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Música maestro

Música lo que se llama música, creo que no escuchábamos mucho. En mi pueblo apenas y
teníamos un pequeño radio de bulbos. Estaba colocado en la cocina, junto a mi madre que molía
la masa en el metate para hacernos unas tortillas calientes.

Por la madrugada se escuchaban piezas como Paso del Norte. Mientras se levantaban mis
hermanas para preparar el almuerzo, se sintonizaban las noticias en la estación local. Ya mi
padre había llevado los animales a pastar. Luego yo tenia que acompañarlo para hacerlo fuerte
en eso de la siembra.
Al mismo tiempo que mi madre preparaba el itacate, se oían los consejos y recetas de Chepina
en la XEW. Yo preparaba la yunta y el arado para la jornada del día. Las hermanas se sentían
alegres cuando escuchaban cantar a un tal Jorge Negrete. Aunque mi preferido fue siempre
Pedro Infante.

Mis viejos habían crecido con canciones como Mis dos arbolitos, Se me reventó el barzon, Un
viejo amor y Mi casita de paja. Cuando alcanzaba a mi padre en la parcela empezábamos a
silbar entre surco y surco las Cuatro milpas.
Al crecer fui maestro rural y los jóvenes de entonces me llevaban al río, donde con la luz de la
luna y desafinados entonábamos aquella que dice Tu solo tu... No olvido la vez que mi hermano
hizo bailar al prieto azabache, ¿cómo lo logro? No lo sé.

Y aquellas noches en que se reunían todos los escuincles en la casa del abuelo, quien tocaba con
un violín El adolorido para arrullarnos. El 19 de marzo en la fiesta del rancho las rezanderas
cantaban hermosas alabanzas.
Nada que ver con el órgano de la parroquia el día domingo para la misa del campesino. La fiesta
del Santo patrono no podía faltar la banda de viento con muchos cuetones para las mañanitas.

Hoy aquí con mi mujer la abrazo, le beso y al pasar mi mano por su espalda ella tiene
música; para siempre...
Prof. Sergio Navarrete Lagunas