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Melisa Kovalskis: Walt Whitman

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Walt Whitman: Canto a mí mismo
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Análisis de “Canto a mi mismo”, de Walt Whitman

Materia: Lengua Tema: Presentación del mundo poético del autor a través del análisis del poema escogido. Alumna: Melisa Kovalskis Profesor: Carlos Pereyra Fecha de Entrega: 28 de Agosto División: 5º UEA Año: 2007

Introducción: “Canto a mi mismo”, el poema/libro incluido en la obra “Hojas de Hierba” de Walt Whitman, es el poemario que se analizará a continuación. El “Canto a mi mismo” es, al contrario de lo que su nombre indica, una canción universal, que pretende llegar a todos los hombres de este planeta, un poema que intenta conmover y enseñar a todo el que lo lea. Y esta universalidad que tiene el Canto, se debe a la idea de Whitman de considerar a toda la humanidad como uno solo, a todos los hombres iguales, a creer que él mismo podría ser su propia persona o ser cualquier otra y nada cambiaría. Escribe: “Todos quieren venir hacia mí y yo quiero ir hasta ellos… Y tal como son, más o menos soy yo; y de ellos, de cada uno y de todos y de mi mismo… sale esta canción.” (Fragmento. Estrofa 15) De esta manera presenta su Canto, explica el origen y hace que el lector se sienta identificado y mucho más inmerso en los poemas, ya que se puede creer, de alguna manera, homenajeado al saber que el Canto está inspirado en toda la humanidad, de la que cada uno es parte. Así como desarrolla su idea universalista, a la vez, cree que cada persona es extraordinaria en sí misma, que tanto como él se considera único y sorprendente al decir “no comprendo que haya nada en mundo más admirable que yo”, intenta con esta frase incitar a cada uno a pensar lo mismo de sí. El poder que posee el canto, y que tiene Whitman al escribirlo, recae en la capacidad del autor de disociar su propia persona en miles, casi como una esquizofrenia maravillosa que le permite ver el mundo desde cientos de puntos de vista, y así comprenderlo mejor que nadie. Él escribe: “Muero con el moribundo y nazco con el niño que recogen los pañales. Yo no soy sólo esto que se alarga entre mi sombrero y mis zapatos.” (Fragmento. Estrofa 7) Y con este último verso aclara, avisa que no podemos intentar encontrar un solo Whitman, un solo autor del “Canto a mi mismo”, porque “mi mismo” puede ser

muchos. Ya que así como puede morir en cada muerte, y nacer en cada nacimiento, puede ser uno mas en un grupo de trabajadores en el granero como en la estrofa 9, o como en la estrofa 12, puede ser un carnicero en su día de trabajo, o puede ser joven, puede ser viejo, puede ser del norte, o puede ser del sur, como intenta explicar en la estrofa 16. Y tanto como puede ser una persona corriente, también puede ser una especie de Dios, que contiene al mundo entero, como en la estrofa 33, que evoca una imagen de gigante observador: “Me despojo de ataduras y de lastre apoyo los codos sobre los acantilados, circundo las sierras, abarco los continentes con las manos y me voy de camino con mi visión.” (Fragmento. Estrofa 33) Whitman les habla a todos, y para hacerlo debe “ser todos”. El autor se describe a si mismo en un espacio, el lugar desde el que puede escribir el canto, su posición de observador: “Yo me quedo arriba alegre, ocioso, compasivo, viéndolo todo en panorama, mirando, erguido, el mundo desde lo alto o apoyado el brazo sobre un sostén seguro, aunque invisible, esperando curioso, con la cabeza medio vuelta hacia un lado, lo que va a acontecer… el acto siguiente. ¡Yo estoy dentro y fuera del juego a la vez… y lleno de asombro!” (Fragmento. Estrofa 4) Y con este fragmento, el lector puede imaginar a Whitman desde lo alto, mirando a las personas hacer su rutina, a la Naturaleza ejerciendo su poder en cada una de ellas, y escribiendo su Canto, con esta capacidad de asombro que describe al observar el juego, la obra de teatro que es la vida misma.

Análisis del “Canto a mi mismo” de Walt Whitman Nacido el 31 de mayo de 1819 en una comunidad granjera de Long Island, Estados Unidos, Whitman tuvo que trabajar desde chico luego de pasar unos años por el colegio, primero como maestro itinerante y luego como aprendiz en una imprenta. De esta manera, comenzó su afición como periodista, que lo llevó a trabajar en diversos periódicos de Nueva York. En este tiempo escribió algunos poemas y ensayos políticos. En 1848 viaja al Sur del país por una oferta de trabajo, y el viaje le permite ver una realidad distinta, que es luego inspiración en sus obras, ya que cuando vuelve a Nueva York, deja de trabajar y se avoca a la escritura. En 1855 sale a la venta la primera de ocho ediciones de Hojas de Hierba. Whitman tuvo que colaborar en las tareas de impresión e invertir él mismo en los gastos de la publicación, ya que los temas de glorificación del cuerpo y de los sentidos, no eran populares para la época. El libro constituía una novedad al utilizar el recurso del verso libre, sin rima ni métrica, además de los temas revolucionarios desarrollados, de los cuales se hablará a continuación. Su nombre no aparecía en la portada, pero sí un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante (“mezcla de obrero y vagabundo, holgazán, libertino e indiferente” dijo Carlos Delgado). El autor vendió pocos ejemplares, y regaló la mayoría, y fue duramente criticado por sus contemporáneos, siendo Ralph Waldo Emerson uno de los pocos que lo alentaron a seguir escribiendo. Emerson opinó que el libro “era la más extraordinaria obra de intuición y de sabiduría que América había producido hasta el presente” y lo reconoció como un continuador de su doctrina “trascendentalista”. Este movimiento, de índole religioso-filosófica, reivindicaba el abolicionismo, el feminismo, la lucha antialcohólica, el sectarismo y el comunismo. Pero Whitman fue mas allá, y superando la ideología puritana del movimiento, privilegió el cuerpo y los sentidos (“hermoso es cada uno de mis órganos y mis atributos, y los de otro hombre cualquiera sano y limpio” pregona la estrofa 3 y “mis compañeros de trabajo” dice la estrofa 28, refiriéndose a los sentidos).

Un poema de 52 estrofas, el “Canto a mi mismo”, constituía la parte esencial del libro, y es del cual se hablará a continuación. El estilo es simple si se piensa en la claridad con la que está escrito, pero es complejo a la vez, al intentar abarcar tantos temas generales en un solo poema. Como ya se ha dicho antes, no utiliza rima ni métrica, y el verso es libre, casi como si estuviera escrito en prosa. El poema comienza: “Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú, y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también” (Fragmento. Estrofa 1) Ya desde el principio, Whitman deja entrever el carácter festivo que tiene casi toda la obra, donde se expresa que las personas, él mismo como cualquier otro, son algo digno de festejar, por lo que vale la pena escribir una canción. Y continúa aclarando desde el principio, que con su Canto no se refiere solo a sí mismo, sino que cualquiera se puede sentir identificado, como él lo hace con cada ser humano del planeta, por lo que predispone al lector a escuchar/leer una obra en la que se habla de sí mismo. El poema continúa en una sucesión de imágenes alegres y diversas, que a veces el autor las vive como observador y otras las experimenta, como la del muchacho que va sobre un carro que lleva alfalfa al granero: “Con las piernas cruzadas voy sintiendo el traqueteo de las ruedas, luego doy un brinco, recojo el trébol y, hecho una pelota, ruedo con el cabello enmarañado y cubierto de paja.” (Estrofa 9) o la del cazador que acompaña a los pescadores de almejas en su tarea: “Me recogí los pantalones sobre los tobillos y me fui con ellos. ¡Fue un gran día!” (Estrofa 10). Whitman vive cualquier situación corriente con alegría y así lo transmite. También describe los placeres simples de la vida como observar el vaho de su aliento, olfatear las hojas verdes y las secas, o escuchar el latido de su propio corazón, en la estrofa 2. Habla del cuerpo con libertad, e invita a los demás a hacerlo así: “¡Desnúdate! No eres culpable, no estás marchita ni repudiada por ninguno.” (Fragmento. Estrofa 7) Y aquí se puede encontrar una crítica a la iglesia, que predica que los placeres del cuerpo son pecado, y a la sociedad que rechaza la desnudez y los cuerpos imperfectos.

Y en relación con la adoración del cuerpo, Whitman rechaza el pensamiento profundo, la metafísica, la filosofía y el intelectualismo, diciendo: “En todas las edades el mundo ha dispuesto sobre lo bueno y lo malo. Pero yo que conozco la correspondencia exacta y la imparcialidad absoluta de las cosas, no discuto, me callo y me voy a bañar al río para admirar mi cuerpo” (Fragmento. Estrofa 3) Dando a entender que lo importante está en lo superficial, aún cuando al final de la obra demuestra ser mucho más profundo de lo que aparenta en un principio. La Naturaleza es también una temática constante en el Canto, ya desde el principio aclara “Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí, de esta tierra y de estos vientos” (estrofa 1) y ya dicho que su origen es la tierra misma, a lo largo de la obra describe su relación con ésta. Se tumba en la hierba, observa los insectos, adora a los animales y hace una insinuación, en la estrofa 32 de irse a vivir con estos, siente el viento, y se compara con el sol, y al mismo tiempo que adora la naturaleza, rechaza la industria que en esa época daba pasos agigantados: “El tendón mas pequeño de mis manos avergüenza a toda la maquinaria moderna” dice en la estrofa 31. Whitman habla de todos los temas, y a causa de ese ansia abarcadora, el ritmo de la primera mitad del poema es febril, un remolino de situaciones, escenas, pensamientos, que el lector va recibiendo, mientras se llena de esa fuerza joven que transmite el autor. Habla del tiempo de una manera diferente, como si sus límites no existieran para él, lo deforma, y lo vive a su manera. En la estrofa 3, dice: “Nunca ha habido otro comienzo que éste de ahora, ni mas juventud que ésta ni mas vejez que ésta; y nunca habrá mas perfección que la que tenemos ni mas cielo ni mas infierno que éste de ahora.” Estos son unos versos que se relacionan con la idea de vivir el presente, no preocuparse por lo que ya pasó, ni hacer planes para el futuro, no buscar la perfección, si ya está con nosotros.

Y también, Whitman se sitúa en un tiempo eterno, en la estrofa 44, como si él hubiera existido desde siempre, desde el principio de los tiempos, esperando su momento de llegar y decir todo lo que dice en su Canto, a la humanidad. Whitman tiene, también, algo que decir sobre la Muerte, la Vida y Dios. Hace unos esbozos ligeros al principio, y luego, llegando al final de la obra vuelve a abarcarlos con más profundidad. El autor sigue su camino, observando el mundo, identificándose con todo y todos, en una larga enumeración de imágenes pequeñas de las personas, del mundo, hasta que el tono de la obra se vuelve más lúgubre, al identificarse el autor también con los enfermos, los desposeídos, los participes de las guerras, y los rechazados. Cuenta sucesos desagradables de campos de batallas, de guerras navales, se mete en el cuerpo de un esclavo que es asesinado, y cuenta las historias con tantos detalles que asombra su capacidad para ponerse en los zapatos de cualquier individuo: “sangran mis heridas (el sudor ablanda mi piel y facilita la hemorragia)” dice la estrofa 33, haciendo que el lector pueda ver la escena con total claridad. Whitman pasó un periodo como ayudante de enfermería en un hospital militar durante la Guerra Civil Norteamericana, y aunque la experiencia haya sido posterior a la escritura de su Canto, hay unos versos que recuerdan este hecho de su biografía y sorprenden por su sensibilidad: “Cojo entre mis manos al moribundo y lo levanto con mi voluntad irresistible. Aquí está mi cuello, no desesperes. Por Dios te juro que no morirás; cuélgate de mí, cuelga todo tu cuerpo de mí. Yo te infundo mi aliento terrible, yo te sostengo y te saco a flote como a un náufrago, no te ahogarás.” (Fragmento. Estrofa 40) Los relatos poco felices continúan hasta que el propio autor grita un “¡basta ya!”, en la estrofa 38, que lo hace volver a observar la realidad con la alegría que lo venía caracterizando.

Pero Whitman puede demostrar en ese momento que no es un ingenuo, que su tono feliz no se debe a que no observa con mirada crítica, o que no llega a ver los sufrimientos de los demás. “Serenaos, sangrientas aletas de los incrédulos y de los pobres de espíritu. Yo estoy con vosotros también, también yo llevo clavado mi arpón. El pasado nos empuja a todos, a ti, a mi… a todos, de la misma manera. Y lo que aún nos espera sin probar detrás de la puerta, es para ti, para mí… para todos también. Para todos sin excepción.” (Fragmento. Estrofa 43) De esta manera, Whitman nos aclara, en una analogía con los peces que tienen las aletas heridas, que él también sufre, que a él también le clavaron un arpón, que es una herida que sigue llevando consigo. Pero aún así, espera grandes cosas del futuro, que llegarán para todos. El autor va llegando al final de su Canto y así lo anuncia: “La canción va a llegar a su climax […]. Siento ya el retumbo precipitado del final.” en la estrofa 42. Y así como nos prepara para el final, se pone a hablar de los temas profundos que rechazaba en un principio. “Todo va hacia adelante y hacia arriba. Nada perece. Y el morir es una cosa distinta de la que todos suponen. ¡Y mucho mas agradable!” había dicho en la estrofa 6, con seguridad, como si el autor ya supiera como la muerte es. Y luego, le habla a la Muerte misma, en la estrofa 49, y le dice que no le tiene miedo, que los cadáveres no le asustan, que solo son buen estiércol para fecundar las tierras. Y de Dios también escribe, tranquilo, le pide a la gente que no se preocupe por Dios, que está en todas las cosas y que no hace falta saber mas que eso, lo llama “el gran Camarada”, en la estrofa 45, y sabe con seguridad y placidez que lo está esperando. Llegando a las últimas dos estrofas, Whitman está agotado y así nos lo explica en la estrofa 50: “Angustiado me he retorcido para sacar de mi corazón todo cuanto poseía… Ahora mi cuerpo está tranquilo y quiere dormir… dormir… dormir…”. Como si se hubiera sentido obligado físicamente a decir todo lo que tenía para decir en el Canto. Y en la misma estrofa, hace un muy breve resumen de lo que dijo a lo largo del poema: “Acaso ese poema no es sino un expediente en que he abogado por todos…

en el que he dicho, por ti y por mi, que la muerte no existe, que el mundo no es un caos… que es forma, unidad, plan… Vida Eterna… ¡Alegría!” Dejando a los lectores con una sensación de que ha dicho todo lo que debía, que no se le puede pedir más, porque el poema tiene un principio y un fin. Y termina haciendo una alusión a la muerte, aunque se sabe por su biografía que todavía le quedaban casi cuarenta años por vivir: “Me doy al barro para crecer en la yerba que amo. Si me necesitas aún, búscame bajo las suelas de tus zapatos.” (Fragmento. Estrofa 52) Y sus versos son alegres, porque aunque juega con la idea de morir, lo hace con optimismo al decir que perecerá en la tierra que ama, que es la de la naturaleza. Y luego nos da una pista de dónde lo podemos buscar si lo necesitamos, en las suelas de los zapatos, por la idea de pertenecer a la tierra, pero también, como una metáfora que alude a que él es el guía, el que nos muestra el camino por donde andarán nuestros pies, ya que antes había dicho “si me necesitas aún”, recalcando la última palabra, como si el Canto hubiera sido escrito porque la humanidad lo requería a él. Cabe destacar, que todo el tono de la obra, es el de alguien que intenta educar, un maestro, como él mismo lo fue en su juventud, que muestra a sus alumnos lo que ya existe, les enseña a ver el mundo, no crea cosas nuevas sino nuevas maneras de vivir. La estrofa 17 es un ejemplo: “Estos son los pensamientos de los hombres de todas las edades y de todos los pueblos; no son originales, no son míos solamente, si no son tuyos también, no son nada o casi nada; si no son el misterio, y la llave al mismo tiempo, que abre todos los misterios, no son nada; si no son lo inmediato y lo distante, no son nada. Son la hierba que crece donde hay agua y tierra, son el aire corriente que envuelve nuestro globo.” Whitman reafirma el sentido universal de su obra con el primer verso. Como si no quisiera dejar lugar a que alguien diga que estos poemas no le representan.

Luego dice que no es original, cuando justamente su libro rompió con todo lo que se conocía como poético por el momento, ya fuera por el estilo, por la forma o por la temática. Se castiga a su mismo, pensando que si el lector no puedo tomar posesión de sus versos, entonces estos no valdrán nada. También dice que sus estrofas son misterios, incitan a cuestionar, pero a la vez, él da todas las respuestas. Luego vuelve a hacer una oposición de términos al hablar de lo cercano y lo distante, que no son una contradicción aunque así lo parezca (“Si, me contradigo. Y ¿qué? Yo soy inmenso y contengo multitudes” desafía en la estrofa 51), ya que al hablar del mundo entero, de todas las personas, de todas las épocas, es imposible no pensar en lo cerca y lo lejos que se encuentra todo, en lo lejano que puede sentirse una persona con respecto a otra que está en otro continente, o que vivió cientos de años atrás, y a la vez, lo cercano que estamos todas las personas, si nos consideramos todos iguales, una unidad. La estrofa termina, diciendo que estas ideas no son algo nuevo, que la base ya estaba, que los pensamientos surgen inevitablemente como la hierba crece si hay tierra y agua desde un principio. En la estrofa 22, vuelve a hacer una analogía con las plantas al decir: “Yo no soy mas que un hombre que riega las raíces de todo lo que crece”, demostrando humildad al decir que él, con sus versos, solo ofrece un poco de su ayuda a lo que ya existe en el mundo. Él solo nos muestra lo que quizás no podemos ver, como en la hermosa imagen que describe en la estrofa 46: “Mi mano izquierda te tomará por la cintura, con la derecha te mostraré paisajes del continente y del camino abierto” Dando a entender por paisajes, algo más que las formas de la tierra, sino nuevos horizontes del pensamiento humano. Whitman nos enseña con su canción: “Aprenderás a escuchar en todas direcciones y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.” (Estrofa 2) Nos incita a ser como él, ya que la esencia del universo, las maravillas de la vida ya entraron en él, ahora deben entrar en nosotros. El autor nos aclara, en muchos momentos de su obra, que el Canto no fue escrito en vano: “No digo estas cosas por un dólar, ni para matar el tiempo hasta que llegue el barco. Digo tu discurso y hablo con tu lengua que, amarrada en tu boca, comienza en la mía a desatarse.” Como una canción de libertad, en la que se habla por todos los

hombres corrientes, por las mujeres que tienen los mismos derechos que los hombres, pero recién el mundo se estaba dando cuenta, por los esclavos, que eran tema de discusión para esa época, y terminaría siendo, unos años mas tarde, causa de guerra civil, y por cualquiera que se sintiera inhibido, repudiado u encerrado. El Canto es revolucionario porque invita a cuestionar, a cambiar la manera de vivir que tienen las sociedades: “Esta canción no es rutinaria. Está hecha para preguntar abruptamente, para saltar hacia delante y traerlo todo mas cerca. […] Sermones, credos, teologías… pero ¿y el cerebro insondable del hombre?” (Fragmento. Estrofa 42) Los primeros versos explican el propósito del poema, y el último verso hace alusión a la ilustración, al poder de razonamiento del hombre, al rechazo a los sermones impuestos. Por eso es que Whitman se llama a su mismo, “maestro de los atletas” (estrofa 47), explicando que el hombre ya tiene las condiciones para lograr lo que desea, para ser una persona mejor, mientras él, lo único que hace, es enseñar a usarlas. Y por todo esto también, como conclusión final, es que León Felipe, en el prólogo de su traducción al “Canto a mi mismo”, dice: “El Canto a mi mismo no es mas que una invitación al heroísmo que se le hace al average man, al hombre de la calle.” Los hombres comunes y corrientes, como Whitman, y como todos los demás, también podemos ser héroes, si aprendemos a mirar el mundo, a ser “grandes catadores de la vida” (estrofa 13), a sorprendernos con la simplicidad de las cosas, y a comprender que “una hoja de hierba es tan perfecta como la jornada sideral de las estrellas” (estrofa 31). Análisis de la estrofa 24 “Yo soy Walt Whitman... Un cosmos. ¡Miradme! El hijo de Manhattan. Turbulento, fuerte y sensual;

como, bebo y engendro... no soy sentimental. Ni por encima ni separado de nadie, ni orgulloso ni humilde. Desclavad las cerraduras de las puertas. Sacad las puertas mismas de sus goznes. Quien humilla a otro me humilla a mí. Y todo lo que se dice y lo que se hace repercute en mí. De mí surge la inspiración: y lo corriente y lo vulgar. Yo digo la palabra mágica y primera y doy el santo y seña de la democracia. Y digo que no aceptaré nada que no tenga una réplica inmediata y numerosa. De mi garganta salen voces largo tiempo calladas, voces de largas generaciones de prisioneros y de esclavos, voces de ciclos de preparación y crecimiento, voces de desesperados y de enfermos, voces de ladrones y de enanos, voces de cuerdas que conectan las estrellas, voces de matrices y de gérmenes paternos... Voces de odio: la voz del deformado, del trivial, del estúpido, del loco, del resentido; la voz de la niebla en el aire, la voz de los escarabajos que ruedan su bola de estiércol... De mi garganta salen voces olvidadas: voces de sexo y de lujuria, voces veladas que yo desgarro,

voces indecentes que yo clarifico y transfiguro... Yo no me tapo la boca ni pongo el índice sobre los labios. Me estremezco ante el vientre lo mismo que ante el corazón y la cabeza. La cópula tiene el mismo rango que la muerte. Creo en la carne y en los apetitos. La vista, el oído, el tacto... son milagros. Y cada partícula cada apéndice mío es un milagro. Soy divino por dentro y por fuera y santifico todo lo que toco y todo lo que me toca: el olor de mis axilas es tan fino como el de una plegaria; y esta cabeza mía vale más que las iglesias, las biblias y los credos. Cuando adoro una cosa más que otra, adoro tan sólo la extensión de mi cuerpo o de una parte de mi cuerpo. Tú no eres más que la réplica deslumbrante de mí mismo. Surcos y tierra húmeda, eso eres tú; la reja firme y masculina del arado, todo cuanto en mí se cultiva y se labra; eres mi sangre fecunda y tus corrientes pálidas de leche, las ordeñas en mi vida; eres el pecho que se aprieta a otro pecho y en mi cerebro están tus circunvoluciones ocultas; raíces lavadas del cáñamo,

tímida alondra, nido oculto de huevos duplicados... eso eres tú; heno mezclado y tundido de la cabeza, de las barbas y de la carne dura... eso eres tú; jugo fermentado de manzanas, fibras de trigo viril, sol generoso... eso eres tú; vapores que iluminan y apagan mi rostro... eso eres tú; arroyos de sudor y de rocío... eso eres tú; viento que acaricia mi carne con el cosquilleo de los genitales en celo, amplios campos vigorosos, ramas de roble vivo, amante compañero en mi vagar sin rumbo... eso eres tú; manos que yo he apretado, rostro que yo he besado, hermana criatura a quien mis brazos estrechan sin cesar... ¡eso eres tú! Me asombro de mí mismo. Chocheo ante mi ser. ¡Hay en él tantas cosas admirables! Cada momento de mi vida y cuanto sucede en mí me estremece de júbilo. ¿Por qué se doblan mis tobillos y cuál es la causa de mis insignificantes deseos? ¿Por qué irradio amistad... y por qué la recibo? Cuando subo las escaleras de mi casa me detengo y digo de pronto: pero ¿es esto cierto? La enredadera que trepa por mi ventana me satisface más que toda la metafísica de los libros.

¡Oh, maravilla del alba! Una tenue luz allá lejos deslíe las sombras diáfanas e inmensas. El aire es un manjar para mi lengua. Del mundo movible saltan en silencio, brincan inocentes, resuman frescas masas que cruzan oblicuas hacia arriba y hacia abajo. Algo que no puedo ver eriza púas libidinosas, y mares de jugos resplandecientes inundan la bóveda celeste. La tierra y el cielo se juntan. Y de esta diaria conjunción llega por el oriente un reto que se posa un instante sobre mi cabeza para decirme agresivo y burlón: ¿Serás tú el amo de todo esto?” Luego de haber leído todo el poema del “Canto a mi mismo” y de haber hecho una hipótesis de lectura de la estrofa 24 en particular, se puede decir que ésta representa una síntesis de lo que es el Canto, su esencia. Ya que, como se verá a continuación, el autor habla de sí mismo, el yo lírico es él y tanto como se refiere a su persona, se refiere a las demás, a todos, con el optimismo y el tono alegre que lo caracteriza. El autor se presenta en el primer verso, recién en la estrofa 24, no al principio, como podría suponerse, sino cuando lo desea, porque Whitman tiene un espíritu libre, hace lo que quiere (“dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como se me da la gana” había dicho en la estrofa 20) y no acata estructuras. Continúa, declarándose desde el principio un cosmos, en una metáfora de un ente abarcador, donde todo le pertenece porque todo está en él. “¡Mirádme!” reclama a quién sea, aunque antes había dicho: “Así como soy existo ¡Miradme! Esto es bastante. Si nadie me ve, no me importa, y si todos me ven, no me importa tampoco. Un mundo me ve, el mas grande de todos los mundos: Yo.” (Estrofa 20). Y si relacionamos estos dos fragmentos, ya que fueron escritos por el mismo autor,

utilizando el mismo imperativo, se puede decir que vuelve a repetir la idea de ser un mundo, de que una persona es un universo aparte. Una enumeración de adjetivos siguen a continuación, describiéndose a si mismo: “Turbulento, fuerte y sensual…”, y tanto como lo representan a sí mismo, estos adjetivos podrían aplicarse a toda la obra, al ritmo turbulento y rápido, a la fuerza que posee la canción, y al erotismo con que juega el autor, alabando los cuerpos, glorificando los sentidos. “Como, bebo y engendro… no soy sentimental” dice el yo lírico de sí, casi como si fuera un animal, que se guía por los instintos, como él incita a hacer a lo largo de su obra: “Iré a los repechos donde comienzan los bosques y me desnudaré para gozar enloquecido de su contacto” decía en la estrofa 2, describiendo un deseo salvaje y sin lógica, que llega a ser hermoso por esta razón. El séptimo verso continúa “Ni por encima ni separado de nadie, ni orgulloso ni humilde” dando a entender que el amor propio que posee no es presumido, aunque se considere un mundo, porque todos estamos a la par, es decir, que nos regala su idea de que todos somos mundos a la vez, por separado pero iguales, cercanos, no aparte. “Desclavad las cerraduras de las puertas. Sacad las puertas mismas de sus goznes” continúa la estrofa con estos dos extraordinarios versos que cantan a la liberación, al deseo de compartir, Whitman aconseja que saquemos las cerraduras, para dejar la puerta abierta al que quieraentrar o para salir cuando querramos, y se corrige: mejor aún, arranquemos las puertas mismas en un ataque de júbilo. “Quién humilla a otro me humilla a mí. Y todo lo que se dice y lo que se hace repercute en mí.” Así es como Whitman declara su manera de identificarse con todos, con cualquiera, a cualquiera al que le pase algo malo, él lo va a sentir, a cualquiera al que ofendan, él se ofenderá. Y no como un modo de buscar protagonismo, si no que forma parte de su creencia en la igualdad. Continúa la estrofa en el catorceavo verso: “De mi surge la inspiración: lo corriente y lo vulgar.” Se vuelve a adjudicar importancia, todo nace de él, todo lo que dice lo piensa y lo vive. Y habla de la inspiración de su Canto, que es lo corriente y lo vulgar, lo común, porque Whitman es cotidiano, habla de temas que a todos nos surgen y por eso también es que cualquiera se puede identificar con él. “Yo digo la palabra mágica y primera, y doy el santo y seña de la democracia. Y digo que no aceptaré nada que no tenga una réplica inmediata y numerosa” son los versos siguientes, donde la igualdad está presente en la palabra democracia. Término que se

expresa claramente en el verso siguiente al decir que si las acciones del representante no tienen un sentido en el pueblo, no existe democracia. A continuación, Whitman vuelve a hablar por todos y todo, por lo que se calla, por lo que se odia, por los que es olvidado y prohibido. En una larga enumeración de personajes, el autor nos muestra su capacidad de identificarse con el o lo que sea: con los esclavos, los desesperados y los enfermos, con los escarabajos, con el sexo y con la lujuria. Y como si no hubiera quedado claro, en los versos subsiguientes declara y desafía: “Yo no me tapo la boca ni pongo el índice sobre los labios”, mostrándonos la imagen de los sumisos o los censuradores, todo lo que él no es. Y así como no se calla nada es que puede hablar del cuerpo y del placer en los versos que siguen. Primero canta: “Me estremezco ante el vientre lo mismo que ante el corazón y la cabeza” queriendo decir que el cuerpo no está solo para albergar sentimientos, ideas y pensamientos, sino que todo el físico tiene la misma importancia, y por eso es la adoración que tiene hacia él en los versos subsiguientes. Antes dice: “La cópula tiene el mismo rango que la muerte”, pudiéndose referir a la importancia que le dan los hombres a la muerte al tenerle miedo, es decir que al comparar el acto sexual con la muerte, lo que intenta explicar es que la sexualidad no debe ser un tabú, que para él, por lo menos, no lo es. “Creo en la carne y en los sentidos” dice, continuando en su fe, como si el cuerpo fuera una religión. Hipótesis que se confirma al analizar los versos siguientes donde utiliza términos religiosos para referirse al cuerpo y a los sentidos, rechazando la Biblia y las iglesias ya que no tienen mas importancia que su propia cabeza: “La vista, el oído, el tacto... son milagros. Y cada partícula, cada apéndice mío es un milagro. Soy divino por dentro y por fuera y santifico todo lo que toco y todo lo que me toca: el olor de mis axilas es tan fino como el de una plegaria; y esta cabeza mía vale más que las iglesias, las biblias y los credos.” El asombro con el que observa la vida, con el que usa sus sentidos, lo hace creer en otro tipo de milagros y por eso es que descree de las religiones. Luego vuelve a hablar del cuerpo, y de él mismo como origen de todo lo que existe, o todo lo que le importa: “Cuando adoro una cosa más que otra, adoro tan sólo la extensión de mi cuerpo o de una parte de mi cuerpo.” Y también se vuelve a repetir al decir que todos somos iguales tanto mental y espiritualmente, como decía antes, como físicamente: “Tú no eres más que la réplica deslumbrante de mí mismo.”

Luego continúa la estrofa con otra enumeración, esta vez, de elementos naturales que nos conforman a todos: “Eso eres tú” dice, pero ese “tú” se refiere a él mismo y se refiere a todos, si nos mantenemos en su teoría de la igualdad. Tierra, sangre, raíces, heno, sol, arroyos y viento. Eso somos todos y también otras cosas: nos compara con los instrumentos de labranza, con las aves, con las manzanas y con el trigo. Demostrando una vez más su pasión por la naturaleza, cómo la encuentra en todas partes y cómo cada elemento puede estar unido. “Hermana criatura a quien mis brazos estrechan sin cesar… ¡eso eres tu!” describiendo su amor por los humanidad nuevamente, tal como lo hace a lo largo de la obra: “oigo el sonido que mas amo: la voz del hombre” (estrofa 26) ó “Me gusta besar, abrazar y alcanzar el corazón de todos los hombres con mis brazos” (estrofa 2). Volviendo al tema del amor propio, del orgullo de uno mismo, Whitman dice: “Me asombro de mí mismo. Chocheo ante mi ser.” Y continúa: “¡Hay en él tantas cosas admirables! Cada momento de mi vida y cuanto sucede en mi me estremece de júbilo” demostrando su amor por la existencia, su alegría de vivir, sirviéndose como ejemplo para que el resto de la humanidad pueda decir lo mismo de sí. “¿Por qué se doblan mis tobillos y cuál es la causa de mis insignificantes deseos? ¿Por qué irradio amistad... y por qué la recibo?” Se hace preguntas simples e ingenuas, sin respuestas, porque no son necesarias mientras uno se pueda seguir asombrando de uno mismo, tanto de la simplicidad de las articulaciones del cuerpo, como de la complejidad y maravilla de las relaciones entre las personas. Dice: “Cuando subo las escaleras de mi casa me detengo y digo de pronto: pero ¿es esto cierto?” continuando con las preguntas simples (y complejas a la vez) que las personas dejan de hacerse cuando “se acostumbran a vivir” y dejan de asombrarse como los niños de los milagros de la vida. “La enredadera que trepa por mi ventana me satisface más que toda la metafísica de los libros.” Y de esta manera rechaza la profundidad y lo abstracto, como ya fue dicho anteriormente, y alaba lo natural, lo simple y superficial. “¡Oh, maravilla del alba!” se vuelve a asombrar, en todo momento, cada mañana cuando sale el sol, y el lector se puede imaginar al autor mirando todo como si fuera la primera vez. Y continúa luego: “El aire es un manjar para mi lengua”. Verso que se relaciona con la estrofa 2 donde dice: “La atmósfera […] está hecha para mi boca y yo la absorbo y la adoro como a una novia.” Y ambos versos se refieren a respirar, a vivir y a comer vida, a amar la vida como a una amante.

En los versos siguientes habla del movimiento del mundo, de las personas, las describe como si dieran saltos por la tierra, en una imagen alegre. Y al final de la estrofa, a manera de confesión, describe un pensamiento: “Serás tu el amo de todo esto?” le pregunta una voz, como aludiendo a su postura sobre la tierra, a veces diciendo que él mismo es un mundo, a veces poniéndose a la altura de Dios, y que puede ser lo que él mismo se pregunte: cuánto es su poder, cuánto es el poder de cada uno de nosotros. Ilustraciones relacionadas con la obra • “La Danza” de Henri Matisse es un cuadro que podría hacer recordar al “Canto a mi mismo”. Matisse dijo “Mi sueño es un arte lleno de equilibrio, pureza, reposo, sin temas inquietantes, de alivio a lo intelectual..." en una frase que bien podría haberla dicho Whitman. La pintura es simple, de pocos elementos, pero aún así posee fuerza y energía. Se muestra un cielo azul, y una llanura verde como fondo, y por delante, cuerpos danzando. Cuerpos felices, imperfectos, agarrados de las manos, desnudos. Tanto por la naturaleza presente en el cuadro, como por el movimiento, y la alegría de los individuos, despojados de sus ropas y de la vergüenza, bailando en honor a la libertad, es que se puede decir que la ilustración guarda una estrecha relación con la obra de Whitman. • Otra pintura que evoca a la obra de Whitman podría ser la de Alexis Joseph Mazerolle “Psiquis en la fuente”. Es una ilustración donde se ve a una muchacha joven, también desnuda, rodeada de flores, plantas y árboles, cerca de una fuente o cascada, tocando las flores y sintiendo el agua caer en su mano, observando la naturaleza con asombro y alegría, maravillada. No es difícil imaginarse al autor de “Canto a mi mismo” en la misma posición, rodeado de vegetación, observando y sintiendo, sorprendido y feliz, agradecido de lo que la vida le está dando. • “La creación de Adán”, la pintura renacentista de Miguel Ángel, es otra obra de arte que es posible de relacionar con la obra de Whitman. El Renacimiento es el

período en que predomina el hombre, es el centro del universo (El hombre es el universo, decía Whitman, con otras palabras) después de haber estado tanto tiempo es un plano inferior durante la edad media. La pintura de Miguel Ángel muestra al hombre a la misma altura que Dios, al igual que lo que decía Whitman: “nada, ni Dios, es mas grande para uno que uno mismo” en la estrofa 48, y en la misma dice después: “Yo oigo y veo a Dios en todas las cosas” no por encima, sino cercano, casi tocándolo, como en la ilustración donde las manos de Dios y del hombre se rozan.

Bibliografía www.spanisharts.com (Pintura de Henri Matisse) www.mnba.org.ar (Pintura de Alexis Joseph Mazerolle) www.wikipedia.org (Pintura de Miguel Ángel) www.biografíasyvidas.com (Biografía de Walt Whitman) www.epdlp.com (Biografía de Walt Whitman) www.psiconet.com (Análisis del “Canto a mi mismo”, de Carlos H. Delgado)

www.espaciolatino.com (Biografía de Walt Whitman y análisis del “Canto a mi mismo”)

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