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BLANCAS AUSENCIAS

SEUDÓNIMO: Tobías Lago

XV Premio de poesía “Acordes”

Espiel (Córdoba), 27 de abril de 2007


Blanco

El blanco es un color abominable,


un arquetipo sucio y engañoso.
Del alma de las putas antes del matrimonio,
de las cumbres nevadas de los esquiadores,
del síndrome de asepsia, del loco y el loquero,
de este folio impoluto, ruin y pendenciero
que me mira con ojos iracundos.
El blanco es la fusión en el cerebro
de los siete colores capitales.

Pegado a una sonrisa

Me siento acorralado
dentro de las entrañas
de la emotividad;
sin mis ojos, sin mi frente,
sin otra claridad
que el ocaso diáfano del mundo.
¿Será colateral este hundimiento?

Quizá suene el teléfono,


y sepa en ese instante
deletrear su nombre
sin miedo ni esperanza,
con toda claridad.
Y así pasar la noche pegado a una sonrisa,

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donde un momento antes había una alcayata.

De ida y vuelta

Baja el mar, sube la marea, se estremecen


los pétalos al frío. Si nunca te has fijado
es porque no estás vivo.
Grita el sol, respira la montaña,
acude el polen a su flor
llorando entre la lluvia. Si esto te es ajeno
es porque no estás vivo.
Eres dios, tus hijos son los años,
que no son nada si no se abren tus ojos
y empiezas a vivir. Todo lo demás
vendrá sin darte cuenta. Ten paciencia,
sólo es cuestión de tiempo.

Como un perro que ladra

Como un perro que ladra a los balcones,


acaso al plenilunio o preso del miedo en la calzada,
así se siente el hombre atado a sus pasiones.

Alguien ha mirado el horizonte

He tomado conciencia de lo fútil


y me ha maravillado;
nunca pensé que hubiera en un crepúsculo
tanta certidumbre.

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La ceguera...... La ceguera...... La ceguera...... La ceguera..... La ceguera

Ceguera inconcebible,
placer de absoluciones,
la luz en la penumbra
de un caleidoscopio.

Los párpados se pliegan,


las arrugas se besan,
se liban, se acartonan
con sudores del alma.

¿Quién anda en este cuerpo?

Embriagada de averno, sin permiso,


la dama me sorprende,
blanca como la espuma de un río
(sumidero de inciensos nacarados),
atorando el ávido intersticio
de esta fosa nasal o tasca
de bandidos de ron amotinados,
de música y silencio,
de vida y contratiempo
a mi favor o en contra.

Hablo de esta ceguera sin retina;


de la dama del sueño, la emboscada,
que ha enjugado mis lágrimas
con polvo de otros llantos.

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En los anales de la Histeria

La historia sucedió una jornada


en que todos andábamos sonámbulos;
los sabios extraviaron sus papeles
entre el rojo mezcal de sus oráculos,
y no se alzó la voz en Hiroshima
ni corrieron ríos de tinta en los Balcanes
– quizá la sangre anegue esos caudales–.
Tal vez otro caudal, y éste dinerario,
imponga su interés, quise decir, mercado
entre las bambalinas de ilustres santuarios
como la Casa Blanca, con sus bellos balcones
engalanados de francotiradores, el Kremlin,
la OTAN, Ginebra y sus postales de flores
mortecinas, la OMS y sus verdades
en torno a la epidemia planetaria: El sida
y sus adeptos, la malaria, la lepra, los anticonceptivos
de última generación para las pijas
de nuestros hacendados; hijas preservativas,
prendadas con los nuevos condones de colores,
de olores, de sabores exóticos traídos de la India,
del norte de Somalia, Sudán, Etiopía.
Yo digo que la historia se nutre de mentiras,
que no sirve de nada este poema,
que habrá de suceder lo que suceda.
Y así será contado, comprendido,
acuñado con el buril de la sabiduría
en los sonámbulos anales de la Histeria.

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La vida es anecdótica

La vida es anecdótica,
aunque haya algunos empeñados
en demostrar que no hay nada más grande
que la vida. Mas cuando se hacen viejos
y no saben qué hablar...
¿Qué otra cosa se cuentan sino anécdotas?

Tengo una idea en mente

“Tengo una idea en mente”


–le dice el encargado a la cajera
mientras pasa mi compra
por el lector de códigos–.
No entiendo por qué aplaude la chica al encargado,
tampoco por qué éste se muestra tan ufano...
¡Como si en nuestra mente
hubiera otra cosa que no fueran ideas!

Vida extraterrestre

Ante la amenaza de vida inteligente


fuera de este planeta,
prometo hacerte la mujer
más feliz de universo.

6
Noche de primavera en casa del vate botarate

Luna llena, luna blanca.


La noche siempre es blanca;
ya se sabe... en casa del herrero
se funden en sueño los metales,
el viento-madera se encarama
a la rama de un árbol color de terciopelo;
en tanto los violines ¡cómo no!, siempre sobre el tejado.
Mientras suena la música ladran los caracoles...
¿por qué no habrían de hacerlo?
¿No ladran a veces los políticos?...
Pues eso y nada más:
que ladren ahora también los caracoles,
que monten un cabaret los grillos;
ahí mismo, en el alféizar,
los más viejos juegan a la petanca.
Mientras suena la música,
de noche, en primavera,
bajo una luna llena,
bajo una luna blanca,
ladran los caracoles,
los grillos juegan a la petanca.

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Antes que yo naciera

Antes que yo naciera


se escribieron sonetos,
fábulas emblemáticas y “Ulises”.
La tierra era tan plana
como un trozo de pizza
y a genio sin escrúpulos,
Wagner apuntaba.
Antes que yo naciera
se empecinaron los Estados
en condenar a muerte
a todo aquel que les contradijera...
De cuanto ha sucedido, algo no ha cambiado:
el hombre sigue yendo
de la estupidez a la proeza
con equidistante indiferencia.

El sueño

Tan vívido es el sueño (y tan perseverante)


de caminar contigo, cogidos de la mano,
que el día que eso ocurra
temo quedarme dormido en medio de la calle.

8
La soledad de la escalera

La soledad habita en la escalera,


en el hueco que deja un ascensor
proyectado en el plano, en el secreto
arquitectónico de una salida contra incendios,
en la cara oculta de la luna.

La soledad habita en las alturas


de Montmartre o la Alhambra,
en el vuelo de un azor buscando su atalaya,
en un campo marmóreo sembrado de cipreses.

Yo ya no tengo miedo:
Mi casa de una planta me protege
de esa incómoda intrusa llamada soledad.

El final de un poema

A duras penas consigo


que el bolígrafo alcance el equilibrio.
En un segundo plano
el cigarro humeante ante mis ojos,
un yogurt desnatado
y un libro de Pessoa sin solapas.
Es cuanto necesito
para encontrar un final a este poema.

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Una tarde perfecta

Después de andar rumiando entre los árboles


los términos exactos; la coartada
contable de los acreedores...;
el lado más odioso de la burocracia
se torna crisantemo y olor a mariposas
al paso de un chiquillo de párvulo atavío.
Con ojos cenicientos observa el infinito,
como sólo ellos pueden llegar a verlo.
Presiento que no es todo;
una nube de cielo crece y se balancea
colgada en su sonrisa.

¡Qué pérdida de tiempo mi terca obstinación


por sacarle provecho a una tarde perfecta!

Un reo en tus ojos

Soy un reo en tus ojos,


una salamandra en tu mirada,
un animal herido en la cuneta,
el alma de un proscrito, un asesino.

¿Y me siento poeta...? ¡A la mierda!


No existe la poesía, como no existe el llanto,
ni la misericordia, ni Dios, ni los pecados,
ni una vida loable, ni el azar, ni el diablo.

Sólo un puto cerebro, tan evolucionado,

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que nos devora en vida.

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