dinero suficiente para sufragar sus necesidades inmediatas y adqui� rir artículos de proveniencia criolla. despierta en mí otra ola de inquietudes. después retornan con sus compras al hogar. El capitán Kurumutu asiente con gran convicción y agrega ape� sadumbrado: —Si esto sigue igual. Me siento orgulloso de mi papá. en el levantamiento de represas para el suministro de agua. el espíritu del mal en todas sus formas y manifestaciones. el ente inmaterial. es la única de la familia que lleva la cara tatuada y gruesos zarcillos de madera y metal que. en la labranza y cultivo de las tierras para el abastecimiento de los padres y sus escuelas. la mujer del Capitán que nos ha preparado la sabrosa cena. y también el único centro de abastecimiento de artículos criollos. accesible. en el corte de maderas. magia en sus palabras la máxima atención. se volverán sombrías las perspectivas del porve� nir. con su trabajo. “Nosotros los pemónes que so� mos pobres”. Kanavayén y Wonken la misión capuchina es la única.

Kanaima es la fuerza más activa y poderosa de la vida pemónes. que habita la selva en todas sus formas y manifestaciones. una persona. son cosas secretas. y allí se refugian los espíritus malos. sabe curar con hierbas y flores salvajes. pero no permiten que las men� cionemos ni que opinemos sobre ellas. los Mawaritón. sólo las piedras carecen de ella. a los pemónes? —El mal es necesario —responde gravemente— como la muer� te. Sin embargo había algunas dudas. es tradición. en los árboles. son Ka� naima. no puede ser completamente bueno. No les molesta que lleguemos a conocerlas. los daños. Acerca de todo esto no puedo discutir con el Capitán. Viaje por el mundo indígena venezolano he enterado de que existen los kanaimatónes. una emanación? —Puede ser un ente puramente espiritual o su encarnación en forma humana. También los ani� males y plantas tienen alma. los malos sentimientos nos acechan. fruto de mis lecturas de los cronistas. que daban vueltas en mi cabeza durante esta segunda etapa del viaje y que. el espíritu del mal… que dio nombre a parte de esta región… que era nombrado y temido por viajeros de siglos pa� sados… y mencionado por los cronistas… ¿Todavía existe? —¿Cómo “todavía”? —se indigna Kumuratu— Kanaima siem� pre existió y siempre existirá.El Chamán de los Cunaguaros. aprovechando la buena disposición de Kumuratu. —¿Pero no es algo maligno? ¿Algo que les hace daño a ustedes. Es un espíritu ancestral. Y hasta vegetal. Tienen algo de brujos. los Awapiri mencionados en los tarén. —¿Entonces Kanaima es un ser. espíritus fluviales que pueblan los ríos al oscurecer y ayudan a los chamanes en sus curaciones. -128- . seres sobrenaturales que pueden manifestarse en forma humana o animal y se encuen� tran de noche en la selva. mi padre me llamaría la atención con mucho rigor. Los malestares. puede ir al más allá después de la muerte. —¿Sólo humana? —También animal. que son como sombras. Nuestro mundo no es. se manifiestan en enfermedades y epidemias que sólo el cha� mán. en la maleza. Si yo lo hiciera. incorpóreas. la que habla. pero sólo una. mis amigos pemónes… —Cada persona —me había explicado Owaka— tiene cinco almas. Los pemónes guardan celosamente sus tradiciones. me atrevo a consultar: —Kanaima.

llegan en tropel y le dan un tono irónico a la conversación: —Yo opino que era una artimaña de los indígenas. Corta nuestra conversación un silbido ululante. pintados de negro y de verde con la tradicional tintura pe� món que seguramente. impresionados por la algarabía que despertaron o debido a su impericia. muy sabihondo. que los españoles situaban en estas tierras? La expresión del Capitán. familiar. magia en sus palabras —¿Pero tú. Ya pasado el sobresalto. con calles llenas de polvo dorado. le han proporcionado los tres hermanos de curiosos nombres. vuelvo a reunirme con mi padre y con el Capitán y me atrevo con otro tema: —¿Y la leyenda de El Dorado…? ¿Saben de qué se trata. para alejar de ellos a los conquistadores —apunta Mor. -129- . El nombre de Kanaima resuena en toda la selva amazónica. con la consiguiente burla general. donde yacen como enormes iguanas camufladas. interés. como de búho nocturno. ceñuda. acompañados en la retaguardia por Superloro que corretea veloz. lo han discutido con él? Los pemónes. en el Orinoco y en Guayana. ¡Lo he pensado y estudiado mucho! Una antiquísima leyenda yekuana dice que Kanaima encierra el espíri� tu de los primeros hombres que por desobedientes y crueles fueron transformados en demonios por el Supremo Hacedor —me confía a continuación.Los pemónes. con el mayor gusto. Parecen prove� nir de los árboles cercanos. pero no fuera del mundo. y de pronto logro distinguirlos entre el ramaje. Siguen los silbidos. exploradores. Mientras tanto Uno. Dos y Tres con mis hermanitos. antropólogos. los dos emisarios de Kanai� ma resbalan y caen estruendosamente al suelo. Otro le responde con la misma lobreguez. Son Mor y Ocho. que este tema le es cercano. alguna vez la creyeron? ¿Es verdad lo que antiguamente contaban explo� radores y viajeros acerca de una ciudad de oro. le han hecho preguntas. Se nota por su forma más fluida de expresarse en castellano. escruto los yagrumos y los bucares. y algu� nos kariñas. están alejados. también crees en Kanaima? —Profundamente. se vuelve seria. de abierta y colaboradora. ¿Acaso en algún momento otros viajeros. Salgo afuera. que detienen los lúgubres gritos para anunciar: —¡Kanaima. Capitán. así como los waraos. habla Kanaima! Todos se acercan y he aquí que. curiosidad. Su forma de vivir despierta respeto.

está de verdad escondido el fabuloso poblado donde la gente se recubre de polvo de oro. ¿Será que el espíritu de Kanaima nos acecha? Miro a mis inocentes hermanos y hago una silenciosa ple� garia para protegerlos de todo mal. aludiendo a cierta golosi� dad del número cero.El Chamán de los Cunaguaros. en un antiquísimo ritual. aquí. —¡Claro que no! Lo guardarías para comprarte todos los dulces del mundo —le replico en burla cariñosa. existió aquel fabuloso pueblo? ¿Puede ser cierta la creencia de que el oro huye de los blancos y sólo se muestra a los indígenas? Se hizo un ambiente pesado que rompió el grito estridente de Superloro: —¡Oro! ¡Loro. loro. que nos pareció enigmático. Ninguna contestación por parte del Capitán. sí? ¿Pero puedes decirme dónde queda? —inquiere sar� dónico Ocho. —No hay que ser tan escépticos con las creencias indígenas —interviene pausadamente papá—. el Capitán mantenía un silencio respetuoso. oro. ¿Acaso él y su gente eran los guardianes de aquellos secretos? ¿Conocerían el misterioso lugar donde está ubi� cado El Dorado? ¿Existe. —¿Ah. otros al sur. Tal vez en algún arcano lugar de la selva. hacia Amazonas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Tal vez algún indígena lo creyó por haber tomado demasiado kachiri —se balancea como mareado Ocho. aún hoy existe una leyenda de la “Ciudad Dorada” que se ve desde el aire: tiene altas torres de oro y calles empedradas con guijarros color del sol. haciéndose el chistoso. al sur oriente de Venezuela. —Pero nunca se supo cuál es el río. sobre todo del egoísmo y de la codicia. —¿Me vas a decir que tú no quisieras ese oro? —me interroga Ocho con una rara expresión que nunca le había visto. para después sumergirse en un río y dejar en su lecho todo el brillo de sus cuerpos. —Algunos la han visto sobrevolando la Guayana. Creo que de mis dos ceritos se ha apoderado por un momento la fiebre del precioso metal. Mientras. aquí! -130- . cuáles las aguas teñidas en oro… —¡Cómo me gustaría bañarme en ese polvo esplendoroso! Pero no lo botaría en el río —comenta Mor extrañamente codicioso.

Antonio de Berrío. a mí.Los pemónes. los tucusitos! Salto velozmente al suelo. No me desperté sino bien entrada la mañana a los gritos jocosos de mi hermanita: —¡Los tucusitos. garganta blanca. Ambrosio Alfinger. así como la del parichará que atrae a los báquiros. ¿Será cierto que El Dorado existía sólo en el universo mágico y sobrenatural de la leyenda. Pero a pesar de todo. paticas coralinas. nunca pudo localizarse el sitio de un lugar tan fantástico. me asomo con prisa a la entrada de la choza para gozar del espectáculo. de no existir un esfuerzo serio y real por ayudarlos a conservar su propia identidad como pueblo. �alter Raleigh. Lo comentamos un poco en serio un poco en broma. La danza del tukuí. Jorge Spira. Diego de Ordaz. gateando por el suelo con cómicos movimientos. y también el ritual de -131- . alas y cola (o brazos y asentaderas) negros. los secretos de los pemónes. Nada de nada. los célebres rallos. encierran estas culturas indíge� nas! Nunca pudo aclararse el secreto. que recorrían la Guayana en pos del mítico Dorado. el mito sigue vivo aún hoy día. una nube de graciosos tucusitos. Aquella noche nos desvelamos sugestionados con El Dorado. Están interpretando el baile tukuí. con puntos bermejos y mati� ces de un verde dorado. en taparrabos. en el vasto territorio mítico de las anti� guas tradiciones indígenas? ¿Acaso hay algo oculto. magia en sus palabras Su voz impertinente nos recordó la de los ambiciosos aventure� ros. uñas y pico (o boca) oscuros. se me acercan cinco tucusotes: son los tres muchachos pemónes y nuestros dos criollos. Por algo dicen en� tre los indios que los chinchorros pemón son inigualables. Y sin embargo. En cambio. pero el Capitán seguía obstinadamente callado. el maléfico Kanaima. Miro al cielo esperando ver. que con tanto celo han preservado. Jerónimo de Ortal. y que los Yekuana los aprecian al punto que los truecan con lo mejor de su producción. con aire solemne. chupaflor o pájaros�mosca. de magia. el chinchorro típico de ellos me resultó tan cómodo que acabé por dormir largamente. que se han pintado el cuerpo imitando al colibrí: pecho azul violáceo. personalmente. que se realiza para invocar a los pájaros. ya que los pemónes creen que el espíritu humano transmigra en el animal. algún enigma que ellos quieren mantener a toda costa? Es penoso pensar que sus hermosos mitos. suspendida en el aire. corren el riesgo de desaparecer con ellos. ¡Cuánto de misterio.

son pruebas de la creencia tan común en varios gru� pos indígenas. contagiado del frenesí de aquel mágico rito. desplegando sus plumas multicolores en una impresionante danza salvaje. “hombre vestido. el zumbido que hacen los pemónes imitando el vuelo raudo del tucusito y los eufóricos gorjeos de mi loro. hombre con pantalones”. -132- . La danza mixta debe de haberle agradado también al Capitán. silban con maestría imitando el hermoso gorjeo del diminuto pájaro que in� vocan. Nuestros padres aplauden la idea. tukuí! Tan satisfechos se sienten ellos.El Chamán de los Cunaguaros. La película será un grato recuerdo para la familia. erizando el copete. pero yo (¿acaso con un sesgo de rivalidad. esto es mucho mejor que la fallida representación de Kanaima. revolotea entre los danzarines con las alas abiertas. Los silbi� dos de los morochos. Viaje por el mundo indígena venezolano los cunaguaros. vuelve a sus ancestros de la selva y. porque en la escuela no los van a dejar bailar en taparrabos… Todavía me arrepiento de mi mezquindad y de mi impruden� cia. de envidia por su éxito?) cedo a la mezquina tentación de echarles una ducha fría: —Tendrán que inventar algo. de que invocando al animal a través de su imitación se le atrae y captura. se con� funden en una novedosa armonía. Mis hermanos abren los brazos como si volaran. Y he aquí que Superloro. que apenas arranca el jeep em� piezan a planificar una representación del baile Tukuí en el plantel de El Valle. y así lo considera papá que después de haberles tomado varias fotos corre tras ellos con su cámara de video. porque desde entonces mis traviesos hermanos han silenciado a la manera pemón mi nombre Filatelio… y me han atribuido el apo� do que aquellos ingeniosos indígenas acuñaron para los extranjeros y los criollos: Tuponken. Debo reconocer que la actuación de los cinco danzarines es excelente. En verdad. pues al momento de irnos les dirige a los morochos un saludo especial: —¡Vuelvan pronto.

tu acento de pájaro silvestre. suaves como las alas de seda de las doradas mariposas. Evoco tus cabellos nocturnos.Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada Amada mía. pleno de soles y lunas. tu cuerpo andariego. 133 . amada. tu sigilo de nube leve como un celaje de la tarde. tus pasos de jaguar. Cómo olvidar el color de tu risa suave como lluvia sobre el caño. Porque tu ausencia duele como la herida de mil dardos ponzoñosos en la mitad del pecho. cómo olvidar tu ropa revuelta que se abrazaba tenue alrededor de tus muslos. dame fuerzas para soñar que estás aún conmigo. cómo olvidar tu brillo.

sobre las montañas sagradas. vuela con alas de colibrí brillante sobre las grutas secretas de las cumbres desconocidas. Vuela sobre la selva. vuela con alas de mariposa sobre los ríos interminables. amada. con esas alas doradas y sedosas. -134- . mientras yo encuentro tu rostro en las hojas y escucho tu acento en las piedras que los niños lanzan al río. Viaje por el mundo indígena venezolano Con esas alas vuelas tú.El Chamán de los Cunaguaros. y siento de nuevo tu olor entre las frutas escondidas del monte. y oigo tu risa en el salto de agua más cercano.

Tarén de un niño-tigre que no encuentra el rumbo. el de los largos cabellos. y después oirá la voz del mochuelo nocturno el canto helado de los grillos. a la luna fría y distante. el de la voz de águila y murmullo de espumas. la huella invisible del chamán amigo.Tarén de un joven perdido en la selva No conoce los caminos y quiere encontrar el rastro. Le preguntará a los astros el camino. el trino solitario de las aves que pueblan la noche espesa. el del tabaco que jamás se apaga. Escuchará el rugido de los ardientes cunaguaros 135 . de la pasión inconclusa. del amor insatisfecho.

El Chamán de los Cunaguaros. -136- . ni la lechuza. guiaba sus pasos. con el obstinado armadillo. por eso toca su flauta mientras termina este tarén. tarén de un joven que halló su camino. fue uno con el viento. y supo que el chamán protector lo miraba desde el aire. Viaje por el mundo indígena venezolano que se acercan envueltos en luciérnagas. Así llegó al lugar seguro y no lo tocó la tormenta. ni lo asustó el murciélago. Tarén del joven que bebió el agua pura de la tierra escarchada de estrellas. uno con el lustroso cunaguaro. para llevarlo al río para que sacie su sed de siglos y contemple el rostro sabio del padrino. porque conoce todos los secretos de la selva. Así encontró el sendero y fue uno con los seibos de copa riente.

Pareciera que llevaran una graciosa máscara. altísimas lianas y bejucos a ambos lados casi obstruyen en ocasiones el paso de Tío Jeep. Yo no veía nada sino los zancudos que nos asaltaban a más y mejor. caminos boscosos. por eso también se les llama “monitos cariblancos”. 137 . bailan! —grita Maigualida. Al acercarnos a los dominios de los Sape. ellos también emiten unos chillidos agudos y luego continúan comiendo y peleándose por las mejores ciruelas. Aprovechamos para detallarlos cuando el jeep se les acerca más. —Es verdad —exclaman los morochos—. Son de un bonito tono caramelo. devorando las ciruelas de huesito de un inmenso árbol carga� do de esta sabrosa fruta. son una gran manada de ma� cacos. sombra y alma Nos dirigimos siempre más al occidente. poseen un pelaje color miel. y su rostro es blanco. aquí todo parece bailar. hasta que al mirar una copa de árbol me pareció que unas flores oscuras se movían y las ramas se balanceaban rítmicamente: —¡Estoy mareado. las plantas bailan.Los sapes. Pero noble y valiente avanza nuestro rústico por la densa selva. veo flores bailando! Tengo un mareo ma� cho… —¡Las flores bailan. ¿Qué pasa? Las flores oscuras que creímos ver. Al oír nuestros gritos.

siempre en movimiento. ¿A qué se debe este escándalo? —Al itinerario —explica Mor. —Muchos otros. alborozada. a cual más sorprendente. —Luego están los tití. —En todo caso. Atravesamos quebradas y riachuelos. y sus brazos y piernas son tan largos como su cola. Sape —exclama ella. ¿O es que no quieren seguir? —¡Seguro que queremos! Pero necesitamos una lupa. En el jeep estalla el jubiloso alboroto que arman los morochos. valga la redundancia! —Hay también los araguatos que acabamos de ver tan gritones y escandalosos. un microscopio! —chilla Ocho. de un marrón muy parecido al del hábito de los monjes capuchinos. querrías tener uno. aunque a veces come algunos insectos. luego los capuchinos. una lupa! —grita Mor. Silencio por parte de ellos. —¡Qué monitos más monos. —Sape. opio! —refuerza Muñeca. —A “tu” itinerario —completa Ocho. no te olvides de ellos —agrego.El Chamán de los Cunaguaros. —Inerario… upa… opio… —ríe Muñeca. Son muy bellos con su cara de niño y su melena de león. ah. que si los ves. —Uh. —¿Pica como una araña? —No. —¡Una lupa. —Sape. por ejemplo el mono araña —contesta Rafael. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Qué otros monos hay por aquí? —quiere saber mamá. es que es negro. esbeltos y ágiles. oh —corea Superloro. —¡Upa. parecen gatos aullándole a la luna! ¿Para qué quieren esas cosas? ¿Se han vuelto sabios de repente? ¿Investigadores? —los interroga mamá. peludo. Pero es inofensivo y totalmente vegetaria� no. sería “nuestro” itinerario. -138- . Sape —apoya Superloro. —¡Basta. —¡Un microscopio. subrayado ale� gremente por la niña. —Y un microscopio. hijos. —¡A callar! —les impone papá— Son más ruidosos que una bandada de guacamayos. mientras una fresca brisa proveniente del norte nos brinda a ratos cierto sosiego.

otros se han alejado. —¡Hacen falta lupas. yo. —Hablo yo. —Luego en el Medio Karún. donde los pocos Sape que aún existen se ubican. tam� bién llamado Osoi-merú. —Y por fin en el Alto Paragua. pasa. Cómo se enteraron. Enseguida. lentes. Tienen razón. porque según los antro� pólogos. al pie del raudal Cosoiba. —Pasa… que sin microscopio no los vamos a encontrar —la� mentan los morochos. difícil saberlo. Rápido. Su idioma representa una lengua aislada… hablada hoy día por no más de dos decenas de personas. algo están tramando. sin haberse puesto de acuerdo previamente. la población de los Sape aún pura. del Escudo Guayanés. Por fin. son una etnia particular. término que constituye la autodenominación del gru� po. ¿Cómo lo logran? Artimañas de morochos… —¿Dónde vamos a encontrar a los Sape? Tenemos muchas ganas de verlos. qué les preo� cupa? —Sape. situada en el Bajo Paragua. perdiendo así sus nexos con la comunidad y el entorno. —Correcto. empiezan a hablar. saben mucho sobre los Sape ¿Y qué pasa. Y como de costumbre. ¿dónde hallarlos? —Buscaremos en la isla Casabe. por favor. Muchos de ellos han sucum� bido. opios —refuerza Muñeca. a decir lo que les ocurre. recordando lo que he logrado averi� guar sobre ellos: -139- . pues muy pocos son los Sape que sobreviven en su propio territorio. microscopios! —insisten a una sola voz. con una filiación linguística indepen� diente. siempre al unísono—. entes. lo hacen a una sola voz. —Yo. dispersas en estas tremendas extensiones. Estas son las tres zonas de la cuenca del Río Para� gua. no excede a quince personas. Los Sape. afluente del Medio Paragua. pero. Sape —Muñeca se divierte. pero por una vez mis herma� nos están en lo cierto. —No. Yo mismo trato de explicar. —Upas. tú no.Los Sape. es decir no mezclada. con las mis� mas palabras. sombra y alma —Cuando no hablan.

—De los escasos contactos que tuvieron con los criollos se ori� ginaron entre ellos epidemias de enfermedades contagiosas. asistidos por la ley. a mezclarse. con los Yanami. separadas por un trayecto de apenas dos o tres días de camino. pero satisfecho de haber dado una lección a mis dos ceritos. Mo murán). con los pe� mónes. amenazados. y sus viviendas se volvieron aún más rudimentarias. pero tampoco son venezolanos en plena posesión de sus derechos. se refu� giaron en el área del Karún. Quizás. Ni la magia de los chamanes sape. ni aquella aún más potente de sus vecinos Yaman. Tuponken —me animan. se expresan en español. trabajan y comercian en las minas de diamantes. Tío Jeep sigue -140- . ancestrales pobladores de la zona del Alto Paragua. aunque con poco respeto. los demás también reflexionen calladamente sobre el destino de nuestros indígenas. como yo. entremezclados con los Arutani o Uruak. no lejos de estos escasos Sape puros. no están dotados de anticuerpos ni poseen vacunas. en las cabeceras de los ríos Pauré-murán y Karún las cuales están cercanas. y a muchos saltos de agua. a perder su individualidad. Ya no forman comunidades. y se ven constantemente explotados y humillados. No mantienen su estilo de vida indígena. Ellos dieron nombre a los ríos (Pauré murán. en la cuenca del Paragua y especialmente en la isla de Casabe. El sarampión diezmó a la comuni� dad. Se sentían inseguros. Luego. lo que es muy poco para aquella inmensi� dad. quienes. Ahora en el rústico reina un extraño silencio. diezmados como los Sape. ni viven en la protectora selva tropical. O bien obligados a claudicar. Mor y Ocho. tal como hicieron otros indígenas cuales los Shirishana o Yanam que emigraron desalojados por la avanzada de la sociedad blanca. Aún falta bastante por llegar. que son terribles para los naturales. Se han trasladado a las zonas mineras.El Chamán de los Cunaguaros. —Sigue. lo sabemos. cuya lengua hablan ahora. Acosados. antiguamente eran numerosos y fuertes. por eso nunca abandonaron las costumbres itinerantes. En efecto. transmitiéndoles estos conocimientos adquiridos a lo largo de lectu� ras realizadas en la biblioteca de la Fundación La Salle. Me quedo largo rato callado. resultaron suficientes para sanarlos —termino exhausto. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los Sape. Llevan una existencia distinta. Pienso en la suerte de tantos in� dígenas. hay sin embargo otros.

no. —¿Y los exámenes? —¡Ah. tan silenciosos. sombra y alma avanzando entre tupidas lianas. Está completamente lleno de las caligrafías menudas y torcidas de Mor y de Ocho. los morochos sorpresivamente echan ma�no de sus mapires. el decálogo de los cuentos de algunos libros célebres. un milálogo. Será un centálogo. Ante esta invitación. las tareas. una a una. —Afortunadamente. se tambalea so� bre ramas. a veces casi a ciegas. por si se los come un tigre. canten. esto es un secreto. los mo� rochos desenrollan su papiro y leen solemnemente. no me gusta verlos tan decaídos. —Jóvenes. —Pues sabrás. chapotea en charcos y más charcos. busquen un tema de conversa� ción. a los cuales trasladaron parte del equipaje aliviando así los repletos morrales. —¡Pero el de ustedes es tan largo! No puede ser un decálogo. pájaro de mal agüero. —¿Pero. tan parecidas que es imposible distinguir una de la otra… Hasta en la escuela. las -141- . todos los estudiantes somos pícaros. el decálogo de los diez mandamientos de la Biblia. —¡Qué pícaros! —les dije yo una vez. hablen. de discusión —nos anima papá. piedras y raíces que cubren el camino. o se los englute una tragavenados? —Cállate.Los Sape. —¿Un decálogo? ¿De dónde sacaron eso? ¿Conocen bien esa palabra? —Claro. o los devora un caimán. orejón. Los alumnos tenemos nuestro código de honor: no se enga� ña a los maestros. palillo. regalo de los waraos. mis ceritos son jóvenes sanos. Con toda for� malidad extraen un pliego grande enrollado al estilo de pergamino o papiro egipcio. ¿Acaso es un testamento. o los pica un zamuro. Aunque ningún título se le adapte perfectamente. los cuestionarios… y nadie se da cuenta. eso no! Cada uno se hace el suyo y si se embroma. Significa diez de cada cosa. El nuestro contiene peguntas sobre los indígenas que vamos a hacerles ahora mismo. No se queden callados. qué es eso? —pregunto ahora— ¿Qué será ese papiro que traen con tanto cuidado? Tiene cara de un documento serio. allá él. y majestuosamente se disponen a desenrollarlo. Es un decálogo. inteligen� tes y honrados —reconocí en aquel momento. se intercambian los trabajos.

figuras talladas en madera de animales cuales -142- . cuando tengamos mayor información. miembros cortos. ¿Cuáles elementos comunes encontramos entre todas las etnias? El color cobrizo de la piel. y quizás las retomaremos para completarlas y pro� fundizarlas al final del viaje. recatados y generalmente silenciosos. de otras comunidades ya presentes en el continente para el momento de la llegada de los primeros con� quistadores. a pesar de la inevitable aculturación y mestizaje. entre todos. los indígenas se caracterizan además por la conserva� ción. navegando de un pueblo a otro para intercambiar sus mercancías. esteras. y no unánimes. el cabello negro. ¿Por qué los waraos se llaman a sí mismos “gente de canoa”? Porque siendo su hábitat el Delta del Orinoco viven entre caños y ríos. liso y brillante. y pasan gran parte de su vida en las canoas. totumas pin� tadas. buscar unas breves respuestas. rallos. De� cidimos.El Chamán de los Cunaguaros. son considerados como indígenas aque� llas personas que hablan o hablaron en su infancia una lengua indí� gena. collares. estatura pequeña. misioneros y más tarde los antropólogos. veloces. Barajando ideas. ¿Cuáles productos propios utilizan los indígenas para sus intercambios? Vasijas. Son lam� piños. por vía transgeneracional. con entusiasmo. Viaje por el mundo indígena venezolano inquietantes preguntas acerca de los indígenas que contiene. ágiles. ¿Por qué hay confusión entre los nombres que se les atribuyen a las comunidades indígenas? Porque ellos mismos utilizan distintos nombres que heredaron de sus antepasados. y tienen además los que les dieron los conquis� tadores. de acuerdo a cri� terios algunas veces infundados o apresurados. a la tarea de contestar el “milálogo”: ¿Qué se entiende por indígena? En términos criollos. ¿Qué se entiende por comunidad indígena? Una comunidad indígena es aquella que desciende directamen� te. puntas de flechas y arcos. cestas. nos abocamos enseguida. los ojos rasgados y oscuros. o cuya madre o abuela la habló. lengua y cultura distintiva. siquiera parcial. de su identidad. fuertes. satisfactorias para el momento.

por cortar. ¿Dónde viven los Jodi y cuán numerosos son? Viven en la selva del estado Amazonas y lamentablemente que� dan muy pocos. Se les llamó así porque su cabello fue rapado o cortado por los misioneros durante la Colonia a causa de una epidemia de tifus. especialmente de auyama. vis� ten ropas como las de los caraqueños. -143- .Los Sape. de grandes propiedades alimenticias. poseen automóviles. vocablo que viene del español an� tiguo “motilar”. ¿En qué se parecen los waraos y los yekuana? En que ambos viven cerca del Orinoco y es este río su principal sustento. que viven en chozas con techo de palma. y de una invasión de piojos. Los Yekuana están asentados en la selva de la ribera sur del Orinoco y su territorio llega casi hasta los límites con Guyana o Brasil. Los waraos navegan por los caños del Delta. ¿Y después de ellos? Después de ellos los wayuus. Poseen automóviles. tanto que hoy día son prósperos comerciantes o activos ganaderos. en el estado Apure y en los playones del río Arauca. computadoras y celulares. plumas de garza. también llamados Guajiros. ¿Es cierto que los kariñas descienden de los karibes? Descienden de los karibes pero están muy civilizados. ¿Cuáles indígenas buscan en el relámpago del Catatumbo el camino del cielo? Los wayuus. morrocoyes. un fenómeno natural. han aprendido a mane� jar. señala el paso de las almas al más allá. ¿Dónde se localizan las comunidades yaruro? Los yaruros o pumés se localizan en los llanos del occidente de Venezuela. pero al� fombradas y amobladas al gusto citadino. que en poco tiempo dan un fruto muy nutritivo. sombra y alma cunaguaros. ¿Cómo eran llamados los Bari en el siglo pasado? Eran llamados “motilones”. chinchorros de moriche. tucanes. ¿Cuáles son los indígenas más cercanos a la vida criolla de Venezuela? Los kariñas. camiones. que viven en casas de bahareque al estilo criollo. semillas. apenas algunos centenares. quienes creen que ese resplandor. y sin embargo no han perdido sus costumbres y tradiciones.

aunque vivan relativamen� te cerca. y su vida se desenvuelve en el ambiente de la Orinoquia. ¿En qué se destacan los Yekuana? En la cestería de alta calidad estética. De este ár� bol obtienen fibra vegetal para tejer cestas. la caza. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Y los Sape? Habitan zonas del Bajo. ¿En qué se diferencian los Yanomami de los Yekuana? Estas etnias son bastante distintas. cerca de la frontera de Venezuela con Brasil. motilones bravos y motilones mansos. Medio y Alto Paragua. y están en peli� gro de extinción porque de ellos hoy día sólo se han localizado unas quince personas. y también algunos kariñas. para varios momentos de la vida: el amor. al occidente de Venezuela? Los Bari y los Yukpa habitan la sierra de Perijá. respectivamente. ¿En qué se diferencian los Bari y los Yukpa? Los Bari son más audaces. ¿Cuáles indígenas participaron en la guerra de Independencia? Los yaruros o Pumé. muy apreciados por las demás etnias. frutos para comer. en los límites de Venezuela con Guyana. ¿Cuáles son los indígenas que recitan conjuros y oraciones? Los pemónes conocen y recitan oraciones y conjuros llamados Tarén. y en un pasado fueron fieros y ague� rridos. premiada hasta interna� cionalmente. Los Yanomami están asentados en Amazonas. y su vida se centra en la selva. más bien taci� turnos. que es el pan de ellos. ¿Cuáles etnias habitan la sierra de Perijá. Hay diferencia también entre sus idiomas y sus tradiciones. pero especialmente los waraos y los Yekuana. palma para techar casas. los peli� gros. ¿Cuáles indígenas consideran sagrada la palma moriche? Todos. su fauna y flora. -144- . Los Yekuana se ubican hacia Guayana y el Esequibo. que hacen llegar su mente a un alto grado de concentración y les permiten adquirir poderes especiales. Antes eran lla� mados. tímidos y esquivos. Los Yukpa son de naturaleza suave y afable. y en sus rallos. Los Tarén son una especie de reflexiones o relatos interiores. las enfermedades. troncos para hacer canoas.El Chamán de los Cunaguaros. habitantes de los llanos que combatieron bajo el mando del general José Antonio Páez. savia para elaborar el sagú.

otorgándoles cédula y per� mitiéndoles conservar en ella el nombre tradicional que tienen en su idioma. y frutas como el cambur. el maíz. adornos. ¿Los indígenas conocen el dinero. semillas. servían para comprar cantidades regulares de todo género de alimentación. También comen muchos vegetales como la auyama. Sólo a finales del siglo XIX y albores del XX comenzaron a manejar el dinero. El rostro repetido. la yuruma y muchas otras que todavía no conocemos. “Cobre” corres� ponde a lo que hoy día llamamos “plata”. Se les llamaba “cobres” por el material con que es� taban fabricados. Cada uno sirve para colgar un extremo de una. el cuerpo similar les parece un prodigio o un em� brujo. cambiando objetos. muy fácil de cultivar. el aguacate. y el de la hama� ca contigua. el plátano. y en particular de los indígenas. y ellos siguieron llamándolos así. la cual se da en todo el territorio sudameri� cano. el casabe que se elabora con yuca. el ñame y la batata. ¿Por qué los indígenas usan todavía la palabra “cobre” para referirse al dinero? A principios del siglo veinte. ¿Cómo se cuelgan las hamacas? Las hamacas se cuelgan en tres palos fuertes colocados en trián� gulo. -145- . se utilizaban mucho los centavos que poseían alto valor ad� quisitivo. cuando ellos comenzaron a conocer el dinero. sombra y alma ¿Por qué los morochos causan sensación entre los indígenas? Porque entre los indígenas no existen los gemelos idénticos. ¿Cómo duermen los indígenas? Duermen en hamacas y chinchorros. ¿Cómo es la alimentación indígena? Hay ciertos alimentos comunes a todos. pero en pequeñas cantidades.Los Sape. cerca de un fuego prendi� do. y algunos sobre esteras. alimentos. “moneda. lo manejan? Tradicionalmente los indígenas comerciaban a partir del true� que. algo asombroso. y otras raíces autóctonas como el ocumo. ¿Qué es la Misión Identidad? Es una misión recientemente creada que se ocupa de los ve� nezolanos indocumentados. el pepino de monte. el pijiguao.” o “dinero”. a los cuales trata de incorporar en el registro de datos con toda la infor� mación referente a su comunidad étnica.

común a muchas etnias: yaruro. Su pan antiguamente era la arepa. es también apreciado como pan por los Bari. sólo pudieron recoger y luego cultivar raíces. que son una importante fuente de ellas. el palmito. chicha a base del maíz. ¿Qué beben? Toman sólo agua. yanomami. Viaje por el mundo indígena venezolano Las proteínas animales que consumen en todas las comunidades son el pescado de río. y de esto hay testigos de viajeros y cronistas. además el pijiguao. lapas. en la cual consumen lo que han conseguido durante el día. ba� tata. Cuando cazan. de la cual hacen el casabe. a partir del casabe. de los cuales dicen que saben a camarones o a pollos. la arepa y el casabe. y además gallináceas como la guacharaca y el paují. a veces endulzada con miel. los indígenas comen casi todos los insectos menos los zancudos. warao. como los escorpiones. todos los demás. venados. líquido o savia de la palma moriche. las lím� pidas fuentes de agua que ellos llaman casimbas. ¿Cuáles alimentos crecen espontáneos en los territorios indígenas? ¿Cuáles deben cultivar en conucos? Espontáneas crecen las raíces. el ají y los vegetales. ñame. picures. antes de salir a la faena. ocumo. los hombres toman bebidas fermentadas: Hashiri o Kasiri. En las fiestas. yuca. Algunos los consumen vivos y otros asados. la caña de azúcar. Jodi y otras etnias. El sagú. principalmente la yuca. Con la llegada de los europeos y su huida hacia la sel� va. Esta es su comida principal. el cambur. generalmente fresca de manantiales. Deben culti� var el plátano. ye� kuana. chirrin� che. cobran piezas importantes como dantas. mapuey. caña fermentada por los wayuus. A la caza se dedican sólo los indígenas de la selva. ¿Cuáles insectos comen? En la selva. el camacuto o camarón de río y frecuente� mente los insectos. ardillas. ¿Cuántas veces al día comen? Generalmente dos veces al día. o bien piezas pequeñas como acures.El Chamán de los Cunaguaros. báquiros. ¿Cuál era y cuál es actualmente el pan de los indígenas? Se consideran pan de los indígenas el sagú. pemón. el maíz. conejos de monte. y al caer de la tarde. corazón. ¿De qué sufren la falta? -146- . Al levantarse. a la pesca y cultivo.

pájaros. porque desde que los atrapan pichones les enseñan palabras. para cuyas mordeduras conocen varias plantas que las curan o neutralizan. y el ladrido más débil denotaba una presa pequeña. pero mayormente deben surtirse de los holandeses del Esequibo a cambio de muchos días de trabajo. por eso es tan preciada. ruidos. especialmente en el área de Guayana. ¿Es verdad que las indígenas amamantan a monitos pequeños? Las yanomami.Los Sape. gatos monteses. lapa. jaguares. pumas. Ladraban fuerte si la presa era grande. ¿Cómo se comportan los loros de la selva? ¿Hablan? ¿Les enseñan a hablar? Los loros y pericos aprenden a hablar las lenguas indígenas. si los hay. En los caminos selváticos los acechan las serpientes. a silbar como otras aves y a cantar cantos locales. loros y guacamayos. morro� coyes. picure. En tiempos de la Colonia se logró un acerca� miento con los indígenas mediante la sal que los colonos llevaban a sus asentamientos. ¿Cuáles animales son peligrosos para los indígenas? Son peligrosas para los indígenas las fieras de la selva que ata� can de improviso. inclusive cuando caminan o se bañan en los ríos. cachicamo. así como el candirú en las aguas quie� tas. cunaguaros. a veces la traen los indígenas yekuana y pemón desde el sur. báquiro o venado. Eran pequeños y muy útiles en la caza. de los cuales aún hay bastantes en las costas de Anzoátegui y Sucre luchando por recuperar su identidad. y en los ríos caimanes y caribes. Buscan mucho al turpial por su canto armonioso y suelen domesticarlo así como al loro. Antiguamente les era fácil conseguirla mediante el trueque con los Cumanagotos. ya que la obtienen en el Brasil. deben haber sido llevados por los misioneros para acabar con las ratas. silbidos. -147- . Los gatos. que la extraían de las salinas de Cumaná y Anzoátegui. sombra y alma De la sal. ¿Hay perros entre ellos? ¿Cómo son? ¿Y gatos? Hay crónicas que mencionan la existencia de una raza autócto� na de perros. ¿Cuáles son los animales preferidos de los indígenas? Los que se pueden domesticar: monos de varias clases. enseñán� doles a dar la patica y a permanecer en su hombro. pemón y yekuana acostumbran amamantar a monos y baquiritos cuando la madre ha muerto. Actual� mente.

y así las municiones. chibcha. garrotes. criadores de ganado. los de la selva. ¿Su idioma se puede escribir? Las lenguas indígenas han permanecido hasta ahora en una etapa de oralidad. cerbatanas con dardos venenosos. ¿Cuáles. Doña Bárbara y Canaima de Rómulo Gallegos. Actualmente los antropólogos y etnolingüistas han diseñado una manera de transcribirlas mediante signos. Se defienden con lanzas. pero en sentido de itinerantes. nómadas? Cazadores. los wayuus. arcos y flechas. Criadores de ganado. las usan también para cazar báquiros y picures. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cómo se defienden de ellos? ¿Tienen armas de fuego? ¿Y municiones? Armas de fuego no tienen. palos y trampas que fabrican ellos mismos. Aunque hay muchos rasgos culturales comunes. cultivadores y pescadores. y en esta forma se han transmitido sus costum� bres y tradiciones. Navegantes. son demasiado costosas. los waraos y los kariñas. y el que tienen en sus manos. entre los indígenas. ¿Cuáles libros reflejan el medio ambiente de los indígenas? La Vorágine de José Eustaquio Rivera. navegantes. karibe y otras. pues casi siempre utilizan un espacio grande bien definido. Recolectores. Tabaré de Zorrilla de San Martín. ¿Usan trampas sólo para defenderse? No. son cazadores. a cuyos puntos específicos vuelven periódicamente. todos. las lenguas indígenas tienen distintas raíces: arawak. y por qué? No se entienden por razones lingüísticas. El Chamán de los Cunaguaros o Vuelta a Venezuela indígena. ¿Es verdad que los indígenas no se entienden entre sí. ¿Cuáles libros podemos leer para ampliar nuestros conocimientos acerca de los indígenas? Los tres tomos de Los aborígenes de Venezuela editados en Cara� cas por la Fundación La Salle de Ciencias Naturales. y adap� tándolas a nuestro alfabeto. Los yaruros pueden representar la condición de nómadas. ¿Cuáles animales propios de los territorios de los indígenas están en peligro de extinción. recolectores.El Chamán de los Cunaguaros. y por qué? -148- . cada dos o tres décadas.

al cual cazan porque dicen que el miembro viril es afrodisíaco. La lapa.Los Sape. La iguana. porque la persiguen y la dañan para sacarle los huevos. sombra y alma En peligro están el oso frontino de la sierra de Perijá. porque pare un solo hijo al año. -149- .

lo que les permitió entenderse con los españoles y entre ellos mismos. alacranes. Sin embargo los jóvenes de toda Venezuela usan algunas expresiones. Estas palabras se usan más que todo en las regiones del interior cercanas a los asenta� mientos indígenas. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Cuáles insectos los atormentan. cotiza. caribear. ¿Cuál fue la primera voz española que se levantó en defensa de los indígenas? Fray Bartolomé de las Casas en el siglo XVII instó a la Corona Española a proteger a los indígenas. por sus costumbres. mariche. y cómo se defienden de ellos? Los molestan arañas grandes. y porque hablaban una lengua gutural como gruñidos de animales o trinos de pájaros. macuto. entre ellas las de nadar como peces o trepar a los árboles. les inculcaron valores espirituales. tanto por los criollos. en las cuales se ordenaba que a los indígenas se les tratase con respeto y consideración. hormigas voladoras. He aquí algunos: canoa y conuco.El Chamán de los Cunaguaros. y por qué? Los primeros españoles difundieron la creencia de que los indí� genas eran animales por su color de piel. zancudos. ¿Cómo es considerado el aporte de los Misioneros? En general es considerado positivo. totuma. tapara. añingotarse por agacharse. y logró que se promulgaran Las Leyes de Indias. como por los indígenas mismos. como: ¡cabeza de totuma! -150- . las mariposas peludas que en época de creciente de los ríos llegan hasta los poblados y casi los dejan ciegos con el polvillo de sus alas. piojos. ¿Es verdad que alguien llamó a los indios irracionales. Algunos misioneros los alfabetizaron. hormigas y bachacos. pero muchos de nuestros vocablos más comunes la tienen. que se consideran los pri� meros indigenismos que pasaron al español. gusanos. ¿Cuáles fueron los rasgos positivos que la civilización española transmitió a los indígenas? Podemos decir que unificaron el idioma. ¿Cuáles palabras indígenas pasaron al español? ¿Las usamos frecuentemente? ¿Por qué no nos damos cuenta? Generalmente no advertimos su procedencia indígena porque no la conocemos. Intentan alejarlos con foga� tas sobre las cuales arrojan ciertas hierbas que hacen huir a las plagas. enseñándoles a todos el castellano.

Pero esto seguramente fue por la violen� cia con que eran tratados los indígenas. viviendas y todo lo que obtienen. ¿Cómo calculan el tiempo los indígenas? Cuentan los años por las lluvias y los meses por lunas. Si alguien mata a un Guajiro. si no pueden llevarlos. Los llevan consigo a todas partes y los tratan con cariño. por eso algunos autores los llamaron “hijos de la luna”. Las mujeres indígenas cuidan a sus hijos con celo parecido al de muchos animales silvestres. sin embargo. pescar y cultivar. con promedio de sesenta años. donde pueden cazar. pero si éstas fracasan se procede a la venganza. sombra y alma ¿Cuántos años viven los indígenas? Es difícil saberlo porque nunca aparentan su edad. dice un refrán. El tiempo para ellos pasa muy rápido y un año puede ser definido por ellos como “un invierno” o “poco tiempo”. ¿Hay niños abandonados entre los indígenas? Absolutamente ninguno. debe morir. nunca. Se cuenta que Guaicaipuro incumplió muchas veces la paz pactada con los españoles. ¿Cómo se explica entonces que haya tantos mendigos indígenas en las grandes ciudades? Porque al sacarlos de su medio ambiente no pueden obtener el sustento con la misma facilidad que cuando están en contacto con la naturaleza. -151- . la noción del tiempo en los indíge� nas no es igual a la nuestra. Se puede recurrir a negociaciones clánicas para compensar económicamente cualquier atropello. pero en todo caso sería una forma de defensa. Han ido incorporando el concepto del tiempo occidental europeo a medida que se han ido transculturizando. sus alimentos. ¿Por qué no se ven indigentes entre los indígenas? Porque en su sistema comunitario de vida. aunque sea por accidente.Los Sape. cuida y protege. ¿Son acaso traicioneros? Alguien podría decirlo. “Indio no pinta canas”. ellos reparten sus bienes. Pero generalmente tienen una vida bre� ve. toda la comunidad los alimenta. ¿Qué ley terrible tienen los wayuus? La ley de la sangre: la muerte se paga con la muerte. Cuando deben ausentarse. con todos los miembros de su comunidad.

En otras más transculturizadas lo completan con una camisa. Mentían sobre la ubicación de sus pueblos. sobre la creación y el origen del hombre. por jue� go. La timidez también es una forma de amparo y las personas suelen desa� rrollarla cuando temen ser agredidas. Hay creencias sobre las plantas. o lo sustituyen con un pantalón de tipo kaki. ¿Cuáles son su adornos más comunes? Collares. generalmente blanca. La mentira fue en el período de la Conquista la única defensa de los indígenas. y han incorporado algunas prendas de la vestimenta criolla. ni uno solo de nuestros objetos. ¿Qué creencias mágicas tienen? Muchas y muy variadas. Jodi lo usan aún. la argucia no es vista como algo malo. sobre la existencia de animales raros. por costumbre. mentira como protección. y las mujeres coloridos trajes de mangas anchas. ¿Cuál es la vestimenta más usada por los indígenas? Hasta hace poco era el guayuco. Fabulaban sobre mitos como el de El Dora� do. y tal vez así aseguraban su supervivencia. suerte de taparrabo de fibra ve� getal.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Son mentirosos? ¿Son tímidos? Podría alguien decir que son mentirosos. Mienten como puede hacerlo un niño por defensa. -152- . Los hombres wayuu usan aún actualmente faldones azules. Sape. Los Yukpa de las altas montañas visten unas batas largas de algodón tejido por ellos mismos. sobre sus ritos y creencias. sobre� todo a nosotros que venimos de Caracas. varillas para la nariz y las orejas. hojas y flores. sin pensar en las consecuencias: en su código de valores. ¿Los indígenas son honestos? La honestidad de los indígenas es algo que sorprende. ni siquiera el brillante cronómetro que tan útil me ha sido en este viaje y del cual me dolería desprenderme. sobre los astros. brazaletes de semillas y huesitos de animales. penachos de plumas. los ani� males. Yekuana. Además. Aún en algunos grupos queda la mentira por desconfianza ante los blancos. distinto al nuestro. Tal vez en su ingenuidad de niños no ven en eso nada especialmente perverso. En algunas etnias de la selva. para preservarlos. como Yanomami. No nos robaron nada. Tal vez la costumbre de mentir provino de una manera que idearon para protegerse de los conquistadores. una ciudad tan violenta.

sombra y alma ¿La costumbre de pintarse es común a todas las etnias y todavía la practican? Es común a todas las etnias. para celebrar la cacería. con cantos específicos. sacudió sus plumas y gritó: —¡Hola… guayuco… totuma… tapara… picure… hola…! —¡Cuántas palabras indígenas aprendiste! —lo felicita Muñeca. Se pintan el cuerpo de rojo con onoto o bija. Superloro se pasea sobre mi gorra entusiasmado. se centra sobre “diferencias”. tratando de picotearme algunos mechones. ¿Cómo se mueven al bailar? Al bailar. Las oí� mos y respondemos con solicitud. que le da un hermoso brillo rojizo a la piel. al comenzar otra luna. Cuando estábamos por concluir el milálogo. la practican desde tiempos inme� moriales y algunos de ellos aún hoy en día. casi todas ceremoniales. impermeabilizándolo y protegiéndolo de la plaga. generalmente imitan algún animal. y otra más práctica. Casi todos los bailes son colectivos.Los Sape. la de defenderse de la plaga. Los morochos aprovechan para una de sus consabidas bromas: —¡Mira. en sus movimientos y gruñidos. para atraer la buena suerte. Hay bailes para la fer� tilidad. todos participan en ellos. Con la semilla del onoto fabrican una pintura que mezclan con gra� sa de báquiro y luego adhieren a su cuerpo. Existen bailes para convocar los espíritus. confundió tu cabeza con una totuma llena de granos de maíz! La última parte del largo rollo de papel. y la cara de negro con hollín. Cuando tienen alguna ceremonia añaden el blanco y el azul extraído de bejucos colorantes y se dibujan rayas en cara y cuerpo. con excepción de los bailes guerreros que son sólo para hombres. para llamar las lluvias. pareció desperezarse. Bai� lan para festejar la cosecha. funerarias y danzas para cumplir un ciclo. la de adornarse. Hay danzas guerreras. que un morocho desen� vuelve y el otro va recogiendo. Superloro que ha� bía guardado un extraño silencio. por ejemplo el báquiro o el piapoco. -153- . ¿Cuál es su forma de bailar? Tienen distintos tipos de danzas. pero también para concitarlas. porque abarca tópicos sobre los cuales todos tenemos alguna confusión. Esto cumple dos funciones: una función estética.

cabaña. Natural es equivalente a nativo. porque los conquistadores los consideraban carentes de razón. palafito”. -154- . irracional”. se les llamó al comienzo de la conquista a los indígenas. y también sal� vajes. La curiara es una canoíta más estrecha. útil sólo para cruzar los caños o ríos poco profundos. La hamaca tiene la trama más tupi� da. como la selva. aborigen. “Canoa. y por eso es más común en lugares calurosos. en ella caben hasta diez personas y frecuentemente se le pone motor. curiara. se refiere a los prime� ros habitantes de las Indias Occidentales. frecuente en zonas más urbanas como los entornos de Caracas u otras ciudades. de bejuco. los llanos y la costa. de buen calado. Indio es la palabra con la cual se denominaba a los habitantes del territo� rio americano. Aborigen. La choza es cualquier casa indígena o criolla con techo de palma. sancionado por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Indígena es el nombre actual que se le da a los indios. mucho más grande que la curiara. es decir los hilos son más apretados. El chinchorro tiene los hilos entrecruzados más ampliamente. es de madera más liviana y en ella sólo caben unas cuatro personas. indígena. bloques o cartones con techo generalmente de zinc. que se llamó al principio Indias Occidentales. natural. puede ser intermedia. de lianas o de algodón. “Indio. Re� cientemente se formó el compuesto amerindio. La piragua. sin paredes o con paredes de palma o de bahareque. rancho. La canoa es una embarcación hecha de un solo tronco. término racista y prejuiciado porque ningún pueblo puede ser irracional. con agujeros que permiten pasar el aire.El Chamán de los Cunaguaros. Indígena y aborigen significan ambos habitantes ori� ginarios de una región. Ambos pueden ser de moriche. en las sierras. piragua”. grande. en la cual pueden caber hasta veinte personas. “Choza. en nuestro contexto. El palafito es una choza de palma construida sobre pilotes clavados en el agua. El rancho es una casa de madera. Irracionales. y se usa de preferencia en las regiones montañosas y frías. si se hace de un árbol grande. muy usado por los antropólogos. un poco más sofisticada que la choza. criollo o mestizo. La cabaña es una vivienda rústica pero al estilo criollo. Viaje por el mundo indígena venezolano Qué diferencia hay entre: —Hamaca y chinchorro. puede ser indígena.

“Arco y cerbatana”. o como refugio en caso de verse amenazados. Ambos son comestibles. Es parecido a los arcos europeos. -155- . muy aguda y veloz. arbustos de un verdor que embriaga los sentidos y ser� penteantes bejucos que parecieran querer engullir cualquier vehículo. Son variantes léxicas regionales para designar a una especie de roedor. animales de piel delgada que están en los árboles. para terminar de cocerla. entre una vegetación consistente en fuertes árboles. con punta de hueso o piedra y plumas en el otro extremo para equili� brarla. que quizás sea el mismo. La dulce se san� cocha y se puede comer. se reivindican el arco y la cerbatana. “Flecha y dardo”. Generalmente se le llama acure a un conejito pequeño de orejas cortas. sancochada o frita. Ambas son silvestres. y hasta a papá le ha resultado más llevadero el ma� nejo por esta monótona trocha. Los indígenas uti� lizaban las cuevas sólo como reducto. como la Cueva del Indio en la isla de Margarita. Nos hemos entretenido contestando las preguntas del milálogo de Mor y Ocho. El arco está compuesto de una madera cur� va. del tamaño de una lapa. “Acure y picure”. Se le llama picure a un roedor ungulado grande. Se dispara con el arco y se usa para cazar dantos. un poco más gran� de que un hámster. monos. No tiene plumas en el extremo. delgada. La flecha es una varilla larga. preparada especialmente. que se dispara soplando en la cerbatana. Luego se seca al budare y se pone al sol. lo que lo hace más rápido y de mayor alcance. hueca. como pasaje de un lado a otro de las montañas. En Venezuela existen algunas cuevas célebres con nombres indígenas que recuerdan hechos del pasado. sombra y alma “Yuca dulce y amarga”. La amarga es veneno� sa. después de que las armas de fuego casi han acabado con la biodiversi� dad del planeta. ¿Por qué los hombres primitivos del viejo continente vivían en cavernas y nuestros indígenas no lo hacían? Por razones climáticas. que asemeja una flauta. La cerbatana es una caña larga. aireada. En las cuevas hace demasiado calor y el clima tropical pide una vivienda fresca. en forma de torta de casabe. veneno activo. El dardo es una flecha corta. con la que se disparan los dardos. hay que rallarla y prensarla para extraerle el yare. venados y animales de piel gruesa. y una fibra que hace de disparador. y la Cueva del Charal en Trujillo.Los Sape. Se usa para cazar aves. Hoy día.

y los mosquitos son aquí una plaga insopor� table.El Chamán de los Cunaguaros. son navegables… sólo por quienes los conocen. donde podre� mos ver y conocer a los Sape sin tener que recurrir (¿con satisfacción o con pena. por parte del número Ocho?) a ningún microscopio. Nadie en las postrimerías de la selva que dejamos detrás de nosotros. nos recibe. Mamá se muestra preocupada. en una especie -156- . un recién concluido techo de hojas de palma. Los ríos que conducen al territorio sape. Aquí están el río y la canoa. Habla en voz baja con papá: —¿Acaso tus contactos fallaron? ¿O entendieron que queríamos la canoa sin guía? ¿O eso significa que no quieren que vayamos? Él no contesta. la sentimos más amiga. un microscopio! Ambos recorren las cercanías escudriñando el suelo como si tu� vieran la lupa en sus manos. Luego comienzan a silbar. Es uno de los tantos claros de monte llenos de trinos de pájaros que surgen a orillas del río Paragua. ¿Y el conductor? Sin él. Allí dejaremos el vehículo hasta el regreso. divisamos enseguida una canoa. tendríamos que olvidarnos del viaje. no nos atrae. Nos cuesta resignarnos: pasar un día entero y quizás también la noche en aquel exiguo paisaje. Quizás esté buscando un sitio para levantar nues� tro modesto campamento. Lo llaman “La Pequeña Paragua”. el cual junto con sus numerosos afluentes constituye la única vía de acceso a la región. porque el calor arrecia desde temprano. Y ahora ¿quién va a remar y a dirigir nuestra inminente trave� sía fluvial? Miramos alrededor: nadie. La selva. nadie a sus orillas. con todos sus peligros. nadie en las aguas turbulentas. En un recodo del caño. Frente a nosotros vemos. ua! —los morochos reanudan sus payasadas— ¡Una lupa. La maleza. nadie en la inmensa sabana cuyos contornos se pierden en la lejanía. nadie a la sombra de la ve� getación que bordea el curso de agua. nos damos cuenta de que ya hemos llegado al lugar de encuentro con la persona que debe llevarnos a Oroytepe. aún fresca y tamizada de rocío. la comunidad del Karún en el propio corazón de la etnia. ni lupa. Habrá que hacerlo rápido. Viaje por el mundo indígena venezolano tragarse el camino y borrarlo para que ningún humano pudiera tran� sitar por él. Hay vida en ella. ¡Cómo empe� zamos a comprender a los indígenas que se guarecen en los bosques. ahora que conocemos su medio ambiente! —¡Ua. Al terminarlas. cruzados por numerosos saltos y raudales. casi en espera.

está fresca y -157- . Pasamos a la canoa lo indispensable. Saluda a mi padre. sorpresivamente. o chamán. La espuma salta alegre. confiados en la altiva protección de nuestro guía. vemos que no es un joven.Los Sape. ¡Sorpresa! Allá arriba. sin miedo. como dándonos la bienvenida. y a la vez. un astrolabio! El indígena desciende ágilmente la considerable altura. apoyado con la espalda a su tronco. elevarla hacia el cielo. Esto. en el que participa con graznidos alegres Superloro. no tenerla siempre fija en la tierra. no hay duda. sombra o doble. “alma”. Superloro brinca a mi hombro. Así nos enseñó nuestro creador Kaelen. subimos todos. Nos alejamos en la corriente impetuosa. Es acertado. es muy indicado para una persona que. luego. una vocecita aguda: —¡Ah. sino un hombre cercano a los cincuenta años. que reconocen entre carcajadas: —¡Nos hemos equivocado de instrumento! ¡Hacía falta un bi� nóculo. está un atlético personaje… ¡Seguramente el muchacho sape que debía venir a buscarnos! ¡Muy bien. y nos recuerda nuestro Karipu. Lo entienden también los morochos. instalado en la cima de un ele� vado y corpulento caucho. además. Cuando llega al suelo y se yergue frente a nosotros. como él. ¿Qué la pone tan contenta? Nuestros ojos siguen la dirección que indica su mano. A nosotros los muchachos nos ordena autoritariamente que carguemos con lo que queremos llevar. ah! ¡Sí. Muñeca! Hay que levantar la mirada. pero aún vigoroso y bien parecido. desli� zándose de una rama a otra. Pero he aquí. empieza la travesía fluvial hasta el territorio sape. sí. mirando y señalando hacia lo alto. se llama I-Korona. ¿Saben qué quiere decir I-Korona? “Som� bra”. cuyos músculos ya no tienen la dureza de la juventud. —Porque —nos explicará él más tarde— nosotros distinguimos entre cuerpo y alma: al alma le decimos I-Korona. Son profundos estos Sape. sí! —Muñeca ríe. se manifiestan. Su com� portamiento no es insólito entre los habitantes de la selva y de la Gran Sabana: primero observan sin ser vistos. un largavista. sombra y alma de diálogo secreto que sólo ellos conocen. saco la mano y toco el agua. si es conveniente. de rostro apergaminado. sonríe a mamá y a Muñeca ofreciéndoles una miel bien cerrada en una taparita.

¡qué flores tan rojas! El de la izquierda es el árbol del pan. un ceibo! Y ese es un bucare. algunos de los cuales nos acompañan mientras otros… —¡Fíjate. parvadas de conejos montaraces. cada vez más torrentoso. un poco más abajo. están tomados de la mano! —exclama mamá sorprendida—. Uno después del otro él salva los raudales. dirigiendo tan hábilmente nues� tra embarcación a través de rápidos y recodos de río. pero maravilloso. ¿Será que pronto va a oscurecer? -158- . y frecuentemente la levanta y la dispara dándonos apresuradas explicaciones: —¡Miren. aquellos que más frutos les brindan. a lo largo del curso de agua. casi un día entero. rebaños de chigüires.El Chamán de los Cunaguaros. que no pareciera tener la fuerza de que hace gala. sin una nube en el horizonte. un extraordinario paisaje: loros de colores encendidos entre altos árboles de un verde intenso y brillante. pequeñas cas� cadas que forman piedras y leños atascados en las corrientes desde tiempo inmemorial. —¡Allí va una manada de araguatos. los grandes araguatos rodean un grueso árbol mientras ejecutan una suerte de extraña danza. como un pequeño dios antiguo de pie en la canoa. por encima del fragor de la corriente llegan los gritos y chillidos de esos gruesos mo� nos ululantes. Papá se siente feliz. en las rocas. fíjense en su pelaje color bermejo tan característico! ¡Oigan cómo chillan! Hasta el medio del río. A pesar de la reducida estatura se ve imponen� te. por donde navegamos. hay varios mereyes! Nos provocaba bajar y recoger la fruta rojiza y amarilla. y todo bajo un cielo de un azul intenso. Su largo cabello gris ondea llevado por el viento y es tan delgado nuestro guía. Vemos desplazarse en la orilla. Viaje por el mundo indígena venezolano cristalina. que adoran al sol y le rinden culto al caer la tarde. manejando con destreza la pértiga con que se impulsa. guacamayas que pasan graznando hacia lo lejos. Algunos indígenas afirman que ellos son casi gente. Con su cámara apretada al pecho observa incansable el majestuoso paisaje. Sé que muchos investigadores han dedicado años a estudiar el modelo social de la vida de los araguatos. Rafael. Los campesinos re� fieren haberlos visto reverenciando a determinados árboles. Parecieran danzar. ¡Allá. afincándola en el fondo del caño arenoso y fuerte. Observo que. surcado continuamente por varias clases de aves. los clanes que forman. dándose la mano. El viaje es largo.

—Pero sí. —Habla el detective de la selva —ironizo. —¡Cópienlo ustedes también que no tienen ninguna! —les re� plico un tanto molesto. De allí proviene el nombre que se le da al baile de ellos. —¿Qué dicen? Dejen ya ese idioma de silbidos. realmente —nos aclara nuestro padre—. revelan su posición dentro del clan e indican en qué árbol están. mirándome como para indi� carme algo. nos hemos dado cuenta con asombro que los ara� guatos tienen una gran variedad de aullidos. —El que más grita debe ser el jefe del clan —afirma Ocho con� vencido. La araguatas. dando al paisaje un raro fulgor. -159- . —Queremos explicarte que ese es el sol de los araguatos. dejando la huella de su mítico baile en los negativos de papá. Mientras tanto. pues no puede con tanta competencia: los araguatos o monos aulladores se despiden del sol poniente.Los Sape. mediante el cual los distintos clanes se diferencian y comunican y así reconocen su ubicación desde lejos. porque una ensordecedora al� garabía nos trastorna. es un código. chistosísimo nombre que hace quedar el anterior como un apellido: —¡Araguato Tuponken! Tenemos que taparnos los oídos. distinto uno del otro. —Es cierto. Mor silba algo y Ocho le contesta. Esto hace que den por terminado el altercado. buscando novio. Hasta Superloro se queda completamente ca� llado. —Debe ser su propio código secreto —apunta Mor. Filatelio… si no son su� ficientes las que has conocido en este viaje —me sugieren burlones mis dos ceritos. Las que más gritan son las damas. Me tienen cansa� do —les reclamo. —Copia este método para buscar novia. es el sol de los araguatos —comenta nuestro guía señalándolo— que presagia las crecientes. sombra y alma Un sol rojo y reverberante se deja ver sobre nuestras cabezas y al rato pareciera ocultarse entre nubes que también se tiñen de rojo. designándome con un nuevo. —Pues creo que te equivocas.

¿Será un indígena. miro. Cierro los ojos. Saltamos a tierra. verdad. breve. El te� cho. entre la espesa vegetación las estrellas relucen cada vez más cercanas. Parece haberse cernido sobre el lugar el clima lluvioso de la selva tropical. parecen querer darle una noticia. cerca de la desem� bocadura del caño Karun. veo una sombra pasar. Otra vez dormiremos en una vivienda fabricada por los indígenas. una criatura rara de la región? Tal vez el cansancio me hace ver visiones. Por fin. o bien alguna especie de ser o ente desconocido. colocadas en po� sición vertical. Hemos llegado de verdad. Pero insistentemente va interrum� piendo mi sueño un suave canto de flauta. que por su avan� zar felino. recubierto con caña brava. cunaguaros o quizás tigres. me parecen feroces: pumas. algo que se mueve en la otra orilla llama la aten� ción de nuestro fotógrafo. tallada por el mismo I-Korona en un grueso tronco ahuecado con la técnica del fuego. Apenas I-Korona entra a la vivienda. algo entu� mecidos. me vuelvo a dormir. Arrullados por el vuelo de los pájaros y el rugido de la corriente dormitamos un poco. elusiva. Las paredes están hechas con cortezas de palma temiche seccionadas. lo que les da la apariencia de un enrejado. Entramos. gesticulan. Alzo la cabeza. alegrado por una vegetación exuberante. esta vez profundamente. Nos sentimos segu� ros. pero auténticos. Quien va con ellos es un ser extraño. acciona su cámara: quedarán grabados dos grandes báquiros. Entre la tupida vegetación del margen derecho de la orilla. Camina sigiloso. posee forma cónica. Va oscureciendo siempre más. Nos adentramos en la selva. de estructura rectangular. se reúnen todos alrede� dor de él. ¡Qué frío en Oroytepe! Nos penetra hasta los huesos. Estamos impresionados. es profunda y cómoda.El Chamán de los Cunaguaros. y ellos tampoco entienden español. seguida de un cortejo de animales que desde la embarcación no logro distinguir pero. Y estos Sape son pocos. Viaje por el mundo indígena venezolano Poco después. con los extremos semicirculares. Algo pasó -160- . La canoa. que indiferentes a nuestra presencia siguen tomando agua y resoplando. Oroytepe nos recibe. No se les entiende nada cuando hablan. Al borde de una extensa área bien barrida hay una sola casa gran� de. espejismos entre la espesura. junto con ellos. avanza suavemente. rodeado de áreas de cultivo. resguardados. a brincos. Sólo nuestro guía conoce algunas palabras. y amarradas entre sí mediante bejucos. dantas. que manteniendo el equilibrio como mejor puede.

—¿Fue él quien los visitó? Ninguna respuesta. los Sape. no —afirman negando hasta con las manos—. con sem� blante satisfecho sólo le hacen comprender en el escaso español que conocen. nuestro ambiente y sobre todo nuestra cultura. por todo. sombra y alma en su ausencia. Y ahora sucede un hecho extraño. seremos veinte. —La presencia de criollos no es nada nuevo para ustedes. Cuento a los habitan� tes: son catorce. porque por un buen rato nadie nos hace caso. aquí no hay mucha gente. Él no se deja ver por los extranjeros. Los -161- . se fue. pero posible� mente de alguien mucho más ligado a la comunidad. mientras íbamos por el río —me atrevo a comen� tar— divisé a lo lejos una figura extraña. Pero a los morochos. to� dos los reciben con normalidad. siempre nos recuerda resguardarnos y preservar nuestra fauna. que les ha alegrado mucho. conocerlo. Sólo por noso� tros. —Anoche. Alguno vino hoy? —No. y pronuncia con propiedad ciertas palabras que ya domina: explorador. Los Sape… pero. —No. la comunidad experimentará un sensible aumento: esta noche. no. nadie —pero están contentos. me miran con curiosidad. Con nuestra familia. Siempre. ¿Qué? Debe ser algo más importante que nuestra llegada. y por los amplios gestos que hacen. enton� ces —prosigo—. con alegría y cierta timidez.Los Sape. con qué asombro los observan! Un poco sorprendidos ellos también. antropólogo. Cuando paso yo. Al entrar papá y mamá. Lo llamamos el “Chamán de los Cunaguaros”. na� die. —¿Reciben ustedes visitas? —pregunto— ¿Son muchos los que logran penetrar hasta estas lejanías? —Muy pocas veces —afirma el Sape. con mi loro al hombro. misionero. ¡con qué atención. coreados por un murmullo de admiración. que fue algo bueno. ¿Quién era? —Es un Sape legendario —contesta trabajosamente I-Korona ayudándose con gestos— un chamán que se acerca a nuestra comuni� dad. rodeada de animales salva� jes. —¿Y ahora no está? —insisto— Quisiera verlo. y a Maigua con cariño. pero I-Korona y su mujer Akito. nadie. Mor y Ocho ca� minan lentamente. Papá trata de averiguar de qué se trata. entiendo que de ningún criollo se trata. parece. una presencia o visita.

algo preocupada. siempre tan detallista y preciso. A este punto. no hagas juicios apresurados —casi me regaña papá. casi el doble del criollo normal que apenas llega a las 2. Reflexiono y recuerdo que en una clase de ciencias. Ellos hablan rápido. A papá. que los gemelos provienen de un solo óvulo. entre los indígenas no existen gemelos. de los árboles. se parecen tanto. a un nove� doso profesor se le ocurrió pedirnos que dibujáramos diez distintos árboles comunes en Venezuela. —Hija. hayan atisbado algunos. aunque creo que na� die lo entendió.500 � 3. la misma boca! ¡Todo repeti� do! ¡Magia. las raíces. los peces. magia! —¿A qué se debe tanta conmoción con mis ceritos? —le inquiere a papá. pues tienen mayor contacto con los criollos y no se extrañaron tanto.000 palabras. porque repiten muchas veces las mismas palabras —me parece también. que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca aprendimos. tan retirados. tan alejados como están de todo. rapidísimo.El Chamán de los Cunaguaros. y hasta empezaran a hablarles. De todas formas. estudios recientes han comprobado que el léxico común de los indígenas alcanza los 5. las flores. hasta les hizo un dibujo en el suelo tratando de aclararles. a quien confío mis suposiciones—. en cambio. mamá Carmen. hasta se asustan! Voy a hablarles. Y en cuanto al vocabu� lario. los insectos. se les acercan. la mayoría apenas llegamos a cinco… y los indígenas. ¡Por eso se sorprenden. levantan las manos hacia el cielo y van murmurando con en� tusiasmo algunas palabras cuyo sentido a mí me suena así: —¡La misma cara. le costó mucho explicar� les que en varios pueblos es frecuente ver gemelos idénticos. Viaje por el mundo indígena venezolano Sape. los ojos. les sonrieran a nuestros dos ceritos. jamás vieron gemelos. y que por esto tienen rasgos comunes. -162- . especialmente los niños. los kariñas. los waraos. logró que los Sape se tranquilizaran. porque no entendemos lo que dicen. Es posible que las comunidades que visitamos anteriormente. les tocan la cara. lo de hablar rápido es una impresión nuestra. la boca. —Hijo. más rápido que cualquiera de nosotros —me parece— y deben tener un vocabulario muy limitado. con sus nombres… nadie lo supo ha� cer.000 vocablos. yo pongo atención. los pemónes. Pero los Sape. —¿Cómo va a ser? ¿Y en qué nos superan? —Ellos conocen todos los nombres de los animales. los mismos ojos.

Los Sape son excelentes cazadores. Así lo indica la variedad de la carne que se está asando. doblado y agachado. y luego colocan el extremo sobrante a lo largo de la madera. con gran acopio de puntas de flechas. A su fabricación dedican varias horas diarias los mismos varones. entre encorvado. los usan también para la captura de peces grandes. Los Sape de avanzada edad se ocupan de labores que requieren menos fuerza. Un niño que viste un guayuco mínimo que le deja las nalgui� tas afuera y se está entrenando como cazador. ¿Acaso por lo espeso de la selva? Alineados en el piso y colgando del techo observo también los manares. En cambio no vemos aquí ninguna cerbatana. y los arcos apoyados en las paredes. enrollándolo en dos vueltas cada cierto espacio para así su� jetarlo con mayor fuerza. sombra y alma podrían haber nombrado y dibujado por lo menos una veintena. Me había llamado la atención su cabello de niebla. que ya habíamos observado entre los pemónes. —¡Seguro que sí! —contesto entusiasta. tan silenciosamente que sus palabras me sobresaltan: —¿Quieres comer? De la mirada y de los gestos capto lo que la muchacha sape intenta preguntarme. punta de piedra en forma de corazón invertido. Observo además los bastones sonajeros utilizados -163- . punta con hueso de mono y punta acicalada de madera para caza menor. manoseando unos bejucos. como la cestería. Es algo para considerar… He aquí que alguien se me acerca. Tengo la certeza de que los alimentos serán buenos y abundan� tes. cedazos hechos de bejucos y de tiras de cañas entretejidas. Ahora entiendo: estaba tejiendo un manare. trata de explicarnos. valiéndose diestramente de manos y pies. algunas de las cuales tienen unas plumitas de piapoco de color rojo en el extremo inferior: punta lan� ceolada de bambú para cacería mayor. y luego los truecan por instrumentos de trabajo en pueblos del Bajo Paragua. con la tonalidad casi plateada de las nubes tormentosas. nos enseña la manera particular que tienen los Sape para amarrar la cuerda de los arcos: la tensan bien estirada. color de humo. pero que aquí tienen mayor importancia y variedad. a la puerta de la vivienda había visto a un anciano en extraña posición. Los arcos y flechas. En efecto.Los Sape. para la pesca. como tratan de explicarnos con una mímica valiosa y muy comprensible.

Sólo caza� mos ejemplares adultos. pendiente de todo. desplegando sus más hermosos colores. Le sonrío y mis hermanos me observan con picardía. claramente. y me ofrece una totuma llena de agua bien fría. lapas. sin perjudicar su entorno. grullas. destinada a mi persona. despacio. Deduzco que ellos conocen bien todos los animales. báquiro. y saben cuándo y cuánto cazar. Superloro abrió las alas. aromáticas. paujíes. Ella comprende y sonríe también. gua� characas o gallinas de monte. babas… —¡Cuánta variedad! ¡Pero a ese paso podrían acabar toda la fauna! —Jamás lo haríamos —responde serio I-Korona—. ayuda a mi anfitriona a contestar. ¡La lista es larga! —Báquiros. que a todos maravilló. dantas. con satisfacción. La jovencita que me había interpelado regresa trayendo en una tapara una copiosa porción de carnes de diferentes animales. En un vuelo impre� sionante. a comer… Los niños sape observaban divertidos. Viaje por el mundo indígena venezolano como instrumentos de percusión en las fiestas. palo� mas. —¿Cuál es tu nombre? —le pregunto mientras tanto. y empezó a picotear trocitos de rica carne: —Rrrr… Rrrr… Superloro Rrrr… Rrrr… A comer. No puedo evitar sentir su olor fresco a tierra llovida. cachicamos. guacamayas. Vuelve la joven. Pero voy a tener un ayudante… Al oler el apetitoso aroma. seguramente recogida de algún manantial. codorniz acompañadas de batata y casabe. picure. y en temporadas en que no estén criando. —¿Seré capaz de comer todo esto? —me pregunto. morrocoyes. perdiz. ni en períodos de reproducción.El Chamán de los Cunaguaros. se posó sobre el dorso de mi mano con un graznido de satisfacción. Superloro se me adelanta y empieza a beber de la totuma. y yo tuve que rendirme ante la astucia de mi querido amigo alado que me disputaba los mejo� res bocados. elaborados con una caña de bambú a la cual le sujetan un puñado de pezuñas de báquiro. -164- . venados. acures. —¿Qué carnes son? —trato de averiguar— ¿Qué animales cazan ustedes? I-Korona. pavos. bien asadas. a flores silvestres. nuestro guía. piapocos.

Darles a los niños un nombre cual� quiera. Ya te hemos rebautizado no� sotros ¡Tuponken es el que mejor te queda. la mayoría de los nombres que se les dan a los niños son de animales. por ejem� plo. no busques otro nombre. Estoy seguro de que. y dejarlos libres de adoptar el que quieran en la edad adulta. No recibo apoyo. Es un acierto. in� sisto en que yo también debería tener la libertad de llamarme Báquiro o Chigüire. Mariposa Azul le queda perfecto a esta joven tan ágil y graciosa. puede cambiarse en el transcurso de la vida adolescente o adulta. Quitarme ese extravagante Filatelio y llamarme. —¡Si yo pudiera hacer lo mismo! —comento con los moro� chos—. Aquí. Estoy entusiasmado con la idea. sombra y alma A continuación me indica mi loro (que aletea complacido por la atención). Lo comento con mis padres y hermanos. Sólo recibo el consuelo burlón de los morochos: —Cállate. Cachicamo Bravo. ya casi desaparecidas en las grandes ciudades. —¡Ya me la pagarán! ¡Encontraré un nombre especial para us� tedes! ¡Qué lástima. entre ellos el nombre no es permanente. ella se cambió el de Lora por el de Mariposa Azul. me cuesta renunciar a mis aspiraciones de renova� ción onomástica. Así. Chigüire Peludo o Báquiro Gritón. el propio. Pero. o Lorita quizás. luego deniega expresivamente con las manos y con la cabe� za.Los Sape. todos están satisfechos con el suyo. burlándose de su propia invención. y más en este bosque donde todavía revolotean mari� posas. provisionalmente. por lo menos en lo que a la fauna silvestre se refiere! Aprecio esta costumbre indígena. hermano! —Y si lo rematas con Araguato… mejor aún: ¡Tuponken Araguato. están demasiado pendientes de la cena que comen con gran apetito. Ellos se burlan: —¿Y acaso esos nombres no resultarían aún más extraños en nuestro ambiente? —A ti te sentaría mucho mejor el de “Tucán Enamorador” —apunta Mor—. ¡con lo mujeriego que eres! —El nombre científico es Tucanis amoratis —se ríe a carcajadas Ocho. Por esto a ella la llamaron Lora. y enseguida después me mues� tra con insistencia una pluma azul. Entiendo. Me señala una mariposa nocturna. entre los Sape. perfecto! -165- .

me pare� ce muy fuerte y me hace toser. pámpano. lau lau. y el manjar preparado. consumido con entusiasmo. legumbres cultivadas en el pequeño conuco. sino dos simpáticos araguatos que saltan y chillan sin cesar. Por la madrugada saldremos de pesca. sura� pire. Creo que esta bebida es la misma que nos ofrecieron los waraos y los pemónes. cuyas lenguas. y en plena selva! ¡El mejor hotel turístico en cualquiera de las grandes capitales del mundo. Me dice algo que enseguida el guía me traduce: —Quiere saber si te gusta el pescado. hay los productos del conuco que hemos observado al llegar. bocón.El Chamán de los Cunaguaros. pero no me queda más remedio que declarar que es excelente. payara. —¡Qué variedad. con arco y flechas. A mí también me la ofrecen. Bien preparada. ocumo. para preparártelo mañana. es sabrosísima. auyama. pero comen mucho! —comentan los mo� rochos— ¡Y están en lo cierto! Además de la carne. Le agrada ver su esfuerzo reconocido. que ellos saben cocer y preparar para que pierda su toxicidad. usamos anzuelos con hilos de nylon. La comida. Estos sabrosos ali� mentos se acompañan con la bebida fermentada elaborada en base al líquido que suelta la yuca amarga. ñame. Evidentemente es la encargada de los alimen� tos. mapuey. caribe. son de origen diferente. coporo. kasiri. Ella se regocija. Los morochos apoyan mi curiosidad: —¿Qué clase de peces se consiguen en estos ríos? —Aymara. bagre… —la enumeración parece no tener fin. cultivado con esmero: yuca amarga y dulce. a base de carnes variadas. sin embargo. —¿Ustedes pescan frecuentemente? ¿Y de qué manera? —Los peces grandes. —¡Qué bien hemos comido! —le agradezco a la joven. De vez en cuando. cotumare. Viaje por el mundo indígena venezolano A continuación mis dos ceritos se transforman: ya no son más Mor y Ocho. También. suculenta. Es la única palabra que presenta similitud en todas las etnias visitadas hasta ahora. curbinata. y me extraña que tenga también un nombre parecido. tierna. que nos traen algunos visitantes. ¿Por qué será? ¿Provienen de una tradición -166- . a veces. or� ganizamos una pesquería con barbasco. curimata. morocoto. bien cocida. y casabe fresco elaborado día a día por ellos mis� mos. no podría ofrecer tantas exquisiteces! —¡Los Sape son pocos.

y luego la confusión de las lenguas? Todas estas interrogantes me intrigan. sombra y alma ancestral común a todas ellas? ¿Quizás los indígenas americanos tu� vieron también. ni res� ponderlas. como algunos pueblos occidentales y según reza la Biblia. -167- . pero no sé explicarlas. un único idioma común.Los Sape.

que nos creemos tan su� periores. caña de azúcar. ¿Qué les parece? ¿No es cierto que nosotros. Aquí también. Se cree que si se les castiga o reprende duramente. así como la del yopo. un arquito. Ellas lo hacen luego con los niños. las hortalizas y el licor. arañas de monte. una maraca) sin consultárselo previamente. ¿Y saben de qué me he enterado? Hay un enorme respeto por la propiedad. Se considera que los artefactos per� tenecen siempre a la persona que los ha fabricado. en perfecto estado y sin caries. los ancestros podrían cobrarles gravemente a los padres la falta de paciencia. Pero masticar estas plantas. Sin embargo. de monstruos recortados. La de masticar tabaco es una de las pocas prácticas extrañas. un banco.El Chamán de los Cunaguaros. esto los ayuda a conservar los dientes que les duran hasta edades avanzadas. y además miel silvestre y fruta para los más pequeños: cambur. si bien preserva sus dientes. y se lo co� locan entre el labio inferior y los incisivos. sin tener su consentimiento. no se te ocurra echar a la basura esa colección de hojas secas. Los varones permanecemos en el amplio espacio donde nos han servido la carne. piedras de río. Además. en el centro de la vivienda. en un rincón. a quienes de tanto chupar y mascar. los padres no pueden disponer de ese objeto (sea un juguete. Algunos Sape sacan su rollo de tabaco. serpientes y sapos disecados. inclusive el Kasiri. casi repulsivas que he encontra� do entre los indígenas. les oscurece la sonrisa. ¡Son de mi producción! ¡Perso� nal y sagrado! —¡Pero cómo van a ser de tu producción —se indignan los mo� rochos— si no te cuestan ningún trabajo! Sólo los recoges. Entre los Sape. el labio inferior se les hincha y ensancha dándole al rostro una rara expresión. pero teniendo a su disposición las mismas comidas. es an� tiquísima y respetada. tenemos aún muchas cosas sobre las cuales reflexionar? Qué tal si yo le dijera a mamá: —Mamá. piña. me parece que no la siguen sino algunos an� cianos. al ennegrecer toda la dentadura. Más tarde averiguaré que la costumbre del tabaco. cuan� do el productor ha sido un niño. servidos por la mujeres. un chinchorro. Los varones comen primero. Viaje por el mundo indígena venezolano Desaparecen Mariposa Azul y las demás mujeres. Pues bien. son bien atendidos y tomados en cuenta. que ellos mismos cultivan. Lo que -168- . caracoles. el consumo de los alimentos obedece a un ritual. plátano. a los niños se les trata con cariño y consideración. dejándonos desconcertados.

perinolas.Los Sape. Yo también lo hago. Los miramos bien. pelotas de trapo. en el piso desnudo. es ambidiestro) un bastón sonajero encontrado en la vivienda. esta noche o mañana. Aquí. acaban de acostarse. loro. agitando con la patica izquierda (como todos los loros. botas gigantes. trompos. esta es su selva. huéspedes y anfitriones: Supermudo se ha conseguido un banquito en forma de loro. realmente interesantes. en lugar de reírse de ellos y despreciarlos. son mullidos y frescos. impresionante porque en la punta tiene sujetas unas pezuñas de báquiro. estos Sape. están hechos de una palma especial -169- . gurru� fíos. No teníamos noticia de que existiera entre ellos tanta disparidad de forma en los asientos. sin elemento adicional. Sape . ¡Ni los bancos se salvan! Y seguramente empezará por aquellos sobre los cuales estamos senta� dos. ilustre Tuponken… ¡Por una vez. aquí se le despertó su sentido de iden� tidad! A fin de cuentas. el cachicamo. erguido y grotesco. pero un compromiso conmigo mismo me obligó a dejar mi asiento (en forma de báquiro. me ganó el redondito número ocho! —¿Se han fijado en los bancos? —inquiere papá. sobre alguna estera. me dirijo al espacio destinado a los chinchorros en los cuales mis hermanitos. como a veces hacen nuestros progenitores y hasta tú mismo. o en rudimentarios taburetes. cansados por el viaje y por tanto ajetreo. ¿Será algo pasajero. sombra y alma habría que respetar son nuestros juguetes. yoyos. música! ¡Bravo y valiente amigo. zancos. música. hay otros que presentan formas de animales: la tortuga. o real� mente relaciona y comprende lo que dice? Quisiera hacer algo para averiguarlo. la abundante alimentación me da una sensación de pesa� dez. Hasta ahora. para dar un paseo fuera de la casa. Estoy rendido. de huecos pe� queños. que nos hace� mos nosotros mismos con tanto esfuerzo y tesón. de casualidad). suaves. ¡Maravillosos banquitos! ¡Son unos artistas. en el ta� llado de madera! Mientras tratamos de decírselo. sabíamos que los indígenas acostumbran sentarse en chinchorros. Y desde allí. Los chinchorros de bejuco de curagua. Enseguida después. la lapa. un detalle desvía nuestra mirada y de repente nos echamos a reír todos. vemos que al lado de algunos bancos que tienen las acostumbradas dos o cuatro patas. nos llama tratando de captar nuestra atención con unas palabras extrañamente coherentes: —¡Sape. Una vez trabada la amistad. él empuñará su cámara y le tomará fotos a todos y a todo.

profesor Báquiro. la Ciencia y la Cultura. el protector de todos. y son tan holgados que en ellos caben hasta dos personas. El tejido es ancho. Me empeñaría en revivir su antiguo idioma. queridos repollitos… -170- . Viaje por el mundo indígena venezolano que combate el calor de los días más ardientes. que este tipo de vida no me atrae. la selva entera se abre a mi paso. Mariposa Azul que prepara en el fogón un aromático corroncho asa� do. me observa el Chamán de los Cunaguaros. Pero no estoy contento. desde la espesura. —Es auténtico —les aseguro a mis hermanos que me miran en� tre admirados y extrañados—. El parloteo de las mujeres me adormece. ¿Saben qué sueño? Que soy un sape llevado a trabajar a una mina de diamantes. la parte relativa a Mariposa Azul: —¡Modérate. escopetas. y menos. siento que es mi amigo. me grita: —¡Regresaste. no es sino un sueño. Lean los periódicos… culturícense. y escapo en curiara hacia mi pueblo. “profesor”! Al alborear siguiente. hacia Oroytepe donde. muevo la surruca. esta noticia ha salido hace poco en la prensa…. tú no eres un sape. los morochos se ríen cuando les cuento. con el fin de que no pasara jamás a formar parte de la mitad de las 6. motores fuera de borda. Rugen los cunaguaros a lo lejos. me saluda con la mano. actualícense. profesor! No es sino un sueño. Escarbo en el fango. ¡Cuántas cosas lograría hacer! Junto con Mariposa Azul. me dan dinero por ellas. Así que arrojo todo al río. según un informe presentado recientemente por la Organización de las Naciones Uni� das para la Educación. Siento que me falta algo. podría evitar que la cultura sape. desti� nadas a desaparecer en el transcurso de este siglo. se convirtiera en una mera reminiscencia.El Chamán de los Cunaguaros. artefactos. encuentro piedras grandes y brillantes. por largo tiempo con la espalda doblada. sé. muy engreído. por fin regresaste! ¡Cómo me agrada que me llame Báquiro. Cierro los ojos. Tuponken. de huecos separados para que el aire circule libremente. Pero… ¿si en alguna forma se realizara? Me sentiría satisfecho. Al verme. tan debilitada en estas últimas décadas. compro ropa. especie de cedaza. Oigo su flauta selvática. y aún más.000 lenguas entre mayori� tarias y minoritarias que se hablan actualmente en el mundo.

Trato de defenderme de ellos mientras papá. 171 .—¡Cállate. cien. Sigue surgiendo el sol y nos quedamos embelesados. con ademán de saltarme encima. Papá la retrata a ella también con los ojos perdidos en la lejanía hacia las luces de la aurora. —Cien. hacen cien! —Cien. No puede perderse ese reflejo de un rosa tenue que se filtra por entre la enramada. el número uno. cien —sigue repitiendo Superloro fascinado por esa palabra tan fácil. mientras con mi loro encaramado en la cabeza camino veloz hacia el sol que triunfa. Papá acciona la video� cámara y dispara la cámara. palillo. Tuponken Araguato! —me gritan. Mamá. el palillo flacuchento y los dos bogotes redon� ditos. participando jocoso en la competencia de sobrenombres. contemplándolo. suspira. cien —lo apoya Superloro. nos retrata con una buena frase: —¡Entre los tres. cien. proyectando la fan� tasmagórica sombra de un larguirucho adornado por un exuberante sombrero de plumas. Los morochos se desconciertan y yo. los dejo a ambos un tanto sorprendidos. orejón. ¡Qué lindo es un amanecer en la selva! Miles de pájaros despiertan y cantan tan fuerte que no se escuchan nuestras palabras.

cuida muy bien sus palabras. Viaje por el mundo indígena venezolano Palabreo del chamán al pensar en Filatelio He visto el rostro de mi hermano. semejante al del ciervo núbil. brillando en la oscuridad. solo y reflexivo. he observado su rostro sereno en la hamaca. He visto a mi hermano. He apreciado su cuerpo delgado. dos puntas finas de flecha. -172- . y a la luz de las hogueras lo puedo ver meditando. Pero otras veces ríe y es como el zorro de monte. y suena como las piedras del río. y líder de su pueblo. sus ojos de lince joven. calibré sus piernas y sus brazos. pero yo ya lo encontré. El hijo de mi padre es solitario como yo y tiene una rara intuición para ver las cosas. Mi hermano es un zorro alerta y pensativo. Tiene la rara condición del silencio. pensando. Mi hermano es un venado bebiendo agua del pozo siempre alerta. su torso niño. nervioso y duro. que tiembla en la espesura. Quizás mi hermano podría ser chamán como yo. Él quiere encontrarme. intuitivo. para adivinarlas y sentirlas. como la punta de las lanzas. La sonrisa de mi hermano brilla como el filo del machete.El Chamán de los Cunaguaros.

su mirada perdida en las nubes que puede abarcar. venado incierto. ofrendarte claros colores. Pero te quiero. quisiera tenerte contra mí. hacerte escuchar el canto del piapoco. Es imposible que tú y yo seamos más hermanos que la palma y el cielo. Y coronarte de plumas de guacamayo. 173 . contarte antiguas historias. en este claro de cielo. joven zorro chamán. iniciarte en el arte de las plantas. niño-venado. hermano zorro de ojos de lince y risa de río entre las piedras. la brisa y las mariposas. joven venado de risa sonora. venado brillante y sabio. Es imposible hermano. Tú podrías ser chamán como yo. de las hojas que dan la vida.

de suave. ah ah cantare. y no te hagas el mudo. extiende y agita las alas. ah ah ah ah nel blu. Mis dos ceritos no pueden ocultar su inquietud y para regocijo de todos nosotros deciden pedir a Superloro unas lecciones de vuelo: —Oye Superloro. tú que conoces el poder de los vientos: ¿qué hacer si el avión se desvía por alguna tormenta? —Dime Superloro. pobladores de la niebla —¡Papá es un gran organizador! —exclaman Mor y Ocho. como si en efecto estuviera enseñando a volar a mis hermanos. dipinto di blu felice.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yekuana. Están felices. se va haciendo estruendoso. tal vez contagiado del entusiasmo por el próximo vuelo. ¿cómo haces para mantener el equilibrio en el aire? No hay respuesta. Por primera vez en nuestra vida volaremos. pero. nuestros vecinos en El Valle: Volare. di stare lassú. se� ñalando en el cielo un punto refulgente que se acerca precedido por un ruido que. Ellos. imitan su aleteo con los brazos y revolotean alrededor de nosotros entonando la canción del italiano Modugno que han aprendido de los pequeños comerciantes ítalos. felices. -174- . el loro se alborota.

recibén bañados en las aguas frescas y espumosas del caño. Tampoco son confiables los ríos. y viceversa. sino doblado y ordenado? —Nada tirado. los aparatos de papá. —Esa afición que tienen ustedes por el agua —prosigo— indica sin duda que pertenecen a la familia Hidrocaeri hidrocuiri. Para llegar a los Yekuana tenemos que seguir el viaje en avión: cruzaremos la porción de selva donde no hay caminos transitables. —¿Nada tirado. frente a la espontaneidad de los indí� genas. Pero. Aún más. donde el terreno es fangoso y correríamos el peligro de atascarnos. lo habíamos deja� do a orillas del río Paragua. en cuyos lechos correríamos el riesgo de que� dar presos o ser llevados por la corriente. pelean menos. lo que dice Mor parece convencer a Ocho. —¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso? —¡Ah. todo doblado y ordenado —contestan enfática� mente los dos ceritos a una sola voz—. puede con esas trochas selváticas. y nosotros. los chigüires no se caracteri� zan por tener orden en su guarida. —¿Qué familia es esa? —Chigüires silvestres. —¿Preparados sus morrales?—inquiere papá. con un nombre latín recién inventado por mí. -175- . pobladores de la niebla Yo me percato que con el transcurrir de los días. carece de significado ante la inmensidad de la naturaleza. —Morrales y mapires listos. Y debería escribirlo en mi agenda. por tener siempre la última palabra. a la vez que con experta mirada revisa nuestro indispensable equipaje: su ma� letín. Quizás se han dado cuenta de que su constante afán por contrade� cir. en el Jeep.Los Yekuana. —Eso se nota —acoto yo—. para no olvidarlo. los mapires de sus tres hijos varones. que yo ya encontré un nombre zoológico especial para ustedes! Me miran atónitos. —Todo está arreglado —constata siempre serena mamá. Lo otro. impenetrables y traicioneras. la ropa de Muñeca envuelta en la cobijita rosada de la buena suerte y colocada en la cesta que le regalaron los Sape. Ni siquiera Tío Jeep que siempre nos lleva a todas partes con su potencia.

un saludo a mamá. rebotando entre la selva y la sabana. se acerca para recibirlo. Miro mi hombro: ¡Supermudo. tal vez su sencillez. alto. el aviador. ahí viene! —nos parece que dicen. una palmadita a Muñeca. Viaje por el mundo indígena venezolano Una risa de Maigualida hace que los morochos frunzan el ceño y despechados se alejen silbandito. Supermudo. Ya estamos a bordo del Helipájaro. La comunidad sape. dedos afilados de congoja re� secan mi garganta. compañero de viaje y aventura. Listos para despegar. Pero… —¡El loro. mientras la niña y el loro los sa� ludan con su nuevo sobrenombre: Hidrocaeri hidrocuiri. como lo llama su conductor.El Chamán de los Cunaguaros. ustedes son una familia numerosa. afuera. Superloro. Es corpulento. por supuesto. Mudito. Aterrizaje perfecto. Es un moderno he� licóptero rojo brillante. El intenso zumbido del motor resuena en extraños ecos. espaldas y bolsillos de todo el mundo. siento las lágrimas refrenadas golpear mis sienes y hervir en mi cabeza. hacia nosotros. solo en la selva! ¡Jamás! Me quedaré con él. ¿Entenderá? Entiende. Es uno de los más grandes. Detallamos al que será nuestro piloto y. su naturalidad. El helicóptero de la Fuerza Armada Venezolana enfila hacia el claro al borde del cual está Oroy� tepe. alborozada. entrecano el cabello ondulado. mi Superloro querido. por la habilidad con que se desplaza por el cielo. Un apretón de manos entre el piloto y mi pa� dre. —¡Ahí viene. que nos cautiva desde que lo vemos por primera vez. con un vozarrón cordial—. imponente. jocoso. roja la cara mo� fletuda. un abrazo y una rápida entrega de bultos a I-Korona. a nosotros un ¡hola! cordial y una invitación a subir al espacioso helicóptero. ¡Supermudo no aparece! La angustia me atenaza el pecho. El zumbido del mo� tor da paso de nuevo al majestuoso silencio del bosque. con su acostumbrada exageración. no está! Los morochos me ayudan. De fuerte complexión y jovial presencia. no lo olviden —nos in� forma enseguida. ven! ¿Dónde estás? Nada. hombros. ¡Dejar a mi loro. —¡Mudo. —Pero yo lo he bautizado “Helipájaro”. El punto que Mor y Ocho acaban de divisar en el cielo se aveci� na rápidamente. Miro fijo al aviador. el loro! —grito. algo en él nos atrae. Y he aquí que -176- . Mudo. holgado. a revi� sar cuellos. habla.

frascos de vitaminas. con júbilo. Es la humedad que pronto. caminando pau� sado y orgulloso a lo largo del motor se va acercando Superloro. además en un helicóptero. ¡cuántos! Parecen una isla de oro. y para completar con el patrocinio de la Fuerza Armada Venezolana! Noto que es constante la colaboración que la Fuerza Aérea ofrece a los indígenas. ¿quería acaso llevar a cabo el viaje encaramado en el eje de la hélice? —¡Adiós. y bien llevado en este caso: en efecto. aquella mancha oscura. granos. los araguaneyes en la selva. medicinas. —Los araguaneyes. Valiente loro. casi rojos. penetra por la ventanilla del piloto y va a acomodarse con la mayor imperturbabilidad en la cesta de Muñeca. donde se hunde apresuradamente en la célebre cobijita rosada. Ya nos acercamos. ¿serán cedros? —Y a la izquierda. Coronel! —gritan desde abajo los niños sape. puros. tras la hélice. de parte de su general. en oleadas de árboles apretados. -177- . frío! ¡Burr. que ya conocen al simpático personaje que suele frecuentarlos. en el aire tibio y en los rayos calientes del as� tro rey. pobladores de la niebla entre la sorpresa y admiración general. ciu� dad célebre por los nombres disparatados de sus habitantes. deben ser bucares. burr! Luego de pasar encopetadísimo frente a nosotros. ¡Nos estrenamos hoy como aviadores! ¡Sensacional! Suspendi� dos en el aire. se desvanece. —Miren. el espléndido sol tropical que todos los días nos ampara. frío. llegaremos en pocos minutos. el sol. dificultosamente pero con gravedad: —¡Burr. tiene al igual que yo mismo. adiós. es maravilloso. Este Coronel. originario de Maracaibo. un nombre insólito. a la vez que cacarea. Luminosos. Una neblina ligera se desprende de los bosques y de los matorrales. Saludamos desde el cielo.Los Yekuana. Y abajo. Pero el suyo lo es aún más: se llama Anfictión. ¡qué panorama! La selva. ¡Por fin en el aire! ¡No todos los días se presenta la oportunidad de volar. sal. casi abalanzándose los unos sobre los otros. Anfictiones son los representantes de las nacio� nes en los congresos para la amistad. sin ni siquiera saludarnos. les ha traído a los Sape. nuestro árbol nacional. La euforia es general. ¡no todos los árboles tienen el mismo color! —Allá. Nombre significativo. Arriba. “Adiós” parece ser la única palabra española que conocen bien.

suave pero constante. Entre todo el paisaje. —Hay Maquiritares también en sitios más accesibles —explica papá—. de helechos y caídas de agua. hombres del río. Ante este paisaje sobrenatural. señores de la selva. esa gran obra de Arthur Conan Doyle que papá me regaló en mi cumpleaños. envolviéndolo todo. los rápidos y las cascadas de otros ríos. “de abajo”. características de la zona. Como en la novela. los Yujuru’ña o arribeños. pareciera que de cada monte fuera a surgir un dinosaurio. -178- . —Miren —nos señala Anfictión Pimentel—. no logran identificar a nuestros indígenas. única forma de llegar a los hijos de Wanadi. y un constante rumor de aguas cayendo se confunde con el delirante par� loteo de los pájaros. ¡Tantos nombres para una sola etnia! Por eso es que los criollos se confunden. Viaje por el mundo indígena venezolano Es corto el viaje aéreo. Debido a estas características topográficas que estable� cieron los límites de la colonización española. La selva hú� meda o selva nublada. los “de arriba”. es un territorio misterioso y lujuriante. enseñoreándose de árboles y flores. según el nombre de una etnia cercana. penetra la niebla. igualmente conocidos. Pero al contacto con los criollos. como Maquiritare. en el territorio de la niebla. no puedo evitar evocar el Mundo perdido. el bosque pluvial y las escarpadas forma� ciones montañosas de piedra arenisca que cubren el área. es decir los aba� jeños. escenario de sus mitos de creación. desde aquí pueden observar el Macizo Guayanés. según ellos mismos se denominan. y este no es el único caso… La topografía de esta zona. la constituyen en gran parte los raudales Atures y Maipures. Son los de los pueblos Anei’ña. han perdido sus ca� racterísticas propias que en cambio conservan éstos. Una densa vegetación esconde infinidad de ranas y sapos de varios colores.El Chamán de los Cunaguaros. hábitat ancestral de esta etnia. durante mucho tiempo este vasto territorio situado en la margen derecha del Orinoco no fue explorado. es decir los que se han ubicado en las cabe� ceras de los ríos. dando a la gente y a las cosas un halo de irrealidad. curiosamente erosionadas. una de las formaciones más antiguas de la corteza terrestre de Venezuela y del mundo. con infiltraciones de todo tipo. a los valientes Yekuana. y a veces como Piaroa. las misiones de diversos credos. los brasileros. Contemplamos las espectaculares montañas de caídas muy pro� nunciadas. los más venenosos del mundo.

¡Cómo destacan las altas cimas. en el claro del cielo y bajo el esplendor de la mañana! ¡Cuánta razón tenía nues� tro poeta Leoncio Martínez. me aplaude: —El tercer milenio ya nos ha alcanzado y la libertad parece con� solidada en nuestro país.400 metros de altura. mordaz crítico del general Juan Vicente Gómez y por eso varias veces encarcelado. después de desplazarse. Observen ahora al hori� zonte. Ocho anota un punto a su favor: —Está compuesto principalmente por rocas ígneas. gneis. cuarzo. un sil� bido como de perico ligero o de mono aullador rompe el hielo: —¡Fiu. fascinado. Se conforman con bostezar y lanzarme un: —¡Basta. Tuponken! Anfictión. pobladores de la niebla —Durante los períodos desérticos de la historia del planeta. haciendo dar a su Helipájaro unas voltere� tas que encantan a Muñeca y a Superloro. ya cerca del año 2000 esté alumbrando libertades el claro sol de mi país! Por una vez los ceritos no me echan bromas. un tanto más grave: -179- . Con el tiempo. —¡Excelente! —aprueba el Coronel—. “el claro sol de mi país”! Recito una estrofa: ¡Ah. fiu! Otro silbido similar le responde. sufrió fisuras a causa de las presiones de su propio peso y de la erosión —nos explica el Coronel. A continuación pregunta—: ¿Conocen us� tedes la composición del Macizo? Mor y yo escarbamos desesperadamente en el “disco duro” de nuestra memoria. De pronto. que alcanza 2. esta capa casi continua se asentó y. ¡Bravo Ocho! Nuestro honor de estudiantes está salvado. al celebrar en todos los es� tribillos de su poema. Nos señala también el altiplano del cerro Druida. Por eso luchamos todos. quién sabe si para entonces.Los Yekuana. a la vez que aterrorizan a mamá. granitos y rocas metamórficas. Se hace un silencio sugestivo. sobrecogedor. También está llegando a los indígenas el momento de su valorización y superación. Uno a uno los indica. sin dar con el dato. los picos más altos. el viento depositó grandes cantidades de arena sobre esta base.

Capitán era mi tío. El cerro Yekuana. fiu…! Superloro reclama sus derechos como Yekuana. lo estamos sobrevolando. loro. el cerro Autana y el cerro Sipapo. yo. nuestro piloto nos alegra con otra sorpresa: —Yo también soy poeta —confiesa—. yo. maracaibero e italiano! Como para demostrarlo. a mí perso� nalmente. poeta y humorista. mientras vuelo. compongo versos y a ve� ces canto. —¿Conocen la leyenda de Autana? —nos interroga papá. con su poderosa voz de tenor nuestro piloto entona: ¡Sobrevuelo la tierra de esta gente valiente! Desde Zulia a Guayana. vehemente opositor del general Gómez que lo encerró por casi diez años en las peores cárceles del país. ¡Qué mezcla tan potente. Pronto.El Chamán de los Cunaguaros. Saben. ¿Será que viene al� gún Yekuana con nosotros? —¡Fiu. otra vez me interrumpe con vehemencia: —¡Atención! Debajo de nosotros. el gran Job Pim. fiuó! —Caray —expresa admirado nuestro piloto—. —Coronel… —vuelvo a empezar. y en parte por un abuelo italiano. no —me corta tajante—. loro. ¡el cerro Yekuana! De él emergieron. aunque los versos. —Capitán. Esta afición me viene en parte por los Pi� mentel. Buenas intenciones y buena voz. yo soy Anfictión Pimentel Napolitano. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Fiuó. capitán de altura. que se estableció en Maracaibo. que no lo� gramos distinguir. Pero él. desempeñan un papel importante en los mitos de creación de los Yekuana. los antepasados de esta etnia. ya que mi abuela era familia de Francisco Pimentel. y todos lo cele� bramos. del oeste al oriente. ¿Se lo digo? —Capitán… —empiezo vacilante. -180- . me parecen un tanto pasaditos de moda. el va� leroso Luis Rafael Pimentel Agostini que participó en la expedición del Falke. así silban los yekuana para encontrarse en medio de la niebla. según la leyenda.

por no haber sabido apreciarlo y compartirlo. Los peces cayeron en los ríos y las aves se fueron al cielo. —¡Qué extraño! —reflexiono— ¿Y cómo fue que lo cortaron? —En aquel entonces los hombres vivían felices con los frutos de la tierra. cu. Pero al cabo de un tiempo. —¡Y cómo resalta nuestra ignorancia —agrego levantando la voz. el pijiguao. Es el tronco cortado de un árbol gigante. que entre los dos completaron este denso párrafo. pobre árbol! —Cuando cayó todos los frutos se desparramaron por la tierra. castigó la codicia de los humanos y de los ani� males. —La palabra “yekuana” con que se denomina los más antiguos habitantes de esos cerros y de sus alrededores —nos aclara papá— de� riva de las raíces ye.Los Yekuana. vocablo de origen arawak que significa exactamente “gente del río”. —¡Notable! ¡Cómo amplía nuestros horizontes este acercamien� to al mundo indígena! ¡Cuántas realizaciones. tal -181- . Según los Yekuana se llamaba “el árbol de todos los frutos”. hablan con una seriedad que impresiona. dirigido en conjunto a lo que se han aglu� tinado en grupos de filiación karibe. Envió a un guerrero de fuerza sobrenatural. símbolo de lo que pudo ser una vida sin esfuerzo. pues el ruido del motor es ahora tan fuerte que nos cuesta oír� nos— frente a las concepciones cosmogónicas y cosmológicas. ana. pero también daba peces y aves. agua. En aquella época no había que sembrar ni cazar. gente. florecía con toda clase de frutos y flores. Autana. Así se autodenominan ellos. desde el cielo. —¡Qué impresionante! —Sí. comen� zaron las peleas. pensamientos nuevos encontramos. capaz de derribar un tronco tan gigantesco. ideas. Cada quien quería más frutos para sí y para su gente. pobladores de la niebla —¿Te refieres al cerro? —Según la leyenda no es un cerro. Significa por tanto “los del palo en el agua”. pero entre los criollos se ha genera� lizado el nombre makiritare. la yuca. Así nacieron el plátano. para los que perdieron todo lo que poseían. —¡Qué horrible. palo de madera. Y sólo quedó el árbol trunco. y los animales también. el cual cortó el árbol. Wanadi. y todo tan lógico! —los morochos.

el Cuara con el Erebato. imagínense. Matawanadi. Helipájaro aterriza. varias bandas de algodón en los brazos. Avenaja y Menaue acuden. delgados collares de muchas vueltas en el pecho. fuertes y alegres. Hasta podríamos hallarlos en Internet: www. pero ¿cómo se localizan geográfica� mente los Yekuana? —nos emplaza el Capitán. Estarían parte en el estado Amazonas. El pueblo se llama Wajunana y sus habitantes son los Wajunañancom. en la desembocadura del caño Wajuna con el río Ventuari. Hemos llegado al poblado. wajunañam. el Padamo. —Hasta aquí está bien. 63era y 63era de longitud occidental —aventura Mor. ¿nos les parece? —Sí. —Quizás por las coordenadas geográficas. para ubicarse utilizan los ríos como sinónimo de área o región. el Paragua y el Orinoco —lo he recitado todo sin cortar la voz. Viaje por el mundo indígena venezolano como lo dirían mis maestros. Me impre� siona su tipo de pintura. con sus am� plios guayucos de intenso colorido. Por ejemplo. completamente diáfano. el Wota y el Jurumato.El Chamán de los Cunaguaros. con escasas edificaciones. tan ordenadas y hasta organizadas de nuestros indios! ¡De todos ellos! —Los Yekuana —comento más adelante haciendo gala de algu� nos conocimientos adquiridos en mis lecturas— son unos mil qui� nientos. —Veamos. el Cuntinamo.com —acota Mor regocijado. —¿Por la división política? —inquiere Ocho. con el Wasata. agrupados en unos treinta poblados a lo largo de los grandes ríos y sus tributarios: el Ventuari. hay un caserío. Entre la maleza. para el viajero común. el Cunucunuma. que evi� dentemente ha consultado los mapas del Coronel. —Quizás… sería dificultoso y poco manejable. —Sin contar el atractivo de los trabalenguas —refuerza Ocho con un silbido de admiración. inteligente y original además de práctico. para admiración de los dos ceros. se va divisando una llanura bastante amplia. el Chajura y el Canaracuni. 3era y 5ta de latitud norte. parte en el estado Bolívar. rodeada de caños. y hasta. No sólo el cuerpo luce de un rojo luminoso: -182- . sin detener el motor. ¿pero entonces? —Entonces. cuyo vozarrón supe� ra sin esfuerzo el zumbido del helicóptero. ¿Está claro? —Hiperclaro. hay un pueblo en territorio brasi� leño… Algo complicado. de forma ovalada.

de base redonda y techo cónico. pues es capaz de alojar a unas sesenta personas. Tiene una curiosísima forma de cúpula rebajada. baja de primero y se coloca en el hombro de Matawanadi. a la vez que entona otra épica canción que a mí personalmente tampoco acaba de gustarme: Por el aire me voy con mi ave de fuego. Es aún temprano. Pimentel Napolitano les tiende la caja con sal. Esta casa cónica o puntiaguda. de la nariz a la barbilla. para reci� bir visitas. la gran casa comunal. estos Yekuana. especie de salón de fiestas. sorpren� dentemente racional. coronada por una punta o aguja cónica que llega a doce metros de altura. que lo recibe con familiaridad. Su arquitectura. que sostienen la cubierta de hojas de palma mediante una trabazón de bejucos. pobladores de la niebla la mitad de su rostro. avispadísimo. En el medio. como otros muchachos sape. están los asa o departamentos de -183- . Nos ayudan a descargar. el vuelo ha sido breve. La armazón está formada por un conjunto de palos largos y flexibles.Los Yekuana. de varios centímetros de diámetro. brilla de un negro hollín. aspirinas y otros medicamentos. en cambio. En el centro hay el annaca. parece ser una particularidad de la construcción yekuana. es realmente algo espectacular. Superloro. si están serios o sonríen. y vuelve a levantar su nave. tostarla ya convertida en mañoco. las cuales pasan la mayor parte de su tiempo dentro de ella. exprimir la pulpa de la yuca rallada. han despejado de toda vegeta� ción. Las muchachas. porque en una oportunidad los envia� ron a un campamento de misioneros que se estableció en las cercanías con este propósito. Allí adentro caben todos. Son un poco enigmáticos. a ellas no les fue permitido alejarse del pueblo. Alrededor. Con esto. bailar y para las actividades que exigen un espacio grande. El casco de la selva ensombrece el poblado que se está desperezando. Justa. no pudieron aprender nada. siempre de parte del Gene� ral. Hemos salido al alba. a otras tierras amigas encamino mi vuelo. llaman los Yekuana a su pueblo: un espacio circular abierto que después de haber abatido los árboles. el cual se utiliza para las comidas. con sus diecisiete metros de diámetro. atta. Ellos hablan un poquito español y saben leer y escribir. no se sabe cómo es su boca. como asar un báquiro.

trato de grabar algunas palabras. apartándose unos pasos con pie de gato. cámaras. Presiento que no me va a ser fácil olvidarla. seguramente un poema a la hermosura de la muchacha. con ruedas de piña. lentes. Los conucos están más lejos. la ausencia de neblina y la luz favorable para tomar unas buenas fotos de conjunto. Está ocupadísimo con sus trípodes. siempre la miro y le hablo. un largo monólogo. teleobjetivos y otros recursos tecnológicos. cada uno con sus chinchorros. Rafael. a la manera yekuana. Mereka es realmente esplendorosa. Pero. aún más que otros indígenas. Mientras per� sisto en mirarla extasiado. Regresarán asombrados de tanta variedad y exuberancia. Y hablarle. en� tusiasmado. en lo cual los Yekuana. Si Wayasuri es agraciada. se ven las pequeñas huertas donde cultivan algodón. menuda y agraciada. sin gesticular. caña de azúcar. aprovecha el poco movimiento. pertenencias personales y el fogón. que constituyen la comida básica yekuana. Mor y Ocho salen de expedición para observar las plantas curati� vas. Me acerco. cocina o casa de trabajo para elaborar diariamente mañoco y casabe. Carmen y Muñeca se encaminan hacia el jororo con dos mu� chachas yekuana: Wayasuri. Grandes ojos rasgados de mirada hechizante. risa fresca y musical como la del río entre las piedras. ¿cómo lo hace? Yo no sabía que los Yekuana eran grandes poetas. Cerca del atta surge una pequeña construcción también redon� da y cónica. y la esbelta y siempre alegre Mereka. pero he aquí que el joven. y al advertir mi admiración me confía en tono jovial: —A mí también me gusta contemplar a Mereka. Más allá. además del nombre. Siempre. Ellas les brindan tortas de casabe y yuca sancochada. tabaco y algunas plantas medicinales. se reúne con nosotros Menaue. Viaje por el mundo indígena venezolano las familias. -184- . lugar de reunión de las mujeres. me fijo bien. formas armoniosas que recuerdan las del ciervo. Evidentemente también está prendido de ella. comienza a susurrar en lo que debe ser la manera típica de la etnia. sin mirar ni a ella ni a nadie en la cara. el jororo. son expertos. cabello larguísimo que la envuelve como una nube flotante en su espalda. con un ceñido guayuco y varios collares bien tallados. de largo cabello azabache.El Chamán de los Cunaguaros. con el rostro pintado de negro brillante. a una media hora de camino. sus principa� les alimentos.

-185- . de ape� nas 10 x 6 centímetros. Tu aliento tiene el sabor de la piña. y que ahora puedo reproducir aquí. vertiéndolo a mi vez al castellano: La luna es para el hombre que espera. que cosecha la yuca y cuece tortas de casabe. rebuscando en la computadora de la Biblioteca Nacional todo sobre los Yekuana. muestra del arte Piaroa. ¿por qué no puedo hacerlo yo? Mis esfuerzo y mi obstinación darán resultado porque al volver a Caracas. ven con Menaue ven conmigo sobre las cálidas piedras del río. con la portada representando un ciervo sobre piedra. escrito por el viajero italiano Gior� gio Costanzo. En las primeras páginas encuen� tro. muy pequeño. Se titula Poesie degli indios Piaroa. mariposa. que tanto se repite. agua. Mereka. pero tu boca no tiene espinas. la doncella que amo. sol. Pero la mariposa roja es para Mereka. el poema dedicado a Mereka que yo oí. a quienes él califica como “sonrientes poetas de la selva”. vertido al italiano. Bailo contigo. guardan y trans� miten todo mediante la memoria.Los Yekuana. Mereka. Tu pie es como la semilla del algodón ligero y silencioso. pobladores de la niebla Mereka. encuentro un librito hermosísimo. Tu mano es como el tierno fruto de la palma. Mereka es luna. el sol para la canoa que remonta el río. El agua es para todos los hombres de la selva. Si los indígenas confían. Ven conmigo en la selva. Mereka.

tu seno es de miel. -186- . Viaje por el mundo indígena venezolano yo veo la luna en tus ojos. Contigo la vida será dulce será dulce.El Chamán de los Cunaguaros.

un varoncito y una niña. preparamos alimentos. y luego lo tejemos en el telar. de muy difícil comprensión. pobladores de la niebla Algo cansado. Lejos de la civili� zación. tienen que aprender y colaborar en todo. También los niños nos ayudan —señala a dos. varones y hembras. los naturales logran unas realizaciones artísticas de tanta pureza y creatividad que lo dejan a uno estupefacto. ¡Qué sobresalientes artesanos. es lo que estamos haciendo. Veo que Wayasuri le ofrece a mamá un asiento. elaboramos las tortas de casabe. —¿Los niños también colaboran? —Sí. esa integración de sexos y edades a los trabajos caseros! —Cuando terminamos —continúa— hilamos el algodón en el huso. sin necesidad de utilizar los útiles e implementos de que dis� ponemos nosotros. quizás por el susto que me hizo pasar Superloro. como la mayoría de las lenguas indígenas del área caribeña. de una línea tan actual que llamaría la atención en el Museo de Arte Moderno.Los Yekuana. Unas hablan yekuana. —Con la tela hacemos nuestros guayucos. que llevan tantas que parecen fajados. se comunican… ¡y lo más extraordinario es que yo puedo seguir el diálogo! —¿Qué haces tú en esta casa. como lo hacían con sus críos nuestras abuelas. La expresión y los gestos no admiten otra interpretación. o quizás ta� tarabuelas. qué artistas son! Ni Wayasuri ni Mereka hablan castellano. Miramos a los niños pequeños. nos muestra todo esto. Mientras habla. me acerco a las dos jóvenes y me apoyo de espaldas en uno de los palos que sostienen la casa. —Trabajo todo el día. rallamos la yuca. las otras español. Sin embargo. Esto para mí constituye otra sorpresa. Wayasuri? —es la pregunta de mamá. -187- . pro� viene de la familia karibe. muy atentos a su trabajo. el idioma de los Yekuana. ellas se entienden con mamá y con Maigualida. —¿En qué consiste tu trabajo? —Nosotras las mujeres. Mira. Mientras son pequeños y aún no ayu� dan en la caza y en la pesca. de unos cinco o seis años. ¡Es una lección para nosotros. y las bandas que lle� vamos en los brazos y en las piernas.

para darle colorido. Viaje por el mundo indígena venezolano —Cuando el sol está alto y ya se disipó la niebla —nos explica indicándolo— ayudamos a los hombres a fabricar los rallos. a la cual se le in� crustan pedacitos de piedra bien escogidos que recogemos en el ce� rro Autana (aquí está el secreto. y recurren a ellos para conseguirlos. sobre todo en fiestas y ceremonias. los palpamos. Los observamos de cerca. —Los trazamos nosotros mismos con resina mezclada con tin� tes. ya que muchas comunidades vecinas han perdido el arte y el oficio im� plícito en su elaboración. El rallo les sirve como principal producto de intercambio. que luego se recubren con resina y se dejan secar. pienso yo). ¡Qué eficientes los rallos de los Yekuana! Son cé� lebres en todo el territorio nacional. Enseña con orgullo un desfile de rallos apoyados en una petaca o canoa volteada. los examinamos mientras ella trata de explicarnos: —El rallo se hace con una tablita de madera. La preparan con las hojas de una enredadera que -188- . observando que las partes su� periores e inferiores de los rallos llevan diseños de tipo geométrico. es de color rojo intenso. lo que hacen frecuentemente.El Chamán de los Cunaguaros. —¿Y estos dibujos? —pregunto. Es la misma técnica que utilizan para tallar los sellos de madera con que se pintan la cara y el cuerpo. y a veces los tallamos. Ya los habíamos visto entre los Sape. A la tinta la llaman Keraeu.

Por mis venas corre sangre india. Vemos que los niños de ambos sexos lucen un collar con dientes de chigüire. los zarcillos. a la vez que explica: —Así. Los adornos masculinos se distinguen de los femeninos porque llevan plumas y dientes de animales. Tiene que es� tar destinado a algún chamán. —¡Fíjate en los collares que hacemos. de cabello negro y ojos oscuros. suponemos. los hacemos para las mujeres. cestas. To� dos somos venezolanos. Nos muestra también varias pulseras para brazos y piernas. de dientes de báquiro. resina negra y onoto. todos de tipo geométrico. hombre de los remos. En forma de media luna. com� partimos la misma tierra. Me gustaría descender. Hay un nexo. máscaras. objetos de madera y en pin� turas faciales. para los hombres. provenimos de los mismos aborígenes.Los Yekuana. a las sape. —¡Los guayucos. me indica varios. más fuerte que el de simpatía y afinidad. por ejem� plo. somos una misma familia. interrumpien� do mis reflexiones. impresionante. ¡Le queda precioso! Completa el ajuar con unos zarcillos en forma de triángulo. Estos dibujos. que asienten con la cabeza. pobladores de la niebla secan al sol. entre los indígenas y nosotros. y un collar. linda —creo que dice. de los Yekuana. que las ykuana han sacado de -189- . creo que a todas las indígenas. considerado un amuleto protector. hechos por ella. en forma de triángulo. y poder decir: —Mi tatarabuelo era un yekuana. ¡Qué suerte que Mereka no insista en ponerme a mí los zarcillos de media luna! ¡Quién sabe qué otro sobrenombre me pondrían en� tonces los morochos! Nada gracioso… Pero sí quiere que mamá se lleve unos. en nuestra familia. tiene en la mirada dulce y profunda algo que la hace parecer a las indias yekuana. mira los guayucos! —Muñeca. Mamá. —Linda. No lo sé con exactitud. luego pulverizan y mezclan con aceite de seje. Nos enseña uno. Y seguramente hay algún aborigen en nuestro pasado. los veremos en tallas. y la señala a las demás mujeres. los brazaletes! Mereka le pone a mamá un collar al cuello. y dicen que además de adornarlos. que los de mujer no pueden ostentar. cultura y raza. pero siento que es así. de los ríos. Me ha transmitido mucho de su mundo. los protege contra las picaduras de insectos.

un loro. se podría decir “más elegantes”. durante todo este proceso de demostración. especie de “portabebés” indígenas. un cachicamo. más frescas y livianas. Junto a un enorme helecho. Por cierto. Maigualida —le ofrece Mereka. esas cestas tejidas. una iguana. —Se llama muaju —le explica nuestra amiga. en forma de campanita. encantada con su nombre—. estas hamaquitas son distintas. y que a cada mo� vimiento de la mujer producen un sonido musical. Mientras tanto. Las yekuana enseñan ahora los guayucos para hombres. Para completar. a la vez que llama—: ¡Cadío. con este guayuco se siente libre. Yo aún no tengo ese espíritu de adaptación. y que nos ense� ña. y nos da una demos� tración del uso de la hamaquita.El Chamán de los Cunaguaros. ese valor de enfrentar cam� bios inesperados. de manera tal que los niños pueden apretarlos por el pico o por la cola y agitarlos como maracas. los collares para ellos. ponte este. a los cuales llaman shiriyoca. para mostrarlos. bien pintados. Despojada de su formal trajecito caraqueño�citadino. ajados. -190- . feliz. Miro melancólico mis blue jeans. Cadío! Llega mamá Cadío con su hijito Cayuwai. bellísima. ¡Qué bien trabajados! De algo� dón y con diminutas cuentas de mostacilla. Muñeca muy satisfecha con su guayuco nuevo. Cayuwai se las ha arreglado para no perder los lindos juguetes que aprieta en sus puñitos. o wöwa. Tengo mucho que aprender de ella. él también: son animalitos de madera. ponte uno. calientes. ve una ranita azul. ahuecados y rellenados con semillas de parapara o peonía. los zarcillos y… ¡qué ex� traordinario! —Una hamaquita portabebé —explica Wayasuri con sus expre� sivos gestos. cuando Superloro alza el vuelo y le cae sobre la manita extendida. de llamativos colores. que corretea comodísima con su guayuco. llevan adornos hechos con frutas de bejuco salvaje. ¡Una gran solución para las madres que quieren trabajar o trasladarse sin dejar a sus críos! Nos recuerda los wayares de los waraos. Sin embargo. corretea por los alrededores. una tortuga. —Mira mi muaju —me sonríe coqueta Muñeca—. satisfecha. —Maigualida. con bordados simétricos y franjas de lo más graciosas. al borde del campamento. descolo� ridos. ¿te gusta? ¡Espléndido! Admiro la sencillez de mi hermanita. fresca. A punto está de tocarla. más grandes y sin franja. La niña lo hace. Viaje por el mundo indígena venezolano una cesta. colgados al ruedo.

—No —exclama papá suspirando hondo—. —El origen de su peligrosidad radica en que se alimentan de escorpiones y hormigas venenosas. Una vez pasado el susto y vuelto todo a la normalidad. Hay que cuidarse de ellas. en la ciudad. escondi� das en la selva. pobladores de la niebla graznando durísimo. sino que -191- .Los Yekuana. por un instinto que llevan en sus genes. saben que los reptiles o los batracios de colores brillantes son venenosos. Estas ranas de colores matan al sólo tocarlas. En realidad no son agresivas de por sí. las dos jóvenes nos traen y enseñan la variedad de cestas que elaboran: la wöwa. hijos. Son bastante huidizas. pero ya la ranita había desaparecido a ras de la hierba. los humanos. A los gritos de Muñeca todos corremos. Las tinturas son de origen vegetal: el rojo se extrae de las hojas de una bignonia o de la semilla del onoto. Pero si las toca la gente. las sudan. el veneno les penetra por la piel. tejido por los hombres. —¡Uuu… uuu…! —silba Mor— ¡Qué peligro! —¡Uuu… uuu…! —responde Ocho— ¡Y que lo digas! —¿Cómo sabría Superloro que esa ranita es peligrosa? —pre� gunto lleno de curiosidad— es un loro amazónico. Esos colores son una advertencia. tan pequeñas y tan peligrosas? —se extraña mamá. su memoria genética —explica papá reflexi� vo—. La cestería yekuana no sólo se exhibe en el Museo de Bellas Artes de nuestra capital. Hay muchas de estas ranitas. aún asustada. le salvó la vida. liberándose así de ellas. lo que acarrea un riesgo grande. de rayas rojas. in� clusive papá que deja su trípode abandonado. todos escudriñamos los alrededores. tejida por ellas. el turi o catumare. todas temibles. —¿Pero cómo es posible. no se acercan a la gente. rosadas y amarillas. azules. Como no pueden procesar las toxinas de estos animales. y las lindas canwa o petacas de exóticos decorados. no atacan a nadie. con las mismas figuras geométricas en las cuales predominan el rojo y el negro. porque su piel exuda una secreción tóxica. Los animales. Impresionados. pero criado en Caracas. por la epidermis. —¡Superloro la mordió! —advierte Mor. a menos que se les provoque. y el negro de la fruta del árbol identificado como genipa americana. —Es su herencia.

monos y caimanes. El sol brilla alto. Ahora somos las mu� jeres quienes cultivamos en ellos varios productos necesarios —este es seguramente el sentido de lo que sigue explicando Wayasuri. con expresiones y ademanes muy claros. después de un momento de duda. —¡Qué gente tan ordenada y trabajadora! —comenta mamá Luego le pregunta a Wayasuri con voz y gestos—: ¿Qué hacen afuera? ¿Afuera de aquí. pero sobre todo para capturar pájaros como el piapoco. de la casa? Ella. imitando relojes de arena. cascadas. que los Piaroa se comunican con las demás etnias. zonas pedregosas y a la estrechez de los caños. las mujeres y los hombres.El Chamán de los Cunaguaros. ¡pero de cine mudo. y fue duro. entretejidos en sutil armonía con las fibras que tan bien saben trabajar. construimos trampas para animales mayores. bá� quiros. arrastrando o cargando sobre sus cabezas. tigres. Alrededor de nosotros. primero trabajaron los hombres. hasta en número de seis. rectangulares. En� contramos a papá. ven conmigo —Wayasuri le tiende la mano. —Por cierto. Muñeca y yo las seguimos. obtuvo reconocimientos en exposiciones realizadas en Europa. Hay mucho movimiento en el poblado. -192- . otras yekuana están confeccionando cestas. —¿Trampas? —nos extrañamos. collares. hasta que el río reúna las condiciones para navegar. —Nuestra amiga sería una gran actriz —insinúa mamá. se ven obligados a recorrer grandes distancias a pie. una excelente actriz. compenetradas con su labor. y bien los merece por la amplísima variedad de formas: en campana. las escasas canoítas y curiaras que tienen y utilizan sólo en la época de lluvias. —Aquí en los conucos. partiendo desde la gran casa. Es a través de esos senderos. si es que ellos trabajan —ambas ríen. el paují. Viaje por el mundo indígena venezolano tiene renombre mundial. atareadísimo con sus fotos. o de pan� tomima! —bromeo. entiende: —¿Nosotras las mujeres? —Bueno. En ellas se aprecian tigres. para talar y quemar secciones de la selva. atraviesan la selva. oblongas. casi invisibles. pues debido al gran núme� ro de rápidos. la gua� camaya. Proseguimos hacia los conucos por una red de senderos que. —Vamos. hamacas y… trampas. —Sí.

ella es llamada a cultivar la tierra. -193- . Pero hay muchas otras siembras. caña de azúcar… —las dos siguen. y ya han mencionado más de veinte… Me siento un poco avergonzado. pienso. que coincide con lo que yo he leído sobre la mitología indígena. esto es algo valioso. cuyos habitantes antes centraban su alimentación en torno al maíz. durante este viaje. tiene el don y la misión de hacerla producir. tampoco las conocen. y a pesar de haberlas individualizado recientemente. dicen a veces más de mil palabras. una conquista. también apruebo lo dicho por la joven Piaroa. Los conoci� mientos de los indígenas en relación a este vegetal son ancestrales. No podría distinguir la siembra del ñame de la del ocumo. apio. Filatelio. lo manejan a la perfección. nos estamos especializando todos en el lenguaje gestual. ni la del mapuey de la de la yuca. La ma� yoría de mis compañeros.Los Yekuana. la importancia del lenguaje ges� tual. como los del maíz. que lo he reconocido enseguida. no lo distingue. La amarga se utiliza únicamente para hacer el casabe. Por otra parte. pobladores de la niebla —No te rías. ñame. algo que nos hace crecer! Mamá tiene completamente razón. —Es el tabaco —le aclaro yo. cuando mamá prepara el sancocho criollo. un gesto de un dedo o una mano. Todas estas verdu� ras. Una mirada intencionada. Es una forma muy efectiva de comunicación y los indígenas. importantes. y es citado por los antiguos cronistas: debido a que la mujer pare. indicando algo en un rincón del conuco— lo trabajan los hombres. una sonrisa. a pesar de haberlas oído nombrar en mi casa. que a veces deben hablar con pueblos de otras lenguas para comerciar. y mamá se esfuerza en reconocerlas: —Ají. La dulce se consume hervida o asada. dulce y amarga. ocumo. Wayasuri nos enseña que la mayor parte del conuco se siembra con yuca de las dos variedades. batata. ma� puey. pero antes es preciso extraerle el yare o jugo venenoso. auyama. plátano. nutritivas en su estado natural me son totalmente ajenas. Aplaudo sus palabras. He� mos aprendido algo muy especial. Los karibes trajeron desde las Antillas la yuca a la tierra firme. maíz. —Y lo de allá —agrega la india con cierto desdén. cocinadas entre los pemónes. un movimiento de hombros. piña. —¿Qué es? —mamá desde lejos. Fíjate. ¡Y creo que es un logro. Una a una las señala.

miel y corteza de árboles silvestres. Viaje por el mundo indígena venezolano Le indico a mi mamá esa planta rastrera. como enfer� mera. ¡A lo que pueden llevar la violencia y la exasperación. experta en plantas curativas. palabra que sin embargo no existe en todas las lenguas de América.El Chamán de los Cunaguaros. sólo por las mu� jeres. Lo consultaban en tiempo de guerra y aún lo consultan cuando van a cazar. secretos curativos. que ellos tanto aprecian. Sin embargo parece apreciar la actitud conciliatoria de mamá porque. jarabes. de los secretos de las especies medicinales. especialmente del yopo. Wayasuri. no más alta de un metro. esa mezcla de semillas. sin decirlo. entre ellos. comprende que aquí no hay ningún artificio ni engaño. papá me mencionó la quema que hizo Ezequiel Zamora de to� dos los campos donde se cultivaba el mejor tabaco. sino algo que está basado en una antigua sabiduría. es la heredera. Más tarde. Fumar tabaco tiene. Ella. Muy cerca una de la otra. hablando a gestos o en voz baja. Ahora recuerdo que una vez en la que hablábamos de los yaru� ros. mamá sacará de su maletín pastillas. El tabaco es autóctono de América y los naturales lo consideraron siempre una planta sagrada. Se dice que algunos indígenas lo llamaban tobako. los cuales se transmiten por línea mater� na. que además del tabaco o mezclándolo con él. luego de abundantes aunque -194- . para saber si tendrán suerte o correrán algún peligro. píldoras y po� madas para entregárselas a Wayasuri. otros picaban las hojas finamente y las fumaban en grandes pipas. cultivadas sólo por los hombres. fines ceremoniales: afirman que el humo posee poderes curativos. observando atentamente las plantas. es posible que piense. con grandes hojas verde oscuro recubiertas de suave vello o pelusa. Carmen y Wayasuri parecen dos hermanas. que a través de él puede conocerse el futuro de la persona que lo fuma. en su pueblo. Se intercambian experiencias. Muchos lo masticaban. si no se sabe controlarlas! Ante la expresión ceñuda y despreciativa de Wayasuri Carmen ríe. y trata de hacerle comprender que algo hay que consentírsele a los hombres. Mamá se muestra especialmente interesada. y las medicinales. los Yekuana hacen uso de los alucinógenos. y de allí vendría el nombre que le dieron los españoles a la planta. que absorben por la nariz con un instrumento apropiado. después de titubear un poco nos indica con sigilo otras plantas: son las mágicas. Nuestra amiga no está del todo convencida.

consciente de que estarán en buenas manos. ¡Qué lindos perros. Muñeca. —Nada de todo eso —nos explica papá—. son ellas. me llevo a mi hermanita: —Vente. y así es. pobladores de la niebla mudas explicaciones. demos un paseo. producir. Nunca se engañan. Nuestra madre se irá de aquí con hojas. —¿Cómo lo logran? —Esto sucede por el gran espíritu de solidaridad que tienen los aborígenes. son perros cazadores. de buena raza! Nos to� pamos con Rafael. hermanas. —¿Y ningún cambio es desfavorable? —Los que hacen entre ellos mismos. Con varios de ellos obtienen hasta un motor fuera de borda. ni se disgustan. colegas. sacándoles fotos. —Sepan que uno de estos animalitos bien entrenado en las “es� cuelas de perros” locales. constituyen su riqueza. plantas y semillas que trans� portará con gran cuidado y luego comentará con los médicos del hospital donde trabaja. en lugar de Carmen. los perros de los Yekuana. son muy apreciados. palabra que seguramente significa “amiga”. su bienestar. consi� guen cantidades de cosas. Para que las tres puedan seguir disfrutando tranquilamente su encuentro. Vamos a saludar aquellos perritos que vimos al pasar. —¡Lo menos que esperaba yo encontrar entre los indios. y conocen cómo hacerlo! —mi sorpresa va en aumento. lo comparten todo. -195- . ¿Ustedes lo saben? —¡Para jugar! —grita Muñeca. Así como sus rallos. He notado que frecuentemente Wayasuri y Mereka llaman a mi mamá. Allá nos dirigimos.Los Yekuana. profesionales que han estudiado años en la universidad. Pertenecer a la etnia. puede ser trocado por una escopeta. Cuando quieren hacer trueques. descendientes de los perros autóctonos que según relataba el misionero Padre Gumilla denunciaban por el ladrido el tamaño de la presa. no. era una escuela para perros! ¡Hasta a eso se dedican. y apreciarán el valor de esa contribución medicinal. —Para compañía o protección —opino yo. amigas. Cawaruwa. entrenados para perseguir dantas y venados. Son una sola gente. para localizar cuevas de lapas y manadas de báquiros. —Ya averigüé para qué crían estos perros. poseer destrezas tradicionales.

en negro con resina. su imaginación. la enrumba hacia la orilla del río y allí el hombre con su compañera. El perro localiza la presa. Viaje por el mundo indígena venezolano Reflexiono de nuevo sobre el inmenso patrimonio espiritual y moral de estos indios. Cuando estén grandes —aprendo— los llevarán de cacería. lanza en mano. es una empresa familiar: marido. Pronto. unos ojos y una boca desproporcionados. redondas. emblemático de la cercanía de Angostura. especialmente la del báquiro. el suave tintineo de las shirivocas anuncia el arribo de Cadío y sus hermanas que traen comida y agua a los perros. Cubren toda la cabeza o sobresalen de ella. Pensamos que este desfile de bailarines cubiertos desde la cabeza hasta los pies con sus enormes máscaras. Las máscaras y atuendos quizás reflejen el temor a -196- . y en la punta superior le untan el curare. También para la pesca las parejas salen juntas. sus tradiciones. El extremo inferior de los dardos está en� vuelto en algodón. el secular veneno indígena a base de plantas que ellos mismos producen y que es considerado de muy buena calidad. mientras dos capas de hojas de palma esconden el resto del cuer� po. juegan con ellos. limpian el piso. Quizás no exista (aún tengo dudas). grandes. una la parte superior y otra la inferior. mujer y perro.El Chamán de los Cunaguaros. en blanco con arcilla y en rojo con onoto. unos veinte cachorros bien cui� dados. cazan con lanzas o con cerbatanas de varios tamaños y todas con dos tubos. o por lo menos nadie haya visto el fabuloso Dorado. sobre la cual trazan. ni el legendario lago Pa� rima que tenía la misma profundidad y extensión. la esperan y la matan. Cerca del cobertizo de los perros se encuentra otro tipo de cons� trucción cónica. siempre de palma: es el ruode. la casa de los hombres. deben ser terroríficos. a la que llaman sari-warime. Entre los Yekuana la caza mayor. agitando el palo zumbador que llevan en la mano. rodeados de sus típicos dibujos lineales. tan organizados? Observamos bajo el cobertizo. serían tan trabajadores. donde guardan las máscaras y los instrumentos sagrados que utilizan en su gran fiesta. warime. Pero ¿qué mayor riqueza que sus ideas. los acarician. tan recordado en las canciones Flor peregrina y Canción del lago Parima del criollísimo Quinteto Contrapunto. sus capacidades? ¿Acaso el oro puede valer tanto? ¿Si ellos tuvieran oro. Estas máscaras. son impresionantes. uno externo y otro interno. bien alimentados. y a menudo llevan a los niños. Nos impactan y asustan. Los Piaroa poco utilizan el arco y la flecha. Las hacen de un tejido grueso cubierto con una capa de arcilla. pavorosos.

pide ir a bordo. fieras. ellos siempre aparecen a la hora de las comidas. pero yo. papá la disuade y la calma. angustiada. guamache) que acompañan los alimentos. que luego de cumplir otros encargos de su General. cucurito. corro tras ellos. confiándole a ella Superlo� ro. repartien� do mensajes. Con respecto a las die� tas de los demás indígenas encuentro una novedad: la variedad de jugos preparados a base de frutas silvestres o cultivadas (curuba. que según algunos antropólogos juega un rol importante en la mitología Piaroa. Dema� siado larga. uno más largo y el otro cortito. le haces la competencia a tu loro? En efecto Supermudo. géneros y medicamentos. y dale que dale con su piquito. -197- . —¿Dónde están tus hermanos? —se extraña—. bien agarrado con sus patitas en la orilla. Carmen. alguna sombra. El Capitán y mi padre intercam� bian miradas y se levantan. peligrosa. los alcanzo mientras se aprestan a ir en busca de los excursionistas. Al entrar la tarde me acerco a la annaca para consumir la balan� ceada comida que ellos mismos preparan y. Salieron temprano para una breve excursión. Se me suman papá. debían haber regresado. Los Yekuana se alimentan bien y en forma correcta: por eso se ven tan saludables. algún color. tan silencioso. La apretada vegetación casi no permite ver. ha regresado a buscarnos más temprano de lo que esperábamos: —Joven. pobladores de la niebla peligros sobrenaturales. Hago un esfuerzo por distinguir algún movimiento. pendare.Los Yekuana. absorbe laboriosamente todo el contenido de la totuma que le han ofrecido. Extraviarse en ella es un riesgo muy grande. ¿qué te pasa. aferrado a mi hombro derecho. La expresión preocupada de papá ha comenzado a angustiarme. allá abajo. fuertes y activos. ya incumbe la tarde. insectos ponzoñosos. Pero sólo pájaros pasan rozan� do los árboles. ha vuelto a su costumbre de no hablar. Hay engañosos cursos y pozos de agua. mamá y sorpresivamente el coronel Anfic� tión. dos deditos ade� lante y atrás los otros dos. es fácil perder el sentido de la orientación. y luego resulta casi imposible salir sin ayuda. También a Superloro le fascinan. reunidos. chiquichique. dirigiéndose apresuradamente hacia el helicóptero. La selva es oscura. saborean con satisfacción. El helicóptero explora la zona. tupirito. No habíamos reparado en la ausencia de los morochos.

Papá que fue guardia de fronteras. haciendo ademán de detenerse. al pisar un terrón de hierba que lucía fresca y revuelta. está fuera del alcance de las fieras. antes de que nos encuentren. si no fuera porque me está empezando a dar hambre. parece una hamaca. para que al pisarlas se disparen hacia arriba con la presa. cono� ce la región y sus acechanzas. pero era inútil. pero yo no lo creo. los dos muchachos se sintieron presos. de las muchas que hay en la selva. Enseguida después del sobresalto inicial. como los indígenas. disimuladas entre la hierba. —¡Nunca! Esta trampa es alta. y grandes. Vamos por buen camino. Y la verdad es que es bien cómoda para dormir. algún jaguar nos devorará. Pero tranquilízate. —Podríamos intentar llamar con nuestros códigos personales. —No te preocupes. des� tinadas a atrapar báquiros. Pronto vendrán a buscarnos. Esta vez las tendrían. como el de los indígenas? Conmigo estás a salvo. y que por lo gordo que estás tú. —Tú consuélate con eso. izados violen� tamente hacia la copa de un yagrumo: habían caído en una trampa india. Intentaron soltarse. impenetrable. una hamaca para báquiros. para predecir problemas y ac� cidentes? —¡A veces me falla! —se defendió Ocho—. lapas y hasta venados. —¡Tremendo guía que eres tú! —recriminó Mor— ¿No tenías un sexto sentido. en silbidos —propuso Mor. -198- . Y creo podemos encontrar algo impor… Aún Ocho no había terminado la frase cuando. los dos ce� ros. casi no cabemos. ¿Sabes que he de� sarrollado un sexto sentido.El Chamán de los Cunaguaros. Estamos perdidos. se dieron cuenta de que estaban atrapados. y aprisionadas con tierra. se habían alejado bastante del campamento. Llegaron a un des� campado con maleza alta y pocos árboles. aquella fuerte malla de fibra estaba diseñada para no permitir el escape. siempre en busca de aventuras. envueltos en una manta de fibras vegetales. Viaje por el mundo indígena venezolano ¿Qué había sucedido? Caminando y curioseando. —Mejor devolvámonos —aconseja Mor. preparadas hábilmente. —Podría dormir aquí tranquilamente —dijo Ocho tratando de hacerse el valiente—. Más allá la selva densa. —Sí.

los dos muchachos cerraron fuer� temente los ojos y se abrazaron estremecidos. La bestia se defendía de un atacante. ni siquiera sabes… La furiosa perorata del indómito Mor fue interrumpida por un gruñido amenazante. Eres tú fingiendo ser un tigre. en las fauces de aquel animal que ya se disponía al ataque. Si piensas que en un programa cómico de televisión te aceptarían. El sol se posaba horizontal sobre los altos árboles. de grandes pintas negras que avanzaba hacia ellos mostrando sus aterradores colmillos. temblando. de fiera herida. cada vez más fuerte y más cercano. ¿No ves que estamos rodeados de silbidos de pája� ros. —¡Juii… juii! Pasaron varios minutos. Se oyeron pasos cercanos. corpulento. —¡Fiu… Fiu… uooouu! —¡Fuuuuo a a a! —Nada. rumor de una fuerte -199- . una lucha a muerte. resignados a su suerte. Atisbando entre las lianas divisaron un tigre joven. cuando oyeron un rugido cercano. La luz del día disminuía. —¿Escuchaste eso? —Claro que lo escuché. envolverlos en un hálito salvaje. con un certero tajo en la garganta. Tal vez vienen en camino. parece que aquí nuestro arte no sirve de nada. pero ni un solo ruido les respondió. de loros. de serpientes. y entre la maleza miles de grillos empezaban a revolotear con un chirri� do ensordecedor. —Vamos a imitar al arrendajo. sino también como imitador te morirías de hambre! No creas que me asustas. Vamos a silbar como el piopoco. Una extraña sensación de ingravidez se apoderaba de ellos. La sangre teñía la hierba fresca. estás soñando. Los grillos callaron de re� pente. suspendidos sin remedio. es más. Los sobresaltó un rugir brutal. que pareció rodearlos. Anonadados se adormecían.Los Yekuana. ¡Qué mal lo haces! ¡No sólo como guía. Un olor fuerte y agrio impregnaba el aire. de monos? Colgaban uno encima del otro. —Oye. pobladores de la niebla —¡Buena idea! Seguro nos escucharán desde lejos y vendrán a rescatarnos. Ante el inminente peligro de morir en forma terrible. —Espera un rato. —Es lógico. pero éste pronto la dejó sin vida.

Inesperadamente. Viaje por el mundo indígena venezolano respiración humana. acaba de irse! —dijo Mor señalando hacia la selva—. sintieron de un solo tirón rasgarse su prisión vegetal y cayeron al suelo aturdidos. coronado de rojas plumas de guacamayo. -200- . es papá. —¡Nos salvó un indígena. y de pronto se levantó una columna de humo. Con los faros del helicóptero iluminamos el espacio circundante. te lo dije! —gritó Ocho saltando— ¡Aquí. pero no logramos divisar nada más que árboles y grandes hojas bri� llantes. Frente a ellos. Alto. sin dejar huella alguna. Se oyó el frotar y el chasquido de los palos que despiertan el fuego. El ruido del avión les sacó de su estupor. Sólo acertaron a ver cómo las ramas bajas se movieron. —¿Esta no es una película de Tarzán que ustedes vieron? —pre� gunto yo. Mor y Ocho alzaron la vista hacia lo alto. El viento de las aspas dispersó el acre humo. un poco más lejos. escéptico.El Chamán de los Cunaguaros. ellos solos ja� más hubiesen podido soltarse. que la atravesaba transversalmente. acrecentada por las ramas verdes que le iba agregando. Reunía con prisa hojas secas y arbustos. rodeado de cunaguaros que olfateaban inquietos la maleza. él nos liberó con un cuchillo. al viento la larga cabellera. cuando se perdieron entre el follaje los rabos de los cunaguaros. Rafael pudo abrazar a sus dos arriesgados retoños. —¡Es papá. —Pero él estaba aquí. Los morochos permanecían atontados. pero al bus� carlo con la vista se dieron cuenta de que se había esfumado entre la espesura. él prendió el fuego. —¡Y nos salvó de un jaguar enorme que quería devorarnos! Lo mató con su cuchillo de caza. Lo acompañaban muchos cunaguaros. Rafael. se erguía la majestuosa figura de un indígena. El Coronel examinó la trampa y vio la huella de un objeto afila� do. Aún temblando trataron de incorporarse para agradecer a su misterioso protector. papá! El helicóptero descendió con gran estrépito en aquel descampa� do. aquí. des� de donde los llamaban. —Parece que alguien la hubiera desgarrado con un cuchillo o un puñal —sentenció—. Alguien los sacó de aquí.

Comimos con apetito. y de ellos surgieron Wanadi. aunque le duela contrariarla. y un pesadísimo sermón para nosotros! Decido desviar de inmediato la conversación. A lo lejos. No había rastro de los cunaguaros. dónde está el tigre? —se extrañaba el Coronel mirando a su alrededor. que representa el bien. ni del cuerpo del tigre. lleno de resentimiento y odio. En el pueblo yekuana nos recibieron con alegría. nunca me desesperé. Pero no es el momento de comentar su aventura. mientras el Capitán me anima con la mirada—. a pesar de las bromas que les hice a los dos “ceritos” asusta� dos. el sol se acercaba al ocaso. —Después de todo. Noto que papá. está a punto de aclararle el peligro que corrieron y el mal rato que nos hicieron pasar. Me doy cuenta de que he logrado captar la atención de la pequeña audiencia. Debíamos apresurarnos. Wanadi entonces lo tiró a la selva. de las cuales cada vez tenemos más. Mis dos hijos más traviesos tienen un ángel o espíritu bueno que los protege. y su hermano. —Es una leyenda interesante —reconoce Anfictión poniéndo� se de pie. por los hermosos y variados -201- . nacen los demonios. los liberó. La crisis ha sido superada. Recogemos solícitamente nuestras co� sas. Hasta la fogata se había extin� guido completamente. pensativo. Papá permaneció callado. se abrieron. empiezo a pensar que algo. El sol que como el cielo es sobrenatural. ¡Seguiría una larga reprimenda para los incautos.Los Yekuana. o alguien. que representa el mal y es generador de los espíritus malos y de los demonios. Dos cayeron correctamente. Y agrega. secundado por el cola� borador Pimentel Napolitano: —Hablando de espíritus y seres especiales. a Cajushava. despertando la hilaridad de los jóvenes—: Cui� dado cuando coman huevos: si se les caen. y prosigo después de una pausa estratégica: —Pero el tercer huevo se magulló sin abrirse. el padre o héroe mítico de los Yekuana. pobladores de la niebla —¿Pero dónde están los cunaguaros. Yo también. dejó caer sobre la tierra tres huevos mágicos. lo que nos habían guardado. pero rápidamente. la selva lo invi� taba a adentrarse en ella. Con esta segunda caída el huevo se partió y dejó salir. sabía que ellos aparecerían en cualquier mo� mento. nunca perdí la calma —nos confía mamá—. ¿conocen ustedes el origen de los Yekuana? —empiezo. a apoderarse del secreto que guardaba.

para llevarnos a la próxima eta� pa en plena selva orinoquense. —¡Maigualida. Desde el aire. ¿Cambiará de idea? Se lo habíamos puesto justamente por el deseo de tener un nombre indígena en la familia. Esta va a ser una jor� nada muy intensa. Maigualida. visible en el crepúsculo: la serranía de Maigualida al este. Entre ellos pasaremos la noche que ya se acerca y los dos días si� guientes. Abordamos el helicóptero. ¿qué debe hacer uno para ingre� sar en la Fuerza Aérea? -202- . En el mismo día. tómale una foto! Inmenso. papá. Debajo de nosotros. por fin. Papá no habla. Estamos detenidos en el aire. el Majagua y el Asita al sur. sin hablar. Superloro está quieto en mi hombro. Y ahora. quizás aún contrariado. el Kaima al norte. —¡Mira. alzado frente a ella en toda su majestuosidad. se mantiene en el vacío. El Capitán va a esperarnos. Como un inmenso colibrí el helicóptero interrumpe el vuelo. ¡Cómo nos gusta este helicóp� tero. agitando sus poderosas hélices. qué fácil se maneja. el cerro Maigualida recorta su figura contra la luna enorme que ya ha aparecido frente a nosotros.El Chamán de los Cunaguaros. qué seguro se siente uno en él! —Coronel —pregunta Mor—. tu cerro! La expresión satisfecha y enternecida de Muñeca nos indica que de ahora en adelante aceptará su nombre. —¡Papá. Viaje por el mundo indígena venezolano regalos que nos hacen nuestros generosos amigos: cestas decoradas con pájaros. y dedicado a ordenar sus películas. Maigualida! —grita mi hermana entusiasmada. visitamos a los Yekuana y nos dirigimos hacia la zona que habitan los Jodi. erguido y desafiante. de acercarnos a aquella región donde bulle la vida de nuestros aborígenes. maracas. no le agradaba. Muñeca y mamá están felices. Maigualida. el Cuchivero y el Parucito al oeste. podemos ver el cerro Maigualida. nuestro experto piloto nos señala los límites del territorio habitado por los Jodi. collares y totumas para beber. A mi hermanita la hemos llama� do siempre Muñeca. entre los numerosos y sorprendentes Yanomami. Rafael apunta la cámara y capta la foto. también esta vez. El viaje. dejamos a los Sape. porque su verdadero nombre. mientras el piloto detie� ne un momento su aparato. ni chillar. es corto. los Yekuana saludan con mesurada seriedad.

mi hermana es un conejito blanco que se arrebuja entre el colchón de la hierba crecida. con tus laderas verdes. mi hermana es espuma de río. Duerme hermanita hermosa. y subiré al árbol del pijiguao para ofrecerte dulces frutos. aroma de íntima flor. abriéndote a la vida como la flor del yagrumo. signo de amplia claridad el de tu nombre. cruzaré los ríos crecidos por ti. donde amaneces siempre. hermanita que duermes aún en el regazo de tu madre. coronada de brillos solares. Mi hermana es pequeña y clara como la mañana. signo de luz el tuyo. Cabecita de claro esplendor.Palabreo del chamán para Maigualida Nombre de cerro el tuyo. duerme y sueña. he ideado suaves canciones para arrullar tu sueño. de fruta fresca. yo velaré por ti siempre. 203 . Hermanita dorada y pequeña como un lirio que estrena sus colores.

signo de luz el tuyo. -204- . nombre de cerro el tuyo. Viaje por el mundo indígena venezolano No temerás al danto ni a la tormenta. porque yo estaré contigo.El Chamán de los Cunaguaros. ni a la cascabel traicionera. clara hermanita luminosa.

—¡A la playa! —se entusiasman Mor y Ocho. pero también son conocidos como Chicano o Shikana. Viven en las zonas altas de la cabeceras del Cu� chivero. —Pero no es posible —reflexiono—. En un giro diestro. palabra que puede traducirse como “hombre” o “gente”. Waruwaru o Yuana. 205 . con ondas parecidas al oleaje marino. Aquí hay algo raro. Para llegar hasta ellos. Su cultura no tiene parangón en los pueblos vecinos. por lo tanto se catalogan como pueblo independiente. En este momento. estamos muy lejos del mar Caribe. Se considera que la población total actual alcanza apenas unas cuatrocientas personas. oigo unas voces alteradas: —¡El mar! ¡El mar! —grita Muñeca. y en la cuenca de los ríos Iguana y Majagua. su idoma tampoco. se coloca de forma que podamos apreciar mejor el panorama. nuestro súper piloto Anfictión sobre� vuela una especie de océano vegetal. donde ocupan el área selvática.Los Jodi. guardianes de la selva Se llaman Jodi. estado Amazonas. La verde extensión bajo el helicóptero da la impresión de un inmenso mar. estado Bolívar.

en el cual se mece en un alarde de equilibrio. ya. —Despierten. —¿Cómo hacen para seducirlos? —Parece que los llaman con sus propios nombres. úl� tima guarimba donde poder vivir a salvo del asedio de los invasores. ya —canturrea Superloro que ha escogido para posar� se el espaldar del asiento del piloto. Esa selva enmarañada. Viaje por el mundo indígena venezolano —Ya. no se las echen de explora� dores ni de baquianos. las -206- . ese inmenso mar verde azulado. enamorados de ellas. hijos. y así despier� tan en ellos una pasión irresistible. y luego de un breve vuelo logra detener su He� lipájaro al borde de un jagüey. —¿Acaso estos indígenas son peligrosos? —De ninguna manera. Peligrosos para la tranquilidad de todos. —¡Cuéntenos de ese bosque! —Afirman las narraciones jodi que los hombres que oyen el canto de esas extrañas flores se quedan para siempre en la selva. Y quizás fue lo que los preservó hasta ahora de la total extinción. acceder a esa urdimbre de árboles milenarios que ha sido por generaciones refugio ideal. —¡Así que eso era! —reconozco. Aquí no hay poblados. Afortunadamente. que pocos logran penetrar. con su habitual ironía. —Hasta dicen que hay un bosque de orquídeas cantoras —agre� ga Anfictión. profunda. a la vista.El Chamán de los Cunaguaros. nuestro padre. las bromelias más exóticas. —¡Qué paisaje! ¡Miren las bromelias! —exclama mamá de� tallando un árbol gigantesco que junto a su copa exhibe una gran bromelia abierta. el Coronel conoce los alrededores de estas inhóspitas regiones. es el territorio de los Jodi. —Sí —asiente papá. preparando la cámara—. ese mar que creen ver abajo. perdiéndose y necesitando de los demás a cada rato. Manténganse cerca. ¡es la selva! Por ahora guárdense las ganas de bañarse —nos alerta. Son ustedes los peligrosos. —No se alejen —nos recomienda papá. —¿Será verdad? —Quién sabe… pero es cierto que algunos aventureros no han regresado jamás. las orquídeas más raras están aquí. Es tan difícil llegar. la selva es cerrada. aún extrañado.

Muchachos. estrecho con la mano derecha las paticas de Supermudo afincadas en mi nuca. tal vez veremos que ahí están el gigante y el castillo del cuento Juan y las habichuelas mágicas. el largo y el corti� co que sería el pulgar. que aquí los árboles alcanzan alturas de hasta cuarenta y cinco metros! —¡Cómo va a ser. ¡Consideren. monos pequeños y ciertas clases de insectos. para no preocupar a nuestros padres procede� mos en apretado tropel. y viven aún completamente aislados. caen las sombras. están obstaculizados por una serie continua de saltos y raudales. Y tal como lo hizo mamá con mi hermana. guardianes de la selva pocas viviendas son difíciles de distinguir. si subi� mos. es decir otro ecosistema. —No —añade papá—. Lograron escapar del ase� dio español y otros peligros y acechanzas. y se esfuerza por pronunciarlo completo y sin error. —Parecen árboles de frijoles mágicos —agrega Ocho—. hacia atrás. —O me equivoqué yo. o se mudaron ellos —comenta Anfictión con su acostumbrado buen humor—. poca gente lo ha visto. ¿cómo se va a orientar?. aunque ya le tenemos confianza al am� biente y a los naturales. o por enor� mes árboles caídos que los taponan y los desvían. —Si alguien se pierde. haciendo imposible la navegación. La zona que habitan no ofrece posibilidades de penetración fluvial: los ríos. que como ustedes saben constituyen las mejores y frecuentemente únicas vías de comunicación en estas regiones. Nosotros los muchachos. Pimentel Napolitano nos guía. Desde los tiempos de la conquista se refugiaron en estas regiones boscosas de donde nunca salen. a la vez que aprieta la mano de Maigualida. Caminamos un rato. eso es casi imposible! —exclama Mor. Los Jodi han tenido escaso contacto con los criollos. —¿Y después. La verdad es que se esconden tan bien que es problemático encontrarlos. ¿cómo lo vamos a encontrar? —subraya mamá preocupada. jóvenes. esto que van a ver. lo que encontraremos es otro mundo. que desde que vio su cerro aceptó su verdadero nom� bre con entusiasmo. dentro de poco será noche profunda. dos deditos orientados hacia delante y dos. Es el de la copa de los árboles que en lo más alto está compuesto por una fauna distinta: pájaros.Los Jodi. más abajo? -207- . pero de los indígenas… ni rastro.

fue observado por pri� mera vez apenas en 1942 y desde entonces. de su automargina� miento de la vida del país. se crearía una línea de quiebre en el tiempo —ríen Mor y Ocho. expresa el asombro que yo mismo experimento. Después sigue otro. -208- . deberíamos participar todos nosotros. con el apoyo de Ocho. Deseoso de aportar él también sus conocimientos. —Una camioneta Toyota —completa Ocho. hay aún gente tan alejada. Internet. —No exageren —interviene mamá— esos objetos más bien podrían trastocar su mundo. una computadora —agrega Mor. por ejemplo la ropa que los abrigaría. asumiendo cada uno un deber. —¡En pleno siglo XXI. excluida y relegada como los Jodi! —Mor. —Depende de lo que llamamos “hacer” —me risposta papá en tono irónico—. juegos. muy pocas veces ha sido visitado. Viaje por el mundo indígena venezolano —Viene otro sistema. que fuera algo útil. cambiarles su esencia. computadoras. paujíes y guacharacas. medici� nas para cuando se enfermen. una tarea. teléfonos celulares y otros innumerables avances tecnológicos. —¿Qué podríamos hacer por los indígenas. habitado por pájaros y lagartijas. libros para leer. Allí viven monos más gran� des. se “desayuda”. vuelos interplanetarios. los zapatos.El Chamán de los Cunaguaros. —¿Y qué podríamos hacer por los Jodi? —exclamo de pronto. que a la vez que los acercara a las ventajas del tercer milenio. —Un DVD. consternado por la idea de su exigua población. preservar sus tradiciones y su ambiente? En esto. —Yo me refiero a poder proporcionarles algunas de nuestras co� modidades. permi� tiera salvaguardar su cultura. a veces algunas culebras y así hasta llegar al suelo. Muchas veces tratando de ayudar. diversiones. —Claro. intermedio. —¡Cómo se ve que ustedes ven muchas películas de televisión! ¡Tienen ya los ojos cuadrados! —remato yo. Cada uno con su propia fauna y flora. el Coronel prosigue. una responsabilidad directa y cumplirlos con ahínco y constancia. dándole a su voz un tono confidencial y secreto: —El grupo hacia el cual nos dirigimos. con televisión.

que imitan el grito de los monos en celo. erguido. su misma expresión. calidez. en nuestro mundo tan materialista. Los rasgos de su cara. por esa trocha de monte oscura. más serenos. guardianes de la selva —No es tan fácil —reflexiona papá— hacer algo por nuestros indígenas. ahora uno detrás del otro en fila india. Algo se ha hecho por los indígenas. es cierto. el único de esta comunidad que maneja algunos rudimentos de -209- . pero apenas el Coronel y Rafael lanzan llamados propios del lugar. cubierta por un muro�techo construido con hojas de palma seje. sólo con esfuerzo logro distinguirla. No se ve habitante alguno.Los Jodi. de ayudar a otros. una apacible armonía. un jodi aparece. me parecen diferentes de aquellos de los indígenas que hemos observado hasta ahora: los encuentro más abiertos. el más largo. de bri� llantes semillas negras. pureza. pero… ¿todo se ha hecho bien? ¿Todos han actuado desinteresadamente? ¿Han tenido como fin principal el bien de ellos? Y… ¿qué es exactamente el bien de los aborígenes? ¿Quién puede contestar. y me dispongo a seguir silenciosamente nuestro grupo al que el jodi. Guardo mi impresión para mí mismo. a tropezones. roncos. que no resalta en la vegetación: una armazón de palo. respetando su libertad física e intelectual. Es una morada sencilla. allá está la vivienda! Los entrego y regreso a mi Heli� pájaro. quién puede decir cuál es el bien de los indígenas. el mediano. invadida por follaje y ramas. A mí me cuesta verla. ¿Somos capaces. Volveré a buscarlos. sino ellos mismos? Un suspiro de alivio del Coronel interrumpe lo que pudiera haberse convertido en la base de un manifiesto en pro de nuestros naturales: —¡Allá. Sobre su pecho se cruzan tres collares de distintas medidas y hechuras: el más corto. alternando pezuñas de animales combinadas con picos de ave. sonidos guturales. Su mirada refleja afabilidad. cavilando sobre las palabras de papá. bien propor� cionado. de aspecto solemne y apacible subrayado por tiras multicolores que le adornan las muñecas y los tobillos. sin ningún ob� jetivo relacionado con nuestros propios intereses? Proseguimos en silencio. Admiro el brillo rojizo de su piel pintada de onoto. elaborado con plumas de gua� camayas.

el hijo mayor. para tenerlo yo también en brazos. Se lo devuelvo a Kaima. este refrigerio nos cae de lo mejor. el de Ongua. y Mitu y Hoga. como tratando de calmar a su gente. Patomu. acorra� lados. Estrecho ese bebé de grandes pupilas inocentes. Ongua empieza a hablar rapidísimo. Tiene el cabello hirsuto. se arriman en un rincón y se estrechan. las muchachas se tapan los ojos. Lo que no nos esperábamos era que todos los Jodi huyeran despa� voridos al llegar nosotros. Kaima. aromáticos cangrejos de río. carne de picure y trozos de yuca envueltos en hojas de plátano. y a nosotros nos explica: —Nunca habían visto morochos. olorosa a hierbas. que están asando en la brasa sobre un entramado de ramas. Nos atienden en la amplia cocina donde se reúnen la esposa.El Chamán de los Cunaguaros. y sus ojos rasgados parecen interrogarnos mansamente. Observo que todos los miembros de la agru� pación llevan guayucos. compuestas por algodón -210- . Otros. híspido. los de las mujeres son iguales pero más pequeños. Algunos se alejan corriendo. quien me sonríe con calidez. La cultura indígena es estructurada. La etiqueta jodi —como deduzco por nuestro recibimiento— exige que a los visitantes gratos se les ofrezca comida inmediatamente a su arribo… Después de tantos sobresaltos y emociones. Luego de tranquilizar a los suyos dándoles la mejor explicación que pudo en su lengua. Esa reacción es la más fuerte de las que hasta ahora la presencia de mis hermanos morochos había despertado en los grupos indígenas. después de presentarse con su propio nombre. que aún no camina y está casi todo el tiempo al pecho de su madre. Los de los hombres. Pero ellos creen que tus hermanos traen un es� píritu maligno que los castigará. aspiro el olor montaraz de su pelo. Los niños empiezan a llorar. ha invitado a entrar. el último hijo de Ongua. tienen forma rectangular y ellos se los amarran a la altura de la cadera me� diante un cinturón de fibra o una correa tejida de cabello humano. casi protegiéndose. Notamos con regocijo que forma parte de la familia también un bebé. de algodón. Usan mucho estas tiras o tiritas que se colocan tam� bién alrededor de las muñecas y tobillos. las hijas aún niñas de nuestro anfitrión. su piel limpia. Ongua nos invita a comer. Viaje por el mundo indígena venezolano español. Mamá quiere cargarlo un rato y luego se lo pido. a musgo. porque una vez fui a un pueblo de misioneros. Yo sí. los niños llevan sólo una tirita. tiene sus propios cánones.

Los más llamativos están conformados por plumas. ellos también aprovechan el fruto del taparo para hacer las totumas. es fácil reunir las hebras completas y trenzarlo para hacer adornos. anchas en su parte central. armoniosas. Algunos jodi tienen el lóbulo de la oreja atravesado por un canuto de caña o de colmillo de caimán.Los Jodi. En ella encontramos tam� bién aquellas costumbres extrañas para nosotros que ya conocemos: comen gusanos de muchas variedades. imitando tortugas. adornadas por un borde que luce una decoración exterior punteada. lo que hacen después de asarlas sobre hojas de higuera silvestre. Como todos los indígenas. pero la miel silvestre que recolectan es el alimento más apreciado y más codiciado. que tienen la función de platos. las vasijas de barro que ela� boran los Jodi. tal vez eso es lo que man� tiene su vivacidad. esta tarde. La alimentación de los Jodi es variada. Entre ellos. su carácter entusiasta. apiladas en un rincón. más estrechas en la boca. el plátano es el principal producto agrícola. de semicírculo. La comida se inicia con una sabrosa sopa de plátano rallado. vasos y cucharas. Las moldean con la arcilla roja y fuerte que se da al borde del río. de las cuales saben extraer el veneno con gran habilidad para que no haga efecto al comerlas. la caza es fundamental. inclusive orugas que despren� den de la corteza de los árboles o ensartan en un palo puntiagudo introducido entre las ramas y hojas de pequeños arbustos. Papá me insta a que me fije en los collares que quizás se han puesto para dar un carácter de fiesta a nuestra visita. rojas de peonía. guardianes de la selva y cabello humano. van y vienen constantemente: salen -211- . alas o picos de pájaros y pezuñas de báquiro recortadas en fragmentos de un centímetro. miel y jalea de las colmenas diluidas en agua. las secan al sol y luego las cuecen en simples hornos de piedra y leña. que entrelazan con una aguja muy afilada de hueso de mono. y que aquí. que yo ya había observado entre los pemónes quienes las llaman arañas pollito por su sabor a pollo. marrón oscuro de ojo de za� muro. indistintamente de hombre o de mujer. y para calmar nuestra sed. en forma de pez. disfrutan sobremanera unas arañas grandes. pulseras y cinturones. la recolección de frutas de palma y la pesca de cangrejos tan abundantes en los caños pedregosos después de las crecientes. son importantes. Los hay de semillas negras de parapara. Como ambos sexos lo tienen tan largo y tan sano. Admiramos.

grullas. Son los animalitos silvestres que los Jodi capturan en sus salidas de recolección y cacería. loritos. Al son de la flauta esta noche tenemos hasta teatro: lo protago� nizan unos actores de excepción. bailan. lechuzas.El Chamán de los Cunaguaros. y luego do� mestican y crían como compañeros de juego para los niños: monos. a jugar! A este punto un loro real muy parecido al nuestro reclama su rol en el espectáculo. Muy entusiasmado al ver a otro de su especie. hola! Superloro. su reluciente cabello largo. ¡Increíble! El espectáculo es de primera. los animalitos se lucen con sus mejores gracias y habilidades: saltan. quizás una señal tan esperada. Entre el humo de la hoguera. entra la oscuridad. rrr! ¡A jugar. nos vienen a la memoria otras notas similares. periquitos. perdices. se acerca a Superloro con las alas abiertas y baila también girando sobre sí mismo. Al escuchar el cautivante sonido. en la semipenumbra de la noche que cae. se persiguen entre ellos. hablan y cantan. picures. ¡rrr. Superloro. volando y girando de un hombro a otro mientras tirita: —¡Hola. especialmente cuando Superloro toma parte en la representación. saludan. entablan cómicas luchas. chigüires. sus ojos de mirada enigmática. lo saluda: —¡Hola. Aplaudimos y nos reímos hasta más no poder. brr! Su homólogo colega plumífero no se queda callado: —¡Đ∆ĭĕðĕØö¥ÿĕĕ¤! La respuesta del otro loro en el habla jodi. deja al nuestro con un aire de desconcierto. porque nadie habla español! Dirigidos y ayudados por Patamu y las dos niñas Mitu y Hoga. sus bellos collares y atavíos de plumas. luego se abrazan entre sí y con sus amiguitos jodi. tuca� nes. el frío se cuela en la vivienda. Superloro. hola. pájaros carpinteros… ¡Un zoológico completo! ¡Aquí hay que abrir bien los ojos. Superloro despliega su copete amarillo y como iniciando una amistad. Detalla� mos su cuerpo delgado pero firme que se recorta en la habitación. pavas. hola. Viaje por el mundo indígena venezolano vacías hacia el fogón y regresan llenas de diferentes víveres aderezados con caracoles y camarones de río. En el mágico tono de la melodía se nos antoja un presagio. Ladea su cabecita como queriendo escuchar -212- . Reina animación en el ambiente. nos arrimamos al fuego. lo que nos despierta una remembranza lejana. el joven Patamu se acerca tocando suavemente una armo� niosa flauta.

Superloro bosteza estruendosamente acompañado por Maigua y las hijitas de Ongua a la vez que grita. y empiezo a mecerlo rascándole la coronilla. Los re� petidos fogonazos dirigidos a los extraordinarios actores confieren al ambiente un halo de luminosidad que nos conforta. —¿Qué sabe decir tu loro? —Muchas cosas. casi de ver� güenza. luego empezó a volar y hablar. viviendo con una familia de cara� queños que los han desarraigado de su ambiente —reflexiono—. muy atinadamente: “¡A dormir. tan selvático. Yo me encargué de él. Parecía querer decir algo. lo tenía siempre cerca de mí. —¡Tú no entiendes eso. —Pobre loro. Me había dado cuenta de que hacía rato Ongua miraba con ex� trañeza a Superloro. de ninguna! Lo traemos de Caracas. Es la señal. y todos lo imitamos durante un buen rato. Papá había conseguido durante la comida el beneplácito de nues� tro anfitrión Ongua para tomar fotos. pana! —le susurro. Se había caído del nido. Por fin se decide: —¿Cómo tienen ese loro con ustedes? ¿De cuál comunidad lo sacaron? —¡No. que ya tiene encendidos dos fogones. y a todos nosotros nos da un sentimiento de pena. y para consolarlo le tiendo mi dedo.Los Jodi. —¿Como qué? —Por la mañana me llama fuerte: “¡Buenos días Telio!”. Para mayor sorpresa. Superloro empieza a reír también. Es muy tarde. —¡Pero no creo que haya volado hasta allá! ¡Y sé que en Caracas no hay loros! —Nos lo trajo un amigo yukpa. Alrededor de cada uno -213- . y ya ha disparado los primeros flashes para familiarizar con ellos a nuestros nuevos amigos. lo crié con cariño. le di tetero. Kaima nos lleva a una vivienda ubicada detrás de esta. luego papillas. Ongua se ríe a carcajadas mostrando sus dientes blanquísimos. yo también mortifi� cado. imitando la risa del jodi. vive allá con noso� tros. estaba pichoncito y todo picotea� do. guardianes de la selva mejor. a la cual brinca de inmedia� to. a dormir!”. y así me despierto con rapidez para ir a la escuela. y se quedó en familia. si volviera aquí tal vez recordaría su idioma nativo.

bien dormido. que a su vez lo contempla sin hablar. No falta uno mínimo para Maigualida. como con una corona invisible -214- . ¡Qué tierna esta costumbre! ¡Mamá jodi duerme con sus hijitos al alcance de la mano. que se recuesta ense� guida apretando entre los brazos un monito tití que las niñas Jodi le han prestado.El Chamán de los Cunaguaros. refugiado en lo más alto. nos enrollamos en nuestros lechos col� gantes que bien sirven de cobija. ¡Es suficiente para ella. tratamos de penetrar con la mirada la penumbra de la choza que la débil fogata no logra vencer. sencillas y espaciosas. melodio� sa. reforzándolo luego con tiras transversales. Viaje por el mundo indígena venezolano están suspendidas en forma de triángulo varias hamacas de algodón. y si se caen. Luego se aleja con su séquito feli� no. se oye el bramar de un venado en celo. Destellos de luna rebotados de las estrellas encienden chispas alrededor de su figura. se va acer� cando. Para protegernos del frío. desde lejos. porque Supermudo ha encontrado de su completo agrado uno de los dos postes verticales alrededor de los cuales está enrollada horizontalmente la fibra con que han elabo� rado mi chinchorro. escon� dida su coronada testa de loro real en el hueco del hombro. Es él. la oigo siempre más y más cercana. En silencio. Contempla largo rato a mi padre. Solo. el chamán! Clava en mí sus ojos amari� llos como las pupilas de los cunaguaros y yo bajo los míos. las de las niñas y del bebé colga� das por encima de las grandes. Nos enseña las de su familia. El fuego arderá la noche entera. el chamán. que no se esperaba una sorpresa tan extraordi� naria! Se duerme abrazada a la pequeña criatura de hermosa melena leonada y quizás sueñe con pertenecer a una selvática familia de estos diminutos seres. cerca del otro fogón. Una flauta. No se borra el gesto fiero y pensativo de su rostro. lleno de una majestad impalpable. ali� mentado oportunamente por una sombra silenciosa: Ongua. siempre encaramados en lo alto de los árboles. Siento mi corazón acelerarse cuando presiento su paso. pasa un ave nocturna de ligero vuelo. haciéndole comprender que es sólo hasta mañana. Presto atención. Yo también me acuesto. inmedia� tamente. Allí. fuerte. ¡Es él. nuestro bondadoso anfitrión. caen sobre ella! A continuación nos indica nuestros chinchorros. casi como un grito. Chisporrotea el fuego. a mis hermanos y a mi madre dormidos. se queda muy a gusto. Me incorporo y advierto que al mismo tiempo lo hace papá.

—¿Y quién es él? —¿Que quién es él? Un jodi sobrenatural. señor de la selva y los ríos. que siempre carga un cucurucho en su equipaje para complacer a papá. gravemente. Mantengo cerrados los ojos. a comer! —y nos invade el aroma del café recién colado en el fogón de la cocina por Carmen. el rastro del cunaguaro. que después del nombre estrambótico me regaló con especial cariño mi abuelo de Maracaibo. Respiro hondo. ese bello artefacto de brillante niquelado del cual me siento muy orgulloso. hola. el Cha� mán de los Cunaguaros. Su flauta tiene cualidades curativas. No logro volver a conciliar el sueño. y tomé con ellos café con miel en una totuma honda. guardianes de la selva en las sienes. Su palabra hace crecer en nuestros corazones el amor por lo nuestro. Flota en el ambiente un almizcle agridulce. por nuestras tradiciones.Los Jodi. Pulso la ruedita que ilumi� na el cronómetro. Me vienen a la memoria las palabras de Ongua cuando apenas acabábamos de conocerlo: —¿Les llegan visitantes? —El que siempre viene por aquí es nuestro jodi sagrado. cazador incansable. baja de su morada celestial y nos brinda el calor de su protección especial. Y luego—: Filatelio. Me senté junto a papá y al jefe jodi. me quedo realmente dormido. Papá ya empieza a traficar con las películas. su presencia hace fruc� tificar la tierra. que conversaban en voz baja. que tanto aprecia su cafecito mañanero. tal vez —murmuró en voz muy baja como arrancado de sus hondas meditaciones. Él nos vi� sita con cada luna llena. por nuestra gente. con poderes divinos. Me siento des� cansado. La una. el olor que tanto temen las lapas y los picures. como pocas veces. Me despiertan los graznidos de Superloro: —¡Hola. sino porque mide el tiempo con absoluta precisión. las tres de la madrugada. entre esperanzado y temeroso de que volviera sobre sus pasos y nos hechizara con un ademán o con un conjuro de sus labios. Por fin. —Creo que tuve una pesadilla ¿verdad papá? —Tal vez Filatelio. fortalecido. no tanto por su elegancia. buenos días. ¿de qué hablas? Me conformo con la respuesta. Aprovecha el frescor del amanecer para tomar fotos -215- . mágico. las dos.

de los instrumentos. Viaje por el mundo indígena venezolano del interior de la vivienda. Para la caza de animales mayores utilizan lanzas con puntas de metal y a veces de piedra. y para los pequeños las cerbatanas. que vemos alineadas en el suelo a lo largo de la pared de -216- . que están apoyados en el piso o colgados de las paredes en gran orden y limpieza. Los Jodi no poseen arcos ni flechas.El Chamán de los Cunaguaros.

¡Son bien largas! —Me parece. y le transmito en voz alta mis observaciones mientras él cambia los rollos: —Estas cerbatanas tienen cuatro partes —empiezo—. equipadas con una buena cantidad de dardos apretados en los carcaj. después el tubo externo —prosigo yo— y el cuarto elemento es un tubito que recubre y protege unos quince centímetros de la caña interna.Los Jodi. ar� dillas. Sé que no debo tocar los dardos. guardianes de la selva fondo de la vivienda. con varillitas del monte que aguzan con extrema rapidez y destreza —remarca mi progenitor—. La cerbatana es un arma silenciosa. —Los alcanzan. ¡Qué bien las detallé. —¿Y los dardos? Míralos. abierto arriba y cerrado abajo en -217- . pero no los toques. para que no merme su acción instantánea. papá. —Pero el carcaj —continúo después de examinarlo bien— es un trozo de caña gruesa de bambú. que pueden alcanzar los tres metros —aventuro con cierta duda. tienen la oportunidad de volver a disparar con el mismo dardo. La bo� quilla es bastante ancha. mezclado con saliva. me felicito yo mismo! —¿Qué longitud tienen por todo las cerbatanas? Calculo rápidamente. el cual sobresale en el extremo opuesto de la boquilla. Observa bien las cerbatanas. y si los ca� zadores fallan en acertar debido al reducido tamaño de las presas. que paraliza y mata las víctimas. ese terrible y misterioso veneno vegetal de los indígenas. —Muy probable. para que me ayudes luego a comentar las fotos que tomamos. Así lo hago. monos. —Luego está la caña interna. Cuando se solidifica lo ablandan me� diante fuego. Filatelio —me pide a continuación—. Aquí casi todo lo hacen con la palma seje. Creo que están hechos de corteza de seje. para que los cazadores puedan soplar intro� duciendo los labios en ella —me aclara papá. pavos y pájaros. entre treinta y cuarenta centímetros. que los cazadores aplican en forma líquida. —Pero no siempre se preocupan en rescatar los dardos que no han dado en el blanco. y cuando éstos se agotan. —Varían. elaboran otros de inmediato. Así lo hago. porque sus puntas están frecuentemente untadas con curare.

Contempla luego las puntas de las dos lanzas. Poco después. Más tarde los explotaron cruelmente. Y ahora dime. hasta que se empezó a recurrir a la fabricación de productos sintéticos. obligán� dolos a trabajar para ellos. raptándolos en sus lugares de origen. origina� do desde hace siglos. papá? —Seguramente están asustados. Después de retratar las vasijas salimos. —¡Buenos días! —la vocecita de Maigualida acompaña dos so� noros besos. se alma� cenan las lanillas de ceiba que usan para la elaboración de dardos nuevos. observándonos. y comenta: —Fíjate hijo. Viaje por el mundo indígena venezolano forma natural por un nudo de la caña. algunas con techo de caña brava. más abajo del nudo. desde la época de la conquista. —¿Acaso nos tienen miedo. Ayudo a papá que quiere montar el trípode. Una vez afuera. caucho y balatá. —¿Y cómo las consiguen? —Mediante trueque. mientras los morochos empiezan a desperezarse. para salvarse del asedio español y de los traficantes de esclavos que compraban y vendían indígenas. padre. ¿qué es esa lanilla? Papá se acerca con una nueva película y toma de cerca algunas vistas del carcaj que yo estoy describiendo. Por cierto. Es un miedo ancestral. también los criollos recolectores de pan� dare.El Chamán de los Cunaguaros. voy a fotografiarlas ya. que una vez al año en alguna expedición. varios muchachitos jodi se nos acercan de entre las hierbas altas donde habían estado escondidos. sorteando selva y río. al lanzarse del poste de ma� dera se ha enredado entre tantos chinchorros. cuando tuvieron que refugiarse en esta lejana zona de la selva. llevan a cabo con asentamientos criollos ofre� ciendo sus cerbatanas y las vasijas que tanto nos llamaron la atención ayer. ellas tam� bién. Por eso es que en la actualidad quedan sólo -218- . de la cual jamás salieron. a traer otros lentes. con métodos crueles. despertados por el vuelo desordenado de Superloro que en su prisa por seguirme. a la vez que me explica: —En la parte inferior del carcaj. a la luz brillante de la mañana divisamos otras habitaciones de hojas de palma. largas. al menos unos tres metros. las puntas metálicas de estas lanzas las fabrican con hojas de machete o cuchillos afilados.

introduce uno en su propia boca. —¡Nosotros no somos políticos! —exclaman a dúo los moro� chos—. Los demás. —¿Saben que esa canción era el himno de los antigomecistas? —se sorprende papá. especialmente entre los dos ceritos. que todos los indios son americanos! —exclamo en voz alta. pero ocultos y recelosos. que viven fieles a la tradición. qué te puede dar un indio pajarillo verde por mucho que yo lo quiera ay ay ay ay una cesta de cangrejos pajarillo verde. a través de los niños. y eso será cuando llueva. Uno de ellos lo lanza en un espacio abierto. las peleas. No se quieren quedar atrás y cantan: Pajarillo verde. parece una indígena también. —Quizás —me contesta papá— establecer la comunicación nos sería más fácil si lo hiciéramos. A esta conclusión que me alegra. y les ofrece los demás. y la música no tiene partidos. ¿O acaso lo es? A lo mejor. no obs� tante sus ojos claros y sus ricitos rubios. celebro su agudeza. se agrega el entusiasta consen� timiento de los morochos que acaban de llegar. Han cesado las controversias. con su guayuco yekuana y los collares de semillas de peonía que le han puesto. Ahora papá les está tomando fotos. Seguimos observando a los niños jodi. con las nalguitas al aire. corriendo. guardianes de la selva pocos centenares de Jodi. en el comienzo. ¡Acertaron! Este compartir con los indígenas ha constituido un gran aporte a nuestro crecimiento como familia. La niña los desenvuelve.Los Jodi. como yo pensaba antes. En eso vemos que Maigualida les tiende a los niños unos ca� ramelos que le ha dado mamá. se confunde entre ellos. Al fin extienden la mano y los aceptan. ¿Todos los americanos somos indios? ¡Pero lo cierto es. Ellos la interrogan con una mirada seria y desconfiada. —Será lento y difícil volver a ganar su confianza. lo somos todos. tratan de atravesarlo con un -219- . Su rostro se suaviza en una sonrisa. las rencillas antes tan frecuentes. Por una vez. Juegan con un aro que han elabora� do con presteza amarrando un bejuco. Muñeca. libres y sueltos en sus cor� dones.

El que lo logra de primero. Papá sigue sacando fotos. O quizás preparándose para apresar un venado. se convierte en el lanzador. elaborando en conjunto trampas para pájaros. y es muy arriesgada. a las cuales acechan. Tengo la impresión de que van a practicar las diversas técnicas de la cacería. El enfoque de su cámara cambia sólo cuando se acercan. después de saludar cariñosa y burlonamente a los niños. bien afiladas. y los muchachos aguardan en vilo para no espantar al animal hasta que antes del alba él mismo se acerque. Los adolescentes hacen más lento su paso y nos observan asombrados. y el juego continúa… Da gusto ver cómo se entretienen. —¡Míralos cómo gozan! —subrayan los morochos. El otro morocho inventa un silbido de paují fuerte y certero que hace que la marcha jodi se detenga por completo. O bien ocultos en un mirador cuyos costados han cubierto con hojas de palma o platanillo. casi marchando en una ordenada cuadrilla. Han comprendido. muy compenetrado. Me comentan que han averiguado que los jóvenes jodi deben además ejercitarse en la cacería del báquiro. unos jovencitos que empuñan lanzas no tan largas. No se detienen y siguen a paso acompasado hacia el bosque. Luego reanudan su procesión. unos muchachitos un poco más grandes se entretienen entre juego y trabajo. que se considera un asunto estrictamente individual. como un saludo alegre. con esa diversión tan sencilla y sana. sino de un instrumento de caza. Viaje por el mundo indígena venezolano palito. no sin antes repetir a la perfección los silbidos de los morochos. hechas de una variedad de bambú. Uno de ellos. Me gusta imaginarlos ensayar la imitación de los cantos de pájaros. Un poco retirados. —¡Parece que nos entendemos! —exclaman contentos los dos ceritos silbadores. el sonido los alcanza. Largo y vibrante. con puntas de la misma madera. Los miran y les sonríen con simpatía. comienza a silbar como un tucán en la espesura. cerca de un árbol frutal donde caen frutos maduros que sirven como alimentos a varias bes� tiecillas.El Chamán de los Cunaguaros. El cazador -220- . Comprendemos que no se trata de un jugue� te. entre cantos y gritos. quizás previo al definitivo. al cual como mínimo hay que velarlo toda la noche. adelantán� dose algunos pasos. y algunas para animales mayores. un recur� so para atraerlos. Mor y Ocho no resisten la tentación. al borde de la choza.

pues el báquiro es un animal sumamente peligroso por su fuerza y voracidad. Cuando deciden ata� car su presa. lo que es esencial para no perturbarlas. pero en el más completo silencio para no asustar a las abejas. juegan y ríen gozosos. Nosotros nos apartamos también. Nos indican que así debemos hacerlo también nosotros. Los Jodi caminan contentos. muy despacio se aproxima y valiéndose de un palo largo. expectantes. con su característica varita atravesando la nariz. en la que se ven obligados a encaramarse con agilidad a los árboles. He aquí que se adelanta un indígena especial. excrementos que indiquen en qué dirección se des� plazan. entre voces y cantos. o caminan� do a través de la selva hasta hallar huellas. guiándose por el fuerte olor característico que despiden esos mamíferos. ancianos y niños. trepar como monos o lagartijas y desde allí acechar al animal como si ellos mismos fuesen pumas. Luego quiebra el panal y a continuación. que sabe de este arte milenario. o cunaguaros. en plena selva. mujeres. pistas. según el decir de papá. Actúa con tanto sigilo y tanta cautela que sus movimientos parecen en “cámara lenta”. tiene lugar el más delicioso festín. se ocultan con sigilo detrás de un grueso tronco. el encantador de abe� jas. llegamos hasta el tronco de árbol que protege la colmena completamente callados. una especie de pértiga. Es seguro que encuentran emocionante esta actividad. mientras los mapires -221- . Los niños embadurnados y hartos de miel y jalea. guardianes de la selva empieza por aprender a localizar las manadas. logra bajar el panal y depositarlo en tierra cuidadosamente. en un clima de suspenso y de exaltación. Para buscarla salimos todos juntos. Con movimientos de una lenti� tud extrema. que en esta ocasión debe volverse de verdad Supermudo. ¡una colmena completa! La habían guardado para obsequiárnosla y recogerla junto con nosotros. plantas pisadas o quebradas. Ungua nos tenía una sorpresa: en días anteriores a nuestra lle� gada habían hallado en el tronco de un árbol. siguiendo técnicas antiguas que lo protegen de las terribles picaduras. Al caer la tarde. y así se lo hago comprender a Superloro. hombres. anticipando el banquete que se van a dar.Los Jodi. Los demás se retiran unos pasos y él con gestos y conjuros. a fin de treparlo inmediatamente en caso de ser descubiertos y desde allí poder disparar sus lanzas. espanta con humo a las abejas que huyen a buscar otro refugio. Comemos la miel allí mismo y nos llevamos las abundantes sobras a las casas.

Y yo los imitaba expectante e impre� sionado. Un extraño tro� pel. Mis compañeros cortan varas gruesas. gruñidos y jadeos. y otro más. mientras la manada golpea el tronco con horrendos topetazos y agudos gruñidos. y sin que nos picara ni una sola abeja. a unos cincuenta metros de nosotros. grandes y oscuros. Volvemos al poblado felices de haber participado en tan exquisita y singular excursión. Todo eso me desconcierta. mientras nosotros al fin bajamos del árbol. Los báquiros nos embestían. sintiendo su fuerte aliento en mis talones. lo flecharíamos o le arrojaríamos la lanza. Patomu y sus primos me hicieron señas de seguirlos y de adentrarme con ellos por un sendero bosco� so. Eran varios. Otros se quedan conmigo. unos raros rugidos… Salieron del bosque inesperadamente. no imaginaba la suerte que en la madrugada siguien� te me tocaría. Son los machos más viejos del grupo. inclinados entre la maleza. ¡Pero yo no veía el menor riesgo! Caminá� bamos por la selva. eso era todo. Los veíamos galopar hacia nosotros gruñendo y cuando me percaté de sus enormes colmillos corrí hacia el árbol con los de� más. tratando de no hacer ni el más leve ruido. Luego un se� gundo. Por cierto. ame� nazantes. Al despuntar el día. rompiendo ramas y hojas. ¡La cacería del báquiro! Había aceptado feliz. Pero pesan bastante. por entra� ñar considerable peligro. sintiendo que estaba viviendo una de las más interesantes experiencias de mi vida.El Chamán de los Cunaguaros. donde es menos densa la piel del animal. Muy oportunamen� te me tienden la mano y me hacen subir. El grupo se dispersa de pronto. dejando un rastro abierto en la espesura. Me habían dado una lanza a mí también para defenderme en caso de necesidad y yo trataba de llevarla al igual de mis amigos jodi. muy ufano. atándolas por las patas traseras y delanteras: así es más fá� cil transportarlas. y de ellas amarran sus tres presas. Sobreviene un ruido hosco. Viaje por el mundo indígena venezolano repletos de taparas cargadas de miel anuncian el fin de la jornada. Adelantaban sigilosos. Patomu y dos muchachos avan� zan rápidamente y se encaraman en lo alto de un bucare frondoso. Los demás huyen hacia la selva. Las cer� teras lanzas de los Jodi los han matado en segundos entrando por el cuello. Súbitamente un báquiro cae herido de muerte. despertando la envidia de mis hermanos. a quienes no les habían ofrecido participar en la aventura. A mí junto con Patomu nos -222- . y cuando apareciera un báquiro.

—Estaríamos. pero… mamá no aparece. —¿Y después? —preguntamos en suspenso. y persiguiendo las hermosas ma� riposas rojas típicas de la región. ¡Es la hora de la partida! Debemos reunirnos y aprestar nuestro equipaje. pero voy a complacerte —consiente el Coronel. Es un ser mítico. quien ha logrado fotografiar y filmar. aseado y pulcro en su uniforme se presenta puntualmente nuestro Anfictión. En las selvas cercanas a los do� minios de los Sape y de los Jodi se habla de la leyenda de Mawadi. la impresionante cacería del báquiro. por lo menos nosotros —habla Mor en nombre del número Ocho—. Véspero. Ha logrado apresar algunas y las guarda con cuidado en una taparita que él mismo había arrancado de un árbol. ¿En esa selva tan intrincada y solita� ria. en blanco�negro y en colores. que ha pasado las noches en el helicóptero y las horas del día explorando los alrededores. puedo aclararles algunas dudas. vive en el agua de donde pocas veces sale. personalmen� te. alta en el cielo. ¿no salen fantasmas? ¿Por aquí no hay narraciones fantasmales? —No es exactamente el tipo de preguntas que me gusta con� testar. y se lo re� lata con detalles al Coronel.Los Jodi. Cuando uno lo encuentra en la floresta parece muy cariñoso. que no conocen el español. El más exaltado y feliz es nuestro fotógrafo Rafael. —Así se habla. Entramos en la aldea triunfantes y todos nos salen a recibir. vaciado y perforado con agujeros pequeños para llevár� selas a su General. Me temo que no les habrá sido tan fácil conversar con los Jodi. te da una cesta a medio tejer y te pide que la termines. la estrella de la tarde. —Vamos a darle un compás de espera —ofrece cortésmente el Coronel—. guardianes de la selva toca cargar el báquiro más pesado de todos. Mientras tanto. —¿Estamos listos? —pregunta en efecto. regocijándose al pensar en los festines que tendrán en los siguientes días. Al despuntar. -223- . las extraordinarias secuencias. dando a su vozarrón unos tonos tenebrosos—. la apasionante excursión en pos del panal de abejas y yo. —Conversar no. '¡pero nos hemos entendido muy bien! —ex� clamamos satisfechos. al recordar el maravilloso teatro animal. si las tienen. o mejor se hace —aprueba Anfictión—. ¿En� tonces no hay preguntas? —Preguntas sí tenemos.

—Y no han oído hablar del tigre Uruturú? Al parecer. el maletín de enfermera de campo está abierto. al observar a mamá junto con Wayasury. A todas estas. Le da conversación. trata de cal� mar su llanto y proporcionarle algún alimento en uno de los teteritos de los cuales se proveyó antes de salir. le cuenta un relato y después se lo come. no queremos aprender a tejer cestas —se comprometen. te encierra en ella y te lleva para comerte. sentada en un chinchorro. De cuclillas en el suelo una indígena. prepara con mucho cui� dado otro tetero. con Mereka: a -224- . “para cualquier emergencia”. Al ver el trabajo mal hecho el Mawadi se molesta mucho. el Coronel tiene un repertorio fantasmal insospe� chado. Experimento ahora la misma sensación que me embargó entre los Yekuana. con un niñito en los brazos. convertido de nuevo en jaguar. —Ve tú. Viaje por el mundo indígena venezolano —Si la terminas bien. mamá sigue sin aparecer. Me acerco a un techito de hojas de palma. los morochos.El Chamán de los Cunaguaros. guiada por su voz. lo que yo aprovecho para burlarme de su nerviosismo. entonces —concluyo yo. convencidos. que al decir de los ancianos se transforma a veces en persona. —Pero por si acaso. —Exactamente —confirma el Coronel—. arropado en la cobijita rosada de Maigua. —A mí menos —puntualiza Mor. —Esto no me está gustando nada —murmura Ocho. llámala —me insta papá. —¡Qué susto! ¡Me da escalofríos! —Entonces hay que tejerla mal —acotan los morochos a una sola voz. —¿Qué animal es ese? —Es un tigre raro. en piedra del camino. te lo quita. A su lado. disolviendo algo en él. Mamá. donde me parecía ha� ber visto dirigirse a Carmen con una jodi. pero una escena inesperada me hace retroceder. y tú puedes aprovechar el momento para huir. se dedica a arreglarlo. te grita. —Mejor no cruzar la selva solos. —¡Es sólo una leyenda! —ríen los morochos pero súbitamente se sobresaltan al oír un resoplar que resulta ser el graznido de Su� perloro. búscala. —El Uruturú se acerca poco a poco al hombre que atraviesa la selva y se convierte en hombre también.

Lo curé con hierbas de Wayurami. —¿Cómo lo curó? —pregunta curioso el Capitán—. no tanto. el alemán. y con esto me gané su confianza. —¿En qué idioma? —se informa la voz irónica de Mor. ¿nos vamos? —Sí. no les gusta darles a sus hijos nuestras medicinas. Salimos. —En el idioma de las madres —susurra Carmen. son hermanas. y la jodi envuelta en sus collares de rojas semillas y su breve guayuco de hojas. el fran� cés. sabrán que además de varios idiomas. Ella. y aplicarlas? —No —sonríe mamá—. Suavemente. —El mismo. —Dándole a su amiga jodi una clase de medicina —contesto yo por ella. estaba enfermo. —Una gran calentura y tos. —¿Pero mamá. Recoge el maletín. le entrega el niño ya dormido a la indígena. ese era el mismo que hablabas con Wayurami? —Ocho. mi amiga yekuana. Estos in� dígenas son muy cautos en lo que atañe a sus críos. el de las mamás. —¿Qué? —Sí. el de los ena� morados… —¡Ese es el tuyo. —¿Qué tenía el niño. Aunque ellos las tomen. las medias to� billeras. quizás enfermo. los botines de cuero. —El de los borrachines. Pero se las enseñé a la ma� dre. al bebé le preparé un tetero de flores de manzanilla y le disolví una aspirina infantil -225- . mamá. —¿Qué estabas haciendo? —pregunta papá. siempre pendiente de las muchachas! —me agreden los morochos al unísono. ¡ustedes! —replico yo. ambas son las madres del pequeño jodi llorón. de qué? —indaga papá. entre serio y burlón. Aquí las noches son frías. mamá pertenece a este mundo indíge� na. —¿Es posible? —esta vez me sorprendo yo— ¿Ya sabes prepa� rar las hierbas medicinales. me llama: —Filatelio. Mamá me ve. quiere puntualizar. el italiano hay varios lenguajes: el de los músicos. Luego. guardianes de la selva pesar de la franela de algodón. los pantalones de dril. y el niño está recién nacido. nos tenemos que ir —susurro casi avergonzado por interrumpirla. el de los payasos. —Lo sé. Las últimas recomendaciones se las da en un cariñoso murmullo.Los Jodi.

pero protegidos por las condi� ciones atmosféricas favorables. que los acerque a nosotros sin forzarlos. -226- . Mamá tiene muchas cualidades y aún más: dedicación. ha� cia el helicóptero. ¡Cuente usted con toda mi admiración! —No es nada importante —se defiende azorada. —¡Ángel. Papá y mamá se miran como si supieran algo que nosotros ignoramos. la voz de nuestra fascinante catarata. Viaje por el mundo indígena venezolano adentro. —¡El salto Ángel! Gracias. es así como la denominan los indígenas. pero a la vez sorprendidos. Nosotros sabemos que sí lo es. algo más que una simple ayuda. Los sentimos amigos. Helipájaro y yo mismo les hacemos este regalo. colaboración. una mano permanentemente tendida hacia ellos. Esta vez. como rugido misterioso? —pregunto. —En realidad esta caída de agua se llama Churún Merú. lo que significa algo como larga cabellera. desviándonos a unos cuantos kilómetros de la impresionante cascada. afecto. doñita. Como ella comprendió. sus amigos. comparable a los de las maravi� llas del mundo. Que esperan algo más de nosotros. recorremos el camino a la inversa. temporal: quizás aprobación. Nunca se le acercan demasiado. Precedidos por el Coronel. haciéndole ver que esto era lo mismo. —Es ciertamente un rugido. algunos Jodi se nos unen. sin arrancarlos de sus tradiciones. ángel! —apoyan Muñeca y Superloro. —Caramba.El Chamán de los Cunaguaros. La creen formada por los cabellos de un ser humano y le atribuyen un significado sagrado. Coronel —gritamos todos. el rugido de Kanaima. silenciosos. Nos queda el recuerdo de este inolvidable paisaje venezolano. pero solícitos y colaboradores. Sabemos que les gus� taría volver a vernos. amor y deseo de ayudar. y el deseo de volverlo a ver. con sus conocimientos y su psicología —dice el Capitán— sería usted una valiosa ayuda para cualquier an� tropólogo. una de nuestras maravillas. y que tenía el mismo efecto que las hierbas. —¿Qué es ese ruido. la contemplan desde lejos con veneración. Nuestra ruta no la incluye. Al poco de haber levantado el vuelo. la más grande del mundo. le enseñé a preparar otros teteros con los mismos ingredientes. un rumor lejano pero im� presionante nos hace enmudecer. Asimismo lo hacemos nosotros. Estoy segura de que la fiebre se le quitará en pocas horas.

a dirigirnos a noso� tros en la colaboración que se les quiera prestar? ¿Los gobernantes? ¿Los políticos? ¿Los misioneros? ¿Los maestros? ¿Los antropólo� gos? Quizás un equipo interdisciplinario formado por todos éstos. donde una inmensa red vegetal se extiende por kilómetros. Como el Chamán de los Cunaguaros. en puente de confluencia de tantos sueños e inquietudes. -227- . Deben ser personas comprometidas a fondo. Cualquier viaje. no pue� den ser improvisadas. se ha convertido. guardianes de la selva Mientras volamos hacia otras regiones. en vínculo entre ellas. pero con la participación de algunos representantes de los mismos indígenas. intento. exploración. que ha tendido lazos de co� municación entre estas culturas. acción o decisión. y ha tratado de llamar a un despertar de las razas y etnias indígenas. de esta grandiosa naturaleza. y la nubosidad a veces se con� vierte en llovizna punzante. en reflexiones con fundamentos científicos… ¿Quiénes son realmente los llamados a acercarse a ellos. hoscos pensamientos cruzan por mi mente. deberían estar basados en estudios de las condiciones humanas. con su consenti� miento. Las acciones dirigidas hacia nuestros aborígenes.Los Jodi. identifica� das con las necesidades de esta gente.

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Ocupa el lugar de mi madre y es como ella. a través de dibujos que mi padre me dio diciendo: “Esta es tu madre”. Ella habla con voz leve como la brisa de la tarde. exacta. breve. pequeña y suave como las hierbas del camino. como pájaros o pétalos de flores. con el embrujo del puma en la mirada. hermosa. según la imagen que tengo guardada. 229 . como las piedras brillantes de los ríos son sus ojos color de miel húmedos y lentos al posarse sobre las cosas. según la imagen que ha viajado en el tiempo para mí.Palabreo para Carmen Carmen es morena y menuda. Carmen es criolla. callada. Y se veía una mujer en plenitud lunar.

-230- .El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano Carmen no tiene su sonrisa. Pero la siento cercana. su piel de hierba me recuerda la piel de nuestra gente. esa sonrisa de flores y frutas que se ve en la imagen de mi madre. Siento su voz amiga y presiento que también su imagen quedará presa en mi memoria.

Con el tiem� po. Al borde del caño donde nos deposita el Co� ronel. Recorrían la selva a lo largo de rudimentarias trochas. por cortos trechos. atravesaban los caños equilibrándose en pa� sarelas de lianas. han empe� zado a aventurarse por aquellos ríos selváticos parecidos a acuáticos caminos. Pero no teman. han aprendido a manejar curiaras. El Amazonas. no me sería posible aterrizar. A veces. Antiguamente los Yanomami eran un pueblo de tierra firme. al oscurecer. o construían balsas con tallos de plátanos o con maderas livianas ensambladas entre sí. llamado pulmón vegetal del mundo por sus 231 . Yo entiendo la recomendación de Anfictión. relatarlo. No sé si lograré describirlo. Habíamos llegado al territorio yanomami luego de un vuelo bas� tante largo. desconocían el arte de la navegación. una canoa nos espera. Noto que papá los mira sorprendido. confíen en ellos —lo tran� quiliza Anfictión.Los Yanomami. se dejaban llevar por la corriente en troncos huecos de palmas. Algo así no habríamos podido ni si� quiera imaginarlo. a tallar canaletes. tam� bién comparto la preocupación de papá. hijos de la luna Nos embarga la emoción. con cierta aprensión. —No puedo llevarlos más cerca. Sin embargo. la selva es demasiado tupida. con dos jóvenes a los remos. o al menos.

presta a ambos un aire de seriedad. Luego se vuelve aterekou. Superloro ha estado con la oreja aguzada. son inocentes. importante. Nos saludan. de cuerpo armonioso y mirada apagada. plantas. Xoto es más alto y fornido. el número 100. que inspira confianza. ¿Y ellos dos? Ellos son huya. pues pata significa maduro. Viaje por el mundo indígena venezolano intrincados bosques interminables. como papá. Nosotros. está surcado por centenares de vías fluviales que constitu� yen la única forma de comunicarse entre los poblados asentados en lo espeso de la selva o en las riberas de los ríos. a los cuales no dan enseguida nombre propio. costumbre parecida a la de los monjes franciscanos pero anterior a la penetración misionera. dos hermanos de buena disposición que han cursado en la Misión Católica la primaria y dominan el español. de solidez. Acosan a los remeros con preguntas y averiguan también que de los niños pe� queñitos se dice que son mojodi. Los morochos aprovechan enseguida para aprender la palabra ihuri y su significado. que se adelanta escoltada por papá. cami� na en cuatro patas. muy atento. en cambio. parece que estuviese recordan� do en sueño paisajes melancólicos. “pequeño”. adulto. hombre. al año auprao. entonces. se para. El viejo es wero pata y la vieja suwe pata. Mientras nosotros nos impresionamos con la amplia gama de palabras para designar las edades y mis hermanos las repiten con deleite. Al acercarnos a la embarcación nos anima la actitud responsable y cordial de Xoto y Makobi. Un bebé recién nacido es a shatio shoave (aún mama). es más delgado. juega. El corte de cabello típico de los Yanomami. sube —le dicen sonriendo y tendiéndole la mano a Maigualida. ayudan a mamá a acomodarse en la canoa y luego: —Adelante. sus músculos destacan brillantes. plenos de una inmensa diversidad de fauna y flora y constantemente amenazados por la invasión del hombre. Aún más bonitas son las palabras que se usan para los bebés. como -232- . animales. y por fin a pata waikiwe. o sea que no saben. ya es grande. humanos.El Chamán de los Cunaguaros. que son mogave. De los niños grandes. sus ojos son agudos y penetrantes. Makobi. Los indígenas que se des� plazan por ellas tienen que conocerlas perfectamente para internarse en la espesura sin correr el riesgo de extraviarse. ihuri. dejándose una tonsu� ra en la coronilla o en la fontanela de la cabeza. sagaces. que se utiliza tanto para las cosas como para los seres vivientes. mujer. somos mogave. corre. saben lo que hacen. Mamá es moko.

pero sobre todo de los criollos. cachamas. nuestra dieta preferida. que nos envuelve y nos protege. Repentinamente nos asombra gritando. Superloro! —lo aplaudimos. —¿Y los que no son Yanomami. Los cursos de agua son nues� tros amigos. después de navegar por los ríos y visitar a veces los po� blados de otros indígenas. —¿Cómo encuentran el camino en este laberinto y en tanta pe� numbra? —les pregunta Mor. —Pero los Yanomami no son navegantes. —¿Los protege? ¿De qué. siempre volvemos a nuestra selva. pata! —¡Qué brío. qué hacen si se pierden por aquí? —pregunta Mor. ni esca� mas. no viven al borde de los ríos. casi todos techados por un inmenso tejido vegetal de lianas. hijos de la luna escuchando. -233- . y también muchos kerepes. impresionado por esa navegación zigzagueante. sino que en ellos hallamos nuestra principal fuente de sustento. que para nosotros son una amenaza no sólo por la posible dependencia a la que nos someten. de las fieras? —En parte. con las alas abiertas: —¡Hola! ¡Pata. hojas y bejucos. el menor de los hermanos—.Los Yanomami. abundantes en la temporada de lluvia. cubierta de hojas. bravo. pata. no habitan en embarcaciones… —No. —¿De veras? ¿Por qué? —Porque no sólo nos permiten movilizarnos. —¿Saben qué son los kerepes? —puntualiza Xoto—. —¿Y en qué consiste esa dieta? —Bagres. Nos gusta mucho agregarlos a la sopa con caracolitos de río y camacutos. camacutos. Muy cómodos en la embarcación consumimos una sabrosa en� salada de palmito y yerbas aromáticas recogidas entre los Jodi. y conversamos con nuestros guías mientras nos transportan hábil� mente hacia el campamento cruzando a través de una red de caños y pequeños riachuelos. pero sustanciosos. Superloro. camarones y cangrejos de río. —Los Yanomami siempre encontramos el camino —afirma Makobi. sino por las enfermedades que traen consigo. más verde que azul. Son peces muy pequeños. enri� quecidas por ruedas de huevos de iguana ofrecidos por los mismos. no tienen casi espinas.

encontrará la salida. —¡Bravo. se celebran las victorias. Sólo lo saben hacer los arpistas locales. prepara la cámara! ¡Un pájaro campana! Pero al momento otro supuesto pájaro campana que es Ocho. al oír el canto del pájaro campana. pero ellos también tienen sus re� cursos. Shabono. bravo! —refuerza Xoto. —¿Cuáles recursos? —estoy sorprendido. cuya figura se balancea entre los colores del crepúsculo en el borde de la canoa. se reciben las visitas intercomu� nitarias y ejecutan las danzas colectivas. Recuerda el suave. palos y nudos de fibra vegetal. Viaje por el mundo indígena venezolano —A veces pasan trabajo. lo llaman ellos: un gran techo de forma circular. Toda la familia se siente orgullosa por esta alabanza. como dicen ellos. Papá. abierto hacia adentro a un patio común donde se derrama la luz y donde. Me sobresalto: —¡Papá rápido. “se juega la vida cotidiana”: se realizan las fiestas. el mismo de cuando se confabulan para hacer alguna tra� vesura. algo ovalado. Tiene una voz armónica que pareciera reproducir fielmente el tañer de una campana con su repique alto y melodioso. Así mismo canta ese pájaro. del tamaño de un loro pero con un copete de caca� túa. melancólico sonido de las campanas del Ángelus. despertando el rego� cijo de los dos remeros. —Dicen los mineros criollos que si uno se pierde en el Amazo� nas. cierro los ojos e intento descansar. Empieza a caer la noche cuando llegamos al campamento. Como me encuentro cabeceando. y al ver que mis hermanos ya incorporaron a su amplio repertorio ese her� moso canto amazónico. que era Mor. yo mismo creo escuchar el canto del pája� ro campana. se -234- . —¿El pájaro campana? ¿Cómo es ese pájaro? ¿Cómo canta? —Ocho manifiesta una gran curiosidad. conocedor y familiarizado con la zona y su fauna. ¡Otra broma de mis dos ceritos! —¡Bravo! —los alaba Makobi—. le responde al primero. cerrado en la parte de afuera hacia la selva con paredes de hojas de palma.El Chamán de los Cunaguaros. trata de satisfacerla: —El pájaro campana es un ave blanca característica de los bos� ques amazónicos. Es bien difícil imitar su canto tan melodioso. Poco después. Noto que Mor y Ocho tienen su característico brillo pícaro en la mirada.

que. inquietos y asombrados asistimos a la sorprendente ceremonia que se desarrolla ante nosotros. el rojo simboliza la vida y el negro la muerte. hacen fiestas. El poblado circular no es simplemente un lugar de residencia: es un círculo mágico entre el hombre y la naturaleza. Pero es a la vez un rito: el reahu-mou. sumidos en su recuerdo y en su dolor. Llantos y plañidos nos estremecen. bailan. El negro lo obtienen del caruto. ollas. nos adentramos en el shabono tratando de no perturbar a los indígenas que. Nos sentamos en una es� tera en el borde entre el espacio techado y el descubierto en el cual están prendidas algunas fogatas. Protegidos por la penumbra. igual hago yo con Superloro en todo el tope de mi cabeza. desnudos como es costumbre entre los Yanomami. adyacente a los objetos de uso diario. tabaco. es cuando se reúnen. Es la hora del acercamiento a los difuntos. en el cual los Yanomami ingieren las cenizas de sus muertos. fruta de un árbol muy alto. detrás de seis chinchorros destinados a nosotros alrededor de un fogón prendido. Mamá acuesta en su regazo a Maigualida. racimos de plátanos. para acogerlos dentro de sí y darles vida en la eternidad. que encuentran al escarbar su� perficialmente el suelo y lo extienden ampliamente por todo el cuerpo en señal de luto y dolor. una clase de palma que produce un fruto considerado festivo y simbólico por los Yanomami: cuando madura y lo recogen para cocinarlo y convertirlo en manjar. mejor dicho embadurnados o coloreados en caras y cuerpos. refleja también la organización social. Al asomarnos al patio. Agrupados alrededor de nuestros padres.Los Yanomami. los colores poseen una lectura simbólica: el negro y el rojo son sus dos matices fundamentales de ornamentación. parecen no advertir nuestra presencia. Todos están pintados. Al� gunos llevan los atavíos ceremoniales y los adornos sagrados. es el espacio ceremonial donde se libran sesiones de curación. Entre ellos. con reflejos rojizos. hijos de la luna despide a los muertos. el orden cósmico y expresa una visión simbólica del tiempo y del espacio. que consiguen a veces caídas a flor de la tierra. Colocamos el equipaje bajo la porción de techo que Xoto nos ha asignado. un espectáculo extraordinario e inespe� rado nos sobrecoge: es la celebración del pijiguao. al fondo. También lo usan los guerreros y todo el que -235- . de iniciación chamánica y donde lo sagrado se incorpora a la vida cotidiana. como sabremos después. o también del carbón natural. de negro y de un fuerte color ocre. Adultos y niños se reú� nen en círculo.

El rojo se obtiene del naroa u onoto. es un color pacífico y alegre. empiezan a bailar a la luz de las fogatas una extraña danza: alineados o casi. y las han guardado en unas totumitas selladas con cera de abeja. Algunos em� piezan a salmodiar y suben el tono de la voz hasta hacerlo a gritos. de pelo negro oscuro. Viaje por el mundo indígena venezolano esté dispuesto a matar. El rojo. El marrón o violáceo es índice de la transición entre vida y muerte. Todos lloran o se lamentan desgarradoramente. también luce coloreado su cuerpo desnudo. avanzando y retro� cediendo a la vez. Luego. especie de oraciones nocturnas que duran hasta el amanecer. se utiliza para enamorar. rollizos. Cantan los waya-mou. y hojas de palma en las manos que agitan y hacen zumbar delan� te de ellos: estas hojas simbolizan la presencia de los hekura o espíritus de la selva. cantos o diálogos rituales. Bien proporcionados. que son todos hermosos. intenso colorante natural vegetal que sirve como repelente contra la plaga y para curar quemaduras e irritaciones. y que renueva el pacto del hombre con la naturaleza es el alimento de mayor consumo entre los indígenas. grandes ojos brillantes. aso� ciado a la sangre y a la luna. dirigente moral de los Yanomami. con los brazos extendidos hacia los lados simulando alas. En el amplio patio. realizan carreras hacia delante y hacia atrás. durante los cuales hacen el elogio de los fallecidos cuyas cenizas se van a repartir en el encuentro. que protegen y dan energía a los Yanomami. los pequeños yanomami destacan entre los más bellos niños de Vene� zuela. llena de sopa una totuma más grande. ya coloreados completamente rostro y cuerpo. Revuelven la mezcla lentamente. El plátano. También los niños participan en el baile con el rostro y los bracitos embadurnados de arcilla blanca: parecieran pintados con la misma blancura plateada de la luna. Las madres de los difuntos se hacen manchas circulares oscuras en la cara con la ceniza y las llevan como homena� je hasta que desaparezcan naturalmente. mientras arrecian lamentos y lloros.El Chamán de los Cunaguaros. alguien que por la auto� ridad y prestigio de que goza evidencia ser el chamán. las vierten en una batea en la cual aún humea una sopa de plátanos verdes recién preparada. empapados de la luz lunar. manifiesta alegría. y de ella toma pausadamente un largo -236- . cachetes prominentes. que crece espontáneo en la selva sin estar sometido a ninguna técnica de cultivo. Al comenzar el rito. Las parientes las recogieron de las altas hogueras de brillantes llamas donde los Yanomami acostumbran quemar a sus muertos.

hay una energía vital que nos mantiene unidos. que parece un ente vivo. palpitante. un frío súbito nos hiere. entre la vida y la muerte. suspiramos. ruidos de la selva húmeda. hacia el alba. y uno tras otro conscientemente absorben las cenizas de sus muertos a los cuales deben la continua� ción de la vida. a la cual deben la subsistencia. chillidos de monos. hijos de la luna sorbo. casi al unísono. Detrás de nosotros. Mamá con Maigualida dormida en los brazos. agazapado en la semioscuridad. gorjeos de pájaros. Todos cercanos. estremecidos por una turbación nueva. papá. una fuerza que nos vivifica y conserva con salud. y el rumor de la rama quebrada por los monos al preparar su yacijo para la noche. en la muerte? Hoy. y entre la muerte y la vida. reconfortándonos uno al otro con nuestro cariño. los morochos y yo mismo. Los llantos han cesado completamente. unida toda la familia como un puño. rodea nuestros hombros. el silencio está tan borda� do de gritos guturales. uno cerca del otro. Mi hermanita empieza a toser. que es el chamán. amparados por el afecto mutuo. alguna vez. ¡Ojalá todas las familias pudiesen tener estos víncu� los que vemos tan evidentes también en las comunidades indígenas! La noche va cayendo con desgano. mezcladas con la sopa hecha con el fruto de la tierra. no se oye ruido humano mientras dura la ceremonia de absorción de la sopa. seguimos sentados en el umbral del shabono. Sin embargo. hay un lazo indisoluble. una continuidad permanente. el repiqueteo del carpintero. sin� tiendo la serena conciencia de estar vivos. ¿Con qué cobijarnos? -237- . según los Yanomami el que narra los mi� tos. yo me he dado cuenta de que. Sólo nos envuelven el viento. La pasa a los más próximos. entre los in� dígenas Yanomami. pero a la vez asomados al abismo insondable de la muerte como quien se asoma al borde de un pozo oscuro de la selva. pero su actitud distante y compenetrada nos detiene.Los Yanomami. ¿Han pensado ustedes. el eco de los pájaros en la selva. todos juntos. Todos sentimos un nudo desagradable en la garganta. Sin embargo. cualquiera que sea nuestro credo y nuestra religión. Quisiéramos acercarnos a ese ser espe� cial. siete con Superloro. con esa aura mágica. mientras sus seguidores hacen esfuerzos para rodearlo y aislarlo. Agobiados de cansancio —el día fue tan intenso— nos dejamos caer pesadamente en las su� tiles hamacas de lianas. Entre nosotros seis.

El sol debe estar alto cuando los morochos y yo despertamos. ¿Acaso no lo apagan nunca? A nuestro alrede� dor una hilera de chinchorros. más de treinta grados. La belleza de los ornamentos. Viaje por el mundo indígena venezolano En el territorio yanomami se nota aún más la gran diferencia que hay en ese bosque tropical perenne. hasta demasiado. que desciende hasta los doce grados. Nos llama la atención la extensión de pinturas y la abundancia de adornos que todos llevan: más que todo plumas. se persiguen a lo largo del círculo que forma el techo del shabono. Quisiéramos saber algo más al respecto. Poco después observo que mis dos ceritos se han dado a la tarea de apresar y comer ellos también las hor� migas voladoras. para familiarizarse antes de tomar las fotos. y distintas taparitas llenas de miel. que mezclan con agua. pero el fogón continúa prendido aunque ya sin llamas. es energía. Pronto una sombra amiga se desliza hacia nuestro fogón. se mezclan. hábilmen� te. reanudamos un sueño tibio y tranquilo. Cobijados bajo el shabono. y flores. ellas. No hay gente en ellos. más altos. entre ellos. e introducen en totumas para comerlas con deleite. así como sus atavíos simbólicos y cere� moniales. admiramos la fuerza de los relámpagos y al rato vemos que los indígenas atrapaban con los dedos. empezamos a preguntar. atravesados. su� mamente caluroso. Todos se han levantado. la tos se calma. es el reflejo de la belleza de los espíritus. La llama nos apacigua. atiza el fuego. se explayan: —Parecen cotufas. el cuerpo desnudo. y de la cual tiene muchas va� riedades. -238- . papá nos había explicado que la pintura facial y corporal de los indígenas. pues al estado natu� ral son tan duros y resecos que ni siquiera Superloro logra romperlos con su pico aunque lo intente varias veces. Una lluvia recia se abalanza repentinamente sobre el poblado. Cuando ven mi gesto de asombro. aña� de leña. y la de la noche húmeda y fría. pero se acercan Xoto y Makobi que nos interrumpen para ofrecernos frutos de pijiguao afortunadamente ya cocinados. la cual puede ser dulce o agria. ellos. Veo el celaje de sus largos cabellos al pasar.El Chamán de los Cunaguaros. entre la temperatura del día. Durante el viaje. Salimos al patio. donde papá ya conversa con varios integrantes del grupo. las hormigas voladoras que salen con la lluvia. en triángulos. El aire ya es caliente. armonioso y ágil. son medios de seducción y transfiguración espiritual. más bajos.

por lo menos en los territorios amazónicos. —Lo es. pensando en la trascendencia y en la anti� güedad de esta costumbre. Mor rompe el silencio con una reflexión lamentablemente personalista y llena de pragmatismo. Me quedé pensando en el sabor que tendrían. quemar a los muertos como hacen ustedes en lugar de enterrarlos. creo que es conveniente. Me satisface que ustedes. ¿De verdad serían sabrosos? ¿Los comería mi hermano indígena? ¿Comería otros insectos? —¿Se asustaron anoche? —Makobi se nos dirige a nosotros los muchachos. cada vez me estremezco. ¿no es cierto? —Quemar o enterrar un cuerpo sin vida viene siendo lo mismo —contesta Xoto un tanto resentido al advertir que las observacio� nes de los Morochos se refieren a los detalles. —Es un rito profundo y simbólico. —Yo también pienso que influyen razones higiénicas —insiste Ocho con el mismo desatino de su hermano—.Los Yanomami. Callamos un rato. pero quisiera preguntarte si todos lo aceptan. quemándolos y absorbiendo sus cenizas. Aún lo estamos. —Yo también. con el calor del trópico. —¿Sólo los Yanomami lo practican o también otras etnias? —Los Yanomami son los únicos en practicarlo. —No. Enterrar a los muer� tos en la selva. entiendan su significado. Para nosotros lo importante es que. viviendo en este medio tan cálido. —Así lo percibo yo —interrumpo convencido—. A pesar de asistir a esta ceremonia nuestra regu� larmente. —Esto —contesta Xoto muy solemnemente— debería yo pre� guntárselo a ustedes. ¿Qué opinan? -239- . hijos de la luna —¡Son exquisitas! Afortunadamente la lluvia cesó cuando se disponían a darle a Muñeca algunos de estos inquietos volátiles. —Aparte de que la absorción de las cenizas de los muertos es una impresionante tradición. mas no al significado profundo de la ceremonia—. aseguramos su presencia. participación y continuidad en nuestra estirpe. siendo criollos. podría dar lugar a una epide� mia. o si esta costumbre es motivo de críti� cas y menosprecio hacia tu gente. pero estábamos impactados.

Aprovecho el momento para confiar a mis hermanos y a mis amigos algunas de estas inquietudes: —Creo además que en su pensamiento. Parece saber más este joven aquí en la selva. que había vislumbrado antes. desde que empezamos el viaje. por� que comprendo que Mor y Ocho se sienten cohibidos. qué porcentaje representan? —me decido a preguntar yo mismo. —A mi juicio. me es� timula a continuar. nuestros indígenas no son inferiores. Estoy ha� blando de cosas importantes.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano —Diría —respondo por todos— que la mayoría de los que des� precian a los Yanomami. desco� nocimiento. que según nuestra propia estimación sobrepasa las 500. lo hacen por ignorancia. Medito un instante. porque este es un discurso difícil. Los morochos con su habitual curiosidad quieren indagar más: —¿Todas las comunidades yanomami son así como esta? ¿Hay muchas? ¿Dónde están ubicadas? —Los Yanomami somos unos 10. a los Piaroa. los indígenas demuestran una intensidad y coherencia propias de una cultura antigua y sólida. como si dijera “profesor”. Cavilamos un rato. que nosotros en la mismísima capital. Xoto tiene un brillo húmedo en los ojos: —Sigue. salvajes o inferiores. ¡Nos avergonzamos de oírlo hablar con tanta propiedad. pronunciando mi nombre con solemnidad.000. fija en mí con aprensión. La mirada de los dos hermanos. Somos todo oídos.000 almas que se contabilizaron en el censo del año 2000. Otros tantos pudiera haber en Brasil. pero en las cuales pienso insistentemente de día y aún más de noche. ligereza. —Considerando —prosigue Xoto alentado por el interés que ha despertado— que la población indígena representa aproximadamente -240- . Representamos el 5% de la población indígena de Venezuela. pues nuestra etnia ocupa una extensión geográfica que se reparte en dos áreas de casi igual extensión entre Brasil y Venezuela. Y tienen derecho a serlo. sino dife� rentes. a todos los indígenas tildándolos de irracionales. y de lo poco que sabemos! —¿Con respecto a la totalidad de los habitantes de Venezuela. hasta diría en su filo� sofía. Filatelio —me dice. sin que por ello se les considere infe� riores.

apenas el 0. batata. por indígenas. para los plátanos es siempre mayor. quiero decir que se desplazan dentro de nuestro territo� rio. hay un estado poblado en su mayoría. —No. —Pero. Pero… —Pero… ¿qué? —estamos pendientes de sus palabras. Paragua. todos nosotros. el estado Amazonas. ¿Cómo logran ser fieles al pasado. Caura. cambur y yuca requieren un suelo compacto y perennemente húmedo. Ventuari. nos encontramos con que en esta región. su mirada se hace altiva cuando prosigue con voz firme—. estableciéndose en lugares aptos para levantar distintos conu� cos: plátano.25% de la población total de nuestro país.Los Yanomami. Su afirmación nos sobrecoge. se mudan de la selva? —exclaman al unísono los morochos. hijos de la luna el 1. necesitan el suelo movido. nuestra propia cultura como gente. en cambio el plátano. Todos. mapuey. con su acostumbrado desplante. maíz. ñame. al� gunos son caminantes. ñame y ocumo. aireado y arenoso. —¿Cómo es eso? —Pues nos vamos de esa zona a otra y levantamos otros conu� cos. —Pero si hacemos un cálculo regional. sino dispersos a lo largo y ancho del territorio.04 %. como pueblo —el cuerpo delgado de Xoto se yergue. nuestro porcentaje sería insignificante. y luego dejamos que la tierra descanse. especialmente en las regiones del Alto Orinoco. a las antiguas costumbres? —Porque lo que nos une no es sólo la tierra. No lo sabíamos. El rie� go también es distinto. —¿Acaso migran. Y además. —¿Y por qué tantos? ¿Por qué no siembran en un mismo conuco todos los vegetales? —Porque las raíces como batata. sino nuestras tradi� ciones. ni lo habríamos imaginado: en Venezuela. dónde están ubicados los Yanomami? —Nosotros realmente no estamos agrupados. para que el lugar anterior regenere su suelo. Acos� tumbramos recoger dos o tres cosechas seguidas. ocumo. la mayor parte de la pobla� ción es indígena. su pecho se infla. ¡Eso es notable. todos los -241- . Cuchivero. si están tan esparcidos y constantemente se mueven —inquiere Mor—. y de gran importancia! —¿Dentro del estado Amazonas.

de lo cual me alegro. Por fin. Nos ayudan en todo. y ni siquiera de los arcos. y que no se dejen doblegar. que encuentra las palabras adecuadas para apoyar esta determinante declaración: —Que defiendan siempre sus tradiciones Xoto. Se nos ha acercado papá. —Empecemos a salir a la selva —nos anima el joven— para que conozcan mejor nuestro ambiente. ofrezcan. mediante un nudo simple la fijan al tensor que han elaborado con la corteza de una especie de yagrumo. Es nuestro único y mayor orgullo. me atrevo a preguntar sobre algo que me apasiona: —Explícame cómo hacen los arcos y las flechas.El Chamán de los Cunaguaros. —Todo a base de plantas. los Yanomami. sentirse tan unidos con alguien aquí en la selva. es nuestro deseo. Viaje por el mundo indígena venezolano Yanomami mantenemos nuestras tradiciones. Que reciban. Una estrecha comunicación se establece entre nosotros. burlón. Percibimos que ellos dos se entienden. Regresarán los cazadores. y luego la trabajan con la mandíbula inferior del báquiro. las plantas son nuestras amigas. —Sí. Ocho. la misma que uti� lizan para las cuerdas de los chinchorros. cómo los usan. ni de los árboles. y la embadurnan con una savia negra y espesa. ni de los cazadores. la mirada clavada en las pupilas claras de papá. con amigos aparentemente mucho más afines. —¡Y pregúntale qué piensa el báquiro! —asoma. volverá el aviador… y si no nos apresuramos no habremos tomado fotos. convirtiendo en risueña la expresión nostálgica de Makobi. separan una astilla larga y estrecha utilizando machete y hacha. —Los hombres tallan los arcos con la madera de las palmas de pijiguao y seje. Xoto no les presta atención. entonces —concluyo. pero que sigan siendo ustedes mismos. que todos nos enten� demos. -242- . —¡Pero de qué instrumento tan raro se valen! —interrumpe Mor. y prosigue: —Después pulen con cuidado la madera frotándola con hojas rugosas del árbol pourouma. ni de las flechas… Aprovechando la buena disposición y el ánimo sereno del mo� mento. compartan. Es apasionante. —Así será —contesta Xoto con decisión. como a veces no nos sentimos ni siquiera en nuestra ciudad.

Por todo tienen más de dos metros de largo. ¿todas las flechas están envenenadas? ¿Y con curare. teníamos la sospecha. los ríos. casi nacimos con ellas. esa inmemorial arma indígena. hijos de la luna Es impresionante este vínculo de los indígenas con la naturale� za. —Entonces. las cuales se le fijan con un hilo fuerte que se enrolla alrededor del fuste de la flecha. Antes. las plantas. entre las barbas de las plumas. que llevan muescas transversales para que se quiebren en la herida. debe llevar dos medias plumas de paují. se direccione y vuele bien. hay tres tipos: punta lanceolada con di� ferentes bambúes. —Supongo que las puntas son aún más importantes que las co� las —ya casi me figuro ser un cazador indígena con su carcaj y sus flechas preparadas. Está hecho con un fragmento de bambú cortado de manera que uno de los tabi� ques transversales sirva como fondo. el curare. qué grandes! ¿Cómo las llevan? —Ya estamos más que acostumbrados —prosigue Xoto—. —¿Y las flechas. de forma que el veneno se disuelva rápidamente en la sangre. Se completan con dos elementos muy importantes. y puntas encorvadas de palma. Cerramos la abertura superior -243- . de que los indígenas aún hoy día usaran su típico y mortal veneno. que las contiene y aísla. —De igual importancia. y se endurecen con fuego. —¿El veneno dijiste? ¿De verdad? Hasta este momento. la cola y la punta. hecho con madera del árbol “pata de grulla” y tallado con un buril que se amarra al extremo in� ferior de la verada con una cabuya untada con resina de paramán. puntas de arpón con una astilla de hueso afilada y sujetada a la madera de un arbusto apropiado. sí. Ahora. —¿Pero no es peligroso cargar flechas envenenadas? —Para eso tenemos el carcaj. cómo se hacen? —Se hacen con el tallo de la caña brava.Los Yanomami. para que la flecha se dispare. pero no la segu� ridad. supongo? —Entre nosotros. lo apasiona. las puntas de las flechas se envenenan. porque continúa con énfasis: —En la cola se le inserta un talón. que cultivamos con este propósito. La cola. —¡Uy. Está claro que la descripción de la flecha.

para lo cual han reunido cantidades de flores frescas y perfumadas. Predomina el color rojo. Los masculinos consisten en brazaletes confeccionados con piel de paují. —Mira.El Chamán de los Cunaguaros. manifiesta paz. solas o una a otra. repartiendo la comida a los niños y arreglándose ellas mismas. que se ciñen a la frente ajustándolas con hilos de algodón y completan con una vistosa diadema de plumones de águila o gavilán. ¿por qué no aprovechas para que te abran las orejitas tan chiquitas que tienes y te pongan unos zarcillos? Trato de perseguir a Mor para darle su merecido por lo que acaba de decir. —¡Mentirosos! ¡Serán ustedes! Pero enseguida callamos y nos quedamos embelesados viendo algunas jovencitas hermosísimas en sus atuendos naturales. Los llaman pauxi. Tuponken. tallos o ramitas de plantas. barriendo. para despiojarse. o plumones de guacamaya azul o amarilla. tan frecuentes entre ellos. cuando Ocho me grita. alegría. Práctica quizás necesaria. A la vez que recorremos el recinto. La acción de pintarse se denomina oni mou. de flores. que al simbolizar la vida. vamos en camino. y algunos con vistosos aretes. los detallamos. sirve para enamorar. —¡Qué buena explicación! —aprueba nuestro padre—. tienen otra bastante extraña para nosotros: se pasan constantemente por la cabeza. Pero aho� ra. y adornos femeninos. Se embellecen además con coronas o cintas elaboradas con la piel del mono araguato o capuchino. sus típicos peines de espinas. Y yo tengo una linda sorpresa: reconozco el largo y flotante cabello. pauxi mou. Hay adornos masculinos a base de plu� mas y pieles o huesos de animales. indicar disponibilidad. corriendo para que no lo alcance: —¡No lo niegues! Tú querrías ponerte zarcillos y un piercing en el ombligo. las -244- . Viaje por el mundo indígena venezolano con una piel de animal. Los adornos son muy importantes para esta etnia. Atravesamos el extenso patio donde las yanomami ya están tra� bajando. Al lado de esta costumbre tan agradable. aceleremos el paso. y lo llevamos colgado de un cordel sobre la espalda. la de adornarse. limpiando. especialmente las más jóvenes. pero… Desde la mañana las indiecitas. también alude al amor. Nos ex� plican que para ceremonias oficiales los hacen de garza blanca real. de los cuales cuelga un plumón de pecho de tucán. están pintadas y llevan adornos.

el cuerpo cimbreante de la muchacha que avivó el fogón: es Wasari. Algunos antropólogos nos han dado nombres ficticios. pero no es correcto. estarán muy en� tretenidas. Ella. y los engalanan con hierbas y flores fragantes. alrededor de las muñecas. Sanema. se los incrustan en el tabique nasal o bien en la boca. como “hijos de la luna”. A mamá. Podemos dejarlas sin contemplaciones. aspiran juntas su perfume. lo que significa “ser humano”. En cambio. más bien los ilumina la blanca luz de la luna. Más tarde las acompañarán a los conucos donde van diariamente para cultivarlos. es hasta más importante que el sol. que obtienen del bambú o de las ramitas finas de la planta payoari. significa “extranjero”. Mamá y Maigualida se sienten felices entre las indígenas. tal vez a causa de que en estos bos� ques poco penetra el sol. las cuales siempre se conservan blancas. Yanam que son variaciones regionales del gentilicio común. —Este nombre se ha generalizado. lo con� sideramos despectivo. Los llaman hiyo kasi husi kami con ellos desde temprana edad se perforan las orejas.Los Yanomami. -245- . Se intercambian flores. hijos de la luna piernas ágiles. y quisiera quedarme más… —Déjate de pájaro bravo —me comenta con sorna Ocho que ve el éxtasis en mis ojos. Los adornos femeninos que observamos en estas jóvenes tan compuestas y agradables. debajo del labio inferior. ¡Fabuloso que pregunte eso al empezar la marcha! A mí también me interesa. consisten principalmente en varitas o palitos. en el cabello. waika. que se enteró y luego comentó todo esto. perteneciente a otra comunidad. o de que estamos siempre pendientes de ella: sus fases nos indican cuándo podemos cortar los troncos para nuestras casas. —¿Por qué a ustedes mucha gente los llama waika? —le pregunta Ocho a nuestro guía al adentrarnos finalmente en el tupido bosque. Me quedo rato admirándola. para nosotros. tales prácticas le recuerdan la acupuntura. propiamente. cuándo sem� brar y cultivar. Nuestra etnia comprende varios subgrupos: Yanoama. la prima de Xoto. se ayudan a colocár� selas detrás de la oreja. más bien ro� mánticos. Nosotros somos Yanomami. quiero averiguarlo.

seríamos nosotros. —Casi. Nomai. qué embarque! —dramatiza Mor en una de sus payasa� das— ¡ni yanomami. bien maduro. que nos consideramos tan superio� res. porque el término waika no se aplica sino a los integrantes foráneos de otros grupos indígenas. peque� ño. los waika. Miro alrededor y no veo nada. de expresión altiva y fiera empuña nuevamente sus estacas para repetir la escalada. y vuelve a bajar. Viaje por el mundo indígena venezolano —O sea. Italia. Y pensar que yo tengo la medalla de deporte de mi escuela… Pero de nuestro atletismo adquirido. un muchacho escala una altísima palma de pijiguao. Con una velocidad sorprendente. no ustedes. nuestros amigos yanomami son unos acróbatas! —¡Bravo! —le grito cuando aterriza. enjuto. Alemania. Pero he aquí que una -246- . Al llegar al tope despega un ramaje rojo. de navegación y cacería de Xoto y Makobi. algo así como el “musiú” que usamos en Caracas para quienes nacieron en Francia. allá arriba! Papá ya está disparando su cámara. casi”. utilizando dos pares de esta� cas amarradas en forma de tijeras que apoya a las espinas del árbol. con el mismo sistema y la misma velocidad. junto con las estacas. no podríamos hacer eso ni siquiera practicando un mes entero. Nomai.El Chamán de los Cunaguaros. se nos acerca. ¡Extraordinario. ofrece la fruta a papá y nos tiende con opti� mismo burlón las estacas a los morochos y a mí: —¿Quieren probar ustedes? Nadie se atreve a aceptar. ¡qué distancia! ¡Cuántas cosas ganamos y cuántas perdemos con la civilización! A un ruego de mi padre. un compañero de escuela. —¡Ay. los musiú. al atletismo natural de los aborígenes… vale. ágil y seguro. ¡Qué vergüenza! Nosotros. fuera de Ve� nezuela. —Pues dije “casi. su invitación a trepar el árbol. cuando: —¡Allá. casi… —Entonces —puntualiza Mor— aquí en el shabono. afortunadamente sin comentarios iró� nicos sobre nuestra incapacidad por hacer lo mismo. y ni siquiera waika puedo ser yo! Interrumpe nuestra risa un aleteo de Superloro que desde su acostumbrada posición. aferrado a mi hombro nos advierte que algo extraño le llama la atención. es decir. Está a punto de salir.

6 m/seg. Lo sigo con la mirada. Esto es: 1. 12 seg. o “el raudal de la tristeza”. en Platanal 122. Tiempo empleado: 12 segundos. sagrado para muchas etnias. la mortal acechanza de la raya. temible pez dotado de un poderoso veneno. dicen que en un apartado rincón de una remota montaña llamado “el raudal de la desolación”. En sus riberas tienen asiento muchas comunidades indígenas. La vegetación se vuelve aún más espesa. mamíferos y podría ocultarse entre el musgo. hoy te mereces plena� mente tu nombre. reptiles. Superloro me abandona y se prende del hombro del yanomami. más rápido que un ascensor de los ultramodernos! He verificado el trayecto de subida en mi relucien� te reloj cronómetro que tanto me ha servido en este viaje: Altura de la palma: 20 metros. campeón. ¡Un récord! ¡Una marca olímpica! Superloro regresa a mí. y cuan� do sale de allí tiene todavía un tamaño reducido: cerca de Manaviche 44 metros. d = distancia. t = tiempo. esperando un pie desprevenido. viven multitudes de aves.Los Yanomami. ¡Arriba! ¡Abajo! ¡Extraordinario. peor que el de la culebra. Superloro! Seguimos caminando. El Orinoco nace en la zona yanomami.6 metros por segundo. Velocidad: X Aplicando la fórmula: V= d t donde V = velocidad. nuestro máximo curso de agua. Con un breve vuelo a plumas desplegadas. Pronto llegamos -247- . Todo el territorio yanomami está surcado por una densa red de ríos y caños más o menos importantes que desembocan finalmente en el Orinoco. soñado por tantos aventureros y exploradores. satisfecho. hijos de la luna pequeña tormenta se desata cerca de mi cuello. en Ocamo 180. = 1. como diciendo: —¡Ajá! ¿Has visto? —¡Felicitaciones. lo lograste. me da: V = 20 m. que como una inmensa arteria vital cruza el territorio venezolano fecundando todas las tierras que baña. Aumenta el calor. y frota el pico contra mi meji� lla.

Papá y yo nos quitamos la camisa. Nos apretamos en ella. una pereza o un elefante! ¡Qué calor caminar en la selva! Hoy seguramente el termóme� tro sobrepasa los treinta y cinco grados. con el loro al hombro. Desde la orilla con un guiño y una mueca le tiende el dedo índi� ce a Superloro. Son bien alegres. Los incorregibles morochos aprovechan el momen� to para reforzar que el nombre Tuponken me queda siempre más apropiado. —¿Qué vas a hacer con Superloro? —indago yo. cruza ágilmente llegando a la otra orilla mucho antes que la canoíta. nos invita a cruzar las aguas. estos Yanomami. —Vente con nosotros. Entiendo bien por qué los indios usan guayuco o viven desnudos. Todo se vuelve un tormento ardiente y acuoso so� bre el cuerpo. afiladas. Papá apenas tuvo tiempo de accionar la cámara.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano a un riachuelo. vamos —le ruega Ocho. pero ellos nos indican su fondo de piedras oscuras. Nomai no aborda la canoa. -248- . recubiertas de un musgo resbaloso que hace el vadearlo difícil y además inseguro. en el Amazonas. —¿Te quedas? —pregunta sorprendido Mor. No hay sol. pero el aire es tórrido y húmedo. Xoto extrae de entre el herbazal donde estaba guardada. que ninguno de nosotros había visto. y parece que les gusta burlarse de nosotros. aquí. que feliz se traslada a él. En cambio. cuando desembarco—. ¡Y menos mal que ya sabe que entre estos sorpren� dentes Yanomami debe tenerla siempre lista. porque los rayos no logran penetrar la densidad de los árboles. peor que el de la culebra. una pequeña curiara. ¡Está aceptado entre los nuestros! ¡El loro sí. Los jóvenes se ríen con ganas. En las horas del día no se soporta ninguna indumentaria encima de la piel. liviano e inconsistente puente de lianas tendido altísimo sobre el río. con su acostumbrada rapidez y desenfado… ¡se encara� ma en un puente aéreo! Es un sutil. pero que él. proseguimos con sólo los pantalones. peligroso pez dotado de un poderoso veneno. frente a los Yanomami me siento con la ligereza y rapidez de… casi diría un morrocoy. cargada y en posición! —Tu loro se portó como un perfecto yanomami —me dice Nomai a señas al devolvérmelo. algo inquieto. pero yo… yo… un as de la escuela en atletismo. o más bien un caño. porque podría ocultarse entre ese mismo musgo la mortal acechanza de la raya. pero Nomai no lo hace.

en un radio entre diez y quince kilómetros. en rastrear los animales por muchas horas. prai rë Yëpi thë wëri Pashoyaki rariwei ke. con la necesidad diaria de carne asegurada. la caza es un proceso complicado. Mientras se desplaza. makekeratiai Makekeratiai ééé Õniwë. Ééé ara shinaki wai Shinaki wai. riehe. La caza consiste en primer término. en dirección distinta a la nuestra. el cazador está al acecho. Rariwei ke Son las voces de algunos cazadores que van recorriendo otro sendero. Entre los aborígenes. Han salido temprano en la mañana para explorar una zona de la selva. õniwë Riehe. õniwë õniwe ira siki õniwe.Los Yanomami. riehe Momonaki riehe Prai rë. que tiene reglas y modalidades que hay que respetar. atento -249- . casi un rito. riehe. riehe Momonaki riehe Riehe. y regresarán al comienzo de la tarde. hijos de la luna Ahora unas voces guturales. unos coros con ancestrales reso� nancias serpentean por entre la vegetación.

para lo cual se apostan sobre una platafor� ma montada en las ramas de un árbol. pero jus� tamente son los más apreciados. casi a diario. intelectual fallido. —¡Ya saliste tú. lo que llamaríamos la barriga del animal. las patas delanteras a venado. mientras las costillas tienen un sa� bor que recuerda la carne de chivo o cabra. ellos dicen que “llora” y salen en su búsqueda agitando tizones delante de sí para alumbrar el camino. arremete hacia él y lo atropella causándole a veces heridas mortales. lindísimo pájaro nocturno negro. observa las huellas. son los más difíciles de encontrar y de cazar. y también algunas lapas. sabe a gallina. Las orejas y trompa tienen un exquisito gusto a pescado y la panza o falda. para identificarlos. que sobre la caza nos han dado conjuntamente Xoto. los costados a pollo. Para engañar a los tucanes. de plumas tornasoladas y arrogante copete: cuando canta y lanza un lúgubre lamento.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano a cualquier movimiento repentino: localiza el mínimo ruido. Los animales grandes como la danta. examina los frutos que han mordido los animales. cazan picures. el oso hormiguero. Más frecuentemente. Especialmente llama la atención la caza de la danta cuya carne es muy apetecida porque tiene siete sa� bores distintos. -250- . que parece un gemido de dolor. Son diestros en cazar con dardos la gallina de monte y la perdiz colorada. el báquiro. con tus cosas exotéricas! —me critica Mor. pequeños roedores provistos de mucha carne parecidos a la lapa. blancas o grises. Tienen un método especial para el paují. los lomos a carne de res. —Pero hemos oído que los tizones encendidos tienen algo que ver con el más allá —comento después de escuchar con atención la larga explicación. pueblan los cursos de agua. La pierna o pernil sabe a cerdo. al amanecer. Para atraer a las grullas frecuentes en los ríos que. utilizan señuelos que pueden consistir en un manojo de plumas coloridas y dos palitos imitando un pico. A los cachicamos y caimanes los capturan en sus guaridas soplando humo de tabaco o de hoguera dentro de la cueva con una especie de canuto o tronco hueco. imitan el grito de sus pichones. casi diría lección. Es una cacería peligrosa porque ella corre siempre en línea recta y si por casualidad nota al cazador. hasta que el animal se asfixia. los indígenas se su� mergen en el agua. cuando se posan sobre las ramas. Para cazarla. dependiendo de la parte del cuerpo que se coma. porque la danta refresca su cuerpo dentro del río y hasta duerme allí. Makobi y Nomai.

riehe. Los Yanomami son cazadores natos. constituía una invocación a la linda flor de una planta mágica. bonitas las flores del momo son bonitas son bonitas. quienes.Los Yanomami. aunque no los acom� pañen. cuyas repeti� ciones me intrigaban. oyen con deleite la narración de las expediciones de cacería. —¿Será alguna fórmula mágica. shinaki wai. La carne es para ellos un alimento sustancial. y que más interesa a los jóvenes y a las mujeres. capaces no sólo de espantar la caza. hijos de la luna Pero Xoto me da la razón: —Los tizones prendidos tienen también la finalidad de ahuyen� tar los malos espíritus. bonitas. el Mapinguare y el Abaxá son esos seres míticos. Toda la comunidad yanomami se siente insatisfecha cuando tiene que consumir un producto vegetal básico sin acompañarlo con carne. el momo. sino hasta de capturar el alma del cazador. fórmulas para cazar. riehe. y nos enteramos de que el Kaiporá. un hechizo? —se agitan mis hermanos. Ellos concitan el éxi� to de la cacería. En uno de ellos resuena riehe. mientras el último. —¿Qué malos espíritus andan por aquí? —pregunta al unísono el número Ocho con poco respeto. Bonitas. pero luego consienten en mencionarlos. Presto atención a los coros de los cazadores y me sorprende la monótona repetición de algunas palabras. la caza es sin duda la activi� dad a la que los varones se dedican con mayor entusiasmo. Más tarde averiguaría que el primer canto contenía una alusión a la cola de la guacamaya. de dónde encontraron y de cómo ultimaron los animales. que tiene la propiedad de favorecer y proteger -251- . Al principio no quieren contestar. palabras rituales —inquiero con interés. animales irreales del mundo cosmogó� nico yanomami de los cuales los cazadores deben defenderse para salir con vida en la selva. —Son versos rituales. o lo agradecen —nos responden. —¿Qué cantos son esos? Parecen conjuros.

Sólo queda el recuerdo alucinante de su imagen. a las cuales creen poseedoras de encantos. yanomami? Dicen que es un warao mágico. Aprovechamos para observarlos de cerca y cuando se alejan reiniciando su camino. —Creo que tiene razón —suspira Mor. los cazadores recurren a ellas: en la punta de las flechas colocan bulbos secos de plantas del género Cyperus. uno por cada etnia? Y si hay uno solo. Nos habla en nuestra lengua de los tiempos antiguos. Un ruido hace que nuestros guías se detengan. Nos cruzamos con otro grupo de cazadores. su paso ágil semeja al de los cunaguaros que lo siguen. yekuana. silvestres o cultivadas por ellos. —¿Dónde va? —inquiere Mor. Seguimos avanzando. nos señalan un punto distante bajo los árboles. que a indicación de Xoto se detienen para permitirle a papá tomar fotos. Sus largos cabellos flotan en el viento. En si� lencio. Pero debe ha� ber una confusión entre ellos. Casi confundido entre lo espeso e intrincado de la selva. Para mejorar su puntería. un yekuana legendario. del legado de nuestros ancestros. Pronto desaparece. kariña. ¿cómo puede ser a la vez warao. algo que yo no distingo. Viaje por el mundo indígena venezolano a los cazadores. ¿Hay varios chamanes. —Viaja visitando todas las etnias. Insiste en que debemos unirnos. jodi. cuyo fruto venenoso se recoge del suelo y se hace secar sobre una estera cerca del fuego para poderlo comer. Pienso que seguramente es el mismo personaje del que nos han hablado en otras etnias. —El Chamán de los Cunaguaros —aclara Nomai orgulloso—. con reverencial delicadeza. se queden en suspenso. los criollos.El Chamán de los Cunaguaros. Dicen que es hijo de la luna lle� na. los ríos. Que domina los vientos. es uno y múltiple. captura nuestra atención. ¿Cómo podré dilucidar este misterio? Probablemente no es ninguno de ellos. -252- . conocernos. —¿Quién es? —susurra Ocho aún sobrecogido. Es un yanomami especial. todos los indígenas. hay una gran confusión respecto a él. un sabio. un pemón sagrado. intercam� biar entre nosotros y con ustedes. lo vemos pasar. la selva. como río lejano. Puede interpre� tarse así: Hay entre los Yanomami una veneración especial por las plantas. aún excitados por la fascinación del mis� terioso yanomami selvático. Un crujido de ramas quebradas y una flauta que vibra con opaca sonoridad.

después a Mor y luego a mí. la alegría. Y también porque. Pero estos indios son tan tenaces. Qué ridí� culas sonarían en esta verde vorágine preguntas por el estilo de: —¿A qué hora almuerzan ustedes? O bien: —¿Nadie ha traído merienda? —¿No habrá por ahí un pasapalito? O peor: —¿Qué tal si nos detenemos a hacer un picnic. no alcanzan a calmar. guamache. Las flechas tienen un gran valor. La flecha del arco no debe perderse. hijos de la luna acosamos a nuestros guías con preguntas sobre detalles que aún no nos habían sido aclarados: —¿Por qué tienen arcos tan grandes y flechas tan largas? —Es por lo espeso de la selva. a pellizcar algo? En la selva hay problemas mayores: la subsistencia. si no da en el blanco. se le dan sus propias flechas. resistentes. que no nos atrevemos a decir nada. la in� tegridad. será más fácil encontrarla. no sería un buen cazador.Los Yanomami. Hay que darle trayectoria a la flecha. la defensa. Muchas veces él mismo ayuda a los mayores en su confección. —¿Sucede muchas veces que las flechas no den en el blanco? —es Ocho quien pregunta. las que lo acompañarán toda su vida. la conversación. es un paso menos del cazador en la tierra. La flecha que se pierde va directo al inframundo. Si las perdiera todas. disminuye su tiempo de vida. son una prolongación del ca� zador. y el arco tan grande. El camino. chiquechiqui. —Depende de quien dispare… Es tan pícara la intención de Nomai al mirarlo a él. Por eso cada cazador debe seguir con la vista la dirección de su flecha y recogerla. cauyaro. y se estaría quitando muchos años de vida. De ellas sólo se cambian las pun� tas cuando se dañan. Se le otorgan en un acto ceremonial con música y comida. entre ellos. por eso es larga. las -253- . que los frutos que recogimos a lo largo del camino. ya que se considera una extensión casi humana de la persona misma. lo acerca más a su muerte. nos han dado un hambre atroz. Y percibimos también que. Cuando cada joven sale de la pubertad y entra en la adolescencia. que todos estallamos en risas.

—No importa —se disculpa Mor. seca y altiva. Los Yanomami somos excelentes cazadores. a media tarde. nos hace sentir a todos pequeños e ignorantes. sino apenas suficiente. que confirma una regla de la que teníamos algunas nociones. Luego Makobi nos habla con seriedad. —Seguramente habrán cazado mucho —se entusiasma Ocho—. Ellos deben ser sobresalientes en la caza también. Luego. la caza no es copiosa. ¡Veremos báquiros. lo intuyo ahora. No se caza por cazar. pero que no imaginábamos tan estricta. —Entonces —indaga el Mor. avergonzado—. hacia la vida. en cambio. cuando oigamos el motor del helicóptero. Sentimos alivio cuando Xoto nos comunica: —Dimos muchas vueltas. Ya es la hora. o agricultores. al regreso de los cazadores. sino para alimentarse. lapas. yo creía que los Yanomami eran buenos cazadores. el espíritu de la caza: practicarla para -254- . La contestación. pero quizás. y allá vamos para comer con los demás. Hay otras razones. pero no estamos tan lejos del shabono. Quedamos impactados. El objetivo que persiguen les hace so� brellevar cualquier esfuerzo.El Chamán de los Cunaguaros. dantas. —aclara Nomai con firmeza—. —¿Cuáles? —Entre nosotros no está permitido cazar más de lo que se pueda consumir. ¡Cuánto respeto en esta costumbre indígena! Respeto hacia la selva. cachicamos! Nuestros amigos entrecruzan una mirada. casi tartamudeando—… si ves pasar cerca de ti un grueso báquiro… y está a tu alcance… y tienes la flecha preparada… y piensas que será un gran orgullo contárselo a tus amigos… pero sabes que ya has cazado bastante. ¿entonces no le disparas? —No. Nunca cazar más de lo que se puede consumir: esto se llama ser verdaderos cazadores. casi reprochándonos: —Quizás no vean lo que se imaginan. Viaje por el mundo indígena venezolano intenciones son dominantes. Esto debe ser. Los Yanomami. Por lo tanto. hacia el hombre y los animales. Cruzaremos de nuevo el caño. los acompañaremos al manantial del caño. sean buenos pescadores. —No es por esto. Traerán un gran botín. chigüires. hacen una sola comida importante diaria. como la mayoría de los indígenas.

pues lo consideramos portador de sabiduría. Mi hermanita. la madre de los ríos. Al cocinarla bien eliminamos esta posibilidad. el pájaro carpintero. o para alardear. es tan sabrosa? —Lo hacemos por razones de higiene. los Yanomami dan muestras de alegría. —¿Y cuáles son entonces los animales perjudiciales? —Hay la gigantesca araña. —¿Cuáles son los animales hekura de Omao? —La anaconda. —¿Cómo lo saben? —me pregunto a mí mismo. en nuestras civili� zaciones modernas. —Aún no. hekura de las aguas femeninas. no como lo hacen algunos de nosotros. hijos de la luna subsistir. es un hekura o ente tutelar. La carne de animales salvajes tiene parásitos que podrían enfermarnos. si se las aplica y se les deja morder la parte pica� da. centinela del Apure. En agua dulce el pez raya. ya la comida está lista —grita al unísono el número Ocho. jefe máximo de todos los hekura animales. fado. portador de sabiduría. para destruir. es� píritu animal protector aliado de Omao. —¡Apresurémonos. toda adornada con flores. nuestra principal divinidad —nos explican ante nuestra extrañeza. Al vernos llegar. venenoso. pero lo estará pronto. algunos se acercan. las hormigas shifö que habitan el árbol kouponera y que tienen el poder de neutralizar el dolor de la picadura de la araña. —El morrocoy es muy respetado entre los Yanomami. recorremos el regreso en silencio. buío o serpiente de agua. el caimán. el pez caribe. innata. semicruda. el zamuro blanco o zamuro real. Nosotros cocinamos la carne durante bastante tiempo para que no quede rastro alguno de sangre. el morrocoy. el alacrán y las serpientes que con sus punzadas matan al indíge� na por los caminos de la selva. —¿Pero por qué si la carne al natural. ¡Qué mundo tan interesante este de los Yanomami! No nos atrevemos a seguir pregun� tando. Un apetitoso olor a carne chamuscada. el historiador de los cielos. junto con algu� nos chiquillos del lugar está jugando y alimentando con pétalos de cayena una hilera de morrocoyes. y así mismo me contesto—. a parrilla. que devora a quienes caen junto a ellos y el candirú que se introduce en la uretra humana y luego abre las branquias -255- . Indudablemente por una sabiduría ancestral.Los Yanomami. patrullero. nos guía hacia el shabono.

o si lo hacen es tan sólo con la mano o con un puñado de hojas. lo que me deja todo confundido y casi me quita el apetito. sonriéndome con cariño. a mi parecer. Me entero de que aquí a los niños. —¡Ajá! —me dirijo a los repollitos—. su� mamente coquetas. y las niñas. Además visten con soltura un mini guayuco prensadi� to y arruchadito de lo más gracioso. —Nosotros nunca orinamos en la piscina —me contestan ofen� didos y retruecan. como en un boceto de estudio de proporciones realizado por Leonardo Da Vinci. Algunas llevan collares con bulbos secos o trozos de maderitas perfumadas. Hoy me siento especial� mente antropófago. varillas finas sin corteza en las comisuras de los labios. con sus armoniosos cuerpos desnudos cruzados por hilos de algodón. malintencionados: —¡Eso va contigo. Lo hago con gran entusiasmo cautivado por la gracia y serena belleza de Wasari.El Chamán de los Cunaguaros. los Yanomami dan muestra de alegría. alegres aunque. que subraya sus movimientos -256- . robustos. adornadas con brazaletes de piel de pájaro y pendientes de plumas de aves de vivos colores. considerados amuletos para evitar enfermedades y acelerar el crecimiento. Las niñas pe� queñas lucen espléndidas con flores frescas y aromáticas en el lóbulo perforado de sus orejas y madejas de algodón sobre el pecho. con palitos en el tabique nasal. dámela a mí. cuatro años. Se les ve a todos sanos. Tuponken! Al vernos llegar. mezclados con dientes del zorro guache. Viaje por el mundo indígena venezolano provocando la muerte. además de consentirlos mu� cho como en otras etnias aborígenes. Notowe. Hay que reconocer que a las muchachas se les ve impresionantes. algo ambiciosos. Fíjense… ni en las pisci� nas y ni siquiera en los ríos. Hay mucha higie� ne aquí. “para que no les duela”. muy pendientes de las apariencias. a veces revoltosos. los amamantan hasta los tres. que pareciera notar mi admira� ción. Cero contaminación. nos invita a sentarnos cerca de ellas dos y de mamá y Maigualida. la hermana de Wasari. dando paso a las concebidas bromas fraternas: —¿Acaso te embobó el Kaiporá de la selva? —¿No puedes ver una falda sin perder la razón? —Si no quieres tu carne. que está amamantando a un robusto niño ya grandecito. Nunca les pegan. por eso los Yanomami nunca orinan en los ríos. algunos se acercan.

No desmerecerían al lado de los siete enanitos de Blanca Nieves. si en realidad te gustan. Estos cuidados corporales. cuando se sale a cazar. hijos de la luna ágiles y naturales. al cual a veces pegan plumones blancos con el látex del ár� bol del caucho. entre los cuales predomina la arcilla blanca o el zumo rojo del caruto.Los Yanomami. ¡Y sin necesidad de que los especialistas los maquillaran. me he dado cuenta. ni de ella misma. adjuntados al atractivo de su pelo negro azabache. por admiración. siempre sucede. por� que se acerca Xoto con unos atractivos trozos de asado. Más bien es por simpatía. lo que él hace es repartir la caza entre los cazadores que no han cazado. Makobi aclara: —No. en la repartición participan también quienes no cazaron y sus familias. —¿Cómo? ¿Por qué? —Pues. en trozos. no del que la consiguió. Pregunta estúpida. un pigmento violeta que obtienen masticando las hojas del árbol Picramnia. Filatelio? ¿Será por envidia? —me pre� gunto siempre a mí mismo. lo hacen ellos mejor! —¿Por qué dices entonces que son ambiciosos ellos. ni de los personajes de Fantasía y otras películas de �alt Disney. ni del príncipe. brillante. que no tenga una lógica profunda. Aún no han comenzado a comer. Mor. niñas y jovencitos tienen la cara frotada o pintada con diversos afeites. demasiado superficial. No hay nada. corta él solo toda la carne para asar? —es la voz de Mor. Pero la cacería se considera de todos. Los niños. En el centro. envueltos en -257- . ante estos seres tan felices. los hacen parecer unos hermosos muñecos de teatro o de cine. No tenemos tiempo de comentar tan apropiada distribución. coquetas ellas. —¿Qué hace. Por eso. hay quien lo logra y quien no. como cuando juegan con los trompos fabricados por ellos mismos con frutos de palma o con las pelotas que recaban de las vejigas de los osos hormigueros. Lo pienso. bien cortado en la frente o con cuidadosa tonsura. ingenuos y puros en su vida natural. No debo permitir que me embargue aunque sea un mínimo asomo de envidia. entre estos indígenas. uno de los cazadores se esmera en cortarla y picarla cruda. claro. la carne se está asando en los fogones.

sólo con el fin de alimentar a su familia. —¡No! —Xoto lo tranquiliza—. Estamos mudos de sorpresa. es decir cazar. alrededor de los fogones. los muchachos. comen los viejos. las mismas que usan para las flechas. a quien depende de él. ellos son maestros: en ninguna otra comunidad. condimentan. ningún ca� zador debe comer de lo que ha cazado. Puede matar. Casi ninguno de los hombres jóvenes come… En los grupos familiares. También las totumas en las que nos sirven miel agria mezclada con agua. En la selección y preparación de estas hojas. -258- . de nuestra curio� sidad. todos comen. —Es así —asevera nuestro padre—. y por cuya subsistencia es responsable. Pero qué extraño. —¿Les intriga que el cazador no coma? —y nos explica—: Él no puede comer nuestra comida porque entre los Yanomami.El Chamán de los Cunaguaros. entonces qué comen. ¿Cuál será el motivo de su actitud? —Claro que aquí —me confiesa en voz baja Ocho. que tiene la misma curiosidad— no se puede preguntar: “¿Está en dieta? ¿Sufre de acidez? ¿Tiene el colesterol alto?” ¡Se vería bastante ridículo! —Ya lo creo —contesto riéndome tanto. se enfermarán. pero ellos no… Están sentados o de pie. Empezamos a comer con gran apetito. menos él… y debe tener hambre. a su gente. Es cierto…. porque de vez en cuando se acerca a la parrilla donde se asa la yuca y se lleva algunos trozos a la boca. Ahora les aclaro. Pero Makobi se ha dado cuenta. Ningún cazador come de lo que él ha cazado. después de tanto esfuerzo en esa caza tan pesada. que casi me atraganto con la carne. porque no le es permitido matar para alimentarse a sí mismo. Viaje por el mundo indígena venezolano esas hojas tan especiales que a la vez que sirven de olla. salan y le dan a los alimentos un toque especial. supervisando a sus familias… —¡Pero cómo va a ser. hemos encontrado en la carne un aroma y un sabor tan grato como aquí. por la mirada. se van a morir de hambre! —Ocho está tan preocupado que hasta deja de morder su trozo de lapa. tienen un olor grato: puede ser por las hojas rugosas con que las pulen. se van a debilitar. algunas mujeres con sus niños. Nos damos cuenta de que estamos en el grupo de la familia del cazador que distribuía la car� ne. observen que hay otros ca� zadores que no están comiendo. no es para tanto. firmes.

algunas mujeres sacan de los fogones los últimos pedazos de carne envueltos en sus cucuruchos de hojas. No me extraña que. sin contamina� ción. variados. por aquí. ejercicio. hasta Superloro! Va picoteando las hojas que envuelven la carne -259- . salud excelente. todos noso� tros. ba� tata y plátanos para acompañarla. pero sí de lo que han cazado los demás. ¡Qué carne más tierna. con esta buena dieta. qué tal los problemas de salud. En lugar de con� testarte. esta costumbre de los indígenas. los Yanomami se vean tan llenos de energía. —¿Y los demás le dan? —Claro. el cazador no come nada? ¿Cómo es posible? —Ocho se muestra alarmadísimo. hoy. —¡Por fin. ambiente sereno. Es cierto. qué buen sabor! Han repartido yuca. ¡Y de los Yanomami parecemos tener el apetito. abundantes. Una rápida mirada al grupo me confirma lo que a primera vista ya había notado: aspecto saludable. desaparecida la preocupación. Tiene la cara llena de jugo de carne y trocitos de hojas… se asemeja a una yanomami embadurnada ella misma. saludables y activos. No puede comer de lo que ha cazado. vuelve a atacar con entusias� mo su pata de lapa. alimentos frescos. quien ha venido a sentarse cerca de mí triturando un tremendo trozo de báquiro con sus dientes blan� cos bien alineados—. Es simpática. ellos también se alimentan! Me había percatado de que tenían hambre y eso me tenía angustiado —reconoce Ocho a la vez que. amigo —contesta guiñándome el ojo. vida sobria. La voz de mamá interrumpe mis pensamientos: —Quién tuviera esta carne en Caracas —suspira—. —¿Qué tal —pregunto a Nomai. Ya van a ver. qué quieres decir. Una vez servidos los viejos y los niños. Pero también me ayuda a comprender las razones: lactancia prolongada por parte de madres sanas y bien nutridas. ¡Tan jugosa y tierna. amiguito. fíjense qué bien la come mi niña! Basta con verla. te sugieren la forma de llegar tú mismo a la respuesta o conclusión correcta. y los llevan a los cazadores. hijos de la luna —¿Mas entonces. entre ustedes? —Mira a tu alrededor. y una fresca bebida a base de agua y miel. —Cálmate.Los Yanomami. Los demás le dan lo que nosotros llamamos “la por� ción del cazador”.

entrecerrada. con el pico ladeado. y las que siguen de al� borozo: —Además. con tanta insistencia que parece que en la gran totuma de la cual se ha apoderado no va a quedar nada. se lo doy. a los animales los queremos y consentimos mucho. Viaje por el mundo indígena venezolano y luego la yuca. especialmente los loros. ¿Y si quisiera quedarse para siempre? Tendría derecho. si quiero uno me lo consigo. el joven me tranquiliza en todo sentido: —No. su comida se la merece: ¡es un loro trepador! Se levanta. Filatelio. a ese ambiente húme� do y boscoso. y su pupila derecha fija. es verdaderamente un loro real de las florestas amazónicas. Se miran el uno al otro. qué va. no hay manera… no se los puede separar… eso es natural. Superloro. Yo los observo a los dos. con expresión hosca. como siempre hace. Él. sabrá encontrarte donde quiera que estés. Estas palabras me llenan de contento. bravíos. le tiende una rama. se encariñan con una persona. y me llama estrepitosamente: —¡Hola. Sin embargo. frente a frente. la amargura me agobia. con Superloro. además. Tu loro. —¿Lo quieres? —le pregunto a Nomai. mi loro es de aquí. y no tengo que temer ninguna infidelidad por parte de Superloro. generador de gente altiva.El Chamán de los Cunaguaros. o con el dueño que le corresponde. Por suerte. ¡de loros está llena la selva! Muchos niños tienen su pichón de loro. Prosigue animado: —Me gusta entretenerme con el tuyo. Por eso se encuentra tan a su gusto. ¡Doble alivio! Mi conciencia está tranquila. Éste. hola. El indígena con sus grandes pupilas os� curas. A lo mejor por simpatía hacia ti. y Superloro acude a su llamado. Aquí. Lo dejo en libertad. con cierta intui� ción. animales feroces y de gran� des ríos. siempre te seguirá a todas partes. Telio! -260- . igual� mente fieros. ceñuda… Es claro que pertenecen al mismo medio. qué dices. Siempre lo he sabido. Dentro de mí. altivos. Pero ahora me dedico a otras cosas. Telio. —¡Déjalo tranquilo! —exclama Nomai al notar mi azoramien� to—. se desprende en la rama que le ha ofrecido Nomai. yo tuve uno cuando tenía tu edad. cuando los animales de la selva. me preparo: —Si lo quiere.

¿cómo te fue con tus hierbas? Mamá lo mira… Hay un dejo de pesar en su mirada brillante. Ellos están empaque� tando en una cesta. ha encontrado en abundancia aque� lla hierba extraña que ya conoce. y le han informado que los hombres la fuman. En cambio para hacer los tensores de los arcos y las cuerdas de los chinchorros. Uno frente al otro y los demás en círculo. —El Coronel ya debería estar aquí —observa mamá. —Explica. terminan� do ya de empaquetar. —Bien… y no tan bien. Las mujeres hilan el algodón y los hombres fabrican las cabuyas y cuerdas. en lugar de explicar. o mejor dicho la inhalan soplándola. durante o después de la fiesta del -261- .Los Yanomami. anulada su concien� cia caerá en una suerte de trance misterioso que lo atonta y debilita. aspiran la hierba soplándola a través de un largo tubo vegetal hueco. Preparan hilos de gran solidez con las fibras de curagua y para amarrar usan el bejuco de mamure. junto con nuestras pertenencias y enseres. luego las cestas. el yopo. Mamá está molesta porque en los conucos. o más bien dirigidos por algunos indígenas. en parejas. Ayudados. el uno en la boca o nariz del otro. la carne salada y las tortas de casabe que nos han obsequiado nuestros anfitrio� nes. hijos de la luna ¡Qué feliz me siento! Me dirijo hacia mis padres para comentar con ellos la actitud de Nomai y de Superloro. consideran más adecuada la corteza de una especie de yagrumo. Mamá se ha dado cuenta de que. con mucha frecuencia. las retuercen una a una y luego las trenzan juntas. nos quedamos. —Ya va a llegar —le contesta Rafael con aplomo—. con hilos. pero en pocos minutos el que inhaló el yopo parecerá un ser sin alma. la reacción no es inmediata. Techo tenemos. en fabricar todo lo cual los Yanomami son especia� listas. se dirige casi regañando a Nomai y a Xoto que se le han venido aproximando: —Hemos visto mucho yopo en las huertas. Este es en efecto el método. las humedecen con saliva o con agua. Hemos visto cómo retuercen los hilos sobre sus muslos con un movimiento de la mano en posición plana: las tiras de las que se componen las cuerdas las amarran a un soporte fijo. Pero ella. envuel� ven todo en hojas y amarran los paquetes. además del cultivo del tabaco que a ella poco le gusta. cabuyas y cuerdas. una especie de pipa o canuto. Y si no lle� ga. Y comida… ¡hasta demasiado! Cuéntame.

El yopo es una dro� ga. y hunde en la desesperación a tantos jóvenes incautos y a sus familiares. como un tránsito espiritual y místico del indígena. Carmen. ni puede venderse. ni de tráfico. al que llamamos sagrada planta milenaria. Xoto agrega casi titubeando. La hierba del yopo es tenida por medicinal. lamentablemente pre� sentes en los países occidentales. Dicen que hubo. el yopo se usa con fines religiosos. Viaje por el mundo indígena venezolano pijiguao. -262- . de magia. que beneficia a la comunidad. se la aprecia y respeta. no se comercia. de religión.El Chamán de los Cunaguaros. Pero no hay que considerar al yopo como una droga. En cambio drogas como la cocaína o la heroína. son sustancias nocivas. por ocio y sin ninguna finalidad ulterior. piensa ella. pero en ningún caso perjudica el organismo. pues disminuye la fuerza física y mental y puede llevar a la adicción y a la decadencia. y como tal dañina. amiga. y no sólo eso. Y tampoco produce adicción. se consumen con una intención banal. es una costumbre muy antigua. en cambio. engañan con falsas promesas de lucro perjudicando gravemente a muchos. en cambio. Además. por lo menos no una droga al estilo civilizado. Como lo entendemos nosotros. produce un estado alterado en la mente de quien lo usa. La cocaína o la heroína. cuyo tráfico además es vergonzoso porque genera grandes riquezas a gen� tes sin escrúpulo. recordando a uno de sus escritores preferidos—. —El yopo. no hubo nada me voy pa’l yopo de madrugada. Quizás. en este uso no debe hablarse ni de droga. reflexiona. no se compra. ni de vicio. por perversión. quizás buscando las palabras: —Escúchame a mí también. no sólo los Yanomami. sino que dañan el cerebro y a la larga destruyen poco a poco al individuo. Cada quien tiene el derecho de usarla. drogas que alteran la conciencia. y sin que eso les cause inquietud. No te alteres. como toda nuestra cultura —interviene pausadamente el mayor de nuestros amigos—. El yopo. por su propia decisión y responsabilidad. Son muchos los que la practican entre los indígenas. se sabe que muchos yanomami van a trabajar a las ciudades y están años sin probar el yopo. —Hay respuestas que llegan antes que las preguntas —sentencia papá. de reflexión. Es algo distinto. los Yanomami han estado inhalando yopo.

los siento aún más cercanos. que conocen diferentes venenos extraídos de plantas tanto silvestres como cultivadas. por esos peligros que nos acechan en todas partes. Al parecer. algo que parece una décima warao: Mis tres hermanos queridos se los llevó la corriente dice un indio tristemente. un poco en broma y un poco en serio: —Y el curare… ¿lo encontraste? Los Yanomami. ¡qué caso tan dolorido! Marchamos todos unidos a bañarnos sin temor Vino el río en su furor. Ellos son ciertamente quienes mejor lo preparan. irrumpen los repollitos con la primera parte de la canción. hasta ahora. también entre ellos y no sólo en los países industrializados. se los llevó muy ligero cuando desaparecieron cuál no sería mi dolor… Todos callamos pensativos. inocuo —agrega papá. —Especialmente en los Andes y en la conquista del valle de Caracas muchos de los soldados murieron por flechas envenenadas -263- . estén exentos de costumbres y usos perjudiciales! Sin embargo por eso mismo. poseen según se dice. más hermanos nuestros”. la poderosa poción con que aún hoy en día untan sus flechas para dar muerte segura a los animales que cazan y a sus enemigos. Papá tiene una buena ocurrencia para alegrar el ambiente. como algo normal. el secreto del curare. aunque sabemos que en tiempos de la conquista fue utilizado por otras etnias y representó un arma terrible que causó estragos entre los conquistadores.Los Yanomami. los que más lo usaron y todavía lo usan. y con la intención de tranquili� zar a Carmen tararea la copla oriental: Inspirados. “¡Qué lástima —reflexiono— que ni siquiera los indígenas. nadie ha logrado descubrir. hijos de la luna —Creo que también lo usan los yaruros y los kariñas. en su lejanía y pureza. Pasán� dole cariñosamente un brazo alrededor de los hombros le pregunta a mamá. esa fórmula.

En expediciones guerreras las utilizan sólo cuando están seguros de alcanzar al adversario. —¡Mejor. como pasarelas vegetales. una vez muertos. papá! —nos alarmamos nosotros haciéndole señas de callarse. con que mezclan las hojas… pero el secreto de su prepara� ción no me lo revelaron. Sin esto. nuestros indígenas! -264- . y cae cómicamente al suelo. Mamá. Sobrevuela el shabono y enfila hacia el sitio de aterrizaje. qué torpes somos los civilizados! Afortunadamente. venenosas. quiere reclamarle esa broma pesada cuando un zumbido en el aire advierte el arribo del Coronel. podemos distinguir los audaces puentes aéreos de los Yanomami. y esta actividad está unida al resto de las actividades chamánicas. ha� bilidad y constancia. Hasta a Ambrosio Alfinger le tras� pasaron la garganta y lo mataron con una de esas flechas untadas de curare. mucho mejor así! —opina cáustico papá—. que no habíamos sido capaces de ver al llegar. casi invisibles en su verdor. Le dan mayor uso en la caza para derribar ciertos animales como los monos. de un verde muy brillante y gusto amargo. —¡A curarazo limpio. Ahora que los conocemos. —Claro que encontré la planta del curare —contesta mamá—. pues el veneno actúa sobre su sistema nervioso relajando sus músculos y haciéndolos caer a tierra. indignada. seguidos por nuestros guías. ¡Qué pena. Nos despedimos diri� giéndonos apresuradamente a la canoa. permanecerían agarrados a las ramas más altas de los árboles y el cazador tendría que subirse a ellas arriesgándose a perder la presa. preferentemente de padre a hijo. Me enseñaron la liana que lleva ese nombre a la que añaden cortezas y grandes hojas en formas de corazón. querrás decir! —acota jocoso Mor. de ori� lla a orilla. Viaje por el mundo indígena venezolano —recuerdo con aire profesoral—. tendidos en lo alto a lo largo del río. mien� tras Ocho finge haber sido alcanzado por una flecha indígena. arrastrando y volteando unas taparas de agua. ¡De cuántos recursos han sabido proveerse con su esfuerzo. sería muy peligroso tener una esposa que conoce la preparación del curare y… —¡Qué raya. hoy día los Yanomami se sirven muy poco de las flechas envenenadas. me explicaron bastante sobre esta hierba… sobre las arañas monas. Me dijeron que el secreto de la fabricación del curare se transmite por herencia.El Chamán de los Cunaguaros.

Rabipelado le proporcionó una gran mascada de tabaco. pero los remeros están dedi� cados a acercar lo más posible la canoa a la orilla. los Yanomami nos complacen con otra leyenda sobre el origen del tabaco. Él se las dio. alumbrarse. porque le había robado el fuego. —Pero desde entonces —continúa Makobi—. Como aún falta por llegar al manantial del caño. les permitió calentarse por la noche. Cada vez que su saliva tocaba el suelo se transformaba en una mata de tabaco —terminó Makobi acompañando el relato con su alegre y sugerente mímica—.Los Yanomami. Subimos uno a uno en el espacioso -265- . alumbrarse en la oscuridad. descu� bierto por Rabipelado. calentarse. Para calmar su necesi� dad de tener algo mejor en la boca. debido a la maldición del caimán que se en� fureció. lo hizo proliferar Nosiriwë. —Nosiriwë la colocó en su labio y comenzó a alegrarse: la cabeza le daba vueltas y se alejó escupiendo de contento. hijos de la luna Aprovechamos la navegación de regreso para que los dos her� manos nos cuenten el origen del fuego. cremar los cadáveres —hay satisfacción en la voz de Xoto. Nuestros repollitos subrayan la narración con gritos y sollozos. Anfictión Pimentel Napolitano ya ha aterrizado. —¿Cómo? —Por engaño. que era muy bella —Makobi subraya esa respuesta con una mímica comiquísima. tan importante para cocinar. diciéndole que que� rían oír su voz. Le hicieron abrir su bocota. luego hizo posible la agricultura enseñándoles la tala y la que� ma. pero su hambre no se calmó y siguió llorando hasta encontrar a Rabipelado que comía frutas kayu. —El fuego fue robado sorpresivamente por los Yanomami al caimán que lo tenía en la boca —empieza Xoto. pero eran insípidas. —Nosiriwë caminaba por la selva llorando de hambre —em� pieza Xoto. Por eso se dice que el tabaco que descubrió rabi� pelado. —Se encontró primeramente con los Arimari quienes para sa� tisfacerlo le dieron frutas de las que ellos comían. las cuales viajan con el humo. nos volvimos vulnerables a las enfermedades. Quisiera ahondar más en el tema. Por esa misma maldición. —El fuego les permitió cocinar los alimentos que antes comían crudos. los Yanomami nos hemos vuelto mortales.

prai rë yëpi thë wëri pashoyaki rariwei ke. Viaje por el mundo indígena venezolano helicóptero. Debajo de nosotros. rërëi. Rërëi. baila baila grulla. Baila. los jóvenes agitan los brazos en un enérgico saludo. õniwë. gritan. la cola de la guacamaya -266- . el trasero de la paloma es chiquito. Prai rë.El Chamán de los Cunaguaros. la vida humana donde pareciera no haber sino presencias vegetales y de animales feroces! ¡Una vida tan compleja y tan estructurada! Con su bien y su mal. Ééé ara shinaki wai shinaki wai. los monos marimondas gritan. Rërëi hetu yaki shii rërëi. la piel del tigre está pintada pintada. rariwei ke. Hõrema thë koroshi wai këkëa praroima kë kë kë. Otra vez me asalta la duda: ¿Cuál es el bien. ¡Qué milagro. Brillante. y cuál es el mal para nosotros y para los indíge� nas? Junto con esa duda. brillante brillante es la tragavenado y reluce. observamos el shabono que se ve apenas. Ééé. õniwë õniwe ira siki õniwe. Pintada. un punto insigni� ficante en la selva. La paloma la paloma. pintada pintada. con nuestra habitual torpeza de ciudadanos. resuenan en mis oídos los cantos de cacería de los Yanomami imitados por los morochos que silban: Õniwë. Nos elevamos.

como la guacamaya. arriba. arriba. -267- . rumbo hacia otros fabulosos pueblos indígenas.Los Yanomami. ééé. está arriba. bien arriba en el cielo. Así estamos nosotros. hijos de la luna makekeratiai makekeratiai ééé.

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entre los indígenas. hijos de mi padre son dos paujíes. sus voces y cantos de llamada están unidos por un vínculo extraño y especial. brillantes y certeros. ardidos. mis hermanos dobles. Visten de fiesta la tarde. de la misma madre. saltan y ríen en la espesura 269 . Me enorgullecen mis dos hermanos pájaros. nacieron el mismo día. Mis hermanos son gemelos. porque sus silbidos se comprenden. como el tucán en la espesura. como el paují de terciopelo y oro. Mis hermanos silban entre las ramas. vigorosos. saltan como el alcaraván y la camaza. Debe ser algo mágico.Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar Mis hermanos son dos paujíes alados. cantan como el cucarachero y el chirulí. Tienen el mismo rostro repetido No se ve eso aquí. sus silbidos ágiles. Mis hermanos.

se trenzan y destrenzan formando una red. como el agua cristalina de las quebradas. loro azul. y bajo las piedras se esconden los camacutos. Viaje por el mundo indígena venezolano con sus rojos guayucos. Mis hermanos son dos lanzas de silbido. grillos enronquecidos. Mis hermanos son paujíes. Los hijos de mi padre son perdices en la hierba. caminaré oculto como un paují solitario -270- . Caminaré con ellos entre lirios. sus silbidos son bachacos bravos. enseñarles el silbo de la iguana. sus silbidos son como el ají karibe. el cristofué. sus canciones son pozos de montaña. pavita o torcaz. perico ligero. entre orquídeas. como el chirrido de la rana platanera cuando florece la macolla. estaremos juntos sin que lo sepan. caminaré a su paso. picantes y gratos. sobre hojas de un verde lustroso moviéndose con el viento de la selva. son iguales y distintos. Yo podría cazar con ellos. firme y prolongado. son chicharras verdes. pizcúa. sus espíritus se unen. dos azules agudos en una sola dirección. sus silbidos son cantos dilatados. como el mato de agua cuando hay creciente y brincan el pavón y la cachama.El Chamán de los Cunaguaros. Golpean mis oídos como el sordo tambor del sapo cuando llega el invierno. dulce y delgado. Y creerán que soy paují. Y creerán que quien silba es el arrendajo. gavilanes en el monte. Caminaré en la selva aunque no me vean. bordaré su camino con silbidos seré paují con ellos. y creerán que es el curiñatá y el picoeplata. Mis hermanos son dos paujíes. el gonzalito. el silbo fino. domar esos paujíes. cada uno con su hojita de paciencia. paraulata montañera. sus pasos son los pasos saltarines de la lapa. con sus alegres cuerpecitos. hipnótico. con el que los animales de la selva acuden a mi llamado y no tienen secretos para mí.

Palabreo del Chamán cuando oye a los morochos silbar

entre las hojas del yagrumo, entre el brillo de la sarrapia, entre el verdor del alto currucay poblado de monos araguatos que devoran codiciosos las frutas bermejas. Y aprenderán a silbar en silencio su nostalgia de paujíes lejanos, me sentirán cercano aunque no me vean y me sabrán hermano, y sangre suya, viejo recuerdo que se hace presente, que acompaña a los hijos de mi padre.

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Los yaruros, centinelas del viento
Nuestro querido “Tío Jeep”, al que habíamos recordado frecuen� temente en nuestro azaroso viaje en lo profundo de la selva, nos es� pera como un viejo y cordial amigo allá abajo, en la vía de acceso al territorio de los Sape, a orillas del río Paragua. Ellos lo han cuidado, y en previsión de nuestro retorno han renovado y ampliado el techo de palmas que habíamos encontrado la primera vez. Aterrizamos con rapidez en un ocaso violento, lleno de luces fúl� gidas y de relámpagos electrizantes. Abrazamos con una mirada afec� tuosa el helicóptero. El “Helipájaro” de nuestro querido Coronel va a ser difícil de olvidar para nosotros. Cómodo y capaz, con sus asientos tapizados en blanco y su exterior de un rojo vibrante, ya es una figura familiar para los González Uribe. Le hemos tomado mucho cariño, casi tanto como a Tío Jeep, y éste parece reclamarnos: —¡Epa, muchachos, primero fue sábado que domingo! Después de un saludo cariñoso, un fuerte abrazo y un agradeci� do “¡Hasta pronto!” a nuestro incomparable piloto Anfictión, vamos enseguida a bañarnos en el caño que corre cercano. Ya con ropa seca y fresca comemos con gran apetito los espaguetis con salsa italiana, las salchichas alemanas enlatadas, los tostones y la yuca frita que bien se acompañan con las arepitas caraqueñas preparadas por mamá en la
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

hornilla a gas que forma parte del equipo… ¡la vida civilizada tam� bién tiene sus placeres! Acostados en los chinchorros, abrigados con nuestras cobijas, mientras papá revisa los mapas al claro de una linter� na de acetileno comentamos el viaje y los recientes amigos: —Creo que Nomai va a ser una gran persona. —Y Xoto y Makobi también. —Serán capaces de defender los valores y tradiciones de su co� munidad. —Y de acercarse entre ellos, de integrarse también a nosotros. —Seguramente. —¡Qué gran tipo, el Coronel! ¡Un extraordinario Comandante del aire! —¡Cómo me gustaría ser Comandante, del aire o del mar! —dejo escapar, transportado en sueños. —¿Y no te atreverías a ser Comandante en la sabana, como el general Páez, el osado guerrero al que llamaron el “Taita”, es decir el padre de los llanos? Él comandó un escuadrón formado por indíge� nas Yaruros. La pregunta de papá me impresiona. —¡Pues yo sí me atrevería! —contesto entusiasta. —Papá, ¿cómo es eso? ¿En verdad Páez reclutó a los yaruros? —los morochos parecen incrédulos. —Él mismo lo cuenta en su Autobiografía: que tropezó en los llanos con indígenas, que los atrajo a la causa de la Independencia. Eran trescientos indios de Cunaviche, al mando de uno de ellos lla� mado Linache, a quien dio el grado de general de sus compañeros. Fueron luchas desiguales, porque los realistas tenían armas de fuego y los llaneros sólo lanzas y algunos machetes. Para que no se asusta� ran al oír silbar las balas, Páez les repartió raciones de aguardiente, quizás cocui, a aquellas tropas llaneras, acostumbradas a herir sólo babas y caimanes. Se volvieron tan audaces que se rasgaban la len� gua con la punta de sus flechas, se bañaban el rostro con la sangre que brotaba de la herida y se lanzaban como demonios contra las trincheras enemigas (sobre las cuales algunos fueron muertos a ma� chetazos) logrando la victoria. En páginas estremecedoras, relata también las penurias, privaciones y hasta hambruna que sufrió su ejército de llaneros, “los bravos de Páez” cuando estaba aún en cier� nes.
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Los Yaruro, centinelas del viento

Mor inquiere extemporáneamente: —¿Cómo vivía, de qué se alimentaba esa gente en medio de tanta soledad? —Siempre pensando en la comida —le acoto burlón. Pero como yo también he leído, y varias veces, las memorias de Páez, puedo responder su pregunta con las mismas palabras del Centauro Llanero: —Su comida era “un trozo de la res recién muerta asada al res� coldo, sin pan y sin sal, y el agua de la tapara la bebida, y la cama un cuero seco, y el zapato la planta del pie, y el gallo el reloj, y el juez la lanza”. Así describe Páez mismo aquella forma de vida. —¿Y sabían montar a caballo? —inquiere Ocho. —Eran excelentes jinetes y nadadores —responde Rafael—. Vadeaban charcos y ríos con la lanza entre los dientes, nadaban con un solo brazo para tener una mano libre con la cual tranquilizar a su querida bestia, protegerla, animarla a nadar contra la corriente, en una comunión con el animal, burlaban a los caimanes gritándoles para espantarlos. —¿Burlar a los caimanes? —Sí, los indígenas saben cómo hacerlo. Nunca se verá a un in� dígena mordido por caimanes, porque los ahuyentan con una téc� nica milenaria, les gritan y los hostigan con una especie de arpón o palo aguzado. Aunque en realidad —concluye papá— a los segui� dores de Páez, criollos, llaneros o indígenas, nunca se les pregunta� ba si sabían cabalgar o nadar, sino que se los mandaban montarse y conducir como fuera la manada a buen recaudo o arrojarse al río y guiar al ganado. —¡Qué temple, cuánta habilidad en esos yaruros! —comento. —Sí, ellos incluso ayudaban a aquellos oficiales que no supie� ran nadar a cruzar los cursos de agua, haciéndoles botes de cuero de ganado. —Quizás los yaruros fueron decisivos en los triunfos de Páez aquí en los Llanos. —No sólo aquí —acota Rafael— ellos combatieron en el sur con el mariscal Sucre, y se dice que muchos de los soldados que fue� ron a Ayacucho, los famosos lanceros, eran yaruros. —Antes les decían “los bravos de Páez”. ¿Por qué después los llamaron “lanceros”?
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

—Enseguida que llegaron al sur de América fueron llamados “lanceros” por los españoles, porque en sus lanzas, las que hacían seis palmos más largos que las ordinarias y manejaban con habili� dad, lograban ensartar hasta tres personas… —¿Tan temibles eran? —Figúrense que hasta les decían “los demonios”. El escuadrón de doscientos llaneros yaruros que Sucre llevaba con él, cuya pre� sencia dejó pasmados a ecuatorianos y peruanos, decidió el éxito de la Batalla de Pichincha. —Hablando de héroes y hombres de valor, nuestro combatien� te del aire no ha querido detenerse aquí, ni siquiera apagó el motor —observa mamá. —Voy a dormir a la orilla del mar —anunciaba apresurado—, otra misión me espera. —¿Cuál será? —¡Qué vida tan interesante! —comenta Mor. —Y arriesgada —completa Ocho. —Ustedes, ceritos, le han estado preguntando tantas cosas du� rante el viaje, que quién sabe si algún día me voy a encontrar con uno o dos hermanos en la Fuerza Aérea Venezolana… pues, me agradaría… —Y si vas a ser antropólogo, doctor Tuponken, podríamos serte útiles. —A mí me gustaron mucho los monos tití —Maigualida inter� viene en la conversación con entusiasmo— y también los demás mo� nitos, las tortugas, las lagartijas, los pájaros. —¡Qué bueno sería tener una hermana veterinaria! —¡Cuánto me agrada ver —se contenta mamá— que la armonía, en nuestra familia, va en aumento! ¡Qué tranquilidad, no tener que sortear peleas entre mis hijos! ¿Cómo ha sucedido algo tan bueno? No hay contestación, en realidad no lo sabemos, pero segura� mente tiene mucho que ver en esto el contacto con los indígenas, con su manera de vivir y de pensar, su sobriedad, su solidaridad. —¡Ya todos tienen el futuro arreglado! —se complace papá—. Ahora hagan el favor de dormir y dejarme descansar. A partir de ma� ñana nos esperan largos trechos en jeep y este Comandante que les habla, aunque sólo sea de tierra y no tan extraordinario como Páez, necesita concentración…
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Los Yaruro, centinelas del viento

—Sí, papá, sí, a dormir. ¡Y tú eres el mejor de los Comandantes! Buenas noches, Comandante de tierra. Con tantos Comandantes dando vueltas en la cabeza, me entre� go a una pacífica duermevela. Entonces se me presenta una figura co� nocida, familiar que me habla con voz ronca y cariñosa: ¡es Tío Jeep! —Soy un Jeep proletario, viejo y un poco destartalado, sin em� bargo estoy contento de andar con ustedes. He recorrido muchos ca� minos, ya estoy cansado, pero este viaje ha sido el más lindo de todos los que hice. Con la familia a bordo, tratando de encontrar a ese per� sonaje mágico que es el hermano que falta, me siento feliz. Desperté en la mañana y casi creí oír la voz de Tío Jeep, vi su carrocería azul, las cajas, cestas, morrales y mapires ya cargados sobre él, sus ruedas listas para el camino. Me puse a espolvorearlo un poco, afectuosamente, pero a nadie le conté que soñé con haber conversado con él. Emprendemos la marcha temprano. Primero atravesamos un trecho de selva afortunadamente no muy extenso, por un trazado que sólo con gran optimismo podría llamarse vía. Tío Jeep ronronea con las asperezas y fragores del camino. Después de algunas horas salimos a campo abierto, a la inmensidad de la sabana. El recorrido que la prolongación de la estación seca nos permite librar a campo travieso, es largo y monótono. De vez en cuando un caserío, un ran� cho, un techo sobre palos retorcidos revela una presencia humana. Al borde de los corrales, grupos de llaneros descalzos vigilan sus reses sentados en un cráneo de caballo o en la cabeza de un caimán, como en los tiempos del general Páez, cuando esos eran los únicos asientos. Maigualida empieza a gritar de alegría, indicando algo a veces en la tierra, a veces entre tupidas matas de sabana o sobre las piedras, que nosotros no logramos divisar. Superloro sí, porque celebra con gritos él también lo que la niña señala con el dedo. Al fin las vemos: lentas, majestuosas, con una decencia prehistórica, se deslizan suave� mente en un cómico andar contoneado, para sorpresa y júbilo de mis hermanos: —¡Las iguanas! ¡Sí, son iguanas! No las lográbamos ver porque, así como los camaleones y otros rastreros, adaptan su piel al lugar donde están y se confunden con el paisaje. Con estas técnicas de camuflaje, las iguanas se defienden de
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

enemigos cuales culebras, boas, cunaguaros, gavilanes y demás pre� dadores que constantemente las acechan. Enseguida Mor comienza a silbar y Ocho se le une, con un silbi� do sigiloso. —¿Qué hacen? ¿A quién imitan ahora? —pregunta mamá. —¡A nadie! Estamos silbandito iguanas. Seguramente mis hermanos investigaron algo sobre la estrecha relación de los indígenas y hoy en día también de los criollos, con estos reptiles. Los silban para atraerlos y cazarlos. Si es un cherre, es decir un macho, lo sacrifican aunque se defienda dando tremendos latigazos con la cola, y lo preparan tan bien para comérselo, que al estar cocido, sabe mejor que un pollo. Si es hembra, para no extinguir la raza le sacan los huevos que asados al sol son un manjar exquisito, luego le cierran la herida con destreza, cosiéndola con un hilo fino extraído de la palma y aplicándole hierbas cicatrizantes, y por fin la sueltan en el monte. —¡Estamos en el Llano que describe Gallegos en Doña Bárbara! —apunto embelesado por la belleza del estero que acabamos de pasar, lleno de garzas blancas y corocoras rojas— ¡Miren cuántas aves! —Y es también el llano que canta Alí Primera —agrega Mor. Y sin esperar, junto con Ocho se pone a tararear: Cunaviche adentro, llano adentro cantando el llanero, cantando su suerte… —Pero por aquí no está el Cunaviche —corrijo irónico. —Bueno, está cerca —tercia papá—. Por estos llanos corren el río Cunaviche, el Meta y el Arauca. —¡Alí Primera los conocía! —insiste Mor. —No sabía que les gustaran estos cantos tan venezolanos, que realmente son más de nuestra época —se sorprende mamá. —En la escuela nos hablaron de él, de su interés por la cultura popular y por los Llanos. El territorio de los yaruros, también llamados Pumé, abarca prin� cipalmente el estado Apure. Tierras bajas, áridas, de escasa vegeta� ción. Llanos de Apure: extensos, infinitos. Matorrales polvorientos y retorcidos, algún venado que escapa veloz, reses vagando en bús� queda de agua, manchas negras de zamuros al acecho, frecuentes y
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Es la zona Pumé más antigua y más desasistida. inclusive de graznar. unos granos de arena me bombardean la cara. el sol resplandece tan fuerte. su ruidoso chapoteo. Está amaneciendo. si la oscuridad sucede a la luz. —¿Hemos llegado? Pero… ¿dónde están los yaruros? —Fíjate bien. —Hemos llegado —me alerta papá con unas palmaditas en el hombro. que hoy día se consideran una especie amenazada. buen escondite y refugio para los indígenas que en tiempos de la Colonia escapaban de la cautividad y esclavitud impuestas por los conquistadores y colonizadores. los desiertos de África. Hasta Superloro ha dejado de hablar. No sabría decir con claridad si a veces se detiene. Esto parece. Me asomo a la ventanilla. Veo sólo llano y más llano. los cómicos hocicos y sus ojillos achinados que parecieran preguntar: “¿Quiénes son ustedes?”. paralizante. a trechos. de sinuoso cauce y aguas doradas. casi amarillas. tan codiciadas por su carne y sus huevos. Al aumentar la claridad. Sólo papá está alerta. los camellos. terrible. Quizás esta zona se le parezca. Todo luce tan reseco. los grandes mamíferos roedores que nos hacen reír con sus pelambres erizadas. allá está su campamento. vientos del desierto. o “matas de sabana”. La selva que dejamos atrás era calurosa. inanimado. hasta que. ese viento que sopla con fuerza día y no� che incesantemente. Deberíamos haber arribado a la comunidad de los yaruros del río Capanaparo.Los Yaruro. Aguzo la mirada. los monzones. la ausencia del movimiento y del ruido del jeep me despiertan. descubro -279- . que un intenso sopor nos invade. Con tales pensamientos me entrego al sueño. caño Casanarito) constituían la zona llama� da “montes”. pero llena de vida. es decir ubicada en la parte central del estado Apure. Hace tanto calor en el Llano. famoso por los grandes arenales de sus riberas donde desovan las tortugas. Llevados por el barinés. centinelas del viento numerosos rebaños de alborotados chigüires. y toma de vez en cuando un sorbo del café que mamá le ha preparado en un termo. Pienso en los árabes. Proseguimos interminablemente. Me protejo los ojos con la mano. uno de los de mayor importancia de Venezuela. Más adelante bordeamos el río Apure. por contras� te. atravesada por ese río. Las lagunas y los brazos muertos alrededor del Capanaparo y de sus afluentes (caño La Pica. inhós� pito y abandonado. o la luz a la oscuridad.

Todos se agrupan alrededor de las hogueras. Es aún temprano. advierten nuestra presencia y nos ladran con voz débil. como en meditación. que parecen no terminar nunca. trabajoso. hace frío. Viaje por el mundo indígena venezolano el “campamento”: algunas ramas frondosas y estacas de menos de un metro clavadas en la arena. Nos observan. No hay saludos ni miradas de alegría. otras se levantan. atados a las esta� cas. lo que hace difícil distin� guirlas. del color de la tierra misma se agitan en su lecho de arena. se están levantando. o bien con las patas traseras atadas a las delanteras. Algunas mujeres amamantan a los niños. ¡Irreales y perdidos. Siempre que se llega a una comunidad de indígenas. los yaruros! Pero acer� quémonos. los tol� dos desaparecen. unos toldos vegetales aún más pequeños. muy lejos. hacen infructuosos es� fuerzos por huir. protegen a otros durmientes. seco. prenden el fuego. Liberan los perros. vasijas y otros en� seres amontonados. un muro de sombras: ¿acaso el piedemonte andino? —No sé cómo pudiste encontrar esto. que nos rodean. No parece un cam� pamento. Vemos canoas encalladas en los bordes. Logro divisar algunas figuras humanas acosta� das. papá. le cuesta hablar. sino un encantamiento. un espejismo en la inmensidad de la llanura. De entre ellos. se adelanta Hatchawa. camina lentamente. que resguardan cestas.El Chamán de los Cunaguaros. la brillantez de las sabanas del Capanaparo. criaturas casi irreales. y nos recibe. Aquí y allá. quizás niños. Estamos cerca de un caño. con paso gastado. acertaste. Es vie� jo. amarradas a las embarcaciones con una cuerda que pasa a través de un agujero practicado en sus caparazones. se sientan. La brisa azota. Bajamos los dos del jeep. El despertar es silencioso. En el agua varias tortugas prisioneras. Sólo. tendi� dos casi a ras del suelo. -280- . Superloro se aferra con presión a mi hombro. Figuras espectrales. el jefe yaruro que papá conoció hace años. Las ráfagas le desordenan las plumas. Sólo algunos perros. que parecen dormir semienterradas en la misma arena. se ponen en cuclillas. Papá y yo nos detenemos. todos permanecen en silencio. el frío de la noche se está convirtiendo en un calor asfixiante. imperceptible. no es conveniente irrumpir en ella sin saber su reacción. Su piel ha adquirido la misma tonalidad de la sabana. En lontananza. Ha disminuido la violencia del viento. —Así es. se la conozca o no.

Los Yaruro. sólo los flacos canes que los acompañan son sus resignados amigos. de día. Papá obtiene el permiso de tomar fotos. Entre ellos. de la humedad de la noche y. ñame. por su forma de vivir. o sacándolo del mismo río. Utilizan un tipo de flecha�arpón constituido por una verada de unos ochenta centímetros y una punta desprendible de diez centímetros. después que se levanta el sol. unas hojas parecidas a las del tabaco. simples refugios para protegerse de la intemperie. el término noa sirve para designar tanto la car� ne proveniente de animales terrestres. centinelas del viento Por fin sé cuál es la etnia que mejor representa la condición nó� mada. El animal herido puede ser seguido gracias a la verada de la flecha que flota sobre el agua. Para la caza de la baba y la captura de las tortugas el cazador se mantiene de pie en la proa de la curiara. un machete. pues los Pumé nunca salen solos a pescar. siempre en remojo. se las puede capturar vivas. para indicar la caza y la pesca. la flecha. antes de que salgan a buscar el sustento. un arpón o algún cuchillo. yo me esfuerzo por pro� teger la cámara del viento y de la arena: —Vamos a retratar el equipo de cazadores. maneja la embarcación. Utilizan la misma palabra. y dentro de ella caben todos sus bienes: el arco. a base de lo que puedan conseguir internándose en las matas de sabana. aetaín. La baba herida. No poseen animales domésticos de los cuales alimentarse. mientras un compañero o la mujer. plátanos. en las riberas del río. del sol. ocumo. Al comienzo parece cosa rápida: una flecha para chigüires y pe� ces. -281- . sujeta por un cordón. el chigüire lo cazan con una flecha�arpón y salan su carne que así dura mucho más tiempo. Ramas clavadas en la arena o pequeñas chozas rectan� gulares sin paredes y con techos de hojas de moriche que bajan hasta un metro del suelo. cambures. lechosas. son lo más parecido a una vivienda. y en el caso de las tortugas. como la de animales acuáticos cuales babas. si lo hay. apenas cultivan huertos de verano a orillas del río. o mejor dicho itinerante entre los indígenas: los yaruros. Consumen una sola comida diaria. tortugas y chigüires que se solaza. la matan con el machete o con algún cuchillo. con algo de yuca. los enseres. La canoa es su más preciada posesión. No practican la agricultura. lo que ocurre también en otras lenguas.

que hace rato nos han alcanzado. Así pueden aproximarse hasta ponerse a tiro del animal al que no le ahuyenta la presencia del garzón. gabanes y gar� zones. En cada una de las que visitamos hemos encontrado algún rasgo particular. se cuadran militarmente y rompen el silencio arrancan� do a silbar. el garzón soldado de exquisita carne y el gabán. los yaruros sólo cazan aves cuando no han logrado hacerse de un buen venado o un chigüire. muy alimenticio y duradero. serían excelen� tes profesores de artes marciales en mi aula! —le comento a papá. que no hieren el ambiente. ¡la técnica de camuflaje! Se usa para la captura de venados. y se pin� tan el pecho de blanco. aprovechan la oportunidad.El Chamán de los Cunaguaros. garzas. reposta también cantando: A mí me gusta el gabán pero cuando está pichón -282- . Ocho. imagínense. propias de ellos. la cual se hace en grupo. Luego Mor canta suavemente: Ay. los cazadores se colocan sobre la cabeza una especie de gorro inserto en un trozo de madera que imita la cabeza y el cuello del garzón soldado. poco después Hatchawa llama a uno de los más jóvenes del campamento para que le demuestre y explique a Rafael otras maneras peculiares de cazar. expertos en el arte del camuflaje. de delicioso sabor y muy nutritiva. para no quedarse atrás. Aquí. por suerte en tonos bajos. Los morochos. Cuando logran cazar un venado es una fiesta: tienen comida para un mes. ya que salada o ahumada su carne se presta para preparar el famoso “pisillo de venado”. aire muy popular en esta zona. específico. Repentinamente recuerdo las clases de instrucción premilitar que han comenzado a dictar en mi liceo: —¡Los yaruros. un gabán. Para capturar la garza. Para cazar venados. Viaje por el mundo indígena venezolano Sin embargo. se camuflan cubriendo sus hombros con plumas: Pero. anda pa alante gabán anda pa lante garzón mira que te están tirando con pólvora y munición. Tenía razón papá cuando nos hablaba de la diversidad de las et� nias indígenas.

marcando con sus patitas: un. se espabila y extrañamente. recuérdaselo e insísteselo a los mo� rochos antes de que salgan a explorar y tremendear. ¿Son acaso estos yaruros los filósofos de la sabana? Unos filósofos indígenas. entre ellos. Se ha dicho que el yaruro que -283- . mientras se une a la mu� sical algarabía imitando el canto de los copleros del llano: —¡Aaaaaaaaaaaa! A continuación salen del campamento los ancianos en grupos de a dos. Filatelio. Se encaminan a pie o bien. Las mujeres yaruros son muy tímidas y suelen esconderse. Sólo mamá y Maigua podrán. Puede ser pe� ligroso irrespetarlas. cuando los llaneros de Páez y los seguidores de Ezequiel Zamora invadieron esas tierras para refugiarse. suben a unas ca� noítas. los criollos temen y rehúyen su compañía por esta ex� traña y tal vez aventurada creencia. siempre en pareja. y luego en la Federal que liderizó el mariscal Falcón a finales del mis� mo siglo. contagiado con los aires militares comienza a re� correrme la espalda y los hombros en un acompasado paso marcial. un. centinelas del viento porque me como las piernas las pechugas y el alón. luchar y sobrevivir. que pro� híbe al hombre extranjero dirigir la palabra a la mujer "yaruro. dos. Estas características se pusieron de relieve durante la Guerra de Independencia a comienzos del siglo XIX. entenderse con las yaruro. soledad y paz. y a ésta contestarle. reman ágilmente aguas arriba. dos. si lo logran. Superloro. sumido en sopor después de tanto rodar. desaparecen en las curvas del río. quizás. tomarles fotos. Es algo tan extraño lo que nos refiere papá a continuación… como los fantasmas… como los espejismos. Podemos mirarlas. que en su des� nudez material y actitud contemplativa. Qui� zás por esto se cree que existe un antiguo tabú. pero no hablarles. Los yaruros tienen fama de extraordinarios brujos. sinónimo de reflexión. muy singulares. tan herméticos. nos recuerdan a los antiguos pensadores del mundo asiático. en un mutismo que es. como suelen hacer. Todo esto en silencio.Los Yaruro. y sin embargo lo avalan muchos libros de crónicas y de historia. Aún hoy día. tan sabios. —No les hablen a las mujeres —recomienda papá—. —Hay que acatar sus costumbres —insiste—.

Creen que estos quelonios. sus preferidos. —Y lo van a botar luego de la comunidad. costumbre que en los llanos de Apure todavía tienen las familias descendientes de ellos. no sea que te embrujen y te obliguen a quedarte por aquí —me es� peta Ocho burlón. la leyenda y la realidad —constata papá—. —Ajá. Ceritos gordinflones. culturícen� se y compórtense! Presten atención. a los cuales llevan de mascota para que los protejan. —Pues vean cómo se entremezclan el pasado y el presente. También se oye decir. a los cuales atribuyen propiedades mágicas. Otras tradiciones les atribuyen una especial habilidad para amansar las fieras. pueden predecir tormentas y crecientes de río. con sin fundamento. Viaje por el mundo indígena venezolano acompañaba a Ezequiel Zamora a todas partes. el brujo de Zamora. —¡Dejen ya el subdesarrollo. y hasta pueden dejarlo impotente si se muestra reacio a complacerlas. como los morrocoyes. papá —recuerdo en un sobresalto—. y en verdad saben domesticar cai� manes y babas. Filatelio. que las mujeres yaruro utilizan sortilegios o po� ciones de hierbas mágicas para cautivar al hombre criollo. tú que te las das de picaflor. mucho cuidado.El Chamán de los Cunaguaros. logran advertirles de peligros y amena� zas. porque ni siquiera sabe pescar. llamado el “Chingo Olivo”. haciéndolo enloquecer por medio de un brebaje misterioso preparado con hierbas y raíces que sólo ellos co� nocen. pues le rendía verdadera veneración por sus cualidades de vidente. además de -284- . —Imagínate. que la tropa llegó a besarle respetuosamente. nosotros una vez hasta hicimos un cuadro escolar y el profesor nos mandó dibujar el anillo de hojalata del Chingo Olivo. Zamora lo había elevado a la calidad de capitán. mucho menos manejar una lanza —completa Mor. era un brujo que pronosticó la muerte de Zamora y la suya propia dos semanas más tarde a manos de los mismos matadores. —De los varones de esta etnia —prosigue papá— se cuentan historias impresionantes: que un brujo yaruro hechizó a un criollo y lo sacó de su hacienda. que a otro le hizo perder la razón por haber osado dirigirle la palabra a su mujer. —¿Será cierto eso de que hablan con los animales? —Es voz común que ejercen hábilmente la comunicación con los animales a través de la telepatía y que algunos de éstos. y le había regalado un anillo de azabache.

cargar. —¿Qué hacen. remar. Tengo entendido que además de la arcilla con que fabrican sus lindas vasijas. buscan y recogen un tipo de arcilla procedente de los bancos situados a lo largo de los cur� sos de agua. de los cuales son golosos y devoran en cantidades con avidez. con rostros an� chos. Carecen. tal vez por herencia. Cargan a sus hijitos al pecho o a horcajadas. montar caballo. —¿Y hoy día? —Hoy día. De color del barro con que hacen sus tinajas. que necesitan especialmente para conservar los alimentos. así como todos los llaneros. desarrollaban una gran afinidad con ellos. o por el mucho ejercicio: caminar. La obtención de la sal. ergui� das y fibrosas.Los Yaruro. ¿dónde están sus corceles? No veo ninguno en los alrededores. —Pero —me pregunto—. como otras comunidades que visitamos. Hay cierta animación en el grupo femenino. le pre� guntó a los compañeros si estaban resueltos a vengar su muerte. y cambures. Del mismo Páez se cuenta que cuando le hirieron mortalmente el caballo. y todavía lo es. sin más riendas que las crines. pero sonríen amistosamente. que abastecen a los indígenas de sal y sales minerales. de una sola pieza. altos pómulos y rasgos achinados. Los antiguos yaruros. Ellas también realizan sus propias in� cursiones tierra adentro. aquellas hojas y hierbas tan comunes en la floresta. Al lado de los musculosos yaruro. -285- . para recoger frutas. querían mucho a los caballos. papá? —Se preparan para salir. que las abrigan del viento. si acaso consiguen caballos los montan a lomo pela� do. fue siempre para ellos un gran problema. Los mantienen amarrados a una cuerda larga cerca de su campamento y se esmeran en alimentarlos ade� cuadamente con hojas frescas. Debe ser triste para ellos no tenerlos más. lucen pequeñas y frágiles las mujeres. coloridas flores como las de cayena. visten unas camisolas largas. que los provee de sal. me percato que sobresalen las figuras de los más jóvenes: esbeltas. por desgracia de los enemigos. Detallando todo el grupo a la luminosidad del sol naciente. Los yaruros no tienen. del porte ergui� do y de la altiva apariencia propios de los llaneros de Páez. centinelas del viento invasiones de extranjeros. Todos contestaron: —La vengaremos —y así fue. No nos hablan. hojas que utilizan con fines particulares y raíces comestibles. sin embargo.

un palo para cavar. Cada mujer lleva varios collares y un cesto en la espalda. está abierto el paso -286- . para sus intercambios con las etnias de la sabana y de la selva. —Es cierto. y ayúdame a retratarlas. y la trocaban por veneno de los Yekuana y puntas de hueso o de piedra de los yaruros y Pemón. En la mano. encajan perfectamente en el marco de esas sabanas resecas y escuálidas. que obtenían en las salinas de Araya. Con la abundante cabellera negra cubrién� dole los hombros y sus críos a horcajadas. Pero hacia el sur. el tráfico de la sal. Mira cómo se equipan. Figúrate que los cumanagotos de las costas de Paria utilizaban ese tesoro. y esto dio lugar entre los mismos indígenas a una de sus primeras y antiquísimas empresas comerciales. Viaje por el mundo indígena venezolano —Para ellos y para muchas otras etnias —agrego. Pero aprovechemos el momento y la luz —me insta Rafael—. ¡Las fotos de papá van a resultar estupendas! Ojalá el hosco viento no las vaya a estropear. y el río Orinoco y los montes de Guayana al este. sin elevación ninguna. donde los llanos se adentran hacia Colombia. La llevaban en grandes trozos. sujeto a la cabeza con un listón de tejido vegetal que le atraviesa la frente.El Chamán de los Cunaguaros. —¿De dónde llega tanta ventolera? ¿No hay montañas que protejan? —La llanura que habitan los yaruros está enmarcada entre las estribaciones de los Andes venezolanos al oeste.

su territorio ancestral. Y prefieren la frescura de la brisa. vientos refrescantes y generalmente secos. pues ape� nas lo pude divisar a lo lejos: un hombre en una canoa. partiéndolas en dos. jejenes. Creemos ver cosas. Luego reanuda su razonamiento. Los cercos de los hatos. —Era una extraña sensación. un protector de la fauna fluvial con su larga cabellera y sus muchos collares y amuletos. grandes lagos trans� parentes. Remaba con maestría y la embarcación surcaba rauda las aguas. los comentamos con los morochos: nos parecía ver bosques colgados del cielo. pozos de agua delante de las ruedas del jeep… —…que iban desapareciendo apenas el vehículo se acercaba. —Entonces. a la terrible resolana del llano azotado por el sol. ¿Recuerdas nuestro reciente recorrido? ¡Y cómo! El aire pesado. En ese momento me asalta un recuerdo y una preocupación: —Pero hay algo que vi. pero todo es como un delirio. ciudades con altos palacios. el lugar que perteneció a sus antepasa� dos. hijo? —Sí. A lo largo de los últimos siglos.Los Yaruro. que no producen lluvias sino que absorben el resto de humedad que en� cuentran a su paso. —¿Pero no podrían encontrar un sitio al abrigo del viento? —Prefieren el viento a los miles de insectos que anidan en los lu� gares estancados. no sé si es espejismo o realidad. A esto se debe el aspecto desértico de la región. —¿Por qué no buscan un lugar más guarecido. Tenía tanta altivez que parecía reclamar con la mirada su espacio propio en la selva. pegones. —Esas son las cosas que el calor. la somnolencia. las amenazas con armas de fuego de los ganaderos. caballos galopando en el aire. Parecía un dios de la selva. —¿Te impresionaron los espejismos. la presión de los hacendados. han sido despojados de las tierras que les pertenecían. remontando un curso de agua. el sudor. los espejismos. mosquitos. centinelas del viento al soplar de los alisios. Filatelio. que me hacía dudar de estar cuerdo. un espejismo más —trata de explicar� me mi padre. figuras. los han exilado de sus propios territorios. agrégale a todo esto los insectos que nos habrían atacado si hubiésemos detenido el jeep: zancudos. -287- . la fatiga y el cansancio nos producen a veces. más acogedor? —No tienen opciones. personas. atormentando la epidermis del hombre.

Simples son en bienes materiales. nos damos cuenta de que los yaruros. los disminuye en el paisaje y los convierte en habitantes de la soledad. También los jóvenes han salido. reposan semidesnudos y semienterrados en la arena.El Chamán de los Cunaguaros. Vuelven. la de estos indígenas! Miro su asentamiento. pe� ces de río. la inmen� sa arena del abandono. —¿Comprendes ahora por qué los yaruros prefieren el viento. —También nuestras fotos serán rápidas. que aunque pueda parecer demasiado molesto para el bienestar humano. —¿Pues. los más viejos. mirándome sonriente me explicó con su voz antigua. los oculta. sin embargo hace la existencia soportable? Volviendo a los espejismos. el Chamán de los Cunaguaros. —Todo y nada. Sólo unas cestas destartaladas. totumas. realmente. bajo la sombra de la hojarasca. en su sentir. harapos. intentando protegerse del sol. cuando vuelven las mujeres por un lado y los pescadores y cazadores por otro. algunas estacas. se� guramente a cazar. no son gente tan simple como habíamos creído. ¡No hay mucho más que retratar! Pero horas más tarde. cuida las iguanas y los chigüires. eso es todo? —les pregunto. vigías del viento barinés. vasijas para agua y hogueras apagadas denotan la cercanía de seres humanos… Los pocos que han quedado allí. Él vela por las tortugas. Viaje por el mundo indígena venezolano —Y además —completo yo— los tábanos. pero profundos en su mentalidad. Han regresado cargados: babas y tortugas. Mor y Ocho que apenas han logrado en� contrar unas tortuguitas a lo largo de su caminata. ahora casi vacío. Y el viento les arroja polvo y más polvo… pareciera la arena del olvido. que parecía venir de la misma tierra: —Es nuestro hermano Pumé. Las cestas de las muje� res están repletas de hojas y de changuango. huevos y miel traen los hombres. Más tarde me apartaré con el anciano Hatchawa para confiársela y él. La visión del canoero me persigue. que los cubre. Todo se anima. una raíz comestible que -288- . mortificados. los puri�puri y toda la minúscula fauna de esos bichitos que atormentaron al sabio Hum� boldt cuando recorría el Orinoco. ¡Qué forma de vida extraña. no he quedado convencido. protege los animales del río y también a nosotros.

Se la ofrecen a Superloro. los yaruros no comen nada crudo. cocidos a la parrilla. La comida. única del día. -289- . y con unos altos graznidos agradece la aten� ción. es motivo de gran animación. que la encuentra de su completo agrado. Con excepción de los fru� tos.Los Yaruro. hervidos. Observamos con atención. centinelas del viento se recolecta en la sabana. asados. Van a encender las hogueras para prepararla. cocinan todos los alimentos.

definida por los antropólogos “una lengua aislada”. Mbuae coloca en el suelo justamente ese palillo y lo mantiene en posición vertical entre los dedos de los pies. La sutil arena esparcida por el viento apaga prontamente las brasas. el oficio de hacer fuego. cada tarde. Es bien difícil la lengua de los yaruros. avivándola con una hoja de palma moriche. Las llamas se levantan. —¿De cuál árbol sacas esas varitas. La operación es rápida. Luego introduce el otro en la incisión. árbol de madera dura que se encuentra en abundancia a lo largo de las riberas del Capanaparo.El Chamán de los Cunaguaros. Mamá no se rinde: con un arbusto dibuja en el suelo arenoso los palillos. que vimos entre los waraos. los Yekuana. de varas durísimas. —A uno de ellos le han hecho una incisión en la mitad —co� menta mamá al observar los palitos de cerca. Mbuae le contesta algo que nos deja perplejos. especiales para avivar el fuego. una ocurrente muchachita que a gestos ha logrado hacerme entender que su nombre significa “Estrella de la mañana”. señalándole los que están a nuestro alrededor. se acerca con los dos palitos de madera. ¡Zac! Salta la chispa sobre un montoncito de hojas y ramas secas pre� paradas de antemano. y lo hace girar con velocidad entre las palmas de las manos. acostumbran más bien dejar las hogueras encendidas. Ella ríe graciosamente. que utilizan todos los indígenas para este fin. Viaje por el mundo indígena venezolano Sabemos que varias comunidades indígenas encienden el fuego sin necesidad de fósforos. Son los jóve� nes los que tienen a su cargo. como el guatacare. y colocan las tortugas y babas más pequeñas sobre un entramado de palos unidos con fuertes -290- . dice papá. los Yanomami. y al momento de cocinar. siempre a gestos. las atizan. Los Jodi. Aquí es distinto. luego unas llamas y por fin muchos árboles de distintas formas. aunque hemos sabido que también hacen fuego con astillas de otros árboles. pro� pio de la región oriental. Mbuae. haciendo ti� tilar las figurillas de azabache en forma de pequeñas tortugas que le adornan el cuello. pero hasta ahora no habíamos asistido tan de cerca y al aire libre a ese procedimiento. Mbuae? —le pregunta mamá. Es la planta más utilizada. ella atiza la hoguera. las mujeres acercan unas raíces oleosas. Se levanta y con el brazo extendi� do indica y nombra el Kolorí. aprisionándolo para darle firmeza. Ella repite y re� pite los misteriosos sonidos. Ha entendido. pero nosotros no entendemos ni una palabra.

disminuidos. lo que hacemos gustosos. cuando ustedes quizás regresen. Me dirijo a Rafael que se ha venido acercando: —Pero papá —vacilo un poco dudoso—. carne desmenuzada de venado guisada con hierbas. estos yaruros realmen� te no parecen los mismos que combatieron con Páez. esparciendo un delicioso aroma. reflexiono. Luego. quizás. hasta que sus caparazones. Mi inquietud es grande. Nos invitan a compartir su alimento. Ya que estamos todos cerca. tal vez no nos encuentren. que comprende bien el español. Dentro de pocos años. miro alrededor y trato de contarlos. le pregunto a Hatchawa. Tengo que manifestarla. el abandono. Creo que no quedan más que unos doscientos yaruros a lo largo y ancho de estos llanos. rele� gados. de los aventureros y forajidos que representan un peligro para los niños y las mujeres. donde los yaruros pasan a lo largo de la narración como figuras que el viento lleva. olvidados. el viento. a la permanente humillación en que han vivido se refiere Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. hijo. Sin embargo recién ahora las leyes venezolanas se -291- . se resquebrajan. Me mira con desaliento: —Somos pocos. el acoso de los “racionales”. las lluvias que convierten el llano en una inmensa ciénaga y los obligan a abando� narlo. la cual tiene como telón de fondo el bravío llano venezolano. nos abre inmediatamente el apetito: es el típico “pisillo”. Las dificultades de existencia. Un delicioso guiso. A sus sufrimientos. Unos treinta. las amenazas de los braceros que los obligan a trabajar. que nos sirven en tazones y platos de la misma arcilla. las ca� rencias. —Han perdido su antiguo esplendor. tal vez habremos desaparecido… Comprendo su desespero. centinelas del viento bejucos. que así también los indígenas llaman a los criollos. al tostarse. como de carne mechada. En invierno.Los Yaruro. —¿Cuántos yaruros hay aquí? —me pregunto—. Los hombres destazan las más grandes y pronto la carne blanca y jugosa hierve en una de las grandes poncheras de arci� lla que ellos elaboran. hijo… Y disminuimos al pasar de los días. —¿Cuántos son los yaruros por todo? —aprovechando la inti� midad de la comida. sentándonos en su mismo círculo. a manera de parrilla. el acecho de los hacendados que quieren arrebatarles sus tierras. a refugiarse en lejanas e inhóspitas alturas. En verano.

Las humeantes ollas de barro llenas de diversos manjares muy aromáticos que colocan a continuación en el centro del círculo for� mado por nosotros en cuclillas. sensacional! ¡Esto sí nos encanta! —exclaman felices. excelentemente preparada. como los Yanomami. o se servían usando taparitas alargadas a manera de cucharas. no hay cubiertos: la comida se toma con los dedos y así mismo se lleva a la boca. y esperamos que se logren algunas que real� mente los protejan. parecido a la carne mechada. A Mor y Ocho no les queda más remedio que callarse y seguir comiendo. Algo raro me llama la atención: el contento de los dos ceritos es exagerado. Pero lo que a todos nos fascina además del pisillo es la carne de la baba. empezando por los cuchillos y tenedores —concluyen juntos—. —¡Caramba. y regrese cargando a cuestas suficiente comida para el día entero. la mejor de todas las carnes. —¡Qué maravilla. mejor si para la familia completa. de los cuales se sorbe el contenido. ¡Y el consuelo es abundante! Hay huevos de baba y tortuga. porque aunque tiene fama de ser muy gustoso. Le han quitado el rabo. Viaje por el mundo indígena venezolano están ocupando de ellos.El Chamán de los Cunaguaros. Con esto se consuelan. como los waraos. los yaruros están más adelantados que nosotros! ¡Ya encontraron un anticonceptivo masculino! -292- . y algunos se valían de varillas de palma bien talladas y afila� das. —¡Vámonos a pie! —bromea Ocho a la manera criolla. entre los yaruros. Su euforia se debe a que. —Desechemos los vicios de la civilización. Frente a una costumbre que encuentran tan atractiva. Los demás cortaban sus alimentos con cuchillo. ¡Y re� sulta incomparable! Aún no habíamos visto algo igual hasta ahora. Al regresar a Caracas arrojaremos como desperdicios esos productos artificiosos de una cultura viciada… —Perfecto —y ahí viene la ducha fría de papá—. como los pemónes. desvían poderosamente estos pen� samientos. existe la creencia de que deja estéril al hombre. Mor y Ocho declaran con su acostumbrada exageración: —¡Tenemos que volver a la naturaleza! ¡Aprendamos de los indí� genas! ¡Pura mano! —grita Mor. —¿A qué se debe tanto entusiasmo? —inquiero con aprensión. puede arrojar� los todo el que se levante por la madrugada. salga hacia el Ávila o los valles de Aragua. mamá! ¡Estupendo.

agachándose. aquí. sobre todo la golofa o jolofa. escobillones. como las demás comunidades indígenas hacen varias veces al día con rastrillos o con escobas hechas a partir de la hierba conocida como escobilla. Son ambidiestros. Las mujeres. se alejan de las hogueras. —Se acabaron escobas. los yaruros se trasladan a uno nuevo. realiza la lim� pieza. siempre sin levantarse.Los Yaruro. al transportar la arena. quien nos llama para hacernos co� nocer otro rasgo extraordinario de ellos. aplicada a cualquier labor. se arrastran hasta círculos de arenas limpias -293- . debido a una prolongación de la ancestral costumbre de evitar. que es ponzoñosa y puede gangrenar el sitio donde pica. ¿Acaso por una medida higiénica? ¿O no será más bien. que a duras penas logramos detener. es mucho más veloz y precisa. ni corotos que fregar. Un movimiento silencioso y continuo nos sorprende. coleto y haragán. Pero la técnica de éstos. A la vez que cantan se me acercan gateando. trabajan igual con la izquierda que con la derecha. que al despertarse y después de comer nunca se ponen de pie. y para completar… ¡ade� más de trabajar con las manos. ese peligro —afirma convencido el número ocho. posteriormente de los hacendados? Nos aproximamos a mamá. lo que también contribuye a que en su medio pasen desapercibidos y sea tan difícil verlos. fresco y aseado —reflexiona mamá. Cuando un sitio está muy hollado. Nos perca� tamos de que los integrantes del asentamiento. mis dos ceritos! —Es cierto que el viento. Síiiii… ¡pegaron una. circulando con una destreza sorprendente. —Pero los brujos yaruro saben conjurar ese veneno. Comprendo al vuelo a quién están imitando. de rodillas o a gatas de un lugar a otro. centinelas del viento La salida de Ocho causa la risa de nuestra familia. primero de los conquistadores. sino que se arrastran de cuclillas. ¿Será la liberación femenina? —canturrean los morochos a media voz. los disparos. para evitar los peligro� sos alacranes. también lo hacen con los pies! Nos recuerdan a los varones sape y kariña. Mamá se acerca a las madres yaruro que están reposadamente sentadas o recostadas. y me invitan a dar un paseo con ellos en esa posición. ciempiés y hormigas. Ni siquiera es necesario barrer. descansan después de la comida: no hay vajilla que lavar. A los amigos yaruro. pienso con indignación. que lo hacían esencialmente en el tejido. ni mesa que limpiar.

enfurece a mi padre. quien diera la cara por ellos. Los adultos fuman un tabaco picado en pipas grandes fabrica� das de barro. —¿Será acaso un rastro del célebre “tabaco de Varinas”. por consejo del inseparable bru� jo “Chingo Olivo”. la diosa creadora de todas las cosas. por la inhumanidad que trasunta. Se acerca la noche. Los yaruros se alegran: estos bellos colores del ocaso. roncan como el cochino. son la señal de que Kuma. Este recuerdo. porque los estor� baban en su codicia por la tierra? —Es posible que hayan sucedido éstas y otras barbaridades —contesta papá con tono de rebelión. se� gún nos informaron. salta. Pero en ninguno de esos casos nos dejaron hablar� les. se persiguen entre risas. las mujeres preparan algunos cigarritos delgadísimos con esas hojas silvestres parecidas al tabaco que recogieron por la mañana y manipulan con recato. Con semblante satisfecho. Otro aún lo observamos desde lejos entre los Yanomami. mandó a quemar los campos donde se guarecían sus oponentes? —aventuro. sentado en un banco con su perro al lado. corren a gatas como si fuesen perritos. mientras absorbía la sopa de plátano. Los seguimos y nos reu� nimos con ellos. trepan. —¿Y será cierto —insisto con terquedad— que algunos terrate� nientes tomaban puntería matando a los yaruros. ni se dejaban identificar. violetas. por temor. nosotros lo deseábamos y los habríamos tratado -294- . Donde los pemónes vimos desde lejos a uno. agi� tando la maraca para un niño recostado en una hamaca. rosados. cuando el caudillo Ezequiel Zamora. Sabíamos que había chamanes en las comunidades que visitábamos. siempre más molesto y resen� tido— porque en tiempos no muy lejanos no existía quien protestara por los atropellos a los indígenas. Otro lo habíamos visto entre los Yekuana. a perder sus poderes y su fuerza al contacto con los “civilizados” o “criollos”. Los niños juegan: imitan a los animales. mientras el cielo se tiñe de matices rojos. que fumaba tabaco cerca de un enfermo. rebuscando en mis estudios de historia de Venezuela. Al insinuarse el brillo de la luna. algunos directamente aspiran la hoja enrollada. Fue una lástima. que gozó de fama internacional pero que se perdió a finales del siglo XIX. balan como cabras. ha manifesta� do su complacencia.El Chamán de los Cunaguaros. se manifiesta una presencia nueva: el chamán o guía espiritual. Viaje por el mundo indígena venezolano y contemplan con embeleso la puesta del sol. pero no se nos acercaban.

tendidos. que goce de autoridad. con experiencia. son dirigidos por un chamán masculino quien toca la maraca. Los últimos co� ros de la noche. el resoplido de las toninas en el río. la voz del zorro parecida a un ladrido. tenga o no éxito. El canto de la “hermana menor” se celebra al atardecer. nos explica Hatchawa que al percatarse de nuestra buena disposición e interés se muestra más comunicativo y logra expresarse en un español bastante corrido. pues serán los cantores de la comunidad. y a veces a Acava. por el contrario. La llaman Añikui. y chamanes mujeres. hay chamanes hom� bres. y me parece. mien� tras la voz de la chamán los guía por el mundo espiritual. “hermana menor”. ya que sus éxitos en la lucha contra ciertas enfer� medades son indiscutibles. a la diosa Kuma. la vida del grupo gira a su alrededor. un anciano arrugado a quien la mitología Pumé presenta como el hijo de Kuma y Poana. Este viejito es el encargado de iluminar el entendimiento de los que quieren convertirse en chamanes. en cambio. de todas formas. pues todos reconocen que son los más indicados para resolver o aliviar cualquier problema grave de salud o espiritual. Aquí. La mujer chamán. centinelas del viento con mucho respeto. desde lejos. el rugido de algún jaguar. A medida que la oscuridad disipa los colores del cielo. la gran serpiente anaconda. Esta tarde oficia una mujer. logre o no curar. Ambos son muy considerados y acatados. debe ser una mujer madura. y ella canta sola desde su chinchorro. la ascen� dencia y acción del chamán entre los indígenas es benéfica. Los yaruros musitan una monótona salmodia. y sabemos que.Los Yaruro. parecen encontrarse en una especie de trance. Tanto los hombres como las mujeres antes de ser chamanes tienen que entrenarse para modular su voz. -295- . único instrumento de acompañamiento musical utilizado por los yaruros. Cada chamán. No sé bien cuáles sean. los gritos de los araguatos. Apenas llega el crepitar de la arena arrojada por el viento y. hombre o mujer. fabrica su propia maraca y la decora con grabados y dibujos geométricos o esti� lizados que simbolizan a Poana. De cara al suelo. respondiendo al chamán masculino oficiante. un personaje femenino con los brazos extendidos. entre los yaruros. en un murmullo ronco y sostenido. El chamán hombre empieza su actividad relativa� mente joven. pero me doy cuenta de que los embargan unos sentimien� tos intensos. un denso silencio se cierne sobre el grupo.

sus palabras dirigirse a una presencia misteriosa. se levanta. por todos los caminos y pueblos de la selva. su repiqueteo deviene agudo. ¿Estás dispuesto a enfrentar el pasado que tu hijo representa? Sin esperar respuesta. En ese momento el chamán hombre se adelanta. Ellos me dieron ánimos para emprender una nueva búsqueda. —Evocan nuestro amigo. Lo perdí. humillados y despojados de las tierras que les pertene� cen y cuyos productos son suyos por derecho ancestral. vibrante y sutil. Lo busqué por todas partes.El Chamán de los Cunaguaros. mirándolo fijamente—. vi tu rostro en el silencio de la noche. —¿Y cómo vuelves ahora. que parece brotado del mismo suelo. ¡Yo sé quién eres! Papá la mira con cierta inquietud. ellos también. la yaruro se aleja de Rafael. después de tantos años? —Encontré las fuerzas que había perdido en mi reciente fami� lia. ¿Pero cómo sabes de mi hijo. parecen indicar algo. nuestro protector. El grupo se le une. un yaruro especial —me responde en un murmullo. Se mezclan. movimiento y animación. Las maracas suenan insistentemente. Los gestos de los yaruros. en toda la infinita sencillez de su cuerpo del color de la tierra. repica con fuerza sus propias maracas de tono grave y profundo. capaces de una vida completamente espiritual y sin embar� go. da inicio al coro nocturno. su paso lento por los bosques. con mirada torva. El canto que entonan refleja la angustia y el desaliento de estos indígenas. enigmática. atropellados. Y vi el rostro solitario de tu hijo. levantados. melancolía y sensuali� dad. tachados con maldad e injusticia de “irracionales”. —No lo abandoné. a quién llaman? —le pregunto. cómo es que conoces mi vida? —El mundo de los espíritus me reveló tu pérdida. su figura se pierde en las tinieblas que avasallan. -296- . pero con un dejo de melancolía: la chamán se incorpora en su chinchorro. sus ojos mirar a al� guien. Viaje por el mundo indígena venezolano Un súbito agitar de maracas. al anciano. Enseguida se dirige a mi padre: —¿Quién eres tú? —lo increpa. el Chamán de los Cunaguaros. casi alegre. —¿Por qué abandonaste a tu hijo? —lo interpela la yaruro. —¿Con quién hablan. Fue imposible encontrarlo. intrigado. los brazos abiertos. De pronto todo cambia.

De los bosques del cielo fue enviado este sabio hermano yaruro a confortarnos. los amos de la tierra. de la llanura. y allende ellas. su pelo el del azaba� che. rodeado de luciérnagas? ¡Vino de la fresca brisa. en el silencio de la noche. como la arena. es un in� dígena puro: su cuerpo tiene el color de la arena. Este hermético coro.Los Yaruro. pero a la vez la esperanza de un futuro mejor. ¿un sabio ancestro indígena? Él. el gran chamán de los feroces cunaguaros? ¿De dónde llegó con sus tigres. parece expresar nuestro propio sentir. del río brotaron sus pasos! Él camina en la espuma. como el agua. a unirnos. Según las descripciones que hasta ahora hemos oído. de integración. Somos los señores de la sabana. Que somos los dueños del venado y de la noche. como nuestros antepasados. -297- . ese chamán que les habla de paz y de unidad entre to� das las etnias. Representa para ellos un símbolo del poder de sus an� tepasados. de la montaña y de la flor salvaje del zorro sabanero del puma que ronda del caimán que acecha. sus ojos amarillos el de las aguas del río Apure. una evocación del dominio perdido. que refleja lo que significa para ellos ese amigo y guardián es� pecial. sobre las piedras. todo lo que suscita en nosotros su figura mágica. de la tierra de donde brotaron. Nos dice que somos grandes. ¡Vivan! —dijo— ¡Vivan bien en esta tierra! Esta tierra es de ustedes. su presencia inasible: ¿Cuándo volverá nuestro hermano yaruro. centinelas del viento Entonces… esa melodía opaca y constante invoca la figura del misterioso personaje de quien hemos oído hablar en todas las comu� nidades que hemos visitado: ¿un líder espiritual?. les trae un mensaje de solidaridad.

El Chamán de los Cunaguaros. -298- . Eso dijo el Chamán de los Cunaguaros nuestro hermano yaruro. Viaje por el mundo indígena venezolano Kuma los ama a ustedes. Vivan. Esta es la tierra de ustedes. vivan bien en esta tierra.

Llueve sobre el río y las ranas verdes.Coro de la selva Allá van las guacharacas. del ceibo. somos yanomami de la selva somos los yekuana del país de la niebla somos los kariñas de historia guerrera somos warao enemigos del olvido somos yaruro de arena y viento 299 . amigos del mono y el terecay somos los pemónes. que hablan con la tormenta somos gente del agua. se posan sobre enormes hojas que tienen la forma de un corazón. warao de canoa y de sonrisa somos bari de ensueño. de loros reales llenando de fiesta el aire de la selva. de guacamayos. Allá van los colibríes como joyas voladoras zumbando entre las flores que se abren como hermosos labios de doncellas núbiles. Allá van las bandas de pericos. Somos los jodi. azules como forjadas en el taller de los dioses salen de los pozos. Sape de luna llena somos yukpa de la sierra. entre las ramas bajas del yagrumo. rojas.

Nos llena una esperanza nueva abrámosle camino a esa esperanza ella abrirá paso hacia nosotros entre la espesura de la selva.El Chamán de los Cunaguaros. las suaves hojas del pijiguao la débil luz de la luna entre los altos árboles el fuego de los astros el viento que se lleva a los yaruros el relámpago que deslumbra a los wayuus el misterio que envuelve a los Sape la lluvia que reverdece las grandes hojas el sol de los venados fugitivos. -300- . somos gente de la misma sangre del poderoso chamán mezclados con sangre de otros mares pero estamos aquí con ustedes y amamos los caminos selváticos las torrenteras secretas. Viaje por el mundo indígena venezolano y nosotros.

Apresar su esencia. Miles de flores se despegan de los árboles y empren� den el vuelo… pero ¡no son flores! Son las garzas llaneras. el rocío aviva los olores de los mastrantales que trae la brisa desde lejos. captar sus rostros. los secretos de su mágico universo espiritual. No puede distraerse. Cantan los pájaros con tal algarabía que apenas si se oyen nuestras voces. Junto con nosotros se ha despertado el Llano todo. su entorno más cercano. la roja corocora. Mientras. Su objetivo es otro: fotogra� fiar a los indígenas. su modo de vida. —¡Qué belleza! Deberías tomar fotos. Ya debemos dejar sus polvo� rientos y áridos territorios. descubridores de misterios Resuenan en nuestros corazones los cantos nostálgicos de los yaruros y las palabras agoreras de aquella mujer chamán que parecía conocer la vida de mi padre. sus expresiones.Los wayuus. emprender otra etapa. 301 . la blanca chusmita. traten de seguir durmiendo un rato. Papá consiente pero no lo hace. —Este recorrido será muy largo —nos alecciona— acomóden� se lo mejor que puedan. cuando bien de madrugada. la magia de sus miradas. papá nos hace subir al jeep. Rafael. las de color de rosa. aún ador� mecidos. No es posible.

no se distrae ni un momento. pura carretera. no las hay. Estas últimas las conoce y las recita en su idioma original. De los yaruros a los wayuus. Papá es muy aficionado. para amaneceres. ¿no hay comunidades indígenas en estos lugares? El vehículo avanza. quien se fija una elevada meta. La respuesta de papá es algo enigmática. a las lecciones y explicacio� nes. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Cómo es esa frase célebre que siempre nos repites? —pre� gunto. —No.El Chamán de los Cunaguaros. por ahora. Las etapas. donde podrían haberse asentado satisfactoriamente. ya lo sabemos. ni paisajes. Atravesaremos los estados Barinas. —¿Nunca habitaron esta parte tan bonita de Venezuela? —in� sistimos. puro carro. -302- . —No se distrae quien tiene un alto objetivo —traducen libre� mente los repollitos. empiezan a verse pequeños poblados dispersos. observando la amplitud y magnificencia del paisaje. No nos detendremos en ningún grupo de naturales en estos parajes. Es decir. No los hay. a los sermones. lo disgusta. —La de Leonardo. y a las frases célebres. a lo lejos se yerguen altos árboles. por hermosos que sean. Falcón y Lara. o sea no voltea la vista quien persigue una estrella. que no las habrá. En efecto. gente que lleva ganado. la vegetación se hace exuberante. —Papá. breves —nos in� forma. cabras. —Non si volta chi a stelle è fisso. —El recorrido será muy largo. que nunca habitaron estas tierras. Lo sabemos. —¿Cuál de tantas? —sonríe Carmen mirándolo. ha guardado todo su equipo en la parte trasera del vehículo como diciendo: —Ahí te dejo por un buen rato. papá. —El que no las haya quiere decir que no las veremos. surge el sol. pero no quiere decir que no las hubo. Papá persigue buscar a su hijo y tomar las fotos. el paisaje varía. lo sabemos. Nos hemos dado cuenta de que así habla cuando algo lo preocupa. No hay lugar. “no vuel� ve la mirada quien la fija en las estrellas”. Leonardo da Vinci y las estrellas —los morochos vienen en mi ayuda. Es así.

Tal vez por su fiereza y su alti� vez. Sáliva. La población indígena que hoy en general resulta bastan� te escasa. había aquí muchas etnias. los indígenas que poblaban estas regiones fueron exterminados durante la expansión española en sus territorios. Pero quiero que conozcan esta triste verdad. para que no me mortifiquen y no me re� prochen. que posiblemente en las escuelas no les hayan revelado en su totalidad y crudeza. era muy numerosa. algo malhumorado. que hasta Tío Jeep empieza a corcovear con júbilo.Los Wayuu. pero quizás veremos en un próximo viaje… —¡Promételo! —gritamos todos. las más numerosas diría que son: Panare. lo interrumpen los morochos: —¿Nos faltan muchas etnias por ver? ¿Cuántas? ¿Dónde están ubicadas? ¿Por qué no vamos a visitarlas ahora? Un tropel de preguntas se abate sobre papá que a duras penas se las ingenia para responder algunas: —Voy a mencionarlas. —Las hubo y se extinguieron. Paraujanos o Añu. Frunce aún más el ceño. pero se nota contento por el interés que mos� tramos hacia esos indígenas que están tan cerca de su corazón. —De las que faltan. Eran los Caquetíos y los Jirahara. como venezolano y como ser humano. en un próximo viaje es la de los Baré. muchas más que las que vimos y de algunas que quizá veremos en otro viaje. ¡dinos algo de ellas! —Una de las que más me gustaría visitar con esta familia tan exigente. me avergüenzo. se agita sobre el asiento del jeep y por fin prosigue: —Me cuesta referirme a hechos de nuestra historia de los cua� les. y… Alborotadísimos. —¿Quedan lejos? Y ya que no nos llevas hasta allá. Baré. carrasquea. Hiwi o Jiwi. —Mencionaré las que no vimos. Rafael rezonga. ¡Qué familia tan pasada tengo! ¡Claro que bromea! Sabemos que sin nosotros. Rafael empieza. que están en el -303- . jamás se habría animado a emprender este viaje. descubridores de misterios —Explícate por favor. Cuando llegaron los conquistadores a Venezuela. —Prometido —responde levantando las dos manos con tanto ahínco.

ni poder. en estas tierras del estado Falcón que estamos reco� rriendo ahora. —¿Por qué no quisieron compartir sus riquezas? —Para los Caquetíos y para todos los indígenas el oro no signifi� ca riqueza. que tenía fama de hombre sabio y era considerado un Dios por ellos. ni fuerza. Quedan muy pocos. De paso. —Sí. pequeña Venecia. al oeste del estado Bolívar. ocupan un espacio en Guayana. —¿Estás seguro que los mencionaste a todos? —Pues no. pero eran muchos hacia 1500. —¿Cómo? ¿Cómo es eso? —preguntan los morochos siempre entusiasmados. que lucen secas. Viaje por el mundo indígena venezolano Amazonas. Esa fue la verdadera razón de su resis� tencia a la codicia de los invasores. Tenían una cultura avanzada. y cómo eran los otros. cederse ni comercializarse. —¿Papá. al punto que la vista de un pueblo palafítico en esas aguas azules hizo que Américo Vespucio. En parte porque son numerosos. No debe regalarse. Los Panare habitan nues� tras selvas de Guayana y Amazonas. Los Jiwi o Guajivos están también en nuestra Orinoquia y hacia el sur sus dominios colindan con los de los Sape y los Yekuana. eran tantos que ni siquiera los cronistas los men� cionan en su totalidad. en el Zulia. lo que despertó la codicia de los con� quistadores. y en parte porque tienen fama de predecir el futuro con semillas y frutos secos. denominara a nuestro país Venezuela. habitaban los Caquetíos. —Yo he leído sobre los Caquetíos —intervengo orgulloso— y la leyenda del rey Manaure. Tal vez por no querer ceder su oro. eran numerosos y poseían muchos adornos y dijes de oro. tampoco he leído todo lo que hay sobre ellos. invadidas por bancos de arena. Los Paraujanos o Añu vivían en palafitos alrededor del lago de Maracaibo. como ya les dije. áridas. Los Sáliva. casi en nuestra frontera con Brasil. -304- . fueron exterminados. Yo no soy una enciclopedia. azotadas por ese viento que si bien refresca no da paz. el oro es sagrado. los que desaparecieron? ¿Qué pasó con ellos? —Aquí. igualmente numerosos.El Chamán de los Cunaguaros. de ninguna manera. cerca del Maracaibo están los pozos de la Cuiva donde se dice que vive su espíritu. ni siquiera todos los cronistas.

Poblaban justamente el estado Lara. Investigaciones recientes han descubierto que en la región falconiana estuvo el asentamiento humano quizás más antiguo de la tierra. había culturas hermosas. —¿Qué otras etnias se extinguieron? —preguntamos todos. estatuillas. Estaba originalmente poblado por varias etnias. y aún hoy se encuentran en Falcón. por fin se calman. Se han calculado nueve mil años de antigüedad para las culturas de esta zona. los dos ceritos se dedican a silbar inspirados por el paují de la canción. Rey Manaure. —¡Vamos. cerca de este camino que estamos cruzando. dame tu limosna”. pero se desahogan entonando un dueto clásico que rematan en forma muy personal: Por la cuesta de un cerro Coriano iba un Caquetío que cantaba así: Ocho le contesta. Lara y Yaracuy restos de cerámicas. improvisando una copla de rima pegada tan cursi que habría horrorizado a mi profesora de castellano y literatura: qué alegría siente el alma mía por la melodía que silba el paují A continuación. ídolos y recipientes sagrados de los aborí� genes. —¿Cómo eran? -305- .Los Wayuu. sale del agua una culebra amarilla y se convierte en un trozo de oro sólido —los complace papá. —También deben saber —sigue aleccionándonos Rafael— que este territorio del norte occidental de Venezuela es considera� do por los antropólogos de una extraordinaria antigüedad. en los límites con Falcón y Ya� racuy. descubridores de misterios —Dicen que si uno le pide: “Rey Manaure. complejas. pidamos —nos instan los morochos—busquemos ese oro! A una señal adusta de nuestro padre. —Los Jirajara.

Al tiempo que habla mi padre. Pero. en la lengua de los invasores: —¡Allí! ¡Allí hay un banco de ostras! Acércate. desde los vageles. rápido.El Chamán de los Cunaguaros. ¿Recuerdan el canto favorito de la isla: Margarita es una lágrima? -306- . jadeante. país centroamericano. las comían solas. me parece verlos. siempre en el mar. —¡A quién no! —concluyo recordando las ricas arepas de per� nil. que tienen la fama. Entrega la preciosa carga y se recuesta maltrecho. —Lamentablemente los Guaiquerí y Cumanagoto no pudieron resistir sumergirse tantas veces por tanto tiempo. aquí! —canturrea Superloro al oír men� cionar uno de sus manjares más apetecidos. Otros de sus descendientes. Pronto morirá. —¡Qué maravilla! —ríe Mor— ¿Reina pepeada o rellenas de carne mechada? —No. llena un saco de ostras y sube al fin a la superficie. cultivaban grandes sembradíos de maíz y ya preparaban arepas. mustia la piel de tanto sumergirse en las aguas profundas del Caribe. —¡Cuántas vidas perdidas por la codicia de las perlas! —de� ploro—. hasta que se extinguieron? Papá se ensombrece. lacios los cabellos. como tantos otros. apagados los ojos. con carne de cacería. —¡Arepa. ¿resistirá el buceador? Lo intenta y lo hace. aquí. inmerecida quizás. Pero también hoy día el cantar isleño refleja los riesgos de la vida del marinero. y se sabe que a los conquistadores les gustaron desde que las probaron. Viaje por el mundo indígena venezolano —Los cronistas y viajeros cuentan que eran excelentes agri� cultores. mezclados con criollos. había la etnia de los karibes. Oigo gritos. ¿Recuerdan que los visitamos? —¿Rafael —pregunta mamá—. arepa. mis favoritas. y morían sacando perlas para los conquistadores. Con razón las perlas parecen lágrimas y en las poesías y en las canciones siempre las han relacionado. De ellos sólo queda un grupo en Belice. sombríos. es cierto que los Guaiquerí y los Cumanagoto fueron utilizados para extraer perlas. —¡Qué explotación tan dolorosa! —protesta mamá. son los kariñas. de antropófagos. delgados. —Además —prosigue papá—.

reanudamos el interrogatorio so� bre el pasado aborigen: —Y en Caracas… ¿No había indígenas? -307- . —Este… —balbucea Mor. nos estremecen con el polo El marino: Cuentan que un día un marinero se fue a la playa y no volvió más… Se fue cantando en su velero su copla triste quedó en el mar. —¡Ya comenzó a sentirse maracucho! —lo satiriza Mor. Ocho comienza a silbar una gaita zuliana haciéndose el desen� tendido y luego le dice ufano a Superloro. subraya el tema margariteño de la Virgen del Valle. pronto estaremos en territorio wayuu. Virgen del Valle reina del Oriente alza tu mano. La historia dice que no lo vieron cuando en lo inmenso del mar se hundió sólo se sabe que salió un día y que a la playa no regresó. no me abandones. esta vez con una de las etnias más numerosas de Venezuela. Seguimos avanzando. de respetuoso silencio. descubridores de misterios El tenue silbar de los repollitos. Ocupan toda la península de la Gua� jira y su fama de bravos e intrépidos los acompaña. asentado sobre mi gorra: —Vai. por una vez respetuoso y con� movido. primito. nos da aliento. Estamos preparados para un nuevo encuentro. La frase nos saca de nuestro letargo. no… A continuación. pero en el interior del vehículo hay un momento de re� flexión.Los Wayuu. —¿Qué han investigado ustedes sobre los wayuus? —pregunta Rafael. —¡Anímense viajeros! —nos insta papá—. acunados por el rumor continuo y fati� goso de Tío Jeep. Como todavía falta por llegar. pues. que pareciera estar tan cansado del camino como nosotros.

—¿Y cómo se extinguieron estas etnias? —pregunto con ansie� dad. la gente. mejor en� frentarse a los invasores. ni ser re� ducidos a esclavos. —Antes que huir. y son las etnias que actualmen� te vemos sobreviviendo a duras penas. comandados por Guaicaipuro. prác� ticamente extinta. heroicos guerreros. Los indígenas que no aceptaron la servidumbre impuesta. En los picachos que dan hacia el litoral estaban los dominios de los caciques Naiguatá y Terepaima. Guaicaipuro y Paramaconi? Ellos eran verdaderos líderes indígenas y comandaban un ejército de flecheros que desde los cerros que rodean el valle de Caracas.El Chamán de los Cunaguaros. en toda la costa del Caribe y aún tierra adentro. -308- . durante la conquista. nuestros derechos. ¿Y qué de� cir de Tamanaco. —¡Qué valientes! —observo con desasosiego. —Sí. Los que no pudieron o no quisieron retirarse fueron exterminados. —Donde nadie me encontrase —corrobora Ocho. mejor morir luchando. Esta etnia. —Pues también a sangre y fuego. con espíritu poco aguerrido. opusieron fiera resistencia al invasor. Algunos indígenas se escondieron en la selva. no y no —rectifican ambos enseguida—. Según los cronistas. —¡Fiu. de allí su nombre actual. Otros se enfrentaron y fueron exterminados. por no querer ceder los territorios en su totali� dad a los conquistadores. ¡ay ay! —comenta Superloro quizás impresiona� do con el ambiente de recogimiento y dolor. el líder absoluto de la resistencia indí� gena. escondiendo su piquito bajo el ala. con preocupación y desaliento. defender nuestras tierras. —Pero no. Es la triste verdad: estas etnias desaparecieron con la expansión europea. —¿Y eso ocurrió en todo nuestro territorio? —inquiere Car� men. el valle donde hoy se asienta la capital de Venezuela estaba poblado por los indios Caracas. tal vez por su fiereza. Viaje por el mundo indígena venezolano —Claro que sí —asegura mi padre—. fiuu!. convivía con los Teques de los altos mirandinos. tenían dos alternativas: huir o morir luchando. —Yo hubiese huido bien lejos —se apresura a comentar Mor. con la mis� ma disposición.

presto a rechazar al invasor. bien asfaltada: y he aquí la capital del Zulia. que eran como… —¡Como una escopeta grande. bien conserva� da. de las et� nias extintas. el viento se hace brusco y duro. tu incultura me ofende. el jeep devora unos 150 kilómetros de carretera recta. con el grito ancestral de una guarura indígena. como diría nuestro cantor Alí Primera: Terepaima. descubridores de misterios —Todos ellos fueron derrotados porque aunque fuesen exce� lentes flecheros y buenos estrategas. al bravo guerrero de las montañas. en pleno siglo XXI. Mientras recordamos a nuestros antepasados aborígenes. y que a la vez. Nos aproximamos al Puente sobre el Lago. que sigue guardando los misterios con que soña� ra Julio Verne en El soberbio Orinoco y que tanto persiguieron aventu� reros como �alter Raleigh y Antonio de Berrío. Pare� ciera traer extrañas voces de batalla. cuando ocurrió la conquista de Venezuela. los páramos soberbios de cumbres nevadas. —¿Tenían ametralladoras los conquistadores? —se apresura Mor. y aún creo que resuena en mis oídos el grito de Terepaima. -309- . casi mágicas y todavía ignoradas. con la pólvora nadie puede. siempre fiel al Libertador. que lleva el nombre del prócer zuliano Rafael Urdaneta. caminos de arena y pocas vías asfaltadas. Me pregunto si en otros países sabrán que Venezuela cuenta con algo tan moderno y funcional. posee aún regiones hermosas. Maracaibo. puentes de bejucos. —¡Qué barbaridad! —comento con grave indignación—. la ciu� dad del petróleo. nos quedamos pasmados ante la poderosa estructura de concreto y metal que se extiende sobre el lago y nos permite atravesarlo con toda comodidad. las selvas amazónicas y La Orinoquia. Sin embargo. remotos caracoles de guerra. tu grito resuena en el monte… Y rememoro. Luego de tantas trochas silvestres. pasarelas de lianas. impresionantes. maravilla natural en las entrañas del país. Tuponken! —me interrumpe Ocho. como las inmensas llanuras de la Guayana.Los Wayuu. se usaban los arcabuces. En el siglo XVI. Todos ríen y se aleja por momentos el recuerdo triste. con sus flechas certeras.

—¡Cállense. quiero pensar que algún día. —�ayuu… ¿por qué? La pregunta de Maigua nos sorprende. El jeep enfila directamente hacia el territorio de los wayuus. Barquisimeto. y quedémonos al menos un día para verla toda. las empresas multinacionales. tal vez. este no es un viaje turístico. A Maracaibo iremos en alguna otra ocasión. Cumaná. Quisiéramos conocerla. —Pasemos por Maracaibo. el oro negro. Me asalta un gran deseo de conocerlo. abrazarlo. tantas otras ciudades de Venezuela… y quizás de Colombia y Brasil. Viaje por el mundo indígena venezolano Los morochos me sacan de mis reflexiones cantando a voz en cuello una gaita llamada Sentir zuliano: Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente siento una emoción tan grande que se me nubla la mente. Ante la negativa de papá a entrar en Maracaibo. Si lo encontráramos. las torres perforadoras. —No podemos —nos hace entender papá—. compartir con él. -310- . ahora no es Navidad! —En el Zulia se cantan gaitas todo el año. Recuerden el objetivo de nuestro via� je. ¿sería mucho esperar que se incorporara a nuestra familia? Siento que hay una gran afinidad entre nosotros dos. las refinerías. cuando visitemos Mérida. ¡cómo se ha desarrollado el habla de la niña! Al salir de Caracas. papá. Me siento alborozado. ese otro recorrido podremos hacerlo con mi hermano Aparicuar.El Chamán de los Cunaguaros. Coro. En tan poco tiempo. tenemos nuestro itinerario. ape� nas balbuceaba. los morochos se consuelan silbando y cantando a su manera: Maracaibo en la noche pero ahora es de día no la vemos para nada ni siquiera al mediodía. Es la ciudad del petróleo. nos están esperando. señor Tuponken. ¿Otro viaje? Aunque parezca un sueño irrealizable.

—¡Ay. esto puede resultar verdad. —Y cuidado si inglés también. Total. Son extraños. cuando las demás etnias indígenas no la tienen? —Guajiro es una denominación geográfica. pero a la vez aprovecharon e incorporaron elementos de la cultura española a su manera de vivir. mantu� vieron su autonomía e independencia. reflexivo— o wayuu en su propio idioma. compadecido de nuestra algazara— se autodenominan a sí mismos “wayuu” en su propio idioma. así se llama a quie� nes viven o pertenecen a la tierra guajira o también goajira. La “ese” del plural se le aplica a veces porque el nombre se ha españolizado. —Y a lo mejor chino y japonés. —Empieza tú. Vamos mejor a tratar de… —Contestar la pregunta. —No. Colombia y Brasil los llamamos guajiros.Los Wayuu. Casi todos son bilingües. no podemos contestar. —¡Qué raro! ¿Cómo es eso? —Es porque su cultura es indo�hispana —comenta papá. —Con más sentido que las tuyas —apunta Ocho. —Estos indígenas —aclara por fin Rafael. -311- . estos guajiros —prosigue papá. No sabemos de dónde proviene. el número 100 al completo. tú primero. En Venezuela. Están muy transculturizados. —¿Qué quiere decir? —Quiere decir que desde los tiempos de la Conquista. —¿Y qué es guajiro? ¿Y por qué guajiros con la “ese” del plural. ni qué significa la voz wayuu. descubridores de misterios —Y ahora pronuncia frases completas. el cual forma parte de la familia lingüística arawak. tampo� co es como la nuestra. —No bromeen. no —aseguran los dos a la vez—. que no es como la de los demás indígenas. ceritos. ay! —objeta mamá— ¿Acaso van a regresar las antiguas rencillas? Todavía no se ha acabado el viaje y ya vuelven los vicios… —No. y con sentido… —obser� va Mor. hablan perfectamente wayuu y español. ni siquiera todos nosotros. ¡Con tantas sorpresas que nos han dado los indígenas! —Y sin embargo —puntualizo yo resumiendo mis lecturas— su forma de vida.

su vestimenta típica. —¡Hola. han venido a recibirnos Jashichi y su sobrino Ka’laírra. hola! —apoya Superloro. bu� rros. ovejas y chivos los trajeron aquí los españoles? —¿Acaso pudieron hacer pastoreo con iguanas. en la parte superior de la península. ambos con sombreros de fibras de magüey tejidas. ovejas. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Por ejemplo? —Por ejemplo.000 guajiros. Vamos a visitar la parte más representativa de esta antigua cul� tura: la Alta Guajira. burros. En la parte occidental. noso� tros nos encaramamos con Ka’laírra en nuestro sitio preferido: encima -312- . —A mí me parece que debían hacer esto también antes de la con� quista española —refuerza imprudentemente Mor. mamá y yo mismo lo miramos burlones. —¿Qué otra cosa podrían hacer sino pastorear? —comento en alta voz—.El Chamán de los Cunaguaros. Los encontramos cerca de Castillete. cerca de los límites con Colombia. para guiarnos. que forman sin discusión el grupo indígena más grande de este país. caballos. cabras. en las que suponemos guardan dinero y objetos pequeños. chivos. burros. Sobre unos faldones. es árida y seca. viven unos 20. Papá. La península de la Guajira. equivalentes a nuestros koalas! En� seguida suben a nuestro jeep. lagartos. ¡Cómo llamarían la atención en la escuela esos multicolores bolsos artesanales. llevan elegantes camisas de corte americano y bolsas adornadas con borlas suspendidas del cinto por medio de un fajín tejido con algodón. que conforma la punta más septentrional de la América del Sur. que se asoma al golfo de Venezue� la. La parte oriental.000. —¡Qué fácil es equivocarse. su medio de subsistencia. Nos proponemos conseguirnos algunas. Desde la ranchería conocida por papá. Creo que aún hoy día esta es su principal actividad. Reflexiono sobre esta situación. cachicamos y zamuros? —enfatizo. tigres. el pastoreo. Por supuesto. burros. asnos. ¡hablan español perfecta� mente y con gran propiedad! Mientras Jashichi se coloca adelante entre nuestros padres. es habitada por más de 100. ¿No han visto los animales? —Sí —contesta Maigua entusiasmada—. vacas. que pertenece a Colombia. si no se piensa antes de hablar! —conviene el morocho avergonzado. —¿Y con cuáles animales? ¿Olvidas que los caballos.

bravo como un perro bravo. acalorado. -313- . que parece haber seguido la conversa� ción. Ka’laírra. es el clan de Jashichi. se queja. —¿Cómo hacen. mi tío. pegada la nariz a las ventanillas traseras del vehículo. verificar o corregir ciertos datos co� munes entre la gente o adquiridos en nuestras desordenadas lecturas. sino la de lluvia. ¡Sólo de noche refresca un poco! —¡Ay. —¡Y ese calorón! —Ese calorón siempre lo tenemos. ay.Los Wayuu. y los animales pueden pacer bastante durante varios meses. cactus. que se secan en el verano. —No hay. Nos las arreglamos. porque el guajirito nos lo va explicando todo y con él podemos comentar. Ka’laírra? —A nuestra ranchería. Por eso cavamos pozos y más pozos. —Se ve que no hay agua en esta región. y aún peor —suspira Ka’laírra abanicándose con su sombrero—. —¿En un solo rancho? —No. —¿Llueve mucho? —Cuando llueve. Pero luego nos gusta ver cómo todo reverdece. —¿Está tu familia allá? —Sí. —Sí. ay! —Superloro. nuestra principal actividad es el pastoreo. No tenemos ríos. en algo así como cincuenta ranchos. en los pas� tos. ¿No ven que por aquí todo es desértico? Lo confirma la escasa vegetación formada por árboles desnudos. significa el “tigre” —agrega orgulloso. Estamos contentos. En la estación lluviosa se forman arroyos y que� bradas. Vamos de los 28 a los 40 grados to� dos los días. dividive y otros arbustos resecos. entonces? —Es lo que yo también me pregunto. —¡Está a la vista! —¡Pero hay muchas más reses! Se encuentran arriba. —¿A dónde nos dirigimos ahora. Y mi nom� bre. esto se vuelve un solo pantano. descubridores de misterios de las cajas de equipaje. todo vuelve a la vida. —¿Qué quiere decir Jashichi? —Quiere decir “bravo”. —¿Es grande la ranchería? —Unas cuatrocientas personas.

se los sustrajimos a los primeros hacendados que se asen� taron por aquí. ¡Qué actualizados están! —Y tu hermano. ¿cómo los íbamos a llevar a pastar? —¿Y cómo consiguieron tantos animales? —Pues más rápido escapa el ganado hacia afuera que hacia adentro. lo que aún hacemos y seguiremos haciendo. —¿Es cierto —preguntan los morochos aún no completamente convencidos— que los guajiros no conocían el pastoreo antes de la llegada de los conquistadores españoles? —Por supuesto que es cierto. ¡Ya no existen! ¡Cuánta patraña cuenta la gente! Nuestras casas son tan modernas como las viviendas de Maracaibo o de Caracas. Si no teníamos ani� males. tales chozas no las conoció ni mi abuelo. ¿es como tú? —No. ¿Acaso íbamos a esperar que nos los ofrecieran? Esto ya no nos gusta tanto. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es verdad que las viviendas de ustedes están hechas al estilo de las chozas de los aborígenes. Y hasta más confor� tables. -314- . usando arcos y flechas porque son armas más económicas que la escopeta. sí. Estos guajiros. También practicábamos la pesca y la recolección. las olimpíadas. con techos de concha de cují y paredes de barro? Ka’laírra se ríe con gusto: —Oye. las supercomputadoras y los grupos musicales de rock y salsa. nutrias. o mejor di� cho lo dedican al pastoreo. A continuación nos confía: —Mi hermano y yo tenemos una buena litera para dormir. Sustraer es es una acción dudosa… Sustraer no es bueno. los carros de carrera.El Chamán de los Cunaguaros. una ducha con agua fría y caliente. él es más pequeño y más calmado. Hemos decorado las paredes de nuestra habitación con afiches de los viajes de los astronautas. los demás indios no lo hacen. y en efecto Ka’laírra nos lanza una mirada pícara y aclara burlón: —¡Los tomamos prestados! —¿Cómo? —Pues. Nos dedicábamos a la caza de ar� madillos. —¿Qué? Mis hermanos se quedan en la luna. yo creo captar el significado. Se dedica.

Todos tienen su buen techo de zinc. Era algo bastante natu� ral. hacendados. Los chivos y las cabras. ganaderos. les dan prestigio. Ka’laírra nos invita: —Los voy a llevar a ver los animales que cuida mi hermano menor. entrego a mamá una Maigua muy tris� te porque quiere acompañarnos… Y mamá me devuelve una Maigua triunfante que. Los burros. son un excelente medio de transporte y de carga en estas regiones poco habitadas. Si las tierras guajiras pasaban a los blancos. Todos ellos son excelentes jinetes. El jeep se detiene ante una ranchería que. mejor dicho. aunque alejada y soli� taria. queso. Ahora entiendo. descubridores de misterios ¿Por qué? ¿Se habrán visto obligados a ello? ¿O es un vicio inculcado en su raza? ¿Acaso lo consideran natural. hola.Los Wayuu. acaso lo practican todavía? Ka’laírra prosigue. En esos hatos había ganado que se escapaba… los guajiros lo recibíamos con hospitalidad. da la impresión de ser moderna y confortable. Ka’laírra se precipita del vehículo con tanta velocidad que sólo Superloro logra seguirlo revoloteando. a comer! Los morochos ya están en marcha. otros de yotojolo. prepárense. pues propor� cionan leche. con mayor seriedad: —La aparición del ganado entre nosotros fue una consecuencia de la invasión de los blancos. pieles y además son animales fáciles de sustentar y mantener. Algunos ranchos son de cemento. ¿No te parece lógico? —Bueno. el ganado de los blancos pasaba a los guajiros. se encarama sobre mis hombros y me incita: -315- . Yo le pido permiso a papá. son considerados una riqueza. El ganado va� cuno les permite comerciar con su carne. una varilla sacada del cactus seco. y resultó aceptable. en carrera. que establecían sus hatos en el territorio tribal guajiro. por su resistencia. La voz de papá pone fin a mis cavilaciones: —Ya vamos a llegar. obtenido el permiso. pero sí. a la vez que chilla: —¡Hola. me parece. por ejemplo. en ese ambiente y en esa época. a comer. no tanto. y lo en� cerrábamos en nuestros propios corrales. Los caballos les proporcio� nan facilidad de traslado. El pastoreo trajo grandes ventajas para estas comunidades. enramadas de palma sostenidas por postes de alambre.

bicho… Casi nos caímos a golpes… Menos mal que la presencia de Muñeca. le espeto con fuerza: —Bruto. y la llegada de los morochos asustados: “¿Qué hubo. que anteriormente designaba un grupo indí� gena enemigo de ellos. se escapó el ganado?”. desató cerca de mí una chiva brava que me agredió cayéndome encima a topetazos. Ka’laírra creyó que esto había sido intencional. tapado. abordamos a todo tren una bajada. mientras yo estaba ensimismado admirando las constelaciones. Hoy. ni tú ni nadie me dio relevo. hola burro”. ni tienen muy desarrollado el sentido del humor. el hermanito. ahora voy a decirles que estos guajiros no son tan dóciles. No hubo manera de hacerle comprender que perdí el equilibrio porque venía cargado con la niña y que de to� das formas. y di vueltas en la cama hasta la madrugada a pesar del bálsamo de ti� gre y de las hierbas medicinales que mamá se preocupó por aplicarme en sitio delicado… ¿Quién habrá sido. qué creen ustedes? Por fin llegamos al pastoreo donde Sawawa. corre. dejamos atrás a Superloro sorprendido. no era sino un juego… Empezó a dirigirme entre dientes algunos improperios: —¡Kusina! ¡Alijuna! El término kusina. ya está reuniendo el ganado. Me dejó tan mal parado que tuve que acostarme clandestinamente sin poder dar las buenas noches a nadie. y por no haberlo visto a tiempo. —¿Vas a regresar tan temprano? —le pregunta Ka’laírra. derrumbamos a Ka’laírra a la vez que caemos sobre él y vamos rodando juntos un buen trecho cuesta abajo. que reía y me aseguraba: “Tú corres mejor que un burro”. Yo. aventajamos a los morochos rezagados en explorar los alrededores. por mi parte. la voz burlona de Superloro: “Hola burro. —Pensaba hacerlo. algo extrañado. llegaremos primero! En efecto. Los animales ya comieron bastante. pusieron una nota cómica y aplacaron los ánimos. aún sin almorzar. Alijuna quiere decir “no indígena”. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Corre. hoy significa extranjero. Pero todavía pienso quién pudo haber sido el individuo que pocas horas después. Y yo. Bueno. y también puede ser despreciativo. -316- .El Chamán de los Cunaguaros. quizás salvaje.

pero Sawawa nos salva con una frase solidaria: —¡Hola gente! ¿Y ustedes almorzaron? —Todavía no. Por aquí todo el ganado está marcado de manera que no se confunda. Las enseña en algunas de las bestias: dos círculos concéntricos. ¡y con este calor.Los Wayuu. devoramos los dividive. Vengan. alrededor de un punto. como lagartijas o iguanas. La contestación es de lo más apropiada: —No. —¿Lo llevas también a otras partes? —Seguro. descubridores de misterios —Por estar buscando a estos —contesta Ka’laírra señalándonos con poca amabilidad. —Esta es la marca de nuestro clan. Con la dulzura de las frutas. -317- . Por el tamaño y la voz se nota que es un niño de poca edad. Me encargo de los caballos y mulas. y sabemos poner trampas para atrapar animales pequeños. ¿Ven cuántas? Tenemos más de quinientas ca� bezas. —¿Y tú te consideras un pastor? —¿Un nómada? Las preguntas son de los morochos. Nosotros estamos confundidos. las frutas del cacto y una fresquísima patilla. aquí tengo algo que les aliviará. También elaboramos y utilizamos hondas para cazar aves. que así nos llamamos los de la ranchería. cuando aquí se termina el pasto nos vamos para otro. Gómez. producto del conuco que el mismo Sawawa cultiva ahí cerca. desde los cuatro años. aún resentido. mientras supervisa el ganado. Yo soy un guajiro andariego. —Temprano en la mañana —nos explica Ka’laírra— yo lo ayudo en los corrales de la ranchería. hasta Ka’laírra se suaviza: —Miren las reses. —¿Te la pasas en eso todo el día? —le pregunta Mor— ¿Cuántos años tienes? —Tengo seis. aunque sea recogiendo leña o trayendo agua —informa con seriedad Sawawa—. —De otra forma. Fíjense en la marca que todas tienen. sería muy difícil cuidarlo —apoya Sawawa. nos estamos desmayando! —Lo mismo digo yo. A la sombra de uno de los escasos árboles de la región. ni pastor ni nómada. los Jaya. ¡Apenas seis años y atendiendo tantas bestias! —Aquí los niños trabajamos desde chiquitos.

cuyas hojas y vainas consumen el ga� nado bovino y caprino. así puedo ir a la casa a almorzar completo. y descansar un rato. sé dónde están el trupillo y las mejores hierbas. con esas vainas la madre de mis hermanas prepara una excelente sopa. Las vainas son muy importantes en la esta� ción seca. qué desayuné? —la pregunta le extraña— Lo de siem� pre: una totuma de chicha. Y te diré más. —¿Con eso estás desde la mañana? -318- . Ba� rremos el corral y limpiamos los animales. sólo me quité la sed con frutas. ni se pierda. Lo que pasa es que es costumbre. —Por supuesto. —¿Y qué es eso del relevo que dijiste antes? —A veces viene alguien para relevarme. Tiene que cuidarlos. a los animales se les ordeña al regresar al rancho… Y además. no utilizar términos directos de parentesco. sino nom� bres de figuras cercanas. —Y yo lo hago bien —asegura Sawawa—. —¿El trupillo? —Es una especie de cují. lo más cerca posible del rancho. a partir de los cinco. Como hoy… —¿No comiste desde el desayuno? —No. seis años. Viaje por el mundo indígena venezolano mientras él atiende a los chivos y ovejas. entre nosotros. Otros ordeñan las vacas. —¿Por qué no ordeñas algún animal y bebes la leche? Responde con sorna: —Bueno. este trabajo lo hacía yo. ya que al digerirlas las bestias obtienen parte del agua que necesitan. siempre estoy alerta. es mi mamá. hoy desayuné. con el fin de que ninguno ande solo por entre los arbustos. —¿Qué desayunaste? —¿Cómo.El Chamán de los Cunaguaros. y luego él se los lleva donde haya hierba para que pasten. —¿Tú no lo acompañas? —Antes. —¿Quién es la madre de tus hermanas? —me extraño. un pedacito de queso de cabra y papelón. vamos al pozo para que tomen agua. —¿Y si no viene nadie? —Pues no hay relevo —sonríe— ni almuerzo. Pero entre nosotros es costum� bre que de eso se encarguen los más pequeños de la familia. ni se quede sin pastar. sólo si fuera a morirme de hambre… Pero no acostum� bramos hacer eso.

Y para completar. bollos. rojos. de cabra. al ajo. mejor que el yogurt citadino. son una fiesta para los ojos. Se nota que los wayuus los atienden bien. con eso esta� mos todos. llenos de agua. tan típicas en los hombres guajiros. el célebre kojosu o leche fermentada. jojotos. y las Guajiras las lucen con una soltu� ra envidiable. verdes. arepas. suaves. y la prestancia de las mujeres. ordeñaron las vacas por segunda vez. el traje típico llamado “manta”: unas batas muy amplias. mulas. y anchas fajas tejidas en llamativos colores. nata. ellos llevan camisas criollas de mangas largas. caballos y muchachos. largas hasta el suelo. sorgo. a la pimienta. para cuya confección se necesitan varios metros de tela. luego las dejaron sueltas. El primer cuidado fue para el ganado: algunos hombres en guayuco. descubridores de misterios —Desde la madrugada —puntualiza Ka’laírra—. con grandes paredes de cactus. En efecto. caraotas. duros. que consumimos en la ciudad! Sin embargo más que la comida. pan tostado. frijoles.Los Wayuu. ¿Y ustedes? Casi nos da vergüenza enunciar los elementos de nuestro acos� tumbrado desayuno criollo: —Huevos. prensadas en torno a la cintura y con holgadas mangas. y saben aprovecharlos para su subsistencia. Sobre las coloridas faldas de flores. Ellas visten. nos llama la atención la inte� gridad y pulcritud de los wayuus alrededor de la mesa. que no se ven ni en los mejores mercados de las ciudades: quesos blancos. todas. Estas “mantas” en telas de gran colorido teñidas con los célebres tintes wayuu en tonos violetas. anaranjados. Regresamos a las rancherías en un solo gran grupo. arepas y are� pitas. unos pollos carnosos y de buen sabor. en el centro de la larga mesa alrededor de la cual nos sentamos en sólidas sillas de cuero de vaca. Algunas llevan pañuelos o vistosas bandas de colores -319- . a torso desnudo. cuajada. ¡Qué diferencia con los pollos criados artificialmente. y los animales jóvenes aún lactantes en otros más pequeños. amarillos. de chivo. Todo esto acompañado por platos humeantes de yuca. tortas. de mano. Las mulas y caba� llos fueron introducidos en los corrales. vacunos. distintas las unas de las otras. ovinos. jugos de fruta. —¡Buen provecho! —celebran los hermanos guajiros— Pero… ¡A que nosotros les ganamos en la cena! Y así fue. está dispuesta tanta varie� dad de quesos y tan sabrosos. amarillos.

Todos pensamos: ¿cómo se las arreglará mamá. se había puesto una falda y una camiseta blanca. —¡Qué raro! —exclamamos. —Nosotros no actuamos así —objeta Ka’laírra que ha captado la intención. los cuatro hijos a la vez. donde las mujeres hilan en telares y tejen con agujas. no la vemos entre las mujeres. con caprichosos zarcillos y fantasiosos collares de semillas negras y piedras pulidas. en la ya débil luz del atardecer. —¿Y cómo. y mientras comemos. será que no va a presentarse en la cena? Al rato nos extraña la familiaridad de Superloro con una guajira. aquello no estaba a la altura de la vestimenta de sus anfitriones. se habrá escondido por pena. de que aquella señora es mamá. que nos guiña el ojo: —¿Cuál les parece la más bonita de mi ranchería? —¡Difícil contestar! —admito. dueño de pozos de petróleo en Maracaibo. que cambiaron por completo el aspecto de nuestra madre. Allí él le compró a ella una deslumbrante manta guajira. y corremos a abrazarla. según papá. Fueron entonces los dos juntos a uno de los talleres de la ranchería. entonces? -320- . generalmente rojos. Resulta que Carmen. lo mejor de su equipaje. con su escasa ropa toda aja� da? Cuando llegamos. collares de muchas vueltas y las características sandalias adornadas en la parte delantera con motas o pompones de lana. se deja mecer en su dedo tendido. Las damas lucen tan elegantes que casi nos intimidan. además de tener un valor estético. Completan el ajuar zarcillos. hasta que nos damos cuenta.El Chamán de los Cunaguaros. Juega con las anchas mangas de su traje que le llegan hasta la muñeca. pero de golpe te cansas de todo y regresas a tu rancho donde espera “ella” envuelta en su manta y sus collares —inventa Mor. que nunca quiso lucir entre los otros indígenas porque le parecía “demasiado citadino”. Viaje por el mundo indígena venezolano cruzando su frente. empezamos a cavilar: —¿Dónde estará mamá. —Seguro que esta noche vas a soñar que eres un wayuu poderoso. En este momento nos sorprende una pícara pregunta de Ka’laírra. al llegar. le conversa. brazaletes. Pues aquí se encontró con que. Éstos protegen los dedos de sus pies de las espinas y otros objetos cortantes.

de verdad… y mejor si van acompañadas por algunas cabras. -321- . algodón… —¿Y si uno no tiene vacas? —¡Ay. Es una ceremonia austera y grave. pero a la vez propiciadora de una extraña calma y serenidad. Es nuestra. Después de la cena nos reunimos todos en la lumá. o cantos tradicionales del pueblo guajiro. Nos senta� mos en los tures de cuero de toro negro bajo el refrescante techo de yotojoro y palma. casi la mayoría de la etnia. como todo lo que se refiere al sexo femenino… Además no se trata de comprarla realmente. descubridores de misterios —Pues nos llevamos a la mujer. y hay tantos guajiros. —¿Y lo de comprar a la mujer. —¿Como qué? ¿Flores? ¿Manjares? ¿Joyas? —No propiamente… una o dos docenas de vacas sirven mejor al caso. ron. ancianos. Habíamos oído de esta costumbre guajira. nos ha costado cara. pero significativo. bueno. lo bueno y lo malo. ¡Imagínense que hasta el ganado doméstico figura en esas canciones épicas! ¡Qué desaliento no poder entender lo que dicen! Mi frustra� ción aumenta cuando pienso que el wayuu es uno de los idiomas in� dígenas que más fácilmente se podrían aprender porque este pueblo es muy accesible. Es costum� bre que cuando uno quiere llevarse por esposa a una joven hermosa y trabajadora. adultos y jóvenes que recitan los jayéechi. que aunque sea casi siempre el último recurso cuando fracasa la negociación. pero creíamos que pertenecía al pasado. la terrible ven� ganza guajira. ovejas. pero lo otro existe. el matrimonio no se hace! ¡Qué divertido es Ka’laírra con sus razonamientos pícaros y filo� sóficos a la vez! Me gustaría preguntarle acerca de la venganza. Pero no me atrevo… tengo presente su reacción y el episodio aquel de la caída… banal. por supuesto. es bueno o malo? —Bueno. conversar y recibir visitas. trabajando y estudiando en nuestras ciudades! Transmitir su pro� pio idioma a la juventud citadina los beneficiaría también a ellos. como las chozas.Los Wayuu. —Veo que están mal informados… No habrá tal vez chozas. ay. porque van a llegar los jayéechi. Se trata de algu� nos hombres. debe obsequiar a la familia de ella con algún regalo. y que se renueva en cada generación. si no hay vacas. la enramada que se utiliza para descansar. ha diezmado familias enteras.

como si dijéramos nuestros propios libros de ética e historia. Jashichi me dijo que un sobrino suyo. Las culturas de los naturales tienen momentos de tanta dignidad que uno no se atreve a importunar: —¿Por qué ustedes. no le han dado forma escrita a su historia. patrimonio cultural? —La nuestra es una lengua puramente oral. electrónica. si aún quieren. no la han perdido. ¿Pero saben ustedes distribuir su propio tiempo. siempre ocupados con el béisbol. y extraordinaria a la vez! Estas son las grandes contradicciones. inexplicables. más trans� culturizados que los demás indígenas. la In� ternet! ¡Por eso perdimos la oportunidad! —El béisbol y los patines no son malos —papá nos ha oído— son deportes. —Pero ¿por qué no tienen nada escrito? —el que pregunta es Mor. Internet es un medio de información y una fuente de conocimientos. No existe la escritu� ra. —No podemos traducirles —dice Jashichi— los jayéechi son muy complicados. Él sería un mag� nífico profesor para ustedes. Epieyu Pushaina. y tienen su valor. En pleno siglo XXI. tradiciones. y se lo agradezco. celulares. de manera que les alcance para todo? En cuanto a la opor� tunidad. que parecen ser más despiertos. cuando nos decía que estudiáramos por lo menos un idioma indígena antes del viaje! ¡Y nosotros. existe -322- . como lamentablemente les está sucediendo a muchos. Todo se transmite de generación en generación mediante los jayéechi —agre� ga Ka’laírra. ¡Qué contestación más sencilla. Yo también estaba pensando hacerlo pero no me decidía. Son la expresión fundamental de la cultura wayuu. Todo se confía a la memoria. —Sobre nuestras tradiciones no tenemos nada escrito. computadoras. con viajes interplanetarios. ¡Qué buena noticia! Esto nos alivia un poco la amargura de oír algo que parece tan interesante y emocionante. y no entender nada! Ni siquiera Jashichi y Ka’laírra nos pueden ayudar. Viaje por el mundo indígena venezolano les impediría olvidarlo. Los morochos piensan lo mismo: —¡Qué necios fuimos en no hacerle caso a papá. los patines. está estudiando Idiomas Modernos en el Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.El Chamán de los Cunaguaros. que no lo han enseñado ni siquiera a sus hijos y nietos.

—Sin embargo. Muchos de ellos conservan esta tra� dición ancestral y dicen ver. —Hay luna llena… ¿y qué más? —Con la luna llena. hazañas. descubridores de misterios una comunidad indígena tan desarrollada y consciente como muchos grupos de criollos. puedo decirte que en estos últimos años los an� tropólogos han inventado. para la nuestra y otras lenguas indígenas. y el de sus héroes. procedencia. pero no su propia lengua… Casi no lo comprendo. escrito. es inexplicable. ¡no lo saben escribir! ¿O acaso es que no quieren hacerlo? Porque. ¡pero es frustrante pensar que casi todo lo nuestro lo han recogido. hay luna llena! Me da la impresión de que quiere añadir algo más. los demás. una escritura paralela. y exclama con rabia—. trato de ani� marlo. Si quieres ser antropólogo tienes que aprenderte bastantes idiomas para poder co� nocer a cada comunidad. que repi� te dirigiéndose a nosotros los muchachos—: ¡Amigos. un reflejo del más allá. Nos visitan especialistas de muchos méritos. lo transmiten fielmente… pero. de los wayuus.Los Wayuu. migraciones. los ayútshio o sacerdotes. cavilo. legendario. en las arenas del río… —y luego de titubear un poco. que están investigando el origen y las manifestacio� nes de nuestra cultura. el cielo o paraíso. en nuestro idioma. el cielo de los wayuus. Ya hay algunas obras publicadas. publicado. podemos ver el reflejo de Jepirra. y luego traducirlas al castellano. Sus muertos más queridos bajan de Jepirra. especial� mente narraciones —aclara el joven guajiro. contentos con esta proposición que nos va a acercar al mundo espiri� tual. esos alijuna. mitología. que les permite tomar notas y luego publicar sus observaciones y vivencias entre nosotros. ¿Qué an� tropólogo serías si no hablaras nuestro idioma? Los improvisadores no nos sirven. Mantienen celosamente el recuerdo de su pasado. no nosotros mismos! —¡Eso vale para ti! —observan los morochos—. ellos saben escribir y leer el español. si tenemos suerte. ¡La faena que me espera no es poca cosa! —¡Hay luna llena. de varias nacionalidades. agrega—: ¿Quieren ir? Nos ponemos en camino aceptando con el mayor entusiasmo. durante el plenilunio. hay luna llena! —se acerca Ka’laírra. Todos ellos comprenden y hablan la lengua wayuu. ¡y hasta las escrituras ficticias! —Por supuesto —Jashichi considera esto normal—. conflictos. y se -323- .

al contraluz de las estrellas. Urimana y Karuna emprenden el regreso. callo. indiferente a nuestra presencia. Cuando tratamos de -324- . aceleran el paso. vamos. apenas un arroyo. que al caminar sobre la arena dejan la huella ondulante de sus largas y co� loridas mantas. parece detener sus aguas. rápido. —Es él. Desde el cielo wayuu la muchacha sonríe al hermano y lo saluda con cariño. —Mira. La luna aún estaba alta en el cielo. La tupida cabellera adornada por plumas esconde su rostro. Nos sentamos allí y co� menzamos a observar. ya volvió.El Chamán de los Cunaguaros. Arrecian los rugidos. Urimana y Karuna. bellamente ataviada. con riberas arenosas de color ocre brillante. Ka’laírra se incorpora. debemos apresurarnos. Súbitamente una figura se recorta delante de nosotros. cuando oímos rugidos distan� tes. si tendrán un buen año o si la sequía será fuerte. —¡Es la hija de mi madre! —grita Ka’laírra— ¡Hola. De pronto surge de la arena una forma caprichosa. un búho canta a lo lejos. mira —exclama Mor—. acompañados por Ka’laírra y dos muchachas. luego acallados por el eco de una extraña melodía. Vuelve el chapoteo de las aguas. Viaje por el mundo indígena venezolano acercan a las márgenes del río para saludar a los familiares a quienes a veces anuncian sucesos futuros. El río es pequeño. tiende los brazos hacia la imagen femenina. Se hace un silencio profundo. Creo compren� der el sentido de las frases concitadas que las dos muchachas dirigen a Ka’laírra. Creo que están mintiendo. desde su pecho ser� pentinas de collares lanzan brillantes reflejos. Se dibuja una figura de mujer: joven. con Ka’laírra entre ellas. Marchamos durante media hora en una impresionante soledad. La luz de la luna es tan clara y brillante que permite ver claramente los alrededores. en las cuales sólo distingo la palabra “Oramán”. desa� parece. la cual intenta acercarse a él. quién es. sonriente. El río. quizás reúna a los wayuus esta misma noche. —¿Quién. Se llamaba Walika y murió hace un año. ¡Viene en un barco! Como no logro ver nada. que se llama Burate. los nombres de los muertos no se mencionan. una manada de tigres y cunaguaros atraviesa la vía. quién toca la flauta con tanta maestría? No nos contestan. según me entero luego. pero de pronto. Todos caminamos en silencio. El mágico instante se eterniza. hermana! En Jepirra. ¡un wayuu. veo su rostro! —Es una mujer —objeta Ocho—.

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aproximarnos, dirigirle la palabra, el misterioso caminante ha desa� parecido. Nuestros amigos wayuu prosiguen aún más apresurados, las jóvenes han recogido sus largas faldas para poder correr. No nos hablan, no contestan nuestras preguntas, se alejan de nosotros al divi� sar el rancho. Después de esto no les cuento más nada, porque fue cuando, al demorarme en el patio de la ranchería para meditar admirando el pai� saje nocturno, sucedió lo de la chiva… prefiero callar e irme a dormir. Despertamos temprano con la intención de visitar los talleres de los guajiros, donde hay maestros, capataces, obreros y aprendices. Jashichi y su sobrina Yuraima, una hermosa joven de ojos esplendorosos y delicada facciones, nos acompañan. Están muy bien organizados: aunque sean pequeños, no tienen nada que envidiarle a la fábrica de zapatos que ha montado un italiano en El Valle y que se considera un modelo, ni a los telares del español, ni a la fábrica de camisas del por� tugués, ni a la pantalonería que tiene mi padrino en La Yaguara, sitio donde he observado actividades parecidas a estas. ¡Esto parece una colmena! Son las seis, empieza la jornada. En los cobertizos los guajiros llegan, saludan,… ¡y manos a la obra! —¡Cuántos telares! ¿Y por qué son diferentes? —se extraña Mor. —¿Chico, no ves que aquí están especializados? Tienen telares de distintos tamaños según lo que quieran producir: hamacas, de te� jido muy tupido; chinchorros, de tejido abierto, parecido a una red; fajas de hombres, fajas de prensar el sobrecincho. Y además, también suelen tejer adornos para caballos, mulas y burros. Es un buen nego� cio, son muy requeridos —papá se luce. —Estamos pensando ampliarnos y abarcar también el campo de adornos para mascotas, perros, gatos, conejos, pájaros —agrega, complacido, Jashichi. ¡Qué buena idea! —me regocijo— voy a conseguir para mi loro una de las cintas de algodón con las que se amarran las alpargatas, tipo zapatillas, tan comunes en la Guajira. ¿Pero él la aceptará? —Y en los otros cobertizos, ¿qué hacen? —Montones de cosas: mantas, cobijas, alfombras. —Y ahora, vengan a ver a las alfareras. Mientras los telares son operados por hombres y mujeres jóvenes, las alfareras son todas mujeres mayores, envueltas en unas mantas que nos parecen viejas y descoloridas, comparadas con las que llevaban
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las guajiras de la ranchería. Deben ser batas de trabajo. En efecto las ancianas trabajan afanosamente, como presionadas. —¡Fíjense qué lindas vasijas elaboran! ¡Con qué sugestivas figu� ras las adornan! Nos damos cuenta de que a mamá le gustaría mucho tener una de aquellas vasijas para su cocina, pero en este momento, frente a Jashichi y su sobrina, no nos atrevemos a comprarla para no ponerlos en la di� fícil situación de tener que regalarla. Pronto su entusiasmo se calma, cuando una de las artesanas le precisa, con toda naturalidad: —Nuestras vasijas tienen mucha demanda, ya que se utilizan es� pecialmente como urnas funerarias. Mamá renuncia enseguida al deseo de tener una. ¡Está resuelto el problema! Proseguimos hacia el cobertizo del cuero y de la madera. Allí producen bolsos, zapatos, collares, y también los lanía, es decir, talis� manes o amuletos. —¿Serán efectivos de verdad? Aseguran que sí y nos proveemos de algunos para el resto del viaje, prometiendo que tendremos cura y confiaremos en ellos, como nos exigen. —Y ahora, continuamos para las fábricas de queso, aquí cerca —nos insta papá, con su cámara en plena acción. ¡Qué variedad de quesos y de gente ocupada en elaborarlos, en� volverlos, despacharlos! —Nosotros somos regulares productores de queso —explica el maestro Jayaliqui, con una modestia que nos impresiona—. Vende� mos anualmente varios quintales. —¿Todo ese queso lo hacen aquí? —El que se vende, sí. —¿Y los tapices, los lindos tapices guajiros, multicolores, que adornan las casas de Venezuela y Colombia, y han sido llevados al extranjero? —Más retirado tenemos el taller. Es un taller�escuela, donde al� gunos ancianos enseñan a los más jóvenes, para que no se pierda el arte de nuestros antepasados. —También tenemos talleres modernos —agregan— con instru� mentos y máquinas que nos ahorran mucho trabajo. —¿Cómo lograron montarlos? —pregunto.
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—Pues —Jashichi y Ka’laírra, que nos han alcanzado, para sus� tituir al tío quien al llegar al último se retiraría llevándose con él a nuestros padres, se intercambian una mirada cómplice— con créditos del Estado. No somos los únicos. Varias empresas los han recibido. —¿Y los devuelven? —Los devolvemos puntualmente —contestan a una voz, inter� cambiándose una sonrisa socarrona. Papá, como nos confiará después, empieza a sospechar que esos modernos talleres son una avanzada criolla, y que algunos funcionan como pequeñas empresas capitalistas. Por eso indaga: —¿Y los otros productos se elaboran todos aquí mismo? Es decir, ¿la gente es empleada aquí para trabajar, o trabaja también en su casa? Recordamos haber visto, a lo largo del camino, algunas mujeres sentadas o en cuclillas, ocupadas en hilar con el huso y tejer con agu� jas. Elaboraban con un tipo de crochet carteras de varios tamaños, para hombres y mujeres, y también las bolsas típicas en forma de redes que usan para transportar ollas, recipientes de agua y objetos. —Entre nosotros lo que se acostumbra es el yanama, o labor co� munitaria. Pero algunos guajiros, especialmente las mujeres, trabajan en la casa, y nos traen su producción que se les compra.

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Esta aclaratoria nos inquieta. Nos da la impresión de que no hay libertad de trabajo entre los guajiros, como la había en todas las otras etnias. ¿Acaso entre ellos existe la explotación? ¿Habrá grupos de ex� plotadores que monopolizan la industria guajira, en perjuicio de los más humildes? —¿Qué hacen luego con todos estos productos? —indago. —Tenemos vendedores, que llevan la artesanía guajira a Mara� caibo, a Caracas, a las islas del Caribe. Nosotros mismos recordamos haber visto, en varios sitios de nuestra ciudad y especialmente en Las Mercedes, varios bancos con tapices, fajas, trajes y sandalias Guajira. —O también —prosigue Ka’laírra— los llevamos a Maicao —se ríe guiñándole el ojo al encargado del taller. ¡Maicao, en la frontera con Colombia, que ellos cruzan a me� nudo! Este nombre, que ya conocíamos, nos suena a aventura, a mo� dernos filibusteros, a contrabando. En Maicao se consigue whisky, cigarrillos, perfumes, rifles, armas, ¡hasta droga! Viene de las frescas montañas cercanas a la altiplanicie bogotana, donde se cultiva ma� rihuana y coca, plantas propias de las frías alturas. Sabemos que en varias áreas de la península Guajira se trafica con marihuana junto con cocaína y otras sustancias narcóticas, de las cuales ilegalmente se envían grandes cantidades al extranjero por vía aérea y marítima. ¡Hay tantos pequeños puertos en La Guajira, y más de cien pistas de aterrizaje clandestinas! Maicao, así como Maracaibo, alberga dos poblaciones wayuu: una residente y otra flotante, que va en busca de trabajo, atención mé� dica, a veces contrabandeando o huyendo de sus enemigos. Es de� cir, son fuentes de empleo, y refugio. A ambos lados de la frontera venezolano�colombiana hay tiendas que proveen a los indígenas de alimentos, rollos de tela, cigarrillos, kerosene, linternas. Los propie� tarios, mestizos y bilingües, dueños de empresas comerciales y del transporte con camiones, tienen importantes conexiones y por eso, ventajas económicas y políticas. Empezamos a convencernos de que los wayuus son algo mani� puladores. Lo cierto es que algunos de ellos son relativamente pobres, viven al margen de la mera subsistencia. Otros, en cambio, poseen bienes considerables, que provienen de la ganadería (el número de cabezas de ganado que poseen, es el indicador de su riqueza), de
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actividades comerciales y del contrabando, que practican desde la co� lonia. Nosotros mismos, en el trayecto, observamos cómo la mayoría de los guajiros monta mulas o burros, pero algunos jinetean altane� ramente excelentes caballos, gozando de la admiración que aquí se le profesa a la figura romántica del guajiro que cruza sus tierras con hidalguía cabalgando un pura sangre adornado con fajas, bolsas y bandas multicolores, y quizás armado, o con un manto de algodón o seda sobre los hombros. Otros, en fin, poseen camiones y toda clase de vehículos. Deben existir entre ellos remarcables desigualdades. ¡Esos guajiros se las saben todas! Son realmente distintos de los de� más indígenas, tan diáfanos y apacibles. Tenemos la sospecha de que demasiado acercamiento a la civilización, ha contaminado esta etnia. Quisiera hacer un comentario mordaz, pero el recuerdo de las coces de la chiva loca me calla a tiempo. Los morochos, que nos han precedido, nos llaman con alegría hacia el último cobertizo, donde hay instrumentos musicales: desde el típico vibráfono que utiliza como caja de resonancia la cavidad bu� cal, hasta el talirai, violín guajiro, pasando por numerosas flautas, y el tambor de piel de oveja o de cabra en ambas caras, llamado káaschi. Y ahora, ¡otra novedad! ¡Este impredecible Ka’laírra es un músico de primera! Con el vibráfono y con el talirai nos da una demostración de virtuosismo que nos deja impresionados. Celebro esta habilidad, que merece toda mi admiración, con palabras de elogio. Pero él las recibe con gran humildad: —No es nada, todos nosotros lo sabemos hacer. —¿Saben tocar así los 100.000 guajiros de Venezuela, y los 20.000 de Colombia? ¡Serán ustedes un pueblo de pájaros! —Pues casi lo somos, todo buen guajiro es un virtuoso —y aso� mándose fuera del cobertizo—: ¡Sawawa, ven, acércate para que te oigan! El pequeño Sawawa, que pasa por ahí cerca con su ganado, viene hacia nosotros. Tiene en la boca un vibráfono y lo toca tan bien como su hermano. —Oye, Ka’laírra —me atrevo a dirigirle una pregunta que hace rato me venía dando vuelta—, ¿qué haces durante el día, mientras tu hermano pasta el ganado? —Acompaño a mi tío en todo —nos explica—. Así aprendo. Entre nosotros, como habrán visto, no hay escuelas.
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—¡Qué comodidad, qué alivio! —subrayan los morochos. —No tanto, porque los que nos enseñan son nuestros tíos, y éstos no se cansan nunca. Con ellos no hay receso, ni días libres, ni vacacio� nes! A mí me dejan flojear un poco ahora para acompañarles a uste� des, pero luego… —¿Entonces ese rol de educador corresponde al tío, y no al pro� pio padre? —Dentro de nuestra organización tradicional, de tipo matrili� neal, el hermano de la madre es el responsable de la educación de sus sobrinos. Es porque a través del tío no hay duda sobre la descendencia sanguínea directa. El hermano de tu madre tiene tu misma sangre, eso es indiscutible. —¿Y el padre, no se siente desplazado? —El padre, a su vez, tiene otros sobrinos a quienes educar. —¿Qué te enseña tu tío? —¡Todo y de todo! Es necesario que yo conozca los trabajos que se desarrollan en los talleres, para poderlos dirigir algún día: por tan� to, soy tejedor, talabartero, lechero, quesero, alfarero, músico. Tam� bién tengo que ser buen nadador y excelente jinete, con el mejor estilo. Luego debo saber de ventas, compras, cálculos, porcentajes, intereses, en fin todos los rudimentos del mercadeo, y oigan, aquí no está per� mitido ayudarnos con calculadoras ni con computadoras: ¡puro cere� bro y rapidez! Además, es preciso conocer los clanes, su ubicación, las carreteras, los caminos, los árboles, los animales, hasta el cielo con las estrellas. Debo añadir que me imparten nociones de medicina, botá� nica y química aplicada. —¿Tantas cosas? —Eso y más. También debemos aprender los jayéechi, dominar el idioma español, la geografía de Venezuela, su historia, lo mismo que las de Colombia, la cuestión de los límites, los tratados. Sabrás que recientemente se ha traducido y publicado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a nuestro idioma autóctono, el wayuunaiki, y debemos conocerla en los dos idiomas, y de memoria. Empieza con énfasis: —Tu Laulaasukaa Putchi Sulu’u Oumainwaa Mulu’usukalu Woliwariaana Wenesueela… Lo escuchamos atónitos ¡Y eso que no hay escuelas! Pero no ha terminado:
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—Para colmo —agrega—, ahora mi tío ha decidido comple� mentar la formación de los jóvenes guajiros con algunos idiomas extranjeros. Cuando regrese mi primo, que fue a la capital a estu� diarlos y luego quizás viaje al exterior para perfeccionarlos, tendré que fajarme yo a aprender unos cuantos, comenzando por el inglés, siguiendo por el chino… Se aprieta la cabeza entre las manos, y da muestras de desmayar� se. Nuestros brazos, prontamente y entre risas, lo sostienen. —¡Qué buenos amigos! —reconoce animado. —¿Y tu hermanito? —pregunto con curiosidad. —Después de mí, le tocará a él. Lo mismo. Aquí no se salva na� die. Siempre habrá otro hermano pequeño para el ganado, o si no un sobrino, o un nieto. —Queremos saber algo más. En esta sociedad de tipo matrili� neal, como tú mismo dices, ¿qué tipo de educación reciben las muje� res? —También las educan, aunque no les enseñan tantas cosas. Sin embargo para ellas la vida es más dura, porque no les dan libertad de salir a ninguna parte. —¿Cómo se las arreglan para encontrar marido? —pregunto yo, recordando que mis compañeritas de escuela asocian la libertad de movimiento que les proporcionan los estudios, con la posibilidad de conocer a los jóvenes. —Oye, Filatelio, aquí tenemos unas fiestas tan buenas que si vie� nes, hasta tú conoces a la chica de tus sueños y te casas ahí mismo. Se me presentan enseguida la sonrisa invitante, la cabellera aza� bache, los grandes ojos fulgurantes de la hermosa Yuraima: —¿Qué fiestas? —pregunto con interés. —La chicha maya, el Ayonajá y el Kóulayawaa, o baile de las ca� britas. ¡Qué nota! ¡Vengan algún día! ¡Quisiéramos poder aceptar la invitación! Los morochos y yo confabulamos un rato. Como vemos a Ka’laírra en tan buena disposición, pensamos preguntarle por algu� nas cosas que nos intrigan. Empieza Mor, directo: —¿Qué es eso de la venganza guajira? El joven, sin titubear, nos mira de frente:
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—Es que aquí, no se le perdona nada a nadie. Ni ofensa, ni abuso, ni desprecio. Nada a nadie, ¿me oyes? Ni se le perdona, ni se olvida. —¿Ni siquiera entre ustedes? —Empezando por nosotros. La muerte se paga con la muerte, es la ley guajira. No se olvida ni se perdona. El que no venga su propia sangre, no es wayuu. Los guajiros cobran con la vida cualquier afren� ta, y si alguien les mata a un ser querido o éste muere por negligencia debida a alguien, esa persona lo paga con la muerte. Sólo a veces, me� diante negociaciones entre los clanes, se logra compensar económica� mente algún hecho de violencia. Pero a la vez tenemos otra tradición: los mismos guajiros deben pagar con dinero en efectivo cada gota de sangre que alguien derrame por su causa. Si en una riña, el perdedor resulta herido por un rasguño o un puñetazo, al vencedor guajiro le corresponde cancelar una suma cuantiosa o regalarle una vaca. Así mismo, si hay algún accidente. Y después de una pausa que nadie interrumpe: —¿No han visto, camino hacia acá, la quema de un rancho? Bue� no, eso lo demuestra. Habíamos visto, en realidad, unas llamas a orillas de la carrete� ra, detrás de una empalizada de cactus y cardones, pero no habíamos pensado que se tratara de una vivienda en llamas, y menos que el fue� go fuera intencional. —A mí no me parece eso muy cristiano —objeto finalmente. —No será cristiano —Ka’laírra es tajante—. Pero es guajiro. Esta frase manifiesta el orgullo de ser wayuu, que ellos tanto cul� tivan. —Y resuelve muchos problemas —agrega después de un ligero titubeo. —Aunque crea otros. —Yo en cambio creo que los aleja —insiste, y nos observa desa� fiante. No hallamos qué decir. No estamos suficientemente preparados para argumentar con los indígenas. Todos, y especialmente estos gua� jiros, tienen una fe absoluta en sus tradiciones, y las defienden aunque sean discutibles. Para poder razonar con ellos habría que tener cono� cimientos firmes. Sería necesario haber captado su mundo espiritual y su identidad. Me voy dando cuenta de que ser antropólogo no es nada fácil. Haría falta una sólida preparación, en muchos campos, y
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descubridores de misterios una gran inteligencia. Nosotros somos uno. aún en caso de molestarse! Quizás esta reacción tan violenta se debe a la marcada aculturación del clan de Ka’lairra. Siem� pre lo obtenía. pero nos ganamos el respeto y el cariño de la comunidad. —Hemos sabido que últimamente los wayuus han formado es� cuadrones de vigilancia. un puñetazo en el aire manifiestan su desagrado. un salto hacia atrás. con una linterna y un rolo de madera. De probable origen chibcha. El escuadrón “Poliwayuu” hace constantes rondas diurnas y nocturnas en monopatines o en pequeñas bicicletas. permitiéndole aumentar su riqueza y poder. lo utilizan también como árbitro de la guerra y de -333- . Tal vez no sea el caso de hablar de eso. pero reconfortado por las sensatas explicaciones que el joven guajiro ofrece a tan curiosos episo� dios. ¿quisieras hablarnos de Waláa? —¿Podríamos verlo? —apoyan Mor y Ocho. les buscaba pleito. Nos pagan poco. —¡Eso sí que no! —un grito. —Con nosotros los guajiros. un cuerpo de policía especial llamado “Poliwayuu”. —Acuérdate del “ojo por ojo” —replica Ocho. se hacía dar golpes y puñetazos. —Todo ha mejorado. según una noticia publicada en el diario Panorama que había comentado papá antes de iniciar el viaje. me atrevo a lanzar la última pregunta: —Ka’laírra. y al quedar herido reclamaba su pago. —¿Y ahora. Los vecinos están satisfechos porque antes había tremenda delincuencia y la vigilancia era dema� siado costosa e ineficaz. el que ofende o agrede a un wayuu. ¿es verdad? —¡Verdadita! —enfatiza Ka’laírra— Y es un cuerpo muy efi� ciente. visitaba distintas comunidades guajiras. las cosas mejoraron? —pregunto con curiosidad. —¿Qué te parece? —dice Mor— no necesitan ni las armas de reglamento. lo paga con su vida. y los wayuus en particular no suelen ser descorteces. que ha tenido gran aceptación. ¡Y eso que dicen que los indígenas en general. Nos te� men.Los Wayuu. El Waláa es un fetiche de oro que influye en la suerte de quien lo posea. O quizás tener la viveza —recuerdo con cierto regocijo— de aquel marabino que. los hampones no se meten. llegando así a reunir millones.

la malicia.El Chamán de los Cunaguaros. grande. cruzan frecuentemente las fronteras. de hallar las razones de lo que nos parece negati� vo. A pesar de que luego Ka’laírra se disculpa y nos ofrece amistad. en definitiva nos desprecian. la desconfianza que no existen en las demás etnias indígenas son propias de ellos? ¿O será algo proveniente de nosotros. quizás los más integrados a la cultura nuestra. -334- . apaciguar esos sentimientos? Estoy confundido. ¿Fueron siempre así o quizás anteriormente manifestaban ante los criollos la natural aceptación que aún subsiste entre los indígenas menos evolucionados? ¿La altanería. los que menos confianza nos tienen. a mí me suenan como: “¡Extranjero. de las influencias financieras y políticas y hasta hacen sentir su presencia en la Asamblea Nacional. que visitan las ciudades. ¡Kusina! ¡Alijuna! —y luego en espa� ñol— ¡Ustedes. Poseerlo da un inmenso prestigio. de nuestra conducta. Sabemos que la familia de Ka’laírra guarda uno. Y aunque estos términos no sean siempre despectivos. Eso es quizás lo que soy. y callamos definitivamente. Este incidente nos hace reflexionar. extranjeros atrevidos! Un poco apenados. se benefician de los adelantos tecnológicos. de oro puro. pero incapaces de una verdadera y eficaz aproximación a la cultura de los indígenas. Viaje por el mundo indígena venezolano la paz. —Eso sí que no —repite—. pues su significado depende mucho del contex� to. Los guajiros. son los que más recelan de nosotros. tan adelantados en nuestro progreso. lo que contribuyó a formarlas y a fomentarlas a través del tiempo? ¿Cómo se podría superar esta situa� ción. de merecer su confianza. los que aún aprovechándose de lo que podamos ofrecerles. de valorizar lo positivo. ignorante!”. los civilizados. ofrecemos una disculpa por nuestra osadía. sus palabras resuenan por largo tiempo en mis oídos: —¡Kusina! ¡Alijuna! Eso es lo que me ha dicho. lo que somos muchos de nosotros los criollos. presumido.

Wayuu solitario soy. sobre el polvo fugaz de las estrellas. mientras mis toscas sandalias dejan su rastro que el viento borra sobre la arena infinita. la luz de los ancestros me guía con el rayo del Catatumbo.Coro wayuu Wayuu solitario en la planicie. uno mismo con la arena y la distancia. La luna en las noches me alumbra el sendero de los espíritus. y mi hermosa mujer ondula a lo lejos con su bata de colores que brilla y vuela como una mariposa. 335 . con la tuna. Soy con el cardón. solo con la luna. con el sol a mi espalda camino. camino con mi sombrero de palma y llevo mis collares y amuletos para que los antiguos tiendan sobre mí su sombra protectora.

Viaje por el mundo indígena venezolano Wayuu solitario en la llanura.El Chamán de los Cunaguaros. -336- . sediento y solo. cansado de tanta lejanía espero llegar pronto a mi casa y saludar a mi mujer y a nuestros hijos que me esperan entre balidos de cabras. calcinado de sol.

apoyado a la portezuela de un grueso vehículo oscuro reco� noce a su antiguo amigo el maestro Javier Armato. nos encanta porque. ya que todos participamos con numerosas preguntas. como nos ex� plica. La conversación estalla animada. de rostro armonioso. Armato nos conduce hasta un caney donde nos hace aparcar nuestro viejo jeep.Los Yukpa. cargando cestas y fardos: son los Yukpa. que dejaremos al cuidado de su familia. Armato. representante de su etnia ante la Asamblea Na� cional y cuyo nombre. nos llevará en su moderno rústico este nuevo amigo yukpa. quien luce para la ocasión un espeso sombrero decorado con semillas. entre los árboles del mágico y boscoso lugar comienzan a divisarse pequeñas figuras morenas. en dirección de Machiques y luego de El Tukuko. Papá disminuye la velocidad mirando a todos lados hasta que por fin. que es además diputado. señores de la sierra A medida que Tío Jeep avanza hacia las frías y húmedas altu� ras de la Sierra de Perijá. es el de una clase de pececito de río. En vista de que el camino para llegar a la gente que nos proponemos visitar es largo y agreste. ojos bri� llantes y luminosos. para aprovechar los firmes conocimien� tos del docente: 337 .

Dio muestras de tan extremada crueldad. poco después de comenzar la invasión de los conquis� tadores. el sur del Golfo. pues deben haberlo estudiado en la escuela. los Reyes Católicos otorgaron a los �elser. una concesión para explotar y poblar todo lo que se llamó “Nueva Andalucía” o “Pro� vincia de Venezuela”. -338- . —¡Pero era casi toda la parte norte del país! —Exacto. —Venezuela es tierra de fantasmas —reflexiono pensando en las muchas almas atormentadas que pudieran vagar por nuestra his� toria tan violenta y azarosa. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Es cierto lo que dicen los cronistas. en 1528. —¡Qué escalofriante! Me recuerda la leyenda del fantasma de Lope de Aguirre que aún recorre las playas de la Isla de Margarita. aparece en las noches. hacia el fabuloso Mar del Sur. Un silbido agudo se cuela en nuestro vehículo. en armadura. una compañía de acaudalados banqueros alemanes. Hubo entre sus emisarios algunos muy sanguinarios. para explorarlo. entre ellos Fray Pedro Simón. —¿Quiénes son estos paujíes? —pregunta mamá sabiendo ya la respuesta. que en toda esta región los conquistadores quemaron los poblados y masacraron a los indios? —Así fue. que se suponía entrada hacia la especiería. pues arrasó. y ellos aprovecharon muy mal sus derechos. Como ustedes sabrán. es decir desde el Zulia hasta Sucre. Dicen que su fantasma a caballo. que fue nombrado primer Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela. que su alma que� dó aprisionada en estas tierras. —No somos paujíes. —Entonces son los fantasmas de dos angelitos —comenta papá riéndose. ¡Menos mal que es aún de día! —comento apoyado por el número ocho. somos el espíritu de Alfinger y el de Lope de Aguirre —revelan los morochos tratando de dar a su voz un to� que tenebroso.El Chamán de los Cunaguaros. Otro lejano le responde. luego se hunde en alguna ciénaga y allí desaparece. Entre 1530 y 1540 Alfinger devastó una amplia zona entre Maracaibo y Coro en su frenética búsqueda de oro y de especias. como Ambrosio de Alfinger. arroja la lanza con la intención de traspasar a quien encuentra a su paso.

misioneros se ocu� paron de ellos? —Sólo los misioneros capuchinos intentaron acercárseles. como el comienzo de una segunda existencia. recons� truida penosamente sobre las cenizas de la primera. Se bloquearon los caminos por siglos. y casi inmediata� mente después de los conquistadores. Aquello se malogró. y cayó en el olvido el conocimiento de los habitantes del territorio yukpa. sólo tuvieron lugar contactos esporádicos. —¿Y en ese caso los Yukpa lograron levantarse. en ese forzoso destierro se perdieron hasta las trazas de nuestra antigua cultura: objetos y tapices con significa� dos mágicos y religiosos. violentos. telas y códices que representaban nuestra manera de escribir. quizás aún más que para otros aborígenes. donde por siglos vivieron temerosos. los abuelos recuerdan desde los tiempos más remotos nuestros -339- . destruyeron sus asentamientos. se escondieron en lo alto de los montes. Fue como un volver a nacer de mala manera. hasta estudiosos y antropólogos dicen que no había una escritura indígena —el maestro parece hablar con cierto rencor— sin embar� go. Los indígenas subieron aún más arriba en las montañas. resentidos. los antiguos colonizadores. pobladores. entonces. Es im� posible referirse al acontecer indígena sin mencionar el trauma. lo fue. un modo de transmitirnos mensajes. Los pocos sobrevivientes se dispersaron en la oscu� ridad de la selva. la fractura que causó el arribo de los descubridores. vivieron recluidos en los bosques. —Sí. Alfinger reveló un cruel ensañamien� to. Muchos. Sus lugartenientes diezmaron a los indígenas. que se siguió considerando zona hostil. Después de una breve pausa que no nos atrevemos a interrum� pir por el impacto que nos causa tanta injusticia. Pero poco después el torbellino de las guerras de Independencia los obligó a clausurar sus misiones. señores de la sierra El yukpa prosigue: —En sus expediciones. algo terrible para ellos. Nosotros antiguamente tuvimos una escritura.Los Yukpa. buscaron refugio en la sierra de Perijá. ya en la segunda mitad del siglo XVIII. —La conquista fue. Armato prosigue con evidente frustración su relato: —En esa huida. mientras sus avances en el cultivo y su cultura retrocedían. impenetrable. aislados del mundo. alguien los so� corrió. aislados.

—Pero con la violencia de la conquista todos esos grabados y escritos pudieron ser quemados —acota papá. em� pezaron a acosarnos. y luego. al principio. plátanos. —Después de los conquistadores. antiguo límite meridional del territorio yukpa. cuyo cultivo se ha incrementado hoy día por la gran demanda y posibilidad de comercio. los waitía ya habían alcanzado el río Tukuko. —Y más aún porque usábamos para escribir hojas y tejidos ve� getales y sobre ellos estampábamos nuestras historias con pigmen� tos sacados de piedra molida. en cultivos de coca. nuestro calendario. no podían asegurarse una dieta balanceada. mientras también su potente rústico parece suspirar por esos caminos tan áridos. cambures. ni siquiera suficiente. —Claro —reflexiono—. y no logramos frenarlos a pesar de defendernos con repetidos ataques en forma de incursiones. los indíge� nas vivían. Mientras. Poco a poco. —Así fue —corrobora nuestro padre—. ve� nezolanos. Viaje por el mundo indígena venezolano códices. los indígenas trataron de proteger sus antiguos territorios que los hacendados criollos. los watía colonizaron las tierras bajas expropiando a los indígenas. los ganaderos que nosotros llamamos watía. en un nivel muy bajo de subsistencia.El Chamán de los Cunaguaros. caña de azúcar. El docente completa el relato: —A mediados del siglo XX. sin auxilio. o en minas de carbón a cielo abierto. un término resentido que significa “no yukpa”. Javier guarda un silencio digno y contesta con una especie de suspiro. Con sólo los productos del antiguo cultivo basado en la tala y la quema. mientras a ellos -340- . semillas o bejucos colorantes. usurpaban progresiva� mente en estas regiones. las cosas vegetales arden mejor que otras en el fuego. luego yuca dulce. —¿Qué siembran ellos? —Mayormente maíz. sin poder practicar ni siquiera el true� que o intercambio. ocumo para su consumo diario y en las zonas más altas el café. Por eso también sufren el cons� tante acoso de la codicia de los hacendados criollos. como en gran parte aún viven. la principal población. todas nuestras tradiciones escritas en alguna forma de grafía. colombianos y hasta brasileros. hasta hoy día. y llega� ron hasta Machiques. para convertirlos en hatos de ganado.

Ocupan cerca de 2. Los Capuchinos fundaron una Misión en el Tukuko y reiniciaron su campaña.Los Yukpa. que hoy día tiene unas sesenta viviendas con más de quinientos habitantes. En los alrededores se establecieron varias familias formando un caserío de cierta importancia. Se dedicaban tesoneramente a la recolección de insectos. señores de la sierra mismos. para proveerse de proteínas y grasas animales necesarias? —Los Yukpa. la pesca. —Cuántos son ahora los Yukpa? —Se calculan en unos 4. en ese momento. —¿Pero la caza. estaban tan aterrados y deprimidos que dejaron de practicarlas. en los valles de la vertiente venezolana de la sierra de Perijá. costumbre que todavía tienen. No obstante. —¿Cómo se supo eso. si estaban tan alejados.000. a una altitud entre 500 y 3. aislados. lo que da una densidad de 2 habitantes por km2. —¿Han logrado poner fin a la avanzada de los waitía? —Al contrario. algunos indígenas transcultu� rizados los explotan en la cría de ganado. frutos silvestres y hojas para proporcionar a sus hijos la alimentación indispensable. es vergonzoso reconocerlo. en zonas boscosas surcadas por ríos. que limita al este con la cuenca de Maracaibo y al oeste con el valle del río César. —Tal vez mejoraría la situación. en 1945. ubicados en la serra� nía oriental de los Andes. que de por sí son de naturaleza pacífica y afable. incomunicados? —Así lo reportaron los Misioneros Capuchinos cuando logra� ron volver a ellos. sin importarles violentar los derechos y aspiraciones de sus propios vecinos y familiares.000 metros. en la producción de café u otros cultivos rentables. A los ganaderos criollos. atacados por varios males y deficiencias. Algunos viven allende la sierra de Perijá. —En parte. Y peor aún. se hallaban desnutridos. Sus aldeas se pierden en el páramo. en territorio co� lombiano. dos siglos después del primer contacto. —¿La usurpación de las tierras yukpa siguió. el cultivo del café no les aporta casi nada. para enriquecerse e ingresar como empre� sarios a la economía del mercado regional.000 km 2. se les agregaron los colombianos que pasan impunemen� te la frontera a cada rato para adueñarse de tierras venezolanas. en peligro de desaparecer. todavía apartados. entonces? -341- . sus fundamentales enemigos.

los que papá ha escogido como objeto de su estudio fotográfico y de nuestra visita. trabajo.El Chamán de los Cunaguaros. leen y escriben. Al -342- . ya entrado el siglo XXI. viaja a reuniones y congresos dentro y fuera del país. después de horas y hasta días de camino. En la Misión del Tukuko los indígenas han aprovechado su lección de educación. el atropello sigue. Hablan español. —Maestro —quiere saber mamá—. Viaje por el mundo indígena venezolano —Siguió y se afianzó. hábiles en cual� quier actividad. Sin embargo. Él ha llegado a ser do� cente de Lenguas Indígenas en la Universidad del Zulia. en las laderas de la sierra de Perijá. ¿cómo han sido las rela� ciones de ustedes con los Padres Capuchinos? —Se consideran positivas. con doble tracción. nos ha llevado sin tropiezos cuesta arriba. con becas y subsidios que les consiguen los Capuchinos: lo merecen. Los Yukpa son una de las etnias que mejor se han llevado y aún se entienden con los misioneros. cruzando numerosos vados de ríos o varias veces el mismo. y desde el salle del Alto Tukuko hasta el Río de Oro. han completado la educación primaria hasta sexto grado estudiando como internos o externos en la Misión. muy aplicados al estudio. Otros siguen estu� dios superiores en Maracaibo o Caracas. cauchos gigantescos para pisar troncos y vadear charcos. entre nieblas y neblinas donde se llega sólo a pie o en bestia. Algunos laboran como jor� naleros en la Misión misma o en las haciendas. alfabetizados. nos percatamos de que su preparación ha ido mucho más allá. capaces de asumir responsabilidades. salvando barrancos y cañadas. primigenios. Han sido bautizados. pues son jóvenes inte� ligentes. Otros indígenas bajaron entonces de las montañas y establecieron sus poblados a menor altitud. participa en la vida pública como representante de su etnia. —¿Y por qué las autoridades venezolanas no hicieron nada para frenar tanto atropello? —Lo intentaron. mejor equipado que nuestro Jeep. vida espiritual. En 1961 se estableció oficialmente una reserva indígena que se extiende des� de las estribaciones orientales de la sierra de Perijá hasta la frontera colombiana. Los Yukpa auténticos. mucho más arriba del Tukuko. pero quizás demasiado tarde. El vehículo rústico del maestro. rescate de tradiciones. colaboradores. viven aún más lejos. Al considerar el caso de nuestro acompañante. hoy día.

chaquetas. nerviosas. y que sólo se distinguen por una variedad de sombreros que elaboran ellos mismos. llega� mos a las pocas viviendas dispersas que conforman el caserío yukpa. Mientras mis hermanos. —Tengan calma. nos acomodan en las bestias y se ponen en camino. luego de un último recorrido a pie por una empinada cuesta apoyándonos en palos y bastones. Una vez más puedo constatar cómo estos indígenas en su extremada sencillez se diferencian unos de los otros y poseen características propias. mientras nuestros guías. voy con papá a tomar fotos de los alrededores. acompañan a la casa más grande del poblado a mamá y Mai� gualida que tienen frío y quieren descansar. tan poco acostumbrados a las largas caminatas. -343- . con pantalones. que apuran el paso. —¡Arre! —grita de repente Mor. franelas con escrituras. sorprendiéndonos a todos. pero después comprobamos que era lo más apropiado para nuestros cuerpos citadinos. estamos en el lejano oes� te! ¡Arre! —insiste el número ocho. —¡Cuidado! ¡Es peligroso andar con juegos! Los animales pue� den asustarse —les advierto. que mantienen hasta que unas dos horas después. di� visamos enseguida algunas bestias de montura y varios indígenas provistos de fuertes bastones. —¿Los animales o tú? —me contestan con poca cortesía. Miran a la derecha y a la izquierda. recobran su paso firme y cauteloso. agotados por el viaje y por sus trave� suras. Nuestros guías yukpa se muestran molestos por su atrevimiento y se esfuerzan por frenar las cabalgaduras. rasgos originales. guiados con precaución.Los Yukpa. tratando de emular a los vaque� ros tejanos o mejicanos. con aprensión. ¿Qué será lo que les preocu� pa? Al fin los morochos entran en razón y los cuadrúpedos. En el momento todo aquello nos pareció un tanto exagerado. tan gordos —les grito. señores de la sierra bajarnos de él. mucho menos en subida por escabrosas montañas y en medio de aquella agreste selva. dándole en la grupa a su cabalgadura y a la de Ocho. —¡Qué burritos! ¡Son bravos corceles. que se nos dirigen en español y están trajeados como nosotros a la manera criolla. donde el camino se vuelve una estrecha trocha. Armato se devuelve prometiendo volvernos a buscar. entre la selva. esos pobres burritos flacuchentos no pueden con ustedes.

Los Yukpa de ambos sexos y de todas las eda� des. Del te� cho bajan ristras de ají picante seco que utilizan para alejar a Okatu. el río. y para los transeúntes —me dejo llevar por un arrebato lírico. pero puede ser semipermanente. Observamos las cestas y los costales colgados de las vigas. Se utiliza generalmente como abrigo temporal para las partidas de caza y pesca. frescos. ensartados en una madera que llaman tayko. el viento. En un lugar resguardado están suspendidos enormes rollos de hojas de tabaco que almacenan allí después de ha� berlas secado y curado. cada elemento tiene un poder y está conectado al más allá. Para esto utilizan unas pipas que ellos mismos fabrican. Son viviendas de esencia poética. perfuma� dos a hierba. Generalmente está rodeada por una simple empalizada de cañas o troncos de yagrumo joven. con una intimidad hecha de viento. y algunas esteras. para defenderse de eventuales ataques de grupos vecinos. incluso los muchachos. que puede medir dos metros de largo por dos de an� cho y dos y medio de alto. ya que en la amplia cosmogonía yukpa. No hay chinchorros. cambur o cocuiza. duermen dos bellas jóvenes. seguramente hermanas. como yo. aireados. pequeños recipientes de una arcilla gruesa y rojiza que modelan con los dedos en diversas formas. Sobre una de ellas tendida directamente en la tierra junto a la pa� red. sin secretos. Viaje por el mundo indígena venezolano Los Yukpa habitan dos tipos de casas: la vivienda rectangular y el paraviento. las piedras. disponible para todo el mundo. no esconde nada. fuman con avidez. al mundo sobrenatural de los espíritus. está contento de poder filmar y retratar el exte� rior y el interior de la original choza. orientadas de manera que corten la brisa y pro� tejan del viento y del frío. así como los racimos de plátano. La casa rectangular es amplia. pisos de tierra y paredes de caña brava. que nos permitirán visitar y retratar. sino una plataforma que levantan para dormir. —Me fascinan estos paravientos. Papá. El paraviento. Sentados -344- . o más propiamente de los malos espíritus . pues ya han sido avisados de nuestra visita. así como el alma de una casa siempre abierta para sus habitantes. aire y naturaleza: todo lo muestra. el pescado y la carne ahumada.El Chamán de los Cunaguaros. amarradas a un sencillo enrejado de caña sostenido en ángulo de cuarenta y cinco grados por dos horcones. es una estructura de hojas de plátano. alta. tiene techo de dos aguas. el espíritu de la muerte.

Es muy hermosa esta yukpa. rodea un rostro de una atractiva palidez. los padres observan sin interrumpirnos nuestra actividad. han vuelto al hogar por unos días de asueto. medio recostada. en escalones. Quedamos en el umbral del sugestivo paraviento. Su larguísima cabellera de un negro azabache. Iroka. más inquieta y curiosa. Un fogonazo de la cámara fotográfica explota de repente con un ruido fragoroso. Iroka —contesta la otra. han egresado de la escuela de la Misión del Tukuko como maestros. despertando a las muchachas: —Cuidado. y yo mismo. Sus padres la siguen. levantándose rápida� mente. lisa y cortada irregularmente.Los Yukpa. o por lo menos conoce las costumbres ciudadanas. Nos acercamos para excusarnos. —Salgamos. señores de la sierra cerca. Los padres. de uñas -345- . Hablan bien español. Las hijas aún estudian allá como internas. envuel� ve como un manto una figurita agraciada. La familia comprende y acepta nuestras disculpas. Atashi —alerta una tratando de incorporarse. flanquea a papá para enterar� se de los secretos de la fotografía. y ejercen. Atashi. Me tiende una mano pequeña. fu� mando ambos con aparente deleite las largas y voluminosas pipas de uso común. Ella parece ser coqueta. Shukumo Opirashi y su mujer Ana Cecilia.

Cuando en otras etnias me decían casi lo mismo: nosotros los hombres. que todos los Yukpa. Recuerdo a los waraos: gente de canoa. —Iroka. queda. Tuponken! —¿No dormías? —Casi. sufren. Yo creo sa� ber la respuesta. acaricia mis oídos una respuesta que me estremece: —Nosotros los Yukpa. y que recibiré respuestas completas. Orejón y. nosotros los habi� tantes. Los humanos: los que existen. cuando le pregunté qué signi� ficaba warao: “Significa estoy aquí”. sutil. completamente musical. soy. —¿Qué quiere decir “Yukpa”? Fija en las mías sus pupilas encendidas. todos los indígenas sí lo son. original. Las demás etnias nos han dicho que su nombre significa gente. a su gente. persona. Nosotros los humanos: seres ligados a la tierra. -346- . Me siento transportado. más amplias. o algo relacionado con su propio ambiente o actividades. —¿Cómo lo conoces? —Oí que tu papá te llamaba. baja. Es característica la voz de los Yukpa. peor aún. se referían a eso justamente. Iroka va a ser la informante que yo deseaba. Es como decir estoy. En este momento recuerdo que una vez un niño warao me contestó. existo como ser humano. Viaje por el mundo indígena venezolano rosadas y piel suave. elevado. somos nosotros los humanos. Como en un soplo de flauta dulce. Ahora comprendo. indicándome que la ayude a levantarse. Palillo. pero creo que Iroka. Así lo hago y quedamos frente a frente. ¡qué lindo nombre! —También Filatelio me gusta. Los Jodi: guardianes de la selva.El Chamán de los Cunaguaros. Siento que puedo hacerle con confianza las preguntas más impor� tantes. Titubea. ¡Qué suerte que no están mis hermanos y no me hacen pasar la vergüenza de recordarle mis otros nombres. casi… —¡Mejor así! Pausada. dulce. Yo no soy poeta. sin nin� guna estridencia ni guturalidad. tanto los Yukpa como los demás indígenas. a la esencia de la vida. son eso: seres humanos. mueren. en un halo de simpatía. nosotros la gente. es armonioso. hombre.

Él me oye con atención. Saldrá espectacular en las fotos que mi padre ha estado tomando. si pasas todas las materias. que cazan con su arco y sus flechas capturan a los báquiros y otros animales grandes cuando no tienen cría. en la Misión. sólo si realmente es necesario. insinuante y cariñosa. me da la razón en todo. el guardián de los animales. Iroka. Atashi. Se acerca la bulliciosa Atashi. me hace partícipe de una asombrosa definición de indígena que le diera el cacique Guaricuto. en nues� tro hermano Aparicuar. que destruyen a las hembras en cría: se les aparece en forma de hombre. Estremecidos. para luego ayudar a Ra� fael a colocar las narraciones a las fotos. Amamos a los ani� males. —Rafael —le insiste ella. o como una tormenta espantosa. en sus primeros acercamientos: —Indígena es un estado de conciencia que consiste en convivir en comunicación estrecha con la naturalidad. pensando en el abuelo Guaricuto. Afortunadamente papá es un hombre serio: —Al final del año escolar. Ante tan evidente acoso. las encon� trarás en tu escuela. también de hermoso cabello ne� gro y resplandeciente mirada. ¡Tengo que darle relevo! —Quisiera preguntarte algo. para alimentar a su gente. sino también la parte espiritual del rito de la caza. ¿Cómo practican ustedes la caza. abrazándo� lo—. que busco una vez más la opinión de papá. Por eso los Yukpa. Nuestros cazadores acostumbran andar en pareja: -347- . Además. nos repugna matarlos. los dos nos abrazamos. —¿Me lo prometes? —aunque un poco decepcionada. ¿me las enviarás? Te daré un regalo bonito. Yorsathi. —Nosotros no somos grandes cazadores. a mi lado. pueden presentarse seres sobrenaturales. me da una respuesta que me aclara no sólo la habilidad física. a ellos los protege un espí� ritu bueno.Los Yukpa. en tantos otros sabios indígenas que conocimos. Él castiga a los cazadores que persiguen las manadas. es más. amplía la contestación de la hermana: —Es peligroso salir solos de cacería. señores de la sierra He quedado tan impresionado por estos pensamientos. se vuelve a colgar del brazo de papá. el padre de Ashirama. y cuáles son los animales que cazan? Atashi es inteligente y despierta. estoy alarmado.

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

mientras uno caza, el otro distrae al guardián de los animales, para que no se dé cuenta de nuestra presencia. Los perros los acompañan para protegerlos, levantar y acorralar las presas. Generalmente atra� pamos mamíferos pequeños, de preferencia acures, también lapas, venados, cachicamos y lo hacemos con jaulas o trampas basculantes. —¿Por qué prefieren cazar acures? —Porque no corren peligro de extinción. La hembra pare hasta quince críos en cada parto, cuatro veces al año. A un llamado de su madre, ambas se alejan hacia el paraviento. —La fauna de esta sierra es prodigiosa —reconozco—, aquí hay osos también, ¿no es así, papá? —Hay varios. El oso melero que anda por los árboles y tiene hábitos nocturnos; por largo tiempo se dudó de su existencia, justa� mente porque sale sólo de noche. También está el oso hormiguero o palmero: tiene una cola larga y ancha como una hoja de palma, un hocico puntiagudo y una lengua pegajosa con la que se come las hor� migas. ¿Y qué sabes del oso frontino? —Mmm… no lo conozco en absoluto —confieso. —Es un plantígrado raro, bien grande, tiene pintado sobre el ho� cico un antifaz y sólo come hojas y frutas. Es de la familia del panda asiático. Vive en estos bosques, pero está en peligro de extinción. —¡Qué lástima!, ¿Y por qué? —Hay dos razones, ninguna válida para matarlo. Se dice que el miembro viril de este oso sudamericano es un poderosos afrodisíaco, estimulante de las funciones sexuales. —¡Ahora resulta que los indígenas tienen su propio viagra! —chanceo— ¡Qué avanzados están! ¿Y la otra razón? —También es fruto de interpretaciones fantásticas. Corre la voz entre los campesinos de que hay un oso salvaje más chiquito y menos amenazante que los otros. Su apariencia, una rara mezcla de simio, oso y humano, es bondadosa. Se acerca a los indígenas para calentarse en las hogueras y los ayuda a cosechar, pidiendo a cambio sólo unos cuantos plátanos y yuca. Pero muchos lo confunden con “el salvaje”, una criatura legendaria de la cual dicen que habita la sierra y rapta a las mujeres. Entonces lo matan, creyendo que se trata del mismo ser. —Pero… ese tal salvaje… ¿No existe, verdad? —Son narraciones, producto de la imaginación popular.
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—Se parece a Pie Grande, el fantasma de Canadá —comento recordando haberlo oído mencionar por los morochos, asiduos lec� tores de historietas. Después de este diálogo entre nosotros, les preguntamos a las muchachas que han regresado trayéndonos una bandeja de yuca re� cién hervida: —¿Es verdad que en las montañas de esta región todavía que� dan osos? —¡Y bastantes! —se nota que Atashi es amiga de ellos, porque explica con entusiasmo—: Tenemos el oso frontino, el oso mele� ro, el oso palmero. No los cazamos ni los molestamos, son nuestros animalitos mimados, así como los monos, las ardillas, los pájaros, los perros, los cangrejos de río. Los criamos en las casas como com� pañeros de los niños, que organizan para ellos fiestas y bailes to� cando instrumentos confeccionados aquí con madera y cáscaras de frutas. Jugamos todos juntos, y… Le da pena continuar. Lo hace Iroka. —¿Sabes?, cuando un yukpa muere, para poder llegar a un lugar mejor, lo que en la Misión llaman el Paraíso, debe cruzar un río muy ancho y de mucho oleaje. Dice la tradición que sólo logrará hacerlo si los animales lo ayudan, y ellos le ayudarán sólo si, en vida, ha sido bueno con ellos. —¡Qué leyenda tan hermosa! ¿Conoces otras? —Muchas. —Cuéntame alguna. —Oye la leyenda de Masiramu, el espíritu del bosque. Es un oso frontino, mágico, poderoso, agresivo, hostil hacia los humanos, muy temido por su extraña apariencia, pues tiene el cuerpo cubier� to con muchísimo pelo y los pies vueltos hacia atrás. Tiene como aliados a todos los felinos, y anda siempre acompañado por pumas y jaguares. Sabemos, Filatelio, que los guías que los trajeron con las bestias procedían con precaución, pues según ellos Masiramu ron� daba el caserío, escoltado por los cunaguaros. A estas palabras, creí entender que el oso frontino precedía y anunciaba la llegada del misterioso chamán, el cual parecía hacer el mismo viaje que nosotros, pues encontrábamos sus huellas en todas las comunidades. ¡Cómo quisiera saber más de él! Presiono a Iroka: —Sigue, sigue contando, Iroka, por favor.
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—Hay otra leyenda, que tenemos por cierta y a ti te va a gus� tar. Se refiere a nuestro hermano yukpa, un espíritu que vino de las estrellas, de más allá del sol. Lo enviaron nuestros ancestros para hablarnos de nuestra cultura, para recordarnos nuestra dignidad de yukpa, señores de la montaña. Él habita estas selvas con su fami� lia de cunaguaros, porque al llegar a la tierra yukpa se convirtió en hombre y tigre para velar por nosotros, sus hermanos. —Cuéntame otras narraciones. Háblame más de los osos, del oso frontino, de los cunaguaros, del hermano que vino de las es� trellas. —Ahora no. Por la noche. No, por la noche no. Será en la ma� drugada. —¿Por qué? —Rafael quiere presenciar la pesca nocturna. Mi padre lo ha invitado, y nosotras los acompañamos. Será muy emocionante para papá. No hemos visto esto en otras etnias: los Yukpa pescan de noche, con fogatas y antorchas, hurgan� do en los pozos que forma la corriente. —¿Hay muchos peces? —Muchísimos y variados: bocachico, sardina, dorado, dentón, lisa, guabina, bagre. Los hombres los atacan con flechas, y mientras tanto las mujeres y los niños capturan a otros. —¿Lo hacen con hierbas? ¿Acaso barbasco? —Nada de eso. Las mujeres buscan los corronchos bajo las pie� dras y junto con los muchachos, cavan la arena para localizar el pez amarillo, que se puede atrapar con la mano. Nunca pescamos mu� chos, sólo los que podemos comer, salar o ahumar para guardarlos, colgados de las vigas, el tiempo que duran: unas dos semanas. —Pero con tan poca caza y tan poca pesca, ¿cómo alimentan a los niños, a los muchachos que crecen? ¿A base de una dieta pura� mente vegetal, sin grasa, sin proteínas? —¡Por eso somos tan chiquitos! —chancea Iroka, poniéndose derecha a mi lado. Debemos tener la misma edad, y no me llega ni al hombro. Efectivamente, los Yukpa son tan pequeños como los pemó� nes, al punto que junto con ellos son considerados los pigmeos de América, pues generalmente no superan la estatura de un metro
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treinta centímetros. Tienen miembros menudos y delgados, manos pequeñitas con unos deditos mínimos. —Lo que te contaremos sobre nuestra comida no te va a agra� dar —anticipa su hermana con viveza. —¿Por qué? ¿Me vas a decir que ustedes son caníbales, que de� voran a cuanto waitía pase por aquí? —¡Que Dios me libre! Son demasiado grandes, muy indigestos y de mal sabor. —Gracias por lo que a mí me atañe. ¿Qué comen entonces? —Pues, insectos. —¿Insectos? —Sí, son más graciosos, apetitosos y fáciles de masticar. Ade� más, hasta los infantes los tragan y digieren sin problemas. Debo confesar que es con cierta repugnancia que me apresto a oír la larga lista que en parte ya conozco, de estos extraños aunque saludables elementos que consumen mis amigos, desde niños: pio� jos humanos, larvas, orugas, hormigas, abejas, mariposas, la mosca soldado, el friganeo tejedor, y por fin los caracoles, varios moluscos y las larvas de palma moriche. Estos insectos, especialmente gusanos, hormigas y mariposas, los comen también otros indígenas, pero no forman, como aquí, parte esencial de su dieta. Ahora recuerdo ha� ber visto entre los pemónes a una niña que recogía mariposas, les arrancaba las alas y chupaba con deleite el tronco. Guardaba otras en una cesta tejida, para dárselas de comer a sus hermanitos. —Buen provecho —quisiera decir irónicamente, pero me freno justo a tiempo al oír la detallada explicación de las dos hermanas sobre las raíces silvestres, tallos y hojas que así como las frutas, espe� cialmente el sara, de la misma palmera, desempeñan un papel im� portante en su nutrición en el caso, aún hoy bastante frecuente, de aguda escasez de alimentos. Unas voces altas y ruidosas se aproximan. Pertenecen a un gru� po bastante nutrido: los morochos, Maigualida, mamá y Superlo� ro, acompañados por unos jóvenes yukpa. Papá dispara la cámara a continuación, ¿wué lo motiva a hacerlo? Están todos vestidos de la misma manera, si no fuera por el distinto tamaño lucirían igualitos: llevan la túnica tradicional yukpa en la cual, en ese aire fresco, se encuentran a su completo gusto. Las túnicas, de un tejido de algo� dón tupido, sencillas y prácticas, ofrecen buena protección contra la
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temperatura rígida de estas alturas. Se componen de una sola pieza rectangular que guarda la blancura original del algodón y cubre el cuerpo desde el cuello hasta los tobillos, a la que se le han hecho es� cotaduras para la cabeza y los brazos. A la manera yukpa y de la ma� yoría de los indígenas, nuestros familiares avanzan descalzos. Y he aquí un detalle que nos hace sonreír: los pies de ellos se ven enormes, al lado de los piececitos de los Yukpa, mínimos, quizás un 32�33 de nuestra numeración. Especialmente los de las mujeres, torneados y agraciados, serían la envidia de cualquier jovencita de la capital. Vienen silbando los morochos entusiastas y exagerados como de costumbre. Se han recargado de muchos adornos: collares de se� millas de brillantes colores, otros de hilo de algodón con plumas, dientes de animales o picos de aves y para completar se han coloca� do unos favorecedores sombreros, facilitados por sus nuevos amigos Makoíta y Totayanto, que los siguen en la retaguardia. Mamá remata el impresionante atuendo con unas coronas decoradas con semillas y un bolso tejido con la más bella fibra vegetal, de una graciosa forma oblonga bastante moderna y comercializable hasta en los mercados de las grandes ciudades. En eso también se diferencian los Yukpa de los demás aborí� genes: no usan guayuco, y se visten, acertadamente y de acuerdo al clima, con esas túnicas hechas por sus mujeres al estilo tradicional: hilan el algodón, lo tejen, juntan unas piezas y les practican unos cortes. Las completan con sombreros de palma tejida y ala ancha que a la vez que los resguardan de la lluvia y de la niebla, les dan una apariencia de nobleza y abolengo. Mi familia es recibida con cordialidad por los docentes yukpa, que en proximidad de las frías horas nocturnas ya habían vestido sus propias túnicas, y continuaban fumando sin interrupción sus pipas sentados en una estera. Todos mis familiares, hasta Maigualida con su tuniquita y el loro con un asomo de manto que mamá le apoyó entre las alas, se adecuan al ambiente. Al verme, Superloro me lla� ma a toda voz y liberándose del manto, emprende el vuelo y logra aterrizar justo en el centro de mi cabeza: —¡Telio, hola, hola, buenas tardes! Lo miro con gran cariño: es un verdadero loro real, con la ma� jestad de su plumaje verde, coronado por un copete amarillo que mueve a voluntad. Las puntas de sus alas son rojas, y bajo la cola
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asoma una larga pluma azul turquí. En algo nos recuerda los colores de la bandera. En cambio, en este cuadro, los pantalones blue jeans y las camisas de rayas mías y de Rafael que insistimos en llevar desen� tonan bastante, como una nota chillona. La maestra Ana Cecilia Apashi, mujer aún joven, hermosa, de linda melena oscura y mirada inteligente, se levanta y empieza en� seguida a preparar comida para todos. En el camino los morochos, instruidos por Makoíta y Totayanto, han recogido arbustos secos para prender el fuego. Con destreza y orgullo lo hacen ellos mismos a la manera tradicional, con los pa� litos de madera. La fogata se alza tan alta, que la miro preocupado. ¿El fuego no se extenderá? —He leído muchas veces en los periódicos noticias acerca de grandes incendios que han azotado esta región —le comenta papá, también inquieto, a Shukumo Opirashi. —Es cierto, esto es últimamente uno de nuestros mayores pro� blemas. Pero aquí los incendios no se prenden con las fogatas, que todos supervisamos, ni con la quema, que así como la tala se practica entre nosotros como medio de cultivo desde hace siglos. —Y no sólo entre los indios, sino en todas las regiones de Ve� nezuela. En conucos y sembradíos es la técnica tradicional en los campos —nos recuerda a nosotros Rafael. —¡Esto no lo trajeron los españoles! —bromeo yo. —No, es un aporte de los indígenas a la agricultura. —¿Representa algo positivo? —No lo sé de cierto —reconoce Opirash—, pero en algunos lugares, si no se quema, el cultivo resulta de inferior calidad, mien� tras que cuando se hace, se dan frutos mejores. Positivo o no, creo que sea muy beneficioso para este tipo de suelo. Sin embargo, vean ustedes —prosigue motivado por nuestro interés—; los grandes in� cendios, los que nos perjudican, no son causados por las fogatas, ni por las quemas, ni por los Yukpa. —¿Entonces? ¿Por la autocombustión? —preguntan los moro� chos, curiosos y desubicados como siempre. —¡No! Aquí, con nuestro clima frío y húmedo, no hay auto� combustión. Son incendios dolosos. —¿Dolosos? ¿Producidos por quién? El rostro de Shukumo adquiere una seriedad impresionante:
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—Por nuestros enemigos… los hacendados, los ganaderos, los comerciantes, los sembradores de cultivos ilegales que en esos días proliferan, los invasores criollos, colombianos y de otras naciones sudamericanas. Ellos quieren, en esta forma, alejarnos siempre más, atemorizarnos, usurpar nuestras tierras. No les importa destruir la vegetación, acabar con los animales, perjudicar a las personas… su ambición es tan grande que todo lo atropellan y destruyen. El pequeño grupo yukpa se ha reunido alrededor de Shukumo y asiente con gravedad. Nosotros estamos consternados. Tanto odio, tanta avidez, ¿lograran algún día aniquilar esta paciente y sufrida etnia? —¿Y ustedes no se defienden? —Lo intentamos, pero ¿cómo podríamos hacerlo? No tenemos medios ni armas de fuego con que hacerles frente. Nuestra única defensa es tratar de subsistir, resistir, preservar nuestra cultura, transmitirla a cada generación. —¿Lo logran? —Sí, en esto los misioneros nos han ayudado. Ya tenemos un sistema de escritura, podemos escribir y leer, además del castellano, nuestro idioma. Se ha publicado un diccionario yukpa y varios libros de texto para nuestras clases, que son bilingües. Actualmente el Ministerio de Educación y otras entidades gubernamentales, a tra� vés de algunas “Misiones” nos apoyan. La Asamblea Nacional aca� ba de sancionar la Ley Orgánica de Comunidades Indígenas, mediante la cual se les otorgan a los pueblos aborígenes derechos absolutos en términos políticos y culturales. —¿Dónde quedan las escuelas de que hablas? Hemos sabido sólo de la misión católica de los Capuchinos. —Esa es la más importante, la que dirige las demás, forma a los maestros. Allí estudian más de cien alumnos, externos e inter� nos. Pero en la montaña, en la floresta, tenemos varios planteles: son pequeños paravientos, techitos aún más estrechos que estos que ha� bitamos, donde los maestros vamos a pie en una marcha que puede durar hasta tres días, para alfabetizar a los niños. —¿En español? —En los dos idiomas, ya lo he dicho, esto es fundamental para la preservación de ambas culturas, para proporcionar a cada idioma una literatura escrita que refuerce la tradición oral.
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Lleno de interés me le acerco aún más. —¿Cómo es tu escuela? —Mi escuelita es apenas un claro del bosque que se ha limpiado de maleza, un techo de madera, unos cuantos pupitres y un pizarrón verde como la sierra. Está rodeada de troncos para que podamos pasar en temporada lluviosa, cuando se hace difícil el acceso. —¡Qué ganas de aprender! —pienso para mis adentros—. Creo que si los morochos y yo tuviéramos todas esas dificultades, tal vez no iríamos a la escuela. —¿Dónde queda tu escuela, Opirashi? —prosigo—. Quisiera saberlo. —De aquí no la puedes ver. Sígueme hasta el río. Conversando, nos dirigimos los dos al río cercano, de lecho an� gosto, pero de aguas claras y caudalosas, donde ya se hacen prepa� rativos para la pesca nocturna, a la cual asistirá como único invitado Rafael, mi padre. A sus orillas está depositada una gran variedad de cestas, pues ellos son excelentes tejedores de cestería, y algunos arcos pequeños que llaman wacara kask, fabricados con madera de teba, o palma macanilla. Los flanquean varios tipos de flechas: sen� cillas, múltiples y con punta de arpón.

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Son dos jornadas comple� tas de camino. el chamán de los Cunaguaros. un sordo plañido que nos hizo erizar la piel. Sorpresivamente. —Acaba de pasar nuestro hermano yukpa. y desde el margen opuesto. es apenas un valentón —les explicó pa� cientemente Totayanto. Nos vio y creo que le molestó lo que hice. Estaba tan mortificado que decidió regresar a la casa grande junto con su hermano. mírenlo bien. Debí haber usado el arpón. regreso el último. lo ensartó en él y lo lanzó a las aguas. -356- . recibido por los gritos de admiración de los morochos fascinados. nuestro amigo Makoíta se apresuró a sacar el an� zuelo de la boca del valentón que aún coleteaba enérgico. De improviso. y lo lanzó de vuelta al río. Los morochos. En la punta tenía un anzuelo. —¡Una cachama! —¡Un morocoto! —No. pero sé que así los peces sufren más. Shukumo señala una espesa y elevada montaña. Me voy de aquí el primer sábado del mes. Lo habría hecho de saber que él andaba por aquí. moteada de nubes. pero sin duda sería un buen banquete cuando regresáramos al paraviento. —¿Ves? Mi escuela queda allá arriba. recapacité. llegar a más de 2. En este momento se oyó una flauta lejana. Filatelio? —me preguntan los repollitos. Pero aquella flauta ya la había oído antes.000 metros de altitud. pescado! ¿Por qué haces esto? —le preguntan los ce� ritos. teme� rosos. tengo que cruzar cuatro ríos. A los pocos minutos salió un pez de regular tamaño. Recogió un gusanito del suelo. —¡Adiós. —¿Escuchaste. y es cuando mis hijas me visitan. aún más asustados. Era una especie de bagre grande. con sus amigos Makoíta y Totayanto. Claro que lo había escuchado. era un lamento de fieras. éste saca de su mapire un cordel largo. se fueron también. después tengo unos días libres.El Chamán de los Cunaguaros. Aprendí a pescar con anzuelo. Viaje por el mundo indígena venezolano En el camino nos alcanzan los morochos. Nosotros vadeamos el río. de ani� males salvajes.

ya bilingües. Lo comprueban las estadísticas: la etnia Yukpa está en moderado. aún manteniéndose pura. lo conveniente es alfabetizar primero en la lengua nativa. honradez y dedicación al trabajo. como tomadas por sorpresa. —¿Vale la pena un esfuerzo tan grande? —Ciertamente. —¿Cuántos alumnos tienen? —Pocos. Afortunadamente. Se miran entre sí. Cada año tenemos algunos discípulos más que el anterior. Salimos jun� tos. —Es cierto —confirma Rafael cuando. —Su futuro será mejor —corrobora Opirashi—. Pienso que luego. el español. en la parte alta del valle de Tukuko: —Allá está la escuela de Ana Cecilia. cinco o seis en la segunda. la dejo al irme y la recojo de regreso. Y a la vez. mi mujer. al regresar al paravien� to. los jóvenes yukpa cursarán la escuela básica completa. difícil de erradicar. —¿Por qué lo hacen así? —Yo personalmente. señores de la sierra Me enseña luego una ladera más cercana. Es como una costumbre antigua. ¡Todo tan positivo! ¿Acaso ustedes no tienen defectos? Las jóvenes se sonrojan. pronto no habrá ni un yukpa que no sepa leer y escribir en dos idiomas. —¡Qué maravilla! —exclamo yo dirigiéndome a las dos her� manas que nos escuchan—. confabulan y luego confiesan: —Tenemos varios. —¿Se los enseñan contemporáneamente? —No. era muy alto el porcentaje de analfabetas. —¿Cuáles? —El principal es que los Yukpa —se sincera Atashi— somos mentirosos. consi� dero que esta es la forma adecuada para evitar que se aminore la autoestima y que sea desplazado el idioma nativo. como indígena y como maestro.Los Yukpa. nues� tra etnia está logrando aumentar su población. se lo comento—. Además. Me parece muy acertado su razonamiento. Unos diez cada uno en la primera etapa de la escuela básica. en su campo de actividad o estudio. -357- . se afirman sus características propias: respeto. pero progresivo crecimiento. y luego hacerlo en la lengua dominante. en todos estos montes. Hasta hace poco.

Rafael también vendrá. la vivienda rectangular de los abuelos de Makoíta y Totayanto. como un medio de defensa. ají. Creo que también los demás indígenas que visitamos decían mentiras. Para salvación de las dos jóvenes.El Chamán de los Cunaguaros. y al río. o diciendo una verdad parcial. ocumo y batata sancochados. pero no pudieron cumplirla porque… ¡se quedaron dormidos! ¡Qué nota! El viaje en jeep. ¡Más que suficiente! —Filatelio. sin saber que lo hacían. el es� píritu de la lluvia. y luego echarles unas totumas de agua fría para purificarlos. alejarlos hacia territorios que no existían sino en su fantasía y en su deseo de liberarse de ellos. Por una vez la familia González Uribe dormirá sepa� rada. los reprendemos si mienten. Quizás antigua� mente se vieron obligados a hacerlo. Teníamos pensado llegar hasta ustedes asustán� dolos con rugidos de tigre. pero para nosotros mismos. el genio protector de los animales —cuenta Mor— y Ocho interpretaría a Imanta. Viaje por el mundo indígena venezolano Tratamos de que los niños no lo sean. las diligencias para conseguir la típica vestidura. Acaso sin darse cuenta. a entrar en ese mundo mágico de los aborígenes. ida y vuelta… habían agotado sus reservas y dado al traste con sus veleidades de exploradores… —¿Y qué iban a hacer cuando se dejaron vencer por el sueño? —Pues… yo iba a representar a Yorsathi. Los morochos regresan con mamá y Maigua a la casa mayor. es imposible evitarlo. apreciando su conducta de Waitía decentes y -358- . Estas palabras me hacen reflexionar. Accedo. ya tenemos la estera pre� parada y una cobija. La comida está lista: sopa de pescado con plátanos verdes. la caminata por la empinada cuesta. después de la pesca. nos alcanza un apetitoso aro� ma que nos hace acudir apresuradamente al llamado de Ana Ceci� lia. Qui� zás mintiendo lograban sobrevivir. el trayecto en el rústico. vas a pasar la noche aquí. con los cuales han hecho gran amistad. escapar de sus enemigos. porque los padres de sus amigos. El breve paraviento no puede acogernos a todos juntos. ¡Suerte que nos salvamos! Y ellos salieron premiados. —¿Qué otros defectos tienen? —estoy a punto de preguntar. Seguramente pasarán gran parte de la no� che conversando desde sus esteras… ¡y esperemos que no inventen alguna diablura! Se les había ocurrido una bien buena. nos confe� saron en los días siguientes. el paseo hasta nuestro paraviento. O tal vez esto sea una tendencia a dejarse llevar por la imaginación.

Una leyenda llena de magia. de animalitos con sus nombres indíge� nas. de estera a estera. A Maigua y a Carmen les ofrecieron unas carteritas elabo� radas con pequeñas tiras de casupo tan típicas y bien confeccionadas. que recuerda un hecho propio también de nuestra civilización. señores de la sierra colaboradores. que se volverían la admiración de sus amigas caraqueñas. les entregaron como regalos de despedida dos mag� níficos sombreros adornados con semillas ensartadas. Al leer y releer la leyenda de “El Diluvio”. acompañada por la ristra de ají picante seco que sirve para alejar las malas influencias y presencias espirituales no deseadas. es decir anterior a la conquista? -359- . como los Yanomami. antiguo patri� monio? ¿Podría pensarse que esa noción les fue traída por los waitía en algún momento. Yo también me fui de aquel sugestivo paraviento con un ex� traordinario obsequio: la leyenda que Iroka me narró al regresar de la pesca en la madrugada. de encanto. tan distantes de ellos. lo más extraordinario. y que luego me entregó bien escrita en letras grandes en una hoja de su cuaderno de tareas. varias veces me he preguntado: ¿cómo puede explicarse que los Yukpa tengan alguna noción del diluvio? ¿Pertenece este mito a su propio. de solidaridad y amor por los humanos en la cual se repite la pa� labra “antiguamente” tan cara a los Yukpa y. que represen� tan las más altas categorías de los Yukpa que han alcanzado un éxito especial. y ellos la incorporaron posteriormente a su pa� trimonio cultural? ¿Acaso el mito del diluvio es de carácter univer� sal y ocurre paralelamente en otras etnias. entre quienes sin embargo oí variantes del mito del diluvio? ¿O pudo haber tenido una difusión muy temprana.Los Yukpa.

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hasta que al fin la tierra se abrió y las aguas que se habían reunido fluyeron al centro de ella. ¿Crees que los Yukpa bajaron entonces del monte? Pues no. aún hoy día hay ríos subterráneos. el cangrejo. Pero Kurumachu. la gente y sus animales huyeron y subieron a la cima del alto monte Tetare. el zamuro. Llegó entonces Ramashru. Se presentó Kava. Antiguamente hubo una enorme inundación que se llamó “Kun apanane”. Pero allá arriba no había alimentos y Atancha el primer hombre. Estaba demasiado cansado. El Diluvio Cuentan los Yukpa que antiguamente. y continuó cavando por siete días. 361 . con el fin de que por allí escurrieran las aguas. el cachicamo. Cuando las aguas cubrieron todo. Pasaron muchos soles y lunas y un día Kurumachu. pero no pudo terminar. buscó voluntarios para hacer un gran hueco hasta el centro de la Tierra. se quedó comiéndolos. fue enviado a ver si los campos ya estaban secos.Kun apanane. Por esto. Cavó y cavó par varios días. y comenzó a cavar. las aguas de los ríos y arroyos se salieron de sus cauces al mismo tiempo. La Tierra estaba llena de lodo y tenían que esperar que se secara. al darse cuenta de que había animales muertos por la inundación.

salir de pesca y de cacería. enviaron a Kopto. Kopto voló por aquí… por allá… Pero encontró todo mojado. habitar sus casas. flores. Regresó al monte Tetare y dijo que era necesario esperar al menos otros cuatro días. y Kopto fue enviada nuevamente al valle. Viaje por el mundo indígena venezolano Cuando vieron que no volvía.El Chamán de los Cunaguaros. frutos y más allá una gran hilera de montañas… todo estaba seco. la paloma. Pasaron esos cuatro días. Los hombres y los animales bajaron por fin con gran alegría del monte Tetare y celebraron con música y una gran fiesta el retorno a la tierra. criar a sus hijos. -362- . Ya podrían cultivar los conucos. Entonces dio un vuelo rasante y miró… Árboles.

y subir cerro arriba a las alturas de la sierra donde la niebla espesa se detiene 363 . diáfanos como el frescor de la corriente. Hay que cruzar montañas florecidas con flores que desde antes habitaban el antiguo paraíso de los Yukpa para llegar aquí. los humanos. nuestro dolor por tantos hermanos muertos bajo el negro polvo de carbón que contamina nuestros pasos. pozos donde se hunden nuestras penas. nos llenamos de luz de nuestros ríos revoltosos y alegres y asomamos entre el follaje nuestros ojos brillantes como peces. que mancilla la selva. Vagamos por las intensas montañas. transparentes.Canto yukpa Somos los Yukpa. Nos bañamos en pozos profundos. que enturbia nuestros ríos caudalosos.

-364- . Viaje por el mundo indígena venezolano a conversar con las hojas. conozco el lenguaje del águila. soy yukpa y hablo con los pájaros.El Chamán de los Cunaguaros. yemas de mis ocultas sierras. Frutas de mis montañas te ofrezco. la voz de la serpiente en la hojarasca.

porte suave. pacientes los unos. porte orgulloso.Los Bari. ¿A qué se debe tanta disimilitud en dos etnias tan próximas? Ellas son próximas en área pero no en cultura. entre estas dos etnias tan cercanas en sus te� rritorios. 365 . son de filiación karibe. rebeldes los otros. dueños de la música Tan cercanos y tan diferentes. sumisos. también llamados durante casi todo el siglo pasado. mirada agresiva. Me refiero a los Yukpa y a los Bari. Hasta físicamente. Pertenecen a esa cultura compleja y avanzada que aún tiene numerosos descendientes en Colombia. audaces. expertos en localizar vetas de esmeraldas. paso afincado. paso silencioso. hábiles en labrar el oro según las reglas de la vieja tradición pero con la maestría de los modernos orfebres. Tan dóciles. como los demás indígenas del territorio caribeño y venezolano. presencia casi invisible: los Yukpa. se notan diferencias muy marcadas. Los Bari son los únicos Chibcha de Venezuela. Cabello híspido cortado en línea recta. presencia importante: los Bari. más bien contiguas. Cabello fino que cae desordenado. mirada huidiza. Tan bravíos. respectivamente motilones mansos y mo� tilones bravos. Los Yukpa.

—Realmente —reflexiono para mí mismo— en este tercer mi� lenio tan avanzado en tecnología. y se queja de la imprudencia de los conductores: —En el llano. manejaba preocupándome por mí mismo. Viaje por el mundo indígena venezolano Su historia también es diferente. los indígenas que tienen fama de haber sido en tiempos de la -366- . sus cultivos. se retiraron. lo hirieron a él mismo con la flecha enve� nenada con curare que le causó la muerte. de incursionar o adentrarse los unos en los territorios de los otros y úl� timamente de intercambiar alimentos y productos. de la niebla y de los barrancos.El Chamán de los Cunaguaros. A los Bari pertenecían la hermo� sa y desdichada Ashirama. al que me gustaría considerar como un abuelo. el que tengo adelante. Estoy ansioso por conocerlos. A pesar de la vecindad. tenía que cuidarme de la vegetación y de las crecientes. los Yukpa huyeron. las opulentas avenidas que rodean Ma� racaibo. al volante. Pero aquí. del llano. y cuidarse de la excesiva velocidad y peligrosa osadía con que abordan rectas y curvas los carros y camiones que vienen hacia nosotros. Inclusive sus idiomas son disímiles. no se entienden entre ellos por hablar lenguas de diferentes familias. y entre ellos nació nuestro hermano Aparicuar. después de la variedad de la selva. se le enfrentaron fieramente cortándole el paso. toma frecuentes sorbos de café. los de� sérticos caminos guajiros. sigue siendo grande la impericia de los automovilistas. sus tierras llanas. Hay que estar alerta y prevenir el frenazo de quien precede la carrera para pasar del que nos sigue. Lo que menos imaginábamos era llegar hasta los Bari o Moti� lones. abandonaron sus aldeas. jamás los dejaron entrar al propio territorio. Caribe y Chibcha. La ancha carretera que estamos recorriendo para llegar a los territorios bari nos resulta monótona. Los Bari. Al empezar la conquista. Papá. tengo que manejar por tres: el que viene en dirección contraria. En la selva. las empinadas cuestas del territorio yukpa. En el páramo. y el que me sigue. las pintorescas vías que cruzan el páramo. persiguieron y diezmaron a sus hombres. en cambio. cuando el cruel Ambrosio Alfinger después de explorar los márge� nes del lago de Maracaibo intentó cruzar las sierras que lo rodeaban hacia el occidente. el bondadoso cacique Guaricuto.

con la nariz pegada a la ventanilla trasera. El contacto con el agua es necesario para los loros ya que les mantiene las plumas en condiciones sanas. Los morochos. con tanto plumaje! Es mamá quien logra calmarlo dándole una tacita de agua que toma gustoso y abanicándole las plumas. llana y asfaltada. en la bañera. Mejor. temibles. En eso. pero durante el viaje ha tenido que contentarse con una rápida zambullida en algún receptáculo. ¡Y una de las buenas! El jeep adelanta veloz. si lo hiciéramos nosotros… Hasta que Carmen. el cabello se le suelta y un oscuro oleaje le enmarca la tez morena y el rostro bondadoso. justamen� te por carretera. guarda el mapa y sigue aba� nicando al loro con el pañuelo que se quita de la cabeza. uno por cada lado. da muestras de querer zambullirse para darse un buen chapuzón. Telio! —grita— ¡Aquí. ¡Pobre Superloro. sorprendida por tantas miradas fijas en sus manos se percata. Rafael ve. para refrescarlo. al ver tanta agua. Tío Jeep jadea con dificultad. hay tráfico. con el mismísimo mapa vial de papá. intercambiándose mensajes: -367- . mamá! En las cercanías del paso del río. sacan peli� grosamente la cara de las ventanillas laterales. los más bravos. debe estar cansado y acalorado. ya! —¡Ahora no. Superloro. con la intención fallida de adoptar la misma posición. Superloro se le une. ¡Vamos a cruzar el río Catatumbo! Gran agitación en el vehículo. pero se hace el que no se da cuenta. más tarde! —tratamos de explicarle. ya. —¡Hola Telio. la vía se abre ante nosotros recta. Se ha formado una soberana cola. célebre por el extraño relámpago que parece des� prenderse de su cauce y que se ve desde muy lejos. y hasta no hace mucho. desde Maracaibo. frecuentemente se detiene. ahora no.Los Bari. así podemos observar de cerca el río Catatumbo. dando picotazos en el vidrio. dueños de la música conquista junto con los Araucanos. El animalito estaba acostumbrado a un baño diario con bastante agua. ¡Todos la miramos con cariño: es bonita. adelanta con esfuerzo. pensamos todos. Esta es la ventaja de ser mayores. tal como una concha de coco o una totuma. o rociado en el patio con el pulverizador que usamos para regar las matas. inaccesibles de toda la América del Sur. o bajo la ducha. Lo sujetamos a tiempo. Mai� gualida ya está acurrucada encima de las cajas. echados transversalmente sobre el equipaje. ya. desde San Cristóbal del Táchira y hasta desde Colombia.

solemne. y mejor si no hay luna. Mor. la ruta que cruzan los muertos al dejar el mundo? -368- . Se une con el río Negro que vie� ne desde Colombia. —Ojo. eternos exploradores no se dan por vencidos: —Miremos. Los dos incorregibles acallan con silbidos y una defectuosa adaptación suya propia la grata voz de Carmen: Mor: Ocho: Mor: Ocho: Maracaibo en la noche. no hay traza. mira bien por el tuyo. El reflejo esperado. —¡Hijos! —interviene mamá— ¡Cómo van a ver el relámpago en pleno día. algo siniestra. el famoso relámpago del Catatumbo que llena de una luz algo brillan� te. miremos bien. No se verá. En él se sienten latir siglos de vida y de historia.El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano —¡Ya estamos! —¡Vamos a ver el relámpago! —¡Vamos a descubrir lo que es! —Ojo. pudiera ser… —Se esfuerzan. con toda esta luz! Sólo se puede distinguir de noche. mira bien por tu lado. Y reflexionan filosóficamente: —Todavía queda el misterio. Lo dice la canción: Maracaibo en la noche relampaguea tiene el gran Catatumbo con su reflejo. Busquemos ya. pudiera. Pero del relámpago. las tardes y noches tropicales. y desemboca al sur del lago de Maracaibo. ¿Tendrá el relámpago del Cata� tumbo alguna relación con la sierra de los fieros Motilones? —¿O con el espíritu de sus indómitos antepasados? —¿Será cierto que el relámpago. Majestuoso. mas ni ven ni encuentran nada. Ocho. ilumina el camino del más allá. Pero. es el río. como afirma un mito wayuu.

apoyando la mano en su hombro. y el verdor de los árboles es impresionante ¿Qué superficie abarca el territorio bari. Especialmente mamá y yo mismo. que el relámpago del Catatumbo no es nada sobrenatural.000 al� mas.Los Bari. algún día lo descubriremos. se comprometen el uno con el otro: —Algún día. probó los frutos de estas monta� ñas. interrumpida de vez en cuando por am� plias casas de hacienda sombreadas por platanales. gran porvenir se están forjando mis hijos —comenta papá con su típica sonrisita medio en serio medio en broma—. trata de levantar los ánimos: —¡Qué parajes tan hermosos! ¿Han aspirado el olor de esta sel� va? Hay un perfume de flores silvestres muy aromático. exploradores. Al borde de la carretera des� filan escasos ranchitos de paredes blancas y techos de palma. callamos. muchachos. empieza a acusar una subida siempre más pronunciada.500 Km2 habitados por unas 2. Es un fenómeno atmosférico que más bien tiene que ver con los grandes yacimientos minerales de la zona. Al noreste. Aviadores. escasa: unos 1. la sierra de Perijá se pierde hacia el sur en la República de Colombia. antropólogos. recorrió estos caminos. —Gran porvenir. ¿Podrá mantener su serenidad ante tantos recuerdos? ¿Logrará cerrar esta página de su vida? Por un rato. Se di� visa más claramente la serranía que los Bari llaman Abogsaki. En esta exuberante tierra vivió cuando era aún muy joven. dueños de la música Estrechándose la mano. Luego mamá. rebaños de reses se asoman a las empalizadas. Ya no hace calor. Rafael? —Ahora. Con tal de que salga algo bueno… Pero sepan. Observamos muchos potreros. Todos estamos conscientes de que se enfrenta a una importante fase de su pasado. La dilatada planicie. Una bandada de coloridas mariposas parece señalarnos el camino. compren� demos la complejidad del momento. sus confidentes. con las puertas abiertas. —Estamos ya en la tierra de los Bari —anuncia papá con una gran alteración en la voz. ¿cuándo? -369- . Antes… —Antes.

Ellos también han sido alejados. —Hijo. mientras el otro me apuntaba al pecho con algo como un puñal. triunfantes.El Chamán de los Cunaguaros. a Superloro por silbar feliz al ritmo del golpe tocuyano. al grito furioso de: —¡Abran paso al progreso! ¡Qué escándalo! Para completar. de la ganadería. desarraigados.000 Km2. Quizás puedas encontrarla dentro de ti mismo. solamente los zamuros me lo hicieron corcovear. —¿Cómo puede llamarse progreso lo que en el caso indígena ha significado despojo? —protesto irónicamente. —Del llamado “progreso” —comenta Ocho. estas preguntas no tienen una respuesta fácil. de los cultivos. A continuación se entreabrió la puerta obligándome a hacer gran� des esfuerzos para volverla a cerrar sin rodar abajo. mientras ellos. que estaba entretenida repartiendo unas galletas entre Maigualida y Superloro y no se había dado cuenta cabal de lo que estaba pasando. mientras escruto por la ventanilla en espera de descubrir algún indígena bari. reflexionando —sugiere papá. uno de los morochos me dio un tremendo empujón. marginados por la penetración de las vías asfaltadas. -370- . Instintivamente me hice hacia atrás y me sujeté de la ventanilla del jeep con tan mala suerte que presioné el seguro y éste cedió. cantando a ritmo de salsa: “¡Nosotros te ayudamos a reflexionar. Tuponken!”. pasaban sobre mí y encendían el radio colocado al lado del motor. y que resultó ser uno de mis mejores marcadores que subrepticiamente me habían sustraí� do. No tuve tiempo de hacerlo porque de repente. empezó a preguntar alarmada: —¿Qué pasó? ¿Chocamos? ¿Atropellamos a alguien? A Muñeca le dio por llorar. Mamá. Viaje por el mundo indígena venezolano —Hasta el siglo XVII los Bari controlaban más de 20. del aparato abierto a todo vo� lumen salió la sabrosa música de un canto de nuestro llano que re� sultó de lo más atinado: Me monté en un burro muerto que no me pudo cargar.

año tras año. A Akuero y Bandú. dueños de la música Papá frenó con fuerza el Jeep. desviándonos de la carretera prin� cipal. al planificar el viaje. Habrá que seguir a pie. Lo cierto es que. pero le resultó imposible. de un asentamiento vecino. entendido como diversidad e interculturalidad… No hubo palabras hasta que. en aquel momento. Por lo pronto no se veía a nadie. café para papá y un tentempié para el loro. ¡Por suerte no venía nadie detrás! Apagó el radio a secas y con una dura mirada nos hizo bajar a los tres varones. Rafael había intentado. Equipamos los morrales para el resto del camino.Los Bari. Últimamente hemos adoptado la costumbre de los yaruros y demás indígenas: con excepción de un poco de leche y ga� lletas para Maigua. —Aquí se acaba la vía —anuncia papá—. el kakbaibai y el cici’bai. Estamos todavía saboreando la carne de Santa Bárbara de la cual nos proveímos en un tarantín callejero de esa célebre región ga� nadera. habríamos querido ser tres auténticos bari. alborozado. situado entre el macizo de la sierra de Perijá y la serranía Abogsaki. es decir el cacique y su lugarteniente. Pero en esa sola vez. comunicarse con el antiguo poblado donde vi� vió y conoció a Ashirama. completamente merecido. cuando frente a nosotros. no nos ha disminuido el apetito. inalcanzables en la selva y muy lejos de cualquier desarrollo. aparecen dos indígenas bari. Les -371- . ¡comemos bien completo! Hoy mismo el fuerte castigo de papá. papá los había conocido bien en esa época y siguió tratándolos cuando iba. o en bestia. brotados sigilosamente. que no los han sus� tituido por los ancianos o por los capitanes. a buscar a su hijo. arepas y hallaquitas. Poco a poco se habían internado en los bosques. Los Bari son una de las pocas etnias que aún tienen caciques. si es que alguien viene a buscarnos y nos las trae. y nos sentamos en el pico del cerro a consumir algún alimento. nos alimentamos una vez al día. Aquellos bari se habían ido de allí después de la muerte de Guaricuto. junto con sabroso queso fresco. vestidos con un simple guayuco y empuñando su Kari o arco. para “arreglar cuentas”. de la comunidad que nos va a recibir. Papá. llegamos por un camino escabroso a una empinada cumbre desde la cual se divisa el Valle de los Motilones. no se supo más de ellos. parecía que la misma montaña se los hubiese tragado. Mejor no sigo contando. se levanta para recibirlos: son nada menos que Akuero y Bandú.

su mamá… —Sí —prosigue Akuero por él—. Mamá sigue sonrojándose.El Chamán de los Cunaguaros. Como padre —opinaban— él tenía que entender. liberar ese recuerdo. trayen� do las fotos de la doñita. formar parte de ese mundo indígena tan distante y dife� rente. Había llegado el momento de que Rafael desistiera de la búsqueda desconsolada del hijo. las imágenes ya no sirvieron… el niño. pero yo comprendo perfec� tamente. -372- . hasta pensé quedarme aquí para siempre. nosotros nos miramos diverti� dos. Ellos las guardaban con celo. aquí sabemos de usted. Tenía ami� gos entre los indígenas. mulas y burros. hablaste de establecerte y formar una familia… Fue una decisión difícil. Viaje por el mundo indígena venezolano había entregado algunas fotos del niño pidiéndoles que lo ayudaran a encontrarlo. Tuve gran afinidad y afecto por los Bari. pasaba entre ellos gran parte de mi tiempo. Papá nos explica a nosotros los muchachos: —En mi juventud. con algún acento de la región occidental—. Ambos bari se muestran muy cordiales con mi padre. seguía desaparecido. Mis hermanos lo miran extrañados. cuando volviste aquí. luego ya vuelto un joven. y nosotros te ayudamos a tomarla… Era preciso que dejaras atrás el pasado y trataras de empezar de nuevo. Hemos traído monturas para todos: caballos. y se nota que sienten curiosidad por conocernos a nosotros. Luego. Pero un día. conocí a Carmen. su destino estaba abierto ante él: integrarse a la selva. Aparicuar ya tenía su vida. tantas cosas sucedieron… períodos de dolor y de tristeza me alejaron de mis amigos indígenas… Me volví hura� ño. jóvenes —nos incita Akuero— es bueno llegar antes de que caiga la noche. especialmente a mamá: —Doñita —le dice Akuero en un español bastante fluido. dejarlo seguir su propio camino. ¡Nunca nos habríamos imaginado que los indígenas Bari fue� ran algo así como nuestros padrinos! —Vamos. cuando era funcionario de la Dirección de Fronteras. intratable… Recorría la selva en completa soledad. ¡He� mos visto tantas fotos suyas! Mamá se ruboriza. como ya saben. Los tres hombres se dan fuertes palmadas en la espalda y se abrazan. viajaba mucho por todo el país. de paso por Caracas. Los Bari lo aconsejaron bien. eras otro… pensaste en cambiar tu existen� cia errabunda. mas después de algún tiempo.

muy belicosos. morado claro. Además. Sobre todo. —Sin embargo he leído en los periódicos que la situación ha sido algo tensa últimamente —le replico. prudencia y persistencia de nuestros líderes. útiles en muchas cosas. Colombia… Ah. sabe cómo protegernos frente a los ávidos y tramposos terratenientes y cocaleros. a través del cual no penetran los rayos solares. Cada animal sigue al otro. Cruzamos algunos caños. —¿Y no hay posibilidad de luchar contra ellos? —Confiamos en recuperar lo nuestro con el tiempo. se están prepa� rando para su próxima profesión: inspectores de la Dirección de Fronteras. con los cultivadores ilegales. a nuestro Chamán de los Cunaguaros. ¿A dónde -373- . Él es un au� téntico líder. Ha habido problemas. y de último los morochos montados en dos burritos guiados por Bandú. Las mariposas que revolotean alrededor son cada vez más espectacu� lares. brincando. dueños de la música ¡Menos mal que ya tenemos alguna experiencia y que las bestias son mansas! Adelante van a caballo mamá y papá escoltados por Akuero. con el cual conversan sobre límites. Grandes. Venezuela. gente ajena al ambiente que intenta arrebatarnos las tierras sin el menor respeto a nuestra cultura ni a nuestros derechos. venciendo la resistencia de Superloro que amenaza con tirarse de la mula para continuar solo. son amigos. Se han aliado. A veces las ramas nos rasgan la cara. que operan en los linderos —me explica pacientemente—. Árboles y más árboles. azul índigo. Yo los miro a ellos y pienso en el fasci� nante chamán que nunca logramos ver abiertamente. por suerte. porque no se ve senda ni trocha. para molestarnos y amenazarnos. por asuntos de esos grupos armados. La cuesta es empinada. un follaje intrincado. exhiben una gama de colores insólitos: morado.Los Bari. tratados. de frente. se ha incrementado la presión de extranjeros. Luego vengo yo. y con mu� cha habilidad. nuestra esperanza está en el hermano bari que nos visita pe� riódicamente. ya lo capto. topografía. verde limón. Papá y mamá se miran. les tenemos bastante confianza. luminosas. —Es cierto. —Bien. que carga a Maigualida. —¿Cómo se llevan ustedes con la gente de fronteras? —le pre� gunto a Bandú. rojo carmesí.

¡Con todo lo que habíamos oído. no era para menos! Y ahora nos parece imposible estar aquí. La luz está menguando. —¿Cuál vivienda? —se extraña Mor. ni aún con nuestros dos guías… La mula se detiene. desde donde estamos no parece una vivienda sino una mancha boscosa. Y desde hoy. los Bari o “Motilones bravos” de hoy día. cuentan todavía en Caracas. Pequeños y ágiles. escuchando su música. y unas mirillas bastante bajas. —¡Qué casa tan grande! —me extraño— ¿Cuánta gente vive en ella? —Toda la comunidad —me contesta Bandú— unas cien perso� nas. son indios bravos”. dicen otros. difíciles de ubicar e invisibles en la misma urdimbre de la vivienda. ustedes también.El Chamán de los Cunaguaros. que apenas se divisan. “Los Bari son indígenas de espíritu guerrero. armados de flechas envenenadas y negras macanas. sentados tranquilamente en nuestros chinchorros colgados al lado de los de los Bari. nos decían los maes� tros en la escuela. que sólo ellos conocen. afables a pesar de su porte bravío. en el corazón de la selva. Estamos cada vez más extrañados. recubierto y techado con palmas y be� jucos. Con fama de terribles flecheros y de agresivos atacantes. irreductibles. a los cuales nadie pudo acercarse por siglos. saboreando sus comidas. —¡Sólo veo bosque! —completa Ocho. Es un caney. son en realidad inofensivos. No me gustaría pasar aquí la noche. en forma de pirámide trunca. Tiene algunas entradas secretas casi escondidas en la maleza. enorme. teníamos miedo al acercarnos al Valle de los Motilones. Allí está nuestra vivienda. parecen un pueblo totalmente distinto al que con tanta fiereza acometía a los -374- . asustándonos. salvajes. disimulada entre la vegetación. Sin querer admitirlo. Viaje por el mundo indígena venezolano vamos? No hay trazas de poblado. —¿Qué pasa? —Hemos llegado —sonríe Bandú—. compartiendo su propia vivienda. “Flecharon y mataron a muchos españoles y criollos desde los tiempos de la conquista hasta el mismísimo siglo pasado”. o bohío como lo llamaban los cronistas. “Los Bari o Motilones. temi� bles aún hoy en día”. Los morochos tienen razón.

obstruido en los extremos. donde el embru� jo y la fascinación de la música autóctona nos han envuelto. sino el tubo de una caña parecida al bambú. lo sabemos todos. cuando veo la brillantez de las flores. o percibo el aroma de los frutos del lugar. ¿Cómo pudo adivinar que me gusta la música. Son colores. aunque en desnuda penumbra. a la que llaman monitubí. El interior del bohío. no me sale nada mal. y uno. y que charrasqueo bastante bien el cuatro? Tanteo la flauta. ¿Acaso esos místicos sonidos le evocan la belleza exótica de Ashirama? Yo también pienso en ella a veces. no pierden la oportunidad de lucirse: imitan al arrendajo y al turpial. algo monótonos. Otras flautas se alternan luego con cantos suaves. su paso leve entre la espesura. que se acerca ento� nando un extraño son. quizás de rezo. la temperatura agradable. Nos sentimos seguros. maravilla� dos y felices de encontrarse en un ambiente propicio. El instrumento propio de ellos es la flauta. por donde se sopla suavemente acercando los labios. Todas están fabricadas con caña de bambú. No es una flauta como la nues� tra. esbelta y graciosa. Akuero me entrega una monitubí en regalo. las alargadas buirokdorá y orrona.Los Bari. dueños de la música invasores y extranjeros hasta no hace mucho. fragancias que evocan su inasible pre� sencia. ha sido aquí. de recibimiento a la noche y al sueño. Entre coros y sones de flauta nos entregamos a un sueño profundo. entre los Bari. una jocosa costumbre de los Bari nos despierta. de unos cuarenta centímetros de largo. La tocan hombres y mujeres. Nuestros hermanos. Al amanecer. con tres huecos: dos para abrir y cerrar con los dedos. Apenas despunta el alba y un rayo de luz se infiltra en el interior. resguardados. pero hay también otros tipos: la pequeña y redondeada darikbará. despertan� do la aceptación y la admiración general. los dos ceritos expertos silbadores. Los demás le contestan en -375- . Ella ya forma parte de nuestra familia. Logro acom� pañar a una hija de Bandú. Aunque otras etnias tengan instrumentos y cantos. Papá se queda absorto. es acoge� dor. Su sensibilidad y peri� cia musical es lo que más nos sorprende. más largo. que es el de la embocadura. el primero en abrir los ojos lanza un silbido imitando a un pájaro. la ensayo. ¡Qué felicidad! A mí personalmente. la ancha doksará. Akuero la enseña y nos explica con detalles: —Esta es la flauta principal.

y un día entero para los mayores. Ya desde antes había quedado admira� do por la velocidad con que caminan los indígenas. He aquí que unos intensos silbidos anuncian el regreso de mis hermanos. pero poseen una viveza y una resistencia sorprendentes. Ya verás. a ellos les lleva apenas unos quince minutos. Trepan cuestas. Los Bari son de poca estatura. por su parecido y por su condición de morochos. No sólo esta comunidad indígena se ha interesado mucho. salvan ríos. se han encontrado con dos morochos. Significa “los de cabellos cortos”. Mor y Ocho. siempre con el mismo paso rápido y seguro.El Chamán de los Cunaguaros. con benignidad y simpatía. contento al pensar en sus fotos. Pero mucha gen� te les dice motilones. que aquí confir� mo: un trecho que el más atlético de nosotros emplearía una hora en recorrer. Ahora. hamacas. este� ras. flechas. que estaban correteando desde temprano. sino que por primera vez en el viaje. son al menos unas ocho para los jóvenes. ¡Lo que es tener pa� drinos! Con los morochos indígenas de padrinos. barran� cos y toda clase de obstáculos. Caminan largas distancias cargando fardos pesadísimos. siempre con sus pies desnudos. Deriva del verbo -376- . ellos me están dando clases a mí. —Este grupo —nos aleccionan— está conformado por bari que hablan su propia lengua. —En un rato iremos de pesca con ellos —anuncia papá mien� tras lo ayudo a montar su aparejo. en un santiamén. para completar de su misma edad. tú no conoces ni una palabra del idioma bari. La noticia me sobresalta. Están de plá� ceme. se han enterado de todo. Grandes y pequeños se entregan enseguida al trabajo: son ex� pertos y diligentes en la fabricación de collares. todos se levantan. y en una algarabía de trinos y gorjeos de variadas aves. por eso se le pone la terminación del plural a diferencia de los nombres de las demás comunidades. —Claro que no entiendes. hay que prepararse: para nosotros. Viaje por el mundo indígena venezolano la misma forma. con nombres parecidos a los suyos: Kobakai y Skikbai. arcos. —Pero —objeto yo— no distingo en qué Kobakai y Skikbai se le parezcan a Mor y Ocho. y dicen ellos. Cuando dicen que el poblado está a pocas horas de camino. ¿De pesca en una montaña tan alta? ¿Y con esta maraña de selva? Tengo curiosidad de ver eso. de origen Chibcha. que es palabra castellana.

¡cocó. o según otros a una invasión de piojos.Los Bari. tijeras que cortan el pelo y cráneos pelados. los Motilones castraban a los guerreros vencidos y a los invasores. les cortaron los… los los los co… —¡Cállense de inmediato! ¡Cambien de tono ya! ¿Cómo se les ocurre? —objeta mamá escandalizada: les cortaron… ¡la retirada! …rematan ellos precipitadamente. A este punto. motilones sería como decir “pelones”. Así se les llamó en tiem� pos antiguos. que quizás aprendie� ron del mismo abuelo estrafalario que me dio a mí el nombre de Filatelio que cargo. los graciosos ceritos guardan un silencio de risas contenidas. que mamá y Maigualida seguidas por Su� perloro se acercan divertidas para enterarse. es decir. —Cocopelados. Luego. a todo volumen y a toda ve� locidad. cocó. ¡Qué pícaros! Querían aludir a la leyenda según la cual. Es tan llamativa la mímica de mis hermanos imitando guerre� ros españoles enfermos. sin ninguna consideración por el decoro de nuestros anfitriones que. —Entonces —observa mamá—. cortar el cabello. -377- . los morochos pretenden lucirse con una coplita satírica de moda en la mitad del siglo pasado. cocó! —gritan la niña y el loro al unísono. entiendan o no. indígenas asustados. Tienen el corte totuma. gracias a su amor por las estampillas: y los indios motilones. cuando tuvieron que cortarse el pelo debido a una epi� demia de tifus propagada por los conquistadores españoles. parecen entretenerse a su gusto. rapar. —¡No! —enfatiza Ocho— Ni pelones ni cocopelados. cocopelados. que hoy en día es tan practicado por los peluqueros elegantes de los niños sifrinos. dueños de la música “motilar”.

Papá se sorprende de esto. son “síquicos”. mucho más alto que la mayoría de los Bari. su capacidad de ver más allá de la realidad. arte y artesanía. que realmente los identifica. es cierto. agu� dizaron su sexto sentido. se sientan y dejan caer los paraparas en el espacio que abarcan entre sus piernas: por la forma como caen desglosan el futuro y previenen cualquier peligro. Pero evolucionaron hacia una fuerza espiritual insospechada. flaco! ¡Y el otro es alto. Viaje por el mundo indígena venezolano —Lo que no logro captar —prosigue mamá una vez calmado el alboroto— es por qué todavía se les llama así. uno a la vez. En cambio. —Por fin —completa papá que parece haber seguido el hilo de mis pensamientos— toda cultura se debe valorar intrínsecamente. a disimular sus manifestaciones vitales. yo sabía que los Bari son de filiación Chibcha. porque tenía entendido -378- . Sí. los moro� chos— ellos siguieron cortándose el cabello… —…bien parejito. —Porque —explican con cierta lógica. danzas. El período de la conquista y colonia representó un estancamiento en su evolución. adivinos. Descubren el porvenir en la observación de los frutos de parapara. También sé que los Chibchas en otras regiones alcanzaron un alto grado de de� sarrollo que todavía se manifiesta en sus ritos. que es su propio nombre. negros. el ape� lativo Bari. Los recogen del suelo. en la elaboración de máscaras de láminas doradas que se exhiben en famosos museos del oro. y el guayuco también. Motilones. ahí vienen! ¡Miren. Encienden su tabaco. casi de mi tamaño. fiestas. se vieron obligados a alejarse.El Chamán de los Cunaguaros. miren! ¡Qué morochos! Nos quedamos estupefactos: la cara es idénti� ca. aún después de la epidemia… —Y además los criollos prefirieron seguir llamándoles Motilo� nes. y no en comparación con otra u otras. y bien gor� dito! Parecen dos copias de la misma foto. en lugar de Bari. mínimo. pues está ligado a la civilización Chibcha —completo yo mismo. brillantes y perfectamente esféricos. videntes. una en reducción y la otra en ampliación. Tienen facultades paranormales. y para completar. La cultura de los Bari de nuestras sierras ha evolucionado más lentamente. Enfáticas exclamaciones de mamá y Maigualida nos inte� rrumpen: —¡Ahí vienen los morochos bari. es decir. enaltecería su origen. ya que la palabra implica cierto desprecio. Pero… ¡uno de los Motilones es chiquito.

así como Mor y Ocho. Kobakai! —¡Adelante. Mucho y Poco forman morochos. Tuponken. dueños de la música que entre los indígenas no existen morochos. Por eso. sus dientes blancos y sanos se descubren en frecuentes sonrisas. Son bien formados.Los Bari. —¿Y Skikbai? —¿? —Skikbai quiere decir “mucho”. y otros jóvenes se agregan al grupo. mis queridos chi� güires silvestres? —¡Pues. su nombre se parece al nuestro. A pesar de su ceño aguerrido. afeites ni adornos. Prontamente. sin embargo ver al grandote Mucho y al pequeñito Poco. Ellos son los morochos “Mu� cho” y “Poco”. algo que tú nunca podrás hablar. —¿Y qué será eso tan exclusivo de ustedes. membrudos y regordetes. nos produce un gran contento. ¡Con estos Motilones. No sé si en esto habrá mucha o poca lógica. el idioma de los morochos! ¡Qué ocurrencia! Me veo obligado a celebrarla. papá sigue tomando sus películas y sus fotos ensimismado. sin pinturas. con sus caras iguales. Akuero le explica que Kobakai y Skikbai tienen una abuelita criolla. bien parejito… ¡estilo totuma! -379- . Sus cabecitas pobladas de un espeso pelo negro ostentan un corte fresco y limpio. nos sentimos como en familia! Y casualmente… Mor y Ocho no hablan bari. Mientras tanto. de piel lisa y lim� pia. ¡Qué nota! Mor y Ocho los reciben con entusiasmo: —¡Adelante. De ahí viene la cosa. de cara redonda acentuada aún más por el corte de pelo. Skikbai! Y nos explican a nosotros con picardía: —¿Saben qué quiere decir Kobakai? —¿? —Kobakai quiere decir “poco”. les queda muy bien el nombre de Motilones a estos indios fuertes. conver� sar animadamente a voces y gestos con nuestros parecidísimos Mor y Ocho. ni Mucho y Poco hablan español… ¿Cómo se entienden? —¿Qué idioma hablan ustedes? —Algo que tú no conoces. En realidad.

y la mantenemos. —Akuero. Viaje por el mundo indígena venezolano Son juiciosos y hábiles. Dabrokná. Se distinguen por los nombres de sus caciques. no lo dejarían pasar. nueve. el cacique. Guañaguaña… Endereza su figura. la comprensión. Akuero. Bora. O peor aún. ungido con el penacho de gobernante hecho de plumas de piapoco. y no hemos sido capaces de lograrlo con nuestros indígenas? ¿Por qué tenemos relaciones frecuentes y constantes con Colombia. hay que considerarlas todas agresivas. Me lo imagino en sus actos sagrados con una macana cuidadosa� mente tallada al estilo bari. En las demás etnias de Ve� nezuela desapareció esa figura. alguna reacción hasta violenta —nos confía Akuero—. investido de su alta esencia de cacique. la amistad. mejor dejársela lejiiito… donde no alcancen las fle� chas… ellos la van a recoger. —Probablemente. —¿Cuáles son las más pacíficas y cuáles las más agresivas? —Depende de quién y cómo se le acerque… En principio. lo rechazarían a flechazos. Los Bari recordarían con ira y te� mor las antiguas incursiones y los recientes despojos y atropellos de las compañías petroleras y de los terratenientes… Por supuesto. —Recuerda que nosotros somos Chibchas. aunque sea con buenas intenciones… ¿qué pasaría? —Probablemente algo insospechado. el entendimiento con tantos pueblos del mundo en� tero. si a un desconocido se le ocurriera presentarse ante ellos llana y simplemente. un porte solemne. amistosos y serviciales con los que co� nocen y con quienes se les acercan precedidos por mensajes y mensa� jeros que den todas las garantías. Ariká. Akuero? ¿Aún hoy? El cacique no duda en contestar. adquiere una presencia.El Chamán de los Cunaguaros. -380- . adornado con collares de colmillos de báquiro. Reflexiono y me pregunto: ¿hemos logrado la paz. Yo soy el kakbaibai. Entre las otras hay Zimbá. —Vemos que aún tienen caciques. sí. —¿Y si les traen un saco de sal? —La sal. —¿Cuál es el nombre de la principal comunidad? —Es el mío. ¿cuántas comunidades de Motilones hay en la actua� lidad? —En Venezuela. —¿Todavía. Sin embargo.

Esparcidos en diferentes sitios de la represa. Algu� nos. empuñando arpones. adultos y ancianos. guabina. nuestros hermanos. mujeres y niños se dirigen al río. y entendemos que quiere decir en días anteriores. como son. que efectivamen� te esto quería decir Mucho con la palabra pesca. troncos. en la retaguardia. los Estados Unidos de Norte Amé� rica. corroncho. El bosque se puebla de voces y colores. Nos sentimos sanos. lo acompañan los morochos bari. Nos lanzamos al agua con entusiasmo. bagre. —Ahora les toca a ustedes. morocoto. así como para nosotros el béisbol y el fútbol. cómo van a construir una pesca? Segu� ro que por pesca entiende represa —cavilo. pues sabemos que la concepción del tiempo en los indígenas es diferente a la nuestra— construimos una pesca con piedras. —Pon algo de tu parte. Italia. hundidos en el agua hasta los muslos. Australia. alegres. Tuponken —me recriminan los moro� chos— pescar es para ellos un deporte. traspasándolo. Llegamos. y cuando por ahí pasa el pez. como tampoco fallan quienes más arriba disparan flechas y dardos. cargan machetes enganchados a la parte posterior del guayuco. ¡Qué sabroso es nadar y hurgar en aquel río fresco. adelante —nos invitan Mucho y Poco. una canti� dad de cosas: —¡Pescar sí es sabroso! —Pues yo no le encuentro aún la diversión —objeto. cuchillos. siendo ellos. China. sostienen el arpón con ambas manos. -381- . España. Nigeria. dueños de la música Cuba. Mi� ran fijamente el agua. armato. —Pesca… ¿Qué pesca. Francia. pero nunca fallan. ayer —intenta comentar Skikbai. cristalino! Mariposas y “caballitos del diablo” rozan las ondas transparentes. A nuestro grupo.Los Bari. —Ayer. ayer. trucha. flechas. No sé si es que lo ven o lo presienten. lanzan el arma y lo apresan. arcos. gestos y mímica. quienes comparten nuestro territorio y quienes estaban en él antes que todos nosotros y nuestros propios antepasados? Un intenso movimiento dentro y fuera del bohío me hace com� prender que llegó la hora de la pesca: hombres. La vas a ver. que nos comunican con palabras. La comunidad entera está entrando en acción. Corea y tan pocas con nuestros aborígenes. hojas de cambur y de bijao.

llega directo al corazón del pez y lo mata de inmediato. Mientras colaboramos en aprestarla. absolutamente todos. Probamos con los arpones… ¡Nada! Nos facilitan un arco y unas flechas. ¡Qué puntería! —Y algo más… —sugiere papá. treinta… no vale la pena seguir contando. los morochos y yo mismo examinamos los pes� cados: diez. ¿Dónde están sus estudios de zoología y anatomía? Por una vez. —¿Qué? —Piensen. Pero de pesca. esen� ciales para mejorar la suerte del pescador. nada. mueren instantáneamente. se evita torturarlos innecesariamente —agrego con� vencido—. ¡Nada! Los morochos bari empiezan a silbar. hierba silvestre parecida al barbasco. pues todos. ¡Nada! Invocan a Uwaptu. El arpón penetra por el opérculo branquial. Pero ni así tenemos suerte. y procuran causar el menor daño posible al ambiente. veinte. Es una forma mucho más precisa y humana de pescar que la nuestra —comento—. papá. los amigos bari nos sugieren que participemos en la preparación de la voluminosa parrilla que le sigue. ¡Nada! Arrojan al río hojas de kwamikurayi. Ellos son profundamente respetuosos de la flora y de la fauna. me fijo en algo curioso: —¡Todos los peces tienen el hueco del arpón en el mismo sitio! Juntos.El Chamán de los Cunaguaros. el espíritu de los peces. y nos frotan alrededor de los ojos las cenizas de las hojas de pakabiapto para asegurar una buena puntería. Los peces no experimentan una larga agonía. Esto tiene mucho que ver con las creencias religiosas de los indígenas. sin sufrimientos. los nuestros les responden: dicen imitar el canto de amor de los morocotos para atraerlos. Nos ayudan con unas hojas de bakkí. tienen el orificio causado por el arpón en el mismo lugar: justo detrás de las branquias. que propicia una pesca exitosa. Viaje por el mundo indígena venezolano llenos de ánimo. Para consolarnos de nuestro fracaso en la pesca. salgo bien parado. que al ser machacada y hundida en el agua de los ríos produce un efecto soporífero sobre los peces… ¡Y todavía nada! —Parece que las hojas les hacen efecto a ustedes y no a los peces —comenta sardónico papá. -382- . Me ayuda el haber leído tantos libros sobre animales y recordar la técnica de los enjundiosos ami� gos kariñas: —Esto revela un buen conocimiento de la anatomía del ani� mal.

¡El susto es grande! Es la segunda vez que desaparece mi loro. Me inquieto. nadie puede contestarnos. a mi pobre Superloro. ni le dije: —Atrás. y le decía: —Atrás. brin� car de hombro en hombro de los pescadores. hasta Mucho y Poco que para expre� sarlo. ad� quiridos por herencia o por experiencia. y la primera corrió gran peligro. abandonarnos ahora. lorito. Todos miramos esperanzados en esa dirección. ¿Lo habrá alcanzado un cuchillo o un machete? ¿Lo habrá herido un arpón? ¿Se habrá perdido. ¡cuídate! Lo buscamos por todas partes. las propiedades de cada planta. quizás presintiendo el fin de nuestro viaje? Recordamos haberlo visto bajar con nosotros hacia el río. y yo. pero no aparece. me dan palmadas en la espalda tan fuertes que casi me tum� ban. Pero a mi loro. los indígenas colaboran. quisiera hacer otro tanto. ¿Habrá decidido quedar� se aquí en la selva. y atrevido. celebrando con gritos la captura de los peces. internado o fugado en la selva? ¿O acaso por cu� rioso. peligroso sueño. Se acer� ca Superloro. Es asombroso cómo estos indígenas conocen intuitivamente la anatomía de los animales. volví a ver a los Bari que afilaban continua� mente los arpones sobre las piedras con el machete. Pero… apenas comenzamos a comer el sabrosísimo pescado bien cocido a la parrilla acompañado de auyama. cuídate. ñame. con el pico y las patas. De alguna forma. pues viene cargadísimo: medio arrastra y medio empuja. ¡tan grande como los que pescaron los indígenas! -383- . Pero de repente. abriéndose paso con fatiga. un alboroto proveniente de la maleza nos sobresalta. un corroncho gigante. dueños de la música —¡Correcto! Los presentes aprueban. La misma preocupación nos embarga: —¡Aquellos arpones tan cortantes! ¡Y ese loro tan vivaracho e inquieto! En mi angustia. plátanos y yuca. mientras mamá sujetaba a Maigua. quién sabe dónde? Maigua empieza a llorar. de cada hierba y cómo saben aplicar sus conocimientos. sinceramente. me doy cuenta de que Superloro no está por ninguna parte. atrás. Preguntamos por él. se tragó las hierbas soporíferas y está sumido en un largo.Los Bari. los morochos bari siempre logran seguir nuestros diálogos. no lo sujeté. niña.

hola! Desde entonces. sin soltar el pescado. filmar películas.El Chamán de los Cunaguaros. lo agarra con el pico. tuvo tiem� po de tomarlas justamente en el punto culminante de la hazaña. que nadie co� rre a recibirlo. Me provoca hacerles bromas: —¿Ya se cansaron de ser aviadores. papá. —A estos indígenas no se les conoce bastante —comenta papá—. crear programas de televisión. emocionados y cansados. otras victimarios. Nosotros nos reunimos alrededor de papá. levanta el copete amarillo y grita: —¡Hola. pero siempre osados. o dirigieran desde la silla del director la filmación a punto de empezar. como si tuvieran en sus manos poderosas cámaras de video. Superloro. encienden las pipas. Nuestros anfitriones se acomodan en las esteras. pocas veces se ha visto! ¡Afortunadamente. Todos lo buscan y celebran. parrilla y todo! Regresamos al bohío. Rafael con su cámara siempre lista. arriesgados. ¡Un loro pescador. cavernícola —me agrede Mor. y hasta un sepulturero! -384- . Superloro! Quedamos tan admirados observando la escena. indomables. Superloro se vuelve un personaje popular entre los Bari. Viaje por el mundo indígena venezolano ¡Bravo. se acerca majestuosamente a la parrilla: una vez allí. Tuponken. ¡En lugar de un antro� pólogo vas a ser un arqueólogo. se recuestan en los chinchorros. Ocho agrega: —Tú nunca vas a hacer ningún cambio. Veo que Mor y Ocho hacen gestos en el aire. A veces fueron héroes. al caer de la no� che. —¿Cómo es eso? ¿Dónde sucedió. le piden a papá que les regale fotos del bizarro animal. lo echa en el fuego. se aleja prudentemente y dirigiéndose hacia el grupo estupefacto que formamos nosotros y los indígenas Bari que nos han ayudado a bus� carlo. que la cultura criolla sigue tachando de peligrosos y antisociales. cuándo? Cuéntanos. con corroncho. Superloro. o actores? —Cállate palillo. inspectores? ¿Ahora quieren ser productores de cine. otras víctimas. Las gestas de los Bari podrían servir de tema para escribir novelas. Escuchamos con gran atención. comentando el valor y la sociabilidad de los Bari.

—Papá. no tengo la oportunidad de contestarles. cuando regresemos. Quizás nuestra aventura indígena deba terminar en el propio territorio de origen de mi hermano desaparecido. cuya presencia se delataba a distancia por la fuerza y habilidad con que disparaban las saetas. por primera vez la palabra “regreso” se asoma a mi pensamiento… pero es así. Yo también quiero leerlos. Además recuerden que yo he vivido entre los indígenas mucho tiempo —lo dice en tono orgulloso. ¡Qué valor. Quiero conocer más a nuestros aborígenes. porque ya nos envuel� ve en una atmósfera de calidez la voz de papá: —Cuando en el año 1615 el capitán Alonso de Ojeda deja las aguas del lago de Maracaibo. Grabo los nombres en mi memoria. dispa� radas desde la selva misteriosa. otros no. y algunos hasta llegaron a automutilarse a mordiscos. Sin embargo. es alcanzado por las primeras flechas motilonas de puntas de piedra negra. o releerlos. me temo que esta será la última etnia de nuestro itinerario… Creo que papá quiere dar fin aquí al viaje.Los Bari. a la búsqueda. dueños de la música Quizás tenga razón. De todas for� mas. tan oscuras que reflejaban la luz. Deben estar en la biblioteca de la escuela. Antonio de He� rrera. Más re� cientemente. De los libros que ha mencionado algunos los tengo. los in� dígenas prefirieron dejarse morir de hambre y sed. ¿cómo sabes tú tantas cosas? —Nada especial. ellos lo mere� cen… Es extraño. he leído algunos libros. Arístides Rojas. antes que vivir en cautiverio. leí ensayos de misioneros. ¿Han oído hablar de ellas? -385- . especialmente los de los cronistas e historiadores: Oviedo y Valdés. y algunos otros. A partir de entonces. sucedió que muchos fueron apresados: pues bien. los cambios son necesarios. —Voy a explicarles también lo que se menciona como las “ca� cerías de Motilones” —prosigue papá—. y qué desesperación! Estamos estremecidos. y relaciones de viajeros. y empieza a remon� tar el Catatumbo. dejando abierta una esperanza. Oviedo y Baños. mientras otros se suicidaban arrojándose a los barrancos y precipicios de la sierra. como si realmente for� mara parte de esas etnias. antropólogos. que muchos años más tarde el poeta zuliano Udón Pérez llamaría el “lago de seda”. fueron muchos los conquistadores que conocieron el rigor de la defensa de aquellos “indios de ojos claros” (así los mencionaban por el brillo de sus pupi� las).

Tomando como excusa sus supuestas incursiones en los poblados para proveerse de sal y herramientas. son en realidad sembradores de cultivos ilegales. con el pretexto de casti� garlos. Fue necesario trazar planos de acuerdo con la to� pografía del terreno. una de las tristes verdades de nuestra historia. buscar los caminos más accesibles. a fines del siglo XIX. Cuando. organizaban partidas de caza contra ellos. Fue� ron represalias sangrientas contra los Bari. pero a la vez exalta la fantasía de mis hermanos. algunos de los cuales siguen persiguiéndolos con prácticas parecidas aún hoy día. para sembrar allí sus nocivas siembras. con estas aventuras! —se entusiasman. el Gran Ferrocarril del Táchira comenzó a funcionar y sus altivas locomotoras cruzaron -386- . —¡Ya se sienten directores de películas.El Chamán de los Cunaguaros. Esta verdad nos enternece y entristece. y si se resistían los masacraban con armas de fuego. Viaje por el mundo indígena venezolano Es una verdad. cuando éste emprende otro interesante relato: —Mucho costó. que por supuesto son muy rentables. —Sería grandiosa. Forzosa� mente la vía férrea penetró en territorios que los Bari consideraban propios. sagrados. los hacendados y ganaderos. de verdad. por fin. les quitaban las tierras. los desplazaban. artistas… no los para nadie! Empiezan a pegar saltos y brincos. implantar el ferrocarril en esta región. y a hacer mímica con piernas y brazos gritando las palabras bari que han logrado aprender de sus maestros morochos: numerosas. pero un poco difícil de filmar —trato de calmarlos yo. como pude enterarme luego: Wira: Barí: Barira: Dombé: listo gente español bravo Barabará: Chi: Akdabai: Abi: nube flecha machete sangre Por suerte. intocables. Y hay que decir que muchos de estos hacendados. —¡Qué grande sería una película ambientada en el corazón de la sierra de los Motilones. o por lo menos atinadas. o venidos ex� presamente de países vecinos para apoderarse de estos campos tan fértiles. pronto dejan el agite y vuelven a agacharse a los pies de papá.

Hacían detener el tren. lamentos. tiros de escopeta. a veces herían a los pasajeros y los robaban. Pen� sar que se han hecho tantas sobre los pieles rojas. ocultos detrás de los tupidos árboles. oírlos. Gritos. no conocemos bien nuestra historia. y a mi tierra! Hubo que acercárseles. de heroicidad —reconozco. es� perando que el silbido de la locomotora anuncie el paso del convoy. en época de Gómez. entraban en él por las ventanillas. El tren de los Andes fue clausu� rado pocos años más tarde.Los Bari. Veloces. apuntan con infalible instinto. —Es un hecho penoso. como tú a mí. dueños de la música ruidosamente los valles. trepan a las ramas con su carcaj a la espalda. Lo vemos como en un largometraje: aquellos arrojados y venga� tivos indígenas. recluidos en lo más impenetrable de la selva. Los indomables Motilones ponían obstáculos en la vía. troncos grandes de árboles. pero no podemos dejar de pensar que entre los llamados civilizados. amargados pero satisfechos. Sin embargo son hechos de vulgar delin� cuencia. Yo nunca supe que los famosos asaltos a los trenes que vemos en los filmes del oeste. se gestaron también en Venezuela. aceptar sus condiciones. pactar con ellos. la nube de flechas vengadoras envuelve el tren. lo habría —les apoyo—. Tienden los arcos. silen� ciosos y temibles: los primeros trenes fueron asaltados. piedras. atemorizan a los pasajeros con sus largos bastones o macanas negras en las cuales se aprecia con bella talla su tótem o animal tutelar. y hasta peores. —Tanto —aclara papá— que hubo que suspender la recién in� augurada travesía del ferrocarril. ofendidos. O bien se acercan a los vagones. —Vamos a hacer una película —insisten los morochos—. y no hemos sido capaces de hacer una sobre las hazañas de nuestros propios indígenas! —Material. las muje� res se desmayan. y con golpes de macana amenazaban. y hasta hoy no ha sido restablecido. los indígenas se hicieron presentes. los mohicanos… ¡las vemos a diario. aún hoy día se producen sucesos pa� recidos. por el peligro que representaban los indígenas. -387- . Los niños lloran. lo que pasa es que no va� lorizamos nuestro pasado. espetándoles en la cara: —¡Vengo a robarte. no tienen ese halo de audacia. Ya están lejos. los pasaje� ros y el personal hostigado y atacado a flechazos.

Cuando se dieron cuenta de lo que se les exigía. ¿qué hi� cieron? —¿Cómo fue?. pero nunca llegó a luchar contra Bolívar. Rescatar su vida -388- . Contra los patriotas. retomaron el camino de la selva. del� gados. Lo cierto es que en aquella época. los bravos indios. Los llamó “Batallón de Motilones”. pero todos nosotros queremos recorrerlo. ¡Cuántos secretos. a los demás venezolanos? ¿O quizás el nombre y el valor de Bolívar habían llegado hasta ellos? No nos atrevemos a preguntar. desapare� cieron uno a uno entre los árboles. porque sería necesario hacer una investigación histórica más profunda. cautos. a su gente. el suspenso es casi irresistible: —No puedo decirles cuál fue el motivo: el “Batallón de los Mo� tilones” se formó. Ahora ya no estamos frente a una pantalla de cine. con su cabello reluciente. —¿Pero?… —¿Fue una toma de conciencia instintiva. que se negó a combatir contra los libertadores de su propia tierra. Viaje por el mundo indígena venezolano —¿Han oído ustedes hablar alguna vez del “Batallón de los Motilones”? —nos interroga a este punto nuestro padre.El Chamán de los Cunaguaros. Pero… Todos callamos. Pequeños. Por la sorpresa y el interés nues� tras preguntas se atropellan: —¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quiénes eran?. con su acostumbrada. el carcaj lleno de flechas. Nuestra ignorancia es grande. positiva disposición hacia los valores indígenas. hacia 1812. los arcos tendidos. cuántas sorpresas. descalzos. logró reunir un grupo de guerreros indíge� nas. sigilosos. un brigadier realista originario de Ceuta de nombre Ramón Correa. algún mensaje atávi� co? ¿Una intuición? ¿Fue acaso un sentimiento de apego a su tierra. ágiles en sus guayucos colorados. Este fue el fin del “Batallón de los Motilones”. No puedo darles mu� chos detalles a este propósito. emociones. ¿cuándo ocurrió? —Al comenzar nuestra Independencia. exaltados. encierra la historia compleja y legendaria de los indíge� nas! Será largo y difícil el camino para conocerla y para compren� derla. hemos entrado en nuestra historia nacional. y quiso llevarlos a la lucha en contra del Libertador. más apasionante que todas las películas. nuestros aborígenes no lanzaron ni una sola flecha. Estamos asombrados.

Mamá nos alcanza las cobijas.Los Bari. tal vez. pero quizás está consciente de que su cami� no y el tuyo son diferentes. Papá respira profundamente. Alrededor de nosotros se ha ido intensificando la oscuridad. Extraños pájaros nocturnos aletean y graznan entre la espesura. La selva está oscura. Des� pués de tanto viajar. sobre la arena húmeda. la noche agujereada por miles de ruidos: grillos. Las ramas se quiebran con un crujido seco. —Ustedes saben que nunca dejé de buscarlo. intenso. para no perderme ni una sola palabra. Nuestros caminos deberían encontrarse. dueños de la música y su historia. resignado. Mis hermanos dormitan. también lo sabe. Con la humedad. Decide regresar. Las mismas que tenemos nosotros. visitar las tierras que no pudimos conocer. Tiene las facultades de su abuelo y de su madre. valorizarlas. —Algún día. después de tanta búsqueda. Rafael… Por ahora debes dejar que él realice su destino. mi padre comprende que debe renunciar. blanquea las piedras de la orilla y se derrama más allá. Ráfagas heladas agitan las hojas. ahora es preciso partir. pero convencido de estar haciendo lo mejor. Admite que es tiempo de finalizar su peregrinar en pos del hijo. —Aparicuar. La luna se eterniza en saltos y cabriolas sobre el río. silbidos de arañas. murciélagos. —Pero no opuestos. que es el nuestro. Que si bien en un futuro podríamos volver. A la luz parpadeante de la fogata observo que Akuero se acerca a papá. No podemos sustraernos a este impostergable deber. Él conoce tu búsqueda. Sé que al día siguiente nos comunicará con firmeza que hemos llegado al fin de nuestro viaje. es un deber hacia nuestros aborígenes y hacia nuestro país. de este largo recorrido por las regiones y comu� nidades indígenas. Nos recostamos todos en los chinchorros. que hice todo lo posible por encontrarlo. Trato de aguzar el oído. de tanta esperanza. Nos sentamos en un círculo cada vez más estrecho. y se hace más profunda la calma nocturna. partidas por los araguatos que aprestan su lecho col� gante. Con pe� sar. -389- . Lo último que veo antes de quedarme dormido es su rostro pensativo. los Bari. pe� netra en oleadas el frío de la noche. el de nosotros los indígenas. tenemos que asumirlo y cumplirlo. mecen las copas de los árboles más altos.

extraña y sorprendente. los cu� naguaros acechan fieramente: ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Papá lo contempla inmóvil. Avanza sigiloso en la oscuridad. ¡Jamás pensó que su hijo era aquel misterioso indígena que visitaba todas las etnias. de confianza! ¡El Chamán de los Cunaguaros! ¡Aparicuar. cercano y distante. Viaje por el mundo indígena venezolano Al rato todo parece detenerse. detenida en el tiem� po. miel de árbol? ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Su voz resuena como un río crecido. cuando le con� testa: —¡Aparicuar! No hay más palabras. com� pletamente despierto. ¡Es el Chamán de los Cunaguaros! Sus cabellos fluctúan con el álito nocturno. ungido de aceites vegetales. ¿Qué color es? ¿Amarillo hierba. su cuerpo brilla. La brisa ya no juega entre bejucos y ramas. eterno en su soledad. envuelto en un halo de cocuyos. y también. el ágil ave de los bosques que gorjea intensa y melodiosamente. él está frente a nosotros. como el sonido del carrizo en el viento. El sonido salvaje de aquella flauta me desvela. los pájaros selváticos suspenden su revoloteo. Tanto esperar por su presencia y allí estaba. verde selva. Varios cunaguaros jóvenes lo siguen al mismo paso. un puma más grande va a su lado y algunos linces lo rodean obedientes. esperando la luna llena -390- . A sus pies. imagino. Cesa el canto de los grillos. En un parpadeo. pero profundamente humano: ¡el Chamán de los Cunaguaros. pensativo y fiero. dora� do luna. Yo contengo la respiración y me imagino que mi padre también. es el viento en la hojarasca: —¡Padre! La voz de papá es apenas un trino. un susurro.El Chamán de los Cunaguaros. mi hermano! El orgullo me hace detallarlo claramente. Nos mira fijamente. de un color indefinible. llevando una palabra de aliento. Entonces lo vemos pasar. a papá. fascinado. mi hermano! La revelación me deja en suspenso. Yo ardo en deseos de hablarle. La noche misma se queda inmóvil. Desde mi hama� ca puedo observar a mi padre. envuelto en un mágico resplandor. se deja oír. Parece más bien el canto de un moriche. que mira a su vez en silencio. Sólo la luz de la luna sigue bailando dentro de las ondas del río. No nos atrevemos a movernos. Una flauta lejana. con unos ojos ra� ros.

Cuando intento decirle algo. su olor selvático. -391- . su larga cabellera flotante. para que nos ayudara a crecer. serpiente elusiva. Su imagen se había vuelto una con la selva. cumplien� do un vaticinio de magia y hechizo de una antigua etnia. Aparicuar tiene nuestra sangre. es chamán y mucho más. in� tensamente. dejaba abierta una esperanza! Habíamos logrado encontrar al hermano: ¿lograríamos in� tegrarlo a nuestra familia para que participara de nuestras propias vivencias y memorias. dueños de la música para cruzar la selva. colibrí de monte. sus habilidades y capacida� des distintivas. su idioma. ¡Se había cumplido mi presentimiento! Sabía que en este viaje encontraríamos algo muy importante para nosotros. como se pierde el celaje índigo de la noche al llegar el alba. rodeado de su impresionante séquito de cunaguaros. una nueva visión de la vida. sonríe y desaparece. ¡Aparicuar no se quedaría con nosotros! Él no podía hacerlo.Los Bari. del destino de mi hermano. leve gruñido de felinos salvajes. y de nuestro pue� blo venezolano. a nuestra familia. no sabía si todo había sido un sueño. Es el símbolo de la pervivencia indígena. En menos de un segundo ya no estaba allí. de su crecimiento intercultural. Mas a la vez. nuestra fami� lia. Al amanecer siguiente. de formar parte de los González Uribe. Observo los dibujos rituales de su cara. para reafirmar y valorizar los méritos internos de cada cultura. su memoria. ni de la gente criolla. a seguir por ese difícil camino de la vida? Erguido ante nosotros. sus tradiciones. un acercamien� to noble a la discriminación y exclusión de que había sido objeto el pueblo indígena durante siglos. Debía seguir siendo el representan� te de la especificidad de los pueblos indígenas. su ros� tro era hoja. Debía continuar recorriendo todas las et� nias. el promotor de su identidad y diversidad. para promover una respuesta digna. flor. pertenece a nuestra descendencia. Aparicuar nos contempla profunda. Y algo más de mi presentimiento se cumplió: nosotros encon� tramos un significado. Y lo hallamos: la revelación de la misión de Aparicuar. ¡Nuestro viaje no había culminado en una renuncia. o bien atravesándola en la oscuridad. pero ni su mirada ni su gesto delatan la intención de dejar la selva. es hijo y hermano nuestro.

¡Padre! Es una palabra para pensar. puros. de todos. de un verdadero chamán. Esos rasgos distintos. Parvadas de pájaros enjoyados saludan la aurora. Mi padre es. mítico. en un cuerpo de hombre. esas abigarradas mezclas étnicas se pueden reencontrar en una Venezuela nueva. Aspiro profundamente. Cuando estemos lejos. vibrantes. Mi papá es el padre de un indígena. ¡Es como si fuera el padre de toda Venezuela! De los indígenas. con el verdor que embriaga los sentidos. En mi hermano. con ma� yor multiplicidad cultural y étnica. Los colores del mundo indígena. de entendimiento? Se hermanaron en un punto la sangre indígena y la criolla. más amplia. producto de muchas mezclas étnicas. las emanaciones del campo llovido. nuestros oídos extrañarán las voces de la selva nublada. Me quedo pensando.El Chamán de los Cunaguaros. -392- . no fue un sueño —me asegura reflexivo mi padre. la choza. su aporte racial y humano a la hermosa raigambre aborigen. Sobre la selva se levanta un nuevo sol. de los criollos. la tibieza de los fogones. por él tenemos tantos rasgos di� ferentes. Él es el padre de dos culturas. a la vez. Proveyó su sangre. se ha realizado el verdadero encuentro de dos culturas. Pero. tratando de apresar en mis pulmones los olores frutales del monte. que con una rapidez sorprendente. la joven hija de Bandú. Se acerca Akita. En un ser humano. aparentemente distantes. de dos mundos diferentes. Viaje por el mundo indígena venezolano —No Filatelio. Y mis ojos se llenan con los ojos brillantes de los Bari. el alba asoma perezosa tras un cerro y se van distinguiendo los contornos del pai� saje: las plantas. en el Chamán de los Cunaguaros. en un personaje mágico. y también es nuestro padre. Una palabra hermosa. la hoguera ya apagada. pronto no serán más que un recuerdo. y a no� sotros nos dio también su savia. con el vuelo de las mariposas. sus enormes hojas lujuriantes. sopesando la palabra que Aparicuar le di� rigió a mi querido progenitor: “Padre”. de los pioneros de nuestra existencia americana. ¿lo son realmente? ¿No hay una vía de acercamiento. enciende el antiguo fuego.

el ruido de cada pájaro nocturno. desnudo de pasado y de presente me entrego a la noche con todos mis recuerdos. Y veo ante mí la madre luna. siento el calor de cada estrella. con mis plumas y abalorios. bañando de un brillo estéril las piedras. aunque yo mismo lo desee. tupidas de espeso monte y noche clara. bajo la noche de mis antepasados. Me abro inmóvil bajo la noche. 393 . aunque te dé ventaja y te abra las puertas de mi alma. padre. Nunca podrás alcanzarme. selvática y profunda. mojando todo con su plata antigua.Palabreo del chamán después de ver a su padre En esta oscura inmensidad azul. mansa y perdurable. bebiendo en el agua arremansada de las pozas. Con mis cunaguaros y mis pumas ando y desando la selva.

El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

Te veo allí dormido, y me pregunto con qué sueñas, cuáles caminos de ciudad visitas mientras duermes, me quedo silencioso junto a ti y no me ves, ni me sientes. Yo sin embargo me agazapo para velar tus ensueños, y siento que vagas por rutas que no conozco, raros ruidos, gritos, humo, casas llenas de gente, algarabías, luces extrañas. Pero en la noche dilatada recuerdo con alegría tu sonrisa, las palabras cariñosas, “Ven, hijo, recoge estos jobos, vamos al río”, en una lengua ágil y sonora que siento tan mía y tan distante a la vez, tan amenazante como esa ciudad que brilla y tiembla en tus párpados dormidos. Y rememoro tu inmenso pesar al despedirte cada vez que nos veíamos, cuando apenas era yo un niño, capaz de cabalgar una lapa o un picure y las flores para mí hablaban con la voz ajena de mi madre. Que no alcance nunca a mi padre la maldad de las serpientes, que no sucumba al acecho del caimán ni al rugido del yaguareté, Padre, amigo de siempre, yo me miro en ti y te siento, sé como el puma en la espesura, prudente y sabio, invencible y fuerte. Más solitario que nunca me abro paso entre las cepas de malangas, entre los grandes helechos gigantes, entre los bejucos plateados a esta hora plenilunar, me hago uno con la luz, salto con mis pumas en el monte, acecho las casas de los pueblos, rondo las hogueras de la gente, alerta merodeo y doy vueltas en mis hoscos pensamientos, mientras el humo de mi tabaco

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Palabreo del Chamán después de ver a su padre

legado fiel de mi padrino se va apagando y va apagando la luna esa aurora que llega arrastrándose, con pasos de serpiente.

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Canto a mi hermano indio
Canto a mi hermano indio, el del pie desnudo, el de los ojos transparentes, El que cruza la selva pasando ríos y caños, remonta la luna llena y contempla el resplandor de los cocuyos. Canto a mi hermano bari, el sabio, el poderoso chamán de las crecientes, el que camina entre hoscos cunaguaros, con paso leve y firme, con el mismo sigilo del mochuelo, de la lechuza gris que vaga entre la niebla. Canto a su fuerza, a su camino, al ritmo inspirador de sus pasos, en esta aventura de ensueños, de suaves mariposas azules, de grandes océanos de selva, de bosque interminable donde sentimos el pulso de los árboles, el resonar del canto del piapoco, y reímos como warao, como yukpa, cantamos como kariña, como jodi, como bari,
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bailamos como sape, como pemón, como wayuu, soñamos como yekuana, yanomami, yaruro. Luchamos como wayuu, bari. Canto a mi hermano indio, a la noble pureza de su espíritu al futuro de nuestra raza, al despertar de la fuerza indígena, al alborear de un nuevo sol que borre todas las fronteras, que una todas las lenguas. Yo buscaré la huella lenta de mi hermano, lo hallaré entre la espesa selva, con la magia de los astros me hablará de tiempos absolutos y perfectos.

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Canto del chamán a la gente antigua
Canto a mi raza bravía, hermosa, canto a mi estirpe de jaguar, a mi linaje de montaña, a mi sangre que es savia y esencia de la selva. Canto a mi gente antigua, mi gente, cónclave de estrellas, siembra de lunas remotas, sendero de flores secretas, mujeres que ríen con gracia, mostrando sus ojos de piedra húmeda, y su paso de río entre las hierbas. Hombres que silban y sueñan, gente que sube a lo más alto para encontrarse con los astros, niños que hablan como pájaros, guerreros incansables, cazadores perfectos, que entran a los dominios de Kanaima
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El Chamán de los Cunaguaros. Viaje por el mundo indígena venezolano

y desafían sus poderes para rastrear la huella del danto, del báquiro que rompe la maleza, del paují que se pierde en la espesura. Miro a mi gente desde lejos y mi pecho crece altivo de un orgullo infinito, por mis hermanos sabios como la paraulata de monte por mis hermanos fuertes como el oso de la selva, por mis hermanos agudos certeros como jaguares, luminosos como peces, hermosos como mariposas, aéreos como libélulas.

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Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros
No volveré quizás a ver a mis hermanos, los que son dos y uno, los del mismo rostro repetido, los que gorjean como el curiñatá. Siento nostalgia por ellos, por mi hermano el sabio silencioso como las cautas teracayas. No volveré quizás a escuchar desde lejos a mi padre perdido, siento nostalgia por este padre fuerte y firme, como un árbol de la selva. Por esta hermanita que brilla como si llevara el sol en su cabeza, por esta madre amiga que va con ellos, menuda y serena como la lluvia, como la tarde. No volveremos a vernos quizás no volveré a sentirlos desde lejos, no escucharé sus voces alegres,
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de la lluvia limpia sobre los helechos. sentados a la lumbre del shabono. mi paso por la selva. andando otros caminos. de soles compartidos. Viaje por el mundo indígena venezolano no sentiré ya deseos de ir a su encuentro. -402- . Pero quizás vendrá un tiempo de orquídeas. hablando y comentando las cosas de las ciudades. del agua que cae desde lo alto. ahora pleno de añoranzas y recuerdos. de la lluvia sucia sobre el asfalto. ajenos. quizá vendrá un tiempo de reencuentros donde estaremos bajo la misma luna antigua. Volveremos a vernos en un tiempo de claras mariposas. la selva los traerá en canoas de esperanzas volando como los guacamayos.El Chamán de los Cunaguaros. ellos volverán. o las cosas de la selva. Y proseguiré mi cacería de sueños. perdidos entre otra gente como ellos. un tiempo de luciérnagas y ríos. distantes. Los sabré lejos. del tráfico inclemente. trepando como el zorro y como el puma. en un tiempo de auroras. del parloteo del río con las curiaras.

y la voz de la selva era la voz de mi hermano.Canto final de Filatelio Un recorrido incierto Entre atrevidas luciérnagas me llevó a los dominios de la libélula. caimán. Y escuché la voz de la selva. me enrosqué en los árboles. volé sobre un guacamayo. y me hice danto. Pero canto a la altivez de mi hermano. Volveré a ver el rostro fiero de mi hermano. Era el sonido de su flauta remota. anduve a lomos del caballito del diablo. me volví culebra de monte. buscando el rastro del báquiro. 403 . sigiloso candirú. entre las aguas arenosas. a su pie cobrizo sobre la huella del tapir. a las lunas antiguas de su raza. Su recuerdo me cerca y me acompaña. soledad del río al atardecer. era el rugido de los cunaguaros que lo rondan. rumor de brisa entre bucares.

hermano. y seré con mi hermano. Hubo lunas lejanas cuando esta selva era solitaria y umbría y sólo el canto del paují trizaba la hojarasca. brillemos como cocuyos en la noche. el suave centro de su alma. y luego vino el hombre indígena dueño de todos los caminos. Hermano amigo. hermano mío. Yo encontraré la fuerza elemental. dame la mano. despertaré al paují al ciervo.El Chamán de los Cunaguaros. seamos uno y todos a la vez. que caminas contagiado de lunas. en nuestro pueblo. Hermano mío. con tu flauta de siglos. rodeado de agrestes cunaguaros. a la danta. amigo. y él conmigo hombres y cunaguaros. inmensas torrenteras cascadas rumorosas. señor de la lluvia y la tormenta. luego el agua. saltemos como peces. Primero fue la piedra. tigres y hombres. al loro real. traza tu propia huella entre los otros. dancemos juntos al calor de las estrellas. con tu piel de relámpago. encierra misterios para mí. y pisaré de nuevo esos caminos lejanos. -404- . Viaje por el mundo indígena venezolano La selva aún guarda respuestas. Volveré a la gran selva dormida. como garzas. y dibuja tu signo en las estrellas. celebremos la vida de nuestros pueblos.

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. . . . . . . . . . 11 Nota . sombra y alma . . . . . 77 Los kariñas.39 Muerte de Sesebe . . . . . . . . . . . 137 Palabreo del chamán al pensar en Filatelio . 173 Palabreo del chamán para Maigualida .Índice Agradecimiento . . . magia en sus palabras . . 135 Los Sape. . . antiguos guerreros . . .79 Monólogo del Chamán de los Cunaguaros . . 27 Palabreo del chamán . . . . . . . . . . pobladores de la niebla . . . 133 Tarén de un joven perdido en la selva . 37 Los waraos. 203 . . . . . . . gente de canoa . . . . 15 El Chamán de los Cunaguaros . . . . . . . . . . . . . 13 Vuelta a Venezuela indígena . . 101 Tarén para sobrevivir la muerte de la mujer amada . . 171 Los Yekuana. . . . . . 99 Los pemónes. .

. . . . . . . 231 Palabreo del chamán cuando oye a los morochos silbar . .Los Jodi. . . . . . . . . . . . . . . . . . . centinelas del viento . . . 401 Canto final de Filatelio . . . . . . 205 Palabreo para Carmen . descubridores de misterios . . . señores de la sierra . 397 Canto del chamán a la gente antigua . . . . 409 Bibliografía esencial . . . . 365 Palabreo del chamán después de ver a su padre . . . . .405 . . 299 Los wayuus. 335 Los Yukpa. . 273 Coro de la selva . . El diluvio . . 229 Los Yanomami. . . hijos de la luna . . 301 Coro wayuu . . . . . 337 Kun apanane . . 361 Canto yukpa . . . dueños de la música . . 393 Canto a mi hermano indio . . 363 Los Bari. . . . guardianes de la selva . . 399 Palabreo de despedida del Chamán de los Cunaguaros . . 269 Los yaruros. . .

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Fundación Editorial elperroy larana .

.000 ejemplares impresos en papel Mando Creamy. 60 gr.Se terminó de imprimir en abril de 2008 en la Fundación Imprenta Ministerio de la Cultura Caracas. La edición consta de 3. Venezuela.

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