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EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA PROCESAL

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EL PRINCIPIO DE ECONOMÍA PROCESAL

Por Ramón de la Torre Medina
“La justicia lenta no es justicia” Sabio y antiguo adagio referido por Ricardo Lorenzetti, Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Argentina.

Conforme al principio de economía procesal se debe tratar de lograr en el proceso los mayores resultados con el menor empleo posible de actividades, recursos y tiempos del órgano judicial. El procesalista José Ovalle Favela opina que dicho principio exige, entre otras cosas, que se simplifiquen los procedimientos y se delimite con precisión el litigio; que sólo se admitan y practiquen pruebas que sean pertinentes y relevantes para la decisión de la causa; y que se desechen aquellos recursos e incidentes que sean notoriamente improcedentes1. Definitivamente, un concepto de medular importancia en cualquier sistema jurídico contemporáneo. En el caso de México, la Constitución consagra este principio en su artículo 17°, con la finalidad de que, combinado con la doctrina y la jurisprudencia, se logre una auténtica y pronta administración de justicia. No obstante, actualmente el acelerado crecimiento demográfico aunado a la rápida evolución de las instituciones, han hecho de la economía procesal un imperativo para conservar el prestigio de la impartición de justicia. Concretamente, en la materia contencioso administrativa es menester acoger dicho principio, pues en ella se sufre de una avasalladora y sofocante acumulación de expedientes que impide la pronta impartición de justicia administrativa. Por ello resulta fundamental proponer medidas contundentes que permitan recuperar una ágil administración de justicia. Para abatir dicho preocupante rezago que sufre el contencioso administrativo, en junio de dos mil nueve se optó por reformar la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo, que rige al TFJFA2, para establecer el denominado “Juicio en Línea3” como medida de solución. Sin embargo, la instrumentación
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OVALLE FAVELA, José. Teoría General del Proceso. 6ª Ed. México: Oxford University Press, 2010. 2 Tribunal Fiscal de Justicia Federal y administrativa 3 Sistema informático establecido por el TFJFA con el fin de registrar, controlar, procesar, almacenar, difundir, transmitir, gestionar, administrar y notificar el

del Sistema de Justicia en Línea, prevista para el mes de enero de dos mil once, aún no está finalizada y deberá postergarse. A través de este novedoso sistema, el particular dispondrá de 2 vías o alternativas para presentar las demandas ante el TFJFA: el Juicio en la vía tradicional, entendiendo por este el que se substancia presentando las promociones y demás documentales en manuscrito o impresos en papel, o bien, el Juicio en Línea, en el cual las promociones y demás documentales se presentarán por medios electrónicos. Frente a ello, lo verdaderamente importante es reflexionar si la utilización de medios electrónicos, como una alternativa para cumplir con el principio de economía procesal, es suficiente para resolver la lenta impartición de justicia administrativa. Al respecto se han observado indicios que denotan la necesidad por un cambio estructural en atención al principio de economía procesal. Entre ellos se destacan como ejemplo: la dualidad entre el Poder Judicial Federal (PJF) y el Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa (TFJFA); los estrictos criterios de indebida fundamentación y motivación, como válvula de escape al rezago; y la imposibilidad legal e institucional para cumplir las sentencias derivadas de una aparente plena jurisdicción. Acerca de la dualidad entre PJF y el TFJFA como indicio, conviene mencionar que existe el juicio contencioso administrativo del que conoce el TFJFA, como tribunal federal administrativo especializado, por un lado; y el juicio de amparo del que conocen los Juzgados de Distrito y los Tribunales Colegiados de Circuito (TCC) del PJF, por el otro lado. En ese sentido, tal coexistencia de modelos en el sistema de defensa jurisdiccional que tutela a los administrados en contra de los actos de la Administración, acaece a su vez en efectos diversos. Como muestra se puede aludir a la jurisdicción que un TCC del PJF tiene sobre el TFJFA al resolver las sentencias que de éste se recurren y la competencia concurrente que existe entre ellos. Respecto a la jurisdicción del TCC cabe decir que al ser recurridas las sentencias del TFJFA ante los TCC, la ejecutoria que se dicte provoca dos jurisdicciones en el TFJFA. La primera lo constriñe a resolver conforme a la ejecutoria de amparo; y la segunda le deja plenitud de jurisdicción. A diferencia de lo que sucede en las apelaciones, en este caso sí existe el reenvío, por lo que el Tribunal “Ad quem” (TCC) no tiene plena jurisdicción para resolver las cuestiones planteadas que hayan sido omitidas por el “A quo” (TFJFA). Pero tal ausencia de plenitud de jurisdicción del TCC, en muchas ocasiones genera que la sentencia que se dicte en cumplimiento a la ejecutoria, se recurra igualmente, teniendo como resultado que se prolongue en exceso el litigio, con el consiguiente desprestigio de la justicia, como lo señala el ex presidente de la

procedimiento contencioso administrativo que se sustancie ante el mismo tribunal.

Corte Genaro Góngora Pimentel en su libro “Introducción al estudio del Juicio de Amparo”4. De tal modo, en atención al principio de economía procesal, lo ideal sería que, cuando así proceda, se permitiera más campo de acción al “Ad quem” (TCC) para penetrar dentro de las atribuciones de la “A quo” (TFJFA) y terminar así, de una vez con el conflicto suscitado. Por otra parte, sobre el conflicto competencial entre PJF y el TFJFA, debe indicarse que en la impugnación de las resoluciones administrativas definitivas se está ante una competencia concurrente, donde el administrado puede optar ya sea por juicio de amparo indirecto o juicio contencioso federal. La cuestión es que esto no siempre fue así; en principio era competencia exclusiva del TFJFA, pero a consecuencia de las deficiencias en su regulación y administración ya no es así. La Ley de Amparo que rige al PJF establece el principio de definitividad consistente en que no procederá juicio de amparo contra los actos de autoridades en los que proceda en su contra algún recurso, juicio o medio de defensa legal por virtud del cual puedan ser modificados, revocados o nulificados. Sin embargo, dicho principio tiene como excepción que el juicio exija mayores requisitos que los consignados en la Ley de Amparo para conceder la suspensión, y es precisamente este supuesto el que se actualiza en relación con el juicio contencioso ante el TFJFA. Es esta excepción la que convirtió la competencia contencioso administrativa en concurrente. En este sentido, mediante la tesis de jurisprudencia 2ª./J. 56/20075, la Corte resolvió que al actualizarse la excepción al principio de definitividad, en virtud de que la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo exige mayores requisitos para conceder la suspensión que la Ley de Amparo, es factible acudir directamente al juicio de amparo sin agotar previamente el juicio contencioso administrativo ante el TFJFA. En consecuencia, con fundamento en tal tesis, cualquier administrado en aras de economía procesal podrá promover juicio de amparo en lugar del juicio contencioso, considerando que en este último existe la aludida acumulación de expedientes que impide la pronta impartición de justicia. Por lo anterior es preciso considerar si aún subsiste la intención por la que se creó un Tribunal Administrativo (TFJFA), independiente del Poder Judicial (PJF) al tratarse de una prerrogativa a la preeminencia del principio de
GÓNGORA PIMENTEL, Genaro David. Introducción al estudio del Juicio de Amparo. 12ª Ed. actualizada México: Editorial Porrúa, 2010. 5 Novena Época, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, tomo XXV, mayo de 2007, p. 1103, número de registro 172342.
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legalidad, cuya intención era evitar injerencia directa del poder Judicial en el Ejecutivo. O si quizá, en atención al principio de economía procesal, resulta más conveniente dispensar al tribunal administrativo para dejar en manos del PJF esta materia. Continuando, otro indicio de la necesidad de un cambio derivado de la lenta impartición de justicia administrativa ha sido el estricto criterio de indebida fundamentación y motivación, como válvula de escape al rezago. Este criterio, impulsado por un ímpetu por impartir justicia aparentemente pronta, es estudiado por el ya referido tratadista Góngora Pimentel, que lo describe como extremadamente rígido. A diferencia de lo que sucede en la materia civil, en lo administrativo la aplicación de este rígido criterio habitualmente da lugar a fallos favorables para el único efecto de que las autoridades funden y motiven debidamente los actos impugnados. Lo anterior teniendo como único resultado que los particulares, en detrimento a la economía procesal, vuelvan a combatir el acto ya fundado y motivado, con el consecuente efecto evidente: llenar a los tribunales con juicios que no resuelven en definitiva el problema planteado. Es decir, el móvil de la indebida fundamentación se ha desvirtuado. “Los litigios se alargan, lo que significa una carga mayor para las partes y los tribunales, sin ningún resultado práctico”6. Un fallo apoyado exclusivamente en la insuficiente cita de preceptos legales, en esencia, significa una denegación de justicia porque se evade el estudio del fondo del asunto. En cambio, se exige a las autoridades administrativas citar con lujo de detalle los artículos de ley, lo que implica un recargo de trabajo tanto para dicha autoridad, como para el Tribunal e incluso para el particular. Todo esto sin que se “haga justicia”. Sobre este tema es importante anunciar la denuncia de contradicción de tesis 294/2010, en la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aún pendiente de resolverse. En ella contiende la muy reciente tesis aislada III.1o.T.Aux.12 A7, que establece que cuando las salas del TFJFA declaren la nulidad lisa y llana por indebida fundamentación de la competencia también deben hacerse cargo de los conceptos de impugnación referentes a cuestiones de fondo que, de resultar fundadas, podrían generar un mayor beneficio al actor al impedir a la autoridad actuar nuevamente en el mismo sentido. Un criterio que obedece a un elemental sentir de justicia y economía procesal.

GÓNGORA PIMENTEL, Genaro David. Introducción al estudio del Juicio de Amparo. 12ª Ed. actualizada México: Editorial Porrúa, 2010. 7 Novena Época, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, tomo XXXII, octubre de 2010, p. 3125, número de registro 163599.
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Finalmente, el último indicio que se señaló con antelación es la imposibilidad legal e institucional para cumplir las sentencias derivadas de una aparente plena jurisdicción en la justicia administrativa. En un principio el TFJFA emitía sentencias de carácter meramente declarativo; sin embargo, desde hace ya unos años se le han atribuido facultades propias de tribunal de plena jurisdicción. No obstante, el ya no reducir su espectro al resguardo del derecho objetivo al procurar también por el subjetivo, requiere invariablemente de “imperio” para exigir el cumplimiento de las sentencias a las autoridades administrativas. Sin embargo, lo cierto es que el TFJFA carece de cabal imperio para hacer cumplir sus fallos. Aún cuando la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo prevé la posibilidad de ocurrir en queja para exigir el cumplimiento de sentencia, realmente tal queja resulta insuficiente para lograr el cumplimiento. Por ello, ante tal contumacia, la circunstancias han hecho ineludible acudir al juicio de amparo en PJF ante la privación de un derecho derivado de una sentencia firme del TFJFA y la no procuración de justicia completa. De tal modo, ahí sí, en PJF, se logra el cumplimiento de la sentencia que emitió el TFJFA, en su carácter de “plena jurisdicción”. Resulta irónico e incluso difícil pensar que deba acudirse a juicio de amparo para ejecutar la sentencia de un juicio diverso. ¿Acaso esto es congruente con el principio de economía procesal que debe regir al proceso? Lo anterior robustece aún más lo que se opinó con antelación acerca de dispensar los Tribunales Administrativos en aras de economía procesal, para dejar en manos del PJF la materia contencioso administrativa. Por ende y en corolario, los indicios expuestos con antelación denotan modificaciones naturales que revelan la necesidad por un cambio en la justicia administrativa en atención al principio de economía procesal. Conforme a dicho principio, en el proceso se debe procurar obtener los mayores resultados posibles con el menor empleo posible de actividades, recursos y tiempos. El avasallador y preocupante rezago lo exige y quizá la utilización de medios electrónicos no sea suficiente para conservar o, tal vez sea mejor dicho, recuperar el prestigio de la impartición pronta de justicia administrativa. Para ello se requiere de una auténtica y profunda reflexión de legisladores, juzgadores y, más importante aún, de los administrados. De estos últimos se exhorta a que genuinamente se busque justicia y no un simple y egoísta fallo favorable.

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