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Letrilandia (Cuentos)

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El País de las letras

EL PAIS DE LAS LETRAS

ÍNDICE CUENTO 0. PRESENTACIÓN ...................................................................................... 2 CUENTO 1. ANA. ........................................................................................................... 3 CUENTO 2. ÓSCAR........................................................................................................ 4 CUENTO 3. INÉS ........................................................................................................... 5 CUENTO 4. EL REY U (Ulises) .................................................................................... 6 CUENTO 5. EPI ............................................................................................................. 7 CUENTO 6. EL PITO DEL PASTOR PEPE ................................................................ 8 CUENTO 7. DE EXCURSIÓN A LA MONTAÑA ....................................................... 9 CUENTO 8. LAS TIJERAS ......................................................................................... 10 CUENTO 9. EL SEÑOR SILENCIO .......................................................................... 11 CUENTO 10. LA MOTO DE REME ........................................................................... 12 CUENTO 11. EL LÁTIGO DE LOLO ........................................................................ 13 CUENTO 12. EL MARTILLO DE DON DIEGO ....................................................... 14 CUENTO 13. LOS ENANITOS NENE Y ÑOÑO ....................................................... 15 CUENTO 14. EL PAYASO JAIMITO.......................................................................... 16 CUENTO 15. EL REY DE LA LLUVIA ...................................................................... 17 CUENTO 16. EL MAGO BARTOLO ........................................................................... 18 CUENTO 17. LA REINA Y (Isabel) ............................................................................ 19 CUENTO 18. LA MUDITA........................................................................................... 20 CUENTO 19. LA CULEBRA CUQUI (I) ..................................................................... 21 CUENTO 20. LA CULEBRA CUQUI (II) ................................................................... 22 CUENTO 21. EN BUSCA DEL FUEGO ..................................................................... 23 CUENTO 22. EL ENCUENTRO .................................................................................. 24 CUENTO 23. EL RAYO LÁSER: Z ............................................................................. 25 CUENTO 24. EL GATO (I) ......................................................................................... 26 CUENTO 25. EL GATO (II) ........................................................................................ 27 CUENTO 26. EL GALLO KIRICO ............................................................................. 28 CUENTO 27. LA GRAN INCÓGNITA ....................................................................... 29 CUENTO 28. EL VENDEDOR DE KIWIS ................................................................ 30

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M. Perejón

El País de las letras

CUENTO 0. PRESENTACIÓN Había una vez un señor inteligente y aventurero que viajaba de un país a otro investigando cómo vivían las personas. Recorrió desiertos calurosos, países donde nevaba continuamente y lugares donde vivían personas de todas las culturas. Llegó a conocer tantos países y había estudiado tanto que se había convertido en un auténtico sabio. Por eso lo llamaremos “el sabio estudioso”. Cuando el sabio estudioso llegaba a un país nuevo permanecía en él durante un tiempo para aprender las costumbres, la forma de hablar de sus habitantes, etc. En un cuaderno, que llevaba siempre consigo, dibujaba las cosas que le parecían importantes, interesantes o curiosas. Un día, tras atravesar con mucho esfuerzo unas montañas, encontró un valle maravilloso. Lo cruzaba un río precioso de aguas puras y cristalinas, lleno de peces de colores. El agua era tan limpia y tan fresquita que daba gusto pararse a beber en él. En aquel valle había mucha vegetación: campos con árboles frutales, bosques frondosos y extensos prados donde pastaban vacas y rebaños de ovejas. Podía verse muchos otros animales saltando y corriendo de un lado para otro y, más allá del río, por donde salía el sol, sobre una colina, un enorme castillo con más de cinco torres. Durante muchos días el sabio estudioso estuvo observando todo lo que ocurría en aquel lugar y enseguida se dio cuenta de que las personas no sabían hablar como en otros países, aunque sí emitían determinados sonidos (como, por ejemplo, hacen los animales) (juego onomatopéyico) y se comunicaban mediante gestos realizados con las manos (como, por ejemplo, hacen las personas sordas) (Nosotros, a veces, también usamos gestos para comunicarnos. Ejemplos (sin precisar el significado, dejando que lo adivinen): - ¡Ven aquí! - ¡Te voy a dar en el culo! - ¡Está loco! - ¡Adiós! ) También observó que, cuando los habitantes del país hablaban juntos, a veces, podía oír palabras como las que nosotros decimos hoy en día. En este maravilloso país, al que llamaremos “el País de las Letras”, vivían muchos personajes curiosos y, a veces, les sucedieron fantásticas aventuras que el sabio estudioso dibujó en su cuaderno. ¿Queréis conocer a esos personajes? ¿Queréis saber qué hacían y las aventuras que vivieron? ¿Queréis saber cómo los dibujaba el sabio estudioso? Ahora vamos a jugar al “juego de los gestos”: (Los alumnos deberán adivinar qué actividad realiza mímicamente un compañero que el maestro saca a la pizarra. El alumno que primero acierte pasa a ocupar el lugar del anterior. Las actividades pueden ser inventadas por los propios alumnos o sugeridas por el maestro. Ejemplos de actividades sugeridas: - Pintar con brocha. - Comer o beber. - Cortar con una sierra. - Abrir y cerrar un grifo. - Escribir, leer un libro. - Coser. - Tocar un instrumento - Lavarse las manos, la cara,... musical, etc). - Clavar puntillas.

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El País de las letras CUENTO 1. ANA. Ana era una niña tranquila, educada y cariñosa. En su cara redondita destacaban sus ojos azules y su pequeña nariz respingona que la hacían parecer alegre y risueña. Solía peinarse con dos hermosas trenzas. Ana no era una niña cualquiera. Era una princesa y vivía feliz en un hermoso palacio, rodeado de preciosos jardines y bosques frondosos que eran propiedad de su padre, el rey. A Ana le gustaba dar largos paseos por el campo y contemplar tantas cosas bellas como nos ofrece la Naturaleza. Le encantaban las flores y, cuando encontraba una nueva, exclamaba: ¡Ah!, que quería decir, “¡qué flor tan maravillosa!” Si encontraba entre las flores alguna mariposa, exclamaba al contemplarla: ¡Ah!, que quería decir, “¡qué colores tan delicados tiene en sus alas!” Y así pasaba muchas tardes contemplando las plantas, los animales, el paisaje, las puestas de sol, etc. Un día Ana fue a pasear por un arroyo de aguas puras y cristalinas que pasaba cerca del palacio. Le gustaba sentarse a ver correr el agua mientras arrojaba piedrecillas. Aunque estaba absorta en sus pensamientos, sintió que algo se movía a sus espaldas. Se volvió y entonces vio que un extraño animal se acercaba a ella. Parecía un perro enorme con la boca llena de espuma y dientes y colmillos afilados... Ana se fue poniendo de pie lentamente y, de pronto, echó a correr gritando: ¡A,a,a...!, que quería decir, “¡socorro, auxilio, que me muerde el perro!” Era un perro rabioso el que corría tras ella, el cual, dando un salto tremendo, acertó a morderle en una trenza y se la arrancó del mordisco. Entonces, Ana se volvió y, dando muestras de un gran valor, se agachó y cogió una piedra, dispuesta a defenderse. En ese momento, observó que el perro se estaba atragantando con los pelos de su trenza y que, por último, se quedaba inmóvil en el suelo. - ¡Ah! – exclamó Ana-. Animalito, tan sólo era un pobre animal enfermo. Cuando llegue a palacio le pediré a mi padre que envíe a alguien a curarlo. Cuando Ana regresó al palacio y le contó a su padre lo que había sucedido, éste se quedó muy preocupado y enseguida envió a dos soldados en busca del perro rabioso. Pero cuando los soldados llegaron al lugar que les había indicado Ana, el perro había desaparecido. Más tarde, cuando Ana se sentó delante del espejo, le gustó su nuevo aspecto y decidió que, a partir de aquel día, sólo tendría una trenza. ¿Queréis conocer a Ana? ¿Queréis ver cómo la dibujó el sabio estudioso? OBSERVACIONES:

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Cuando se pronuncia “Ana” se hace hincapié en la primera “a”. Se acompañará siempre con el gesto la pronunciación de la letra.

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El País de las letras CUENTO 2. ÓSCAR Ana tenía un hermano mayor llamado Óscar. Se parecía mucho a su hermana, con su cara redonda, sus ojos azules y su nariz respingona. Le gustaba ir siempre muy bien pelado y se peinaba un hermoso flequillo. Óscar era un chico responsable, educado y respetuoso con todo el mundo. Al igual que a su hermana, a Óscar le gustaba dar largos paseos por el campo, donde se pasaba horas y horas observando a los animales. Ésta era su afición favorita. En cuanto veía a un animal, sobre todo si era de los más pequeños, cerraba uno de sus ojos y, a través de sus dedos, observaba atentamente su forma de moverse, sus colores, etc. Si, por ejemplo, descubría a un caracol, exclamaba: ¡Oh!, que quería decir, “¡qué par de ojos tan curiosos!” Si veía a una oruga, comiendo, decía: ¡Oh!, que quería decir, “¡cuánto come esta pequeña oruga!” (Hacer el gesto con los dedos y llevarlos al ojo). Un día Óscar salió a pasear por el bosque y, de pronto, se encontró con un gran oso (oooso) tendido en el suelo, aparentemente muerto. Se acercó cuidadosamente y descubrió que el oso había caído en un cepo que algún cazador furtivo había colocado y que le había atrapado una pata. -¡Oh! –exclamó Óscar, que quería decir, “¡pobre oso, cuánto debe de haber sufrido!” El oso no estaba muerto, pero se encontraba muy débil porque había perdido mucha sangre por las heridas que el cepo le había producido. Rápidamente, Óscar abrió el cepo y liberó la pata del oso. Después se quitó la camisa, la rompió en trozos y con ellos le vendó la pata. Por último, le hizo beber un poco de agua. Poco a poco el oso fue recuperándose y con la mirada expresaba a Óscar su agradecimiento por haberle salvado la vida. Óscar había encontrado un nuevo amigo. Cuando Óscar, después de dejar al oso ya restablecido, regresaba a casa, oyó un extraño ruido en unos arbustos cercanos. De pronto, el perro rabioso que había atacado a Ana apareció ante él dispuesto a morderle. Óscar retrocedió asustado y tropezó con una raíz, cayendo al suelo. En ese momento se presentó el oso que, aunque estaba todavía un poco débil, empezó a luchar con todas sus fuerzas con el perro rabioso para defender a su amigo. Después de una feroz lucha, el oso acertó a darle al perro un fuerte zarpazo y lo dejó moribundo en el suelo. Óscar y su amigo el oso se abrazaron y después se despidieron. Cuando Óscar llegó a palacio y le contó a su padre lo que había sucedido, éste se sintió muy orgullosos de que su hijo tuviera buen corazón y fuera amigo de los animales. A Ana y a Óscar les encantaba pasear juntos y el sabio estudioso los oía hablar entre ellos: ao, oa, ... ¿Queréis conocer a Óscar y cómo lo dibujaba el sabio estudioso?

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El País de las letras CUENTO 3. INÉS Ana y Oscar eran dos chicos estupendos, además de excelentes hermanos: procuraban siempre ayudarse entre ellos, compartir sus juguetes y jugar juntos. Pero Ana y Óscar tenían una hermana más pequeña, que era la niña más traviesa y maleducada de todo el País de las Letras. Su juego favorito era molestar y hacer enfadar a sus hermanos. Siempre iba sucia y despeinada y tenía costumbres muy feas. La peor de todas era meterse el dedo en la nariz, sacar un bicho y después... metérselo en la boca. ¡Qué asco! A veces era poco respetuosa con los demás, pues acostumbraba a meterse en las conversaciones de los mayores y a burlarse de las personas con defectos físicos. Si, por ejemplo, era un pobre ciego, lo señalaba con el dedo, riéndose: ¡I,i,i...!, que quería decir, “¡qué señor tan inútil!” Cuando, por estas y otras causas, su papá la castigaba, se ponía a llorar: ¡I,i,i...!, pero nunca modificaba su comportamiento. Además era tan curiosa que todo lo que veía lo tenía que tocar con su dedo. Tocaba la comida, no sólo la suya, sino también la de los demás. (A veces se ganaba un buen coscorrón por este motivo). Un día estaba un señor fumando y no se le ocurrió otra cosa más que tocar la candela con el dedo y, claro, se lo quemó. Entonces, se puso a llorar: ¡I, i, i,...! Aún no os he dicho cómo se llamaba. Se llamaba... Inés (Iiinés). Y todos decían que si fuera más aseada y se peinara mejor, sería el vivo retrato de su madre. Y como podréis suponer, siempre hablaba con su dedo extendido preparado para tocar algo, meterle el dedo a alguien en el ojo y hasta para... ¡qué asco!, tocar las cacas y otras porquerías. Con su hermana Ana se llevaba muy mal y, cuando estaban juntas, se escuchaba: ¡Ai, ai, ai,...!, porque no hacían más que discutir y pelear. A Inés, por su forma de comportarse, le sucedieron muchas cosas desagradables que ya os iré contando. ¿Queréis conocer a Inés? ¿Queréis ver cómo la dibujaba el sabio estudioso?

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El País de las letras CUENTO 4. EL REY U (Ulises) Ana, Oscar e Inés, como la mayoría de los niños y las niñas tenían un papá. Pero el papá de ellos no era un papá cualquiera. Su papá era el rey del País de las Letras. Se llamaba el rey Ulises, aunque todo el mundo, para abreviar, lo llamaba el rey U (como cuando nosotros decimos “cole”, “seño” o “profe”, en vez de colegio, señorita o profesor). Cuando el rey hablaba decía: ¡U!, que quería decir, “¡yo soy el rey!” (Hacer el gesto en tono adusto, en señal de autoridad). El rey U era un rey justo y bondadoso y todos los habitantes del País de las Letras lo admiraban por su gran sabiduría y comprensión. Siempre estaba muy ocupado trabajando para que sus súbditos (es decir, los ciudadanos del País de las Letras) fueran felices y vivieran en paz y en armonía. Un día llegaron al palacio del rey dos pastores que discutían a causa de una oveja. Ambos afirmaban que la oveja era suya y no había forma de averiguar quién mentía y quién decía la verdad. Entonces el rey dijo: ¡U!, que quería decir, “¡qué corten a la oveja en dos mitades y que den la mitad a cada uno!” Uno de los pastores estuvo de acuerdo, mientras que el otro empezó a llorar y le pidió al rey que le entregasen la oveja entera al otro pastor para no tener que matarla. Entonces el rey dijo: ¡U! y ordenó que le entregaran la oveja al pastor que había hablado y que castigaran al otro, ya que había mentido. Pero el rey U era, además, un padre amante de sus hijos y dedicaba a jugar con ellos todo el tiempo libre que le permitían sus obligaciones de gobierno. El juego preferido del rey U con sus hijos era el escondite. Cuando jugaban y el rey estaba escondido decía: ¡Uuu...! (imitando a los fantasmas) y los niños creían que era un fantasma y se asustaban; sobre todo Inés, que era la más llorona. El rey U salía de su escondite y decía: ¡Uu! (en tono suave), que quería decir, “¿no veis que soy yo, tontos?” A veces Ana y el rey se divertían y jugaban a imitar a los lobos para hacer llorar a Inés y decían: ¡Au!, ¡au!, ¡au! ¿Queréis ver el retrato del rey y cómo lo dibujaba el sabio estudioso?

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El País de las letras CUENTO 5. EPI ¿Quién es el personaje más travieso del País de las Letras? Inés... ¿Verdad?... Pues no. No quería ni hablaros de él porque nunca hubo un niño más flojo y eeeegoista en todo el país. Y era guapo. Era un chico guapo, pero tan presumido que sólo se preocupaba de ir bien vestido y elegante. Se llamaba Epi, y era hermano de Ana, de Óscar y de Inés. A Epi le gustaba hacerse el sordo y cada vez que alguien le hablaba él decía: ¿Eh?, y hacía como si no se enterara. Si, por ejemplo, su papá le decía: ¡U!, que quería decir, “Epi, pásame el cuchillo, por favor”. Epi contestaba: ¿Eh?, y no hacía caso. Si Ana decía: ¡A!, que quería decir, “hoy vamos a arreglar las plantas del jardín”, Epi respondía: ¿Eh?, y mientras los demás trabajaban, incluida Inés (aunque siempre pisara alguna planta), él se tendía en el suelo y se quedaba dormido o se ponía a peinarse. Tanto se hacía el distraído que terminó convirtiéndose en un distraído de verdad. Poco a poco fue dejando de prestar atención a las cosas y no aprendía nada. No miraba a los lados al cruzar la calle, no se apartaba del camino cuando sonaba un vehículo, etc. Por eso, en varias ocasiones fue atropellado: una vez por un caballo y otra, por un camión. Salió vivo de milagro. Un día se acercó a un lago a mirarse en el agua y comprobar lo guapo que era y lo bien peinado que iba. Tan distraído estaba que se cayó al agua. Entre otras cosas, Epi tampoco había aprendido a nadar y comenzó a hundirse mientras gritaba: ¡Eh!,¡eh!, que quería decir, “¡socorro, que me ahogo, socorro!” Cada vez que pegaba un buche de agua repetía: ¡Eh!,¡eh!, que quería decir, “¡qué alguien me ayude, que me ahogo!” En ese momento pasaba por allí un enorme elefante que, cuando vio lo que le estaba pasando a Epi, se acercó con su gran trompa, lo cogió por la cintura, lo sacó del agua y lo llevó a la orilla. El elefante había salvado la vida de Epi. Sin embargo, en cuanto Epi se recuperó del susto, en vez de darle las gracias al elefante por lo que había hecho, no se le ocurrió otra idea que hacerle un nudo en la trompa. Después Epi salió corriendo hacia su casa, el castillo, y dejó al pobre elefante resoplando sin poderse quitar el nudo. Cuando el padre de Epi, el rey U, se enteró no tuvo más remedio que darle un buen castigo. ¿Queréis conocer a Epi? ¿Queréis ver cómo lo dibujó el sabio estudioso?

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El País de las letras CUENTO 6. EL PITO DEL PASTOR PEPE Había una vez un pastor que, aunque vivía pobremente en una humilde cabaña con su mujer y sus hijos, era feliz cuidando a sus ovejas. Muy temprano se levantaba, ordeñaba a las ovejas, las sacaba del establo y se las llevaba al campo donde pastaban hasta el atardecer. Un día, estando en el monte con su rebaño, apareció una jauría de lobos hambrientos. Los lobos atacaron a las ovejas que huyeron despavoridas y se despeñaron por un profundo precipicio donde murieron todas. El pastor y sus perros consiguieron finalmente ahuyentar a los lobos. El pastor se puso a llorar amargamente: sin ovejas, su mujer y sus hijos morirían de hambre. En ese momento se le apareció una hada que le dijo: - Pepe, tú has sido siempre un trabajador honrado y respetabas a todos los animales y plantas de estos montes. No puedo devolverte la vida de tus ovejas, pero te regalaré este pito mágico. Úsalo para hacer el bien y hallarás tu recompensa. En cuanto el hada le hubo entregado el pito mágico, desapareció, dejando a Pepe sin habla. - ¡Vaya regalo! – pensó-. ¿Para qué podrá servir un pito como éste? Muy triste se dirigió a su casa. Por el camino, mientras atravesaba un bosquecillo, se encontró, de pronto, con una pandilla de ladrones que estaban robando a unas personas que viajaban en un carruaje. Como recordó que el hada le había dicho que usara el pito para hacer el bien, se puso a tocarlo y, en ese momento, todos los ladrones se pusieron a tocar las palmas sin poder parar. Los ladrones huyeron como alma que lleva el diablo. Los que iban en el carruaje, agradecidos, le hicieron muchos regalos al pastor. (Se pueden narrar otras aventuras en las que encuentra: - a un campesino que maltrataba a un pobre burro, - a unos forajidos que maltrataban a unos niños, - a unos pobres titiriteros a los que abucheaban en un pueblo, - etc...) La fama del pastor llegó a oídos del rey U, que lo mandó llamar para recompensarlo e invitarlo a que, junto con su familia, se viniera a vivir al palacio. En el palacio Pepe mostró al rey el pito mágico y les enseñó a él y a sus hijos a tocarlo. Cuando Ana tocaba el pito se oía “pa”, si lo hacía Epi “pe”... etc. Ahora os enseñaré cómo el sabio estudioso dibujó el pito y recordad: cada vez que nosotros lo veamos y Ana, Epi, o cualquiera de la familia lo haga sonar, hemos de tocar las palmas.

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El País de las letras CUENTO 7. DE EXCURSIÓN A LA MONTAÑA El País de la Letras estaba situado en un lugar maravilloso donde, rodeado de montañas, un valle era recorrido por un precioso río de aguas puras y cristalinas lleno de peces de colores. A los príncipes, sobre todo a Óscar y a Ana, les encantaba dar largos paseos por el campo para observar el paisaje, las plantas y los animales. Y aunque el rey U estaba siempre muy ocupado les había prometido que un día saldrían todos juntos de excursión, como cuando nosotros vamos con nuestros padres a “echar los santos”. Y como el rey U nunca dejaba de cumplir las promesas que hacía a sus hijos, decidieron que al día siguiente harían aquella excursión. A la mañana siguiente se levantaron todos muy temprano y, en cuanto el rey U hubo preparado los bocadillos, se pusieron en camino; no sin antes decirle a Epi: ¡U!, que quería decir, “deja de peinarte y encárgate tú de llevar los bocadillos, por favor”. Epi, como siempre, le contestó: ¿Eh? Era un día precioso, soleado, aunque no caluroso, porque hacía un airecillo muy agradable. Se encaminaron hacia las montañas que rodeaban el País de la Letras. Por el camino cantaron canciones y observaron muchas plantas con flores preciosas, animales, etc. Después de andar durante un buen rato, llegaron al riachuelo de aguas puras y cristalinas que tenía peces de colores. El río se cruzaba por un enorme puente de piedra de tres arcos. El rey U le pidió a Epi que sacara los bocadillos y entonces Epi dijo: ¿Eh?, que quería decir... (Un momento, ¿quién de vosotros lo sabe?)... Pues eso. Epi, el muy holgazán, se había dejado los bocadillos en el palacio. No os quiero ni decir la bronca que el rey le echó a Epi. Pero, en fin, el rey decidió volver al palacio y traer los bocadillos. Los niños, mientras, se quedaron en el puente jugando y viendo pasar el agua y los peces de colores. Mientras estaban allí empezó a soplar el viento desde las montañas y al pasar por debajo del puente hacía un sonido muy curioso. Era así: mm... mm... Cuando pasó un buen rato se oyó un ruido: ¡mu! Entonces los niños dijeron: “Es papá que ya vuelve y su voz se mezcla con el viento de la montaña”. Salieron corriendo para recibirlo y, de pronto,... apareció un enorme toro negro que era quien mugía. Todos huyeron muertos de miedo, menos Epi que se meeeó del susto. Ana llamaba a su maaamá, Oscar se subió a un mooontón de piedras e Inés pisó una miii... El toro pasó de largo y al poco rato llegó el rey U, que se hartó de reír cuando le contaron lo que había pasado. Un día el rey U envió al sabio estudioso a la montaña para estudiar aquel nuevo sonido. Y así es como lo dibujo: m.

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El País de las letras CUENTO 8. LAS TIJERAS Hacía días que no paraba de llover en el País de las Letras. Ana y Óscar no podían salir a jugar al patio, ni a cuidar el jardín, ni, por supuesto, ir de paseo por el campo. Los príncipes se llevaban todo el día aburridos -en el País de las Letras no existían los libros- y el rey U había terminado por contarles todas las historias y cuentos que sabía. Epi e Inés, como siempre, estaban insoportables, todo el día persiguiéndose e ideando nuevas travesuras. El rey U convocó a todos sus consejeros a ver si alguno tenía idea de cómo entretener a los niños. Estuvieron reunidos los consejeros tres días y tres noches sin que a ninguno se le ocurriera nada. Entonces el rey llamó al sabio estudioso para que le dijera cómo se entretenían en su país los niños y las niñas, los días que no paraba de llover. El sabio dijo que en su país los niños hacían dibujos y después los recortaban con una máquina llamada tijeras y que él, casualmente, poseía una de aquellas máquinas. El sabio sacó unas tijeras y, en un abrir y cerrar de ojos, Inés se apoderó de ellas y, en un santiamén, cortó las cortinas, la capa de su papá y hasta el flequillo de Óscar. Inés se ganó una buena reprimenda. El sabio enseñó a los niños y al rey U a utilizar las tijeras; incluso Epi aprendió a recortar con ellas. Y desde ese día pasaron muchas horas divertidos y entretenidos. Mientras, eran observados por el sabio estudioso que descubrió asombrado que, del sonido de las tijeras al mezclarse con los sonidos de los niños y del rey, salían algunas palabras. Cuando Ana recortaba con las tijeras se escuchaba ta, (Hacer el gesto de cortar y de Ana seguidos.) si era Óscar se oía to, etc. Vamos a aprender bien cómo era el sonido de aquellas tijeras. Ponemos la punta de la lengua entre los dientes. Ahora veremos cómo el sabio estudioso dibujó las tijeras. ¿Vale?

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El País de las letras CUENTO 9. EL SEÑOR SILENCIO Un día, por la mañana, el rey U se despertó sobresaltado por el ruido. “Ya están Inés y Epi peleándose otra vez” - pensó el rey. Pero no; el ruido venía de fuera del palacio y se oía a mucha gente que reía y gritaba y, a veces, aplaudía. También se escuchaban trompetas, tambores y otros instrumentos musicales y ruidos de carros, caballos que relinchaban y fieras que rugían. Se asomó enseguida al balcón y descubrió sorprendido que había llegado al País de las Letras... ¡un circo! y que se había instalado junto al palacio real. “¡Qué bien! Todos los habitantes del país vendrán al circo y se divertirán viendo a los payasos, a los domadores de fieras, a los trapecistas, a los equilibristas, etc...” – pensó el rey U, que siempre deseaba que todos sus ciudadanos fueran felices. Aquel día el rey U tenía mucho trabajo: debía recibir a muchas personas, para ayudarlas a resolver sus problemas. Pero con tanto ruido era imposible oír lo que tenían que decir los ciudadanos; así que todo el mundo hablaba a la vez y gritaban y no lograban ponerse de acuerdo. Para colmo Inés y Epi, que ya estaban levantados, se dedicaban a correr y a perseguirse gritando. Y lo peor de todo es que desde aquel día la gente cogió la fea costumbre de hablar a voces, gritando, como si estuvieran enfadados unos con otros. Y dejaron de respetar las horas de descanso de la siesta y de la noche. Y al día siguiente todos estaban malhumorados porque no habían dormido lo suficiente. “La gente se volverá loca y todo el país irá al desastre”, pensó el rey, “hay que encontrar una solución”. Y envió a sus mensajeros a que dijeran que el rey ofrecía una gran recompensa a quien hiciera callar a la gente. Un día llegó al palacio real un extraño personaje. Vestía todo de negro, con una gran capa negra también, que le llegaba hasta los pies. Una capucha le cubría la cabeza y apenas dejaba ver su pálida cara. Pero, lo más extraordinario de este personaje es que, llevándose un dedo a la boca, emitía un extraño sonido que hacía que todo el mundo guardara silencio. Es así: sss... (Realizar el gesto llevándose el dedo índice verticalmente a los labios) Se llamaba el Sssseñor Ssssilencio del lado oscuro. Entonces, el rey, después de entregarle la recompensa, le pidió que se quedara en el palacio y que acompañara algunas veces a él y a sus hijos para que pudieran trabajar mejor y fueran más educados. El Señor Silencio del lado oscuro aceptó encantado y se quedo a vivir en el palacio. Y ya sabéis, cada vez que lo veamos lo imitaremos llevándonos el dedo a los labios.

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El País de las letras CUENTO 10. LA MOTO DE REME Cierto día, cuando los habitantes del País de las Letras se levantaron, se quedaron mudos de asombro: una inmensa plaga de roedores (ratas y ratones) había invadido todo el país. Correteaban por las calles y se colaban en las casas. Roían las puertas, los muebles, la ropa y todo lo que encontraban a su paso. Era un verdadero problema. Algunas personas pusieron trampas para cazarlos, pero eran tan listos que rara vez caían en ellos. Todos los ciudadanos estaban desesperados sin saber qué hacer, así que empezaron a quejarse al rey. El rey U reunió enseguida a sus consejeros para ver la forma de terminar con aquella plaga. Uno dijo que había oído hablar de unos animales que los cazaban, pero no sabía ni cómo se llamaban ni dónde encontrarlos. Otro dijo que existían venenos que los mataban, pero todos estuvieron de acuerdo en que eso era peligroso: podían morir otros animales e incluso alguna persona. El sabio estudioso dijo que había oído que en una ciudad llamada Hamelin, un flautista había acabado con una plaga de roedores como aquella y que lo había hecho por una recompensa. Así que el rey mandó pregonar por todos los pueblos y aldeas que daría una gran recompensa a quien lograra acabar con aquella plaga que amenazaba con destruir todo el país. Un día se presentó en el palacio una chica que vestía pantalones y chaqueta de cuero y montaba nada menos que... ¡en una moto!. Afirmó que ella era una experta cazarroedores y que, gracias a su moto, terminaría con la plaga en un santiamén.Y es que su moto no era una moto cualquiera. No. Era una moto especial que, en vez de gasolina, usaba zumo de queso y papilla de papeles y trapos viejos que, como todo el mundo sabe, es la comida preferida de los roedores. En cuanto Reme puso el motor en marcha. A ver ¿cómo hacía? RRRR... Eso es, ¡muy bien!. Pues decía que en cuanto Reme arrancó la moto, por el tubo de escape empezó a salir un olor a queso y un sonido tan extraordinarios que todas las ratas y todos los ratones salían de sus agujeros y madrigueras y marchaban tras la moto como si estuvieran hipnotizados. Reme condujo a los roedores hasta el río, donde se precipitaron y murieron todos ahogados. El rey U le pidió a Reme que se quedara en el País de las Letras y que le enseñara tanto a él como a sus hijos a montar en la moto. Reme aceptó encantada, pero advirtió que el sonido de la moto sólo podría oírse fuerte si otros sonidos no tapaban el tubo de escape. En caso contrario sonaría muy suave. ¿Queréis ver cómo los dibujó el sabio estudioso ?.Pues atended: cuando se montaba Ana y el tubo de escape estaba libre se podía oír: ra...; cuando era Epi se oía re ...Si el tubo de escape quedaba tapado se oía: aro...era...ora... Sin embargo, había ocasiones en las que querían que la moto sonase para que todo el mundo oyera su maravilloso sonido. Entonces le daban a un botón especial que tenía la moto y se encendían dos tubos de escape y sonaba otra vez fuerte. Además servía para formar palabras preciosas como torre, o para distinguir algunas palabras parecidas que se oían en el País de las Letras: por ejemplo, no es lo mismo una pera que una perra, o un pero que un perro,...

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El País de las letras CUENTO 11. EL LÁTIGO DE LOLO - ¡Señoras y señores! ¡Niñas y niños!. ¡Respetable público!. En estos momentos da comienzo el mayor espectáculo del mundo: ¡el circo! Pues sí. Tal como lo estáis oyendo. Así empezó la función de aquella tarde. ¿Os acordáis que hacía unos días que había llegado un circo al País de las Letras?. Los niños le habían pedido al rey U que los dejara ir al circo. El rey estuvo de acuerdo y aquella misma tarde fueron todos menos el rey U, que tenía que quedarse a trabajar en el palacio. Fue una tarde maravillosa. Todo el mundo se divertía viendo a los equilibristas, a los trapecistas y se reían a carcajadas con las gracias de los payasos, etc. Por fin llegó el momento más emocionante de la noche. En el centro de la pista los ayudantes, en un abrir y cerrar de ojos, levantaron una gran jaula. Al momento empezaron a llegar las fieras: tres enormes leones de largas melenas y rugidos estremecedores. Enseguida, el presentador anunció: “¡Señoras y señores! Con ustedes... el gran Lolo, el mejor domador de leones del mundo”. Lolo, con su látigo, se introdujo en la jaula y empezó su actuación. Hizo que los leones se tendieran en le suelo y que se alzaran de manos. Los hizo saltar entre aros de fuego e incluso llegó a meter la cabeza en la boca de uno de ellos. En ese momento, cuando la actuación era más emocionante, una de las rejas de la jaula, que no estaba bien colocada, se cayó al suelo y los leones escaparon de ella. Enseguida cundió el pánico y la gente empezó a gritar y a correr. Ana y Óscar, dando muestras de gran valor, corrieron a ayudar a Lolo y, entre los tres, lograron reducir a los leones y evitar que hicieran daño a alguien. Lolo, como agradecimiento, regaló dos látigos a Óscar y Ana. Cuando llegaron al castillo le contaron al rey lo que había pasado. Éste se sintió muy orgulloso de tener unos hijos tan valientes. El rey quiso saber cómo habían manejado el látigo. Inés lo cogió para hacerle una demostración; como ella no sabía, se hizo un “lío” y le dio a Epi un latigazo en el culo. El rey U cogió el látigo y dijo: ¡U!, que quería decir, “fíjate, Inés, cómo se coge el látigo”. Y entonces... ¡se cargó la luz! Y todos se echaron a reír. El látigo tenía un sonido muy curioso, y cuando Ana lo cogía se oía la; si lo usaba Inés, se oía li, etc. ¿Queréis ver cómo lo dibujaba el sabio estudioso?

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El País de las letras CUENTO 12. EL MARTILLO DE DON DIEGO Reme, con su moto, había logrado acabar con todos los roedores, pero antes de que eso hubiera ocurrido el mal estaba hecho: los ratones habían roído las puertas, los muebles, etc. Para colmo, Epi e Inés habían cogido la costumbre de entrar dándole patadas a las puertas. Ellos pensaban que como estaban ya estropeadas... Ante el estado tan lamentable que presentaban las puertas y los muebles, el rey envió a sus mensajeros a ofrecer trabajo a quien fuera capaz de arreglarlos. Un día se presentó en el castillo un carpintero llamado don Diego, que prometió dejar los muebles y las puertas como si fueran nuevos. Al día siguiente, muy temprano, el carpintero se puso manos a la obra. En una caja de herramientas tenía todo lo necesario: tenazas, sierras, martillo, puntillas, etc. Cuando los niños se levantaron, Ana y Óscar, como todas las mañanas, se pusieron a hacer sus camas. Inés y Epi, en cambio, sin lavarse la cara siquiera, bajaron corriendo a ver cómo trabajaba don Diego. Al cabo de un rato, don Diego tuvo que salir a buscar madera, no sin antes advertir a Epi e Inés que no cogieran las herramientas. ¿Qué creéis que hicieron Epi e Inés en cuanto salió el carpintero? ... Pues eso. Se pusieron a jugar con las herramientas. Epi cogió el martillo y dijo que iba a clavar una puntilla. Inés, como siempre, metió su dedo y Epi le arreó un martillazo y se lo puso como un chorizo. Entonces, Inés, furiosa le arrebató el martillo a Epi y le golpeó en los suyos. Total que terminaron los dos llorando a grito pelado, peleando y echándose la culpa uno a otro. Al oír los gritos, llegaron Ana y Óscar, separaron a los dos hermanos y les pidieron que explicaran lo que había ocurrido. Epi dijo: ¿Eh? Y como no se había enterado de nada creyó que decían que repitiera el martillazo. Así que Ana y Óscar terminaron con los dedos magullados. Cuando llegó el rey U, que venía acompañado por el sabio estudioso, y se enteró de lo que había pasado, le riñó a Epi y a Inés y les explicó que los niños debían tener siempre mucho cuidado con las herramientas. Epi quiso disculparse y dijo: ¡Eh!, que quería decir, “yo no he hecho nada, papá. Sólo ésto. Mira. Pon tus dedos aquí como Inés...”. Desde luego Epi no tenía remedio. El sabio estudioso, que no sabía si llorar o reír, observó que al darle el martillazo, con el dolor, se metían la lengua entre los dientes y creyó oír un sonido nuevo. ¿Queréis ver como lo dibujo? da, do, du, di, de

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El País de las letras CUENTO 13. LOS ENANITOS NENE Y ÑOÑO Cierto día, el rey U llamó a Epi y a Óscar y les dijo: ¡U!, que quería decir, “a partir de hoy, Epi, acompañarás a tu hermano Óscar cuando vaya al campo a observar a los animales y a las plantas. Así aprenderás a amar y a respetar a la Naturaleza. Es necesario que dejes de hacer travesuras (con Inés) y que cambies de comportamiento”. La decisión del rey no admitía discusión. Óscar, como era tan obediente, enseguida estuvo de acuerdo. Epi, aunque de mala gana, no tuvo más remedio que seguir a su hermano. En cuanto salieron del castillo se sentía cansado y a cada momento quería sentarse. Cuando llegaron al bosque, Óscar se puso a observar a los animales. Si, por ejemplo, veía una mariposa, le decía a Epi: ¡Oh!, que quería decir, ”fíjate Epi qué colores tan bonitos tiene”. Epi le contestaba: ¿Eh?, y no le hacía ni caso. Pisaba las plantas y los animales porque no se fijaba donde ponía los pies. Aprovechaba cualquier ocasión para sentarse en cualquier sitio: en un tronco caído, en una piedra, etc. A veces se tendía en el suelo y se quedaba dormido. Mientras Óscar olía una mata de tomillo, Epi vio dos hermosas setas que parecían dos taburetes y, sin pensarlo, se acostó sobre ellas dispuesto a echarse una buena siesta y... ¡plast! En un momento las dos setas quedaron aplastadas. Al apartar unas matas de romero, Óscar descubrió a dos enanos que lloraban desconsoladamente. Eran pequeñitos, no más grandes que un gato. Tenían la barba y un gorro en la cabeza. Eran igualitos. Bueno, iguales del todo, no. Uno de ellos se limpiaba con el dedo las lágrimas que le bajaban de los ojos por la nariz y hacía n, n, n,... El otro, se limpiaba los mocos a la vez que arrugaba la frente y se quejaba ñ, ñ, ñ,... (Hacer los gestos de uno y otro). Resulta que las setas que Epi acababa de destrozar eran las casitas donde vivían los dos enanitos. A Óscar le dio tanta lástima que les pidió que los acompañaran al castillo. Cuando llegaron al castillo, Óscar se los presentó al rey U. Los enanos se llamaban Nene y Ñoño y lo que más les gustaba era cantar nnnanas (nanas) y hacer ñññoñas (ñoñas: ajo, cuchi cuchi, etc.) a los niños pequeños. ¿Os acordáis cuando erais pequeños y papá y mamá os cantaban nanas?... ¿Os suena ésta?... Ea la nana, ea la nana, / duérmete lucerito de la mañana. Mi niño pequeñito / se va a dormir, / y el pícaro del sueño / no “quié” venir. (Se puede cantar otras nanas. Por ejemplo, de Federico García Lorca o de Rafael Alberti.) Al rey U le pareció maravilloso lo que Nene y Ñoño sabían hacer y les pidió que se quedaran a vivir en el castillo para siempre. Mientras tanto, el sabio estudioso no salía de su asombro cuando los oía conversar con la familia real. Aquellos eran sonidos nuevos con los que podía escribir muchas palabras. Y así es como los dibujó: n, ñ.

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El País de las letras CUENTO 14. EL PAYASO JAIMITO ¿Cómo están ustedes?... Bien, bien,. Ahora más fuerte... ¿Cómo están ustedes?... Vale, ya vale. Supongo que ya sabréis que personaje vamos a conocer hoy. Es el personaje más simpático, alegre y divertido del País de las Letras. Con su gorro puntiagudo, su narizota, su traje ancho y tan largo que le llegaba a los pies y sus enormes zapatos, resultaba realmente gracioso. Es... naturalmente, el payaso Jaimito. Cuando Jaimito era pequeño y aún no sabía hablar, un día se le clavó una espina de pescado en la garganta mientras estaba comiendo. Por eso, cuando Jaimito hablaba, se oía jjj... y se llevaba la mano al cuello. Antes de ser payaso, Jaimito quería ser inventor. Pero no un inventor cualquiera, de esos que inventan cosas útiles e importantes. Él quería inventar cosas divertidas que hicieran reír a la gente. Jaimito pensaba que la gente cuando reía era feliz. Y esa era su mayor ilusión. Sus ideas eran tan graciosas y originales que, cuando se ponía a explicarlas, todos se hartaban de reír. Por ejemplo, Jaimito quería inventar: - un paraguas para mojarse, - unos zapatos sin suela, - una bicicleta sin ruedas y sin pedales, - unas botas de agua con agujeros y, sobre todo, - armas de fuego que en vez de disparar balas, contaran chistes; así los soldados en la guerra no se matarían entre ellos, sino que se morirían de risa. Y claro, como a la gente le hacía tanta gracia sus ocurrencias, Jaimito pensó que lo mejor era hacerse payaso y trabajar en el circo. En aquel circo que un buen día llegó al País de las Letras, con Lolo, el domador de leones y otros grandes artistas que ya iréis conociendo. Como Jaimito, el rey U también pensaba que la gente era feliz cuando reía y se divertía, así que le pidió que se quedara con ellos en el palacio. Su única obligación sería contar chistes, jugar con Ana y sus hermanos y enseñarles a reír. Jaimito aceptó encantado pero puso dos condiciones: que le dejaran cuidar el precioso jardín que había en el palacio y que le dejaran traerse su gato. Su... ¿qué? – dijo el rey U (que no sabia lo que era un gato). Mi gato – dijo Jaimito.

Pero lo del gato de Jaimito es otra historia que ya os contaré otro día. ¿Queréis saber cómo dibujó el sabio estudioso a Jaimito? ¿Queréis saber qué se oía cuando Jaimito jugaba con Epi?, ¿y con Ana?

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El País de las letras CUENTO 15. EL REY DE LA LLUVIA En el País de las Letras, lo mismo podía estar lloviendo sin parar durante varios días, que llevarse semanas y hasta meses enteros sin que lloviera nada en absoluto. En una ocasión, llevaban más de tres meses seguidos sin llover y la sequía se extendía por todo el país. Y no es que no pasaran nubes por el cielo. Muchas veces permanecían sobre las montañas grandes nubes blancas como bolas de algodón que no dejaban caer ni una sola gota de agua. Los manantiales y las fuentes se secaron y por los arroyos dejó de correr el agua. Hasta el riachuelo de aguas puras y cristalinas que tenía peces de colores se estaba secando. El agua de los pozos también se estaba agotando y la gente cada vez estaba más preocupada porque pronto no habría agua ni para beber. En el bosque la situación era mucho peor. Los animales no tenían dónde beber y, en el caso de los osos, que, como todo el mundo sabe, se alimentan principalmente de peces, tampoco tenían comida, porque los ríos estaban secos. Empezaron a llegar al Castillo noticias alarmantes: que si los osos atacaban a los rebaños de ovejas, que si un oso había matado a un caballo, que si se acercaban a las casas y entraban a robar, etc... - Sin comida y sin agua, los osos deben de estar furiosos - pensó el rey U-. Es necesario encontrar una solución. El rey decidió ir personalmente a estudiar la situación. Le pidió a Lolo, el gran domador, y a Óscar, que lo acompañaran y que se llevaron un látigo cada uno por si eran atacados por los animales furiosos. Iban caminando por el cauce seco del río, cuando de pronto un enorme oso se abalanzó sobre ellos. - ¡Oh! –dijo Óscar. Al oírlo, el oso se quedó paralizado. Había reconocido a su viejo amigo Óscar. De repente, el oso se cayó al suelo, porque llevaba muchos días sin comer ni beber. Mientras Óscar y Lolo atendían al oso, el rey U no dejaba de mirar una enorme nube negra que estaba sobre ellos. Entonces dijo el rey a Lolo: ¡U!, que quería decir, “dame tu látigo”. El rey cogió los dos látigos juntos y, con todas sus fuerzas le arreó a la nube un enorme latigazo. Y llegó la lluvia, porque la nube empezó a soltar agua por todas partes. El país se había salvado. Por la noche, cuando estaban en el castillo, Ana se dirigió al rey: “Papá, cuéntanos cómo hiciste llover”. El sabio estudioso escuchaba atentamente. El sonido de aquellos dos látigos era diferente y con él podía escribir palabras nuevas como llama, silla, olla, pollo,... - Papá -dijo Inés, mientras se iba quedando dormida-. ¿Crees que mamá volverá algún día? Y el rey U se quedó pensativo.

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El País de las letras CUENTO 16. EL MAGO BARTOLO Aunque los príncipes Epi e Inés podían ir libremente de un sitio a otro en el castillo, el rey U les tenía prohibido que bajaran al sótano. Allí es donde se encontraba el laboratorio del mago Bartolo. El mago Bartolo era un anciano tranquilo y respetable. Tenía la barba y el pelo tan blancos como la nieve y era tan amable y cariñoso como cualquier abuelo. Además de mago era un gran científico y jamás usaba su magia como no fuera para hacer el bien. Mediante viejas recetas y pócimas secretas fabricaba medicinas, pomadas, y ungüentos que aliviaban los dolores y curaban las enfermedades. Con su magia Bartolo podía convertir: - el agua en coca-cola, en refrescos de naranja o de limón,... - el azúcar en dulces y caramelos,... - la leche en ricos batidos de fresa y chocolate y... - los chicles en ... ¡cagadas de pájaros! Aunque Bartolo siempre dejaba la puerta del laboratorio bien cerrada, un día al salir se dejó la llave puesta en la cerradura y Epi e Inés se colaron dentro. El laboratorio estaba lleno de estanterías y mesas con frascos, botellas y toda clase de recipientes que contenían líquidos de todos los colores.En una de las mesas había una botella llena de líquido oscuro. Epi creyó que era coca-cola y, sin pensárselo dos veces, se la llevó a la boca y se bebió un buen trago. El líquido era tan desagradable que se le pusieron los pelos de punta. Entonces le dijo a Inés: ¡Eh!, que quería decir, “Inés, bebe de esta botella, verás que cosa más rica”. Inés se tomó otro trago y por poco se ahoga. Entonces, cogió la botella para darle a Epi un botellazo en la cabeza, por haberle engañado... cuando observó asombrada que a su hermano le crecían las orejas como a un burro. Se puso a reír y enseguida se dio cuenta de que a ella también le habían crecido sus orejas. Así que fueron en busca de su papá, llorando a lágrima viva; mejor dicho, berreando. Cuando el rey U los vio se quedó muy preocupado por el aspecto tan ridículo que tenían sus hijos y le pidió a Ana que llamara al mago Bartolo. - No os preocupéis, majestad, que ahora mismo preparo un antídoto –dijo el mago-. Les dolerá la barriga un poco, pero así aprenderán la lección. Bartolo cogió un vaso de agua y le echo unos polvitos mágicos. Inés y Epi bebieron del vaso y, al cabo de un rato, se les puso la cara blanca y, de pronto, salieron corriendo. -¿A dónde van tan deprisa? –preguntó Óscar. -Al cuarto de baño –contestó Bartolo. Cuando Epi e Inés regresaron venían con su aspecto normal. Todos se rieron no sin antes advertirles el rey U que lo que habían hecho era una imprudencia que podía haber puesto su vida en peligro. El mago Bartolo pensó:”Tengo que contarle a mi amigo, el sabio estudioso que cuando se bebe en la botella o en el vaso, se juntan los labios y se oye un sonido muy curioso. Tal vez le sirva para escribir palabras nuevas. Que lo decida él”.

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El País de las letras CUENTO 17. LA REINA Y (Isabel) Cada vez que los niños preguntaban por su madre, el rey U les decía que estaba de viaje. A veces, Ana o Epi o cualquiera de ellos decía: “mamá nos ha abandonado” o “no vuelve porque ya no nos quiere” o “¿no será que mamá se ha muerto?” Los niños ya no sabían qué pensar. Así que un día, el rey U reunió a todos sus hijos, les pidió que se sentaran en el suelo a su alrededor y les habló de la siguiente manera: - Hijos míos, es necesario que sepáis la verdad. Nunca os he engañado. Vuestra madre está lejos, pero no puede regresar porque todos nosotros corremos un grave peligro. Os contaré mi historia. “Cuando yo era un joven príncipe, mi padre, el rey, había decidido por mí con quién tenía que casarme. Era una princesa del país que está más allá de las montañas. Era muy guapa, pero orgullosa y egoísta. Y muchos decían que su madre era una verdadera bruja. Pero mi corazón ya no me pertenecía. En un viaje que yo había hecho a un lejano país llamado Grecia, había conocido a una joven buena y encantadora. Se llamaba Isabel. Supliqué a mi padre, el rey, que rompiera el compromiso con la hija de la bruja y que me permitiera casarme con Isabel. Después de mucho rogarle, mi padre consintió en ello. Pero la bruja montó en cólera y el día de nuestra boda se presentó en el castillo y nos lanzó una terrible maldición: que cuando Isabel tuviera su último hijo tendría que abandonar el castillo y el País de las Letras para vagar sola por el mundo. Si se acercaba a su marido o a sus hijos, éstos quedarían inmediatamente convertidos en estatua de sal. Y éste es el terrible secreto –terminó diciendo el rey U-. Vuestra madre nunca volverá”. - Pero, tiene que haber alguna solución, papá –dijo Óscar-. Todos los niños y niñas tienen derecho a estar con su madre. - Podemos preguntarle a Jaimito –dijo Ana -. Él siempre tiene ideas luminosas. Fueron todos al jardín y le contaron a Jaimito lo que sucedía. Inmediatamente se puso a pensar y al cabo de un rato tuvo una gran idea: - Es muy sencillo -dijo Jaimito–. Todo lo que hay que hacer es disfrazar a la reina. Con un traje parecido al mío nadie la reconocerá. - Pero si habla con nosotros, su voz la delatará –dijo el rey U-. - Pues tampoco es un problema, porque puede cambiar la voz. Escuchad: si la reina va sola puede hablar como siempre: “y”. Pero si habla con uno de vosotros tendrá que decir: ya, ye, yo, yi, yu, en vez de decir ia, ie, io, etc... Realmente Jaimito tiene ideas luminosas –pensó el sabio estudioso.- A nadie se le habría ocurrido una solución tan ingeniosa. Al fin puedo escribir “papá y mamá”, “niño y niña”, incluso “rey”, “ley”, muy”...

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El País de las letras CUENTO 18. LA MUDITA En una mansión de los alrededores del castillo del rey U vivía una hermosa joven que tenía un grave defecto: era una charlatana incorregible. Hablaba y hablaba sin parar durante todo el día. Se decía de ella que hablaba hasta por los codos. Y lo peor es que no permitía que por ningún motivo la interrumpieran mientras hablaba con sus amigos; si eso ocurría, montaba en cólera y despedía a gritos a sus criados. Como era rica y tenía criados, jamás se ocupaba de otra cosa más que de organizar fiestas y reuniones para estar rodeada de gente con las que charlar. A veces, cuando sus invitados, hartos de escucharla y mareados, se marchaban a sus casas y la dejaban sola, ella se ponía delante de un espejo y continuaba hablando consigo misma. Un día frío de invierno, mientras la joven y sus amigos charlaban confortablemente alrededor de la chimenea, llegó una viejecita temblorosa pidiendo comida y que la dejaran calentarse un poco. Al criado que le abrió le dio lastima y la dejó pasar. La niña, al sentirse interrumpida por aquella vieja de aspecto feo y desagradable, enfurecida, mandó que la echaran a la calle. En ese instante, la viejecita se desprendió de sus harapos y quedó convertida en una hermosa hada. La joven y sus amigos se quedaron mudos de asombro. Entonces, el hada le dijo a la niña: - “Algún día descubrirás que la verdadera belleza se encuentra en el interior y, entonces, podrás hacer algo por los demás. Mientras tanto perderás el don que más aprecias en ti misma: tu voz”. Y diciendo estas palabras, el hada desapareció. La niña intentó gritar, pero ningún sonido salió de su boca. Desesperada salió corriendo para tratar de dar alcance al hada, pero todo fue inútil; había desaparecido entre las sombras de la noche. Siguió corriendo sin saber por dónde, hasta que, desfallecida, cayó sobre la nieve y lloró amargamente. A la mañana siguiente, muy temprano, Óscar fue al bosque a dar de comer a los animales y allí encontró a la joven, medio helada, al abrigo de unos arbustos. Se la llevó al castillo donde, después de recuperarse, pudo contar por señas lo que había sucedido. Enseguida el rey U mandó venir al mago Bartolo para que la curara. El mago Bartolo, después de reconocerla, declaró que él podía curar los males del cuerpo, pero no los del alma, que la magia del hada era muy superior a la suya y que sólo ella podría devolverle el habla. Y aquella joven, a la que desde entonces llamaron “mudita”, decidió quedarse a vivir en el castillo, aunque sólo fuera por hacerle compañía al rey U y a sus hijos. El sabio estudioso pensó que aquella joven tan hermosa podía hacer que muchas palabras parecieran también mucho más hermosas. ¿Queréis ver cómo la dibujó? Cuando la veáis, poned vuestra mano en la boca, porque ya sabéis que no puede hablar... ¿hasta cuando?

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El País de las letras CUENTO 19. LA CULEBRA CUQUI (I) El rey U era muy madrugador. Le gustaba levantarse temprano y dar un largo paseo por los jardines, o por los bosques que rodeaban el castillo, antes de ponerse a trabajar. Era un día frío de invierno. Había estado nevando durante la noche y, cuando amaneció, todo el paisaje apareció blanco, cubierto por una densa capa de nieve. Los animales se habían refugiado en las cuevas, en las madrigueras o en los troncos huecos de los árboles. El rey U caminaba absorto en sus pensamientos cuando, de pronto, distinguió sobre la nieve algo así como una cuerda enrollada. Al tirar de ella descubrió que era una pequeña serpiente, mejor dicho era una culebra que por algún motivo no había podido refugiarse de la nevada. Era una culebra preciosa e inofensiva. Su cuerpo, cubierto de escamas, relucía con reflejos metálicos rojos, amarillos y grises. Con todo cuidado el rey U recogió la culebra y regresó al castillo. Cuando el rey llegó Ana y Oscar ya se habían levantado. Cogieron la culebra y la colocaron en una caja de zapatos junto a la chimenea. Poco después, con el calor, la culebra empezó a recuperarse. Ana y Oscar la curaron y le dieron de comer y, poco a poco, gracias a sus caricias y cuidados, la culebra se fue acostumbrando a estar con los niños e incluso aprendió a jugar con ellos al escondite y al coger. Cuando Epi e Inés se levantaron también quisieron jugar con la culebra, pero ellos jugaron a pisarle el rabo, a darle patadas y a otras cosas que es mejor no decir. Y claro, la culebra se defendía. Por eso, cuando Inés le metió el dedo en la boca, le dio un buen mordisco. Por cierto, a ver si vosotros sabéis cómo hacen los animales: (Juego de onomatopeya). El perro hace... El gato hace... (el burro, el pato, el lobo, el gallo, la vaca, etc.) ¿Quién sabe cómo hacen las culebras? Seguro que a vosotros os da tanto miedo que nunca os habéis acercado a oírlas, ¿no? Yo os lo voy a decir. Escuchad atentamente y espero que guardéis el secreto: -Cuando las culebras están contentas hacen: k...k...k... -Pero cuando están enfadadas hacen: z...z...z... Así que cuando Cuqui, que es como le pusieron los niños a la culebra, estaban con Ana, Oscar o el rey U, que eran sus amigos, se oía “ca”, “co”, “cu”. Pero cuando estaba con Epi o Inés, que sus gamberradas la hacían enfadar, se oía “ce”, “ci”. ¿Queréis ver cómo dibujó el sabio estudioso a Cuqui? Mientras ocurrían estas cosas el sabio estudioso pensaba: Es curioso, la mudita y Cuqui han estado a punto de morir de la misma forma. ¿Existirá alguna relación entre ellas?

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El País de las letras CUENTO 20. LA CULEBRA CUQUI (II) Así pues, la culebra Cuqui se había convertido prácticamente en un animal doméstico que vivía feliz en el castillo con sus amigos Ana, Óscar y el rey U. Y además su presencia era muy útil, ya que mantenía alejados a las cucarachas, a las moscas y a los mosquitos, de los cuales era una experta cazadora. Pero Epi e Inés cada día trataban peor a la culebra y por eso ésta iba volviéndose cada día más agresiva con ellos. ¿Os acordáis que un día mordió a Inés en el dedo? Pues otro día, cuando Epi fue a pisarle, Cuqui se le enredó en el pie, tiró de él y lo hizo caer al suelo, dándose un buen batacazo. En otra ocasión, Epi e Inés la metieron en una tinaja de agua y la taparon. La pobre culebra estuvo a punto de perecer ahogada de no ser por Óscar, que pasaba por allí y la rescató. Por este motivo el rey U prohibió terminantemente a Epi e Inés, no sólo que jugaran con la culebra, sino que se acercaran a ella. Un día Cuqui desapareció y durante dos o tres días no dio señales de vida. El rey U, preocupado, llamó a Epi y a Inés y les preguntó si le habían hecho algo a la culebra. Entonces se pusieron a llorar, diciendo que a ellos siempre les echaban la culpa de todo. - Bueno –dijo el rey U-. Dejad de llorar y ayudad a vuestros hermanos a buscarla. La buscaron por todos sitios y, cuando ya se daban por vencidos, Óscar descubrió en el jardín, bajo un rosal, la piel de una culebra. Todos pensaban lo peor cuando, de pronto, apareció Cuqui con su nueva y radiante piel. Aunque los niños lo ignoraban, Cuqui, como todas las serpientes, cambiaba de camisa cada temporada. - ¿Ves, papá? Nosotros no éramos los responsables –dijo Inés. - Por favor, déjanos jugar con ella –suplicó Epi. - Bueno –concedió el rey U-. Os dejaré jugar con ella con una condición: que lo hagáis en mi presencia. Además, para que Cuqui no se vaya, permanecerá atada con una cuerda. De esta forma, estando yo delante, ni vosotros os atreveréis a hacerle nada, ni Cuqui os atacará a vosotros. Y como yo estoy tan ocupado con los asuntos del reino os prometo que no hablaré, que no diré nada. Será como si no estuviera. - Pero, papá... - Nada. Es mi última palabra. Ahora procura no hacerme enfadar. Cuando el sabio estudioso vio que Cuqui jugaba con Epi e Inés delante del rey, respiró aliviado. Por fin podría escribir palabras con que o qui, como queso, quilo, vaquita o querido.

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El País de las letras CUENTO 21. EN BUSCA DEL FUEGO Para cuidar el jardín del palacio, Jaimito, el payaso jardinero, tenía un ayudante. Se llamaba Felipe y era un chico alegre y risueño, tan fuerte que podía arrancar las malas hierbas sin más ayuda que sus manos y tan alto que no necesitaba escalera ni para alcanzar las ramas más altas. Felipe ayudaba a Jaimito a remover la tierra, a desmarojar, a regar las plantas y a echarles abono o estiércol para que crecieran fuertes y sanas. A veces, Ana y sus hermanos e incluso el rey U, cuando sus obligaciones reales lo permitían, bajaban al jardín a echarle una mano. Aquel era un día de otoño muy frío. Jaimito y Felipe estaban muy cansados porque habían estado podando las ramas muertas y además, parecía que todos los árboles se habían puesto de acuerdo para dejar caer sus hojas al mismo tiempo. Así que todo el suelo se hallaba cubierto de ramas y hojas secas marrones, ocres y amarillas. Todos colaboraban recogiendo leña y hojas secas. Epi e Inés, como siempre, no trabajaban y como hacía tanto frío, no dejaban de tiritar. Entonces el rey U le pidió a Felipe que encendiera un fuego con un montón de leña y hojas secas para que se calentaran. Felipe cogió dos piedras, las frotó fuertemente y de ellas salieron chispas que prendieron en el pasto seco con una tímida llama. Después se agachó y cerrando los labios, sopló sobre la llamita y enseguida tuvieron un hermoso fuego. A ver si vosotros sois capaces de hacerlo como Felipe: juntad los labios, morded un poco el labio inferior y soplad así: fff... Epi e Inés se sentaron a calentarse, pero al poco rato se pusieron a jugar con el fuego. Inés cogió una ramita ardiendo y se quemó la mano con ella. Al soltarla cayó sobre las hojas y las ramas secas que por allí había y en un instante el fuego empezó a extenderse por todo el jardín. Jaimito y Felipe al ver el fuego salieron corriendo, cogieron las mangueras de riego y, con ayuda de la gente que acudía a ver el incendio, lograron apagarlo. El rey U se quedó sorprendido por la rapidez con que había sucedido todo. - Si en vez de ocurrir en el jardín del palacio hubiese ocurrido en el bosque, a estas alturas todo el País de las Letras estaría en llamas –pensó el rey U. (Advertir a los niños del peligro del fuego.) Así que, después de castigar a Epi y a Inés, el rey reunió a sus consejeros y tomaron las siguientes decisiones: 1. A partir de hoy estará prohibido: -Fumar, porque la gente puede tirar las colillas encendidas y provocar incendio. -Tirar cristales, porque el sol se refleja en ellos y puede encender las hojas secas. -Arrojar papeles y basuras en el bosque. -Dejar que los niños y las niñas jueguen con el fuego. 2. Nombrar a Felipe “Encendedor Oficial de Fuegos del Reino”. Sólo bajo su autorización y vigilancia se podrá encender fuegos en todos el país. - Tienes que conocer a Felipe y ver cómo enciende el fuego. –dijo Ana al sabio estudioso-. El sonido es muy fffino.

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El País de las letras CUENTO 22. EL ENCUENTRO La culebra Cuqui le temía tanto a Epi e Inés que, con sólo oirlos, corría a esconderse en cualquier sitio, buscando siempre la ayuda del rey U. Unas veces lo conseguía y otras veces, no. Un día, buscando un escondite, la culebra llegó a un salón muy bien decorado con cuadros de grandes pintores, muebles de madera noble y objetos preciosos. Allí, sentada en un sillón, vio a una hermosa joven. La culebra nunca la había visto, pero le pareció la joven más bonita del mundo. Le resultó raro que, siendo tan hermosa, estuviera tan triste y, poco a poco, se acercó sigilosamente, como sólo las serpientes saben hacerlo, y se puso delante de ella. La muchacha se asustó un poco, pero la culebra levantó su cabeza y trató de hacer un movimiento que pareciera gracioso. Y causó efecto, porque entonces la chica sonrió y perdió totalmente el miedo. Hasta el punto de que cogió a Cuqui en sus brazos y empezó a acariciarla. ¿A que no adivináis quién era aquella chica tan guapa? ... Pues sí. Habéis adivinado en seguida que se trataba de la mudita. Pues bien, Cuqui y la mudita se sentían tan a gusto en aquel precioso salón que empezaron a jugar y a hacerse cosquillas. Una de las veces la culebra le hizo cosquillas a la mudita en la nariz con su rabito y la hizo estornudar. -¡Ch...! –dijo la mudita, llevándose la mano a la boca. En ese momento el rey U y sus hijos entraban en el salón y se miraron asombrados unos a otros. ¡Por fin la mudita, desde que el hada la hechizó, había podido articular un sonido! Así que todos corrieron hacia ella para felicitarla y, después, se pusieron a charlar animadamente entre ellos. Estaban todos tan contentos que no advirtieron que, oculto tras una cortina, alguien los había estado observando. El sabio estudioso sonreía para sus adentros pensando. “¡Qué sorpresa se llevarán todos cuando se vean dibujados charlando entre ellos!” A partir de aquel afortunado encuentro la mudita dejó de estar triste. Había recuperado la sonrisa, porque ya sabía que, al menos, con ayuda de la culebra, podía hablar como lo hacían todos los personajes en el País de las Letras.

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El País de las letras CUENTO 23. EL RAYO LÁSER: Z Aquel fue uno de los inviernos más duros que se vivió en el País de las Letras. A los fríos producidos por las fuertes nevadas les siguió una grave epidemia de gripe, que afectó tanto a las personas como a los animales; aunque los síntomas de la enfermedad fueron diferentes para unos y otros. Las personas sufrían dolores de cabeza, fiebre y malestar general; los animales, en cambio, se volvían violentos y agresivos. En el castillo, gracias a las previsiones del mago Bartolo, que había preparado una vacuna, la gripe sólo afectó a Epi e Inés, porque, cuando hubo que pincharles, se escondieron y no hubo manera de encontrarlos por ningún sitio. Así que, pocos días después, cayeron enfermos y tuvieron que guardar cama aquejados de fiebre y mareos. -No hay mal que por bien no venga- dijo el rey U –. Al menos, en el castillo, todos estaremos tranquilos unos días. Pero enseguida empezaron a llegar al castillo noticias alarmantes y quejas de los habitantes del país acerca de los animales enfermos, que peleaban entre ellos, atacaban a las personas y a los rebaños de ovejas, etc. El rey U reunió a sus consejeros y les expuso el problema. Y todos estuvieron de acuerdo en que había que hacer algo lo antes posible. El mago Bartolo dijo que la única solución era administrar a los animales una medicina que él había fabricado. La única dificultad consistía en cómo acercarse a unos animales furiosos sin correr peligro. -Ése no será ningún problema- dijo Jaimito -. Además de la escopeta que cuenta chistes, he inventado un arma que dispara un rayo láser llamado zeta que hace que los animales caigan en un profundo sueño sin que les cause daño alguno. De esta manera, mientras los animales están dormidos, el mago Bartolo puede inyectarles su vacuna. Cuando se despierten estarán curados. Así que al día siguiente se organizó una expedición para vacunar a todos los animales enfermos. Aunque muchas personas se ofrecieron voluntarias, el rey U dijo que él, personalmente, con ayuda de Ana y Óscar, se encargaría de ir durmiendo a los animales. Mientras, Bartolo y Jaimito los irían vacunando. Epi e Inés, que ya estaban un poco mejor, también querían ir en la expedición, pero el rey U se negó rotundamente. En primer lugar porque aún debían guardar cama unos días más; en segundo lugar porque dejar que Inés y Epi usaran aquel arma sería una grave irresponsabilidad; podrían disparar a cualquier miembro de la expedición dejándolo indefenso frente a animales furiosos. Por mucho que Epi e Inés lloraron y patalearon el rey U no cedió y no les permitió que participaran en aquella peligrosa actividad. La expedición fue todo un éxito y, cuando regresaron al castillo, el primero en felicitarlos fue el sabio estudioso. Ahora fijaos bien cómo sonaba el rayo láser cuando el rey U, Ana u Óscar disparaban y cómo los dibujo el sabio estudioso.

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El País de las letras CUENTO 24. EL GATO (I) En el País de las Letras existía toda clase de animales, tanto domésticos como salvajes, pero no había gatos. Así que cuando Jaimito trajo el suyo, todo el mundo se quedó encantado con aquel animal tan bonito. Y es que el gato de Jaimito era, en verdad, precioso. Tenía unos bigotes finos, los ojos verdes, tan grandes que incluso le permitían ver en la oscuridad, y una cola larguísima; su cuerpo era de color amarillo con rayas anaranjadas. Andaba sigilosamente y sus dedos tenían garras con uñas bien afiladas. Cuando cazaba acechaba a sus presas agazapado y, por sorpresa, saltaba sobre ellas, clavándoles las uñas. En el jardín era muy útil, porque cazaba pequeños roedores, lagartijas, gusanos y algún que otro insecto de los que devoran las plantas. Todos los niños y niñas conocen a los gatos y saben qué sonido hacen, ¿verdad? Pues... “miau”. Pero eso es solamente cuando están subidos en un tejado o cuando les piden comida a sus amos. Seguro que no sabéis cómo hacen los gatos cuando ronronean y refriegan el lomo y la cola por las piernas de sus amigos. Fijaos bien, hacen g, g,... (sonido gutural). El gato estaba casi siempre en el jardín con su amo y como Ana y Oscar ayudaban a Jaimito con frecuencia, enseguida se hicieron amigos suyo. En cuanto el gato los veía venir se acercaba a ellos ronroneando, porque siempre le traían su comida favorita: espina de pescado y leche calentita con galletas. Al rey U también le encantaba el gato y a veces lo cogía en brazos y se lo llevaba al salón del trono y acariciaba su pelo suave y sedoso mientras recibía a los ciudadanos. El pelo del gato le recordaba al rey el cabello de su amada Isabel y entonces sentía nostalgia y la echaba de menos. A veces dejaba caer alguna lágrima. Muchos días Epi e Inés bajaban al jardín a jugar y buscaban al gato, aunque os podéis imaginar para qué, para hacerle rabiar, tirándole del bigote, pisándole el rabo, etc. Incluso, Epi un día cogió un cubo de agua y puso al pobre gatito como una sopa. Y como todo el mundo sabe, los gatos, aunque son muy aseados, odian el agua. Por eso en cuanto Epi e Inés se acercaban, el gato se defendía de la única forma que sabía: tratar de arañarlos mostrando sus garras y haciendo g, g,...(sonido fricativo). Pasaba como con la serpiente: el rey U tuvo que prohibir que Epi e Inés jugaran con el gato excepto si él estaba presente. El rey U no decía nada, pero el gato sabía que podía contar con él y se tranquilizaba, volviendo a ronronear. -¡Qué lío!- pensó el sabio estudioso-. Cuando el gato está enfadado con Epi o con Inés hace exactamente el mismo sonido que Jaimito cuando habla. Muchos niños los confundirán a los dos.

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El País de las letras CUENTO 25. EL GATO (II) El gato de Jaimito era un animal alegre, simpático y muy juguetón. Sobre todo, le gustaba jugar con un ovillo de lana, corriendo tras él y haciendo divertidas piruetas. Y era tan aseado que se pasaba mucho rato al sol, lamiéndose el pelo y los bigotes, que es la forma que tienen los gatos de ponerse guapos. Un día a Epi se le ocurrió la gracia de coger unas tijeras y cortarle el bigote al pobre gatito. Pero se llevó su merecido, porque el gato se revolvió y le propinó un tremendo arañazo que le cruzó la cara. Como Epi era tan presumido y no quería que lo vieran con la cara desfigurada, estuvo sin salir de su cuarto varios días. Cada vez que Inés y Epi salían al jardín se dedicaban a maltratar y perseguir al gato. No lo dejaban tranquilo para cazar ni para tomar su leche con galletas. Y para colmo, pisoteaban todas las plantas corriendo tras él. Así que Jaimito fue a quejarse al rey y a anunciarle que si Epi e Inés continuaban haciéndole la vida imposible al gato, no tendría más remedio que abandonar el País de las Letras. Como el rey no estaba dispuesto a perder a su mejor amigo, decidió prohibir a Epi e Inés que se acercaran al gato. A partir de aquel día el gato empezó a cambiar; dedicaba mucho más tiempo a su aseo, dejó de jugar y engordó un poco. A veces desaparecía durante varios días. Un día Óscar lo vio entrar en un cuarto del castillo, entró tras él y no lo encontró allí. Parecía que se lo había tragado la tierra. Llamó al rey U y a Ana y se pusieron a investigar la desaparición del gato. De pronto, en la pared se abrió una puertecita. -¡Mira papá!- dijo Ana -. Es un pasadizo secreto. Todo estaba muy oscuro y lleno de telarañas. Cogieron una tea encendida y enseguida vieron las huellas del gato sobre el suelo húmedo. Siguiendo las huellas recorrieron el larguísimo pasadizo y al salir se hallaron en medio del bosque. Al poco, oyeron ronronear al gato y entonces, bajo un arbusto, lo encontraron ¡con cinco gatitos! ¡Qué sorpresa! Resulta que el gato de Jaimito no era gato, sino... -¿Qué animal es? Tiene ojos de gato, orejas de gato, cuerpo de gato y no es gato. -Pues, la gata. Unos días después Inés le dijo a su padre: -Papá, dice Jaimito que si nos portamos bien con la gata y tú nos perdonas, nos regalará un gatito a cada uno. ¿Podemos venir Epi y yo a jugar con ella delante de ti para que veas que cumplimos nuestra palabra? -Está bien- dijo el rey U -. Yo estaré delante sin decir ni media palabra, mientras vosotros jugáis. Pero algunas veces no tendré más remedio que hablar. En ese caso, levantaré las manos y podremos hablar juntos. El sabio estudioso vio que la gata jugaba con Epi e Inés delante del rey y respiró aliviado, porque por fin podría escribir palabras con gue – gui, como guerra, guita, y águila. Y cuando el rey U levantaba las manos y hablaba, el sabio estudioso decidió que dibujaría dos puntos sobre él. -Espero que los niños de primero se den cuenta y digan: güe, güi.

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El País de las letras CUENTO 26. EL GALLO KIRICO Un día de primavera Ana y sus hermanos se hallaban en el jardín. Las plantas lucían sus colores más bellos y estaba todo tan cuidado que apenas había trabajo. Los niños se aburrían y entonces le pidieron a Jaimito que les contara un cuento divertido, como sólo él sabía hacerlo. -Está bien- dijo Jaimito -. Os contaré el cuento del gallo Kirico. “El gallo Kirico vivía en una granja y un día recibió una invitación para ir a la boda de su tío Perico, que vivía en otra granja más lejana. Así que, muy aseado y muy bien vestido, se puso en camino. De pronto, en medio del camino, se encontró con una caca de vaca llenita de granos de trigo. Llevaba tanta hambre que se dijo: -¿Pico o no pico? Si pico me ensucio el pico y no podré ir a la boda de mi tío Perico. Pero si no pico, me muero de hambre y para otro el trigo. Total, que no pudo resistir la tentación y picó, pero se puso el pico hecho un asco. Muy preocupado, el gallo Kirico siguió andando y llegó a un prado donde encontró una malva, y el gallo le dijo: -Malva, malvita, límpiame el pico, que voy a la boda del tío Perico. -No quiero- dijo la malva -. No haberte ensuciado. Y el gallo Kirico, muy enojado, siguió su camino y se encontró a una oveja en otro prado. -Oveja, ovejita, cómete a la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico. -No quiero- dijo la oveja -. No haberte ensuciado. Y el gallo Kirico, muy enfadado, anduvo y anduvo hasta encontrarse a un lobo que estaba muy flaco. -Lobo, lobito, cómete la oveja, que no quiso comerse a la malva que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico. -No quiero- dijo el lobo -. No haberte ensuciado. Y el gallo Kirico, muy malhumorado, siguió su camino y se encontró... (Se encuentra, por este orden: un palo, una candela, un río y un burro.) -Burro, burrito, bébete el agua del río, que no quiso apagar la candela, que no quiso quemar el palo, que no quiso pegarle al lobo, que no quiso comerse a la oveja, que no quiso comerse a la malva, que no quiso...¿qué no quiso?... limpiarme el pico para ir a la boda... -¿Por dónde iba el gallo Kirico? -Por el burro. -¡Pues álzale el rabo y bésale el culo! El gallo Kirico se puso tan pesado con el burro, tirándole del rabo, que éste le pegó una patada y lo tiró al río. Cuando más tarde llegó a la granja con su pico limpio, pero todo empapado, no lo dejaron entrar. Y colorín, colorado...” -¡Qué cuento tan gracioso, Jaimito! ¿Crees que el sabio estudioso querrá dibujar al gallo Kirico? -Claro que sí. Sólo tenéis que decirle cómo hacía el gallo. Poned la mano abierta sobre la frente, como si fuera la cresta del gallo y... -¡Kíkiriki!

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El País de las letras CUENTO 27. LA GRAN INCÓGNITA Después del descubrimiento del pasadizo secreto, el rey U no sabía que decisión adoptar, si dejarlo como estaba o si mandaba taparlo. La verdad es que era muy útil para llegar rápidamente al bosque. El rey le pidió consejo a su amigo Jaimito que, en cuanto lo vio, tuvo una de sus ideas luminosas. La idea más luminosa que tuviera jamás. Consistía en que aquel pasadizo podría ser utilizado por la reina para entrar en el castillo sin que nadie, y especialmente la bruja malvada, se diera cuenta. Y así fue. A partir de aquel día, cada noche, la reina Isabel aparecía en el castillo. Abrazaba y besaba a sus hijos y a su marido y, a veces, lloraban de emoción y de alegría. Después, se ponían a charlar animadamente entre ellos, contándose una y mil cosas. Más tarde, cuando llegaba la hora de dormir, la reina los acompañaba a la cama, los tapaba y les daba un beso de despedida. Antes de que amaneciera la reina volvía a ponerse su disfraz y desaparecía por el pasadizo secreto. Un día el rey U y sus hijos estaban jugando con la culebra Cuqui al escondite. La culebra se quedaba y los niños corrían a esconderse en otras habitaciones. Ana salió corriendo y se metió en el cuarto del pasadizo y, ¡se encontró allí con la culebra! -No es posible, debo de estar soñando- dijo Ana -. Cuqui no puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Ana intentó acercarse a la culebra, pero ésta hizo un movimiento amenazador, levantándose del suelo con el cuello dilatado y los ojos inyectados en sangre. Abrió la boca y mostró sus colmillos afilados y su lengua bífida, dispuesta a lanzarse al ataque. Ana retrocedió asustada y lanzó un grito angustiado. En ese instante se abrió la puerta y otra culebra exactamente igual a la primera se abalanzó sobre aquella y ambas se enzarzaron en un terrible combate tratando de morderse una a otra, mientras rodaban por el suelo entrelazadas. Al grito de Ana acudieron el rey U, los niños y el sabio estudioso, que observaron asombrados la feroz escena que estaba desarrollándose en la habitación. Nadie se atrevía a hacer nada. Sin duda una de las serpientes era Cuqui, pero... ¿cuál? ¡Eran las dos tan parecidas!. La lucha era tan igualada que ninguna lograba vencer a la otra. Y así continuó hasta que ambas, extenuadas y con múltiples heridas por todo el cuerpo, quedaron tendidas en el suelo. Cuqui, haciendo un último esfuerzo, se arrastró hasta los pies de Ana, mientras la otra, la intrusa, logró a duras penas deslizarse hasta el pasadizo secreto por donde desapareció. -¡Bravo, Cuqui, le diste su merecido- dijo Óscar y, tomándola en sus brazos, se la llevó para que Bartolo la curara. -Parecían iguales, pero esa serpiente tiene los ojos rojos y es una de las más venenosas que existen. De no ser por Cuqui, Ana no podría contarlo en estos momentos. Y todos se sintieron conmovidos y notaron que las lágrimas afluían a sus ojos. Y el sabio estudioso decidió dibujar una letra nueva con las dos culebras luchando (la llamó equis) y convertirla en el símbolo del empate y de las cosas desconocidas.

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El País de las letras CUENTO 28. EL VENDEDOR DE KIWIS Un día el sabio estudioso se levantó más temprano que otros días y fue a pedir audiencia al rey. Había meditado tanto la decisión que iba a tomar que no había podido dormir en toda la noche. El rey U, como es natural, lo recibió enseguida. -Majestad- dijo el sabio estudioso-. Durante el tiempo que he permanecido entre vosotros, he conocido a vuestros hijos y las extraordinarias aventuras que os han sucedido. He aprendido cómo hablan los ciudadanos de este hermoso país y los he dibujado lo mejor que he podido. Y aunque me gustaría quedarme aquí para siempre, ya es hora de que regrese a mi país para que los niños y las niñas os conozcan. Los sonidos de vuestras voces y de vuestras aventuras han quedado dibujados en forma de letras y con ellas se escribirán miles y miles de cuentos maravillosos e historias fabulosas que todos los niños y niñas aprenderán a leer. -Tienes razón- dijo el rey U-. Los niños y niñas del mundo te estarán esperando impacientes. Puedes marcharte cuando quieras. Te echaremos de menos. Espero que vuelvas algún día. -Gracias, majestad. Partiré inmediatamente después de despedirme de los príncipes y de mis amigos. El sabio estudioso se despidió de todos los personajes que había conocido en el País de las Letras y el último a quien visitó fue a Jaimito. -No puedes irte todavía. Aún no conoces al primo extranjero de Bartolo. Se llama Willy y aunque nadie entiende lo que dice, debe ser muy gracioso porque se ríe solo. Viene al País de las Letras de vez en cuando porque es vendedor ambulante de kiwis. -¿De qué...?- preguntó el sabio. -De kiwis. Esa extraña fruta que, cuando alguien va al cuarto de baño y no puede... Tú ya me entiendes... Entonces, el mago Bartolo le receta que coma kiwis. Sí, sí, suelta mucho la barriga. -¿Y cuando vendrá? -Pues está al caer; aunque, a veces, lo acompaña su amigo Wally, se hartan de beber wisqui, se pierden y después no hay forma de encontrarlos en varios días. -Si es extranjero y habla tan raro que no lo entiende nadie, ¿para qué quieres que yo lo conozca? No tendrá utilidad alguna que lo dibuje. -Es inglés y he oído decir que en tu país, ¿España se llama?, los niños y las niñas en tercero tienen que aprenderlo; así que les puede resultar muy útil. -Bueno, bueno, pero... ¿cómo es? -¿Puede imaginarte al rey U con un bigote tan grande como el rabo de mi gato? Pues ponle una gran barriga y un delantal y ya está. Pero no se te ocurra dibujarlo junto al rey U (es un secreto) porque el rey no puede soportarlo. Le cae fatal. De esta manera Jaimito convenció al sabio estudioso de que aplazara su viaje unos días para que conociera a Willy, el vendedor de kiwis. ¿Queréis conocerlo vosotros para cuando estéis en tercero?

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