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El Lenguaje, ese Desconocido

El Lenguaje, ese Desconocido

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La lingüística matemática nació por razones técnicas: la construcción
de los circuitos eléctricos para ordenadores destinados a leer o escribir,
o de máquinas destinadas a la traducción automática. Con toda
evidencia es necesario que, para que la materia lingüística sea
programable en las calculadoras, sea tratada de la manera más
rigurosa y más exacta posible. El estructuralismo americano, del que
acabamos de examinar algunas características, abrió esta vía de rigor;
por lo demás, estuvo sumamente influido por las exigencias de aquella
lingüística aplicada, llamada matemática.
Sin embargo, la lingüística matemática constituye en sí un campo
autónomo en el que hay que distinguir dos ramas: la lingüística
cuantitativa o estadística, y la lingüística algébrica o algorítmica. La
primera opera sirviéndose de consideraciones numéricas acerca de los
hechos lingüísticos. La segunda utiliza unos símbolos sobre los cuales
efectúa operaciones.
La lingüística estadística enumera los elementos lingüísticos y,
relacionándolos con los demás, formula unas leyes cuantitativas que la
intuición hubiera podido sugerir aunque no se habría podido llegar a
una formulación de leyes sin demostración cuantitativa. Si bien se han
admitido estas investigaciones dentro de la lingüística tradicional
(enumeración de los términos del léxico de un escritor dado) no se
independizan hasta los años 30 y requieren un examen atento y
paciente de grandes corpus así como una experiencia matemática por
parte del investigador. Citaremos aquí los trabajos de uno de los
primeros que se ocupó de este campo, G. K. Kipf (cuya síntesis se halla
en su libro Human Behaviour and the Principle of the Least Effort, An
Introduction to Human Ecology,
1949) así como los de Guiraud en
Francia (Problèmes et Méthodes de la statistique linguistique. 1960), de G.
Herdan en Inglaterra (Quantitative Linguistics. 1960), de Hockett
(Language, Mathematics and Linguistics, 1967), etc.
La teoría de la información da lugar a otra concepción matemática
del lenguaje. Se sabe que los fundadores de la teoría, Hartly y
Shannon, postulan que es posible medir cor precisión un aspecto dado

225

de la transmisión de un mensaje el cual es la frecuencia relativa de un
símbolo i (o de la cantidad que depende de ello). Puntualicemos, antes
de seguir, que por «cantidad de información» se entiende aquí una
función referente a la peculiaridad de determinados símbolos y que no
se le da un sentido semántico o psicológico al término «información».
Bar-Hillel insiste sobre el hecho de que se refiere a una transmisión de
símbolos privados de significados. Se ha descubierto que la cantidad
de información es la función logarítmica de la inversa de una
frecuencia relativa semejante:

)

(

log

i

fI

r

. El término empleado aquí es el
«binary digit» (bit) que es la unidad de medida cuyo logaritmo es la
base 2. El número de los bits debe corresponder al número de cortes
binarios que hay que hacer para identificar un elemento dentro de un
inventario. Por ejemplo, un mensaje que comporta un símbolo elegido
entre dos símbolos equipotentes a y b tendrá 1 bit de información. Pero
si se elige al símbolo entre otros 26 símbolos (digamos las letras de un
alfabeto) entonces el mensaje tendrá 5 bits de información. Este
binarismo evoca el de Jakobson en su teoría fonológica... Si admitimos
que el informador produce una información infinita, el valor de la
frecuencia sería llamado «probabilidad» p (i) y la cantidad de la
información asociada al símbolo será

)

(

log

i
pI

.
Otra rama de la lingüística matemática se ocupa de la traducción
llamada mecánica o automática. Partiendo de una lengua de origen, a
partir de la cual se traduce y que se llama lengua-fuente. la traducción
automática produce un texto en la lengua en que se traduce o lengua-
blanco.
Para ello, se precisa evidentemente programar en la calculadora
no sólo las correspondencias lexicales de la lengua-fuente a la lengua-
blanco, sino también las relaciones formales entre los enunciados de la
lengua-fuente y los de la lengua-blanco, y entre sus partes.
Una de las tendencias actuales de la traducción automática consiste
en analizar los periodos de la lengua-fuente y en sintetizar los de la
lengua-blanco, sin ocuparse directamente de la traducción. El paso de
la lengua-fuente a la lengua-blanco puede efectuarse bien de manera
directa, bilateral, bien por medio de una tercera lengua, lengua de la
máquina, que estará compuesta de universales lingüísticos y, de este
modo, podrá servir de transición de toda fuente a todo blanco. Esta
solución, practicada actualmente en la Unión Soviética, se sitúa en el
sentido, común a varios lingüistas en la actualidad, de una búsqueda
de los universales de la lengua.

226

Vamos a puntualizar ahora los términos de análisis de la estructura
de la lengua-fuente y de síntesis de los períodos de la lengua-blanco.
El principio central es el de la determinación de la función sintáctica:
no se recurrirá al contexto ni a la semántica sino única y
exclusivamente a las relaciones sintácticas formales de los
constituyentes. El anterior análisis supone que se distribuye las
palabras en diferentes clases sintácticas que, posteriormente y para
sintetizar enunciados satisfactorios, deben satisfacer a las reglas de la
máquina, como por ejemplo la oración: SN + SV; SV = V + SN; SN = A
+ N; A = los, las; N = coche, hombre, etc.; V = comprar. La máquina
producirá entonces: Los hombres compran los coches. Pero también podrá
producir: Los hombres compran las hipotenusas, lo que no será
aceptable. Para evitar tales casos, la gramática debe conllevar unas
reglas, prohibitivas complejas.
Desde la invención de la primera máquina para traducir, por el ruso
Piotr Petrovic Smirnov-Trojansky en 1933, los trabajos de Both y
Weaver (1946), llegando hasta las investigaciones de Bar-Hillel, la
traducción automática progresa y da unos resultados cada vez más
satisfactorios. La emulación entre los Estados Unidos y la Unión
Soviética, en este campo, ha producido unos trabajos sin duda
interesantes. No obstante, una vez olvidado el entusiasmo primero
que dio lugar a la creencia según la cual toda traducción se podría
hacer con una máquina, se ha puesto de manifiesto que el factor
semántico, por tanto, el papel del sujeto parlante, es esencial para la
traducción de una gran parte de los textos (literarios, poéticos, incluso
el discurso cotidiano cargado de polisemias) y que la máquina no era
capaz de decidir por sí misma. La afirmación de la omnipotencia
traductora de la máquina está considerada hoy, por Bar-Hille: por
ejemplo, como una simple expresión de «la voluntad de trabajar con
cierta finalidad, siendo su contenido prácticamente nulo». Por otra
parte, los resultados positivos que se han logrado mediante las
calculadoras en la traducción automática no han profundizado nuestro
conocimiento teórico del funcionamiento de la lengua. La traducción
automática formaliza con rigor, gracias a un tratamiento automático,
una concepción ya hecha del lenguaje y, en su búsqueda de un rigor
aún más perfecto, puede efectivamente hacer progresar la teoría
sintáctica (es el caso de Chomsky) sin que, por ello, incida en la
acepción general del funcionamiento lingüístico propio de cierta
concepción formal del lenguaje. Por el contrario, indica tal vez que la
vía escogida por el análisis formal —que pierde interés por el hecho de
227

que el lenguaje tenga un sistema de signos cuyas capas hay que
determinar— cualesquiera que sean sus indiscutibles aportaciones, no
sea la que nos conducirá al conocimiento de las leyes del
funcionamiento lingüístico.

La gramática generativa

La última década está marcada por una teoría del lenguaje que se
está imponiendo no solamente en América, sino por todas partes en el
mundo, ya que propone una concepción original de la generación de las
estructuras sintácticas. Se trata de los trabajos del lingüista americano
Noam Chomsky, cuyo libro Structures syntaxiques se publicó en 1957
(trad. fr. 1969) y cuyas investigaciones siguen su curso en la
actualidad, concretando y, a menudo, modificando sensiblemente los
postulados iniciales. Esta mutación y este «no acabarse» de la teoría
chosmkiana, por un lado, la tecnicidad hiperdesarrollada de sus
descripciones, por otro, impiden que presentemos aquí la totalidad de
la investigación para hacer resaltar el conjunto de las implicaciones
acerca de la teoría del lenguaje. Por lo cual, nos limitaremos a unos
pocos aspectos de la gramática generativa.
En primer lugar, subrayaremos el «clima» en que se ha ido
desarrollando y ante el cual ha reaccionado. Estamos efectivamente
ante la lingüística «post-bloomfieldiana» la cual es, ante todo, una
descripción estructural analítica que descompone el enunciado en
capas estancas; es el principio llamado de la «separación de los
niveles» (fonémico, morfémico, etc.) donde cada nivel funciona para sí
mismo, sin que podamos referirnos a la morfología cuando hagamos
un estudio fonémico, aunque lo contrario sea posible. Por otra parte,
esta lingüística no quería de ninguna forma tomar en cuenta al locutor
ni a su papel en la constitución del enunciado ya que proponía una
descripción empírica, que pretendía ser «neutra» y «objetiva», de la
cadena hablada en sí (véase más arriba «La lingüística americana»).
Chomsky seguirá fiel a las exigencias de rigor, de descripción neutra
y formal de los «post-bloomfieldianos» así como a su desconfianza del
significado. Al interesarse sumamente por los problemas que plantea
la traducción automática e intentar resolver algunas dificultades que el
análisis sintagmático resultaba ser incapaz de elucidar, Chomsky va a
tratar de crear una teoría gramatical nueva, señal de la tecnicidad y de
la cientificidad de una formulación matemática. y ello sin recurrir a la

228

semántica. Tuvo un maestro y precursor genial en la persona de Harris
(véase más arriba) de quien retoma algunos conceptos (incluido el de
transformación) y análisis, dándoles una nueva interpretación. Pero los
parecidos con sus antecesores no deben ocultar la profunda novedad
de la teoría de Chomsky.
En lugar del acercamiento analítico de las estructuras, Chomsky
propone una descripción sintética. Ya no se trata de descomponer la
oración en componentes inmediatos sino de seguir el proceso de síntesis
que lleva esos componentes a una estructura sintagmática, o que
transforma dicha estructura en otra.
La operación se apoya ante todo y básicamente sobre la intuición
implícita del locutor, el cual es el único criterio de la gramaticalidad o
de la agramaticalidad de la oración. «El objetivo fundamental del
análisis lingüístico de una lengua L es separar las sucesiones
gramaticales que son oraciones de L, de las sucesiones agramaticales
que no son oraciones de L, y estudiar la estructura de las sucesiones
gramaticales», escribe Chomsky: «A este respecto, una gramática
refleja el comportamiento del locutor que, a partir de una experiencia
finita y accidental de la lengua, puede producir y comprender un
número infinito de nuevas oraciones. En verdad, toda explicación de la
noción «gramatical en L» (es decir, toda caracterización de «gramatical
en L» en términos de enunciado observado en L) puede ser
considerado como donador de una explicación de tal aspecto
fundamental del comportamiento lingüístico». Chomsky observa que
la noción de gramaticalidad no es asimilable a la de «dotada de
sentido» desde el punto de vista semántico, ya que entre estas dos
oraciones: 1) Colorless green ideas sleep furiously (Incoloras ideas verdes
duermen furiosamente) y 2) Furiously sleep ideas green colorless, estando
ambas desprovistas de sentido, la primera es gramatical y la segunda
no lo es para un locutor inglés. Es preciso recordar, sin embargo, las
observaciones de Husserl, que hemos citado más arriba (cf. p. 270-271)
y según las cuales la gramaticalidad cubre y no expresa siempre un
determinado sentido: en función de estas observaciones, la oración (1)
es gramatical en la medida en que es la forma sintáctica que tolera una
relación con un objeto real. Vemos que la teoría del signo no puede ser
eludida desde el momento en que se profundiza un principio tan
formal en apariencia como el de la gramaticalidad.
A través de la noción de la gramaticalidad fundada sobre la
«intuición del locutor» se infiltra, en la teoría rigurosamente
formalizada de Chomsky, y su fundamento ideológico, a saber el sujeto
229

parlante que los «bloomfieldianos» quisieron expulsar de su análisis.
En 1966, Chomsky publica su libro La Lingüistique cartésienne (trad. fr.
1969) en el que busca antepasados para su teoría del sujeto parlante,
encontrándolos en las concepciones cartesianas que se conocieron en
Europa dos siglos antes, y más concretamente en el cogito de Descartes,
que implica la universalidad de las ideas innatas del sujeto, garante de
la normalidad —Chomsky diría de la «gramaticalidad» —de los
pensamiento y/o de los enunciados.
Acorde a aquellas teorías, a las que une las concepciones de
Humboldt, Chomsky distingue la potencia, es decir, la capacidad para
el sujeto hablante de formar y reconocer unas oraciones gramaticales
dentro de la infinidad de las construcciones posibles de una lengua, y
la actuación, es decir, la realización concreta de tal capacidad. Lejos de
aceptar el postulado behaviorista según el cual la lengua es un
«sistema de hábitos», Chomsky opta por la postura cartesiana idealista
de las «ideas innatas»; el carácter universal de estas ideas exige por
parte del lingüista una teoría sumamente abstracta que, partiendo de
cada lengua concreta, pueda hallar el formalismo universal válido
para todas las lenguas y a partir del cual cada lengua realiza una
variación específica. «De manera general, los lingüistas deben
interesarse por la determinación de las propiedades fundamentales
que subyacen en la gramáticas adecuadas. El resultado final de estas
investigaciones debería ser una teoría de la estructura lingüística en
que los mecanismos descriptivos utilizados en las gramáticas
particulares serían presentados y estudiados de manera abstracta, sin
referencia específica a las lenguas particulares».
Vemos, por lo tanto, que para Chomsky la gramática es menos una
descripción empírica que una teoría de la lengua y que conduce
entonces y al mismo tiempo a una «condición de generalidad». La
gramática de una lengua dada debe construirse conforme a la teoría
específica de la estructura lingüística en la que unos términos tales
como «fonema» y «sintagma» se definen independientemente de toda
lengua particular.
¿Cómo establece Chomsky las reglas de su teoría?
Examina en primer lugar dos tipos de descripciones gramaticales:
uno, sugerido en los términos de un proceso de Markov (modelo de
estados finitos de un lengua infinita),
está descartado por Chomsky al
considerarlo incapaz de explicar la capacidad que tiene un locutor
para producir y comprender nuevos enunciados cuando ese mismo
locutor rechaza otras secuencias nuevas por no pertenecer a la lengua;
230

el otro es la descripción lingüística sintagmática, formulada en términos
de análisis por constituyentes y que sirve de modelo para unos
lenguajes terminales que no son forzosamente finitos; Chomsky
también lo rechaza al ser inadecuado para la descripción de la
estructura de las oraciones inglesas. He aquí los elementos de la crítica
de Chomsky.

Tomemos la oración The man hit the ball (el hombre golpeó la pelota) y
apliquémosle las reglas de un análisis por constituyentes. Este análisis
se hará en tres tiempos: (1) análisis gramatical; (2) derivación del
análisis (1) aplicada a la oración particular The man hit the ball; y (3)
diagrama recapitulativo.

(1)

I.

Oración

SN (sintagma nominal) + SV (sintagma

verbal)

II.

SN

Art (articulo) + N (nombre)

III.

SV

V (verbo) + SN

IV.

Art

The

V.

N

man, ball, etc.

VI.

V

hit, love, etc.

(2) Oración

SN + SV

I

Art + N + SV

II

Art + N + V + SN

III

The + N + V + SN

IV

The + man + V + SN

V

The + man + hit + SN

VI

The + man + hit + Art + N

VII

The + man + hit + the + N

VIII

The + man + hit + the + ball

IX

231

(3)

N

Art

SN

Oración

SN

Verbo

SV

N

Art

man

the

the

hit

ball

N

Art

SN

Oración

SN

Verbo

SV

N

Art

man

the

the

hit

ball

Vemos que, en el cuatro (1), cada regla significa simplemente que se
puede «reescribir» Y en el lugar de X y que el cuadro (2) no es más que
la aplicación de estas reglas, remitiendo cada línea del cuadro (2) a una
regla de gramática (1). Para concretar la significación de estas reglas,
podemos añadir unas indicaciones suplementarias (que marquen, por
ejemplo, que el artículo puede ser a o the, que SN y SV pueden ser
singulares o plurales, etc.). El diagrama (3) no hace sino presentar la
derivación de una manera más clara.
Este modelo sintagmático parece, pues, convincente. No obstante,
con unos pocos ejemplos, Chomsky pone en evidencia sus
limitaciones. En efecto, se deduce de lo que precede que si se tiene dos
oraciones: Z + X + W y Z + Y + W, siendo X e Y los «constituyentes» de
tales oraciones, podemos en principio formar una nueva oración Z-X +
y + Y-W, de la que damos un ejemplo:

(4) I.

A: La scène du film était à Chicago
B: La scène de la piece était à Chicago

II.

C: La scène du film et de la piece était à Chicago.

Pero si X y Y no son «constituyentes», no se puede aplicar la fórmula
ya que daría lugar, por ejemplo, a:

(5) III.

A: Les capitaux ont quitté le pays
B: Les policiers ont quadrillé le pays

IV.

C: Les capitaux ont quitté et les policiers ont quadrillé le pays.

232

Estos ejemplos demuestran que, para que las reglas sintagmáticas
sean aplicadas a una lengua como el inglés, es preciso conocer no sólo
la forma final de las oraciones sino además la estructura de sus
constituyentes o su «historia derivacional». Sin embargo, Chomsky
demostró que sólo en función del contenido efectivo de una secuencia
dada se aplicará, o no, la regla «X → Y» de la gramática sintagmática a
dicha secuencia: la cuestión de la formación progresiva de la secuencia
no es, por lo tanto, pertinente en la gramática sintagmática; lo que
lleva a Chomsky a formular nuevas reglas que no eran necesarias en
esa gramática. Damos a continuación una de esas reglas, aplicable al
caso anterior:

(6) Si S1 y S2, son unas oraciones gramaticales y que S1, no difiere de S2, más que por la
presencia de X y S1, en el lugar en que aparece Y en S2, (dicho de otro modo: si S1 = ...X... y
S2 = ...Y...), si además X e Y son unos constituyentes del mismo tipo en S1 y S2
respectivamente, entonces una oración S3, resultante de la sustitución de X por: X + y + Y
en la oración S1 (lo que nos da: S3 = ... X + >... + Y ...) es una oración gramatical.

Vemos que, según Chomsky, la gramática es inadecuada para una
lengua como el inglés, salvo si se introducen nuevas reglas. Pero
precisamente esta introducción cambia por completo la concepción de
la estructura lingüística. Chomsky propone entonces el concepto de
«transformación gramatical», que formula de la siguiente manera: una
transformación gramatical T opera sobre una secuencia dada o
sobre un
conjunto de secuencias que poseen una estructura dada y la convierte en una
nueva secuencia que tiene una nueva estructura sintagmática derivada.

El principio de la gramática transformacional se formula de este
modo. Posteriormente se tratará de concretar sus propiedades
esenciales, como por ejemplo el orden de aplicación de dichas
transformaciones. Por otra parte, algunas transformaciones son
obligatorias, otras son facultativas. La transformación que regula la
adjunción de los afijos a una raíz verbal es necesaria si se quiere
obtener una oración gramatical: por lo que es obligatoria; mientras que
la transformación pasiva puede no ser aplicada a cada caso particular;
es facultativa. Llamamos núcleo de cada lengua, en la terminología de
la gramática transformacional, el conjunto de las oraciones producidas
por la aplicación de las transformaciones obligatorias a las secuencias
terminales de la gramática sintagmática; las oraciones logradas por la
aplicación de transformaciones facultativas son llamadas derivadas.
La gramática tendrá, pues, una sucesión de reglas de la forma:
X → Y (igual que en la fórmula (1) más arriba) y corresponde al nivel
233

sintagmático, una sucesión de reglas morfo-fonológicas que tienen la
misma forma de base, y una sucesión de reglas transformacionales que
unen los dos primeros niveles. He aquí cómo Chomsky expresa el
procedimiento:

«Para producir una oración a partir de esta gramática, construimos
una derivación ampliada que empieza por Oración. Al pasar por las
reglas F, construimos una secuencia terminal que será una sucesión de
morfemas, no en el orden correcto de manera necesaria. Pasamos
entonces por la sucesión de transformaciones Ti → Tj, aplicando las
que son obligatorias y, tal vez, algunas de las que son facultativas.
Estas transformaciones pueden reordenar las secuencias, añadir o
borrar morfemas. El resultado es la producción de una secuencia de
palabras. Pasamos, pues, por las reglas morfo-fonológicas que
convierten esa secuencia de palabras en una secuencia de fonemas. La
parte sintagmática de la gramática comprenderá reglas tales como (1).
La parte transformacional comprenderá reglas tales como (6)
formuladas correctamente con los términos que se debe desarrollar en
una teoría acabada de las transformaciones».
El análisis transformacional tiene, para Chomsky, un poder que él
llama explicativo. Por ejemplo, la oración La guerre est commencée par
l’agresseur,
desde el punto de vista transformacional, es el resultado de
una serie de transformaciones efectuadas sobre la proposición-núcleo
L’agresseur a comencé la guerre. Es lo mismo que decir que la estructura
SN, Vt SN2 (donde Vt es un verbo transitivo) se ha convertido en ser +
participio pasado del verbo), que corresponde lexicalmente a la
oración inicial que queríamos explicar.
Por otra parte, la descripción transformacional puede resolver la
ambigüedad de una secuencia sin recurrir a criterios semánticos,
conformándose con restablecer las reglas de transformación que la
producen.

Es obvio que el acercamiento chomskiano brinda una visión
dinámica de la estructura sintagmática, que falta en la gramática
estructural, y elimina la atomización de la lengua, propia de los
métodos «post-bloomfieldianos» para proponer una concepción de la
lengua en cuanto que proceso de producción de la que cada secuencia
y cada regla pertenecen a un conjunto coherente basado sobre la
conciencia del sujeto-locutor cuya libertad consiste en someterse a las
normas de la gramaticalidad.
Recordaremos a este propósito el considerable trabajo realizado por
la Grammaire générale de Port-Royal y sobre todo por los gramáticos de
234

la Enciclopedia que elaboraron una concepción sintáctica de la lengua.
Chomsky recoge visiblemente este procedimiento que emparenta
además con su concepción del sujeto, libre posesor de ideas cuya
transformación controla. La búsqueda de estructuras sintácticas contra
la disgregación morfosemántica a la que estaba sometida la lengua en
los estudios anteriores, revela una concepción de la lengua en tanto
que conjunto de términos coordinados. Se puede decir que ya no se
trata de una lingüística en el sentido en que se hizo esta palabra en el
siglo XIX en cuanto que ciencia de las especificidades del cuerpo de la
lengua. Pues la lengua se esfuma bajo la red formal que genera la
cobertura lingüística del razonamiento y el análisis transformacional
presenta el esquema sintáctico de un proceso psíquico concebido
según una concepción racionalista del sujeto. La Grammaire générale de
Port-Royal
no era una lingüística ya que era una ciencia del
razonamiento; la gramática generativa, por su parte, es más y menos
que una lingüística ya que es la descripción sintáctica de una doctrina
psicológica. La sintaxis, que fue ciencia del razonamiento, se ha vuelto
ciencia de un comportamiento psíquico normativo.
La novedad chomskiana puede aparecer como una variación de la
antigua concepción del lenguaje, formulada por los racionalistas y
centrada sobre las categorías lógicas formadas a partir de las lenguas
indoeuropeas y del discurso comunicativo-denotativo. Es asombroso
que el universalismo de esta concepción no se interese (aún) por las
lenguas que no sean lenguas indoeuropeas, ni por funciones del
lenguaje diferentes de la función puramente informativa (tal como el
lenguaje poético o el lenguaje de los sueños, etc.). La sutileza de la
descripción chomskiana o el placer que suscita por su rigor metódico y
dinámico en un lector en busca de una certidumbre racional, no
ocultan el fundamento profundo de tal acercamiento. No estudia la
lengua en su diversidad, el discurso en sus funciones múltiples:
demuestra la coherencia del sistema lógico sujeto-predicado, puesto en
evidencia por Port-Royal, transformándose en diversas secuencias
terminales que obedecen todas a una razón, la que fundamenta el
sujeto, su «intuición gramatical» y su análisis lógico. El mismo
Chomsky se declara menos lingüista que analista de las estructuras
psicológicas. Es sin duda un descriptor minucioso de cierta estructura,
la que establecieron los racionalistas del siglo XVII. ¿Es la única?
¿Tenemos que subordinar la inmensa variabilidad del funcionamiento
lingüístico a esa única estructura? ¿Qué significan conceptos «sujeto»,
«intuición», «ideas innatas», actualmente, después de Marx y de
235

Freud? ¿El análisis cartesiano-chomskiano no estará, teóricamente,
demasiado bloqueado por sus mismos presupuestos y, por ende,
incapacitado para ver la pluralidad de los sistemas significantes
recogidos en otras lenguas y en otros discursos? No es sino una serie
de problemas generales que los trabajos de Chomsky plantean y que el
rigor de sus análisis (que no son más que el apogeo del positivismo
que ha reconocido en Descartes a su padre) no deben seguir callando.
La gramática transformacional, de manera más marcada y más
reveladora, realiza la misma reducción que la lingüística estructural y
sobre todo la lingüística americana efectúan en su estudio del lenguaje.
Significante puro, sin significado: la orientación está clara y se acentúa
en los últimos trabajos inéditos de Chomsky. Se diría que el
formalismo del proyecto de Husserl se cumple al abandonar lo que
había de semantismo y de teoría objetal de la verdad en Husserl. En
efecto, para neutralizar la subjetividad empírica en el estudio del
lenguaje, la lingüística ha reducido los elementos constitutivos de la
cadena hablada, los signos, unos índices o marcas que muestran sin
demostrar unos elementos que no quieren decir otra cosa que su
pureza gramatical. Volviendo luego a su subjetividad constituyente y
encontrando otra vez al sujeto cartesiano generador de la lengua, la
gramática transtormacional opta por un eclecticismo que, por el
momento, concilia una teoría del sujeto psicológico con un
ajustamiento a la variación de componentes lingüísticos cada vez más
inexpresivos... Esta conciliación (difícil puesto que no se entiende
mucho cómo un sujeto racional puede ponerse de acuerdo con una
gramática no expresiva) se halla enfrentada con la siguiente
alternativa: o los índices formales que constituyen la operación
generativa-transformacional se cargarán de sentido, se harán
portadores de significaciones que precisarán integrarse dentro de una
teoría de la verdad y de su sujeto; o los conceptos mismos de «sujeto»,
de «verdad» y de «sentido» serán desechados por se incapaces de
resolver el orden del lenguaje ajustado y, en ese caso, la lingüística ya
no será una gramática cartesiana y se orientará hasta otras teorías que
propongan una visión diferente del sujeto: un sujeto que se destruye y
se reconstruye en y por el significante. En pro de esta segunda
eventualidad actúan la presión del psicoanálisis y la inmensa
reconsideración de la propia concepción de significación que anuncia la
semiótica. Que esta vía parece poder abrir la valla cartesiana en que la
gramática transformacional quiere encerrar la lingüística; que
semejante procedimiento puede dar pie a retomar el dominio del
236

significante y romper el aislamiento metafísico en que se halla la
lingüística en la actualidad para que sea la teoría, en plural, de los
signos y de los modos de significación en la historia, esto es lo que
vamos a tratar de indicar en los siguientes capítulos.

237

TERCERA PARTE

Lenguaje y lenguajes

238

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