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El juego como factor esencial del desarrollo del niño

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El juego como factor esencial del desarrollo del niño

El juego como factor esencial del desarrollo del niño.
Autor Patricio Galleguillos Muñoz Universidad de La Serena

Resumen El juego tiene importantes consecuencias sobre el desarrollo cognoscitivo, motriz, social y afectivo del niño. El presente trabajo busca reunir la información generada a través de diversa investigaciones respecto a los efectos del juego en los niños, haciendo un análisis del juego como concepto y su tipología, para luego destacar los principales beneficios que tiene en estos cuatro importantes ámbitos del desarrollo del niño. Palabras clave. Juego, Desarrollo del niño, psicología.

Introducción. El juego está presente en la vida del niño desde que nace, continúa desarrollándose durante la niñez y continúa presente durante la vida adulta, aunque en menor grado, ya que los adultos destinan menos tiempo a esta actividad. Dado que es la actividad preferida del niño, las consecuencias sobre su desarrollo motriz, cognitivo, social y afectivo debieran ser importantes, por lo tanto, es interesante descubrir los efectos que tiene el juego en dichos aspectos. El presente artículo recopila investigaciones que se han realizado al respecto desde distintas perspectivas científicas de forma de obtener una visión amplia de los efectos que tiene el juego en el desarrollo del niño. Iniciaremos el análisis de las distintas definiciones de juego que han planteado diferentes autores, para luego estudiar los efectos que tiene sobre el desarrollo cognitivo, motriz, social y afectivo del niño. Concepto de juego. El historiador holandés Johan Huizinga escribió el libro Homo Ludens en el año 1938 y en el hace una revisión del juego como fenómeno cultural. En primer lugar afirma que el juego no es una actividad exclusiva del hombre, ya que puede observarse en los animales; y como estos son seres irracionales, concluye que el juego no requiere de la razón para ejecutarse. Es en este aspecto donde el autor hace énfasis, ya que mediante esta actividad “hace perder la cabeza” al hombre, lo saca de su realidad concreta, de sus preocupaciones y lo eleva a otra dimensión simbólica o irracional, que tiene sus propias reglas.
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Otra característica que este autor le otorga al juego es su carácter de actividad libre, es decir, un juego obligatorio no es un juego en sí, porque pierde su carácter fundamental que es la libertad de jugar o no. Por esta razón es que el niño transforma en juego cualquier actividad como ir a comer o ir al baño. Además, el juego se da en un espacio propio, determinado, independiente de la vida cotidiana, donde se da un orden particular y absoluto, y en un tiempo determinado. Una vez finalizado el tiempo, desaparece el juego, el orden desaparece y el espacio retoma su finalidad original. Veamos esto con un ejemplo: Un niño está estudiando matemáticas. Mientras eso sucede, el niño interrumpe su estudio y comienza a jugar con su lápiz. Su elección es libre, nadie lo obliga. El mismo establece sus propias reglas; el lápiz se transforma en avión, el cuaderno en pista de aterrizaje y la goma en torre de comandos. Durante su juego los objetos y el espacio tienen un significado distinto para el niño, logrando absortar al menor de su estudio. Si su madre lo interrumpe y lo hace estudiar nuevamente, el juego se termina, las cosas vuelven a ser lo que eran. Huizinga destaca, por otro lado, que el juego tiene relevancia a nivel social, formando parte de sus rituales y celebraciones, como una búsqueda permanente de reencuentro y herencia cultural. Un segundo autor relevante es Roger Caillois, escritor y crítico francés, que a partir de los estudios de Huizinga, profundiza en aspectos no abordados por éste. Caillois, en su libro Los Juegos y el Hombre (1958), explica que el juego tiene seis características esenciales: a. El juego es libre. b. Su resultado es incierto. c. Transcurre en tiempos y espacios determinados y convenidos. d. No tiene la finalidad de producir bienes y servicios. e. Tiene reglas y convenciones propias independientes de las reglas cotidianas. f. Constituye una realidad imaginaria o ficticia. Junto con especificar sus características, el autor hace una clasificación general del juego en cuatro categorías: a. Juegos de competencia por habilidad, donde los jugadores están en igualdad de condiciones, y hay un ganador. b. Juegos basados en un elemento externo que no depende de ninguno de los jugadores, como en el caso de los juegos de azar. c. Juego basado en el cambio de rol, donde el jugador se transforma en un personaje ilusorio y se comporta como tal, como en el caso de los disfraces o la dramatización. d. Juegos basados en vivir una experiencia intensa, como son las acrobacias, saltos, etc.

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Jean Piaget propone en su libro El juicio y el razonamiento en el niño, (1924) que para calificar una actividad como juego esta debe cumplir las siguientes condiciones: a. Se realice simplemente por placer. b. No debe tener un fin material, no es una actividad productiva. c. Sea un acto voluntario del niño. d. Debe existir un compromiso activo por parte de los jugadores. Bajo esta mirada, el juego no es el resultado de la adaptación del individuo al medio, sino todo lo contrario, el individuo moldea el medio, lo interpreta a su antojo, lo usa según su propio criterio con el fin de jugar solo por placer. Clasificaciones del juego infantil. No existe una visión común sobre cómo clasificar los diferentes tipos de juegos, por lo tanto, expondré los principales planteamientos al respecto. Piaget (1959) realiza una clasificación según la estructura del juego, siguiendo la evolución genética de los procesos cognoscitivos. a) Juegos sensoriomotrices. Esta etapa se da entre los 4 y los 24 meses, y se da cuando el niño descubre por casualidad los efectos de sus movimientos sobre su entorno, haciendo uso de todos sus sentidos. Estas actividades tienen más importancia desde un punto biológico que social o afectivo, ya que principalmente estos juegos hacen que el niño construya esquemas motores progresivamente más complejos influyendo sobre su maduración nerviosa y estimulando la coordinación de distintas partes de su cuerpo. Las principales consecuencias de los juegos sensoriomotices son: Generar placer en el niño. Entregar información importante sobre el medio. Comenzar a conocerse a sí mismo. Desarrollar el dominio de sus capacidades.

Luegos sensoriomotrices desarrollan la musculatura, el movimiento de las articulaciones y el tono muscular, y preparan al cuerpo para nuevas experiencias más complejas, como a su vez, permiten al niño conocer su imagen corporal y su identidad. b) Juego simbólico. A partir de los 2 años el niño puede sustituir con una palabra o un objeto aquello que no tiene presente, lo que implica que el niño está realizando una actividad intelectual sobre las cosas que están a su alcance. En este proceso, el niño ya ha registrado en su recuerdo una serie de modelos de conducta los cuales puede repetir por imitación a través de símbolos. Así,
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el niño puede representar sobre los objetos formas, movimientos y acciones, apareciendo el acto ficticio. A través del juego simbólico el niño moldea la realidad a su propia voluntad y a sus propias reglas. De esta forma, el niño puede realizar ficticiamente lo prohibido, compensar situaciones desagradables al modificar el contexto. C) Juegos de reglas. A partir de los 4 o 5 años aparecen las reglas en el juego del niño. Estas aparecen cuando el niño comienza a profundizar su sociabilidad con otros niños y sus juegos se hacen mas complejos, por lo tanto, ellos mismos establecen reglas. Según Guy Jacquin (1958) los juegos evolucionan según la edad y los clasifica de la siguiente forma: De 3 a 5 años: juegos de habilidad en solitario. De 5 a 6 años: juegos de imitación exacta. De 6 a 7 años: juegos de imitación ficticia. De 7 a 8 años: juegos de habilidad en grupo. De 8 a 9 años: juego colectivo ascendente. De 10 a 11 años: juegos grandes colectivos.

Chateau (1973) clasifica los juegos según las reglas en las distintas espatas del desarrollo infantil. En primer orden diferencia los juegos entre no reglados y reglados. Los juegos no reglados se ubican desde al nacimiento hasta los 2 o 3 años. El autor clasifica estos juegos en: Juegos funcionales: Se caracterizan por ser movimientos espontáneos, de manera instintiva y en forma repetitiva. Juegos hedonísticos: se producen en forma paralela a los juegos funcionales y corresponden a aquellas actividades que el niño hace por placer a través de la estimulación de los sentidos. Juegos con cosas nuevas: el niño comienza a conocer las cosas que están a su alrededor y comienza a interactuar con otro niños. Estos juegos propician la autoafirmación y el desarrollo de la personalidad. Juegos de destrucción: el niño repite acciones destructivas por placer.

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Los juegos reglados aparecen después de los 4 años, pero se desarrollan plenamente a partir de los 7. En esta etapa los juegos son más complejos y se estructuran a través de normas convencionales. Estos juegos se clasifican en: Juegos de imitación: Estos juegos imitan a los padres, familiares y adultos en general. Entre los 6 y 7 años los niños comienzan a imitar personajes imaginarios y se intensifica la búsqueda de otros niños para jugar.
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Juegos de construcción: Tiene su mayor intensidad entre los 2 y los 4 años y se caracteriza por su tendencia al orden de los objetos. Juegos de regla arbitraria: Se dan entre los 4 y los 6 años, donde los niños crean sus propias reglas según las características de los objetos usados en el juego.

Otra clasificación propone Cratty (1982). Para este autor la base de clasificación se da por los aprendizajes intelectuales que vive el niño en sus experiencias motrices. El autor clasifica los juegos de la siguiente forma: Juegos de memorización: el niño memoriza una conducta y la repite por placer. Juegos de categorización: el niño gusta de ordenar, clasificar, distribuir objetos según la valorización de los atributos de estos. Juegos de comunicación del lenguaje: el niño centra su juego en comunicar, leer, escuchar, identificar sonidos y es capaz de reflexionar sobre ellos. Juegos de evaluación: el niño evalúa el logro de algún objetivo a través de la valoración de aspectos cuantitativos. Juegos de resolución de problemas: el niño busca soluciones ante problemas crecientemente más complejos, disfruta del desafío, el pensamiento creativo y el descubrimiento de principios.

Contribuciones del juego al desarrollo del niño. El juego tiene implicancias sobre el desarrollo del niño desde el punto de vista cognitivo, motriz, social y afectivo. A continuación detallaré los efectos que tiene el juego en cada uno de estos aspectos. Aporte del juego al desarrollo cognitivo. Varios investigadores han demostrado el impacto que tiene el juego sobre el desarrollo intelectual del niño, entre las cuales se destacan: Creación y desarrollo de estructuras mentales (Piaget, 1959/1979, Kamii y Devries, 1980/1984). Facilita el desarrollo del pensamiento abstracto (Vygotsky, 1933/1982; Piaget e Inhelder, 1969/1984; Elkonin, 1978/1990). Ensayo de conductas de mayor complejidad (Ortega, 1986). Estimulación para la atención y la memoria (Mujina, 1975). Fomento del descentramiento egocéntrico (Piaget, 1959/1979). Promoción de la creatividad y la imaginación (Vygotski, 1933/1982; Bruner, 1986) Desarrolla el lenguaje (Zabalza, 1987; Fisher, 1992; Levy, 1992; Pellegrini y Galda, 1993)

Para Aucouturier (1985) el juego permite al niño:
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Incorporar el mundo exterior a partir de la imitación de situaciones y personajes reales. Vivir experiencias imposibles en la vida real. Manifestarse tal cual es, superando el sistema de normas que le impone el adulto, desarrollando su personalidad. Expresar su mundo interior y sus experiencias negativas. Tomar conciencia de su propia realidad y la realidad exterior.

Aportes del juego al desarrollo social. Este aspecto también ha sido investigado por diversos autores encontrando que el juego: Es un instrumentos de comunicación y socialización (Ortega, 1987) ya que al representar el mundo de los adultos, descubren la vida social de los adultos y las reglas que rigen estas relaciones, aprenden derechos y deberes y distintas funciones sociales. Amplía las formas de comunicación y desarrolla la capacidad de cooperación (Kamii y Devries, 1980/1988). Es un estímulo para el desarrollo moral (Elkonin, 1978/1980). El niño se ve enfrentado a dilemas donde tiene que optar entre diferentes situaciones, se enfrenta a las normas de conducta y aprende a dominar su voluntad.

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Aportes del juego al desarrollo motriz. Según Aucouturier (1985), Arnaiz (1988) y otros, el juego aporta a la motricidad de variadas formas: Desarrolla el tono muscular y las articulaciones. El juego permite ejercitar su musculatura y desarrollar el movimiento de las articulaciones. Desarrollo sensorioperceptivo. A través del juego el niño desarrolla el tacto, la visión, el olfato, la audición y el gusto. Desarrollo de la postura corporal. El desarrollo de la musculatura permite que el niño estructura su postura corporal. El niño toma conciencia de su cuerpo. El niño aprende a conocer su cuerpo, sus dimensiones y sus capacidades, y lo diferencia de los otros. Desarrolla la concepción del espacio exterior. Al conocer los movimientos de su cuerpo, sus dimensiones, explora también el mundo exterior. Coordinación óculo-manual. El niño coordina el movimiento de sus manos según lo que sus ojos ven, aumentando la precisión de sus movimientos. Coordinación dinámica general. El niño desarrolla la coordinación de sus extremidades. Equilibrio estático y dinámico. El juego ayuda al niño a equilibrarse tanto estáticamente como en movimientos. El equilibrio genera seguridad en el menor.
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Estructuración espacio temporal. El juego desarrolla la conciencia espacio temporal, a través de las cadenas de sucesos que se dan en distintos lugares. Así el niño conoce el antes, el después, el lejos, cerca, adelante o atrás.

Aportes del juego al desarrollo afectivo. Para abarcar este aspecto del juego tomaremos el trabajo desarrollado por Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller (2003) donde manifiestan que: La conciencia humana individual surge en el niño o niña con el desarrollo de la conciencia corporal al aprender su cuerpo y aceptarlo como su dominio de posibilidades l aprender a vivir consigo mismo y con otros en el lenguaje. Este proceso se da con normalidad si vive en la total confianza que la total aceptación de la madre y el padre. El niño adquiere su conciencia social y su conciencia de sí en cuanto crece en conciencia operacional de su corporalidad. El niño crece en conciencia operacional de su corporalidad solamente cuando crece en una dinámica de juego con la madre y el padre en la cual sus cuerpo se encuentran en la total aceptación mutua de escucharse, tocarse y verse en el presente, en una confianza no competitiva. Cuando la atención de la madre o el padre están puestas en el futuro, las aspiraciones de progreso, el éxito, la productividad, se alejan del presente del niño, es decir, deja de jugar con él en el presente. Madre e hijo no se ven. Se juega cuando se atiende a lo que hace en el juego en el momento que se juega, sin preocupaciones sobre el futuro. Jugar no es una preparación para nada, es jugar por el placer de estar con el otro en total aceptación. Nuestra conciencia del mundo que vivimos es operacionalmente una expansión de nuestra conciencia corporal. Cualquier actividad humana hecha en inocencia, esto es, cualquier actividad humana hecha con la atención puesta en ella y no en el resultado, vivida sin propósito ulterior y sin otra intención que su realización, es juego. La capacidad para la coexistencia social surge en la epigénesis humana en la biología del amor, vale decir, en la medida que crecemos en la validación operacional de la autoaceptación en la aceptación del otro, a través de la intimidad de los encuentros corporales con la madre en la confianza mutua total.

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Conclusión. El juego es una actividad en el vivir del niño y de todo ser humano. Esta actividad se caracteriza por ser libre, voluntaria, se realiza por placer, en un espacio tiempo propio y sin tener un fin fuera de sí. Como tal, el juego tiene importantes efectos sobre el desarrollo del niño de orden cognositivo, motriz, social y emocional. Todos estos aspectos que se dan en el juego están relacionados, ya que el desarrolla de uno afecta al otro. De esta forma, el desarrollo motriz, da seguridad al niño y
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permite desarrollar su conciencia corporal. Mediante el juego con la madre en un presente efectivo desarrolla la motricidad del niño como su capacidad para coexistir en sociedad en la aceptación mutua. La confianza que se genera en ese acto, entrega seguridad al niño para descubrir el mundo exterior. Si el niño crece en este contexto, el niño jugará con mayor confianza, independencia y autonomía, desarrollando todos los beneficios cognoscitivos y sociales del juego. Bibliografía. Maturana, Humberto y Verden-Zöller, Gerda (2003), Amor y Juego, Fundamentos olvidados de lo humano. Santiago, J.C. Sáez. Quirós, Vicente y Arraez, Juan Manuel (2008). Juego y Psicomotricidad, Revista Retos. Nuevas tendencias en Educación Física y Deportes, nº8, pp 24-31, FEADEF. Garaigordobil Maite (1995). Una metodología para la utilización didáctica del juego en contextos educativos. Revista Comunicación, Lenguaje y Educación, Nº25, pp 91-105. Universidad del País Vasco. Recagno, Ileana (2005). El juego: Contrucción de secuencias comprensivas sobre la realidad del niño. Boletín Academia Paulista de Psicología, Nº2, pp 86-92.

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