***** Relato corto Er profeta i er biahero merkante en andaluz con traducciones al castellano El profeta y el viajero mercante y al inglés The Profet

and the travelling Merchant *****

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por José Mª Pérez Sánchez (JM. Persánch)
Contacto persanch@sarasuati.com

Publicado en la Revista digital de Humanidades Sarasuati http://www.sarasuati.com

Esbozo biográfico curricular, JM. Persánch: Licenciado en Filologías Inglesa e Hispánica por la Universidad de Cádiz; fue International Student en 2005-06 en the University of Birmingham (UK) y en 2006-07 fue Spanish Teaching Assistant e International Student simultáneamente en Amherst College (USA, MA.); comenzó su Doctorado en Estudios Hispánicos en el Bienio 2004-2006 en la Universidad de Cádiz, en el que registró y entregó su trabajo de investigación (previo a la tesis doctoral) en el Departamento de Historia de América, bajo el nombre de "La Creación del Latino en la Sociedad Norteamericana a través del Cine: Sus Estereotipos y Memoria Colectiva" (2006), su área de investigación de Tesis Doctoral es interdisciplinar. Tiene interés en Estudios Culturales, Estudios Fílmicos, Sociología e identidades comparadas, Lengua y literatura, lingüística y el andaluz, entre otros temas. Actualmente es Profesor EFL en Southbourne School of English (Bournemouth, UK), Director Fundador del Grupo Literario Palabras Indiscretas , Cónsul de la provincia de Cádiz de Poetas del Mundo, Editor de la Revista Literaria Palabras Indiscretas (RLPI) y colaborador responsable de la secciones de Estudios Hispánicos y Creación Literaria en la Revista Sarasuati.

Tehto en andalú

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Er profeta i er biahero merkante
(Ortografía andaluza según el modelo NHFOA -Norma Henerà Funsionà Ortográfika Andalusa Tehto paralelo andalú-kahteyano, por JM. Persánch) *****

Kuando

er biahero merkante yegó ar pobláo, keó impresionáo. Lah kasa barro d-ehta tribu la amasonía no tenían bentana. Una muxedumbre salió a su enkuentro. Enbuertoh en arapoh i piele dehprendían un olò a muerte. Me aré de oro! tengo koloniah i martiyo- pensó. En frente suya, un ombre de larga barba blanka komensaba ahità un fému de animà k-asía lah bese de bahtón. - Ambarúa! ¡Ambarúa! kenawa tè sasahía- Er biahero, inmóvì, komensaba sentì un poko miéo, pueh era supehtisioso i kreía profundamente en loh xamane, konjuroh i máhia negra. -Ambarúa! Hinasu ima kete!- la bó resia del ansiano kresía en intensidá. Loh ardeano, komo si supieran ke er biahero merkante yegaría, komensaron a dansà arrededò de amboh formando un sírkulo. Lentamente, er merkante se yebó lah mano a suh borsiyo. En uno tenía un teléfono móvì i en el otro una lintehna. Ambah kosa sin batería, pero pensó ke kisá podría ofresehlo komo ohsekio ar xamán. Er sírkulo se iba redusiendo, ka bé má serka de ambo, ara tó repetían al unísono lah palabra der xamán. Un pekeño tik en la piehna er merkante delataba nerbiosihmo. Trah un gorpe der femù en er suelo porboriento sesaron loh baileh i kante. Toh inkaron la rodiya e inklinaron la kabesa. Sólo-ntonse, er xaman diho kon rohtro serio i bó serena: -No tema. No te aremo ná si te bá por donde ah benío baho huramento de no regresà hamá. - Ablah mi lengua? ¿ónde la-prendío? -Er biahero merkante mohtraba su asombro abriendo los ohos d-un gorpe. - No keremoh ná tuyo. Ni de tu sibilisasión. No noh asen farta. Eso eh tó lo ke debeh sabè. -Kómo sabeh ke soi un merkante? - En la sibilisasión de la ke bieneh tóh soih merkante. No tenéih reparo a la ora talà árbole pa bendè papè, kontaminà el aire pa biahà, o bendè el arma ar diablo si kon eyo se konsigue podè i dinero. Dinero eh lo úniko ke oh interesa. Akí ná d-eso te serbirá. Por eso ah d-irte. - Eso no-h sierto. Kreo en Dió... no eh mi kurpa si er mundo-htá exo ahín. - Sin embargo yo no kreo-n ese Dió, i sí eh mi kurpa ke mi ardea sea ahín. - ¿No kreeh en Dió? - No en buehtro Dió. - ¿I tú kién ere? ¿Kómo te yama? - Fuí biahero merkante i, anke lo pretendía, no supe kambià er mundo. Uí de tó.

- Me iré a kambio de ke me diga tu nombre. - En mi ardea no tenemoh nombre. No kohtruimoh ego, somoh ombre. Ambarúa! Hinasu ima kete! Loh ardeano reanudaron suh dansa. Er xamán arsó el güeso i dió la ehparda ar merkante. Éhte, temeroso, uyó der pobláo. Kreía abè aprendío d-esa ehperiensia míhtika, i se prometió ke trataría de kambià er mundo. Meseh dehpué se iso ehkritò i bendió mileh de kopia de su libro er profeta. (No debió aprendè ná de aquer xamán...)
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Texto en Castellano

El profeta y el viajero mercante
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el viajero mercante llegó al poblado, quedó impresionado. Las casas de barro de esta tribu de la Amazonía no tenían ventanas. Una muchedumbre salió a su encuentro. Envueltos en harapos y pieles desprendían un olor a muerte. -¡Me haré de oro! tengo colonia y martillospensó. En frente suya, un hombre de larga barba blanca comenzaba a agitar un fémur de animal que hacía las veces de bastón. - ¡Ambarúa! ¡Ambarúa! kenawa tè sasahía- El viajero, inmóvil, comenzaba a sentir un podo de miedo, pues era supersticioso y creía profundamente en los chamanes, conjuros y magia negra. -¡Ambarúa! ¡hinasu ima kete!- la voz recia del anciano crecía en intensidad. Los aldeanos, como si supieran que el viajero mercante llegaría, comenzaron a danzar alrededor de ambos formando un círculo. Lentamente, el mercante se llevó las manos a sus bolsillos. En uno tenía un teléfono móvil y en el otro una linterna. Ambos estaban sin baterías, pero pensó que quizás podría ofrecerlos como obsequio al chamán. El círculo se iba reduciendo, cada vez más cerca de ambos, ahora todos repetían al unísono las palabras del chamán. Un pequeño tic en la pierna del mercante delataba nerviosismo. Tras un golpe del fémur en el suelo polvoriento cesaron los bailes y cantes. Todos hincaron la rodilla e inclinaron la cabeza. Entonces, el chaman dijo con rostro serio y voz serena: -No temas. No te haremos nada si te vas por donde has venido bajo el juramento de no regresar jamás. - ¿Hablas mi lengua? ¿Dónde la aprendiste? -El viajero mercante mostraba asombro con sus ojos abiertos. - No queremos nada tuyo. Ni de tu civilización. No nos hacen falta. Eso es todo lo que debes saber.

Cuando

-¿Cómo sabes que soy un mercante? - En la civilización de la que vienes todos sois mercantes. No tenéis reparo a la hora de talar árboles para vender papel, contaminar el aire para viajar, o vender el alma al diablo si con ello se consigue poder y dinero. Dinero es lo único que os interesa. Aquí nada de eso te servirá. Por eso has de irte. - Eso no es cierto. Creo en Dios... no es mi culpa si el mundo es así. - Sin embargo yo no creo en ese Dios, y sí es mi culpa que mi aldea sea así. - ¿No crees en Dios? - No en vuestro Dios. - ¿Quién eres? ¿Tienes nombre? - Fui viajero mercante y, aunque lo pretendía, no supe cambiar el mundo. Huí de todo. - Me iré a cambio de que me digas tu nombre. - En mi aldea no tenemos nombres. No tenemos construimos egos. Somos hombres. ¡Ambarúa! ¡hinasu ima kete! Los aldeanos reanudaron sus danzas. El chamán alzó el hueso y dio la espalda al mercante. El mercante, temeroso, huyó del poblado. Creía haber aprendido de esa experiencia mística, y se prometió que trataría de cambiar el mundo. Meses después se hizo escritor y vendió miles de copias de su libro el profeta. (No debió aprender nada de aquel chamán...)
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Text in English

The Profet and the travelling Merchant
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When the travelling merchant arrived in the village, he was surprised. The
clay houses in this village of the Amazon had no windows. The crowd came out to meet him, dressed up in rag and pelt clothes which gave off the smell of death. –I´ll become very rich! I have perfume and hammers –he thought. In front of him, a man with a white long beard had started to shake an animal´s thighbone, which was usually used as a walking stick.- ¡Ambarúa! ¡Ambarúa! kenawa tè sasahía. –The traveller stood still and felt somewhat the fear, given that he was superstitious and he deeply believed in shamans, spells and black magic. -¡Ambarúa! ¡hinasu ima kete!- The elderly man´s vigorous voice increased its intensity. The villagers, as if they knew that the travelling merchant would arrive, started dancing around them by forming a circle.

Slowly, the merchant put his hand in his pockets. In one he had mobile phone and in the other one a torch. Both things had with no batteries, but he thought that perhaps he could offer them to the shaman as gifts. The circle was reducing more and more every time, closer and closer, now everyone repeated in unison the shaman words. A little twitch in the merchant´s leg gave his nervousness away. After the thighbone hit the dusty ground the villagers stopped their dances and chants. Everyone kneeled and tilted their head as a bow. Then, the shaman said with a serious face and calm voice: -Don´t be affraid. We will cause you no harm if you go back to where you have come from, under oath to never return here. - Do you speak my language? Where did you learn it? – The travelling merchant showed his astonishment by his eyes wide open. - We want nothing from you. Nor from your civilization. We need nothing. That´s everything you need to know. - How do you know that i am a merchant? - In the civilization you come from everyone is a merchant. You don´t have qualms about cutting down trees to sell paper, polluting the air to travel, or selling your souls to the devil if by doing so you get money and power. Money is the only thing you want. Nothing of these things will be useful here. That´s why you have to go. - This is not true… I believed in God. It´s not my fault if the world is like it is. - However, I don´t believe in that God, and it is my fault that my village is the way it is. - Don´t you believe in God? - Not in your God.. - Who are you? What´s your name? - I used to be a travelling merchant and, though I did try, I didn´t know how to change the world. I ran away from everything. - I´ll leave in exchange for your name. - In my villaje we have no names. We have no egos. We are men. ¡Ambarúa! ¡hinasu ima kete! The villagers resumed to their dances. The shaman raised his bone and turned now showing his back to the travelling merchant who, frightened, escaped from the village. He thought to have learnt from this mystic experience, and he promised himself he would change the world. A few months later, he became a writer who sold thousands of copies of his book the Profet. (He must have learnt nothing from the shaman...)

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