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Creencias básicas de la

Iglesia Cristiana
(Discípulos de Cristo)
Rev. Dr. Pablo A. Jiménez
www.drpablojimenez.com
Introducción
La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)
[ICDC] exhorta a cada creyente a
estudiar la Biblia y a desarrollar su
pensamiento teológico, dentro del
marco de los principios básicos de la fe
cristiana.
Nuestra Iglesia no obliga a su feligresía a
afirmar un credo o una confesión de fe.
Nuestro credo es Cristo
La única «confesión de fe» necesaria para
ser parte de nuestra Iglesia se encuentra
en Mateo 16:15-16: «[Jesús] les dijo: Y
vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres
el Cristo, el hijo del Dios viviente».
Nuestra iglesia afirma que nuestro único
«credo» es la confesión de fe en Cristo.
Libertad de conciencia
Esto no quiere decir que nuestra Iglesia no
tenga pensamiento teológico o que acepte
toda clase de herejías. Lo que quiere decir es
que sus miembros no tienen la obligación de
pensar de la misma manera.
Por lo tanto, dos personas que tengan distintas
perspectivas sobre el ministerio del Espíritu
Santo pueden ser miembros de la misma
congregación.
Creencias básicas
A continuación presentaremos un breve
resumen de las creencias básicas de la
Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo).
Como verán, el pensamiento teológico de
nuestra Iglesia está en armonía con los
principios teológicos básicos de la fe
cristiana a través de los tiempos.
Creemos en Dios
 La Biblia presenta a Dios como el amoroso
creador que se ha revelado a sí mismo en
la historia.
 El Antiguo Testamento narra la revelación
de Dios en la historia de Israel.
 El Nuevo Testamento narra cómo Dios se
reveló en forma definitiva en la persona de
Jesucristo.
Creemos en Jesús, el Cristo
 Dios se reveló de manera definitiva a
través de Jesús de Nazaret. La comunidad
cristiana primitiva comprendió que Jesús
era el Cristo, el Mesías enviado por Dios
para la salvación del mundo.
 Jesucristo es plenamente Dios y
plenamente humano. Es el Señor y
Salvador de la humanidad.
Creemos en el Espíritu Santo
  El Espíritu Santo se presenta en el Antiguo
Testamento como una fuerza divina que
venía en auxilio del pueblo de Dios.
  En el Nuevo Testamento, se presenta como el
poder enviado por Dios para capacitar y
dirigir a la Iglesia.
  El ministerio del Espíritu Santo nos permite
experimentar la presencia del Cristo
Resucitado en nuestros medios.
Afirmamos la Trinidad
 Nuestra Iglesia afirma la unidad de Dios.
 Las Sagradas Escrituras nos enseñan que
Dios se ha manifestado en tres personas:
  El Dios Padre
  El Dios Hijo
  El Dios Espíritu Santo
 Hay un solo Dios, donde se conjugan las
personas que componen la Trinidad.
La pública confesión de fe
  Los seres humanos debemos confesar
nuestros pecados, alejarnos de la maldad, y
aceptar la salvación que Dios nos ofrece por
medio de la obra de Jesucristo.
  La confesión de fe en Cristo debe ser pública.
Preferiblemente, debe hacerse ante una
congregación cristiana.
  La pública confesión de fe comienza el
proceso de salvación y santificación.
Practicamos el bautismo
  Nuestra Iglesia reconoce el Bautismo como
una ordenanza o sacramento.
  Simboliza que el creyente muere, es
sepultado y resucita a una nueva vida con
Cristo. Afirma que se ha entrado en una
relación de pacto con Dios, con otros
creyentes, y con toda la humanidad.
  Se debe bautizar por inmersión. Sin embargo,
nuestra iglesia reconoce como válido el
bautismo de otras Iglesias cristianas.
Celebramos la Cena del Señor
  Nuestra Iglesia también reconoce la Cena del
Señor como una ordenanza o sacramento.
  Por medio de Cena, la comunidad cristiana
recuerda la obra de Cristo y anuncia el Reino
de Dios. En la Cena del Señor reafirmamos el
pacto de amor que nos une a Dios.
  Dios es quien nos invita a la mesa. Por esta
razón, la Iglesia local no puede negarle a un
creyente fiel la participación en la Cena.
Estudiamos la Biblia
  Nuestra Iglesia presta gran importancia al
estudio de las Sagradas Escrituras,
exhortando a cada creyente a estudiarlas por
sí mismo.
  Afirmamos la primacía del Nuevo Testamento
sobre el Antiguo. Esto quiere decir que
leemos el Antiguo Testamento a la luz de la
obra redentora de nuestro Señor Jesucristo,
el Mesías enviado por Dios.
Cada creyente es un ministro
 Todo persona que ha creído en el mensaje
del evangelio tiene la responsabilidad de
dar testimonio de su fe, de edificar a los
demás creyentes, de llamar a otras
personas a la fe, de ayudar a las personas
necesitadas, y de luchar contra el mal.
 En este sentido, todo creyente es un
siervo o «ministro» del evangelio.
Tres «órdenes» del ministerio
  Pastor/a: Esta persona predica el evangelio.
Puede ser ordenada o licenciada y servir al
nivel local, regional, o general.
  Anciano/a: Personas laicas de gran madurez
en la fe que forman parte del equipo pastoral
de la Iglesia y ofician la Cena del Señor.
  Diácono/isa: Colaboran en la preparación de
la Cena del Señor y en la administración de la
congregación.
Creemos en la unidad de la Iglesia
 Nuestra denominación aspira a formar
parte de la Iglesia de Cristo a través del
tiempo y del espacio.
 Dado que Jesucristo tiene una sola Iglesia,
nuestra denominación afirma la unidad de
todas las comunidades cristianas.
 Por esta razón, nuestra Iglesia mantiene
relaciones fraternales con otras
denominaciones.
Afirmamos la misión cristiana
 Dios, quien ama a la creación, desea
salvar a la humanidad del pecado y de la
muerte.
 Dios envió a Jesucristo con la misión de
proclamar el mensaje de salvación.
 Dios ha llamado a la Iglesia a tomar parte
en su misión salvadora. La Iglesia tiene la
misión de proclamar el evangelio con sus
obras y palabras.
Adoramos con libertad
  La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) no
tiene un orden de adoración fijo que cada
congregación deba seguir.
  Cada congregación tiene la libertad de
desarrollar su propio estilo de adoración
comunitaria.
  Cada creyente debe cultivar una vida de
oración por medio de sus devociones
personales.
Practicamos la mayordomía
 Cada creyente debe administrar con
sabiduría los recursos que Dios le da.
 En particular, las personas de fe deben
ofrendar para sostener los esfuerzos
misioneros de la comunidad cristiana.
 Hay varias formas de ofrendar:
diezmos, promesas, y donativos de
bienes, entre otras.
Conclusión
La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)
exhorta a cada congregación a
desarrollar un programa de educación
cristiana que le permita a sus feligreses
crecer en la fe. La educación cristiana
debe combinar la teoría y la práctica,
proveyendo tanto medios para estudiar
la Biblia como oportunidades para
trabajar con la comunidad.
Bibliografía
 Duane Cummins, Un manual para los
Discípulos de hoy, Edición Revisada
(Chalice Press, 1999).
 Pablo A. Jiménez, Somos Uno: Historia,
Teología y Gobierno de la ICDC (Chalice
Press, 2005).
 Ronald Osborn, La fe que afirmamos
(Chalice Press, 2007).