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Tierra y Territorio.

Una mirada desde el feminismo en diálogo con el movimiento


indígena
Panel: Tierra y Territorio, Miradas desde las mujeres

Martha Rico Llaque – Centro Flora Tristán


En primer lugar quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer a ActionAid y al
Colectivo Cabildeo por conceder al Centro Flora Tristán el placer de participar en este
Encuentro, que es una expresión de la diversidad de mujeres de América Latina, del
Sur, Centro y del Caribe, de sus subjetividades, afectos, saberes y expectativas. Estoy
segura que estos tres días de diálogos enriquecerán nuestro quehacer en la defensa y
reivindicación de nuestros derechos, desde el activismo, la investigación, la promoción
social, desde nuestros diversos espacios y campos, así como desde nuestra diversidad
de identidades como mujeres indígenas, afros, lesbianas, feministas, etc.
Espero poder contribuir desde las ideas que compartiré con ustedes a animar el
debate desde nuestra propia experiencia y posición, fruto de los intercambios que
hemos podido ir generando y participando en los últimos tiempos en torno a la tierra y
al territorio, de tal manera que podamos enriquecer nuestra reflexión, en especial para
continuar tendiendo puentes que nos permitan seguir avanzando en la ampliación de
los derechos de las mujeres.

Desde el feminismo en diálogo con el movimiento indígena


Desarrollar las temáticas de tierra y territorios desde el feminismo significa todo un
reto, en tanto si bien existe una gran reflexión y posición feminista en torno a la tierra,
desde la entrada del derecho a la propiedad para las mujeres. Las reflexiones en torno
al territorio se han venido dando recién en los últimos años, básicamente en diálogo
con los movimientos indígenas y campesino. Es justamente desde esta mirada
feminista en diálogo con los movimientos, desde la que me permito ubicarme para
desarrollar mi exposición. Considero que si estamos hablando desde nuestras voces y
andares es importante que podamos ubicar y ubicarnos como sujetas de la
enunciación.
Pero, ¿cuáles son los puentes o puntos de encuentro entre los feminismos y
movimientos indígenas?
Para empezar, y como ya se ha venido señalando desde ayer, tenemos en común el
combate al sistema neoliberal, que en el caso del feminismo va más allá. Busca generar
transformaciones de fondo, resaltando la necesidad de cambios a nivel estructural,
tanto en los imaginarios y los valores sentados en la cultura como a nivel normativo y
de las instituciones que los reproducen y legitiman. Asimismo, el feminismo demanda
el respeto a los derechos y propuestas desde los pueblos, las mujeres indígenas y
afroperuanas, las y los jóvenes, gays, lesbianas, etc.
Asimismo, tanto desde el movimiento indígena como desde las feministas se busca
reconocer y valorar la diversidad de voces e identidades. Desde un diálogo horizontal,
entre iguales, hacia la interculturalidad.

1
En este sentido, cobra importancia hablar tanto de la dimensión de redistribución
como de la de reconocimiento, que señala Fraser como parte de las reivindicaciones
de las mujeres, al mismo tiempo que apostar por la interseccionalidad, en el entendido
que no es suficiente ubicarnos sólo desde mirada de género ya que esta se hace más
rica en el cruce con otras dimensiones como raza y etnia entre otras.
El capitalismo refuerza el sistema patriarcal, naturaliza las desigualdades,
heteronormatiza e institucionaliza el control sobre los cuerpos de las mujeres,
invisibilizando su trabajo, excluyéndolas del acceso al poder e igualdad de
oportunidades. Frente a estas condiciones de exclusión y dominación, el feminismo
propicia el reconocimiento de la autonomía y las diversidades, la democracia, justicia
de género y participación activa de las mujeres en la economía, la vida pública y la
toma de decisiones.
El feminismo aspira a una democracia radical, que busca el respeto activo a la
diversidad, basada en la inclusión y la diversidad, revalorando las culturas y saberes.
La democracia radical que perseguimos las feministas, va más allá de la forma de
relacionarnos políticamente, implica justicia social, igualdad, y en este proceso dar voz
a quienes no la tienen, validar sus prácticas, las diversas ideas de bienestar, asimismo,
alimentar nuevas subjetividades, como señala Gina Vargas Valente (pág 52 Chacarera,
Nuevas Hegemonías y Democracia).
Por su parte, los movimientos indígenas buscan el Buen Vivir o Vivir Bien. Desde este
paradigma se trata de recuperar el sentido de la vida desde la diversidad de opciones
de pueblos y culturas injustamente forzados a luchar por un desarrollo impuesto en un
sistema global perverso, diseñado precisamente para impedirlo, como señala Patricio
Carpio.
Suma Qamaña en Aymara boliviano, significa “Vivir Bien”; Sumak Kawsay en quichua
ecuatoriano, significa “Buen Vivir”. La primera señala una vida buena, la segunda lo
entiende como sociedad buena para todos en armonía. Cabe señalar que hay voluntad
de los gobiernos de Ecuador y Bolivia por llevar el Buen Vivir a todas las esferas de la
vida, muestra de ello son las Constituciones de Ecuador y Bolivia, sosteniendo el
respeto a las diversidades y la convivencia armónica con la naturaleza afirmando, de
esta manera, el carácter holístico e integral de este proceso de cambio por la vida1.
Hablamos del Buen Vivir como un paradigma, en tanto tiene que ver con todos los
aspectos de la vida, no sólo con la defensa de la pachamama, madre tierra, sino con las
formas de vivir y relacionarnos entre nosotros/as mismos/as y con la madre tierra,
implicando cuestiones tan esenciales como el buen alimentarse, hasta el disfrute de la
vida y la capacidad de poder ser felices.
Las comunidades indígenas del AbyaYala 2 definen el concepto de Buen Vivir en
oposición al “Vivir Mejor” occidental, entendiendo el Buen Vivir como un modelo de
vida o de desarrollo más justo, sostenible y equitativo, que busca el equilibrio, una vida
digna y la felicidad de la población en armonía con la naturaleza. Cabe señalar que la

1
CARPIO, Patricio. http://alainet.org/active/24609&lang=es
2
Nombre dado al continente americano por la etnia Kuna de Panamá y Colombia antes de
la llegada de Cristóbal Colón y los europeos. Literalmente significaría tierra en plena madurez o tierra de
sangre vita. López Hernández, Miguel Ángel (2004).

2
propuesta del Buen Vivir se concibe desde la comunidad, siendo el eje central la vida y
el desarrollo equitativo, contraponiéndose claramente al carácter individualista del
capitalismo y la lógica de mercado.
Quienes persiguen el Buen Vivir lo entienden como el vivir en armonía o equilibrio con
la naturaleza como concepto básico de la vida.
Siguiendo con el diálogo y la reflexión, si bien es importante establecer las afinidades
con el Buen Vivir, al mismo tiempo resulta clave establecer los puntos de debate.
Siendo el eje central de la filosofía del Buen Vivir, el lograr la armonía con la
naturaleza y entre los seres humanos, reconociendo los derechos de la madre tierra, del
mismo modo que los derechos de los/as humanos/as, desde los feminismos
planteamos que no es posible hablar de armonía entre las personas y la naturaleza si
no existe equidad, inclusión y respeto a la diversidad.
De otro lado, es importante poner sobre la mesa los desacuerdos o temas álgidos para
el debate. Es así como planteamos nuestro cuestionamiento al chachawarmi, la
complementariedad, principio del Buen Vivir.
Superando el principio de autonomía del feminismo y el hecho de que tanto mujeres
como hombres somos seres completos, no podríamos hablar de complementariedad,
uno de los principios del Buen Vivir, si no se aclara y enfatiza la importancia de la
igualdad entre hombres y mujeres como requisito en la construcción de sociedades y
relaciones con justicia y equidad de género, no podremos avanzar en las conquistas de
las mujeres, resulta clave la paridad al hablar de complementariedad. Si hablamos de
complementariedad a secas, corremos el riesgo de referirnos a una
complementariedad desigual, lo que nos llevaría a seguir perpetuando relaciones de
dominación, donde lo femenino, entendido como dulzura, pasividad, reproducción y
espacio doméstico; estaría complementado por lo masculino, asociado al carácter
proveedor, racional, activo y vinculado a lo público.
En esta línea, desde el feminismo miramos con atención las comparaciones que se
establecen entre la mujer y la naturaleza, criticando el enfoque reduccionista que
limita a la mujer en su rol reproductivo y sobrevalora su dimensión de madre. La mujer
da vida, es reproductora de la especie, pero es mucho más que eso, es un ser
autónomo, creador y transmisor de cultura, con derecho a decidir y a que sus
decisiones sean respetadas.
De otro lado, de parte de algunos sectores del movimiento indígena desde la apuesta
por la descolonización del conocimiento, cuestionan el Género como un concepto
impuesto por occidente y por ser un proceso académico y social ajeno a su realidad,
sin embargo, no todos coinciden en desestimarlo por ser una categoría importada, son
muchas las mujeres y hombres desde el movimiento indígena que buscan entrar en
diálogo con esta categoría, que permite ver a la luz de las culturas las características y
roles diferenciados que se asigna en función al sexo y que en la práctica generan
sometimiento a las mujeres.
Asimismo, podemos encontrar otras dimensiones y campos que forman parte de las
reivindicaciones feministas y que pueden ayudarnos a seguir avanzando en el debate y
la reflexión como por ejemplo, la concepción de familia. ¿Qué se entiende por familia
desde los imaginarios indígenas? ¿Se alude a la familia tradicional? Asimismo, los

3
derechos sexuales y reproductivos y la diversidad sexual son temas a tratar en este
sentido.
Es así como uno de los desafíos consiste en identificar la diversidad de posiciones y
miradas ya definidas, pero también las que están en construcción, tanto desde el
feminismo como desde el movimiento indígena; explorando y tomando elementos
desde el feminismo comunitario, por ejemplo, que acoge el buen vivir y el principio de
complementariedad, pero desde la parida, su mirada a la tierra y el territorio, sus
reivindicaciones sobre la participación política efectiva de las mujeres en los espacios
de toma de decisión, las acciones frente al cambio climático y la definición del cuerpo
como sujeto político y, en este sentido, el respeto de la diversidad sexual y su
inclusión en los procesos que se vienen generando en Bolivia en el marco de las nueva
constitución.

Tierra y Territorio
Desde la cosmovisión indígena la tierra es el embrión que da origen a la existencia de
sus pueblos con culturas e identidad propia.
Para los andes americanos, la tierra es la pachamama, para los shuar es la “Nugkui”, la
tierra que nos permite la existencia. Para el mercado, el territorio adquiere
importancia monetaria y es negociable. Para los indígenas, adquiere importancia
espiritual y es sagrado.
Tierra y territorio son dos conceptos íntimamente relacionados. Por tierra se entiende
la base física y productiva de un territorio. Por territorio se entiende el conjunto de
relaciones y representaciones que se construyen a partir de la tierra. No es posible
construir un territorio sin una base material. (FAJARDO, Darío. Tierra, poder político y
reformas agraria y rural. Cuaderno Tierra y Justicia. Bogotá, 2002).
El concepto de territorio nos permite comprender las relaciones que construyen los
seres humanos entre sí y con todo el entorno con el que se encuentran presentes.
Los pueblos indígenas luego de cinco siglos de la colonia española, continúan
defendiendo su territorio, que significa más que los montañas, valles y ríos, es la
cultura y las relaciones que se dan en este contexto.
La tierra y el territorio son derechos fundamentales. Son de gran importancia para
nuestras sociedades, requieren de una protección especial por parte del Estado.

Contexto nacional peruano


Además de ubicar el lugar desde el cual desarrollamos nuestros discursos y
reivindicaciones, resulta clave darles un marco y contexto. En este sentido, deseo
compartir de manera muy general lo que está sucediendo en el Perú y las tensiones y
conflictos que se vienen dando en nuestro país, debido a la falta de diálogo del
gobierno actual, con claros intereses por favorecer a las grandes transnacionales en
detrimento de los pueblos.
El gobierno peruano ha venido realizando en los últimos años la construcción de
enormes obras de infraestructura por todo el territorio nacional. Represas en la selva,

4
irrigaciones en la costa y carreteras que nos unen con Brasil, generan un aparente
entusiasmo de la gente, pero muy pocos/as se preguntan cuáles son los reales
impactos económicos y sociales que estas generan. Las empresas y consorcios
formados para emprender la construcción de estos proyectos dan la imagen de
generar empleo y desarrollo por donde pasan, invisibilizándose en muchos casos
deterioros de dinámicas ambientales, sociales, comerciales y económicas.
Complejos hidroeléctricos, gasoductos y producción de agrocombustibles al norte del
país, frente a lo cual no existen mecanismos reales de consulta. Si bien existen algunas
empresas que hacen talleres informativos o asambleas con las comunidades, estos
muchas veces son controlados y manejados por las consultoras contratadas y donde
simplemente la población opina, habla o pide cosas. En general, desde el lado de las
empresas y del gobierno no se da impulso a la participación y consulta.
En lo que respecta a la tierra en este contexto, resulta que los términos de la
negociación siempre son asimétricos. La empresa normalmente aprovecha el hecho de
que no se cuenta con un mercado de tierras organizado, los criterios muy arbitrarios y
que siempre terminan perjudicando al/la poblador/a, al/la comunero/a, al/la indígena
o al/la campesino/a que se ve afectado/a y que tiene como únicas alternativas,
desplazarse o convivir con el proyecto. Se cumple con la ley, pero las poblaciones no
cuentan con toda la información como para poder tomar una decisión, en contra de lo
establecido por convenio 169 de la OIT.
Estas imposiciones, generadas por un gobierno al servicio de las grandes
transnacionales y grupos de poder, está trayendo consigo el levantamiento de las
poblaciones indígenas y amazónicas. Según se desprende de los informes de la
Defensoría del Pueblo3, los conflictos socioambientales constituían el 19% del total en
el 2006 y este año bordean el 50%.
Frente a lo cual el poder central responde a esta realidad mediante estrategias
represivas o de estigmatización de los manifestantes, pero no se avizoran soluciones
democráticas que enfrenten las raíces de los conflictos.
Parte del problema es nuestra dependencia como país de la economía extractiva, que
lejos de contraerse se amplía a nuevos escenarios4 y a nuevas actividades; afectando
primordialmente a pueblos indígenas andinos o amazónicos.

TIERRA
Finalmente quisiera desarrollar con un poco más el tema específico de la tierra, unido
al trabajo que desarrollamos en Flora Tristán.
La gran referencia bibliográfica sobre el tema del acceso a la tierra para las mujeres
sigue siendo Carmen Diana Deere y Magdalena León, como pudimos escuchar en
algunas de las ponencias de ayer, siendo un reto que nos planteamos el generar
nuevas investigaciones al respecto.

3Informe sobre Conflictos Sociales junio 2008 –junio 2009.


4Solo en 20 años la gran minería se ha expandido a nuevas regiones como Cajamarca, Piura, Apurímac, Cusco, e incluso hoy
existen concesiones en la amazonia norte.

5
Desde el feminismo el tema del acceso y control de las mujeres a la tierra, va más allá
de los argumentos productivos y de generación de ingresos, implica ver cómo el título
de propiedad y la capacidad de tomar decisiones repercute en la autoestima y
empoderamiento de las mujeres, expresado en su poder de negociación tanto al
interior del hogar como en los espacios de toma de decisiones.
La propiedad de la tierra para las mujeres va vinculada al acceso al agua y al crédito, a
los derechos económicos, sociales y culturales, al ejercicio de la ciudadanía de las
mujeres. Asimismo, resulta fundamental para la seguridad y soberanía alimentaria, en
la cual las mujeres rurales juegan un rol fundamental.
A cuarenta años de la reforma agraria, a pesar de los instrumentos legales que otorgan
en la forma la igualdad, las mujeres en la práctica sin poder acceder a una igualdad real
en el acceso y control. Las cifras oficiales nos señalan que 20.3% de las productoras
rurales son mujeres. Asimismo, que sólo el 4.7% de las productoras rurales cuenta un
título de propiedad debidamente registrado.
En este sentido, resulta clave sumar esfuerzos y plantear iniciativas desde diversos
frentes, como es la sociedad civil organizada, las asociaciones, gremios, las ONGs, etc.
Es así como desde Flora podemos mencionar la iniciativa por la equidad en la titulación
para hombres y mujeres a partir de la campaña “Por una titulación de tierras con
equidad“ en donde se elaboró un proyecto de norma del procedimiento administrativo
a -”Directiva para el proceso de titulación y saneamiento de la propiedad rural”, cuyo
objetivo era “…garantizar el respeto y la vigencia de los derechos de posesión y de
propiedad de los titulares, especialmente de las mujeres, en la implementación del
proceso de regularización, catastro y registro de la propiedad inmobiliaria agraria”
(Fernández y otros, 2000, p.19). Ese proyecto de directiva contemplaba no sólo a las
personas en uniones formales, sino aquellos predios de las uniones de hecho, de
mujeres solteras y de las viudas. Proyecto que fue presentado en el 2000 y acogido por
Proyecto Especial de Titulación de Tierras y Catastro Rural –PETT, creado en 1992
como órgano encargado por la formalización y el saneamiento de la propiedad rural.
Lamentablemente debido a los cambios de personal y la falta de seguimiento no se
formalizó la iniciativa como parte de los instructivos.
Lo que tenemos son avances en la copropiedad, lo cual no significa un logro del todo,
en tanto el derecho independiente como señala Deere es preferible a la titulación
conjunta con el marido por razones como que para la mujer puede ser una dificultad
tener el control sobre su parte si caso de disolverse el matrimonio, asimismo, porque
la mujer estaría en posición menos favorable para escapar a una situación de violencia.
En el proceso de trabajo y reflexión que desarrollamos desde Flora sobre el acceso de
las mujeres a la tierra y la propiedad, hemos ido identificando algunas barreas
significativas, como es la indocumentación, en especial de mujeres analfabetas,
quechuahablantes. Nos referimos a los miles de mujeres que no cuentan con el
Documento Nacional de Identidad – DNI, a ningún otro documento e incluso cuyos
nacimientos no han sido inscritos en registros públicos. El Documento Nacional de
Identidad cobra importancia para el acceso a la propiedad de la tierra, para el acceso a
otros recursos, así como para poder registrar a los hijos/as, acceder a servicios de
salud, al crédito. En suma, resulta fundamental para la exigencia en la cadena derechos
y para el ejercicio de la ciudadanía.

6
Según cifras del último Censo de Población 2007, dentro de la población mayor de 18
años a nivel nacional, un 2.9% de los hombres y 3.6% de las mujeres no cuenta con
DNI, aumentando el dato en las zonas rurales, a 6.4% frente a 2.4% del área rural.
En las zonas rurales, el 7.7.% de las mujeres y el 5.1% de los hombres no tienen DNI.
Siendo las regiones de la amazonia donde se encuentran los más altos porcentajes de
indocumentación. Amazonas 9.4% y Loreto con 8.7%.
Es así como el acceso a la tierra forma parte no solamente de las reivindicaciones
indígenas y campesinas, sino que también entra a tallar como parte de la agenda
feminista, tomando en cuenta la dimensión que cobra como parte no sólo de los
derechos productivos y económicos de las mujeres en enfrentar al fenómeno de
feminización de la pobreza, sino también por las posibilidades que abre a la autonomía
y empoderamiento de las mujeres, lo que coadyuva a visibilizar el rol de las mujeres en
la economía familiar, así como su rol como su rol activo en los procesos de desarrollo
local y regional.
En este sentido, desde los movimientos feministas, de mujeres, campesinas e
indígenas en el Perú, venimos trabajando de manera conjunta por la ampliación de los
derechos de las mujeres.
Como señala Gina Vargas, para la articulación de una contrahegemonía deviene
imprescindible la participación de los diferentes colectivos, actores y movimientos
sociales que están cuestionando, desde diferentes perspectivas la hegemonía
dominante.
El intercambio y las múltiples miradas desde el feminismo y los movimientos, entre
ellos el indígena, confiere nuevos significados lo que implica de alguna manera
cuestionar el sistema de opresión, desde sus múltiples manifestaciones e
institucionalidad.
Como cierre
Para concluir, quisiera mencionar algunos retos y puntos para la reflexión.
Se requiere contar con información estadística desagregada por sexo que ayude a
profundizar la reflexión, así como a generar propuestas para el acceso de las mujeres a
la tierra.
Continuar con los diálogos y encuentros que nos fortalezcan desde nuestra diversidad,
avanzando en la reflexión sobre descolonización, complementaridad,
plurinacionalidad, etc.
Asimismo, continuar reflexionando y cuestionando en base a falsas dicotomías, como
naturaleza/cultura, por ejemplo.
Generar y transmitir valores y formas de actuar desde las mujeres, politizando el
cuerpo como territorio político y desarrollando nuevas maneras de ejercer el poder y
los liderazgos.
Finalmente, plantear algunas preguntas para continuar con la reflexión: ¿Cómo
articular la lucha de las mujeres indígenas y feministas desde nuestras identidades y
agendas? ¿Qué estrategias definimos para articularnos a los procesos ya en curso
relacionados a nuestros recursos, en especial sobre la tierra y el territorio?