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Zapotecos de los Valles Centrales de Oaxaca. Coronel Ortiz Dolores. México. / Zapotecos del Istmo de Tehuantepec. Eliana Acosta Márquez. México : CDI, 2007.
Zapotecos de los Valles Centrales de Oaxaca. Coronel Ortiz Dolores. México. / Zapotecos del Istmo de Tehuantepec. Eliana Acosta Márquez. México : CDI, 2007.

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ZAPOTECOS DE LOS VALLES CENTRALES DE OAXACA

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NOTA SOBRE LA AUTORA Dolores Coronel Ortiz es candidata a doctora por el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en los temas de mercados regionales, redes de comercialización y procesos migratorios entre los zapotecos de los Valles Centrales en Oaxaca.

Fotografía 1a. de forros y portadilla: Vendedoras zapotecas, importantes proveedoras de alimentos frescos de la ciudad de Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal. Fotografía página 5: Detalle de la fotografía en página 29.

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DOLORES CORONEL ORTIZ

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D.R. © 2006 Dolores Coronel Ortiz Primera edición, 2006 D.R. © 2006 Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas Av. Revolución 1279, Colonia Tlacopac, Delegación Álvaro Obregón, C.P. 01010, México, D.F.

ISBN 970-753-081-2 / Zapotecos de los Valles Centrales de Oaxaca ISBN 970-753-006-5 / Pueblos Indígenas del México Contemporáneo http://www.cdi.gob.mx. Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra, sin contar previamente con la autorización del titular, en términos de la Ley Federal del Derecho de Autor, y en su caso de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes. Impreso y hecho en México

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INTRODUCCIÓN LOS PUEBLOS ZAPOTECOS DE LOS VALLES CENTRALES DE OAXACA REPRESENTAN EL NÚCLEO DE UNA DE LAS CULTURAS MÁS IMPORTANTES DEL ESTADO; son también uno de los grupos más dinámicos del país: pese a los cambios estructurales, han mostrado una gran capacidad para reconstruir y reafirmar su identidad a partir de sus prácticas y habilidades tradicionales. Aun cuando muchos pueblos de la misma región han perdido su lengua nativa, existen diversos aspectos culturales que los hacen formar parte del mismo grupo. El idioma es el indicador más importante de la identidad de los pueblos: contiene tanto la cosmovisión de las culturas y los ritos de cada sociedad como sus conocimientos y valores. De ahí la importancia de su permanencia y desarrollo autónomo, ya que se trata de un patrimonio histórico-cultural de la humanidad. De acuerdo con los datos del censo de 2000, Oaxaca es el estado de la república mexicana con mayor diversidad lingüística y más hablantes de lengua indígena: 1 120 312 personas hablan, al menos,

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una de las 15 lenguas originarias de la entidad, lo que constituye 37 por ciento de su población total mayor de cinco años de edad. De todas, la lengua zapoteca es la que más se habla.

Los zapotecos surgieron en los Valles Centrales, desde donde, tras su fragmentación, se expandieron hacia la Sierra Norte, la Sierra Sur y el Istmo.

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El grupo etnolingüístico zapoteco ocupa el tercer lugar entre la población indígena de México, con alrededor de 407 458 hablantes distribuidos por todo el territorio nacional (Serrano et al.; 2002). En Oaxaca, donde tradicionalmente habita, este grupo es el más numeroso y extendido; alcanzó una cifra de 377 936 hablantes, lo que representa 33.7 por ciento de la población indígena del estado (ibid.).1 Con base en las diferencias ecológicas de su hábitat, los zapotecos se sub-

dividen en zapotecos de los Valles Centrales, de la Sierra Norte, de la Sierra Sur y del Istmo. Además, debido al incremento migratorio, se localizan núcleos importantes de esta etnia en otros estados de la República Mexicana, sobre todo en Veracruz, Baja California, Sinaloa, Chiapas y Sonora, la ciudad de México, así como en Estados Unidos. La lengua zapoteca está considerada actualmente como una de las 10 familias lingüísticas que conforman el grupo otomangue, junto con el amuzgo, el chatino, el chinanteco, el cuicateco, el mazateco, el mixteco, el otomí, el tlapaneco y el triqui, a más de ser una de las lenguas con mayores variantes interregionales. Los zapotecos surgieron en los Valles Centrales, desde donde, tras su fragmentación, se expandieron hacia la Sierra Norte, la Sierra Sur y el Istmo. En esta monografía nos referiremos al subgrupo establecido en la región política de los Valles Centrales, donde se presenta una gran diversidad ecológica y lingüística. CARACTERÍSTICAS GEOGRÁFICAS DEL TERRITORIO Los zapotecos de los Valles Centrales habitan en la zona centro de Oaxaca, entre los 16o 20’ y 17o 40’ de latitud norte, y los 95o 55’ y 97o 30’ de longitud oeste,

De acuerdo con los criterios que usa el INEGI, el INI y el CONAPO, estos datos incluyen a la población
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de cinco o más años de edad que habla lengua zapoteca (véase Serrano et al.; 2002).

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en una altiplanicie promedio de mil 500 metros sobre el nivel del mar. Ahí se localiza la capital del estado, eje de la vida política y económica de la región, originada durante la etapa temprana de los centros urbanos (hacia 400 a.C.), cuando se fundó Monte Albán (Whitecotton; 2004).

La zona tiene una extensión de 8 762.36 kilómetros cuadrados y representa 9.2 por ciento de la superficie estatal. Limita al norte con las regiones de la Cañada y Sierra Norte; al oeste, con la Mixteca; al este y al sur, con la Sierra Sur. Se compone de siete distritos

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Pareja de zapotecos de Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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político-administrativos: Centro, Ejutla, Etla, Ocotlán, Tlacolula, Zaachila y Zimatlán. Se distingue de las otras regiones por la dinámica interacción que existe entre la ciudad capital y las comunidades campesinas, gracias a la cercanía geográfica y a la actividad comercial. Sin duda, la ciudad de Oaxaca es el corazón de los Valles.

La configuración geográfica de este territorio es variada: planicies aluviales con algunos lomeríos y montañas que alcanzan alturas de 2 050 metros. Las zonas con topografías suaves se ubican en el centro y están conformadas por tres valles menores: Etla, al noroeste; Tlacoluzla, al sureste, y Zaachila-Zimatlán-Ocotlán, al sur. Esta heterogeneidad

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Poblado de San Antonino el Alto, zona serrana de los Valles Centrales. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2001. Acervo personal.

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La vegetación que predomina en estos valles es la xerófita (como el guamúchil, el mezquite, las cactáceas, los agaves y los pastos) y algunas especies de árboles caducifolios (el fresno y el zapote, por ejemplo).

condiciona la variedad de climas, desde los semicálidos subhúmedos en las planicies, con temperaturas promedio de 22 oC, hasta los templados subhúmedos en las partes altas de la sierra, con temperaturas medias anuales de 19.5 oC (INEGI; 2001). La precipitación promedio anual es de 727.7 milímetros en el centro de la región y la temporada de lluvias ocurre en verano. El valle más húmedo es el de Etla y el más seco, el de Tlacolula. El río Atoyac, la vía fluvial más importante, atraviesa la región de norte a sur; sin embargo, su escaso caudal presenta un alto grado de contaminación a consecuencia de los residuos procedentes de la actividad agropecuaria y de los desechos que provienen de la ciudad de Oaxaca. Asimismo, cuenta con algunos otros ríos de pendientes suaves y poco caudalosos; varios son de temporal, como el Jalatlaco y el Seco. Los mantos freáticos han sido utilizados desde tiempos prehispánicos para el sistema de rie-

go. No obstante, estos recursos son cada vez más escasos, a causa de la desmedida extracción del líquido para cubrir la demanda urbana, sobre todo del distrito Centro, donde se asienta la mayoría de la población de la zona. La vegetación que predomina en estos valles es la xerófita (como el guamúchil, el mezquite, las cactáceas, los agaves y los pastos) y algunas especies de árboles caducifolios (el fresno y el zapote, por ejemplo). En las montañas aún quedan bosques de pinares y encinos, a pesar de que se encuentran severamente afectados por el proceso de deforestación. Éste es, pues, el entorno geográfico y ecológico donde habitan los zapotecos, quienes viven en las llanuras, laderas y montañas. Gran parte de los pueblos de las llanuras concentran sus caseríos en áreas rodeadas de terrenos agrícolas, en tanto que los de la sierra tienden a establecer caseríos semidispersos debido a sus condiciones geográficas.

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10 Vista de Monte Albán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1999. Acervo personal.

RESEÑA HISTÓRICA DE LA CULTURA ZAPOTECA Históricamente, los Valles Centrales han sido territorio zapoteco. Las evidencias arqueológicas y toda la información documentada dan cuenta de una gran cultura. Se cree que las primeras tribus nómadas que llegaron a poblar los Valles Centrales de Oaxaca datan de hace unos 10 mil años, vivían en las cuevas de las montañas y se dedicaban a la recolección. Los estudiosos del pasado zapote-

co, como M. Winter (1988) y J. Whitecotton (2004), señalan que Monte Albán fue el sitio donde los zapotecos desarrollaron una cultura tan compleja como la azteca y la maya. Según estudios arqueológicos, pueden distinguirse cinco periodos del desarrollo de Monte Albán. El primero de ellos —de 700 a 300 a.C.— corresponde a Monte Albán I, que se caracterizó por el sedentarismo y el desarrollo de la agricultura. En la fase de Monte Albán

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II, los habitantes de los valles sufrieron la invasión de grupos del sur, aunque no llegaron a ser sojuzgados. Entre los años 100 y 800 d.C., Monte Albán III recibió gran influencia de Teotihuacán, principalmente en la cerámica, la arquitectura, la escultura y la pintura de murales. A lo largo de este periodo, Monte Albán se convirtió en el centro más importante para los zapotecos, y se distinguió por una compleja organización social y política: el gobierno lo constituía el jefe sacerdotal. Monte Albán III llegó a su máximo esplendor, y prueba de ello son sus templos, palacios, adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones más. Monte Albán IV y V tuvieron un gobierno de tipo militar, por lo que las guerras cobraron gran importancia; además, los estados conquistadores implantaban cargas tributarias. El apogeo de esta zona finalizó con el abandono paulatino del lugar y el predominio de la ciudad de Zaachila (Whitecotton, 2004; Ruiz, M.,1990). Desde el siglo XII, los mixtecos comenzaron a invadir los Valles Centrales, y para el siglo XIV se proclamaron conquistadores de esta región. A pesar de su decadencia, los zapotecos lograron no sólo continuar siendo independientes, sino ganar varios enfrentamientos con-

tra grupos vecinos, así como defenderse de la amenaza del dominio azteca. No fue sino hasta la época de la Conquista —primeras décadas del siglo XVI— cuando los zapotecos perdieron su autonomía como grupo, al aliarse con Hernán Cortés para combatir a los aztecas. Durante la época colonial —siglos XVI al XVIII—, la vida de los zapotecos cambió a raíz de la introducción de nuevos elementos políticos, económicos, sociales y culturales. Tuvieron que concentrarse en las comunidades rurales, pasando así a formar parte del campesinado al servicio de la Corona, la nobleza y el clero. La población zapoteca sufrió una notable disminución, a consecuencia de tres factores: 1) el despojo de sus tierras comunales, que derivó en una crisis agrícola; 2) el sometimiento a trabajos mineros insalubres, y 3) el contagio de las enfermedades transmitidas

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Entre los años 100 y 800 d.C., Monte Albán III recibió gran influencia de Teotihuacán, principalmente en la cerámica, la arquitectura, la escultura y la pintura de murales.

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Los españoles introdujeron ganado vacuno y equino en los valles de Oaxaca, que era criado en pastizales, tanto para el consumo de los europeos como de los nobles indígenas. También trajeron ovejas, cabras y cerdos.

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por los europeos, desconocidas para los nativos. Esta situación facilitó y permitió a los conquistadores el dominio económico y político de la región. Por otra parte, los dominicos comenzaron la evangelización en 1529. Iglesias y conventos de la ciudad de Oaxaca, como la catedral y los conventos de Santo Domingo y La Soledad, fueron edificados por esta orden misionera, al igual que las iglesias de Cuilapam y Etla. Cuando el acceso a las tierras les fue restringido a los zapotecos, éstos comenzaron a especializarse en la elaboración y comercialización de artesanías, por lo que el sistema de mercados prehispánicos siguió vigente en el transcurso de esta época. La producción agrícola en los Valles Centrales de Oaxaca se basaba en productos que tradicionalmente cosechaban los nativos (maíz, frijol y calabaza). También se cultivaban cereales y frutos traídos por los conquistadores, como la vid y sus derivados, o el trigo y la caña

de azúcar que se comercializaban con España. Por otra parte, la producción de grana de cochinilla fue una labor muy importante en el siglo XVIII, ya que llegó a ocupar el tercer lugar de productos de exportación de la Nueva España (Whitecotton; 2004). Los españoles introdujeron ganado vacuno y equino en los valles de Oaxaca, que era criado en pastizales, tanto para el consumo de los europeos como de los nobles indígenas. También trajeron ovejas, cabras y cerdos; las ovejas fueron de gran utilidad para los indígenas en la producción de lana. Por último, el desarrollo de la industria en la producción de seda, añil y algodón fue relevante en la economía de la región durante la Colonia. Cuando se dieron los movimientos independentistas, los oaxaqueños se hallaban divididos: aquellos que se oponían al conflicto porque gozaban de los privilegios de la Corona y los que

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lo apoyaban; en este sector de la población se contaban los mestizos, los indios y otras castas que sufrían discriminación y todo tipo de injusticias. La lucha encabezada por Hidalgo, Morelos y Guerrero atacaba el poder de los criollos y de la Iglesia y buscaba cambiar la situación de la población india. Este tipo de luchas por el poder entre liberales y conservadores continuaron hasta más allá de la mitad del siglo XIX. Durante la Reforma, Benito Juárez luchó contra los conservadores para derogar los privilegios que tenían la Iglesia, la nobleza y la milicia, para instaurar un gobierno constitucionalista y por la oposición de la restauración de la monarquía bajo el dominio de Maximiliano. Tras años de conflictos, los juaristas obtuvieron la victoria, lo que dio la pauta a la expedición de las Leyes de Reforma, para disponer de las riquezas acumuladas por el clero y transferir el poder político a las manos de una nue-

va clase social: la burguesía nacional. Sin embargo, estas leyes afectaron también las tierras comunales indígenas. En las comunidades cercanas a la ciudad de Oaxaca, en Etla y, posteriormente, en otras comunidades de la región fueron vendidas la mayor parte de las tierras indígenas heredadas de la época colonial, que de esta manera pasaron a formar parte de la propiedad privada. La Reforma en Oaxaca y en todo el país trajo consigo inestabilidad política y una crisis económica (Whitecotton; 2004). El porfiriato (1870-1910) se caracterizó por ser una época de cierta modernización, que se apoyó en la entrada de capital extranjero. El auge económico de Oaxaca destacó principalmente en la agricultura, la minería y la industria, aunque no de la misma manera en todas sus regiones. Whitecotton ha señalado que los Valles Centrales estuvieron al margen del progreso estatal y nacional,

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El porfiriato (1870-1910) se caracterizó por ser una época de cierta modernización, que se apoyó en la entrada de capital extranjero. El auge económico de Oaxaca destacó principalmente en la agricultura, la minería y la industria, aunque no de la misma manera en todas sus regiones.

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pues no había inversión extranjera debido a la falta de recursos y de una cultura propia de las haciendas, desarrollada principalmente en el norte del país. Fue en el transcurso de este periodo cuando se introdujo el Ferrocarril Mexicano del Sur, y la minería tuvo gran auge en los distritos de Tlacolula y Ocotlán, lo que favoreció el desarrollo del comercio y las finanzas (Chassen; 1986). El año de 1910 marcó una nueva etapa en la historia de México: la Revolución, una lucha de rebelión campesina por la tierra. Los conflictos en los Valles Centrales se presentaron de manera dispersa y duraron poco tiempo. Los más relevantes se suscitaron en Etla y en Zimatlán, donde un grupo de rebeldes se apoderaron de la hacienda de Gertrudis

y más tarde intentaron hacer partícipes a los campesinos de las haciendas vecinas para levantarse en armas. Sin embargo, estas rebeliones fueron sofocadas sin mayor dificultad. La lucha por la tierra en la región se inició en 1916 y la perseverancia de sus demandantes —a pesar de la renuencia de los acaparadores de grandes extensiones de tierras inconformes con perderlas— permitió que en 1934 obtuvieran 77 de las 117 dotaciones ejidales que se llevaron a cabo en el estado. De todos, los más beneficiados fueron los distritos del Centro con 24, Etla con 19 y Ocotlán con 15 dotaciones, en donde algunas de las comunidades indígenas resultaron favorecidas. POBLACIÓN Desde épocas pasadas, los Valles Centrales han concentrado la mayor parte de la población de la entidad. En 2000 registraron 878 132 habitantes, es decir, 25.5 por ciento de la población estatal. Sin embargo, sólo el distrito Centro reúne a más de 50 por ciento de los moradores; la ciudad de Oaxaca y su área conurbada absorben la mayor cantidad. Entre tanto, los seis distritos mantienen un rango bajo de población, pues tienen menos de 12 por ciento del total de la región (véase cuadro 1).

El año de 1910 marcó una nueva etapa en la historia de México: la Revolución, una lucha de rebelión campesina por la tierra. Los conflictos en los Valles Centrales se presentaron de manera dispersa y duraron poco tiempo.

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CUADRO 1: DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN TOTAL EN LOS VALLES CENTRALES DE OAXACA
Distritos Centro Ejutla Etla Ocotlán Tlacolula Zaachila Zimatlán Total de la región Fuente: INEGI, 2001. Población en 2000 472 624 44.617 102 074 67.951 104 486 33.086 53 294 878.132 Porcentaje 53.8 5.1 11.6 7.7 11.9 3.8 6.1 100.0

Como ya se señaló, la región ha sido históricamente territorio zapoteco; sin embargo, la notable reducción de los hablantes de su lengua dado el incremento de hispanohablantes hace difícil catalogarla como tal. En la actualidad, los pueblos zapotecos “constituyen islas indígenas en un mar de campesinos étnicamente descaracterizados y mestizos” (Barabas; 1999, p. 75). En efecto, el idioma se ha ido perdiendo y, con él, algunas costumbres propias de su cultura. La reducida población zapoteca convive con otros grupos étnicos del estado que se han incorporado en un proceso migratorio desde tiempos antiguos. Tal es el caso de los mixtecos y de otras etnias que han migrado a la ciudad de Oaxaca en décadas más recientes atraí-

dos por razones de carácter laboral. Así, en 2000, la región concentró a 151 699 hablantes de lengua indígena, que representan 19.4 por ciento de la población total mayor de cinco años de edad (véase cuadro 2 en la página 17).

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El idioma se ha ido perdiendo y, con él, algunas costumbres propias de su cultura. La reducida población zapoteca convive con otros grupos étnicos del estado que se han incorporado en un proceso migratorio desde tiempos antiguos.

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Abuela y nieta, relaciones de apoyo hacia los familiares de edad avanzada. Magdalena Teitipac. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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Con base en los resultados del Censo General de Población y Vivienda 2000 podemos saber que los hablantes de zapoteco reúnen un total de 117 011 personas, cifra que representa 77.1 por ciento de la población indígena de la región. Se ubican preferentemente en el distrito de Tlacolula, en cuyo territorio, 62.2 por ciento de la población mayor de cinco años habla zapoteco; le sigue Ocotlán, con 32.6 por ciento, y Ejutla, con 15.6 por ciento. En tanto que los distritos de Zimatlán, Centro, Zaachila y Etla presentan menores porcentajes de hablantes de zapoteco (véase cuadro 2).

Los hablantes de zapoteco se ubican preferentemente en el distrito de Tlacolula, en cuyo territorio, 62.2 por ciento de la población mayor de cinco años habla zapoteco; le sigue Ocotlán, con 32.6 por ciento.

Los hablantes de zapoteco se distribuyen en 118 municipios, de los cuales 27 registran 70 por ciento que lo hablan; 13, entre 40 y 70 por ciento; uno —la ciudad de Oaxaca—, con menos de
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CUADRO 2: DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN INDÍGENA Y HABLANTES DE ZAPOTECO POR DISTRITO EN 2000
Distrito Centro Ejutla Etla Ocotlán Tlacolula Zaachila Zimatlán Total Población mayor de 5 años 423 286 39.173 90 162 60.296 93 335 25.399 51 138 782.789 % 100 100 100 100 100 100 100 100 Población hablante de lengua indígena 43 168 6 293 13 241 20 048 59 030 2 106 7 813 151 699 % 10.2 16.1 14.7 33.2 63.2 8.3 15.3 19.4 Total de hablantes del zapoteco 24 949 6 110 2 130 19 628 58 059 997 5 138 117 011 % 5.9 15.6 2.4 32.6 62.2 3.9 10.0 14.9

Fuente: Serrano et al.; 2002.

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En los últimos años se han incrementado los residentes mixes, muchos de los cuales abandonan sus localidades de origen debido a conflictos internos, y esto ha hecho más notoria su presencia en el distrito de Tlacolula.

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40 por ciento y más de 5 000 hablantes en números absolutos; dos con una importante presencia zapoteca, pero menos de 40 por ciento —Santa Lucía del Camino con 3 721 hablantes y Santa Cruz Xoxocotlán con 2 549 hablantes— y, por último, 75 municipios presentan una población dispersa donde predominan los hispanohablantes, y menos de 30 por ciento de personas que hablan el zapoteco (en números absolutos oscila entre uno y menos de mil hablantes). Con base en los criterios del INI-CONAPO (2002),2 los Valles Centrales reúnen 40 municipios eminentemente zapotecos y tres con importante presencia de población zapoteca (Oaxaca de Juárez, Santa Lucía del Camino y Santa Cruz Xoxocotlán).

Además, en la región habitan otros grupos indígenas: destacan los mixtecos de Santiago Tlazoyaltepec, Santa María Peñoles y San Antonio Huitepec, en cuyos municipios hay más de 64 por ciento de hablantes de dicha lengua; el otro grupo corresponde al chinanteco de San Juan Bautista Atatlahuca, en donde 46 por ciento de su población mayor de cinco años de edad todavía habla esta lengua (Serrano et al.; 2002). Pero es en el municipio de Oaxaca de Juárez donde se concentra la mayor diversidad étnica del estado. En los últimos años se han incrementado los residentes mixes, muchos de los cuales abandonan sus localidades de origen debido a conflictos internos, y esto ha hecho más notoria su presencia en el distrito de Tlacolula. GRADO DE MARGINACIÓN En general, los pueblos indígenas de los Valles Centrales presentan una situación de altas carencias tanto de servicios básicos como de una educación adecuada pa-

2 Véase Serrano et. al. (2002). Las estimaciones de la población indígena que realizan estos autores están basadas en los datos del XII Censo General de Población y Vivienda 2000, INEGI.

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Niños de Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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ra tener oportunidad de mejores empleos y de desarrollo personal. Según la Dirección General de Población de Oaxaca (DIGEPO; 2002), 54.5 por ciento de los municipios indígenas de la región se ubican en el rango de muy alta marginación y 45.5 por ciento reportan alta marginación. Respecto a los 40 municipios identificados con 40 por ciento y más de hablantes del zapoteco, 14 (35 por ciento) son de mayor marginación, 18 (45 por ciento) presentan alto grado de marginación y 8 (20 por ciento) se ubican en el rango medio. En el cuadro 3 se destacan

las características de los 14 municipios zapotecos más marginados de la región, de los cuales 11 superan 60 por ciento de hablantes de lengua indígena. En estos municipios, el monolingüismo en lengua indígena varía entre 3.1 y 31.3 por ciento. Los pueblos con mayor porcentaje de monolingües son San Pedro Quiatoni (31.3 por ciento), San Vicente Coatlán (28.5 por ciento), San Lucas Quiaviní (22.6 por ciento) y San Miguel Tilquiapam (20.6 por ciento), los cuales se encuentran más distanciados geográficamente de la capital.

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CUADRO 3: CARACTERÍSTICAS DEMOGRÁFICAS Y LINGÜÍSTICAS DE LOS MUNICIPIOS ZAPOTECOS CON MUY ALTO GRADO DE MARGINACIÓN
Población mayor de 5 años 3 290 5 077 3 116 8 602 1 300 2 544 1 717 1 791 2 684 1 724 8 194 3 491 1 044 3 116

Municipio Asunción Ocotlán Coatecas Altas Magdalena Teitipac San Dionisio Ocotepec San Jerónimo Taviche San Juan Teitipac San Lucas Quiaviní San Miguel Mixtepec San Miguel Tilquiapam San Pedro Mártir San Pedro Quiatoni San Vicente Coatlán Santa Inés Yatzeche Santa Lucía Ocotlán

Población total 3 655 5 803 3 604 9 788 1 529 2 817 1 941 2 097 3 160 1 903 9 570 4 173 1 177 3 455

% HLI 96.4 47.0 95.0 96.2 22.5 17.1 97.8 95.3 97.3 60.3 99.0 90.2 99.6 90.0

% de monolingües 14.1 10.5 7.9 17.8 0.4 0.5 22.6 12.8 20.6 3.2 31.3 28.5 13.2 3.1

% de hablantes del zapoteco * 95 46 95 96 22 16 98 94 97 56 99 90 99 89

Tipo de municipio A B A A B B A A A A A A A A

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* Porcentaje calculado con relación a la población mayor de 5 años. Según los criterios de E. Serrano et al. (2002), la categoría A significa más de 70 por ciento de población indígena y B de 40 a 69 por ciento de población indígena.

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ACCESO A LOS SERVICIOS COMUNICACIÓN Por la privilegiada ubicación geográfica, la vigorosa actividad comercial, los antecedentes históricos y el desarrollo turístico que ha alcanzado la región en las últimas décadas, la red de carreteras y el sistema de transporte se han multiplicado. Sin embargo, los avances más importantes en la infraestructura de comunicaciones se ubican en el área cercana a la ciudad de Oaxaca, mientras que en

las localidades asentadas en la sierra siguen predominando los caminos estrechos y sinuosos. Las principales vías terrestres que comunican a los Valles Centrales con otras regiones son: a) la supercarretera Oaxaca-Ciudad de México; b) la carretera Panamericana, que recorre el estado de noroeste a sureste y atraviesa la capital del estado y los valles de Etla y Tlacolula; c) Oaxaca-Puerto Escondido, que cruza Zimatlán; d) Oaxaca-Puerto Escondido,

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Transportando la leña de los montes bajos a la cocina. Magdalena Teitipac. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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que pasa por los distritos de Ocotlán y Ejutla; e) Oaxaca-Tuxtepec, que atraviesa algunos poblados del distrito Centro, y f) la vía rápida Oaxaca-Istmo de Tehuantepec, que cruza Tlacolula. Estas carreteras comunican con otras pavimentadas o de terracería que unen a las poblaciones con los principales centros económicos. De los 2 007.40 kilómetros de carretera con que contaba la región en 2000 (12.45 por ciento del total estatal), 611.70 estaban pavimentados, 1 088.60 revestidos y 307.10 eran de terracería (INEGI, 2001). Los movimientos cotidianos entre el interior de la región y su capital —así como otras ciudades— se efectúan principalmente por el sistema de transpor-

En varias comunidades cuentan con transporte comunitario, y en otras, los particulares proporcionan el servicio.

te terrestre. Operan diversas líneas de autobuses, taxis y camionetas que trasladan a los pasajeros y llevan toda clase de carga; de este modo, llevan a la ciudad productos agropecuarios y fuerza de trabajo. En varias comunidades cuentan con transporte comunitario, y en otras, los particulares proporcionan el servicio.

Camino para los pueblos serranos de Zimatlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortz, 2001. Acervo personal.

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El transporte foráneo de pasajeros consta de varias líneas de autobuses que abarcan diferentes rutas y comunican los valles con otras regiones del país. Además, cuenta con un aeropuerto internacional ubicado en el municipio de Oaxaca de Juárez, desde donde las líneas aéreas cubren las rutas entre la ciudad de Oaxaca y el Distrito Federal, Tijuana, Tuxtla Gutiérrez, Huatulco, Puerto Escondido y Acapulco, así como el vuelo Los Ángeles-México-Oaxaca y el de Houston. En el distrito de Tlacolula se localizan tres aeródromos con pista de terracería y con capacidad para avionetas únicamente. Otros servicios de comunicación importantes con que cuentan los municipios son teléfono, correo, telégrafos y señales de radio y televisión. Disponen de comunicación satelital, lo cual les permite el acceso a Internet, pero su uso es aún incipiente.

El transporte foráneo de pasajeros consta de varias líneas de autobuses que abarcan diferentes rutas y comunican los valles con otras regiones del país.

SALUD Como muchos otros pueblos indígenas del país, los zapotecos guardan valiosos conocimientos sobre la medicina tradicional: cada pueblo y cada familia tienen sus propias creencias y sus fórmulas mágicas para prevenir y curar ciertos padecimientos. Para muchas personas, algunas enfermedades, como el “susto”, desaparecen solamente gracias al tratamiento de los curanderos. De acuerdo con Whitecotton (2004, pp. 294-295), el susto —común entre los zapotecos y otros grupos étnicos— es resultado de un encuentro repentino y atemorizador, ya sea con seres humanos, animales, objetos o espíritus. Agrega que se le atribuyen una serie de síntomas como falta de atención, depresión, timidez, pérdida del apetito y de fuerza, sueño intranquilo, fiebre, dolores musculares, cambios en la piel, náuseas, perturbaciones estomacales, vértigo, sed intensa y hemorragias rectales. Asimismo, el uso de diversas hierbas medicinales y de técnicas empleadas en casa o recomendadas por especialistas adecuados —entre los que se cuentan curanderos, parteras, hueseros-sobadores, adivinos y rezadores— es bastante común. Hasta años muy recientes constituían la única alternativa de tratamiento para los pueblos que se hallaban in-

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Fue en la segunda mitad de la década de 1990 cuando los sistemas oficiales de salud tuvieron mayor cobertura en los municipios, mediante los programas de asistencia social, por ejemplo, “Progresa-Oportunidades”.

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comunicados y carentes de servicios médicos. La construcción paulatina de los caminos ha permitido a tales poblaciones acceder a los centros de salud públicos y privados más cercanos, aunque éstos, en su mayoría, se concentran en la ciudad de Oaxaca. Fue en la segunda mitad de la década de 1990 cuando los sistemas oficiales de salud tuvieron mayor cobertura en los municipios, mediante los programas de asistencia social, por ejemplo, “Progresa-Oportunidades”; sin embargo, la atención todavía dista de ser eficiente. Los servicios médicos se prestan, en su mayoría, a través de la Secretaría de Salud del Estado de Oaxaca (SSO) o de Solidaridad Social del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Estos organismos atienden al grueso de la población que no está incorporada a los otros sistemas gubernamentales de atención médica y seguridad social. Una escasa parte de la población conformada por los asegurados y pensionados, así

como por sus beneficiarios, tienen acceso a los servicios del IMSS, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) o de Petróleos Mexicanos (PEMEX). Para el año 2000 había 168 unidades médicas del sector público (14.4 por ciento del total del estado) en los Valles Centrales, de las cuales 106 corresponden a la SSO, cuyo servicio se ha extendido a la mayoría de los municipios; 45 unidades pertenecen al IMSS-Solidaridad y el resto lo cubren las unidades de seguridad social (IMSS, ISSSTE y PEMEX). De éstas, 162 otorgaban consulta externa, cinco ofrecían el servicio de hospitalización general y sólo una brindaba hospitalización especializada (INEGI, 2001). Por otra parte, también hay unidades médicas del sector privado, a las que suelen acudir los indígenas ante la precariedad del servicio público, pese a ser muy costosas; muchas veces se financian con las remesas de los migrantes o mediante la venta de sus parcelas y de

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la ganadería en pequeña escala. Asimismo, existen algunos centros de beneficencia que proporcionan atención médica a esta población desprotegida; entre los más reconocidos en la entidad se encuentra “Manos Ayuda, A.C.”, localizado en el distrito de Tlacolula. EDUCACIÓN ESCOLARIZADA A pesar de que todos los municipios de la región cuentan con escuelas de enseñanza básica, la infraestructura aún es precaria y el número de analfabetos es alto, lo cual constituye una fuerte limitación para el desarrollo de estos pueblos. En 2000, la población analfabeta en los 43 municipios con importante presencia zapoteca reunía a 27 274 personas, lo que representa 20.8 por ciento de la población total de 15 años en adelante. Los municipios con mayores carencias educativas son Coatecas Altas, donde 54.3 por ciento de la población es analfabeta; San Miguel Tilquiapam reúne 47.1 por ciento; Santa Inés Yatzeche, 46.1 por ciento; San Miguel Mixtepec, 45 por ciento; Magdalena Teitipac, 43.4 por ciento y San Lucas Quiaviní, que tiene 42.1 por ciento de analfabetos. En el resto de los municipios hay entre 8 y 40 por ciento de analfabetos. Los municipios que cuentan con menores porcentajes de analfabetismo son los

de San Sebastián Abasolo (8 por ciento), Santa Lucía del Camino (8.7 por ciento) y Santo Tomás Mazaltepec (8.8 por ciento). OTROS SERVICIOS Si bien los servicios de agua entubada y electrificación se han incrementado de manera significativa en los últimos años, los pueblos indígenas presentan todavía un rezago considerable. En el ámbito regional, la electrificación ha tenido más alcance; para el año 2000, 92 por ciento de las viviendas de los 43 municipios con importante presencia zapoteca disponían de este servicio. La proporción de viviendas que no cuentan con energía eléctrica se distribuía en casi todos los municipios (incluidas las localidades urbanas), lo cual se debe principalmente a lo disperso de su población. Las más grandes dificultades de acceso a la electrificación se reportan en los municipios

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En 2000, la población analfabeta en los 43 municipios con importante presencia zapoteca reunía a 27 274 personas, lo que representa 20.8 por ciento de la población total de 15 años en adelante.

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26 Escuela de los niños jornaleros migrantes. Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

de la sierra como San Pedro Quiatoni, donde 37.8 por ciento de las viviendas no cuentan todavía con el servicio; San Miguel Mixtepec presenta 36.2 por ciento y San Antonino el Alto, 25.6 por ciento (Serrano et al.; 2002). El suministro de agua entubada cubre 64 por ciento de las viviendas en aquellos municipios con importante presencia zapoteca. Así, 36 por ciento de las viviendas que aún no disponen de él se distribuyen en todos los municipios:

en Santa Lucía Ocotlán, San Juan Guelavía y San Pedro Mártir prácticamente no lo tienen; en San Jerónimo Taviche,

El abastecimiento de agua para las viviendas en donde no existe la red de entubación se obtiene principalmente de los pozos.

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En 25 de los 43 municipios zapotecos, el sector primario absorbe más de 50 por ciento de su población económicamente activa, la cual se dedica principalmente a la agricultura y la ganadería.

Santiago Matatlán, Santo Tomás Jalieza, Santa Ana Zegache y Santa Ana del Valle menos de 31 por ciento disponen del líquido; y, en el resto de los municipios, arriba de 40 por ciento de las viviendas sí cuentan con este servicio. Destaca Santo Domingo Albarradas, con 98.9 por ciento de viviendas con agua potable (Serrano et al.; 2002). El abastecimiento de agua para las viviendas en donde no existe la red de entubación se obtiene principalmente de los pozos. En algunas localidades, como San Pedro Mártir, Santa Lucía Ocotlán y Santa Ana Zegache, casi todas las casas cuentan con pozos, pues hay mayor precipitación pluvial que en otras localidades. Sin embargo, estos pozos “se caracterizan por el alto contenido de minerales y por una ausencia notable de tratamiento, por lo que su uso doméstico afecta a la salud” (González; 1995). Además, la carencia de servicios sanitarios y drenaje afectan la calidad del agua que de allí se extrae.

LA POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA En 25 de los 43 municipios zapotecos, el sector primario absorbe más de 50 por ciento de su población económicamente activa, la cual se dedica principalmente a la agricultura y la ganadería. En el otro extremo se hallan los 18 municipios restantes, en donde la participación de los pobladores se concentra en los sectores terciario y secundario, ligados al desarrollo urbano y turístico. Así pues, la población total dedicada a las actividades terciarias (comercio, transporte, gobierno y otros servicios) alcanzó el mayor porcentaje (42.6 por ciento); enseguida están las actividades secundarias (construcción, industria manufacturera, electricidad, agua, minería, extracción de petróleo y gas) con 28.8 por ciento y, luego, el sector primario con 28.6 por ciento (Serrano et al.; 2002). La gran concentración de las actividades terciarias y secundarias se ubica en el distrito Centro: integra 70.3 por ciento

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de su población en las actividades terciarias y 26.4 por ciento en actividades secundarias. De entre ellas, las más importantes son los servicios, el comercio, la industria de la transformación, el gobierno y la construcción (ibid.). También es interesante observar cómo los pueblos zapotecos de Tlacolula aumentaron su participación en el sector secundario y terciario, a los cuales se integra más de 50 por ciento de la población indígena del distrito. Destacan los municipios que han desarrollado la actividad artesanal, como San Pablo Villa de Mitla, Santa Ana del Valle y Teotitlán del Valle, que concentran entre 54.5 y 71.1 por ciento de su población en la producción de tejidos. Asimismo, en el distrito de Ocotlán sobresalen Santo Tomás Jalieza, cuya población dedicada a las actividades artesanales y servicios alcanza 64.2 por ciento; en San Antonino Castillo Velasco, alrededor de la mitad de la población se dedica al comercio y al trabajo artesanal; y en Santa Lucía Ocotlán 50.6 por ciento de la población se dedica al trabajo de la construcción y los servicios (ibid.). En los municipios de Coatecas Altas, San Vicente Coatlán del distrito de Ejutla y Santo Tomás Mazaltepec, Etla, constituyen entre 55.3 y 56.2 por ciento los

En San Antonio Castillo Velasco, alrededor de la mitad de la población se dedica al comercio y al trabajo artesanal.

pobladores dedicados a las actividades agropecuarias, lo cual revela también una importante tendencia hacia el sector secundario y terciario. ACTIVIDADES La economía de los zapotecos de los Valles Centrales se caracteriza por una compleja mezcla de producción doméstica para el autoconsumo y para el intercambio comercial, en la que se incluye la participación agropecuaria y la labor artesanal. No obstante, aun cuando se combinen estas dos formas de producción con el trabajo asalariado y el pequeño comercio, la calidad de vida en la mayoría de los hogares sigue siendo precaria (Cook y Binford; 1995, p. 29). ASPECTOS DE AGRICULTURA Y GANADERÍA La región en su conjunto tiene una amplia zona de suelos aluviales, disfruta de un clima templado y además está articulada a un sistema de mercados que

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Niños paleteros de Magdalena Teitipac, trabajo infantil que aporta ingresos al núcleo familiar. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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Combinación de cultivos en zonas de temporal. Magdalena Teitipac. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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opera en varios lugares. Sin embargo, los campesinos enfrentan el problema del minifundio y de una agricultura de subsistencia. La posesión y la conciencia territorial les dan un fuerte sentido de identidad a los pueblos indígenas de Oaxaca; ambas constituyen un ámbito físico y social de organización, reproducción y supervivencia (Reina; 2004, p. 63). Entre las localidades zapotecas, las tierras de propiedad comunal prevale-

cen sobre la ejidal y la pequeña propiedad. Además, hay otras formas de acceso al uso de la tierra a través de la mediería, el empeño y el arrendamiento. La mayor parte de la superficie agrícola es de temporal, sujeta al régimen de lluvias y, en menor proporción, están los terrenos de riego. Los suelos más pobres se encuentran en el distrito de Tlacolula, donde se asienta el mayor número de localidades indígenas de la región. Además, gran parte de las unidades familia-

Los suelos más pobres se encuentran en el distrito de Tlacolula, donde se asienta el mayor número de localidades indígenas de la región.

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res tienen muy poca tierra y presentan una fuerte fragmentación. El estudio elaborado por Martha Rees (2001) en la región nos muestra parte de esa realidad que viven los campesinos: el promedio de tierras que manejan las familias zapotecas en Asunción Ocotlán es de 0.53 hectáreas; en San Agustín Yatareni, 0.71; en San Antonino el Alto, 1.30; en Magdalena Teitipac, 1.60; en San Bartolomé Quialana, 2.03, y en Magdalena Ocotlán, 3.11 hectáreas. Los pro-

blemas de acceso a la tierra son mayores en Asunción Ocotlán: el total de las tierras agrícolas son de pequeña propiedad y se encuentran verdaderamente fragmentadas. En San Agustín Yatareni, Santa Lucía del Camino, así como en los pueblos aledaños a la ciudad de Oaxaca la superficie agrícola es cada vez menor por efecto del crecimiento urbano. Los sistemas de cultivo difieren de acuerdo con la geografía: tanto en las llanuras como en los suelos de poca

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Uso de la yunta y las llanuras. San Pedro Mártir Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel 0rtiz, 1991. Acervo personal.

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inclinación, el empleo del arado y la yunta es común; además, se combina con el uso del tractor; en las laderas empinadas, en cambio, se utilizan instrumentos muy rudimentarios, como la coa, la azada y el machete. El cultivo principal continúa siendo el maíz, pero suele alternarse con el del frijol y la calabaza. Aunque el uso de fertilizantes químicos se ha generalizado entre los pueblos de la región, la producción es baja, ya que el promedio es menor a 500 kilogramos de maíz por hectárea, como lo muestran los trabajos de Alicia Barabas (1999) y Martha Rees (2001) para la región. Barabas señala que en
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Ante la escasez de tierras agrícolas, los zapotecos han ideado una serie de estrategias acordes con las condiciones ecológicas y su ubicación geográfica.
1995, el promedio de maíz por hectárea fue de 470 kilogramos y Rees reportó un promedio total de 303 kilogramos hacia 1997. Es importante señalar que la producción varía entre una zona y otra, pues está determinada por varios factores naturales y tecnológicos. Ante la escasez de tierras agrícolas, los zapotecos han ideado una serie de estrategias acordes con las condiciones ecológicas y su ubicación geográfica. Las localidades favorecidas con la humedad de los suelos, con disponibilidad de riego y con buena comunicación terrestre manejan el sistema de policultivo, en el cual combinan la producción para el autoconsumo (maíz, frijol, calabaza, garbanzo, forraje) con los cultivos destinados al mercado regional. En este sentido destacan las comunidades hortícolas, como San Antonino Castillo Velasco, San Pedro Mártir, Santiago Apóstol, San Jerónimo Tlacochahuaya, San

Productora de hortalizas enrollando el perejil para el mercado. San Antonio el Alto, Ocotlán, Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal.

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Trabajo familiar agrícola. San Antonio el Alto, Ocotlán, Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal.

Sebastián Abasolo, San Francisco Lachigoló, entre otras. Dichas comunidades intensificaron su producción agrícola y sus relaciones con el sistema de mercado regional desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los suelos donde aún conservan cierta humedad son sometidos a periodos intensos de producción, lo que ha generado que el terreno se erosione y disminuyan los nutrientes. En otras localidades, como las del distrito de Tlacolula, donde los terrenos son áridos, se alternan los cultivos básicos con la producción del maguey para la elaboración de mezcal. En años más recientes, el maguey se ha difundido hacia otras áreas de los valles, gracias al incremento de la producción en la industria mez-

calera, favorecida por una creciente demanda comercial. En cuanto a la ganadería, los zapotecos tienden a comprar y criar unos cuantos animales como forma frecuente de inversión. La cría de ganado bovino, caprino, porcino y aves de corral en pequeña escala son comunes entre las familias y, aun cuando no proporcionan beneficios sustanciales de capital, sí representan una forma de ahorro. El cuidado del ganado varía entre los pueblos de las llanuras y los de la sierra. Los primeros acostumbran tenerlos en el solar de la casa, así como alimentarlos allí mismo o en los escasos agostaderos; en tanto que los serranos los sacan a pastar cotidianamente.

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LA VESTIMENTA La transformación de la vestimenta ha sido más rápida entre los hombres que entre las mujeres. La indumentaria masculina más antigua y similar que aún usan algunos ancianos se compone de un calzón de manta, una camisa de mangas largas del mismo tipo de tela o de otro material, una faja de lana o algodón, huaraches y sombrero. La mayoría de los hombres usan ropa y calzado industrializados que adquieren en la mis-

ma región o que los migrantes llevan, mientras que entre los jóvenes se ha difundido el uso de pantalón de mezclilla, playera y tenis; incluso es frecuente que porten gorra con visera. El atuendo de las mujeres tiende a ser más conservador que el de los hombres, pero el diseño varía de una localidad a otra. Entre las prendas más comunes están la falda, la blusa bordada o el vestido de una sola pieza, todos confeccionados con telas industrializadas

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Venta de ganado en el mercado de Tlacolula. Tlacolula, Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1994. Acervo personal.

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en las mujeres ha cobrado importancia en ciertas localidades donde la migración se ha difundido, como puede observarse entre las jornaleras de Asunción Ocotlán. LAS ARTESANÍAS La elaboración de diversos objetos artesanales muestra sin lugar a dudas la gran creatividad de los pueblos zapotecos y, junto con la agricultura, constituye la actividad primordial y el motor del intercambio. La producción está presente en todas las localidades zapotecas, sólo que algunas participan más en el mercado que otras. Dentro de una gama de artesanías elaboradas en los Valles Centrales, varias se producen en los pueblos zapotecos, sobre todo en los distritos de Tlacolula y Ocotlán. De hecho, algunas se remontan al periodo prehispánico; otras, en cambio, son resultado de la demanda del mercado turístico. Se elaboran

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Artesanos vendiendo sus cestos en el mercado de Ocotlán. Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

de colores diversos. Para salir a la calle, para ir a fiestas o para resguardarse del sol, usan rebozo, ya sea de seda o de algodón. En varios pueblos se sigue utilizando una faja ancha de color rojo que detiene la falda. El vestido de las mujeres jóvenes y niñas reproduce el de las adultas, aunque éstas tienden a usar ropa más moderna. El uso de pantalones

Dentro de una gama de artesanías elaboradas en los Valles Centrales, varias se producen en los pueblos zapotecos, sobre todo en los distritos de Tlacolula y Ocotlán.

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Artesana bordando una blusa como la que lleva puesta para el mercado turístico. San Pedro Mártir, Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1991. Acervo personal.

tejidos en telares de pedal, lanzadera y de cintura; tejidos de palma; tejidos de ixtle; bordados; cestería de carrizo; tallados de madera; alfarería; trabajo de piedra (metales, molcajetes), cerería, huaraches, mezcal, ladrillo, entre otros. Los diferentes ramos de producción artesa-

nal se caracterizan por tener diferentes tecnologías, mercados, fuentes de materia prima y división del trabajo por sexo o edad (Cook y Binford; 1995 p. 105). La producción de las diversas artesanías está determinada por la demanda de los mercados regional y externo que inciden en la paulatina transformación de los sistemas de trabajo tradicionales. Destacan las localidades textileras, como Teotitlán del Valle y Santa Ana del Valle, en las cuales se elaboran —en telares de pedal— tapetes, cobijas y jorongos con hilo de lana, al natural y teñidos con tintes naturales o artificiales. En San Pablo Villa de Mitla y Santo Tomás Jalieza se fabrican manteles, servilletas, tapetes, rebozos, vestidos, huipiles, blusas, bolsas, fajas (enredos), cinturones, entre otros, elaborados con hilo de algodón, lana y estambre. En estos municipios, la actividad artesanal está más o menos generalizada entre sus pobladores. En San Pedro Mártir y San Antonino Castillo Velasco se confeccionan vestidos y blusas bordados con hilo de

En San Pablo Villa de Mitla y Santo Tomás Jalieza se fabrican manteles, servilletas, tapetes, rebozos, vestidos, huipiles, blusas, bolsas, fajas (enredos) y cinturones, entre otros.

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seda y algodón, aunque la producción tiende a disminuir. En el barrio de Xochimilco, de la ciudad de Oaxaca, se producen manteles con hilo de algodón, los cuales se fabrican en telares de pedal y lanzaderas. La mayor parte de la producción de estas localidades está orientada al mercado turístico tanto nacional como internacional. Están también las localidades productoras de cerámica, entre las cuales destacan el barro negro de San Bartolo Coyotepec, los diversos tonos y diseños de loza de Santa María Atzompa y el barro rojo de San Marcos Tlapazola, Tlacolula (ollas, cazuelas, comales, entre otros). Los objetos artesanales de los dos primeros pueblos tienen una mayor demanda turística, en tanto San Marcos Tlapazola abastece al mercado local. La industria mezcalera derivada del maguey es muy importante para su economía. El principal centro de producción se localiza en Santiago Matatlán y Tlacolula de Matamoros, donde se concentran las destilerías; los pueblos que los rodean son los principales proveedores de materia prima. Otros pueblos zapotecos de Ocotlán, como San Baltasar Chichicapan, tienen menor importancia productiva. Por otra parte, la mayoría de las unidades de producción familiar también

cuentan con un alto grado de incidencia en el mercado regional, pero se encuentran menos favorecidas económicamente. Entre ellas están las tejedoras de ixtle y de palma localizadas en Santo Domingo Albarradas y San Lorenzo Albarradas; o las familias dedicadas a la talla de madera en Santa Cecilia Jalieza. Asimismo, hay otras que se dedican a elaborar la cestería que se distribuye en diversos puntos de la región. No obstante, algunas localidades tienen mayor popularidad regional, como los municipios de Santa Cruz Papalutla y Tlacolula de Matamoros, en los que se producen cestos, baúles, chiquihuites (canastos),
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Venta de alfarería en el mercado de Ocotlán. Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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lámparas, cortinas, tortilleros. En algunos municipios como en Asunción Ocotlán, San Pedro Mártir, Magdalena Teitipac y Santa Cecilia Jalieza sobreviven algunas cuantas familias productoras de cestos y chiquihuites, cuyas mercancías se limitan al mercado local. El otro ramo de la producción artesanal de importancia considerable para la población zapoteca es la fabricación de ladrillo, sobre todo en los municipios de Santa Lucía del Camino y San Agustín Yatareni; si bien estos pueblos ya no

son predominantemente indígenas, la industria del ladrillo sigue siendo una importante fuerza de trabajo asalariada entre los zapotecos. En general, la mayoría de las unidades de producción artesanal se caracteriza por la falta de recursos financieros y la baja tecnificación. Además, la producción está inmersa en una cadena de intermediarios que controla los precios y restringe los ingresos de los artesanos, lo que contribuye a que éstos vivan en condiciones de pobreza.

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Horno de ladrillos. San Agustín Yatareni. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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EL SISTEMA DE MERCADO

Las comunidades zapotecas están estrechamente relacionadas en un amplio sistema de relaciones de mercado. Desde siglos atrás, los mercados-plaza de la entidad oaxaqueña —específicamente de los Valles Centrales— constituyen los ámbitos físicos y sociales de intercambio de los pueblos indígenas. En medio de las profundas transformaciones estructurales, estos mercados tradicionales persisten y reproducen antiguas relaciones sociales de la cultura zapoteca. En ellos se hace patente tanto la enorme diversidad productiva como cierta especialización agrícola de diferentes ecosistemas. Así, el mercado-plaza es un lugar donde suelen asistir vendedores y compradores que muestran una compleja división regional del trabajo, y una unificación con grupos de pueblos en mecanismos

Las comunidades zapotecas están estrechamente relacionadas en un amplio sistema de relaciones de mercado.

de interacción y comunicación, lo que a la vez regula la producción (Diskin; 1990, p. 262). El sistema regional de mercados-plaza en los Valles Centrales se extiende más allá de este territorio, se organiza en función de una periodización semanal y muestra cierta jerarquía. El mercado primario lo constituye el mercado-plaza de la ciudad de Oaxaca que se “pone” en sábado, es el más concurrido y representa el eje del sistema de mercados. Los mercados secundarios operan

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Productores zapotecos en la central de abasto. Ciudad de Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal.

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También están los mercados-plaza menos concurridos, como Ayoquezco, Atzompa, San Antonino Castillo Velasco, San Pedro Apóstol, San Pablo Huixtepec, Mitla, Teotitlán del Valle y Tlacochahuaya.

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en las cabeceras distritales y, de ellos, Tlacolula (domingo) y Ocotlán (viernes) son los más animados; también están los de Etla (miércoles), Zaachila (jueves), Zimatlán (miércoles) y Ejutla (jueves). Todos conforman los centros de intercambio más inmediatos de las comunidades periféricas que acuden semanalmente a efectuar sus transacciones comerciales. También están los mercados-plaza menos concurridos, como Ayoquezco, Atzompa, San Antonino Castillo Velasco, San Pedro Apóstol, San Pablo Huixtepec, Mitla, Teotitlán del Valle y Tlacochahuaya (Diskin y Cook; 1975). Al tiempo que concentra gran variedad de productos, el sistema de mercados articula distintas etnias de la zona y agentes del comercio que le dan movimiento. La posición geográfica y la red de comunicación terrestre contribuyen significativamente a la integración comercial de varias culturas. De allí que el mercado de la capital oaxaqueña sea el más concurrido y diverso, además de

que funciona para todo el estado. En Tlacolula se puede apreciar la presencia de vendedores o compradores mixes, zapotecos de la Sierra Norte y del Istmo, captados por medio de las dos rutas de comunicación que atraviesan dicho distrito: una hacia el Istmo de Tehuantepec y otra rumbo a la Sierra Norte. Además de los mercados semanarios, cada cabecera distrital y varios pueblos

Regateo, actividad de las mujeres. Ciudad de Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1993. Acervo personal.

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41 Productores e intermediarios de legumbres en la central de abasto. Ciudad de Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal.

cuentan con mercados permanentes encargados del abasto cotidiano, donde el flujo comercial se incrementa en los días de plaza. La central de abastos de la ciudad de Oaxaca es el mercado más complejo de la entidad, que a diario capta y distribuye una gran diversidad de productos. En él se comercializa casi toda la producción agrícola y artesanal de la región, al tiempo que surte a otros mercados periféricos. Por otra parte, están los mercados céntricos de la capi-

tal del estado que mantienen la tradición comercial. La actividad comercial se intensifica notoriamente en las temporadas de fiesta, como Semana Santa, Muertos y Navidad (Coronel; 1997). Hay diferentes tipos de vendedores que operan en los comercios, desde pequeños hasta mayoristas, gran parte de los cuales son intermediarios. Este grupo incluye a los comerciantes en gran escala que llegan de otros lugares como Puebla, Distrito Federal y Veracruz.

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Vendedoras de legumbres en la central de abasto. Ciudad de Oaxaca. Fotógrafa: Dolores Coronel 0rtiz, 1995. Acervo personal.

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Casi todos los vendedores indígenas son minoristas. La tradición indígena en el abastecimiento de productos para el mercado céntrico es ya muy añeja y lo mismo ocurre con otros mercados periféricos. Las localidades de los alrededores tienen mercancías especiales para comercializar. Un producto agrícola básico en la dieta y elaborado particularmente por manos de mujeres es la tortilla, la cual se comercializa diariamente en todos los centros urbanos. Un número significativo de mujeres zapotecas de San Agustín Yatareni, San Andrés Huayapam, San Felipe del Agua, Magdalena Teitipac, San Bartolomé Quialana, Santiago Apóstol, entre otros, abastece de

tortillas (“blandas y tlayudas”) a los mercados distritales y restaurantes Los mercados son los lugares idóneos para conocer y disfrutar la gastronomía local. En ellos se venden los diferentes tipos de panes, chocolate y atoles; los ricos y variados moles (negro, “coloradito”, “amarillito”, verde); tamales envueltos en hojas de plátano o de maíz; “higadito”; enchiladas; empanadas; las populares tlayudas elaboradas con quesillo de Etla, chorizo, tasajo o carne enchilada; chapulines; verduras como el “chepil” o guías de calabaza; bebidas refrescantes, como el tejate, que se prepara con cacao y maíz molido. Por otra parte, la mano de obra dentro de los mercados suele ser indígena;

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destacan los hombres de Magdalena Teitipac y de San Bartolomé Quialana, quienes desde hace mucho tiempo se emplean como cargadores o estibadores, y trabajan principalmente en la compleja central de abastos. Desde esta perspectiva, el sistema de plaza, junto con los mercados permanentes, es indispensable en la vida

económica de los pueblos zapotecos y contribuye a mantener su identidad. Aunque también estos mercados introducen productos modernos que inciden en los cambios culturales, hasta ahora las comunidades indígenas han sabido cómo adoptarlos para defender su herencia cultural y ponerse a la altura de los nuevos tiempos.

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Elaboración de las tlayudas, un ingreso para la subsistencia. Magdalena Teitipac. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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MIGRACIÓN En las últimas décadas, la migración indígena en general ha variado debido a los cambios socioeconómicos y a la demanda de trabajadores en las zonas prósperas del país y del extranjero. Hasta principios de la década de 1970, los movimientos migratorios más importantes —destacaban la población mixteca y zapoteca— se dirigían a la Ciudad de México y a las zonas cafetaleras del sureste del país, para emplearse en actividades de construcción y en fincas algodoneras o cañeras (Costa, Papaloapan, Chiapas y Veracruz). Si bien un cierto número de campesinos de la entidad participó en el Programa Bracero, la mayoría de ellos ya no migró, una vez que el programa terminó en 1965. El fin de éste coincidió con el principio de un activo reclutamiento de oaxaqueños por parte de las agroindustrias situadas en el noroeste de México, las cuales empezaron a extender la producción de verduras frescas para exportar a Estados Unidos (Zabin; 1992). Así, en los años setenta, la migración indígena se acentuaba hacia esa región del noroeste y comenzaron a aparecer comunidades satélite de trabajadores agrícolas oaxaqueños asentados en San Quintín y Ensenada, Baja California (Kearney, 1986; Zabin, 1992). Estos asentamientos sirvie-

Desde principios de la década de 1980, los puntos de origen y destinos migratorios se han diversificado cada vez más.

ron de plataforma de lanzamiento para la corriente migratoria indocumentada que empezó a cruzar la frontera a finales de la década de 1970, en busca de trabajo en la agricultura de los estados de California, Oregon y Washington. Desde principios de la década de 1980, los puntos de origen y destinos migratorios se han diversificado cada vez más. Las crisis recurrentes de la economía mexicana a lo largo de 1980 y 1990 incrementaron el flujo migratorio internacional, que aún sigue. Muchos hogares han adoptado la migración, temporal o establecida, como estrategia de supervivencia. De acuerdo con datos del INEGI y el CONAPO, actualmente el estado de Oaxaca se ubica en el cuarto lugar nacional con saldo neto migratorio negativo (–19.38). En el interior del estado sobresale la región de la Mixteca, con 20.6 por ciento de sus municipios considerados de muy alta intensidad migra-

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toria; le siguen los Valles Centrales con 19.85 por ciento de sus municipios en esta condición, la Sierra Norte con 19.1 por ciento y la Costa con sólo cuatro por ciento (DIGEPO, 2002). Estas regiones son las que mayor mano de obra expulsan hacia las zonas donde pueden desempeñar alguna actividad económica que les retribuya los ingresos necesarios para vivir; persiste la salida de la población indígena hacia el noroeste del país y a Estados Unidos, en donde se emplean principalmente como jornaleros agrícolas o en distintos tipos de servicios urbanos. Cada vez son más las mujeres y las familias completas que migran fuera del estado o del país, aunque la migración de la población masculina sigue siendo mayoritaria.

Una parte importante de las remesas de los migrantes en Estados Unidos se destinan a la construcción de sus viviendas. Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

La vulnerabilidad de los indígenas oaxaqueños les ha permitido generar redes sociales de apoyo en los lugares receptores.
El censo de 2000 registró poblaciones importantes de zapotecos en Ensenada y Playa del Rosario, Baja California; Guasave y Navolato, Sinaloa; Agua Prie-

ta, San Miguel de Horcasitas y San Luis Río Colorado, Sonora, y Distrito Federal. La mayoría de estos trabajadores indígenas ocupan los escalones más bajos del mercado laboral, perciben los salarios peor remunerados y están dispuestos a aceptar trabajos en condiciones deplorables. Su etnicidad diferenciada, en conjunto con su situación de indocumentados, los hace sumamente vulnerables a tratos discriminatorios y abusos en sus derechos humanos y laborales (Sarmiento; 1992). La misma vulnerabilidad de los indígenas oaxaqueños les ha permitido generar redes sociales de apoyo en los lugares receptores, a través de las cuales también les resulta posible mantener vínculos con su comunidad

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Familia de jornaleros que migran al noroeste del país. Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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de origen (Krissman, 1994; Anguiano, 1990; Varese, 2000). A pesar de que el fenómeno se ha generalizado, éste se presenta de forma heterogénea: hay diversos grados de transformación como distintos grados de intensidad migratoria. Entre los pueblos zapotecos de los Valles Centrales hay tendencias diferentes en cuanto a los destinos migratorios y a los tipos de actividades en que se emplean, situación que se relaciona con las historias locales de migración y con las redes sociales. Por una parte, están los jornaleros agrícolas que trabajan actualmente en el noroeste del país o en Estados Unidos, y cuyas trayectorias migratorias se vinculan con los campos agrícolas de las zonas productivas del mismo estado y de Veracruz y Chiapas; entre los municipios que sobresalen se cuentan Coate-

Entre los pueblos zapotecos de los Valles Centrales hay tendencias diferentes en cuanto a los destinos migratorios y a los tipos de actividades en que se emplean.

cas Altas, Ejutla, Asunción Ocotlán, San Pedro Mártir, Santiago Apóstol Ocotlán, San Antonino el Alto, San Miguel Mixtepec y Zimatlán. Las familias más pobres de estos pueblos migran temporalmente a los campos agrícolas de Baja California, Sinaloa y Sonora, ya sea mediante contratistas, o bien, por su cuenta. Por lo general tienen un bajo promedio de escolaridad, que muy excepcionalmente alcanza el tercer grado de educación primaria. En Estados Unidos, las áreas geográficas receptoras son muy diversas: California, Oregon, Washington, Arizona, Texas, Florida, Georgia, Carolina del Norte y del Sur, Chicago, Nueva York, Illinois, Iowa, entre otras. Por otra parte, varios pueblos de Tlacolula y del distrito Centro tienden a trabajar en el sector de servicios de los centros urbanos, especialmente en California y Nueva York; entre esos pueblos están San Lucas Quiaviní, San Bartolomé Quialana, Magdalena Teitipac, Santa Ana del Valle, Teotitlán del Valle y San Agustín Yatareni. Diversos estudiosos, entre los que se cuentan Hulshof, 1990; Stephen, 1990; Kearney, 2000; Sánchez, 2000, y Rees, 2000, han mostrado que los emigrantes oaxaqueños, entre ellos los zapotecos, mantienen y recrean esa identidad

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a través de los diferentes vínculos con la comunidad de origen. Las relaciones comunitarias de los emigrantes se establecen principalmente con su participación política y religiosa. Estos apoyos tienen sus raíces en las tradiciones culturales y continúan siendo un recurso permanente para la creación y el funcionamiento de redes de apoyo que abren el camino para el nuevo migrante (Hulshof; 1990). Así, hoy en día, muchas familias se mantienen en contacto con sus parientes en Estados Unidos. Los dólares que envían los migrantes, producto de su trabajo, son las divisas que hacen posible cumplir con las mayordomías, los cargos y la guelaguetza, pagar los gastos de las bodas y los bautizos y seguir cultivando la tierra.

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL, POLÍTICA Y RELIGIOSA Muchas de las prácticas políticas y religiosas de los pueblos indígenas tienen sus orígenes en la Colonia; luego se adaptaron elementos de la herencia cultural indígena. Cada tradición local realizó durante siglos su propio proceso de producción de significados que produjo peculiares logros culturales (Barabas; 1999). En este contexto, el sistema de cargos, el tequio y la guelaguetza son instituciones tradicionales y mecanismos que organizan la vida interna de las diversas comunidades oaxaqueñas. Aunque estas prácticas se expresan de una manera muy variada entre una comunidad y otra, el sistema de cargos y el tequio interactúan con el ayunta-

El tequio en la reparación del camino. Sierra de Zimatlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1999. Acervo personal.

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miento y con la Iglesia católica, principalmente. Las comunidades se organizan en función de las categorías político-administrativas que ocupan. Así, el municipio se compone de una cabecera y una serie de localidades o unidades administrativas menores llamadas agencias y rancherías (aunque varios de los municipios de los valles conforman sólo una unidad administrativa), cuyo gobierno local lo constituye el ayuntamiento. Los principales funcionarios son el presidente municipal, el síndico, el tesorero, el alcalde y de tres a cuatro regidores. Además, sirven al ayuntamiento el secretario, los suplentes, oficiales de policía y auxiliares. Este órgano entre sus funciones tiene la de realizar las tareas administrativas, cuidar el orden, impartir justicia, mejorar los servicios y organizar las fiestas. También están las autoridades agrarias que representa el grupo del comisariado de bienes comunales o el del comisariado ejidal. Existen, además, otros grupos de comités que fueron surgiendo como resultado de la introducción de los servicios locales y de programas asistenciales de los gobiernos estatal y federal. La organización municipal —al igual que la de las agencias y autoridades

Reunión de mujeres; obsérvese el tipo de vestimenta que distingue a estas mujeres de otros pueblos. El rebozo es una prenda común. Magdalena Teitipac. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal.

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agrarias— se encuentra principalmente sustentada en una serie de cargos jerarquizados, a los que cada hombre de la comunidad está obligado a prestar servicio pasando de un escalón a otro. Al llegar al estatus de principal, ya no interviene como dirigente, pero ocupa una posición de honor y con frecuencia aparece presidiendo las ceremonias (Diskin; 1976, p. 269). Por otra parte, se halla la organización religiosa que tiene sus orígenes en la época de la Colonia. Según Whitecotton (2004, p. 276):

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Preparación de la ermita para festejar a San Pascual Bailón en San Antonino el Alto. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2004. Acervo personal.

En el pasado, el desempeño de cargos específicos de mayordomo era un requisito previo a la ocupación de cargos municipales específicos. En la actualidad, la situación es muy variable; en algunas comunidades el sistema de mayordomía funciona en un nivel completamente diferente del sistema de cargos; en otras, ha desaparecido por completo; en otras, los dos sistemas siguen vinculados.

De una u otra forma, las comunidades de los valles cuentan con responsables de cargos religiosos, pues todos los

municipios tienen sus respectivas iglesias católicas y celebran a su santo patrono. Los mayordomos se hacen cargo de todos los gastos de las fiestas: los alimentos, las bebidas, la música, la misa, las velas, las flores, los cohetes. Por lo regular, el financiamiento corre a cargo de los migrantes del grupo doméstico. En las comunidades donde no hay mayordomos o comisiones especiales, el ayuntamiento es quien se encarga de organizar el festejo del santo patrono con las cuotas de dinero que aporta cada familia. Cada pueblo tiene una serie de festejos, pero es la del santo patrono la

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de mayor importancia. Es la ocasión de máximo júbilo religioso en el que la gente celebra el aniversario de su santo con abundante comida, repiques de campanas, música, baile, juegos deportivos, fuegos artificiales, juegos mecánicos y jaripeo.

Trabajo comunitario, limpia del solar para iniciar la construcción del centro de salud. San Pedro Mártir. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1990. Acervo personal. Fiesta del cerro, ceremonia que se ha rescatado en algunas localidades. San Pedro Mártir. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 1995. Acervo personal.

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Parte del servicio obligatorio es el tequio; éste consiste en la contribución del trabajo que hace cada jefe o jefa de la casa para efectuar las obras de beneficio comunal, como la construcción de un centro de salud, una escuela, caminos, pozos. Sin embargo, esta práctica, al igual que el sistema de cargos, es más relevante en algunas comunidades que en otras; aun en ciertas comunidades eminentemente zapotecas hay un debilitamiento de dichas prácticas derivado de la intervención de agentes externos

tales como los partidos políticos o los movimientos migratorios. La práctica tradicional más fortalecida en las comunidades zapotecas es la guelaguetza; ésta es una institución tradicional fundamentada en el principio de reciprocidad: un acuerdo de ayuda mutua que se usa en el intercambio general de trabajo y en las actividades rituales. En la actualidad, adquiere mayor relevancia en las actividades rituales que en el trabajo agrícola, particularmente en las fiestas de mayordomía, ceremonias de matrimonio y celebraciones de cumpleaños. Para tales ocasiones, el patrocinador puede solicitar “donaciones” de guelaguetza que

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Desfile de la dote para los novios. Asunción Ocotlán. Fotógrafa: Dolores Coronel Ortiz, 2003. Acervo personal. 52

lo ayuden a cumplir con sus obligaciones de una forma socialmente aceptable. Estas donaciones, como cualquier préstamo, son registradas y evaluadas por la familia anfitriona, así como por cada uno de los contribuyentes, de modo que si en algún momento son requeridas, deberán retribuirse con una donación de igual valor (Whitecotton; 2004, p. 268).

El uso de la guelaguetza en los rituales tiene mayor resplandor en las comunidades con mayores recursos, derivados de las remesas de los migrantes o de las actividades comerciales exitosas (agricultura comercial o artesanía). Las bodas son las celebraciones donde se hace más palpable la distribución de la riqueza entre las familias.

El uso de la guelaguetza en los rituales tiene mayor resplandor en las comunidades con mayores recursos, derivados de las remesas de los migrantes o de las actividades comerciales exitosas (agricultura comercial o artesanía).

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ZAPOTECOS DE LOS VALLES CENTRALES DE OAXACA

CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN EN HOGARES ZAPOTECOS DEVALLES CENTRALES, MÉXICO, 20011
Total Población en hogares Población de 0 a 4 años Población de 5 a 14 años Población de 15 a 24 años Población de 25 a 44 años Población de 45 a 64 años Población de 65 y más años Población de edad no especificada Población de 5 años y más hablante de lengua indígena2 Población de 15 años y más Sin instrucción escolarizada Con algún grado de primaria Con posprimaria No especificado Población ocupada Ocupados en el sector primario Ocupados en el sector secundario Ocupados en el sector terciario Ocupados en sector no especificado Ocupados sin ingresos Viviendas habitadas Con agua entubada Con drenaje Con electricidad
3

%

Hombres 85 496 9.8 24.0 20.2 24.0 14.3 7.3 0.3 61.8 8 887 21 900 16 575 19 355 12 054 6 427 298 52 447 54 411 20.0 50.3 28.3 1.4 7 608 28 218 17 851 734 41 738 32.8 28.5 36.6 2 30.0 18 365 11 833 10 791 749 14 466

Mujeres 96 536 8 878 21 788 20 251 24 316 14 038 6 949 316 60 121 65 554 16 343 32 164 16 105 942 19 351 1 676 5 594 11 582 499 3 876

182 032 17 765 43 688 36 826 43 671 26 092 13 376 614 112 568 119 965 23 951 60 382 33 956 1 676 61 089 20 041 17 427 22 373 1 248 18 342 37 977 28 224 14 069 34 876 74.3 37.0 91.8

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Notas 1 Se refiere a la población en hogares en donde el jefe, el cónyuge o algún ascendiente declaró ser hablante de lengua zapoteca de municipios de Valles Centrales de Oaxaca. 2 Incluye hablantes de zapoteco y de otras lenguas indígenas de 5 años y más. 3 La diferencia entre la población ocupada y la población sin ingresos está distribuida en otros rangos de ingresos. Fuente: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas / Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Sistema de Indicadores sobre la Población Indígena de México”, 2002, con base en XII Censo General de Población y Vivienda, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 2000.

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Zapotecos de los Valles Centrales de Oaxaca, de Dolores Coronel Ortiz, se terminó de imprimir en diciembre de 2006 en los talleres de Impresora y Encuadernadora Progreso, S.A. de C.V., San Lorenzo 244, Col. Paraje San Juan, Deleg. Iztapalapa, C.P. 09830, México, D.F. El tiraje fue de 6 000 ejemplares. Las tareas de digitalización y retoque de imágenes, composición tipográfica, diagramación y cuidado de edición estuvieron a cargo de la Coordinación Editorial de la CDI.

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Zapotecos del Istmo de Tehuantepec
Pueblos Indígenas del México Contemporáneo

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Nota sobre la autora Eliana Acosta Márquez es historiadora por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y candidata a maestra en antropología social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ha realizado estudios sobre migración e historia colonial y contemporánea entre los zapotecos del Istmo de Tehuantepec.

Fotografía 1a. de forros y portadilla: Mujer con indumentaria tradicional en un ámbito festivo. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi. Fotografía página 5: Detalle de la fotografía en pág. 21.

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Zapotecos del Istmo de Tehuantepec
Eliana Acosta Márquez

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CDI 972.004 C65 ZAPOTECOS ISTMO Acosta Márquez, Eliana Zapotecos del Istmo de Tehuantepec / Eliana Acosta Márquez. -- México : CDI, 2007. 55 p. : fots., tablas. – (Pueblos Indígenas del México Contemporáneo) Incluye bibliografía ISBN 978-970-753-093-5 1. INDIOS DE OAXACA – ZAPOTECOS 2. INDIOS DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC, OAXACA – ZAPOTECOS 3. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) - HISTORIA 4. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) – UBICACIÓN GEOGRÁFICA 5. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) – DESARROLLO SOCIOECONÓMICO 6. IDENTIDAD ÉTNICA – ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) 7. COMERCIO INDÍGENA – ISTMO DE TEHUANTEPEC 8. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) – VIDA SOCIAL Y COSTUMBRES 9. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) – ORGANIZACIÓN SOCIAL 10. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) RITOS Y CEREMONIAS 11. ZAPOTECOS (DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC) – POLÍTICA Y GOBIERNO I. t. II. Ser.

Catalogación en la fuente: GYVA

D.R. © 2007 Eliana Acosta Márquez Primera edición, 2007 D.R. © 2007 Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas Av. México Coyoacán 343, Col. Xoco, Delegación Benito Juárez, C.P. 03330, México, D.F.

ISBN 978-970-753-093-5 / Zapotecos del Istmo de Tehuantepec ISBN 978-970-753-006-5 / Pueblos Indígenas del México Contemporáneo http://www.cdi.gob.mx. Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra, sin contar previamente con la autorización del titular, en términos de la Ley Federal del Derecho de Autor y, en su caso, de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes. Impreso y hecho en México

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Zapotecos del Istmo de Tehuantepec

Los bInnIZá : eL “puebLo que provIene de Las nubes” la leyeNda más aNtigua de la tradicióN zapoteca del istmo de tehuaNtepec cueNta la historia de los aNtepasados, los binnigulaza. Los “padres de la raza”, como también se les conoce, fueron elegidos por los dioses y eran unos hombres gigantes: nacieron de las nubes o descendieron de las raíces de los árboles, y además de ser guerreros y sabios, tenían la capacidad de convertirse en animales. Se dice que los binnigulaza no fueron derrotados por los españoles, pues, al son de la música y al ritmo de la danza, se dispersaron y se llevaron con ellos la tradición. El escritor zapoteco Andrés Henestrosa describe que los binnizá, como se autodenominan los actuales zapotecos, “…cayeron a la tierra en forma de pájaros, de una nube: sabían cantos melodiosos y en las plumas trajeron pintados todos los colores del trópico” (2003, p. 30). Los binnizá, la “gente que provino de las nubes”, actualmente conforman el pueblo indígena mayoritario del Istmo de Tehuantepec, y, como macroetnia, constituye el primer grupo del estado de Oaxaca y 

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Pueblos indígenas del México conteMPoráneo 

Mujer y niña conversando en didxazá. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

el tercero del país, después de los nahuas y los mayas.1 En el año 2000 se registraron 545 581 zapotecos en nuestro país, de los cuales cerca de 75 por ciento se concentraban

en el estado de Oaxaca; de igual forma un número significativo de población se localiza en Veracruz, Chiapas, Estado de México y Distrito Federal (Serrano, 2002; pp. 74, 100). Los istmeños son un subgrupo de los cuatro que constituyen una de las principales macroetnias de México, junto con los zapotecos originarios de los Valles Centrales, la Sierra Norte y la Sierra Sur. En el Istmo, donde la población total se calcula en 546 288 y más de 50 por ciento se cataloga como población originaria, 7 de cada 10 hablantes de una lengua indígena se desenvuelven en zapoteco. Así, en el Istmo de Tehuantepec cerca de 114 633 son representantes de la “gente de la palabra verdadera”, como también se designa a los zapotecos 2 (Millán; 2006b). Si bien desde la etnografía y la historia es posible concebir a los zapotecos como un grupo etnolingüístico, los binnizá integran una entidad diferenciada, configurada por la región del Istmo; además tienen una historia, una tra-

Para fines de este trabajo, se retoman planteamientos de Alicia M. Barabas y Miguel A. Bartolomé, quienes definieron como macroetnia a los grupos con cientos de miles de hablantes de un idioma, compuestos por subgrupos y comunidades. Véase Barabas, Alicia M., y Miguel A. Bartolomé (1999).
1

El término zapoteco proviene de la palabra náhuatl zapotecatl, que se traduce como “pueblo del zapote”. Este término, usado por los mexicas para referirse a la “gente de la palabra verdadera”, fue retomado por los españoles, se castellanizó en zapoteco o zapoteca, y se generalizó como denominación propia de este grupo.
2

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ZaPotecos del istMo de tehuantePec

El Istmo de Tehuantepec destaca por contar con múltiples recursos naturales, lo cual ha motivado proyectos para construir vías de comunicación y planes de explotación del entorno.

dición y un estilo cultural propios. Se distinguen de los zapotecos de otras regiones y cuentan con una variante lingüística: el didxazá, término que alude a su origen mítico y que se traduce como “palabra de las nubes”.3 Aunque hay fuentes que registran la presencia de los zapotecos en el istmo oaxaqueño desde los años 700 y 800 d.C, no fue sino hasta el Posclásico (ca. 1400) cuando su presencia predominó, al grado de que desde entonces hasta la fecha han integrado el grupo hegemónico en una región multiétnica que se ha distinguido por su ubicación estratégica. Justamente, el Istmo de Tehuantepec destaca por estar en la parte más estrecha del territorio del país y por contar con múltiples recursos naturales, lo

cual, en distintas épocas, ha motivado a cristalizar proyectos para construir vías de comunicación y planes de explotación del entorno que comprende esta zona.4 Por sus caminos terrestres y fluviales, desde la época prehispánica fue lugar de tránsito. Durante la Colonia también se distinguió por ser un puente comercial, con rutas que iban a Veracruz, Chiapas, Campeche, Guatemala o La Habana. Desde entonces se formularon planes para conectar el Océano Atlántico con el Pacífico, pero no fue sino hasta finales del siglo xix cuando éstos se vieron concretados con la construcción del ferrocarril que conectó Coatzacoalcos con Salina Cruz, y más tarde, ya a mediados del siglo xx, con la carretera Panamericana y la Transístmica. 

El didxazá es una de las tres variantes lingüísticas que se han clasificado del zapoteco en el Istmo, la cual se concentra en la zona de los Llanos; las otras dos se hallan en el área montañosa de la región: la de Petapas-Guevea y la de Lachiguiri. El didxazá es la variante predominante y es escaso el grado de inteligibilidad entre ésta y las otras.
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El Istmo de Tehuantepec abarca una franja de 100 kilómetros, aproximadamente. Limita al norte con el Golfo de México, al sur con el Océano Pacífico, al este con Chiapas y al oeste con la Sierra de Oaxaca y la Sierra Madre del Sur. Como región geográfica abarca los estados de Oaxaca, Veracruz, Tabasco y Chiapas.
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Junto con la construcción de vías de comunicación, múltiples proyectos, entre los que sobresalen la modernización agrícola, la industria petrolera y algunas tentativas de desarrollo —como el Megaproyecto del Istmo y el Plan Puebla Panamá— han configurado al istmo oaxaqueño y han marcado la historia de los zapotecos y de los otros pueblos originarios de la región (mixes, huaves, zoques y chontales). La región está conformada por el distrito de Juchitán y el de Tehuantepec, el

primero con 22 municipios y el segundo con 19. Ambos presentan tres zonas geográficas y económicas diferenciadas: la de la planicie, donde se concentra la población zapoteca, orientada al comercio y a la producción agrícola y ganadera; área beneficiada por la infraestructura y las vías de comunicación. Después está la zona montañosa, donde coexisten zapotecos, chontales, mixes y zoques; se distingue por la producción de café y maderas, así como por la falta de caminos y servicios. Por último, está la zona 

Palacio municipal de Juchitán. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Puente de Juchitán, ejemplo del desarrollo urbano de la ciudad. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

de las lagunas interiores (lugar habitado por los huaves, pueblo dedicado predominantemente a la pesca), y que presenta los mayores niveles de marginación del Istmo (Miano; 2002, p. 30). Los zapotecos se encuentran prácticamente en la mayoría de los municipios (en 36 de 41), y en 29 constituyen el mayor número de población indígena. Más de 70 por ciento se concentra en siete municipios: Juchitán, San Blas Atempa,

Junto con la construcción de vías de comunicación, múltiples proyectos han configurado al istmo oaxaqueño y han marcado la historia de los zapotecos así como de los demás pueblos originarios de la región.

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Unión Hidalgo, Asunción Ixtaltepec, Ciudad Ixtepec, Santa María Xadaní y Santo Domingo Tehuantepec. Sólo en Juchitán se ubica más de 40 por ciento de la población, y, junto con Tehuantepec y Ciudad Ixtepec, históricamente ha dado forma a los centros económicos de los binnizá. En el marco de la diversidad de los pueblos indígenas del país, los asentamientos zapotecos se distinguen por-

que, en su mayoría, no están compuestos por áreas rurales; de hecho, 60 por ciento de la población se localiza en zonas urbanas y ha conformado ciudades indígenas con un notable poder político y económico. Tehuantepec destaca por haber sido, durante la época colonial, el centro poblacional más importante de la región, y Juchitán, por contar, hoy en día, con el principal polo comercial del istmo oaxaqueño.

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Mujeres, niñas y niños en una festividad. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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Desde la época colonial, los binnizá se erigieron como el grupo predominante del Istmo de Tehuantepec; en el periodo novohispano se convirtieron en el centro de articulación de las políticas del régimen colonial, y durante los siglos xix y xx protagonizaron las vicisitudes del México independiente.

En definitiva, los zapotecos del Istmo de Tehuantepec se han distinguido por su hegemonía, su superioridad demográfica y por contar con mejores condiciones socioeconómicas si se las compara con las de otros pueblos originarios de la región. El Estado ha impulsado su cultura y, en realidad, ha sido instituido como modelo representativo de la región. ConfIguraCIón hIsTórICa de Los ZapoTeCos Los binnizá se han constituido como grupo a partir de la conjunción de una estructura de dominio y un estilo cultural. Su capacidad de negociación, la autonomía política y la paradójica disposición al contacto cultural, dado su arraigo en la tradición, han conformado su particularidad histórica en el panorama indígena del país. Desde la época prehispánica se erigieron como el grupo predominante del Istmo de Tehuante-

pec; en el periodo novohispano se convirtieron en el centro de articulación de las políticas del régimen colonial, y, durante los siglos xix y xx, fueron protagonistas de las vicisitudes de la modernización y de la construcción de México como un Estado-Nación. La configuración histórica de los zapotecos se dio en un principio por su arribo al istmo oaxaqueño. Hacia el año 1400 d.C., como parte de la expansión del Señorío de Zaachila, provenientes de los Valles Centrales, los zapotecos se asentaron en la zona más rica y estratégica del Istmo, desplazando a los mixes hacia el norte y replegando a los huaves a los litorales, al sur de la región. El hijo del señor de Zaachila, Cosijopi, quien fundara el Señorío de Tehuantepec, coronó una alianza entre zapotecos y mexicas al casarse con la hija del tlatoani Ahuizotl. Con este pacto y tras el sometimiento de diferentes pue-

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12 Vías ferroviarias que por décadas conectaron al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, con Salina Cruz, Oaxaca. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

blos de la zona, logró controlar las rutas comerciales que iban al Golfo y a Centroamérica, y asegurar así la hegemonía zapoteca en el Istmo de Tehuantepec. En poco tiempo, los zapotecos consolidaron un poder central e integraron asentamientos zoques, mixes, chontales y huaves, y con ello se apropiaron de

los principales recursos de la zona montañosa, de la planicie y del área costera. Con la irrupción española, aunque se redujo el control de los zapotecos en el Istmo, desarrollaron estrategias para compartir el poder con los conquistadores y afianzar su predominio en la región. En un principio, gran parte de

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la población quedó circunscrita al Marquesado del Valle, pero pronto estuvieron bajo la jurisdicción de la Corona. Al igual que en la época prehispánica, durante la Colonia, Tehuantepec fue el centro político de la región; en ese lugar residían las autoridades, se concentraban los tributos recaudados y desde ahí los dominicos evangelizaban a los pueblos indígenas. El Istmo continuó siendo un lugar estratégico gracias a sus rutas comer-

Con la irrupción española, los zapotecos desarrollaron estrategias para afianzar un predominio en la región. En un principio quedaron en su mayoría circunscritos al marquesado del Valle, y luego directamente a la Corona.

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Ejemplo de una zona agrícola del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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La primera rebelión zapoteca, en 1660, estalló como consecuencia de los abusos de las autoridades en la recaudación tributaria y la explotación laboral. En 1715 hubo otra insurrección, pero esta vez los españoles prefirieron negociar y conceder más derechos.
ciales, recursos naturales y actividades productivas. De gran importancia para los zapotecos fue mantener una lógica económica y comercial a la par de la española. En efecto, los españoles fortalecieron un poder económico con el establecimiento de haciendas, y, sobre todo, a partir de la producción ganadera y del control de la sal y la grana cochinilla. Sin embargo, los zapotecos no sólo participaron en la venta de estos productos, los más codiciados y cotizados de la región, sino que también mantuvieron un circuito comercial al margen de los españoles que involucraba a los huaves, chontales, mixes y zoques (Coronado; 2004, pp. 72-73) Precisamente, la primera rebelión zapoteca, en 1660, estalló como respuesta a los abusos de las autoridades en la recaudación de tributos y la explotación laboral. Como trasfondo estuvo el intento de los españoles de obstaculizar el comercio paralelo que habían logrado articular los binnizá. La rebelión se expandió a toda la región y a lo largo de un año la población zapoteca se autogobernó. Medio siglo después, en 1715, desconocieron una vez más a las autoridades; los españoles, en lugar de reprimir, prefirieron negociar y conceder más derechos a la población zapoteca (ibid., p. 75). Aunque el régimen colonial legó una región donde los zapotecos fueron favorecidos, durante el siglo xix vivieron las contradicciones de la modernización y participaron en las luchas intestinas de la joven nación. Durante este periodo destaca la construcción del ferrocarril, pues repercutió, entre otras cosas, en la conformación de un nuevo escenario económico y social. La conexión, a través de las vías ferroviarias, del puerto de Coatzacoalcos y el de Salina Cruz intensificó y expandió el comercio zapoteco y motivó la introducción de nuevas modalidades económicas, como fueron las plantaciones agrocomerciales. Desde entonces, el Ist-

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mo de Tehuantepec ha permanecido estrechamente integrado al capital nacional y extranjero. Este nuevo escenario económico dio pie a un notable incremento demográfico; en tres décadas se duplicó prácticamente la población —de cerca de 50 mil a más de 100 mil—, y a la par se di-

versificaron los oficios y las actividades productivas. Las poblaciones zapotecas no dejaron de ser predominantemente agrícolas; sin embargo, en lugares como Juchitán, Ixtepec y Tehuantepec, además de los de campesinos y comerciantes, había muchos más oficios: carpinteros, alfareros, albañiles, médicos,

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Cultivo de melón, el cual constituye uno de los productos agrocomerciales de la región. Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Los binnizá tuvieron que adaptarse a las políticas del Estado posrevolucionario, que diseñó para el lado oaxaqueño del Istmo un polo de desarrollo agrocomercial.

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sastres, soldados, empleados públicos, profesores, abogados, plateros, herreros, zapateros y barberos (Reina, 1995, p. 39; Coronado, 2003, p. 82). La modernización del Istmo de Tehuantepec durante el siglo xix intensificó las diferencias socioeconómicas entre los binnizá y las diferentes poblaciones. Hubo sectores sociales —como la élite comercial zapoteca y los centros económicos, como Juchitán— que se favorecieron por la nueva lógica monetaria; otros, en cambio, quedaron al margen y fueron perjudicados en sus formas tradicionales de subsistencia. Desde los inicios de la nueva República, el contexto político nacional también trastocó a los zapotecos. Muestra de ello es la rebelión dirigida por Che Gorio Gómez en la década de 1830, motivada por la usurpación de territorio a favor de extranjeros y de gente proveniente de otras partes de la región

y del país, y sobre todo, por el despojo de las salinas al volverse monopolio de un particular. Las mismas demandas de esta rebelión (tierras, salinas y autonomía) se observan en la década de 1880 con la movilización de Mexu Chele en contra de Porfirio Díaz. Igualmente, los binnizá se involucraron en la lucha entre conservadores y liberales, lucha que se tiñó de disputas internas cuando Tehuantepec tomó partido por los primeros y Juchitán por los segundos (Barabas; 1999, pp. 97-98). En contraste, la historia de los zapotecos en el siglo xx está marcada por los proyectos de modernización agrícola y el desarrollo de la industria petrolera. Los binnizá tuvieron que adaptarse a las políticas del Estado posrevolucionario, que diseñó para el Istmo de Tehuantepec un polo de desarrollo industrial en el territorio del sur de Veracruz y un polo agrocomercial en el lado oaxaqueño. Las tres primeras décadas fueron especialmente críticas, en principio por los rezagos de las políticas porfiristas, que favorecieron la privatización y el acaparamiento de tierras. Existen dos factores más: por un lado, los resabios de la Revolución, expresada en el Istmo sobre todo en la rebelión Chegomista, en la que brotaron reclamos agrarios y conflictos de linderos entre los pueblos.

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Tehuanas en procesión religiosa. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, 1979. Acervo personal.

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Y por el otro lado está el declive económico por la apertura del Canal de Panamá, que afectó considerablemente el carácter comercial del puerto de Salina Cruz y del ferrocarril transístmico. Una de las consecuencias más notables de lo anterior es la migración de grandes contingentes de población a la zona petrolera del sur de Veracruz, y, vinculado a ello, el decrecimiento de la población en los municipios zapotecos en 24 por ciento (Reina; 1994, pp. 128129). La industria petrolera se convirtió en la fuente de empleo más importante de la región, y los zapotecos, en una de las principales fuerzas de trabajo. Los binnizá llegaron a representar 70 por ciento de la población indígena que laboraba en Petróleos Mexicanos (pemex), y en el sur de Veracruz se concentró 25 por ciento del total de zapotecos del Istmo (Acosta; 2005, p. 2). En el istmo oaxaqueño, en cambio, la política del Estado posrevoluciona-

rio no impactó considerablemente hasta que, en la década de los sesenta, diseñó un programa de modernización agrícola a partir de la construcción de la Presa Benito Juárez y del Distrito de Riego Número 19. El Estado pretendió dotar a los campesinos de un sistema que posibilitara el aumento y la comercialización de los cultivos y superar así la agricultura tradicional y de temporal. El resultado fue que un gran número de campesinos se quedaron sin tierra y no gozaron de los beneficios del distrito de riego, que se concentró en muy contadas propiedades. Además, se desplazaron los productos agrícolas tradicionales (maíz, frijol) en beneficio de los nuevos (arroz, caña de azúcar), los cuales no prosperaron.5 La construcción de la refinería de Salina Cruz en la década de los setenta tampoco contribuyó a superar la crisis que dejaron los proyectos de modernización agrícola. En el transcurso de estos años, la concentración de las tierras fértiles en pequeños propietarios, aunada a la escasez de empleo y la falta de

En los años sesenta, la concentración de las tierras fértiles en pocas manos, la escasez de empleo y la falta de actividades productivas fomentaron la migración y el empleo informal.

Arturo Warman, en el texto Los campesinos, hijos predilectos del régimen, da cuenta del conjunto de fracasos de la presa y del distrito de riego. Este proyecto de modernización, que fuera una de las principales promesas de desarrollo en la región y una de las más esperadas demandas entre los campesinos, dio lugar a una de las mayores crisis del Istmo.
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Comercio en uno de los centros urbanos. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

desarrollo de actividades productivas, agudizó la tendencia de los zapotecos a migrar y a emplearse en ocupaciones informales. En medio de este contexto, una de las respuestas más contundentes fue la formación, en 1974, de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (cocei), que no sólo reivindicó el derecho sobre la tierra, sino también la autonomía política y la identidad zapotecas.

En la actualidad, desde distintas posiciones políticas y frentes ideológicos, los binnizá reclaman un desarrollo regional que supere la crisis agrícola y la falta de empleo, y logre potenciar tanto la ubicación estratégica de la región como sus recursos humanos y naturales. Para el Estado, la solución está en el Megaproyecto del Istmo y en el Plan Puebla Panamá, a los cuales, a pesar de haber sido apoyados por muchos

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Mujeres portando la indumentaria tradicional, una de las expresiones del estilo cultural zapoteco. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

zapotecos, otros se han opuesto y están construyendo otras alternativas.6

El Programa de Desarrollo Integral del Istmo de Tehuantepec, mejor conocido como Megaproyecto del Istmo, se diseñó durante el gobierno de Ernesto Zedillo (1996-2000). Entre los aspectos que contempla este proyecto se encuentran la modernización de la infraestructura de comunicaciones portuaria, urbana y de complejos petroquímicos, así como la introducción de plantaciones agrocomerciales y maquiladoras, la creación de granjas camaronícolas y la ampliación de zonas turísticas. En tanto, el Plan Puebla Panamá se creó a inicios del sexenio de Vicente Fox (2000), con la finalidad de integrar a nueve estados del sureste de México y a los siete países de Centroamérica con la lógica de la economía globalizada y capitalista.
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eL enTramado de una regIón: predomInIo ZapoTeCo en eL IsTmo de TehuanTepeC La configuración y el entramado del Istmo de Tehuantepec como región se ha dado en gran medida a partir de la centralidad y el predominio de los zapotecos, y hoy en día no ha dejado de ser notable la hegemonía de los binnizá, sobre todo en relación con los otros pueblos originarios. Cada municipio y cada comunidad tienen sus propias dinámicas, a pesar de que se encuentran y articulan en las ciudades zapotecas. Salina Cruz y Matías

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Romero comprenden importantes polos económicos; no obstante, Tehuantepec, Ixtepec y, en mayor medida, Juchitán, constituyen los centros comerciales de la región. Indígenas y mestizos concurren a estas ciudades para comprar y vender, y tener acceso a ciertos bienes y servicios. A Juchitán acuden desde las mujeres huaves para ofrecer camarón hasta los

ganaderos del istmo oaxaqueño y veracruzano para vender sus productos. Por esa razón se afirma que tal centralidad comercial ha conformado una “estructura dual” constituida por dos economías con orientaciones distintas: una encaminada a la subsistencia y otra, a la acumulación de capital. La segunda se concentra en las ciudades y es controla-

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Zapotecos bailando. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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da en gran parte por los binnizá, quienes han propiciado que las actividades productivas locales sean una extensión del comercio zapoteca. Hasta hace poco, las mujeres zapotecas eran las intermediarias del comercio de camarón que producían los huaves y por mucho tiempo proveyeron a mixes y zoques de mercancías industrializadas a cambio de sus productos locales (Millán; 2006a). En definitiva, la hegemonía zapoteca ha estado aparejada a relaciones interétnicas desiguales, que se han reflejado no sólo en el ámbito económico, sino también en el político y cultural. Los centros zapotecos han concentrado los recursos públicos y, por tanto, los servicios y la infraestructura. Por eso no es de extrañar que localidades mixes, zoques, huaves o chontales presenten los mayores grados de marginación, mientras que los municipios donde se con-

Las localidades mixes, zoques, huaves y chontales son las más marginadas, mientras que los municipios de los binnizá gozan de ventajas productivas y mejores comunicaciones.

centran los binnizá cuentan con más ventajas productivas y están mejor comunicados. De especial relevancia en este proceso ha sido lo que se ha denominado la “zapotequización” del Istmo de Tehuantepec, término que se ha utilizado para explicar la conformación de una cultura regional de estilo zapoteca (Reina, 1995, p. 44; Barabas, 1999, pp. 101-102). Así pues, en contraste con otras regiones indígenas, en el siglo xix, durante la llegada de población de distintas regiones de México y diferentes países —en el contexto de la construcción del ferrocarril transístmico—, los mestizos y los extranjeros no se erigieron como grupos dominantes, sino que se adaptaron y mezclaron, y los zapotecos se consolidaron como la oligarquía regional. Si en el siglo xix los mestizos y extranjeros se “zapotequizaron”, una centuria después no sólo tomó forma “una cultura regional de fisonomía zapoteca”, sino que también se volvió modelo para los otros pueblos originarios del Istmo (Barabas; 1999, pp. 101-102). Por ejemplo, las mujeres huaves dejaron de portar su indumentaria tradicional y adoptaron la de las zapotecas, en tanto que los mixes en sus fiestas incorporaron las “velas”, forma festiva que es, por excelencia, de los binnizá.

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ConTrasTes IdenTITarIos y soCIoeConómICos Es indudable la hegemonía de los binnizá en el Istmo de Tehuantepec; sin embargo, no dejan de ser patentes los contrastes y las contradicciones dentro de la población zapoteca. Entre los sectores sociales y los municipios se marcan las diferencias en las condiciones de vida y en los índices de marginación. Igualmente son significativas las disputas políticas, sobre todo en relación con problemas de linderos y con discrepancias partidarias, y a pesar de que hay un estilo cultural regional, las diferencias entre los zapotecos son notables. Muestra de las contradicciones socioeconómicas es la migración de los que van a la zona petrolera del sur de Veracruz. El temprano proceso de modernización y urbanización de los zapotecos generó una acentuada desigualdad entre los municipios y las clases sociales. En principio, quienes no se integraron al nuevo escenario económico buscaron en la industria petrolera las posibilidades que no encontraban en su lugar de origen. Si bien los migrantes aprovecharon la coyuntura del desarrollo de la creciente industria y construyeron las condiciones para una migración exitosa, generalmente se aventuraron aquellos que quedaron al margen de los

Tehuana. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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proyectos de modernización orquestados por el Estado (Acosta; 2005, p. 41). Otro caso, como se mencionó, son las disputas por los linderos: representan uno de los conflictos más antiguos y de mayor lucha intercomunitaria entre

En el siglo xix, los mestizos y extranjeros no se erigieron en grupos dominantes, sino que se “zapotequizaron”.

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24 Tehuantepec, uno de los centros político-económicos de la región, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

los binnizá. Por ejemplo, desde el siglo xviii, los espinaleños y los juchitecos se han enfrentado por la definición de límites y por la dotación de tierras.7

El Espinal es un municipio que colinda al este con Juchitán, pertenecientes ambos al distrito del mismo nombre. Tiene sus orígenes en el siglo xvii, tiempo en que se fundó la Hacienda de Santa Cruz con población española, mestiza, mulata y zapoteca. En la actualidad es una población con cerca de 7 700 habitantes, que se distingue por mantener una arraigada identidad zapoteca y por contar con altos niveles de vida y de escolaridad.
7

Los espinaleños en distintas épocas e instancias legales han abogado a favor de la solicitud de tierras y la ampliación de su jurisdicción. Fue ya en el siglo xx cuando los espinaleños —población predominantemente campesina hasta la década de los sesenta— se vieron en la necesidad de arrendar tierras a los juchitecos; y finalmente, cuando se legalizó su derecho sobre la tierra, se dio un proceso de acaparamiento entre los mismos espinaleños (Coronado; 2004, pp. 247-266).

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Expresión de las oposiciones identitarias entre los binnizá la constituye la añeja rivalidad entre juchitecos y tehuanos, ya sea con el tamiz de liberales y conservadores o de priistas y coceístas. Lo son también las representaciones y los estereotipos en torno a las valoraciones positivas o negativas de los diferentes tipos de zapotecos.
Las disputas intercomunitarias se han expresado especialmente en diferencias, e incluso, en oposiciones identitarias. En principio, los zapotecos se han distinguido por el municipio de origen, de manera que es clara la distinción entre los juchitecos, tehuanos, ixtepecanos, ixtaltepecanos, chihuitecos y espinaleños. Existe la noción de “nosotros” como comunidad zapoteca, la cual se ha fundamentado tanto en una tradición como en una forma de ser compartida en el ámbito regional; sin embargo, están los “otros/nosotros”, que da cuenta de la diferencia y las disputas entre las comunidades zapotecas del Istmo. Expresión de las oposiciones identitarias entre los binnizá la constituye la añeja rivalidad entre juchitecos y tehuanos, ya sea con el tamiz de liberales y conservadores o de priistas y coceístas. Lo son también las representaciones y los estereotipos en torno a las valoraciones positivas o negativas de los diferentes tipos de zapotecos. Los juchitecos se consideran “robaganados” o “revoltosos”, pero también “valientes” o “unidos”; en tanto, los tehuanos, si bien pueden calificarse de “traidores” o “presumidos”, se tienen por “amables” o “conservadores de la tradición”. Mientras que a los espinaleños se les suele dar el nombre de “codos” o “cometripas”, no obstante, se les ve como “ahorradores” o “preparados”. Las valoraciones referidas dan cuenta de contextos distintos entre los municipios zapotecos. Juchitán se ha destacado por estar constituido por gente aguerrida y no someterse al Estado; por lo que no es casual que en esta ciudad se haya fundado la cocei, uno de los movimientos políticos de izquierda más radicales de la región. Tehuantepec se ha distinguido por colaborar con las instancias gubernamentales y por ser el principal bastión del Partido Revolucionario Institucional en el Istmo; también se le

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Actividad comercial en la ciudad de Juchitán. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

ha reconocido por contar con las tradiciones zapotecas más antiguas y menos transformadas. El Espinal se ha diferenciado por gozar de las mejores condiciones socioeconómicas de la región y por tener un alto grado de escolaridad y un gran número de profesionistas. Las diferencias identitarias se suman a las distinciones socioeconómicas entre los municipios. Por ejemplo, en Ju-

chitán, las actividades productivas han girado en torno al comercio, y en esta ciudad se ha desarrollado una importante economía de servicios que ha atraído a un significativo número de población migrante proveniente de otras partes de la región y de diferentes estados. En contraste, en Chihuitán, todavía hace dos décadas la agricultura era la base de su sustento, y hoy en día de-

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pende en gran parte de las remesas que proporcionan los migrantes. Ahora que el sistema tradicional de subsistencia no da siquiera para el autoconsumo y no se han generado otras posibilidades económicas, la migración pasó de ser un medio de autorregulación socioeconómica a una franca expulsión demográfica. Hasta los años sesenta, los municipios zapotecos fueron predominantemente agrícolas y pesqueros, con una enorme actividad comercial. Esta dinámica se sustentaba en una estructura ocupacional por géneros, en la que el hombre se dedicaba a la producción agrícola o pesquera y la mujer, a la preparación y venta de los productos del campo y del mar que le eran proporcionados por sus compañeros. Aunque sigue siendo vigente esta forma de economía tradicional —como en ciertos sectores de Juchitán o de Santa María Xadaní—, ésta se ha visto trastocada por la crisis agrícola, pero, sobre todo, porque los hombres han tenido que emplearse en servicios o en la reducida industria de la región, mientras que otros han terminado por migrar. En municipios como El Espinal o San Pedro Comitancillo, además de la migración, una salida a la crisis del campo fue la profesionalización, así que se convirtieron en los principales proveedores de

profesores de enseñanza básica y media superior del Istmo. Por más que los zapotecos se adapten a nuevos escenarios económicos, las fuentes de empleo son limitadas en la región, excepto la creciente economía de servicios en las ciudades y la escasa industria, representada básicamente por la refinería de Salina Cruz y la cementera situada en el municipio del Barrio de la Soledad. Así pues, los binnizá cuentan con mejores condiciones de vida en comparación con los pueblos indígenas de la región; sin embargo, las diferencias socioeconómicas —vinculadas a los proyectos de modernización y crisis agrícola— son considerables y se expresan en diferentes grados de marginación. Hay ciertos municipios como El Espinal, que está clasificado como de muy baja marginación, ya que más de 90 por ciento de su población cuenta con todos

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El municipio de El Espinal se ha diferenciado por gozar de las mejores condiciones socieconómicas de la región y por tener un alto grado de escolaridad y un gran número de profesionistas.

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Hombre desgranando maíz, cultivo tradicional de los zapotecos. Asunción Ixtaltepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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los servicios, además de presentar un alto grado de escolaridad y de ingresos. Sin embargo, en otros, como San Blas Atempa y Santa María Xadaní, más de 40 por ciento de la población es analfabeta, en tanto que en Santiago Laollaga nadie tiene acceso a los servicios

de salud (Dirección General de Población de Oaxaca, 2000, pp. 85-89; Millán, 2006b). Las diferencias en las condiciones de vida y los contrastes identitarios dan cuenta de que los binnizá, aunque formen parte de un grupo delimitado histó-

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Mujeres desfilando durante la celebración de una calenda. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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rica, regional y culturalmente, no constituyen un pueblo homogéneo, ya que en el interior se marcan dichas diferencias. Hay un centro constituido por las ciudades zapotecas —Tehuantepec, Juchitán e Ixtepec— y un conjunto de municipios

y localidades que, como los huaves, zoques, mixes o chontales, giran en torno a él. El desarrollo de las ciudades y de ciertos sectores de la población zapoteca se ha dado, en mayor o menor medida, en detrimento de los otros binnizá y pueblos originarios de la región. deL ToTopo a La sandunga o Las CLaves deL esTILo CuLTuraL ZapoTeCo La etnografía y la historia en torno a los zapotecos han puesto especial atención a lo que conforma el estilo cultural de

No se advierte la particularidad de los zapotecos si no se repara en el conjunto de prácticas, símbolos y valores que los distinguen de otros pueblos y de la sociedad nacional.

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Altar zapoteco: una de las manifestaciones del estilo cultural de la región. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Expresiones de la fiesta en las calles de Juchitán. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

los binnizá, debido a sus múltiples implicaciones. No se advierte la particularidad de los zapotecos si no se repara en el conjunto de prácticas, símbolos y valores que han dado forma a una manera de ser que los distingue de los otros pueblos indígenas y de la sociedad nacional. Lo que en la literatura se conoce como “estilo étnico” o “estilo cultural” zapoteco es el resultado de la configu-

ración histórica y de la fusión de elementos de distintas tradiciones. Si bien se puede constatar el origen prehispánico o colonial de ciertos componentes, es en el siglo xix cuando adquiere el carácter que hoy en día encontramos. En efecto, en el contexto de la construcción del ferrocarril transístmico y, en particular, a partir de la prosperidad económica y el contacto con otras culturas, se define la tradición y se fija el estilo que

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Mujeres en procesión con flores. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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se expresa en la lengua, la gastronomía, las fiestas, la música y la indumentaria (Peterson, 1990, p. 72; Cabrera, 2001, pp. 125-126). El didxazá, que se habla en la zona de los Llanos, al igual que el zapoteco de Petapas-Guevea y el de Lachiguiri en el área montañosa del Istmo, expresan una de las claves fundamentales del estilo cultural zapoteco. La lengua de la “gente de las nubes” condensa un saber y una tradición que se viven en la cotidianidad y en las festividades, y a pesar de ser pocos los monolingües de la región, no sólo es alto el porcentaje de hablantes, sino también es grande el orgullo étnico al respecto. Además del uso habitual de la lengua, ante la sociedad mestiza y los otros pueblos indígenas, hablar zapoteco es sinónimo de distinción y prestigio, sobre todo de quienes hablan el didxazá.8 Otro de los elementos más representativos es la comida zapoteca, que es impensable sin las mujeres (muchas de ellas comerciantes). Las “tecas”, quienes

sin excepción llevan indumentaria regional y se desenvuelven en zapoteco, se distinguen por preparar las “delicias istmeñas” siguiendo la tradición. Proveen a propios y a extraños de totopos, camarón, queso fresco, tlayudas, iguana, pescado seco, chocolate, tamales de elote, quesadillas de arroz, entre otros tantos productos que se han vuelto distintivos de la región e incluso del estado de Oaxaca. Las claves del estilo cultural zapoteco son parte de la vida cotidiana; se respira en los mercados y se saborea en la mesa, aunque su espacio privilegiado es el ámbito festivo. En las fiestas “la palabra de las nubes” se vuelve canto y poesía, se escucha La Llorona y La Petenera, y no falta La Sandunga: el “himno de los zapotecos”. Mientras las mujeres bailan sones, los hombres, alrededor, hacen

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El nombre zapoteco designa a un grupo indígena, que desde la etnografía se ha considerado una macroetnia, pero, más que referirse a variantes lingüísticas, corresponde a un conjunto de lenguas relacionadas entre sí. Se distinguen por lo menos 10 lenguas zapotecas, que forman parte del grupo zapotecano de la familia lingüística otomange.
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La lengua de la “gente de las nubes” condensa un saber y una tradición que se viven en la cotidianidad y en las festividades. Hablar zapoteco es sinónimo de distinción y prestigio, sobre todo entre hablantes de didxazá.

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despliegue de su ingenio en el lenguaje. Las mujeres sobresalen por sus trajes de tehuanas; además, compiten por llevar la enagua y el huipil más elaborados y costosos y por estar mayormente ataviadas en oro. Más allá del totopo, la sandunga o el traje de tehuana, está la organización comunitaria. El despliegue del estilo cultural zapoteco no se explica sin los lazos de parentesco y las alianzas entre grupos que se ponen en juego en las mayordomías. En estas agrupaciones se articulan el trabajo y la cooperación económica, producto de las relaciones de reciprocidad y obligatoriedad, que hacen posible la celebración de la fiesta y la reproducción de la comunidad. Los zapotecos se distinguen por contar con prácticas y categorías que expresan la solidaridad comunitaria dentro y fuera del ámbito festivo, como xendxaa o “cooperación o apoyo en dinero”; guna o “dádiva en especie en ocasión de alguna celebración”; tequio o “trabajo obligatorio o comunal”; gurendaracanee o “ayuda mutua para construir una casa o para cooperar en una fiesta” (Matus; 1997, p. 18). Estas prácticas y categorías dan forma al sentido de comunidad y crean relaciones de interdependencia que pueden abarcar distintos ámbitos, desde el familiar hasta el regional.

Más allá del totopo, la sandunga o el traje de tehuana se encuentra la organización comunitaria: lazos de parentesco y alianzas que se ponen en juego en las mayordomías.

Es posible que en la organización ceremonial y en la fiesta se reafirmen los vínculos dentro de una familia o de un barrio, pero también puede ser motivo de lo contrario. En una sociedad con marcadas distinciones socioeconómicas y contrastes identitarios, el ámbito festivo no deja de ser un espacio en el cual se reproducen las diferencias. Así pues, se encuentran las “velas” en honor del santo patrono que reúne a distintos sectores sociales, al tiempo que existen otras de carácter exclusivo que convocan sólo a ciertas familias. Desde este punto de vista, se ha resaltado la relación entre adscripción social y estilo; en otras palabras, el estilo no es más que la expresión de una situación social. Por más que los zapotecos del Istmo cuenten con valores y símbolos compartidos que han contribuido a

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Mujeres en camión durante la celebración de calendas. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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la noción de una comunidad regional, las diferencias sociales han hecho del estilo zapoteco un privilegio de las clases medias y altas (Peterson; 1990, p. 77). Si la hegemonía de los binnizá ha estado asociada al control y manipulación del estilo cultural zapoteco, y si el despliegue de este recurso requiere de redes sociales y disponibilidad económica, no

es de extrañar que la burguesía local sea la principal beneficiaria. La profusión de las velas—contar con las mejores bandas o los trajes más suntuosos, por ejemplo— se traduce en ascensos políticos o en concesiones económicas. A pesar de que las clases medias y altas se han apropiado del estilo zapoteco, las clases bajas también han luchado

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Las flores como una de las principales manifestaciones festivas. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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Mujeres preparando alimentos para una festividad. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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por sus derechos no sólo al vivir la tradición día a día, sino también al reivindicar la identidad étnica en agrupaciones políticas como la cocei. Además, es importante no perder de vista que tanto en el contexto regional como en el de la nación, el estilo zapoteco ha favorecido la disposición de una relativa autonomía política y su predominio en el Istmo de Tehuantepec. Las veLas: expresIón de La fIesTa y La organIZaCIón CeremonIaL Los zapotecos consideran las velas como una de las tradiciones más arraigadas, y los antropólogos las catalogan como una de las instituciones centrales de la cultura binnizá. Constituyen las fiestas principales y se celebran en toda la región, no sólo entre zapotecos, sino también en los otros pueblos indígenas y grupos mestizos. Las velas se hacen en honor de los santos patronos de apellidos, grupos u

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oficios y lugares; se ha destacado su origen prehispánico, en particular la relación con el culto a los ancestros. Igualmente, se ha considerado el trasfondo agrícola, ya que su celebración corresponde al inicio del cultivo de maíz y la entrada de las primeras lluvias. En Juchitán se cuenta con unas 24 velas, que van desde las dos velas dedica das a San Vicente, santo patrono de la ciudad, hasta las que honran apellidos, como la de los Pineda y los López. En el Espinal, las principales velas se vinculan a los barrios; en mayo, cada barrio del municipio hace gala de su vela distintiva, la de San Lucas, San Juan, San Marcos y San Mateo. “Mayo es el mes de las velas”, dicen; no obstante, también se llevan a cabo en otros meses del año, especialmente en los días de los santos patronos. Lo que es un hecho es que cuentan con ciertos pasos rituales que presentan pocas variaciones.

Los zapotecos consideran las velas como una de las tradiciones más arraigadas, y los antropólogos las catalogan como una de la instituciones centrales de la cultura binnizá. Constituyen las fiestas principales y se celebran en toda la región.

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Si ejemplificamos de manera sucinta y nos centramos en las velas en honor a los santos como una de las celebraciones más significativas y representativas entre los binnizá, encontraremos un presunto modelo constituido por fases bien definidas. Las calles se visten de fiesta con la calenda y “la regada de frutas”. Gene-

ralmente se inaugura la celebración dos días antes de la fiesta grande con la calenda, que consiste en un recorrido por las principales calles de la ciudad, recorrido que va de la casa de los mayordomos o el salón de eventos a la iglesia. En el camino de ida y vuelta destaca la presencia de las mujeres vestidas con el traje regional y sus medallones de oro;

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Encargados de la fiesta adornando un altar. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López, cdi.

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Celebración con velas. Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafo: Nacho López, ca. 1980. Fototeca Nacho López. cdi.

no faltan las bandas de música tocando sones istmeños, la quema de cohetes y toritos, los estandartes y las flores. La regada de frutas se efectúa al siguiente día; así como con la calenda, los zapotecos toman las calles, con la diferencia de que este día las mujeres dan obsequios: “riegan” frutas, dulces y juguetes a los participantes que siguen los carros alegóricos. Al final del recorrido se entrega a los santos patronos las ofrendas, formadas por flores y velas.

El día principal se abre en la madrugada con las mañanitas dedicadas al santo, a las 12 del día se celebra la misa y posteriormente se hace la procesión de la iglesia a la casa del mayordomo o al salón de actos. Durante la fiesta, ante el santo patrono, cargueros, autoridades, familiares, amigos y demás invitados, se hace la entrega formal de la mayordomía, que se representa con una vela adornada de flores. Al día siguiente, la bebida y la comida circulan sin límite y

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los zapotecos, en especial las mujeres, bailan al ritmo de los sones istmeños. La celebración culmina con el lavado de olla, momento en que se comparte el recalentado y la bebida con la gente más cercana. En realidad es una prolongación de la fiesta y la puesta en marcha del apoyo de familiares y amigos —de la “ayuda mutua” o “mano vuelta”—, que se expresa precisamente en la entrega de limosnas y el lavado de ollas.

La organización de las velas es responsabilidad de sociedades, conocidas como “sociedades de la vela”. En Juchitán, por ejemplo, se conforma por una mesa directiva, cuyos cargos principales son un presidente, un secretario, un tesorero y cinco vocales. Completan las sociedades las mayordomías, compuestas por un hombre y una mujer —que no necesariamente son esposos—, y en ellas recaen los principales gastos de la fiesta.

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Mujeres bailando. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Se ha advertido que en Tehuantepec es donde mejor se ha conservado el origen de la organización ceremonial, y es posible reconstruir su trasfondo prehispánico y colonial. En esta ciudad existe

el cargo de xuaana, término que se traduce como “el que tiene el poder en la mano”, “el que manda”, “el que mueve el mundo” o “el dueño de las costumbres”. Los xuaanas son la autoridad

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Mujeres juchitecas. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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máxima de cada barrio y son considerados dueños de la costumbre; llevan el seguimiento del ciclo festivo, desde bautizos hasta las fiestas patronales. Se ha señalado que en el Lienzo de Guevea, una de las principales fuentes históricas de los zapotecos, los xuaanas están registrados como militares en el Consejo de Cosijopi, señor de Tehuantepec (Munch; 1999, pp. 117-146). Otros cargos de la festividad, además de los principales, mayordomos, capitanes y padrinos, son el de gus­s­ana, “organizador de las fiestas”, que funge como anfitrión, y el de chagola, “casamentero”, quien es el animador oficial de la celebración. La mayoría de los cargos cuenta con su parte masculina y femenina. Así como el gussana, también se tiene a la gus­aana gola, “la gran anfitriona”, cargo privativo de las mujeres que es de los más valorados, y clave en la organización de las velas (ibid.).

faCeTas y represenTaCIones de Los bInnIZá Los binnizá han motivado la creación de uno de los imaginarios más representativos de México en lo que se refiere a la etnicidad; es decir, lo que en otro tiempo se conoció como folclor indígena. Por propios y extraños se ha construido una imagen de lo zapoteco, que se expresa en los relatos de viajeros, en la literatura, en la pintura, en la fotografía y en el cine (Cabrera; 2001, pp. 2-11). Artistas e intelectuales, tanto nativos como extranjeros, han disertado sobre el “ser zapoteco” y han recreado los rasgos distintivos de su identidad. Así, encontramos a un Andrés Henestrosa, que lleva la tradición oral a la literatura académica, o a un Francisco Toledo, que plasma el colorido del Istmo en sus lienzos; o también a una Frida Kahlo, que se apropia del traje de tehuana, o a un

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Otros cargos de la festividad, además de los principales, mayordomos, capitanes y padrinos, son el de gussana, “organizador de las fiestas”, que funge como anfitrión, y el de chagola, “casamentero”, quien es el animador oficial de la celebración. La mayoría de los cargos cuenta con su parte masculina y femenina.

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Mujeres comerciantes. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres. 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Como tantos otros viajeros que crearon una imagen, a veces idílica, del Istmo de Tehuantepec, Charles Brasseur deja ver su asombro por la libertad y el poder de las mujeres, así como por “cierto misterio que atrapa”.

Manuel Álvarez Bravo, que capta la distinción de la mujer zapoteca. Los viajeros fueron de los primeros en construir una imagen, muchas veces idílica, del Istmo de Tehuantepec y de los binnizá. Destaca Charles Brasseur por ofrecer un panorama del Istmo en la segunda mitad del siglo xix, que hoy en día es fuente obligada para el estudio de los zapotecos. Este viajero registra especialmente la riqueza natural de la región y los cambios traídos por el ferrocarril; da cuenta, por ejemplo, del proceso de mestizaje de los zapotecos a partir de la presencia de población extranjera. Relata también la práctica de sacrificios en cuevas y la creencia en el nahualismo; como tantos otros, deja ver su asombro por la libertad y el poder de las mujeres, y “cierto misterio que atrapa” (Brasseur; 1981, pp. 144,173-174). En efecto, la mujer binnizá ha dado lugar a una prodigalidad única del imaginario étnico. La imagen de la tehuana ha inspirado a pintores, músicos y

poetas, quienes han creado un icono en torno a su belleza, fuerza y sensualidad (Cabrera; 2001, p. 107). Se ha construido un inagotable discurso sobre el protagonismo de la mujer en la sociedad zapoteca. No sólo se ha reconocido su preponderancia en el comercio y en el ámbito festivo, sino incluso se ha hablado del “matriarcado zapoteca” y de la libertad sexual entre las binnizá, que han sido descartados por la etnografía, pero siguen siendo motivación para los buscadores de exotismo (Miano; 1992, pp. 15-16, 72-73). Algo semejante sucede con la imagen del muxe, “un hombre-mujer”, que da cuenta de la homosexualidad masculina en las comunidades zapotecas del Istmo. Se tienen datos del “hombre amujerado” desde la época colonial, y en la actualidad es parte de la “composición genérica de la sociedad”. Entre los zapotecos, el afeminamiento y el transvestismo son permitidos; el muxe es particularmente valorado y

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tiene un lugar en el ámbito doméstico y comunitario. Son famosas las velas juchitecas de los muxe, la “Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras de Peligro” y la “Vela Baila Conmigo”, que son de las más esperadas por los tecos y constituyen una de las principales atracciones para los turistas. En el discur-

so antropológico, la imagen del muxe ha dado pie a discusiones en torno a la construcción de los géneros, y en comunidades gays­, en el contexto nacional, se ha erigido en símbolo (ibid., pp. 1617, 149-150). Cabe hacer notar la existencia de una “alta cultura” zapoteca, que está

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Mujeres en un puesto de flores. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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Los intelectuales y artistas binnizá han recreado la tradición zapoteca al integrarse a las instituciones mestizas y la han llevado más allá de las fronteras del país.

compuesta por intelectuales y artistas de reciente incorporación al ámbito académico o que se halla dentro del circuito artístico nacional. En los años veinte se formó la primera agrupación de escritores juchitecos; la integraron estudiantes radicados en la ciudad de México; la Sociedad de Estudiantes Juchitecos publicó un periódico mensual, La Raza y más tarde, El Zapoteco. Una década después se fundó la Academia de la Lengua Zapoteca y la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos, que dieron a conocer la revista Neza (camino). De esta generación, que tuvo su mayor impacto en la primera mitad del siglo xx, destacan Andrés Henestrosa, Gabriel López Chiñas y Wilfrido C. Cruz, quienes buscaron dilucidar el “ser zapoteco” retomando la tradición oral y la riqueza del didxazá, “la lengua de las nubes”.

En la segunda mitad del siglo xx destaca el movimiento cultural vinculado a la cocei, que tiene su mejor expresión en la creación, en 1972, de la Casa de la Cultura en la ciudad de Juchitán. La Lidxi Guendabiaani o “casa de la inteligencia” ha reunido a artistas, políticos y periodistas comprometidos con la tradición binnizá y con la democratización de la cultura. De este movimiento resalta la labor del pintor Francisco Toledo, del poeta Macario Matus y del investigador Víctor de la Cruz. Los intelectuales y artistas binnizá han recreado la tradición zapoteca al integrarse a las instituciones mestizas y la han llevado más allá de las fronteras del istmo y del país. Se han servido de su estilo cultural para distinguirse y ser parte de la sociedad nacional. una ConsTruCCIón deL poder desde La eTnICIdad La suma de prácticas políticas y representaciones étnicas ha distinguido la formación del poder entre los zapotecos. Los discursos en torno a la identidad y el uso de la tradición han acompañado a movimientos políticos de posiciones ideológicas divergentes en distintos momentos de su historia. Tanto priistias como coceístas apelan a la “raza zapoteca” y al orgullo étnico

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Zapoteco trabajando la tierra. Asunción Ixtaltepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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e incorporan elementos característicos de las velas en sus campañas y mítines. De igual forma, los zapotecos en el siglo xix mantuvieron su predominio frente a los extranjeros al zapotequizarlos, y en el siglo xx lograron controlar el sindicato petrolero al hacer uso de su estilo cultural. No se puede explicar esta construcción del poder desde la etnicidad entre los binnizá, si no se alude a su tradición de lucha y a su participación en movimientos políticos que han marcado lo que ahora es México. En efecto, los zapotecos se han destacado por no someterse, ya sea a los mexicas en la época prehispánica, a los españoles durante la época colonial o a los mestizos y extranjeros en el siglo xix. No sólo han conservado una relativa independencia frente a los grupos hegemónicos en turno, sino que también han sostenido y reproducido su predominio en el Istmo de Tehuantepec. Habrá quienes aludan a su “espíritu de autode-

Los zapotecos se han distinguido por no someterse, ni a los mexicas, ni a los españoles, tampoco a mestizos o extranjeros.

terminación” o “tradición guerrera”; lo cierto es que ya sea mediante la participación en las disputas que han marcado la nación —como la Guerra de Reforma o la Revolución— o interviniendo en los partidos políticos que actualmente se disputan el poder, han luchado por su privilegio y autonomía (Campbell, 1989, p. 249; Reina, 1995, p. 41). Hoy en día, los binnizá se hallan integrados al sistema de partidos, de tal forma que el poder de los municipios se disputa principalmente entre priistas y perredistas. Si bien las organizaciones tradicionales —como el consejo de ancianos— han perdido vigencia, las mayordomías no han dejado de estar articuladas al poder político. La influencia y el prestigio de los políticos se adquieren en la organización ceremonial y se afirman en el ámbito festivo. Más aún, su legitimidad depende de la manipulación del estilo cultural y la apropiación de la identidad zapoteca. Son especialmente representativos de este proceso la conformación de La Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (cocei) y el control de los binnizá del sindicato petrolero. La consolidación de ambos movimientos fue posible, en gran medida, gracias al arraigo en la tradición y al uso de la organización comunitaria.

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Ganadería, una de las actividades económicas que más ha trastocado el Istmo de Tehuantepec. Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

La cocei se formó en Juchitán hacia el año 1974 por iniciativa de estudiantes —hijos de campesinos ideológicamente influidos por el movimiento del 68—, bajo tres principios fundamentales: la lucha por la tierra, la autonomía política y la reivindicación étnica. En alianza con otros sectores de la población zapoteca sobre todo campesinos, se vol-

vió un movimiento político de alcance regional que integró a huaves, mixes y chontales. En un principio la cocei, sustentada en un discurso radical de izquierda, tuvo como prioridad recuperar las terrenos comunales en el contexto de la expropiación y el acaparamiento de terrenos durante los proyectos de modernización

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del campo que impulsaba el Estado. No obstante, después concentró su lucha en la arena electoral al disputar el control político de los gobiernos municipales. En 1981, por primera vez ganó las elecciones en Juchitán; durante dos años mantuvo el poder hasta que fue desconocida por el Congreso local. La cocei recuperó el control político a finales de la década de los ochenta y lo mantuvo durante los años noventa en alianza con el Partido de la Revolución Democrática (prd). En la actualidad, aunque sigue teniendo presencia —sobre todo en Juchitán— su poder se ha reducido considerablemente (Coronado; 2004, pp. 202-214). En amplios sectores de la población zapoteca, la influencia de la cocei se dio, en gran medida, a partir de la apropiación de luchas independentistas pasadas y de la promoción de la lengua y las costumbres de los binnizá. Los coceístas hicieron de la cultura e identidad zapotecas una prioridad de su proyecto político; en efecto, no fueron los primeros en hacer uso de la tradición; sin embargo, la impulsaron como nunca antes. Se sirvieron del tequio y de las redes comunitarias, y su práctica política no se diferenció mucho de la organización ceremonial y las fiestas zapotecas. Coceístas y simpatizantes del movimiento con-

juntaron política y tradición en las artes, especialmente en la literatura y la plástica, y de ahí surgieron múltiples organizaciones afines (Campbell; 1989, pp. 252-253). La experiencia zapoteca en la industria petrolera del sur de Veracruz es otro caso de la construcción cultural del poder desde la etnicidad; en particular, la hegemonía de los binnizá en el sindicato petrolero deja ver el binomio entre el estilo cultural y la estructura de dominio zapoteca (Acosta; 2005, pp. 21-25). Por un lado, los zapotecos migrantes operaron mecanismos de alianza y apoyo mutuo entre familiares, compadres y paisanos, que posibilitaron el control de la agrupación. Por otro lado, se sirvieron de sus tradiciones e identidad regional para fortalecer la unidad entre ellos y consolidar de esta manera un frente común ante las distintas fuerzas del sindicato. Comunicarse en didxazá, formar mayordomías de carácter regional y hacer las velas a la usanza del Istmo afirmó el sentido de comunidad entre los zapotecos y consolidó una base política con tintes étnicos. Los binnizá pudieron colocarse en la industria petrolera por haber sido de los primeros grupos en emplearse; de modo que desde muy temprano —principios del siglo XX— inauguraron una tradición 

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Comercio, una de las actividades económicas tradicionales de la región. Tehuantepec, Oaxaca. Fotógrafa: Carla Torres, 1992. Fototeca Nacho López, cdi.

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laboral que se prolonga hasta nuestros días. Participaron en las primeras luchas sindicales y tejieron relaciones con los líderes hasta llegar a controlar el sindicato. El predominio zapoteco no se redujo al sindicato petrolero: trascendió a los gobiernos municipales. Generalmente, después del cargo de dirección en la sección del sindicato, los zapotecos continúan su carrera política, si no dentro de la estructura político-administrativa del sindicato en los ámbitos regional y nacional, sí en las diputaciones locales y federales y en los gobiernos municipales y estatales. Al igual que en el istmo oaxaqueño, en el veracruzano también se dio un proceso de zapotequización, con la diferencia de que impusieron su hegemonía fuera de los asentamientos tradicionales zapotecos, en un contexto inédito conformado por la industria petrolera. Los binnizá lograron implantar su propio tiempo, espacio y relaciones a partir de las fiestas, la organización ceremonial y la constitución de barrios zapotecos, y su impronta fue tal que contribuyeron a la reconfiguración del sur de Veracruz. En este sentido, su presencia en la zona petrolera, más que resultado de un proceso migratorio, responde a una suerte de expansión de su territorio. El movimiento político de la cocei y el control del sindicato petrolero de

Petróleos Mexicanos (pemex), además de expresar una construcción del poder desde la etnicidad, dan cuenta de una de las particularidades culturales más significativas de los binnizá: la apertura al contacto y la articulación entre tradición y modernidad. En la conjunción de una estructura de dominio y un estilo cultural, los zapotecos, a la vez que se han integrado a las instituciones y dinámicas nacionales y mestizas, han recreado la tradición binnizá y han reproducido su hegemonía dentro y fuera del istmo oaxaqueño, y en el camino, han zapotequizado a otros grupos y culturas. Aunque los zapotecos, en diferentes épocas y contextos, han impuesto su predominio en el Istmo de Tehuantepec, en la actualidad se enfrentan a viejos y nuevos desafíos. Frente a una política de Estado que pretende modernizar la región a partir de una lógica global y capitalista, con planes como el Megaproyecto del Istmo y el Plan Puebla Panamá, los binnizá se hallan frente a una disyuntiva. Se enfrentan al dilema de adaptarse a los planes del Gobierno Estatal y Federal o crear otras opciones y ser protagonistas del desarrollo regional que demandan los zapotecos y los demás pueblos originarios del Istmo de Tehuantepec. 

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bIbLIografÍa
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ZaPotecos del istMo de tehuantePec

características de la poblacióN eN hogares zapotecos del istmo de tehuaNtepec, 20001
Total población en hogares Población de 0 a 4 años Población de  a 14 años Población de 1 a 24 años Población de 2 a 44 años Población de 4 a 4 años Población de  y más años Población de edad no especificada población de 5 años y más hablante de lengua indígena2 población de 15 años y más Sin instrucción escolarizada Con algún grado de primaria Con posprimaria No especificado población ocupada Ocupados en el sector primario Ocupados en el sector secundario Ocupados en el sector terciario Ocupados en sector no especificado Ocupados sin ingresos viviendas habitadas Con agua entubada Con drenaje Con electricidad
3

%

hombres 90 280 . 22. 1.0 2.1 1. .4 0.3  30 21 443 1 01 21  14 133  04 330 56 045 59 577 22. 40.4 3.1 1.0  43 24 34 24 14 3 43 508 2. 2.2 42.3 1. 20.3 1 4 11 2 14 24 3  0

mujeres 95 534   21 143 1 2 24 1 1 142  0 2 59 965 65 366 1 0 2 11 1  2 22 360 1 13  2 13 0 4 3 1

185 814 1  42  3 33 4 0 2 2 13 2  116 010 124 943 2 0 0 4 4 132 1 2 65 868 1 30 1 4 2  1 140 13 3 41 683 3 0 31  3 32 1.3 . 3.2 

notas 1 Se refiere a la población en hogares en donde el jefe, el cónyuge o algún ascendiente declaró ser hablante de lengua didxazá. 2 Incluye hablantes de didxazá y de otras lenguas indígenas de 5 años y más. 3 La diferencia entre la población ocupada y la población sin ingresos está distribuida en otros rangos de ingresos. fuente: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas / Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Sistema Nacional de Indicadores sobre la Población Indígena de México”, 2002, con base en XII Censo General de Población y Vivienda, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 2000.

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Zapotecos del Ismo de Tehuantepec, de Eliana Acosta Márquez, se terminó de imprimir en diciembre de 2007 en los talleres de Impresora y Encuadernadora Progreso, S.A. de C.V., San Lorenzo 244, Col. Paraje San Juan, Deleg. Iztapalapa, C.P. 09830, México, D.F. El tiraje fue de 6 000 ejemplares. Las tareas de digitalización y retoque de imágenes, composición tipográfica, diagramación y cuidado de edición estuvieron a cargo de la Coordinación Editorial de la cdi.

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