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Introducción

La delegación, como homenaje, lleva el nombre del militar, revolucionario y político sonorense que fuera
Presidente de la República de 1920 a 1924.
Álvaro Obregón nació el 19 de febrero de 1880 en Navojoa, Sonora. Fue agricultor, profesor y en 1911 es
elegido presidente municipal de Huatabampo.
En 1912 se incorpora a las fuerzas revolucionarias de apoyo a Francisco I. Madero, con el grado de teniente
coronel. Cuando en 1913 Madero es asesinado, Obregón se une a las fuerzas de Venustiano Carranza y en 1914
ocupa la ciudad de México, para defender siempre al gobierno de Carranza de sus enemigos: Villa y Zapata.
Obregón fue nombrado jefe de la Sección de Guerra de la Secretaría de Gobierno y ascendido al grado de
coronel.
Participó en muchas campañas militares, como parte del ejército carrancista; en la batalla de Celaya en 1915, en
la que se enfrentaron las fuerzas de Francisco Villa contra los constitucionalistas, comandados por Obregón, éste
perdió el brazo derecho al ser alcanzado por un fragmento de granada.

En 1917 México adopta una nueva constitución con un tono progresista, debido en gran media a Obregón, quien
pide entonces una licencia de la milicia para retirarse a las actividades agropecuarias en Navojoa.

En 1919, Obregón se lanzó como candidato a la presidencia de la República y en 1920 tomó de nuevo las
armas, esta vez contra Venustiano Carranza, poniéndose a las órdenes del gobernador de sonora en su lucha
contra el gobierno federal que había violado la soberanía de dicho estado, por lo que desconocieron al
Presidente de la República en el Plan de Agua Prieta; al mismo se adhirieron las fuerzas armadas de varios
estados, zonas y plazas. Carranza fue finalmente derrotado y asesinado.

Obregón asumió la presidencia el 1º de diciembre de 1920 en condiciones difíciles por las más diversas causas:
el país estaba empobrecido después del largo periodo de luchas; amplios sectores populares de la población
demandaban justicia; el gobierno estadounidense hostilizaba económica y políticamente al país y, además, tanto
caudillos como fracciones militares que aún permanecían con vida, generaban violencia.

Obregón se encargó de combatir el caudillismo, consolidó el poder del grupo al que representaba y se dedicó a
la restauración económica del país, promoviendo la educación e impulsando la reforma agraria, hasta culminar
su periodo el 30 de noviembre de 1924.

En 1927, el Congreso reformó la Constitución para permitir la reelección de un presidente, aunque no en


periodos consecutivos. El 1º de julio de 1928, Obregón resulta nuevamente elector Presidente de la República,
cargo que no llega a asumir, pues muere asesinado en restaurante La Bombilla ubicado en donde ahora está el
monumento erigido en su memoria, 16 días más tarde a manos de José de León Toral.
Orígenes

Tenanitla era el nombre primitivo del área que hoy corresponde a la Delegación Álvaro Obregón. Este nombre
proviene del náhuatl tenámitl "muralla", y tlan, "lugar donde abunda"; así, Tenanitla puede traducirse como
"lugar amurallado", nombre que alude a que esta región tiene barreras naturales de rocas, provenientes de la
erupción, hace unos 2 000 años, del volcán Xitle.

Hacia el año 700 a.C., en las faldas de la sierra del Ajusco, un grupo otomí que estaba pasando del nomadismo
a la práctica de la agricultura fundó Cuicuilco, del que se conserva aún el gran cono trunco, es decir una
construcción piramidal de planta circular, lo que hace ver que fue un centro ceremonial. Al pie del cerro
Zacatépetl y en el cauce de un arroyo seco, se han encontrado restos de diques; demuestra esto que los
pobladores utilizaron el riego; por otra parte, también hay evidencias de que emplearon el sistema de terrazas
para sus cultivos, eran ceramistas y adoraban a dioses de la fertilidad.

El desarrollo de esa sociedad fue interrumpido hacia el año cero por la erupción del volcán Xitle, que cubrió una
vasta extensión, en la que quedaron comprendidos los campos que labranza y las zonas de vivienda; sólo
sobresalieron las partes altas de los basamentos de los templos. Es posible que los supervivientes, al
dispersarse, emigraran hacia el norte, donde algunos se mezclaron con los habitantes de las riberas de lo que
entonces fue un solo gran lago. Al ir perdiendo embalse y retirarse las aguas, dicho lago se fragmentó en
cuatro, dejando espacios de tierra muy fértil entre ellos. Hacia el siglo VII de nuestra era, se asentaron grupos
toltecas que rendían tributo a Culhuacan en la franja de tierra existente entre la zona volcánica y la nueva orilla
del lago.

Cerca del año 1000, las tribus nahuatlacas empezaron a llegar al Valle de México. Cuando estas tribus se
dispersaron, un grupo proveniente de Chalco se instaló en Coyohuacan; Tenanitla fue, originalmente, un barrio
de Coyoacán.

Los coyohuacas prosperaron como agricultores y fueron afamados escultores de la durísima piedra volcánica,
con la que tallaron monolitos y construyeron importantes centros ceremoniales.

Origen del pueblo de San Ángel durante la dominación española

Hernán Cortés fue muy bien recibido en Coyohuacan, pues los tepanecas gobernantes deseaban ayudarlo a
combatir a sus opresores mexicas.

Esa ciudad fue elegida por Cortés como cuartel para preparar la conquista de Tenochtitlan. Así, fue convertida
en real (centro de apoyo) para el sitio que se preparaba a la ciudad de los mexicas. En esa época la laguna se
extendía todavía muy al sur del valle y lo que actualmente es el centro de Coyoacán, era el puerto en el que las
embarcaciones construidas por los españoles se abastecían para el asedio.

En 1529, el rey Carlos V de España otorgó al conquistador el título de Marqués del Valle de Oaxaca, gracias a lo
cual adquirió 92 pueblos -uno de ellos era Coyoacán, con sus barrios, entre los que se contaba Tenanitla- y sus
23 000 habitantes como súbditos. Este marquesado tenía una extensión territorial igual a la del actual estado de
Querétaro, es decir, 11 769 kilómetros cuadrados.

Cortés confió a los frailes dominicos la evangelización de los indios que habitaban sus posesiones.
Esta orden fundó en 1529 el convento de San Juan Bautista y, después, fueron extendiéndose para llevar a cabo
su tarea de convertir la población americana a la religión católica. En 1535 edificaron un templo consagrado a
San Sebastián en Chimalistac, luego el de Tenanitla -que ya en 1580 se mencionaba como parroquia-, y tiempo
después la capilla de Tlacopac.

Un cacique que ayudó a Hernán cortés durante sus expediciones militares fue Iztolinque (bautizado luego como
Juan de Guzmán), llegando incluso a salvarle la vida durante un combate cerca de la actual Cuernavaca. En
agradecimiento, Cortés regaló tierras y concedió privilegios a Ixtolinque. A su muerte en 1613, su hijo Felipe
donó pare de esas tierras a la orden de los frailes carmelitas para que establecieran allí el teologado de su
Orden.
El templo se terminó de construir en 1617 y fue dedicado a San Angelo Mártir, o San Ángel, en castellano; el
pueblo de Tenanitla cambió su nombre al de ese santo.

Los frailes carmelitas cultivaron en su huerto plantas y árboles frutales que hasta entonces se desconocían en
nuestro continente. Una buena parte de los vecinos de la localidad se dedicaron también a esos cultivos, con lo
que San Ángel ganó fama y cierta importancia económica, además de crearse otros poblados como el del Olivar
de los Padres.

En el convento de San Jacinto, durante cinco meses en 1625, se alojó un grupo de misioneros europeos que
hicieron escala en la Nueva España, con destino hacia las islas Filipinas. Uno de esos misioneros era Thomas
Gage, quien venía con el nombre de Fray Tomás de Santa María y que no continuó el viaje para cumplir su
misión, pues se fugó a Guatemala y regresó a Inglaterra en 1637; Gage publicó en 1647 un libro con sus
experiencias en nuestro continente, en el que se dio a conocer información sobre estos territorios colonizados
que los españoles tenían casi en secreto, para que no se los disputaran los otros países europeos.

Ya para el siglo XVII, la fama de San Ángel se había extendido, con lo que empezaron a menudear las visitas. Se
organizaban espléndidas comidas para agasajar a los huéspedes, aunque frecuentemente se perdían los
platones y cubertería de plata que, probablemente, los visitantes se llevan como "recuerdo". Los invitados
regresaban a la ciudad en la noche, acompañados por mozos a caballo con hachones encendidos para iluminar
el camino, siendo maravillados por la belleza de San Ángel: sus calles empedradas, campos de magueyes y
vergeles, el monasterio, el templo, sus chozas, las viandas preparadas, la profusión de rosas, sus puentes y
casas con ventanas enrejadas, jardines y huertas.

Las grandes casas de campo dieron el ambiente colonial que caracteriza todavía hoy a San Ángel. De entre las
principales, se puede hablar de la hacienda de Goicoechea (donde está hoy el restaurante San Ángel Inn), que
perteneció al conde de Medina Torres, así como de la Casa Blanca, propiedad de los condes de Oploca y en la
que, cuenta una leyenda, en las noches de luna se ve la figura de doña Giomar en espera de Lope, su amado.
El pueblo de Santa Fe se funda, pese a la contrariedad de Hernán Cortés, el 14 de agosto de 1532 como pueblo
hospital, por solicitud de Vasco de Quiroga al rey Carlos V. Antiguamente el paraje fue conocido como Acasúchil
-"flor de maíz" en náhuatl-. Tenía exuberante vegetación, manantiales y ríos como el de Becerra. Posiblemente
fue asiento de los aztecas antes de su llegada al Valle de Anáhuac. Es importante resaltar que, de acuerdo con
la idea de Tata Vasco, las familias trabajaban en comunidad; no tenía más servicios para enfermos que otras
comunidades, sin embargo se ofrecía hospedaje a los viajeros en camino a la ciudad y se introducía a los nativos
tanto a la fe católica como a las nuevas costumbres.

En este lugar se asentó el pueblo judío, alejado de la ciudad para evitar problemas con la Inquisición; al parecer
el nombre de Santa Fe es un simbolismo que se relaciona con la Ley de Moisés. En general se trataba de
conversos al catolicismo, quienes no abandonaron completamente sus antiguas creencias; esta historia se relata
en una película con reconocimiento internacional, El Santo Oficio, dirigida por Arturo Ripstein.

En el México independiente

En 1846, Estados Unidos invadió México con el propósito de apropiarse de los territorios, codiciados de tiempo
atrás, de la Alta California y Nuevo México, e incluso hasta Chihuahua, si se podía. Las tropas americanas ya
estaban en el centro del país en 1847 para obligar al gobierno mexicano a aceptar la pérdida de os territorios
invadidos. Uno de los batallones del ejército americano estaba compuesto por irlandeses: el Batallón de San
Patricio. Los soldados irlandeses sintieron más afinidad hacia los mexicanos que con el ejército al que
pertenecían; no sólo la religión católica los unía, sino que Irlanda también era una nación invadida y dominada
por una potencia extranjera, así que combatieron por la causa justa de los mexicanos; fueron hechos prisioneros
algunos de ellos, 20 murieron fusilados y a nueve se les perdonó la vida, pero recibieron azotes y se les marcó
la cara con hierro candente. En la plaza de Santa Jacinto hay una placa que conmemora este episodio.

Durante el resto del siglo XIX, San Ángel no tuvo grandes transformaciones, aunque continuó el proceso que se
venía dando: nuevas residencias y casas de campo fueron construidas y otras renovadas. Se dio nombre a la
Plaza de los Licenciados pues en torno a ella vivían varios abogados famosos.
El 16 de diciembre de 1899 el Distrito Federal fue dividido, en cuanto a su régimen interior, en la municipalidad
de México y seis prefecturas (cada una dividida, a su vez en municipalidades): Guadalupe Hidalgo, Azcapotzalco,
Tacubaya, Coyoacán, Tlalpan y Xochimilco. San Ángel era una de los dos municipalidades de la prefectura de
Coyoacán.

El 26 de marzo de 1903, el Distrito Federal fue nuevamente dividido, en 13 municipalidades en esa ocasión y
queda, de esta manera, sujeto en lo administrativo, político y municipal, al Poder Ejecutivo de la Unión por
conducto de la Secretaría de Gobernación. Al convertirse en municipalidad, por primera vez San Ángel deja de
ser dependiente de Coyoacán.

A principios de siglo XX la municipalidad de San Ángel comprendía, además de la cabecera, a los pueblos de
Tizapán, San Jerónimo, Magdalena Atlitic, Contreras, San Nicolás Totolapan, San Bernabé Tepetipac, San
Bartolomé Ameyalco, Santa Rosa Xochiac, Tetelpa, Tlacopac y Chimalistac; a las haciendas Goicoechea, la
Cañada, San Nicolás Eslava, Anzaldo y Guadalupe; los ranchos de Perea, la Era, Buenavista, Toro, Acupilco,
Padierna, Olivar, Palma, Arequigua y Gálvez; las fábricas de manta La Hormiga, de tejidos de algodón Contreras,
y de papel Santa Teresa, Loreto y La Loma, así como los molinos de trigo Prieto y el Batancito.

Delegación Álvaro Obregón después de la Revolución

Los acontecimientos en la Bombilla


En 1928, como se mencionó en la introducción, el país se vio bruscamente alterado por un acontecimiento
ocurrido en San Ángel: el 17 de julio, en el restaurante La Bombilla, José de León Toral disparó al general y
presidente electo Álvaro Obregón, a quien se había acercado con el pretexto de hacerle un retrato a lápiz. La
muerte impidió a Obregón ser Presidente de la República por segunda ocasión. A pesar de los rumores y
especulaciones que circularon en el país, en el sentido de que el asesinato tenía otros autores intelectuales, que
se beneficiaban con la muerte de Obregón, León Toral siempre declaró que era el único culpable. Estuvo preso
en Mixcoac, luego en San Ángel y finalmente en la Penitenciaría del Distrito Federal, donde fue fusilado.
En 1931 se cambió el nombre de la Villa de San Ángel al de Álvaro Obregón. El 31 de diciembre de 1941 se
estableció una nueva división para el Distrito Federal y, con esa fecha, esa circunscripción adquirió su carácter
como Delegación del Distrito Federal.
Introducción

La buena calidad del suelo y abundante agua que caracterizaron al territorio actualmente ocupado por la
Delegación Política Azcapotzalco, permitieron el desarrollo de uno de los pueblos más poderosos del altiplano
central desde antes de la llegada de los mexicas. Con el paso del tiempo, esas ventajas lo mantuvieron como un
lugar excelente para actividades agropecuarias.

Ya en el siglo XX, el panorama de Azcapotzalco cambió radicalmente de rural a fabril, a partir del gran empuje
brindado a la industrialización del país durante los años cuarenta; de nuevo la abundancia de agua y el terreno
plano motivaron la elección de este territorio para adecuar áreas que facilitaran la instalación de fábricas. Junto
con Naucalpan y Tlalnepantla, conforma la región que aporta más de un cuarto de la producción industrial de la
zona conurbada a la Ciudad de México.

La palabra Azcapotzalco tiene su origen en las voces náhuatl azcatl, "hormiga", potzoa, "acumular", y co, lugar;
es decir, "lugar donde se acumulan las hormigas" u "hormiguero". Posiblemente se le diera el nombre por la
abundancia de enormes hormigas rojas, aunque también parecería referirse a la numerosa población que habitó
este territorio desde la época prehispánica.
Breve historia de Azcapotzalco

Orígenes

Los asentamientos humanos más antiguos en la zona, de los cuales se tiene noticia, pertenecen al periodo
Clásico temprano. Por los restos de cerámica encontrados se piensa que, tras la destrucción de Cuicuilco
¾debida a la erupción del volcán Xitle, al sur de la cuenca de México¾, uno de los grupos supervivientes que
se desplazaron hacia el norte fundó otro poblado en el territorio del actual Azcapotzalco cuando éste era ribera
del entonces único lago, en tanto que otros siguieron hacia Teotihuacan y Tula. La región de Azcapotzalco era
muy fértil pues, además de contar con pozos artesianos, los cerros cercnos vertían abundante agua.

Es probable que, al ser destruida Teotihuacan por los ataques de tribus chichimecas -guerreros nómadas del
norte que con frecuencia llegaban para saquear a los habitantes del altiplano-, el pueblo asentado en el
territorio de Azcapotzalco y otros de la cuenca recibieron a los emigrantes de aquella ciudad. Así, durante los
años 400 a 800 d. C. la cultura teotihuacana influyó desde el altiplano central hasta los territorios actualmente
conocidos como Oaxaca, Chiapas y Guatemala, y las costas del Golfo de México.

Tiempo después. el territorio de Azcapotzalco se enriqueció culturalmente con otra inmigración: la de los
pobladores de la región matlatzinca de Tula, al ser también destruida su ciudad.

Mientras los pueblos de la cuenca se desarrollaban y tomaban fuerza, constantes hordas salvajes de
chichimecas se desplazaban hacia el sur, en busca de lugares capaces de garantizar su supervivencia una vez
que agotaban los recursos en el sitio donde radicaran previamente.

Uno de esos grupos llegados a la cuenca de México, fue el de los tecpanecas; se cree que salió de la región de
Tula-Jilotepec a mediados del siglo XII y se asentó en Azcapotzaltongo, al norte de Atizapán, en donde toda una
dinastía estableció su dominio. Originalmente fueron llamados tepanecas, vocablo que significa "sobre las lajas";
posteriormente el nombre se derivó en tecpanecas, es decir, "los que viven en los palacios".
La situación geográfica de Azcapotzalco resultaba muy favorable para el comercio, la pesca en las orillas del lago
y la agricultura, situación que aprovecharon hábilmente los tecpanecas. La humedad y buena calidad de la tierra
hacían muy fértil a zona, por lo que, además de contar con abundante agua potable, lograban una importante
producción de alimentos, plantas para uso textil, así como para la elaboración de otros bienes de uso doméstico;
los cultivos alimentarios básicos eran el maíz, calabaza, frijol y chile. Los tecpanecas se dedicaban también a la
caza con arco y flecha, eran excelentes alfareros, orfebres y lapidarios, y trabajaban la concha, la pluma y el
hueso. El pueblo de Azcapotzalco llegó a prosperar tanto, que empezó a especializar sus funciones logrando un
significativo desarrollo, por ejemplo, en la definición de un calendario solar. Sus señores vestían con ropajes
adecuados a su rango, adornados con plumas, pedrería fina y oro; fueron ellos quienes introdujeron el uso de la
cerbatana.

Otro de los grupos inmigrantes venía guiado por Xólotl y se asentó en Tenayuca. Acolhuacatzin, último
descendiente de la dinastía tecpaneca, casó con la hija de Xólotl y, antes de terminar el siglo XIII, cambió la
sede de su pueblo al territorio que a partir de entonces se conoce como Azcapotzalco.

Alrededor del año 1325 los mexicas fundaron la ciudad de México-Tenochtitlan. El matrimonio era una de las
formas más recurrentes entre los diversos pueblos de la cuenca para establecer alianzas con las cuales ganaban
fuerza y perdominio sobre el resto. Hacia 1337, los tlatelolcas se desprendieron de otros pueblos mexicas y se
aliaron con los tecpanecas mediante matrimonios. Gracias a la fuerza adicional brindada por esa alianza y
mediante el pago a los mexicas alquilados como mercenarios ¾soldados que luchan a cambio de dinero u otros
bienes¾, formaron más ejércitos con los cuales Acolhuacatzin conquistó Culhuacan, el pueblo más poderoso del
altiplano hasta 1347; a partir de ese momento se inició el predominio de los tecpanecas, para culminar bajo la
guía de Tezozómoc.

Durante parte de los siglos XIII y XIV, los tecpanecas llegaron a dominar casi todo el altiplano central, además
de otros territorios en los actuales estados de México, Hidalgo y Morelos, así como en el Bajío. Tezozómc, señor
de Azcapotzalco entre 1367 y 1427, sometió en campañas sucesivas a los chalcas (pueblo que se había
extendido hasta el Citlaltépetl o Cerro de la Estrella) y a los chinampanecas de Xochimilco y Tláhuac; más tarde
dominó Tenayuca, donde reinara su abuelo Xólotl, y entre 1380 y 1395, Xaltocan al noroeste del lago.

En Texcoco se asentaron los chichimecas, ya sedentarios para fines del siglo XIV; en 1418 Tezozómoc los venció
a pesar del apoyo con que contaban por parte de Huexotla y Coatlinchan; Ixtlilxóchitl señor de los texcocanos,
con Nezahualcóyotl su hijo y sus ejércitos, abandonaron Texcoco y se retiraron a Tapanahuayan, donde fueron
alcanzados por los tecpanecas; Ixtlilxóchitl perdió la vida en el combate, aunque según algunas versiones,
Tezozómoc logró que sus mismos vasallos lo asesinaran. Así, gracias a su alianza con Tlatelolco y Tenochtitlan,
los tecpanecas de Azcapotzalco quedaron dueños de toda la cuenca de México.

En ese tiempo, los habitantes de Azcapotzalco construían sus casas sin orden alguno en cuanto a su ubicación,
por lo que la traza urbana era irregular; los templos eran de piedra, extraída del yacimiento de Los Remedios.

A la muerte de Tezozómoc, su hijo Tayatzin hereda el poder; sin embargo su hermano Maxtla se lo arrebata.
Tayatzin consigue el apoyo de Chimalpopoca, señor de los mexicas, para derrocar al usurpador, pero Maxtla
logra aprehender a Chimalpoopca, quien es enjaulado y muere en cautiverio; de esta forma los mexicas dejan
de ser aliados de los tecpanecas, para convertirse en sus enemigos.

Mientras tanto, Nezahualcóyotl organiza una rebelión, para lo cual celebra alianzas con los señores de Tlaxcala,
Huexotla y Chalco, todos sometidos por Azcapotzalco. En 1427 reúne en Calpulalpan un ejército de 100 000
hombres, con el que se apodera de Otumba; manda a los tlaxcaltecas y huejotzincas hacia Acolman y encarga a
los chalcas tomar Coatlinchan y aproximarse a Huexotla; al mismo tiempo, él se retira con el grueso de las
tropas a Texcoco para expulsar a los tecpanecas. Los tlaxcaltecas, huejotzincas y chalcas regresaron a sus
territorios liberados, y Nezahualcóyotl fue reconocido como legítimo señor de Texcoco.

Ya para entonces, los mexicas establecidos en el centro de la laguna, donde fundaron México-Tenochtitlan,
ganan cierta prosperidad y fuerza, sobre todo a partir de las alianzas contraídas mediante el casamiento de hijos
e hijas con los descendientes de los señores de otros pueblos.
Maxtla sitió tanto a Tlatelolco como a Tenochtitlan, gobernados respectivamente por Cuauhtlalohuatzin e Izcóatl.
Éstos enviaron al príncipe Moctezuma ¾quien más tarde sería conocido como Ilhuicamina¾ en función de
emisario ante el señor de Texcoco, para solicitar su apoyo. Nezahualcóyotl viajó en secreto a Tenochtitlan,
donde se acordó la estrategia para el contrataque a los tecpanecas. El 14 de febrero de 1428, el señor de
Texcoco mandó un ejército de 250 000 guerreros a Tlatelolco a través de la laguna, mientras él desembarcaba
en el Tepeyac, al mando de otros 50 000; los mexicas se dividieron en tres columnas para romper el sitio y
atacar Azcapotzalco: Izcóatl por agua, Moctezuma por Tacuba y Tlacaélel por Tlalnepantla.

Ante el peligro que significaba el ataque de esos dos poderosos pueblos, Totoquihuatzin, señor de Tlacopan,
optó por no concurrir a la guerra en apoyo de los tecpanecas, a pesar de formar parte de dicha dinastía, con lo
cual se le consideró unido a los atacantes en la llamada Triple Alianza. Por su parte, Maxtla decidió encerrarse
con sus 300 000 guerreros en la fortaleza de Mazatzintamalco, para repeler el ataque, y organizó el apoyo de
sus aliados Coyohuacan, Xochimilco, Cuauhtitlan y Tepotzotlan para que rompieran el sitio que duró 114 días;
sin embargo, el ejército tecpaneca fue desbaratado cuando intentó romper el cerco y Maxtla murió a manos de
Nezahualcóyotl.

La ciudad de Azcapotzalco quedó entonces destruida y, como castigo, fue convertida en mercado de esclavos;
su actividad se suspendió y perdió el antiguo esplendor. Su gobierno estuvo a cargo de un cacique nombrado
por los señores mexicas y se dividió en dos barrios: Mexicapan y Tepanecapan.

Tenochtitlan y Texcoco erigieron Tlacopan para sustituir a la deshecha ciudad de Azcapotzalco, y dejaron a
Totoquihuatzin como señor de ella, aunque con poderes limitados; se le impuso la obligación de servirlos, a
cambio de sólo una quinta parte de los bienes que obtuviera de los enemigos vencidos, y una participación igual
de los tributos pagados por los propios tecpanecas y otomíes habitantes de las sierras del poniente, hoy sierra
de Toluca.

En 1520, a la llegada de los españoles, la población tecpaneca era de 600 000 habitantes.
Introducción

La Delegación Política Benito Juárez se crea el 30 de diciembre de 1972, cuando se modifica la ley que establece
la forma de gobierno del Distrito Federal. Con esa modificación, se divide la ciudad capital en delegaciones
políticas con capacidad para realizar actividades tanto gubernamentales como administrativas, que hasta ese
momento sólo efectuaban las oficinas centrales del Departamento del Distrito Federal. La división se hace
conforme a las condiciones geográficas, demográficas, sociales y económicas que caracterizan a cada una de las
16 delegaciones actuales.
La delegación honra con su nombre a Benito Juárez, uno de los personajes más notables de la historia de
México

Semblanza biográfica de Benito Juárez

El Benemérito de las Américas fue un liberal, lo cual significa que deseaba ampliar la libertad de los individuos
en la economía del país, así como limitar el poder del gobierno, también llamado Estado. Constantemente debe
enfrentar, junto con otros liberales, a los conservadores. Juárez representa las tendencias en favor de la
modernización y la soberanía de México durante una época en la que predomina el atraso económico, político y
social.

El insigne indio zapoteco nace en una ranchería de Oaxaca el 21 de marzo de 1806 y fallece en la Ciudad de
México el 18 de julio de 1872. Él y sus dos hermanas quedan huérfanos siendo todavía niños pequeños, por lo
que viven con sus abuelos paternos; Benito cuidaba el rebaño de uno de sus tíos, con quien aprendió a hablar
castellano.

A los 12 años, se escapa del pueblo por el temor sentido ante la pérdida de una oveja del rebaño que cuidaba y
se dirige entonces a la ciudad de Oaxaca, donde una de sus hermanas trabaja como sirvienta. Tres semanas
más tarde empieza a trabajar como servidor doméstico de un fraile, quien patrocina sus estudios en el
seminario. Poco después de ordenarse como sacerdote, decide estudiar derecho.

Juárez es un defensor de los indios, por quienes realiza acciones que merecen amplio reconocimiento aun antes
de ser Gobernador de Oaxaca y Presidente de la República; llega a perder su trabajo como magistrado del
Tribunal Superior de Justicia y como Secretario de Gobierno por defender al pueblo oprimido.

Tras una brillante carrera, se convierte en gobernador interino de su estado de 1846 a 1849 y resulta electo
constitucionalmente para el mismo cargo de 1849 a 1852.

Cuando Santa Anna es presidente, en 1853, hace apresar a Juárez en San Juan de Ulúa y luego lo expulsa a
Cuba, de donde viaja a Estados Unidos para organizarse con otros liberales mexicanos. Derrocado el gobierno
centralista Juárez regresa a México, primero como secretario del presidente Juan Álvarez y más adelante repite
como Gobernador de Oaxaca entre enero de 1856 y octubre de 1857. Deja este cargo para ser Secretario de
Gobierno del presidente Comonfort y luego Presidente de la Suprema Corte de Justicia, lo cual equivalía a ser
Vicepresidente de la Nación, según lo establecía la Constitución.
Al ser depuesto Comonfort por los conservadores, en enero de 1858, Juárez asume la presidencia de la
República, aunque es perseguido por ellos hacia distintos lugares de nuestro país. Finalmente triunfan los
constitucionalistas y Juárez, con la presidencia de la República, regresa a la Ciudad de México en enero de 1861.
Se declara ese año la moratoria de pagos de la deuda externa, por lo que Francia invade militarmente nuestro
país en 1862, e impone a Maximiliano de Habsburgo como emperador. Originalmente desembarcaron también
tropas de España e Inglaterra, las que se retiran gracias a la negociación diplomática sostenida con los
gobiernos de ambos países. Juárez vuelve a llevar la representación de la presidencia por el interior del país,
acosado ahora por el ejercito francés. El pueblo, en respuesta, organiza guerrillas y derrota a los invasores
franceses en mayo de 1867, lo que permite el regreso del presidente a la capital de la República en el mes de
julio.

Juárez resulta reelecto en 1867 y 1871, lo que provoca el descontento incluso entre los liberales; Porfirio Díaz
organiza un levantamiento militar, que cesa debido al fallecimiento del presidente Juárez, siete meses después
de asumir el cargo.

Orígenes

En el territorio ocupado actualmente por la Delegación Benito Juárez se asentaba el pueblo de Mixcoac, nombre
náhuatl que se traduce como "culebra de nube" y significa tromba, o también "lugar donde se adora a Mixcóatl",
dios considerado padre de los pueblos de Anáhuac -palabra náhuatl que significa "en la orilla del agua", es decir,
en la ribera o costa; así nombraban nuestros antepasados al altiplano donde se asienta el actual Distrito Federal,
dado que en su época había un gran lago-. De esa antigua cultura sólo se conservan algunas piezas de cerámica
y el basamento de un edificio, conocido como la "pirámide de San Pedro de los Pinos".

A principios del siglo XIV los habitantes de Mixcoac, bajo el dominio del señorío de Coyoacán, cultivan maíz para
su consumo y frutales para pagar tributo. Xoco y Atoyac fueron otros pueblos que se asentaron en el territorio
de la actual delegación; en el segundo hay evidencias de actividades como la elaboración de tejidos, cosecha de
cacahuates y plantación de encinos.

Dominación española

Coyoacán y sus posesiones quedaron bajo el régimen de la encomienda implantado por Hernán Cortés tras la
conquista española de los pueblos del altiplano. Dicho sistema consistía en encargar a un español la
catequización a cambio de las tierras y el trabajo de los indios encomendados. Si bien no era esta una forma de
propiedad, se traduce de hecho en una esclavitud disfrazada, aunada al acaparamiento de tierras. Cuando el rey
de España se da cuenta de ello, dota directamente de terrenos a aquellos que le habían hecho servicios
mediante las llamadas mercedes, las cuales se otorgaban sin conocer la dimensión del territorio de la Nueva
España. Por otra parte, cada español se asienta en el lugar donde le conviene, y así ocurren constantes actos de
corrupción por la posesión de tierras, por ejemplo: las mercedes otorgadas por los cabildos sin confirmación del
rey, la compra de tierras que los españoles hacían a los indios sin permiso de las autoridades y el despojo
frecuente a las comunidades indias. Algunas personas acumulan grandes extensiones conocidas como
latifundios, que con el tiempo se llamaron haciendas. Cuando poco después se concede a Cortes el título de
Marqués del Valle de Oaxaca, esta zona queda comprendida dentro del marquesado y así continúan bajo el
mismo dominio.

La orden de frailes franciscanos fue la primera en hacerse cargo de la conversión de indios a la religión católica,
para lo cual destruyen ídolos y centros ceremoniales; sobre ellos levantan templos católicos por ser estos
lugares a los que se acudía para asuntos religiosos, de manera que adoptaran la nueva fe. Sobre el territorio del
que nos ocupamos en este momento, se construyen los templos de la Santa Cruz en 1564, así como el de Santo
Domingo de Guzmán en 1595. Dichos templos y sus congregaciones se transfieren a los padres dominicos años
después.

Se adopta la costumbre de imponer un santo patrón a cada pueblo, cuyo nombre es antepuesto a la designación
indígena, por ejemplo San Lorenzo Xochimanca y San Simón Ticomán, en donde se construyen templos durante
el siglo XVII. En el XVIII se edifican otros en Santa María Nativitas y San Juan Evangelista.
Durante el virreinato, el territorio de la actual delegación se caracterizó por ser una zona de haciendas; estaba
compuesta, bajo la jurisdicción de Coyoacán, por los pueblos de Santo Domingo Mixcoac, La Piedad, Santa Cruz
Atoyac, Actipan, San Juan Malinaltongo, Santa María Nonoalco y Xoco; los barrios de La Candelaria, Santo
Tomás Tecoyotitla y Atepuxco; los ranchos de San José y Santa Cruz; las haciendas de Portales, San Borja y
Narvarte, así como por los ejidos de San Simón, San Andrés de las Ladrilleras, La Piedad y Santa Cruz.

Durante ese largo periodo, la zona se había especializado en la manufactura de paños y en la producción de
ladrillos. En la actualidad, los restos de un obraje en la Plaza Jáuregui son evidencia de la actividad textil
durante la Colonia y el socavamiento para extraer material destinado a la fabricación de ladrillos es evidente en
el Parque Hundido.

En el México independiente

Al despuntar el siglo XIX, Mixcoac era la población principal en el área donde actualmente se encuentra la
Delegación Benito Juárez. Guadalupe Victoria, primer presidente que tuvo nuestro país, expidió el 18 de
noviembre de 1824 un decreto con el cual eleva la Ciudad de México al rango de Distrito Federal, sede de los
supremos poderes de la federación y le otorga el área geográfica cedida por el Estado de México. El territorio se
establece circular al comprender dos leguas a la redonda a partir de la Plaza Mayor o Zócalo; el gobierno del
Distrito queda bajo la jurisdicción del gobierno federal, tanto en lo político como en lo económico.

Por aquel tiempo, la casa de Valentín Gómez Farías es centro de reunión de los liberales que buscan restablecer
el federalismo, mediante la disolución del gobierno centralista de Santa Anna. El 11 de enero de 1858 el Partido
Conservador depone al gobierno federal de Comonfort; Benito Juárez, por su carácter de Presidente de la
Suprema Corte de Justicia y por ende Vicepresidente de la Nación, asume la Presidencia de la República; el 31
de enero de 1859, el general Miguel Miramón se hace cargo de la jefatura del gobierno conservador y se dirige
a poner sitio a Veracruz, donde Juárez se encontraba en un intento por conseguir dinero para defender la
República. Sin embargo, Miramón tiene que regresar a la Ciudad de México para repeler las fuerzas del general
Santos Degollado que, de Morelia, se dirigían hacia allá. El 11 de abril del mismo año, los vecinos de Mixcoac
ayudan a las fuerzas del general Santos Degollado a tomar la plaza de Tacubaya, en una batalla en la que
fueron derrotadas las fuerzas federalistas. En venganza, el usurpador Miramón manda fusilar a varios de los
habitantes de Mixcoac que participaron en la batalla, entre ellos al licenciado Agustín Jáuregui.

En aquellos años, Mixcoac tiene unos 1 500 habitantes y empieza a sufrir transformaciones en la tenencia de la
tierra como resultado de la desamortización de bienes de las comunidades religiosas, establecida en las Leyes
de Reforma. La hacienda de Narvarte decaía tiempo atrás y, de ella surgió el rancho de Los Álamos; parte de la
hacienda de San Borja pasó al rancho de Nápoles, donde más tarde se asienta el parque de La Lama; por su
parte, las haciendas de Nonoalco, La Castañeda y Xoco viven sus momentos de mayor auge, aunque esta última
se encuentra en ruinas para 1888.

Por otra parte, las grandes extensiones se convierten en ladrilleras para satisfacer la demanda que originaba el
crecimiento del Distrito Federal. Se inicia el establecimiento de un monopolio en esa actividad, al darse los
primeros pasos para que una fábrica mayor de ladrillos hiciera quebrar a los pequeños productores.

Los tranvías tirados por mulas entran en servicio al final del siglo pasado, en un recorrido desde la plaza mayor
de la Ciudad de México hacia el centro de Mixcoac. También en la plaza de esta localidad, se instala el
alumbrado público, que fuera de trementina por esas fechas; también se funda la primera escuela municipal. A
pesar de los progresos mencionados, la región tenía características básicamente rurales, pues se conformaba
todavía de ranchos, haciendas y casas de campo, alejados del ritmo acelerado de la ciudad.

Al empezar este siglo, la localidad tenía 2 000 habitantes. Los ranchos San Pedro de los Pinos, Amores y
Nápoles comienzan a fraccionarse. Mientras la gente del pueblo vivía en chozas o casas humildes, los vecinos de
la Ciudad de México ya empezaban a construir en la zona sus fincas de recreo y residencias campestres, como la
de José Ives Limantour, donde hoy se encuentra el Colegio Williams. En 1910 se inaugura el hospital
psiquiátrico de La Castañeda, construido por el hijo de Porfirio Díaz. Se pueblan las colonias Del Valle, California,
Berlín, Carrera Lardizábal, La Laguna y El Zacate, esta última en el pueblo que se llama Actipan.
Para conmemorar el Centenario de la Independencia, el mismo año son empedradas las calles de Mixcoac y se
extiende el servicio de luz eléctrica.

Después de la Revolución Mexicana

El presidente Francisco I Madero introduce a la zona el servicio de agua potable procedente de El Olivar. Las
calles de Eugenia y Félix Cuevas se abren en los años veinte y sus nombres se deben, en el primer caso, al afán
de halagar a la esposa del entonces director del Banco Nacional de México; en el otro, como un reconocimiento
al fundador del Centro Escolar Rafael Dondé.

Durante esa década se dota de servicios a las colinas antes citadas, así como a las de San Pedro de los Pinos,
Portales, Álamos, Santa Cruz, Niños Héroes, Independencia y La Piedad, recién urbanizadas, tras parcelar
propiedades hasta entonces dedicadas a la actividad agropecuaria.

Se adecuaron para el Parque Hundido los predios que fueran ladrilleras en la colonia Noche Buena. En 1945 se
construye la Ciudad de los Deportes y, en 1949, la primera unidad habitacional del país, con más de mil
departamentos, llamada Presidente Miguel Alemán. Las instalaciones de la Secretaría de Comunicaciones y
Obras Públicas se construyen en 1954 y, poco después, el Hospital 20 de Noviembre, el Parque Delta, y el
Hospital de Traumatología de Xoco.

El acelerado proceso de modernización que vive el país a partir de los años cuarenta se refleja claramente en la
ciudad capital; entre 1950 y 1960 dicho crecimiento hace que Mixcoac y los viejos poblados aledaños quedaran
ya integrados a ella, con un marcado contraste en el trazo de las nuevas colonias en comparación a las
callejuelas angostas e irregulares de los pueblos de Xoco y Tlacoquemécatl; ante el incremento de los vehículos
en circulación, los cauces de los ríos La Piedad, Becerra, Mixcoac y Churubusco se convierten en vías rápidas.
Tiempo después, toca el turno de propiciar fluidez al viaducto Tlalpan y al Anillo Periférico. Para finales de los
años sesenta la población de la delegación se beneficia con la inauguración del tren metropolitano, mejor
conocido como Metro, así como la ampliación de las avenidas Revolución y Patriotismo.
Introducción

Coyoacán es, con relación a las 16 delegaciones políticas en que se divide el Distrito Federal, una de las que
más claramente refleja la riqueza de su historia. La región estaba poblada desde antes de la era cristiana, y en
su territorio ocurrieron hechos de relevancia nacional. Conserva parte del pasado en su arquitectura y sus
tradiciones y, al mismo tiempo, es uno de los polos más dinámicos de la vida cultural contemporánea de nuestro
país.

La palabra Coyohuacan o Coyoacán proviene de las voces en náhuatl coyotl, "coyote", hua, que indica posesión,
y can, referente al lugar, por lo que significa "lugar de quienes tienen o veneran coyotes".

Orígenes

Las fértiles tierras del área que actualmente ocupa la Delegación de Coyoacán fueron habitadas por tribus
sedentarias de agricultores y alfareros pertenecientes al horizonte cultural preclásico superior. Ellos mismos
edificaron la construcción más voluminosa de América en su tiempo: el gran tronco truncado de Cuicuilco. Esos
"Hombres del Pedregal", como se les conoce, fueron los primeros coyoacanenses, aunque en sentido estricto el
asentamiento humano con el nombre náhuatl de Coyohuacan existió unos mil años después.

Se cree que tras la erupción del volcán Xitle, poco antes de iniciarse la era cristiana, los supervivientes huyen
hacia el norte y se mezclan con los habitantes de la ribera del gran lago. Éste, al perder embalse y retirarse las
aguas, se fragmenta en cuatro cuerpos acuíferos y deja al descubierto tierra muy fértil. Hacia el siglo VI de
nuestra era se asientan grupos toltecas, bajo el dominio de Culhuacán, entre la zona volcánica y la nueva orilla
del lago.

Cerca del año 1000, las tribus nahuatlacas llegaron al Valle de México. Cuando éstas se dispersan, un grupo
proveniente de Chalco se instala en Coyohuacan.

Tezozomoc, jefe de los tepanecas y señor de Azcapotzalco, somete la zona de la ribera desde Azcapotzalco
hasta Coyoacán; hacia 1410 esta población se establece como señorío y es gobernado por Maxtla.

Los tepanecas rivalizaron siempre con los mexicas por el dominio de los pueblos del altiplano hasta que estos
últimos, aliados con los de Texcoco y Tlacopan, vencen definitivamente; desde ese momento, los coyohuacas
quedan sojuzgados por los mexicas hasta la llegada de los españoles.

Los lugareños prosperan como agricultores y son afamados escultores de la durísima piedra volcánica, con la
que tallan monolitos y construyen importantes centros ceremoniales.

Dominación española

Hernán Cortés fue muy bien recibido en Coyohuacan, pues los gobernantes deseaban ayudarlo en el combate
contra sus opresores, los mexicas.

Elegida por Cortés como cuartel para preparar la conquista de Tenochtitlan, esta zona se convierte en real o
centro de apoyo para el sitio que se preparaba contra aquella ciudad. Por esa época la laguna se extendía
todavía muy al sur del valle, y lo que actualmente es el centro de Coyoacán era el puerto donde las
embarcaciones construidas por los españoles se abastecían para continuar la guerra.
Vencidos los mexicas, los cinco grandes señores de los pueblos derrotados, entre los que se encontraba
Cuauhtémoc, son hechos prisioneros y conducidos a Coyoacán, donde se les tortura para que revelen el sitio en
que se escondía el oro de Tenochtitlan, que los españoles habían saqueado y perdido al huir perseguidos por los
mexicanos durante aquella famosa "noche triste". Como consecuencia del asedio español, Tenochtitlan queda
inhabitable; la guerra, la destrucción, el hambre y la peste la habían arruinado.

Entre 1521 y 1523, mientras se reconstruye la ciudad conquistada, Cortés se instala en Coyoacán, que por tanto
se convierte en la primera capital de la Nueva España, primer ayuntamiento en el Altiplano y segundo en tierra
firme ¾antes se había establecido uno en el puerto de Veracruz.

Además de su urbanización, Coyoacán sufre otros cambios importantes durante este periodo: se instituye la
esclavitud, se establecen impuestos, se funda la Audiencia y se crean las Encomiendas de indios, por las que un
español debía garantizar que un determinado número de indígenas recibiera doctrina cristiana y protección, a
cambio de tierras y la fuerza de trabajo de los mismos, lo que fue pretexto para su explotación ya los hacían
trabajar en exceso sin pagarles.

También en Coyoacán, Cortés impone la costumbre de marcar en la frente o las mejillas con fierro candente a
los indios libres para venderlos después. El conquistador fue encomendero en Coyoacán, Chalco, Texcoco y
Otumba. En 1529, el rey Carlos I de España ¾más conocido como Carlos V¾ le otorga el título de Marqués del
Valle de Oaxaca, gracias a lo cual pasan a ser de su propiedad 92 pueblos, entre ellos Coyoacán, y convierte en
súbditos a sus 23 000 habitantes. Este marquesado tenía una extensión territorial igual a la del actual estado de
Querétaro, es decir, 11 480 kilómetros cuadrados.

Cuando Cortés regresa a España, sus descendientes heredan y gobiernan el marquesado. En total se conocen
13 marqueses del Valle de Oaxaca hasta 1811.

Como en el resto de la Nueva España, los conquistadores impusieron la religión católica en Coyoacán. Primero
se asienta la orden de los franciscanos y luego la de los dominicos, quienes construyeron importantes templos,
capillas y conventos.

Si bien el coloniaje español significó el sometimiento de los naturales de nuestro continente, no fue aceptado
con resignación; hubo constantes levantamientos de indios y más tarde también muestras de inconformidad
provenientes de mestizos y criollos.

Poco antes de comenzar la guerra de independencia en Guanajuato, se preparaba en Coyoacán un movimiento


similar, puesto que su población deseaba fervientemente la lucha por liberar a México del dominio español. Ese
movimiento, conocido como la Conspiración de Coyoacán, no prosperó por iniciarse antes la del pueblo de
Dolores.

Coyoacán en el México independiente

En el México independiente, el 20 de agosto de 1847 el convento de Churubusco es escenario de una feroz


batalla para preservar la soberanía mexicana, amenazada por los invasores estadounidenses. El general Pedro
María Anaya, al frente de un reducido contingente, resiste los ataques de los norteamericanos, quienes entran
finalmente al convento cuando cesan los disparos provenientes del interior. Los defensores supervivientes se
encontraban formados en el patio, y cuando los enemigos requieren al general Anaya entregar las armas y
municiones de que disponía, la respuesta del general fue la célebre frase: "Si tuviéramos parque, no estarían
ustedes aquí". Al retirarse, los soldados norteamericanos saquean el templo.

El edificio es reparado tiempo después para abrirse al culto nuevamente, pero sólo hasta 1861, año en que los
religiosos fueron obligados a abandonar sus claustros. En 1920 el edificio es destinado a guardar y exhibir
objetos de la época colonial, para dar origen al que, a partir de 1981, es el Museo de las Intervenciones.
Durante la Revolución mexicana la villa de Coyoacán es tomada por los ejércitos zapatistas, hacia 1914, para
preparar desde ahí la toma de la Ciudad de México.
En tiempos del presidente Venustiano Carranza se emite un decreto, mediante el cual el predio en que se
encuentran Los Viveros se convierte en propiedad de las Nación. Con anterioridad, esa superficie se destinaba
también a viveros y huertas, por su entonces propietario Miguel Ángel de Quevedo.

En 1923 se funda la Escuela de Pintura al Aire Libre en el casco de la ex hacienda de San Pedro Mártir.
Más recientemente, Coyoacán brindó refugio a dos personajes exiliados y mundialmente conocidos: el rey Carol,
de Rumania, y León Trotsky, uno de los revolucionarios fundadores de la Unión Soviética y teórico del
socialismo.

Desarrollo de la situación política de Coyoacán

A partir del establecimiento de las tribus nahuatlacas en el altiplano central, el territorio de Coyoacán es señorío
tepaneca; tras la Conquista, quedó comprendido en el Marquesado del Valle de Oaxaca.

La independencia de México trae cambios políticos importantes para Coyoacán. El Congreso Constituyente elige
en 1824 a la Ciudad de México como la sede de los supremos poderes de la Nación, acto con el que se crea el
Distrito Federal con un territorio comprendido en un radio de dos leguas a partir de la Plaza Mayor o Zócalo, por
lo que Coyoacán queda como parte del Estado de México.

Poco más tarde, el régimen centralista hace desaparecer la figura jurídica del Distrito Federal para crear el
Departamento de México, que ya incluye a Coyoacán.

El centralismo cede su lugar al régimen federal y entonces se restablece el Distrito Federal, con lo que Coyoacán
pasa nuevamente a ser parte del Estado de México.

Coyoacán retorna en 1853 al departamento de México con el siguiente régimen centralista, aunque el Distrito
Federal permanece como tal. En 1854 se amplía la extensión territorial del D.F., dividido en ocho prefecturas
centrales y tres exteriores, una de ellas conformada por Coyoacán, Tlalpan, Tepepan y Xochimilco.

Con la Constitución Federal de 1857, Coyoacán queda por fin incluido en el Distrito Federal, situación en la que
permanece hasta hoy.

En 1861 el Distrito Federal es dividido en la Municipalidad de México y cuatro regiones llamadas Partidos; la
municipalidad de Coyoacán queda comprendida dentro del partido de Tlalpan.

En 1899 se conforma el Distrito Federal en Municipalidad de México y seis Prefecturas, siendo una de ellas la de
Coyoacán, que comprendía también a San Ángel.

La situación del Distrito Federal se legaliza en la Constitución de 1917 y se suprime la figura de municipio en
esta entidad. Las municipalidades se convierten desde entonces en delegaciones políticas.

Urbanización de Coyoacán

Cuando Coyoacán fue capital provisional de la Nueva España, se utilizó el trazo de las antiguas calzadas: una
que unía esta población con Churubusco ¾las actuales avenidas Héroes del '47 e Hidalgo¾; la otra conducía a
Xoco y se le nombra Camino Real por ser el acceso principal ¾ahora Avenida México.

La ocupación española acentúa el proceso de desecación de los lagos debido a la construcción de diques, la
introducción de ganado y la deforestación que se lleva a cabo para edificar la nueva capital.

Como consecuencia, vastos terrenos quedan disponibles para establecer haciendas y ranchos, que se conservan
hasta el siglo XIX; en Coyoacán se fundan San Antonio Coapa, Xotepingo, Los Portales, San Pedro Mártir,
Narvarte, San Borja, Nápoles, Guadalupe y El Altillo.
El poblamiento de la villa, sus barrios y pueblos se interrumpe durante los primeros tres cuartos del siglo
pasado. Es durante el porfiriato cuando se inicia la inmigración de gran cantidad de familias, asentadas temporal
o definitivamente en Coyoacán.

Hacia 1890 es instalada la primera colonia de carácter moderno fuera del perímetro de la Ciudad de México,
nombrada Del Carmen para homenajear a Carmen Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz, quien la inaugura
oficialmente. La urbanización siguió el modelo de la aristocrática colonia Juárez, que fuera fundada poco antes,
tanto en el trazo similar a un tablero de ajedrez, conocido como damero, con la orientación hacia los cuatro
puntos cardinales, como con respecto al nombre de sus calles: capitales de países europeos, las que van de
oriente a poniente ¾si bien algunas conservaron los nombres que tenían con anterioridad, como Cuauhtémoc,
Moctezuma, Malintzin y Xicoténcatl¾, y de próceres de la Independencia, además del de Valentín Gómez Farías,
a las transversales, es decir las calles que van de norte a sur.

El desarrollo urbano actual de Coyoacán se inicia hacia 1940. Se abre la calzada de Taxqueña y más tarde la
avenida Universidad para dar acceso a la recién construida Ciudad Universitaria; se entuba el río Churubusco y
sobre él se construye una vía para vehículos, además de prolongarse la avenida Cuauhtémoc de la glorieta del
Riviera hacia el sur.

La población de Coyoacán era de 3 5,000 personas en 1935, cifra que empezó a aumentar a partir de 1940,
sobre todo desde la construcción de Ciudad Universitaria.

Coyoacán refleja su historia en calles, plazas, templos y casas, donde el pasado convive armónicamente con el
presente. Aquí han vivido y viven grandes artistas, gracias a lo cual se convierte en uno de los centros culturales
más importantes de la capital. Esta situación se refuerza recientemente con la creación del Centro Nacional de
las Artes, el cual concentra en una sola sede las actividades de enseñanza profesional, investigación y difusión
de las principales manifestaciones artísticas.

Coyoacán en la actualidad

Información estadística de acuerdo con el censo de 1990

Características de su territorio, ubicación y colindancias

La Delegación de Coyoacán se encuentra en el centro geográfico del D.F.; tiene como vecinos al norte las
delegaciones Benito Juárez e Iztapalapa; al este Iztapalapa y Xochimilco; al sur Tlalpan, y al oeste Álvaro
Obregón. Sus límites están marcados por las avenidas Río de Churubusco, Universidad, el Anillo Periférico Sur, el
Boulevard de las Cataratas, la calle Bordo, así como las calzadas del Hueso, Canal Nacional y Ermita Iztapalapa.
La Delegación Coyoacán tiene una extensión territorial de 60.04 kilómetros cuadrados, lo que representa 3.5%
de la ciudad capital.

La elevación principal es el cerro Zacatépetl, ubicado aproximadamente en el cruce de Insurgentes Sur y


Periférico Sur, con una altitud de 2 420 metros sobre el nivel del mar.

Cuenta con corrientes y cuerpos de agua como el río Churubusco, actualmente entubado, el río Chiquito, que se
encuentra parcialmente entubado, y el Canal Nacional.

Entre las localidades más importantes están el Centro Histórico de Coyoacán, Churubusco, Copilco Universidad,
San Francisco Culhuacán, Viveros de Coyoacán y Ciudad Universitaria.

En el perímetro de la Delegación se ubican 16 centros de recreación deportiva públicos, como el estadio Azteca,
ahora llamado Guillermo Cañedo, y el estadio Universitario.

La Delegación Coyoacán está conformada por nueve barrios, siete pueblos, una villa, 59 colonias y 30 unidades
habitacionales.
Introducción

La Delegación Política Cuajimalpa de Morelos se encuentra en el suroeste de la Ciudad de México. Ésta es una
región de grandes contrastes pues existen, por una parte, zonas boscosas y comunidades rurales -lo cual es ya
raro en el Distrito Federal, cuyo ritmo de vida y de crecimiento urbano es muy acelerado-, y por otra ocurren
situaciones características del desarrollo habitacional moderno, como es la vecindad de colonias y
fraccionamientos de los más elegantes de México, con todos los servicios, al lado de asentamientos irregulares
pobres, de quienes vienen con esperanza de encontrar aquí oportunidades de empleo y vida.

El nombre de Cuajimalpa proviene de tres raíces nahuas: cuauh, que significa "árbol de madera", ximalli, que es
el oficio del carpintero, entendiendo como resultado "las astillas", y pan, "en" o "sobre"; entonces resulta "sobre
las astillas de madera". El jeroglífico de esta delegación es ideográfico, y está formado por un árbol de tres
ramas tendido en el suelo, además de tres astillas triangulares y, clavada a lo largo del tronco, se ve un hacha
de cobre, de las que usaban los indígenas.

Orígenes

Entre los años 1000 y 1521, los datos que se tienen permiten distinguir a Cuajimalpa por la explotación de la
madera proveniente de sus grandes bosques.

Cabe aclarar que el origen de los primeros pobladores de Cuajimalpa es desconocido, dadas las características
de su terreno, principalmente montañoso, en esta zona no se desarrolló un sistema agrícola propiamente dicho,
lo que tampoco propició el establecimiento bien definido de grupos humanos. Sus escasos habitantes se
dedicaban, sobre todo, a la recolección y labrado de madera.

El documento más antiguo que informa acerca de quienes poblaron este lugar es el Códice Chimalpopoca, el
cual señala que en 1342 los tepanecas, pueblo asociado a los otomíes, se establecen en Cuajimalpa, siendo así
los primeros habitantes de la región. Los tepanecas permanecen cerca de 100 años en estos bosques,
controlados política y administrativamente desde Azcapotzalco, hasta 1427, cuando Tenochtitlan, Texcoco y
Tacuba se rebelan e integran la Triple Alianza para librarse del yugo tepaneca. Las tropas aliadas derrotan en
Huizquilucan a los de Azcapotzalco, les obligan a refugiarse en Cuajimalpa durante cuatro años y, en 1432, les
permiten regresar a sus lugares de origen. De esta manera la región, sujeta al imperio tenochca, es controlada
por Tacuba.

La siguiente fuente histórica donde se señala esta región es el Códice Mendocino, el cual narra, en su página
cinco, dicha victoria obtenida bajo el reinado del tlatoani mexica Izcóatl -serpiente de color obsidiana-; se
menciona también que en 1437 Izcóatl conquista Cuajimalpa, conocida entonces como Cuauhximalpan. En dicho
códice se representa por primera vez el ideograma que actualmente identifica a la delegación; más tarde, al
recopilar estos documentos el virrey Antonio de Mendoza, se escribe a un lado el nombre de Cuauhximalpan.

Sólo a la llegada de los españoles se cita nuevamente el territorio de Cuajimalpa en otro documento de origen
indígena, conocido como Lienzo de Tlaxcala; en la línea cuarta, cuadro vigésimo, se refiere que tras ser
expulsados de México-Tenochtitlan, el domingo 1º de julio de 1520, Cortés y sus hombres encontraron refugio
en Cuauhximalpan; en la escena aparecen, bajo el pórtico de una casa, el conquistador y la Malinche a su lado,
viendo llegar a un jefe tlaxcalteca con tres guerreros y un caballo español, los cuales después de dispersar el
ataque mexica se reúnen en el lugar.
Acopilco, pueblo perteneciente a Cuajimalpa, tomó su nombre de Copil, a quien, según una leyenda, se le
arrancó el corazón para lanzarlo al río, cuya corriente lo llevó hasta el centro de la gran laguna; de ese corazón
surgió un pequeño islote y creció el tunal donde, pasado el tiempo, los mexicas encontraron un águila
devorando una serpiente, signo predicho por sus sacerdotes para asentarse y fundar Tenochtitlan.

Dominación española

En 1521, al consumarse la Conquista, Hernán Cortés incorpora el pueblo de Cuajimalpa a sus posesiones y, más
tarde, al marquesado del Valle de Oaxaca, cuando el rey de España le concede ese título nobiliario.

Vasco de Quiroga fundó en 1532 la República Hospital de Santa Fe, en una loma de la localidad que hoy
conserva ese nombre, como centro de evangelización de los indios de la región; con ello, el religioso pretendió
establecer una sociedad ideal, similar a la imaginada por Tomás Moro, abogado, literato y humanista que vivió
entre los siglos XV y XVI en Inglaterra, quien escribió la obra Utopía, en la cual propone la creación de un
estado laico donde todos los bienes pertenecen a la comunidad y el gobierno se rige por la razón; esta idea
resulta sorprendente para su tiempo, pues la Iglesia reglamentaba todos los aspectos de la vida privada, la
propiedad era de los nobles y los asuntos de gobierno estaban a cargo del soberano, quien imponía su voluntad
en todo el reino. El obispo Quiroga, quien fuera también conocido como Tata Vasco, creó en Santa Fe la primera
casa de cuna para recoger a los niños indios y salvarlos de la muerte, pues algunas madres preferían matarlos
antes que verlos sometidos a la servidumbre impuesta por los españoles.

En 1534 Cortés antepuso el nombre de San Pedro al de Cuajimalpa y otorgó tierras al pueblo, como a San
Lorenzo Acopilco, San Mateo Tlaltenango y San Pablo Chimalpa, y también fundó los pueblos de San Mateo,
Santa Rosa, Santa Lucía, tanto para hacer más seguro el camino de México a Toluca, como para mantener
reunidos a los indios que trabajaban en sus estancias agrícolas y ganaderas.

Durante la época colonial, Cuajimalpa fue un pueblo de leñadores y carboneros quienes, para satisfacer sus
necesidades de subsistencia, realizaron además actividades agrícolas y ganaderas de autoconsumo e instalaron
mesones donde podían dormir y comer los viajeros que iban de la Ciudad de México a Toluca y a lugares más
lejanos. Los vecinos de Santa Fe se dedicaban a cultivar lo poco que esas tierras montañosas permitían
sembrar, como el maguey; también hacían y vendían carbón, o trabajaban en cualquier de las dos fábricas
instiladas allí -una fundición y la otra de explosivos-. En la barranca boscosa de grandes cedros cercana a la
fábrica de explosivos, abundaban los ojos de aguas cristalinas, provenientes de ríos subterráneos que arrastran
la lluvia y que descarga en la montaña. La población local se vio sujeta en 1571 a un impuesto llamado "la sisa",
con el objeto de cubrir el costo de la construcción del acueducto con el cual se llevaría el agua de Cuajimalpa,
Santa Fe y Chapultepec a la Ciudad de México. Los indios de la localidad se vieron entonces despojados de sus
corrientes de agua y forzados a pagar por ello; durante las noches se dedicaban a perforar las cañerías para
llevar el líquido vital a su sembradíos y casas, hasta que en 1784 el virrey prohibió romper el caño y usar la
corriente para lavar la ropa o bañarse.

En 1575, los frailes jesuitas construyeron una casa para que se alojaran sus estudiantes y para la convalecencia
de enfermos, en terrenos cedidos por un labrador, donde actualmente se encuentra la colonia Jesús del Monte.
Entre 1603 y 1620 se construyó el acueducto de la Tlaxpana, el cual estaba formado por mil arcos sobre los que
corrían dos caños, uno superior para el "agua delgada" de Santa Fe y otro, interior, para el "agua gorda" de
Chapultepec; tenía una hermosa fuente en su trayecto y concluía en la caja repartidora de la Mariscala. Este
acueducto, ya en desuso, fue derribado por partes entre 1851 y 1889.

Uno de los primeros frailes carmelitas que llegaron a la Nueva España conoció, en 1602, el desierto de Santa Fe
y tuvo la idea de fundar allí un convento como retiro para religiosos. El virrey marqués de Montesclaros puso la
primera piedra en 1606; la obra concluyó en 1611. Para preservar de la humedad las celdas utilizadas por los
monjes, se construyeron subterráneos; también se construyó una cerca de ocho kilómetros de longitud y nueve
ermitas dispersas por el bosque, cada una dedicada a un santo patrón, y en las que se alojaban los frailes
durante la cuaresma y el adviento, periodos de preparación previos a la Semana Santa y a la Navidad
respectivamente. Según Alfonso de Rosenzweig Díaz, en el siglo XVIII este lugar se llamó Desierto de los Leones
no porque ese tipo de fieras habitara la región, sino por un pleito legal sostenido entre dos hermanos de la
orden de los carmelitas, de apellido León, contra José Patiño Ixtolinque, descendiente del cacique de Coyoacán
e hijo de español y mestiza, quien alegaba derechos sobre el predio; este último ganó el litigio por invasión de
tierras, aunque no pudo gozar del fallo y hacer valer sus derechos, por encontrarse preso hasta su muerte. La
familia Patiño Ixtolinque fue famosa en su época: Pedro, hermano del anterior, luchó en las fuerzas del general
Vicente Guerrero para combatir por la independencia, además de ser un importante pintor, escultor y arquitecto,
creador del retablo mayor del sagrario en la Catedral metropolitana, director de la Academia de San Carlos,
alumno y colaborador de Manuel Tolsá. Otro Ixtolinque, llamado Salvador, ingresó tiempo después como lego al
Convento de los Leones, en una de cuyas celdas permaneció recluido 22 años como penitencia por no lograr
convencer a sus padres de ceder esa propiedad a la orden carmelita.

La edificación sufrió daños en dos ocasiones: en 1722 por un temblor y en 1739 por un incendio, pero sólo
hasta 1780 se dispuso que los monjes carmelitas se trasladaran a Nixcongo, localidad a unos 11 kilómetros al
sur de Tenancingo, Estado de México. Abandonaron el Desierto de los Leones cuando se terminó de construir su
nuevo convento, en 1814, año en que los carmelitas entregaron el viejo edificio a la Ciudad de México.

La parroquia de San Pedro Cuajimalpa se construyó entre 1628 y 1755, aunque su torre norte data de 1785 y la
sur es de 1925.

El camino de México a Toluca se empezó a construir en 1792, por órdenes del virrey Revillagigedo. Los
accidentes del terreno representaban un gran peligro para los carruajes por el constante riesgo de volcar en las
curvas y pendientes. Todavía se conservan los restos de la garita de peaje donde se cobraba el derecho de paso
tanto de vehículos como de animales de carga.

Entre los mesones para viajeros a la orilla del camino a Toluca, uno de los más famosos era la Venta de Doña
Marina, propiedad de la esposa del tesorero real de la Ciudad de México, lo cual garantizaba a los huéspedes
que estarían a salvo de asaltos; los arrieros la llamaban Venta de la Pila, porque ellos y sus animales tenían
acceso libre al abrevadero. A finales del siglo pasado se introdujo el ferrocarril de México a Toluca, con lo que el
mesón decayó hasta desaparecer -hoy el lugar es conocido como La Venta, y los fines de semana se instalan
puestos de antojitos para atender a los visitantes del Desierto de los Leones.

Durante el virreinato estaba permitido talar, aunque no los árboles bien formados, de los cuales sólo podían
cortarse ramas para hacer la leña y carbón, dejando en ellos "horca y perdón", es decir, dos de las ramas
madres, además del tronco, de forma que la planta siguiera viva.

Una ordenanza real, vigente hasta la segunda mitad del siglo pasado -a pesar de haber sido decretada por el rey
de España y de que México ya se había librado del coloniaje-, estipulaba la obligación de pedir licencia escrita
del regidor o comisario cuando se requiriera cortar árboles desde el tronco con objeto de producir madera para
la construcción, además de que los dueños de los montes debían reforestar una cantidad de árboles igual a la
que se hubiera talado.

Cuajimalpa en el México independiente

El Monte de las Cruces es llamado así por la gran cantidad de esas señales colocadas en el lugar donde
caía algún desafortunado viajero asesinado por salteadores, o uno de los muchos bandidos ajusticiados. En ese
lugar, en octubre de 1811, las tropas del cura Miguel Hidalgo y de Ignacio Allende combatieron y vencieron a las
de Trujillo, coronel realista. Tras esa acción, las fuerzas insurgentes permanecieron dos días en Cuajimalpa, con
intención de preparar la toma de la Ciudad de México; sin embargo, al tercer día retrocedieron hacia Toluca, a
pesar de tener el centro del virreinato a la vista y desprotegido.

Hay opiniones encontradas acerca de las razones que tuviera Hidalgo para decidir la retirada: por miedo,
por prudencia (para no exponer a la ciudad al saqueo, como ya había ocurrido en Guanajuato), por no tener
municiones suficientes, o incluso por haber advertido que el ejército de Calleja se dirigía contra ellos. Parte de la
fuerza insurgente permaneció en la zona, en pequeños grupos -unos llegaron a Santa Fe y Tacubaya, otros a
Tlalpan y San Ángel-, organizados para promover la incorporación de capitalinos a la rebelión, otros para realizar
acciones como el corte del suministro de agua de Santa Fe a la ciudad, y unos más dedicados a interceptar los
convoyes militares sobre el camino a Toluca, escenario de frecuentes batallas.
Durante el siglo XIX el Monte de las Cruces sirvió de escondite a guerrilleros y bandidos, fue escenario de
innumerables asaltos, asesinatos, batallas y otros hechos que han marcado la historia de nuestro país, como el
fusilamiento de Santos Degollado y Leandro Valle en junio de 1860, tras ser capturados por el ejército
conservador al mando de Leonardo Márquez.

En 1845, la capilla principal del monasterio del Desierto de los Leones fue parcialmente destruida para instalar
allí una fábrica de vidrio.

En 1862, el presidente Benito Juárez suspendió el pago de derecho de peaje en el camino México-Toluca, el cual
se reparó en cuanto fue derrotado el imperio de Maximiliano; el 4 de mayo de 1884 se inauguró el ferrocarril de
México a Toluca y, en 1905, el presidente Porfirio Díaz creó una oficina con el encargo de trazar nuevos caminos
y reparar los ya existentes, cuya primera obra fue el arreglo del camino entre estas dos ciudades.
Introducción
Esta Delegación toma su nombre del último señor de los mexicas, quien reorganizó al ejército y al pueblo contra
el ataque de los conquistadores. Cuauhtémoc es un nombre náhuatl proveniente de las voces cuauhtli, "águila",
y témoc, "que baja", como modo de aludir al sol (el águila) en el atardecer.
En la Delegación Cuauhtémoc se encuentra representada buena parte de la historia de nuestro país, pues en el
perímetro del primer cuadro o Centro Histórico, se asentó la capital del imperio más grande de nuestro pasado
prehispánico, luego la del poder virreinal, del gobierno de México independiente, del ilegítimo imperio de
Maximiliano y también de la República restablecida, que perdura hasta hoy.
A lo largo de la historia, dicha zona ha sido el corazón económico y administrativo del país. Aunque lentamente
las plazas comerciales con grandes almacenes en la periferia de la ciudad atraen la actividad mercantil, dos
centésimas del territorio del Distrito Federal (D.F.), ocupadas por la Zona Rosa, La Merced, La Lagunilla y el
Centro, cuentan con más de 20% del total de establecimientos de este tipo en la capital, sobre todo aquellos
que atienden a trabajadores manuales, así como a la población de medianos y escasos recursos.
También existe aquí una gran concentración de servicios culturales, dado que la mitad de los museos de la
ciudad se encuentran en este perímetro, además de cuantiosos servicios turísticos y de recreación; no obstante,
algunas zonas alejadas del centro han resultado mejor ubicación para los grandes hoteles, restaurantes, bares y
centros nocturnos. Entre otras instalaciones para la difusión de la cultura destacan el Palacio de Bellas Artes, el
Teatro de la Ciudad y el Palacio de Minería.
El Centro Histórico de la Ciudad de México fue declarado "Patrimonio de la Humanidad" por la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1987.

Orígenes

La tribu tenochca, después conocida como mexica, fue la última de las siete familias nahuatlacas en salir del
mítico Aztlán rumbo al sur, hacia el siglo XII; guiados por un sacerdote-sabio de nombre Tenoch, de donde
viene su nombre original, emprendieron una larga peregrinación que tenía por objeto encontrar el lugar
prometido por Huitzilopochtli, su dios, para fundar la gran ciudad. La señal para identificar el emplazamiento era
un águila, que simboliza a la divinidad suprema, posada sobre un tunal, que significa el corazón de los hombres.
Es común llamar "aztecas" a los tenochcas, aunque también se nombra así a las restantes familias salidas de
Aztlán. Existe desacuerdo entre los historiadores con respecto a la localización de dicha patria original, la cual
pudiera estar ubicada en el territorio que se extiende desde la cuenca de México hasta Asia; para algunos, se
trata del mítico lugar de los muertos y no un sitio geográfico. Por lo regular se acepta la ubicación de Aztlán
("lugar donde abundan las garzas") en Nayarit, donde se encuentra una isla conocida como Mexcaltitlán, cuya
traza se parece notablemente a la que tuvo México-Tenochtitlan, caracterizada por dos grandes ejes que se
cruzan en el centro, haciendo cuatro calzadas.
Los tenochcas permanecieron un tiempo en el territorio del actual estado de Hidalgo y entraron luego en el valle
de México por Cuextecatlichocayan y Coatepec donde, en 1163, encendieron el primer fuego nuevo antes de
dirigirse a Tula y más tarde a Chapultepec.
Llegados a la cuenca de México, los mexicas se vieron constantemente hostigados por los pueblos establecidos
allí desde tiempo atrás, de manera que pasaron un largo periodo expulsados de un lugar a otro. En 1299 fueron
atacados por los tecpanecas y tuvieron que salir de Chapultepec; los tenochcas pidieron apoyo al señor acolhua,
quien se siente comprometido ¾dado que antes los había alquilado como guerreros para derrotar a los
xochimilcas¾, y les permite quedarse en Atlitic, Tizapán, donde abundaban peligrosos animales, con el
propósito de librarse de ellos; sin embargo sobreviven, pues estaban acostumbrados a las duras condiciones del
nomadismo. Ante la aparente mejoría de su relación, los tenochcas solicitaron al señor de Culhuacán una hija, la
cual les fue concedida al creer que, con su matrimonio, quedaba establecida una alianza permanente. Sin
embargo, los tenochcas querían a la joven sólo para sacrificarla, por eso el señor acolhua les declaró de
inmediato la guerra. Refugiados en los carrizales del gran lago, los tenochcas finalmente encontraron la señal
divina en un islote al centro del lago: un tunal y, sobre él, un águila devorando una serpiente. Se fundó allí, en
1325, la ciudad que con el tiempo se conocería como México-Tenochtitlan, en medio de la actual Delegación
Cuauhtémoc.
El islote era pequeño, sólo cubierto por carrizos y catos. Fundaron una aldea modesta al principio, apenas
llegaba a los límites de lo que ahora son las calles de República de Costa Rica y República de Uruguay (de norte
a sur) y entre La Purísima y Bolívar (de oriente a poniente). Sin embargo, el pueblo fue disciplinado y
trabajador, por lo que, en 200 años, llegó a ser el más poderoso de Mesoamérica, instituyendo una organización
productiva, social, política, militar y religiosa muy avanzada, cuyo gobierno estaba a cargo de guerreros y
sacerdotes. Fundaron escuelas, legislaron sobre comercio y tenencia de la tierra, establecieron servicios muy
eficientes para el correo y las actividades mercantiles, además de concertar alianzas con otros pueblos para
asegurar y ampliar sus fronteras. Su forma de propiedad de la tierra era comunitaria: los bienes y recursos
pertenecían a todo el pueblo, no eran privados; en este tipo de sociedad el bienestar de todo el grupo se
antepone al individual; no obstante, era inequitativo el reparto de los productos del trabajo, ya que los
guerreros y sacerdotes gobernantes gozaban de privilegios y riquezas.
Todos los señores mexicas procuraron el desarrollo del pueblo y convirtieron su ciudad en la hermosa y altiva
capital del gran imperio, admirada por los conquistadores desde su entrada al valle por el paso entre los dos
grandes volcanes: rodeada de verdor, escrupulosamente limpia y espejeando en las aguas del lago. Se calculan
hasta en 700 000 los habitantes de la gran ciudad hacia 1520.
A la llegada de los españoles señoreaba Moctezuma Xocoyotzin, quien pensó que se cumplía la profecía del
regreso de Quetzalcóatl. Recibió a Hernán Cortés como invitado especial el 8 de noviembre de 1519 ¾el
encuentro tuvo lugar en la actual esquina de la avenida Pino Suárez y la calle República de El Salvador, donde
hay una placa para indicarlo¾. El codicioso conquistador, ya instalado en el palacio de Axayácatl, ante tales
lujos, mantuvo prácticamente presos a sus anfitriones, entre ellos a Moctezuma; sin embargo, dada la ilegalidad
de su expedición, el 20 de mayo de 1520 fue a enfrentar al ejército de Pánfilo de Narváez, enviado por el
gobernador de Cuba, Diego Velázquez.
Pedro de Alvarado quedó al mando de las fuerzas españolas que permanecerían en Tenochtitlan; también
codicioso y deslumbrado por las joyas lucidas en un ceremonial en el Templo Mayor, organizó una desleal
matanza. Los mexicas confirmaron las dudas sobre el origen divino de sus invitados y, llenos de indignación, los
sitiaron. Cortés regresa triunfante, aunque se da cuenta de que no puede permanecer en la ciudad y, así,
prepara la huida: aprovecha una tormenta y la oscuridad de la noche; luego de asesinar a Moctezuma, escapa
con los tesoros robados ¾de acuerdo con otra versión, Moctezuma murió a consecuencia de una pedrada
recibida en la cabeza en el momento en que, desde lo alto del palacio, intenta convencer a su pueblo de no
atacar a los españoles¾; una mujer denuncia a gritos la fuga y de inmediato una multitud de mexicas sale de
sus casas para perseguirlos y matar a muchos de los españoles, en un episodio conocido como la "noche triste",
cuando Cortés llora sin aliento bajo un árbol en Tlacopan. Diezmadas, las fuerzas conquistadoras se refugian en
Tlaxcala para preparar el contra-ataque, lugar donde, con objeto de embestir por el lago, construyen varios
pequeños buques con vela conocidos como bergantines.
La conquista se facilitó debido a una devastadora epidemia de viruela y cocoliztli o cocolixtle, enfermedades
portadas por los españoles, quienes padecían los síntomas de manera leve. Sin embargo, el contagio entre los
indígenas causó gran mortandad, pues la población no tenía anticuerpos contra esa clase de virus; se calcula
que murieron más de un millón de indígenas y muchas localidades quedaron totalmente despobladas por esta
causa. Durante un tiempo, se confundió el cocolixtle con el tifo, pero más bien parece tratarse de una especie
de gripe, la cual, por lo general, producía hemorragias nasales abundantes y fiebre intensa; los indios enfermos
morían al cabo de tres o cuatro días.
A la muerte de Cuitláhuac, debida a dichos virus, los mexicas eligieron entre los guerreros nobles a Cuauhtémoc
como su señor, por ser el mejor hombre para preparar la defensa de su ciudad. Por su parte, los españoles
rompieron el dique construido por Nezahualcóyotl para llevar sus nuevas naves hacia Tenochtitlan, a la que
sitiaron durante tres meses, con el apoyo de otros pueblos indios. El 13 de agosto de 1521 el pueblo mexica fue
finalmente vencido, Cuauhtémoc apresado y Tenochtitlan devastada y sometida a los invasores.
Introducción

La Delegación Gustavo A. Madero está en el extremo norte del Distrito Federal y toma su nombre en homenaje
a uno de los iniciadores de la lucha política contra la dictadura de Porfirio Díaz.
Gustavo, hermano de Francisco I. Madero, nació en 1875 en la hacienda El Rosario, en Parras de la Fuente,
Coahuila. La familia Madero era propietaria de haciendas y otros negocios en Coahuila y Nuevo León, de los
cuales se encargaba Gustavo durante la época en la cual su hermano, Francisco, inició la campaña para abrir
espacios de participación a los ciudadanos, lo que Díaz procuraba evitar a sangre y fuego.
Fue Gustavo quien proporcionó el dinero para la campaña de Francisco como candidato a la presidencia durante
1910 y 1911. Él mismo realizó una gran actividad política: promovió la organización de un partido de oposición
al gobierno de Díaz, y fue el principal fundador del Partido Constitucional Progresista, que ganó la mayoría de
las diputaciones en ese entonces. Siendo don Gustavo miembro de la Cámara de Diputados, tuvo gran influencia
sobre los demás y en las decisiones de gobierno, cuando su hermano fue electo presidente de la República.
Fue nombrado embajador especial en Japón en enero de 1913 -con lo cual se quería agradecer al emperador de
ese país su colaboración en las fiestas para celebrar el centenario de la Independencia-. Gustavo estaba de
regreso de tal encomienda cuando ocurrió la rebelión militar contra el gobierno del presidente Francisco I.
Madero, conocida como la Decena Trágica.
El 9 de febrero del mismo año los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz iniciaron el cuartelazo, al frente
de tres regimientos de caballería de Tacubaya.
Cuando los insurrectos pasaron por la ciudad, se les unió un regimiento de artillería. La primera acción de los
amotinados fue liberar de la prisión de Tlatelolco a dos importantes militares, el general Bernardo Reyes
(candidato a la presidencia, dos veces gobernador de Nuevo León e iniciador del gran crecimiento industrial en
la región) y a Félix Díaz (sobrino de Porfirio Díaz, quien por levantarse en armas el año anterior en Veracruz fue
condenado a muerte, aunque Madero cambió su sentencia por prisión perpetua); ambos quedaron al frente de
la tropa; al mismo tiempo los alumnos de una escuela militar que había en Tlalpan se apoderaron de Palacio
Nacional.
Como las fuerzas leales al presidente recuperaron esta importante plaza, los rebeldes se apoderaron del cuartel
militar conocido como la Ciudadela, así como de las armas y municiones encontradas allí, después de lo cual se
sucedieron constantes batallas entre las dos fuerzas armadas.
El día 17, Gustavo A. Madero fue hecho prisionero al salir de un restaurante y se le llevó a la Ciudadela, para ser
asesinado el día 18 en la madrugada. Ese mismo día el presidente Madero, junto con parte de sus
colaboradores, fueron también apresados cuando partían de Palacio Nacional. El 19 Don francisco fue obligado a
renunciar a la presidencia de la República, y el 22 le asesinaron a él y a su vicepresidente, José Ma. Pino Suárez,
por un pelotón de fusilamiento en uno de los costados de la penitenciaría.

Orígenes

El territorio que hoy ocupa la Delegación Gustavo A. Madero fue tempranamente poblado, según evidencias del
año 1000 a.C. En El Arbolillo, sitio que estuvo muy próximo al lago, se encontraron restos de una pequeña
comunidad agrícola y enterramientos de huesos teñidos de rojo; esta característica perduró en la cultura de
Zacatenco, pueblo primitivo que se asentó en la misma zona entre los años 100 a.C. y 100 de nuestra era; ahí
se hallaron restos humanos pintados, muchas veces acompañados de ofrendas: cerámica arcaica, estatuillas y
cabecitas de barro, herramientas de piedra, objetos de obsidiana y metales de origen olmeca.
El pueblo de Ticumán tuvo auge hacia el siglo V, en un península formada por la entrada del cerro en el agua;
era un pueblo con mayor avance cultural, el cual llegó a desarrollar excelentes técnicas agrícolas, como lo
demuestran las terrazas labradas por ellos para sembrar en el cerro; en ese lugar se encontraron instrumentos
para curtir pieles, cerámica artística, objetos marinos y piezas de jade y serpentina.
En el siglo XV los mexicas ya se habían apoderado del territorio del Tepeyac; fueron ellos quienes construyeron
la calzada -conocida ahora como del Tepeyac- con funciones de dique, para retener las aguas dulces de
cuantiosos ríos que desembocaban en la parte occidental del lago.

Dominación española

Además de su urbanización, el Tepeyac sufrió otros cambios importantes durante la colonia; nacieron las
encomiendas de indios, por las cuales un español era encargado de garantizar que determinado número de
indios recibiera doctrina cristiana y protección, a cambio de su trabajo sin paga, además suficientes tierras, lo
que sirvió de pretexto para explotarlos hasta la esclavitud; también se establecieron impuestos y se fundó la
Audiencia.
Esta región fue una de las zonas de la cuenca de México donde los religiosos iniciaron la tarea cristianizante de
indios. La orden de los frailes franciscanos fue la primera en encargarse de dicha conversión al catolicismo. Los
evangelizadores destruyeron tanto ídolos como centros ceremoniales, y para procurar la adopción de la nueva fe
aprovecharon los mismos lugares a los que antes acudían para asuntos de religión y levantaron edificios
católicos sobre los antiguos templos. El cerro del Tepeyac era un lugar sagrado entre los indios desde tiempo
atrás, pues en él adoraban a una de las representaciones de Coatlicue -la que tiene falda de serpientes- con
cantos, música y flores que nadie se atrevía a oler antes de ofrecerlas a la diosa. No obstante, en el momento
de la conquista española se llamaba Coatlicue a varias divinidades y personajes femeninos, se le consideraba la
madre del sol -el cual ilumina el día- y, al mismo tiempo, de la luna y las estrellas -que brillan de noche-, las
cuales luchan contra el sol cada amanecer con objeto de sobrevivir. La falda de serpientes de Coatlicue
simboliza el universo creado donde diariamente se da la batalla entre la luz y las tinieblas.
Entre el 9 y 12 de diciembre de 1531, diez años después de la caída de Tenochtitlan, nació una leyenda según la
cual un indio nacido en Cuautitlán y avecindado en Tulpetlac, a quien acababan de bautizar con el nombre de
Juan Diego, se presentó ante el obispo de México, fray Juan de Zumárraga, para informarle que se le había
parecido la Virgen María en el cerro del Tepeyac, con el fin de pedirle construir un templo en ese lugar. El
obispo no prestó mucha atención; entonces, en la tercera ocasión en que se le apareció, la Virgen dejó a Juan
Diego una prueba para convencer a las autoridades eclesiásticas: unas rosas que el indio cargó en su tilma o
ayate (especie de capa hecha con manta de algodón que usaban los campesinos). Al extender su prenda para
mostrar las rosas, el obispo y otras personas presentes vieron la imagen de la Virgen reproducida en ella. Esta
imagen se colocó primero en la capilla particular del obispado y luego en la Iglesia Mayor de México, mientras se
construía la ermita del Tepeyac, la cual se convirtió desde un principio en lugar de veneración para indios y
españoles.
En 1557 se construyó una nueva ermita, más grande porque el número de devotos crecía constantemente, y en
1622 se concluyó un nuevo templo; la vieja ermita se transformó en la hermosa capilla llamada de los Indios.
Dado que el anterior fuera demolido, se inauguró en 1709 un templo mayor que funcionó hasta 1976, fecha en
la cual se destinó a Museo de la Basílica, y se abren las puertas del edificio moderno con título de Basílica desde
el 12 de octubre de ese mismo año. La nueva construcción se debió a que la anterior resultaba peligrosa, con
problemas irreparables en su estructura.
En 1533 se fundó el pueblo de Guadalupe, en un terreno árido a la orilla del vaso de Texcoco y al pie del cerro
del Tepeyac. Estaba compuesto por dos comunidades: una indígena muy antigua, en el barrio de San Lorenzo, y
otra reciente integrada por españoles y mestizos. La primera de ellas estaba asentada en el llano ubicado entre
la serranía y el río de Guadalupe, lugar donde fueron acogidos los salineros de Tlatelolco, quienes desearon
establecerse cerca de su trabajo.
Guadalupe era cabecera de los pueblos de Santiago Atzacoalco, San Pedro Zacatenco, Santa Isabel Tola y San
Juan Ixhuatepec, también conocido como San Juanico. Fue declarada villa por Cédulas Reales de 1733 y 1748.
Hacia 1740, vivían allí 97 familias indígenas, cuyos integrantes trabajaban en las salinas, en la hacienda de
Santa Ana, o como pescadores en el Lago de Texcoco. Cerca de 1750, ya habían 50 familias no indias, casi
todas de eclesiásticos y servidores del santuario. También se instaló un mesón para atender a los peregrinos de
la ermita.
En 1743 se inició la construcción del acueducto, el cual constaba de 2 310 arcos y tenía una extensión de 12
kilómetros, desde el nacimiento del río Tlalnepantla en Monte Alto, hasta la fuente que estaba frente al
Santuario de Guadalupe, con varias tomas intermedias. En 1751 se terminó la construcción del acueducto y, a
partir de ese año, se introdujo el agua al pueblo de Guadalupe.
La Calzada de los Misterios se construyó a finales del siglo XVI para comunicar esta zona con la Ciudad de
México. En 1604 se deterioró como resultado de una inundación; cuando fue reconstruido se levantaron dos
albarradas o paredes de piedra para flanquearla, de forma que sirviera como dique para las aguas. Esta avenida
pronto se volvió un paseo muy popular.

La Delegación Gustavo A. Madero durante el México independiente

En 1828 se declaró ciudad a la Villa de Guadalupe, con el nombre de Guadalupe-Hidalgo. Ahí se firmó un tratado
de paz con Estados Unidos, el 2 de febrero de 1848, durante la intervención por la que México se vio obligado a
ceder gran parte de su territorio. En 1855 había ya dos calzadas: la antigua empedrada, por cuyo centro corría
la vía del Ferrocarril Mexicano, y la nueva, hecha de tierra, la Calzada de Guadalupe, por la cual circulaban
tranvías. La Calzada de los Misterios perdió mucho de su encanto con el tendido de la vía y dejó de ser paseo
popular.

Época posterior a la Revolución

Cuando Plutarco Elías Calles fue presidente, se volvió a otorgar el título de villa a la localidad, junto con el
nombre de Gustavo A. Madero.
A partir de los cuarenta empezaron a instalarse grandes fábricas en los terrenos de la delegación. El desarrollo
industrial trajo aparejado el crecimiento de colonias populares, entre ellas la Bondojito, Defensores de la
República, Gertrudis Sánchez, La Joya, Nueva Tenochtitlan, Mártires de Río Blanco, Lindavista, Industrial,
Insurgentes Tepeyac, Martín Carrera y San Juan de Aragón.
Introducción

El territorio de la Delegación Política Iztacalco fue parte del lago de Texcoco. En un principio, de aquella área
sólo sobresalía un islote. Con el paso del tiempo se ganaron terrenos al agua, primero gracias a la construcción
de chinampas, rodeadas por canales que luego fueron cegados totalmente y, por otro parte, debido a la
desecación que ofreció extensos espacios de tierra. Actualmente, esta delegación tiene una superficie plana que
facilita la introducción de servicios urbanos.
La Delegación Iztacalco se distingue por ser la más densamente poblada del Distrito Federal, es decir, la que
tiene más habitantes por kilómetro cuadrado. Esto es consecuencia de la constante inmigración de gente del
interior de la República hacia la capital, que en busca de oportunidades de empleo se asienta preferentemente
en la zona integrada por Iztacalco y el municipio de Nezahualcóyotl en el Estado de México.
Iztacalco es una palabra originaria de la lengua náhuatl compuesta por los vocablos iztatl, "sal", calli, "casa", y
co, "lugar", por lo que significa "en la casa de la sal", es decir, "lugar donde se recoge o produce la sal". El
emblema de la delegación representa el utensilio empleado en dicha tarea.

Orígenes

El territorio que actualmente corresponde a la Delegación Iztacalco se encuentra en medio de lo que fuera el
lago salado de Texcoco, donde sobresalía un islote. La séptima familia nahuatlaca que salió de Aztlán rumbo a la
cuenca de México, después conocida como mexica, se asentó por un corto periodo en ese islote durante el
peregrinaje que, finalmente, los llevó al lugar predicho por sus sacerdotes para establecerse. Mientras los
aztecas permanecieron en la pequeña isla, deben haberse provisto de sal con un aparejo muy similar al que
actualmente es emblema de la delegación.
Una vez fundada Tenochtitlan, un grupo mexica se dedicaba a cultivar en el islote frutas y legumbres para los
habitantes de la gran ciudad, así como flores para el culto a los dioses, actividad que perduró durante el
coloniaje español, el México independiente e incluso hasta los años cuarenta del presente siglo.

Iztacalco durante el virreinato

Una vez derrotado el pueblo mexica, los españoles se lanzan a la tarea de convertir indios a la religión católica,
para facilitar su dominación. La evangelización de los pocos habitantes de Iztacalco estuvo a cargo de frailes
franciscanos, primeros religiosos en llegar a los nuevos dominios de los reyes de España.
Se erigió un pequeño convento dedicado a San Matías, en el que vivían cuando mucho dos religiosos, pues los
indígenas no llegaban a ser 300. Por ser escasa la feligresía en los alrededores, estos frailes se contaban entre
los pocos que no visitaban pueblos aledaños en su labor evangelizadora; tan sólo acudían una vez al año a la
ermita de San Antonio, para celebrar la fiesta de dicho santo.
Apenas en la segunda mitad del siglo XVII se registran bautizos en al vicaría de Iztacalco; había entonces ocho
pequeños barrios periféricos al pueblo.
Los españoles prefieren no cambiar los nombres indígenas de los pueblos, ya que los naturales se identificaban
como integrantes de los mismos; adoptaron entonces la costumbre de anteponer al nombre indígena el de un
santo, que pasaba a ser el patrono del pueblo. Al parecer en Iztacalco no siguieron esa costumbre, pues varios
pueblos usaron en primer lugar el nombre indígena y después el del santo patrono, como Xicaltongo San
Francisco. En la actualidad esta particularidad está en desuso.
Todavía a finales del virreinato Iztacalco estaba en medio del lago, condición que le impidió un crecimiento
significativo. Iztacalco quedó comprendido en la parcialidad de San Juan Tenochtitlan. A principios del siglo XVII
sólo contaba con 296 habitantes en los barrios de la Asunción, Santa Cruz, Santiago, San Miguel y los Reyes.
Iztacalco en el México independiente

En 1855 se reorganizan las prefecturas y municipalidades del Distrito de México, y así la municipalidad de
Iztacalco quedó conformada por los pueblos de San Matías, San Juanico, Santa Anita, la Magdalena Atlacolpa y
la Asunción Aculco; por los barrios de la Santa Cruz, Santiago, San Miguel, la Asunción, San Sebastián Zapotla,
los Reyes, San Francisco, San Antonio Zacahuisco, y por los ranchos Cedillo y de la Viga o de la Cruz Metlapalco.
Como dato curioso, se recuerda que en 1850 tuvo lugar el primer viaje de un barco de vapor en el Valle de
México, entre Chalco y la Viga.
Antonio García y Cubas menciona en su Atlas geográfico estadístico e histórico de la República Mexicana de
1858, a Santa Anita e Iztacalco "Compuestas estas poblaciones totalmente de indígenas, sus casas son, unas de
adobe y otras de carrizo, diseminadas y colocadas en desorden; pero su situación a orillas del canal, que
comunica las lagunas de Texcoco, Xochimilco y Chalco; las numerosas islas flotantes o chinampas, cuya palabra
viene de las voces tlali ompatl que significa tierra en el agua, cubiertas de verduras y flores que se reflectan en
el agua, dan a estos lugares un aspecto muy sencillo a la vez que pintoresco, sirviendo de paseo y recreo a los
habitantes de la capital".
En 1892, se verifica un reparto gratuito de tierras entre los padres de familia que habitaban Iztacalco; se trató
de 255 hectáreas que anteriormente formaban parte de los potreros de Tlacotal, Bramaderos y Zaldívar, debido
a que la Constitución prohibía a las parcialidades poseer o administrar bienes raíces.
Para fines del siglo XIX Iztacalco formaba parte de la prefectura de Tlalpan, y tenía una población de 2 800
habitantes, distribuidos en sus pueblos, barrios y ranchos.
Las localidades en su mayoría se encontraban rodeadas tanto por cuadros de las chinampas, como por canales
artificiales que también las atravesaban.
Chinampa significa "siembra sobre escudo", se trata de una especie de isla artificial, construida con un armazón
de estacas ancladas al fondo del lago y sobre el cual se tejen varas. Esa estructura se cubre con lodo del lago,
que resulta de gran fertilidad debido a los restos biológicos y microorganismos contenidos en él, además de
recibir la humedad constante que se filtra desde abajo, por lo que no requiere de riego. Esta técnica fue
desarrollada por los xochimilcas: al principio construyeron las chinampas como jardines o huertos flotantes, con
ramas y troncos de un árbol lacustre llamado ahuexotl o ahuejote, cubierto con hierbas, raíces y lodo lacustre;
con el tiempo, las ramas y troncos usados enraizaron y quedaron fijos. Posteriormente las construyeron con
estacas fijas al fondo para evitar que flotaran.
Los canales se comunicaban entre sí y con el canal principal, conocido en esa época como de la Viga, de
Xochimilco o Nacional.
Cada chinampa correspondía a un propietario; además de la choza donde habitaba éste con su familia, tenía el
sembradío de flores y legumbres que se venderían en la Ciudad de México.
Según parece, las chinampas de Iztacalco no estaban fijas, pues de acuerdo con las crónicas de la época los
indios las desplazaban sobre las aguas de los canales cuando era necesario, jalándolas con una cuerda, a la
manera como se acercan barcos y lanchas al muelle; sin embargo, al enredarse con las hierbas del fondo del
lago y enraizar las mismas varas usadas en el armazón, quedaban finalmente ancladas.
Iztacalco era un lugar de tránsito entre la ciudad y localidades más lejanas, a las que se llegaba por el lago o
por canales; entre otras Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta hacia el sur y Texcoco rumbo al oriente. Si bien su
población fabricaba artículos para el autoconsumo, siempre se distinguió por su producción agrícola,
básicamente dedicada al comercio con los habitantes de la Ciudad de México.

Iztacalco después de la Revolución

Todavía durante la primera mitad del presente siglo, Iztacalco y Santa Anita estaban situados en la orilla del
canal principal y eran uno de los paseos dominicales preferidos de la población de la Ciudad de México, sobre
todo durante la cuaresma.
Había embarcaderos para las peculiares canoas llamadas trajineras. El tradicional paseo de los domingos
consistía en embarcarse y comer a bordo los platillos preparados con anterioridad, o bien comprar los antojitos,
como verduras frescas, tamales, enchiladas y pulque, que ofrecían las indias que conducían pequeñas canoas en
los canales.
Parte importante del atractivo paseo era el paisaje: chinampas dedicadas al cultivo de rosas, amapolas y
azucenas; otras al de legumbres y, por todos lados, el color verde que inundaba la vista. Los canales estaban
llenos de aves acuáticas: patos, gallaretas, chichicuilotes; agachonas, gansos, gallinas de agua; abundaban
también aves rapaces como gavilanes y aguiluchos.
El canal principal era atravesado por puentes para peatones, bajo los cuales transitaban las trajineras. La garita
estaba en uno de esos puentes y tenía dos arcos, que eran cerrados por la noche con grandes compuertas para
regular el nivel de las aguas del canal. Todavía en esa época había sólo llanuras en ambas orillas del canal de la
Viga. Se veían, bastante separados entre sí, unos cuantos jacales construidos con adobe o carrizos y muy pocas
casas con muros de tabique o piedra.
La fiesta principal de Iztacalco era la procesión de Corpus en el mes de agosto. Se lanzaban cohetes y tocaban
las campanas a la una de la tarde para anunciar su inicio; el camino se adornaba con flores y pétalos en el piso
y enramadas a los lados; se hacían también puentes en los que se colocaban jaulas con pájaros.
A partir de los años treinta se empieza a cegar el canal de la viga y sobre su trazo se construye la calzada que
hoy conserva ese nombre.
Desde entonces, pero particularmente a partir de los años cincuenta, es constante el fraccionamiento de los
terrenos ya desecados a ambos lados de la calzada de la Viga, así como su poblamiento con colonias populares.
Se instalan fábricas y se crean, entre otras, las colonias: La Cruz, Pantitlán y Granjas México, para procurar que
los trabajadores de las mismas vivieran en sitios cercanos. Las primeras industrias de la localidad estaban
dedicadas a la manufactura de cajas y láminas de cartón, colchones, muebles de madera, y productos químicos
y alimenticios
De esta forma, Iztacalco conserva su rostro rural hasta hace poco tiempo; su incorporación a la vida moderna
de la ciudad ocurre hace apenas cuatro décadas.
Las primeras industrias de tipo moderno que se instalaron en la zona fueron las fábricas de cajas y láminas de
cartón, colchones, muebles de madera, sombreros y productos químicos; además de empacadoras y enlatadoras
de conservas.

Iztacalco en la actualidad

Información estadística de acuerdo con el censo de 1990


Características de su territorio, ubicación y colindancias
Esta delegación se encuentra al oriente del Distrito Federal; colinda al norte con las delegaciones Venustiano
Carranza y Cuauhtémoc, al poniente con Benito Juárez, al sur y oriente con Iztapalapa, y al oriente con el
municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México.
La Delegación Iztacalco tiene una extensión territorial de 23.3 kilómetros cuadrados, pro lo que representa 1.6%
del D.F.
Cuenta con tres corrientes de agua, actualmente entubadas: Río de Churubusco, Río de la Piedad y Canal
Nacional.
Entre las localidades principales se encuentran las colonias Agrícola Pantitlán, Granjas de México, Santa Anita,
Agrícola Oriental, Ramos Millán y Reforma Iztaccíhuatl.
Las principales vías de comunicación son las avenidas Río de Churubusco, Ferrocarril de Río Frío y Plutarco Elías
Calles; las calzadas Apatlaco e Ignacio Zaragoza; los ejes viales 3 Sur, 4 Sur, 6 Sur, 2 Oriente y 3 Oriente, y el
viaducto Miguel Alemán.
La urbanización de Iztacalco, casi concluida, ha representado un reto extremo: dotar de agua potable, drenaje,
energía eléctrica, alumbrado público, calles y avenidas, mercados, escuelas y demás requerimientos para habitar
una ciudad; poniendo todo esto a disposición de 450 000 habitantes con más de 93 000 viviendas (cuando en
1929 era un pueblo con tan solo 9 000 habitantes y 1 500 viviendas).
Introducción

Iztapalapa es una de las dieciséis delegaciones políticas en que se divide el Distrito Federal, y refleja
actualmente la riqueza de su historia. Tanto su poblamiento como su desarrollo son anteriores a la llegada de
las tribus nahuatlacas al altiplano; en su territorio han ocurrido hechos de importancia nacional; conserva en su
arquitectura y tradiciones una parte del pasado, al tiempo que se cuenta entre los polos más dinámicos de
crecimiento de nuestra ciudad, pues es la región a la que llega a radicar el mayor porcentaje de inmigrantes del
interior de la República hacia la capital en busca de oportunidades de trabajo y vida.
La traducción del vocablo náhuatl Iztapalapan se dificulta por dos razones: los sonidos nahuas no siempre
tienen equivalente en la fonética castellana y así, al reproducirlos en español, se altera el significado; además, la
lengua náhuatl corresponde al pensamiento simbólico, por lo que no se ajusta a la estructura lógica del otro
idioma. Con las reservas que imponen esas dos consideraciones, se aceptan como significados posibles para la
voz Iztapalapa los de "en el agua de las lajas" o "en el agua atravesada"

Orígenes

Existen evidencias de que hace más de siete mil años grupos humanos primitivos se asentaron en la cuenca de
México. Mil años antes de la era cristiana esos pueblos tenían ya un significativo crecimiento demográfico, así
como un desarrollo de las técnicas agrícolas y del comercio interregional, al tiempo que se dedicaban a la
cacería y a la alfarería; también se han encontrado restos de cerámica con motivos naturalistas, como peces y
aves.
El terreno era en su mayor parte lacustre y pantanoso, sólo destacaba la zona del Cerro de la Estrella. Cuando
empezó la decadencia de Tula, una comunidad de nobles toltecas se asentó en las laderas de dicho cerro, a
orillas del lago de Texcoco. Ese pueblo, llamado Culhuacán, mantenía una forma de organización conocida como
señorío y, al igual que Azcapotzalco y Texcoco, era uno de los más poderosos.
Los acolhuas establecieron alianzas en diferentes momentos con otros pueblos por el predominio de la región.
Mientras los pueblos asentados en la cuenca se desarrollaban y tomaban fuerza, ocurría desde el norte una
constante migración de hordas salvajes, en busca de parajes que garantizaran su supervivencia una vez
agotados los recursos del lugar donde radicaran previamente; se les conocía como chichimecas.
Uno de los grupos que llegaron a la cuenca de México fue el de los aztecas. Los señores de los pueblos que ya
estaban asentados en dicha cuenca constantemente les hicieron la guerra para impedir que se establecieran en
ese territorio.
Los aztecas emigraron de un lugar a otro entre los siglos XII y XIII, hasta que por fin el señor de Culhuacán les
permitió establecerse, por cierto que en un lugar inhóspito y lleno de alimañas, con la finalidad de que los
animales salvajes acabaran con ellos.
.Sin embargo, los aztecas subsistieron, pues estaban acostumbrados a las duras condiciones del nomadismo.
Finalmente, los acolhuas consideraron inofensivo a ese pueblo y le permitieron asentarse; le dieron al señor
Acamapichtli como gobernante y así surgió la dinastía mexica.
Con el tiempo, los mexicas llegaron a adquirir tal fuerza que tuvieron la capacidad de hacer la guerra a los otros
pueblos que los habían despreciado, sobre todo cuando establecieron alianzas.
Para 1430 los mexicas habían vencido a los tepacanes de Azcapotzalco, de modo que Culhuacán estaba ya bajo
su dominio. Izcóatl fundó entonces el señorío de Iztapalapa. El primer señor, o tlatoani, de Iztapalapan fue
Cuitláhuac I, "el viejo", hijo de Izcóatl y abuelo materno de Cuitláhuac II, "el joven" o "héroe invicto".
Iztapalapan comprendía un territorio pequeño, aunque de gran importancia económica y bélica por su
estratégica ubicación, lugar de tránsito hacia lo que ahora son los estados de Puebla y Tlaxcala, y hacia la
vertiente del Golfo de México.
Gran parte de la ciudad estaba construida dentro del lago de Texcoco mediante chinampas, que eran una
especie de islotes folotantes artificiales, sobre los cuales se acumula tierra del fondo del lago. Además, se
habían construido compuertas con una doble finalidad: servían para regular el agua de los canales entre las
chinampas y, con fines de defensa militar, para inundar la calzada principal cuando se requería impedir el acceso
de enemigos a la ciudad.
La chinapmas de Iztapalapan estaban agrupadas en ocho calpullis, los cuales constituyen la base de los ocho
barrios actuales.
La principal actividad económica era el comercio de la sal y la pesca que obtenían del lago.
Cuando Hernán Cortés estaba en Veracruz, se enteró de que en la parte central del territorio existía un pueblo
poderoso, poseedor de grandes riquezas, noticia que lo determinó a venir al altiplano. En el camino fue
recopilando información que le sirviera para planear la forma de dominar al pueblo mexica. Ya en Tlaxcala, pudo
darse cuenta de la inconformidad y odio que los otros pueblos sentían hacia los mexicas, por el sometimiento al
que estaban sujetos y que, entre otras cosas, significaba la imposición de grandes tributos, consistentes
básicamente en alimentos, productos manufacturados, así como mujeres, hombres y guerreros destinados a ser
sacrificados a los dioses. Por su parte, los señores de los pueblos del altiplano no se ponían de acuerdo acerca
de lo que resultaba más conveniente con respecto a los extraños hombres barbados que se acercaban: unos
veían la necesidad de exterminarlos como enemigos intrusos; otros, al creerlos dioses, optaban por recibirlos.
Los españoles llegaron el 8 de noviembre de 1519 y fueron hospedados en el palacio de Cuitláhuac II, señor de
Iztapalapan y hermano de Moctezuma II. Posteriormente fueron recibidos por el propio Moctezuma.
Hernán Cortés estaba sorprendido y maravillado ante el lujo y organización social de sus anfitriones: compleja
religión participante del gobierno, desarrollada economía y jerarquizada estructura social. Decidió dominar en
forma pacífica a los pueblos del altiplano, para lo cual prácticamente mantuvo como rehenes a los gobernantes.
Cortés dejó a Pedro de Alvarado como guardián de Tenochtitlan cuando tuvo que ir a enfrentar a Pánfilo de
Narváez, quien se dirigía desde Cuba hacia el altiplano para apresarlo por haber emprendido ilegalmente la
conquista del continente. Durante una ceremonia de adoración a los dioses en el Templo Mayor, Alvarado mató
a sacerdotes y asistentes para despojarlos de las joyas con que iban ataviados; eso originó el primer
enfrentamiento entre los españoles y los naturales de esas tierras.
El conquistador regresó victorioso y con un ejército engrosado por soldados de Narváez que se habían cambiado
a su bando; encontró una ciudad vacía y gente amedrentada que rechazaba a los intrusos, ya identificados
como no dioses, puesto que no respetaban a los dioses locales. Ante esa situación Cortés decidió hacer la
guerra, atrincherándose con su ejército y los gobernantes que retuvo presos en los palacios de la ciudad central.
El sitio mexica se expresó en constantes ataques y en la suspensión del suministro de agua y alimentos hacia los
edificios donde se encontraban los españoles.
Moctezuma propuso entonces a Cortés que se liberara a Cuitláhuac, de manera que hiciera las veces de
mediador entre ambos ejércitos. Una vez libre, Cuitláhuac organizó al ejército mexica y se erigió como tlatoani,
quedando Moctezuma despojado de ese cargo. Los españoles trataron de huir aprovechando la oscuridad de
una noche, llevándose los tesoros que habían saqueado, pero al ser descubiertos fueron perseguidos y
diezmados por los guerreros mexicas. A este episodio se le conoce como la "noche triste".
Las tropas españolas se refugiaron en Tlaxcala para recuperarse y establecer pactos con los señores enemigos
de los mexicas. Mientras tanto, Cuitláhuac procuraba reconstruir la ciudad devastada y organizar la defensa, lo
que no pudo concluir, pues dos meses después murió víctima de la viruela que habían traído los españoles a
estas tierras; la epidemia provocada por ese virus acabó con la vida de más de un millon de indígenas.
El primer paso para el sitio español de Tenochtitlan fue cortar el suministro de agua proveniente de
Chapultepec, para después atacar por el lago con pequeñas embarcaciones improvisadas, gracias al apoyo de
los xochimilcas. Iztapalapa, Chalco y Mixquic fueron arrasadas y, tras ellas, cayó la gran Tenochtitlan.
Durante la colonia, Iztapalapa estuvo muy ligado a la ciudad; fue dado en encomienda al cabildo de la misma y,
a finales del siglo XVI, pasó a pertenecer directamente a la Corona española.
Iztapalapa conservó una fuerte actividad comercial con la ciudad, donde adquiría lo que no producía y vendía
parte de sus mercancías, consistentes básicamente en sal, productos agrícolas y algunas manufacturas de
piedra, tule y madera.
A partir del establecimiento de los españoles cambió radicalmente el tamaño de los territorios de ciudades y
pueblos, y la distribución de la propiedad de la tierra. No se tomó en cuenta la división original del territorio en
calpullis, pero sí se aprovechó el trazo de la ciudad para la construcción de calles y distribución de los caseríos.
Se asignó a Iztapalapa un territorio de 15 leguas a la redonda de la ciudad, lo que produjo gran descontento,
pues dicha zona incluyó a pueblos y territorios que no le correspondían originalmente.
Se estableció la encomienda como institución para el reparto de tierras e indios que la trabajaran, en sustitución
de la forma indígena basada en el calpulli y el señorío. La encomienda no era propiamente una forma de
propiedad, sino un encargo de cristianizar a determinado número de indios, a cambio de lo cual se asignaba una
extensión proporcional de tierra para que éstos trabajaran y mantuvieran a sus encomendados.
Seguían las disputas por la propiedad de Iztapalapa y de otros cuatro pueblos cercanos a la capital de la Nueva
España, hasta que la ciudad perdió la propiedad sobre ellos, porque el rey los asignó como encomienda a
personajes influyentes.
Pocos años después, en 1529, a solicitud de la ciudad, Iztapalapa volvió a quedar asignada a ella. En 1582,
Iztapalapa se convirtió en propiedad de la Corona, porque el cabildo de la ciudad no pudo demostrar con título
alguno su derecho de propiedad.
Ya para 1600 la población indígena se había reducido en más de 80 %, a causa de las enfermedades traídas por
los españoles y las condiciones de explotación y miseria a la que se vio sometida.
Entonces ya había cambiado también la forma de gobierno, pues prácticamente desaparecía la autoridad de los
encomenderos mientras se fortalecía la organización de la vida pública basada en la autoridad del virrey, los
oidores y los jueces locales, conocidos como corregidores. Por su parte, la religión católica, aunque sí sustituyó a
la idolatría, no modificó la costumbre de los indios de normarse por los ordenamientos de la religión, dado que
ésta acostumbraba intervenir en los asuntos de gobierno y regía la vida pública y personal.
El arte típico novohispano, el barroco, se distinguía del europeo gracias a las manos indígenas y a los materiales
locales que le dieron su toque especial.
La imagen de Iztapalapa cambió con el tiempo. El lago se secó paulatinamente por la construcción de diques y
la deforestación, consecuencia de la urbanización y la introducción de ganado. El Cerro de la Estrella, que fue
durante mucho tiempo un importante centro ceremonial poblado de árboles, se veía pelado y erosionado.
Como en el resto de la América dominada por los españoles, en Iztapalapa se impuso la religión católica. Esta
región dependió de la ciudad para asuntos religiosos hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se convirtió
en parroquia con curas titulares.

Iztapalapa en el México independiente

Después de la Independencia, se marcaron los límites para la Ciudad de México dentro del Distrito Federal, y se
asentaron en ella los poderes federales. Iztapalapa estaba también inscrita en el Distrito y fue controlada por la
ciudad.
A mediados del siglo XIX, el D.F. estaba compuesto por la Ciudad de México y 11 municipalidades, con sus
respectivos pueblos dependientes. Iztapalapa era una de esas municipalidades; en 1889, ésta se adhiere a la
prefectura de Tlalpan, cuando se da una nueva división política al Distrito.
Introducción

Magdalena Contreras es una de las delegaciones más bellas del Distrito Federal, más de 50% de su territorio
está ocupado por bosques esparcidos en montes y cañadas -caracteriza a esta zona citadina su topografía
accidentada-, además del área rural, el río Magdalena, único río vivo en nuestra ciudad capital, así como el
Parque Nacional de los Dinamos. Las dos raíces que componen el nombre geográfico o toponímico de la
delegación tienen su origen en la época colonial. Los españoles, tras la conquista, establecieron varios pueblos
en la zona a los que impusieron, conforme a los usos de la época, nombres de santos. La cabecera se llamó La
Magdalena; por su parte, Contreras es el apellido de un hacendado, que a principios del siglo XVII fundó en este
pueblo un obraje dedicado a la manufactura de hilados y tejidos de algodón; lo mismo que don Tomás
Contreras, su hijo y sucesor, procuró siempre ofrecer condiciones de bienestar a los indios que trabajaban allí,
así como a sus familias.

Orígenes

Durante su largo peregrinar desde que salieron de Aztlán hasta que construyeron México-Tenochtitlan, los
tenochcas se asentaron temporalmente en diversos lugares; uno de ellos fue Chapultepec, de donde fueron
expulsados por los tepanecas de Azcapotzalco. Acudieron entonces a Cocoxtli, señor de los colhuas, para
solicitar un lugar dónde refugiarse.
Cocoxtli, aunque comprometido con los mexicas porque le habían ayudado a vencer a los xochimilcas, quería
deshacerse de esos guerreros, pues conocía su fiereza y valentía, y sabía que eran capaces de llegar, en algún
momento, a disputarle el predominio sobre los otros pueblos asentados en la cuenca de México. Les cedió
entonces un lugar pedregoso en Tizapán, lleno de alimañas y animales salvajes, esperando que acabaran con
los intrusos.
Sin embargo, el pueblo mexica pudo sobrevivir y hasta crecer ahí, pues estaba acostumbrado a las duras
condiciones del nomadismo. A este lugar le dieron el nombre de Atlitic ("dentro del agua"), palabra náhuatl
proveniente de las voces atl, "agua", e itic, sufijo de lugar, nombre que perduró hasta inicios del siglo actual,
cuando la localidad era conocida como La Magdalena Atlitic.

Dominación española

Cuando los invasores españoles lograron conquistar a los pueblos de Anáhuac, los indios fueron paulatinamente
despojados de sus tierras. El rey de España otorgó a Hernán Cortés, en 1529, el título de marqués del Valle de
Oaxaca, un extenso territorio que incluía 92 pueblos, a sus 23 000 habitantes como súbditos y una superficie
igual a la del actual estado de Querétaro, es decir, 11 480 kilómetros cuadrados, dentro de los que quedó
comprendido Atlitic. Además, en 1535 se autorizó a los conquistadores a comprar las tierras pertenecientes a
poblados nativos. Se establecieron así los pueblos de La Magdalena, San Jerónimo, San Bernabé y Santa Rosa;
las haciendas de Contreras, Eslava, Cieneguillas y de la Cañada; los molinos de Miraflores y Calderón, y el batán
de Anzaldo.
A principios del siglo XVII, Tomás Contreras estableció el obraje de La Magdalena, dedicado a la manufactura de
hilados y tejidos de algodón; para ponerlo bajo la protección de Jesús Nazareno, mandó traer su imagen desde
España.
El hijo del fundador amplió las instalaciones, edificó casas para los obreros y el templo de la Inmaculada
Concepción, en cuyo altar se colocó la imagen del Nazareno, e instaló una escuela y un quiosco para ofrecer
audiciones musicales. Este caserío fue creciendo conforme prosperaba el obraje. Para mediados de ese siglo, la
localidad ya se llamaba Contreras, en reconocimiento a los fundadores.
El fervor religioso hacia dicha imagen del Nazareno creció con el tiempo; los frailes carmelitas de San Ángel cada
año la pedían prestada a la familia para presidir la procesión del Viernes Santo. Cuenta una leyenda que, en una
de esas ocasiones, la imagen se negó a regresar, adquiriendo un gran peso cuando quisieron pasarla por el
puente de El Zopilote; debido a esto tuvieron que regresarla al convento de El Carmen, lugar en el cual
permanece desde entonces y donde se le construyó una capilla especial a finales del siglo XIX. La imagen que
existe en el templo de la Inmaculada Concepción de Contreras es una réplica de menor tamaño.
Los asentamientos humanos y fabriles de la localidad provocaron problemas por el acceso al agua; en 1635 el
oidor hizo el repartimiento del vital líquido, de modo que el río quedó dividido en 33 surcos, y asignó parte de
éstos, conocidos como "naranjas", a los diversos usuarios; así quedaron surtidos los pueblos de Totolapa, La
Magdalena y San Jacinto; los barrios de Ocotepec, Tizapán y Pitingo; tres haciendas, seis batanes, cinco
obrajes, cuatro molinos y 10 huertas.
Sin embargo, los conflictos continuaron, lo mismo porque algunos se quejaban de haber quedado excluidos que
por el abuso de quienes atajaban la corriente cuando pasaba por sus propiedades; en 1803 se establecieron
castigos a quienes hicieran eso, se apropiaran más agua de la que les correspondía o taparan las tomas. La
dimensión de los castigos es una clara muestra de la discriminación existente durante la Colonia, pues si se
trataba de un indio, recibía 25 azotes, si era un sirviente no blanco, 51 meses de cárcel, para un español el
castigo era el destierro de su poblado durante unos meses y, tratándose de un propietario o arrendatario, 200
pesos. En 1808 se construyó un lecho artificial de arena desde la confluencia de los ríos de La Magdalena,
Mixcoac y La Eslava, hasta la desembocadura en el lago de Xochimilco, para evitar las avalanchas, que eran
frecuentes en épocas de lluvia.

El México independiente

Tras una penosa marcha de más de un mes, la cual se inició en San Luis Potosí, el 17 de agosto de 1847 llegó a
san Ángel lo que quedaba de la División del Norte, al mando del general Gabriel Valencia, con objeto de
combatir al ejército norteamericano ubicado ya en Tlalpan, rumbo a la Ciudad de México. Los defensores
mexicanos se situaron en el rancho de Padierna y en los puntos estratégicos: los caminos a Contreras, Tizapán,
El Olivar y San Jerónimo, para cercar a los invasores, pues podrían acudir en apoyo del presidente Antonio
López de Santa Anna, comandante supremo también a cargo de las fuerzas de la ciudad, si los estadounidenses
atacaban por El Olivar; si atacaban por Padierna, sería Santa Anna quien podría reforzar a Valencia. En cualquier
caso, los ejércitos intervencionistas quedarían entre dos fuegos.
El Presidente ordenó a Valencia retirarse a Coyoacán, pero éste, desconfiado de las intenciones de dicha orden,
desobedeció debido a que al descuidar la posición donde estaba, abría la entrada a la ciudad.
El día 19 los agresores avanzaron hacia Padierna, donde se les enfrentaron los mexicanos, sin poder contener el
ataque. El ejército invasor llegó a San Jerónimo; la caballería mexicana logró separarlo en dos partes, pero no
pudo culminar su victoria, pues el ejército de Santa Anna, lejos de presentarse a apoyar a los patriotas
defensores, se retiró por órdenes del propio Presidente.
A pesar de la diferencia en armas y cantidad de soldados, los mexicanos se empeñaron en la lucha y lograron
rescatar Padierna; sin embargo, al amanecer el día 20, los estadounidenses avanzaron en tres columnas, una
sobre Peñón Cuauhtitla, otra sobre San Jerónimo y la tercera sobre Padierna. Los defensores dieron su vida en
batallas heroicas; los pocos sobrevivientes, heridos todos, se dispersaron. Esa derrota fue la que permitió a los
norteamericanos entrar a la Ciudad de México y se debió a unas más de la larga lista de traiciones perpetradas
por Santa Anna. En la defensa de nuestra soberanía participaron no sólo soldados del ejército regular sino
muchos vecinos de la zona, quienes lograron detener en cierto momento a los invasores en las faldas del cerro
Mazatépetl, hoy cerro del Judío. En las listas de esos voluntarios aparecen apellidos que dan nombre a calles y
obras de la Delegación, como Celaya, Cortés, Gutiérrez, Pineda, Barrera, Correa, Gómez, Torres, Del Olmo,
Pérez y De la Rosa.
A finales del siglo XIX, la corriente de los ríos de esta región, movían la maquinaria de las fábricas textiles
Contreras, El Águila Mexicana y Tizapán, y las de papel Santa Teresa y Loreto. En el siglo pasado, la década de
los ochenta se caracterizó por protestas y luchas obreras contra las medidas impuestas por el presidente Porfirio
Díaz; los trabajadores de la fábrica La Magdalena tomaron parte en esos movimientos, en apoyo a los obreros
de otras. El 10 de septiembre de 1872 se declara la primer huelga registrada en la región, la de los obreros de la
fábrica de hilados y tejidos La Fama Montañesa, en Tlalpan, a causa de las jornadas de 15 horas de trabajo y el
despido injustificado de trabajadores.
La Magdalena Contreras tras la Revolución

En 1919 la colonia de la Cruz empezó a formarse en unos terrenos de propiedad privada, puestos a la venta, así
como las colonias Guadalupe, La Concepción, Santa Teresa y Padierna, en lotes comprados a los dueños de las
fábricas. En 1923 se expropiaron las tierras de la hacienda de la Cañada, las cuales se entregaron a campesinos
de la localidad, en calidad de dotación para el ejido formado.
Por esa época se empezó a llamar "brujos" a los vecinos de San Jerónimo, debido a la forma en que salían de
madrugada rumbo a la ciudad, iluminando su camino por los bosques con faroles y grandes bultos sobre las
espaldas -en ellos cargaban las frutas y verduras cultivadas por ellos mismos, para ir a venderlas-, éstos les
hacía ver deformes y contrahechos, impresión con la que asustaron a muchos cuando se dirigían a Tizapán,
donde tomaban el Ferrocarril del Valle.
El 10 de diciembre de 1927 se creó el municipio de La Magdalena, por presiones de los vecinos, encabezados
por el Partido Socialista de la Magdalena. Este partido político había denunciado un año antes los conflictos
prevalecientes, consecuencias de la desigualdad social y del descuido de autoridades sólo preocupadas por la
cabecera municipal: analfabetismo de 9 000 de los 10 000 habitantes; elevado consumo de bebidas
embriagantes, así como un alto índice de delitos; conflictos intervecinales por los linderos; escasez de medios de
comunicación -a San Ángel sólo podía irse a caballo, y a la Ciudad de México, por ferrocarril, que pasaba una
vez al día-, acceso, para 95% de los habitantes, sólo al agua contaminada de los canales descubiertos y, como
sistemas de alumbrado, sólo a lámparas de petróleo, astillas de ocote, trozos de estearina o cebo, no obstante
la riqueza acuífera de la región y las cinco plantas hidroeléctricas conocidas como Dinamos, construidas de
manera escalonada sobre el cauce del río de la Barranca, afluente del Magdalena, a partir de 1897. El agua
entubada y la energía eléctrica sólo se surtían a las fábricas y a las casas de los empleados de confianza. El
entusiasmo y la solidaridad vecinal se desbordaron cuando se logró la autonomía municipal: unos cedieron
terrenos para abrir calles, otros prestaron animales de carga para el transporte de materiales, quienes ejercían
un arte u oficio daban clases gratuitas, los profesores de la localidad organizaron escuelas, clubes culturales y
salas de lectura, e introdujeron la práctica de deportes.
Por esa época empezó la zona a ganar presencia como lugar de excursiones y paseos de fines de semana, pues
sus huertas frutales, el bosque, las corrientes de agua y el recorrido de los Dinamos cuesta arriba de la
montaña, resultaban muy atractivos.
El 28 de agosto de 1928 se suprimió el régimen municipal en el Distrito Federal y se encomendó su gobierno al
Presidente de la República, por conducto del Departamento Central, creado en esa fecha para tal fin. La
Magdalena Contreras se convirtió entonces en delegación.
En 1932 se creó la Escuela Superior de Guerra que, el 17 de julio del año siguiente, se trasladó a San Jerónimo.
El 30 de agosto de 1942, durante una ceremonia en la Escuela, el entonces secretario de Gobernación, Miguel
Alemán Valdés, completó el nombre de la localidad como San Jerónimo Lídice, en memoria de la pequeña aldea
checoslovaca la cual fue arrasada y desaparecida del mapa por los nazis el 10 de junio anterior.
Por la misma década de los cuarenta, ya muchas familias ricas se habían instalado en San Jerónimo, en
elegantes residencias rodeadas de grandes huertas y jardines.
Hacia los años cincuenta, el agua de los ríos La Magdalena, La Eslava y Mixcoac fue entubada y conducida hacia
el lago de Texcoco.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) edificó en 1960 la Unidad Independencia, con 2 500 viviendas
para 12 500 personas, en la Loma del Batán, sobre los linderos de San Jerónimo Lídice.
En septiembre de 1963 se inauguró el tramo de 4.5 kilómetros del Anillo Periférico entre Barranca del Muerto y
San Jerónimo.
La fábrica de hilados y tejidos de algodón La Magdalena, fundada desde los primeros años del siglo XVII, cerró
en 1975 por problemas laborales no resueltos, pues ya la industria mexicana del algodón estaba en decadencia,
como resultado de la competencia con otros países. El predio y las edificaciones pasaron al Departamento del
Distrito Federal, el cual instaló allí un centro de readaptación para jóvenes delincuentes, hoy Foro Cultural de la
Magdalena Contreras y, en el anexo de la antigua capilla de la fábrica, que fuese entre 1888 y 1891 casa del
compositor guanajuatense Juventino Rosas -autor, entre otras obras, del vals Sobre las olas, llamado
originalmente Junto al manantial; y quien según se dice fuera inspirado por el murmullo de las aguas de los
manantiales de Contreras para componer esta vals famoso en todo el mundo, el cual vivió allí invitado por un
amigo al desertar de la banda de un batallón del ejército-, se encuentra actualmente la Casa de Bellas Artes
"Juventino Rosas".
En 1976 se inauguró en La Magdalena Contreras el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo
(CEESTEM), el cual se cerró en 1984; las instalaciones albergan ahora oficinas de la Secretaría de Educación
Pública.
A partir de 1992 se ha realizado un programa de construcción de muros de contención, con el que se han
beneficiado los pobladores de las colonias Ampliación Potrerillo, Ampliación Lomas de San Bernabé, Atacaxco, El
Tanque, Huayatla, Las Cruces, Los Padres, Pueblo Nuevo Alto y Tierra Unida, entre otras que periódicamente
sufrían aluviones en las temporadas lluviosas.
Introducción

La Delegación Miguel Hidalgo fue creada, de acuerdo con la Ley Orgánica que se publicó el 29 de diciembre de
1970 en el diario Oficial de la Federación, como una de las 16 delegaciones que integran el Distrito Federal. La
Delegación tomó su nombre de uno de los héroes iniciadores de la lucha que los mexicanos emprendieron para
rescatar al país de la dominación a la que España lo sometió durante casi 300 años.

Semblanza biográfica de Miguel Hidalgo

Don Miguel Hidalgo y Costilla nació en Pénjamo, Guanajuato, el 8 de mayo de 1753. Estudió teología en el
Colegio de San Nicolás Obispo, en Valladolid (hoy Morelia, Michoacán) y en la Ciudad de México.
Llegó a ser profesor, sacristán y rector de ese Colegio; a este cargo tuvo que renunciar, pues se le reprochó
tanto su carácter liberal como la lectura de libros prohibidos, su afición al juego y el trato con mujeres, con las
cuales incluso tuvo varios hijos. Fue cura, vicario y juez eclesiástico de San Felipe, Guanajuato. Allí organizó
reuniones para fomentar que los vecinos se ilustraran y, al mismo tiempo, impulsó entre los habitantes la
industria alfarera. Se le denunció ante la Inquisición por leer libros en los que se criticaba a la Iglesia y se
planteaba la libertad de entendimiento, aunque no pudieron juzgarle por falta de pruebas.
En 1802 solicitó y le fue concedido el curato de la parroquia de Dolores, Guanajuato. Siguió siendo muy activo e
industrioso: volvió a organizar reuniones con los vecinos e instaló talleres de talabartería, herrería, carpintería y
un telar para promover estos oficios entre sus feligreses; excavó una noria a orillas del río para el riego; sembró
moreras y vides, además de criar colmenas. Por las noches daba clases a los artesanos y agricultores.
Para 1810, Napoleón, emperador de Francia, había invadido España y derrocado a su rey, Fernando VII. En la
nueva España y otras colonias españolas en América se empezó a generar un movimiento de inconformidad
ante la posibilidad de quedar sometidas por los franceses. En el pueblo de San Miguel, en Guanajuato, un grupo
de liberales encabezado por Miguel Hidalgo se proponía aprovechar, para dar inicio al movimiento armado por la
independencia, la congregación de fieles que con motivo de las fiestas de la Virgen de San Juan de los Lagos se
reunirían el día primero de diciembre.
Sin embargo, el 10 de septiembre la conjura fue descubierta. Al enterarse de ello, Hidalgo, Aldama y Allende,
entre otros, decidieron iniciar de inmediato el movimiento. Llamaron a vecinos que estaban comprometidos con
el proyecto, liberaron a los presos de la cárcel, asaltaron el cuartel para apoderarse de las armas e hicieron
prisioneros a los españoles. A las cinco de la mañana el día 16 de septiembre, Hidalgo hizo tocar la campana de
la iglesia para llamar a misa y arengó a la feligresía a sumarse a la rebelión independentista.
A partir de ese momento, las tropas organizadas por Allende fueron tomando poblaciones de los estados vecinos
a Guanajuato, se nombraron nuevas autoridades y nuevos pelotones se incorporaron a la lucha; al mismo
tiempo se conseguían más recurso para sostener el movimiento.
En Michoacán, el cura José María Morelos y Pavón, antiguo discípulo de Hidalgo en el colegio de San Nicolás
Obispo, se sumó a la lucha y quedó encargado de organizar la sublevación en el sur del país.
El día 22 de octubre el ejército insurgente decidió tomar la capital del Virreinato; el día 30 las tropas de Hidalgo,
provenientes de Toluca, derrotaron a las fuerzas realistas en los montes de Las Cruces, dejando desprotegida la
entrada de la Ciudad de México. Permanecieron dos días en Cuajimalpa con la intención de apoderarse de la
capital y después, inexplicablemente, retrocedieron hacia Toluca.
Existen opiniones divergentes acerca de las razones que impulsaron a Hidalgo a tomar esa decisión: desde que
fue por miedo o por prudencia para no exponer a la ciudad al saqueo, como ya había ocurrido en Guanajuato,
hasta que se debió a no tener municiones suficientes. Como quiera que sea, tal decisión cambió el curso de la
historia de México, pues en ese momento podía haber concluido la lucha por la independencia con el triunfo de
los insurgentes.
El 12 de noviembre, en Valladolid, Hidalgo llamó en un manifiesto a la unidad de los americanos y propuso
instaurar un Congreso formado por representantes de toda la Colonia. Luego fue a Guadalajara, recientemente
conquistada por las tropas insurgentes, a dictar su primer bando de gobierno para abolir la esclavitud, designar
jefes de tropa para las diversas regiones del país, decretar la derogación de los tributos y la extinción de
estancos, ordenar que las tierras en propiedad de los españoles fueran entregadas a los naturales, nombrar
ministros y representantes diplomáticos, y lo más importante, señalar abiertamente las bases del gobierno
republicano que deseaba formar.
El 17 de enero de 1811, las tropas de Hidalgo fueron derrotadas por las virreinales; el cura, con lo que quedaba
de su ejército, salió para Aguascalientes y luego a Zacatecas, donde le alcanzaron Allende y otro jefes
insurgentes; considerándosele responsable de la derrota, se le despojó del mando militar, aunque conservó la
dirección política y el título de generalísimo.
A principios de febrero, el grupo marchó hacia Estados Unidos para buscar el apoyo de ese país. Allende
comandaba las tropas e Hidalgo iba prácticamente en calidad de prisionero, por lo que un mes después, al llegar
a Saltillo, renunció públicamente a la jefatura del ejército, al tiempo que rechazó el indulto concedido por las
cortes de España, porque según dijo, "el indulto es para los traidores, no para los defensores de la Patria".
De Saltillo partieron rumbo a Chihuahua. El 21 de marzo se encontraron con las fuerzas de Francisco Elizondo
quien, habiendo expresado su deseo de unirse a la columna insurgente, fingió darles un recibimiento para
después hacerlos prisioneros. Ya en Chihuahua, el 3 de julio Hidalgo fue declarado reo de alta traición y le fue
impuesta una doble condena: ser despojado de sus grados eclesiásticos y la pena capital.
El 30 de julio de 1811, Miguel Hidalgo y Costilla fue fusilado y su cadáver expuesto a las puertas del edifico que
anteriormente fue el Colegio de la Compañía de Jesús, con la intención de desalentar el ánimo por la
independencia.

Orígenes

Chapultepec, Tacuba y Tacubaya fueron los tres asentamientos prehispánicos más importantes en lo que hoy es
la Delegación Miguel Hidalgo.
Chapultepec es una palabra de origen náhuatl que significa "cerro del chapulín", por estar consagrado a este
pequeño animal, totémico para los mexicas, quienes se instalaron en el lugar entre los años 1280 y 1299,
durante su largo peregrinar. De ahí fueron expulsados por los tecpanecas de Azcapotzalco, antes de fundar la
ciudad de México Tenochtitlan al centro de la laguna del Valle de México.
Los tenochcas, como se les conoció después, llegaron a dominar toda Mesoamérica a partir de la alianza que
establecieron con los pueblos de Texcoco y Tlacopan, hoy Tacuba.
Cuando Moctezuma Ilhuicamina era señor de los mexicas, mandó construir un acueducto para llevar el agua de
los manantiales de Chapultepec hacia la gran Tenochtitlan. Antes de morir ordenó que en una roca del cerro se
labrara su imagen, así como la de su hermano Tlacaélel. Tiempo después hicieron lo mismo Ahuízotl y
Moctezuma Xocoyotzin. Este último hizo que en Chapultepec se construyeran estanques para criar peces y
enriqueció la flora del bosque con gran variedad de plantas y árboles venidos de toda Mesoamérica.
Nezahualcóyotl, señor de Texcoco y aliado a los mexicas, ordenó construir un palacio al pie del cerro, cercó el
bosque e introdujo más especies de animales y plantas. Muchos de los ahuehuetes de aquella época aún se
conservan.
El nombre de Tacuba es de origen náhuatl y proviene de los vocablos tlacotl, que significa "jara" o "jarilla"
¾carrizo que se emplea para fabricar flechas¾, y pan, que es un locativo, de tal forma que Tlacopan quiere
decir "el lugar de las jaras".
Este pueblo fue sometido por los tecpanecas de Azcapotzalco, quienes impusieron a Totoquihuatzin como
gobernante. Izcóatl, señor de los mexicas, y Nezahualcóyotl, señor de Texcoco, se aliaron en 1428 para arrancar
a Azcapotzalco el predominio sobre los demás pueblos del antiplano, cuando murió el rey Tezozómoc y su hijo
Maxtla usurpó el poder. Ante el peligro que significaba el ataque de esos dos pueblos, Totoquihuatzin optó por
no concurrir a la guerra en apoyo de los suyos, por lo que se consideró unido a los dos atacantes en lo que se
conoce como la Triple Alianza.
Tenochtitlan y Texcoco erigieron a Tlacopan como sustituto de Azcapotzalco para gobernar al derrotado pueblo
tecpaneca, dejando a Totoquihuatzin como su señor, aunque con poderes limitados; se le impuso la obligación
de servir, a cambio de sólo una quinta aparte de los bienes que se obtuvieran de los vencidos y una
participación igual de los tributos que habrían de pagar los pueblos sojuzgados: tecpanecas y otomíes que
residían en las sierras del poniente del Valle de México.
Para fortalecer la Triple Alianza, Nezahualcóyotl se casó con la hija de Totoquihuatzin. A la llegada de los
españoles, Tlacopan era gobernada por Tetlepanquetzal.
De oriente llegaban informes sobre gente extraña que desembarcaba en la costa y avanzaba hacia México-
Tenochtitlan. Parecieron tan extraños a los naturales que los supusieron representantes del dios Quetzalcóatl
quien, según las profecías, regresaría para reconquistar su antiguo imperio.
Tras un periodo de dudas y vacilaciones, Moctezuma Xocoyotzin recibió a los españoles encabezados por Hernán
Cortés. Durante algún tiempo, los invasores fueron tratados con toda amabilidad. Sin embargo, traicionaron la
hospitalidad que se les brindó y, durante una ceremonia religiosa en el Templo Mayor, asesinaron a los
sacerdotes y asistentes, además de apresar a Moctezuma, al suponer que se estaban reuniendo para atacarlos.
A partir de ese momento los mexicas, llenos de indignación, pusieron sitio al palacio donde se alojaban los
invasores. Cuando la situación se volvió desesperada por la falta de víveres y el continuo asedio de los mexicas,
los españoles decidieron asesinar a Moctezuma para distraer a sus atacantes. Otra versión dice que Moctezuma
murió a consecuencia de una pedrada que recibió en la cabeza, cuando se asomó a lo alto del palacio en un
intento por convencer a su pueblo de que debían atacar a los conquistadores; alguno de sus súbditos,
indignados por la traición del señor cuya misión era protegerlos y conducirlos, arrojó la piedra.
Aprovechando que los mexicas preparaban los funerales de su señor, los españoles huyeron por la calzada de
Tacuba, que comunicaba a esa población con Tenochtitlan (el trazo original de ese camino se conserva todavía
en la actual calzada México-Tacuba), ocultos por la noche y la lluvia, llevándose los tesoros robados. Pero una
mujer se dio cuenta de la fuga y la denunció a gritos. Multitud de guerreros mexicas salieron de sus casas para
perseguirlos, aunque muchos lograron escapar. Ese episodio se conoce como la "noche triste" en la cual, según
se dice, Cortés ya sin aliento lloró, bajo un ahuehuete en Tlacopan, su derrota. Cuando Cortés regresó en 1521
a sitiar Tenochtitlan, pasó por Tlacopan y mandó quemar todas las casas, a pesar de que este pueblo no los
había hostilizado durante su huida.
La palabra Tacubaya es una corrupción del vocablo atlacuihuayan, que significa "lugar en que se toma el agua",
y proviene de las voces náhuatl atlacuihuani, "jarro para sacar agua", y pan, que es un locativo. Algunos
lingüistas lo traducen también como "lugar donde se tomó el átlat" (arma en forma de bastón para lanzar
dardos). El territorio de Tacubaya era tan sólo un paraje cuando los mexicas pasaron por ahí a finales del siglo
XIII, durante su peregrinar en busca del lugar para establecer su ciudad, en el centro de la laguna. A la llegada
de los españoles, ya había una pequeña aldea.
Introducción

Milpa Alta ocupa el extremo sureste del Distrito Federal. Esta Delegación es una de pocas que aun conservan su
imagen rural; incluso en la cabecera, dicho aspecto coexiste con la urbanización, con el asfalto de las calles.
También sus poblados conservan mucho de ese ambiente rural, provinciano y adquieren mayor belleza debido a
las pendientes de algunas de sus calles que permiten observar excelentes paisajes.
El territorio de la delegación está considerado como zona de reserva ecológica, constituida principalmente por
bosques; no obstante, algunas áreas han sido desmontadas para la realización de labores agrícolas y ganaderas.
Milpa Alta se especializa en cultivar y cocinar el nopal, uno de los principales productos que los habitantes de
esta delegación comercian con el resto de los capitalinos; más de 80% del tradicional alimento consumido en el
Distrito Federal procede de esta zona.
La actividad ganadera en Milpa Alta es sobre todo ovina, las cuales son sacrificadas en su rastro junto con otras
provenientes de zonas aledañas, gracias a ello se convirtió en el más importante centro abastecedor de
barbacoa para el resto de la ciudad.

Orígenes

Alrededor del siglo XVII, durante la época en que los grupos chichimecas llegaron al altiplano central en busca
de mejores condiciones para su supervivencia, una de las tribus se estableció en Malacachtepec Momoxco,
Ocotenco, Texcalpa, Tototepec, Tepetlacotanco, Huinantongo y Tlaxcomulco, aunque antes debió combatir por
la posesión del territorio con la tribus previamente asentadas.
Se hicieron obras para regular las aguas de los manantiales existentes en la región, los cuales que subsistieron
durante largo tiempo antes de secarse paulatinamente. Se construyeron canales de mampostería con tomas de
madera para aprovechar las aguas procedentes de Tilmiac, los cuales sufrieron varias destrucciones a causa de
las constantes disputas entre los pueblos.
Una vez que los mexicas establecieron su predominio sobre los demás pueblos de la cuenca de Anáhuac, la zona
de Malachcatepec Momoxco tuvo un gran valor estratégico, pues se encontraba en el camino entre Tenochtitlán,
Oaxtepec y Cuauhnahuac o Cuernavaca; en este último lugar se proveyeron de artículos suntuarios, es decir de
lujo. Por lo anterior, los mexicas vieron la necesidad de apropiarse del valioso territorio, lo mismo para proteger
a Tenochtitlan de posibles ataques por ese flanco, que para garantizar el acceso a su principal centro proveedor
de minerales, plumas y piedras preciosas.
En 1440, el capitán mexica Hueytlahuilli emprendió una campaña militar contra los antiguos pobladores de
Malacachtepec Momoxco, a quienes sometió fácilmente, tras lo cual se instaló como cacique de la población.
Conformó su señorío a la usanza de Tenochtitlan: en la cabecera, los barrios que hoy llevan los nombres de
Santa Cruz, Los Ángeles, San Mateo y Santa Martha; en los alrededores, fundó los pueblos de Tulyehualco,
Iztayopa, Tecómitl, Atocpan, Tlacotenco, Ylacoyucan, Oztrotepec, Tecoxpa, Ohtenco, Tepenáhuac, Miacatlán y
el que hoy se conoce como La Concepción.
El gobierno de Hueytlahuilli trajo consigo cambios como el desarrollo de Malacachtepec Momoxco: se
construyeron un centro ceremonial, edificios para asuntos militares y de gobierno, embarcaderos, caminos
transitables todo el año y muros de piedra en las laderas de los cerros, para rebajarlos en terrazas para la
agricultura. También se introdujeron nuevos cultivos como el maguey, además de promoverse el intercambio
comercial con poblaciones vecinas, sobre todo de verduras, yerbas, pescados, petates y telas.

A la llegada de los españoles en 1521, muchos pueblos pelearon encarnizadamente por resistir la conquista,
entre los que se distinguió Malacachtepec Momoxco. Los habitantes de la actual Milpa Alta combatían y resistían
a los agresores, aún cuando la gran Tenochtitlan había sido vencida; ante la inminente derrota, muchos de los
pobladores de Atocpan prefirieron abandonar sus tierras y ocultarse en los montes, desde donde hacían
incursiones, ya para atacar a los invasores, o bien para robar alimentos, animales y madera. Los pobladores de
Atocpan lucharon por más de 90 días frente a la embestida española, hasta ser finalmente derrotados y
obligados a proteger la región contra posibles ataques de indígenas rebeldes.

Dominación española

No fue hasta 1528 cuando se pactó la paz con los pueblos de la región. Lograron de la Real Audiencia, en 1529,
el reconocimiento de sus propiedades y el derecho a elegir los gobernantes locales, pero a cambio debían
ofrecer tributos al rey de España, dejar de adorar a sus dioses y aceptar a los misioneros que irían para
convertirlos a la religión católica.
Pronto llegó un representante del gobierno español, acompañado por los primeros frailes franciscanos,
encargados de evangelizar a los indios lugareños; la primera acción fue bautizar a los caciques para convencer,
de esta manera, a los demás.
Poco después los religiosos levantaron una modesta ermita consagrada a Santa Martha. Para 1545 existía
también la ermita de Tlatlapacoyan, en el lugar donde después fue erigido el calvario de San Lorenzo.
Los indios de la localidad, a pesar de estar sometidos, seguían resistiendo el avance de los españoles; en 1570
cedieron los terrenos que se destinarían al convento y templo de La Asunción, cuya edificación tardó más de
cien años concluirse.
Además del catolicismo, los religiosos introdujeron nuevos cultivos y variedades de árboles frutales; hubo
también, durante mucho tiempo, huertos de olivo.
En 1590 se prolongó en acueducto prehispánico proveniente de Tulmiac, y en 1596 se hicieron seis tanques de
almacenamiento.
Se construyeron en esta región otros dos conventos franciscanos, uno de San Pedro Actopan y otro dedicado a
San Antonio de Padua, en Tecómitl; se conserva un pequeño claustro de este último.
La entrada a la Ciudad de México desde el sur se hacía por dos caminos que pasaban por Milpa Alta; uno venía
de Tepoztlán y Cuernavaca, el otro de Cuautla, Oaxtepec y Tlayacapan. Después de Milpa Alta proseguía por las
lagunas hasta la garita de Jamaica donde se pagaba la alcabala, antigua especie de impuesto aplicado a las
mercancías que se venderían en la capital, con base en un porcentaje del precio establecido en el contrato de
conpa-venta.

Milpa Alta en el México independiente

Una vez declarada la Independencia, se definió para el país la organización de una República con estados
soberanos; el gobierno nacional o federación de estados requería de un territorio perteneciente a todos, pero
ninguno en particular.
El 18 de noviembre de 1824, el Congreso señaló a la Ciudad de México como cede oficial de los poderes de la
nación y le asignó al Distrito Federal la superficie de dos leguas de radio, es decir 8 800 metros, con centro en la
Plaza Mayor, territorio que fue tomado del Estado de México, el cual debió mudar su propia cede, inicialmente a
Texcoco. La ley del 18 de abril de 1826 dispuso que los pueblos cuyos habitantes vivieran fuera del círculo
distrital, seguirían perteneciendo al Estado de México, por lo que Milpa Alta volvió a formar parte de éste.
El siglo XIX fue una época de constantes luchas en el país entre dos tendencias: liberales y conservadores. La
primera buscaba el desarrollo del país mediante una confederación de estados independientes, es decir un
gobierno federal, procurando que todos los sectores de la sociedad resultaran beneficiados, mientras que los
segundos buscaban mantener los privilegios de las clases que dominaron durante el virreinato, con un gobierno
central.
Al triunfo del centralismo, el Distrito Federal desapareció y su territorio fue incorporado al Departamento de
México. La República quedó dividida en departamentos, éstos en distritos, a su vez conformados por partidos,
además de subsistir los ayuntamientos. Formalmente la Ciudad de México se agregó al Departamento de México
en febrero de 1837, con lo cual Milpa Alta se reintegró a dicha entidad.
El 22 de agosto de 2846, cuando la República fue formalmente restablecida, se dispuso que rigiera de nuevo la
Constitución de 1824 y se restituyeron los estados en lugar de los departamentos. Milpa Alta volvió a formar
parte del Estado de México.
El 26 de febrero de 1854, el presidente centralista Antonio López de Santa Anna decretó una nueva definición
para el distrito de México: al norte hasta el pueblo de San Cristóbal Ecatepec; por el noroeste llegaba a
Tlalnepantla; por el oeste a los Remedios, San Bartolo y Santa Fe; por el suroeste, a Huixquilucan, Mixcoac, San
Ángel y Coyoacán; por el sur a Tlalpan, Xochimilco e Iztapalapa; por el este al Peñón; por el noreste hasta la
medianía de las aguas del lago de Texcoco. La municipalidad de lo que fue Malacachtepec Momoxco pertenecía
a la prefectura de Tlalpan, debido a lo cual este territorio nuevamente se reintegró al Distrito Federal.
Hacia 1856 ya eran muy escasas las aguas del manantial de Tulmiac.
Durante la segunda mitad del siglo pasado la población de la localidad se dedicaba fundamentalmente a la
agricultura: en las lomas se cultivó el maíz, cebada, frijol, papa y trigo, además de capulín, maguey, nopal y
olivo en las partes bajas.
Había otras actividades productivas, por ejemplo la explotación de maderas como el ocote, oyamel, tepozan y
sauz; también llevaban a vender a los pueblos vecinos y a la ciudad, elaborados o recolectados por ellos
mismos, pulque, aceite, leña y, en menor escala, carnes, yerbas, chiles, pambazos y tortillas.
Para 1890 había 7 213 habitantes en la municipalidad, 3 657 de los cuales vivían en la cabecera.
En 1899 el Distrito Federal fue dividido en la municipalidad de México y seis prefecturas, cada uno formada por
municipalidades; Milpa Alta era una de las siete municipalidades de la prefectura de Xochimilco.
En 1903 se configuró otra división para el Distrito Federal, está vez con trece municipalidades, una de las cuales
era Milpa Alta, ya separada de Xochimilco.
En 1910, la población de la villa de Milpa Alta era de 4 720 habitantes; éstos más los de pueblos, haciendas y
ranchos de la municipalidad, sumaban 15 900 en total.
Introducción

Tláhuac es una delegación situada al sureste del Distrito Federal; buena parte de ella se dedica todavía a la
agricultura, aunque en los últimos cuarenta años se ha transformado por un acelerado proceso de urbanización,
como resultado del crecimiento poblacional. Aun así, esta bella localidad es considerada "la provincia del Distrito
Federal".
Se piensa que el nombre de Tláhuac es un aféresis o segmento de Cuitláhuac, aunque su significado ha sido
muy discutido; algunas interpretaciones coinciden en que deriva del náhualt cuitlauia, que se podría traducir
como "En el lugar de quien cuida el agua". Se ha llegado a esa interpretación no sólo como resultado de
estudios lingüísticos, sino porque así se llamaba el señor de Ixtapalapa que después también lo fue de los
mexicas, elegido para la defensa de México-Tenochtitlan contra los ataques españoles a la muerte de
Moctezuma Xocoyotzin. Cuitláhuac era responsable, entre otras cosas, de evitar las inundaciones que
periódicamente amenazaban a la ciudad mexica, vigilando el flujo de las aguas del lago de Texcoco por la
compuerta meridional ¾realizada por Netzahualcóyotl¾ y el paso de las aguas dulces que provenían de
Xochimilco por Mexicaltzingo.

Orígenes

El poblado de Tláhuac se fundó hacia finales del siglo XII en una isla, casi en el centro del antiguo lago de
Xochimilco.
En 1430, después de que Izcóatl y Netzahuacóyotl (señores de Tenochtitlan y Texcoco, respectivamente)
acabaron con el imperio de Azcapotzalco y tenían sometidos a los pueblos que antes estaban sujetos a los
tepanecas, obligaron a los pobladores de Xochimilco a construir una calzada que comunicara dicha ciudad con
Tenochtitlan a través de los lagos; el terraplén construido iba de Tulyehualco a Tláhuac, y de esta isla a
Zapotitlán, en las faldas de la sierra de Santa Catarina.
La calzada tenía un doble objetivo: ser una vía de comunicación por tierra y dividir las aguas del lago de
Xochimilco para contenerlas y contribuir así a evitar las inundaciones que sufrían los poblados de la ribera
oriental; así se creó el lago de Chalco. Se construyeron dos compuertas, una en Tlaltenco, cerca de Tláhuac, y
otra a la entrada de Tulyehualco.
Tláhuac también sufría inundaciones periódicas, pues en épocas de lluvia aumentaba el flujo de los manantiales
de la zona, por lo que se construyó un dique entre Mexicaltzingo y el extremo oriental de Churubusco.
Tláhuac logró prosperar y crecer gracias al sistema de chinampas, pues le permitió ganar terrenos al lago, al
tiempo que se iban formando canales para la circulación entre las tierras de sembradío conocidas como
sementeras.

Dominación española

Al consumarse la conquista, Tláhuac tenía aproximadamente 2 000 habitantes, que fueron evangelizados
inicialmente por los frailes franciscanos y dominicos.
A mediados del siglo XVI, estos últimos construyeron el templo y convento de San Pedro Apóstol. Tiempo
después se construyeron las parroquias de San Francisco de Asís en Tlaltenco, Santa Catarina en Yecahuízotl,
San Juan Bautista en Ixtayopan, San Andrés Apóstol en Mixquic y San Nicolás Tolentino en Tetelco.
A finales del siglo XVIII Tláhuac era parte del corregimiento de Chalco, que a su vez estaba bajo la jurisdicción
de la Ciudad de México. No era raro en esa época, e incluso hasta mediados del siglo XIX, que la calzada de
Tláhuac estuviera inundada, haciendo imposible transitar el camino entre la Ciudad de México y los pueblos
ribereños de los lagos de Xochimilco y Chalco, por lo que se dejó de usar durante mucho tiempo.
Tláhuac en el México independiente

Consumada la independencia se decidió que México, como nueva nación, adoptara la forma de República: una
unión de estados libres y soberanos. El 18 de noviembre de 1824, el congreso señaló a la Ciudad de México
como sede oficial de los poderes de la nación y le asignó al Distrito Federal la superficie de dos leguas (8 800
metros) de radio con centro en la Plaza Mayor. Este territorio le fue quitado al Estado de México, que tuvo que
mudar su propia sede, inicialmente a Texcoco.
La ley del 18 de abril de 1826 dispuso que los pueblos cuya población quedase mayoritariamente fuera del
círculo distrital (Coyoacán, Mexicaltzingo, Xochimilco, Tlalpan) seguirían perteneciendo al Estado de México,
razón por la cual Tláhuac era parte de dicho estado.
El 16 de febrero de 1884, el presidente Antonio López de Santa Anna decretó el territorio comprendido por el
Distrito de México. Tláhuac se incorporó a esta entidad, como parte de la prefectura de Xochimilco.
En 1856 se decidió restablecer la comunicación por tierra con los pueblos de las riberas de los lagos de
Xochimilco y Chalco, es decir, la calzada que hoy se llama Tláhuac. Se elevó a 80 centímetros y se repararon las
partes dañadas; los vecinos de diversas localidades fueron contratados para revisar estas obras.
Durante la época en que esta región era una isla dentro del lago había poco espacio; el disponible se empleaba
para la agricultura de tres productos: maíz, cebada y frijol. La población vivía de la pesca en el lago (pescado
blanco, juiles, ranas y ajolotes) tanto para consumo propio como para la venta en los mercados cercanos; una
parte de los vecinos de Tláhuac y de los otros pueblos subsistían trabajando como peones de las haciendas
establecidas en las tierras firmes de la zona, algunos más eran remeros que transportaban en canoa, por los
lagos, tanto a personas como algunos artículos rumbo a la ciudad; otros más eran arrieros, que constantemente
viajaban a tierra caliente (Guerrero) por fruta para vender en la capital.
El 16 de mayo de 1861 se adoptó la división del Distrito Federal en la municipalidad de México y los partidos de
Guadalupe-Hidalgo, Tlalpan y Tacubaya, además de Xochimilco, dentro del que estaba comprendido Tláhuac.
El 16 de diciembre de 1899 el Distrito Federal se dividió en la municipalidad de México y seis prefecturas; la
municipalidad de Tláhuac, junto con las de Xochimilco, Aztahuacan, Atenco, Tulyehualco, Mixquic, Milpa Alta,
Atocpan y Ostotepec conformaban la prefectura de Xochimilco.
La municipalidad de Tláhuac tenía en 1890 unos 5 000 habitantes, de los cuales 1 350 vivían en la cabecera.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz, los vecinos de Tláhuac se vieron despojados por Íñigo Noriega, un español
que hizo su cómplice al prefecto político de Xochimilco cuando se dio cuenta de que las aguas de los lagos se
contraían e iban quedando tierras disponibles que se apropiaban los habitantes de las riberas; el español
mencionado solicitó y obtuvo, del presidente Díaz, permiso para desecar el lago por medio de un canal o dren
abierto en San Andrés. De esa manera, fueron grandes extensiones de tierra las que emergieron y de las cuales
se apropió Noriega; desalojó al pueblo de Xico e instaló allí su hacienda; cuando terminó la desecación, tendió la
vía para abrir el ferrocarril de Río Frío, que unió con otras, y a todas ellas con la Ciudad de México; así fue como
controló la comercialización de los productos de todas las haciendas de la zona. La ley expedida en 1903
suprimió la municipalidad de Tláhuac, para que el prefecto de Xochimilco pudiera seguir apoyando a Íñigo
Noriega, y evitar la posible oposición del cabildo de la isla.
Introducción

Tlalpan es una de las más bellas delegaciones políticas del Distrito Federal. En su arquitectura y trazo urbano se
dan elementos de las diversas épocas de la historia nacional. Durante el virreinato pasó a formar parte del
Marquesado del Valle de Oaxaca, con sede en Coyoacán. Ya en la época independiente, llegó a ser capital del
vasto Estado de México, y en la actualidad es la delegación del Distrito Federal con mayor extensión territorial.
El nombre de Tlalpan está formado por dos voces del náhuatl: tlalli, que significa "Tierra" y pan "encima" o
"sobre", por lo que este vocablo compuesto se interpreta como "lugar encima de la tierra", o "en la tierra firme".

Orígenes

Cuando el territorio que ahora es asiento del Distrito Federal estaba ocupado por las grandes lagunas, Tlalpan
era poblado del sur de la cuenca de México ubicado sobre tierra firme y no en las riberas. En el territorio de la
delegación se encuentran Cuicuilco, Ajusco y Topilejo, zonas donde se dieron los asentamientos humanos más
antiguos del Valle de México.
Hacia el año 700 a.C. debió asentarse en las faldas de la sierra del Ajusco un grupo otomí, que al abandonar el
nomadismo empezó a practicar la agricultura como actividad preponderante. Ese pueblo fundó Cuicuilco, del
que se conserva el cono truncado, construcción de planta circular; esto identifica la zona como centro
ceremonial. Se piensa que la ciudad llegó a tener una extensión de 400 hectáreas y una población aproximada
de 20 000 habitantes. Al pie del cerro Zacatépetl y en el cauce de un arroyo seco se han encontrado restos de
diques, lo que demuestra que esos pobladores utilizaron el riego; por otra parte, también hay evidencias de que
utilizaron el sistema de terrazas para sus cultivos, eran ceramistas y adoraban a dioses de la fertilidad.
El área de Tlalpan fue, probablemente, escenario de la primera sociedad estratificada urbana en la cuenca de
México, cuyos testimonios se conservan en Cuicuilco. El desarrollo de esa sociedad fue bruscamente
interrumpido hacia el año 100 a.C. por la erupción del volcán Xitle, que cubrió una vasta extensión bajo un
grueso manto de lava y cenizas, en la que quedaron comprendidos los campos de labranza y habitaciones de
ese pueblo original; sólo sobresalieron las partes altas de los basamentos de los templos. Es posible que los
supervivientes, al dispersarse, emigraran hacia el norte, llegando algunos a establecerse en Teotihuacan.
En el siglo VII, cuando las siete tribus nahuatlacas llegaron a la orilla de los lagos de la cuenca y establecieron
los grandes señoríos que caracterizaron al altiplano, el territorio de lo que ahora es Tlalpan fue ocupado por dos
pueblos: un grupo de origen xochimilca que pobló Topilejo, y otro de tepanecas que, procedente de Coyoacán,
fundó el actual San Miguel Ajusco y antes había formado el señorío de Azcapotzalco.
La rivalidad permanente entre los pueblos nahuatlacas por extender sus dominios, condujo a que Tlalpan fuera
más tarde dependiente del señorío de Xochimilco, y posteriormente del mexica.

El virreinato

Consumada la Conquista, en 1532 se impuso a los naturales de Tlalpan el primer tributo en especie y trabajo
personal para la Corona española, separándoles del señorío xochimilca de Tepecostic.
En 1529, el rey Carlos V otorgó a Cortés el título de Marqués del valle de Oaxaca, gracias a lo cual adquirió una
gran cantidad de pueblos y a sus 23 000 habitantes como vasallos. Ese marquesado tenía un área igual a la del
actual Estado de Querétaro (11 480 kilómetros cuadrados) y se extendía desde Oaxaca hasta Coyoacán. Dicho
territorio se dividía en corregimientos. San Agustín de las Cuevas, nombre que se dio en el virreinato a la región
de Tlalpan, quedó sujeto administrativamente al corregimiento de Coyoacán, aunque varias de sus localidades
estuvieron en disputa durante largo tiempo, pues Xochimilco las reclamaba: el interés radicaba en el derecho a
percibir los tributos forzosos que pagaban los indígenas.
El 20 de noviembre de 1537, el virrey Antonio de Mendoza, dando cumplimiento a la Cédula Real otorgada por
Carlos V, hizo el primer deslinde de tierras entre los naturales radicados en Tochíhuitl, Peña Pobre, Coscomate y
Ojo de Tlapica (Ojo del Niño Jesús), con objeto de regular el uso del agua de los manantiales.
Tlalpan y otras poblaciones del sur de la cuenca en el altiplano se convirtieron en sitios de recreo para los
habitantes de la ciudad de México desde finales del siglo XVII. La gente de recursos modestos organizaba días
de campo en los vergeles de la zona, mientras que los ricos construían suntuosas fincas con jardines y huertas.
Entre ellas podemos aún ver la Casa Chata, finca campestre del siglo XVII en donde se encuentra un centro de
investigaciones antropológicas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; también la que fuera Casa del
Marqués de Vivanco, y la del Conde de Regla.
La demanda local de artículos de consumo era cubierta por una panadería, tres pequeñas tiendas y una
sastrería.
A finales de la época virreinal, las haciendas de Peña Pobre, Jocco (de cuyos terrenos se formó gran parte del
pueblo de San Andrés Totoltepec), San Juan de Dios, así como los ranchos de Ojo de Agua, Santa Úrsula,
Cuautla, Carrasco y el Arenal, formaban parte de la jurisdicción de Tlalpan. La agricultura y la explotación de los
bosques eran las actividades económicas preponderantes.
En esta zona, como en el resto de la Nueva España, los conquistadores impusieron la religión católica. La
primera orden que se propuso la evangelización de los naturales fue la de los franciscanos, a quienes sucedieron
los dominicos. San Agustín de las Cuevas se convirtió en cabecera de doctrina a partir del siglo XVIII, aunque la
iglesia y el hospicio de los dominicos habían sido erigidos desde 1637. Anexas al templo se dispusieron varias
capillas, entre las cuales destaca la de la Virgen del Rosario, notable por la belleza de su retablo barroco y que
fuera establecida por los dominicos.

Periodo independiente

La Constitución de 1824 estableció la división territorial del país en entidades federativas; San Agustín de las
Cuevas quedó entonces comprendido dentro del naciente Estado de México.
En noviembre de ese año se promulgó la ley por la que se creaba el Distrito Federal, como asiento de los
Supremos Poderes de la Federación. Ese ordenamiento prevenía que el gobierno del Estado de México cambiara
de sede, dado que hasta entonces se localizaba en la Ciudad de México, en el antiguo Palacio de la Inquisición.
El Congreso estatal acordó trasladar los poderes a Texcoco. En enero de 1827 se realizó la mudanza de archivos
y muebles en canoas y fue ahí donde Lorenzo de Zavala prestó juramento como primer Gobernador. A instancia
suya se decretó que los poderes se llevaran provisionalmente, en junio del mismo año, a San Agustín de las
Cuevas; permanecieron en esa población hasta el 24 de junio de 1830, cuando se mudaron a Toluca, su lugar
definitivo.
Durante los tres años en los que el gobierno del Estado de México se asentó en San Agustín de las Cuevas,
sucedieron acontecimientos importantes: se concedió a la villa el carácter de ciudad, devolviéndole su antigua
denominación de Tlalpan; se instaló en 1828 la Casa de Moneda del Estado de México, acuñándose 200 000
pesos en oro y 959 000 en plata, con la marca de troquel o ceca EºMº, para cerrarse por incosteabilidad
mediante decreto del 29 de mayo de 1830; se establecieron la imprenta, el museo y el Instituto Literario,
antecedente de la actual Universidad Autónoma del Estado de México; se colocó en la parroquia el histórico reloj
que había sido encargado a España para la Catedral, y se nombraron ciudadanos honorarios del Estado a los
exploradores naturalistas Barón von Humboldt y Aimé Bonpland.
Aun cuando se tiene noticia de que para 1831 ya existían un molino y una fábrica de puros y cigarros, se
considera que ese año nace la industria en Tlalpan, al fundarse la fábrica de hilados y tejidos La Fama
Montañesa, que todavía trabaja. Poco después se creó la de San Fernando, inicialmente productora de tejidos
de lana, pero que cambió sus procesos en 1853 para elaborar tejidos de algodón; a fines del siglo, esta última
suspendería sus actividades.
En 1847, durante la Intervención Norteamericana, Tlalpan es ocupada por las fuerzas invasoras, quienes
aprovechan para restaurarse y abastecerse en cómodas casas como la de la Cadena, entre otras. Los
norteamericanos salen del lugar para instalar sus cañones en el cerro Zacatépetl, con objeto de atacar el rancho
de Padierna, durante la batalla recordada con este nombre.
El presidente Antonio López de Santa Anna amplió los límites del Distrito de México, por lo que Tlalpan pasa
entonces a formar parte del Distrito como cabecera de la Prefectura del Sur, cuya demarcación incluía a
Coyoacán, San Ángel y Xochimilco, y llegaba hasta el Peñón Viejo (Iztapalapa e Iztacalco).
En 1855 triunfó la Revolución de Ayutla que desconoce a Santa Anna, por lo que se nombra presidente interino
a don Juan Álvarez. Se reimplanta entonces el régimen federal y Tlalpan vuelve a la jurisdicción del Estado de
México. Ese presidente se establece provisionalmente en Tlalpan y así es capital de la República durante 11 días.
En su gabinete, Álvarez nombra a dos futuros presidentes: Benito Juárez e Ignacio Comonfort.
A petición de los habitantes de esta ciudad, quienes estaban inconformes por tener que trasladarse hasta Toluca
para arreglar sus asuntos, el presidente interino ordenó que Tlalpan se incorporara al Distrito Federal, mediante
orden del 25 de noviembre de 1855.
Durante el imperio de Maximiliano, el 24 de enero de 1866, significó regocijo para la población por ser el día en
que llegó a la línea telegráfica. No todo fue noticia alegre ese año, pues en noviembre se descubrió una
conspiración libertadora contra la invasión francesa y, como escarmiento, algunos de los patriotas fueron
fusilados y después colgados; en el jardín principal ¾Plaza de la Constitución de Tlalpan¾, todavía existe el
árbol que se usó para ese triste fin y, en Peña Pobre, la calle de los Once Mártires recuerda el mismo hecho.
En 1869 empezó a dar servicio el ferrocarril Chalco, el cual tocaba las poblaciones de Tacubaya, Mixcoac, San
Ángel y Coyoacán, para terminar su recorrido en Tlalpan.
En 1872 se construyó el jardín de la plaza, bajo la prefectura del coronel Antonio Carreón. El 10 de septiembre
del mismo año se declaró la primera huelga registrada en la región, la de los obreros de la fábrica de hilados y
tejidos La Fama Montañesa, a causa de las jornadas de quince horas de trabajo y el despido injustificado de
trabajadores, gestándose así uno de los primeros movimientos obreros en el país.
El 13 de marzo de 1878 se realizó la primera comunicación telefónica en la República Mexicana; ésta fue entre
las ciudades de México y Tlalpan, a partir de la Casona, donde se estableció la oficina de telégrafos. También en
esta casa vivió el escritor queretano Heriberto Frías.
Entre 1898 y 1900 se construyó el mercado La Paz, único de la época porfirista que subsiste en el Distrito
Federal, y cuyos materiales y mano de obra fueron aportados obligatoriamente por los habitantes.
Conforme a los resultados del censo de 1900, Tlalpan tenía 15 428 habitantes; además de la ciudad de Tlalpan y
Huipulco, pertenecían a esa circunscripción los pueblos de Chimalcoyoc, San Pedro Mártir, San Andrés
Totoltepec, La Magdalena Petlacalco, San Miguel y Santo Tomás Ajusco, San Miguel Topilejo y El Guarda;
además de cuatro haciendas, quince ranchos y tres fábricas.
Para el siglo XVIII la ciudad tenía 52 calles, mandadas a alinear por el virrey Revillagigedo, además de la plaza
pública y el templo parroquial de tres naves. Se distinguía por estar rodeada de bosques y huertas. También
producía una gran variedad de frutas y flores. El caserío de la cabecera estaba dividido en cinco partes: el
centro y los barrios de la Santísima, San Pedro Apóstol, Niño de Jesús y El Calvario.
En 1891 empezó a operar el tranvía de tracción animal, y el 29 de octubre de 1900 se inauguró la tracción
eléctrica, que venía desde el Zócalo de la Ciudad de México.
En 1910 la municipalidad tenía 13 136 habitantes (menos que en 1900) y la cabecera 5 942. Ya contaba con
medios modernos de comunicación.
Los cielos de Tlalpan han formado también parte de su historia, ya que en 1908 Miguel Lebrija, primer aviador
mexicano, hacía ensayos de vuelo en los terrenos de la hacienda de San Juan de Dios.
En 1903 se había fundado, en la antigua fábrica de San Fernando, la Escuela Militar de Aspirantes con la
finalidad de formar oficiales técnicos y tácticos para el ejército: Los cadetes se sublevaron en 1913 contra el
presidente Francisco Indalecio Madero, en apoyo del levantamiento encabezado por los generales Mondragón y
Ruiz en Tacubaya; al tomar éstos el Palacio Nacional se inició la Decena Trágica. Ruiz y los cadetes fueron
fusilados y la escuela cerrada poco después, bajo el gobierno del usurpador Victoriano Huerta.
Durante la Revolución, Tlalpan fue zona de frecuentes combates entre las fuerzas zapatistas y las
constitucionalistas, participando notablemente en esas acciones los generales Valentín y Manuel Reyes Nava,
nativos del Ajusco.

Época posrevolucionaria

Recuperada la paz nacional, Tlalpan regresó a su ritmo de vida tranquilo, con un crecimiento demográfico
moderado, hasta la década de los cincuenta, a partir de la cual se ha venido duplicando cada 10 años.
Las fábricas de papel Loreto y Peña y Pobre tuvieron una larga historia de cambio de dueños, hasta que en 1929
ambas se fusionaron, iniciándose progresivos programas de modernización y ampliación. En los años ochenta
tuvo lugar su clausura definitiva por contribuir a la contaminación de la ciudad; ahora en sus terrenos se
encuentra un parque ecológico. La familia de los Lenz, antiguos propietarios, habían reforestado el cerro
Zacayuca, gracias a lo cual se formó el Bosque de Tlalpan.
La delegación ha sido pionera en cuestión de comunicaciones, pues en ella se inicia la primera autopista
construida en el país, la que va a Cuernavaca, inaugurada en 1952.
Durante la presidencia de Álvaro Obregón, en 1928, se modificó el artículo 73 de la Constitución en su fracción
VI, para dar una nueva organización política y administrativa al Distrito Federal. Se suprime así la figura del
municipio en esta entidad federativa, para constituirse como la Ciudad de México, formada por doce
delegaciones, una de las cuales es Tlalpan.
México fue sede de los Juegos Olímpicos en 1968. Villa Olímpica y Villa Coapa fueron construidas entonces para
albergar a los deportistas participantes, periodistas e invitados. Una vez concluidos los juegos, las villas se
vendieron como viviendas.
En 1970 el Distrito Federal se divide en 16 delegaciones, permaneciendo Tlalpan como la de mayor superficie.
Introducción

La Delegación Venustiano Carranza está situada en la parte central del Distrito Federal. Salvo la parte colindante
con la Delegación Cuauhtémoc, que forma parte del Centro Histórico, el territorio de esta delegación tiene una
historia muy reciente; estaba prácticamente despoblado, pues resultaba poco propicio para habitar al ser
salitroso, bajo y expuesto a inundaciones, debido a que gran parte de él estaba ocupado por las aguas del lago
de Texcoco hasta hace unos 50 años.
La Delegación Venustiano Carranza se creó el 1º de enero de 1971, y tomó su nombre como homenaje a uno de
los revolucionarios defensores del constitucionalismo.

Semblanza biográfica de Venustiano Carranza

Venustiano Carranza nació en Cuatrociénegas, Coahuila, el 29 de diciembre de 1859; provenía de una familia
propietaria de ranchos, que él se encargaba de administrar. Fue presidente de su municipio, cargo al cual
renunció por diferencias con el gobernador. Luego fue diputado local, senador de la República y gobernador
interino de su estado.
Cuando se formó el movimiento maderista contra la dictadura de Porfirio Díaz, Carranza se sumó a él. Fue
nombrado por Madero Secretario de Guerra y Marina dentro de su gabinete provisional y, al asumir éste la
presidencia, don Venustiano Carranza resultó electo gobernador de Coahuila. Cuando en febrero de 1913
Victoriano Huerta subió a la presidencia, tras el encarcelamiento y posterior asesinato del presidente Madero,
Carranza convocó a la legislatura de su estado, de forma que los diputados coahuilenses desconocieron el
gobierno huertista y concedieron facultades al gobernador para participar en el restablecimiento del orden legal
en la República.
Carranza convenció a las fuerzas rebeldes de aceptar el Plan de Guadalupe, con lo que se desconoció al
gobierno de Huerta, a los poderes Legislativo y Judicial, así como a los gobiernos de los estados aún obedientes
al gobierno del usurpador. Dicho plan crea el Ejército Constitucionalista y nombra a Carranza jefe del
movimiento, quien haría las veces de presidente interino para convocar a elecciones una vez lograda la paz.
Ya desde las campañas militares por la defensa del orden constitucional, empezaron a surgir diferencias y
disputas entre el jefe Carranza y Francisco Villa, quien comandaba la División del Norte, además de Emiliano
Zapata, a cargo del Ejército Libertador del Centro del Sur; éstos eran más radicales, representaban a los
sectores sociales más desamparados y luchaban por conseguir para ellos una más justa participación en la
riqueza nacional, así como democracia y dignidad.
El 20 de agosto de 1914, Carranza entró en la capital, en medio del entusiasmo general. Rechazó el cargo de
presidente interino, aunque conservó el de primer jefe. Una vez conseguido el triunfo, Carranza desconoció a los
zapatistas, a pesar de que sus avances habían significado la victoria sobre Huerta, impidiéndoles el paso a la
capital y negándoles su derecho a la tierra de la que habían sido despojados por los hacendados porfiristas. El 5
de septiembre rechazó la propuesta de Zapata para cambiar el plan de Guadalupe por el de Ayala, que
postulaba regresar a las comunidades indígenas las tierras arrebatadas. Por todo ello, Zapata y Villa
desconocieron a Carranza.
La Convención de Generales y Gobernadores, convocada por don Venustiano, se reunió el 1º de octubre en la
Ciudad de México, sin la presencia de Villa y Zapata. Se acordó declarar soberana a la Convención y trasladarla
a Aguascalientes, como territorio neutral, esperando convencer a Carranza, por un lado, y a Villa y Zapata por el
otro, de la necesidad de negociar para reestablecer la paz.
Carranza desconoció a la Convención cuando ésta decidió nombrar presidente provisional de la República al
general Eulalio Gutiérrez. Los carrancistas abandonaron México para irse a Veracruz, entre el 18 y 24 de
noviembre. Mientras tanto, la División del Norte y el Ejército Libertador del Centro y del Sur se dirigieron hacia la
capital por distintos flancos. El mismo 24 de noviembre, los zapatistas entraron a Xochimilco. Carranza nombró
comandante de su ejército a Álvaro Obregón, encargado de combatir a los convencionalistas.
Una vez desaparecido el gobierno de la Convención y derrotada la División del Norte, el gobierno
constitucionalista de Carranza regresó a la Ciudad de México y persiguió a los zapatistas.
En septiembre de 1916 Carranza convocó a un Congreso Constituyente, es decir, un conjunto de representantes
de los diversos sectores del pueblo mexicano, para encargarse de hacer una nueva Constitución. El Congreso se
inauguró el 1º de diciembre en Querétaro, donde Carranza entregó el proyecto de la Constitución reformada. El
5 de febrero de 1917 se promulgó la nueva Carta Magna, con lo que el país regresó al orden constitucional
después de cuatro años. Al día siguiente convocó a elecciones federales para presidente, senadores y diputados,
siendo él mismo candidato por el partido Liberal Constitucionalista. El 1º de mayo de 1917 Carranza asumió la
presidencia.
Para 1920, las relaciones entre el gobierno federal de Carranza y el gobierno de Sonora entraron en dificultades.
El presidente ordenó una movilización militar hacia ese estado, pero los militares se rebelaron. Se lanzó
entonces el Plan de Agua Prieta desconociendo a Carranza; a ese movimiento se sumaron otros muchos
generales en todo el país. Huyendo de los rebeldes, Carranza murió asesinado por la tropa que aparentemente
lo custodiaba en Tlaxcalantongo, Sierra de Puebla, el 21 de mayo de 1920.

Orígenes

Tepetzingo quiere decir "el pequeño cerro" en náhuatl. Se trata del Cerro del Peñón de los Baños, cuyo origen
es volcánico y que tuvo una fuente de aguas termales; durante muchos siglos sobresalió en medio de un lago.
Este cerro es un escenario frecuente de las más antiguas leyendas de la fundación de México-Tenochtitlan; allí,
Huitzilopochtli venció en combate a su sobrino Copil y le arrancó el corazón, que arrojó a la corriente de agua.
La fuente de aguas termales del Cerro del Peñón se llamó en lengua náhuatl Acopilco, que significa "en las
aguas del Copil", en recuerdo de ese pasaje de nuestra mitología, en el cual la historia se une con la leyenda.
Cuando los mexicas fueron relegados al centro de la laguna, un día que buscaban raíces, plantas y animales
entre los carrizos para alimentar a su pueblo, de pronto vieron un águila, símbolo del Sol, posada sobre el tunal
en que se había transformado el corazón del guerrero vencido; ésa era la señal para fundar su ciudad y, por
eso, en dicha isla construyeron México-Tenochtitlan.
Por su altura y ubicación, Tepetzingo era visible desde cualquier distancia, como una especie de faro por el cual
se guiaban las embarcaciones, papel importante si se recuerda que las actividades de los pueblos isleños y de
las riberas dependían en gran medida del transporte por agua. Las principales acequias o canales de la ciudad la
cruzaban de poniente a oriente siguiendo el flujo de las aguas, las cuales desembocaban en Tepetzingo,
semejando un abanico desplegado. Eso permitía a las embarcaciones salir del lago y mantener directamente el
rumbo a este cerro; más allá, los navegantes se guiaban por las cumbres de las serranías que circundaban las
márgenes. Todavía en el siglo XIX, los habitantes de Totolzingo, pueblo cercano a Texcoco aunque muy alejado
de la orilla del lago, hicieron un canal para sacar sus productos en canoa; la obra se llamó Canal Nuevo y estaba
orientada hacia el Peñón de los Baños.

Dominación española

Al ser derrotados los mexicas, la gran Ciudad de México-Tenochtitlan quedó destruida. Se encargó a Alonso
García Bravo el diseño de la nueva ciudad. En el trazo original quedó incluida una parte de lo que actualmente
es la Delegación Venustiano Carranza: San Antonio Tomatlán, la Candelaria de los Patos y Acatlán; en esta
última localidad instalaron después la garita de San Antonio Abad, señal limítrofe al sur de la capital de la Nueva
España.
La Candelaria de los Patos recibió ese nombre por ser un islote húmedo y frío, en el que anidaban muchos de
los animales aludidos. En cada una de dichas localidades se construyó un templo para la conversión de los indios
a la religión católica; los de Santa Cruz Acatlán, Santo Tomás de la Palma y San Jeronimito (en la Candelaria,
atendido por los monjes agustinos de la parroquia de Nuestra Señora de La Soledad), se construyeron en el
siglo XVI, mientras que el de San Antonio Tomatlán se empezó a erigir en 1740.
En 1528, la hija de Moctezuma Xocoyotzin solicitó a Hernán Cortés que en Mixhuca, su pueblo natal, se
consagrara a la seguidora de Cristo, para ponerlo bajo su protección; desde entonces, la localidad se llamó
Magdalena Mixhuca.
En uno de los barrios en que se dividió la nueva ciudad se levantó la fortaleza Las Ataranzas, primera
construcción española de la capital, de una gran solidez y protegida por diques almenados; allí se guardaban las
armas y los 13 bergantines que fueron construidos para sitiar a Tenochtitlan. Cortés y sus tropas dejaron
Coyoacán para instalarse en esta fortaleza mientras se repartían los solares definidos en la traza de la ciudad y
eran construidas sus casas. Este edificio fue usado posteriormente como prisión.
Las costumbres españolas impuestas en la nueva colonia hicieron que los lagos empezaran rápidamente a
desecarse. Éste fue el caso de Lecumberri, primera colonia formada fuera del trazo original de la ciudad; existe
un acta de cabildo en la cual se asienta que se concedió allí un solar a un español en 1539.
Uno de los primeros hospitales construidos fue un lazareto en Tlaxpana; sin embargo, pronto los españoles se
dieron cuenta de su mala ubicación, pues estaba muy cercano al caño por donde se hacía llegar agua dulce a la
ciudad desde las Lomas de Santa Fe. Entonces se construyó en 1572 otro hospital para la atención de los
enfermos de lepra, al cual se dio el nombre de San Lázaro; debido a este hospital, tanto el barrio donde estaba
ubicado como la fortaleza de Las Ataranzas fueron llamados con el nombre del mencionado santo. En 1596 el
hospital de San Lázaro quedó sin administración, pues murió el médico fundador, así que sus familiares lo
entregaron a las autoridades de la ciudad. En 1721 estas autoridades entregaron a los monjes juaninos la
administración de dicho hospital, quienes repararon el inmueble y construyeron el templo a un lado.

El México independiente

En 1821, las Cortes Españolas decretaron la desaparición de las órdenes religiosas encargadas de atender
hospitales. De esta manera, el ayuntamiento de la Ciudad de México quedó a cargo del hospital de San Lázaro.
Durante el virreinato y todavía a finales del siglo XIX, el oriente capitalino, a partir de la estación de ferrocarril
de San Lázaro, estaba poco poblado. Esa zona se caracterizaba por los llanos salitrosos, pantanos y aguas
superficiales, salvo el Peñón de los Baños, el cual describe, en 1843, la marquesa Calderón de la Barca, esposa
del primer embajador de España en México, como un cuadro de edificios bajos con una iglesia, en cada edificio
cinco o seis baños en cuartos separados, y decía también que el camino para llegar ahí era una llanura triste.
En 1862 se decidió comunicar por ferrocarril a la Ciudad de México con Cuernavaca y Cuautla, y establecer la
estación y patios de los Ferrocarriles de Morelos en los terrenos del hospital de San Lázaro; los pacientes fueron
trasladados al hospital municipal de San Pablo. En la segunda mitad del siglo XIX se instaló un mercado en la
parte demolida del convento y templo de La Merced, a la orilla de la acequia: En un llano de tierra caliza muy
dura, en 1884, se descubrieron los restos del "hombre del Peñón", aunque al parecer se trata de huesos
femeninos; se estima que vivió entre 5 500 y 7 000 años atrás.
En 1890 se vendió el templo de lo que fue el hospital de San Lázaro; los dueños usaron la nave para montar
una fábrica y, tiempo después, se transformó en bodega.
Debido al despoblamiento del oriente de la ciudad, se escogió esa zona para construir la Penitenciaría del
Distrito federal, edificación iniciada en 1885 e inaugurada en 1900, desde entonces conocida como el Palacio
Negro de Lecumberri.
El oriente de la ciudad no era propicio para habitar, ya que el terreno era salitroso, árido, bajo y expuesto a
inundaciones. Las calles eran estrechas y no contaban con más servicios que dos líneas de tranvías, los cuales
comunicaban la zona con otras partes de la ciudad. El poblamiento de la capital hacia el oriente empezó a
finales del siglo pasado, aunque todavía de manera escasa. La colonia Morelos, también conocida como de la
Bolsa, fue la primera que se formó en los terrenos comprendidos entre las garitas de Peralvillo y San Lázaro, la
Penitenciaría y el Peñón de los Baños; el proyecto se realizó en 1886 y, en 1888, se firmó un contrato para
conceder el fraccionamiento de los terrenos. En 1893 se autorizó la ampliación de la colonia Morelos hacia el
norte: se pobló rápidamente, a pesar de no contar con servicios durante 20 años.
Hacia 1905, un grupo de vecinos del pueblo del Peñón de los Baños decidió emigrar hacia los llanos recién
emergidos al contraerse las aguas del lago de Texcoco, con objeto de acercarse a su centro de actividades, pues
se dedicaban a la caza, la pesca y la escasa agricultura posible en las orillas del lago, además de vender sus
productos en la Candelaria de los Patos; así se formó la colonia Santa Cruz Aviación.
Como a principios del siglo XX la parte oriental de la ciudad seguía escasamente poblada a pesar de disponer de
grandes espacios planos, en 1909 se escogió la zona de Balbuena ¾llamada así en recuerdo de Bernardo de
Balbuena, poeta del siglo XVI, autor de Grandeza Mexicana, obra descriptiva extensa sobre la capital de la
Nueva España en todos sus aspectos¾ para instalar allí las primeras aeropistas y trazar la principal carretera
que comunicara con el estado de Puebla.
De hecho, los llanos de esta parte de la ciudad fueron escenario de los principios del automovilismo y la
aviación, para entonces avanzados medios de transporte, aunque sólo fueran accesibles para ricos aficionados.
Los jóvenes, deseosos de vivir emociones fuertes, disfrutaban del automovilismo allí. Fue famosa la proeza de
uno de ellos, quien acompañado de su esposa, atravesó los llanos del Peñón de los Baños a gran velocidad, es
decir, 20 kilómetros por hora, en el primer viaje en automóvil a Cuautla, ciudad a la que llegó un día después.
También pasó a la historia del automovilismo mexicano la carrera realizada en Balbuena, donde los conductores
llegaron a alcanzar una velocidad de 65 kilómetros por hora. En 1910 se realizó en los llanos de Balbuena el
primer vuelo en un aparato con sistema de autopropulsión y control de dirección, un biplano de marca Farman.
Introducción

Xochimilco es una de las 16 Delegaciones en que se divide el Distrito Federal, y está ubicada en el sureste del
mismo.
En esta delegación, así como en la de Tláhuac y en una parte de Milpa Alta, subsisten los canales de aguas que
anteriormente formaran parte de los grandes lagos del altiplano. Conservan también una técnica de cultivo muy
antigua, de las más productivas gracias a la riqueza orgánica del suelo y a la humedad constante, conocida
como chinampa ¾"siembra sobre escudo", en náhuatl¾, con la cual han ganado una bien merecida fama en la
producción de hortalizas, flores y plantas de ornato.
Xochimilco no escapa del ritmo acelerado de crecimiento y transformación de la Ciudad de México; con el
desarrollo de las comunicaciones y medios de transporte sus pobladores, campesinos que producían legumbres
y flores, se han convertido en empleados, comerciantes, obreros y profesionistas que se trasladan diariamente a
otros puntos de la capital.
Entre nuestros antepasados prehispánicos, Xochimilco sobresalió por ser lugar de sabios, de artistas escultores
que tallaban la piedra, así como de moradores con gran habilidad para vencer los obstáculos de la naturaleza y
lograr una excelente agricultura, ya fuera en terrenos pedregosos, a la orilla de los ríos e incluso dentro del
lago.
Xochimilco es una palabra que proviene de tres vocablos del náhuatl: xóchitl, que significa "flor"; mil (li),
"sementera" o "campo cultivado", y co, "lugar". Así, Xochimilco se traduce como "sementera de flores" o "lugar
donde crecen flores".

Orígenes

Es difícil reconstruir la historia de Xochimilco, pues en 1429 Izcóatl, señor de Tenochtitlan entre 1428 y 1440,
destruyó los documentos de quienes gobernaron anteriormente tanto su propio pueblo como los otros de
Anáhuac, de forma que la historia reiniciara con él. Los españoles llamaron a las formas de gobierno de los
indios con los nombres usados en Europa en la época de la conquista, tales como "imperio" o "reino" y
"emperadores" o "reyes"; sin embargo, esas palabras no corresponden a las circunstancias establecidas en
América. La palabra castellana "señor" es más adecuada para expresar la relación existente entre el gobernante
y el pueblo indio que gobernaba.
De acuerdo con el Códice Ramírez, la aquilazca fue la primera de las siete familias nahuatlacas que salió de
Aztlán ¾región al parecer ubicada en lo que hoy es el estado de Nayarit¾ en busca del lugar prometido por sus
dioses; nahuatlaca significa "la gente que habla claramente" y se refiere a los que hablan la lengua náhuatl. Ese
grupo de Aquilazco, lugar cercano a Aztlán según relata Ixtlilxóchitl, es también el primero en establecerse en la
cuenta de México, sobre la ribera sureste del lago; desde entonces se les conoce como "xochimilcas".
El recorrido que siguieron fue éste: salieron de su lugar de origen alrededor del año 806 d.C., en el año 866
llegaron cerca de Tula, Hidalgo, donde fundaron Atlicaquian. Estuvieron unos años en ese lugar, para dirigirse
más tarde al este; en Puebla fundaron Cuatenco y, en su paso por Morelos, fundaron Huaxtépec (Oaxtepec),
Yuahtépec (Yautepec) y Tepoxtlan (Tepoztlán), entre otros poblados. Cuando entraron en la cuenca de México,
guiados por Huetzalin, fundaron 33 poblados, entre ellos Tláhuac, Tulyehualco, Tepetlapa y Coapan, en una
peregrinación que terminó en las riberas montañosas del lago, al que llamaron Cuauhilama y, más tarde,
Acalpixcan; el asentamiento definitivo de los xochimilcas a la orilla del lago fue alrededor del año 1196.
El poblado era pequeño, como una aldea; fue organizado en calpullis y pronto alcanzó gran auge. Sus
habitantes se transportaban en acalis por el lago; para construir esas embarcaciones, ahuecaban un tronco y
rebajaban los extremos, formando una punta, para avanzar mejor sobre el agua. Al crecer la población y
empezar a especializarse en distintas actividades, también se fueron haciendo más complejas las formas de
gobierno. Terminó así la dinastía de los hombres distinguidos que operaron como jefes de grupo y una parte de
la población se encargó de gobernar al resto. Se eligió al mejor hombre como señor; Acatonalli fue escogido
como primer gobernante en 1256.
Acatonalli consultó con el consejo de ancianos y con su pueblo para acordar la edificación de la ciudad sagrada
de Atenco ¾es decir, "en la orilla del lago", hoy conocida como Santa Cruz Acalpixcan¾; además de dos
templos, se encontraban allí, talladas en piedra, las figuras de dioses y personajes distinguidos.
Tras siete años de gobierno sin contratiempos, los tecpanecas declararon la guerra y vencieron a Acatonalli, por
lo que Xochimilco pasó a ser tributario de Azcapotzalco. Varios historiadores mencionan, entre los tributos
exigidos, el jardín flotante que los xochimilcas construyeron con ramas y troncos del árbol lacustre llamado
ahuexotl o ahuejote, cubierto con hierbas, raíces y lodo del fondo del lago. Con el tiempo, las ramas y troncos
usados enraizaron, quedando fijos. Ahora las chinampas se fijan al fondo de los canales desde el inicio de su
construcción, clavando las ramas como estacas.
Los xochimilcas eran envidiados por sus progresos; tuvieron frecuentes disputas con otros pueblos por la
posesión de la tierra, en particular con los acolhuas ¾de Acolhuacan, hoy llamado los Culhuacanes¾, con
quienes estuvieron permanentemente en guerra desde el siglo XIII.
Las seis familias nahuatlacas que llegaron y se asentaron primero en la cuenca de México, trataban de impedir
que la tenochca, última en llegar, se estableciera. Pasado un tiempo, Cocoxtli permitió a los tenochcas quedarse,
pero los envió a Tizapán con al finalidad de que los animales salvajes acabaran con ellos. Sin embargo, los
tenochcas estaban acostumbrados a las duras condiciones del nomadismo, por lo que lograron sobrevivir;
tiempo después, se asentaron en el centro de la laguna, donde había un mexitli o tunal, por lo que , a partir de
ese momento, se les llamó mexicas. Entre 1303 y 1323, los mexicas vivían prácticamente cautivos en Tizapán,
cuando Cocoxtli les pidió apoyo para combatir a los xochimilcas, bajo la promesa de conservar a los capturados
como esclavos si conseguían 8 000 prisioneros, lo cual lograron los mexicas ¾para facilitar el recuento, se dice
que cortaron una oreja a cada cautivo; otras fuentes dicen que los mexicas cortaron la oreja de los cautivos
xochimilcas en represalia por haberse aliado con Azcapotzalco.
Durante el resto del siglo XIV, mexicas y tecpanecas atacaron permanentemente Xochimilco. Tezozómoc, señor
de Azcapotzalco, se propuso conquistarlos, tarea que encargó a los mexicas; Acamapichtli, primer señor mexica,
lo logró en 1378.
Cuando Azcapotzalco fue derrotada en 1428 por Nezahualcóyotl, éste se alió con los mexicas, gobernados
entonces por Izcóatl, para conquistar los pueblos hasta entonces sometidos a los tecpanecas. En 1429,
Xochimilco se vio atacado por los mexicas, encabezados por Tlacaélel, quien los derrotaría un año después. Sus
habitantes quedaron obligados a colaborar con trabajo y materiales en la construcción de Tenochtitlan. Recién
fundada esa ciudad, los habitantes de Xochimilco construyeron un camino a través del lago para unir a las dos
poblaciones, conservando su trazo original hoy con el nombre de calzada de Tlalpan. Otros gobernantes también
los obligaron a participar en campañas guerreras para ampliar el dominio mexica, en la edificación del Templo
de Huitzilopochtli y en la construcción del acueducto de Coyoacán a México.
Durante esta dominación, la zona de influencia de Xochimilco se redujo a las orillas del lago, entre el Pedregal y
el extremo de Cuitláhuac hasta las comunidades adyacentes a las tierras altas del sur.
Su mercado era uno de los más vistosos y concurridos; se vendían en él, entre otras mercancías, piezas
trabajadas en metales preciosos y obsidiana; piedras finas, espejos, huesos, conchas y caracoles; hierbas,
raíces, semillas, plantas medicinales, ungüentos y jarabes.
La autoridad en Xochimilco fue ejercida conjuntamente por tres gobiernos dinásticos: Tecpan, Olac y
Tepetenchi, cada uno dirigido por un tlatoani.
La economía dependía casi exclusivamente de productos ofrecidos por el lago y la agricultura, pues se generaba
una producción tan grande que permitía a los xochimilcas satisfacer las necesidades de su población, en
constante crecimiento, y comerciar con otros pueblos.
Xochimilco fue cuna de las chinampas, entre las cuales dejaron canales por donde transitaban embarcaciones
hechas con troncos ahuecados. Las chinampas se multiplicaron a través de los años; a principios del siglo XVIII
se señalaba que ya había 40 000 en el lago.
Con respecto a la religión antigua, los xochimilcas adoraban a varios dioses, relacionados con la fecundidad, la
muerte como principio de la vida, la sabiduría y la belleza. El numen principal era Chantico, diosa del fuego en el
hogar, el cual se acostumbraba mantener permanentemente encendido. Cuando se vencían las dificultades de la
siembra y después de la cosecha, agradecían a los dioses por permitir la prosperidad de la comunidad. Algunos
arqueólogos asocian a Chantico con Coyolxauhqui, diosa de la luna para los mexicas y de la cual se encontró
una reproducción monumental cuando se descubrió el Templo Mayor en una de las esquinas del Zócalo;
posiblemente dicha escultura fue hecha por los xochimilcas.
El principal centro religioso de la región fue Acalpixcan; se caracteriza por los petroglifos o piedras talladas, que
todavía se encuentran en el camino de ascenso al cerro de Cuilama. Los personajes míticos que se observan en
esos doce petroglifos representan la cosmogonía de los xochimilcas, es decir, su manera de entender la
existencia, el mundo y la vida.
De acuerdo con el pensamiento de los antiguos mexicanos, el mundo vivió bajo cuatro soles o edades y la vida
se rige por los cuatro rumbos del universo, cada uno con un dios regente. Al apagarse el anterior, Quetzalcóatl
permitió el nacimiento del quinto Sol y, con él, la aparición de los seres humanos.
El ciclo o siglo solar era de 52 años; su conclusión implicaba la posible destrucción de la vida humana, por lo
que nuestros antepasados celebraban un sacrificio renovador del fuego solar. Cinco de los relieves de Xochimilco
explican la división del mundo. El quinto Sol es conocido como Ollin, los cuatro restantes representan puntos
cardinales: Uno Cipactli ("ser espinoso"), es el día y se encuentra al este; Xonecuilli, insignia del dios
Quetzalcóatl, se ubica al norte, región de los muertos o Mictlán ; aunque se desconoce el nombre del tercero, es
la tierra representada por un felino con la cabeza volteada hacia atrás, de cuyas fauces salen volutas que
simbolizan la palabra, y se halla en el oeste; el sur es la región del día, del verano, y sus signos, la planta y la
papalotl o mariposa ¾que simboliza canto, planta, raíz, apego a la tierra¾, están tallados en la piedra,
caracterizando el verano como época de vegetación.
Para los xochimilcas, la continuación de la vida dependía de lo inseparable de las cuatro regiones, todas
igualmente importantes.
En este cerro, ahora Santa Cruz Acalpixcan, los xochimilcas celebraban cada 52 años el "fuego nuevo". Dicha
ceremonia se extendió a los otros pueblos de Anáhuac, incluso Tláhuac e Iztapalapa. Era un acto en el que toda
la gente se renovaba material y espiritualmente. Para ello, rompían todas sus pertenencias y se preparaban
nuevas, como símbolo del propio renacimiento.
Acalpixcan fue la sede del sistema teocrático ¾gobierno ejercido por los sacerdotes¾ más importante de los
alrededores. Había incluso un consejo de hombres sabios encargados de decidir sobre los actos trascendentes
en la vida de la comunidad. Allí se ofrecían sacrificios a los dioses para pedir el agua necesaria en los cultivos y
para agradecer las cosechas. Hasta la fecha, se conservan dichas celebraciones en Santa Cruz Acalpixcan.

Dominación española

Tres meses después de vencer a Tenochtitlan, los españoles se enfrentaron a los xochimilcas en los llanos de
Xaltocan. Cortés fue aprehendido tras caer de su caballo y, cuando era conducido al sacrificio, sus capitanes lo
rescataron. Finalmente los xochimilcas fueron vencidos.
Como pueblo cautivado, observan en los españoles elementos que podrían enriquecer su propia cultura.
Abiertos a las nuevas expresiones llegadas de más allá del mar, aceptaron de manera espontánea sus formas
organizativas y artísticas, así como su religión.
Al llegar a Xochimilco, los españoles quedaron maravillados ante las chinampas, a las que dieron los nombres de
"huertos flotantes", "jardines lacustres", "camellones de tierra" y otros que expresaban igualmente su
admiración.
Xochimilco gozó de un trato preferencial por parte de los conquistadores; como reconocimiento al ingenio de los
habitantes de esta localidad, el rey Felipe II de España le concede rango de ciudad y su correspondiente escudo
de armas en 1559, distinción que sólo se otorgó a otras tres poblaciones, a saber: Tenochtitlan, Texcoco y
Tacuba.
Uno de los sistemas usados para repartir la tierra tras la conquista fue la encomienda, en la cual un español era
encargado de garantizar que determinado número de indios recibiera doctrina cristiana y protección; en los
hechos, la encomienda fue pretexto para explotarlos y despojarlos de sus tierras, pues debían trabajar sin paga.
Xochimilco quedó bajo la encomienda de Pedro de Alvarado.
Desde 1520, Coyoacán y Xochimilco se enfrentaron de forma permanente por la definición de límites entre sus
respectivos territorios. En ese año, se despojó a Xochimilco de la estancia San Agustín Tlalpan; poco más tarde
le fue devuelta por órdenes de los tribunales, aunque años después la compró Coyoacán.
A partir de la colonización española, el área chinampera se vio reducida progresivamente, no obstante los
españoles, procurando respetar este especial sistema de agricultura indígena, intervinieron poco en la zona.
Los elementos culturales europeos se unieron a los de la región y así se vieron enriquecidas tanto flora y fauna
locales como las técnicas, materiales e instrumentos de trabajo, además de los métodos de construcción.
Durante la época colonial, las chinampas producían básicamente hortalizas y maíz en grandes cantidades. En la
primera mitad del siglo XVI, los lagos de Texcoco y Xochimilco proveían más de un millón de pescados por año.
En 1541, cuando murieron Pedro de Alvarado y su mujer, Xochimilco pasó a ser un corregimiento: el virrey
nombraba al corregidor, mientras los naturales elegían al gobernador y a los alcaldes de Tepetenchi, Olac y
Tecpan.
En esa época, los artesanos conformaban parcialidades en los barrios, por ejemplo carpinteros y escultores en
Tepetenchi, herreros y alfareros en Tecpan.
La tradición de sabiduría y conocimiento refinado de los habitantes de Xochimilco no se perdió durante el
virreinato. El indio Juan Badiano, considerado por los españoles como "elegante humanista", tradujo al latín en
1552 el códice conocido como de la Cruz-Badiano, escrito originalmente en náhuatl; también era catedrático del
Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco.
Para 1560 ya se hallaban en Xochimilco un depósito de salitre, mesón para pasajeros y recuas, hospital,
viñedos, olivares y un matadero al cual se le concede licencia en 1576 para sacrificar 2 500 reses.
España mantenía para sus naturales el monopolio del comercio entre las regiones de América, sin embargo, los
indios de Xochimilco tenían derecho a comerciar. Así, en 1597 se les permitió comerciar toda clase de bienes,
excepto armas y sedas españolas, y para facilitar su labor, también podían tener hasta seis caballos como
bestias de carga. Durante el siglo XVII, más de mil canoas con productos xochimilcas entraban a la capital del
virreinato y también comerciaban por agua con Chalco y otras poblaciones; por tierra, los comerciantes de
Xochimilco llegaban hasta Guanajuato, Zacatecas y la Nueva Galicia.
En el siglo XVII Xochimilco estaba conformado por 13 pueblos, repartidos en cuatro parcialidades: en la primera,
Santiago Tepalcatlalpan y San Lucas Xochimanca; en la segunda, San Mateo Pochtl, San Miguel Topilejo y San
Francisco Tlalnepantla; en la tercera, San Salvador Cuauhtenco y Santa Cecilia Ahuauhtla; en la cuarta, San
Andrés Ocoyoacac, San Lorenzo Tlalteopan, San Martín Tlatilpan, Santa María Nativitas, Zacatlalitemian y Santa
Cruz Acalpixca.
Para el siglo XVIII Xochimilco, con sus pueblos y barrios, tenía 10 000 habitantes; gozaban de una relativa
prosperidad gracias a la práctica de sus oficios, así como a la siembra en chinampas y haciendas instaladas en
los alrededores.
Una epidemia, ocurrida en Xochimilco hacia el año 1777, acabó con la vida de 2 000 indios.
En 1794, Xochimilco pasó a ser corregimiento de la Intendencia de México. Hacia finales del coloniaje,
atravesaba por Xochimilco el camino a Cuernavaca ¾hoy carretera a Cuautla¾, el cual impulsó su auge en el
comercio, al convertir la zona en depósito temporal para mercancías que provenían de tierra caliente (estado de
Guerrero).
En cuanto a la nueva religión, apenas realizada la conquista de México y a instancias del propio Hernán Cortés,
los xochimilcas destruyeron sus templos.
Fray Martín de Valencia, primer custodio del Santo Evangelio, comenzó por Xochimilco su labor de doctrinar a
los indios en la fe católica. Para acabar con las creencias de los indios, destruían sus templos y edificaban sobre
ellos los católicos. Los habitantes de Xochimilco voluntariamente se presentaron con sus ídolos para destruirlos
en presencia del fraile.
En 1535 se fundó el convento de Xochimilco, uno de los primeros que tuvo la orden franciscana en la Nueva
España, construidos en cinco etapas. Para oír misa, era costumbre ordenar por hileras en el atrio a los indios,
según el barrio donde habitaran.