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HUMILDAD

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SOBRE LA HUMILDAD
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Humildad

LA PALABRA HUMILDAD SIGNIFICA MODESTIA O SUMISIÓN Y DERIVA DEL LATÍN HUMILITAS O, COMO DICE SANTO TOMÁS, DE HUMUS: LA TIERRA DEBAJO NUESTRO. APLICADA A PERSONAS Y COSAS DESIGNA AQUELLO DESPRECIABLE, INNOBLE O DE CONDICIÓN POBRE; EN LENGUAJE CORRIENTE, ALGO DE POCO VALOR. ASÍ DECIMOS QUE UN HOMBRE ES DE ORIGEN HUMILDE O QUE UNA CASA ES UNA VIVIENDA HUMILDE. RESTRINGIDO A PERSONAS, SE ENTIENDE HUMILDAD EN EL SENTIDO DE AFLICCIONES O PADECIMIENTOS QUE PUEDEN SER CAUSADOS POR AGENTES EXTERNOS, COMO CUANDO UN HOMBRE HUMILLA A OTRO PROVOCÁNDOLE PENA O SUFRIMIENTO. ES EN ESTE SENTIDO QUE LOS DEMÁS PUEDEN INFLIGIRNOS HUMILLACIONES Y SOMETERNOS A ELLAS. HUMILDAD, EN UN SENTIDO MÁS ELEVADO Y ÉTICO, ES AQUELLO POR LO QUE UN HOMBRE TIENE UNA MODESTA APRECIACIÓN DE SU PROPIO VALOR Y SE SOMETE A OTROS POR SÍ MISMO. CONFORME A ESTE SIGNIFICADO NINGÚN HOMBRE PUEDE HUMILLAR A OTRO SINO SÓLO A SÍ MISMO Y A ESTO ÚLTIMO SÓLO PUEDE LOGRARLO ADECUADAMENTE MEDIANTE LA AYUDA DE LA GRACIA DIVINA. TRATAMOS AQUÍ A LA HUMILDAD EN ESTE SENTIDO, EN EL DE LA VIRTUD DE LA HUMILDAD. PUEDE DEFINIRSE A LA VIRTUD DE LA HUMILDAD COMO: "UNA CUALIDAD POR LA QUE UNA PERSONA CONSIDERANDO SUS DEFECTOS TIENE UNA MODESTA OPINIÓN DE SÍ MISMA, Y SE SOMETE VOLUNTARIAMENTE A DIOS Y A LOS DEMÁS POR DIOS." SAN BERNARDO LA DEFINE COMO: "UNA VIRTUD POR LA QUE UN HOMBRE, CONOCIÉNDOSE A SÍ MISMO COMO REALMENTE ES, SE REBAJA". ESTAS DEFINICIONES COINCIDEN CON LA DE SANTO TOMÁS: "LA VIRTUD DE LA HUMILDAD", DICE, "CONSISTE EN MANTENERSE DENTRO DE LOS PROPIOS LÍMITES SOMETIÉNDOSE A LA AUTORIDAD SUPERIOR SIN INTENTAR ALCANZAR AQUELLO QUE ESTÁ POR ENCIMA DE UNO" (SUMA CONTRA GENTILES, LB. IV, CAP. IV, TR. RICKABY) PARA EVITAR CAER EN UNA IDEA ERRÓNEA DE HUMILDAD, ES NECESARIO EXPLICAR CÓMO DEBEMOS VALORAR NUESTROS DONES EN RELACIÓN CON LOS DE LOS DEMÁS EN CASO DE TENER QUE HACER UNA COMPARACIÓN. LA HUMILDAD NO EXIGE QUE CONSIDEREMOS QUE LOS DONES Y GRACIAS QUE NOS HA CONCEDIDO DIOS EN EL ORDEN SOBRENATURAL SON DE MENOR VALOR QUE LOS DONES Y GRACIAS SIMILARES QUE VEMOS EN OTROS. NADIE DEBERÍA DAR A ESTOS DONES DE DIOS UN VALOR MENOR EN SÍ MISMO QUE EN LOS DEMÁS YA QUE DEBEN SER VALORADOS POR SOBRE TODAS LAS COSAS CONFORME A LAS PALABRAS DE SAN PABLO "QUE CONOZCAMOS LOS DONES QUE DIOS NOS HA CONCEDIDO" (I COR., II, 12). TAMPOCO EXIGE LA HUMILDAD QUE EN NUESTRA ESTIMACIÓN DEMOS UN MENOR VALOR A LOS DONES NATURALES QUE TENEMOS QUE A AQUELLOS SIMILARES O INFERIORES DE NUESTROS PRÓJIMOS; CASO CONTRARIO, COMO ENSEÑA SANTO TOMÁS, ESTO HARÍA QUE TODOS SE CONSIDERARAN MÁS PECADORES O IGNORANTES QUE SU PRÓJIMO. EL APÓSTOL SIN PERJUICIO A LA HUMILDAD DIJO: "SOMOS JUDÍOS POR NATURALEZA Y NO PECADORES GENTILES" (GAL., II, 15). SIN EMBARGO, UN HOMBRE PUEDE VALORAR UN BIEN EN SU PRÓJIMO QUE NO POSEE EN SÍ MISMO, O RECONOCER UN DEFECTO O MAL EN SÍ MISMO QUE NO VE EN SU PRÓJIMO DE FORMA QUE CUANDO ALGUIEN SE HUMILLA A SÍ MISMO ANTE UN SEMEJANTE O ALGUIEN INFERIOR, LO HACE PORQUE CONSIDERA QUE ESA PERSONA ES, DE ALGÚN MODO, SU SUPERIOR. POR ESO, PODEMOS INTERPRETAR LAS EXPRESIONES DE

HUMILDAD DE LOS SANTOS COMO VERDADERAS Y SINCERAS. ADEMÁS, SU GRAN AMOR A DIOS HIZO QUE VIERAN LA MALICIA DE SUS FALTAS Y PECADOS CON UNA LUZ MUCHO MAYOR QUE LA DADA A PERSONAS QUE NO SON SANTAS. LAS CUATRO VIRTUDES CARDINALES SON PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA, Y TODAS LAS DEMÁS VIRTUDES ESTÁN INCLUIDAS EN ELLAS COMO PARTES INTRÍNSECAS, POTENCIALES O SUBJETIVAS. LA HUMILDAD ESTÁ INCLUIDA EN LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA COMO PARTE POTENCIAL, PORQUE LA TEMPLANZA ABARCA AQUELLAS VIRTUDES QUE REFRENAN LOS MOVIMIENTOS DESORDENADOS DE NUESTROS DESEOS O APETITOS. LA HUMILDAD ES UNA VIRTUD MODERADORA QUE SE OPONE A LA SOBERBIA Y LA VANAGLORIA O A ESE IMPULSO QUE NOS LLEVA A QUERER COSAS QUE ESTÁN MÁS ALLÁ DE NUESTRAS FUERZAS O CAPACIDAD, Y POR LO TANTO ESTÁ INCLUIDA EN LA TEMPLANZA DE LA MISMA FORMA QUE LA MANSEDUMBRE, QUE REPRIME LA IRA, ES PARTE DE LA MISMA VIRTUD. DE LO DICHO PODEMOS CONCLUIR QUE LA HUMILDAD NO ES LA PRINCIPAL NI LA MAYOR DE LAS VIRTUDES. LAS VIRTUDES TEOLOGALES SON LAS PRINCIPALES, SEGUIDAS DE LAS INTELECTUALES YA QUE ÉSTAS DIRIGEN INMEDIATAMENTE LA RAZÓN DEL HOMBRE AL BIEN. LA JUSTICIA SE UBICA EN EL ORDEN DE LAS VIRTUDES ANTES QUE LA HUMILDAD, Y ASÍ DEBERÍA UBICARSE TAMBIÉN LA OBEDIENCIA POR SER PARTE DE LA JUSTICIA. SIN EMBARGO, ES SABIDO QUE LA HUMILDAD ES EL CIMIENTO DEL EDIFICIO ESPIRITUAL AUNQUE EN UN SENTIDO INFERIOR A AQUEL POR EL QUE LA FE ES CONOCIDA COMO TAL. LA HUMILDAD ES LA VIRTUD PRIMERA EN CUANTO ELIMINA LOS OBSTÁCULOS A LA FE -PER MODUM REMOVENS PROHIBENS, COMO EXPRESA SANTO TOMÁS. ELIMINA LA SOBERBIA Y HACE QUE EL HOMBRE PUEDA SER OBJETO0 DE LA GRACIA Y UN RECEPTOR APTO DE LA MISMA CONFORME A LAS PALABRAS DE SANTIAGO: "DIOS RESISTE AL SOBERBIO Y DA SU GRACIA AL HUMILDE" (SANTIAGO, IV, 6). LA FE ES LA PRINCIPAL Y LA VIRTUD POSITIVA FUNDAMENTAL DE TODAS LAS VIRTUDES INFUSAS, PORQUE ES POR ELLA QUE PODEMOS DAR EL PRIMER PASO EN LA VIDA SOBRENATURAL Y EN NUESTRO ACERCAMIENTO A DIOS: "PORQUE AQUEL QUE SE ACERCA A DIOS, DEBE CREER QUE ÉL EXISTE Y QUE RECOMPENSA A LOS QUE LO BUSCAN" (HEB., XI, 6). LA HUMILDAD, ASÍ COMO PARECE MANTENER LA MENTE Y EL CORAZÓN SOMETIDOS A LA RAZÓN Y A DIOS, CUMPLE UNA FUNCIÓN PROPIA EN RELACIÓN CON LA FE Y TODAS LAS DEMÁS VIRTUDES, Y PUEDE SER POR LO TANTO CONSIDERADA COMO UNA VIRTUD UNIVERSAL. ES, EN CONSECUENCIA, UNA VIRTUD NECESARIA PARA LA SALVACIÓN Y COMO TAL IMPUESTA POR NUESTRO DIVINO SALVADOR, ESPECIALMENTE CUANDO DIJO A SUS DISCÍPULOS: "APRENDED DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN: Y ENCONTRARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS" (MT. XI, 29) TAMBIÉN ENSEÑA SOBRE ESTA VIRTUD MEDIANTE ESTAS PALABRAS: "BIENAVENTURADOS SERÉIS CUANDO OS INSULTEN, PERSIGAN Y CALUMNIEN POR MI CAUSA: ALEGRAOS Y REGOCIJAOS PORQUE VUESTRA RECOMPENSA SERÁ MUY GRANDE EN EL CIELO" (MT., V, 11-12). DEL EJEMPLO DE CRISTO Y SUS SANTOS PODEMOS APRENDER LA PRÁCTICA DE LA HUMILDAD QUE SANTO TOMÁS EXPLICA (CONTRA GENTILES, LB. III, 135): "LA ACEPTACIÓN VOLUNTARIA DE HUMILLACIONES ES UNA PRÁCTICA DE HUMILDAD NO EN CADA UNO Y EN TODOS LOS CASOS SINO CUANDO SE REALIZA CON UN FIN NECESARIO: YA QUE SIENDO LA HUMILDAD UNA VIRTUD, NO HACE NADA EN FORMA INDISCRETA. POR LO TANTO NO ES HUMILDAD SINO UN ABSURDO ACEPTAR TODAS Y CADA HUMILLACIÓN: PERO CUANDO LA VIRTUD EXIGE REALIZAR ALGO CORRESPONDE A LA HUMILDAD NO DEJAR DE REALIZARLO, POR EJEMPLO NO REHUSAR PRESTAR UN SERVICIO INFERIOR CUANDO LA CARIDAD EXIGE AYUDAR AL PRÓJIMO... INCLUSO, A VECES, AUNQUE NO SEA

OBLIGATORIO ACEPTAR HUMILLACIONES, ES UN ACTO DE VIRTUD HACERLO CON EL FIN DE ALENTAR A OTROS A TRAVÉS DEL EJEMPLO PARA QUE PUEDAN SOPORTAR MÁS FÁCILMENTE LO QUE SE LES IMPONE: UN GENERAL A VECES DEBERÁ OCUPAR EL PUESTO DE SOLDADO RASO PARA ALENTAR AL RESTO. A VECES PODEMOS HACER UN USO VIRTUOSO DE LA HUMILDAD COMO REMEDIO. SI LA MENTE DE ALGUIEN SE INCLINARA A LA VANAGLORIA INDEBIDA, PUEDE BENEFICIOSAMENTE USAR EN FORMA MODERADA LAS HUMILLACIONES, YA SEA IMPUESTAS POR SÍ MISMO O POR OTRO, PARA MEDIR LA EXALTACIÓN DE SU ALMA COLOCÁNDOSE AL MISMO NIVEL QUE LA CLASE MÁS BAJA DE LA COMUNIDAD EN LA REALIZACIÓN DE LAS PEORES TAREAS" EL DOCTOR ANGÉLICO ASIMISMO EXPLICA LA HUMILDAD DE CRISTO CON LAS SIGUIENTES PALABRAS: "LA HUMILDAD NO ES PROPIA DE DIOS POR NO TENER SUPERIOR, AL ESTAR POR ENCIMA DE TODO... PERO AUNQUE LA VIRTUD DE LA HUMILDAD NO PUEDA APLICARSE A CRISTO EN SU NATURALEZA DIVINA, SÍ PUEDE APLICÁRSELE EN SU NATURALEZA HUMANA Y SU DIVINIDAD HACE QUE SU HUMILDAD SEA MÁS DIGNA DE ALABANZA PORQUE LA DIGNIDAD DE LA PERSONA SE SUMA AL MÉRITO DE LA HUMILDAD. Y NO PUEDE HABER UNA DIGNIDAD MÁS GRANDE PARA UN HOMBRE QUE SER DIOS. POR LO TANTO LA MAYOR DE LAS ALABANZAS LE CORRESPONDE A LA HUMILDAD DEL DIOS HOMBRE, QUIEN PARA RESCATAR LOS CORAZONES DE LOS HOMBRES DE LA GLORIA DEL MUNDO AL AMOR DE LA GLORIA DIVINA, ELIGIÓ ACEPTAR NO UNA MUERTE COMÚN SINO LA MUERTE MÁS IGNOMINIOSA" (SUMA CONTRA GENT. TR. RICKABY, LB. IV, CAP. IV; CF. LB. III, CAP. CXXXVI). SAN BENITO ESTABLECE EN SU REGLA DOCE GRADOS DE HUMILDAD. SAN ANSELMO, CITADO POR SANTO TOMÁS MENCIONA SIETE. ESTOS GRADOS ESTÁN APROBADOS Y EXPLICADOS POR SANTO TOMÁS EN SU "SUMA TEOLÓGICA" (II-II:161:6). LOS VICIOS QUE SE OPONEN A LA HUMILDAD SON SOBERBIA: COMO DEFECTO, Y UNA EXAGERADA COMPLACENCIA O DESPRECIO DE SÍ MISMO LO QUE CONSTITUIRÍA UN EXCESO DE HUMILDAD. ESTO PODRÍA CONSIDERARSE DESPECTIVO PARA UNA PERSONA CON UN CARGO O NATURALEZA SAGRADA; O PODRÍA SERVIR SÓLO PARA FOMENTAR EL ORGULLO EN OTRAS PERSONAS MEDIANTE ADULACIONES INDEBIDAS QUE OCASIONARÍAN PECADOS DE TIRANÍA, ARBITRARIEDAD Y ARROGANCIA. LA VIRTUD DE LA HUMILDAD NO PUEDE PRACTICARSE EN UNA FORMA EXTERNA QUE OCASIONE DICHOS VICIOS O ACTOS EN LOS DEMÁS.

Humildad: La virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen. La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad. "La humildad es la verdad" -Santa Teresa de Avila. El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión mas correcta de la realidad.

"El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." -San Francisco de Sales, 1567

Humildad
Tomado del Padre Enrique Cases y otros

La humildad perfecta es Jesús. Jesús es la humildad encarnada. Perfecto en todas las virtudes, nos enseña en cada momento en cada palabra. Siendo Dios, vivió 30 de sus 33 años en vida oculta, ordinaria, tenido por uno de tantos. Lo extraordinario fue la perfección en que vivió lo ordinario. También sus 3 años de vida pública son perfecta humildad. En todo hacía, como siempre la voluntad de su Padre. Nunca busco llamar la atención sobre si mismo sino dar gloria al Padre. Al final murió en la Cruz. Nos dijo: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón". Jesús repara el daño de Adán que es rebeldía ante Dios y de todo el orgullo posterior. Otros modos de llamar a este veneno: amor propio, egoísmo y soberbia. Por el orgullo buscamos la superioridad ante los demás. La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia. -Santo Tomás. La soberbia es la afirmación aberrante del propio yo. El hombre humilde, cuando localiza algo malo en su vida puede corregirlo, aunque le duela. El soberbio al no aceptar , o no ver, ese defecto no puede corregirlo, y se queda con él. El soberbio no se conoce o se conoce mal. Los grados de la humildad: 1 conocerse, 2 aceptarse, 3 olvido de si, 4 darse. 1 Conocerse. Primer paso: conocer la verdad de uno mismo. Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría. Es difícil conocerse. La soberbia, que siempre está presente dentro del hombre, ensombrece la conciencia, embellece los defectos propios, busca justificaciones a los fallos y a los pecados. No es infrecuente que, ante un hecho, claramente malo, el orgullo se niegue a aceptar que aquella acción haya sido real, y se llega a pensar: "no puedo haberlo hecho", o bien "no es malo lo que hice", o incluso "la culpa es de los demás". Para superar: examen de conciencia honesto. Para ello: primero pedir luz al Espíritu Santo, y después mirar ordenadamente los hechos vividos, los hábitos o costumbres que se han enraizado más en la propia vida - pereza o laboriosidad, sensualidad o sobriedad, envidia... 2 Aceptarse. Una vez se ha conseguido un conocimiento propio más o menos profundo viene el segundo escalón de la humildad: aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa. Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un

defecto, error, limitación, o pecado, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar. Dentro de los hábitos o costumbres, a los buenos se les llama virtudes por la fuerza que dan a los buenos deseos; a los malos los llamamos vicios, e inclinan al mal con más o menos fuerza según la profundidad de sus raíces en el actuar humano. Es útil buscar el defecto dominante para poder evitar las peores inclinaciones con más eficacia. También conviene conocer las cualidades mejores que se poseen, no para envanecerse, sino para dar gracias a Dios, ser optimista y desarrollar las buenas tendencias y virtudes. Es distinto un pecado, de un error o una limitación, y conviene distinguirlos. Un pecado es un acto libre contra la ley de Dios. Si es habitual se convierte en vicio, requiriendo su desarraigo, un tratamiento fuerte y constante. Para borrar un pecado basta con el arrepiento y el propósito de enmienda unidos a la absolución sacramental si es un pecado mortal y con acto de contrición si es venial. El vicio en cambio necesita mucha constancia en aplicar el remedio pues tiende a reproducir nuevos pecados. Los errores son más fáciles de superar porque suelen ser involuntarios. Una vez descubiertos se pone el remedio y las cosas vuelven al cauce de la verdad. Si el defecto es una limitación, no es pecado, como no lo es ser poco inteligente o poco dotado para el arte. Pero sin humildad no se aceptan las propias limitaciones. El que no acepta las propias limitaciones se expone a hacer el ridículo, por ejemplo, hablando de lo que no sabe o alardeando de lo que no tiene. Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras. 3 Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención. El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.

4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor. En este nivel la humildad y la caridad llevan una a la otra. Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos. Cuando la humildad llega al nivel de darse se experimenta más alegría que cuando se busca el placer egoístamente. La única vez que se citan palabras de Nuestro Señor del Evangelio en los Hechos de los Apóstoles dice que se es mas feliz en dar que en recibir . La persona generosa experimenta una felicidad interior desconocida para el egoísta y el orgulloso. La caridad es amor que recibimos de Dios y damos a Dios. Dios se convierte en el interlocutor de un diálogo diáfano y limpio que sería imposible para el orgulloso ya que no sabe querer y además no sabe dejarse querer. Al crecer la humildad la mirada es más clara y se advierte más en toda su riqueza la Bondad y la Belleza divinas. Dios se deleita en los humildes y derrama en ellos sus gracias y dones con abundancia bien recibida. El humilde se convierte en la buena tierra que da fruto al recibir la semilla divina. La falta de humildad se muestra en la susceptibilidad, quiere ser el centro de la atención en las conversaciones, le molesta en extremo que a otra la aprecien más que a ella, se siente desplazada si no la atienden. La falta de humildad hace hablar mucho por el gusto de oirse y que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, que corregir, Todo esto es creerse el centro del universo. La imaginación anda a mil por hora, evitan que su alma crezca. -Que me conozca; que te conozca. Así jamás perderé de vista mi nada”. Solo así podré seguirte como Tú quieres y como yo quiero: con una fe grande, con un amor hondo, sin condición alguna. Se cuenta en la vida de San Antonio Abad que Dios le hizo ver el mundo sembrado de los lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres. El santo, después de esta visión, quedó lleno de espanto, y preguntó: “Señor, ¿Quién podrá escapar de tantos lazos?”. Y oyó una voz que le contestaba: “Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria, mientras los soberbios van cayendo en todas las trampas que el demonio les tiende" Nos ayudará a desearla de verdad el tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra que el

Espíritu Santo trata incesantemente de edificar. Con todo, la virtud de la humildad no consiste sólo en rechazar los movimientos de la soberbia, del egoísmo y del orgullo. De hecho, ni Jesús ni su Santísima Madre experimentaron movimiento alguno de soberbia y, sin embargo, tuvieron la virtud de la humildad en grado sumo. La palabra humildad tiene su origen en la latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas (6). En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios. Los santos sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios y en reconocer que sólo Él es grande, y que en comparación con la suya, todas las grandezas humanas están vacías y no son sino mentira. ¿Cómo he de llegar a la humildad? Por la gracia de Dios. Solamente la gracia de Dios puede darnos la visión clara de nuestra propia condición y la conciencia de su grandeza que origina la humildad. Por eso hemos de desearla y pedirla incesantemente, convencidos de que con esta virtud amaremos a Dios y seremos capaces de grandes empresas a pesar de nuestras flaquezas... Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas porque su vida esta en Dios; y si llegan procura enderezarlos a la gloria de Dios, Autor de todo bien. La humildad se manifiesta en el desprecio sino en el olvido de sí mismo, reconociendo con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a sentirnos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano fuerte de su Padre. Aprendemos a ser humildes meditando la Pasión de Nuestro Señor, considerando su grandeza ante tanta humillación, el dejarse hacer “como cordero llevado al matadero”. Visitándolo en la Sagrada Eucaristía, donde espera que vayamos a verle y hablarle, Meditando la Vida de la Virgen María y uniéndonos a ella en oración. La mujer mas humilde y por eso también la escogida de Dios, la mas grande. La Esclava del Señor, la que no tuvo otro deseo que el de hacer la voluntad de Dios. También acudimos a San José, que empleó su vida en servir a Jesús y a María, llevando a cabo la tarea que Dios le había encomendado.

Oraciones para alcanzar la humildad Altísimo y Glorioso Dios, desciende tu luz a esta oscuridad de mi corazón. Dame fe correcta, firme esperanza, caridad perfecta y profunda humildad, conocimiento y sabiduría para siempre observar tu santa verdad y voluntad. Letanías de la Humildad del Cardenal Merry del Val -Jesús manso y humilde de Corazón, ...Óyeme. -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del -Del deseo deseo deseo deseo deseo deseo deseo temor temor temor temor temor temor temor temor de de de de de de de de de de de de de de de ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser ser estimado*,...Líbrame Jesús (se repite) alabado, honrado, aplaudido, preferido a otros, consultado, aceptado, humillado, despreciado, reprendido, calumniado, olvidado, puesto en ridículo, injuriado, juzgado con malicia,

-Que otros sean más estimados que yo,...Jesús dame la gracia de desearlo (se repite) -Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse, -Que otros sean alabados y de mí no se haga caso, -Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil, -Que otros sean preferidos a mí en todo, -Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda, ORACIÓN Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén. *lisonjeado: El original: "Del deseo de ser lisonjeado....". Lisonja = alabanza para ganar la voluntad de una persona.

Los Pecados Capitales y las Virtudes que los vencen (Virtudes Capitales):
Etim: latín, Capitalis, principal. Ver también: Pecado; Virtudes Teologales Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada. Es por eso muy importante para todo el que desee avanzar en la santidad aprender a detectar estas tendencias en su propio corazón y examinarse sobre estos pecados. Los pecados capitales son enumerados por Santo Tomás (I-II:84:4) como siete: vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos. El número siete fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media. Escritores anteriores enumeraban 8 pecados capitales: San Cipriano (De mort., iv); Cassian (De instit. cænob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis); Columbanus ("Instr. de octo vitiis princip." in "Bibl. max. vet. patr.", XII, 23); Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.) El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. Lo que se desea o se rechaza en los pecados capitales puede ser material o espiritual, real o imaginario. Pecados Capitales 1-Soberbia ante el deseo de alto honor y gloria 2-Avaricia (ante el deseo de acaparar riquezas) 3- Lujuria (ante el apetito sexual) 4- Ira (ante un daño o dificultad) 5- Gula (ante la comida y bebida) 6- Envidia (resiente las cualidades, bienes o logros de otro porque reducen nuestra autoestima) 7- Pereza (del desgano por obrar en el trabajo o por responder a los bienes espirituales), Virtudes para vencerles Humildad Reconocer que de nosotros mismos solo tenemos la nada y el pecado. Generosidad. Dar con gusto de lo propio a los pobres y los que necesiten. Castidad. logra el dominio de los apetitos sensuales Paciencia. Sufrir con paz y serenidad todas las adversidades. Templanza. Moderación en el comer y en el beber Caridad. Desear y hacer siempre el bien al prójimo Diligencia. Prontitud de ánimo para obrar el bien

Humildad
Una persona que personifique la humildad hará el esfuerzo de escuchar y de aceptar a los demás. Cuanto más acepte a los demás, más se tendrá a esa persona en gran estima y más se la escuchará. Una palabra dicha con humildad tiene el significado de mil palabras.

La humildad se encuentra en un vasto océano de aguas tranquilas que fluyen en la profundidad. En lo profundo yace la autoestima. Al principio, adentrarse en el océano es como viajar a una zona desconocida de inmensa oscuridad. Pero, así como explorar puede llevar a descubrir tesoros enterrados, en la búsqueda del mundo interior se pueden encontrar joyas enterradas en las profundidades de uno mismo. Y la joya que está enterrada en lo más profundo, la que más brilla y más luz da es la humildad. Sus rayos penetran en los momentos más oscuros. Elimina el miedo, la inseguridad y abre a la persona a las verdades universales. Ser un depositario Humildad es aceptar los principios naturales que no se pueden controlar. Todo lo que tenemos, desde el cuerpo con el que hemos nacido hasta las posesiones más preciadas, se hereda. Por lo tanto, se vuelve un imperativo moral el utilizar estos recursos de forma valiosa y benevolente. La conciencia de ser un depositario de tales recursos ilimitados y atemporales toca la esencia del alma humana y la despierta para darse cuenta de que, así como en el momento de nacer se heredaron esos recursos, en el momento de morir se tendrán que abandonar. En la muerte, todo lo que acompañará a la persona serán las impresiones de cómo se usaron esos recursos junto con la sabiduría de ser y de vivir como un depositario. La conciencia de ser un depositario eleva la autoestima y realza las múltiples relaciones diferentes encontradas a lo largo de la vida. Le lleva a uno a un estado de reflexión silenciosa, invitándole a tomarse un tiempo para sí mismo y a mirar la vida desde una perspectiva diferente. El

reconocimiento de ser un depositario hace que la persona busque la renovación de las relaciones con el propio ser y con el mundo. Eliminar el “yo” y el “mío” Humildad es dejar hacer y dejar ser. La piedra del conflicto yace en la conciencia del “yo” y del “mío” y la posesividad: de un rol, de una actividad, de un objeto, de una persona, incluso del cuerpo. Paradójicamente, esta conciencia le hace perder a uno aquello a lo que quiere agarrarse y, especialmente, le hace perder lo más significativo, los valores universales que dan valor y sentido a la vida. La humildad elimina la posesividad y la visión limitada que crean límites físicos, intelectuales y emocionales. Estas limitaciones destruyen la autoestima y levantan muros de arrogancia y de orgullo que distancian a las personas. La humildad actúa suavemente en las fisuras, permitiendo el acercamiento. Todo el mundo se “reverencia” ante una persona que posee la virtud de la humildad, ya que todos se reverencian ante los que se han reverenciado primero. Por tanto, el signo de la grandeza es la humildad. La humildad permite a la persona ser digna de confianza, flexible y adaptable. En la medida en que uno se vuelve humilde, adquiere grandeza en el corazón de los demás. Quien es la personificación de la humildad hará el esfuerzo de escuchar y aceptar a los demás. Cuanto más acepte a los demás, más se le valorará y más se le escuchará. La humildad automáticamente le hace a uno merecedor de alabanzas. La llamada a servir El éxito en el servicio a los demás proviene de la humildad. Cuanto mayor sea la humildad, mayor el logro. No puede haber beneficio para el mundo sin humildad. El servicio se lleva a cabo de la mejor manera cuando 1) nos consideramos un depositario o instrumento y 2) cuando damos el primer paso para aceptar a otro que es diferente. Una persona humilde puede adaptarse a todos los ambientes, por extraños o negativos que éstos sean. Habrá humildad en la actitud, en la visión, en las palabras y en las relaciones. La persona humilde nunca dirá: “no era mi intención decirlo, pero simplemente surgieron las palabras”. Según sea la actitud, así será la visión; según sea la visión, las palabras reflejarán eso y los tres aspectos combinados asegurarán la calidad de las interacciones. La mera presencia de una persona humilde crea un ambiente atractivo, cordial y confortable. Sus palabras están llenas de esencia, poder y las expresa con buenos modales. Una persona humilde puede hacer desaparecer la ira de otra con unas pocas palabras. Una palabra dicha con humildad tiene el significado de mil palabras. En las altas mareas de las interrelaciones humanas, la humildad es el faro de luz que emite señales sobre lo que nos espera a lo lejos. Para captar estas señales, la pantalla de la mente y del intelecto debe estar limpia. La humildad proporciona la capacidad de percibir situaciones, discernir las causas de los obstáculos y las dificultades así como de permanecer en silencio. Cuando uno debe expresar una opinión lo hace con la mente abierta y con el reconocimiento de las particularidades, la fortaleza y la sensibilidad de uno mismo y de los demás. La humildad, al igual que el concepto de ser un depositario, abarca nuestra relación con la naturaleza y nos obliga a no transgredir las leyes naturales. La naturaleza proporciona tanta vida como un cordón umbilical. Explotar con arrogancia el hábitat natural y dañarlo es poner en peligro a toda la familia humana. Humildad es interiorizar los principios naturales en la conducta personal, en las relaciones y en otros aspectos del desarrollo humano. Sin humildad no podemos crear sociedades civiles ni servir al mundo de manera benevolente.

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