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LA VERDAD SIEMPRE SALE A LA LUZ

Mary Alice: ¿No habéis deseado nunca ver los secretos que esconden las personas que os
rodean?... [Edie mirando a través de la ventana de noche]
Que las verdades de cada uno de ellos salieran a la luz, quedando al descubierto… [Bree
llevando una cesta de magdalenas y mirando en el interior de la casa por si encuentra algo.]
La mayoría de las veces esos deseos no se cumplen y los secretos de los que nos rodean
no salen a la luz nunca… [Bree quemando la barriga falsa]
Aunque siendo sinceros, muchas veces la verdad sale a la luz, aunque hubiéramos
deseado que no fuera así… [Marina entra con el cesto de la ropa y encuentra el armario de las
ánforas abierto, entonces se la cae el cesto y se sienta en la cama asustada]

La verdad en Wisteria Lane es como un tabú, todo el mundo la tiene pero ninguno la
cuenta. Siempre guardando verdades inocentes, verdades oscuras e incluso verdades que
implican a otros… la verdad siempre se encuentra en la oscuridad, encerrada bajo llave, u
oculta tras un montón de trastos viejos. Y es que así es la verdad, la puedes encontrar en el
lugar más inesperado.
-Hola mamá –dijo Francisco al entrar en la habitación. Pero pronto se dio cuenta de lo que
ocurría y se preparó para dar explicaciones.
-¿Qué es esto? ¿Acaso un maratón de asesinatos? Primero Carlos, luego estos dos,
¿quiénes son?
-Mejor dicho, estos dos fueron antes que Carlos.
-¡Oh, Dios mío! Por favor, no me digas que eran los antiguos empleados de la casa, por
favor.
-Si quieres no te lo digo, pero es así… son los antiguos empleados de la casa.
-Pero, ¿por qué? –dijo la madre sin saber ya lo que decir, su propio hijo era un asesino y no
podía resistir la idea de que cometiera otro asesinato más.
-Porque… porque…. Descubrieron nuestro secreto. Una vez nos encontraron a Felipe y a
mí besándonos en su habitación, teníamos la puerta cerrada, pero ellos entraron sin avisar y
sin llamar a la puerta, entonces nos pillaron. No volvimos a cometer semejante estupidez
nunca más y ya lo hicimos en secreto. Pero ellos nos chantajeaban mamá, nos pedían dinero,
favores… unos favores un tanto peculiares.
-¿Qué favores?
-Nos obligaban a… me da vergüenza mamá. Ellos nos daban palizas, nos desnudaban en
su habitación y nos humillaban, ¿sabes lo que es eso? No hicimos nada malo para que se nos
tratara así… sólo demostrábamos nuestro amor. Estuvimos así meses y meses, hasta que nos
cansamos y les dijimos que no íbamos a hacer más lo que ellos querían y que no íbamos a
pagarles nada más. Entonces es cuando recibimos esta nota.
Francisco sacó un libro y de él sacó una nota y se la dio a la madre.
-Si no hacéis lo que nosotros queremos lo contaremos todo… Lo mal que lo tuvisteis que
pasar –dijo Marina.
-Sí, lo pasamos fatal, escondiendo nuestro amor y encima ellos nos sentían sentir sucios
con sus humillaciones. Eran muy crueles, creo que disfrutaban viéndonos sufrir, como éramos
sus superiores disfrutaban viéndonos humillados. Pero ya recibieron su merecido.
-¿Y por qué los tienes ahí guardados?
-En verdad ellos no están aquí, los enterré en el bosque de Wisteria Lane con la esperanza
de que nadie los encontrara, y de hecho nadie los ha encontrado. Esto lo he dejado aquí para
poder recordar siempre que el pecado se paga de la manera que menos esperamos… sobre
todo las personas malas son las que pagan. Mamá, yo no soy malo, sólo me defendía ante
ellos, ¡no sabes lo que pasé!
-Los malos son ellos, ellos son los que no comprendieron cómo os sentíais, los que se
aprovecharon de vosotros, ellos fueron los culpables. Pero, por tu bien y por el de toda la
familia, deberíamos deshacernos de estas ánforas, ha llegado el momento de olvidar.
-Sí mamá, ha llegado el momento de olvidar, de olvidar el pasado, de olvidar las penas, de
olvidar la humillación, de olvidarlos a ellos. Además, ha llegado el momento de olvidar lo
culpable que me hacían sentir, como si no fuera un ser humano sino más bien una
abominación.
-Por cierto, sólo por curiosidad, ¿cómo los mataste?
-Ocurrió así…
-George, por favor, ven conmigo… tengo mucho miedo –dijo Minerva asustada a su
marido.
-No te preocupes cariño, sé lo que pasa… son nuestros subordinados que nos quieren
meter miedo, pero no saben que yo tengo un as en la manga –dijo él mostrando a su mujer un
cuchillo de cocina que llevaba escondido en el pantalón.
Los dos se encontraban en una casa abandonada a las afueras de Wisteria Lane, era
noche cerrada y la única iluminación era la de la linterna que portaba George.
-Pero, ¿por qué hemos venido?
-Esos dos seres, por llamarles de alguna manera, no van a acobardarnos. La nota estaba
clara, si no tenéis miedo venid, y aquí estamos, no tenemos miedo.
-Yo sí, todo está tan oscuro, ellos nos llevan mucha ventaja, saben dónde nos
encontramos. Mira una nota –dijo mirando una nota que estaba en la barandilla de la
escalera-, dice que subamos arriba, que allí encontraremos nuestra redención.
-Pues vamos a encontrarla entonces –dijo subiendo por ellas decidido.
Subieron muy lentamente hasta que llegaron al piso superior, que sólo tenía una puerta.
Los dos se encaminaron a ésta y la abrieron, pero no pudieron reaccionar. De entre las
sombras dos personas les golpearon con un bate en la cabeza, dejándolos inconscientes. Así,
Francisco y Felipe llevaron los cuerpos dentro de la habitación, los desnudaron como tantas
veces habían hecho con ellos y los ataron a unas sillas, esperando a que se despertaran.
Entonces se acercaron lentamente a ellos con una cuerda en las manos y los asfixiaron.

-¡Qué horror! Podíais haber los matado sin todo ese miedo.
-Sólo queríamos que ellos sufrieran lo que habíamos sufrido nosotros por meses, pero ya
nada importa mamá, podemos ser libres. Ahora rompamos las ánforas y tirémoslas.
Eso hicieron, las rompieron y las tiraron, además, Francisco tiró la llave del armario, que
permanecería siempre abierto, testigo fiel de que él ya no tendría que esconder más secretos.

Lynette estaba con sus hijos y su marido, Gabrielle con su marido al que no quería, Edie
sola en casa y Susan con Mike. Todas ajenas al infierno que estaba sufriendo Bree, un infierno
que su misma hija se había buscado, pero que nadie sabía que iba a acabar así.
-Hija, son cosas que pasan –dijo Bree intentando consolar a su hija-, no podemos predecir
el futuro y el niño ya estaba muerto.
-Pero lo he llevado nueve meses dentro de mí –dijo Danielle llorando.
-Lo sé, sé que te duele y a mí también. Era parte de la familia, pero ahora no te tienes que
preocupar por eso, tienes que ponerte bien. No pienses en cosas pasadas que te hagan daño,
piensa en el futuro, en lo que de verdad puedes modificar, el pasado es así, nadie lo puede
cambiar.
-Nos tenemos que conformar con lo que tenemos, eso es lo que quieres decir.
-Exacto, no puedes mirar atrás… ya tendrás tiempo de tener a tu bebé, aún es demasiado
pronto. Lo siento hija, pero la vida es así.
-Sí, la vida es así –dijo Danielle. Y así se quedaron, esperando para enterrar al niño que ni
siquiera había podido vivir.

-Mike, soy tan feliz al lado tuyo. Julie por fin a olvidado a Austin y te tengo a ti, ¿qué más
le puedo pedir a la vida? Nada, al fin ha pasado el peor momento de mi vida.
-Lo mismo digo, así seremos felices, Julie por fin ha olvidado a Austin y nosotros nos
queremos, ahora sí vivimos felices.
Y así se quedaron los dos, abrazados, teniéndose el uno al otro y muy felices de tener a
Julie, ya feliz, después de haber estado pensando en Austin todo el tiempo desde que éste se
había marchado.

Francisco se había acercado a la tumba de su hermana, llevando un ramo de flores y


llorando. Era noche cerrada de nuevo, como cuando se liberó de toda humillación. Se acercó a
ella, pasó la mano por la lápida y se arrodillo, dejando el ramo de flores delante de la lápida.
-Te preguntarás por qué le he mentido a mamá, muy sencillo, tú hiciste algo por mí y yo
hice algo por ti. ¿Lo recuerdas? Seguro que sí. Ese día fue llorando a tu habitación porque no
podía más y te lo conté todo, lo que yo era, lo que yo sentía y cómo me hacían sentir ellos.
Esa misma noche me dijiste que tú misma lo ibas a solucionar, y lo solucionaste.
Clara estaba escribiendo una nota, en ella citaba a Minerva y a George en una casa
abandonada de las afueras, en la cual encontrarían la redención. Así, le dio a los dos con un
bate en la cabeza, antes de que ellos pudieran reconocerla. Así, los ató con fuerza, para que
no pudieran desatarse y entonces esperó a que se despertaran.
-¿Estáis preparados para la redención? –dijo ella cuando despertaron.
-¡Clara! –dijo Geoge, creíamos que eran ellos los que nos habían citado.
-No, los tenéis demasiado asustados para hacer nada. Pero todo esto va a acabar ya,
tenéis que prometerme que los dejaréis en paz, que no los tendréis asustado y dejaréis que su
amor permanezca para siempre.
-¿A eso llamas amor? Dos hombres no pueden amarse de ese modo.
-Sí que pueden, de hecho ellos dos lo han hecho, pero sólo necesito una promesa y seréis
redimidos.
-Lo prometemos –dijeron los dos aliviados.
-Bien, entonces quedáis redimidos de todo pecado, pero no de la condena. Ha llegado el
momento de vuestro final –entonces sacó una cuerda y se acercó lentamente a ellos. Primero
asfixió a Minerva, para que George sufriera más, y después lo asfixió a él. Después los metió
en el coche y los enterró en el bosque, llenando así dos ánforas de tierra para probar ante su
hermano que lo había hecho. Así, llevó las ánforas a su casa y lo despertó, contándole la
verdad.

-…Si tú supieras el miedo que sentí en ese momento, pero luego fue el amor lo que me
embargó, no creía que me querías tanto como para hacer esto –siguió Francisco-, pero tu
secreto está a salvo, para mamá fuimos yo y Felipe quiénes lo hicimos. Cuando me trajiste las
ánforas, las guardé, pero no es por la razón que le dije a mamá. En realidad las guardé para
recordar que siempre que necesitaras algo, aunque fuera muy doloroso para mí, tendría que
hacerlo porque tú hiciste lo mismo conmigo. Y te estoy muy agradecido, al fin puedo ser como
soy y no sufrir vergüenza por ello, así, como siempre, todos los malos pagan sus errores y
ellos lo pagaron. Gracias de nuevo hermana, gracias de corazón –entonces besó sus dedos y
los llevó hasta la tumba de su hermana, sonriendo complacido de haberse liberado de esa
mentira, y es que en verdad la mentira nos tiene presos y cuando la contamos nos liberamos
de toda carga…

Mary Alice: Sí, toda carga es liberada cuando contamos la verdad a todo el mundo,
aunque a veces la guardamos por temor al qué dirán… [Sale Edie llorando con una foto de
Carlos]
Por no dañar a alguien al que tenemos mucho aprecio… [Bree y Orson llevando la tumba
del bebé de Danielle, ya muerto]
O porque no soportamos que nadie sienta lástima por nosotros… [Lynette quitándose la
peluca y guardándola]
Pero cuando guardamos la verdad entre las sombras del secreto algunas veces puede ser
tan doloroso para nosotros que no queremos seguir viviendo esa mentira nunca más. [Julie se
encuentra metida en la bañera, llena de agua, con la ropa puesta. En la mano izquierda tiene
la foto de Austin, en la otra tiene un cuchillo con el que se corta las venas. Cuando lo hace la
foto de Austin cae al agua. La última toma es la foto de Austin cubierta por el agua y por la
sangre de Julie.]

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