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Plaza Murillo

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PLAZA MURILLO

Retorno de los héroes de la Guerra del Acre - Plaza 16 de Julio, 1903

GOBIERNO AUTÓNOMO MUNICIPAL DE LA PAZ Dr. Luis Revilla Herrero Alcalde Municipal de La Paz Walter Gómez Méndez Oficial Mayor de Culturas Arq. Ximena M. Pacheco Mercado Directora de Patrimonio Cultural Arq. Patricia T. Vásquez Aguilera Jefa de Unidad de Patrimonio Material y Natural Revisión de edición: Pedro Susz Khol Director de Gobernabilidad Autores: Carlos Gerl & Randy Chávez Diseño: Arq. Ysrael A. Mendoza Maldonado
Imágenes antiguas del Museo Municipal Tambo Quirquincho (archivo: Julio Cordero). Imágenes actuales de la Unidad de Patrimonio Inmaterial e Investigación Cultural.

Introducción La plaza Murillo se encuentra a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, es el espacio público más importante de Bolivia, convertida en el punto equidistante donde inician las medidas territoriales durante la presidencia de José Manuel Pando (el “Kilómetro Cero” de la nación). En su entorno alberga a los edificios más importantes del país, los palacios Legislativo y de Gobierno. En tiempos coloniales se la llamó plaza Mayor, después pasó a ser la plaza de Armas; establecida la República fue nombrada plaza 16 de Julio y finalmente nominada plaza Murillo, mediante Ordenanza Municipal del 3 de febrero de 1902. Breve historia A diez años de haberse fundado la ciudad de Nuestra Señora de La Paz (1558), el corregidor Ignacio de Aranda encargó al alarife Juan Gutiérrez Paniagua diseñar una plaza al otro lado del río Choqueyapu, lejos de la plaza principal, donde fundó Alonso de Mendoza y su comitiva la ciudad y la primera plaza española en Churubamba. El lugar indicado, como parte del valle, estaba lleno de promontorios, colinas y riachuelos, cercados por pedregales llenos de arbustos silvestres. En este lugar, para construir la plaza o cualquier edificación, había que derribar una colina, de allí que Paniagua realizó el trazado aprovechando, en lo posible, todo lugar llano. Así delineó la plaza, en una planicie o ladera inclinada bordeada de barrancos. El trazo de la plaza obedeció a la ordenanza de las fundaciones de las ciudades españolas, las cuales debían ser delineadas en forma de damero, es decir, en manzanas simétricas, rectangulares y de igual superficie. La ordenanza dice: “Cuando hagan la planta del lugar, repártanlo por sus plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor, y sacando desde ella las calles a las puertas y caminos principales, y dejando tanto compás abierto que aunque la población vaya en gran crecimiento, se puede siempre proseguir y dilatar en la misma forma”. De esta manera, y según la topografía del lugar, los principales edificios públicos fueron planificados en torno a la plaza, siendo ésta el primer espacio en trazarse, trazo que mantiene hasta el día de hoy. Fue la tercera plaza de la ciudad, ya que inicialmente se diseñaron dos, una para los españoles, que es la actual plaza Alonso de Mendoza, y otra para los indígenas, que se ubicaba entre los espacios que ocupa la avenida América, que era en sus inicios una calle, y después de ser ensanchada se la llamó avenida, y en la calle Chuquisaca, que era conocida como la calle Recoleta. Cuando la población de La Paz no pasaba de 200 habitantes españoles y cerca a cinco mil indígenas tributarios, la plaza Mayor paso a restarle importancia a la plaza Alonso de Mendoza, que hasta entonces había sido la principal, ya que en su entorno se habían repartido solares para los vecinos fundadores y se había comenzado a construir las principales edificaciones de la ciudad.

Plaza 16 de Julio (año Aprox. 1876)

En 1558 por orden de Ignacio de Aranda, Corregidor y Justicia Mayor, se colocaron los cimientos del Cabildo (en el sitio actual donde se encuentra el Palacio de Gobierno), sitio donde también se ubicó la cárcel, la cual se encontraba en el segundo patio del Cabildo, sobre macizas bóvedas de piedra. Después de varios años de ser erigida, debajo se construyeron húmedos subterráneos que se conectaban con la plaza. A partir de entonces se destinaron otras edificaciones: la Compañía de Jesús, aunque no se tiene fecha precisa de los inicios de su construcción, se la concluyó en el siglo XVIII (en el sitio actual donde se encuentra el Palacio Legislativo), lugar donde también se establecieron las Cajas Reales; la Casa Obispal, se la edificó en la esquina suroeste de la plaza (sitio donde actualmente se encuentra el Obispado de La Paz); y la Catedral, que fue fundada en 1605, siendo el Rey de España quien financió su conclusión (en el sitio actual donde se encuentra la Catedral de La Paz), aunque en años posteriores sostuvo varias reparaciones y finalmente fue demolida en 1831. Como núcleo de acercamiento urbano, la gente se reunía en la plaza Mayor para comentar las noticias que llegaban desde España o desde las capitales de los virreinatos, o de algún inusitado suceso local, ya que cualquier acontecimiento, por pequeño que fuera, llamaba la atención, no teniendo la vida muchos atractivos de que hablar. Y en las noches de fiesta, la plaza desplegaba el incitante olor de los ponches de leche con licor de uva y canela, la cual no faltaba en las personas que se reunían.

Por varios años la plaza mantuvo un clima seco e intratable, debido a falta de vegetación en el lugar; solamente en sus alrededores se percibía el perfume de las retamas, arrayanes y de los alelíes plantados detrás de los perímetros de los solares próximos. Por mucho tiempo estuvo sin pavimento, y tampoco existía ningún adorno en su eje central; aunque se empedraron las calzadas, las aceras y los portales de su entorno. Recién quedó totalmente terraplenada en 1587, mediante macizos de tierra con los que se rellenaron varios huecos. A partir de entonces, se inició la construcción de un acueducto que se conectó a una fuente de agua ubicada en medio de la plaza. Esta fuente se la erigió en el término de un año; se lucía en el centro hermosa, con su talante en mármol blanco – rojizo y berenguela con tres tazas, en torno a ésta, los “Catos” o mercados indígenas comenzaron a surgir y las calles adyacentes tomaron los nombres de las ventas que allí se realizaban, como ser de: leña, peces, paja, ajís, chichas de maní y maíz, entre los principales productos. La fuente subsistió hasta 1817, año en que el intendente Sánchez Lima la hizo trasladar a la “Alameda” o “Prado” (en la actual avenida 16 de Julio). En 1852, en medio de la plaza, se comenzó a levantar otra fuente de mayores dimensiones que su antecesora. Su constructor fue Feliciano Cantuta, quien concluyó su obra después de tres años. La fuente como la anterior constaba de tres grandes tazas, encima de las que resaltaba una escultura del dios Neptuno armado de su tridente; adornaban su entorno algunas sirenas de fino labrado, que con ambas manos sujetaban contra el pecho un pescado, de cuyas bocas salía agua de cara sobre la fuente, y las colas de las sirenas contenían la segunda taza, sobre la cual se levantaba la tercera. Una rejilla de bronce resguardaba los espacios centrales, encontrándose en su entorno columnas sobre las cuales figuraban algunas gárgolas y leones marinos labrados. De las bocas de los leones marinos salía el agua al servicio público. En una de sus piedras, el pueblo agradecido a Sánchez Lima, quien hizo tantas obras como gobernador de La Paz, hizo grabar: “Tu nombre con letras de oro En este mármol bruñido Será, don Juan Repetido De la fama con decoro Sánchez Lima, ¡Qué sonoro Suena en La Paz tu apellido! Por haberte merecido Obras que aplauden tu gloria Y hará eterna tu memoria La fuente que has erigido” (Sanjinés, 2002:29).
Plaza 16 de Julio (año Aprox. 1876)

Esta fuente perduró en la plaza hasta 1909, año en que, con motivo del centenario de la revolución julia, fue retirada para la construcción del monumento a Pedro Domingo Murillo, año en que también las autoridades municipales le dieron el nombre de plaza Murillo. Los jardines que recrean un ambiente paisajísticamente agradable datan de 1890, pues hasta entonces solamente había sido de más servicio para las tropas militares que para la sociedad en general. Allí los castrenses realizaban, en su extensa calzada, formaciones, desfiles y ejercicios rítmicos. Su imagen inclinada también fue cambiada cuando se construyeron elevadas calzadas de piedra, sobre las que se extendió un patio enlozado que le dio una fisionomía pétrea; pero alegrada por vistosos jardines llenos de fragantes flores y exuberante vegetación (una pequeña caseta y algunos juegos de agua que también ornamentaban la plaza fueron demolidos). La plaza fue escenario y testigo de innumerables episodios revolucionarios, siendo atrincherada en varias ocasiones, entre las principales en: 1809, 1811, 1814, 1862, 1865, 1871, 1898, 1946, 1952 y 2002. Sobre su superficie y sus alrededores se ha vertido la sangre de varios personajes, tanto heroicos como quienes pueden generar opiniones contrapuestas, que lucharon por la libertad o cayeron ante ésta, dando lugar a varias historias, cuentos y narraciones populares. En sus alrededores perdieron la vida los protomártires de la independencia: Pedro Domingo Murillo, Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Buenaventura Bueno, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Apolinar Jaén, Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagárnaga, Juan Cordero y Simona Manzaneda; víctimas de otras circunstancias: Jorge Córdoba, Manuel I. Belzu, Agustín Morales y Gualberto Villarroel, entre otros.

Plaza 16 de Julio (año Aprox. 1876)

Esta histórica plaza también fue el escenario principal cuando nació la República de Bolivia. Después de que el mariscal Antonio José de Sucre obtuvo el definitivo triunfo sobre las tropas realistas en Ayacucho, el 29 de enero de 1825 José Miguel García Lanza, al mando de los guerrilleros de Inquisivi y Ayopaya, ingresó a la plaza proclamando la independencia de la Audiencia de Charcas, día en que también se tituló Presidente de La Paz. Después de algunos días, prosiguiendo su campaña en contra de los restos de la oposición realista, el 7 de febrero el mariscal Sucre ingresó a la ciudad donde, siendo recibido con gran entusiasmo y júbilo, entró a la plaza seguido de un numeroso gentío. Seis meses más tarde, el 18 de agosto, también el libertador Bolívar llegó a La Paz, donde bajando desde lo alto de la ciudad, atravesó los arcos triunfales que se levantaron desde Koscochaca (espacio que comprende la avenida América y las calles Illampu, Manco Capac y Pando) hasta la plaza de Armas. En Koscochaca Vicenta Juariste Eguino le hizo un recibimiento solemne, y cuando el Libertador llegó a la plaza, acompañado de una inmensa multitud, de artillería de salvas y de estruendosos repiques de campanas, hizo su famosa proclama, destacando la labor de sus aguerridas tropas (batallones de la segunda división de la Gran Colombia), que formándose disciplinadamente, escucharon la viva voz del Libertador de América.

Fuente de Neptuno, plaza 16 de Julio, 1905

Plaza Murillo (año aproximado 1912)

Monumento a Murillo El monumento a Murillo corresponde a un conjunto escultórico de bulto redondo de cinco piezas, cuatro clasificadas como estatuarias y una ornamental. La principal, la que corresponde a la figura de Murillo, tiene tres metros de altura, lleva un estilo neoclásico, con traje de la época y además sostiene en uno de sus brazos una capa y en el otro la proclama de la Junta Tuitiva. Las demás son alegóricas: en su parte frontal se encuentra una mujer sentada que simboliza a la ciudad de La Paz; a la izquierda, una mujer con gorro frigio, simboliza al pueblo de La Paz que luchó por la libertad; un león al lado derecho, simboliza el valor y el coraje; y en la parte posterior, un ángel con una trompeta, simboliza la gloria alcanzada. Su construcción fue decidida por el municipio de La Paz en 1906, ya que se acercaba el primer centenario de la Revolución del 16 de Julio de 1809, y las autoridades municipales deseaban, desde hace tiempo atrás, erigir un monumento que perpetué el recuerdo de nuestros protomártires de la independencia. Así, después de dos años, se aprobó el proyecto “Monumento a Murillo”, cuyo diseño fue enviado desde Roma, Italia, por el Cónsul boliviano. Se asignó al artista italiano Horacio Ferrucio Cantelle iniciar la obra y la fundición de las diferentes piezas que constituían la misma. Cuando quedó concluido, el monumento fue embarcado en Génova con rumbo a Bolivia el 17 de abril de 1909 y llegó a la ciudad de La Paz el 2 de julio del mismo año. Para su emplazamiento se asignó al español Miguel Nogué, maestro fachadista, construir un pedestal, el cual, sumada a la escultura de Murillo, hizo que el monumento alcance diez metros de altura, desde el nivel del piso. Se proveyó su inauguración el 16 de julio, pero debido a que surgieron contratiempos, no fue posible: terminó inaugurándose el domingo 22 de agosto de 1909 (El Diario, 22-VIII-1909).

Proclama de la Junta Tuitiva En el sesquicentenario de la fundación de la República de Bolivia, como homenaje a los protomártires de nuestra independencia, el general Armando Escobar Uría, Alcalde Municipal, hizo emplazar frente al monumento a Murillo, en un bloque de piedra comanche esculpida con la imagen de un libro, la proclama de la Junta Tuitiva, la cual recuerda a la que fue publicada por primera vez frente a la plaza, donde se encontraba el Cabildo (lugar donde actualmente se encuentra el palacio de Gobierno) el 27 de julio de 1809. El significado del emplazamiento de esta obra conlleva connotaciones históricas, ya que representa un documento que fue firmado por los principales gestores de la revolución julia, los cuales aclararon y definieron sus postulados libertarios. Estribo de señalización histórico El 16 de julio de 1944, en el mismo lugar donde sufrieron la pena de muerte los principales cabecillas de la revolución julia: Pedro Domingo Murillo, Juan Antonio Figueroa, Juan Basilio Catacora, Buenaventura Bueno, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Apolinar Jaén, Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagárnaga, la Prefectura de La Paz, con apoyo de documentación fidedigna, hizo levantar un estribo de señalización histórico, para que no se olvide el noble sacrificio de aquellos que ofrendaron sus vidas en pos de la libertad y de la independencia americana. Patíbulo simbólico En 1997, con motivo de celebrarse el LXII aniversario y el día del excombatiente, la Federación Nacional de Mutilados e Inválidos Heridos Beneméritos de la Patria de la Guerra del Chaco, hizo erigir un patíbulo simbólico frente al Palacio de Gobierno, el cual rinde homenaje al protomártir Murillo y a los libertadores Bolívar y Sucre. El frontis que da al Palacio de Gobierno presenta una tea, la cual recuerda aquella frase pronunciada por Murillo el día de su ejecución: “La tea que dejo encendida, nadie podrá apagar”. Con motivo de las celebraciones del Bicentenario, el Gobierno Municipal instaló en su espacio central las imágenes de los protomártires de la revolución julia, según el orden en que éstos fueron ejecutados.

Sentencias a los revolucionarios del 16 de julio de 1809 En 1810 José Manuel de Goyeneche, Brigadier de los Reales Ejércitos, Presidente Interino de la Real Audiencia del Cuzco, General en Jefe del Ejército del Alto Perú, expidió dos documentos como medio de sentencia contra quienes participaron de la revolución julia: la primera, la más terrible, dictaminaba pena de muerte para la mayoría, estando en ésta Murillo y ocho de sus compañeros; la segunda, dictaminaba una serie de castigos, embargos, destierros, trabajos forzados, entre otras medidas. En ambos casos el castigo fue tremendo, cuyos daños pasaron a sus familiares como medio de escarmentarlos durante sus vidas. En 2009, en el bicentenario de la revolución julia, el Gobierno Municipal hizo plasmar el contenido de las sentencias en una estructura de bronce de 90 cm por 1.40 m, para que los nombres de quienes ofrendaron su vida, su familia, sus bienes, entre otros sacrificios, queden inmortalizados en la histórica plaza. Anteriormente se encontraban otras estructuras similares en mármol, las cuales fueron depositadas en la Cripta de los Héroes de la Basílica Menor de San Francisco. Urnas de los protomártires En homenaje a los protomártires de nuestra independencia, las urnas que contienen sus sagrados restos, después que fueron exhumados en 1939 y glorificados en 1940, son traídos a la plaza Murillo, escoltados por el Batallón Colorados de Bolivia, desde la Cripta de los Héroes de la Basílica Menor de San Francisco cada año en fecha 16 de julio y en 29 de enero al lugar donde sufrieron el terrible suplicio. De la misma forma, mediante Ordenanza Municipal 002/2009, el Gobierno Municipal declaró el Día del Heroísmo Paceño cada 28 y 29 de enero, como justo homenaje a los héroes que dieron la vida por la libertad. Alegorías Dentro de la plaza Murillo se encuentran ocho esculturas alegóricas que representan a las estaciones del año y a las artes: primavera, invierno, otoño, verano, arquitectura, escultura, música y pintura, clasificadas como ornamentales de bulto redondo. Desde sus inicios, fueron emplazadas en el espacio público principal de la ciudad, en los cuatro lados de ingreso que tenía la plaza Murillo. Después de algunos años, cuando sus lados de ingreso fueron ensanchados y

se recreó paisajísticamente su imagen con dotación arbórea, las esculturas fueron introducidas más hacia su eje central, lugar donde se las puede apreciar actualmente. La escritora Ana Rivera ha señalado que las esculturas fueron traídas desde Berlín, Alemania, y que no se mandaron hacer, sino las compraron ya hechas. Gualberto Villarroel El busto que rinde homenaje a Gualberto Villarroel fue realizado en bronce por W. Prado, F. Ramos y E. Montealegre, en 1979. Se clasifica como estatuaria de bulto redondo. Villarroel fue el trigésimo noveno Presidente de Bolivia, quien fue víctima de la conspiración de la denominada “rosca minero feudal”, terminando su vida en una vereda de la calle que da a la plaza, después que su cuerpo fue arrojado del Palacio de Gobierno por una muchedumbre irascible, para ser finalmente colgado de un faro de la plaza Murillo, lugar donde también fueron colgados los cuerpos de sus más allegados colaboradores, Roberto Hinojosa, Waldo Ballivián y Luis Uría de la Oliva.

Conclusión Sin duda la plaza Murillo fue, es y será, el espacio público más importante del país, debido a que en ésta se suscitaron infinidad de hechos trascendentales que marcaron la historia de nuestra ciudad y de la vida de la nación. Todavía queda en las retinas de nuestras abuelas, entremezcladas con sus lágrimas, las imágenes de las tropas de soldados que vieron ingresar a esta plaza para ser reconocidos y homenajeados cuando retornaron de la Guerra del Chaco. Al igual que en su momento lo hicieron los héroes que partieron y retornaron de las guerras del Pacífico y del Acre. Hay tanto por decir sobre este punto histórico de La Paz y de Bolivia, que si se plasmara un libro sobre la plaza Murillo, en sus páginas, se escribirían los más hermosos recuerdos de nuestro proceso histórico.

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