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Psicología forense y jurisprudencia terapéutica.

Parte I

Angie Vázquez Rosado


Psicóloga Clínica, M.S
Catedrática Asociada UIPR
UIPR
San Juan, Puerto Rico

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Resumen

¿Es la persona adicta un criminal o un enfermo mental?¿Debe ser ubicado en un hospital o


una cárcel? ¿Merece, el ofensor, castigo, venganza, perdón, misericordia o tratamiento?
¿Qué debe hacer la sociedad en general con los transgresores de la ley? En este artículo
tratamos de contestar estas preguntas haciendo una revisión de las nuevas perspectivas que
ofrecen la Psicología forense, jurídica y la jurisprudencia terapéutica.
Introducción

En el campo de las disciplinas y las ciencias sociales, se ha incorporado de manera


permanente, aunque no de forma absoluta ni total, la perspectiva del humanismo desde el
siglo XIX. El modelo humanista es una corriente filosófica que recoge ideas que rescatan y
defienden el valor del ser humano y el de sus derechos. Denuncia la deshumanización
moderna y pretende rescatar la "humanidad" perdida y/o amenazada bajo diferentes
condiciones a partir de los cambios provocados por la revolución industrial y post-industrial.
Sin embargo, en la realidad muchas sociedades, ciencias, disciplinas y profesiones no
lograron desarrollar e implementar esa política humanista de forma satisfactoria. Más
específicamente, la humanización de las ciencias y de sus actividades ha resultado ser un
proceso muy lento. Esto no es nada raro. Las ideas (teoría) "llegan" primero y los
consecuentes cambios (en la praxis) "llegan" con mayor lentitud. A pesar de esto, durante el
siglo XX todo cuerpo de conocimiento se vió precisado a incorporar, en mayor o menor
grado, alguna política, ley, modelo, teoría, sistema o paradigma de corte humanista.

Es a base de este valor, el fundamental derecho de la dignidad del ser humano, que ciencias
como la Psicología y las Jurídicas evaluaron, elaboraron, trabajaron e incorporaron cambios,
revisando y tratando de cambiar las antiguas prácticas no-humanistas, en su quehacer
profesional. Como ocurre en casi todas las disciplinas, en el pasado de las ciencias y
disciplinas existe evidencia de prácticas llenas de errores, ideas y leyes nada humanistas. Por
ejemplo, en el campo de la Psicología, ¿quién no ha escuchado, o leído, sobre las
aplicaciones de técnicas terapéuticas que, aunque en su momento fueron consideradas como
las más modernas y científicas, resultaron ser, a la larga, prácticas inhumanas? La creación
de los primeros hospitales para enfermos mentales, por ejemplo, en su forma inicial y a
pesar de sus buenos propósitos, estuvo plagada de prácticas poco humanitarias que en nada
ayudaban a la curación de las personas con problemas mentales, sino que, por el contrario,
exponían a los paceintes a condiciones que les empeoraban, condiciones tan paupérrimas e
infra-humanas como las que han existido en las cárceles y mazmorras. Las hospitalizaciones
psiquiátricas eran tan peligrosas que casi equivalían a sentencias de muertes. No había
política ni reglamento de derechos, ni en el sector público ni en el privado, sobre los
cuidados del paciente dirigidas hacia el respeto y protección de los derechos básicos
humanos. De otra parte, en el campo del Derecho, ¿quién no ha escuchado sobre procesos
de corte en los que se ha sentenciado como culpables a personas inocentes, o se han
violentado los derechos humanos aún en casos de culpabilidad? ¿No estamos en pleno siglo
XXI discutiendo todavía la "humanidad" y el derecho del Estado sobre la pena capital, es
decir, la pena de muerte? Finalmente, ¿quién no ha expresado dudas, alguna vez, sobre si la
justicia existe, sobre todo en casos donde una persona -obviamente culpable- sale libre y sin
consecuencias mayores, o cuando una persona se nos pierde dentro del sistema, en vez de
rehabilitarse, una vez entra en la cárcel?

¿Son las ciencias, y las disciplinas humanas, justas? Sí y no. Todo producto humano, y las
ciencias lo son, están plagadas de las mismas virtudes y defectos de sus creadores.

1. Primero, reconocemos su virtud. Las ciencias constituyen una metodología y actitud


para la búsqueda de "la verdad", esforzándose en obrar de manera justa, fundamentadas en
el conocimiento objetivo que nos libera de los prejuicios y del conocimiento cultural-folklórico
(y otros tipos de conocimientos subjetivos) que tantas veces no son sino la justificación de
actitudes de discrimen o de ideas erradas, faláricas o míticas. Lo que ha sido justo en una
época no lo ha sido en otra. Lo que es aparentemente justo y normal en una cultura no lo es
en otra. Tómese, por ejemplo, la práctica cultural africana de la circuncisión clitoral femenina
(ablación o clitoridectomía), un ritual de mutilación genital apoyado por hombres y mujeres
en tribus de influencia pre-islámica. Es un ritual culturalmente establecido, pero ¿es justo?,
¿es necesario?, ¿es correcto? Diversas organizaciones mundiales, como Aministía
Internacional, se han pronunciado en contra y promueven la erradicación de esta práctica.
¿Qué puede hacer la ciencia? La única manera de alcanzar la justicia y la verdad, no está en
una conclusión estática o absoluta, mucho menos aliada con prácticas mutilantes de
costumbres socio-culturales, sino en incorporar una contínua reflexión de apertura hacia los
cambios, hacia visiones nuevas, que puede estar muchas veces en contra del conocimiento
"oficial" científico o del sentido común popular. La única manera de hacer justicia humana es
mirar hacia el futuro trazando proyectos que liberen al ser humano de los errores faláricos
del pasado, de la ignorancia o la desigualdad.

2. Igualmente, reconocemos su defecto contenido en sus limitaciones inherentes. Ninguna


ciencia logra la verdad de forma absoluta, final y, mucho menos, totalmente libre de errores,
prejuicios e influencias ideológicas. En la posmodernidad se parte del postulado de que la
verdad estática o absoluta no existe, por ende, la mejor forma de justicia y verdad será
aquella que proviene del proceso activo y dinámico de mantenerse actualizados,
atemperados y analíticos a las nuevas condiciones en los nuevos tiempos del porvenir y a
que la verdad debe ir de mano con la justicia basada en el respeto y la actitud de
sobreguardar los derechos humanos. La verdad debe buscarse en el movimiento y no en lo
estático.

Sobre la jurisprudencia terapéutica

Ese es el caso de la Jurisprudencia Terapéutica. Dos abogados, Bruce Winick* y David


Wexley** (el último ha fungido como profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad de
Puerto Rico) iniciaron una travesía personal y profesional de análisis sobre las leyes de salud
mental en la década de los 80's. Esa inquisitiva revisión fue transformándose hacia una
dimensión mucho más amplia que les alejó de una simple "mirada" a la lista de
jurisprudencias y leyes sobre el tema. Lo que comenzó como un análisis de las condiciones y
efectos de las leyes de salud se transformó, en sus propias palabras, en una "nueva escuela
de estudios interdisciplinarios legales" que integró investigaciones extensivas a otras
disciplinas y ciencias, con el fin de "explorar posibles acciones curativas, o rehabilitantes, de
la ley y el derecho", asunto no contemplado en muchos modelos presentes y pasados. La
jurisprudencia terapéutica, pues, se funda para dedicarse al estudio de los aspectos
humanos, emocionales y psicológicos de la ley, así como de los procesos legales. Con este
nuevo enfoque transdisciplinario, y en la medida en que ha podido ser difundida, el modelo
de la jurisprudencia terapéutica ha ido ganando adeptos en distintas partes del mundo.

Entre los resultados anticipados de la implementación de la TJ ("Therapeutic Jurisprudence")


se encuentra la creación de salas de corte especializadas en manejo de solución de
problemas y no meramente de aplicación de leyes en su enfoque tradicional punitivo. Se
plantea, además, la necesidad de reformar leyes vigentes, así como asesorar y documentar
las consecuencias terapéuticas y anti-terapéuticas de los actuales procesos de ley en corte.
La TJ propone un nuevo enfoque, uno desde la perspectiva de salud sobre el sistema judicial.
Estos objetivos aplican de inmediato, según Winick y Wexley, a casos de violencia doméstica,
abuso de sustancias controladas y delitos cometidos bajo condiciones de trastornos
mentales. En un futuro, mucho más a largo plazo, deberá evaluarse a cuáles otras áreas
adicionales pudiera ser aplicado para obtener similares beneficios.Si bien hemos descansado
en las leyes de enfoque punitivo para controlar, aislar y castigar al ofensor/a, llegando
incluso al modelo del "panóptico social" como la norma "necesaria" de seguridad social, no es
menos cierto que el enfoque de castigo no ha logrado prevenir, disminuir o evitar la
reincidencia ni el incremento en delitos. Consecuentemente, muchas sociedades han tenido
que lidiar con sistemas carcelarios inapropiados e insuficientes, con el continuo incremento
de diversidad de delitos, así como con las deficiencias y fracasos de programas para la
rehabilitación de confinados /as.

De hecho, y como punto aparte, vale la pena recordar que aún no hemos resuelto el debate
entre la rehabilitación Vs. la habilitación como rol, función y tarea de las cárceles. Como
argumento de consuelo, escuchamos frecuentemente decir que los esfuerzos y los recursos
en función a la rehabilitación penal son válidos si al menos se logra rescatar una sola
persona. Será bien intencionado, pero ¿es costo-suficiente?, ¿es razonable?, ¿nos satisface?
Nuestra sociedad actual no vive con parámetros de seguridad ciudadana razonable. Esa es la
triste realidad. No sólo no hemos logrado minimizar la conducta delictiva, sino que los
procesos de ley y los actores del proceso legal (abogados, jueces, fiscales, alguaciles,
técnicos socio-penales, etc.) también han sido cuestionados, denunciados e inculpados en
delitos. Tristemente se observan tendencias de incremento en corrupción y conducta
delictiva dentro de los mismos a quienes delegamos las funciones de seguridad ciudadana.
¿Qué tenemos que perder, entonces, con experimentar nuevas soluciones?

La teoría de la TJ considera necesario la unificación inter y transdisciplinaria. Es obvio que la


ley escrita por sí sola no es suficiente, nunca lo fue, ¿por qué sorprendernos? De igual forma,
la Psicología de forma aislada tampoco ha podido ser eficiente en prevenir la conducta
delictiva. Es necesario, pues, incorporar las observaciones y recomendaciones de manejo que
han logrado la Psicología, la Psiquiatría, y el Trabajo Social y otras ciencias, como la
Criminología, en cuanto al manejo de las motivaciones, la conducta y los procesos racionales
sobre la toma de decisiones. En ese "matrimonio" entre ley y ciencia conductual podemos
explorar nuevas propuestas con miras a promover una intervención más eficaz.

Es así como el modelo de TJ propone evaluar -y trabajar- con las causas de la conducta
criminal y no limitarse a hacerlo sólo con el síntoma o la consecuencia del delito. No persigue
excusar al criminal de las consecuencias de sus actos, sino precisamente todo lo contrario.
En la TJ se plantea la necesidad de que el/la criminal acepte la responsabilidad de sus actos.
Esta es condición sine-qua-non (condición esencial) e ipso-facto (condición automática). A
partir de ese convencimiento y aceptación real y genuina, el criminal debe ser ayudado por
el sistema judicial, un sistema que no debe limitarse sólo al castigo, sino que debe instaurar
otros servicios como bien puede ser la propuesta de tratamiento reconstructivo o
rehabilitador/ habilitador que promueve la TJ. Al final, y como resultado mayor a largo plazo,
la TJ debiera tener efectos e influencia en minimizar la reincidencia criminal, disminuir el
hacinamiento carcelario, así como la proliferación de condenas de cadena perpetua que sólo
han servido para crear una costosa carga al estado. Actualmente, una sentencia larga, o de
por vida, se aplica omitiendo las posibilidades de reintegración de ese ofensor/a en la
aportación productiva a su sociedad, aportación que no debe confundirse con devolverle a la
libre comunidad eximiéndoles de las consecuencias legales de sus actos delictivos, sino
sostener la obligatoriedad de cumplir con restablecer un bien allí donde hizo un mal.
Además, debemos recordar que el confinado le cuesta demasiado dinero al Estado y al
pueblo. Costo-eficiente no es.

En esa misma línea, está la observación de los Lcdos. Winick y Wexley que, en el desarrollo
de actitudes y tendencias dentro de la profesión de la abogacía, se ha hecho notable el
crecimiento de "malas" costumbres profesionales de apoyar la negación de responsabilidades
de parte de sus clientes, práctica que no fomenta ni exige la honestidad (la verdad aceptada)
sobre los hechos. Esta práctica representa un problema ético serio. El/la mismo/a abogado/a
fomenta la irresponsabilidad del ofensor declarando inocencias donde no las hay. Escuchaba
en algún momento pasado una discusión-foro entre abogados de EU en un programa
televisado- donde se discutía si la persona inocente, sólo por serlo, debía, o no, ir sin la
compañía de un abogado cuando se le iba a interrogar sobre su conocimiento de algún hecho
delictivo. La posición de una de las abogadas era que nunca una persona podía decir "su
verdad" propia, sobre todo en ausencia de un abogado, pues la persona podía salir
perjudicada. Otro abogado asumió la posición contraria: la verdad debía prevalecer siempre
en algún momento del proceso judicial (¿realidad vs. utopía?), pero en este debate no hubo
acuerdos finales ni puntos intermedios.

Estos dilemas éticos también son atendidos en la propuesta de la TJ. Se propone que el/ la
abogado/a, así como los demás participantes del sistema de seguridad y corrección, han de
revisar los valores y normas de su práctica legal y no incurrir en esa tendencia ni en juegos
equivocados del sistema. Para esto, la TJ propone revisar los roles de abogados y jueces, así
como de todo otro personal que participe en la administración de la justicia y de los códigos
penales. No puedo dejar de pensar en el tan sonado caso de O.J. Simpson en EU, donde un
equipo de renombrados abogados de defensa trabajó a favor de un dictamen de inocencia
que no fue razonablemente establecido ni probado para la comunidad observadora. Para
todos los efectos, la gente (no el jurado, sino el público o auditorio) concluyó que si se tiene
fama y dinero, los abogados trabajan para que se absuelva a la persona "razonablemente
culpable". Esta percepción "maquiavélica y corrupta" sobre la actuación de los abogados
debe ser revisada y revindicada, pues está siendo expresada con mucha frecuencia
afectando la fiabilidad de esa profesión. ¿No ha escuchado usted a los mismos abogados
bromear entre ellos con el chiste trillado de que "el mundo estaría mejor sin abogados", o el
otro chiste que dice que el mundo era bueno hasta que nacieron los abogados? Nada más
con el testigo...
La TJ propone que el/la ofensor/a -sobre todo aquel que reincide, acepte, en la línea de
defensa de su abogado, la responsabilidad ante los hechos desde antes de comenzar el
proceso de corte. La admisión de responsabilidad debe ser el catalítico que permite al
abogado, junto con su cliente, llevar a la corte una petición que balancée su responsabilidad
penal con alternativas de tratamiento, así como con servicios dirigidos hacia un profundo
cambio de conducta. Todo esto debe ayudar al ofensor/a a tomar decisiones que le alejen
-bien informado- de la reincidencia y sus consecuencias.

Es postura teórica frecuente asumir que parte de lo que ocurre psicológicamente en un


criminal, particularmente el reincidente, es que carece de formas apropiadas
(estrategias) para solucionar sus problemas personales. Solo en la medida en que el
sistema judicial se comprometa a ayudar en proveerles experiencias distintas que le
permitan adquirir destrezas reales y apropiadas para procesar alternativas cognitivas y
conductuales podrá prevenirse que incurran en conductas de riesgo que le lleven al
delito de nuevo. Por tanto, la teoría de la TJ persigue un objetivo firme y primario de
prevención. Lo novedoso, sin embargo, no es el principio de prevención por sí mismo,
sino la propuesta de que esta prevención tiene que ser obligación procesal del sistema
legal mediante tratamiento institucionalizado. No garantiza la eliminación de toda
reincidencia, pero se espera que mejore las estadísticas de prevención concienzada.

En resumen, y en las propias palabras de David Wexley:

"La jurisprudencia terapéutica es el estudio del rol de la ley como agente terapéutico,
enfocando sobre el impacto de la ley en la vida emocional y en el estado psicológico de
las personas. Estas áreas no han recibido mucha atención en el Derecho hasta ahora. La
TJ enfoca su atención hacia estos aspectos ignorados, humanizando la ley al
preocuparse por el ser humano. Básicamente, la TJ es una perspectiva que visualiza la
ley como una fuerza social que produce conductas y consecuencias. A veces esas
consecuencias caen en los parámetros de lo que es terapéutico, otras veces, las
consecuencias son anti-terapéuticas. La TJ quiere que seamos conscientes" (1).

Wexley y Winick han creado la Organización de Jurisprudencia Terapéutica (puede


conseguir su página principal en el portal de la organización la siguiente dirección:
http://www.law.arizona.edu/depts/upr-intj), siendo su más fundamental objetivo
promover el enfoque de la TJ, dar talleres, ofrecer consultorías (lo cual hace Wexley
viajando mundialmente) y proveer un foro de discusión y publicaciones sobre el tema.
Pueden visitar ese portal y familiarizarse con su contenido pues es muy útil. Wexley y
Winick han publicado, además, el libro Practicing Therapeutic Jurisprudence: Law As
A Helping Profession de la Carolina Academic Press, 2000, y Judging in a Therapeutic
Key: Therapeutic Jurisprudence and the courts, Carolina Academic Press, 2003.

El concepto de TJ ha sido ampliado paralelamente a lo que ha sido llamado el modelo


de Justicia Restaurativa, esto es, una respuesta sistemática y sistémica que propone
enfrentar el delito tratando de proveer alguna forma de sanación y/o cierre
(restauración) de las heridas (daños) causadas o recibidas en las víctimas, los
delincuentes e incluso las comunidades afectadas. A tales fines, en el modelo de justicia
restaurativa se propone que todas las partes tengan encuentros presenciales para
dialogar sobre el delito y sus efectos, se planteen medidas concretas para que se pueda
reparar el daño (cuando esto es posible y en el grado pausible) y se trabaje para
reinsertar al delincuente genuinamente rehabilitado como actor-activo, y productivo, en
la comunidad mediante un plan donde participan todas las partes, incluyendo las
víctimas. También se ha desarrollado un nuevo campo de estudio y aplicaciones
conocido como Victimología, una especialidad dentro de la Criminología y Psicología
Jurídica que intenta hacer un abordaje científico sobre los procesos y efectos del crimen
en la víctima, el estudio del victimario, la victimización y los factores victimogénicos.

Sobre la Psicología Forense

La Psicología Forense es una de muchas ramas de especialidad en la Psicología. La


palabra forense proviene de la palabra latina "forensis". Se refiere a "foro" en una clara
alusión al foro romano donde se hacían las leyes en las cortes de la antigua Roma. Se
usa actualmente en referencia al debate de ideas, motivos, causas, así como en la
presentación de evidencia. Todo lo forense, por tanto, contiene un fuerte componente
argumentativo, es decir, de confrontación entre distintas ideas, opiniones, versiones o
evidencia. La participación de un/a psicólogo/a forense contribuye con su opinión
profesional a ampliar el debate, la presentación de la prueba en cortes y los criterios que
usa el jurado en su proceso de toma de decisiones. La Psicología Forense es una
especialidad nueva que surgió en el Siglo XX (algunos señalan la época de inicio en
1908, con los planteamientos controversiales del doctor en Psicología, Hugo
Münsterberg) ante la necesidad por una especialización que ayudara a entender los
aspectos psicológicos de la conducta delictiva, así como ayudar a buscar equilibrio,
interdisciplinariedad y justicia en los procesos jurídicos-sociales.

Münsterberg publicó su obra titulada En la posición del testigo (1908) dedicada al


estudio de las verdades subjetivas contrapuestas a las verdades absolutas en los
testimonios de los testigos oculares. Asistiendo regularmente a las cortes, como
observador y espectador de casos reales, esto es, realizando lo que ahora llamamos
estudios de campo y estudios de casos, Münsterberg analizó los recuerdos, la
imprecisión compleja de algunas memorias y la percepción (diferencias de
interpretaciones en un mismo grupo de testigos, que viendo un hecho a la misma vez
hacían recuentos diferentes). Un muy controversial Münsterberg criticó la metodología
tradicional del interrogatorio a testigos, el sistema adversarial en las cortes, así como las
actitudes de rechazo y negación a la utilidad y aportación de la Psicología. Esto le ganó
rechazo, antipatías y fuertes críticas (2). Münsterberg concluyó que cuando a un testigo
se le pide que su testimonio sea verbalizado sobre las bases de "la verdad y nada más
que la verdad", realmente se refiere -y no se puede pedir más- a la verdad subjetiva y
parcial de cada testigo. Es a base de esto que declaró como inútil e inservible el
interrogatorio del abogado como estrategia primaria para extraer la verdad objetiva del
testigo. Propuso, alternamente, que la Psicología debía realizar esa parte del trabajo
investigativo mediante técnicas e instrumentos científicos que pudieran "objetivar" la
subjetividad del testigo y sus recuerdos. Otras recomendaciones de Münsterberg giraron
sobre áreas que hoy día han sido atendidas y estudiadas, tales como las cualidades de las
confesiones, el fenómeno de las confesiones falsas, los recuerdos falsos y los procesos
perceptuales del jurado. En todas, Münsterberg llevó a cabo experimentos sobre la
percepción concluyendo que aún la percepción más convincente puede estar muy lejos
de los hechos (la verdad).
La reacción a estos planteamientos fue inmediata, y a pesar de la resistencia inicial, la
incipiente Psicología Forense fue visualizada, paulatinamente, como una ciencia
auxiliar al Derecho y la Ley. Poco a poco más abogados y jueces aceptaron la
necesidad de consultar sobre aspectos de conducta a los especialistas de la mente
(médicos, psiquiatras y psicólogos). La Psicología y la Psiquiatría comenzaron,
entonces, a aportar herramientas, estudios, opiniones y teorías sobre los acusados y sus
motivaciones. Esta mezcla de profesiones y ciencias generó debates de mayor
profundidad y es dentro de estas circunstancias que se fue fortaleciendo la Psicología
Forense.

Sobre roles y funciones de la Psicología Forense

El especialista en Forense se dedica al estudio, la evaluación, el testimonio y la


consultoría de los factores que motivan al ofensor a transgredir la ley. El análisis de
literatura refleja concenso en que la Psicología Forense puede aportar en varios niveles
y en diversidad de roles:

- Puede estudiar la conducta criminal sin participar en un caso activo en corte en


particular (mediante análisis de casos y creación de teorías sobre la personalidad
antisocial, etc.).

- Puede servir de asesor al juez (como amigo/a de la corte) mediante consultas y


asesoramiento.

- Puede servir de perito forense (testigo experto) para las partes (fiscalía o abogados de
defensa- funciones psicojurídicas).

- Puede aportar en campañas de prevención educativa en programas de intervención con


la criminalidad en escuelas, comunidades y agencias de gobierno (ejemplos: en
campañas contra la adicción como las realizadas por la Alianza contra las Drogas en
Puerto Rico, la campaña anti-violencia doméstica de la Oficina de la Procuradoría de la
Mujer).

- Puede trabajar con la población confinada estudiando las cárceles, sus problemas
internos y externos (como el estigma social al confinado) y ofreciendo atención directa
a esta población (función clínica) como se ha hecho en Puerto Rico desde el Comité de
Amigos y Familiares del Confinado.

- Puede trabajar con la fuerza policíaca en la identificación del criminal anónimo o


ausente como en el caso de los asesinos seriales mediante la construcción de perfiles
psicológicos (función policíaca forense).

- Puede hacer evaluaciones psicológicas que ayuden a evaluar la capacidad o


discapacidad psicológica del /a ofensor /a (función diagnóstica-clínica-forense).
- Puede propiciar soluciones negociadas a los conflictos jurídicos, a través de una
intervención mediadora que contribuya a prevenir el daño emocional y social (función
de mediación de conflictos).

- Finalmente, pero sin limitarlo sólo a estas funciones, puede participar en la asesoría de
política pública para la creación de leyes, reglamentos, protocolos en la política oficial
de las sociedades, en sus agencias e instituciones. Si una de estas funciones es la más
importante o esperada es definitivamente la de aportar en la prevención de diferentes
tipos de conducta delictiva. Esto es parte de la labor que la "Forensic Science
Association of Puerto Rico" (2002) plantea como agenda de trabajo necesario para todas
las profesiones forenses.

- En lugares donde existe la pena capital, puede ser incorporado como orientador y/o
facilitador de lo que es el proceso de muerte tanto con el condenado a muerte como con
la familia de ambas partes: víctimas y victimario.

No debe entenderse por este listado, sin embargo, que las funciones o los roles de la
Psicología Forense y Jurídica están claras, bien definidas y/o aceptadas. Existen aún
mucha reserva entre profesionales, mucha controversia dentro de las cortes y muchas
dudas (muchas simplemente por ignorancia) sobre la valiosa aportación de los
especialistas en la conducta humana. En Puerto Rico se observa que aún no existen
escenarios fijos donde el trabajo de psicólogos forenses sea requerido. Aunque existe
bastante consenso en la necesidad de entender mejor la conducta criminal, no ha habido
esfuerzo paralelo por crear fuentes de trabajo, puestos y funciones que ubiquen al
psicólogo forense de forma más consistente o permanente en el Sistema Judicial. Otras
profesiones forenses, en cambio, han logrado ubicarse mejor e inclusive ya son activas y
requeridas por ley, como es el caso del patólogo forense.

Por tanto, en Puerto Rico, como en muchos otros países, quienes deciden estudiar una
carrera en Psicología Forense encuentran un cuadro difícil que implica (a) ir a estudiar
la carrera fuera del país, (b) reconocer que su primera tarea al adquirir su título es la de
educar a las agencias de su país sobre la necesidad de crear puestos de trabajo en este
campo pues el escenario no está definido todavía hacia la inclusión permanente de este
personal, (c) y posiblemente deberá iniciar su carrera profesional, al menos por un
tiempo, fuera del pais en lo que asegura ganar más experiencia que le cualifique luego
en las cortes. Esto ocurre no solo en nuestra isla sino en la mayor parte de los países
donde la especialidad es novedosa, como en Argentina.

Es necesario por ello, que se inserte en el área laboral, institucional, en la docencia y se


amplíe su cobertura a diferentes escenarios laborales donde su participación pueda
resultar en una buena aportación hacia procesos más justos y donde la justicia quiera ser
de enfoque más científico y humano" (3) .

De forma positiva, y como señal inequívoca de progreso, las especialidades que


integran la ley y la Psicología recibieron un definitivo apoyo de organizaciones
profesionales de la Psicología misma, como la APA (American Psychological
Association) y otras no-psicológicas, como la ABA (American Bar Association). La
APA validó la especialidad de Psicología Forense al crear divisiones que atienden su
organización y desarrollo. Esta oficialidad le da un tremendo empuje hacia la
continuidad en el futuro de crear nuevos profesionales, hacer más investigación y
comenzar a crearse espacios dentro de la profesión misma de la Psicología y ante otras
profesiones relacionadas. Dos divisiones de la APA aplican directamente:

- En el área de justicia criminal existe la División 18- Psicólogos en el servicio público-


que responde a las necesidades del público en cuanto a la práctica psicológica, la
investigación, el adiestramiento y la formación del profesional de la Psicología
trabajando con los hospitales, con la justicia criminal, la policía y la seguridad pública,
así como con poblaciones especiales, como los indios norteamericanos y los veteranos
en EU. Publica una revista: Public Service Psychology (4).

- En el área jurídica-forense se creó la División 41- Sociedad Americana de Psicología y


Ley- que promueve una mejor comprensión de la ley, las instituciones legales, la
educación de los psicólogos en materia legal y -a la inversa- al personal legal en materia
psicológica. Public Law and Human Behavior y American Psychology-Law Society
Newsletter (5).

En el campo de la Psicología Forense existe, al menos en E.U., una clara intención de


integrar la ciencia y la profesión de la Psicología con asuntos de la ley y el sistema
legal. En la actualidad, científicos de las ciencias de la conducta pueden diplomarse en
Psicología Forense mediante certificación otorgada por la ABPP, American Board of
Profesional Psychology que ofrece un certificado de especialidad post-doctoral que se
requiere en algunos lugares de Estados Unidos como el criterio básico y estándar para
determinar competencia profesional en esta área, reconocido así por cortes, jueces y
jurisdicciones (6).

¿Cómo se da en Puerto Rico el desarrollo del perito en salud mental? La Dra. Carol
Romey, psicóloga forense, hizo un estudio basado en 45 casos criminales y civiles en
Puerto Rico, entre los años 1910 y 1981, que incluyó el estudio de sobre 1,500 páginas
de testimonios de peritos en las cortes Superior, de Distrito y Federal. Típicamente en
Puerto Rico los profesionales que han servido de peritos en salud mental son los
médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y profesores en el campo de las
Ciencias Sociales, siendo todos tratados bajo la misma categoría (peritos mentales) sin
diferenciarlos por sus áreas de especialidad. Ha predominado una tendencia de
preferencia por los médicos, y de su modelo de enfermedad mental, pero poco a poco se
ha ido abriendo a las otras profesiones mencionadas arriba. En la estructura, reglas y
regulaciones de las cortes en PR, la participación del perito en salud mental en casos de
insanidad (incompetencia mental) ha tenido que defender sus cualificaciones para poder
hacer su participación y que no se limite, o excluya, su rol y aportación: como
requisito legal (Pueblo v. Baez, 1848); el margen de funciones permitidas al perito
(Meléndez v. Levitt & Sons of P.R., 1976 y Corcoles Droz v. Warden Penitentiary,
1963); las normas éticas que la corte y la política de la corte están dispuestas a honrarle
(Pueblo v. Castillo Torres, 1978). Concluye la Dra. Romey que todavía hace falta
mucho trabajo para insertar al perito en salud mental sin tantas trabas como las que tiene
al presente (7).
Psicólogos forenses en el sistema carcelario

Una de las áreas de potencial y principal ubicación al psicólogo forense es dentro del
Sistema Correccional, participando directamente con las instituciones cerradas o
cárceles.

"Las cárceles son una forma institucionalizada de control social. Se usan con los sujetos
que no solamente negaron las leyes, costumbres y normas de su sociedad, sino también
con aquellos que, haciendo esto, se convirtieron en elementos que atentaban contra la
seguridad de los demás. El aislamiento y la privación de la libertad de movimiento es la
base filosófica del castigo que se usa en las cárceles como penalidad a la desviación de
conducta. Se plantea que la misión de las cárceles es la re-adaptación, o re-educación,
del delincuente, para -si así lo permite la condena o sentencia que dependerá del tipo de
delito cometido- reintegrarle a la sociedad como un ente productivo en vez de
destructivo. Para esto, mientras mejor sea su adaptación a la institución carcelaria y
mientras mayor y mejor "buena conducta" evidencia, mayor probabilidad de que se le
reste tiempo de su condena. De no ser la meta reintegrarle a la sociedad (cadenas
perpetuas), entonces el enfoque es de re-educación hacia la productividad dentro de las
cárceles. Esto presupone que el sujeto debe adaptarse a las normas y condiciones de la
institución cerrada" (8).

Como hemos mencionado, en tiempos presentes se están haciendo esfuerzos por aplicar
los principios humanistas a través del Derecho. Por esto, en las instituciones cerradas se
han establecido derechos del /la confinado/a con los cuales deben trabajar todos los
componentes del sistema penal. Estos derechos están recogidos en el documento Reglas
Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos (9), adoptadas por el Primer Congreso de
las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente,
celebrado en Ginebra en 1955, y aprobadas por el Consejo Económico y Social en sus
resoluciones 663C (XXIV) de 31 de julio de 1957 y 2076 (LXII) de 13 de mayo de
1977.

Sobre la Psicología y el Derecho

El juez Stephen Breyer (2000), de la Corte Suprema de Justicia de EU (10), planteó que
la ciencia ya se ha hecho parte inevitable en los casos en cortes. Breyer ha planteado
que la ciencia y la ley deben dirigirse hacia la creación de normas y estructuras que
pueda ayudar a los jueces a tomar mejores decisiones sobre calificación de peritos: esto
es, sobre cuáles peritos aceptar en los casos y bajo que condiciones deben ser
cualificados.

En una conferencia (cctubre, 2000) de la ABA (American Bar Association) y la APA


(American Psychological Association) se reunieron seiscientos psicólogos, abogados y
jueces para discutir asuntos tales como violencia, delincuentes del sexo, el castigo
capital y la selección del jurado. En esta conferencia, el investigador criminal, psicólogo
clínico y profesor de la Universidad de Massachusetts, Thomas Grisso, afirmó que
históricamente hemos llegado al momento de viabilizar la Psicología Forense como
elemento permanente en las cortes, de forma que la Psicología pueda proporcionar
-consistentemente- valor científico a los procesos en cuanto a evaluaciones,
motivaciones y conductas de los defendidos y acusados.

De otra parte, el caso Khumo Tire v. Patrick Carmichael (1999) en EU, estableció que
está en la función de los jueces de las cortes admitir o excluir el testimonio de un
experto-perito. La decisión establece que los jueces tienen flexibilidad en decidir sobre
la aceptación de estos testimonio, pero les dirige a que deben utilizar criterios
razonablemente confiables. Breyer apoyó un programa experimental comenzado en el
1999 por el ABA y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS),
diseñado para ayudar a los jueces mediante la facilitación de listas de expertos
cualificados que la corte podría designar en casos donde el sistema adversativo de la
corte no tiene claros los asuntos científicos. Este proyecto presentó una inmediata
dificultad que fue la falta de criterios para identificar un "buen" experto, no obstante,
fue un paso que adelantó y promocionó un mejor uso de peritos y expertos científicos en
las cortes. Breyer reconoció que el sistema judicial ha sido lento y poco responsivo a la
investigación psicológica. Invitó, específicamente a los psicólogos, a continuar
abogando para que sus conocimientos sean usados en áreas tales como confiabilidad del
testigo presencial, instrucciones a los jurados, al tamaño del jurado y condiciones donde
se requiere la unanimidad del veredicto. Breyer evaluó las aportaciones y experiencias
compartidas de profesionales peritos en calidad de "amicus curiae" (amigos de la corte)
como aportaciones significativemente útiles. El psicólogo forense -como amigo de la
corte- ayuda directamente al juez/za en asuntos donde necesita interpretar y entender
mejor los factores psicológicos envueltos en el caso. Otros jueces comparten la
necesidad de expandir e incorporar más y mejor la Psicología en las cortes.

Rya Zobel, Ex Directora del Centro Judicial Federal en Washington, D.C., expresó su
opinión a favor de que los psicólogos enseñen a los abogados lo que deben trabajar y
considerar en los casos de condiciones mentales; así, los abogados, también podrán
ilustrar a los jueces/zas (aplicando aquí la regla del efecto multiplicador, donde unos
pocos enseñan a otros pocos, que terminan enseñando a muchos). Otra jueza, Sheila
Murphy de Chicago en EU, planteó que la incorporación de psicólogos debe expandirse
a más cosas que las que se hacen al presente. Sugirió que su participación debe
ampliarse a otras áreas como participar en vistas preliminares, en casos de pena capital,
en casos de delitos menores, y en todo caso de adicciones y desordenes psicológicos en
la comisión de delitos.

Psicología y Derecho deben ir de la mano. La Psicología es una ciencia de la conducta


humana que concentra sus estudios, investigaciones, teorías, modelos y observaciones,
en general, sobre los aspectos emocionales, mentales y de conducta que puede aportar
mucho en este campo.

"Psicología: Ciencia que estudia la conducta, los procesos mentales y emocionales tanto
de los seres humanos como de los animales. Término compuesto con las voces griegas
psiché, alma, y logos, ley, que quiere decir literalmente "ciencia del alma". Sin
embargo, el objeto de la Psicología no es propiamente el estudio del alma, sino de los
hechos psíquicos, los que tienen carácter real y hasta experimental, siendo pues, la
Psicología, una ciencia natural. Los límites de su dominio han sufrido variaciones al
compás de la marcha misma de los conocimientos científicos. Los empíricos ingleses
han sostenido que las leyes del conocimiento son de naturaleza psicológica, tesis a la
que se opuso en todo tiempo el idealismo alemán, sobre todo a partir de Kant, cuando
este filósofo mostró que en el entendimiento hay factores a priori que no están en la
experiencia. Lo cierto es que el conocimiento no puede explicarse, ni aproximadamente,
por hechos estrictamente psíquicos, y que las legalidades a que él responde y que lo
determinan no pueden hallarse en la experiencia. Husserl encaminó que eran parte de su
esfuerzo a señalar la serie de objetividades que el espíritu encuentra como fuera de él
mismo, llamados los "objetos ideales", imposibles de reducir a una explicación
psicológica" (11).

De otra parte, el Derecho es, en su sentido subjetivo, "sinónimo de facultad y se refiere


a la potestad que cada uno tiene de obrar conforme a una norma que garantiza la
existencia y ejercicio de dicha facultad, como cuando se dice "tengo el derecho de exigir
la devolución de tal cosa - y en su sentido objetivo se toma como sinónimo de ley y
consiste en la regla obligatoria que constriñe a obrar o no obrar de tal manera y bajo
tales efectos. Los principales idiomas sólo emplean la palabra derecho para designar por
igual en el uso corriente esas dos situaciones (francés droit, italiano diritto, alemán
Recht, portugués directo) a excepción del inglés, que tiene right para el aspecto
subjetivo y Law para el aspecto objetivo y distingue así idiomáticamente en forma
correcta dos posiciones distintas". (12).

"Las definiciones que se han dado del Derecho son muy numerosas y diferentes y su
sentido y alcance dependen en cada caso de la posición filosófica, confesada o no,
explícita o implícita, en que su autor se coloque. Un logicista puro dirá: "Derecho es una
voluntad vinculatoria, autárquica e inviolable." (Stamler). Un criticista se expresará así:
"el Derecho es la coordinación objetiva de las acciones posibles entre varios sujetos,
según un principio ético que las determina, excluyendo todo impedimento" (Del
Vecchio). El positivista crítico aseverará: "El Derecho, en sentido objetivo, es el
conjunto de las normas generales impuestas a la acción humana en sus relaciones
externas y apoyadas por la autoridad del Estado, para garantizar la realización de los
fines del individuo y de la comunidad" (Vanni). Para el filósofo ius-naturalista
racionalista: "Derecho es el conjunto de las condiciones por las cuales el arbitrio de
cada cual puede coexistir con el arbitrio de los demás, según una ley general de
libertad" (Kant). Según el culturalista: "El Derecho es un fenómeno de cultura" (Kohle).
Para los juristas prácticos, " El Derecho es el conjunto de preceptos o reglas de conducta
a la observancia de las cuales está permitido sujetar al hombre por una coacción exterior
o física" (Aubry y Rau) (13).

Ambas disciplinas deben unirse para trabajar en los foros judiciales. Los profesionales
de ambos campos tienen que conocer las reglas de presentación de evidencia y sobre
cómo se presentan los testimonios periciales a tono con las reglas y procedimientos
judiciales. El testimonio pericial es posible en Puerto Rico gracias a las Reglas de
Evidencia (estatal-56 y federal-703). En casos civiles, la evidencia y el testimonio
pericial van dirigidos a probar las cosas por el peso de la prueba (preponderancia de la
prueba, que debe ser de un peso de 51% o más). En estos casos se busca compensación
y usualmente permite más elementos y técnicas en la búsqueda de la evidencia. En
casos penales, de otra parte, la evidencia no responde al peso de la prueba sino a que sea
contundente y clara, más allá de toda duda razonable. En los casos penales se busca la
sentencia de una persona que ha trasgredido la ley y, por sus consecuencias en cuanto a
determinaciones y sentencias, la investigación y la presentación de prueba tiene que
acogerse a regulaciones, requisitos y procesos más estrictos y regulados.

En su conferencia titulada Reglamentación Jurídica del Testimonio Pericial, ofrecida en


el Primer Simposio de La Asociación de Ciencias Forenses de Puerto Rico, realizada en
noviembre del 2000 en las facilidades del Colegio Politécnico de Puerto Rico, el Lcdo.
Rolando Emanuelli resumió las reglas que afectan la participación y calificación de los
peritos en PR (2000):

- Regla 52- del testimonio pericial plantea que el perito es un súper-testigo porque es el
único testigo que no es testigo directo. pero se le permite presentarse a emitir opiniones
sobre un caso. Define lo que es un testimonio pericial.

- Regla 53- ayuda a cualificar al testigo-perito estableciendo criterios sobre quién puede
o no serlo aunque no asigna valor o peso a los diferentes criterios de cualificación.

- Regla 54- es la que permite el contra-interrogatorio al perito.

- Regla 55- es la que establece una limitación de cantidad de peritos que cualquiera de
las partes podrá llevar a un proceso judicial (no hacerlo crearía un desfile interminable
de peritos de ambas partes).

- Regla 56- es una de las más importantes, porque establece los fundamentos del
testimonio pericial determinando que el perito puede presentar y emitir opinión como
evidencia.

- Regla 57- permite la opinión sobre cuestión alterna.

- Regla 58- establece la revelación de la base para la opinión.

La regla 51 es la que permite opiniones o inferencias, aún por "no peritos", es decir, que
permite que legos declaren en forma de opiniones o inferencias en cuanto a aquellas
opiniones o inferencias que estén: 1) racionalmente basadas en la percepción del testigo
y 2) que sean de ayuda para el mejor entendimiento de su testimonio, o 3) para la
determinación de un hecho en controversia. Se dice, en el análisis de esa regla, que en
todo caso se tratará de inferencias inmediatas, derivadas de la percepción del testigo, sin
mediar otras premisas de las cuales el testigo no tenga conocimiento, lo cuál significa
que para unos jueces quiere decir unas cosas y para otras. Se ha criticado que es la regla
51 es demasiado amplia, laxa o liberal.

La regla 52 define lo que es un testimonio pericial de la siguiente manera: "Cuándo


conocimiento científico o técnico o especializado sea de ayuda para el juzgador
entender la evidencia o determinar un hecho en controversia, un testigo capacitado
como perito en relación con la materia sobre la cual va a declarar podrá testificar en
forma de opiniones o de otra materia. Dicho de otra forma, el testimonio pericial no
depende meramente de la percepción como es el caso de legos, o regla 51".

La regla 53 cualifica al perito determinando que debe poseer especial conocimiento,


destreza, experiencia, adiestramiento o instrucción suficientes para cualificarlas como
un experto o perito sobre un asunto, pero no le asigna peso a ese conocimiento.

La regla 54 permite que cualquiera que sea llevado como perito pueda ser interrogado
con igual amplitud y alcance que a cualquier otro testigo, y que puede ser contra
interrogado sobre: 1) sus cualificaciones, 2) el asunto objeto de su testimonio pericial, y
3) los hechos, datos y circunstancias en que su testimonio se funda.

La regla 55, controla y delimita la cantidad de peritos que las partes pueden usar en un
caso, para evitar dilaciones innecesarias o que el caso se convierta en un desfile
argumentativo interminable de peritos.

La regla 56 permite que las opiniones o inferencias de un perito pueden estar basadas,
tanto en datos percibidos por el perito, como los dentro de su conocimiento personal o
informados a él, antes de, o durante, el juicio o la vista. Las bases para permitir su
testimonio se clasifican en tres tipos: a) observaciones directas del perito. (Ej.: perito de
ocurrencia, médico que lo trató), b) información en el juicio (Ej.: pregunta hipotética al
paciente. c) Ninguna de las anteriores (Ej.: declarar sobre condición de paciente a base
de un record médico, e información recibida del médico y enfermeras).

La regla 57 establece que no es objetable la opinión de un perito por el hecho de que se


refiera a la cuestión que finalmente ha de ser decidida por el juzgador de los hechos.

La regla 58 exige que se revele la base de la opinión del perito si el Tribunal así lo
dispone, es decir, que puede declarar en término de opiniones e inferencias y expresar
las razones en que funda su testimonio, sin que antes de declarar haya expresado los
hechos o datos en que sus opiniones o inferencias están basadas; pero si el tribunal lo
dispone, porque así lo necesita, el perito puede ser interrogado en relación a la materia
en que basa sus opiniones o inferencias, quedando obligado a revelar la misma.

Una última regla sobre el peritaje es la 59, que permite que el Tribunal nombre peritos:
a) antes del comienzo del juicio; b) durante el transcurso de este - a iniciativa propia o a
solicitud de parte, para que sometan un informe, o para que declaren en calidad de
peritos; y fija la compensación. El perito puede ser nombrado por la corte para evitar la
mala práctica de la "compra de peritos".

Recordó el Lcdo. Emanuelli que el Derecho probatorio requiere suficiencia de


credibilidad y contenido del testimonio pericial. En el caso Daubert del Tribunal
Supremo Federal de EU, se descartó el criterio de "aceptabilidad general" sobre el
testimonio pericial que había sido establecido por otro caso, el de Frye v. US. En el caso
Frye se sostiene que un experto científico puede presentar evidencia en juicio sólo si sus
conclusiones se derivan de un principio que está suficientemente establecido y que ha
ganado una aceptación general en la disciplina particular a la que pertenece. Esta regla
ha sido criticada por la ambigüedad en cuanto a cómo se mide la "aceptación general".
En la actualidad, el juez interviniente decide sobre esto, pues, en su poder, puede
convocar una ronda de testimonios antes del juicio para establecer si a su criterio, los
expertos y sus evidencias, tienen el necesario nivel de aceptación científica.

En el caso Daubert v. Merrel Dow Pharmaceutical, 113 S. Ct. 2796 (junio 28/1993)
unos niños (representados por sus guardianes legales) demandaron una compañía
farmacéutica. Estos menores nacieron con defectos en brazos y piernas -cortas y
deformes- por efectos del medicamento Bendectin, que fue ingerido por sus madres
durante el embarazo para controlar la náusea. Merrel Dow Pharmaceutical impugnó el
peritaje de la defensa, pero el Tribunal Supremo de EU expidió un "certiorari" que
determinaba que la doctrina de "General Acceptance" (aceptación general) no constituía
una pre-condición a la admisibilidad de evidencia científica, y que las Reglas le
asignaban, al juzgador de los hechos, la tarea de asegurarse de que el testimonio del
perito descansara sobre bases confiables ("reliable foundation"), así como que fuera
relevante a la controversia en cuestión. El caso Daubert estableció que la confiabilidad y
credibilidad pericial no debe establecerse por la aceptación de los pares-legos, sino que
la confiabilidad debe darse por la base de la opinión (se refiere a la teoría, la
metodología, si es una teoría científicamente probada, o establecida, si ha sido
publicada, etc.).

De otra parte, la regla de Evidencia Federal 702, determina lo que es conocimiento


científico aceptable y confiable. En dos casos importantes se aplican: 1) en el caso
General Electric vs. Joiner-522 US 136 del 1997, donde se estableció que los tribunales
son los vigilantes finales sobre la decisión de aceptar o no un testimonio pericial como
uno creíble. Y en el caso 2) Khumo Tire v. Patrick Carmichael, 1999, en el cual el
Tribunal Supremo Federal estableció que el testimonio pericial y el técnico son iguales,
aclarando que la Regla Daubert no es taxativa sino una guía flexible. Los casos Daubert
y Kuhmo son casos que han establecido diferencias significativas en la forma en que se
acepta, presenta, evalúa y sostienen los testimonios periciales en Derecho. (14)

En cuanto a las reglas de evidencia federales, que aplican tanto a casos civiles como
criminales en las cortes federales, se plantea una categoría específica para el peritaje y
su testimonio en las reglas en el artículo VII de las Reglas Federales 2003, que incluye
el 701,702,703,704,705 y 706 que se resumen como siguen:

- 701- Testimonio de testigos legos- Cuando el testigo que va a ofrecer su opinión no es


un experto, su testimonio es expresado como una opinión o inferencia que debe estar
limitado (o condicionado) a que sea: a) basado racionalmente en una percepción del
testigo, b) útil y su opinión debe limitarse a aquellas que son a) basada en la
racionalidad de su percepción; b) útil para aclarar y mejorar el entendimiento de algún
asunto en controversia; c) no basada en conocimiento científico, técnico, o
especializado tal y como son descritas en la Regla 702.
- 702- Testimonios de Peritos (testigos-expertos)- El experto es cualificado por su
conocimiento, destreza, experiencia, entrenamiento o educación y su opinión debe
basarse en a) suficiente data o hechos; b) principios y métodos científicamente
confiables y c) aplicación de eso principios y métodos a los hechos del caso.

- 703- Base de opinión en testimonios de peritos- La opinión del experto pueden ser
presentadas durante o posterior a la vista preliminar del caso.

- 704- Opinión en asunto último -"Ultimate" - Los testimonios que son opiniones o
inferencias no son objetables porque lo que presentan son asuntos que serán decididos
en el juicio y no son decididos por el experto. Ningún experto puede someter una
opinión sobre si el defendido tenía o no una condición mental que constituyera un
elemento del crimen adjudicado pues esto también corresponde al jurado o juez
determinar y no al experto.

- 705- Divulgación de hechos o data en la base de la opinión del perito- El experto


puede testificar en términos de inferencias y razones sin tener que testificar sobre la
base de datos que usa en su opinión a menos que la corte lo requiera así. En ese caso el
experto está obligado a mostrar los datos de base en un contra-interrogatorio.

- 706- Peritos asignados por la corte- Los peritos pueden ser escogidos o rechazados por
la corte. Se suele solicitar que las partes sometan los nombres de expertos a ser citados
en el caso con antelación a que el caso se vea. Si la corte los nombra, la corte debe
informarle de sus deberes por escrito.

Las reglas de evidencia y de procedimiento civil vigentes fueron aprobadas en el 1979 y


las reglas de derecho criminal son de 1963, razón por la cual varias propuestas de
revisión profunda con fines de actualización han sido propuestas en Puerto Rico.

Sobre la creación de Cortes de Salud Mental en el Sistema de Justicia

Crear cortes especializadas en Salud Mental (15), donde puedan unirse la Psicología con
el Derecho hacia una gestión penal más eficiente y justa, es una de las metas de la TJ. El
propósito de estas cortes sería atender individuos arrestados por ofensas de delitos
menores cuando reúnan la condición de que al cometer el delito se sospeche y
demuestre que son personas mentalmente enfermas, que están bajo los efectos de un
estado emocional descontrolado o que tienen retardo mental. La premisa es que es
necesario controlar a estas personas, pero reconociendo que su necesidad es de
tratamiento apropiado en un ambiente conducente a la salud, y no de castigo solamente.
Pueden atenderse casos menos graves de violencia doméstica, pues reúnen estas
características y ya sabemos que el agresor doméstico muestra patrones disfuncionales
de conducta en la relación con la pareja. Cualificarían, en general, cualquier cliente que
sufra de condiciones mentales. No se requiere que la persona tenga que ser declarada
incompetente previo a ver el caso en la Corte de Salud Mental especializada. Para
cualificarle puede usarse inicialmente un filtro de preguntas como las siguientes: 1) ¿Ha
estado hospitalizado por condiciones mentales? 2) ¿Está tomando medicación para
condiciones mentales, y cuáles? 3) ¿En cuál clínica o institución ha estado
hospitalizado? 4) ¿Estudió en alguna escuela especializada para alguna condición
mental? 5) ¿Recibe algún beneficio gubernamental por esta condición?

No todas las personas cualifican para ser atendidas en la corte especializada de salud
mental. De serlo, serían transferidos de la corte regular a esta para ser atendidos
apropiadamente. Antes de una transferencia, sin embargo, se requiere informar al cliente
sobre los alcances, características y consecuencias de esta transferencia porque la
segunda sería una división que trabajaría con el enfoque de "tratamiento" en donde los
juicios legales no serían el foco principal sino la aplicación de la ley que reconoce su
condición mental, determinando medidas de tratamiento para la causa de su delito. El
juez hará la determinación final sobre la cualificación de cada cliente referido, si
permanece o no en la corte especializada de salud mental. Ya existen algunas cortes de
este tipo en E.U. En Nueva York existe una corte de salud mental en Brooklyn que
trabaja para reconfigurar el sistema judicial ofreciendo una alternativa sistémica que
pueda identificar, asesorar, evaluar y monitorear transgresores con enfermedad mental.
En el estado de Florida existen al menos tres cortes de salud mental especializadas: a)
una para cortes de tratamiento a drogas, b) una corte de tratamiento a violencia
doméstica, y c) una para ofensores reincidentes (16). Todas estas nuevas cortes fungen
como enlaces entre el sistema judicial y el sistema de salud mental en sus regiones o
estados.

Sobre la Psicología Jurídica en América Latina

Frías Armenta (17) plantea que la Psicología Jurídica es una "interdisciplina" poco
desarrollada en América Latina. No obstante, ha tenido una amplia aceptación y
validación. Esto ha fomentado mucha nueva investigación en países como México,
Argentina, Chile, y Venezuela, Estados Unidos y España.

"El interés en el estudio de la Psicología se originó en la filosofía, epistemología y otras


ciencias. Para entender la historia de la psicología es preciso entonces estudiar historia
de la ciencia así como historia de la filosofía. Por ejemplo, los filósofos griegos estaban
interesados en el cómo los humanos perciben el mundo. Siguiendo a Aristóteles y
Platón los filósofos estudiaron el alma y la mente humanas, la cual en lo subsecuente
constituyó el objeto de estudio de la Psicología. Una característica de este desarrollo
histórico de la Psicología fue la marcada divergencia en ideas respecto a lo que es la
mente humana. No obstante, esas ideas siempre fueron desarrolladas bajo los auspicios
y en el contexto de la filosofía. No fue sino hasta finales del siglo diecinueve que la
psicología se separó de la filosofía. La "creación" de la psicología como una nueva
ciencia produjo la oportunidad de abrir nuevos campos científicos dentro de la
disciplina. Uno de estos campos fue el de la Psicología Jurídica, área interdisciplinaria
reconocida desde el inicio de este siglo (Ruback, 1992), la cual estudia las interacciones
de individuos con un sistema jurídico determinado" (18).
Frías Armenta concluye que aunque en Latinoamérica algunos psicólogos trabajan en
cortes o juzgados interactuando con abogados, su relación con éstos se limita a los
servicios de salud mental en prisiones y al estudio de delincuentes, por ende, la
investigación psico-legal se ha limitado al estudio de la conducta delictiva y a la
peligrosidad de los criminales. Concluye, además, que las interacciones Psicología-
Derecho tienen muchos precedentes en América Latina, por lo que augura que será un
área de continuo desarrollo en el futuro, a pesar de que en algunos de estos países las
condiciones socio-económicas y de gobierno no parecen favorecer este crecimiento y
diseminación. Este es el reto de muchos países que comparten condiciones similares de
desconocimiento del valor de un enfoque criminalista y legal de TJ.

Psicología Forense en Puerto Rico

En el caso de Puerto Rico, la Psicología Forense está presente, pero de forma


embrionaria. No existe ninguna escuela graduada que certifique la especialidad, a pesar
de que se requiere un título graduado en Psicología y certificación como Psicólogo/a
Forense otorgado por el American Board of Forensic Psychology y/o APA. La
Universidad Carlos Albizu ofrece una maestría en Psicología Forense en su recinto en
Miami, Florida, pero no en PR, aunque tiene una división de servicios clínicos que
maneja casos de implicaciones legales como delitos contra menores.

La Dra. Carol Romey, psicóloga, es una profesional forense que ha incursionado en esta
área habiendo participado como perito en casos muy renombrados a nivel de opinión
pública. En el Simposio de la Asociación de Ciencias Forenses de Puerto Rico (2000),
expresó la necesidad de establecer un Código de Ética para los peritos de todas las
profesiones unidas en un solo documento. Estableció que pertenecer a asociaciones
voluntarias profesionales que cuenten con su propio Código de Ética garantiza: a)
compromiso del perito con su profesión, y b) regulación de la práctica y los testimonios
porque el /la profesional está sujeto a la evaluación de sus pares. Estas dos cosas
contribuyen a que en las cortes la opinión pericial sea tomada con respeto, prestigio y
seriedad. El Código de Ética contribuye pues a la profesionalización del peritaje.

En el caso de la nueva Asociación de Ciencias Forenses en Puerto Rico, que agrupa a


diversas profesiones del área, un código de ética aplicaría a todos los campos que
funcionen como peritos en casos en Puerto Rico. Esta propuesta escogió el código
actual para Psicólogos Forenses de la APA como documento base y contiene artículos
tales como: aplicabilidad (profesiones que son incluidas), responsabilidad, competencia,
relaciones profesionales, confidencialidad y privilegio, métodos y procedimientos,
comunicaciones profesionales y con los medios de la comunicación pública. Según la
Dra. Romey, las dificultades presentes que tienen los psicólogos forenses, y las otras
profesiones que también sirven como peritos son que, en ausencia de códigos y
asociaciones que les representen o agrupen, cada profesional tiene que estar presentando
y poniendo a disposición de la corte una recopilación de todas las guías, debates, leyes y
casos que han establecido jurisprudencia. Por ejemplo, cita la Dra. Romey que en 1990
se hizo un compendio de jurisprudencia y leyes que constituyeron un mamotreto de más
de 2,000 páginas. En 1996 se revisaron todas estas leyes, pero el 80% de las guías
profesionales habían cambiado y hubo que sustituirlas. Dicho documento revisado tiene
la extensión de compilación de cinco tomos.

En el caso de los psicólogos forenses, se debe incluir, además, toda la información


(debates, leyes, usos, guías) sobre las pruebas psicológicas que vayan a usarse al evaluar
clientes, como la Rorschach y la MMPI. Ante esta compleja y ardua tarea, dice la Dra.
Romey, en los 50's se trató de hacer una "nacionalización de guías éticas forenses", pues
existía demasiada disparidad en estas por regiones y estados. No obstante, este esfuerzo
no se ha podido culminar. Por último, señaló que el perito es aquel que emite opiniones
que representan en ellas su profesión, por tanto, debe cuidar que su participación
cumpla con todos los requisitos generales de su profesión. Los peritos no dan opiniones
individualizadas, personales, sino que reflejan y comunican un perfil congruente con los
actos, las posturas y modelos así como los conocimientos de su profesión. Para poder
cumplir con las directivas establecidas en los casos de Daubert v. Merrell Dow
Pharmaceuticals, 509 U.S. 579 (1993), General elctric v. Joiner, 118 S.Ct. 512 (1997) y
Kuhmo v. Carmichael, 526 U.S. 137 (1999) referente a la admisibilidad de evidencia
pericial, y los códigos de ética que respaldan la buena práctica de cada profesión que
componen las ciencias forenses, es necesario entonces crear y adoptar un código de
ética que represente un compromiso colectivo e interdisciplinario entre las ciencias
forenses con el fín de mejorar la calidad de los servicios de peritaje en los foros legales
(18).

Sobre cómo debe ser el perito ideal

El Lcdo. Rolando Emanuelli identificó las siguientes características prácticas y


condiciones personales /profesionales como ideales y necesarias en peritos de todas las
especialidades: a) si es perito de profesión, establece contratos claros con su cliente
sobre su participación en el caso. b) Evalúa y selecciona sus casos; no es recomendable
que tome todos los casos que le llegan sin criterios que le permitan diferenciar en cuales
debe participar y en cuales no. c) Tiene guías claras de cobro sobre su trabajo a tono con
el valor real profesional de su participación y lo que esto implica. d) Analiza
deposiciones. e) Hace investigaciones completas y profundas. f) Estudia jurisprudencia
y otros casos. g) Organiza bien su práctica profesional y económica. h) Tiene que
asegurarse de que es contratado al principio de los casos y no se deja contratar cuando
no queda más nada que hacerse en el caso. i) Es honesto. j) Es objetivo. k) Somete
informes corregidos y bien redactados. l) Cuida de su apariencia física al presentarse en
corte. m) Incluye referencias teóricas y de precedentes en su informe pericial. n) Asiste
a las diversas etapas del juicio y no se limita sólo a ir el día en que debe hacer su
deposición, tratando de informarse bien sobre el caso (19).

Enfoque de salud y enfoque de castigo


El Lcdo. Efrén Rivera Ramos, ex decano de la Escuela de Derecho de la Universidad de
Puerto Rico, reportó sobre un artículo publicado en el periódico El Nuevo Día (20)
estadísticas de población confinada en EU que se resumen como sigue:

- A fines del año 2002 la población confinada ascendía a 2.1 millones de personas, un
aumento de 3.7 por ciento sobre el año anterior. Esto equivale a 476 personas
confinadas por cada 100,000 habitantes.

- Uno de cada 37 adultos residentes en los Estados Unidos para el 31 de diciembre de


2001 había estado encarcelado durante algún momento de su vida. Esto equivale a más
de 5.6 millones de personas. Estos números no incluyen menores detenidos en
instituciones juveniles

- Se estimaba que de continuar esta tendencia el 6.6% de los residentes de Estados


Unidos nacidos en 2001 irán a prisión en algún momento de su vida.

- Esta política carcelaria ha recaído con mayor peso sobre la población negra.

- Se estimaba que el diez por ciento de los hombres de origen afro-americano entre las
edades de 25 y 29 años están encarcelados.

- Para finales del 2001, aproximadamente el 16.6% de los varones adultos negros estaba
o había estado en prisión, en comparación con el 7.7% de los hombres de origen
hispano y el 2.6% de los hombres blancos.

- Entre los hombres negros de 35 a 44 años de edad, el 22% estaba o había estado
confinado, en contraste con el 10% de los de origen hispano y el 3.5% de los varones
blancos de las mismas edades.

La política carcelaria responde al enfoque de castigo. Funciona mediante separación


física del ofensor de su comunidad mediante institucionalización en cárceles. Se parte
de la premisa fundamental de que la pérdida de libertad y movilidad, así como el
confinamiento a espacios delimitados, es en esencia un castigo por sí mismo.

Datos en Estados Unidos, ofrecidos por el Justice Policy Institute reflejan que en la
década del 80 los gastos gubernamentales en los sistemas de prisiones estatales
crecieron seis veces más que los dedicados a la educación superior. Imagine. El
contribuyente norteamericano paga más dinero para sostener el sistema penal que para
costear el sistema educativo en su país.

Este incremento en gastos carcelarios no ha producido, ni refleja, una disminución en la


incidencia de la criminalidad en las comunidades. No parece ser cierto aquello que dice
que sacando al criminal de la calle controlamos o evitamos la criminalidad. Si cierto es
que no podemos dejar al criminal violento y peligroso en libertad, es igualmente cierto
que los recursos asignados a la política carcelaria podrían comenzar a cuestionar sus
topes-límites cuando, por razones fiscales y de presupuesto, sea imposible asumirlos.
Alternativas a la política tradicional punitiva no se han hecho esperar. En EU, el juez
asociado Anthony Kennedy, del Tribunal Supremo de Estados Unidos, criticó la
tendencia a imponer condenas excesivamente largas y severas; exhortó a que se
abolieran las sentencias mínimas mandatorias en el sistema federal reclamando así
mayor flexibilidad en la imposición de sentencias.

La TJ trabaja precisamente con este problema. Reconociendo que el enfoque punitivo-


legal no ha mermado la incidencia del crimen, y que de otra parte, la persona no se
rehabilita en las cárceles, salvo contadas excepciones, y que una persona en sentencias
cortas pero sin tratamiento tiene muchísimas probabilidades de reincidir en la misma, o
desarrollar peores conductas criminales, plantea re-enfocar de castigo a un enfoque de
salud-tratamiento, al menos en los casos menos graves de primera ofensa o con
reincidencia.

Desde la antiguedad los teóricos defensores del castigo, como Cesare Bonseana,
Marqués de Beccaria, planteaban que los beneficios de esta práctica eran muchos.
Beccaria (En su obra De los delitos y de las penas) hablaba del delito desde una
perspectiva utilitaria; sirve para crear una sociedad mejor y para disuadir a los demás a
no cometer delitos o crímenes. Consideraba que la pena de muerte no era más disuasiva
que el encarcelamiento favoreciendo el segundo (21). Otros aceptan y promueven el
castigo como sanción lógica y natural al crimen asignándole un valor igualador (de
balance) entre víctima y agresor. Por ejemplo:

"Morris concibe a la sanción penal como aquella que se le impone al free-rider para
privarlo de sus ventajas. Concibe el sistema legal como un conjunto de normas
destinadas a disuadir a los individuos de actuar bajo ciertos impulsos, a ejercer el
autocontrol. Al fomentar la paz interna y la seguridad, y al facilitar la cooperación, el
acatamiento general mejora la calidad de la vida social para todos los miembros de la
comunidad. Cuando un individuo abandona este control de sus impulsos y transgrede
las normas, amenaza con perjudicar este orden valorado, instando a imitadores a seguir
su ejemplo. El castigo garantiza la supresión de la ventajas que adquieren los
trangresores por sobre el resto de la comunidad" (22).

Son muchos los sociólogos que cuestionan -desde la criminología penal moderna- los
beneficios o limitaciones reales del enfoque punitivo. La Criminología es la ciencia que
estudia la causa de la conducta criminal, buscando correlación con factores sociales-
históricos y se clasifica como una ciencia causal-explicativa. El Derecho Penal es una
ciencia normativa, que se homogeneiza la población dentro de ciertos parámetros de
conducta aceptada; de no hacerlo, aplica sanciones-castigos para atacar la anormalidad
de la conducta trasgresora. Algunos asumen posiciones contrarias al castigo como
solución:

"Jeremy Bentham afirma que todo castigo es malo, pues es un daño, y que en caso de
ser admitido sólo se debería hacer para excluir un mal mayor y como un medio para
asegurar la tranquilidad de la mayoría; coincido con él, pues en mi opinión, el "criminal
por naturaleza" se debe excluir de nuestro lenguaje, pues considero que una educación
debida podría contrarrestar las imposiciones de una vida familiar deficiente, de un
medio ambiente corrupto y promiscuo, de hacinamiento y pobreza, adicciones al alcohol
o drogas con la consecuente pérdida de valores tanto morales como religiosos y
sociales" (23).

La Psicología y la Psiquiatría plantean que sólo el tratamiento puede trabajar con la


rehabilitación del delincuente. No es el castigo, sino la terapia dirigida, la que ayuda a la
persona a tener una oportunidad de lograr una reflexión auto-crítica sobre lo incorrecto
de sus acciones, y además, la posibilidad de tomar decisiones, desarrollar destrezas de
auto-control o re-educarse en valores, metas y conductas adaptativas.

"La base conceptual más promisoria para los programas de prevención y rehabilitación
es un entendimiento socio psicológico de la conducta criminal. Este enfoque destaca
cuatro conjuntos de factores de riesgo: actitudes, pensamientos, sentimientos,
interpretaciones de eventos y racionalizaciones que apoyan la conducta antisocial;
asociados antisociales; una historia de conducta antisocial; e indicadores de una
personalidad antisocial (incluyendo indicadores de agresividad inquieta, impulsividad y
en el caso de delincuentes juveniles en especial, inmadurez psicológica)" (24).

La Psicología, además, cuestiona el impacto y valor del sufrimiento como castigo y si


esto en realidad tiene significado de rehabilitación mediante la expiación de culpas.
Enfoques como la Logoterapia, creada por el psicólogo Victor Frankel, pueden aportar a
un entendimiento más claro de las motivaciones psicológicas hacia el sufrimiento por
castigo como forma de crecimiento y liberación del ser humano que transgrede las leyes
civiles y o morales. El castigo puede ser una forma válida de sufrimiento aceptado si se
da en un contexto válido.

"Un sufrimiento puede ser superado sólo si se lo concibe en un contexto válido, es decir,
si viene colocado en un cuadro de referencia que permita descubrir las posibilidades que
aún faltan por realizar. De frente al dolor, de hecho, nos podemos relacionar de una
manera masoquista o con una actitud de huida (por ejemplo, con el suicidio). Pero se
puede también asumir con madurez y dignidad, no obstante, toda la dificultad para
comprender el marco significativo". (25).

Percibido de esta forma el confinado puede tener varias experiencias positivas en su


condena: 1) comprender el dolor como un ejercicio que consiste en aceptar la
consecuencia de sus decisiones; 2) comprender su dolor como una experiencia de
crecimiento, que consiste en entender las bases de sus acciones y entrar en contacto con
la realidad de las mismas; 3) comprender que en el dolor de su pena o castigo puede
haber maduración, que consiste en comprender que llega a su libertad interna mediante
la institucionalización de su cuerpo liberándose de problemas y tentaciones del mundo
cotidiano; 4) y finalmente, ver su castigo como una forma de enriquecimiento porque
puede enfrentar la verdad de forma genuina y responsable. (26)

*Puede conseguir datos biográficos de Bruce Winick en:


http://translate.google.com/translate?hl=es&sl=en&u=http://www.brucewinick.com/
Therapeutic%2520Jurisprudence.htm&prev=/search%3Fq%3Dtherapeutic%
2Bjurisprudence%26hl%3Des%26lr%3D%26ie%3DUTF-8%26oe%3DUTF-
8%26sa%3DG

**Datos biogáficos de David Wexley (JD, New York Uninversity, 1964, Catedrático
Escuela /Derecho, UPR. Investigador en Derecho penal; derecho y psiquitaría;
jurisprudencia terapéutica)