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Ensayo Sobre La Violencia en Colombia

Ensayo Sobre La Violencia en Colombia

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Ensayo como su nombre lo dice sobre el fenómeno de la violencia en Colombia, escrito para jovencitos desencantados.
Ensayo como su nombre lo dice sobre el fenómeno de la violencia en Colombia, escrito para jovencitos desencantados.

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Ensayo sobre la violencia en Colombia

Se necesitarían otros 100 años para que se pudiera llegar a comprender a cabalidad la complejidad del conflicto de violencia en los colombianos. Primero se tendría que levantar el invisible y alienante escudo de la antipropaganda en forma de anatema colocado por los EEUU como instrumento protocolario para bregar con los vecinos en el patio trasero de su casa. El gobierno de los EEUU ha educado desde la fundación de su república a todos sus habitantes a través de la educación pública, el cine y la publicidad, de una forma que lo fantástico y sorprendente, lo mismo que lo bueno y lo heroico, solo puede venir desde dentro de sus propias fronteras. Por ello llamo a su país: América, pretendiendo absorber el resto de su continente a él, y previniendo en caso contrario, a que cuando se escribiera la palabra América fuera del continente, se pensara solo en ellos. Para ello ha utilizado procedimientos ya conocidos como el sistema de control y la manipulación en medios de comunicación masiva publica en formas como por ejemplo la sistematización de los estudios judíos de cine en Hollywood, que manejan los hilos de toda una historia a color de lo que es la utopía de un sueño “americano” ideado en el consumismo y el endeudamiento. Un ejemplo a sus metodologías entre un breve análisis histórico a películas hollywoodenses se puede ver aun en pleno siglo XXI, que durante el casting y la coreografía artística diseñada a escoger locaciones o personajes que representan la cultura latinoamericana, tiende aun al error. De ello se puede desprender en pocas palabras, de que les es difícil aun asimilar el hecho de que de una raza “inferiormente fea” puedan salir héroes, galanes, princesas o magnates decentes. Dichos formatos culturales aún perduran hoy en día en los estudios cinematográficos californianos. Y en un volumen menor en la consciencia educativa de muchos europeos, por solo concentrarnos en el eje occidental. La complejidad de la violencia incluiría entre otros también la mentalidad tercer mundista con énfasis en complejos de superioridad e inferioridad mezclados que los gobernantes latinoamericanos han venido exponiendo a través de las épocas al debatir temas internacionales, lo que ha interferido con la capacidad latinoamericana de encontrar una personalidad propia en lo que respecta a ella como individuo con una identidad propia ante las potencias mundiales dominantes.

Lógicamente que el factor económico es indispensable para adquirir una personalidad dominante, siempre ha sido determinante al querer asumir una identidad, pero como sabemos, la prosperidad viaja en paralelo con la historia y está ligada a muchos otros ingredientes que sujetan el complejo latinoamericano por así llamar su idiosincrasia humana, cultural, social, etc. Entre estos ingredientes no se podría excluir la corrupción gerencial, ambivalencia moral, la despersonalización cultural debida esta a la mezcla diversas culturas sin una directriz con fundamentos por la conservación identidades, abandonada a su libre albedrio heredado de una maltratada África una América indígena violada y la invasión caótica y agresiva desde Europa. la de de de

Esta despersonalización cultural al ser liderada por una gerencia política despersonalizada y ligeramente apartada de una realidad integral latinoamericana en su época, destruye lazos de unión en las mezclas y genera una agresividad entre los actores comprometidos. Para aclarar semejante afirmación, emprendemos un viaje a través de la historia, en este caso la de Colombia, donde los primeros dirigentes permanecieron absorbidos en laureles o agrupados en clanes familiares o sociales donde acrecentaron una mentalidad latifundista en sus propiedades adquiridas desde un expansionismo codicioso de unos pocos entre una tierra baldía donde los otros “inferiores” no llegaban a entender en la época dichos conceptos sociales ajenos. La mentalidad latifundista que en principio domino en América colonial, genero un descomunal apropio de tierras que vinieron a ser llamadas haciendas donde sus dueños desinteresados por lo que sucedía a su alrededor en lo referente a si existía o no una forma cultural de alguna clase en los otros seres vivientes de la América, fundaron así un mito al que los EEUU se acostumbro utilizar para describir a América latina. Ellos consideraron el concepto como una identidad que fue luego impresa en los textos y distribuida a sus escuelas públicas y universidades estatales, y afirmada visualmente en el cine. La realidad Latinoamérica para EEUU se convirtió así en un folclor peculiar de pueblos sin progreso económico donde era bien ir a explotar su tierra, dado que no entenderían nada sobre desarrollo económico y democrático y menos del consumo imperialista con el que estaban tratando a sus propios ciudadanos. Los EEUU solo tenían que lidiar en las transacciones económicas, con los que ellos consideraban los terratenientes de su patio trasero que eran fáciles de conquistar o convencer al ellos mantener un orden en las directrices de gerencia impuestas.

Toda esta breve y simplificada observación al comportamiento social de la clase dirigente colombiana, se ajustaba a guiones elementales grabados en varias películas de Hollywood. Al tiempo que se fue generalizando un concepto objetivo en la mentalidad de las “masas sociales sobrantes” de la república de Colombia en forma de antipatía por la clase dirigente y sus aliados comerciales los EEUU. Dicha antipatía se fue extendiendo a medida que los títeres gobernantes de la época dejaron traslucir sus secretos en las metodologías y protocolos de los EEUU en su política exterior con Colombia. Protocolos que se iban filtrando y los líderes populares captaban y explicaban en voces a las masas del pueblo, pero al mismo tiempo iban siendo asesinados buscándoles permanecer en el silencio alrededor de la lógica cultural pretendiendo así guardar un secreto importado de Europa para la perpetuidad de un colonialismo al servicio de los EEUU. Todos los informes que se iban filtrando hacia el conocimiento popular, los líderes que gobernaban a Colombia, los pasaban por alto o los ignoraban, o los alteraban al ser ellos gerentes alquilados para cuidar los intereses de futuras multinacionales en progreso. Y para ello importaron medios y metodologías de cómo mantener las masas populares y sus líderes en silencio. Más adelante se perfecciono la técnica al mantenerlos “ocupados” o “distraídos” con los cientos de malabarismos mediáticos y comerciales usados en las masas sociales para lograr tal efecto. Antes de ser concebida la idea de un complot para quitarle la vida, Bolívar había también descifrado las intensiones imperialista que los EEUU venían calibrando en contra de los países latinoamericanos cuando dijo algo como: “Es como si los EEUU hubieran sido escogidos por el destino para destruir explotar y despersonalizar a los países latinoamericanos” no hago una cita, sino un recuerdo de la esencia a una cita de él impresa en un afiche colgado en una pared de alguien perteneciente a una generación posterior a la época libertadora. La generación de esa época creció entre la ambivalencia heredada que desgajo una dualidad partidista entre la dirigencia, para hacernos creer que existían dos partidos políticos colombianos, pero que en realidad eran la misma perra con distinta guasca. Ellos alimentaban el odio de clases heredado en sus partidos para distraer la realidad de lo que podría originar un conflicto diferente y mayor. El odio partidista que representaba el distanciamiento entre los líderes ideológicos de la época libertadora, desarrollaron un antagonismo entre sus nuevos “héroes” y culminaron con el derrame de otro florero de Llorente dando inicio a la época de violencia cruda en Colombia entre simpatizantes de los partidos políticos recién instaurados.

Hoy en día dichas corrientes políticas, se han desmembrado en varios brazos como la cabellera de Medusa con diferentes posiciones ideológicas y entre ellas se alcanza a diferenciar un poco más lo que son las oposiciones políticas en una idea dividida en una arena de votación presidencial, para una nueva Colombia. Luego de la calma viene la guerra y luego de la guerra viene la calma. Pero en Colombia, luego de la guerra partidista, lo que llego fue un tsunami mundial que arraso todo el planeta desde Irak hasta el Choco. Fue el fenómeno hippy de los años sesenta que llego acompañado de olas de rebeldía que pretendían clavarle un tornillo gigante al sistema social existente. En unas partes geográficas del mapa con mayor ímpetu que en otras. Daban la impresión que contenían los ingredientes necesarios para lograr un cambio, pero dicha generación bañada por las aguas del tsunami, no tuvieron la dirigencia ni los fundamentos claros políticos, culturales y económicos para darse cuenta de los que les estaba aconteciendo, y así fue como fueron destruidos o absorbidos por el status quo del momento. La inconsciencia de los movimientos de esa fuerza cruda y poderosa que trajo el tsunami, solo opero transformaciones aceleradas en las generaciones de la época y las por venir. Pero siempre dentro los funcionamientos evolutivos de una civilización dentro de dualidad y el consumo de los valores de lo que llamaron democracia, para poder ocultarsen de todos de los temores a lo que es un cambio. Un virus posterior al tsunami ataco con fuerza la generación de las flores desparramando aun más sus fortalezas y transformando sus ideales, fue el virus de la droga. Ingresado por curiosidad, provisto por los ángeles de la muerte y auspiciado bajo el ojo visco de las autoridades del momento para cumplir con el objetivo de acabar con el ímpetu generacional al que se enfrentaba el status quo. En consecuencia en Colombia, mientras sufría su tsunami generacional y debido al ingrediente desatendido hacia las razas “inferiores” por los terratenientes en poder. Descargo un vigor frustrado que venía de la época libertadora castrada en su esencia, y la herencia de todo esto, en los genes de las nuevas generaciones atiborradamente desatendidas y se fue desencajando un nuevo virus nacional que fue utilizado inconscientemente como arma mortífera para acabar con lo más preciado de la clase media y alta de Colombia y de sus aliados ricos en los EEUU. Y se disparo automáticamente la ametralladora de la muerte con una serie de conflictos en serie de violencia cinematográfica no hollywoodense por aquello de lo latinoamericano, alrededor de lo que llamaron el narcotráfico.

Un grupo paralelo envuelto en este salpicón violento emerge al ser planteadas una serie de ayudas que habían sido proyectadas para lograr cubrir necesidades vitales en una zona campesina, y que al ser desatendidas por un gobierno de turno de los años cincuentas en el área de Marquetalia, Caldas en Colombia, genero en consecuencia en la conciencia de muchos colombianos del sector un desencanto por lo establecido de forma tenaz y radical. Efecto que albergo el nacimiento a otro estilo de rebeldía cuando los desencantados escucharon teorías que venían de diferentes bloques comunistas del este, acobijándolas como posibles soluciones alternativas contra la establecida bipartidista. Los nuevos grupos ensayaron algunos métodos impetuosos a la colombiana, que en unión con los genes de violencia heredada, explotaron en átomos violentamente y con odio fundando algo que llamaron guerrilla. Hoy en día frente a un siglo XXI a veces lleno de alucinaciones económicas y paranoias de guerras inconclusas, crece una generación nueva y también desencantada dentro de una sociedad colombiana que aun refleja dentro de su carrera por la identidad, miedos, temores y terrores en los corazones de los habitantes metropolitanos, reflejada en la mediocridad minimal del arte plástico. Cuando se sale a caminar por entre la ciudad cosmopolita de sur a norte y de oriente a occidente, un aire de desconfianza se palpa entre los transeúntes. Cuando se cruza con un hombre se refleja inseguridad, un aire de peligro dejan las miradas el pasar cerca de celadores y guardas de seguridad propiamente armados, y un terror de robo o violación cuando se pasa junto a una mujer. Todos y cada uno experimentan los temores de acuerdo al grado de conocimiento en sus memorias, reflejado sobre sus experiencias vividas junto a la violencia experimentada en su propia sangre o a través de inyecciones noticiosas o de otros medios de comunicación, o simplemente sugestivada en su psiquis asimilativa. Mi inquietud final es tan cercana a la incertidumbre porque no se sabe cuál será la proyección que los niños del hoy le den al mañana incierto en Colombia, dado que ella aun depende de tsunamis económicos globales, de cambios sorpresivos en las reacciones de los dirigentes de los grupos marginados al borde de la ley, de oleadas mundiales minimalistas culturalmente desencantadas que hablan de temas superficiales porque es todo lo que pueden absorber como si vivieran entre un choque de identidades pero con un poder adolescente en la sangre que los hace sentir que están haciendo lo correcto.

Estas nuevas corrientes generacionales hablan dentro de sus superficialidades temas que les aflora una luz entre sus oscuridades; como la del suicidio, la drogadicción y una sexualidad desbalanceada que aflige a la larga sus mentes, convirtiendo su realidad en un evento social cultural y modernamente aceptado. Aun no se ha comprobado la influencia de los juegos de violencia, aunque en los EEUU ya se han materializado efectos colaterales a ellas en adición a sus métodos de educación agresiva y cerrada, materializando efectos sociales interesantes sociológicamente hablando como el caso del colegio en Columbine. Colombia aun se baña en actos de violencia a veces materializados en eventos internos de menor envergadura como la guerra de pandillas, las estrategias invisibles o sus nuevas metodologías usadas por muchos sujetos herederos del fenómeno narcotráfico y mafiosi que actualmente hoy perdura a bajo perfil y desde tiempo á usando diferentes técnicas de corrupción y violencia empleadas muchas veces por los gerentes de corbata. Sin incursionar a fondo en los nuevos protocolos paranoicos anti-terrorismo importados por los gobiernos de turno. Que se esconde detrás de las fronteras suramericanas? Que influencias heredaran y absorberán los nuevos gobernantes al enfrentar la nueva Colombia del siglo XXI? Que inventará la nueva generación desencantada? No se sabe nada aun… esta todo en tus manos, decídelo, convierte o re invierte el proceso evolutivo de violencia, asegura tu integridad dentro de un panorama sin miedos ni temores y menos los terrores que trasnochan. Siente el nuevo fluir que llega desde el universo que simplemente busca llenarnos de una nueva actitud en torno a la autodestrucción. Amate y rompe la cadena de la esclavitud. Descubre tu memoria celular y no dejes de sentirte desencantado, adquiere la nueva identidad.

FIN

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