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Capitùlo I: El descubrimiento

Los investigadores Simòn Gargo y Sergio


Fernàndez llegaròn a la columnata a eso de
las diez de la noche de un dìa sin lluvia.
Hacìa calor y se acompañaban con la
iluminación de dos faroles a gas. Gargo
encabezaba el paso con botas de cuero y
sigilo de cuidado. Fernàndez lo seguìa de
atrás con algo de miedo escapando de su
corazòn. Aunque lo simulaba frente a su
còlega. No traìan ayudantes mas que nada
porque querìan la gloria para ellos solos.
Y sobre todo el dinero que pudieràn
encontrar en la tumba del faraón. Al
emplazar los egipcios el santuario a un nivel
superior respecto de las salas hipòstilas,
los constructores evocaban la isla de la
creación, enclave del primer templo. Dieròn
con una càmara secreta ubicada por debajo
del nivel del suelo, el aire era irrespirable
provocandoles sofocaciones en el pecho a
los dos hombres. Pero no se detuvieròn
ante eso, ni tampoco frente a un muro que
les cerro el paso mas adelante.
-¿Y ahora què hacemos?-
preguntò con voz temblorosa surcada por la
duda Sergio Fernàndez.
-Derribarlo-dijo secamente
Gargo.
Sin decir una palabra mas tomo el maso que
tenia a su lado para golpear con violencia
de güerrero. Al principio los bloques
tardaròn en ceder pero luego comenzaròn a
caer hasta dejar el lugar suficiente como
para que los traspusìera un hombre. Grago
entro de primero y Fernàndez le siguió
detràs. El nuevo sitio era muy oscuro y los
faroles a gas no iluminaban demasiado.
Pero se dieròn cuenta que habìan hallado
una tumba. Cargaròn con piezas de oro y
plata, a oscuras y algunas piedras preciosas
como diamantes y rubìes, monedas
acuñadas y una serie de símbolos antigúos
de poca utilidad pràctica.
Satisfechos con el botìn decidieròn volver a
casa.

Capitùlo II: La Momia


Simòn Gargo se quedo con la mejor parte y
la mas valiosa, a Sergio Fernàndez le
correspondiò lo menos cuantificable,
contandose entre ellos un símbolo muy
partìcular que el atesoraba con mucho
interes. Incluso dormìa todas las noches
con èl. Una de esas noches puso el sìmbolo
bajo la almohada. Y tuvo un sueño muy
extraño en el que se vio rodeado de
envoltorios de tela que se asemejaban a
cadáveres. Le corrìa un sudor frìo por todo
el cuerpo pero no podìa escapar porque era
un sueño. Sin embargo se asemejaba como
muy real. Sintiò curiosidad y con sus manos
fue tocando cada uno de los envoltorios sin
que se registraràn mayores novedades.
Pero al llegar al ùltimo algo sucediò. El
envoltorio comenzò a moverse, a cobrar
vida. La tela se desintegro y pronto
Fernàndez se encontro frente a un
esqueleto de huesos y piel, pero tan escasa
que se asemejaba mas a un pellejo que a
otra cosa. De su boca salìa un vaho muy
fuerte que se antojaba similar a la
respiración de la muerte. Fernàndez trato
de huir pero fue inútil. Pronto el cuerpo sin
vida se apodero de su cuello y no dejo de
apretar hasta partirselo. Con el cuerpo de
Fernández entre los brazos, la momia dejo
la pesadilla de lado y tomo el cuerpo que le
perteneciera a Fernàndez y que se hallaba
en la cama. Sintiò su energìa renovada en la
estructura de un hombre de edad joven.
Deseoso de probar su nueva morada la
momia principiò por destruir a golpes la
habitación de Fernàndez. El ruido llamo la
atención de los vecinos, especialmente de
la familia Gallardo que compartìa el mismo
piso. Gabriel Gallardo golpeò en la entrada,
pero cuando lo recibiò la momia en el
cuerpo de Fernàndez no sospecho nada. El
cuerpo presentaba algunas laceraciones y
manaba sangre por varias partes. Gallardo
se asustò y quiso saber que le habìa
ocurrido.
-¿Se volviò loco? ¿Què eran
esos ruidos? ¡Y mi Dios, por què esta todo
làstimado!-grito desesperado.
La momia no dijo nada solamente estiro los
dedos de su mano izquierda para meterlos
en los orificios nasales del hombre y estirar
hacìa arriba con fuerza de titàn hasta
terminar arrancandosela como si se tratara
de un aplique de yeso. Gallardo chillò de
dolor y quiso defenderse. En dos segundos
su figura yaciò sin vida como un muñeco de
madera. Su mujer Diana corriò la misma
suerte y lo mismo puede decirse de los
pequeños Julio y Javier, todos mutilados y
cortados en trozos como para un asado. La
momia junto los pedazos en una bolsa vacìa
de papas para cargarlas al hombro,
cuidando primeramente vacìar de sangre los
restos para guardarla en un bidòn. Y saliò
del lugar bajando las escaleras como si
fuera algun templo dedicado a su imagen en
el lejano Egipto de los desiertos, cerca del
azùl del Nilo.
Llego a la avenida entre el tràfico escaso
de los autos. Sorprendido por el movimiento
se interpuso al paso de uno de ellos para
recibir un impacto que lo levanto por los
aires hasta una altura de tres metros. Sin
llegar a provocarle daño de gravedad.El
conductor se asustò pero mas se asusto
cuando vio a la momia con el cuerpo de
Fernàndez comìendo la mano de la mujer de
Gallardo con hambre atroz de siglos. Se
muriò de un ataque al corazòn en ese mismo
instante. El resto de los automovilistas se
detuvò provocando un desorden en el
tràfico de ruidos y bocinas que alteraban el
normal funcionamiento de la vida en ese
paraje de la ciudad. La momia quizàs
alertada por el aumento de los ciudadanos
llegò a la conclusión de que era mejor huir
y escapo en direcciòn a la casa de Gargo,
como si la hubìera conocido desde siempre.
Su amigo lo recibiò con curiosidad y no
sospecho nada de èl, ni aùn cuando lo
convido para beber con un vaso fresco de
sangre recièn robada. Fin.

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