TESTIMONIO DE MANUEL HEDILLA

EDICIONES ACERVO

INDICE

Introducción . . . . . . . . Carta de García Venero sobre Hedilla Réplica de Hedilla a García Venero . Prólogo . . . . . . . . .

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PRIMERA PARTE

Esta obra fue escrita por Maximiano Garcia Venero bajo la dirección de Manuel Hedilla .

CAP~TULO 1 Una hora en el solar montañés La amargura temprana . . La vida en Bilbao . . . . El hombre de empresa . . . Los años breves de Madrid .

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Cubierta: Perceval

CAP~TULO 1 1 El jonsismo y el falangismo montañeses . . Un hecho nuevo: F.E. y de las J.O.N.S. . La orientación sindicalista de la Falange . El encuentro de Primo de Rivera con Hedilla Octubre de 1934 en la Montaña . . . . El nuevo rumbo falangista . . . . .

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@ Herederos de Manuel Hedilla.
Ediciones Acervo Barcelona Calle Julio Verne. 5-7
Printed in Sparn

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CAPÍTULO 1 11 El consejero nacional Manuel Hedilla . . . Aprendizaje de la cárcel y tarea . Rencor. mezquindad y soberbia . La Falange ante el pueblo . . . . . . . 20 de febrero de 1936. Vísperas revolucionarias . La forzosa clandestinidad y sus períodos críticos . CAP~TULQ IV La dramática realidad: marzo de 1936 La «Carta a los militares de España, . Los mandos ausentes . . . . .

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ISBN: 84-7002-21 1-3 Depósito Legal: 8-1 3.866-1977 Impreso en Publicaciones Reunidas S.A. Alfonso XII. s/n . Badalona (Barcelona)

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CAPÍTULO V Los días sin tremia . . . . . . . . . . La primera condena de Hedilla: treinta años de re. . . . . . . . . . . clusión Navarra y San ~ebastián.centros nerviosos . . . . Alava. Logroño. Burgos . . . . . . . . . . . .

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CAP~TULO VI Asperezas y lances de la conspiración . La Primera Línea de la Falange El aplazamiento casual . . . . .

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CAP~TULO IV Salamanca. Cuartel General El dramático Consejo Nacional de noviembre de 1936 El hombre y los suyos: pausa para la angustia . .

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CAP~TULO VI1 La incierta y esencial Galicia . . . La Falange de las provincias gallegas . El difícil triunfo en Vigo . . . . CAP~TULO VI11 La obra malograda . . . . . . El mando militar en la Monbña . . Los días sin d o t o . . . . . . . LOS extraños movimientos del jefe provincial CAPITULO IX España dividida. España fragmentada . . . . La obstrucción a la Falange . . . . . Manuel Hedilla. jefe tácito . . . . La Falange en Valladolid y en '.dalucía . . Extremadura y Aragón hasta el 2 de septiembre

CAPÍTULO V El máximo desarrollo de la prensa y la propaganda falangistas . . . . . . . . . . . . . CAP~TULO VI La economía en la Falange

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CAP~TULO VI1 Coyuntura dramática: la sucesión . . . . El relevo de AndrCs Redondo . . . . . Vicisitudes de las milicias . . . . . . Afirmación política y refuerzo de la disciplina CAP~TULO VI11 Hacia la concentración de poderes . La provocación del 2 de febrero de 1937

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Hacia la unidad de mando . . . . . La Junta de Mando Provisional y su jefatura . La repercusión de la Junta de Mando Provisional SEGUNDA PARTE

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CAPÍTULO IX Las relaciones con extranjeros . . . . . . . . Intercambio de opiniones entre la Falange y el Tradicionalismo . . . . . . . . . . . . . Llegada a Salamanca de Ram6n Serrano Suñer . . . . El canje de Fernández Cuesta . . . . . . . . . . . . . . . El precio de la sangre . . El presunto periodo oscuro de la Falange . . . . CAP~TULO X En torno a la decisión unificadora . En el umbral del desenlace .... La mañana del 16 de abril de 1937 CAP~TULO XI Antes de las horas nocturnas . La amenaza de los activistas . El testimonio de Agustín Amar

CAPfTULO 1 Llegada de Rafael Garcerán a Burgos . . . . . Los intentos para libertar a José Antonio . . . . La familia del general Miaja y una campaña frustrada CAP~TULO 1 1 El funcionamiento de la Junta de Mando . Modificaciones en los mandos territoriales La lealtad en el servicio de la guerra . .

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CAPITULO 1 1 1 El jefe de la Junta de Mando contra las represalias La ratificación pública de las consignas de Hedilla

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CAP~TULO XII El último Consejo Nacional de Falange Española de las . . . . . . . . . . . . . JONS CAP~TULO XIII La unificación

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errores deliberados Y 10s fortuitos . . Historia cabal de un telegrama y de un viaje

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C A P ~ T U L O XIV

~1 nombramiento de Secretariado o Junta Politica La detención de Manuel Hedilla . . . . .

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INTRODUCCION Me solicita el editor unas líneas para explicar al lector algunas circunstancias sobre la génesis documental y literaria de este libro, ((Testimonio de Manuel Hedilia~,sobre el que la pública actitud de su principal autor literario, repudiándolo, ha originado un nuevo confusionismo que añadir a la de por sí no muy clara circunstancia histórica que el propio libro relata. (*) Este libro nació por el encargo, oneroso, que hizo Manuel Hedilla al escritor santanderino, y por tanto paisano suyo, don Maxirniano García Venero, con el fin de dar a conocer a la opinión del país los acontecimientos históricos de los que había sido intérprete, en reivindicación del reconocimiento público de su clara conducta, sobre la que ha flotado en España una gran oscuridad, mantenida durante largos años. Así pues, la idea de la publicación de un libro sobre tales acontecimientos, su misma vida, fue propia de Manuel Hedilla. Casi, casi diríamos que fue expresión del deseo más fuertemente sentido por él: el vehículo de la pública. reivindicación de su honor de hombre patriota y leal. El señor García Venero, por otro lado, no era la primera vez, según él mismo dijo a Hedilla, que hacía trabajos históricos de tipo biográfico. Ya había hecho sendas obras sobre don Santiago Alba y sobre el general Fanjul. Pero en este caso, el personaje biografiado vivía, y nadie mejor que él conocía
(*) Al final de esta introducción se publica el texto de las cartas cruzadas entre Maximiano García Venero y Manuel Hedilla.

CAP~TULO XV Los eslabones de una cadena procesal . , La política . . . . . . . . . . . . Los consejos de guerra y las sentencias . . TERCERA PARTE CAP~TULO 1 En los dominios del silencio
CAP~TULO 1 1

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Memoria de la prisión . . . . Una voz clamando en el desierto . Lo que refiere Manuel Díaz Duque . Hedilla y el Poder Público . .

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CAP~TULO 111 De la cárcel al confinamiento . La maniobra. . . . . .

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CAP~TULLI IV Vida y trabajos de un confinado . A filo de los días. . . . l . . La libertad de Manuel ~ e d i l l a . . CAP~TULO V La actitud persistente de Hedilla

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los hechos en 10s que había tomado parte Y qué otras Personas habían intervenido, y en qué sentido, en 10s mismos. Por tanto . fue Hedilla el que dio hecha prácticamente toda la investigación, designando quiénes podían testimoniar sobre tal O cual extremo o acontecimiento, limitándose la función del señor García Venero a plasmar literariamente 10s textos de 10s testimonios -escritos, casi siempque los personajes interrogados enviaban. Y siempre teniendo en cuenta que era en definitiva Hedilla el que dirigía la obra, y así lo reconoció durante su confección el señor García Venero cuando escribía a aquél sobre algo ((que tú tienes que decidir)), o anunciándole la entrega «de lo que tengo hecho... para que lo conozcas y lo vayas corrigiendo)), o cuando amistosamente le recriminaba por no haberle informado de un hecho expuesto por cierto personaje, sobre el que decía había tenido que actuar de detective, y que prueba que respecto a los demás, a todos los hechos objeto del libro, era Hedilla el que decía cuáles eran y quién los podía testimoniar. Los trabajos del señor Garcia Venero, por otro lado, eran remunerados por Hedilla. No se trataba de un escritor que escribe una obra nacida de su imaginación y por su cuenta y riesgo, sino que muy al-contrario, la obra corría a cuenta y riesgo de Hedilla, que fue quien la deseó publicar y encargó. Y tan con exceso sobre los pactados honorarios pagó Hedilla a Garcia Venero, que éste, epistolarmente reconocía ((tener cobrado un libro apenas he comenzado)), y «que todo quedó cancelado y requetecancelado de sobra ». Así fue haciéndose la obra. Hedilla dirigiendo y señalando hechos y personajes, cronología, archivos! periódicos, etc., y Garcia Venero ordenando el material, solicitando testimonios y dándoles forma literaria. Pero el señor García Venero era demasiado subjetivo en algunas apreciaciones y en bastantes conceptuaciones, y Hedilla, según lo acordado, tiene que corregir la obra. Hedilla es persona modesta y no quiere que su biografía personal referida a hechos anteriores a los históricos que son propiamente objeto de la obra, tales como su niñez o adolescencia, sean objeto de extenso tratamiento; quiere exponer

hechos y personas que intervinieron en los mismos para que el público los conozca y juzgue, pero no quiere hacer una obra vindicativa ni entrar en juicios personales sobre conductas ajenas, extremos estos sobre los que García Venero derrochaba subjetivismo, y por todo ello, repetimos, Hedilla ha de corregir algunos pasajes de la obra, reduciendo por otro lado su extensión, principalmente en lo que afecta a su propia persona. Para ello se vale Hedilla --que conoce su limitación literaria- de amigos escritores, que prestan, ésos sí, amigable y gratuitamente su colaboración, como el novelista José Luis Arias o el periodista Valentín Domínguez Isla. Entretanto, el señor García Venero, que había reconocido , a «tener cobrado un libro», aprovecha un viaje a París por motivos familiares y vende la obra, como autor y propietario exclusivo, a la editorial de lengua castellana Ruedo Ibérico, cuyo matiz político, por cierto, es notoriamente contrario a la personalidad tanto histórica como última de Hediia. Y naturalmente, el señor García Venero percibe una cantidad a cuenta y concierta unos derechos de autor a cobrar por él sobre el libro. En las condiciones del contrato se establecía que el libro se publicaría con el texto entregado por el señor García Venero en el que se intercalarían notas bibliográficas de un autor de lengua sajona, llamado Southworth, cuya animosidad contra el régimen político español era notoria. El señor Garcia Venero puso como Condicion&i a tales notas que debían respetar las del General Franco y de José Antonio Primo deSRivera. Pero Southworth escribió unas notas bibliográficas que sobrepasaban, al parecer, el límite estimado por el señor Garcia Venero, y al conocerlas éste cuando se preparaba la edición, se alarma sobre las consecuencias que la publicación puede acarrear, y escribe al Ministerio de Información y Turismo en carta sin firma solicitando auxilio para su situación, insinuando en primer lugar la posibilidad de que se le proporcione el dinero recibido a cuenta, y que ya ha gastado, para intentar rescatar la obra y evitar su publicación. Todo esto da lugar a una de las retractaciones que el señor Garcia Venero hace de sus propios actos, y lleva a un litigio ante los Tribunales franceses en que

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el señor García Venero solicita la suspensión de la publicación de la obra vendida por él con tal fin, arguyendo disparidad ideológica con el autor de las notas bibliográficas que a la misma habrían de añadirse a pesar de que, precisamente cuando la vendió, pactó la inclusión de tales notas. Omitimos exponer algunas circunstancias del litigio para no alargar indebidamente esta pequeña introducción, porque no queremos entrar en lo puramente anecdótico, aunque, esto sí, resultara un tanto rocambolesco. Entretanto en Madrid, y por medio del propio Ministerio de Información, se entera Hedilla de la venta a Ruedo Ibérico de la obra por García Venero, y haciendo valer sus derechos, promueve un pleito ante el Juzgado de 1.' Instancia nmO de 6 Madrid, que dicta en definitiva sentencia - q u e quedó firmepor la que se declara que si bien el señor García Venero ostenta la propiedad intelectual sobre sus trabajos de colaboración parcial en la obra, los ha transmitido a titulo oneroso a Hedilla, el cual, por su parte ostenta la titularidad intelectual sobre los trabajos de dirección, aportación de datos y corrección de la misma. Y condena al señor García Venero a otorgar escritura pública de la transmisión de sus derechos a Manuel Hedilla. Por cierto que el propio señor García Venero, antes de la iniciación de este pleito ofreció vender a Hedilla la obra por una peseta, por medio del que estas líneas escribe, pero Hedilla no aceptó tal oferta simbólica por estimar lógicamente que la obra ya estaba transmitida con anterioridad por el señor García Venero, al que pagó religiosamente su importe mucho antes de terminarse de escribir. Quizá con este ofrecimiento lo que podía pretender el señor García Venero era legitimar la venta que había hecho .a Ruedo Ibérico con anterioridad, como hubiera sucedido si Hedilla, al comprarla por una peseta, le reconocía el carácter de dueiío de la obra. Pero IJedilla, como decimos, prefirió los gastos y avatares de un litigio, por aquello del fuero, al aparentemente generoso ofrecimiento del señor García Venero. Mientras tanto, en París, la editorial Ruedo Ibérico antes de resolverse el litigio interpuesto contra ella por el señor García

Venero da una solución a la publicación de la obra. Puesto que la oposición del señor Gamía Venero se basa en la discrepancia ideológica con el autor de las notas bibliográficas que habían de ponerse a la misma, la publica sin elias, y así aparece en París el libro con el titulo ligeramente alterado. Pero poco después publicó las notas biiliográficas de Southwoith en un volumen independiente, con los colores de la portada invertidos' respecto a la obra propiamente dicha, y cuyas notas publica bajo el título de «Antifalange». En estos momentos, y para hacer valer sus derechos ante los Tribunales franceses, Hedilla comparece en el litigio entre García Venero y Ruedo Ibérico, e inicia una especie de tercería en juicio de référé -parecido al interdicto español- reclamando frente a una y otra parte, la exclusiva titularidad de los derechos de publicación de la obra. Este litigio o tercería terminó por sentencia que declara intervenida tanto la obra principal como las notas bibliográficas publicadas, hasta que la cuestión de propiedad se resuelva en el pleito declarativo correspondiente. Y en medio de todos estos acontecimientos es donde nace la nueva actitud del señor García Venero en relación a la obra en la que tuvo tan importante intervención. Sobre esa obra que él vendió a Ruedo Ibérico como exclusivo autor y propietario y que según sentencia firme de los Tribunales españoles no es suya. Primero porque no sólo él, sino también Manuel HediUa, ostenta derechos intelectuales sobre la misma, y segundo, porque sus derechos se los vendió, y cobró adecuadamente, a HediIla. Y estos acontecimientos son lógicamente la causa del hecho, inédito en el mundo de los estudios y trabajos históricos, de que un historiador repudie su obra, como ha manifestado públicamente el señor Gamía Venero, sin haber mediado nuevos descubrimientos ni hecho alguno que lo justifique, sino la sola circunstancia de haber sostenido, y perdido, un pleito con la persona sobre cuya historia versaron sus trabajos. ANTONIO GARCÍA-GALAN LdPEZ

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CARTA DE GARCIA VENERO SOBRE HEDILLA

tura pública. Mi demanda ha sido inútil : lo reitera un diario barcelonés de fecha &ente. He aquí el motivo por el cual me veo obligado a comparecer ante la opinión pública, muy a pesar mío. Me oprime angustiosamente la sensación de que los juicios de valor - e n todos los sentidos- que figuran m el libro publicado con mi firma puedan ser considerados estimables, vAlidos o acaso definitivos, por los españoles de ayer, de hoy y de

*A principios de 1967 fue lanzado en Pans, y con mi f i a , un libro titulado «Falange en la guerra de España; la unificación y Hedilla*. En el mes de junio de 1966 me opuse a la publicación de la obra, y conferí mis poderes al letrado del Colegio de París, don Jean Michard Pelissier, para que presentara recurso de nulidad justificada del contrato que suscribí con la editorial domiciliada en París. Una terrible pérdida, la de mi mujer, fallecida en su tierra natal francesa - a la y que oculté las «sales manceuvresH de alguien al que considerábamos amigo-, me determinó a regresar a España a fines de diciembre del citado año de 1966. Exactamente, el 21 de diciembre. La editorial aprcvechó mi ausencia de Francia para publicar el libro. Me enteré de su aparición algún tiempo después por obra de un alto cargo del Ministe n o de Información y Turismo. Los motivos por los que me opuse a la publicación son de índole diversa. En esta hora de hoy, libérrimamente -nunca he cedido a ninguna clase de presiones- me limitaré a señalar los que conciernen a Manuel Hedilla Larrey, jefe de la Junta de Mando Provisional de Falange Española de las J.O.N.S. Doy por no escrito y lo repudio pública y solemnemente, cuanto en el libro hace referencia a Manuel Hedilla. Reconozco que mi información sobre el personaje era deficiente en muchos casos, errónea en otros y, por tanto, inadecuada para formar un cabal juicio histórico. Empecé a saberlo al profundizar en mis investigaciones histcriográficas, y lo corroboré en 1966. Por otra parte, Manuel Hedilla Larrey ha obtenido que el libro publicado con mi firma - que he escrito desde la cruz a la fecha- sea y declarado de su propiedad y de ciertas personas a las cuales no conozco. Y lo ha conseguido sin que yo lograra aducir mi testimonio ni aportar pruebas testificales y documentales. Pero tal litigio sobre la propiedad no me interesa, ni me interesará jamás. Conste, pues, que mi libro es propiedad de Manuel Hedilla y de sus misteriosos colaboradores. Lo que sí me importa, y superlativamente, es que Manuel Hedilla no invoque jamás, en sus pretensiones de intervención politica, el nombre de Maximiano García Venero. Ni para bien ni para mal. Yo no tengo nada que ver, por lo que atañe a Manuel Hedilla, con el libro aparecido hace algo más de dos años. Cuanto se dice en él acerca del que fue jefe de la Junta de Mando hovisional de la Falange Espafiola i de las J.O.N.S. pertenece a su propiedad y a la de sus -por m - desconocidos colaboradores. Por diversos conductos - e n vista de que en estos años no he podido conseguir que Hedilla y yo mantuviéramos un diálogo definitivo cara a cara- le he pedido que no volviera a pronunciar mi nombre en coyun-

mañana.
Maximiano GARCIA VENERO..

REPLICA DE HEDILLA A GARCIA VENERO UNO me molestaría en contestar públicamente al señor Garcia Venero si sus manifestaciones hubieran llegado s610 a personas que le conozcan a él y a mi, ya que este conocimiento y las incongruencias y contradicciones en que incurre al hacer las manifestaciones publicadas por el diario Pueblo serían bastantes para no romper mi habitual silencio. Pero como la amplitud de la audiencia del periódico es muy superior al restringido circulo de quienes conocen nuestras respectivas conductas y modos de ser, me veo forzado a escribir estas líneas en respuesta y puntualización a las del señor García Venero. Cualquiera que lea con cierto detenimiento las manifestaciones de dicho señor, notará en seguida estas incongruencias y contradicciones a que me referia, como son: 1.0 El señor García Venero reconoce haber suscrito un contrato con una editorial de París -la fecha fue el año 1965- para publicar un libro firmado por él, y luego se opone a su publicación por oscuras y misteriosas razones que no dice, pero que insinúa encubiertamente para que el lector piense lo peor. 2.0 Reconoce haber realizado trabajos históric~biográfiwssobre mi persona -terminados en noviembre de 1963-, que luego repudia, por erróneos, a pesar de que en 1963, cuando los concluyó, y en 1965, cuando los vendió para publicar, los estimaba exactos y correctos. Para comprensión de tan extraña postura, voy a exponer muy sintéticamente, los hechos determinantes de la misma, en cuanto a mí hacen referencia y sin entrar en otros ajenos. A partir de abril de 1962, en que así lo convinimos, el señor García Venero realiz6 una serie de estudios históricos, recogida de docurnentación y testimonios personales, ordenación cronológica, etc., siempre bajo mis indicaciones y dirección que, juntamente con los datos obtenidos y tareas similares realizadas por otros colaboradores -aunque éstos en más modesta medida-, debían constituir el basamento de un libro biográfico de mi persona, cuya publicación se pretendía para dar a conocer al pueblo español las vicisitudes y causas de mi actuaci6n en sucesos históricos de nuestra Patria. Muy poco conocidos y en mu-

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chas ocasiones tergiversados. Estos trabajos se los encargué al señor García Venero por haber realizqdo otros similares y ser natural de Santander, donde empecé mi vida política, y le fueron debida y ampliamente remunerados por mí, de forma que, al menos dupliqué los honorarios que dicho señor me señaló por escrito al comenzar los mismos. Terminados los trabajos totales en 1964, y cuando estaba realizando gestiones para la autorización oficial de su publicación, me comunicaron en el Ministerio de Información y Turismo, con gran sorpresa de mi parte, que el señor García Venero había vendido en París a la Editw rial Ruedo Ibérico -conocida enemiga del Régimen espaiiol- los derechos de publicación del ejemplar del libro que tenia en su poder. sobre el cual carecía de todo derecho, ya que sus trabajos en él habían sido debidamente remunerados y me había transmitido la propiedad. Así lo estableció el Juzgado de Primera Instancia número 6 de Madrid, en sentencia firme de fecha 14 de marzo de 1967, en cuyo pleito, por cierto, el señor Garcia Venero tuvo su abogado y procurador, pues, como fácilmente comprenderán los lectores, eso de que no pudo p r e sentar prueba documental y testifical en el litigio es otra fantasía de este señor. Lo cierto es que al enterarme de tan desleal conducta del señor García Venero, en 22 de mayo de 1965, dirigí sendos escritos a los señores embajador de España en París y cónsul de Toulouse - e n cuya demarcación residía aquél-, denunciando los hechos y solicitando su intervención para impedir tal desafuero. Y en 1967, cuando se efectuó la publicación del libro en Paris, me opuse a ella, bajo la dirección del letrado de aquella capital M. Blateau, consiguiendo en principio la intervew ci6n judicial del mismo. Y de aquí, precisamente, viene la postura del señor García Venero. De mi oposición a su conducta desleal. De no dejarle percibir tranquilamente el dinero del producto de la venta de una cosa cuyos derechos me habia previamente vendido. Oposición, por otro lado, que no llegó a los últimos extremos, ya que nunca quise apurar la calificación que tanto las leyes españolas como las francesas otorgan al que vende una cosa dos veces, y me limité a pedir y obtener la correspondiente declaración judicial en vía civil, sin iniciar proceso alguno. Esa es la verdad. Mientras le pagué religiosamente, todo fue bien. Cuando realizaba los trabajos históricos y cuando los terminó en n s viembre de 1963. Y todo sigui6 bien en tanto le di algunas cantidades sobreabundantes hasta 1965. Las cartas que me dirigió en esas fechas, que conservo, no expresaban sino amistad, agradecimiento y adhesión personal. Y eso que ya había estudiado y conocido todos los datos históricos sobre mi persona y mi conducta. Conducta siempre recta, leal y sacrificada. Pero cuando me opuse a que realizase sus oportunistas deseos c r e matisticos surge la adversión que delata la carta que ahora contesto. Por cierto que quizá tenga alguna razón el señor García Venero al decir que se ha equivocado sobre mí. Antes me debía creer demasiado ingenuo. Ni que decir tiene que de todo lo antedicho, y de algo más tengo

la oportuna prueba'documental, que yo si puedo presentar donde quie ra, y así no necesitaré quejarme después. Muchas gracias, querido director, por tu amabilidad al recoger estas líneas y transmite mi agradecimiento al s&or Garch Venero por hacer tan radical hincapié en que nuestros nombres y personas deben ir siempre separados. En efecto, gracias a Dios el señor García Venero y yo, según me ha demostrado su conducta, nada tenemos en común. Cada cual es hijo de sus obras. Manuel HEDILLA

LARREY..

(Publicadas en el diario Pueblo los dias 22 y 23 de noviembre de 1969).

PROLOGO
Si la historia de la Falange ha sido, al mismo tiempo que ejemplar por su temple heroico, dramática, arriesgada y confusa, también la publican'ón de esta obra -verídica historia de la organización y, aunque no oompleta, la más documentada de cuantas se han publicado en Españha venido precedida de una serie de vicisitudes y dificultades que se han prolongado varios años, retrasando s; ap&ición. ~ ñ u n «Introducción» a que nos pareció necesaria, Antonio Garcia-Galán ha explicado iodos estos precedentes. Es la obra una reivindicación de la figura de Manuel Hedilla ( 1 ) , jefe de la Junta de Mando desde el 2 & setiembre & 1936 al 18 de abril de 1937 y segundo y último Jefe Nacional, después de José Antonio, de Falange Española de las J.O.N.S. desde la mañana del citado día 18 hasta la noche del día siguiente, momento en que se leyó por Radio Nacional el discurso preámbulo y el Decreto de unificación. A este respecto, queremos, m obstante, hacer dos advertencias previas. Primera: La reivindicación personul, siendo importante, podría no serlo bastante si este TESTIMONIO no fuera también u n relato histórico de lo que fue, de Eo que intentó ser y de lo que significó Falange Española e n la política nacional y en la guerra hasta el Decreto de unificación. Segunda: El que escribe estas líneas, editor de la obra, es falungista. Aunque por razones de edad m participó en aquella época primera de la Falange, tuvo el tiem(1) Fallecido el 4 de febrero de 1970.

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po suficiente, y la ocasión, para amesgar su vida por la idea y mantener, desde entonces, una conducta consecuente, según BU corzckmiu, con la linea que iniciaron y trazaron, durante breve tiempo, los mejores. La ediciún de esta obra considera que es esertcial para legar a la historia el conocimiento veraz de aquellos hechos trascendentales y pcKa que puedan los contemporáneos no protagonista y las nuevas generaciones saber que hubo una Falange distinta de lo que después fue Falange Española Tradicionalista y de ls ].O.N.S. y más tarde el Moa vimiento. Aclaremos también que con su publicación no se persigue la finalidad de desprestigiar o poner en entredicho el historial de nadie. Al contrario, se lum suprimido o atenuado de l versión de la obra publicada por Ruedo Ibérico muchus palaa bras o pasajes que p& contener juicios y aprecMciones demasiado subjetivos y afirmaciones no suficientemente apoyad.us por pruebas testimoniales o documentales. Incluso nos parece justo recordm que en el juicio sobre cuulquier personaje m debe dvidurse su circunstancia. Ésta era en aquel momento tan confusa, tan comprometida, que podía -y así debió ser en muchas ocasiones- determinm la aetmcGn torcida de los protagonistas de la historia de aquellos días. Pero salvo alguna impwtitud o error secundario, que rectificaríamos gustosamente, los hechos fundamentales que se relatan consideramos que estcín suficientemente probados, y su divulgación será defen& f r ~ a q u k sea que quiera oponerse con toda energíu. e Con el mismo empeño que pusieron, por ejemplo, en la guerra, las centurias que defendieron la cota fundamental del Alto del León. El conocimiento de lo que quiso ser Falange Española nos do la clave para comprender la difusión pasmosa que adquirió o durante la guerra: los miles de españoles que se enrolaron l hicieron por creer que con el triunfo de Falange iba a comeguirse por primera vez el doble objetivo de descartar el peligro del sectwismo izquierdista y desmontar una situación social. injusta que pretendía mantener la derecha reaccionaria. Con todo, algunos pensarán que hubiera sido preferible silenciar muchos de los hechos que se relatan, puesto que al no

favorecer el historial de determinudos protagonistas, tampoco beneficimcin la biograjíu misma de la organkación. No lo creemos así: con el tiempo iriu dándose a conocer una versión menos fidedigna y, sin duda, siguiendo el viento de la historiu, más tendente a una critica despreciutiva. Y siempre resulta más confortante el conocimiento exacto de esta historia, ya que de ella se deducen, al menos, dos conclusiones importantes. E n primer lugar, la que hemos apuntado de la existencia de una Fdange distinta, en dificil situación desde el encarcelamiento, la dispersión y la muerte de los principales dirigentes, y que resultó suprimida con la ~nijicación.E n segundo lugar, la de que si muchos hombres procedentes de Falrrnge Española, aun caracterizados, no supieron mantenerse en la línea de exigencia política acorde con el espiritu de los primeros tiempos en los cargos de gobierno y d l Movimie~toque luego desempee ñuron, se debió a que ya desde el principio, o desde muy antiguo, tuvieron unu conducta que más parece se aduptclba a sus ambiciones personales que a u n espíritu de entrega desinteresada a Ea causa de Ea organización. C d a cual a su conciencia. Es posible que algunos cuttiguos jdangistas que luego han sido figuras relevantes en la administración y la politica Ea tengan tranquila. La disyuntiva que se debieron plantear -los que se la pluntearon- era bastante clara: nos quedamos en casa esperando mejor ocasión o colaboramos para procurar, desde los puestos de mando, laborar por la revolución que preconizaba Falange Española. A la vista de los resultados, cabria preguntarles a todos los que adoptaron la segunda actitud, que ha sido muy generaliza&, y que se ha tomado en diversos momentos y revestido distintos matices, si lo que han conseguido realmente ha sido otra cosa que colmar su ambición de mando, de popularidad y de ventaja económica. Hay atenuantes, sin duda, como l falta de toda perspectiva política, la necesidad de a m r u tizar unos años de juventud quemados en la lucha pofitica ... Pero sólo atenuantes, no justificantes. Con la perspectiva, e incluso la serena frialdad, que proporciona el transcurso de varius lustros, podemos examinar las causas de lo que se ha calificado hoy, públicamente, como rcpul-

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v e r i z a d n u & La FaIange ( 1 ) . F a h g e Españda era u n movimiento con muy corta vida política, que n o hcrbíu tenido tiempo de efectuar una criba de militantes ni una selección suficiente de mandos, teniendo en cuenta, también, lo borrascoso de las circunstancias que concurrieron e n aquellos años primeros. Las cuatro primeras figuras, José Antonio, Ledesma, Onésimo y Ruiz de Alda, fueron pronto asesinados. La mayor parte de las otras jerarquias se encontraban el 18 de julio e n zona roja. En la zona nacional sólo coincidieron algunos consejeros y jerarquias menos conocidos, a los que les correspondió la tarea difícil de organizar la marea creciente de los efectivos que se incorporaban a la organización. Sobre los hombros de Hedilla, como jefe de la Junta de Mando, recayó la mayar responsabilidad, &e supo sobrellevar e n la medida de sus posibilidades. . Pero vinieron las pugnas internas promovidas por los que aspiraban a u n predominio absoluto e n el mando, y aunque Hedilla se impuso plenamente sobre ellas, facilitaron el camino a la unificación impuesta por el poder militar, ya preparada de antemano v a la que se ofreció u n momento oportuno con el incidente de Salamanca. Destacados falangistas, como puede conocerse a través de este TESTIMONIO. habian celebrado neeo" ciaciones con dirigentes de la Comunión Tradicionalista con vistas a una unificación. Pero Hedilla no la aceptó tal como vino a efectuarse, decidida por u n poder distinto. Bien claro ha expuesto los motivos de su negativa: la composición del Secretariado nombrado por el nuevo Jefe Nacional no le ofrecía suficientes garantías políticas, y ni el Generalisimo ni tampoco sus inmediatos colaboradores le hablaron nunca de la unificación que - r e ~ a r a b a n ~ pesar de su cargo de jefe de la Junta de Man" . do ( 2 ) . Sin embargo, se limitó a no aceptar el cargo de miembro número uno del Secretariado o Junta Política de F.E.T. v de las J.O.N.S. Obsérvese que una de las condenas que se le impusieron, después de su negativa, fue por considerarle responsable como inductor de la muerte del escolta de Sancho Dávila, en el

incidente de Salamanca, mientras que a éste se le indultó por la muerte de Goya. Salvando posturas personales, el momento crucial en que se encontraba España e n abril de 1937, dividida en dos zonas empeñadas en lucha a vida o muerte, hubiera sido suicida que los falangisias se alzaran contra la unificación ( 1 ) . Después
(1) Un testimonio del falangista Ramón Pedret de Falgás, escrito en 1962, explica cuál era el estado de ánimo de los jefes de algunas unidades en aquellos momentos críticos: .La Centuria Catalana que habia sido duramente diezmada en Espinosa de los Monteros había desaparecido como tal. Con los restos de la misma y de otras Centurias burgalesas y de la Santanderina, se habia formado la 1.' Bandera de Castilla-Burgos. Santiago Martín Busutil, el falangista de pro. que continuaba en el frente ucamuflandom su condición dc teniente de complemento de Intendencia y haciéndose pasar por de Infantería, mandaba la 4." Centuria de dicha Bandera. En dicha Centuria estábamos encuadrados los restos de la Catalana. Era la Ccnturia más política de toda la Bandera. Quizá por ello el mando militar de la Bandera nos tenía lo más apartados posible del Puesto de Mando. .Varios de nuestros camaradas habían ido a la Academia de Pedro Llen y otros esperábamos ir. .En el mes de abril de 1937 la 4." Centuria estaba destacada en Soncillo. El puesto de mando estaba en Pedrosa. Era posible ir a Villacayo sin pasar por Pedrosa. Teníamos el Puesto de Mando de la Centuria en la casa de Pepe Sainz. *Un día de abril, no recuerdo exactamente cuál pero sí antes del 19 fue Busutil a Villarcayo sin pasar por Pedrosa, como acostumbraba a hacer cuando de algo político se trataba para no tener roces con el comandante. .Regresó muy tarde y muy agitado. Era yo entonces sargento de la Plana Mayor de la Centuria y no recuerdo que nunca hubiese inquirido por cómo estaban montadas las guardias, por los movimientos de los rojos, por detalles insignificantes, con tanta sequedad y dureza. »La situación estuvo tensa durante. mucha rato entre preguntas y silencios. Por fin se desahogó y nos confió al alférez de Milicias Forgas (Presente) y a mí, cuál era el motivo de su inquietud. »Nos explicó que en Viliarcayo, secretamente, había recibido instrucciones de marchar con la Centuria a Salamanca inmediatamente con el fin de impedir, por la fuerza, que se produjese la unificación de Falange y la Comunión Tradicionalista. Recuerdo que con nuestro celo inflamado reaccionamos en el primer momento en el sentido de i r a preparar las cosas inmediatamente. Pero Busutil ya hacía rato que meditaba sobre el asunto. Nos frenó con un gesto. Nos hizo ver que abandonar Soncillo y Cubillos de las JONS (antes del Rojo), era dejar abierto el paso al enemigo hasta Burgos. Podían coger por la espalda, sin

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(1) ~Mundon1410-72, n." 1693. (2) Página 518 de esta obra.

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se presentaron muchas otras ocasiones para la «retir&a honrosa». 1945, por ejemplo, cuando terminada la Guerra Mundial con la derrota de las potencias del Eje, no podíu la coalición democrático-comunista triunfante tolerar la coexistencia con u n régimen de signo y estructura fascistas. Pero además de la inconsecuencia y arribismo de muchos, la desintegración se ha producido también e n la línea ideológica. El ideario falangista quiso unir al factor tradicional - e l nacionalismcon el factor,poderno -lo social-. Ante la falta de coyuntura histórica y de personalidades lo bastante fuertes para resistir a las presiones ejercitadas para anular a los mandos y a lcls influencias disolventes, los antiguos falangistas se escindieron entre los que daban primacía al factor tradicional y los que lo daban al factor social. Los que adoptaron las respectivas posiciones extremas se olvidaron del otro factor, cuando no se volvieron contra él. La naturaleza esencial del pridefensa prevista, a Villarcayo y a los del sector de la Lora. De marchar teníamos que hacerlo sin avisar a nadie y era mAs probable que por el servicio de espionaje se enterasen primero los rojos que no las fuerzas nacionales. El boquete queda abierto sin remedio. »Su posici6n era angustiosa pues creía, porque se lo habían dicho, que una fuerza bragada y disciplinada como nuestra Centuria, podía decidir en un momento determinado lo de Salamanca. Por otra parte veía que si esto se hacía se podía causar un daño quizá irreparable al curso de la guerra. .Mucho rato Pabló inflamadamente, casi rabiosamente. De poco le podíamos seMr nosotros mAs que de oyentes. Por fin se decidi6. Decidió quedarse. Yo no sé si fue más temble el pesado silencio que siguió a la decisión que el torrente de palabras anterior. Aquella noche no se hizo ninguna ronda a los parapetos pero no dormimos ninguno de los tres. .Cuando llegb la noticia de la unificaci6n, que sorprendió al resto de la Centuria, Busutil y nosotros nos mirábamos un poco como culpables, mejor dicho, como Busutil decía, como culpables sin responsabilidad ya que él nunca se hubiese perdonado el hacer una traición a los que estaban en el frente abandonados en las garras del lobo. »No dijo quién le había dado la consigna. Alguien a quien él conocía mucho y que fue personalmente a Villarcayo. aDespu6s se acogió en la Centuria a los que pudieron zafarse y estaban en Pedro Llen. Se adoptaron para camuflarles argucias administrativas no aconsejables a un notario pero que sin duda hubiese aconsejado un moralista.*

mer factor determinó el catcigonismo entre Falange y los partidos de izquierda desde el primer día, & forma radical y sin dar opción ninguna a los falungistas e n el momento decisivo &l 1 8 & julio. N o obstante, la c e r h n e n sólo estu afirmación puede degenerar e n una postura bastante extendida entre algunos seudofahgistas, que ha restado simpatíus populares a la Falange. Me refiero al matonismo. Entiéndase que no puede negarse la licitud de la violencia, como admitió José Antonio, en d e t e r m i d o s casos y situaciones. Pero cada actitud tiene s u momento. Y se da la circunstancia de que por lo general no son los que más dieron y arriesg~ron n los tiempos difíciles los que e luego adoptan la actitud desgarrada y frenética, frente a una situación que n o la exige. A la posición opuesta, de primacía al factor social, coincidente con la doctrina del socialismo de izquierda, h a n ido a parar una buena parte de los intelectuales faLuagistas, dando ejemplo de la más lastimosa inconsecuencia. Volubilidad de lcrs m a t e s especulativas y sospechosa coincidencia, muchas- veces, d e las nuevas actitudes con u n tiempo de predominio de las corrientes ueuropeistasn y del declive, e n España, del'poder personal. Al confusionismo ideológico se une la-dilatada época de vida e n el ostracismo, con el inevitable proceso de burocratizwwn. Los organismos de F.E.T. y de las J.O.N.S. se queduron casi sólo con los que aspiraban a alguna ventaja, manteniéndose e n el único asidero oficial que podíu prestarles cierto apoyo. También quedaron militantes bien intencionados, que no han podido hacer otra cosa que (cvegetarn, ante la limitación de jefes responsables, de consignas y de estímulos. Algunos jóvenes intelectuales han pasado, buscando e n el Movimiento el cauce a través del cual pudieran realizar su carrera politica y al final de ella tener acceso a los puestos de mando y responsabilidad, para los que podían tener una legítima ambición. ¿Qué queda hoy de la Falange? Poco e n apariencia, ciertamente ( 1 ) . Mucho más, no obstante, e n posibilidades futuras,
(1) Fernando Diaz Plaja en una obra reciente de mucha difusión expone muy claramente la participación de la Falange en la política

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de lo que pueda pensarse ante la actual panorámica p o l í t h española. N o olvidemos, e n todo caso, que el tiempo n o pasa e n balde. Estamos e n una época e n que los planteamientos ideológicos de hace treinta o cuarenta años deben necesariamente experimentar una adaptación a la distinta problemática socid y politica. Por una parte los adelantos cientificos y técnicos han permitido que el hombre tenga más fácil acceso a los bienes de consumo y a la cultura. Aunque las diferencias económicas se mantienen, el nivel de vida de las clases menos pudientes ha aumentado, acortándose las diferencias sociales. Pero, e n cambio, el hombre sigue viviendo angustiado porque estos bienes se le ofrecen cada vez e n mayor número y diversidad sin que pueda tener acceso al disfrute de todos. Además, con el predominio de la técnica se va hacia u n mundo prefabricado, en el que cada ser humano va a tener su vida organizada, y por consiguiente una existencia sin estimulo, en la que la nota dominante será u n vacío de to& ideología, religiosa y política. Y entonces se acentuará esta reacción contraria de vuelta a la naturaleza, pero e n forma de movimiento viciado, destructor también de la personalidad, peligroso. Pero a pesar de ser distintas las situaciones, el planteamiento politico actual es básicamente igual al de 1933 y e n consecuencia queda e n primer lugar la validez del ideario de Falange Española, adaptado a Eas características del momento. ¿Acaso ha sido capaz la democracia parlamentaria dominante en Occidente, después de la derrota del fascismo, de ganar una sola baza
espafiola y su situación, hoy: *...La habilidad del Generalísimo consistió en emplear de sus diversos aliados -tradicionalistas, falangistas, d e mocristianos, monárquicos alfonsinos- los que reputaba más oportunos en cada momento. Y así, mientras los signos exteriores de la Falange estaban en todas las fachadas de España, nunca ha habido más de tres o cuatro ministros de ese origen en los gobiernos nacionales y de 69 ministros sólo ocho han jurado el cargo luciendo la camisa ami. Con la llegada de ministros del Opus Dei y los llamados tecn6cratas. la Falange ha quedado prácticamente extinguida. De una forma que, probablemente, no tiene igual en la historia, un partido ha desaparecido virtualmente del mundo de los vivos aun manteniendo, oficialmente, toda su vigencia. La otra historia de España. Plaza & Jan&, S. A., 1972.

al comunismo, des+ de tantos años de enfrentamiento? Se &m&u a defender con dif"ultad 8US posiciones, pero sin dema&da garantia & que puedu mantenerlus a la larga, y ha demostrado sobradamente su impotencia para descartar la amenaza comunista. Queda la figura & losé Antonio, que resiste toda critica adversa, y que pasará a la historia, pese a su juventud, como una personalidad de excepción. Quiero prescindir de todo mito, pero es indudable que su preocupación intelectual, su genio creador impregnado de poesia, unido a su valor personal, integran una biografíu que siempre tendrá u n poder de atracción entre l a juventud. Si no la tiene hoy mayor es por el largo periodo d e exaltación oficial de su figura que lo convirtió, para los que no conocen otra cosa de su actitud, e n u n persoítaje cuant o menos equívoco. Queda el ejemplo de Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio e n la jefatura Nacional, cuya vida se describe e n este TESTIMONIO, que supo decir ((no))y mantenerse inflexible e n esta actitud hasta su muerte. Poco antes de que ésta le sobreviniera se expresó de la siguiente forma: «Me piden que me dirija a vosotros, jóvenes dé ~ s p a ñ a , lo hago-gustos* desde el y lecho e n que me retiene una fastidiosa enfermedad. Lo hago emocionado y consciente de la responsabilidad que supone hablar a quienes tienen e n sus manos el porvenir de España. Para hacerlo no tengo más titulo que una conciencia tranquila, que una ejecutoria fiel siempre a esa conciencia, porque e n estos momentos e n que puedo pasar revista a m i vida, puedo decir sin aspavientos, pero sin falsas modestias, que de lo único que no me h e arrepentido jamás es de haber sido fiel a m i mismo)) (1). Queda el ejemplo de otros viejos falangistas, cuyo h i s t o d y valía personal les hubiera permitido una fácil escalada a los puestos de mando y u n también fácil acceso a las prebendas, y que no sólo rehusaron, sino que persisten con su fe intacta e n el credo fabngista, sin haber temido en ningún momento mostrar su disconformidad y sufrir sus consecuencias.
(1)

MUNDO, 6 de diciembre de 1969.

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Entre éstos hemos de citar primeramente a Narciso Perales, Carnet de fundador, Palma de Plata desde 1935, figura destacada: & la Falange andaluza, jefe provincial de Alicante, Granada y Logroño cuando la guerra, durante la eual también u&tió a los frentes, jefe provincial y gobernador civil de León e n . 1941, cargo que aceptó ya sin convencimiento y del que dimitió al cabo de un año, n o volviendo a ocupar desde entonces ningún otro. Ha sufrido desde entonces numerosos y prolongados confinamientos y detenciones. E n las siguientes afirmaciones suyas está la línea esencial de su pensamiento, en el que se ha mantenido e n todo momento, -sinsilenciar nunca su verbo ardiente, sin cejar e n su actitud rebelde, debeladora implacable de toda a corrupción y transigencia. «Soy falungista y me veis sin l camisa azul. Lo soy desde m i ya remota juventud. Y lo he seguido siendo e n todos y cada uno de los dias transcurridos desde entonces. Lo digo con cierto orgullo, porque n o ha sido cosa fácil entre las baúrs de plomo y las balcrs de plata; entre la persecución y el soborno. Pero vivimos e n un mundo de apariencicrs y es fundamental distinguirlas de las realidades. O mejor dicho. descubrir, desvelar, las realidades que están detrás de las apariencias. Las formas no constituyen las sustancias. Y lo que importa siempre es la sustancia. Fijaos bien, porque lo que podemos y tenemos que salvar es la sustancia, no la forma. La forma está PEZ que fue falungista una vez, un tiempo -históricamente o n e , no lo es de por vida necesariamente. Ayer lo fue, h o y no lo es. Que lo advierta él mismo o que no lo advierta, depende de su propia formación; o lo que es más importante, de la motivación de su conducta. Que lo adviertan los demás, depende d e la observación y de la preparación de los demás, porque basta con observar SUS obras. E n esto también es válida la máxima evangélica: "Por sus obras los conoceréis". ,Si nos situamos a extramuros de nuestra propia información, e n un lugar cualquiera de nuestra sociedad, nos encontraremos con que hemos resultado ser, según las apariencias, defensores del Capitalismo, cuando tratábamos de desmontar el Ca-

pitalismo: gestores de negocios, protectores y guardia pretoriana de los banqueros, cuando e n 15 días pretendíamos nacionalizar la Banca; defensores de los terratenientes, cuando propugnábamos una reforma agraria revolucionaria: patrocinadores benévolos de las grandes Compañías Eléctricas, Telefónicas y Constructoras, subastadores y arrendadores de autopistas, carreteras y túneles, cómplices por omisión, al menos, de los especuladores d e solares; cuando habíamos inscrito e n nuestros propios puntos iniciales el propósito de nacionalizar los Servicios Públicos; autores o introductores de los diversos procedimientos e n uso e n los que se maneja el dinero de la Colectividad para salvar o aumentar las ganancias de los capitalistas, cuando fuimos severos censores'de la simple socialización de las pérdidas; fuerza partícipe de una alianza, conglomerado o lo que sea, cuando José Antonio denunció indignado a los que nos creyeron "vanguardia; fuerza de choque o inestimable auxiliar de cualquier movimiento reacciona&". Cuando - c o n palabras de José Antonio de n u e v e era ofensivo para la Falange, incluso la simple proposición de tomar parte como comparsas en u n movimiento que no fuera a conducir a la implantación del Estado Nacional Sindiqalista,.sino a la restauración de una mediocridad burguesa conservadora, orlada para mayor escarnio - d e cía- con el acompañamiento coreográfico de nuestras Camisas

Azules. nSe puede preguntar ahora dpor qué fue aceptada la unificación? Hab& que volver a aquel tiempo. Muchos creíamos que no teníamos derecho a poner e n peligro grave la suerte de la Guerra ni la vida y libertad de nuestros camaradas, desatada la barbarie, por defender o imponer nuestras convicciones que cabríu hucer triunfar más adelante. Probamos nuestro patriotismo y probamos nuestra ingenuidad. Aquella de que hablara José Antonio al decir e n su testamento "Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada e n otro servicio que e n el de la Gran España que sueña la FaZungeB. Cada uno de nosotros podría explicar una experiencia amarga. Hedilla, el último Jefe Nacional, fue a la cárcel y no fue solo. Otros nos dedicamos a u n forcejeo sordo y estéril, sin experiencia, dada

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nuestra juventud, y sin instrumentos, dadas nuestras posiciones.)) ( 1 ) Otro ,a l u n k t a no colaborador es Eduardo E z q m t , que fue f "

jefe provincial de Badajoz y Consejero Nacional, cargos e n los que cesó a finales de 1935. No obstante este apartamiento de entonces, su actuación posterior ha sido de fidelidad a ultranza a la doctrina y de intransigencia frente a las componendas y a las claudicaciones. Creador & lu O.R.N.S. (Ofensiva de recobro Nacional-Sindicalista), organización clandestina, a lo largo d e quince años ha sido detenido seis veces y ha debido comparecer ante los tribunales de justiciu cinco veces. A pesar de los muchos años & apartamiento mantiene íntegra su fe y su ilusión e n la implantación de los p6stulados falangistas. Así se expresa e n 1969: «Queda [de aquellu Falange fundacional] el mandato histórico que provocó; la lozaníu y riqueza de su entiúad doctrinal, no superada hasta la fecha. S u revolución diferida, pero en pie; su necesidad, quieran o no sus encubiertos enemigos. Y o m e permitiría preguntar a éstos qué piensan oponer al bronco torrente de la próxima encrucijada: ¿La tecnocracia con "mac h i n a ZBM"? ¿La fuerza e n frío con balas calientes? ¿Unos gritos más o menos.histéricos, más o menos envejecidos? ¿Unos vivas a Fulano o a Zutano? Nada, nada; no sirve. HabrB que oponer, pienso yo, una unidad caliente, u n fervor colectivo, u n entusiasmo popular, una programación de eficacias. Lo mismo que hizo el milagro del Dieciocho de Julio; el del Dos de Mayo, con su constante hispánica de independencia; el del descubrimiento de América ... »Las causas [que han motivado la mutación faEangista] son tres: inmadurez, crecimiento rápido y acefalia. Sin esta ú1tima pudieron haberse subsanado las dos primeras si los rojos no hubieran fusilado a José Antonio e n una madrugada temblante de conciencias. Por parte de ellos fue u n tremendo error poütico el hacerlo antes de decidirse la guerra. De haberla ganado haUaríamos la justificación, pero no e n la derrota que su( 1 ) José Antonio, hoy. Círculo Doctrinal U J O S ~ Antonio., Barcelona, 1968. Gráficas Juan Abellán.

frieron, ya que la gran humanidad del sacrificado estúpidamente, su selectividad, creación y prestigio, hubieran constituido una notable promesa y garantíu para el sector vencido. Para nosotros hubiera supuesto, además de su calor, la necesariu depuración que toda inmadurez exige y u n rigor de cumplimiento sin tentaciones, desmayos y vacilaciones: con su cayada nos hubiera tenido a la linde de la sementera hasta que hubiera sazonado. »José Antonio murió, si. Y Espaiia entera se llenó de dolor. Pero su metafísica está en pie y es permanente. Y a es honor servir a " u n señor que nunca se nos muere"; a u n José Antonio que nunca muere, porque su idea es inacabable primavera)) ( 1 ) . Queda más. Después de tantos años e n que el saludo con e t brazo e n alto fue suprimido oficialmente por considerarse comprometedor, después de que el himno falangista, que habla de «Caídos», de ((Banderas victoriosasn, empleando términos que a muchos nuevos políticos les parecen extemporáneos y molestos, resulta que las multitudes que se manifiestan ante u n peligro nacional, como fueron las que se congregaron e n 1970 con ocasión del proceso de Burgos a los miembros de la E.T.A., saludan con el brazo levantado y entonan el ((Cara al Sol». De forma e n parte ingenua y rutinaria, pero también espontánea, emocionada y desafiante. Quedan también unos núcleos juveniles disconformes, que manifiestan cuando pueden, ruidosamente, su protesta. Unos muchachos a veces desorientados, que se aferran a unos principios y a unos símbolos, sin admitir su olvido. Queda finalmente la insatisfacción, el «no es eso». profundo, acallado, pero latente, de la uminoríu silenciosa))-dispersada con el tiempo, desorientada en ocasiones también- de falangistas voluntariamente marginados, que nunca renunciará a una ideología que penetró e n lo más profundo de su ser, sin sustitutivo posible, hasta la muerte. Esto es lo que queda. Muchos lo considerarán con escepticismo. Otros con desprecio. Pero no se ha dicho la última palabra,
( 1 ) La Actualidad Española. 8 de mayo de 1969.

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La Falange no fue u n partido creado por una fria especulación teórica, sino una acción política elevada a mística. Fue también u n empeño frustrado, pero no caducado. Porque u n día, u n joven puro, incontaminado, leerá absorto la auténtica historia, sentirá la fuerza de atracción de su ideario y se presentará a los nuevos españoles como iluminado, y seguro y exigente en su postura. Y este dicr se habrá realizado el milagro que parecía ya imposible de (c.coger la semilla que sembraron)), muchos años antes, aquellos que murieron e n el intento y que no serán ni siquiera ceniza sino sólo recuerdo.
JOSÉ ANTONIO LLORENS BORRAS

PRIMERA PARTE

UNA HORA EN UN SOLAR MONTAfiÉS Ambrosero es el pueblo natal de Manuel Hedilla, en el municipio cánt&ro de Bárcena de Cícero, dentro de la antigua Merindad de Trasmiera. Es un trozo de la provincia de Santander, emplazado en la zona oriental y cuyas lindes marítimas ideales están constituidas por la bahía santanderina y la de Laredo. Es la tierra en que fue criado Femán-González. Es una deja tierra de hombres libres, en la que no existe rastro de servidumbre humana jurídica. El espíritu de estas gentes saltó de la historia hacia otras tierras más allá de la gran cordillera y surgieron entidades tamb'ién libres, orguliosas de su estirpe. Hay un rasgo esencial en los hombres de la Trasmiera: su varonía y su serena y digna altivez. Es ésta una de las marcas hispanas en que el honor del nombre y la dignidad humana alcanzan proporciones que parecen paroxísticas. Fue trasmerano don Francisco de Quevedo. Hidalgos por derecho propio -anteriores al rey-, los trasmeranos ofrecen un tipo humano estoico y generoso, frugal y berroqueño. Y vertical, con el espinazo de vidrio. Entre estas gentes nació Manuel Hedilla, en Ambrosero, en un concejo disperso. La aldea, próxima a las marismas, entre verdes lomas, tenía a principios de siglo un centenar de hogares o fuegos, de vecinos, divididos en dos bamos. En uno de ellos, llamado precisamente de Madama, vivió su crepúsculo y murió Bárbara Blomberg, la madre de Juan de Austria.

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Manuel Hedilla nació el 18 de julio de 1902, en el barrio de Estián, cercano al camino real hacia Vizcaya, en la casa de sus abuelos paternos. Era una casa residencial, ajena a las actividades agrícola y ganadera, pues los Hedilla no tenían una tradición puramente campesina; provenían de la burguesía media. Fue bautizado en la iglesia parropuial de Ambrosero, recibiendo los nombres de Federico-Manuel. Sus apellidos son Hedilla, Larrey, Collada, Jáuregui, Villa, Gallego, Moncalián y Abulina. Por línea paterna rigurosamente montañés y Gasmerano y por línea materna tiene un cruce de sangre extremeña con alavesa. El apellido Larrey tiene clara genealogía francesa. El abuelo de Manuel Hedilla era propietario de tierras y también tenia propiedades en La Mancha y de ahí que naciera en Toledo el padre, don Manuel Hedilla Collada, que más tarde fue inspector de la Tabacalera en el puerto de Santander y Juez Municipal de Bárcena de Cícero. El niño Federico-Manuelnació pues, en la casa de sus abuelos. A él seguirían Josefa y Rafael. Discurrió su infancia en un ambiente familiar serio, enterizo, que presidirá con hidalga dignidad su abuelo don Celedonio Hedilla y Villa. Somáticamente el personaje de este «testirnonion es un tipo nórdico, de aventajada estatura y complexión fuerte, con predominio de los valores biológicos montañeses, vascos y pirenaicos, que también se manifiestan en su espíritu. «El hombre de hoy, es y ha sido como fue el niño de otrora. Buen alumno en 1á escuela, melancólico, introvertido y de precoz seriedad)), vienen a decir los hermanos Gregorio y Alfredo Hoyos Rozadilla, sus contemporáneos en Ambrosero. Fue siempre un gran aficionado al ejercicio físico; montaba ágilmente a caballo y dominaba el dificil juego de los bolos. Como nunca perdió el contacto con su pueblo natal, sus viejos amigos de la infancia le recuerdan a los veinte años ágil y esforzado, atraído por la nobleza de las ideas deportivas. Nunca sostuvo peleas niriñas, sin embargo.

LA AMARGURA TEMPRANA
En los días de la Semana Santa de 1909, a temprana edad, murió el padre, don Manuel Hedilla Collada, y el abuelo, don Celedonio. Con la vida de ambos se extinguían los recursos económicos que habían mantenido a la familia en un nivel rural confortable. Las propiedades rústicas y los inmuebles lugareños eran entonces difícilmente convertibles en dinero. Incumbió decidir el futuro de la huérfana familia a la ioven madre, doña Josefa Larrey, +ora de inmensa fuerza , espiritual y de una acerada voluntad. Centenares, millares de españoles, la conocerían después, en circwstancias bien adversas, admirados de su temple y de su indomable energía. La fina sensibilidad del niño Federico-Manuel acusaría --en sus apenas siete a ñ o s - la primera y profunda herida al doblar repetidas las campanas de la pequeña iglesia de Ambrosero por la muerte de los dos Hedilla. Hubo dudas en el camino hacia el porvenir de la familia. Se podía subsistir en Ambrosero. Disponían de tierras y prados. «Mi madre -refiere Hedilla-, al quedarse viuda, decidió que marcháramos a Vizcaya,. Y un día de 1909 el tren de Santander a Bilbao recogió en la estación de Gama a la viuda de Hedilla y a sus tres pequeños hijos, emigrantes a la Vizcaya fabril y minera que se transformaba cambiando el paisaje y el cuadro social. La transición para la familia entre la Trasmiera egloica y la Vizcaya industrial, era brusca y ruda. En el suelo vasco imperaba la colisión de las clases sociales y progresaba el sentido de insolidaridad.

LA VIDA EN BILBAO
La madre se abrió camino en Bilbao. Encontró trabajo decoroso para mantener a sus tres hijos apiñados en tomo a ella. Los más pequeños, Josefa y Rafael, quien apenas contaba tres

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años, quedaban en la casa. Federico-Manuel - q u e ya había perdido su primer nombingresó interno en las Escuelas Salesianas de Baracaldo. Esta formación ejercería una fuerte influencia en el joven montañés, afirmando un profundo sentido religioso de la vida. Lo que sabemos de su infancia y adolescencia nos muestra la imagen de un Hedilla católico de una pieza, de gran obediencia moral y litúrgica, enemigo del exhibicionismo. Hedilla es un testimonio vivo de los valores de la oración sincera que parecen increíbles; de la oración cuando se llega a altos grados de perfección en la fe. Tras haber estudiado siete años en colegios dirigidos por religiosos, halló plaza de aprendiz en los talleres navales uSuárez y Compañía)), en Axpe, junto a la ría b i i . No cobró nada durante el primer año, lo que era habitual en el cerrado escalafón laboral. Hedilla soportó la dureza de este aprendizaje industrial sin entrañas, y cuando aún no había cumplido los dieciséis años entró en los a Talleres Euskalduna D de la Sociedad «Sota y Aznarn y empezó a cobrar un pequeño jornal, íntimo y fervoroso deseo de un hijo que, poseedor de un fuerte sentido familiar, quería aportar cuanto antes una ayuda a su madre. Cuando Hedilla entró en la ((Euskaldunan se p p h j o la primera prueba de fuerza de un proletariado que soportaba unas condiciones de increíble falta de justicia social y laboral. Por su edad, es éste un acontecimiento revolucionario que vive sólo en la anecdótica de Hedilla, que ya percibía la inmensa problemática del mundo del trabajo. Al margen de este panorama social, que entenebrecían las huelgas y las represiones violentas, se registraba el avance de un nacionalismo que llamaba a la oriundez alavesa de los Jáuregui. Por otro lado, Euskalerria no termina en los límites provinciales de Vizcaya; alcanza tierras de mezcla y la Trasmiera es una. Hedilla no se deja ganar por esta penetrante sugestión vasca, que empezaba a hacer estragos en las filas de las organizaciones y en los núcleos jairnistas. El amor apasionado por Vasconia no enturbiaba en el joven Hedilla el que sentía por la España total que había arrancado de sus montañas.

Antes de su orientación hacia el trabaio industrial. en 1914. volvió Hedilla a la tierra natal. Iba a cirsar unos elemental4 y prácticos estudios en el Instituto Agrícola que los trapenses de C ó b m s habían establecido. De allí se pretendía que salieran peritos agrónomos, con especialidad ganadera. Hedilla se sentia íntima y poderosamente inducido en esta dirección. Ama a la tierra apasionadamente, con devoción de una estirpe, montañesa y Allá en Bilbao, la familia Hedilla seguirá en las manos fuertes y generosas de doña Josefa. Los h6rmanos de Manuel acudían a -colegios de religiosos. El joven Hedilla no podía aspirar a la Universidad. Necesitaba emanciparse pronto para asumir su puesto de responsabilidad en la vida de la familia. Se cerró el. camino del peritaje agrícola. Loa trapenses clausuraron -como otros centn>s las aulas al producirse la trágica epidemia de 1916. Hediia regresó a Bilbao y tuvo que orientarse de nuevo. No eran ciertamente muchas las salidas que se ofrecían. En la factona ((Euskaldunan existía una Escuela de Maquinistas Navales, con estudios de cuatro años de duración, con 6 mitad de la iornada en los talleres y la otra mitad en las aulas. La enseñanza era de inspiración británica, con un método realista y empírico que dio buenos resultados. La Escuela de la Euskalduna tenía fama por la dureza del trabajo y la severidad del profesorado, integrado por viejos marinos. Hedilla soportó el régimen y dos años después recibió un flamante título de alumno de máquinas que le facultaba para emprender la navegación y examinarse al final del período de Embarcó en los buques de la ((Naviera Vascongada)). Su más larga estadía se desarrolló en el Burango, carguero de 6.000 toneladas. Por aquel tiempo la flota mercante española sufría una gran crisis, sometida a una competencia que las alegre! navieras de la guerra no habían previsto. Hedilla, en diferentes viajes, recorrió los mares. Visitó el norte de Europa, Gran Bretaña, Alemania, Los Países Bajos, y luego los puertos del Mediterráneo. Su natural tendencia a la

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austeridad le libró de caer en los trillados caminos de la marina y la vida portuaria. La seriedad y la continencia constituyen en Hedilla unas exigencias indiscutibles. Hedilla siguió su vida casi ascética, cultivando el ejercicio físico, atento a captar las impresiones cambiantes de lai tierras que recorría. Más tarde, en el Durango, llegó hasta el Pacífico, América Central y la costa oriental de los Estados Unidos. Por entonces había tenido que cumplir el servicio militar, del que le redimi6 su madre viuda. La crisis en la navegación mercante abrirá pocas posibilidades al joven maquinista, que sentía el imperativo familiar de librar a su madre de la responsabilidad del sostenimiento de la casa. Hedilla era muy sensible a este cariño filial y fraternal. Era una obsesión que le volvía taciturno, guardando como buen montañés sus desventuras y problemas, pero quemándose con ellos. DesembarcO Hedilla, dispuesto a trabajar en tierra, en algún empleo en el que fueran aplicables sus estudios y experiencias. Ingresó en el astillero que en Sestao tenía la aconstructora Naval)) de Bilbao. Fueron éstos, acaso, los años más felices y dichosos de la primera juventud de Manuel Hedilla. Contaba 21 años y se instaló, jpor fin!, con su madre y sus hermanos en Las Arenas, contribuyendo con su esfueno al sostenimiento de la'casa, que regia doña Josefa con admirable tino. El joven montador de la Naval apenas tenía necesidades personales. Tardó años en fumar y, siempre fue abstemio por convicción. Son los años de la popularidad deportiva de Hedilla a la vez que disfruta de una gran confianza en la empresa, entre sus compañeros de trabajo, formando parte del equipo «arenero», rival del Athletic bilbaíno. Entonces, por razón de vecindad, conoció a otro joven de su misma edad, José Antonio de Aguirre y Lecube, jovial y animoso jugador, que traduciría su popularidad a la política, hasta alcanpar en bien terribles circunstancias la presidencia del. Gobierno de Euzkadi, en guerra con España. io Entre la mayoría vasca el joven montañés hz grandes

amigos, que le quisieron por su espíritu deportivo y su profunda y simpática sencillez La familia Hedilla -mejoradas sus condiciones económicas gracias al trabajo de Manuel- puede ya pasar largas temporadas en el pueblo natal. A Ambrosero acude Hedilla con frecuencia a partir de 1923, precisamente cuando se empiezan a vivir los años de la Dictadura. En aquel período Hedilla no se ocupa de la política que se agita en Bilbao por dos costados: el sindicalismo socialista y el nacionalismo vasco. La abstención de Hedilla es un hecho concluyente que sus más íntimos amigos han confirmado.

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EL HOMBRE DE EMPRESA
En los años de la juventud de Hedilla aparece, junto a la nueva vocación política, una tendencia acentuada a la fundación y desamollo de empresas de tipo industrial, de promoción de actividades diversas y en amplios campos. Las tentativas y conatos, para forjarse su propio núcleo de trabajo, fueron sucediéndose desde que decidió abandonar la a Constructora Naval,. Manuel Hediila, por este tiempo, contrajo matrimonio, e1 16 de julio de 1928, con una joven perteneciente a la burguesía .trasmera. Elena Arce era hija del farmacéutico de Ambrosero. fue -dicen ciiantos la conocieron- una muchacha de claros cabellos, ojos suaves, gentil y enamorada. Parecía una adolescente al lado de su marido, recio y ancho, por el que sentia una fe inconmensurablen. -Lo esencial, en el trabajo, es poseer espíritu deportivo -manifiesta siemprt: Hedilla. Y lo puso en el empeño, que si bien. no era muy amplio, significaba la independencia eco-

* Testimonio de José Mana Peña, jugador internacional de fútbol de los años veinte. Ximénez de Sandoval, en la pág. 728 de José Antonio, pone en boca de José Antonio la frase, refiriéndose al fútbol en la Cárcel Modelo: rSi tuviésemos a Hedilla y a Monones, que saben jugar de veras, seríamos invencibles,.

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nómica, bien que afirmada en incesante trabajo y preocupación. Se trataba de u n negocio de compra-venta y montaje de automóviles, con el que se estableció en Madrid de 1924 a 1926. Hedilla -treinta años después se probaría 4 s hombre de insaciable capacidad creadora. Apenas contrajo matrimonio se embarcó en una contrata para el transporte de materiales en los trabajos de los firmes especiales que afrontó la Dictadura de Primo de Rivera. Y con esta nueva actividad se trasladó a Cuenca, estableciendo su servicio de camiones en Taran&n. Se inserta allí en un mundo bien distinto y de más bajo, qivel- del que hasta entonces conoció en el Norte y en el mar. A Cuenca va el joven matrimonio y doña Josefa y sus hijos Josefa y Rafael. Es Manuel el cabeza y sostén de la familia. Hedilla trabaja de firme en su empresa de transporte. La gente de Tarancón y Cuenca le conoció pronto y le apreció, como a todos los suyos, y bien se demostraría este afecto en los aiíos duros de la adversidad. LOS AROS BREVES DE MADRID

La caída de Primo de Rivera significó una casi total paralización del ambicioso plan de los firmes especiales. Hedilla tuvo que desmontar su servicio de camiones para el transporte de materiales. Marchó de Tarancón y volvió a Madrid -un Madrid apasionado y vibrante de finales de Monarquía- y en un barrio de la capital alquiló amplio local, al que llevaría sus camiones y el taller de reparaciones. Tenía entonces Hedilla, en 1931, veintinueve aiíos. El industrial Hedilla presenció como espectador confiad* la salida del último rey y la llega& de la 11 República. El panorama nacional iba a cambiar... Hedilla no adoptó posición ante el nuevo hecho. Sí, le dolió - e n solitari* que el Régimen se lanzase a una estéril persecución de valores que é l había sentido siempre con íntimo fervor. La República puso el acento en una ingenua radicali-

zación que había de resultar beligerante para gran número de españoles. Hedilla trabaja. No tiene muchos amigos en el ámbito político, pero los que tiene están ya en una línea de oposición. Así, el capitán de Caballería Manuel Fernández Silvestre --que andando el tiempo recibiría de He& el mando de una Bandera de Castilla, muriendo en el frente de Madrid-, José María Triana y otros que, en su mayona, serían actores en el aputsch)), de Sanjurjo de agosto de 1932, ante la sardónica mirada de don Manuel Azaña. Resueltamente, ninguna de las mercancías políticas que se ofrecían en aquel tiempo encajaba totalmente en el pensamiento de Hedilla, que poseía unos sólidos criterios sociales y religiosos. Hedilla selecciona, examina la realidad, extrae consecuencias. Es atento lector de obras históricas y técnicas, con escasa afición a las novelescas. Su formación intelectual fue realizándose sobre la base de sus años de alumno en colegios tan exigentes como los Escolapios y Salesianos. Afronta el país -por diversas causas- una crisis económica que hace tambalear muchos negocios y actividades, además de una constante agitación en el campo social. Hedilla aprecia que su negocio de transportes y garaje flaquea y adopta -una vez más- la resolución de los hombres seguros de su fuerza. Realiza el traspaso, con la intención de regresar a la montaña. Volverá allí a encontrar a sus amigos, a las gentes de su pueblo, a los frailes de Cóbreces. Hallará otros, en una permanente cosecha de afectos y de respeto. A través de la cadena de amistades de su tierra entró Hedilla en 1932 en contacto con la S.A.M. (Sindicatos Agrícolas Montañeses) que trataba de montar una planta industrial de signo cooperativista para defender los intereses de los pequeños productores. En 1932 se disponían a instalar la maquinaria precisa para reducir la leche a polvo, lo que era casi desconocido en España. Hedilla fue contratado para montar esta moderna maquinaria aIemana, en unas condiciones que le permitían sostener a su familia a nivel de clase media. Tenía

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entonces un hijo y esperaba otro. La familia alquiló una casa con jardín, junto, a la carretera. Así se aposentó en el Valle.de Piélagos, próximo a Santander, donde el destino le había citado para convertirlo en personaje histórico. La fábrica de la S.A.M. se alza en Renedo.

E L JONSISMO Y EL FALANGISMO MONTARESES

La crónica de la Falange Española de las JONS en Santander, compone, vincularmente, una parte de la biografía de Manuel Hedilla. Empero, hay que ligar al nacimiento del Jonsismo montañés el nombre de Francisco G u t i é ~ e z Cossío, conocido pintor. Pancho Cossio -su nombre artístico- había nacido en Cuba, y adquirió fama en Francia y en Italia. Su inconformismo estético lo extendió al pensamiento y a la política. También d o m o muchos .jonsistas y falangistas de las horas fundacionalee estuvo cerca del marxismo y del anarquismo. Cossio, a su regreso de París, trató con intimidad a Ramiro Ledesma Ramos, como luego le sucedió con José Antonio. ((Fui yo -diceel que llevó a Santander el ruego de Ledesma Ramos de fundar una JONS, una sola. La idea de Led a m a era que se constituyera u n grupo en el que la mayoría fueran deportistas n. En contacto con Manuel Yllera y otros jóvenes - e n su mayor parte procedentes de los ((Legionarios de E s p a ñ a ~del Dr. Albiñana- entre agosto y septiembre de 1932, se organizó un grupo de 32 camaradas, hijos de la pequeña burguesía y de menestrales distinguidos, prácticos del puerto, propietarios de talleres, mecánicos ... Como carecían de medios, aceptaron la hospitalidad que les brindara la Agrupación Regional Indepen-

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diente. En noviembre de aquel año h h una visita a Santander, desde Valladolid, Onésimo Redondo, miembro del Triunvirato Ejecutivo Central. Quedaron constituidas legalmente las JONS, que dirigirían G. Cossio, Manuel Yllera y Gilberto de la Llama, actuando de secretario Arturo Arredondo. La labor proselitista fue escasa, tal vez por la mescolama en que se encontraban, en los locales de la A.R.I., en la que tenían su sede todas las fuerzas derechistas. En cuanto a la Falange, los discursos pronunciados en el Teatro de la Comedia, el 29 de octubre de 1933, prendieron en un grupo de santanderinos. Manuel Mora Villar, Pedro Gómes Centolla y Manuel Mijancos se adhirieron al nuevo movimiento fundado por José Antonio Primo de Rivera. El grupo falangista creció con rapidez y también encontró hospitalidad, a través del ex-integrista Adolfo Arce, en los locales de la A.R.I. Arce estableció después contacto con la Falange y actuó a manera de enlace con los de Santander. Hedilla llevaba por entonces un año en Renedo de Piélagos y poseía una cierta autoridad y prestigio entre los obreros de la SAM. Era natural ascendiente ganado por su conducta, su capacidad de trabajo y su alegre austeridad. A fines de 1933. se dis~oníaHedilla a fundar un Sindicato autónomo en la 'SAM, que plantease con claridad a independencia unas justas reivindicaciones. No quena intromisiones políticas en esta aeción sindical. Las condiciones de trabajo en la SAM --como en general- abonaban la necesidad de una presión para mejorarlas. Había jornales inferiores a las cinco pesetas. El mismo Hedilla, que tras un periodo en las secciones de montaje y de fabricación, asumió la jefatura del personal obrero, no llegaba a percibir quinientas pesetas mensuales para sostener a su esposa y dos hijos, pagando un alquiler de vivienda de cien pesetas. Un joven ayudante de montador, trasmerano como Hedilla. se adhirió al proyecto sindical. Manuel Menezo Portilla pertenecía al grupo de las JONS de Santander. Más tarde ingresó en la empresa Florentino Torre Bolado, ya ganado por la tesis falangista, quien acudió a Hedilla.

uMe atreví a hablar con él, aunque yo era un adolescente

y él me parecía tener una gran talla.

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»No es cierto -me dijo- que pretenda organizar un sindicato independiente de la Unión Gremial (organización que dirigían lo? albiñanistas) ni un partido. Prefiero organizar un sindicato autónomo y esperar, manteniéndome absolutamente libre. Le repugnaban - d i c e Torre Boladtodos los partidos constituidos. »Hablamos de la Falange, de su doctrina, de su concepción de España, de su manera de afrontar todos los problemas socialea y económicos. .De su sentido superador de los partidos políticos » Manuel Hedilla aceptó una entrevista con los mandos de Falange Española de Santander, que integraban dos militares retirados de filiación monárquica - d o n Carlos Estéves y don José María Monteoliva- y don Emilio del Pino Patiño, hombre civil de formación conservadora y de compromisos con la extrema derecha, honrado e inquebrantable. Todos ellos eran de una honradez intachable, pero no los más idóneos para dirigir la naciente Falange. «Me dijo - c u e n t a Torre Boladoque entraría en la Falange y que, consultados sus compañeros de la SAM, éstoe habían decidido hacer lo que él resolviera». Hedilla había leído y meditado los discursos del acto fundacional del teatro de la Comedia y los puntos iniciales de la Falange. D la entrevista celebrada en Santander salió investido He: dilla de la Jefatura Local de la Falange Española de Renedo de Piélagoa. El grupo nuclear se reunía en el establecimiento o tienda de uno de sus miembros, Aurelio Díez, llamado familiarmente «El Coio,. MUY pmnto Hedilla imprimió su característico empuje U grupo, que desarrolló una intensa campaña en los pueblw del bnt0r1~1, llegando a toda la comarca. Hedilla mantenía la cansigna rigurosa de no provocación en esta fase de la propaganda por la comarca, en la que a poco é l y su grupo fueron ya popular=

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La misma línea observaba el núcleo sindical en la SAM, según afirma su secretario Menew Portilla.

UN HECHO NUEVO: F.E. Y DE LAS J.O.N.S.
En febrero de 1934 Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista decidieron integrarse en una organización que «insistía en mantener una personalidad que no se preste a confusionismo alguno con los grupos derechistas)). La estructura jerárquica adoptada fue la de una Junta de Mando Nacional, constituida por José Antonio Primo de Rivera, Ruiz de Alda, Ledesma Ramos, Onésimo Redondo, Fernández Cuesta, Sánchez Mazas y . Emilio Alvargonzález. He ahí el antecedente de una decisión que la Falange adoptaría dos años después --en 1936- en una fase crítica. En la Junta funcionaría un triunvirato ejecutivo, modalidad también establecida para la dirección provincial. En el aspecto local subsistían las JONS y a ellas se incorporarían las secciones locales de la Falange. El grupo jonsista de Santander -dice Arturo Arredondose mostraba reacio a la fusión, temiendo ser absorbidos por u n partido político de pocas aspiraciones revolucionarias y con poca fuerza; aunque ya había conseguido por entonces tener más afiliados que las JONS. De todas maneras, falangistas y jonsistas unidos asistieron al acto de proclamación de F.E. de las J.O.N.S. el 4 de mano de 1934, en Valladolid. A consecuencia de la fusión se propuso a Madrid la nueva dirección que integrarían los señores Pino y Esteve y el jonsista Manuel Yllera, aunque hasta el 22 de octubre de 1934 no se realizará el obligado trámite de la inscripción en el registro de Asociaciones, que sólo tenía formalizada JONS, lo que era causa de perturbaciones con las autoridades, incluidas las radical-cedistas. Al fin, cuando la F.E. de las J.O.N.S. contaba en Santander con medio millar de afiliados -relatan Luis Ortiz de Hazas,

Luis Trujeda y Torre Bolado- se pudo disponer para las juventudes de un local propio, en una casa de la calle del Artillero nominalmente destinado al nuevo ((Club Deportivo Cantabrian. Ante el policía designado por la autoridad se constituyeron las secciones deportivas que en realidad eran escuadras de la Primera Línea. LA ORIENTACION SINDICALISTA DE LA FALANGE Puede decirse que Manuel Hedilla es el único de los falangistas que aporta a la nueva organización una entidad sindical con vida propia. Así, los falangistas de Renedo .-en su mayoría trabajadores- acogieron favorablemente la fusión de febrero de 1934, en cuanto constituía una radicalización en el campo social y económico. Acudió a Santander Gutiérrez Palma, sindicalista vallisoletano y colaborador de Onésimo, acompañado de José Antonio Girón y Eugenio Rámila y les siguió Manuel Mateo, para impulsar la acción sindical, difícil por el grado de dictadura que imponían las centrales UGT y CNT por todos los medios de agresión y coacción entre las masas trabajadoras. Para calibrar posibilidades se organizó un acto de propaganda en Renedo y allí se concentraron falangistas de Santander, Torrelavega y otros. En la carretera y frente a la «tienda» de Aurelio Diez, el triunviro Carlos Estévez y el Jefe Local Manuel Hedilla pasaron revista a la formación que a poco fue invitada a disolverse por la Guardia Civil. «A orilla del Pas -testimonia Torre Bolado, secretario de las JONS y más tarde Jefe Provincial de Prensa y Propaganda- celebramos el primer mitin falangista de la Montaña. La Falange de Renedo contaba en 1934 con un centenar de militantes, en su mayoría adscritos a la Primera Línea: la Falange de la sangre. Curiosamente, los falangistas de Santander y de Torrelavega acudían con frecuencia a Renedo para dialogar con Hedilla y sus camaradas. Allí fue orador político, algunas veces, el pintor Pancho Cossío N.

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Después del acto de Renedo se eligió a Ampuero para celebrar otra concentración, ésta de falangistas de La Montaña y de Vizcaya, donde había algunos antiguos amigos de Hedilla, como Manuel Valdés Larrañaga. Para preparar esta demostración se convocó una reunión el 16 de julio en los locales del «Club Deportivo Cantabria)), donde se había colocado, por primera vez, la bandera roja y negra, con el yugo y las flechas, confeccionada por un trapense de Cóbreces, que la entregó directamente a su antiguo alumno Hedilla. Antes de que se entrara en la discusión de los detalles de la concentración de Ampuero, llegó la Policía y detuvo a los reunidos. Ésta era la primera detención sufrida por Hedilla. En la Comisaría consiguieron eliminar todas las pruebas. De allí fueron al sórdido caserón de Santa María Egipciaca, sede de la prisión. Al día siguiente fueron puestos en libertad, pero el local quedó quemado, y la manifestación de Ampuero suspendida. EL ENCUENTRO DE PRIMO DE RIVERA CON HEDILLA A mediados de verano de 1934, la fusión realizada en febrero entre F.E. y las J.O.N.S. se encontraba en crisis, por causas de posición ideológica, menos que por antagonismos personales. No es el momento de analizar los roces y diferencias de aquella coyuntura unitaria frecuente en la vida política. Es en el papel de los sindicatos y en sus posibilidades de apoveihamiento inmediato donde se encontraban más distantes los fundadores de ambos movimientos. Es también el momento en que José Antonio tiene que detener la desviación hacia extremas vías de hecho, que alimentaban Ansaldo y otros afines, quienes -cuenta Manuel Groizard Montero- parecían dispuestos a apelar a la violencia para apartarle. José Antonio acude a Santander, procedente de San Sebastián, para dar una conferencia en el Ateneo. Hubo interés en

oírle pero apenas pudieron distribuirse unas invitaciones entre los mandos, entre ellos el jefe local de Renedo, Manuel Hedilla, que luego le acompañó a la estación, pues habían de tomar el mismo tren. Durante media hora que duraba el recorrido de este trayecto, hablaron José Antonio y el hombre que luego habia de sucederle en el mando de la Falange. José Antonio, por su agudeza de intelectual y su condición de abogado, podía calar -y sin duda caló- hasta cierto punto en el ánimo de un hombre sincero e inhábil para los efugios cortesanos. «Me preguntó ... Hablamos...)) testimonia Manuel Hedilla. Algunas semanas después -pasados los sucesos de octubre- se reanudó la relación personal. En esta ocasión Hedilla se trasladó a Madrid, juntamente con Carlos Estévez y Emilio Pino. Se entrevistaron con Jd Antonio y con Emilio Alvargonzález, que lievaba las relaciones con las provincias y luego con el jefe de los servicios Raimundo Fernández Cuesta. OCTUBRE DE 1934 - E N LA MONTAWA La dinámica subversiva en la Montaña falló en volumen. Todo se redujo a la huelga. Realmente se demostró allí y entonces -como en otros muchos lugares del país- la incapacidad de las centrales sindicales para arrastrar a sus hombres a la lucha abierta y de frente. En 1936, también se produjo el mismo fenómeno. No hubo u n plan sistemático de asalto y sí limitadas acciones de pequeños grupos. En Renedo, Hedilla -de acuerdo con las instrucciones del ando de secundar al Poder constituid- estableció contacto con la Guardia Civil. Los falangistas no disponían más que de un número escaso de pistolas. En la SAM, el sindicato autónomo no acató la orden de huelga, pero los camiones dejaron de transportar la leche de los pueblos y fueron bloqueados por piquetes. Tampoco habia forma de abastecer a la capital. En aquella situación Hedilla ofreció que él haría solo este trabajo.

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Estimulados por su ejemplo los conductores se adelantaron a cumplir su misión. Al anuncio de que los huelguistas de Vioño proyectaban atacar a la Guardia Civil de Renedo, Hedilla movilizó a los falangistas aprestándoles a la defensa. Consiguió sólo unas armas cortas en el Regimiento Valencia de Santander, donde acudió rápidamente ante lo alarmante de las noticias. Los huelguistas, ante la actitud resuelta advertida en Renedo, renunciaron a toda aventura. La Falange de Renedo se mantuvo en guardia durante los sucesos. Hedilia se multiplicó. Al volante de un coche recorría el pueblo y los alrededores. Estuvo a punto, en uno de estos servicios, de morir, pues la Guardia Civil, por confusión, disparó contra el vehículo. No hubo víctimas. Al endurecerse la situación subversiva en Torrelavega, l a Guardia Civil pidió refuerzos a Renedo, cuyo comandante de puesto estaba indeciso en cuanto a las posibilidades de la Falange para mantener el orden. -Váyase usted tranquilo -dijo Hedilla. Hedilla asumió el mando del pueblo y sostuvo al poder constituido, tal como había anunciado en unas hojas a multicopista distribuidas por la comarca. Nadie osó atacar el baluarte de Hedilla en Renedo. Liquidado el movímiento subversivo, la Falange de Renedo, con la camisa azul recién implantada, acudió a los funerales por Francisco Díaz Nereo, asesinado en Torrelavega, y la Guardia Civil, a la salida del templo, ordenó que se la quitaran... Naturalmente, no fue obedecida. Octubre rojo determinó u n cambio en la vida privada de Hedilla. Resultó que, tras haber conseguido que su empresa no dejase de funcionar, proteger sus instalaciones y probablemente la vida del cuadro ejecutivo, el director don Arturo del Río, preguntó en tono de recriminación a Manuel Hedilla, los motivos 3 u e bien conocía- de que hubiera abandonado el trabajo, lo que no era cierto. Se produjo una tensión. Terminó marchándose Hedilla de la empresa.

Hediiia - c u e n t a n sus compañeros y camaradas Torre Bolado y Menezo- pudo haber promovido u n escándalo fenomenal, consiguiendo, de paso que una muy justa reacción contra el director, su readmisión inmediata. El ambiente -como es de suponer -favorecía cualquier acción en este sentido. Sus amigos y camaradas deseaban hacer algo y lo hubieran hecho. Hediiia ordenó que no se hiciera ninguna reclamación al Consejo, que no se tomara ninguna medida. Se dispuso a mantener el principio de no mezclar sus problemas personales con la Organización que dirigía. Pronto tuvo empleo: jefe de control de la fabricación de vidriera Mecánica del Norte, S. A.» establecida en Vioño, filial de la empresa francesa «Saint-Gobain» El director de esta industria don Alfonso Caparrini, indignado ante la decisión de la SAM con Hedilla, le ofreció este puesto. «En todo momento - d i r á ahoradesempeñó su cargo con rectitud y a satisfacción de todos. Visité su casa de Renedo y pude comprobar la modestia y sobriedad con que vivía. También le visité en Salamanca y puedo afirmar lo mismo: trataba con afecto y sencillez a todos sus compañeros de fábrica. No se produjo jamás el más mínimo incidente. Todos le estimaban mucho y, sobre todo, le respetaban partidarios y contrarios. nMi concepto de Hedilla -añade el señor Caparrini- es el que merece una persona a carta cabal, hombre de pocas palabras a quien estimábamos todos; eso sí, fanático en la defensa de sus ideales falangistas D. Don Pedro Pérez, contable de la empresa, confirma la vida sencilla, clara y austera de Hedilla en esta etapa de empleado de u La Vidriera », con unas quinientas cincuenta pesetas mensuales de sueldo.

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EL NUEVO RUMBO FALANGISTA

A partir de la decisión adoptada por el Consejo Nacional de la Falange --en sus reuniones de 5, 6 y 7 de octubrde

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elegir Jefe Nacional a José Antonio Primo de Rivera, rompiendo el sistema del Mando colegiado, se introdujo un nuevo rumbo en el movimiento falangista. Por sólo un voto de mayoría fue elegido Primo de Rivera primer Jefe Nacional, para un penodo-de tres a k , prorrogables por otros tres, de acuerdo con los estatutos dn h que se consagraba la plena soberanía del Conscjo Nacional, lo que excluía toda posibilidad de que el Jeíe Nacional, por decisión propia, pudiera transmitir definitivamente el mando a otra persona. Es éste un dato que interesa no olvidar hacia el futuro, así como el de la forma en que se diriniría el Movimiento en ausencia del Jefe Nacional. " La Junta Política --que integraron Ledesma Ramos, como Presidente, Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, Valdés Larrañaga, José Sainz, Sánchez Mazas, Femández Cuesta, Aizpuma Azqueta, Mateo, Alfaro, Dávila y Bravo- formuló unas normas programáticas, que José Antonio &mpletó, redactándose los 27 puntos. El último es esencial, puesto que condiciona los pactos y uniones. Conviene resaltar aue esos olvidados estatutos fundacionales tienen un acusado matiz democrático, desde la responsabilidad del Jefe ante el Consejo hasta la participación de todos los militantes en la elección de los dirigentes. Se trasluce un anhelo de continuidad más allá de cualquier riesgo. El nuevo rumbo falangista fue precedido de la liquidación de las tendencias neosindicalistas y del activismo de hecho a ultrama. Se separaron del Movimiento -por distintos motivos y procedimientos- el Marqués de la Eliseda, Ledesma Ramos, Juan Apancio, Javier Martínez de Bedoya, Gutiérrez Palma y otros. La separación se hizo pública el 15 de enero de 1935 y ciertamente le dolió a José Antonio. También causaron baja Juan Antonio Ansaldo y sus partidarios y el teniente coronel Ricardo Rada. Pancho Cossío testimonia aquí que José Antonio le encomendó, semanas antes del 18 de julio, la misión de atraerse a Ledeama Ramos. En la Montaña se produjo una situación imposible de diferencias entre el grupo derechista de mando y los militantes

de la base, que tras varios incidentes condujeron a la presencia de José Antonio en Santander, el 3 de mamo de 1935. «Yo fui d c e Hedilla- en esa crisis. un falangista disciplinado que estaba dispuesto a obedecer 10. que el ~ e f e ordenara. NO tuve ocasión ni deseo de pretender que una opinión subjetiva mía llegara a José Antonio, pero me decidí a intervenir cuando la amenaza se cernía sobre nuestro Jefe)). El triunvirato quedó fulminantemente destituido y legalizada la situación de' la Falange. José Antonio quería dejar resuelta la designación de Jefe Provincial. Habló con Pancho Coasío. Surgió el nombre de Hedilla, a quien trató en su visita a Renedo. Finalmente hubo u n pleno de militantes el día 5. Manuel Yllera no creía conveniente aceptar el cargo por ramnes válidas. Regresó con Hedilla hacia Madrid. En el trayecto hasta Renedo, hablaron. José Antonio le pidió que se encargara del mando. ((Rehusé, alegando mi trabajo profesional y aún el de mi residencia en Renedo)). Insistió José Antonio sin vencer la resistencia de Hedilla. Todo fue inútil, pues al día siguiente, desde Madrid y por teléfono, le ordenó que se hiciera cargo del mando de la Falange montañesa. En algunos periódicos santanderinos apareció una nota en la que se daba cuenta del nombramiento agregando que el nuevo jefe provincial ((se propone dar al Partido el verdadero espíritu nacional-sindicalista, expuesto y propugnado v r el Jefe en su visita a esta capital)) y añadiendo que próximamente se celebraría la obligada asamblea general, que tuvo lugar el 1 4 de marzo. El año 1935 no ofrecía posibilidades muy adecuadas para el desarrollo de la Falange, mientras se estaban formando los dos gigantescos bloques de derechas e izquierdas para competir e; el próximo eñcontronazo electoral. La Junta Política examinó un plan de alzamiento que actuase de llamada general ante lo que se adivinaba. Más tarde, el discurso de José Antonio el 19 de mayo consagra la independencia de la Falange tanto en relación con la Monarquía,

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como con la «reacción populistan y afirma su radicalismo revolucionario. Quedaba cerrado el paso al cipayismo o a la domesticidad política. Los falangistas adoptaban talante definitivo, que la confusión de algunos, incluso jefes, no logró digerir entonces ni más tarde. Manuel Hedilla no poseía experiencia politica, pero tenia ventajas iniciales: su honradez personal y doctrinal, la austeridad practicada sin contrariedad ni exhibición y el valor personal frío y berroqueño, apreciado incluso en alto grado en otras posiciones y por gentes al margen de la política, como el escritor don José del Río Sainz. Don Emilio del Pino, miembro del depuesto triunvirato, al saber que Hedilla sería jefe provincial, exclamó: «Es un hombre capacitado)). Y con él siguió manteniendo amistosas relaciones personales, así como su compañero don Carlos Esfévez. Despliega Hedilla, inmediatamente, una actividad incansable, haciendo compatible su labor política con el diario trabajo en «La Vidriera». Dedica largas horas de la noche a una actividad ordenada a estructurar juntas locales y servicios. Serio y riguroso, fue disponiendo el montaje de la organización, empezando por establecer su sede en el 15 de la calle de Atarazanas. En cuanto a los sindicatos -tras la crisis- sólo quedaron los de tranviarios y los de Renedo y Vioño, obra anterior de Hedilla. En pocos meses consiguió duplicar el número de JONS, constituidas en núcleos sólidos, a pesar de las presiones caciquiles y de amenazas y confusionismos. Hedilla, entregado a esta penosa y difícil tarea - - q u e en otras organizaciones se encomienda a revolucionarios o agitadores profesionales, casi siempre eficaces- no ceja en sus viajes y visitas, robando horas al sueño y al descanso. Sobre su limpia vida, su sencillez y honrada conducta, nadie puede montar ataques. Es el hombre de claro desenvolvimiento social. que no gusta de provocaciones y des~lantes, pesar de sus exa traordinarias facultades físicas. La Falange montañesa era ya, en manos de Hedilla, una fuerza de consideración en el conjunto nacional. Y estuvo bien representada en el famoso mitin de mayo en Madrid. Todo se

debía -reconocen Torre Bolado, Blanco Mardones y otrosa la autoridad personal del Jefe, a su implacable disciplina no exenta de humanismo y respeto. Resultó duro con los más veteranos, aptos y valerosos. «No se debe descender de categoría 4 e c í a - en la Falange. Y para conservar la que se ha ganado un día es necesario superar la conducta)). Fue revitalizado el S.E.U. Sus afiliados muy jóvenes, tuvieron tiempo, más tarde, de participar en la guerra. Se favoreció, por la Jefatura Provincial, el desarrollo de la Sección Femenina, útil colaboradora y a veces instrumento directo de la acción política. Pilar Primo de Rivera visitó Santander en 1935, y allí fue atendida por Hedilla y estuvo en el domicilio social de la Falange. La jefe o delegada de la Sección Femenina en aquel tiempo, Oliva Pérez de Ruiz Zorrilla, ha dicho: «Mi impresión del mando de Hedilla desde que le conocí, hasta que marchó de Santander, es magnífica; creo que reunía las condiciones necesarias de seriedad, rectitud y valentía que entonces había que tener». «Arriba», el 30 de mayo de 1935 escribe: «En dos meses que lleva actuando el actual jefe provincial de Santander se han fundado ya treinta JONS en la provincia ...» A José Antonio, a quien importunaban la palabrería. la reiteración, el egoísmo, debían satisfacerle los informes concisos de Santander, que registraban avances del Movimiento y no mínimos y latosos problemas y conflictos personales, tan frecuentes en la etapa anterior. Hedilla consiguió ampliar la difusión del órgano del Movimiento, a costa de esfuerzos y de riesgo. Llegaron a venderse hasta 300 ejemplares, más de los que hoy llegan a Santander. La situación de la Falange, en España, respecto al Gobierno radical-cedista seguía siendo dificil y, en consecuencia, un pequeño incidente en el barrio del Cajo originó la clausura del local. Se empezaba a vivir en u n clima de activismo. Al incendio de la iglesia de Renedo, la Falange respondió con la del incen-

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dio de la Casa del Pueblo. Se produjo la incursión de los guardias de Asalto en el domicilio social, en nVilla Pura». Hedilla comprendió que no había manera de sostener este aparato legal y montó una oficina en la calle de Calderón, hábilmente camuflada. Hedilla seguía concurriendo a reuniones en pueblos y ciudades de la provincia. Le fue impuesto un mes y un día de arreito por tenencia ilícita de armas, las que la Guardia Civil le había facilitado para defender al Régimen en Octubre de 1934. Cumplió la condena. Incluso se le preparó un atentado en'una cantei.8 de «La Vidriera» que, eventualmente, dirigía, el 7 de noviembre.

EL CONSEJERO NACIONAL MANUEL HEDILLA Manuel Hedilla fue nombrado Consejero Nacional por Primo de Rivera, dentro del grupo que tenía discrecionalmente atribuido por los estatutos. El Consejo se reunió en Madrid, los días 15 y 16 de noviembre. Precisamente para asistir a esta reunión, Hedilla quiso evitar a todo trance la detención en d incidente de Laredo, de unos días antes. Hasta entonces Hedilla sostenía relaciones personales con los Jefes y numerosos falangistas de las provincias vecinas a Santander. También había conocido y tratado al Jefe Nacional y a varios mandos nacionales, pero esta reunión del Consejo hizo que le conocieran y que él les conociese, sus camaradas de toda España. Con uno de éstos, el aviador navarro Julio Ruiz de Alda, comenzó sólida amistad personal, acaso por afinidades de carácter. Hedilla, junto con Manuel Mateo, Salvador Blasco, José Luna y Martínez Cabezas, trabajó en la ponencia sobre el npm blema del paro», en aquel tiempo muy agudo en el país. Los ponentes presentaron un amplio informe, proponiendo soluciones mínimas y máximas, atendiendo a la solución inmediata o para el caso de un ejercicio total del poder. Anticipándose a la disolución de las Cortes, con el consiguiente planteamiento de una dura y extremada bataiia electoral, el Consejo adoptó un acuerdo de carácter tácito: proponer la constitución del Frente Nacional, cuyos propósitos y al-

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cance definió José Antonio en el mitin de clausura del día 17 en el Cine Madrid. APRENDIZAJE DE LA CÁRCEL Y TAREA A su regreso de Madrid -y para no tener hipotecada SU libertad de acción en la difícil etapa de lucha que se avecinaba- Hedilla se apresuró a cumplir la condena de un mes y un día que se le había impuesto por tenencia ilícita de armas. Desde la prisión - q u e él confiesa fue liviana y cómoda en realidad- dirigió a la Falange, despachando con sus colaboradores en el mando provincial. A la salida de la cárcel el jefe provincial introduce algunas variantes en el aparato de mando. En general puede decirse que tuvo buen tino al elegir a sus inmediatos colaboradores: Ángel Español de la Riva, José María Alonso Goya, Alejandro Burgués, Arturo Arredondo, Gerardo Dabraira, Aurelio Sordo, Torre Bolado, Fernando Murga, Felipe Arche Hermosa, Amancio Capillas, Félix Penagos, Antonio Lavin San Román, Domingo Botegón, Angel Villar, Oliva Pérez y otros muchos, tanto en la capital como en la provincia. Las posibilidades electorales de la Falange no eran muchas a pesar de contar con cincuenta y nueve organizaciones locales, debido a la edad de los militantes. Por el contrario, su posibilidades de acción revolucionaria - c o n un millar de encuadrados en la Primera Línea- resultaban superiores a las de cualquier otro partido. La capital y Torrelavega, y luego Renedo, daban el mayor contingente. RENCOR, MEZQUINDAD Y SOBERBIA Todos los falangistas estaban convencidos de la necesidad y de la utilidad de tener algunas actas de diputados en las Cortes. Constituían una garantía para el desenvolvimiento de la acción política. Fracasada la oferta hecha por la Falange

de constituir un Freite Nacional por la «fin de non recevoira de Acción Popular, monárquicos, agrarios, etc. hubo que plantear la participación sobre unas bases que más brindaban oportunidad de propaganda que de otra cosa. El rencor, la mezquindad y la soberbia se conjuraron contra el proyecto de la Falange. Temían, tal vez, que la minoría falangista los anulase en el Parlamento y también y mucho- que la brillante.personalidad de José Antonio emergiese hacia u n indiscutido liderato. «Peor para España, peor para nosotros, peor para todosu, había dicho José Antonio en noviembre. Llegó una hora en que ya sólo se quería salvar a José Antonio. Nadie ofreció apoyo. Las candidaturas aisladas eran ineficaces, casi totalmente. Hasta esta salida se le negó a la Falange por los grupos que pretendían monopolizar la defensa de España. La muerte civil de la Falange fue decretada con motivo de estas elecciones. El tradicionalista Zamanillo testimonia ampliamente: «Yo estaba decidido a presentarme en candidatura aislada... La Falange iba a proceder como yo lo hacía. Sus candidatos por Santander serían Manuel Hedilla y Julio Ruiz de Alda. Sobrevino u n rasgo de Manuel Hedilla: quiso retirarse para que pudiéramos ir a las elecciones, juntos, Ruiz de Alda y yo. Y sus razonamientos fueron escuchados por el Mando. La Montaña fue la única circunscripción española en la que acudimos unidos, a la lucha electoral, los falangistas y los requetés ». LA FALANGE ANTE EL PUEBLO Los meses de enero y febrero de 1936 marcaron el apogeo .y la profundidad de la propaganda falangista, cuyos efectos se harían visibles meses después. La derrota de la coalición derechista hizo que esta masiva propaganda tuviera el mérito de la profecía, lo que explica el corrimiento inmediato de las masas decepcionadas. Los candidatos falangistas lo eran por Madrid, Asturias,

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Santander, Valladolid, Toledo, Seviila, Jaén, Huesca y Zaragoza. En todas estas candidaturas - e x c e p t o Santander y Zaragoza- se había incluido en primer lugar a José Antonio. El discurso de propaganda de José Antonio en Santander el 27 de enero seria el primero estrictamente político que pronunciara en la, Montaña. La Falange habíase superado en la organización y en la demoaración de fuerza, venciendo toda clase de dificultades y medidas restrictivas del Gobierno Civil. Hedilla acudió a recibir a José Antonio a Puente Viesgo. En el camino, la Guardia Civil detuvo a la caravana y ordenó que se quitaran la camisa azul. José Antonio no la llevaba puesta en el viaje. Más tarde, en el Gobierno Civil, donde acudieron el Jefe Nacional y Hedilla para conocer las razones que el representante de Portela alegaba, Hedilla dijo: «He obedecido a la Guardia Civil, y ahora, me permitirá usted que, en su presencia, vuelva a ponerme esta camisa azul)). Y, en efecto, así lo hizo, sin que la sorpresa y la confusión permitiese reaccionar al gobernador civil. E l mitin se desarrolló con normalidad. Más de 2.000 auditores y dos centurias uniformadas. En los palcos, invitados, algunos representantes de las centrales sindicalistas, U.G.T. y C.N.T. El discurso de José Antonio fue de tono afirmatho y polémico. La propaganda se intensificó en toda la provincia, participando Ruiz de Alda, Alonso Goya y Roberto Reyes, enviados de Madrid. ((Descendí en Renedo -relata Reyes- y Manuel Hedilla me sometió a una prueba de temple. El día anterior se había cometido u n atentado y me tuvo durante un rato paseando por el andén de la estación, lo que me hizo colocar mi pistola, sin seguro, en u n bolsillo de la gabardina. Ignoro si Hedilla portaba armas. >)JoséAntonio tenia a la Falange montañesa en muy buen concepto y la reputó brava. La consideraba de las mejores de España. .. Hasta tres y cuatro actos públicos se llegaron a celebrar

en un día. Por entonces Hedilla ya se habia retirado en favor de José Luis Zamanillo. Hedilla realizó su aprendizaje de orador breve, sólido, directo y claro. ' aLo que afirmaba Hedilla en sus intervenciones como orador, se veía que era hijo o patrimonio de su espíritu. El verbo, sencillo y tajante, estaba acorde con el 'hombre)), testimonia Pancho Cossío. Manuel Mateo, jefe de la C.O.N.S., habló en los Corrales de Buelna, localidad proletaria en gran parte. Allí resonó, por primera vez en la Montaña, el Cara al Sol. José Luis Zamanillo cuenta sus impresiones de aquella campaña, resumiendo hasta qué punto la'lucha estaba envenenada: «Hubo sacerdotes que, naturalmente en su actividad seglar, aconsejaron que no se votase, pues íbamos a restar fuerzas a la coalición oficial derechista)). Triunfaron el 16 de febrero los candidatos populistas y monárquicos, Ceballos, Fuentes Pila, Sánchez de Movellán, Pérez del Molino y Sainz Rodríguez, y por las minorías Bruno Alonso, socialista, y el republicano Ruiz Rebollo. «Si la'A.R.1. 4 e c l a r a Zamanillhubiese tenido lucidez se podría haber ido al copo y habríamos sido diputados Ruiz de Alda y yo. Conseguí 12.000 votos, Ruiz de Alda logró una cifra bastante menor...». La Falange recibió numerosas adhesiones individuales y aumentó el número de cotizantes. No se produjo aproximación a ella de los partidos con actas, que anhelaban resolver su derrota. sin más sacrificios. invitando a una dictadura militar que acabase con el Frente Popular. Una vez afianzada la dictadura -pensabanla Falange sería convertida en gendarme auxiliar o tendría que desaparecer. Ellos se convertirían en administradores de la política mediante el «buñuelo de viento - q u e diría José Antonio- del corporativismo^.

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20 DE FEBRERO DE 1936. VfSPERAS REVOLUCIONARIAS
El 19 de febrero, sin conocerse aún los resultados de la segunda vuelta, apresuradamente, presionado por los triunfadores, Portela Valladares entregó el Gobierno al señor Azaña. En Santander, se registró un plan para demoler a las organizaciones odiadas: Falange, A.R.I., Comunión Tradicionalista ... Conoció el gobernador, Sánchez Campomanes, lo que habia detrás de la proyectada manifestación proletaria y republicana y puso en antecedentes a los dirigentes de los partidos, rogándoles desalojaran los locales. Hedilla escuchó silenciosamente el consejo y ordenó a Alonso Goya que se presentara: «Van a asaltar nuestro local y es preciso defenderlo. Aquí no debe poner el pie ni un marxista. >)Pediré voluntarios -ontestó Gova-. Y,. ;a tus órdenes! D . Quince falangistas, no todos armados, esperaron tendidos en el local. Cuando, hacia las diez de la noche, una manifestación airada de millares de adversarios se dirigía hacia la se* de la Falange, Alonso Goya ordenó: -¡Fuego! Bastaron unos disparos al aire y la masa atacante se dislocó pidiendo auxilio. Acudió un fuerte contingente de guardias de Asalto. Encontraron a pesar de todo, pruebas de que se habia disparado y detuvieron a todos los presentes, clausurando el local. Participó en el registro un periodista, don Ignacio Malumbres, que más tarde fue muerto en una represalia. La detención del grupo falangista, gracias a la amnistía, duró poco. Hedilla, durante el intento de asalto, estableció su puesto de mando en

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* Tras dispersar a los asaltantes los defensores habían escondido las pistolas utilizadas colgándolas de finos cordeles por la parte exterior de unas ventanas que daban a un patio, ocultando los cartuchos utilizados en un botijo. La sed de un guardia de Asalto los hizo sonar dentro, cuando ya creían salvado el registro.

el domicilio de u n camarada, cercano a la calle de Pedrueca. Antes había informado a José Antonio. - Q u é d a t e a la expectativa y me informarás de lo que suceda. El interés de José Antonio por la operación defensiva le hizo anticiparse a la llamada que debía hacerle Hedilla. -Todo ha ido bien - e x p u s o éste-. No hay víctimas de ninguna parte. -Ven inmediatamente a Madrid l e ordenó el Jefe Nacional. -Pero, José Antonio ... iEstoy a cuatrocientos quilómetros ! -No importa. En el coche del doctor Mata de la Lastra, aquella madrugada salieron para Madrid. En el domicilio de la calle de Niqasio Gallego estaba José Antonio. Se esperaban manifestaciones hostiles y violentas. José An~onio felicitó a Hedilla, que le informó detalladamente de lo ocurrido en Santander. -Bien, tu experiencia te califica para que dirijas de modo semejante la defensa de nuestro centro. Por lo pronto vas a visitar, despacio, los barrios populares para anotar los signos de agitación que pueda haber y hacerme u n informe completo. iAh! Puedes utilizar mi coche... En el Chevrolet de José Antonio, Hedilla recorrió Madrid y después informó, aleccionando a los militantes de la Primera Línea sobre las técnicas defensivas a emplear. Aquel mediodía comió Hedilla en casa de José Antonio. Al día siguiente regresaron Mata y él a Santander. El médico fue detenido en seguida. A partir de entonces se inició para Hedilla la vida del perseguido político. Tuvo que abandonar su casa y su trabajo en ((La Vidriera)). uMe dijo -testimonia el contable de la empresa señor Pérez- que lo hacía para mejor dedicarse a sus actividades patrióticas y para tener más independencia, ya que estaba muy acosado por los adversarios políticos)).

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LA FORZOSA CLANDESTINIDAD Y SUS PERfODOS
CRfTICOS

La Falange montañesa, guiada por su jefe, pasó a la clandestinidad sin mengua de fuerza. Hedilla vivió en la capital y en los pueblos, en diversos domicilios. Aparecía y desaparecía en los más inesperados lugares, dándole a su peligrosa actividad u n giro deportivo y burlón. Volvieron a funcionar, con más amplitud y perfección, los ccbuzones)) y las ((estafetas» y la propaganda siguió. La Primera Línea acentuaba su agilidad y denuedo, respondiendo con acciones audaces a los desplantes enemigos. E n tanto, el 27 de febrero, el centro nacional en Madrid quedó clausurado definitivamente y el Jefe Nacional y la mayona de los vocales de la Junta Política ingresaron en la Cárcel Modelo. Logró escabullirse Alfaro, y Mateo esquivó bastante tiempo la persecución. ((Desde la Modelo -relata Valdés Larrañaga- el Jefe Nacional, en contacto siempre con la Junta Política, dirigía la Falange, a l menos en los lan nos y líneas generales. Los falangistas evitaron la desarticulación del Movimiento respondiendo a la beligerancia del Gobierno con singular denuedo y capacidad, ejemplarizando y atrayendo a una masa de ciudadanos aterrorizados)). Las detenciones en provincias se producían en cadena. En la Montaña, Hedilla recomponía los cuadros, mientras se movía para afianzar la lucha clandestina y revolucionaria. La situación creada impuso al Jefe Nacional la necesidad de constituir una sólida vanguardia de combate y propaganda, que estuviera ágilmente enlazada con él. Al mismo tiempo serviría para la relación directa, frecuente y rápida con quienes aceptasen la proposición falangista, ya expuesta y reiterada, de alzarse en armas. Uno de los hombres elegidos para asumir estas tareas y por cierto a escala muy amplia, pues abarcaría una tercera parte del país, fue Hedilla.

Fernández Cuesta, Secretario General de la Falange, manifiesta: aJosé Antonio tenía u n gran concepto político y humano de Manuel Hedilla. Le escuché varias veces elogios de Hedilla, por su actuación como Jefe de la Falange montañesa. Por mi parte, antes de la guerra, le conocí y traté con mucha intimidad, como es lógico por nuestras tareas respectivasn. Valdés Larrañaga habla de las misiones encomendadas, por el Jefe Nacional, que no tenían carácter de inspecciones. Al llamamiento del Jefe Nacional acudió Hedilla a Madrid, a finales de mano, visitándole en la cárcel como familiar de Ruiz de Alda, acompañando a su esposa. Sabía el Jefe Nacional que la detención de Hedilla era instigada y procurada por el Grite Popular santanderino. «He decidido -le d i j o - asignarte nueva misión y nombrar otro Jefe Provincial en La Montaña. Pero antes de cesar te pido que recorras una vez más la provincia para tener a punto todas las JONS. He pensado en Martín Ruiz Arenado, que reside ahora en Santandern. Ruiz Arenado era de origen montañés. Tenía en Sevilla reputación de combatividad, pero HediUa hizo observar que no le consideraba el más idóneo para mandar, con fruto, una Falange desconocida y actuar en un ambiente que era difícil por su propensión a la crítica personal, y que en algunos aspectos de su vida privada, Ruiz Arenado procedía con desenfado. Insistió José Antonio y Ruiz Arenado fue nombrado. Hedilla vuelto a Santander le presentó a los mandos y le informó tninuciosamente de la situación. Hedilla se lanzó por todos los caminos de la provincia para cumplir la orden de José Antonio, acompañado por. Félix Penagos. Estuvo a punto de ser detenido en Cabezón de la Sal. Se despidió de su familia en Renedo utilizando un subterfugio ante la Guardia Civil. Al regreso de su visita al este de la provincia, en el cruce de Entrambasaguas el coche fue detenido por la Guardia Civil. La pareja conocía a Hedilla por la ayuda que les había prestado en 1934.

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c< ¡Vaya complicación! Pues yo no detengo a Hedilla. Nosotros no le hemos visto -les dijeron-, pero tengan mucho cuidado, porque serán detenidos muy pronto. La policía y nosotros tenemos órdenes terminantes de arrestarles y conducirles a la cárcel de Santanden. «Debíamos separamos -relata Hedilla-. Fe% Penagos se dirigió a Santoña y yo pude llegar hasta Solares, aprovechando la oscuridad. Allí tenía casa el falangista Eduardo González Camino, ganadero muy conocido en el país y que a edad madura se alistó en la Falange. »-Eduardo, mañana es la feria de ganado en Basurto. Tienes que levarme a Bilbao en tu coche. »-Pero ¿No sería mejor que permanecieras aquí unos días? x-No te preocupes. Yo pasaré durante el viaje por criado tuyo. salimos a la hora incierta del amanecer. Me puse una blusa negra, proverbial entre los tratantes de ganado, me encasqueté una ancha boina y nos fuimos en demanda de Vizcaya. Por tres o cuatro veces nos paró la Guardia Civil. G o d lez Camino mostraba sus papeles; yo permanecía callado. Él respondía: »-Vamos a la feria de Basurto. Este es mi criado. ,Nos despedimos en Bilbao. Allí yo era conocido de muchos falangistas. La villa era más propicia para esquivar la persecución política. Pero necesitaba ir con urgencia a Madrid, cumpliendo así las órdenes recibidas. Hice una visita al Marqués de Feria, falangista, que me llevó en su coche a la capital. Dormimos en el Parador de Turismo de Aranda del Duero. Inmediatamente de mi llegada acudí a la Modelo para informar a José Antonio)).

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LA DRAMATICA REALIDAD: MARZO DE 1936
Los retóricos teatrales y grandilocuentes que pululan por la historia y la política, disponen en su atrezzo de una frase que produce efecto entre los lectores y los auditores ingenuos. Tiene variantes: «Un pueblo sólo muere cuando quiere)), o ((el pueblo quiso salvarse y lo consiguió)). Es menos penoso y más fructífero para ciertos intereses acudir al repertorio, que discriminar los orígenes de la salvación de un país. Aunque tales frases hechas son adjudicadas, desde tiempo inmemorial, a los pueblos levantados contra un invasor extranjero. Y por más que se intenten forzar los términos del drama de España, la realidad es que en 1936 se enfrentaron dos bandos españoles: el Frente Popular y el estado de conciencia anti-marxista. O más exactamente: adversario de la dictadura del proletariado. Que la U.R.S.S. y su instrumento universalista, la 111 Internacional, desearon e incitaron con sus recursos y equipos profesionales la dictadura del proletariado en España, es un hecho incontrovertible, mas no altera objetivamente que la colisión ocurriera entre españoles. Desde el otro lado de la barricada, se probó que un sector de la reacción antimamista española tenía inspiraciones y contribuciones fascistas y nacional1 socialistas, procedentes de Italia y del 1 1 Reich. La guerra ya comenzada en marzo de 1936 entre dos bandos españoles mayoritarios -también es innegable que había ma-

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sas o grupos inicialmente al margen- era representativa de la pugna de intereses ideológicos y materiales. Estos Ultimos no pueden ser escamoteados por el escotillón, imitando a las comedias de magia. Intereses materiales, concretos, tangibles, de la parte proletaria del Frente Popular, y del mismo tipo, entre sus adversarios. No se trata de minimizar el hecho de la guerra, sino de precisarlo. Incluso algunas guerras llamadas de religión tuvieron una lateralidad material, económica. Se conoce, históricamente, cuáles eran las disponibilidades de los gobiernos sucedidos hasta julio de 1936, y del Frente Popular. Está menos difundida la noción de los recursos concretos de que disponían los antimarxistas. Su inferioridad parlamentaria les cerraba toda posibilidad de participar directamente en el Poder en el plazo legal --cuatro años- de subsistencia de las Cortes. La acción corrosiva contra el régimen -por medio de maniobras económicas, paros provocados, lanzamientos de mercenarios activistas- era esta vez muy dificil, por el endurecimiento del adversario. Antes de que surgieran reacciones positivas contra el Frente Popular, éste se disponía a realizar una reforma agraria basada en expropiaciones urgentes y radicales. El control sindical, en realidad muy politizado y enlazado con el mando político del Frente Popular, era inmediato. Las leyes de excepción empezaban a aplicarse sin morigeraciones. Hemos aludido a la esperanza única y postrera de la coalición derechista derrotada: el Ejército. La amnistía y otras medidas semejantes, que los radicales suscribieron, con los votos de la Confederación Española de Derechas Autónomas. a principios del bienio 1933-1935, habían semido para neutralizar, entre los militares, la hegemonía de los que eran republicanos. El profesorado de las escuelas del Ejército nunca había sido mayoritariamente republicano, lo que repercutía en el espíritu de los jóvenes alféreces y tenientes que habían salido aquellos años de las aulas. Permanecían en la escala activa del generalato hombres que por su origen y formación debían ser incompatibles moralmente con el Frente Popular. E n 1936 funcionaban en el Ejército la Unión Militar Re-

~ublicana Agrupación Militar Republicana -título de antio güedad ochocentista- y la Unión Militar Española. Antagónicas, enemigas. La Última funcionó a partir del triunfo cedoradical en 1933. Su iniciativa había partido de un capitán de Estado Mayor, don Bartolomé Barba Hernández, destinado en Madrid La primera Junta Central, residente en Madrid, tenía a Barba en la presidencia, y al coronel retirado d w Emilio Rodríguez Tarduchy en la vicepresidencia. Tarduchy, antiguo director de un diario militar, e incondicional de don Miguel Primo de Rivera, pertenecía, simultáneamente, a la Falange Española de las JONS. Eran vocales los capitanes don Rafael Sánchez Sacristán, de Ingenieros, don Gumersindo de la Gándara, de Infantería, y el comandante retirado don Luis Arredondo Acuña. Éste fue instructor y lugarteniente de las Milicias falangistas por espacio de bastantes meses. En las Divisiones, los representantes de la U.M.E. eran capitanes y comandantes: había u n solo coronel, don Ricardo Serrador, de la Séptima División. A fin de incorporar a los retirados que se acogieron a la Ley llamada de Azaña, se creó una filial de la Unión, que dirigía Tarduchy. En 1935, Barba Hernández se relacionó sucesivamente con varios generales; los señores don Manuel Goded, don Joaquín Fanjul, don Rafael Villegas, don Luis Orgaz, don Emilio Barrera. Según el autor que describe una parte de la vida de la U.M.E., José Antonio -1935expuso a los mandos de aquella organización el proyecto de concentrar mil falangistas en Toledo. Barba opuso que por entonces había dos compañías de Asalto, reforzadas, en la imperial ciudad Tras las elecciones de 1936, el Jefe de la U.M.E. estuvo destinado en Tenerife y luego en Valencia. El mando lo asumió

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**.

* Vid. passim, la publicacih hecha por el periodista Antonio Cacho Zabalza: La Unión Militar Española. Egasa, Alicante, 1940. ** Vid. capítulo 6, el testimonio del general Moscardó sobre este proyecto de José Antonio.

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en Madrid una Junta, presidida por el coronel Ortiz de Zárate, y en la que figuraban el teniente coronel de Ingenieros, Alvarez Rementeria y los de Infsntería Muñoz Grandes y Ungría. Creemos que no han sido publicados los efectivos de la U.M.E. Parece que hay pruebas documentales de la adscripción a ella de generales y jefes que luego lucharon contra el Ejército nacional: por ejemplo, don José Miaja. Es posible -insistimos en la falta de documentos- que militares de la organización republicana o que no pertenecían a la U.M.E. combatieran en las filas del Ejército nacional La experiencia de algunos que participan en la tarea de este libro, permite asegurar que en Barcelona cundió la U.M.E. entre jefes y oficiales de distintos Cuerpos, y también de la Guardia Civil. También sucedió así en Pamplona, San Sebastián, Zaragoza, Sevilla y Galicia. Con las reservas naturales por falta de datos exactos, puede decirse que esa organización prosperó a. partir de los primems días de abril de 1936. Hay visos de que, hasta entonces, había sido minoritaria en el Ejército. Por entonces debió de extenderse en las guarniciones del Protectorado de Marruecos. El teniente coronel don Juan Yagüe mandaba, desde el 4 de febrero de 1936, la segunda Legión del Tercio de Extranjeros; el nombramiento lo procuró el general don Francisco Franco Bahamonde. El jefe del Gobierno, Casares Quiroga, reclamó la presencia en Madrid de Yagüe, al que ofreció, el 17 de mayo de 1936, un puesto en la Península o en el Extranjero, como agregado militar. El teniente coronel rehusó. Y aprovechando la estancia en Madrid se llegó hasta Burgos, su ciudad adoptiva, donde contaba con numerosos amigos. De tren a tren comió con algunos de estos militantes de la Falange, y les dijo: ((Vosotros aguantad aquí, que yo subiré con la Legión)) En el plano civil, las dos organizaciones combativas constituidas y dotadas de un cuerpo doctrinal y táctico claro, eran el Requeté y la Falange Española de las JONS, a las que no

.

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* Testimonio de Honorato Martín Cobos, Florentino Martínez Alvarez y José Luis Gutiérrez, burgaleses y amigos íntimos del teniente coronel Yagüe.

se puede calificar, honestamente, como sucede también con la U.M.E., entre los defensores exclusivos de intereses materiales afectados por la obra del Frente Popular. Su entendimiento de la existencia y de la problemática española les convertí9 en oponentes ideológicos, espirituales, del materialismo histórico. Mas no habían sido creadas para asumir un simple papel de gendarmería protectora del orden social económico. Ambas organizaciones aspiraban, cada una con ideas y si+ temas divergentes en algunos puntos de señalada importancia, a transformar la contrarrevolución en revolución nacional. En marzo, el Requeté tenía una posición cerrada, políticamente, que se abrió a partir de los meses consecutivos al Alzamiento, El peligro de la disolución de España y la dura experiencia del combate y de la sangre, determinó que el Requeté, con agilidad admirable, se situara ideológicamente en la fecha crucial de 1936. Conservó, intacta, su pasión monárquica legitimista, pero la apertura hacia la reforma social y econ6mica del país fue clara. En relación con las guerras civiles del siglo XIX, y la oposición política realizada por el Carlismo en el curso de la Regencia y del reinado de Alfonso XIII, la evolución del Requets resultó extraordinaria. ¿Se liberalizó? Sena impropio calificar así. Digamos, por ser más justos, que se socializó. Cumplió una evolución que no habían acometido, sincera y prácticamente, las derechas españolas coaligadas en las elecciones. Tras esa vanguardia Requeté-Falange, se encontraba e1 páramo. ¿Qué se había hecho de las juventudes del populismo llevadas a concentraciones teatrales en lugares históricos, mientras duró el bienio cedo-radical? Se habían dislocado o diluido: cuanto 'podía existir en ellas de aprovechable, tendría que ser utilizado o dirigido por mandos ajqnos al populismo. Y así ocurrió, por el ingreso de los jóvenes de espíritu combativo, procedentes de la JAP, en el Requeté, en la Falange y en el Ejército. La juventud populista rescató, individualmente, las omisiones en que había incurrido por obra de sus propios mandos. En el páramo había algunos pequeños campamentos, de corto pero decidido número de militantes: eran los habitados

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por jóvenes monárquicos alfonsinos. Carecían de mando único y, claro es, de organización disciplinada. El Requeté y la Falange estaban en la vanguardia por su ~otencialidad numérica y por la disciplina castrense que en ellos se mantenía. He aqui u n bosquejo del panorama nacional en el que Manuel Hedilla actuaría según las órdenes e instrucciones sucesivas recibidas de José Antonio. El bosquejo es menos sombrío de lo que fue la realidad. Lo exacto es que a fines de marzo de 1936, no se veía remedio cercano al estado pre-dictatorial, iy todavía se estaba haciendo la experiencia burguesa del Frente Popular! Aún no estaba el marxismo en el poder, ni siquiera con una limitada participación ministerial. Había que elegir nuevo Presidente de la República, por la destitución de don Niceto Alcalá Zamora, y tranquilizar a la burguesía de Inglateira y de Francia, aquélla inquieta por las repercusiones de lo español en Portugal, y ésta alarmada por la vecindad del fuego revolucionario; y al capitalismo norteamericano, que copo el belga, británico y francés, tenía hechas inversiones en España. El rearme alemán encarecía el valor de las minas hispanas La gestión de Hedilla iba a chocar con el reforzamiento de los medios de vigilancia y de represión del Estado. Las compañías de guardias de Asalto y la policía gubernativa contaban con fuertes contingentes de izquierdas. La Guardia Civil no estaba indemne: mandos, jefes y oficiales, lo mismo que gran cantidad de números, habían sustituido, espiritualmente, muchos principios de la vieja Ordenanza, que si les impedía levantarse contra el poder legalmente constituido, también obligaba a defender la justicia. El Instituto había sido diezmado par retiros, jubilaciones, castigos. Unas veces sobreponiéndose a los recursos del Estado, otras funcionando con paralelismo a éstos y también actuando desde la sombra, el Frente Popular tuvo su propia policía y sus equipos represivos. Células y grupos actuaban en la burocracia estatal, en cuarteles, fábricas, talleres, oficinas, comunicaciones, barrios, manzanas de casas, inmuebles Practicaban la técnica del ((cuadrillage~;de u n cuadriculado necesario en días de guerra, de pre-guerra o de inseguro dominio político. Las revo-

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luciones toman sus métodos donde los encuentran. Son frías, si quieren ser eficaces, y no se embarazan con los precedentes políticos del método que emplean. Los que empleaba el Frente Popular en España podían ser identificados en paises de signo fascista o comunista. Siguen prevaleciendo y algunos, como la fiscalización de la correspondencia y la intemención en las transmisiones telefónicas y telegráficas, se practican en regímenes que tienen renombre democrático. Existió, claro es, en ese terreno, una fuerza opuesta a la del Estado y el Frente Popular. Sin duda, menos extensa, de profundidad más limitada. Aunme hubiera tenido idénticas Droporciones, carecía del apoyo decisivo de los gobiernos. No tenía el valor ejecutivo inmediato de la frentepopulista. Señalamos - que esa fuerza -ontraespionaje, fiscalización, ofensivala articularon, mancomunadamente, la Falange y la Unión Militar Española, cada una en su peculiar plano de acción. Disponían sobre el papel de masas desarticuladas; conjuntarlas en los territorios que visitó, fue una de las misiones cumplidas por el Conseiero Nacional Manuel Hedilla. E l sistema de enlaces, domicilios, «buzones», ((estafetas))y de protección a los perseguidos, resultaba esencial para los objetivos inmediatos de la-Falange. Parecía ímprobo aunar a las gentes - q u e , salvo los falangistas, estaban separadas, bastante veces, por dis. crepancias políticas y antipatías familiares o p e r s o n a l e s para que se aviniesen a colaborar en la clandestinidad peligrosa. Lo realizado por Hedilla, dirigiendo los trabajos de sendas organizaciones provinciales de la-Falange, tiene ;n testimonio definitivo: las numerosas provincias a las que acudió por orden del Mando, constituyeron el primer baluarte del Alzamiento. Lo secundaron. Acudió a diecisiete provincias. De éstas, Guipúzcoa, en su zona fronteriza y capitalina estuvo sólo dos meses en . poder del enemigo. Vizcaya fue rescatada al cabo de once meses. Las quince provincias restantes fueron nacionales inmediatamente. La casualidad apenas existe en la Historia, o no existe en modo alguno. La Historia está regida por la causalidad. Manuel Valdés Larrañaga testimonia los rasgos sobresalientes de Hedilla: ((Hombre de pocas palabras en relación con su

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capacidad de acción, lo cual era interesante para la misión que se le encomendaba... ejecutivo, capaz Yo sugerí que se le encomendaran determinadas misiones, porque en él encontraba cualidades precisas para ejecutarlas. La idea de José Antonio sobre Hedilla seguramente fue formada a través de las en&vistas que sostenían y a través de la eficacia demostrada...». La puntual cronología de las misiones de Hedilla no ha podido establecerse por las fluctuaciones memorísticas de quienes narran y certifican los hechos. Querríamos señalar días y horas; tenemos puntos de referencia claves para situarlas en el período abril-julio, pero nadie, ni el protagonista, llevaba un adinrio de a bordo», o un camet de notas meticuloso como los apuntes de una contabilidad comercial. Puede suceder que establezcamos o encadenemos una tarea, antes de otra, que en verdad la precedió. Han transcurrido en esta hora bastantes años cargados de peripecias y de acontecimientos nacionales y universales. La memoria de los supervivientes ha ido perdiendo frescura en algunos aspectos; tampoco ha sido incitada por anteriores y objetivos trabajos historiográficos. Se han cultivado las técnicas de la ocultación, del efugio, del convencionalismo, del auténtico mensonge, y otras, de tipo subjetivo, destinadas a realzar, hiperbólicamente, hechos nimios, de vulgar categon a anecdótica. Un fallecido escritor que perteneció a la Falange, Samuel Ros, se llevaba las manos a la cabeza viendo cómo aumentaban -a la manera de la bibliografía napoleónicalos artículos y declaraciones de las gentes «que habían tomado café en la misma mesa de José Antonio». Unas líneas formularias corteses del Jefe Nacional o de sus inmediatos colaboradores, representaron una propiedad valiosa; llave, salvoconducto, recomendación... Pero en ese tiempo, y después, el nombre de Manuel Hedilla jamás apareció en los relatos que pretendían ser historiográficos, acaso una alusión de pasada, mínima, en algún libro La primera misión la realizó solo, acudiendo a Zamora. En un sucesivo viaje, durante el cual también visitó Zamora, desplazándose luego a Valladolid, le acompañó Manuel Mateo. Cuando parecía tomar cuerpo un importante proyecto destina-

...

...

d o a paralizar el desarrollo del poderío comunista, volvió a Zamora, con José María Alonso Goya «Recorrieron, tomando datos y fotografías, lugares de la provincia, en los que habia puentes de valor estratégico, y obras hidráulicas. Nos encontrábamos ante uno de los proyectos revolucionarios más importantes, por su audacia, de cuantos concibió en la cárcel José Antonio. Supe -testimonia el que era jefe provincial de Zamora- que la tarea de Hedilla y de Mateo estaba relacionada con el plan del Jefe Nacional, para impedir las elecciones municipales cercanas o provocar una reacción valiosa D. El 5 de mano de 1936 publicó Indalecio Prieto, en el diario de su propiedad El Liberal de Bilbao, u n artículo en el que anunciaba el plan inmediato del Frente Popular; elecciones municipales, elecciones complementarias de diputados a Cortes v elección de Presidente de la República. Las elecciones complementarias -decía Prieto- «porque cuando se exmese libremente la voluntad del cuerno electoral. alií donde fue secuestrada, las izquierdas alcanzarán y rebasarán esa cifra de 300 diputados, con que soñaba en sus delirios de grandeza Gil Robles u. Los Ayuntamientos, en toda la extensión española, habían sido ocupados por Comisiones gestoras compuestas por el Frente Popular; la República, en toda su existencia, no celebró elec'ciofies para diputados provinciales. La razón política era obvia: había millares y millares de municipios con mayorías antirrepubl' icanas. Temía José Antonio que las elecciones municipales --convocadas el 17 de marzo para el próximo 12 de abril, fecha simbólica en los fastos republicanos- proporcionasen al partido comunista nuevos medios para sovietizar la vida rural española. Representaban una ocasión, si habia audacia y agilidad en la dirección revolucionaria del partido comunista, para sentar las h s e s de futuros Soviets, e incrementar el terror en el campo.

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* Testimonio de Ricardo Nieto Serrano, ex jefe provincial de Falange Española de las JONS de Zamora y ex consejero nacional.

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El Jefe Nacional pensaba, obsesivamente, desde sus primeras actuaciones políticas, en el problema agudísimo del campo español. De ahí sus discursos en pueblos y aldeas y su pertinaz defensa de la reforma agraria básica. En los calabozos de la Dirección general de Seguridad, al ser detenido José Antonio, el 14 de mano, escribió un manifiesto en el que decía: ((Ayuntamientos y Diputaciones. No han sido repuestos los del 1 2 de abril (de 1931) sino nombrados libremente; en los más de los sitios, los que han querido designar comunistas y socialistas. Es decir, que en el día de hoy, una parte grandísima de las autoridades locales, con el poder que ejercen sobre la fuerza pública, se pondrían en contra del Estado, si los comunistas lo quisieran asaltar)). Los jefes de las minorías de la oposición acudieron -24 de mano- a visitar al jefe del Gobierno señor Azaña, para informarle de que las elecciones iban a celebrarse bajo el signo del terror en el campo. Antes había concebido el Jefe Nacional su plan de sabotajes y disturbios que podían suscitar un estado de urgencia incompatible, legalmente, con la celebración de las elecciones. El 3 de a b i l , el Gobierno las aplazó. Mas se trataba de una corta demora, provocada por la inmediata destitución del presidente de la República, señor Alcalá Zamora, por 238 votos contra 5. El Gobierno quería tener el camino expedito para que la elección presidencialse desarrollara según sus planes. La grave decisión del Jefe Nacional se enlazaba con el designio de que una acción pre-revolucionaria facilitaría la intervención militar. El plan quedó en suspenso, y se modificó, semanas más adelante, en el sentido de ampliar, por medio de levantamientos de falangistas, quienes brindarían puesto a cuantos estuvieran dispuestos al combate. En tanto, el Requeté también pensaba en una acción revolucionaria, consistente en u n muy audaz golpe de mano. «Se trataba -testimonia José Luis Z a m a n i l l e de uniformar a mozos nuestros con ropa y armamento de la Guardia Civil. Era Ministro de la Guerra el general. Masquelet. El complot fue descubierto, y tuvimos que poner en franquia a nuestros mu-

chachos. La situación era tan delicada que decidí trasladar a mi familia a Elizondo. Me convenía estar sobre la frontera, pues acabábamos de montar el Cuartel General en San Juan de Luz en la casa de una aristócrata legitimista francesa. Yo era delegado nacional del Requeté; nombré al teniente coronel Ricardo Rada Inspector Militar, y Jefe del Requeté navarro al teniente coronel de Caballería Alejandro Utrilla. Circulé bastantes veces pasando por diversas fronteras n. LA ((CARTA A LOS MILITARES DE ESPARA» Este documento del Jefe Nacional tiene la fecha del 4 de mayo, en la que se calculó que podría distribuirse, pero su redacción fue hecha a fines de abril ... «Hoy estamos en vísperas de la fecha, ipensadlo, militares españoles!, en que España puede dejar de existir ... Tendríais derecho a haceros los sordos, si se os llamara para que cobijaseis con vuestra fuerza una nueva política reaccionaria ... Esta misma suerte que nos persigue en la adversidad, tiene que unimos en la gran empresa. Sin vuestra fuerza -soldadosnos será titánicamente difícil vencer en la lucha. Con vuestra fuerza claudicante, es seguro que triunfe el enemigo. Medid vuestra terrible responsabilidad. El que España siga siendo, depende de vosotros. Ved si esto no os obliga a pasar sobre los jefes vendidos o cobardes, a sobreponeros a vacilaciones y peligros. El enemigo, cauto, especula con vuestra d~cisión. Cada día gana unos cuantos pasos. Cuidad de que al llegar el momento inaplazable, no estéis ya paralizados por la insidiosa red que alrededor se os teje. Sacudid, desde ahora mismo, sus ligaduras. Formad, desde ahora mismo, una unión firmísima, sin esperar a que entren en ella los vacilantes)) El documento, típicamente sedicioso según la óptica legal, debía ser impreso en millares de ejemplares y distribuido en cuarteles y domicilios privados. Técnicamente, la impresión te-

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* José Antonio: Obras completas. Paginas, 763

a 769.

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nía que ser rápida para evitar las intervenciones policíacas. No se encontraba ningún taller madrileño en el que pudiera hacerse clandestinamente la edición. Habría sido más fácil hallar quien compusiera e imprimiese un documento político clandestino, pero sin contextura sediciosa. «En el curso de una visita a la Modelo -testimonia Hedilla- José Antonio me habló de varios documentos que deseaba publicar y repartir: N ; , Podrías encargarte de ello? -me preguntó. »-Haré lo que esté en mi mano. Puede ser que lo consiea. »-¿Tienes imprenta y medios? »Le contesté la verdad. No contaba todavía con lo necesario, pero recordé unas relaciones que podían facilitármelo, o allanar el camino. »Me entregó el original de la Carta a los militares de España. Al salir de la cárcel me dispuse a tomar el camino del Norte, con un camarada que iba a prestarme valiosa colaboraciónu Ese falangista explica **: «Conocí a Manuel Hedilla en el centro falangista de Madrid. Le acompañé hasta Herrera de Pisuerga, donde nos separamos. Él siguió viaje, y después de darme instrucciones concretas, convinimos que nos reuniríamos en San Sebastián, a donde yo enviaría un telegrama con clave para informarle del desarrollo de la operación y de mi llega& a aquella ciudad. >>Por cierto, Hedilla me confió un paquete de ropa, el cual yo debía dejar en Ambrosero, diciéndole a Elena, su esposa, que se encontraba bien. Efectivamente, pasé por Ambrosero, al ir a San Sebastián, pero el temor a que una parada en casa tan marcada determinase prisión o inmediata persecución, me hizo incumplir el encargo.
D

»Ya en Santander, acudí directamente a visitar a otro camarada, Manuel Yllera. Éste me relacionó con la familia Corpas, propietaria de una gran imprenta, ((Hijos de J. M. Martínem, en la que se compuso el original de José Antonio y fueron tirados millares de ejemplares. No puedo precisar los detalles, mas imagino que los Corpas, conocedores de las artes gráficas, realizaron el trabajo ellos solos, y en horas nocturnas. No conocí al que era Jefe Provincial de Santander, Martín Ruiz Arenado, pero fui presentado a camaradas de gran confianza, como el pintor Cossío. »Todo duró escasamente tres dias. Manuel Yllera era representante de una marca de caldos sintéticos. Disponía de una camioneta pintada policromadamente, con el anuncio del producto. Nos servía admirablemente para el transporte. uParte de la copiosa edición la dejamos en Bilbao, y el resto la lletamos a San Sebastián, donde estaba Hedilla. La embalamos y pusimos etiquetas comerciales, y la enviamos por toda España u. ((Regresamos-manifiesta Hedilla- por Navarra y Sona, a Madrid. En aquellos días yo aún me limitaba a una función estricta de falangista, según las órdenes que recibía de José .Antonio, y al ser éste trasladado a Alicante, de Fernando Primo de Rivera. Poco después, mis tareas fueron ampliadas y me convirtieron en un agente falangista, a las órdenes del general don Emilio Mola. nHabía que aprovechar los viajes hasta el máximo. Así, paramos en los Amos, donde los miembros de aquella JONS quisieron obsequiamos con una merienda. Yo tenía tanto apetito como el que mostraba Antonio Rodríguez Jimeno, pero rehusé. A los diez minutos de haber salido nosotros del pueblo, la fuerza pública se había presentado a detenemos. Lo supimos después uEn mis trabajos, tuve pocas dificultades para identificarme pues era conocido, como consejero nacional, por todos los mandos provinciales. En general, confié siempre a la memoria el nombre y la dirección de los camaradas, o de las personas afi». nes a éstos, que servían de ((estafetasu y ((buzones Algunas

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...

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** Testimonio de Antonio Rodríguez Jimeno, jefe de Falange de la

Testimonio de Manuel Hedilla.

Segunda Centuria rnadrilefia, abogado asesor nombrado por JosC A n t e nio, ex-subsecretario de Agricultura con el ministro Miguel Pnmo de Rivera y ex. jefe nacional del Sindicato del Olivo.

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veces, en casos de cierta delicadeza, que podían suscitar dudas en cuanto a la extensión de los encargos recibidos de la Jefatura Nacional y a la efectividad de las atribuciones que ésta me daba, llevé, bien escondidos en el coche, mensajes autógrafos de José Antonio. »Por lo que se refiere a las misiones que cumplí por órdenes transmitidas por el general Mola, siempre me precedía una advertencia hecha desde Pamplona a los militares con los que debía entrevistarme,.

LOS MANDOS AUSENTES En algunas provincias se notaba más el impacto de la represión. Y la clandestinidad engendró recelos y separaciones entre los falangistas: éste es el caso de Cataluña. «Cuando llegué a Barcelona hacia fines de mayo de 1936, me encontré con el lamentable espectáculo de ciertas disensiones personales, que descaecían la unidad combativa. En ocasiones, y éste era el caso de los jonsistas separados en 1935, eran argüidas razones tácticas e ideológicas. Pero parecían existir rivalidades personales peligrosas, y así se decía que el consejero nacional, Luis Gutiérrez Santa Marina, no estaba de acuerdo con otro consejero nacional, Roberto Bassas Figa, designado jefe provincial por José Antonio. La oposición de Santa Marina se extendía a José Ribas Seva, jefe local de Barcelona. nBassas, en realidad, tenía jerarquía territorial, pero su detención en la Modelo de Madrid, de la que salió pocos días antes del Alzamiento, le había impedido, prácticamente, cuidarse de la preparación adecuada de los falangistas en todas las provincias catalanas. ,Me estremecí, porque el bando que seguía a Santa Marina y el que acataba a Bassas y a Ribas Seva, se comportaban como fr&res ennemis. V muy pronto, e informé con objetividad abi soluta a José Antonio, que lo más urgente era soldar a los dos bandoa e incorporar a los jonsistas. La reconciliación fue se-

llada, ante mi, comendo el mes de junio, por Santa Marina y Ribas Seva. »Llevaban largo tiempo sin hablarse. Mi aspiración única era que la Falange presentara un mínimo de coherencia y de disciplina, y aportase cuantos hombres estuvieran dispuestos a combatir. Me ayudó, con gran espíritu, un castellonense que era oficial de complemento, muy arraigado en Barcelona, Santiago Martín Busútil. Nos echábamos las manos a la cabeza y lo seguimos haciendo, por otros motivos diferentes, en nada relacionados con la Falange, los días 17 y 18 de julio de 1936, ante la insensatez de los unos y de los otros. Yo estaba encargado, entre otras tareas, de ir creando células de oposición nacional-sindicalista dentro de la C.N.T. -las cuales proliferaron durante la guerra- y de incorporar a la Falange a los anarcosindicalistas encolerizados contra la República y dispuestos a nacionalizarse. ¿Cuál sería nuestra fuerza de convicción si en nuestro propio Movimiento había rivalidades e insensateces de aquel calibre?, Sobre la situación de la Falange catalana, ha escrito el jefe provincial de Tariagona: «...Roberto (Bassas) fue detenido en Madrid durante el mes de mayo y sobre nosotros cayó una fuerte acción policíaca que nos desarticuló bastante. De Madrid mandaron entonces a Pepe Martín y a Maximiano García Venero» En otros casos, había que registrar la ausencia de jefes provinciales. José Antonio carecía de noticias de esos mandos. Preguntaba en el locutorio de la Modelo: (( i Dónde está Luna? ¿Dónde está Rodríguez Acosta? Francisco Rodríguez Acosta era jefe provincial de Jaén, provincia que podía ser una de las claves revolucionarias de la Falange. José Antonio carecía en absoluto de sus noticias. El caso de José Luna Meléndez, capitán de Infantería que en edad muy madura se incorporó a la Falange extremeña y era

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**.

marán. Madrid. Segunda edición.: 1956. Pagina, 54.

* Testimonio de Maximiano García Venero. ** José M r a Fontana: Los catalanes en la aí

guerra de España.

Sa-

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jefe provincial de Cámres, aparecía extraño. El diario aExtremadurar, independiente, publicó -viernes, 24 de abril de 13 9: ' un suelto en el que se leía: uEl capitán Luna deja de pertenecer a Falange Espaííola. El que hasta ahora fue jefe de Falange Española, don José Luna, nos ruega la publicación de la siguiente nota: Para conocimiento de antiguos compañeros de organización-y amigos, hago constar por esta nota mi apartamiento de la vida política, dejando por consiguiente de pertenecer a todo partido u organización. José Luna». Posteriormente, Luna apiirece detenido, en un tren que se dirigía a Santander, donde ocupaba el Gobierno civil un brillante escritor y periodista, don Manuel Ciges Aparicio. El que oficialmente era ya ex jefe provincial de Cáceres, ingresó en la prisión santanderina el 1 de mayo de 1936. La prosa oficial relata las incidencias de la detención y permanencia de Luna Meléndez en Santander. Fue ([entregadopor fuerzas de la guardia de seguridad en concepto de detenido a disposición del señor gobernador civil de Cáceres, con orden del gobernador civil de Santander (Negociado Policía), quedando a disposición de la citada autoridad (gobernador civil de Cáceres) y con fecha 2 de mayo pasó a disposición del Excmo. Sr. Director General de Seguridad; siendo puesto en libertad en virtud de orden del gobernador civil de Santander de fecha 14 de mayo del citado año 1936, con la obligación de presentarse al gobernador civil de Cáceres » Luna Meléndez hizo su reaparición para asumir la jefatura provincial con ínfulas territoriales, al sobrevenir el Alza. miento. Alguna ausencia de mandos se debió a causas extrañas a 1 2 represión policiaca. Así sucedería con la jefatura provincial dt Sevilla y territorial de Andalucía a cargo de Sancho Dávilr Fernández de Celis. Éste tenía afinidades de parentesco COI José Antonio, quien pensó en él para reunir a los sevillano que habían mostrado deseos de pertenecer a la Falange Espa ñola. Dávila les convocó -13 de febrero de 1934- a unc reunión en la Venta Eritaña. Algunos de los reunidos opinaba] que el autor de la convocatoria no era idóneo para asumir 1

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jefatura, mas asistieron esperando a que se desarroilara la organización Meses después, se incorporó a la Falange Joaquín Miranda, hombre maduro, que había sido banderillero y dirigía la fábrica de cerámica propiedad de su madre política. Miranda estuvo adscrito algún tiempo al partido republicano de don Miguel Maura, y actuaba con relieve en la Patronal sevillana. La organización tuvo su primer local en la caiie más céntrica de Sevilla. El triunvirato entonces designado por la fusión con las JONS lo constituyeron el catedrático José María Cañadas, Martín Ruiz Arenado y Joaquín Mimda. A Dávila se le nombró jefe temtorial de Andalucía, para que su autoridad prevaleciera sobre todos los triunviratos y mandos de la región. Hubo en Sevilla y su provincia atentados contra los falangistas, y represalias de éstos. Mas la organización no acababa de pasar de la adolescencia, y habían fracasado los intentos de constituir una C.O.N.S. numerosa y apta. «A finales de agosto o primeros de septiembre de 1935, estábamos José Antonio, García Venero y yo en la terraza del casino La Pérgola de San Juan de Luz. »-He recibido una carta, que voy a leeros, de la madre de Sancho Dávile. »La señora pedía que por correr peligm la vida de su hijo, le relevara José Antonio del mando territorial de Andalucía, ordenándole que se trasladase a Madrid. Encarecía el secreto, pues realizaba tal gestión sin el conocimiento de Sancho, el cual reiteraba su firme propósito de seguir en Sevilla. D--Comprendo-nos dijo José Antonict- el estado de ánimo de la madre. Pero si en estos momentos, cuando la Falange se desarrolla, quito de Sevilla al jefe, habrá fluctuaciones o desánimo entre los camaradas. n Añadió:

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* Asistieron Marcelino Pardo Maestre, Martin Ruiz Arenado, Luis Mensaque Arana, Benjamín P é r a Blázquez, Rafael Carmona Roldán, Rodolfo Valenmela Granja, José María Cañadas, Alfonso Lozano, AI,fonso Cámara y otros cuyos nombres no podemos fijar exactamente, por falta de documentación objetiva.

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n-¿Qué os parece? nMe parece recordar que García Venero y yo respondimos a la par: n-Tienes razón, sería u n mal ejemploa En Amba, semanas después de esas manifestaciones apareció una corroboración expresiva del pensamiento de José Antonio acerca de la permanencia de los mandos en el lugar de peligro. Se refería principalmente a los atentados cometidos en Sevilla 7 de noviembque causaron la muerte del obrero pintor Eduardo Rivas y del empleado de ferrocarriles y estudiante, Jerónimo Pérez de la Rosa: ((Día tras día, con sacrificio de todo d o s , holgura económica, puesto social, tranquilidad de un hogar reciente- Sancho Dávila viene dándose por entero a la Falange.., Así, toca a los jefes ejemplares, como Sancho Dávila, aprender junto a la cabecera de los moribundos este sentido grave, sacrificado y g o m , que va depurándose por dentro para hacernos dignos de la unión que nos aguarda)) Tras las elecciones de 1936, los falangistas sevillanos supieron que el jefe territorial se trasladaba a Madrid,. acompañado de su esposa, y cerraba su domicilio familiar en la calle de la Aduana. Había sido reclamado o llamado por el Jefe Nacional; no se tuvo noticia de que le fuera encomendado otro mando ni de que tuviese misión revolucionaria concreta. También había marchado de Sevilla Martín Ruiz Arenado, pero a éste, como es sabido, se le designó para el cargo de jefe provincial de Santander. Dávila entregó el mando a Joaquín Miranda. En la región, los mandos provinciales se comportaron diversamente. En Cádiz, Luis María Pardo Maestre fue excelente jefe local; Joaquín Berna1 y sus hijos se comportaron con valentía en Jerez; en Málaga hubo pocos y excelentes falangistas, como Lora, jefe de milicias. En Jaén, Francisco Rodrígua Acosta no comunicaba con el mando: después del 18 de julio, fijó el domicilio de

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la jefatura en Córdoba Granada también tenía escasa densidad falangista, lo mismo que Almena. Dávila no intervino en la preparación concreta del Alzamiento en Sevilla. Las relaciones con la Unión Militar E p a iiola fueron sostenidas por Joaquín Miranda, con el capitán Eduardo Alvarez Rementería. En la Junta de la U.M.E. figuraba un militar retirado, de Caballería, don Luis Redondo, más tarde general. En Galicia ocurrieron, entre los mandos, peripecias a las que nos referimos en la exacta coyuntura cronológica. Mas en general, y por honor de la Falange, los mandos provisionales, e1 espíritu de combate, el arraigo de la disciplina ideológica, permitieron superar la ausencia y la debilidad. También hubo ejemplos de ésta. En Salamanca fue nombrado jefe provincial, con fecha 1 de diciembre de 1934, el empleado del Municipio y redactor del periódico populista LA Gaceta Regional, Francisco Bravo Martinez. El 9 de febrero de 1935, el Jefe Nacional le designó vocal de la Junta Política. Un trágico suceso pudo poner en entredicho la capacidad revolucionaria y de carácter de Bravo. El 11 de abril de 1935, irnos pistoleros dispararon, escondidos en la sombra nocturna, contra el falangista Juan Pérez Almeida, dos de sus hermanas y su novia, un el parque salmantino de la Alamedilla. Carmen, casi niña, y también falangista, murió de un balazo en la cabeza, Juan recibió balazos que le atravesaron los pulmones y la pierna derecha. Crimen monstruoso; el 4 de mayo, tras' una dolorosa y larga agonía, murió Pérez Almeida. Bravo, jefe provincial, se opuso terminantemente a las represalias. Le visitó un estudiante vallisoletano, falangista, que estudiaba en Salamanca, para ofrecerse personalmente y, si era necesario, para traer a camaradas de Valladolid. Bravo se negó
* Testimonio de Marcelino Pardo Maestre.

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* Testimonio de Rafael Sánchez Mazas, de la Junta Política de Falange Española de las JONS. ** Arriba, nO 19, 14 de noviembre de 1935. .

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a autorizar esa intervención El jefe provincial de Zamora, por su parte, brindó al de Salamanca el concurso, para ejercer represalias, de los camaradas zamoranos. También escuchó una negativa. La actitud de Francisco Bravo llegó a sustraer cualquier clase de solemnidad y protesta en el entierro de Juan Pérez Almeida. La conducta de la Falange salmantina -mientras Bravo se encontraba detenido en las dependencias de la prisión provincial- fue perfecta, cabal, en la ocasión del Alzamiento. De hecho, estaba emancipada de su jefe y procedió con serenidad y arrojo. LOS DfAS SIN TREGUA El cotejo de la empresa acometida y realizada entre marzo y julio de 1936 para fraguar el Alzamiento nacional con las revoluciones políticas de la España contemporánea, revela en aquélla vastedad y profundidad superiores. Prescindimos del &miento, guerra y revolución de 1808: entonces se trataba de un movimiento contra el invasor extranjero, del que se obtuvo una consecuencia política revolucionaria. También eliminamos el hecho de la caída de la Monarquía en 1931,porque tuvo carácter plebiscitario y pacífico, salvo la huelga y sublevación de Jaca en diciembre de 1930. Los tres movimientos revolucionarios de la España contemporánea son los de 1854, 1868 y 1934. El de 1868 se desam11ó hasta 1874. La 1 República constituyó un episodio capital, mas encadenado a la victoria de Alcolea. 1936 los aventajó a todos en diligencia, extensión y calado, a pesar de la inferioridad de los medios y del tiempo disponible. Fue movido por dos organizaciones civiles, de las que se ha dicho, con insistencia, que carecían de experiencia y de hombres capaces para abordar una alta empresa nacional: el Requeté y la Falange. Los más favorables dictámenes de políticos e historiadores sobre el Requeté le han dado un aire literario, romántico, también agreste, foral y teocrático. Su infinita persistencia en la oposición - d e mayor antigüedad que la de 10s anarquistas y mar-

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* Testimonio de Eugenio Rámila Arnaix, ex jefe de la Primera Línea de Falange Española de las JONS en Burgos, Guipuzcoa y Avila, ex combatiente, y de Ricardo Nieto Serrano.

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xistas-, en el mantenimiento de ideales que no han encamado plenamente después de más de un siglo, ha sido estimada como incapacidad funcional política. A la Falange se la considera, histórica y conceptualmente, como un Movimiento a veces lírico, otras mimético, puizá snob incluso en la aportación de docenas de millares de muertos... Por la presión de la circunstancia española, suelen ser salvados del dictamen general sobre la incapacidad falangista, el jefe nacional y tres o cuatro --o una docena- de militantes: todos ellos muertos, todos ellos prisioneros antes del 18 de julio. Mas, ¿quién abrió los caminos del Alzamiento y lo sostuvo? ¿Fueron, acaso, los partidos y los hombres que gobernaron de 1933 a 193 5 ? La energía revolucionaria partió de las celdas de la Cárcel Modelo de Madrid y del Cuartel General del Requeté en San Juan de Luz. Unos cuantos españoles pusieron en vilo a la nación para que los militares tuvieran las precisas condiciones que su intervención exigía. En los anales políticos, como en los de la guerra, no es posible eliminar a los hombres oscuros que hendieron, con sus trabajos y sus armas, la ciudadela del Estado. Su protesta y su acción no tenían vínculo alguno con la retórica parlamentaria ni con las intrigas sin peligro. Las primeras fases de la guerra, efectivamente comenzada en marzo, quedarán objetivamente como lección de técnica revolucionaria y política. Tendrían el mismo valor técnico aunque la guerra hubiese acabado con un triunfo del Frente Popular. Pues la obra revolucionaria no descuidó, al contrario, la tarea urgente de creación que se plantearía apenas los militares iniciaran el Alzamiento en armas. Esta creación correspondía a reducidos equipos militantes, que lograron multiplicar, casi siempre en plazo de horas, su base numérica. Durante cuatro meses, los días no consintieron tregua en el quehacer. Ha circulado, quizá como recurso literario fácil, la imagen de u n José Antonio encarcelado y afligido por la separación que las rejas establecen entre él y sus camaradas. Lo exacto es que en la prisión, hasta que Alicante se convirtió en zona prohibida para los enlaces, fue Jefe Nacional con

más plenitud, conocimiento de los hechos y energía, que en los anteriores períodos de su mando. Manuel Hedilla testimonia que su arraigada convicción es la. de que aún lo que no parecía esencial, era conocido, examinado y decidido por José Antonio. Quiso conocer, por la ausencia y pormenores anejos del jefe provincia1 de Cáceres, la situación exacta de la Falange extremeña y allí envió a Hedilla, a quien acompaiíó Alonso Gaya. Las relaciones con Onésimo Redondo, a través de cartas y de mensajes verbales, pues el jefe provincial de Valladolid también se hallaba preso, eran lentas y adolecían en ocasiones de oscuridad. «Vete -rdenó a Hedilla- a Valladolid; visita a Onésimo de mi parte, y dile que esté preparado y actúe con rigor desde la cárcel. Valladolid es muy importante y ha de estar a punto. Y que transmita, a esos ciento y pico de camaradas que como él están encarcelados, mi saludo y mi aliento)). En ese viaje a Valladolid ocurrió u n lance pintoresco. Hedilla tomó habitación en un hotel y, al inscribirse, utilizó el nombre del doctor Jesús Mata, a quien pertenecía el automóvil que entonces conducía. El hotelero leyó la ficha y, pausadamente, manifestó al nuevo huésped: «Usted es el doctor Mata lo mismo que yo soy el obispo de Coria: pero sey falangista y sé a qué atenerme)). Mata, en sus tiempos de estudiante, había residido en ese hotel A las elecciones complementarias de diputados a Cortes por la circunscripción de Cuenca -las de febrero habían dado el triunfo a la candidatura derechista, pero fue anulado por la mayoría del Frente Popular- fue presentada la candidatura de José Antonio. Era un último esfuerzo para obtener la investidura parlamentaria que acaso le habría facilitado la salida de Ia Modelo. Miguel Primo de Rivera acudió personalmente a vigilar la elección: ésta daba votos suficientes para proclamar diputado a José Antonio. Los fraudes y las violencias desfiguraron el escrutinio.

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* Testimonio

del doctor Mata.

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Manuel Hedilla conservaba relaciones en la provincia. Con Alonso Goya estuvo en numerosos pueblos, colectando votos En un segundo viaje, le salvó a Hedilla de la detención la espontánea ayuda de un significado adversario político. Los hermanos de nuestro personaje declaran: «Antes de la guerra, al saberse en Tarancón, donde vivíamos, que nuestro hermano era jefe provincial de la Falange santanderina y consejero nacional, empezamos a ser molestados. »El alcalde de Tarancón, del Frente Popular, me llamó un día de mayo de 1936 -refiere el hermano político de Hedillaa su domicilio particular, para advertirme que tenía órdenes de encarcelar a Manuel. Salí inmediatamente para Madrid, y*allí supe que mi hermano estaba camino de Tarancón. Volvi al pueblo y a poco se presentó u n chico a recoger ropa de Manuel. Por fortuna, yo había prevenido a los amigos de u n garaje de la entrada de Tarancón, que le advirtiesen del peligro. Fui a verle, y él se volvió a Madrid, con Sáenz de los Terreros que le acompañaba aquel día» **. El episodio tiene interés biográfico porque representa uno de los primeros eslabones de una serie de hechos que en el futuro acabaron de revelar el ascendiente personal de Hedilla sobre personas de las que le separaban profundas divergencias políticas y sociales, El alcalde de Tarancón era u n frentepopulista acérrimo, y lo demostró en sus funciones y en la actividad individual. Mas ahí está su decisión ante el caso de Hedilla ...

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LA PRIMERA CONDENA DE HEDILLA: TREINTA AROS DE RECLUSIÓN
La Falange de Vizcaya era, ya antes de 1936, un segundo hogar político de Hedilla. El primer jefe provincial fue Felipe Sanz Paracuellou, de origen jonsista, y Florencio Milicua mandaba la Primera Línea. «En la azotea del Hotel Carlton presenté la milicia inicial a José Antonio. La organización era bilbaína casi por entero. Teníamos a militantes, escasos, en villas y pueblos. Así, en Galdácano, donde había una JONS, a la que perteneció un sacerdote. Bajo el gobierno de Euskadi fue torturado y muerto en el barco-prisión Cabo Quilates Los testimonios señalan frecuente presencia del montañés en Bilbao a partir de 1934. «Yo le conocí por entonces. Mi padre, Pablo Klinkert, tenia u n modesto hotel, llamado "Escalza", en el número 5 de la calle de Jardines. Estaba yo empleado en el Hotel Carlton. Hedilla siempre, casi siempre, ee hospedaba en nuestra casa. Siempre le vi sobrio, casi ascético, a pesar de su juventud. Nunca advertí que manejara dinero; su ropa era decorosa, sin lujo, y sus gastos personales ínfimos. »Después del 16 de febrero, teníamos que hospedarle clandestinamente. En nuestro hotel se reunía con los miembros más destacados de la Falange: Milicua, José María Valdés, Félix González, Luis Acevedo, Ramón Prieto También recibía a falangistas de Santander y de Laredo. Acababa de tener otm hijo, Rafael, y para que lo conociese, se lo trajkon desde la Montaña a Bilbao)) Sobre la autoridad que ejercía en los falangistas de la Montaña, Florencio Milicua refiere: «Hacia mayo o junio de 1936, atábamos en Las Arenas Hedilla 7 yo. Nos encontramos con el jefe provincial de Santander, Martín Ruiz Arenado y su co-

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...

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Simultáneamente lo hacían otros falangistas: Manuel Mateo, Fernando de Alzaga ... Los incidentes fueron violentos. Miguel Primo de Rivera sufrió detención en Cuenca y s e le trasladó a Madrid, donde se le hizo ingresar en la Cárcel Modelo. Manuel Mateo pudo librarse gracias al concurso de un hotelero, quien advirtió a Fernando de Alzaga de que se había identificado al Jefe de la Central Obrera Nacional sindicalista. Alzaga lo transmitió inmediatamente a Hedilla. ** Testimonio de Josefa Hedilla Larrey y de su esposo José Capella Honduvilla.

de Florencio Milicua. Testimonio de Pablo E. Klinkert -Pablo el Alemdn- tnico falanYista de nacionalidad extranjera con categoría de militante, ex combafiente, hoy nacionalizado español.

* Testimonio **

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labrador Fernando Pombo, acompañados por dos mujeres que no eran sus esposas. Glacialmente, HediIla les preguntó: n-i Qué hacéis aquí ? »Balbucearon sorprendidos: »-Hemos venido para ver si podemos adquirir armas... >)-Pues ahora mismo -replicó Hedilla-, vais a marcharos de Vizcaya. Vuestra conducta es inadmisible. Y si no me obedecéis ordenaré que os arreste la Falange bilbaína y seréis sancionados severamente. >)RuizArenado y Pombo obedecieron en el acto,. Milicua, Klinkert, Ramón Prieto y Félix González declaran que conocían concretamente los poderes de que estaba investido por el Jefe Nacional. «Los comprobamos, aunque no lo hicimos deliberadamente, pues teníamos seguridad y certeza absolutas, en sendas visitas que hicimos en Madrid a José Antonio, en la cárcel Modelo, y a Serrano, 86, para entrevistamos con otros mandos. »Estaba latente en la Falange bilbaína una escisióp o fraccionamiento. Los militantes que seguían a Alberto Cobos cooperaron en las elecciones de 1936 con Renovación Española. Los monárquicos necesitaban gente resuelta. Tenian;por ejemplo, a los tres hermanos Iruegas, de filiación albiñanista. Una vez clausurado policialmente nuestro domicilio, Renovación nos ofreció el suyo en la Gran Vía. La mayoría de nosotros rehusó aceptarlo. »Hedilla dispuso que se instruyese un expediente a Alberto Cobos; el mismo Hedilla ordenó que cesara Cobos en el mando. Designó a José María Valdés Larrañaga jefe provincial, a Florencio Milicua jefe local y a Rebolledo jefe de la Primera Línea. Dio cuenta a José Antonio y éste lo aprobb Estos mandos fueron los que llegaron al 18 de julio. En otros viajes, Hedilla tuvo relaciones más intensas w n los militantes adscritos a la U.M.E. que con la 'Falange bilbaína. Solía reunirse, en la oficina que en la calle Ascaso tenía Mario Or-

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maechea, con el comandante Ichaso, el capitán Ramos, el teniente Ausin Cumplía entonces las instrucciones recibidas del general Mola. «Por lo que yo vi y oí, creo que era el falangista más indicado y capaz para las misiones que le atribuyó el Jefe Nacional», afirma Milicua. La intensa participación en el Alzamiento le acarreó' su primera condena a pena severísima. La Falange obedeció a las órdenes de concentración a partir del 17 de julio. Sus escuadras sumaban 150 hombres; las fuerzas de combate aunadas de tradicionalistas y alfonsinos debieron de ser, en la villa bilbaína, alrededor de doscientos. El fracaso del alzamiento militar indujo a Milicua a proponer que se fuera a Pagasarri, para seguir hasta Vitoria. José María Valdés Larrañaga, con su autoridad de jefe provincial, se negó a dar la orden. El mes de febrero de 1937 los falangistas y cómplices iban a ser juzgados por el Tribunal popular, constituido por nacionalistas de la derecha y de la izquierda -c(Jel» y «Acción Nacionalista Vasca»-, comunistas, socialistas e Izquierda Republicana. En el banquillo de los acusados estuvieron Milicua, Valdés, Arechederra, Suárez y un cenetista de Eibar, que había vendido armas a la Falange. El fiscal solicitó la pena de muerte para Manuel Hedilla Larrey, juzgado en rebeldía, y la de treinta años para los restantes acusados. La sentencia condenó a Hedilla a 30 años de reclusión y a 1 4 años, 8 meses y 21 días a los demás procesados. Al cene.tista le asesinaron

...

...

NAVARRA Y SAN SEBASTIAN, CENTROS NERVIOSOS La atención de José Antonio fue polarizándose en Navarra. HedilIa acudió a ella con misiones estrictamente faiangistas al principio. Hacia el mes de abril, aquella atención subió de punto. Exista u n nuevo factor.

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Estos dos, secretario local y jefe local, respectivamente. Testimonio de Florencio Milicua y Ramón Prieto.

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En la guarnición pamplonesa, un núcleo de capitanes trabajaba por la U.M.E. Eran Gerardo Díez de la Lastra, M a h e l Barrera González de Apilar, Manuel Vicario Alonso y Carlos Moscoso, que constituían una Junta secundada por otros capitanes: Gonzalo Díez de la Lastra, Vizcaíno, Lorduy, Villas y Vázquez, y por los tenientes Dapena, Tomé y Manrique. El delegado fue Manuel Barrera En el trasiego de mandos militares ordenado por el gobierno de Azaña, al general Emilio Mola le correspondió mandar la 1 2 Brigada de Infantería y asumir el cargo de gobemador militar de Pamplona. Los generales Goded y Franco fueron destinados a Baleares y a Canarias. Interinamente, mandó la brigada y ocupó el Gobierno militar el coronel don José Solchaga, quien mandaba el regimiento de Infantería de América núm. 23. Tenía de ayudante al comandante Femández Gordón. La primera persona civil con la que tuvo contacto en Navarra el general Mola, a fines de conspiración, era don Feliv Maíz, quien llevó muchas veces en su coche al jefe militar, le sirvió de enlace con provincias limítrofes y fue testigo casi constante de los trabajos. En una obra publicada quince años después, el señor Maíz no señala la fecha exacta en que Mola decidió servir a un alzamiento **. El que fue secretario del general -a partir del 19 de j u l i e aseveró en su libro que no ha vuelto a editarse: «En el mes de abril de 1936)) ***. El problema histórico es importante y sugestivo. Un abogado madrileño, íntimo amigo del general Goded, y por esta amistad relacionado con el fracasado movimiento del 10 de agosto de 1932, director general de Prisiones, por su condición de liberal demócrata -partido de Melquíades Alvarez- que alivió, de modo que pareció escandaloso a las izquierdas, las prisiones de Sanjurjo y Esteban Infantes, sus amigos, hasta que llegara la cercana amnistía el año 1934, testi-

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* José María Iribarren. Mola. Zaragoza, 1938. ** B. Félix Maíz: Alzamiento en España. De un diario de la conspiración. Pamplona, 1952. *** Iribarren, loc. cit.

monia sobre la fecha coacreta de la decisión de Mola «A fines de marzo fui visitado, con gran misterio, por un caballero, quien, después de exigirme palabra de honor, me pidió que con toda clase de precauciones me trasladase a Pamplona para conferenciar con el general Mola. Por las circunstancias, un tanto folletinescas, de la entrevista, eran lícitas las sospechas de que se tratara de un loco, de u n chantagista o de un agente provocador... Dudé, pero la práctica de mi.profesión, ya tan larga, me inclinó a pensar que el visitante decía la verdad. Salí para Navarra, M a Mola y me confió u n mensaje verbal. Era tan meticuloso aquel hombre que me hizo repetirlo hasta que lo recité de corrido. Lo dirigía a mi amigo Goded. Preguntaba, en síntesis, si el comandante general de Baleares estaba dispuesto a participar en un &amiento que disolviese las Cortes y derribara el Gobiemo. >)Marchéa Palma de Mallorca con las naturales precauciones, encarecidas por advertencias del propio Mola, y Goded me contestó literalmente: d a r a eso que prepara Mola, me basta ser su asistente. »Tomé a Pamplona. Mola no disimulaba su contento-por la respuesta. Me pidió que siguiera prestándole mi modesto concurso. »-Mi hombre de confianza en Madrid, el organizador que allí trabaja en el Alzamiento, es el teniente coronel de Ingenieros Alberto Álvarez Rementeria. Póngase usted en contacto con él. »Alvarez Rementeria había mandado las fuerzas de Ingenieros amarteladas en Campamento, de Carabanchel, pero el Gobierno le sustituyó por el teniente coronel Carratalán. Existe, pues, una certidumbre de que Mola empezó a conspirar a proyectar la conspiración- recién llegado a Pamplona, donde, además de Solchaga, tuvo a su lado al coronel Francisco García Escámez. Hay otra certidumbre, también deparada por don Hipólito Jiménez, y que Hedilla confirma: los hombres que rodeaban a Mola pertenecían a la Unión Militar
Testimonio de don Hipólito Jiménez y Jiménez Coronado.

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Española. La fecha del 29 de mayo -según Iribarren que sólo la conoció por referencias-, en que Mola asumió el mando del Alzamiento en la Península, no tiene apoyatura documental y testifical sólida, hasta ahora. José Antonio careció de informes directos de Mola por espacio de bastantes semanas consecutivas a la toma de posesión del mando militar en Pamplona. También careció de ellos su hermano Fernando, quien, por SU condición de militar, tenía la tarea de enlazar directamente con la U.M.E. Un plan del Jefe Nacional, decidido en mayo de 1936, para el caso de que los militares se abstuvieran de alzarse en fecha próxima, parece corroborar la falta de información. Hedilla tuvo a su cargo la misión de prepararlo en Navarra y otras provincias, con la base única de la Falange. ¿Cómo era? ¿Desde cuándo vivía la organización falangista de Navarra? Creemos que esta biografía de Manuel Hedilla debe precisar hechos y figuras de nuestra España. Hay cierta vabedad, curiosa imprecisión, sobre el falangismo navarro. Hubo dos navarros, cada uno en plano distinto, pue se vincularon a José Antonio Primo de Rivera antes del acto de la Comedia: Jplio Ruiz de Alda y el médico Aniceto Ruiz Castillejo, quien vivía en Tudela. Éste creyó con la fe del carbonero en José Antonio, a través de la propaganda circulada por el nonato ((Movimiento Español Sindicalista)). Debió de ser el primero, acaso, entre los primeros provincianos que escucharon aquel llamamiento todavía impreciso. Ruiz Castillejo se dirigió al coronel retirado Emilio Rodríguez Tarduchy, y éste, en su respuesta, le daba de alta en la organización, ordenándole que la difundiera por Navarra. El concepto que Tarduchy tenía de la política militante puede parecer pueril o grotesco. Ruiz Castillejo podía ser un grafómano, un maníaco, acaso un bromista. Lo cierto es que la Falange creyó, por necesidad derivada de su falta de medios para investigar y medir, en la decencia de quienes se dirigían a ella. Del mismo modo, los falangistas abrieron un gran crédito de confianza a los mandos de Madrid. El número de errores, comparando con el método, fue pequeño.

Ruiz Castillejo se encontró, el 2 3 de mano de 1933, siete meses antw de que se fundara la Falange, con una responsabilidad política a la que hizo frente con su espíritu resuelto. «Empecé por Tudela, mi residencia, y su distrito. Mis camaradas de entonces fueron buenos, excelentes. Querría citarlos a todos. Julio Ruiz de Alda empezó a trabajar en Estella, su ciudad natal, con escaso éxito. Landa, un muchacho que cursaba Farmacia en Valladolid consiguió, por el contrario, ganar afiliados para las JONS. »Este Landa, magnífico amigo, y yo hicimos, antes de que se acordara por los mandos respectivos, la unificación de la Falange y de las JONS. Teníamos el ambicioso designio de encuadrar a toda la juventud navarra, sobre todo en la Ribera, donde marxistas y marco-sindicalistas nos pegaban de firme, en la ofensiva por otra Patria, unida, grande y libre. Recuerdo que Landa y yo fuimos a Martilla, donde se celebraba un acto de propaganda de Acción Popular, en el que hablaría el futuro ministro de la República, don Rafael Aiz~ún.Intentamos convencerle de la necesidad de coordinar a las juventudes ante el enemigo, mas no pudimos lograrlo. Sin embargo, las JONS de Estella y la Falange de Tudela quedaron unificadas aquel día. uLuego sobrevino la fusión de la Falange y de las JONS. Los cincuenta primeros títulos o carnets de la organización tuvieron las firmas de José Antonio, de Ruiz de Alda y la.mía. Por entonces el ex comandante de Caballería, don José Moreno, quien se encontraba al frente del hotel pamplonés La Perla. se había sumado a la organización. »El 1 8 de agosto estuvieron en Pamplona José Antonio y Ruiz de Alda. Según los términos del acuerdo fusionista con las JONS, debía nombrarse un triunvirato provincial, que constituyeron el industrial panadero Escribano, el mecánico Zabalza, y el empleado Casanova. A primeros de 1935, el mando decidió nombrarme jefe provincial. Rehusé, por mi profesión y mi residencia en Tudela. ¿Quién concibe a un médico de la R i e r a abandonando a sus pacientes para ir a una reunión en Pamplona, o para acudir a unas disensiones en la .Montaña?

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Yo tenía mi plano de acción peculiar, y lo expuse a José Antonio con sencillez. El jefe provincial fue Jesús Machiñena, perfecto camarada, riguroso falangista, pamplonésn Mientras iba constituyéndose el núcleo ribereño de la Falange, y en toda la provincia aparecían otros militantes -José Uranga, Jesús Imjo, Arizmendi, Esteban Etayo, Daniel Arraiza, Fermín Sanz Orrio, Angel María Pascual, el sacerdote Fermín Ymrdiaga Lorca, Apezteguía, Blas del Cerro, Ayestarán, y poco después, dos mujeres navarras, Josefina Arraiza, delegada de la sección femenina y Mirentxu Delgado-, apareció en Las Bárdenas un falangista foráneo. Éste procedió con autonomía, enfilando al norte social de la Falange. Era Lamberto de los Santos Jalón, ingeniero de Caminos destinado a la Confederación Nacional Hidrográfica del Segura «De ésta fui separado, por motivos políticos que encontraron audiencia y asentimiento en el entonces ministro de Obras Públicas, el eamorano don José María Cid y Ruiz-Zorrilla. En Murcia constituí el primer núcleo de la Falange: rehusé la Jefatura provincial y propuse el mando político de José M. Miró y el de Federico Servet para la Primera Línea. El mando aceptó mis propuestas. »Mi posición doctrinal ante la democracia era sólida, mas el espectáculo de las elecciones de 1933 incrementó mi profundo desdén hacia ella. La candidama de la Ceda, en la que figuraba don Andrés Salmón, ganó en la circunscripción de la provincia murciana, pero fue derrotada en la capital. Mas se hizo una componenda entre las derechas y las izquierdas, y en las actas oficiales del escrutinio apareció la «Ceda» victoriosa en la capital y derrotada en la provincia. Mi asco era de tal dimensión que ni siquiera quise escudriñar en los motivos del cambalache. DEImes de enero de 1935 me destinaron a nGrandes redes eléctricas~,para intervenir en los trabajos de los canales en

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" Testimonio de Lamberto de los Santos Jal6n. de la Vieja Guardia de Madrid.

* Testimonio del doctor Aniceto Ruiz Castillejo;

Las Bárcenas. Sin conocer a nadie, por mi impulso individual de falangista, llegué a reunir a unos cuarenta hombres que estaban decididos a alistarse en la organización. En su mayor parte eran trabajadores. Funcionábamos de manera un tanto autónoma. Fui tomando contacto con otros falangistas navanos. Cáseda, donde yo residía, tuvo un papel acogedor para falangistas que s veían forzados a emigrar de sus provincias. e Di ocupación, m la empresa, a Manuel Choperena y a Juan Urra, guipuzcoanos, a los que buscaba la Policía y el Frente Popular. .Me sucedieron lances que eran curiosos e impresionantes. Hubo actos falangistas en los que hablaron José Antonio y Ruiz de Alda, en San Adrián y Zaragoza. Los obreros de la empresa, pertenecían, mayoritariamente, a la C.N.T. Utilizaban un autobús para trasladarse desde las obras a sus domicilios. Y ese vehículo me fue facilitado para que los falangistas pudiéramos ir a San Adnán y a Zaragoza. »De la tensión moral que la Falange provocó entre los anarco-sindicalistas puede dar idea la declaración que me hizo cierto obrero: >)-Me afilié a Ias Juventudes Libertarias cuando contaba quince años. Ahora tengo cuarenta. Vine a estas obras para matarle a usted. Y usted me ha hecho capataz, sabiendo mi filiación, y es el ingeniero más justo que he conocido. Todo$ le respetamos. Deje a la Falange y véngase a nuestro campo..., Otro falangista navarro alude a los días de 1936. «Yo estaba excedente, en el escalofón de abogados del Estado, por no haberme incorporado a las Palmas y a Lérida, sucesivos destinos que el ministro del Frente Popular me designó. Mi tarea abogacil abarcaba, lo que era lógico en un militante, la defensa de los camaradas perseguidos en Navarra y fuera de ella, y en a t e menester correspondía asiduamente con Antonio Rodríimeno. p z J' e »En general estábamos en buenas relaciones con el Requeté. De tal modo, que al ser clausurado nuestro local de la calle Mayor, 41, utilizamos el Círculo tradicionalista pamplonés, con @ún breve interregno. Nuestra amistad era persistente: yo

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mismo procedo de familia carlista, y dos de mis hermanos cayeron en la guerra combatiendo en Tercios del Requeté)) José Antonio creía en la capacidad ofensiva de Navarra. Por ese motivo exhumó su plan de alzamiento, cuya iniciación, según hemos relatado, databa de la primavera de 1935. El Requeté, por su parte, tenía el mismo pensamiento. «.para el ciso de uue lo más b d a n t e del eiército t e s t i monia José Luis Zamanillo- no se decidiera a alzarse, teníamos un plan de levantamiento. nEl general Sanjurjo, hijo de carlista, estaba a nuestro lado resueltamente. Lo mismo sucedía con José Enrique Varela. Bste, por ejemplo, hii la Ordenanza del Requeté inspirada en las de Carlos 111. Nos la dio a leer, a Manuel Fa1 Conde y a mí, en una de las comidas que solíamos celebrar en el restaurante madrileño Heildelberg, en la calle de Zorrilla. nFal introdujo algunas modificaciones de tipo espiritual y político. Quizá aquella: «Ante Dios, no serás nunca un desconocido)). Fal, ya empezada la guerra, escribió en Burgos el devocionario del Requeté. »Nuestro plan era el de levantarse simultáneamente en Navarra, en la Sierra de Gata, y en otro lugar de la frontera hispanoportuguesa. Contábamos con otros generales, como Muslera y ~ a s d & D. Hay ahí una coincidencia importantísima con el plan de José Antonio. «Acompañé a Manuel Hedilla a Navarra, el mes de mayo de 1936, p.ara transmitir instrucciones. En ese viaje acabé de formar mi iuicio sobre Manuel Hedilla: hombre rigurosísimo, capaz de cumplir exacta y totalmente su deber, con opiniones firmísimas, gran reserva y notable mutismo. Y hombre de acción incontestable. »El plan consistía en hacer una concentración en la Sierra de Gredos, simulando una peregrinación a la Virgen de la Peña de Francia. Los falangistas navarros debían concentrarse en Pamplona. Lo mismo debían de hacer en Valencia todos los

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levantinos, para lo cual estuve yo solo en C d o s a de Segura, Orihuela, Alcoy, etc. »Vimos en Pamplona al jefe provincial Jesús Machiñena Lizárraga, el cual mostró cierta extrañeza por la orden que se le transmitía » aConocí a Hedilla -señala otropersonalmente en la primavera de 1936, a su llegada a Pamplona investido con poderes dados por el jefe nacional. Yo había sido designado por los camaradas paia ocupar la jefatura local de Pamplona y el cargo de subjefe provincial y Hedilla dio su visto bueno o aauiescencia a dichos nombramientos. »Se entrevistó con todos 10; mandos: Machiñena, Gregorio Apezteguía, jefe entonces de la Primera Línea y su segundo Zabalza. Mostró Hedilla u mandes dotes de mando. Creo uue actuaba en doce provincias. Tuvimos con él muchas reuniones en Pamplona, y una vez en Irún. Nos daba ánimos con su palabra v su " eeston ((Conocí personalmente a Hedilla -informa otro navarro ***- en mi domicilio de Tudela en abril de 1936. Fue a Navarra dando consignas para una posible movilización, y recogiendo datos exactos. Como anécdota señalaré que u n telegrama mal redactado desde Pamplona hizo que me presentase en la capital, con una centuria, el día 1 4 de abril, aniversario quinto de la República. »El 7 de julio de 1936, me trasladé a Madrid con el camarada Feliz López Gómez, para recabar de Fernando Primo de Rivera un enlace de José Antonio con plenos poderes para tratar con el general Mola sobre el levantamiento general. »Estuvimos con Mariano García Gutiérrez, quien nos procuró la entrevista con Fernando Primo de Rivera. El falangista que ya enlazaba con Mola era Manuel Hedilla. Cuarenta y ocho horas más tarde, comprobé que Hedilla estaba en Pamplonan. . Testimonia otro falangista «En Cáseda y en la prima-

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.

**.

****:

Testimonio de Fermín Sanz Orrio, ex jefe local de Pamplona y
ex subjefe provincial de Navarra de Falange Española de las JONS.

* Testimonio de Antonio Rodríguez Jimeno. ** Testimonio de Fermin Sanz Orrio. *** Testimonio de Aniceto Ruiz Castillejo. **** Testimonio de Lamberto de los Santos Jalón.

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vera de 1936, poco antes de que yo marchara de d i , conocí a Manuel Hedilla. Vino a verme y me mostró un documento cuya literalidad no recuerdo, pero que le garantizaba como enviado de la jefatura nacional. «Me preguntó: ,-¿De cuántos hombres y de qué armas dispones? Y de los hombres que tienes, gcuántos son decididos y cuántos son cobardes? u L e informé puntualmente u. ,Tuvo Manuel Hedilla, en' San Sebastián, la firme y eficaz colaboración de aquella Falange, encarnada en el arquitecto José Manuel Aizpúrua y Azqueta, consejero nacional y jefe nacional de prensa y propaganda. Hasta su asesinato, en agosto de 1936. A José Antonio le gustaba el estilo falangista de los donostiarras, quienes, ejerciendo profesiones l i r a l e s en su mayoría, actuaron brillantemente en el sentido social. Fundaron una de las primeras C.0.N-S. de España en una provincia copada por la U.G.T., la C.N.T. y la Solidaridad de Obreros Vascos. de ins~iración nacionalista. El Partido Comunista tenía vigor y audacia. De Guipúzcoa salieron algunos de los líderes de más renombre. Las dos ciudades importantes de la provincia -Eibar e Inín- eran marxistas y de la extrema izquierda republicana. La Falange estuvo asediada sin tregua: su primer caída -9 de septiembre de 1934- fue el jefe local Manuel Carrión. El atentado iba también dirigido contra José Manuel Aizpiinia, de cuyo estudio, en la calle Prim, salía Carrión. Los pistoleros sólo hicieron blanco en el jefe local. Esta Falange creó una sociedad admirablemente decorada, con el título vasco Gu -Nosotrosque fue el primer círculo intelectual, estético y a la par político, creado en España por nacional-sindicalistas. Lo inauguró con un discurso Rafael Sánchez Mazas, @.en, como José Antonio, lo frecuentaba en sus estancias donostiarras. Del influjo de aquel cí~culo idea el da que pertenecieran a él, y asistieran a comer con José Antonio, artistas y escritores adversarios políticos del falangismo. En San Sebastián, sobresaliendo en una vanguardia de

hombres arrojados, actuaban tres hermanos, Jesús, Augusto y Mario Iturrino. Eran tres héroes en plena juventud Hedilla u W , con excelente resultado, a los falangistas donostiarras, quienes le ayudaron a mantener el incógnito. San Sebastián, como IRin, estaban muy fiscalizados por los Argos del Frente Popular. «A Manuel Hedilla le conocí -dice un industrial donostiarra en la primavera de 1936. Se hospedó varias veces en mi hotel. Pero no usaba su verdadero nombre. Por ciertos indicios, supuse que tenía entre manos alguna misión política. Era sobrio, cortés y de pocas palabras. nAl ser liberado San Sebastián v i en un periódico 1a.fotografía de Hedilla. Teníamos un empleado de confianza, al que mostré el periódico dkiéndole: »-¡Ya ves a quién hemos tenido en casa! u San Sebastián fue c&cera de una operación importanteEstaba Hedilla en Pamplona al recibir un telegrama de Fernando Primo de Rivera: uDeja coche y sigue viaje a San Sebastiánn. Intentaba hacerse un alijo de armas, al que la Falange aportaba 82.000 ptas. «Por mis relaciones con Hedüla -testimonia Fermín Sanz Orrio- supé que se estaba gestiwande una importante compra de armas en el extranjero. Recuerdo que se disponía de una cantidad de dinero que entonces era importante. uEl agente de compra sena un donostiarra de gran honradez y firme espíritu patriótico: don Vicente Merino, de la armería «Hijos de P. Merinoa. »Por la gran amistad que me unía a mi querido y elitrañable amigo Juan Olasagasti, vizconde de Torresecas, que murió como un bravo en el frente, establecí contacto con algunos jóvenes falangistas que venían de Madrid, de éstos el gran Manuel HediIla, admirado de propios y extraños. uLes facilité algunas armas, muy pocas. Con Torresecas primero y con el marqués de Almenara después, hice gestio-

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* Los tres cayeron asesinados: el 29 de julio Jesús, Augusto el 28, y Mario el 30. Todos, lo mismo que las escuadras falangistas, se habían
batido con denuedo los días del Alzamiento. ** Testimonio de don José M Arana, dueño del Hotel Arana. :

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nes con fabricantes de armas de Eibar y Elgoibar para tratar de convencerles - a l estilo falangista, aunque yo no militaba en la Falange ni en ninguna otra orgaización- y obtener, como fuere, grandes partidas de armas que sabíamos tenían almacenadas en sitio seguro. Pero el resultado fue totalmente negativo, pese a las tentadoras proposiciones que les hicimos. uEntonces se trató de que fuera yo a buscarlas a Bélgica, donde tenía relaciones comerciales. Ya tenía yo amistad con el coronel Antonio Sagardía; el capitán Juan Miquel, de Ingeniey el teniente de Artillería Miguel Lehoz. Todos ellos se relacionaban intensamente con Manuel Hedilla. Éste tuvo grandísima amistad con el teniente Lehoz, hombre apasionado' y heroico. Siempre estaba decidido a todo. SUDOA e en Tolosa m iba a celebrarse un acto político en el que hablaría Largo Caballero. Fue a Tolosa para reconocer previamente el lugar. Iba a utilizar un rifle conieleobjetivo: eggió el lugar desde-el cual dispararía y preparó la retirada. Hizo ejercicios de tiro. A última hora, Largo Caballero suspendió su viaje a Guipiizcoa: nHedilla estuvo varias veces'en el interior de los cuarteles de Loyola, transmitiendo consignas y órdenes, y recibiendo informes)) *.
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ALAVA, LOGROÑO, BURGOS... Con la doble misión que ya tenía en junio de 1936, Hedilla estuvo en Vitoria, en cuya cárcel habían ingresado, trasladados desde la Modelo madrileña, Agustín Aznar y Sancho Dávila. Les visitó y dispuso que les fuera llevada la comida del Hotel Frontón. «En mi hotel A e c l a r a el propietario del Hotel Frontón estuvo escondido hasta el Alzamiento el coronel don Camilo Alonso Vega, quien debía dirigirlo en Álava, por orden del general Mola. La policía husmeaba, estaba alerta, pero

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* Testimonio de Vicente Merino. ** Testimonio de Efisio Alti, ex combatiente de la Vieja Guardia alavesa.

conseguimos despistarla: oficialmente, el coronel Alonao Vega residía en AstuRas. »Conocí a Hedilla por aquellos días. Vino directamente a mí -yo era falangista- para que transmitiese al coronel su deseo de verle. El señor Alonso Vega le recibió en el acto, y estuvieron reunidos largo tiempo». Manuel Hedilla refiere algún pormenor de las siguientes entrevistas que sostuvieron, pues aquél fue v& veces a Vitoria. «Alonso Vega sentía p~ocupación por la asistencia de los falangistas en el día, ya cercano, del Alzamiento. Se habría sentido satisfecho de contar con unas docenas de hombres dispuestos. Dudaba de que fuera posible obtenerlos. uLe dije: »-Tendrá usted cien hombres. »Salieron a la calle 104 falangistas que se portaron a satisfacción del jefe militar». La Falange de Logroño tenía buenas escuadras, valientes, cuya mayor parte correspondía a la provincia. El jefe provincial, Julio Pernas, había solicitado el concurso de un artillero retirado por la ley Azaña, don Rafael Herreros de Tejada y Azcona. monárquico, acémmo enemigo de la República, acepté la tarea de adiestrar militarmente a las milicias falangistas. Pemas me confirió el mando de la Primera Línea. Mi tarea pude realizarla en el campo del Tiro Nacional. »Manuel Hedilla me fue presentado por el jefe provincial: no recuerdo exactamente la fecha. Después de unos previos trabajos de información, y en virtud de sus poderes, decidió que yo reemplazara en la Jefatura Provincial a Julio .Pemas. Acepté. Hedilla quería que las escuadras estuvieran a punto para intervenir en el Alzamiento y consideraba que la dirección política y la militar debían estar unidas. Noté que los militantes me acogían con alguna frialdad. Me puse a explicarles, objetivamente, lo que la patria esperaba de ellos y quedaron persuadidos. Puse en la tarea todo lo que podía dar de mí; por lo demás, me gustaba el ideario falangista. »Habría en la provincia seiscientos falangistas; ciento cin-

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cuenta en la capital. En la Rioja baja predominaban los tradicionalistas. ~Existian organizaciones audaces y poderosas, como la Falange de Tncio, que se imponía en el pueblo y la comarca. nNo tuve más contactos con el mando de la Falange que las instrucciones recibidas de Manuel Hedilla. En virtud de éstas, me relacioné con los enlaces que iban y venían de Portugal, de Burgos y de otras provincias. Conseguí que bastantes militares se incorporaran a la Falange, aunque su afiliación fue secreta. aHedilla me transmitió la orden de pue las armas de que disponían los falangistas fueran recogidas y depositadas en lugar seguro, a fin de evitar registros, incautaciones y detenciones. Así lo cumpli o La Falange burgalesa, de esencial papel en el Alzamiento, recibió la visita de Hedilla a fines de mayo. Aún no había enlaces entre Burgos y Pamplona. Éstos fueron establecidos por la gestión de nuestro personaje. Los burgaleses sentían prisa, infinita prisa... Su jefe provincial declara : «Mi enlace con el general Mola era el comandante Portu, con el cual solía entrevistarme en una' carretera: uno de nosotros fingía estar reparando el coche propio. por la manera con que se llevaban los preparativos le dije una vez a Portu que si los mandos militares no decidían de una vez el Alzamiento acaso no llegaran a contar con el apoyo de la Falange. Portu me refirió la contestación de Mola. n-¿Qué es lo que se cree el jefe provincial de Burgos? Lo primero para tener derecho a apremiar es disponer de hombres. i Cuántos puede aportar? nYo respondí que pondría en pie de guerra a cuatro mil hombres, en un plazo de veinticuatro horas, y que previamente tenía vanos centenares de falangistas dispuestos a todo. ~Cumpií palabra: de Burgos, tras el 18 de julio, y en mi

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plazo de horas, salieron 4.000 falangistas armados, equipados, con intendencia.. .a «A fines de mayo -declara otro falangista burgalés habían clausurado el centro de la Falange en Burgos y mi casa se convirtió en lugar ,de reuniones, lo que era lógico por mi cargo de secretario provincial. »En casa recibí la visita de Manuel Htdilla. No le anunciaron con su nombre. Mas al verle, exclamé: »-Tú eres Hedilla. »Hizo un gesto que después he tenido ocasión infinitas veces de comprobar que es habitual en él. Es una expresión quizá indefinible en la que se mezclan la fría interrogación, la agudeza perceptiva, la cautela »-Y tú -me d i j w , ¿de qué me conoces? ))Le expliqué que le había visto, el año anterior, en un acto celebrado en Briviesca y además en ((Arriban habían aparecido fotografías suyas junto a José Antonio. ))Supe que estaba realizando gestiones y visitas de las que no me dio cuenta. Salimos algunas veces por las calles de Burgo~. Una tarde, pasando por el Espoldn: vio a un falangista montañés. Me preguntó: »-Qué hace ése aquí? »-Ha venido -repuse--, porque está perseguido. También su hermano se encuentra aquí. »-Pues diles, a los dos, que si quieren ser falangistas tienen que cumplir su deber, y reintegrarse a su puesto. »Cumplí el encargo y los hermanos volvieron a la Montaña sin hacer objeciones » .

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...

y

* Testimonio del coronel de Artillería Rafael Herreros de Tejada Azcona, ex combatiente y de la Vieja Guardia riojana. ** Testimonio de José Andino.

* Testimonio de Antonio Villaverde, es secretario de Falange Española de las JONS en Burgos.

ASPEREZAS .Y LANCES DE LA CONSPIRACION En el mes de junio conoció el señor Maíz, colaborador del general Mola, la intervención de Hedilla a las órdenes del mando militar del alzamiento uLos falangistas, cerrado su Círculo de la calle Mayor, han organizado sus reuniones y entrevistas en casas particulares. nHedilla y Aznar tienen anunciada su visita para días próximos. & s jefes de Pamplona mantienen continuamente o contacto con los dirigentes de los Requetés hasta en el mismo Círculo de éstos». aMi función -testimonia Hedilla- en Pamplona y en numerosas proirincias, a las órdenes de Mola, y con poderes de nuestro jefe nacional, duró alrededor de mes y medio. La primera vez que vi al general y hablé con él fue en un cuartel pamplonés donde se hallaban detenidos algunos militares que el 17 de mayo, en Alcalá de Henares, se portaron con sujeción al honor castrense. Estaba yo con uno de los hermanos Lastra, con el capitán Vicario y con José Moreno. El general me saludó como si me conociera desde largos años. con Mola -prosigue Hedilla- actuaba, y enérgicamen-

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* Don Félix Maíz, loc. cit., pág. 214. Indudablemente se refiere el seiior Maíz a Agustín Aznar Gerner, quien a primeros de junio fue trasladado de la Modelo de Madrid a la prisión de Vitoria, según hemos anotado.

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te, el coronel García Escámez. Las órdenes que yo recibía exigían que se cumpliesen inmediatamente. Tuve que ir a Soria y a Avila, acudí dos veces a Zaragoza, en donde los enlaces con que yo comunicaba eran el coronel José Monasterio y el teniente coronel Gustavo Urrutia; en San Sebastián el teniente coronel Vellespín y el teniente Miguel Lehoz; en Burgos, el comandante Portu. Durante mis estancias en Pamplona, dormí en el hotel «La Perlan, con nombre faison. La noticia del traslado de José Antonio -6 de junio- sorprendió a Hedilla en el curso de uno de sus viajes por las provincias. Ya no volvió a ver al Jefe Nacional. Aquellos eran días críticos para el Alzamiento. José Luis Zamanillo refiere: «Yo había estado Con Mola a primeros de junio. Antes se habían entrevistado él y don Manuel Fa1 Conde, en temtorio español. Fa1 viajó en el fondo de un coche que conducían muchachas donostiarras. Se vieron en el monasterio de Irache, al pie del Montejuna. La conferencia no produjo en Fa1 una sensación agradable. »En mi entrevista con Mola -la primera- tuve que discutir. Era condición nuestra que se hiciese el Alzamiento con la bandera bicolor. Mola se oponía por razones de disciplina militar, aunque en el fondo Ia cuestión le tenía sin cuidado. PYOle dije: »-Mire usted, general; a nosotros nos siguen los carlistas porque sostenemos tres o cuatro principios esenciales. De lo contrario, nos dejarían solos. ~Mola enfadó con dureza y llegó a exclamar: se »-La culpa la tengo yo por comprometerme Ahora me voy a quedar solo... iClaro que los políticos ! nLe atajé: ))-No, general. Si usted quiere, ahora mismo, incluso delante de notario, hago promesa solemne de no aceptar ni siquiera un escaño de concejal de pueblo. No, no es lo que usted piensa.. nAl cabo de los meses, estando Mola en Valladolid, fuimos a visitarle Lamamie de Clairac, José María Valiente y yo. Al final de la entrevista, Mola dijo:

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»-Este hombre y me señalaba- estuvo a punto de donseguir que yo me pegara un tiron Ésa fue una de las asperezas de la conspiración. Mola estaba pendiente de la decisión del Requeté. En una ocasión utilizó a Manuel Hedilla para enlazar con Zamanillo, sabiendo la amistad y el vínculo de paisanaje que les unía. Hedilla se d i r i i ó a Elizondo con un mensaje del general. Aparentemente iba de excursión: le acompañaban dos muchachas falangistas. Eran la jefe y la secretaria provincial de la Sección Femenina de Navarra. Zamanillo estaba ausente y su esposa recibió el mensaje: «Mi mujer -testimonia Zamanillo- me informó de la visita de Hedilla, de quien ya sabía, por noticias concretas y directas, que desempeñaba misiones cerca del general Mola y de otros jefes militareso. Recayó en Hedilla otra misión, más delicada y significativa. El general don Gonzalo Queipo de Llano quiso participar en el Alzamiento. Se ofreció con su característica vehemencia, e impulsado por ésta, antes de que le dieran tarea y puesto concretos se dedicó a hacer propaganda por su cuenta, lo cual no dejaba de suscitar riesgos. Por otra parte, los oficiales jóvenes y algunos jefes que conocían, sobradamente, la actitud de Queipo en los años anteriores, no parecían dispuestos a eacucharle y menos a creerle. El general había conspirado contra la Dictadura; se sublevó, sin ninguna forhina, en Madrid, el mes de diciembre de 1930; más tarde fue jefe de la Casa Militar del presidente de la República Su inesperada decisión de alzarse contra el mismo régimen que él había servido, podía promover sospechas. Sin embargo, Queipo, sobre el papel, era valioso para un Alzamiento por sus mismos antecedentes antimonárquicos. Dos acusaciones serían dirigidas contra quienes se levantaran: la

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* Añade Zamanillo en su testimonio : *En el pr6logo que el Generalisirno escribió para las Obras Completas, de Victor Pradera, la referencia a nuestras demandas resulta imprecisa. Al ser publicado dirigi Aguilar, paia una carta al jefe de la Casa Civil de S. E., Julio M que informara al Generalisimo de que los carlistas no pedíamos esto, lo otro y lo de más al& únicamente queríamos ser fieles a nuestra historia de un siglo, ya cumplido en 1936~.

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de fascismo y la de monarquismo. Los militares que tuvieran antecedentes republicanos y las organizaciones que no postulaban un sistema político monárquico, podían contribuir a que el impacto de aquellas acusaciones resultara más leve. Hedilla recibió el encargo de visitar las guarniciones por las que pasaba Queipo, en su viaje por el norte de Espaiia; tenía que informar a los enlaces militares de que el general estaba ya de acuerdo con Mola, y acataba, enteramente, la jefatura de éste. En estos días de junio se produjeron maniobras que podían crear confusión. El gobierno no ignoraba que se iba creando una red que pretendía asfixiarle. Tenía indicios, relaciones, sospechas: faltaban pruebas categóricas. Lo que sabía el gobierno tampoco era desconocido para otras gentes que acaso aspiraban a colocarse al lado de quienes se alzaran sin previo riesgo ni trabajo. Un falaqista puntualiza una de esas maniobras *: «El día 29 de junio, festividad de San Pedro, estaba yo en el locutorio de la cárcel de Alicante, dialogando con José Antonio. Vino a verle, desde Madrid, el periodista don Víctor de la Serna, quien dirigió el diario ~Informaciones~raíz del triuna fo del Frente Popular. Traía las pruebas de un artículo tachado por la censura, para que las viese el Jefe Nacional. don Víctor de la Sema tenía relaciones con un ex mini& tro republicano - q u e los falangistas podíamos denominar de tendencia «fascistoide»- del que se hizo extensa propaganda en Informaciones. Dicho periódico acogía notas y artículos de falangistas. »Pretendía Victor de la Serna que José Antonio recibiese, en Alicante, a Rafael Salazar Alonso. Fui testigo de la respuesta: »-Antes de que nos veamos habrá que aclarar muchas cosasu

Abundaron las asperezas y los lances que inducían al mismo. El comandante Lázaro -luego general-, ayudante de Goded, y don Hipólito Jiménez, recomeron Cataluña y Levante ((Supimos,Lázaro y yo, que en Valencia el M e n t o tendría en contra a la Infantería. Los Ingenieros y la Plana mayor eran incondicionalmente favorables; en la Caballería, también se mostraban adictos los oficiales, de comandante para abajo. Nos faltaba por conocer la actitud de la Guardia Civil. El jefe de ésta en Levante se hallaba en Salamanca, al cuidado de un hijo enfermo. Fuimos al otro extremo de España y ken el Gran Hotel salmantino, requirió al general de , la Guardia Civil. Éste repuso textualmente: »-Si el general Goded va a Valencia, la Guardia Civil le cubrirá la carrera desde el aeródromo de Manises a Capitanía. Pero si hay una parte del ejército que se manifiesta contra Goded, la Guardia Civil se abstendrá^. »Era, en suma, un fin & non recevoir. Marchamos de Salamanca indignados contra la cuquería de aquel hombre. »Acudimos a Barcelona, y celebramos una reunión con los mandos de la U.M.E. La guarnición estaba comprometida en el Alzamiento. Lázaro marchó a Palma de Mallorca, para informar a Goded. Al entonces comandante le parecía preferible que Goded fuese a Cataluña, dado pue toda la guarnición estaba dispuesta a alzarse.

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Testimonio de Roberto Reyes Morales. *Ese día - a ñ a d e Reyes Morales- estaba en Alicante el diputado populista don César Contreras, quien expuso a José Antonio un plan de evasión que podía tener viabilidad. Se disponía de bastantes medios-

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Kon la ayuda de vanas complicidades, José Antonio sería sacado de la prisión y trasladado a Orán. *Ese proyecto abortó. Parece que no satisfizo a personas de la familia del Jefe Nacional, o acaso no hubo tiempo para realizarlo o fallaron complicidades o recursos,. * Testimonio de Hipólito Jiménez y Jiménez Coronado. Don Hipólito Jiménez, era amigo personal de José Antonio, con quien tuvo intenso trato. El jefe Nacional habla sido procesado por desacato, antes de ser trasladado a Alicante. Quiso que le defendiera el decano del Colegio de Abogados, don Melquiades Alvaa.Este aceptó en el acto y w n Jiménez visitó al director general de Seguridad, Alonso Mallol. para reclamar que José Antonio fuese devuelto a Madrid a disposición del Tribunal de Urgencia. El día 17 de iulio. don Hipólito Jiménez defendió ante el Tribunal de Urgencia a los falangistashermanos Vechef.

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DE^ Madrid tr&ajábamos de fiime. El teniente coronel Alberto hvarez Rementería, por espacio de mes y medio, convirtió en centro de enlace y puesto de mando mi bufete. Yo, como abogado, podía recibir elevado número de visitas. Quienes venían a entrevistarse con Alvarez Rementería pasaban al cuarto donde éste se hallaba. Había ya una organización: a ella pertenecían los generales Fanjul, Gaicía de la Herráp y Villegas; el coronel-Valentín Galana Morante asumía funciones ad.. mmstrativas... d i e n d o las instrucciones de Mola y de kvarez Rementería, intensifiqué mi relación con Falange Española. Así conocí a Fernando Primo de Rivera, a primeros de julio. Los capitanes del Cuartel de la Montaña reclamaban que Fernando les hablase con anterioridad al Alzamiento: tenía infinito prestigio. »Mis contactos fueron estrechísimos, también, con Manuel Sarrion -básico pasante de José Antoni-, el cual era asistido por AnMrés de la Cuerda».

prescindió de ellos. Y siempie conservó el mando supremo de

la milicia.
aLuis Aguilar fue primero jefe de la Primera Línea de Madrid, más tarde lugarteniente nacional. Entre febrero y mareo de 1936, Agustin Amar asumió el mando de la milicia y el de la Primera Línea madrileña recayó en Gerardo González Sampedro, estudiante. Tras las detenciones de Aguilar y de Sampedro, luego la de Aznar, tomaron el mando el capitán Juan Ponce de León y José García Noblejas, quiénes daban órdenes como jefes de la milicia de Madridn Un miembro de la Primera Línea especifica más la historia de ésta ((José Antonio era el jefe de la Primera Línea. Tras la separación de determinadas personas, entre éstas algunos militares que en los primeros tiempos habían pertenecido a Falange, el jefe decidió, por razones de necesidad y disciplina, disolver la Primera Lííea madrileña. Yo era por entonces secretario general de la milicia y subjefe de centuria. ordenó José Antonio, para sanear la disciplina y mejorar la calidad, que los militantes madrileños constituyesen nuevas escuadras. La primera de éstas la mandaba un torerb navarro, Saturio Torón, el cual murió combatiendo contra las tropas nacionales. Ordenó el jefe que se le presentara la escuadra, a la que Torón quería llamar, o llamaba ya, por su cuenta, "Escuadra de la Muerte". »Estaba yo presente. De lo que advertiría José Antonio en aquella escuadra puede dar idea su orden categórica: »-No sé si interpretar esta escuadra como acto de disciplina o de rebeldía. Prefiero lo último. Mi primera orden: queda disuelta esta escuadra. Y que cada uno de sus miembros ~ n s tituya sendas escuadras». El que sería jefe nacional de la Primera Línea informa aCuando cesó el teniente coronel Rada, la definitiva cuanto ora

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LA PRIMERA LfNEA DE LA FALANGE
Las milicias de la Falange experimentaron, reciamente, las consecuencias de la persecución y la represión. Llevaban tres años batiéndose y sus miembros habían sido identificados por la policía y los adversarios. En numerosas provincias hubo que constituirlas trabajando en la difícil clandestinidad. El instinto, tan español, de las juntas provinciales y locales permitió superar muchos obstáculos. Manuel Hedilla llevó órdenes precisas, que encontraron buenos ejecutores. La lugartenencia nacional de la Primera Línea había pasado por varias manos, en los primeros tiempos. «Ricardo Rada, Juan Antonio Ansaldo, el Barón de Termolles, el comandante Navarro, Arredondo, Fuertes Bustillo y alguno más, dirigieron la Primera Línea, desde el principio hasta finales de 1934 o primeros de 1935. No lo recuerdo exactamente. José Antonio

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* Testimonio de Raimundo Fernández Cuesta. ** Testimonio de Gumersindo Garcia Fernández, ex subjefe nacic~ nal de la Primera Línea de Falange Española de las JONS.

"* Testimonio de Agustin b a r Gemer, jefe nacional de Milicias de Falange Española de las JONS.

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gánica contitución de la Primera Línea fue acometida: primeros de 1935. Se empezh por las escuadras y se concluyó en las centurias. Yo he sido, por ejemplo, jefe de falange, jefe de escuadra, jefe de centuria y jefe de bandera. Sólo me ha faltado ser, directamente, jefe de tercio. »Ya terminada mi carrera de médico, tuve que ir como facultativo de la asistencia domiciliaria a Hita, en la provincia de Guadalaraja. A mi regreso a Madrid -fines de febrero de 1936- José Antonio me encomendó el mando de la Primera Línea, y designé, para la de Madrid, a Gerardo González Sampedm. A la vez, me confirió categoría de miembro de la Junta de Política ))Abrimos un local, con apariencias de oficina, en la Gran Vía, en el troza de Eduardo Dato y en el edificio Capitol. Utilizamos el nombre y la profesión de un camarada para el rótulo: "Luis Hernández. Pinturas". »La Primera Línea funcionó activamente en todas las acciones ordenadas por José Antonio. Sirvieron para demostrar que la Falange seguía existiendo, acrecia sus fuerzas y redoblaba su ímpetu. En la prensa de esos días está la crónica de nuestras acciones: desde el fabuloso despliegue que hicimos en la calle de Alcalá hasta las represalias y vindictas. »Fuimos detenidos, en el domicilio de la Gran Vía. Traspasé el mando a Juan Ponce de León. Quedó sin realizar, por la detención, un acto de vindicta contra el jefe del gobierno. »La persecución contra la Falange y la prisión de muchos de sus mandos originó, no sólo en la capital, sino en toda España, una indispensable y revolucionaria transmisión de la autoridad ejecutiva a quiénes eran capaces y se hallaban en libertad D. Si la Falange careció, en los meses más críticos, de una lugartenencia estable de la Milicia, de propios y estratégicos depósitos de armas, de un parque automóvil, y también de instructores que hubiesen estudiado las técnicas del golpe de estado,

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sus escuadras se mostraban coherentes y combativas. Existía la disciplina militante, mas ante todo, sirvieron a una línea política concreta, a un corpus ideológico, sólido y diáfano. Todo ello fue ratificado minuciosamente en las circulares que José Antonio dirigió -24 y 29 de junio de 1936- a las jefaturas territoriales y provinciales Preveía y prevenía todos los arduos problemas, de varia índole, y sobremanera la política, que suscitaría el alzamiento por sí mismo. La cláusula número cinco de la circular del 29 de junio decía textualmente: «El jefe militar deberá prometer al de la Falange, en el territorio o provincia, que no serán entregados a persona alguna los mandos civiles del territorio o provincia hasta tres días por lo menos después de triunfante el Movimiento, y que durante ese plaza retendrán el mando civil las autoridades militares)). En las cláusulas segunda y tercera ordenaba el Jefe Nacional: «La Falange intervendrá en el movimiento formando sus unidades propias, con sus mandos naturales y sus distintivos ( camisas, emblemas y banderas ) »Si el jefe territorial o provincial y el del movimiento militar lo estimaran, de acuerdo, indispensable, parte de la fuerza de la Falange, que no podrá pasar nunca de la tercera parte de los militantes de Primera Línea, podrá ser puesta a disposición de los jefes militares para engrosar las unidades a sus órdenes. Las otras dos terceras partes se atendrán escrupulosamente a lo establecido en la instrucción anterior». El general Mola, en el curso de sus negociaciones con el Jefe Nacional -exactamente las desarrolladas en la primera quincena de junio, data en la que Manuel Hedilla asumía exclusivamente las tareas de enlace- dio su conformidad a esas condiciones que José Antonio reflejó en las circulares. Los militares adheridos al Alzamiento se comprometieron a facilitar el armamento largo de la fuerza falangista. El mes de julio, por haberse anticipado los permisos de verano a la tropa -medida del gobierno para debilitar el golpe de fuerza-

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* Manuel Valdés Larrañaga manifiesta que desconoció la adjudicación de categoría como miembro de la Junta Política a Agustin Amar Gerner.

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José Antonio: Obras Completas. Págs. 1109 a 1114.

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los parques y los cuarteles tenían abundantes disponibilidades de armamento. EL APLAZAMIENTO CASUAL Don B. Félix Maíz depara, con relación a los primeros días de julio, un dato sobre la movilidad de Hedilla «Manuel Hedilla y sus compaiíeros, una vez realizadas sus entrevistas en Pamplona, han regresado a sus puestos. También aprovecharon la facilidad de las fiestasn. Alude a las de San Fermín, que como es sabido comienzan el 6 de julio. Efectivamente, Hedilla desapareció -pero lo hizo al comenzar dichas fiestas- de Pamplona, para acudir rápidamente a Madrid, con un encargo urgentísimo del general Mola. El Aizamiento había sido señalado, en principio, para una serie consecutiva de días, cuyo tope era el 10 de julio. Pero en Alcañiz, capital de una comarca a la que José Antonio quiso dar categona de provincia -la del Bajo Aragón- a cuyo fin hizo que el mando tuviera categoría provincial, asignándolo al médico y consejero nacional Miguel Merino Ezquem, habían sido detenidos varios falangistas. Entre ellos figuraba José Sáinz, jefe provincial de Toledo y vocal de la Junta Política, quien aprovechó la libertad atenuada para desaparecer del alcance de la policía y seguir actuando. Otros miembros de la Junta Política que estaban en libertad atenuada, y alguno qus= nunca fue apresado, no imitaron a Sáinz. También quedó detenido el doctor Jesús Muro Sevilla, jefe provincial de Zaragoza y asimismo consejero nacional. Se dijo, oficiosamente, que a los detenidos se les habían ocupado, además de armas, papeles importantes y la consigna para el Alzamiento, la palabta clave, que era Covadonga.

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Lo desmiente uno de los detenidos «Entre los papeles hubiera podido la policía e.ncontra la consigna Covadonga, si nosotros, previamente, no hubiéramos recortado el trozo en que figuraba. La palabra es fácil de retener. Así que no hubo tal descubrimiento policiaco D. Pero el mando militar imaginó o creyó que efectivamente ya era conocida por el Gobierno la consigna y dispuso un aplazamiento. «Fui con Hedilla a Madrid -manifiesta un falangista nava. Su documentación le permitía pasar como mecánico mío. Cumplía con gran ~jropiedadsu papel cuando hacía falta. Recuerdo una reunión en un aguaducho de la Castellana, con varios camaradas, entre ellos Fernando Primo de Rivera. Se habló de la situación de José Antonio y de los proyectos para liberarle, garantias de seguridad, etc... en tanto circulaban incesantemente vehículos de la Dirección de Seguridad repletos de guardias de asalto con fusiles. Ello nos llevó a hablar de la distribución de armas que tenía efecto entre grupos de acción de izquierda y de derecha en aquellos momentos. »Del Alzamiento en concreto, no se habló. Sabía que el objeto del viaje de Hedilla era tratar de cuestiones importantes con otros sectores comprometidos, entre otras, de cierto retraso de la fecha fijada para el Alzamiento. Pero él no me decía muchas cosas, y a mí nunca me gustó salirme de mi sitio en aquel momento subordinado))**. Un falangista madrileño, se refiere a ese viaje de Hedi«Sé que Manuel Hedilla, entre mano y julio de 1936. lla desempeñó una misión muy importante que le fue encomendada por José Antonio. La discreción proverbial de Hedilla hizo que no me confiara con claridad sus tareas. Esto parecerá más inverosímil al saber que él, Manuel Mateo y yo, debida-

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* B. Félix, loc. cit.. pág. 247. Añade el autor: .Han dejado todo a punto -me dijo el señor Morenon. Este era el ex comandante de Caballería y afiliado a la Falange, José Moreno.

* Testimonio de Jesús Muro Sevilla. Los redactores de esta biografía ignoran el paradero actual de José Sainz Nothnagel, ausente en el extranjero desde hace bastantes años. Se ha ~Ucho,aunque la noticia, por fortuna, no ha sido confirmada. que Sáinz falleció a principios de 1963. ** Testimonio de Fermin Sanz Orrio. *** Tesiirnonio de Roberto Reyes Morales.

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mente disfrazados o camuflados, nos reuníamos siempre que Hedilla venia a Madrid, sosteniendo, por cierto, partidas de mus, en cuyo juego yo presumía de campeón »El día que vino a Madrid con Sanz Orrio, fuimos a cenar a El Plantío. Al pasar ante un restaurante muy iluminado vimos que la gente bailaba y se divertía, ajena al inmediato futuro. Los tres hicimos aproximadamente el comentario propio de la circunstancia: "La danza sobre el volcán...")) Antes de la reunión en el aguaducho de la Castellana, Hedilla y Sanz Orrio habían visitado, apenas llegados a Madrid, a Fernando Primo de Il'ivera, en su domicilio de la calle de Martínez Campos. Por su parte, Raimundo Fernández Cuesta nos dice: ((Como a Rafael Sánchez Mazas se le habia concedido la libertad atenuada, solicité el mismo beneficio, alegando padecer una otitis. Mi espqsa, para evitarse molestias policíacas, había cerrado nuestro piso en la calle de O'Donnell, 7, y alquilado otro, interior, que daba a un jardincillo, en Velázquez, 71. Entre el 3 y el 4 de julio estuve en libertad atenuada y no salí de casa. Me limitaba a pasear ante ésta. En el tiempo que duró mi libertad atenuada no vi a Fernando Primo de Rivera. Sólo recuerdo haber salido una vez para acudir a la casa donde estaba Augusto Barrado, en la calle de Fuencarral. El motivo era importante: el Alzamiento de Madrid. Barrado me afirmó que teníamos tres mil hombres, y que Fernando le había dicho que contaba con la colaboración de un jefe militar decidido para dirigir nuestra Primera Línea Hedilla testimonia un hecho preciso. ((Fernández Cuesta preguntaba por un sitio seguro adonde enviar su familia. * Testimonio de Raimundo Fernández Cuesta.

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»-Mándala a Navarra -le dije. »-¿Crees que es sitio seguro? »-Hasta donde pueden afirmarse esas cosas. Por lo menos, está cerca de la frontera. »-Pues voy a preparar el viaje. w--No lo demores. Si pueden salir mañana, mejor)). Raimundo Fernández Cuesta explica del siguiente modo su acuerdo de enviar a la familia a Navarra: «El día 16 de julio, sabiendo que el Alzamiento era inminente, ordené a mi familia que se trasladara a Navarra, por estimar que esa región parecía más segura. Elegí el pueblo de Santesteban, que me era conocido, por ser donde residía en verano Julio Ruiz de Alda. »Componían la familia mi esposa, mis dos hijas y una tia de mi esposa. Pero mi mujer se quedó en Madrid» Fernández Cuesta había reingresado en la cárcel el 12 de julio. n Al regreso -puntualiza Sanz Orrio- llevamos a Pamplona a Manuel Mateo, con el que durante el camino discutí mucho sobre temas sindicales. Mateo marchó a su pueblo navarro, y Hedilla a la sierra de Urbasan. Antes de ir a Urbasa, Hedilla cumplió otras obligaciones. El señor Maíz anota, con referencia al 9 de julio **: «Esta tarde he advertido mucho movimiento en muchachos falangis-

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Otros miembros de la Junta Política alcanzaron igual beneficio. aVi a Sancho Dávila, en una visita mía a Madrid, fuera de la cárccl, en la clínica del doctor Vital Azar. Testimonio de Marcelino Pardo Maestre, carnet número 8 de la Falange de Sevilla. Igualmente se hallaba en libertad atenuada el mes de julio el médico Augusto Barrado, de la Junta Politica. Y seguía libre otro vocal de la misma, José María Alfaro Polanco, uquien quedó muy al margen de la gestación del Movimiento en los d:as que nosotros estábamos en la carcelr. Testimonio de Manuel Valdés Larrañaga.

* Añade el ex secretario general de Falange Española de las JONS: *El día 22 de agosto de 1936, fecha de la matanza de presos en la cárcel Modelo, se anunció que yo figuraba entre los muertos. Mi esposa decidió salir de Madrid. Lo hizo en el último avión de la línea alemana Lufthansa, que tocaba en Marsella. Por cierto que las plazas estaban completas y un viajero alemán cedió la suya a mi esposar. A su vez, testimonia Hedilla: .En algún momento la familia de &nández Cuesta tuvo necesidad de dinero extranjero, para ir a Francia a realizar algunas gestioncs, simultáneas a las constantes que yo hice para canjearle. Yo disponía de algunos miles de francos, importe del sueldo que L'Saint-Gobain".la empresa propietaria de la "Vidrieria Mecánica del Norte", seguía pagándome por decisión espontánea. Ese sueldo sirvió para alimentar a mi familia a lo largo de los meses. Entregué, pues, 17.000 francos de mi bolsillo particular a su hermano Manuel. Pasados muchos años y por intermedio del entonces su secretario particular. Antonio Villaverde. Fernández Cuesta me liquidó el débito a ,laparn. "* B. Félix Maiz, loc. cit., pág. 259.

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tas muy destacados. Su actividad no es extraña, pero su sonrisa denota alegría. Es posible que sigan pensando en el día 12 »He visto también caras extrañas. ¿Hedilla? D. Testimonia nuestro personaje: ((Antes de ir a Madrid en el viaje determinado por la demora del Alzamiento, O ~ S ~ N É que había vigilancia en mi derredor, por parte de la policía. Alonso Mallol, director de Seguridad, estuvo en Pamplona, personalmente, y montó una red de espionaje en relación con Mola, otros militares y elementos civiles. Al volver de un viaje a Elizondo, los carabineros me pararon y asediaron a preguntas. Había estado yo utilizando un coche que, por fuerza de las cosas, resultaba ya demasiado conocido en muchas provincias. El D.K.W. de matrícula santanderina que pertenecía al doctor Mata. Aunque mis papeles de identidad los cambiaba con frecuencia, los coches dejan un rastro, más apreciable en. aquellos años y en ambientes provincianos. Recluí al D.K.W. en un garaje del jefe provincial de Navarra. Sabía yo que a la Falange de Vizcaya le había sido regalado un automóvil Cadillac y ordené a José María Valdés, jefe provincial, que acudiera con él. >)Desgraciadamente, noticias que iba teniendo en el curso las de las semanas sobre el alijo de armas encargado a Vicente Merino, eran pesimistas. Llegó un momento en que el fracaso resultó completo. Me fui a San Sebastián, donde el buen Merino me entregó la cantidad anticipada, y desde allí marché, por poco tiempo, a la Sierra de Urbasa. »Regresé a Madrid en el Cadillac -mi ida a Urbasa sirvi6 para despistar a la policía- el día 11 de julio. Fernando Primo - de Rivera había llegado la víspera, de Alicante. El Alzamiento se realizaría entre el 1 5 y 20 de julio. Cené con Pilar y Fernando Primo de Rivera y su esposa, e hice entrega del dinero devuelto por Merino; Fernando me ordenó que marchara a

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* El señor Maíz alude a una fecha de julio, señalhdola como una de las previstas para el Alzamiento. Acaso se trate de un error tipográfico: la fecha tope creemos que era el día 10.

Galicia, para intervenir en el Alzamiento: se limitaba a transmitirme una orden del jefe nacional. La verdad es que no me agradó; esperaba yo participar en el Alzamiento en lugar que me fuese conocido. »Hablé a Fernando del Cadillac que nos había sido regalado y dispuso que lo entregara a Juan Ponce de León, lo que cumplí inmediatamente, dejándolo en el garaje del Hotel Pah e . Salí de Madrid el día 12, con documentación que no era la mía, rumbo a Galicia. Precisamente aquél día encontré en un autobús a Ramón Ledesma con quién cambié impresiones sobre la situación. »Yo -sigue diciendo Hedilla- iba a Galicia cumpliendo la orden de Fernando, a quién consideraba una especie de lugarteniente de José Antonio. Tenía una extraordinaria personalidad y dotes excepcionales de organización. Era sumamente capaz, inteligente y sereno. Su pérdida resultó bien lamentable para la Falange». El testimonio de Manuel Valdés Larrañaga nos aclara que con José Antonio, hasta su traslado a Alicante, y luego con Ruiz de Alda, la Junta Política reunida en la Modelo daba su opinión y tenía información minuciosa. «La última Junta Política que se celebró en la cárcel era para resolver un tema trascendente como el de participar, o no, en el Movimiento. Me voy a explicar. Según iban desarrollándose las cosas, y según iban tomando parte grupos ajenos a la Falange en lo que podíamos decir el Movimiento, dentro de la dirección de la Falange hubo un-sector que opinó que debíamos abstenernos de participar. »Este sector presionó sobre José Antonio, y éste, entonces, sometió el tema a consulta de la Junta Política. Se discutió ampliamente, y como consecuencia de la discusión hubo dos cartas, dirigidas a José Antonio. Una carta de un camarada que no menciono, de gran importancia m la Falange, ya muerto, que opinaba que la Falange debía abstenerse publicamente de participar porque se consideraba que iba a ser totalmente mixtificada por el Movimiento. En contra de esa carta hubo otra, que redacté yo, y que dirigí a José Antonio, en la que hacía un conjunto de consideraciones y aconsejaba la participación efec-

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tiva en el Movimiento. Yo estoy seguro de que este hecho, tan transcendente, lo desconocen todos esos que se titulan miembros adjuntos de la Junta Política))

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LA INCIERTA Y ESENCIAL GALICIA Esa Galicia en cuya demanda iba, desde Madrid, Manuel Hedilla, la mañana del 1 2 de julio de 1936 se mostraba incierta. Su función puede ser dilucidada ahora desde la perspectiva histórica y resulta esencial. La sola posesión de la base marítima de El Ferro1 y del Puerto de Vigo, con su flota peaquera y fábricas de conservas, tenía excepcional valor para e l Alzamiento. Los resultados negativos del 18 de julio en Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y Asturias, acrecieron la importancia de las cuatro provincias gallegas. Un norte dominado desde Cabo Higuer hasta Finisterre por el gobierno de la República, hubiera representado un peso enorme sobre el pecho de Castilla, y la cokunción de ésta. a falta de puertos. El Alzamiento S& habría contado -relativamente, por la superioridad de los barcos de que dispondría el gobierno- con los puertos de Huelva, Cádiz, Algeciras y el fluvial de Sevilla. Un movimiento revolucionario de rápida tramitación no tenía inapelable necesidad de puertos. Una guerra en las condiciones estratégicas en que se planteó la de España, hubiera sido perdida, en el plazo de un mes, por el bando que no pudiera recibir carburantes, armas y municiones, de los que sólo tenía precarias disponibilidades. Este bando era, exactamente, el que realizó el Alzamiento. Por otros motivos, que aparecerán en la sucesión cronoló-

* Testimonio de Manuel Valdes Larrafiaga.

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gica de esta obra, Galicia también resultó esencial. Están aquéllos relacionados íntimamente con la Falange Española de las JONS y Manuel Hedilla. Esta Galicia tenía un mapa social y político que por SU imprecisión y bruscas mutaciones ocurridas en seis años, mantenía la incertidumbre. En el sistema electoral por distritos, que fue implantado el año 1890 por la Monarquía, vivieron y actuaron los señores feudales llamados caciques, parecidos a ciertos personajes de Valle-Inclán. Los foros y las circunstancias todas del vivir campesino, de tremenda pobreza, tenían dominado al hombre, y lo impulsaban a rendirse o a la huida: la emigración a América y a los oficios ínfimos en la capital de la nación. No había, prácticamente, elecciones, ni se formaba, espiritual y educativamente, a los ciudadanos nominales. En el litoral, sí había cierta autonomía ciudadana ejercida en las elecciones al votar a candidatos republicanos, socialistas y demócratas. La angustia civil de los trabajadores gallegos les conducía, derechamente, al anarquismo. La C.N.T., al desarrollarse en la segunda década de nuestro siglo, tuvo militantes firmes y numerosos. Se habían formado en los grupos anarquistas de la Coruña y de Vigo y algunos procedieron de América, a donde fueron como emigrantes analfabetos. Uno de los teóricos y propagandistas más considerables del anarquismo, Ricardo Mella, actuó en Vigo. A pesar del caciquismo feudal, se mantuvieron durante la Monarquia importantes focos de protesta política y social en la vastedad gallega. Una de esas formas era el protestantismo religioso, que llegó a contar con pueblos enteros separados de la Iglesia católica y numerosos pastores evangelicos. Generalmente, se ha buscado a esa heterodoxia una explicación fácil: las visitas frecuentes de la Armada británica a puertos y rías de Galicia, y la propaganda bíblica hecha a lo largo de los años en tales ocasiones. Quizá sean efectivamente factores del desarrollo protestante. Pero sería oportuno dilucidar qué fondo de insumisión social y política incitó a esos españoles a adoptar el protestantismo. Había que contar, en Galicia, con una impregnación regio-

nalista, que ya en 1931 derivó hacia la izquierda republicana. Regionalismo que empezó a titularse autonomismo, y dio votos para que fuesen varios diputados a las distintas Cortes convocadas por la Repiiblica. Era menos radical, en cuanto a las relaciones con el poder central, que el vasco y el catalán. Las izquierdas gallegas procedieron hábilmente al erigirse en portavoces del autonomismo. Muchos gallegos querían solucionar sus problemas regionales dentro de un parlamento propio, como ya lo habían logrado los catalanes. El ejemplo de éstos tuvo influencia. En un período de la política española surgió el intento de coaligarse permanentemente gallegos, vascos y catalanes, en lo que se denominaba la «Galeuzca»: Gal-Galicia Euz-Euzkadi Ca-Caialuña. La República suscitó un desarrollo notable de la U.G.T. y del espíritu socialista. &te se halló representado en los votos obtenidos por diputados del Partido Socialista, antes que por el número de militantes. Trabajadores, mesócratas, profesionales liberales, se sentían decepcionados por la esterilidad de los métodos anarco-sindicalistas. Para los campesinos resultó tentadora la oferta de la reforma agraria -en un país de abundantes miIlifundios- que tendría variantes adecuadas al país gallego. El socialismo ofrecía, a la par, la dignificación ciudadana y la redención económica. Los focos de protesta social y política existieron en ciudades del interior, aunque estaban más arraigados en la periferia. Orense, por ejemplo, fue uno de ellos. Los periódicos de mayor tirada en Galicia eran los demócratas y los liberales. Ha de contarse, además, con el poder de la masonería gallega, en la que había personas ilustradas e influyentes en los negocios comerciales, financieros e industriales. Parece que estuvo muy politizada, y que algunos de sus miembros llegaron a tener renombre político. Teóricamente, podían contarse como fuerzas positivas, en pro del Alzamiento, las que en el curso de las elecciones hechas bajo la República habían dado votos para proclamar diputados a don José Calvo Sotelo y a otras personas de filiación derechista. Constituían una opinión más que un partido o una serie de

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partidos. La política gallega tuvo signo personalista por su estructura caciquil. Así había ocurrido en los días de Eugenio Montero Ríos, de Augusto González Besada Y tomó a suceder. Eran famosos - - c o n una fama cínica- ciertos caciques rurales gallegos, caballistas de la política, pequeños y tenaces hombres de acción, en las aldeas, parroquias, villas. Es inevitable el recuerdo de las novelas de ambiente gallego de Ramón del ValleInclán.

...

proporción en el de Caballería y los de Artillería; sin fuerzas de Ingenieros ni serviciosn.n Añade la publicación oficiosa: «El ejército de Franco era el Ejército de África ... Las tropas regulares indígenas y el Tercio de Voluntarios o Legión extranjera)).

LA FALANGE DE LAS PROVINCIAS GALLEGAS
¿Qué organización falangista haliaría en Galicia Manuel Hedilla? Sus informes eran amargos, por la ausencia de ciertos mandos y la rivalidad entre otros. Se trataba de un país difícil -lo parecía-, para el arraigo de una disciplina severa. Por lo menos, los resultados obtenidos en tres años de propaganda y de función falangista, daban a entenderlo. La organización comenzó en 1933 y meses siguientes, un tanto al azar. Desde algunas provincias partieron a Madrid solicitudes de propaganda y de inscripción, aún antes de fundarse la Falange. «A principios del año 1933, fundé en el partido judicial de Sarna (Lugo) una sección de El Fascw español. Recibí una carta del coronel retirado Emilio Rodrimez Tarduu chy, en respuesta a otra mía, en la que me nombraba "presidente". Hice propaganda entre mis amigos. Entonces yo era propietario de los laboratorios de especialidades farmacéuticas UKobern, pero lo abandoné todo por servir» De semejante forma aparecieron los embriones falangistas en otras comarcas y provincias. Antes, habían existido núcleos jonsistas. Manuel Souto Vilas, estudiante en Madrid, fue redactor de La Conquista del Estado. Afirma Ledesma Ramos nPropagó con todo entusiasmo en Galicia las consignas del periódico y ha sido, y es aún, uno de los que con más honradez, capacidad y consecuencia defienden la bandera nacional-sindicalistan. En la Universidad de Santiago, los estudiantes publicaron u n semanario titulado Unidad, contra la demanda de

La cuantía de las guarniciones, el 12 de julio, era reducida

y muy insegura, como se vio por los combates acaecidos en la base marítima de El Ferro1 y en los buques que en ella se encontraban. Una publicación oficiosa se refiere en general a lo precario del número de soldados : «En 1936, según hemos leído en u n estudio del general francés Duval, se había. calculado que habría 145.000 hombres sobre las armas. En realidad, dejando a u n lado las guarniciones de Marruecos, no había, en todas las plantillas de la península, más de 40.000 soldados cuando estalló el Movimiento nacional. »Ya& de estos 40.000 hombres, creo que habría que descontar los permisos y vacaciones que el Ministerio de la Guerra concedió de prisa y corriendo en los días anteriores al 18 de julio, p-ues de b e modo quería dejar a los jefes y oficiales sin combatientes a sus órdenes, con tan pocos elementos que fuera inútil cualquier alzamiento ... »El teniente general Saliquet nos ha dicho con palabra certera lo siguiente: "Al iniciarse el Movimiento, el Ejército, única fuerza organizada con que realmente se podía contar, se encontralja en estado tan precario y dotado de tan escasos elementos que, comparado con los medios de que disponía el gobierno del Frente Popular, había para dudar de su eficacia »Los regimientos de Infantería de la VI1 División, Valladolid, apenas contaban con un efectivo de 300 hombres; la misma

*

*.

**.

...

* Historia de la Cruzada, tomo octavo, plgina

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Testimonio de Mano González Zaera, ex jefe territorial de Falange Española de las JONS en Galicia. ** ¿Fascismo en España?, página 56.
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autonomia que aparecía en el país. Lo dirigió Santiago Montero Díaz, quien decidió afiliarse a las JONS. Montero fue a modo de jefe territorial de las JONS gallegas, cuya cuantía y localización no creemos que se haya dado a conocer. Este jonsista, que procedía del partido comunista, opinó que la Falange tenía patentes limitaciones derechistas y la combatió entre sus paisanos. En mano de 1934, ante la unificación falangista-jonsista, Santiago Montero Díaz envió su baja. Es muy probable que en la Universidad de Santiago la propaganda de Montero Díaz calara en estudiantes de las distintas provincias luego enrolados en la Falange. Su leit rnotiv --oposición al proyecto de estatuto autonómico gallego- resultaba valioso para operar en medios enemigos de la República. Hemos señalado ya que las izquierdas hicieron suya la demanda de autonomia. Y en Galicia - q u i z á con más virulencia que en otras regiones e s p a ñ o l a s la adopción de unas tesis políticas por el adversario personal o social, engendró frecuentemente una toma de posición contraria, negativa por instinto. Hay rasgos del ánima gallega, como el incesante pleitear y las nvalidades de parroquia, que resultan muy significativas. A la altura de la primavera de 1935 se celebró en Villagarcía de Arosa un acto de propaganda, en el que habló José Antonio ( 17 de mano de 1935 ) . Acudieron falangistas de Ia redón. El día 11 de abril de 1935., el Jefe Nacional escribió a Jesús Suevos, que era jefe territorial de la organización. La carta configura el pensamiento de José Antonio sobre la Falange constituida en Galicia ((Querido camarada: ... Las impresiones recogidas por mí -. en el viaje a Galicia fueron las siguientes: me parecieron muy buenos de espíritu y de entusiasmo, Canalejo (Coruña), Paz ( Santiago) y Cedrón del Valle ( Lugo ) Estos camaradas, sin embargo, necesitan una cierta intensificación doctrinal y sentirse confortados por un mando superior que les inspire confianza y les sugiera iniciativas.

*.

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* La copia de esta carta ha sido facilitada por Mario González Zaera, a quien se,la remitió con otra personal, fechada el 12 de diciembre
de 1945, Jesús López Suevos.

»Encontré muy bien de palabra y de sentido al jefe de Sarria, cuyo nombre no recuerdo ( Mario González Zaera ) nEn Mellid había un grupo de camaradas, llenos de buena fe y de entusiasmo ingenuo; necesitan adoctrinamiento y comunicación frecuente. »De Meleiro, el jefe de Orense, no logré formar el menor juicio; era timido y taciturno. »Kruckenberg me pareció el arquetipo de lo que no debe ser un jefe de JONS; creo que mientras permanezca en el cargo, nuestro Movimiento no se parecerá ni poco ni mucho a lo que tiene que ser. ~Buhigas,el jefe de ViUagarcia, se manifestó impreciso de estilo, y necesita un fuerte tónico revolucionario. »A toda la organización en Galicia Ie hace falta una unificación de pensamiento y de estilo. Creo que puedes dársela, y que no debes retrasar la tarea, porque es posible que no tarden en llegar horas trascendentales para nuestro Movimiento. ..o »Te abraza tu amigo y camarada, José A. Primo de Rivera». Jesús López Suevos - q u i e n ya por entonces prescindía de su primer apellido, y firmaba Jesús Suevos- ha mostrado en su vida política una mayor tendencia a la oratoria lírica que a la acción directa. Los mandos provinciales -y algunos c o m a r c a l e s de ese año de 1935, están consignados y calificados en la carta del jefe nacional. No se ha dilucidado, con rigor, cuales eran los efectivos de la Primera Línea, en ese año y en 1936. Ésta deficiencia, justificada en las provincias que fueron sometidas por el gobierno de la República, resulta inconcebible en las que triunfó el Alzamiento. Una razón imperiosa de autodefensa imponía, en aquéllas, la destrucción de los censos y ficheros. Esa necesidad no existió en las otras. El progresivo apartamiento de Suevos situó en la jefatura territorial a Fernando Meleiro, jefe provincial de Orense, y candidato, con Ricardo Nieto Serrano, por Zamora, en las elecciones de 1936, representando a la Falange. Meleiro utilizó su autoridad para relevar a José Cedrón del Valle, primer jefe

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provincial de Lugo. El sustituto fue Mario González Zaera, hasta entonces jefe de las JONS de Sarria. Este Zaera -uno de los tres hombres de singular volumen físico que militaron en la Falange, par de Agustín Amar y Emilio Alvargonzález- recuerda por la entonación y el ademán a un tribuno gallego de la especie cantoniana. Es el tipo -rarodel gallego extrovertido, pero que en sus arrebatos p gesticulación tiene alguna dosis de cautela céltica. Estaba en los años de la treintena, y sentía, en verdad, sincero disgusto por las mezquindades caciquiles de su país. Tras la inhibición de Jesús Suevos, ocurrió la de Fernando Meleiro, después de las elecciones del 16 de febrero. Por motivos de índole privada o íntima, se marchó a Portugal. Una versión difundida aduce que el falangista Meleiro antepuso sentimientos amorosos a convicciones políticas. Complicó las cosas la actitud de Canalejo, jefe provincial de la Coruña, a quien se le dio, por el mando nacional, la jefatura territorial de la Primera Línea de Galicia. Utilizó ese nombramiento para dividir en dos la provincia de Lugo, adjudicando el norte a José Viador Traseira., v el sur a Mario González Zaera. Éste y otros trasiegas en mandos menos importantes, y la falta de coordinación, podían infundir graves temores a quien como Manuel Hedilla arribaba por vez primera a Galicia, con tiempo muy limitado para actuar. La división del mando en la provincia de Lugo -verdadera escisión- le determinó a parar, primero, en la ciudad lucense Quería hablar con los falangistas y con los militares adictos al Alzamiento. Se enteró, sobre la marcha, de los preparativos y efectivos reales de la Falange lucense. Reales, tangibles. Cualesquiera de las dos zonas en que se había dividido convencionalmente la provincia, afirmaba tener el mayor y mejor contingente de escuadristas. Algunos gallegos que recuerdan con nitidez aquellos días, afirman, con socarronería, cómo el montañés les desconcertaba apenas ellos

habían empezado el -largo discurso deatinado a informarle y
convencerle. aTodo eso está bien, y lo sé. ¿Cuántas escuadras me podéis enseñar de aquí a seis horas?)) Esas exhibiciones, concentraciones 'o desfiles, solían hacerse, en los días de la clandestinidad, mediante el paso de los militantes por una calle céntrica, u n parque público, una plaza. Volvían la cabe& a un sitio señalado de antemano, figurando que paseaban o transitaban casualmente, y podían ser recontados y observados en su edad y constitución física: aún en los signos aparentes de la decisión, como en el modo de andar. Unas semanas antes, González Zaera, al salir del casino de Samia, sufrió grave herida, a causa de u n atentado cometido por el comunista Emilio Golas Estuvo en cama tres semanas y, convaleciente, le encarcelaron. El hecho resultaba peregrino. Al fin el gobernador civil de Lugo dispuso que Zaera fuera puesto en libertad y expulsado, en plazo de horas, de la provincia. Salió de Sarria, sin abandonar la provincia. Tenía un escondrijo en Bóveda, cerca de Monforte, en una fonda llamada de Malagana, y en algún sitio más. Acosado según pasaban los días, se acogió a la hospitalidad de un amigo suyo, don Manuel Saco Rivera, ex diputado de la derecha, quién tenía a nueve kilómetros de Lugo una finca en el lugar llamado Camigueiros. Estaba en medio de bosques, los domésticos eran fieles, y en ellos instaló Zaera su puesto de mando, asistido por cinco camaradas, uno de éstos el coruñés Enrique García Grande, Aspa de plata de la Falange coruñesa. A Carrigueiros llegó, desde Lugo, el falangista Juan Antonio Correa Calderón para informar a Zaera de que un enviado del Mando Nacional estaba en el hotel lucense Méndzda Núñez y necesitaba verle. «Era Manuel Hedilla **.

*.

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*.

Testimonio de Mario Chná1e-z Zaera.

Este comunista, después de la guerra, formó parte de un maquis que mandaba otro apodado el Piloto: cometi6 asesinatos y atracos. Golas fue abatido por la Guardia Civil. ** Testimonio de Mano González Zaera.

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-Vengo

-me

dijo-

por orden de José Antonio a poner

Paz.

nY la puso. Ordenó que la provincia se reunificara de nuevo, me designó único jefe provincial y a José Viador Traseira le puso al frente de la Primera Línea. Así pudimos alzar, el día 20 de julio, a unos 1.200 falanetas que se unieron a los 300 soldados de la guarnición. En el cuartel de San Feniando me fueron entregados unos 1.300 fusiles nuevos, bombas de mano, cascos, etc. que sirvieron para equipar a las Milicias. Éstas crecieron inmediatamente. Una centuria fue al frente de Asturias, y otra al Alto del LeÓnn. De Lugo saltó Hedilla con rapidez a la Coruña. La dirección militar del alzamiento estaba a cargo de un antiguo deportado a Villa Cisneros con motivo del 10 de agosto de 1932, y que reingresó en el Ejército por la amnistia; el coronel don Pablo Martín Alonso. Existía la convicción, casi absoluta, de que el general de la división don Enrique de Salcedo Molinuevo, y el general de brigada y comandante militar don Rogelio Caridad Pita, permanecerían fieles al gobierno de la República. La presunción se confirmó, y en la Coruña hubo combates en las calles. Hedilla enlazó con los militares. Para conocer al mando provisional de la Falange coruñesa tenía que visitar a una señorita afiliada a la organización. Fue a la casa y el padre, secamente, le informó: -La han detenido. -Yo traigo u n encargo para ella, de unos amigos suyos. ¿Está en la cárcel? -No. Todavía debe estar en la Comisaría. Compró Hedilla u n regalo y, fiado en su documentación falsa, acudió a la Comisaría de policía. Pudo ver a la señorita y ésta, muy hábilmente, le susurró el nombre y el domicilio adonde debería acudir. La Falange, unánime, participó en el Alzamiento, en el que hubo muertos y heridos de ambas partes. Orense, con la Falange más nutrida de Galicia, y un mando militar adicto por entero al Alzamiento 1 comandante militar don Luis Soto y el comandante del batallón del regimiento

de Zaragoza don José Ceano Vivas- ofrecía más seguridades que Vigo. Hedilla decidió acudir primeramente al gran puerto atlántico.

EL DIFfCIL TRIUNFO EN VIGO
El enlace vigués fue también una muchacha afiliada a le Sección Femenina. La guarnición tenía unos cien hombres: los del batallón de Mérida. Lo mandaba don Felipe Sánchez Rodríguez, quien a la vez era comandante militar de la plaza. Éste, el ayudante de la plaza don José Pavon, el capitán Carreró y otros oficiales, estaban firmemente comprometidos. También se disponían a secundar el Alzamiento los mandos de la Guardia Civil y de Asalto. Pero frente a esas decisiones, se alzaba la masa resuelta y numerosa del proletariado vigués y de las izquierdas. Cargadores de los muelles, marineros, pescadores, trabajadores, industriales, que configuraban a Vigo -el Bilbao de Galicia- como un foca poderoso del Frente popular. La persecución contra la Falange, cuyos efectos había advertido Hedilla en La Coruña y en Lugo, tenía en las cárceles gallegas a militantes decididos. El jefe local de Vigo, Felipe Bárcenas, estaba preso. Y quien había sido jefe territorial de Galicia, Jesús Suevos, estaba escondido en el Monasterio de Samos, vistiendo sayal. El segundo jefe territorial, Fernando Meleiro, seguía en Portugal. El día 18 de julio, a primera hora, enlazó Hedilla en Vigo con la afiliada a la Sección Femenina, quien puso en movimiento a los falangistas libres. Hedilla se hospedaría en el Hotel Moderno. El falangista encargado del enlace con el mando militar vigués era Enrique Rodríguez Tajuelo. Al comenzar sus contactos, los vigueses desconfiaron, recelaron de aquel hombre de pocas palabras, cuyo nombre -falsono les decía nada, y del que temíán fuera un agente provocador. «No nos fiábamos de nada ni de nadie. La única decisión que tomamos, fue la de avisar al comandante militar de la plaza de la llegada del que afirmaba venir a Vigo en nombre del

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mando falangistau Tal recelo tenía alguna justificación, porque los militantes vigueses lo eran de la base, sin conexión directa con las jerarquías supremas de la Falange. Hubo un falangista que creyó, en el acto, a Hedilla: Ramón Núñez y Saavedra ((El día 18 fui requerido telefónicamente para que me presentara en el Hotel Moderno, y preguntase por determinada persona. Acudí en el acto: era Hedilla. Acababa de estar él en Lugo y La Coruña, .y me comunicó que tenía buenas impresionesu. I vigueses, ladinos, se reunieron con Hedilla en el bar m Derby. Descuidadamente, nuestro personaje preguntó donde se hallaba el convento de Padres Capuchinos. Los otros, también astutos, se apresuraron a preguntarle, con rodeos, cuál era el objeto de su curiosidad. -iAh! Me gustaría saludar a un Padre -Pues mira: Moncho te acompañará d i j e r o n , señalando a Ramón Núñez. Minutos después regresaba al Derby Moncho Núñez. -¿Dónde lo has dejado...? ¿Qué ha hecho? -Los Capuchinos le han recibido w n los brazos abkrtos. Al llegar, preguntó por el Padre Joaquín de Solórzano, con quien tiene gran amistad. Le han invitado a almorzar con ellos «Esto nos satisfizo plenamente -testimonia Juan Yáñezlwrque así se señalaba y perfilaba el conocimiento del personaje. »Aquella tarde, y a petición del comandante militar de la. plaza, celebró Hedilia una conferencia, que duró dos o tres horas, con el ayudante don Jos6 Pavón; la conferencia se repitió dos o tres veces)). En las entrevistas con el ayudante Pavón, Hedilla hizo un informe verbal previo para el comandante militar en Vigo. Y se convino que el representante falangista se entrevistara con él. nFui a la comandancia militar -testimonia Hedilla- y me

*.

rbnó la p u m a un cabo. Al no ver una guardia numerosa,
pregunté: »-Cuántos son ustedes aquí? u-Dos soldados y yo. ,Por la entonación y el gesto, comprendí que el muchacho era adicto, y seguí preguntándole: »-Y cuántos son de confianza? u-El cabo sólo m e res~ondió firmeza con »Al comandante le expuse cuanto convenía hacer, de acuerdo con las instrucciones que yo lievaba. La más importante era la de esperar, arma al brazo, a que llegase de la Coruña la orden de alzamiento y declaración del estado de guerra, emabada de la Capitanía General. Esa orden llegó a Vigo el día 20 por la mañana». «El día 20 por la mañana -refiere.Juan Yáñesalió un piquete mandado por el capitán Carreró para proclamar el estado de guerra. Al llegar a la Puerta del Sol - q u e hoy se llama del Capitán Carreró- los soldados se hallaban rodeados por una mdtitud frentepopulista. Ésta arrancó los bandos. ~ a & e * * ró dio la voz de fuego, los enemigos se desbandaron y'fuimos inmediatamente al cuartel para cumplir la orden de ponernos a disposición del ejército. Éramos pocos: teníamos bastantes camaradas en las cárceles de la provincia. Y allí, en el cuartel, apareció é1. Nos dijo sonriente: D-Habéis estado bien. Ni de mí os habéis fiado. Yo soy Manuel Hedilla. »A partir de ese instante, se hizo cargo del mandou. En aquellas horas del día 20, el Alzamiento sólo era dueño del centro de la ciudad. -Comandante -pidió Hedilla-, conviene poner en libertad, sin dilación, a todos los falangistas y miembros de partidos adversarios del Frente Popular. Y a seguido, designó a quienes habían de ocupar loa man-

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...

...

* Testimonio de Juan Yáñez, de la Vieja Guardia viguesa.
Testimonio de Ramón Núnez y Saavedra, de la Vieja Guardia viguesa.

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* El joven cabo era Fernando Cornejo Molina, ex combatiente destacado, quien sigui6 en el Ejército, ocupando, tras la victoria, el empleo de capitán de la Policía Armada en Barcelona. Se halla retirado y vive en Madrid.

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dos provinciales y locales. Al plantearse la necesidad de nombrar a las autoridades civiles que reemplazarían a las del Frente Popular, Hedilla se inhibió: -Yo no conozco el país. Delego en Enrique Rodríguez Tajuelo, que es de Vigo. El triunfo distaba de ser total. En la provincia la reacción frentepopulista se manifestaba muy recia. Y en las barriadas obreras y pescadoras de Vigo, el mismo 20 de julio, estaban levantándose barricadas. Según el testimonio contenido en u n libro editado por el Frente Popular, en el sector de Lavadores hubo tres reductos o barricadas, a los que contribuyeron las mujeres y los niños: en ((Los Llorones)), aEl Calvario~y «El S e i j o ~ ,frente al Ayuntamiento y al cuartel de la Guardia Civil *. Al puesto de mando conjunto del Ejército y de la Falange llegaroñ noticias alarmantes-desde ~ a v i d o r e s sus núcleos de y San Juan del Monte y del Fragoso. Entre ellas, la que se refería a la familia del falaneista Ramón Saavedra. Su padre, don Estanislao, era propietario de una fábrica de estampados de hojalata. Vivía en una residencia muy espaciosa, llamada vulgarmente la Casa de Piedra, en la carretera general de Vigo. Grupos de frentepopulistas asaltaron la casa en busca de armas, y de fascistas. Más tarde se supo que don Estanislao Saavedra murió en circunstancias pavorosas. Su hijo, al enterarse del asalto quiso marchar, él solo, en busca de los suyos. Era en realidad un intento de suicidio, pues le habrían lapidado los enemigos. Moncho Saavedra sufrió un terrible ataque de nervios. Hedilla no tuvo más remedio que asestarle dos bofetadas durísimas, que sirvieron para restablecer el equilibrio psíquico del muchacho. «Lo recuerdo -testimonia Saavedra- y lo agradezco)). La lucha en Lavadores comenzó el 2 1 de julio ppr la mañana. Duró bastantes, muchas horas. La ~ u a r d i a Civil contribuyó, con su actitud, a que el foco quedara extinguido.
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((Hedilla luchó, como un escuadrista más, en la toma de Lavadores. Entre tiro y tiro daba órdenes a los enlaces que fuesen organizándose los servicios de la Falange, especialmente los que atañían a la Primera Línea. »Inmediatamente después se lanzó, con unos cuantos falangistas, por la provincia, de Tuy a Bayona, donde por cierto estaba situada la Guardia Civil hasta que llegaron la expedición falangista y fuerzas de la Guardia Civil al mando del capitán Teresa)) Las centurias que saldrían, en breve plazo, para los frentes de Asturias y León, fueron reclutadas y organizadas bajo la dirección personal de Hedilla. «Tuvo -testimonian los falangistas gallegos- plenitud de mando en toda la región y la utilizó con rigor y eficacia del mejor estilo nacional sindicalista)). Numerosos testimonios coinciden en considerar decisiva para el Alzamiento la acción de Hedilla, que realmente facilitó a los militares comprometidos la plataforma del éxito.

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* Lo que han hecho en Gdicia. Editorial España. París. Imprimerie Donard, 63, me Ramey, s.a.

* Testimonio de RarnGn Núñez

y Saavedra.

LA OBRA MALOGRADA
La biografía de Manuel Hedilla seria incompleta si omitiéramos la crónica exacta, en los meses de abril a julio de 1936. de la Falange de la Montaña. Los falangistas santanderino~ aportaron héroes, mártires, combatientes, forjados en la disciplina y la enseñanza dadas por Hedilla. En marzo, la recluta de militantes había crecido. Acudían con espontaneidad a los que ya eran viejos falangistas; pasivos, sedentarios, pero que podían ser útiles para ciertas funciones, y otros resueltos y generosos de su libertad y de su vida. Un militar, el capitán Antonio de Lamadrid, de sentimientos monárquicos muy conocidos en Santander, se inscribió diciendo: «Soy, sí, monárquico, pero quiero estar con la Falange, para cuando lleguen los peores momentos... *» * Y así fue. El día 27 de diciembre de 1936 fueron asesinados en el
barco Alfonso Pkrez, atracado a un muelle de Santander, 196 presos, la mayoría falangistas. Uno de éstos, Domingo Betegón, benjamín de la Falange. Tres hermanos, los Burguds, otros tres, los Solis, dos, los a i n t a n a . . El capitln Lamadnd, con la pipa en la boca, subió desde la bodega a la cubierta. -Ustedes - d i j o a los pistoleros-, jcómo asesinan? ¿De frente o por la espalda? Ese día Manuel Menezo Portilla, recibió siete balazos. Su prodigiosa vitalidad le permitió resistir. Se descolgó hacia la bodega, y fue asistido como si estuviera en una selva: sin medicamentos ni vendas. Otro falangista montañés, Rafael González Lasaga, también fue dejado por muerto, en la chrcel de Larriñaga de Bilbao, el 4 de enero de 1937, y logró sobrevivir.

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Martín Ruiz Arenado, jefe provincial desde fines de marzo, entendió su deber con un estilo insólito para los montañeses. ((Nuestro jefe nos vino desde Sevilla aureolado con un gran prestigio: nada vi en él, fuera de un gran misterio. Tal era éste, que no nos trataba ... Teníamos orden de no saludarle en la calle)) Puede argüirse que esta última era una medida de precaución determinada por la clandestinidad. Pero es improbable -podríamos escribir imposible- que el nuevo jefe provincial, en sus meses de mando, no estuviese identificado por la policía y el Frente Popular, en una ciudad de 80.000 habitantes. O que por lo menos no resultara sospechoso. Quizá para contrarrestar las sospechas, adoptó Ruiz Arenado una cmcreta actitud pasiva. «Había en Santander, antes del 18 de julio, un grupo de origen izquierqista, compuesto por unos quince muchachos de excelentes familias, preparados y decididos. Los dirigía Luis Piña1 Ojeda -muerto como alférez provisional en la 13." Divisióny mostraba deseos de incorporarse a la Falange. Se lo indiqué así a Ruiz Arenado, y éste no hizo nada por atraerlos y, al contrario, despreció la colaboración que pudieran prestar)) «Martin Ruiz Arenado. Palma de Plata v iefe ~rovincial de Santander, para desgracia de la Falange montañesa, no estuvo a la altura de las &rcunstancias ni asimiló la responsabilidad que le incumbía. Las órdenes siempre las daba vaiiéndose de intermediarios, no admitía que un falangista conocido como tal le hablase en público... No asistía a los Consejos por - temor a que le detuviesen... En unos momentos en que la quiebra del principio de autoridad era casi absoluta, resultaba imprescindible obrar con toda dureza v tratar a nuestros oDonentes como en la guerra. La falta de comprensión de este problema, las dudas y la indiferencia, crearon serias dificultades a la Falange montañesa: no solamente las derivadas de la acción directa, sino incluso en el orden político. »Las órdenes para actuar contra el Frente Popular y sus

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satélites emanaban de la jefatura de Milicias, a espaldas del jefe provincial. El gobernador civil trataba de hacernos la vida imposible y casi lo conseguía. »Estos problemas no los tuvimos nunca durante la jefatura de Manuel Hedilla, más enérgico y más humano también. Aunque las circunstancias habían variado mucho, siempre hemos pensado que si Hedilla hubiera sido jefe provincial de Santander, en aquellos días y en los que siguieron, nuestra Falange habría funcionado de manera muy distinta: salvaguardando la libertad de acción de los falangistas, y proyectándose más hacia la conquista de elementos políticos disconformes con sus partidos, que sobre todo entre los de orden eran muchísimos. Pero los métodos que seguía el jefe provincial no eran convincentes. ))...Estábamos desconectados del ejército, por lo menos en Santander, y teníamos que preparar la rebelión por nuestra propia cuentan

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EL MANDO MILITAR EN LA MONTAmA
El testimonio de Arturo Arredondo, en lo que se refiere a las relaciones con los militares, exige alguna precisión. El regimiento de Valencia número 23, que tenía un batallón destacado en Santoña, antigua plaza fuerte, con el penal del Dueso en su vecindad, recibió a un nuevo coronel, el señor Argüelles, a primeros de 1936. Teóricamente, parecía incompatible con los principios de la conjunción republicano-marxista. No cabe duda de que al servicio de la República, durante la guerra, combatieron jefes y oficiales que no sentían los ideales por los que luchaban. En un instante, por convicción de que debían acatar y servir al poder constituido, unos; por temor, otros; algunos por instinto de beneficio, se decidieron por el poder constituido. La ingenua estimación -provinciana y también capitalina, madrileña- de la conducta y de las manifestaciones verbales
* Testimonio de Arturo Arredondo López.

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* Testimonio de Pancho Cossío. ** Testimonio de Luis Trujeda Incera.

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de un militar, solía situar a éste en un bando o en otro. España era -y quizás lo e s un país en donde el humano que acude a la Iglesia todos los días, para tomar la comunión, adquiere patente de derechista, confirmada si cotiza mensualmente para asociaciones, hermandades y cofradías piadosas. En tan celosos practicantes del culto se encuentran personas de noble espiritu, y también gentes para las cuales el Sermón de la Montaña debe ser silenciado porque resulta una tesis socialista avant Marx, lo que, por cierto, fue dicho, con otras palabras, por el demócrata cristiano y jefe del Gobierno de Italia, Alcide de Gasperi. Lo practicado y la opinión personal expresada en círculo limitado podían ser indicio: nunca prueba. La cantidad de fariseos es siempre incalculable y está por encima del pesimismo más riguroso. Lo que el coronel Argüelles podía hacer en favor del Alzamiento sólo podía acreditarlo con hechos ejecutivos. El batallón de Santoña lo mandaba el teniente coronel don José García Bayas, montañés y déstinado al regimiento de Valencia n.' 23 desde largos años antes. Garcia Bayas, ya en el periodo de la dictadura, tuvo caracterización liberal y demócrata. Había por entonces una oficialidad de tipo monárquica muy acentuado. Conviene señalar que el monarquismo'estaba impuesto por la ordenanza, como, a partir del 14 de abril de 1931, la misma ordenanza imponía el republicanismo. Mas los oficiales de guarnición en Santander tuvieron una politización clara: eran monárquicos más allá de la función profesional y del cuarto de banderas. García Bayas, a la par de un comandante médico destinado a la remanta, don Juan Antonio Cerrada Fores, constituía la excepción. Hecho evidente: los soldados le querían, lo mismo que á Cerrada. La vida del que durante la dictadura era un capitán, José García Bayas, tuvo poco de placentera en el regimiento nP 23 Sus compañeros de armas se conjuraron para aislarle. Ser libe-

ral y demócrata en el periodo de la Dictadura parecía a los monárquicos una falta imperdonable. El capitán, hombre risueño, se desquitaba conviviendo con las clases y los soldados. Hubo también apariencias engañosas relacionadas eon el mando de la Marina. Los oficiales, contramaestres y marineros de la Armada, constituían en el extenso litoral de la Montaña una fuerza digna de ser considerada. La Comandancia de Marina la ocupaba don J. A. Villegas, cuya manera de vivir y el círculo de sus relaciones habituales, le hacían aparecer burgués e incluso «dandy». Dábase aires aristocráticos y, en la hora decisiva, se puso a las órdenes del Frente Popular. La Guardia de Asalto mandada por un hombre dudoso, César Puig, era enemigo claro del Alzamiento, y la actitud de la Guardia Civil nunca fue clara. Las posibilidades de triunfo dependían absolutamente del alzamiento de las tropas acuarteladas en Santander, previa la movilización y armamento de la Falange y de un golpe de mano que pudiera darse en Santoña, contra el teniente coronel García Bayas. Martín Ruiz Arenado dispuso de cuatro meses para-preparar esa tarea. Por lo que hizo, y por lo que omitió, se deduce, objetivamente, que necesitaba ser dirigido por un mando inmediato, que su disciplina debía estar fiscalizada sin tregua. Hay supervivientes de la Falange montañesa que son duros al calificar la vida íntima de Martin Ruiz Arenado, fallecido en accidente de automóvil el mes de agosto de 1937, lo que le impidió tomar posesión del cargo de jefe provincial de Falange Española Ti-adicionalista y de las JONS de Santander. LOS DfAS SIN PILOTO Ruiz Arenado no quiso cambianlos mandos nombrados por Hedilla. He ahí una circunstancia qye permitió a la Falange sobrevivir en las largas semanas que careció de piloto. Manuel Yllera suplió, hasta donde fue posible, las carencias de quien ostentaba el mando provincial. Le secundaron, en la provincia f en la capital, los mandos locales y la Primera Línea. Para

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* Jose Garcia Bayas falleció hace varios años en la ciudad francesa de Albi. Vivía con suma pobreza. Muchos de sus compañeros emigrados aiios y antes de la muerte de incluso generales, tornaron al cabo de.10~ Garcia B;yas, a España.
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recontar a los militantes, Yllera y Florentino Torre Bolado tuvieron que recorrer toda la provincia. La Falange era acosada simultáneamente por la autoridad gubernativa y el Frente Popular. Aquélla a través de las numerosas detenciones, auténticas redadas en la capital y en la provincia. Los frentepopulistas, por medio de atentados con resultado mortal, que determinaron a cometer represalias. El valor de los escuadristas quedó demostrado, mas la dirección política de las represalias fue vacilante, inconexa. La Falange puede argüir, históricamente, que ella no comenzó las agresiones, los atentados, las muertes. Un mando político decidido, en Santander, hubiese hecho que las represalias afectaran hondamente al cerebro y al corazón del enemigo. Había positivo pánico entre éste. Unos pistoleros asesinaron, en las sombras nocturnas, al falangista José Olavarrieta Ortega, obrero que había pertenecido a la C.N.T. ( 5 de mayo de 1936). Antes de que llegara la media noche, las represalias hirieron a dos socialistas, en el pueblo del Astillero, y a dos comunistas en la capital. A pesar del gran número de detenciones de falangistas realizado entonces por la policía, fue declarada la huelga general en la provincia, como protesta por los atentados fascistas y para pedir la destitución del gobemador don Manuel Ciges Aparicio. Los huelguistas incendiaron las iglesias de Campuzano, Ganzo, Cortiguera, Vioño y Zurita. Las peticiones hechas por los partidos socialistas y comunistas p las Juventudes unificadas eran: ((Destitución del gobemador civil por su falta de energía para contrarrestar las actividades de los elementos fascistas. >]Destituciónde toda la Sala de la Audiencia, incluyendo a todos los jueces municipales fascistas. »Asimismo se exige la dimisión del director de la cárcel y de todos los oficiales fascistas. »Encarcelamiento de todos los fascistas, hasta que se detenga a los autores de las provocaciones y atentados cometidos ayer, y a cuantos no justifiquen sus medios de vida se les aplique la Ley de Vagos por orden gubernativa u otro procedimiento similar.

»Que a las personas sobre las que pese amenaza de los fas- cistas por su significación política y representativa en los organismos sindicales, se les facilite licencia gratuita de armas. »Que para suplir la falta de fuerza, y en muchos casos cubrir la falta de celo revolucionario de los funcionarios, se requiera el auxilio de los militantes juveniles, garantizados por sus respectivos comités, para los registros domiciliarios y detenciones de los elementos francamente contrarios al régimen)) Se pedía, en suma, la legalización del terror, y era perceptible el pánico de los líderes. Y el 26 de mavo., otro obrero fa, langista, Francisco Marcano, fue asesinado es Los Corrales de Buelna. La represalia hizo caer al director del diario frentepopulista La Región -3 de junipero costó la vida a tres falangistas, y numerosos encarcelamientos. En la prisión santanderina había ya doscientos presos acusados de fasciStas. Los testimonios conjuntos de participantes en las jornadas de julio señalan, para la capital santanderina, unos efectivos falangistas de mil hombres. La fuerza del Requeté, cuya cifra desconocemos, también estuvo concentrada. Carecían casi totalmente de armas largas. Sarcásticamente alude uno de los suDer" vivientes a las pocas pistolas y escasos revólveres, a las armas blancas Y a las Dorras... Los militantes de la Falange dispusieron, luego, de unos cuatrocientos camaradas llegados de la provincia, donde también había concentraciones. En Torrelavega. Los Corral&. Renedo, Laredo... Martín Ruiz Arenado no trató, en ningún momento, con el mando militar de la plaza. Lo refiere su amigo, el falangista ((Esperábamoscon ansiedad -el Francisco Rivero Solozábal 18 de julio- de un momento a otro la sublevación del regimiento de Valencia (contábamos con la Guardia Civil y fuerzas de Asalto casi en su totalidad) pero el ansiado momento se demoraba, y el camarada jefe interpretando el momen-

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* El Diario Montariés, 8 de mayo de 1936.

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As! fue... Santander, 1941, pág. 13.

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to histórico que vivíamos, determinó enviar al cuartel al falangista Joaquín Sordo ;Presente! para ofrecer al coronel del regimiento el concurso decidido y entusiasta de unos mil hombres de nuestras Milicias que, sin armas, pero dispuestos a todo, ya se encontraban concentrados con fecha anterioi. en diferentes lugares)). Hay otro testimonio que muestra como los falangistas de la base tenían que suplir las carencias del mando provincial. «Días antes del Movimiento, visitaron al coronel Francisco Ruiz San Emeterio y Luis Ortiz de Hazas. Ante las manifestaciones del señor Pérez Garcia Argüelles, de que contaba con pocas fuerzas para declarar el estado de guerra, y que no convenía que subiesen al cuartel, para no alarmar a los rojos, gran número de personas, se acordó que acudirían los citados y Agustín Blanco solamente. Su tarea consistiría en seguir a la compañía del regimiento cuando declarase el estado.de guerra, en un camión con fusiles y municiones. A medida que se fuera repitiendo la lectura del bando repartirían las armas, e irían las Milicias ocupando posiciones en la ciudad» El testimonio relativo a Santoña también es preciso: «El capitán Mirones, que pertenecía al batallón mandado por el teniente coronel García Bayas, se relacionó conmigo -yo era el jefe local de la Falange de Cicero- a fin de que enviásemos cincuenta falangistas para controlar a los soldados. Posteriormente, el capitán rebajó la cifra a treinta. Por último me dijo que no mandara ninguno, pues era preferible que los concentrara en Cicero, en los puentes de entrada a Santoña. Los falaneistas. cuando vieran en el aire de Santoña unos cohetes - s e ñ a l u de que el batallón se habia alzadconstituirían una guardia cerrada en los lugares señalados, para no dejar entrarmi salir a nadie)) Sobre lo acaecido en Santoña hay información ampliado«Por la indecisión de los militares de Santander, estábara

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** Testimonio de Luis Trujeda Incera. *** Testimonio de Arturo Arredondo L6pez.

Testimonio de Luis Ortiz de Hazas.

mos pendientes de los de Santoña. Para saber a qué atenernos, mi padre mandó a mi hermano -muy aficionado a la colombofilia- que fuese a Santoña con unas palomas mensajeras, y que por medio de un mensaje convenido, informara de la hora de la sublevación. Calculaba mi padre que las palomas tardarian alrededor de un cuarto de hora en llegar desde Santoña a Santander. La única paloma que n6s llegó, lo hizo a las tres de la tarde del día 22 de jiilio; traía la escueta noticia de que la guarnición santoñesa estaba dispuesta a alzarse el 21, con la tropa amartelada, y los mandos dispuestos, pero García Bayas, ayudado por unos subalternos, se habia opuesto a la rebelión y arrestado a varios militares, por lo que se podía considerar fracasado el levantamiento. Los comunicantes quedaban esperando noticias de Santandern. El día 18. sábado. era excelente para declarar el estado de guerra, a media maiiana. Lo aconsejaban razones tácticas, de toda índole. El Frente Popular, tranquilizado por las notas del gobierno sobre el alcance del Alzamiento ocurrido en Africa, tenia a sus gentes en las fábricas, talleres, oficinas, comercios. En el cuartel del regimiento n." 23 había fusiles disponibles, " pero no se'había hecho ningún reparto. Los falangistas y los tradicionalistas -acompañados por jóvenes de Acción Catóestaban concentrados según el lica y de sectores semejanteplan elaborado por la Primera Línea. El coronel Argüelles no actuó el día 18, ni lo hizo el 19, que fue domingo; tampoco el 20 ni el 21. Acumuló dilación tras dilación. El jefe provincial de la Falange no se mostró, en todo ese tiempo, a sus camaradas concentrados. No sabían dónde se encontraba. Algún jefe de centuria tenía un número de teléfono al que sólo debía llamar en caso extremo. El jefe militar parecía dudar de todas las informaciones que señalaban la proclamación del estado de guerra, en lo que ya era zona nacional. «Me haría falta tener el bando publicado por la capitanía de la Sexta Región)), declaró a un falangista que pudo acercársele. Y a buscarlo, a Burgos, fueron Martin Alonso, jefe local

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de Torrelavega, y Amancio Capillas. En Reinosa los asesinaron. Eran dos hombres forjados por Hedilla. Otros falangistas -los de Potes y A n i e v a s se alzaron sin órdenes, al saber que en Marruecos había sido dado el grito. Conquistaron sus pueblos, detuvieron a las autoridades frentepopulistas y, al conocer el fracaso en el resto de la provincia, emprendieron camino con armas y bagajes hacia la zona nacional. «Seguíamos concentrados -testimonia Arturo Arredond comiendo bocadillos a mediodía y agua a discreción)). Este Arredondo cuenta una conversación telefónica que sostuvo con Martín Ruiz Arenado, a las nueve d e la mañana'del 21 de julio. «-Te llamo para preguntarte cuáles son tus órdenes. -Nada -respondió Ruiz Arenad-, esperar. -Debo informarte que, según dicen mis enlaces,. hay piquetes armados marxistas bloqueando todos los accesos al cuartel. -Estaos quietos, y esperad mis órdenes. -Mas, ¿cuál es la actitud del regimiento? -Aún no se han decidido, y me parece que no se van a decidir. -Pues yo creo que lo más oportuno, dada la situación, es que saquemos las centurias a la calle, y metamos a los marxistas en casa. -iDe ninguna manera! Espera mis órdenes. -Creo que no hay tiempo que perder -insistió Arredondo-. Todos estamos impacientes y si saco la centuria a la calle, y tiramos cuatro tiros al aire, Santander es nuestro. -iTe he dicho que es una locura! -Sacaré la centuria bajo mi responsabilidad, Martín. -jEs una chiquillada! iQue se ponga al teléfono el subjefe Éste era Jesús Sánchez Sobaler, cuarentón. Le dijo al jefe provincial: -Creo que Arredondo tiene razón ... Si sacamos la centuria a la calle ...

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-iNo hagas caso a Arredondo y esperad! Son órdenes de José Antonio -Es que yo -replicó Sánchez Sobaler- también participo de la opinión del jefe de la centuria, como todos los que estamos aquí.. . -He dicho -manifestó Ruiz Arenado antes de colgar su teléfono- que no os mováis y que son órdenes de José Antonio. En la bahía santanderina, ese día 2 1,la marinería del buque de guerra Jaime 1 estaba sublevada contra la oficialidad. El coronel señor Argüelles manifestaba que daría orden de salir a la calle cuando llegase a Santander una columna procedente de Burgos. Sin embargo, hasta el día 24, o mañana del 25, festividad de Santiago, el Frente Popular no se adueñó por entero de la capital. Las centurias concentradas se dislocaron. manteniendo sus enlaces, para reunirse, sobre la marcha, en caso de que surgiera una posibilidad de que fueran armadas. Pues lo que se debatía, esencialmente, era la disponibilidad de armas. En el regimiento había oficiales partidarios del Alzamiento, que habrían podido intimar al coronel, deponerle en caso de absoluta negativa, repartir las armas y proclamar el estado de guerra. Para los fines de obtener el asentimiento de la Guardia Civil y de la fuerza de Asalto, tan ilegal era la proclamación del Estado de guerra hecha por el señor Argüelles, como la que pudieran suscribir un teniente coronel, o un comandante. Esa ficción fue superada en bastantes provincias, por medio de sendos golpes de mano sobre la autoridad militar enemiga, indecisa o cobarde. Mas para llegar a ese resultado hubiera sido menester un trabajo político previo, cerca de los militares, y la justa previsión de los obstáculos que sobrevendrían. La actitud del coronel Argüelles no ofrecía duda desde el 18 de julio. Sólo el jefe provincial de la Falange podía intervenir drásticamente, con sus hombres y las células -oficiales o soldados- que con antelacián habría constituido en el cuartel. Y aún dispuso de cinco días, a partir del 18 de julio, para

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intentar u n golpe, quizá desespé-rado y que costana mucha sangre, sobre el cuartel, mas era su deber acometerlo: aunque muriese. Una jefatura provincial de la Falange exigía esa contribución. Pero dejó vía libre y cómoda al terror desencadenado con saña por el enemigo...

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LOS EXTRAROS MOVIMIENTOS DEL JEFE PROVINCIAL E l falangista Rivero Solozábal, en su testimonio publicado sobre la dominación roja en Santander, aduce un hecho que El jefe provincial -cuando ya funcionaban causa estupor las checas y el 'asesinato se había erigido en Ley- daba cotidianamente un paseo por la terraza del Sardinero. La vigilancia en esa zona santanderina con sus playas y cantiles fue extremada. Los rojos temían desembarcos, quenan evitar las evasiones en embarcaciones pequeñas ... Pero, Martín Ruiz Arenado se mostraba en el lugar más visible del Sardinero. La sorpresa sube de punto al leer a Rivero Solozábal: «Por el sistema de confidencias conseguí enterarme que se reparaba la detención de nuestro jefe provincial, a quien se le pasó aviso a las dos de la tarde, anunciándole que no efectuase su acostumbrado paseo por la terraza del Sardinero, lugar escogido aquel día para practicar, por parte de la policía del Frente Popular, algunas detenciones. »El jefe provincial no hizo caso y fue detenido, a las cinco de la misma tarde, en el lugar indicado; pero, afortunadamente, no le ocurrió nada.

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* El coronel Argüelles, al entregar el cuartel y las armas a los rojos encontró refugio en el domicilio del diputado de Izquierda Republicana, don Ramón Ruiz Rebollo. Este poseía reputación masónica: no podemos asegurar si tenia fundamento. Argüelles, juzgado por el Tribunal Popular, resultó condenado a muerte, pero no lo ejecutaron. Se dice que al escuchar el veredicto, su razón se trastornó. Estaba en Santander, el mes de agosto de 1937, al ser conquistada la Montaña, El ejército nacional le form6 consejo de guerra, y esta vez, la sentencia a muerte fue cumplida. ** Loc. cit., pAg. 92.

nEn el interrogatorio que le hizo Neila, supo desorientarle de tal manera que el propio comisario le pidió perdones y excusas por las molestias ocasionadas, acompañándole hasta la puerta, e incluso puso a su disposición el coche del departamento para llevarle al hotel)). Ese Neila, socialista, vulgar dependiente de comercio, era comisario de orden público e igualó, en el ámbito montañ&, la fama que tuvieron chequistas de Madrid y Barcelona; el mando policial y el gubernativo fueron encomendados a característicos resentidos sociales: el dependiente Neila y un camarero de un círculo burgués - e l de Recreo- llamado Juan Ruiz Olazarán, gobernador civil. Ambos, como otros compañeros suyos, habian pugnado por asemejarse, en los signos exteriores, y en las relacione% a la burguesía. De este tipo de resentidos fue abundante Santander. Tanto Neila como Ruiz Olazarán habian sido, antes de la guerra, colaboradores, asesores e inspiradores del activismo marxista. ¿Cómo era posible que el comisario de orden público marxista careciese de cualquier clase de información referida a las señas personales --edad, acento, gesto, etc.- de un jefe provincial de la Falange? Faltan los principales testigos de ese lance: Ruiz Arenado, Neila, los esbirros que detuvieron al jefe provincial, el conductor que le llevó desde la delegación de orden público hasta el hotel ... El testimonio de Rivero Solozábal se publicó cuatro años después de la muerte de Ruiz Arenado. Si lo comprobó rigurosamente en el momento, resulta misterioso, y por lo menos prueba el sedentarismo o la inhibición falangista del que asumía mando provincial. En el mismo orden de sorpresas figura la salida de la mna roja de Martin Ruiz Arenado. Calla Rivero Solozábal que salió con una mujer que le acompañaba en Santander y que no tenía precisamente una reputación intachable. «Le fue facilitado un pasaporte como si de súbdito mejicano ae tratara, cuyo pasaporte, para gozar de las debidas garantías, debía ser visado en los departamentos de policía y emigración. ,Para la tramitación de tan importante documento, hube de acompañar al jefe por las calles más céntricas de la capital,

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en donde se encontraban instaladas las oficinas que necesitábamos visitar. »En la policía el pasaporte Gedó visado sin ninguna difi. cultad, pero no ocurrió lo mismo cuando llegamos a la delegación del Exterior, pues al salir a la calle tuve la mala fortuna de ser reconocido por un comunista sevillano, quien, dirigiéndose a un miliciano, le apremió que nos pidiera la documentación. Como teníamos todos los documentos en regla no nos ocum ó nada, pero lo sucedido era un síntoma peligroso que nos servía de aviso, y por ello convenía acelerar cuanto fuera posible el traslado de nuestro jefe a Bilbao, desde cuya villa embarcaría más tarde para partir con dirección al extranjero)) Así fue. En un coche requisado, Martín Ruiz Arenado y Francisco Rivero Solozábal, y quizá la viajera indilucidada, llegaron a Bilbao. «A los cinco o seis días de su permanencia en Bilbao consiguió trasladarse a Francia)). Era por el mes de diciembre de 1936. Desde la frontera nacional marchó a Salamanca: «A propuesta de Sancho Dávila, le d i dinero para vestirse, para la estancia suya y de su... en Salamanca y para que marchara a Sevilla. Le repuse en el cargo de la jefatura de Sevilla y también le repuse en su cargo de consejero))**. En los días de su estancia en Salamanca, Ruiz Arenado refin ó hechos portentosos de su actividad antes y durante la guerra. «Los montañeses le escuchábamos atentamente. A mí me produjo una impresión incierta. Le consideré por lo menos hiperbólico. Pensé que en una ciudad de las características de Santander, dominada por el enemigo, era muy difícil realizar los actos de ataque a que se refería Ruiz Arenado. Lo confirmaremos, pensaba yo» La verdad fue descubierta con el tiempo. Los ataques y duros sabotajes contra los rojos fueron la obra espontánea de falangistas que habían perdido toda clase de contacto con el jefe provincial. Algunos, ni siquiera pertenecían a la organización

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* Loc. cit., págs. 33 y 24. ** Testimonio de Manuel Hedilla. *** Testimonio de Maximiano Garcia Venero.

santanderina. Venianhuidos de provincias cercanas. Así ocurría con José Antonio Barciela y Alfonso Barnés, por cierto sobrino de dos ex ministros de la República, Francisco y Domingo. Barciela., t i ~ o extraordinario. se enroló en la C.N.T.-F.A.I. Una vez dentro, consiguió carnets y uniformes de milicianos para Barnés y Arturo Arredondo. Éste correspondió,regalándoles sendas pistolas ametralladoras procedentes del armamento de su centuria, abundante munición. Barciela había descubierto que los asesinatos, en las primeras semanas. los cometían <las Juventudes socialistas unificadas, provistas de colores e insignias anarquistas, lo que hacía recaer la responsabilidad en la C.N.T.3.A.I. Uno de los lugares preferidos por los asesinos era el faro de Cabo Mayor, en las afueras de la ciudad. Del temple de los falangistas es ejemplo lo ocurrido con dos de éstos. Darío Bolado, conserje del hotel La Ignaciu, donde se habían hospedado José Antonio y Julio Ruiz de Alda, al hallarse en Cabo Mayor frente a los asesinos, exclamó: iHombre! Yo no quiero morir como un conejo. Si a vosotros os da igual, que supongo que sí, podríais permitirme que me suicidara. Deiadme una ~istola)). Los cinco ejecutores convinieron que en efecto, lo que pedía Bolado era razonable. Le alargaron una pistola, el falangista la montó con calma y disparó contra ellos: mató a tres, hirió gravemente a uno y el otro, cuando vio que la munición estaba agotada, mató a Bolado. Otro equipo de ejecutores accedió días después a que el falangista Luciano Martínez se suicidara. Le dieron la pistola con una sola bala. Martínez disparó contra el que se la había dado y le mató. Él fue acribillado y pisoteado. Las operaciones punitivas comenzaron el 11 de agosto, con uri. coche que figuraba en la requisa del Frente Popular, y que procuró Barciela. Al anochecer, Barciela, Barnés y Arredondo habían destruido dos automóviles con distintivos de la FAI, muerto a los once ocupantes, y arrojado sus armas al mar. Barciela a seguido ingresó como voluntario en la aviación roja. El 20 de agosto se enteraron de que hacia el kilómetro 30
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de la carretera a Bilbao, en el sitio conocido por Jesús del Monte, donde existe una ermita, iban a ser asesinadas varias personas. Empezaba a anochecer cuando vieron, en el cruce de carreteras de Solares, dos automóviles repletos. .Fueron siguiéndolos. No podían salvar a los presos, porque en un tiroteo general hubiesen causado víctimas entre ellos. Lo que pretendían era vengarles, e infundir pánico. Se apostaron en una curva, después de Hoz de Anero. A lo lejos oyeron disparos y ráfagas de fusilametrallador. Volvían a la capital los dos grandes automóviles, con los faros apagados. Les tuvieron al alcance cuando frenaron al entrar en la curva. Simultáneamente dispararon sus pistolas-ametralladoras. Los coches cayeron por una sima. Barciela queria aprender a manejar aviones, pero tuvo que contentarse con unas lecciones de bombardeo. A fines de agosto de 1936 h z su primer vuelo, como bombardero de un teniente io de Asalto, piloto, apellidado Jambrina. Se dirigían a Quintanilla de las Torres, de la provincia de Palencia, para bombardear a los rebeldes. El improvisado bombardero identificó a los rojos, porque éstos les saludaban con pañuelos y banderas. Barciela les lanzó unas bombas de pequeño calibre, causándoles bajas. El piloto se volvió hacia él con gesto airado. Enfiló la dirección de Santander, y apenas aterrizaron saltó primero Barciela con gesto ufano. -iHemos aniquilado a una compañia de facciosos! -gritó. El piloto tuvo que avenirse a confirmar el parte de Barciela, pero a solas, le recriminó. -Has matado a soldados leales. -Pues tú tienes la culpa; te has entretenido en volar sobre los nuestros, y no me diste tiempo para afinar la puntería. En septiembre, el activismo falangista aniquiló vanos coches y sus ocupantes. En uno de los ataques, Barnés y Barciela resultaron heridos. Los curó el médico don Alfonso Córdoba. Barnés se alistó en un batallón de la FA1 para pasarse a las filas nacionales: lo consiguió. Barciela insistía en su deseo de aprender el manejo de aviones. Tuvo que volar con Jambnna hacia el mismo sector de Quintanilla de las Torres y, esta vez,

se vio obligado a a-ojar las bombas en el objetivo. El 19 de setiembre tornó a volar con Jambrina. Al regresar a Santander fue detenido y matado en el mismo aeródromo. Nunca se ha sabido lo que hii Barciela en ese último viaje. Otros atentados, agresiones aisladas, el constante sabotaje y el espionaje mostraron el estilo de los falangistas. Rivero Solozábal, quien permaneció en Santander hasta enero de 1937, conjuntó esfuerzq aislados: él declara ((que como falangista apenas era conocido en la capital» y se enroló en el Frente Popular de Escalante. El mes de enero pudo llegar a la zona nacional.

ESPAÑA DIVIDIDA, ESPAÑA FRAGMENTADA

...

El cantonalismo parece inexorable consecuencia de las guerras civiles. Ha sido tratado con excesiva superficialidad por los españoles y los extranjeros que han discurrido sobre la iniciación y desarrollo del Alzamiento. El bando frentepopulista, quizá porque perdió la guerra, ha informado con minuciosidad sobre sus propios factores cantonalistas, analizando su influencia adversa en la tramitación y resultado de la lucha. Si el Frente Popular hubiese obtenido la victoria ese análisis y sus corolarios habrían sido distintos; pero demostraría de un modo fehaciente la falta de objetividad de los críticos españoles y extranjeros. E n la zona dominada por la República, el cantonalismo constituyó una extravasión, lógica pero corrosiva. En la zona nacional, significó una fatalidad cuyos efectos fueron paliados por la unidad combativa de los militares comprometidos y por la actuación, armada y política, de Falange Española de las JONS, e n congruencia con la del Requeté, en las provincias donde éste disponía de fuerzas idóneas. Al ocurrir el Alzamiento, los partidarios de éste tenían máximo designio inmediato: derrocar al gobierno presidido por Casares Quiroga; disolver las Cortes; suspender la Constitución; declarar fuera de la ley que implantarían a los partidarios del Frente Popular y a las centrales sindicales, y constituir un gobierno provisional.

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Históricamente, ese designio era una repetición del que inspiró el golpe de estado del 3 de enero de 1874 contra la l." República. La circunstancia de que en aquel instante hubiera guerra civil, por el alzamiento de los carlistas, y la eclosión subversiva de cantonalismos federales y sociales, es indiferente para la objetiva estimación ideológico-histórica. El general Serrano tuvo que sostener una guerra civil para consolidar el golpe de estado: otro factor de semejanza, como lo es la disolución por él decretada de los partidos de la izquierda y la declaración de ilegalidad de la Sección Española de la Asociación Internacional de Trabajadores: la l." Internacional. Los alzados de 1874 tenían un inmediato y máximo designio. También los de 1936. Al movimiento de 1874 cooperaron fuerzas políticas y sociales aunadas solamente para la circunstancia: sucedió igual en 1936. La República, en 1936, se encontró con una serie de cantonalismos que aparecían y actuaban hasta en la misma capital de la nación. Todos tenían, originalmente, la ambición de aniquilar al enemigo, pero las consecuencias que deducían de una victoria no fueron, en ninguna ocasión, ni siquiera entre el 1 8 y 25 de julio, unánimes. Las dos centrales sindicales, los partidos marxistas y sus juventudes, la FA1 y las Juventudes Libertarias, pretendían convertir la lucha .contra el enemigo en una empresa revolucionaria: de signo comunista y de sentido colectivista libertario respectivamente. La colisión de ambas tendencias había sido, era y sería permanente y atroz. El cantonalismo de Cataluña y el acabado de legitimar de Euzkadi se atravesaron, con sus particularismos funcionales inuy importantes, en la política y la guerra de la República. Pero esos cantonalismos estuvieron compensados por la continuidad de las relaciones diplomáticas con el extranjero; la existencia de u n gobierno central; la disponibilidad de las reservas de oro; la posesión de un territorio con riquezas naturales, aptas para el comercio, la industria y el avituallamiento; la disponibilidad de fábricas y parques militares; la mayor densidad territorial y demográfica; el dominio casi absoluto de la

frontera con Francia; el mayor' número de barcos de guerra y mercantes... Estos factores han sido objeto de una reiteración tan extenuadora que en esta fecha resultan tópicos ((demodésn de la propaganda hecha por los partidarios del Alzamiento. Ahora bien: constituyen valores históricos objetivos. Su prolongada utilización en la política interior y exterior de España, por espacio de tantos años, desde el final de la guerra, puede ser desacertada, o fatigosa, y por lo tanto estéril; pero no excluye su autenticidad. El cantonalismo político-funcional de los que fueron llamados inmediatamente facciosos, rebeldes o nacionalistas, y que se denominaban a sí mismos nacionales, duró apenas unas semanas, en su fase más peligrosa Habrían sido suficientes para yugular el Alzamiento, si no hubiesen existido fuerzas ideológicas aptas para imponer una disciplina, en cada lugar, a las multitudes que debían coadyuvar al esfuerzo inicial y a proseguir la guerra. En el caso concreto de Galicia, donde ni siquiera existía un mando general de la Falange hasta que lo asumió Manuel Hedilla, y los proVin~iales locales sufrían las ausencias y careny cias ya señaladas, el número de soldados y marineros de guerra era menos que insuficiente para la salvaguardia del orden en el interior del territorio; el enemigo, partiendo de Asturias, se infiltró hacia el norte de la provincia de Lugo, y podía emprender otra ofensiva por las montañas leonesas, como en efecto sucedió. Los jefes y oficiales del Ejército alzados en el país gallego, y cuya valía profesional quedó demostrada, no hubieran podido multiplicarse para atender a un frente extenso, y, en teoría, las clases militares subalternas eran inciertas. Los problemas fueron resueltos por la inmediata incorporación a la Primera Línea de la Falange de un voluntariado, al que se encuadró, disciplinó e instruyó sobre la marcha, gracias a los militantes antiguos de las Milicias. habría bastado el simple reparto d e fusiles a una masa ideológicamente enemiga * Muchas gentes de la zona nacional utilizaban la palabra nacionalista. La Falange lo enmendó, siguiendo tesis de Josk Antonio.

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del Frente Popular y de la República pero sin mandos, disciplina ni unidad ideológica? Pues uiio de los hechos más sorprendentes del Alzamiento fue que esas reclutas e incorporaciones del voluntariado ocasionaron una asimilación inmediata, por éste, de las tesis y aspiraciones políticas de la Falange. El hecho es incontrovertible, y dio motivo a que Manuel Hedilla, en cierta ocasión declarara que él «no distinguía entre camisas viejas y camisas nuevas, sino entre camisas buenas y camisas malas D. O entre nlimpias,, y «sucias>). El cantonalismo fue exacerbado, por razón lógica, en lugares como Oviedo, sitiado; 'en la zona andaluza, separada de la norteña por u n Badajoz que se mantenía fiel a la República; en Teruel, asediado, y con u n pasillo batido constantemente, y a veces obstruido, por el que se comunicaba con el Aragón nacional, lo que también sucedió en Huesca, en cuyos arrabales había líneas avanzadas de las columnas salidas de Cataluña; en Canarias y en Baleares, cantonalismo militar y político, que puso a prueba la unidad de designio del Alzamiento, su fortaleza inicial y la incapacidad contraofensiva de la República popular. Esa incapacidad se demostró en dos sentidos: primero, en la mansa sumisión al nuevo poder de inmensas muchedumbres proletarias de signo revolucionario, y después en las operaciones militares contra el Ejército de Marruecos y las columnas avanzadas del que se había constituido en el norte. El proletariado y sus afines demostraron, en bastantes provincias, que su verbalismo enconado carecía de temple revolucionario. La Junta Nacional, que sin duda aspiró a remediar, modestamente, el cantonalismo, tuvo durante largas semanas un escueto papel representativo de la unidad que existía entre los militares adscritos al Alzamiento. Esto sirvió para que las negociaciones con el extranjero, en demanda de petróleo, armas, municiones y aviones, fueran más fáciles de una parte, y de otra, determinaran un cierto reconocimiento de facto por los países que en virtud de intereses propios o de sus súbditos en la zona nacional, tenían que relacionarse con ésta. La Junta sirvió, asimismo, para codificar y publicar en forma de decretos, cuanto se había estipulado, como designio máximo, antes del

Alzamiento. De hecho, todos los decretos dados por la Junta fueron aplicados antes de que aparecieran públicamente. La constitución de esa Junta fue laboriosa, lo que revela la incertidumbre del general Mola. Éste Uegó a Burgos el 2 1 de julio de 1936. La oficiosa ((Historia de la Cruzadaa afirma que ,la Junta que Mola formó, al llegar a la capital de Castilla, estaba constituida así: Guerra, general don Emilio Mola. Estado, general don Fidel Dávila. Hacienda, don Eduardo Serrano. Justicia. don Antonio de Vicente Tutor. Comunicaciones, don Juan Antonio Bravo. Secretario. coronel don Fernando Moreno Calderón. La misma' Histaria oficiosa refiere que don Fernando Suárez de Tangil, conde de Vallellano, don Antonio Goicoechea y don José María Yanguas Messía, viejos políticos monárquicos - d o s de ellos, Vallellano y Yanguas, servidores de la Dictadura-, aconsejaron a Mola que formase una Junta exclusivamente militar. La tendencia a un régimen dictatorial militar, que eliminara al Requeté y a la Falange de la dirección politica y administrativa, creemos que se manifiesta en ese consejo de los tres monárquicos. Y aún más: podía evitarse que republicanos insolidarios con el Frente Popular pudieran colaborar con el nuevo poder. Ya es sabido que el Alzamiento ut&6 la bandera tricolor y que sus proclamas primeras vitoreaban a la República *. Había republicanos en la zona nacional y o t m que a ella podían incorporarse, dispuestos a aportar sus conocimientos y aptitudes en los lugares que les fueran señalados

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* Radiograma transmitido por las estaciones de Tetuán, a toda 9 Espafia, el 1 de julio de 1936,informando que el general Franco había tomado el mando del Ejército de Africa. Publicado en -La Gaceta de Africa. el 20 de julio de 1936. La proclama dirigida por el general Orgaz al pueblo de Gran Canaria, el 20 de julio de 1936, tambikn terminaba vitoreando a la República. El manifiesto y bando de guerra preparados en Madrid, asimismo concluían con un vítor al régimen republicano. ** Con el tiempo numerosos republicanos han ocupado puestos señaladisimos en la vida espanola, tanto en la politica como en la administración, las ciencias y las técnicas oficiales o estatales... Se trata de republicanos que no participaron en el Frente Popular.

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El lector contemporáneo, de cualquier nacionalidad, necesitará ciertas explicaciones. Había españoles, en la zona nacional, que pensaban en un nuevo general Serrano que se inclinana ante el hecho consumado de un e t o en favor de la Monarquia. Era indispensable que antes se terminara la guerra, y el país sólo tuviera partidos legales. Los ilegales serían cuantos se opusieran al restablecimiento de la Monarquia. De hecho, esos españoles querian convertirse en secretarios de despacho, oscuros, mas eficientes para sus fines, de los generales que constituirían la Junta de Defensa; podrían excusarse con el carácter modesto y aparentemente administrativo de sus empleos. Y así fue. Mientras los Requetés combatían y morían por la legitimidad y los falangistas por la revolución nacional-sindicalista, aparecían en la administración de tipo político los monárquicos alfonsinos y los populistas. Mola, también según la oficiosa ((Historia de la Cruzada)), aceptó el parecer de sus consejeros y nombró una Junta presidida por el general don Miguel Cabanellas, y de la que eran vocales los generales Mola, Dávila, Saliquet y Ponte y los coroneles Moreno Calderon y Montaner Canet. Éste fue el secretario de la Junta y Moreno Calderon actuó como Jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte. La Junta de Defensa Nacional, apenas quedó constituida, dirigió un manifiesto el país, con fecha 24 de julio, reproducido en toda la prensa de la zona nacional. Declaraba, entre otras cosas: ((Dichas están las causas e insinuados (sic) los propósitos de este levantamiento nacional, en el que el Ejército, CEREBRO, CORAZON Y BRAZO, enriquece la grandeza de su acción con la sangre popular que voluntariamente se incorpora a las filas de los salvadores de España. El Ejército, pues, con el ALIENTO DE LAS MASAS POPULARES QUE VOLUNTARIAMENTE LO ENGROSAN, y delirantemente lo aclaman, asume con altiva conciencia de su responsabilidad y con absoluta fe en la necesidad del sacrificio que se ha impuesto, la tarea de levantar al país de la sima a que lo empujaron. »Ni un momento más del que nos señala la alteza de nuestra aspiración patriótica, detentaremos (sic) el poder ...

»Luego, más serenos los espíritus y disipadas de los entendimientos las nieblas del rencor y de la fatiga, se abordarán otros problemas. El de esta Junta de Defensa Nacional, que provisionalmente asume el poder HASTA QUE SE CONSTITUYA EN MADRID EL DIRECTORIO MILITAR QUE GOBERNARA A ESPARA, es elevar el corazón por encima del torbellino fragoroso de la lucha, etc...)). El documento es decisivo, incontestable: no había duda acerca de los objetivos esenciales de quienes lo dirigían al país, cuando no había siquiera líneas de combate marcadas. El 25 de julio apareció el primer número del Boletin Oficial de la Junta Nacional de España, en el que se nombraba a Mola jefe del Ejército del Norte y a Franco jefe de los Ejércitos de Marruecos y del Sur. No cesó, en modo alguno, el cantonalismo. El 14 de agosto, con la toma de Badajoz, quedó -todavía muy precariamentenlazada la zona norte con la del sur. Pero el cantonalismo iba a durar largas semanas y sobrevivió en Andalucía, hasta que el general Queipo de Llano vio limitados sus poderes. El declive comenzó a partir del 1 de octubre de 1936, fecha del nombramiento de Franco para la jefatura del Estado, por medio de un decreto, en el que la pluma de un político monárquico coló de rondón inútilmente el concepto jefe del gobierno del Estado. Al general Serrano, en 1874, se le hizo presidente del poder ejecutivo de la República; a Franco, y apenas había empezado la guerra, se pretendía conferirle un grado menos. ¿Un Gobierno? No existía. ;,Un Estado? ¿Qué clase de Estado? Pues no hubo gobierno formal e institucional en España hasta que pasaron dieciséis meses de la proclamación de Franco. La política y la administración estuvieron confiadas a los ya referidos secretarios de despacho, a los que dirigía como secretario general don Nicolás Franco Bahamonde, ingeniero naval de la Armada. Ya estaba hecha la unificación, ya había un partido único que teóricamente era un partido de gobierno y aún seguía esa provisionalidad: continuó hasta el 30 de enero de 1938. Ramón Serrano Suñer, en su libro ((EntreHendaya y Gibraltarn, 1947, pág. 23, escribe: «Desde el punto de vista político se atendía a lo

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más indispensable -relaciones w n el exterior, economía de cruerra, orden público- desde una llamada Secretaría General . , del Estado, c o i escaso orden y multiplicidad de funciones. La regentaba Nicolás Franco. hermano del Generalísimo. En otra " pequeña secretaría más o menos dependiente de aquella, un funcionario diplomático se ocupaba de la política exterior. Todo era provisional y de urgencia. rEn Burgos funcionaba un organismo llamado Junta Técnica del Estado, integrado por unos ministerios rudimentarios y puramente administrativos, y en Valladolid un general asumía la jefatura de los servicios de orden público y - e n parte- de. la administración provincial y municipalu. Examinemos el cantonalismo de la Falange que subsistió varias semanas después del 1P de julio, y fue suprimido con diligencia. Era más grave, en los primeros días, que el militar. Si el general Sanjurjo murió, cuando emprendía viaje desde Portugal para ponerse al mando del Alzamiento, y Goded fue vencido en Barcelona, quedaban dos generales de G m e r plano, Mola y Franco, secundados por otros miembros del generalato de todas las armas. La Falange carecía de un Jefe Nacional; perdió a Onésimo Redondo el 24 de julio; tenía en las cárceles de la zona republicana a Julio Ruiz de Alda; a la Junta Política, con la excep ción de un vocal -José S a i n e y al secretario general; y dispersada por aquella misma zona, a una parte cuantiosa del Consejo Nacional. En la zona nacional se hallaban algunos consejeros y jefes provinciales. Éstos eran: Andalucía: Sevilla, Granada, Córdoba, Huelva y Cádiz = 5 Canarias: = 1 Baleares: = 1 Extremadura: Cáceres = 1 Reino de León: Valladolid, Zamora, León, Salamanca y Palencia = 5 Castilla la Vieja: Burgos, Logroño, Soria, Avila y Segovia = 5 Aragón: Huesca, Zaragoza, Teruel y el Bajo Aragón (sin temtorio) = 4 Navarra: = 1

Galicia: Lugo = 1 Marruecos: = 1 Representan un total de 25 jefes provinciales, muchos de los cuales -andaluces, extremeños, aragoneses, castellanostenían el enemigo actuando en sus territorios, y lo tuvieron, en alminos casos, durante años. Cada uno de esos hombres encargados del mando, y sus camaradas, se vieron fomados al cantonaiiio, cuyas dificultades-se encarecían por la distinta actitud que los mandos mi. litares observaban respecto de ellos y de la organización. Las asechanzas y las maniobras de varios sectores derechistas podían desconcertar y lo consiguieron no escasas veces- a quienes tenían corta experiencia política, y actuaban creyendo que lo esencial era aportar voluntarios a los frentes y evitar la corrosión de la retaguardia. Pero respondieron, muchos con autenticidad política y militar. Los errores, las cobardías, las.sumisiones, las desviaciones, representaron menos de la tercera parte del número total de mandos provinciales; y una cifra más elevada en otros mandos inferiores, sobremanera los locales. Sin embargo, esa contribución resultó ínfima, comparada con los' problemas que gravitaron sobre el poderoso y ancho dorso de la Falange Española de las JONS. Uno de ellos, su fabuloso y rápido crecimiento en militantes para la guerra, y en afiliados a. la Segunda Linea. Manuel Hedilla, en Galicia, es el ejemplo característico y por sus dimensiones, único en la historia de La revolución y guerra de España- del falangista capaz de realizar un enorme esfuerzo al servicio de la lucha. No empleemos la artillería retórica, hablando de la victoria. Esta era más que problemática. Esa image d9Epinal de tantos retóriccw, grafómanos y maníacos de la oratoria pomposa, que ha presentado a todos los esr>añoles adictos al Alzamiento convencidos del triunfo. es inexacta y grosera. Las dudas graves, las zozobras intensas, en suma, la angustia, no escasearon en ningún periodo. Los partidarios de un armisticio, de una mediación y de una paz tramitada eran numerosos ya en el invierno de 1936-1937. Había derrotismo que no era provocado por el enemigo, pues lo prac-

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ticaban gentes que éste habna perseguido, y murmuraciones infinitas. La guerra relámpago ilusionó poco tiempo; la guerra dura y larga se configuró en seguida. Hedilla actuó. en asuella Galicia aislada v amenazada en sus flancos oriental y del sureste, con una población sometida, pero animada por el odio -semejante al que sentían los nacionales en la zona roja-, con la presteza y decisión que convenía. Su categoría nacional, su historia, y por encima de ellas, las consignas, normas y órdenes recibidas de José Antonio, le autorizaban a asumir el mando regional territorial de la Falange. " " Nombró los mandos provinciales y locales vacantes y los que debían ser sustituidos por la ineptitbd que habían mostrado quienes los ocuparon. Surgió un delicado trance disciplinario, por el regreso desde Portugal de Fernando Meleiro, una vez que había triunfado el Alzamiento. La mayoría de los colaboradores de este libro colegimos cuál habría sido la decisión del jefe nacional. Meleiro hizo &r escrito una larga confesión de culpas. «Invirtió dos horas en redactarla. Me la entregó. Yo, sin leerla, acudí a visitar a Manuel Hedilla, proponiéndole que Meleiro pudiese reingresar en la Falange. Hedilla aceptó mi propuesta)) h. Fernando Meleiro no era un traidor, mas había incurrido en una falta grave, y España se hallaba en guerra. La humanidad de Hedilla, de raíz, cristiana, la llevó a la lucha, y ya se había revelado en su mando de la Montaña. Seguiría m&ifestándose, serena y valerosa, en su inmediato futuro. nAdvertí -testimonia el propio Hedilla- que el triunfo costoso en algunos casos, del Movimiento, podía comprometerse. En Pontevedra la situación era delicada. como en Ribadeo. Aquí había brebhas que tapar. La formación y la instrucción de las Milicias absorbió gran parte de mi tiempo. Mis noticias eran desoladoras. No hablo solamente de la situación de mis hijos, de mi esposa, de mi madre; todos los míos se encontraban en la zona roja. La tardanza de las noticias concretas sobre la situación en Alicante, donde la decisión tardó vanos días, la Testimonio de Mario González ~ a & .

noticia de la muerte de Onésimo Redondo, la pérdida de la frontera guipuzcoana, resultaban abrumadoras. Hice lo que pude por conservar la impasibilidad)). Las relacioñes entre el mando militar y la Falange en Galicia se distinguieron por la corrección, la mutua lealtad y la normal correspondencia. Las misiones de Hedilla a las órdenes de Mola le habían dado extensas relaciones entre los militares. las cuales le allanaron el camino en el trato con las guarniciones gallegas. La Falange montó, en un plazo de días, sus servicios, tan diversos y complejos en tiempo de guerra, y publicó diarios en ciudades de Galicia. De esos días data la incorporación al falangismo de universitarios, escritores, poetas y otros profesionales liberales, algunos de ellos con actual nombradia, lograda a través de su permanencia en la organización. En Vigo tuvo Hedilla la sorpresa de recibir la visita -el día 22 de julio- del jefe provincial de Jaén y consejero nacional Francisco Rodríguez Acosta, cuyo paradero, según hemos señalado, ignoraba el Mando nacional; hacía más de un mes que se encontraba en tierras de Galicia. «Acudió a mí -testimonia Manuel Hedilla- con la pretensión de que le facilitara una bandera de falangistas, con el designio de marchar desde el extremo de la ení ínsula hasta Albacete~ Tenía Hedilla necesidad de ponerse en contacto personal con sus pares, y después de dar fin a sus trabajos de organización, se dispuso a salir para Castilla. ((Advertí a los camaradas que desde Castilla seguiría llevando yo las cuestiones esenciales de la Falange gallega, hasta que se constituyera un mando nacional. Lo decidí haciendo uso de la autorización que me dio José Antonio)). Antes de partir, pidió una contribución voluntaria a los industriales y comerciantes de Galicia. Pretendía que tuviese un valor simbólico, de solidaridad interregional manifiesta. Así reunió un convoy de camiones, cargados con mantas, conservas, otros víveres y telas, con el que llegó a Burgos, entregándolo en la Intendencia de Capitania general. * Hedilla le reprochó su marcha de Jaén y naturalmente rechazú su pretensión. Llevaba más de un mes en Lugo, sin decir nada.

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Desde Burgos estuvo, en rapidísimo viaje, en Valladolid. Soria, Zaragoza y Logroño. aEn todas partes confirmé -testimonia- que había entusiasmo y necesidad de orden interno, de organización». No había tenninado la primera quincena de agosto cuando se instaló, provisionalmente, en Burgos.

LA OBSTRUCCIÓN A LA FALANGE

La situación militar, en el curso de la primera quincena de agosto, fecha de la llegada de Manuel Hedilla a Burgos, era menos que mediocre para los nacionales. La conquista de Badajoz -ya citada- el día 14, alivió la desazón. Pero las columnas que partieron hacia Madrid quedaron detenidas en la Sierra. Mola tenía, al parecer, algunas dudas sobre los soldados del reemplazo. Había pretendido encuadrar en cada compañía a cincuenta requetés. «Pero los requetés querían salir solos, formando batallones únicamente de boinas rojas. La diferencia se m l v i ó con la fórmula del general: jueto a las compañías del ejército, irían compañías de requetés~ Los voluntarios -pues las llamadas a quintas de otros reemplazos tardaron bastantes meds en hacerse- obedecían al mando militar, coordinador, pero tenían sus propios jefes, que asumían, tanto entre los requetés como en las unidades falangistas, una función formativa política. Se vio en Mola y e n otros mandos militares la tendencia a que los voluntarios fuesen simples soldados, sujetos a una disciplina que excluye la expresión política. Las dos grandes organizaciones combatientes, quisieron -y lo consiguieron- informar y explicar a sus hombres, más allá del rudimentarismo fácil de que los rojos españo-

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* José María Iribarren, loc. cit., pAgs. 83-84.

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les eran enemigos a muerte de los espaííoles nacionales, los motivos de la guerra y los designios políticos y sociales que aspiraban a cumplir una vez lograda la victoria. Un jefe provincial de Falange, el de Burgos, recordó a Mola, tres días después del Alzamiento, el cumplimiento de lo acta do sobre el nombramiento de las autoridades civiles. Se cumplía el plazo señalado por José Antonio en su orden decisiva para participar en el Alzamiento. El General opuso al requerimiento una actitud glacial. «Yo sé -dijolo que tengo que hacer u José Andino, al reclamar con firmeza a Mola, podía acudir al espléndido cumplimiento de las promesas hechas por la Falange burgalesa «El día 18 de julio ya estaban concentradas las escuadras en la capital y en las comarcas. Habíamos pedido que se repartieran las armas. Se celebró, a las cuatro de la tarde, una reunión conjunta de militares y un civil. El comandante Pastrana se mostró indeciso acerca de la entrega del armamento. >)Estabanen la reunión todos los jefes de cuerpo, menos el coronel de la Guardia Civil señor Villena. El hombre civil era el falangista Honorato Martín Cobos. »Éste declaró: »-Si no tenemos fusiles, no podremos participar en el Alzamiento-. La actitud era resuelta y al final se acordó que la Falange fuese armada. El mismo Honorato Martín Cobos quedó encargado del reparto. Al declararse el estado de guerra, en la noche del 18 al 19 de julio, ya se habían repartido 800 fusiles a las escuadras de la Falange, que ocuparon sus puestos. Cronológicamente, Burgos fue la primera ciudad península^ que declaró el estado de guerra. »A las veinticuatro horas, los campesinos abandonaron las faenas de la recolección y, con la camisa azul, se encaminaron a las líneas de fuego. Eran miles de hombres, según había

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prometido a Mola el jefe provincial de Burgos. Tal moviiización urgente tenía par en la que estaba realizando Navarra en la misma hora. Hubo muchachitos de trece años que se metieron en los camiones que iban a Somosierra. Fue &cesario devolverlos a sus hogares pero ya sabían disparar. uLa Falange fue generosa y solidaria con todos loe españoles que desde otros campos políticos participaban en el Alzamiento. A las seis de la tarde del día 18 de julio, se presentó en el cuartel burgalés de Artillería el monárquico madrileño Carlos Mirallesr. ¿De dónde venía Miralles? Hay testimonios de supervivientes «Salí de Madrid el 17 de julio con un grupo políticamente heterogéneo, dispuesto a combatir. En él había requetés, falangistas y monárquicos alfonsinos. Todos concordes con el mismo designio. En realidad, lo heterogéneo de aquel gmpo coincidía con mi pensamiento de que lo primero era acabar con la República. Yo he sido monárquico, albiñanista, requeté y luego ingresé en la Falange, porque me pareció la organización adecuada. »Pretendimos cerrar el paso por la carretera de Francia, .en la Pedriza. Éramos 37 hombres. con 7 fusiks. 3 rifles v algunas pistolas. Dispuse que nos apostáramos junto al túnel del ferrocarril Madrid-Burgos, que me pareció buena posición. Carlos Miralles marchó hacia Aranda de Duero a buscar refuerzos de hombres y armamento)). Con esa misión llegaba a Burgos Carlos Miralles. «Pedía -testimonia Martín C o b o s un par de docenas de falangistas y armas. El comandante Pastrana mostró su simpatia por el intento. Yo no dudé en autorizar que se le unieran falangistas, ya armados. »Miralles, antes de partir, me dijo: u-Me hará falta algún dinero »Le entregué, sobre la marcha, dos mil pesetas. Miralles y los falangistas salieron de Burgos, el día 19 de madrugada. u

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...

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** Testimonio de Honorato Martín Cobos, de la Vieja Guardia bur* Testimonio de Manuel Groizard Montero.

Testimonio de José Andino.

galesa.

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Otro testimonio precisa la salida y el desarrollo de la lucha nPartimos del cuartel de Artillería. El teniente coronel don Francisco Rodriguez Garriga, dirigiéndose a Miralles, le dijo: n-Usted mandará a los de Renovación. nY a mí: »-Usted mandará a los de Falange. nEl teniente coronel don M m l i n o Gavilán quiso entregarme 4.000 pesetas, que yo rehuse, indicándole que podía dárselas a Miralles. Salimos sesenta o setenta falangistas. YO iba como jefe de la centuria. »En Aranda. donde tuvimos una escaramuza con varios frentepopulistas, se agregaron más falangistas. Al llegar a Cerem de Abajo, Carlos Miralles suscitó discusiones en cuanto al mando. Alegaba que él tenía grado de capitán. Los falangistas no querían ser mandados por él. Algunos se quedaron en el mismo Cerezo de Abajo, donde se unieron más tarde a la columna del coronel Gistau. »Llegamos a Somosierra en la mañana del día 20. El primer combate se desarrolló el 2 1 a la altura de la caseta del peón caminero. Venían contra nosotros guardias de Asalto v milicianos n . Groizard un tu al iza: «Contuvimos a cinco camiones y causamos numerosas bajas. Resistimos hasta el 25 de julio. Quedábamos cuatro y nos hicieron prisioneros. Éramos Monsoliu, albañil-marquista, Suárez de la Dehesa, teniente coronel jurídico, Monzón, requeté, y yo». El coronel García Escámez llegó en cuanto fue posible a Somosierra, para contener la ofensiva roja. Julián Mingo fue propuesto para la medalla militar individual, por su comportamiento y heridas. Este hombre, ex legionario y de una vida muy intensa y andariega, pudo salvarse de caer prisionero y no se preocupó de la tramitación de su medalla. Los millares de hombres de Primera Línea dados por la Falange burgalesa -que puso en marcha con urgencia sus
* Testimonio de Juan Mingo Andtegui, jefe de milicias de Burgos de Falange Española de las JONS y de la Vieja Guardia burgalesa.

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equipos de reclutamientb de vo1untario~- no suscitaron en quienes dirigían y administraban la Junta Nacional gran consideración nuestras relaciones con ella eran superficiales y en algunos casos, malas. Nosotros acrecentamos nuestros esfuerzos de guerra, garantía de nuestra independencia,, e impedimos ser mediatizados. En Aranda de Duero, por ejemplo, fue designado un municipio de caciques. Y siguiendo una deliberada intención, allí fue una señorita, María Rosa Urraca Pastor, que pertenecía al partido tradicionalista, a celebrar un mitin de propaganda política. Los falangistas la silbaron e im- pidieron que continuase el acto. ))-No es momento de dar mitines políticos sino de realizar u n esfuerzo de guerra- declaró el jefe local de Aranda de Duero, Eduardo Alonso. »Pues la Junta Nacional quiso sumariar a Eduardo Alonso, y envió a u n militar de alta graduación para que instruyese el sumario. Alonso replicó con entereza y el juez terminó por darle la razón. , »En esa misma línea de obstrucción surgió la llamada Junta coordinadora de las Milicias. Se requirió, por la autoridad, a la Falange, Requeté, albiñanistas, Renovación Española y Juventud de Acción Popular (JAP). Pero a ésta se le opuso el veto general, y tuvo que retirarse. Los Requetés, poco numerosos, daban todos los hombres que podían al frente. Los albiñanistas eran un grupo; ~enovación, otro grupo aún menos nutrido. Nosotros habíamos dado ya más de cinco mil' hombres de Primera Línea. ))Callamos, para que no pudieran acusarnos de quebrantar la unidad combativa. No había coordinación sincera. Todos los miembros de la Junta nos sentíamos incómodos y disgustados. Supimos que el mando había decidido el envío de 300 fusiles a Aranda de Duero, para armar a un grupo que se llamaba de Acción Ciudadana, de retaguardia. Esta la cubríamos también nosotros. Nos indignó, y Martín Cobos, con algunos falangistas,

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* Testimonio de Honorato Martín Cobos, Jos6 Luis Gutiérrez, F1rentino Martínez Mata y Julio Puente Careaga.

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acudió a Aranda, desarmó a los de Acción C i u d u h y dispuso que los fusiles fueran enviados adonde hacían falta: a los frentes; y allí acabó la Junta coordinadora, que el general Mola quería instaurar en todas las provincias que dependían del Ejército del Norte)). Mientras ocuman esas peripecias, que no trascendieron a1 conocimiento público, y mucho menos al espionaje, la situación militar resultabaaun tanto sombría. Son conocidas las dificultades de Mola para disponer de municiones. «En la primera quincena del mes de agosto, yegaron a Burgos las primeras tropas africanas, en muy corto n h e r o . Se las h z ir y venir io por las calles de la ciudad. »El teniente coronel Gavilán me indicó que convendría organizar un baile, para dar una sensación de euforia. »-Es posible -me dijo Gavilán- que tengamos que ejecutar el plan previsto por Mola, abandonar la línea del Duero, y replegamos a Navarra. ))En el castillo de Burgos sólo había dos cañones))

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MANUEL HEDILLA, JEFE TACITO Los falangistas burgaleses se portaron con digna entereza y fidelidad a sus normas. Superaron la crisis en todas sus dimensiones. Eran numerosos y disciplinados. Demostraron su fuerza. Pero no se les ocultaba que las obstrucciones obedecían a la ausencia del jefe nacional y a la falta de la Junta Política, que hubiera podido cambiar su carácter consultivo en ejecutivo, designando un mando provisional. Estaba previsto en los estatutos de la organización. La Falange actuó con un improvisado estilo federal curioso y extraordinario. En un país de estructura federal, la invasión y ocupación de algunos de sus territorios, aunque se trate de la sede del ejecutivo y de la asamblea centrales, es infinitamente menos dañina y perturbadora para la marcha política, militar y administrativa que e n otro de constitución unitaria. * Testimonio de José Luis Gutiérrez.

Señalamos la predisposición federal, que permitió evitar las absorciones y la mediatización por fuerzas ajenas --de cualauier índole- tanto en los frentes como en la retapuardia. I " El tiempo que hubiese podido resistir la Falange, en tales condiciones, a la absorción o a la dependencia, no puede ser tasado, cifrado. Algunas semanas... El dominio sobre la frontera guipuzcoana-francesa y la conquista de San Sebastián en la primera quincena de septiembre salvaron la situación critica de las armas nacionales. Ya para entonces se había perfeccionado la importación de petró¡eo, y afluían armas, municiones, técnicos alemanes e italianos: el número de aviones nacionales se había triplicado, por lo menos, con relación al 18 de julio. Algunas semanas... Las unidades falangistas habrían sido totalmente integradas en el Ejército, sus mandos dispersados - c o m o sargentos, suboficiales, a l f é r e c e s en columnas donde apenas habrían existido militantes falangistas En la retaguardia, la Segunda Línea habría sido convertida en una &e de somatén y cuerpo auxiliar para trabajos burocráticos menores, intendencia, hospitales, etc. ¿Por voluntad exclusiva de la Junta Nacional y de los jefes de Ejército? No. ¿Por obra de la coalición derrotada el 16 de febrero de 19 36? Sí. Las gentes que habían dirigido esa coalición electoral en las provincias que ya eran nacionales vieron, con infinito temor y pesadumbre, el crecimiento fabuloso de los efectivos fala+stas. Apelaron a diversos procedimientos para contrarrestarlo y esterilizarlo. El más sagaz consistió en introducir agentes suyos en la Falange, los cuáles tenían misiones que irán configurándose en estas páginas. Otro medio de presión fue la inmediata campaña de descrédito, emprendida por doquier. La Falange fue llamada uFai. lange)),estulta alusión a los colores de su bandera, a sus ideales sindicalistas, a su designio revolucionario de la economía. En las centurias falangistas hubo combatientes, jóvenes, que habían militado en centrales sindicales, como la Confederación, que encuadrados con disciplina, lucharon y vertieron su sangre. s e acusó a la organizacióñ de ser refugio de rojos, laica, pagana, atea. El empleo del titulo de camarada entre los falangistas

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bastó para que se les encontrasen semejanzas con el partido comunista. Todas esas presiones partieron de grupos socialmente poderosos, influyentes, bien pensantes, y crearon una atmósfera pesada en los mandos militares. En esas primeras semanas, la Falange no contraatacó con brío: sus jefes provinciales creyeron que la mejor réplica era el sacrificio de los combatientes. Fue un error, pero la autonomía forzosa con que actuaban esos jefes les impedía contar con el apoyo, el auxilio de sus pares, en el caso de que hubieran surgido graves discrepancias con los mandos militares. Tenían que esfonarse por mostrar una moderación, que sus antagonistas --sus enemigos- políticos creyeron que era debilidad o cobardía. En esas circunstancias, llegó Manuel Hedilla a Burgos. He aquí el testimonio, veintisiete años después, del jefe provincial burgalés «Yo sabía que Hedilla había representado al jefe nacional, y aunque los dos teníamos la misma condición de jefes provinciales y consejeros nacionales, debo manifestar que le reconocí sin dificultad alguna, y sin que él me lo pidiera, una jerarquía, dentro de la Falange, superior a la mía. »En el Colegio de. la Merced, propiedad de los jesuitas antes de su expulsión, habíamos instalado un cuartel y allí mismo, en un despacho de campaña, funcionaba la jefatura provincial. Burgos, desde las primeras horas del Alzamiento, mandó armas, enlaces, etc. a las provincias de Palencia, Logroño y Soria. Algunos camiones enviados por mí, no pudieron, los primews días, pasar de Pancorbo y de Casalarreina. Practicábamos la política que imponían las circunstancias. .Por ese motivo la capital de Castilla vino a ser, entonces, una suerte de cabecera de las Falanges citadas. Cuando tuve a Hedilla en Burgos le pedí que se ocupara de los asuntos de ellas, mientras, yo resolvía los propios. Así lo hizo. También se ocupó de los de Santander, de dónde empezaban a llegar evadidos; hubo montañeses que desde provincias nacionales afluían a la nuestra. * Testimonio de José Andino.

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»Atendimos al armamento y a la intendencia, y la Falange demostró su capacidad al crear un escuadrón de Caballería, que mandado por el comandante retirado Acuña hizo sus primeras armas en el frente de Soncillo~. El Colegio de la Merced se había convertido en un auténtico cuartel de guerra desnudo de cualquier superíiuidad, con lechos harto duros, improvisados, olores de cuero, rancho, humanidad, grasas para fusil. Renovación Española había montado su cuartel general en el hotel Norte y Londres, y los tradicionalistas en el María Isabel. De ciertos pormenores de la llegada de Hedilla, y de su incorporación a la tarea, así como del cantonalismo en que vivía la organización testimonian cuatro falangistas. Todos conocieron a Hedilla el mes de agosto de 1936. Se trata de una declaración conjunta hecha por ellos solidariamente «Llegó a primeros de agosto y recordamos como trajo un convoy de camiones cargados de conservas, licores, mantas, etc. .Dos de nosotros, Honorato Martín Cobos y José Luis Gutiérrez, dirigimos la descarga y almacenamiento del convoy. Había quinientas mantas. Todo fue colocado en las estanterías y almacén del cuartel de Intendencia, tras recuento minucioso pedido por Hedilla, quién nos entregó la lista hecha y sellada en Vigo. De San Sebastián trajo otro convoy con mantas, telas v licores, que se descargó en el cuartel de Falange. Desde el primer momento le reconocimos autoridad, que él no gestionaba ni mucho menos pedía. Su carácter. la austeíidad de su vivir. la gran serenidadque mostraba y la'discreción de sus palabras, nos persuadieron de que tenía las condiciones exactas de un jefe falangista. »Antes de que llegara Hedilla habían acudido a Burgos

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Testimonio de Florentino Martina Mata, Ingeniero de Montes,
ex jefe provincial de F.E.T. de las J.O.N.S. ex alcalde de Burgos; y y Julio hiente Careaga, industrial. de la Vieja Guardia burgalesa, ex presidente de la Diputaci6n; José Luis Gutiérrez, arquitecto, primer del*

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gado de sindicatos de 10 zona norte de la España nacional; Honorato Martfn Cobos, abogado, ex capitán provisional de Infantería, ex gobernador civil de Gran Canana y de Mallorca, alcalde de Burgos. Todos ellos de la Vieja Guardia burgalesa.

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camaradas muy significados: José Sainz Nothnagel, único miembro de la Junta Política que estaba en la zona nacional; Agustín Aznar con Gumersindo García Fernández y sus acompañantes... Ninguno de ellos arraigó ni ejerció autoridad en Burgos. El recibimiento que se hizo a Sainz fue más bien frío. »Martín Cobos, encargado de la movilización de la Primera Línea, del abastecimiento y de la administración, despachaba a diario con el jefe provincial José Andino. Si Aznar estaba en Burgos, adonde iba y venía, le daba cuenta, a titulo informativo, de lo que estaba haci6ndose. .En ningún caso hizo Agustín Aznar nombramientos en Burgos. »Estuvo en Burgos con un propósito oratorio -ante los micrófonos de Radio Castilla- Dionisio Ridniejo, quién por entonces era incansable en la propaganda verbal». Agirstin Amar, preso en la cárcel de Vitoria, fue libertado por la Falange alavesa, mandada por su jefe provincial Ramón Castaños, el día del Alzamiento. Su compañero de prisión, Sancho Dávila -al parecer por gestión propia- había sido trasladado la víspera a Madrid. ((Aznar r e f i e r e un witoriano falangista que intervino en los hechos nos dijo que era jefe nacional de la Primera Línea. Quiso que se organizara rápidamente una expedición para ir a Somosierra. Salimos con él, en camiones. E n Aranda ,de Duero, Aznar decidió separarse de nosotros y volvió hacia el norte. Seguimos a la línea de fuego. »Por lo que supe a mi regreso, Agustín Aznar, el mes de agosto, había formado una suerte de centuria con gentes de la ribera de Navarra y no tenia paradero fijo)). Agustín Aznar refiere: ((Mientras estuve en la prisión de Vitoria, me preocupé de vitalizar a aquella Falange, transmitiendo órdenes y consignas que favorecieran la moral de los camaradas. Me visitó en la cárcel Manuel Hedilla. Sentía yo la aguda intuición de que debía actuar en Madrid. Fue preparado

un plan para mi evasión. Si hubiera conseguido la libertad, habría ido a Madrid, con el fin de dar un golpe de mano que libertase a nuestros presos de la cárcel Modelo. Si en Madrid fracasaba el Alzamiento, habríamos resistido hasta que llegaran a la capital las columnas que debían de avanzar desde el norte. »Al salir de la cárcel vitoriana acudí a Villarreal, donde había lucha, luego, inmediatamente, a la ribera del Ebro, torné a Vitoria y me desplacé a Somosierra. »En el período comprendido entre el 18 de julio y el 2 de septiembre, asumí funciones de autoridad, lo que también hizo Manuel Hedilla. Firmamos órdenes, nombramientos, etc., en nombre de la Junta Política, porque era perfectamente legal, además de necesario, y respondía a decisiones e instrucciones de José Antonio y de su hermano Fernando)).

LA FALANGE EN VALLADOLID Y EN ANDALUCÍA En la biografía de Manuel Hedilla y en la historia política del primer año de guerra son factores interesantes Valladolid y Andalucía. En rigor, debemos puntualizar: los mandos de Valladolid y los de Andalucía. Las decenas de millares de combatientes, lo mismo que el incalculable número de los miembros de la Segunda Línea, jamás intervinieron en la gestión y orientación política de los mandos. Aquellos falangistas luchaban, trabajaban, morían, silenciosamente, por sus ideales. En Valladolid, la escisión jonsista de primeros del año 1935 resultó liviana, cuantitativa y cualitativamente. Quedó cierto sedimento en alguna parte de la organización. Se manifestaba en la preferencia de algunos por llamarse jonsistas o nacional-sindicalistas antes que falangistas. Era un matiz, perceptible también, según hemos señalado, en Cataluña. Durante el año 1935, Onésimo Redondo era jefe provincial de Valladolid. Ya en 1936, tuvo jerarquía de jefe territorial. «Hay un oficio de José Antonio, que yo he visto, dice u n falan-

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* Testimonio de Efisio Altí.

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gista vallisoletano nombrándole jefe territorial. No puedo asegurar sobre qué provincias tenía jurisdicción)). Por obra de esa jerarquía territorial Onésimo designó jefe provincial a Teodoro Jiménez Cendón, y jefe local de Valladolid a Gerardo Perdiguero. Hasta fines de 1935, la jefatura de la Primera Línea estuvo desempeñada por Mariano Graciet. A partir del 24 de noviembre de 1935, esa jefatura pasó a Anselmo de la Iglesia Somavilla. La Primera Línea vallisoletana, con un adversario frentepopulista fuerte -había una organización socialista numerosa- y con la autoridad civil enfeudada domésticamente a los partidos de extrema izquierda, tenía que ser resuelta y apasionada. En ella figuraban estudiantes, trabajadores, falangistas, algunos profesionales liberales que acababan de .terminar sus carreras, funcionarios, como José Antonio Girón de Velasco, empleado en la Diputación Provincial. El gobernador civil, don Luis Lavin, por cierto santanderino, dio sucesivas vueltas al torniquete de la represión. En los falangistas de Valladolid saciaba sus rencores apacentados en Santander, donde él y sus afines habían aguantado el desarrollo firme de la Falange. Hizo detener a Onésimo Redondo y a otros. Poco después ingresó en la cárcel el jefe provincial, Teodoro Jiménez, y el mando exterior asó a Pedro Rivas, quien asimismo fue detenido. Le reemplazó Elías Iglesias Gómez. El día 25 de junio, Onésimo y dieciocho camaradas, de éstos Luis González Vicén, fueron trasladados a la cárcel de Aviia. E n ese interregno de febrero a julio, el mando nacional encomendó a varios falangistas que acudiesen a Valladolid para coadyuvar a la acción clandestina y evitar los peligros de la'dislocación. Hedilla, según hemos señalado, estuvo dos o tres veces con misiones concretas. Otros, Narciso Perales Miró ... trabajaron en distintas misiones. La Primera Línea vallisoletana había preparado un plan para la fuga de los presos en Ávila: no llegó a ser realizado

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porque en la mañana del domingo 19 de julio se autoliberaron y, tras oír misa en la catedral abulense, marcharon a Valladolid. Automáticamente, los mandos fueran ocupados por quienes los desempeñaban antes del Alzamiento. El esfuerzo de guerra de la Falange vallisoletana precedió al 18 de julio en veinticuatro horas. La Primera Línea hizo una concentración estratégica en Valladolid durante la noche del día 17. Su resolución impidió que los guardias de seguridad y de asalto salieran para Madrid, adonde los llamaba el gobierno. Pues esa fuerza pública había sido profundamente trabajada, a fines revolucionarios, por los falangistas. . El esfuerzo lo dirigió Anselmo de la Iglesia, a quién incumbía tomar y pacificar la provincia y las limítrofes. El 20 de julio recibió tres balazos en el brazo derecho. Al cabo de cinco horas volvió a la tarea. Lo mismo que Burgos atendió, inmediatamente, al paso de Somosierra, a Valladolid le correspondió cubrir el Alto del León. Las columnas que debían converger sobre Madrid tardaron, por el fracaso del Alzamiento en Vasconia, Santander y Asturias, en dirigirse hacia la capital. Por el sur, la situación era penosísima para las armas nacionales. El jefe de la Primera Línea vallisol~anarefiere: «El día 21 de julio se formó una centuria, que mandamos al cuartel de San Quintín, para vestirse uniformes de soldados, e ir mezclados con la tropa, al Alto del León. La jefatura de la centuria la asumió José Antonio Girón de Velasco, hasta el día 30 de julio. En agosto, el mismo Girón mandó dos centurias en Puerto Ventana (León). Y en septiembre de 1936, la fuerza de ValladoIid que se preparaba en Sevilla para la liberación de José Antonio)) Al día siguiente - d e madrugada- salieron otras dos centurias de la Academia de Caballería a cargo de Mariano Graciet, ex jefe de la Primera Línea, al que asistía Luis Gonwílez Vicén. El mando militar lo ejerció el capitán Martín Duque. Onésimo Redondo murió -24 de julio- en una embos-

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* Testimonio de Narciso Garcia Shnchez. ** Palma de Plata.

* Testimonio de Anselmo de la Iglesia Somavilla. En Sevilla fueron concentrados cincuenta hombres, de diversas provincias. Valladolid aportó algunos, 10s cuaIes estaban a las órdenes inmediatas de Girón.

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cada, cuando se dirigía a visitar a sus camaradas del Alto del León. Ocurrió en el pueblo de Labajos, y cQn el jefe territorial sucumbió Agustín Sastre. Iba Onésimo adonde le reclamaba su deber de jefe. Su pérdida afectó a toda la Falange. Y para los vallisoletanos resultaba dramática. Estos hombres se consultaron entre ellos, ejerciendo el federalismo a que hemos aludido. Acordaron que la sucesión en el mando territorial recayese en Andrés Redondo Ortega, hermano del jefe muerto. Lo consideraron necesario y oportuno: los mismos apellidos del caído, preparación intelectual y laboriosidad experimentadas en sus trabajos profesionales de alto empleado en u n banco de ámbito nacional. Profesaba en la pura castellanía, como su hermano, y al igual que éste, lo hacia sin retórica, pensando en el hombre del campo y en los problemas agrarios de Castilla. En la proclamación de Andrés Redondo, hecha en el cuartel de la Falange, estuvieron presentes tres hombres: el jefe provincial, Teodoro Jiménez Cendón, el jefe de la Primera Línea, Anselmo de la Iglesia y el jefe local, Gerardo Perdiguera. El nombramiento alcanzó la ratificación implícita de los militantes. Podía oponérsele la objeción de que el mando falangista no se transmitía normalmente en la esfera familiar. Y que la Falange no era una organización patrimoaial. Más ya hemos señalado que los vallisoletanos, como sucedía en otras provincias, tenían autonomía deparada por la coyuntura. En el Alto del León la situación era, día tras día, extremadamente crítica. Tres combatientes -Alberto Valverde, Francisco Chomón y Francisco Gómez S a b u g e se desplazaron a Valladolid, pidiendo que fuese allá Anselmo de la Iglesia, para reagrupar y disciplinar a las fuerzas existentes y llevar refuerzos. El enemigo atacaba con enorme dureza: la situación lindaba con el caos. De la Iglesia marchó rápidamente; era el 26 de julio. Pacificadas la provincia de Valladolid y las limítrofes, Anselmo de la Iglesia fue el jefe de frente de la Milicia f alangista. El Alto del León resultó un lugar trágico para los falangistas. Las bajas eran muy considerables. A mediados de agosto, Andrés Redondo nombró jefe terri-

torial de Milicias al comandante de Caballena Gonzalo O t z ri, quien se hallaba en el Alto del León. La muerte hizo que Ortiz sólo estuviera en el cargo quince días. El 30 de agosto, en una sangrienta operación sobre Cuevacaliente, fue herido de muerte. A la vez, el jefe de frente, Anselmo de la Iglesia, sufrió, al mando de una centuria, gravísima herida en una pierna. Entonces asumió la jefatura territorial de milicias el capitán de Caballería Navarro Morenés, quien seguía ocupándola el mes de abril de 1937. Redondo organizó la jefatura política designando para la secretaría a José María Gutiérrez del Castillo. A titulo de secretario particular, incorporó al abogado del estado, don Manuel Martínez de Tena, quien carecía de antecedentes falangistas. Estaba emparentado con personas pertenecientes al cabildo archiepiscopal. La guerra hiza que Salamanca, Zamora, León, Avila y Segovia estuvieran en la órbita de la jefatura territorial de Valladolid durante los primeros meses. En Segovia, Dionisio Ridruejo, aunque nacido en tierra soriana, era un vallisoletano más. y fortaleció la dependencia de aquella organización respecto de Valladolid. Ricardo Nieto Serrano, jefe provincial de Zamora, mantuvo su adscripción al mando de Andrés Redondo, y él fue quien propuso el relevo del jefe provincial de León, el doctor Marqués, y el nombramiento de otro médico, Fernando González Vélez, aceptado por la jefatura territorial. El caso de Salamanca es interesante. El jefe provincial y consejero nacional, Francisco Bravo Martínez, demostró tener escasa audiencia entre los falangistas vallisoletanos. «El Alzamienta me cogió en la cárcel salmantina, donde estuve algún tiempo, y salí el 20 de julio. Al sobrevenir mi prisión había yo designado subjefe provincial a Ramón Laporta. »A los pocos días el jefe territorial Andrés Redondo ordenó que me marchase al frente, y quedó Laporta de jefe provincial. »Fui a San Rafael, donde estuve algún tiempo, durmiendo, por cierto, en un chalet vecino al que allí tenía Alejandro Lerroux.

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»Me sometí a la orden de Redondo para evitar choques)) Joaquin Miranda, jefe provincial de Sevilla, en funciones de territorial desde la ausencia de Sancho Dávila, estaba con otros falangistas en la cárcel al estallar el Movimiento. «El torero Pepe el Algabeño había sido nombrado ayudante civil del general Queipo de Llano. A las dos de la madrugada del 19 de julio fui a visitarle, haciéndole ver el peligro que corrían los presos. Estaba desarrollándose la lucha en las calles de Sevilla, y la cárcel podía ser asaltada o incendiada. Recuerdo que el general estaba en su despacho, paseándose ante el grupo de las autoridades depuestas y detenidas: alcalde, presidente de la Diputación, etc. »No puso inconveniente a la firma del oficio ordenando la libertad. Fuimos a la cárcel varios falangistas, en un camión descubierto -por cierto nos tirotearon varias veces- y un coche blindado de Asalto. Miranda acudió inmediatamente a la Capitanía General. Queipo de Llano le ofreció en el acto la alcaldía de Sevilla. La respuesta de Miranda fue espléndida: la Falange estaba sin mando en Sevilla y aún en otras provincias andaluzas. Su deber capital era trabajar para reorganizrla y que fuese fecunda)) Sobreponiéndose al aislamiento, también a la falta de conocimiento directo de las tesis de José Antgnio, ignorando ciertos rasgos del estilo falangista, a tientas muchas veces, Joaquín Miranda hizo cuanto estaba al alcance de sus medios intelectuale* y temperamentales. Objetivamente, consiguió, en cuanto al esfuerzo de guerra, bastante más de b que podía esperarse de la coyuntura. Dávila no habia conseguido que la Falange trascendiera más allá de los arrabales campesinos sevillanos. Actuó sobre Miranda un, complejo que era humano, en Sevilla, y en un hombre que habia tenido qrofesión para la que se necesita valor, pero que tenía nula consideración social si no intervenía el éxito: la de torero. Fue banderillero, lo cual ya le imposibilitaba para sobresalir de tal modo que la Andalucía

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* Testimonio de Francisco Bravo Martínez. ** Testimonio de Marcelino Pardo Maestre.

puinteriana le considerase socialmente. Creyó que el mando de la Falange exigía unas dotes ateneisticas, de juegos florales de viejo juego político, de categoría social, que é l no poseía. En verdad, se consideraba el banderillero y peón eficaz que llevaba lo más penoso de la brega, sirviendo con abnegaciófi al matador. La honradez personal de Miranda es indudable y resplandeciente. Mas el complejo... A éste se añadía el haber pertenecido a un partido republicano, siquiera fuese el de don Miguel Maura; para los contertulios del «Bar Sportn de la calle de Tetuán, adonde acudía Sancho Dávila, un republicano era un ser execrable. Ponderando las que el creía sus carencias y lo que estimaba sus necesidades, se rodeó de un grupo de asesores en el que no había ningún falangista que hubiera dado pruebas categóricas de su condición. Entre ellw figuraban dos militares, don José Cuesta Monereo, del Estado Mayor de Queipo de Llano, y don Modesto Aguilera Morente, del arma de Aviación. Así aseguró las relaciones con el general que mandaba en Andalucía. Los restantes asesores fueron don Joaquín Benjumea Burín, futuro ministro de Hacienda y presidente del Banco de España; don Manuel Mergelina Laraña, sobrino del jefe populista de Sevilla: don Joaquin Romero Murube, conservador del Alcázar de SeviD en el curso de la República, poeta; don Manuel Díez Crespo, a sscritor, y don José María del Rey Caballero, abogado. i Q ~ ancha vía abrió Joaquín Miranda a los extraños! Tan é gande, que después de haberse constituido ese grupo de asewres, un joven de orígenes modestos, que había hecho sus estudios con honrosa dificultad económica y presidía a los estudiantes católiccs, decidió incorporarse a la Falange. Había podido visitar Alemania y manifestaba entusiasmo por el nazismo político, aunque formulaba reparos al panteismo germánico. El joven se llamaba Pedro Garnero del Castillo. Su primer apellido -joh la popularidad de la fiesta brava en España!hizo que se le atribuyera muy directo parentes. con la familia ae ricos ganaderos y terratenientes que habían hecho correr bus toros con la divisa y la marca Gamero Cívico. Esto sucedió en la distante España nacional de Andalucía.

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Gamero del Castillo acudió a la casa de la Falange, para inscribirse en la Primera Línea. Por «una providencial casual i d a d ~ enteró Joaquín Miranda de la presencia del joven, le se llamó y le puso a sus órdenes directas. El señor Gamero del Castillo no debía ir al frente. Y súbitamente apareció un gmpo que vestía la camisa azul y consideró a Pedro Gamero del Castillo futuro líder. Lo wmtituían los famosos hermanos Luis, Francisco y Antonio Ortiz Muñoz, Manuel Halcón, Carlos Olleros, Manuel de Mergelina y Laraña, Andrés García Perelló, José María Martínez Sánchez Arjona, Pedro BeUón, Carlos Bendito y José María del Rey Caballero. La suerte de Sancho Dávila -ya refugiado en la embajada de Cuba, por ser su madre nacida en la isla- era muy incierta. Así era el planteamiento político de la Falange andaluza. No estorbaron todas esas peripecias y tantos avatares el esfuerzo falangista por la guerra. Pero Andalucía, en manos de un jefe territorial decidido y capaz, habría dado mucho más de sí. Y se habrían evitado importantes ocurrencias, que tienen lugar adecuado en otras páginas sucesivas de nuestro libro. Prácticamente, Miranda -claro es que con sus asesores y los adjuntos de éstos- ejerció suprema autoridad falangista en la Andalucía nacional. Tuvo en Córdoba a un jefe provincial sevillano, Fernando Fernández, sucesor del militar Rogelio Vignote; en Huelva, a Rafael Garzón, al que destituyó antes del invierno de 1936; en Granada a Robles, y en Cádiz y Jerez a Luis María Pardo Maestre y a Bernal. Los convirtió en meros enlaces suyos. Y él, a su vez, era un enlace con la Falange del general Queipo de Llano y mandatario de los gmpos que le asesoraban. ¿Joaquín Miranda enlace de la Falange w n Queipo de Llano? La probidad historiográfica impone aludir al que llamaremos ((centralismo)) absorbente del ex jefe de la casa militar de Alcalá Zamora; a su mentalidad de virrey estimulada cautamente por sectores podemos -por el dinero y por la perte; nencia a clanes político burgueses- de Andalucía. Había mu-

cho en Queipo de Llano de militar decimonónico, inquieto, descontento: en la línea de los Espartero, O'Donell, Narváez, Prim, Pavía Fue a la guerra de España con estilo de pronunciado, que conservó hasta que le relevaron del mando sobre e1 territono. Y después se convirtió en un frondeur impenitente. Después de formado a principios de 1938 el primer gobierno oficial aún seguía Queipo con su omnipotencia en territorio andaluz. El político que más le combatió durante un año, Serrano Suñer, ha escrito en su libro ya citado -página 66-: u...Y aún quedaba el hecho casi virreinal de Queipo en Andalucía: que sólo lentamente fue cediendo al gobierno las cuestiones de su competencia)). Al Queipo, pronto impregnado de andalucismo quinteriano, no le gustaba la Falange. Ésta disgustaba a quienes habían censurado al populista Jiménez Fernández, por sus conatos de reforma social en el campo: el programa agrario del falangismo les parecía propio del partido comunista. El capitán general y jefe del Ejército de Andalucía respiraba politicamente en el ambiente ultraconservador, o reaccionario, de ese país. La organización sindicalista de España y la reforma agraria.postuladas por la Falange arracimaron poderosos núcleos de enemigos. Es improbable que al general le moviese un sentimiento de rencor por el incidente que él provocó con sus demasías verbales, el año 1930; un choque con José Antonio Primo de Rivera, originó la baja de éste como alférez de complemento. Creemos que don Gonzalo Queipo de Llano, por su carácter castrense, tenía que estimar y aún admirar a los voluntarios movidos por la fe falangista. ;,Qué habría sido de Andalucía, durante largos meses, si no hubiera dispuesto de ese voluntariado? Pero es probable que le hubiese complacido más convertirle, desde el primer día, en meras unidades militares. Pues, superando las torpezas políticas y los errores instmmentales, la Primera Línea fue brava y tenaz en Andalucía. y en la retaguardia, los que no se dedicaban a bajos menesteres de la conspiración y de la intriga desleales trabajaron con fnito: constituían la mayoría. Todos los falangistas andaluces since-

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ros vieron en el porvenir una España redimida del hambre, del señoritismo, de la explotación feudal y del latifundio. De la explotación y de la vida feudales. Joaquín Miranda no comprendió --o no se decidió a comprenderlque el general Queipo de Llano era un fenómeno local y que nunca podría alcanzar un mando supremo. Este hecho era perceptible, irrevocable, y no lo habría modificado la misma muerte del general Franco. Tras la desaparición del Generaiísimo hubiera surgido, naturalmente, otro soldado: nunca Queipo de Llano. La mentalidad política del Ejército nacional, en el generalato, en los m4dos, en la oficialidad, en el voluntariado, era harto distinta a la del capitán general de Andalucía. Estaba desfasado. Los historiadores que están trabajando en nuestros días -tanto los españoles como los extranjeros- sin haber sido actores ni testigos del levantamiento y guerra de España, encontrarán insuperables dificultades para dilucidar esa imposibilidad de Queipo para alcanzar el máximo poder. El proceso general puede ser descrito y analizado, e incluso es posible desvelar secretos y misterios por medio de documentos inéditos y testimonios. El estado de espíritu, la tensión política, las incompatibilidades y las afinidades, las ambiciones y la abnegación, todo lo que constituye el climax hispano entre 1935 y 1939, escapa a la más aguda penetración investigadora e historiográfica. Está al alcance de cualquiera evaluar el número de españoles fusilados sin formación de causa en la retaguardia de la zona nacional, y emparentarlo con el de los caídos, de la misma forma, en la zona roja. Tampoco es difícil concretar las bajas sufridas por los ejércitos en pugna. He ahí el tipo de novedades que brindan numerosos autores que recientemente han tratado el drama español. Suelen completarlas con lances y anécdotas referidas a la general burla de la No-Intervención, hecha de un lado por los nacionales, Alemania e Italia, y del otro por los rojos, la U.R.S.S., Méjico y alguna nación más. Y se añade, lo cual es cierto, que los alemanes y los italianos vieron a España como presa colonial, de la misma manera que la consideraban los rusos y los franceses. Estas supuestas novedades históricas,

tales hechos, subyacen en la memoria de todos los españoles, de cualquier zona geográfica y de cualquier coloración política, desde que acaecieron. Tornando a Joaquín Miranda, en sus relaciones -un tanto subordinadas- con Queipo de Llano, la falta de realismo político del jefe falangista, su complejo social y la probable escasez de sus medios intelectuales, le indujeron a acatar al general más allá de lo que debía. Confundió la trascendencia con la anécdota. Que los latifundistas, los ganaderos, los aristócratas, los burgueses, colocaran en sus círculos, en sus casas, en sus solapas, el retrato del general, le escuchasen fingiendo que le creían un oráculo, que le diesen escolta y cortejo, vítores y ovaciones, constituía una peripecia en la lucha política, importante sin duda. Pero neutralizada o compensada, por el voluntariado falangista de los frentes -jah, los difíciles, peligrosos frentes andaluces!- y por las tareas múltiples de la retaguardia. A partir de las primeras semanas del Alzamiento acudieron a Sevilla -rasgo significativgentes huidas fácilmente del levante español: burgueses cuya única esperanza de rescatar sus bienes y sus negocios consistía en lo que pudiera acometer y conseguir el Ejército nacional. En vez de entrar en Canfranc por la frontera navarra -y desde la primera quincena de septiembre por Irún-, preferían la entrada por Sevilla. Muchos de ellos eran expertos caciques políticos en sus regiones natales, militantes en una escala que iba desde la Lliga hasta el nacionalismo de la derecha; nacionalismo, claro es, de tipo levantino exclusivamente. En modo alguno eran nacionalistas españoles. Todos, sin exclusión, deseaban ardientemente, por aquella razón de intereses, la victoda del Ejército nacional español. La ayudaron mientras se ayudaban a sí mismos, no sólo ante el porvenir sino en el presente. De esos refugiados salieron combatientes de la vanguardia que vertieron sangre, lo cual es el destino común de todos los soldados. Miles de castellanos, de andaluces, de aragoneses, de extremeños, de gallegos, de vascos, de navarros, se inmolaron por la Patria, mientras avanzaban por las tierras levantinas. Otros levantinos -acaso los menos en número, los mejores

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por el espíritu- entraron por las fronteras que estaban más a su alcance y silenciosamente dieron su vida en los Gentes más alejados de la tierra natal. Al defender una trinchera de un país brumm, defendían la totalidad española y aceleraban el instante de la liberación absoluta de la patria. Eran los jóvenes que habían luchado ya, ejecutiva o intelectualmente, contra las gentes que «entrabani>por los puertos de Cádiz, Algeciras, Sevilla o Gibraltar. Estas últimas fueron corrosivas contra la Falange. Sabían que el nacimiento de las JONS y del Movimiento fundado por José Antonio era correlativo al hecho del autonomismo y de la existencia y desarrollo de partidos situados a la izquierda -secesionista- de aquél. Los levantinos constituyeron un fermento más, en la gran caldera andaluza. En la Falange, tanto la de Andalucía como la de aquella amplia zona norte que conglomeraba a varias regiones, hubo voces de alerta, síntomas de preocupación. Mucho más agudos en el norte. Pero se creyó en la contrición, gracias a la teatralidad gesticulante y verbal de los que se incorporaban a la Españal nacional, porque no tenían otros lugares adonde ir. En realidad, quienes creían en esa contrición, ignoraban la historia política y social de España: la inmensa mayoría de los españoles incidía en esa ignorancia. EXTREMADURA Y ARAGON HASTA EL 2 DE SEPTIEMBRE Reaparecido José Luna Meléndez, tras las peripecias que hemos referido en capítulo anterior, en la jefatura provincial de Cáceres, confinó, ocurrido el Alzamiento, en el territorio extremeño, sin voluntad de comunicar con los jefes de otras provincias. Otro tanto hizo el jefe provincial de Badajoz, Arcadio Carrasco. Ninguno de los dos participó en las reuniones y cambios de impresiones que precedieron a la Junta de Mando provisional. Luna, prácticamente, se consideraba jefe territorial de Extremadura. Hacía meses que ciertos hechos eliminaron al

que pudo haber sido su competidor, dentro de la Falange, en el poder hegemónico sobre su temtorio: Eduardo Ezquer. Éste se desvió de la disc'iplina, al participar con políticos de la extrema derecha en las elecciones del 1 6 de febrero, y fue excluido la organización. Luna y Carrasco fueron cantonalistas a ultranza, y costó algún esfuerzo obligarles a que acataran el poder falangista constituido. La indole de su resistencia era pasiva, oblicua. El hecho de que en Extremadura existiese una línea de frente - d u r a n t e todos los años que duró la guerra- lo manejaban para excusarse del incumplimiento de órdenes emanadas de la Junta.Faltaba comunicación entre las jefaturas extremeñas y el Mando nacional. Más adelante, especificaremos distintos incumplimientos, alguno grave, de las decisiones del poder falaneista. " Las características de Extremadura, y el hecho de que importantes zonas de ella estuviesen en poder de la República Popular, limitaron las posibilidades de la Primera Línea o Milicia combatiente. Sin embargo, hubo falangistas valerosos y, en proporción a la demografía y condición social de las multitudes, en bastante número. Políticamente, la Falange no se desarrolló -antes y después del 18 de julio- con el estilo propio. Ya hemos señalado el caso de Ezquer, hombre arrojado en momen'tos de lucha, y sin embargo, -con educación Glítica entonces poco madura. Los mandos extremeños nunca hicieron por sí mismos una propaganda entre los campesinas con el acento radical que José Antonio había señalado. Quizá temieron encolerizar a las masas derechistas, reaccionarias. La Falange, ante los campesinos pobres y los obreros de Extremadura apareció con un rostro y unos designios que no eran los suyos. ~ a n t o ~áceres en como en -~adajoz, relaciones de los las jefes provineiales con la autoridad constituida eran asiduas y estrechas, y con claro sometimiento por parte de la Falaqge. Ciertas discusiones y polémicas de José Luna con autoridades civiles ocurrieron mucho des~ués del 1 9 de abril de 1937., v concernían a cuestiones de derecho civil, no políticas.

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En relación w n el esfuerzo de guerra, tuvo que ser Manuel Hedilla quien acudiese por indicación de Franco y al trance nos referimos en capítulo sucesivo- a Extremadura, para concertar las bases de una formación militar. Las tres provincias de Aragón fueron cuatro, por voluntad de José Antonio, a la que nos hemos referido incidentalmente. El jefe provincial de Zaragoza era el doctor Jesús Muro Sevilla, quien había pertenecido a la «Unión Patriótica)). Al fundarse la Falange, tenía Muro treinta y seis años. En la Zaragoza confederal y republicana, no era fácil arraigar el falangismo. Al jefe provincial le tentó -lo cual demostraba la evolución de su criterio político desde los días de la Dictadura- la propaganda entre los medios anarco-sindicalistas. En 1936 la cosecha no era, todavía, óptima, pero en la Falange zaragozana figuraban obreros que habían pertenecido a la Confederación Nacional del Trabajo. Muro tenía tanta confianza en ellos, que su escolta --empezada la guerra- estuvo constituida por ex confederados. Las jefaturas provinciales de Teruel y de Huesca las desempeñaban Manuel Pamplona Blasco y Daniel Francoy. Era más viva la de Teruel, ciudad y provincia republicanizadas, también con un sedimento anarco-sindicalista. Ésta era la tónica política de Aragón; republicanismo y anarco-sindicalismo, extendido aquél a las clases burguesas. Los focos republicanos aragoneses databan de larga fecha. José Antonio instituyó la jefatura provincial del Bajo Aragón, con cabecera en Alcañiz. Nombró para asumirla -y le hizo consejero nacional- a l doctor Miguel Merino Ezquem. Entre Alcañiz y Teruel existía aproximadamente la misma pugna que hay entre Oviedo y Gijón, Pontevedra y Vigo, Tarragona, Reus y Tortosa. En la hora del Alzamiento, Merino se encontró sin territorio, lo mismo que Manuel Pamplona, en Teruel, veía el suyo muy reducido, lo cual acontecía también en las provincias de Zaragoza y de Huesca. Miguel Merino no se encontraba a gusto sometido a la jefatura territorial ejercida por Jesús Muro. Era buen fdangista en la concepción política y social, pero le dominaba cierto envanecimiento contrario a la disciplina. Hubo millares de fa-

langistas que sirvieron a la línea de la organización, a conciencia de que los mandos no eran idóneos. Digamos, para puntualizar, que Jesús Muro no cometió deliberadamente ningún error ni transgresión ideológica alguna. Súbitamente se encontró con unos problemas enormes, derivados del avance de las columnas catalanas sobre la tierra aragonesa, la indefensión de Zaragoza, de Huesca y Teruel, y con unas masas enemigas dentro de las capitales, de las villas y de los pueblo:. En las primeras semanas, quintuplicó, por lo menos, el número de combatientes de la Falange, y los puso a las órdenes de la autoridad militar. Miguel Merino, su antagonista, habría actuado en la misma dirección. Pero, alejado del mando, en vez de ponerse a las órdenes del jefe territorial, y de colaborar con él, cumpliendo una misión asesora y consultiva para la que tenía aptitudes, se dedicó a cultivar lo que puede llamarse la ((enfermedad infantil del falangismon: el radicalismo, que pretendía hacer la revolución inmediatamente, antes de consolidar el territorio ganado el 18 de julio. También fue Jesús Muro un cantonalista, hasta que se le requirió para que asumiera sus responsabilidades exactas el 2 de septiembre de 1936. Durante largas semanas obedeció solamente a su iniciativa, sin tener contactos directos con sus camaradas de otras provincias. Señalamos la importancia de esa falta de correlación. Consentía a los mandos una interpretación discrecional de las tesis y de las wnsignas -tan rigurosas, tan cart e s i a n a s de José Antonio. Éste había imaginado, por el contrario, que la línea se mantuviera inalterable: podía romperse, sin duda, pero no debía ser modificada. Esto es lo que se procuró hacer antes del 2 de septiembre en Galicia, en Burgos y su esfera de a c c h interprovincial y en Valladolid, en su ámbito temtorid.

HACIA LA UNIDAD DE MANDO
El mes de agosto de 1936 representa el máximo esfuerzo de la Falange por establecer la unidad de mando que debería garantizar su continuidad. El Requeté, a pesar del fallecimiento de don Alfonso Carlos -29 de wtiembxe de 1 9 3 G . tenía resuelto el problema por el nomb-ento de Regente de don Javier de Borbón. Parma y el previo de don Manuel Fal Conde, como jefe delegado nacional. El espíritu juntero, federalista, de las primeras semanas mostró en ciertas provincias que había falangistas con un sentido realista y táctico del deber político. El caso de la zona del Protectorado español en Marruecos tiene indudable expresividad. Un industkal de la construcción -valenciano, C& más de cuarenta a ñ o s - fue designado por José Antonio jefe de la Falange de Melilla, con autoridad sobre la comarca melillense. Era Ramón Cazaíías Palanca. Éste se encontró literalmente sorprendido antes del 18 de julio por las incorporaciones de oficiales y jefes del Ejército. Tenientes coroneles, de notoria influencia sobre las guarniciones como Juan Yagüe Blanco y Darío Gazapo Moreno, se convertían, disciplinariamente, y en cuanto miembros de la Falange, en naturales subordinados de Cazaiias

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Yagüe era muy estricto. En todos sus encuentros con Manuel Hedilla, levantaba el braza y pronunciaba la frase debida a la jerarquía; -iA tus órdenes!

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Autoridad de uno y subordinación de los otros, de tipo convencional, sin duda, pero simbólica. Al estallar en el Llano Amarillo, el 17 de julio, el alzamiento acaudillado por Yagüe, el jefe falangista de Melilla se erigió en jefe territorial en el Protectorado. El mismo lo declara en 1963. UNOSestablecimos por nuestra cuenta. No teníamos d jefe...)) La decisión de Ramón Cazañas le permitió formar unas centurias de Primera Línea que con el titulo Bandera de Marruecos acudieron a la penín'sula y pelearon con bravura en los frentes más duros. Del mismo modo, gracias a la movilización de la Segunda Línea, descargó al ejército de sus deberes múltiples dentro del Protectorado. Los falangistas tuvieron funciones de policía, vigilancia, aduanas, comunicaciones... Cuando Ramón Cazañas asumió, por su propia decisión, las funciones de jefe territorial, todavía no habían pasado el Estrecho las fuerzas enviadas desde Marruecos a Andalucía. Pero él había implantado la unidad de mando y superó con hábil decisión un momento crítico. La primera reunión colectiva y deliberante -anterior a la llegada de Manuel Hedilla a Burgos, procedente de Galiciase celebró -en Valladolid el 1 de agosto de 1936. En una nota lacónica, publicada por los diarios vallicoletanos, se decía: «En la tarde del sábado 1 de agosto se han reunido, para la celebración de la Junta política en el Cuartel general de Falange Española de las JONS, Agustín Aznar, jefe nacional de milicias y miembro de la Junta Política; José Sainz, jefe territorial de las provincias de Cuenca, Toledo y Ciudad Real; Andrés Redondo Ortega, jefe territorial con mando en las provincias de Valladolid, Avila, León, Palencia, Salamanca, Segovia y Zamora, y representantes de Santander y Burgos. »Después de tener un cambio de impresiones con respecto a la decisiva colaboración de Falange Española en el Movimiento Nacional, se ocuparon de coordinar y unificar la actuación de las Milicias pertenecientes a Navarra, Rioja, Aragón, Castilla la Vieja, León, Extremadura y Castilla la Nueva, haciendo los correspondientes nombramientos de mandos. '

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»Dedicaron p r e f e r e n ~ atención al estudio de la posición poiítica que Falange adoptará en el futuro, procediéndose a la formación de Comités políticos que se desenvolverán en los territorios anteriormente citadosB. La reunión, de la que no se conserva acta -según testimonio de Aznar y de Redondo no fue siquiera redactada-, era un primer intento para llegar a la coherencia. En la nota no se alude a Galicia: Hedilla la había organizado, y los representantes de Santander aludidos eran e&arios del propio Hedilla. Hubo ausencias importantes: las de Jesús Muro, jefe de Zaragoza, y José Moreno, de Navarra. La de Joaquín Miranda estaba justificada por razones geográficas: el sur permanecía separado de Casüla. Faltaron, asimismo, y sin duda no fueron convocados, otros jefes provinciales, que a la par eran miembros del Consejo Nacional. Con todo, la reunión del 1 de agosto tiene valor históP rico, pues señalaba el anhelo de la continuidad a través de' la unidad de mando. En ella empéeó a marcarse la figura dc Andrés Redondo quien era, de todos los reunidos, el único que ejercía mando positivo sobre un extenso territorio. José Sainz carecía de éste lo mismo que Agustín Amar, a quien, sin embargo, le confería fuerza su estrecha relación con José Antonio, v el hecho de haber asumido el mando de la Milicia de Madrid en los días de la encarnizada persecución. La incorporación de Manuel Hedilla a tierras castellanas abrió, a los e s días, una fase progresiva. En el capítulo anterior, un testimonio de Agustín b a r señala que él y Hedilla asumieron autoridad de hecho, impuesta por las necesidades de la guerra y de la política. No les fue discutida y a ella asintió José Sainz, único miembro de la Junta Política en la zona nacional. Así confirmaron ambos la designación provisional del jefe temtorial de Galicia. El documento original decía: ~Falange Española de "las JONS. Como miembros de la Junta Política, y con arreglo a las facultades que nos conceden los estatutos: Disponemos que el camarada Mano Gonzála Zaera, se haga cargo de la Jefatura territorial de Galicia. rY para que sea respetado y obedecido, lo firmamos en BurA

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y seis. Por la Junta Política: Manuel Hedilla, Aguatin Aznar. iArriba España! n Hay un sello que dice: ((F.E. J.O.N.S. Jefatura Provincial. - BurgosL Con la misma fecha, fueron cursadas las siguientes instrucciones al jefe territorial: <Para el jefe de Orense: Si el capitán que manda actualmente las Milicias de esa provincia es simpatizante con Falange EsP&ola, puede seguir en dicho cargo. El jefe provincial llevará la parte política y controlará las milicias, pero dejando cierta libertad de acción al capitán jefe, si es, como digo anteriormente, simpatizante con nuestra organización; siendo así se le darán todas las facilidades necesarias. «Para el jefe de la Coniña: La Junta Política ha visto con gran disgusto la formación de la Bandera Legionxria, con el apoyo que la Jefatura de esa provincia ha prestado a la formación de esa Bandera, lo cual indica que no tienen ni idea- de lo que es Falange, y lo mismo digo del jefe de Orense. Por lo tanto dispongo que si el jefe territorial, Mario González Zaera, cree oportuna la destitución fulminante de los dos jefes, puede hacerlo sin consideración de ninguna clase. . nAl jefe de propaganda y prensa de Orense, que se le destituya y se le imponga un correctivo, por dar la falsa noticia relacionada con nuestro jefe nacional, José Antonio Primo de R' ivera. nAl camarada Viador, que quede suspenso de mando hasta que el jefe temtorial lo estime conveniente, y se imponga un correctivo a los camaradas que le acompañaron, por salir de la provincia, sin autorización del jefe. Por la Junta Política, M. Hedillao *.
gos, a dieciocho de agosto de mil novecientos treinta

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En el tnuuicurso de la segunda quincena de agosto, partió de Seviila la iniciativa de una ieunión de mandos falangistas. ' Faltaba mes y medio para que cesara la Junta formada en Burgoe por el ejército y fuese designado jefe del Estado el general don Francisco Franco Bahamonde. La muerte del general Sanjurjo había abierto el proceso de la sucesión; los militares concibieron el Alzamiento con una jefatura personal, capaz de vincular108y de establecer objetiva disciplina. Entre los falangistas que conocían el pensamiento de José Antonio anterior al 18 de julio, el general Franco tenía tácitos postuladores de su capitanía en el Movimiento. Se trataba de una muestra de fidelidad más al jefe nacional, a la que puede añadirse estimación por las p ~ e b a s valor personal mostradas en las campañas de de Marruecos y simpatía hacia la relativa juventud de Franco. En un plebiscito, los falangistas cuyo enrolamiento fuese anterior a 1936 habrían estimulado el voto del pueblo en pro de don Francisco Franco Bahamonde. Sugerimos esa idea del pleb i t 0 que, naturalmente, pudo hacerse por votación de segundo grado, es decir, mediante el voto de las organizaciones políticas que participaron en el Ahmiento, pues en septiembre de 1936, era incierto, dudoso, lo que debería hacerse para elegir a la cabeza del poder. El jefe del Estado fue elegido por una junta de mandos mial 19 de abril señalado, han desaparecido, o se encuentran en lugares inc6gnitos. Es posible que haya excepciones; las desconocemos. Por otra parte, al ser dictado el Decreto de unificaci~in,fueron sustraídos ciertos documentos -actas de politicas, deliberaciones- que se referían al acontecer falangista entre el 2 de septiembre de 1936 y el 19 de abril del año siguiente. En incidencias derivadas del mes de abril de 1937, otros papeles, de interés histórico, pasaron de las manos de sus legítimos propietarios a otras, de modo brusco y por razones imperativas. Documentalmente, este Testimonio y cualquier historia general de la Falange Española de las JONS que pueda acometerse, serían infinitamente más ricos a no haber mediado las indicadas circunstancias y hechos. Nosotros hemos reemplazado los que consideramos irremedii blemente perdidos -por el fuego de 1937, y por las precitadas causasl gracias a concurso de los testimonios personales de los supervivientes, y a fuentes de valía incontestable. También la muerte ha causado numerosas bajas en actores y testigos relacionados con Manuel Hedilla.

Estos y otros documentos que aparecen en esta obra, y los que sin cita expresarfueron utilizados para componerla, han subsistido por azar. Despues del decreto del 19 de abril de 1937, por el que se creaba la Falange Española Tradicionalista y de las JONS,ocurri6 un incendio en el salmantino Colegio Trilingüe, donde se hallaban las dependenciasoficinas y archivos anteriores a la fecha indicada de la nueva organización, y el fuego destmy6 papeles valiosísimos para la historia. En las jefaturas provinciales de la zona nacional, los documentos anteriores

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litares; pudo serlo por una asamblea político-militar, en la que hubieran podido ser incluidos con votos importantes la Falange, el Requeté y Renovación española. Pero en tal supues-. to, la Falange tendría que poseer coherencia, unidad de mandos, jefatura suprema. Parecía indudable que el general Mola había ganado las simpatías del Requeté. ¿A quién iría la adhesión de la Falange? Ésta abarcaba todo el temtorio de la zona nacional, mientras el Requeté tenía un ámbito más reducido, lo que no le impedía participar en todos los frentes de la guerra. Aunque no llegara a celebrarse una asamblea previa a la designación de quién encarnaría el poder, la influencia social, militar y política de la Falange, en pro de un candidato, podía ser transcendental. ¿Tuvo alguna correlación la iniciativa de Sevilla con el problema sucesorio señalado? Han fallecido quienes podrían esclarecerlo. No insistimos. El jefe temtorial ad interim de Andalucia, Joaquín Miranda, despachó a cinco miembros de la organización a Extremadura y Castilla. Debían visitar a determinados mandos e invitarles para que acudieran a Sevilla. El resultado de su viaje fue la llegada a Sevilla, el 29 de agosto, de Agustín Aznar y Andrés Redondo Se +unirían en la Universidad con los mandos andaluces. El lugar fue otro: el salón de Carlos V, del municipio sevillano. A las once de la mañana del día 30 quedaron reunidos Aznar, Redondo, Joaquín Miranda, el jefe provincial de Cádiz, Joaquín Bemal; de Huelva, Rafael Garzón; de Granada, Antonio Robles Jiménez; de Córdoba, Fernando Fernández; el delegado de la territorial del Protectorado en Mameooe y el jefe temtorial de Milicias de Andalucia. aPresidió la junta el jefe nacional de milicias, qrie comen-

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* A.B.C. de Sevilla. 29 & agosto 1936. Se& nota firmada por el jefe provincial de prensa y propaganda, Patricio González de Canales, a Aguslin Aznar le acompañaban José María Díaz Saguidor, ayudante; Guillermo Amar, jefe de centuria; Serafín Blanco, secretario, y algunos mas; con Redondo llegaron su secretario y su escolta.

& con un emocionado saludo a nuestro jefe nacional José Antonio Primo de Rivera. »Los jefes territoriales y provinciales dieron cuenta, por SU turno, de la situación militar, política y social de las demarcaciones de su mando. nSe hizo resaltar el sentido de unidad perfecta que informa todos los hechos de F. E. respecto al glorioso Ejército español. »Y quedó firme la decisión unánime de vencer en la guerra y vencer en la paz» *. La nota oficiosa era, ciertamente, confusa. Los únicos jefes provinciales presentes eran los que dependían de la territorial de Andalucía. El delegado de Marruecos asistió sin autorización del jefe territorial de la zona del protectorado **. Dichos jefes provinciales andaluces estaban en contacto diario con su superior jerárquico. Callaba la nota oficiosa el móvil verídico de la reunión suscitada por Joaquín Miranda y sus asesores. La máxima personalidad entre quienes asistieron a la reunión -Agustín Aznar- declara, en 1963: «En Sevilla, se vio la necesidad de suprimir los compartimentos estancos que hasta entonces, por diversas causas, habían existido en la organización. »Era preciso que existiese un mando con autoridad sobre toda la zona liberada, y ese fue, en resumen, el acuerdo importante tomado en Sevilla. Yo propuse que por la imposibilidad de reunir a todo el Consejo Nacional, ya que numerosos consejeros se hallaban en la zona roja, se convocara a quienes estuvieran en nuestro territorio y a todos los jefes prov&ciales, para acordar y legitimar lo que convenía.)) Había fracasado el propósito de Joaquín Miranda de constituir un triunvirato, que con él formarían Agustín Aznar y Andrés Redondo. De haberlo conseguido, Sevilla habría sido .cabeza oficial, domicilio máximo de la Falange. Nos vedamos, otra vez, cualquier conjetura sobre los hechos que se habrían deducido, históricamente, de la centralización en Sevilla de la Falange.
** Testimonio de Ramón
* F.E. 1 de septiembre de 1936.
Caznñas Palanca.

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En la reunión sevillana, la falta de los jefes provinciales de Extremadura -Luna y Carrasc-, a pesar de la visita que les hicieron los enviados de Joaquín Miranda, era significativa. Lo que no sabían, lo sospechaban y temían: la entrada forzosa en la órbita del mando andaluz. Veinticuatro horas después de la reunión, salieron para Valladolid Aznar, Redondo y Miranda. Para entonces, ya se habían cursado órdenes a tidos los conseieros nacionales.- iefes , territoriales y jefes provinciales, a fin de que se encontraran en Valladolid en la tarde del 1 de septiembre. El telegrama era tan lacónico, m e uno de los convocados. al encontrarse. en el . entierro de un falangista vallisoletano muerto en el frente, con Manuel Hedilla le preguntó: -i Qué es lo que sucede ? i Por qué he sido llamado? -Vete a la reunión que vamos a celebrar y lo sabrás El diario más importante de Castilla se refirió en los sir guientes términos a la expectación pública « iColgaduras! Valladolid ha aparecido ayer engalanado con colgaduras en número tan considerable aue no ha habido solemnidad alguna " en que de tal forma se haya demostrado el entusiasmo unánime de la ciudad. »Era el motivo el celebrarse una reunión de jefes de Falange Española de las JONS. ))Todos los balcones y ventanas, con sólo excepción de los p h deshabitados, lucieron colgaduras, en su mayor parte con los colores de la bandera española. »Abundaban las que tenían banderines y emblemas de la Falange española, y hasta hubo algunas con los retratos de los caudillos Primo de Rivera y Onésimo Redondo. >)Notacuriosa era que én muchas guardillas, donde nunca se pusieron colgaduras, las había ayer, y que esta demostración de entusiasmo se había extendido hasta las más apartadas casas de los barrios. »Las calles de las Angustias, Libertad, Fuente Dorada,
a.
A

Plaza Mayor, Duque de la Victoria, Santiago, Constitución,
Alfonso XII, Regalado y otras habían sido empavesadas con multitud de pequeñas b a n d k s de Falange. »El efecto que producían las mencionadas calles y todas las de la capital era sorprendente, por la vistosidad de las colgaduras, w n tanta profusión repartidas. »Como nota curiosa de la brillante jornada de ayer, diremos que el comercio agotó sus existencias de telas de los wlores nacionales, no obstante haber procedido, previsoramente, al teñido de otras telas; que hasta los tejidos más caros fueron utilizados para bandera s.^ colgaduras, y que en muchas casas pusieron provisionalmente colgaduras de papel, por no haberlas podido adquirir de tela n.

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**:

LA JUNTA DE MANDO PROVISIONAL Y SU JEFATURA
El 2 de septiembre, a las diez y media de la mañana, se celebró la reunión en el salón de claustros de la Universidad Literaria. «Antes A e c l a r a un asistentecelebramos otra, estrictamente privada, en el cuartel de milicias. Decidimos que a la reunión de la Universidad no la denominaríamos consejo nacional, sino congreso, ya que en ella iban a figurar mandos sin titulo de consejeros nacionales. »El debate versó sobre la forma del mando provisional. Andrés Redondo, Jo& Luna y yo, nos pronunciamos por la constitución de un triunvirato. Francisco Bravo fue nuestro antagonista, y recordó cómo todos los triunviratos que habían existido en Falange Española de las JONS no habían sido útiles sino al contrario». Otro adversario del triunvirato fue Agustín Aznar, quien declara «Me encontraba yo, a los 24 años de edad, investido de una autoridad que llevaba anejas grandes mponsabili-

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**:

* Testimonio de Mario González Zaera. ** El Norte de Castilla, 3 de septiembre de 1936.

* Testimonio de Ricardo Nieto.

** Testimonio de Agustín Aznar.

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dades. Esto no me abrumaba, pero ante todo, lo que yo quería, ardientemente. era libetar a J& Antonio. Pensaba, sin tregua, en la operación que podría devolvernos a nuestro jefe. >)Puedeser que a desearlo, hubiese sido elegido yo cabeza provisional, naturalmente, de la Falange. Pero me atuve a las normas y tesis de José Antonio y a sus más recientes actitudes. »Después de la experiencia, aleccionadora por lo estéril, de los tiiunviratos en-el período que funcionaron, yo tenía que ser, claro es, adversario de una forma de autoridad semejante. »En Valladolid había cierta tendencia al triunvirato. YO la combatí, Tenía a más de los motivos pragmatistas, otros que he de explicar. En las semanas que precedieron a la guerra, José Antonio, con una gran previsión revolucionaria, habia indicado, textualmente, que en caso necesario d e b e a formarse una Junta de mando que sería dirigida por ~ e r n a n b o Primo de R'ivera~. »Oí a José Antonio referencias a esa posible Junta. En Valladolid, la defendí como solución a nuestros problemas de coherencia. Yo conocía a Manuel Hedilla desde que acudió a Madrid, el mes de octubre de 1934. Y por conocerle, al sustentar mi tesis de constitución de una Junta de Mando provisional, y lograr que por el asentimiento mayoritario prevaleciese, designé a los vocales de la Junta y propuse como jefe de ésta a Manuel Hedilla. No dudé. Era visible que Andrés Redondo aspiraba a ser el jefe, ya que su propuesta en favor del triunvirato había sido desechada: no me pareció ni oportuno ni justo. Hablo, hay que decirlo, en sentido político y ejemplar. Andrés Redondo es un hombre caballeroso. »Al proponer a Hedilla, sabía que él y yo asumiríamos las más difíciles, penosas y arduas tareas del mando. Pero solo así impondríamos a la Falange, para servirla y entregarla, intacta, al jefen. Manuel Hedilla testimonia: ((Nunca pude suponer que yo fuese elegido para encamar el mando. Mis camaradas me designaron sin que yo hiciese la más leve gestión». Tras la constitución de la junta, se adoptó, por\aclamación,

otro acuerdo relacionado con la guerra: la Falange pedía al Ejército que hubiese un mando militar único. Francisco Bravo manifiesta aLlegaba por ejemplo un tren de municiones desde Portugal y ya estaban sobre él, disputándoselo, uarios generales con mando superior. Veíamos los grandes inconvenientes de esa falta de mando único». En el salón de claustros de la universidad vallisoletana, ocuparon la presidencia José Sainz, Agustín Aznar y Manuel Hedilla. En las fotografías publicadas por los periódicos, apareció Hedilla en la presidencia, una vez hecho público el acuerdo de constitución de la Junta Asistieron: Andrés Redondo, jefe territorial de Castilla y León; José Andino, consejero nacional y jefe provincial de Burgos; Miguel Merino, consejero nacional y jefe del Bajo Aragón; José Moreno, jefe provincial de Navarra; Ricardo Nieto Serrano, consejero nacional y jefe provincial de Zamora; Mario González Zaera, jefe territorial de Galicia; Joaquín Miranda, consejero nacional; Vicente Gaceo del Pino, consejero nacional; Manuel Yllera, consejero nacional; Manuel Castro Pena, consejero nacional y jefe provincial de Pontevedra; Francisco Bravo, consejero nacional; Jesús Muro Sevilla, consejero nacional y jefe provincial de Zaragoza; José Luna Meléndez, consejero nacional y jefe provincial de Cáceres, y Manuel Sánchez Suárez, delegado de la territorial del protectorado de Marruecos. La Junta, mandada por Manuel Hedilla, que& constituida por Agustín Aznar, José Sainz, Jesús Muro, Andrés Redondo y José Moreno. «Inmediatamente -testimonia Hedilla- designé secretario de la junta a Francisco Bravo, en quien creí que había las condiciones exigibles dada la penuria de mandos y capacidades».Este nombramiento fue aceptado

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**.

***.

* Testimonio de Francisco Bravo. ** El Norte de Castilla, 3 de septiembre de 1936. *** No lo vio con agrado Andrés Redondo, quien habia relevado a
Bravo de la jefatura provincial de Salamanca. Jesús Muro, testimonia: qHedilla, un día, en Burgos, al decirle yo que necesitaba un equipo para atender a las obligaciones de la Junta de Mando, me contestó sobna-

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La oficiosa HistoriQ de la C d Española, en la que se minimiza hasta frisar con la mendacidad cuanto se refiere a la Falange Española de las JONS, se refiere a la constitución de la Junta ((En marcha el Alzamiento... fue entonces urgente ordenar los mandos de la Falange EspaÍiola, pues este Movimiento era de una importancia excepcional en la iniciación política de Ia Iucha, ya que había aportado a la misma una doctrina muy apretada (sic) y representaba la adhesión de las juventudes más ardientes de España. »...Resultó nombrado jefe de la Junta de Mando provisional Manuel Hdilla, nombrado por José Antonio Primo de Rivera jefe provincial de Santander. Con Hedilla integraron la aludida Junta falangistas de reconocida significación ~Procedióseal nombramiento de jefes territoriales y locales (sic) así como a la reconstrucción de todos los organismos que había creado José Antonio Primo de Rivera, y se puso inmediato empeño en organizar Banderas de combatientes, que iban saliendo al frente apenas formadas, y a veces en pleno período de formación, pues las necesidades de la guerra no admitían muchas esperas.» Manuel Hedilla estaba solo en Burgos, donde quedó instalada la jefatura de la Junta de Mando, en el más modesto y exigüo domicilio que se encontró. Unas mesas de pino y unas sillas con algunos armarios, componían el mobiliario de la jefatura. Hedilla gastaba diariamente doce o quince pesetas, como pensionista, en el sencillo Hotel París. Agustín Amar se había concentrado en su tarea de viajar por todas las provincias.

LA REPERCUSIÓN DE LA JUNTA DE MANDO PROVISIONAL

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...

mente que sólo disponía de Bravo, dedicado a escribir oficios y a llevar la correspondencia>. Ricardo Nieto, por su parte, manifiesta: *Días despuks, Andrés Redondo y yo visitamos a Hedilla en Burgos, y le escuchamos lamentarse de la soledad en que se le había dejado, al marcharse los vocales de la Junta a sus respectivos territorios. -Me he quedado solo con Bravo -nos dij-, quien atiende exclusivamente a la marcha burocráticar. * Tomo octavo, pág. 395.

A la vista de aquel hombre solo, trabajando en el más humilde de los despachos, los grupos de presión antifalangista, que ya eran muy coherentes en septiembre de 1936, no atinaron a estimar la auténtica gravidez del acuerdo constituyente de la Junta de Mando provisional. Sus informadores, verdaderos espías, que se infiltraron por aquellos días, llegando incluso a asistir como observadores a las reuniones de Sevilla y de Valladolid, debieron de infundirles la creencia de que se trataba de un acto más de los falangistas para sobrellevar la ausencia de su jefe nacional. Pensarían que la obra de José Antonio sería aún mas quebradiza que lo fue la del padre. No comprendieron, en las horas subsiguientes al congreso y a la proclamación de Valladolid, que la Falange preveía la muerte de su jefe y quería salvar su obra. Con arreglo al formato de la zona nacional, y a la circunstancia, acaso experimentaron los mismos sentimientos de los contrarrevolucionarios y minimalistas rusos ante la agonía de Lenin. José Antonio agonizaba desde que Alicante quedó en poder del enemigo: empero las multitudes creían en él, y su pensamiento y su verbo, siempre vivos y actuantes, suscitaban movilizaciones increíbles. ¿Qué habría sucedido si hubiese estado,físicamente, en la zona nacional? Pem los grupos reaccionarios sufrían un error capital y profundo. La Falange no postuló jamás una dictadura. La ausencia del caudillo, luego su muerte, provocaron una penuria funcional ,gravísima. Pero la Falange quena institucíonalizar y constitucionalizar a la nación proscribiendo cualquier tendenprolongación de la cia dictatorial. La guerra -repitám&lpolítica, surgió como un medio fatal para llegar a apuellos objetivos. Los regímenes totalitarios necesitan un dictador y naturalmente un mesianismo, al 'que se refieren los dialécticw antagonistas. «La legitimidad del dictador se basa sobre un fundamento religioso o mágico. El dictador es un inspirado. Tiene

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poderes misteriosos cuya existencia es perceptible al acercarse a él Hay una especie de derecho divino del dictador, pero que no está justificado por la tradición n i por la eficacia de una existencia simbólica. »El fascismo erige a la nación en valor sagrado, de manera que los hombres, adorando al dictador, se adoran a sí mismos. La nación es como el ambiente vital del ídolo)) Pues bien: José Antonio Primo de Rivera -sus textos y su conducta lo corroboran- no quería que la revolución desembocara en un régimen de dictadura personal. Las bases de la Falange eran, exactamente, bases constitucionales, con un sincretismo que las permitió servir de principios para la obra y la Jucha política contingentes. Su ulterior desarrollo tendría un carácter complementario, instrumental. Los 27 puntos representaron una constitución abierta y más precisa que ninguno de los programas que en España fueron ensayados gubernamentalmente desde la apertura de la revolución política. Sorprende, verbigracia, la indigencia doctrinal de la Restauración; infinitamente más aguda que la de los alzados victoriosos de 1868, quienes se proponían establecer todas las libertades civiles. En la mente del general Martínez Campos, autor del grito de Sagunto, hubo un solo objetivo: colocar en el trono al Príncipe Alfonso, hijo de Isabel 11. En la de Cánovas, quien hasta 1875 fue un oscuro segundón peregrino por los partidos, prevalecía el servicio al llamado orden moral y a la dinastía. El orden moral no tenía programa: su aspiración basica era gendarmeril, represiva. Y también quería Cánovas que unas docenas de «notables>)fabricaran una constitución que le permitiese vivir al día, sin ataduras, sin freno para su poder personal y sin objetivos creadores. La de 1876 fue la Constitución más vejada, maltratada, desde el poder, cuantas ha tenido España. La voluntad específica y concreta de constituir es un aspecto capital para juzgar a la Falange. Es lo que propuso al pueblo en los 27 puntos, y en la extensión doctrinal y escla-

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d o r a cumplida por José Antonio, Ledesma Ramos, Onésimo Redondo, Ruiz de Alda y Rafael Sánchez Mazas. Empezaron por constituir al Movimiento dándole bases para la continuidad, la longevklad. El desarrollo logrado por la Falange tras el 18 de julio tuvo dimensiones muy vastas, pero arrancó de lo que ya existía funcionalmente. El mismo hecho de la Milicia que combatía en los frentes era una ampliación, multitudinaria, de la Primera Línea primitiva y enderezada, desde 1935, por José Antonio. La guerra impuso la institucionalización de otros servicios, lo que reveló valor creacional y agilidad política. Los grupos de presión antifdangistas tendrían que rectificar su primera irónica impresión, apenas transcurrido un mes desde el 2 de septiembre. Asistinan, estupefactos, a la coordinación de la Falange. Aparecería una autoridad que empezó a reducir las formas del feñleralismo forzoso de las seis semanas anteriores a la proclamación de Valladolid, dando así coherencia política al nuevo y gigantesco aparato de la Falange.

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* Jeanne Hersch: Iddologies

et réalitk. Plon. Pans. 1956, págs. 7 y 9.

SEGUNDA PARTE

LLEGADA DE RAFAEL GARCERAN A BURGOS El día 8 de septiembre de 1936 llegó a Burgos el abogado Rafael Garcerán Sánchez. En el círculo íntimo de José Antonio. Garcerán fue conocido por ser pasante, en un período muy anterior, del jefe nacional. En 1936 seguía relacionándose con José Antonio, y participando en algunos trabajos del bufete de éste. No se había quebrado, en modo alguno, la amistad personal y profesional de ambos. Tratábanse de «usted», sin duda 'por efecto del período y circunstancias en que se conocieron. Rafael Garcerán, requerido por nosotros, ha formulado declaraciones acerca de su trato con Jo& Antonio Primo de Rivera «Mi origen es mral, del campo. desde el año 1927 a 1936 de Cartagena, y estudié el bachillerato-mientras trabajaba, con mi familia, en menesteres agrícolas. Llegué a Madrid a los 1 9 años. Me sentí atraído por las tesis socialistas del profesor don Julián Besteiro. Le escuché frecuentemente. Yo sentía desdén por los demás partidos y me infundían respeto los socialistas. que, como Manuel Cordero y Rafael Henche, trabajaban a1 servicio del pueblo. nEntré en el bufete de José Antonio. Era en 1927. Vivía la familia Primo de Rivera en la calle de Los Madrazo. El despacho estaba en el piso alto, y al año de mi estancia se tras-

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* Testimonio de Rafael Garcerán Sánchez

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ladó al bajo. En éste me colocaron una cama, en la cual dormí varios años, hasta que contraje matrimonio. nTanto Andrés de la Cuerda, también pasante, como yo, discutíamos de política con José Antonio. No estábamos ligados a el por razones doctrinales, pero, cuando se presentó candidato a diputado por Madrid, De la Cuerda y yo trabajamos en favor de nuestro rector profesional. »Después del 10 de agosto de 1932 empezó la relación de José Antonio con gentes que, en su oposición al régimen republicano, mostraban un espíritu de lucha distinto al de las antiguas derechas. Así llegó el acto d$ Teatro de la Comedia, tras el cual me di baja en la ~ ~ r u ~ a c Socialista de Madrid, a ión pesar de que me habían ofrecido candidato para la diputación en Cortes. sDespués del día dieciséis de febrero de mil novecientos treinta y seis, hacia el mes de mayo, fui detenido, y me recluyeron en la cárcel Modelo. Me enteré de que era posible obtener la libertad provisional por motivos académicos. Yo tenia que examinarme en la Escuela Social. Dirigí una instancia al director general de Seguridad y me pusieron en libertad. »José Antonio había redactado una larga carta al general Mola. Al sek puesto yo en libertad, me encomendó que la llevara a su destino. Esto debió de ocurrir hacia los primeros días del mes de junio. Mi padre pasaba una temporada en Madrid y, sin decirle exactamente el objeto de mi viaje, le pedí que me acompañara. Mola me recibió, leyó la carta, muy elogiosa para él, y me dio una respuesta verbal para José Antonio. Expresaba su agradecimiento por la actitud del Jefe de la Falange. Aún volví otra vez a Pamplona, para ver a Mola, con un mensaje de José Antonio, y otra vez me contestó verbalmente, señalando la c e d a del Alzamiento. »En la mañana del día 1 3 de julio me enteré del asesinato de Calvo Sotelo. Doña Rosario Urquijo, esposa de Fernando Primo de Rivera, a cuyo domicilio acudí, me informó de que su marido había sido detenido de madrugada, alrededor de la hora en que lo fue Calvo Sotelo, y que había podido decirle, en un rápido aparte, que yo tomara el mando.

nYo no cursé orden alguna a las provincias. Lo que hice fue tomar contacto con los mandos de la Milicia falangista madrileña: el capitán de Artillería Juan Ponce de León, García Noblejas, Rafael Aznar. En la noche del 17 al 18 de julio ordené la movilización de la Primera y de la Segunda Líneas. A partir de entonces, estuve reunido con la mayor parte del comitk militar: el general García de la Herrán, el teniente coronel Alvarez Rementería, el abogado Hipólito Jiménez y Jiménez Coronado.. »Estuve, con mi hermano Adolfo y con Manuel Sarrión, en el cuartel de la Montaña. hasta la entrada del enemigo. Fuimas hechos prisioneros ~ d o l f o yo, más pudimos evadirnos en y plena calle Ferraz. »El día 10 de agosto, salí de Alicante en el buque alemán Tanganih y llegué a Génova, donde encontré al jefe local de Barcelona, José Ribas Seva., v a Maximiano García Venero. Sali. , mos para Roma Ribas Seva y yo, mientras Garcia venero preparaba una expedición para i r a la zona nacional. Celebramos varias entrevistas con elalmirante Magaz, el jesuita P. Segarra y otras personas. El P. Segarra nos presentó al tradicionalista don Rafael Olazábal, auién nos llevó en automóvil desde Roma , a la frontera navarra, depositándonos en la pamplonesa Plaza del Castillo. Partimos de Roma el día 5 de se~tiembre)). He ahí, en síntesis clara y objetiva, el testimonio de Rafael Garcerán. Antes de aducir otro, ha de señalarse, con la misma rigurosa objetividad, que en ningún período de sus relaciones con José Antonio cumplió Garcerán los requisitos indispensables para obtener el alta y el carnet de la Falange. Por lo demás, no ha declarado que los poseyera. El abogado Hipólito Jiménez y Jiménez Coronado, presente en todos los actos previos al Alzamiento, y en su desarrollo, niega, absolutamente, que Rafael Garcerán acudiese con el capitán Juan Ponce de León y el teniente Carlos Domínguez al cuartel del 14 Tercio de la Guardia Civil, situado en las cercanías del Hipódromo madrileño. Sin embargo, el antiguo pasante de José Antonio asevera, en el testimonio que nos ha dado, que él acudió con Ponce de León. El mismo Hipólito Jiménez decla-

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ra que Garcerán estuvo, efectivamente, con los numerosos comprometidos, en varios domicilios desde el 1 de julio al día 18. Gumersindo García Fcrnández, teniente de complemento de Infantería, miembro destacado de la Primera Línea de Madrid, declara: ((Rafael Garcerán, a partir de la detención de José Antonio, actuó en los medios de la Falange, como lo habían hecho y hacían los pasantes del Jefe, Manuel Sarrión y Andrés de la Cuerda. .))Yorecibí encargos y órdenes, siempre verbales, de Fernando Primo de Rivera, transmitidos por Garceránn. Otro defensor del Cuartel de la Montaña, Antonio Rodríguez Jiménez, ex subsecretario de Agricultura, testimonia: «Tras la detención de Fernando Primo de Rivera, ocurrida el 13 de julio, se presentó a la Falange de Madrid Rafael Garcerán arguyendo que tenía poderes para hacerse cargo del mando. Los falangistas no obedecieron a Garcerán porque no les inspiraba simpatía ni confianza. Yo no vi el testimonio escrito de que dicho abogado tuviese aquellos poderes N. Por su parte, Manuel Valdés Larrañaga declara textualmente: «Fernando Primo de Rivera no pudo dejar ningún mando específico, porque él ingresó en la cárcel en los días de la muerte de Calvo Sotelo, tanto que se pensó que era una de las víctimas elegidas por los mismos que ejecutaron a aquél. Fernando no tuvo tiempo ni de llevar un cepillo de dientes a la cárcel; por tanto, menos tiempo pudo tener para nombrar ningún mando. Es totalmente inexacto que nombrara Fernando Primo de Rivera ningún sustituto suyo. »Las cosas siguieron como estaban antes, o sea, con misiones que se iban encomendando a determinadas personas, y para determinados aspectos. »Garcerán no tenía ninguna personalidad en la Falange. Era, exclusivamente, un empleado personal de José Antonio en su despacho, y a título de tal lo utilizaba José Antonio. Dentro del propio despacho de José Antonio tenía más per~onalidad Samón, a quien consideraba mucho más. Es totalmente absurda esa delegación de función que dice Garcerán le dio Fernando a través de su esposa Rosario. Le daría el encargo en concreto

de alguna cuestión pendiente, pero nunca le pudo transmitir ninguna clase de jefatura. No podía transmitir lo que no existían. El jefe local de Barcelona, José Ribas Seva, declara: aSalí de Barcelona el 31 de julio en un buque italiano. Llegué a Génova el 1 de agosto por la noche. Días después encontré a Rafael Garcerán, quien me habló de su odisea en el madrileño cuartel de la ~ o n t a ñ a .Dijo que tenía un nombramiento de Fernando Primo de Rivera, hecho días antes del Alzamiento, en la cárcel Modelo. »El día 2 1 de agosto fuimos a Roma, Garcerán y yo, para hacer gestiones en pro de José Antonio. Encontramos el máximo apoyo en el' padre Segarra. Visitarnos en la Embajada de España a Magaz y a Villegas. También a Juan March y a Pedro Sainz Rodrímiez. »El 5 de septiembre salirnos Garcerán y yo de Roma y arribamos a Burgos el día 8. >)Eldía 9 nos escuchó H d l a . Éste, con fecha 9 de septiembre, me nombró delegado provisiona¡ de Falange en 1t&a v en Francia. «con facultades discrecionales en la realización d,su cometido». Este nombramiento se me hacía para pnweguir las gestiones en pro de José Antonio. Pero no llegué a utilizarlo. e Me quedé en Burgos, a las órdenes de Hedilla, y el 1 4 de s p tiembre fui wnfirmado por éste en mi cargo de jefe local de Barcelona» Desde su llegada a Burgos, Rafael Garcerán se movió en la esfera de la jefatura de la Junta de Mando provisional. Su facundia y su instinto se orientaron hacia la mayor posibilidad que tenía de ser tomado en consideración: el rescate de José Antonio. No había medio mejor ni m á s &al para i n t r o d u h cerca de Manuel H d l a y de Agustín Amar. Hemos señalado ya como Hedilla consideraba a cuantos él creía que habían gozado de la estimacióil de José Antonio. El hecho de que Garcerán hubiera teqido largas relaciones profesionales con el jefe nacional, inclinaba a Hedilla a concederle audiencia y hospitalidad.
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LOS. INTENTOS PARA LIBERTAR A JOSÉ ANTONIO
Hasta el mes de septiembre de 1936 no se realizó, desde la zona nacional, ningún intento para libertar a José Antonio. Hubo conatos, en la zona roja, para rescatar al jefe nacional. Alguno costó la vida a falangistas abnegados. En la República Popular, se sucedieron, hasta septiembre, dos gobiernos: el primero, abortado -lo presidía Diego Martínez Barrio-; el otro duró hasta el 3 de septiembre, y lo presidió José Giral. El 4 de septiembre, Francisco Largo Caballero asumió la presidencia y la cartera de Guerra, en un gobierno en el que participaban socialistas, comunistas, nacionalistas vascos, Izquierda republicana, Unión Republicana y Esquema de Cataluna. El 5 de noviembre de 1936 fue reorganizado el gobierno y en é l entraron tres representantes de la Confederación Nacional del Trabajo. Todos los partidos y organizaciones mencionados aprobaron la ejecución de José Antonio Primo de Rivera. Los intentos para libertar al jefe nacional de la Falange fueron proyectados en diversas direcciones. La vía del canje y de la negociación a través de políticos extranjeros y españoles fue ensayada infnictuosamente. Un hijo de Largo Caballero, soldado de Transmisiones en el Regimiento de El Pardo, estaba custodiado, en un cuartel de Sevilla, donde se le trataba humana y correctamente. Su canje, anadido de millones de pesetas y también se habría ampliado a otros rehenes que estaban en la zona nacional- por José Antonio, fue ofrecido al gobierno que presidía Largo Caballero. Pero José Antonio estaba condenado sin haber comparecido todavía ante el llamado Tribund popular de Alicante. En 1963, un actor importante en la política gubernamental de la República Popular nos declara *: «No podía ser canjeado Primo de Rivera. En el Gobierno de la República, había un ministro sin cartera, don José Giral, quien se ocupaba de cuestiones relacionadas con el canje de presos y prisioneros. * Testimonio de Rodolfo Llopis, subsecretario de Largo Caballero, formulado verbalmente en Albi (Tarn) el 20 de agosto de 1963.

»El señor Giral planteó en el Consejo de Ministros la oferta de la Falange de canjear al hijo de Largo Caballero por Primo de Rivera. Caballero tenía dos hijos varones; uno, del primer matrimonio, que era ferroviario, y se hallaba en Galicia sin novedad. »El Gobierno no accedía a libertar a José Antonio Primo ' de Rivera, pero esta opinión no llegó a expresarse formalmente. El señor Giral expuso la oferta de los falangistas; Largo Caballero s limitó a decir: e n-señores, no me obliguen ustedes a asumir el papel de Guzmán el Bueno. »No se habló más en el Consejo. Algo despub, yo comenté la actitud de Giral en el sentido de que no era a veces acertada al negociar los canjes. Giral lo supo y protestó: entonces le envié una carta, mencionando a personas que estaban en la zona franquista y que habían sido canjeadas por otras que nosotros teníamos en el temtorio republicano. Bastantes de aquéllas no tenían ninguna importancia para los destinos de la República». El hijo de Largo Caballero no padeció represalia alguna, y salió meses después del territorio nacional, mediante otro canie. Previamente, el escritor Eugenio Montes Domínguez, quién fue corresponsal de El Debate en P&s, y pertenecía al círculo de las amistades literarias de José Antonio, había realizado, con la anuencia y el apoyo de Manuel Hedilla, varias gestiones en la capital francesa. Difíciles gestiones, por.la filiación periodística de Montes, y por la coyuntura gubernamental francesa. Estaba en su apogeo la política del Frente Popular, desde la formación -4 de junio 1936- del primer gobierno Blum. En París, Eugenio Montes habló con José Ortega y Gasset, don F e l i ~ e Sánchez Román. don Santiarzo Alba ... De los tres, " Sánchez Román y Alba podían ser útiles: aquel, porque mantenía relaciones con el gobierno republicano, y especialmente con Indalecio Prieto,. y el ex presidente de l&CoAes,. por sus , extensas, innumerables relaciones con los políticos más preeminentes de todos los partidos franceses, incluido el socialista. Alba

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era amigo personal de-León Blum. Don Santiago Alba no sólo puso a contribución su esfueno personal, sino que brindó un millón de pesetas para cooperar a la liberación de José Antonio, hijo del general Primo de Rivera, quien le había acusado, perseguido, obligado a expatriarse. Sin embargo, Santiago Alba no fue utilizado en la, amplia medida en que é i se brindaba. En uno de s k viajes a Burgos, Montes informó a Manuel Hedilla de que Indalecio Prieto exigía la entrega de treinta rehenes y seis millones de pesetas por José Antonio. Coincidió esa nueva con la toma de posesión del general Franco de la jefatura del Estado. Hedilla había acudido a la ceremonia, y tras ésta informó a Franco de las exigencias de Prieto. ((Nosotros t e s t i m o n i a Hedilla- carecíamos del dinero y tampoco podíamos disponer de los rehenes». Al General F~ancole pareció aceptable la proposición, y recomendó a Hediila que pidiese el parecer de los generales Mola y Queipo de Llano, quienes se encontraban en Burgos, Ambos dieron su conformidad. Mas, Indalecio Prieto --según Montes- se desdijo arguyendo que no podría arrancar a José Antonio de las manos de la F.A.I. Este es un argumento capcioso. Quien custodiaba al Jefe Nacional era el gobierno de la República Popular, y a su vigilancia se añadía la del Partido Comunista y de las Juventudes Socialistas Unificadas. Fueron examinadas por Hedilla y Amar otras posibiliday del soborno. La primera resultaba temible, si no eran neutralizados quienes podían, en un segundo, acabar con la vida de José Antonia antes de que sus libertadores llegasen a él. El temor era vivísimo. . Apenas constituida la junta de mando, Agustín Aznar articuló un plan que podía llamarse mixto, pues no se descartaba la posibilidad de un golpe de mano sobre la cárcel alicantina. Tuvo el apoyo de Hedilla, la asistencia de los generales Franco y Queipo de Llano y el concurso, valioso y decidido, de la Marina alemana y de nacionalsocialistasque se hallaban en las dos
des. Aparecieron las del golpe de mano

wnas de España. Aún no era Franco jefe del Estado. Amar, al que acompañaban doce falangistas más, entre ellos su hermano Guillermo, Fernando Alzaga, Carlos M. Rodriguez de Valcárcel, Díaz Aguado y Rafael Garcerán, visitó al general Franco en Cáceres. Después se entrevistó con Queipo de Llano. Éste, de acuerdo con Franco, le facilitó un millón de pesetas en billetes que fue extraído de las cajas del Banco de España en Sevilla. Por cierto, a las doce de la noche. Los efectivos metálicas de la sucursal sevillana en aquella fecha primeriza de septiembre ascendían tan sólo a seis millones de pesetas. «Embarcamos en Chipiona, en el torpedero alemán I l h , que nos llevaría a aguas de Alicante. El millón lo metimos en una caja de hierro. fbamos a encontrar apoyos y colaboradores, entre los que destacaron Joaquim von Knobloch, marinos alemanes y las hermanas María del Carmen y Matilde Pérez, falangistas » El súbdito alemán citado por Amar nos refiere: ((Fui desig nado cónsul honorario de Alemania en Alicante - e l profesional más cercano estaba en Cartagena- pero no se me dio el placet a causa de mi afiliación al partido nacional-socialista. »Nunca había visto yo a José Antonio, pero seguía su actividad. Las directrices de mi partido, respecto de la Falange, eran de mantener buena amistad, sin más. Sabía, naturalmente, que José Antonio y su familia estaban detenidos en las prisiones alicantinas. Mandé un radio a la flota alemana del Mediterráneo señalando que, a mi entender, había posibilidades de rescatar al Jefe Nacional de la Falange. No recibí respuesta. »El encargado de Negocios alemán, Voelckers fue a Alicante para establecer las dependencias de la embajada. Para entonces, había yo conseguido embarcar a bastantes españoles en buques alemanes de comercio. Uno de esos embarcados fue Rafael Garcerán. »El 18 de septiembre fondeó en el puerto alicantino el torpedero Zltis. Venían once falangistas, al mando de Agustín

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* Testimonio de Agustin Aznar.

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b. traía un pasaporte alemán, dado por nuestro &nsul Éste
en Sevilla, con el nombre de August Gaertner. n h , realmente, parecía un cura disfrazado con traje laico. Voelckers, con su autoridad de encargado de negocios, prohibió que los españoles dembarcaran. Sin embargo, Aznar fue a tierra conmigo, vestido de paisano)). Tres mujeres falangistas cooperaron con Von Knobloch y Aznar. He aquí sus manifestaciones ((Pertenecíamos a la antigua Falange, como nuestro hermano Ramón. Nuestro padre, Vicente Pérez López, práctico del puerto, se puso al servicio del Movimiento. Transmitió señales a buques de guerra nacionales y datos tomados de los conocimientos de buques extranjeros -rusos principalmente- que llegaban al puerto. Dichos datos los enviaba por nuestro conducto y por José Ivars Gómez, amarrador de los prácticos del puerto, a Joaquín Von Knobloch para que los cursara. La aviación nacional bombardeó, con acierto, bastantes buques fondeados en Alicante. »Al llegar a Alicante, Agustin Aznar fue presentado a mesa tro padre y a nosotros por Von Knobloch. Nos pusimos a sus órdenes para servirle de enlaces. Tuvimos reuniones en la heladería italiana de Las Palmeras, cuyo propietario era fascista, y también en un domicilio que nos procuró el obrero del puerto Nicolás López. Nosotros visitamos a José Antonio en la prisión y a Carmen Primo de Rivera y a su tía María en el Hotel Victoria D. Von Knobloch testimonia sobre las sucesivas gestiones: ((María del Carmen y Matilde Pérez me señalaron a un individuo, al que apodaban Vaselina, distinguido entre los rojos, y que podía ser asequible al soborno. En mi embajada me proveí de diez mil pesetas y acudí a entrevistarme con el tal. » - S o y cónsul y periodista -le dije-. Deseo hacerle una entrevista a Primo de Rivera. »Me respon.&ó que lo intentana. Fui tanteando el ánimo del individuo y me lancé:

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* Testimonio de Carmen y Matilde Pérez y Pérez. Su hermana politica. Julia Riera, las secundó.

,-Pues hay más... Un millón para quien ayude a libertar a Primo de Rivera. +Es difícil, pero puede intentarse. Primo de Rivera no es un enemigo del pueblo. -Yo no tengo el dinero -expliqué- pero hay un francés, miembro de las Croix de Feu, que puede proporcionármelo. nEl supuesto Croix de Feu era Agustín Aznar. Nuestro interlocutor nos informó de que había llegado a Alicante una expedición de rojos malaguefiw, con la intención de asesinar a José Antonio. El gobernador civil, Vázquez Limón, era republicano; le sucedería el comunista Jesús Monzón. Dicho gobernador había mandado que fuera reforzada la guardia de la cárcel. nQuedamos a la espera de las gestiones que haría y a s e h . Aznar fue acogido en el domicilio del italiano de la heladería de Las Palmeras. Anduvo por la ciudad varias horas. Yo tenía habitación en el Hotel Victoria. Estando en ésta, se me presentó Aznar, diciéndome que en los baños le habían querido detener. Pudo zafarse Vi que lo m á s prudente era llevarle de nuevo al torpedero, pero Voelckers, el encargado de negocios, no p e n a que se le protegiera. »-Échale a la calle -me dijo Voelckers y que lo maten los rojos. »Y me dio un plazo de cuatro horas para que Aznar saliese de las dependencias de la Embajada. Decidí comunicar por radio con el almirante de la escuadra alemana. Carls. Éste me contestó diciendo que era que Amar &ese indemne de la ciudad. »Pedí un uniforme de teniente de navío. Era difícil encontrarlo por la gran corpulencia de Aznar. Tuvo que prenderse los pantalones con imperdibles. Embarcamos, por fin, y desde el torpedero, Amar, Garcerán y sus restantes camaradas, fueron llevados al Graaf von Spee. »Como resultado de esas peripecias, sufrí un atentado el 24 de septiembre y el 4 de octubre me éxPulsó el gobierno de la Repúblican. Agustin Aznar declara: ((Hablécon el jefe del sindicato de obreros del puerto perteneciente a la C.N.T., por mediación

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de las hermanas Pém. Comprendí que los cenetistas, por sí 90108, eran impotentes para rescatar a José Antonio y llevarle hasta un buque alemán. Como el jefe sindicalista no se decidía, le propuse que me f m a r a una orden & libertad, y yo mismo iría a buscar a José Antonio. Pero Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes, y delegado del gobierno rojo en Levante, había ordenado que para cualquier traslado de nuestro preso, la orden debería llevar varias f r a . ims »Lo que obtuve de los cenetistas fue la promesa de que cuidarían de la cárcel, en d caso de un desembarco, para &tar que se atentara contra la vida de Joaé Antonior. Von Knobloch, a l ser expulsado, embarcó en el crucero Nuremberg y se dirigió a Sanlúcar. «En Sevilla -testimoniavolví a hablar del rescate de José Antonio. O desembarco o soborno, y esto último lo propuse pensando en el gobernador civil Vázquez Limón. uEstaba en Sevilla el consignatario de la Compañía Ybarra, don Gabriel Ravello, emparentado con la familia alicantina Pascua1 del Pobil, y por tanto con la de Nicolás Franco Bahamonde. Mi plan era el siguiente: Ravello iría en un buque alemán a Alicante, provisto de millones. Como era deber de cortesía que los marinos visitaran a las autoridades y que éstas devolvieran la visita, a bordo, Ravello podría hablar con el gobernador civil. En mi plan figuraba como colaborador el práctico del puerto Vicente Pérez. »Había que contar con d generalísimo Franco, ya jefe del Estado.. y me trasladé en avión a Salamanca. Me recibió Franco y le expuse mi plan, que le pareció aceptable. Se dio orden a la flota nacional de proteger el convoy en que podría salir José Antonio. La orden la recibió el entonces capitán de navío don Salvador Moreno. »Pero el almirante alemán comunicó que yo no podía volver a Alicante. Respondí que tenía una misión encomendada por Franco. En Cádiz embarcamos en un torpedero alemán, y de nuevo estuve en aguas alicantinas *. * Von Knobloch provocó una notificación de Emst von Weizaker,

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»Transbordamos al buque cisterna Ha-: los expedicionarios --Gabriel Ravello, Pedro Gamero y y o - cursamos aviso a Voelckers, rogándole que acudiera al barco. No lo hii. Pasaron tres o cuatro días, y en su lugar vino un burócrata, apellidado Diemen, quien me había reemplazado en las funciones co~wulares.No aportó nada positivo. nLlegó el Deutschíunú, en el que venía el almirante Carls. Éste noe citó a bordo de su buque, y también acudió el primer secretario de la embajada doctor Schwendemann. Expuse cuál era nuestra misión, y la conveniencia de que el gobernador Vázquez Limón se entrevistara con Gabriel Ravello a bordo. El aimirante se mostró dispuesto a colaborar. »-Sacaremos a José Antonio --dijo-. No sé si vivo o muerto. Mandaré lanchas a la playa. nSchwendemann se opuso declarando que la embajada podía rescatar al jefe de la Falange por medio del soborno. Decidimos esperar ocho días el resultado de las gestiones. El Deutschland salió a alta mar. Con exactitud volvió el día que expiraba el plazo: el doctor Schwendemann declaró que no había logrado nada positivo. r-Pues ahora - d i j o C a r L es cuando comienza la tarea de Knobloch. »Había llegado un barco nuevo al puerto alicantino: el crucero Sillacs. Su comandante no queria cumplimentar a las autoridades, pero Carls se lo ordenó. Y en efecto, el gobernador Vázquez Limón acudió al Sillacs; pero a nosotros nos impidieron que le hablásemos. Le pedí explicaciones a Voelckers, y éste se limitó a responder: ))-Ya he hablado yo con él. »Y tras una pausa añadió: »-Tiene usted que volver a la mna nacional. »-No, me iré a ese buque italiano que está fondeado, o a tierra.
fecha 26 de octubre de 1936, en la que se decía que aquél no tenia a u t s nzación del Partido nazi *para trabajar por una revolución nacionalsocialista (sic) en España,. Gemany atrd the Spanish Civil War. Documento 108, pág. 120.

secretario de la embajada alemana en Londres, al Foreign Office, con

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n-¿Es usted alemán o es espaiíol? »-Soy alemán, y por Arlo, estoy en misión que he de cumplir. »-Bien. Le comprendo y le compadezco. »Aun transcurrieron quince días de espera. Nada pudo obtenerse por medio del so&no. ~esemba;-os en Algeciras, donde encontré al jefe nazi en España, Koehn, cuyo adjunto era Hans Kroeger. Aquél me prohibió que llevara camisa azul, y refiriéndose a José Antonio dijo: »-¿Qué tenemos que ver con ese hijo de un general? uHe ahí mis intervenciones, por desgracia infructuosas. De ellas di cuenta a Manuel Hedilla, quien me pareció un admirable nacionalsindicalista, y con gran aptitud para realizar una tarea social. Ayudé a la ~ a l a n ~sirviendo como instructor en ei sus academias de la Jarilla (Sevilla) y en Pedro Llen, de Salamanca n. Mientras se desarrollaban esas gestiones, Hedilla y Aznar dirigian las que se orientaban hacia el canje. Visitaron al general Franco para exponerle otro plan que consistina en un golpe de mano sobre la cárcel alicantina. A la entrevista asistió el jefe del Estado Mayor del cuartel general, don Francisco Martín Moreno. Se trataba, en suma, de una operación de comandos, a la que el generalísimo brindó su apoyo: legionarios, marroq"es, dinero, barcos, armamento... Un centenar de falangistas, seleccionados en diversas provincias, se concentró en Sevilla, donde se les instruyó en la táctica del comando. Entre ellos figuraba un antiguo pugilista, P a u l i o Uzcudun. Aznar, por medio de enlaces, ofreció hasta ocho millones de pesetas, y la salida del personaje rojo que podía facilitar la libertad de José Antonio. La expedición estuvo preparándose mes y medio en Sevilla, y, por cierto, el secreto no fue guardado rigurosamente. Fallaron las esperanzas en la complicidad de personajes rojos. Tras el fusilamiento de José Antonio, Aznar recibió una confidencia, procedente del Oranesado, afirmando que el jefe nacional de la Falange vivía: la fuente parecía segura. Se decía que era un agente del Deuxieme Bureau. Aznar se trasladó a

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Melilla y pasó la frontera argelina, dirigiéndose a Sidi-belAbbes. uMe encontré con el individuo -declara Aznar- y pude comprobar que todo era falso. Y además, constituía una encerrona. Tuve que huir en una avioneta, tras diversas peripecias ». En las gestiones para el rescate, ha de inscribirse un hecho emotivo. El jefe delegado de la Comunión Tradicionalista, don Manuel Fa1 Conde, nos declara: «El 3 de diciembre de 1936, se celebró en Burgos una función religiosa con motivo de la festividad de San Javier, organizada por nosotros. Supe que en aquellos días se examinaba la contribución de varios millones de pesetas para sufragar el rescate de José Antonio. Conocí a éste durante la campaña electoral de 1933, en la provincia de Cádiz, y tuve ocasión de facilitarle la prestación personal de requetés, tras sangrientos sucesos ocurridos con motivo de la pugna política. »Se me dijo, y lo comprobé, que en ciertas esferas se opinaba que los caudales del Estado no debían emplearse en procurar el rescate de un personaje político. Reuní a la Junta carlista, a la que acaso asistió el conde de Rodezno, quien no acudía casi nunca a las reuniones, y quizá también Esteban Bilbao. Les expuse cuanto sabía, y por cierto aludí a un gestor del rescate a quien, en Pans, por determinados antecedentes de afiliación a sociedad secreta, se había rechazado. »Contaba yo con los ofrecimientos del conde de Rodnguez de San Pedro en relación con las necesidades de la Comunión y, tras la Junta, le pedí su apoyo económico. Me brindó millón y medio de pesetas. Lo comuniqué al general Dávila, pidiéndole palabra de honor de que al informar al generalísimo no aludiera a mi gestión. Yo lo había hecho por pura solidaridad. Dávila me dio su palabra. »Recibí la visita de José María Pemán, José Pemartín y Juan Ignacio Luca de Tena,. quienes me manifestaron que el jefe de la Falange iba a ser libertado en inteligencia con Indalecio Prieto, y que se había comprometido a realizar una política social acorde con las tendencias de dicho político.

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»Dávila me llamó para comunicarme que había informado al Generalisimo, sin omitir mi nombre. Franco, según aquel general, había manifestado que yo era un gran español. "Pero -añadió don Fidel Dávila- sabemos que efectivamente José Antonio ha sido fusilado")).

LA FAMILIA DEL GENERAL MIAJA Y UNA CAMPARA FRUSTRADA El jefe territorial de Marruecos, Ramón Cazañas, testimonia que desde Tánger -zona internacional- iban a Alicante funcionarios del cuerpo de policía. Alguno o algunos, estaban dispuestos a seniir de enlaces. El director de la cárcel de Melilla había sido suspendido en sus funciones. Tenía gran amistad con su colega de Alicante. Cazañas, pensando en el apoyo de los buques alemanes, discurrió formar un comando de cien hombres, y obtener la complicidad del director de la prisión alicantina. Al enterarse el jefe territorial de la llegada a Sevilla de Pilar Primo de Rivera fue a visitarla. Expuso su plan y la hermana de José Antonio respondió: «"El único hombre de la familia es Agustín Aznar Habla con él". Marché a Salamanca, y, tras exponer el plan, Aznar me prohibió que siguiera ocupándome de él. »En Melilla -sigue testimoniando Ramón Cazañas- estaban la esposa y las hijas del general Miaja. Se hallaban en la comandancia general, vigiladas, bajo la responsabilidad del coronel Bautista. Supe que un hijo de Miaja se hallaba en Orán, relacionándose con indígenas contrabandistas, a fin de procurar la evasión de su familia. >)Alsaberlo, pedí y obtuve que las detenidas fuesen trasladadas a la cárcel, donde habitaron la casa del director SUSpendido de empleo. Las facilité todas las comodidades deseables y excelente comida. Monté una guardia falangista para prevenir cualquier intento de evasión. * Aznar estaba ya prometido a Dolores Primo de Rivera y Cobo de

»Propuse a cierta persona, que yo sabía era de la amistad de Miaja, que fuese a Orán para hacer las siguientes proposiciones: »l. Canje de las detenidas y vigiladas por José Antonio y toda SU familia. »2. Durante su vida, Miaja recibiría el doble de la paga de general, asegurada por un depósito en un banco extranjero. a3. Si Miaja quería incorporarse al ejército nacional, José Antonio le apoyaría. ))Yo no tenía dinero, pero estaba seguro de encontrarlo. No había consultado con Franco ni con Hedilla y la Junta de Mando, pero estaba convencido de que la liberación de nuestro jefe me permitina cumplir mi palabra. »Pero la persona que yo iba a enviar a Orán no obtuvo e1 salvoconducto necesario. José Antonio cayó asesinado, Las mujeres de la familia Miaja fueron canjeadas, m s s después, por ee la familia del ex diputado tradicionalista don Joaquín Baua. Otro testimonio se refiere a una iniciativa frustrada, pero sin relación con sobornos, golpes de mano y canjes «Salí de Barcelona en el buque italiano Principessa Giovanna, el 7 de agosto de 1936. Al desembarcar en Génova, averigüé que José Antonio seguía en la prisión alicantina. Después de peripecias diversas, y sufriendo un doloroso zona oftálmico, llegué a la zona nacional, coincidiendo con la conquista de San Sebastián. Yo ignoraba el número y la calidad de los rehenes que podían ofrecerse a cambio de José Antonio. Me enteré en Burg o ~ Supe el estado de las diversas gestiones. . »Por necesidades de mi profesión, y por haber actuado en la política desde muy joven, conocía yo, creo que perfectamente, a los hombres que tenían en sus manos la vida de José Antonio. Había visto, en la zona roja, la f u e d de los partidos marxistas, de las centrales sindicales y de la organización ácrata. Estaba yo seguro de que ni el dinero ni la oferta de canjes, decidirían a los miembros del gobierno a soltar la presa. En septiembre

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Guzmán.

* Testimonio de Maximiano Garcia Venero.

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habrían tenido que afrontar el choque violentísimo con las organizaciones que pedían, exigían, la vida de José Antonio. »Por otra parte, todos los ministros sabían lo que representaba la libertad de José Antonio, en una evaluación politica. Si no lo hubieran sabido de antemano. les habría informado aquel clamor, en periódicos, discursos, emisiones de radio, que en la zona nacional suscitaba el jefe nacional de la Falange. Cualquiera podía comprobar que José Antonio era la figura eminente, máxima, en el territorio ganado a la República. »Hice un plan -por escrito- en el que partía de ese clamor., m e constantemente escuchaba. desde el otro lado de la barricada, el enemigo. No era posible minimizar la importancia que para nosotros tenía la vida del jefe. Ya no era tiempo de poner sordina a la glorificación que de José Antonio se hizo desde el 18 de julio. »Por el contrario, había que acrecerla, pero en el exterior. Desde que tuve noción de la política, me convencí de la fuerza de la prensa, de los comicios y de las universidades en las campañas pro-presos. Lo más que podía conseguirse, seria salvaguardar la vida de José Antonio. Para conseguirlo, debíamos presentarle como un preso sin garantías, entregado a la voluntad sanguinaria del Frente Popular. La movilización propagandística en Italia y Alemania era poco deseable. Pero en Francia, Gran Bretaña, Escandinavia, Estados Unidos, América hispana, Bélgica, era posible interesar a escritores, políticos, universidades, para que José Antonio fuese juzgado por un tribunal legal, asistido por abogados que él eligiera libremente y que la vista pudiera%er seguida por observadores de diversos países. Los rojos temían a la opinión internacional, después de ias temibles jornadas de julio, agosto, septiembre Largo CabalIero y sus ministros procuraban., lo misyo que la Generalidad de Cataluña y el gobierno de Euzkadi, que fuese difuminado el rasgo sangriento y se recatara el paroxismo homicida que predominaban en la zona roja. >)Era fácilmente inteligible que la opinión política directora en las democracias, aunque hiciese concesiones a los extremist a ~ estaba contra la República española. Estaba yo seguro de ,
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que la mayona de los católicos nos ayudarían. En Francia, Santiago Alba hubiera podido mover a centenares de personas de relieve. .. »A José Antonio no podía inferirle ningún daño esa campaña internacional. Hubiera podido producírselo si desde el Alzamiento su nombre no hubiese sonado jamás en la zona nacional. »El proyecto no fue aceptado. Su simple exposición me causó algunos disgustos. Algunos de los que me los produjeron, con el paso del tiempo, se arrepintieron vivamente. Ya era tarde, terriblemente tarde D.

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...

EL FUNCIONAMIENTO DE LA JUNTA DE MANDO Rigurosamente, con palabras escuetas y precisas, Manuel Hedilla testimonia en 1963 acerca del funcionamiento de la Junta de Mando provisional. «Se reunió escasas veces. Habíamos tratado de que hubiera reuniones periódicas, pero en la práctica, y por causas ajenas a mi voluntad, era difícil conseguir que todos los vocales se congregaran en Burgos o en Salamanca; una vez celebramos reunión en Sevilla. »Los miembros de la Junta tenían, sin limitaciones, el derecho de iniciativa para suscitar reuniones. No supe que lo ejercitaran. A la vez, poseían imprescriptible derecho de voto; pero, en la realidad, nunca llegamos a votar mientras persistió la Junta elegida en Valladolid. Las proposiciones eran discutidas, contrastadas; unas veces las desechábamos, otras eran aceptadas, después de estudiarlas, y, si era menester, provistas de enmiendas que surgían en los debates. xPor la fuerza de los hechos, las más acentuadas e importantes responsabilidades del mando recayeron sobre mí. Aznar, ocupado por los intentos de rescate del jefe nacional, estuvo largas semanas entregado a esa tarea. De cuanto iba acaeciendo, en el doble frente guerrero y político, informé a mis compañeros de Junta, pidiéndoles opinión y consejo. Ellos mismos, al acudir primero a Burgos, luego a Salamanca, individual, aisladamente, para solicitarme consejos, decisiones y refrendas,

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afianzaron el concepto de que yo representaba, en la organización, un poder moderador. »Tuve que afrontar, yo solo, muchas obligaciones que de otro modo hubieran quedado incumplidas, en el área nacional, y otras veces en asuntos provinciales y territoriales. Un ejemplo es el de que fuera precisa mi firma para que José Antonio Girón ocupara un cargo en las milicias de Valladolid)). Hay, en efecto, un acervo documental, que ratifica los conceptos de Hedilla. Antes de que terminara el mes de septiembre de 1936, Hedilla sometió a la Junta Nacional militar un proyecto de decreto, en favor de la concesión de créditos y moratorias a los agricultores, a fin de que éstos pudieran continuar sus labores con la máxima urgencia. A la vez, convocó una reunión de técnicos-ingenieros y peritos agrónomos para que asesoraran a dicha Junta militar Obtuvo lo reclamado. Ya en septiembre, la Junta de Mando se había encontrado con el hecho de falangistas que vivían en el extranjero, o neofalangistas que habían ido creando organizaciones, tanto en Europa como en América. Carecían de coherencia y de información. Con sentido de la realidad, habían iniciado suscripciones, recaudando víveres y ropas, y realizaban campañas de propaganda en la prensa y en las emisoras de radio. Éste era el caso de Buenos Aires, de Caracas, de Méjico, de la Habana; también, de Bélgica, Francia, Alemania ... En Italia existía ya una Falange, la de Milán, autorizada por José Antonio, y cuyo jefe era Arturo Garcia Cuartero. En septiembre llegaron de América importantes envíos -víveres, ropas, ,material sanitario- que continuaron arribando en distintas proporciones. Todas esas organizaciones y contribuciones fueron sistematizadas por el jefe de la Junta de Mando Un ex ministro de la Dictadura, don Eduardo Aunós, obtuvo el nombramiento de jefe de la organización en Bélgica. Y, a la vez, Hedilla lanzó serias advertenciasa los españoles residentes en el extranjero.

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a A los que pudiendo regresar a la patria no lo hacen, por no sacrificarse en las actuales circunstancias. »A los que poseyendo grandes medios de fortuna permanecen en el extranjero llevando una vida cómoda. »A aquellos que ostentan en el extranjero automóviles de matrícula española proclamando así su indiferencia. »España está escribiendo la página más brillante de su historia. Todo el que ostente con dignidad la nacionalidad española, debe contribuir con todo su esfuerzo a esta Cruzada. Pero, a aquellos que no lo hagan, debemos recordarles: »l." Que llegará el momento en que para reintegrarse a las actividades ciudadanas, se exigirá la hoja de sus servicios y de su participación en el dolor. »2P Los que no han hecho nada en favor del actual Movimiento no podrán codearse dignamente con los que han ofrecido su esfuerzo v su s a n m . »Falange Española, al publicar esta nota, cumple un deber ineludible u Surgían, inesperadamente, graves problemas. A mediados de s e p i e m h de 1936, el general Mola, como jefe del Ejército del Norte, había ratificado la disolución de todas las organizaciones sindicales y la prohibición de cualquier actividad en ese sentido. La disposición era ambigua. No mencionaba al nacionalsindicalismo, cuyos hombres, por docenas de millares, guarnecían y defendían los frentes y coadyuvaban a mantener en la retaguardia la producción y el orden. Lo dispuesto por Mola se prestaba, claramente, a interpretaciones discrecionales. En Zaragoza, donde los Sindicatos falangistas estaban arraigando y contaban'con millares de trabajadores afiliados, el capitán general aplicó la orden de Mola drásticamente. La censura militar recibió orden de tachar noticias, artículos y glosas, que se refirieran a la organización sindical falangista. ((Visité -testimonia Hedilia- al general. Brevemente le expuse la circunstancia. »-La guerra -manifest& no interrumpe el trabajo, más
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Amanecer de Zaragoza. 30 de septiembre de 1936 y 1 de octubre de 1936. ** Amanecer de Zaragoza. 1 de octubre de 1936.

* Amanecer de Zaragoza, 23 de octubre de 1936.

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bien lo fomenta e intensifica. Los trabajadores españoles deben ser atendidos por el sindicalismo falangista, por cuya instauración hemos contribuido al Alzamiento y estamos sirviendo al esfuerzo militar con una gran contribución de hombres. »Mala se negaba a exceptuar de la prohibición a los sindicatos falangistas. n-Pues no tenemos más remedio A j e fulminante- que hacer nuestra propaganda sindicalista y constituir Sindicatos por todas partes. »Al fin aceptó mis puntos de vista, y di instrucciones a Oscar Pérez Soliq para que propusiera las bases de las Centrales Obreras Nacional-sindicalistas a escala provincial. Era justo, era lógico. Al ser nombrado yo jefe de la Junta visité a la de Defensa, y a todos los generales, para ratificarles el apoyo de la Falange, dispuesta a incrementar su esfueno .en todos los sentidos. Resultaba inconcebible que se nos privara de una g a n posibilidad de nacionalizar a muchos trabajadores. >Recuerdoel período que comprende desde el 2 de septiembre al 1de octubre, como uno de los más ajetreados. Tuve que entrevistarme incesantemente con la Junta de Defensa, con el general Valdés Cabanill&, gobernador general del Estado, con don Miguel Cabanellas y don Fidel Dávila, etc., para tratar de cuestiones relacionadas con la guerra, la seguridad en la retaguardia, la economía, la intendencia Era abrumador, excedía a mis conocimientos, que deberían haber sido enciclopédicamente profundos, y lo sobrellevé gracias a dos normas: la fidelidad a mis ideales, inquebrantable, unida al sentimiento de mi modestia y al imperio del derecho y de la lógica en mi ánimo)). Sobre ese período, y las semanas de su estancia en Burgos, a A Hedilla se le encontraba hay una declaración expresiva a cualquier hora en su despacho de la Junta de Mandos, si necesidades del servicio no requerían su presencia en otro lugar. ,Se despachaba bien con Hedilla, serio y poco amigo de halagos y de palabras ociosas. Y con algún temor, por nuestra parte, de no haber acertado a cumplir las órdenes recibidas, pffe

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Testimonio de Florentino Martínez Mata.

a la buena voluntad puesta en el empeño. Satisfacía su aprobación y se temía su censura, con independencia de las ideas de premio y de castigo, en las que ni siquiera se pensaba. Su austeridad y sencillez encajaban perfectamente en el ambiente de la ciudad, entonces saturado de palabras y de obras de servicio y sacrificio. »El error principal de Hedilla consistió en respetar con excew todos los nombramientos hechos por José Antonio o a él atribuidos, los cuales habían sido firmados en condiciones absolutamente distintas de aquellas de la segunda mitad del año 1936)). Hubo falangistas nombrados por José Antonio, y q-ue habían tenido la confianza del jefe, que no arguyeron tales circunstancias y aceptaron cuanto se les ordenó. Pero la alusión de Florrntino Martínez Mata resulta muy certera si la referimos al caso de Rafael Garcerán. Al regreso de éste de su estancia .en un buque alemán surto en aguas alicantinas, Hedilla le apoyó para que fuese jefe territorial de León, Zamora y Salamanca. En 1963, nuestro personaje declara: «Lo hice para que tuviese medios de vida, de los que carecía en la zona nacional -y . por cierto, sus emolumentos excedieron con mucho a mi dieta-; tuviera alguna influencia para sacar a su familia de la zona roja y porque creí en su fidelidad al pensamiento de José Antonio)). Así, el neofalangista Rafael Garcerán se encontró situado en una posición de mando, y con acceso al cuartel general del Generalisimo, quien había elegido Salamanca como cuartel general, aunque ya a primeros de octubre Burgos aparecía como cabeza del Movimiento. Por un juego de coincidencias, el mismo día en que Garcerán resultó favorecido con aquel cargo, el Generalísimo Franco recibía en Salamanca la visita del conde Eckhart Du Moulin, embajador alemán en Lisboa. Éste fue amablemente recibido ya que el jefe del Estado le ofreció una comida. Du Moulin le hizo presente la felicitación de Adolf Hitler. Era el 6 de octubre de 1936.. Según documentos ya publicados, Franco declaró al embajador alemán que pronto conquistaría Madrid: la Mo-

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narquía no podía ser restaurada. ((Haré -añadió el Generalísimo- que todos los que luchan contra la República acepten una doctrina común, tanto el Ejército como la Falange, el Requeté, las derechas y los monárquicos)) Otro testigo del vivir de Hedilla expone *: «Su vida en Burgos, como por doquiera, fue sobria, dedicada al trabajo. No le vi nunca alejado de su tarea, salvo un pequeño descanso que se tomaba hacia las nueve de la noche para beber un vaso de cerveza en un bar del Espolón. »Políticamente, fue formidable. Exageró su deber, y exigió mucho de todos. Nunca tuvo flexib'ilidad, en su mando, para acomodarse a las realidades de la imperfección humana. Fui testigo de una entrevista que tuvo con un general, en Burgos; quizá era el divisionario De Benito. Como siempre, Hedilla abordaba los problemas con sencillez, claridad y modestia. Ante la inminencia del invierno quería que el frente estuviera abastecido de víveres, ropas, mantas... Acudió al general para pedir que a la Falange se le diese el mínimo de lo que necesitaba. »El militar no parecía inclinado a concederlo todo, y hubo unos minutos de tensión. »Al insistir Hedilla, siempre con su tono modesto, el visitado le dijo: »-Usted se olvida de que yo soy general de división. »Con parsimonia, sin alzar la voz, el jefe de la Junta de Mando replicó: n-Pues yo mando veinte veces más que usted, ya que tengo más hombres en el frente y mi deber es servirlos, porque lo merecen todo)). Ocurrieron, con demasiada frecuencia, lances de ese tipo, cuyo origen y desarrollo parecen inexplicables si no mediaba una actitud hostil a la Milicia falangista. Así ocurrió con un viaje de los nacional-sindicalistasdefensores del Alcázar de Toledo, liberado, tras 68 días de asedio, el 27 de septiembre de 1936. La Falange había dado el mayor número de combatientes

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* Docuntents c Cerman Foreign Policy. m ** Testimonio de Antonio Villaverde.

voluntarios, sesenta. Los populistas, aportaron 18; los tradicionalistas, 4; Renovación española, 8. Hubo 15 voluntarios independientes y un republicano autónomo. El jefe territorial de Aragón, Jesús Muro, con justo sentido de la realidad, pensó que la presenoia de los falangistas toledanos en una región que se hallaba invadida en buena parte por el enemigo, establecido a corta distancia de Zaragoza, y asediando a Huesca y Teruel, podía (un vigoroso estímulo. Invitó a una representación de los falangistas del Alcázar, quienes salieron, en un autocar, de Toledo, e hicieron su primera etapa en Valladolid, donde se encontraba el general Mola. Éste los recibió, dirigiéndoles frases de encomio. Al llegar a Logroño, el gobernador militar requirió la presencia del lefe de la expedición, .José Conde Alonso. Aquél se mostró apenado porque había recibido orden del Ejército del Norte de arrestar a los falangistas y devolverles, conducidos, a Toledo. Empero, el general jefe del Ejército del Norte era Mola, quien les había felicitado horas antes. Pasaron los expedicionanos, arrestados, al cuartel de Artillería, y Conde Alonso obtuvo del gobernador militar que éste se aviniese a acompañarle a Burgos para esclarecer los motivos de la orden. En la ciudad castellana descubrieron lo que Ocurría. El teniente coronel Heli Rolando de Tella, al que se había nombrado gobernador militar de Toledo, lanzó a través del Ejército del Norte la orden de arresto y de reenvío de los falangistas, acusándoles de haber abandonado sus puestos. Los falangistas no eran militares y habían aceptado la disciplina voluntariamente, en el curso de los 68 días que duró el asedio del Alcázar. Su compromiso había terminado en el mismo instante en que la fortaleza y la ciudad fueron liberados. Pero el teniente coronel Tella no los consideraba voluntarios. Hedilla tuvo que intervenir, inmediatamente, y por medio del teniente coronel de Estado Mayor, señor Aizpuru, logró que se revocase la orden. Los falangistas reanudaron su viaje a Zaragoza, como Jesús Muro había previsto, y su presencia elevó el tono.

Serie D., vol. 111, Pág. 707.

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MODIFICACIONES EN LOS MANDOS TERRITORIALES

La evasión de falangistas desde la zona roja, fue parsimoniosa, por lo dificil. En el domicilio de la Embajada de Cuba en Madrid habíap alcanzado refugio José María Alonso' Goya, jefe provincial de milicias de Santander, Gumersindo García Femánda, que había tenido mando en la Primera Línea madrileña, y Sancho Dávila, al que José Antonio designó jefe territorial de Andalucía. «Después de mi liberación de la cárcel Modelo -testimonia Gumersindo García Fernándeestando en la Embajada de Cuba, nos evacuaron a la vez a Alonso Goya y a mí. Desembarcarno. en Marsella. Conmigo salieron mis padres y mis hermanos. »Inmediatamente, Alonso Goya y yo tomamos el camino de España. Llegamos a Irún hacia el 1 2 de septiembre, pero no nos consintieron cruzar la frontera. Para nuestro viaje, habíamos dispuesto del dinero justo, y en metálico nos quedaban cuarenta duros. Tomamos un taxi francés y nos fuimos al paso navarro de Dancharinea, donde nos autorizaron a entrar en la zona nacional. ))José Moreno actuaba en funciones de jefe de Navarra, y nos metió en un tren con dirección a Burgos. >)Nospresentamos a Manuel Hedilla, con quien cenamos. Dormimos en la habitación que el jefe de la Junta de Mando tenía en el Hotel París)). Días después llegó Sancho Dávila a la zona nacional. Como sucedía a todos los falangistas evadidos de la zona roja, quedó deslumbrado por el desarrollo de la Falange. Había hombres que acababan de sufrir atroces penalidades, y al llegar a Burgos y oír, en la noche otoñal, el himno de la Falange mreado, en el Espolón, por millares de voces, vertían lágrimas contenidas con dureza ante el dolor. El espectáculo en los frentes, donde tuvo que ser arriada la bandera de la Falange, cuyos colores inducían a relativa confusión -tal dijeron los técnicos militares- con los de la F.A.I.. era aún más patético. En el frente

aragonés, y como símbolo de la unidad hispana desde los primeros meses de la guerra, había centurias de voluntaRw fhlangistas que llegaron de Galicia y guarnecían, sobre todo, la dura Enea oscense, donde la tierra de nadie apenas media unos metros. Los gallegos, con sus gaitas, su suave acento, tan distinto al aragonés, y una insignia vemácula que se habían inventado con humorismo -un centollo en la manga o en el pecho, por lo cual se les llamaba los mariscos- daban en Aragón la medida deala solidaridad nacional, espontánea, voluntaria. Y así sucedía con las centurias canarias y del protectorado de Marruecos, que combatian por entonces en las tierras manchegas y extremeñas. Dávila tenía un aire pasmado, de estupefacción, que se acreció al llegar a Sevilla. Había dejado una Falange minúscula, y Joaquín Miranda le mostraba una organización gigantesca. En cualquier caso -hasta que el jefe nacional pudiera dar a conocer su opinión-, Sancho Dávila tenía derecho a recuperar su mando territorial; todos los miembros de la Junta de Mando se mostraron conformes y aún quisieron dar al camarada evadido una prueba de estimación reuniéndose en Sevilla. El 6 de octubre, la Junta de Mando presidida por Hedilla acordó la incorporación a la jefatura territorial de Andalucía, y a la misma Junta, de Sancho Dávila Fernández de Celis. Asistieron Agustin Aznar, Andrés Redondo, Jesús Muro, José Moreno y el secretario de la Junta, Bravo. Excusó su asistencia -Toledo, su ciudad, había sido conquistada el 22 de s e p t i e m b r e José Sainz. Con carácter provisional, las jefaturas territoriales se arpa" nizaron del siguiente modo, hasta nuevo acuerdo de la Junta de Mando: MARRUECOS. Ramón Cazañas, con residencia en Melilla. GALICIA. Mario González Zaera, La Comña. LEÓN, ZAMORA Y SALAMANCA. Rafael Garcerán Sánchez, Salamanca. VALLADOLID, PALENCIA, AVILA Y SEGOVIA. Andrés Redondo Ortega, Valladolid.

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HUESCA, ZARAGOZA, TER'LTEL Y LOGRORO. Jesús Muro Sevilla, Zaragom SANTANDER, BURGOS, SORIA Y GUADALAJARA. Manuel Hedilia Larrey, Burgos. NAVARRA Y VASCONGADAS. Jaeé Moreno, Pamplona. ANDALUCÍA. Sancho Dávila Fernández de Celis, Sevilla. EXTREMADURA. José Luna Meléndez, Cáceres. CANARIAS. Diego Feria, Santa Cruz de Tenerife. BALEARES. (Sin resolver, lo mismo que Asturias).

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Gracias al apoyo de Hedilh, Rafael Garcerán entraba en la esfera de los mandos temtoriales. Pero esa distribución de territoriales tuvo, por lo que se refiere a Manuel Hedilla, especial significación. Pasado un cuarto de siglo del nombramiento de Hedilla como jefe de la Junta de Mando, un falangista, que participó en el congreso de Valladolid, nos ha declarado «En la elección de Hedilla como jefe influyó, sin duda, en nosotros, la noción de que no disponía de territorio liberado sobre el cual actuar. Luego tenía menos obligaciones en ese sentido, lo que le permitía dedicarse por entero a la jefatura*. El argumento, que Jesús Muro aduce con indudable buena fe, dejó de ser válido en el mes de octubre de 1936: treinta y cuatro días después de la elección hecha en Valladolid, Burgos, Sona y parte de Guadalajara estaban bajo el dominio de las armas nacionales. Ya tenía Manuel Hedilla una misión territorial en la que debía ocuparse. Estaba, por tanto, en igualdad de condiciones con sus compañeros de la Junta. Pero nadie planteó, en Sevilla, la modificación de la jefatura ni de la estructura de la Junta de Mando. No lo hii el nuevo vocal que acababa de incorporarse, Sancho Dávila, quien presentó, por cierto, una moción, que fue aprobada, PRO fNTEGRA APLICACIbN DE ]LOS IDEALES NACIONAL SINDICALISTAS. Esa reunión en Sevilla, deparó a Agustín Aznar un s u b jefe: Gumersindo García Fehndez. Y se abrió camino la ini-

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ciativa personal de Hedilla para que los jefe de centuria recibiesen instrucción adecuada. En rigor, este proyecto lo adoptó el poder constituido, más tarde, el establecer las Academias de alféreces provisionales. Jefes de centuria, alféreces provisionales... Se trataba, en suma, de proporcionar enseñanza militar intensiva a los voluntarios. La primera academia falangista fue creada en la provincia de Sevilla, la segunda en Pedro Llen, cerca de Salamanca. ((Pedí -testimonia Hedilla- al embajador Von Faupel que nos proporcionara oficiales alemanes instructores, pero recalqué que no aceptariamos intromisiones políticas nacional-sucialistasn. Entre los primeros instructores figuró Joaquín Von Knobloch. También hubo un oficid finlandés, Von Hartman, que luchó en el frente de Santander, al lado de la centuria catalana. Esta precedencia en los nuevos métodos impuestos por la guerra, que corresponde a la Falange, se ratificó, el mismo mes de octubre, con la formación de una centuria de Caballería en Burgos. Políticamente, «se 'decidió, consciente la Junta de la importancia histórica del momento que atravesamos, prestar nuestra asistencia al general don Francisco Franco, manteniendo, como es natural, nuestra fidelidad a la doctrina, al programa y al jefe nacional, José Antonio, y procurando conseguir ventajas tácticas en la representación de toda clase de organismos oficiales, a condición de no comprometer lo más mínimo nuestro prestigio y nuestra pureza de conducta)) Según fue habitual en las reuniones de la Junta de Mando, quedó formulado un índice de tareas que debía acometer la Jefatura. Con la llegada a la zona nacional de Pila; Primo de Rivera, iba a reorganizarse la Sección Femenina, a las órdenes de la hermana de José Antonio. Mas para celebrar su 1 Consejo Nacional, las mujeres falangistas acudieron como era invariable en todos los servicios, a pedir la tutela y el apoyo del jefe de la Junta, y así, en Salamanca, fue celebrado aquel Consejo.

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* Testimonio de Jesús Muro.

* Circular de Manuel Hedilla de 9 de octubre de 1936.

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Para desamllgi. la Central Obrera Nacional-sindicalista, la Junta encomendó la tarea a Rafael Garcerán y otros falangistas. Mas, Garcerán no la llevó a cabo, y Manuel Hedilla, en discursos, circulares y consignas, procuró comlidar los sindicatos. Sería abordada la reorganización del Sindicato Español Universitario en la zona nacional, mediante un Congreeo; se em+ a a la Prensa y a la Propaginda; quedó decidido que una comisión de médicos, escritores y maestros falangistas hicieran el reglamento de la ya nacida organización juvenil; s impuso la obligación de fiscalizar severamente los e gasta y los ingrews y quedó sdemnemente acordado que la Falange trabajaría para que las familias de las víctimas de la guerra no quedasen desamparadas. Cada jefatura provincial, por su parte, mostraría su solidaridad, en todos los sentidos, con los familiares de los muertos. Hubo, desde el principio, manifiesta claridad en el régimen interior de la organización. En su primera circular a todos los mandos provinciales, Hedilla declaró: aQuedan en plena vigencia l a Estatutos de la Falange, de los que se acompañan dos ejemplares, debiendo esa jefatura provincial editarlos por su cuenta en número suficiente, para que en todas las JONS se conozcan y, si posible fuera, lleguen a manos de todos los miliY tantes~. añadía: «En plena vigencia los Estatutos, se ordena terminantemente a todas las jefaturas del Movimiento que en su actuación se atengan a los mismos. No pueden ser invadidas las funciones de ninguna autoridad dentro de la Falange. Es menester acabar con el período anárquico que desde el comienzo de la guerra civil hasta la fecha ha atravesado la Falange. ~NingUnjefe territorial o provincial podrá entablar relación con otro de su categoría, sino en la forma establecida por los Estatutos salvo necesidades imperiosas determinadas por la lucha. Quienes a espaldas de esta jefatura, realicen actos contrarios a la lealtad y a la disciplina que fueron siempre las normas de honor de la Falange, serán sancionados con toda dureza»

*.

* Circular del 9 de septiembre de

1936.

Tal obediencia a la norma a su espíritu y a su letraresultaba ingrata, tras el período de arbitrariedad disciplinaria que había durado seis largas semanas, a ciertos mandos. Y era mucho más ingrata a los neofalangistas que en la Segunda Línea- esto es, en la retaguardia- habían podido incrustarse en puestos de dirección, organización y asesoría. El falangista anterior a 1936 estaba acostumbrado a obedecer y a servir. Los nuevos carecían del aprendizaje disciplinario y del punto de adhesión ideológico que eran indispensables para trabajar en la organización. En varias zonas provinciales se oían murmullos contra los recién llegados, cuya filiación política anterior solía ser antagonista de la Falange. Graves m u m u l los... Hedilla planteó la cuestión, desnudamente, en el seno de la Falange y ante el país. «A todos los jefes provinciales. Estimado compañero: El auge de nuestra Falange desde el comienzo de la guerra civil se debe sobre todo a las virtudes de heroísmo, abnegación y espíritu de sacrificio de aquellos que, con anterioridad al 16 de febrero, formaron la vieja guardia. Esta verdad tiene que ser para nosotros un postulado indeclinable. Como también esta otra: que el falangista que ha luchado y lucha en los frentes de batalla, es superior, para nuestra conceptuación, a aquellos otros que únicamente han soportado las molestias de la retaguardia. »Diversas incidencias que llegan hasta la jefatura de la Junta de Mando provisional, acusan la presencia de un posible mal interno, que puede minar el espíritu fraternal y de compañerismo que hizo invencible a la Falange, aún en los días de máxima represión contra nosotros. Parece ser que para los cargos de algunas provincias se prefiere a camaradas de la última hora sobre aquelIos de probada abnegación y desinterés, demostrados en los tiempos difíciles. Cierto que para los cargos de responsabilidad hay que buscar a b s falangistas capacitados, sea cual fuere su antigüedad en nuestras filas. Pero en caso de igualdad de méritos y capacidades, deben los jefes territoriales y provinciales preferir siempre a los "camisas viejasn que están compenetrados con el ideal nacional-sindicalista. nada hay que pueda desmoralizar más a nuestros com-

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pañeros que determinaciones caprichosas imposibles de cohonestar con el espíritu de serena justicia y de riguroso reconocimiento de méritos, que fueron normas de la Falange cuando sobre todos existia la autoridad indiscutible de nuestro Jefe Nacional. »Este problema delicado no puede ser objeto de regulación por preceptos o normas concretas. Es el sentido de responsabilidad de los Jefes, en todas las jerarquías, el que debe mostrarse superando motivos personales, simpatías y hasta sentimientos. A su honor, a su interpretación falangista del deber, acudo para que, con el máximo cuidado, procuren siempre que cuando el interés de España y de la Falange no sufra, sea preferido un camarada apto, de historial limpio y antiguo, a aquel otro que pudiera haber llegado a nuestras filas arrastrado por la atracción del éxito. nlonfio en que todas las Jefaturas habrán sabido cumplir con su deber en esta delicada cuestión Y QUE PARA ELLAS NO SUPONDRÁ UNA MOLESTIA EL DAR A LA PUBLICIDAD ESTA CIRCULAR, que en todo caso persigue el fin de avalar su conducta y robustecer su autoridad. »Y en cuanto a los camaradas en general deberán siempre mostrarse disciplinados y acatar, con espíritu alegre y satisfecho, lo que las respectivas jefaturas dispongan, seguros de que, en definitiva, dentro de la Falange, prevalecen siempre la equidad y la justicia)) *. Otro riesgo, de menor cuantía, mas que era susceptible de ser explotado por toda clase de enemigos,.amenazaba a la Falange. Se trataba de ciertas p u p a s o antagonismos internos -y muy favorecidos por el carácter hispaen punto a valor,-cuantía numérica, historial... Tempranamente, Hedilla puso en guardia a los falangistas **: «Falange Española de las JONS es una e indivisible. Sus glorias son comunes y sus ermres también. Hay que terminar de manera rotunda con el afán aldeano, de baja calidad, que consiste en exaltar a la Falange
* Circular del 16 de octubre de 1936. ** Circular del 11 de septiembre de 1936.

de una provincia sobre las de otras, a las JONS de una localidad sobre otras vecims. »Para lo sucesivo, que no vuelva a producirse un acto, un gesto ni un rito que puedan significar diferencia o afán de supremacía. Falange-Espabola de las JONS, repito, es una e indivisible. Que los jefes, todos, lo sepan comprender e imponer. El estilo falangista es enemigo de toda falsa emulación y de toda exaltación desviada de particularismos provinciales o locales». El designio y la claridad al expresarlo, eran netamente joséantonianos. Las órdenes del Jefe Nacional fueron siempre concretas, claras, aliteranas. Cuanto en el discurso y en la página ponía José Antonio de hermosura literaria y de dignidad conceptual, se convertían en senciiia exposición al mandar. Si había semejanza en la frase y en el gesto, también existía correlación en la conducta. Los testimonios sobre la austeridad de Hedilla son terminantes. Hay otras corroboraciones que tienen incontestable fuerza matemática. Durante su jefatura de la Junta de Mando Provisiond, cobró setecientas cincuenta pesetas mensuales, como gastos de representación. Manuel Hedilla le costaba a la Falange veinticinco pesetas diarias. En los cajones de su-mesa, tenía talonarios de cheques para librar contra cuentas corrientes de la organización. Pero él impuso una fiscalización rigurosísima de las finanzas. Fue generoso, sin tasa, para los frentes, los intentos de rescate de José Antonio, el Auxilio de Invierno, la ayuda a las familias de los falangistas caídos. Jamás libró una sola peseta para sus gastos particulares. Sólo disponía de un par de pantalones negros de uniforme y de varias camisas azules, todo ello confeccionado por las mujeres de la Falange, de dos cazadoras, un correaje y un gorro. Los trajes de paisano que a veces utilizó -y que deberían durarle hasta muy entrado 1 9 4 1 - e r a n los que había llevado en su maleta a Galicia el día 12 de julio de 1936. Su esposa o su madre acudían, con una modesta cesta, al mercado salmantino, naturalmente a pie, y pasaban la jornada en el hogar. Nunca participaron en ninguna ceremonia ni acto político de cualquier clase. Tan grande austeridad se ampliaba a todo el acontecer coti-

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diano. Al empezar la guerra, los jefes territoriales, los provinciales y quienes ni siquiera tenían esa jerarquía, se proveyeron de numerosas escoltas, armadas con fusiles, ametralladoras, bombas de mano. revólveres... Por los caminos de la zona nacional se veían dos o tres coches, con la bandera falangista. En uno iba el jefe, acompañado por varios camaradas. El otro o los otros llevaban el resto de la escolta v al secretario. La Falange, como los militares y el Requeté, tenía derecho a surtirse de gasolina por medio de vales. Los automóviles -todos los que circulaban coq esos mandos y con burócratas y encargados de los servicios de la Junta de Defensa, luego de la Junta Técnica del Estadprovenían de requisas. Los mandos militares también dispusieron de escoltas. Objetivamente, por espacio de largos meses, resultaba necesaria la protección de los mandos durante los viajes, y aún en las ciudades. Había zonas peligrosas y otras dudosas, en Andalucía, Extremadura, Aragón. No era posible excluir la posibilidad de atentados aislados o sistemáticos. Habría sido muy fácil penetrar en la modesta casa de vecindad donde Hedilla residía en Salamanca v cometer un atentado. Otro tanto podía decirse de los hoteles y fondas a que acudían los mandos po. . líticus. Convenía, pues, cierta protección, mas Hedilla quiso corregir, hasta el justo límite, los alardes de seguridad de que hacían gala muchos de sus compañeros. En algunos casos, logró que se redujera el número de vehículos y el de miembros de las escoltas. En otros casos. encontró una resistencia ~asiva. Hedilla no queria escolta, pero se avino a tenerla, para no infligir a sus compañeros un perpetuo reproche. Podía creerse, de otra parte, que afectaba el orgullo del valor personal. Pero escogió a falangistas que habían sido fogueados y demostrado su valor en las luchas anteriores al día 18 de julio y en el Alzamiento. Algunos tenían cicatrices. Así, halló en Burgos a Sotero Pereda, de Santander; había estado en las operaciones para consolidar el dominio nacional en Palencia. en una exr>edición hecha sobre la provincia de Santander, en Somosierra, donde ganó en el campo de batalla las estrellas de teniente

«-Ahora, le dijo, te quedarás conmigo, por el momento. Vete a Briviesca y recluta gente. »-Fui -expone el falangista- y me traje cien hombres, ifSe éstos, dos curasn Adscribió a otros montañeses: Carlos Thomas, Angel Fiochi Gil, Carlos Merino y el mecánico Aquilino Gutiérrez. Eran Hamados, en Burgos y Salamanca, «la escolta de los hambrientos)). Sotero Pereda devolvió las estrellas de teniente y se quedó con Hedilla. Su testimonio es sugestivo: «Mientras estuvimos en Burgos, hacíamos las tres comidas, en el Fomos, por 3,50 por cabeza. Dormíamos en el cuartel. En Salamanca, .míamos y dormíamos en el cuartel. Mi madre, que pudo llegar a Burgos, nos hizo unos capotes. Los vio Hedilla y dispuso que los mandáramos al frente. Nos abrigábamos con jerseys y camisetas de punto que también confeccionó mi madre. Hedilla en su casa procedía con rigida austeridad y la imponía a los que dependían de la jefatura de la Junta de Mando. Cuando salía de viaje, su comida era tan sencilla y parca como en su hogar. Una vez se enteró de que un mando de Palencia, al que se le había encomendado adquirir mantas para el frente, puso dos pesetas de más por cada una; él mismo fue a Palencia y le destituyó. »Nunca teníamos dinero en el bolsillo. Nos lo procurábamos cerca de los montañeses, quienes lo prestaban a título particular. »Era generoso para todo lo que se relacionase con la guerra. E implacable con las transgresiones de la doctrina falangista. Un día íbamos por una calle de Salamanca y vimos unos carteles que procedían de los servicios del Cuartel General de Franco: En ellos se leía: »i Caridad! »Ni un hogar sin lumbre, ni d n español sin pan. >)Leoímos al jefe decir, entre dientes: D-NO sólo por caridad sino también por justicia. >)Carlos Thomas, Ortiz de Hazas y yo, logramos de un camarada de Prensa y Propaganda que nos facilitara unas bandas

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Testimonio de Sotero Pereda.

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impresas para cubrir la palabra "icaridad!" Nuestros letreros decían: "i Justicia!" »Después de la llegada a Salamanca, redujo la escolta, mientras algunos las aumentaban. Nos quedamos A o Gutiérrez, Angel Fiochi y yo. Aquilino le servía a Hedilla para descansar del volante. Después de catorce horas de trabajo, si teníamos que salir de viaje, Hedilla conducía otras horas más, pero nuestro deber era reducir su esfuerzo. Aunque, ciertamente, nunca le vimos cansado)). LA LEALTAD EN EL SERVICIO DE LA GUERRA Catorce días después de haber asumido la jefatura de la Junta de Mando, Hedilla expuso lapidariamente ((Las enseñanzas de la campana han servido para hacer ver la conveniencia de que las unidades de Falange que sean destinadas al frente, vayan mandadas y encuadradas por oficiales y jefes del Ejército. Debe aspirarse a que dicha oficialidad sea de Falange o simpatice con nosotros. Pero es necesario impedir que las centurias puedan ir a los frentes sin mandos militares. »Las jefaturas que desatiendan esta orden importante serán sancionadas. Nuestros mandos naturales sólo deben ejercer la misión directiva en la lucha en caso de ser militares)). Días después, en otra circular, ordenaba: ((Igualmente saludarán nuestros voluntarios militarizados a todos los oficiales y jefes del Ejército)). En otra circular encarecía ((Hay que hacer cuanto sea preciso para evitar que la Falange y sus Milicias puedan parecerse a una soldadesca indisciplinadan. En la zona nacional, y a consecuencia de la aportación decisiva en el Alzamiento y en las sucesivas operaciopes de las milicias -tanto las de Falange como las del Requeté-, había surgido una opinión eufórica sobre la capacidad de las guerrillas. En lo que genéricamente se denomina el instinto guerrillero y juntero del español, hay buena dosis de antimilitarismo y de nativo, * Circular del 29 de septiembre de 1936. ** Circular del 11 de septiembre de 1936..

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rudimentario, anarquismo. Por aquellas fechas, en la zona de la República Popular se observaban, claro es que con signo distinto, parecidos sentimientos y manifestaciones. Eran todavía las horas de las milicias de la C.N.T.-F.A.I., del ((P.0.U.M.n y de otras organizaciones marxistas... El antimilitarismo en los combatientes nacionales representaba su opinión negativa a l gobierno político por los militares; no era una fobia a lo militar, contra el Ejército. Mas podía ser explotada por el enemigo como hicieron los agentes nacionales en el territorio republicano, hasta que el Partido Comunista creó el Quinto Regimiento y se convirtió en partícipe poderoso del gobierno. La guerra no podía prescindir de los militares: tampoco podia prescindir de los escritores. La guerrilla, como las masas combatientes con mandos improvisados, era además impropia para una guerra de tipo moderno y suponía un despilfarro sangriento de hombres. Los peligros de la absorción total, por el Ejército, de los voluntarios, eran evidentes, pero esa despolitización debía ser contrarrestada por el mando -los mandos- de las organizaciones políticas: la Falange y el Requeté. Hedilla caminó, franca y resueltamente por esa vía. Mostró, sin circunloquios, ante la organización y el entero pueblo de España, el imperioso deber de ganar la guerra. En sus discurso.; se contenían afirmaciones claras en tal sentido. No desaprovechó ninguna ocasión para exponer que la Falange estaba asociada a los militares. Quince días antes de que Franco fuese designado jefe del Estado, Hedilla, desde Radio Castilla de Burgos, en discurso reproducido por la prensa, afirmó : «He de velar implacablemente por nuestra disciplina interna, por que los postulados doctrinales del Nacional-sindicalismo no se conculquen y por el triunfo del Movimiento nacional, al que fuimos con el ejército y los tradicionalistas, estimando sobre todo que el fin rápido y triunfal de la guerra civil es el objetivo primordial de la Falange.

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* Amanecer, de Zaragoza, 16 de septiembre de 1936.

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»Del triunfo en la guerra civil, no hay por qué hablar, puesto que se halla asegurado. El prestigio de los generales que nos dirigen, la asistencia de las masas populares todas, el valor heroica de nuestros soldados y milicianos, son prendas seguras de la victoria. Respecto a esta finalidad, Falange lo único que tiene que decir es que seguirá ayudando hasta el límite del sacrificio para la total y definitiva derrota de los rojos)). La aviación enemiga bombardeó, un día decembrino de 1936, la ciudad de Salamanca, originando víctimas precisamente en los barrios donde vivían trabajadores. Hedilla, en una alocución pronunciada aquella misma noche por la radio, declaró: a Segundo a segundo se hace más fuerte y entrañable el juramento sagrado que se hicieron Ejército y Falange, cuando encontraron una misma ruta, la del heroísmo y sacrificio, para salvar a España de la ruina y hacerla Una, Grande y Libre... Si necesitásemos estímulo - q u e nunca hemos precisado- para mantener nuestra línea, lo tendríamos en el Ejército, triunfante cada hora, y en el pueblo español, ya confundido con nosotros mismos. Y en el gesto sereno y sencillo, enérgico y noble del Generalísimo de todos los ejércitos españoles, junto al que la Falange espera, confiada, ver la llegada de la grandeza de España » En el famoso discurso de Nochebuena en 1936, expuso: «Con esa ayuda del pueblo hemos equipado y enviado al frente centurias y centurias. Y digo equipar, aunque al principio fueron con el pecho desnudo y la divina fiebre del patriotismo en la frente tocada con el humilde gorro falangista. Sin elementos, sin dinero, sólo por la devoción entusiasta del pueblo español, se ha podido hacer el milagro de tener en la Primera Línea de la epopeya a muchos millares de falangistas. »Calculad, camaradas, por lo que cuesta armar, equipar y mantener a un hombre, el volumen del esfuerzo realizado y el entusiasmo del pueblo por nuestro Movimiento. »...Vosotros, mal equipados y con la sonrisa en los labios, hicisteis frente a un enemigo mucho más numeroso que poseía

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Arriba Espana, de Pamplona, 4 de diciembre de 1936.

h s más modernas ametralladoras mientras vosotros sólo teníais fusiles, y que poseía cascos de acero, cuando vosotros sólo poseíais el gorrillo del uniforme, glorioso ya en la historia como un casco inmortal. Tuvisteis que soportar raciones escasas, mientras enfrente reventaban los fardos de víveres adquiridos con el oro del saqueo »Falange Española está orgullosa de vosotros, camisas azules de la Primera Linea Es para nosotros una obligaci6n y un deber corresponder a tanto sacrificio. Y es mi aspiración llevar a todas nuestras filas y organismos, hasta el fanatismo, el espíritu de nuestra doctrina, por la que vosotros andáis alegremente entre la muerte, en la vanguardia. Por eso ahora me dirijo a ia retaguardia, a ese sinnúmero de gentes de la Segunda Linea, magníficamente equipadas, con esas imponentes botas marciales y esos capotes de Polo norte y esos guantes de piel. »¿No creéis, camaradas, que el espíritu de la Falange os obliga a ,&r todo eso inmediatamente a los camaradas del frente, que con los pies helados hacen guardia perenne en las montañas? Yo os requiero a esta ofrenda voluntaria y deseo que nadie, sin estar en el frente, lleve equipo de Primera Línea. »Así pues, mañana, primer día de Navidad, en todos los centros de Falange Española se recogerán esos donativos y cada oficina los remitira inmediatamente a sus respectivas centurias. Al despojaros de esas prendas, falangistas de retaguardia, pensad que cumplís con un deber de patriotas y, sobre todo, de falan&as. >)Tambiénos digo a vosotros, los de la Primera Linea, que espero que acabe la guerra para que vengáis a tomar parte en la gran obra de la reconstrucción nacional, para que de vosotros, los que habéis tenido el valor de enfrentaros con la muerte cara a cara, salgan los escultores de la nueva España, pues el temple de la Falange Española es militar, y soldados tienen que ser sus dingent es... »Las centurias de Falange tienen que convertirse, en poco tiempo, en modelo de limpieza, orden y camaradería. Me dirijo a vuestros jefes para que se preparen a trabajar intensamente por el logro de este ideal de cultura, buen estilo y policía mili-

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tar. Pronto os llegarán disposiciones que cumpliréis fielmente, y pronto se instituirá un sistema de inspección, para que se aparte a la gente indeseable y se purifiquen los mandos, si hubiera necesidad » En el aniversario de las elecciones del 16 de febrero, Hedilla pronunció un extenso discurso en el que aludió a los restos de individualismo e indisciplina atribuidos al pueblo español, afirmando que la Falange infundiría otro estilo. Analizó el wncepto de la disciplina, de la que dijo: ((Disciplina como la de los camaradas de Sevilla y militares que a las órdenes del general Queipo de Llano ganaron la ciudad en una tarde. Disciplina como la de los muchachos de Valladolid, que a las órdenes de Mola, secas y estrictas, pero paternales, escribieron páginas de gloria en Somosierra y en el Alto del León, como héroes de leyenda antigua. »Disciplina, finalmente, como la maravillosa y matemática disciplina, de la hora, del minuto y del segundo, que ha infundido el espíritu joven, fuerte y español del generalísimo Franco en los cuadros y unidades del ejército, llevándole a la victoria por los caminos difíciles de las primeras semanas, entre privaciones y escaseces. »Disciplina de la que el español es capaz, cuando se le sabe mandar en nombre de la patria. Disciplina y constancia. Porque hay en Falange camaradas capaces de dar su vida en un segundo. Lo que hace falta es saberla dar en un minuto, en una hora, en un día, en toda una existencia de trabajo fecundo y OSCUroP. La Falange conmemoró el aniversario del encarcelamiento de José Antonio -14 de man-. En un discurso, Manuel Hedilla dijo: ((Camaradasde la Falange: iEscuchad mis Últimas palabras! Nos las dicta en estos momentos, que quiero llamar solemnes, el destino de la patria. ¡Firmes todos! ¡Arma al brazo todos! Ganemos, al lado del ejército, la guerra. Y ganemos luego la paz »Al precio de la sangre vertida a raudales por nuestros

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mejores camaradas y por los mejores soldados de España, estamos ganando el futuro. Ganándolo, joidlo bien!, y todo aquello que se gana a precio de sangre, hay que defenderlo también al mismo precio. Y al del sacrificiou. El italiano Farinacci obtuvo del jefe de la Junta de Mando unas declaraciones que publicó en 1 Regime Fascista y que se 1 reprodujeron, parcialmente, en la prensa española. »-¿Qué "sión atribuye Falange al ejército? -preguntó Farinacci. P-Queremos una España grande, y, por lo tanto, es natural que también queramos un ejército p o d e m , eficaz y magníficamente equipado, material y moralmente. O sea, dotado con las armas modernas que dan eficiencia belica, y con una nueva disciplina y concepto del deber hacia la patria, exclusivamente hacia la patria, que lo aleje de toda aventura política. Estas ideas sobre el ejército nacional se refieren también a la marina *ya la aviación. n-¿Cuál será el porvenir de los falangistas ex combatientes? u-Queremos que se constituya, después de la victoria, por todos los ex combatientes animados por nuestra doctrina, una milicia nacional que deberá ser la guardia armada de la Revolución, para darle consistencia y un carácter permanente, lo cual sena imposible si la guardia de la Revolución fuese confiada al ejército, que tiene otros fines, o si fuera privada d& t d guardia, lo que equivaldría a regalar los frutos de la guerra, al primer revolucionario que pasase, en momento oportuno, por la callen. He ahí, en síntesis, la actitud ideológica de la Falange, en sus puntos y en la extensión doctrinal hecha por J& Antonio y sus más cercanos colaboradores. Durante el mando de Manuel Hedilla, era visible que las plabras sucedían a los hechos. Cuanto afirmó públicamente lo había practicado con anterioridad. En la sucesión cronológica de este TESTIMONIO se verán las proporciones y la constancia de la aportación falangista a la guerra, desde la toma de p e s i ó n

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* El adelanto, de Salamanca, 17 de abril de 1937.

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hasta el final de un mando. Y aún antes, en las primeras semanas, durante su actividad en Galicia, ya anotada. El frente norte, extenso, quebrado y difícil, lo era aún más en la provincia burgalesa. Desde su llegada a Burgos, Hedilla trabajó para secundar el gran esfuerzo acometido por el jefe provincial José Andino y sus colaboradores en el mando para cubrir vacíos y taponar brechas. Tuvo dos núcleos iniciales: los montañeses, evadidos, y los catalanes. Era un frente con soluciones de continuidad, por la falta de hombres y de material. Asturianos, montañeses y vascos enemigos amenazaban Vitoria, Burgos, Palencia y León. La cordillera cantábrica, con sus alturas, entre 1.000 a 2.678 metros, imponía a los dos bandos un esfuerzo penoso. En ciertos lugares, la ventaja estratégica era para el enemigo; en otros, para los nacionales. El enemigo resultaba favorecido, no obstante. Rigurosamente, ese frente -sobre todo Burgos y Palencia- se cubrió con voluntarios, en su mayoría falangistas. En él estuvieron burgaleses y palentinos desde el primer día. Luego hubo montañeses y catalanes, y también castellanos de Valladolid. La primera centuria catalana se formó a fines de agosto de 1936 *. « Hedilla supo elevarse por encima de las rencillias de campanario, y prestó todo su aliento a la formación de aquella primera centuria incluso contra el criterio de algunos reyeauelos de taifa que pretendían poco menos que una guerra total contra Cataluña, y que sólo nos admitían casi como unos quislings. Los que sobreviven han dejado honda huella y todos ion hoy relevantesD. Hedilla interpretó, exactamente, lo que representaban aquel b s excepcionales catalanes que, al llegar evadidos a la zona nacional, se vestían la camisa azul y pedían el sitio de mayor peligro para combatir. La centuria comprendió voluntarios entre los 17 y los 52 años. Salió al frente de Espinosa de los Monteros el 5 de octubre de 1936, para reunirse con otra centuria falangista, la 1, y otra de tipo local. Ya estaba bautizada: Pri* Testimonio de José María Fontana Tarrats.

mera Centuria catalana de Falange Española, Virgen de Montserrat. Su equipo, intendencia y armamento fueron facilitados por Hediila. La mandaba un castellonense vecino de Barcelona; Santiago Busutíl, capitán de complemento de Intendencia, quien afirm serlo de Infantería para evitar que se le ó a su servicio sedentario. Busutil, que fue uno de los jefes de la Primera Línea barcelonesa, había podido evadirse. Tuvo a sus órdenes a tres jefes: Pablo Baile, Antonio Geis y Pedro P r ee Parera. Contaron con un agregado militar, el finiandés Von Hartman. En el sector mandaba el comandante Luis Moliner. Estuvo la primera centuria en Quintana de los Prados, Montecillo, Espinosa de los Monteros, Loma, Sonciilo... Era un frente sin notoriedad en el que a veces atacaba -circunstancia del 6 de diciembre de 1936 en Espinosa de los Monteun enemigo veinte veces superior en número. Las bajas eran del orden del ochenta por ciento *. Hedilb cuidó, especialmente, a los falangistas de este sector. Los visitaba con frecuencia y atendía con solicitud comprendiendo lo riguroso de las condiciones en que luchaban. «Nunca nos prohibió que habláramos catalán entre nosotros. Nos alentó, y sus directrices fueron: tono de unidad, de afanes sociales y afán de superaciónu Al jefe de la Junta de Mando se le debió que el frente fuera reforzado. Tras la conquista de San Sebastián, me iban pres sentando voluntarios en las oficinas de Falange -ha escrito el general Sagardía- y el entonces jefe nacional, Manuel Hedilla, pidió al general jefe de la División de Burgos que con voluntarios se formase una columna, de la que me dieron el mando. Estana constituida por voluntarios de Guipúzcoa, Rioja y los navarros que conmigo habían hecho la campaña de Gui+ . Mi columna se componía en aquel período de 750 hombres, e decir, un batallón, y tenía que cubrir desde Revilla de s

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* Moliner propuso a la centuria para la medalla militar colectiva Y cuatro individuales, por ese combate. ** Testimonio de Pedro Pere Parera y Ramón Pedret de Falgás, ex combatientes de la primera centuria

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Pomar hasta el pueblo de Bricia --ochenta kilómetro+. Si los rojos se apoderaban de los páramos de la Lora, Burgos, situa'do a cuarenta kilómetros y sin obtáculos naturales intex-rnedios, estaba amenazado seriamente.. Un grupo de falangistas voluntarios de aquellos pueblos se encargaba de vigilar el espacio comprendido entre Lorilla y Revilla. h mandaba un tipo clásico de guerrillero, de igual indumento que en la guerra de la independencia; se titulaba esta partida Los hijos & la noche pues era en ella cuando hacían sus correrías; en la bandera llevaban bordada una luna creciente; sus armas eran de lo más absurdas: fusiles viejos, escopetas, cuchil\os y algún pistolón. Este peque ño grupo tenía en jaque a los rojos, y en esa parte del páramo de la Lora. durante unos meses. ellos fueron los amos. Más adelante, a medida que los efectivos de unos y otros fueron creciendo, otras tropas vinieron a ocupar esa parte del páramo. Los hijos de la m h e desaparecieron tan misteriosamente como habían venidon Smardia. al encontrarse en Madrid con Manuel Hedilla. " once años d k ~ ~ u éle, dedicó un ejemplar de su libro en los s siguientes términos: «A Manuel Hedilla en recuerdo de los días trágicos y emotivos del verano de 1936, y en reconocimiento de su decisión, por la que fue creada la Columna Sagardía, cuyos hechos se relatan en este libro. Antonio Sagardía. Madrid 12-12-1947~. Hasta el 19 de abril de 1937. los combatientes falanpistas " catalanes, en diversos frentes, estaban agrupados en cuatro centurias y una bandera. Esas nuevas formaciones también fueron estimuladas y tuteladas por Hedilla. El nombre de éste sonaba en todos los frentes - e n sus inspecciones y visitas también acudió al frente del mar, constituido por los falangistas que tripulaban los bous en el Cantábriy a él se aludía en canciones. Los supervivientes catalanes y montañeses, recuerdan algunas estrofas:

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uCuando llegamos al Alto del Escudo en son de guerra, queriendo conquistar, Manuel Hedilh sube al parapeto y les anuncia el próximo final)).

Enui canciones con música de viejas habaneras y de cuplés po-

pulares:

a iAy, Santander, Santander!

iCómo lloras tu maldad! Pronto te iremos a ver... Reinosa para empezar

y Potes para después. Y luego de liberada recuerda a los camaradas que no te pudieron ver».

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Sobre una melodía de tonada norteña:
aEn los montes de Espinosa hay una fuente que mana sangre de los catalanes que murieron por España. Sangre- de los catalanes que murieron por España En las cumbres de Espinosa hay una fuente que manan.

Y la canción guerrera, de triunfo:
«La centuria diecisiete, la trece y la catalana hemos tomado La Herbosa a bayoneta calada... La centuria diecisiete la trece y la catalana)).

* General Sagardia: Del Alto Ebro a las fuentes del Llobregat. Editora Nacional. Madrid, 1940.

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Un poeta y escritor, muy agudo, dedicó a Hedilla un soneto, en el que le mostraba como jefe de la Primera Línea *:

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«Roble de la Cantabria campesina que se hace remo y .mástil de navío cuando baja a perderse en la Marina el agua melancólica del río... Supo el dolor del barco y de la mina y del' hogar desmantelado y frío del obrero, y sintió una VOZ divina que le decía: :Este dolor e mío! s Era la voz de Cristo, hijo de ob~ero, y al percibirla el roble marinero vio la luz de una fe que le alumbrah... Y por lograr una mejor justicia vistió el azul de la Falange brava y es hoy el Capitán de su Milicia)). La adhesión a Hedilla mostrada por los combatientes se debió a su condpcta y firmeza. ((Hedilla -declara un falangistano era un jefe conocido, ni siquiera un militante famoso im el ámbito nacional de la Falange. Para mí, catalán, un desconocido que surgió en cuanto llegué a la España nacional a f i i de 1936. Hablaban de él algunos, sin darle mayor importancia, como presidente o jefe compromisario de una Junta de Mando omnipotente, donde pesaban decisivamente los jefes de tribu. En este país, en cuanto se resquebrajan las superestructuras institucionales y políticas, resurgen con terrorífica fuerza las realidades geoantropológicas. iHabía que ver a los jefes temtoriales y aun a los provinciales, con sus escoltas numerosas y

armadas, en la poderosa, pétrea y austera solemnidad, con olor de viejo cuartel, de sus sedes! »Hedilla, parco de palabra, macizo, duro y con ese algo de astucia aldeana que siempre lleva pegado el vascoide, sobrenadaba entre aquellas fuerzas telúricas desatadas. Así le veía yo a distancia, en mi convalecencia ... Y simpaticé con él, porque intuía su lento y necesario esfuerzo para ordenar y coordinar a los feudales con el solo -y bellatributo de un cordón rojinegro y dorado. Fueron los taifas unos elementales impulsos indispensables, pero que exigían ya la soberanía de un jefe, y para mí el jefe era Hedilla, ajeno y amigo de todos los regionalismo~, hombre in partibus, sin arraigo geoétnico, pues Santander estaba todavía ocupado por los rojos. »La obra coordinadora y formativa de Hedilla fue extensa y de eficacia, a los efectos de disciplinar y hasta tecnificar a las inmensas fuerzas primitivas bajo uniforme de Falange, que el Alzamiento liberó y desbordó en traumático alumbramiento. Antes que nadie -bien asesoradcomprendió la necesidad de disponer de cuadros de mando militares con recia formación política...)).

**

Unidad, de San Sebastián. Número 176; 12 de abril de 1937. Aparecid con la firma de .Brasoñeras, seud6nimo de Josk del Río Sáinz, por hallarse toda su familia en zona enemiga, en Santander. ** Testimonio de José María Fontana Tarrats.

EL JEFE DE LA JUNTA DE MANDO CONTRA LAS REPRESALIAS En un período asaz largo, la represión contra la quinta columna roja, fue drástica. Pese a la euforia aparente y al sigilo publicitario de las autoridades militares, es indudable que en cierta cuantía estuvo determinada por actos de oposición. De &tos, los hubo graves, menos graves y livianos. Liviano era el hecho de que las gentes cotizaran en favor de los presos y de sus familias. La sanción impuesta a los colectores convertía en acto político lo que sencillamente fue un movimiento de solidaridad. Cualquier recaudación, para la autoridad, equivalía a ser suscriptor del Socorro Rojo Internacional, sinónimo y era cierto- de la Internacional Comunista. Y en la práctica, en la realidad, los cotizantes eran españoles que hacían donativos para otros españoles que carecían de recursos. La Falange podía comprenderlo y respetarlo: en la zona roja el Socorro azul funcionó sin tregua; pero los que eran descubiertos sabían la suerte que les esperaba. Aunque la dilucidación es hoy imposible, por la falta de documentos -especialmente de sumarios- la quinta columna roja actuó contra el nuevo poder. La extensión e importancia de sus cometidos es problemática. Mas la represión efectuada provocó la campaña -aún perdurable- sobre las persecuciones trágicas.

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Gravísima campaña, cuyos efectos pesaron sobre el entero pueblo español, y que no podía ser contrarrestada con el alegato de aue en la zona roia eran cometidos innumerables crímenes contra seres inocentes e irresponsables de la guerra civil. La pormenorización de las culpas en que habían incumdo bastantes fusilados y la instrucción de sumarios en que aquéllas constaran habna sido, lo mismo que la difusión en la prensa, un acto de prudencia política. Es seguro que una parte de los caídos en la zona nacional cometió delitos que, según el bando de la declaración de estado de guerra, les hacían acreedores a la última pena. Del mismo modo, en la zona roja, y según la preceptiva de la República Popular, sucumbieron españoles que la hostiiizaban. Por grande que sea la hipotética extensión y pertinacia que se conceda a las respectivas quintas columnas, queda des~aciadamente amplio margen de víctimas sacrificadas a pasiones personales y a odios políticos. Es preciso indagar lo que hizo y lo que no him la Falange desde el 1 8 de julio de 1936, y singularmente en el penodo que Manuel Hedilla asumió la jefatura de la Junta de Mando Provisional.
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Si el 1 6 de febrero de 1936 Falange Española de las JONS hubiera dispuesto de tantos votos como individuos se endosaron la camisa azul entre el 1 8 de julio y el 2 de septiembre, la minoría parlamentaria falangista hubiese tenido por lo menos cincuenta diputados. Las cotizaciones mensuales de tan grande muchedumbre habrían reportado unos ingresos óptimos para el desarmllb de la propaganda y de otros servicios. En cada ayuntamiento surgía una JONS y en cada centro de distrito una Central Obrera Nacional-Sindicalista. El nuevo poder constituido no hacía llamamientos obligatorios a filas, pero la Falange conseguía espontáneas y nutridas reclutas. Los ejemplos, basados en la estadística, resultan indispensables para configurar la situación. En la vastedad de Galicia, el censo de militantes anterior al 18 de julio no llegaba a la cifra de tres mil. Más de las dos terceras partes, marchó inme

diatamente a los frentes, en unión de los neofalangistas voluntarios, a los que dirigían e instruían. Quedaron en la retaguardia 10s muy jóvenes, los ya maduros y los mandos indispensables. En el curso de la guerra, muchos de éstos también acudieron al frente. Los tres mil falangistas escasos se convirtieron muy pronto en cincuenta mil, setenta mil, quizá más afiliados, sin contar a los que ya habían salido del territorio para combatir. La simple designación de jefes locales -parroquias, pueblos, villasera un problema político de considerable magnitud. Para hacerla, tenía que apelarse --en la fabulosa urgencia de la guerra- a referencias sumariales y a antecedentes de la misma condición. Unas veces un inspector provincial acudía, personalmente, a los lugaresi y pedía informaciones a la Guardia Civil, al párroco y a personas caracterizadas por su oposición al Frente Popular. O bien a falangistas ya veteranos, que conocían a las gentes del lugar. Otras veces, los mismos mandos provinciales conocían a personas que a su juicio ,y sin que mediaran claros antecedentes de simpatía hacia el Movimiento falangista, podían asumir el gobierno de la JONS local. Es incontestable que en el pensamiento de todos los falangistas que tuvieran sentido de la responsabilidad, se inscribía la futura obligación de depurar a los mandos improvisados y a los inscritos recientes. En Galicia, como sucedió por doquiera, ingresaron gentes honestas, y otras que no lo eran. Gentes que - pedían compartir y servir la ideolosa y otras que jamás serían asimilad& a la disciplina y al rigor doctrinal. Oportunistas y caciques, y hombres con severidad moral. Esas JONS-centenares, esparcidas por Galicia- dependían de la jefatura provincial, y ésta de la territorial. Hasta el 2 de septiembre de 1936, no hubo autoridad nacional que dictani órdenes y normas obligatorias. El jefe territorial podía entender a su manera la doctrina y el estilo de la ~ala<e, lo mismo que le sucedía al jefe provincial. En el último escalón del man,do, en las JONS, lo dispuesto por el territorial y el provincial, cualquiera que fuese su tendencia y su pensamiento ante el
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hecho de la guerra, tropezaba, casi siempre, con la deficiente educación política, por lo menos, del jefe local y de los afiliados a los que dirigía. Por las circunstancias del Alzamiento, en algún territorio el mando de la JONS local fue desimado muchas veces direc" tamente por la Guardia Civil, después de ser asesorada por los notables derechistas del pueblo. Pues se dieron órdenes a cuantos de misieran asociarse al ~lzamiento presentarse en las casasiuarteles de la Guardia Civil, y pone* a sus órdenes. Iban a cumplirse los quince días del Alzamiento, y en Valladolid se publicaban, en tal sentido, las siguientes disposiciones «Para dar una organización regular a nuestras fuerzas y disponer de ellas con orden y eficacia, se dispone lo siguiente: n1P Todos los destacamentos y rondas volantes de los pueblos compuestos de afiados a Falange Española de las JONS, be concentrarán inmediatamente, aGgándose a los puestos de la Guardia Civil más inmeditos, y desde ellos llamarán a la iefatura temtorial de Valladolid aidiendo órdenes. n2.O En lo sucesivo, actuarán de común acuerdo con las comandancias de la Guardia Civil a las que se agreguen, a los efectos de vigilancia, registros y detenciones. n3P Una vez hechas las concentraciones de falangistas en los pueblos donde hay puestos de la Guardia Civil, transmitirán por el medio más rápido una relación de las fuerzas de Falange que se hayan concentrado, con nombres y apellidos de jefes y . falangistas. ~ 4 . o Se exceptúa de la obligación de concentración en los puestos de la ~ u a r d i a Civil a losdestacamentos de Falange que están dedicados en servicio permanente a la vigilancia de las carreteras de Valladolid a Burgos; de Valladolid a Palencia; de Valladolid a Segovia y de Valladolid a Avila, pero no se les exceptúa de la obligación de dar cuenta, por el medio más rápido posible, a la jefatura territorial de Valladolid, del número de elementos destacados en la vigilancia de dichas vías de comunicación y de los nombres de sus jefes y elementos.

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* El Norte

de Castilla, 4 de agosto de 1936.

»S." Utilícese en lo posible el teléfono o a las personas de confianza para comunicarse con Valladolid, y en último caso, el comn. Los neofalangistas de la retaguardia resultaron movilizados en los lugares donde no había un mando político idóneo, a las órdenes de la autoridad que acababa de constituirse. Movilización de tipo secundario, para servicios que se hacían indispensables por el hecho de la guerra. Delicada cuestión, porque sus fronteras parecían invisibles para el neofalangista, el cual, demasiadas veces, ee creyó obligado a obedecer ciegamente. Nos referimos, sobre todo, al ámbito rural: el de más extensión en la zona ganada por el Alzamiento. En la misma retaguardia, y en competencia clara con la Falange, aparecieron organizaciones nuevas, que participaban del disuelto Somatén de la Dictadura, de la JAP y de organismos parecidos. Se llamaron de Acción Ciudadana, portaban armas, y prestaban servicios de retaguardia a las Órdenes directas de la autoridad constituida. Ésta exigía prestaciones desmesuradas. He aquí un ejemplo. En Salamanca, apenas triunfó el Alzamiento, la alcaldía y la diputación, como el gobierno civil, pasaron a manos de militares, unos en activo y algunos retirados. Llamaron a los representantes de la Falange, de la JAP y del tradicionalismo. Francisco Bravo Martínez, jefe provincial, quien aún no había sido depuesto por el jefe territorial, Andrés Redondo, acudió a la reunión. En ésta se trató del apoyo que prestanan, en lo sucesivo, las organizaciones citadas a la autoridad constituida. Alguien suscitó el tema de la represión inmediata, pidiendo el concurso de las respectivas organizaciones. Parecía que nadie iba a protestar. Pero el representante del tradicionalismo, don Tomás Dolz y Espejo, conde de la Florida, pidió la palabra: «El Requeté -dijoha participado directamente y sigue participando en el esfuerzo de la guerra. Persistirá hasta que se alcance la victoria. Pero estimamos que las funciones represivas y los fusilamientos no nos incumben. Ahí están las fuerzas de orden público para cumplirlas)) * Testimonio de don Tomás Dolz y Espejo, conde de la Florida.

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El testimonio del con& de la Florida lo corrobora y amplía don Manuel Fal Conde: a D i m orden a todoa los miembros de la Comunión de que no participaran en represiones irregulares. El hecho es incontestable. En un viaje que me obligó a pasar por Salamanca, el conde de la Florida acudió a informarme de que el gobernador civil le había requerido para que participase el Requeté en los fusilamientos. »-Pida usted -respondíorden escrita)). En Valladolid, el jefe territorial Andrés Redondo fue informado rápidamente de la intervención de gentes con camisa azul -algunas con antigüedad en el Movimiento- en funciones represivas. «No sólo lo prohibí por medio de órdenes intern s sino que hice publicar, en la prensa vallisoletana, y divula, gar - la radio, una severa advertencia dirigida a todos los que por figuraban en la organización» El Jefe de Milicias vallisoletano declara **: ((Por mi estancia en el Alto del León, y después en el hospital de Segovia, desconozco la existencia de esa nota acerca de la conducta de la Falange, relativa a represión, hecha por Andrés Redondo. Sin embacgo, puedo dar fe.de que en uña de mis pocas visitas a Valladolid, desde el Alto, fui requerido por Andrés Redondo para que le acompañara ante el general Saiiquet, presenciando la actitud enérgica de Andrés, en relación con malas actuaciones de fuerzas militarizadas, que en nombre de la Falange cometían hechos reprobables. »Más tarde me enteré de que había sido fusilado un falangista, apellidado García, como consecuencia de un aviso o bando previniendo posibles desmanes. Fue fusilado en el Pinar de Antequera, por fuerzas falangistasn. La sanción drástica contra los viejos y los nuevos falangistas, fue adoptada por todos los mandos leales a la doctrina y a la norma. «En Logroño -declara el que fue jefe provincial al siguiente día del Alzamiento, se formó u n tribunal, presidido * Testimonio de Andrés Redondo Ortega. ** Testimonio de Anselmo de la Iglesia Somavilla. *** Testimonio de Rafael Herreros de Tejada y Azcona.

por un militar que ocupaba el gobierno civil, un magistrado y sendos delegados del Requeté, de la Falange y de Renovación
Española. nYo reprimí toda extralimitación; duré en m i cargo hasta el 16 de septiembre de 1936, en que me incorporé al frente guipuzcoano. Una persona que había comparecido ante el tribunal mencionado, debía de haber sido devuelta a la cárcel. Apareció muerta al día siguiente. Mandé fusilar al jefe provincial de milicias, responsable del acto». «En Galicia, estando Manuel Hedilla allí, empezaron a celebrarse consejos de guerra el 27 de julio de 1936. Fueron condenados a muerte los diputados socialistas Pampín, Cachinero y Bilbatúa. Los fusilaron fuerzas de carabineros. Hedilla nos prohibió, absolutamente, que participáramos en tales coma tidos. Los que luego intervinieron en represiones, eran gentes que se acababan de poner la camisa azul» Un falangista burgalés manifiesta «José Andino, como jefe provincial, me nombró para asistir a la línea de fuegó, donde se encontraban falangistas de Burgos. El frente era extenM) y difícil en Cestilla. Cuando Hedilh llegó a Burgos, antes de ser jefe de la Junta de Mando, me ayudó enormemente. Gracias a él dispuse de tiendas de campaña, mantas, camisas, licores, víveres, tabaco. Yo, que iba a la línea de fuego donde morian, podemos decir, lealmente, hombres de los dos bandos, me enteré de que en Burgo8 se hacían fusilamientos sin sumario. Se lo dije a Hedilla y este pmrnimpió, dando un puñetazo sobre SU mesa: "Eso tiene que terminar »Supe que había realizado gestiones -y más tarde, ya como jefe de la Junta de Mando, haría otras- para procurar evitar tales hechos. »Con su enorme prestigio, Hedilla salvó del fusilamiento al coronel de la guardia civil, señor Villena, detenido, y que iba a ser ejecutado. Tenía dos hijos en la Falange)). Los testimonios acerca de la participación obligada de neofa-

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**:

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..."

***-,

* Testimonio de Enrique R. Tajuelo. ** Testimonio de Julio Puente Careaga.

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langistas de la Segunda Línea, en mnas d e s , impuesta aquélla por la fuerza pública, son inequívocos. Esa imposición, lo mismo que el caos indisciplinado, que permitía a muchas gentes vestirse la camisa azui sin haber pedido antes la afiliación correcta, e m p d a desaparecer al constituirse la Junta de Mando provisional, bajo la presidencia de Manuel Hedilla. Hubo casos, evidentes, de interpretación anormal y de consecuencias trágicas, de la doctrina falangista, por algún jefe, lo cual es la circunstancia de Arcadio Carrasca. También sucedió en el norte, exactamente en Navarra. El ex comandante de Caballería, José Moreno, se improvisó jefe provincial y su audacia, al ser conquistada San Sebastián, le llevó a nombrarse jefe territorial de Vascongadas y Navarra. A Moreno le amonestó duramente Hedillb y, por fin, le relevó. El espíritu cristiano y la fidelidad a los ideales de la Falange de Manuel Hedilla, intervinieron, desde el 2 de septiembre-de 1936, para cortar radicalmente la participación e n los hechos represivos de la índole especificada. Subsistía la ley de la guerra que obligaba a los falangistas a reprimir, en el acto, los sabotajes y las agresiones. El falangista era un soldado más en la retaguardia. Pero no debía ser un cooperador en funciones que incumbían a la autoridad constituida. LA RATIFICACIdN PÚBLICA DE LAS CONSIGNAS DE HEDILLA Las medidas de gobierno interior de la Falange, relativas a la represión, y las gestiones realizadas con el poder constituido, fueron transportadas y de ahí su efectividad histórica inocultable- al plano de la manifestación pública reiterada. Esto lo cumplió Manuel Hedilla antes de que transcurrieran quince días deSu toma de posesión y fue reiterándolo hasta las últimas jornadas de su mando de la Junta provisional. Ante los micrófonos de Radio Castilla de Burgos, pronunció un discurso, reproducido por la prensa de la zona nacional Amanecer, Zaragoza, 16 de septiembre de 1936.

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Hay en él una promesa solemne: «Yo me he comprometido a mantener intangibles nuestros postulados doctrinales y a procurar su imdantación en el futuro más vróximo. en el instante histórico más convenientes. Graves palabras que no se llevó el viento, compromiso de honor político cumplido con fidelidad P E lo que se refiere a nuestra disciplina, cada día es más ~ exacta y se acata y cumple más estrictamente... Yo aspiro a que en todos los rangos de la Falange se observe una disciplina de hierro, que será la que asegure nuestro prestigio y nuestra superioridad definitiva, frente a todos los adversarios. »La Falange lucha para rescatar a España de hordas rojas que encarnan la barbase, la tiranía de los peores y la miseha moral y material de nuestro pueblo. Pero lucha también por el pan y la justicia, considerándolos bienes que deben ser comunes a todos los españoles sin excepción». En la triste Nochebuena de 1936, y desde la Radio de Salamanca, el iefe de la Junta de Mando fue rudamente emlícito. Su mensaje " i f u n d i d o por la prensa y editado copiosamente, para la línea de fuego y la retaguardia- tuvo gran resonancia. Sirvió para confortar a las milicias que estaban en los frentes, adoctrinar a la retaguardia, y advertir, una vez más, a los enemigos interiores de la Falange. Al escuchar a Hedilla hubo " entre los falangistas antiguos un sentimiento de confianza renacido en el porvenir. Hedilla en su discurso. había vlanteado claramente, ante todo el país y el extranjero, el determinismo del Movimiento. Frente a las intrigas y conspiraciones, el jefe de la Junta expuso los términos precisos del problema social y político. Pero lo más punzante del discurso fue lo que se refería al trato que la España nacional debía dar a los obreros y a los campesinos. «Y una vez resuelto el problema de enviar a los hombres ya equipados al frente para defender a la patria en peligro, ha venido a nuestras manos la tarea de llevar a cabo nuestro programa social, asistiendo a las familias necesitadas en estos tiempos de guerra Yo os confieso que ha habido momentos

...

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* Alusi6n a Auxilio de Invierno, luego Auxilio Socid.

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dificilísimos para nosotros. Y si no han sido insuperables fue por el ejemplo de vuestra conducta en el frente, que nos dio ánimos para encontrar solucionesa. ~eñalabalos deberes políticos de los combatientes: «Igual que nuestro deber es educaros, esperamos que comprendáis que vuestro deber es sentiros sangre y cuerpo del pueblo español. Pensad vosotros, falangistas, que sois hijos del pueblo español, y que os debéis a él. ¡Que por donde pa&k quede bien alto el pabellón rojinegro de Falange Española de las JONS! Preguntaos, en cada momento, si el acto que vais a realizar es digno del espíritu que representa vuestra camisa azul. Sembrad el amor por los pueblos donde paséis. Tratad de un modo espelos campesinos y a los obreros, cialmente cordial y porque ellos son, por ser españoles y por haber sufrido, nuestros hermanos. aY me dirijo a los falangistas que se cuidan de las investigaciones políticas y policides en las ciudades, y sobre todo en los pueblos. Vuestra misión ha de ser obra de depuración contra los jefes cabecillas y asesinos. Pero impedid, con toda energía, que nadie sacie odios personales, y que nadie castigue o hurniIle a quien, por hambre o desesperación, haya votado a las izquierdas. »Todos sabemos que en muchos pueblos había y acaso hay- derechistas que eran peores que los rojos. Quiero que cesen las detenciones de esa índole y, donde las haya habido, es necesario que os convirtáis vosotros en una garantía de los injustamente perseguidos. aY allí donde os encontréis, estad resueltamente dispuestos a oponeros a procedimientos contra los humildes. La Falange ha de estar en todos los sitios con la cara muy alta, para poder defenderse de sus muchos enemigos. Queremos la salvación y no la muerte de los que en su inmensa mayoría tenían hambre de Pan y Justicia. Pero tenían, también -ya lo habéis visto con nuestro crecimient*, hambre de Patrian. El mensaje ratificaba la promesa hecha desde Burgos a primeros de septiembre: ((Yo, como jefe de la Junta de Mando

provisional, os prometo que nuestras doctrinas no serán vulneradas~. Y siguieron «las consignas de lucha y redención)), por las que los hombres de la Falange se baten y mueren: «iBRAZOS ABIERTOS AL OBRERO Y AL CAMPESINO! ))iQUE SOLO HAYA UNA NOBLEZA: LA DEL TRABAJO! »¡QUE SOLO HAYA UNA CLASE: LA DE ESPAROLES! »¡QUE DESAPAREZCAN LOS CACIQUES DE LA INDUSTRIA, DEL CAMPO, DE LA BANCA Y DE LA CIUDAD! »¡QUE SEAN EXTIRPADOS LOS HOLGAZANES! QUE HAYA TRABAJO Y BIEN RETRIBUIDO PARA TODOS! »;QUE EL ESTADO SE CUIDE DE VUESTROS HIJOS COMO SANGRE PROPIA! ))iQUE NINGUNA DE LAS MEJORAS SOCIALES CONSEGUIDAS POR LOS OBREROS QUEDEN SOBRE EL PAPEL SIN SURTIR EFECTOS Y SE CONVIERTAN EN REALIDAD!,)) Estas consignas fueron repetidas, incesantemente, por todos los medios de la publicidad. Hedilla, el 29 de enero de 1937, al dirigirse, por Radio Salamanca, a los obreros y campesinos de la España roja, volvió a pronunciarlas. En esa alocución expuso también: ctHemos organizado Sindicatos con miles de obreros, con los que luchamos y lucharemos, no sólo para que todas las mejoras sociales obtenidas anteriormente sean mantenidas, sino para que la justicia social --que es bien distinta de la llamada caridad burguesa- sea un hecho. Así, inexorablemente, la Falange cumplirá lo prometido. Y lo cumplirá porque jamás retrocedimos por nada. ,...;Abre los ojos, trabajador de España! Huye de ese infiemo: acórtalo, deserta de sus filas. No sirvas a extranjeros

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*
1936.

Vid. La Prensa falangista de los días 24 y 25 de septiembre de

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a los que no conoces, y a quienes no interesan tus males. Acude a la nueva España que nace, y que el Nacional-Sindicalismo ha de forjar. Os esperamos como hermanos. »Nada nos importa el pasado cuando se elige nuestra ruta sana v recta. En nuestras filas caben como camaradas todos los que sientan nuestras consignas y el deseo de redimir a la patria. »Ahí va, pues, mi mano. Mi mano abierta como símbolo de paz. frente aipuño crimado. símbolo de terror. . ;Quedo aguardándoos, camaradas trabajadores de la España roja! » Según se ha dicho, en la primavera de 1937 visitó Salam a n k e l fascista italiano ~arfnacci, quien solicitó unas declaraciones de Hedilh para su periódico ZI Regime Fascista Para Hedilla, el Estado «no se podria organizar, automática y soberanamente fuerte, sin la adhesión de las masas populares. En la España redimida, la Falange tiene ya la adhesión de las masas. ,De ahí su fuerza. En lo referente a la España que aún está bajo el dominio de los rojos, la Falange se propone, en todo instante, tender la mano a las masas, arrastradas por la propaganda demagógica y por la injusticia social que hacia siglos reinaba en España. A esas masas les explicaremos los conceptos de patria, honor, disciplina e igualdad social de los derechos; esa igualdad que sistemáticamente ha sido negada hoy por los partidos de la derecha y de la izquierda. ))Para nuestros trabajadores engañados, nuestro perdón más cordial y cristiano; perdón que significa obligación y amistad, bastante diferente del concepto democrático y tímido de la amnistía, en comparación con los dirigentes rojos, explotadores sin conciencia de las clases trabajadoras e incitadoras de sus odios... Es por esto por lo que la dirección nacional de Falange Española ha prohibido a los propios afiliados el fusilamiento de rojos, y esta orden ha sido repetida de manera perentoria e n las ciudades y en los pueblos recientemente ocupados)).
A , & ,

-

*.

* El Adelanto, Salamanca. 17 de abril de 1937. Estas declaraciones, como otras hechas por Hedilla a periodistas extranjeros, fueron mutiladas por la censura militar de la zona nacional.

Cuantos trabajaron y sirvieron en torno a Manuel Hedilla recuerdan su ternura hacia los niños, sin gesticulación, afectiva y seria. No hablaba jamás, ni siquiera con los más íntimos, de sus hijos, que tenía en la Montaña, a cada hora expuestos a las reacciones del enemigo: no hablaba de su madre, y de su esposa, también en el país natal. Cuando llegaron los suyoe -fines de noviembre de 1936- a Salamanca, brotó el hontanar de su ternura, cegado estoicamente. Por su amor a las criaturas y a la noción cabal del deber hacia las mujeres que sufrían las consecuencias totales de la guerra civil, hizo que surgiese la obra asistencia1 titulada AurG üo & Invierno. La evacuación de Madrid, tras la llegada de las tropas nacionales ante el oeste de la capital y el comienzo de los combatea que proseguirían años, lanzó a la periferia levantina a docenas de millares de mujeres y niños. En febrero de 1937, la conquista de Málaga originó un terrible éxodo en la misma dirección. Durante la primavera de aquel año, salieron también niños y mujeres de Vizcaya, más tarde de Santander y de Asturias, según aumentaba la presión del Ejército nacional. A primeros de 1937, la U.R.S.S. se disponía a acoger a MOS españoles sin padre. Iban a salir las primeras expedicio. nes. Desde Salamanca -20 de febrero de 1937- Manuel Hedilla hizo llegar a manos de M. Joseph Avenol, secretario general de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, un mensaje claro: «Hasta la fecha, por actuar Falange Española de las JONS solamente wmo Organización y milicia al lado de S. E. el general Franco, para imponer en España la norma de civilización que defendemos, sin la cual llegaríamos a carecer del derecho de autodeterminación que no ya la S. de N. sino el más viejo derecho internacional exia un pueblo para que sea Estado y no horda, no he juzgado oportuno dirigirme a la S. de N. respetando su criterio equivocado de juzgar unilateralmente y sin elementos de objetividad los problemas políticos de España. ))Si ahora me dirijo a V. E. es para denunciar un hecho mucho más grave que todos cuantos ha concebido la locura

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marxista de la zona roja de nuestro país. Ante la expoliación de lo material, hemos callado. Ante el nuevo crimen que se produce estos dias no podemos permanecer mudos, porque se trata de algo más sagrado todavía que el pasado y el presente de España, guardado en museos, bibliotecas, archivos y bancos. Se trata del futuro de España)). Tras informar de la decisión de la República Popular, decía el documento: «;A Rusia! Es decir, a un mundo totalmente ajeno. Millares de criaturas españolas van a correr en Moscú, en Petrogrado... el martirio que padecen millones de niños rusos: el hambre, el abandono, la disputa en una esquina como perros famélicos por un trozo de hueso o un mendrugo de pan duro; la persecución moral; el analfabetismo; el frío. Estos niños españoles se verán desterrados en u n país duro, de clima inclemente, de alimentación escasa. Han perdido a sus padres, y perderán su idioma, su patria, sus costumbres. Vagarán como espectros por las calles heladas de un pueblo extraño, sin Dios y sin familia. Muchos, muchísimos, morirán de hambre, de frío, de tuberculosis, de todas esas enfermedades de que han muerto millones de muchachos en la Rusia soviética. Los que sobrevivan, creciendo en un destierro inmundo, respirando rencor contra todo y contra todos, serán mañana un arma poderosa, para quienes sueñan con una revolución roja en todo el universo. »De todos los dolores de esta guerra cruenta que padece España, es el mayor el de pensar que manos extranjeras roben de España, no el oro o los museos, sino esos riiños, hermanos todos de nuestros hijos, e hijos de nuestros hermanos. »Sabemos que carecemos de la simpatía de Ginebra y no la pedimos para nuestra causa... Pero sí la pedimos, a Ginebra y al mundo entero, para esos niños desvalidos. No pedimos que se nos entreguen, aún. Pedimos, para &e el mundo entero vea que es nuestro propósito seguir la colaboración con él, que esos niños sean refugiados en un país de clima físico y moral análogo al de España, aun cuando el político sea diferente: Portugal, Francia, Suiza, Italia o Bélgica. O repartidos entre todos ellos. La S. de N., que tanto desvelo puso en acoger a los refugiados israelitas procedentes de Alemania, o a los que salieron del

territorio del Sarre, o a los asirios del Irak, bien pudiera preocu-

parse de estos niños desvalidos españoles.
))Nosotros proponemos la creación de un Comité, formado

por "embros de la S. de N., para estudiar rápidamente el socorro a esta infancia en riesgo gravisimo. Solo exiP;nos que no
forme parte de él ningún miembro ruso o francés La Presidencia pudiera encomendarse a un representante de algún país sudamericano. Y cuantos gastos creasen al Comité el establecimiento de los niños en los países citados y su estancia hasta el término de la guerra, serían satisfechos exclusivamente por Falange Española de las JONS, quien solicitaría que uno o varios afiliados .suyos auxiliaran al Comité en sus trabajos. Al dirigirme a V. E., con esta proposición, no me guía intención alguna de orden político. Solamente razones de humanidad y uivilización que son normas en las que debe inspirarse la S. de N. y de las que por imperativo moral no se puede sustraer... »No dudo que V. E. estudiará este escritd y, atendiendo las razones que le inspiran, obrará como su deber de jurista y servidor de la civilización le han de aconsejar estrictamente. Reciba, señor Secretario general, las seguridades de mi consideración más distinguida. El jefe de la Junta de Mando de Falange Española de las JONS, Manuel Hedilla ». Dos meses después de la firma de este documento había desaparecido Falange Española de las JONS y Manuel Hedilla no podía seguir, materialmente, el desarrollo de la proposición hecha a la S. de N. Pero sus palabras causaron impresión entre numerosos delegados de la S. de N., a los que se envió copia del escrito, tras haberlo recibido el señor Avenol. Es un hecho probado que el gobierno de la República Popular puso sordina al envío de niños a la U.R.S.S., y que el número de éstos, siempre elevado, fue menor del que se había proyectado anteriormente. Todos los terribles augurios de Hedilla fueron confirmados por la realidad.

*.

* En Francia gobernaba el
Le6n Blum.

Frente Popular bajo la presidencia de

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En su gobierno de la Falange, lo mismo que en las relaciones con el poder constituido, los trabajos, decisiones y .fuenos de Hedilh para impedir que se cometiesen atropellos irreparables, no tuvieron tregua. En la mayor parte de sus circulares a jefes territoriales y jefes provinciales, se consignaron advertencias, llamamientos y órdenes. Al tomar posesión, escribió «Conducta en la retaguardia. Conviene que todas las jefaturas provinciales y territoriales controlen debidamente la ejecución de actos represivos contra los enemigos del Movimiento nacional, ateniéndose a las instrucciones de las autoridades militares, y evitandd que se cometan desafueros por la presencia de sentimientos de tipo personal, muchas veces inconfesables. rHay que procurar que ese control se realice, pensando en que no haya víctimas inocentes, en la retaguardia de nuestras líneasr A finales de aquel mismo mes de septiembre, Hedilla reiteró a sus compañeros ((Represión. Insisto con el máximo interés en que las operaciones de represión se controlen con todo *lo, no cumpliendo otras órdenes que las dictadas por las autoridades competentes. Es menester evitar que sobre la Falange se eche una fama sangrienta, que pueda perjudicarnos para el porvenir. No se castigará a nadie sin averiguación de sus antecedentes y sin orden de la autoridad competenten. En las reuniones plenarias de la Junta de Mando, y en las entrevistas que sostenía con los jefes territoriales y provinciales, Hedilla insistió tenazmente en sus puntos de vista, que convirtió en órdenes. Practicó con el ejemplo. Gracias a él, y a las relaciones a.veces polémicas que mantenia con el general Mola, pudo salvar la vida un español que después sería varias veces Embajador de España y representante del Régimen en la O.N.U. Se trata de don Manuel Aznar Zubigaray, periodista eminente. Este navarro, forjado en la magnífica escuela del periodismo vasco y curtido en el cubano, durante la época del dictador Machado, había regresado a España, de América, en 1931. Al

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Circular del 9 de septiembre de 1936. Circular del 29 de septiembre de 1936.

cambiar de manos El Sol, sobre el que se ejerció la influencia de un grupo de capitalistas enemigos de la conjunción mpublicanesocialista, Aznar, por obra de José Félix de Lequerica, lo dirigió. Cesó tras varios meses, ya que El Sol fue puesto a d i s p sición de la política de Azaña. Entonces, Aznar tuvo un papel directivo en el diario vespertino Luz, desde el cual, hábilmente, se dio importancia a Falange Española de las JONS. Hombre de grata conversación, muy mundano, Amar trató a José Antonio Primo de Rivera. En realidad, el gran periodista tenía -y tiene- un anchísimo mundo de relaciones por doquiera. Al llegar 1936, seguía políticamente a Miguel Maura y tenía un empleo importante en la Compaña Madrileña de Tranvías. Merced a estas relaciones financieras pudo salir tranquilamente de la zona roja y establecerse en Francia. Es alli' donde se encuentra con sus viejos amigos, Lequerica, A r e h y algunos otros, que le invitan a pasar a la España Nacional. Atendió a estas sugerencias y cruzó la frontera. Fue saludado en Irún por el comandante Troncoso, jefe del servicio de vigilancia, y es casi seguro que éste diera cuenta a Mola de la inesperada llegada del liberal periodista. Es lo cierto sue en los últimos días de octubre de 1936 aparece en Zaragoza, donde contaba con firmes amistades, una de éstas don Antonio Mompeón Motos, propietario del uHeraldo de Aragónn. Para entonces, el señor Mompeón, quien políticamente no era persona grata a la mayoría de quienes habían realizado el Alzamiento, se mostraba muy partidario de la Monarquía y de los grupos alfonsinos. «Heraldo de Aragónu era el primer rotativo regional, con clientela del centro y de la izquierda. Aznar advirtió la situación de su amigo y se relacionó rápidamente con la Falange. El 29 de octubre de 1936, en conmemoración del acto fundacional, se celebró una gran concentración falangista. A ella asistió -junto a los mandos aragoneses, y por cierto al pie de capitanía general- Manuel Aznar, que estrenaba uniforme de falangista, proporcionado por la Intendencia de milicias de Zaragoza.
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Dos horas después, a Manuel Aznar le detuvieron en el Gran Hotel, donde por cortesía de la Falange se hospedaba. La detención fue realizada por policías y cumpliendo órdenes recibidas de Valladolid. El jefe temtonal Jesús Muro, testimonia luego que a e quedó estupefacto^. «Yo, por las referencias que tenía y por las que me había dado el camarada encargado de nuestro diario el Amanecer, no tuve inconveniente en sufragar todos los gastos de la estancia del ilustre periodista, y aún recuerdo que le regalé una espléndida cazadora con forros de piel. Hablé. con él y debo decir que me persuadió de que podía ser el mejor director que tuviera Amanecer, periódico que por aquellas fechas había alcanzado ya gran difusión en toda la zona nacionala. García Venero se apresuró a visitar a Manuel Aznar en la comisaría de policía. Había orden de trasladarle aquella misma noche a Valladolid. Los funcionarios ignoraban las causas de la detención. Garcia Venero y Jesús Muro se interesaron por la suerte de Aznar y en esta visita llamaron a Hedilla. En tanto, el detenido seguía en la comisaría, preocupado, con razón, del traslado en automóvil desde Zaragoza a Valladolid en horas nocturnas. Jesús Muro proveyó, con su autoridad, a disipar esta natural inquietud de Aznar. Hizo que con el detenido fueran falangistas, además de los policías. La orden para estos falangistas era que el periodista llegara sano y salvo a Valhdolid, lo que se cumplió exactamente. Ingresó Aznar en la cárcel de Valladolid. No ha podido dilucidarse quién o quiénes lo denunciaron como enemigo del Movimiento. Tenía, lo que era irremediable en un hombre de su personalidad, enemigos que se hallaban en la zona nacional. Pudo provenir la denuncia de políticos que pretendían vengar algún agravio personal o ideológico. Aznar, desde su llegada a España, en mayo de 1931, siguió una política -profesionaImenteque parecía irregular, aunque era, si se conocían sus fines, muy hábil. El Sol, mantenido con el dinero de los llamados «señoritos de Bilbao», parecía un idóneo periódico republicano. Empero, sus objetivos eran muy distintos a la consolidación de aquel tipo de República.

Hubo vehementes sospechas sobre dos o tres personas. Pero tal averiguación resultaba casi ociosa, mientras Amar permaw í a en una celda de Valladolid en compañia de personas que b a n fusiladas. Las viejos amigos de Aznar -aquellos que le habían incitado a entrar en la España nacional- estaban desesperados. Recumeron a Víctor de la Serna, cuya amistad muy estrecha con el jefe de la Junta provisional de Mando de la Falange conocían. Y Víctor de la Serna sabía de las excelentes relaciones de Hedilla con Mola. No quedaba otro camino para salvar a Aznar del piquete. Por encima de la autoridad del general Valdés Cabanilles estaba la del general-jefe del Ejército del Norte. Víctor de la Serna acudió al despacho de Hedilla en Burgos. Estaban con él, en aquel momento, el secretario de la Junta, Francisco Bravo, Florentino Martínez Mata y el fotógrafo Campua. Hedilh recuerda la conversación y también las llamadas de Zaragoza. Creía que el asunto estaba resuelto. A Manuel Aznar lo fusilan esta noche a n u n c i ó de la Serna -¿Tenemos algo que ver con esto? -No. -Así, no creo que podamos hacer nada. -Tú -insistió Victor de la Serna- podrías pedirle a Mola que le salvase. Es el único a quien atendería. -Tal vez... Se produjo una pausa. Víctor de la Serna apeló al sentimiento cristiano de Hedilla: -Efectivamente. Ia Falange no ha intervenido en esto. Aznar ha sido bien acogido por d a . Otros son los que quieren terminar con él. Pero, si crees que existe una posibilidad de salvar la vida de un hombre que no merece la muerte, jno harías tú algo? -Amar no ha hecho nada que justifique el fusilamiento... Bien, lo intentaré. Y, a seguido, se redactó una carta para Mola, pidiéndole que Ylterpusiera su autoridad y evitara la muerte de Aznar. La Ilevó

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a Valladolid Víctor de la Serna quien, pocas horas después, regresó con la contestación de Mda, que accedía a la petición de Hedilla y le encomendaba dispusiese el regreso a Francia del detenido. Víctor de la Serna llevó a Valladolid, en un coche de la Junta, con dos falangistas, la orden de libertad de Mola y el encargo de conducirlo a la frontera francesa. «Pero - d i c e Hedilla- por temor o por lo que fuera, Víctor de la Serna volvió a Burgos con el coche y la escolta, después de legalizar en el gobierno general la orden de libertad y extrañamiento, obtenida en el último momento)). u Aquella tarde -testimonia Mariano Tobalina- me llamó el jefe territorial, Andrés Redondo, y me dijo que al día siguiente debería escoltar con otro falangista a Manuel Amar hasta la frontera. Me indicó que eligiese el compañero y éste fue Carlos Saiz Alonso, ahora director del diario Libertaú, de Valladolid. Yo ya conocía a Aznar, pues le había visitado, por encargo de la jefatura territorial, en la cárcel, dos o tres veces. »A las seis de la mañana, junto con un policía, nos hicimos cargo de él. Salió Manuel Aznar con un modesto hatillo al hombro, y nos dirigimos a la estación. Viajamos en tren -sigue Tobalina- hasta Burgos y allí pasamos a un coche de Falange, dispuesto por Hedilla, con el que continuamos hacia el norte. No recuerdo exactamente, pero creo que en Vitoria saludó a Aznar el escritor y periodista Daranas. Dormimos en Irún, pues me negué en absoluto a que Aznar pasase a Francia en barca, de noche. De madrugada salimos y a petición de Aznar pasamos por el pueblo de sus padres, que tenían una tienda. En el puesto de Endarlaza - q u e guarnkían requeté+despedimos a don Manuel Aznar que, conmovido, pero sereno, se encaminó hacia Francia. Minutos después llegó una patrulla de requetés que, al parecer, tenía intención de hacerse con Amar y evitar su salida de España~. Manuel Aznar estuvo viviendo largos meses en la costa vasco-francesa. En este período, Aznar Zubigaray publicó numerosos artículos en la prensa hispano-americana en pro del ejército mandado por Franco. Su extrañamiento o exilio apenas duró un año. Regresó a la zona nacional, fue cronista de

guerra, escribió La H i s t o k militar de la guerra, ha ocupado v d a s embajadas, presidido la Federación de periodistas, dirigido La Vanguardia y tiene el pecho cubierto por condecoraciones del régimen. Lo que quizás no ha sabido nunca es quién le &ó de morir a balazos en Valladolid en aquel otoño tremen& de 1936.
Las intervenciones personales de Hedilla tuvieron trazo más dramático en otras ocasiones. El jefe provincial de Burgos consejero nacional declara *: «Los falangistas burgaleses no intervinieron en fusilamientos con mi autorización. A fines de a p t o o primeros de septiembre, envié además una severa ciruular a toda la provincia prohibiendo los actos de represión. Esto era mi deber moral y político. ~Es-cierto que se cometieron, por gentes que no ocupaban mandos, actos reprobables. Citaré, como ejemplo, el de Oña, donde determinada persona emborrachaba a los neofalangistas, y les señalaba las personas que debían ser perseguidas. Apenas lo supe, conminé a dicha persona para que en el término de veinticuatro horas abandonara la provincia de Burgos, lo cual - . aumplió o. En la Jefatura de la Junta de Mando, tanto en Burgos como en Salamanca, hubo afluencia de gentes que acudían a buscar amparo. Hedilh nunca hizo gestión alguna sin estar convencido de su legitimidad. h Y c o n t o m s de la represión en la zona nacional apareGieron teñidos de azul -el color de la camisa falangista- por maniobra interior muy calculada. El jefe territorial de Galicia, Mario González Zaera, testimonia: uYo había recibido órdenes, verbales y escritas, de Manuel Hedilla, acerca de la intervención de los falangistas en funciones de policía y, para cumplirha, las circulé por las cuatro provincias gallegas. Nuestro crecimiento había determinado el ingreso en el servicio de la retaguardia de gentes que no podían compartir nuestros principios ni adoptar nuestro estilon.
Testimonio de Jo& Andino.

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Un ilustre mejicano, padre de dos falangistas, escribió

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«Hubo sin duda en el lado azul violencias lamentables, como
las de Pamplona y Badajoz, que no son plausibles ni mucho menos, pero en tesis general fueron actos de impulso de grupos militares improvisados, y en muchos, represalias; excepcionalmente, crímenes personales. Además, contra ellos se actuó, cuando menos para evitarlos en lo futuro...)). Un inglés -quien en 1963 ha sido obsequiado con una comida en la embajada española de Washington- dice «En cuanto a los autores de tales atrocidades, eran en su mayor parte miembros de los antiguos partidos de derechas, más bien que de Falange. La guardia civil, los militares y antiguos miembros de la CEDA fueron los principales realizadores de los hechos. Parece ser cierto que la Falange hizo cuanto estuvo de SU parte para establecer ciertos niveles de justicia. ,»Esto, sin embargo, ha sido negado por algunos testigos de confianza, especialmente por varios procedentes de Andalucía, donde los jóvenes falangistas tenían a su cargo la tarea de matar, y donde en algunis ocasiones daban a sus amigas la oportunidad de disparar contra sus víctimas n La obra de Thomas, una de las más leídas en el extranjero y también en España- sobre nuestra guerra civil, aunque documentada, contiene muchas imprecisiones y juicios tendenciosos. Por otra parte, el equipo que ha recogido este TESTIMONIO, y cuyos miembros pertenecieron a distintas Falanges provinciales, incluida Andalucía, jamás tuvo noticia alguna de que las «amigas», «novias» o uamantes)), que así puede traducirse la expresión contenida en la obra de Hugh Thomas, participaran en ninguna clase de vindicta o represión.

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Las reticencias y resistencias pasivas indujeron a Hedilla, hacia los últimos días de 1936, a centralizar y jerarquizar un

* Rodolfo Reyes: De mi vida. 111. La Bi-revolución española. Editorial Jus. Mdjico, 1948, página 147. ** Hugh Thomas : Lo guerra civil española. Ediciones Ruedo Ibdrico. París,1962, pág. 136.

servicio que había funcionado cantonalmente. Aludimos al llamado de Información. Hemos puntualizado que la Falange tuvo que asumir funciones naturales en tiempo de guerra civil, supliendo la inferioridad numérica de algunos cuerpos del Estado. La fuerza pública, en la zona nacional, fue insuficiente para mantener el orden y prever los peligros de la retaguardia. Entonces, los primeros días del Alzamiento, la Falange -y otras organizaciones- crearon unos servicios de investigación s información, que no solo eran policiales, sino de contra-espionaje. La Falange montó igual servicio en los frentes, para vigilar el estado de los combatientes y allegar noticias a través de loe evadidos de la zona roja y de los prisioneros. Aquellos servicios informativos e investigadores de la retaguardia, por un entendimiento defectuoso de su exacto deber, participaron, en algunos lugares, en actividades represivas. Lo hacían mediante órdenes del jefe temtorial, o provincial, o a espaldas de esos mandos. Debe señalarse que en repetidas ocasiones, y en la retaguardia, los falangistas dedicados a esas tareas tuvieron que afrontar riesgos trágicos. Estos no transcendían por el habitual mutismo que el poder constituido imponía a la prensa, en contraste con la publicidad dada por la República Popular, todos los años que duró la guerra, a las acciones clandestinas realizadas por los partidarios de los nacionales. Hedilla quiso situar al Servicio de Información en sus límitea exactos sometiéndolo a la disciplina de la Jefatura de la Junta de Mando. A la par, quería iniciar una tarea depuradora en las filas de la Falange, que las circunstancias iban aconsejando. Era ya excesiva la cantidad de afiliados en la retaguardia, y la conquista de extensos territorios la iría acreciendo. El mtmsismo político en las filas de la organización debía ser atajado. La orden de Hedilla decía « 1P La Delegación Nacional del Servicio de Información dependerá directamente de la Jefatura Nacional. n2P Los jefes provinciales no tendrán intervención en

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Circular del 20 de diciembre de 1936.

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cuanto al funcionamiento de las delegaciones provinciales de Información; no obstante, cada jefatura provincial facilitará cuantos medios necesite este servicio para el desenvolvimiento del mismo. 3P La designación del personal afecto a este servicio se efectuará por el delegado nacional. n 4 P Tendrán en cuenta, los jefes provinciales, antes de proceder a la designación de los cargos políticos de Falange Española, pasar dicha propuesta por la delegación provincial de Información, para que, ateniéndose al informe que ésta emita, proceder en consecuencia. n 5 P Para evitar posibles errores, cometidos involuntariamente, sobre la designación de cargos políticos posteriores al 19 de julio del corriente año, se procederá, por los jefes provinciales, a enviar todos los nombramientos que se encuentren en las condiciones antedichas a la delegación provincial de Información, la cual, vistos los antecedentes, informará sobre la ratificación o anulación de los mismos, que será efectuada por el jefe provincial de acuerdo w n dicho informe. n 6 P Los infomes serán remitidos al jefe provincial una vez fiquitos, el cual dará acuse de recibo del mismo a la delegación provincial correspondiente. En el término de quince días, el jefe provincial resolverá en consecuencia, o pedirá ampliación del informe en el sentido que estime conveniente. Pasado dicho plau> sin que se haya recibido petición de ampliación o dado solución en el sentido que en el informe se interese, el delegado nacional del Servicio de Información dará cuenta al jefe nacional del incumplimiento, por parte del jefe provincial, de lo ordenado en el presente apartado. Nunca podrá estar pendiente más de treinta días, la resolución de ninguna información, aun contando con las ampliaciones que puedan solicitarse. »Espero de todos los jefes provinciales el más fiel cumplimiento de todo lo dispuesto en la presente orden circular, con lo que ayudarán al mando para la buena marcha de nuestra organizacih, a fin de conseguir una España grande y libre. El jefe de la Junta de Mando provisional».

Este documento expresaba la decisión de Hedilla de imponer la disciplina, suprimiendo los restos de un cantonalismo que dañaba a la organización. Era una orden certera. Con otros fines, fue copiada por FET y de las JONS, la cual, tras el mes de abril de 1937, creó un gigantesco aparato de investigación e información.

SALAMANCA, CUARTEL GENERAL Manuel Hedilla, en las fechas en que se presumía la caída de Madrid, era pesimista, aunque lo ocultaba. Sus relaciones con los mandos militares eran cotidianas y conocía los recursos, en hombres y en material, que debían cubrir los extensos frentes. Su testimonio sobre esas semanas dice: «Tuve relaciones muy correctas con el general jefe del centro, don Luis Orgaz, lo mismo que con don Miguel Cabanellas, don Alfredo Kindelán, jefe de la Aviación, don Fidel Dávila, el coronel secretario de la Junta Nacional, don Fernando Moreno Calden5n y otros generales y jefes. »Don Gonzalo Queipo de Llano se mostró afectuoso conmigo. Recuerdo que me pidió que yo influyese para que el jefe provincial de Falange en Salamanca, Ramón Laporta, no persiguiera a unos fabricantes de Béjar, a los que se acusaba de profesar ideas liberales y democráticas. »Estuve en los frentes de los cuales tenía que partir el avance decisivo sobre Madrid. Uno de éstos, el de Talavera. Yo había conocido al teniente coronel Juan Yagüe, quien acudió en Burgos a la Junta de Mando. Era íntimo de buenos falangistas burgaleses, y en seguida tuvimos una relación afectuosa y de notoria camaradena. nMi viaje al frente de Talavera, un sector mandado por Yagüe, obedeció al designio de enterarme, sobre el terreno, de

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la veracidad de unas denuncias formuladas por falangistas
acerca de la actitud de un comandante, Francisco Planas de Tovar: Yagüe prometió intervenir. Se estrecharon nuestras relaciones. Ponderaba a las milicias de la Falange, en las que tenía tanta fe como en cualquier unidad del ejército. A juzgar por sus manifestaciones, sentía entusiasmo por el nacional-sindicalismo)) Había decidido el general Franco trasladar, formal y prácticamente, su cuartel general a Salamanca. Su residencia, y la de su esposa y su hija, fue el palacio episcopal, situado junto a las dos catedrales salmantinas y la universidad. Se hallaba al frente de la diócesis salmantina el catalán don Enrique Pla y Deniel, quien desde entonces figuró en todos los actos y ceremonias que tuvieron lugar, tanto de la autoridad constituida como de la Falange. El doctor Pla y Deniel aparecía, naturalmente, en la primera fila y, al parecer, el enemigo le censuró por realizar el saludo falangista. Sin embargo, los embriones político-administrativos den* minados Junta Técnica del Estado, y otras autoridades, seguinan residiendo en Burgos. Era conveniente que la Junta de Mando se trasladase a Salamanca, pero manteniendo un enlace con aquella Junta Técnica. De esta función se encargó Francisco Bravo Martínez. El general Mola, por su parte, también se trasladó. Había ido primero de Pamplona a Burgos, más tarde a Valladolid. El .29 de octubre instaló su cuartel general en Avila, en el Palacio de Benavides. Y aún se instalaría de nuevo en Valladolid. La Jefatura de la Junta de Mando, y la nacional de las Milicias, quedaron albergadas en una casa de vecindad de la

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c d e de Toro. Era un piso reducido, en el que se improvisaron pequeños despachos para Hedilla y Amar, y sendas secretarías también angostas. En el edificio vivían varios inquilinos. Las dependencias de los servicios fueron instaladas con la misma modestia, en diversas calles salmantinas. El mobiliario, en t& ias oficinas falangistas, era sencillo. Quienes llegaban a visitar la Jefatura de la Junta de Mando y otras oficinas, manifestaban perplejidad por tal modestia, que respondía a una decisión de Manuel Hedilla.

EL DRAMATICO CONSEJO NACIONAL
DE NOVIEMBRE DE 1936

Añade Hedilla en su testimonio: volví a ver a Yagüe, en Burgos, el año 1948. Se mostró decepcie nado de la política y de la Falange. i A coronel don Agustín Muñoz Grandes, no le conocí por obvia razón ul cronolópica. durante la guerra. Hablando con un amigo común, don César Alvarez, y conmigo. se refirió ral periodo en que ser amigo de Hedilla era una opción para ser sancionado pues se te perseguía como a un perro rabioso,.
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20 de noviembre de 1936: al llegar la noche, la noticia del fusilamiento de José Antonio en el patio de la prisión alicantina, ocurrida horas antes, era anunciada en el cuartel general del Generalísimo, y en el mando provisional de la Falange. Habíase conocido también la apertura del juicio por el llamado Tribunal popular. Quedaba la esperanza, días antes, de que la sentencia a muerte pudiera ser aplmada; acaso el enemigo utilizara a José Antonio como rehén para negociar, si Madrid caía en poder de los soldados nacionales. El giro de la empresa militar sobre la capital resultó aciago. El 4 de noviembre llegaron a Vicálvaro los tres primeros batallones de voluntarios extranjeros. Para el día 20, esas brigadas internacionales ya habían aumentado sus efectivos y rechazado el progreso del ejército, mandado por Franco, en dirección a Madrid. La lle gada de material soviético -aviación, artillería, armas motorizadas- modificó la coyuntura militar. La ejecución del Jefe Nacional coincidió con la reunión del 111 Consejo de la Falange, al que Hedilla había convocado estatutariamente. Los estatutos preveían que el consejo debía reunirse al cumplirse el año de la designación y elección de sus vocales. Rstos, como los miembros de la Junta Política, debían cesar, sin perjuicio de ser reelegidos o nuevamente designados en la parte reservada a la libre elección por el jefe.

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Hedilla había cumplido, pues, con BU estricto deber, al convocar al consejo en la fecha preceptiva. Era el 21 de noviembre, y la reunión se celebró en una sala del cuartel de la Falange. Los consejeros que no pertenecían a la Junta de Mando provisional, esperaron a que ésta terminara una sesión. Con Hedilla estaban Amar, Moreno, M, Sáinz, Redondo, Dávila y Bravo. Todos ellos conocían la muerte de José Antonio. Sin embargo, optaron por no declararla. El número de testimonios -tanto de diplomáticos extranjeros como de periodistas de varias nacionalidades- so- . bre el fusilamiento era, por desgracia, abrumador y corroboraba las primeras noticias. Quedaba la remota esperanza -ioh, el sebastianismo natural!de que el enemigo hubiera realizado un simulacro de fusilamiento de José Antonio, eligiendo un preso que pudiera parecérsele en rasgos físicos generales, para que sucumbiera en el lugar del Jefe Nacional. Era una SUposición que desmentiría el gobierno de la República popular, al informar oficialmente a quienes habían hecho -políticos extranjeros- alguna petición informativa sobre la suerte de José Antonio. Con posterioridad -muy tardíamente- se ha declarado, por algunos, que no quiso darse a conocer, por el poder constituido, la noticia de la ejecución para evitar el desencadenamiento de represalias. ¿Quiénes las hubieran cometido? Sabiendo que José Antonio había muerto, Hedilla no cesó en sus órdenes contra la represión arbitraria. Arreció en ellas y abrió los brazos, una y otra vez, a los obreros y a los campesinos de toda España. La Falange, que tenía en su poder al hijo de Largo Caballero, siguió conservando y cuidando la vida del joven. Esa proposición sobre las represalias fue -y lo e s - artera. Nadie sucumbió a manos de falangistas por el hecho de la muerte de José Antonio. La Junta de Mando, oficiosamente, sólo adoptó dos p r o p siciones, que sometería al Consejo: la instalación del mismo Consejo y de la Junta en Salamanca y celebrar un Consejo extraordinario el día en que Madrid fuese conquistado npara examinar a fondo el modo de implantar las ideas fundamen-

t a l ~ nacional-BPaicaliamo ea las actuales circunstancies del l vida españolal *. a La reunión del 111 Consejo estuvo presidida por Hedilla,
.eompañado por la Junta de Mando provisional. Asistieron, Vicente Gaceo del Pino, Ricardo Nieto Serrano, Miguel Merino Esquerro, Juan Francisco Yela, Cebo García Tuñón, José Luna Meléndee, Joaquín Miranda, José Andino Núñez, Francisco RodRguez-Acosti y Manuel Yllera. ~statu&amente, 1 dos tercios de los vocales podían pe; s dir votación. Estaba a su qcance plantear la cuestión de la m c t u r a pmvis'ional del mando, y su nominalidad. No hay &da de @e el consejo, celebrado bajo la angustiosa presión de la muerte de José Antonio, tenía más poderes legítimos, s i cabe, que el del 2 de septiembre en Valladolid. Nadie estaba por encima de la autoridad de los consejeros: el hecho de que no pudiera estar presente la totalidad del Consejo a causa de la &erra, no mdficaba la autoridad ni la respc&abilidad de las reunidos en Salamanca. En la hipótesis de que en el cuartel de la Falange salmantina se hubiera presentado, inesperadamente, quien había sido secretario general, Raimundo Fernánde^ Cuesta, tampoco se habría modificado aquella legitimidad. El secretario p i e r a l era un subordinado del Jefe ~ a c i o n a l y del Consejo. José Antonio, siempre acechado por la muerte violenta, había previsto, lo rep&nos, la fórmula democrática restringida al segundo grado para asegurar la continuidad de la oraanización. El Consejo, automáticamente, más sin declararlo, consideró prorrogados sus poderes; la Junta de Mando no opuso objeciones. Y por el mismo proceder automático, el Consejo tornó a legitimar a la Junta y a aprobar su conducta. De no haber ocumdo así, la Falange hubiera quedado disuelta, aquel 21 de noviembre de 1 936. La nota oficiosa manifestó: «El Consejo, enterado de la íntima compenetración existente entre ~ a l & e y el Jefe del
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* Arriba España, 23 de noviembre de 1936.

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Estado, ratificó la determinante decisión de conservarla, considerándolo como un sagrado deber exigido por la necesidad de la victoria y de la edificación del nuevo estado. »Fue detenidamente examinada la situación internacional, y por lo que se refiere a los acontecimientosde los últimos días, el Consejo acordó testimoniar sus más vivas simpatias a Italia, Alemania y Portugal, quienes w n su reconocimiento del gobierno español han servido, una vez más, la causa de la cultura cristiana y europea. Estimando por igual la actitud de dichos países respecto de España, el Consejo decidió subrayar la expresión de su cordialidad con Portugal, en la seguridad de que, como sucede, subsistirán en el pomenV las mejores relaciones entre las dos naciones peninsulares. >)El Consejo, aceptando una moción de SANCHO DAVILA, REITERO SU LEALTAD A LAS IDEAS FUNDAMENTALES DEL NACIONAL-SINDICALISMO Y SU DECIDIDO PROPOSITO DE VERLAS IMPLANTADAS, ÚNICO MEDIO DE QUE LA NUEVA POLfTICA DE ESPARA SE DESENVUELVA DENTRO DE UNA ARDIENTE COMUNION NACIONAL Y SIRVA LOS SUPREMOS DESTINOS DE LA PATRIA. »Para el futuro servicio de los mismos, el Consejo, a pesar de los apremios que a su atención imponían las circunstancias, dedicó una detenida deliberación al estudio de la organización de los Flechas. »También analizó el Consejo el perfeccionamiento de los servicios de Hacienda de la Falange

muchos otros problemas de carácter interno mereckon la atención de los consejeros, pero, principalmente, con el acuerdo de intensificar hasta el máximo la eficiencia de las milicias. y con el nombramiento de las comisiones que han de presentar a la próxima reunión extraordinaria del Consejo las ponencias &m- la inmediata aplicación del programa &ioxd-sindicalista, fue servido el lema de la Falange de vencer en la guerra y en la paz». El Consejo había empezado a las diez de la mañana. D r uó horas. En las primeras de la tarde, los reunidos comieron el rancho del cuartel. Al terminar, se levantó HediUa. Lo imitaron todos. El jefe de la Junta del Mando provisional, con el brazo en alto, exclamó: « ;José Antonio Primo de Rivera! n Sonó la unánima respuesta : « iPresente! » E& el saludo falangista a los muertos.

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* Este acuerdo, equivalía a una modificación en los mandos territe nales, porque con él se excluía al ex comandante de Caballeria, .Tos6 Moreno, de Navarra y Vascongadas. Moreno era jefe territorial, por su albedrio. Su actuación había sido lamentable y Hedilla decidió relevarle; le advirtió de su propósito el día 8 de noviembre, en visita que el jefe de la Junta giró a Pamplona (Vd. Arriba España, 10 noviembre 1936). Moreno sería nombrado administrador general de la Falange, con residencia en Salamanca, y su adjunto seria el falangista burgalés Honorato Martín Cobos. Fue la de Hedilla una estancia de seis horas en Pamplona, y Moreno inclinó la cabeza. También fue Hedilla, en avión, antes del consejo, a entrevistarse con Sancho Dávila en Sevilla (Vd. F. E. 18 de noviembre de 1936). Aprc-

El diario sevillano que-dependía de Sancho Dávila, CQmentó, en singulares términos, el Consejo nacional. Nada se publicaba en aquél sin pasar por la censura de Dávila y de sus íntimos. Es curioso que el jefe territorial autorizase un elogio a Hedilla, al que se le llamaba Jefe Nacionol *. Meses después, el mismo Dávila argüiría que estaba el& rándose un culto a la personalidad de Manuel Hedilla, lo cual en todo caso, podía ser lógico, humano y razonable, ya que la Falange carecía de Jefe Nacional, y debía tenerlo. El mismo Dávila conocía directa y perfectamente la opinión de José Antonio sobre la jefatura del Movimiento nacionalsindicalista **. El 2 de abril de 1933, con motivo de unas cartcrs abiertas cruzadas entre José Antonio y Juan Ignacio.
vech6 el viaje para hablar asimismo con Pilar Primo de Rivera. Dávila se había ido a Huelva, quizá con gesto desdeñoso. Pero tuvo que resar y oír a Hedilla, aen una larga conferencias, según testimonio del referido periódico dependiente del mismo Dávila. * FE., 1 de diciembre de 1936. ** Hacia la Historia de la Falange. Primera contribución de Sevilla, por Sancho Dávila y Julián Pemartín. Jerez Industrial. 1938. PAg. 25.

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Luna de Tena 4 mes de mamo de 1933 y publicadas en A.B.C.- esmibió el futuro Jefe Nacional sobre la presunción de que ael fascio tiene que surgir con idea y caudillo del

,.L Fe nuestra, que es idéntica siempre y siempre exaa ..a
t , que hace invencible nuestra disciplina para obedecer, y a marchar hacia el triunfo, en el camino que José Antonio ha
marcado y que los nacional-sindicalistas, bajo el mando de Manuel Hedilla, hemos de seguir para bien de España, recorrida la ruta que ya dijo él, pmfétic&ente, que era exacta y difícil »Para que la fllmeza y la seguridad guíen a nuestro obrar, la Falange grita anhelante, como punto inicial (sic) de nuestra marcha continua: Camarada Jefe Nacional, Manuel H e dilla, los nacional-sindicalistas todos tenemos fe en ti. iAmbg España! D .

pueblor>. Y lo aclaró en carta dirigida a Julián Pemartín: «La primera parte es errónea. La idea ya no puede sur+ del pueblo. Está hecha y los que la conocen no suelen ser hombres del pueblo. ~Ahora, que el dar eficacia a esa idea, sí es cosa que probablemente está resernada a un hombre de extracción popular. El ser caudillo tiene algo de profeta, necesita una dosis de fe, de salud, de entusiasmo y de cólera, que no es compatible con el refinamiento. Yo, por mi parte, s e d a para todo, menos para caudillo fascista. La actitud de duda y el sentido irónico que nunca nos dejan a los que hemos tenido, más o menos, una curiosidad intelectual, nos inhabilitan para lanzar las robustas afirmaciones sin titubeos que se exigen a los conductor& de masas)). Añadía José Antonio, columbrando las aversiones de su círculo: «Así, pues, si en Jerez como en Madrid, hay amigós nuestros cuyo hígado padece con la perspectiva de que yo quiera erigirme en caudillo del fascio, los puedes tranquilizar por mi parte D. El artículo del diario obediente a Dávila, se titulaba: «FEm. Era muy extenso y se publicó con lujo tipográfico: composición a dos columnas y tipo de negritas. Transcnbimos párrafos de caracterización y elogio del jefe de la Junta de Mando: «En tomo al jefe nacional (sic) de la Junta de Mando provisional, Manuel HediUa, los consejeros de Falange han tomado acuerdos y han ido recogiendo la labor que les ha sido encomendada, y tras la figura de nuestro conductor actual, camarada Hedilla, se han apretado los regentes de la Falange para continuar lo ya empezado y hacer cuanto sea necesario para idplantar nuestro nacional-sindicalismo. »...La Falange vuelve a afiimar su fe básica en la disciplina. En este Consejo Nacional, esa fe no ha faltado y ha sido acatada ante quien ese día era el jefe ...

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EL HOMBRE Y LOS SUYOS: PAUSA PARA LA ANGUSTIA
Aquel día 2 1 de noviembre, sobre Manuel Hedilla gravitaba verídico dolor por la muerte de José Antonio, y pesaba un tremendo anhelo. Nadie advirtió traza, en el semblante del jefe de la Junta, del trance en que se debatía. Era un hombre joven, que acababa de cumplir treinta y cuatro años y sabía dar a su rostro y a su gesto severidad increíble. Tenía una imperturbabilidad de estatua para quienes ignoraban el carácter del montañés. No es ocasión de hacer etno-literatura o geo-literatura. En la Montaña nacieron, nacen y nacerán h o d r e s cobardes y hombres valerosos, como sucede en todo el vasto mundo. Pero en tal país, los varones tienen cierta condición nativa para reservar sus sentimientos. Si los montañeses no fueran tan españoles, diríamos que parecen gemelos de los ingleses en ese punto. HediUa soportó una angustia intima que no dejó traslucir ni siquiera al círculo -¡tan escaso que nunca llegó a la decena de amigos!- de los íntimos. Otros, montañeses como él, se encontraban en la misma tesitura, y apenas lograban, pese al pudor aborigen, dominar sus inquietudes. Todos, lo mismo que Hedilla, eludían la referencia a sus permanentes zozobras. Éstas se referían a la familia.

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Hedilla tenía en la zona enemiga a todos los suyos. Sus antecedentes eran funestos, en cuanto a la represión de que su familia podía ser objeto. Desde que su nombre sonó en la zona nacional, el peligro se encarecía. Otros falangistas habían acudido al recurso de u i i a pseudónimos o segundos apellidos tlzr desconocidos para los rojos. Hedilla no pudo hacerlo, no lo habría aceptado tampoco. En el curso de los meses había intervenido Hedilla en las gestiones para el rescate de numerosas personas y estaba ocupándose con ahinco de Raimundo Femández Cuesta. En torno suyo, en el ámbito falangista, numero808 afiliados habían logrado ya rescatar a los suyos por medio de gestiones en las que intervenía el poder militar constituido. El jefe de la Junta de Mando no pidió nada de nadie: solía entrevistarse con Franco y Mola, con todos los mandos máximos. ;Jamás hizo alusión a su propia familia! A su hijo más pequeño no le había visto nacer. Se lo llevaron a Bilbao, la primavera de 1936, para que pudiera wnocerle. Sólo tenía noticias inciertas, proporcionadas por los pasiegos que alguna vez lograban atravesar la cordillera cantábrica, ir a Burgos y tomar a la Montaña. Eran días en los que se dudaba de todo y de todos. Otras veces llegaba a Burgos, vía San Juan de Luz,un cónsul de cierto país hispanoamericano, y los montañeses dudaban antes de confiarle encargos. Era sabido que los rojos se valían de agentes dobles. Los pasiegos, tan herméticos y los hispanoamericanos, desasidos de la tragedia esañol la, banales en sus palabras y en sus gestos, hacían temer al pequeño círculo montañés que siempre estuvo junto a Hedilla -lo mismo que el círculo catalán- que hubiera f i a c i o nes peligrosas. Estos montañeses -naturalmente, Hedilla entre e l l o e se miraban silenciosos y se comprendían. Pero callaban. Si a m -

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* Este tono, insólito en el presente TESTIMONIO, se debió a la reacción moral de los colaboradores ante una acusación dirigida contra Hedilla, y que, tras el 19 de abril de 1937, pudo depararle otra condena a muerte. Sin embargo, dicha acusación - c o m o se verá- carecía es* cíficamente de importancia.

baba alguna noticia trágica, el deber de todos era confortar a la víctima, y especular con equivocaciones y confusiones. Todos permanecían pétreos, como los riscos de su país natal. Manuel Hedilla liberó a una parte de su familia gracias a su personalidad, y sin necesitar el concurso de ninguna de las autoridades constituidas en la zona nacional. La historia es sencilla Una familia alemana, la de Hoppe, arraigada en Santander desde el siglo XIX y delegada de compañías naviera, industriales y comerciales germanas, tenía la representación consular de su país. Hermann y Karl Hoppe, con los suyos, se habían convertido en santanderinos adovtivos. No eran sim~atizantes de la República española. Habían tenido que polemizar con empleados y con obreros y, poco después del Alzamiento, trasladaron sus petates al país natal. Del Consulado se encargó un ingeniero alemán, Adolf Becker, empleado en la fábrica de neumáticos ((Continental)),establecida en Torrelavega. Este Becker fue el último ciudadano del 111 Reich que vivió en Santander durante la dominación roia. Había en Santander un ioven industrial v comerciante, José Vida1 de la Peña, quien, si no neutral, estaba al margen de la actividad política. Tenía amistad con Manuel Hedilla, de tipo personal. En rigor, Vida1 de la Peña es uno de esos amigos cordiales que Hedilla en el curso de su vida se ha granjeado por doquiera. Por sus negocios, Vida1 de la Peña tenía relaciones con la fábrica Continental. Becker le llamó al Consulado: aMe diio * que acababa de entrar en la bahía un cañonero alemán. El primero y segundo comandante eran nazis. Traían una misión cancreta: la de sacar de la ciudad a un crecido número de Dersonas cuyos domicilios tenían anotados. Como en ciertos casos dichas personas habían cambiado de residencia, también disponían de la anotación correspondiente. Su meticulosidad llegaba a tal extremo que poseían planos de Santander.

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Testimonio de José Vida1 de la Peña.

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xBecker me expuso, con claridad, lo que esperaba de mi concurso. Una parte de los escondidos no podría ser sacada a la luz pública, tuvieran pasaportes auténticos o pasaportes falsos. Oficialmente, el cañonero había llegado para transportar a súbditos alemanes. »Me presté a tener en mis locales a los que debían embarcar de modo subrepticio. A horas determinadas, las lanchas del cañonero atracaban a los muelles y embarcaban a los alemanes, entre los cuales, convenientemente disfrazados, iban es»En las listas figuraban dos señoras, Josefa Larrey Jauregui y Elena Arce Fernández, y tres niños que debían acompañarlas. Aquellos nombres no me decían nada. Supe que para encontrar a las señoras había que dirigirse a la farmacia de Gama, donde estaban refugiadas. >Hasta el Alzamiento, yo había tenido siete coches; perolos requisaron. Me dirigí a la oficina de Transportes, arguyendo que tenia un pariente enfermo. Me negaron el derecho de un automóvil, y aún me llamaron fascista. Gracias al conocimiento con un empleado de dicha oficina, obtuve por é l un salvoconducto y u n coche dk 10 caballos para trasladarme a Gama. sEn Bárcena de Cicero-Gama había dos farmacias. Una de ellas era la de la familia de doña Elena Arce. No me di cuenta de la diferencia entre Bárcena y Gama por la proximidad ahsoluta de ambas localidades y llegué a la farmacia de Gama. Pregunté por el dueño; me respondieron que estaba enfermo. Un tanto receloso, pedí unas aspirinas y me fui. »Tenía yo otra dirección: la del dentista don José Arce, en Santoña. Marché de Gama a Santoña, vi al señor Arce, quien me acogió con notable prevención. Y por él supe, cuando le demostré que yo no era un enemigo, que las personas a las cuales iba yo a buscar componían la familia de Manuel Hedilla. i ~señor Arce me informó de que el farmacéutico de Gama l pertenecía al Frente Popular; no se mostró animado a que su hermana, sus sobrinos y la madre de Hedilla embarcaran. »Volví a Santander. El cañonero alemán hizo varios viajes

entre nuestro puerto y San Juan de Luz. Me encontré en una situación difícil, por la oposición del señor Arce, y por las dificultades de embarcar, rápida, expeditivamente, a dos señoras y a tres niños. »Entre los alemanes y yo decidimos apelar al consulado de la Argentina. Se hicieron pasaportes falsos. Recogí a doña E a l na y a los niños y los llevé a Santander, donde se hospedaron en mi casa; doña Josefa Larrey se encontraba un tanto enferma. No era posible demorar la salida, que debía hacerse en un buque inglés. Fui a buscarla, le informé y me contestó animosamente: "Ahora mismo me voy con usted". »De Bárcena de Cicero a Sdntander, había varios controles. Fuimos detenidos en el de Solares. Mi salvoconducto era personal. Los milicianos me preguntaron: »-;,Y quién es esta señora? »-Es mi tía -respondí. Ya ven ustedes que se halla enferma, y vamos a Santander para que la reconozcan varios médieos. »Pudimos salvar el obstáculo y llevé a mi casa a doña JOsefa. ))Pasaron allí un mes o cinco semanas. Llegó el buque inglés, acompañé a la familia de Hedilla hasta la escala, pero la policía del Frente Popular la consideró dudosa y no permitió que subieran al barco. Dejé pasar otra escala del navío en Santander y, a la tercera vez, lograron salir. Era en la primera quincena de noviembre». Desembarcaron en San Juan de Luz, donde se hallaba el agente falangista de enlace, Manuel Yllera, montañés, como ya hemos dicho. En Valladolid se reunieron con el jefe de la Junta de Mando. Éste acababa de presidir el Consejo Nacional y pidió permiso a sus camaradas para ir a Valladolid. La estancia en la ciudad apenas duró horas. Hedilla y los suyos salieron para Salamanca, para albergarse en un modesto piso de la calle de Azafranal, vacío porque su inquilino estaba en Madrid. En aquella casa salmantina, la media docena de montañeses que a las órdenes de Hedilla estaban en Salamanca solía ir a reunirse, en las brevísimas treguas del quehacer. Era

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un hogar provisional y austero, en el que sólo podía tomarse una bebida cordial: el café, según las costumbres montañesas. Nadie podía sospechar, entoncis, que ese hogar representaría sólo una pausa, una tregua, para la angustia en la que habían vivido aquellas mujeres, doña Josefa y doña Elena. Los niños eran todavía pequeños Tampoco sabía nadie que el de menos edad, Rafaelín, sería enterrado en la ciudad de Salamanca, adonde el dedo de Dios llevó los destinos de España y de cuantos a España servían wn lealtad.

...

EL MAXIMO DESARROLLO DE LA PRENSA Y LA PROPAGANDA FALANGISTAS
Las ramas de la Prensa y Propaganda falangistas estuvieron dirigidas e inspiradas -tras el período del cantonalismc+con un entendimiento claro de su menester, en los fines de la guerra y en los objetivos de la paz. Sus colaboradores poseyeron una libertad increíble, atenida a la doctrina y a l principio básico de que era un delito estorbar, con cualquier pretexto, el desarrollo de la guerra. No hubo ningún robot intelectual y artístico en el período de mando de Hedilla. Pero, a cambio, la disciplina se impuso, lo que era harto difícil, por la dispersión geográfica y las interferencias parciales de algunos mandos en su provincia o territorio. Disciplina y gratuidad en el servicio, incluso en la exigua, casi inexistente, burocracia. Sólo recibieron salario los profesionales que no pertenecían a la Falange antes del 18 de julio, y dietas parcas los antiguos falangistas que se dedicaban por entero a la Prensa y a la Propaganda. A éstos se les otorgaron dietas con arreglo a sus necesidades elementales, y en relación con la familia que estaba a su cargo; una escala de solteros, casados sin hijos, casados con hijos... El coste de la vida aún se mantenía, en general, en los niveles anteriores a la guerra y propios de las provincias que componían la zona nacional. La circulación fiduciaria era escasa.

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Los orígenes de la Prensa y la Propaganda falangista representan una información histórica valiosa. Los hechos son demostrativos, elocuentes. Siempre rigió el principio de la gratuidad en el s e ~ c i o La organización sólo tuvo dos periódicos . hasta el 1 de febrero de 1936: el semanario FE, reemplazado en 1935 por Amba, suspendido gubernativamente. Hasta el Alzamiento, publicó No importa, boletín de los días de persecución, clandestino, y Solidaridad Nacional, que apareció en Barcelona, varias semanas antes de la guerra, con un hábil camouflage, y cuyo último nú'mero, en esa etapa, fue vendido en las calles de la urbe, la tarde del 18 de julio de 1936. Solidaridad Nacional había sido inscrito en el registro oficial de publicaciories de Barcelona. José Antonio jerarquizó la Prensa y la Propaganda, nombrando jefe de dicho servicio al arquitecto José Manuel Aizpuma Azqueta, guipuzcoano, consejero nacional y miembro de la Junta Política. Este falangista era arquetípico intelectual, y a la vez, un artista de la arquitectura. Parecía un dandy y su sentido social era perfecto: proletarizó, hasta donde era justo, a la Falange guipuzcoana, impidiendo que en ella se formaran núcleos de señoritismo. El valor personal de Aizpurua, desafiaba, sin petulancia, con infinita modestia, a los grupos de activistas donostiarras, de la FAI, del Partido Comunista, de la Izquierda Republicana, de una cierta ala del Partido Nacionalista vasco, que solía atacar, por igual, a los republicanos y a los falaneistas. " Aizpurua, uno de los españoles más y mejor informados de cuanto se hacía y sucedía en el mundo, en una gama plural, confeccionó Amba, dirigió maravillosamente los trabaios de organización y dec~ración los grandes actos celebrados por de la. Falange, en Madrid, desde el comicio de mayo de 1936, atrajo a intelectuales y artistas a las filas de la Falange, fue sagaz. y discreto consejero de José Antonio «José Manuel --declara un escritor ekinentera uno de esos vascos que el país produce, de tiempo en tiempo, para su propio honor y

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01 honor de España. Nada se le escapaba, todo lo sabía y tenía autoridad intelectual y moral D. Bajo el mando de Aizpurua y Emilio Alvargonzález, fusilsdo en Madrid, primer delegado de provincias antes de existir la .secretaria general, org&adas las jefaturas del ~ervicio Prensa y Propaganda en las provincias. Fueron los de canales por los @e circulaban los semanarios y manifiestos, y .& distribuyeron emblemas, camisas azules, letra del himno - d e l que se intentó hacer una edición grimofónica- estatut s reglamentos internos Pacientemente, los jefes del servio, cio enviaban notas a los periodistas de las casi siempre con resultados desoladores, descontados cuando se trataba de los periódicos al servicio de la República, imitados, desde 1935, por la mayoría de los que tenían característicasbien pensantes. Con ese aparato o articulación, se llegó al 18 de julio. En el territorio que fue zona nacional, desde el Alzamiento laasta el 2 de septiembre, el número de escritores y de periodistas a f i i d o s con anterioridad a la Falange era menos que menguado. La misma carencia era visible en otras ramas de la propaganda: dibujantes, pintores, locutores de radio... Por las lecunstancias azarosas del vivir falangista, la educación p í tica de algunos sectores de militantes provincianos había sido incompleta. El Movimiento aún no había cumplido los tres d o s de existencia y se vio obligado a fortalecer, primeramente, a su milicia.

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* Testimonio de Rafael Sánchez Mazas.

El 2 de septiembre de 1936, la Falange carecía del número de diarios proporcional al territorio ya dominado, y a su fuerza combativa y de Segunda Linea. Dos falangistas de Pamplona, el sacerdote Fermin Yzurdiaga y el escritor Angel María Pascual, acertaron a utilizar los talleres de un diario del Partido nacionalista vasco, naturalmente clausurado, para la publicación del primer órgano cotidiano de la Falange: Amba España. Tardíamente, el primero de septiembre, y aprovechando la clausura de El Liberal sevillano, la territorial de Andalucía publicó el diario F.E. Manuel Hedilla se había anticipado al

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disponer la utilización de El Pueblo Gallego de V i 4 g m o y propiedad de don Manuel Portela Valladares- como portavoz de la Faiange, y el lanzamiento de Arco en Orense, también diario. Galicia quedaba cubierta desde el punto de vista de la propaganda de prensa. Esos periódicos, junto con el semanario Libertad de Valladolid, &aparecido,- y Lucha, de Teruel, que se publicaba bisemanalmente, eran los únicos órganos periodísticos de la Falange, hasta que promediado agosto habían aparecido Amanecer de Zaragoza y Nueva España de Huesca, y, conquistado San Sebastián, U n W . La Jefatura de la Junta de Mando provisional siguió favoreciendo la salida de diarios. En las dos Provincias canarias, la Falange dispuso de órganos cotidianos; apenas fue conquistada Málaga, la Falange publicó su propio periódico, denominado Arriba durante los primeros días, hasta que Hedilla dispuso el cambio de titulo por el de Sur. Fue cubriéndose el territorio andaluz de sendos periódicos por cada provincia, con la excepción de Cádiz. Las tiradas revelaron -incluso en provincias de escaso consumo, por ejemplo, Zamora- el interés del pueblo por la - ideología falangista. En algunas zonas, se prefirió, como en Salamanca, que el órgano de más circulación fuera de hecho, y sin intervención alguna drástica, portavoz de la Falange. Sucedió del mismo modo en Valladolid y en Burgos. De acuerdo con el bando de guerra y las disposiciones sucesivas, pudieron ser incautados diarios en Valladolid, Zaragoza, Salamanca, La Coruña, y quizá. en alguna otra provincia. Los propietarios lo temieron y temieron por su libertad. Buscaban afanosamente influencias que evitar& tales riesgos. Todas esas empresas sobreviven y pueden testimoniar la elegancia con que se portó la Jefatura de la Junta de Mando. Hedilla no quería sumarse a la desaforada petición de viejos políticos, tantas veces movidos por rencores personales, contra determinados órganos periodísticos. Lo dijo claramente, una semana después de su designación: * «Prensa. - Sin perjuicio
* Circular del 9 de septiembre de 1936.

de lo que comunique la Jefatura de Prensa afecta a esta Junta a los camaradas encargados del servicio en esa provincia, espero remitas (se dirigía a los jefes provinciales) a vuelta de correo relación de diarios, semanarios, revistas, etc. que se publiquen en tu jurisdicción y de estaciones emisoras de radio, puntualizando la propiedad, matiz político e importancia de cada uno, y la posibilidad de que pasaran a depender de la Falange, o a ser influidos por ésta». Un falanhta m e se hallaba veraneando en Fuenterrabia " al estaliar el Movimiento, pudo alcanzar la zona nacional. Era Vicente Cadenas y Vicent, quien declara «En abril, o en mayo de 1936, José Antonio me encargó del Servicio Nacional de Prensa y Propaganda. Al comenzar el Movimiento, unos pescadores ondarrabitarras me escondieron, lo mismo que a mi hermano Francisco, en Guadalupe. donde pasamos dice días. Luego nos llevaron a Pasajes de San Juan, donde embarcamos pudiendo arribar a Hendava. »Pasamos la frontera por Daqcharinea, y me presenté a José Moreno, exponiéndole mi deseo de ir al frente. Tengo entendido que Moreno llamó por teléfono a Hedilla y que éste contestó ordenando que me hiciera cargo del servicio de Prensa y Propaganda. »No recuerdo si Hedilla firmó algún documento confirmándome expresamente en la misión. Sí estoy seguro de que me dio un salvoconducto con su firma, para viajar por todo el territorio nacional, como jefe del Servicio de Prensa y Propaganda ». Vicente Gaceo del Pino, el consejero nacional más joven de la Falange, también logró salir de la zona roja. Él y Cadenas habían servido a las órdenes de José Manuel Aizpurua, y Gaceo fue nombrado.. por el mismo Cadenas. secretario del servicio. * El concepto reglamentario de jefe de servicio fue entonces deformado, variado, no sólo en tal caso sino en otros. Cadenas prefirió titularse jefe nacional de Prensa y Propaganda. Surgieron imitaciones referidas a todos los servicios. La Falange tuvo tantos jefes nacionales como servicios existían y fueron

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* Testimonio de Vicente Cadenas.

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montados por entonces: cundieron, como hongos bajo la lluvia, los gorros negm con filetes de oro y los grueso8 cordo~es rojinegros con borlas también doradas. Se reveló una súbita afición de tipo mediterráneo por los uniformes sobresalientes, los distintivos máximos y los emblemas caprichosos. Contrastaba con la severa actitud de la Primera Línea y de Manuel Hedilla. Vicente Cadenas y Vicente Gaceo montaron su oficina en San Sebastián, mientras el centro de la guerra y de la política estaba en Burgos, primero, y luego, desde principios de noviembre, en Salamanca. La comunicación desde el extremo cantábrico con las austeras ciudades de Castilla y del reino de León, resultaba laboriosa, e incompatible con la agilidad de un servicio de tanto calado como el de la Prensa y la Propaganda. Y esa deficiencia era más grave en cuanto a la prensa. Por tales razones, Vicente Cadenas se inhibió de lo periodístico. «Los diarios -testimoniay cualesquiera otras publicaciones que no habían sido lanzados por la Jefatura, tenían caja independienter. Bsta era una situación de hecho -heredada del cantonalismo- que se refleja en una circular de Hedilla «Prensa y Propaganda. En tanto se centraliza debidamente este s e ~ i cio, atenderéis (los jefes provinciales) al mismo, en vuestra jurisdicción, para que no se descuide este importante aspecto de nuestro Movimientor. A la vez, Hedilla disponía que se le enviaran nombres de periodistas capaces de escribir, con galanura literaria, artículos doctrinales. La indigencia, en ese y otros sentidos, era lamentable. Con. cernía tanto a los diarios falangistas como a los de otras signia...La ficaciones. Los alemanes se mostraban sorprendidos acción sobre las masas y su movilización por la propaganda, tan vigorosamente acometidas por los rojos bajo la influencia rusa, sólo se manifiesta aquí (en la zona nacional) bajo una forma todavía muy rudimentaria, con m a prensa que se halla en condiciones francamente miserablesn. Era penoso, pero exacto, lo que decían los diplomáticos y observadores alemanes. Los periódicos de la zona nacional se * Circular del 9 de octubre de 1936. ** Les archives secretes de la Wilhe2mstrasse. 111, pág. 99.

*.

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encontraban desprovistos de información urgente, de servicios de colaboración idóneos y constantes y de consignas adecuadas e cada circunstancia. Las redacciones de los periódicos, y los miembros del servicio de propaganda, estaban nutridos por profesionales, neofalangistas y aún por algunos falangistas bien intencionados; sin formación política, interpretaban discrecionalmente la doctrina y el estilo. Durante largas semanas, las versiones que de la Falange se daba en sus propios periódicos eran desoladoras, absurdas. Esas páginas, innumerables, contradecían, casi siempre, lo que era nervio y alma de la organización. La Primera Línea, si por azar llegaba a leer los periódicos de ese primer período, no encontraría en ellas las razones de por luchaba y por qué moría con espléndida y abnegada gratitud. Debe ser salvada la intención de Cadenas y de Gaceo, bonisirnos falangistas que habían arriesgado sus vidas en Madrid, antes del Alzamiento, como todos los que intervenían en la confección y reparto de los periódicos falangistas. Carecían de experiencia y de limpios asesores para la función que asumieron. Decidió Hedilia crear una oficina de prensa, en la Junta de Mando. Quien tenía a su cargo la secretaría del jefe, el periodista Francisco Bravo, quizá advirtió los fallos de la prensa. Pero, en cualquier caso, no avisó a la Jefatura. La nueva tarea asumida por la Junta permitió al servicio de Prensa y Propaganda dedicarse a tareas ejecutivas, las cuales no eran escasas. y comprendían desde la edición de carteles hasta la confección de banderas, distintivos, lanzamiento de discos gramofónicos con el himno falangista Pero el servicio no organki actos de propaganda verbal, cursillos de formación falangista, escuelas políticas de mandos, agrupaciones teatrales, servicios cinematográficos... Lo que en estos aspectos se hizo, lo realizó, personalmente, Hedilla. Así, a partir de noviembre de 1936, se formó en Salamanca un departamento de prensa que hizo cuanto pudo para suplir las anotadas carencias. Actuó en el estricto terreno de lo ideológico, de la guerra y de la actualidad política. Jamás salió

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de ese departamento una sola línea de elogio personal a Manuel Hedilla. Es más; todo cuanto se publicó en la prensa falangista hasta el 1 9 de abril de 1937, con referencias nominales a Manuel Hedilla, fue escrito por falangistas que lo hicieron espontáneamente, sin conocimiento del jefe, y sin el visto bueno de las oficinas de prensa salmantinas: la del primitivo departamento y luego la Agencia de información, control y colaboraciones, que lo absorbió desde primeros de diciembre de 1936, hasta el mismo día de la unificación. Dichas oficinas impusieran que la mención de Hedilla fuese parca, limitada y jamás cortesana. Lo testimonian todos los archivos de la prensa falangista en el periodo señalado. Empezó el departamento siendo una oficina de correspondencia. Después de haber sido designado Rafael Garcerán jefe territorial del reino de León, se le encargó de una función de enlace con el cuartel general del Generalísimo y con el servicio de prensa y propaganda. ((Llevó -testimonia Hedilla- como adjunto a un amigo suyo, llamado Antonio Luna. Hubo que prescindir, para la tarea de la correspondencia, de los dos, por su incapacidad manifiesta en el estilo y la forma de redactar. De la tarea se encargaron Martín Bosch, Felipe Ximénez de Sandoval, quien había redactado en ((Arriba))la sección de politica internacional, y Nicolás Martin Alonso)). Uno de los falangistas citados expone: «Llegué de Alemania, donde me encontraba en una universidad, los primeros días de agosto de 1936. Estuve en d frente aragonés y en la toma de San Sebastián. Por enfermedad me evacuaron al hospital de Salamanca. Antes de restablecerme me puse a trabajar. Antonio Luna dirigía la oficina de correspondencia y enlace con prensa y propaganda. Yo hacia lo que me mandaban y puse a contribución mis conocimientos de idiomas. »Entre Hedilla y yo hubo siempre buenas relaciones. No ocurrió así con Rafael Garcerán, quien mostraba siempre u n gesto entre altivo y desdeñoso para los que no teníamos jerarquía oficial alguna. En realidad, y durante meses, no cambié

ninguna palabra amistosa, ni tan siquiera amable, con Garcerán, acaso porque éste no tomó la iniciativa y no recataba su displicencia. ))Hice, lo mismo que mis camaradas, cuanto estuvo a mi alcance. Cuando Luna cesó, creo que los trabajos fueron más sólidos y más eficaces)). Vicente Cadenas se refiere al departamento en los siguientes términos: «En la Junta de Mando había una oficina en la que creo intervenía Antonio Luna. No tuve relación personal alguna con éste. Pero con Martín Almagro sí tuve relaciones, tanto personales como profesionales y políticas)). La agencia de información, control y colaboraciones, obra exclusiva de Manuel HedilIa, destinada a cubrir toda la zona nacional, y a ser obedecida por quienes hasta entonces se mostraron reacios a acatar las órdenes de Vicente Cadenas, sugiere,. por su nombre, que no era pomposo, sino exacto, una oficina de gran tráfago. Empezó en el salón de consejos cedido por el Banco del Oeste de España, en Salamanca. A su frente estaba u n falangista con una máquina de escribir y dos muchachos recadero~;disponía del teléfono del Banco del Oeste. No había más personal. Un par de semanas después, hubo varias mecanógrafas pertenecientes a la Sección Femenina, algunos recaderos más y un gran escritor acabado de incorporar a j a Falange *. Los objetivos, que se cumplieron inexorablemente, gracias a las órdenes cursadas uor Hedilla. fueron: a ) Autorizar, antes de su publicación, todos los articulos que aparecerían en los periódicos faIangistas y que tuviesen relación con la ideología de la Falange y la circunstancia política. S e trataba de una censura previa indispensable, por el caos ideológico ya aludido; b ) proporcionar, cotidianamente, boletines de información y consignas de tipo político a los diarios de la organización; c ) suministrar articulos, firmados o anónimos,
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* Testimonio de Martín Almagro.

* La Sección Femenina -Pilar Primo de Rivera y Marichu d e la Mora-, rogó que se le cediese por unos días el local, a fin de celebrar el 1 Congreso de mu.jeres falangistas. Se quedó con él, y la agencia tuvo que alquilar un caserón en la calle de Zamora.

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a toda la prensa falangista; d ) iniciar el funcionamiento de una agencia informativa, falangista, que deparase noticias y material gráfico a la misma prensa. Lo saludable de esa creación puede advertirse, por el investigador perspicaz, en las colecciones de la prensa falangista, comparando los meses anteriores a diciembre de 1936 con los posteriores hasta la unificación. El falangista que dirigía la agencia y asumía todas las funciones, salvo las de mecanógrafo y recadero, fue maldecido y execrado por la turbamulta de los aspirantes a dogmáticos definidores del Nacional-sindicalismo. Podó y cortó sin vacilar. Los periódicos estuvieron cotidianamente en relación con la Jefatura de la Junta de Mando. Nunca más pudieron argüir que estaban incomunicados y desatendidos, lo que fue cierto a medias, en los meses anteriores. Tampoco la mayoría de los diarios había realizado esfuerzo alguno por comunicar con la Junta de Mando. Exceptúese a Amanecer de Zaragoza, diario que insertó -desde septiembre de 1936- un boletín cotidiano con información suministrada por la Jefatura de la Junta, a la sazón en Burgos. El suministro de artículos de colaboración, al principio. constituyó un problema, resuelto parcialmente por el director y único miembro -podemos decir redaccional- de la agencia. Se trataba de un periodista avezado, colaborador directo de José Antonio. El prestigio de la agencia hizo que, de pronto, afluyeran a ella bastantes colaboradores, enterados de que les era preciso el pase o visado para publicar escritos. Y aquí puede enumerarse -la lista no pretende ser exhaustiva- a quienes escribieron en la prensa falangista durante el mando de Hedilla, y a su disciplina se atuvieron. Hubo un núcleo de escritores y ~eriodistas, algunos famosos, otros experimentados y muy conocidos, entre los que se contaban varios que ya habían dirigido periódicos. Fueron Eugenio d'ors, Eugenio Montes, José del Río Sainz ((Pick)),Oscar Pérez Solis, Ernesto Giménez Caballero, Antonio de Obregón, Felipe Ximénez de Sandoval, Alfonso García Valdecasas, Samuel Ros, Edgar Neville, Teófilo Ortega y Maximiano García Venero.

Víctor de la Serna, que perteneció a la Falange y cuyo talento periodístico es incontestable, no actuó como los citados y quienes siguen, dentro de la disciplina de la jefatura de Prensa y Propaganda ni de la Agencia de Colaboraciones. Prefirió ser un colaborador aislado que encontró lugar en algunos periódicos por la valía profesional de su firma. Había numerosos escritores, ensayistas y periodistas que se revelaron entre el Alzamiento y el 19 de abril de 1937. Citemos a Juan José López Ibor, Bartolomé Mostaza, Alvaro Cunqueiro, Pedro Laín Entralgo, José A. Jiménez Arnau, Fermín Ymrdiaga, Martín Almagro Bosch, Rafael García Serrano, Antonio Tovar, Manuel Halcón, Agustín de Foxá, Ángel María Pascual, Patricio González de Canales, Narciso García Sánchez, Julián Pemartin, José Escalera del Real, Luis Moure Mariño, Ignacio Agustí, José María Fontana Terrats, Ignacio Alonso Villalobs, Dionisio Ridruejo, Javier Martínez de Bedoya, José Villanueva de la Rosa, Pedro Salvador, Manuel Fernández Cuesta, Jesús Ercilla, Juan Francisco Yela, Manuel Gómez «Romley», Vicente Cadenas. Juan Beneyto, Luis Rosales, Eduardo Aunós, Adriano del Valle, Felipe Vivanco, Manuel Sánchez del Arco, Xavier de Salas, Manuel Díez Crespo, Dámaso Santos...No se irataba, en la mayoría de los casos, de estrictos noveles. Omitimos la mención nominal de una riada de profesores universitarios que afluyó a la Falange: muchos con ademán humilde y protestas de la fe más sincera. La perseverancia de la mayoría resultó vergonzosamente corta. La historia general de la Falange les hará justicia El proyecto de agencia informativa. fue algo más que un conato, pero los acontecimientos impidieron su desarrollo. Sobre la marcha, la agencia de Salamanca enlazó con la radio de onda corta que poseía la Falange de Valladolid y que fue gobernada, con acierto insuperable, por Antonio Tovar. Las comunicaciones telefónicas y telegráficas, en el primer año de guerra, resultaban teóricas. La autoridad constituida no concedía derecho alguno a los periódicos. Una conferencia telefónica entre Salamanca y Valladolid, podía ser demorada cinco o diez horas. El servicio telegráfico, por obra de los lentos censores nombrados

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por la autoridad militar y el .muy reducido púmero de oficiales técnicos, era incompatible con la velocidad periodística. Las líneas, tanto telefónicas como telegráficas, estaban bloqueadas por los militares y por los funcionarios adscritos al cuartel general del Generalísimo y a la secretaría general gobernada por don Nicolás Franco. En tales condiciones era un sueño crear una agencia informativa. Empero, la agencia de Salamanca y Tovar encontraron un medio asequible. Salamanca jransmitia a Valladolid sus noticias, y, a una hora determinada, la estación vallisoletana las comunicaba, por onda corta, a los periódicos. Se empezaron los trabajos para instalar emisoras de onda corta cerca de la frontera -Navarra y Guipuzcoa- a fin de aprovechar las noticias del día llegadas en la prensa extranjera. La penuria de informaciones del Extranjero en la zona nacional fue siempre pavorosa. Por un sistema de repeticiones, y contando asimismo con unos receptores potentes en cada provincia, para escuchar los alcances de última hora, la prensa falangista podía servir a sus lectores con amplitud extráordinaria. En el 1 y único Congreso nacional de Prensa y Propaganda celebrado en la univekidad de Salamanca, el mes de febrero de 1937, bajo los auspicios de Manuel Hedilla, quien pronunció el discurso de clausura, fue aprobada la ponencia de fundar la agencia informativa España. El enemigo se apropió del titulo poco después. También se aprobó otra ponencia, para crear el Instituto de Estudios Políticos. Ambas fueron obra del director de la agencia de Salamanca. En cuatro meses y medio, ésta no pudo llegar a mejores resultados. Es consolador, empero, que la agencia llamada Efe, con un gran capital colectado en 1938 por el ministro del Interior, y una disponibilidad de medios y de ámbito territorial que la Falange Española de las JONS nunca tuvo, fuera incapaz durante la guerra de suministrar una sola noticia, cotidianamente, a la prensa. Se limitó a servir fotografías, y quizá determinados reportajes. Tampoco pudo hacerlo el poder constituido, en ninguna fase de la guerra, ni, especialmente, entre el 1 8 de julio y el

1 9 de abril de 1937. La Junta de Burgos nombró a un periodista, don Juan Pujol, jefe de su gabinete de prensa. En éste no figuró, nunca, ningún falangista. Más tarde, el señol Pujol fue destituido y reemplazado por el general del Cuerpo de Mutilados, don José Millán Astray, quien instaló una delegación de prensa y propaganda para el Estado en la Facultad de Ciencias salmantina. Pidió sendos delegados al Requeté y a la Falange. El falangista, al cabo de quince días, se vio obligado a suplicar que le relevasen. Tras el señor Millán Astray, sobrevino un profesor levantino, don Vicente Gay, al que sucedieron el comandante de Ingenieros don Manuel Arias Paz y un oficial de complemento, don José Moreno Torres. Todos estos vertiginosos cambios se operaron entre julio de 1936 y julio de 1937. Nadie pudo igualar lo realizado, técnicamente, por la Falange. Salamanca no intervino ni pretendió intervenir en las cuestiones domésticas de la prensa falangista. Quedaba a ésta un margen, siempre amplio y tolerado - e n demasía- para el culto a la personalidad de ciertos mandos. Era humano, y también lógico. La mayoría de los directores fueron nombrados por los jefes políticos. Se consideraban ligados: el afecto y el servilismo, indistintamente, acarrearon el culto a la personalidad territorial o provincial. Pudieron y debieron rehusarla los interesados, pero la letra periodística es un tóxico agradable. Hubo directores que mostraron más fidelidad que otros a las normas de la organización, y mandos que limitaron elogios, noticias y fotografías. Mas se registró el caso de quienes acechaban en las columnas del diario, no sólo la desmedida importancia y realce que se les concedía, sino las referencias a otras autoridades de la Falange. El jefe territorial de Andalucía, Sancho Dávila, era u n censor escrupulo,so, en tal sentido, del diario F.E. Hacía largas semanas que el periódico existía, al llegar Dávila a la zona nacional. Había alcanzado una considerable tirada, que fue disminuyendo velozmente.

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* Testimonio de Marcelino Pardo Maestre, jefe de Propaganda de
Sevilla.

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Algo hubo, en esa feria de vanidades, de la mentalidad de los diputados provincianos. Pocos comprendieron que la guerra trastornaba los planteamientos políticos anteriores al 1 8 de Julio. La constitución de la Junta de Mando Provisional había traspasado a ésta todo el poder de la Falange, terminando con el cantonalismo, y elegido a un Jefe que encarnaba al ejecutivo dentro de la Organización. Los jefes territoriales y los provinciales se habían convertido en delegados políticos de la misma Junta. Ésta representaba la única garantía de continuidad y desarrollo del Movimiento. Había, además, un poder de la Falange que ya no dependía de las jefaturas territorides y el poder de las milicias que estaban en los frentes. Pero hubo mandos que aún pensaban en ((su» milicia, en «su» territorio 'o en ((su» provincia, en «su)) periódico, en «sus» servicios de retaguardia. Vivían en el pasado. Nadie moría en los frentes, ni luchaba en la zona roja, ni servía en la nacional, por Manuel Hedilla, Jesús Muro, Sancho Dávila, José Moreno, Andrés Redondo, Agustín Amar y José Sainz. En los tiempos primerizos pudo hablarse -y efectiva* * mente se habló, retóricamente- de los muchachos de X, de las escuadras de Z. de la Falange de Y. Mas la sola invocación u personal tolerable, justa, en el período de la guerra, era la de José Antonio. Se moría, luchaba y servía, por la Falange, y ésta tenía su única representación política y ejecutiva en la Junta de Mando. No había otro poder. José Antonio dispuso, en los periódicos fundacionales, que se omitieran generalmente las firmas de los escritores. También excluyó el uso de adjetivos encomiásticos, reservados, en ciertos casos; a los muePtos-y a los heridos, pero siempre con decorosa parquedad. El culto a la personalidad, evidente en la actitud de los falangistas hacia su Jefe Nacional, no fue forzado por la prosa periodística, ni por elogios dedicados a José Antonio en la tribuna por otros oradores de la organización. Todas las referencias emanadas del servicio de Prensa Y Propaganda y de la Agencia de Salamanca acerca de Manuel Hedilla, sólo contenían la indispensable mención nominal del jefe de la Junta de Mando. Si en la organización se manifestó

un culto a la personalidad hacia Hedilla, se debió a su conducta, a la claridad de su vida, a sus palabras y a su obra. En 19361937, no era visible que existiera ese culto a la personalidad. Luego, en verdad, se manifestó, cuando Hedilla ya no era jefe y se ignoraba, incluso, si aún existía. El culto a su personalidad no fue elaborado, ciertamente, por la publicidad. Su nombre no volvió a aparecer en letras de molde. Y ha resistido a los ácidos más destructores. El servicio de Prensa y Propaganda publicó, desde primeros de 1937, la revista popular Fotos, que cubría una necesidad de la zona nacional; preparó, al disponer del talento periodístico de Manuel Gómez «Romley», otra, de tipo superior, titulada Vértice y editó Flecha, semanario destinado a los afiliados infantiles de la Falange. El mes de enero de 1937 lanzó F.E., revista de doctrina nacional-sindicalista, cuya partida de defunción fue extendida tras el 1 9 de abril. Curiosamente, mientras Salamanca dirigía políticamente, de hecho, a la prensa falangista, aparecieron dos jefaturas de servicios, dentro de la llamada Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda. La jefatura del servicio de Prensa se encomendó a José A. Jiménez Arnau, y la de Propaganda a Tito Menéndez, quien procedía del cuerpo de taquígrafos de las Cortes. Éste había sido pilotado por Rafael Garcerán y su nombramiento produjo cierta estupefacción. Mas ya había sido montado, en Salamanca, un servicio @ propaganda, el de cinematografía, a cuyo frente estuvo breve tiempo Antonio Calvache, reemplazado por Antonio Obregón. Tenía la tarea de realizar documentales, tanto en los frentes como en la retaguardia, y organizar u n servicio de distribución de películas. Su complemento era el servicio fotográfico destinado a la prensa falangista, y a la propaganda exterior. Hedilla estaba persuadido de la urgente necesidad de llevar a Europa y a América testimonios u eráficos auténticos de la zona nacional. Había una carencia, cuyo remedio estaba proyectándose al llegar la unificación: la editorial falangista. En el Diario & las

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Sesiones del Congreso de Diputados y en las colecciones de F.E. y de Amba, se hallaba el pensamiento político de José Antonio, que debía darse a conocer, íntegro, por la publicación en volúmenes. Había escritores que se preparaban para trabajar en la historia de la Falange, y en temas relacionados con la guerra y el futuro. Todo quedó frustrado por los acontecimientos

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La crónica de la acción en Prensa y Propaganda, mientras perduró Falange Española de las JONS, necesita precisiones y esclarecimientos. Los alemanes, al referirse a la indigencia de la prensa, parece que aludían a los medios materiales; al tono, a la libertad de los escritores y periodistas, para servir la causa nacional. Todo elPo hay que relacionarlo con los frentes espirituales en la Falange y en otras organizaciones. La intelligentsia de la Falange, en su mayoría, estaba ausente. José Antonio no había admitido nunca a colaboradores que profesaran el feroz reaccionarismo intelectual y espiritual @e sentian muchos neofalangistas. Los intelectuales de la primitiva Falange no creyeron que era preciso encerrar bajo siete llaves la obra de los del 98, ni de los heterodoxos, o de la generación de 1914, ni tampoco la de 1931. Había un temor general a sostener las tesis que habían p m clamado José Antonio, Ledesma Ramos y Sánchez Mazas, con muy amplia abertura hacia la solidaridad nacional. La llegada de Ernesto Giménez Caballero contribuyó al enrarecimiento del ambiente. Como todos los conversos, Giménez Caballero, que antes había dedicado bastantes páginas a don Manuel Azaña y a don Fernando de los Ríos, y convivido con los más radicales
* Las Obras Completas de José Antonio tardaron largos años en publicarse. Después se han agotado las sucesivas ediciones. En la AmB rica hispana. y en países europeos, hubo y hay -quizá con más intensidad ahora- considerable demanda de esos textos. En Salamanca, la familia de un gran español, reformista y ex ministro de la República, el doctor Filiberto Villalobos, quien se hallaba encarcelado, dio las m& ximas facilidades al director de la Agencia de Colaboraciones para que utilizara el Diario de las Sesiones del Congreso, coleccionado por aquél. El proyecto de editora, muy amplio, fue copiado literalmente por la nueva organización al crear la titulada Editora Nacional.

escritores españoles del primer tercio del siglo, pretendió que se olvidaran sus antecedentes. Empezó a sembrar odio contra Ortega y Gasset, Marañón, Baroja Esta misma conducta siguieron los reaccionarios de la Falange y de fuera de ésta. Giménez Caballero alentaba las quemas y los expurgos de libros; su voz tenía truenos de Antiguo Testamento -lo que era lógico- al pedir la destrucción de los libros. La zona nacional empezó a parecerse, como una hermana gemela, a la España de los c<servilones»de Fernando VII. Giménez, en la delegación de Piensa y Propaganda para el Estado, ayudó a esa caracterización desdichada. Salieron de sus covac h a ~ malos poetas, los agarbanzados periodistas, los torpes los escritores... La literatura, el ensayo, la novela, retrocedieron más de un siglo. No hubo producción teatral ni cinematográfica. Los reaccionarios triunfarían. a msar de los enormes esfuer~s de la intelligentsia falangista, que fue declarada abominable, no por su decidido apoyo a Manuel Hedilla, sino por mantener 1 línea espiritual intelectual de José ~ntonio. ; Las consecuencias del reaccionarismo empezaron a notarse antes del 19 de abril de 1937. Unos intelectuales aue formaban el grupo llamado de Pamplona, del que habían salido, espontáneamente, los más grandes elogios a la obra de Hedilla, buscaron la línea de menor resiste&a, bajo los auspicios del barroquismo orsiano de los últimos tiempos: el de las glosas angé]has, que el escritor catalán Eugenio d70rs,vecino accidental de Pamplona, publicó en El Debate. Había en el grupo cierto mimetismo italianizante. Su cabeza visible, el sacerdote Fermín Izurdiaga, había solicitado permiso de la Junta de Mando y lo obtuvo- para lanzar una revista titulada Jerarqzh. La subtituló revista negra de la Falange. Era una copia de original italiano. Empero, bajo el mando de Hedilla, se evitó la degradación ideológica y espiritual. Fue un prodigio quizá debido a multitud de factores. En la Junta de Mando no había ningún representante de la intelligentsia, aunque algunos de sus miembros tuvieran un título ácadémico. Las jefaturas provinciales, en las

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que hubo muchos falangistas honestos, tampoco estaban ocupadas por rigurosos intelectuales. Nosotros creemos que el prodigio de mantener una línea decorosa es equivalente al de mantener la independencia de la Falange por espacio de nueve meses. Ambos revelan que en el falangista había una vitalidad inau'dita. Lo cual era un fenómeno muy español. También sería un rasgo típicamente hispano gastar sin tasa esa vitalidad

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LA ECONOMfA EN LA FALANGE
Manuel Hedilla sostuvo el principio de la gratuidad en la función, incluso en la Milicia. Un jefe de bandera o de centuria no disfrutaba de mayor soldada que un simple voluntario. La gratuidad de la función - q u e hoy parece fantástica, por tantos motivos- poseyó, ante todo, un sentido ético-político. Respondía a lo que había sido la Falange bajo el mando de José Antonio y configuraba lo que debería ser en el futuro En la perspectiva puede ya decirse que Hedilla intuía los peligros de una nueva clase dirigente, fortificada en sus mandos, emolumentos, honores y discrecionales prerrogativas obtenidas por usurpación y deformación. En un libro ya famoso, escrito por un político yugoslavo, se lee **: «Por regla general, a medida que la nueva clase se forma y su fisonomía va concretándose, el papel del Partido disminuye; el óvulo y la base de la nueva formación social aparecen en el Partido y en su cúspide, lo mismo que en los organismos políticos del Estado. Poco a poco, el mismo Partido, antes vivo, compacto, pleno de inicia-

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* Hasta el 18 de julio, la Falange s6lo tuvo un empleado, quien figuraba en la secretaría, tenia a su cargo varias tareas y recibía quinientas pesetas mensuales, habitualmente pagadas por José Antonio de su bolsillo particular. Era Mariano García Gutikrrez, a quien el Fundador llamaba .Don Mariano.. ** Milovan Djilas: La nouvette classe dirigeante, Plon. Parjs, 1959. Paginas 48 y 190.

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tiva, desaparece para convertirse en oligarquía, la ya instalada y consagrada de la nueva clase, atrayendo a unos a su órbita, y repeliendo a los otros, en particular a los que por sus ideas se convierten en peligrosos. »El Partido construye la clase, pero ésta se desarrolla por sí misma y utiliza el Partido como pedestal. La clase se fortalece, mientras el Partido se debilih . .. aLas consecuencias se multiplican: rigidez o introversión de los pp dirigentes; oportunismo, egocentrismo, costumbres que ultrajan el ideal. Las maravillosas características humanas de una minoría que busca la superación se transforman poco a poco en fariseísmo de casta. Así es como la politiquería y el servilismo reemplazan a la antigua franqueza del revolucionario. nAllí donde había héroes dispuestos a sacrificarlo todo, incluso su vida, por los demás, por la idea, por el bien del pueblo, ya no hay más que supervivientes. Los que no han sido muertos o lanzados al desecho, se convierten en cobardes, únicamente interesados en sí mismos, sin ideas, sin amigos, dispuestos a renunciar a todo -honor, fama, sinceridad, moralidad- para conservar su puesto en la clase dominante y su jerarquía)). Los seivicios -y su montaje- que tenía la Falange el 1 9 de abril de 1937, no eran muy inferiores a los que poseía el poder constituido; pero éste utilizó lo que ya había sido instituido y organizado por el estado anterior. Lo que hizo fue darle otro signo; otra dirección. Mas la Falange creó, superando en el tiempo y el espacio lo que cualquier partido, régimen o alzamiento había realizado hasta entonces en España. El enemigo también había montado amplios servicios, pero a través de organ&aciones potentes y con diferencias abisales respecto del esfueno falangista. El enemigo forjó sus servicios con los recursos de incautaciones, expropiaciones y colectivizaciones, y secundado por el Gobierno de la República y los de Cataluña y Euzkadi. Las exacciones y las apropiaciones en la zona roja pasaron muchas veces directamente a las cajas de centrales sindicales y partidos. En la zona nacional, las medidas drásticas de incautación y requisa fueron dictadas, dirigidas y administradas por el poder constituido.

En la zona roja la burocracia, tanto estatal como sindical y política, aumentó en proporciones fabulosas: la guerra se convirtió, para muchas gentes, en un medio de vida. Tendió Hedilla a evitar y lo consiguió en su p e r í o d h que apareciese una casta de españoles que mientras duraba la guerra viviesen de ésta y de la burocracia politizada hicieran su medio de vida. Él concebía una planta constituida por los ex combatiéntes de la Falange, según sus aptitudes, y por las familias de las víctimas. Mas en plena guerra, larga y terrible, debía imperar el principio de la gratuidad. También sena injusto permitir que se constituyera una burocracia politizada con españoles de las provincias que desde el principio fueron nacionales y con quienes habían tenido facilidades para evadirse de la zona roja. En ésta se hallaban gentes capaces y leales a las que no debería relegarse por influjo de una circunstancia estratégica y casual.

La Falange carecía de hacienda y de reservas dinerarias el 18 de julio. A juzgar por algunos antecedentes, le acontecía del mismo modo al Requeté. Tenía éste la ventaja, sobre la organización falangista, de su secular arraigo en determinadas provincias y de contar con militantes adinerados. Por su contribución de voluntarios, las dos milicias dispusieron de las ventajas del estado de guerra, en cuanto al armamento, a los transportes, a ciertos subsidios de la Intendencia militar y a la disponibilidad de edificios para cuarteles. La Junta de Defensa Nacional estableció -4 y 27 de agosto de 1936- un haber diario de tres pesetas para cada miembro de las milicias. Conviene precisar que la soldada no era en aquel tiempo, ciertamente, escasa. La estabilidad de los precios en la zona nacional duró largos meses: cedió a finales de 1937. Durante los nueve primeros meses de la guerra, incluso hubo cierta contracción, porque la demanda había descendido en el sector privado. No hubo despilfarros de víveres, y la severidad que mostraba entonces el poder constituido, g-racias al concurso en la retaguardia de las organizaciones participantes, impidió el acaparamiento con sus secuelas de ocultación y alza de los

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precios. En las ciudades de población reducida --casi todas las dominadas- era fácil tarea vigilar a los comerciantes. En el campo, el poder constituido tuvo igual colaboración valiosa para impedir Las especulaciones. En rigor, la peseta, interiormente, tenía el mismo valor adquisitivo del año 1 935. El rancho de las milicias podía ser abundante y sano, con la aportación de una peseta setenta y cinw céntimos por voluntario. Una cantidad en mano, en concepto de sobras, para tabaco y suplemento de vino, dejaba una diferencia, que se abonó en la tesorería de la organización. El litro de vino costaba alrededor de cincuenta céntimos, y el tabaco era baratísimo. En realidad, esos dos conceptos estaban suplidos por los constantes donativos generales que, sobre el terreno, recibían los combatientes. . Con aquella diferencia entre los costes de la manutención de las milicias, la Falange debía atender a otras innumerables necesidades y servicios. Era insignificante en relación con los deberes que había que afrontar. En el período de mayor aportación de las milicias h a s t a el 19 de abril- la cantidad mensual no debió llegar al millón de pesetas. Debe señalarse que el pago de haberes no se hiio con uniformidad en todo el territorio nacional. Dice un jefe territo((Durante mi mando en Galicia, el voluntariado era imrial portantísimo. El capitán general Lombarte, me rogaba que le facilitase cada día más fuerzas. Pero no se pagaba a los voluntarios. »El problema era abrumador. Tras kuchas gestiones, conseguí que el general Lornbarte impusiese unas cuotas a las personas pudientes -tanto a las de las derechas como a las de las izquierdas- para sostener el voluntariado. Si no lo hubiera dispuesto así, yo no habría podido atender a la milicia. »El resultado de esa decisión -tardía, pues fue tomada a fines de octubre de 1936- fue que se crearan juntas locales y provinciales, encargadas de la recaudación. Y aún tardó más en hacerse la distribución.))

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Disfrutó la Falange de gratuidad -ya señalada- en los transportes, y de un parque automóvil creado por donativos de particulares y entidades, y por requisa hecha a raíz de la declaración del estado de guerra. El ejército, todos los servicios del poder constituido y el Requeté disponían de iguales ventajas. Otras se refirieron a la gratuidad en la disposición de edificios y al alojamiento, por medio de boletos, de los miembros de la organización de Primera Línea. La tesorena aumentó, por los donativos, interiores y exteriores, en metálico. Llegaron, sobre todo, de la América hispana. Se recibieron asimismo víveres, medicamentos, material quirúrgico, ropas y vehículos. En otro orden, la prensa falangista, por las condiciones excepcionalmente favorables en que se publicaba, reportó ingresos, v e también se obtuvieron de la venta de insignias, camisas, banderas, discos gramofónicos, etc. Fueron explotados determinados espectáculos, sobremanera cinematográficos, recitales de música. En una serie de éstos, intervino el tenor Miguel Fleta, muy amigo de Hedilla. Hasta el mes de septiembre, la economía falangista fue cantonal. El jefe de la Junta de Mando expone x Yo no puedo hablar de la economía sino a partir del 2 de septiembre. Con anterioridad a esa fecha, cada jefatura, territorial o provincial, manejaba los fondos con absoluta autonomía. »Me preocupó, desde el primer momento, al tomar posesión, que la economía falangista fuera dirigida con normalidad correcta, tanto en la recaudación como en la administración y en las inversiones. Tuve que corregir el nunbo autonómico, el cual hacía que los mandos se encontraran con poder para gobernar la economía en cada provinciaD. Esa tarea culminó, funcionalmente, con el establecimiento de la Administración general, desempeñada por José Moreno y Honorato Martín Cobos. Funcionaba en Salamanca, en el mismo edificio de la Junta de Mando y del Consejo Nacional. b libros de contabilidad se llevaron con el rigor que hubiera s

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* Testimonio de M a n o González Zaera.

Testimonio de Manuel Hedilla.

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impuesto una empresa privada. Las inversiones de cualquier tipo fueron sometidas a exámenes y análisis muy severos. Se acometió, con rapidez, el inventario general de la Falange: «Con objeto de conocer, exactamente, la situación económica de nuestra organización deberéis enviar, antes del día 1 de enero, los siguientes datos:

DI." Relación de todos los fondos secretos o pertenecientes a alguna otra sección que tengáis en la provincia. »2P Un balance de la situación de periódicos y revistas. ~ 3 . ' Inventario de bienes, muebles e inmuebles, especificando si lo son en plena propiedad o requisados. Relación de personal retribuido)) »P.'

En el esfueno por la guerra la Fal~ngehizo inversiones -limitadas hasta lo posible- en la fundación de las academias para jefes de centuria. La participación económica en las gestiones para el rescate de José Antonio tuvo la amplitud que las circunstancias, siempre dilucidadas y expuestas por Agustín Aznar, M.&. En otro orden, la inversión se concentró en necesidades m d e s . Este es el caso del crue nació llamándose Auxilio & Invierno -pues surgía para hacer cara al durísimo invierno de 1936-1937- y luego sería denominado Auxilio Social. La viuda de Onésimo Redondo, Mercedes Sanz Bachiller,
tuvo en Valladolid noción cristiana de los deberes que a la sociedad incumbían ante la orfandad y pobreza de numerosos niños *. Esta fue la chispa que prendió en la Falange. Hedilla decidió que la iniciativa de Mercedes Sanz Bachiller fuese a m ~ l i a da, desarrollada y extendida a toda la zona nacional. La h a debía comenzar en Salamanca, cuartel general, centro político, residencia de agentes diplomáticos y de periodistas extranjeros. Sería un manifiesto de la Falange que, de modo permanente, llamaría la atención a todos sobre las obligaciones engendradas por la tremenda guerra. También constituiría -lo que era esencial para Hediila- una ratificación de fe y de obras cristianas. Que la fe, sin obras, muerta es... ~ u b o en aquel mundo abigarrado que se iba concentrando ,, en Salamanca, y que sabía ponerse en tensión si era gobernado con buen estilo, una movilización al servicio de la obra, que aún no tenia nombre. En una Salamanca donde no había ya un metro cuadrado de inmueble que no estuviese ocupado, encontró --en la calle de Pozo Amarillun local para instalar el primer comedor, al que irían desvalidos -niños, mujeres, ancian o s - para recibir el sustento diario. Era imposible reunirlos a todos y se adoptó el procedimiento de repartir la comida en vasijas. Los niños y las mujeres tuvieron preferencia para asistir al comedor, al que siguieron otros.

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A l sobrevenir la unificación, la contabilidad de la Falange fue -lo cual resultaba políticamente lógico- examinada largamente. También se investigó cuanto concernía a los falangistas que serían objeto de procesos y condenas. Ningún juez, ningún fiscal, ningún policía, pudo encontrar cargo alguno contra ellos

...

Llega el turno a las inversiones económicas hechas bajo el mando de Manuel Hedilla. Antes que de los servicios políticos y técnicos, el jefe de la Junta se preocupó de la asistencia a la milicia y del rescate de José Antonio. Fue suplida la penuria de la Intendencia militar en punto a ropas y a calzado, aunque no logró alcanzarse un abastecimiento total y constante. En el mercado portugués se compraron telas, mantas y calzado. Había que recumr a la importación, por el déficit en la fabricación de tejidos y calzados, que fue una de las carencias de la zona nacional. ' Tuvo Hedilla necesidad de sustituir a Agustin Aznar en esa misión, por espacio de largas semanas; todas las dedicadas por el jefe de la Milicia a las gestiones en pro de José Antonio. Le ayudaron bastantes jefes provinciales.

* Cimrlar de 8 de diciembre de 1936.

* Declaración

de Pilar

Primo de Rivera; en Fotos, 25 febrero 1937.

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Una pintora y dibujante, la toresana Delhy Tejero, pintó sobre los muros, con una sensibilidad admirable. Ella misma diseñó sillas y mesas. Muy leonesa, fuertemente apegada a la tierra, pese a sus rasgos aparentes de cosmopolitismo, Delhy Tejero, acompañada por un escritor falangista, se ingenió para que el primer centro salmantino tuviese una gracia folklórica y estética: incluso acudieron los dos colaboradores a Alba de Tormes, para adquirir la alfarería que secularmente elaboraban los artesanos de la villa. Y en Salamanca, tierra de ricos, la Falange pobre inició así una tarea nacional. Y surgió el nombre, que fue iniciativa de una madrileñaalemana, Clarita Stauffer, falangista, hija de un gran químico germano de la fábrica de cervezas uMahou)): Auxilio cLe Znv i e m *. Tras los comedores en el casco salmantino, se inauguró el de Los Pizarrales, suburbio afrentoso de Salamanca. Hedilla quiso visitarlo el día de la apertura. Sobre Los PizarraIes había lanzado bombas la aviación roja. En los encuentros de las primeras horas del Alzamiento habían sucumbido varios vecinos. Era, ciertamente, lo que por entonces se llamaba un suburbio rojo. Con Hedilla estuvo en la inauguración Pilar Primo de Rivera * * . La obra se mantuvo por medio de una postulación quincenal, en la que se vendían emblemas de cartón a treinta céntimos; la ficha azul, cuota voluntaria y permanente, y la venta de sellos voluntarios, de diez céntimos y sin valor postal. Se había hecho una inversión, en Salamanca, Valladolid y las restantes ciudades de la zona nacional, a fondo perdido. Pero gracias a las recaudaciones, al llegar el 1 9 de abril de 1937 había mil comedores y éstos podían sostenerse sin necesidad de que la tesorería siguiera contribuyendo. Para incrementar los recursos, fueron organizados espectáculos teatrales, taurinos y deportivos. La asistencia al frente se ejerció en todos los sentidos y con el mismo principio de g-ratuidad en la función. En julio de * Testimonio de Pablo E. Klinkert. ** Fotos, 27 de marzo de 1937.

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1936, las mujeres falangistas de todas las provincias en que prevaleció el Alzamiento montaron talleres de confección --miformes y otras prendas de ropa-; hilas, vendas, apósitos. Se repartieron por los hospitales de sangre, y una vez los frentes estabilizados trabajaron en las proximidades de éstos, realizand los trabajos más ásperos: por ejemplo, en los lavaderos. Al m llegar a la zona nacional Pilar Primo de Rivera encontró una Falange femenina que se había organizado con prodigiosa diligencia, multiplicando sus efectivos hasta alcanzar más de cincuenta mil afiliadas. Un cálculo del número de militantes femeninas, antes del día 18 de julio, las cifra en tres mil. Los s e ~ i c i o s técnicos de la Falange Española de las JONS fueron mucho más que un complejo de oficinas dedicadas a proyectos y estadísticas. Resultaron valiosos auxiliares de la guerra. La delegación de dichos servicios se encomendó al mgeniero de caminos José Luis Escario, con quien trabajaron el arquitecto Saturnino Ulargui y el también ingeniero Ramón Aguirrebengoa. Fueron organizadas las centurias de trabajo, constituidas por un voluntariado que, si al principio estuvo considerado como de Segunda Línea, a partir del verano de 1937 tuvo consideración de fuerza de vanguardia. Las centurias de trabajo -la primera se llamó de Navarra, por ser de esta provincia sus componentes- reunía electricistas, albañiles, carpinteros, mecánicos, etc. La mayoría de los oficios manuales estuvieron representados. Inicialmente,, las centurias de trabajo se destinaban a suplir las carencias que en zonas reconquistadas solía haber de obreros especializados. Pero muy a poco, dichas centurias constituyeron una fuerza auxiliar del eiército. La tarea empezó en dis camionetas de la Sección Femenina. Avanzada la guerra, las centurias tenían un par de centenares de camiones, la mayor parte tomados al enemigo. Aquellos hombres -los cuales, dos meses después de la unificación consiguieron suplir los puentes sobre la ría bilbaína destruidos por el enemigo en su huida- cobraban tres pesetas diarias, y les era suministrada, con enormes dificultades, hasta que se les declaró miembros de la Primera Línea, la manutención.

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Las centurias de trabajadores sufrieron bajas en distintos frentes. Por la duración de la guerra, el servicio alcanzó notable desarrollo. Su iniciativa y apoyo se debieron a Manuel Hedilla. Si el trabajo era gratuito, la inversión en material para la asistencia a los frentes y hospitales y el mantenimiento de los falangistas de la Primera Línea asistencia1 gravitó-sobre la tesorería de la Falange. La fundación de la organización infantil representó asimismo un coste considerable. Había surgido espontáneamente en cada provincia, y por un mimetismo explicable. A los juveniles se les denominó balillas, palabra empleada por el Fascio. A los nueve días de su toma de posesión, Hedilla ordenó a los jefes provinciales *: «De forma oficial se determina que nuestras secciones juveniles y sus integrantes recibirán el nombre de FLECHAS. El sustantivo balilla es extranjero. Para lo sucesivo, nuestros muchachos se llamarán FLECHAS, palabra evocadora, arrancada a nuestro escudo, que significa agilidad, ímpetu ofensivo y afán de servir a la Falange)). Esta recapitulación sobre la economía en la Falange proporciona un esquema objetivo de la pluralidad de creaciones, instituciones y empresas que se hicieron y fueron gobernadas entre el 18 de julio de 1936 y el 1 9 de abril de 1937. Puede dar medida cabal de la capacidad y denuedo del mando y de la disciplina de los militantes. Juntos, tuvieron que crear la primera planta; también sostener los frentes, en unión del Requeté y de los mandos militares. Cualquier juicio desinteresado, objetivo, acerca de esas creaciones y ese gobierno sobre centenares de millares de españoles ha de tener en cuenta lo que se hizo, el plazo que la historia concedió para realizarlo y los medios de que se dispuso. Siempre ignoraremos, claro es, lo que habrían conseguido, en aquella coyuntura, equipos formados por abogados, profesores, médicos, ingenieros, arquitectos, historiadores, abogados de Estado, filósofos, economistas... No sabemos lo que habría conseguido un doctor por Bolonia al frente de la Junta
* Circular del 11 de septiembre de 1936.

de Mando. Lo que la historia consigna es cuanto hizo un hombre de trabajo con modestos estudios y hábito de tarea profesional, asistido por otros hombres que hasta entonces habían vivido y trabajado sencilla y oscuramente.
Sorprende, a la vista de la obra enumerada, un juicio del diplomático alemán Voelckers, enviado a su ministerio con fecha 24 de noviembre, desde Sevilla. Llegaba_Voelckers de la mna roja, donde había sido encargado de negocios, y escribía «Mientras que los rojos han realizado la unión de los grupos políticos de tendencias diferentes, aquí han aparecido violentas oposiciones entre la Falange-fascista y los «Requetésn, monárquicos-cristianos. Las tendencias revolucionarias que aparecieron en las capas populares han sido reprimidas muy enérgicamente, pero no han sido eliminadas. Hay igualmente rivalidad entre los generales. Los rojos han elabopdo un vasto programa social y económico para resolver la cuestión social, fuente esencial de la guerra civil; aquí no hay ningún programa semejanten. Las ((violentasoposicionesn entre la Falange y el Requeté eran una invención -muy peligrosa por otra partque tenía curso en la zona nacional y en territorio de la República Popular. Ni siquiera ocurrieron las refriegas que se producían entre los soldados de mesnada que componían la Legión y otras unidades nacionales, ni tampoco las escaramuzas entre combatientes marroquíes y europeos. Estos encuentros, pese a la vigilancia, se habían ya registrado y siguieron ocumendo en la retaguardia nacional. En el mismo sentido, hubo choques entre italianos y españoles. El choque entre falangistas y requetés fue ardientemente deseado por los rojos y muchos enemigos de éstos. Azuzado y provocado sin tregua. El diplomático Voelckers, sin duda alguna, recibió la información transmitida en el mismo territorio nacional. Era lo que los franceses denominan ubourrage de cranen; una sutil preparación para acontecimientos futuros.

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Les archives secrktes de la Wilhelmstrasse, pág. 99.

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La supuesta «unión)) en la zona roja no merece, en realidad, ninguna réplica. Los sangrientos choques de mayo de 1937, la persecución al «P.O.U.M.», la lucha enconada entre el Partido Socialista y el Comunista, la dictadura de Negrín, el sabotaje soviético a planes de guerra y, finalmente, el movimiento comunista en Madrid, con cien hechos semejantes, desmintieron-al encargado de negocios germano. El «vasto programa social» de los rojos, en noviembre de 1936 -incautaciones, expropiaciones, colectivizaciones- tuvo que ser, no sólo mutilado o amputado, sino cambiado de signo apenas el partido comunista tuvo influencia decisiva. Voelckers ignoró, deliberadamente quizá, el programa social y económico de la Falange. Su actitud en Alicante, mientras se realizaban gestiones para rescatar a José Antonio, reveló nula simpatía hacia éste y sus tesis políticas. Acaso por no ser nazi, o quizá por serlo con excesivo fanatismo, Voelckers informaba torcidamente. Los historiadores y los críticos de la revolución y la guerra de España suelen olvidar que existía una separación abisal entre el nacional-socialismo y el falangismo: la fe católica de éste. Ciertos nazis enviados a España eludían, prudentemente, referirse a esa diferencia esencial. Pero la mayoría de los alemanes mostraban una actitud desdeñosa hacia el sentido católico de la Falange. Los historiadores de cualquier filiación y nacionalidad han copiado servilmente, sin análisis ni descriminación, todas las afirmaciones relativas a una pugna grave entre los falangistas y los requetés. No pueden presentar ninguna prueba esencial - e n el período a que se contrae ese TESTIMONIO- ni siquiera la de un incidente que superara a una riña a puiíetazos entre media docena de voluntarios fanfarrones bebidos. Dan por efectiva una hipótesis y por consumada una maniobra que podía justificar medidas drásticas.

Un actor de los acontecimientos expone «Se acercaba el año 1937, y por entonces empezaron a manifestarse maniobras que tendían a establecer graves diferencias entre los mandos principales de la Falange. Honradamente, opino que entre los autores de dichas maniobras figuraron Alfonso García Valdecasas y el sevillano Pedro Gamero del Castillo. Uno de los aspectos de la maniobra, consistió en alentar a Manuel Hedilla para que profesara en la demagogia. Un exceso cualquiera podía determinar la separación del jefe de la Junta de Mando. »Había, en el círculo de Hedilla, dos personas, cuyos orígenes y filiación eran notoriamente distintos y que, por motivos también diversos, podían satisfacer e1 deseo de los que ya podían llamarse conjurados. Se trataba del periodista Víctor de la Sema y del químico José Antonio Serrallach Juliá. De la Serna apareció, sin cargo alguno, pero con tenacidad indudable, en la secretaría general de Manuel Hedilla, y como era preceptivo entonces, sin sueldo ni dietas. Tampoco tenía cargo designado. A mi entender, de la Serna, por ser sus padres montañeses, manejaba ciertos resortes sentimentales cerca del jefe de la Junta de Mando. nserrallach, catalán que empezó a actuar en la zona nacio-

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* Testimonio de Martln Almagro Bosch.
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nal en calidad de combatiente, y por ésta le conoció H e d i a en Burgos, como portavoz de la primera centuria catalana, me pareció persona honesta, limpia, pero demasiado imbuida de principios nacional-socialistas, por su frecuentación alemana. Hedilla hacía siempre el guión de sus discursos: en él establecía la pauta y las ideas básicas. Serrallach, en ocasiones, les daba forma que llamaremos retórica, lo cual a Hedilla le preocupaba escasamente por lo que se refiere a florituras de expresión. Siempre pretendió el jefe de la Junta de Mando expresar sus ideas con el mínimo de palabras y con la mayor claridad. Serrallach le entregaba el texto, que el mismo Hedilla corregía, por cierto con notable perspicacia y buen sentido en el empleo de los vocablos. Pero nunca se hallaba conforme consigo y con el texto y las modificaciones, y alguna vez me lo daba a leer. Le expuse mi opinión con claridad en todo instante. Me decidí a aconsejarle que puliera determinados párrafos, que podían parecer demagógicos -y que no lo eran según las tesis falangistas- y le señalé que no aceptara nunca referirse a los judíos como enemigo abstracto. Serrallach, como ya he dicho, estaba demasiado imbuido de nacional-socialismo)) . La presencia'-a veces ostentosa- de Víctor de la Serna entre el personal de la secretaría de Hedilla, no tuvo la importancia que algunos historiadores y cronistas recientes extranjeros han querido darle. Tariipoco es cierto que -según dicen algunos escasos falangistas- de la Serna fuera el ((cronista de cámara)) del jefe de la Junta de Mando. En otro capítulo hemos aludido a la voluntaria exclusión de Víctor de la Serna de todos los organismos -donostiamas y salmantinos- encabezados con las siglas P. y P. No tuvo relación disciplinada con la denominada Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda, con la oficina de Prensa de la Jefatura de la Junta de Mando, ni con la agencia de colaboraciones. Ninguno de los trabajos periodísticos escritos por de la Serna fue cursado por los citados organismos. Tampoco pudo enviarlos a través de la Jefatura de Mando, a menos de cometer una suplantación, que documentalmente aún hoy podría ser demostrada. De Víctor de la Serna -y sin desdoro para él- podría

decirse que fue amigo universal de gestos universales. Había conocido y tratado a José Antonio, y durante la breve etapa anterior a la guerra en que dirigió Informaciones dio cabida en las páginas del periódico madrileño a trabajos pro falangistas. Este era un precedente valioso para que sus servicios fueran aceptados. Tenia dotes de simpatia y buena facundia literaria. El testimonio de Martín Almagro. reintegra a la actualidad a Pedro Gamero del Castilo y a Alfonso García Valdecasas. Los rasgos esenciales de aquél han sido trazados en la primera parte del presente TESTIMONIO. García Valdecasas se vistió la camisa azul, por primera vez, ya comenzada la guerra civil. Había sido un personaje desaparecido por el escotillón, tras la hora del acto de la Comedia. Con su tipo asténico y su voz apagada. reapareció en la zona nacional, como si no hubieran pasado tres años desde la fundación de la Falange. De la misma manera había hecho mutis de la Agrupación al Servicio de la República, y se oscureció, algo antes, al ser sancionado por la dictadura de Primo de Rivera. Pero García Valdecasas y Gamero no eran, ni podían serlo, piezas maestras de la conjura creada a través del problema sucesorio de la Falange. Eran, en todo caso, simples colaboradores, es decir, peones, para aprovechar una coyuntura que día a día fue más fácil. Lo que sucedía en el mando de la Falange frisaba con el absurdo. La organización iba hacia el hura-kiri, escoltada hasta el borde del volcán o el altar de los lares por sus reyes de taifas. La Falange no podía subsistir sin un jefe, lo mismo que el Requeté no tendría razón formal de existir si carecía de un pretendiente. Las fuerzas de ambos, si cambiaran de piel, ya no tendrían su original valor político e histórico. Serían los factores de lo que -muy convencional, muy relativamente- podría ser llamado u n Thermidor español. Al desaparecer José Antonio, el número de los caídos al servicio de la revolución nacional-sindicalista se elevaba a decenas de millares, en los frentes y a causa de la vindicta roja. Puede formularse cualquier juicio sobre los objetivos de la revolución nacional-sindicalista. Mas la responsabilidad moral y po-

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lítica de cuantos se hallaban obligados a realizarla y sostenerla era inmensa, por la sangre vertida, y la que aún habría que derramar en los frentes y en el territorio enemigo. El problema de la sucesión no era el que hubiese podido afectar a cualquier partido político sedentario. Pudo tener la Falange, si el destino hubiese sido menos inclemente, un Jefe Nacional con los mismos apellidos de José Antonio. Nos referimos a Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, quien poseyó fuerte personalidad intelectual y moral. Había sido un desconocido para la mayoría de los falangistas, hasta que su hermano perdió la libertad. En el transcurso de los meses de la clandestinidad, mostró aptitudes y temple políticos, un alto sentido del deber y carácter valeroso. Impresionó a cuantos le trataron. Hedilla declara que Fernando Primo de Rivera tenía condiciones excepcionales para asumir una respon: sabilidad política. Si no hubiese sucumbido -antes que su hermano, en el mes de agosto, en la Cárcel Modelo de Madrid- y de haber podido llegar a la zona nacional, es muy probable que la Falange le hubiese proclamado. Simultáneamente a las maniobras contra Hedilla se lanzó una propaganda favorable a Raimundo Fernández Cuesta, preso todavía en Madrid. En los estatutos y en la norma de la organización no existía ninguna cláusula o indicativo de que el secretario general pudiera convertirse en Jefe Nacional. Podía serlo, como cualquier otro falangista, si obtenía la mayoría absoluta de los votos del Consejo Nacional. Mas no había motivos para el automatismo. Sin embargo, Manuel Hedilla creyó firmemente, en ese automatismo o derecho sucesorio de Raimundo Fernández Cuesta. Y resultaba peregrino que en tanto se hacía la propaganda política del. secretario general preso, sólo hubiese un miembro de la organización que en verdad se preocupara del canje: Manuel Hedilla. Mas nadie parecía recordar otro nombre: el de Ramiro Ledesma Ramos, a quien no le faltaban derechos morales y políticos. La noticia de su asesinato tardó en conocerse. Había sucumbido oscuramente, a la vez que Ramiro de Maeztu, en Madrid, Contra él se formó la conspiración del silencio que per-

duró aun después de la guerra. Era una injusticia que J& Antonio habría condenado. Existía, enlazado con el problema sucesorio, otro de índole política funcional. R e d t a b a extraño -y aun &u+ que la docena y media de consejeros nacionales que se encontraban en la zona nacional, y a los cuales había que añadir los jefes de senricios, que por serlo tenían derecho a pertenecer al Consejo, no comprendieran la necesidad de aumentar el número de vocales. Estos debieron salir de las unidades falangistas combatientes, y aun de los militares que habían hecho profesión política falangista. La circunstancia no consentía que se reservaran sine die los puestos del Consejo a vocales separados por las trincheras. Unos se hallaban presas; otros habían muerto; de alguno se ignoraba el paradero en la zona roja. Habían sido elegido5 o designados p r un año y, de hecho, se les consideraba vitalicios. Pero la parte del Consejo residente en la mna nacional. no abrió ese camino o vía, que por todo género de motivos era normal. Los centenares de millares de falangistas tenían pleno derecho a estar representados por consejeros de su elección. Habrían subsistido los nombrados por José Antonio... Cuanto más se tardaba en abordar el problema sucesorio, éste se hacía más enconado y difícil. Y se iban acumulando las ambiciones, consolidándose las aversiones y los rencores. La muerte de José Antonio y de Fernando, libraba a alguno o a algunos de rendir cuentas. Podían sostener, sin temor, falsos nombramientos, los cuales decían haber sido hechos «in extremisn; se evitaban definitivamente el riesgo de comparecer ante el Jefe Nacional acusados de haber incumplido o infringido sus deberes de falangistas. Y al desatarse los apetitos del poder, Pilar Primo de Rivera se encontró asediada por quienes pretendían obtener su apoyo como si ella tuviera una facultad arbitral en el grave problema. También apareció entre los falangistas madrileños que habían ~odido evadirse, y los que se haliaron casualmente en temtorio nacional, una altanera pretensión: la de ser, entre centenares de millares de militantes, los más conspicuos, idóneos, representantes de la doctrina. Se mostraban desdeñosos con los provincianos.

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EL RELEVO DE ANDRÉS REDONDO La organización tuvo que prescindir del jefe territorial Andrés Redondo en el curso de los primeros días de diciembre, y todavía en tal ocasión mostró disciplina y coherencia. «Era visible que no Un falangista vallisoletano declara existía un perfecto acuerdo entre el jefe territorial y José Antonio Girón de Velasco. Estaba yo presente, en cierta ocasión, cuando el secretario particular de aquél, Manuel Martínez Tena, le indicó: »-Girón: conviene que te presentes a Andrés. nGirón me informó de que Redondo desconfiaba de el, y que parecía temer alguna cosan. Mas,a poco, fue Girón quien resultó temeroso. Hedilla recibió un día su visita. Quien era el jefe local de milicias de Valladolid, por nombramiento del jefe de la Junta de Mando, declaró: «-Andrés Redondo quiere que me maten. Tengo la certeza de que lo ha ordenado. »-Puedes quedarte aquí unos días -repuso Hedillahasta que aclaremos ese asunto. Vivirás con los muchachos de mi escolta. uLlamó a los tres montañeses -Sotero Pereda, Angel Fiochi y Aquilino Gutiérrez- y les comunicó: »-Desde ahora Girón vivirá con vosotros en el cuartel. Tened cuidado. Me respondéis de su vida. »Andrés Redondo se presentó a poco ante Hedilla. Llevaba con él numerosa escolta. Irrumpieron todos en el domicilio de la Junta de Mando, Entró el jefe territorial de Valladolid, en el despacho de Hedilla, y éste, apaciblemente, le preguntó: u-¿Qué es lo que te pasa con Girón? »Los dos protagonistas de la escena concuerdan en testimoniar que Redondo hizo un gesto para empuñar la propia pistola,

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* Testimonio de Eugenio RBmila Arnaiz, ex combatiente, ex jefe provincial de milicias nombrado por Hedilla en Guipúzcoa y Avila y ex jefe de Primera Línea burgalesa, nombrado por Agustin Aznar.

el cual reprimió Hedilla con celeridad, reduciéndole rápidamente y quitándole el arma. También le despojó de los cordones rojinegros con borlas doradas y del gorro con los filetes de oro. uY ahora -dijo Hedilla-, hasta nueva orden te vas a Valladolid como simule militanten. El hecho era grave y podía tener consecuencias dolorosas para Andrés Redondo. Hedilla, al examinarlo con sus compañeros de la Junta de Mando, se mostró resueltamente de la benevolencia. La Junta confirmó la destitución de Redondo, quien a poco cambió de residencia y nunca volvió a figurar en la política falangista. Agustín Aznar testimonia: «Tras el cese de Redondo, tratamos Hedilla y yo de quienes habían de sustituirle y del relevo de otros mandos de Valladolid. Me parecía probable que en Valladolid apareciese un foco sedicioso dentro de la Falange, lo que habría dañado positivamente a la organización. ~Hedilla,por su calidad de jefe de la Junta, firmó tres oficios, que llenó con los nombres de quienes iban a ser nombrados. Acudí a Valladolid. acomwñado Dor camaradas a mis órdenes directas, y me entrevisté con Andrés Redondo. Se mostró muy correcto, y me anunció que iría a Salamanca para renunciar formalmente al cargo, con lo que se borraba la destitución. »José Antonio Girón fue nombrado inspector territorial: desapareció así la jefatura territorial. Dionisio Ridmejo era el nuevo jefe provincial y Luis González asumió funciones de inspector nacional de miliciasD. No fue posible inquirir la opinión de la Falange vallisoletana ante el relevo de los mandos. Redondo había sido rígido, autoritario, y a la par honesto en sus funciones políticas. Sus adversarios habían actuado en los medios de la Primera Línea, para suscitar, sin conseguirlo, una'actitud de disgusto contra el jefe territorial, la cual podía llegar a tener estado ante la Junta de Mando. El puesto que en ésta ocupaba Redondo no fue cubierto.

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VICISITUDES DE LAS MILICIAS Por entonces se publicaron una serie de disposiciones tomadas por el Generalísimo en relación con las milicias de las dos organizaciones políticas combatientes. Para servir a la claridad historiográfica, señalaremos que fueron suscritas varias semanas antes de que llegara a la zona nacional don Ramón Serrano Suñer, concuñado del general Franco. La primera fue la unificación militar de las milicias de requetés y de falangistas que se encontraban en los frentes. En adelante, quedarían sometidas al mando militar, con las naturales consecuencias de índole disciplinaria y estratégica El subjefe nacional de la Primera Línea falangista refiere «La mañana en que apareció el decreto del Generalisimo, no estaba Agustín Aznar en Salamanca. Estudié minuciosamente el decreto y, acotándolo con lápiz mjo, acudí al despacho de Hedilla para mostrárselo. nNo vi en el jefe de la Junta de Mando señales de alarma ni de inquietud. Yo sentía ambas cosas))

Era difícil dilucidar si en el decreto había un objetivo político a más del militar. Franco podía oponer, a la suspicacia de

*.

**:

***.

* Boletín Oficialdel Estado, 22 de diciembre de 1936, n? 64. ** Testimonio de Gumersindo García Fernández. *** Rectificando los temores del subjefe nacional de la Primera
Línea, Dominguez Isla, de la 26 centuria de Burgos, testimonia: aIndudablemente se tratb, con este decreto, de maniobrar para restar fuea Falange y al Requeté. Justamente quince días después, ocho centurias de falangistas de Burgos y la Rioja fueron concentradas en Sencillo, y allí,el entonces capitán de la guardia civil, don Víctor Marchante, las anulb. Dej6 reducidos a sargentos a los jefes de centurias; los mezcló; dejaron de ser centurias y la nueva unidad se denomin6 oficialmente 411 Batallón de Milicias Voluntarias de Burgos~. «Habéis dejado de ser falangistas. Ahora sois soldadoss, dijo desde el balcón del hotel o fonda, al dirigirse a los estupefactos falangistas. Más de un centenar -no sujeto a las quintas llamadas- firmó aquel día su petición de desmovilización. Este oficial murió después en el frente de Teruel. Se olvidó que los mandos de estas unidades. excepto el capitin, tenían que proceder de ellas. En esta unidad -y en otras muchas- no se design6 a un solo alférez. En toda la guerra -contando las unidades de 11 Línea- sólo fueron nombrados unos 1.000 alfereces de milicias, de los que más de 500 eran requetés. A los falangistas - c o n IM).OM) hombres- se les puso bajo oficiales típicamente militares y hasta declarados enemigos.

los falangistas y de los requetés, sólidos argumentos de índole profesional. Era cierto que tanto la Jefatura Nacional de la Primera Línea falangista, como el mando semejante del requeté, perdían facultades; pero el hecho legal es que existía un Generalísimo, máximo responsable de la guerra. Las Milicias conservaban su personalidad política; la protesta o el desacato de los mandos de ambas organizaciones podía tener importante. y quizá gravísima repercusión en la lucha. La situación militar no era brillante, tras la llegada a los arrabales de Madrid. Las victorias pqsitivas -y considerables- una vez iniciada la guerra, habían sido las conquistas de Inín y San Sebastián, la liberación de Toledo, y el dominio sobre Badajoz. Por lo demás, la guerra se había estancado en las trincheras, y el ejército de Africa, que había actuado en Extremadura y Toledo, hasta golpear a las puertas de Madrid, sufrió numerosas bajas. políticamente, era imposible vender la piel del león antes de cobrarlo. Con intervalos, aparecieron otros dos decretos. El coronel don José Monasterio fue designado inspector de las milicias *. Después se dispuso que los miembros de las milicias aspirantes a asumir mandos militares, ingresaran en los centros preparatonos creados por el Estado El coronel Monasterio, del Arma de Caballería, había mandado fuerzas de la milicia falangista. En las semanas que transcurrieron desde su nombramiento hasta la unificación, actuó en su nuevo cargo relacionándose con los mandos políticos naturales de las milicias.

**.

La unificación militar de las milicias no alteró, por l o que se refiere a la Falange, su contribución permanente en voluntarios. Por el contrario, ésta fue aumentada, a veces por demanda expresa del Generalísimo, hecha a Manuel Hedilla. Navarra, Aragón, Castilia, habían dado, en voluntarios,
* BoIetin Oficial del Estado, 24 de enero de 1937. N.o 96. ** Boletín Oficial. del Estado, 28 de enero de 1937 y 1 de
de 1937. NO 100 y 104. .
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unas cifras muy elevadas. También Galicia proporcionó numerosos contingentes. El jefe territorial habia sido u n excelente reclutador: «Iba yo por los pueblos, con una banda de música, que tocaba himnos y marchas militares. Solía dirigir una arenga a los mozos de lugar. En la plaza, los falangistas que me acompañaban habían trazado una raya con cal. Terminaba mis arengas diciendo a los mozos: "¿Veis esa raya? Pues el que quiera defender a la patria, que la pase..." »En alguna de estas expediciones me acompañó, casualmente, Francisco Bravo, quien, entusiasmado por los buenos resultados que se obtenían, me dijo: »-Convéncele a Hedilla para que me envíe a Galicia, Zaera. Te ayudaré mucho ... »Y, efectivamente, no dudé en solicitar del jefe de la Junta que nombrara a Francisco Bravo)) En el mes de diciembre, el general Millán Astray, en nombre del Generalísimo, se entrevistó con Hedilla. Iban a constituirse las unidades de infantería denominadas brigadas mixtas -Flechas negras, azules, verdes- en las que serían encuadrados contingentes de voluntarios italianos. El jefe de la Junta de Mando testimonia, acerca de la entrevista: «.-;Tú serías capaz, Hedilla -me dijo el general- de obtener q&ce mil ho&res? n-sí. »-¿ Estás seguro? »-Ya se verá -respondí. »-Pues si consigues esos quince mil hombres, el GenGalísimo te levantará un monumento)). Para entonces, Mario González Zaera había cesado en la territorial de Galicia, pasando a una función inspectora en compañía de Miguel Primo de Rivera y Sáenz de Heredia en el archipiélago canario. Hedilla designó a dos falangistas para que acudieran a Galicia a dirigir la recluta. Eran Francisco Bravo y Honorato Martín Cobos. Para que cumplieran su misión sin

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obstáculos, se les dotó de grados militares por el cuartel general del Generalísimo. Y en Zamora, el jefe provincial Ricardo Nieto también realizó nueva e intensa recluta de voluntarios. En Galicia actuó, con clara eficacia, el jefe territorial de Milicias nombrado por Mario González Zaera, comandante de Carabineros Antonio Revuelta. A éste le secundó un montañés, José Luis Ruano Muñoz, quien por cierto sufragó de su bolsillo el equipo de una Bandera. Con tales colaboradores, la recluta alcanzó éxito, superando a la cifra de quince mil voluntarios. En una entrevista con el Generalísimo 1 de enero de 1937- HediUa mostró su natural interés por el encuadramiento de aquellos millares de jóvenes a los que habia persuadido la Falange. El poder constituido no se decidía aún a llamar quintas. La Falange le suplía. Era lógico el interés del jefe de la Junta de Mando, y Franco lo estimó hasta el punto de encomendarle que se trasladara a Badajoz donde tenía su puesto de mando el general italiano Gastón Gambara para que tratase directamente con éste v su Estado Mavor. , Pues, aún al borde de la crisis cercana, el Generalísimo proclamó siempre la honestidad de Hedilla En uno de sus diálogos con éste, se refirió Franco a las visitas que le habia hecho Agustin Aznar y a alguna de Sancho Dávila. Aznar, por temperamento y juventud, era impulsivo, hasta el punto de que parecía no dominar su verbo. Hablaba atropelladamente. Franco es l a antítesis de Aznar, y debió ver en éste cierta destemplanza, que no le parecía correcta. Así lo manifestó a Hedilla, añadiendo: «-Hay una gran diferencia, a favor de usted, con los que le rodean » De acuerdo con lo dispuesto por el Generalísimo, Hedila marchó a Badajoz para establecer, con el general Gambara, las normas que habían de regir la coexistencia entre los voluntarios españoles y los italianos. En sus conversaciones con el militar italiano, Hedilla se ganó su profunda estimación, que per-

*.

**.

* Testimonio de Mario González Zaera.

* El 11 de abril de 1937, ante el embajador alemán Von Faupel. Les archives secrktes de la Wilhelmstrasse, página 210. ** Testimonio de Manuel Hedilla.

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duró hasta el fallecimiento de Gambara, revistiendo formas ae cordial amistad. Realmente, el mando falangista que debía haber tratado con el Generalísimo, y luego con Gambara, era el jefe de milicias, Agustín Aznar. Pero Franco se dirigió, expresa, personalmente, a Hedilla para pedirle la recluta de voluntariado. Las gestiones con Gambara también fueron expresamente confiadas al jefe de la Junta de Mando. Aznar, por lo demás, refrendó las designaciones de Bravo y Martín Cobos para hacer recluta. De hecho, todas las obligaciones estaban recayendo en Hedilla. En la zona nacional había muchos Argos y linces que vigilaban celosamente toda clase de acontecimientos, anécdotas, matices y analizaban hipótesis, rumores, infundios En las pequeñas ciudades provincianas --como Burgos y Salamanca- la receptividad se afinó. E n Salamanca, sobre todo por la densa concentración de gentes, variopintas, y el ambiente muy politizado desde hacía largos años, todo era medido, pesado, escrutado... No se dudó en lanzar la especie de que Aznar era persona non grata en el cuartel general. Había en aquélla una dosis de aversión personal, y también de odio hacia la Falange. Pero en ciertos ambientes falangistas, los cuales no ignoraban que el jefe nacional de la Primera Línea se había comportado valerosamente en los días más difíciles, lo mismo que sus hermanos, de los cuales dos habían dado ya su vida por el movimiento nacional, Aznar representaba u n problema político. Había que resolverlo -pensabancon serenidad, ética y discreción. Declara un falangista *: «Por mis cargos de jefe de milicias en varias provincias, tenía que acudir al despacho con Aznar. Yo le estimaba verdaderamente. Pero me era casi imposible entenderme con él, por su manera precipitada de hablar, por su falta de método. Le oía, y al salir de su oficina, me iba a la de Hedilla, quien, con pocas palabras, me ordenaba claramente lo que era preciso hacer)). El mismo Amar nos ha testimoniado -y ya lo hemos escrito- que era muy joven.

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* Testimonio de Eugenio Ramila Arnaiz.

Un grupo burgalés, formado por militantes de buen espiritu, refiere ((Dadas las buenas relaciones de Hedilla con Yagüe, nosotros suscitamos una corriente favorable a que éste fuese nombrado jefe nacional de la Primera Línea. Yagüe estaría, claro es, a las órdenes de Hedilla, pero sabíamos que le estimaba mucho. El general apreciaba sobre todo la hombría, en el campo de batalla y en la vida social, y veía en HediUa a un hombre entero. »Nunca sentimos antipatía hacia Aznar: lo considerábamos inoperante. Bajo el mando de Yagüe, la milicia podía ser una fuerza aprovechada hasta el extremo. Nuestro amigo nos dijo, varias veces, T e con el voluntariado español, a condición de que estuviera bien dirigido, se podía llegar al final victorioso de la guerra. »Sabíamos que nuestro proyecto encontraría dificultades. Una de éstas. el sector de la llamada Falange de Madrid., aue " * se apiñaba en torno a Aznar. Y otros... Hubo personas, por enque parecieron ser amigos de Yagüe, como tonces -y lueg-, el que había sido jefe provincial de León -tras el 18 de julioFernando González Vélez, y tal vez creían que le podrían manejar. »Hacia el mes de febrero o mano de 1937; el Generalisimo no se mostró favorable a la aceptación por Yagüe de la jefatura de las milicias falangistas. Cierto militar de corta graduación, que por entonces empezaba a circular por altas esferas, Ladislao Upez Bassa, habló en contra de Yagüe. A éste le habría gustado más ser jefe de la milicia que capitán general. »Manuel Hedilla se enteró de nuestras gestiones, pero se mantuvo al margen de ellas)). Estos antecedentes, que situamos en su exacto lugar cronológico, serían manejados, a la par de ciertas sugestiones y patrañas, para que Agustín Aznar, con su natural impulsivo, adoptase determinada actitud en los meses venideros, y creyese que aún estaba combatiendo en la calle de Alcalá v a l e m s a m e n tcontra las fuerzas policíacas del Gobierno Azaiia Testimonio de F. Martínez Mata, J. L. Gutiérrez 'y H. Martin

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Cobos.

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AFIRMACI6N POLfTICA Y REFUERZO DE LA DISCIPLINA Aunque siempre existió el asebastianismon en torno a la muerte de José Antonio, a fines de diciembre de 1936 las dudas, en la Primera Línea y en la retaguardia, sobre esa hipótesis venturosa, eran generales. Tal estado de opinión era perceptible. Una parte de la intelligentsia falangista procuró intensificar la propaganda ideológica, para evitar que el pesimismo político ganara a los espíritus. Hedilla interpretó aquellas dudas y sentimientos decidiendo que debía comparecer, ante el país, con un acto de afirmación política, que representaba la continuidad de la organización. La obra de José Antonio debía subsistir, con las mismas líneas y pensamientos que habíá tenido hasta la guerra. El. hombre, mortal. desaparecido, permanecía la empresa. Este fue el origen de un discurso, resonante, pronunciado ante el micrófono de Radio Salamanca, publicado por la prensa y editado en hojas, con ocasión de la Nochebuena. En capítulos anteriores hemos recogido conceptos de ese discurso que se referían a cuestiones, necesidades y problemas de diversos órganos en relación con la guerra y la política. Afirmó el jefe de la Junta de Mando la intaqibilidad de los 27 puntos del programa falangista. El decreto de unificación suprimió el punto 27, manteniendo los anteriores. Pero dicho punto era sustancial, entonces, como lo había sido en los primeros años de la organización. Decía: «Nos afanaremos por triunfar en la lucha, con sólo las fuerzas sujetas a nuestra disciplina. Pactaremos muy poco. Sólo en el empuje final por la conquista del Estado gestionará el mando las colaboraciones necesarias, siempre que esté asegurado nuestro predominio*. El concepto de pacto era muy concreto; estaba suficientemente perfilado. A seguido, Hedilla postuló la necesidad de mantener la doctrina, sin agraviar a las necesidades máximas de la guerra. «Se van a tomar orientaciones para poner inmediatamente en práctica el espíritu de nuestra doctrina, en la medida de lo posible)). Era una orden, en realidad, para atajar

los progresos de auna enfermedad infantil del falangismon, de la que adolecían algunos ingenuos y soñadores, y que%ngh padecer los que servían a maniobras dirigidas contra la Falange. Enfermedad infantil, demagogia El cauce necesario, el instrumento Útil para conjurar esos peligros, lo hubiera' constituido un gobiem que, sin embargo, tardó más de un año en formarse. Al analizar el proceso político de estos meses intensos de la guerra española, resalta siempre que no se abrió el cauce gubernamental a las dos organizaciones que sostenían la guerra, las cuales tenían máximas responsabilidades y ningún derecho positivo de gestión estatal. Aludió el jefe de la Junta de Mando a los discursos estériles y acomodaticios a que se limitaban, antes de la guerra, los partidos de las derechas. Se trataba de una paráfrasis de las afirmaciones de José Antonio. Infatigablemente, el Generalísimo Franco condenaría, con dureza de concepto y de frase, no sólo a los parlamentarios de 1 la 1 República, sino a los del reinado de Alfonso XIII y a los decimonónicos. La misma línea seguiría Ramón Serrano Suñer, a la par de otros miembros de los sucesivos gobiernos constituidos por Franco. En el período de la guerra, un político, caudillo de las derechas españolas, don José María Gil Robles, fue invitado por dos veces a abandonar la zona nacional: en las primeras semanas de la guerra, y en 1938. La prensa dirigida desde el Ministerio del Interior, a la sazón gobernado por Serrano Suñer, arremetió contra el jefe de la CEDA en ese año 1938. Empero, las palabras de Hedilla, que sólo se referían a la\ gestión política, y en éste como en todos los casos dejaban a salvo la personalidad privada, pues ni siquiera hacia menciones nominales, fueron interpretad& como malevolencia. Los partidos parlamentarios de la derecha - e n los cuales no puede ni debe ser incluido el Requeté- no habían aportado milicias a los frentes, ni actuado en la conspiración. ~ G a ~ a r e c i d a mála xima figura de don José Calvo Sotelo, los políticos del Bloque Nacional que se hallaban en la zona del mismo nombre, eran menos que segundones, con una excepción, don Antonio Goicoe-

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chea, quien, a pesar de sus dotes oratorias, no creyó, en el curso de la República, en la eficacia del Parlamento.

Hubo en aquel discurso una viva referencia, de incontestable valor nacional y político, y que seguía fielmente el pensamiento de José Antonio. Sin embargo, también se fofmularon interpretaciones malévolas. Decía Hedilla: «Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo mejor que hacer por la patria, sino es el de sembrar odio contra Cataluña y las Provincias Vascongadas. Y cada vez que revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan satisfechos como si hubieran realizado una gran acción. »La doctrina de Falange es de amor y no de odio; de unión y no de desunión. En Cataluña, como en todas partes, hay españoles malos y buenos. A nadie se le ocurrirá propagar odios contra los madrileños, porque Madrid sea rojo en estos momentos)). Pero también contra Madrid había rencores. No aparecieron, por cierto, en forma notoria, hasta después de la u&ficación. De 1937 a 1939, se habló or muchas gentes, de instalar la capital de España en Valladolid y aún en Sevilla, como sanción a la resistencia de la urbe. Cierto tipo de residente en la zona nacional, de los que gritaban vítores por el futuro Imperio mientras subsistían aposentados en la retaguardia, también se refena a la capitalidad española en Lisboa. Podrían recogerse innumerables testimonios acerca de esos sentimientos, harto difundidos en las ciudades provincianas de la zona nacional. Las palabras de Hedilla acerca de Cataluña y de las Vascongadas, señalando una política que por lo demás fue suscrita, oficialmente, por el poder constituido, tras la unificación, constituían una orden a los falangistas para que no cayesen en la ciega, insensata, campaña anticatalana y antivasca. Podía oírse, con frecuencia, en ciertos medios que no eran falangistas, la afirmación de que Cataluña ((debería ser sembrada de sal)). Ésta no era, en modo alguno, la doctrina de la Falange, ni la de José Antonio. El separatismo, para la organización nacional-sindicalista, era un crimen. Y, efeotivamente, el separatis-

mo fue una de las causas esenciales de que la Falange contribuyera a la guerra. Pero el hecho del separatismo y sus consecuencias trágicas no podían justificar que se tratara a unas regiones y a todos sus habitantes como legalmente podría tratarse un crimen individual. La generosidad no excluía la prudencia. El aluvión de las incorporaciones catalanas a la Falange suscitaba problemas, por las características políticas de la región. Nada había que oponer a los que llegaron para tomar las armas y pelear al lado de otros españoles. Quienes tenían un pasado maculado, en cuanto. al punto de la lealtad máxima exigida por la Falange a la unidad de los hombres y de las tierras de España, lo limpiaron en los frentes, sobremanera en los que no estaban próximos a Cataluña. Los que no iban al frente, tenían que demostrar la lealtad de su incorporación. Hedilla actuó en este sentido con tacto. A la vez que visitaba sin tregua a los combatientes catalanes, fiscalizó a los catalanes de la retaguardia. Se le propuso lanzar un periódico que sería órgano de la Falange catalana. Lo autorizó, ya en 1937, fijando una serie de condiciones impuestas por la prudente política y por la firme voluntad de no tolerar ninguna heterodoxia. Así, apareció en Burgos el semanario Destino, propiedad de Falange Española de las JONS y dirigido por José María Fontana Tarrats, quien mandó la Falange de Tarragona. El jefe local de Barcelona - q u e en noviembre de 1936 fue nombrado por Hedilla jefe territorial provisional de Cataluña- declara ((Hedilla, siempre leal a José Antonio, no se inmiscuía en el uso de nuestra lengua vemácula. Jamás nos criticó que la hablásemos. Al contrario: estaba muy contento de tener hombres catalanes a su lado, y nos encargaba misiones de responsabilidad. Pensaba en la liberación de Cataluña y recibimos de él tóda clase de apoyos en nuestras decisiones)). Para juzgar a Vasconia y a los vascos no tenía Hedilla necesidad de apelar a textos -muy significativos y expresivos-

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* Testimonio de José Ribas Seva.

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de José Antonio. Poseía su propia experiencia vital. De su actitud ante lo vasco es reflejo el hecho de que, apenas conquistado San Sebastián, gestionara la constitución de una columna formada principalmente por voluntarios guipuzcoanos, que mandó el coronel Sagardía, según hemos señalado en capítulo anterior. Convino a determinados medios mostrar un gesto de estupefacción ante el discurso de Hedilla. Éste había interpretado, en la coyuntura, las tesis de la Falange. No hubo, en el mensaje, una sola palabra que estuviera en contradicción con la norma. No había ningún concepto que pudiera constituir riesgo alguno, social, político ni militar, para la guerra. Por el contrario, el discurso reforzaba ésta y era un alegato contra la campaña desencadenada por el enemigo, dentro fuera de España, sobre el ((feroz reaccionarismo» de los alzados. En suma: Hedilla servía a la Falange v servía a la victoria. El discurso tuvo glosas, directas y espontáneas, en la prensa falangista y en las emisoras de radio de que disponía la organización. Por espacio de semanas las consignas de Hedilla fueron repetidas en las trincheras. El día primero del año 1937, en Pam~lona.el diario Arriba Es~a6.amanifestaba claramente la alta temperatura política suscitada por el jefe de la Junta de Mando. Su director, el sacerdote Fermín Yzurdiaga, no era, ni lo sería, un «hedillista». Apenas decretada la unificación, el Generalísimo le nombró delegado Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS. Yzurdiaga, con quien actuaba el médico Pedro Lain Entralgo, refugiado en Pamplona, donde también residía, por entonces, Eugenio d'Ors, perteneciente al mismo círculo de neofa1aneistas.-imprimía a-su labor cierta " independencia intelectual y política. Pero, agudo y diestro, percibió la importancia del discurso. Así, en Arriba España apareció la siguiente glosa-resumen: aEn este día primero abierto al año, a la vida de la España nueva, queremos ungir nuestro trabajo con el nombre del jefe de Falange Española, para celebrar el recuerdo de su nacimiento y el gozo de su nombre nuevo, intacto, augusto, también. Más que esperanza, es realidad en España, el gesto de su brazo, la valentía de su corazón, la

dilla.

voz robusta que mantiene el credo, el estilo, el heroísmo de la Falange. uNace la Falange del dolor y del sacrificio de la guerra y nace así, mutilada en el gozo de los combates y de las victorias, para no morir, porque es signo de la justicia de Dios, en este siglo de España. uY la guerra, también a golpes de dolor y de impaciencia, labró este perfil gigante, indiscutible, cesáreo, de Manuel He-

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»Habló en la Nochebuena, y su voz entera y paternal se fue ardorosa hacia las trincheras de nuestros combatientes, porque ellos son el cuerpo auténtico de Falange Española y Manuel Hedilla su corazón y su alma y su mando. »Que en este día nuevo de un nuevo año, Manuel Hedilla, jefe de soldados y pensadores, de artesanos, de poetas, de obreros y de universitarios, plante en el corazón de España la bandera inmortal de los imperios^. En el mismo número, Nicolás Martín Alonso escribía con el titulo Campanadas gordas: ((Como campanadas, una a una, campanadas gordas de catedral d n i c a , se iba vertiendo, la palabra sobria y austera del camarada jefe, Manuel Hedilla. uEl camarada jefe, Manuel Hedilla, habla para los españoles en la hora incierta de un aniversario. Dice: «La doctrina de la Falange es de amor y no de odio; de unión y no de desuniónn. Son diecisiete campanadas gordas (una a una) de la catedral románica de su cuerpo. Y de su espíritu. Es la campana de bronce que retumbando por todos los ámbitos, va arrancando la vieja cochambre del tiempo y dejando limpias las paredes y fronteras de Ia ciudad. >No obstante estar mutilada, Falange no sucumbió porque su doctrina es inmortal, es la expresión de la justicia divina en el siglo. Las campanadas de la voz del jefe han vuelto a sonar su bronce. Todo el artificio de la catedral mmánica ha parecido retumbar bajo el peso de la campana y el ámbito de la Nochebuena, y son muchos los que tiemblan en sus guaridas. uBandera desgarrada a fuerza de querer ser imperial, es hoy la Falange. Bandera que, mutilada hasta en su glorioso

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Abanderado, otra mano fuerte y unas palabras como las campanadas gordas de una catedral románica, han sabido recoger y alzar tensa y exacta. »...Manuel Hedilla. con la mano elevada hacia lo alto, mantiene tensa una bandera rojinegra desgarrada en cien combates ... Toda España vibra al unísono. Y cuando esta Nochebuena se deshace en claridades, es que «en España empieza a amanecerD. u siempre, siempre, tú, camarada jefe Manuel Hedilla, Y has de permanecer de abanderado, porque sólo t , en esta Faú lange mutilada, conservas el sabor viejo de las normas nuevasm. Rafael García Serrano - e l 6 de enero de 1937 y también en Arriba Españai- escribió: «Se oyó a la Falange con claridad. Nunca fue tan exacta la voz de Manuel Hedilla. Si las voces pudieran tener aniversario, la voz de Hedilla era como el aniversario de aquella otra Gran Voz de José Antonio. ~...ManuelHedilla habló para los hombres de arma al brazo y ojos vigilantes. Dio seguridades de triunfo y justicia. De Revolución Nacional sindicalista. Todo en un tono austero. Como un gran diálogo de la Falange. Con la serenidad de un auténtico jefe, Manuel habló a la verdadera Falange, a la combativa y laboriosa Falange. ((Porque sois alma y carne de la Falange)r, camaradas de la Primera Línea, oísteis la certera voz del jefe. Dijo: «el temple de la Falange es ser militar, y soldados-tienen -que ser sus dirigentes D. »...La Segunda Línea tiene la obligación de ser laboriosa y rígida. Pobre como una Orden mendicante. «Me dirijo a la retaguardia, a ese sinnúmero de gentes de la Segunda Línea, magníficamente equipadas, con esas imponentes botas marciales, esos capotes de Polo Norte y esos guantes de piel)). Este tipo de comentarios y de glosas al que ya hemos calificado de famoso discurso de la Nochebuena, apareció en los órganos periodísticos de la Falange en toda la zona nacional. Hedilla, y los mandos del servicio de prensa, fueron ajenos a lo que parecía, y no lo era, una campaña organizada. En cualquier caso, ésta habría sido lícita. Pero los directores de los periódicos y los escritores no recibieron ningún estímulo. Actua-

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ron con absoluta libertad: igual sucedió con los anteriores y los posteriores discursos del jefe de la Junta de Mando: claros actos de servicio. En este mismo orden de servicio señalaremos las circunstancias de la desaparición de don Miguel de Unamuno, ocurrida por muerte natural, el atardecer del 3 1 de diciembre de 1936, en su casa salmantina de la calle de Bordadores, frente al palacio de Monterrey. El choque de Unarnuno con el general Millán Astray, ocumdo el 1 2 de octubre anterior, en el paraninfo de la Universidad, creó en torno del Rector honorario un ambiente de suspicacia. Pese a que Unamuno habíase sumado, espontáneamenté, al hecho del Áluimiento. La esposa del Generalísimo doña Carmen Polo, que asistía al acto de la Universidad, salió del paraninfo acompañando a Unamuno, con lo que el incidente no tuvo repercusiones delicadas. Ante la muerte del insigne escritor y pensador hubo horas de perplejidad en Salamanca. ¿Cuál sería la actitud del poder constituido? ¿Asistiría el claustro de la Universidad al entierro? ¿Se celebraría éste a una hora que permitiese gran concurrencia? ¿Serían mal vistos quienes acudieran al acto fúnebre? Un falangista escritor, quien dirigía la agencia de colaboraciones, opinó que la Falange no podía permanecer muda ante la muerte de Unamuno. Suponía, a la vez, que el poder constituido se mostraría parte, directa o indirectamente, en el duelo, en verdad nacional. Por ello, escribió un largo artículo dos horas después del fallecimiento y lo llevó a Manuel Hedilla. El jefe de la Junta de Mando lo aprobó. Inmediatamente fue reproducido en multicopista y enviado con urgencia a todos los periódicos falangistas. A las pocas horas lo publicó El Adelanto, arraigado diario salmantino, que en cierto modo era un portavoz oficioso de la Falange por concesión espontánea de sus propietarios, don Mariano y don José Núñez Alegría

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* El Adelanto, 1 de enero de 1937: *Justicia y honor de la Falange a don Miguel de Unamunoa, por Tresgallo de Souza. El mismo articulo
se encuentra en los periódicos falangistas a partir de la indicada fecha. El correo, con sus dilaciones, impidi6 que se publicase por doquiera el mismo día. Tresgallo de Souza era un relativo pseud6nim0, los dos

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Al llegar al momento de efectuar el traslado del féretro no estaba disipada aún la duda surgida y no hubo quien se atreviera a arrastrar la responsabilidad de coger la caja a hombros y llevarla hasta el coche fúnebre. Éste, el clero, con la cruz alzada, y gran concurrencia, esperaron durante largo rato una decisión que nadie se atrevía a tomar. En vista de la paralización en que se encontraban todos, Víctor de la Serna resolvió acudir a ver a Hedilla a fin de que autorizara a los falangistas a realizar el traslado. El jefe de la Junta de Mando no solamente lo autorizó en el acto, sino que asumió él la absoluta responsabilidad del hecho. Finalmente, a hombros de los falangistas enviados por Hedilla, el féretro que contenía los restos del insigne pensador era puesto en el coche, que había de trasladarlos al lugar de la inhumación. Tres o cuatro días después, el hijo mayor de don Miguel de Unamuno se presentó en el local de la Junta de Mando para dar las gracias a Hedilla por el gesto que había tenido. Este gesto, impregnado de profunda caridad cristiana, reportó al Movimiento acaudillado por el Generalísimo Franco un comentario favorable en la mayoría de los órganos de opinión del mundo, a más de desmentir automáticamente la patraña de que Unamuno había muerto envenenado, lanzado por los servicios de la propaganda roja. E n los primeros días de 1937 - e l 8 y 9 de enero-- Hedilla presidió reuniones de la Junta de Mando Provisional, en las que se tomaron acuerdos para reforzar la disciplina, aumentar la coherencia, afirmar los estatutos y emprender otra etapa creadora. Por aquel afán de títulos al que nos hemos referido en otras páginas, habían surgido jefaturas territoriales, además de la política, en algunas zonas. Había u n jefe territorial político, al que se unían otro jefe territorial de Milicias, de Prensa y Prosegundos apellidos de Maximiano García Venero, quien tenía a su familia en la zona roja.

paganda, de Sanidad, etc. Era una complicación enojosa y contraproducente. A partir de enero, sólo se aplicó la denominación de territorial a la jefatura política. En otro plano --el provincial- también se daba la misma multiplicidad de jefaturas provisionales.'Gracias a la aplicación de los preceptos estatutarios sólo hubo, en lo sucesivo, la jefatura provincial política, la provincial de milicias y la provincial de la sección femenina. Quienes se habían titulado, abusivamente, jefes territoriales y jefes provinciales encargados de diversos servicios, serían delegados territoriales, delegados provinciales y delegados locales, según los casos, y dependientes de las respectivas delegaciones nacionales. «Sólo quedan subsistentes, con la misma denominación de jefaturas nacionales, la del Movimiento, con la denominación actual de Jefatura de la Junta de Mando provisional; la Jefatura Nacional de Milicias y la de Falange Española Femenina. »Los demás servicios que hasta el presente se han venido denominando jefaturas nacionales se convierten en delegaciones de la Junta de Mando y sus encargados recibirán el nombre de delegados nacionales)) Ha de señalarse que la ratificación de poder, manifestada ampliamente en las sesiones del 8 y 9 de enero, por la Junta de Mando, llego incluso a darle a Hedilla el título de jefe nacional del Movimiento, en funciones, claro es, de su presencia en la jefatura de la Junta de Mando. La Junta aprobó, definitivamente, los reglamentos - q u e serían rigurosamente oblígatorios desde el instante de su pu.blicación- de la Organización Juvenil y de la Sección Femenina. Pilar Primo de Rivera daba entonces -y lo dio también al llegar a la zona nacional- un ejemplo de disciplina, de obediencia a la autoridad falangista constituida. El resultado de otra deliberación importante, decía: ase han aprobado los estatutos de la C.O.N.S. (Central Obrera Nacional Sindicalista), por los que habrá de regirse la gran orga-

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* Circular n . O 13 de la Junta de Mando.

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nización de trabajadores de España afecta al Movimiento de Falange, y cuyo crecimiento extraordinario exige que se canalice forzosamente en las normas que se estatuyen y que se darán a conocer en breveu. Acordó la Junta de Mando que se f0rmara.n organizaciones de los profesores pertenecientes a la Falange, con el sentido de trabajo técnico y para funciones de tipo consultivo. Era una ampliación de los ya constituidos servicios técnicos, en los cuales, primero ante la posibilidad de la conquista de Madrid, y luego para fines asesores, se había reunido a ingenieros, arquitectos, médicos, agrónomos, etc., etc. Muchos de los miembros de los servicios técnicos eran neofalangistas. Parecían disciplinados y deseosos de hacer méritos en el servicio de la Falange.

HACIA LA CONCENTRACION DE PODERES Algunos escritores e historiadores extranjeros, relacionando acontecimientos, a la vista de la documentación dada a la publicidad tras la derrota del Eje y escuchando testimonios diversos, llegan a la conclusión de @e el mes de diciembre de 1936 empezó a prepararse, en la zona nacional, la concentración de poderes en el Generalísimo. Ya en el otoño de 1936, las oficinas de Prensa y Propaganda que dependían del poder constituido, pusieron en circulación un trilema expresivo, en el que había notable intención política: aUna Patria, Un Estado, Un Caudillon Empezaba a difundirse la idea del caudillaje, sobrepuesta a la delegación formal del jefe del Estado y Generalisimo. El desarrollo posterior de la tesis del caudillaje, en libros, artículos, discursos, parte de este trilema. Algunos periódicos falangistas al recibir de la autoridad constituida la orden de publicarlo, añadieron por su cuenta: «Una Patria: España. Un Estado: El Nacional-sindicalista. Un Caudillo: José Antonio,. Aún no había sido asesinado el Jefe Nacional. Los decretos sobre unificación militar de las dos Milicias han incitado a los comentaristas extranjeros a establecer sus hipótesis cronológicas, ya que el fundamental fue dictado en * Vid. la Prensa de zona nacional: mes de octubre y siguientes de

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1936. El trilerna l distribuyó Juan Pujol, quien fue relevado por el o general Millán Astray. El texto era de inserción obligatoria.

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diciembre de 1936. Uno de esos comentaristas manifiesta que a partir de las primeras semanas .del mando de Franco, su hermano Nicolás hizo un esquema del posible ((partido franquista)), el cual sería formado iior los incondicionales del Generalísimo. Opina que se trataba de una resurrección de la Unión Patriótica, con elementos conservadores y aún reaccionarios, a los que podrían agregarse otros, como ciertos miembros de la CEDA, quienes aspiraban a que su derrotado partido resurgiese, aunque fuera lateralmente. Según el referido autor, tal proyecto atraía a unos cuantos cedistas, poco conocidos: José Ibáñez Martín, el conde de yayalde, José Moreno Torres, Joaquín Arrarás y el jesuita don Ignacio Menéndez Reigada, entonces confesor del Genralísimo. «Se vio -sigue diciendo el escritor extranjerque este personal político y las ideas de Nicolás Franco resultaban inconexas con la guerra que se estaba sosteniendo. Imaginó entonces Nicolás Franco que podría atraerse a la Falange, pero los consultados no res~ondieronsatisfactoriamente)) La operación para constituir uii partido franquista habría sido fácil tras la unificación militar de las Milicias. La alusión que hace Stanley G. Payne a la antigua Unión Patriótica es certera. En la retaguardia, docenas y docenas de millares de falangistas, de tradicionalistas y de alfonsinos se habrían despojado de sus camisas azules, boinas rojas y boinas verdes para ingresar en las filas del nuevo partido. Los contingentes de la CEDA, en notable mayoría hubieran ingresado en él. Aquella hipótesis que formulamos, el corrimiento de masas hacia el afranquismo)), está basada en la falta de convicción, visible, de muchos que eran neofalangistas, neotradicionalistas y neoalfonsinos. La base numérica del partido franquista habría sido ancha. Es muy probable que, como le sucedió a la Unión Patriótica, hubiese carecido de solidez. Sus tesis doctrinales, y programáticas, hubieran podido reducirse a la adhesión incondicional al

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Generalisimo, tal como ocurrió en los tiempos de la dictadura del general Primo de Rivera. Pero la repercusión del nuevo partido habría sido transcendente; en la guerra, ante la opinión internacional y en el ejército. Franco hubiera sido acusado, dentro y fuera de España, de haber desencadenado una guerra para dar un golpe de Estado y hacer que prevaleciera su pensamiento político. Los generales que le habían elegido para la Jefatura del Estado y el mando supremo de los Ejércitos todavía consideraban la guerra como una empresa mancomunada y en su fuero interno profesaban opiniones políticas que no eran coincidentes. El partido franquista, de otra parte, habría dado, por una ley de reacción, solidez y gran coherencia a la Falange y al Requeté. El nuevo partido y las dos organizaciones ya crismadas por su lista de muertos, por sus tesis doctrinales y sus programas, habríanse encontrado, en un punto cualquiera, para polemizar duramente. Es posible, a través de la documentación del Eje ya publicada, conjeturar las reacciones de Berlín y de Roma ante la aparición de un partido cuyo jefe acababa de tomar posesión del poder. La reacción alemana, a pesar del interés del 1 1Reich 1 en utilizar para sus fines propios la contienda española, pudo ser agria y arrastrar tras de si a los italianos. Von Faupel, con fecha 18 de enero de 1937, dirigió al ministro alemán de Asuntos Extranjeros un informe en el que ((Desde el punto de vista de la política interior, hemos decía asistido estas últimas semanas a un acercamiento entre los carlistas y otros monárquicos de una parte, y el Gobierno (sic) de la otra, a la par que a un enfriamiento, pero sin consecuencias, de las relaciones entre el Gobierno y la Falange. »El Gobierno cree que le es posible, actualmente, realizar reformas sociales, aun sin el concurso de la Falange, adoptando para sí una parte del programa de esta última. Esto puede ser posible. Pero no es posible conquistar para las ideas nacionales y para las ideas sociales verdaderamente realizables a la pobla-

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* Stanley G. Payne: Falange. A history of Spanish Fascism. Stanford University Press. Stanford, California, 1961. Páginas 148-149.

* Les qchives secr2tes de la Wilhelmstrasse. PAg. 178.

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ción obrera, sobre todo a la de la wna roja que falta por reconquistar, a fin de vincularla al Estado nuevo, sin el concurso de la Falange. Por esto, la colaboración entre el Gobierno y la Falange es siempre indispensablen En una nota adjunta -no impresa- se resumía una conversación de Von Faupel con cuatro dirigentes carlistas. É;S~OS afirmaban su simpatía hacia la Alemania nazi, y reconocían la necesidad de una reforma social en España. Hubo, entre las posibilidades de creación y sostenimiento del partido franquista, una que pudo ser examinada y rechazada. Seguimos en la zona de las hipótesis, pues la exacta historia sólo es conocida por el Generalísimo y su hermano Nicolás. El partido franquista pudo existir y mantenerse con menores zozobras y riesgos de los que hemos señalado en las precedentes conjeturas, de haberse llegado a un acuerdo para restaurar la Monarquía tras la victoria militar. Vivía Alfonso XIII, y se había extinguido el pretendiente don Alfonso Carlos. Pero tal compromiso, en el que debían participar el generalato y otros mandos, significaba el futuro cese de Franco en la jefatura del Estado, aunque naturalmente se le habrían reservado las funciones de caudillo o conductor político. El Requeté y los politicos tradicionalistas, automáticamente, habrían dejado de oponerse al partido franquista. La Falange se convertina en un partido; en una posible oposición de Su Majestad. Ahora bien: el general Franco, visiblemente, no aceptaba poner limites a sus prerrogativas El conato de partido franquista - p u e probablemente no pasó de una serie de diálogos y de impresiones- tuvo una vertiente distinta. Y de índole semioficiosa. No es posible afirmar que el G~eralísimo tuviera previo conocimiento de la solución que pretendía allegarse. Se pensaba en elegir a Franco Jefe Nacional de la Falange. La fórmula podía consistir en que el Generalísimo pidiera el ingreso en la organización y que la Junta de Mando y el Consejo nacional reunidos le ofrecieran la Jefatura. Un funcionario del Cuartel General que intervino en la redacción de las posibles bases, especifica: aLa Jefatura sería a titulo provisional, hasta tanto que no hubiera la certi-

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dumbre de la muerte de José Antonio)) A través de Franco, la Falange sería el Partido de Estado, absorbiendo a las demás organizaciones y milicias. El primer Gobierno del nuevo Estado estaría constituido por técnicos, militares y falangistas; éstas ocuparían los ministerios de Agricultura, Trabajo, Iwtrucción Pública y Prensa y Propaganda. Los jefes provinciales serían gobernadores civiles y los jefes locales, alcaldes; la bandera nacional sería la bicolor, con el yugo y las flechas. Los organismos del Partido establecerían las bases doctrid e s y constitucionales del nuevo Estado. Era difícil, casi imposible, que las conversaciones, conqdtas y tratos que tenían por escenario las oficinas de don Nicolás Franco en el Cuartel General no trascendiesen. Y aún más difícil que no fueran utilizados para quebrantar la disciplina que Hedilla había logrado que prevaleciese en la Falange. Esa disciplina, que era un tajamar avanzando hacia la transformacih social de España, según apareció en el discurso de la Nochebuena de 1936, resultaba peligrosa para el conservadurismo y el reaccionarismo. Por una inversión de los términos en que don Nicolás Franco y sus colaboradores habían discurrido sobre las posibilidades de que el Generalísimo fuese jefe de un partido, se trató de que la Falange y el Requeté pudieran unificarse sin aparente intervención del poder constituido. Para conseguirlo, era fácil aducir el riesgo de una unificación que podía ser dictada desde la cumbre del poder. Tratábase, en suma, de una guerra fría, de nervios, entre quienes los tenían juveniles y tensos, y otros que sabían dominarlos y no tenían prisa manifiesta. Un funcionario diplomático, don Ramón Oyarzun, publicó en E1 Pensamiento Navarro un artículo titulado «Una idea. Requeté y Falange)). Poco después, un sacerdote falangista se hizo eco de aquel artículo Tratábase de un diálogo amistoso pero en el cual -y en Pamplona- parecía abrirse una posibilidad

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* Testimonio de Felipe Ximénez de Sandoval. ** Vid. El Pensamiento Navarro, 19 de diciembre
Yzurdiaga, Arriba Esparia, 6 de enero de 1937.

de 1936, y Fermín

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de concordancia política entre las dos Milicias. Tal concordancia implicaría, inevitablemente, una reforma de los respectivos mandos políticos de las organizaciones. Hedilla era un objetivo máximo, una posición trascendental que debía ser desalojada. Y, ciertamente, lo mismo pensaba hacerse con cuantos mantenían una actitud enhiesta, en los frentes y en la retaguardia, en pro de la política de reforma social y económica del país. Los adversarios encontraron un elemento de maniobra que podía ser fructífero. Dejemos paso a los testimonios irrefutables. El jefe territorial de Andalucía, quien, como hemos anotado, había pedido reiteradamente en sesiones de la Junta de Mando y del Consejo Nacional la aplicación rígida de la doctrina nacional-sindicalista, decidió implicarse en la tarea de unificar a la Falange y al Requeté. «...Me corresponde asegurar que me cabe el honor de haber desenmascarado a los demagogos, volver a la Falange por los cauces que le señalara José Antonio y ser el iniciador, en el mes de enero ( de 1937 ) ,cerca del conde de ROdezno, para la formación del Partido Único, por estimar que ésta es la condición esencial para la realización de los 27 Puntos del Nacional-sindicalismo bajo la jefatura del propio jefe del Estado, única que siempre ha de quedar por encima de todas las discusiones y contingencias posibles)) Por los días en que hizo esa declaración al diario sevillano que de él dependía, Sancho Dávila estaba - a u n q u e en libertad provisional- sometido a un procedimiento, y su porvenir, en punto a disfrutar de los posteriores beneficios alcanzados, era ~roblemático.Pero veintisiete años después el mismo Sancho A Dávila ha insistido : «-;.Cuál es tu vocación más definida? -le han preguntado. s e r v i r lealmente a la patria, con desinterés, con buen ánimo y procurando siempre unir al máximo. Por m fui yo el precursor de la unificación, cuando se planteó durante la Cruzada.

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* F.E. Número 253, 20 de mayo de 1937. ** ABC. Entrevista con Julián Cortes-Cavanillas, 1 septiembre 1963-

n-Como uno de los fundadores de la Falange, jqué piensas de la Monarauía? ,-Te diré que un ~ u e b l o viejo, con historia, capaz aún de las mayores empresas, impregnado de una auténtica y renovada doctrina, no debe temer, sino al contrario, buscar su continuidad en régimen monárquico, que nunca podrá ser ya ni de absolutismo trasnochado, ni de liberalismo anacrónico)). Las dos declaraciones públicas de Sancho Dávila Fernández de Celis exigen puntualizaciones. Según consta documentalmente, si el mantenimiento del programa falangista equivalía a una postura demagógica, fue él quien la sostuvo de modo acérrimo, al pedir a sus pares, en los primeros meses de la guerra, que no hubiera desviación ni concesión programáticas de ninguna clase. Habló de la integridad absoluta de los 2 7 puntos. Por el contrario, Hedilla y la mayoría de los falangistas sostenían que en la zona nacional no podía aplicarse -n contra de lo que solicitaba Dávila- toda la programática de la Falange. Mientras Dávila sostenía públicamente que debía hacerse la revolución nacional-sindicalista simultáneamente al desarrollo de la guerra, trabajó por su cuenta para que se hiciera la unificación por decreto y la jefatura del partido único fuera asumida por el Generalísimo. Cerca de cuatro meses actuó -según sus ratificadas declaraciones- a espaldas de la Junta de Mando a la que pertenecía y de la inmensa mayoría de los falangistas. El mes de mayo de 1937 vivía el político tradicionalista conde de Rodezno, futuro ministro del nuevo régimen, quien no desmintió la aseveración de que había trabajado con Dávila en pro de la uoificación decretada. Señalemos, respetuosos con el rigor historiográfico, que en el seno de la Comunión hubo una tendencia mayoritaria desfavorable a la unificación impuesta por el poder constituido. Manuel Hedilla, empero, no celaba su pensamiento, ni lo enmascaraba. El día 6 de enero de 1937, Fermín Yzurdiaga, director del diario navarro Arriba España, publicó unas declaraciones del jefe de la Junta de Mando provisional. Hablaba éste,

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de que ala tendencia a la formación de una fuerza única es innegable. Creemos que esto se producirá al asimilar Falange Espai5ola -cuyo volumen y fuerza de expansión son superiores a cualquier otra- aquellos puntos del tradicionalismo que sean compatibles con las necesidades del momento. El problema ya se planteó en Italia, donde Mussolini hubo de recoger lo viable de una organización pareja, la llamada Idea NazioncJe, de honda raigambre tradicional, pero cuyo sentido abstracto y metafísico era incompatible con el realismo y el ritmo acelerado del momento. uEn el terreno religioso no tenemos nada que resolver, porque todo está resuelto. No hay problema religioso, porque en los que acuden a nuestras filas, su profundo sentido católico es quizá el factor más decisivo que les ha movido a engrosarlas. Falange Española acomete la magna obra de reconstrucción nacional, impregnándola de sentido católico, de profunda raigambre en nuestra patria y que constituye uno de sus mayores timbres de gloria. uEstriba el nervio de la cuestión en determinar qué entendem~s por.este sentido católico. A nuestro juicio, abarca dos puntos: uno doctrinal y otro práctico. El primero consiste en la sumisión al dogma y reconocimiento de la personalidad jurídica de la Iglesia con carácter de sociedad perfecta, cuyas potestades no las recibió del Estado, sino directamente de Jesucriito. »El segundo comprende lo que pudiéramos llamar la puesta en marcha de la doctrina. La recristianización de la sociedad según la norma evangélica, reivindicando el verdadero sentido del catolicismo y desenmascarando a los hipócritas fariseos que le desprestigian Y en ese sentido, jqué labor más ingente se nos ofrece en todos los aspectos de la vida nacional! »El sentido pagano en el culto a la patria y de subordinamiento a la raza, a la fuerza, etc., que se advierte en algunos movimientos extranjeros de tipo análogo, se sustituyen en el nuestro por una fuerte dosis de espiritualismo muy de acuerdo con nuestra tradición. Ésta es la mística del nuevo orden que forjamos.

»...Con los tradicionalistas, las relaciones son cordiales, y muchas de sus aspiraciones las encontrarán satisfechas en la Falange». Seguían, en enero de 1937 y continuaron en los meses sucesivos-, las relaciones directas entre el Generalísimo y el jefe de la Junta de Mando. El temario de sus conversaciones se refería, principalmente, a la guerra, al esfuerzo colectivo, y alguna vez a cuestiones políticas que ahora pueden relacionarse con la concentración de poderes. Manuel Hedilla testimonia que el 1 de enero de 1937, el Generahimo le preguntó:

«-¿Qué le parece, Hedilla, la Monarquia?
»Medí -manifiesta el preguntado- mis palabras. Yo opinaba que la cuestión de la Monarquia, en el curso de una guerra dura, y que se anunciaba larga, no era fundamental. »-Nadie se ocupa de Ia Monarquía en estos momentos, mi general -respondí. »-¿A usted le parece que sería interesante para España que se restableciera la Monarquia? »-Me parece que el pueblo no está preparado ni pendiente ahora de la Monarquia, y no se pronuncia en pro ni en contra. Por lo demás, no veo la viabilidad inmediata de una Restauración. »Sobre ésta habló también conmigo don Pedro Sainz Rodríguez, diputado a Cortes por Santander, a quien respondí en parecidos términos. »Me visitó, tiempo después, uno de los primeros compañeros de Mussolini,' el fascista italiano Farinacci, quien no sólo pedía mi opinión, sino que me aconsejaba que nos inclináramos a la restauración monárquica, con un príncipe de la Casa de Saboya. Sería la manera -argüíade consolidar un Eje Roma-Madrid-Berlín. Insistió hasta el punto de rogarme que hablase con Franco y le presionara en ese sentido. Me pareció todo ello absolutamente inadmisible)). Sobre el giro italianizante de una restauración, ha escrito

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quien fue el primer embajador de Italia cerca de Franco «La fisonomía de la Falange todavía no está bien definida, ya que engloba monárquicos y republicanos y éstos últimos, que al principio constituían la mayoría, después, por la afluencia de nuevos elementos, han perdido terreno, aunque todavía predominan. La Falange es un fascismo sin doctrina orgánica Hoy puede calcularse, grosso modo, que ha dado 100.000 hombres d Ejército nacional». Cantalupo escribía antes de la unificación. El mismo embajador aseguraba que el 10 de marzo de 1937 estaba a punto de realizarse la unificación. Se discutía el advenimiento de la Monarquía o la implantación de Ia Regencia por un trienio. Roma, a juzgar por las palabras del embajador, quería el mando político único de Franco. Mussolini aspiraba --corrobora Cantalup-, por dictados del rey Victor Manuel, a que la Monarquía estableciese u n régimen corporativo, a la italiana, y que el duque de Aosta ocupara el trono español. Roberto Farinacci actuó en España a espaldas del embajador, y recibió de Franco y de Hedilla un fin & non receuoir. Hedilla la ratificó en una conversación con Cantalupo. La restauración siguió interesando a los italianos hasta después de la guerra española, pero ya en sentido negativo, una vez fracasados los intentos de situar en el trono a un príncipe italiano. Mussolini, al presentar a su ministro de Asuntos Exteriores e hijo político, Ciano, a Franco, le escribía el 6 de julio de 1939 «Sobre dos cuestiones deseo anticiparos mi opinión:

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P ~ PConsidero sumamente peligroso para vuestro régimen, gloriosamente fundado a través de tantos sacrificios de sangre, el restablecimiento de la Monarquía. n2.O No esperéis nada de Francia y de Inglaterra; ambas son, por definición, enemigas irreconciliables de VUESTRA España D.
Roberto Cantalupo. Fu la Spagna: Ambasciatta presso Franco. Febraio-Aprile 1937. Verona. Mondadori, 1948. Passim. ** I doctunenti diptomatici itafimi. Vol. X I I . Roma 1952.

Por su parte, el conde Ciano, resumiendo sus conversaciones con el Generalísimo, escribió «Falange Española Tradicionalista y de las JONS es un partido que se halla todavía en el comienzo de su formación (sic) pero agrupa ya toda la fuerza juvenil, los elementos más activos y, masivamente, a las mujeres. La Falange es antimonárquica; desde el secretario del partido a los consejeros nacionales, todos los miembros influyentes que conmigo han conferenciado no han hecho sino mostrarse hostiles hacia la dinastía y hacia el mismo sistema monárquico, expresión en los últimos tiempos de una política de renunciamiento y decadencia». Ciano escribió en julio de 1939, dos años largos después de haberse dictado la unificación. El Partido 6nic0, formado también por los Requetés y por los alfonsinos de Renovación y de Acción españolas, y todavía regido desde la secretaría general por Raimundo Fernández Cuesta, tenía una mayona de antimonárquicos; no de republicanos. Es u n dato valioso para que el historiador pueda dictaminar, lo mismo que los críticos, acerca de los acontecimientos que se desarrollaron en Ia primavera de 1937. Logica, naturalmente, los Requetés no podían estar conformes y lo mismo sucedía con los a l f o n s i n o s con una dirección y una política antimonárquica. Luego, subsistía el divorcio, la separación abisal, entre losmiembros del partido único decretado; separación equivalente a esterilidad. Si el Generalísimo, en sus conversaciones con Hedilla, afrontaba temas como el de la Restauración, nunca aludió a la posible concentración de poderes. En una fecha indeterminada, quizá hacia fines de febrero de 1937, tras una larga entrevista le dijo a Hedilla, mientras se despedían: «¿Sabe usted una cosa, Hediia? Me he encargado una camisa azul n Tampoco se refirió el Generalísimo a 10s tenaces rumores sobre la constitución de un Gobierno, que iba a ser presidido por el general Mola. Una vez reconocida por varios gobiernos europeos e hispanoamericanos la autoridad constituida en la

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* L'Europa verso la catastrofe. Páginas 430-446

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zona nacional, parecía indispensable la formación de un gobierno, en el que se diera cabida a todas las organizaciones combatientes. Se trataba de una viva aspiración de millones de españoles de las dos zonas. Nos referimos a la zona roja, porque cada hecho político y militar de la nacional repercutia, sonora, hondamente, en los españoles que se consideraban cautivos en el territorio dominado por la República Popular. Moral y politicamente, desde la zona nacional se gobernaba a innumerables españoles que no estaban físicamente en ella. Otro tanto puede decirse de quienes anhelaban la victoria roja desde el territorio nacional. Serrano Suñer, en su libro ((Entre Hendaya y Gibraltaru escribe: algunos hablaban por aquellos días de constituir un gobierno militar, un gobierno dictatorial asistido de algunos técnicos o políticos civiles bajo la presidencia del general Mola. El proyecto, desde luego, no tomó cuerpo en el Cuartel General. Franco nunca habló de esto)). El general Mola se encontraba en Aviia. En el Cuartel General preparaba las operaciones del Ejército del Norte del que era jefe. Pilar Primo de Rivera, que había ampliado a servicios de guerra las tareas de la Sección Femenina, necesitaba contar con la aprobación de Mola y pidió a Hedilla. +e la acompañara en una visita a Avila. Accedió el jefe de la Junta de Mando, y ambos se entrevistaron con el general. Los acompañaba ~ e G p e Ximénes de Sandoval, @en por entonces, en virtud de autorización concedida por el Cuartel General del Generalísimo, dirigía el Servicio Exterior de la Falange. Mola se mostró favorablemente dispuesto a satisfacer las peticiones de la jefe de la Sección Femenina. Según testimonia Ximénez de Sandoval, se abrió una pausa, rota por Mola: i «-iB~eno, Hedilla, bueno! Estoy siempre entre m s planes de operaciones, como ustedes verán, y apenas sé lo que se chismorrea por ahí. ¿Qué se dice últimamente? r>-Pues... Que se va a formar un gobierno presidido por usted -respondió Hedilla.

u-Eso no es nuevo - d i j o Mola-. Hasta mis planos ha llegado ese rumor. uNueva pausa, Hedilla preguntó: *¿Y qué dice usted, general? u - Q u e lo puede usted desmentir, Hedilla. Yo soy - a ñ a dió con lentitud- el hombre más ambicioso de España. »Seguro de haber conseguido un previo efecto, Mola continuó: +Mi ambición consiste en no acometer más cosas que las que sé que puedo hacer bien. Quizá pueda dirigir con acierto la campaña del Norte. Al fin y al cabo, la guerra es mi oficio. Pero estoy absolutamente seguro de que, en las actuales circunstancias, fracasaría presidiendo u n gobierno. Puede usted asegurar, a quien le hable de esa posibilidad, que el general Mola no acude nunca a un fracaso indudable)). Hedilla sonrió, y el diálogo fue extinguiéndose. No se dilucidó si el rumor tenia algún fundamento. Mola, a pesar de sus manifestaciones, estuvo cauto, y Hedilla obsemó notable discreción. En la serie de conatos, tentativas, maniobras, que iban sucediéndose, el lanzamiento de la especie sobre un gobierno presidido por Mola pudo ser una incidencia más, destinada a tantear y a tentar al general, a la Falange y al Requeté. Debemos insistir en la premisa de que cuantos hostilizaban a la Falange y a su autonomía sabían mostrarse impasibles y afectaban tener nervios de acero. También entre los fdangistas había gentes que tenían esa glacial dureza. Pero el enemigo estaba dentro de la ciudadela

...

Entre los enemigos situados dentro de la ciudadela falangista figuraba el jefe territorial de Salamanca, Zamora y León, Rafael Garcerán Sánchez. Él mismo ha explicado su actitud y sus sentimientos, por medio de un testimonio que de sus labios hemos recogido con exactitud. <<Al llegar a la zona nacional - e l 8 de septiembre de 1936- me di cuenta de que los mandos de la Falange eran inferiores al desarrollo que ésta adquiría y a las responsabilidades de la guerra y de la política. Comprendí que lo que había sido

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apto para las primeras luchae y la clandestinidad, ya no lo era. Faltaban hombres. Era fácil dame cuenta de que se habían creado unos reino8 de taifas en Aragón, en Extremadura, en el
Sur...

~AgustínAznar me informó de que él había sido autor de la constitución de la Junta de Mando provisional, y de 4 designación de Manuel Hedilla para presidirla. Yo no sentía, ni la
siento, aversión hacia Hediila, puedo poner en duda su honradez personal. Ahora bien; este hombre no era ni orador, ni escritor, que yo creo son condiciones necesarias para un político, y más en aquellas circunstancias. ,Opiné que era inadecuado para el cargo que ocupaba. Miré alrededor, y tampoco vi a ningún hombre que pudiera ostentar el Mando supremo. Si se me permite una imagen diré que la Falange había pasado de sencilla avecilla a ser un majestuosa cóndor. Lo que había nutrido a la primitiva Falange no podía alimentar a la que se estaba desarrollando. nDespués de sacar de la zona roja a mi familia, con la excepción de mi padre, quise solucionar los problemas que se le venían encima a la Falange. Creí que ésta iba a desempeñar un papel segundón en la política de España y trabajé para que la Junta de Mando, en vez de contar con siete vocales, quedase reducida a un triunvirato, ya que ninguno de nosotros tenía autoridad ni facultadespara ser Jefe Nacional. »Estimé que Hedilla iba derechamente a ser proclamado Jefe Nacional, ya que se le estaba creando una aureola, una personalidad, por los escritores que estaban a su lado. Entonces, empecé a trabajar para la eliminación de Hedilla, a fin de que la Falange fuera por otros rumbos. Hallé camaradas que en general compartían mis opiniones, y así fue preparándose la destitución de Hedilla, contra el cual yo formularía un pliego de cargos. n L o que yo preparaba debió de transcender. »Pude haber maniobrado fácilmente en otros sentidos, porque no me faltaron proposiciones para que lo hiciera, pero siempre quise atenerme al espíritu de José Antonio. Pues yo, en realidad, serví a la Falange por José Antonio, aún dándome

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cuenta de la infantilidad manifiesta en algunos aspectos de la organización, antes de la guerra. nHoy procedería, en iguales circunstancias, como procedí entonces)). Si Garcerán no realizó ninguna labor positiva, en su mando territorial, en el selvicio a la guerra y a la política nacional sindicalista, fue obstinado en su menester de conspirador. No hay testimonio ni huella de cualquier trabajo suyo de otro tipo. Tenia facilidad de palabra, aunque su temática y su estilo resultaban anticuados ya en 1936, pero la reservó para el círculo, limitadísimo, de sus afines. De su pluma sólo ha salido un folleto, de reducido formato, que por cierto publicó un año después de la unificación, para atacar a l que se llamaría cchedilliso mon Cobraba un sueldo mensual y vivía cómodamente en una casa perteneciente a un rico salmantino. Gracias a la generosidad de Hedilla. Su secretario territorial, Nicolás Martín Alonso, tuvo que abandonarle por razones personales que le hacían insoportable la convivencia. Aguardó Garcerán la coyuntura propicia para actuar. Fracasó innumerables veces en su intento de hallar socios para la conspiración. Se le veía aislado, sin trato social con ningún falangista, y repitiendo, en cualquier ocasión, que Fernando Primo de Rivera le había traspasado el mando de la Falange por un recado verbal confiado a una persona de su familia. A pesar de su facundia, no logró asimilar correctamente el ideario, el estilo, ni siquiera los estatutos de la Falange.

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* Rafael Garcerán: Falange. Desde Febrero de 1936 al Gobierno Nacional. Mano 1938. 16 páginas. La alusión a Hedilla, ya condenado y preso en Las Palmas de Gran Canana, decía: aLos primeros militantes (sic) de Falange, agrupados bajo el mando del Jefe Nacional, estamos ligados por un fuerte vínculo de compenetración para con nues tro Caudillo, vínculo que s610 podrá ofrecer un cambio en las sucesivas jornadas: el de ser más fuerte, más tenso, más fervoroso, aún. »Quenadie, al socaire de una situación an6mala, transitoria y pasada, de un viejo camisa azul, piense aquí. ni más allá de las trincheras. aue eso puede ser motivo, no-ya de disidencias, sino ni siquiera de falíasde entusiasmos.

Llegó a delirantes e t e o .El jefe provincial de Falange xrms en Salamanca. manifiesta : u Al acordar la Junta & Mando trasladar su sede a Salamanca, provocó gran imtación y visible disgusto en Rafael Garcerán Sánchez, a quien se había nombrado iefe territorial. Cobraba mensualmente cantidades de las jefaturas de Salamanca, Zarnora, León... No recuerdo la cuanta. í.. ~Garcerán. asistido Dor Antonio Luna. saboteaba a Hedilla. Iba personalm&~te, ctando le placía, al cuartel General, aley gando que tenía asuntos de despacho. No puedo precisas si en toda ocasión vio a Serrano Suñer. o si despachaba con otras personas. Garcerán iba a l Cuartel General d&d&antes que llegara Serrano Suñer a la zona emancipada. ,Por Salamanca estaba muy extendido el rumor de que Garcerán, aprovechando la entrada de las fuenas nacionales en Madrid, intentaría proclamarse Jefe Nacional de la FalangeD. Las precisiones, rigurosamente objetivas, sobre las actividades y los rasgos de Garcerán -futuro empresario, después de la guerra y durante años de acabarets)) y restaurantes nocturnos en Madrid- antes de la unificación, deben alcanzar a sus viajes al extranjero. Había millares de falangistas que tenían a su familia, o a una gran parte de ella, en la zona roja. Resistieron, abnegadamente, la separación y la falta de noticias, pues la Cruz Roja fue muchas veces incapaz, y siempre se temían las filtraciones peligrosas o las imprudencias, para la comunicación. No se les ocurrió invocar su condición para obtener canjes, ni pudieron realizar gestiones personales en el extranjero. Para traspasar las fronteras era preciso un salvoconducto del Cuartel General del Generalísimo, prácticamente inaccesible para la inmensa mayoría. Rafael Garcerán nos ha testimoniado, con énfasis, que sacó de la zona roja incluso a la niñera de su hija, aunque su padre permaneció en una cárcel. Su hermano fue muerto, al parecer, en Madrid. Para conseguir su propósito, el jefe territorial

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h h numerosos viajes d extranjero. Disfmtaba de emolumenton de los que carecían jefes de la Milicia y el propio Hedilla.
Pudo obtener créditos por su condición de mando. Lográ con absoluta facilidad el salvoconducto de fronteras. Un día recibió Manuel Hedilla un informe confidencial, transmitido por los servicios del general Mola, en el que se consignaba cómo Garcerán, en Francia, tenía contacto con el enemigo. Quien sirviese a la República Popular, en su territorio o en el extranjero, era un enemigo; Mola, con su experiencia de 1930 en la Dirección General de Seguridad, era muy meticuloso y proclive a la información secreta. Objetivamente, esos contactos no eran idóneos por la parte de Garcerán, pero habia una razón humana, la familiar, que podía exculparlos, a condición de que no se diera prenda alguna ni información al adversario. Hedilla pudo plantear la cuestión sobre la base del informe que provenía de Mola. Pero el jefe de la Junta de Mando, que no fue nunca al extranjero, no rescató a su familia por medio de canje y no him gestión alguna cerca de la autoridad constituida, había sentido la angustia de la separación y del peligro sobre los suyos. Aludimos a esas incidencias, porque trascendieron, y en tomo a Garcerán originaron una atmósfera hecha de suspicacias y recelos, fomentada por personas ajenas a la Falange. También las mencionamos porque, en un futuro inmediato, las acusaciones de contactos con el' enemigo fueron atribuidas a colaboradores de Hedilla, que jamás habían franqueado los 1ímites temtoriales de la zona nacional. Por medio de una voltejace, lo que desde el otoño de 1936 se había denunciado contra Rafael Garcerán estuvo a punto de ser motivo de juicio sumarísimo contra Hedilla y los aludidos colaboradores del jefe de la Junta de Mando.

* Testimonio de Ramón Laporta Girón.

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LA PROVOCACIÓN DEL 2 DE FEBRERO DE 1937
Entre los discursos de José Antonio, el pronunciado para definir la actitud de la Falange ante las elecciones del 16 de febrero es una pieza que señala con precisión los objetivos y las tesis definitivas del Movimiento. Lo escucharon millares de auditores, en el cine Europa de la barriada de los Cuatro Caminos de Madrid y en el cine Padilla. En éste hablaron Rafael Sánchez Mazas, Raimundo Fernández Cuesta y Julio Ruiz de Alda, cuyos discursos fueron retransmitidos al Europa. José Antonio se trasladó al local de Cuatro Caminos -distrito proletario y d u r o - en el que habló, y sus conceptos también fueron retransmitidos al cine Padilla. Se trata de u n discurso de crítica de los programas electorales de las izquierdas y del bloque llamado nacional A la vez, José Antonio anunciaba la futura actitud de la Falange ante el escrutinio. Por toda suerte de consideraciones, se trata de un discurso histórico, pieza clave. «No somos -insistíade derecha ni de izquierda. Sabemos que una y otra postura son incompletas, insuficientes ...» El programa del Frente Popular, en lo social, «se mantiene en los términos del más cicatero conservatismo. Nada que se acerque a la nacionalización de la tierra, nada que se acerque a la nacionalización de la banca, nada que se acerque al control obrero, nada que sea avance en lo social^. En cambio, señalaba, el régimen autonómico votado por las Constituyentes sena restablecido en su plenitud. «.Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un puevo orden en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la historia; es la sustitución violenta de la religión por la irreligiosidad; la sustitución de la patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases, y no la agrupación de los hombres de todas las clases dentro de la pa* Obras completns. Páginas 129-144.

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tria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujección férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como en un hormiguero, sino que regula también, implacablemente, nuestro descanso. Es todo esto. Es la venida tempestuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada D. Especificaba la situación del Ejército, tras dos años de gobierno cedo-radical. «Ahí tenéis a nuestro Ejército, a nuestro magnífico Ejército que tiene que nutrirse, como siempre, de su tradición heroica; ahí tenéis a nuestros ejércitos, a nuestra Armada, a nuestra Aviación, sin cañones, sin torpedos, sin caretas contra gases asfixiantes; ahí los tenéis para que si un día (que Dios no mande sobre nosotros) tienen que hacer otra vez cara a una ocasión de guerra, nuestros soldados puedan dejar a sus hijos, como lo dejaron tantos españoles, la triste gloria de saber que sus padres dieron la vida heroicamente por defender a una patria representada por u n Estado que no les dio medio de defensa~. Y exclamaba: « iPolítica estéril la de este estéril y melancólico bienio! iPolítica estéril la de esos hombres que tuvieron en sus manos aquella magnífica ocasión del 6 de octubre! Y toda esta esterilidad en lo material y en lo espiritual, envuelta en u n clima moral insoportable, en un clima moral de que fueron beneficiarios los hombres de un viejo partido y del que fueron demasiado tolerantes encubridores los hombres de otro. En España hacía muchos años que no se manejaban los caudales públicos y privados con el sucio desembarazo con que se han manejado en estos tiempos.. » Refiriéndose a la propaganda del bloque, declaraba que eran «los carteles del miedo, los carteles de quien teme perder lo material, los carteles que no oponen a un sentido materialista de la existencia un sentido espiritual nacional y cristiano; los carteles que expresan la misma interpretación materialista del mundo, la interpretación esa que yo me he permitido llamar una vez el bolchevismo de los privilegiados. Para eso nos con-

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vocan; con la invocación de ese miedo, nos llaman y nos dicen: "Que se nos hunde España, que se nos hunde la civilización cristiana; venid a salvarla, echando unas papeletas en unas urnas. Y vosotros, electores de Madrid y de España, ¿vais a tolerar la broma de que cada dos años tengamos que acudir con una papeleta a salvar a España y a la civilización cristiana y occidental? ¿Es que España y la civilización occidental son cosas tan frágiles que necesiten, cada dos años, el parche sucio de la papeleta del sufragio?" »No hay más que una manera, profunda y sincera, de evitar que el comunismo llegue: tener el valor de desmontar el capitalismo, desmontarlo por aquellos mismos a quienes favorece, si es que de veras quieren evitar que la revolución comunista se lleve por delante los valores religiosos, espirituales y nacionales de la tradición. Si lo quieren, que nos ayuden a desmontar el capitalismo, a implantar el orden nuevo. n...Nosotros no queremos la revolución marxista, pero sabemos que España necesita la suya ¿Qué se creen que es la revolución, qué se creen que es el comunismo, estos que dicen que.acudamos todos a votar sus candidaturas para que el comunismo no pase? ¿Quién les ha dicho que la revolución se gana con candidaturas? »Aunque triunfaran en España todas las candidaturas socialistas, vosotros, padres españoles, a cuyas hijas van a decir que el pudor es un prejuicio burgués; vosotros, militares españoles, a quienes van a decir que la patria no existe, que vais a ver a vuestros soldados en indisciplina; vosotros, religiosos, católicos españoles, que vais a ver convertidas las iglesias en museos de los sin Dios; vosotros, todos, ¿acataríais el resultad'o electoral? Pues la Falange tampoco; la Falange no acataría el resultado electoral. Votad sin temor; no os asustéis de esos augurios. Si el resultado de los escrutinios es contrario, peligrosamente contrario a los eternos destinos de España, la Falange relegará con sus fuerzas las actas del escrutinio al último lugar del menosprecio. Si, después del escrutinio, triunfantes o vencidos, quieren otra vez los enemigos de España, los representantes de un sentido material que a España contradice, asaltar

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el poder, entonces otra vez la Falange, sin fanfarronadas, pero sin desmayo, estaría en su puesto como hace dos años, como hace un año, como ayer, como siempre^. Este discurso de José Antonio, por su vigor y claridad, era una nueva programática. Tenía patente actualidad el 2 de febrero de 1937. Cualquier lerdo podía acertar que la Falange, en plena guerra, lo exhwnaría públicamente. Y así ocurrió. Manuel Hedilla dispuso que los servicios de Prensa y Propaganda se encargaran de la reproducción íntegra del texto en los periódicos, de su transmisión por las radios y de su reparto en hojas. Lo mismo se había hecho con el discurso fundacional, en la fecha del 29 de octubre de 1936, y seguiría haciéndose con otras piezas esenciales de José Antonio hasta la unificación. Dirigía la Delegación de Prensa y Propaganda para el Estado u n levantino, Vicente Gay, quien había dedicado traducciones y glosas favorables al nazismo y al fascismo, y habitualmente escribía en el diario Informaciones con el seudónimo u Luis de Valencia D. Tenía variopinta historia política. Este Gay dirigió comunicaciones a los gobiernos civiles, advirtiendo que había ordenado prohibir la reproducción y transmisión por radio del discurso de José Antonio. La Delegación dependía, directamente, del Cuartel General del Generalísimo. Positivamente, la orden constituía una provocación a la Falange. Al bloque derrotado en las elecciones de 1936 le interesaba que no volvieran a escucharse, ni a leerse, las frases lapidarias del Jefe Nacional. El relato de lo ocurrido, verbigracia, en Burgos, es ilustrativo «No teníamos diario nuestro en Burgos, por lo que ordené hacer una tirada de 25.000 ejemplares del discurso de José Antonio, los cuales fueron distribuidos en la capital y en la provincia. nUn comandante de la Guardia Civil, encargado de la jefatura de policía, me llamó telefónicamente para convocarme a su despacho. Repliqué que entre nuestros despachos había la

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Testimonio de Jos6 Andino, jefe provincial de Burgos.

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misma distancia, y que podía presentarse en el mío. Siempre por el hilo telefónico, el comandante expuso que yo había desobedecido la orden del Delegado de Prensa y Propaganda, y me rogó que, para él culirirse, yo le entregara unos cuantos ejemplares del discurso, lo que le permitiría manifestar que había procedido a su recogida. Accedí. »Pero yo no me conformé con la impresión, y ordené que unos escuadristas, mandados por el delegado provincial de Prensa y Propaganda de Falange, ocuparan Radio Castilla y dieran lectura al discurso. Dispuse que no llevaran armas: irían provistos de cuerdas, para amarrar a los que opusieran resistencia en la radio. El discurso fue leído ante los micrófonos. y no hubo daños personales de ninguna clase. »Volvió a llamarme el jefe de policía, torné a negarme a acudir a su despacho, y entonces me requirió, cortésmente, el teniente coronel don Antonio Almagro, quien ocupaba el gobierno civil. »El señor Almagro pretendía que yo denunciara a los ocupantes de Radio Castilla. Al negarme, auguró para mí muchas contrariedades, e hizo pasar al despacho a u n comandante juridiw, quien me tomó declaración. Me hice responsable absoluto. »-iPero a usted no podemos empapelarle! - d e c í a el gobernador civil. nMe pidió el gobernador que le diera palabra de que me constituiría en arresto, en el cuartel de Caballería. A éste me encaminé y, en tanto, el delegado de Prensa de la Falange se presentó al comandante jurídico, declarándose entero responsable. Yo le desmentí. »En nuestro cuartel había falangistas gallegos, que iban al frente o gozaban de permiso, y algunos burgaleses. Aquellos, principalmente, proyectaron asaltar el cuartel de Caballería para libertarme. Apenas lo supe, ordené que se abstuvieran de cualquier movimiento que no estuviera ordenado por mi. mientras permanecí arrestado, fueron al cuartel de Falange fuerzas militares para recoger las armas allí existentes. Les fueron negadas, arguyendo que era necesaria una orden mía.

También se ordenó, por los militares, que determinadas escuadras fuesen enviadas a un frente, y asimismo se les contestó que era necesaria mi autorización. »El jefe de la División, general López Pinto, conversó conmigo varias veces, por teléfono, para que facilitara mi libertad. Le noté interesado en mi favor. Un día, ante mis reiteradas negativas a descargarme de mi responsabilidad, exclamó: »-Bueno ... Habrá que encontrar un pretexto para ponerle en libertad. »Supe que Manuel Hedilla, al enterarse de lo que ocurría, acudió al Cuartel General, reclamando mi plena libertad. El pretexto fue la toma de Málaga, ocurrida el 8 de febrero. Se me levantó el arresto y fue sobreseído el procedimiento iniciado». La maniobra provocadora tampoco surtió efectos, en ningún sentido, en otras provincias. No hubo un muerto, ni un herido, ni siquiera un contusionado. Vicente Gay estaba protegido por fuerzas armadas, que sin duda esperaban un ataque contra la Facultad de Ciencias salmantina, donde tenía sus oficinas la Delegación. También tenia escolta en su hospedaje e iba custodiado por la calle. Habría sido totalmente practicable asaltar el despacho, ocupar la emisora de Salamanca, tomar represalias duras contra Gay y sus instigadores y acólitos Pero habria corrido sangre, inevitablemente, lo cual parecía ser el frenético deseo de ciertas gentes.

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LAS RELACIONES CON EXTRANJEROS La guerra motivó afluencia de visitantes extranjeros a la zona nacional, menor, empero, que la registrada en el territorio de la República Popular. Había, entre aquellos observadores, periodistas, diplomáticos, representantes de partidos, no sólo de Alemania, Italia y Portugal, sino de otros paises La Falange y el Requeté constituían sendos centros de la curiosidad y del interés de los extranjeros. Hedilla, quien a veces era materialmente asediado por los visitantes, testimonia: ((Tuve relaciones naturales con los embajadores de Alemania y de Italia y con personalidades de los dos países. Roberto Farinacci me invitó a visitar Italia y me aportó saludos de Mussolini. Hitler me dedicó un ejemplar de una edi" ción fastuosa, limitada a cien ejemplares, de su «Mein-KampfD. En cualquier instante, y con cualquier extranjero, mantuve las distancias, correctamente, y sin ocultar, por otra parte, mi simpatía hacia los que con nosotros cooperaban a la guerra. Pero nunca acepté indicaciones, sugestiones, normas de ningún extranjero. »A Johannes Bernhardt, director de la Hisma, le reproché varias veces, y con dureza, la rapacidad que mostraba para obtener productos españoles, desde el aceite hasta los minerales. Creo que uegué a llamarle farsante, pues con teatralidad hablaba de amor a España, mientras era incansable en saquearla. ~Bernhardt respondía: me

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»-España tiene que pagar, tiene que ir pagando...)) La Hisma era el reverso de la medalla de la solidaridad. En su origen se encuentra a dos comerciantes alemanes que vivían en Marruecos. Eran Johannes Bernhardt. ex comerciante en azúcar de Hamburgo, donde al parecer había tenido dificultades financieras, 9 que dirigía en el Protectorado español la división de la Auslandorganisation en los asuntos económicos, y vivía en Tetuán; el otro era Adolf Langenk;ein, jefe nazi en Tetuán. El primero hacia ventas de cocinas al ejército. El 22 de iulio de 1936. el nuevo Alto Comisario de E s ~ a ña en Marruecos, teniente coronel~Juan Beigbeder Atiewa, por orden de Franco, hizo un pedido al general Kuhlenthal, agregado a la Embajada alemana en París. Se trataba de obtener diez aviones de transporte, de la máxima capacidad, para establecer un puente aéreo entre Africa y la Península. El capitán de aviación Francisco Arranz, y los- dos alemanes citados, salieron dicho día 22 de julio de Las Palmas, en un avión de la Lufthansa, rumbo a Berlín. Llevaban una carta para Hitler, a quien vieron en Bayreuth. Hitler, al conceder un apoyo inicial al Alzamiento, dispuso que se formaran dos compañías: la Hisma, sigla de ((Compañía Hispano Marroquí de Transportes)) y la Rowak, de Rohstafje und Waren Einshujgeselleschaft. Ésta recibió un crédito de tres millones de marcos para comprar armas, que la Hisma transportaba en buques mercantes protegidos por unidades de guerra. Oficialmente, esas sociedades fueron legalizadas en Alemania el 16 de octubre de 1936. Los alemanes importaron cobre de Riotinto; los productos de otras minas de Andalucía y del Protectorado de Marruecos; producciones canarias? mallorquinas, extremeñas, salmantinas. gallegas, castellanas En una estadística aparece que el año, 1937, Alemania importó 1.620.000 toneladas de hierro, 965.000 toneladas de piritas, y 2.000 de otros minerales y productos del campo, lentejas, alubias, garbanzos, aceite. Bernhardt cargaba con todo. El promedio mensual de importaciones, entonces, era de diez millones de marcos.

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Los alemanes habían preparado el llamado «Proyecto Montaña» que significaba el control sobre 3 minas, especialmente las del nortede España. Esta pretensión dio lugar enconadas ". discusiones con el régimen de Franco, pero en fecha posterior a la unificación. Hedilla tenía, pues, razón sobrada al censurar la actitud de las compañías alemanas. Los italianos hicieron un despliegue aparatoso de enviados a la zona nacional, con cargos diversos, principalmente de Prensa y Propaganda. Ya estaba en la zona nacional el director en Madrid de la Agencia oficial de noticias Stefani, Cesare A. Gullino, perspicaz, habituado a España y muy activo. Salvo Gullino, la inmensa mayoría de los fascistas no lograron tener relaciones constantes con la Falange y con el jefe de la Junta de Mando. Eran, en general, presuntuosos. Existían, entre ellos, rivalidades, enconos y antipatías que no auguraban nada bueno para el partido fascista en punto a coherencia y disciplina. Se vigilaban y denunciaban entre sí. El número de relevos en las distintas oficinas italianas -a comenzar por la misma Embajada, donde Cantalupo apenas duró tres meses- fue incontable. Los alemanes nazis tenían disciplina dura, pero desde el principio se mostraron torpes al relacionarse con Hedilla y otros falangistas. Sus jefes eran Kohn, cónsul general, de las S.S., y Hans Kroeger, que representaba al ministro de Propa«Era éste ganda. Serrano Suñer describe así a Kroeger -mala persona- un pequeño hombrecito cabezudo y rojizo, que alternaba el pardo y revolucionario uniforme de las S.A. con un mess jacket gris, que usaron en otro tiempo en Alemania los oficiales de la Guardia Imperial, pero que a é l no le daba otro aspecto que el de botones de hotel. Acaso también el carácter demasiado comercial de la ayuda alemana, se debió a la influencia de esta clase de Dersonas)). Kroeger, sin embargo, no apareció jamás en la Junta de

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Entre Hendaya y Gibraltar. Pág. 50.

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Mando, ni en el domicilio de Hediila, con uniforme de las

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Estos alemanes, que vivían en el ambiente denso de Salamanca, aunque viajaban por todo el territorio nacional, sezitianse fuertes creyendo que el tono dominante en la organización falangista era la gerrnanofilia, exacerbada. Juzgaban a través de unas docenas de militantes. muchos de éstos notorios.- que en verdad eran prb-nazis, aun declarando ser católica. Kroeger permaneció en España hasta el mes de junio de 1939, fecha en la que fue destituido, no sin un forcejeo revelado por los documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Propaganda del 111 Reich Tenía decididos pmtectores. Creyó Hans Kroeger que le era fácil sugestionar y dirigir a Manuel Hedilla, y éste, antes de que llegara la unificación, le arrojó materialmente del modesto piso salmantino en que el jefe de la Junta de Mando residía. Tanto los italianos como los alemanes ofmían abundante material de propaganda anticornunista a la Falange. Por evidente torpeza, buena parte de los libros, folletos, revistas y películas brindados, comportaban una propaganda política que, en el caso alemán, se centraba en lo racista y antijudío. Hedilla fue advertido por camaradas suyos de los-riesgos de esa propaganda heterodoxa que, además, estaba al servicio de una política extranjera. Apenas lo supo, ordenó que falangistas de su confianza fiscalkran aquel material, especialmente las películas. Este celo por cumplir con la ortodoxia perduró durante todo el período de mando de Manuel Hedilla. No pudieron, los alemanes y los italianos, convertir a la Falange en una cabeza de puente política, en los meses de su plena autonomía. Sin embargo, el secretario particular de Hedilla, J. A. Serrallach Juliá, jonsista catalán educado en Alemania, era, entonces, un convencido. Si algún conato de influencia ejerció sobre el jefe de la Junta de Mando, lo hizo, en opinión de cuantos conocen a Serrallach, con £ h e

desinterés. Alguna vez, el jonsista que había dado pruebas de lealtad combatiendo en el frente de Burgos, rayó en lo ingenuo, al atiborrar a Hedilla, por su cuenta, de libros en alemán que ni siquiera miraba. INTERCAMBIO DE OPINIONES ENTRE LA FALANGE Y EL TRADICIONALISMO

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Les archives secretes de la Wilhelmtrasse. Págs. 769-771.

H b intercambio de opiniones entre la Falange y la Couo munión Tradicionalista dos meses antes de la unificación. En lenguaje diplomático podría decirse que se trató de un cambia de notas verbales, aunque en su curso hubo un acuerdo tácito. Nos encontramos ante un suceso que probablemente influyó sobre la decisión unificadora. Se coligaron numerosos móviles para determinar aquel intercambio, en el que participó, de modo activo, el jefe delegado de la Comunión, Fa1 Conde, exilado en Lisboa desde diciembre de 1936, como ya se ha dicho. Algunos historiadores extranjeros, de éstos, Stanley G. Payne, se refiere,n al suceso sin profundizar en sus orígenes y desarrolla. Dan una referencia esquemática, de tipo periodístico. El intercambio tuvo mayor calado, y repercusiones considerables. Dos enviados oficiosos pertenecientes a la Falange, y una tercera pe&na que se unió ellos. sin haber recibido tal misión oficiosa de @en podía conferirla, acudieron a Lisboa; los dos enviados pertenecían a la categoría de los neofalangistas. Eran Pedro Gamero del Castillo y José Luis Escario. Conviene repetir aquí una frase de Hedilla, estampada en otro lugar de este TESTIMONIO: «Yo no distingo entre camisas nuevas y viejas; para mí 'no hay más que camisas limpias y camisas sucias)). Gamero y Escario deben ser, por tanto, estimados en su condición de falangistas a los que obligaba un juramento y una disciplina, y su condición de afiliados recientes es consignada para cumplir con un deber informativo de tipo histórico. La iniciativa del viaje a Lisboa corresponde a los dos enviados oficiosos. Pedro Gamero del Castillo testimonia: «La unión de la Falange y de la Comunión Tradicionalista era un tema

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que estaba en el ambiente; en algunos ambientes, por lo menos. Unión espontánea u obligada. Al llegar Sancho Dávila a la zona nacional en el otoño de 1936, él y yo habíamos hablado, y seguíamos haciéndolo en 1937, de aquella unión, que a nuestro juicio podía desembocar en la instauración de la Monarquía. nEn Sevilla, donde actuábamos DáviIa y yo, era corriente escuchar alusiones a la unión de las dos fuerzas y solía añadirse: «Lo que Sevilla quiere, en Salamanca no podrán quererlo nunca » »De ese futuro había yo hablado, por ejemplo, con los tradicionalistas José María Oriol y José María Arauz de Robles)). José Luis Escario, por su parte, declara: «En conversaciones privadas sostenidas con personas sumadas al Movimiento Nacional, entre ellas Antonio Iturmendi y Mariano PuigdoIlers, y en el curso de mi trato con Pedro Gamerb, hablamos de la unión del falangismo con el tradicionalismo. Pensábamos que una fuerza compacta y homogénea, al servicio de la patria, sería muy valiosa. Entendíamos que cuanto se hiciera en tal sentido resultaría una digna empresa patriótica. había que conocer cuál era la actitud del mando de la Comunión, cuyo Jefe Delegado residía por entonces en Lisboa)). Gamero y Escario decidieron ---según testimonian- pedir autorización a Manuel Hedilla para trasladarse a la capital portuguesa. «Estuvimos forcejeando con él algún tiempo)), señala Escario. Hedilla confirma la solicitud de permiso. «Les advertí que no se llegaría a ningún resultado positivo; pero dadas las afirmaciones que ambos falangistas hacían sobre el ambiente favorable existente en la Comunión, los autoricé para que realizaran aquel contacto de tipo informativo». El permiso fue otorgado el 14 de febrero de 1937. «Emprendimos el viaje -testimonia Escarien mi coche, y vestidos de paisano. Pedro Gamero decidió avisar a Sancho Dávila para que nos acompañara, por su calidad de miembro de la Junta de Mando y jefe territorial de Andalucía)). Hedilla manifiesta: «Sólo autoricé a los dos y no supe, ni

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he sabido durante largos años, hasta la publicación del libro de Payne, que se les uniera Sancho Dávilaa. Éste aguardó a sus amigos en Mérida, adonde había llegado con su habitual y nutrida escolta. Los custodios del jefe territorial de Andalucía quedaron en la ciudad extremeña, esperando el regreso de Dávila. Los tres falangistas se hospedaron en el lisboeta Hotel Avenida, donde habitaba Fa1 Conde. Las conversaciones o intercambios de puntos de vista comenzaron el 16 de febrero. Los tradicionalistas acababan de celebrar una importante reunión en el palacio de los Alburquerque, del pueblo lusitano de Insúa. Presidió el príncipe don Javier, nombrado Regente por don Alfonso Carlos con fecha 23 de enero de 1936. La Asamblea había acordado que la instauración de la Regencia en España precediese a la instauración de u n Rey. Los tradicionalistas ratificaron, pues, que su anhelo al secundar el Alzamiento era la instauración de la Monarquía legítima. También la Falange ratificaba públicamente que su objetivo era consumar la Revolución nacional-sindicalisa. Según el testimonio de Manuel Fa1 Conde, los tres falangistas sostuvieron diálogos previos con Arauz de Robles y el conde de Rodezno: ((En conversaciones posteriores, intervino, conmigo, José María Valiente. Éste, diputado por Granada, era mi sustituto oficioso en la zona nacional, desde que empezó mi destierro, y la Secretaría de la Comunión la desempeñaba José María Lamamie de Clairacn. El testimonio que nos hail deparado Gamero y Escario está concorde en que ambos aceptaron, desde el principio del intercambio de puntos de vista, que la desembocadura del problema político de España sería la Monarquía: «Si los tradicionalistas --declara Gamero del Castillaceptaban el ideario de la Falange, era lógico que ésta aceptara el régimen monárquico)). Las bases propuestas por los enviados oficiosos falangistas fueron presentadas por escrito, lo mismo que las tradicionalistas. De todos los documentos que a continuación reproducimos existen testimonios en el archivo carlista de Sevilla, y en poder

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de Gamero y Escario. Hemos confrontado los respectivos ejemplares y están concordes. Bases de los enviados oficiosos:
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uI. La Comunión Tradicionalista ingresa en Falange Española de las JONS. DII. Falange declara su intención de instaurar. en mo" mento oportuno, la nueva Monarquía de España, como garantía, de la continuidad del Estado nacional-sindicalista y base de su Imperio. nfi1. La nueva Monarquía, como resultante que será del Alzamiento Nacional. entroncará directamente con los Reves Imperiales de la Monarquía tradicional española, rompiendo todo vínculo con la Monarquía liberal que, como dijo José Antonio, había terminado su misión La nueva dinastía llevará nombre español. nIV. Falange Española se constituye en custodia de que la organización de las instituciones políticas y de la Corte, así como la educación del príncipe, respondan exactamente a las características indicadas. »V. El actual Regente de la Comunión Tradicionalista delega en el Mando de la Falange, de manera definitiva, todas sus atribuciones, títulos y pretensiones. No obstante, el Mando de

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la Falange contará con el para la designación de la persona que haya de ocupar el trono. sVI. El Mando de la Falange determinará si conviene o no que previamente se establezca la institución monárquica por medio de una Regencia. DVII. El Único uniforme es el de la Falange. No obstante, mientras dure la guerra y seis meses después, podrán usar el uniforme propio con el emblema del yugo y las flechas. Al lado derecho podrán usar el aspa de Borgoña. Terminada la guerra, dichos uniformes sólo podrán ser usados por los que hubieran sido miembros efectivos, durante un trimestre, de las unidades combatientes del Requeté, y en las ocasiones que el Mando designen. .Bases de los tradicionalistas:

Las palabras medidas, muy meditadas de José Antonio, son -19 mayo 1935- radicalmente distintas. aEn Felipe 111, el rey ya no mandaba ... Cuando llega Carlos IV, la monarquía ya no es mas que un simulacro sin sustancia... ¿Cayó la Monarquia española, la antigua, la glo riosa Monarquía espafiola, porque había concluido su ciclo, porque había terminado su misión, o ha sido arrojada la Monarquía española ... cuando aún conservaba su feandidad para el futuro? Nosotros entendemos, sin sombra de irreverencia, sin sombra de rencor, sin sombra de antipatía, muchos, incluso con mil motivos sentimentales de afecto; nosotros entendemos que la Monarquia española cumplió el ciclo, se quedó sin sustancia, y se desprendió como cascara muerta, el 14 de abril de 1931. Nosotros hacemos constar su caída con toda la emoción que merece y tenemos sumo respeto para los partidos monárquicos que creyéndola aún con capacidad de futuro, lanzan a las gentes a su reconquista; pero nosotros, aunque nos pese, aunque se alcen dentro de algunos reservas sentimentales, o nostalgias respetables, no podemos lanzar el ímpetu fresco de la juventud que nos sigue, para el recobro de una institución que reputamos gloriosamente fenecida.~

NI.-Unión sin incorporación del uno al otro, y nombre nuevo, bien mixto de los dos, bien distinto, pudiéndose recordar en este caso los dos como subtitulo. nII. Declaración del Ideario, bien por la aceptación del tradicionalista, bien por la especificación del mismo, en cuyo caso pueden emplearse en algunos de sus puntos textos de Falange y de autores tradicionalistas. DIII. Exclusión de elementos altamente perjudiciales y selección del personal directivo. aIV. Declaración del principio monárquico como régimen del organismo. nV. Declaración del régimen monárquico tradicional español como medio de reconstitución nacional y de rápida instauración. »VI. Aceptación de la Regencia, como autoridad suprema del organismo, en la persona de don Javier de Borbón Parma. nVII. C~mpromiso instaurarla en España, siempre que de sea necesaria para la restauración monárquica y, desde luego, aceptación de su intervención esencial para resolver, con Cortes de auténtica representación nacional, la cuestión dinástica o la instauración de una nueva dinastía. DVIII. Declaración de principios por el Regente y com-

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promiso por el mismo de observancia de aquellos puntos programáticos que a Falange interesen dentro del Ideario, y de conservación de signos o modos de su estilo. »IX. Delegación habitual de sus facultades en un iefe " propuesto en el pacto, de común acuerdo, y no lográndose el acuerdo, delegación en tres: uno de Cultura, otro de Política y otro de Milicias., cuya delimitación de funciones se establecerá y cuyas discrepancias serán resueltas por el Regente. nX. Compromiso del Regente de no revocar su delegación sin gravescausas y sin audiencia del Consejo. nXI. Consejo consultivo del Regente y del Delegado o de los Delegados. nXII. La Unión durará el tiempo que se tarde en llegar a una restauración nacional sobre base monárquica y orgánica, . pues entonces serán los órganos autorizados d e la nación los instrumentos de gobierno. »(Nota privada. Esta nota se ha dado como transacción final y ante el absurdo que representa para la Comunión la pretensión de Falange de nuestra incorporación. 1 de febrero de 1937))).

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presión posterior de esos partidos, aunque colaborasen con el m e n t o . una de mis propuestas ante los falangistas consistió en que, puesto que no habíamos tenido nunca fricción por causas militares con la Falange, nos manifestáramos, ante el Ejército, acordes en la Milicia voluntaria; mantener nuestra propaganda y nuestros diarios con independencia, y cuando acabara la guerra, veríamos lo que debía hacerse, con sentimientos de hermandad. , a unión, de haberse hecho, habría cesado cuando el país L hubiera restañado sus heridas. Una vez instaurada la Monarquía tradicional, la Comunión Tradicionalista tenía inexorablemente que desaparecer para que gobernasen los órganos autorizados de la nación. Creo que de haberse concertado la Falange y el Requeté, la historia de España habría que'escribirla de otra manera D.
Los enviados .oficiosos falangistas chocaron con la irreductibilidad de Fa1 Conde en el punto de la Regencia. Pues ellos, sin mandato alguno, ni oficial ni oficioso, sostenían de motu propio la candidatura de don Juan de Borbón y Battenberg para el trono de España. Lo han testimoniado, claramente, Pedro Gamero del castillo y José Luis Escario, a quienes acompañaba, investido con una facultad negociadora que é l mismo se apropió, Sancho Dávila. Vivía Alfonso XIII: no había abdicado. Empero, los falangista's que fueron a Lisboa postulaban a don Juan. Por tal arte, venían a ser colaboradores de una tendencia de numerosos monárquicos de la rama isabelina, manifestada antes de la guerra, en pro de la abdicación de don Alfonso, a fin de convencer a'los t~dicionalistaspara que aportaran su concurso a la restauración. Alfonso XIII repulsó severamente, ya en 1935, a tal especie de monárquicos. Parece que Dávila, Gamero y Escario reproducían la maniobra intentada por aquellos monárquicos. Ésta es una hipótesis legítima. Si no hubieran tenido un interés privado de cualquier índole y origen en servir la candidatura de don Juan,

La actitud de los tradicionalistas favorables a la unión, y el Último punto de las bases, augurando su final para cuando se alcanzase la restauración nacional, es decir, la superación de los daños infligidos por la guerra, necesitan aclaraciones. El testimonio de don Manuel Fa1 Conde, en 1963, las depara: «Dije en 1937 que la Falange y el Requeté eran sustancialmente inasociables. Tenían ideas diferentes; no contrarias. Mi concepto de la libertad orgánica, según la estructura de la sociedad, salió a relucir, Falange basaba la libertad en la autoridad. manifesté que los dos éramos partidos de integridad con una estructura orgánica perfecta. Si a cualquiera le quitaban una de las piezas, ya no sería perfecta la estructura. nAl general Mola le informé, a su tiempo, que nosotros no admitíamos el partido único como instrumento de gobierno. Fra preciso sanar al país de los efectos patológicos de los partidos políticos, y con el mismo Mola, habíamos acordado la su-

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no habrían chocado con el muro recio de la voluntad de Fa1 Conde. Y en la línea de esa hipótesis, es lícito presumir que con sus conversaciones intentaban poner a la Falange y a la Comunión al servicio de don Juan de Borbón. ¿Por sí solos? Sabemos -y los hechos posteriores lo corroboran- que tenían simpatizantes y quizá adictos en la Falange y en la Comunión. Hoy son ostensiblemente partidarios de don Juan. tradicionalistas y falangistas que en 1937 se hallaban atenidos a la disciplina y al ideario de sus respectivas organizaciones. Por otra parte, en Lisboa empezó a dibujarse la posibilidad de un triunvirato, la cual se mostró con rasgo duro luego en í. Salamanca. El antecedente no es balad.. En las conversaciones celebradas en Lisboa, hubo un acuerdo privado --que no podía tener validez alguna, mientras el jefe de la Junta de Mando o la Junta por mayoría no lo ratificasen- que decía así: «La Comunión Tradicionalista y Falange Española de las JONS acuerdan: ul." No admitir intervención alguna de tercero en las relaciones entre ambas fuerzas. ~ 2 . " Oponerse a la constitución de cualquier GOBIERNO CIVIL que no esté formado exclusivamente por representantes de ambos movimientos. 3." Ninguna de las dos fuerzas realizará alianzas o inteligencias con otras agrupaciones políticas. u4." Este acuerdo subsistirá en tanto dure el diálogo entre ambos movimientos para lograr la unidad. Lisboa, 17 de febrero de 1 9 3 7 ~ . Habían fracasado las conversaciones para allanar el camino de la inteligencia entre las organizaciones. Pero, según testimonia Escario, «al irnos Gamero y yo a nuestra habitación, acudieron a ésta varios tradicionalistas, lamentando el final, y aconsejándonos que no estimáramos definitivas las palabras de Fal Conde. Nos animaban a proseguir)). Resulta escasamente inteligible que se pusiera en duda la autoridad de Fa1 Conde por los suyos. Pero está comprobado que un núcleo de tradicionalistas estaba disconforme con el

Jefe Delegado. Melchor Ferrer, en sus Observaciones de un +jo carlista, página 26, manifiesta: uEn la Asamblea de Insúa, de febrero de 1937 - e s t o es, días antes de las conversaciones de Lisboa-, se habló de que en Salamanca, en aquel entonces, se descontaba la destitución del cargo de Jefe Delegado que ostentaba el señor Fal Conde y el nombramiento del conde de Rodezno en su lugar. En cualquier Asamblea o reunión o Junta que se haya celebrado desde 1936 hasta acá, siempre se ha pensado en un lugar destacado para el señor conde de Rodezno, pero todas estas juntas, reuniones o asambleas, siempre eran de carácter más o menos indisciplinado.., En 1935, los elementos que p e n a n entregamos a Calvo Sotelo bajo la etiqueta de Bloque Nacional intentan derribar al señor Fal Conde, por saberlo opuesto a dicho conglomerado. ¿De quién se habla para nuevo Jefe Delegado? Del conde de Rodezno. Personalmente a mí me lo dijo, en diciembre de 1935, un destacado elemento de Renovación española)). Esta aseveración de Melchor Ferrer Dalmau, prodigioso ejemplo de fidelidad, de austeridad y de valentía, sugiere, por modo natural, una hipótesis. ¿Sabían, Escario, Gamero y Dávila que había una conjura contra Fa1 Conde, hombre de una pieza, al que se pretendía reemplazar con persona dúctil, muy politizada y avenida con la designación de don Juan de Borbón para rey? La coincidencia entre las fechas del viaje de los falangistas y de la celebración de la asamblea de Insúa es, por lo menos, muy curiosa. Los enviados oficiosos, al regresar a Salamanca, prosiguieron, según les habían aconsejado ciertos tradicionalistas, sus trabajos y diálogos. Pero en la nueva serie de conversaciones había dos personajes nuevos: José María Pemán, monárquico de la rama isabelina, y el falangista jerezano, delegado en su ciudad de Prensa y Propaganda, Julián Pemartín. Éste fue amigo personal de José Antonio, y pertenecía a una familia significadamente alfonsina, en la que hubo colaboradores destacados de la Unión Patriótica. El principal personaje tradicionalista con el que trataron en Salamanca fue el conde de Rodezno.

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En el nuevo turno, Gamero del Castillo expuso, por escrito, una vasta teoría sobre la unión. «¿Qué aporta la Comunión Tradicionalista a la edificación del nuevo Estado? Esencialmente, una cosa, en la que desde luego, va implícitamente una política: la Monarquía católica tradicional de España. »¿Qué aporta la Falange? Quizá, más que nada, la capacidad de incorporar la gran masa a la comprensión y al sostenimiento de los valores espirituales que han de ser base del nuevo Estado, y que, por tanto, entroncarán a éste con la Tradición. Piénsese que esta función de la Falange en el huevo Estado es esencial En definitiva, simplificando hasta lo exageradb la cuestión, podría decirse que el Tradicionalismo representa predominantemente la doctrina y la Falange predominantemente, el proselitismo nEsta alianza del proselitismo y el sentido actual de Falange Española con la Tradición parece realizar a fondo la unión verdadera. Una unión auténtica, que en realidad, mal podría ser llamada ingreso del Tradiciopalismo en Falange. Los tradicionalistas no se suman individualmente a la FALANGE DE HOY. Sino que la Comunión se incorpora a UNA FALANGE QUE PRECISAMENTE COMO RESULTADO DE TAL INCORPORACIÓN EXPERIMENTA UNA TRANSFORMACIÓN SUSTANCIAL, aunque desde luego, en la línea de su actual modo de ser». Y aquí surge, imperativa, drástica, la sugerencia de un radical cambio en el mando de la Falange: «Por otra parte, el gobierno de la Falange estaría encomendado a UN TRIUNVIRATO, en la designación de cuyos miembros habría de tener influencia suficiente el Regente de la Comunión Tradicionalista, para garantizar que su conducta habría de ser seguramente fiel a los principios que inspiran la fusión)). No se ocultaba, tanto a los falangistas reunidos como a Rodezno, que la unión sólo era un paso para instaurar la monarquía. En la exposición redactada por Gamero tras deliberación con los suyos, se decía que podría elegirse entre tres soluciones: « a ) El Triunvirato tendría la plenitud de la autoridad

...

...

delegada por el Regente, con el cual, no obstante, se contaría para designar a la persona que habría de ocupar el Trono. nb) Franco, Regente. rc) Don Juan, futuro rey, una vez resuelta por el Tradicionalismo, de acuerdo con su Regente, la cuestión dinástica, asumirá monárquicamente y desde ahora mismo la jerarquía de Falange, hasta tanto viniese al trono de España. Y añadíase: «Así como al iastaurarse la Monarquía el Tradicionalismo había contado siempre con disolverse y actuar a través de los órganos naturales de la nación, así ahora también el Tradicionalismo asegurana su perduración al fundirse con todas las garantías EN EL MOVIMIENTO TOTALITARIO, que por coyuntura histórica va a ser el soporte del nuevo Estado, y después, con arreglo al constituci&lismo hoy en vigor, ha de ser Órgano del nuevo Estado para la integración nacional. »Se trata, simplemente, de la conducta lógica que impone el hecho feliz de haber desaparecido el régimen de partidos. »En resumen, la Comunión Tradicionalista, con su incorporación a Falange, asegura: »l." La iñstaur&ión sobre base nacional y entusiasta, a tono con el estilo del tiempo, de una Monarquía católica y tradicional. España habrá así dado al mundo, en la hora presente, una forma original de Estado nuevo. Habrá incorporado el pueblo a la Monarquía y a la Tradición. »Por lo demás, una instauración de este tipo no podría concebirla el Tradicionalismo sin su incorporación a la Falange. n2." La segura implantación de todos los valores políticos de la Tradición española: sentido católico de la vida nacional, Imperio, personalidad de las regiones, etc. »3*." Plena garantía de que el Mando de la Falange respondería con fidelidad al principio monárquico y a las bases de unión. ~ 4 . ' Conservación generosa de símbolos y recuerdos. ,. Eliminación definitiva de los restos de la vieja políS" tica, asegurando la implantación de una justicia cristiana a base del Nacional Sindicalismo ».

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Les conversaciones en Salamanca terminaron, el 23 de febrero. con una carta del conde de Rodezno en la que se dejaba &e& el camino para concordancias parciales. «Yo no fui informado t e s t i m o n i a Manuel Hedilla- sino de la esterilidad de los sondeos realizados en Lisboa para conocer la opinión de las autoridades tradicionalistas. Las notas y cualquier clase de textos que pudieron ser formulados, las he desconocido siempre, a excepción del a s u n t o privadou relativo al
acuerdo temporal mientras duraran los diálogos. Nadie, sino la misma Falange a través de sus más sólidas y amplias representaciones org&icas, podía contraer compromisos acerca de la instauración monárquica y de las restantes y esenciales cuestion s de que se habló en las conversaciones de Lisboa y de Sae lamanca. »La deficiencia de la información que me fue suministrada, alcanzó como ya he dicho a omitir la asistencia de Sancho Dávila a Lisboa, y se me ocultó la posterior intervención de José Mana Pemán y de Julián Bemartínu. LLEGADA A SAJAMANCA DE RAMÓN SERRANO SUif'ER El 20 de febrero de 1937 Ramón Serrano Suñer entró en la zona nacional. Horas después llegó a Salamanca. Contaba entonces treinta y cinco años. Pertenecía al cuerpo de abogados del Estado y había sido diputado a Cortes en las elecciones de 1933 y 1936, en candidaturas de la CEDA. Su esposa es hermana de la del Generalísimo. Había tenido invariable y profunda amistad con su condiscípulo, José Antoiiio Primo de Rivera. Asistió a las aulas de la Universidad Central, de la de Roma y estuvo en el Colegio español de Bolonia. Por razón,del destino de su padre, ingeniero, nació en Levante, pero él se consideraba aragonés. Sus dos hermanos, José y Fernando, habían sido asesinados en Madrid. Él estuvo preso en la Modelo madrileña. «Gracias a la ayuda del humanitario doctor Marañón consiguió ser tras-

hdado desde la cárcel a un sanatorio antituberculoso del que no le resultó difícil evadirse)) El protagonista puntualiza que sus hermanos consiguieron, a través de «mil afanes, gestiones, amistades y circunstancias ocasionales)) trasladarle a una clínica, de la que se fugó, encontrando refugio en la Legación de Holanda. El conde de Mayalde, también diputado cedista, gestionó en París la ayuda del doctor Marañón. Éste, por medio del embajador argentino en Francia doctor Lebretón, logró que el cónsul argentino en Alicante hiciese embarcar a Serrano SuBer, a su esposa, doña Zita, y a sus dos hijos, en el destructor Tucumán, en el que arribaron a Marsella el 16 de febrero. Por lo que a la Falange se refería, en las Cortes de 1933 mantuvo contacto con José Antonio. En las de 1936, defendió el derecho del Jefe Nacional a ser proclamado diputado por Cuenca. Era uno de, los populistas a quienes la derrota del bloque aproximó a las tesis falangistas. Estos antecedentes apenas eran conocidos en la zona nacional. Al llegar a Salamanca, Serrano Suñer quedó alojado en el palacio episcopal, convertido en residencia del Generalísimo, de su esposa y de su hija, y en Cuartel General. Parecía tener la salud maltrecha; a ello contribuía su cabello prematuramente blanco. Daba sensación de frialdad; pero es uñgran emotivo, capaz de manifestarse, súbitamente, con pasión y dureza. Era un hombre culto, y con un tono expresivo que le destacaba en el horizonte gris de muchos de sus correligionarios. Su traza de asténico v otras circunstancias. hacían más visible el contraste con Nicolás Franco, pícnico, calmoso, pero también agudo. En apariencia, el hermano del Generalisimo era proclive a la falta de método, de sistema. Trabajaba a horas extravagantes, prefiriendo las de la madrugada, hasta entrado el día. Atendía a las cuestiones más complejas y dispares simultáneamente. Empero, en su calidad verídica de único ministro, atendió a problemas ingentes que no le rindieron ni avasallaron. Serrano, sucesivo ministro universal efectivo hasta

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. ,

* Hugh Thomas, loc. cit., pág. 345. El relato hecho por Serrano figura en la página 19 de su mencionada obra.

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principios de 1938, era hombre sistemático; tuvo que conciliar su método con las avalanchas que hrumpían en su despacho. Ha declarado Serrano ~ u ñ e ;que al llegar a la zona-nacional mantuvo amistosa relación con ~falangistas, tradicionalistas y monárquicos: Sainz Rodríguez, Amado, Rodezno, Hedillan Con fecha 26 de mayo de 1947, Hedilla, en una carta dirigida al ex ministro, declaró **: «Yo no tuve amistad con usted nunca. La primera vez que hablé con usted, fue a últimos de marw de 1937, con motivo del canje de Raimundo Fernández Cuesta... La segunda fue hacia el 1 5 de abril, sobre asuntos de aquellos días. Recuerdo perfectamente que ninguna de las dos conversaciones fueron todo lo amistosas que debieron ser».

*.

EL CANJE DE FERNÁNDEZ CUESTA La respuesta de Hedilla a Serrano Suñer, alusiva al canje del secretario general de la Falange, sirve para abrir el relato cabal de las gestiones realizadas. Hemos sefialado que era Hedilla, exclusivamente, quien se ocupaba del rescate de Fernindez Cuesta, salvo, claro es, las gestiones privadas que hacía la familia de éste y que no tuvieron ningún éxito. En el fuerte de San Cristóbal, de Pamplona, estaban detenidos dos nacionalistas vascos, hermanos del que era ministro de Justicia en el gobierno de la República Popular. Hedilla señaló sin tregua a los dos hermanos Imjo para canjearlos por Fernández Cuesta. El jefe de la Junta estimaba que debía insistir: por amistad y camaradería, y para entregar el mando al secretario general, si éste lograba salir de la zona roja. Aunque no encontraba el mismo punto de interés en bastantes falangistas, proseguía las gestiones. Pueden allegarse docenas de testimonios
* Entre Hendaya y Gibraltar, pág. 26. ** Cartas cruzadas entre don Manuel Hedilla Larrey y don Ramón
Serrano Suñer con motivo de la publicación del libro aEntre Hendaya y Gibraltar», del señor Serrano Suñer. Varias ediciones sin año y sin pie de imprenta.

en relación con la favorable actitud de Hedilla a entregar el mando a Fernández Cuesta. En tanto, el jefe de la Junta de Mando favoreció decididamente a Manuel Fernández Cuesta, profesional del periodismo, a quien autorizó para lanzar una revista semanal, titulada Fotos, con cargo a los recursos de la Falange. Un encargado del consulado de Chile en Madrid, don Enrique de Ráfols, salió de la zona roja y llegó a Salamanca, con una carta del falangista Manuel Veglisson, refugiado en la Embajada de Chile, y quien informaba a Hedilla de los riesgos que corría Raimundo Fernández Cuesta en la cárcel de Alcalá de Henares. a Quise -testimonia Hedillarealizar urgente y decisiva gestión, a pesar de los fracasos anteriores, y me fui al Cuartel general, acompañado por el señor Ráfols. Al entrar en el despacho de Nicolás Franco vi a otra persona que me fue presentada como don Ramón Serrano Suñer, concuñado del GeneraIísimo. Volví a pedir que los hermanos Irujo fueran canjeados por Fernández Cuesta. Serrano comentó: >)-Si con todos los que se encuentran en la zona roja vamos a hacer lo que usted propone, nos quedaremos sin rehenes. »Repliqué que Fernández Cuesta no era uno más, uno de tantos, sino un hombre con arraigo en la Falange y de personalidad política caracterizada. »Nicolás Franco, suavemente, parecía compartir la opinión de Serrano. Tras una larga conversación, el secretario general del Estado accedió a lo que yo pedía y fui al despacho de don Juan Antonio Sangróniz, para tratar de la materialidad del canje. El señor Ráfols, que me había esperado en la antesala, me acompañó en la entrevista con Sangróniz)). El desenlace de las gestiones para ~ a n j e a a Raimundo Ferr nández Cuesta ocurrió con larga posterioridad a la unificación. Por tanto, el asentimiento a la demanda de Hedilla fue convencionado. Y tampoco se utilizó como rehenes a los hermanos Irujo. Es interesante consignar todos los pormenores que determinaron la llegada a la zona nacional, cinco meses después

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del decreto unificador, del que había sido secretario general de Falange Española de las JONS. Los presos del P.O.U.M. -Partit Obrer d'Unificació Marxista- que se hallaban en Madrid, tras el asesinato de And* Nin y a causa de la persecución desencadenada contra el partido por los comunistas s t a l i n i s t a s fueron objeto de una orden de traslado a Valencia. Era a fines de julio o primeros de agosto de 1937. Julián Gorkin dice que la noticia les fue comunicada por Garmendia, inspector general de prisiones de Madrid y nacionalista vasco. ((-Irán con ustedes dos presos, cuya vida interesa extraordinariamente al Gobierno, una mujer y un hombre La expedición, muy custodiada, pues se temía un ataque de los comunistas, salió de noche para Valencia. La mujer era una espía alemana. «El tercer acompañante es bastante joven, de regular estatura, de facciones finas y ojos vivos. Viste con cierta elegancia. Usa gabardina. Tipo y maneras de señorito. ¡Cuán lejos estaba de sospechar quién era! ... Fernández Cuesta, fundador y triunviro (sic) con José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda, de Falange Española. Futuro ministro de Agricultura de Franco, después de su canje por un personaje republicano. ¿Cómo ha podido salvar la vida en el Madrid republicano? ¿Quién le protegió ocultamente? » Al llegar a Valencia, Fernández Cuesta permaneció largos días ,custodiado, pero con determinada libertad de movimientos. José Giral, ministro sin cartera, encargado de los canjes, había propuesto -y fue aceptado- que fuera cambiado por Justino de Azcárate, sobrino del republicano y cofundador del partido reformista, don Gumersindo de Azcárate. Los Azcárate tenían cargos importantes en la República Popular y gran influencia. Durante el mes de agosto, el que ya era ex secretario general de la antigua organización falangista recibió asistencia so-

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lícita para que se repusiera. Y se le hizo objeto de una maniobra que estuvo a cargo de Indalecio Prieto. Éste y el falangista tuvieron numerosas conversaciones de tipo político. Naturalmente, Fernández Cuesta se hallaba en condiciones claras de inferioridad, por su ubicación en la zona de la República Popular. Prieto y con ello demostró su ignorancia supina acerca de lo que había sucedido y ocuma en la zona nacionalcreyó que el futuro liberado tendría poder e influencia, y que podría ser el medio para negociar con Franco el término de la guerra. Esta declaración, que le muestra menos avisado y menos informado de lo que podía suponerse en el fundador del S I M , estampó con posterioridad a la guerra . . . la Aún añadió Indalecio Prieto que después de haber é l cesado en el ministerio de Defensa quiso reanudar el contacto con Raimundo Fernández Cuesta, a través de fronteras y trincheras, sin obtener resultado positivo. Por fin llegó Fernández Cuesta a la zona nacional, en las postrimerías del verano de 1937, y su primer acto público consistió en u,n discurso, pronunciado en Sevilla, en el que declaró no existir incompatibilidad entre la Falange y la Monarquía.

*.

EL PRECIO DE LA SANGRE
El paralelismo, achaque frecuente en los historiadores y comentaristas extranjeros, que se ha pretendido hallar entre el acto de la unificación y el ataque del Partido Comunista a las organizaciones sindicalistas y libertanas en la zona de la República Popular, es falso. La Falange, contenida por los deberes de la guerra y por el estado mezquino de la economía en la zona nacional, no había empezado a cumplir práctica, ejecutivamente, sus fines revolucionarios. No detentaba territorio alguno, ni había chocado con otras organizaciones afines al Alzamiento, para domeñarlas y reducirlas. No se interfería en las relaciones internacionales de los militares alzados y, por el

**.

* Julián Gorkin: Caníbales políticos. Hitler y Stalin en España Ediciones Quetzal. México, 1941. PAg. 158. ** Julián Gorkin: loc. cit. Página 160.

* Indalecio Prieto: Palabras

al viento. México. PAginas 233-239.

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contrario, mantenía excelentes relaciones con portugueses, hispanoamericanos, alemanes e italianos. No manifestó conato alguno, ni siquiera lo imaginó, que tendiera a desplazar del mando de la guerra al Generalísimo ni a cualquiera de los jefes superiores del Ejército. La prensa, las radios, los libros, la propaganda falangista sirvieron, sin reticencia ni salvedad, la empresa de la guerra, y en la ocasión de los reveses, como sucedió a la llegada a las puertas de Madrid, y en ocasiones posteriores, mantuvo su moral y colaboró a sostener l ajena. a Pero la Falange no podía renunciar a su doctrina, ni a la sindicalización inmediata del proletariado español. Un inglés ha escrito «Su dirigente, José Antonio, era u n joven andaluz (sic) dotado de encanto personal y de imaginación. Hasta sus enemigos no podían menos de tomarle cierto afecto.. Acostumbraba a insistir en que estaba más cerca de ellos que de los conservadores. Apostrofaba a la República, porque no socializaba los bancos ni los ferrocarriles, y por tener miedo de emprender la reforma agraria con energía: En lo que no estaba de acuerdo con los marxistas era en su doctrina de la guerra de clases que, según él, era corrosiva y disolvente...)) Suele opinarse que la crisis de abril de 1937 sorprendió a la Falange como el maremoto a los veraneantes de una costa apacible. Sin duda abundaron los inconscientes y temerarios que vivían bajo el imperio de sus pasiones personales: ambición, envidia, rencor, egoísmo. Pero el Mando estaba alerta. E n ese concepto genérico, incluimos a una pluralidad de mandos proEn vinciales y a la mayor parte de la ~intelligentsia)). las provincias de la wna nacional, por obra del cantonalismo o espontáneo federalismo juntero al que nos hemos referido en capitulos anteriores, se alcanzó, a veces, madurez política y se logró un grado de fina sensibilidad. Hasta la guerra, en Madrid se había centralizado y gobernado a la Falange, por la presencia, la personalidad y la obra de José Antonio. Pero éste había ten-

*:

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* Gerald Brenan: Et laberinto español. Edic. Ruedo Ibérico, París 1962, ~ i g i n a s 232-233.

dido con ahinco a que las provincias tuvieran o alcanzaran un punto de madurez política. Esto es 10 que se produjo, con diversos contratiempos y azares en la clandestinidad, en el Alzamiento y en el curso de los primeros meses de guerra. Se vio que Madrid, desprovisto de la presencia del Jefe Nacional y de la parte más valiosa de la Junta Política, no era en sí mismo el arca de las esencias falangistas, por decirlo con retórica ochocentista pero expresiva. Y en las provincias, como en la Jefatura de la Junta de Mando provisional, palpábase la inminencia de una crisis, cuyo principio y desarrollo eran incógnitos. De todos los medios posibles para conjurarla o convencerla, había que eliminar cuantos pudieran interferirse en el hecho intrínseco y esencial de la guerra. En cambio, la Falange tenía la posibilidad de influir políticamente en los españoles, reiterando a la luz pública y sin tregua que la sangre vertida, y la que había de vertirse, tenía un precio social y nacional. Este precio era la revolución nacional. sindicalista. Debía reiterarse con la palabra, con la pluma y con los hechos. En el período diciembre de 1936-mano de 1937, los discursos sucesivos de Manuel Hedilla y los actos de creación revelan que el Mando, asistido en el interior de la organización, estaba alerta. Cada uno de sus discursos fue una proclamación, una ratifica,ción, un mensaje a todos dirigido. El 16 de febrero de 1937, en el aniversario del triunfo electoral del Frente Popular, Hedilla pronunció palabras claras de elogio al Generalísimo, a los generales Queipo de Llano y Mola y al coronel Yagüe. Éstas y otras frases tendrían menor valor histórico, si no hubieran sido precedidas, acompañadas y seguidas de hechos que fortalecieron y aumentaron las filas del Ejército mandado por Franco. También podrían parecer una habilidad política si todo el aparato de la prensa y la propaganda no se hubiera movido, incesantemente, en el servicio a la guerra y en el elogio enderezado al Generalísimo y a los mandos principales del Ejército. Fueron innumerables las glosas y comentarios dedicados por plumas y voces falangistas a Franco antes de la unificación.

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Ya al ser nombrado Generalisimo y Jefe del Estado, un periódico de gran estilo falangista y considerable difusión publicó u n editorial, sin par en la zona nacional, titulado Francisco Franco, Capitán de España Las alocuciones y discursos del Generalísimo, tuvieron gran repercusión en la prensa falangista. A la par, Manuel Hedilla reiteraba la doctrina. Su discurso del 16 de marzo de 1937, aniversario del encarcelamiento de José Antonio, tuvo tanto vigor como el pronunciado en la Nochebuena procedente: «El último discurso de nuestro camarada Hedilla ha tenido la virtud de remover hondamente la conciencia nacional, que bien lo necesitaba en su fácil vivir y devaneo de la'retaguardia Lo vamos a comentar nosotros, con sosiego; a resaltar sólo las bases fuertes en que se asienta; y lo primero, lo que más hiere a la grandeza y sentido de la guerra, es el pulular de los políticos viejos. Hedilla, con una gran verdad y justeza, los clava en la espada de la Justicia. No es su hora. Pasó, por la gracia de Dios y salud de España, en el momento en que el Ejército y las Milicias saltaron sobre el fango, la sangre y las lágrimas que amontonaron ellos. (media 1ínea tachada por la Censura militar); los políticos marxistas con su locura de destrucción (Tres líneas tachadas por la Censura). »No es su hora. Y, sin embargo, haciendo sacrilegio de la sangre de los. muertos, burlando el dolor y el sacrificio de los combatientes que cada hora se inmolan en las trincheras, aún ponen sus tertulias y sus cátedras y sus centros de ~ropaganda y de exhibicionismo, en los cafés y en los hoteles de lujo. (Once líneas tachadas por la Censura). »No importa, Hedilla es la voz bronca de la guerra (Cuatro líneas y media tachadas por la Censura). Acaso la piel dura con que se viste el político no sienta el escalofrío de la vida a la intemperie y en la milicia. Que se hacen sordos al grito del agonizante y al sollozo de la madre y de la viuda. Otra vez re: petimos: no importa. Ellos, que propugnaron una política más o menos materialista, serán aplastados por la fuerza del Ejército, por el empuje de una juventud que cree y ama a España. Serán

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...

aplastados porque esa juventud lleva en la entraiía la doctrina de Falange, que es pura, cierta y justa a secas, y además, realmente, es revolucionaria. iQue nadie olvide nuestra consigna, contra los malos políticos que asesinaron a España! M El discurso, algunas de cuyas afirmaciones hemos consignado en otro capítulo, era impecable como pieza ideológica falangista, p atenido al espíritu del Alzamiento. Sin embargo, la censura militar pamplonesa mutiló su paráfrasis, aunque no impidiera la publicación del texto de Hedilla. En éste, según otro comentario del mismo periódico, había una afirmación rotunda «Tiene la doctrina de Falange un contenido eterno. Hedilla lo señala y lo confirma con valiente claridad: "Ganarás el pan con el sudor de tu rostron. Y para que a nadie sorprenda la simplicidad de este principio, en que asienta su novedad la Falange - s i e n d o tan antimrañade: "No hemos te" nido que inventar nada, sino echar mano de un precepto divino tan antiguo como la humanidad y al que nunca se ha obedecido lealmente". Hermosa confesión y acusación a la vez... Es hora ya de hacer examen de conciencia. Pensar si hemos obedecido al precepto divino del trabajo diario. Y veremos, en la intimidad del examen, que Hedilla tiene mucha razón. Que no fuimos Mes n Una de las formas de contribución a la guerra, consistió en abrir las academias de mandos de Sevilla y de Salamanca, ésta en la finca de Pedro Llen. Un falangista nos refiere ***: «Lo que Hedilla quería era que la Falange proporcionara mandos aptos a un ejército que iba careciendo de ellos por las bajas sufridas. No se olvide que la oficialidad incorporada al Alzamiento fue más bien escasa, dado que las mayores guarniciones se encontraban en territorio enemigo. por mi experiencia de estudios en Alemania, y en el curso de los trabajos preliminares de la Academia salmantina, tuve frecuentes conversaciones con el general von Faupel, embajador de Alemania. Gracias a la cooperación de los alemanes, * ** Arriba España, 17 de mano de 1937. Arriba España, 18 de marzo de 1937. *'* Testimonio de Martin Almagro Bosch.

*.

**:

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Amanecer, 1 de octubre de 1936.

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la Academia fue una realidad, pero causó disgusto en algunos medios del Cuartel General del Generalísimo, sobre todo en Ramón Serrano Suñer. Declaro que en mis conversaciones con von Faupel nunca hubo nada que pudiera asemejarse a una finalidad política. Pero fueron lanzados rumores de que Falange estaba decidida a nombrar Jefe Nacional de las Milicias al coronel 'Yagiie o al general Mola D. Los rumores de &a y de semejantes especies eran ya casi cotidianos hacia el mes de febrero de 1937. El nuevo Estado copió, literalmente, las academias falangistas -según hemos explicado- en las de alféreces provisionales: era un simple cambio de nombre. Pero las especies calumniosas seguían y seguirían. En la entrega de los títulos de jefes de centuria a los alumnos de Pedro Llen, en los primeros días de abril de 1937, el jefe de Primera Línea, Agustín Amar, dijo textualmente ((Vosotros,camisas azules, tenéis la obligación ineludible de ser los apóstoles de las palabras y de las doctrinas de José Antonio por las trincheras que habéis de tomar al enemigo. Es necesario que las centurias de Falange continúen siendo las mejores en el combate y que a su valor indiscutible se una la disciplina férrea, exacta y certera que corresponde a nuestro sentido militar ... Vamos a separarnos, vais a ir destinados con vuestras centurias a todos los frentes de España, porque es preciso que nuestras camisas azules estén en todas partes y que la sangre generosa de nuestros camaradas riegue la España incómoda y triste que. nos legaron nuestros padres)). Hedilla declaró: «Sois la norma y el prototipo de los futuros jefes. Sois su ejemplo y su modelo. Por tanto, el honor de ser los primeros se compensa con la responsabilidad de tener que ser también los mejores ... La patria, camaradas, os va a requerir, ganada la guerra, para el difícil combate de ganar la paz; vais a tener a vuestras órdenes a los que van a recuperar la patria española, levantándola de la mísera condición en que la habían dejado los políticos rapaces, los caciques y los holgazanes.

nDevolved esos millares de hombres a sus pueblos, a su curso, a su fábrica, santificados por los sacrificios de la guerra,

*:

pero henchidos también de afirmaciones optimistas, de propósitos exactos, de alegres y limpios deseos de mejorar su condición individual. n...Perseguid, sin duelo, el soborno y la vanidad. Obedeced ciega y rápidamente las órdenes de los superiores jerárquicos Por de pronto, que vuestras centurias, batiéndose en la guerra, sean la mejor infantería de España que vale tanto como decir &l mundo. »Vais a la empresa más alegremente seria de la vida: la guerra. Volveréis a otra empresa alegre y seria: la paz. Caliente aún vuestra mano de la caja ardiente de nogal del guardafuego, os esperan la esteva, el astil del martillo, la pluma, las calientes armas de la pazn.

...

Si los rumores acerbadamente instrumentados en 1936 y 1937 pretendían desnaturalizar la rígida disciplina guerrera de la Falange, es presumible que hoy, lo que era especie mendaz aspire a convertirse, por la complicidad del tiempo transcurrido, en verdad absoluta. Acabamos de aludir a la rígida disciplina guerrera falangista, la cual, en ciertos casos, y aún en relación con el Generalísimo, resultó excesiva. Incumbe ahora aeñalar cuál había sido el proceso de las academihs para jefes de centuria. Apelamos a documentos incontrovertibles de los asociados al Movimiento nacional. Por ejemplo, el embajador de Alemania *: «...Todo el Ejército, y en particular el cuerpo de oficiales, fue golpeado sistemáticamente y desorganizado, en el curso de los últimos años, por los gobiernos de izquierda. Cuando comenzó la lucha, las autoridades militares esenciales (el Estado Mayor General, el Ministerio de Guerra, el Instituto geográfico militar, con todo su arsenal de mapas), lo mismo que numerosos depósitos y otros arsenales, todas las unidades de Información, y la mayor parte del cuerpo de oficiales, se encontraban en la España roja, singularmente en Madrid y en
* Les archives secrktes de la Wilhelmstrasse. Páginas 118, 119, 120.

* Unidad, 12 de abril de 1937.

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Barcelona. Los oficiales en parte han sido asesinados y otros lanzados a la prisión. Algunos se esconden todavía en territorio rojo, otros sirven a los rojos, y así Franco, aparte las tropas de Marruecos, no ha encontrado una sola unidad militar utilizable; ha hallado solamente los restos de un ejército. De esto provienen las dificultades infinitas que ha tenido para convertir en soldados útiles a centenares de millares de hombres. eFranco debe los éxitos de las primeras semanas al hecho de que sus tropas marroquíes no encontraron adversarios de su talla, y también al de que en el lado rojo no había ninguna dirección militar organizada. Pero la situación se ha transformado, sensiblementé, en el curso de las cuatro o seis semanas últimas (El informe de von Faupel está fechado en Salamanca, el 10 de diciembre de 1936 ). »Según las informaciones que tenemos, se puede evaluar, actualmente, en 180 a 200.000 hombres el número de los y ((blancos)) quizá en 200.ó 230.000 el de los rojos El frente, que tiene una longitud de más de dos mil kilómetros, está débilmente guarnecido, es natural. Si uno de los dos adversarios consigue constituir una fuerza de choque, pongamos de 15 a 30.000 hombres, puede romper el frente contrario y obtener un resultado que podrá ser trascendente para el curso de la guerra. Por ahora, son los rojos quienes tienen las mejores posibilidades en ese sentido. las cuales no hacen sino acrecerse de semana en semana... Por esta razón, insisto cerca de Franco para que se constituya en la retaguardia del frente una reserva móvil y suficientemente fuerte, provista de carros)) Proseguía von Faupel: «La instrucción de los oficiales, de los suboficiales y de las masas del Ejército es muy mala. La de las Milicias de la Falange es, por decirlo de una vez, inexistente. Pero me he dado cuenta, en mis visitas al frente. o con motivo de mis relaciones con los falangistas, que éstos se hallan animados, en su mayor parte, de buena voluntad y que se lograría

...

&tener un resultado aceptable, a través de medidas apropiadas. Pido, pues, de la manera más acuciante, que se procure buscar el mayor número posible de oficiales y también de suboficiales que hablen español. Y asimismo a quienes, sin haber becho servicio activo desde hace tiempo, sepan cómo debe enmñarse a los hombres a disparar en pie, de rodillas, tuinbados, correr, a arrástrame, a &incherke, y tantas otras cosas &mentales que pueden prestar aquí notables servicios. uPOR LA PETICIÓN INCESANTE DEL JEFE DE TODA LA FALANGE (MANUEL HEDILLA) Y DE ACUERDO CON EL GENERAL FRANCO, pido que se acceda, ante ,todo. a destacar v a enviar al comandante R. von Issendorf, de . . la Inspección de Caballería, para que asuma el cargo de dirigir la instrucción en las academias de la Falange en toda España. Ruego, asimismo, enviar al comandante retirado, von l?rantzius (se le puede llamar por medio del Instituto Ibero-Americano, Berlín, Breiters, 37), como jefe de una institución de e s cuela de Infantería, y si es posible, al comandante retirado Siber (la organización para el extranjero proporcionará la dirección) para que dirija la formación de unidades de informaciones, y vigile el material proporcionado por éstas». La conducta de la Falange y del jefe de la Junta de Mando fueron, pues, irreprochables. La academia de Pedro Llen, y antes de ella, la de Sevilla, cumplían una misión asistencia1 a la guerra realizada de acuerdo con el Generalísimo. EL PRESUNTO PERfODO OSCURO DE LA FALANGE Una teoría asaz numerosa de extranjeros -los Thomas, Brenan, Payne, Témime por no citar sino a los r e c i e n t e s aluden al período oscuro de la Falange, situándolo entre los meses de febrero y abril de 1937. Millones de españoles, en la hora actual, se refieren asimismo a la presunta oscuridad. Parece tratarse de un hermético misterio, inasequible. Pero los hechos tienen fulgurante claridad, despiden vivísimo resplandor.

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...

* A von Faupel se le ha presentado, por ciertos españoles, como a un general anticuado de la más lejana reserva: especie de oficinista. Mas el embajador sabia, ya en 1936 -y no lo sabían numerosos Estados Mayores- la importancia de los elementos motorizados y acorazados.

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Manuel Hedilla testimonia: «En la Junta de Mando, tras la llegada a la España nacional de Sancho Dávila, era apreciable que surgían la ambición y la envidia, las cuales aún no sabían cómo alcanzar el poder, para lo cual tenían que privarme de la investidura que se me confirió en Valladolid. »Antes de que la conspiración quedara al descubierto, Agustín Aznar aludió alguna vez a un presunto culto a la personalidad: »-En la prensa se habla mucho de ti -me dijo. »Respondí que no lo pretendía, no lo deseaba, y naturalmente, no lo solicitaba. ))Los escritores y los periodistas de la Falange y los periódicos ajenos a nosotros- que se referían a mí, lo hacian espontáneamente y, sin duda, por razón de la jefatura provisional que yo asumía. Jamás transmití indicación, consigna o sugestión de ninguna clase que se refirieran a mi persona. »Pero la envidia, y en algún caso, como el de Garcerán, el odio, siguieron su cauce. También se me reprochó que pronunciara discursos y que concediera entrevistas a los enviados periodísticos extranjeros. Pretendían, en suma, que la Falange permaneciese muda, enclaustrada, mientras el Estado naciente y los partidos políticos sumados, en distintos grados, al Movimiento NacionaI, hacian una propaganda cada vez más intensa y en algunos casos polémica, contra nosotros. Esos compañero? no hacian ni dejaban hacer; su conducta puede calificarse df dudosa. ))En las primeras semanas de 1937, ya en Salamanca, quc era un hervidero de intrigas, de agentes provocadores y de con fidentes nacionales y extranjeros, empezó a columbrarse 1 : psibilidad de que el Generalisirno decidiera la unificación d c la Falange y del Requeté. De este asunto se trató en la Junta de Mando y, por cierto, Sancho Dávila y Apstúi Aznar se mos traban, con sus palabras rudas y gestos violentos, enemigos di la psible unificación.)) Hedilla prosigue en su testimonio: «Jamás me mostré her mético ni displicente con nadie. Un día se me presentó Jos Antonio Giménez Arnau, persona que tenía una misión dele

gada en el servicio de Prensa, y me anunció que Ramón Serrano Suñer esperaba, en la modestísima antesala de mi despacho, a ser recibido. En tal momento tenía yo sobre la mesa una vasta firma o estaba despachando con alguien. Respondí: »-Dentro de un minuto le recibiré. »Yo mismo salí a la antesala en ese espacio. Serrano se había marchado sin paciencia para atender una brevísima dilación. Aún no le había visto yo personalmente. »El periodo febrero-abril fue de una tensión extremada. Pilar Primo de Rivera me visitó varias veces, y en todas ellas me repitió, obsesionadamente: «Ten cuidado, Hedilla. La Falange no debe ser entregada a Franco ... ¡NO entregues! D. la Serrano Suñer, en conversaciones celebradas con alguno de los colaboradores del presente testimonio, se refirió, hace años, a su conocimiento personal de Hedilla. Efectivamente, le vio por vez primera con motivo de las gestiones que el jefe de la Junta de Mando hacía en favor de Fernández Cuesta. Manifestó, asimismo, que creía recordar un conato de entrevista. Salió Serrano Suñer en coche acompañado por José Antonio Giniénez Amau, y mientras aquél permaneció en el vehículo ante el edificio de la Falange, Giménez Arnau subió a éste para inquirir si Hedilla disponía de tiempo para dialogar. La última vez que hablaron Serrano Suñer y Hedilla fue poco antes de la unificación; dieron juntos un breve paseo. Recordó Serrano Suñer que Hedilla se mostró muy poco abierto, con gran reserva. Acerca del culto a la personalidad de Hedilla han testimoniado algunos falangistas. Aportamos su declaración para que se disipen, de una vez, las sombras proyectadas sobre aquel período. Hay algunas coincidencias en su parecer. Agustín Aznar, jefe nacional de la Primera Línea, declara: «Opino que a Manuel Hedilla le causaron perjuicios personas que trabajaban a sus órdenes. Cito el caso de Víctor de la Serna, quien con un artículo en el que afirmaba que Hedilla iba a 1 2 0 a la hora, hizo lo que se llama propaganda del culto a la personalidad con desdén para los restantes mandos falangistas)). Jesús Muro Sevilla, testimonia: «Mi opinión acerca de Manuel Hedilla fue y es muy buena en todos los sentidos: por lo

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que ha padecido, y como soy creyente, estimo que ha merecido la bienaventuranza. uAhora bien: opino que Hedilla estuvo mal aconsejado por algunos. Entre éstos coloco a Víctor de la Serna. Con Serna no tenía yo relaciones ni sentía simpatía, tampoco aversión, hacia él. creo que a través de sus arti&los y eñotros aspectos fue nefasto para Hedilla, y contribuyó en gran medida al giro de los sucesos de abril de 1 93 7». Otro falangista, Roberto Reyes Morales, quien tenía a su cargo el servicio jurídico de la Falange, expone: «A Hedilla le hizo daño, positivamente, un artículo escrito por Víctor de la Serna, y que algunos periódicos publicaron con el título: «Hedüla a 120 a la hora». Gumersindo García Fernández se manifiesta en términos semejantes. Y podrían encontrarse aún más testimonios relacionados con el famoso artículo Empezaba el trabajo, que Víctor de la Serna hizo aspontáneamente y sin que mediara retribución alguna por parte de la Falange, con una descripción de la Trasmiera natal de Hedilla. Segúía diciendo: nManu4 Hediila, atlético y fornido, es uno de los hombres que menos hablan en el mundo. Sin embargo, cuando hace el alto final de la jornada, es propicio a la confidencia. En otro momento es también comunicativo: cuando sus fuertes puños, como mazas, pilotan, a 120 kilómetros por hora, el volante de su automóvil. »De dos de estos momentos nacen estas confidencias, hechas con voz pausada, caliente, fraternal. Más caliente y más fraternal cuando los dos recordamos el paisaje de la tierra nativa. Es en los momentos en que, rota en la ausencia del solar lejano toda jerarquía, interviene en la conversación con el jefe el camarada Fiochi, su bravo escolta, que entonces le llama Manolo, y le pide un cigarrillo». (Contaba Hedilla al periodista los pormenores de su ingreso en la Falange ,y el desarrollo de su acción en la Montaña.

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* El Adelanto, 17 de enero de 1937. Ese diario no era propiedad de la Falange ni estaba dirigido por un falangista. Entre los peri6dicos que reprodujeron la entrdsta figurb La Falange, semanario segoviano fundado y dirigido por Dionisio Ridruejo, el 22 de enero del mismo año.

Luego se refería a su elección para jefe de la Junta de Mando provisional). «-¿Qué impresión te hizo verte elegido para un destino tan grave? »-iImagínatelo! ¿Sabes tú lo que es venirse el mundo encima? Yo me preguntaba: ¿y qué hago yo ahora? Y no hacía más que acordarme de José Antonio, de Raimundo Buscaba & uno como tabla de salvación. »-¿No te ha preocupado la llegada a Falange de antiguos marxistas? »-En general, no.,Si se trata de obreros, nada en absoluto. Vienen todos de buena fe, y esperanzados. Nosotros les ofrecem s Patria, Pan y Justicia. Están convencidos y entusiasmados o con nuestro lema. Antes, cuando les hablaban de la patria, era a precio de la miseria; les hablaban de pan a precio de rencor y de justicia a precio de muerte. Nosotros les hablamos con la verdad, y nos creen. Prefiero los marxistas arrepentidos antes que a los derechistas, cucos y maleados por la política y el caciquismo. Que vengan a nosotros cuantos marxistas convencidos de nuestra verdad quierati. Yo los recibiré con los brazos abiertos. ¿Habrá todavía quien crea otra cosa?)). Éste era el tono de las declaraciones de Hedilla. recogidas por el periodista. Al final del trabajo, aparecían unas líneas en las que Víctor de la Serna, con su estilo peculiar, decía: «La voz suavísima Y fuerte al mismo tiempo de Manuel Hedilla Larrey, obrero de España, hidalgo artesano, maqúinista de barco, -adalid por la gracia de Dios del Movimiento de Falange, se matiza con ternuras indecibles cuando habla de los trabajadores. Yo le he visto jugar, como un chico, con los muchachos de su escolta. Y lo he visto también cruzar d o n e s imwnentes, con un aire sencillo, pero mayestático, de ckar campesino, de gran conductor de pueblos. »Viéndole, oyéndole, contemplando su único minuto de melancolía, que es cuando piensa en el Ausente, uno dice íntimamente, con un convencimiento biológico: jEste es, éste es!». Antes de publicar esa entrevista y esas líneas, Víctor de la Sema había escrito elogiosamente de Agustín Amar y de otros

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f a h g h t a s . Tendía siempre a la hipérbole literaria, al brillo de las palabras, a los croquis impmionistas. Y disponía de su plena libertad de español y de afiliado a la Falange para hacerlo. No podía ni debía atacar a quienes servían a la guerra, pero tenía absoluta facultad para ensalzarlos, la cual practicó largamente durante dos años y medio y aún después. La prensa falangista de toda la zona nacional apareció antes de la unificación repleta de elogios a jefes territoriales y provinciales, a otros mandos, a los militares profesionales... De la Delegación de Prensa y Propaganda para el Estado partieron órdenes para ensalzar a concretas personalidades, incluso a personas, respetables, que no tenían misión alguna en la guerra. La reacción de los falangistas mencionados, y otros, ante la noticia de aire deportivo de que Hedilla conducía a 120 a la hora, y ante las líneas finales de la entrevista, demostraba que no tenían confianza en si mismos ni en la organización, a la que suponían capaz de proclamar a Hedilla Jefe Nacional por el influjo de una docena de renglones periodísticos. Las líneas postreras del trabajo periodístico planteaban, ciertamente, el dramático problema de la sucesión, eludido, con arteria y cobardía por unos, con indolencia por otros, y con modestia humilde por Manuel Hedilla; Víctor de la Sema opinaba públicamente que la Jefatura debía recaer en el falangista montañés; reflejó la opinión de infinitos falangistas, antiguos y nuevos. Era un hecho claro, que también se produjo al sucumbir el general Sanjurjo, y acordarse que le sucediera Franc . Lo mismo sucedió al fallecer don Alfonso Carlos de Boro bón, y ser designado para sucederle don Javier de Borbón-Parma. El asesinato de don José Calvo Sotelo convirtió a don Antonio Goicoechea en jefe de los monárquicos alfonsinos. Hemos aludido, en otro capítulo, a la presencia, en ocasiones ostentosa, de Víctor de la Serna. entre el personal de secretaría de la Jefatura de la Junta. Sin gozar de sueldo ni dietas, Víctor de la Serna. uuien cobraba del Ministerio de Educación , por su empleo de inspector de primera enseñanza, fue un oficinista puntual. Estabn exento, por su edad, del servicio de armas. A pesar de todas esas ci~cunstancias,los antiguos falanA

gistas -sobremanera los de Madrid- recelaban de él. Creían que se interponía entre ellos y Hedilla. En exacto servicio al rigor historiográfico, debemos manifestar que la fecha de llegada a Salamanca del comandante de la Guardia Civil. Lisardo Doval, y de su equipo, formado en gran parte por oficiales de la misma Guardia Civil, no hemos podido precisarla. A ese hombre, Lisardo Doval -quien después de la guerra tuvo que comparecer ante un Consejo en el que se pidió una pena grave contra él, por delitos de tipo común-, le estaba encomendada una función especial, oficial, relacionada con la seguridad del Estado. Debió de aparecer en Salamanca semanas antes de que aconteciese la unificación. Pálido, pesado, voluminoso, Doval tenia ya larga historia en lo que se llaman aservicios especiales)).El ministro republicano de la Guerra que confió al general Franco la tarea de reprimir el alzamiento de Asturias en el mes de octubre de 1934, hizo un sumario pero expresivo «curriculum vitaes del comandante de la Guardia Civil. Doval, en la fecha mencionada, vivía en Tetuán, a las órdenes directas del Alto Comisario de España en Marruecos. Había prestado servicios en Asturias, durante catorce años, de lo cual puede colegirse que sirvió a determinados gobiernos de la Monarquía constitucional y a los dictatoriales. Se le envió a Asturias en octubre de 1934, provisto de «un documento firmado por el ministro de la Guerra, para que con la necesaria autonomía y especial. jurisdicción -escribió el propio ministro- pudiera realizar su cometido, ya que sin ese requisito todos esos imponderables de carácter jerárquico, burocrático, jurisdiccional, etc., hubieran sido dificultades y obstáculos )) . Dicho en romance paladino, el ministro declaró que Doval tenía autoridad ajena y aun superior a la del general Eduardo López Ochoa y el teniente coronel Juan Yagüe, y a las de toda suerte de autoridades judiciales y civiles. Asturias era el ámbito de su poder total. a...Las armas, los explosivos, las municiones, el dinero ro-

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bado, todo, todo pasaba poco a poco de sus escondites a las manos de este hombre singular» Quizá resulte innecesario recordar la campaña -más fuerte que la de 1909 con motivo de las repercusiones de la «Semana Trágica)) barcelonesa- desencadenada a raíz de la represión en Asturias. José Antonio, en el Parlamento, y en diversos escritos, puntualizó aquel trance, por el que resultaron únicos reos ejecutados un sargento y un limpiabotas. Doval fue el personaje que representó y encarnó el cariz de la represión, y precisamente a Doval defendía un «libro verde» publicado por el Gobierno cedo-radical. En Asturias ganó Lisardo Doval una reputación especial en la que no insistiremos. ~Ísobrevenir Alzamiento, y en el caos militar de los priel meros meses, el comandante Doval asumió el mando de una columna, a la que ocurrirían numerosos descalabros. Sus bajas eran numerosisimas, y aumentaron en una operación en Navalperal de Pinares. De todos esos descalabros se habló, largamente, en la zona nacional. Tras la derrota de Navalperal, el comandante pidió al jefe provincial de Zamora que le enviara más voluntarios falangistas, pues el grueso de la columna había estado constituido por éstos El jefe de Zamora entendió que la petición era irregular e improcedente y consultó con el gobernador de Zamora, coronel Hernández, quien suscribió dicho punto de vista. Doval debía haber pedido nuevos voluntarios a través del jefe territorial, Andrés Redondo. El comandante de la Guardia Civil se vio obligado a retirarse del frente v. en un período indeterminado, se. le confiaron los servicios especiales de seguridad ya aludidos. En Salamanca, su despacho y centro de actividades estuvo en el .Cuartel General del Generalisimo. El equipo de que

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* Diego Hidalgo: ¿Por qud fui lanzado del ministerio de Guerra? Diez meses de actuacidn ministerial, Espasa-Calpe, S . A. Madrid 1934.
Páginas 92 y 93. ** Testimonio de Ricardo Nieto.

disponía, al principio, lo formaban varios oficiales de la Guardia Civil: los capitanes Antonio de' Reparaz Araujo, pasado del frente andaluz, y que con Doval actuó el &o 1934 en Asturias, Bernardo Gómez Arroyo, Coronado, Luis López Ochoa, hijo del general de los mismos apellidos, Nieto. Serrano Suñer, años después, calificó a Doval de ((encargado de las cuestiones de orden público)) Acaso cierto tipo de historiadores aceptó el eufemismo. Pero el nombramiento mencionaba., esvecíficamente, la seguridad del Estado y los servicios especiales. No ocultaba Lisardo Doval su profundo desdén hacia la Falange y los falangistas. Creyó que los muros del Cuartel General eran impenetrables, pero su tesitura fue conocida antes de que lo sospechara. Nada importaba el personaje, mas resultaban incitadoras a la reflexión las causas de que estuviese en Salamanca investido de poderes discrecionales. Se dedicó a buscar. agentes informativos en los medios falangistas, y contó con algunos. Es posible que las tres cuartas partes de las informaciones llegadas al comandante de la Guardia Civil emanaran, directamente, de falaqgistas. Ese material era apto para llenar de confusión a cualquier mente y mucho más la del individuo que juzgaba a Manuel Hedilla como si éste fuera un segundo Ramón González Peiía, y a los falangistas en calidad de enemigos de la nación. ECpersonal de los servicios especiales fue ampliándose. Uno de sus nuevos miembros era el antiguo falangista, capitán de complemento de Infantería y médico, Manuel Groizard Montem, quien tras las dramáticas jornadas de Buitrago, pudo refugiarse en la Embajada de Méjico. En mano de 1937 salió de Madrid para Marsella. El 1 del mismo mes entró en la zona 1 nacional. Fue agregado a la escolta del Generalisimo, en calidad de asesor político. «No conocía personalmente a Franco. Me presenté a Hedilla. Mi tarea era la de informar sobre la Falange. »Encontré al equipo de la Guardia Civil dirigido por Doval. »Cumplí lo que se me había encomendado, pero tuve nu-

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* Loc

cit., página 42.

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merosos roces con Doval y los. demás guardias,civiles. Aquél me diio un día: » - S i usted no prescinde de la camisa azul, no me sirve)) El caso de Groizard no fue único. Y ha de señalarse, en honor a la verdad, que el antiguo falangista, reconciliado con José Antonio antes del Alzamiento, no observó ninguna cautela para celar que pertenecía a los servicios especiales del Cuartel General. Semanas antes de la- unificación. era frecuente en la Junta de Mando, y en las reuniones de los falangistas, señalar la presencia de Groizard, c& una divertida alusión, y el subsiguiente invento a él dedicado de rumores, proyectos fantásticos, noticias falsas Sabíase también que Doval se dedicaba a confeccionar fichas político-sociales de los falangistas de algún renombre y categoría. Más tarde, un presbítero catalán, Tusquets, apoyado por Serrano Suñer, buscana rastros masónicos en los escritos, las palabras y la conducta privada de los adheridos al Movimiento Nacional. Tusquets veía masones por todas partes, y Doval quiso creer que la mayoría de los falangistas de renombre eran rojos con diversos matices. Nunca fue descubierto un rojo entre esos falangistas antiguos y de renombre. No existían. El único caso probado de relaciones con el enemigo acaeció mucho después de la unificación y su protagonista era u n antiguo afiliado catalán a las JONS, quien no tuvo relaciones de ninguna clase con la Junta de Mando. Ese jonsista, al que parece hizo flaquear el amor por

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* Testimonio de Manuel Groizard. Para servir escrupulosamente a la verdad, referiremos, con alguna antelación, el final de las discrepancias con Doval. aTrascendi6 el disgusto que yo sentía -refiere Groizard- y un día me llamó el Generalísimo. Estuve paseando por el jardín del Cuartel General. -¿No estás a gusto? -me preguntó. .Le explique, correctamente, que siendo ellos guardias civiles y yo de Infantería, no lográbamos conciliarnos. -Busca -me dijo Franco- un hospital que te interese, para dirigirlo. -Excelencia, mi especialidad es la tocología y no me considero con las indispensables condiciones para dirigir un hospital. >A raíz de la entrevista, se me autorizó para que fuese al Sur..

una extranjera, murió, fusilado, con valentía y contrición, gritando iAniba España! » y persuadido de que en él se cumplía justicia estricta. Pese a la triste coyuntura, todos los falangistas catalanes de pro -y otros que sin ser catalanes le conociemn- le recuerdan emotivamente. ¿Qué habría informado Doval si entre los supervivientes de la Falange se hubieran contado Manuel Mateo, ex comunista, y Nicasio Álvarez de Sotomayor, ex anarco-sindicalista? Y si hubiera sabido que los hombres de la máxima confianza de Jesús Muro, jefe territorial de Aragón, procedían de la C.N.T. y aun de la F.A.I.? ¿Qué complots hubiese inventado de saber que Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso habían sido convivios en Barcelona de algunos falangistas por expresa indicación de José Antonio. antes del Alzamiento? Tampoco en el aspecto de su vida privada aparecieron tachas sobre los falangistas. No robaban ni traficaban en contra de las leyes del Estado. Muchos pesquisidores simultáneos y siguientes a Doval se estrellaron ante la contabilidad clara, limpia, de la Jefatura de Mando, contra Ia cual se concentraban los odios. En tal contabilidad las partidas de gastos eran insignificantes, menores que las de una fonda provinciana. Cada falangista vivía gracias al rancho y al milagro. Roberto Reyes testimonia: ((Recuerdo que al llegar a Salamanca, evadido de la %onarepublicana, y al presentarme a Hedilla, le pregunté durante la entrevista: D¿ De qué vive uno aquí? »El jefe de la Junta de Mando me respondió: »-Arréglatelas como puedas, Roberto)). Quede clavada en estas páginas la presencia, anterior en largas semanas a la unificación, del tomandante Doval en Salamanca. Su final fue desastroso

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* Lo anticiparemos, para librarnos de nuevas alusiones al personaje.
Testimonia Roberto Reyes Morales, quien fue uno de los detenidos por órdenes del comandante de la Guardia Civil. ugste, que había sido ascendido a coronel, se presentó despuks de la guerra en mi despacho. Me rogó que le asistiera yo profesionalmente. >La entrevista resultó dura, violenta; no podía yo olvidar que Doval era uno de los que nos habían perseguido y coadyuvado a l montaje de

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la empresa contra Falange Española de las JONS. Dovd me declaró, por lo menos con aparente sinceridad, que 6 se habia limitado a cumpiir 1 órdenes. Se le designó como a un experto en el trabajo contrarrevolucionario. 4 b e d e c í y nada más -me dijo. .Fue jefe del tercio de la Guardia Civil en Vizcaya y se le había procesado por comercio ilegal - q u e se llama 6Lestraperlo"-, contrabapdo y otros delitos semejantes. Se le pedían treinta aiios de reclusión. .El proceso medía varas de altura: por principio deontológico, me sobrepuse a la aversión que me causaba el procesado. Entendí que en los innumerables folios había indicios de aversión hacia Doval, y me encargué de su defensa. El Consejo de Guerra, en Bilbao, lo compusie ron oficiales. generales, y se celebró en el cuartel del regimiento de Garellano. Creo que hablé, es decir, informé, por espacio de cuatro horas. >Resultó absuelto de bastantes cargos graves, pero se le condenó a dos aiios de reclusión, por haber dado una paliza a up detenido. Tal sentencia, le hacia perder el empleo de militar. En el Supremo de Guerra y Marina, los dos años fueron convertidos en dos meses y Doval estuvo recluido en un castillo de Burgos. .l salir decidió marcharse a Panamá, donde tenía algunos parienA tes.~ Ante el Consejo de Guerra, Doval y su defensor manifestaron que el comercio ilícito y el contrabando habían respondido a la necesidad de alimentar a los guardias civiles de Vizcaya, en los años que fuerori llamados con justicia del hambre, después de la conquista de Francia por los alemanes. Esos años podían compararse con el famoso y pr* verbial de 1812, minqciosamente relatado por Ramón de Mesonero Romanos. Doval intervino en un tráfico clandestino al que se lleg6 a conminar con posibles penas de muerte por una disposición gubernamental.

EN TORNO A LA DECISION UNIFICADORA
El 8 de febrero de 1937 fue conquistada Málaga. Dos días antes empezó una ofensiva nacional en el río Jarama. Duró alrededor de quince días, y terminó con sendo y elevado número de bajas. Los nacionales y los rojos se atribuyeron, respectivamente, la victoria. La conquista de Málaga, por la desaforada vanidad del fascismo italiano, la presentó éste como una victoria de los voluntarios enviados por Mussolini. Apenas se le concedió una parte en el triunfo a Queipo de Llano. Franco, en aquella ocasión, dirigió públicos elogios a la Falange -9 de febrero-. Había voluntarios españoles falangistas en las tropas que entraron en la ciudad mediterránea. El 8 de mano empezó una ambiciosa ofensiva nacional en el frente de la provincia de Guadalajara, cuyo objetivo era establecer un cerco apretado de Madrid. Moscardó, con 20.000 hombres -legionarios, moros, falangistas, requetéy Roatta, con 30.000 encuadrados en las unidades del Cuerpo italiano, acometieron la empresa. El 18 de marzo ocurrió la retirada veloz de los italianos en franca huida. Abandonaron heridos, material de todas clases y la cifra de prisioneros fue elevada. El fascismo, es decir, Italia, achacó faltas a los españoles, al mando español. Alemanes e italianos, según testimonian loa documentos publicados tras la derrota del Eje, acuciaban al

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Generalísimo desde hacía meses para que intensificara la guerra. Las minas del Norte eran muy codiciadas por los alemanes. Los italianos, en sus baladronadas épicas, apenas habian mencionado al Generalísimo y a Queipo, pero en la aciaga circunstancia de Guadalajara les era cómodo referirse al mando español. La derrota podía afectar, en cierta medida, al prestigio del mando y a su solidez. Por todas las circunstancias de la guerra, en sí misma y en su relación con lo político y lo económico, el poder del Generalisimo tenía que afianzarse con sucesivos éxitos y aciertos. Desde los productores extranjeros de carburantes hasta los suministradores de armamento, había incontables interesados en la victoria de las armas nacionales. Lo que en marzo era zona mandada por Franco todavía constituía prenda poco valiosa para nuevas y acrecidas inversiones. Franco había inspirado y eso es rigurosamente exacto- positiva confianza a quienes sostenían económicamente, por medio de amplios créditos, a las armas nacionales. Este aspecto económico de la guerra es, con frecuencia, olvidado o casi omitido por críticos e historiadores. Tras el hecho de Guadalajara, los abastecedores y proveedores extranjeros y quienes, teniendo nacionalidad española, sostenían w n sus riquezas y crédito Ia causa nacional, pod'ian reconsiderar su actitud e inclinarse por quien acelerara las operaciones en el Norte y en otros frentes. Una maniobra frontal, surgida entre un número impreciso de militares, contra el Generalísimo, era arriesgada y podía afectar a la guerra. También era difícií concertar a 10s altos mandos militares contra Franco. Las reticencias de algunos ante la autoridad del Generalísimo, resaltaban más la fidelidad de la mayoría. Se podía suponer que la maniobra fuese de índole política, a través de la Falange, o del Requeté, o de ambas organizaciones a la vez, quienes con sus docenas de millares de voluntarios y las que parecían compactas masas de la retaguardia, podrían sostener a otro general, exigir que se constituyera un gobierno de concentración y aún proclamar una Regencia. En el mes de noviembre de 1936, algún servicio o servidor informativo

del CuarteI General del Generalísio apuntó que el general
José Enrique Varela pensaba seriamente restaurar la Monar4 8 , al entrar en Madrid, apoyándose en los Requetés. La información existió; de la intención o del proyecto nada puede asegurarse. Es un secreto histórico que no está a nuestro alcance dilucidar. Resultaba una incógnita la capacidad de maniobra política v e los aliados extranjeros y gentes de nacionalidad hispana pudieran tener con el Requeté y la Falange. En realidad, ni siquiera podía saberse si la hipótesis expuesta tenía algún fundamento. Era palpable que- tanto la Falange como el Requeté eran fuerzas, todavía autónomas, voluntarias, que podían intervenir en una coyuntura delicada. Tratábase de un riesgo muy poco abultado, casi improbable. La Falange sostuvo sin tregua una mística de la guerra, que la llevó a renunciar, transitoriamente, a sus aspiraciones de reforma y renovación nacionales, en holocausto a la futura victoria militar. También el Recrueté había hecho concesiones y, entre éstas, la de soportar la sanción contra Manuel Fa1 Conde. Era indudable que si el lejano, improbable riesgo, quedaba eliminado, se solidificaría el poder del Generalísimo, ganador de una batalla política, en espera de las victorias de tipo militar. Y con la eliminación del riesgo, podía convertirse al Ejército en factor esencial de la vida española, lo cual sería acogido favorablemente por los militares. Serrano Suñer lo confirma *. aEl Ejército, que era la base del poder ya creado, tampoco podía quedar relegado a sus funciones especificas, sino constituyéndose en apoyo de una situación de síntesis plenamente nacional». El ex ministro aplica esa opinión suya a los meses anteriores al decreto unificador. Su ausencia de la zona nacional la impide ver claro. Los escasos generales, jefes y oficiales que figuraban en las filas del Alzamiento, no fueron la base del poder: ésta la constituyeron las juntas y cantones de la Falange y del Requeté, con sus muchedumbres de voluntarios de

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26 y 29.

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los frentes y de la retaguardia. Lo que hicieron aquellos generales, jefes y oficiales, fue mandar las operaciones militares. De la actitud del Generalisimo, días después del 20 de febrero de 1937, ante la coyuntura política, informa también Serrano Suñer: a A partir de aquel día nuestras conversaciones diarias recayeron inevitablemente sobre temas políticos cada vez más concretos. Nuestras preocupaciones y puntos de vista, al apreciar la situación de aquel momento, eran esencialmente kncordes. Andaba él (el Generalísimo) ya con la idea de reducir a común denominador los varios partidos e ideologías del Movimiento. Me enseñó unos estatutos de la Falange con copiosas anotaciones marginales suyas. Había establecido también comparaciones entre los discursos de José Antonio y los de Pradera. Comprendía la necesidad de un acto político que diese, además, situación y contenido a su jefatura. Este acto político fundacional había de ser una unificación absorbiendo a la Falange y a l Requeté D. EN EL UMBRAL DEL DESENLACE

...

Un inglés, al ana.har la situación de las organizaciones sumadas al Alzamiento,.ha escrito «Hay muy poco que decir sobre la etrolución política del lado de Franco. Los primeros seis meses pasaron sin la menor traza del entusiasmo y alborow que habían sido vistos entre los republicanos. La atmósfera en Burgos y en Salamanca estaba cargada de odio y recelo. La primavera de 1937 vio una crisis similar a las que habían ocurrido del lado republicano. Los ((camisas viejas)) de Falange, conducidos por el secretario del Partido (sic) Manuel Hedilla, tomaron en seno el programa de José Antonio y pidieron que se pusieran rápidamente en ejecución los veintiséis puntos que contenía, y que habían sido adoptados por Franco So-

*:

.lemente esto, decían, daría a los mencionados nacionalistas el movimiento de masas que necesitaban para ganar la guerra. Esto fue un pálido reflejo de la querella entre socialistas de izquierda y comunistas. Los que seguían a Hedilla eran pocos, y ia administración de Franco se sintió lo suficientemente fuerte pnra tratar con é l vigorosamente, ya que ni los italianos ni los demanes le apoyabanu El mismo escritor hace una descripción de los llamados acamisas nuevas)). Afirma que éstos aeran una amalgama de gentes de todas clases: empleados del Gobierno, nuevos ricos, intelectuales de segunda fila, abogados y doctores, con toda esa tribu de gentes necesitadas y ambiciosas que en todos los países (especialmente en uno tan pobre como España) se suman a los partidos que tienen puestos de trabajo que ofrecer. La burguesía andaluza estaba bien representada... La Falange nunca consiguió ser un partido fascista coherente, sino que fue siempre una manada de cazadores de gangas, unidos a una vociferadora y poco respetable guardia de hierro...)) La descripción no puede aplicarse a la Falange Española de las JONS, en la que no hubo puestos de trabajo remunerados. La «amalgamsu a que se refiere Brenan era sencillamente el pueblo español, mas podemos asegurar que habría sido impoeible encontrar en las filas de la organización a anuevos ricos)). Hay cierta exactitud en lo que se afirma respecto a la atmósfera de Burgos y Salamanca. Le ha faltado al escritor inglés, en ese extremo, añadir que había un estado de frenesí -un paroxismo- coaligado contra la autonomía de la Falange. Se produjo un hecho de impregnación de ese frenesí en los mis-

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*.

**.

* Gerald Brenan, loc. cit., página 246. . " Señalemos notables deficiencias informativas de Brenan, a cuyo
libro, empero, se le ha concedido extremado valor. En la zona roja, no habían comenzado las crisis trascendentales, que se abrieron en

mayo de 1937. Hedilla nunca ocupó el cargo de secretario de la organizacibn. Los puntos de la Falange Española de las JONS eran veintisiete. Ni Hedilla ni la Falange, corporativamente, pidieron al Generalisimo que pusiera en práctica rápidamente el programa nacional-sindicalista, ni hablaron jamás de que era necesario un movimiento de masas entendido en el sentido estrictamente político. En cambio, tanto Hedilla como la mayoría de los acamisas viejasn, sostuvieron el mantenimiento e intangibilidad del punto 27, ignorado por Gerard Brenan. * Loc. cit., páginas 247-248.

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mos falangistas que asumían función de mando en la Junta provisional y en otros escalones jerárquicos. Con más voluntad en pro de lo verídico que acierto, el norteamericano Stanley G. P,ayne ha formulado una división entre las tendencias falangistas Según él, existían los partidarios de que la Jefatura Nacional fuese asumida por Hedilla; los que llama degitimistasn, adversarios del mando de Hedilla y partidarios de una solución provisional hasta ratificarse la muerte de José Antonio, y los recién llegados a la organización -monárquicos, clericales y tecnócratas- que aspiraban a que la Falange fuese u n partido conservador, con u n mando nuevo: apuntaban a Franco. Las tres divisiones son demasiado sumarias, pero es cierto que respondieron a la impregnación de aquel frenesí, a los efectos de una gue- de nervios muy calculada en todos los sentidos: uno de éstos, el estudio de la personalidad individual de iiertos falangistas que tenían mando o influencia. Provenían del temor, o del deseo, de que la unificación fuera decretada. Temor entre los que sostenían la conveniencia de elegir a Hedilla, y entre los que Payne califica de ((legitimistasn. Deseo de que acaeciera la unificación, en los calificados de tecnócratas, monárquicos, clericales... Como señala Payne, los intelectuales y los jefes provinciales de la zona norte -a partir de un paralelo que pasaba por Valladolid- eran firmes partidarios de Hedilla. Creían que éste era capaz de sostener la independencia política de la Falange. El sector «le& timistan, torvamente manejado, suponía o aparentaba suponer que Hedilla se rendiría ante un decreto de unificación, y que debía de nombrarse a otro mando provisional -y plural- por lo menos hasta que fuese rescatado de la zona roja Raimundo Fernández Cuesta. Emplazados así los temores y los secretos deseos, no era difícil azuzar a todas las tendencias, para disminuir y quebrantar la disciplina de la organización. Sobre la guerra de nervios, testimonia u n evadido de la zona roja, que llegó a la nacional a primeros de marzo de 1937 **: ((Recuerdo que marché a Salamanca poco después de

*.

** Testimonio de don José María de Areilza.

Loc. cit., XIII. Passim.

liberarme, y allí pude captar el ambiente que existía para imponer una unificación de todos los p p o s políticos, bajo la inspiración y el mando del Generalísimo. »Con algunos amigos monárquicos a los que hablé -Valdeiglesias, Sáinz Rodríguez, Pradera- inicié unos contactos encaminados a lograr que tanto la Falange, dirigida entonces por 'Manuel Hedilla, como la organización tradicionalista, cuyo Regente era el príncipe Javier, se adelantasen a ofrecer espontáneamente y con generosidad su unificación a Franco, con lo que a mi juicio, la fuerza política de Movimiento hubiera acentuado su raigambre popular». Los que Stanley G.-payne ha titulado ~legitimistas~ tenían su oficial y al parecer máxima representación en Agustín Aznkr, jefe nacional de la Primera Línea, y en Pilar Primo de Rivera, jefe de la Sección Femenina. ~uántitativamente-hasta que se les agregó, en un momento dado, Sancho Dávila, jefe territorial de Andalucía- eran escasos. Su núcleo lo formaban los falangistas madrileños a quienes la guerra sorprendió en wna nacional, y los de la misma procedencia que lograron eva-. dirse. Aznar figuró a la cabeza. Lo testimonia en 1963: «Lo que voy a decir no ha de considerarse una excusa, a distancia, ni muchos menos, porque asumo la responsabilidad de mis actos. En mis primeros disentimientos con Manuel Hedilla tuvo gran parte la incitación que dos o tres personas me hacían. En lenguaje llano, pero gráfico, «me calentaron)). »Me aseguraban que Hedilla quería alzarse con la Jefatura de Falange, pues ya estaba muerto José Antonio; me hablaban de la próxima llegada, por medio de u n canje, de Fernández Cuesta; de las gentes que so capa de falangistas sólo servían su propio interés... nRealmente, lo que me decían equivalía a un fracaso mío, si era cierto, puesto que yo fui el autor de la designación de Hedilla para la Jefatura de la Junta de Mando. Recuerdo aue en un viaje que hice desde Salamanca a una ciudad que no hay para qué mencionar me pusieron o acabaron de ponerme, en tensión.
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»Ahora bien: ni entonces ni ahora he creído n pensado que i Hedilla sea una mala persona, Tampoco he sentido duda sobre su honradez. Esto ha; aue descartarlo absolutamente ... Creo que a Hedilla le engañaron algunos que eran o parecían ser sus consejeros. Ésta es mi opinión hoy y ya digo que no trato de excusar n de justificar nada, y mucho menos, de echar la i culpa sobre las personas que me incitaban». - Jesús Muro por su parte también testimonia: «Antes del 16 de abril de 1937, entre algunos falangistas con mando habíase hablado de que parecía manifestarse, en determinados intelectuales. un culto a la ~ersonalidad Hedilla. Por lo que de a mi se refiere, me limité a escuchar, cambiar alguna opinión sin importancia, y, desde luego, sin antipatía alguna hacia Hedilla D. El testimonio de Rafael Garcerán, que hemos recogido literalmente en capítulo anterior, manifiesta su hostilidad a Manuel Hedilla y explica sus planes y trabajos para obtener la eliminación del jefe de la Junta de Mando. José Moreno murió años después de la guerra. Antes de fallecer, declaró a Hedilla -y a otros falangistas- su pesar por la participación en el complot que se urdió entre febrero y abril de 1937. Las declaraciones de Sancho Dávila nos han relevado de solicitar su testimonio: trabajaba en pro de la unificación pero se alistó en el llamado (<bandolegitimistam. Los apellidados utecnócratas)) - e s decir, lo que Brenan califica de ((amalgama»- ocuparon inmediatamente los puestos que FET y de las JONS deparaba: el d.ato es concluyente.

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A

Manuel Hedilla testimonia sobre determinados antecedentes: «Varias semanas antes de que fuera impuesta la unificación, llegó a Salamanca u n capitán de Ingenieros, de Mallorca, llamado Ladislao López Bassa, quien asumía u n cargo en la Central Obrera Nacional-Sindicalista insular. Por esta razón me visitó en la Junta de Mando. Aquel hombre, por ignorancia, incapacidad u otras cosas, tenía una idea disparatada del Nacional-Sindicalismo, y me enseñó una propaganda malísima y contraproducente. Se lo dije con claridad y él, sin argumen-

tar contra mi opinión, llevó el diálogo hacia los rumores poiíticos que circulaban. Le dejé hablar, porque supuse que podía ser interesante conocer sus designios y saber por quién era enviado )). Con López Bassa había llegado a Salamanca, también procedente de Mallorca, un capitán médico, Vicente Sergio Orbaneja. Los presentaba, en una carta dirigida a Hedilla, el general Trinidad Benjumea. Éste y Hedilla jamás se habían visto ni cambiado correspondencia alguna. El general Benjumea afirmaba que los dos capitanes figuraban entre los fundadores de la Falange mallorquina. Ninguno de ellos habia sido falangista antes del Alzamiento. Lhpez Bassa sirvió a éste, como militar, en su preparación. Procedía de Renovación Española. Orbaneja habia hablado, con frecuencia y en tono peyorativo, de la Falange. «No me causó buena impresión dicho Orbanejan, declaró Hedilla. Visitaron a Hedilla, y también se entrevistaron con Agustín Amar y Rafael Garcerán. »Volvió a verme López Bassa, y por desconocer mi carácter, creyó que el silencio con que yo le escuchaba podía ser un signo favorable, y se lanzó a hablar sobre la presunta unificación y a formular promesas para el futuro con respecto a mi actuación política. Nunca di oídos a sus propuestas. Para un capitán de Ingenieros era muy trascendental lo que al parecer se le había encomendado, y de gran importancia lo que debía transmitir. Llegué a pensar que mi interlocutor era un mitómano, pero tuve informaciones que le presentaban como visitante cotidiano del Cuartel General y relacionado con personas significadas, con las cuales sostenía largas conversaciones». Años después de haber dejado las responsabilidades del poder, Ramón Serrano Suñer, al evocar los azarosos días de la primavera de 1937, expuso algunas circunstancias que pueden relacionarse con el presente testimonio de Hedilla: ((Los capitanes mallorquines, como solía Ilamárseles en Salamanca, Ladislao López Bassa y Vicente Sergio Orbaneja, afirmaban pertenecer a la Vieja Guardia falangista. »López Bassa exponía una serie de teorías p de proyectos

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en torno al sindicalismo nacional. Se me presentó invocando amistad con mi hermano Fernando, ingeniero de Caminos que había tenido destino en Mallorca. Me incliné a pensar que entre mi hermano y Upez Bassa sólo debía de haber existido una relación su~erficial. nolbaneja había conocido al general Franco cuando éste asumió la comandancia militar de Baleares. ))Los dos capitanes entraban y salían en el Cuartel Géneral, hablaban con muchas personas pertenecientes a éste, y pronto fueron muy conocidos en Salamanca. »Por 1 que yo supe, nunca se les encomendó ninguna mi; sión relacionada con el jefe de la Junta de Mando provisional en tomo a los propósitos unificadores)). Lo que Hedilla no acaba de explicarse, quizá sea menos oscuro para los críticos objetivos de la vida española. Mallorca, en aquel período -y en otros anteriores y posteriores- representó, en la política española, el papel de Córcega y de Marsella en la francesa, durante la 1 1y IV República. En Mallorca 1 se domiciliaba un gran poder --económico e individual- cuya actividad es patente en la historia política española. Antes de la llegada de López Bassa y de Orbaneja a Salamanca había aparecido, presentada por Víctor de la Sema, ex redactor de La Libertad y ex director de Informaciones, alguna persona allegada a dicho poder económico e individual. Consiguió, sin título alguno que lo justificase, figurar en viajes al extranjero en los que iban falangistas representativos. Hedilla era por naturaleza incorruptible y lo eran otros falangistas de talla. Citemos a Agustín Aznar en esa vanguardia de 1937. Aznar, próximo a emparentar con la familia Primo de Rivera, hijo de un político probo y sincero, don Severino, sabia que el dictador, el general marqués de Estella, habia chocado contra el poder económico e individual al que aludimos, y le habia sancionado, con valentía: sabiendo lo que arriesgaba. También sabía Aznar cuál era el pensamiento de José Antonio sobre la Córcega-Marsella española... Si el jefe de la Junta de Mando y otros hubieran descubierto algún flanco débil, se les habría tentado con el dinero, único

argumento de aquel poder. Y preferentemente en divisas fuertes, colocadas en el extranjero. En la línea de implacable objetividad que seguimos, debemos precisar que los propósitos de ese poder económico e individual, aunque coincidieran con una alta decisión, no fueron el motor de ésta. Aquel poder quería que se cancelara la independencia falangista, como lo ambicionaban todos los partidos políticos adscritos al Alzamiento. Y, otra vez, haremos la exclusión debida de los voluntarios requetés. «En la coyuntura -testimonia Hedilla- quise conocer directa, personalmente, la actitud de la Comunión Tradicionalista ante la presunta inminencia de la unificación. Cuanto me habían informado Pedro Gamero y José Luis Escario a fines del mes de fesrero era vago, impreciso, g por lo que he sabido muchos años después, incierto. Tomé contacto con personalidades de la Comunión, como su secretario, don José María Lemamie de Clairac y el señor Arauz de Robles, y en u n rápido viaje que hice al norte, tuve conversaciones con ellos en Villarreal de Alava. »Ante la presunción de que el Generalisirno decidiera dar órdenes unificadoras, propuse lo que me parecía una salida viable, sin perder de vista los graves problemas de la guerra. n-Unifiquémonos nosotros -dije-, por lo menos prouisionalmente, para que Franco no tenga que alegar una circunstancia imperativa, de fuerza mayor. »Mis interlocutores necesitaban tiempo para hacer naturales consultas, pero, en principio, parecieron acoger con buen espíritu mis sugestiones. »-Vamos a perder un tiempo precioso -añadí. »Y recordando el acuerdo temporal que fue firmado entre los dialogantes de Lisboa el 17 de febrero, sugerí también, y esto fue aceptado en el acto, que en el caso de que la unificación se hiciera por decreto nos comprometiéramos a no aceptar cargo alguno, sin perjuicio de seguir colaborando, con la misma decisión de siempre, en el esfueno de la guerra)).

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E n el curso del complot contra el jefe de la Junta de Mando, los coaligados de la fracción ((legitimista~tuvieron ocasión de advertir que su base numérica, entre los ncamisas viejas)), era mezquina. En el mes de febrero buscaban con ahinco, y cosechando fracasos, los colaboradores que necesitaban para dar apariencia mayoritaria a sus designios. Se veían obligados a gestionar la adhesión de los fundadores y de los militantes anteriores a febrero de 1936, los cuales eran quienes podian avalar un conato de innovación y la eliminación de Hedilla. Hubo numerosas provincias a las que ni siquiera osaron auscultar. Un falangista representativo de Burgos, declara: «Nadie me propuso nunca, dentro ni fuera de la Falange, que participase en una ofensiva contra Hedilla para destituirlo o eliminarlo. Lo mismo sucedió a otros falangistas burgaleses con alguna categoría dentro de nuestra organización. O se nos consideró insignificantes, o se pensó que no éramos elementos apropiados para motines y traiciones)) *. No disponían del jefe territorial de Aragón, asociado tardíamente al conato, ni tampoco de los jefes provinciales de Teruel, Huesca y el Bajo Aragón. Guipúzcoa y Navarra -provincias en las que se había reaccionado, por los falangistas, contra el mando de José Moreno, a quien fue necesario deponerle y trasladarle a la Administración general- eran, como Alava y Logroño, fieles a la disciplina. La huella dejada por Manuel Hedilla en Galicia era profunda y no se manifestaron síntomas de deslealtad. Zamora aparecía, y lo fue, berroqueña en su disciplina. Pero en Valladold aparecieron proclividades al complot. Dionisio Ridruejo, jefe provincial, no estaba decidido, claramente, a seguir esa línea. Muchas años después, Ridruejo se ha mostrado implacable y despectivo, injustamente, con la Junta de Mando provisional, aunque haciendo una salvedad **: «Me consta que los pobres hombres, los improvisados personajes -entre los que no faltaba alguna persona noble y discreta* Testimonio de Florentino Martina Mata. ** Dionisio Ridmejo: Escrito en España, Editorial Losada, S. Buenos Aires, 1962, página 83.
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que a la muerte de José Antonio Primo de Rivera habían asumido colectivamente el mando falangista, estaban al margen de los planes de la guerra, de los nombramientos públicos, de la política y de la administración. Se limitaban a reclutar hombres para el frente y la retaguardia -los primeros para ser mandados por oficiales profesionales- y a tolerar que muchos de los segundos se empleasen en faenas de represión harto menos espontáneas de cuanto se ha solido decir. Por lo demás, hacían propaganda de su credo y veían crecer la mies sin saber a qué trojes iría a parar. Lo supieron solamente en el mes de abril de 19371). Primero en Segovia, donde era el efectivo jefe provincial, pues llegó a gobernar a su antojo al que ocupaba oficialmente el puesto y, a partir de diciembre de 1936, como jefe provincial de Valladolid, Dionisio Ridrueio hizo exactamente lo aue imputa veintiséis años después a la Junta de Mando, cuyos fines compartía y servía y cuya disciplina tenía que obedecer por razóñ de su-juramento d e falangsta. En el norte, los conjurados obtuvieron un recluta: el médico Fernando González Vélez, quien había sido nombrado, tras el Alzamiento, y por Andrés Redondo, jefe provincial. Se obligó a cesar al doctor Marqués, hombre valioso, para dar entrada a González Vélez. Los jefes provinciales de Cáceres y de Badajoz, Luna y Arcadio Carrasco, permanecían a la expectativa y, en el fondo, temerosos de comprometer su posición en una aventura que podía contribuir a desalojarlos. E n el sur, se implicaron en el complot Sancho Dávila, quien -insistimossemía a la unificación por decreto, Joaquín Miranda, Martín Ruiz Arenado y unos grupos de oscuros militantes. Seguimos refiriéndonos a la recluta de falangistas antiguos. En Andalucía no había homogeneidad en las filas de la organización y Dávila nunca logró imponer su personalidad sobre las numerosas fracciones. Toledo, Soria y Palencia se mostraban leales a Hedilla, y Salamanca daba señales de disciplina y adhesión. En la colecta, hallaron los conjurados a Ernesto Giménez

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Caballero como colaborador en potencia, pero que deseaba guardar sigilo. ~Gecén,según hemos señalado ya, fue readmitido en la Falange por mediación de Francisco Bravo, y después de manifestaciones de arrepentimiento. Fue a parar a la Delegación de Prensa y Propaganda para el Estado, dirigida por el general Millán Astray, y se le estimó por los mandos de Falange incurso en una falta de disciplina por la que al parecer se le impuso un correctivo. Poco tiempo después, uGecén consiguió el Premio Internacional del Fascismo, por su libro Roma resucitada en el mundo. Pidió permiso para ir a Italia ... El mismo lo explicó: ((Salíde España con el permiso del jefe de la Falange y del Generalísimo Franco Después, siempre con el mandato del Generalísimo y de mi Jefe Nacional Hedilla nComo yo soy un soldado de la Falange, estoy a las órdenes de mis mandos, con la ilusión de ser utilizado en los objetivos en que yo pueda ser más eficaz para nuestro Movimiento. Creo que a la Falange le esperan hondas .tareas en el renacer de España y para esa resurrección de España serán necesarios los esfuerzos disciplinados de todosn Giménez Caballero hacía esas protestas y declaraciones apenas cinco semanas antes de que fuera decretada la unificación, y cuando se había vinculado a los conspiradores. El secretario de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda falangistas, Vicente Gaceo del Pino -futuro condenado a muerte-, escuchó la oferta de ser nombrado titular de aquella si participaba en el complot. Otros antiguos falangistas fueron solicitados con la misma tentación de altos cargos y posiciones. Algunos informaron cumplidamente al jefe de la Junta de Mando, hacia el mes de febrero de 1937. Es verídico que estuvo informado por diversos conductos de lo que se tramaba, y su actitud fría daba a entender que no sentía apego a la jefatura en cuanto ésta representara honores y distinciones. Rigurosamente puede afirmarse que Hedilla no contraatacó, ni tomó medida alguna disciplinaria contra los conspiradores. Iba madurando, silenciosamente, la decisión de convocar

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el Consejo Nacional, pero no lo declaraba. Esto producia indudable perplejidad en los leales y envalentonaba a los mnjurados. Un jefe provincial de Cataluña, al referirse a una visit.a que a Hedilla, días antes de la crisii, manifiesta «El hecho de que los falangistas catalanes fuéramos leales y fieles a Hedilla, casi hasta ser su guardia pretoriana, tuvo algún determinante en su actitud y afecto hacia los catalanes. Creo que pesaba capitalmente en nuestro subconsciente y en nuestra actitud la necesidad de racionalización de las fuerzas primarias que 61 representaba. nSe ha discutido mucho la fidelidad de Hedilla a José Antonio. Hedilla lo que no fue nunca ea un esteta ni un señorito, J justo es reconocer que algún resabio de los tales quedaba entre los que pretendían monopolizar hasta la sombra de José Antonio. nYo admito siempre la posibilidad de mi error en el juicio, pero sólo el esteticismo y el señoritismo pueden justificar el que algunos rompieran la unidad y fueran dóciles instrumentos, aún reconociendo que a veces Dios escribe en renglones torcidos. Lo cual jamás convierte lo torcido en recto. »No oí una &la palabra de Hedilla contra la presunta un& ficación, aunque las escuché de labios de algunos consejeros más vocingleros, menos leales y que más medraron después. Yo, personalmente, fui contrario a la unificación con el 99,9% de los falangistas, y no me importa reconocer que, posiblemente, me equivoqué. nEn aquel maremagnum de gritos, pasiones e intrigas, Hedilla me daba la impresión de que se esforzaba en no dejarse arrastrar y mantener frío Para mí, Hedilla tenía demasiada personalidad, y fue víctima de acontecimientos fatales, de tragedia griega, de ese avanzar resoplante e inexorable del acontecer histórico, del cual es absurdo decir si fue bueno o malo, que se puede aceptar o rechazar. »Sin duda sus fines --coordinación, disciplina, jerarquia-

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* Arriba Éspa~a. Entrevista con Martin Almagro, 11 marzo 1937.

* Testimonio de José Mana Fontana

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eran acertados y beneficiosos, prueba de lo cual constituyó -paradójicamentla propia unificación, que en este camino fue todavía más ambiciosa y radical, pero sobre todo, con mayores posibilidades para llevarlos a cabo m. A esta explicación subjetiva y honrada de Fontana, se puede unir otra que concierne a la bondad de Hedilla, y que expresa u n falangista navarro «No creo tener mucha base para juzgar la actitud de la Junta de Mando provisional, aunque conozco a todos sus componentes. Sin embargo, por sus dotes de mando, Manuel Hedilla, una vez conocida la muerte de José Antonio, fue tomado primero con prevención y luego con envidia, lo que hizo que se fuese sembrando la semilla de la discordia en u n campo abonado de hombres egoístas poco inteligentes, ambiciosos, sin dotes para nada y sin espíritu falangista. No comprendieron la bondad de Hedillan.

Y en la ciudad se encontró con José María de Areilza v otros monárquicos, Zunzunegui, Lequerica ... quienes seguían realimndo gestiones para que la unificación tuviese cariz espontáneo. Pensaban entrevistarse en San Juan de Luz con el príncipe Javier. Hablaron con Hedilla. Areilza testimonia: «Nos escuchó con gran interés y respeto para la iniciativa, aunque a su juicio no era tan inminente la unificación como yo suponía. Expuasimismo algunos puntos de orden doctrinal que requerían, a su juicio, previa clarificación. Quedó en que volviéramos a , leunirnosn José María de Areilza y los suyos podian haber excusado Ja entrevista con don Javier de Borbón Parma, si hubieran tenido la intuición de dirigirse a determinados tradicionalistas de la zona vasco-navarra. Éstos se hallaban verfecta. minuciosamente informados. La historia es ejemplar. En el mes de marzo, el conde de Rodezno informó al jefe Delegado de la Comunión que se retiraba a su casa de ~áceres. FA Conde testimonia: «pues bien: ya en el mes de marzo, la unificación tomó cuerpo o estado entre ciertos carlistas, y por ella trabajaron Rodezno, Luis Arellano, José Martínez Berasain y otross. El 1 2 de abril, el Generalisimo convocó a Rodezno, al que acompañaron en la audiencia el conde de la Florida, don José Martínez Berasain y don Marcelino Ulibarri. Todos escucharon de labios de Franco que iba a firmarse el decreto unificando a la Comunión y a la Falange.

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El 1 de abril decidió el jefe de la Junta de Mando hacer 1 u n viaje al frente vasco, en el que debía empezar la nueva ofensiva enfiada sobre Bilbao. El invierno, muy inclemente, daba aún coletazos. La línea del frente era extensa y abrupta en muchos sitios. Hedilla visitó Villarreal, la línea de Vergara, Ondárroa, diversas posiciones y parapetos, hospitales de sa.ngre. En todos los lugares encontró unidades falangistas, por cuyo equipo, condiciones y situación se interesó personalmente, y tomó notas para atender a necesidades y obligaciones. En sus visitas a los frentes, HediUa sólo prometió lo que podía cumplir, pero dentro de esos límites fue leal a su palabra. Visitó las cárceles y campos en que se hallaban prisioneros rojos, y gentes pasadas a las filas nacionales, las cuales esperaban que su situación quedase definida. -Siempre aparece algún falangista evadido, y es preciso ayudarle -repetía Hedilla. En San Sebastián, acudió a Pasajes, para visitar la flotilla .de ctbous» armados, guerrilleros del Cantábrico, cuyas dotaciones estaban formadas por voluntarios falangistas.
* Testimonio de Aniceto Ruiz Castillejo.

* Es curioso el resto del testimonio de Areilza: .A los pocos días pedimos a don Javier que nos recibiera para exponerle, con urgencia, el mismo asunto. Accedió, muy gustoso, y nos recibió el 18 de abril, por haberse retrasado la fecha debido a otros compromisos. Con exquisita cortesía nos oyó exponer la iniciativa de fusión voluntaria para adelantarse a lo que, de todas maneras, había de llegar. Le contamos nuestras anteriores gestiones con la organización monárquica (sic) y nuestro diálogo con Hedilla. Pareció impresionado, pero fue rotundo en su afirmación, recibida, según él, de sus autoridades de España: la unificación era una remota e improbable posibilidad. >Recuerdo que fuimos a Biarritz después. Y que compramos la prensa. Los titulares lo decían todo: "Anoche, en Salamanca, el Caudillo proclamó el decreto de unificación"~.

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Los visitantes se trasladaron inmediatamente a Navarra, donde se reunió la Junta de la Comunión. Decidió ésta convocar a la Asamblea regional reunida el 14 de abril, en el Círculo Carlista de Pamplona, bajo la presidencia del señor Martínez Berasain. Rodezno expuso largamente su parecer, favorable al acatamiento. Hubo unas manifestaciones de varios delegados, en pro de que se acordara el nombramiento de una comisión que se entrevistase con el Generalísimo, para intervenir en la redacción del decreto. Repuso el conde de Rodezno que Franco le habia convocado sólo para informarle y que, por otra parte, la asamblea navarra no tenía la representación oficial de la Comisión Tradicionalista. Entre un centenar de delegados, sólo hubo uno que protestó del acatamiento. Don Javier fue informado rápidamente del anuncio de la unificación. Residían en San Sebastián el Delegado Nacional de Prensa y Propaganda, la secretaría de la Delegación y el resto de los servicios, con la excepción, ya anotada, de la Agencia de Informaciones, Colaboración y Control, que siempre funcionó en Salamanca. El delegado. Vicente Cadenas Vicent. testimonia: «En " . el curso de la estancia de Hedilla en San Sebastián, tuvimos ambos una entrevista algo borrascosa, en cuyo transcurso estaba yo decidido a dimitirmi cargo. »Ignoro por qué vías le habia llegado al jefe de la Junta la confidencia de que la mayor parte de los componentes de la Delegación éramos enemigos suyos. »De mí no podía sostenerlo, pues le previne a tiempo de que se conspiraba contra él. Fue en ocasión de habérsele brindado a Gaceo, para el futuro, la Delegación Nacional. »Como era lcigico entre camaradas leales, la borrasca se apaciguó, y entonces hablamos de lo que Hedilla estaba dispuesto a hacer: convocar al Consejo Nacional para resolver, definitivamente, la tirantez que existía entre él y ciertos miembros de la Junta de Mando. »Salí yo de San Sebastián, para Burgos y Zamora, a fin de consultar con José Andino y Ricardo Nieto. En León me encon-

tré a Juan Francisco Yela, de Asturias. Les hablé con sinceridad, y no vi que sintieran animosidad alguna contra Hedilla. Llegué a Salamanca el 15 de abril 1). Horas antes había llegado también, a la misma Salamanca, Manuel Hedilla, decidido a circular la convocatoria para el Consejo Nacional ya preparado. Decía literalmente: «Convocatoria del jefe de la Junta de Mando provisional para celebrar un Consejo Nacional extraordinario el día 25 de abril de 1937, en la jefatura provincial de la Falange Española de Burgos. ))En atención a las circunstancias en que actualmente se desenvuelve la organización interna de Falange Española de las JONS que, evidentemente, sufre aguda crisis de autoridad, disciplina y relajación de los principios nacional-sindicalistas, ocasionados por el carácter provisional del régimen de Junta de Mando, que está en pugna con el espíritu que informa la Falange y con los preceptos de sus Estatutos que establecen categóricamente la unidad de mando encarnada en una sola persona, que ha de asumir toda la responsabilidad a la vez que toda la autoridad; y considerando que por otra parte han llegado a esta jefatura constantes y reiteradas sugerencias de camaradas pertenecientes a la Junta Política y al Consejo Nacional, hechas en el mismo sentido. >)He dispuesto: »Convocar a una reunión extraordinaria del Consejo Nacional. »Ateniéndonos a los términos de la convocatoria del Consejo Nacional de 1935 y a los Estatutos porque se rige nuestra Organización, tomarán parte en este Consejo los camaradas que a continuación se expresan: >)Jefesde Servicios nombrados por el jefe nacional, según el artículo 26 y el párrafo 1.' del artículo 39 de los Estatutos:
VICENTE CADENAS HELIODORO F. CÁNEPA ROBERTO REYES.

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Elegidos por las JONS ( 1935 ) : JESÚS MURO . JOSÉ SAINZ MARTfN RUIZ ARENADO JOSÉ ANDINO. Designados por la Jefatura Nacional ( 193 5 ) : SANCHO DAVILA CELSO GARCfA TURÓN AGUSTfN AZNAR JESÚS SUEVOS FRANCISCO RODRfGUEZ ACOSTA FRANCISCO BRAVO MANUEL YLLERA VICENTE GACEO FERNANDO MELEIRO MANUEL HEDILLA RICARDO NIETO JUAN F. YELA MIGUEL MERINO JOSÉ LUNA JOSÉ MORENO >)EsteConsejo se reunirá a las diez de la mañana del día 25. Informarse en la jefatura ~rovincialde Falange Española de Salamanca. »El Consejo será presidido por el camarada que, por orden de prelación', tenga la cualidad que a continuación se indica: »l." Que formara parte de la última Junta Política, por designación personal del Jefe Nacional. »2P Que formara parte de la última Junta Política, por designación del Consejo Nacional. ~ 3 . " El camarada más antiguo de la Organización, que sea miembro del Consejo Nacional. »El Presidente dirigirá todas las deliberaciones del Consejo, llevará el orden de las discusiones y nombrará las Comisio-

nes que hayan de constituirse para el estudio y redacción de ponencias. Tendrá autoridad plena durante toda la actuación del Consejo. »La Presidenria del Consejo será ocupada, inmediatamente, por el camarada en quien recaiga la designación para Jefe Nacional, en sustitución de la actual Junta de Mando. >>Actuará secretario del Consejo el Consejero de menor de edad: será ayudado en su función por los camaradas que a su propuesta designe el Presidente. »El Consejo deliberará acerca de los siguientes extremos: » l . Disolución de la Junta de Mando provisional. »2. Elección de Jefe Nacional condicionada a las dos circunstancias siguientes: »a) El que.resulte elegido lo será hasta que se reintegre a su puesto el indiscutible Jefe Nacional, José Antonio Primo de Rivera. »b) En el caso de que el Secretario General del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta, se incorpore a su puesto, antes de que lo hiciera José Antonio Primo de Rivera, el Consejo se reunirá, automáticamente, para resolver entonces lo que proceda. d. Los Consejeros con mando político traerán un informe detallado del desarrollo del Movimiento en el territorio de su mando, con arreglo al siguiente índice: DJONS, Milicias, Segunda Línea, Flechas, Sección Femenina, Auxilio de Invierno, Prensa y Propaganda, Sanidad, Jurídico, Administración, S.E.U., Servicios Técnicos, Servicios diversos, Sindicato Español del Magisterio, Central Obrera Nacional-sindicalista y Central de Empresarios Nacional-sindicalista »4. Iniciativas y proposiciones de los Consejeros.

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* Los sindicatos obreros, durante el mando de Hedilla, fueron horizontales. La llamada Central de Empresarios Nacional-sindicalista significaba la desaparición de los sindicatos patronales, con todas sus secuelas y apéndices -Cámaras, Asociaciones gremiales, Fomentos de diversos títulos...-. No podía llegarse a la meta de la verticalidad -que José Antonio condicionó a la toma del poder por Falange y a un periodo posterior de desarrollo social y económico, reforma agraria, nacionali-

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»Salamanca, quince de abril de 1937. - El Jefe de la Junta de Mando provisional, Manuel Hedilla. iAniba España! ». La convocatoria planteaba, al fin, el problema sucesorio, que ya era de vida o de muerte para la organización; y conservaba un ((sebastianismo))que no era ilógico del todo; en cualquier caso era noble. Los procedimientos soviéticos, ya introducidos en la zona roja, dejaban un pequeñísimo resquicio a la posibilidad de que el caído en Alicante no fuera José Antonio. El tributo que se ofrecía a Fernández Cuesta también era noble, pues se declaraba apto al Consejo para reconsiderar, si el antiguo secretario era canjeado, el nombramiento que debía hacerse de Jefe Nacional. Esto creaba una hipoteca sobre la autoridad del Jefe que resultara elegido. Mas la voluntad de Hedilla era esa, y no otra... Fue incontestable que la decisión tomada por Manuel Hedilla el 15 de abril, a primera hora de la mafíana, traslució a los conspiradores y a otros ambientes ajenos a la Falange, pese al muy reducido círculo de personas que la conocieron e intervinieron en la confección material, mecanográfica, del documento. Hubo una o dos o tres filtraciones, y señalamos la alternativa cifra, porque las sospechas más vehementes recayeron en tres personas que parecían leales al Jefe de la Junta. El documento no era secreto, e iba a ser difundido entre los mismos conjur:dos, cuya mayoría figuraba entre los convocados. Pero el haberse filtrado su conocimiento con innecesaria antelación fue causa del giro de inmediatos acontecimientos. El mismo día 15 de abril salieron con rumbo a Salamanca Jesús Muro y Sancho Dávila, prevenidos por Agustín Aznar, José Moreno y Rafael Garcerán, estos tres residentes en Salamanca. La solución al problema sucesor$ estorbaba sus planes y sus objetivos. Su fórmula era muy distinta: «Yo no elahoré
zaciones, control obrero, etc.-. gste es un dato esencial para juzgar los hechos, conocer algunos de sus orígenes, escribir la historia general de la Falange y, en suma, la de España. Los sindicatos horizontales de obreros habrían perdurado indefinidamente. Huelga decir que desaparecie ron en esa forma tras la unificación ...

el recurso del triunvirato para reemplazar a Hedilla, pero lo acepté»- nos ha testimoniado Agustín Aznar.
LA MAÑANA DEL 16 DE ABRIL DE 1937 Manuel Hedilla, apenas rompía el alba, acudía cotidianamente al domicilio de la Junta de Mando, donde encontraba a unos falangistas salmantinos, soñolientos por la vigilia, encargados de la guardia. Entraba en su despacho y comenzaba a trabajar. Tardaba en aparecer el personal de la secretaría, y aún eran más indolentes, por lo general, los encargados de otros servicios: verbigracia, el personal de la Jefatura de la Primera Línea. La apertura de la jornada, correspondía, siempre, a los montañeses: el jefe, los camaradas de su escolta y el director de la Agencia de Informaciones, Colaboraciones y Control. El día 16 de abril, a esa hora, habían llegado a Salamanca, a las cinco de la madrugada, tres falangistas vallisoletanos, vestidos de paisano y armados, a los que fue a buscar Luis González Vicén, asociado al objetivo de aquéllos. El grupo de Valladolid, capitaneado por Girón de Velasco y González Vicén, jugaba la carta de la oposición. Ridruejo, que posee elementos de juicio incontestables-, habla como sigue de ciertos sectores vallisoletanos refiriéndose a sus dudas antes de aceptar la jefatura provincial (<Perosi el ascenso como tal me conturbaba, me gustaba menos aún la idea de hacerme cargo de aquella Falange vallisoletana, que los falangistas provinciales considerábamos invasora y bronca, y que había acumulado un sombrío prestigio de violencia. Había, sin embargo, una especie de reto: ño erá imposible que las milicias acuarteiadas en la ciudad recibieran a tiros a las nuevas jerarquías impuestas por las milicias del frente)). Ridruejo se refiere probablemente a los que podían defender a Andrés Redondo contra los partidarios de Girón y de González Vicén. En pueblos cercanos a Salamanca se hallaban individuos

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* Loc. cit., pagina 14.

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procedentes de Sevilla, con tres automóviles a su disposición y armados de fusiles, ametralladoras y granadas y provistos de esposas policiales. - En el cuartel de milicias de Salamanca, estaban alerta y armados, miembros de la llamada centuria de Madrid Todo ello constituía una serie de maniobras dirigidas contra Hedilla y los que ya eran denominados «hediWistas)~, dinamos avant la lettre. Ahora bien, este hombre así cercado tenía en Salamanca media docena de hombres que, seguramente, serían capaces de sucumbir defendiéndole y a la par defendiéndose. Eran todos montañeses, y todos habían dado pruebas, antes de la mesra. de su condición de luchadores. Hedilla y esa media docena de falangistas ignoraban que se iba apretando un cerco contra ellos. Sabían. ciertamente., m e existía la conjura, mas ignoraban cuándo ocurriría el estallido. Lo sabía el Cuartel General del Generalísimo, por informes que suministró la policía. En la Administración General de la Falange, inmediata a la Junta de Mando, se reunieron aquel mismo 16 de abril,.a las once de la mañana, Agustín Aznar, José Moreno, Jesús Muro, Sancho Dávila y el factotum de la conjura, Rafael Garcerán. . «Me sentí triste al acudir a esa reunión)) nos declara Agustín Aznar. Por su parte, Jesús Muro testimonia: «Fui informado de que iba a decidirse el caso de Hedilla, por causas relacionadas con el culto a la personalidad que algunos querían fomentar. Garcerán pretendía que yo fuera miembro del triunvirato. Me negué. ~nionces, dirigió a Moreno. Los tres puestos se reparse tieron allí entre Aznar, Dávila y Moreno. Garcerán sería secretario generals. Desde la Administración, los conjurados acudieron al despacho de Hedilla. Con éste se hallaba José 'Sáinz, miembro de la Junta. Llevaban un pliego de cargos, redactado por Garcerán y en el que figuraba el acuerdo de destituir a Hedilla. No ignoraban

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L

que Sáinz se mantendría leal, y por una operación aritmética de escolar, al saber que ellos eran cinco, se anticiparon a la reunión formal. Los cargos decían: Hedilla ha observado ((reserva para con la Junta oficial a la que nunca ha dado cuenta a fondo de sus gestiones, conversaciones y orientaciones políticas, de las que en cambio estaban enteradas personas ajenas a los mandos de la Falange. Si alguna vez ha hecho manifestaciones ha sido a posteriori y coaccionado por la actitud de algunos miembros de la Junta. »Resistencia sorda y solapada, para cumplimentar los acuerdos de la Junta oficial en varias ocasiones, y descaradamente, después de la reunión última, en la que por unanimidad se aprobó, incluso con su voto (sic), un escrito dirigido a Su Excelencia (el Generalísimo) que al día siguiente no quería presentar. Cuando se le recordó la decisión de 'la Junta, quiso modificarlo con arreglo a unas normas que traía escritas de su casa, y sólo ante la coacción (sic) de tres miembros (de la Junta) se avino a presentar a S. E. el escrito sin las notas >)Sometiéndosedócil a la Junta extraoficial (sic) en contraste en su hosquedad y enemiga a la Junta legítima. A la primera pertenecen hombres advenedizos y peligrosos »Propaganda desmedida e impropia de su persona para ponerse a una altura superior a la que le corresponde, orientando su actuación a crearse partidarios-personales reclamaedo para esta tarea a colaboradores ociosos encargados de fabricarle artículos y discursos de todo género. »Traición final a la Junta de Mando para verse libre de la Junta de Mando. »El camarada jefe de la Junta ha decidido convocar u n Consejo Nacional sin dar cuenta a la Junta y encargando la tarea a los hombres de la oficina, con la advertencia ex-

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**.

y

* Los datos relativos al cerco contra Hedilla están tomados de un informe de éste ante el Consejo Nacional del 18 de abril de 1937.

** No podía existir, ni existia, Junta extraoficial alguna. El historiador -y el lector contemporáneo- quedarán perplejos ante tal afirmación. Aclaremos que Garcerán y sus cofirmantes pretendían dar a entender que Hedilla confiaba en los falangistas que servían al Movimiento decentemente. En el texto que reproducimos no figura el nombre de ningún «advenedizo y peligrosoa.

* El escrito estaba falto de respeto y no lo entregó.

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presa d e que fuera ocultado el hecho al secretario de la Junta. »De este Consejo se h a excluido a nombres de prestigiosos camaradas, por suponerles adversarios de la política del jefe, y pretendiendo e n cambio convocar a otros que supone amigos suyos, por lo q u e resultarían unos Consejeros agradecidos y, por tanto, capaces de designarle Jefe del Movimiento »Entre estos últimos hombres habrían de incluirse algunos encarnizados enemigos de José Antonio, y contumaces traidores e n l a actualidad con nuestra Organización, l a cual desfigura constantemente hasta el punto de haberse tomado el acuerdo e n u n a reunión de la J u n t a de Mando, celebrada e n este año, de prohibirle hablar e n público sin conocimiento expreso de l a propia J u n t a »Ineptitud manifiesta del camarqda, acusada por s u analfabetismo, q u e l e obliga a caer e n manos d e los sicarios más insolventes y d e los hombres m á s peligrosos para el Movimiento, d e quienes se siente prisionero. » P o r el solo hecho de conspirar contra la J u n t a de Mando, f u e separado un camarada d e dicha Junta, quien posee dotes intelectuales m u y superiores a las del camarada jefe de la J u n t a Política como éste h a atacado reiteradamente a l a Junta,

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***;

No había exclusión ni inclusión injustificadas. Lo que originó esa temeraria afirmación es que Rafael Garcerán, quien nunca fue jefe de servicios ni consejero de la Falange, no figurara, por tanto, entre los convocados. Temía Garcerán que sus ovejas se descarriaran, si faltaba él, cn una pintoresca fábula cartagenera, al convocado Consejo. ¡Cuán lejos estaba de suponer que dos días después, ese Consejo al que lamentaba no acudir, le infligiría terrible, inolvidable, perenne latigazo en el rostro!. ** Estas acusaciones fueron contestadas, ante el Consejo Nacional, por Hedilla. Pero a nosotros nos incumbe hacer algunas precisiones. Todos los Consejeros convocados lo eran desde 1935, por designación de José Antonio o elección hecha por grupos de JONS. Ninguno de ellos había sido expulsado antes del Alzamiento, ni lo fue después. Los jefes de servicios que asistirían eran Vicente Cadenas, Heliodoro Fernández Cánepa - é s t e partidario de los conjurados- Roberto Reyes, de cuya fidelidad a José Antonio no había duda. ¿Quién eran los «enemigos y traidores,? *** Alusión a Andrés Redondo, en cuya destitución tuvo parte, unánime, la Junta de Mando, y muy especial Agustín Amar, cabeza aparente de la conspiración.

por omisión encaminada a exaltar s u figura, últimamente por traición descarada y fulminante, se l e impone la misma sanción a quien como presidente, tenía más obligación con ella que cualquier otro Consejero. ))Habida cuenta de que la J u n t a de Mando, reunida e n esta grave circunstancia, ha d e velar de manera inexorable por la integridad de la Falange, hoy e n peligro, debido a los manejos del camarada presidente, y DEPOSITARIA COMO ES D E L MANDO Y D E L PODER D E N T R O D E L MOVIMIENTO, acuerda lo siguiente »a) es ti tu ir a l presidente d e la J u n t a Política del cargo de jefe de esta Junta, y asimismo d e la jefatura territorial de Burgos, que queda disuelta, pasando a depender las Provinciales a aquélla pertenecientes a l Mando central. »b)u n triunvirato que desde este momento asuma las funciones que los estatutos confieren a l Jefe Nacional del Movimiento. Este triunvirato estará compuesto por los camaradas suscritos, y a los efectos del artículo 48 de los estatutos, y a todos los reglamentarios tomarán sus acuerdos por mayoría d e votos. » c ) Ratificar al camarada José Moreno s u cargo de Administrador de la Falange, por el celo, pulcritud y sacrificio puestos e n el desempeño de t a n delicada misión. >)d) El Triunvirato queda comprometido a convocar Consejo Nacional dentro d e u n término de cincuenta días, a cuyo f i n procederá a hacer designación de los Jefes de Servicio que deben existir estatutariamente

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esb bar

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* Los conjurados lanzaron, antes de abril, el slogan de que la Junta de Mando era no sólo ilegal, sino facciosa. De ahí que haya podido llamárscles ~legitimistas~. leales'.sí la calificaban de legítima, Los sobre todo después de la ratificación de poderes hecha por el Consejo Nacional el 20 de noviembre de 1936. Véase la fenomenal contradicción de aquéllos. ** Positivamente, el triunvirato se disponía a nombrar un número de consejeros que lo fueran por razón de ser jefes de servicios. Hedilla sólo reconocía a los tres que estaban citados en la convocatoria. Mas, por un procedimiento de cacique murciano, bastaría que el triunvirato diese categoría de servicio nacional a cualquier negociado para que el encargado del mismo fuera consejero.

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»A reservar diez cargos de consejeros en atención a los camaradas que aún están fuera de la zona liberada; a designar a los que, con arreglo a los estatutos, corresponde a la jefatura del Movimiento; a convocar a las elecciones de consejeros por grupos de provincia que corresponda, y a designar seis miembros de la Junta Política que será completada en la primera reunión del Consejo)) «Y para la restauración de todos los órganos estatutarios del Movimiento nombra secretario al camarada Rafael Garcerán, que lo es ya de esta Junta de Mando, y como tal queda encargado de custodiar la presente acta y todos los documentos de la Junta de Mando, que desde este momento queda autodisuelta, por haber cumplido la misión provisional que le fue conferida por el Consejo Nacional, que en su primera reunión subvendrá con arreglo a los estatutos a los problemas planteados por la ausencia de nuestro glorioso jefe nacional, José Antonio Primo de Rivera)) Hedilla, con su gran dominio espiritual, escuchó hasta el fin la lectura del pliego de cargos y decisiones. ((Esta Junta de Mando provisional -respondió-- no ha recibido sus poderes de vosotros, sino que todos nosotros los hemos recibido de la Asamblea conjunta de consejeros nacionales y de jefes territoriales y provinciales. Vosotros no podéis modificar u n acuerdo de tal índole, ni reformar los estatutos, que están

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**.

Los consejeros nacionales elegidos por las JONS podían llegar a veinte; los designados por la Jefatura Nacional, a veintiocho. En el supuesto de que se reservaran cinco de los primeros y otros cinco de 10s segundos para los camaradas de la zona roja, las JONS sólo el& ginan a una porción mínima, mientras el triunvirato podría asegurarse -mejor dicho, ratificarse- la mayoría facultativamente. El mismo triunvirato se proponía designar seis de los doce miembros de que estatutariamente constaba la Junta Política. Los otros seis, serían designados por un Consejo Nacional que el mismo triunvirato impondría. * La abstrusa redacción de esos propósitos dejaba, sin embargo, saber que el Consejo Nacional de 1935 iba a cesar en pleno. El grado de domesticidad de estos Consejeros, sería el que determinara su nueva designacián o elección ** La secretaría pasaba a ser pieza de la organización.

vigentes. Será preciso reunir al Consejo Nacional, que deberá decidir » José Sáinz suscribió la tesis de Hedilla. Sin embargo, el hecho de que los conjurados fuesen cinco -incluvendo a Garcerán- les daba la mavoría circunstancial o episódica. Sobre el curso de la entrevista -pues no se trataba de una reunión formal de la Junta- opinan, en 1963, algunos que a ella concurrieron. Agustin Aznar dice: «Por lo que puedo recordar, no hubo gran acritud ni aspereza. Yo lo vi como un debate entre camaradas que pretendían servir de la mejor manera posible a la ~ a l a n ~D . tal manera fue así, que -alguien e ; y yo indicamos a Hedilla que debia seguir trabajando, ya sin la responsabilidad de la Jefatura. Creo que le dije algo parecido a esto: - N-Raimundo-Fernández Cuesta llegará muy pronto. Quizás antes de cuatro meses. Lo que hoy decidimos es provisional, aunque resulte necesario N. Jesús Muro es más claro: «Asistí a la reunión en la aue Hedilla fue depuesto, pero me negué en absoluto a figurar en el triunvirato, y a secundar la maniobra en terreno distinto al de la sustitución de Hedilla. Cuando vi cómo se presentaban los acontecimientos, después de la reunión, me marché en seguida a Zaragoza » Estas manifestaciones, como la contrición de José Moreno cuando veía llegar, años después de la guerra, el final de la propia vida, quedan desvirtuadas por la existencia categórica del pliego de cargos y resoluciones contra Hedilla. Se le habían dirigido a éste dolorosos agravios, acumulados por Garcerán, con un estilo que no puede reputarse, precisamente, de elegante. Sancho Dávila v José Moreno los ratificaron con su conducta y con sus palabras horas y días después. Muro se dio cuenta, al fin, del enorme vacío que acababa de abrirse ante la Falange. Tardíamente. Aznar lo advirtió, también, a destiempo. Garcerán, con su entendimiento teratológico de la existencia, fruía -por muy escasas horas- del éxito *. * Sefialemos, al pasar, que Garcerán imputa a Hedilla, en declara-

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ción a nosotros formulada, que el jefe & la Junta no sabía eskribir

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La superficial apacibilidad de la entrevista de los conjurados con Manuel Hedilla y José Sáinz necesita determinadas precisiones. Aunque los irruptores en el despacho del jefe estaban armados, y en las proximidades del edificio tenían gentes apostadas y convenidas, Hedilla y Sáinz en Ia plenitud de sus facultades físicas y con gallardo historial de luchadores, podían haberles reducido y llamar a la guardia salmantina del local y a los camaradas de sus respectivas escoltas que en el mismo se encontraban. Pero esto significaba, aunque fuese normal disciplinariamente, u n escándalo al que seguiría, sin duda, un choque entre las fuerzas armadas leales y los activistas colectados y apostados por Luis González Vicén, Sancho Dávila y los individuos de la Centuria de Madrid puestos en estado de alerta por orden de Agustín Aznar. Lws oficinas de la Junta de Mando, con tres o cuatro teléfonos meramente, unas máquinas de escribir, sin gabinete telegráfico, emisora de radio ni teletipos, no representaban nada en cuanto las dejara el jefe legítimo. ¿Valía la pena de afrontar el enorme riesgo de la lucha armada rabiosa entre quienes vestían camisa azul, para conservar el dominio sobre la oficina? Los hechos sucesivos demostraron que un incidente de menor gravedad podía ser abultado y definido como un acontecimiento de trascendencia histórica. Hedilla, por intuición, advirtió que la visita acumulaba un artero designio para que corriera -y en abundancia- la sangre, a las once de la mañana - - e s decir, sin que fuera posible sofocar el escándalo ni desvirtuarlen la Salamanca domicilio del Cuartel General del Generalísimo, sede de Embajadas y centro de informadores periodísticos extranjeros. «Me levanté -testimonia el jefe de la Junta- dejando reunidos a los conjurados, los cuales acaso imaginaron, al ver mi salida, que ya tenían el poder en sus manos. Marché al Cuartel General para informar al Generalísimo. Me recibió el teniente coronel de Estado Mayor, don Antonio Barroso y Sánni hablar. El lector verá que el escrito acusatorio contra Hedilla no hari nunca a su autor candidato al Premio Nobel de literatura.

chez-Guerra, a quien comuniqué lo sucedido, para que lo transmitiese a Francon. Hedilla, pues, acudió a informar, sin añadir peticiones ni solicitudes a su escueto relato, a quien dirigía la guerra y asumía el poder gubernamental. No podía hacerse responsabIe de lo que acometieran y hablaran quienes hasta entonces habían acatado la autoridad del jefe de la Junta. Su comparecencia en el Cuartel General servía también para anunciar al señor Barroso --quien tenía constante entrada en el despacho del Generalísimo- que antes del acto faccioso ya había sido convocado el Consejo Nacional, al que incumbía decidir el problema del mando supremo falangista .

ANTES DE LAS HORAS NOCTURNAS ... El llamado triunvirato, tras ausentarse Manuel Hedilla de la Junta de Mando, cobró u n aire cómico o bufo, sobre el cual testimonian incluso sus partidarios. Esta comicidad encubría torvos designios que esperaban a las horas nocturnas para ser realizados. A partir de las once y media de la mañana, José Moreno y Rafael Garcerán dieron a conocer, sin freno, ante los falangistas que en las oficinas cumplían sus obligaciones -todos los cuales, menos Mariano García, eran voluntarios que no percibían ni un céntimo-, cómo entendían la función del mando y de qué índole sería el porvenir. Jesús Muro, en tanto, se despedía apresuradamente para marchar sin dilación a Zaragoza. Era el primer arrepentido, aunque acaso lo ignoraba exactamente. Los mudos testigos de la intrusión pudieron observar cierta perplejidad en los conjurados. Garcerán salió de ella pensando, rápidamente, en la publicidad. Había que dar u n golpe audaz, por medio de la prensa y de la radio. Ninguno de los .conjurados propuso dirigirse, directamente, a los jefes provinciales, a los consejeros nacionales y a jerarquías señaladas de la organización. No se atrevieron. La primera medida política debería de haber consistido en dirigirse a todos los mandos falangistas, por la vía m á s rápida. Pero ese terreno era rnovediw y por tanto muy peligroso. Salvo quienes se habían incluido en la

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conspiración, l s restantes mandos se habrían preguntado qué o clase de broma de Carnaval era instnunentada desde Salamanca. La probable es que después de haber telefoneado a la Junta de Mando, se hubiesen presentado en Salamanca. La actitud mayoritaria de lealtad a Hedilla, constituía un peligro para los fac+osos. Éstos confiaban en el valor o fuerza de la letra impresa y de las.noticias difundidas por las radios nacionales. Serían un golpetazo en la conciencia de las provincias y harían presumir que los motivos de que se hubiera constituido el triunvirato eran gravísimos. Trataba, pues, Garcerán de lograr ese impacto, jugando con ventaja. Pero en ese trance, se encontraron con que no disponían de personal propio, de adictos que fueran capaces de cumplir las misiones de transmisión y divulgación. Con gran parsimonia, p d a de sus dificultades expresivas, los facciosos redactaron una nota que decía: «La ausencia de nuestro Jefe Nacional, José Antonio Primo de Rivera, y de otros prestigiosos camaradas, determinó la constitución de una Junta de Mando que asumió, provisionalmente, la máxima jerarquía de nuestro MOvimiento, bajo la presidencia del camarada Hedilla. »Esta Junta, en el uso de sus facultades, ha decidido en el día de hoy transferir el mando a tres de sus miembros de acuerdo con las prescripciones estatutarias de Falange Española. »Para lograr el total funcionamiento de los órganos que integran el Movimiento, será rápidamente convocado el Consejo Nacional que, con plenos poderes, designará los mandos y cargos de Falange con arreglo a sus estatutos. »Al dar cuenta a nuestros camaradas de este acuerdo, les aseguramos que nuestra actividad se encaminará a prestar a los hombres de Primera Línea los desvelos y atenciones que merece su actuación. Al saludar a todos los camaradas recordamos la necesidad de mantener íntegramente nuestras consignas. »Dedicamosun efusivo recuerdo a los camaradas del S.E.U., a los que cabe la gloria de haber dado el primer muerto por la Falange. »Con los respetos debidos a su alta jerarquía, consignamos, por último, un saludo a S. E. el Jefe del Estado Español.

~Salamanca,16 de abril de 1937. Agusth h Sancho , Dávila, José Moreno. iArriba España! » No había en esta nota alusión alguna a reaponsabilidada, omisiones, errores, faltas de Manuel Hedilla. Mucho menos se aludía a su deposición - e n el ánimo de los facciosos- como jefe de la Junta y jefe territorial de Burgos, Santander, Soria, Palencia Pero se consignaba un brindis hecho a la Primera Línea, y firmado por quien desde el 2 de septiembre de 1936, era su Jefe Nacional y había manejado millones de la tesorería falangista: Agustín Azuar. Y dicho brindis lo suscribía también Sancho Dávila, cuyo lujoso despacho de jefe territorial causaba la estupefacción de propios y extraños. La intención era equívoca. Parecía decirse a los voluntarios: «Si habéis tenido frío y hambre y falta de vino y de tabaco, ahora ya no sucederá igual, porque ha cesado Manuel Hedilla)). El recuerdo al S.E.U. era otro brindis --sugerido por Heliodoro Fernández Cánepa, delegado de dicho Sindicato y faccioso-, y resultaba del todo incongruente. Con la misma razón podía haberse saludado a la Falange salmantina y a sus primeros caídos, o a la de Daimiel. El saludo a Franco -mal redactado y mal situado protocolariamente- era una habilidad de Garcerán, para sugerir, en el ámbito de lectores y auditores, que el triunvirato contaba ya con el beneplácito de aquél. La nota estaba sobre la mesa del despacho de Hedilla; los facciosos se miraban con perplejidad. Alguien dijo: -Llamemos a Vicente Cadenas, delegado nacional de Prensa y Propaganda ... -Cadenas es enemigo nuestro -prorrumpió Garcerán. Moreno, ex comandante de Caballería, repuso: --Obedecerá... ;por la cuenta que le tiene! Acudió Cadenas. Estaba ignorante de cuanto había sucedido. Moreno le interpeló:

-

...

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a

Hedilla... *

«-Supongo que ya estás enterado de que hemos destituido

*Pues no; lo desconozco. ,-Sí; hemos destituido a Hedilla y a José S h , quien s e ha negado a firmar el pliego de cargos contra Hedilla. sProsiguió Moreno: n-Toma esta nota, para que la difundas en los periódico9 y en las radios. »La guardé. Me fui al domicilio particular de Hedilla y se la mostré. »Poco después, Sáinz y yo acudimos a la Junta de Mando, y procuramos convencer a los allí reunidos de que la Falange debía manifestarse en un Consejo Nacional, que Hedilla ya había convocado. »-iTodo está decidido! NO queda nada que hacer! -nos respondió Morenon . Señalemos la importancia histórica de los deseos de conciliación, ante el soberano Consejo Nacional, que Hedilla formuló desde la mañana del día 16. Vicente Cadenas seguía pareciendo sospechoso a los facciosos, quienes decidieron cursar u n telegrama a los periódicos de la Falange, con el texto de la nota en que daban cuenta de la constitución del triunvirato. Un falangista, oficial mayor de la secretaría de la Junta de Mando, Mariano García Gutiérrez, testimonia: xMe lo entregaron para que yo lo llevara y lo depositara inmediatamente en Telégrafos Pasé por casa de Hedilla a fin de que lo supiera...». Se vio que, a pesar de la firme decisión del Delegado Nacional de Prensa y Propaganda de no obedecer a los facciosos, éstos apelaban a otros medios. Era preciso bloquear, en la medida de lo posible, el llamado triunvirato. El piso, muy reducido, en que estaba domiciliado Hedilla era, sin embargo, demasiado vasto para el número de los leales que en él se reunió a primera hora de la tarde. Uno de éstos expuso:

-El servicio telefónico es muy difícil de controlar. Pero loa mensajes telefónicos son menos eficaces que los telegráficos, y los radiados. Creo que no será posible impedir que los facciosos comuniquen por teléfono. Acaso resulte más factible impe-

dir el curso de mensajes telegráficos y radiados y la publicación
de la nota en los diarios de Salamanca. Como los reunidos le miraron con alguna sorpresa, el falangista -montañés y de origen trasmerano- continuó: -Tú, Hedilla, tienes fuerza y prestigio que tu carácter no te permite medir. Si me das un oficio, un papel firmado por ti, me comprometo a intentar el bloqueo de las comunicaciones y difusiones del triunvirato. No parecía Manuel Hedilla bastante convencido, pero al fin accedió. José Antonio Serrallach Juliá escribió, en la máquina portátil del jefe, un oficio que iba dirigido a Telégrafos, a los diarios salmantinos y a Radio Nacional de España. Aquel falangista, salió para su destino. «La operación no me pareció difícil n i arriesgada - d i c e el En peores circunstancias me había encontrado montañés y me encontraría. ~ u primero a Telégrafos, muy próximo a la i casa de Hedilla y al domicilio de la Junta de Mando, y me entrevisté con el jefe del centro. Como ya había supuesto, vestía camisa azul. Le di a leer el oficio de Hedilla en el que se me autorizaba para dar órdenes en su nombre. Era aquel telegrafista un hombre de pocas palabras, y me gustaría recordar sus apellidos. Se trataba de persona madura, pero reaccionó como u n muchacho, al explicarle yo, ligeramente, lo que acababa de suceder. Me dio su palabra de que todos los telegramas enviados por el triunvirato, el cual se valdna de sellos de caucho existen'tes en las oficinas de la Junta, no serían cursados y me serían mostrados. »Desde Telégrafos, marché a Radio Nacional de España, cuyos estudios se hallaban en la periferia de Salamanca, cerca del camino del cementerio. Personaje principal de la radio era Fernando Fernández de Córdoba, el que fue llamado «galán

*-.

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* Testimonio de Vicente Cadenas.

* Testimonio de Maximiano Garcia Venero.

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de galanes», espléndido locutor, y que manifestaba cordial sentimiento falangista. En la emisora teníamos, asimismo, a otros que llevaban camisa azul. »Fernández de Córdoba, en el acto, me prometió que no sería radiada ninguna comunicación del triunvirato. Le creí y acerté. Empero, previne a un falangista de Alcañiz, Emilio Díaz Ferrer, a quien yo había incorporado a mi diario Amanecer de Zaragoza y facilitado luego sus aspiraciones periodísticas, que si por orden imperativa resultaba indispensable radiar alguna nota facciosa, me advirtiera, con urgencia suma, para contraatacar. »A seguido, estuve en El AdeZanto, el diario de más circulación de Salamanca. No había problema alguno: ni siquiera tuve necesidad de mostrar el oficio firmado por Hedilla. Mariano y José Núñez Alegría, amigos míos personales, accedieron s n reparos a lo que yo les rogaba. Eran los propietarios del pei riódico. Para prevenir cualquier contingencia de Última hora, advertí a otro amigo y compañero de profesión, Delfín del Val. »Por Último, me encaminé a La Gaceta Regional, diario portavoz de la CEDA, dirigido por Juan Aparicio López. »Tampoco publicó nada procedente del Triunvirato m. El bloqueo quedó completado por la retención de la correspondencia postal enviada, durante la jornada del mismo día 16, por el triunvirato. Ocurrió inesperadamente y gracias a la actitud de unos muchachos muy jóvenes, pertenecientes a la organización juvenil como ((flechasn, y que eran utilizados como recaderos. Se vio que Hedilla les había infundido afecto y respeto, y en sus conciencias de muchachos habían reaccionado muchas veces contra los hábitos violentos de Moreno, Aznar y Garcerán. Esos «flechas» eran los hermanos Julio y Santiago Martínez, José Sánchez Norberto y algún otro. Se presentaron para ofrecerse a cuanto se les mandara y, naturalmente, el falangista 'montañés al que nos referimos líneas antes, les pidió que le llevaran toda la correspondencia que, sin duda, se les encomendaría para depositarla en Correos

El inmovilismo que en esos aspectos de su tarea paralizó al triunvirato, facilitó el envío de nuevas órdenes para adelantar la fecha del Consejo Nacional convocado por Hedilla y la transmisión de informes precisos sobre las incidencias de la jornada a quienes mantenían la justa disciplina. Uno de los conjurados, el subjefe de la Primera Línea, Gumersindo García Fernández, testimonia: ((Eran más de las tres de la tarde del día 16. Esperaba yo en el domicilio de la Junta de Mando que se me dieran instrucciones. José Moreno me dijo: ))-Ahora, vete a comer, iy al cine! »Estaba yo algo enfermo, con fiebre, me fui al cuartel de Falange y me acosté. Aquellas horas me parecían críticas, y recuerdo perfectamente que coloqué fusiles Schmeisser debajo de las camas de Agustín Aznar, de Heliodoro Fernández Cánepa, delegado del S.E.U. y de la mía 1); Mientras García Fernández iba al cuartel, el triunvirato recibía respuesta a una petición que había formulado a mediodía: la de ser recibido por el Generalísimo. La entrevista se celebró a las cuatro y media de la tarde. Franco les escuchó, sin hacer objeciones, el relato de lo ocurrido aquella mañana. LA AMENAZA DE LOS ACTIVISTAS En su discurso pronunciado ante el último Consejo Nacional de Falange Española de las JONS, declaró Manuel Hedilla: ((Durante los tres últimos días se recibieron avisos, incluso del Cuartel General del Generalísimo, de que un grupo de camaradas proyectaba unas "vispcras sicilianas", noticia que confidencialmente había comunicado la Policía al mismo Cuartel General». Y añadía: « fnterin ( los con jurados ) distribuían alguna cantidad, y ponían a disposición de varios camaradas el scrvicio de transportes de la Junta de Mando para que hicieran visitas de propaganda en favor del triunvirato, se hacían al propio
Mas tarde, al llegar las detenciones, procesos y condenas, siguieron actuando con denuedo. Los presos guardan, hacia ellos, cordial gratitud.

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* Esos valerosos ~Elechasn salmantinos prestaron innumerables servicios -muy eficaces algunos-, porque sabían oír, ver y retener.

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tiempo veladas amenazadas de muerte a determinados camaradas a quienes convenía amedrentar 1). Hemos señalado ya la convergencia en Salamanca y sus alrededores de activistas mandados por los conjurados, a más del estado de alerta de los miembros de la llamada centuria de Madrid, incondicionales de Agustín Amar. ((Entre estos llamados falangistas de Madrid -declara el jefe provincial de Salamanca que vivían en el cuartel y no se sumaban al frente, había algunos díscolos que se emborrachaban con frecuencia y se habían convertido en semillero de disgustos. A veces me vi obligado a arrestar a algunos de ellos, por mi autoriclad de jefe provincial, pero alguna jerarquía superior a la mía, al enterarse, les condonaba la sanción)). Un elemental sentido de defensa obligaba a los leales a impedir aquellas «vísperas sicilianasu o ((noche de San Bartolomé», cuyas consecuencias de todo orden serían incalculables; desaparecería la Falange, deshonrada, y los frentes de guerra experimentarían, probablemente, una peligrosa sacudida. A media tarde, requirió Hedilla al jefe provincial de Salamanca, Ramón Laporta Girón, a quien habia ratificado el jefe de la Junta en su cargo el 7 de septiembre de 1936, en tanto durase la ausencia, por otras misiones, de Francisco Bravo. Laporta pertenecía a la mesocracia mercantil. Acudió a la entrevista acompañado por el jefe provincial de Milicias, Manuel Gil Remírez. En aquella hora había en el cuartel seiscientos falangistas salmantinos, a los que se instruía para ir a los frentes. Existía, también, una Segunda Línea salmantina, bastante numerosa y armada. Hedilla informó a los dos salmantinos de lo ocurrido y de su decisión de someterlo rápidamente al Consejo Nacional. Según testimonia Laporta, el jefe de la Junta le ordenó que ocupara los locales de ésta. Sugirió Laporta que podía ir él solo a conferenciar con los conspiradores, mientras Gil Remírez acudiría al cuartel de Milicias, a fin de evitar que de él salieran los salmantinos y los miembros de la centuria de Madrid.

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«Acudí -declara Laporta- al domicilio de la Junta de Mando, donde me recibió José Moreno. Le supliqué que lo ocurrido por la mañana se solucionara dignamente, sin que hubiera márgenes para la lucha violenta entre los partidarios del triunvirato y quienes seguían fieles al jefe de la Junta de Mando provisional. Moreno me contestó: >)-iTú eres un espía de Hedilla! No te ocupes de este asunto. Lo que debes hacer es irte al cuartel y procurar que esté arreglado y limpio». En este punto empezó a revelarse la actitud equívoca del jefe provincial de Salamanca. Tardaría largas horas en volver al domicilio de Hedilla. Las empleó en negociar por su cuenta. Entonces se convino, en el domicilio de Manuel Hedilla, recurrir a falangistas de probada disciplina. Martin Almagm aludió a los falangistas de Pedro Llen, quienes sentían fervor por Hedilla, y que días antes recibieron sus despachos de jefes de centuria. Algunos - e n t r e ellos los procedentes de la heroica Primera Centuria catalana y otros- habían visitado a Hedilla acompañados por su profesor Von Haartman. Éste había sido uno de los jefes militares de aquella centuria. Almagro acababa de encontrar a uno de los falangistas catalanes, Pedro Pere Parera, a quien le dijo *: «-Pedro: la Centuria de Madrid está amartelada y se teme un atentado contra Hedilla. iPodríamos contar con vosotros para montar una guardia en el domicilio del jefe? »-Por nuestra parte no habrá inconveniente B. P&dm Pere aguardaba la decisión de Hedilla. Se aceptó el concurso: «Nos pusimos de acuerdo - d i c e Pere- los seis: Antonio Geis Salvans, Luis de Caralt, Ramón C. de Sobregrau y yo, procedentes de la Primera Centuria catalana y Jaime Bofill Queraltó y Francisco Ráfols Serdá, de la Segunda Centuria. »Ráfols y yo marchamos, en un ta,xi, a Pedro Llen para recoger armamento. Una vez obtenido, montamos guardia en la escalera de la casa donde vivía Hedilla. De nosotros destacamos más tarde a dos para que fueran al Gran Hotel y a otros

* Testimonio de Ramón Laporta.

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Testimonio de Pedro Pere Parera.

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lugares, a fin de allegar noticias, vigilar y esperar instrucciones en sitios convenidos,. , Martin Almagro declara: «José Sáinz trajo a Salamanca a algunos, muy pocos, de los toledanos, los cuales entraron en la ciudad vadeando el Tormes, pues la Guardia Civil vigilaba los puentes y otros accesos. Y aún no había sonado u n tiro en Salamanca. Pero así ocurrió.)) A primera hora de la noche llegaron, desde Burgos, varios falangistas montañeses: José M." Alonso Goya, jefe de Milicias, Eduardo González Camino, jefe provincial; Luis Ortiz de Hazas, quien asumía alguna jerarquía provincial y el médico burgalés, Inspector Nacional de Sanidad de la Falange, Tomás Rodríguez. Hedilla pudo haber movilizado fuerzas numerosas. No lo hizo. Dispuso, voluntariamente, de un corto número de leales. Eran, sin duda, inferiores cuantitativamente a las fuerzas de que disponían los facciosos, pero tenían sobre éstos la positiva ventaja de que habían combatido -verídica y constantementeantes de la guerra, en la hora del Alzamiento y después. Su armamento era, en general, mediocre, pues los fusiles Schmeisser y armas semejantes estaban en poder de los conjurados. Desde Burgos trajeron los expedicionarios algunas bombas de mano. Quienes carecían de armamento, salvo sus pistolas, eran otros falangistas domiciliados en diversas calles de Salamanca y cuyos nombres figuraban en las listas de los conjurados, según dijo Hedilla luego, para ser eliminados. Además de Hedilla, constaban en ese censo cuarenta y siete falangistas, cuyos domicilios aparecían en una lista hallada a Sancho Dávila A una hora que precisa Ramón Laporta en su testimonio, «las diez de la noche)), se convocó al jefe provincial de Salamanca por «el coronel de Estado Mayor que servía a las órdenes del general García Alvarez, goberdador militar de la plaza. Me dijo, en resumen, que se preparaba u n golpe por ambos bandos

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* Este es un dato histórico, que consta en el discurso de Hedilla ante el Consejo Nacional. En la madrugada del 1 de abril los funcb narios del Cuerpo de Policía, don Justino Arenillas y don Luis Arias, lo manifestaron a algunos falangistas, de éstos Maximiano García Venero.

falangistas, que se tenía noticia de movimientos en la academia de Pedro Llen »Mi contestación fue que indicara al general que estuviera tranquilo, toda vez que los seiscientos falangistas alojados en el cuartel para marchar al frente estaban bajo mi control, y a sus órdenes, para evitar cualquier alte ciónu. El hecho resulta, histórica, obj tivamente, singular. Mientras ocurría, Hedilla estaba y había estado en constante comunicación telefónica con «el jefe de la sección de operaciones del cuartel general del Generalísimo, don Antonio Barroso a quien di cuenta de todo cuanto yo sabía, sin omitir detalle. En una de sus llamadas -declara Hedilla-, entre las diez y las once de la noche, me invitó, en nombre de su Excelencia, a pasar la noche en su Cuartel General, cosa que agradecí, pero que no acepté, por considerar que mi persona no corría peligro)). Como es lógico, la aceptación por Hedilla de lo que se le proponía hubiera significado una cesión de su autoridad y de su derecho, y a la par una confesión clara de su impotencia para dominar los acontecimientos. En ese trance, el falangista montañés acreditó un fino sentido de la política. Hedilla, refugiado en el Cuartel General mientras iba a consumarse la efusión de sangre falangista, habría sido u n decisivo argumento para mostrar la incapacidad del Movimiento nacional-sindicalista. «En la casa de Hedilla, donde estábamos reunidos -testimonia Garcia V e n e r e no existía tensión alguna. En la calle, había camaradas que nos prevendrían si se acercaban los facciosos. Todos confiábamos en la llegada a Salamanca de los consejeros nacionales ya convocados. No queríamos, ni debíamos, romper las hostilidades con los activistas. Deseábamos, en verdad, que aquella no fuera sino «une nuit blanche~, como dicen los franceses, pero en modo alguno sangrienta. En la actualidad, con tantos años más sobre las espaldas, seria ridículo afirmar con petulancia que deseábamos brotara el pus de la bolsa infecciosa, obra de Dávila, Garcerán y Moreno; y cito a éstos porque incluso apeteciéndolo, no sentíamos aversión contra Aznar y Muro. Aún hoy me es imposible explicar las razones de nues-

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tra actitud. Amar y yo habíamos chocado algunas veces; también con Muro tuve encuentros. Creo que la mayoría, en cuanto a b a r , estaba en mi tesitura ... »Se habló entonces entre nosotros de intentar nuevamente la conciliación hasta que llegaran todos los consejeros nacionales convocados. Uno de los partidarios del nuevo intento era José M. Alonso Goya, por su amistad con Sancho Dávila. Nosotros sabíamos que Dávila se encontraba en un hospedaje salmantino, con fuerte escolta, y que tenía otros hombres situados estratégicamente. Nos parecía muy aventurado que Alonso Goya acudiese solo. Entonces, el jefe provincial de Milicias de la Montaña, dada la escasez de hombres, propuso ir a la academia de Pedro Llen, donde esperaban destino varios montañeses ya titulados jefes de centuria. Eran pocos, pero leales y bravos. Y allá fue José María para volver rápidamente con los camaradas y paisanosD. Eran éstos Daniel López Puertas, fundador y jefe local, en un tiempo, de las JONS de Mataporquera; Aureliano Gutiérrez Llano, de las JONS de Santillana; Santiago Carral, de las JONS de la Vega de Pas; Fernando Ruiz de la Prada, el de más edad, estudiante de Medicina, falangista antiguo... Todos ellos probados en la lucha y e s los frentes. Ocupaban la misma habitación en la academia de Pedro Llen. La escolta habitual de Sancho Dávila la componían cinco hombres. Fernando Ruiz de la Prada testimonia que Alonso Goya, al llegar a Pedro Llen, les dijo: -Vais a venir conmigo a Salamanca. Hay una conjura para asesinar a Hedilla y quizás a Franco. López Puertas y Gutiérrez Llano declaran: ((Por lo que oímos a Goya, el jefe había aceptado que se entrevistara con Sancho Dávila para que depusiera su actitud N. La visita de Goya a Dávila tenía, efectivamente, la finalidad de convencerle para que conferenciase con Manuel Hedilla, en el lugar que se eligiera y con rigurosa promesa de prescindir de la violencia. '

José M.' Alonso Goya fue un hombre de gran corazón y de excepcional nobleza. Su fórmula -pues de él partió la iniciativa-, la aceptó Hedilla sin entusiasmo. Pesó, en el ánimo del jefe de la Junta, la voluntad de impedir, si era posible, que en aquella madrugada del 16 al 1 7 de abril corriera la sangre, según los augurios, noticias y amenazas que hemos referido. El hecho de que los conjurados se hubiesen retirado a hora temprana -unos al cuartel, otros, bien armados y pertrechados, a sus hospedaje* también era muy sospechoso. -No quiero violencias de ninguna clase, Goya -manifestó Hedilla. Y el jefe de Milicias sonreía, reiterando que no tendría necesidad de apelar a ninguna violencia. -iSi hemos compartido Dávila y yo la celda en la Modelo y el refugio en la embajada de Cuba! -respondió. Con el jefe de Milicias se marchaba Daniel López Puertas. Los restantes jefes de centuria montañeses esperaban en la calle. A la par salía, para regresar a Burgos, el inspector de sanidad de la Falange, Tomás Rodríguez López. Por la escalera iba conversando con Gova: -Si lo que yo quiero -decía el enviades ver a Sancho y convencerle de que entre nosotros no puede haber luchas ni rencores... El testimonio de Tomás Rodríguez, fallecido hace años, otro, absolutamente concorde, de Víctor de la Serna -también difunty el manifestado en términos semejantes por Luis Ortiz de Mazas, se publicaron, viviendo aquéllos, en las copiosas ediciones de Cartas cruzada entre don Manuel Hedilla Larrey y clon Ramón Serrano Suñer mencionadas ya anterior-nte. Otro testigo, Eduardo González Camino, también ha fallecido. Ha testimoniado de modo idéntico -murió en mayo de 1962- Daniel López Puertas. «Yo deseaba ir con Goya y los camaradas -testimonia Maximiano García Venero--, pero se me ordenó permaneciese en la casa de Hedilla. Salí con éste para acompañar a los que mar-

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chaban, oí las palabras referidas y, sobre todo,'noté que eran una orden rigurosa. El tono de la voz y el gesto del Jefe no daban lugar a dudas ». Ya en la calle, Fernando Ruiz de la Prada preguntó a Goya: -2 A dónde vamos? -Eso no debe preguntarse. Pero, como vas a ser el jefe de éstos, te diré que vamos primero a entrevistarnos con Sancho Dávila. Acaso vayamos después a ver a Agustín Aznar y a Rafael Garcerán. Tenía Goya varias bombas Laffite, y ordenó a Ruiz de la Prada: -Prepara eso; lo llevamos como medida de precaución. Esta noche no debemos andar inermes. Hizo el falangista la preparación y entregó dos bombas a cada uno. Pero aún hizo una advertencia a Goya: -Es de noche No conoces la ciudad. ¿No crees que sería preferible montar un servicio de vigilancia y esperar a que sea de día para cumplir la orden? No lo aceptó Goya. Se dirigieron todos a la calle Pedro Pujo1 núm. 3, en una de las esquinas de la Plaza Mayor. Les abrió el sereno. -Coloca a dos para el servicio de escaleras --dispuso Goya. El propio Ruiz de la Prada y Santiago Corral, se situaron en el descansillo Los restantes entraron, sin violencia, en el piso, manifestando que deseaban entrevistarse con Dávila. Aureliano Gutiérrez Llano, testimonia: «En la habitación del jefe territorial de Andalucía entraron Goya y López Puertas. Yo me quedé en el pasillo, junto a una habitación donde habia dos miembros de la escolta de Dávila, acostados. Uno de ellos, de pronto, se le-

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vantó y, echándose el capote sobre los hombros, se dispuso a salir del cuarto. »-¿A dónde vas? -le pregunté. »-Al cuarto de baiio. »Con algún recelo miré hacia el fondo del pasillo, donde efectivamente estaba el cuarto de baño. Pero no me di cuenta de que junto a éste había otra puerta. El escolta, en vez de en. trar en el cuarto de baño, penetró en la habitación contigua y salió con una bomba que lanzó en mi dirección. Caí, pero sin sufrir heridas ». Daniel López Puertas relata la entrevista que él y Goya sos. tuvieron con Dávila: ((Entramos y vimos que había dos camas. En una, Sancho Dávila, y en la otra, un escolta suyo, apellidado Peral. »Cordialmente expuso Goya a Dávila el motivo de la visita, y le excitó a que se entrevistara con Hedilla, en el lugar que prefiriese, dándole palabra de que no se quería cometer ninguna violencia. »La respuesta de Dávila fue hablar duramente contra Hedilla y pedir a Goya que abandonara al jefe de la Junta y se pasara al bando del triunvirato. '»En esto, se oyó una explosión dentro de la-casa. »Goya se dispuso a salir de la habitación, y apenas se hubo vuelto, Peral le disparó un tiro en la nuca, matándole. El arma estaba, pues, montada. Yo saqué mi pistola y disparé contra Peral, quien fue tocado. Pero se me encassuilló el arma. lo que aprovechó Dávila para abalanzarse sobre mí y morderme ferozmente. Para que me soltara, con una mano saqué una bomba y le dije: ))-Si no me sueltas, la tiron. Fernando Ruiz de la Prada, Aureliano Gutiérrez Llano y Santiago Carral, testimonian: «Al entrar en la habitación de Dávila. vimos exánime a nuestro losé María. Tenía un tiro mortal con entrada por el occipucio y salida por el ojo derecho. »Junto a la pared, en camiseta y calzoncillos, estaban Dávila, un jefe de bandera de su escolti y Peral, sangrando y que se iba escurriendo lentamente.

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Testimonio de ambos falangistas.

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»Ese jefe de bandera había acudido al cuarto, pero López Puertas también le redujo, amenazándole con la bomba en la mano. »Al vernos entrar, Dávila gritó: N-iNo nos disparéis!... iNo le rematéis! »-¿Qué hacemos? -preguntó Ruiz de la Prada a López Puertas. ) - o mejor es que continuéis el servicio. I d a buscar a )L Garcerán y a Aznar. »Aureliano Gutiérrez encañonó a los tres andaluces, mientras López Puertas se restañaba la sangre de la mejilla. >)-No me mates -le pedía Dávila al montañés. >)Llegó policía y Aureliano Gutiérrez logró escabullirse)). la

A los falangistas montañeses que se dirigían a casa de Garcerán se les unió Martín Almagro Bosch. Residía aquél en la Avenida de Mirat, en una casa requisada. Disponía de un fusil ametrallador y de pistolas. Llamaron, y desde una ventana, les preguntó Garcerán qué deseaban: -Hedilla quiere verte -le respondieron. Apenas lo escuchó, se puso a disparar frenéticamente. Los falangistas respondieron a la agresión. A poco, llegaron varios guardias civiles y policías. Ya había público en las inmediaciones de la casa. «Se me ocurrió decirle a la fuerza pública -testimonia Almagro Bosch-: iEse hombre está loco! iDispara contra todos los que pasan! »La Guardia Civil conminó a Garcerán, dándose a conocer. »-¿La Guardia civil? -repuso aquél-. i Asesinos de Calvo Sotelo! u Fernando Ruiz de la Prada, declara: «La fuerza pública me preguntó: »-¿Qué hace usted aquí? »-Cumplir una orden. »-¿ Cuál? »-La de arrestar a Rafael Garcerán. »-Pues mande retirar a la gente, que nosotros tenemos

la misma orden. Y que sus camaradas vayan a la comisaría. Usted no, porque es alférez. »Mientras la fuerza reducía a Garcerán, acompañé a los míos hasta la comisaría. Luego me encaminé a la calle de Pérez Pujol, 3. Dávila y sus escoltas habían sido detenidos; Peral fue trasladado al hospital. El cadáver de Goya seguía tendido en el suelo. Un comandante de la Guardia civil, Rodrigo Zaragoza, estaba en el piso, acompañado por un médico militar. »-¿Conoce usted a Goya? -me preguntó el comandante, con funciones de juez instructor. »-Sí. »-¿Estaba usted aquí al ocurrir los sucesos? ))Respondí afirmativamente y, por indicación del mismo Zaragoza, al saber que yo era casi médico reconocí a nuestro camarada, apreciando la herida mortal. »El juez ordenó mi detención. Desde la comisaría me trasladaron al cuartel de la Guardia Civil, donde estaban ya mis camaradas y Dávila con su gente. Unos a un lado y otros a otro. »También se hallaban allí los camaradas catalanes de Pedro Llen. >)DáMla y los suyos fueron visitados aquella madrugada por cuatro frailes dominicos, con quienes conversaron largo tiempo N. Los jefes de centuria catalanes -testimonia Pedro Pere Parera- fueron detenidos al amanecer. ((Nuestra vigilancia habia terminado, por orden de Hedilla, a esa hora. Llegó la Guardia Civil y nos dijo que había orden de detener a cuantos llevaran armas. Lo hicieron cortésmente. ))Fuimos conducidos al cuartel de la Guardia Civil y nos metieron donde estaba Dávila y su escolta. Hicimos constar la violencia de nuestra situación y nos separaron. Nuestro encierro duró seis díasn. , El jefe provincial de Salamanca testimonia que, alrededor de las doce de la noche, se entrevistó en el Gran Hotel con los capitanes Ladislao López Basca y Vicente Sergio Orbaneja. Laporta Girón habia ido a casa de Hedilla en el momento que

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salía de ella José M. Alonso Goya y supo, por tanto, la misión que éste iba a cumplir. Afirma el mismo jefe provincial que, al oír explosiones y tiros, se dispuso a salir del Gran Hotel, del que ya se habían ausentado López Bassa y Orbaneja. No lo consiguió, pues el edificio estaba rodeado por moros de la escolta del Generalísimo. Y allí quedó bloqueado hasta la tarde: más de doce horas. «A partir de las doce de la noche del día 16 no tuve más comunicaciones personales con Hedilla. Seguí en la jefatura provincial porque me lo ordenó el comandante de la Guardia Civil Rodrigo Zaragoza)). El testimonio. es peregrino. Hasta el día 17 de abril, Bedilla fue jefe de la Junta de Mando, luego Jefe Nacional, elegido el día 18, y finalmente se le nombró máximo miembro del Secretariado de FET y de las JONS. Cualquiera de esos cargos imponía al jefe provincial salmantino kl deber inexcusable de presentarse a Hedilla. El movimiento de López Bassa y de Orbaneja quienes, según Laporta, marcharon al Cuartel general, resulta importante. Sirvió para desencadenar una acción sobre la cual testimonia Jesús Muro. Éste, que había salido de Salamanca la tarde del 16, llegó en la madrugada del 17 -después de cenar en rutaa las inmediaciones de Venta de Baños. «Mi coche tuvo una avería. Mientras despachábamos a alguien al pueblo, se nos acercó una patrulla de soldados italianos, mandada por u n sargento. Inquirieron quienes éramos y lo que nos sucedía. No le di importancia al cortés interrogatorio y, andando, nos fuimos aproximando todos a Venta de Baños. »Clareaba ya y se me ocurrió que Martín Serrano y otro camarada fueran al pueblo para que se nos preparara un desayuno. Me di cuenta de que con ellos se adelantaban algunos soldados italianos. Los vi volver y Martín Serrano me informó que los extranjeros habían dicho que estábamos detenidos. Protesté con energía, hice que despertaran al oficial que mandaba el destacamento, le conminé, y por fin me dieron excusas. Desayunamos en los Tra~enses,acogidos con gran amabilidad por el abad, y seguimos viaje a Zaragoza. »Ya en mi ciudad recibí un aviso de la Capitanía general.

Me recibió un teniente coronel que tenía vivísimas simpatías por la CEDA. Me dijo, sin duda por encargo del capitán general, señor Ponte y Manso de Zúñiga: »-Hemos recibido un telegrama del Cuartel general, en el que se nos pregunta cuál es la actitud de usted en relación con lo que está ocurriendo en la Falange. Se nos interroga si usted va a crear dificultades o va a crearlas la masa de los falangistas aragoneses. »-Soy -respondícatólico, español y falangista. En ese orden enumerativo se halla lo que debo hacer en estos momentos. Hay que ganar la guerra. Luego, todos discutiremos, si es menester, y sostendremos nuestros puntos de vista al mejor servicio de España. »Aquel hombre -ya difunto- me dejó aturdido, pues me propinó besos en las mejillas y me abrazó estrechamente. »Pasé a ver al general Ponte. Me preguntó: »-Vamos a ver, Muro. ¿Cuánta fuerza necesita usted estos días? »-Ninguna. »-Pero ¿No le harán falta a usted guardias civiles y de asalto para mantener el orden? »-De ninguna manera. He de bastarme con mi autoridad para mantener el orden. Si fracaso, entonces puede llegar el momento de que intervenga la fuerza pública. Pero creo que no fracasaré ». Lo que le sucedió a Jesús Muro en Venta de Baños, tres horas después del asesinato de Goya, el misterioso e inexplicable bloqueo del Gran Hotel de Salamanca, que venía a ser una justificación a favor de Ramón Laporta, y los movimientos de López Bassa y Orbaneja apenas escucharon lo relatado por el jefe provincial salmantino, parece sospechoso. El Generalísimo fue informado apenas ocurrió la mortal agresión contra Goya. Habíase retirado a descansar antes de la media noche, y, en el Cuartel general, Serrano Suñer seguía trabajando. A medianoche llegó al Cuartel General el capitán de la Guardia Civil, Cano, portador de la noticia. Serrano llamó a

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la puerta de la alcoba de Franco, anunciándole que había empezado lo que desde hacía horas se presagiaba. El Generalísimo salió de su habitación, y Cano le informó directamente. Franco cursó varias órdenes urgentes en relación con lo que acababa de suceder. A dichas órdenes hay que atribuir, lógicamente, el rapidísimo nombramiento de juez instructor, la peripecia ocurrida a Jesús Muro en Venta de Baños, la salida a las calles salmantinas de nutrida fuerza pública, y el bloqueo -que iio hemos comprobaddel Gran Hotel. Con todo, si el bloqueo a que se refiere Laporta existió, tuvo que ser posterior al hecho sangriento, por lo que el jefe provincial salmantino, al oír las explosiones, pudo salir del Gran Hotel y dirigirse a la Plaza Mayor: un minuto escaso de distancia. EL TESTIMONIO DE AGUSTÍN AZNAR «La noche del día 16 de abril -manifiesta el jefe nacional de la Primera Línea- me fui a dormir a hora temprana al cuartel de la Falange. Entre las horas comprendidas desde .la última reunión de la Junta de Mando, hasta que me despertaron, ya en el nuevo día, no di orden alguna, ni presté asentimiento de ninguna clase a medidas contra Hedilla y sus partidarios. En absoluto. »Sobre las 8 de la mañana, estando yo entre dos sueños, llegó Francisco Bravo al cuartel, dando grandes voces: »-iHan matado a Goya! ¿No lo sabéis? >)Mequedé estupefacto, lo mismo que debió de ocurrirles a cuantos dormían en el cuartel)). Gumersindo Garcia Fernández da una variante de las palabras de Bravo. Según él, dijo: »-:Se está vertiendo la sangre de nuestros mejores! iEl camarada Goya ha muerto! » ¿De dónde salía Francisco Bravo Martínez? A partir de las gestiones para la recluta de voluntarios en Galicia el mes de diciembre de 19 36, se había aposentado en la Coruña. Ricardo Nieto, instructor, con Martín Ruiz Arenado y Ro-

berto Reyes Morales,-del expediente de responsabilidades por los sucesos de aquella madrugada, testimonia: «Tomé declaración a Jesús Muro, con urgencia, a petición suya, pues deseaba ausentarse lo antes posible. Al hacerla, me entregó un telegrama remitido por Francisco Bravo, desde la Coruña, el día 15 de abril de 193 7. Decía textualmente: «Incondicionalmente a vuestras órdenes, Francisco Bravo)). Dicho telegrama, como la declaración de Muro, fueron incautados por la Policía al ser yo detenido)). Bravo estaba, pues, en connivencia y de acuerdo con los facciosos. «Le vimos aparecer -declara García Venero- en casa de Hedilla, alrededor de las siete de la mañana, fresco, recién afeitado, sin arrugas en el uniforme, y preguntando, mientras acentuaba su sonrisa: »-i,Qué pasa en mi tierra? »-Tú debes saberlo como nosotros -le repliqué sin poderme contener. »A mi juicio, Bravo estaba escondido en Salamanca o en sus alrededores por lo menos desde hacía largas horas. Era indudable que no acababa de llegar de La Coruña, según él aseveraba » Desde el domicilio de Hedilla, acudió Bravo al cuartel. Hed i l a le indicó que se entrevistara con Aznar. Mientras Bravo despachaba su gestión, Hedilla se encaminó a la Junta de Mando. «Me tocaba -sigue testimoniando García V e n e r e encargarme de penosos trámites. Minutos después del asesinato d: Goya acudí a Pérez Pujol, 3, y luego a la comisaría de Policía. Mal momento, inolvidable, pues tuve ante mí a Dávila y a los suyos. El comisario, Justiniano Arenillas, intervino con tacfo y estilo que siempre recordaré agradecidamente. Iban a trasladar el cadáver de mi paisano y camarada al depósito judicial. Le pedí a Arenillas: » - Q u e no le hagan la autopsia No es necesario. »-Pero, es la ley ... »-La ley, Arenillas, hasta este momento, somos nosotros. »Pudo resolverse el problema merced a una artimaña legal.

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La autopsia sería codiada a un médico falangista, Tomás RodríguezLópez. La causa de la muerte era la bala que entró por el occipucio y salió por el ojo derecho. Sin faltar a ningún deber profesional, podría certificarse con absoluta claridad. El tenien;e coronel ~ i r r o s oextendió un oficio encomendando la autopsia a Tomás Rodríguez Lhpez. »Me encaminé al depósito judicial y recogí todos los efectos de José Maiía, salvo las armas. Horas después los entregué personalmente a su hermano, el cual acababa de llegar a Salamanca. »El juez instructor pretendía que el cadáver fuera desde el depósito al cementerio. Me opuse. Yo quería que José Mana tuviese como capilla ardiente el local de la Junta de Mando. Nadie me había-dado órdenes de ninguna clase. Pero reaccio" né -y hoy, en una posición política muy distinta a la que entonces tenía, lo ratificcomo imaginé que habría reaccionado José Antonio. »Compré -sin dinero tangible, pues entonces era tan pobre como antes y ahora- un féretro y un nicho, en la misma galería donde se inhumó a Miguel de Unamuno, e hice que el cadáver fuera trasladado a la Junta de Mando. »Mi amigo y camarada Tomás Rodríguez López, al cabo de los años, testimonió sobre "una capilla ardiente". No la hubo espectacular, material. Sobre unos pies de madera cortos, hice que colocaran el féretro. Se pusieron unos blandones a los lados. Había, al fondo, una bandera rojinegra, la que algunos pensamos y creímos que serviría para realizar la Revolución. Y nada más. »Hubo un momento inolvidable. Al pie y al lado del féretro estábamos varios falangistas. Uno de éstos, Angel Alcázar de Velasco, lucía la Palma de Plata, otorgada con el refrendo de José Antonio. Tuve una de esas inspiraciones o arrebatos que al hombre más débil y apocado le convierten en un ser po. deroso e incontenible. »-Alcázar -dije-, yo no sé, no puedo saber lo que José Antonio habría decidido ante la muerte de este camarada nuestro. Pero tengo la intuición de que le hubiera concedido esa

Palma de Plata que tú llevas en el brazo. ¿Me permites que te la arranque y la coloque sobre el cuerpo de José María? »Angel Alcázar de Velasco se desprendió, con sus manos, de la Palma y la puso sobre el cadáver. »A esa hora empezaban a llegar consejeros nacionales, jefes territoriales, jefes provinciales... Yo no era más que un camisa azul, que había tirado por la ventana actas de diputado y empleos profesionales envidiados)) * . La gestión de Francisco Bravo con Agustin Aznar tuvo el resultado que el último testimonia. Sabía Amar que el jefe de la Junta había vuelto a su despacho. Y dice: «No reconocí la autoridad de Hedilla y le comuniqué al camarada Bravo que si en el plazo de dos horas no quedaba desalojada la Junta de Mando iría a asaltarla con mi gente. »Volvieron con nuevos requerimientos, y para que no hubiera un día de luto de la Falange y de España, evité el asalto a la Junta de Mando, poniendo como condición un armisticio que duraría hasta que se reuniera el Consejo Nacional, en el que se aclararía la actuación de unos y otros. ))Me indujo a ese armisticio el hecho de que Sancho Dávila estaba detenido y el triunvirato había fracasado)). Agustín Aznar -según su testimonio- se trasladó desde el cuartel al domicilio de Pilar Primo de Rivera. en el que vivía BU futura esposa, Lola. ((Yo no sabía nada -dice-, concretamente, acerca de la elaborada unificación. Hasta que fui detenido pedí, pedimos, a Hedilla que se opusiera al Decreto. Des* La policía, por orden del Cuartel General del Generalisirno, transmitió a García Venero la orden de que el entierro se verificase muy a primera hora de la mañana del día 18 de abril. Asistió, en nombre del Cuartel General, el teniente coronel don Antonio Barroso y SánchezGuerra. No ocurrió ningún incidente. Y también estaba quien había sido, ya no 10 era pero seguía en la jefatura, jefe provincial de la Falange salmantina: *Asistí al entierro de Goya obedeciendo cuantas órdenes se me daban del Cuartel general...^, testimonia Laporta Girón. Con lo que Laporta, desde el día 16, era un funcionario de dicho cuartel. Y no es ocioso recordar lo que ha sido consignado en una declaración suya: a él se le ocurrió que la Junta de Mando de la Falange pasara a residir en la atmósfera de la Salamanca de entonces.

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pués de ser dictado éste, me enteré de que Sancho Dávila y el conde de Rodezno habían hablado numerosas veces sobre ella. Pero yo, repito, no sabía nada en concreto. Asimismo, posteriormente me enteré de otras conversaciones y compromisos de Sancho Dávila >I En esa mañana del día 1 7 de abril estaban detenidos, además de Sancho Dávila y su escolta, los falangistas montañeses y los catalanes de Pedro Llen, Rafael Garcerán Sánchez y tres activistas vallisoletanos, apresados en la Junta de Mando, de paisano, que obedecían las órdenes de Luis González Vicén. Salvo los últimos, aquellos detenidos tenían sobre sí respectivos delitos de asesinato, incitación al desorden agresiones... Dependían, absolutamente, del código de justicia militar en tiempo de guerra.

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CAP~TULO XII

EL ÚLTIMO CONSEJO NACIONAL DE FALANGE ESPAÑOLA DE LAS JONS En Salamanca había sucumbido, asesinado por la espalda, un falangista. Garccrán habia lanzado ráfagas de fusil ametrallador sobre tres o cuatro falangistas y pacificos noctámbulos, pero no logró causar víctimas. En el régimen interno de la Falange se había intentado, inútilmente, por unos cuantos conjurados, desposeer del mando legítimo a Manuel Hedilla. No se puede inscribir, en la agenda de los días 16 y siguientes de abril, ninguna perturbación, debida a la intervención de falangistas, en los frentes y en la retaguardia. Hedilla no iba nunca armado, ni poseía propiamente escolta. Sin embargo, han sido propalados e impresos numerosos infundios: amenazas de Hedilla al Gcneralísimo; complot para asesinar a Franco; movilización de las unidades combatientes falangistas para que acudieran a la retaguardia, a fin de sojuzgar a los militares; órdenes para que los falangistas realizaran otros actos sediciosos... Con menos profusión, han circulado especies relativas a una inteligencia con el enemigo a fin de alcanzar una paz pactada mediante la formación de un gobierno que depusiera a Franco y reuniese a representaciones de los bandos españoles enemigos. Todo ello circuló a partir del 25 de abril, en la zona nacional, donde se creía que Salamanca era una ciudad en estado de

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sitio a causa de la actitud falangista. Pasó las fronteras, y sigue alentado en numerosos textos escritos por extranjeros, amigos o enemigos del Movimiento nacional. Y Salamanca no era, por cierto, una ciudad en estado de sitio. La mayoría de sus habitantes, fijos y temporales, mostraba un punto elevado de euforia el 17 de abril. Pues tal mayoría era enemiga de la Falange. La muerte de José María Alonso Goya la consideraban un feliz presagio. El comandante Lisardo Doval, sus auxiliares y sus confidentes y agentes provocadores, acrecieron el ritmo de su aparato incitador y provocador. El teniente coronel jurídico, Lorenzo Martínez Fusset, montaba las piezas para articular procesos. ¿Cumplía Doval órdenes estrictas? a1 lo ha asegurado, en declaración a Roberto Reyes. ¿Las cumplía Lorenzo Martínez Fusset, a quien no hemos podido pedir testimonio, por su fallecimiento acaecido en 1960? La perspectiva y la acumulación de datos y testimonios, permiten creer que sobrepasaron las consignas. Quizá Doval lo había hecho ya en Asturias el año 1935. Se forjó entonces un. aparato represivo excepcional y discrecional. El aparato, helado, tétrico, aplastante; al ser puesto en libertad, como un «robot» sin exactos controles, pudiera haber sido inmovilizado a golpes de dinamita. Pero el estruendo habría llegado, primero, a los oídos sutiles de la retaguardia --en la que el año 1937 había una gran proporción de enemigos del Movimiento- y, a seguido, a los frentes. Por desgracia, ese temor al estruendo, que sentían tantos falangistas, era conocido por Lisardo Doval y Lorenzo Martínez Fusset, y tampoco lo ignoraban en más altas esferas. LOS indultos y rehabilitaciones - q u e tardaron por lo común largos años, en los que se acumularon sufrimientos innúmeios- constituyen una prueba de nuestra opinión. El que fue traidor una vez, aunque resulte perdonado, no puede ni debe ser promovido a funciones de considerable responsabilidad pública y política. Es un axioma aunque se invoque a Talleyrand y a Fouché, quienes constituyeron las naturales excepciones. Pero en el caso español, los Talleyrand y los Fouché - e s decir los presuntos traidores y como tal condenados- han sido demasiado nume-

rosos para creer en el azar. La lista de condenados que han ocupado cargos después demuestra que eran inocentes. Que Salamanca no era una ciudad en estado de sitio lo vieron aquellos consejeros nacionales que iban llegando el 17 de abril. Al entrar en la Junta de Mando podían ver el cuerpo yacente de Goya, inmolado para darles una trágica lección política. Algunos la entendieron y asimilaron. Otros se hallaban endurecidos y sólo aspiraban sobrevivir en lo que llamaban política, de cualquier modo. Lisardo Doval -y señalamos de nuevo sus habituales extralimitacionehabía destacado fuerza pública para impedir el acceso de'falangistas a Salamanca; mas no implantó el general estado de sitio. Lo hizo desde la madrugada del día 16, y lo ratificó. Pero convocado el Consejo Nacional era imperativo que los consejeros pudieran entrar en la ciudad, como lo hacían, verbigracia, los arrieros y los campesinos. La orden enderezada sólo contra los falangistas fue aplicada drásticamente. Algunos consejeros tuvieron que aguardar a las puertas de Salamanca. Y todos, sin excepción, pidieron a Hedilla que les diese un salvoconducto interior para que los funcionarios de Doval, auxiliados por el servicio de información que Laporta había montado hacía meses, no les detuvieran como foráneos. El consejero nacional José Andino Núñez, conserva un salvoconducto. ((Falange Española de las JONS: Jefatura de la Junta de Mando. Se autoriza al camarada José Andino Núñez para circular libremente por la ciudad y entrar en los locales de la Junta de Mando. Salamanca a 18 de abril de 1937.. El jefe de la Junta de Mando, Manuel Hedilla. - iArriba España! N. Los agentes de Doval, vestidos c o i la camisa azul, estaban en las inmediaciones y en los pasillos de la Junta de Mando. Algunos fueron salvados de la sanción fulminante por quienes tenían que avenirse al principio de serenidad impuesto por Hedilla. El Consejo empezó en la mañana del día 1 8 de abril. En las horas que le precedieron, Manuel Hedilla, con un entendimiento erróneo de la circunstancia, pero con su lealtad proverbial, habia solicitado que se le autorizara al detenido por la

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autoridad, Sancho Dávila Fernández de Celis, para que pudiera acudir a la sesión. La encarecida petición de Hedilla resultó denegada. Y, realmente, esa negativa fue acogida por consejeros y no consejeros, con infinita satisfacción. Acababa de ser enterrado José María Alonso Goya. Los consejeros eran: José Sáinz, Agustín Aznar, Jesús Muro, Martín Ruiz Arenado, Celso García Tuñón, José Andino Núñez, Jesús Suevos, Francisco Rodríguez Acosta, Fernando Meleiro, Francisco Bravo Martínez, Manuel Yllera, Vicente Gaceo, Ricardo Nieto Serrano, Juan Francisco Yela, Miguel Merino, José Luna Meléndez, Joaquín Miranda, José Moreno y Manuel Hedilla Larrey. El único que faltaba era Sancho Dávila. El Consejo presente era menos de la mitad que el elegido por las JONS y designado por el Jefe Nacional. HedilIa pudo engrosarlo, automáticamente, nombrando delegados jefes de servicios. Pero no lo había hecho, ni lo hizo. Sólo reconoció a tres delegados de servicios: el de Prensa y Propaganda, el de los Servicios Jurídicos y el del S.E.U. Éste era enconado enemigo -y conjurado por tanto- de Hedilla. Se trataba de Heliodoro Fernández Cánepa, cuyo nombramiento no constaba de modo cabal. El Consejo acordó admitir a los tres delegados, como miembros deliberantes con sufragio y suscribió un voto de censura a la Junta de Mando provisional, por no haber admitido con anterioridad a Vicente Cadenas. El segundo punto del orden del día concernió a Rafael Garcerán Sánchez. La resolución fue unánime y aplastante. «La Junta de Mando provisional merece un voto de censura por haber incorporado- a Rafael Garcerán Sánchez)). Gran de la censura correspondía a Manuel Hedilla. Garcerán - d e clararon los consejeros- «no es compatible con el Consejo ni con la Falange)). Éste fue el latigazo imborrable, al que hemos aludido, en el rostro de Garcerán. Fue abordada la situación de Eduardo Ezquer, destituido y separado de la Falange, según el testimonio de Agustín Aznar que hemos consignado. José Luna expuso en el sentido de
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Aznar cuanto habia sucedido en relación con Ezauer., ,v el Consejo decidió examinar el caso en nueva ocasión. El texto taquigráfico de las deliberaciones del Consejo parece que se ha perdido. Éste es un problema historiográfico, que también atafie a ciertas actas -muy escasas y lacónicasde las reuniones celebradas por la Junta de Mando provisional. Dichas actas, según se dice, están en poder de un individuo quien no podrá nunca justificar la legitima posesión, pues en último término pertenecen al Estado. El texto taquigráfico de las sesiones del Consejo Nacional de los días 18 y 19 de abril fue tomado, a instancias de Vicente Cadenas Vicent, por el diplomático Felipe Ximénez de Sandoval. Éste manifiesta que después de poner a máquina las cuartillas taquigráficas las rompió, e hizo entrega a Cadenas de la versión. Por su parte, Vicente Cadenas nos ha declarado que creía tener el acta en Biarritz o en Génova. Después de una busca realizada el año 1963, Cadenas estima que las ha perdido. iQuién sabe si algún día aparecerán, sin garantías de áutenticidad, algunas reproducciones del texto taquigráfico tomado por Ximénez de Sandoval! Nos acogemos a la ocasión para manifestar que hay u n tráfico gigantesco en torno a documentos de José Antonio, que al parecer se encuentran en Méjico, y otros de la Junta de Mando provisional. Lo que concierne al Jefe Nacional es el primer tehamento ológrafo otorgado en Alicante, antes del que ha sido publicado, y que confiscó el gobierno de la República. Se lo apropió, con otros papeles de-José Antonio, ~ncialecioPrieto, Rodolfo Llopis ha dicho a uno de nosotros: «Hay en Méjico ciertas reliquias del que fue Jefe de usted)) En su discurso ante el Consejo, Manuel Hedilla explicó 1%génesis de la reunión que estaba celebrándose, convocada por él para determinar cuál habría de ser el mando legítimo de la Falange. Y, a seguido, dio lectura al pliego de cargos que le entregaron los conjurados el día 16 de abril. A1 pedir aclaraciones Hediila, se le repuso, por aquéllos,

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* Testimonio de Rodolfo Llopis, dado verbalmente el 20 de agosto de 1963, a Maximiano G a r d a Venero en Albi.

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como única explicación, «que había circulado por Salamanca, hace dos meses, el rumor de que se iba a formar un gobierno presidido por el general Mola, del que yo formaría parte. En cuanto a la especie de mi ineptitud por analfabetismo, al reaccionar, como era lógico, contra tan absurda acusación, me dieron toda clase de explicaciones y excusas por lo que al pretendido insulto se refiere, añadiendo que no había estado en su ánimo agraviarme personalmente)). Así cuenta Hedilla las declaraciones que se hicieron. Tras exponer lo realizado por el triunvirato, manifestó el jefe de la Junta: «Ya habéis oído, camaradas, los hechos gravísimos que hacían inexcusable la convocatoria de este Consejo. Cúmpleme ahora el deber de hacer una completa exposición de cuál ha sido mi actuación durante el tiempo que, al frente de la Junta, me tocó la tarea de regir los destinos de la Falange. Durante ocho meses de un trabajo de catorce a dieciocho horas diarias, que no excluía los días festivos, no ha habido problema pequeño ni grande que afectara al mando de la Falange que no pasara por mis manos. »Tuve en los comienzos de mi gestión la ayuda del camarada Bravo. Más tarde, cuando este camarada hubo de desplazarse a otro servicio, no tuve ninguna ayuda y la secretaria de la Junta de Mando, de mano en mano, llegó a no ser nada. Yo tuve que suplir con mi trabajo y con la colaboración de camaradas voluntarios, Martin Almagro, Ximénez Sandoval y Mariano Garcia, sin puesto alguno en la organización o con puestos que nada tienen que ver con la secretaría, la ausencia de meses, la indiferencia, el barullo, y el desorden de quien ocupaba oficialmente el cargo Y se daba la paradoja de que el camarada secretario, en sus escasas actuaciones, era el más severo y hábil censor de mi trabajo. »En este tiempo he tenido que afrontar muchas veces -solo casi siempre- problemas de la mayor gravedad y complejidad, sin eludir jamás el darles la cara... »Permitidme que haga la historia de mi actuación, precisa-

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* Rafael Garcerán.

mente sobre el documento incalificable y lleno de falsedades con que me agredió a traición y sin daño para mi integridad moral y política la conjura. »En realidad, las acusaciones son tan pueriles y gratuitas --cuando no son infames- que no valdría la pena de contradecirlas si no fuera por la necesidad de sancionar y confundir con un mentís a mis detractores en presencia vuestra. »Cuando pedí a los conjurados que concretaran en u n solo caso las dudosas acusaciones que me hacen, se limitaron a declarar que al referirse a mis reservas con la Junta de Mando aludían a los rumores que circulaban de que iba a formarse un gobierno en el que figuraban como ministros el general Mola y yo. Culparme a mí de que circulaba un rumor es cosa tan peregrina como culparme de que haga frío. Todo lo ocurrido fue que, habiendo llegado a mí el ridículo rumor, al preguntarle yo por él irónicamente al general Mola, en presencia de los camaradas Pilar Primo de Rivera y Felipe Ximénez Sandoval, me contestó que me daba su palabra de honor de que no sabia una palabra. Si alguna vez he mostrado, no censurable reserva, sino prudencia y discreción en cosas del Movimiento, es porquexreo y creeré siempre que así se le sirve mejor. »Pero jamás eludí la demanda de un consejo a los camaradas que al llamarme analfabeto me han honrado, si quisieron recordarme mi origen humilde y mi noble condición de artesano español. >)Seme acusa de resistencia a ejecutar los acuerdos de la Junta de Mando. No diré que todos esos acuerdos hayan sido felices; pero eran tomados de buena fe y -aun considerando algunos de ellos desgraciados- los ejecuté por respeto profundo a la Junta de Mando. Se alude en las acusaciones a un documento que me resistí a entregar al Generalísimo. La consideraba improcedente en algunos extremos, lo impugné con otro documento que sostuve con energía, y las circunstancias me han dado la razón. »Se me acusa de tener unos camaradas que auxilian a esta Jefatura con sus trabajos o con sus plumas, y parece que duele que los intelectuales de la Falange, camisas nuevas y camisas

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viejas (yo ya no distingo más que entre camisas limpias y camisas sucias) se hayan agrupado alrededor de la Jefatura sin excepción. »¿Qué se pretendía? ¿Que abandonaran la misión que su propia condición les impone? Me auxiliaban a mí como auxiliaron a nuestro Jefe Nacional, José Antonio Primo de Rivera, o como hubieran auxiliado a otro jefe cualquiera. Por disciplina. Es su obligación y la han cumplido con entusiasmo, y hasta con sacrificio y dolor. Puedo asegurar que su disciplina, a prueba de mis propios castigos, es un modelo. ))Y si aparte de esos intelectuales alguna persona que haya demostrado insolvencia moral se ha acercado a mí, yo mismo la he separado de mi lado. »Y entramos en la acusación más pintoresca de todas: propaganda desmedida e impropia de mi persona y fabricación de discursos y artículos. »Vamos a ver esto con calma. Hasta hace un mes en que, cediendo a presiones de los camaradas de Prensa y Propaganda, me hice unas fotografías, he estado suministrando a la prensa que me las ha solicitado, una modestísima fotografía de aficionado en el campo. iDios sabe el esfuerzo que he realizado para aceptar este despacho! Y ya lo veis: cualquier jefe local de un pueblo lo tiene más confortable. Y es que no sólo por modestia personal, sino por implacable exigencia moral, estimo que mientras nuestros camaradas, nuestros magnificos muchachos que luchan y caen en el frente, como los sesenta héroes de Alcubierre, carecen de halagos elementales para el cuerpo, un jefe de la Falange no debe vivir como un virrey ni tener en su despacho, como uno de los conjurados, alfombras de media vara y lámparas con cuyo coste se equiparían varias centurias y comería un año una familia de un camarada que esté en el frente. »Si he pronunciado discursos y hecho declaraciones, algunas de tan feliz destino como las aparecidas en toda la prensa de Italia, de Alemania y de España últimamente, ha sido porque estimo que un jefe debe fijar de cuando en cuando la posición del Movimiento frente a hechos concretos.

»En todos mis discursos he mantenido con una rigidez de piedra la pureza de la doctrina, sin apartarme un milímetro de los principios expuestos por el jefe Nacional y sus colaboradores. Y ni una sola de las ideas por mí vertidas en artículos o discursos, deja de ser mía. »¿Que he requerido para darles forma a camaradas cuya preparación o cuya cultura nacional-sindicalista me eran necesarias? »iNaturalmente! ¿Es que iba a ser tan necio que me creyera capaz de entregar a la historia de la Falange documentos definitivos sin requerir las luces de las inteligencias de otros camaradas? La Junta de Mando ha conocido, por otra parte, antes de lanzarlos, mis discursos y hasta ha colaborado en ellos con adiciones y supresiones que yo he aceptado. Cien veces que tuviera que pronunciar nuevos discursos, cien veces los sometería a la consideración de mentalidades que yo considero puras y leales a España y al Nacional-sindicalismo. »En cuanto a mi vanidad, de que se me acusa, supongo que estaréis tan sorprendidos como yo. Creo que no necesito hacer demostraciones de modestia; pero si necesitáis una, venid a mi casa. Comprobaréis que vivo más modestamente que cuando hace un año era jefe de producción de una fábrica de vidrios. »Y he aquí ahora, la inmensa contradicción del documento abusatorio de los conjurados. Se me dice que he traicionado a la Junta de Mando al convocar el Consejo Nacional. aPues bien: el Consejo Nacional creó la Junta de Mando, y quienes traicionaron a la Junta, al Consejo y a la Falange son los que toman una determinación facciosa, disolviendo un organismo, como la Junta, que sólo prede disolver y transformar quien legítimamente la creó. ))Mienten los conjurados al decir que yo he tratado de hurtar nombres al Consejo y añadir otros de supuestos partidarios míos. Yo ignoro que ni uno solo se pueda citar. Precisamente he llevado mi delicadeza al extremo de no querer convocar a los camaradas jefes de servicios nombrados por mí con arreglo a las atribuciones que me disteis en el segundo Consejo. Mienten

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igualmente al decir que yo he tratado de impedir la venida a Salamanca del camarada Martin Ruiz Arenado y de otros de Andalucía. Precisamente, si vienen, lo hacen gracias a mí, que gestioné su viaje tan pronto como me enteré de las órdenes del mando militar contrarias a todo desplazamiento de camaradas a Salamanca. »Éstos son, camaradas, mis descargos. »Si se me puede acusar de algo durante mi actuación es de cierta blandura con cuatro camaradas conspiradores que hace tiempo vienen acusando su posición de indisciplina. Pero téngase en cuenta que reiteradamente se me advertía que yo no era más que ((la octava parte de la Junta de Mando)). Y en estas condiciones de mando precario he trabajado durante ocho meses: ha crecido el prestigio internacional de la organización en términos sorprendentes y Falange Española, que ha incorporado los mejores y más sanos elementos de España a sus filas, empezaba a ser el único fundamento del nuevo Estado. nEn estas circunstancias que abrían para nuestra doctrina el camino del Estado, se sublevan cuatro irresponsables, ebrios de vanidad y de apetencia de mando, secundados por una guardia pretoriana. >Lospropósitos de la sublevación ya los conocéis. Sin embargo, los resumiré en este documento. Eran éstos: ))Primero. Mi destitución y nombramiento del triunvirato, con traslado a la territorial de Sevilla de los mandos de la Falange. »Segundo. Mi asesinato y el de otros cuarenta y siete camaradas más, que debía haberse perpetrado en la mañana de ayer, para lo cual tenia órdenes la llamada centuria de Madrid. »Tercero. El nombramiento de jefes de servicios para aumentar los votos del Consejo de gen,tes adictas a la sublevación. »El desarrollo del pronunciamiento ha sido corto y dramático. Murió asesinado el camarada cuyos restos dieron guardia a vuestras decisiones y a vuestro juicio. Uno se amarteló con su p a r d i a armada, como lo estaba la del otro, a quien se ocuparon cuarenta granadas de mano.

»Desde su acuartelamiento han continuado los últimos coletazos de la conjura que si no ha sido aniquilada ya, es porque yo, jefe de la Junta de Mando hasta este instante, no he querido hacerlo. Porque un acto de autoridad semejante, m1 pue50 de realizarlo un Jefe Nacional del Movimiento que en espera de aquél que limita por derecho propio cualquier mandato, José Antonio, obre con la energía y con el estilo que sólo puede emplearse con autoridad suprema». Después de pronunciar su informe, Hedilla pretendió retirarse de la sala de Juntas para que el Consejo deliberara y votase. Presidía José Sáinz, y éste y otros impidieron que se consumara el gesto de inhibición. Nadie defendió a los conjurados. José Moreno habló con incoherencia y balbuceos, y tornó a hablar Hedilla. Fue lacónico. Anunció que había recibido informaciones anunciando que el Generalísimo se proponía asumir el mando de la Falange. Entonces comenzó la vofación para elegir al Jefe Nacional. Algunos consejeros se creyeron en el deber de explicar el voto que pensaban emitir. Hubo dos que votaron a Manuel Hedilla, manifestando que el sufragio era condicional hasta que fuera rescatado Raimundo Fernández Cuesta Era tan absurda v antirreglamentaria esa actitud, que nadie los secundó. Manuel Hedilla tuvo 10 votos; ocho consejeros votaron en blanco; José Sáinz, Miguel Merino, Martin Ruiz Arenado y Jesús Muro obtuvieron cada uno un voto. Quedó proclamado Jefe Nacional Manuel Hedilla. José Antonio lo fue en octubre de 1934, por la ventaja de un solo voto. Ricardo Nieto testimonia: ((Tras la votación, Hedilla me dijo: »-No, yo no acepto ese cargo». Pero el Consejo, a seguido, acordaba que el nuevo Jefe Nacional se entrevistara con el Generalísimo. «Se me comisionó --declara Hedilla- para que fuera a darle cuenta a Franco

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Testimonio de Vicente Cadenas. este y José Sáinz votaron con esa condicionalidad.

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del resultado de las deliberaciones y de la votación. Tenía yo derecho a preguntar a los Aznar, Dávila y Moreno por qué no iban ellos al Cuartel General a cumplir aquel deber. »Acaté lo que se había acordado, y con Roberto Rryes y Martín Ruiz, nos entrevistamos con el Generalísimo. Vi que en el despacho de éste había varios micrófonos de radio. Tras darle cuenta verbal, Franco me contestó: D-Está muy bien; es lo que yo esperaba. »Habíase formado una manifestación que ante el Cuartel General daba voces. Franco salió al balcón para saludar. Habló, y después, empujándome suavemente, me hizo salir con él para compartir los aplausos de las gentes)). Esa manifestación a que se refiere Hedilla, se formó a primera hora de la noche en la Plaza Mayor, y empezó a prorrumpir en gritos de «Franco, Franco, Franco!)). Por la traza de quienes la componían, en número relativamente escaso, no se trataba de falangistas. Pero algunos de éstos se incorporaron a ella, con cierta curiosidad. Al empujar el Generalísimo a Hedilla para que saliera al balcón, el «slogan» de los manifestantes se modificó: los gritos mezclaban a Franco y a Hedilla. La visita fue objeto de una nota, que se radió y apareció en la prensa de la zona nacional. Decía así: ((Reunido el Consejo Nacional de Falange Española de las JONS, con asistencia de los consejeros... acordó nombrar Jefe Nacional, con todas las atribuciones que según los estatutos le corresponden por tal cargo, al camarada Manuel Hedilla Larrey. »El Consejo Nacional concedió amplias facultades y total confianza al nuevo Jefe Nacional. »Terminado el acto, se trasladó el señor Hedilla, acompañado de dos jefes más, al Cuartel General, donde escuchó el discurso de S. E. el Jefe del Estado y, después de felicitarle, se puso con la Falange incondicionalmente a su disposición)). ((Despuésdel Consejo -testimonia Hedilla-, Agustín AZnar me preguntó: »-;Me vas a quitar la Jefatura de la Primera Línea? »-sí, naturalmente -respondi ».

El cese le llegó a Aznar con fecha 1 9 de abril. ((Pongo en tu conocimiento que he aceptado la dimisión que has presentado de tu cargo de Jefe Nacional de la Primera Línea. »Al recibo de la presente harás entrega al camarada José Sáinz de toda la documentación y demás efectos pertenecientes a la Jefatura Nacional de la Primera Línea, bajo inventario. Saludos nacional-sindicalistas. Salamanca, a 19 de abril de 1937. El Jefe Nacional, M. Hedilla. ¡Arriba España! Camarada Agustín Aznar. Salamanca *. Para esa fecha, los miembros de la centuria de Madrid habían tenido que desalojar el cuartel salmantino: «Se presentó A e c l a r a Aznar-, mientras yo asistía a la primera sesión del Consejo Nacional, un comandante del Ejército, con órdenes de reclutar a toda la centuria de Madrid para enviarla al frente D. Hedilla, la misma noche del 18 de abril, y ateniéndose a los estatutos, hizo nombramientos de consejeros nacionales, en parte de libre designación por el Jefe ~ a c i ó n a l y de otros car, gos. Entre aquéllos, figuraban Pilar Primo de Rivera, Juan Yagüe... En la segunda sesión del Consejo --el día 1 9 de abrilse acordó nombrar un juez instructor de responsabilidades, al que asistirían otros dos camaradas de formación y estudios jurídicos. Fueron Martín Ruiz Arenado, Ricardo Nieto y Roberto Reyes. Correspondía a los consejeros elegir a cuatro miembros de la Junta política. Otros cuatro serían designados, estatutariamente, por el Jefe Nacional. La mayor votación la alcanzó Ruiz Arenado, con doce sufragios, seguido por José Sáinz, nueve, y Miguel Merino y Roberto Reyes cada uno con ocho. Éstos fueron los elegidos. Jesús Muro, Agustín Aznar, Francisco Bravo, lograron cinco votos cada uno; Juan Francisco Yela, por cierto ausente de la sesión, tres; Jesús Suevos, tres; José Luna, dos y José Moreno, uno.
Este oficio se halla en poder de Aznar, quien nos ha facilitado pia Fotográfica.
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Se acordó, como mandato imperativo, que el número máximo de las escoltas sería de dos individuos y se facultó al Jefe Nacional para que decidiese sobre la supresión de las jefaturas territoriales. En ninguna de las votaciones realizadas por el Consejo apareció el nombre de Sancho Dávila. Nidie le defendió. Fue una actitud de censura general. Acaso no le importara, entonces, a quien sentía en peligro la libertad o la vida. Pero ya contaba con protectores que se habían movido con diligencia. El día 18 de abril, y en avión militar, salieron para Salamanca el general Queipo de Llano y Joaquín Miranda, quien había persuadido al primero para que hiciese el viaje. Antes de partir, Queipo de Llano exigió de Ignacio Jiménez, jefe territorial de Milicias, que se responsabilizara de todos los movimientos de la Falange *. Joaquín Miranda era muy entusiasta de Serrano Suñer. Las gestiones que él y Queipo realizaron en Salamanca, aliviaban en gran manera el porvenir de Dávila. De tal modo, que fue puesto en libertad antes de que transcurriese un mes...

CAP~TULO XIII

LA UNIFICACION El lunes 1 9 de abril, a las ocho de ia noche, ya terminadas las sesiones del Consejo Nacional, Manuel Hedilla se encontraba en su domicilio particular, trabajando con algunos colaboradores. Se presentó un ayudante del Generalisimo, con un sobre de gran tamaño, dirigido al Jefe Nacional de la Falange: contenía una carta o saluda, manifestando que el Jefe del Estado se complacía en remitir a Hedilla el texto del discurso y decreto que, leería por Radio Nacional aquella noche. Se trataba del discurso -preámbulo del decreto de Unificación- por el que desaparecía la Falange EspaÍíola de las JONS y se constituía una organización en la que participaría la Comunión Tradicionalista. A las nueve de la noche, los reunidos escucharon, por radio, los anusciados discurso y decreto. En la parte dispositiva quedaba establecido: «Artículo l." Falange Española y Requetés con sus actuales servicios y elementos, se integran bajo mi Jefatura en una sola entidad política de carácter nacional, que, de momento, se denominará Falange Española Tradicionalista y de las JONS. »Esta organización, intermedia entre la sociedad y el Estado, tiene la misión principal de comunicar al Estado el aliento del pueblo, y de llevar a éste el pensamiento de aquél a tra-

* Testimonio de Marcelino Pardo Maestre.

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vés de las virtudes político-morales de servicio, jerarquía y hermandad. »Son originariamente, y por propio derecho, afiliados de la NUEVA organización, todos los que en el día de la publicación de este decreto posean el carnet de Falange Española o de la Comunión Tradicionalista, y podrán serlo, previa admisión, los españoles que lo soliciten. »Articulo 2." Serán órganos rectores de la NUEVA entidad política nacional el Jefe del Estado, un Secretariado o Junta Política, y el Consejo Nacional. »Corresponde al Secretariado o Junta Política la constitución interna de la entidad para el logro de su finalidad principal; auxiliar a su Jefe en la preparación de la estructura orgánica y funcional del Estado y colaborar en todo caso a la acción de gobierno. »La mitad de sus miembros, con b s que iniciará sus tateas, serán designados por el Jefe del Estado, y la otra mitad elegidos por el Consejo Nacional. ))El Consejo Nacional conocerá de los grandes problemas nacionales que el Jefe del Estado le someta en los términos que ,se establecerán en disposiciones complementarias. »Mientras se realizan los trabajos encaminados a la organización definitiva del NUEVO ESTADO TOTALITARIO, se irá dando realidad a los anhelos nacionales de que participen en los organismos de servicio del Estado los componentes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS para que les impriman ritmo nuevo. ))Artículo 3P Quedan fundidas en una sola Milicia nacional las de Falange Española y de Requetés, conservando sus emblemas y signos exteriores, A ellas se incorporarán también-, con los honores ganados en la guerra, las demás Milicias combatientes. ))La Milicia nacional es auxiliar del Ejército. ))El Jefe del Estado es jefe supremo de la Milicia. Será jefe directo un general del Ejército, con dos subjefes militares procedentes, respectivamente, de las Milicias de Falange Española y de Requetés.

,Para mantener la pureza de su estilo, se nombrarán dos asesores políticos del mando N. Ese decreto emanó del gobierno del Estado con el número 255. «A mí me correspondió - d i c e Serrano Suñer- la tarea de redactar el decreto. Los generales Queipo de Llano y Mola, como las dos figuras más significativas, fueron convocados antes de su promulgación, a fin de que expresaran su juicio y su conformidad B. Añade Serrano: ((También se incluyó en la unificación -aunque por disposición especial, sin haber sido expresamente citados en el decreta los grupos de Acción Española y de Renovación Española. Se pensó que podían ser buen fundente de las dos alas unificadas. Muchas de las personalidades de estos grupos aceptaron con entusiasmo y colaboraron en puestos importantes...)) Es importante registrar las afirmaciones hechas por Serrano Suñer en 1947, después de su experiencia dilatada y profunda de hombre de gobierno, acerca de la unificación. El período político de este TESTIMONIO termina en abril de 1937. De ahí que aspiremos a señalar las coincidencias del pensamiento de Serrano, tras sus años de gobernante, con lo que ya el 19 de abril de 1937 opinaban Hediila y otros falangistas. «Fue en rigor un acto unilateral de Franco, aun cuando no faltaron algunas negociaciones previas con elementos de los partidos interesados, cuyos representantes más destacados quedaron notificados de las intenciones del Cuartel General ...n (P. 3 0 ) . Aludió Serrano a su intención profunda respecto del acto unificador. «En el fondo de todo aquello es más que probable que no se fuese más allá de una intención, por decirlo así, provisional y de mera urgencia Y además otra intención táctica:

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...

* h. páginas 31 y 43. Queipo de Llano se encontraba en Salacit., manca, según hemos señalado, gestionando la máxima indulgencia para Swcho Dávila, el cual había trabajado en pro del decreto desde enero
de 1937.

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la de englobar a las heterogéneas fuerzas del Alzamiento nacional en una disciplina única. »Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que a lo largo de todo el proceso histórico subsiguiente, sólo esas realidades aparentes y tácticas se consiguieron. La intención profunda jamás llegó a ser un hecho logrado... Parece condición precisa que el partido único exista con todo vigor, y sea realmente la única base de sustentación del régimen: el único instrumento y en cierto modo el único depositario del poder. Y, como se verá, el complejo de fuerzas participantes en el Alzamiento -Ejército, elementos tradicionales, partidos, etc.- no ha dejado de existir nunca, merced a una política de equilibrio y por la supervivencia de aquellos elementos unificados, sin llegar jamás a fundirse ni resolverse en una total preeminencia del partido oficial. Hasta hace pocos años, tuvo alguna mayor vida interior e incluso estuvo cercano al poder; no de un modo efectivo y total, pero si por irradiación, era una pieza importante en el ambiente del régimen (pág. 39). »En la lista de ministros aparecia patente el intento de lo que en otro régimen hubiéramos llamado un gobierno de concentración nacional -se refiere al formado en enero de 1938sin que obstara a ello que todos sus componentes fueran oficial y forzosamente miembros del partido: un número muy grande de miembros del partido nunca pasaron de ser afiliados nominales. Eran, en realidad, portadores de su personal significación y representantes de corrientes de opinión libre más o menos caudalosa (Pág. 60 ) . »Aunque este Consejo Nacional - e l designado en 1938, diee meses después de la unificación- funcionara en Burgos mucho más de lo que había de funcionar después, su vida no fue precisamente intensa. .. Tampoco la Junta Política se reunió con gran frecuencia ... Su labor fue más bien insignificante ... En algunos casos las reuniones (no se olvide que tanto el partido oficial como el Movimiento Nacional en conjunto eran un conglomerado de fuerzas) fueron tirantes y aun agitadasn (Páginas 65 y 66). Alude Serrano a los consejos de ministros, en la etapa de

Burgos, y escribe: políticam mente, la disgregación y falta de unanimidad era grande, pero el hecho de la guerra prestaba a todo una ligaz6n fortísima, y ella fundó la extrema jurisdicción del Jefe del Estado. La guerra era entonces lo más importante y en rigor casi lo Único importante)) ( Págs. 66 y 67 ). Vale la pena subrayar esas afirmaciones. Sí, la guerra tan larga, tan inacabable, tan penosa ¡DOSaños y nueve meses! Aludiendo al segundo gobierno declara: ((Dado el partido único como base del régimen, el gobierno había de estar acorde con los principios del partido. Sin embargo, el hecho fue que resultó prácticamente menos homogéneo y también menos eficiente que el de la primera etapa (pág. 122). »La Falange no llegaría jamás a ser el partido único gobernante, la base exclusiva del poder, ni mucho menos. Una oposición -me refiero aún y sólo a fuerzas n a c i o n a l e s de diversas tendencias la contrapesaría continuamente, incluso dentro del poder. Ni la legislación ni las medidas de gobierno llegarían a ser jamás resueltamente unitarias. En último término, el centro de gravedad, el sostén verdadero de1 régimen (pese a las apariencias que tontamente nos esforzamos en exagerar) fue y seguiría siendo el Ejército: el Ejército nacional -pero no definidamente políticsería aún (acaso por fortuna) el suplente de un Estado que no acababa de ser, que no acababa de tomar cuerpo institucional y forma orgánica verdadera ». Pág. 1 2 8 ) ( Cuanto expone Serrano Suñer incitado por la experiencia, lo intuían, presumían y si se quielo adivinaban la mayoría de los falangistas al escuchar y leer el decreto de unificación. Pese a la reputación de inexperiencia política que desde todos los sectores se ha imputado a la Falange, los años de la lucha y los intensos y largos meses de guerra, habían aleccionado a los que en verdad eran depositarios de la fe y de la doctrina. Quedan excluidos, claro está, la mayoría de los neofalangistas, de los ccfrigiosn que acudieron a la organización. José María Fontana ha sostenido, en estas páginas, que el 99,9 por ciento de los auténticos falangistas eran contrarios a la unificación. La cifra es juvenilmente optimista. No eran tantos, pero sí eran muchos más de los que iban a vivir en presidios, expa-

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triados, vigilados, humillados y calumniados. Y algunas veces, condenados a la inanición. La Falange --que era la organización combatiente y política que jamás causó perturbaciones al G e n e r a l i s i m e lo sabía de antemano. Tampoco se ignoraba que iba a comenzar la emigración de muchos, en pro de d a s ollas de Egipto)). He aquí una frase de circulación antigua, entre los carlistas, para señalar los que desertaban, brusca o cautamente - d e éstos los reconocementeros, los mestizos y o t r o s de sus filas, y se ponían al servicio de la rama isabelina. El movimiento en demanda de las ((ollas de Egipto)), era presumible antes de la unificación ... Hedilla, al siguiente día de la promulgación del decreto -20 de abril de 1937- pidió audiencia, que le fue concedida sin dilaciones por el Generalísimo. La nota publicada y emitida por Radio Nacional, acerca de la entrevista, decía textualmente *: «Con motivo del transcendental Decreto dictado por el Mando supremo, el Jefe Nacional de Falange Española de las JONS, camarada Manuel Hedilla, acompañado de los miembros de la Junta Política, Merino, Sáinz, Reyes y Ruiz Arenado, visitó ayer a S. E. el Generalísimo Franco. »El Jefe del Estado expuso a sus visitantes cuanto espera de la NUEVA organización por él dispuesta, en servicio exacto del nuevo Estado español, al que quedan incorporadas, sustantivamente, las normas de Falange. »Asimismo, recabó la firme colabaración de los nacionalsindicalistas, discípulos del glorioso Ausente, para organizar España en un régimen de justicia y grandeza nacional. »Su Excelencia, al reiterar su fe en los principios básicos de la Falange, anunció una etapa de intensa actividad en la edificación del Estado, a la cual deben estar prestos los nacionalsindicalistas que tan gloriosa y espléndida aportación guerrera han dado y dan al Movimiento liberador)). Esta nota, escrita por u n falangista, pasó por la censura
* El Adelanto, 21 de abril de 1937. Vid. otros diarios de la zona nacional.

directa del Cuartel General, fue publicada en Salamanca y las restantes provincias y radiada por la emisora del Estado, sin obstáculo ni tachadura alguna. De ella se desprende que subsis. tía no sólo la Jefatura Nacional de la Falange, sino la Junta Política; que FET y de las JONS era una organización nueva; que el Estado incorporaba sustantivamente el ideario falangista; que pedía el Generalisimo la colaboración de los nacional-sindicalistas; que éstos sostenían sus tesis en pro de la justicia; que la Falange había dado y daba soldados al Movimiento. Tales puntualizaciones públicas no eran ociosas, y es in. dudable que el Generalisimo las aceptó y autorizó. En aquellos días, con Salamanca bloqueada para el falangismo, no se imprimía una línea ni se transmitía una palabra si faltaba el asentimiento del Cuartel General. Es obvio que hasta la implantación del reglamento orgánico de FET y de las JONS, y en tanto se hicieran las designaciones de quienes habían de dirigirla, subsistían, en las dos organizaciones a las que se había unificado por decreto una natural y necesaria autonomía, tan amplia como lo consinticra el acatamiento imperativo. En el decreto no se daba ninguna norma funcional de uso inmediato a la Falange y al Tradicionalismo. Veinticuatro horas después de la promulgación de aquél, se reconocía -insistimos- la subsistencia de la Jefatura Nacional y de la Junta Política de Falange Española de las JONS. Uno de los suvervivientes de la entrevista con el Generalísimo -Roberto Reyes Morales- nos testimonia: ((Era sorprendente la amabilidad cordial con que Franco nos recibió y habló. Llegó el Generalisimo a emocionarse al hablar de José Antonio. »Nosotros deseábamos saber cuál sería la proporcionalidad en la nueva organización; si los Puntos y el estilo-serían respetados y si contaría la importancia numérica. »Sacamos aquel día la impresión de que todo lo enumerado seria atendido satisfactoriamente N.
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LOS ERRORES DELIBERADOS Y LOS FORTUITOS Acaso resulte obvio señalar que el decreto de unificación, promotor de un estado de euforia entre ciertas y numerosas gentes civiles, fue interpretado en muchas provincias, por los mandos militares, como un traspaso al Ejército del mando sobre la Falange y la Comunión Tradicionalista. A partir de la hora histórica en que el Generalísimo pronunció su discurso y leyó su decreto, quedaron degradados de autoridad y de jerarquía, según el entendimiento de muchos, los mandos de las dos organizaciones. Por si faltara aliento a quienes opinaban de aquel modo, ya funcionaban en el Cuartel General los teléfonos y los morse bajo la inspiración de Eisardo Doval, Lorenzo Martínez Fusset y otros, claros enemigos de la autonomía falangista-tradicionalista. Hubo una carrera frenética para reducir a la condición de asistentes a quienes habían tenido una jerarquía inconciliable con la sumisión ilegal e ilógica, porque se atuvieron a los términos del pacto con los militares, previo el Alzamiento. En Andalucía no hizo falta que el general Queipo de Llano redujese a servidumbre a ningún mando: si Dávila permanecía aún detenido, Joaquín Miranda, como el jefe de Milicias Ignacio Jiménez, estaban habituados a obedecer ciegamente. J;sús Muro, en Aragón, había dado a Ponte y Manso de Zúñiga las prendas y seguridades que él mismo ha relatado en un capítulo anterior. En Valladolid, el trío Girón-Ridruejo-González Vicén había acogido la unificación favorablemente. En Navarra, la ya conocida actitud sumisa de los tradicionalistas y el reblandecimiento de los mandos falangistas eran notorios, empezando por Daniel Arraíza. Había un apresurado interés por mortificar y agotar a mandos falangistas de otras provincias. Tratábase de ruines desquites, en algún caso, según señalaremos más adelante. En otros casos, los errores cometidos por la autoridad militar quizá eran fortuitos. Los hombres jóvenes estaban en su mayoría en el frente. En los mandos de la retaguardia había

militares retirados, acogidos a los beneficios de las disposiciones que Azaña dictó, y que con otros de la reserva tenían una mentalidad política pétrea. También trataron a los falangistas como si fueran reclutas reacios e ignorantes. Toledo, por ser la provincia en que actuó intensamente José Sáinz, miembro de la Junta Política, y opuesto al triunvirato, fue distinguida desde las primeras horas posteriores al asesinato de José María Alonso Goya. Es decir, cerca de setenta y dos horas antes de que se dictara la Unificación. He aquí el testimonio del jefe provincial «Me llamó el coronel gobernador militar, don Anatolio de Fuentes, quien requirió al comandante Pita, delegado de Orden Público, para que me leyera un telegrama cifrado del Cuartel General del Generalísimo, en el que se decía aproximadamente: «Con motivo de la muerte del jefe de Falange de Santander, Goya, han sido detenidos el jefe de Falange de Andalucia, Sancho Dávila, y otros, como autores y cómplices de tal hecho. Llamará usted jefe provincial esa y le hará responsable de cuantos desórdenes puedan producirse derivados de estos hechos». »Aseguré al gobernador militar que no sentía yo ningún temor de que en Toledo ocurrieran desórdenes. »Al día siguiente de la lectura, por Radio Nacional, del decreto de unificación, se formó una manifestación, encabezada por los gobernadores civil y militar, un tradicionalista llegado expresamente, quien creo era don Julio Muñoz Aguilar, y yo. Se pronunciaron discursos alusivos a la unificación)). Éste, y parecidos hechos, descubren que, mientras se re.conocía subsistente la legítima autoridad de la Falange Española de las JONS, pues no se había establecido el Secretariado o Junta Política, que, según el artículo segundo del decreto unificador, debía ((establecerla constitución interna de la entidad)), se encomendaba a mandos militares y policíacos la intervención drástica sobre el Movimiento nacional-sindicalista.

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* Testimonio de José Conde Alonso, jefe provincial desde el 24 de diciembre de 1936.

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HISTORIA CABAL DE UN TELEGRAMA Y DE UN VIAJE El telegrama de Ems tergiversado originó la guerra francoprusiana de 1870. En realidad, fue el pretexto para que Bismarck consolidara su posición política, por medio del conflicto en que Alemania resultaría victoriosa. La Falange Española de las JONS tuvo que atenerse a las consecuencias de un telegrama cuya tergiversación permite establecer un paralelismo con el de Ems. A pesar del bloqueo de la entrada y salida de falangistas en Salamanca pudo saberse por el Jefe Nacional, que se encontraba en aquélla, cómo en determinadas provincias los políticos tradicionalistas v otros con audacia o al amparo de las autoridades se disponían a tomar posiciones ventajosas. Se dio el caso de que en Burgos, que había dado cerca de diez mil hombres combatientes, mientras el tradicionalismo sólo había aportado seiscientos cuarenta y un voluntarios, la jefatura provincial de FET y de las JONS recayera en un tradicionalista, don José María Valiente. Convenía a todos fines, y sobremanera a los de la equidad, que los jefes provinciales nacional-sindicalistas esperaran sin nervios, con templanza, las órdenes idóneas que serían indudablemente cursadas desde Salamanca cuando fueran constituidos los órganos rectores de la nueva organización. Pues las jefaturas provinciales y territoriales subsistieron legítimamente hasta el día 30 de abril de 1937. Reproducimos -y es u n documento definitivo- un oficio que dice al pie de la letra: «Gobierno civil de la provincia de Burgos. Sección 3 ."Número 3388. ))El secretario político de F.E. Tradicionalista y de las JONS me dice en telegrama de ayer lo que sigue: »Por orden del Caudillo quedan suprimidas todas las Jefaturas nacionales, territoriales, regionales, de las antiguas organizaciones de Falange Española de las JONS y de la Comunión Tradicionalista)). )>Loque traslado a usted para su conocimiento y efectos

dios guarde a usted muchos años. »Burgos, 1 de mayo de 1937. El gobernador. Firmado y rubricado >) . nSeñor don José Andino, jefe provincial de F.E. de las JONS. Burgos». A la par se dirigía a Burgos, Vitoria y San Sebastián un telegrama desde Salamanca firmado por el secretario político disponiendo: «Ordenarán hasta se den normas oportunas se suspenda la propaganda partidista de antiguas organizaciones Falange Española y Comunión Tradicionalista orientando la actual hacia integración del Movimiento v exaltación Caudillo. " Ruego preste la mayor colaboración autoridades objeto de dar máximo realce en localidades esa provincia fiesta netamente española dos mayo procurando se exteriorice entusiasmo nuestro Movimiento)). Estos documentos prueban que, hasta el 30 de abril de 1937, eran legítimas todas las jerarquías y autoridades de la Falange, y legítima la propaganda nacional-sindicalista. Resul. ta forzoso argüir con cierto tono jurídico, pues en la tramitación de la crisis lo legal fue retorcido, distorsionado y sofisticado, según ha de Perse en páginas sucesivas. Había un corpus ingente, formado por el bando de declaración del estado de guerra, sucesivas disposiciones, Código de justicia militar, circulares modificativas de éste y aún de los primitivos bandos y circulares... Desde esa intrincada selva operaron jueces instructores y auditores, servidos por Martincz Fusset y Lisardo Doval y sus auxiliares. Pero el oficio y el telegrama transcritos arrojan poderosa luz sobre las deliberadas oscuridades... José Sáinz, jefe territorial de Castilla la Nueva, quiso, desde Salamanca, prevenir a los mandos falangistas para que no se aceptaran coacciones, instrusismos y usurpaciones. Decidió hacerlo por medio de un telegrama en lenguaje corriente. Hedilla no intervino. El Jefe Nacional testimonia: «Este telegrama cifrado no existió, ni siquiera en la intención. En donde únicamente existió fue en la lengua de los difamadores y de los interesados en desvirtuar y desnaturalizar la verdad de los hechos. Luego es falso, de toda falsedad, que yo redactara semejante

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telegrama, ni le mandara hacer circular, ni en cifra ni en claro D. José Sáinz ha testimoniado que la deciiión de enviar el telegrama le correspondió a él y lo hizo pensando que era necesario evitar « u n choque que en aquellos momentos era un grave quebranto para el Movimiento Nacional)). Alude Sáinz a las pugnas que ya habían surgido entre los dos organismos integrados. Y manifiesta: «Posteriormente, cuando me detuvieron en Salamanca, manifesté al Juez esto mismo, de lo que no se me hizo caso, pues se procedía con apasionamiento y con ánimo visible de eliminar a Hedilla, que aún perdura, ya que aún le siguen acusando de este inocente telegama N. El oficial mayor de la Jefatura Nacional, Mariano Garcia Gutiérrez, testimonia que no se envió ningún telegrama cifrado: «el de Sáinz -declarani siquiera iba firmado por Hedilla, sino que sólo llevaba el sello de la Junta de Mando, para que lo cursaran en Telégrafos)). Examinemos cuáles eran el texto y el sentido del telegrama. En la hora que escribimos, son inaccesibles, para nosotros, los archivos de Telégrafos y los sumarios instruidos. Daremos las distintas versiones sobre la literalidad del telegrama facilitadas por quien lo redactó, por quien lo timbró y ordenó materialmente expedirlo, y por quienes lo recibieron. José Sáinz declara que, aproximadamente, el texto era el siguiente: «Ante posibles interpretaciones erróneas Decreto Unificación no cumplirás otras órdenes que las recibidas por conducto jerárquico superior ». Tesimonia Mariano García Gutiérrez que el despacho debía de consignar lo que sigue: «Para evitar interpretaciones erróneas Decreto Unificación solamente cumplirás órdenes recibidas directamente Mando superior)). José Conde Alonso, jefe provincial de Toledo, cree que el texto decía: «Te abstendrás de cumplimentar toda orden que no llegue por conducto reglamentario)). Esta variante iba firmada por K José Sáinz, jefe territorial de Castilla la Nueva N. Aniceto Ruiz Castillejo manifiesta que el texto por él recibido decía: ct Generalísimo ordenará mediación Mando supremo

Falange modificaciones haya lugar Decreto Unificación. Sancionará severamente jefes tomen iniciativa propia B. Serrano Suñer (página 4 1 ) escribe textualmente: «Se conocía un telegrama cifrado en NOMBRE DEL JEFE FALANGISTA HEDILLA, a las jefaturas provinciales, que se consideró subversivoN. No hubo más telegrama que el cursado por José Sáinz, en lenguaje corriente. Dado el severo régimen de censura militar, agudizado por la coyuntura, el telegrama fue conocido en el acto por el Cuartel General, y si era subversivo, la más elemental medida habría sido detenerlo, impedir su curso, sin perjuicio de exigir las responsabilidades correspondientes. Pero el telegrama fue autorizado por la censura. No fue detenido Manuel Hedillgentonces, sino que tras haber sido enviado y recibido aquél, el Generalísimo dio pública muestra de máxima confianza al que apareció como responsable del despacho. Y solamente al declinar Hedilla el ofrecimiento del Generalisimo. y con una posterioridad de tres dias al envío del telegrama, fue declarado éste subversivo o sedicioso o rebelde... En su libro declara Serrano Suñer aue «de todos lados llegaban noticias de que se preparaba un acto de rebelión... Se supo que algunos emisarios de Hedilla partían para las provincias, con el fin de preparar manifestaciones Y QUIZA, .actos de resistencia » ( Página 4 2 ) . ((Es falso, de toda falsedad -testimonia Hedilla-. aue partieran emisarios míos a las provincias ni a ningún sitio. En caso de que saliera alguna persona, aunque no se le puede llamar emisario por la forma en que me lo propuso, fue José Luis Arrese n . Arrese Magra, emparentado por su matrimonio con la familia Sáenz de Heredia -línea materna, como es sabido, del fundador de la Falange- no había desempeñado ningún papel en la guerra. Era prácticamente un desconocido para la mayoría de los falangistas. Se encontraba en San Juan de Luz, haciendo gestiones para canjear a parientes suyos, y al leer las noticias aparecidas en la prensa francesa, decidió volver a España. En Salamanca se entrevistó con Manuel Hedilla. El Jefe

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Nacional ha referido su conversación en los siguientes términos: ((Arrese había tenido antes del comienzo del Movimiento alguna obra en Granada y quizá en aquellos momentos tuviese aún algo. El caso es que me dijo si me parecía bien que él fuese a Granada ((a ver lo que pasaba)), y que de allá se iría a Sevilla. Lo hacía más bien por curiosidad y viajaba por cuenta de su bolsillo, no por cuenta de la Jefatura, como viajan los emisarios. No vi en lo que me proponía ningún peligro ni inconveniente, y no pensé que hubiera en esto perversidad ni doblez)). A José Luis de Arrese le pareció interesante conocer a fondo la reacción de los falangistas andaluces, tras el asesinato de Goya, ante la detención de Sancho Dávila. Estuvo en Granada, y de ailí pasó a Sevilla. Sus gestiones o encuestas debieron de ser livianas e insignificantes. En Sevilla fue detenido en un bar por el jefe territorial de Milicias, Ignacio Jiménez, quien lo recluyó en el cuartel de la Falange y se apresuró a informar algeneral Queipo de Llano *. Sordamente -pues nunca se hizo mención de ello en sumarios, declaraciones, libros suscritos por protagonistas, etc.se hizo circular, contra los falangistas representados por Manuel Hedilla, la especie de que aspiraban a establecer connivencia con algunos mandos militares, para resistir a la unificación. Señalábase, verbigracia, al ya coronel Juan Yagüe Blanco. Éste fue uno de los hombres más leales al Generalísimo, aunque se mostrara a veces u n tanto grogmrd debido a su carácter. Franco tuvo siempre sobre él un ascendiente absoluto. Vamos a mostrar la cara y la cruz de Yagüe. Hedilla le nombró Consejero Nacional de Falange Española de las JONS. «Fuimos a Yuncos, donde estaba nuestro gran amigo Yagüe -refieren dos falangistas burgaleses para llevarle el nombramiento. Nos detuvimos varias horas en el Hotel Castilla de

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* El capitán general de Andalucía, sabedor de que Arrese tenia parentesco político con la familia Primo de Rivera y temeroso de que se le imputara un torvo deseo de venganza, envió al detenido escoltado por la Guardia Civil a Salamanca, donde ingresó en las prisiones militares. ** Testimonio de Florentino Martínez Mata y de Honorato Martín Cobos.

Toledo, y por fin llegamos al puesto de mando del coronel. Le referimos lo que había sucedido en Salamanca. «-¿Quieres ir a Salamanca? -le preguntamos. xAccedió Yagüe y se entrevistó con el Generalísimo, quien le ordenó que se volviera a Yuncos. »Desde su puesto de mando, Yagüe dirigió un telegrama a Hedilla, en el que decía: ((Ahora más que nunca, a tus órdenes n El jefe provincial de Toledo decidió ir a Salamanca *: ((Pasé por Yuncos, preguntando a Yagüe qué había ocurrido u ocurría en Salamanca. Me dijo que no tenía más información que la de la radio y la prensa; que lo único que estaba claro era que en tales circunstancias de guerra civil no era lícito jugar con la política; que si el Caudilio había ordenado la unificación había que acatarla sin reservas. Y que la única manera de intentar que se incorporasen a la vida de nuestro país las ideas y el ejemplo de José Antonio era actuando nosotros, los falangistas, dentro del Movimiento unificado. Que no podíamos esperar que los carlistas y los de Acción Popular defendieran en el nuevo movimiento la acción nacional, social y política de José Antonio. »Agregó que en la zona en que él tenía mando militar no toleraría bromas ni juegos de deslealtad o indisciplina al Caudillo B. La suspicacia respecto de Yagüe, perduró. El mismo jefe provincial de Toledo testimonia: «En los primeros días de agosto de 1937 fui detenido, muy consideradamente, en Talavera de la Reina. El comandante Planas de Tovar, a la sazón comandante militar de Talavera, me dijo que iba yo detenido y custodiado a Toledo, por orden del general Monasterio, y que el teniente coronel Emperador, basta entonces y desde poco tiempo antes gobernador militar de Toledo, también había sido destituido y detenido. »Al llegar a Toledo, ya de noche, quedé incomunicado en el Gobierno militar. Habían colocado de gobernador militar al

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Testimonio de José Conde Alonso.

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coronel Sotelo, y tanto él como su capitán-ayudante parecían vigilados por oficiales de la Guardia Civil de Marruecos, que habían llegado a Toledo con el general Monasterio. »Pasó cierto tiempo y comparecí ante el general Monasterio y un capitán del Cuerpo jurídico, que estaban solos e n el despacho principal del Gobierno militar. El general Monasterio, en tono muy severo, me dijo: »Para bien de España y del Caudillo, me va a contar usted todo lo que se habló en la reunión que celebraron el general Yagüe, usted y otros jefes militares y de Falange, la noche del día tantos... en Yuncos. »Respondí con una franca sonrisa *. El general Monasterio insistió en que no se trataba de ninguna broma, sino de una cosa muy seria, a lo que respondí quéyo lo tomaba como una broma, porque al intentar considerar en serio la creencia ajena en la reunión, al parecer clandestina y con propósitos subversivos, que no existió, no encontraba más explicación que la actividad de tantos que creen en fantasmas y padecen alucinaciones. O la actividad de gentes mal intencionadas que padecen con el prestigio ajeno, y aspiran a una cómoda situación de mando y privilegio, sin la más pequeña preocupación por el porvenir, mejoramiento y bienestar de España. A estas preguntas siguieron otras del mismo desafortunado estilo e intención, a las que respondí clara y concretamente. Me despidieron en libertad. ~ o n a s t e r i o dio la orden de guardar secreto)). me Es evidente que los servicios llamados de seguridad del Estadb dudaban hasta de los más leales a Franco, y lo hacían con una saña que en sí misma parece inexplicable, a menos que
* José Conde se había inscrito en un curso de Aviación, y fue admitido. Lo hizo deseoso de abandonar la jefatura provincial de FET y de las JONS.Le llam6 Ladislao López Bassa, secretario de FET, para decirle que los jefes y los secretarios provinciales que se fueran a pelear en primera línea, serían considerados como 'desertores ante el enemigo (sic). Yagüe, por su parte, al enterarse del propósito de Conde, en presencia de éste y de los jefes y delegados de servicios de la FET toledana, declaró que aparecía una huida para eludir las dificultades y graves problemas políticos y afectivos que crea la unificacióna. Hubo otras reuniones con Yagüe ipara crear las Banderas de Castilla números 3, 4 y 6 y reconstrucción de la número l!

pretendieran provocar una dislocación de la coherencia militar: fuera para servir extraños, misteriosos designios ajenos, claro es, a la voluntad de Franco, o para acelerar una restauración monárquica mediante el choque del Generalísimo con altos mandos. Pero la Falange -y nos referimos a los leales- aunque hubiera podido fomentar tal choque, lo había rehusado en nombre de la necesidad de rescatar a España del enemigo. Y en último término, hasta por una razón pragmatista. Aunque muchos falangistas ignoraban la historia contemporánea de España, no faltaban quienes la conocían. En julio de 1917, las Juntas militares de Defensa llegaron a pactar con catalanistas, republicanos, socialistas, reformistas ... Contando con ellas, fue declarada la huelga general, revolucionaria, en el mes de agosto de aquel año. El primer regimiento que salió a la calle contra los huelguistas fue el de Vergara, que había mandado el coronel Benito Márquez, capital figura de las Juntas militares de Defensa. No hubo vacilación, entre los militares, cuando se trató de sostener al régimen monárquico. Yagüe era hombre que no habría vacilado en ametrallar a quienes pretendieran deponer al Generalísimo. De ahí que éste le ascendiera a teniente general, le confiase mandos de capitán general y le incorporase a uno de sus gobiernos como ministro del Aire.

CAP~TULO XIV EL NOMBRAMIENTO DE SECRETARIADO 0 JUNTA POLfTICA El día 22 de abril de 1937, el Generalísimo firmó el decreto número 266 *. «En cumplimiento de lo prevenido en el art. 2." del decreto núm. 225, y a los efectos que en él se expresan, procede nombrar la mitád de miembros del Secretariado o Junta politica de la FET y de las JONS y en su virtud dispongo: »Articulo único. - Son miembros del Secretariado político de FET y de las JONS: don Manuel Hedilla Larrey, don Tomás Domínguez Arévalo, don Darío Gazapo Valdés, don Tomás Dolz de Espejo, don Joaquín Miranda, don Luis Arellano Dininx, don Ernesto Jiménez Caballero, don José María Mazón, don Pedro González Bueno y don Ladislao López Bassa)~. »Dado en Salamanca. a 22 de abril de 1937 D. Examinemos la composición politica. Domínguez Arévalo -al que no se mencionaba por su título de conde de Rodezno-, Dolz de Espejo -del que también se omitía el título condal de la Florida-, Arellano y Mazón, carecían de las sendas autorizaciones del Regente tradicionalista, príncipe don Javier, y del jefe delegado de la Comunión, Fa1 Conde.
* Los nombramientos aparecieron en los periódicos. Y es curioso que el numero 1 del Botetin del Movimiento de FET y de las JONS. publicado el 5 de mayo de 1937, cuando ya Hedilla estaba encarcelado, lo insertara.

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Gazapo Valdés era un teniente coronel de Estado Mayor, del Ejército de Africa, afiliado a la Falange Española de las JONS con algunos meses de antelación a la guerra; Giménez Caballero, readmitido en la organización, luego sancionado y posteriormente conjurado, no necesita otras dilucidacioncs para configurarle; Miranda había sido el dócil vasallo de Queipo de Llano y aparecía como incondicional de Serrano Suñer; González Bueno, como López Bassa, eran neofalangistas que, con anterioridad a la unificación, estuvieron al servicio del Cuartel del Generalisimo. Todos los tradicionalistas que figuraban en la lista fueron excluidos --el conde de Rodezno muy singularmente- de la Comunión, por decisión del príncipe Regente. Éste calificó de «facciosas» las reuniones que Rodezno inspiró para sumarse a la unificación Manuel Hedilla se enteró de su designación por la prensa salmantina. Éste es un hecho afirmado por él. Agustín Amar acababa de ser detenido por fuerzas del Estado. «El 2 1 ó el 22 de abril t e s t i m o n i a Aznar- fui detenido, interrogado por el comandante de la Guardia Civil Manuel Rodrigo Zaragoza y recluido en el cuartel de ese Instituto, en Salamanca». A la vez, Ramón Laporta, quien había sido jefe provincial salmantino, recibió órdenes de incautarse de toda la documentación de la Junta de Mando de la Falange y de la Comunión Tradicionalista, lo que hizo ante notario, para entregarla en el Cuartel General-, según testimonio del mismo Laporta. Los itinerarios de Hedilla a partir de esa fecha del 22 de abril, pueden ser seguidos con exactitud. Tenemos, primero, el testimonio de Martín Almagro Bosch: «En los días que mediaron desde el 19 de abril hasta la fecha de la detención de Hedilla y de los que éramos llamados hedillistas, todos nos movimos por conocer el estado de opinión de los camaradas. Al saberse que Hedilla había sido designado en primer lugar para

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el Secretariado o Junta Política, acudí a casa de Pilar Primo de Rivera quien me dijo, con encargo de que lo transmitiese a Hedilla : »-En nombre de José Antonio, que de ninguna manera lo acepte. ;Que no acepte! r . Manuel Groizard Montero, al servicio del Cuartel General entonces, expone: «Por lo que yo sé, Manuel Hedilla visito a Pilar Primo de Rivera. Con ésta se hallaban Marichu de la Mora, Dionisio Ridruejo, Fernando González Vélez ... La entrevista fue dura; parece que se le imputó a Hedilla la responsabilidad de la unificación N. Se basa Groizard en referencias o confidencias: ver0 Hedilla , imponía de tal modo a cualquiera de los citados, que ninguno de ellos habría osado lanzar la falsa e injuriosa especie ante quien era Jefe Nacional. Lo que sí es cierto, y se halla testimoniado por numerosos falangistas y por personas ajenas a la Falange, es que Agustín Aznar, José A. Girón, Dionisio Ridruejo, Luis González Vicén, Fernando González Vélez y cuantos recibían inspiración del que Serrano Suñer llamaba foco rebelde de la plazuela salmantina de San Julián, hicieron cuanto les fue posible a fin de que Hedilla no aceptara el cargo para el que Franco le designaba. Hedilla, en el Secretariado, habría sido defensor de la cqntinuidad de lo austero y de la disciplina de hierro. .Esa postura en la que, naturalmente, también estaba interesado desde su cómoda retención, que sólo duraría unos días, Sancho Dávila, puso a su cabeza a Pilar Primo de Rivera, inrnediata aceptante, en cuanto Hedilla fue detenido, de la delegación nacional de la Sección Femenina. Todos los aue. vor diversos conductos y medios, trabajaron para que Hedilla, rehusase; todos, sin excepción, asumieron cargos y misiones que desde entonces serían retribuidos * Aquí es oportuna la referencia a las cantidades percibidas por
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1

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viejo Carlista a unas cartas del Conde de Rodezno. 1946. Página 10. Pussiin, referencias a las sanci* nes acordadas por el Regente contra los tradicionalistas incorporados a la Unificación.
itiz

* Melchor Ferrer: Observaciones de

Manuel Hedilla de la Falange Española de las JONS: Jefe local de Renedo (S'mtander): nada. Jefe Provincial de Santander: nada. Consejero nacional de F.E. de las JONS: nada. Jefe territorial de Castilla la Vieja: nada. Jefe de la Junta de Mando Provisional: 750 pesetas mensuales por gastos de representación.

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MANUEL

H EDILLA

TESTIMONIO

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Harto sabían los que de nuevo habían vuelto a conjurarse -pues se trataba de los mismos que habían abierto plenamente el camino a la unificación, confiriéndole urgencia y fuerza drástica en virtud de los hechos del 16 de abril- que cualquier género de amenazas e intimidaciones era inútil. Hedilla no llevaba armas. No las llevó siquiera en los momentos más críticos de la pre-guerra ni en los días inciertos de la conspiración contra su autoridad. Era un blanco fácil, por su costumbre de andar sin protectores armados. Pero de él se desprendía una sensación de autoridad y de fuerza que intimidaba a todos; a los amigos y a los enemigos. En uno de sus itinerarios, fue a visitar a Agustín Aznar, detenido ya en el cuartel salmantino de la Guardia Civil. La referencia de la entrevista la ha testimoniado Mario González Zaera: «Creo que fue el día 24 de abril cuando decidí visitar a Aznar. Le encontré en el patio del cuartel, cerca de unos carros, acompañado por su futura esposa, Lola Primo de Rivera y Cobo de Guzmánn. »-iAcaban de disparar sobre mí desde ese edificio! y me señaló uno que sobresalia por encima de los muros del cuartel. Ahí, en ese carro, puede verse un impacto. Quieren matarme... ))En una transición, añadió: »-¿Sabes quién ha estado aquí? iHedilla! Le he dicho que si se entrega a Franco nos encerraremos en una habitación para pelear a tiros. Pero si es fiel a la Falange estaré a sus Órdenes. »-¿Qué te ha contestado? -interrogué. »-No ha dicho nada. Inclinó la cabeza y se fue sin hacerme caso. »-Pues entonces --dije-, dentro de poco estará Hedilla en la cárcel. ))Y ocurrió)). así El relato de Aznar a Zaera difiere en algún punto de lo acontecido. La disyuntiva «tiros o servicio)) fue cierta. Pero ¿en qué podría servirle Aznar a Hedilla si éste rehusaba aceptar el cargo? ¿Pensaría servirle desde el empleo de asesor de

la Milicia de FET y de las JONS que aceptó sin titubeos poco después? En los itinerarios de Manuel Hediila figuraron entrevistas con representantes de dos países que contribuían a sostener el esfuerzo de la guerra de las fuerzas nacionales: von Faupel, embajador alemán, y un representante de Italia. Con ambos tenía relaciones de amistad, a las que hacemos referencia en anteriores capítulos. «No acudí a ellos -testimonia Hedilla- en petición de consejo, que resultaba innecesario, porque mi decisión era firme. Pero imaginé que ambos embajadores me darían alguna nueva, relacionada con la tensión que existía en el Cuartel General. Von Faupel, me dijo, literalmente: »-Usted debía de haber tenido más amistad y familiaridad con Franco. Ahora, debe usted aceptar el hecho consumado. »La delegación del partido nazi me propuso trasladarme a Alemania, en un aparato alemán. »También el agregado de prensa italiano me ofreció un avión para llevarme a Roma. »Sin duda lo brindaron con la mejor voluntad. La salida era fácil. Pero no habían llegado a conocer mi pensamiento. Yo no podía aceptar ninguna de las invitaciones -que en tal forma me fue presentada lo que yo consideré una huida -por motivos esenciales de patriotismo y de honradez. Lo que se estaba ventilando era una cuestión entre españoles; yo tenía la obligación inexcusable de responder de mis actos; mi salida del territorio nacional podía convertirse en un escándalo, que sería aprovechado por e1 enemigo... »No pensé, ni por un momento, que pudiera tratarse de una añagaza para descalificarme ante los españoles; de una falsa maniobra cuya finalidad se hubiera descubierto al ser yo arrestado subiendo al avión, ni de una infame conjura para hacerme desaparecer del mundo de los vivos. Como yo he sido y soy incapaz de cualquiera de tales supuestos, me parece imposible que alemanes o italianos pudieran concertarse con españoles para esos fines».