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EL REINADO DE FERNANDO VII

INTRODUCCIÓN
Fernando VII nació en El Escorial el 14 de octubre de 1784. Era el tercer hijo de Carlos IV y de
María Luisa de Parma.
Con la subida al Trono de su padre, en 1788, Fernando era reconocido como príncipe de
Asturias por las Cortes. Su odio al primer ministro Godoy e incluso a sus padres le hizo
participar en numerosas conspirtaciones en la Corte, como la del Escorial (1806) o el Motín de
Aranjuez (marzo de 1808), que finalmente provocó que Godoy fuese destituido y Carlos IV
abdicara en Fernando. Pero poco después, en Mayo, las Abdicaciones de Bayona hacen que
Fernando rechaze de manera vergonzosa el trono español y sea trasladado a Francia. Aún así,
la población española se levanta en armas, rechaza masivamente a José I Bonaparte y
reconoce a Fernando VII (“El Deseado”) como su rey legítimo, considerando nula y sin efecto la
cesión de la Corona a favor de José. Por el Tratado de Valençay (1813), Napoleón vuelve a
ceder la corona española a Fernando, quien, sin embargo, tardará en volver a su patria, en ese
momento en plena revolución liberal (Cortes de Cádiz).

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO (1814-1820)


Tras la guerra de Independencia, Fernando VII vuelve al trono con una condición, jurar la
Constitución, ya que la primera vez que abandonó el país lo hizo como un monarca absoluto, y
ahora tenía que ser uno constitucional. Pero que volviese Fernando VII también era una ventaja
para la nobleza y el clero, pues eran absolutistas y veían en él una oportunidad para volver al
absolutismo. Para conseguirlo, los absolutistas empezaron a organizarse y se presentó el
Manifiesto de los Persas, que defendía el retorno al Antiguo Régimen y la abolición de de la
legislación de las Cortes de Cádiz. Fernando, el 4 de mayo de 1814, y mediante un Real
Decreto, anuló la Constitución y la legislación liberal de Cádiz, volviendo al absolutismo. Los
liberales fueron perseguidos o asesinados.

Se volvió al Antiguo Régimen (se restauraron las antiguas instituciones como el régimen
señorial y la Inquisición). Hay que situar este inicio de reinado fernandino, tras la caída de
Napoleón, en la denominada Europa de la Restauración, que defendía el absolutismo y tenía
poder (mediante acuerdos como la Santa Alianza) para actuar en cualquier país afectado por
una revolución.
La restauración del Antiguo Régimen no trajo ningún beneficio, pues la economía tras la guerra
estaba paralizada (agricultura deshecha, finanzas en bancarrota) por lo que los intentos por
rehacer el país hicieron fracasar uno a uno a todos los gobiernos que lo intentaron durante seis
años.
Además, la mentalidad de la población cambió: las protestas campesinas e industriales ante la
restauración de señoríos y gremios y la existencia de una oposición política liberal tanto en la
burguesía como en el ejército hicieron que se produjeran levantamientos en el campo, en la
ciudad y en la milicia, a las que Fernando respondió con una fuerte represión.

EL TRIENIO LIBERAL(1820-1823):
Finalmente, un pronunciamiento liberal terminó por triunfar. El coronel Riego, al frente del
ejército acantonado en Cabezas de San Juan (Cádiz) para marchar hacia América a luchar
contra los rebeldes independientes, proclamó de nuevo la Constitución de 1812. Tras diferentes
avatares, la insurrección se generalizó. El 9 de marzo de 1820, Fernando VII, atemorizado, juró
la Constitución de 1812.

Por primera vez se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz y con el monarca
en el país. Fernando VII, convencido absolutista, trató sin embargo de obstruir desde un
principio la labor de los gobiernos liberales y el normal funcionamiento constitucional.
Esta actitud del rey va a provocar una fractura política entre los liberales que se extenderá
durante décadas:
- Por un lado, los “doceañistas” pretenderán modificar la Constitución buscando acuerdos con
el Rey. Para ello, defendieron la concesión de más poder al monarca y la creación de una
segunda cámara reservada a las clases más altas. Tras 1833, los "doceañistas" se convertirán
en los moderados.
- Por otro lado, los “veinteañistas” pedían simplemente la aplicación estricta de la Constitución
de 1812. Conocidos también como los exaltados, serán denominados progresistas tras 1833.
La división de los liberales introdujo una gran inestabilidad política durante el Trienio.

Los liberales en el poder durante el Trienio van a aplicar una política claramente anticlerical:
expulsión de los jesuítas, abolición del diezmo, supresión de la Inquisición, desamortización de
los bienes de las órdenes religiosas... Todas estas medidas trataban de debilitar a una
poderosísima institución opuesta al desmantelamiento del Antiguo Régimen. El enfrentamiento
con la Iglesia será un elemento clave de la revolución liberal española.

Alentados por las conspiraciones del rey y espoleados por la grave crisis económica, pronto
surgieron movimientos de protesta contra el gobierno liberal en Madrid. La contrarrevolución
realista se concretará en la aparición partidas de campesinos fuertemente influenciados por la
Iglesia en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. y a los que las medidas liberales no
habían beneficiado en absoluto. Alentados por estas protestas, la oposición absolutista se
aventuró a crear una Regencia Suprema de España en Urgel, cerca de la frontera francesa. El
fracaso de la Regencia de Urgel hizo evidente para Fernando VII y los absolutistas que la única
salida para acabar con el régimen liberal era la intervención de las potencias absolutistas
europeas.

Tras la derrota de Napoleón en 1815, las grandes potencias absolutistas (Prusia, Austria, Rusia
y la Francia de Luis XVIII), reunidas en el Congreso de Viena y coaligadas en la Santa Alianza,
se habían comprometido a intervenir ante cualquier amenaza liberal que surgiera en Europa
contra los principios de la Restauración (absolutismo, antiguo régimen). Así, reunidas en 1822
en el Congreso de Verona, las potencias acordaron la intervención en España: el 7 de abril de
1823 un ejército francés, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luis”, entró y, sin encontrar
resistencia popular, conquistó fácilmente el país: el 1 de octubre puso fin al último foco de
resistencia del gobierno liberal en Cádiz y repuso como monarca absolutista a Fernando VII.
LA DÉCADA OMINOSA (1823-1833) Y LA EMANCIPACIÓN DE AMÉRICA LATINA:

Esta nueva etapa absolutista comienza con una fuerte represión del liberalismo, llevada a cabo
por las Juntas de Fe y la policía. El rey declaró nulos todos los actos del gobierno liberal del
Trienio, y la Administración y el ejército fueron depurados. El hecho más emblemático es el
ajusticiamiento de Mariana Pineda. Los liberales se exiliaron a Gran Bretaña y Francia, y desde
allí siguieron intentando pronunciamientos, como el de Torrijos en 1831, pero fracasaron.
La pérdida definitiva de las colonias en 1824 agravó la difícil situación de Hacienda. Para
resolver esta situación, el ministro López Ballesteros inició reformas administrativas y
económicas (Código de Comercio, creación del presupuesto del Estado, Banco de Fomento,
Bolsa de Madrid) para atraerse a la burguesía financiera e industrial. Esto enfrentó al rey con la
Corte, la nobleza y clero, cuyo descontento llevó incluso a revueltas absolutistas como la de los
Malcontents en Cataluña (realistas puros o ultras que deseaban el retorno de los fueros
tradicionales).
A partir de 1826 el movimiento ultrarrealista se identifica en la figura de D. Carlos Mª Isidro,
hermano del rey y supuesto sucesor. En 1829, Fernando se casa con María Cristina y en 1830
nace una niña, Isabel II, y para que ella pueda gobernar, Fernando tiene que derogar la Ley
Sálica, que impedía el acceso de las mujeres al trono. Carlos Mª Isidro y sus seguidores no
reconocen esta derogación, por lo que tras la muerte de Fernando estalla una guerra (Guerras
Carlistas) entre los partidarios de Isabel (isabelinos) y los partidarios de Carlos María Isidro
(carlistas).

La Emancipación de las colonias americanas

Diversos factores explican el desencadenamiento del movimiento independentista:


● El creciente descontento de los criollos, descendientes de españoles nacidos en
América, quienes pese a su riqueza y cultura tenían vedado el acceso a los grandes
cargos políticos en las colonias, reservados para los peninsulares.
● Las limitaciones al libre comercio y al desarrollo económico de las colonias impuestas
por el régimen colonial. Estas limitaciones perjudicaban económicamente a la burguesía
criolla.
● La influencia de las ideas ilustradas y el ejemplo de la independencia de los Estados
Unidos de América.
● La crisis política producida en la metrópoli por la invasión napoleónica, que privó de
legitimidad a las autoridades que representaban a la monarquía de José I en las
colonias.

En el proceso de independencia se pueden distinguir dos grandes etapas:


1808-1814
Los territorios americanos se declararon independientes de la España napoleónica, pero
mantuvieron sus lazos con las autoridades de Cádiz, enviando representantes a las Cortes.
Cuando Fernando VII fue repuesto en el trono, todas las colonias, excepto Argentina, volvieron
a unirse a la Corona española.
1814-1824
La vuelta al absolutismo propició pronunciamientos militares que rápidamente derivaron hacia
posturas independentistas entre los criollos. Esta deriva fue alentada por Inglaterra, que
rápidamente se hizo con la influencia económica en la zona, y por Estados Unidos.

Entre los caudillos independentistas sobresalen las figuras de San Martín y Bolívar. Las guerras
de independencia siguieron una trayectoria compleja y culminaron con la derrota española en
Ayacucho en 1824. Esta batalla puso fin a la dominación española en América. Sólo las islas
antillanas de Cuba y Puerto Rico siguieron ligadas a la metrópoli.

Simón Bolívar planteó la alternativa de la unidad americana tras el fin del imperio hispánico.
Los localismos, las mezquindades de los nuevos dirigentes, el atraso económico, las
dificultades de comunicación, ayudados por las maniobras de Estados Unidos, llevaron al
fracaso del ideal bolivariano y a la fragmentación política de la América hispánica.

CONCLUSIÓN

El reinado de Fernando VII es uno de los peores de la historia de España debido a sus
decisiones y actitud, en un marco herencia de la Guerra de la Independencia caracterizado por
una fuerte represión política, pobreza económica y desorden social. Esto y la vuelta al
absolutismo (intento de vuelta del Antiguo Régimen típico de la Europa de la Restauración)
hicieron que la mayoría de territorios americanos que pertenecían a España empezaran a
independizarse ya que no lo aceptaron, perdiéndose el imperio colonial como resultado.
Además, los liberales hubieron de recurrir al ejército para conseguir sus aspiraciones políticas,
algo que será habitual durante el resto del siglo XIX.