VOCABULARIO DE LAS INSflTUCIONES

INDOEUROPEAS
BNSAYISTAS-200
SERIE MAIOR
aMILE BENVENISTE
VOCABULARIO
DE LAS INSTITUCIONES
INDOEUROPEAS
l. Economía. parentesco. sociedad.
11. Poder, derecho. religión.
SumariOl5. cuadros e indices preparados por IBAN l.ALWT.
Versión castellana de
MAURO ARMIRQ
RcviIi6n Ynocas adiciona1cs de
JAIME SlLES
taurus
T
Título original: Le vocabll/Qire des institutioIU indo-f?urophnnes.
. © 1969 LES EDITIONS DH MINUIT. Parls.
PRÓLOGO
@ 1983. TAURUS EDICIONES. S. A.
Prlncipe de Vcrgara, 81, 1. D - Madrid-6
ISBN: 114-306-1200-9
Depósito Lcpl: M. 2.59711-1983
PlUNTED IN SPAIN
La obra cuya primera parte (.) el ésta, lleva un titulo cx:pUcito, resuhado de inves·
tigaciones que tienen por objeto una notllble porción del vocabulario indoeuropeo.
Pero la naturaleza de 103 términOl estudiados en este vocabulario, el mModo aplicado
y cl anili5is que propone, exi¡cn algunas aclaraciones.
Entre 13.lIlenguas del mundo, las de la familia indoeuropea le prestan a lu investi·
gaciones mis extensas tanto en el espacio como en el tiempo, a las mis variadu Yde
mayor profundidad, debido a quc esas lenguas se han extendido desde el Asia Central
al A1lántico, a que eu6n atesti¡uadas en una dmación de ca.5.i cuatro milenios, a que
están vinculadas a culturu de niveles diferentes, pero muy anti¡uos, y alguno¡ de
ellos de los mis ricos que han autido; y, por úJtimo, a que varias de esas han
producido una literatura abundante y de gran valoc. Tambi!n poc esto ban constitui·
do durante mucho tiempo el objeto exclusivo del anilisu Iingflistico.
El indoeuropeo se dcf"me como una familia de lenguas salidas de una lenaua co·
mím y que se han diferenciado por separación gradual. Es, por tanto, un aeomeci·
miento global e inmenso lo que captamos en 5U conjunto, dado que se: descompone a
lo largo de los siJlos en una lierie de historias distintas, cada una de las cuales ca la
historia de una lcn¡ua particular.
Mientras las fases de estas e implantaciones sigan si&1don09 descono·
cidas, el milagro C!Itriba en que podemos designar con total seguridad a los plleblos
que formaron parte de la comunidad inicial y reconocerlos, con exclusión de todos 105
demlls, como indoeuropeos. La raZÓn de ello es la lenlua, y sólo la lenilla. La noción
de indoeuropeo vale antc todo como noción lingüística, y si podemos ampliarla a
otros aspectos de la cultura, ser' también a partir de la lengua. El concepto de
tesco genMico no tiene en ningún otro dominio lingUistica un sentido tan preciso ni
una justificación t/:lO c1I1J'1t. En indoeuropeo encontramos el modelo mismo de las re·
laciones de correspondencia que delimitan una familia de lenguas y permiten recons-
truir sus estados anteriores basta la unidad primera.
Dcsde hace un aiglo, el estudio comparativo de las lenguas indoeuropeas ha
do dos direcciones de sentido opuesto, pero complementarlo. Por un lado, se procede
por reconstrucciones fUndada.s en 105 elementos, simples o complejos, que entre len-
guas diferentes son susceptiblcs de ser comparados y pueden contribuir a restituir el
(.) l.II r:dki6D francesa de estI. l:OmIa de ..oI.llmCJJClli: 1) EcoiHJmID, ,2)
PuMr. rÑi,idIt. que tfI eutdlano le pracnfaR en UIlO 1010, dividido en dlMl I 'f 11 (N. r.}.
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prototipo común, ya se tnlte de fonemas, de palabras enteras, de desinencias flcxi-
vas, ele. Se presentan as1 modelo.s que sirven a nucvas recoll.'ltrucdones. Por
otro lado, en una vt. de sentido opuesto, se parte de una fonna indoeuropea bien es-
tablecida para seruir las formas que han salido de dIa, las vWs de la difermci.a.ción
dialectal, 105 conjuntos nuevos que de ella resultan. Los eb:mentos heredadol de la
Impla común se encuentran incoflM)rados a estructuras independientes que son las de:
lenguas particulara; a partir de ese momento se transforman y adoptan valores nue-
vos en el seno de oposiciones que se crean y G.ue ellas determinan. Hay que estudiar,
por tanto, por un lado, las posibilidades de reconstrucci6n, que unifican vastas series
de correspondencias y revelan la estructura de los datos comunes; por otro, el des-
arrollo de lu lensual particularcs, porque ah! está el cuadro productivo, ahí germi-
nan las innovaciones que traIlsfonnan el sistema antiguo. Entre estos dos polos se mue-
ve el comparatismo y su esfuerzo apunta precisamente. distinguir las conservaciones
y las innovaciones, a dar cuenta de las identidades Ytambitn de lu discordancias.
A las condiciona: ¡encraIcs Que impone el principio de: la comparación entre len-
&UU se all.aden las particularidades propias del dominio ltxico que es el del prc:scnte
estudio.
Desde muy pronto a 105 especialistas del indoeuropeo les parcci6 que las concor-
dancias entre los vocabularios de las lenguas antiguas ilwtrabao los principales aspec-
tos. matcrim sable toda, de una cultUl<1 tom(m; de cate modo se recozicron Jas
pruebas de la herencia Itxica en 10. taminos de parcntC5oo, en los numerales, en los
nombres de animales, de meta1cs, de instrumentos agrlcolas, etc. Varios autores lUCe-
sivos, desde el siglo XIX hasta estos 61timos anos, se han dedicado a preparar reperto-
rios, que siguen siendo muy útiles, de estas nociones comunes.
Nuestra empresa es compJetamente distinta. No hemos tratado en modo alguno de
rehacer un inventario de las realidacics indoeuropea¡ en tanto que definidas por gran-
des correqx>ndencias l6xicas. Al contrario, la mayor parte: de los datos que tratamos
no pcrtenccen al vocabulario comÚD. Son Clpc:clfíl::os como t&minos " instituciones,
pero en kn.gu.as partkularcs, y lo que analho;all\05 es fU gtncsis Ysu oonai6n indo-
europea. Nos proponemos, por tanto, estudiar la formación y la orpnización del vo-
cabulario de tu instituciones.
El término de institución debe cntendersc llQul en sentido lato: DO &OIamcnte las
inJtitucionc& cii&ieu del derecho, del gobi.cmo, de la rcligi60, sino tambiéo aquellas
inJlitucioncs menos aparentes que se esbozan en .las ttc:nicas. Jos modos de vida. las
relaciones soci.aIes, los procesol verbales y mentales. Es una materia en II ilimitada, Y
la meta de nuestro eatudio consiste precisamente en ilustrar la lénc8iB del vocabulario
a ella referido. Por regla general, eSCOlemos el punto de partida en una u otra de las
lenguas indoeuropeas, entre los dotados de un valor que se impone, y en tor-
no a este dato, por el examen directo de sus particularidades de forma y de sentido,
de IUS relaciones y opoBicioocs actuales, y, luego, mediante la comparación de formas
emparentadas, restituimOl el contexto en que le ha espccirlcado, a menudo al precio
de una profunda transformaciÓD. Intentamos. PUCI, restaurar los conjuntos que la
evolución ha di&locado, sacar a la luz atructuru cn.tc:rradu, devolver a fU principio
de unidad lu divergenciAs de los empleos t&:nicos, y al miJmo tiempo mOltrar cómo
las lenguas rcorpnizan sus sistcmu de 4iJtinci.OD.CI y renuevan su aparato acmintico.
El aspecto histórico y soc:i.oJ6gico de estos procesos (lueda plIl1l otro&. Si nosotros
n05 ocupamos del verbo griego higlonuzi y de JU deriVldo lligemM. es para ver
cllma se ha oollltituido una nocióo qlJlC es la de 1& «hqcmon1a». pero liD miramicntol
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para con el hecho de que" el ¡ro higmJon(Q es altcmatiwamcnte la rupnmacla de un m-
dividuo, o de una naci6n, o el equivalente del imperiwn romano, etc.; 1610 nos
importa la relaci6n, dUlcil de establecer, entre un de autoridad tal como
higemÓn y el verbo hi,lomrzi en el seotido de «pensar, jul.pr». Con ello aclaramos
la s;gn(f"ICIlri6n: otros se encarprán de la duilnllCi6n. Cuando hablamOl de la pala-
bra &ermánicafeudum en relación con Jos láminas de ganJldcr1a, no mencionamoi la
feudaliclad mls que por preterición. Los historiadores y los sociólo&os vcri.n mejor
entonces qué es ID que pueden retener de los pl"C!lentcs análisis donde DO entra ninSún
presupuesto extralingü1stico.
La tarea del lingüista se ve asilimitada. Toma su materia en el vasto tesoro de las
correspondencias adquiridas, que se transmiten sin gran cambio de un diccionario eti-
mológico a otro. Estos datos son por naturaleza poco homogencos. Cada uno provie-
ne de una lengua diferente y conilituye una pieza de un sistema distinto, comprometi-
do en un 4esarroUo imprevisible. Bn primer lugar, hay que demostrar que cdaJ foc-
mas se corresponden y que continúan un mismo original; también hay que explicar las
diferencias, a veces considerables, que pueden prescotar ea su CSlado fon6tico o mor-
fológico, o en su sentido. Asi, se puede relacionar el armenio con el
latín IOmruu, porque !iC conocen las reglas de correspondencia que pcrmi·
ten restituir una forma com(m • swopnD-. Se puede relacionar el verbo latino aupo,
«eoger», con el sustantiwo alcmin Htt'b.rf. «otofto», porque HtJWt es en antiJuo alto
alcmin Mrbut y porque herbist se remonta a una fonna prqermlnica • karpisto- que:
significa propiamente «((tiempo) el mis apropiado para la cosecha» (cfr. inslés Mr-
ves/J. cosa que confirma un tercer dato, el sustantivo grielo brpÓ3, «fruto de la tie-
rra, producto de la cosecha». Pero una comparaci6n tan simple y a primera vista tan
satisfllCtoria como la de la ralz telcs- en latiD (en el verbo texo) y de la raíz tak.f- en
,inscrito, formas que se corresponden exactamente, choca con una grave dificultad:
lal. signiflCa «tejer», pero ralq, «talar con el hachu; no se ve cómo uno de Citos
sentidos podria derivarse del orro, ni de qué sentido anterior pOdrlan proceder uno y
otro; 4Ctejido,. y ccarpinterlu parecen irreductib}es a una técoica com\Íll.
En el seno mismo de una Imaua, las formas de: un mili:mo vocablo pucdco dividir·
se en pupas distintos y poco conciliables. AsI, de la ra1z • bher-. representada por fe-
·ro. ellarln ha sacado tres pupas difCRO.tcs de derivados que forman otras: tantas fa·
miliu lb<i<:aJ: ll/<ro, porter (') [llevar]. en el sentido de la ll"'taci6n. de donde/ordiz.
fODujer llena., fonna crupo con fUIO: 2) Jera. portet' Illcvar] en el sentido de com-
fXNter, (comportar] desicna las manifestaciona de la suerte, de donde: Jon. Jortunfl,
y sus numerosos derivadoa que cntranan tambitn, la nDCión de «fortuna, riqueza»; 3)
Jero. «llevar» en el sentido de emparter [llevarse], forma grupo con filO y se deflDC
por la noci6n de rapto y de batiD. Si comparamos las formas y los derivados de bJuu-
en sinscrito con ésta, tendremos un cuadro mis variado aún: a los valores sehlado!l
se aftadirin el de (<llevar», como swpporter [soportar], tomar 11 IU cargo, de donde
bhartr-. «marido»; la de poner [portarl, hablando de la montura, de donde «cabal-
gar», etc. Ahora bien, a poco que se haya estudiado en detalle cada uno de estos gru.
poi se ver. que en cada caso forma un conjunto ltxico coherente, articu1ado por una
noción central y dispuesto a proporcionar términos institucionalcs.
M liD le cmPtu en alOI piInfOl...mo. ltJmino1: portu, mmpot1er.
con una JPilmol Riz, imposible de manlCDU en (N. T.}
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Se han hecho grandes esfuerzos para mostrar cómo vocablos, en principio poco
diferenciados, han asumido progresivamente valores especializados y constituyen de
este modo conjuntos que traducen una evolución profunda de las institucioncs. la
aparición de actividades o de concepciones nuevas. Este proceso interior de una len-
gua puede actuar también sobre otra lengua por contacto de cultura: relaciones léxi-
cas instauradas en griego por un desarrollo propio han servido de modelo, por via de
traducción o de transposición directa, a relaciones similares en latln.
Hemos tratado de hacer rc:.saltar un doble carácter propio de los fenómenos aqui
descritos: "por un lado, el complejo enmarafl.amiento de estas evolucioncs que se des-
arrollan durante siglos o milenios y que el lingüista debe devolver a sus factores pri-
meros: por otro lado, la posibilidad de separar, no obstante, ciertas tendencias muy
generales que rigen estos desarrollos paniculares. Podemos comprenderlas, reconocer-
les una cierta estructura y ordenarlas en un esquema racional, si sabemos estudiarlas
directamente dejando a un lado traducciones simplistas y si sabemos establecer tam-
bién ciertas distinciones esenciales. sobre todo -e insistirem08 en eUos en varias
ocasiones- en la existencia entre designación y significación, por culpa de la cual tan-
tas discusiones sobre el «sentido» zozobran en la confusión. Se trata de, por la com-
paración y mediante un análisis diacrónico, hacer aparecer a111 donde, al principio, no
tenemos más que una designación, una significación. Asi, la dimensión temporal se
convierte en una dimensión explicativa.
La naturaleza de esta investigación prescribe a la demostración su paso. Aqui no
se encontrarán ni discusiones de detalle ni referencias bibliográficas. La materia de
nuestros análisis Se encuentra en todos los diccionarios etimológicos; apenas vemos
trabajos anteriores con los que habriamo.s podido confrontar nuestros propios razo-
namientos. Todo cuanto decimos proviene de estudios de primera mano sobre los he-
chos utilizado.s. Nos hemos esforzado por resultar inteligibles a los lectores no espe-
cializados sin traicionar las exigencias de la demostración, pero hay que reconocer
que las ramificaciones, las conexiones tan diversas que surgen en el curso de esta ex-
ploración hacen penosa una exposición seguida. No es fácil hacer divisiones nitidas
entre los temas tratados. Necesariamente se verán interferencias entre las partes de es·
ta obra, puesto que las hay entre los datos de este vocabulario. No obstante, espera-
mos que quienes tengan a bien seguir hasta el final la exposición de nuestras investiga-
ciones encontrarán en ella materia de reflexiones generales, en especial sobre la posi-
bilidad de aplicar algunos de 108 modelos aqui propuestos al estudio de las lenguas o
de las culturas a las que, por carencia de documentos escritos, falta perspectiva
histórica.
El presente trabajo ha sido preparado por varias series de conferencias dadas en
el College de France y que Lucien Gerschel ha querido recoger. Hemos corregido
profundisimamentc, a menudo reescrito por entero, esa primera redacción a la que
hemos aftadido nuevOS desarrollos. Algunas partc:li hablan sido, anterionnente, objeto
de articulos más desarrollados, cuyas referencias damos. Para hacer la exposición
más accesible, según una sugerencia de Pierre Bourdicu, que ha revisado el conjunto
y nos ha hecho útiles observaciones, cada capitulo esta precedido de un resumen.
Jean Lallot ha redactado c.sos breves textos liminares: se ha encargado ademis del
acabado del manuscrito, y ha esbozado el cuadro de las lenguas así como los indices.
Le agradecemos aqui su ayuda y el celo que ha puesto en su tarea.
Émile BENVENISTE
10
ABREVIATURAS
<
procedente de
l. e. indoeuropeo
>
que lleva a
i. ir indoiranio
11. lliada
ingl. inglés
Od. Odisea
ir. iranio
R. V. Rig Veda
irl. irlandés
a. a. a. antiguo alto alemán
isl. i s l a n ~ é s
a. esl. antiguo eslavo
ital. italiano
al. aloman
kot. kotanés
angl. anglosajón
lat. latin
a. mgl. antiguo inglés
feto letón
a. nor. antiguo noruego
lit. tituano
a. prus. anti,suo prusiano
m. a. a. medio-alto-alemin
armo armenio
mico micénico
av. avéstico
ase. asco
es/. eslavo
pelo pelvi
fr. francés
ser. sánscrito
gdt. gótico
sogd. sogdio
gr. griego
loe. tocario
hit. hitita
umbr. umbro
hom. griego homérico véd. védico
11
PRIMERA PARTE
LIBRO I
LA ECONOMÍA
SECCIÓN I
GANADO Y RIQUEZA
CAPinJw 1
MACHO Y REPRODUCTOR
SluPNIrlo. OJriln.riammlc.lu aimolo¡Ias bW!¡';O".I.... ha)' que dilOO¡uir. en d Di-
Yd indoeuropeo, <kJI: uociolllell:
- una naica, la de «D'IKiI.o., Le., -_.
- otra fun::iuual. 11. de ccrepmduttor-, i.c., .1PeI"3'-.
. U_ lpIodmac:iOrl ICftdinriQo 1C:lltre: l:itIIS bmlca IÓlo lit abKrva CIl linsc:rito )' lSl:=-
be considc:nId& seamdarla.
Consideraremos, en primer lugar. tlpicos relativos a la ganaderla. Estu-
diaremos las diferenciaciones caracterlstica¡ de particulares; en el orden lQi-
CO, como por lo demú en lingüistica, las diferencias son instructivas, tanto si se prc·
sentam de entrada como si se las di5cil:rne por el análisis de un conjunto unitario. Una
distinción inmediata y necesaria en una lOCiedad de ganaderos eli la distincibn entre
animales machos y bcmbru. En el vocabulario queda scftalada por palabras que pue-
den pasar por comunes d.ebido a que aparecen en varias lenguas, aunque no siempre
con las mismas dcterm.inacionCl.
Para la primera palabra que vamos a estudiar tenemos una 5eric de correspondm-
ciu rela1tvamentc cstablc:s, pero que impliam variaciones; se trata del. nombre del
macho:
I
l'f
abha
vffabha
KV. IQriSsln gr. drsin. árrin
·varnan
En avt&tíco ponemos un vocablo que, aunque por azar no estt atestiguado, viene
postulado por los derivados IlV. wzr¡iína-. (uuasculino», vara'íni-. ((macho; morueco».
En ¡rie¡o incluso encontramos formas algo menos pr6xim1l5 en el grupo dI;
e(w)lrri hmill (lpoo,) (cfr. la (Ollllll con v ckl indolnulio) coyo =tido es:
1) en singular tdluvia, roclo», mientras que: 2) el plural se aplica a los animales; de es-
ta familla sale lato lIerriS. macho de una esped.e particular, con sus correspondientes
en blllico,liL Yefiis. lel. yenis. Todo está relacionado con ese radical verbal .wtn-
de ser. lItU'frrti. que sign.ifica impcnonalmenlf: tcllOVCD (efr. dr.Jel; relaciónese irI.
jTtJ!JS«Ialluvia» < ·wpla.
17
El avéstico arÑan no designa en modo alguno una especie animal particular como
el ser. {faMa quc, sin ser el nombre exclusivo del toro, es frecuentc cn esta si&nifica-
ción. En cambio, en ariJian. no sucede nada semejante: denota el macho, en oposi-
ci6n ala hembra, nada más.
Esta oposici6n macho/bcmbra puede tomar en avéstico una forma ai80 di-
fercnte; para los humanos, se emplea narlxYoflri, donde este último término parece
5CT el femenino del adjetivo signiÍlCaIldo «real», es decir, eela reina» -co.sll que pare-
ce algo extrafta, pero que no es inconcebiblc si sc piensa en la correspondencia entre
¡ro ,unl, «mujcn, e inSl. quef!", «reina-. Hay algunas ligcru variantclf: narlltri,
donde este tlItimo tmnino es el nombre indoiranio de la mÚjO", cfr. mcompoSiCión
ItrlnDman (cfr. bit. «de sexo femenino», y a veces una transferencia de
xNfJrl al reino animal. Todo estA claro, la oposición es univoca. Fuera del iranio,
arafan tiene paralelos todo lo exactos que se puede desear con Ir. min, tirrin. exac-
tamente en el sentido indicado por el avt&tico: es el macho por oposición a la hembra,
4rrin frente a la identidad etimológica en los dos términos atelt:i¡ua una su-
pervivencia indoeuropea.
Consideremos ahora la palabra avátíca • vanitln. Expresa una noción diferente:
la de reprodl4c:tor,' ya no se trata de una caracter1.stica de una clase de seres, lino de un
eplteto de valor funcional. Se: emplea ·Wlriitzn (de hecho con el nombre del
Entre esw últimu formas y las fonnas nominales precedentes, hay una diferencia
morfológica, que no ha impedido a algún etimologista presentarlas juntas, pero que
debe detenernos: por un lado, forma en winicial; por otro, forma con inielal voctlica
en indoinUlio¡ aslmlsmo, en sriego 6rrin (&Pf71I"') no presenta nunca w mientras que en
la mttrie& homérica, ehd = de donde hbso:.
Los comparatistas han hecho de esta discordancia una alternancia. Pero mientras
no nos VC&nlOS obl.igadOll a admitirlas, hay que economizar todo lo posible semejantes
«aRemandas». ]in la moriologia indoeuropea, ningim principio pumilC disociar for-
mas sin w- ele las fonnas con W-. La hipótesis de un grupo unitario aqul es gratuita;
nina6n otro ejemplo ímpondrla esta alternancia w-/ccro. En cuanto al senddo mismo
de las palabras as! asociadas, alll donde el antlisis lo permite, la compiC8cl6n, como
se verá, no se efcetóa sin dificultades.
En sinscrito, v(fabhD- y flabha- atestiguan el mismo proceso de formación y la
misma noci6n: es el .toro mitológico", y «el macho en gcneraI», epiteto tambim de
diose.s o de hb'ocs. En avéstico, por el contrario, las dos palabra¡ (con o sin w) no ¡e
relacionan lX>n lu mismas nociones, y este desacuerdo es instructivo mis allá incluso
del indoiranio: oralan y ·'IIariStzn son absolutamente distintos desde el punto de vista
iranio: en los textos avélticos se opone siempre a una palabra que desicna la
hembra, a veces x'iD(Jr; puramente iranio), generalmente doinu. E6tc último
ttnnino -indoiranio, efr. ser. dhenu- se rc1aciona con el grupo del JI'. rhIJus, cfr. la
niz K:::r. dhay-, «amamantar, nutrirse»; de este modo, tenemos aqul una de:si¡naci6n
espcdflCa, funcional, la de la hembra animal
La oporidón oriitJrl-: daifUl- es constante; en las Iist:u de animaks encontramos
la enumeración dc dos series de términos en el mismo orden:
tUpa-llriiitm-
riftra;umn-
r
alHUiSan
lUptl-thlnu-
u:i1ra-dainu-
Iflu-dainu-
cordero por «morueco»: esta relación no deja duda alguna sobre el
sentido. Ademé.s tenemos pruebas históricas: • vara'San ha dado fonéticamente el per-
sa que no es el (representado en persa por una forma derivada de
nar), sino el
Fuera de1lranio, ellatin uerris es un exacto simétrico por la fonDa y peJr el senti-
do. En efecto, no el macho, que es süs para los cerdos (palabra sobre la que
VOtveremOl), sino el reproductor: uems, el VCf'lllCO, tiene exactamente el empleo de la
fonna avéstioo •
¿Qot podemos concluir de este examen? Los temas nominales • er.s- y ·wer.s-, te-
nidos por idénticos, son fonnlU direuntes, amolutamente 5Cparadas por el senlido;
también la morfologia indica que son distintos. He ahí dos palabras que riman. que
pueden 5upcrponenc:, pero quc cn realidad pertalccal a dOl familiu
una designa «al n:wchol+ opuesto a la bcmbnl; Ja otra designa una función, la de re-
productor del rcbllfto y no una especie como la pr-imcra. En sinscrito. y solamente en
s6nscrito, se ha n:alizado Wl accrcam.iento butante estrecho entre {fabha- y vuabha-.
Gr'acias a una mitolosta en la que el toro ocupa un lugar eminente, y por efecto de un
estilo en que abunda el epiteto magnificante, los dos térntinos se han vuclto tan equi-
valentes que el primero ha recibido 1lD elemento sufijal que no pertenece mis que al
segundo.
&a es nuestra primera conclusión. La pRci5&TCIllOS recurriend.o a un deunollo lé·
xico distinto. Entre ¡r. tbsi y hhsal, hay probablemente una relaci6n: ¿cómo defi-
nirla? Fl singular ehü designa la pcqucft.a lluvia de la maftana, el rodo. Tenemos
adcmú el plum homérico hbsai que no aparece mú que una vez (Od. 9, 222); el
antro de Polifema se ha alojado un aprisco donde los animales son colocados por or-
den de edad, de los aduhos a los animales mis j6venes: hbmi. Ahora bien, hlnaf es
el plural de dr5i. Para comprender esta si.n!ular asodac;i6n. hemos de destacar en
griego dos para1c.los: drósos si¡nifica «gota de rodo»; pero drósos en plural designa,
en Esquilo, las crlas de los animales. He aqui un terecr hecho del mismo orden:
psakb. que quil:fc dClCir «lluvia tiene por derivado ps61aI1ÓII: .Ia crla recién na-
cida de un animal». Esta relación ltxica se aclara de la siguienle manera: los animales
muy jóvenes 50n como el rocio, como gotitas depositadas frescas todavía. Son las
crtas recién nElcidas en tanto que acabadas de nacer. Tal desanollo de sentido, parti-
cular del iriego, no habria tenido lu,ar probablemente si • wers- hubiera sido primero
el nombre del animal como «macbm). Parecc, por tanto, establecido que debemos
plantear una distinción en indoeuropeo entre dos órdenes dc representaciones y dos
series de términos que sólo sc han visto acercados y reunidos en indio. Por lo demás.
en todas partes tenemos dos si¡nos Itxicos distintos: uno, "ers- que designa el «ma-
cho» (gr. drren), otro, • wers-, que transpone la noción inicial de lluvia como humor
fecundante en la de «reproductoH>:
18 19
CAPÍTULO 2
UNA OPOSICIÓN LÉXICA POR REVISAR: SÜS y PORCUS
$al1INIrio. OrdioarilUJ\rotc se admite
).- que I.r. -paño (1aJ:. poI'aIS) dcsiana el puertO dDmatieo. opuesto .1 animel
... • J/J- (lal. .nir)¡
2.· llUC rrputici6t'l diala:t&l de • porto- • la cond\Id6Q de que 1610 lJa¡ lrl-
bw ewopcu luao practicado la crla de ¡:nJCJ"COI.
Ahora bien, un l:UIIlCD atento ensdlari
l.· que: m todas I;u Impu, ea pankular el Iatin, donde ¡c mantiene la oposición
-sil,: -porto-, ale. tmniDos se aplican I la especie domblh, desJcaando -porto al
.,orrtDo» frcalC al adulto ·SII...•
2.. que -ptHIco ati Ilcsti¡uado de betho ell el daminlo cximlll dd Indoeuropeo.
EldsdI., poc tan(!!, ll.II& c:rla indOClUopca del puerto, que le M perclIdo ltmpranamenlc
m India J co lrin.
mtérmino latino uerris fonna parte de un amjuota de palabras que defigna una
especie panku1ar, la e¡PCClC poreina. Deben precisarse las relaciones entre los
nos de ata serie animll1 en latin, o sea, los tres términos. uerris. sUs. porcus.
SUs)l porcUS ¡UD indoeuropeos por la mimla razón; amb05 tienen correspondien-
tes en 18 mayor parte de las lenguas in<1ocuropeas. ¿Cuál es la relación de mllido7
Por doquiera le plantea como el del animal salvaje y el del animal doméstico: süs de-
silJllaria la especie porcina en general, bajo su fonna salvaje, el porrus seria
exclusivamente el puerco de cría.
Habna una distinción indoeuropea muy importante desde el punto de vista de la
civiUzad6n matcrlal de los indoeuropeos, porque sUs es comlin al conjunto de los dia-
lectos, desde el indoiranio al irlandés. mic:ntras que porcus queda restrín¡ido a la esfe-
ra europea del indoeuropeo y no figura en indoiranio. Esta discordancia lI:isnificaría
que los indoeuropeos no conocian el puerco doméstico y que la domestiCllción del ani-
mal no habria tenido lupr sino tras la ruptura de la unidad indoeuropea, cuando una
parte de los pueblos se hubo establecido en Europa.
Hoy podemo¡ preguntarnos cómo ha podido tenerse por una evidencia esta inter-
pretación y creer que la diferencia entre sUs y porcus reflejaba una distinción entre
puerco salvaje y puerco Hay que diriiine a los escritores que han tratado
en latin de las cosu de la agricultura, Catón, Varrón, Columela, y que: emplean el
lc:D8UAje de 106 hombres del campo. Para ellos, sUs designa el animal doméstico tanto
como el animal salvaje. Desde luego se encuentra sia por animal salvaje, pero el mis-
mo 3i"u desipa siempre la ClIpecie dorntstica en Varr6n: las minores ptCUdes. ell4Oa-
do menor, son O"U, coprtl. süs. tod()$ ellos animala; domésticos.
20
Otra prueba viene dada por el ténnino suouetaurilia [.], que designa ellran sacri-
ficio de lustraclón triple en que figuran tres animales simbólicos, tres c:spc:cic:a, de 1aI
que las dos últimas (ouiJ, laurw). notoriamente domesticadu, hacen prC3umir que
sUs. que se: les 85ooa, desi.cna un animal doméstico; esta pre.sunci6n queda
confmnada por el hecbo de que jamis se sacrificaron animales salvajes en Roma.
Asimismo. sr. hUs (Gc) (- lato süs) designa el animal doméstico en cantidad de: ejem·
plas. Se distingue con toda seguridad, pero sólo mediante una entre la
especie salvaje y la especie doméstica: d puerco salvaje se dice hüs 611";03. por oposi.
ción al J)UCTCO domblico. por lUto, es un hecho adquirido prehist6ricameote, ante-.
rior allatln, el que Le. 'sjj· - aro hüs se aplica a la especie trtil, que es la especie

En los de:mib dialectos indoeuropeos, las condiciones de empleo de la palabra no
son las misma.s. En indoiranio, sü- designa el puerco salvaje. Las formas hist6riau:
scc. sillalra, av. hü· cstin construidas sobre un tema idéntico. Según Bloomfidd. se
parte de siI/ca-, antiluo tema que habria sido sufijado luego en -ro siguiendo el ejem-
plo de otros nombres de animales como vyillhra. «tigre», y siíb-ra 5C convierte en
sU + Jcara, «el animal que hace M por interpl"Ctación paronimica. Ademis de: av. hir.
se c:ncuentnl en iranio una forma xük. que supone· Jcüldaz; el indoiranio tenia, por
tanto, una forma ¡utijada en ·k quc, en el dominio indio y avbtico, 5C refiere sola·
mente a la especie salvaje. Es que la India e ld.n no criaron jamés puercos en fecha
antigua. No se: encuentra ninauna mención de ena de puercos en los tutos. Puo be-
mos visto, por el contrario, al estudiar los hccbos latinos, que en el dominio europeo.
la domesticación del puerco se habla adquirido mucho antes de la constitución delta-
t1n: el nombre gm&ico :ya se empleaba en l:l para la especie doméstica. Es CIte sentido
de «pnerco dorntstico» el que ellatln utiliza poco mú o menos en CllciUlliva; M sólo
es el «jabalht en los contextos en que e1l&mino gm&ico bastaba.
Al estudiar el sentido de las palabras que san propias del latín para designar al
mismo animal, el pul:1'CO. vemos que mrge un problema que pan:ce inri,nifLcIDle.
pero cuyas consccuc:ncúu son butantc notaba. De5de el momento en que sUs
na la C5pCCie en ccneral, y más ordinariamente la especie doméstica, desaparece la
tinción que habitualmente se plantea: al desi!l1Br 8IIlbos al puerco doméstico. sUs y
pon:us se conviertc:n en ¡in6nimos. :&tc pleonasmo asombra e invita a examinar de
cerca los testimonios que establecen el sentido de porcus (y no las traducciones, quc
sobre ese punto son Wlinimes).
Podremos comcm:ar a partir de uno de los términos en que el nombre del animal
aparc:cc: en una relaci6n consagrada. suouetaurilia, término ya citado mAs arriba. que
designa el qrupamiento consqrado de tres animales sacrificados con ocu:i6n de lit
ceremonia lustratoria. Lit forma es considerada irregular; en efecto, te-
nemos:
1) Un compuesto de tres tl:rmin06 de agrupamiento, pero semejantes compuestos
e.st6n atestiguados en las 1cIIauas indoeuropeas antiguas, cfr. ¡r. nykhth-émeron. «no-
che y dia»; la objeción no se sostiene.
[-) nwwe_rili.: elta prkticl c,ti dQC\lmcntad" al la Pcnlnsulll: lbéricll, !:fr. al respectD A. Tov".,
&L'iDsaiption du C.beiD du Frt.¡ua, ct la IaI1lUC da iusitanicm», Etuda Qltiqwn, XI (1966-67), pqi-
no 137-168, '1 C. J. OuTofrn'Aae"H, OItJm, XtX (1967), pp. 2B·2fíl. Tambibl J. M. GOMsz..TAllANliU,
«La fuDdc)n taoa"a en d MCritldo c:c1tibtrica., IX ArqtlftJlorkl (Valladolid, 1965),
brqoza, 1966, Al. 2SH76 (J. S.).
21

2) Una dificultad fonética. la forma Due y no o/li. Se resuelve si se fija el término
en 111 si¡nificación exacta y si se lo restaura en las condiciones que lo han constituido.
Éste no es un compuesto ordinario, sino un yuxtapuesto que Implica no temas nomi-
nalCl, sino formas cuualcs. Está fonnado por una sucesión de tres ablativos: • su
antiguo ablativo de süs (cfr. siíbus. forma antigua en plural); elle ablativo npdar. fi-
nalmente tauro. Son tres ablativos yuxtapuestos. estando el conjunto sub-
sumido como una palabra 6nica con el sufijo adjetivo -Hu, -iliD. IlIi8ctido al último
t&mino con di5ión. 4Por qué este yuxtapuesto? Es que ha salido de la e.xp-es16n ri-
tual en que el nombre del animal sac:rifica40 estA en ablativo: sil/acere «sacrificar por
medio de un animal". y no al animal + ablativo es ciertamente la conJ-
truoción antigua. Por tanto, hacer el acto sagrado por medio de estos tres anima1Cl;
agrupamiento antiBuo, consagrado. de estas tres especies en que süs es el nombre de
la cspcdc porcina. Hay qllC vo1v1Cl" sobre un capituLo del De Agricultura, de Catón
(141), texto ctlebre que descn'be la forma de proceder en la lustración de los CIUIlpol,
ceremonia de orden privado. En este texto que ha sido leido. citado "J utilizado con
frecuencia. se trata c:Jtpresamc:nte de 101 suouetauri/io. Al proceder al aaaificio. el
propietario del campo debe pronunciar estas pa1atns: mocte suouetaurlJibus /actenti-
bus tsto; es una plelarla a Marte para que acepte esos suouetaurilia lactentia, tres
animales «de leche». completamente j6venes. La demanda es formulada por squnda
vez en estns túminos: Man plIter, eivsdsn re; ergo, macte hitce suouetawiJibl4S /«-
tenJibU3 esto, lue¡.o Cat6n contin6a: «cuando inmoles el porcu.r, el agma, el uUu/1J.J
sed preciso...... &lbi poraIm immolabi.J. aglUUft uiluhimQUl!, oportel... De hct;ho. el
sacrif"x:io comprc:nck. por tanto, a los tres animales. que son denominados esta vez
porr:w. agnw, Nituba. Comparemos Jos tbminos del &aerificio nominal: ro, ONU,
y los de la ofrenda real; porau, llgmu, uihl/us. Los términos se siguen
en el mismo orden para dcIi¡nar a 101 a.nimaIcs sacrificados. Resulta que uitu-
Jus es la crta del ttlJ41l1s. agnus es la cr1a del ouil, por- tanto. poral8 es la cria del süs¡
esto se deduce de UDa manera. por uf decirlo. matcmitica, al superponer las denomi-
naciones rituales y las cspcdes reales del sacrif"lcio. La conclusión se: impone: porcu3
no puede ser mú que el «gorrino». Entre süs '1 porau, la diferencia no ti en modo
al¡uno la Q.ue separa el animal salvaje del animal domtstico: es una diferencia de
edad• .nlr es el animal adulto; poma, la cría. Tenemos otro texto para abrirn<» los
ojos. En el De re nutiaz, de Varr6n (lib. n. cap. 1). referido a la cria de los animales,
el autor da preceptos a los ganaderos. A los animales j6venes no hay que dlClite1arlos
antes de a1aunO& meslCli: 105 agni, 8 los cuatro meses. los lulaIi a los ucs meses. los
porei a los dos meses. De este modo, porcus es paralelo de agnus y de luzedus. Podrfa
copiarse la mayor parte del capitulo. tan numerosos son los ejemplos. VarrÓD indica
que se reconoce los 6Uf!S de buena raza " progenie; si multos parcos parJunt. «si dan
numerosos parei». En la alimentación, se suele dejar durante dos meses parcos cum
m"tribw, y un poco mAs adelante: porci qui nati hiemt! frunt exi/u I";'ol'll,
«los porei nacidos en el invierno... »; aquí aparece de manera significativa la relación
de pOl'CUS con nflltt!r.
En un arca1smo del vocabulario religio&o, 10lI porci Q.ue tienen diez dial luI1Jentur
purl, «son coDliderados puros», y, por ello. son llamados sacres (anticua forma CD
lugar de _apri a partir del adjetivo • sacris); sacres porei, viejlsima expresi6D. «los
parei de diez. dias de edad». A5ím.ísmo. es frecuente I«tens POT'ClLf, pero nunca en-
contramos ·1Dctt!ru ms. Se encuentra un diminutivo. porr:u/u.f o poraUILS, de igual
forma que se e:o.cuentra agffllSl.,nelhu, uihl.Jltl.itellu.r; pero no edite ·siA:ulus, por-
22
que el nombre del animal adulto no implica diminutivo. De este modo. el sentido de
porcus -¡que puede encontrarse en ese texto casi cuarenta veces! - es constante. No
varia en el uso ulterior. Clcer6n lo toma en et mismo sentido: a propósito de una ullla
Ipropiedad rústica, hacienda en el campol, escribe: abundot porro, hot!do, "gno,
expresión en la que los pore; figuran con los demás animales jóvenes, ll"edi y ognl,
cabritillas y aft.ojos. Conocemos dos nombres del porquero: siibulcus «que se DCUpa
de los .JUes» (paralelo de bübukws) y porr:ufDlor.· ¿qué razón habria paca forjar dos
términos distintos si las dos pa.labru sús y porcw fueran equivalentes en el muido?
De hecho, el porcu/Qtor se ocupa de los puerros j6venes. que exigen cuidados particu-
lares; d súbuJcus. de los puercos adultos. Queda establecido. por tanto. que en toda
la latinidad antigua y hasta la tpoca cibica, porcus [-) no designa otra cosa que cJ
«10rrinO». El contraste puede ahora entenderse; lo único sorprendcflte es que no se
haya percibido hasta ahora. '1 que se haya perpetuado una traducción errónea de un
término tao coml1n como porcus. Estllsituaci6n de 00 frente a porcus es exactamente
la del ¡rieco hDS. sQs (Gc;, frente a kho&os (xoLpod. La diferencia es de aran im-
portancia; en el. culto dombtico o publico. no hay animal que se ofrezca mls común-
mente que el porcus, el puerco joven.
Lo que nosotros descubrimos lo sabllln ya los latinos; Varrón nos da, con una eti-
mologla fantasiou.. la equivalencia ob.sc:rvada exactamente. R.R. n, 1: Kporcus grae-
c¡¡m est nomen... quod nune eum vocunt khotron». Sabia. por tanto. que porcru sil-
niru:aba lo mismo que *llorron. Pero la palabraporcus existe, adc:m.ÍIi de en latin, en
itálico. El contraste es el mismo entre :Ji y psu/ul e:o. umbro en el tex.to ritual en que fi-
guran lOiS dos. Hay que ver lo que esta opollición significa en umbra.
La traducción que se da de las Tablas 19uvinas está generalmente en latin, por tan-
to, es pooo límpida. Pero debemos considerar 105 adjetivos que: acompaftan a si ypor-
ko. Tenemos si con Jcumitl 1") traducido por «grauida». si con flJiu. traduddo por
«lactens», Y. por otro lado. purkQ. Ahora bien. la relación de factens con sür a impo-
sible en latino La diferencia en umbro se vuelve incompn:nsibk: si la palabra umbra d
puede: designar al animal en tanto que grvuída «grAvida» y «de leche», ¿qué
puede entonces designar poreus7 La misma palabra se aplica al adulto y al recién na-
cido; la diferencia de denominación no se justifica ya; por tanto, la otra palabra, pur-
ka, resulta inútil.
¿Por qué esta diferencia, lI.Qul si, alIi purica, en un texto ritual tan exacto? El
tro del problema está. de hecho, en la significaci6n deji/iu. Hay otra posibilidad ac1e-
mAs de la traducción consa¡rada. Pueden concebirse dos interpretaciones para Jiliuo'
una por «de leche»; pero también puede pensarse en tac:lans. «que amaman-
ta». En efecto, el umbroJliill está emparentado con el gr. thelus y femin" que cs. en
latin, «la que amamanta». "J en griego, significa eso. En irlandés yen
lituano. una forma de esa ralt con sufijo -/- se refiere a la madre: lit. pirm-dela, ((am-
mal que amamanta por vez primera)). Podemos, pues. entender el umbroflliu no co-
'''] En III inscripción de dAs Fl'1Iguas, dlAd. cn nota anttrior, .pllTtce el thmllKl porr:om
(aeuSlLlivo) (cfr. A. Toy,u.• cLalc:oaualu5itan. '1 los sustratos hispinicOllO, Acll.I drl XI Con'fmI) Internrl·
eiOrtrll rk Lin,(Jálim y Filololfa Rl}mtJnkv. lomo 11 (Madrid, 1968), pp. 4!H-4!17), probabltmmte tOn el
Ylllar lU.gCl"ido ¡xx Bcnw:nule (l. S.).
["1 mumbm kumfgJ, ,umio tt'I el latlo de: LLK:ilia '1 en UD pallJe dc Apulcya que lo imita, hllUbsiJd-
do en ti cspalIoI ,omla (- cltq60lO'. ooma 'fa indicó F. 8Ot'HELER, c:n RMí"ácha XXXVUl.
pá¡inaa S2J·52S. y Ita. IUbrarado A. Toy". en IU disc:urso de insn:so en J. Real Al3IdcmJ. de la Lmp.
lA,'" th HispllflilJ: A.Jp«ltM UxkoI *", RomallÍVICiIJtI, Madrid, 1961. pp. 20-11 (l. S.).
23
mo (dact;clli», linO como «laetans». La cerda es denominada tan pronto «gca.uida»
como «lactanu, seg1l.n que d animal no tenga aOO a su cria o ya la haya tenido. Yen·
tonces purka se convierte en el nombre de la cria. es el. «gorrino» como lal. pon:us, y
la situación que CI1l de cu.ak¡u.icr forma incor:nprcnst"ble se: vuelve inteligfDle. Oc este
modo estamos seguros de que <:si. diferencia, ilustrada por d lartn y el umbro, es una.
diferencia IWca heredada. El, de hecho, anterior al itilico.
En catico, el nombre que corresponde a porcus, Cll cb:ir, fontticam.ente irl. ore,
es citado siempre con el grupo de pon:ws Ycon la traducdÓIJ .puerco», pero la
si6n que esperábamos nos .la apoiU el diccionwio detallado de la Academia irlandesa
qUI: traduce ore por «puerco joven»; así. tmcmos a la serie itilica Ycéltica intcgnula
en esa 1ignifiau::i6n.
En ¡erminico. 1&5 dos paLlabras correspondientes estin Tepn:scntadas por deriva·
dos; por un lado, swe;n (al. .schwe;n), y, por otro, ftJrh, jtJrhm, «Ferkeht. Aqui, lu
fonnas modernas ya lo indican, Ftrke/ es el «gorrino», especificado como diminutivo,
mientras que swein, «puerco», derivado de sU. no implica diminutivo. El correspon-
dJentc genninico de POTCU.J atestigua inmediatamente el sentido de «puerco joven»
que ha conservado. Por último, en ClIlaVO y en baltieo, Ut. PtJrsas. esl. prost; (de ahi el
t'U&o porostnok. que es un diminutivo suyo) se opone a Ahora bien, e.ste eslavo
y biltico "paiia- que corresponde aporcus tiene el sentido de «gorrino». Tenemos,
pOr tanto, en eslavo el mismo contraste que en germánico. Esta demostración hubiera
podido hacerse desde dos lados difcrente8. partiendo del ¡erminico y del eslavo, le
llep a la misma constatación que partiendo sin prevenciones dellatin. De cualquier
modo, los testimonio. mnw.erdan y la situación U::xica aparece idénlica en todos los
dialectos occidcntaJcs.
Pero ahora, en el plano indoeuropeo, el contraste de los dos ttrminos va a plan-
tear un nuevo problema. La repartici6n de: 1a.s dos fonnu el desigual. La fonoa • siI.-
es indoeuropeo común: cst! atesti8uada a la vez. en indoiranio y en todos los dialectos
propiamente europeos, mienttas que - porko no ap&rece en indoiranio, sino solamcn·
te: en los dialectos europeos.
De 1CBl8. dmribuci6n dialectal y del sentido que le atribula a - sfj- ya-porko--. se
ha concluido que la comunidad indoeuropea no conocla del puerco máI que la especie
salvaje. El sentido mismo de pora¡s denotaba, acg{m se aeia, que la ganadcrla s610
habla comenzado en Europa, trU el establecimiento de cicna.s fracciones f:micas.
Pero la IipiflCBción restaurada de estos té:rminos transforma el problema. Adop-
ta un sentido nuevo, dado que la oposici6n es adulto/reclf:n nacido y no salvaje/do--
mf:stico. ¿Por entonces el Bombre del animal recib nacido (·porko-) no es coex-
tensivo al nombre del animal adulto (·sU-)? Pero, ¿hay realmente semejante de:si¡ual-
dad de área entre sUs y porcus? Todo el razonamiento descansa en esta alegación de
que no hay sefia1 de porcus en el dominio indoiranio. Ahora bien, el problema ha
avanzado mucho y la afirmación tradicional debe ser rechazada en la actualidad.
Esa misma palabra, - porkos. esti atestiguada en un Atea contigua, pero de lengua
completamente diferente, en finougrio, por el fmés porsas. mordovés purts, y ziriano
pon.
¡Se crtt de acuerdo en vt:r aqui un pr&tamo com6n de las lenguas finougrías con
una forma en s de cierto estado del indoeuropeo'!, pero ¿ea qut fecha pc:netr6la
bra en fmougriano'l
Comtatem08 ante todo que el sentido CI seguro: «gorrino, puerco pequeñolO en fi·
ná; para las demis ICIlIU85, los léxicos son menos prcciSOi, pcrc;l ese sentido e5 probaM
24
ble. Se ha observado la relaci6n con la¡ formas indoeuropeas, se ha discutido sobre la
croDolog!a del préstamo. Lo que parece cierto es que po1'$fIS en flnés supone
un tema el -0,- la final -as' es una adaptaci6n finesa de un tema en -o, reemplazado
por a, porque desde el fmougrio no se: ha tolerado o en segunda sílaba: -pone 5C
convierte en¡xJmI. El radical - pomJ implica una palatalizadÓD c:aracterinica de k en
s. La forma original tomada por el finougrio comportaba esa palatización, realizada
ante el paso de o radical a a que caracteriza el estado indoiranio; porque la fonoa
rica del indoiraoio hubiera sido, en ¡uelio, -JXlrSa; en iranio. indoiranio,
- parSil. El fonetimto del préstamo finougrio nos remite a un ertado anterior al indo-
iranio, pero posterior al indoeuropeo común, que implicaba una k subsistente. Seria.
por tanlo, un t$tado dialectal antiguo el Que habrla precedido a la distinción del m-
doiranio. Tal es la conclusi6n a que llegan los estudiosos de lu lenguas finougrias.
Pero les ha detenido una dificultad: que la forma prcincioirania, por el prés-
tamo, no está atestiguada en indoiranio mismo; por eso, ha habido dudas a la hora de
concluir.
Pero nosotros tenemos ahora la forma en el dominio oriental. Un dialecto medio-
iranio del Este, conocido sólo desde hace pocos M.OS, el kotanb, nos permite estable-
cer la existencia y la significación de palabra posa. gen. pasli. Que designa el puer-
co. El sentido ClI seguro porque se trata de textos traducidos del sinscrito o del tibeta-
no, en los que se encuentran datac¡ones tomadas del ciclo animal: hay un afio o un
mes del puerco. De este modo, el kotanés nos restituye la forma indoitllnia esperada:
parfa. y proporciona la prueba de que - porko tamb¡m era conocido en el área in-
doiranla.
El argumento negativo no es, por tanto, vilido. Desde luego, no hay ninguna hue-
Da de -porto al indio: pero una palabra de este gmero esti expueMa a accidentes.
Hay pueblos que, por razones religiosas, excluym al animal del sa.c:riflcio y del COIUlU-
mo, mientra. que los pueblos de Europa lo han apreciado. En iranio la palabra exis-
tió, ahora lo sabemos. No hay, por tanto, ninguna dificultad para admitir que, en
principio, indoeuropeo - porkrr es común al conjunto de los dialectos; hemos
constatado su presencia en iranio oriental 'J la confirmación nos viene dada por los
préstamos lid finougrio.
Desde lue¡o, todavía no podemos definir la significación exacta del término en
kotanf:s. lengua tardía del siglo vn o Vllt de nuestra era. Pero dado que ..sú- es ca-
mM al lndolranio y a las lenguas de Europa, si asimismo se ha empleado - porko- en
iranio, es que era distinto del término - sú-. Los rasgos presuntos o establecido.s indi-
rcctamente concuerdan con lolii hechos seguros sacados de empleos textuales.
Todo esto, la existencia de dos pala'bras empleadas desde el periodo indoeuropeo y
la diferencia de sentido que hemos subrayado, permite afirmar que el indoeuropeo
común "PQrlco- designaba (el puerco peque6o». La conclusi6n nesaliva de la doctri-
na tradiciomal ya no está justificada: existia, desde luego, una cría Indoeuropea del
puerco. Es lo que el vocabulario pone de manifiesto mediante la distillci6n que apare·
ce entre süs )' porcus, simetrica de la que se encuentra en los nombres de otros anima-
les domésticos.
Hay que también en esta oposición entre sUs y porcus Que la djfCf"CJlcia
Ibica Que separa estos dos túminos puede realizarse mis tarde en tfrrninos diferen-
te:'i. La opO!ici6n sUs:porr:us subsiste en toda la latinidad casi hasta la fpoca clásica,
pero luego el vK10r propIo de süs ha pasado a porcus que ha rellenado la funci6n de
ms; en ese momento sU:! desaparece.
25
En las Glosas de Reicbcnau. preciosas para la tramici6n dcllatfn al franc& el t&-
mino 00 es glosado «¡XJrcus salvaticus» (- puerco salvaje). De este modo, '00 ha
sido confinado al sentido de tlpucn;o salvaje/) y porr:us ha ocupado su sitio como
nombn: deltepuen:o». Pero babia que rehacer un término que reemplazara a pora¡s
en su sentido anterior: de abi, porceJlus. fr. powrr::eau.
Luego, bajo el inDujo de la lencua de los EV8D,ellos. en la que por«/Ius significa
«puerco», se rewrrc para el animal joven a un término técnico: «gorel» [«cochini-
llo»]. La expresi6n de la diferencia se ha renovado, se conserva el mismo desvio; por-
que importa mantener una distinción que nace de una realidad extralin¡Oistica, de las
condiciones de la cria.
26
CAPÍTULO l
PRÓBATONY LA ECONOMÍA HOMÉRICA
SlllIHIrio. h. que d ttrmiltO de aaci6n arkppr6braon <1csi¡na d PMo-
do mcoor y, por comipicrrte, c:l.c:orderO>l, dlldo que, en UIl rebatlo tompl1S0, Jor, coro
acros ",ftr"dHI" \'OlWlluilroente m coberll (pro-I»fMi,,).
Se que eA tesis el instarenibk:
1.-) pr6bIIrrHI ckti¡na de: partida tullo al pBado mayor tt;lmo al pn.w:. meaor¡
2.-) Q ¡riq:0I no teníaD
l. -> si,pifü:a.matdsal m Qlbcz...
De becbo. pr6IHmM. liDaWativo eSe ckIx- srr 00(1 P/'6bOtitI
«riqueza (mueblc}lt¡ el, en lanla que -.riqllcu marchantc. PQf tJPUCIIa I
101 bieacl que dC3C&IIdD CD 101 corra (kcfmlliaJ, por lo que d wrdcro IC dmornlna
pr6baUNl.
Hemos considerlldo un problema planteado por la coexistencia de varios términos
que tienen aparentemente la misma signiflC&á6n en el interior de una misma 1eneua o
de varlu leDguu indoeuropeas.
Una situación anilop se presenta en grieao donde también tenemos, para el nomo
bre: de otra especie, la de 101 ovinos, d05 términos: ówis (<<WI() y pr6baton (xp6llacwv).
Estos dOl5 términos desi.¡oan al cordero desde 10fI textos mb anticuos.
La primera es una anticua palabra del vocabulario común, aactarncnte conserva-
da en piqo, en Iatin, l:ll stnserito Yque ahora encontramos en luwita bajo la forma
htrwJ... La segunda elti limitada al gñego; Ypor la forma mis:ma puede presumjrse
que se trata ck: una creación reciente.
En Homero, ówi8 y próbaton coexisten, luCIO ówLr desaparece en beneficio de
probaton que subsisti6 sola basta la época moderna. El problc:rTUI que se plantea es el
siguiente: ¿por qué dos distintos? ¿Qué significa el término nuevo? Porque,
para el primero, basta constatar que es una palabra indoeuropea común que no es
analizable de otro modo.
En cuanto al segundo, próbcIton. considerado en sí mismo, sin atender a lo que
desi&na. puede rela.cioninclo en griego de mancnt clara oon probalno
4l.m.ardlar, avanzan•. Pero. ¿que rigníf"lCI. euctamente esta relación de «cordcro>t con
«m.arcb1.l"»1 ¿Cómo interpretarla? Hay una explicación del eomparatista alcmin
Lommel
l
que se ha hecho cibica, enseftada por doquiera como evidente: proba(no
significa canard1ar próbaton seria el ganado menor dado que «marcha dc:-
1 ZttiIKIvfIl/llT .•'.4, pp. 46-504_
27
Hay que ohscrvar que el nombre del pastor de corderos, del «berger» (berbicar;lf"J)
está hecho sobre ów;s. no sobreprdbaton.
Esta distinción existe, asimismo, co otras lenguas: en latin, ptCUdes dcs.i¡na a los
corderos (cfr. pOf/), frente. armtnla «el ganado mayor». Deben compararse también
los t&minos inglescsflock y hr:rd; el inglés tiene también una serie de términos distin-
tos 5C:gÚD las crpccies animales.
mas el problema del sentido. Seg6n Lommel, pr6bota, como se ha visto, designa el
ganado menor, los corderos, en tanto que «marchan a la cahc:za» del rebano: es,
pucs, para la tesis de Lommel, una condición esencial quepróbo/a sea propiamente el
«ganado menor». Pero, ¿es ese exactamente el uso de la palabra? De ningim modo.
Disponemos de muchos ejemplos en 105 textos literarios y en la cpigrafia dilllectal
antigua.
Ante todo en Homero, 11. 23. 550: «TIenes en tu casa mucho oro, bronce, y
iJat4 1 sirvientes»; ¿qué s.ignillca aquipr6botfll Bvic1cntcmcD.te, el «ganado» en
ral. puesto que no se especUlca ninguna especie. Hcrodoto escribe tÜ lema: 't&w
para decir «el lanado menor», lo que seria absurdo si pr6bata designara ya
d sanado menor. Por tanto, Q d gaMdo sin especificaci6n de especie ni de talla.
Tras cu.minar todos los ejemplos, podemos afumar que en Hcrodoto el *:mino se
dice: de cualquier pnado, mayor o menor. En Hipócrates, qlle c::scnDe en jonio anti·
gua -y cuyo vocabulario tiene gran interés-, encontramos una opoIici6n clara entre
]NÓ/XlUl/lfnthrÓpo/. 18..1 bestias y los hombres.
Luego, he aquf un hecho decisivo en una inscripción arcadia relativa a Atenea
Alea en Tegea: Ul ¡Al" ... Tll U ¡U!OV, «d. próbaton mayor y menor»: y
hay otro ejemplo semejante con y ¡ua;c.w. Todo esto define claramente la peJabra
designando el conjunto del ganado, todavia no especializado. Se puede fijar el mo-
mento en que el &entido se resbinge en «¡&Dado mcoOD. Es en ático donde se ha pro-
duci.do d hecho.
No es preciso ir má5lcjo.: sipr6bot" es primero y en todas partes «el ¡anado» co
general, resulta imposible apoyar la prehistoria. del término en el. sentido de «¡anado
menor», relativamente reciente. Un segundo punto csc:ociaI: ¿cxiJti.c:ron prehistórica-
mente en Grtcia rebanas DÚJ:tos, a la cabeza de los cuales marchaban lo. cor-
Ocros? Estas costumbres se observan en África. nos dicc:D. Pu'o aqui.. en Greda, Ja
costumbre pastoril, ¿comportaba gn.ndcs conglomerados de animales diferentes?
No conoccmo! descripciones exp1lcitu, pero talemos testimonios indirectos de Ja
composición de los rebatlos: son hechm de vocabulario conocidos lo que hemos de re-
cordar. No hay nombre uniforme o compuesto wtiforme para dcsilnar el rebalto,
sino términos distintos según 108 animales, con palabras espcclfu:as para lo. rcspectl-
vos pastores:
lante», ¿delante de qué? En ciertos paises de África se forman los rebal\os reuniendo
animales de varias especies; son los corderos los que van en cabeza. Desde ese mo-
mento pr6baton designarla el animal que marcha en cabeza de un rebano compuesto
de animales diversos. Esta admitida por Wackcmagcl, ha entrado en el
dominio públicoj as! figura en el diccionario de Liddcll YScott.
Es la. historia de este término 10 que debemos repasar, para Il putir de liU5 em-
pleos, si el desarrollo del aentido, en el cuno de una evolución que podemos sc-
guir completamente, concuerda perfectamente con la cxplicaci6n propuesta.
Hay.que observar, ante todo, que la forma pr6baton no es la mAs comtín; los pri_
meros ejemplos estin en plural, t4 próbato. y el singular es en fecha anticua descono-
cido. En Homero y Hcrodoto sOlo se empica. el plural. En particular, en Hcrodoto se
encuentran treinta 1 un ejemplos del plural, pero uno solo cid singular. En los poc_
mu homériC03, para designar a un ánimal, es 6i.llo que se empica, jamo prólxltcm;
de hecho, la única forma bomerica es próbllto -1 esto no es sólo UD <ktalle
morfol.6gko-. Debemos hablar, no de un plural, sino de UD colectivo: Id prdbola.
La formaprdlxlton es, por consiguiente, lo que se denomina un ringulativo: cfr. l. re-
laci6n de t41anta a /4Junton, de dtilcnm a d4kruon. Los nombres ¡emdccJl de anima.-
les son la mayor parte de lu m:cs colectivos: td z6a es mis antiguo que f() z80n.
Un término nuevo, de creaci6n griega, 1 que subsiste en la lcnSUa actual es f() 6/0-
gon (especificado en el sentido de ya en los papiros ccn:anos a nuera enI).
Hay que ver en I() á/ogon el singulativo de td á/oga «las bestias», los «desprovistos de
razbM, para los animales mis comunes o los más útiles, empezando por los cabll1lOll.
Asimismo. en Iatin anima/iD es nWi antiguo que animD/. Es un tipo de dcsignacilm
muy frccue:nte: una gran parte de los nombres de animales son colectivos.
Quedan por precisar las macones moñoJógícas de t6 pr6batil a prob6ino. A pri_
mera vista pr6ba/on o pr6/JQra parece un compueato en -balos" un adjetivo vClbal
procedente de bafno. Pero de este modo no tendl1a su sentido normal: por ejemplo:
dboros, dúsbolOS, didbafos están canlctmzados por un sentido paBivo. para decir «lo
qllC está llberado>t, con una determinaci6n indicada por el primer miembro del com-
puesto, o bien «lo que puede ser tenemos el sentido pasivo en el
adjetivo simple ba/ós (¡3a'fÓ<;), «accesible». Otro valor aparece en compuestos tales 00-
mo hupslbatos de sentido activo, «lo que ba subido alto, lo que ha ido a la altura».
Pero no es ni c:l sentido activo ni el sentido pasivo lo que conviene a pr6baton.
donde elllegundo elemento funcona como un participio presente, «que marcha». En
efecto, los gramtticos antiguos hacen una distinción entre pr6boton y los adjdivos en
-batos: segUn ellos, el dativo plural de próbaton es pr6bosj Tenemos ahí,
por tanto, un tema consonántico; pro-bat- (xpD-¡kI.'t-) es la única forma que explica el
dativo y es esa fonoa la que debe postularse. Puede justificarse desde el punto de vis-
ta. morfo16gico, porque hay forma,s radicales sufijadas en -f- (cfr. scr. •jit., Iqtl·) que
el griego ha adaptado a un tipo sufija! y a una categoria de flexión mAs conocidos:
frente: al scr. par;-kslt-. tenemos el griego peri-ktft..aj (Od. 11, 288); cfr. lato sucer-
dor-. Allí donde elsrieso tenía -lhet-. se lo ha normalizado en -c!ll.t-es, lo cual consti-
tuye uno de: los procedimientos para devolver a la norma formll8 /lTcaicas y algo ahc:-
rram 5. Fenómeno análogo, pero diferentemente realizado en el caso de próbaton:
aquí se ha recurrido a la tematización (facilitada por probata) para nonnalltar la for-
ma original en -boto, garantizado a la vez por el dativo plural probas/ y por el sentido
de participjo presente de la palabra.
Ahora que hemos considerado la morfologia de una forma algo más precisa, VM-
subdtlon
aipdlion
e. exc:IUlivamentc el rebaño de coNhrar
(pastor owpólw)
· . . . . . . . . . . . .. el rebano de bueyes
(pastor boukd/O$)
· . . . . . . • . . . . . . el rebano de puercos
(pWltor SIlb6tis)
· . . . . . . •. . . . .. el rebatl.o de cabras
(pastor a;póJO$)
28 29
La solución viene dada por un término morfológicamente emparentado con
pr6bata y que aún no ba sido tenido en cuenta. Es la palabra homérica pr6busfs
(r¡p6l3lXcnO, derivado abstracto en del mismo verbo probaínlJ, que s610 se encuen-
tra una vez en Hornero, pero en condiciones ideales para nowtros: Od. 2, 75, ktfmtlf6
te probosln le. La expresión hom!ricD designa la riqueza: pr6basis es una palabra en
-.ro de la clase de los abstractos susceptibles de denotar una noción colcctiva. Esta
titud viene ilustrada por palabras tales como 6rosls y también «la la-
bor» como tierra labrada (cfr. la expra:ión francesa «marcha dans les labours»);
kJts;S trposesión» y lambién «el conjunto de Jos krtmata», como árosLJ es el conjunto
de las tierras labradas.
Aiillli!mo, pr6bDsls designa el conjunto de los próbata; Yla oposición keimllÚJI
pr6basi.r se aplica a formas de posesioncs que derivan de dos categorías, segUn una di·
visión que parece esmcial en la cconomia del mundo hommco: riquezas yacentes,
inmóvües I riquezas móvUes. En suma, pr6basis es b KpoJhC\II.I, «todo lo que avanza
(en punto a riqucz.as)>>.
Esta manera de concebir la riqueza en IUIi dos formas puede evocar, muy sumaria-
mente, nuestra repartición en bienes «muebles» e «inmuebicsl). Para nOSQUOS los
inmuebles son los ediítcios¡ los muebles, el numcnrio. FJlla Grecia homérica, la divi-
sión se concm:a de otro modo; todo lo que «yaceD (ártaij. keimÍlia. metales
50S en lingotes, oro, cobre, hierro tambim, se opone: a td pr6bato, riquezas de pie,
constituidas de hecho por los rebanas, el ganado en general. Tal es elscntido
bata que hemos observado en los escritores.
Esta cxpli.cación sitúa en una nueva la. economía de la civilizaci6n ho-
mérica. Lommel babla imaginado un tipo extraordinariamente primitivo de rebaftos
formados por grandes masas de: animales. De becho, próbata. relacionado con próbu-
sU, denota una organiza.ción sDCúll mucho mis evolw;ionad.a. En la sociedad homái-
ca. la riqueza es una realidad múltiple. considerada en 5UI mvCJ504 valores que se dis·
tinguen en keímtJfa y pr6bato.
La misma distinción Se ha mantenido en una mucho mis reciente en
nico. En el mundo escandinavo tenemos una designación que rc:cucrda a pr6bata. Es
isl. gangandj "¡chendes ViehH, pero donde representa pecws en c:1aentido ger-
minico, es decir, la riqueza; ¡oto lamIA traduce argúrion «platu. El sentido de la ex·
presión es la «"riqueza que andu para designar al ganado; cfr. mis abajo, cap. 4.
También se ofrece una po6ibilidad de comwación (nada mis) con el bitita iytJnt-
«cordero», que tiene la forma del participio de i- (cfr. gr. eími». «ir, marchar»). No
es seguro todavIa que: ése sea el nombre exclusivo del cordero y no el de una especle
particular. Si el sentido se confinnara, c:1 paralelo seria sorprendente.
He ahi el hecho esencial. Para el resto del desarrollo semántico no es preciso
tir sobre una evolución representada por muchos ejemplos, en todas las lenguas, en
todas las épocas.
msentido en el que el término genérico se restringe viene impuesto por la nociÓD
de la especie que prevalece; el becho cs general y está bien atestiguado:
Si encontramos sólo nombres de rebaí\os particulares, es que los ¡randes rebanos
mixtos no cxiJúan; cada especie tenía su guardián especializado y putaba aparte.
He ahi un araumento decisivo contra la explicación de Lommel. La práctica de la
crta es bastante antigua en Grecia para que haya habido, mucho tiempo llntcs de la
época homérica, una división del trabajo entre los diversos pastoro espetialitados.
Descubrimos en micénioo incluso un suqota-. que ra:pond.e al hom. suf:16ris. y un
qoukoro que responde a bouk6lDS; se oonooc también el nombre micénioo del «cabre-
ro»: oUclpattl. Parlo tanto, nada hay en la tradici6n ro en el vocabulario que perDÚta su-
poner la existencia de rebanas mixtos: el segundo argwnento de Lommd estt caduoo.
Quala. sin enharlO, la relación etimológica pr6battl/probalnlJ que partcfa impo-
ner parapr6btzto el sentido de tcque marcha a la cabc:za». Pero incluso para un verbo
de una forma tan c1arI como proba/nó, no hay que temer una verificación. Ahora
bien, cuanóo se releen 105 ejemplos uno se da cuenta de que probaínlJ no significa
nunca «marchar en cabcza», aunque todos les diccionarios lo aseguren. Hay que ver,
en efecto, en qué tipo de ejemplo¡ apoyan esta presunta significación. El sentido mis
frccuc:ntc es, en reali<lad, «avanzar, progresar, desplazarse hacia adelante,,: este senti-
do no tiene necc&idad de ser justificado, los ejemplos son inmediatamente: cliUos: m
Homero (D. 13, 18) TWCri. «avanzando a grandes pasos rápidos,,; Lmu
(169, 38) «de edad aVlU1ZlLda». Por tanto, siempre es «avanzar".
Pero se instituye un segundo sentido: «marchar delante de alguien» -cosa que es
completamente distinta-o Este sentido cs apoyado por tres ejemplos homéricos, to-
dos del mi&mn tipo: lS n (ll. 16, 54) «que aventaja por la fuerza a los
demás, que supera a los otros en podCD, lo que quiere dcdr: «superior en fuerza»;
cfr. D. 6, 125; 23, 890. Pero es un perfecto lo que se lee en todos estos pasajcs; y se ha
¡xoducido una grave confusión entre el 5C:Dtido del perfecto y el sentido del verbo:
probalnó. «yO avanzo, yo me dirijo hacia adelan1c», a.ri proNbika, «)'O me encuen-
tro en posIción avanzada,,: asl n. lO, 252, al 8J¡ 'KpojUprpu: para da:ir que «la no-
che csti avanzada". Por tanto. si se dice Kpofiqñ¡n o xpm,l, esto sisniftc8 que
uno se mantiene «en posición muy avanzada a partir de todos" o «en fuerza". Efecti-
vamente, en Homero tencmOl (11. 6, 125) 'l':oAU que signiftea «muy
avanzado en relaci6n a todD:5". Por eso, profJo./no no si,ni!ica «marchar en cabeza»,
sino «avanzar», aunque se vuelva a estos ejemplos en perfecto para sacar el sentido
de «estar delante del'. Este sentido no hace mis que üustrar el valor normal del per-
fecto; en cuanto a la idea de superioridad, resulta del genitivo-ablativo que indica el
punto a Partir del cual se encuentra uno en situación avanzada. No hay, por tanto, di-
ferencia para el sentido del verbo entre &a"t"pa. y los tres ejemplos citados. Es
un único y mismo sentido: no conviene subdividirlo en categorlas para diferenciar
ejemplos unlvocos. En latln hay, por supuesto, una diferencia entre progredior, que
es exactamente probafnó. y praegredior. «yo marcho a la cabc:z.a de los demás". Pero
probaln6 responde solamente a progredior.
Desde ese momento pr6bota no significa «que marcha a la cabeza del rebafto».
Todas las razones que apoyaban esa explicaci6n caen una tras otra: 1) pr6bata no es
el ganado menor; 2) el rebano griego no es compuesto; 3) el sentido de prob6ino no es
«marchar en sino «avanzarlt.
¿Qué DOS queda entonces'? Una relaci6n entre pr6bata y proba/no, Ahora bien,
tenemos que partir del sentido de «avanzar» para comprender esta relación: pr6btl-
ta. es «lo que avanza» -¿todavía'?-. La designaci6n aparece en sinaular, cosa cniB-
málica. ¿Es privilc¡io del ganado, no «aVlUlZ8ll» todos los lUlima1cs nDrmalmente?
30
asl 1al. be.rtia
»
lat. animal
»
> fr. biche
> cn¡actino becha
> dial. ttaJ. del norte: nimal
> otra región: nt!mal «buey».
31
Es siempre el animal por excelencia, la especie mejor representada, la mA:s útil lo-
caImente, la que adopta el nombre genmco: ital. perore, «brebis».
De este modo se puede integrar próbata en grupos que se renuevan a cada instan-
te. El sentido particular de probaton proviene de condiciones locales de ganadería; la
significación primera, en relación con probaínó. sólo puede interpretarse en el marco
de una estructura económica definida Z.
Z Para el conjunto de lOIi capltul03 1, 2, 3, se pllede acudir a nUClitro articulo «Noms d'animalUl en
Bullelin de la Soclltl de Linguistique de Paris. 1949, pp. 74-103.
32
CAPiTULO 4
EL GANADO Y EL DINERO: PECU y PECUNIA
Sumario. Para todos los comparatistas, Le. ·pek", designa ll1 «gllIladal) o, en su sen-
tido máli estricto, el «cordero». El sentido de «riqunu cuando aparece con ese tl:nnino
o con SU5 derivados (por ej. lat. ptñlnia) se considera desde entonCCllsccundario y se CJI.-
plica porque deriva de una eKumsión seml!.ntica del tt:rmino que designaba en el punto de
partida la riqueza por CJl.CCIem:ia, el ganado.
El estudio de *peku Yde sus derivados en los tres grandes dialectos en que esti repre-
lICIltado -indoiranio, itálico, gcrminico- llO.I lleva 11 unl invellli6n de la interpretación
tradicional: *pekll dcsi¡na originalmente I1 "riqueza mobiliaril pcnonah., y sólo por r.l"-
peci/kQcio"e3 sucesivas es como ha podido dellignar en ciertas lenguas al «ganado», al
«ganado menor», al «cordero». La evolución cs paralela a la de prdbala (cap. 3).
En el vocabulario de la economía indoeuropea, que es una economla pastoril. hay
un término de importancia capital, ..peku. atestiguado en tres grandes áreas dialecta-
les: indoiranio. itálico, germánico. (El lituano pekus es probablemente un préstamo
tomado del germánico o de alguna lengua del Oeste.)
Todos los comparalistas están de acuerdo en ver en .. peku el nombre indoeuropeo
del «ganado» y en explicarlo por una raiz .. pek-, «esquilar». Este término designaría,
pues, el «ovino» propiamente en tanto que portador de un vellón, y se habria genera-
lizado para el conjunto del «ganado». Eso es lo que se ensei\a desde los inicios de la
grama.tica comparada.
Aquí tratamos de mostrar que esta concepción de .. peku es insostenible y que hay
que analizar nuevamente los datos. El examen nos llevará sucesivamente sobre el in-
doiranio, ellatin y el gennánico, y conducir" a conclusiones que sobrepasan el pro-
blema considerado.
I. INDOIRANIO
Las formas a estudiar son el védico paJu y el avéstico pom.
En védico, en conjunto, el sentido es el de «ganado», confirmado por diversas cir-
cunstancias del empleo: relación con vraja «establo», con gopa «pastor»; con yU/ha
«rebafl.o», etc. Sin embargo, hemos de observar:
1. O) Qu8 palu es un término colectivo que abarca todas las especies de animales
(caballos, bueyes) y sólo éstos: aivimJntam gomantam paíum (Rig Veda,
1,83, 4);pasum aAvyam gal'yam (V, 61, S), etc.
2. D) Que palu engloba también al hombre designado como pa§u bipedo, en el
33
U. LArtN
para que aparezca 111 correspondencia estrecha de los fonnularios. TodO! los
sucesivos se re3ponden en la identidad etimológica, salvo cl primero, en el cual el mis·
me sentido queda enunciado por tbrntinos distintos: es precisamente el umbro uiro,
cuyo equivalentc latino es no uiros, sino ptlStoru. De doncle re3ulta que el umbro de·
signaba pDT ulro, unido a pequo, a los hombres cncargadw del cuidado del ganado.
POI" tanto, en umbro tenemos el paralelo exacto de 1& noción de viT'Q asociado a pasu
en indoiranio.
Que J1lUU remite ante todo Il un valor ccon6mico, puede cncont:raJK confirmado
en el términD k1u que, aunque emparentado con pasu- como av. /iu- con pasu-, se: ha
separado de el tempranamente y conserva mejor el sentido primero. El adjetivo
ptU'lÚC.pl significa «abundante en riquezas, en posesiones», pero DO c:spc:cificamente
en «sanado». El una cuaJificaci6n de los dioses Agni, Indra, Soma, y se encuentra a
menudo asociado a túmin05 que dtsi¡nan la <ulqueza».
Parece que todos estos ind.iclo5 permiten ver en el sentido de «glUlado_ una res-
tricción del sentido mú antisuo y mis amplio de tlriqueza. mobiliaria», ap1K:ado a la
principal forma de posesión en una sociedad sanadaa.
La formaciÓD de p«imia es única en latín. Ese es su valor, y esa es tambim SU d.t.
iK:\lhad. Hay que insistir a'l ello tanto mis cuanto que c:rtc problema de morfolo¡1a
todavia no ha !ido trat&do. La rc:1aci60 formal depecüniD oonpecü es el de un
do sccunclario, que provoca el alarpmiento de la vocal nnal d.d. tema. La cuestión
esencial es la del sufijo. Un paralelo de la formación dellat. p«Ü.nUz ha sido sen_lado
entre otros por MeiIltt: es la del a. esl. -Y'1ii ( <•-ünia). Bite sufijo -ynjl forma en
a. eslavo abstractos sacados de adjetivos: as1 dobry"¡i, «bondad»: dobrV «bueno»; o
nombres de persona fem.e:n.inos sacados de los masculinos corrcspondiente5: /)Ogyn)I,
«diosa»: bop «dios». Podemos aportar incluso un derivado eslavo CD -y"JI sacado
de un tema en ·-u-; es II'ÍYnji «a1igenuniento»: tiíiíkÜ, «ligero» (cfr. ser. ft,¡,lrú-,
roghú-. «ligero»).
Podriamos retener esta comparación. Pero hay que sacar lu consecuencias. Pues-
to que enlato pecimÚ1 es un abstracto, debe, como los abstractos eslavos en -ynjJ,
poncr un ad.jetivo como forma de base. Habria que considerar entonces -pelru como
el neutro de un adjetivo muy arcaico, que ninguna lengua habria conservado. Si esta
consecuencia -inductable- parece demasiado audaz y si .se: juzga que postula una
formación cuya cxJsteocia no podrla demostrarse de otro modo, queda la alternativa
de explicar peciinitl mediante los recursos de la morCologIa latina.
Relacionaremos entonces ptt:únÚ1 con los derivados femeninos en -nus, -nil, for-
mad05 sobre nombres en -u-: asl, Jortúna, que deriva del nombre -/OrlU- (d'r. /ar-
tu;-tus), o portitrfus, OppOl1ÜIIUS, de portu-. Hay que admitir entonccs, 1.°), que La
correapondcncia entre e1lat. ]J«Ü1Iia y la formación eslaVA en -y"¡¡ no el mis que
aperente y resulta de un proceso secundario. y 2.°) que pec:imitJ Cl!I un abstracto en. -Jo
formado en latln incluso sobre un derivado -nll8/-na aniIogo a portünlU. !ortÍlna
(cfr. portus y¡onu-loo), Oa'l rl,¡or sobre UD femenino en - -ni-.
3S
mismo orden que d paJu cuadrúpedo: dvipáde cdtus padtcapalávr (tIl, 62, 14). Y no
5610 puede Inducirse de este pasaje: es la enseftanza expUcita del Satapatba-BrahmalJa
(VI, 2, 1, 2) sobre los cinco poJu: purusam o/varo gim avim ajtIm, «hombre, caballo,
buey, oveja, chivolt, y de otros textos quc transponcn esta deflnici60 en la tcorta del
u.crificio.
La inclusión del hombre en el ptÚu es el indicio de: una socicd.ad pastoril en la que
la riqueza mobiliaria se compon1a a la vez ele hombra y de animalcs, y donde el 1&'-
mino palu, que ri&nificaba en principio esta riqueza mobiliaria, podia CODvcoir tanto
a los «bipedos» QOmo a 105 tlcuadt6pedos».
E iranio confirma esta considcracl60. La a.sociaci6n dc los hombres y de los ani-
males, implictla en la deftnición védica, queda aplici.tada por la fónnuJa avésticaprzsu
vira, «ganado-hombreslt, cuya antig11cdad se reconoce desdc hace mucho tiempo.
dr:st¡na txactam.ente vira, «hombre», CD la f6nnuJa avtstica p4SU vVa de la
que se hace eco, en el otro extrema del área indoeuropea. ellliJ'o de las Tablas
l¡uvinasl Para el s6nscrit0, LO.den: ha mostrado que vira. en UD contexto en que estJ.
unido a la noción ele lanado, desipa «c:1 esclavolt. Este sentido, tanto si se toma en
sentido estricto como si se lo atenfla como «gentes de casa, dom!sticolt, vale también
para d vira av&tico en ptJ.fU virG.
Daran05 de ello una nucva confinnacibn que sacamos de una githiz de Zaratus-
tra. En una estrofa de 8ClCDto patf:tico (Y. 2), Zaratustra se queja de su impotencia
para vencer la hostilidad que le rodea por todas partes: «yO st por qut' estoy sin po-
der, oh Muda; es que soy kamna-fiu (tengo poco pasIl) y porque soy kamnll-nllT-
(_ tcqo pocos: hombres)>>. Las dos caliíK:adonCl: kamna-/iu, «que: tiene poco
pasu», y kamna-nar, «que tiene pocos hombra», proccc1en evidentemc;ote de: la fór-
mula JNISU viro; con una transposidlm de vira en Iftlr conocida tambUu en el Avesta.
Es el hecho de ser pobre CI1PQSU y pobre eD.1Ulr-l0 que hace a Zaratustra «impoteD.-
te»: estas posesiones, ClUC constituyen las dos espcdes de la riqueza mobiliaria, confie-
ren junw d poder. A1llldiranos, pues, la locucibn kam1ul-flU- kIlmruma'- al rcpc:I1o-
no avéstico de compuestos constroidol sobre la locuci6n JNlSU vir(l y que proceden
por tmmnos acoplados.
En la divcraidll.d. de estos testimonios lingQistic:os se refleja l. importancia del posu
para una sociedad putoril del Nordestc del Irán, cuya idcolo¡1a inspira las partes nW:
antiguas del Avesta.
NO&OtrO& nos limitaremos a la fase antigua sin seguir la historia ulterior. por otra
parte conocida. de pIlSfl. Elic término antiguo se ha convertido hoy, en una parte del
iranio, en el nombre del «cordero». Una nueva especialización sucede, de este modo,
a la que, en UD perlado mucho más antiguo, confiere a pasu el senticlo de tlganado».
Igualmente, el vira avéstico en pasu vira debe tornarse como elemento de la ri-
queza mobiliaria. Se designa por CIta locucwn al conjunto de la posClión mobiliaria
privada, tanto los hombres como los animales, siendo tan pronto el hombre engloba-
do en el JHdu (pasu) como mencionado separadamente.
Puede ampliarse la misma interpretación al uiro umbro, no solamente porque la
fórmula de u;ro pt!quo procede de una herencia indoeuropea común, sino en virtud de
un iDdice eapecifico propio de dos pueblos ¡tilicos, umbral y latinea. Todavia 110 se
ha prCltadO atendón a una similitud sorprendente entre el formulario umbro y UD pa-
saje de la anti.ua plegaria que cita catón. En umbro una expresión ritualae repite
once veces: uiro pequo... m/ua serilu. «salua seruato». Comparanoslo con Catbn:
pustora peautqur &/lJua serIIassil. Basta con superponer los dos tatos:
34
umbro
latln
uiro pequo... salua serilu
pastores pecuaqur salua seruassis
Tal es el dilema en que nos encierra el análisis de: este abstracto sin paralelo en la-
tín: o pecUnia deriva de la misma fonnaci6n que el eslavo ·-imyi y debe relacionarse
con un adjetivo antiguo y no con el neutro hist6rico pecU. o pecunia deriva directa-
mente del neutro pecU. pero por una sufijaci6n que no es inmediatamente comparable
a la de los abstractos eslavos en -ynji.
El otro sustantivo derivado de pecu es peciilium. También aquí se trata de una
forma que se ha quedado aislada y sin análogo entre los neutros en -;um. No obstan-
te, puede precisarse su formaci6n. Entre pecO y pecu/ium hay que situar un interme-
diario '"pecU/ia. que es a pec:U como idulia a idiis. trU:ñllis a tribus. Para la relación en-
tre • pecii/is y pecU/ium. se comparará edil/is y edil/io (de ahí edit/ium). De pecuUum
se saca un verbo denominativo pecu/o(r), de donde el sustantivo pecu/atus. -uso De es-
te modo, la serie pecU/ium: pecu/o(r): peculatus se convierte en paralelo de: domi-
nium: dominor: dominatus. Toda la cadena de derivados que se agrupan con pe-
cü/ium se organiza as1 de forma racional.
Lo esencial es ahora el problema del sentido de pecünia. del sentido de pec:U/ium y
de su relación con pecü. Según todos los etimologistas, pecU es el «ganado»:
pecUnia, la «riqueza en ganado»); pecU/ium, la «parte de ganado dejado al esclavo».
Tal es la enscftanza de todos los diccionarios etimológicos y de las obras de morfolo-
gia latina, que repiten una interpretaci6n que puede decirse secular, e incluso milena-
ria, puesto que nos viene de los etimologistas romanos, de los tres ténninos pecft.
pecUnia. pecil/ium.
La relación formal entre estos tres ténninos es segura. Se trata de saber cómo hay
que entenderla. Para ello, hay que comenzar por establecer 10 que significa pecunia y
pecillium.
a) Pecunia
No basta con haber explicado el lazo formal que une pecunia a pecii. Hay que di-
lucidar paralelamente la relación de sentido que resulta de la relación de derivación.
Ahora bien, se puede consultar a todos los autores de la latinidad antigua y clásica,
recorrer todas las citas de diccionarios; jamás se constataré. un lazo entre el sentido de
peciinill y el de per:iI, «rebano, ganado». En todos los ejemplos, pecunia significa
exclusivamente «fortuna, dinero», y se def"me por «copia nummorum». Debe proce-
derse entonces por inferencia metódica sin tener en cuenta los puntos de vista tradi-
cionales. Si el derivado pecunia tiene exclusivamente. desde sus primeros emplew. el
sentido de «dinero, fortuna, es porque el término de base pecU se refiere
exclusivamente a un valor económico y que significa «posesión mobiliaria». Sólo as!
se justifica el sentido constante de pec:iinia. que como abstracto colectivo, generaliza
el sentido propio de pecii.
En virtud de: un proceso distinto, completamente pragmático y secundario, • peku.
cuyo sentido era «posesión mobiliaria», se ha aplicado especificamente a la realidad
denominada «ganado». Hay que distinguir en este análisis los dos planos teóricos: el
de la significación y el de la designación. Hay que distinguir, en consecuencia, el sen-
tido propio de '"peku. revelado por sus derivados antiguos, y el empleo histórico de la
palabra para designar al «ganado». Una vez realizada la uni6n semántica entre este
ténnino, '"peku. y f!.!ta realidad, el ganado, la designación se fija por cierto tiempo.
Pero la historia no se detiene y pueden producirse todavia nuevas especificaciones: taJ
36
es el caso de las diferenciaciones operadas en latin entre pecu. pecus. -oria. pecus.
-udis. Derivan de la historia léxica dellatin y no afectan a las relaciones fundamenta-
les que nosotros sacamos a la luz.
Son estas relaciones las que han sido mal conocidas. El resultado es que se inter-
preta de forma inexacta tanto pecii como peciinia. Y estas nociones inexactas han si-
do transpuestas primero por los latinos, luego por los modernos, en la traducción in-
genua de pecijnia por «riqueza en ganado», que todo refuta. Contrariamente hay que
afirmar que la naturaleza real del pecit primitivo se aclara a partir del sentido real del
pecUnia histórico.
La noción de «riqueza mobiliaria», expresada por pecUnia. podla englobar otras
especies distintas que el «ganado». Nos haremos una idea de su extensión primera por
esta noticia de P. Festo que debe referirse a una locución arcaica: pecunia sacrificium
fieri dicebatur cum fruges fructusque offueban/ur. quio ex his rebus constant qllam
nune pecunillm dicimus.
Para este glosador, los fruges !ruetusque constituian la pec:iinia. Puede registrarse
este valor ampliado de peeimia sin rechazar, pero interpretándolas de nuevo, las defi-
niciones de Varrón: pecuniosus a pecunill magna, pecunill a per:u: a pastoribus enim
horum uocabu/orum origo.
En efecto, basta leer a Varrón (L. L.) para saber lo que se entendía en su [icmpo
por pecUnia. Hay que s{[uar, bajo la denominación de pecunia. términos como dos,
«dote»; arrobo. «arras»; merces. «salario»; corollarium. «propina». (V, 17S); luego
multa. «multa» (177); sacramenlum. «depósito sagrado» (180); tribu/um. «tributo»
(181): sors. «pecunia in faenare» (VI, fiS); sponsio. «depósito Que garantiza una pro-
mesa de ma[rimonio» (VI, 70). Habia además la pecunia signa/a. el «dinero amone-
dado» (V, 169), las nuncupatae pecuniae de los textos de leyes (VI, 60); en resumen,
pecUnia cubre todos los usos posibles del dinero como valor económico o como signo
monetario, pero, una vez más, nunca se refiere a la posesi6n del «ganado». Esto
quiere decir que en el uso latino, pecil y peciinill se hablan vuelto términos distintos,
debido a que, cuando pecu se especializó en la designación del «ganado», no arrastró
a pecUnia, que ha conservado su valor primero de «fórtuna mobiliaria».
b) Pecü/ium
1.0 que se ha dicho de pecUnia vale también, en amplia medida, para pecUlium.
Aqui tenemos que vérnoslas con un ténnino que, digámoslo de entrada, estA aún más
lejos de pecU de 10 que estaba peciinill. Se sabe que pecitlium designa la posesión pro-
pia concedida a aquellos que no pueden poseer legalmente: ahorro personal otorgado
al esclavo por el amo, al hijo por el padre. La noción de «tener en propiedad» esté. en
primer plano y ese haber consiste siempre en bienes muebles: dinero o corderos. No
tenemos que preguntarnos por qué pecii/ium se refiere a las economias del esclavo y
pecUnia a la fortuna del amo: hay ah( un problema de historia de: las instituciones, no
de la forma IingUística. Constatada esta repartición, encontramos el sentido de
pec:ii/ium en el derivado pecü/iiris, «propio del peciilium» o «dado en peciilium». De
hecho, pecu/iaris es solamente el adjetivo de pecUfium. y cualquier posesión mueble
puede convertirse en un pecil/ium. Se ve también en Plauto: un joven puede ser dado
como peciilium al hijo del amo y será llamado peciifiiJris puer: es uno de los elcmen-
[os de la comedia de los Coptiui (v. 20, 982, 988, 1013). En las condiciones ordinarias
37
su vida, el esclavo IlpCnas podia constituirse un p«iJlium mi¡ con lo que CSUl-
ha a su alcance: UD poco de dinl:ro, algunos corderos. Pero esUI limitaQ60 de hecho
no implica que p«Ülium deti¡nara mis una pieza de pnado que una pieza de
moneda.
Podemos ver, por tanto, I:n pecUJhun una segunda. prueba de que 1& noción de ba-
se:, 1& de p«U, 00 se referta capccificamentc al ganado. En pec:ij/ium, mM que en
pecUnia, está lIu1nyada 1& relaci6n de pertenencia personal. aunque rcst:rin¡ida a aa--
ta clase social. Pero la po&CSi6n en cuestión es siempre la de: un bien mueblc, ya IC to-
mI: p«filium en scntido estricto o en acepcioncs f¡guradas. Poc C5tos dos rasgos, pose--
s16n personal y bienes muebles, IC dcfme también d VU'bo derivado pecJllo(r) que ha
producido peoI!QOO, «aproplad6n (fraudulenta) de dinnos p6bUcoSlt. Entre estc
tUmino jur1dico y el l&mino de base pec:ú, se restablece una continuidad funcio-
nal, paralelamente a la cadena de derivación morfol6gica. Puede razonar&C' aqu1 por
analogia. Así como edü/ium. «plato agradable de comer», se remonta a edüllr. «5U$-
c:eptible de ser comidolt, y lo mismo que edit/is respecto a ·edw, poco más o meDO!l
«manduca», ui pecfJJium. «po5esi6n mueble personal)), se remonlará a ·per:ülis.
4(. apropiable», y de • pecuJi1 a p«U, que hay que definir entonces como «propiedad
(mobiliaria)>>. Cualquiera que sea el camino escogido, nos vemos llevados a la misma
concJusi6n: ¡Jt!CU signiflCll «bien mueble (personal»).
111. GBRMANIO)
La palabra ·pe/cu está atestiguada en el conjunto dcllerminico antiguo. pero el
sentido varia según los dialectos ., 50ft precisamente estas variacionC5 las que pueden
instruimos sobre el valor propio del término. DebcmOl!l c:onJiderarlo en el cantato
propio de cada uno de: los dialectos antiguas.
De becho, en el seno delgCl1llÁniCO, la forma a. a. a. fihll (variantes/eJw. fehll) es
la única que significa «ganado». En los textos traducidos dapec:us. p«:UdIs.
Y mM seneraJmente ilUMllta; cfr. adcmú /liten". ctlimsclut; ftJru4terbo, tlpCSlellt;
/Th1l-Wfl71. flltu-wiar/, .Viebwcihent. Pero se trata de l.tjniwOll; los me-
cWos latinos han sido aqul como en muchos 0005 ca&OS detenninank:5. Vamos a ver
en efecto que el a. a. a.fihu csl' muy alejado dd 5CD.tido que la palabra habla conser-
vado en el resto del germtoico, y que la innovaci6n o la espcdalizaci6n hay que Cll1-
prla a la cuenta del anti¡uo-alto-a1cmin, contrariamente a 10 que por regla comOn se
admite. De olro modo. no podrla comprenderse cul1 C'5 la situaciOn de: • pelat en 101
dcmi.s dialectos y que está por describir, como tampoco el papel del término antiguer
alto-alcm6n mismo en la gmesis del m. lato
En primer lugar. hay que enminar el testimonio delg6tico. El neutro g6tico fa/hu
desicna sólo el dinero,la «fortuna», ., jamás ha tenido relaci6n con el mundo animal.
Hc aqui un ejemplo:
GaJulih"itun imma fa/hu giban, «prometieron darle dinero, epigrefJanto tlIlt6i aro-
rúrion doanfli, promiscrunt el pccuniam se daturosllt (MirtoS, 14, 11).
BIte ejemplo butaria para m05trar que JaiJtu, término escogido para Inlducir
er. Ichrimatll. argWion. lato p«iínill. po33Jf!8.fionl:t. se refiere adusivamente al dine-
ro, a la riqueza. Ea tambim lo que muestran los compuestos ¡:óticos de flliltu. tales
como: lalhJifrila. d,,¡do de dinero»: p/«HtIktú, phi/6rgurm. lailnifrike;" «codicia.
P!ftHlUÚl1t. failrugaiflu. «codicia de dinero, phiJ4rprosll. etc.
38

Se ve, pues, que faÜJu es completamente extraño al vocabulario pastoril que com-
prende términos completamentc diferentes, como hairdtl «rcbafto. polmni, alili•.
hairdeis. «putor, awe/Ji. «re/)Q;fo. poímni»; wrijJw, «reballo, agfli••
14mb, tecordero, oveja, p'óbaton». El entorno semántico de ¡aillu son 101 táminOl
que designan el dinero y la riqueza: ga/wi. «riqueza, ploQtOS)l; raMitoS (rabip). «rico.
p1rn1sio.s». y los verbos denominativ06 gobirjQn, «enriquecer. ploutfzeinlt y gflbig1Hln,
«enriquecersc, ploutefnlt, a51 como ,silubr, «plata, argúrioolt (metal y moneda);
&katls. «denario, mina, din6rion. moa.; plur. piezas de plata, arprifl.
Una prueba SUplcmmtarill de que el got. fa/lru no tiene ninguna vincu1aci6n coo el
mundo de la ganadcria DOS la proporciona una relación lexica que aUn no se ha dis-
cernido y que hay que establecer correctamente.
Existe en ¡:ótico un verbo gll/aih01l. b/faih01l, qut traduce el ar. pleonekteDl. con
un nombre <kvtrbativo bi/aiJ, cepleonexia)). En la 11& Epí.stola a lOll Corintios, que
contiene todos 105 ejemplos, Pablo emplea pleonekteilf para «ganar a a18uien. enri-
quectrse a sus eJlpcr1sas, explotarle». Es lo que el gótico ha traducido por bifaihon.
gqfailron.
La cll.pUcad6n dc famon aparece en el seno mismo del g6tico; jaihon es el dener
minativo defaihu. La formaci6n es la de los verbos sacados de nombres en -u-: como
sidon; sidus. o Justan: Justus. La relación de sentido enlre faihon )' fllihu resulta de
los empleos de los compuestos defaihu. Puesto quefaihu designa el dinero. la rique-
za, y que falhu-friks traduce pleonéktis como fa/hu-friei y Jalhu-gelro dan pleone-
xfJI. se ha creado UD verbo faihon (bi-, ga.) como equivalenlc de pleonektefn en eJ sen-
tido particular de «enriquecerse a costa de al¡uiC'IDt.
Puem06 al nórdico. La traducción habitual del antiauo noruClO lé por
«Vieb, Besitz, Gcldlt debe rcctificam:: es la noción de «riqueza (mobiliaria)>> 1& que
hay que PODer en primer plano. Esto deriva de tres condiciones:
1) La gangandi 1# para supone evidentemente quejé solo no
«Ianadollt, sino «riqueza, fortuna,,; se ha designado por rangandi 1# la «ri-
queza en pie», el "lanado»: cfr. Ir. pr6basis. pr6baton.
2) El compucstofélcr" teposesi6n com6n», de dondef¡!JIg/. «caInuada, compa-
iIcro» (paAdo a a. in,gI. feo/Qga, in¡l. JeUow) reclama también para /é el sentido de
«fortuna. biC'n»,110 el de «JebIlIlOlit.
3) El vatio denominativo Jina sJpifica «cnriqueccrac:». por tanto, «adquirir
fortun8lt U¡); de ahf el derivado sC'CUodarioI#nadr, tCriqueza», que eventualmente de-
signa el «rebano», pero gracias a una eapccializaci6n nueva.
En anti¡uo inll!!, basta consultar el ConcUe Anglo-Soxa Dictionary. de J. R.
Clark Hall y Meritt, para constatar que I'oh, en el sentido -tradicionalmente puesto
a la cabecera del artlculo- de: «cattle, herd», no tiene mts que un pequefl.o número
de testimonios, que hoy habria que revisar atentamente, mientras que: la gran mayorla
de ejempl05 le reparte en las entradas: «movable goods, propen)'" y, sobre todo,
<unoncy. riches, treuurc». Puede decirse que floh, en antiguo ingles, !le aplica, ante
todo y principalmente, a la riqueza en ¡eneral o a Jos bíenes muebles, y s610 en segun-
do lusar, y butantc raramente, a esa forma de fortuna mobiliaria que constituye el
ceba1I.o. En el Beowu1f significa sol.amc:nte (I{riquezu o «tesorolt. y en Aclfric la locu-
ci6n wi IJegetrdumreo. «f<lr ready mooeylt, confirma la antigoedad del &mtido. Adc-
mUo no hay mis que tres compuestos con 110. «ganado., frente a una treinlena de
compuest06 conlloll. «dinero. riqueza».
Puede repetirse la ObscrvaciÓl1 para el medio inglhs al estudiar los art1culOll Ji del
39
Middk EIIglish DictioNlry, de KuraÚl-Kuhn Clll, 430). Hay muy poco$ ejemplos del
sentido que se ha situado a la cabec:enl, «Uve stocu. y muchos mjs de/I, como umo-
vable propctty; posscssions in Uve stock, goods or moncy, riches, trcasure, wcalt:lm,
y como «mane)' as a mcdium of cxchange oc as uscd foc taxcs, tributes, ransom, bri-
bc5, etc.•.
Habrla que proceder a un nuevo examen de los ejemplos y clasifu:ar Jos empleos
seJÚll su exacto valor ronte:xtual, libcrindose del ClIquema tradicional que imponía a
cualquier precio «ganado» como sentido inicial. Esta revisión tendria probablemente
algunas consecuencias para la historia del /« y la dd fr. fiel. anti¡uo Jft¡. Se-
gún la explicllCión tradicional, el frincico fehu. «pnad.o», se habrla convertido en
lat. jeus, «bien mobiliario)). Se pensarla más bien que¡ihu, como gat. /alhu. designa-
ba toda forma de bienes muebles y que ha conservado ese sentido cuando ha pasado
allatm. También llQui seria necesario un nuevo examen.
IV. CONCWSIONES
Este esbozo ha mostrado que la concepción tradicional del •pd:u indoeuropeo
debe por entero. Nuestra primera conclusi6n es que • peku lignifica «po-
saión mobiliaria pcIWIllÜ». Que esta posesión esté. de hecho, I"Cpn5CDlada por el ga-
nado, es un elato distinto que afecta a la cstructura social y a las formas de la produc-
ción. SóLo a consecuencia de esta asociación frecuente entre el tamino • Yla
realidad material de la ganaderia, al gencealizarse fUera de la clase de los productores,
•¡Jeku ha llegado a signíficar «pnado» -primera especialización-, luego e.!ipccifica-
mente «ganado menor» -segWlela espccializa.ción-, y, por último «ovino» -t.crccra
y última especialización-. Pero en si mismo no desipla ni el rebafto ni ninguna
especie animal.
Podemos establecer entODcea una correlación entre el sentido propio de •pe/ol asi
restaurado, y fU distribuci6n dialectal. Es inte:rcsa.nte observar -y los comparatistas
no le han prestado suficiente atcnci6n- que .pekw Calta en griego. No es azar. Una
naci6n tan importante no podia ck:saparcccr simplemente. De becho, el indo-
europeo fue reemplazado en griego por una designación nueva, que 11eva el mismo
sentido: es hom. pr6bosis, con su equivalente mucho mis comúnpróbtzlU. Nuestro!:i-
tudio de este ténninD (cfr. pp. 27 y ss.) ha permitido que aparezca e:xpl1cilo el mo-
delo de la evolución que nosotrol damos J>&I' • ]Hku: en el punto de partida, un t&'-
mino que dcsipa la «posesión mobiliaria». tite, por razoDCS cxtralingOisticas, se en-
cuentra aplicado Crc:cuentemcnte a la posesión de ganado; se convierte entonces en el
tmnino para «lanado» y ulteriormente para la especie de ganado predominante, el
«cordero».
Pero como se ha visto antes, esta cspecializacl6n, realizada pronto en el dominio
indoiranio, no se ha cumplido en todas partes. En latin y en una parte: notable del
gennlnico tenemos tcstimonios de ¡can antigüedad que pruebElD que el sentido prime-
ro era «posesión mobiliaria», lo cual explica toda la derivación. Esta evolución no es
reversible. En efecto, es totalmente improbable que si • habla li¡nificado pro-
piamente «ganado», hubiera podido llcpr a dcsi¡nar el «dinerQ)t y la «fortuna» en
gencnJ, que es d sentido cxclus:ivo dellat. pecimia y del ¡ot. jaiJru.
:árta SCf"á nucstla segunda conclusi6n: en un proc::ew ltxico de esta D.I1uraleza, es
un término de 8CD.tido general el que se encuentra aplitado a una realidad específ'lC8 y
40
el que se oonvicrte en La dcsi¡nación y no al revb. Aqui tomamos 10 contrario de la
relaci6n que se ha establecido desde los etimologistas latinos hasta nuestros recientes
diccionarios enttepeal y p«Üllia.
Puede plantearse, de hecho, que los t&m.inos que se refieren a formas divcmtS de
posesión Ion términos generales, que denotan su relación con el posesor, pero que no
indican nada sobre la naturaleza propia de la cosa posdda. La signifJCB.Ción smera!
permite, de este modo, designaciones espcdficas que, a lo larJO de la historia, termi-
nan por vincu1ane tan estrechamente a su objeto particular Quc el sentido peral
queda obliterado. Tenemos un claro ejemplo de ello en el gr. pr6bflsis. prdbata. AsI·
mismo, el término especifico catt/e. fr. cheple/. remonta allat. capitale, «bien
principal», ya en un texto de 1114, captak. «chattel, cattle, movable goods» l. Pero
todavia en la Edad Media tiene el sentido de «fortuna, bíencl, rentas», yel castellano
caudal significa «bienes, riqueiUls». El paso «fortuna mobiliaria> ganado,. es carac·
tcristk:o. Pero una vez realizado, es irrevenible. De este modo, el «ganado,. es deslg·
nado con mucha frecuencia por los ttrminos que se refieren a la posesión en ¡eneral,
a; decir, que se le designa simplemente como tlposcsi6n», pero nunca a la inversa.
Nuestlll interpret.a.c:i6n de ·peb y de su evolución está, pues, conforme con lo
que podr1a denominarse la norma de los términos de propiedad: una apelación gene·
ral o gcnmca es empleada por cierta clase de productores como designación del obJe·
to o de! elemento tipico; en calidad de tal. se difunde fuera de su medio original y se
conviene entonces en la designación usual del objeto o elemento en cuesti6n. Tal es el
caso presente. Mediante el examen comparado de los datos en trg grupos dialectale3,
hemos podido seguir para • peku las etapas de este proceso y verificar, en cie:rta medi·
da, esa reconstrucción interna.
Hay una última conclusión que afecta a la ctimologia. de • pekJJ-. Si la presente
demostnu:ión es considerada de recibo, echa por tierra el acercamiento tradicional
con • pek(t)-, «esquilar». Es evidente que • término de valor econ6mico, que no
nombra a ningún animal, no puede tener nada en común con términos derivados de
• pek(fr, QUC son propios: de la técnica del C5Quilco y del cardado de: la lana: gr.
«J)Cinar, cardan; p6kos, tl.vcllonl'; «c:squilant: plkos n., tl.venÓD»j polc{l,o,
«esquilar la lana»; ktef3. «pcine:»: la!. «peinar, cardar»j pectm, «peinel); pe-
XW'. «velludo, algodonoso»; ano. asr, «1anu. Entre estas fonnas y •peJcu no hay
más que un parecido homof6nico. La aproldmaci6n debe abandonarse, y .peJcu.,
vestigio del vocabulario indoeuropeo mis anti¡uo, parece irreductible a cualquier ra1z
conoclda
2

I B.t.Jou-JDHNSOfol, LArl" Word-/ist, 1934, p. 64.
! Uoa m.I1dto ni dewJalSa del (lI'CSCl1lt C111oIdio fue publicadll ni BAIdoI UDiItol en UD YOhI-
IDCD. cokuJvo titulado r"rIo-EllI'OpeIRI."d IJldo-Ewo¡»Ims (C1it:qo Uni\'ttlity Ptat), t97.
41
SECCIÓN U
DAR Y TOMAR
CAPlnJLo,
DON Y CAMBIO
S¡¡mllrio. El !lriego tiene cinco palabru que, por regla Itnel"lll, se traduCC'fl uniforme-
mente por «clonlt. Un exawen atento ele JUI empleos muestra que corresponden de hecho
• rou lanta forDllUi dircrentel de: conl\dmar el don -lk la PUCI noción ve:rbal-, «el
darlO, • la lIrpr=¡tarl6Il impuc.ta por las obll¡ationeJ dc: un pacro, de WlI
aliAnza, di: uo. amidad. de Ul\lI "ospilaHd&.d•.
BJ thmloo 16tico,iId'1 sus dmn.dClll101 r=UtcZI .. una tnIdk:Kln anúqul.-
lima en 'lile 101 upc:c::t0l rdl¡io5os rrooóalkm fral:cmi.dad de)os, ¡¡:o-
IIlCI'daDlCI- 'J jllrldlco& (del ¡:rirnm)- calla fttt'edwDeDlc itnbri¡;adQli.
LoIal'8W'eS de Iu pa!abns cmparerua.du con cilI. d6pfD. lato do¡M. pmn¡lm da-
cubrir en d puado indoeuropeo. por U,Q 1a.lSo. la priela dd qJOdaldt., '1. por otro.
ctlmo se dqflCi& CD qaJto para nada, dai\olt la uueilNl anli¡ua deo ....tu di:
prClti¡iolt.
La lIufU(J, cODvertlda como la,I!iidt co qru!Jael6n cc:on6mi<:a, continúa 101 camifa-
tus de los j6vcncslucrrel'05 agJ1Iplldol en tomo a un jere. tl1 como nos 1011 dtlcribe Ti-
dto cD la Chrmrmitl.
INTllOOUCClON
Abordamos ahora d estudio ele UD conjunto de nociones econ6micas que l:S difI.cil
definir de modo distinto que por la suma de sus «dan., kcambia.nt,
«comerciaD. La terminología relativa al ctlmb/o y al don constituye un capitulo muy
rico del vocabulado indoeuropeo.
Empezaremos por la idea de dar. Puede pensarse que es una idea simple; sin em-
bargo, comporta variaciones bastante singulares en las lenguas indoeuropeas y, de
una lengua a otra, contrastes que merecen examm. Además, se prolonga en nociones
que nadie pe!Ullffa asociarle. La actividad de eDmbio, de comercio, se caracteriza de
una manera especlfica en rdadóo a una noción que nos parece diferente. la del don
desintercaado, yes que el cambio es un circuito de dones mis que una operación pro-
pi.ame:nte comercial. Del cambio a la compra y a la venta, precisaremos una relación
mediante el estudio de los ténninos empleados para estos proceso.s clifenntes.
Hay en ole dominio una estabilidad lbica butante grande; los mismos términos
siguen en uso durante mucho tiempo; a menudo no se renuevan, a diferencia de lo
Que ocurre con nociones mis complejas.
EL VOCABULARIO C1RIBOO DBL IIlDONIt
Partircm09 dc la ralz -dO-, para la quc el conjunto de las ¡msuas garantiza una
forma y una sianifica.ci6n constantcs. Las formas nominales muestran una estructura
antigua, la dc los derivados en -110- ., en -ro-: src. dimom, lat. dómun, 1'. d3ron
(3Wpoy), arm., tu,.., es!., darlJ. Mediante la constancia misma de c:Iltc parecido o Cita
difcn:ncia. esas formas parecen atestigual" una antigua alternancia ,.In, marca de la
1bi6n arca1ca, calificada de hcta6clita. a mmudo puesta de manlfteSto por la
ooexi.stencia de derivados en -f'- y en -n-o Además, en griego tenemos una serie de for-
mas nominales, sólo diferenciadas por la clase de derivación, que se refieren al
«don». Son las siguientes: er. dÓS d!Jron dOmf d6sLr (&6iN;),
dórfni (&ni..",), cinco túminos distintos que se traducen unifonncmente por «don».
El primero C$ raro: tenemos sólo UD único ejemplo. Los otros cuatro wn mu-
cho mis comunes pueden coexistir en el mismo autor. ¿Se trata de un pululamiento
lbico fortuito o razones para esa multiplicidad'? Este es el problema que hemos
de aaminar.
La primera forma, dÓS, es un tema en -r: es d correspondiente dellatin diJs (tema
dór-). En lattn la palabra.se ha especializado: es la «dote», el doo que la esposa. apor-
ta al matrimonio, a vc:ccs tambim el don del esposo para la compra de la joven.
Para fijar d sentido del gr. dós, que aún no se ha cspccializ:ado, tenemos un YCfSO
de H..todo: 3W< '.,.9/¡, &p..l al xaxi), Mmpo (Trab. 316), .Ia dO. .. buena,
pero la rapiña (JuUpax) es maJa.. porque da la muerte». Estc verso se encuentra preci-
samente en un pasaje en que se elogia el «don» que permite estabkcer relaciones be-
neficiOlU. Dát y Iui,pax son nombra-raices y no es fortwto que no se teIlga ningún
otro ejemplo; presentan la idea bajo su forma más abstracta: el «dar» es bueno, y «el
hace¡- rapil\as» l:S malo.
DOron y dOr'e6 parecen tener el mismo sentido. Pero cuilDdo Hcrodoto los emplea
de modo concurrente, se 'le que los distingue bien, segun un pl"incipio que 00 es dif'icil
de I"econoccr. Asl, III, 97: K6AXOl. ... u{1i¡J... 4 'tT)v ... &wjX' ... q(\IWlI. leLos ha-
bitantca de la C61quide que se hablan impuClto; que se hablan tUlldo eUos rnilmol,
aJ20rtllblUi dooes (dom) para la doreú»: dore6 es propiamente el hccho de ofrlCCC'r un
dOron; es un nombre abstracto del"ivado de dorfiJ denominativo, a su vez, de
dfJron. El valor verbal ea muy nitido en dlná y explica el adyerbio d6ftán (3wpfciv)
('tico) «por don, para un don, graciosamente, por nada». Así, dorvn es el don mate-
rial, el don mismo: dóre6. el hecho de a¡xmar, de destinar como don. Oe dÓron deri-
van dOrefsrhol «ha.cc:I" don», con el nombre de la cosa o de la persona a
quien se da como (8wpq.t.l1), «cosa de la que se hace don, regalo que
sirve para recompensan>.
D6sis es muy diferente. Nuestras traducciones no lo distinguen de doron; pem el
empleo es claro en Homero (n. 10. 213) XCX( o[ &6l1't.1;' Se pide un volunta-
rio para una misión pelilro.sa¡ no un dóron, porque el objeto mismo del don no exis-
te. ca Wlll transposicl6n nominal de una fonoa verbal en presente o, como aqul,
en futwlJ: «nosotro9 le daremos, nosotros le haremos Wl don». Una fórmula donde
se transpan:Dta a\\n el valor verbal de este abstracto estA en Homero, Od. (6,208)
-3ócnl; 3\\),frTI 'tilo ,0.'1 n-, palabras dichas por sentes que dan, y se acusan de no dar
mucho: «este doa es pequetl.o y hecho de buen corazón»; es la transposic:i6n de una
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forma verbal, «nosotros damos poco, pero de buen corazón». Dósis es, por tanto. «el
acto de dar». La formación en ·ti define, en efecto, un cumplimiento efectivo de la
noci6n que tambitn puede, aunque no nca:sariamente, materializarse en un objeto.
La dósi3 desiana tambitn un acto jurldico¡ en derecho ático c:Il la atribución de una
herencia por voluntad expresa, al rnaraen de las reglas de transmisión normaL
Hay tambim un empico médico en que d6sis designa el hecho de dar; de ahlla
cantidad dada de uo rcmtcUo, la «dosis». sin que haya ninguna idea de: regalo o de
ofrenda. La paJabn ha pasado por prtstamo scmintico al ak:min: Gilt y como el
¡ro lato dosU ha Rl"Vido de sustiluto a u.meJ'!um, «VCDeno», se ha hecho en aI.entAn
GilJ n .• «VmCnO)t, aliado de (mir)gi/t, f. «dotlO [«dote»]. En fecha antilUll ddsls no
se intafiCl"e de ninguna manera con d&vn. ni con dfNe6.
Por último, dor/ne. Para esta palabra, lo esencial de su empleo csti aún por defi·
nir. Es el tmruno mi.5 particularizado de todos; los ejemplos son poco numeroso9,
pero bien cara.cteriz:ados. Palabra jonia poética, que se encuentra en HomCTO y tlm-
bién en Herodoto. salió muy pronto del uso. POI" dótfni se enuncia una noción del
«dOD», pero ¿de qut especie?
Para decidir a Aquiles a volver al combate, se le promete, entre otras cosas, una
porción de terreno 000 habitante& riros y que serán sus súbditos... le honrarán
(timtsousi) como un dios mediante dótlnai y COIlSCJUirán bajo su cetro lipards rMmu-
tQS» (11. 9, 115-116).
Las dos palabras, timbousi y thánistas, son esenciales para def"mir dol(nisi. Por
thhnistilS, noción bastante oompkja, se entienden las prc:rroptivas del jefe; en par-
ticular lo que: la ley divina exi¡e que se mUC!lre de respeto y aporte de tributo a una
penonalidad como la de un rey. Mis importante es aÍlD la Jimi. Estc tmnino es un
derivado de rió y pertenece al grupo del ser. ctl}'tlli. e<tencr miramientos, tener respe-
to», de una ra1z: que hay que distin.¡uir absolutamente de aqudla que lignifica «ven-
gar. QStigant, gJ". point que a menudo se le asocia. Son nociones difermtes. La de
point, que n:spoodc eu.ctament.e al av. bina. «venganza. odio)t, es la retribw;i6n
destinada a compensar un uesinato. la expiaci6n de la 5IlDgJ"e. De ahl también la
transposición 5Cntimental en odio, venganza COIlIidenK1a como una I"ctribuci6n (cfr. d
sentido en iranio).
dios, a un rey y las rentas que le son debidas por una comunidad; cs, a la vez, la set\al
de estima y la estimación, noci6n social. sentimental y tambitn econ6mica J. El valor
atribuido a alguien se mide por las ofrendas de que se le juzga digno: he ahi los tá"mi·
nos que aclaran doc("t.
Homero. Qd. 9, «hemos llegado a tus rodillas para ver si nos ofrecias un
xeinéion (un don hospitalidad) Osi nos dabaB una dórfni. como es la ley dc la hospi-
talidad (thémis xefndn)ll. Esta vez, en este texto que parece hecho para nustrarnos. se
establece la relación entre la d6tfnt y los regalos usuales entre hutspcdes, scgón 188
tradiciones de la h05pitatidlld, de aquel que l"CCibe a aquel que es recibido. Asimismo,
tambim Od. 11, 350 ss. Olque Duestro hu&lped espere hasta maftana para dejarD.O&,
hasta que)'O haya podido reunir toda la dólwlI.
Huyendo de Atenas, 109 PLsi9trit1das quiel"en reconquistar la tirania de la que: han
sido expulsados; recorren Iu ciudades que pueden estar obligllw para con pata
recoger dóttnai: i\T'\POY lScax'YClc (Hcrodoto, l. 61).
un verbo diJtúuúiJ. una vez ea Herodoto (Il, 180): con motivo de
I Sobre .¡mJ '1 IV. srupo. err. ti parte. h'bro 1, ClIp- ,.
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la reconstrucción de un templo, que incumbe a un grupo de ciudades confederadas,
los sacerdotc:l van de viDa en villa, recogiendo los dones: 13w-dw.{O'II.
Elitw citas aclaran una noción bastante diferente de las demis. No es sólo un pre-
sente, un don desinteresado; es un don en tanto qlle prntución contraclllDl, impllesto
por las oblipdones un peleto, llna alianVl. de un" ami$'ud, de una hospitQ/i-
dfld: obligaQón del xet1'lo.s (del huésped), de los súbditos respecto al rt:'j o al dios. o
tambi&1 prestadón implicada por una alianza.
Una va fijadll. esta significación ayuda a resolver los problemas mol6Jicos plan-
tca40s por las variantes en la tradición latua) de estas palabras. Asi, la tradición
Du5Crita de Herodoto (VI, 89) se ha dividido entre la lección dótrnln y la 1a:ci6n
dOrJn. Los corintios quieren ayudar a los atenienses, les vatden veinte bajcles, pero
a un precio mu), bajo, a cinco dracmas por barro, porque la ley prohibla un don gra-
tuito. El, por tanto, un pago simbólico el que se impone a los atenienses, pur:ato que,
seS6n la ley, no podían darse las bajeles de una ciudad a otnI. Esto ¿es dótlni o
dónÍ? Se trata, de hecho, de una entrep sratoita. La Iccdón vilida es, en COD5C-
cucncia, dOrtln, y no dotlnen. que queda excluido, puesto que cs el don araciow que
prohibe: la ley, no el que acompaña a una alianza.
He aqul cómo el uso griego distingue para la misma noci6n tres nombres deriva-
dos de la misma raiz y que. sin embargo, no pueden confundirse en nin¡dn momento.
Esta nociÓD se: diversifica SCBÚ}llas institucioncs y según 10 que yo el con-
texto de la intención: ddsu. dOron. dótlni. trcs palabras para designar el don, porque
hayah1 tres maneras de concebirlo 1.
UNA INSlTTUClON LA GHILDE
A 106 ltrminos ¡riegos CllJlJninados, vamos a anadir la palabra germánica que se
ha convertido en el nombre del «dinero», en alcmin Gefd.
gótico, ,JId traduce ellf. ph6ros. tdmpucsto». }' el compuesto kalsara-gild. el
IV. kensO$. «impuesto». Tenemos además un verbo: ITTI-&ildan. us·gifdQn. «devolver,
restituir, apodid6n."i, antapodidÓlUli» y un derivado nominal ,ilstr que traduce i¡ual-
mcntephóros, «impuesto».
En 1u demás ccrmánicas, el sentido es bastante diferente: a. !sI. gjald,
«recompensa, castila, pago»; a. iDgl. gie/d, «sustituto, indcmnI.zaclón, sacrificio»¡
a. a. a. gelt. «pago, sacrificio»; en composición gotekelt, «Gottesdicnst, servicio divi-
no, culto». En el fris6njelde. jold. aparece el sentido particular que VIlll gencrallzar-
se en genninico: «¡hilde de los mercaderes», que implican tambim «banquete de cor-
poración». El conjunto parece bastante complejo en el seno de la sociedad germánica:
a la vez reliaioso, econ6mico, jurldico. Estamos en presencia de una cucati6n de im-
portancia evidente que domina toda la historia económica de la Alta Edad Media: la
formación de las ghildu, problema tan vasto que no podrllllDos tratarlo aqui y que,
por lo demu, corresponde mucho mú a los historiadores que a 101 lin¡Uistas.
No es esa noci6n misma 10 que vamos a considerar. sino el t&mino de donde sale
1 PAR llII lniUsI. mil detallado del vocabulario de! «doalO, \'tuc UUCltru utk:uJo «Don et 6chuIse
4&IlI1t VQl;abuJalrc fndo..europ6enlO, L "A,,,.... SodoiOliqw, l.' RriIl, t. n, 19'1, pp. '·20 (rdmPnllO c:n
ProbIIma de h'fII"/ltltlw OaUimard, 1966, p. 31'. cd. Cl,stellana, Probkmru di LinJdfnb
"'/, tr-.d. ele JUltl AImd., S1aJo XXI, Mtait:o, 1!J11).
la historia de estas ¡nandes asociaciones económicas medievales, que se desarrollan
entre los si¡los VI y VIII Yel siglo XIV, especialmente en el mundo riberei'l.o del mar del
Norte, en FrUia, en el sur de In¡laterra }' en los países escandinavos.
La institución tiene un aspecto económico y religioso al mismo tiempo: estas fra-
ternidades estio unidas por interCSC'l económicos, y aparentemente por un
culto com-un. Fueron estudiadas en 1921. en la importante obra de Maurke Cahen so-
bre lA libalion en l'inu' SCtlndinal'e. Según este sabio. brindis. banquete, compota·
ci6n, son como los ritos que celebraban los miembros de una fllltemidad: ésta. uhe·
rionnente, toma formas espcdftcas y en país gcnntnico se convierle en una asocia·
ción económica.
No obstante, el autor ha chocado con una gran dfficuhad: selún los historiadores
modanas de la Edad Media, las ghildes CODlitituirian fen6menos cxdusivaml:nte eco-
nómicos, de fct:ha relativamente reciente, y no se remontarían mú illlt de los inicios
del mundo germAnico. En estas a¡rUpac;ODCS económicas, en las que las penonas es·
tán vinculat1a.s por intereses comunes, no habría que buscar una supervivenda de aso-
ciaciones religiosas más antiguas.
Pero investigaciones mis recientes de historia medieval han tratado como se mere·
cen a estas conclusiones. M. Coornacrt ha esbozado, a grandes rasgos, en dos articu-
las de la Revlle Hisloriqut, 1948, la historia de esta institución. No contento con con·
finnar el carácter antiguo y religioso de la ghildhe, el autor reprocha a Maurice Ca·
hen haberse dejado bloquear por el juicio de historiadores anteriores que veda cate
dominio a la interpretación comparativa.
Ahora vemos que los hct:hos se sueldan en una historia continua que se remonta
muy atrás. Se prctcndia que ghilde. latinjzación del término gemWtico, no era ante-
rior al sigio VIII, pero ahora lo conocemos en la qxx:a gaiorromana, en un texto que
data cld afto 430.
¿Qut es la ghildt? Es, ante lodo, una reunilm de fiesta, la comida sacrUíclal de
una «fraternidad», reunida para una comuni6n voluntaria, y quienes se a ella
llevan el mi!Nllo nombre. La noción de banquete sagrado está en el centro mismo de
expresión. Ahora bien, nosotros la encontramos a partir del 450, es dct:ir, poco
déspués de la época en que el texto gótico fue fijado por escrito (hacia el 350).
Por tanto, podemos examinar de nuevo los hechos g6l:icos desde cerca. Los térmi·
nos esenciales gild y fra·gJldon no tienen correspondientes más que en germAnico. Es
un termino nuevo que no deja ningún recurso a la comparación.
Se encuentra el gol. gUd en la conocida pregunta de Lucas, XX, 22: "¿nos e5t'
permitido pagar tributo al asar o no'?, skllldu ut unsu kaisrml ¡ild ¡iban... ?». Bsta
misma pregunta, en Marcos, XIl, 14, sustituye gild por kaisaf11-gild. Un neutro gi/su,
es decir, .. geld-slntm, o .. geld·trum. es dado con el mismo sentido: Epfstolu a los Ro.
XIII, 6: «por esto es por lo que pagáis impuestos, .u..{n».
El vcrbo/ra-gl/don sl¡nlllca ((devolver, restituin): Lucas, XIX, 8: "yo doy, gadQIl·
jo (dldomi) a los pobrel» (literalmente: yo reparto mi bien entre los pobres); si al-
guien es lesionado por mi, yo le devuelvo, fTTIfi/da (apodfdómi. «pagar en retorno»,
en este texto) el cuádruplo». Cfr. Lucas, XIV, 12 Y 14: «Cuando prepares
una comida no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus vecinos ricos, no
vaya a ser que ellos te inviten a su vez y de ahi resulte para ti Qnlapódomu la obli&a-
cióo de devolver también la invitación», en gótico IIsguldan. En todos los demás
ejemplos el scntido es: a cambio de lo que se ha ra:ibido», no restituir el ob-
jeto mismo, nno «h8li:et un gasto que compense: aquél del que uno se ha beneficiado».
Aqui, para comprender el valor de los términos góticos, hay que plantearse el pro-
blema, tan diflcll para ei traductor, de hacer pasar a gótico nociones Srecorromanas
como las de gr. ph6ros, lat. census, impuesto, censo, obligación de: obedecer a una
autoridad superior, mientras que la tradición germánica sólo conoce pequeftas agru-
paciones independientes, cada una de las cuales Qbedecc a un jefe particular, sin.nin-
guna idea de organización general.
Puede definirse ,ild en senúdo propio como un «tributo de reciprocidacb; es el
que uno adquiere personalmente pan. beneficiarse de un scrvk:lo colectivo en
el seno de una a¡rupación fraternal: un dm:dto de entrada (que se paga bien de una
fonna. bien de: oua) en una cofradla v;oculada por un culto común.
UlnJa ha especificado de este modo. en el vocabulario tradicional del S6tiro, co-
mo equivalente de ph6ros. un término profundamente difermtc:, gild, «contribuci6n
obligada (dada a un !VUpo del que uno es miembro y benerlCiuio)lt. Esta palabra
cvoca una «a.sociacióo de cultolt, una auténtica fraternidad que se realiza, &C prueba,.
se refuerza en los banquetes 'J en las celebracioOCi; comunes donde se deciden los
grandes asuntos.
De hct:ho, Tidto 22) nos habla de los conlliJIio de Jos ¡ermaR05. esos ban-
quetes que: son pane: esencial de su vida social y privada. Asi5ten a ellos armados, 10
cual muestra el esptritu. al mi.olmo tiempo guerrero y civil, de los asuntos que tratan;
abl e¡ donde se debaten cela reconciliación de enemigos privados, la conclusión de
alianzas de familia, la eleccióo de los jefes, la paz Yla guerra, porque. seg{l.n creen
ellos, no hay njnpn momento m" favorable pIUll que el esplritu se abra a la fran-
queza y &c: anime para la grandeza».
Aqul tenemos la noción, tan importante. de comunión a/immtarill que es como el
si¡no y la profundización de la fraternidad. El punto de partida de lu agrupaciones
cron6micu denominadas ghiJdu está en estas fraternidades vinculadas por un inter&
común. por una misma actividad. Yen el interior del grupo 101 banquetes. conllhlio.
rhi/da. iOn una de bts irntituciones mis caracterlsticu del mundo germinlco. Al «JUI-
frhifdan) de este modo UD deber de fraternidad, se consigue: un canon. una lU-
ma que hay que pagar. y el pago es el dinero, el ,eld.
Resumimos de este modo una historia larga y compleja que ha llevado a inslitu-
cianea y a valores colecl:ivos. Pero ese ténnino estaba primero ligado a una noción de
orden personal: la prueba de ello es el wergeld. «precio del hombre» (con wer. «hom-
bre»); el precio que se paga para redimirse de un crimen, el rescate. Volvamos una
vez mis a la GermanIo. de Tácito, cap. 21: «uno se ve obligado a abrazar a las ene-
mistades del padre o del pariente pr6ximo lo mismo que a SUli amistades: pero éstas
no se prolon,lUl implacablemente; incluso el homicida puede rcdimirse mediante ca-
bezas de ganado que son una mejora para la casa". Este wergeld. «compensación del
homicida mediante cierto pagO», equivale al griego tísis: es uno de los aspectos anti-
guos del ,eld.
Nos encontramos, pues, aqul sobre tres direcciones de desarrollo: una religiosa,
sacrificio, pago hecho a la divinidad: la segunda, económica, frate:rnldad de los mer-
caderes: la tercera, juridica, rescate, paa;o impuesto lrili un crimen para redimirse; al
mismo tiempo, medio de reconciliarse: una vez pasado el crimen y palado, se estable·
ce una alilUlZa y volvemos a la noción de ghi/de.
Ante todo, habla que definir estas nociones en sus vinculas y sus especifICidades
internu en p:rmtnico para poder medir la distancia entre estos términos, tomados en
su signiflcacl6n auténtica, y las palabras griegas que se encarpn de traducir. Hay ahí
50
un hecho al que no se ha prestado suficiente atención. Ha habido siempre una tenden-
cia excesiva a proceder mediante una interpretaci6n inmediata del g6tico sin observar
suficientemente el esfuerzo de transposici6n que ha sido preciso y la perturbación que
de ello resulta. Estos ttrminos góticos, comparados con los del griego, cstln articula·
dos de muy distinta forma.
Otra diferencia reside en la forma en que las nociones econ6micas se han fijado,
re:spcc:tivamente, en lu lenguas pminicas y en las lenguas cl!sLcas. A menudo están
en relación con hechos religiosos que las alejan mAs aM entTc si en el pasado, Yse
R:Blizan en instituciones di.sÜntll5.
Los GAHfOS DE PiUiSTJOIO
Hay que rc:aK"dar que estas fraternidades ooostituyeJl a un tiempo un grupo de so-
üdaridad y un grupo de comunidad alimenticia. Los dos aspectos de Institución
pueden mantenerse bajo otras formas. Lo que era grupo de consumo !le convenir'.
con la evolución de la sociedad, en asociación de carkter econ6mico. utilitario, ca-
me:n:ial.
Uno de estos aspectos. la comunidad alimentaria, evoca una institución paralela
en nuestra sociedad. Se la puede definir con ayuda dellat. daps, «banquete». Esta pa-
lam forma parte de un conjunto etimológico bien caracterizado por la forma. pero
de significaciones diveraentes. Fuera del laUn, la ratz se eocucntl'l' en griego en ddptó
(&hn:w) con un sentido ma general, «devorar», pero también en una forma nominal
que se asocia estrechamente a dops, a pesar de la diferencia aparente: dap6ni
«gasto». En ouas lenguas tenemos correspondientes: a. ¡s!. ID/n. ((animal de
sacrif'tcio. alimento de sacrificio», arm. tawn. «fiesta».
Se: observará que estas formas tieneo todas el mismo sufijo -no Por este lazo for-
mal se vincula también -citado aparte porque no parece que asociado a él en
primenl ¡'utancia- elllt1in dam,,"m < ·dap-nom. Aqul. por tanto, tcrIemos un ttu-
po de palabras cuya slgnlt1clld6n no siempre concuerda.
Daps es un término del vocabulario religioso. como igualmenLe religiosos son los
términos annenio y escandinavo taw" y taln, respectivamente. Antiguamentl:', en épo-
ca hist6rica, daps tlene el sentido dc "banquete ofrecido a los dioses, festin de alimen-
tación». La daps es descrita en Cat6n. De Agricultura, con una expresi6n caracterlstl-
ca dcl antiguo vocabulario re:tigioso dellatln: dapem po/lucere. c<ofrecer un bllDquete
sagrado»; este tbmlno arcaico, po/lucere, se emplea para los festines de aran costo
ofrecidos a los dioses: pollllr:twm.
Por lo demis, diversos testimonios muestran que daps está asociado a las nocioRl..'$
de abundancia, de amplios gastos, de ofrendas generosas. Sobre todo, el adjetivo da-
patir:lls. el adverbio dapatice. formas obsoletas, recogidas y citadas por Festus: dapa-
tice se acceptos dicebant antlqui, slgnifir:antes magniflce, et dapaticum negotillm am-
plum ac magnifir:um, «los antiguos declan que babbm rl:'cibido dapatict, lo que si,ni-
ficaba de una forma maanlfic8». Por otra parte, existió un verbo dopino sacado de
daps o quizi del griego dapondn, que está muy cerca d.e él por el sentid.o. Tenemos de
dapino un solo ejemplo, en Plauto (Capt. 897), pero caracteristico: "ternum tlbi da-
pinabo lIictum (si tu dices la verdad) yo te ofreceré a perpetuidad un alimento futuo-
so. te mantendré a cuerpo de rey por siempre».
Un testimonio directo precisa el sentido de dapJ. y dopatice. dopatic:us lo conCa-
5l
man: es un destin de magnificencia». Ovidio, en el libro V de los Fastos. nos muestra
a un pobre campesino, en cuya casa se presenta Júpiter disfrazado; luego, bruscamen-
te, revela quién es; el otro le ofrece por dQps su única posesión, un buey que hace asar
entero: es lo más preciado que tiene. .
En griego dapanlin sígnifica «gastan), dapáne es un (Igasto fastuosO); en Hcrodo-
to, el término es aplicado a los gastos magnificos. Adjetivos griego d a p s ; ~ h . lat.
dapsilis (calcado sobre el griego) se aplican a lo que es abundante, fastuOlio: 151. tafn
es la consumición de alimento; armo tawn. la fiesta solemne. Así podremos derivar
una noción general, la de «gasto con ocasión de un sacrificio que comporta amplios
consumos de alimento); gastos ordenados para una fiesta, para el prestigio, para
mostrar su riqueza.
De este modo, encontramos en indoeuropeo una manifestación social que en el
lenguaje de los etnógrafos se denomina el potlatch: exhibición y destrucción de rique-
zas con ocasión de una fiesta. Hay que mostrarse pródigo con los bienes de uno para
hacer ver que no se les da importancia, para humillar a los rivales mediante el delIpilfa-
rro instantáneo de riquezas acumuladas. Un hombre conquista y mantiene su rango si
aventaja a sus rivales en este gasto desenfrenado. El pot/atch es una provocación a los
demás a gastar a su vez; los competidores hacen un gasto superior, de ahi un circuito
de riquezas acumuladas y repartidas para prestigio de unos y goce de los otros, como
Mauss ha mostrado tan bien.
En indoeuropeo no tenemos claramente la noción de rivalidad: el carácter agnósti-
co, tan firme en las sociedades arcaicas, está aqui en segundo plano. No obstante, la
emulación no está ausente de este gasto. De hecho está en estrecha relación (cfr. daps
y dapatic:us) con la hospitalidad: se ven las raíces sociales de una institución que es
una necesidad en ciertas comunidades y cuya obligación esencial consiste en un don
de alimento, a condición de reciprocidad. Pero ahi tenemos nociones y temas arcaicos
que se están borrando. En fecha histórica no queda de todo ello más que dDmnum
con.el sentido de «dai'l.o sufrido, lo que se ha sustraído de una posesión por fuerzu.
Es el gasto al que uno está condenado por las circunstancias o ciertas condiciones de
justicia. El espiritu campesino y la preocupación juridica de los romanos han trans-
fonnado la noción antigua: el gasto fastuoso no es más que un gasto sin provecho al·
guno, lo cual constituye un perjuicio. Damnare es afectar a alguien con un dDmnum.
con una sustracción operada sobre sus recursos; de ah! proviene la noción juridica de
damnare. «condenar».
Aliado de los ténninos en que la noción antigua ha sobrevivido, hay innovaciones
que crean un nuevo concepto, de suerte que al mismo tiempo tenemos dOli aspectos
muy contrastados de una representación antigua.
LA HANSA YSUS ORloBNES OUBRREB.OS
Entre estas cofradias, en las que los convidados del banquete comunitario se bene·
fician de privilegios especiales -los mismos que caracterizan la gni/de en su desarro-
llo mcdieval- encontramos. en el mismo vocabulario, a la vez económico y religioso,
del germánico,' la palabra ha1lStl. muy cercana de ghi/da. Este término antiguo, que ha
sobrevivido hasta los tiempos modernos, designa todavia, entre los ribeleftos del mar
del Norte. una institución de importancia histórica y económica considerable. Las
hansas son asociaciones económicas, grupos de mercaderes; constituyen una sociedad
52
a la que se pertenece en virtud de un derecho que se compra, que se puede heredar,
que se puede vender, que forma parte de las rentas comerciales. La economia de esta
institución ha dado ya lugar a muchos estudios. FJ. balance de los que tratan del ori-
gen del término es negativo: hansa no tiene etimología segura. Como no se dispone de
ninguna correspondencia fuera del gennánico, es la historia germánica de la palabra
la que hay que intentar precisar.
Esta historia comienza con el gótico hansa. que ofrece un punto de partida preciso
para el anlllisis, aunque no tengamos muchos ejemplos. Alguna vez hansa traduce, de
una manera vaga en apariencia, gr. plethos. «multitud». Pero en otros tres ejemplos
hansa corresponde a spetra (O'lu'ipa), «cohorte». En Marcos, XV, 16, <dos soldados
llevaron a Jesús al interior del patio, es decir, al pretorio, y convocan a toda la cohor-
te», got. a/la hansa. «totam cohortcm». De igual modo, en Juan. XVIII, 3, 12. En el
pasaje en que p/ethos es traducido por hansa (Lucas, VI, 17), si l'?lecmos entero ve-
mos que el traductor tenia que traducir sucesivamente ókh/os y p/itlws. Ha escogido
muma. «turba», para ókhlos, y para plethos. «multitudo», ha tomado hansa. «co-
bOrle»; este cuerpo contaba, en efecto, con varias centenas de hombres, hasta un mi-
llar, y podia representar una «multitud» que, en cierta fonna, se había movilizado
para recibir a Jesús.
No es casualidad que hansa se encuentre en a. a. a., en Taciano, para traducir
c:ohors. En a. ing1. hós es el «séquito de un se.iior». Es más tarde cuando m.a.a.
hans(e) toma el sentido de «sociedad de comercio» con el sentido fijado luego. En la-
tin tardio o en germánico latinizado, hansa designa un impuesto para la licencia de
comercio y una unión comercial.
El sentido de «cohorte» (militar) indica que hay que imaginarse la hansa como
una companla de guerreros. No se habria empleado en gótico hansa para traducir
spetra si hubiera designado, por ejemplo, un grupo religioso o un grupo de intereses.
De hecho, cuando Tácito, Germania. 13-14, describe las socícdades de jóvenes (rom;-
tatus) que se agrupan en torno a jefes, nos da una imagen de lo que debía ser la han-
sa. Esos jóvenes que se vinculan a un jefe, viven de sus liberalidades, recibiendo un
alimento abundante que ocupa el papel de soldada (14, 4). Están siempre dispuestos a
seguirle, a defenderle, a ennoblecerse bajo sus órdenes.
Es probable que estas compatUas de jóvenes guerreros que rivalizan en valor ante
el jefe, mientras los jefes rivalizan en quién se hará con los camaradas más ardorosos,
fonnaron el primer modelo de la hansa. Con la evolución de la sociedad, esta compa-
fila guerrera, en que se compartian ventajas y riesgos, se convirtió en una sociedad de
camaradas de otro tipo, consagrada. a la actividad económica. mtérmino ha perma-
necido vinculado a una realidad nueva.
53
CAPÍTULO 6
DAR, TOMAR Y RECIBIR
Sumario. 1.0) El hilita, que adjudica a la ral;¡; ·do- elscntido de «tomar», invita 11
considcrll.T que en indoeuropeo «dar» y «lomar» se reuntan, por as; decirlo, en el gesto
(cfr. ¡ngl. lo tokr lo).
2.°) Contra las climologias tradiciOlll¡,]es que relacionan fácilmente lat. emo '1 gol.
"iman (al. nchmnl), pero separan rC5ul:llarncnlc ,,¡man de gr. ntmo, invocando en elida
caso argumentos de sentido, se advierte que;
a) 101. niman y gr. rrémo 51: superponen sin difICultad a poco que se: los vuelva a
l:lplar en el plano de su primera lll:CpciOn, tb:nica. exactamente ronscrvada en el SOl.
arbi-numja y el gr. kllro-"ómos. echl:l"cdero.;
b) lat. cmo, «tomar... primitivamente en el sentido gestual, 110 puede relacionarse
climol6gh..:amlllltc con el gol. nimon, de: valor originalmente jurídico.
Los términos de compra y de venta no se separan de los que se utilizan para «dar»
y «toman). La raíz do- significa «dar) en el conjunto de las lenguas indoeuropeas.
Sin embargo, interviene una lengua que perturba singularmente su definición: en hiti-
ta, diI- significa «tomar» y pai- «dan). Vista la notación fluctuante del consonantismo
hitita, no podemos afirmar categóricamente que diI- sea la forma indoeuropea
en teorla podrla responder a "dhe. «poner, colocar», pero es poco veroslmil. Por re-
gla general se está de acuerdo en reconocer aqul -cualquiera que sea el proceso se-
mántico-la raíz "dó-; por otra parte, partiendo de "dhe- para llegar al sentido de
«tornar», la evolución seria menos clara todavía.
Hay que constatar en el hit. da-. «tomar», una inversión del sentido de «dar». Pa-
ra explicarla se invoca como paralelo la forma o-da. «tomar», del sánscrito. Pero ese
preverbio 0- es esencial ah!; indica el movimiento hacia el sujeto; con ese preverbio y
las desinencias medias, el paso al sentido de «recibir, toman> se explica incluso en
sánscrito. El sánscrito no nos ayuda, pues, directamente a interpretar el sentido de da-
en hitita.
Para explicarlo supondremos que se ha producido entre las lenguas antiguas, pero
en direcciones opuestas, un deslizamiento comparable al que se ha realizado en inglés
con «tomar» en la expresión to take to, «tomar (para dar) a». Esta comparación pue-
de ayudar a reencontrar el lazo entre estos sentidos opuestos. El hitita y las demás
lenguas indoeuropeas han especializado de forma diversa el verbo • do.., que, por si
mismo, según la construcción sintáctica, se prestaba a uno u otro sentido. Mientras
que el hit. dil- se ha fijado por ({toman), las demás lenguas construyen do con idea de
destino, lo que equivale a «dar» l.
I Cfr. nuestro articulo «Don el: ibchange dans le vocabuJairc indo-europeen». ya dtado.
54
Esto no es un arlificio. ({Toman) en indoeuropeo comporta varias expresiones.
cada una de las cuales determina la noción de una manera diferente. Si se admite que
el sentido primero es el que conserva el hilita, la evolución que ha fijado en el resto
del dominio indoeuropeo el de «dar» se vuelve de este modo inteligible.
Igualmente arcaico es el hilo poi-o (dan). Se explica como un compuesto del pre-
verbio pe- con (atribuir, asignan), raiz atestiguada en locario ai-, por al-
gunos derivados nominales como el av. aefa-, «partel), ., asco Qefeis, genitivo sing.
que traduce ellat. porris.
Las nociones de «dan) y «tomar» están así vinculadas en la prehistoria indoeuro-
pea. A este respecto será útil considerar una cuestión etimológica relativa a un térmi-
no ya especializado, ellat. emo. del que anleriormente hemos mostrado que significa-
ba «toman>. En una lengua distinta se encuentra una raíz del mismo senlido, que dí-
fiere de la forma latina por la inicial n- germánico *nem-, gótico niman. al. nehmen,
«loman).
He ahí dos verbos del mismo sentido, lat. em-, germ. nem-; ¿tienen entre sí una
relación etimológica? Se ha admitido frecuentemente. Pero, ¿cómo eSlablecerla mor-
fológicamente1 Se ha recurrido a artificios: nem estaría compuesto de *(e)n + em, o,
de una forma reducida, de ni + em. Pero para ahorrarnos estas restituciones, ha., que
considerar lo que es más importante., a lo que hasta ahora se ha prestado menos
atención, a saber, el sentido.
Las formas germánicas más antiguas aparecen en gótico. Son muy abundantes e
instructívas. La forma niman supone" nem-; conocemos una raiz de ese tipo, la del
gr. némó (1oI4Lw), pero la comparación debe dejarse de lado debido al sentido de
némo. que no es {(tomar». Contentémonos con indicar este punto y consideremos n;-
mano Tenemos el verbo simple y varios compuestos. con numerosos preverbios, en
cantidad de empleos. Los ver-bos griegos a los que corresponden son: lambánein,
afrein, déxaslhai. «recibin> (muy frecuentemente sobre todo en la expresión «recibir
la gracia»); los compuestos con and- traducen dékheslhQ; (apo-, para-.) con gu- (an-
ge-nehm), «recibir, concebir, acoger», y también mente accipere, mathern. Hay, pues,
un predominio bastante amplio de empleos en que niman significa no «lomar», sino
(<recibir». En particular, hay un compuesto nominal que bien merece un examen por
su significación especial y técnica: arbi-numja, «heredero». El primer miembro, arbi,
es un término independiente que significa «herencia», al. Erbe. y que es ya notable en
si mismo en el vocablo de las instituciones. Su forma es clara: es un neutro *orbhyon.
que se relaciona, por un lado, con los términos célticos de igual sentido, irl. orbe,
«herencia», com-arbe, «el que hereda" -la relación es incluso tan estrecha que, co-
mo en muchos otros casos, es posible que sea un préstamo hecho por el germánico al
céltico-; por otro lado, con un adjetivo que puede aclarar la nociÓn,lal. orbus, armo
orb, «huérfanO)), gr. orpho-. orphanós. Fuera del céltico. los correspondientes del ar-
bi designan a la persona privada de un pariente, y también al huérfano. La relación
entre «herencia)) y «huérfano» parecerá algo extrai'\a. Pero hay un paralelo exacto de
sentido en otra familia de palabras. El adjetivo latino herid-, «heredero»), tiene un
correspondiente seguro en griego en el nombre de agente kherósth, «heredero
y también en el adjetivo kheros, {(privado de un pariente», fem. khera,

¿Cómo justificar esta relación etimológica? En griego homérico, kheróstts es el
que, en la familia, hereda por falta de hijos; es un colateral el que recibe un bien que
ha quedado «abandonadO)) (khbos). Ahora bien, en gótico arbi, «herencia», deriva-
55
do neutro de forma "orbhyom, significa literalmente <do que vuelve III orbuslt, es de-
cir, el bien que leealmcnte es atribuido a una persona privada por la muerte de IU pa-
riente inmediato. Es la misma idea que en hiris. khiriJslh. Según las costumbres indo-
europeas, un bien se trllJ1smite dirc:etamcntc al descendiente. que no por eso a: califi-
cado de heredero. No .se expcrlmentaba entonces esa necesidad juridica de pra;w6n
que nos hace llamar «herederolt a quien entra en posesi6n de bienes materiales. cual-
quiera que ¡ea SU grado de parentesco oon el difunto. En indoeuropeo, el hijo no era
designado como heredao; no iC llamaban herederos mú que aquellos que heredaban
porfalta de hijo; es el caso de los khirósta;' de los colaterales que se reparten un bien
que ha caldo en dcsbc:rcncia.
Tal el la relación entre la noción de «huérfano, privado de un pariente, bija o pa-
dre» y la de «herencia",. Esto queda ilustrado por la dcrmici6n que IC da en una fruc
de la GBmIUlKz, de Técito, cap. 20: Hendes... SJlcct!SSOfP:Sque sui adque libui. elnu-
/lum leslatnentum; tienen por herederos y sucesores a sw propios hijos y no
hay testamentolt; si liberi 11M sunl, proximus gradus in po.ssessione frrztru, palrui,
auuncuJi; «Si no hay hijos, es a los parientes próximos a los que va la posesión, JIll-
dualmente: a loa hermanos, a los t[os paternos, a los dos maternos».
Eso son los arbi·"umja. El sentido literal de arbi-numja ca «aquel que recibe
(numja) la herencia (arol),.. Ahora bien, ¿cuál es el término grieSQ que traduce arbi-
numja? Es Itliro,,6mos También cxiste: la exprcsi6n analttica arbl "i-
man, CIlheredero», que traduce el griego JeJironometn
La formación del compuesto griego es instructiva. El segundo término se
con nimó. n6mos, lIomÓS, familia de palabras riqulsima que ha sido objeto de un cs-
tudio de E. I..arocbe (Histoire de Ül racine ncm- en rr« tmCrti, 1949), donde ac !:XI-
minan ddalladamcnte IlU cmplcoa. Esta ra1z tan importante tiene derivados muy
diversificados. La noci6n que aquJ aislamos es la del reparto lep1, un reparto cxcJu.si-
vamentc ordmado por la ley, la costumbtt o la convcnicnda, no por una decisión ar-
bitraria. En ¡riego otrGa verbos quieren decir «ecpartk»: asf dathJma,:' pero la dife-
renciaL cstriba cn que nbnó el «repartir sqtlnla conveniencia o la kylt. Por c&o, ua
puto repartido en virtud del derecho consuetudiIwio se denominad. "omós. El senti-
do de 116mO.$, «la leyll, se relaciona con la «atribución legal». De este modo, 'lImó se
defme en griego como «repartir qalmente» y tambim «oblener legalmente en repar-
to» (este: sentido ea activa incluso).
¿Es un azar si el gótico (arbi·)numja tiene la misma formación que (kllro-)n6mOl,
cuando nada pareda exigir ese verbo niman, aunque signiflcaba «tomar., para tradu-
cir Ic/ironometn? Aqui vemos cómo se produce la correspondencia, en un empleo téc-
nico, entre nmró y nlman: es que lot. nimon significa «tomar» en el senodo de «reci-
bir legalmente:» (cfr. el c:mpleo c:n que corresponde al tNkhesthai del griego), de donde
«recibir, te:ner c:n reparto, tomar». Podemos considerar esta expresión arbi "/mIln y el
compuesto «heredero», como una de aquellas en que sobrevivió el senti-
do antiJUo de n/mano el mismo que en griego fue el de nlm6 y condujo a formar el
termino lt/lron6mo.J, Los otros empleos se explican &in gran esfucn:0
1
.
De este modo, el germinico nlman no Oene nada que ver con emo. Hay que poner
una raiz lCf1Ilánica nem- que, mediante esta interpretación del sentido, ret\ne el pupo
de las fonuas indoeuropeas de • nem- abundantemente representadas en griego.
1 Pa... d.enddo de fJImó, te puede acudir. n1lellro anilisiI de lVMair en NtNrII rt IWIIV d'tIC-
dOIl M Pwb:. 1941. p. 69.
56
Si paralelamente hacemos la miJma verificación para emo. ¿con que nos encontra-
mos? CorrapondientCl con e- inicia! se encuentran en a. cs. imfl; en báltico. en lit.
¡muo idrti, ctomar». Bllatin ayuda a precisar el sentido propio de emo, que es IIreti-
rar, quitar»; eximo es «sacar aparte»; uimius corresponde a éxokhos en cuanto al
sentido; adem.ib exemplum que, por una historia bastante curiosa, significa ((objeto
puesto aparte. separado por IU muy notorim., de ahl «modelo, ejemplo»;
promo, «sacar fuera dClt, adj. vubal promptJU; pu-imo (con el sentido del prevcrbio
que tenemos m pe-do) «hacer desaparecer, aniquilar»; sumo (de -subs-emo), «10·
mar levantandolt.
Todo esto indica claramente que la idea de «tomar < sacar, elevar, arrancar» del
latm no tiene ninguna relación con «lomar <recibir, acoger» del germanlco. Son no-
cione! diferentes en origen y que ponen de manirtcslo su particularidad si consegui-
mos sorprenderlas en su primen acepción. Cada una de ellas tiene su lerreno '1 su his-
toria; sólo al término de su evolución. y por la acepción mAs trivial, el ¡erm. n¡"'un y
dlat. emo se parecen.
Volvamos a uno, «comprar». La fonaa en que se especifica emo en latm parea:
confirmar que el sentido de ICcomprar)t implica una representación completamente
distinta a la de 105 tbminos de la familia de' gr. pérnimi, etc. Es evidente que emo
quiere decir, ante lodo, «tomar de si, sacar de si»¡ esta posesión que afirma" se expre-
sa por el gesto del hombre que loma el objeto y lo saca de si. El sentido de lIcomprar.
ha debido encontrar primero aplicación en seres humanO$ que se loman después de
haber fijado un precio. La noción de compra tiene su origen en el. gesto que conc:lu)'C
la compra temo) '1 no en el hecho de pagar un precio, de satisfacer un valor).
) Sobn: ¡r. YIal. toftto, crr. mis Idd.ntc, pp. S6 y 11.
57
CApiruLO 7
LA HOSPITALIDAD
s-,nNIrio. Bu tatln. Ouápcd. le dijo 1to6ttI, ltoJpes < ·ltDtJti.,.,•. ¡,Quf; lipirkaa
alCMI demwluIJ lisniflCa d compuc5I:a'
l.-} -p«-, q_ 11: pracnta tambitD bI...Io 1M formal pot., Iat. pis (p. p6Ñ.
dfJsp6UJ, ter. JIfItih) ., -pI- (¡Iat. i-pwT) UpDICI oriJjnaammtr la IdmtilWd peno-
MI. En el Jl'Upo funVial", dmt-es el amo que es emirrot........'c ti mismo Upmsilw-. en
Plaulo, desilna el amo); de csIt modo, a.u..oque ..... deIp6Ib
deJiJn., tumo donrUnM, aquel qllC pcncnifX:a c:millCllllmalk el IJUPO familiar.
2.·) La ngcÍoo primitiva lli,¡nincada por Irostis llII la de i¡l.Ill..IdId pof
"lHMtu el que 1:OI1Ipc:ma lJIi doo mediante uD contra-dDll.. Como &l,I tOnUpDIldicorc P
lko IGfJ, "otros deI4n6, por IaDto. ea WI.a 11 Iwaped. El lIitIllido diIico de
lIft\em!¡o. ha detIido lpaJ'I:Il:Ill" cuando • las re!K:ioDa; de cambio de dLll • dan bu lIl-
ctd.ldo 1M m.dones de aduliOa de mltc. dttlPa (dr. ¡r. Jt1IJtM. "a·
lranje.-ol').
J.') Dade a1ton1;:a. CJl el JaI1A le da IW WlC:'fO nombn: pan. el .,..1-
que ddle qWzi. plII'tir de uD Itorn- IbstrKto. «bo.PtaLldld..1 Ñpi_
rJat por qqud que penouiTla cminenlcmc1l!t la boeoItaIdad...
EJ CIIUdio de cfa10 nWaem de t&mhlo& rcIalhoM allmcquc, J:KadoI; lIOtn codo *1.
fab: '",n... QJ!DO el w. nnütw. «QfIICI bonorlrlCO qoc impllca obtlpdona • ID YUJJ.
U,. Mittll, perlOllif.-:i60. dd alDtRto pof c:.mbio (ihu(r. piII' la Iflada. VI, 120-
' __, cn el Iat. mWlIa8, 11:1". mJlI,"-. cc:ambilldo (l1li ftiao}!l >
''l. mi"""', tlpucja., AGI Den wnbim. \ll1l1C11J1.brc del chuhpccb: IftIltman en ..
roo medio "1 moderno.
Otro nombre dd «hubpcch. en iranio moderno. 1""1,, < tlryt1""'''. ranitt I \10M
hoIipil.Jidad muy putkul.r. interior al srupo de 101 Arya, una de ,uyu formu .. la
"Olida por matrimonio.
El vocabulario de hu instituciones indoeuropeas oculta problemas importanles cu-
yos términos, a veces, no han sido aún planteados. Se ha tratado de discernirtos, a ve-
ces de crear en parle el objeto mismo del estudio, mediante palabras reveladoras de
una instituci6n, cuyas huellas no s.e dejan entrever, a menudo, más que de una forma
fugitiva en talo cual lengua.
Un ¡rupo de palabras se refiere a un hecho social perfectamente establccido: la
hospitalidad. la noción de FJ término de base, ellatin h03/JO. es un anti·
gua compuesto. El análisis de 1011 elementos que lo componen permite aclarar dos no-
ciones distintas y que terminan por reunirse: hospes representa· hosti-per-s. El !iCgun-
do miembro pel- está en alternancia con pol- que significa «amo», de suerte que hos-
pe.t significarla propiamente «el amo nel huésped». Es una designación aleo gmguJar.
Para comprenderla mejor, hay que analizar por separado los dos clementos poris y
hostis y estudiar sus conexiones etimológicas.
El término ... pot/s merece ser brevemente en propiedad. Se presenta bajo
su aspecto simple con sinscrito, pdfih, «amo» y y en griegopósis. «esposo»,
o en composición, llSi despórü.
En sánscnlo, las dos especificaciones, «amo» y «esposo», están diferenciadas en
el mismo tema (poli.) por dos flexiones diferentes; pero ahl hay una distincl6n que
deriva de la evolución propia del sánscrito. En cuanto al griego pMis. término poético
por «esposo.., se enroenlra distanciado de desp6tes. donde el sentido de «amo de ta-
sa» no aparece yaj dup6lis es sólo un calmcativo de poder con su femenino dúpo;-
na, «ama», e.alificativo de majestad.
Eite término arIe¡o desp6tis y su correspondiente ser. d4m pdtiIJ forman parte de
una serie de compuesto! antiguos que tcnlan por primer clemento el nombre de una
unidad social de cxtensión variable:
dam pt1tifJ (amo de casa)
l/U JI (amo del clan)
jiu ... (amo de la desccodcDcia)
Adcm6s de desp6tis y dampdrifJ, el único atestiguado en varias lenguas es el rom-
puesto que hay en sánscrito v;J·/XÍriIJ, en lituano 't'l1-fXlLf, «jefe de clan».
En latln, una gran familia etimol6gica se organiza en torno a esta palabra • potts.
en fonna libre o en composición. Además de hr»pes. forma los adjetivos impos. com-
pos, «que no es...» o «que es duefto de sI mismo, de su espiritu». y el verbo ·polére.
dct que queda el perfecto poluf incorporado al veriJo que significa «poder»: possum,
me fonnado por el adjetivo polU en empleo predicativo: polAs n4m. pote esl. expre-
sión que se reduce a formas simples: pos.!um, potest.
Todo elito est' daro y no habrla problemas, siendo el sentido constante y las for·
ma superponibles, si • polis no hubiera desembocado, en dos puntos del vea indo--
europea, en un sentido muy diferente. En lituano, proporciona el adjetivo pa13. di
mismo)) y el sustantivo puts, llamo)) (en composición vii-pats). Paralelamen·
te se ha constituido en trano el adjetivo compuesto ((suyo propio», 51
mismo», empleado sin acepción de persona, «de mi, de ti, de él; que pertenece en
propiedad,>; x"aj es una forma irania del pronombre reflexivo ·swe. ·se antiguo, li-
teralmente, «de si mismoll, ., -paiOya un derivado del antiguo'"pOli-o Estos hechos
son de sobra conocidos pero merecen examen atento, por la importancia., la sin¡ula-
ridad del problema que plantean. ¿En condiciones una palabra que significa
«amo» puede llegar a significar la identidad? El sentido primero de •potis está per-
fectamente definido y tiene un valor fuerte: «amo", de donde «esposo,. en la conyu-
galidad, o «(jefe>. de cierta unidad social, casa, clan, tribu. Pero el sentido de «si mis-
mo,> está también completamente atestiguado. Aqul el hitita ha venido a aportar un
dato importante. Se encuentra en de forma que responde a ·polis adjetivo o sus-
tantivo: por remota Que sea la fecha en que aparece, el hitita tiene un vocabulario .,a
transformado de fonna considerable; muchas nociones llevan designaciones nuevas.
El hecho interesante es que el hitita posee una partlcula enclítica, -pel (-pU), cuyo sen·
tido es «precisamente (el) mismo», partícula de identidad que remite al objeto de que
se ha tratado. He aqui un ejemplo:
59
«Si un esclavo se escapa
y se va a un país enemigo,
el que se apodera de él para devolverlo,
ése puede cogerle.»
ta""u lR-ii huwii
na.S kururi KURe paizzi
kuiian-EOlR-pa uwatczzi
nanzan apaspit dai.
En este demostrativo, apiiS-pit, «este precisamente, este mismo», la particula -pi!
establece una relación de identidad. Tiene además la misma funci6n con un demostra-
tivo. un sustantivo, un verbo incluso. Es evidente que el empleo de esta particula res-
ponde al sentido del·potis de identidad en lituano y en iranio.
Una vez fijados el sentido, la forma y el empleo en estas lenguas, se descubren
otras formas que se les unen según todas las probabilidades. La particula lit. pat sig-
nifica «justamente, precisamente», como el hitita -peto Compárese ellatin utpote, cu-
yo análisis debe rectificarse. No significa «como es posible» (con el
pote de pote est)o sino «en tanto que precisamente», con pote marcando la identidad;
utpote identifica fuertemente la acci6n con su autor, el predicado con aquel que lo
asume. También hay que tener en cuenta la posposici6n latina -pte en suopte (Festo:
suopte pro suo ipsius), «c1 suyo propio, el suyo de este mismo»; quizá también, pero
con menos seguridad, ¿es ése el misterioso -pse de ipse? En cualquier caso, limitándo-
nos a los dos hechos latinos y al lituano pato constatamos la supervivencia de un em-
pleo de • pot- para sefta1ar la persona misma y referirle la posesi6n de un predicado
enunciado en la frase. A partir de cotonces, lo que se consideraba un empleo aislado
se convierte en un indicio importante y nos muestra la significación propia de potis.
Tan es dificil concebir cómo una palabra que designa «el amo» ha podido debilitarse
hlllita significar «él mismm>, como comprender c6mo un adjetivo que marca la identi-
dad de la persona, que significa «c1 mismo», ha podido asumir el sentido propio de
«amo». Este proceso, qUe aclara la formaci6n de un concepto de institución. se verifi-
ca en otras partes; varias lenguas llegan a designar «el amo» mediante un término que
significa «el (si)-mismo». En ellatin hablado, en Plauto ipsi.fsimus indica «el amo (la
ama), el patr6n», el «personaje» el mismo, el único que es importante. En ruso, en
boca de un campesino, sam «él mismo» se refiere al «scfl.or». En una comunidad re:s-
tringida, pero importante entre los pitagóricos, autOs épha (mOlí «él lo ha dicho
él mismo», especificaba por aulós el «maestro», «el amo» por excelencia, Pitágoras,
y la fórmula se empicaba para una cita auténtica. m danés, han s)iJlv, «er selbst»,
tiene la misma significación.
Para que un adjetivo qUe significa «si se amplie hasta el sentido de
«amo», se precisa una condici6n: un circulo cerrado de personas, subordinado a un
personaje central que asume la personalidad, la identidad completa del grupo hasta el
punto de resumirla en si mismo: solo él la encarna.
Eso es lo que se produce en el compuesto ·dem-pol(i)-, «amo de casa». mpapel
del personaje denominado de este modo no es ejercer un mando, sino asumir una re-
presentaei.6n que le da autoridad sobre: el conjunto familiar con el que se identifica.
Un verbo derivado de •poti- como ser. pát)'Qte, lato potior, «tener poder sobre al-
guna cosa, disponer de alguna cosa». marca. ya la aparición del sentido de «poder».
60
Compárese el verbo latino possidere, «poseer», salido de ·pot-sedere que describe al
«pOlleecior» como aquel que está establecido sobre la cosa; la imagen ha pasado al
a1emAn be3itzen; luego, también en latm, el adjetivo rompos, «que es duefio, que dis-
pone de si mismo». La noci6n de «poder» (te6rico) esté constituida entonces y recibe
su forma verbal de la expresión predicativa pote est contraida en potesl, que eogeDora
la conjugación possum, potesl, «yo soy capaz, yo puedo» 1.
Mcrc:ce la pena detenerse un momento en un hecho singular: frente al scr. dam
pati y al gr. despdtis, el latín ha fonnado sobre el mismo radical un término equiva-
lente, pero por un procedimiento distinto: es dominus, derivado secundario que entra
en una serie de dc:signacionCll de «jefes». Asi. tribunw, «jefe de la tribu», en g6tico
kindins < •genti-nos, «jefe de la gens»; • druhtins (antiguo alto alemán truhtin), «je-
fe de la escolta»; piudans < ·teuta-nos «rey», «jefe del pueblo». Este procedimiento
morfol6gico, que consiste en sufJ,jar mediante ·-nos el nombre de una unidad sodal,
ha proporcionado en latin y en germánico las denominaciones de los jefes de agrupa-
cioneS políticas o militares.
De este modo, por vlas independientes, las dos series ser rcúnen: aqui por un sufi·
jo, alli por un compuesto, se ha designado al amo a partir de la unidad social que re-
presenta.
Es 16gico ahora volver al compuesto que ha provocado este análisis, hospes, para
estudiar esta vc:z el término inicial, hostis. En los términos comunes al vocabulario
prehistórico de las lenguas de Europa, éste tiene un interés particular: hostis, del la-
tin, responde al gasts del gótico y al gaslf del antiguo eslavo, que tiene, además, gos-
pod1. «amo», formado como hospes.
Pero el sentido del got. gast. antiguo eslavo gostí, es «huésped», el dellatin hostis.
«enemigo». Para explicar la relaci6n entre: «huésped» y «(enemigo» se admite, por re-
gla general, que ambos derivan del sentido de «cxtranjero», que todavia está atesti-
guado en latín; de donde «Extranjero favorable .... huésped», y «extranjero hos-
til .... enemigo».
A decir verdad, «extranjero, enemigo, huésped)), son nociones globales y bastante
sumarias que exigen ser prc:clsadas, interpretadas, en su contexto histórico y social.
En primer lugar, hay que ceftir la significaci6n de hostis, Nos ayudan a ello los auto-
res latinos mismos que proporcionan una serie de palabras de la misma familia y tam-
bién empleos instructivos del término hostis. Aquél conserva su valor arcaico de «ex"
tranjero» en la ley de las Doce Tablas. Tcsti¡:o este texto: aduersus hostem aelerna
aue/oritas est(o)), donde ninguna palabra, a excepción del verbo ser, es empleada con
el sentido que tiene en latin clásico. Hay que entender: «frente a un extranjero, la rei-
vindicaci6n en propiedad debe persistir eternamente», no se abole jamls cuando es
contra un extranjero contra quien se ha introducido. De la misma palabra hostis, Fes-
to dice: eius enim generis ab antiqui.s hostes upellabcmhu quod erant pari iure eum
populo Romano, atque hostire ponebatur pro aequarc:. «Se les llamaba hostes porque
eran de igual derecho que el pueblo romano, y se decia host;re por aequare.» De esta
noticia se deduce que hostis no es ni el cxtranjero ni el enemigo. Hay que proceder de
la equivalencia hostire - aequare. de donde redhostire glosado por «refere gratiam»
en Festo. Este sentido de hostire está atestiruado también en Plauto: Promitto hosti-
1 Para el estudio semintico de: ,. pat(i).. R puede IClldir a nuestro articulo «Problllmes Scm6ntiq1lC5 de
la reconRruetioo", Ward X, o.· 2-3, 19S4 (y Probfi",es de f¡"pialiqw fInIra", Oallimard, 1966, pp. 301
Y15.).
61
re contra ut merueris. «Te prometo un servlClO reciproco, como tú 10 mereces.»
(Asin. 377). Se encuentra en el sustantivo hostimen/Um glosado «bem:ficii pensatio.
compensaci6n de un beneficio» y también «acqrmmentum. igualizacióm>. De una téc-
nica más especializada sale hostus, ténnino arcaico de la lengua de los agricultores, ci-
tado y explicado en Varr6n, R. R.• 1, 24, 3: hostum vocant quod ex uno facto olei re-
flci/Ur, cese llama hostus al aceite que se obtiene en una sola operaci6n de prensado».
En cierta forma, el producto como contrapartida. Otro término técnico es hostorium.
bastón para igualar el celemIn de forma que su nivel sea constante. El viejo pantc6n
romano conocia, según san Agustin, una Dea HostmM que tenia por tarea igualar las
espigas o hacer que el trabajo realizado fuera exactamente compensado por el pro-
ducto de la cosecha. Finalmente, una palabra muy conocida, hostia, se vincula a la
misma familia: designa propiamente ccla victima que sirve para compensar la c61era
de los dioses», por tanto, una ofrenda de rescate, lo que distingue hostia de uiclima
en el ritual romano.
Es un hecho sorprendente que en ninguna de estas palabras aparezca la noci6n de
hostilidad, si dejamos a un lado hostis. Nombres primarios o derivados, verbos o ad-
jetivos, terminas antiguos de la lengua religiosa o de la lengua rural, todos atestiguan
o confinnan que el sentido primero es aequare, «compensar, igualan>.
Pero, ¿cómo se une hostis a él? Se deduce de la definición anteriormente citada
de Festo: quod erant pari jure cum popu/o Romano. Por ah! se define la relación en-
tre hoslis y hostire; «los hastes tenian igual derecho que los Romanos». Un hostis no
es un extranjero en general. A diferencia del peregrinus que habita fuera de 108 limites
del territorio, hostis es «c1 extranjero, en tanto que se le reconocen derechos iguales a
los de los ciudadanos romanos». Este reconocimiento de derechos implica cierta rela-
ci6n de reciprocidad, supone una convención; no se dice hostia a todo el que no es ro-
mano. Entre ese extranjero y el ciudadano de Roma se establece un vinculo de igual-
dad Yde reciprocidad, lo cual puede conducir a la noci6n precisa de hospitalidad.
Partiendo de esta representaci6n, hostia significara «aquel que est" en relaciones de
compensación», que es el fundamento de la instituci6n de hospitalidad. Eate tipo de
relaciones entre individuos o grupos no puede dejar de evocar la noción del potlatch
tan bien descrita e interpretada por Marccl Mauss en su memoria sobre «Le Don, for-
me primitive de I'échange», Année Soci%gique. 1924. Este sistema, conocido entre
las poblaciones indias del noroeste de América, consiste en una serie de dones y con-
tradones: un don crea siempre en el asociado la oblisaci6n de un don superior, en vir-
tud de una especie de fuerza constrictiva. Ea. a la vez, una fiesta unida a fechas y a
cultos; un fenómeno econ6mico en tanto que circul.aci.ón de riquezas; un vinculo entre
las familias, las tribus, e, incluso. sus descendientes.
La hospitalidad se aclara mediante el pot/atch, del que es una forma atenuada. Es-
tá. fundada en la idea de Que un hQl11bre está vinculado a otro (hostia tiene siempre un
valor reciproco) por la obligación de compensar cierta prestación de la que ha sido
beneficiario.
La misma instituci6n existe en el mundo griego bajo un nombre distinto: xénos
(EtvoQ indica relaciones del mismo tipo entre hombres vinculados por un pacto que
implica obligaciones precisas que se extienden también a los descendientes. La xenia
puesta bajo la protecci6n de Xénios, implica intercambio de dones entre
los contratantes que declaran su intención de unir a sus de5cendientes por este pacto.
De ese modo actúan tanto los reyes como los hombres privados: «(policrates) habia
concluido una xenla (con Amasis) y se hablan enviado mutuamente presentes», E¡;v(7lY
62
(verbo de pacto) 'It4ut(o)v 8wpa. XCI\ me.: 'ItClp' (Heródoto, m,
39). Mauss (Revue des Études Grecques, 1921) encuentra un ejemplo de la misma ins-
titución entre los tracias. Jenofonte quiere concluir acuerdos para el revituallamiento
del ejército; un consejero del rey le dice que si quiere permanecer en Tracia y tener
grandes riquezas no tiene más que hacer dones al rey Seutes y éste le devolverá más
(Anábas&f, VII, 3, X, 10). Tucicides (11, 97) da el mismo testimonio respecto a otro
rey tracia, Sitalccs: para él es más vergonzoso no dar, cuando se le ha solicitado que
lo haga, que no recibir cuando se ha pedido. En la civilizaci6n tracia. que parece ha-
ber sido bastante arcaica, este sistema de obligaci6n conservaba todavia gran fuerza.
Una de las expresiones indoeuropeas de esta institución es precisamente el término
latino hostia, con sus correspondientes g6tico gasts y eslavo gospodl. En fecha históri-
ca, la instituci6n habia perdido su fuerza en el mundo romano: supone un tipo de re-
laciones que ya no era compatible con el régimen establecido. Cuando la antigua so-
ciedad se convierte en naci6n, las relaciones de hombre a hombre, de clan a clan, se
abolen; s610 subsiste la distinci6n de lo que es interior o exterior a la ciuitas. Por un
cambio, cuyas condiciones precisas no conocemos, la palabra hostu ha tomado una
acepci6n (chostil» y en adelante s6lo se aplica al enemigo.
En consecuencia, la noción de hospitalidad ha sido expresada por un término dife-
rente en el que, sin embargo, subsiste el antiguo hostis, pero compuesto con ·pot(i)s:
es hospes < '" hostipe/ot-s. En griego, el huésped (recibido) es elxénos y el que recibe
el xenod6khos En sánscrito, atithi. «huésped (recibido)>> tiene por correla-
tivo atithi-pati. «aquel que recibe»: la formaci6n es paralela a la dellatin hospes. Fl
que recibe no es el «amo» de su huésped; como se ha visto -pot-. no tiene el sentido
de «amo» en origen. Otra prueba de ello es el g6tico brUjJ-fajJs, «joven casada,
«cuyo equivalente es BrlJutigam. Se ha creado sobre britp. ccjoven casada», la
designación correspondiente para el «joven casado», bien con· potis como en g6tico
brUP-faP, bien con guma, «hombre», como en el alemin BrlJutigam.
La formaci6n de '" ghosti- (hostia) atrae la atenci6n: parece ser una palabra abs-
tracta en -ti que se habría convertido en una calificaci6n personal. Todos los antiguos
compuestos en -poti- tienen, en efecto en el primer elemento, una palabra general,
que designa un grupo: asl, "'dems-poti, jiJs-pati. Se comprende mejor entonces el sen-
tido literal de '" ghosti-pets. hospes. como la encarnaci6n de la hospitalidad. De este
modo asumia el sentido definido antes para polia.
De este modo, la historia de hostis resume el cambio que se ha producido en las
instituciones romanas. También xénos, tan caractcrlstico como «huésped» en Home-
ro, se ha convertido mis tarde simplemente en el ccextranjero», el no-nacional. En el
derecho ático hay una graphe xenfas. que se hace contra un «extranjero» que quiere
hacerse pasar por un «ciudadano». Pero unos no ha llegado al sentido de «enemigo»
como hostis enlatin.
El mecanismo semántico descrito para hostis tiene UD paralelo en un orden distinto
de ideas y en otra serie distinta de términos. Se trata de aquellos que se han sacado de
la raiz "'mei. «cambiar», scr. ni-mayate. ccél cambia», y principalmente del término
latino muniis « "'·moi-nos; cfr. la forma arcaica moenua). Esta palabra estt caracteri-
zada por el sufijo -nes, cuyo valor ha estudiado Meillet (Mém. Soc. Ling. t. XVII) en
pignus, facinus, funus, finus. palabras todas cUas que, como münus, se refieren a
una noción de carácter social; cfr. también scr. «herencia», etc. En efecto,
miinus tiene el sentido de «deber, cargo OflCial». Ha formado derivados adjetivos: mu-
63
1Ii.!. iflmúnu. commún.LJ. Este 6lúmo tiene un paralelo en gótico: CQ-mllins, «,eJnf!;rr».
Pero, ¿cómO asociar la noci6n de que expresa mimll.J y la de ou;:ambio»
que: la raiz; indica? Festo nos pone en el camino al d.ermir miDrw como «donum quod
offtcü CQWV dD/tU». En efecto, por mílnw se designa, en las tareas del magistrado,
los CIpCCÚlCUlos y 106 jUCJOli. La noci6n de tu;:ambio» queda implicada por ahi. Al
nombrar a alguien magistrado, se le dan ventajas y honor. Esto obUp., a cambio, a
contrapreslaciones en forma de gastos, en particular para 105 espectáculos, ju&l.ifu:an-
do de este modo ese «cargo oficial» como «cambio». Entonces se comprende mejor la
a1ianza gratus ef munis (Plauto, 105) y el sentido arcaico de ;nmúnis como (<in-
¡ratus», es decir: que no devuelve el beneficio recibido. Si munus es un don que obli-
ga a un cambio, inmimis es aquel que no cumple con esa obligación de restituir. Esto
queda confirmado en céltico por el irlandéll mo;n (mam). «objetos preciosos», dag-
momi. «1oa doncs. los beneficios». Por oonsiguicnte. commünis no s1¡nif1ca que «re-
parte los carS();lI», aíno propiamente «que tic:ne al común tnJinia•. Ahora bien, cuan-
do este sistema de compensacióD juca:a en el interior de un mismo cirrolo, dctc2mina
una «comunidad», un conjunto de hombres unidos por ese: lazo de reciprocidad.
Ast, C5te mecanimlo complejo de dones. que aigen contradones por una especie
de fuerza coactiva, tiene lUla expresi60 mis en los términos derivados de la ra1z
• rMh como mÚIfUS. Si no tuvitramos el moóelo 4e la imtituci6n, KT1a dificil captBr
el sentido de los términos que • cOa se rcfic::ren, porque es, en una. noc:Um precisa y
técnica, donde estos términos encuentran IU unidad y IUS relaciones propIas.
Entonces se plantea una cuestión: ¿no hay una expresi6n simple para para
un don Q.ue no exige un contra-don7 La respuesta ya la sabemos. Sale de un desarro-
llo anterior: existe una raiz indoeuropea, la dellat. do, dOnum, gr. dóron. Hemos vis-
to anterionnentc (p. S4) que la prehistoria etimológica de '" do- no es simple, y que
datos cn apariencia contradictorios se cruzan cn ella. No obstante, en fecha histórica,
la noci6n de «dar» está vinculada propiamente en todas partes a las formas de ·dO-.
y en cada una de las lenguas (ulvo en hitita) se constitu)"C en formaciones paralelas.
Si en griego el Wmino dÓron no indica en si mismo y de IIUlDml univoca el ((don» sin
devoluci6n, el sentido del adverbio din'e4n, «patuitamcnte, por nada». csti ahi para
garantizar que el «donlt cs don desinteresado.
Hay que mencionar, adcmu.1as formas sacadas de: una ra1z di.itinta, poco conoci·
da y poco representada, que hay que rCltaurar en su hnportaneia y en su antigOCdad:
es la ra1z .gj•. De eDa deriva el verbo aj-ui. «dar» en tocarlo, 10 miimo que el bitita
pai- (fonnado por el prevcrbio pe. + ai-), «dan. El griego ha conservado su forma
Domina! (1m, (s'toar.), «lote, parte». En oseo, un abstracto, ·ai-fi. «parte», csti atesti-
guado por el eenitivo singular getelJ. que corresponde, en cuanto al sentido, al geniti-
vo latino JKlrfls. Finalmente, la onomá.l5tica iliria nos proporciona el nombre propio
Aefor, que es el nombre de llJente de esa misma rm 0;-. He ah1 el punto de partida
de una nueva expresi6n para «dar» concebido toma «asignar una parte».
Volviendo a los término:s de la familia etimo16Jica que esté. representada en IaUo
por mDIlUS e inmiinLr. comiinu, en tndoiranio pondrCIDOli ele manifiesto un derivado
que tiene: una importancia conJidc:rable y una formad6n singular. El una personifica-
ci6n divina, el dios indoinmio Mitra. formado de • nvl- en forma mludd&. con el sn-
fijo -tra-. que sirve gcncn.lmcnte para nombres neuUOl de instrumentos. En védico,
m;l/'II- es de dos StDcros. mascullno como nombre del dios. neutro eo el sentido de
«ami.rtad, contrato». Mei11et, en un artkulo célebre 1907) ha deft..
nido Mitra como una fuerza aocia1 divinizada. como el contrato pcnonificado. Pero
64
la el «cootrato» pueden pn::cisane: en el con1exto en que nosotros )os vol·
VClllOl a lituar: se trata uo de la amistad sentimental, sino del contrrlfo en tanto que
se basa en un cambio. Para representar estas nociones tal como una sociedad antigua
las practicaba y viv1a, refatmonos a una escena. homérica que da de ella una i1ultra·
e6n que podrla ca1ific1rlC de «socio16gicu. Se trata de un epjaodlo célebre del can·
to VI ele la 1Iía<Ia. ".m.. lW-236 (cilados por la tnIducción [fnn=a ele] Maron).
Glauco ., Diomedes, frente a frente, y tratando de conocem:, descubren que sus
padre! estuvieron vinculados por loslaros de la hospitalidad (174). Diomedes se defi-
ne entonces respecto a Glauco:
«SI, tú eres para mi un (uTllos) hereditario y desde hace mucho
tiempo (215).. , asi, yo soy tu hu6spcd en el corazón de la Argólidc y tú eres
el mio en Licia, el d1a en que yo vaya a ese paL!. Por eso. 'apartcmOl los dos
la jabalina uno del otro (224-226)••• Troquemos mu bkn nuestras anDas, a
fin de que todos sepan aqut que nos vanqloriamos de ser huéspedes hem!i·
tariOilt (230-231).
Esta situaci6n da, a cada uno de los contratantes, derechos mis fuertes que: el in-
común, nacional; derechos que son, en su principio, htteditarios. pero que con-
viene renovar periódicamente mediante dones e intercambios para que sigan !riendo
personales; por eso, las putea proponen el iutercambio de ms armas. «Habiendo ha·
blado de esta manera, saltan de sus carrOi, se toman las manos, empeftan su fideli-
dad. Pero en este momento Zeus... priva a Glauco de su razón, puesto que, al trocar
sus armas con Diomedes.... ¡le da oro a cambio de bronce, el valor de cien bueyes a
cambio de nucv:cl» (232-236).
De este modo, el aedo ve a1li una engaftifa: en realidad, la desigualdad de valor
entre los dones es buscada; el uno ofrece armas de bronce. el otro dtvue/...e anoas de
oro; uno ofrece el valor de nueve buC)'CS, el OUo se: siente obli¡ado a devolver el valor

Este episodio es idóneo para l:V0CllT las representacioncs que acompañan, en esta
sociedad, al tipo de: compromiso que nosoUos denominamos cccontrato», y para de·
volver a su propio valor un término como el ser. mitra-o Asl ca C$C: mitra- enue Dio-
medes ., Glauco. cambio que vincula y obli¡a; eso mismo ilustra d anttisis formal del
t&mino. Ese sufijo -In:l- puede formar tanto un nombre de como un nombre
de ínstru.mellto. el género ¡ramatical varla scfIÍD que la acci6n lea obra de un il1ltJ"\l·
mento o de un hombre: de ahI, aliado del neutro mitram. el masculino mirras. Po-
dríamos preguntar a la mitologia, buscar en el papel de Mitra el recuerdo de su origen
etimoI6.ico. Pero antes hay que ampliar el inventario dc las nociones formada¡¡ a par-
tir de la misma rm y que se emparentan con las que estudiamos.
Muy cerca de • me;- está una forma· meH sufijada en -f-. que: aparece en el verbo
latino müto. «cambiar». «intercambiar». Se precisad. su significaciÓD comparando el
adjetivo mÜ1U1Lf, «rcciprooo. de uno a otro». Hay que conriderar+ ademis, tul empleo
particular del adjetivo: múrua peciUtig. «dinero prestado o tomado a prbtamo)t, uf
aJmo el verbo derivado del adjetivo de este empleo: miltuáre, ccpedi.r dinero en présta-
mo», es decir, tomar dinero a cambio de devolverlo. El [pret] y el «pedir
en préstamo!) [emprunt] entran de CIte modo. a su vez, en c:I ciclo del intereambio.
Esto no es todo. Fl tcintercambio» también aqUÍ colinda aJn c:1 «don». A la forma la-
tina mÜfo, mu.füus, el gót{CO responde por f/lIlf4jtlll, ahora bien, el
6S
sUitantivo derivado de maijJms (de ·mait-mo-) traduce el ¡ro dóron. Ildon», pero en
un puaje donde implica recupc:ración y en cierta forma «cambio».
Los demás derivados se reparten dos categorías distintas:
1) Los unos se e:specializan, como d. ser. mithu.-. «falso, mentiroso... Como en
latin en millo. la noción de «cambiar» en genc:nt1 conduce a la de cullDdo
se dice de algo que ha cambiado, nU1l vez es de forma ventajosa.
2) Pero una serie de otros derivados ronscrva la signif1C3.ciÓD propia. 5Obn: todo
en lran1o; ul. el avMico mi{Jwara. «en pareja. aparejado.; tnDiBmun· < -mei-l-
men, «aparejamiento". Un dcsarTo11o de cartcter social da a moiOmall· el sentido de
«mutualidad» que conduce a la dc:Jignac.ión del en iranio medio y moclc:r-
no por mihmizn < -maiOmanam (acusativo). lo que. por un largo rodeo, nos devuel-
ve a nuestro punto de partida. Una vez mis a definir al «hutsped» por- la
nocibn de mutualidad y de vinculos de reciprocidad1.
Hay otro nombre del buá.pcd en iranio moderno: irmizn. cuya forma antisua mi
a.testilUacia al QT)IC1FKln, «amigo intimOlt, támino perfectamente conocido en indo-
iranio. Es también una f¡guración mitol6gica. el nombre de: un dios. Aryaman es el
dios de la bospitalidad. En d Rig Veda, igual que en el Alharva, está especialmente
asociado al matrimonio.
Sea cual fuere la forma en que se interpreta el elemento de formación -mll1l (eno
debe ser una forma nominal), el nombre del dios Aryaman cstj relacionado con el
tl:rmino al}'Q. En la continullCión de: C5ta obra vercnos que arytl es la dcsilnati6n co-
mún y reciproca por la que los miembros de una comunidad se designan a I1 mismo;
es el nombre del hombre de: la misma lengua.. de la misma nza. A partir de este mo-
mento se comprcmle que Aryaman: tengan por funcilm admitir individnos por media-
ción del matrimonio en d seno de una comunidad cxogimica Jlamada aria: es una es-
pecie de hospitalidad interior. de alianza tribal. Aryaman interviene cuando una mu-
jer tomada fuera 4eI clan es introducida por primaa vez como esposa en el seno de su
nueva familia.
Diversas son lal acepdone¡ en que t"yaman se ha fijado ulteriormente. HcmOl ci-
tado antel el alto pena irmizn, «buúpcd». En la lengua de 101 osetas. pueblo iranio
enclavado en el Ctucaso. y li:UYas instituciones y vocabularios son muy aream, la
palabra IImlln significa ahora bien, /im1Jn representa fodtic:amente arya-
mano Estos vinc:ulos de proximidad, de amistad familiar, tribal se defuu:n de nuevo en
cada lenlua a medida que la terminologla se fija o evoluciona.
De este modo, tá'mino5 muy diferentes unos de otros remiten al mismo problema:
el de lu instituciones de aco8ida Yde reciprocidad. gracias a las cuales los hombres de
un pueblo encuentran hospitalidad en otro y las sociedades practican aIianz.aa e intcr-
¡¡;ambiol. Hemos constatado una relación profunda entre estas formal institucionales
y la rccUITCl1Cia de las mismas nociones bajo denominaciones a vecCf renovadas.
66
CAPiTULO 8
LA FIDELIDAD PERSONAL
Sunrorlo. Para OsthofT. E:idN wnd Ti'rw! (1901), d Sf1IPlJ cid al. ed empa.rmt..
do a¡n d nolUbn: iodoeuropeo de 11 mana, JI". drlb: ICI" fiel. esta el. ICI" firme coma
la r:ndn&. Se ve que Ji el pamlteKO 111 filiad6n CI inl'aa: 11 raIz CQlQCulli¡-
nlnca lQCf fll'tOCIO -"1 el adjetit"tl desiJIIII el ....bob, 1ita"a1mCD.tc, tlCI. raislmte, d w.
licia.. (el ttndda de OIencina.. CIti limitAdo a WIlI época del arieso y no podrla Itr traSla-
dada lla de la unldlld lncIoc:vToptI).
Blmc Itrm. erhnlr"_ (gol. p-d/'f1Jlht.J. uoldado..) y ·drcrulltbto- (L ;.1. dt"Oltitl,
"je!e, !don). 1M palabnu del cslaYCI y dd btilim. que q¡.il'kan tlCI. .ml-
lO. ti permiten eJlablca:r el Yloculo, conocido. por olrw. parte (ea domi-
nl4" trlbWrf4, e'(c.). enl .... \,In tbmirw nami'" y III derivado tu -no-: ·drftlJI/;. 1:1 lUl co-
la:tiVQ que dCli¡n. la ,u:umpallia» (en el Jcnrtdo militar, tal como nas la describe Tktto,
Gnm. U) y dnlfdlrflrO-. d prim%ps que =-:ama la aulOfidad.
Aclarado. la va poi" laJ Ic)'cndu Icrmi!licaJ rdatil/lU a Odin Ht'Ijfm Ypof Tkko.
Gnm•• O. d 101. 1IfIr}is tal. Hrrt1 aparece: como ti oombre de un 8JUPO dt .m.ucaradl
rNnllkJ OClUionahncntc p&nl CllpCdidones d.e'vaJtllSonu. (Aunque g. tolnlf()$ pueda
aJlTeIpOnder rormaJmmle & hnjQ". el Itnlido que sale de l&lI empkoa hornmee. iovfUl
a dejar. ua lada J. qllC suPcn: la fonna.)
Lal../Idn prdcrV' un valor muy &ntip¡o --dcbllilBdo y JimpliflCl.da tri la demu
lenlulII en que la ralz ·bIIlCid" mi reprnmllldl y, por kJ demAl, a1llCfada m lalln tnclu·
10 I panlr de: ckn:. tpoca- no la de In;OOnllrA:U. .. de «Q1alldad prOJlla de: un ler
que .ITle la conflana y lit manifiesta en !orma de autoridad prollCClora IObre quien <:orl'
fla en th•. Por haUarse CIta nociÓn muy de la de tknd· (csl:udlada mi. abajo,
cap. ",. le comprende que ell lalin lidu haya sido dC$lie el sUltaollvo COfres·
pondimte a credo.
Todos los estudiados hasta ahora se refieren a las relaciones de hombre
a hombre, en particullu a la noción de I(hospitalidad». En esta pcrspectl"(a, a la vez
personal e institucional, consideraremos ahora, en el interior de un grupo de lcngulLS
particulares, pero con refcrencil5 al vocabulario indoeuropeo común. la noci6n deJi.
dt!lidad personal: es decir, la relación que se establece entre un hombre que ostenta la
autoridad y aquel que le esti sometido por compromiso personal. Esta «fe» da lUJar
a una instituci6n que es antigua en el mundo indoeuropeo occidental y que alcanza su
relieve pleno en el mundo germinico.
1
Su designaci6n IIIparcce en un ttrmino rcprcscntlldo hoy pOI'" el alemán Treue y que
está bien atestiguado en todos los dialectos germinicos: en gótico, por el verbo
67
(pj-trauan que traduce «tener fe», el sustantivo trauains, 'Jl:&'Iro(fh¡aI¡;:, «con-
fianza», triia en islandés, trufm en anglosajón (alemán trauen), fonnas derivadas de
un tema sustantivo *truwó: Wandés (tU, «respeto. fe concedida», de donde deriva
el islandés tnu, «fiel». El nombre de acción sacado de esta raíz ha conocido un gran
desarrollo y se ha mantenido durante mucho tiempo en el vocabulario germánico: gó-
tico trausti, «pacto, alianza», que traduce 151a.&fIx'r1; isl. traustr, «de confianza, seguro,
loal».
De ah! derivan formas modernas, algunas de las cuales designan el pacto de alian-
za, el acuerdo, la fe jurada, mientras que otras, verbos y sustantivos, tienen el sentido
de «dar confianza, tranquilizar, consolar»; por un lado, el grupo representado por el
inglés trust «(tener) confianza» y, por otro, el grupo representado por el alemén tros-
ten. «consolar». Estas nociones morales se vinculan claramente a una institución. En
el vocabulario feudal germánico latinizado, trustis desipa el vinculo de fidelidad y
también aquellos que quedan comprometidos de esa forma y que constituyen el séqui-
to de un personaje. Del sustantivo a. a. a. Traue ha salido el francés treve [tregua].
La diversidad de las formas germánicas muestra la complejidad de esta representa-
ción que desemboca en términos tan diferenciados como lo son el al. Treue. trauen,
«tener confianza»; trost, «consolación»: inglés trust, «confianza»: true, «verdadero»:
truce. «tregua, pacto». Tienen un mismo origen en una r8Íz germánica *dreu-, de
donde se ban sacado un abstracto germ. *drou-sto- (a. isl. (must, «confianza»; al.
Trast. «consolación»): un derivado, *draust·yo- (got. trausti. «pacto»), y un adjeti-
vo, dreuwo- (got. triggws, «flCl»; al. treu).
Este grupo de palabras fue estudiado por el etimologista H. Osthoff en sus Ety-
m%gica Parerga (1901), conjunto de estudios etimol6gicos diversos, uno de cuyos
capitulas se titula «Eiche und Treue». Este extraft.o titulo resume la sustancia de una
demostración muy amplia (un centenar de páginas) que parte de esa familia de pala-
bras para unirla a un prototipo indoeuropeo que seria el npmbre de la «encina». La
base formal del razonamiento es una comparación de i.-e., *dreu-wo, con gr. df'bs
(l5pijc), «encima». Osthoff considera que la «encina», árbol duro y resistente por exce-
lencia, fue el simbolo de cualidades cuya expresión más abatracta se marca en este
grupo de palabras, bajo la noción de «fidelidad». Tendriamos, por tanto, en la «enci-
ma» la imagen primera de la «fidelidad» institucional. Esta demostración ha encon-
trado lusar en los diccionarios etimológicos. Es importante veriflcar hoy sus funda-
mentos. Toda reconstrucción etimológica debe prestar gran atención a la repartición
dialectal de las formas y de las relaciones que se desprenden de ella para la clasifica-
ción de las significaciones. Ahora bien, puede mostrarse que el estudio de Osthoff fal-
sea completamente toda la hisotria de estos términos; la relación verdadera de los he-
chos se encuentra en él invertida.
En efecto, si Osthoff tiene razón, el nombre de la encina debe ser indoeuropeo co-
mún; debe haber existido en todas las lenguas con ese sentido. Se espera, por tanto.
encontrar en indoeuropeo un término primario, de forma y sentido constantes, que
designe la «encina». No es ése el caso en modo alguno: ese nombre de la ((encina»
aparece sólo en una lengua, e incluso solamente en cierta 6poca de esa lengua. Antes
de cualQ.uier discusión, se impone una constatación de hecho: la encina es un arbol de
un Arca especifica. Los indoeuropeos no han podido conocerla y designarla con un
nombre común porque no existe en todas partes: no hay nombre de la encina en in-
doiranio, y con motivo. Es un árbol de la Europa central, y sólo las lenguas de la
Europa central y oriental tienen un término para nombrarla.
68
Esta repartición léxica corresponde, al parecer, al movimiento de los pueblos
indoeuropeos hacia sus asentamientos históricos. Todo nos indica -IDs hechos histó-
ricos, Iingüfsticos, arqueol6gicos- que hubo migraci6n del este bacie el oeste: y los
pueblos germánicos fIgUran entre los. últimos que se instalaron en las regiones que
ocupan. Esta emigración se efectuó en varias etapas, según una ruta que podemos ja-
Ionar, y concluyó en la región en que se encuentra la encina; no volvió a emigrar ya
de oll[.
Esto queda confirmado por el examen de los nombres de la encina. La forma indo-
europea importa dos estados, *de/orw- y *drew-, con grados, respectivamente, pleno
y reducido de la raiz y del elemento sufijal, según el esquema perfectamente estableci-
do de la r8Íz indoeuropea: de ahi, respectivamente, en griego dóru (8ópu) y drbs. Por
tanto, en el examen del sentido tomaremos juntas las formas que dependen de uno y
otro radical. Ahora bien, se observa que el radical *dreu-, con sus formas alternantes
*drU-, *doru-, designa solamente el «árbol»: asi, gótico triu traduce el griego xú/on,
«árbol, madera», y ese es el sentido en la generalidad de las lenguas. Es fácil asegurar
que el viejo eslavo druva significa «madera», que las formas indoiranias dril, da";;'.
designan exclusivamente el «árbol», la «madera», el ((vegetal». El adjetivo avéstico de
materia dnaena, como el adjetivo gótico triweins que le corresponde, se aplica a un
objeto ((de madera». Hubo en ciertas lenguas una diferenciación secundaria entre los
derivados, como en antiguo eslavo entre dreva, ((árbol» (de *derwo-) y druva, ((ma-
dera» (de drowo-).
Las formas griegas tienen aqui un interés particular. Del mismo radical el griego
ha sacado dos términos históricamente distintos, pero evidentemente emparentados:
d6ro «(madera de) lanza» y drfJs. «encina», que hay que considerar mú detallada-
mente. El sentido primero de dóru es «árbol, corteza de árbol»; asl, en Od. 6, 167.
U1ises dice a Nausicaa: «jamás he visto salir de tierra un árbol (dOTÚ) semejante.»
Es también la madera de construcción de navlos: Mpu Y7JwY, la quilla del barco:
luego es la «madera» de la lanza, «el asta de fresno», 36pu I"í).wov (D. 5, 666); fmal-
mente, la (danza» siempre que sea de madera. Otras tantas especificaciones del senti-
do de «madera», igual que en francés, bais [madera] puede decirse de una cama, de
una orquesta, de un ciervo l.
Por otro lado, drÜs no siempre ha designado en griego la encina. Los anti.¡uos nos
10 dicen en términos adecuados: en el testimonio de un escoliasta de la Illada (ad. D. 11,
86), 8püv ix«Aouv o[ 'ltClÁalr.ot 'Jl:iiv Sí.v3pov, «105 antiguos llamaban drÍIs a cualquier
árbol». Esto queda confirmado por el uso mismo de los escritores; as1. Sófocles,
Traqu. 766, 3pV¡;: 'Jl:C!tpll, «el irbol resinoso, el pino». La palabra se especializó en fccha
muy temprana: ya en Homero, drús es la encina, el «árbol» por excelencia, asociado
a ciertos cultos, como las encinas proféticas de Dadona. Pero esta especialización ha
ocurrido en el curso de la historia del griego y en una época reciente, puesto que no
habia abolido el recuerdo de un tiempo en que dl'Ús designaba el «árbol" en general,
de acuerdo con el testimonio de todas las demás lenguas en que el término correspon-
diente sicnifica «madera, árbol» y no «encina». Por otra parte, en griego mismo se
encuentra el sentido originario de drbs en el derivado de druds. que nombra entidades
mitológicas, las dryados: son las ninfas que residen en los árboles y no especialmente
en las encinas.
Hay otra forma sriega que se vincula también a drÜs: es tUndron (3tv&pov), hom.
I l3n fnml&I botr, CD Madca., lipifica madera. para aludir a 101 iOltrumentos de ele material; Rt'eddo
al ciervo, alude • la CO!'IWDC.IIt&. (N. T.)
69
(&tv&pwv), ccirbol», salido por disimilación de -der-dnwon, fonna con re-
doblamiento quc deriva del tipo denominado de redoblamiento roto (compárese c11a-
tln amar de • karkros. efr. gr. karklnos).
También aqui el sentido del radical es «madera, árbol». De elite modo se ve que
todos 10& testimonios converlCII Y5itÍW1 en una fase relativamente recientc ael ¡riCIO
el paso del término drÚs. del sentido antiguo de «madera. irbollt al de cn¡;:jna. De
donde se deduce que la penpectiva de Osthoff debe ser exactamente invertida. BI &m-
tido de «encina» es d túmino último. y limitado al gl.ego. de una evolución cuya cta·
pa intermediaria es drboi» y que debe procedc:r de una noci6n idcal c:omo «estar fir-
me, sólido». Enoontramos un pan.lclo exacto de esta evolución en iranfo mod.c::rno. E
nombre persa del tlirboh" dÜTrXI. iranio medio draxJ. es un antiguo adjetivo va-bal
drtlXtll- (participio de drvnl-) que significa propiamente «10 que es esta.ble.,lo que Clti
firmo: la relación a la misma que la del griego dTÚs con - dml-.
Oc: este modo, vemos que la restricci6n de .smtido que ha nevado de «irbob9 a
«encina» ha dependido de condicionc:lii locales. De becho, no se ha producido pRCisa-
mcote en eerrninic:o, donde - dnu- sillu: siendo el nombre del drbob9 en lencntl
(gol. lriu. cfr. inalés Irrr), mimtral que para cencina», hay un ttnnino particular
-lIik- (al. Elche).
Ahora podemos rct:oustruir desde otra pcnpectiva el desarrollo de las formas io-
doeuropeas. De esta ra1z. - c/rrll.- derivan los adjetivos ser. d1vuWJ· (la dh es 5CCUDda·
na. anal6cica; ocupa el puesto de una d anticua, ir. (}rvva- «sólido-, fltDle, de buena
salud,,; con su· inicial, eslavo $lJdrrzyiJ. «saluus, sano»; en biltico, lit. c/rufQS. «fuerte,
sólido» (cfr. prus. druwi.J. «fe, garantia», drvwif. «Cfet:l". lmet fe»); en griego incluliO
(habla argiva), dro{w)6n. tnlducdo por isJcJrJu6n. «fuerte». según una slosa de Hc:si-
quio. Estamos ante un dcsarroDo en el que se inscrIa naturalmente toda la familia de
(g6tico IrlUW3. «flel»).
Pero por otro lado, • dreu- proporciona también un adjetivo ·drü. «fuerte. resis-
lente, duro», convertido en el nombre del drbol». De ahí resulta que euos dc!arro-
1I0l11éxicos se sitúan a diferentes niveles: el sentido de «fidelidad» propio del ¡ermáni-
00, se une directamente al de la ralz indoeuropea, mientras que el de «AtOOl» se ha
particularizado tempranamente y a veces, como en griego, subsiste solo.
Constatamos aqul plenamente la diferencia entre la signifkoci6n y la M3lgnuc:i6n
y la distancia que puede separarlos, hasta el punto de que a menudo la designaci6n no
presumir nada de la sicnifica.ci6n, si no se dispone de puntos de referencia

Las relaciones de «fe», de «fidelidad», tienen otras expresiones que considerare-
mos particularmente en las le:nluas ccrmanicas. Una de ellas se presenta a la vez co-
mo término de nobleza y oomo término militar. Se puede estudiar a J*rtir de la pala-
bra g6tica gfNJrauhls que, en el Evangelio, traduce a't'pcx"ttw'tT'¡ti, «soldado»; estt com-
puesto del prefijo IU· que indica comunidad y de un derivado en ·ti del verbo driu-
glln. que traduce O"'tp;tUÚusGIXL, «hacer la guerra, ir de campana». De este: mismo abs-
tracto drauhl/· se ha sacado el presente dcoominativo drauhlinon. y el
compuesto drauhll·wilo/J. O"'tpa:n(a, «combate", donde elliegundo elemento sipifica
«regla, Fuera del g6tico, el abstracto toma en germáoico un sentido algo dife-
rente: a. isl. drót y las formas correspondientes e:n los demis dialectos desiJnan el
«séquito guerrero», la así, el antiguo inglés dryht. anglosaj6n druhl.
1 Sobn -ri«flI.dfYIl-. vtax nunlro arlkWo .Problm1el IaJImtiques de 111 m:otULfuaion_ )'11
"""".
70
antiguo-Blto-alcmán lruhr. Particulannente notable es el derivado nominal de
-druhli-; proporciona a su vez una forma en -no- que designa al «jefe», al
a. ¡sI. drollinn. antiguo inglés dryhrr:n. a. a. a. Iruhlin; el femenino is!. drollning.
«reina.». se conserva todavia en IIlS lenlulls escandinavas.
Ast es este conjunto eermánico cuyas relaciones morfológicas aparecen nltidamen·
le: un sustantivo abstracto gOl. druuhl1- y un derivado nominal. literalmente, «aquel
que tiene la misma draIlJrII·». para designar al «soldado". por otro lado, sobre la base
del abstracto druhlf.. otro deriVJ;do en -no- «jefe». He ahi los datos que hay que ri·
tuar en un contexto semintico que permita aclararlos.
El sentido propio de estos términm puede logranc por comparaci6n con una ten·
gua vecina, el eslavo y, parcialmente, el báltico. Nos damos cuenta entonces de que
«troplUt, «jefe de la tropa., proceden de un scntido mucho mis lencraJ: «amigo». En
antiguo eslavo y en las lenguas modernas drugu, o dt«ipD<» ncnifica «amiao,
compaliero». La noci6n de vinculaci6n, de aminad, CI tan fuerte que el adjetivo
-redoblado- puede dar la noci6n rcclproca de «el uno, el ruso dru,
El mísmo sentido en lituano, donde drUillUJ. con un ¡p-ado voállico diferente, si¡nlfi·
ca «amigo, miembro de una pareja, de un par»; de ahl el abstracto drau,'. «amistad,
compai'Ua, grupo de arni.¡os». El biltico utiliza este tema nomina! en una funci6n era·
matic:al. li1. tl:con». Ast, el compuesto antiguo pruaiano drvugi-waidiinen sigo
nifica «aquel que comparte la hc:rem:ia, que es co-beRdero, Mit-n-/Je".
FJ interés de nuestra confrontaci6n entre el germánico. el eslavo y el biltico con--
IÍSIe en esclarecer la sianiftcaci6n propia tic las palabras gcnninicas. Se lrata de la no-
ci6n de iCCOmpadía». especificada en 185 condiciones partial1ares que el gennbico in·
dica: una amistad guenera. El antiguo eslavo conserva una cxpresi6n paralela. eltér·
mino colectivo dniiino. «compaftc:ros de ejército. mtérmino lódco
para «soldado». ga-drauhl$. literalmente «aquel que tiene la. misma • draulttl·». signj.
ftca. por tanto, «aquel que comparte una camarad.erla, una amistad», entendidos co-
mo t&minos colectivos, ¡rupo de personas que ClItAn ligadu por el com(m servido de
la guerra. La palabra abstracta drauhl$ es la ucamaraderla guerrera»; drtluhli·witop
«npctu<cr.», es tanto el «combate» como «regla de la -drcnlhti-».
ConsideremO!l ahora el a. 151. droltjn y su grupo. La forma genninica -tUu.xIJ..
nlU. es decir, -drukll·nos. responde a un tipo de formaci60 espccirlca: se trata de c:»
rivados secundarios formados como ellat. dominus. Que desi&oan a aquel que esté. a
la cabeza de: cierta agrupación social. En las lenguas gerDWticas este lipo está repre-
sentado por varios derivados importantes: g6tico piudans (de -teutu·nos). «rey, jete
de la comunidad.». kindins (de • gen/j-no.r), «el jefe de la gens», simkrica de1latin
tribunus frentc a tribus. El antiguo inglés dryhlen, «scflor» (co los textos cristianos
«el Sci'l.or»), representa -druktlnos. «jefe de drukti».
Este tipo de relaciones caracteriza la sociedad gcrmanica antigua. De eOo encono
tramos una ilustración, indcpendiente de los términos que tratamos de interpretar y
tanto mis preciosa por ello, en T6cito, en 105 capitulos XIII y XIV de la Gtrmania.
El historiador describe la mane:ra en que: los germanos combaten, cómo sc rmnen, se:
organizan en tropas y las relaciones entre las tropas y 5U jefe: «Un nacimicnto ilustre
o los servicios destacados de un padre dan a algunos el rango de prlncipe: desde la mú
tierna juventud; los otros Uccan a jefes en la fuena de la edad y tras haber sido pro·
bad08 durante mucho tielnpo; y elte papel de compdero no tiene nada que pueda
avergonzar. Tiene incbuo sus diJtinci.ones, u¡uladu por la estima del principie que
forma con e:llos el séquito. Entre estos comi/es eUrte una emulación 5ingu1ar para ver
71
quién ocupa el primer puesto junto a su pr1ncipe: entre los prim:ipc:s, para ver quién
cendrA. mis compailerO& y los más valientes» [trad. francesa de RumouO. Se piensa
naturalmente en las relaciones entre el princeps y sus romitu,' el princt!pS se llama
aqul drollinn, los «gadrauhts». Entre la descripción del historia.clor y cl mi·
lisiJ del vocabulario se establece cierta correlaciÓll.
La fonnación de ,adltluhts se repite en gótico en d sinónimo galúa/ba,
ele armas, camaradaJt, literalmente «que comparte el mis-
mo pan". Parece evidente que entre got. ga-h/Qiba Yellat. c:ompa"io hay una estrc-
cha relación; uno de eUos está calcado sobre el otro. Probablemente es gahloiba el
orilÍnal y romponio la imitación.
El nombre del «ejércitoll es un término comlUt a los dialectos germánicos: got.
hor)i" ano ¡51. he", a. a. a. horl. Se encuentra ya en muchas ocasiones bajo la forma
110'1- en las inscripcionCll niolcas. Se lo encuentra además como Hariu-, Chario- en
nombres propios germánicos transmitidos por los autores clúicos.
Este tennino tiene un correspondiente en ceItico; la forma harja coincide eucta-
mente con el medio irlandes cuire < •koryo. «ejércitoll. Lo confirman nombres de
pueblos entre los galos: los Vo-corii, Tri-corU, Petru-corli se denominan asl por tener
dos, tres o cuatro tropas; por tanto, están constituidos por una reunión de grupos en
número variable. Aqui también el blltico, si no el eslavo, tiene una forma correspon-
diente: lituano kalios, antiguo prusiano karjis. «ejército».
Ei posible que la comparación vaya más allá del mundo occtdental, aunque haya
que recordar como pariente el antiguo persa Iciua que signirlCa, en ciertos lugares de
las inscripciones aqucmenidu, «1 pueblo», en otros, el «ejército», y denota, por tan-
to, «el pueblo en armasll. La correspondencia en este caso es menOlli estrecha: el erado
vocüico es diferente: hay una vocal larga y ésta no es una forma en • -)'O. Ademu,
kQra-. que se encuentra en el compuesto medio pena kilréiu, persa kirniu,
tlcombate», está aislada y c:¡ propia del dialecto persa: no hay en indoiranio nin¡ún
término comparable.
Puede intentarse precisar la significación del término en genninico con la ayuda
de una denominaciÓn de la mitología antigua: a. isl. Herja", nombre o sobrenombre
del aran dios Odfn. Este nombre es notable por BU rormaci6n misma: pertenece: al
mismo tipo de derivados en -no- mencionado mis arriba a propósito de los nombres
del «jefe». Hejan se apoya en -koryo-nos, «jefc del ejército». El nombre de Odln
mismo, es decir, Wotan, está formado también de esta mancril: • Wóda-naz, «jefe de
la WOda», del furor, o del cjército furioso.
AsI, en sus dos nombrell el gran dios es designado como jefe de una agrupación:
en tanto que Odin, de esa tropa furiosa que pone en pdctica iUS fechorias bajo su
nombre, y en tanto que de una tropa cuyo nombre mitológico nos es asimis-
mo conocido, los Einherjar, los luerreros muertos que habitan el Walhalla y comba-
ten bajo sus órdenes. Odin en esta representación es el rey de los muertos. He aqui la
tropa que él manda, la que constituye su propio
¿Cómo combaten? Hay correspondencia entre las prtcticas del Hn!r tC'ITestrc 'Il;u
de eJe mismo Heu en el mu: allá; es la misma agrupación, infernal o terrestre, son 115
mi.nnas relaciones entre 101 miembros de ese grupo y su jefe.
Tambih1 aqul Ticito nos üustra mucho sobre el sentido de I.u palabras en cucs-
tión y de cstu palabras recibe el texto a su vez aJ«tma claridad. En el capitulo XLIII
de la Germanio, describe la apariencia que se dan estos pueblos guerreros: «&toa
n
hombres feroces:, para encan::a:r mis aún su naturaleza salvaje, toman prestada la
ayuda dd arte Ydel tiempo: ennesreoen sus escudos, se ti!lcD la piel, escogen para
combatir la noche mta ocura. Sólo el horror y la sombra que envuelve ea-tc:iolÚlUbre
ejército Umzlis arrcitusj infunden pavor; no hay enemigo que afronte este aspecto
nuevo y, por asl decir, inj'ema/; porque en todo oombate los ojos son los primeramen-
te vencidos (trad. [francesa) Bumouf). ¿Cuil es C5C pueblo? Son los H¡¡r;;. T6cito
presenta aqullo que mis tarde se ha llamado • Wuotanes hui (al. WQtendu Heu), el
«ejército furiO$olt o «ejército de Wotanll. disfraz del ejército de los muertos: adoptan
la aparieDCia de seres infernalcs (es una mlISCTIradll) escogen la noche para combatir,
para herir de terror a sus encmigo&, irrupciOn de muertos entre los vivos. Este com-
portamiento de mascarad& reprcsema. sqún creen. el ejército de Odfn, en tanto que
Herjan, imitando en tierra las hazaftas de la banda de Odin, de aquellos que la epope-
ya llama Berserkr, propiamente: «aquellos que estÚ1 di5frazadofl de OSOlt.
El nombre: sermánico del «ejército», gótico har)tJ, se dcfme por catas concepcio-
nes y también en su entorno léxico como una tropa devastadora: la actividad propia
del Heer csté caracterizada por el verbo derivado isl. herja. a. a. a. herian. «hacer
una razzia», al. heeren, verheeren, «devastar». En este complejo linltUstico, etnográ-
fico y mitológico se: descubre la estructUra y la función del Hn!r que es una cosa muy
distinta del exercitus de los latinos o dcllu6s ¡riego. Es una agrupación del mismo ti-
po que la que ha sido dClicrita por Tácito en los capitulas XIII y XIV de la Germanio,
en un pasaje citado más arriba para nustnu la noción de drauhtl-: agrupaciones res-
tringidas, comprometidas en una vida comÚD y una carnaradcria ¡uerrel'll pDr fideli-
dad al jefe al que 5igum, y c:Dtrc&indose a deprcdllCiollCS ocasionab o a combates
entre tributo Es una cosa distinta que la philÚl del mundo helénico, reUtci6n normal
entre miembros de CÜ3tintas agrupaciones, familia o tribu, qw: comparten las mismas
leyes, hablan la misma lengua, ligados por la hospitalidad. Aquf se trata de una amis-
tad cxclusivamente de hombre a hombre, en una sociedad masculina consagrada. a la
prActica de los combates: harjis. draulltl, como trauen, se refieren siempre a este con-
jWltO de ideas y de instituciones.
Sin c:rnbarlO, este término ¿c:stA limitado al mundo europeo Frecucn-
tt:mc:n.te se ha con el gOl. har)ú, etc., el t&m.ino ariClo komos
«jefe•. E& curioso, en efecto, que la fonn.aci6n de ko/NUlOS coincida exactamente con
la del islancUs herjan, «jefe de cj&cito», e incita por ello a suponer en griego el mis-
mo nombre del ejército, bajo la forma de:: ·koyro-. Sin embargo, habría que precisar
el sentido de ko(ran08, que se traduce bastante v8Samcnte por «jefe».
En Homero, c:1 kofranos ejerce las funciooci de comandantcll, y el tomado
en esa cualidad, implica un verbo derivado koiranfiJ, «hacer el ko{ran03». Por ejem-
plo, 11. 2, 200: «Asi es como recorre las mas del ejúcito... »; koiranéon
(participio presente) consiste en renir a unos. alentar a otros, devolver la calma a
los más cxcitados, dar confumza a los menos valerosos. A quienes quieren impo-
ner su opini6n y se entrometen a dar consejos al jefe, les recuerda, tbid., v. 204-205:
oQx o:yu811v "' x.oCfllllO' latw, II:!; ... «La poJu-kolronft no vale na-
da: que haya UD 5010 kofrgnos, un solo basflftín. Para el poeta, cl kolnmos es algo
di5tinto al basUai8. Este Jwlrrmo.r no es un jefe en nin¡una pene combate
amismo ni le alcumtra a la cabeza de las tropas; recorre Iu filas para hacer valer
su autoridad personal. No dirige tampoco 101 debates de 11 Asamblea.. & La 0diJca
(111, 1(6), d mcndizo Iro pretende apubar a aquellos que van a mc:udipr a su vez;
rccJ.De,. de parte de UIiseI, el consejo de uo baocr el koÚ'anos, es decir de: no meterse a
73
dar órdenes, a increpar: el kolnmw CI una cosa distinta a un jcfc comba·
tiente. Tatno en Homao. como fuera de los textos homéricos. koinlfletn es el bccho
de1 potenlado 1oclJ, que ejerce su autoriclad sobre 1a.5 genles de su mesnac1a mis que
sobre un cjército entero. Si en la Odisea se dice en varias ocasiones quc los preten-
dienteli koiranhnisi es pocque dan órdenes a los criados 'J se comportan como amos.
Pero no parc:ec que pueda considerarse al koúonos como un jefe militar a la cabeza
de una unidad constituida. Bl titulo corresponde a una función muy diferente de la
del hnjan nónlico.
Otra cuestión es la de la relación que puede haber entrc kofrancn y el bitha
JcuirwaflaS (variantes: kllriwanai. kurewa1fllS), «indcpendientc, autónomo, no vasa-
llo». Hasta doncle podemos dcímirlo, cl término bitita parece no tener mis que un
parecido fortuito con koíranos. A juzgar por las variaciones de forma es posible in·
clwo que provenga de \lIlil lengua local. No sabe, por tanto, qué valor atnDuir 111
hecho de que el nombn: propio Xo(raflos es llevado en Homero por un licio '1 por UD
cretense. Asimismo, es imposible interpretar, en un sentido o en otro, la ausencia dcl
ko{ranos en micénico.
11
La expresión por excclencla de la noción de «fidelidad», la mis general y al mis·
mo tiempo la mejor caracterizada en indoeuropeo occidental, es la dcllatln fidn, con
SU familia ctimol6gka. TIene prolongaciones en varios dominios. acepciones religio-
sas, morales, filosóficas e incluso jurídicas. Aqul se conJidc:ruá este grupo de pala-
bras para dcímir en cicr1a medida las modaHdadcs de la noción a través de Jas J'C1acio.
ne¡ de formas.
A la familia del latín fides corresponde en griego la de La
forma verbal aparece primero en la voz media: el pr-nente activo de fepenua·
<tir». es secundario; ha sido construido bastante tard1amente sobre pe(thomai, «abe·
dccer». Conforme a una alternancia de carácter arcaico, tiene por perfecto
pipoithD. como glgnotrlllL· gqona. Esta raíz proporaoaa un sustantivo abstracto
peiJhD. «pemIuiónlt Y un nombre de acciÓD. pis/k. «eonflanza. felt. con un adjetivo.
plst6.r. «fiel». Sobre pistt1J K ha constnñdo un nuevo presente hom. Pi.1toQn. «com-
prometer a la fidelidad, oblip.r, ligar por una promesa», y también putezl';. «tener
que ha prevalecido.
Fuera del laÚD y del griel'O no encontramos para citar. con el mismo sentido, mis
que una forma nominal deJ albanes bi. «juramento», de • bhoida. Se encuentran, por
otro lado, formas fon!t:icamente comparables, pero cl sentido es tan diferente que no
se ha podido fundamentar una comparación que la forma parecla suponer: aqul es
donde las dificultadcs del problema comienzan. Los datos son, ante todo, los delgcr·
mAnito: la forma gótica beldall se apoya en -bheidh·. lCll decir, sobre el mismo proto·
tipo que ellatlnjidu. pero el verbo gótico si¡nifica «xpoa3wca.\!, esperar, tellCl'
paciencia, aSuaDtllD, uimismo a. w. bidil. Luego, con otro arato radica1, tencmDl
en a6tico btJidjQn COD un sentido todavia cllfcrcnte. puesto que traduce d griego Qntm·
k6zein. tu:OIlstreftiTlt. igual que el an.gJosaj6n bidüm. «constreftir. forzar». Este senti-
do de «constre6ir» permite entonces un acercamiento con deslavo blditl que trad\KlC
ese mismo verbo anankkdn. y con el sustantivo blda. «an4nJei. necesidad, c:onstric.
Q6n».
74
Estos paralelos quedan indicados en todos los diccionarios ctimol6¡iCOl con las
incertidumbres y las dudas que impone la di&paridad de las !i¡nificacloncs. No se
osa ni dejar a un lado, ni adoptar francamente estas correspondencias debido a que
resulta imposible justificarlas o refutarlas.
Importa, sin embargo, saber hllSta dónde debcmOl entender la
¿Ha'l que IimitarSC' a las formas griegas y latinas en la rccon51rucci6n7 Pero SI las for-
mas germtnlcas y eslavas deben ser esto IJ.lodmca el de datOll
scmintlcos. Antes de tomar partido, es precIso cxammBr elscntulo de los térmInOS en
las 1cnguas en que se deja definir con rilar.
Consideremos. en primer lugar, la! palabras latinas. Hay que decir que el sentido
dcfuJis es relacionado de forma inexacta en nuestros. dia:ionarios: de: forma tan erró-
nca que ni siquiera se puede comprcnder la collJ1.rucoÓn de 105 empleos.
ra cstudiarlo hilY que remitirse al articulo jidis, del Thesaurus IatlDO, donde los dife-
rentes sentidos se hallan correctamente clll5ificados.
En efecto, si continuamos traduciendo !idis por fecOnfianzB», ciertBS expresi?ncs
esenciales como jithm habere. fides es' mihl. frecuentes en la lengua de los cómiCOS,
corren el rieseo de ser entendidos al ast, Plauto, Pseud. 467. puruam esse ,opud
te mihi fidtm ipse inte//ego, Si tradujesemos mihi est, fules por fe (en ti), yo
(te) doy mi confianza», llegamOll exactamente al sentido contrano, que de hecho .es:
«(Yo se desde hace mucho tiempo que tú me desprecias porque) yo comprendo blen
que tú no tWfles en mI m4J que "na confl/Jnla.» Otro en A"!ph.
Jads lit tuis nuJ/Q llPud tefida sU. hay que entcnder, aslmllmo:. «TU "0 tlefla
COnfKl1lZll en NS gentes». . . .
El conlato y la sintui5 auténtica de este &11'0 unpooen una traduccIÓD que parece
invertir las relaciones previsible¡; lides esr mihi apud Q/iqwem significa: «alguien tiene
conf"wua en m1». Para traducir mejor fidls literalmente reemplacemos «confianza,))
por «crtditOIt. La traducción literal de fldes est m,ihi Qplld aliqllem C?nvicrte en:
«yo tcogo crtd.ito ante alguien»; es entoDCCS el cqwvalcnte de «yo }e msprro confian-
za» o «el tiene confianza en mi,.. De este modo, la noción latina de fulis establece
mm 101 aaoclados una rclaci6n inversa de la que rile pana nosotrOS la noción de
«conf1allZ8.». En la expresión «yo tengo conr1aDz:a en alguienlt, la confianza es algo
de mi que yo pongo en sus manos y de la que él diJ;pone¡ en la .CXJlresión latina
est fuln flPIId a(iquent, es el otro quien pone su confianza en mi, y soy yo el que dis-
, .. '
De este modo el término filies es solidario de la construCCión esr m,h,. c:xprcslón
propia de la pOlcsión; y esta se determina por la preposición «pud, «en»,
indicando el socio. El «poseedor» de la fIdis ostenta, por tanlo, un tituJo que es de-
positado <cenit alguien: lo cual muestra quejidi:s es propiamente el «credito" de que
se goza ante el asociado. Todos los ejemplos antiguos lo confrrDWI.
Este figura tambien en otra locución perfectamente conocida, en la que el
sentido le presta también a rectificación. Se trata de la apelación pro diuom jidem,
para obtener la ayuda de los dioses, o tambié.n: di•. ob.recro lIestramJidem• .
)'O pido luplicante vuestra fldis». De que fides designe la confianza que qUien habla
ixLspin a IU i:ntcdocutor, y de que loza jW1to a f'eru.Ua que es para .i:J. una «gano-
t1a1t a la que pucd.e recurrir. Lafldis que los mortales bcncn ante los dIOSes asegu-
ra B cambio una garant1a: es esa garautfa divina la que se invoca en la angustia.
Para quien esti convencido de: estas relaciones sintiaicas y .sen1:áDticas, la locu·
ci6n francesa «noir confiancc en quclqu'un [tener confianza en alguien]» es la que se
75
COnvierte en UD objeto singular. Se dice.je donM ma fol, j'accorde ma confiana: [yo
d07 mi fe. )"O concedo mi COofWlZ8]». Algo de mi es dado en I::fect.o a alguien que en
adelante 10 posee (di posee mi conflanza»). Pero, ¿cómo Cltplicac que se diga
bitn «.aVO;r confiance [tener confianza] en alguien? ¿Cómo se puede: dtu una cosa y
tenerla al mismo tiempo? La respuesta DO debe buscanc en fllllK:ts mismo; la expre.
sión «avoir confiance» sólo es compn:nsible como traducciÓll de la expresión latina
/idem hGben. Hay que explicar, PQr tanto, fidis en esta nueva construcción comple-
tamente distinta de la otra. En esta ocasión, el verbo a considerar: haberr, entra en
divl:TSllS locucjoncs idiomáticas. De becho, el airo fidtm hatmr aliad debe ser com.
prendido de la misma manera que Iwnorem alit:ui, Katribuir UD honor a al.
pienlt. y li¡nif"ICll, poT tanto, _atribuir a alguien la. jidEs que le pertcnc:celt. Ast, Te-
rendo, Eun. 197: jonitan IIk mihi pgTWam babea! fiden. «quid este hombre tcop
poca confi&llza, me atribuiri, Wla débilfidis...
De este modo vemos la relación entre hie mihi jidem habet y el antiguo est miJJlJi.
du apud ¡¡/um. Por un desarrollo cómodo, se pasa en la 1enrua de la retórica a la ex.
presi6n fidem lacere orat/on/, «crear mediante un discuTlo lalidis», ClI decir, aqui la
credibilidad. En adelante es la palabra la que posee unafldis y se puede decir esf ora.
tlo"i lides apud allditorem, «el discurso posee esa lides ante el oyente», y llega asi a
ser capaz de persuadirle. De ahi, por abreviación, fidem flud/tori laCEre, literalmente
«inspirlU'" credibilidad al
A partir de ahi se desarrolla fidis como noción subjetiva; ya no es la confianza
que se despierta en alguien, sino la conflanza que se deposita en alguien. Esta conver.
sión ha sido el momento esencia) de la evoluciOn. Podria seguine el desarrollo de la
nodón en conocidas: • i" f'uJem ac dicionem popu/l ROf1fflni /fTlderr: «en.
tre¡arse a laftdu y al poder sobcnmo del pueblo romano»;fidis esti vinculado a di-
cio, facultad de disponer de al¡uien; o se in fidmr tt potestatm¡ aJicIIiln tradt!l't!.
Igual que la potestfu ., la dició, lafidü es una cualidad. reconocida al vencedor.
&tu c:quivaleneias esclarecen otro aspecto de Iaffdis. Si se pasa revista a las dife-
rentes vinculaciones defidb y a las circunstancias en que se empican. se verA que los
asociados en la «confianza,. no tienen una situación laual. El que posee laJidis pues.
ta en él por UD hombre tiene a ese hombre a su mc:rced. Por eso fidis se vuelve casi ai.
o6nimo de dició e/ po/estm. su forma primitiva. estas relaciones CDtraiian cien.
reciprocidad: poner su fJdls en aI¡uien procuraba a cambio su garantla y su apo)'O.
Pero esto mismo subraya la desigualdad de las condiciones. Es, pues, tanto una auto.
ridad que se ejerce como una protección sobre aquel que le somete a ella, a cambio y
en la medida de su sumisión. Esta relación implica poder de coacción. por un lado;
obediencia, por otro. Se puede ver en la significación precisa, muy fuerte, de la pala.
bra latina/Ot!dus (de "bhoidu·), «pacto» establecido en origen, entre contratantes de
poder desigual. Es lo que muestrlUJ ciertos empleos poéticos: omnt!Sloedere naturat
ctrto discrimina seruant. «todos, confonne a 1M leyes JIjadtJs por Úl nalJlra/eztJ. con.
servan los caracteres que los diferencian,. (Lucrecio, V, 923, trad. [francesa] Ernout);
hu Iqf!S aeternaqut foedera ctrtls imposllit natura loci.r. «la naturalez.a ba impuesto
estu leyes y Citas convenciones eternas en ciertos (V'lTgilio, Georg., 1, 60).
Este poder apraniantc ddfotdJ,u IC extiende luego a las dos partel.
. Las fonnu latinas aclaran, grat:ias a locuciones de la len¡ua religiosa y jurlcUca.
divenas 36pCCtos cid sentido. Fuera del lattn, estas nociones eltu laici7adas '1 cape.
elalludai. No obstante, en JCiqo el verbo uyo me dejo persuadir, yo obe.
dezco,., permite reconocer todavll que la «penuasiÓM equivale o de&emboc:a en la
76
«obediencia» y supone una coaa:ión, aunque la forma institucional de csUllUIDisióo
ya no apcuezal.
Podmtos entonces tomar de nuevo y prcQsar las relaciones etim.ol6gicas con las
formas gerrntnia::u y eslavas. Huta ahora los etimologistas dejan planteada la cues-
tión de saber si el .sentido del ¡oto beil/oll. «espC'l'ar», puede relacionanc o no con el
fulis. ctc. Asimismo, para el a. esl. bldo, «coacción, an6nki». ScmejantCi problCD1l.!
oacen a menudo de una visión demasiado sumaria de las relaciol1CS de sentido. La prl·
mera condici6n a observar es definir con exactitud 101 términos en cuestión en la len-
gua milma. Si se examina. cómo empica 1::1 gótico beidluJ. tlesperar, prosdlJehesfluli.
prosdok4n». se observa eo particular LUQS 11, 2.5: «era un hombre jUlto y piad050»,
beidmu loJxmu/3 ISffHII.r. 1((aplx1JlFw wü «que aperuba la con·
solación de Jsrael». Aqui, la ca: una «con(umzu en el cumplimiento de la
profecla de baio (33. 20). Marcos, XV. 43. wa.r silba beidantb /Jiudangardjw Illdis
(Jost: de Arimatea, míembro notable del Consejo) que tambim «upera/)Q el Reino de
Dios». Aqul también «esperan) equivale: a «poner fe en...». Lucas, 11, 38. }Jaim us-
beida"dam Jopon Jairusaulwmos. (ca aquellos que esperaban la liberación de Jerusa-
lén»; es todavla un acontecimiento esperado con la conf1.8IlZ8 que da la convicción.
Es lo que queda conrmnado indirectamente en el contexto de 1 Coro XIII, 7, donde a
gabeidi/J, soporta», sigue pulaip, «excusa»; galaubei/J. «cree». wenei/J. «es-
peraN. No hay, pues, en gótico ninguna ruptura con el sentido antiguo de "bheídh-,
sino solamente UDa evolución de ((poner su confianza en alguien o en alSON a «espe-
rar» e. inclUID, cuando es tomado en una acepción trivial. este verbo :se relaciona
liempre con una previsiÓll cspc:ntda.
No hay tampoco mayor dificultad para admitir Que beidon tiene IU causativo en
baitticm. Aqut se ha cmdo ver de nuevo un obsttculo insuperable en el sentido de
ba;dftm que traduce el gr. a"anlc6zein, «apremiar,.; ¿c6mo «apremiarlt podria ser el
causativo de «C5pCJ1lT»1 fu que no se ha tenido en cuenta lo siguiente: hay en lótico
dos verbos difem1tc5 para traducir anankthrirt. Uno Cll nau}Jjan, Ilejercer una coac-
ción f1sicu; el otro. baidjan. no indica mis qUI:: una coacción moral, que es persua-
si6n (cfr.!1 Cor. XlI, 11; Gal. 11, 3; 14): por tanto, podemos imaginar que la relación
de beidan con baidjan Cll aniloga a la del ar. pelrhomai, «fiarse de» y pe/thó. «llevar
a alguien a obedecen. Esto vale tambim par. el &. es!. bKda. «coacción». A
do la unidad anti¡ua le deja restaurar, y se pcrdbc c:ntonccs que entre el valor de las
formas griegas y latinas y el de las formas gc:rmAnicas y eslava hay, sobre todo, un de-
bilitamiento, una ptrdida del sentido in.sdtucional. Esto debe afectar principalmente a
la emergencia de una ex.presión nueva de la fe y de la fidelidad en germinico, que es
precisamente Treue y los tkminos emparentados con él.
La historia de fidis desborda su parentesco etimológico. Hace mucho tiempo que
se ha observado que fules en latin es el sustantivo abstracto de, un verbo diferente:
elidO. Elta relaci6n supletiva ha sido estudiada por A. Meillct J .quien ha mostrado
que la relación antigua entre crido y lidls se reaviva con el cristianismo: es entonces
cuando término profano, ha evolucionado hacia el sentido de tlfe religiosa)), y
crid6e. hacia el de «confesar lufldin.
Hay que anticípa.r aquí las conclusiones de un análisis que le encontrará más ade-
lante (pp. 112 Y11.) para poner de manifiesto lo que de al¡una manera prcdertinaba a
jidis y a cridlJ a funcionar de modo supletorio. Veremos que cridó es literalmente
J MItttt:1IIu • ,. Sodel' dt Unpinlqwdt PruiI. XXll. 1922, pp. 21j ., SI.
77
ttpOIlCr el ·knth, es decir. d poder miaico en un ser del que se espera protecciOn.
por consiguiente «en:cJ'» en él Ahora bien. nos ha parecido que fuJis. en su senthlo
primero de tcerédito, crcdibi1idad», que implica 4epend,cncia de aquel queftlkm ,",/NI
aliad, designa una nod6n muy pr6xima a ./uM. Fícílmente se comprente, por tan-
to, que habiéndOle perdido en latto el anticuo nombrc.raíz ·krrd, f l d ~ s baya podido
oeupar ID puesto como sustantivo COITCSpondicnte a crtdó. En eslos dolI términos se
rC'6nen nociones, en las que lo jurldico no difiere de lo rcli¡ioso: todo el derecho antl-
JUO !lO es mú que un dominio particular rqido por pricticu y regIu que lindan
aún coo.1a m.1stica.
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SECCIÓN 111
LA COMPRA
CAPÍTULO 9
DOS FORMAS DE COMPRAR
SlItnflrW. Las nd!O:elIi • y kW,r-. han dado en Iu lengull5 105 Yl:TM plllll
{l!O:ompnl.r,.. "C'I"IID sin6nimas eD lndoeuropeo7 Blgrlqo. donde estas dos ralees coexisten
y fUncionan de modo IlUpletodo, permite establecer que la primera dCllignabll la tran.JrlC-
rión. la Iqplnda. el PQO.
Para designar la «compra», el acuerdo de varias lenguas proporciona un grupo
etimológico bien dcfmido, el de ser. va.rna-. gr. ónos lato uenum. La forma
nominal CS, en todas partes, la forma primaria: ser. vasna-. «precio de compra», pro-
porciona una forma verbal, por lo demás. rara, el denominativo vasnayatiJ «debatir
una compra. regatear»: en griego MOS proporciona el verbo iJnlomai (Wvto¡.t.ar.t), en
armenio gin ( <. werno·) proporciona el verbo derivado que es fonéticamente gnem,
«yo compro»; en latin. el sustantivo uenum se une a dos verbos: uenum darr. «ven·
der» y uenum «ir a su venta, ser vendido». Se notará que, incluso en latin, la lo-
cución uenum daTe ha dado uendere. «vender»; esta estrecha relación que se ha esta-
blecido entre uenum y darr es un hecho de los más singulares: la noción de «vender»
se define en latin como «dar» de una determinada manera, con una determinación, la
de uenum.
El ténnino indoeuropeo es '" wesno- como fonna nominal; las fonnas verbales his-
tóricas son todas denominativas, por via morfológica o sintácticamente (lat. Uf!!num
dare. ire), y, sin embarso. "'we.sno- no puede ser más que un derivado. Hay que resti-
tuir una raíz prehistórica '" we,s-.
Ahora tenemos esta ralz, '" MIfl'S-, en hitita; es una con(umación bastante reciente
de nuestras reconstrucciones: el presente hitita waii significa «él compra». De esta
misma raiz deriva el verbo hitita usnyazi. «él vende», que presenta la fonnación en
-n- del sustantivo '" wesno-. Estos datos bititas garantizan que tenemos en la ralz
'" we8- una de las formas m!s antiguas del vocabulario indoeuropeo.
Hay otra con(umación más, pero indirecta. Se obtiene remitiendo a su origen la
palabra persa bien conocida biiilr que quiere decir «mercado». Hay que remontarse
muy lejos para reconstruir la forma inicial: el armenio, por préstamo, ha conservado
la forma wiCof. con una ;. (r rouIé) (*) que denota r + consonante. En iranio medio
encontramos wáéam. «calle comercial» (soSdio y pelvi) donde el grupo rn da raZÓll de
(") Vibrante aplcal que se reaUza mediante uno o ...11'I01 movlndentol de la p¡mta de la Iqlla r.:ODlJa los
dientes. 101 aI...iolol o la rc¡ioo prepalatal: en c:altellUlO 00 corraponde CXKtamente a la f-. "'- se emplea
en al,uou parta cid r.:uteUano de Am&-Ir.:a. (N. T.)
81
la ; armenia. Esto permite restituir ímalmcnte un compuesto, • wahü:a,rana, donde el
lIe¡undo ttonino indica el hecho de marchar y de circular, mientras el primero provie-
ne de ·wah- (raLt., • wes-). Por tanto, es l<I:ellugar en que le circula para las compras»,
el «bazar». Puede verse la constancia de la forma.
Sólo que la situación indoeuropea se complica. Resulta que tenemos testimonios
iBUa! de antiauos, que prueban el empleo de una raiz diferente, que st,nifica paraicl.a-
mente «comprar•. Es la raiz del SCf. kri1JiPni (que se apoya en· k"r;'). del persa mo-
dcmo Xlltidlm. En el uso láico, las formas de kri- tienen incluso ron rcalidad que
VQSIfQ-. que no es mú que una supervivencia en
Esta rait se encuentra en la lengua llamada (crr6nc:ammte) tocarlo. donde «00-
mercio» SI: dice kuryar o /uuyar, seg6n el dialecto; la rdaci6n con la raiz ain&crita ha
sido m:onoclda Inmediatamente. En griego, la conocemos poi" el aoristo priDsthai que
juep un papel de tiempo !nIpletivo en la conjugación de Onft1mai; en irland!s crrnim,
tlcompl1ll1t; c:n ca1avo, antiguo ruso krlfnuli; la ra[z también existe en btltico; no se
en laún, ni en genninico, lengua que de todas fonnas aqui se encuentra
apal1e.
De este modo se plantea un problema, al menos para el lndoira.nio '1 el &riego.
¿Cómo explicar la c:oexiIteDcia de dos familias etimológicas diltintas para designar
una noción idlntica y que parece no poder diferenciarse? MientnlS que: aqul una mis-
mil. op::nu::ión CI dcsi¡nada por dos vcrb05 diferentes, ocurre que las dos nociones de
tICODlpran y de «vendeD son cxpRS8das por el mismo verbo, con una variación que
podr6 ser la adición de un prefijo (alemán ktnifrn/YerlCllJifm) o una vanadón tonal
(dUna mui-moi, «campear-vendcnt, con dos tonos diferentes), halltndosc dlfcrcnc:ia-
da la noción, en cierta fonoa, entre las dos mitades del proceso. Puede ocurrir incluso
que la determinación del sentido .se haga únicamente por el contexto; 1UI, misthón
phIro, donde mlsth6n si&nifica «el salario», puede tener los dos KIltidos de «pagar el.
salarlo, lkvar d. &&1It.rio a alguiemt y de «llevar el Wariolt, hablando de aquel que lo
recibe: por tanto, según 10l caso& es CIlpagant o «recibir».
Aqui, a la inversa, para una sola operación, la de «eomprar», tenemos dos verbos
difcrc:DtllS. El sentido atestiguado es el mismo para ·wes- y para ·k"ri-, tambien ao-
ti¡uos, con una distribución que coincide en una parte del territorio: • we.r. es hitita,
iDdoiranJo, ¡riela, latín. armenio; • /r:"ñ es indoiranio, gricso, c:éltico, eslavo y
biltico.
La mayor parte de llU lenaUBs indoeuropeas han escogido entre una cm u otra.
En una len¡ua, elariego, las dos funcionan juntas; cmlomai y prkuthu/ se encuentran
asociadas en una conjugacióo de formas complementarias, supliendo la leaunda a la
primera por su aoristo. Pero las dos han estado en uso separadamente y poseen una
conjupci6n completa. En indoiranio, kri. kri'1ü es muy empleado, prict:icamente
con exclusilm de 1M. otra raiz, representada solamente por WlS'na- y al¡unu otras for-
mas nominales; asi como por el denominativo VQS1Ulyali quc apenas es empicado; el
verbo ordinario es kr;-.
Los bechos arlqos son mis instructivos. Los empleoll en ylucao 10& de la
prosa jonia permJten captar el valor propio de cada una de las dOI ralccs. Se discierne
que ónbJ11I(lJ ea «comprar», por discusi6n con el vendedor, bastante a menudo «tra-
tar de comprar»; pero prlaslha; tiene esto de particular: que comporta una determina-
ción instrumental como kleá/ef.fi. tlbienes. mcn:anclaa, pollcsiones». Aparentemente
el empleo de ese verbo denota el modo de pqo, eventualmente 1& cautidad pagada.
MienUas que &'01, anJ, Óllionwi designan da compra en seneraI, el hecho de prcsen-
82
tarse como comprador», p,lasthai, es «realizar materialmente la compra p8SlUldo».
Esta interpretación queda confirmada por los derivados que no cstin consuuidos
de la misma manera según que procedan de una u otra. Se tiene el adjetivo ünitds,
cuyo femenino anell. en Homero, le opone a game/t, para designar una Clpo!a «com-
prada», distinta de a la que se ha «desposado» con todas las fonnaUdades.
Pero no hay ·pri4ll: en este caso, la noción de compra se expresa espcdficamcnte
por iJnhJnuz;. Ya la inversa, tenemos un adjetivo negativo: QJJri6ti, (lOO compradu.
squido de "lUJpoin01l en un pasaje (11. 1, 99) en que el padre de la joven cauliva que
Agamcn60 retiene rcdama su hija y pide que se la devu.clva «sin el hecho dI: priastJwi
y sin poinb. No quJm proced¡;r a una lr&nsacci6n: es su hija: que se la devuelvan.
pura '1 5implemente, sin uscate (an6poinon) y tambi&1 "pri6rin: ella no puede ser
comprada. FJ padn: no tendrá que papu para obtener a su hija: apr;6r€ está en el
mismo rango que an6ponon, «sin poinl.,., noción material, modalidad de pqo.
Se ve cómo 1o6 dos verbos se distinguen: mu restringido y materiall:S prl6stlrai,
más general ónéolffili. Esto le debe. también, a la oposición scm6ntica establecida en-
tre las dos caras de la. operacioo¡ cuando se quiere decir «comprar» en contraSte con
«vcoder», se recurre a Ólllomai '1 no a pri4sthai.
La compra y el pagO son dos operaciones diferentcs, al menos en dos momentos
difcrente3 de: la misma operaciÓD, en las civilizaciones antiguas '1 tambien en ci.enas
civilizaciones tradidonales de hoy: el JXlgo sigue a la conclusión de la comprt1 y al
acuerdo en el precio.
8J
CAPÍTULO 10
COMPRA Y RESCATE
El illdocwtJpco 10111 do5 paIabfu pan. _qm, ....Ior». POrro el BIl.dio
• 101 empleos homéLicOl de gJpIttínfJ. cpropordonar, nJa-». bm: .,...ettr que e/pIf;
dcsi¡nc Driain"mmle d valor de CMII.bio de IUI P\IUlO n d Ser.
tJrlrfJ/••bombrc: partic:u1annentc IDCJcccdor-_, viene • ttlnrlnnar liSte Rnlldo
Entre: los amnanos. la C'DIIUlllbrC de vender al hoalbn que llII COIOPl'omcfldo '1 padl-
do Al. propia Iibtrtm en d juqo, pcrmIle I;OIDprmdef ql,lc d lCI'ltido de ncadcnt del
YUbo a6Dco MIQtnr te haya coaiIlLuido • pmir de elle, n.u anaipo, de .ofrszr l1:li .....
aUkiolt. r.......... ..
Numcro&DI dalD5 lin¡Olslk:os concon1anla lkvaIl • penar que' al , ....... .. le
c:omprahu no rnrrt:aDciu., sino seres h\unatMM. DI: ,are: modo, comprar ni
malle: n:::KIIW. pucslo que, mrdilntc: liI c:ompn., se Libn8ba I un hombre: de UD condi-
ción p'illl2ria. iI de prisionn-o de ¡urrra, por rjempkI.
Para la nodón de «precio., de tlVaJofl', tenemos un ténnino cosa.
rara en cl40minio de la economía. Estt rcprcscotado por el sr. II/phi sobre
todo po.- el verbo denominativo 1I1ph6nó «ganar un pmnio, sacar un berte-
nciolt. y en indoiranio por: ser. arlr-, «valer»; argM-. tlvab. pr«iolt; ay. an1-. «va-
lerlt; «valor, pucio»; persa llf1.üian. «valer, tener rutim. kqu:e vale•.
Por otro lado. no tenemos una COITeIpondencia mis que en báltico: lit. algd.
a. pr. algfll. Ctsalarlo».
En piCIO alpM es un término raro, que tiene pocos derivad05; fuera de un com-
puesto dd q;c tratuemos más adelante, la raiz no ha producido en la lenlua clásica
má5 que el adjetivo tlmalphes que se traduce com6nmentc por «precioso» y que lite-
ralmente significa «que vale su precio». Parece que no hay &00 que constatar el senti-
do, ascsurado, por otra parte, por los correspondientes precitados, y deducir de ello
que cxistfa una opresi6n del «valor» en indoeuropeo.
Pero lo interesante es precisamente dermir el «valor)t. saber -siempre que sea
posible-"a qut orden de representaci6n estA asociada esa noci6n. ¿De qut es el va-
lor? ¿Cómo se: lo estima? Seri útil precisar el sentido de alphdno que no tiene en Ho-
mero más que un pcquefto número de empleos, pero todos eU'oa significativos.
11.21,79. Se trata del combate de un hijo de Prtamo, lica(m, con Aquiles, que lo
tiene a su merced y que esté. apunto de matarlo; el otro que no puede defenderse le su-
plica que le deje con vida: «Es en tu casa donde yo he comido trllO, el día en tú
me hiciste prisionero en la morada de mi padre y tú me transportaste lite-
ralmente "hecho franquear", cír. mis adelante, p. 86) • Lcmn05 (para venderme)>>.
8( 'W\ J¡).,ov. «yo te he reportado el bencflCio de cien bueyes)).
De CIte modo, el sentido de 1I/ph6niJ. «tener un valor», se" mú exactamente
«procurar un premio, Clcrto beneficio»; es el premio que un hombre procura con su
venia a aquel que de derecho lo posee por hecho de guerra.
Od. 15, 453. «Este hombre yo podrla raptarlo y luCIO lo llevarla en un navio y
o11' ¡tup(ov WwY G,ol. Se trata de un esclavo que se rapta para venderlo, '1 enton-
ces p-oducirla UD beneficio (cer. mil amOa sobr"e MOS) de «diez mil veces lo que
de costar.»
Vemos aqul la relación de QtphtJno y de Ónor. precio de compra; anteriormente se
vinculaba a pn'do, vender. Se veri que Ónm se rcftcre tambitn a la trata de hombres.
Od. 17,1SO, ... un hombre que en mi navio)'O llevaría lejos de llaca l'\c foUK píowv
nol.W cí>.tiX, «a fin de que me produzca una lubsiitencia abundante, con lo que vivir

Od. 20, 383. Los pretendientes, en la seguridad de la victoria, pronumpcu. Q1 tér·
minos despreciativos hacia los hutspedes entre los que iC mcucntra UliIcs distruado.
«ArrojemD5 a mos huéspedes basta la pum.,. (360)... «cojamos. cs1o¡ atranj.cros,
arrojimoslos el) un navio y enviémoslos a Sicilia. .. ». 6Ekv xi 'ttIt itwv D.fol, «donde
producirtan un prcQo digno de
He ahi todDJ los ejemplos del verbo en Homero. No hay la menor variaciÓD en el
sentido: es un hecho notable Que esta dctcrminaci60 comtante todavia no haya sido
subraya4a: IIlp1uJn6 siJDiñca «producir un beneficio» hablando de un hombre puesto
en venta por su propietario. Ése es el :sentido propio del verbo «valer».
Podemos conrumarlo mediante ona prueba. Se trata del compuesto a/p/w.$/boios
en la Iocuci(m ptlrthbloi IIJp1testboilli (O. 18, !593), cdu mucbachali que producen bue-
yes» (a 5U familia), porque se ofrece este precio para obtcnerlu en matrimonio.
La noci6n de «valor» toma, PUC5, IU origco en el valor personal, f1Iico, ele los
hombres que son su.sccptibles de scc puestos en venta; en el mundo homtric:o
a/pJuínó se dice acIuslvameote del prove:eb.o que procuraba la venta de un priliontTo
de guerra.
En indoiranio, el término COfnllpondicnte, sa. arh·, av. C$ mucho mis am-
plio; designa toda clase de valor. Pero tcncmDl un indicio en indio de que la signiflca-
ci6n revelada por JI'. alph- no es un dC$llrrollo propio dclsriego, sino una noción he-
redada.. Lo VCffiO! en un término conocido del vocabulario religioso de la India: es el
participio IIrhllt. «hombre panlculannente merecedor. que se ha granjeado rni'ritos»,
espccialmente en d budismo.
El hecho notable es que arh· no se dice mis que de un hombre, jamis de un obje·
too Desde el védico, esta restricción con una cualidad humana, incluso aunque ha)'a
sido transpuesta al dominio moral, indica que el «mérito» es el «valor» personal de
un ser humano. Gracias alsriClo, podemos unir de nuevo la noci6n de «mé'rlto» per-
sonal a la de «valor» comercial, asociada hta a los verbos "que significan «comprllJ"» y
«venden>. Todo ello Clclatece el mismo tipo de sociedad y las mismas cOfltumbres.
El derecho de aquel que captura sobre aquel que es capturado, la transferencia de
prisioneros, la venia de hombres en subasta, he abllas condicionCl!l de donde prolresl·
vam.cnte han derivado tu nociones de «compras», de «venta», de «valor,..
En dominio scnnAnico se puede observar un proceso aniloCO, que pone de mani·
flesto la corcelad6n eDtre un testimonio hist6rico y un dato Itxico. El te3timonio es de
TAcita. quien refiriendo el gUito de los ¡ermanos por ciertos juegos, muatr. hasta
dónde les condu« la pasión por el juego de los dados: «Los dados, con. sorprenden-
te, son para dios a,unto :serio, al que se aplican en ayunas, cxtraviado:s a tal punto
ss
por la ganancia o la pérdida que, cuando no tienen nada más, son capacc:.s de poner
en juego, por un último y supremo golpe, su libertad y su propia persona. El vencido
acepta una servidumbre voluntaria: ... más joven quizá o más robusto, se deja atar y
vender. Tal es su obstinación en una locura: a eso lo llaman ellos mantener su fideli-
dad. De esta suerte de esclavos se deshacen mediante comercio para librarse también
ellos de la vergQenza de la victoria» (Germ.• 24, trad. (francesa] Perret).
Hay que observar la manera en que Tácito designa la condición de aquellos que
incluso han vendido en este juego la disposición de su persona: seruos condicionis
huius. No son esclavos en el sentido romano: no hay esclavos propiamente dichos en
el mundo gennánico. Por lo demis Tácito lo dice claramente. Los entregan al comer-
cio (per comercill tradunt). no para sacar provecho, sino para liberarse de la vergUen-
za de haber reducido dc ese modo a servidumbre a un compaflero.
Esto permite comprender mcjor cl término antiguo que, en el germánico del norte
y del oeste, significa «vender» y que todavta no hemos coDJiderado. Como se ha vis-
to, no es raro que «vender» sea una variantc de «comprar»; tal cs cl caso en cl alemin
actual con kmifen y Yerkaujen,' también es ese cl caso en otras lenguas en que el mis-
mo verbo, según esté en activa o en media, marca las nociones rcciprocas dc «com-
prar» y de «vender». Ahora bien, en gran parte del gennánico, tenemos dos verbos
diferentes. Para «comprar»: got. bugjan. ingles buyo que será explicado algo mAs adc-
lante. Pero para «vender» se encuentra en a. noruego sefja. a. inglés sellan. inglés
se//. a 10 que responde el got. safjan quc no significa «vender», sino «ofrecer en sacri-
ficio» (= gr. thaejn); así en la expresión huns/a sa/jan = Arz't'pICIlV -n:poacpip&l.v Gsc'¡i,
«rendir culto a Dios», donde hunal designa la ofrenda de sacrificio.
El gótico sa/jan. «entregar en sacrificio a una divinidad», aclara el origen de a. isl.
selja, «entregar, vender»; es, propiamente, la «vcntu, concebida como ofrenda que
se entrega. Ése cs probablemente el tipo de venta de que Ticito nos habla, venta dc
un hombrc a la que uno sc resigna, sin espiritu de lucro, para liberarse de la vergüen-
za de haberle ganado, y que es cumplida como una ofrenda, en cierta forma como el
sacrificio de un ser.
La historia del germánico sa/jan muestra que esta noción es anterior al vocabula-
rio de las relaciones comerciales propiamentc dichas. Se puede set\alar desde ahora
que este desarrollo concuerda con el del verbo bugjQn. «compran>, etimol6gicamente
«liberar, rescatar a alguien», para salvarle de una condición servil; todo cuadra: se
trata de dos nociones relativas, primero, a las personas, y todavia impregnadas de va-
lores rc1igiosos.
Si ahora proseguimos en otras lengoll8, nuestra investigación sobre los términos
para «vender», los encontramos, en el seno de cada una de ellas, organizados en opo-
siciones.
De este modo, el griego tiene, por un lado, plJ/efn (n;wAIIv), «vender», por otro,
un verbo de ralz, *per-, representado por el presente pérnemi (mlMlfU), pipráskfJ
aoristo epérasa Ahora bien, se puede diferenciar estos dos ver-
bos que en las mismas épocas parecen haber sido empleados de forma concurrente,
sin diferencia de sentido. La signifJ.cación del segundo grupo se dcja deducir con pre-
cisión de su formación sobre la ralz *per-: atestiguada asimismo en cl adverbio piran.
«mis allá, al otro lado», esta raiz significa «hacer pll8ar, transferir». Por tanto, origi-
nariamente, el grupo de pérnemi evoca, no la idea de una operación comercial, sino cl
hecho de transferir. Esa debla ser la costwnbre antigua, entre estas poblaciones, de
86
transferir de un punto a otro, o en un mercado, lo que se queria vender: asl epérasa.
con un nombre de persona como objeto, significa «transferir» o, como nosotros deci-
mrnl, «exportar» (cfr. llIada, 24, 752, donde la relación entre pérnimj y péran es visí-
ble). El sentido, frecuente, de «vender», debe, por tanto, ser considerado como se-
cundario: procede de una restricción semintica a partir del sentido general de la ralz
*per-. En cuanto a la diferenciación morfológica que se observa en pérnimi -pre-
sente en -na-- merece ser puesta de manifiesto por el paralclismo morfológico que
tiene con el scr. krini-. «comprar», presente en -na- que expresa la noción opuesta.
El verbo plJ/etn no es de etimologia tan clara. Aparentemente también hay en
griego una forma vecina: po/loma; (xwAlol'Jll), en Homero parece paralelo de polefn.
Pero el sentido depOJiomaj es completamente diferente: <dr regularmentc, frecuentar,
circular», con una determinación de lugar en el acusativo, y con las preposiciones; es-
ta forma debe relacionarse con pé/omaj Por tanto, hay que separar de ella
po/etn. que nunca tuvo otro sentido que «vender». Este último ha sido relacionado
con el a. a. a. ./ili (con una e antigua), al. feit. «venal, que puede ser comprado», lit.
pe/nas. «mérito, ganancia". El iterativo po/etn significarla entonces «procurarse bene-
ficios» y secundariamente «vender».
Cuando se quiere decir «comprar y vender» es po/efn el que se asocia con
fméomaj. Pero, tomadas por separado, cada una de estas nocionC5 admite una expre-
sión doble. Para la noción de «comprar», se encuentran los dos verbos juntos, prití-
menos oneisthai (n:plti¡u.VOo; 411!ra611I), «comprar y pagar el precio». 19ualmente tene-
mos dos términos para «vender»: polefn. «poner en precio; buscar un beneficio», y
piprásko o pérnimj. «vender transfiriendo el objeto (al mercado)>>, generalmente mis
allá ele los mares.
Pasemos a los hechos latinos. Yinum sustantivo está unido, cada vez mis estre-
chamente, a do, eo: de donde uendo. ueneo,' la contracción se ha realizado ya en
la lengua clásica, pero todavia se encuentra uenun do. De este modo, la noción de
uinum ha servido para enunciar los dos aspectos opuestos, «dar a comprar», e «ir
para ser comprado». Que uinum sea un supino o, más veroslmilmcnte, un sustantivo,
la noción de «vender» procede aqul de la compra. Constatemos ademAs que el térmi-
no para compra fue renovado principalmente, en fecha antigua, por emo.
Es singular, por un lado, que sea justamente la noción de «vender» la que ha sido
sustituida por la unión del derivado latino uinum (de la rm «comprar» en indoeuro-
peo) con dore, expresión cuyo sentido se convierte en «VCIlder», y, por otro lado, que
para «comprar» se haya empleado emo. Es ésta una especialización secundaria del
verbo; los antiguos sabian también que emo significaba «coger»; 1181, Fcsto: antiqui
emere dicebant pro sumere. Hay correspondencias que lo confirman; lit. presente
jma, «coger»; céltico, irl. ar-jo-emat. «ellos cogen», donde ar- y -fo son prever-
bias. En latin mismo tenemos ese sentido en una serie de Compucst05: demo.
«raptar», sumo, «quitar», promo. «producir», ctc. Retengamos, pues, esta particula·
rielad: que emo significa primero «coger», luego «comprar».
Para interpretarla, hay que apelar al testimonio de otras lenguas. Los hechos son
bastante complejos en germánico, donde para «comprar» se encuentran, sobrc todo.
palabrll8 nuevas, transformadas en muchas ocasioncs. No se tendrá en cuenta el ale-
mán kal4en < got. kaupon. «comerciar», prl!stamo tardlo dellatin caupo. «tendero,
traficante», y cuyo sentido ha sido en general «traflcar». Del gótico kaupon vienen
a. esl. kupiti. ruso kupit·. «comprar». Este verbo ha ocupado en germAnico el lugar
de un término conservado por el got. bugjan. «comprar», pretérito 1.
1
singular,
87
bauhla. in¡lés buy, bought. Tampoco en este caso tenemos nin,una e:timologla con-
vincente: de: ese verbo antisuo, contenttndose el diccionario de Feist con hacer sUJC-
rcrn;UsS bastante va.¡as que no afectan al verdadero sentido del verbo. Es este sentido
el que hay que: interpretar ante todo.
Este verbo ,6tico bugjDn traduce el cricgo agorW.e;n, i<complllr en d y
sirve tambib para tevcndent: Jra-bulfrln, «pOkrn, piprdske;n», con d mismo prever-
bio que d akmin Provisto de otro preverbio, us-bulJtzn, traduce aII'o-
nJuin, «re5C&lar». La raíz foema, ac1emb, los derivados nominales compuatos:
anda-buuhu (abstracto en -ti) que tradu:cc antUutron, «precio de compra»¡ Jawr-
IxnJhJs que uaduce Qpoll1lrofis. «redención». Hace mucho se ha pensado que
esta ra1z: debta estar relacionada, de una manera o de atril, con la ra1z -bJwudh) en
indoeuropeo. Pero las fonnas rqistradas bajo esta raíz; 100 tan CODfusa.s, los scntid05
tan difcrentc:5, que Fcist ha pufcrido dejar bugjan sin ctiJnoloJfa. En efecto. ¿puede
constituirse una familia que poIlI8. juntos fJUfgor. khaccnc carIO de una funciÓlllt,
f14io, «huir»: ,r. plteúg6, ph¡qe, «fuga»; ser. blruj-, «comr;nt, y también
«doblarlt (cfr. ¡oto b;ufrlII. al. «doblar»)?
Si todo esto debe remitirse a una sola significación, bta seri de una complejidad
00'a. En es una mezcolanza de fonnas inconciliables que un trabajo de
discriminación:
1) lat·ftUI,or debe 10" relacionado con el SCI". bhuirktr, prC$CIlte medio, forma en
nual (cfr. bhu}-) cuyo &altido primero es «gozan y que desde fecha temprana se cs-
pecificó en el sentido de: «gozar de alimento, consumirlt. Por ahl se rcladona con
armo buC'tIMm. «nutrir, aiar»;
11) SOl. biul"'Jl. de • bMilgh- podría. comparanc coa el ÚDJaito
bhuj-. fu,w. gr. pheJlgó. estos últirnos de • bheugh-.
lII) Por 6ltimo. pcmamO& que gat. bvgjan. «comprar», debe compararse con la
ra1z solamente at.estiauada, pero de la forma mAs dala. por el iranio antiguo: av.
bf1og- que tiene una d.crivaci6n bastante abundante en il1U1w y que Jianlfica
«desatar», uolt.n un cinturón. un vestido, luego cc.1ibcrant Yciespués El
verbo av. bao,- exilte con varios preveroios. propomona 1::1 Dombre de IlgCOte btrox-
lar. "liberador». Tiene un sentido material, también religioso. Como tantu otru pa-
Iabru iranias, ha sido prestado por el armenio: armo sustantivo bo>i., presente buiem.
«salvarlt (solamente de la enfermedad), 4Ccurar».
RApidamcntr; el sentido religioso se ha hecho evidente: liberación por inttrvención
de un dios, del «&alvador» que debe venir a liberar a la creación cautiva; e.s para tra-
ducir 11. idea de salvación, rescate, liberación, para lo que se esta palabra, so-
bre todo en cI vocabulario del maniqueismo: parto bóZóyar, perla bOiivgar. «el libe-
radar» y ha expresado naturalmente la noción de en los textoa cristianos.
La aproximación eon cIgot. bugjan puede apoyarse en el empico del verbo cóuco
y las equivalenciu ariegas citadas. Se ha visto que -bauhl.f equivale a -/utron.
«Ubcraci6n, rcscate».
¿En condiciones ha podido realizarse: este proceso semintico? No puede tra-
tarse mis que de comprar personas, de liberar a alguien que esté. prisionero y ofrecido
eD venta: el ónIco medio de liberarle es comprarlo. «Comprar» CI «liberar». A partir
de este momento, 1M. vincuJaci6n queda claramente establecida con «res-
l;Ilte,
VolvamOl ahora a 10fl hechos latinos: umdoluno. Es muy si¡nlltcativo que ul-
num sea suplido poi' emo en el sentido de «comprar», porque emo es «COJCl'», pero
en sentido propio «tirar hacia si». Esta especialízaci6n de sentido refleja veroalmU·
mente las condiciones en que emo fue emplcado. Ha debido decirse de alauieD al que
se Calle. no de una cosa; la compra es el hecho de CaBer a al¡uicn que est6. expuesto
para la venta, y que se atrae hacia si. una vez concluido el trato.
Si se miran los empleos de ónhJma; (ratz ·wa-), «compran., en Homero, se ve
que todo! kJJ ejemplos se apUcan ti penonas: se compra cscIavos, prilioneros que se
vuelven esdavo:s, que son ofrccidOll como tales. Ha)' esce:na.s en que el cautivo rupUca
que se k: compre. Ha)' que darse cuenta de que la condicibn del esclavo no llep a ser.
en cierta fonna, nonna! huta que ha sido compn.do. Entre 1u manos de aquel que le
ha capturado o del mm:ader. el cautivo no tiene a6n la condición de servidor, de es--
clavo, provisto incluso de determinadas prant1as; la obtiene cuando el comprado.
Es un 5010 y mismo proca:o el que se CltprtSll a de pa!abru dilCf'CDtel. Sea
en expresiones anticuas. uinum, bniomai. o mi! rccicn1cs como burja.n para com-
pnr, siempre hay un indicio que nos informa de la. naturaleza de este proceso: com-
pra o Valla. no de mcrcancias, de bienes, de ¡éneros, sino de seres bumanos. Los cm-
primaos se reflCftn ala compra de esclavos o de aquellos que estio destinados a
llegar a 5Cflo. Simttricamcnte, pudó, piprdskó, etc., propiamente «transfe-
rir», se aplica 1. 10$ prisioneros, il los cautivos. Los gmeros mismos -tl1 mar¡en de
las materiu preciosas- no se prestaban sin duda a un trtfico lCIIlejante o no estaban
sometidos al mismo procedimiento de compra y de venta.
Ése es clcran hecho ck civilización que parc:c:c desprenderse de estas expresiones
uignadas a uno u otro aspecto del tráfico, la compm o la venta.
69
91
(*) IIlArrheu, silJllifica, en sentido figurado, «seftlli», «prmtfa», «garantla». (N. T.I
CAPÍTULO 11
UN OFICIO SIN NOMBRE: EL COMERCIO
Sumarlo. La comparacllm de lu lensU8s indocuropcu no proporciona ninguna dI:-
¡iJlnación común del comercio como actividad especifica, difcrenlc de la wmpra y de la
venta. LOII ténninOll particulares que IIlJ11TC':et1 Ilqul '1 alli se revelan la mayor PIIrle de las
YCCClI como prestamos (Iat. r:rnqHJ. gr. kápilos) o creaciones rllClentes (gr. émporw).
Palabra m:icntc también, la latina treBotlum. tiene una hilitorill. sinIUl¡u-:
1°) Calcada liObrc el aro a-skhofltl. nq-ótium !le carga de hu mismas significaciones,
POSilivu, que el modelo ¡riCIO; «ocupación, impedimcnlo, dlntultach•.
2°) En un segundo estadio, negórium coincide con el gr. pnJgmo. «cosalt, pero Ulm-
mb espec::lficamcntc, sobre todo en los derivados, «ll5l.LnIO comercial». ealelldo
manticammtc C/iilll vez sobre prl!ma. se en la designación del
gocio».
La C1ipcclncllCion en el sentido de «uunlO& comerciales» de un término que ligniFica-
ba primitivamente «ocupación», lejos de estar a.l5lado. $1: encuentra huta en lu lengullló
modernas (rr. of/a;m¡, ingl. busiMSS, etc.)i tran$parcnta la dificultad de definir, con un
término propio, una llCtividad ¡In trldición en el mundo indoeuropeo.
Podría pensarse que «comprar» y «vender» conduce al estudio de terminos relati-
vos a las relaciones comerciales. Pero aqul comprobamos una diferencia de principio:
compra y venta son una cosa; el comercio. propiamente dicho, otra.
Hay que precisar este punto desde el principio. El comercio no es una noción uni-
forme. Comporta variedades según los tipos de cultura. Todos los que han estudiado
las relaciones comerciales señalan que en las civilizaciones de carácter primitivo o ar-
caico, estas relaciones revisten un carácter muy particular: comprometen al conjunto
de la población; son practicadas por la colectividad misma; no hay iniciativa indivi-
dual; son intercambios que implican una entrada en relación, por procedimientos par-
ticulares, con otras poblaciones. Se proponen entonces géneros. La otra parte ofrece
otros géneros a cambio. Si se concluye el acuerdo, pueden tener lugar manifestaciones
religiosas, ceremonias.
En indoeuropeo no ocurre nada semejante; en el nivel en que los hechos del len-
guaje nos permiten estudiar los hechos sociales, estamos muy lejos del estadio de civi-
lización que acabamos de referir. Ningún término parece evocar los intercambios co-
lectivos de poblaciones primitivas ni las manifestaciones tribales que tienen lugar en
esa ocasión.
La noción de comercio debe diferenciarse de las de compra y de venta. El cultiva-
dor que trabaja el suelo pieru;a en sí mismo. Sí tiene un sobrante, lo lleva al lugar
donde se rcúnen los demás cultivadores para lo mismo, y también quienes tienen que
comprar para su propia subsistencia: eso no es comercio.
90
En el mundo indoeuropeo, el comercio es cosa de un hombre, de un agente. Cons-
tituye un oflcio individual, Vender su sobrante, comprar la propia subsistencia perso-
nal es una cosa; comprar, vender para otros, otra. El mercader, el comerciante es un
intermediario en la circulación de productos, de la riqueza. De hecho, no hay en in-
doeuropeo palabras comunes para designar el comercio y 1011 comerciantes; solamente
hay palabras aisladas, propias de ciertas lenguas, de formación poco clara, que han
pasado de un pueblo a otro.
En latin, por ejemplo, el término pretium. «precio», es de etimologia dificil; no
tiene relacibo segura, en el seno dcllatin, más que con ;nter-pret-; la noción seria la
de «regateo, precio fijado de común acuerdo» (cfr. inter-). Para «comercio», elladn,
y sólo ellatin, tiene una expresión fija, constante, distinta de las nociones de comprar
y de vender: commercjum. derivado de merx. con mercor, mercator, No tenemos eti-
mologia para merx, cuyo sentido es «mercancia»; propiamente, «objeto de tráfico»;
de ahi mercor, «entregarse al tráfico, hacer de él oficio», generalmente en país lejano,
y mercator, «traflcante, comerciante»,
Estos ténnin06 no tienen relación, como se ve, con aquellos que indican el hccho
de comprar o de vender; son nociones diferentes.
Por otro lado, este comercio, este tráfico no es asunto de ciudadanos, sino gene-
ralmente de hombres de condición inferior que, a menudo, no son siquiera hombres
del país, sino extranjeros, libertos, especializados en esta actividad. Los hechos son de
sobra conocidos en el Mediterráneo, donde los Fenicios practicaron el comercio a
gran escala; muchos de los términos de comercio, «arras» (.). sobre todo, han entrado
en las lenguas clásicas por el fenicio, Otros también han llegado por propagación y
por préstamo, Lat. caupij tiene quizá algo que ver con el kápilos. «pequefto comer-
ciante, chamarilero», del griego, aunque las formas no se recubran exactamente; ni
uno ni otro se analizan; debe ser un préstamo de alguna lengua de Oriente. Como se
ha visto, ellatin caupO ha dado en germánico, por préstamos, kaulen y verkaufen, y
del germánico ha pasado al eslavo.
El negocio al por mayor exigía términos nuevos, formados en el seno mismo de
cada lengua. Ast, el griego émporos designa al mercader al por mayor cuyo tráfico se
realiza por mar: emporeúoma;. «viajar por mar», se emplea para los grandes nego-
cios, necesariamente los negocios maritimos. La formación de émporos indica simple-
mente el hecho de llevar a un puerto franqueando mares. No es un término especifico
relativo a una actividad especifica. A veces ni siquiera sabemos si la noción de comer·
cio existió. Asi, mientras que para «comprar.) y «vender)) tenemos en iranio dcsigna-
cione.s antiguas y en parte comunes con el indio, no hay en el Avesta ni una sola men-
ción de términos que se refieran al comercio. Probablemente no se trata de un azar,
porque, aunque las nociones religiosas predominan en ese gran libro, también las
vida cotidiana encuentran su sitio allí. Podemos suponer, por tanto, que el comCI"ClO
no tenia curso entre las actividades normales de las clases sociales a las que se dirige la
predicación ma.zdca,
Se sabe que en el mundo romano las cosas ocurren de otro modo. Además de
commerc;um, ya citado, el latín conocia negótium, término que exige un gran desa-
rrollo de términos económicos. Aquí los hechos parecen tan claros que bastaría quizá
con una mención. En realidad es una historia bastante singular, sobre todo porque
procede de una expresión negativa. .--- .......
PI/;

\

No hay nilllUna dificultad en la fonnaciÓD misma del término nego/hun, de nee-
oC;llm, literalmente «ausencia de ocios»; formación tanto mis sclUra cuanto que en
Plauto tenemos una variante analltica de rre6Otium: fecero qllQrrquQnf /uzud o';um rsl
aSa): «yo lo hart aunque: no tenaa el ocio (1tImd olillm uf)>>. Los comentado-
res lo hlln rdacionado con otro pasaje de Plauto: dicam si uideam Ilb/ use opurlm
QIl/ olium (MIf'C. 286): «yo le diré si veo que t6 ticntl d tiempo o que tú eatáJ dis-
puerto a ayudarme», dice un y el otro f'CIpoodc: «Yo eltoy dispuesto, aun-
que: no tenga d. ocio», qwlUfqrMlnf "egothl.m sil es decir, «aunque (enea que: hacer».
Se ha citado tambim. t[lIid nrgoti #!SI, inte:rprUa.ciÓD simple (o con qIlin): «¡qut impc-
climen'o hay (en ba= aJoo)1•.
Parece, por tanto, que la noción se constituyó en fecha bistbrica en ladn. SLn cm-
barco, el antlisis que se da de nq-Otium deja escapar lo principal. ¡C6mo y por qut
esa aprcsiÓD oe¡ativa llega a ICe pDlitiva? ¿Cómo el bccho de nn «tener oQo» cqui·
vale a «ocupación, trabajo, oflCio, carIO»? Ante todo, ¡ellatln necesitaba iDltituir
una lOOJciÓn scmejantc:? Debido a que fltgOlbun supone una 1ocucU:In verbal. nqo-
li.um ell, que efectivamente tenemos, podrla inducine que la formaciÓD an:a1ca nq-
es exclusivamente verbal. Seda inexacto. Tenemos 11« con forma verbal en textol In-
tiguOi: 811, en la ley de lu XII Tablas: si lldg1lll1J1.J rt« escit, «Si no hay adglltl/KJ)t (")
(para suceda a alsuicn, para heredar sus bienes); aqul nre equivale a 110". Pero free se
emplea tambiál como nepci6n de palabra; ast, en Plauto, Me Il/lu.s =nllallS, o ca la
Ciris.. Me u/lo uolMTr ('«di, «DO poder liCI" alcanzado por ninpna hc:ridP. Asimis-
mo, se oponen las uta' na; fmmcipi» a lu «fa mancipiJl, expresión jurhlica bien ro-
nocida que ha peruwu:cido en uso. De ff« como negacibn de palabra, la Imsua clási-
ca conoce supervivencias tales como Mf:opiftlltU. nqkgms. Nada se opone, pcw tan-
ID, a Que se haya formado en laún un compuesto negativo, Ifq-Olium. independiente
de la proposici60 MgÓlium 01. Pero el problema ligue en. pie: ¿por qut tencmOl aqui
una expreai6n oepdva, y por ese desarrollo?
No hay explicaciÓD en ellatln .iquiClll. mhecho CllCDciaI que 001 proponemOl el-
tablcccr es que no el sino una traducción del ¡riciO lLfIcJJolÚl
Coincide enteramente con cukholla, que signifICa literalmente «el hclc:ho de no tener
ocios», y «la ocupaclón». La palabra es antigua; el sentido que aqut nos interesa apa-
rece deade el prinapio del empleo en criego (principioa cielsigto v). En Ptndaro en-
contramOfi un ejemplo (:aracterlstico: el poeta se dirige a la ciudad de Teba.s, que ala-
ba: 1stm. 1, 2:
... wu6y.•.
Kp5;"J1lCK xa,( *ax0).,"r¡ lixinpoy 81pOIJ.llL
«yo tus interesCl por encima de toda ocupación». No es en modo a.l¡una una
palabra pottica: la emplea Tucidides en el sentido de «impedimento, asunto». Tam·
bién se encuentra en la lencoa familiar, en Platón. Sócrates dice, para deapcd1ne: ltw(
latC, de la que mihi nelolium es! podría ser la traducción latina, exacta-
mente con el mismo sentido que cncontramOl en la expresión de Plauto.
Ademil, askhot(a, «ocupacioncs», significa tambi&1 «dificultad.e&, preocupacio-
92
nes» en la expresión asklrol/flfI parllcheifl, «crear preocupaciones, difICultades»: tam-
bién en Platón: 'tÓ flLlpflllr¡ Tuav 7RlpiXl:¡ ilJxoA(mr¡. «el cuerpo nOl crea mil diflQllta·
des», que podria traducine literalmente: flqDlillM o uhiberr que time d
miAno sentido de «crcllf dificultades a aJcu.ien». También se toma tlSkholla en el sen-
tido de «uunto» en ceneraI: rukhollgrr 'trin. «prosquir un lIuntO,., como flqol/um
,.,.,..
Por último, de fl.tkholfa 001 remontam06 al adjetivo dskltoIOl. «que no tiene
ocios», de hecho «que esti ocupado en &launa cosu. En JaUn tmemos, a la invtTSa
un adjetivo ucado de negÓ/INm. Sobre el modeio de óriflm: óliéislu, se ha
MgÓ/jOALr. que rcspoDde C'Ul;'tamente a todDlIos 1Clltid05 de 6skho/OI.
Es, por tan.o, d Jric&o d que ha impuesto la ronnaci6n y d sentido de la palabra
&atina: de hcc:ho, del valor en ariqo de stholl. «ocioIlt, tlSkJrolltl es. desde el princi·
pie, un concepto positivo. Por- CIO, el loililil de MfÓlhun no exige DC'CCUJiamenrc:
UD oñaen predicativo n«--ólium (UI). Es un compuesto del tipo flef..,. Luqo, fijado
en el sentido de «asuntos comerciales, nc¡ociolt, frqOtiJlm ha producido una serie de
derivados verbalc:s y nominales: nqOiiiri, nqiJtiRIor, negotiiitu.
Se produce aquJ una squnda intervención del ¡rie¡o, bajo una forma distinta. El
término crieIo akholkz Ii¡njfica «asuntos, ocupaciooc:s PÚblicas o privadau, pero
sin esa orientación nltida haOa b uuntos comerciales que implica nqólhun. Los )a.
tiDos mismoI nos indican que forjaron estos términos a imitación del grie¡o. Aula
Celia nos informa que flq6tifniliJ es empleado para traducir polll/Nllgmosúnl, '1
Cicerón crea ntgÓ/ii/i.J para traducir pragmlltik6s. A partir de ese momento, a imita-
cibo del ¡riego ¡KIt""'. se produce toda una derivacibo nucva de nególiMm. De este
modo lIIi1timOS a un. curioso proceso scminlico: nqijliSlm. a partir de este momento,
adopta lDdos los scntidoo cid lrio:ao p<I,,,,,, puede sianificar, como prlgmll• • """"
e. incluso, «Criatura».
A veces se ha indicado que era k1lrimG lo que habla sido calcado; nada de eso es
dcrto; ha .ido prlgmiJ, con toda IU familia, lo que ha servido de modelo a Mgdtium
y toda IU familia. De ahl procede el verbo imitado de pnllttUllelJeslhoJ.
«ocuparse dc nc¡odo»; e] nombre de apte, flQÓ/iDlor, imitado dc
. .
«neaocumtelt.
Tales son las condiciona en que se ha constituido, por un proceso complejo, todo
ese gran desarrollo léxjco latino que, por si mismo, ha producido formas que han per-
manecido vivas en muchas de las Ien¡:UIII de Europa. Hay dos vcc:ea préstamo semÚl·
tico del griclO: una primera, por caloo directo e inmediato de ntgól;um .obre IUkh""
Ita: una scgunda, por afectar ciertos derivados de fllgolillm a nociones de asuntOl co-
merciales, si¡:uiendo el modelo de los derivados de prlgma. La primera vez ha .ido
imitada la forma misma, la selWlda ha sido renovado el sentido. Tal es esta historia,
mucho menos lineal de lo que com6nmente se cree y a la que faltaba un componente
esencial mientras no se hubieran reconocido 101 términos griegos en los que le hablan
inspírado tu formas latinas l.
Ser' útil lanzar una ojeada sobre los equivalentes modem05 de nqólillm. La. pala-
bra francesa qfjaires no es mil que una sustantivación de la cxpfClión «4fa/n.: «J'al
quelque chOle l faite», de donde «j'lJ une affaire». Pero el contenido scmintico que
tiene boy tl/!an es extrafto a la silDificaciÓll literal. Ya ea aric-
I Sobre ".oIÁlm. err. .rtil:1IJo 0ISur l'hiaoire di InlJI IlWIJ lOfZolhurnt. AJuwIti detM SCtIoM
Xx. fuc. 1·11, 1"1, pp. :J·7.
93
go es pr8gma. la palabra més vaga, la que ha tomado este sentido preciso. En Iatin,
con negotium. se creó mediante una expresión negativa la noción de «asuntos comer-
ciales»; la «ausencia de ocio» es una «ocupación», pero el término no enseila nada en
cuanto a la naturaleza de la actividad. Por vías independientes, las lenguas modernas
han realizado la misma expresión. En inglés, el adjetivo busy. «ocupado, sin ociOll»,
produce el abstracto business. «ocupación, quehacer». En alemán, el abstracto Ges-
chaft es igual de vago: schaffen indica la acción de hacer, de formar, de crear en ge-
neral. En ruso, delo significa, asimismo, «obra», luego «quehacer» en todos los senti-
dos del término.
Vemos aqui un gran fenómeno común a todos los países y ya puesto de maniHesto
por los primeros términos: 10ll asuntOll comercia1c.s no tienen nombre; no se los puede
definir positivamente. En ninguna parte se encuentra una expresión propia para cali-
ficarlos de una manera especifica, y ello debido -al menos al principio- a que es
una ocupación que no responde a ninguna de las actividades consagradas y tradi-
cionales.
Los asuntos comerciales se situán al margen de todos los oficios, de todas las
prActicas, de todas las técnicas; por eso es por lo que no se los pudo designar de otro
modo que por el hecho de estar «ocupado», de «tener que hacer».
Esto saca a la luz el carácter nuevo de este tipo de actividad y asi podemos captar,
en su singularidad, esta categoria léxica en vía de formación, viendo cómo se ha cons-
tituido.
Es en Grecia donde esta denominación comenzó, pero se difundió por mediación
dcllatin, y aún actúa bajo formas renovadas en el mundo indoeuropeo e, inclu.so, en
el vocabulario moderno de Occidente.

• •
Entre los conceptos de orden económico estudiados aqui en sus expresiones más
notables o mAs singulares, observamos que lo.s ténninos mis claros son a menudo
aquellos que han asumido un sentido determinado por la evolución general de la eco-
nomia y que denotan actividades y técnicas nuCV85.
Las dificultadcs que a este respecto se presentan son diferentes de aquellas que en-
contramos en otras regiones del vocabulario indoeuropeo. Ya no se trata tanto de
identificar supervivencias como de interpretar innovaciones. A menudo, las expresio-
nes derivan de un tipo de designación nuevo y en parte todavía actual.
Este examen ha debido tomar como punto de partida términos particulares, térmi-
nos técnicos o a punto ya de convertirse en ello. De ahi su diversidad, su distribución
desigual. la variedad de su origen. Se asiste a la constitución de un vocabulario espe-
cializado a veces en fecha antigua, generalmente en el curso de la historia propia de
cada lengua.
Los términos para la riqueza y operaciones tales como intercambio, compra, ven-
ta, préstamo, cte., están siempre en relación con instituciones que a menudo se han
desarrollado sobre lineas paralelas. De ahí la anaIogia entre procesos independientes.
También Se habrá notado que los usos y t6cnicas de los pueblos indoeuropeos se
han adelantado de distinta forma a los de los pueblos de civilización arcaica. Para
muchos de los procesos aqui analizados, la diferencia de nivel es considerable.
94
Llegamos a descubrir en el mundo indoeuropeo una civilización material ya muy
elaborada desde la época a que nos llevan las correspondencias lingUisticas más anti-
guas. Los términos que estudiamos se insertan en un marco social bien articulado,
que se dibuja en trazos a menudo convergentes, aunque en épocas yen niveles distin-
tos. en Grecia, en Roma. en el dominio indoiranlo o en el germánico.
A través de algunos de estos términos se percibe a veces el origen de nuestro voca-
bulario moderno. Todo esto no constituye un pasado abolido, no se limita a supervi·
vencias; es el inicio de nociones que viven aún bajo una forma u otra en nuestras len-
guas, sea que se continúen por tradición directa, sea que por via de traducci6n se ha-
yan renovado.
95
SECCIÓN IV
LAS OBLIGACIONES ECONÓMICAS
CAPÍTULO 12
LA CUENTA Y LA ESTIMACIÓN
Sumario. Lat. duco y gro hegéoma; tienen los mismos sentidos, propio «conducir,
mandan. y figurado, «creer, juzgar, estiman>. Pero hay que guardarse mucho de deducir
que hubo por ambas partes caminos paralelos del propio al figurado. Mientras que se
pasa directamente de «mandan> a «juzgar (con autoridad)l' para hegéoma;, hay en latin
un intermediario concreto -la práctica de la adición- entre los dos sentidos de duco,
Este intermediario se encuentra, casi idéntico, entre pu/are (uineam), «cortar (la vitla)>>,
y pulare (deos esse), «pensar (que los dioses existen)••.
Del sentido de «conducir», el verbo ducere ha evolucionado hacia la noción más
abstracta y más general de «juzgar». La construcción es, entonces, bien predicativa,
bien con una proposición infinitiva: aliquem (con un predicado adjetivo en acusativo)
ducere, «tener a alguien pon>; o bien, ducere rigiendo una proposición infinitiva en el
sentido de «creer, juzgar, estimar».
Este empleo específico tiene un paralelo en el verbo griego hegéomai que
comprende, en cuanto al sentido, a duco. Paralelamente tiene una construcción tran-
sitiva, «conducir, llevar», y se emplea también en el sentido de «juzgar, considerar a
alguien como tal». Para explicar este hecho griego, se invoca el desarrollo de ducere
en latino Pero ese empleo de duco mismo no está completamente esclarecido. Por re-
gla general, cuando acepciones singulares se presentan en el curso del desarrollo se-
mántico, hay que ver si han podido hacerlas nacer relaciones particulares.
Duco no parecía destinado a indicar una operación de pensamiento. En el punto
de partida significa exclusivamente «tirar, arrastrar, conducir». Sin embargo, un
ejemplo único de un poeta arcaico, Lucilio, sumptus duc (imperativo), «haz la suma
de gastos», nos proporciona la explicación que buscamos; hay que interpretarlo como
el sentido propio de duco, condicionado aquí por el régimen. Indica una operación de
un tipo particular: la adición. En las civilizaciones clásicas esta operación se hace se-
gún un modelo diferente del nuestro. Se hacía la cuenta de los números superpuestos,
no como entre nosotros de arriba abajo, sino de abajo arriba, hasta alcanzar lo que se
denominaba la summa, es decir, la «cifra superior». Por eso todavía nosotros deci-
mos suma por el total. En sumptus ducere tenemos, por tanto, esa representación, y
ducere tiene su sentido original de «sacar». Se «saca» la serie de las cifras de abajo
arriba, hasta alcanzar el total.
Esto queda confirmado por una expresión completamente clásica: rationem duce-
re, «hacer una cuenta». Ratio es el término técnico para «cuenta, cálculo».. Tenemos,
por tanto, el punto de partida: es el acto de contar tal como se practicaba material-
99
mente y por escrito. No es necesario que una civilización llegue a un estado muy
avanzado para que estos adquieran importancia: incluso en una clvlliza-
¡¡;ión rural, las cuentas del propietario son un elemento esencial de: la admJnistracíón
(cfr. Catón, Varrón).
Por medio de una expresión en que ducef'f! significa «conducir una cuenta hasta su
total" (rationem por tanto «contar», se llega a compRlldc:t olk¡uid honori
duCf!f'f!, «considerar algo como bonor» o oJiquem honestum duCf!f'f!, «coos.mar a al-
¡uic:n wmo honorable». Es siempre la idea de «haoc:r d total». Las condICiones de es-
ta especiallz.acl6n de sentido se han producido, por tanto, por la ttenica d.el cómputo.
La computación mLvna, d cilculo, es una opc:ración que, por regla gcncnJ, condiclo-
nalu operaQones del pensamiento.
Pero, pasa con d. paralellsmo tan curioso dc:l verbo ¡riqo hiléomai? La li-
nea de desarrollo semintico tiene una aparieocia tan pareja que: nos vemos tentados a
rcpc:tirla textualmente para el griCSO. No obstante, hay que uegurar que las condicio-
nes 1011 paR;jas, o que pueden IUPOnc:BC, con verosimilitud. en d punto de parlida,
los mismos datos: que en latino
De hecho, aqui no s610 faltan los intermediarios, siDO que e:l "ntido inicial es
otro. Se d.icc. desde luego, exrrr:itum ducere y slrllloQ hepislhaJ. El sentido de
hi,lomai es también «conducir, ser jefe, !War, preceder" a los otros en una acción
cualquiera». De aht «jefe del ejército_, dtulo que: muy probable:mcnte se
encuc:nlra calcado en el compuesto gcrminico a. a. a. heri-wgo, «aquel Que arrastra
el (l1tulo militar convertido en titulo de nobleza, y bte, a su vez.
poi" el antiguo eslavo yojewKJa, «jefe de ejbtito. voivoda».
Pero, ¿cómo «mandar, ser jefe- se convierte en «considc:nr a alguien como..?
No vanos medio de relacionar los dos sentidos sePa el modelo latino; no hay en
higlumai la noción de operación de cilcu1o. En nuestra opinión. se: pasa directamen-
te del sentido de hlglamoi, «ser- jefe, Ilevant, al de la coostrucci6n predicativa. &ta
debe entenderse como «.ser &\Ita (eo la opinión) que., es dcCr, «pensar asumiendo la
pll:na fUpansabiUdad de su juicio». Hay aquí la noción de un juicio de y
e:n eflC':to hi,toma; en el sentido de «estimar» es a menudo aplicado a matenlll que
son objeto de fe y de decisión, por ejemplo, la existencia de )os dioses. La autoridad
es aqui la del juicio individual, no la de:l poder. Es interesante: observar que
en esta cOll5tIUcci6n predicativa, se emple:a, en Hcrodoto, en perfecto: «te-
ner autoridad (en la opinión) que... ». Se trata de una opinión enunciada con autori-
dad por alguien que tiene calidad para juzgar.
EncontrlUT105 un paralelo, aunque e:n condiciones al¡:o diferentes, en el
lat. iudican, ante todo «juzgar en tanto que juez soberano», lUCIO sJmplemente
«emitir un juicio (de pensamiento)>>. Comparado con esta evolución quc acerca iudi-
care: al Ir. higetsthai, se ve cuÍJl falaz es el paralelo apare:nte: entre ductn y higef.r..
lhai: los dos desarrollos son completamente: independientes y no liC parccen mis que
por su resultado.
Otro verbo latino se usa para «juzgar, comide:rar, cstimar»; y uno de 8US com-
puc:atos "le refierc al c:ilculo: cs pulO. El>te verbo presenta una particularidad sin¡uiar.
Todavla no sabc:moa si hay que admitir un solo verbo pUlo o dos. Uno tiene un senti-
do material, «podar». EJ otro C! un verbo de juicio, de: cticulo, de creencia, que ad-
mite varios preverbios, particulannente com- en computo.
PIllare. en c1llcntido de «podar,., c:st! bie:n atestiauado: es un término rural. El.
100
verbo es empleado por los es<:ritores de la agricultura con «árboles», «arbustos», .vi·
llas»; uitem. uinram pulan, «podar la vii'l.a», se encuentra a menudo e:n Catbo. Va·
rrón, Calumela. No s610 puto, lino también, con e:l mism.o régimen: de-puto. re·puJo
(es decir, repetir la operación), inler-puto (se emplea tambien para los olivos, oleam
interputllt'E); y mejor conocido, porque ha subsistido, Qmpulaft!, «podar alre:dedor».
Este verbo p"tO tiene un sentido ttcnico: «podar por excisión», apccialmente ramas
inÍlti1es.
¿,No da cuenta esto del otro verbo? Debe partirse de un empico metafórico: rallo-
nem pillare, e interprclado literalmente segim el .sentido temico de puto: «siguiendo
(de arriba) la cuenta, separar sucesivamente todos los que han sido ve-
rUlCldos». De ahl, «Verificar, apurar una cuenta». Una vez verificado cada articulo
y, por consi¡uiente, 5uprimido, estamos al cabo de la operación. De ahí, ratianem pu-
lare para «regullr una cuenta»; donde pulare procede perfectamente de su sentido
material: «verificar de forma que, articulo por articulo, la cuenta sea reconocida
válida».
Transpuesto por metifora, este sentido es el que nosotros traducimos por _juz·
gar» IJ es dear, llegar a una conclusión tras haber vcrift<:ado todos los
mentos del problema, codlo se verifica una cuenta, tras eliminación sucaiva dc los ar-
ticulas. Cuando Cicerón dice: dms esse puro. no es un acto de: fe. Quiere decir:
chus todas las cuentas, creo que los dioses existen",. Es, poi" tanto, el mi.smo verbo,
pero particularizado en la operación de cilculo, y alejado de SWi or1gcnes rurales bas-
ta el punto de que se ha convertido en vcrbo autónomo.
Estos tres va-bos se parcoen: podr1an pasar por sinbrlimos rintlkticos: lato PUlO.
duco, y gr. hirlomui se construyen de forma paralela. Pero se ve cuinto difieren
su origen y los auninos que \es han llevado a este cmpk:o común.
101
CAPÍTULO 13
EL ALQUILER
SIlnNlrio. A ctifermda del fraDc&.. d latin «tomar en alqllÜef, al-
qulllan «4ar en alqw1crI alquilan. La eapecirK:aei6a de COIIdIlm't que: Ii,nifita
plmao .c:onc1lKmt, le irUda CD la Pfktka ruJl/ta:r del rcdutamitnto.,. confirma cuan-
do d jefe (tIu) cootrata .. homlr.es por dJneru: COIfdIlC%R ",rrrJINh. Panldame'lllC. rae.-
n ••pcner una (:01& m d Iu¡ar que te c:orrnpoode>t, le en d 5aUido lk ..lquj..
lar- cv.mdo Ie.plic:a .. hombres o .. IU trrobljo. COfl mayor motIvo ¡j le pruiM d pKio
cid aJquib: Iomnt! opmIm _mIriiHII nlUflmg. le lec ni PIal6rl.
en d munOo a=minito. la del qJqWla. le ranOfua • llll ori¡en I;Dmple-
WllCflle dátinlo; es la coswmbR, dcicrita por Tidlo, que tenia.a Jo. andallOS
de el\tCI'TV Jo que qIICJ1an que da CIIaltI. de l. poliJemia tlURJ\a del lDI·fH-
,."" atmr:rr--.., BaMÚIar, af1nnlulf.
FJ que va a rdmer aqul Duestra atendÓD es un compuesto de duant. Para «alqui-
lar. tomar en alquiler». JlO$Otros tenemos ronductn: y la cxprui6n simWica «dar en
alquiler» es tocan. que ha dado nacimiento al f'nLncá /oller. En latín para csta5 dos
nociones se destinan t&minos distintos que el franás expresa de ¡CUal forma por
(.). Co"ducue. «alquilar. tomar en alquilcfl', se clli:e de toda clase de: cosas: tro-
pa, finca. casa, muebles, ejecucibn de un trabajo; ¡nclUIO la conltrucci6n de un edifi-
cio: conducert ttmplum aedificandum.
Este sentido particular de: conducere habria derivada del !entido ¡cneral de: «con-
ducir»: «conducir obreros, soldados», luego «tomarlos en alquilen... Vemos ah1 una
expresión t6cnica en latln que parece crearse en el seno de la kn¡ua y especializarse
ante: nuestroa ojos. Pero lo que: se nos escapa precisamc:nte es la transidOD a «tomar
en alquiler»: dicho de otro modo, «conducir» y «alquilar», silucn slcndo nocionc.s di-
fc:rcntcs. Es este punto de: transición lo que debemos dilucidar.
Hemos de considerar ante: todo el verbo simple: duro significa «conducir»; pero
por la etimologia rcsponde al gótico tillhan (al. El verbo Jódco e:s
muy c:m,pleado, con numerosos prc:verbios que diferencian las modalidades de la 1lC-
ci6n: «sacar», «arrastrar». «llevar»; se compara además gr.
tendriamo5 ahi un presente .del tipo .duk-yiJ (pero con UD rc:doblamie:oto: dai-
dússeJtlUIf), que si&Júfica tiTEr [sacar, tirar].
Mediante: esa comparación delJ6tico y dc:llatin. podemos fundamc:ntar la deter·
minación del sentido primero de: duco que es «.sacar». Efectivamente, con si¡:-
niflca «lacar la espadu. Se: empica también duco con murum. Yfl/lum, «un muro, una
,., El Qllftll'no =pb1ID lOlo tmDb10 para Iu cIoI nodo.-, ipal que d ff'Dlctl. El ttnnllW tvldIa-
110, del iBba J(JrI. de la rak.t..,.·•. (N. r.)
102
empalizada». Ahora bien, hay c:n Jatin otro verbo «sacar»: traho. convertido en trflirt
en francés. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos verbos?
que troho es «tina ha.ciA sí, ejm:cr una fUCIZa de: tracción sobre algo que:
se: resiste», duco es ¡¡nevar se¡:ón una linea establecida»; lodas las acc:pciones de duro
confirman este sentido. LNCf!N!! rzqllllm (cfr. rzqllat! ductus), el agua, pero en
un camino preparado: ducnu puede: decirse: de líttera. la letra, pBI1l1a escriturv.: UDa
letra obedece por iU fonna a un mo<1elo prescrilO; dMx. lIombre: de agente, le dice de
aquel que conduce. que «tira» en la via por donde: los dc:má& le aquirin. En el sentido
militar. duco es: sa.c:ar detris de al hacia una meta dc:(mida; el VCZ'bo correlativo es se·
quor. seguir, que abarca d movimic:nto,la impumoo m:ibida. Se conoce a.demb la lo-.
cuci6n: dllcrrr UXOlVll, ductrr jn matrimorrjum. «.llc:varse a unamujer para desposarla".
Con su preverbio, conduaN!! no es sOlo «COnducir», sino «conducir para reunir•.
De ahJ, el senddo tttnic:o de .ccontracu; en medicina, conduciru, rzllt laxtltu, se dke
de un músculo que se contrae o !le distiende. Para explicar rorrdl«Wr, «alquilar» hay
que ver cómo se empica cuando se trata de hombres. Un pasaje instructivo de Cbar
(B. O., 1, 4, 2) lo muestra. Un jefe lalo, sometido a una grave acusación, busca todos
los mc:di0l para defendctK. El día del proceso, SUDm /amWam c:oqJt... tI
omnes clkntes SUO$ rorrd!ait». Reúne a toda su gente para que le prts-
ten ante el tribunal: para los SIlOS. el verbo es cwgit, tdlc:var delante de si para
rc:umr»; pero para los clientes y 101 deudores, conduxit. Se: aplica a aquellos sobre 101
que él tiene los derechos de: patrón a cJic:ntcs, de: acrccdoc a deudor". He ahi la relación
que aqui indica corrduce,; no sólo «.J'eunir», sino «reunir en virtud de cierta autori-
dad». Efc:ctivamente:, en la lengua militar, conducerr copim es «Jll.ovilizan sus pro-
pia¡ tropas; conduare supone ¡icmprc: la autoridad natural del dwr. y para los hom-
bres la obligaci6n de: reunine a fU servicio.
La condici6n de empico ya esli dada para que pueda cumplirse la 1ran.ski60 a
«a1quilllD. Se: aftade a ella que conducrN!!, cuando signirK:a .calquilar, romar en al·
quilc:r». va acompallado de esta adjunci6n completa la especialización de
sentWio. Por si mismo, condllcere basta para indicar la leva de: rropas ejercida con
pleno dcn:cho por el hombre que re(me su grupo. Pero incluso fuera de esta situa-
se pue:den reclutar hombres pa¡:6ndolc:s; men:rde es el pago que asegura la posi-
bilidad de conduceTe. Oc ahi, mercede conduceN!!, con diversas variantes, auxi-
Ua. m.en:enarios corrducen. En orl¡en, una práctica de jefe, la prActica de aquellos
disponian de hombres adictos. Supone, como en el/uós griego, la autoridad del
Jefe sobre hombres consqrados a su servicio personal y siempre dispuestos a tomar
las annas por su causa.
De: este modo, se fija el sentido de «tomar en alquiler», primero para el alquiler de
soldados, luego, de aquellos de: quienes se espera un trabajo que puede ser dificil o
peligroso: sean sicarios o. mis a menudo, obreros. En la lengua popular, en Plaulo,
se encuentra con frecuencia conducere para el «alquiler» de cocineros, de: músicos de
plañideras en un entierro. de, El smtido propiamente: c:con6mico ha satido, de
modo, de: la relaci6n del jefe con hombres sobre: los que tiene autoridad; pero muy
tempranamenle conduceft se dice del alquiler de: un trabajo cualquiera. El nombre de
agente comparte estas divCTsas acepciones. El conducto' es el encargado de reclutar
hombres con miras a una cxpedicí6n. Bs tlllDbién un maestro de obras que recluta
obrc:r05, que los «alquila» para un trabajo. Una vez fijada esta noci6n de «alquilar»,
se ha cm.plcado conducere para un «alquiler» de lerreno, de casa (flgrum./undumJ. '1
no &o1amente de: mano de obra.
103
Veamol ahora el /ocan. La oposición Uxica con condu«rt lólo ha podi-
do 1l8li.'CT cuando conduan ha tomado el sentido de Clreclutar, tomar en alquilen.
Debemol indicar brevemente lo que preparaba a 1000rr para esta función de correlato
de oonduc:o. A la expresión du«rr ;n malrimonium, «tomar (una mujer) en matrimo-
nio", rClPOnde in tnIltr;monJum. que se dice del padre de la joven. El túmino
comaarado, Juddico, cs, en semejante caso, date, «ciar». Pero Iocrzrr le encuentra a
menudo en Plauto. e induso un escritor tan cuidadoso como Cáar lo utiliza. Tam-
bién tenemos co/Ioctzn in nuJlrimonium.
qué tite: vttbo aquí? Ji¡ (unción del sc:nticio de /ocan. que & su va. depende
del smtido de locu.J. En palabras tan vqa¡ como 1&5 que designan 106 lI:lu.¡.a.ra» le re-
c¡uie:R a1Ifm csfucno para encontrar la prccisi6n. l.oa4s debe definirse como el «lu-
zar natural de alguna COIU. Se puede establecer que cs, uimismo, be el sentido del
ttnnioo ¡rll:¡O que locm Iirvc: para tnuiu.cir: t6pos D05OtrOl DOS limitamos a
indicarlo, la verificaciÓD. es ficil.
Por c:onsigujente, /(,JCtlU no es «poner algo en alguna parte», lino «hacer que algo
encuentre IU IUlar natural el emplazamiento que le es debido", por tanto, «estable-
cer,,; nosotros ckdmo& en el mismo 5CD1ido «colocar a su hiJu, es decir, «cuadlH.
De CIte modo, 10Cflr'e es muy diferente de ponerr, (cabandonar, dejar aIao en un lugar
cualquiera».
El puo al sentido de: «dar en alquiler» se: ha producido, como en conducen, cuan-
do loc:tIn le aplica a hombres o a ID trabajo: /oazrr Op6rlm nlam tribus n"mmu
(pl. Trin. 844), litcra1mc:nl:e «ooloc:ar su trabajo por trC!i escudoslt, es decir, «alquilar·
10". AsimiJmo, si le dispone de unjundu.s, dcl. qllC se sabe que uno DO puede wltivar-
lo por si mismo, uno lo «coloco, lo «alquilD: jlRtdum. Con el dc:aarrollo de
las cludad.cs y de los uabljos pó.blicos, uno «pone en tareas colec1ivu:
/oc:rue UÜ1m «&fTCOdar la coost:rucd6n de una rota». Entonces queda. es-
tablccido d scotido de «dar en a1quilent. simétrico, pero no conteroporinco, de la
a.ccp;ión téCnica de conducrrr.
Se empleó a los do& en pareja. &ólo aJ.and.o hubo que C!ipecirJC8f, rcsped.ivamcte,
y «dar" en ll1quiler. Si e1latln utiliza dos vt:rbos diferentes, no es 5610 por el
cuidado de precisi6n jurtdica, bien conocido entre 105 romanos, sino porque ellatin
carcc:la de la facultad de que disponia el griego. de emplear el mismo verbo haciendo
variar la voz:. SI griego conserv6 durante mucho tiempo la posibilidad de emplear un
mismo verbo en activa y en media para indicar las dos nociones correlativu, asI
dunrflo. «presw», danrfz.onuzi. «lomar prestado»: mislhó. «dar en. alquiler»: mu-
IhoQmai. «tomar en alquiler». En latin, 10& verbos deponentes errtabw1 fuera de uso, y
no quedaba ele recurso. Se suplieron por medios léxicos, especializando /0CIl'f! y con-
du«n.
De abi se desprende un principio de método sobre el que debemO& insistir a11n a
riesgo de repetimos: cuando la significación de un vocablo se particulariza de este
modo, hay que tratar dc encontrar los empleO! especltlcos que han determinado el
sentido nuevO.
He aqul ahora un tmmno completamente diferente que reúne las nociones que es-
tudi8lllOl. 1.0 encontramos en germAnico. especialmente en gótico: es el verbo jilJuzn.
«ocuItarlt, y CXUl diversos preverbios, tú-. ro- us-fllhan. «enterrar». Pero ana-jl/Jum.
cxtraftamente si¡niflCa «dar», «entregar» "1 tambibn «alquilar (dar en alquiler)>>, y
pRCisamentc por eso compete a nuestro tema de estudio. E verbo fi/luzn. traduce el
104
gr. krúpto. «ocultar», ylhdplÓ. «enterrar»; JI/ji/han. &cXyou, (se em-
plea Para 4f-fI/han el sentido es «ocultar, apartar de bu miradas»:
Lucas, lO, 21, ao lro,Gw, «t'O. has ocultado (qffaJhtj CIto a los
sabios». En cuanto a ,a.jllhan traduce igualmente tJrAplo. «enterranl, «ha sido
c:ntClTado", gafu/haM war. Esto queda confirmado por otros testimonios gmninlcos:
a. a. a.ja(a) han. «enterrar. ocultan.
El QlSO de anQ/i/han es por oompleto sin.ular. Este verbo. atcsticuado abundante·
mente, traduce prcuvdidóna{. «entrqar a alquien, conf'18.r» y ekdfdo.rtluli.
arrendar•. Tenemos abi un empleo caractcrlstico en una partbola. Lucu. xx. 9': un
hombre planta una vü\a 'Y la a unos campesinos porque debe: partir; antifalh
ina wtnIrsl-wjam, i{i&oTo ys.wpyotc. La misma rclaci6n aparece bunbieo en m.a.a. be·
«enterrar; conflUlt. cfr. aicm.án empjehJf!IJ, donde no subsiste mis
que la noción de «encargar, recomendar».
No vemos que este desarrollo semlntico esté bien explicado. Una transición seme-
jante resulta a 'primera vista incomprensible¡ ¿cómo el verbo que significa llCocultar»,
provisto de un preverbio que indica el movimiento hacia alguien, ha negado al sentido
de «tranmlitir, confiar, poner en alquilCD7
Ahora bien, la Rprcsc::ntaeión inicial que esti implicada en csta.s signiflcaciones di-
vergentes se descubre en 18 descripci60 de ciertas co5tUm.bres de los Or:rmanos en TA-
cito, Ge177umill. 16: uLo.s pueblos de los ¡ennanos no habitan ciudades, no soportan
moradas contigua; SUJ aldeas. difen::ntcs de lu de los rolOBDOli, no se apoyan y no se
sostienen unas en otras, sino que cada cual rodea su morada de un JIllIl espacio...•
Luego, tras haber subrayado que no tienen los mismos de construcciÓD que
los romanoa, Ti.cito prosigue (16, .4): «tienen la costumbr"e de practicar cavidades sub-
ter'rin:as que cubn:n por encima aro grandes montODes de estiércol, reru,io oontra el
invierno y recepUtculo para sus coJCCha5; de: este modo, suavizan el rigor de1¡;:1ima y,
si a.pan:c: UD enemigo, asola lo que esti. al descubierto; pero lD que erti oculto Yente-
rrado escapa a la atenci6n porquc hay que buscado». (So{rnl rI subtt!rranros 8pt:C1U
a¡Jerin eosqur mullo lnsupH fimo onmm/. 5Jl./fttgiwn rl rrcqJ/.QCW/llm
bfls. qJlia ri,orrm fri,orwn rius mocli mol/mnt. e/ si qUllndO hastía rzdwmU. apula
popllUrhlr, abdila atlttm el defosstl au/ iKnoran/1U aul ea ipso fa/hlrrl, quod qllaererr·
da suot.)
He ahíla costumbre que puede aclarar los empicos dejilhan. El primer SCDtido de
fi/Iuln es «ocultar, colmar»; no nos cxtraftaría que la operaci6n descrita por Tmto
fuese precisamente la que 101 germanos denominaban con ese verbo. La significación
enigmática de anafi/Iulrr (que traduce paradid6nai, ptlrádosls), «transmitir, entregar
alguien o algo», se cxpUcarill como «entregar 10 que ha sido puesto a buen recaudo y
oculto» o «entregar para IU puesto en seguridad». Eran cosas precio&BS, alimento, 10
que se ponia de esta forma a cubierto.
De este modo, la noción de «transmitir en seguridad» surge de la costumbre de
conservar ocultos los recursos indispensables. Luego evoluciona ha¡;:ia c1 sentido de
«arrendar», que e:I aqul uoa especialización de «confiar»: anqfiJhan puede traducir
entonces ekdidoslluli. ¡KIradiddnaJ; «cntregar a al8uien de confianza, confiarle lo que
se ha puesto en reserva».
He abf una posibilidad de explicacibn de: este desarrollo scmintico particular clc1
;cnn4nico, que no puede encontrar en razones etimológicas su justificaci6n. Mas ade-
lante estudiaremos la relación de Mrgen. «poner al agriao», y borgen. ilpre5W; to-
mar en pr6stamo», en alemio.
lOS
No hay, por tanto, apl"csiones espcclñcas para «alquilan en gcnnlnico, sino iÓlo
una ctJ)C'CiBlizaci6n del verbo «poner en SC!Uridad. transmitir (una posesión preciosa,
puesta en Las operaciones de dinero, introducidas tardiamente, no pueden
tener una terminología particular en ¡ól:ico. También aqui se Cllpta la complejidad de
estas costumbres de la vida emnómica, que se crean en fcchas d.iversall, a partir de
nociones diferentes y que toman prestado su vocabulario a instituciones anteriores.
106
CAPInJLo 14
PRECIO Y SALARIO
SwnNri:I. f2tudlada ClI _ cmpkos mM antil;lIOf '1 n:ferklu .. fU oripo Indo-
1M pa1abrll para _.ario. pcLrticWar p. mÍltItdf. p. JIIWIl (al. Lo1lnr
nol revdlll qUll IJItel de deliplar e!4l'prttio de UD trabajo (cualquiera)>>, haD ai¡nificado
«RComp¡:rlla por una lCdón brillante., .pl"Cmio en una. ••
en 1aI1Ulto allat. me'nm-. que tunpaco li¡Dific:a _.ario. en ellcotlllo moderno, IU
rcladón con mcr.t, «mcrclDcip, trlUll1uce la introdw:c!.6n del dinI:ro en lb I"Clacioncl
catre bgmbrcl para l:II)Olpnf lCrVic:ios lpaJ que IC C'Ol'DpfI un atoc«J.
Entre los t!rmlnos que denotan lu relaciones de intercambio, hay que atorlar un
lupr al de <aa1ario», ron tanto mis motivo, por Jo menos aqui, cuanto que tenemos
una c:orrcspondcocia indoeuropea bien atestiguada YUD sentido claro.
Se trata del &lupa de paralabrlls cuyos representantes son: ar· mLJJhÓJ' CJ¡wG6(),
scr. mH!hQ-, av. mickz. IOt. mltdo. a. cal. m'rzda. t!rmino común al índokanio, al
griego, al genninico y al eslavo. La constancia de las formas es notable. y también la
del sentido. Entre las palabras citadas 5610 hay una débil diferencia, que, a primera
vista, no es capllZ de explicar la génesis del sentido de «salario»,
No obstante, ser' útil estudiar un poro más de cerca esta corrcspondencia para
tratar <le: determioa:r mejor la noc:ión. En si miama, la forma no se deja analizar: esta-
mO& en presencia de un derivado cuya ba!C no aparece; si es una ra1z verbal, no sabe-
mos determinarla y no teDcmos medio de ídcntiflClll'la. Es, por tanto, un sustantivo
aislado (sólo se la puede relacionar con el ved. mitjhD-, de mk!hwu-, «pncroso»),
pero que perteDooc al vocabulario mis antisuo.
El tmnino v&lk:o mitihD- no significa propiamente tlsalariolf, sino competición»
o «premio de una competici6n». Los hechos avtsticos deben ser coDllidcrados en este
punto: míidQ· csti atestiguado varias veces, labre todo en los Githis. y va reJido por
el verbo han- (esto el constante), cuyo correspondiente sánscrito es san-. propiamentc
",anlU'lt. Si estudiamos los empleos de Juzn- con mfida, vcmos que DO es un salario a
cambio de un trabajo de lo que aqui se trata, lino de una relXKDper111l -material o
no- a cambio de una actividad, sobre todo de una actividad c1csplcpda al scrvU:io de
la fe. No hay que uombrarsc de que el tatnino 5C cnCUCDtre delimitado en esta accp-
ci6D: los Gitbia del Avesta Ion UD tc:x1O poético YtcolóciOO, una serie de apasionados
serttlOl1C5 en ravor de la fe zoroastriana. Todos Jo¡ táminos que se imponen csW1
caraados de un valor reu,ioso.
Siempre se IIDa el mñdo mediante un trabajo o un m!r:ito alscrvicio de la fe. Pe-
ro una vez al menos esta recompensa adopta un aspecto concreto, YQSlla. 44, 18:
107
«concédenos el mJida que tú nos habias prometido, a saber: diez yc¡uas provistas de
machos y un camello». Es la Ílnica vez que se trata de una enumeración material; en
los demás ejemplos, es de orden espiritual: es la felicidad, recompensa atribuida a la
vida futura. Ha)' que poner de relieve este curiow encuentro ron el empleo paralelo
del griego mlsth6s en los Evangelios. Afecta a la identidad de las condiciones inicia-
les: es el reino fUluro, la deseablelf para emplear la terminologia avtstica, lo
que esUi en el primer plano de la predicación zoroastriana; en este reino. en esta reUci-
dad prometida reside el mfida.
Comparando los ttrminOl vtdico )' av&tico. vemos diseñarse una signiftcación
mAs precisa, orientada de forma muy distinta de lo que pareda. No se trata de una
venta';a de carácter económico ni de una retribución regular, ni del salarlo de un
trabajo ordinario, sino mis bien de una recompensa - de carácter material o no-
atribuida a aqud que saJe victorioso de una lucha o de una oompetidón. Esto bace
vcrosimil que, en cl seno del védico, mirlha- esté cmparanlada con
«generoso».
Es el término grie¡o el que estt representada de forma más abundante: sr.
mitthDs tiene efectivamente en 101 textos homéricos la significación de «salario» en el
sentida en que n0r5otros lo entendemos. Los ejemplos son clar05: 11.21,445. Posei-
dón recuerda que ha trllbajado para Príamo misthOl epi rhióJ. m. «por
un salaria fijo": aqw 5C trata rca1mente de una retribución.
¿CuAl era esta retribución? En un pasaje de la Odisea (18, 358 ss.) un hombre: que
trabaja por un mÍ8thós n05 dice lo que gana: su alimento de trigo cotidiano, ropas,
calzado; tal es d m/slh6s de un asalariado. Sabem05 que, a menudo, habia protc:sbu
cuando el asalariado no recibía. un salario, o cuando no recibia más que una parte.
Sin embargo. hay ejemplos en que «Salario» no conviene, en que el empleo de
mulhós Iiu¡jc:re un sc:ntido probablemente mú antiguo; en ll. lO, 304, se pide en el
campamento troyano un voluntario par1l realizar un reconocimiento peligroso entre
las Aqueos; y se promete una gran recompensa: 1m 1l108róc a. IX
1cn1lL. «y habrt un misthós selurolt: un carro acompdado de dof¡ bumos caballos.
La condici6n del que ha de recibir ca;te mislhós es muy distinta de 1. de un
riada. Habri. realizado una hazafta y el misth6s es la recompensa ofrecida por la reali-
zacibn de C$8. hazalla. lJe¡aIDOS aqul a la significación a que ya remiten los tá"miDOI
inc1olrama.s; el m.lsth6.r no es un pago regular, sino el premio que obtiene el ¡anador
de un concurso, el de: una acción dificil.
Tenemos de esta interpretaci6n una prueba mis, sobre la que debemos dctc:nern05
parque no ha sido sertalada todavIa. Un verbo particular se compone con mlsth63 pa-
ra decir «ganar un salario»: mislharne1n (¡u09lZpVS¡V), «trabajar por un &alario. ser
lariado». En este compuesto se reconoce el verbo 6rnumaJ (lpwplZt) que tiene empleos
homericos claros, y tan poca numerosos que es posible examinarlos todos.
En primer lUJar -y es un hecho significativo-, las antiguos gra.m.iticos traducc:n.
este verbo por antJkatal/6ssathtd, «obtener al término de una prueba de
esta definición que los lexicógrafos modernos no han tenido en cuenta es, desde lue-
go, exacta, como lo muestran los ejemplos al principio de la Odisea (1, .5)
se habla de lu miserias de Uliscs, el húoc a quien el poeta pide a la mUla que cante,
f¡Y TI 9'lx'rY mI YÓGwY «aquel quc gana IU propia vida y el regreso de
IU&
Gana con e¡forz:ada lucha, en el curso de pruebas en las que ha salido triuufador,
cl prr!mio. que es haber salva.do IU alma y uegurado el regreso de sus compafteros.
108
Por otra parte, n. 1, 159, tJ"'¡n drnus'Nzi. «ganar su timh>, ganar la parte de honor
que corresponde al jefe, A¡amenón, en la guerra o en una competición (cfr. 5, .5.53); o
también ámwstluzi (6, 446), «ganar una ,ran gloria cn el combate». Por
último, en la persecución de Hector por Aquile.s durantc d combate supremo, ea el
texto mas significativo (22. 160)' OÓX "'"""" .,¡a¡ ""'1", &pv;a&'" 1 " ..,..¡, .19...
rM'tm «ellos DO trataban d.c: ganar el pR:IIlio que los hombres se disputaban
en la caI1"CI1Ut. smo que la verdadera apunta en. la vida de H&:tor perseguido por
Aqul1l:s.
Asf, tinwnwi !i&nif"lca flObtcnU. tras Qforzada lucha. un premio». ¿Es fortuito
que min1tllmé compuesto con un verbo tan espc:dfico que implica prcdsamCt1te
1& recompensa vinculada a una prueba? Por lo dcmis, ¿no decimos nosotros mismos
«ganar» un salaria como tambim «ganaD un premio, una victoria? De este modo,
directa o indirectamente, mtJhJ63 ea la misma nación que constatam05 en indoira·
nio: precio fijado de antemano en una rompetici6n. Estc ICOtido eatA mejor con·
servado en la tradición. beroizante de los himnos vWic05. Pero todavia es reconocible
en Homero. Tal es el primer empico de minhÓ.!. lnc1uso cn cl .sentido de «salario»
sobrevive aún la noción de «retribudón fijada de antemano y pagada cuando se:
lleva a término el trabajo". El del concurso se ha convertido en el Klm·
riOIf del trabajo.
El gótico Yel eslavo no nos dan mucha información: el ¡ótico miuJo rirve para
traducir el griego mistlrds Y DO prc:scnta ninguna variación instructiva. Sin embarao,
hay en gótico, aliado de m.kdo. otro téllDino quc traduce también el ¡rielO mlstltós;
es knm (a. a. a. Jón. al. Lolur) que se apoya ¡obre un antiguo neutro, ·taunom. Esta
concurrencia con el antiauo tbmiDo indoeuropeo merece por JI m.ism.a que rtiernos en
eDa nuestra atención.
El gótico /aun DO esti aislado en el vocabulario iodoeuropco; no obrtante. antes
de estudiarlo en aus correspondencias, examinaremos la significación qoc 14: despren-
de de sus empleos. Traduce a la vez miJlháI. Op.JOnitl. kh6riJ; eno se debe a que
probablemente no responde, ton total CJl.actitud, a ninguno de eclos trc5 t&minos
griegos.
Un puajc: nos muatra de numera notable cómo /aun y miuJo juegan juntos en la
semintica cótica, alU donde el modelo grielo emplea cl mismo t&min.a mlsthIJs.
Mal. VI, 1 /aun ni habaljl/rQm alt;1I i,:waramma... «no lt!nl& laun (¡aa8iN 013.
rXIU), de nuestro y lUCIO: «en verdad os lo digo, los hipócritas reciben sala·
rio» (lIdxouO't UN andnemum mizdon seino.
Para traducir el mismo término, el gótico emplea dos palabras diferentes can una
linea dc intervalo. La segunda vez, mizdo. porque sc trata dc un salario bu-
mano, el salario de aquellos que son denominados hipócritas, cuya recompensa con·
siste en la consideración o en otras ventajas. Cuando el salario debe ser recibido del
padre que está en los ciel0r5, en csta ocasión se trata de Itmn; no se han sentido autori.
zados a decir mizdo.
Es laun. a5imumo, el que se emplea para traducir una expresión muy cruda, la pa·
labra popular Op.sOnÜI; Rom. VI, 23: launa fTllwullrhlais daulJus (d. Oq¡&lWl t%
&.¡t1Z¡n(at¡ «el salario del pecado es la muerte». Por opronitl se entiende pro·
piamente la el alimento distinto al pan: carne y, sobre todo, pescado,
gurado a los 501dadol: de ahl, salario del soldado. que es pagado en viveres. Aqui, en
sentido figurado, es el salario, la rctribut:ión del pcc:ado, y /aun está en plural a causa
del plural griego. Otro ejemplo: si 1Xv01véis lo que se os da, si amáis a aquellas que
109
os hacen bien, si.. .• etc., ¿d6nde está vuestra kháris? (Lucas, VI, 32-33-34),
«gracia» es traducido por Jaun.
He aqui ahora dos compuestos que ayudan a centrar la significaci6n: sigis-Jaun,
«Sieges Lohn», «el Jaun de la victoria», traduce brabelon, el «premio» dado por el
brabeús, el árbitro, al vencedor de una competición. Es el término empicado para el
premio ganado en la carrera en el estadio: el texto (1 Coro IX, 24) lo dice fonnafmen-
te: «de todos aquellos que corren en un estadio, s6lo uno obtiene el sigis-Iaun».
El segundo compuesto es curioso: launa-wargs (JJ. Timoth. lll, 2) que traduce
akháristos, «ingrato, mgriztus» (Vulg.). Es -wargs el que cumple aqui la función de
preverbio negativo, mientras que el g6tico tenía la facilidad de formar un adjetivo ne-
gativo con un-o El sentido de -wa1'&f es preciso y fuerte: (ga)wargjan significa «conde-
nar»; wargi/Ja, «condenaci6m>; a.a.a. warg, «criminal». Es una noci6n propiamente
germánica: el warg es puesto fuera de la ley y desterrado de la comunidad. El com-
puesto launa-wargs significa, por tanto, propiamente «destituido de faun», aquel a
quien le es negado ellaun. Es un término muy riguroso, mucho más que el que lo
traduce.
Vemos de este modo que laun es una cosa completamente distinta a un salario; es
un don de favor. o una ventaja ganada por una actividad que no ca un trabajo ordi-
nario (en cuyo caso mivJo hubiera sido el término adecuado), propiamente una «gra-
cia» obtenida o un «premio» conseguido.
Gracias a la comparaci6n, tenemos medios para circunscribir más elscntido: fau
está perfectamente atestiguado, sobre todo por ellat. liicrum (de -Iau-tlom), IUcror.
El sentido de lucrum es la ganancia, el beneficio, con la idea que representa de al-
go inesperado, un aumento inesperado. En otras lenguas, esta significación se espe-
cializa: sánscrito lota. lotra. «botín» (palabras de léxicos) -que se relaciona con los
ténninos eslavos: fovü, «(botin»; Joviti, «coger, capturar en la caza», «realizar una
captura»; griego lifs botin, Jifzomai, «hacer botin», lilstór. «bandido».
El botin de guerra, la captura durante la caza, son precisamente ventajas con las
que no se puede contar de antemano, son los «favores» del destino. Esta raíz se en-
cuentra en griego en otra familia, la de apoloúó, «gozar». Aunque «gozar» sea el sen-
tido clásico de este verbo, el sentido antiguo todavia aparece. En relación con la idca
de «botín», es una desarrollo fácil de seguir: «conseguir un botin y gozar de él», «sa-
car provecho de una captura de guerra o de caza». El punto de partida del gcnnánico
-Iaunon. g6tico laun será, por tanto, «benef"lcio obtenido por captura, botin». aqui
en consecuencia la ganancia. totalmente diferente del salario que procura el trabajo
regular.
Vemos, pues, converger y aproximarse aqui en el vocabulario gótico, con mizdo y
/aun, dos nociones radicalmente diferentes: la primera evoca la competición y el pre-
mio que a esa competición está vinculado; la segunda, el batin de guerra o de caza,
luego el favor o la recompensa en general.
Queda por considerar un tercer ténnino que está limitado al Iatin: merces. genitivo
mercedis. «salario, retribuci6n». de donde provienen mercenarius y todas las palabras
que están relacionados con él. La particularidad de merces estriba en que tiene clara-
mente una relaci6n con merx, si bien el sentido de las dos palabras ba divergido enor-
memente. Desde el punto de vista morfológico. merces es una formación en -N-. Te-
nemos pocos ejemplos de esta formación y no hay unidad en esos ejemplos; por lo ge-
neral son términos poco claros. Está. por supuesto hered-. pero es un adjetivo, mien-
tras que I1U!rced- es un sustantivo fonnado sobre otro sustantivo.
110
Hecha la observaci6n sobre esta particularidad, hay que tratar de comprender có-
mo merces se relaciona con merx. y cuál puede ser la relaci6n entre la noci6n de
«mercancía» (merx) y la de «retribuci6n» (merces). Hay que subrayarlo, la merces es
una cosa completamente distinta al «salario». Lo que la merces remunera no es preci-
samente un trabajo de obrero, sino los brazos de un hombre, el servicio de un solda-
do en la guerra. la ciencia de un jurisconsulto y, luego, en la vida pública, la interven-
ci6n de un hombre polltico. lo que se llama un tráflco de influencia.
Esta «remuneración» particular se relaciona de este modo con los términos estu-
diados del vocabulario comercial. Pero no deriva del «comercio» en el sentido or-
dinario.
La noci6n que debe unir merx y merces es que la remuneración está hecha con di-
nero: merx. en tanto que «mercancia», es la mercancía obtenida por dinero. Tampo-
co es el trueque. el intercambio de una cosa por otra, sino una compra comercial, rea-
lizada mediante dinero. Tal es el fundamento de la relaci6n entre las nociones de
merx y de merr:es. Para comprenderlo mejor, comparemos el caso del francés denrée
[género]; en antiguo francés es la denerée. es decir, «aquello que se puede obtener por
un denier [denario]», el producto, en tanto que susceptible de ser pagado, en tanto
que entra en el «comercio». Es la relaci6n entre merx y commercium..
Merces es, por tanto, un pago que retribuye la disposici6n temporal de un hombre
para un fin particular. El término scftala una noci6n completamente nueva. la intro-
ducci6n del dinero en las relaciones entre hombres para comprar servicios, de igual
forma que se compra un género.
Estos diferentes términos. comparados aqui en virtud de su significación, tienen
relaciones que hay que retrotraer muy lejos, si queremos comprender el hecho de que
hayan podido converger a partir de origenes diversos. Revelan la complejidad de los
grandes hechos de civilizaci6n que denotan. Percibimos agul de qué manera, en el vo-
cabulario y la econom'Ía de los diferentes pueblos indoeuropeos, la noci6n de «sala-
rial) se ha realizado a partir de la noci6n de «recompensa» de guerra o de juego, a
medida que se establecían relaciones de trabajo fijas, detenninando la noci6n de «co-
mercio» y de «mercancía», un nuevo tipo de «retribución».
Los mismos procesos se repiten en las denominaciones renovadas de nuestras
lenguas modernas. Por ejemplo, la noción de sueldo (de donde deriva la de 501-
dtldo < itaL soldado, «retribuido por un sueldo») se ha formado en tanto que «retri-
buci6n de gentes de guerra»; antan.o se percibla alú la relaci6n con el lal. solidum..
«pieza de oro» (de donde nuestro [francés] sol, sou). Una persona moderna a dur.as
penas podría imagínar. porque estos signos lexicos se han distanciado mucho entre s(,
que el salario era, en su forma latina. un salarium. el «dinero dado a los soldados pa-
ra comprar sal» (lato su!); que pagar deriva dellat. pacare, (satisfacer, calmanl (me-
diante una distribuci6n de dinero); que les gages [las prendas] son el plural de goge».
«garantia, rescate». Las imágenes de la guerra, del servicio mercenario han precedido
y engendrado las del trabajo y retribución legal a ellas unidas.
ll1
CAPinJLo IS
CRÉDITO Y CREENCIA
SutMrlo. La CUCQ, cOrTftlIOIldcDda fOJalal del 111. m-dO y MrId-4J111- pran·
tiza una hercnda muy &D.tipa. Bl examen d, kili tlllpl_ de 1rIuI-d1ril- en el Kit: Veda
n0511eva a d1Jccrnlr ..... Cltl palabra la .igaifu:ad6n 4c ".-:to de wnfianza (en un d1ot)
que implica rea;litlKión (en forma de favor divino OIor,ado al fiel)>>. PurtK.dor de elta
misma nocibn compleja, el '/crm- iDdocuropro le llJ\CUUllra, Ialciudo, en cl1allo r:rid6.
...confiar UD. COlII COO la cx:rtcza dI: llll:upenrlalt.
Como las dcsignacione& del «salario», 181 relativu a la noción de «pfft». Ipréstll-
mo que uno bacc:) y «emprunllt. [préstamo que uno redbc] no tienen en oricen un
sentido propiamente econ6mico.
Un prlt (prtstamo que uno hace) es dinero, valores confiados para ser ulterior-
mente I"ClItituidos. Podemos cootc:nt.arno& con esta dcfmición que: conviene a t&minos
de 101 cuales unos son comunes a varias lenguas indoeuropea, mientras que otros re.
sultan de un desarrollo reciente.
Vamos a considerar primero un término latino, cuya aJ.ptificaci6n es mis amplia y
se aclara por una corrtlpondencia bastante extendida y anti¡ua. Se trata dcllatin m-
do y de sus derivados. La nodón de «<créancc» [crCdito, cn:cocia] se encuentra un-
pliada desde el comic:nzo de la tradición a la de «croyance» (creencia). Ya la amplitud
de esta aignific:acióo putea el problema de saber cómo le rdadonan estas nociones
en latin, porque los t&minos correspondientes en otras len¡uu denotan tambit:n la
anti¡tledad de la noci6n y la estrecha asociaci6n de loa dos sentidOll.
La distn"buclón dialectal de los ténninOll es muy particular: por un lado, en latfn
crldo, en irlandél cretim, y en el otro extremo del domInio indoeuropeo, IÚlSCrito
Jraddhiz, verbo y sustantivo femenino, y paralelamente Iv6stico UIllda-. tcma verbal
y tambibl sustantivo. En indoiranio, el sentido es, asimismo, «creer)) con la misma
construcción que cn latino ca dccir, r6gimcn en dativo. Hans KOhlcr lo ha cstudiado
detalladamente en una tesis doetorll1 (Gottingen, 1948) sobre la noci6n de iroddhll en
lu literaturas védica y búdica.
Tenemos aIú una de las corrC5pondeDcias mts anti.¡uas del vocabulario indocuro.
pco; es significativa porque (como ya se ha observado) está atc:sti,uada IOhunc:ntc: en
los dos atrmlos dellirca comlln; y como para muchos términos importantes rtlativos
a las crcc:nciu y a laa institucionCl. qu.c esttn en este caso, esa supervivencia denota
WlUQismo.
Este bc:cho quc:da corroborado por la antigQcdad de la formación. &tamos al
presencia de un anticuo compuesto verbal. constituido con la ayuda de: • dJri-; el pro-
112
totipa se restituye ficilmcnte en ·lcred-dM·. «poner el - kred.,... fonéticamente elido
se apoya en ·creulo. que corresponde al simcrito Sraddhil. En avéstico. donde se es-
peraria tenemos uazdiI, con t inicial. por asimilaci6n; por tanto, todu las
formas se corrc:spondcn cx:actamente. Semejante identidad de formu en estas condi-
ciones garantiza una hcrcncia léxica fielmente conservada.
Cuando J. Darmcstcter estableció por vez primera esta com:spondcncia, vcia en el
primer elemento el nombre del corazón Olt. cor. cordis). Esta inttl'])retaci6n fue ripi-
damente abandonada por diversas razones las que hay que volver. porque el
problema etimológico está hoy de nuevo a la orden del día. se considera en general
• kred como una palabra dminta que sicnifica duena - krrd-dhi aignifica-
Tia, por tanto. «poner en alguien la *JcrN(de donde resulta la confianza)>>. Esto no
ea muy sencillo. pero Il priori no se puede cspc:rar que esta noción corresponda a nucs-
tras conc:epdones modernas.
El problema fue tomado nuevamente por KOh1er que examin6 el sentido del verbo
y del nombre en védico e indicó lo que parecia resultar de ello para la etimología
indoeuropea. Se¡6n a, la etimolosia de DarmCl5tctcr para • krtd, nombre del cora-
z6n, habria sido rechazada equivocaclluDentc; si volvemos a la explicación de *kred-
dhi· como «poner su coraz6n en a1gunl cosa», vemos que se desarrollan sin dificul-
tad los diferentes sentidos atestiguados y que siguen cOIllitantes en indio, tanto en vé-
dico como en pili, incluido el sentido tudio de «deseo». Si el término védico se refie·
re a la «crcencillJt, no se: refiere a UD credo trol6gico, sino a la ICconfumza» que el fiel
testimonia a los di05C8, a su fuerza, particularmente a Indra, dios de la ayuda. del so-
COITO, que esti a la cabeza de todos los demás. Este ooncxpto religioso central en la
religión dd sacrificio. que es la religión véd.ica. se enunciarla. seg6n Kobler. por tm8
suceri6n de tres t&minos: «Treuc_ (fe), «Hlnpbc::» (el htcho de dar), «Spendcfreudig-
teit» (aIcgr1a de ofmx:r, liberalidad en el don). DI: «fe_ a 4<ofn:nda liberal (en el sa-
criflCio)_, la cvoluci60 se rca.1izarla primero en el nomiR,luego en el verbo.
Encontramos el concepto divinizado en los textos vúlicos: es la diosa Snddhi la
que se: eocvp de la ofrenda; luego, en unl petspcctiva eclesiástica, el término dcsig-
n.arla la «confianza» dcIlaico en el brabman y en su poder, correlativo con la pCI'D-
sidad de la ofrenda. De este modo iC pasarla de la confianza CII los dioses al efecto de
la ofrenda.
Por lo demAs. Koh1cr la historia del término en los uptlt1qlld y en 10l!i tex-
tos búdicoa donde aparecen la noción de «creencia», que subsiste, y la de
en la ofrenda». E sentido inicialserla, por tanto, «poner su coraz6n», según la anti-
gua ctimolo,la que Kobler quiere resucitar y quc piensa demostrar mediante las no-
ciones que deriva en védico.
¿Qué puede sacarse de esta conclusión? Dejemos a un lado por ahora la ctimolo·
gia, ya volveremos sobre ella en último lupr. Si 5raddhfl significa en védico «creer,
tener conflinta en», no se nos dice c6mo se define la «creencia». Parece como si esta
noción fuera en védico pareja de la de «creencia» en Iatin o en irlandés, donde está fi-
jada desde el principio; ya no tendrlamos, por tanto, m.áII que la etimologia para in-
formarnos sobre su fundamento.
En realidad. con la ayuda de los textos citados cxhauJtivamcnte por KOhlr:r. se
puede caratterlzar de forma algo mú prcd6a esta ootiÓD. El térmiDo JI'tId- no se
compone con mú verbos que -dhil, salvo una vez klzr. (kr-), «hacer_. Pero b'od-kar-
es artificial y poco claro; todo el mundo estA de: acuerdo CII cIlo. También hay que su-
brayar que el verbo Jraddhil- es tratado a menudo como un compuesto con prevcrbo,
113
o que 10& miembros pueden ser separados; irad de un lado, dhil del DUO. Esta creen-
cia no es nunca creencia en una cosa; es una creencia pc:I"lIOnal, la actitud del hom-
bre respecto a un dios; ni siquiera una relación de hombre a hombre, .sino de hombre
a dios; la sraddhil lie dirige particularmente a Indra, dios nacional, héroe CUyu hlWl-
fIa¡ llcnlU1 el Ri¡ Veda. Por una transferencia conocida, siempre que una divinidad
tiene una funcibo, los hombres necesitan a esa divinidad para realizar esa misma fun-
ción en la derra; por eso, el hombre tiene nc:cc:l!Iidad de Indra para ser él mismo vence·
dar en la lucha.
(3)
En otro lcXto (X, 147, l),lrat dadhimi, «yo pongo mi COnflllDZll en ti porquc
tú has aplastado al dragón y realizado la bazaña virilit. Se trata del combate de Indra
contra Vttra. hamfta anterior que impulsa al ftel a darle su confianza.
(1)
Antes de nada veamos un texto que mUC5tra en qué condiciones se ha establecido
esta creencia en lndra:
... ir'cldbitllDl te "",huid indriy/Iya
ddhll trat te asm/J adbiyi
'i#il t:Odaswl dh4niya 11.. V. l. 104,6
(4)
He aquf una invocación a la pareja de dioses Nisatyas (los Atvins, correspondien·
tes de: los Dioscuros), esos gc::melos que son diOSC! curadores y sabio! (X, 39, j): «00-
sotros 05 invocamos, para comprometeros a renovamos vuestro favor, oh Nisatyu,
para que este ar; (compaJlero de clan) tenga aJfÚltl1Wl en vosotroslt.
Se quiere obtener de C50ll medicos divinOl5 la prueba de que son capiwes de ayudar
a los hombres, para que elllotrOlt (el an), que DO cree en c:llos, les conceda en. addan-
te su confianza y sea su apoyo.

• •
$: ••• se ha puesto confllUlZ8 en tu gran :fuerza indriana. por eso prec:is.amentc yo he
pensado (manyej: se ha puesto confianza OJ ti, J.ánzatc como un toro para conquistar
el eran prrmio tlcl combate.»
Se trata de ganar el premio del combate; no es una guerra, sino UD combate singu-
lar, una rivalidad, una justa. Dioses o repi esentantes de los dioses, cada uno tiene sus
partidarios y la causa del dios es la de todos aquc1los que la apoyan porque ponen en
el dios ru fe. fU ccnfiam:a.
(2)
He aqui ahora un pas¡Qc donde, por primera VCZ, probablemente la única, aparece
una cuestión sobre el oriBen de 101 dioses y una duda sobre su existencia (R. V. 11,
12, j), «aquel del quc liC pregunta"¿dónde está?", el (dioa) horrible del quc $e dice
"no existe". aquel que hace desaparecer (m;nali) las riquezas del ari (el rival) como
(un jugador) los dados: tened conflBRza en sd arydlJ vfja minia Irdd
asma; dhDtta.
Se trata de: una justa, en la que el dios, del que algunos llegan a dudar que exista,
coge todo, aminora el empuje del rival. Por tanto, ... Jrad usmai dhDlta. «¡creed
en él!».
Eate dioa es un campeón que porta la esperanza de los hombres, cuya causa repre-
senta; los hombrcs deben reforzar su poder haciendo esta sraddhiz; se pone, por tan-
to, srad en él parll que triunfe en el combate: el dios debe justificar esta confianza
con sus hazaftas anteriores.
114
(S)
¿Por qué? Un texto de la respuesta (VIL 32, 14): «¡Qué hombre, oh Indra, ata-
ca a aquel de quien tú eres el tC5OfO» (tvi-l'lIS1I. «que te tiene por bien, por fortunu).
«Al confiarse a ti.lraddhil tt, el tKroc liC esfuerza por p.nar el premio (dd combate)
en el dIa decisivo.»
(6)
tcPorque yo he dicho: al escoleros, oh lndra y AJni, nosotros debemos quitar por
la lucha este sdma a los Mural (que son 101 enemigos de los dioses), venid para llpo-
yar cUrad y bebed del sdma uprimido (suta) (1, 108,
(7)
«Oh tú, Indra, al.éIrate con la lraddhfl y con la bebida de s(Jma. tienes, en favor
de Oabhiti (aqui el nombre d:e un hombre) dormido (el demonio) eumuri (VI, 26, 'tllA Pb.
\
, ,
""ICAtl\\.
La respuesta a nuestro «¿por qué7» ---<:fr. más arriba, (5)- es, por tanto:
el dios que ha recibido el 11Yld lo devuelve a los fieles en forma de apoyo en la
victoria.
Conforme Il Iu tcn.deocias ¡encra1cs del vocabulario rc1i9oso, se desarrolla ahl
liS
una entre la acción abstracta Arad y 105 actos de ofrenda: poner su srod
en el dios cqwv.ll1e a hacerle oblación; de ahi la equivalencia entre ¡rad, por un lado,
y, por otro, y todos los verbos de oblación. Vemos que no hay nece:sldad de esa
de la que KObler ha creído hacer un momento IcmintiCO de la palabra.
Si DOS arnesgtramo.s a proponer una traducción de Jrad, seria «devoción», en el
sentido etimológico: devoción de lo.s hombres a un dios, para una justa, en cl curso
de una lucha. de una rivalidad. esta «devociÓn» permite la victoria del dios que es el
campeón, y. a cambio. confiere a los fieles vcotajas csmcialc:s: viCIarla cn las luchas
humanas, c:u.raci6n de laa enfermedades, cte. «Depositar confianza", es comprometer
su confianza, pero a cuenta de trueque:.
En avbtico la noción se define de la misma manera: es un acto de fe manifestado
hacia un dios. pero c:spc:cifu:ammte para obtener 6U ayuda en una lucha. El lleta de fe:
implica siempre certeza de rcm.wu:laci6n: se rca:Jiza esa devoción para reencontrar
siempre d beneficio que: se ha comprometido.
Ella estructura similar, en oontextos religiosos diferentcs, pra11tiza la antiaücdad
la LA shuaci6n CIi la de un conflicto entre 105 dioses, en el que los hombres
mtervu::ne:n una u otra causa. En c:ste compromoo, los hombres dan una
parte si uusmo.s. que la de los dioses a lO;! que han eh:gido para apoyarles;
pero SlCIDprc est'- lMplicita una contrapartida; se espera del dios restitución. Tal es,
aparentemente, el fundamento de la noción laicizada de créu"cr:. confianza, sea cual
sea la cosa fiada o confiada.
El mismo marco aparea: en cuaiquiC'C manifestación de confianza: confiar alguna
(lo que es un empleo de crido) es entregar a algÚD otro, sin consideraci6n de
IlCSIo, algo que es de uno, que no se da, por razones dívenas, con la certeza de vol-
VI:T encontrar la cosa confiada. El mc:c.anismo es el mismo para una fe propiamente
religiosa. y la confianza en un hombre, sea c:I compromiso por palabras. por pro-
mesas o por dLDero.
Nos ranontamos de esta forma a una prehistoria lejana, cuyos ¡randes rasgos por
lo mmos se esbozan; rivalidad de poder de los c1ane8, campeones divin05 o humanos,
donde hay que dar muestra de vigor, de: generosidad, para asegurarse la victoria o pa-
ra ¡anar en el j.ue¡:o (d juego es un acto propiamente reU.cioso: los dioses juegan). FJ
campe6n necesIta que se crea en él, que se le confie c:l • kred, a cambio de repartir sus
beneficiOS aquellos que le han apoyado de esa forma; de este modo, hay entre
hombres y diOSes un do uf
¿Qué es ·kred1 El análisis que acabamos de hacer, ¿autoriza a concluir, como
KOhler ha hecho, que hay que volver a - kred. «corazón»? La antigua objeci6n contra
esta interpretación sigue subsistiendo. La forma - kred no coincidc con e:l nombre del
corazón en indolranio: es un hecho extrafio, pero indiscutible:.
Frente alladn cor(d), griego kel', kardía, g6tico hairto. es!. sriJdfce. tenemos en la '
inicial la sonora aspirada en indoiranio: h{d-. hiudj en sanscrtto, r.ired· en avéstico.
Cualquiera que sea la explicación, no hay en indoiranio la menor huella de la gu-
tural sorda inicial atcstiguada por lo dem6s en otras partes. De este modo, la fonna
'" kred no se identifica con el nombre del corazón. Incluso en el ¡rupo occidental,
donde: la forma se presenta con inicial k-, encontramos para -kerd.
'" kord. '" krd (grado cero), pero nunca'" kred.
Ademú que aun me parece Olés grave-, hay una dificultad de sentido; ése
es el aspecto de la cuestión que mcn08 .se evoca. ¿Qué representa en indoeuropeo el
«oorazón»? Es. ante todo, la víscera como tal: .se arroja el corazón de un hombre a
116
los perros. En segundo lugar, el corazón esta sede de cierto número de: aflX:t.oll. Quien
haya leido a Homero sabe que en el corazón reside el valor, el pensamiento' ciertas
cmocione5 se manifie:stan en él, sobrc todo la c6lera, de ahl un ve:rbo como a'. eslavo
ruso se.rdU', (antiguo eslavo srUdtct!. ruso serdce, "corazón»). Los
derivados nonunalcs se vinculan a w mi.!mas reprC'SCDtaciones: e:n latín se<Of3 con-
cors. con los abstral:lOll I:omo concordia. H<Ot'S, «quc está fuera de su corazÓn de
sus facultadcs)ll, asi como el derivado verbal re-cordor. feTe:Cordar(sc:)>>. El es
solamente un órgano, asiento de una afca:i6n, de una pasión, en rigor de 18 memoria.
pero nada mis.
Lo quejamb hay, CJ'l ninguna lengua indoeuropea antigua, es una locución anaU·
dca la! como «-poner su corazón en alguien,.. Para quien está habituado a la fraseo-
al estilo, a 135 manerlU de pensar de los antiguos, ésa seria una c:xpRSi6n tan
cxtrafia como su no hay diferencia a este respec10 entre d corUÓD y
ct nombJl: de cualqwcr ouo oclano. Sólo una ilusión nacida de las metáforas moder-
nas ha podido hacer pensar en un giro indoeuropeo como «JXIDCC su carn6n en al·
guien». En vano buscar1amos en los textos antiguos la menor huella de una locución
semejante. Hay que dejar a un lado definitivamente: esa interpretaci6n. Por desgracia.
no vemos nada preciso para sustituirla: '" krT!d sigue quedando oscuro: apare:t:e sólo
en relación, nU(}Q como palabra independiente; y desde el punto de: vista eri-
mológico, la palabra está completamente: aislada.
Por no se puede bacer otra CO!Ia quc proponer una oonjetura: '" kred serta
una CSpecle de: «prcnd.a», ele «apuesta»; algo material, pero que compromete tambitn
el sent!"tiento penana!. una noci60 invcstida de una fuena mágica que: pertcncc.c a
hombre: y que: se coloca en un ser superior. No hay cspcnInza de dcfmir me-
jor este término. pero al menos podemos restituir el contexto en que ha nacido esa te-
laci6n que se cstablc:cc primero entre 10§ hombres y los dioses, para matcrializane lue-
go entre kJs hombns.
117
CAPÍTULO 16
PR1!T, EMPRUNT(*) Y DEUDA
Su",ario. Con1ra ktholomac que distlnlue dDl ralO1:1 p.-. R Gemueltra que kn de-
(y armenio.) dePfl'r- -entre ellollr. ·PCfW-. de donde arm. ptI,t(e', Ildcu.
da_ le pawkn rlldudr pcrfa;tarnente. un l1n1co valOr de bue. ucompmllU con aJau-
na COlII tomada de uno. de propia pcraona o de.u hacimd.... Lat. pa', «\pallt, debe
rdllCionane con tlpcrr· ¡r&nio.
En latln. Itcicberlt, no ImpUca que IIC haya rtdbido de aquel • quien se debe
dar. La tlIlJIraibn tknic::a .wClllllu milI,", del.i1lM. PUf '" r.:ontruio, con precisiOn el doble
movimiento, de ida y "lIdta. de una mi.ma luma de cUnero, lin inlcf1:l.
En germAnico. la IlIpcdfícac:i6n de < l.e.•/fi"". Cerr. 11". felpa, .dejar...) en III
RntJdo de «JlIDlIn .fCll:ta .. l. vez .. la noc:i6n de IlYICIo• .IiIad- .. "1:11 ralz '1 .. 111 0 ..11.
tenda de otm bcrlxJ par «dejar». En cambio, pu1l dalpar la «deuda', clp-
lito, que un wubo pal'lIlIdeben (en ¡mcnJ). ba debldo Iom..- prahldo otro tlnnl·
UD del ctItko.
nmbién CIl tbtku. d del poc:a p1:dm apum!rmcale.
abua ele ba:bo ÓOI noaor- diRinlu ---a.al tndidonal. la lid prálu:Io CDIKl traDIiac>
d6n penocW; '1 otta aln tnIlfici6n, la del prtslamo .. mtera; CDDKl KtMdId
pmfedonal-. &l ark&o IC obun-a UD
Pan. terminaJ. le dcmIIcstn. qucd la1. [CM!:. plCiIW"D ti, InIc
todo, poDa" aratil a dispwiciOO. aiD car¡o ni lInoludtm. N, meDOI aó:n • .mtel&.
mobjeto de estc capitulo es mostrar cómo, indcpcnditntmx:ntc. en varias lcn¡uu
-inm.io, latln, 16tico, gricJo- tmniDos técnicos correiaúVDI para «deuda», "J)r&ta-
mo», «empnml» C"'), se ha constituido por C5pCc:mca.cf.lln. y ditcrmciac:ión de t&minos
más puClll1es o que derivan de otro orden de representación. Sin cmbarco. encontra-
remOl, ademú-de dcsilnaclones particulares lalidaS de evoluciones propias de cada
lengua: por un lado, un tmmno de una ccncraJidad butaDtc grande: por otro, UD
procedimiento de formaci6n comÍUl al crupo de palabru correspondientes a esta
notiones.
«DEUDA» EN IllANtO
En d dominio oriental indoeuropeo, hay una serie de foruw inmiu ain corres--
pOlulicntes seguros hasta ahora, Yque se difermdmmal ea d lGlO del iranio. Se tra-
ta de clcriva40s que se rdac:ionao con la ra1z avt:Itica par-.
M Cfr. kJ dicbo al ron'":zo dd c:.plI\IIo 15 (N. T.).
(..) Cfr.aotaddnductor.capkulgU. (N. T.).
118
La distinción dc 1115 palabnu quc dependen de ella no está realizada claramente en
el cficdonario 4e autoridad, el de Blrtholomae. Es lógico proocdcr a UD análisis que
permita reagrupar palabras dispersas en varios articulos. En efecto, Bartholomac di5-
tinguc dos núca: 1) ptlr-, CIlhacer igu.al»; 2) pur-, «condenar». Fn mi oponión hay que
poner junw las formas que dependen de una y de otra, para Ucpr a constitnir una
familia unitaria: estas formas son en parte idtnticas en los dos articulos del dicciona-
rio de BartholOInlle. Se usan por rcela ¡cnc:ral en pasiva: uf «ptliTyete, presente co-
mún a Jos dos par-: «SCI" compensado» o 1(5CJ' condenado",.
Un ejemplo mostrará el contexto en el que aparccco estas formu. ID derivado
Q-¡»r#lÍ, con preverbio j¡ y suíljacibn en -ti, colinda en el pasaje siguicote con un par-
ticipio mcdJo de la misma ra1z: «tal es la CiBa. tal es la pw1l el ne1
que se arrepiente (pi1rilmnilj)lIt (Vidivd1t. 8, 107).
El abrtraeto esti acompaftado de aSii, «expiaci6n, compensación",; 105 dos
indican una reparación para borrar un pecado contra la religión. Aaimismo, se en-
cuentra Qp;Jrilti en equivalencia con yao'idi6ra-, a.cc:i6n de hacer ritualmente apropia-
do al¡o o al,uien que esta mancillado, C3 decir, que es impropio para un empleo reli-
gioso.
Otros dos dcrivados, empleados sobre todo en el código de pureza denominado
Videvdit: J»,.rfJi¡, «c8.!ltigo corporal, multa», algo que es dado en compensación de
un delito; y el adjetivo negativo anit¡»rillJa-, «incompensable, incxpiable», aplicado a
syao8na-, «acción».
He aqui ahora una serie de formu que han sido unidas a otnl flÚZ pI1T-, pero que
en realidad DO deben sec- disociadas de las prca:dcntes. Son cxpralones jurldieu fre-
cucntCll en el Vidévdil:: a partir del neutro «eXpiación. compcDII.ci.ÓIllt (unpti-
cado en el adjetivo que acabamos de ver), se ha constituido el compuesto
Cestu dos últimas formas no difieren mis que por
una variación grtfica), Iitcrahncnte «cuyo cuerpo (1(11Ift) es condenado, sirve de com-
pcnsaci6n), adjetivo que califica a aque1lol que se han vuelto cu1pabla de ciertos crl-
meJ1Cl1. Muy caractcrlstica es también la conjunción del compuesto
ttcuya compensación es grave» con el sustantivo pilrrz-, en una misma locu-
ción. El vocabulario avéstico nos permite awvinar aq,ui un conjunto de nociones que
se reparten en la medida en que se refieren a la «C'Xpia.ci6nlt o a la tCCOmpc:nsaci6Dlt,
entre la reUcibn y tu relaciones económicas. Esto queda confirmado por el testimo-
nio indirecto del armenio que ha tornado prcstado, en todas las de su dcsarro-
110, un número considerable de pe.labral al iranio. Dadas las considerables lagunas
que tenemos en nuestro conocimiento para ciertos periodos del iranlo, el armenio
ayuda a reCOnstruir las familias léf.icas deficientes o insuficientemente representadas
del iranio.
Este es el caso con que nos encontramos. Disponemos del armenio «deu·
du (con el k
r
del plural, normal en las plllabras abstractas), ¡cnitivo partuC"', tema cn
-u que no cs conocido de otra forma en iranio. De este modo tenemos una oposición
de dos fonnacioncs abstractas: y •Pf/JI, es decir, rcspectivamente, las dos
formal en ·ti yen-tu. En anncnio part/cC. «deuda», designa también la e<obligaci6rut
en ¡eneral. el ""'ho de '_" i¡ual que el al. Schvki y .1 inglés s/uzll. De ahl o:xp<e-
siones tales como pcut i ¡nj. literalmCQte «hay deuda. deber de, pera mi». es decir,
«yo debo. yo tengo la obligación de» (ncptivamc:nte parl UU, «)'O DO debo»), ya
se trate de una obligaci60 moral o de una deuda. Con el sufijo trivial -abn, se saca
de part el acljetivo ptUtakan, «deudor", que puede const:ruine como predicado, parta-
119
kan e. Luego la palabra se ha especializado en compuestos cuyos dos términos son de
formación irania: par/avor. lleva una deuda o una obligaci6n; justiciable»; y en
particular part-a-pan. «deudor», literalmente «que conserva una deuda». Sobre par-
tapan se ha creado el término opuesto, parlate, (donde tir es la palabra armenia para
«amo))), literalmente (cama de la deuda», es decir, acreedor». De ahi provienen nue:-
vos derivados: en primer lugar el verbo partim. «yo debo, yo estoy comprometido a»;
luego un termino técnico que debe estar tomado del iranio, el compuesto part-lxiixi.
cuyo empleo esclarece la formación. En armenio se dice «dar su bien propio en
part1xiixi para otroS), es decir, «comprar las deudas de otro». Este compuesto,
"prtu-baxSya- (el original iranio del préstamo armenio) significará «gratificación de
deuda»; esa es una expresión técnica del lenguaje jurídico.
Se dispone en total de un conjunto de formas bastante considerable. Hay' que
prestar más atenci6n a los sufijos caracteristicos de estos términos. La palabra para
«deuda», "Pftu se define literalmente «cosa a compensan), de ahí c<deber» en gene-
ral. Esta interpretación es sugerida por el sufijo -tu, que implica aptitud o eventuali-
dad. Por el contrario, con el sufijo -ti, el derivado av. presenta el sentido es-
perado de «compensación efectiva») y, por consiguiente (ahí esté. el sentido constata-
do), «castigo, expiación», por tanto, «deuda efectivamente satisfecha» -lo cual es
diferente de ..Pftu-, «deuda», como cosa a satisfacer.
La noción de par- en iranio es mucho más amplia que nuestra noción de (cdcudll):
es todo lo que debe, en materia de reparación, aquel que se ha vuelto culpable de un
delito. En última instancia, no hay más qUe una sola raiz par-, «compensar mediante
alguna cosa tomada de sí, de su propia persona o de su hacienda.), y ella puede expli-
car el conjunto léxico al que hemos pasado revista.
Encontramos un correspondiente fuera del iranio Oa raiz no es conocida en indio,
que yo sepa): es el adjetivo latino par. paris, que indica paridad o igualdad. No hay
en latin raiz verbal primaria: paro. comparo son derivados del adjetivo par. En um-
bro pars (lat. par) es solamente nominal.
El sentido permite esta comparación: es una de esas supervivencias que vinculan el
latin al grupo oriental de las lenguas indoeuropeas, y la correspondencia es tanto más
instructiva cuanto que nos proporciona el inicio del desarrollo técnico que no se ha
realizado más que en iranio y que ha producido la noción de «deuda». Estas expresio-
nes jurídicas se han constituido en gran medida a partir de nociones religiosas.
Hay que tener cuidado de distinguir las homofonías. Este grupo de formas latinas
e iranias es independiente de aquellas que hemos estudiado más arriba a propósito de
la noción de «vender» y que derivan de una raiz de la misma forma: penío. epérasa,
piprásko. Como se ha visto, la expresión para «vender» se reconstruye: en griego in-
cluso como «transferir, llevar al extranjero».
No es, por tanto, en ninguna forma, «igualar, compensar», y estas dos ralees
..per- no tienen nada en común ni en su sentido ni en su repartición dialectal.
«DEUDA» y «EMPRUNT» EN LATlN
El sentido de latln dibeó. «deben>, parece resultar de la composición del término
en de + habeó, composición sobre la que no hay ninguna duda, puesto que el perfec-
to en latln arcaico es también dihibui (por ejemplo, en Plauto). ¿Qué quiere decir
dibeó? La interpretación corriente es «tener algo (que se tiene) de alguien»: es muy
120
simple, quizá demasiado simple. Porque inmediatamente aparece una dificultad: no
se puede explicar la construcción con el dativo, debere aliquid alic:ui.
En latin, contrariamente a 10 que: podria parecer, debere no constituye la expre-
sión propia para «deber» en el sentido de «tener una deuda»). La designación técnica,
juridica, de la «deuda» es aes atienum, para decir «tener deudas, adquirir una deuda,
en prisión por deudas». Debere en c:I sentido de «tener deudas» es poco frecuente: no
es más que un empleo derivado.
El sentido de debere es otro, aunque se traduzca también por «deber». Se puede
«deber» alguna cosa sin haberla pedido prestada: asi, el alquiler de una casa, que se
«debe» aunque no constituya la restitución de una suma pedida en préstamo. En vir-
tud de su formaci6n y de su construcción, debeo debe interpretarse según el valor que
recibe del prefijo de, a saber: «tomado sobre, retirado de»; por tanto, «tener (habere)
algo que se ha sacado (de) alguien».
Esta interpretación literal responde a un empleo efectivo: debeo se emplea en cir-
cunstancias en que se debe dar algo qUe se restituye: a alguien y que uno mismo posee,
pero sin haberlo pedido en préstamo literalmente; debere es retener algo tomado so-
bre los bienes, sobre los derechos de otro. Se emplcra debere. por ejemplo, para «de-
ber el sueldo a la tropa», hablando del jefe, o el aprovisionamiento de trigo a una ciu-
dad. La obligación de dar deriva solamente del hecho de que uno tiene lo que pertene-
ce a otro. Por eso es por lo que debeo no es, en fecha antigua, el término propio para
la «deuda».
En cambio, hay una relación estrecha entre «deuda», prlt, [préstamo que uno
hace] yemprunt, [préstamo que uno recibe), que se dice mutua pecunia; mutuam pe-
cuniam soluere, «pagar una deuda». El adjetivo mutuus define la relación que carac-
teriza el «emprunt». Hay una fonnación y una etimologia claras. Aunque el verbo
muto no haya. tomado este valor técnico, la relación con mutus es cierta. Evocaremos
además munWJ, y por ahi llegaremos a una gran familia de lenguas indoeuropeas que,
con sufijos diversos, marca la noción de «reciprocidad) (cfr. más atrás, pp. 63 Y ss.).
El adjetivo mutuWJ indica a la vez prit o emprunt, según la forma en que esté deter-
minada la expresión. Se trata siempre de dinero (pecunia) restituido exactamente co-
mo ha sido recibido. Prlt y emprunt son dos aspectos del mismo asunto como adelan·
to y restitución de una suma, sin interés. Para c:I préstamo a interés, hay otra palabra,
Imus.
La relación de sentido entre muto. que se traduce «cambiar» y mutuus se establece
por el «intercambio». Muto es cambiar alguna cosa (un vestido, por ejemplo) por al-
guna cosa equivalente. Es una sustitución: en el lugar de: la cosa dada o quitada, se
encuentra una cosa idéntica. El objeto que sirve de detenninación sigue siendo el mis-
mo: muta re uestem. patriam. regionem es reemplazar un vestido, una patria, un país
por otro. Asimismo, mutuWJ cualifica lo que hay que reemplazar por un equivalente.
Es visible la relaci6n con munus. que, aunque comprometido en nociones diferentes, se
une a la misma representación. La raiz es indoeuropea *mei-, que denota el intercam-
bio y que ha dado en indoiranio mitra, nombre de un dios, y «contrato». Más arriba
hemos visto los adjetivos av. mi9wara. ser. mithuna donde volvemos a encontrar la t,
sufijo radical de miituWJ. El sentido es «reciproco, que forma una pareja, que consti-
tuye un intercambio».
Pero el sentido de munus
J
particularmente complejo, se desarrolla en dos grupos
de términos que hemos tenido ocasión de estudiar más arriba y que indican, por un
lado, «gratificación», por atto, «cargo ofIcial». Estas nociones son siempre de cartc-
121
ter reciproco; implican un ravor recibido y la obligación de reciprocidad. Alise I:Xpli-
ca a la vez el sentido de «cargo administrativo, funci6n oficial» y el de <efavor mostra-
do a alguien», porque se trata J)rCCiAAmente de un «sClVicio público». es decir. de UD
carla conferido a alquien y que le honra coacciODindolo. Bl «favor» y la «obliga-
encuentran as1su unidad.
«PRP:!'» y «DEUDA» 8N GIIllMÁN1CXJ
Vamoa • considerar ahona la miuna noción en las k:Dguas acnntnkas. Lu
iliones son completamente difen:ntCl: gol. 'eiJn1tl". «prestar» fprltl. a.a.a. lihtm.
L ilL lim; hoy inalb loan. al /eihen. etc. La significaciÓD ea constante y estt bil:n el-
tablecida dcsck d aerminico antiguo. Prueba indirecta de cIIo ea que estos támiDori
han pasado a eslavo: a. esL lixwI traduce t6Jws, «inter& del dinero. precio», y la pa-
labra C$ pancslava.
Estas palabras pertcnclcm a la fiUllilia de gr. ItipiJ Iat. lillquo. adejaD.
La espccializadóD de me verbo, cuyo sentido (<<dejan) es pera! en indoeuropeo,
plantea un problema. Se trata de volver a encontrar las condici.ooa de esta especiali-
z:aci6n. que no es peral. De este modo, en indoiranio rik- y en armenio Ik'anmr.
praen1e con nual. l5i¡nifican solame:n.tc «dejant o «qucdam. Bsu curioso dcsurollo
de ICIltido ha sido estudiado por Meillet 1, quien ha subrayado que DO basta COD eqm-
car eprt::atan. por «dejar algo a alguien». El problema consiste en saber
cómo se ha reatrin¡ido d ttnnino, cómo se ha cspecializ:ado.
MeDlet ha observado que en iodoiranio t.enemos. de la misma ra1% ·rik-. 101 dc:ri-
vados ser. reJcna.r. av. rdx-lfllh-. lu dos por «hcR:ncia» Yque le com:sponc1m ene-
Estas formu nominales indoiraniu. caracterizadas por el aufijo -lit$" rO-
cuerdan las formas nominales JCflDinicas, como /dQII. Seria a partir del sentido al-
canzado por /thall, «pretn. como se habrla especializado a su vez el verbo ¡e:rminico
en ellClltido de «pr!tcr».
Esta ralz que se traduce o «permanecer», ae¡6n que el verbo tenaa
o no tensa un rtgirnen, sipiftca de hecho: «encontrarse deftciente. faltar, faltar del
lugar en que se debla estar». FJ perfecto homérico Illoipa no si&niflca «yo he
como nliqui. perfecto tr&D5itivo, sino «yo estoy en estado de falta». perfecto intran-
sitivo a pesar de su construcción que puede ser activa: Itlo;pOs lianiflca teque fal•.".
La defmicibn ordinaria ha sido excesivamente conformada al sentido de los t6rmiDos
griegos y latinos; 5CI'. rJk- silnIr1ca «estar falto, vado, desprovisto»: con el adjetivo
verbal se ha compuesto rikt"..pizni, rikta-hflSta «presentarse ante a1¡uien con las ma-
nos vacialut. Se notará tambib la locución rilet; kr (cfr. lat. multi. lucrlfac/Q). «va-
ciar». «dejar». yel adjetivo n/al-. «Yacio, desierto».
Estos hechos están confmnados por el avéstico que ofrece czpreliones de illJal
sentido: un presente causativo en -aya-: raicaya-. «hacer evacuar». literalmente «ha-
cer que (el alIJa) le retire». FJ sentido de rilc- será, por tanto. «evacuar, dejar lI1¡una
cosa vacia de su presencia», pero no 4<pennanc:ccr». El derivado nominal nk1ltlS de-
siIoa 1& no como una cosa que se «deja» en general. sino como propie-
dad evacuada, dejada vacante (por la desaparición de 1m poseedor).
Meillct ha subrayado justamente la formación en -ntll, aquella misma dl:l mil""" y
I AlbrtDiIu di lo Sodtrt * Ñrp&tir¡w,. "..,.. xv.
122
de una pe',luefta serie de palabras que se refieren a formas de la propiedad, como ser.
apnas, «blen, fortuna», donde el ap- puede compararse con Opr en latiD probable.
mente; sacado de otro radicll1, ser. dravinas tiene el mismo sentido: «bien mobiliario.
fortuna». es el momento de citar cllat.fDtllS, «préstamo a interés, donde Ji-
pertenece evidentemente al grupo de rn:undus. jilbe. Jimina, palablll5 de st,¡nlflca-
ci6n muy que timm común este radical fi- que respond.c al ¡rielO
8Yt- y cuyo sentido prlDlcro es ((fecundidad, prosperidad». De este mocSo.fenllJ' evoca
la misma imaaen que el gr. t6lcw: el inter& es como en¡endrado poc el dinero. Se
puede establecer incluso la condiciÓII suplementaria que ha pcnnitido CIta especializa-
ción: para «dejar», el g6tico tenía IItall (mglb to al. con una aran variedad
de cmplCOlil: dejar un huérfano. dejar partir a alguien, dejar dinero; desde entonces
lIikv- estaba disponible para un sentido particular.
Hay tambibt en. védico d inicio de un empleo especializado: rik-, «rCtiranc: de,
abandonar alguna cosa», se construye a veces con un nombre de objeto en el acusati-
vo y un instrumental, para decir «abandonar la posesión de aIcuna cosa por cierto
preciolt, por consiauiente, «cecl.cr por ttiocro», «vendCD. Desde luq:o Cito no es
pero se ve que rik- podia indicar ciertas transaccioDCS.
La expresión para «tomar prestado» y en germánico es el verbo repre-
sentado par el inglés borrow. al. borren, «empruntcu, y las formas correspondientes
de las dcmú len.¡uas aennlnicas. Es un presente denominativo. sacado de 00,.,
piamente «seguridad, garantlalt -en relación apafóDica con d verbo ¡6t:ico baÍr,rm,.
«guardar. conservan>-. La transición se ve: en L sa,i60: OOrgjon lignifica «protegc:T»
luego, «convertirse en prantclt, de donde y métricamente «dar una pran:
du. de donde
Puede concebirse un paralelismo prltu/empnutter, puesto que en gentWlico el
mismo verbo borgert cxpresa las dos nociones. lDclu.!o en g61ico. donde hay términos
distintos, la relacibn es maames..: «pretcr" se dice para 4<dejaD Y«cmpruntcr" para
«guardar». No es siquiera indispcllsable disponer de esta distinci6n IWca:
se decía en antiguo para «prestar» y para «hacene tlrestant.
Esta se verifica a'On en el ttnnino técnico griego d4nos <Mvoto>,
prestado a mtdes» (tOOavia un derivado con ,urljo -nes), de donde el pRsenle
«prestarlt. Mediante el juego de la activa y de la media, I;ste el el único vc;r·
bo que indica la pareja «prlt/emprunt». Sin embargo, todavía no hay etimololla sa-
tisfactoria para diblos. Si se admite la glosa: ¡up(&u;, el sentido andluo seria
«parte»: habria que considerar entonces a dtinos como un derivado en -nes (neutro)
de la ralz. de datloma¡, 4<compartir», comparable al adjetivo verbal sinscrilo dinQ.
«repartido». La dificultad reside en explicar cómo «compartir» conducirla a «preter,
emprunter». La explicación se presentarla en una relación que definiremos mis ade·
Iante (pp. 126 y ...).
Para «deber», el gótico tiene UD verbo, s/allan. de sentido general °especializado
material y moral. Traduce. la vez opMflfJ en el sentido de «ser deudor» y
el ID1l!lmo verbo op!tef/ó que sirve en el griego de los Evangelios para decir: «tener UD
deber. imponerse una recia moral»; skulan c.s empleado también para traducir ",1"0
que es una de: las maneras de tnducir el futuro: «yo debo» con un inrmitivo. El parti_
cipio perfecto slculds, empleado con forma una expresión perifrástica con UD
inrmitivo para verter la nodón de: obUpci6n en pasiva. no hay infinitivo pasi-
vo en lótioo. Por tanto, hay que conRruir el iofmitivo con la forma puiva del auxi-
123
liar: «él debe ser llamado» se enuncia literalmente es debido llamar», hay
un empleo impersonal en el neulro: sku/d isl que traduce b;rsti, • .ces posible, es
necesaria'•.
El sustantivo sJcu/Q. ((deudor», se construye bien con una forma nominal, bien con
un infinitivo. Dcsilfla a aquel que «debe» el dinero, aquel que estA sometido a alguna
ob1i¡ación eveJltualment.e a un autigo, de donde: jusliciable o apercibido, en materia
aiminal, cÍe. (cfr. al. schu/dig). En el caso de una deuda de dinero. tenemos una cx-
presión particu1aJ: duJgLr sku/ans que traduce el plural IchreoPMiJllui (Xfl'Ofltlnat).
Así. LuQs, VIJ, 41: lwai du/gis s/culans wemn dulgQ1uIitjin sumumma: Uo
fpxv ,,\vt, literd1mcnte, «do¡ deudores eran para un acn:cdor•. Para dr.cir
«aquellos que deben una deuda», no basta con el derivado nomina! de sJculJm, hay
que determinar la noción con dulgis. Además, el término se
formado con la a)'Uda de un compuesto, dIIlga1uIilja que oonl1enc elllll6mo deternu-
nante. De este modo, el sustantivo dulg3, que significa «deuda», C5 independiente eti-
mológicamente del verbo skuhm. «dcber». Este mismo diÚgs entra entonces en el
compuesto que traduce el gr. danristb, «aquel QUC pIalta».
El bcd10 notable es que du/gs no es de origen glCl'llllnico: es un prátamo del ctlti-
co. La forma céltica se vincula a todo un grupo de tf:rminos importanleS en irlandá:
dliged, «la ley, d derecho que se tiene sobre alguien», y el verbo dJigim, «disponCf le-
¡almentc de, taler derecho sobre alguien, sobre alguna cosa». El es
de dos construcciones, iCgÚD quc el sujeto sea activo o pasivo: paslvamentc: 8. u1.
d/qQir domsa, «dercdJ.o, posibilidad de reclamación sobrc mi»; o entonces: dJilim ni
duU. «yo tengo reclamaci6n, derecho para alguna cosa sobrc ti», t6 me ckbca algo.
estoy en situación de hacer valer un derecho sobre tí.
La expresión gótica du/gi3 snlan es doblementc significativa. Por si solos. slcuWr
y IJUS derivados 110 podIan espocírlcar una deuda de dinero; y para especificarla. ha
habido que por via de pri&tamo al nombre irlandés de la «deuda». Parece,
por tanto, que el vocabulario gótico estaba bastante poco elaborado por lo que se re-
r)CI'e a las relaciones de dinero, prlt, emprunt. en su contexto juridico.
Pero el problema. cs más complejo todavia. Mediante cl anilisis directo de un tex-
to importaDte, vamol a intentar ver cómo el traductor gótico sc comporta ca UD caso
particular; se trata de la parabala de las minas, Lucas, XIX, 12-26. Respecto a un tér-
mino ¡riego constante, mili', «mina» (.), el gótico parece usar varios equivalentes que
emplea un poco al azar, según parece. Un hombre parte a un pafs lejlmo )' cont'1li diez
minas a diez servidores, a fin de que hagan fructificar ese dinero.
Lucas, XIX, 13:
«Les dio diez minas (mn8) -taihun daiJos- )' les dijo: haced fructificar (en lrieao
pragmatt!Úeln. «hacer una operación de dinero») este dinero». El gótico eD:1:p1ea el im-
perativo k"upo/J (al. k",q'en), «comprar» alll1Ílimo tiempo que «traficar dinero». En
gótico no hay otra cxprClli6n para el comercio )' la especulación que bupon. formado
sobre el prlf:stamo latino caupo.
En 13, ya de regreso, d hombre manda llamar a sus scrvidorCl «a quienes él habla
(.) Para eItU pi¡lnu, ttnpsc al cuaota. que lamiDa ca Wla moneda de pillE&, "1 que tanto St. .,prioft
l,:O(QQ fr. rftJ'Mt alpifkaapMl. J dlMto (N. T.).
124
confiado su dinero» huta iD vuelta: oTe t!iWXIl. '1:0 «PTÚplO,,", «plata», ""úrio" es tradu·
cido por si/ubr.
En 16, «el primero se present6: Scftor, tu mina ha dado diez minas", skatts /Jeins
gczwaurhta t"ihun :rbn"rI.!. Esta vez :rkattJ en lugar de d"ilos para .cmina».
Asimi5mo, en l8, «el sejUndo vino y dijo: tu mina, SeIlor, ha reportado cinco mi·
nas». De: nuevo :rbt" en cl acusativo plural skattans.
En 20, el 6ltimo le dice: «be aqu! tu mina que he guardado. envuelta en un trozo
de tela»; tambUu aqo1 skatU.
En 23. el amo replica: «¿por qu6 no has dado mi plata a la banca?»; e11ótico tra-
duce plala por silubr (como mAs am"ba) y la banca (gr. t.r6pevJ) por «eamblsta»:
skalljfl. nombr'e de agente derivado de skaltr.
En 24, el amo prosigue dirigiéndose a los que estaban a1ll; «quitad a este bombre
la mina y dádsela al que time las diez minlZS».
Ahora bien, mina es traducido por: dan; pero las diez minas por: tllilrun dall08.
Del 5in¡ular al plun!, el cambia.
En :zj,I05 otros protCltan: dcftor, él ya tiene diez minas», hobai/J tuihun rJ¡¡i/os.
De este modo, 5CgÚD los pasajes, el .ótico emplea una palabra para «plata»:
süubr, pero dos para (unin.b: skaus y d"jJ¡z. Por 10 demAs, el.ótico dispone todavta
para «plata», materia (orgJJriOll), o moneda (k1Jrbnat4) del túminofaihu (cfr. atlAs,
pAgina 56). Se constatan, por tanto, cuatro poSlbilidade5:
I
siJubr . ¡skallS
plata mma
faihll doilD
¡,A qué se debe cata sin&ular variedad en un dominio dond.e pam:eria que elg6tico
no ha tenido un vocabulario muy desarrollado?
Com:idcremos primero 105 nombres de la plata: siJubr es una palabra extrafta, cu-
yo origen c:s imposible elucidar. Está limitlU1a al indoeuropeo del norte y tlcl nordes-
te: germánico, biltico, eslavo. Las formas bilticu no liDn homogéneas: a. pr. slrap/Es.
lit. sidizbros, Iet. sidrabs. frente al a. ell. srebro. De una de estas lenguas a otra, las
formas no se corrcsponden. Las variaciones liDn tales y tan poco regu1lues que hacen
suponer un prf:stamo cuya fuente se nos escapa.
La palabra designa probabb:mente la materia y no la moneda. En las demú len-
guas indoeuropeas, h. «plala» t.iene una denominación de gran Imtig;Ocdad que si¡nifi-
ca «(blanco. brillante» como lo atestigua argarion y los términos correspondientes.
Gr. argririon. «argent» [Platli, dinerol, designa el metal y también la moneda. Propio
del gótico /aihu es el correspondiente de ¡JeCUS; no signiflCa «el IllIlado», sino «la
fortuna» ; especialmente «la plata». Entra en una serie de compuestos en el sentido
de phil6rgunn, «bido o avaro de plata», es traducido por ¡"ihu/riJa, «de-
SCOlO dc faihu», cfr. «quc ama la plata»,/aihu-gawaurki. «renta de pla-
la», donde elsclUDdo pertenece 8 gczwaurkj"n, ((producir por un trabajo»,
cuyo pretUito gowaurhta hemos visto mú arriba (Locas, XIX, 16).
Tencmos dos términos emp1eados para mnli. Uno sJa¡tU (alemAn Schatz,
«tesoro») no tiene correspondiente fucra del germánico. Traduce mn4, «1a mina», y
también din4rion «denario», a pesar de una diferencia conaidcrable de va·
lar entre las dos monedas, y a\ln mis aenera1m.cnte ",."nÜl, aflÚ'ion, «platu. Pero
125
de esta vuiedad resulta que skalls no supone una definición predla del dinero: tradu·
ce valores monetarios difc:rmtes. De skall- esté sacado el masculino skaltja, _cambiJ-
ta de dinero». Es la palabra que ha sido escogida por el traductor gótico para traducir
tr6pevJ, «banca».
La segunda palabra. daüa, es completamente diferente: ese es el único pasaje en
que aparece con este smtido, que evidentemente debLa ser ulual. Pertencce al germá-
nico común. Adcmis de d4JÜII o doY, (a1emin Tcj/), el gótico tiene da//jtJn, 4Cteilelll),
con qf-, dJ3.. ,a-, aicncio especificado el sentido por estos prevttbios: dis-
tribuir. compartir. rep&ltir_ En otro puajc distinto, daiÚl traduce el. &ricgo mdokhe,
«partidpadón», pero en esta serie ele ejcmplo.s, IMíi.
FJ amo reparte c:otre IiWl servidores <liez minu fdai/as). Luego, una mina produce
diez minas (Iic:m.pre sJuztl3). Por 61timo, se cose la mina (sluznl) para dUJtla a aquel
que tic:o.e diez minas (ena va tenemos de nuevo dai1os): los dos tmninos parc:cc:a Q-
lar empleaóos de modo concwn:nte.
Hay ahl un contnlste voluntario: dajJa. que por otra parte equivale a metokhe.
«participación», es aqui la de una suma total, que, asimismo, ha sido repllrti-
da al inicio cld relato; y c:Il tambiálla «Parte" de la misma suma que ha lido reconsti-
tuida. al Bnal, por el btbil cspec:ulador. Pero skDtts designa la unidad monetaria en 11
miIma, c:on su valor propio. Esta razón dicta la ek:cci.6n: de un lado, el signo moneta-
rio, contado en unidadca: distintu; del otro, la «parte". bien como resultante de UD
reparto, bien como multiplicada por fructificación. Esta consideración parece dar
cuenta de la elccc:ión que el traductor hace de la denominaciÓll.
Aqut hemos de tomar nuevamente un an.ilisis dejado en suspenso. El va-bo ¡ótico
-ygcnninico- plI11l «pr_" ea el g6úl:o leilrwm. al. lev.... inal. loan, de la ralz
del ¡riego Wíp(J. lal. linquo. De modo baRante aingular, el verbo asume en ¡mninico
el sentido de «prfter», (<<prestar»), mientras que en todas partes &i8nifb «dejI.rB o
«quedar».
¿Cómo se ha reladonado esta noción ¡eneral de .:dejar» con la idea de
«pre1.cr»? Aq,ui deben ser expuestos dos hechOll, que se relacionan y aclaran mutua-
mente.
Secún eltestimooio de Tmto: fQpud Germanos) I,mus Qgitan in usuras ex/eli-
den Jgnotum (Derm., 26). germanos) no conocen el préstamo usurario.» Delde
lueCO, Tkito hace de Gemumia un retrato bastante idealiz.ado, pero ciertamente no
ha inventado él e:se ruso: 101 germanos no conocian el el pr&ltamo a Interés.
De una manera ¡eneral, «pr!ter» se determina en gótico de dos maneras:
1) Se «deja» a al¡uien hacer uso de alBo que le pertenece a uno, eso es lelhvan,
que se apUca a un objeto cualquiera (Mateo, S, 42; Lucu, 6, 34-35), exceptuado el di-
nero: ahi estriba la diferencia.
2) mpr&tamo de dinero consiste en confUlI" dinero para que produz:.ca. Elta no-
ción no debe &e1 antiaua: el gótico, al no disponer de término consqrado, fabrica
bupjan. Glospccu1ar».
Aparentemente, en esta sociedad no se prestaba dinero: sólo los profesionales
practicaban el prf:stamo.
Retrolpectivamente, hay otro hecho que puede aportar alguna claridad: Ir. ddnos.
término tf:cnico para el prf:stamo a interés, de: donde: «preltar a interés»; fla-
«pedir prestado»; dIlllrilth. «dc:ud.oD. MIÍI arriba hemol citado el acerca-
miento etímoI6¡ico de d6nos coo dalo. dIlt«mttzj, «rcputir». mtérmino ¡rieco ClIl
126
glosado méras. <da parte»; d6nos es un neutro en ·nes del tipo de Jenlls. pignlll, que
derivan clel vocabulario de: las transacciones sociales.
Pero, ¿cómo relacionllr el Glprbtamo a ÍJltCl"és» con urepartir»? Podria haber en
griego la misma relaci6D que en cotieo con dQila. dails, que traducen mt-
lokhJ. ctc. Se hahr' deslinado por dános la o la «partelt que reporta
a los profesionales la openeión de cambio o de p.-éslamo.
De este modo,la noción de préstamo a débito, deuda, da lugar- en ¡6tico a
dos categorías diferentes de términos. según se U'lit: de una actividad pl'ofesional o de
una tran&acc:ión pc:rsonat. De ahí capreslOnc:s tan diferentes como du/ziS s/al1Jm frente
a daikl.
También en ariceo tenemos un verbo peral como ophella. tanto para una deuda
de dinero como una oblilaci6n moral. Pero cuando se trata de una deuda de di-
nero, la especificación Interviene mediante derivados de k.1Iñ: khrbnata. cfr.
khnopheiUtis, o por un término como tókas, el mterés propiamente dicho. Por el
contrario, d4nos, dlUlcfto Indica solamente el prbtam.o a interés segl1n las
des enunciadas.
PR/:rER BN LATIN
Vamos a considerar por flB un Oltimo verbo que, formado en latín, ha pllS8do al
francés. Es ellatin praeslart: el sentido e:ucto del verbo, vista la extensión de su em-
pleo, queda por precisar. Aliado de prveslQre. el adva-bio (ts# Q/icuij hace:
pnscotir una relación que desemboca rUlll1mente en eJ fr. prfter [casto presw], hacer
UD préstamo. Pero babria Que scAalar la rei&ción entre los variados empleos dtpraesta-
Tt. Hay dos presentes ¡XDeS/o en lattn: UD pnlf!-SfO. «mantenerse delante. estAr en ca-
beza, di5tinguusc. etc.•, es uno de los compuestos de sto. El otro es el que es.-
tudiamos.
Cualquiera que sea la etimologla del adverbio pt'(H!Slo. hay que considerar Q\le
prarslQtr. es un derivado suyo. Es un presente sacado de un adverbio. formación cu-
riosa. Nosotras encontramOl en esta condición morfolótica el punto de partlda del
senlido y al mismo tiempo la razón que ha diversificado las construcciones del verbo.
El adverbio tiene la particularidad de no entrar mls que en una construc-
ción predicativa e intransitiva: «cstar a disposición de, ofrecerse (a la
vista, al servicio)>>. El proble:ma era convertirlo en predicado de una construcción
transitiva y transformar praesto e&Se en un • praeslo lacere. En lugar de ese • praeJto
lacere, ellatIn ha instaurado un presente derivado, praestare, que tiene esa función '1
que significa, por tanto, «hacer alao dispuesto a, poner a disposición de... ». Pero se-
gún la naturaleza del rt¡lmen, puede tomar acepciones variadas: a/iqllld aUe",i prQU.
tare puede sianificar: «hacer que alguien pueda contar con algo», de donde .:voJverse
garante, responder de»: dQmnllm praestare. «responder de un dafio frente al
comprador». Cuando el objeto es una cualidad personal, el verbo quiere decir lit:ral-
mente: «hacer que una cualidad sea ofrecida (a la vista, al servicio de al¡uien)lt, de
donde «manifestar» u lIirtlltem prtleStare, «dar prueba de valentíu; pida-
tcm praeslare, «demostrar su afecto»; se prr¡esfQre. «mostrarse EstOI em.pleoa
preparan evidentemente el de prTlf!Stare pecIlniam Il/icui, (cponer el dinero a disposi-
ción de alquic:n, prut6,.se/o'». Pero se comprende que, CD C&tIl acepción especializada,
praestatr. se haya dicho primero, y dUllUlte mucho tiempo, del pf'htamo sin
127
provisión graciosa, testimonio de benevolencia y no operación financiera. Este «prés-
tamo» consistente en adelantar dinero es diferente del empréstito denominado mutua-
tio. donde aparece la reciprocidad, la exacta restitución de 10 que se ha recibido, y
aún más diferente delJenus, «préstamo a inter"és».
La historia de esta noción, considerada en sus diferentes términos y en su distinta
evolución, aparece como un conjunto de procesos complejos, cada uno de los cuales
se ha precisado en la bistoria de cada sociedad. El problema es, en todas partes, esta-
blecer cuAl era el primer valor de estos ténninos y cómo se especializan los empleos.
Aunque quedan algunas oscuridades de detalle, hemos podido mostrar cuál es la si-
tuaci6n respectiva de las formas que entran en juego y c6mo se puede condicionar la
extensión o la restricci6n de sentido de algunos términos.
128
CApITULO 17
GRATUIDAD Y GRATITUD
Sumllr¡o. COII cJ lat. gNl'¡a, un de valor origilllU"io religiOlio a
un comportamiento económico: lo que designaba «grllCiu y clllCción de gracia" a
expresar la de «gratuidad» (grafis).
Los términos relativos a las modalidades de pago nos llevan a considerar una no-
ci6n inversa, la de «gratuidad». Hay ahí una noci6n a la vez económica y moral que,
por un lado, se relaciona con los valores de dinero, pero tambien, por el otro, con la
idea compleja de «gracia».
Es el término gratia en latín lo que vamos a considerar en primer lugar. Los datos
son abundantes y se reparten con bastante claridad. Oralia es derivado del adjetivo
gratus. Este es ambivalente: se dice de las dos partes en juego: «aquel que acoge con
favor, que testimonia agrado», o «aquel que es acogido con favor, que es agradable»;
valor reciproco que interviene en las construcciones en que aparecen tanto uno como
otro aspecto.
Simétricamente, ingrotus. «que no testimonia gratitud)) o que «no atrae la grati-
tud». Existe también un sustantivo de forma arcaica grates (agere, soluere, habe-
re). s610 en plural: «(muestras de gratitud»; por último, el verbo grator y ulteriormen-
te gratulor a partir de una forma nominal no atestiguada; un abstracto, gratia; y el
adjetivo gratuitus. No es solamente la historia propia de esas formas en el seno del
vocabulario latino la que ha preparado el sentido religioso de «gracia). Otro factor
ha intervenido: el término griego khdris que ha determinado la evolución del
término latino.
Gratus es un adjetivo que tiene correspondientes incluso en itálico: asco brateis.
«gratiae», genitivo singular de un sustantivo en -j. Por ahí se llega a una familia léxi-
ca que no está atestiguada de forma clara más que en indoiranio y que se relaciona
con un dominio de sentido completamente diferente: sánscrito giro «canto, himno de
alabanza», con el presente gmati. «elogiar, alaban" siendo el objeto un personaje di-
vino. El adjetivo gurta. «alabado, bienvenido» se encuentra a menudo con un prefijo
de refuerzo: ari-gUrta. que corresponde a los viejos compuestos homéricos en ari-
eri- Es la misma forma que tenemos en avéstico: gar-. nominal o verbal,
«elogio, alabar».
Fn esta comparación etimológica se discierne el punto de partida de un desarrollo
religioso propio del indoiranio, que ha conducido al sentido de himno, elogio; éste
debe ser un himno de «gracia» para «dar gracias (a un dios)>>.
129
La relación con las palabras latinas muestra quc cl proceso, en ori¡en, consiste co
hacer un servicio a cambio de nada, sin contrapartida; y este servicio, literalmente
«gracioso», provoca a cambio la manifestación quc nosotros denominamos «p-llti-
tud». Esta noción de servicio que no cxise contcascrvicio está en el oriBen de la no-
ci6n, para nosotros doble, de «favor» y de «gratitucUt, sentimiento que experimenta
aquel que da y también el que recibe; nocioDC5 reciprocas; el acto condiciona c1senti-
miento; el sentimiento inspira una ronducta. Es lo que produce en indolranio cl &enti-
do de, «(paIabfu de) qrado, q¡adccimicnto, eJoaiD••
Hay en gcr-minlco un paIll1clo curioso. La cxprarióo gótica de gratitud es ll'WiIbI/J
yel verbo awiJJudon, «atar reconocido, estar agradecido, dar las graáu., compues-
tos manirlestamente anti¡uos y auttnti<:os, que DO deben nada al sentido ni a la focma
de tu palabru sriep¡ que nducen, IcNufr;omtli, ewkhari.f/etn. kJJórin Iklleill. cte.
Oot. tlwi sisnitíl,3 aJ,o asl como «favol» y parece corresponder a ul(jQ. «favor,
posibilidad» de tu anti¡uas inscripciones rúnicas. Esta rai!. es de: sobra c:ooocida en
indoiranio por ser. avis, «favorable», y el verbo Ü, Ilwlti. «es favorable, tsti bien dis-
puesto. dispuesto a llti, «ayuda». En iranio. este: mismo verbo, enm:ba-
mentc ligado al preverbio am, de donde tzdy-av-. «llevar ayuda. 1OCOI'T'tOt, tiene: una
hiitoria bastante larga: el nombre de agente Ildy-izvar. uocom:d.or, ayudador.., se
continlla huta la época aual bajo la forma dd pcrsayir, qmigo•.
En cuanto al JOtico üU/J, es el nombre del «canto., del t<himnolt, que ha dado el
ale'mán Lird. En el vocabulario cristiano germánico leu6 traduce pso/rrau. El com-
puesto ¡ótico Sicnif"IC8. por tanto, ucanto de favor. himno de ¡raciaJt. mgótico tB-
duce el ¡ro kh4rls. "aratin, y ftlkhDristeíJI. «tatimoDiar su por awi-liu/l.
Encontramos la misma rdación que en 6fTlhJs y 1Cf. gir; la «gratitud» es apraada
por un. «eanto. que 5irve pant marcarla.
Con&idercmos ahora. por rf mismos. Jos t&minos gricp que directa o indirecta-
mente dominan todoa" CIOS dcA.rrollos latino y eerminico. La gran familia de pala.
bras kh6ri.J y emparentadas le reparte en cierto DWnc:ro de tmninos de sigoiflcaciOOCl
bastante diferentes: kharkomaJ. eukhatÜlefn. etc., pero tambiál khartJ, «aie¡rlu;
kJuzfriJ, «recocijarse, alcgrane•.
Las comparaciones son &CJUras: desde hace mucho tiempo IC compara el radkai
griego khJlr- con el :ser. har(ya)-. «tener placer», con el itilico (lwr-); OICQ-
umbro M,.. «querer". cawativo latino horior, hortor, «hacer querer, alentar a». asl
como ¡el'lÚDico ",er-; a6tico -lfIirns, «que tiene deseo de», al. pm.• pJrnei, «de-
sco», y el presente gaJrnjan. «tener ganas, desear fuertemente».
El ¡ricIO kluJrls acentúa la noción de placer, de agrado (flsico tambibn) y de «fa-
vor»; cfr. en sentido propio, la expresión adverbial griega kh6rJn CaD el genitivo «en
favor de», «aracias a», y ellatin gralJo (ablativo) con una cvoluclón paralela, quid.
bajo la lnfluepcia dcl griego.
Lat. gratlOSllS puede significar «que experimenta ¡ratitud» y «que est' becho con
placer, a titulo gratuito». Con la misma e5pedalilJlción. gratiis. contraido en gnllis.
que hemo& tomado dcllatln, quiere decir «sin pagar.; ,ratis JUlbitQTe es «habitar por
nada. ain pagar alquUer». De este modo, aparece en el empleo de ,ratiu UD compo-
nente nuevo. el de una prestaei.ÓD hccha o recibida ca titulo gratuito, para causar pla-
cer». La gratÚl coruilte en ahonar el descmbollo. De Cita evolución tenemos un tC5li-
moniD en el adjetivo ,ralll/hu, «desinteresado, gratuitolt, cuya formatoión CI parlllcla
a la de forllllrus y lupone un sunantivo '" gratu- dd tipo de fortll- (cfr. fortu-
na). En una civililaci6n ya buada en el dinero, la «p-aciu que le bac:e • atsuien es:
IJO
«hacerle gracia» de lo que debe, de suspender en su favor la obligación de papr el
servicio recibido. Tal es el punto de inserci60 de un térmlno de sendmiento en 101 va·
10rCll econ6micos, sio que por ello haya ruptura con las representaciones n:li&i05lls de
las que ha nacidD.
Se comete un &lave error al creer que las: oociones econ6micas han suraidD de neo
cesidades de orden material. que se trataba de satisfacer. y que los términos que tra-
ducen eRu nociOOe& no pueden tmer sino un sentido ma1c:rial. Todo ID que se refiere
a [lociones ccon6micas cit' unido a rcpu:smtacioncs mucho mis amplias, que ponen
en juego el conjunto ele las rc1aciODClI humanas o de las reJaciones con tu divinid.a.des:
rdacionas oompleju, dUlcilcs, donde se implican las dos partes.
Pero el vaivén de b. prest8dón y cl pqo puede ser interrumpido voluntariamente:
servicio sin pago, ofrenda de faVOl", pura «gracia», que abre una reciprocidad nueva.
Por encima del circuito normal de los intcrcambiol, de 10 que se. da para obtener, bay
un segundo circuito, el del bcnef.cio y de la gratitud de lo que se da sin intención de
pqo, de 10 que se ofrea: para «agradecer».
131
LlIJRO 2
EL VOCABULARIO DEL PARENTESCO
INTRODUCCIÓN
SIIIfKIriu. Si bien desde d esludlo de lu relacione. indoeuropc:•• ck JMIICntaco hecho
por Iklbrllck (1890), IIUC!tro conocimiento del votlbulario IndQC:urollCO de puentclto
no h.. avanzado sensibJemenle, la nllClliOn ctnol6lica, por IU l.do, ha hecho enormes
pn1il"ClOS, 'Y ClI ella la que oblip al llnlllisla I nMlaT l. interpretadon Irlidicional de
dcrlu Itllllomalias» lbicu.
Los términos indoeuropeos relativos al parentesco figuran entre los mis ClItables y
mejor asentados del indoeuropeo, al estar representados en casi todas las lenguas y
ded.ucim: de corrCllpondcncias claras. Se cumpJc:n todllS las condiciones favorables pa-
n Wl eswdlo exhaustivo. Sin cmbar80. el problema DO ha evolucionado dc5de 1890.
fecha de la publkaciÓll de 1& obra de Delbrt\tk, Indogemwllísc1tf YuwaruftJf:Itu,fI-
sverhiltn1.Jse. donde se presentaD las dos principales cordunona que se pueden sacar
de las correspondenciu: por un lado. la estructw"a familiar que se esboza 11 través dd
vocabulario es la de una sociedad patriarcal que se apoya en la filiación paterna y que
realiza el tipo de la «gran familib (aún observada en Sc:rvia en d siglo XIX) con un
antepasado en tomo al cual se agrupan todos los dcscc:ndientes mach06 y sus flUD.ilias
restringid..aa; por otro lado, los tl'rminOl de parentesco SI: rcflCTtn al bombl"l:; los que
a!l:Clan a la mujer son poc;o numerosos, inseguros y de forma. a ml:oudo, flotante.
Sin embar¡O, los progresos realiDdos dl:Sde hace riele u ocho decenios no han
consistido s o l a m ~ t e en la m.mión ~ una mayor cantidad de datos lomados en pr&1a·
mo a un número mayor de sociedades, sino tambib, y sobre todo, en una mejor in-
terpretación, a medida que se precisaba la trorla general cid parentesco.
Los aiatemu que se ha podido conocer fuera del mundo indoeuropeo hacen uso, a
veccs, de ttrminos idénticos para parentescos que, en nuestras sociedades occidentalcs
y modernas, lion distintos: por ejemplo. loa dc (chermano» y de «primo., de (cpadre»
y de «tlo paternal'), cte. Inversamente, sc:paran parentescos que nosotros confundi-
mos: «hermano de la madre» y «hermano dcl padrc» (para nosotros «tlo), bija de la
hermana» e «hijo dd hermano» (para nosotros «sobrino»), cte. Pero eatas relaciones
que hoy nos son extraftas, tienen a veces su equivalente en el mundo indoeuropeo an-
tiguo, donde se trata de reconocer, como e:o todo sistema dI: parentesco, ciertos prin-
cipios dI: cLuiru:aci6n.
El vocabulario indoeuropeo del parc:ntClCO praeota, ca decto, cierto número <le
anomallas que quilJ. puedan definirse mejor a la luz. <le otros $istemu. Por ejemplo,
el pueblo lido, sqún Herodoto (1, 173), tic:nc nombra¡ matronimicol: «Ellos se lla-
man segtln lUS madres, y no según sus padres., y aftade: «Si una ciudadana Xl une a
135
un elClavo, 101 hijos son reputados de buena raza. Pero si un ciudadano, aunque sea
el primero de los ciudadanos, tiene una mujer extranjera o una concubina. los hijos
no gozan de nJncuna consideración». En Licia se coIlltatllrla, por tanto, la. filiaci6n
matrilineal. Pero la aserción de Herodoto no perece confirmada por la ononWtica
pel'lonal de lu inJaipciones licias. Herodoto no inventó, Iin embalso, esta particula·
ridad. Nos da otras informaciones que han sido confinnadu despuh, como el nomo
bre indl¡ma 4c 101 LidOl que era Trnni/{l;. La importancia del parentesco por las
mujcrel en LiQa podia sorpecbarse gracias & la Lcymda de Belcrofonte, tal como se
cuenta en Homero (1l. 6. 192-195): el rt:y de Lida cntrep IU hija y la mitad las
praroptivu al arpo Be1erofontc. haciendo de él a la h yerno Ytu lUce-
SOT. De este modo, Bclcrofoote adquiere COD &U matrimonio la Raleza. Ahora bien,
podemos, sracias a 1aJ insaipcionc:s, haccrnoI una idea de cuAl era d sistema de pa.-
J'CI11esco de los Licios. En una declicatoria biJinlOc. dIClli.¡lo v antes de Cristo, sobre
una bue ele ..tatua,lcomoo: n6pml1lpol+wc n"f"ll'- ów,f'&ii<n....l< Iav<'" ,..¡,;¡,
......... T... ... ·0....... Ilurm'<Ipo ów,.,3l;o....Porpu. hijo ele
1brypsis. sobrino 4c Pyn"bates, ciudadano de nos, él y su mu,F TiscUscmbra.1rijtz de
()rt.aIdu. sobriNl de Prianobas•••» ID mismo tcdo es dado en 1aIgua Iic:ia. TmcmOI
el nombre del pcnoo.I;je coa su ascendencia paterna (admitiendo que Tbrypsis sea un
nombre de hombre, lo que no es acJUl'O); pero se dice tambitn 4llObrinO de... », su
mujer ClI Dama4a «hija de.... YtambiáJ. «sobrina de...». BIta f6mlula se c:ocucntra
en mudw ocru inlcri:pciOOCl liciaI en las que: con mucha fRcuencia DO se indica mis
que la mcnd6a tCSObrino de...• z,Cut1 es, en este CIlIO, el sc:otido de: «sobrino»?
En el sistema que prescn"be el matrimooio entre primos cruzados, un bombre puc-
de desposar a la hija de la hermana de su padre o del hermano de IU madre; pero ja-
mis la hija elel bcrmano ele su padre o do la hormma ele su madre -y coto po< ......
nes dui5car;iÓll-: el. hermano del padre es 1tIlm'do «J*lre)f; la hermana de la
madre es llamada tttn&dro. Por- consiguicatc. el hijo del hermano lid padre o de La
hermana de la «madre» ca llamado «bennano» y la bija «hermana.». Se comprende la
imposibilldad del matrimonio con «hc:nnanu» o «bennanoslt. de claras e&ún,
poc el contrario, 1u condiciones de parentesco en que ca 1k:ito d mlltrimonio: III h.er-
mlUJ8 del padre, el bcrmano de la madre pertenecen a otros clanel, lo mismo que SUI
bijas. La rc1ación de tlo a sobrino se dcrme entonces de este modo: el «tia» es para el
sobrino el hermano de su madre, el «sobrino» es para el tia ellújo de BU hermaaa.
La palabra «sobrino» no quiere decir en muchas sociedades mi. que «hijo de la her-
mana». En nuestra inscripción licia, Pyribates el el tia materno de: Porpax y Priano-
bu el de Tiseusembra. Tenemos, por tanto. en este: caso un sistema mixto. c:n el que
se indica taDto la filiación paterna como el c1ao materno.
Hay otro hecho del que debemos dar cuenta: ¿por qu6 el vocabulario indoeuropeo
es tan pobre para el parentesco de la mujer? Se invoca el predominio de Iu funciones
lI18ICUÜD.aS en la familia. Por supuesto. pero la preponderancia del bombre ha podido
mantenerle en ouos dominios sin enttaftar las miliJIlU consecuenciu lexicolóSic:as: la
condición juridica de la mujer apenas ha cambiado en Europa huta el aialo XVIU, y
esto no impide que nuestro vocabulario sea extrictamcnte reciproco (as1. bcau-perel
[aue¡ro/auc¡ra]). La explicaci6n debe ser. DlÚ bien, que la mujer abando-
na su clan para entrar en el del marido Yque, a partir de ene momento, se iD!tit.uyr:n,
entre eOa y la familla de: su marido. relaciones que exigen una aprcsión; ahora hieD,
siendo ata familia una «¡ran familia_. del tipo que se conete: en la aoacdad homm-
ca, citas relackma son numcrOlu: la rec:iál11cpda contrae: rc1adoDCt clJstlntas con el
136
padre:, la madre, el hCl11UlDo. las mujeres de 10& hermanos. Por el contrario, para el
hombre, no hay nctcsidad alluna de distinsuir con t&"minos espcclncos a loa paricn·
tes de su mujer con los que no cobabita: para caractcrizarlo8, basta con el término ce-
neral «emparentado, aliado" que les convic:nc indistintamente.
Tercer hecho que hay que destacar: tas fr-ccuc:ntcs variaciones en la dcIiCoaciÓII de
cierta! relaciones de parentesco. Los túminos para «padre», ccmadre», «hermano.,
«tlermanu IOn darOl y constantes, pet'"o el «hijo» es llamado de divcna forma; y lo!
nombres que recibe se renuevan con frecuencia. De iaual modo, los tinninos para
«lio. tia; sobrino, sobrinaw son ambiguos y presentan gran divenidad scgúD las JeD-
guu (1a.tín neposca a la va «Iobrioo" y «Dieto.). Fmalmcntc, parece que DO le puede
restaullU' una designaciÓD indoeuropea. Di siquicn parcial del «primo•. Estas varia-
dones plantean graves problema en muchos planos.
Si se COD5idcran los sistemas particu1arcs de cada lengua, se ven apar=cr correla-
ciones sin&u1are1: ad tlu,mcu.J.u.r. «tWlt, es en latin el diminutivo de flIllU. wabuek>>>.
He aqu1 algunos ejemplos de los problr:m.u que se plantean en todos 1.0& nívdc:s Yque
afectan unos al sentido de 101 t&m.inos, otros a 5U distribución, otros incluso a su
evoluci6n.
137
CApiTULO 1
LA IMPORTANCIA DEL CONCEPTO DE PATERNIDAD
Pw1rc J m.dn=, bermaao J benaana [lO COl1IDtUya1 parcju atrMtric:u n iD-
doturopeo. PralllC a """rr. ·p.rr DO cklilma d pMn tlaico alcIIu..
p, mm: otroI, d \licjo yu.xtapuc6to al Iat. /ripilrr-. -BJrrIrrr DO a WJt-
poco d Mnnano el. srieJ;o, en COIlICl'ft IDtjof que aaaiquicr
Icnall& pua 1I0'OUOI d lCIJtido etc -miembro de lIDoI fratriP. ltrmino de: p&raUeKlD c-..
liratorio. En a1aDQo. -_(lM. mroI'), delisn&, al piE- de la ku'a, al ter feulellillO
"1Or) del I'lIPO (·IlIIr) --otIo tmnioo de parmtaco dalrll:lllorio, pcn) no Jimtuk:o de
ebNitrr.
De todos los tmnin05 de parmtesco, la forma mejor asegurada es el oombR: del
padre: •¡»trr, ser. pitar-, armo hqr. gr. ptllé, lato pille!'. a. irL (llhJr, 10l. Jadiu, tolt.
A plJeaT. B pizcor. SOlo dos de estas folll11LS se apartan del modelo com6n: en irlandh:
yen armenio ha habido alteraci6n de la p inicial. En laleano, 1& Q de piicDr no RPR'-
senta una. larga anti¡ua; y la e (= u) contin6&la t indoeuropea palal8Uzada.
El testimonio de dmo número de lenguas revela otra denominacibn. En hitita en-
contramos alta, lorma que responde al lat. al/a. sr. dUa (ma), got. atta, a. ClI. o/lCf
(forma derivada de atta. salida de 'at(t);kos).
El una suerte conocer tilla en hitita. porque la escritura en idcoJfamu enmascara
la forma fonaica de la mayoria de loa ténninOll de parentesco: sólo 4(padrc», «ma-
dre», «abuclo» cstAD. escritos con claridad; no conocemos ni «hijo», ni ni
«mujer», ni «hermano", anotados c:xclusivamc:nte en ideogamu.
Ei¡6tico tiene dos nombrcs, "Ua yJlMiar. Se los suele citar en el mismo plano. En
rc:alidad el nombre del padre cs, en todas partes, QUa. De Jad", tcn.em.os UD 1010 tCl-
timonio, Gal. IV, 6, donde un vocativo ó 7ta.n¡p, "¡Abba.! ¡Padre!» forma
aramea de invocación tradicional, recogida por el nominativo-vocativo afielO), CI tra-
ducido por abbaJadar. Al parecer, habiendo querido evitar el traductor 'ablHl aUD,
rcco¡e la vieja palabra, usual en los demAs dialectos gcrménicos y que ha dejado iD.-
cluso en ¡6tico el derivado JDdrein, «lina.je, padres»; por lo dem'., en todas partes el
griego ptlt4r es traducido por atta, incluido en la f6rmula atta IUlSar, «nuestro
Padre». ¿A qu6 se debe: que ·¡gter no aparezca en hitita ni en anti.¡uo eslavo? No se
responde a esta c;uC$ti6n si uno se contenta con decir que 'atta es una forma familiar
de '¡»ter. El verdadero problema es mucho más importante: ¿'patrr designa propia
y exclusivamente la paternidad flsica?
El término • se impone en el empleo mitol6gico. Es la calificación perma-
nente del dios supremo de los: indoeuropeos. Fi¡ura en vocativo en el nombre divino
JrJpftt!r: la forma latiDa Jilpilu ha salido de una fórmula de invocad6n: 'd)'nl ¡»ter,
138
«¡Ciclo padrel », que abarca exactamente el vocativo griego Zeú (Z¡IS MnJp). Al
lado de Júpiter se nos ha conservado cl nominativo que responde al védico
dyaulJ. pitil. A lar; ter;timonioa dellatin, del griego, del védico, se aIladc el del umbro
lupoler, y, por último, una forma menos conocida, pero interesante Deip6tJlrw
(6t.IÚtUflOd, glosada en HesiquSo: 8Wc u.pci «dios de los ha-
bitantes de Stymphaea, ciudad de Epiro. En esta rcgi6n, de antiguo poblamiento iJi-
no, una. parte dc la herencia iliria 5C mlUltienc a través del dorio: la forma Deip6turos
debe a« un vocativo de origen ilírio. El in:a de crta apclaábn divina es lo bulante
amplia para que tengamos dc:rccbo a referir al periodo indoeuropeo común el empleo
mitológico de ese nombre del «padre».
Ahora bien, en cita f¡guraclÓD oncinal, la. rclaci60 de patcrniclad flrica est' exclui·
da. EstarnD5 fuera del parentesco estriao "1 • piJler no puede: designar al «padre» en el
sentido personal. No se pasa tan fácilmente de una acepción • otra. Se trata de dos
representaciones cm[inw y pueden, scgWt las lmguas, mostrane irreductibles una a
otra. Para hacer visiblr esta düc:n:ncia, revisaremos las observaciones dd misionero
W. G. IvCDS, que ha relatado su experiencia en el Pacifico occidental. Al intentar tra·
ducir los Evan¡cliOll al melanesio. kl mAs dificil, dice, es traducir el Pater noster. por.
que ningún término melanesio respondc a18 connotación cok:cti.va de Padre, cela pa-
ternidad no es en esas lenguas mis que una relaci6n personal e individua!.» 1; un «pa-
dre» universal es inconcebible entre ellos.
La repartición indoeuropea responde, en líneas generalcs, al mismo principio. Estc
«padre» pcnonB1 es alto. único representado en hiIita, en 800co, en eslavo. Si en cs-
ta.s lenguas, el tmnino Il.nti¡uo, •¡»tu ha sido suplantado por atta, es que en
ante todo término clasificatorio: dc mo bal1arcmos confirmación estudiando el nom-
bre del «henna.nolt.
En cuanto a la palabra Qtto misma. varios rasgos ayudan a definirla. Su forma fo-
n!tica la clasifica entre 106 t&minos «familiares». y no es fortuito Que se encuentren
para «padre» nombres semejantes o incluso idWticO! a atto en lengua. muy divcrsu "1
no emparentadas, en lumerio, en vasco, en turco, ctc. Ademis, DlID no puede su se-
parado de tato Que, en vf:dico, en ¡:rieso, en latín y en rumano, er; una manera infan-
til, tradicional, de interpelar afectuosamente al padre. Por (¡ltimo, como le ver' a
propósito del adjetivo ,ermAnico «noble»: 'attI/os > ede/, adeP, este apelativo hll.
producido varios derivados que tienen su lugar en el vocabulario de las instituciones.
De donde se deduce Q.ue alta debe ser el «padre nutricio», aquel que educa al ni-
ño. De ahlse deriva la diferencia entre attrl y patero Los dos han podido coc:xi¡tir y
cocxistc:n, en efecto, bastante ampliamente. Si atta ha prevalecido en una parte del
dominio, es probablemente a consccuencia de cambios profundos en las concepciones
religiosas y en la estructura sodal. Efectivamentc, alli donde s610 esté. en uso atta, no
quedan huellas de la anti¡ua mitol.ogfa en la que reinaba un dios «padre».
Para el nombre de la «madrc» se observa aproximadamente la misma distribución
de fOJ1llll5: el término i.c. ·müler estA representado por ser. miltar-, av. mitar, Il.nn.
gr. meter (1olIrn'!P), a. Irl. mathir. a. esl. mati, a.a.a., muotar. Pero el hitita dice
amUl-, que forma pareja con aUD, «padre», cfr. Iat. anna, gr. annÍJ «madre de
I W. O. 1v2NS. !Jklloflflf)' 11N/ ""'",,,,,,, of thlt of s- (md UIa_, SlrlomOff hltltldl.
Wubiqtoo, 1911, p. 166.
1 11 pule, Ubc'o 1, tap.•.
la madn: o del padre». Los nombres del padre y de la IIUldn: SOD de fonnaclón
trica; impUcan una misma final en -ter, que se constituye como sufijo caractcr1Jtim
de los nombres de parentesco y que ulteriormente se ha extendido en varia lenguu al
ooojunto de los nombres de: la familia).
No podemOl aoaUzar • ni • CS, por consi¡uientc. imposible decir si
desde el principio la final era un sufijo. En cualqulcr caso, ese no ea ni d morfe-
ma de los nombres de a.¡mte ni el de los c::cmp8llltivos; 16kJ se: puede «:eDltatar que,
salido de •pt)ter y • mat", se ha convertido CD indicio de una clase &éJdca. La de los
nombres de parentesco. Por eso, se ha generalizado el otros t6nn1nos de esta dale.
& probabk que los dos nomb1'cs de la «ma.c1Jn. ·miJu Y-fUIna.. rupond.an a la
miRna distinción que ·/NIUy ·"UII para el porque y «D1&drelt,
jo sus nombres «DObles», IOSticncn representaciones simétrica5 en la DÚtologia
gua: «ciclo-pacb"e» y «tierra-madfc» forman pareja en el Rig Veda.
Adc:mú, sólo el &nJPO hitita ha hecho de lU11Ul- (luvita lIM;') el támino para cana-
dJp, como lItta- (luvita /Ilti-), para «padre». POI" otra parte. elscotido de *turna es
buW1tc vqo: Jat. anna, atesticuado, pam::e dcsi¡oar 11. «macft
nutricib, y no l;()ncucrda con el &riCIO ann1:J, dado por una Posa de Heliquia como la
«madre de la madre o del padru. T&minos ele esta naturaleza no implican referencia
precisa en el orden del pan::ntesco.
FJ nombre del «.hermano», el Le. *bhrilter• .según la confomüdad del únscril:o
bluutllT-, av. brotar, armo dlxtyr, gr. pJvdtir lat. fritu, a. 1rl. /mJlhir, lot.
bro/1ar, a. al. bnz/rll, bnJti1, a. prus. brrzU, tok.. prfzcer. El nombre hitita es aUn
cooocido. La forma arm.mia se puede explicar fonftiamlCQtc por una metitet.is
c:ial: bJrr. > (D}r/).. que ha cntraftado uM disimilación de dOl rconsecutivas en /-r.
Un bccho importante que no aparece en este cuaciro es que d piqo tiene. la
forma de phrQflr. el corttIpondicnte de b1uflttr. pero en el vocabulario dtl parentes-
co *bhriter es rcemphlzado por ade/plfth donde fUkJphl.
mllOu). Una sunltuci6n como !Ita no podría ser un accidente de vocabulario; res-
ponde a una necesidad que interesa al conjunto de lu desi¡nationes de parentesco.
Scgtm P. Kreu:chm.cr·, la sU5ti.tución de phrQtir por Ddelph61 seria debidD a una
mancnt nueva de: considerar la relación de hermano. que habrta hecho de pltrQtlr el
nombre: del miembro de IllUlfratrfll. Bfcctivamcntc,phrQtir DO dcsi¡na al hermano de
langre; se aplica a aque11o& que están vinculados por UD. parentesco aústico y IC
dcran los descendienta: de un mismo padre. Pero, ¿CI por elO una innovación del
ariClO? En realidad, el Atieso CODlIcrva aqui la sipificaciOn «ampUa» del i-c.
• bhrfltu que reflejan aún ciertas iDltitucioncs rc1igi0lllS del mundo it6lico: los uHer-
manos Arvalea» (ff'tl/rU «/'Uales) en RDma, los hermanos Atiedios (ffQtrt8 Atl«lll)
entrc los umbros, son .micmbros de cofradias. A11I donde estas uociacionts permanc-
ciaD vivas y donde lua miembros tcnian un estatuto particular, hubo que espccif1car
por un t6nnino explicito al «hermano de sangre»: en latin, para el hermano
guineo. IC /rtlfu pTltUlnus, o simplemente gtrmanw (espallol Mrmallo. portu-
gu!I irmilo), hermano de matriz. en cierta forma. Asimismo. en anti¡uo persa,
do Dado. en 1U proc:lamaáonCl reales, quiere hablar de su hermano. cxmsanaufnco.
afLade ha11Ulpltll, MmtJflJ, «del mismo padre, de la misma madre», en «ricgo
J at. mil IIdc:IInte. pp. 167y Y.
4 Glottc. YOl. n. 1910., pp. 201 YIL
140
homo-p6tri08, homo-melr/as. En efecto, «hcnnano» se dcfme por relación a
«padre». que no dc.si¡na necesariamente al «genitor».
En virtud de Cltal relaciones, • bhriJter denotaba una fraternidad que no era ncc:c:·
lariamentc coDlaDJUinc&. Las dos acepciones han sido distinguidas en griego. Se ha
CODICI'Vado phrGtir para el miembro de una fratrla. e instituido un tá'mino DUevO,
ad«phÓ.J (literalmente, «nacido de la misma para el de san&:!'e».
La diferencia se manifiesta aQemU por un hecho poco observado: pluilllr no exi4te.
por así dctirlo. en rin¡u1ar; sólo se usa el plural. Por el contrario, arh/pIHM. que
apunta. a. UD paRntesco individual, es fra:uente en el JinguIar.
Desde c:ntOl1CCSy las dos re1adones se encontraban no JOlamente dislincuidu, .iDO
polarizadas por 5U implitita: phrQtir se dcfine por al mismo padre,
atkJp1f6s poi' rdaci6n a 11. misma madcc. En a.dc1ante, sólo la ascendencia materna
oomÍlD es dada como criterio ele frattmidad. De pronto. esta dclIi¡nad6D nuna fic.
De lupr entre individuos de &0.0 diferente: adelph.tiJ, «hermano». h. arrutrado al
menino IIddplrA. «henrulrra_, lo cual hopertwrbfzdo 111 tennin%gfll rUltipa.
La «hc:rmlUWt es una denominaci6n cspcáfi.ca: indoeuropeo· S'MoaOr, representa-
da poi" ella". S'HUQr, av. X-anMr, armo (resultado fonético de ·.swesor).lat. $O-
ror, got. n/ulllT, a. esl. SUIM. tok. itrr.
Aparentemente, a Cite QWiro lit falta d &ricio, aunque el coacrpondicntc grieao
de *swes:or le haya canservado bajo b. forma. Ior (Iop). Pa"o no es mi! que uua su-
pc:rvivcncia por atosaclores. AJ,1 como pluitir muestra un sentido particutar,
la palabra correspondiente fool:tieemente a •swaor, es dada con sentidos diacor-
cIanlcs. Bs ¡losado «hija.; «primo., y 1000<' .poafpawn<. «parlen-
tcn. mtámino, baltante vaao, se aplicaba a. un erado de parc:ntesto del que ya DO se
tenla DDIIOÍeD<:ill oIanl. Bsta dcsaporüicln ....wta ele la aeadcln de fICIdphJ, «hmna·
na», producido .,Uvez por la ttansformacióndcllá'mino para «bc:rm&mDlJ.
¿CuíJ es el smti40 propio de • .rweror'l Esta forma ticn.c UD ÍDtt:rá
debido. que ISC la pua1c: analizar como un *SWfNIOr. formado c1c *SMIt.
bien conocido como término de relación social J Y de un elcmcn10 *-sor que se en-
cuentra en compUCItos arca1col donde denota el femenino: lol!I·nÚDlCrDI ordinalel ano
tiguos para «tercero» 1 «cuarto» comportan, aliado del mll5culino. formas de
nino caractcrizadaJ por el clrmento *-sor: celt. ce'lheoir, v!dk:o catlllra, avéstico
cQtaitró, fDr1JUUJ todaSAUdu de *tc-nHor.
Es probable que ese *-sor sea un nombre arcaido de la «mujer». Lo RlCOnocemos
en iranio bajo la forma IrtIr- en el radical de av. hiliríii, «mujer, hembra», donde ha
sido liIufIjado en -fi-r. con el morfema que se encuentra en ser. en el femeDiDo
I'IUlhqi, «reina». El posible tambim que ser. sm«.m1, «mujer», sea una fcmiJ:rl-
.zación liIecundaria del antiauo *$Or. nunbi!n se puede identifIcar 101 dos elementos
del compuesto ·lWe-3Or, etimo16¡icamente «c1 liIC!' femenino del grupo IOCial lwa.
Una delipaci6n para1c1a pone a la «hermana» en un plan completamente diJtinlo
que el «hermano»: no ha)' simetrla entre los dos t&minas. La posici6n de la henDaDa
le dcfmiria, por tanto, por rclac::i6n a una fracci6n social, el .nve ClI el seno de la
«¡raD familia» donde se mantienen los miembros mascu1inOl. Llcpdo el momento,
habrt ocasión de: examinar mú p8rticu1ann.entc el sentido de..fWl'.
A diferenda de la palabra para «herma.na», no diJponcrDOl del medio para aaalt·
141
mr el nombre del «hermano», salvo aislando la misma rmal -ter que en «padre» y
«madre»; pero Nn,uua explicación da cuenta del radical 'bhri-..Bs inútil relacionar-
la con la raiz dc:llatln tero, porque ningim empico conocido de las fonnu de
esta ral.z lleva. al Imudo de 4Chmnaoo». No podemos interpretar' blrrtttr como tam-
poco ''1»tuy 'mlIrer. LoJ tres 100 herederos del foodo indoeuropeo mis ant4uo.
CAPtruLo2
ESTATUrO DE LA MADRE Y FILIACIÓN MATRILINEAL
EalR WUI mdkitl' del difumil*io jurIdic:o ele la DlIdrt: ClI. la klCil>
dad bar qu&' dtu la nseDCia ele II.D • mitrillS a ,.triKr.
No obItMte. el YOCabuIario. tobn: todo d ¡ricpJ, COIlICIYI. d rClCllG'l5o de CIUUClUlII
lOCiakI compIcwucmc difemllCl. J prubabbDa1tc no indIxaropca: la caiJlCOcia de II.D
H.... )' ele uoa pareja l:IODJVPllJ1tl¡ua 101 nonlbra 1IriEI0II dd.
Ilhcnnano.. - liten1mmlc -.lIdo dd mismo _. J klGitttltt3 Dd._ DO
puaIme:apticanc por rdenuda a UD ÑtInIa de
Puo ClI. la ipoga biItOfX:a. Il1O DO KJn mil QIE rccucnl..DI;; Zem Hltvia. ea l1ll lt4¡wz
J •• ¡aar de Al I:limolosfa, taipitw(QUIIi' ha podido IUSD.tWpot Id.
como lUmiao cllllfk:atorio) , lbIplJl. ll1 «hc:nDuo.. como llnllinlX de
ra.1I:II:D patrUioeaL
Todos 101 hechos huta ahora apuestos nos lleve • n:conocer- la primac1a del
oonccpto de patemida.d ea indoeuropeo. Tambiál ayudan, por contrutc. a apreciar
1&1 dcsviac:.kmcI que podeatos observar de CIte principio. Esta primada le ve corrobo-
rada por menudos indiclol de auicter 1inc01Itico, que no riempre son vwll1cs, pero
que toman IIU valor cuando se: 101 mrotnle a su origen.
Uno de CIItos hechol es 1& creación cieI t!rmino latinoJ'Cltria. «patriu, labre patero
Pero esta derivaci6n no ha pod,ido tw:crle directamente. La Ven:moll mejor cxtnside·
rando 1011 adjetivol que se han aacaclo de ptltef Yde rntlfer.
madjetivo derivado de pater es peltrius. Tenemos ahi un adjetivo que sale ex-
clusivamente del mundo del «padre»; no bay correlativo para la «madre»; no exiate
'matrills. El motivo es, evidentemente, la situación legal de la madre; el derecho ro-
mano no conoce inldtución a la que convenga un adjetivo "matrius. que pondrla en
posición igual a «padre» y «madre»; la es cxclusivamente patri4. SeJ'lÚl este
derecho, no hay ni autoridad ni polcsi6n Q.ue pertenezca en propiedad a la madre. Del
lado de IIUlter. el adjetivo derivado es totalmente diferente, es marernll$. IObre cuya
fonnación habremol de volver.
Podria crcenc que hay, al menOl, un derivado comÚD a peller y a matero el Q.ue de·
riva en -monitlm. puelto que matrimoniJIm es paralelo de patrimonitlm. De hecho lh1
no hay mil que una simeuia completamente externa. Como le verá más adelante, tu
dol formaciones no IOn correlativas ni indican la misma función l. Ahi le manUlClta
142
I 4.
143
aún, por indicios moñológicos, la desigualdad de natUIlllcza que separa los do5 coo-
cqItos.
Se sabe que una de lu sociedades indoeuropeas que han aJl1ICJYado durante mls
tiempo la estructura anti¡u.a es 1& de 105 cs1avos del sur, entre quienes se encuentra,
a6n en nuestros d1as,la forma de familia denominada Vldrvga. Vmsky' ha observado
de cerca el funcionamiento, la composjd6n de esta «gran famillu. Agrupando la ma-
)'Orla de las veces una veintena de miembros, a veces treinta y hasta sesenta, ranuncn-
te mis, la udfJlgfl es un conjunto mucho más considerable que las famUas restringi-
das que nosotros vemos habitualmente: reúne otras tantas de estas familia restringi-
das con hijos que viven en el halar común. Esta familia es de tipo rigurosamente pa-
triarcal. Sin embargo, un extranjero puede cntru en la familia desposando a la hija:
por la heredera se continila el linaje. El )'Crno es incorporado a su nueva familia hasta
el punto de perder su estatuto propio; llega incluso a tomar el nombre de su mujer,
llamindole los dcmis miembros por un adjetivo po5C5ivo derivado de este Bombee.
Dapu& es llamado por el nombre de la familia de su mujer as1 como sus hijos, y su
nombre propio y. no tiene función social.
Pero hay también dat05 que apuntan en sentido invcno, sobre todo en 1.. wciedad
griega antigua. Mis arriba hemos C5tudiado una particularidad propia del griego Y
que le separa de las demás lenauas indoeuropeas, la designaci6n del «hermano» por
IZdelphM, ÍIlniluymdo una fra1emidad coutcrina. No es 6sc el único lérmino que de-
nomina al «hernianOlt en relación con la madre. Un ttrmino del mismo
sentido es el adjetivo homogdslrie» con el doblete ogtúliJr (clr'cn:(o)f) lite-
ralmente «co-uterinus". Parc:cc que hay ahí un indicio antiguo de cierta preponderan-
cia de la mujer.
La mitolo,la griega ofrece varw pruebas de ello. Consideremos. por ejemplo, la
gran pueja divina, prototipo mismo de la pareja: Zeus y Hera, unidos por el hum»
g6mO$, i1uslrando d poder marital del esposo, duedo supremo de 101 diwcs. A. B.
Cook. autor de una obra monumental sobre Zeus). ha estudiado este hieros g6Jnos.
Según él, la unión de Zeus y Hera DO es un dato ori¡inal, aparece hada el siglo v an-
tes de nuestra CIll, y como para normalizar un estado mis complejo de la IC)'CIlda.
Antc:s habia dos parejas distintas: por un lado, Zeus Ycierta compaAtn.; del otro,
cierto dios y Hcra. Hay una prueba en el calendario ritual de Atenas donde se men-
ciona una ofrenda a UUs HwiO$ (bU<" 'Hpcñocj, caso probablemente único en que un
dios es doignado por el nombre 4c su mujer: en ese estado de la lcymda, Zcus estt
subordinado a Hera. Coot 4 ha recoaido testimonios que muestran que en Dodona, el
santuario mis venerable de Zeul, la esposa del dios no era Hera, sino Ditmi
entre los habitantes de Dodona, Hera se llama Dione, aruma Apolodoro. Di/mi es un
adjetivo derivado de Zcus. La figura divina de Dione esté. sacada del nombre de Zeus
y representa su emanacibn.
Por su pane, Hera es soberana; en particular, en Argos. Abora bien, el personaje
que: k estA 8&ociado es Here.cles, nielO de: Hcn en la. forma más ordinlUia de la tradi-
ción. Pero ciert05 hechos, los ceJos de Hera.. por ejemplo, parecen indicar una 11:1&-
ci6n conyupl y no matem.a.l. Verosímilmente puede COlUiide:rasc a Hcnc1cs como un
cepríncipe consortelt de llera en tiempoll muy antiJUos.
1 V._Y, ÚiI,rwmJrf_iIIednSlnt:ltllllllfl. ÉlIItÑ«JutoIDffqw, ZqrdJ, 19]1.
J A. B. CooK, Zrw,. 111 (1941), pp. 1(2).IOM.
4 Id.1'MC/II#kGIRm-(FinlScrb),XJX.l6SJ416.
144
No hay, por tanto, una &Ola pareia, sino <101: 2'zuJ y Dione, por un lado; llera y
Heracles, por otro. Se han Cundido en una sola, en!a que la aran diosa es la esposa
del eran dios: Zcwi yHeta Cltin, en adelante, juntOl. Es. por taDto, verosimil que las
formas primitivas de la leyenda conserven el. recuerdo de un papel mayor correspon-
dicote a la mujCl".
E mismo rasgo va I salir de una oonfrontaeibn entre dos nombres griqos del
«hermano», adelpllós y (XtH'(l"'fI'fOd. La noci6n del plrrOlir, con
la de phritrftl, se encuentra nitidamente en una tradici6n (jonia de origen, al parecer)
relativa a la fiesta de los Apaturias. durante la cual, en el segundo dia, te-
nia lup.r el SBCriÍlcio a ZftI.J Phr6lrioa así como a AlhinaÚl phralrlll
(Aptltourla). La c1imolosia de Apatoríl"ia es evidente. Ya 105 andauos interpretaban la
palabra por homopiltria es la fie.ata de aquellos que tienen el mismo «pa-
dre»: apáfores (Wtufl&C}, lo que equiva1c a phrdJrn:s, puesto que los pJvJtir SOD
aquellos que cbciendcn del miuno ptltir. Aqui surge la noción del linIje masculino y
patrian:al.
Coasidcn:mos ahora la palabra k4s/1nitos. Pertenece a la antigua lengua poética,
pero no es de la misma tradic:i6n dialC!d".a1 que aptIlolÚios, que parece jonio: kmlgni.
ten es eolio, KaqUCO» (de tipo chípriotll). msentido primero es este de adelphÓl, se-
g6n empleoB como me: JlAUf¡fijWY JaIl (D. 11,157j cfr. 12.371), que equivale
a decir: «de la misma madre y del rniJmo padrelt, confumado por D. 3, 228: a41:OXlI'
.w !W' y&lYCI'o 1lf¡"I'?)p, «1os do3 hermanos que mi madre me habla dado», a
propósito de CAstor y PoUux. La fonnaci6n es la de un compuclto en el que el primer
término kdriJ, «hermano, hermana» (en Esqullo), ha sido reforzado por el adjetivo
verbal pgnitos, ccnacido, de nacimiento».
Pero un empleo de kast,nilos parece molestD: «Hector lanza una llamada a lodos
SUI lcatfrnitol. y ante todo, se dirige al hijo de Hikfm6n, al or¡uUoso Melanipo.1t
(D. 15. 545-7). De este m_o Melanipo. hijo <le Hiketa6n. fiaura entro los hermlll10S
de HiIctor. Pero cate personaje no es IIU hermano: es hijo de Hibta6n y DO de Pria-
mo. Los antiauos ya lo observaban: los CICOliaItas tradw:cn aqul Jaul,nitoi por el
ti:rmino vago nmgeneú (l'VT'PI/Iid, ccparientCSlt: adn en CIta tpoca., entre los jonios,
los sulIgmd, IOn llamado¡ Jaulg"iloi. Hoy podemos ser mis precisos. Según La se-
ocaJolia del pc:rsonaje, indicada por lo dcmis en 1& Diada, Mc1anipo es hijo de Hiki-
laón, hermano de Priamo. Por lanlo, es cuaamrnte el hijo del hermano del padre de
Hi:ctor. Alil, kU3frnitm no desip.a aqui al hermano salido del mismo padre, sino al
«hermano» lalido del hermano del padre, es dedr, para nosotros el «primo».
Sacamos de ello dos conclusiones: 1) este parentesco C6 necesariamente de tipo cla-
sificatorio, y de este modo kaslgnilos se une a phratir y ap4tiJr; 2) kllSl,nilos como
adelph6s. y probablemente por sinonímia, le ha desviado de su Iilnificaci6n el:imol6-
gica, Q.ue debla referirle a la madre, para entrar en la flJiaci6n exclusivamente «pata.
na»; le ve, pues, que a pecar de la perlÍltencia de tradic:ionCJ locales, quid. atraftu,
la fuene de 1u conCCJ)Ci.ol1cs indoeuropeu ha devucJto cstoI cooccptos aberrantes a
la oorma primitiva.
I!ncontromlll coofirmaciÓD en la cIooa del Ia<ooio: xó""'" o! .. ,;¡, ..... <!yo.",
iPillfo( 'n :al Se denominaba kásioi • los bCl1DllDOI y los primos de la milma
"rfl1Jo de la misma «banda». Los hijOl llamados káioi esté orpnizados en una
«bandaJt, porque. siendo hermanos y primo&. se reoonocco el mismo «padre».
Tal es esta historia compleja donde se Y't que, cuando una cultura se transforma,
1-15
emplea términos nuevos para suplir los términos tradicionales, cuando éstos se en-
cuentran cargados de valores específicos. Es lo que ocurre con la noción de «herma-
no» en iberorromano. En tanto que término de parentesco, el frater del latín ha des-
aparecido, reemplazado por hermano es español, irmiio en portugués, es decir, lal.
germanus. La razón es que, a raíz de la cristianización, frater, y también soror, ha-
bían tomado un sentido únicamente religioso, «hermano y hermana en religión». Se
han necesitado términos nuevos para el parentesco natural, al convertirse frater y so-
ror, en cierta forma, en términos de clase, relativos a un nuevo parentesco clasificato-
rio, el de la religión. Asimismo, en griego ha habido que diferenciar dos tipos de pa-
rentesco, y al no tener phráter, curso más que como término clasificatorio, forjar,
para «hermano» y «hermana» consanguíneos, términos nuevos.
Estas creaciones léxicas perturban a menudo las denominaciones antiguas. Cuan-
do en griego se designó a la hermana por la forma femenina (ade/phé) del término pa-
ra «hermano» (ade/phós), se introdujo un cambio radical en el estado indoeuropeo.
El contraste antiguo entre «hermano» y «hermana» se apoya en la siguiente diferen-
cia: todos los hermanos forman una fratría salida místicamente del mismo padre; pe-
ro no hay «fratrías» femeninas. Mas cuando, en una nueva concepción del parentes-
co, la relación de consanguinidad se pone de relieve, y ésa es la situación en griego
histórico, un término descriptivo se hace necesario, y debe ser el mismo para el her-
mano y la hermana; la denominación nueva no se distingue más que por los indicios
morfológicos del género (ade/phós y ade/phé). Hechos, en apariencia menudos como
éste, nos hacen tomar conciencia de la transformación profunda que ha alcanzado en
griego el vocabulario del parentesco.
146
CAPÍTULO 3
EL PRINCIPIO DE LA EXOGAMIA y SUS APLICACIONES
Sumario. Sólo la regla del matrimonio entre primos cruzados, cuya aplicación hace
que el mismo personaje sea el padre de mi padre y el hermano de la madre de mi madre.
permite comprender que el latin ouunculus, derivado de ouus, «abuelo paterno». signifi-
ca «tio matemo».
Corrrelativamente nepos, el «sobrino» (criado por su tio materno. pero sometido a la
rigurosa patria potestad), adopta, al lado de este sentido antiguo -garantizado, entre
otros por el gr. onepsiós, «primO>I, literalmente «co-sobrino>l-, el de «nieto>1 en todas
las partes en que se impone, con rigor creciente, el sistema patrilineal indoeuropeo.
A la inversa de nepos, la designación del «hijo» -«generalmente como «brote»-
presenta una diversidad bastante grande en las lenguas indoeuropeas: se puede ver ah! la
huella de una estructura del parentesco en la que la relación padre-hijo quedaba eclipsa-
da por la relación tío materno-sobrino.
Un término común a la mayor parte de las lenguas indoeuropeas designa al «abue-
lo»; está representado por ellal. auus y las formas correspondientes. Pero en ciertas
lenguas, el sentido ofrece una variante notable: no es ya «abuelo», sino «tia», y espe-
cialmente «tío materno».
Vamos a enumerar esas formas, procediendo por orden creciente de complejidad.
Al latín auus corresponde el término hitita del mismo sentido huhhas. El paralelo
parece sorprendente por la enorme diferencia de las formas. Se justifica en un estado
arcaico del fonetismo indoeuropeo. El hitita conserva aquí un antiguo fonema larin-
gal (escrito h) que ha desaparecido de las demás lenguas, pero que se manifiesta indi-
rectamente por modificaciones de los timbres o de las cantidades vocálicas. Nosotros
lo escribimos *H. Se podrá reconstruir el prototipo común en *HeuHos.
Como ellatin auus y el hitita huhhtiS, el armenio haw, «abuelo», ofrece la palabra
sin sufijación. La h inicial del armenio nada tiene que ver con la del hitita: ésta es una
aspiración secundaria debida a un fenómeno reciente: etimológicamente, la forma ar-
menia supone una antigua inicial vocálica. La misma aspirada hister6gena se ha desa-
rrollado en el nombre armenio paralelo de la «abuela», han, que se compara con el
hit. hannas, «abuela», lato anus, «mujer anciana»; griego annfs, glosado, «madre de
la madre o del padre»; antiguo-alto-alemán ana, «abuela», etc.
Frente al hit. huhhas, lat. auus, armo haw, «abuelo», las formas de las demás len-
guas se reparten en grupos particulares. En primer lugar, tenemos el grupo del eslavo
y del báltico: a. eslavo ují, antiguo *auios; en báltico: a. prusiano awis, lituano
avYnas. En cuanto al sentido observamos que el balto-eslavo *auios significa «tío»,
El lituano avynas, derivado de segundo grado, designa especialmente al hermano de
la madre, al tío materno.
147
Las formas cCJticu constituyen dos desarrollrnl distintos. Por un lado, a. irl. Que,
medio id. Oa se apoyan tambiálsobre ·QU;03, pero designan al «nieto», es decir,10
inverso de lo que se espera, anomal1a que hay que estudiar con el nombre de «nieto».
Por otro lado, pi&. ewytllr, bretón ftJntr, ,uponen un derivado ·QWf!n-tro-- y signifi-
QU1 «tia".
En ¡erminico, tenentoa una serie de derivados con lufljo -n, formando un nuevo
radical ·,nwn-: en IÓtico. este ·awen- no csU representado, por azar, mis que.en cI
femenino awo, .abuela» (dat. sin,. awon); el masculino Cfitt.atcstíluado por el
dé:5 ¡ife. «abuelo». Este tema ·awM- es pRSUIDiblc en el antJ&\lD-a1to-ümln óheim.
al. Oheim. «t.Solt. que se rtt.Onstru)'C hipotéticamc:nte en un compuesto.•aWUrf-
1tIIiJru4. No" sabe cómo interpretar el segundo elemc:nto¡ seria, bien un del
nombre de la residc:ocia (Heim, efr. iDgI. llame, «aqud que tiene: la rmelena.a del
abuelo» (7», bien una forma nominal de la cm •k"e;- (J:r. tinJ., «aquel que
tiene la COIUidcraci6n (7) del abuelo»; pero esta rm no aparece de mis formu
minico En esta reconstrucción todo queda incierto, y es una listirna para. el an'lisis
del sentido. En cua.1Q.uier caso, La.a. OMim. y las formas correspondientes a. inglés
iam, a. frisan 1m. si¡nifican, asimismo, «tia» y no «abuelo».
EstOl son los datos, repartidos SClÚD. su formación. Se observar',
que no toda la, len¡uu fJ.¡UT8n en ellos: faltan el griego y el IndOll'&Dl0. Estos
dos ¡rupol dialecta1c:s tienen t&min05 nucvOl. En grle¡o, «abuelo. se dice
nombre de 11amada y tmnino infantil; no es bom.&il:o, es el (mico ro-
nocido en prosa, entre los escri10rcs y en lal!I inscripciones. En stnsc:nto,
dice pitimuh4-, compuesto descriptivo cuyos dos clcmentos a:tÚl en orden
too Se ha aplicado como una imitación dd compuesto con intCDSlVO,
1nlIhiInulhu. «:muy crandc, todopoderoso.; lo que denuncia.1a de tal do-
signaci60. Por lo demú. el indio no concuerda aqul con c11I'aWO, que una pala-
bra dininta, avésti:o y antiguo persa. lf)'ilko, «abuelo», pera ttrmino carente
parenlcSCO etlmol6gi.co.
Abad se disdcrne ciaran problema que plantea la evolución del sentido entre i.e.
.aWW' y sus derivados Ycompucstrnl. Que estos dcrivadOlle hayan formado me-
dio de sufijos en -yo. -en. DO puede explicar nada. Se trata de cómo a pllrtir del
nombre del «abuelo» se ha llamado al «tia materno». La cuestión no le plantea IOla-
mente en los diferentes JlUPOS dialectales, sino en elscno mismo de11atin, dado que,
aliado de l'IUUI. el diminutivo auunculus, «el pequcfto auu.Jlf, es el nombre del «tio».
El problema esti planteado desde la antiIQedad. y ha sido discutido. menudo; se en-
cuentra ya en Festo: llUun- cuhu, «IDatris meae frater (hermano de mi madre, Yno de
mi padre) traxit apellationem ab ca quod... tcrtius a me, ut auDl ••• estlf (porque ocu-
pa eltcrcer arado en relación conmigo, como el «abuelo), o bien, atta expUCllCi6n,
«quod aui locum obtineat et proximitate tueatur sororis ft1iBm» (... porque ocupa el
lugar del abuelo y IC encarSa de vC1ar por la hija de su hermana). Nunca designa al tia
materno.
Inmc:diatarnente surBe una idea: si aurmculus se relaciona con IlUUS, ¿no el porque
aulIS desi¡naba alabuclo materno?; Quuncu/us deberla explicarle entonces como el hi-
jo del verdadero 1lU1M. De1bri1ck lo ha IUPuestO, y Eduard HelllUUlD ha insistido en
Cita cxplicadón l. Elta idea no es de recibo ni en la teoria ni la prtetica. No le
den tomar los ejemplos de allUS recogidos en el T'haaunu; n1118UJ:11 impone ellClltldo
1<111
de «abuelo materno•. Todaa tu definiciones de los antiguos remiten avW' alliDaje pa-
terno: en 101 Ori,ines de Isidoro de ScviJ.Ia, se lee: «auus palcr patris esto patos mei
patcr auus meus Cit•. Cuando se enumera a los antepasado se hace !icmpre partiendo
de pater, y se nombra poter, auuI. proal.lUl. etc. Para cI abuelo materno, se capcdfka
ClImS' mCltemus. Asimismo, en hitita, hJlhluiS es cxc1usivamaJ.te el abuelo paterno: te-
nc:mos una prueba subsidiaria en el plural lIuManl'¡, que dcsiana a 105 padres, los
antcpuadoa, los abuelos; es en c11i.najc paterno donde !C inaaibc:n los antcpuados,
Para la cuestión de hecho, es lo que tenemos; oonsidcranos ahora la razón de la
tcoria. En UD. iUtema de parc:o.lCICO clasificatorio. no!IC atribuye al de la ma.dre
ninguna ímpommcia particular. En fi1iaci6o aanidea, se tiene: en cuenta al padre, al
padre dd padre: en fWación uterina. al hermano de la madre. Pero el padR de la ma-
dre DO tiene lngar "pedal. De donde le deduce que jamás habda podido desipar a
un pc:rsooajc tan importante: como el tia materno tn1J1lIadu.J. en funci6n de UD. tIUW
que .seria el padre de la madre, cuyo papel está tan poco caracterizado.
La diflCU1tad que la filoloeta no puede: resolver poc si sola encu.cotra IU IOlución
en la estructura del parenteSCO cxOlimiCO. Hay que ima¡inarsc la lituación de ECO
poi" relación a su auu.s y a su tlIllUtCUlus. Hay que imaginincla por UD esquema que
indique 1.. rc1aciones de parentela) al cabo de dos ¡encracioncs. Habr! rcc;orda;r
que, aeaÍJD. el principio de exopmia. los 5CIltidol diferentes pc:rtcocccn IIClDpre a ma-
tad.cs diferentes: sólo hay matrimonios posibles entre miembros de mitada; opueItu.
Durand1 CI d UVu.J, el padre del. padre de 800. Al miamo tiempo, Durand ] es el
hermano de la madre de la ma.dre de EOO; mnn dtsi&na.. por tanto, en el milmo persa-
naje, al padn: del padn: Yal hermano de la madre do la madre: .. decir. el tk>-abut1o
materno: la doble rdación con BOO de este pcnonaje único deriva automtt.k:amcntc
del matrimonio de primos trUZAdos. A partir de Dupoot n comi.enz& de nuevo el mis·
mo esquema: el hijo de Dupont 1 se casa con la hija de la hermana de su padre, su
prima camal; asl dempre. el QWLf es abuelo paterno y t1o-abuelo matc:mo. En su.ma.
Durand [ es el padn: del podre (o ....., de Durand lIU" es 800. Pc<o Durand 1es
al mismo tiempo el hermano de 11 madre de Dupont n, que cs, a IU vez, el hermano
de la madre de Durand 1[[ (BaO). Para BOO, Durand I ser' el tlvW' y Dopant n, el
tnlllneulW'.
Partiendo de EQ,), el hermano de su madre, IU Ci el hijo de la hennana
del padre de su padre, de su auus. Y ui siempre. En este sistema, el parentesco se es-
tablece entre hermano e hijo de hermana, entre tia materno y sobrino, mientras que
en filiación agnitica le establece de padre a hijo.
A partir de este momento, si auW' le rcfic:rc en realidad al tlo abuelo materno, el
tlo materno podrá ser llamado: «pcquc:fto auus» o auunculus. Esta lolución el una
simple consccucn.cia de hu Docesidlldcs del sistema. Uno se ve llc:vado a plantear para
QUW' el sentido de «tlo abuelo antes que el de «abuclo»: un mismo persona-
je, el hermano de la madre de 11 madre, es al mismo tiempo padre del padre. En su
magistral obra sobre la andaua sociedad china, Granet
l
encuentra CIta misma
pondencia: el abuelo qnático es siempre el tia abuelo materno. Esta rClla le apbca
también en oI1u lociedadcs: tiene el cari.cter tipico de una resta net:CIaria.
Ellatln, rcintcrplclado de Cita obra. aporta un te,timonio capital; pero en fecha
hist6rica no mue.tnI mAs que la sisniftcación aanttica de aUIB como «abuelo. padre
J GuNIiT, o.u.'1un 1929, p. 157.
149
EL PARENTESCO RESULTANTE DEL MATRIMONIO DE PRIMOS CRUZADOS
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6 ..
Mujer
O

@
,
Alianza Filiación
Esquemas establecidos por' Bertin, que los define en los siguientes lérminos:
Los dos esquemas que aparecen en estas páginas representan, de rorma distinta, las relaciones de orden
genealógico.
En ambos casos, la información es la misma: individuos y, entre ellos, relaciones.
En el esquema superior (un tradicional árbol genealógico), los individuos están representados por pun-
tos (de forma diferente según los sexos, negros o blancos según las familias), y las relaciones por trazos (de
dibujo diferente según la naturaleza de esas relaciones: filiación o alianza).
O
Dupont Durand otro
Hombre
Mujer
------
•••••
••••••••• 10 •••
O Alianza y filiación
El esquema superior, menos clásico, exige sin duda un esfuerzo de adaptación: los individuos están re-
presentados aqui por trazos (diferentes según los sexos y las familias), sus relaciones por un punto (que re-
presenta por sí solo alianza y filiación). Pero el dibujo obtenido valoriza mejor la relación particular de pri-
mos cruzados aqul estudiada. Este segundo sistema de representación tiene además la ventaja de permitir
analizar una información genealógica infinitamente más compleja y ramificada, y de hacerla legible (cosa
que no permitla el primer grafismo).
(err. los ejemplos de redes, en Sémiologie graphique de Jacques BERTlN, Mouton-Gauthier-Villars, Pa-
rís, 1967, pp. 269 Yss.)
150 151
del padre». La relaci6n etimol6gica con auunculus implica y pone de manifltsto otro
tipo de filiación, debido a que el allllncu/us cs el hermano de la madre.
Esta eltrUdura ¡ern::ral condiciona los diversos clm1enws que eneloba. Nos vemos
llcvadOl a una. concepción cstructural del parentesco indoeuropeo y del vocabulario
de este parentesco, porque hay cl.uc5 y relaciones entrc las clases. Esto permitl:: com-
prender la variedad de: 10& términos y la disimctrla para la designación de tios y riaJ l::n
1atin: patruru para el «humano del padu». pero allJllfCtlW3 para «el t10 matano», en
femenino. maJn1ml. bermana de la madre. la «casi madre», pero amitll hermana del
padre. La relaci6n de fraternidad entre sera¡ de i¡uaJ. sexo k>s pone en la miJma clase.
Por ser el hermano clcl padre o la hermana de la madre cid miJmo sexo que el peno-
najc en función del cual se definen. }os túminos que los dcsipan SOD derivadOl cic:1
t&mino primario. Pero el hermano de la madre o la hc:nnana del padre, que iOO de
sexo opuesto, dcnen támínOl diferentes: ab.l tenemos una ilustración dd principio dc
la cxopmia.
En acncraJ.. en nuestras lm¡uu modernas esta distinción se: ha borrado. Sin CID-
barIO. no es ooccsario rcmontarae mucho para c:ncontrar divenol tndicb de la situa-
ción privilqiada que ocupaba el tia matemo.
Para el anti¡uo mundo gcrm6nico. remiWnOO05 a Tici1o, Gerntilnitl, XX, S: So-
rorvm Jilili /(km apud tnlUIICJlbun qu; tld patmn honor; quidom SIlIICllorrm ariJo-
rmu¡ue Irune ttt!XUm .nguinis arbitra"twr et bt accipimdi$ obsit/ibKS magis uiKrmt
fanq¡uJm et animum firmbls el domum laIivs tmeant. uLo6 hijos de la hermana 50D
tan caros a 5U5 awrurcw/us como a IU padre; los hay incluso que piensan que este vlnw-
10 de 1IU18re (el del rlUlUJc:JÚUS) el mis santo Ycstteeho (que el de III paternidad). Los
exigen preferentemente al tomar rehcncs porque de este modo tiCDCQ más fuertemente
atados los espiritw. y mis ampliamente a la familia.•
Entre los ce1tu también encontramos tcstimoniOl5 concordantcl. Los lf&Ddcs h6-
roes de la epopeya se llaman por el Dombre de su awirc. Las re1aclona entR Cudlu-
lainn y el hermano de: 5U madrc Conchabar Rustran pc:dcctamcnte este tipo de pa-
rentesco.
En Homero. esta cstructura siaue siendo rcconoci.blc:. aunque la delipadón de:l
tlo materno se haya renovado cn metros c.... derivado secundariamente rehecho
sobre p4trM quc CI el cquivalentc dellat. patrwus. mnombre antiJuo ba dcIi-
aparecido, pero la concepci6n antigua ha sobrevivido. En la [liad., los dos únicos
ejemplos del tmnino mltros adquicren para nosotros un relieve particular:
1) Apolo, disfrazado, sc aparcce: 8 H!ctor para estimularle en el momento en
quc desfallece:; toma los r.siC» de su llo materno (metTÓSj para tener més autoridad
(n. 16,717).
2) l1epolemo, hijo bastardo de Hcraclés, ha matado alifo mawno de Heraclés;
debe huir, perse¡u.ido por el hijo y el nieto de Hc:racl.és: con ese asesinato ha desenca-
denado contra aa toda su parentela (n. 2. 661 Yss.).
Ficlmcnte puedc enconUane otros ejemplos de: este v1nculo lobre los que a menu-
do le pasa lio verlos. CitcmOlJ solamente éste, en Hc:rodoto (IV, 80). Eo el momento
en que OctamaSlc1al, rey de los c:.scitas, se aprc:ita a combatir conua Sita1.ces. rey de
l.o5 tra.cioa, Cite 61timo le hace decir: «¿para qué batirnos, puesto que tú eres el hijo
de mi hennana?».
En el. mismo sentido aporta su testimonio un hecho de vocabulario armenio: Ic"ui.
«tio materno», t:I un derivado de lcCoyr. «hermanalt. E4ta relación morfolóJ,ica apare-
ce claramente si se plantean los prototipol rupcctivos: fcCoyr se apoya en • S'weror, y
152
JcreTi en ..sWEtriyos. El tío materno. por tan•.>, es designado literalmente como ((el de
la hermanu, según su hermana quc cs la madre de EGO. Es un término explicito, pro-
bablcmc:nte sustitulo de otro más antiguo, " ..e subraya la especificidad del tío mater·
no en clsislcma de parentesco armenio.
De este modo, todo hace lUaltar (y de una lIIaDert tAnto más probaloria cuanto
que los datos provienen de lenguas y de soch:da.des que desde hacia mucho tiempo ha-
blan Regado a sa distintas en cl mundo iD.docuropco) la pwici6n particular del «00
materno», y h;u:e más verosímil la re1ación formal entre avus y alllllfClllus.
Correlativamente, d nombre del asobrino». ttrmino representado en todal lu len-
guas poco mis o menos, presenta una variación de sentido simétrico: tao pronto tcn.ie-
tolO como «sobrino».
He aqu(. en primer lugar, las en sus relaciones ctimoló¡icas: ser.
IUlptr. fem. IUlpt;": av. nDpllt, fem. n(IJJti: a. persa, M/Ñl (nom.): lat. nqKJ.r, fcm.
M¡Jtls: a. lit. nepuotu. ftm. nqJIe: a. ingl&. nrfa: a.a.a. n(/o: a. csl. Mt'(fr <
.. nep/ios; en ctltico: a. irl. nÍQ, ¡al. TI i. Hay que citar adcmts el ¡riego (k.
pero aparte: no sianifica Clsobrino». sino «primOlt.
Según las lenguas, ·nrpi)t- CI tan pnJnto «nicto» como «.SObrino.; a vCCC51o& dos.
En védico, napizt es el tcoiew•• o mis vagamentc, c!«dcsocndicntc»¡ mieto» taro·
bién en iranio, sobre todo cn antiguo persa. donde se: definc estrictamentc en la IC-
ncalog1a de 101 reyr.a llQucménidu. Las formas del iranio moderno, como el pena na-
lo'e. se reficrc:n. siem.pn al «nicto»; P*llI «sobrino» se emplean en pena compuestos
descriptivos, «hijo de hermano» e «hijo de bc:rm.analt.
A diferencia dc:l indoiranio, las lenguas del dominio occidental, salvo diado, to-
DlIUl ..nqJÓt en sentido de ttsobrinolt. Si en latin MIJOS parece aplicane indistintamen·
te al «sobrinolt. al tenido» o al «descendiente». en gc:rmtnico. en eslavo y en dltico,
el támino concspondicnte apunta al «6ObrinOlt, de hecho siempre el hijo de la her-
mana.. Esta dctcrminac:i6n especial del descendiente por relación al hermano de la ma·
dre deriva en latln mismo de ciertos empleos de nepas.
Un estudio de Joscph LotbJ SObR cl:scntído dc nqJOS en las imcripcioncs latinas de
Brctalla ha mostrado que denorrlna :siempre al hijo de la hermana; nepos tiene:, por
tanto, cl mismo sentido que !lU correspondiente céltico n;a en irlandés y nei cn
quc desi¡:nan al hijo de la hermana. mientras que «hijo del hermano» se dice en irlan-
dés 11UlC brrztluzr, t&mino descriptivo. AdemAs, hay cn la historia y en la lc:yenda ce.Idca
hue1la5 dcl parentesco uterino: en las inscripciones ogémicas, la filiación se establece
por la madre. Pueden recogerse. incluso entre los autorcs latinos. importantes tesd·
monios. Asl, en Tito Livio (V. 34), el rey galo Ambigatus. quericndo aligerar su reino
de una población luperabundante, encarea a los dos hijos de su bermana (soror;"
Uos) conducir a nuevos territorios a una parte de las tribus. No es un raslo cxclu·
sivo de las sociedades caticllI. SegWJ una tradición de: Lacedemonia, que Herodoto
refierc (lV, 147), cl poder real habla sido asumido en Esparta por Tbiraa, tio materno
de los herederos aún demasiado j6venes para reinar y dc los que era tutor.
¿CuAl es entonces el uso elisico de nepo5? Ciertos ctimologistas, ante los dos sen-
tidos de nqJOS. «sobrino» '1 c<oietolt, que otras lenguas distinguen. han peD58d.o que
se trataba de UD término valo, sin silnificllción bien dcfmida.
Nada de eso. Lo QUC se eDcuentra en todas las lenguas. rc:mottndonos a la pre.bis-
J tkl'Jtr:ad. "i".er., 19ZZ. Z69 'f •.
153
toria de los términos, son, por el contrario, significaciones precisas que el uso ulterior
puede haber extendido. Así ocurre, sobre todo, con el parentesco, donde es preciso
que los términos tengan un sentido exacto, puesto que se determinan
Mientras designa al «sobrino», nepos comporta a menudo un valor afectivo: el sobn-
no es un niño mimado, disipado, gastador. Esta connotación implica cierto tipo de
relación entre el sobrino y el hermano de su madre. En efecto, los etnógrafos han ob-
servado que en las sociedades, en que la relación de tia materno a sobrino prevalece,
tiene un valor sentimental inverso a la que une padre e hijo: allí donde la relación de
padre a hijo es estricta, rigurosa, la otra es familiar. Y a la inversa, allí donde la rela-
ción de padre a hijo es indulgente, la relación es más rígida entre el sobrino y el tío
materno; éste educa al niño, le inculca las reglas de conducta y le inicia en los ritos.
Estas dos relaciones de parentesco son correlativas: jamás se sitúan en el mismo regis-
tro sentimental. Ahora bien, sabemos que en latín la relación del padre con el hijo se
caracteriza por su rigor: el padre está investido del derecho sobre la vida o muerte de
su hijo y, a veces, lo ejerce. En la antigua sociedad romana, la patria potestas se ejer-
cía sin apelación. Debia ser templada por otra relación, precisamente la del tío con el
sobrino, en el tipo de filiación que supone.
En cuanto a la dualidad de sentido «sobrino» y «nieto», la explicación nos viene
dada por la relación homóloga entre el nombre del «tío» y el del «abuelo». Así como
auus, en linaje paterno, «hermano de la madre de la madre», produce el diminutivo
auuneu/us para «hermano de la madre», así, y correlativamente, el nombre del nieto
puede designar al mismo tiempo al que es sobrino del hermano de la madre. Los dos
cambios son simétricos: el hijo de la hija de la hermana recibe el mismo nombre que
el hijo de la hermana. No obstante, la tendencia cada vez más rigurosamente patrili-
neal del parentesco indoeuropeo hace prevalecer con frecuencia la significación agná-
tica: «hijo del hijo».
El término griego emparentado anepsiós (de *a-nept-iyo-) significa «primo», en el
sentido en que nosotros lo entendemos. La forma misma aporta un testimonio impor-
tante: el sentido literal es: «aquellos que son ca-sobrinos», lo cual supone, en el punto
de partida para el elemento -nept- no el sentido de «nieto», sino el de «sobrino». De
este modo se designaban recíprocamente los «sobrinos» de hermanos y de hermanas;
prueba indirecta de la prioridad del sentido de «sobrino». No obstante, el sentido de
«nieto» no estaba completamente abolido en fecha protohistórica, si juzgamos a par-
tir de la glosa de Hesiquio, que debe ser de fuente literaria: u[wv
«neóptrai: hijas de los hijos». Este femenino podría ser restaurado en * vm6'tpctL
(* nepótraij, femenino de * (* nepotirj que designaría al hijo del hijo.
En la nomenclatura histórica, el griego tiene un término nuevo para «nieto» que
es huionós (ULwVÓC;) derivado de huiós, «hijo» y, correlativamente, para «sobrino» un
término descriptivo, ade/phidoús «descendiente del hermano».
Que el nombre del «sobrino» esté emparentado con el del «hijo», por vía de deri-
vación como en el griego huionós, o de composición como en el francés petit-fils, in-
glés grand-son, puede parecer natural. Resultarán tanto más curiosos y dignos
atención los casos en que el «nieto» se llama el «pequeño abuelQ». Eso ocurre en Ir-
landés aue, «nieto»: es un antiguo *auyos, derivado de .. auos, Asimismo,
el a.a.a. eneneheli (al. Enke/), «nieto», es etimológicamente un diminutivo de ano,
«abuelo». Se ha relacionado con el a. eslavo vunuku, ruso vnuk, «nieto», que está
cercano del lit. anukas, pese a que la palabra lituana no sea en sí misma un préstamo
del eslavo. Más cerca de nosotros, en antiguo francés el «nieto» se llamaba ave/et, di-
154
minutivo de ave, eve, «abuelo». Este término es el que reemplaza nuestra expresión
analítica petit-fi/s. De este modo, al menos en tres lenguas, el «nieto» se enuncia co-
mo «pequeño abuelo».
Debe haber alguna razón para que esta denominación haya sido creada de forma
independiente en varias sociedades distintas. De hecho se trata de un tipo de transfe-
rencia que tiene paralelos. Numerosos sistemas de parentesco comportan términos re-
cíprocos, empleados entre los dos miembros, por así decirlo, de una pareja: el padre
de la madre y el hijo de la hija se dan mutuamente la misma apelación. En esta singu-
laridad de vocabulario hay todavía una razón clasificatoria. Es una noción viva, en
muchas sociedades, el que un ser que nace es siempre un antepasado reencarnado a
través de cierto número de generaciones; e incluso, hablando en propiedad, no hay
nacimiento, porque el antepasado no ha desaparecido, sólo ha sufrido una oculta-
ción. En general, la reaparición se hace del abuelo al nieto: cuando le nace a alguien
un hijo, es el abuelo del niño el que reaparece, de donde resulta que llevan el mismo
nombre. El joven niño es como la representación diminutiva del antepasado al que
encarna: es un «pequeño abuelo» que renace con un salto por encima de una genera-
ción.
Con el nombre del «hijo» volvemos a encontrar un problema imprevisto. Para
una relación de parentesco tan inmediata, las lenguas indoeuropeas presentan una di-
versidad bastante grande de denominaciones. La más conocida es *sunu-, atestiguada
por el sánscrito sunu-, av. hunu; gol. sunus; lit. sunnus; eslavo synu; y con un sufijo
diferente: griego huiús (u(úc;), tok. A soya, tok. B so. El hitita está aislado con uwa
(nominativo uwas). Aislado también el luvita que dice titaimi, licio tideimi, «hijo»
(propiamente «mamón»). El latín filius no tiene correspondiente inmediato en este
sentido, y el céltico mace ( <*makkos) es también diferente. El nombre armenio del
«hijo», ustr, ha sido formado de acuerdo con el nombre de la «hija», dustr, que co-
rresponde al griego thugáter (9urti"t"T¡p). La forma *sunu- parece derivada de .. su-,
«dar a luz»; sería, por tanto, el hijo en tanto que «vástago».
La discordancia entre los términos para «hijo» ha sido subrayada en un artículo
de Meillet 4 que, si no ha resuelto el problema, al menos lo ha sacado a la luz.
Partiendo del término latino fi/ius, se puede tratar de comprender lo que ha pasa-
do. Fi/ius se vincula, en latín incluso, a una familia etimológica representada por fe/o,
fecundus, etc., que implican la noción de «nutrir» (umbro, feliuJ, acusativo plural,
«lactantes, mamones»). La significación misma de la palabra es clara: para explicar
que ha entrado en la nomenclatura del parentesco, consideraremos fi/ius como un ad-
jetivo que ha tomado la función de un sustantivo. Debe tratarse del mismo fenómeno
conocido por eonsobrinus, patrue/is, donde el adjetivo, pegado al principio a un sus-
tantivo, termina por suplantarlo: patrue/is, eonsobrinus, representan frater pa/melis,
frater eonsobrinus. Conjeturaremos que fi/ius ha salido de una relación que hipotéti-
camente se plantearía como *sunus fi/ius,' el término verdadero ha sido eliminado de
esta expresión analítica, el término más expresivo sería el único que ha sobrevivido.
¿Cómo explicarlo? Observemos que esta inestabilidad del nombre del «hijo» con-
trasta con la constancia del nombre del «sobrino». La suerte defi/ius debe ser corre-
lativa de la de nepos: el descendiente importante, en cierto tipo de parentesco, es el
sobrino más que el hijo, porque es siempre de tío a sobrino como se transmite la he-
4 Méll70ires de la Sociéré de Unguislique de Paris. 21, 1920, p. 45.
155
rencia o el poder. El descendiente. para su padre, es simplemente su l'ástago. lo cual
expresa el término ·suma. Sabemos, además, que los hermanos del padre son consi-
derados como padres: los hijos de hermanos son entre si hermanos y no primos; cfr.
frater .. 'YJnsobrinus diferenciado de frater germanus. Por consiguiente, los hijos de dos
hermanos son, para ellos, iguahnente «brjos»; asl, un hombre llamará hijo al vástago
de su hermano. Pero entonces, ¿c6mo distinguir al hijo propio del hijo del hermano?
Aqui interviene la coletilla defllius, «mam6n». Porque cuando la relación de tio ma-
terno a sobrino se borra, y la «gran familia» se fragmenta, es s610 fllius el que desig-
na especfticamente al descendiente de EGO.
A través de las vicisitudes de ... nepot· Yde '" sunu·, discernimos las dificultades que
las sociedades experimentaron para pasar de un sistema a otro, para normalizar el sis-
tema del parentesco agnático que: se babia vuelto constante y era el ÚRico admitido en
derecho, y para adaptar o reemplazar ténninos he:redados de estructuras anteriores.
Es entre parentescos arcaicos y relaciones nuevas donde juega su significaci6n, y no es
siempre fácil descubrir la forma en que estas nomenclaturas se organizaron o trans-
fonnaron e:n cada una de lu lenguas'.
, No hcmw tocado aqui dos problemll5 particulanmmte complejos: los grlldOli de allcl':Slralidad («abue-
lo». «tatarabuelo», etc.) '1lu relaciones de primaz¡o (lat. mfJrinus, conmbrinus). Lo hemos tratado deta-
lladamente CI1 un artículo de L'Homme, vol. V. 1965, pp. 5-10.
156
CAPíTULO 4
LA EXPRESIÓN INDOEUROPEA DEL «MATRIMONIO»'
SUmtlr/o. El «matrimonio» no ticm: nombre: indoeuropeo. Se dice solllIllerlte -'Il':S1o
en c:xpn::.siom:s a menudo renovadllli en lo IcnguB5 partkularel- del hombre Que «con-
duce.. (a su CIlSl) una mujc:.r qllC airo hombre Ic «da» (lit. uxorrm du<:t!rr '1 nupllll1l
dll'rr); de la mujc:.r que c:.ntra en la «condicióD de IlIIpolIa". recibiendo de CIlla forma una
función mlu QlIC cumpliendo un acto (lat. irr in matrimonium).
El vocabulario indoeuropeo del parentesco ha mostrado -desde que se le
estudia- que, en la conyugalidad, la situaci6n del hombre y la de: la mujer no tenia
nada en común, hasta el punto de que los términos que designan su parentesco res-
pectivo eran completamente diferentes.
y esto debido a que, hablando propiamente, no hay término indoeuropeo para
«matrimoniQ)). Como Arist6teles observaba para su propia lengua, «la unión del
hombre y de la mujer no tiene nombre, «vwvu¡.lur; ruvcuxOr; XClt «\I&por; (Palit.,
1,3,2). De: hecho, todas las expresiones que se encuentran hoy son de creación secun-
daria. se trata del francés mariage, del al. Ehe (propiamente «ley»), del ruso brak (de·
rivado de bra/'sja. «llevar»), etc. En las lenguas antiguas, los datos son más especlfi-
cos, y tiene interés tomarlos en su diversidad.
Esta diversidad no es solamente léxica, testimoniando designaciones independien-
tes en cada lengua. Es también morfolófica, y este hecho, menos aparente, no ha sido
observado. Hay que sacarlo a la luz para que los datos se organicen: según se trata
del hombre o de la mujer, los datos son diferentes, pero difieren, sobre todo, en que
para el hombre los datos son verbales: para la mujer, nominales.
Para decir que el hombre «toma mujer», el indoeuropeo emplea lu formu de una
raiz verbal, *wedh-, «conducir», especialmente «conducir una mujer a la casa). Este
sentido particular resulta de correspondencias estrechas en la mayoria de las lenguas:
céltico galo dy-weddio, csl. vedQ, lit. Yedu. avést. l'adoyeiti, con los derivados indoira-
nios IIfldhU-, «joven casada», griego héedna (h8vll), «regalo de matrimonio».
Tal era la expresión en el estado más antiguo, y cuando ciertas lenguu renovaron
la noción de: «conducir», el nuevo verbo uumi6 también el valor de «desposar (una
mujer)>>. Es lo que se produjo en indoiranio
z
. La raiz '" wedh- ha permanecido viva en
I Este capitulo fue publicado anteriormente en el volumen de A Prdro Bosch-Ofmperu. Mi:-
xico. 1963. pp. 49 yS5.
Z Todo csle pr!XCllO lético sc encuentra analizado detalladameme en nuestro estudio Hltlilt ti Indo-
europltn, Parls. 1962, pp. 33 '1 55.
157
gran parte dellranlo bajo la forma del verbo vud-. Pero el indio no la ha conservado:
no ha guardado mas que el derivado nominall'adhil. «joven desposada». En Iu¡ar de
"vudh·, desaparecido, emplea nay-, «conducin) y también «desposan>. La misma !US-
titución de "ay- por vad- se manlfiesta en un sector dialectal del iranio desde el anti-
guo-pena, de suerte que 1Uly- y l1ad- esto en concWTcncia durante un tarJo periodo
en el dominio iranio. En laUn encontramos un verbo nuevo en el sentido ele conducir,
es <lucen. que tambibl adopta el sentido de «cicsposan en u.wnm dll.. Otro vcr-
bo es propio al ¡riego. gaJ'Min h«¡aiv) sin correspondencias scgw'U.
Al lado de estos verbo!. que denotan el papel del csposo, hay que poner aquellos
que indican la funcl6n del padre de la joven en el matrimonio. El padu, o en su
defecto el hermano. tiene autmidad para «dan la joven a su esposo: "'{pO.;
r como dice la ley de Gortyna. cap. VIll: «Dilf» es el vabo conitante para
este: 101em.nc: .se encuentra de una lengua a alTa, todo lo mis con aIaunas varia-
ciones en el preverbio: ¡r. doQnai (3oüvcu), ekdoQnui lat. dare, l0t.jragi-
han.. esl. otiítÜlr/, lit. fíduoti. ser. ¡muJiz-. En avéstico se distingue, como poradati y
oparrzdatfJ. a 11. joven que ha ricio rcgularmcnte «dada» poi" IU padre y la que no lo ha
sido. Esta constano. en la expresión ilustra la persistencia de costumbres heredadas
de un pasado común y de una misma estructura familiar, en que el esposo «conducfa»
a su casa a bljoven que el padre le babia
Si ahora bwe:amos 1011 tmninos empleados para el «matrimonio» 4csdc el punto
de vista de la mujer, se comprueba que no cxinc VCl"bo que dCl10te para ella el hecho
de casaJ'K. Y que seria la contrapartida de las expRSioncs mencionadas. Sólo puede
citarle el verbo latino "ubere. Pero ademu de que estA restringido alladn, nllbere no
5C aplica en propiedad mu que a la toma de velo, rito de la ce:ranonia de: bodu. DO al
matrimonio mismo. o so1JLmente por implicaci6n. De hecho. el verbo apena¡ es usado
fu.cra de ci.rcunJtancíu especiales. Apunta, por ejemplo, a rubrayar una diterc:ncia de
condici6n 60clal entre el hombre: y la mujer. como en un pulje de Plauto (AII/.
4791.) donde UD personaje propone «que los rioos desposen sin dote a las hijas de los
ciudadanos pobrcs, opu!entiores ptluperionml filias lit indotara dtfcant IIXOre.r dr>-
mwn», pero prevé la siguiente objeción: «¿con quién se casarin entonces lu hijas ri-
ClL!I Y «Quo iIloe nubenr dillites dotatae'»; la oposición entre uxores du..:r-
re y nulKre es buscada. AdCJllÚ, el verbo es, sobre todo, poético. Sólo son USUalCl el
participio nupta y la locuci6n nuptllm daTe, «dar (su hija) en matrimonio», es decir,
las formas del verbo que ponen la mujer como objeto, no como sujeto, Tampoco se
puede vincular al papel de la mujer el verbo rIUlritafe, incluso en la fecha tardia en
que aparece: mor/taff! como verbo activo significa «aparcar, conjuntar», y como ver-
bo intransitJvo se dice mis del hombre que de la mujer.
Bstalituaci6n 1bica negativa, la ausencia de un verbo propio. indica que la mujer
no desposa, sino que es desposada. Ella no realiza un acto, sino que cambia de condi-
ción. Ahora bien, eso es precisamente lo que muestran, esta vez de manera positiva,
los término. que: denotan el estado de la mujer casada. Aqu1 se trata de términos ex-
clusivamente nominales qUe aparecen en los dos cxtremos del 'rea indoeuropea, en
indorianio y en Iatin,
Estos tienen su empico en la locución que enuncia solemnemente que la
mujer entra en la «condición de esposa». En védico tenemos dos abstractos de forma
muy próxima: y janit1land-, «estado de mujer casada {janJ)>>. ambo.! en
contexto formulario: hastll,tibh6.Jyg didhi36.r táved4m p4tyus janitvdm abhl sdm
bIlbhwtha. 4rtú hu enuado en este matrimon'io (janitl'4m¡ con un marido que te toma
1511
por la mano y te desea» (a la viuda, R. 'i. X., 18, 8); janitllunóya mümuhe, «él ha
ofrecido (dos jóvenes mujeres) para el matrimonio» (VIlI, 2. 42). En cste primer pa-
saje se ve la relación entre loa términos consagrados, por un lado ja"UlI4m, por otro,
1wstatribh6sya JKltyus, el marido que, con un gesto ritual. toma a la joven por la ma-
no; en elaegundo. quejanilwzn4 indica el destino de la mujer dada a IiU muido en las
formas requcrldas. «para convertirse en esposa». Un equivalente dejanUl'd- es el tb'-
mino putitv4-, patlrl'and-• .cestado de esposo,. (X, 40, 9), cuando tste ciesi&-
na el poder al que la mujer esta sometida, asl patit1'4m... jagmt4i, .c(la joven} que ha
veniclo a podc:r del esposo» (1, J19, S).
Es interesante constatar un hecho paralelo en iranio donde la minna no-
ci6n se expresa en un derivado abstracto provisto d.e1 m.ismo sufijo. avélitico niliri8wa·
fUI-. El tema es aqul - véd. ntui-. «mujer. femenino indoiranio que
forma plll'Cja con cn locuciones tracticionalcs: ved. nfbhyo nÓribhyru (1, 43, 6;
vm, 71.1) - av. nairibyasaz (Y. .., 1). En avéstico, nairi(Jwana formado
como ved. janihHm6- tiene exactamente el. mismo sentido, «condición de la espo-
lb, y nos es dado tambim en una redacci6n formularla: xvapha Ya duylxz IIQ•••
ti'itzWlbyó nairiBwanizi IIptJl'idayaeta. «una hermana o UIlI hija podr1a ser
vada en matrimonio a los hombres piadosos» (Vd. XIV, U). lo que hace aparecer
una lcgaI nfJirH!waniri l'(zd¡ryQ-, on:onducir al matrimonio (a una joven)>>,
con el verbo Wl(iQ(uya), cuyo valor técnico ya hemos visto. En suma, el término que
traduciríamos por mlatrimonio». ved. jIlnitw¡nd, av. rtiziri9wana-, sólo vale para la
mujer y significa el ace:cw de la ;oven al catado de esposa 1epI.
Tenemos derecho a Ver aqu¡ un rasgo de gran antigQcdad, Ü8ado a 1a cstructura de
la gran familia indoeuropea, porque nosotros lo encootnunos en la sociedad romana.
El ténnino latino matrimonJwm es muy significativo. este respecto. Tomado literal·
mente, marrimonillm si¡nüu:a «condici6a legal de marH'lt. conforme al valor los
derivados en -monivm. que son todos cUo¡ términos juridicos (teftimonñun. 'l'adimr>-
nium, y natura1m.cntepatrimoniJlm). La razón que ha hecho crear ma·
trimoniwm no es la anaJoa;ta de patrimonium: noción por completo difcrent¡::. Resulta
de 1a5 cxpresioncs consa¡radu de donde matrimonium saca su pleno scnt1do, a
bcr, para el padre: dare/il1am In marrimonium,' para el marido, allcuiusfillam dut%u
in matrimonium; fmalmcnte, para la joven misma: ire in m"trimonistm. De este
do, motrimonium define la condición a la que accede la joven: la de Uam/ltru).
Es eso lo que el ((matrimonio» si¡nifica para ella. no un acto, sino un destino: ella es
dada y llevada «con vistas al matrimonium». in matrimonium, igual que 105 términos
similares del indoiranio janitwm6-, nairi(Jwana- f¡guran en nuestras fórmulas bajo la
forma dcl dativo de intención, designando el estado al que está prometida la casada.
De ahi, ulteriormente, matrimonia en el sentido de «mujeres casadas», como sentltla,
«esclavas».
LaJ¡ formas moderna, de: matrimonium, en las lenguas romana.s, esp. e ital. f1UItrl-
monio, han tomado el sentido general de «matrimonio». Mejor aún , el derivado ma-
trimonkzl funciona hoy en francés como el adjetivo correspondiente a por
ejemplo en rlgimen matrimo",la!. de suerte que se tomarla fA.cilmcnte matrimonial pa-
ra el derivado latino de mor/lite, como OCIlluire lo es de oeiJ. o paternel de pm. Eso
seria, y hay que decirlo, pura i1usi6n: marillp. derivado normal de marter (lat. mar;·
lare) no tiene nada en com1Ín con ma/rimonium, Pero el hecho de que 108 dos
asociados hasta el punto de parecer emparentados muestra cuto alejado ae 'est' de loe
valores antiguOl.
159
Vemos aqui un tipo de correspondencia indoeuropea que no es aquel del que se
ocupa la ¡rllJllitica comparada tradicional. El presente anilisis hace resaltar la unidad
de términos que son etimoló,icamcnte diversos, pero que acercan su conterutlo y que
5C constituyen en series paraJcJas. Todas las formas nominales que han desembocado
en la noción de (unatrimonio» han denotado, primero, la condlcibn de la mujer que
le convierte en esposa. Fue preciso que esta especificidad se bDlT8.ra para que el con-
cepto abstracto de «lDIItrimoniolt tomase consistencia y pudiera dcsianar finalmente
la unión legal del bomlm y la mujeL
160
CAPITuLO S
EL PARENTESCO RESULTANTE DEL MATRIMONIO
SM_rlo. salvo para el marido '1 ti. mujer. para quienes !lO puccc haber habido ltr·
lIIinOll c:spcc:lfiall en lnl1oeuropeo. 1o5 tmninas licnm lIqW una forma COllSU.ote 'J un
sentido ptec:bo IOn lnlll&ÜZl.bla-. daipw¡ lID vl.nC\llo di:: pannluco
pan. un hombre -madre '1 padre del marido, hermano del marido. hermana del. maricio
., mujer del het'TlWto. mujef ctd hermano del marido-. NinsQD llcdIo lin¡lI.llIico pc:nl)ite
.flrmll que el -swri"rc#. del marido, haya daisnado DUnCl paralclamenr.c al PI-
dre di:: la mujer. es dedr,lm yUtlld las rql.as de aopmia. al tia ml1emo.
A la nomenclatura del parentesco consanguíneo se opone en indoeuropeo la del
parentesco resultante del matrimonio. Hayahf una distinción que se verifica tanto en
las lenguas modernas como en Jas lenguas anti¡uas. Este parentesco resultante del
malrimonio viene determinado por la posición de l. mujer en el seno de la familia en
que entra. No obstante, 'os térrninOfl que designan estas relaciones nuevas estm sorne·
tidos a variación. Algunas de las lcn¡uas modernas por lo menos emplean los mismos
términos fundamentales que para d parcntcsco consangufnco, pero diferenciándolos
por medio de procedimientoslbicos. De este modo, en francés, nos servimos de beau
como clll.'lificador del parentesco por alianza; por un lado, mire, Jrirr, soeur,
filie, fil.s» [padre, madre, hermano, hermana, hija, hijo]; del otro, «beau·perr, bellt'-
mert!, bet1u-Jñrr, belJe--soeur, Mlle-fi/le, [suegro, suegra, c:uftado, cutwia,
nuera, yerno]. Los nombres se corresponden de una a otra serie. Tambim en ¡ndés
los mismos términos sirven para ambos Cll.'lOS, rjifercnciándolos mediante la adición
de in Jaw, asl, fatMr-in·/aw. Cada uno de los dos procedimientos tiene su justifica·
ci6n histórica. En anti¡uo francés beou- es a menudo un término de cortes(a cquiva·
lente a «gentil»: «beau·pue» es, por tanto, una designación de cortesla que asimna el
padre del cónyuge al padre propio. El inglésfather-in-Iaw es más «legalista»: el ((pa.
me» es definido en la es decir, en la ley can6nica. Si se utilizan los mismos
términos, no es por una asimilación sentimental de los dos emparentados, sino por
razones de economia y de simetrla Ibica: el parentesco por alianza c:mplca la mis.
ma nomencJatura que el parentesco natural para las relaciones de filiación (padre,
madre/hijo, hija) y de fraternidad (hermano/hermana). Es un parentesco clasificato·
no espcclflCO-que debe defl.n1r 181 relaciones respectivas de aquellos que se encuentru
allegados por el matrimonio de uno tic sus parientes.
Pero hay ahi desarrollos modernos. En indoeuropeo antiauo, por el contrario, los
161
dos parente:seos son distintos. Igual que el parentesco consan¡umco, el parenteiCO por
alianza tiene IU tcrminologia propia.
Fn el punto de partida encontramos los nombres del «marido" y de la «muje,,,
que consideraremos en $U expresión latina. mañJId y uxor. . .
Mañnu es propio del latín. Por otro lado, no hay palabra indoeuropea que '1101-
fique el «marido». Tan pronto se dice «amo», scr. pati, gr. pósIJ (1Ióau;) sin nada que
indique especialmente el vinculo de la conyugalidad, como el «hombre», lato uir. gr.
rmb (uvIf), mientru que marj{1lScualiflC8 al mlllido en su condki6n jurídica.
E. anilllia etimolóClco de mDritus plantea problemas distintos: el de la formación
del derivado y el del sentido del radical.
Si nQiOtros lo consideramos como derivado latino, 11Ulri/u.J se interpreta sin difi-
cultad. Entra en una clase bien definida de derivados en -¡tus paralelos a IDl deriva-
dos en -{¡tus. -itlllS. es decir, formaciones secundarias doncl.c el sufijo -lo se aAad.c. a
un radical en -i-. -iI-. -ü-. etc.: armótus• .:omutus. Qurilus. ctc. En virtud de esta for-
mación, marilus significar' «provisto de, o en posesión de ma,'f-».
Queda por fijar el sentido del radical. Aqui se ha comparado desde hace mucho
tiempo Utl grupo de tkminos que se aplican, desde muy antiguo, (:OD algunas varia-
ciones formales, tanto a la joven muchacha como al joven muchaalO: sobre todo
gr. mettax (¡.uipzD. uOovm) muchlltba", SCCUDdariamente «muchacholt, l7feir6kion
(¡utpcíxtO'Y), «mUchacho». Dade fecha temprana., sqún las ICf18UAI, predomina uno u
otro únic:amente. En latin, • mari- debe haber dcsi¡nado a la mudlacha de celad nú-
bil, y de este modo moritu.t siJoificarla «CIl pwesióD de joven mujer".
mcorrespondiente indoiraoio, l1Ulf}'a. dcsi&na aljovCD, pero en un csta1llto parti-
cular: sobR todo en IUI relaciones amorosas, como pretlCDcliente, como galio (Indra);
en suma, el muchacho de edad núbil. &e es el senticlo usual en indio. En iranio, mar-
ya ha tomado un sentido desfavorable: es un joven demasiado audaz, un joven sue-
rTero fogoso, destructivo, e incluso un bandido. De hecho, esta acepción estA. limitada
a los textos avésticos. Otros testimonios muestran en iranio la persistencia también
del sentido antiguo, sobn:: to4o el pclvi mirak. que «joven marido»; mlrvk y
el t&mino corrapond.imte para. la joven esposa, tfyimflk. son ttrminos familiares,
úectuosos.
En un pasado lejano 5C vislumbra un valor institucional vinculado a este tbmino,
el de una clase de j6veues guc:rrcro.s. Se trata de una palabra muy antigua, puesto qoe
10& mtll)'Ulllfi. que dcsi$nan a la clase de los gucm:ros, fi¡uran entre los términos m-
doiranios Q.ue encontramos en el siSlo XlV antes de nuestra era en los te:xtDlli de Mi-
tani, donde flgUran también nombres de dioses importantes como lndra, Mitra y los
/VQSQ1ya,
Ellatln y el griego han espccializedo, por el contrario. este término para la «joven
(núbil)". 85to ha hecho posible la creaci6n de maritus en latin, literalmente <q)I'Ovilto
de • nuui·w, término sin paralelo COI1Ocldo.
A mañlus responde uxor, «esposa», palabra anti¡ua, de sentido constante Ylimi·
tado allatln. La ctimolopa de uxor DO es lfmpida: se ha pr-opuesto analizarla como
• uJe-.JfN y encontrar en el segundo t&mino el nombre del «ser femenino» que
en «hcrmaoa». Seña tentador asignar un valor cla.rificatorio a ese támino
-sor que se identificarla tanto en el nombre de la «c.spoaa» como en el de la «herma-
na». Para el primer término· uk-. este anilisis apela. a la raiz -tUk-. «aprender, habi-
162
tuane», rqrescntado por el sao &te-, eslavo ukll, «cnset\anzb, y en particular por el
verbo armenio lUrmim. «yO aprendo, )'O me habitúo». Ahora bien, con este verbo
lUtUrim se ha rdacionado el término armenio tlmusin. «esposo. que, con d
prefijo Qm-. «eonjunto>t, signlficarta litcralmwtc fiu;óoyuse ron el que tiene fupr la
vida camlln». La fonnaci6n amusin esclarecerla el sentido de "uk-. en uxor. De ahí
resulta que UXOf. analizado como • uk-.Jor seria «la mujer habitual, el ser femenino al
que uno está habituado». Hay que convenir que semejante dcsignación de la «esposa»
apenas si es natural. Además, n1niÚD derivado de esta raiz ·ruk- indica una relación
inter·hurnana o lOcial. Lo que significa ·f!!uk es de orden Intelectual: «adquirir me-
diante un UiO repetido», lo que a «aprcn<b'», a «Iec:ción, doctrinn: uf, g6l:iro
bl-uhu. tlque tiene el hAbito»; eslavo, vyknQti, «aprender» y tambi&1 armenio USQ-
nim. «aprender». No cs, por tanto, seguro que se pueda relacionar llntusin. «.:ónyu-
;»(marido o mujer) roo u.JtlIflm, «apRDdc:r»; el-lIS-. tlvÍDculo del matrimonio» que
pa.recc contenido en llntwin puede ser de ori¡m diferente. Si hay que disociar, incluso
en anoenio, estas dos formas, c:l pal'llklismo con llXOT desaparece.
Otra interpretación ctimo16¡ica de uxor lo mantendría en el interior del vocabula-
rio del parentesco comparindolo con un término que, en b"tico, esli unido especial-
mente a la mujer: lit. udivis, «padre de la mujer» (cfr. lit. uoSve. «suegra», femenino
secundario), let. uri.ivis. Esta forma báltica es un derivado en -lI'ya,r del tipo de ser.
blttiJl(-lI'?Il. «hijo del hermano del padre», o lato ptltrullJ. ¡ro prllriJ6s E1 su-
fijo en cuestión ha constituido, por lo tanto, nombt'c$ de parentesco. El prototipo de
Ut. uci.fvis es ·OtJk(3)-vya-. Que este término se emplee para el cepadre de la mujer» es
bastante comprensible si el radical • ouk(!)- era ya. en un cstado predialectal, un
nombre de la «esposa». Entonces la forma latina uk.Jor implicarla sotamerUe un sufi-
jo -or. por estar ya dado el sentido de cecsposu en el tema ·Nk3-. Esta explicación s,i-
JUe siendo mientr8ll no tenea la confLrmaci6n de una tercera \en¡ua, que
hasta ahora no tenemos. No hay que invocar, como se ha hecho, el oseta iis-, ccmujer,
eapoSal), porque la fonoa dialectal )lome muestra, con su • w· inicial, un origen dife-
rente. Constatemos, pues, el caricter especifico del nombre latino uxor. cuya intCT-
pretación sigue siendo incierta. Ya vemos que los nombres que denotan el parentesco
resultante del matrimonio tienen la doble particularidad de ser, por un lado, constan-
tes en cuanto a la fOIma y de sentido preciso, pero, por otro lado, en raz6n misma de
su antigüedad, dificilcs de analizar.
El paclre Yla malh del marido IOn dcsi¡nados. Rq)CCtivamente, por •J'M'twvs Y
-SWf!!kriíJ' (femenino). El muculino ·.flW!'kulW csti representado por el sinscrito
Jvd/urtl. ir. X"asura. armo skf!!.sr-ayr. lat. ,rocer, gr. Mkurds (ixupóc), sot. sWllihra.
a. esI. ,rll'ekrl1, y llIgo alterado,1it. SftSUrvs. laI. (:hwegrwn¡ c:I femenino .SwekTÜ por
ser.lvaSrU.. armo skesur, lat. ,rocrus, gr. lrekurti (ixupcij, sot. J')Iaihro. a. esl. swekry.
Estas correspondencias sólo son enturbiadas por desviacioncs. En sinscrito,
tCntm05 irrcgularmmtc iv6J.. en lugar de - SlI'tú· a conscwencia de una arimilación se-
cundaria, estando la liiibilante inkial garantiza4a por el iranio X"a- ( < •swt). Asimis-
mo, en lituano _ p&nl .,rti-. El armenio skesrayr. «padre del maridolt, CI un com-
puesto (sJa!M-ayrj que designa al hombre (ay,.. - gr. anirj. es decir, el marido de la
suelJ'a; ske.rur, «suegralt cs, por tanto, d término primario. Por el contrario, en grie-
go, ro, t&minos son simétricos: es que el femenino se ha rchec;:ho sobre el masculino.
en gótico ha habido UDa refecci6n: los dos términos 5Wflihra m. y swoihro f.
han lido adaptados uno al atto. En (:ambio, cllatin conserva, entre el masculino y el
163
femenino. la rc:lación antigua sor:er/rocrus < *swekuros/*:rwekriu, como en 5ln5cri-
to Jv6Jura-/lvlÚrÍl-.
Seg(m este cuadro, en el que eslin representadas todas las len¡uu: h_ay
que admitir que un muculino *swekuros forma pareja con un femenino swelcrllS.
Es esa una lingularidad morfol6gica. de la que no hay ninlún otro ejemplo. No
noce nin¡una oposid.6n mlUCUUno/femenino que adopte la forma de una a}ternaJll::1Il
*-kuro-/krü. con IU doble anomaU... No hay femenino en -ü- que pueda constituir5e
aobre un masculino en -0-; nonnalmc:nte se espcraria un femenino en -4- o CD -l-.
AdemAs. la diferencia de los Jéneras no entra1\a, ni puede explicar, la varlaci6n del
simbolismo cuue ._kuro- y ._krü-.
Pero consideremos por sí misma CIta forma de femenino: *swkriJs seña anómalo
.si se hubiera formado IObre el masculino, pero se puede admitir a titulo de
aut6noma: porque bay un tipo en " femenino; lo vemos, por ejemplo en ved. l'fldhU,
«joven casadu. Eso nos lleva a preguntamos si el término primario no el
nino • SWl!!m- y d ttrnrino secundario el masculino • Esta hIpótesi! daría
cuenta de lu alteraciones que se han producido en varias len¡uu. postula-
mos que es la forma heredada, primero porque está atcst¡,guada de forma
unánime por el indoiranio. ellatln, el eslavo, el armenio, y no puede
estar conmuida robre un ma5CU1ino, al no haber un modelo .semejante en mnguna otlll
parte. Al contrario, varios indiciOl5 permhen pensar que el II:0mbre del «sue¡ro» ha
sufrido refecciones. Como se ha visto. ese es el caso en armeruo, donde (de
mujer)>> se dice skesr-{Jyr. «marido de la En eslavo,. el masculino ne.k'}l.
«5lJCIrO» es: una forma secundaria fundada sobre el femeninO. La fama Cólica
swaiMa. :cme¡rolt, ha tenido que constituirse también sobre un antiguo ·$Wf!kr-. por
tanto sobre el tema del femenino no sobre ·swekvr-.
si penJaDlW! accrcamw: a la va-dad histórica planteando como primario el ro-
menino *swekrü-. del marido», no por ello llegamos a una explicacJ6n del
támino. Eat.atnw! mú lejos que si tuviéram06 que proceder del masculino .SWE'kwv-.
En efecto, tomado en si mismo••swekuros podría hacer pensar en un compuesto: el
primer túmino seria .SWC'-, el mismo que en el nombre de la hermana. En.d segundo
ti:rmino se reconocerla una forma vecina del griego kJí,ios (xóptooc), ser. su,a, «amo,
aquel que tiene autoridad». El suegro estaría entonces y:erta_
como el amo de la familia. S610 que, en esta hipótesis, un fc:menino -kfU- es mexpll-
cable; el tmico femenino que serta justificable es el-ku'a delgriego"pero es
rio. Esta raz6n harta ya improbable el análisis. Con IIlayor motivo SI hemos de conSl-
dcrar ·swekfU- como originario. Esta primacía del término para «suegra» es com-
prensible por oua parte: la madre del marido es para la joven mujer más importante
que el padre del marido; la suegra es el personaje central de: la casa. Pero esto, no ex-
plica la relaci6n de los términos en.tre si. Sigue habiendo, por tanto, una en
la relaci6n formal entre' sWf!kuro- y *swekrU-,
El nombre indoeuropeo del (ccui'lado» (el hermano del marido), debe plante8:s.e
como 'da;wer, según las fonnas siguientes: scr. deva,-. griego daer
(5«'1IP), lat. liu/r (con una 1- quil.á dialectal por d-), a. esl. lit: dltverls. a.a.a.
zeihhu,. La anti¡Uedad del ténnino es evidente. pero el sentido propiO se nos escapa.
Ningún antli.sis de la forma *daiwf!r- es: posible; no se ve raíz indoeuropea de donde
se la pueda exuacr, aunque muestra una formaci6n en -,- que la acerca a muchos
otros nombres de parentesco.
164
El término correlativo para «cuJiad... (hermana del marido) estA menos represen-
",do: gr. gal60.s (.,..60><). lot. 11I1s. a.•sI. • ala.., frisio rilaros ("¡'ilopocl. 1.... rila-
wos (yD.mwoc;). ¡Ios11do: «&Mlf0ti "l"'''''' «mujer del hermano». Se¡ún Cite último testi-
monio, Berta un término reciproco para la hermana del marido y la mujer del herma-
no. Sin duda hay que unirle la palabr"a armenia tm «hermana del donde r-
reemplaza un antigoo e-- (t..r-) bajo la influcn.cia de t"nr, «hermano del marido".
A.qlÚ el indoiranio no es14 no obstante. la correspondencia entre el grle.
lO, e11at1n, el eslavo. c.l frialo. yquizi el armenio. rClul1a lignifícativa.
El OJtimo túmino dl:fine la rclaci6a de parentesco entre «mujeres de bc:rmatt05It;
ca el nombre dado por la esposa a las mujeres de lo! hermanos de su marido que habi-
tan juntos bajo la reaLa patriarcal. &te ttrmino cs, en toda.!l partes, una superviven-
cia: ser. yiltr-,' una forma correspondiente, .yafJr-, debe: ser restituida en iranio, se¡dD
pailo yiJr; frigio itrNltu- (1.CMInIP"), gr. f!irratb'rs (dYll'ripld, lato kmitrica. a. esl.
)(ui, lit. intL
Por tanto, puede reconstruiac .)ImGru. *Y'Iter-, donde la formación en -tu es re-
conocible. Pero no tenemos medio alguno para interpretar el radical.

••
Por toda& partes cncootnuDos designa.ciones fijas. en COITeSpondcnciu regulares,
pero cuyo sentido etimológico se: nos escapa. Muchos de estos U:nnmos han sido tem-
pranamente sustituidos por otros más claro5, analfticos: ftbcrman.o del marido», «her-
mana de la mujer». etc.
Es una situaci6n curiosa la que se dcscubr"c si relacionamos estos t&minos y 1a5
nociones que expresan con los que hasta ahora hanos (Xmoocra4o.
Aunque nos valgamos del parentesco claJiftcatorio, debe deducirse, en tcorla, que
una misma relaci6n exige doble denominación. Si un hombre dcspo.sa a la bija del
hermano de su madre, su do materno :le tonviertc en su :luego. ¿Est6 atestiguada es-
ta situación en la tenninologia7 No es asf. al parecer; no tenerIlos ninguna prueba de
que el ·SWt!kums haya sido jamAs otra cosa que el «suegro», ca decir, el padre del
marido, probablemente wnbiát el padre de la mujer en ciertas lenguas COIl'IO el sAns-
ctito y el latino Pero el griego dice que responde con otro sufijo al ser.
bandhu- «pariente»; el armenio dice aner. «padre de la mujer», y «madre
de la mujer», términos ambol sin etimologia. En resumen, no hay nombre indoeure>
pea para los parientes de la mujer. AdemAs, hay que recordar que no tencmo!s térmi-
no indoeuropeo común para delignar en propiedad al tío materno. Corrlo se ha visto,
éBte es nombrado en !atin por un derivado del abuelo; ademAs, lllli formas son dife.
rentes.
Se pueden examinar dos interpretacione.s posibles. O bien se razona con todo rigor
teórico y se supone que "'wtkuNJS designaba prehist6ricamente al tia materno, al
hennano de la madre, y ·lWdcrit- a la hermana del padre. y que el sentido hútórico
rcsultarla de una transferencia. Pero la reconstrucción es completamente conjetural y
carece de confrrmaci6n linrDistica. O bien, se decide que estos términos nunca hao
significado otra cosa que 10 que quieren decir: se aplicarlan siempre estrictamente a
los parientes que la mujer se cmt mediante liU entrada en una familia. Hay que liUpo-
ner- que fue el listan. paularea1 el que, en el parm.tesro por alianza, triunfó muy
165
tc:mpralWllmte, se impwo saJo y eliminó, en esta serie de términos, todo recuerdo de
la posición doble que ocupaban, en el seno del parentesco clJ.siratorio, todos los
a1Iepdos.
Entre las dos hipótesis parece imponerse la squnda. En <:ualquier caso, ha, mfi-
acotes prueba! de esta filiad.b:a matrinilineal en la del parentesco con-
I8JlIUmeo para que la serie: de testimoni05 no cuestione el principio mismo de la inter-
preud6n.
166
CAPtroLo6
FORMACIÓN Y SUF1JACIÓN DE LOS
TÉRMINos DE PARENrESCO
S_rulo. DclIde al plinto de ,.iIb, laorl'o1óIIco, la (ullt. unidad del ,.gg¡bll1.no in-
dDCUlVpeo del pucntnca dmya * la rAi.teDC1a Ullufijo de duc --ter (o --er) que Da
l6lo ClllK'leriza un.ran D6mcro de tb"miDo. mili llIItiBuoI *.), lino que inclD-
10 I:OIItinó'1. ftsurando ca creac:Iona OrerlCCioDa mAs ra:ic:a.tn.
Incluso moque difieran de 11M ImllJl, a otra, loa t&mlno. qua dnlpao ID unidmc.
IOda1cl---clan, (rml.. uibu- ilIIt6n WIJlb1IldoIa menudo 10ml'IldIcaIeI que r:lijII'IIaD
una comunidad de Dadmlmto: 11. ""0/1, pIIrdtnz. plt.,1i; lIlt. fWU. ,,,"tIlI.
Ma10I npcdrlllO qlll: '-tri', IDCDOI II1udJado tambilln, el.uflJo • -w(o)-I-wyo- pllm:C
haber tcDil1o, ea. orip. ua ....Ior de JX1Mlmldad bomoa'lmiea; (pÑr, 11".
¡M1rfJ(JIp. Ia". pitrY;,e-. «herDlUJO 11. J*!rp. Lu IJ!OD!aIJIM q_e rtpfCRalu. p. ca., p".
"P8driluo., la. ,...,..."... dUo del IM:nunolt, Iwp IIIprio1oJt >
VD"DiFlt, DO. CIlPC' el ftb: mtip.Q dd mfIja.
da,Jw¡J6¡¡ cp.- aWn:, • -.. eao, al __pu1icul.u- ca que tUCI for-
ma le u.:ribcrL.
Tru elle c....DX!II de 101 ténDinol que permiten reconstruir la arpnizadÓD. ¡eneral
del para1tesw, sed 6til examinar c:icrto ntmu:ro de aationes correspoocticntcs • la
forma de estos tenninos en rcJaci6n con IU valar. Hay. en efectD, particularidades
morfol6ai<:U pn>piu c1c"" COI\iunto y que ho<:on cIc él UD &J1IIlO muy _.Sobn:
todo. hay que poner de manifiesto IUfijOl auacte:ñsticos de los nombra de p&JCDtes-
co, sea porque no aparecen mú que ah!. lea porque tomeD. vaJons apecPtizados.
Entte los sufijos, citemos en primer lupr -ter o que es cl sufijo c1c parentesco
por excelencia. No 1610 sirve para conrtituir alcuno.s dc los t&miD0I mú antir;u08 de
esta lerie, fino que conserva su valor inclUlO tras la separaci60 dialectal y ligue siendo
productivo, El estado primero de Cite sufijo de claae viene proporcionado por la. final
común a tu cuatro designaciones fundamentales, que no son analizables: •piltrr,
·miltf" ·bhri,.,,' ademU, en el parentesco por matrimonio:
• «mujer dcl hermano del marido».
He aM las palabras primarial, inanalizables, donde Cita fiDaI ea CODltlUlte y de
donde ha ricio extrúda con 10 valor propio. Luego se ha exteDdido a IlUCVU designa-
ciones, ea. una al mc:noI de lo .MPÓ/-, ttIObrlnD» o «Dicto» tieue una
forma Iecundaria, ·Mptu. que: se ha introducido en la tlcxi6a. miIma de n«¡Jilt- en
iDdoiranio; como tc:stimooiOl, el acusativo sinlCrilo lfII/JMhlm y el tema de Los CUOI
oblicuol en avtrtico. nt{fw· que le apoya en • MPtr-.
mcycrno» el en áDlCri.to }imQ1JJr-. CIl av&tico t:imiftIT... La fona com:IpOIl-
167
diente en las demis lensuas comporta tambim una flOaI en -r, aunque el tema baya
sufrido al1cracioncs variadas: ladn genrr, griego gambrós. Sea cual fuere la historia
particular dc estas formas, todas ellas proceden del mismo radical aumentado con un
sufijo -er o -tu, y puede verse que la + es secundarla debido a que la nomenclatura
aliado de Uvrtirtar-, «yemOlt, implica zitm(loya (- probable-
mente «hermano del yerno», que se continúa boy por el pait.o alm, cyernOlt.
Los tUminO! emparentados con auuncu/w dellatln que, en dh1co, desig-
nan «al 1[0 materno»: pies, ewythr; bretón, t!ontr, se apoyan sobre ·Qwontrcr; ahí se
reconoce, bajo la fonna temática, el mismo sufljo -ter.
Recordemos finalmente ·dDJwer. «hermano del marido», lato lewjr, etc., por to-
das partes con -er.
Se ve que la formación en -ter o en -er está, desde el principio, unida a muchos
hombres de parentesco. Al mantenene viva, se ha propagado en esta cJ.m Itldca en el
curso de la historia. Uno de loa ejemplos: ma claros de esa extensión viene dado en
iranio por d mediopcna y el pena mo<lemo, donde este sufijo, eliminado por la cai-
da de las fmales, ha sido rc:sta.urado secundariamente. Mientras que la antigua serie
pitar-, «padre», matar-, «madre., briltllT-, «hermano., duxtar-, «hiju, desembocaba
en pft, mit, brat, duxt, iC ha restab1c:cido la flDB.1 caracterlstica -ar, lo
que ha dado las fonnas actuales del persa: pUJar, miu/Qr, briMku, durta" y, de ahi,
por analogía. pusur, «hijo» (para pus). Este: movimiento de refcccl6n moñol6gica ro-
mcnzó desde el mediopclU.. Pocos sufijos han conservado semejante vitalidad.
Hay otra prucba de la antigüedad de esta formación, y viene dada en uno de los
más que se vieron afectados por ella, el nombre de la «hija», y en
una lengua, cuyo car!cter indoeuropeo está. ahora en el seno de la familia
luvita-hitita. Se trata del licio, donde el nombre de la hija es cbatru (acusativo singu-
lar). El detalle fonético de la reconstruccibn no es completamente seguro. Sin embar-
go, puede: suponeTle que d grupo iniclallicio cb- se apoya en una antigua ·dw-. según
el paralc10 de la palabl1l o del demento del compuesto que significa «dos»: licio
cbi <.dwi. De: Cite modo. nos ranontarlamos a un proto-licio • dwatr que corres-
ponde al griego thw,6tir con teducd.Ón de la gutural entre vocales: • duga- >
• dMwa-. De cualquier modo, aqul se identifica la misma final en -er o -ter que en lu
otras lenguM.
Estos dos nombres de parentesco que tienen d surJjo -ter se caracterizan, ademls,
por la natura1cza y la importancia de de sus derivados.
Ya hemos tratado antes de la Cratrla, y de la relación quc este t&'mino evidencia
entre «hermano ele sangre» y «hermano de clase». La fratrla es una agrupación que se
inserta, por ID rango, en la serie de t&minos griegos que marcan las divisiones socia-
les. Tenemos tres grupos por orden de importancia creciente: glnar (Y'IIOQ, phr61ra
(fl*'rpat), phuM que son las tres divisiones concéntricas de la sociedad griega
antigua.
La lOCiedad romana conoda uimismo tres diviBiones; pero no son exactamente
paralelas; ante todo, la gell!, tueco la curitl. por último, la trJbus. En esta organiza-
cjÓD triple, los ttnninos del primer escalón son comparables, los otros divcrJCntcs;
pero las realidades 1011 las mismas. Son las unidades que IlO5Ob"OS cxpresamOl me-
diantola serie: clan. fratrla, tribu.
En efecto, d piego ginos y d 1&tln remse f'C8PODden sin rccubrise. Hay una difc-
16ll
rcocia de formación sufijal: el correspondiente morfológico del ocutro glnos ca el
neutro latino genus, mientras que en un femenino en -ti. Entre el griego yellatln
la relación formal se establece, por tIlnto, como • ten"/' genti-. Por su formación, el
gM1i- latino responde al dJ¡scrito jitJ-. El. a.bstracto en ·ri- denota el
«n¡u:imicnto. y al mismo tiempo la clase de u:res unidos por c:l vínculo de IU «naci-
miento», que sirven y bastan para dermir cierto grupo social. A la misma familia léxi-
ca pertenece el tUmino av&.ticu :;antu- que no dif.ere de ella mú que por el sufijo -tu
que designa uimismo como «nacimiento», en la sociedad icanla, a una gran divi-
sión social. Salvo estas variaciones de sufijos, las principales lenguas concuerdan en
proponer la pertenencia a un mismo «nacimiento», como fundamento de un grupo
social l.
Para la segunda división, el latino de cw,.ff¡, equivalente al griego phralrÚl,
es completamente diferente: curia no tiene conespondiente ni en ¡riego ni en atril
parte. No obstante, puede explicarse en itálico incluso, la forma curia por ·co-JliriD.
«conjunto de los uiri», apoyindosc en cl volsco covehriu ['I. de i!Dal sentido. Es, a la
vez, lugar de reunión y una gran división del pueblo romano. Al contrario dephratrlD
en griego, la denomioaci6n de Olria no hace derivar un vinculo de entre
los miembros de esa unidad. Por eso mismo, se revela como mis redente, cosa que,
por lo demás, confirma su limitación al itálico.
Más dificil aCm de establecer es la rebu.i6n entre d Briega ph.ult y ellatln lribus. m
problema es el de la formación etimológica de tribus. En la linea de: BU desarrollo res-
pectivo, hay presunción de analogla entre los dos términos. Ya lO.! veian en
tribllS un conjunto de tTf!5 al'rupaciones. SerIa; por tanto, un compucsto con tri- en
primer ttrmino. De hecho, en tu tradiciones históricas indoeuropeas, entre los gie-
gos en particular, se conocían este tipo de agrupaciones simples. Tenemos el testimo-
nio de tres antiguas tribus dorias en un epltcto homérico: «los
dorios (clividld05) en UCI wik·» (cfr. gr. (w)offeo.r, (w)oT.xD<). En el tCtTitorio griego, an-
tiguamente habitado por los dorios, una regi60. h.tkna se llama Tripbulla (T(lCof'H.w),
atestiguando claramente la división en atres tribus» de los primeros habitantes; ten-
drlamos ahl el paralelo comparable allatln, triblu, si es que significa «tm:io (del te·
critorio)>>. En efecto, DO es imposible que tribus, CQmo d umbro trl/u, su tmico ro-
rrespondiente, wntenp una forma nominal ·bhu-, cuctameo.te superponible al grie-
go plnl- (en pluili). Sin embargo, no cncontramD$ h;5timonio histórico que apoye esta
si¡níficación primera del t&mJno. Desde fceha cemprana. tribus ha proporcionado
impor.antes derivados, tales como tribJlnus, luego tribunal. y el verbo tribuo. pero lin
que ahf aparezca nna relaci6n con «trCllIt.
Entre los cipos de fonnación propios de los nombres dc parentesco, adcmú de -ter
y de hay que mencionar varios derivados secundarios en ·-w- y ·_wyo-; merecen
tanto mú nuestra atención cuanto que tienen una fUDciÓD singular y han sido peor CI-
tudiados. Este tipo está representado en latiD por J)fIt/1IUS, «hermano del padre», tito
patcrnD». cfr. 1'. p6trtM<""""'<l••hermano del paw... do • patr{¡tr-. y el femenino
simkrico mitros «bennano de la madre•. Hay que comparar con patnlJJ.r
los nombtel de igual sentido: Icr. pit(VYQ- yav. tüiryrz < .(p)/(Wya-; cfr. persa il/dlu
• BlIeDtido predio ele los t«miDoI rtrrw, amr. "'1/' lid mil pp. 20S J •.
1'1 La f7,p!q........ que aIulk ha &Ido romwlAda pol O. Ourdzu.. ""'-1I't Wo- r:lu1i ks Iaopa bli-
q,¡cp.Rnwdtt6bv*Bútu-. XXXI (1m). pp. 17S-JI9(I. 3.).
169
1
I

y puto tTiJ, «hermano del padre», asl como a.a.a.fatureo (al. Verter) < •fa6urwyo
y probablemente B. eslavo stryj, «tia».
Este tipo de derivación existe en griego, con un sentido bastante diferente: pu-
truiós (KII't"puuSr;) significa «padrastro». mitn,;6 (1!'1'tpuL&:), «madrastra»; asimismo, en
armenio, )lQW1YlY. «padrastro», y mawru < '" miitTllvyQ. «madrastra».
A partir del nombre del hermano, y por el mismo procedimiento, se ha constitui-
do el sáncrito bhrfJt{Vya-. av. briJtuirya-. Pero el sentido de estos terminos ha dado lu-
gar a.muchas discusiones. Los ejemplos, poco numerosos, no son decisivos. ¿Se trata
del «hijo del hermano» o del «hijo del hermano del padre»? ¿Es «sobrino» o «pri-
mo»? Sobre el sentido del sánscrito bh¡Qtrvya-. tenemos una indicación formal en Pi-
I,lini que da esta breve definición: bhritur 1J)1QC ca, es decir: de bhritrJ «hermano», in-
dicando el derivado que la descendencia se forma asimismo por -l/ya-. De este modo,
además del derivado normal en -iyo- para «descendiente de», hay una formacíón en
-"ya-. de igual sentido, de donde resulta que b1uiJtrvya- signiflCll «hijo de hermano» y
no «hijo del hermano del padre», como todos los autores dicen. No es dudoso que el
avéstico bri!Uirya- (variante briltruya-, es decir, briltrvya-, fem. britruyi-) deba inter-
pretarse también como «hijo del hcnnano»; porque para «hijo del hcnnano del pa-
dre» se dispone de una designación anaUtica clara, tuirya-pu9ra. «hijo del
tiilrya», del tío paterno. Una confumaci6n de ello viene dada en iranio moderno por
el paSto de Afghanistan donde (de ·bri9r(v)ya-) significa «sobrino»: por tanto,
se trata del «hijo del hermano».
Hasta aqul, los hechos parecen no prestarse a refutación. Pero se conoce en sáns-
crito bhritrvya-, ademú del sentido de «sobrino», el de «rival, enemigo», que está
bien atestiguado. Es lo que hace que, siguiendo a Wackcmaccl, ciertos etimologistas
duden en admitir que «hijo de hermano» sea el sentido primero de bhrillfvya-. a pesar
del acuerdo de los paralelos iranios. En su opinión, blrritrvya- significarla mis bien
«primo» (= hijo del hermano del padre), porque es dificil imaginar que «sobrino» se
plantee como «rival», mientras que, entre primos, una rivalidad se comprende mejor.
En la sociedad árabe, el primo es asimilado al rival, al enemigo. A decir verdad, esta
noción parece cxtrafla a! mundo indoeuropeo: entre 1011 a"rpsioi de la sociedad homé-
rica, las relaciones de primazgo, lejos de ensendrar rivalidades, son relaciones amisto-
S85. Wackema.gel piensa, por tanto, que se habria producido para bhri/{Vya- una des-
Viación prehistórica de «primo» a «sobrino»: transición que encontrarla un paralelo
en espaftol. donde sobrino, etimol6gicamente «primo», se ha convertido hoy en el
nombre del «sobrino».
Todo esto nos parece discutible, tanto para la reconstrucción del estado
como para la cronologia de los sentidos. Ateniéndonos a los datos seguros, debemos
admitir que el indoiranio bhrit('Jya-; designa el «hijo de hermano», sin mis. En cuan-
to al sentido de «rival, enemigo», observamos que está limitado al sánscrito. El iranio
aclara a su manera la relación de las dos nociones. Encontramos en paSto (Afghanis-
tén) el término de parentesco taTbur, «primo», que debe analizarse en tar, «tia pater-
no», y ""pUr, «hijo», y remontando incluso a ·ptarvya-putra-. «hijo del hermano del
padre». Ahora bien, esta palabra no designa solamente al «primo», sino también
al «rivab., al «enemigo». Por tanto, el sentido de «enemigo» está ligado a la expre-
sión analitica «hijo del t10 paterno», mientras que «sobrino» se dice
(oc • bri8r(Y)ya-), t6rmino que no ímplica rivalidad, como tampoco el antiguo av.
brilturya-. Esto confinna claramente el testimonio de Pinini sobre el sentido del Sl\ns-
crito bhrit{VytJ- como 4Chijo de hennano, sobrino», no ·«primo». La rclaciOn inicial
170
entre Ybhrilt[VJltl- en sánscrito es la siguiente: pit[Vyi1- significa «hermano del
padre», bhriltfvya-, «hijo del hermano». Esa es también la situación en iranio de los
términos correspondientes. Las formas y su sentido deben ser remitidos, por tanto, a!
indoiranio. De esta constatación es de la que hay que partir para reconstruir, dentro
de 10 posible, la relación de estos términos en el estado indoeuropeo. Esta formación
es de fecha indoeuropea; en efecto, fuera del indoiranio tiene rcpre&entantes antiguos,
como se ha visto, en griego, en latín y en Scnnánico. Estamos en presencia de una ca-
tegarla léxica que puede presumiese unitaria, pero en la que aparecen discordancias
locales.
Para dar cuenta de ello, debemos introducir aqul dos consideraciones teóricas:
una, que afecta a la nomenclatura del parentesco; otra, a la morfología de los tér-
minos.
Creemos necesario (sobre todo, para definir los cambios acaecidos en el curso de
la historia en la aplicación de los nombres a los grados de parentesco) distinguir la re-
laci6n entre miembros de una misma generaci6n, que nosotros llamamos homCJSt6/mi-
ca (= de igual nivel), Yla relación entre miembros de 8Cne:raciones diferentes, que no-
sotros llamamos hrterost4tmica (= de nivel diferente)Z. La relación de fraternidad es
homostitmica; la relación de ancestralidad, heterostátmica.
En la formación misma de los términos de parentesco, hay que estar atento a la
naturaleza del sufijo cuando éste parece tener, como aquf, un valor distintivo. El
morfema indoeuropeo ·wo, ··w)'V-, que fonna los derivados secundarios en cues-
tión, debe indicar cierta relación con el término de base. Se puede precisar la natura-
leza de esta relación, considerando la función de este lufijo en una clase de derivados
nominales primarios: son los adjetivos que indican la posición espacial, como ved.
párva-, iran. parva-. «anterior, primero»; griego, deksi-wós. gótico taih3wa, «(lado)
derecho»; grlego lai(w)6s. lato laeullS, antiguo eslavo leviJ, «(Jada) izquierdo», védico
",¡¡va-, «todo»; sarva-, «entero, intanto»; lat. saluu$; védico, ¡"vá-, «erip;ido, alto»,
av. «id.», cte. Por analol':fa, conjeturamos que el derivado en -w- de un térmi-
no de parentesco indicará una situación de proximidad con éste, una relación particu-
larmente estrecha y en cierta forma homogénea con el nombre de base.
Esta clase de derivados en "" -w- para el parentesco está rcprc&entada en indio por
pitrvya- y bhrit(V)ltl-. Pero, aunque ocupan aproximadamente la misma posición léxi-
ca en indio, estos dos términos difieren mucho en su distribución indoeuropea; el pri-
RIera estA BDlpliamente atestiguado en un área extensa, el segundo, limitado al indo-
iranio. Es lógico pensar que el primero es el término original y que el otro se ha for-
mado por asimUaci6n secundaria y solamente en una parte del dominio.
Otros indicios vienen a conf1l1Dar esta cronololla relativa. Las formas que, en in-
doeuropeo occidental, corresponden al siÍDscrito pitrvya- muestran, por asi decir, la
instauración de la función e, incluso, de la forma sufijal. Se ve, sobre todo, en griego
antiguo, donde varios derivados se han constituido asi con -w-. EstA, en primer lugar,
p6tTÓS (desde Herodoto y Pindaro). «hermano del padre», y mttrfJs (Homero, Hero-
doto, Pindaro), Khermano de la madre», dcrlvados ea ·-011- de ptltlr y miliT. Esta
formación indica, por tanto, en general, el pariente más próximo de la. misma genera-
cíón (por eso, fuera de la filiación). Tenemos aqui una relación homostdtmka con el
término de base. Por consiguiente, «hermano del padre (o de la madre)>> es el fUBdo
de parentesco al que conviene esta denotación sufija! que, a veces, sobre todo en plu-
1 EslOli términos hao lido propueslOll y empleados en un arlfculo de: L V. 1965. p. IS.
171
ral, se encuentra extendido al conjunto de los parientes más próximos del padre o de
la madre. Este sufijo, tematizada en ·-wo-. es aquel que se encuentra con la misma
función en cllatín patruus. «hermano del padre». Pero elladn no tiene, como por lo
demás, ninguna otra lengua, el correspondiente del griego mitras. «hermano de la
madre»; para c:.ste parentesco, el latín dice auuncuJus y el sansento motu/a-. La varie-
dad de: estas denominaciones muestra que son de fechas diferentes. Mientras que el la-
tin auuncu/us está vinculado a auus por una relación antigua que otra.s lenguas repi-
ten (cfr. atrAs, p. 147), los términos griego e indio son secundarios: griego mitrós está
evidentemente calcado sobre pótras y el sánscrito motu/o- (para • motura-) es de for-
mación sólo india. Son sustitutos recientes de una denominación indoeuropea, que ha
desaparecido cuando el hermano de la madre ha dejado de tener una posición privile-
giada en relación con el padre.
También otra razón ha debido contribuir a eliminarlo. Nosotros la vislumbramos
en un proceso bastante complejo de concurrencia entre dos formaciones sufijales del
griego antiguo, lo cual modifica sensiblemente la perspectiva indoeuropea. Además
de pátros. «hermano del padre», que responde exactamente al sentido, pero no exac-
tamente a la forma del sánscrito pitrvyd-, el griego tiene el término patrwiós. que co-
rresponde a la fonna de pUrvJJd-, pero que no tiene el mismo sentido: patruiós desig-
na al «padrastro». Ahora bien, mientra.s que pU¡vyd-. «hermana del padre», no tiene
en sinscrito homólogo de género femenino (un ·mo/fvyQ no existe y, sin duda, no
pOOia existir), el griego patruiós. «padrastro», está acampanado del femenino
métruiá. «madrastra, segunda mujer del padre)). De hecho, en la historia léxica del
griego, el término primario es métruiá. atestiguado desde Homero y en todos los dia-
lectos, fuertemente caracterizado por su connotación afectiva y sus empleos metafóri-
cos (la madrastra, mala madre), frente a patruiós. tardío y raro, solamente descripti-
vo y claramente analógico de mitruiá. Hay que concluir de ello que la concordancia
fonnal entre el sánscrito pitfVyá- y el griego patruiós es falaz: es una simple conver-
gencia entre creaciones independientes y de fecha diferente. Los únicos términos que
hay que tomar en consideración son, en indio, el masculino pUrvyá-, «hermano del
padre», y en griego, el femenino metruiá. «madrastra». La formación en ·-w(i)yo-
ha sido utilizada de manera comparable, pero no idéntica, en indio y griego; en indio,
pitpyá- denota el pariente más próximo del padre, de hecho su hermano; en griego,
donde pátrós estaba cargado de ese sentido, se ha servido de un sufijo para formar
sobre mi/ir un derivado mi/rui4. que designa a la «madre por sustitución)), la «ma-
drastra)).
Se conoce peor, por falta de datos antiguos, la suerte de esta formación en -w(o)-
o ·wyo- en las demás lenguas. Es muy probable que el antiguo eslavo stryJ;, «herma-
no del padre» (término paneslavo, a excepción del ruso), continúe, con un tratamien-
to fonético poco claro en el detalle, el mismo original que el sánscrito pitrvy4-. Este
tipo esté representado en germánico por el antiguo-alto-alemán letiro. «hcnnano del
padrc», que se distingue de oheim. «hermano dc la madre», igual que ellatln patruus
de Quuncu/us. En la historia del alto-aleminletiro ha pasado de «hermano del padre»
a «hijo del hermano del padre», de donde viene el alemán moderno Ve/ter, «primo».
Pero ahi se ha producido una evolución excepcional. Por lo demás, por todas partes
este término, o su equivalente femenino, conserva su valor homostátmico.
Consideremos ahora el segundo ténnino de parentesco afectado por el mismo sufi-
jo, a saber, sánllcrito bhtiltrvya-. avéstico briltilirya- (cfr. más arriba). Como hemos
visto, se ha limitado al indoiranio. Esto seria ya una razón para pensar que es menos
172
antiguo que piqvyfl-. Ademas, observamos ahora que los dos ténninos no son homó-
logos: bhrO/{vya-. «hijo dcl hermano)), indica una relación hcterostátmica. Conformi·
dad morfológica, disparidad de sentido, los dos rasgos deben apoyarse: habrá que ex-
plicarlos juntos. La razón de ello se encuentra en la estructura general de esta nomen-
clatura.
Si el indoiranio bhril/[Vya- no se aplica al mismo nivel de parentesco que pit[Vyá-.
es porque la posición del término-base asi lo exigta. Dado el valor del sufijo, si el de-
rivado pit¡vyá- de pUf·. «padre)), se aplicaba al «hermano del padre)), entonces
bhrát[Vya-. de la misma formación, no habrla debido designar estrictamente mis que
al «hermano del hermano», lo cual es un absurdo. al menos en indoeuropeo donde
todos los hermanos tienen entre si la misma relación. Se ha visto afectado, por tanto,
por otro grado de proximidad: «hüo del hermano», lo cual, por diferencia de una ge·
neración, rcspondia a una doble utilidad: en primer lugar, scrv:ia para diferenciar el
«hijo del hermano» del «hijo de la hermana», llamado de otra forma completamente
distinta (·nepot-. indoiranio nQpOt-); en segundo lugar, especificaba la noción más
claramente de lo que lo hacia otro derivado, bhrOtfVYt1-. igualmente «hijo de herma-
no», según P8J:llni, y que, por tener doble empleo, ha sido suplantado. Pero cuando
se dijo napiJt indiferentemente del hijo del hermano o del hijo de la hermana, sánscri-
to bhTfztrvya-. que quedó disponible, fue reinterpretado bien como «hijo del hermano
del padre». bien como «casi hermano», lo que prácticamente equivalia a lo mismo y
designaba el «primo». La relación con EGO se voMa homostétmica; luego, en condi-
ciones sociales que parecen haber sido propias solamente de la India, el parentesco de
los primos fue asociado a un comportamiento de rivalidad. De ahi la doble acepción
de bhriJ/¡vya- en sánscrito clásico, «primO)) y «rival)).
Toda esta evolución se ha desarrollado en el dominio indio solamente. No se ve
huella de ella en iranio, donde briltrvya- (avéstico briIlüir:1.a-. ctc.) no parece haberse
desviado nunca de su sentido inicial de «hijo de hermano». Pero este conflicto entre
los términos para «sobrino)) y «(primo» renace en la fase moderna de las lenguas ro-
mances en iberorromano, donde los representantes dellatin nepas. s o b r i n u s ~ conso-
brinus terminan por recomponerse en un sistema nuevo].
De este modo, no es un solo término el que hay que considerar cada vez, sino el
conjunto de las relaciones: por ah! es por donde está condicionada la historia de cada
uno de Irni términos. Además de la estructura general del parentesco indoeuropeo,
hay que reconocer, para cada lengua, en una época dada, una estructura particular
que hay que interpretar en sus propios términos. Partiendo de bhrot[Vya- con su sen·
tido de «hijo de hermano)) dado por la tradición india, es como podemos restaurar
las condiciones del paso al sentido de «(primo», y luego de «rival», que se efectúa en
sánscrito clásico. Más aún que cualquier otro conjunto léxico, los términos de paren-
tesco nos obligan a mantener y a combinar los dos pasos de una misma exigencia de
método: la consideración estructural del conjunto de la nomenclatura y la considera-
ción de los niveles de cada lengua y de cada sociedad.
3 VWI: 1:\ articulo citado IIDtllrlormente de L'Homme (alltes, p. 1.56, n. .5).
173
CAPÍTULO 7
PALABRAS DERIVADAS DE TÉRMINOS DE PARENTESCO
Sll.marlo. El griego proporciona aqul un grupo ele nuevas -hUIMÓIi,
«nieto»¡ páppos. Il]lbuclo»; adelphidol1s. <.clObrino»-, que, con gdelph& suplantando a
pilrállr, atestiguan el paso de un sistema de parentesco claslnaatorio a un sistema dC5-
criptivo.
El latin tiCflc tre.s adjetivo! d.crivlldOl de poter. Sólo uno es indoeuropeo; se trata de
• pafrill8 que, de hecho, remite al ·pater en IU ICTllido «cllUilflcatorio» mas antiguo (patria
poIestas); se sabe que no hay, dado que no puede haberlo, cOITCspondiente de "muIr/lIS.
PaternUI, por el conuario. relponde. mattl'''w y se sllCla en el millmo plano personal:
llmicus paternll8 es «el.migo de mi padre». En CUlUlto a/HItrir:hls. presenta e1s11fijo lati-
no caraclCrtuioo de 101 derivados de las funciones oficlalllll (trr. fribu"icfllS. cte.) y se
vincula, por Ilmto. no apater, sino apatm, «el Senado».
En gricso, la opollición de pdlriw por un lado. en palrMos (Homero, Hcrodoto)1
patrlk6s (ideo), por otro. re5ponde a la oposición latiDa: palriw: polemuI,
y tra5luce la misma evolución de la nocl6n del (La forma mitfÓros, hecha ID-
bre milros. «tlo maternol), y no sobre millr directamente, consc:nra el recuerdo delll.llti-
guo papel del hermano de la madre.
Una historia completa del parentesco indoeuropeo debería sacar partido no sólo
de los términos atestiguados, sino también de indicios menos directos, pero a veces
igual de instructivos, como los que proporcionan los derivados de ciertos nombres de
parentesco.
En la enumeración, dada en páginas anteriores (pp. 154 Yss.), de los nombrCll del
«nieto», hemos señalado, sin detenernos en ello, que el griego tenia frente a ' rrepiJt un
derivado nuevo, huionós (uk.wó;) que no corresponde a ninguno de los términos em-
picados en otras partes. Derivado de huiós. «hijm>, el término huionós se emplea des-
de Homero y no implica variaciones de sentido. A priori, una derivación como ésta
plantea una cuestión. Esta formación secundaria en -ono- (-WIID·) está muy poco re-
presentada y, cuando 10 está, es por palabras oscuras; no se comprende por qué de es-
te sufijo, al que nada llamaba a este lugar, se ha sacado un derivado de huiós.
Hay, sin embargo, dos o tres términos, cuya formaci6n puede en alguna medida
informamos, principalmente oionós (oÚdllod y koróne (xopWv7¡), dos nombres de pája-
ros. Oionós. que se vincula probablemente allatin auis. es el nombre del pájaro de
presa, del gran pájaro cuyo vuelo servia para los presagios. Koróne. «corneja», com-
parado con ellat. coruus. «cuervo», deriva de la misma formacibn. TodaVÍa podemos
a1iadir a estos términos khe/óni (xt.Mmi), «tortuga», doblete de khé/us (xUud.
De estos dos ejemplos, quizá tres, puede concluirse que el sufijo -onos daba al
nombre radical un valor aumentativo. A primera vista, por el contrario, se atribuirla
174
más bien un valor diminutivo a huionÓS. Pero el contraste se debe a que nosotros ge-
neralizamos indebidamente la noción que nos es famlliar de «petit-r.Is». La misma ra-
zón habria para decir el «grand fils». La designación por «grand» y «pctit» es tradi-
cional, pero arbitraria; «pctit-fwm en francés, pero en inglés «grand-son» como
«grand-father», estando ambos un grado más alejados del que habla que su propio
padre o su propio hijo. Probablemente hay que comprender de la misma manera
huiiJnós. que será el «grand-füs» en relación a BOO. De este modo podrá conciliarse el
sentido de huifmós con el de otras palabras de igual fonnaci6n. Hay además para
«petit-fils» un término distinto, utilizado en ático, mientras que huionós es más bien
jonio: es huidoOs (platón, Jenofonte). «hijo del hijo», formado sobre el mo-
delo de ade/phidoOs (CX&Afllio\i¡;:), «hijo del padre».
He aqul, pues, un hecho importante: la denominación nueva del «hijo» en griego.
Está condicionada por la transformación de la estructura general que se produjo en
griego.
Si se considera el conjunto del sistema griego, uno de los cambios más notables
fUe la aparición de un término nuevo para designar el hennano: phr6ter. al tener va·
lor clasificatorio, ha sido reemplazado por adelphós (véase anteriormente p. 140). Al
mismo tiempo ha sido eliminado el nombre indoeuropeo del «abuelo» "'awos: este
término arcaico estaba además li1llado, por medio de una forma derivada, con el nom-
bre del «tlo malemo». Ninguno de los dos ha dejado huella en griego. Correlativa-
mente, el nombre del (mieto» ha desaparecido. De igual fonna que "'awos tenia un
doble valor y representaba dos relaciones que se sitúan diferentemente, según el punto
de vista patri- o matrilineal, asi el término que forma pareja con él, 'nepót-.oscila
entre el sentido de «sobrino» (bijo de la hermana) y el de ((nieto» (hijo del hijo).
El sistema griego marca la transición de un tipo de designación a otro: todos los
términos de parentesco tienden a fIjarse con una significación única y exclusivamente
descriptiva. Por eso, el nombre del hermano ha sido reemplazado por el de ccco-uteri-
no». Así se explica también la variedad de los términos para «abuelo», o una locu-
ci6n analltica como «el padre de mi padre» (I1iada, 14, 118), «c1 padre de la madre»
(Odisea, 24, 334), donde los compuestos descriptivos metropátór (floTft'P01t,z.rwp) pa-
tropátór (rnr.'t'poxchwp) (Homero, Pindaro) o simplemente páppos (xoX1rnOl;), término de
intención familiar, afectuoso, para el abuelo, sin distinción de ascendencia paterna o
materna. Asimismo, la designación del «sobrino», adelphidoús. de la (csobrina»,
adelphidl. ha sido sacada del nombre del hermano. Pero en esta nueva nomenclatura,
«sobrinO) y <micto» constituyen dos parentescos distintos, y así como el nombre del
«sobrino» ha sido rehecho en cchijo del hermanQ), adelphidQfJs. asi el de <mietm) lo
ha sido como «hijo del hijo», huidous. Es la eliminación de los nombres antiguos de
«abuelo» y del «nieto» por un lado. del «hennano y de la hermana», por otro, lo que
ha entraftado esas refecciones en la nomenclatura griega.
As! nos damos cuenta de que, pese al arcaísmo de los nombres de los parientes de
la mujer, el vocabulario griego nos transmite un sistema reciente. Se debió recurrir a
denominaciones descriptivas desde el momento en que se abandonó el parentesco cla-
sificatorio.
En cambio, el vocabulario latino del parentesco revela su altísima antigüedad; en
la sociedad romana, el parentesco está dominado por la preponderancia del padre,
que le da un aspecto «patriarcal». El vocabulario ha permanecido estable: también la
forma propia de los términos latinos nos informa de una prehistoria más antigua que
175
I
I

I


la de los términos PJos. Este carictcr" conservador del latin Dlarca también la mor-
fología y el vocabulario. Desde lucIO, aqui como en otros dominios, elladn con de-
mentas arcaicOl!i ha hecho un conjunto nUC\lo. Pero, al disociar el si!temu latino, cn-
contJlmD6 sin esfueczo laa piezas de un sistema mucho mu antiguo que C!IS piezas
ayudan a reconstruir.
Si ahora cxaminamOl los derivados del nombre del «padre», vemos que hay uno
que exilte en varias bajo la misma fonna y cuyo hay que remitir huta
el periodo común: es el a4jetivopalfiw, ser. pitryfh ¡rie¡opdtrios
Ya hemos indicado Q.ue no hay adjetivo corrcspoDdientc que deri\le del nombre de
la «madrelt. Esta difercocia le explica por 1a. rituacibn idipec:ti\la del padre y de la ma-
dre. Un adjetivo que indica lo que pertenece al padre, lo que deriva de él, queda justi-
ficado porque, en la sociedad, el «padre» es el único que puede poseer. Las leyes 1lDt.i.-
guas de la lndiu lo enuncian cxprC!amente: la madre, la esposa, la esclava no poacc;n
n&da. Todo 10 que poseen pertenece al duefto a quien eUu miunas pertenecen. Tal es
la situación constante del bombre y de la mujer, rapcctivamente: a partir de entonca
di ftcU oomprc:oc1er que -frlQtrius f&he en todaa partc!.
Sin embargo, hay en latin un adjetivo espcclflco derivado del nombre de la madre:
maternus. La fonna maternus es instructiva por si misma. Atestiguada desde los tex-
tos mis antiguos, y salida fontticamcnte de • ma/rrlnlU, ese! caracterizada por un IU-
fijo en -mI>- que tiene UD empleo preciJo en indoeuropeo y en lat1n: indica la materia;
piego pM,inos, «de encinu, derivado dephi,ds, I"mar, Mde piedru, de ltiJu, anthi-
"d.J. «de flor», de dnlho.r; lit. aJlJeJUuu, «de Orolll, de aJI/rSaI, coro». En Iatln. ebur-
nw, «de marfl1», de ehuT, etc.
Desde el origen, makmus forma pareja conpalrius. lo cual produce empleos tales
como: non patrio #d trUltemo nomine. La disparidad de la formación invitaba a una
creaci60 anal6gica,. y, deade muy temprano, se ba acunado DD DUevO ad.icth'o, /Xlter-
"lIS. En el CIlf50 de la historia. paremus coexiste primero con patrtus; luego, gana ¡e...
nena y, por fm,lo climiDa: sobrevive solo en las lengua¡ romanea l. PoQem.OI pre-
guIllAmos si sólo por esta razón de la analogfa con I7fIltemus ha triunfado pakmllS,
porque, como Wackemagcl observa, paternus fue empleado desde el principio de UDa
manera exclusiva en ciertu relaciones; en particular como eplteto de ciertas palabras
tales como amicu.J, hospa, jamis te eocuentta un caso 5ClDejante con patrillS.
«La raz6D de este empleo no es aftade WackcrnaJd" sin ir mú Iejol. Qbscr.
\ICD1OS ya que, por un plocao paralelo lObrc el que volvcn:mos, el griego emplea un
derivado nuevo, patrlk61 (Kll't'put6c) Y exclU5ivamente tambim con términos como
«amigo», «compafte:ro», etc. Batas relaciones debieron ser detcnninantes. Sólo nos
falta ver cómo y por
A partir del momento en que patrlu3 heredado Ypatmrus analo,tco c:orri.eroo jun-
tas. tendieron a dif'erendarsc en dcta medida. Patrius le emplea aclusivammte en
exprcsionet consqradu taJes como ¡JIltrill potata: no se encuentra jamb en CItos
ClLSoa pa/emus. Pero se tiene exclusivamcote paternw am;CfU. La patria pottstrn es ti
poder que se vincula al padre en ¡mual, que él ostenta por su calidad de padre. Pero
I BI1a hb1Dria. COII wtneI oblcnadcma sobre ... dcrindoI de t!mIiI:IoI ck ha Iido objcfn
de; UD .mcuJo de x.,I, 1916, pp. 40 y_., rqwoc:bx:Ido ca IAJI X1dM
[,pp._yu.
176
l. rela.ci6n es de natun1na completamente distinta en amkKs patenna: «d amigo de
mi En efecto, palemus con hospn, amicl4l, Sf!TIlII$. indica una relaciOn peno-
nal de hombre a hombre, y se refiere al padre de un individuo Esta dife-
rencia enLrc patriw Y]XltNJIII8 le dermirt., por tanto. como aquella existente entre un
adjetivo pnbic:o y un adjetivo r8P«ifico. Por ejemplo, m. Ti1:0 Livio, odl.fMplebml
phu qUllm patrmo odio (11. $I, 1), di odkIba Q ID plebe mÁ'r de lo qllr lo 1IDcItz .su
propio padre». Vemos aqut la ru6n que ha cntrl.ft.. la creaci6n de parunU!l. Si pa-
temus ba sido rehecho sobre mIItB11W, es porque el •patTios indoeuropeo se refiere
no al padre: fmico, sino al padre en el parentesco al in\locado
roo duDyfpi/iI y lupittr. Por el cootrario., mgJtmUS mcW:a una rc1ad6n de pertcncncla
flsica: es litc:ralmcnte. 5CJ1ÍD d sufijo, OIl:1e la misma materia que la madrt•. Si 81Ja:
trOO se le ha dado un dobleteJNI/ntU18 sobre el modelo de: malemlU, fue para cspca-
fi<ar UI1Il rclaci6Jl con el pa<In: I\Jico. con el aotepuad<l pcnonal ele aquel que habla
o de quien se habla. .
En lado tenerDDII tambim, adema de patrius y ptltemus. un adjetivo derin-
do del nombre del padrc:J'IItricilU, .patriciolt. es decir, qu.e de padres no-
bies. libra. La formación en -ictuJ, propia dcllatin. COII5Utuye adJctíV05 sacados de
nombres ele funciones ofici.aldi: aedüicbu. tribwrkiKJ, ¡Jf'«torit:iu.r.
De este modo cada adjetivo se a una ooci60 d.ifm:nte: patrillS es duifi,ca-
torio y conceptual, paternus es dc.scriptivo y personal, patT;C;1IS remite a la jerarqula
social.
En PJO, lo& adjetivos canatcmo» y «paterno. ticnco Ima singular:
milriJt3 (¡t1'f'l'pCi)oc;) y pIltrOt08 (g't'P4iOd, AdcmU de: su empico propiO,
patTiJros en el compuesto patroQlc1ws (anpoUxod que se basa en patTOHl-okho.J
designa a la «bija heredera» que en su condición juridica es denombta·
da rcsuha que la hija es la desa:ndiente y dado
Q..UC, sc¡ó.n d derecho gric&o DO puede bc:rcdar, IU caso constituye objeto de
sas prescripciones jurldicas. enunciadas en la ley de Gortyna, a fID de que la
pcrmllDcz.ca en la familia: patrotJlcJros significa literalmente: «que poICC los bienes pa-
ternos.. .• cmal
En el articulo ya citado, Wackernacd hace observar que mttTfJtos, «mat JI. no
deriva de mitir, «madre., sino de mitTfJs, «hermano de la madre». el modelo
de mitrÓ! que produce el adjetivo mitroto.J. se ba formado sobre ¡ldITOS, «hermano
del padre., el adjetivo patrlJios. Wackcrnqel DO ha sobre c:s.ta
Es, sin cmbarlO. extra60 que el adjetivo «II1atcmal» signifíq,uc en 1J1C80 litc;ralmcn.
te no tcde la m&drcJt, sino del de la madIu; no CIll ésa la cxpn::n6n mb
natural de la noción. Esto invita a verificar el empleo. Homero empica una sola vez
mitTaras (en loa pDCIIla se trata padre que de
madre). pero el ejemplo es instructivo. AutolikOl se a su '1 a su yerno y di-
ce de su hijo nacido, al que acaba 4e llamar Ulisc:s: lno:K6't' Iv IC'I't'fÓ.ltov i;
&w¡u. U&'¡ (Od. 19. 410)••cuando. habiendo =oido. vaya a la ¡ran <asa ele
$U madre•. En la boca de AutoUkos, la «casa de la madle. es ncecsariammtC la casa
del hermano y del padre de la madre, dc su familia de origen. semejante empleo de
mi/rOros hace sensible la referencia a mltTas como «pariente dcl1ado de la madre»,
cuando el adjetivo se refiere a las pertcncncias de la madre. que son de hecho las de
SU parentesco propio.
Ahora tenemos que ver c6mo patT6fOJ. abundantemente n:prescntado en Homero,
171
se emplea alIado de pátrios. no homérico y, sin embargo, antiguo. El empleo homéri-
co de patróros ilustra bien su valor específico. Lo encontramos en expresiones tales
como: skiptron patróron (11. 2, 46, etc.), témenos patroron (11. 20, 391), calificando a
un cetro, a un dominio; con mlla. los rebaños de corderos (Od. 12, 136); finalmente,
ya menudo: «los huéspedes», xeinoi patrÓi'oi (11,6,231, etc.), «los compañeros», he-
tairoi patrÓi'oi (Od. 2, 254, etc.). Por tanto, por un lado nombres de objetos que son
posesiones (skiptron. témenos, mila). por otro, nombres que indican relaciones so-
ciales. Particularmente instructivo es patrÓi'on ménos (ll, 5, 125), que en el contexto
significa «el ardor guerrero de tu padre». En Herodoto, pátrios y patrÓi'os coexisten:
pátrioi theoí (1, 172), nómoi (lI, 78; cfr. Tuc. IV, 118), thesmoí (IIl, 31), pero patróia
khrémata (I, 92), patrÓl'oi doúloi (II, 1), etc. De este modo, vemos que la diferencia es
exactamente paralela a la que existe en latín entre patrius y paternus. La calificación
pátrios significa «de los padres, ancestral», y se aplica a los dioses del linaje, a las le-
yes aceptadas desde siempre por los antepasados. Pero patrÓi'os es lo que pertenece al
padre personal: fortuna, esclavos. Por una extensión inevitable, aunque ocasional,
patrói'os también puede aplicarse a veces a un personaje más antiguo que el padre; pe-
ro siempre se trata de un antepasado personal así, en Herodoto, patrói'os táphos (II,
136; IV, 127), «tumba de familia».
El tercer adjetivo, patrikós (7tot'tpLx6t;), es una creación ática que en la historia ha
reemplazado a patrÓi'os. término jonio y poético. De hecho, phílos patrikós (igual que
amicus paternus), xénos patrikós. hetairos patrikós, significan: «amigo (compañ.ero,
huésped) de mi padre».
En total, la pareja de adjetivos lato paternuslmaternus. gr. patrói'oslmetrói'os tie-
ne una historia compleja; los dos términos no eran simétricos y no podían serlo. En
latín, el más antiguo, maternus. implica la pertenencia físiCa, material, a la madre; el
masculino paternus ha sido creado para diferenciar del pater legal el pater personal.
En griego, metrÓi'os. «materno», está hecho sobre mitrOs. «hermano de la madre»,
porque lo que es propio de la madre no es una posesión, sino una relación: del lado
de la madre, el tío materno era el pariente más importante. Es interesante constatar
así una vinculación estrecha entre una relación de derivación y un parentesco caracte-
rístico.
Parece, por tanto, que patrius se refiere solamente a un parentesco de tipo clasifi-
catorio. Cuando prevaleció la noción de un parentesco personal, hubo que caracteri-
zarla con adjetivos nuevos, pero éstos se produjeron en cada lengua independiente-
mente y no se recubren de una lengua a otra. Paralelamente, la formación del adjeti-
vo metrÓi'os revela indirectamente la importancia del tío materno. A través de tales
particularidades, la historia de estos derivados reúne algunas conclusiones dictadas
por los términos mismos.
...
... *
En sus relaciones, como también por su significación etimológica, estos términos
son muy instructivos: el vocabulario del parentesco indoeuropeo testimonia varios es-
tados sucesivos, y refleja en amplia medida los cambios que sufrió la sociedad indo-
europea.
Esta sociedad es, desde luego, como siempre se ha afirmado, de tipo patriarcal.
Pero aquí, como en muchos otros puntos del mundo, diversos indicios denuncian una
178
superposición de sistemas y, sobre todo, la superviviencia de un parentesco de predo-
minio del tío materno.
Los datos históricos testimonian un compromiso entre estos dos tipos de parentes-
co: el sistema patrilineal predomina nítidamente y desde fecha temprana. Pero subsis-
ten claras huellas del papel correspondiente al tío materno. La relación del hijo de la
hermana con el hermano de la madre coexiste en varias sociedades con la de la des-
cendencia patrilineal.
En el plano propio de la nomenclatura, hay que distinguir dos series de designa-
ciones: una, clasificatoria; otra, descriptiva.
AlU donde el estado indoeuropeo común se ha conservado, se halla caracterizado
por términos de parentesco clasificatorio, que tienden a eliminarse en beneficio de tér-
minos descriptivos. Según las sociedades, esta transformación ha sido más o menos
rápida y completa. El vocabulario ofrece pruebas de ello, sobre todo en griego. La si-
tuación del griego es compleja porque, por un lado, ha conservado términos arcaicos
como daér. «hermano del marido», o gálOs. «hermana del marido»; por otro, mani-
fiesta el paso de un tipo de designación a otro, por la coexistencia de dos palabras di-
ferentes para el «hermano», phráter y adephós. En una misma nomenclatura se su-
perponen la herencia indoeuropea y las innovaciones griegas, testimonio de una trans-
formación que lleva a términos de tipo descriptivo.
No obstante, habría que guardarse de establecer correlaciones demasiado precisas
entre los cambios ocurridos en la sociedad y aquellos que aparecen en la nomenclatu-
ra o, inversamente, entre la estabilidad del vocabulario y la de la sociedad. No se pue-
de concluir inmediatamente, ni en todas partes, de un término nuevo una renovación
de la institución, ni de la permanencia de la designación, la constancia de la relación
de parentesco. Tres consideraciones deben permanecer presentes en el espíritu: 1.°) El
nombre de parentesco puede subsistir, aunque el sentido etimológico que condiciona-
ba su lugar inicial se ha borrado: así, laL auunculus, separado en adelante de auus. se
continúa en fr. oncle; 2.°) el nombre antiguo puede ser reemplazado por un término
más claro sin que la posición de lo designado cambie: el antiguo francés avelet desa-
parece ante petit-flls. o, en nuestros días, bru cede el puesto a belle-fille; 3.°) el cam-
bio puede deberse a alguna acción local que a menudo escapa a nuestro conocimien-
to; tal es el caso de numerosos términos de parentesco en armenio que no tienen co-
rrespondientes conocidos. Se atribuyen a una «lengua de substrato», la que hablaban
las poblaciones antiguas que luego adoptaron una lengua indoeuropea. La hipótesis
es en sí plausible, aunque permanezca indemostrable hasta ahora. En el pasado de las
lenguas, este factor es probablemente responsable de muchas alteraciones o innova-
ciones. No hay que extrañarse. Lo sorprendente, en cambio, es que, a pesar de tantas
vicisitudes y a través de tantos siglos de vida independiente, las lenguas indoeuropeas
hayan conservado un vocabulario del parentesco que bastaría, por sí solo, para de-
mostrar su unidad genética y que hasta nuestros días conserva la huella de su origen.
179
LIBRO 3
LOS ESTATUTOS SOCIALES
181
;
CAPtruLo 1
LA TRIPARTIerON DE LAS FUNCIONES
Swmvrio. Medianle lCria pandc1aI de ttnoinol de ctirno101la eon fra;:ucaeia muy pll-
Rdda., pero difcrcotl:l de UDa IcIllU • 0lR. el iranio. el indio, d IfIqg J el ililico .tn.-
ti¡uan una hercm::il l:OD'I6n IndOCllJl)pCa; la .. uDalOdcdlld nll'\JCtllrda '1 jcruquizadl
1c¡60 trCll funcioDes fundameolllcl,llI5 de sac:adote. 81J.CfTCI'O '1 qrlcultor.
Seg6.n 181 tntdicioncs indoiranias. la sociedad est' organizada en tres clases de ac-
tividad: sacerdotes. guerreros, cultivadoRs. BD la India védica estas cwcs se llaman
'Van"'. En Irin. ticDCll por nombre píilrtl. cuyo sentido
sito es también .tolor». Hay que tomar la palabra en su accpdéo liten!: son eucta-
mente coloJ'CI. En Irtn. 1aJ tres clases d.istingueD prcciIammte por d color de sus
vestidos: el blanco para los sacerdotes. d rojo para los JUClTCfOI. el uuI para 101 cul-
tivadores, en virtud de un rimbolismo profundo que procede ele antl¡uu clasiflCaCio-
Des conocidas en muchas cosmolollu, que uocian el ejcrclcio de UDa actividad fun-
damental. cierto color li!ado. a su vez.. a un punto cardinal.
Las dases mismas y 10lI miembros de CAl clases no se llaman en 1_ India y en ldn
de la milma manera. He aqui SU5 nombres
INDIA
1 bnzhm4n (brihma1JO-)
2 1qattrj;¡a (rfIjanyo)
J l/flUya
(4 Jiu/ni)
IRÁN
l' iz6rawIrI
2' ra8aista
2' Yiutryojiuyanl
(4' huitJ)
Los nombrell no se corresponden; sin embargo, la organiZ'JlCión es la misma y el
procedimiento de clasirtcaclón se apoya en hls mismas distinciones. Es en sus signirt-
Cac:ione.s propias, y en sus relaciones en el seno del sistema aoclal, donde hemos de
cuminar estos términos.
He aquí brevanente las lignificaciones léxicas de las dos series:
lNDIA: bnlhm611: sacerdote, hombre que tiene a su ca¡go lo sagrado en la religión.
Jqattriya: qlX tic:oe el poder guem::ro (que ticDc: d poder de rq,)¡
WliJya.' hombre del ....iI. del dan, equivalente a tebombr"e dd pueblolO.
183
IRÁN: i/lnl"".: sacenlote (otlmoloala poco <lIUa);
ra6tziiitl: aucrrc:ro; en propiedad aqud que ati lObee el carro. el que comba·
te en carro;
'Ii.rtryO rNYfl1ll.: tnlducci6n provisional. «el de los pastos» y «aquel que le
ocupa del ganadOlt.
Se ve que cnlre Iri:n y la India estas distinc:ioIlCl, aunque diJtinw. se or-pnizan ele
i¡ua1 manera y se refieren a lu miltnll BCtividades. Esta estrUctura social ha pcrma-
ocddo viva en Irin durante mucho mis tiempo que en Ja India. .
Esta le halla ea la base de un problema que domina toda la organiza-
ción de la socirdad indoewvpea. Lo6 dos IJUPOS de ttrminos dificrc:n en ID
ti. lécica, pero CODCUCfdan en fU ref'c:rmcia tOCiaJ. La diviJi6n tJiparti1a de la aocieda4
qpe CDWlcian es la míJ IUltipa que podemos esperar. Time prolonpciones bilt6ricas
que DO si.cm.pre se ban dclcubic:rto. lobre todo en la IOCicdad india. &c fue el mérito
de &nllc Scnart: dcmOltra:r que lu cutas de la India no deben ser explicadas por una
realarncntaciÓR interna, sino que. en rcalidad. prolonSIn divisiones mucho mú anti-
auu de las que ha heredado la India. y que no nacieron sobre suelo indio: las cutu
de la 1Ildia son la l!Iistcmatizacl6n muy encaUccida de una división que, en cualquier
caso, se remonta a un pua40 indoiranio, quid. incluso. la sociedad indoeuropea. El
problema cs, ante todo, examinar los nombres que dcflDCIl en la India Yen Irúl cita
di\'isiÓII en castas; lucao. ver li. en otras lIocic4adCll del ¡rupo indoeuropeo. podemos
descubrir un llistcma parecido.
Cuando te: pala rCVÍlta.lu dlfercntcs denomioaciona. se constata que en IU ma·
yoria se intapRt:an directamente y tienen una si¡ni6caciC)Q que todavta DOS es aecai-
bJe. Se puede lXlIDprmdc:r J<pllSindoIaIlU<OIivam<DlC.
El U:rmino iranio pan. «IICCtd.ot.clt, avéltico QQo'rrwm. titDC Al COllespondicnte CD
vMico bajo la forma atltarwm que, a decir verdad., DO es euetamente lo que cspa't-
bamOl; pero lu dos paIabru se IUperponcn lÍO. dcmlli.das dirlCuJt·dcs, la difercnda
de + iranio a -tluu- indio DO COMtituye un obsticulo .mo para la oomparaciÓll. Si-
IOn, de una y otra parte. los derivados: av. a(JQIUUIIQ-, que indica la fUDci6n
de saocrdote, y ved. «rdativo al alJuI1wun.; d detalle de las cstrueturu
Itt&ti,¡ua 11. concordancia de 11.1 li¡:nifi.cadone&¡nidia. S6ID que elanAH_ etimol6-
gico de este oombre ai¡uc Iicndo inJquro.
Hace tiempo que: se h. pensado en explicar a9nmm- )' atluIfYt1Jf- por el nombre
del que: es atar en iranio. Si desde el punto de viJta formal. la comparaciÓll
puede tenene en cuenta. por lo que ataftc ala noción mis:rna le choca con una grave
dificultad: RO CoS, en modo alguno. seguro que el a8rrlW'" lea el sacerdote del fuego.
Bn el Irán mazdeo. esti cncarpdo de las ceremonias rcliaiOSIS; en la India, el atharvan
estl investido de poderes mtcicol. Esta concepción aparece en el libro de himnos mi-
¡lelos llamado prcdsamcnte AtIuzTWl- Veda. La función del personaje se reparte de este
modo: en ellJin apam:c cxcIUJivamcnte el lado rcli¡iOliO, en la India el aspecto mili-
ca. Pero RO se ve nada en IUpapel que apele particularmente al fuelo. No hubo junU
en iranio un parentesco etimolbiPco de n.ingtm tipo entre itar y iz8rtrlIan, y, segunda
dificultad, este nombn: del fuqo. av. ita1'-, es absolutamente desconocido en la Inciia.
donde el fuego como DOCi60 material y oomD fi¡urBci6n mitológica se dice a.gn;-, ttr·
mino que corrcspoode allatúl 1mb. ala. calavo 0J11)7. Por tanto, no podñam.os con-
sic1eru como segura la relld6n entre ittzr- y el nombre del uaccrdote». i6hJMZI'I-.
Aitlado. como parece estarlo. este término d.cbc remoDW1C. no obstante, a una
184
lraD anti,oedad. Que estt resuiocido al indoiranio no prueba una cración reciente.
Por otro lado. darlo como indoiR.nio quid. sea simplificar el problema. poI'qDe,
me hemos vilto. incluIo en el seno del indolranio las fonnu no le recubren exacta·
mente. Qu.iú su rdaciÓCl no sea la de lu formas comunCl, que babrian sido hereda-
das paraJeI"""".. P'" limbos partes. Un ddalIc morfol6siro ou¡jote nna _ di-
fCl"Cllte y mú precisa. Frente al védico 6thtzrwm-, el avemco prQCQ1a un radical de
variaciooes flaionalcl, i6raYan- en los CUOI fucrteI (DOIDinativo. aeuativo).
a(JQll11ln- (CI decir. ifJtznur-) cnlos CUOI débiles (¡coitivo, cte.). Si en iraDio ponemOl
una flc;U6o primitiva a6tlrwm- (alterada enlr6nm:JlI- bajo la influCPCia de itar-), geni-
tivo afkmm6. etc.• le obtiene una estructura regular, micntru que la flc:Qón
dllNtfWIf-. no lo es. y parece rehecha. Podría SCf. cntooees. que la forma
védica 6tluuwm- fuera UD préstamo toma.do al iranio a6l:uvan- mil que su COIrespon-
diente indio. De este modo, se explicarla mejor la rareza relativa de athmwllt· en el
Rig Veda frc:nte a brahmall-, y su espeda1izaci6n en el mundo de 105 encantamientos
y de los ri105 deprecatorios, mientras Q.ue en iranio el término conserva su valor
SUD como denominación de c1a5e liOCW.
Para deaipar la función y la clase de 101 sacerdotca en la India. el t&mino coIlla-
grado es brahm6n. Plantea un problema mucho mis ditlcil todavla: la lignificación
exacta y el ori¡en de esta palabra han provocado largos debates que a(m. no ca!ltin ce--
rradas.
Se trata, de hecho, de dol fonnas diferenciadas por el lugar del acento, IIU gtncro,
su sicnwcaQbn: brdhMlln (neutro), brahrruJn (masculino), designando el primero una
COla, d liCJUndo un ser. Esta oaciIacióu del a.ccnto. del radical all\lftjo. es un princi-
pio de repartici6n que. debido a que el lODO indoeuropeo COnJel'Vll un papel disaimi-
n.torio y fonol6cico. opone el nombre de acción al nombR de q;mte.
¿Qué quiere, pues. decir el tmomo tan conocido de bnVIman? Es casi impo¡ible
definirlo de forma precisa y constante; en 101 Himnos, admite una variedad. descon-
certante de traducciones. Es un fluido misterioso, una potencia del alma, un poder
mi&ico '1 mlstico¡ pero es un himno, una práctica rc1iciom, un encantamiento, etc. En
comecuencia, ¿cómo caracterizar con ciena exactitud el brahmdn muc:ulino, es de-
cir. el personaje investido de b:4hman. que es tambiáJ. designado por el derivado
bñt/rn.lnd'l
No baY nada en la uadici6n india que pueda JUiar una reanutnwci6n de la forma
o de CIta noción¡ lo que: nos falta es UD sentido concm.o al que unir la diverlidad de
los cmpleo&. La India misma no nos proporciona ese indicio sólido: brdhman está im-
precnado de una Ii¡Dirlcaci6n de caricter mfstico¡ el una de las nociones sobre las
que mis pronto se ejerció la especulación india, lo cual ha borrado su punto de parti-
da. FJ. aniUsis de la forma no nos aclara mucho mú: el origen de brdhl1Uln es uno de
los problemas mis controvertidol de la etimologia indoeuropea. Desde hace casi un
siBlo. las comparaciones más variadas se suceden y se enfrentan. Como el sentido
fluido de bfr1JJman no se niega a ninguna IOIic:itación, la wp:sis teXtual de los em-
pleos refleja alternativamente esw diferentes tentativas etimológicas. Recor·
demos brevemente las principales.
Se ha intentado a.ocrcar brdJlmlUl a un arupo de términos rituales indoiranios; los
principales son el v&iico barhq·, dlfombra del sacrUtciOlt. el avtstico «pri-
mo». y parti.cularmc:n av. ubaz de ramas que e1saceniote IOStienc en la
mano durante el sacrificio». Se ha planteado. incloso. cxpn:sameDte la ecuaciOn eti-
mológica. ved. brdhman- = av. bt11wman-. Sin embargo, sin insistir siquiera en la dife-
185


·•
reRcia de estructura en la sílaba radical. punto que no carccc de importancia, el desvío
de sentido está tan marcado, incluso en védico, en la noción de «alfombra sacrificia1»
y el de br6hmon-. que es inútil tratar de conciliados. La técnica de la obla-
ción a la que pertenecen barhi,- en védico, baTiJ9mOn- en avéstico, no tuvo jamás nin-
guna prolongación en el sentido abstracto, religioso o fllosófico. que es cxclusivamen-
te el de bráhman. De hecho barasman- no es en avéstico más que un termino del ri-
tual sin implicación religiosa: designa un instrumento cuyo uso se describe con el de
otros accesorios del culto. La relación caractcristica de barilSman- con el verbo atar-,
«extender», a la que responde exactamente la locución védica star-. «exten-
der las alfombra.s», muestra que estos términos no tuvieron desde el principio más
que un sentido material y estrictamente técnico, en el que han permanecido conrma-
dos. Por tanto, no tienen nada en común con br6hman.
De naturaleza completamente distinta es la rc:lación antigua, y que en otras épocas
gozó de gran favor, entre el védico bráhman- y ellatlnj1Qmen. En esta concordancia
habrla un testimonio de los arcalsmos comunes al indio y al Iatin; un antiguo neutro
formado por medio del mismo sufijo -man, latín -meno se habrla convertido, simétri-
camente en las dos lenguas, en la designación de un sirviente del culto. A lo que se
aüadirian correlaciones singulares en las funciones del brflhma'Ja y del17amen, respec-
tivamente. Pero esta comparación choca con muchas objeciones. La comparación del
elemento esencial de la forma, el radical brah- en indio, y17a- en latín, crea graves di-
ficultades; habrla que suponer en latín, ·17ags-men-, fonoa dificil de justificar y de la
que además no resulta ningún sentido preciso ni en itálico ni en indoeuropeo. Por
eso, no tenemos en cuentra esa comparación.
No nos demoraremos en recordar otras tentativas que nada aportan. Estimamos
que un dato nuevo debe poner hoy fm a esta discusión. Ahora disponemos de un pun-
to de apoyo para la dctenninación del sentido primero de br6hman. Es el correspon-
diente iranio el que lo proporciona, después de que una inscripción en antiguo-persa
nos ha dado a conocer la palabra brazman- que responde exactamente al védico
bráhnUln-. El sentido del antiguo-persa brazman- ha sido establecido por W. B.
Henning 1, quien ha mostrado que braunan da brahm en medio-parto y en medio-
persa, y que brahm significa «forma. apariencia (conveniente)>>, y se aplica bien al
blbito, bien a la compostura y a la conducta.
En efecto, en antiguo persa brazman se refiere al culto y debe indicar «la forma
apropiada», el «rito» que este culto exige. Tal será también el sentido de br6hman en
védico: todos los empleos de este término tienen en común la noción de «forma cere-
monial» en la conducta del oferente y en las operaciones del sacriflCio. Asi es como se
definirá, en su sentido propio, el término brdhman que luego se carg6 de valores mís-
ticos y especulativos.
Por consiguiente, ellmlhm6n indio (o brflhma7Jíl-) es el que asegura la ejecución
del culto en las formas prescritas. Tal es la defmición que, al término de este análisis,
pone de acuerdo la función del personaje con el sentido, ahora seguro, del término
fundamental vMico brdhman. a. persa, braunan. La base conceptual está asegurada,
pues. en indo-iranio, aunque la raiz del término no parezca encontrarse en ninguna
otra parte.
Todavia sabemos demasiado poco de la religión persa aqueménida para poder me-
dir el papel del brazman en el culto. No hay prueba de que este nombre abstracto ha-
I TrtlnsactioM oJ tire Philologicol 1944. pp. 108 Y 11.
186
ya producido en iranio antiguo un nombre de asente que seria paralelo del védico
brahm6n. para desiJnar a aquel que conoce y realiza las prácticas del culto. Es una
razón para creer que brahmón es una denominación puramente india que tiene por
equivalente en Irán un término diferente: el flBrava" del Avesta.
Los nombres de las otras dos clases son derivados o compuestos que pueden inter-
pretarse fácilmente; no dan lugar a ningún problema tan complejo como el que plan-
tea el del sacerdote. Pero todos están unidos a una noción importante. Debido a ello,
merece que los comentemos con brevedad.
Se designa a la clase de los guerreros en la India por el sánscrito Iqauriya,
rQjanya. El primer nombre es un derivado de k.fattra. «poder», noción que será estu-
diada más detalladamente en el mundo irani0
2
; el segundo, rijan(i)ya-, (uic cepa
rcal», del nombre del «rey», rfJj(an)-. Estos dos nombres no se aplican a dignatarios,
sino a los miembros de una clase, y los designan por el privilegio unido a su condi-
ción. No se refieren al oficio de las armas; uno y otro evocan el poder, la realeza. En
estos términos tan claros leemos la manera en que se orienta en la India la designa·
ción de los «guerreros»; si hay relación entre «(guerreros» y «poden), es porque el po-
der temporal no es el atributo necesario del raj.
En efecto, examinando el concepto del TeJe, tal como se define entre la Roma anti-
gua y la India, se verá que el «rey» no estaba dotado de un poder real l. Lo que aqui
nos ensenan los nombres de Iqattriya y rfJjanya es que el poder, definido por k.yattra
y tiJj(anh está asociado al oficio de las armas.
En la sociedad irania, el término equivalente a Jqattriyu cs, bajo su forma avésti-
ca, ra8aiStfl-. Més corrientemente se encuentra ra8aestar-, forma secundaria analó-
gica de los nombres de agentes en -tar (tipo correspondiente al griego -'t<a)p, -'t'IJp Yal
latin -Ior); porque'" -star- como nombre de agente de sta- es imposible; ralces de sen-
tido intransitivo como sla-, «mantenerse de pie», no proporcionan nombres de agen-
te. La formación del compuesto justifIca la forma ra6ai-stfl- que significa «aquel que
se mantiene de pie en el carro», como el correspondiente védido rathef(ha. epiteto del
gran dios guerrero Indra. Esta representación nos remite a la edad heroica, en que se
exalta el ideal guerrero, en que se celebra al joven combatiente que, de pie en su ca·
rro, se lanza a la pelea. Tal es la representación indoeuropea del guerrero noble. No
es a pie, ni a caballo, como el guerrero indoeuropeo va al combate. El caballo es to-
davla un animal de tiro, uncido al carro de guerra. Se necesitaré. una larga historia y
varias invenciones para que el caballo se convierta en montura, y la conducta de la
guerra se transforme con ello. Pero mucho tiempo después de esa revolución, en las
técnicas y la cultura, que es la aparición del guerrero montado, el vocabulario testi-
moniará la prioridad del carro sobre la equitación. Así, en la expresión latina equa
uehi, para decir, «ir a caballo», se continúa empleando el verbo vehere, «(transportar
en un carro»; el antiguo verbo que respondia a la técnica del carro fue adaptado al
nuevo uso del caballo como montura. En Homero eph' hfppiJn baina (Ur' f'R'n:wv
significa no «montar a caballo», sino siempre «montar en el carro». El caballo
no sirve más que uncido al carro; montar a caballo habria sido para un guerrero de la
edad indoeuropea tan poco concebible como cabalgar un buey para los pueblos de la
Z Il parte, libro l. cap. 2
1 Il parte, libro l. cap. 2.
187
Se alude a ella en el Crititu de Platón, quc hace la si¡uicnte cnumcnc:ión:
m4kJ1imoi
"'-"
JU.mroo
4) pIrj/.ka

¡¡uardiaoa
3) hStropoiof
..........
",,",dnta
2) dimiolU'fOl

an......
1) ,.ar,ol
,...,.p
cuhivadoccs
Hcrodoto, V, 66:
Ckfi{)n Aigikorfts ATgt/dU
(r",,,,)
CApyá&.¡¡) ("0.).,,0)
Ilurlpida./OIl. 1579-1S1O:
o.fi{)n H6pUles

FtutaJa), SoIon 23:
Ai6ikDfh Hop1Ftrll Erg<rdis GetMonta
119
ceptoa que, de esta forma, IOn relacionados con Iu clases. No se la puede rcconoccr a
primera vista; le advierte indiredameote, en cxprcsioncl poco li,gnif)C8üvas en apa-
ricncil, pero Q.UC encue:ntnnn su scnOdo &1 comparane concepciones propiamente
ciale¡. UD ejemplo lo mD&trart. En una inscripci6n persa aqucmáúda de Darlo se lec
la ..prcsioo do ... plopria pllfll al.jar dol pals tres _:dw'iiya,¡" .Ia mala
C05CCb..: ""¡lfa, «el ejército cnc:miIo»: dn1ugil, «la mentiru, es decir. la pcrvcrrión
en el orden moral y rcliciOliO. No hay ah1 una fonnación casual. BItIS trCli caPmida_
des rapooden a UD orden necesario: la primera, la 4<ID.a1a cosec:hn, arruina al cuhiva-
dar; la squnda. d ataque CDCJJlico. hkre al lUerrc:ro; la tercen, la «mcntir&», alcan-
za a1.accrdote. Aqui tenemos, transpUCIta en tres especies de infortUniOl, cu. miama
jerarqula de las tres cIucs que hemos vilto afirmada por los nombres de IUS repl"CSCD-
tantes. La lOCiedad no puede concebirse, ni el uniVU'SO defmine, JÍno esta triple
ordcnad6n.
Po< OlIO lado. lO con..... loo nombra dt las cuaIro gnnda trJbu¡ jonias _
bajo la tpda do los cuatro bijos do loo. Batos cuatro nOlllbles proploo dobon orlar en
rclaci6n con 1u cuatro clases iOCiales. Deslraciadamente. SIC citaD CIl ordc::o. diferente,
sc¡6n los autores, COila que perturba la comparación c impide hacer coincidir de for-
ma inmediata cada nombre con una de la cuatro funciones.
B5ta división quc abarca a la totalidad de los hombres, ¿est' limitada a la socie-
dad indoirao.ia? Pucde pensarse que ei antiquilima y que le rcmODta al pasado in-
doeuropeo. De hecho, ha dejado por lo demis hucllas. En particular lef\alaremos. en
Orccia, las tradiciones legendarias lobre la primera org:aDización de la sociedad jonia.
Queda un reflejo suyo en el mito relativo a 101 hijos de Ión. d epónimo de la raza.
Una leyenda (referida por EstrabOO, 383) atribuye a loo la división de la sociedad en
cuatro c1uc:s:
época clisica. Al dcnomiDar al querrero. por el támino en carro», d
Irin es mú llcI qw: la IDdla • la i<IcoIogla in4oc:uropea dt la clase dt loo SU""""'.
188
• HilliMrt Palit. 19&. PIl. 91 'l •.
. Para medir bien la importancia de esta cJasificación trlplt, hay q,uc observar que
DO se aplica solamente a las qrupaciones humanu. Se extiende • c:ocjuntos de COD-
En cuanto a la tc:R:era c1ue.. el t&miDo indio es wzliyQ, Q.ue litera1mc:Dte lignifica
«hombre dell'i.fIt, o 1Ca, lIpI"ommadanJalte «hombre cid puebIolt. La relacióo le esta-
bleco d. _ forma ..... la 6Itima cIasc Yla pcrtaIonda • la fraccioo socioIlJama-
da l'iJ.
Una cosa compIetamcme distinta es lo que ocurTC en lrin. donde la delqnaci6n.
compleja. y que no Iicmpn: le: ha entendido bien, le c:omponc de dOI palabras 850da-
.... que dosiS""" .... mimIa penon&; "'0,0<1P._'.
m. primero es UD dcrindo de YirtnJ, «puto., cfr. viJtar. eputont. Ertos dos ttr-
minOl (Yiufrtl, lIistar) iOD muy fra:ucntel en el Avcata y rcriIteIl una importancia liD-
¡ular. Hemos tenido 1Idem'" ocui6n de analizar la lrtimolD&fa y estudiar el sentido
que alUDlCll, a la vez. CIl la vida putoril y en la iclcolo.ia reli&iosa del Irtn; cuentul
entre los mAs SipiÍlC8.tiVOl de la prcdicaci.ón. zoroastriana. mlegundo,/iuJHlllt, es lID
participio presente de la JI1z/ilJ, «criar ganado•. La cJue, por 10 tanto, es denomi-
nada analiticamcnte por UIl8 uniÓII de dos palabras que le refleren una al «pastoreo»,
OUa a la «pnadcria».
Una expresión doble como bta deriva de una cate80rfa de cmnpuesto.s conocida
bajo el nombre de dwzndwJ. Se trata de palabru ciobleli cu)'Ol dos componentes estAn
en tuúukton. simplemente ywrtapueItos. uno y otro. bien en plural, bien, más fre-
cuentemente, en dual. Los dOl t&minos, cstredJ.amente ..ociados, forman una um-
dad cxmcepC.u.Il. BIte tipo CItA Uuma40 CD v6dico por MiIrtJ Y4UWIi, que unir". Jgs
lioa diooa _: tlyivil PfIhiYi (dpulf'T/hJYQ, _. ticna., o también
milJi-pittuil(IJ), «101 dos, padre y madre». m. dKuJdwz IUbIume la unicidad del con-
ceptO en SUS dos cspccics distintas. Puede. uimísmo, adoptar formas II:LÚ b"brcl Y
uoc:iar dos c:alifioadooa. Por ejemplo. en Iatln la CSJl"'$i6n po_COfISCrip/i IÓIo tio-
De lICIltido si le rcamocen en ella dos ru.staDtiVOl yuxlapucstol. ptlfrrs por un lado,
colUCripti por otro; o bien doI JfUpoI de pcrsonu, iDdcpcndi.CDtes en su ori&en. que
_yenjunW d Senado. Ea WUl ap<esión dol mUmn tipo la que len""'" aqul en
lnmio: d v1mTyO y drN)'rUIl1Oll dos copocia dif=nta: nnaIC ocupa dt 100_.
la otra se ew:arga del ganado. Lueco. como una y otnl forman parte de una clase úni·
ca. y un término unitario R:JVlr' para dcsisnarlol: 'IIiJtrY6 fiqant. BIta clase irania
t!enc una denominaci6n fUDdonal y c:xpUcita, en coutraste con el término indio
lIfliJytI, q,ue indica simp1cmcnte la pertencncia a la tribu.
Para que sea completo, hay que mencionar una cuarta c}.ase que aparece en la
CSI\UDCI'llCioDea mú recientes. En Ja India, el cuarto estado el denominado Ktdrd. cu-
yo ICJltido etimológico desconocemos; se aplica a las ,entes de la categorla mis ba-
ja, anicamente mezcladas, ¡entes sin profesión bien dermida ni función precisa.
Tambi.&l. en Irén, despuá de las tres clases socialcs. UD texto menciona la hulti,
t6rmino que parece sipificar «ocupaciOO, oficio» y que le aplica. Jos artCSBDOI. No
se puede 18.be:r de cuAndo data Cita nueva diferenciación sociaL que instituye una cia-
se dlstinta eoo el conjunto de los artesaDOI.
La tnulición de calas nombres ha sielo adaptada a la interpretación¡ ca evidente,
por ejemplo, que Plutarco se propone dc:.signar a 105 luerreros, a lot artesanos, a los
agricultores y a los cabreros. No obstante, esta lista ODomiatica debe abaratr, en 11-
ncas Icnerales, las cuatro clases. Se puede intcntar f¡jar algunu corrclaciones, pero
ante todo hay que liberarse dc la interpretación de Plutarco - clcmasiado clara para
ser otra cosa que una manipulación tardla de t&minos que ya no eran comprendidos.
Hdp/l/es (hdp/is) es conocido por varias inscripciones: asi, en MUeto (ligio v),
hop/ithÓII gen. pJur. con variante grtru:a; en Dacia K encuentra una
Iwpldlón 1M.,,>..l_). El nombn: debe relJu:ion.... indudabl=mu: <00 h6p1...
plural hópfu, no en el sentido de «armas., quc es derivado, lino en el sentido propio
de «.instrumentos, 6ti1esll. Tendrlamos aqw, por tanto, artesano.f.
Arr6dis (confirmado por ufCI'CDciu cpicrti"1Cali de l.."'yzico y de Bfeso como nom-
bre dado a una k1IUiostlÍ.l, pupa de mil hombres) evoca el oombl'e de ArgO&, cuyo
sentido sabemos: Araos significa Tl\ n3Wv, «lUcio, Danur1.Jt, en la len¡ua de los mace-
donios )' dc los tesalios. sesún :&trabón. Argddis, por referencia al suelo, designarla,
por tanto. a los e:u1tivadorcs. Esa es la secunda identüK:llCiÓD la que puede hacene
oon a1euna verosimilitud.
GefBm y Aitikortús correspondcrlan entonces a las fuod.ones nobles. de las que
se espera que cst&l a la cabeza, tal como aparecen en Herodoto. Para. Aigikmtús,
\IDO queda sorprendido por eJ parecido de ese compuesto con aig!s. la «q¡da» de Ate-
nea. Debe saberse qw: las cuatro clases estaban. respectivamente, en relaci6n con
Zcu5, Atenea, Poseid6n y HefaistOll. PocLc:mos asignar las dOl (ütimaa clases a Los dos
últimos dioses, Hdplb como ewtesanoslO a Hefairtos, Argddis como «cultivadores»
a Poscid6n, el cual tiene la agricu.ltura entre sus múltiples atribuciones. Quedarlan las
dos cIucs: atribuidas a Zcus y Atenea; a esta última se viocularla entooces Ai,ikorrtb.
En cuanto a debem06 recordac que estt b«jo el patronazgo de Zt:us. &eg{m
una inscripcl6n (l. O. 11. 1an) que menciona a Zt"' Bstc tc:ati.mordo asocia
al 6ltimo term.lno el (mico nombre dilponible. el de ZCUs.
Con toda seguridad. se trata de rrupttvivenciu que ya no eran comprendidas en la
época en que esa trlldici6n fue rccoPda. y cuya interpretaci6n sigue siendo hipotética.
Sin embargo, la forma en que 101 personajes se distribuyen las actlvfdadeJ aocialca cs·
tt de acuerdo con las tradiciooei expUcitaJ de la India y del Irán, La cuarta aetf.vidacl
es artesanal, como en Irán. Por último, esa distribución estt regulada por un orden
divino. Por tanto, puede pensarse que aqui aobrevive, bajo un upceto le,endario, la
vieja divisi6n social. y que hay motivo para situarla como indoeuropea, y DO sola-
mente como indoirania.
Este aniltlil puede encontrar también confirmación en eJ mundo itllico, labre to-
do en las Tabla.. Iguvinas, ritual formulado en lengua umbra para UIO de 101 sacerdo-
tes Atitdios de Iguvium (Oubbio), en Umbria.
Estas Tabla. describen el ceremonial de la lustración anual que realizan los sacer-
dotes, y que consiste en una circunvalación en tomo del territorio de la ciudad. La
procesión es cortada por estaciones en cada puerta de la ciudad, dando lugar cada
una a oblaclone8 y al recitado de fÓlmu1as. Ahora bien, en lal ple,arial que se repiten
en forma de ktanias. reaparecen ciertas expresiones que merece Ic:r analizadas. Piden
la protección divina sobr'c: los seres o lu cosas que aon enumeradas en seis nombres
aKlliecutiVOS, repartidos CIl tres grupos de dos:
aTSmo IItiro ptqJlO cas/ruo frll
190
FJ primer túmino RtT-f (acusativo plural de Rtr) corresponde al s6nscrito nQr, al
sriego anb (ivfJp)¡ son 10& hombres de guerra, los jefes; arsmo ea cl U:rmino que de-
signa los ritoa, lo IllJI'adO; /Jeiro - lat. JliriM, «los hombres»; peqJlo - lat. ¡J«U:S, «el
CQ3/ruo que respoade allat. ctlStTO. designa el territorio cultivado, 105 clUll-
pos; jri-f =-lat.jruc:tw.J. Tenem05. por tanto: los jefa, 101 5aCCfdotc.s; los hombres,
los rebdos; los campos, 101 productos del suelo; tres grupos de do! palabras o, mejor
dicho. ele tres dvundKl SUceslVOl. Uno de estos dvandva wiro /N([JIo, «hombra-¡ana-
do». se encuentra en iranio. en el Avesta. bajo la forma J1USlI v¡ril, «aanado·
hombres»; esta correspow1eDcla. obsc:rvad.a. bace tiempo, üw.tra la antigQcdad del rito
y de la fonnuJaci60 misma de bu Tablas Iauvina5.
Cada uno de estos tres ¡rupos interesa. nspccti.vamc:m.e, a una de las WIlU de la
vida wcial; primero, 101 sace«lotcs y jcfes, luego: el hombre y lo! animales; por últi-
mo,la tierra y sus productos.
Esta división. aunque repartida de una manera algo diferente, corresponde al es-
quema antiguo, con una ampJiación, No menciona solamente la sociedad de 105 hom-
bres, sino los productOlS del suelo. Dejando a un lado esta adici6n. el principio de cla-
sificaci6n sigue dendo el mismo: 101 sacerdotes, los !Ucrrcros, los cultivadores (hom-
tJm¡ y rebaiios).
NOIIOtros noa limitamos a enumerar las pruebas de esta organización social, 8111
donde estas pruebu consisten en [&minos especificas o en datos onomiBticos. Los
otros indicios que pueden sacarse de un estudio de las religiODIClI o de las mitolociu
permanecen al margen de nuestro propósito. Adcmis. ése es el dominio al que Geor-
ges Dumb:Jl ha consagrado trabajos fundamentales. demuiado conocidos pw-a recor-
darlos aqul'.
, nlle sobre todo L'IMvlo,it da (Bruxelles, 1931), 'J Úl reli,IOff ramal,..
urdulrqw (Parl., l!1l66', donde u anuDda una refundición de Dbru antcriora, dlu Jllpirrr, Mm$,
Qu1tfma (Puf', 1941).
191
CAPITULo 1
LOS CUATRO cIRCULaS DE LA PERTENENCIA SOCIAL
De carktcr fundan.I, .. triputiciOo. utudlada ca el. c:ap. 1110 • c;oanulClc
CD. modo .t¡uDo coa 101 drcub de pateneDda. dMIIofIcs poIkXm que datan. 1110-
cicdad aHUiIdcnda eo III a:tCDlibn. Aqut el antipo innIo ha c:omcrvado ClIalI1;J UnnI-
DDI que cbIpan. rapcdiYamaItc. la «familiu. el cdarut, la mibu., el hro.
menudo., • compuatiIb. le rauIla muy COItOlO ratwb\coer c:oa prcdsi6n el valar antl-
¡uD, CSem-. d:rmiDol..
El Clltud10 altnto de la niz • Mm- -qu.e ¡roporciona el IlOJDln de la pequen. uni-
dad (ir. • m-) de l. llcun r;:omo entidad .ocial (1lt. domu.r. IT. homa. d&)- nOl IlcvI •
dtstio¡ujrla de tu ndl:Cl 'dem M. y .dDmA.... alu que por rq).
¡eneralla uodan 101 dk:dooariOl. Ea. euanto al cambio de ICI1tldo que.e ob_p \'1,-
riu 1aJpa. de cCIA-fUDiliu • «-..cdifkicllt, 1111 c::aJlIbIo 1OdaI.: el
miaIto de la IflmfmJiJia que poco. poco, UDa lOdedId
la sa-JoP por UD lOdcdId lIlbdiYicid& qúIllaJDOF&fIa.
Hay que fCPUU. por tanto, p. dómOr,.COIIIlruI;d6a. CUP J Iat. tItJmu, que do-
lipa DO el cdifido. liDo el «Cil cuu, oomD euticWd .ocW cocamada poi' el domllllU.
Por CODlill'kn1e. dMIMJ entra CD caatrutada CVJO aq;uodo drmluo _1Mlo
que CIt6 r__ dd c1n:uIo dc:II!XUicD: IIomf milililleqw. doml: ¡JerqrT, dt»rtat#tw: rlUt1-
cus; la pueja domi: /orls, .cicnuo: fuera (de CUI]. hace aparoc:er Id nombre tdh-r- de
la «pIlClt:u com t!rmino que dmpa la frontera, villa dcade c1mtro lI'Dtrc el inleriat y el
ata'ior.
Frente. 101 UrminoIIruúoI, la pall.bru bomtriCM para «fuuiUll., «c1aR_, .triblUt
-dm-. pIuitrI. pIcIUoft- ala vez l"COOYKl6D.ibb J poUdca.
Por iJtiJ:Do, Ii al 00IIlbR inDio lid IIJIÜ. ---4tlJtYa-- UHiCipUOde CD l6nKrlto el
1lODI.bn: dd Ulda1'O cxtrmjel"o»,"". es porque 101. inDJoI deIipaD natnraImeon. su
pueblo, YiIlo cIcIde d interior, COft u. ckrindo de dVw. m1cmr. que:
fa b irJcID ate mimIo dMfJv, YiIto dftIlI,e d a:teriof. nec:aariamcatc COD'IO
UlC!avo-a1Jujcnnt: de modo nuevafJlml.t Uutnda la impoltanCil de
la opolici6n r:kDlro-fucrl.
La organlzaci6n tripartita que acabamos de describir establece, en el !lena de la so-
ciedad, c1aaes de función; no reviste un cart.c=' polttico. aalvo por el hecho de que la
clase sacc:rdotal determina, por ser la primera, la jc:rarqula de podcre5. La orpniza-
ci60 propiamente IOcialse apoya en una c:luifK:aclÓll completamente diferente: la 10-
c;icdad ya no ClI consickrad& co.1a naturaleza y cn la jcrarqula de c1ucI, siDO en IU a-
te:nsión ro cierta fonna nacional. se¡(m los cirl:U1os de pmCDCllcia que la contienen.
En el antisuo Ifin es donde ClIta estructura es més aparente. Comporta cuatro
CÚ'culos coocáltric:oa, cuatro divisiones sociales y tcrritorwlC!I que, procediendo desde
192
la unidad mú pcquef&a, le amplian hasta enllobar el conjunto de la comunidad. Los
t&minos que lasdcsignan, son:
1) dom-. tUmQ1UI-, rrmana- (formas equivalentes que se reparten según la edllld
de los textos), «familia» y «casa.). La segunda fonna, diJmÚlla, deriva de la primera,
dam- por sufljadón; y chmana lleva fonéticamente a nmil'Uh'
2) por encima, vú. «clan», que qrupa a varias familias;
3) por encima, vmtu. tctribu», propiamente Kel conjunto de aquellos que son de
isual nadmimtolt;
'0 por illtimo, dayltw, que se puede traducir por «P&1J».
Aliado de cada uno de estos ti:rminos iranios puede ponerse el ténnino COlTCspon-
diente en stnscrito: dom, «casa» (av. dom-); '1/1.1, «comunidad, pueblo» (av. v;");
jantu-. «criatura» (av. UlfItu-). Al cuarto túmiDo, avéstico dohyu-, «pWs», corres-
ponde el védico do:lYw que. en las circunstancias que tratarClllOl de precisar. ha toma-
do el sentido de «población bArbara y enemiga-. Pero DO encontram06 en la 1Ddia
una rcla.ci6n orglnica entre estas cuatro dcnOmiDaciooCl. No le unen. EllC!lquema an-
tiguo cstt ya alterado. La 50Ciedad lrania ha sido mo conservadora.
La misma observaci6n vale paI1l las lenguas clúicas. Materialmente lencmQ5 los
correspondientes de lO!! tres primeros términos: gr. dómos lato domlJS; gr.
wofkos «o)DtxoQ,lat. u;cus: y gr. glnos (neutro en -a), lat. gens (femenino en -ti
por tanto,latln -Kent;- frente a· gentu-. prototipo del tmnino iranio). Pero ni en el
mundo clúico ni en la India constituyen una lICrie. La correspondencia es sólo etimo-
lógica. En griego y en latiD, estos vocablo.! DO se ordenan como en iranio.
No se recubRn ni entre cllatin y el PIO. Lejos de constituir dos unidades sociales
di5tin.tas, sr. d6mos y (w)otfcos sipifican prácticamente la misma cosa, «cua>t; 100
razones de i:poca. de diJJecto y de estilo las que hacen aparecer un tUmino mis que
otro. En latin no encontramos tampoco la estructura ¡rania: uicus no e& el grado su-
perior de domw; es una cosa distinta a la 'l/fs irania, otra cosa distinta tllIDbii:n al
(w)orkos griego.
Ademb, en Grecia y Roma, alas tá"minos que pcrtenecen 8 Cita serie se aiiaden
palabras nuevas, cxtraftas al indoiranio, gr. phuU (fU}.íi) y lato tribus.
No obstante, podemos dar por seguro que la nomenclatura inmia de \as divisiones
soc;ialcs procede del pasado indoeuropeo. Los cuatro tbminOl citados del iranio anti-
guo reaparecen c:n 1&5 palabras compuestas que designan el «jefe» (pgtl) de cada divi-
si6n: dmimrl-paiti, 'Jis-JXlfti. Zt11f1v-jJQIII, dahyu-ptllIi. E5ta jerarquia, que lo cs, estaba
fuertemente arraigada; ha subsistido en el mismo orden en medioinmio, a pesar de la
evolución del vocabulario y de: la lengua; milnbtd, vi.Jbed. z,aruIbed. Es que
se remonta muy atrás en el tiempo. La de.scubrbnos, por dos de esos ttrminos, en un
estado anterior al iranio y bajo la misma forma de compuestos. Av. ,pmQna-pafi- tie-
ne su para1clo a la VCl; en el vi:d. dom-pali, «amo de cuu, en gric¡o en dup6tis
y av. 'ViJ-pati-• •jefe de cla4», y a la vez en véd. yiJ-J1flti y en el lituano
.,,-;"pot!. «jefe de clan», de donde cenar».
La agrupad6n de estu cimominacione:s mucrtr& 00m0 se ordenaban. Ahora hay
que considerarlas suocsivlJllente y dcfll1iT cada una de dlu cnlU particularidad.
El nombre de la «casa», que viene en primer lugar, es uno de los mejor conocidos
dd vocabulario indoeuropeo. Ademú, esté. unido a una raiz verbal de una forma que
parece comprensible: y satisfactoria. La fonna irania dam- se une, en
193
electo, a la rannUa del lar. domlJS. Si en latln domws (femenino) es un tema en -u-,
por d te&timonio indirecto de1latin mismo sabemos que ha con \DI.
tema masculino en -0-, pol'QUC ·domo- el que es supuestO por el derivado doml1JN3; 1&
forma griega d6mos lo contlrma. En griego, aliado de d6mos, «CUP, tcne:mo5 el fe-
menino domí «cd.ificiOIt, y el nombre de apnte ·domós con el
acento 5Obn: el sufijo, que se c:ncw:ntra en composici6n en oito-d6mo:s
t(el qw: construye la cuu. La misma.forma tc:mitica es conocida tambi&1 por vl:d.
dama-o «casa». Como tmIa en -u- aliado dellatin domu- y cld antiguo eslavo doml1.
se contari el adjetivo derivado v&ii.co damii-ruz/J, «domátlco (protector) de
as1 como el compuesto armenio /Il1Iu-(ti'J, «(dueño de) CUb.
Tanda ·domo- como ·dOmtl- cstto sacados de un antiauo nombre-raJz que puede
tener las formas ·dem-, -domo. "dm-, "dfu-. Aparece en forma bñre o en composi·
ci6n en la expresión sa. pati,. dan y dam-patiJ}. av. paitf.i (donde chns
lo "dams), «dueño de CHU, a la que: responden en ariego desp6tes.y
(8úntOl\lCl.). Estos dos compuestos griegos no son ya analizllbles en fecha hist6nca, pe-
ro los elementos se dejan reconocer por separado y juntos: -pátis (·l'l'Ó1:'rId y -po/na
(,1;Ollla.) representan, respectivamente el antiguo masculino "poti. «amo», y el antiguo
femenino arcaico"potnya, «ama»; el compuesto du-poIM tiene como correspon-
diente en vMico dam-patn;, «ama de casa».
Hay otros testimonios de elite nombre-ralz • dem- en griego. Como la c:JI:presión
homérica him¡teron dó 3W), «nuestra casa», anti¡uo ·dom (como armenio
tun, «casa») que mi! tarde se ha ampliado en dóma. Por regla general se admite que
ddmaf {3áfuy), «mujer leJlti.rn&», pcrtc:nece a la misma familia. y.se lo an.aliza como
dom-, «casa. y -ar, de la raiz de «pa.pÍlDW, «ordenar, el senti40 CS, por
tanto, «aquella que admin1&Ua la casi•• El grado cero de ·fhm. es decir, ·_dm-, se re-
conoce habitualmaltc en homérico mes6-dmi en ático mesómni (Jwl61lYT¡),
que designa la viga central que une dos montantcll:, dos pUares en el interior" tlc: la ca-
sa. Adcmis, tenemOll ·dm-inl- en dmÓS «SCIVidorlt, lenitivo dmóós
femenino dmo; «SirViente» para aquel o aquella que es de la casa.
Todo este conjunto de formas nornina1cs esta vinculado tradicionalmente a
una núz. verbal .don-, «c:omtruir». Las fofllUlli ele • dem- atcatiguan lo que se llama
una raíz disilibica: • dem-a y dmó, griego dhno (34w), perfecto pasivo dldmilaJ
CfL neódmatos «eonstruido r;eientcmcntn, dimas
«fonna, apariencia corporallt, propiamente «estructura».
De los diferentcs lemas de esta ralz se sacan variaJ formaciones nominalcs. Sobre
toelo, con sufIjo -lIna-. los derivados indoiranios, avéstico ihmana-, antiguo persa
"mana-. védico malUl (de ·dm6na-); con sufijo -ro-, elaerminico anglosa·
j6n (e inglés) timlJe', «madera de colllltrucci6n», al. ZJmmer, «armaz6D», luego «ha·
bitaci6n», así como el antiguo verbo denominativo gOl. t/mrjan, (ccscuadrar la made·
ra, construir».
Por último, se admite que esta misma ralz, ·dem-, «construir», ha producido,
ademú del nombre de la (ccasa)), un verbo derivado de ese nombre, que si¡nifica 'Cdo-
man, verbo representado por ellatin domare. grie¡:o datrUÍó. etc. El vínculo de send-
do sería «unir (un animal) a la casa, domesticarl+.
Todo este conjunto etimol6gico es puesto por los diccionarios recientes bajo una
sola y misma rúbrica "dem-, y ordenado a partir de la noci6n de «Con1ruir»; no obs-
tante, Meillct se expresa con cierta reserva sobre la rdllción moñológica entre "Mm-,
teconstruirlt, y dml-, «casa».
194
A primera vida, cata gnm reconnrucd6n etimológica, donde mua un gran nlame-
1'0 de fom:w; tomada.s de todas las lensuas de la familia no plantea ninauna diflCUltad
ma)'Or. Las relaciones supucstu enlce las nocional son, al menos, plau15iblc:s. Se pue-
de encontrar natural inclwo que un nombre que designa la «casa», y que es comÍlD a
casi todas las lcD¡uas, proceda ele UDIl ralz verbal igualmente anri&ua, que significa
c<construirlt. Se deduce de cllOll que la primera unidad wcial, la «casu o la «familib,
deberla su nombre a la tbica material del trabajo de la madera de construcción.
Pero, para Q.ue una demostraci6n sea vilída no basta con que no choque con la
vc:rosimilitud. Cada uno de los ¡rupos l.exica1es puestos en relllCión de e!ta forma re-
vd&., tru examen, particularidades de forma y de sentido que parecen originales e
irreductibles. y que: hay que cl.uirlCM antes de confrontarlas. Sólo este anüirls previo
autorizad UD juicio sobre el empartDtamicnto genético de las fonno. mmétodo
comparativo CI puesto aqui a prueba en toda la extensión de nuestra investigaci6n.
Por taDto, tomamos de nuevo, desde la base, los datos de esta comparación para des-
cribirlOi en SUlI caracterlsticas propias.
Si examinamos el nombre de la «casu, no tardamos en observar que domus en la-
t1n y d6mos en griego, que parecen, clcjando a un lado la diferencia morfol6gica de
los temas (htt. -u-; griego -0-), recubrine por completo, difieren por muchos conceptos
en sus cmpleOll 1bicos. En Homero, d6mos aparece acampanado de epltetos descrip-
tivos; la casa es «grande, alta, bien construida, amplia», etc., tiene las caracterbticall
de una construcción; el ddmo$ comporta UD velltlbulo que se denomina prddomos,
«parte anterior del d6moJ». Nada semejante tenemos en latín, donde domU3 no admi-
te nin¡una cualif'u:aci6n material y jamis 4m,gna un cdifido. A la Laversa. domus sig-
nifica siempre «eua» en el sentido de af1LlDi1íu. lo cual es eompktamCDte exttafto al
griego d6mOif. Ademis, ciertas formu c:aJualcs dcllat. dorma e:stio fijadas CI1 !un-
ci60 ad\tcrbial: domi, domllm. domo. En &rielo, estos empleos adverbiales son impo-
sl.bIes con dómos y dónuz; existen, pero con ofJcos; respcct:ivlUDCDte tenemos. frente
al llit. domi. domum, domo. sr. oflcoJ (ofxlx.), oikade u oík6nde (oTxm&., otx6t.t&),
ollrotlren (ol'xo&.).
Ea el mi5mo orden de ideas, obscrvamO!l que domi, domum, domo, rignifican 50-
lamente «en cua de: uao», sin o con movimiento como punto de lk:p.da o como pun..
lo de partida. Estos adverbios opoacn el «en casa» a lo que esti fuera (fortll. forilJ o
al cx.tranjcro o aún a las ocupaciones habituales, los trabajos de la paz. do-
mi. a Ja guerra, militirn. Semejantes represmtaciones apcnaJ ¡eriaD con.ciliab1el con el
nombre de la «casa».i hubiera que tomarla como «construcci6n». El evidente que CI-
tos empleos adverbíales suponen una signiflCaCión moral y no material de domus.
Consideremos ahora la relación admitida entre domus y una raiz (ckm-. «COOll-
truir»). Si la «casa» fuera simplemente la «construcción», se esperarla encontrar un
verbo ·rhm· en latino Pero el correspondiente del verbo grlelO fUmó, «coOlltruir», es-
ti ausente del vocabulario latino, lo que aleja también domll3 del ¡riego d6mos. :m
d.esvto entre laa dos lenguas y la diltancla en.tre las dos nociones i!urac: plenamente, si
le enfrentan las cxprcllionea para «construir (una C85a)>>. El arieao tiene un verbo
oiJro-domdn, denominativo del compuesto oiktJ..dom6s. «CODIU'UCtor de cal", don-
de se notari. que el nombce de a¡mte de • dnn-. tiene por rt¡imen o1.tnf y no ddm03.
¡,Cuil es d equivalente latino de oikCH'iotMf1t'f Es el verbo comPUCllto aedtfkvre. Aai,
al griego -dOlftCTn responde ellatúllacio y no un verbo de igual niz;; a oJko.- respoo.de
DO donnu, sino ftdes. La formación de aedi/'ic:tlre es, por tan\O, una prueba evidente
de que el valor propio de domlJS no tiene nada en comCm con el de y que, en
195
CODICCUencia. diJmKJ no puede haber aido UD t&mJno de arquitectura. Si 6C pm:i5a
una confirmación, se la eD.CUCIltra fuera del latln YdelFielo en un ta'Cer ",croo com-
puesto de ip.a1le1ltido¡ en OICO «CODJtruir» se dice: tribturlkIrvIJm (infinitivo al -um).
&te verbo le ha formado de trif1>. (- ",b-), «CUU• ., ruk-. «encerrar, atrincherar»
(cfr. lat. atCft). Blto cIcbc lCf en. OICO un tabl d.cllfielo oikodomdt. reaHudo,
IDO mud10l otros pr6lCamo6 OICOI. bajo 1& influencia de la cMJjzadlm ¡riep. Pero
tambim al OICO la «cala» material tiene una clcnominaciOn particular, "' '!'lb.
TenCID.os, por tlUltO. en estu trcI lcn&uu, un verbo 'lue indica la cODlitrucción
material que Clti compucata con el nombre de la «eII&»; ahora bien, este nombre no
ha sido jamú sacado ele "'Mm. «contrWr». Bste es un nuevo indicio que Ictlala la di-
ferencia entre el sentido que se habla reconstruido plU1l domus y ellentido efectiva-
mente CODItatado•.
A partir de ese momeoto el problema se precisa ca latin. Dos WltantiVOf. _ay
dOt1UU. pueden tnlducirsc igualmente por «ca&U. pero DO IOD equivalentes ., difieren
mucho por su dcrivad.6n. .Aede1. ecua. templo», en tanto que COIlJtI'UOd.ÓD, ha dado
Iupr al <k:rivado o«IiJis. ma¡jatra<lo que vela "'" la ,o".ln":ciÓD de Iu casas y mAl
csp=cia1mcnte de 101 templos. De domu.s, no hay derivado comparable: "'domiliJ no
aiIte. y a la inVcrJI.. hay doI derivados de domws: 1) domicilium. cuyo
segundo término deriva, a su vez" de un anti¡uo -coIlI. tal como fi¡ura en azrico/ll.'
ahora bien. domJdJium. «sede de la t:IomI/..T». indica 1& CIU& co cuanto TCaidcm:ia y
no co cuanto c:omtrue:eión¡ 2) domünu. tamino social. Para nosotros. domu:J y do-
mi,",s, IOn palabra difcn:ntcs; pero los latinos 1&1 lentian fuertemente vincq1adas.
Por ejemplo. con uno de CIOS juelOl etimológiooa que tanto guatablUl a los viejos
poetas latinol: «O domU8 antiquD. hftt qllam d&ptUI dominare domino»¡ en Cicerón:
«domus erar ItOn domino mar" onuzmmto quam ciuiUlti», hasta San Jer6nimo: in
naJll unW' PMrrUltOT; in domo IUIW dominus.» Pero el dominus no ca, en modo al·
lUDO....pooaable de la """"",,"1m de la ClIIll.
Finalmente, iDcluao Jo¡ c:mpIcoe: de dOlfULl mlatfn cxclu,m toda a1wi6n • una
construoci6n: fnlcucotcl con poKIÍVOI. dOlmU meo. apwd me domi. indb.n riempre
el «en caau. De ah! vic:Ile que d ¡ha allquid m mlltJ domi. «teDIO aI&o en mi casu,
cquivalp a «yO poaeo». AIt. en Plauto, aU atrmtwn domi m, «aQuel que tKoc di-
nero (suYO. CI1 IU cua)>>. Todo& mOl JaSIOlI cancterizan domK'l como nociÓD fami-
liar, social. moral, pero en. modo material.
En Catón. Icemos UDa anti¡ua pkpria dirigida a Marte durante 1& lu.&tracioo del
QDlPO. Comiste en fórmulall arcak:u. transmitidas a uav&: de generaciones y repro-
ducldallitcra1mente. El oferente. tras haber cumplido el rito. hnpctra la proteee:i6n
de la divinidad mlhi domo Jllmi/iatque nostrae. De este modo. la domus ocupa un lu-
pI' entre la personalidad misma del sacrlficante y su familia.
Cuando, en VirlÜio. Encu exellUD1l al desemban:ar: Hic domus. IIIc patria est.
une domwy plZtrlg en su pertcnencla com6n a la cafera ele nociones locia1e. y morales.
Pero el t!rmino mú importante • definir. porque define por si mismo etomw.. es
d derivado domlma. Su formacióD porticuIar "'"""" que DOI detCllll&DlO1 co 61. El
tema es domo-., IlO domll-," la forrQ,lCi6n ca sin¡u1ar. con -no- como mfijación ICCUD-
darla. es decir. aplicada a un IU&taDtiVO que existe ya en 1& Icn.pa. mprocedimiento
no tan común. Se cocue::ntra cate IUfijo en una pequcfta serie de pa1abru cuya Iig-
nificaci6n es ina1nx:tiva; ante todo. tribunU.f. que es a trlbw10 que domimu (que pro-
196
cede de "'domo-no-) • dOtmll. Ademú. la fonnaáÓD comprende aJannos nombres
propios. tocIoa cIloa diviDoa. _ ca d di", cocarpdo de la protccci6o de loo
puertos y de la riqueza que en ellos se aeumulan. ticoc para IU. &enicio un /'IamvI
portwzJ;, y _ que le cattu .......,.duo las __IUI. Su nombre ..... de 61 d
- del pomu, IlfilIlloo=Ie la cmboCl"l,,", y tambiál d paso de loo doa.
DO el en.Hable liquicra en lat1n.: pero podemos m:onnnúr por com¡:mac:ión un sus.
tanlivo. ·ntPtIl- (tema en ....). que debe ai¡n.lfkar «humedad. elemento 1alO8O».
La fCJJ'lDRCiÓD de FMtun" requiere una explicaciÓD. En la exprcaión tradicional
lortunll, «por azarlt. le ve (aunque b&ltante poco claro). que Jon y lo""n,,
constitu)ICn una sola locución. pero sin que le discierna a primer. vista cómo eat6n
coordcaadu las dos palabru. CIi un anti¡uo -Jm/-. que representa - bJtr-ti-.
nombre de ac:ciÓll de la raiz; deJero: hay que ncordar que esta -bhr- no .i¡nifica
simplemente port". [«lIevant]. sino mil bien comptH1u [4u:omportarlt]. y
[llllcvwtl. de aucrte rp:eforo .. 1a ua:i6. de comp<><tano y «tqudlo rp:e d_
comportu. Por IU. parte. Fonult« no es un limpie doblete: de Pon; el un adjetivo que
c:ua1ifica y lo prcc:ila al mismo tiempo. La POOl Fortuna ca 1& FOI'S (divinizada)
de -Fonu-; CIta forma. -/onu. estt COIlflrmada por el adjetivo JortMlha. En tanto
que pcnorwJidad femenina Fot1IuIlI es • -/0"'14 lo que Portunrl$ a por1.IIS.
Por fIllimo. TIIJmn... tl¡ura de la vieja mitolo8fa nuDIIDll. ADti¡D.. pleprias iD-
VOC8Il Amr 77bninu.r, diolI cuyo nombre ha derivado de 'I"ibuíI. TIbcr. BIta forma-
ci6n secundaria co -1I11J comprende. por tanto. c:icrto número de de divinida-
des que reiDaIl sobre un elemento o una fuerza. y dos términos que dcsianan una fUn-
ción social. dominus y trlbwnw.
Esta partieu1ar:idad léxica adquiere todo su valor cuando se constata que, fUera del
latln, d mismo lufijo le empica en las mismu condiciones. En ¡ermáDico antiguo te-
ncmOl un grupo de palabras sufijadas de CIta forma que comporta igual que en latln¡
por un lado. nombres de fuo.cioncs lOCialcs; por otro, nombres propio¡: "iudD1U.
nombre del n:y en 86tico. repRSCnta un antiauo -IeJIfG-1fOJ. que Ji¡nifica «jefe de: la
.. taltb. de la tribu. de la eomunidad¡ &6tk:o kindiM, «jefe de c1an», salido de
opnti41... jefe de Ia,e... Combinando loa leItimooiot de ""'" dialectos acnniDi-
COI. le obtiene tambHn ·tbuxli-nos. L isl. droltin. «jd'e de tropu, efr. -ncJmaj60
dryhtm; el tmniDo de baJe "drott. «tropa,.. en antiguo islancUs. Este tipo de forma·
áón rcapan:ce: co anti¡uo islandés en Rujan. sobrenombre del dios Odio, que cati
formado IObre Jterr, «ej&átOlt. El pnXotipo es • que n:cu.crcta el griego
«jefe». AJcunoa de estDl UIlIÚDOI han entrado en la onoIÚJtic:a personal.
mc:lulo fuera del germAnico. como el galo Toutonos, ilirio Teu'ona o Jalo Coriono-
/OIB [O).
Pero hay un nombre mueho mú que entra en cata serie, el del gran dios de
la mitolo¡1a acnn'nica.. Wodan (W'otan, Odln). La forma de la palabra supoDe en
prmiDico W"oda-run (derivado en "-nos) COIlItruido sobre un término ·wóaa-. for-
ma anti¡ua dd alemú. Wut. «f\D'or». mproblema es s6Io interpretar este nombre.
BD eItU rufijaciones ICCUDdariaI en -11011. el término radú:aI d.esi¡ua en general una
cokd:ividad, UDI. frw::ciÓD sodal. Para que una nod6n abstracta como "' wo&r ocupe
197
,
..
ese lugar, hay que transponer el abstracto en colectivo y entender • wó&l como «las
gentes poseídas por el furon>. Esta interpretación no carece de base, si no en la len-
gua, al menos en las concepciones de la mitología antigua. La noción sería la de la
Caza salvaje conocida en las literaturas de la Edad Media; una tropa, la de los muer-
tos, que una vez al año vuelve, conducida por un jefe, para <ilar una vuelta entre los
vivos, devastanto todo a su paso; luego, prosiguiendo su carrera, desaparece en el
más allá. Wotan-Odín sería, pues, el jefe de esa banda. Es una hipótesis plausible.
Por lo demás, se observará que coincide con el nombre citado de Wodan: a. isl. Her-
jan, propiamente «jefe de ejército», cfr. gol. harjis, «ejército», al. Heer l.
Para ilustrar la función de los derivados en -no-, he aquí un conjunto de hechos
bastante considerables y que llevan muy lejos, pero en ellos no puede encontrarse
idénticamente la noción de jefe. Para algunos, esta traducción es correcta: laL Portu-
nus es, en efecto, el dueño de los puertos, y gol. jJiudans, el del pueblo. Es más dificil
interpretar de esa manera el nombre de Nep/u-nus. La relación entre Nep/unus y el
elemento líquido no puede ser transpuesta de ese modo al dominio social. De hecho se
trata, no de una autoridad ejercida, sino de un encantamiento: Nep/unus encarna el
elemento líquido, lo representa. Puede decirse asimismo también que el jJiudans en-
carna a su pueblo. Hay que entender esto que afecta a la naturaleza misma de la insti-
tución. Aquí decimos «encarnan>, en relación con la forma en que el rey era designa-
do entre los pueblos indoeuropeos de la Europa central y occidental. No era rey de
nacimiento, sino por elección; era tomado del seno del pueblo, dice Tácito. Asimis-
mo, en la India, la asamblea debe escoger, en el seno de una determinada clase, a
aquel que la representará. Vistas bajo este aspecto de representación, de «encarna-
ciÓn» de la noción de base, las dos series de palabras formadas con ese sufijo -nos se
acercan una a otra. Puede ampliarse todavía el inventario. Están, además, los de-
rivados secundarios en -no; de este modo, el nombre griego de la «luna», SeJéne
< *at.Acxa-V«), derivado de sé/as, «resplandor (lunar)>>, es un sustantivo for-
mado de la misma manera que el latín /ribunus o el gótico jJiudans. Se verá en Seline
la encarnación misma de la luminosidad particular de la luna. De este modo, podría
unificarse en su principio esta derivación, que luego se ha especializado y a la que se
deben los nombres de los jefes de fracciones sociales.
Por ahí llegamos a la formación de dominus. El personaje llamado dominus tiene
autoridad sobre su domus.· él la representa, él la encarna. Y una vez más, llegamos a
la misma conclusión en cuanto al sentido de domus. No designa la casa como cons-
trucción material. Es en una concepción exclusivamente social y moral de domus co-
mo grupo humano, donde domus y dominus pueden encontrar su explicación respec-
tiva y esclarecer sus relaciones.
Esto está apoyado por el sentido de otro derivado, domestic:us, cuya formación
es paralela a la de • rowesticus ( > rUsticus), si no es un calco de ella. El adjetivo
domesticus califica lo que pertenece a la casa, y se opone a lo que es foráneo; no im-
plica ninguna relación con la forma material de la casa.
¿Debemos suponer entonces que el latín habría transformado en noción social una
significación material que habría heredado y que estaría en la base del latín domus? Si
tenido lugar, semejante transformación no habría podido ser total; hubiera
dejado huellas en el mundo romano incluso. Pero no vemos ninguna razón para su-
I Cfr. anleriormenle pp. 72 Yss.
198
ponerlo. Nosotros pensamos que hay continuidad sin ruptura entre el sentido indoeu-
ropeo de la palabra y el del latín domus.
Se puede situar en el período indoeuropeo la correspondencia del sánscrito dam
gr. despótes, «amo de casa». A decir verdad, el sentido de «amo de casa» se ha
borrado, en cualquier caso se ha debilitado, en griego, donde despótes significa desde
fecha temprana «amo» en general y no solamente de la casa, hasta el punto de que en
la lengua del Nuevo Testamento tuvieron que crear oiko-despótes para decir «amo de
casa». Es que en despótes el nombre de la «casa» ya no aparecía. En la prosa ática
aparecen ya las locuciones otx.ou u «despótes de la olkos, de la oikía»,
:uando es e? la casa donde se ejerce ese poder. bien, este compuesto arcaico,
dem(sj-poII-, «amo de casa», se refiere por su pnmer elemento a la «casa-familia» y
no a la «casa-construcción». Encontramos su confIrmación en una expresión paralela
a dam-patih (o parir dan), a saber, el védico siSur dan, «hijo de la casa», con un tér-
mino de parentesco sisus que supone la «casa» como entidad familiar y social.
Al término de este examen, parece que "'dem- (·domo-j, «casa», tanto en indoeu-
ropeo en latín, tiene un valor exclusivamente social. Muchos otros indicios pue-
den confIrmar que no hay ninguna relación entre la noción de «casa» y la de «cons-
truiD>. Incluso en una lengua que ha abolido muchas huellas del pasado indoeuropeo,
el armenio, el término tanu-ter, «amo de casa», se aplica al jefe de familia. Asimis-
mo, el adjetivo sánscrito damu-na califica las divinidades caras ala familia.
También se puede hacer surgir esta relación de domus con la familia, mediante
u.na comparación con el término inmediatamente superior a domus en la jerarquía so-
cial. Se trata de la expresión avéstica visó pu()ra, que designa al hijo heredero de una
noble familia, literalmente, «hijo de vis». Según esta apelación, es el hijo del • weik-,
de la unidad social correspondiente al latín uic:us, gr. (wjotkos. Este nombre no pue-
de comprenderse a no ser que se entienda por vis una agrupación social o familiar (en
el sentido amplio del griego oikos), y no una aglomeración de casas. La designación
por visó pu8ra- es paralela de este modo, en un grado más elevado, a la del védico si-
Sur dan, «hijo de la casa». Ambas se corroboran.
Después de haber constatado la concordancia de estos testimonios, hay que con-
sultar los datos del griego. Algunos confirman de entrada nuestras conclusiones. No
hay solamente despótes, síno también dámar, que ya no es analizable en griego mis-
mo, y que indica «aquella que administra la casa»; dmós. el servidor el esclavo
dmoé, la sirvienta, es decir, «aquellos que forman parte de la casa», coU:o los famuÚ
del latín. Por último, la forma homérica dó, en 1JlllnpolI, a veces 1Jw, «en mi
casa, chez moi», «en vuestra casa», simétrica de latín domi, domum, noción de la ca-
sa como un «interior». He ahí una serie léxica que prolonga claramente en griego an-
tiguo un sentido de • dem-, • dom-, que ya hemos reconocido nosotros como indo-
europeo.
Pero frente a este grupo, pondremos un conjunto de formas que, incluso en grie-
go, deben ser reconocidas como distintas y derivadas de otra familia distinta. En pri-
mer lugar el sustantivo dómos, que se aplica a los edificíos: casa, templo, y también
habitación, a veces nido. Herodoto lo toma en el sentido de «serie de piedras o de la-
drillos» que sirven a la construcción de un muro, de una casa. Exclusivamente tam-
bién se refiere a la construcción mesódme, «gran viga transversal» del Un
término esencial de la arquitectura es oikodómos. y el verbo derivado oikodomein,
«contruir», que ha sido el modelo del latín aedificare. Citemos también la expresión
homérica bussodomeúein «construir en las profundidades, intrigar,
199
maquinar secretamente»; ellatin ofrece un paralelo que debe ser una traducción lite-
ral bajo la forma endo-struos, latín clásico industrius, literalmente «que construye en
el interior, de una manera oculta». El paralelismo de la formación aclara la equiva-
lencia entre griego -domeúein y el latin struere. Por último está el verbo primario
démo, «construir», que rige complementos tales como teíkhos, «muro» u oíkos, «ca-
sa», que desembocan en un compuesto oikodómos; o también (h)amaxitós, «ruta»:
... 8'8fl.7J'tlltL, en Herodoto (VII, 200). Se añadirá también el sustantivo démas,
«forma corporal, estatura, apariencia», convertido en forma adverbial, «a la manera
de, comO», propiamente «siguiendo la apariencia, la forma de... »
Las formas que se agrupan en torno a este verbo démo no son una creación del
griego. Tienen correspondientes exactos en germánico: gol. ga-timan, al. geziemen,
«estar de acuerdo, concordar», propiamente «ser construido de la misma manera»;
derivado nominal, *dem-ro, anglosajón e inglés moderno timber, «madera de cons-
trucción». De este tema nominal *dem-ro se ha sacado en gótico un verbo, timrjan,
«escuadrar» (alemán zimmern), y un abstracto, ga-timrjo, «construcción». Compa-
rando estos términos se ve que postulan una raíz *dem-, que tiene, según las técnicas,
el sentido de «construir por escalonamiento» para los trabajos de albañilería, «cons-
truir por ajustamiento» para los trabajos de carpintería.
Hay que examinar también otro grupo completamente diferente. Son las formas
nominales o verbales de una raíz que significa «doman>; latín, domare; griego
damúo, a-dámatos, «indomable», etc. Este sentido se vincula no a la idea de «casa»,
sino a una noción completamente distinta y mediante una relación mucho más satis-
factoria. El hitita nos permite conocer un presente damaS-, «hacer violencia, ejercer
una coacción, someter». De este sentido, por especialización, resulta «domam, y sa-
bemos que el verbo griego damúo indicó primero la doma de caballos, practicada por
los pueblos jinetes. Hay ahí un desarrollo técnico, limitado primero a un área dialec-
tal, que no puede atribuirse al estado indoeuropeo.
En total, debemos disociar el conglomerado léxico que figura en nuestros diccio-
narios etimológicos bajo *dem-, «construir, casa», en tres unidades distintas e irre-
ductibles.
1) *doma-, «hacer violencia, domar» (lat. domare, gr. damáo, scr. damayati,
gOl. gatamjan, etc.);
2) *dem(iJ), «construir» (gr. démo y sus derivados, gol. timrjan);
3) *dem-, «casa, familia».
En el estado indoeuropeo común disociamos, por tanto, el término *dem, «fami-
lia» de todo vínculo verbal. No hay nada más que una homofonía entre dem-, «fami-
lia» y *dem(iJ), «contruin>. Pero es irrefutable que se han producido contaminaciones
entre las formas salidas de estas dos raíces, como, por ejemplo, en griego homérico,
entre dó(m), «casa-familia», y domós, «casa-construcción». Esto indica también que
hubo una tendencia, en todos los términos de la misma serie, a identificar el agrupa-
miento social con su hábitat material 2.
*
* •
2 Sobre las rafees homófonas para «domar», «construin), «casa, familia», cfr. nuestro artículo «Ho.
mophonies radicales en indo-européen», Bulletin de la Société de Linguislique de Paris, t. 51 (1955), pági-
nas 14-41.
200
El mismo hecho se repite en el escalón superior de la sociedad, en las formas del
tema nominal *weik-, *woiko- que denotan la unidad formada de varias familias.
Salvo en céltico, éstas se reparten sobre el conjunto del área indoeuropea. El sentido
social está bien establecido por la concordancia del indoranio vis, «clan» (cfr. véd.
vis-pati, anteriormente) y del lituano vii-pats, «señor». Pero se ha deslizado al senti-
do material de «grupo de casas, aldea, burgo», en latín uicus, «burgo, barrio (de ciu-
dad)>>, a. esl. Vls't, «aldea», gótico weihs, «aldea, dominio». El griego (w)oíkos ocupa
una situación intermedia; en primer lugar «(gran) casa», que agrupa a toda la descen-
dencia del jefe de familia, luego sustituto de dómos, como se ha visto antes, y «casa,
edificio», en oiko-dómos, «constructor, arquitecto», y numerosos derivados y com-
puestos. De este modo, el nombre de la unidad social se ha transferido al hábitat ma-
terial que delimita esta unidad. Entonces se establece una relación nueva entre aque-
llos que están agrupados en el mismo hábitat: esta relación queda ilustrada en latín
por la relación de sentido entre uicus y el derivado uicinus, «que pertenece al mismo
uicus», de donde «vecino». Según las lenguas, el representante del antiguo *weik-
entra en tal o cual serie específica y adopta cada vez el sentido que su puesto en la se-
rie le asigna. Pero también se ve claramente en fecha histórica que, en la unidad in-
doeuropea, este término denotaba un círculo de pertenencia social.
De este modo, resulta que las designaciones indoeuropeas han sufrido cambios de
sentido bastante profundos. A través de estos cambios, podemos descubrir un gran
hecho de civilización, incluso una transformación en las instituciones que el vocabula-
rio traduce indirectamente.
Lo que *dem- y *weik significaban, respectivamente, en la organización indo-
europea, es decir, fracciones de la unidad social, se encuentra designado en el nivel de
las lenguas atestiguadas históricamente, por términos nuevos, bien *genti-, bien
*teuta-, en una parte del indoeuropeo occidental. En latín, debido a que uicus se ha
vuelto el nombre del «barrio», de la «aldea», nuevas designaciones se han instaurado:
tribus y ciuitas.
El cambio es igual de profundo en griego, pero adopta otro aspecto. La gran uni-
dad es la del génos, mucho más amplia que la gens romana, y que no se confunde con
la phratrfa, división propiamente helénica también. A su vez, las phratrfai se agrupan
enphulaf:
Han intervenido dos transformaciones importantes:
1) El fraccionamiento de la gran familia en familias distintas. La época antigua
se caracteriza por la gran familia donde, al casarse, continúan viviendo todos los hi-
jos, donde educan a su propia familia, donde a veces las hijas llevan sus maridos. En
ese estadio, no hay propiedad indívidual, todo el dominio familiar es propiedad indis-
tinta; no hay, hablando en propiedad, herencia, quedando la gran familia propietaria
sin que cesen en ningún momento sus derechos sobre la hacienda. Luego esta gran fa-
milia se ha encontrado rota. Por razones económicas, los hijos se dispersan bastante
pronto. Los términos que connotan esta «gran familia» se emplean cada vez menos;
la noción misma no responde ya a la realidad de la institución; la gran familia se es-
cinde en agrupaciones más estrechas cuando los descendientes van a fundar a su vez
nuevos hogares.
2) La segunda transformación es el establecimiento de los guerreros aqueos en la
pólis la ciudad común. Esta evolución abolió lentamente los cuadros sociales
201
anteriores en provecho de nuevas divisiones, territoriales en esta ocasión. Las anti-
guas divisiones sociales, fundadas sobre la descendencia genealógica, prolJresivamente
fueron reemplazadas por las agrupaciones que determina el hábitat común.
Este hábitat no es ya privilegio de aquellos que tienen un origen común. En la p6-
lis o la k6me (xW,.i.r¡), es el azar, la guerra o cualquier otra razón la que ha reunido a
los que alli viven. Aristóteles, al comienzo de su Política, no hace más que codificar
una situación ya entonces adquirida cuando caracteriza a los elementos de la sociedad
considerada en tanto que «comunidad» (koinonía). Plantea como unidad más lejana
la odcos (los latinos dirian domus); es para él la fracción más pequena y la primera
forma de la sociedad que ha existido, y la defme como una comunidad del marido y
de la mujer, del amo y del esclavo: es la noción de la familia romana. La oÍkos se ha
constituido gracias al alimento y al culto repartidos cada dia. De ahi Aristóteles ima-
gina que se pasa a la aldea, kÓmi, y a la ciudad, pólis.
Hoy no podemos imaginarnos las cosas de ese modo; esta reconstrucción, que
parte de la célula social y procede por sucesivos. es falsa. Lo que ha
existido desde el principio el la sociedad, esa totalidad. y no la familia, luego el clan,
luelo la ciudad. La sociedad, desde el origen, se ha frat:cionado en unidades que se
engloban. Las familias están necesariamente unidas en el seno de una unidad mayor,
y asi sucesivamente. Pero Aristóteles transpone a condición universal y a necesidad fi-
losófica 10 que su propia sociedad le presenta: proyecta en el absoluto un estado his-
tórico.
Es ese gran proceso de transformación lo que el vocabulario refleja: como d6mos.
el término odcos se convierte en adelante en nombre de hábitat. Hemos visto que, en
la prehistoria del griego, la «casa» no era una casa construida; asimismo. la expresión
homérica que designa a 10l!l dorios como trikhaf-wikes, «aquellos que están divididos
en tres tribus», conserva en wik-, emparentado con (w)oikos, el sentido primero de
agrupamiento social. Pero en fecha temprana, oikos ha ocupado el lugar del antiguo
'dem, «casa», luego el valor de «casa» como edifIcio. El. cambio ocurrido en la socie-
dad ha producido: 1) el deslizamiento de 105 términos al sentido material; 2) la trans-
ferencia «jerArquica» de un ténnino a otro: el sentido de ha pasado a ofkos en
griego; de ah1 el locativo ofkoi, etc•• que responde allat. domi, etc., y significa «en
mi casa», en «tu casa»; otlcos ha recibido todo el valor antiguo de En suma,
asistimos a la abolición de la estructura social indoeuropea y a la promoción de térmi-
l108 nuevos. Los antiguos nombres genea1ógicoa se vacian de su sentido institucional y
social para convertirse en una nomenclatura de divisiones territoriales. Cada lengua
procede a una nueva disposición de su terminologla. La manera misma en que se ope-
ra esta transformación en las diferentes lenguas está llena de enseñanzas, porque las
leng:uas no tienen la misma manera de ser indoeuropeas. E1latin lo es por su fidelidad
a los usos antiguos. al vocabulario de las instituciones, aun cuando este vocabulario
recubre realidades nuevas; de manera inversa. el griego organizando, por la persisten-
cia del modelo primitivo. una nueva serie de designaciones.
La eategoria de sentido en que el nombre de la «casa» encuentra su valor indo-
curopeo detennina también esta noción bajo otros aspectos. Entre los empleos de do-
hay que considerar aqui la fonna adverbial domi, y la oposición que el uso lati-
no ha establecido desde el principio entre domi «en su casa» y foris, «fuera» o, con
movimiento, entre domus yJoros.
202
Considcrúldolo de cerca, tenemos ahi una oposici6n que no era previsible, que
pone en contraste dos términos que no son por naturaleza antitéticos, puesto que uno
el el nombre de la «casa». el otro, el nombre de la «puerta» (fores). Una noción nue-
va entra aqui en el juego léxico, el de la «puerta».
Hay en las 1en¡uas indoeuropC8lli varios nombres de la puerta; su repartición es
desigual. El nombre puede estar restringido a una sola familia de lenguas. Ali. en los
dialectos ittlicos, el osco ue",. «portam». el umbro lIeroJe. «in portas». con posposi-
ción -e. Esta palabra se apoya en un antiguo neutro" werom, «cierre», derivado de la
raiz ·wer (ser. 1I[1)6ti, «él cicna, él clausura»; alemAn Wehr), término localizado y
que. fuera del 08C0 Ydel umbro, no tiene correspondencia mis que en eslavo y en bil-
neo. En otras lenguas, por el contrario, una multiplicidad de términos llama la aten-
ción. En latio tenemos cuatro: lores, Itlnuo. ostium. Si en ciertos autores pare-
cen cmpleadOl!l uno por otro. se sabe que desde fecha antigua no tienen la misma sil-
nif"lCaCión.
De todos estol nombres, aquel que e1latin representa por lores es el que tiene ma-
yor extensión; está atestiguado en casi todas las demás lenguas. Su forma indoeuro-
pea es .dhwer-, en. grado reducido "dhur-, gr. thlÚll (Gúpor;). leneralmente en plural
porque, al parecer, la puerta es concebida en. sus múltiples elementos, como el con-
junto de UD dispositivo.
Pero, ¿es que en ese ·dhwer- -tl:rmino inanalizable por sí mismo, que no se pue-
de vincular a una raiz verbal, y cuya significación etimológica se nos escapa-, tene-
mos el nombre de un objeto material que seria califu:ado por las funciones que
cumple?
Lo que importa poner de relieve es la concordancia de los empleos adverbiales de
·dhwer- en latiD y en otras lenguas. Algunas presentan en efecto empleos exactamen-
te comparables al dcIlat.joru. «puerta», yJoras, «fuera»; griego thlÚll. «puerta», y
thlÚll-V! (9úpm-ta), «fuera»; armenio durfce, «puerta», y durs (acusativo plural), «fue-
ra». También en gótico tenemos un compuestoJaura-dfJuri. literalmente, «fuera de la
puerta». que traducc 'R'M&'ta«, «ca1Ie».
Tenemos ahi una forma adverbial fijada en fecha muy antigua y convertida en in-
dependiente, aunque habiendo perdido thúraztt, desde antes de Homero, su relación
con thúra. «puerta» (de la casa), se ha podido decir OIAo.; «fuera del mar», en
la Odisea (3, 410; cfr. n. 16,408). En las lenguas eslavas, la relación subsiste entre los
dos términos; por un lado, dNtll, «puerta», pero también en todas las 1cnguas eslavas
modernas: ruso lUZ dvorl, servio nadvor, etc., «fuera», propiamente «a la puerta».
Tales correlaciones. cuya antigücdad es evidente, aclaran la naturaleza de esa repre-
sentación. La «puerta», ·dhwer-. es vista desde el interior de la casa; IÓIo para aquel
que estt en la casa. «a la puerta», puede significar «fuera». Toda una fenomenologla
de la «puerta» procede de esta relación formal. Para el que vive en el interior,
.dhwer- marca el limite de la casa concebida como interioridad, y protege el interior
de la amenaza del exterior; noci6n tan profunda y duraderamente inscrita en las len-
guas indoeuropeas que, para nosotros también, «poner a alguien a la puerta» es «po-
nerle fuera», «abrir o cerrar su puerta a alguien» es «admitirle o no en su casa».
Se comprende que en latin Joris sea lo contrario de domi: el «fuera» comienza «en
la puerta» y se dicefori" para aQ.uel que está en su casa, domi. Esta puerta, seJÚD que
se cierre o se abra, se convierte en simbolo de la separación o de la comunicación en-
tre un mundo y el otro: por ahi, el espacio de la posesión, el lugar cerrado de la segu-
ridad, que delimita el poder del se abre a un mundo extrafto y a menudo
203
hostil; cfr. la oposición domi/mi/itiae. Los ritos del paso de la puerta, la mitología de
la puerta, proporcionan a esta representación un simbolismo religioso.
Es significativo que el adjetivo sacado de este nombre de la puerta designe no lo
que concierne a la puerta misma, sino a lo que está fuera, al mundo extraño. Tal es,
frente al griego thúra, «puerta», el adjetivo thuraios (aupara¡;), «extranjero». Igual-
mente el latin tardio ha sacado de foris, foras, los derivados loranus, foresticus, fo-
restis, todos ellos para indicar lo que está fuera, lo que es extraño. Esta relación debla
estar viva; continuó actuando incluso cuando el nombre antiguo de la puerta fue
reemplazado por términos nuevos; asi en las lenguas romances, donde ha producido
adjetivos derivados tales como el italiano foresiiere, «extranjero»; en antiguo francés,
especialmente en normando, horsain significa «extranjero, aquel que está fuera, que
no habita en la localidad», y también en francés moderno, forain, «que llega de fue-
ra» (Iat. foranus). Incluso el adverbio francés hors implica necesariamente un sujeto
que esté en el interior; poner a alguien fuera [hors] de la ley supone que uno está en la
ley. Aunque la noción de la «puerta» ya no se exprese en las lenguas romances por las
formas del antiguo fores, continúa separando, como un límite invisible, el espacio del
interior y el del exterior.
Por otra parte, el sentido material de ... dhwer- se refleja en ciertos derivados anti-
guos que se refieren a la arquitectura, como gr. pro-thuron (1tp6·9upov), «vestibulo»
(literalmente, 10 que está delante de la puerta) o antiguo eslavo dvorU, «patio (de la
casa)>>.
La oposición domilforis comporta una variante donde foris es reemplazado por
un adverbio completamente diferente. El término opuesto a domi está sacado esta vez
de ager, «campo» ( <... agros), bajo la forma del adverbio peregri, peregre, de donde
el derivado peregrinus, «extranjero». También aqui tenemos dos nociones que pare-
cen diflciles de conciliar con la significación histórica de los términos.
Pero este hecho latino no está aislado. Otras lenguas indoeuropeas asocian el
nombre del «campo», bajo una forma adverbial, a la idea de «fuera». Si en griego
significa, sobre todo, «en el campo», por oposición a la «ciudad», por otro la-
do se constata que «en el campo» no indica sino «fuera». Asi, armenio «fue-
ra», es derivado de art, «campo». En las lenguas bálticas, lit. lafikas, «campo» (latín
lucus), tiene una forma adverbial/auke, «fuera». El irlandés dice immach. «fuera»,
de ... in mag, «en los campos».
De estos términos diferentes, pero paralelos, deriva la misma imagen de una anti-
gua relación: el campo inculto, el espacio desierto, opuestos al lugar habitado. Fuera
de esta comunidad material que constituye el hábitat familiar o tribal, se extiende el
páramo; ahí comienza el extranjero, y este extranjero es necesariamente hostil. El
adjetivo griego derivado de agrós. «campo», es ágrios, que significa «salvaje»,
y que en cierta forma nos da el antónimo de 10 que en latín se dice domesticulf. y
por ahi nos lleva a domus. Sea por una oposición como domi/foris o, por otra, más
amplia, que contiene la noción del «campo», de domi/peregre, siempre se termi-
na definiendo la «casa» por su carácter social y moral y no por el nombre de la
construcción.
A propósito de domus y de formas emparentadas, se ha podido medir la riqueza y
la especificación de una denominación que cuenta entre las más antiguas del mundo in-
doeuropeo. Los otros términos que derivan de la estructura politica de la sociedad es-
tán menos atestiguados en la medida en que se aplican a conjuntos más vastos. Se di-
204
ria que la extensión dialectal de los términos está en razón inversa a la generalidad de
las nociones.
Recordemos que hemos partido de la serie avéstica dam-. viS-, zantu,
Ahora bien los datos son más abundantes para la primera que para la segunda di-
visión. Las 'dos tienen en común una tendencia a cargarse de un valor de
hábitat.
El tercero, zantu, pertenece a la misma familia etimológica que el latín gens y el
griego g4nos, pero difiere de ambos por su formación; Del latín gens en que
comporta un sufijo -tu, frente al -ti dellatin. El estudiO de estos dos sufiJOS y su
relación exigiría amplios desarrollos, que hemos hecho en otra parte
3
• tienen
capacidad para formar nombres abstractos; -ti se ha desarrollado más en
sición, y -tu para los nombres simples. No obstante, hay palabras Simples en -ti, y
gens es una de ellas. .
Desde el punto de vista morfológico, latín gens tiene un paralelo en el denvado
avéstico fra-zanti-. «descendencia», así como en gótico kindins (de ... gentinos), «he-
gemtm. gobernador», que ha sido analizado en páginas (p. 197). Pero l.a
designación avéstica zantu- se limita al indoiranio; e incluso .védlco
vo' colectividad de humanos, raza», que le corresponde, no tiene el sentido mstltuclO-
nai que es propio al av. zantu-. De este modo se ve que la situación de zantu es dife-
rente de la de gens y, a pesar del parecido de estos términos, nada prueba que sean de
la misma fecha.
El hecho importante es que, frente al neutro génos del griego, tenemos aquí pala-
bras del género llamado animado, masculino-femenino. El estos
depende estrechamente del sentido de la raíz ... gen-, que no mdica solo el naCimiento
fisico sino el nacimiento como hecho social. Varios derivados nominales lo ponen en
En una organización social definida por las clases, el nacimiento una
condición del estatuto personal. Se precisan términos que, al nombrarlo, caractericen
el nacimiento como legítimo, por los derechos que confiere a aquellos a quienes les es
reconocido. Además, esta legitimidad vale, en primer lugar, para los hombres; es a
los hombres a quienes se aplican los derivados colectivos de esa * gen-,
que designa a aquellos que se reconocen asce?dencla
linao Esta¡ condiciones expresan lo esenCial de la nOClOn: naClIDlento hbre, y
descendencia masculina; ayudan a definir mejor estos términos paralelos y del mismo
tronco, ay. zantu.lat. gens, gr. génos.
Pero la dimensión del grupo que cada uno de estos términos designa puede variar
según las sociedades; no ocupan el mismo lugar en la nomenclatura.?e las
sociales y territoriales. Si en la serie irania, zantu es la tercera extenslOn SOCial, genos,
por el contrario, es el punto de partida de la serie Aquí encontramos. ese gran
cambio que da lugar en griego a una nueva orgamzaclOn del esquema antiguo. E?
Atenas, en la sociedad antigua, el génos conduce a la fratría y la Iratria a la phule.
Según la constitución ateniense, era preciso treinta ?éne de génos) para
una phratría. y tres fratrías para constituir la phule. He aqm, pues,
cas que se aplican a conjuntos nuevos. Pero estas palabras son por SI mismas
gua formación indoeuropea y las nociones que expresan pertenecen al repertono anti-
guo de las sociedades indoeuropeas.
3 Noms d'ugenl el noms d'uction en indo-européen. Parls, 1948, 11' parte.
205
Esta transformación de la estructura antigua que dc:acmboca fmalrncnte en la
kóme y en Iapd/is no puede ser re1a.cionada con ningún acontecimiento exterior, sal-
vo quizá con el establecimiento de los helenos en su territorio histórico y con las nue-
vas condiciones del hábitat. No se advierte: ah1 ninguna influencia extraña. Todo pa-
rece proceder del fondo helénico, tanto la estructura como el vocabulario de estas ins-
tituciones.
Partiendo de génos para desembocar en la fratria, se pa5a del grupo fundado so-
bre un nacimiento comÚD a un grupo formado por el conjunto de los «mnnanos».
No son hermanos por la sangre, sino en tanto que se reconocen procedentes de un an-
tepasado común, y este parentesco mltico es una noción profundamente indoeuropea:
el griego ha conservado mejor que cualquier otra lengua el sentido propio de phr6ter:
es también ese el caso del griego (y parcialmente dellatin) para el término correlativo
patb
4

Este collleJYBduriJrno se nota aún en muchos usos sociales que nos 4cscribe la
epopeya. La eclad heroica, a la que nos remiten, ha sido una edad histórica. En cier-
tos aspectos tenemos, en el empleo homérico de ciertas palablll5, en las relaciones de
diferentes agrupaciones de hombrea, la imagen de lo que debió ser la sociedad indo-
europea común - en la vida civil Yen el combate- . La manera en que la familia y el
clan se reúnen, y en que los jefes hablan y actúan, debe reflejar bastante exactamente
el comportamiento de la clase de los guerreros en el mundo indoeuropeo. Leamos so-
lamente estos dos pasajes: Diada, 9, 63 s.
Se condena a aquel que emprende contra sus conciudadanos un mSAI.¡wr; lKL&t¡IJ.LOr;,
una guerra «civil», en el seno del mismo dimos!. Un hombre semejante queda sin
fratrla, sin thémis, sin hogar (hestfa). Las nociones de fratria Yde hestla son correlati-
vas; y entre las dos, thémis es el derecho consuetudinario que reina en la familia'. La
naturaleza de esta.s nociones y, sobre todo, su relación reproducen las que se han estu-
diado bajo otros aspectos más arriba.
Se ve as! aparecer, en orden inverso y sucesivamente: bestia, el hogar, es decir,la
domw,· luego tMmu, las costumbres que fijan el luego la fratria. Los dos
primeros circulo.s de la sociedad son los únicos nombrados o implicados aqol, porque
se trata de una hazafia individual. Pero en la guerra, son las grandes unida.dc:5 sociales
las que se encuentran comprometidas. y a1ú prueban su solidaridad. Cuando uno esté
en el combate, es preciso que esa solidaridad le afmne entre los miembros del mismo
clan, de la misma tribu. Esta condición rige el dispositivo de las tropas y el plan de
bataDa.
Néstor le dice a Agamenón,llía.da, 2, 362-363:
xpi"v' iv3pw; XIX"t'« ,pfrrPCXi¡. 'Al«JuIJ.VOV,
... ''"''1''1 ',""P'W" ,.l.o al
«Dispón los hombres en phO/on y en phrltre. a fin de que la phrlte ayude a la
phretre y los phO/a a los phQla.» Para triunfar en esta gran prueba que constituye el
combate y que es asunto de todos, la organización del ejército debe acomodarse: a los
cuadros de la sociedad: de este modo alcanzará su mayor eficacia.
En los textos antiguos de la India Ydel Irin encontrariamos recomendaciones se:-
mejantes. El «amigo» combate con el «amigo»; es preciso que cada grupo social man-
tenga o reconstituya su unidad en toda las circunstancias en que la sociedad entera es-
tá comprometida. Este principio no se afirma siempre de una manera tan explícita ca-
mo en Hom.enro, pero no es menos inherente al funcionamiento de las instituciones
en cada clase.
Queda por considerar el último término de la serie. A diferencia de los otros dos,
se limita al iranio. Esta palabra avéstica para «pais», dahyu (antiguo daysu) tiene
por correspondiente dasyu en sánscrito. A pesar de la identidad completa de las for-
mas, hay quienes ponen en duda esta correspondencia, a causa de la diferencia de
sentido. En yen antiguo persa, dahyu signiflca «pais»; en dosyu es el
esclavo extranjero. Pero la desviación se puede interpretar en un estado més antiguo
de estas nociones.
Del lado indio, dosyu debe ser tomado como un étnico. Los dosyu son un pueblo
extraf\Q que los Arios tuvieron que combatir; son bárbaros, esclavos.
PerD por el lado iranio, dahyu fonoa' parte del vocabulario consagrado y oficial.
Darlo se problama «rey de los países (dahyu)>>. Se designaba así cada uno de los «pai-
ses», Persia, Media, Armenia, Egipto, ctc., cuya reunión constitu[a el imperio aque-
ménida. Este término ha debido tener una larga historia en iranio. Incluso fue en la
socledad irania donde nació. Hoy estamos en condiciones de analizar su formación.
Un dialecto iranio del este, el kotanés, posee la palabra daha, «hombre». Sabemos,
por otra parte, que habia en el mundo iranio un pueblo de los Dahtze. como lo desig-
nan los escritoreslatinOll. Este pueblo se llamaba, por tanto, como tantos otros, sim-
plemente «los hombres». Gracias a este paralelo, el sentido de dahyu se vuelve más
claro: partiendo de una raíz dos-o para nosotros mal identificada, es UD derivado que
designa una colectividad de hombres, la más amplia en el orden tribal, y de ahí en el
área territorial.
Puede comprenderse, entonces, el sentido tan singular del séDscrito daS)'ll. Si la
palabra se refiere primero a la sociedad irania, el nombre, con que ese pueblo enemi-
go se designaba a s1 mismo en tanto que colectividad, ha tomado una connotación
hostil y se ha vuelto, para los Aryas indios, sinónimo de pueblo inferior y bárbaro.
De este modo la relación de sentido dahyuldasyu refleja conflictos entre pueblos in-
dios e iranios 1.
4 Cfr. antcriorlllCllte, p. 140.
5 Sobre tilmar. cfr. 11 parte, libro l. cap. 9.
, Sobre thémis. cfr. U parte, libro 2, cap. l.
206
1 Cfr, anteriormente. cap. ,.
1D7
CAPiTULO 3
EL HOMBRE LIBRE
s-.no. Aunque !ro oporil:i6n ll1ibre-esdayo.. el COGIún I codos 101 pueblOl indo-
CUtVpCiIJI, no le eonoc::c dc.ipad6u comim pan la lIOCiba de «libertad_, El
de: tu riu po!" lu que se I.VIl5ticu,,: esta desiF'ld6n ea dos &f1IpoI de 1en¡uas. no tw:c
lino pQnCT mejor de rdien: d CDIllenido cspcclrlco de la DOdbn..
En Iltln J en JIÍCIO. d hombre Libre, -(r}/ftldlvraJ. se defarw: positJnrnente por ru
• un «crecimiento., • lItIa '"'l%pI.lO¡ pn¡C'ba de dIo la tt.BetDCII al lltin: la
dcsi&QI;i6a de 101 .niftou (bien nac:idos) por naca de buena cepa y SC'r ClI
lodo uno.
Ea lemJAniaJ, d parcntc5co todavilscnsibk, por ejemplo, cttotre d 11. 1m. 1I1ibR:lf. 7
-amp, permite m:ooslnlir lIDa 1Iad60. primillYa de 11 liberad como Ftc-
Jlr:ntil al pupo cerrado dc MjueIJos q.¡c mllllWDC:Dtc le llame lWllitOl ••
au pmmencia al¡rupo ---dc acciI1I..iento o de aJ'\ÚI:m- d indiY"=Iuo ckbc In JI.D
loUmeDlc libre, JiDo Iamlritn Irr.nooo: los derivados dd lá'mino kli&h.
lkuJII..... Iat. 8flU. csu)"Olt, pero ta.JnbKsI gr. Ifü, Mialnu. WiatSo. IIL
••compaftero. wic¡u. permite CDI1C'l'tt en d primitivo d .-abre de: UNI
URidlld doodc cada nricmbm 00 descubft su propia nllunltu y c:ondk:illn. aiDo
en 11 n=t.;ión i01crpendientc que se esI&bb:e coa los «c01IIIpalIen:-lt.
Los cuadros ¡enml1es de la IOCicdad indoeuropea, las grandes divisiones que ella
implica son ya instituciones. Precisando nUClItro plan. estudiaremos ahora las nocio-
nes fundamentales que orianizan la estructura de las instituciones.
En el seno de cada una de las sociedades indoeuropeas, reina una distinción fun-
dada sobre la condición Ubre o servil de los hombres. Se nace libre o se nace c:lIclavo.
En Roma es la división entre /iberi y serui. En Grecia, el hombre libre, efeúthetw
(¡)...úG"POC) se opone a doQ/os (&o\iAoc).
En Germania, según TAcito, la sociedad comprendla los "obiles, los ¡"gen"i, los
/iberti. los serui. Es evidente que "obiles e ¡ngenui, con la distinción de la nobleza y
del nacimiento. equivalen a liberi,· por otro lado, los serui forman grupo con los
ti, antiguos .seruf. De este modo. la división de la sociedad. a de estos cuatro
terminas es la misma. En la India se oponen igualmente los Tuya (nombre con el que
se desianan los indoiranios) y los di.l.!a (esclavos yelttranjeros).
A través de una terminologia renovada, se mantiene la misma instituclÓD. Pero te-
nemos por lo menos un término com(¡n a dos o más lenguas; latln Jiber/griego etnl-
theros. La correspondencia ClI inmcc1iata, los dos términos pueden superponerse, re-
miten a una forma antigua, • (e)/eudheros. que se encuentra en una tercera lengua, el
véneto.
En efecto, en venCía bay una divinidad, Louzero. forma 0.1)'0 equivalente latino
208
seria una Libera. paredro femenino del dios Ubcr, identificado con Bacchus. Ade-
más, tenemos una forma casual, ¡fJuurof/OS. interpretada como liberibus, con un
diptongo -ou- radicll1, del cual da curnta la alternancia vocálica e/o. como en la& for.
mas falisca loferta (:: liberla) y osea LJlvlreis. genitivo singular (_ Liben) frente a
• (t!) teudheros, lat. libero
El análisis ctimol6gico saca a la luz en liber un conjunto complejo de relaciones.
Ante todo, se trata de saber si hay un ¡¡bu o varios. Porque /iber adjetivo, Ll«r
nombre de divinida.d, ¿&en la misma paJabnt? También crtin los liberi, «los niftOSlt,
que llpIlROtcmertte Ion &1&0 diferente. Lo que complica la cuestión de una forma cm-
tinta es que el radical de donde se han S&CBdo libu y elt!Úthuos
l
a saber, .leu.dJt.... da
en eslavo, a. esl. (judi1. «pueblo»¡ Uucf'lje, ugentu; en gcrmtnico, a.a.a. IiUI, a.a.
leod. aIcmtn moderno uute, «la gente». Por último, además de estos adjetivos y es·
tos sustantivos, la rm verbal proporciona en gótico liwdtm. «crcccrn, en indoiranio,
ser. rudh-. av. rud-. «crecer, desarrollarse».
El parmtcsco de las formas ea ftcil de establecer, ¿pero decir de la variedad
de las silnirlcaciones1 Éstas son tan partitularCl que, a primera viata, se lo considera
inconciliables. ¿Cómo explicar por una ra1z ·/ndh·, (ccrecer, desarroUanelt, un tér-
mino colectivo, «el pueblo, las ¡entClllt, luego un adjetivo cclibre» y, localmente, en la-
tín, un nombre de divinidad, Liber. y un swtantivo (iberi, cUños»?
NDlI encontramos con UD modelo baalante frecuente de relaciones a estudiar: en
un extremo de la cadena (lquf en Roma), el término se ref'J,Cf'C a instituciooCl, mien-
tras que en otro lusar forma parte de otras articulaciones y designa rc:alidadCll di-
fc:rentes.
Procedamos partiendo de lu formas mis simples, que son las formas vcrbalea.
Gótico üudlr" lignifica «crecer, brotar» y sc dice: de Dna planta que realiza su creci-
miento. En efecto, este va-bo Jludlln proporciona también Iinldi. 4Cfigura», Y-/aupen
oomposici6n enjugxa.fDuJJ.r, literalmente «de estatura jovenlt; 3Ilma.1/ruJM «del mi!imo
accimiento, igual». Asimismo, en inc1oiranio. ser. rudA. av. rud-TrIOd. tccreccr», y el
suatantivo av. rllodah-. «crecimiento, Qtatura. f"tgura».
Puede entonces imqinarse que Becada a su túmino la imqen del crecimiento que
desemboca en la estatura y en la f'lgUra humana, haya producido en otra parte una
noción oolc:c;tiva como la de «cepa», de «.rupo de crecimiento», para designar una
fracción el conjunto de aquellos que han nacido y que se han desarrollado
conjuntamente. El valor social de UD sUlltantivo como '" /eudho- ha podido favorecer
el paso a1sentido de «pueblo» (as1 en andsuo eslavo /judtje, «pueblo», yen iermbi.
ca leod. «pllebkJ»). Y de ult sustantivo ·/eudho. (o • /eudhf!3-) se saca fácilmente
• (e)feJldhero- para caUficar la pertenencia a la cepa l:tnica, el estado de «hombre
libre».
De este modo, parece que la noción de «6bertad» se constituye a partir de la no-
ción socializada de «crecimjc:nto», crecimiento de una catcgoria social, desarrollo de
una comunidad. Todos aquellos que han salido de CIta «cepa» de este «stock» estio
proyutos de la cualidad rk • (e)/eudheros.
Ahora podemos volver a IIber y reconocer el v1Dculo que une varias nacioDCIl dife·
rentes. mdios Liber y el adjetivo ¡iber pueden coexistir sin que el nombre de dios sea
una aplicación del adjetivo. Librr. como c.n vl:neto LOllura. es el dios del crecimien·
to, de la vegetación, especializado mis tarde en ti dominio de la ví.b..
EJaUhnos, liber; cata pareja UUltra ahora de forma clara d ori&en de la noción de
dibcrtad». Tanto en latin como en &riCIO le presentan desde los primeros textos lO-
209
das hu accpcionr:s de las que nosotros tomamos la palabra «librelt. Tanto el bombe li-
bre en la ciudad como Ubre de enfermedad, de sufrimiento (con ellcuútiVO). En Ho-
mero, 'mar (u.whpo'l' Tg¡.ap), «el die Ubre», designa el dta que es el del
bombre hore, 1. condici6n del hombre libre, y se opone a doúlio" lnmr (3oúlwY
¡,..¡,).
VIUDOS captando 101 origCDC5 50CiaJes del coocepto de «libre». E sentido primero
no es, como uno se &entirla inclinado a pensar. «desembarazado de al¡una COIP;: CI
el de la pertem:ncia a un tronco knico dcñ¡nado por WlI. metáfora de credmimto ve-
aetaJ. EAa penc:m::ncill confiere un privilegio que el extr&njero y el esclavo no cono-
cían nuDCI..
Considen::mos por !Utimo el término li.beri. «nifios•• Prcsc:nta UD.I. doble particula-
ridad: ante todo, DO se emplea mAs que en plural; luego, y are todo, nO dClipa a
1.01 niAoI mu que por la edad, no por su CODdici6n social. No obltante, Ubm. w-
!k>s», no ea otra COla que el plural deladjctivo liM,-. Se explica por una fórmula muy
antigua, que aeDmpafta'ba a la celebración del matrimonio y que se encuentra en 101
textos lqaIea Yen Plauto. Asi¡na al matrimonio su objetivo. mque daba su hija CD.
matrimonio la diris;la al furuto marido liber(or)um quamutdum etzUJa (o 'lTlt'kl), «pa-
ra obtener hijos kg1timos». Esta fórmula reaparece en griqo, perfectamente estable:-
cicla por las alusiones de los oradotClll antiguos, por una cita de Menandro, y en divu-
S05 tatos de 1eyl::a. El enunciado esliteralmc:nte el mismo: Ud
«para. procrear hijos IqltimOrD. Ateniéndonos al sentido propio de /ilKr, se puede
traducir literabnente la fOrmula latina «paIll obtener- (iCI'CI) libra»; el objetivo del
matrimonio es prccisamCPte dar a aqu.ellos que nazcan la condición de hombres libRs
JegaUzando su nacimieDto. Es en esta Iocu.c:ión, y 5óIo por implicación, como régimen
de «obtcnmt. Q)JDQ lilJeri ha tomado el sentido de «nifios»; sólo ton ti el
plurallib<rl cqulwIc • los poTda ,nÍ3ioi (ni&< .......,) de la r6tmula ¡riega. Fl k.-
guaje de los jurista. esti en el origm de esta dcavia.c:ión de sentido. Soa numerows 101'
táminos de derecho que pasado al vocabulario como.n en latID. As! Hller, que
responde perfectamente a gnbi04, «de nacimiento legitimo», U.cva a formar un tmm-
no independJente, el de Jiberl. «nUlos». Tal es el fundamento de la 00006 ele «liber-
tad» que se ha podido RCODItruir rombiDlUldo datol a primera vista iDCondliables y
resucitando una imagen conceptual profundamente enterrada l.
La historia de este t6rmino ilumina la fonnación del concepto de «hombre libre»
en aquellas 1cDpu donde se expresa por una forma derivada de "Iftldh-, como el
lrieeo mostrando de qué noción primera se ha derivado Cite concepto.
Pero la ¡toesis ha sido diferente en otras partes del dominio indoeuropeo, donde
t&minos diferentes han prevalecido y pennancccn vivos. El. que méJ Dama nuestra
atención ce el sermtn1c:ofre/ (alemán/rei, «libre», inslés/rer). Oraciu a 1.. condicio-
nes favorables de la oomplllllCi6n tambiáJ. aqui podemos cicscribir la .bLesis de una
denominación convertida en sinónimo del griego elelJtMraJ, pero que se realiza por
unas vial completamente difere:utes. 'J que pone en juego nociones relativu al indivi-
duo, no a la lodcdad.
La distribuciÓD dialectal de las formas, en el preSCD.te caso, complementa-
ria de la de • (t)lftuJheos, en el sentido de que ni el ¡riego ni cllatin polem el COlTCl-
1 Cfr. matroartkuJo «Liberct líbtlTbt, XIV. ItJ6, pp. 51·".
210
pondiente ctimo16¡ico de/rel. y, • la inversa, las lenguas que comparten am elaer·
mánico el vocablo Inl DO hllD aplicado el derivado de "'eudlf- a la expreli6n de «U-
bre». De cite modo, se erea eotn: 1rJ5 cbaJcetOI una repartición léxica que permite com·
parar dos procclO8 diltiDtOl, partidOI de puntol diferentes y finalmente convCfIC:D.teI.
La evolución que ha producido1m, .hln». en germAnice procede no de una raiz
verbal, sino de un adjetivo indoeuropeo que lit reconIUUye en •pTiyo.f. Bsto ya es diano
de tcncne en cuenta: todo ha partido, dc:sde el estado indoeuropeo, de una forma no·
minal. de una ca1ificad.6a ltelti¡uada como tal en indoiranio, en eslavo. en pmini.
co y en c&ico y que ha aido productivo. El segundo bc:cbo notable es el xntido de
.priyotl. Esta c::alifica.ci6I indica una noci6n de carkter afectivo. que aparece c1In.
mente c:o indoiranio, donde st:mcrito pn)a-, AV. frya-, si¡nirl,CUI «querido». E adjo.
tivo comporta, c:o efecto, 1.01 valora sentimentalcl que DOIOtrOl vincnlamOl a «qued.
do•• califica a aquellos por qWeocs 5C siente afecto. Pero en c:ir:rtos empleos idiom.6d-
COI se refiere a posesi.ollCl penooales e, incluso, a partes de 1& penona f1Iica. Puede
demostrarse que &e es ro sentido primero: -¡;ri:yos es el adjetivo de pc:rtcncncia per.
sonal que implica una rdadón no jur1dica, sino afectiva con el «uno mismo», y aicm·
pn: apto para tomar una cokxac:i60 de sCl1tim.iento de suerte que, lCg6n 101 casos, se
traduce tanto por «(suyO) pl'opio» como por «querido, amado». Es el upecto afecti.
vo de la nocióo.lo mú viJible y lo que se vuelve mis frccu.entc: de este modo, prlya.,
en v6dic:o. califica a loe lClC$ estrecbamcntc asociados con la penona y que CItAn
«ccamaslt por d. sentimiento: el femenino pri)lfl, «qucric1a», convertido en sustanti-
vo, es d. nombre de la «CIpOSU. Esta esfera per5OIl&1. comprende también. llr:gado d
caso, a las rdacioncs cntrt l:1 hombre Y11. divinidad. realizando una especie de «per'Ieo-
nenciu muma, vM. priya-, entran asi en 1& term.inologia religiosa.
Sobre este adjetivo antiguo, el ea1avo ha construido un pRaCn1e denom.in.ativo
P"iJqjQ (ruJOPrl}aju), «mOltrane favorable, tcstimomar afecto», de donde el nombre
de asente «ami¡o», conocido en todas 111 Ienauas eslavas.
Tambim en gcrminJco el valor seotimental queda marcado desde e1¡6tico en el
verbo frijOfl, «amar» (que traducc sr. app/Jfl, philebJ) y CD. d abstracto /rlQj)wo,
«amont. E partícJpio/1fjcmds, «amiBo., anticuo alto alemin/ri"'fld, «Freund» COD.·
tinúa CIte sentido hasta nuestrOll d1a1.
Pero el,ótico posee tambito el adjetivo/re;", «libre. eleJJ/heros». con el abstracto
lrifti, «Hbertad. es dccir'. el correspondiente literal del antiguo •prlJf»,
pero con una sentido completamente diferente, el de «libre». Lo comparte con el pIo
rhydd, «libre», que se remonta a • prlyos. Hay, por tanto, en aótico, escisión
Cl1tre/rijan, «amant, yfrrJ,I. «libre». Elta situación léxica particular hace: pensar que
el paso defrei3 alscntido de «libre» es debido, en gótico, a una influencia del ctJtic:o,
donde •priyo.s si.¡nitlca solamente «libre». Quizá incluso en gótico IC8 un prbltamo
directo del céltico. como Jo son varios t6rminos de cultura en germinico. Bita esp&-
cializaciÓD no esti coD5tatada en ninguna otra lengua más que en el céltico y en el ,u-
mánico.
Del sentido indoeuropeo de «personal, querido» al de «libre», que: aparece en céI·
tico Yen IÓlico, la evolución debe explicarllC por el. exclusivismo de una clase social.
Lo que era una cualificación pc:nonal de orden sentimental se ha convertido en una
ICSpccic de &igno de reconocimiento mutuo que intercambiaban 105 miembros de la cla-
le de 101 «bien nacido.». Es de las clascs cerradas desarrollar entre aquellos
que fonnan parte de ella el. ICIltimiento de una pertenencia e5tret;ha al m.i.lm.o cuerpo
y dane un vocabulario distintivo. El ténnino que primitivamente exprenba una rela·
211
ci6o. afectiva entre per1OIW, •prlJlOf. adquiere un HDtido institucional cuando ae
coavicrtc en el apciativo racrvado a eu muhy""'d de duc ,. por 11
dalombw:i6nde 1mestatuto el de los hombR «libra»J.
Por 6ltimo. una postrera apri
a
ci6n para es la del iranio lUJtipo id''''
(pona i<iid). Si¡oi/ica propia_te «IlOCido '" d imaj... ....".,.., .1 provorlrio .. la
daoOIlclmcia hada y bula d punto actual. Es úc:mpn: d _10'" la amliDo!-
cIId de 1u ............ 1o q... prantiu la c:ondiciilo del hombre .<libro••
A travá de la hirtoria de estos t&miDoll le preciA la ai¡uimte conclUli6n: que
DOIIlbres de cstatutOl lOCiaIa Y de cIaucs se rinoJl'D con frccuCDCia a nodonCl indivi-
duales como la del «DKimiento» o a t&minol4e amistad como kM! que riFo eotle 101
mi<:mbros ele J'UPDI corradDo. E.tas apolaci.... 1os a<pOIOll ele los "lW\ioroo. el< los
esclavos, y, en general. de aquellos que no IOD «na.cidos».
No le obsen'a butante tuán estreebu SOD tu. relaciones que unen, en ciertos tiJ)Ol
de sociedades. aIpnos de 101 términos de diversos órdenm que defmen al individuo
en su estatuto personal.
Todo un grupo de pllJabru, diversamente emparentadas entre si, ilustran estas re-
laciones, unas directamente, otras de forma aleo mil distante. En primer lugar consi·
deraremos el adjetivo arleao /dios (\1LO/O), que se ret1cre a la noción de «privado, que
es propio de alguien», por oposición a 10 que Cl!i PÚbUco o común a todos. El orl¡en
ele este t&mino ha sido muy discutido. No pudo aer f¡jado basta que no se encontró
en una inscripción argiva (en el territorio dorio) la palabra wlt«JiatA'S (wh.&llnGI;) "1
le ,occmoc:i6 '" olla la forma lDcal clcl tI:rmino <Ü.Jico 1d/61'" Esta fo,_
wh«JIutGl. es c!c gran int.era por su arana wJt.. que n:mkc a una antigua inicial .".
Ypor' el voatiamo e. de la primera silaba. Nos informa de que 1& ¡... inicial de /diot3 el
una anti,aua r- asimiladl en IU timbre a la -1- interior. Por otra parte, la fonnaciÓD de
w/tdialJa no coo;uerda aaetamCllte con la. de id;&is. :El término argivo pertenece a
la eateJOria de los &6nnin0l JOCiaIea en 4:StfJI. jon. at. -uf/lo como sr. J1e"btb.
cmcrcenario, dom&ticolt (cu Tesalia). Pero el radical es idt:otico en el argivo wltttdic-
'a y en sr. idiDtÜ. "'1 ahora se reconatruye en •r«t:/-. Bajo dos formas H,eramcnte
diferente:l, tCDCfllOll ahi la dcdpación Jricp del «partieular», del «ciudadano priva-
do» opuesto al hombre ptbUco. a aquel que OItCDta el poder o ejcrte carIO'. Pro-
c:uO"uemcnte. las k:o¡uu indoeuropeas han tratado. cada una por su cuenta. un radio-
cal heredado, y cada una. 10 ha hecho entrar en una forma.cióD. cspcc:íf'i.c:a. Es el cuo
del término piqo en c:uesti6n, del que ninguna otra len¡ua tiene el corn:¡.pondic:ntc
exacto.
Hay, sin embargo, una fonna vec:ioa en el adjetivo latino $Ot/ili8. derivado cn
-il11s de un tema sod- que puede remontarse a .SW«i-. I!D.tre $Ot/i/Is. «compaftero.
c:onfrade. colega», especialmente «miembro de un ca. religioso». y el whed;atfll
¡rielO aparece. pese a la diferencia de las inatitucioDCs, un rasgo común, el del cfrcu-
10 cerrado en tomo al «hombre privado» o a un crupo profesional estrecho y que lo
especifica scparAndolo del reato de la sociedad mediante un estatuto particular. El-
ta caraetcrización sigue siendo social. tiene un puesto en Iu denominaciones de c:1ucs
y de funcionea, como lo muettran. respectivamente, la formación crieP en -atiD y la
formaci60 latina en -QJis.
ConsidcnmOl aben el radical mi&mo forma ampHada que nos rmUte al
1 Una blb1Iopana rmcnu « alt plDblc:ma es ct.dII c::oa una il'ltuprttad6D bu.tm[e pof
F. MKrz:ou. ZftadIriftftlr ...,,....... JptwdtJrxxlHmI. 79 (1965). pp.)2., 11.
212
támino de base •SMle.. Este • swt'. ateltiaUado en unllarga serie de vocablos variados,
es un ttrmino muy importante 4e1 vocabulario indoeuropeo. Su valor propia se en-
cucntra disociado en una cate¡orla DlOffolóBica definida. Su final e. es fija, constaD-
te. lÍO alternancia vocilica. no es una final de término flexionado: tenemos ahi un
vesti¡io de un estado an:aico¡ .S1ft!' pcrmanec:c fijo tambi!n en composición o en
derivación.
La. fmal 4 se encuentra en un grupo de otras palabnu, testimonio igual-
mente de un estado de lcn¡ua muy antilllo. '1 que sobreviven tal cuales en diversu
lmui cid vocabulario. Allí ·/c"r, part1l':ola ilativa (gr. tr (-n), lato -qur. ser. -al); el r&-
cücal. con otro voc:alismo. se encuentra ea el tema cid rdativo interrogativo .1c"o-. cr.
po- (a: yen·rof, lrieIO d. tis. (u, 'Q(). • k-r, con la. finAl e. tija,
tiene la forma y 11. fondón de una pll111cu11, que no es sUIOCPtible de flcxi60 ni de
IltemllJlÑ..
Otra palabra que presenta esta final es el nombre de un número •¡Je.lIlc"t,
«CiDOOIt, iT. plntt (Ki\IU.), latln quiru¡ut, sinserito ptlifal, cuyas t1nales ."1:" -qut. -al
reproducen exactamente las formas de la particull ilativa: gr. tt,·lat. -qur; ser. -CIl.
La palabra • SWf' ha dado nacimiento al adjetivo indicando la pertencncia propia:
ser. lI'va-, lat. 6UUS. gr.•swós (. uwds). Lo que hay que seilalar es que· SWOlI' no es en
indoeuropeo el pronombre de tercera pe:rsona del singular, COla que suserta la situa-
ci6n del pOIClivo latino lI'UIlll' alIado de mtull' y tUIlS. Hacemos instintivamente de SUIlll'
el tercer lámino de una serie: al como ponernos ;e. tu. iI [yo, t6, tJ] y mol. tofo /ui en
la flexión verbal. DOS parece nomw tc.ne:r mona /01'1. SOII. Totalmente distinta CI la ro-
lación de estas fonnu en indoeuropeo: el empleo de ."WW' no es !wocptiblc de una
acqx:i60 de penaDa, no cstt lipdo a la t.crcera persona: .J'1'IIW es ti pronombre
xivo y poICSivo, apUcable: a todas las personas de forma paralela..
Es lo que todavia vemos hoy en lu Icn¡uas eslavas: el fU50 moderno dice: noj pIl-
fa «(mio, tuyo, SUYO. nuestro. vuestro. suyo) Asi, gótico.sweJ-. «propio, par-
ticular, pcnonab. es apto para califlC8l a cualquier" penooa. A5imismo, enlinsaito
na-a indifcrc:otemcnte aIll donde mio o tuyo lICrla necesario para nosotros. Esta dis-
tindón orJcinalen aum.to a la pc:nonI. revela el sentido fundamental de la pIIabn. J.
Ya bemOl indicado anteriormente (p. 141) que • .rwt rea.parcte en el antiguo com-
«hermana» as1 como en • .sw«rii-, cr.uqra»••SM.bo'o-. suegro».
Conviene pooer de mllDificsto aqui una particularidad notable en los términos de
parente8cO formados a partir de • swe en eslavo, en blltico y parcialmente en scnnt-
nico: en este dominio, los términos derivados de • SWI!' se reflCren al. parentesco de
alianza '1 no al parentesco consanguíneo. Tenemos ah! el rugo comÚD a UD conjunto
de desl¡naciones: ruso avat. «pretendiente (al matrimonio)>> y también «aliado por
matrimoniolt (por ejemplo, pira 11 rellci6n entre el padre del caladO yel padre de la
cuada); 3vojak (derivado de noj, «propio»), «cuftado»; wrst' f. «hermano de la mu-
jer»; lituano, svd;,,;", «hermano de la mujer; marido de la hermana», femenino .s'HlI-
ni. «hermana de la mujer. mujer del hermano»; a. l1to aIemin swto. ruw'o. «cw-
do, marido dc la hermana». Si en estos derivado, tenemoala coDlervacllm de un esta-
<io Itxico antiguo. puede: apreaanc el inter&l que preae:ntan para la lnterprctad6rn de
) No JI: lnlA de atudiar w¡W '- nMdóa fonDal mue.lol tanu altaDaD1a ••• p.,. ma Ro-
ClllOIblM.ldóa r:k IDI. eatado mil aDIipo de !lila forma. r:!r. lJJIIlfti1t de ,. SodItI ,. .LbtpIniqw • ,..,
t. 1"". p. 36. mtema •.".. es el Q:nk:g que Inttnicm.c en la foo..dlla ele 101: dc:rhwtoa que ...,occdcn
dd CIIudiD.
213
aquellos npmbres fundamentales y conocidos en todas las lenguas indoeuropeas que
parecen cQmpuestos con '" swe, a saber, «sreur» [hermana] ('" swesor-), y «suegros»
('"swekrU-, etc.). Estas denominaciones vincularían a quienes las llevan con la otra
mitad exogámica; de hecho, la sCX!ur [hermana], pertenece a ella en potencia, y la
«suegra» en realidad. Los teóricos que a partir del presente esbozo emprendan el aná-
lisis del parentesco en las sociedades indoeuropeas verán mejor el alcance que convie-
ne atribuir a esta observación.
Este '" swe es, asimismo, el tema de las palabras griegas étes (r'tTlt;), «aliado, pa-
riente», y hetafras (ho¡¡;pot;), «compañero». Estas dos palabras, empleadas juntas des-
de Homero y en competencia una con otra, son vecinas por el sentido, aunque difie-
ren por la sufijación. Habría que emprender el estudio de todos los pasajes en que se
encuentran las dos palabras para tratar de limitarlas. Parece, sin embargo, que hetal-
ros tiene una significación más precisa: «compañero», «amigo», en el ejercicio de una
actividad, en el combate, pero fuera del parentesco propio, mientas que étes designa-
ría a los «aliados» en general.
En étes, «aliado», y también, dialectalmente, «conciudadano, ciudadano, hombre
privado», el radical '" swe permite una aproximación a whediestas, «hombre
privado». En las dos palabras, es evidente la misma noción fundamental, noción que
se reconoce también en otra familia semántica griega, el perfecto eío!ha (&Lw6cx), «es-
tar habituado», yel sustantivo éthos (s60t;), «hábito». La forma verbal y la forma no-
minal particularizan la noción de «hábito» en tanto que carácter distintivo y manera
de ser individual.
Por tanto, podemos identificar '" swe en griego en varios grupos de formas donde
se ha especializado mediante afijos distintos:
'" swe-d en ídios
'" swe-t- en étes
'" swe-dh- en éthos.
Estos pocos ejemplos esclarecen la relación que une el concepto significado por el
radical "'swe con un grupo de derivados que implican, todos ellos, una relación de ca-
rácter social, parental o sentimental, tal como compañerismo, alianza, amistad.
Si ahora abarcamos el conjunto de las derivaciones que están fundadas sobre el te-
ma '" swe, se observa que se reparten entre dos líneas conceptuales. Por un lado, '" swe
implica la pertenencia a un grupo de los «suyos propios»; de otro, especializa el «su-
y o ~ > como individualidad. El interés de semejante noci6n es evidente, tanto para la
lingüística general como para la filosofía. Aquí se deriva la noción de «soi» [sí
mismo] del reflexivo. Es la expresión que usa la persona para delimitarse como indivi-
duo y para remitirse «a sí mismo». Pero al mismo tiempo, esta subjetividad se enun-
cia como pertenencia. La noción de "'swe no se limita a la persona misma, plantea en
origen un grupo tan estrecho como cerrado en torno a sí.
Todo lo que sale del'"swe se convierte en '" swos, latín suus, «suyo» (en el sentido
absoluto indicado más arriba) y la propiedad misma no se define más que dentro del
grupo incluido en los límites del'"swe. De este modo, y volviendo a los términos grie-
gos, '" swe explica a la vez ídios, «particular a uno mismo», y hetafros, que implica la
relación con un grupo de clase de edad o de profesión. La situación reconstituida por
esta comparación reproduce el sentido propio del indoeuropeo '" swe, que implica a la
vez distinción con todo el resto, atrincheramiento sobre uno mismo, esfuerzo por se-
214
pararse de todo lo que no es el "'swe-, y también, en el seno del círculo discriminativo
así formado, relación estrecha con todos aquellos que forman parte de él. De ahí esa
doble herencia, a la vez el idiótes, el ser social restringido a sí mismo, y también el
soda/is ["'], miembro de una cofrafía estrecha.
Esta dualidad sobrevive, puesta de manifiesto por la etimología, en las dos formas
se del latín, convertidas en independientes; se reflexivo, que indica «uno mismo» y se-
separativo, sed, «pero», que señala distinción y oposición.
Vemos, por tanto, que también aquí (como para la libertad) es la sociedad, son las
instituciones sociales las que proporcionan los conceptos en apariencia más persona-
les. En la gran unidad léxica, formada por numerosas subunidades, que procede del
término'"swe, se reúnen a la vez los valores de institución y los de la persona que re-
miten a uno mismo, preparando, en el grado más alto de abstracción, la persona gra-
matical.
Esta doble relación está inscrita en los datos históricos. El sánscrito SVQ- significa
«suyo», pero con un valor técnico que sobrepasa la posesión personal. Se llama SVQ- a
aquel que forma parte del mismo grupo estrecho que la persona; este término juega
un papel importante en las disposiciones jurídicas sobre la propiedad, la herencia, so-
bre el acceso a los títulos, a las dignidades. El término correspondiente existe con el
mismo valor técnico en latín. En la ley de l;ls XII Tablas, hay una cláusula sobre la
herencia: «si un hombre muere intestato, «heres suus nec escit (= non sil) y no hay
heredero que sea un suus». La expresión heres suus es también un arcaísmo; porque
suus, si tuviera sólo el sentido posesivo, no sería necesario. Un heres que sea un suus,
he ahí a lo que apunta la prescripción: no hay transmisión de la propiedad al margen
de los sui, es decir, del grupo estrecho de descendientes inmediatos; esa transmisión
permanece en el interior de la colateralidad.
Percibimos todas las clases de desarrollos, que se iniciarían a partir de estas cone-
xiones. Alternativamente el parentesco jurídico y la conciencia de sí mismo, las rela-
ciones de cofradía y la individualidad propia se constituyen en otras tantas nociones
autónomas y desarrollan grupos de términos nuevos. Pero la confrontación y el análi-
sis de estas familias léxicas ponen de manifiesto la unidad primera y revelan los fun-
damentos sociales del «uno mismo» y del «entre sí».
[0] Para la relación tradicional del latín sodolis con el antiguo indio (ya védico) svodha. cfr. M. MAY·
RHOFER, Kurzgefasstes etym%gisches W6rterbuch des A/tindisches. Lieferung 24, Heidelberg, 1972, pági-
na 559 (J. S.).
215
CAPÍTULO 4
PHÍLOS
Sumario. Los valores especificas del latín ciuis «conciudadanOl'; gol. heiwa-, «grupo
familiar»; scr. séva-, «amistoso», hacen suponer para el i.e., *kejwo-, que estas palabras
permiten reconstruir, una significación donde se encuentran nociones sociales y valores
sentimentales.
Los empleos, sobre todo homéricos, del griego philos y de sus derivados aportan el
mismo testimonio, a poco que se capte su valor pleno. Valor social, en primer lugar, y
vinculado en particular a la hospitalidad -el huésped es phllos y se beneficia del trata-
miento especifico designado por philein, «hospiten> [acoger o tratar como amigo]-, pe-
ro también a otras formas de compromiso y de gratitud mutuas: philein, philóres pueden
implicar el intercambio de juramentos, y phílemu designa el «beso» como forma regula-
da de saludo o de acogida entre philoj. Valores afectivos aparecen con los empleos que
califican las relaciones interiores en el grupo familiar: philos, «querido»; philóres,
«amor».
Tales son los valores constantes de philos, y el análisis minucioso de los pasajes, en
que philos califica objetos, permite hacer justicia de la ilusión, antigua como la filología
homérica, de que phllos haya podido equivaler a un simple posesivo.
Un hecho de gran alcance es la conexión entre términos que significan «amigo» y
otros que marcan de manera variable la posesión. Los empleos de estos términos ilus-
tran la estrecha relación de las nociones sociales y de los valores de sentimiento en in-
doeuropeo. Pero esta relación puede no ser visible a primera vista.
Consideremos el término latino ciuis, «ciudadano», de donde ha derivado el abs-
tracto ciuitas, que designa propiamente la calidad de ciudadano, y colectivamente el
conjunto de los ciudadanos, la ciudad misma. Ciuis es propio del vocabulario latino,
apenas representado en itálico; en tanto que designa al ciudadano, no tiene corres-
pondiente en otra parte. Se relacionan con él, sin embargo, unos términos sánscrito y
germánico que concuerdan en la forma, pero que presentan un sentido bastante dife-
rente: scr. seva, «amistoso»; gol. heiwafrauja que traduce el gr. oikodespótes, «jefe
de familia». La forma gótica heiwa- coincide exactamente con las del sánscrito y del
latín. Las tres suponen un antiguo *keiwo-s convertido en latín en tema en -i-.
Estamos en presencia de un término común a un grupo de lenguas, y ciertamente
antiguo, pero que en cada una ha tenido una evolución semántica distinta. Ante estas
divergencias, ciertos etimologistas han puesto en duda la legitimidad de esta compara-
ción. Pero las objeciones no tienen en cuenta relaciones que pone de manifiesto un
examen más atento de estas formas consideradas en su contexto propio.
En germánico, la noción debe definirse como familiar y conyugal. El compuesto
gótico heiwa-jrauja (con jrauja, «amo») traduce el griego oiko-despótes en Marcos
216
14, 14, donde el sentido es el de «jefe de familia (que ejerce sus deberes de hospitali-
dad)>>. En otros pasajes, donde el griego oiko-despótes designa al «amo de casa» en
relación a los esclavos, el gótico usa un término diferente, garda-waldans. Esta elec-
ción es instructiva. Para traducir el mismo título griego, el traductor distingue dos no-
ciones: el «amo de casa» es, según los casos, garda-waldans, «aquel que tiene el poder
(waldan) en el recinto de la casa (gards)>>, por tanto, el que manda a los sirvientes o
heiwa-jrauja, «el que es dueño (frauja) del grupo familiar (heiwa-)>>, por tanto, aquel
que acoge bajo su techo al huésped de paso. El gótico separa la «casa» como lugar de
habitación y dominio cerrado (gards) de la «casa» como grupo de la familia y círculo
de relaciones personales, que es denominado heiwa-. En las demás lenguas germáni-
cas, este sentido se encuentra claramente confirmado por el antiguo-alta-alemán
hiwo masculino, «esposo», hiwa, femenino «esposa»; hiun (a. ils. hjon, hju), «pare-
ja conyugal»; hi-rat (al. Heirat) , «matrimonio», a isl. hy-ske, «familia», etc. Todo
muestra que • keiwo- (. kiwo) se refería, en germánico antiguo, a la situación de los
cónyuges unidos por el vinculo del matrimonio y al círculo de la familia.
Esta noción institucional aparece también en las palabras sánscritas seva-, siva que
se traducen «propicio, amistoso, querido». Reflejan el aspecto sentimental de una re-
lación entre grupos. Esto se deduce particularmente de la relación muy frecuente, en
la fraseología de los himnos védicos, entre seva-, jiva- y sahka, «compañero» (com-
párese con el latín socius), implicando cierto tipo de comportamiento amistoso res-
pecto a los compañeros de alianza.
Por último, el latín ciuis es también un término de camaradería que implica co-
munidad del hábitat y de los derechos políticos. El sentido auténtico de ciuis no es
«ciudadano», como quiere una tradición rutinaria, sino «conciudadano». Numerosos
empleos antiguos muestran el valor de reciprocidad inherente a ciuis, y que sólo da
cuenta de ciuitas como noción colectiva. Hay que ver en ciuis la designación que se
daban entre sí, en origen, los miembros de un grupo poseedor de derechos de indige-
nazgo, por oposición a las diferentes variedades de «extranjeros», hostes, peregrini,
aduenae. Es en latín donde el • keiwos indoeuropeo (convertido en ... keiwis) adquirió
su mayor valor de institución. De la antigua relación de «amistad» que marca el védi-
ca seva- a la mejor afirmada de «grupo de alianza matrimonial», que aparece en el
germánico heiwa, y finalmente al concepto de «copartícipe de los derechos políticos»,
que el latín ciuis enuncia, hay como una progresión en tres etapas del grupo estricto a
la ciudad.
De este modo, se restablece el vinculo entre la «casa», el circulo de familia, góL
heiwa, y la agrupación en cuyo seno el hombre que forma parte de ella es calificado
de ciuis. Esta asociación estrecha hace nacer relaciones de amistad: scr. seva, «queri-
do», es una de esas calificaciones que transponen el sentimiento de la comunidad en
término afectivo.
Esta comparación no sólo es irreprochable, sino que además ilustra la naturaleza
propia de la «amistad» en el estadio antiguo de las sociedades llamadas indoeuropeas,
donde el sentimiento no se separa de una conciencia viva de los grupos y de las clases.
De esta misma categoría deriva otro término, más complejo y cuya historia es pro-
pia de una sola lengua, el griego. En apariencia, reviste una significación exclusiva-
mente sentimental y a primera vista no implica nociones propiamente sociales: se tra-
ta del adjetivo griego phílos «amigo».
En apariencia, nada más simple que la relación de phílos, «amigo», con philótes,
philía, «amistad». Pero pronto nos detiene el hecho bien conocido de que en Homero
217
I
phi/os tiene d.os sentidos: ademis del de «amigo», philos tiene el valor de un posesivo:
,o.a. yDlÍWlUt, no indican la amistad. sino la posesión: «sus rodillu», «SU hi-
jo». En tanto que expresión de un posesivo, phllos se dice sin acepdÓJl de persona y
se refiere a la primera, 8 la sc:gunda o a la tcreen penona indistintamente. Es ésta
una marca de po5CSi6n que no implica ninguna relación amistosa. Ése es ti contraste
entre los dos sentidos de phJ1os.
Se ha d.1scutid.o mucho sobn: ello: ba5tará con recordar 10l 6Jtimos ensayos de ex-
plicación Que se han propuesto. En efecto. no hay paralelo inmcdill1amcntc 5ilwfa.c-
torio para ph9os. En !923. Loewc:
1
pensó en acercar a phi/os el primer lámina de
ciertos nombres de pc:rsona germAnioos: a.a.a. BU(lrlrid. Bi/-tnJ.d, BiJi-gwd. etc.,
a.demú. un adjetivo an,Josajón hiltwif. «compasivo». Remite todos estos tbünos al
sentido inicial de .bentvolo. amistoso», para comparar lue,o el tema del adjetivo an-
glosajón con el del griego phüos. A esto puede objctarsc que, primero, la interpreta-
ción se hace Qd hoc con nombres propios que no pertenecen siquiera al gtrnlink:o w-
mlln; luCIO. el támino IUlglosajón no significa positivamente ownistoso»; por último,
no tmemos nin&UJla antigua fonna germinica que colocar de forma segura en d em-
pleo de adjetivo.
Ademis. tanto antes como hay que e;ll;plicar el valor pos.m.vo de phUos.
Es lo Que comprendió Kret5cbmcr, que propone una via completamente distinta i. Ca-
me algunos otro5 lingQistas, ha partido -invirtiendo la relaci6n de los dos phUos-
del sentido posesivo. Piensa Quc el sentido primero de phOos es «suyo»: de aIú le pa-
sarla a t(a.mi¡olt, y esta evolución de sentido se justificarla por la an.alot:ia dellaún
SUIIS. Debido al hecho de que SJllIS, pDlCSivo. ha podido dar lupr 1. expresiones taJes
romo.fUi. «los Suyos», y alil¡uem surmr rEddere. «hacer de alguien su amigo», lCRts-
chm.cr concluye que se pasa ftci1mcnte de la rcladlm de posczión a la de un lazo de
amistad. Esto neva a bwcar la ctimologfa de phOos no como «querido». sino el tanto
que antiguo posesivo. Ahora bien. ni el nutica1 ni la formaci6n en -/- tienen corres-
pondiente mue los posesivos en 101 Umites cllsicos del indoeuropeo. KrelSChmer va a
buscar en lidio una pilabra, bUü que. segtln todas las probabilidades. significa «SU-
yo» y lo pone en relaciÓn con phnos.
La demostración es muy aleatoria: las condiciones de sentido y de forma parecen
asimismo arbitrarias. Sin discutir siquiera la legitimidad de una comparación con una
lengua aún tan mal conocida como cllidio, nosotros se11alarcmos que toda e¡ta cons-
trucción se apoya en el valor exclusivamente posesivo de que Xrctse:hmer ha partido.
Pero este mlsmo valor Cliiti cuestionado. De hecho no es el de un posesivo pW'o y sim-
ple, como podrlamos esperar, Los ejemplos de posesivos indoeuropeos no faltan en
Homero, sobre todo las formas en hós (c1,) < "swos. AdemAs, y !ate es un punto
esencial. phI/os marca la posesión de una manera particular y con restricciones de las
que tendremO$ que dar cuenta.
Dado que la noci6n de posCliii6n Que n08 revela phi/os est' restrin¡tda 'J limitada,
se debe. en buena 16¡ica, buscar en el punto de partida una relaci6n que
abarque el otro 5tDtido de phHos, el de «amigo». Se ve a partir de cae momento que
la explicación de Kretschmer no capta los verdaderos tmninos del problema).
I líU.",.16ld1mtÑ .. .51, p. 1117 '11.
1 BlI11tdo,n"'flilrJre 4.5, 1917. p. 2f{7.
J La miaDa obltrvldOu le aplín ... ll5tudio mis reciente lObR este problema, cl de H. B. Ros!H.
Sirvtt_/JNIftlflldi.ldw Bdt"PDI'" Ytmllrtdlf& AmltcrcIam. 1967, pp. 12 Y 11.. QIX mnltt' LO-
218
Hay. finalmente, UD tercer dato: el verbo plU/ein ('IAIiY) que no signmca solamen-
te «amar, expcrim.cntar 8JDistad», sino también, desde los te;ll;tos más antiguos, t(bc-
el derivado phi/éma (,o.T¡Aa) no signif"'¡ea otra cosa que el4<be!oH. Ahora bien ni
amor, ni amiou. de UD lado, ni SIlIIS del otro, llevan a ese sentido preciso. Asi. una
explicaci6n. para SO' vilida. dcbc dar cuenta de los tres sentidos.
Para comprender esta compleja historia. hay que recordar quc. en Homero, todo
el vocabulario de los términos monUc:s est' fum.cmcnte impregnado de valores no in·
dividuales, fino de relaci6n. Lo que tomamos por una taminologla psicolóSica. afec-
tiva. moral, indica en realidad las relac:iODe5 del iodividuo con los miembros de su
pupa; y la relaci6n estrecha de al¡unos de e5tos ttrminos morales cnue si es id6nea
para aclarar las silniílCllcioncS' iniciales.
De este modo. en Homc::ro hay re1ad6n constante entre phOos y d concepto de
aidós, (cdMc). término muy interesante, y que sed considcr'ad.o en particular. Expre·
siones como: phOos aidotds "t& lIll3oi6l¡ u), aid& o/ phi/6tis lW
ttideísthaj toi (cd3üri«J. xcU. .ww) muestran con toda evidencia una
estrecha conexión. Inclwo si no¡ atmemos a lu dcfmicioncs recibidas, aid&, 1U'C$pe-
to, rcvcrcnciu. respeto a su propia conciencia y respecto a los miembros de una so-
cic:dad familiar. asoc:iado a pililos, testimonia que las dos nociones eran igualmente
institucionales y que indican sentimientos propios de los miembro¡ de un grupo
reducido.
A.sl, si un miembro de un grupo dado es ¡¡tacado, ultrajado, el aid6s empujar' a
uno de sus parientes a tomar su defCDlaj mis s;eneralmcnte, en el interior de un crupo
dado, uno asumiri. las obligaciones del otro en virtud del aidó.f; es también el senti·
mi.c:Dto de deferencia hada aqud con el que se encuentra vinculado. Cuando un ¡ue-
rrcro anima a sus compafteros dcsfallecicnla s;ritindoles: Didósl. apela al sentimiento
de esa conciencia colectiva. del respeto a si mismo que debe estrechar su solidaridad.
En el seno de una comunidad mú amplia, el aiddr dcf"lDe el sentimiento de los su-
periores hacia los inferiores (miramientos, piedad, mis:cricordia, respeto para con d
infortunio), como tambtm el honor, la lealtad. la benevolencia colectiva, la prohibi-
ción de ciertos actos. de ciertas conductas -de ahi, fmalmcnte, el sentido de 4lpudor»
'1 de tevergOenza)l.
Aidós ilustra el sentido propio de phf/w: los dos se emplean para las mismas per-
sonas; los dos dcsi&Ran, en suma, relaciones de igual tipo. Parientes, aliados, criados,
amigos, todos aquellos que estio unidos entre sl por deberes reciprocos de aUiós son
llamados ph"oi.
Queda ahora por poner de relieve lo que caracteriza propiamente el phi/os o la re-
lación de phi/dtls. Esta palabra abstracta es más adecuada para informamos que el
adjetivo. ¿Qu! es laphJ/6ti3?
Para definir esta noción haremos UliO de un dato precioso que nos proporciona la
fraseologla homérica: es 1If. relación entrephlfos y xlnos, entrephi/efn y xenketn. For·
mulemos de entrada lo que tal relaci6n muestra en numerosos empleos: la noci6n de
phf/os enuncia el comportamiento obligado de un miembro de la comunidad respecto
a1xlnos. al «huésped» extranjero. Esa es la defmici6n que proponemos.
Esta relación es fundamental. tanto en la realidad de la sociedad homérica como
en los términos que se refieren a ella. Para entenderla plenamente hay que imaginarse
dos los ejcmpllx depltUor al ún miramknlOl pAJa l:On Ja oriclhwl de 101 contr:xtos IÜ t'4)(I d
sentido preciso pltff6lls. pMJt",..
219
la situación del xénos, del «huésped» de visita en un pais en el que, como extranjero,
está privado de todo derecho, de toda protección, de todo medio de existencia. No
encuentra acogida, techo y garantía más que en casa de aquel con quien está en rela-
ción de philótesJ' relación materializada en el súmb%n, señal de reconocimiento, ani-
llo roto cuyas mitades concordantes conservaban los socios. El pacto concluido bajo
el nombre de phi/ótes hace de los contratantes phí/os: en adelante están comprometi-
dos en la reciprocidad de las prestaciones que constituye la «hospitalidad».
Por eso, el verbo phi/eín expresa la conducta obligada de aquel que acoge en su
hogar al xénos y le trata según la costumbre ancestral. Los héroes de Homero insisten
muchas veces en estos lazos: «soy yo, dice Antenor, recordando una visita que le hi-
cieron Ulises y Melenao, soy yo quien los albergué (exeínissa) y quien los hospitai
[hospedé] (phí/esa), en mi casa» (11. 3, 207). En verdad, hemos tenido que correr el
riesgo de ese neologismo, «hopister» (*) para traducir, en cierta medida, un sentido
todavía con frecuencia desconocido. Se comprende plenamente un ejemplo como és-
te: «era un hombre rico, pero era phí/os por los hombres; porque hospedaba (phi/ées-
ken) a todo el mundo, al estar su casa al borde del camino» (11. 6, 15). La relación del
sentimiento a la conducta, de phí/os a phi/eín, surge perfectamente en este caso. En la
Odisea, Ulises, hospedado (xéinos) en casa de Laodamas, es invitado a mostrar sus
talentos en la competición. Acepta: no rechazo, dice, ningún competidor, a excepción
-claro- de Laodamas, «porque es mi xénos; ¿quién podría luchar contra aquel
que le da hospedaje (phi/éonti)?» (Od. 8, 208). En otra parte, un mensajero avisa a
Menelao que dos visitantes extranjeros (xeínó) están ante la casa: «¿Debemos desen-
ganchar sus caballos o guiarles a casa de algún otro que los hospede (hós ke phi/ései)?
(Od. 4, 39). También, en otra parte, Calipso cuenta que un hombre que había sobre-
vivido a un naufragio fue arrojado a sus orillas: «yo le hospedé (phí/eon), yo le ali-
menté y prometí hacerle inmortal» (Od. 5, 135). De esta relación estrecha entre xénos
y phí/os da testimonio el compuesto homérico phí/óxenos, «aquel para quien el xénos
es un phí/os» (calificación asociada a theoudés
J
«que reverencia a los dioses» (Od. 6,
121), el único compuesto con phi/o-, cuyo segundo término se aplica a una persona.
Con frecuencia se dice que los mortales phi/efn a los dioses, es decir, que les testi-
monian los miramientos y los favores debidos a los phí/oi. Por eso, a la inversa, se di-
ce de un hombre que es phí/os theoisfn, «phí/os para los dioses» y más específicamen-
te diíphi/os, areíphi/os, «phí/os de Zeus, de Ares».
He ahí el fundamento institucional de la noción de phí/os en la sociedad, con to-
das las implicaciones de que está cargada esta relación personal. En particular, la
phi/ótes es susceptible de realizarse en circunstancias excepcionales, e incluso entre
combatientes, como una convención solemne, en la que no participa para nada el sen-
timiento de «amistad», en sentido trivial.
He aquí un ejemplo instructivo de la Ilíada (3,94). Héctor propone que Menelao y
Paris se disputen ellos solos la posesión de Helena; van a enfrentarse en combate sin-
gular y el vencedor la llevará a su casa con todas sus riquezas... 01 o' cXAAOL ¡(Ot\
0P¡(LOt 1tL0"'t"<X "tá,/LW/Le.v. «Concluyamos nosotros una phi/ótes y un compromiso mediante
juramento.» La phi/ótes es puesta en el plano de hórkia, «juramentos», es una rela-
ción de grupo consagrada por un acto solemne. Este vocabulario es el que se emplea
para concluir pactos sellados mediante un sacrificio. La philótes aparece como una
(.) En castellano existe hospedar, con la raiz hosp-, de h&pes, que traduce perfectamente las intencio-
nes del neologismo de Benveniste (N. T.J.
220
«amistad», de tipo perfectamente definido, que vincula y que comporta compromisos
recíprocos, con juramentos y sacrificios.
En otro pasaje de la Ilíada (7, 302), el duelo entre Ayax y Héctor se prolonga; han
combatido durante mucho tiempo y cae la noche. Se les exhorta a separarse. Démo-
nos entre nosotros, dice Héctor, regalos a fin de que entre los Aqueos y los Troyanos
se pueda decir: se han enfrentado en combate singular Otu"t' EV OLlhIJ.Ot"'(e.v
ap9f1.f)crOtv'te., «y luego se han separado, estando vinculados por philótes». Para testi-
moniar esta phi/ótes pactada -los dos campeones intercambian sus armas más
preciosas-, Héctor da su arco más hermoso y Ayax un magnífico cinturón. Este
comportamiento, los mismo que las fórmulas de compromiso, muetra la fuerza cons-
trictiva de la phi/ótes que se produce entre combatientes que son enemigos y que lo si-
guen siendo. En esta circunstancia, se trata de un acuerdo para cesar provisionalmen-
te el combate por consentimiento mutuo y para reiniciarlo en un momento más favo-
rable. Este acuerdo es el que expresa la palabra phi/ótes: acto preciso que vincula mu-
tuamente (tip9f1.1)0"0tvn) a los dos socios. Pero también se ve que el compromiso adopta
formas consagradas. Comporta el intercambio de armas y presentes. Ahí tenemos el
escenario de un tipo de intercambio conocido que solemniza el pacto.
Otro ejemplo más. Cuando Héctor y Aquiles van a enfrentarse en un duelo supre-
mo, Héctor propone acordar que el cuerpo del vencido no sea entregado a los anima-
les. Aquiles responde: «No me propongas un acuerdo; no hay compromisos (hórkia
pistó) entre los leones y los hombres; los lobos y los corderos no tienen el espíritu he-
cho para entenderse, pero meditan uno contra otro su pérdida de tal forma que no es
posible t¡L& XOtC 0"& <pLAf)IJ.e.vOtL, OUO& "tL VWLV 0PXLOt EcrO"OV"tOtL, «que tú y yo estemos en phi/ótes
ni que tampoco haya hórkia (antes de que uno de nosotros dos haya caído)>>, (11. 22,
261-266). También aquí se trata de un compromiso mutuo de naturaleza constrictiva.
He ahí tres ejemplos que muestran hasta dónde podía extenderse la esfera de empleo
de phi/efn. El comportamiento indicado por phi/efn tiene siempre un carácter obliga-
torio e implica siempre reciprocidad; es el cumplimiento de actos positivos lo que im-
plica el pacto de hospitalidad mutua.
En este contexto institucional se explica también la acepción particular del verbo
phi/efn como «besan> (griego moderno phi/6, «besar», que determina el sentido exclu-
sivo del derivado phí/ema, «el beso»). También aquí hay que remitir a su valor prime-
ro los términos que, en nuestra opinión, sólo señalan el afecto. El acto de «besan> tie-
ne su puesto en el comportamiento de «amistad» y como señal de reconocimiento en-
tre phí/oi. Esta costumbre no era propia de Grecia. Herodoto la señala entre los Per-
sas y para describirla se sirve del verbo phi/efn como la expresión natural. He aquí es-
te instructivo texto:
«Cuando los persas se encuentran en los caminos, se puede reconocer por
este signo si los que se abordan son del mismo rango; en lugar de saludarse
con palabras, se besan (phi/éousi) en la boca. Si uno de ellos es de condición
ligeramente inferior, se besan (phi/éouisi) en las mejillas. Si uno es de naci-
miento mucho más bajo, se arroja de rodillas y se prostra ante el otro» (1
134), {Traducción de Legrand.]. '
La misma costumbre es referida por Jenofonte:
221
• J.
¡ ~ I
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«En el momento de la partida de Ciro, sus parientes (sun-geneis) se despi-
dieron de él besándole (phi/ountas) en la boca, siguiendo una costumbre que
subsiste aún hoy entre los persas». (Ciropedia, 1,4, 27.)
¿Hay que recordar en la época cristiana el «beso» (phi/ema, lato oscu/um), signo
de reconocimiento que intercambian Cristo y sus discípulos, y luego los miembros de
las primeras comunidades? Más recientemente, el beso es el gesto que consagra al ca-
ballero en la ceremonia de la investidura, y aún hoy señala la recepción del dignatario
en una orden de caballería, durante la colocación de las insignias.
Bajo estas manifestaciones diversas, encontramos la misma relación antigua de fa-
vor, del hospedador al hospedado, del dios a los hombres, del amo a sus inferiores,
del jefe de casa a los miembros de su familia. Es un vínculo estrecho que se establece
entre las personas y que hace, entonces, de esta «amistad» algo personal.
Esta relación mutua comporta o entraña cierta forma de sentimiento, que se hace
obligada entre los socios de la phi/ótes. La manifestación de esta relación es la acogi-
da del phi/os en el hogar de su phi/os, los presentes intercambiados, el recuerdo de
vínculos semejantes establecidos entre los antepasados de los socios, y a veces, de
alianzas matrimoniales concluidas con ocasión de visitas hechas o devueltas.
Todo esto colorea de sentimiento las relaciones entre phí/oi y, como suele ocurrlr,
la actitud sentimental va más allá de la institución; el nombre de phi/os se ha extendi-
do a los allegados que viven en el mismo hogar que el dueño de la casa, en primer lu-
gar, a la que él ha hecho entrar en ella como esposa. De ahí, frecuentemente, la califi-
cación de phi/e unida a á/okhos, ákoitis, «esposa», en Homero. Algunos empleos per-
miten ver aún la naturaleza de esta relación y cómo se vincula a la norma antigua, por
ejemplo, este pasaje de la Ilíada (9, 146-7).
«Yo poseo -dice Agamenón- tres hijas en mi morada. Que Aquiles se
lleve a la que quiera como phi/e a la casa de Peleo, y sin ofrecerme siquiera
presentes.»
Debido a que es llevada en las formas requeridas, la joven, dada por su padre y
que el joven esposo introduce en su propia casa, se encuentra vinculada a este grupo
familiar tanto por convenciones como por una relación afectiva: las condiciones en
las que su padre la ha dado hacen de ella, en cierta forma, la prenda de una phi/ótes
concluida entre los dos hombres, al mismo tiempo que ella, instalada en el hogar, ad-
quIere el estatuto dephí/e ákoitis, de esposa (cfr. n. 9, 397).
Un valor afectivo se une a phaos, que se convierte en epíteto o térmíno de direc-
ción respecto a los que viven en el hogar, sea como parientes: padre, madre, mujer,
hijos; sea como familiares, como, por ejemplo, la vieja nodriza (mafa) Euriclea. Sirve
de término afectuoso y esta cualidad encuentra, según Homero, una expresión propia
en el abstracto philfa, «amistad», distinto de phi/ótes, así como en la acepción co-
rriente, ya homérica, del verbo phi/efn, «amar» (con amor sensual).
Aquí se sitúa el desarrollo más singular de esta historia semántica. Caracteriza
propiamente la lengua o el estilo homérico. El empleo de phi/os, superando la esfera
de las relaciones humanas, se extiende a objetos de naturaleza muy variada, y a los
que apenas se puede aplicar la calificación común y constante de «querido», Aparen-
temente pht10s no denota entonces nada más que una relación de posesión, se convier-
te en el equivalente de un simple posesivo, y, en general, se traduce como tal. Pero no
se está de acuerdo en la explicación.
222
Hay que empezar por delimitar la aplicación de este posesivo. Se la puede divi-
dir en tres grupos de empleo. Phi/os aparece a menudo, primero, con las nociones
más estrechamente vinculadas a la persona: alma, corazón, vida, aliento; partes del
cuerpo, miembros, rodillas, pecho, párpados y, generalmente, en función reflexiva.
Luego, con términos que designan lugares supuestamente queridos, sobre todo la
«tierra-patria», (phílen es patrfda gafan es una cláusula frecuente), o el «retorno»
(nóstos). Finalmente, una pequeña serie de términos que no parecen comportar valor
afectivo: dones, casa, vestidos, lecho, y que revelan simple posesión.
¿Cómo clasificar estas nociones por relación a las personas que reciben habitual-
mente el epíteto phi/os, es decir, como se ha visto, aquellos que están unidos por una
relación de xenía, así como los miembros de la familia, padre, madre, esposa, hijos?
¿y cómo establecer la transición entre estos empleos (varios de los cuales tienen mu-
chos ejemplos) y aquellos que se refieren a una institución?
Algunos han pensado que el sentido posesivo de phi/os, opuesto, por ejemplo, a
&or, «corazón», resultaría de la acepción de phí/os con los términos de parentesco.
Como se dice «los míos; los suyos» para los miembros de su familia, phaos quedaría
restringido a la función de posesivo. Pero este razonamiento cae por su base: en la ex-
presión «los míos» por «mis padres>'> es el trayecto inverso lo que se produce, del po-
sesivo a la relación de parentesco.
Otros piensan que, por el contrario, hay que dar a phi/os el sentido primero de
«suyo», ilustrado por los empleos posesivos, y que sólo de ahí se habría derivado la
noción de «querido», Así el problema quedada resuelto de la forma más sencilla. Pe-
ro esta solución reemplazaría una dificultad por otra más grave aún: ¿cómo un simple
adjetivo posesivo habría producido tal diversidad de acepciones y adquirido tal rique-
za conceptual? El hecho no tendría precedentes. Por último, como hemos mostrado
antes, phí/os está arraigado en las instituciones más antiguas de la sociedad y denota
un tipo específico de relaciones humanas. Ésa sería ya razón suficiente para rechazar
esas ramificiones semánticas.
Finalmente, uno se encuentra ante dos soluciones igual de insatisfactorias, Es en-
gañarse creer que se puede pasar de «querido» o «amigo» a lo «personal» y llegar a
«suyo». Semejante evolución, donde el sentido primero iría debilitándose muy depri-
sa, apenas es concebible. Pero es ir contra la evidencia invertir las relaciones y plan-
tear desde el principio un posesivo «suyo» que progresivamente habría adquirido el
sentido de «amigo» o de «querido».
Tal es el estado presente de la cuestión. Nos encontramos ante una elección que
parece no tener salida. Estas condiciones sugieren en su singularidad que el dilema
podría haber nacido de interpretaciones inexactas. Hay que tomar entonces nueva-
mente el problema desde la base. El punto crucial está en esa relación del sentido
«afectivo» al sentido «posesivo». Ya se ha visto que uno de los dos datos fundamen-
tales, la noción de «amigo», debe interpretarse en el marco de las relaciones de «hos-
pitalidad». ¿Qué pasa entonces con el otro dato, el de phílos como «posesivo»? Un
nuevo examen se impone también aquí. Vamor a examinar, por tanto, los ejemplos
homéricos, registrados en todas partes como indicando simplemente la posesión, en
los que phi/os califica objetos que no son personas. Aquí enumeraremos estas relacio-
nes, unas tras otras, comentando brevemente las citas principales. Los contextos son
siempre importantes en semejante materia.
Phi/os con doron, «don». El contexto de ph{fa dOra (Odisea, 8, 545) está claro a
más no poder: la situación es la del hospedador (xeinodókos) frente al hospedado
(xéinos). Alcinoo recuerda los deberes que se imponen: se le acompaña (pompé), se le
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ofrecen los phlla d8ra que son los «regalos de la hospitalidad» en virtud de la relación
enunciada anteriormente entre phi/os y xé;nos. La expresión se repite en el discurso de
agradecimiento de U!iscs a Alcinoo que le ha albergado: p o ~ ka{ phflQ d6ro (13,
41). En otro lado (D, 24, 68), los phf/a d8ra de Héctor son los dones que él ofrece a
Zeus, y éste. a cambio, tiene a Héctor por phi/tos respecto a él y frcnte a todos los
dioses. El término ilustra aqui la relación de 108 hombres y de los dioses, mutuamente
phi/oi. Se ha aplicado, por tanto, a los «dones» la calificación propia de quienes los
ofrecen en seiiaI de hospitalidad. y phílos no es en modo alguno posesivo.
Phflos con d8ma, «casa» (Od. 18, 421) nos lleva a la misma situación: «Dejemos
-dice Ampbinomos- éste hospedado fuinas) a los buenos cuidados de Tclémaco,
puesto que han Venido bajo su techo hospedante (toa gur phnon hiketo doma). Evi-
dentemente también en la relaci6n phI/os-xJnos lo que hay que ver aquí: phl/on dfJma
es la casa de aquel que se comporta como phfJos.
Phi/os con démnjon. «lecho» (Of. 8, 277); phfla démnia designa el «lecho conyu·
gal» en el episodio de Hefaistos engallado por su mujer. Más arriba se ha visto que
philos es el epíteto frecuente de ákoitis. á/okhos. de la mujer y del hogar. El infortu-
nio de Hefaistos pone aquf de relieve el valor del adjetivo: el lecho que es denomina-
do phI/os, en tanto que conyugal, ha sido el lugar del engaiio y sen\ también el lugar
de la venganza.
Se unen asIlos empleos en que phi/os se aplica a términos de habitación.
Con ojkion. «refugio, casa»; phf/a oikÚl es el refugio donde el pájaro encuentra a
sus pequeftos (n. 12, 221). Muy frecuente es la f6nnula phi/e gata para la tierra natal,
con la que sucfian los exiliados, los errantes, aquellos que guerrean lejos; la tierra que
sostiene su hogar. Es, sobre todo, cuando expresan su deseo de volver a ella, cuando
la locuci6n philen es patrida gafan. «hacia la tierra patriaphf/i», se carga de su fuerza
afectiva. Por eso, no debe extrañarnos encontrar phflos junto a nóstos, «retorno al
hagan) (11. 16, 82). Todo lo que phi/os sugiere cuando evoca personas que viven en el
mismo hogar se transfiere aqui a la «tierra» que abriga ese hogar y al «retorno» que
el hombre espera. Reducir todo esto-a un simple posesivo es vaciar phflos de su senti-
do verdadero.
Hay que reconstruir además todos los componentes del adjetivo para interpretar
phOos con heimuta. «vestidos» (n. 2, 261).
«(Ten cuidado, le espeta Ulises a Thcrsites; si continúas con tus insolen-
cias) te quitar! los phfla hefmata. la capa y la túnica que cubre tu virilidad
(ajd6) y te moleré a palO! antes de echarte vergonzosamente.»
He aqui un recuerdo de la relación que une phi/os y aid8s (cfr. anterionnente) en
una acepci6n particular: los vestidos estén, a la vez, en relaci6n de intimidad con el
que los lleva (son los vestidos los que protegen el pudor) y en relación de conveniencia
respecto a la sociedad. «Los vestidos que te son phi/a», hay aqui también una trans-
posición de phf/os aplicado a personas.
Ahora se pasa a otro grupo de nociones, los miembros y partes del cuerpo caracte-
rizados por phi/os.
Ciertos ejemplos no preaentan ninguna duda en cuando al sentido pleno de phi/os.
Cuando Priamo suplica a Héctor que no exponga en el combatc su vida que es phlli
(11, 22, 58), es un padre el qUe habla, temblando lleno de afecto. Cuando Aquiles
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anuncia que va a ir al encucntro de Héctor, «destructor de la cabeza phi/i» (11. 18,
114) hay que entender que la cabeza de Patroclo le era phfli. por ser la de un phi/os.
AIgo mis sutil, pero plenamente comprensible, a condici6n de que los situemos en su
contexto, es el empleo, en principio sorprendente, con /aimáJ. «gaznate» (lI. 19,209).
Pero léase todo el pasaje; Aquiles se niesa a suspender el combate hasta haber venga-
do a Patroclo:
«Ningún alimento ni bebida podria pasar por mi gaznate phUos. mientras
mi companero (hetafros) está muerto y yace, rodeado de sus companeros llo-
rosos».
Este dolor de Aquiles es el de un phi/as. yel sentimiento de haber perdido a su he-
tarros le hace rechazar el alimento. Mis adelante, cuando dc nuevo los ancianos le
presionan para que tome su comida, Aquilea exclama de nuevo, con una repetición
significativa del epiteto. pero esta vez reemplazando gaznate por «corazón»:
«No, no me pidáis que sacie de alimento y de bebida mi phl/on Itor.
cuando me penetra una pena atroz.» (Ibid., 305-7).
Con Ilor. «corazón», o con /aimós. «gaznate», en una circunstancia en que todo
recuerda a Aquiles su amigo perdido, el sentido de philos silue siendo el que la instí-
tuci6n y el sentimiento consagran. Sólo hay una transposición audaz con lIlimós (es el
único ejemplo). frecuente con Ilor, que hace pasar a una parte del cuerpo la califica-
cilm debida a la persona.
Con k h e ~ s , «manos», phI/os conserva en varios pasajes su función propia: elevar
hacia los dioses phUar khe1ros (lI. 7, 130) es el gesto que conviene a aquellos que une
con los dioses una relaci6n de phi/dtis. Cuando Ino acoge, khersf phi/esi, a Ulises
agotado por un naufragio (Oci. 5, 462), el epiteto responde a la intención de acogida y
de protección. Asimismo, Jos marinos naufragados en la isla del Sol cazan para ali-
mentarse pájaros o peces, phflas hd ti khe1ras hfkoito. «todo 10 que se ofrecia a sus
manos phi/as» (Oci. 12,331): aquí tambi!n el gesto de las manos que se tienden, dis-
puestas a recibir, es el de los phi/oi a quienes )es son ofrecidos dones: el eplteto deno-
ta un comportamiento que imita el de la acogida.
:ese es también el sentido de un pasaje de la macla (18, 27) en el que Aquiles, afli-
gido por la muerte de Patroclo, se desgarra el rostro phi/es; khersi: el dolor de un phi-
/os se transpasa a las manos que 10 manifiestan.
Con goúna/a, «rodillas», phf/os también debe ser devuelto a su función propia.
¿Qué significa el gesto de Euriclco al depositar sobre las rodillas, phI/a goúnata. de
Autolycos el nucvo nieto qUe su hija le ha dado (Od. 19,401)7 Se trata de un rito de
reconocimiento, los phi/a gotinata del padre o del abuclo reciben al recién nacido y lo
legitiman de este modo como miembro de la familia. Esta misma relación entre el vin-
culo de parentesco y la expresión phi/a goúnata ilustra otro pasaje de la Odisea (21,
55), cuando Penélope toma sobre sus phífa goúnatu el arco de Ulises siempre ausente
y se sume en sollozos. Significativo también, pero de otra forma, es phIJos para las
rodil1aJ¡ del guerrero, ya sea en la prueba del combate: Héctor golpeado en sus rodi-
llas (phi/a goúnara) por su propio escudo (ll. 7, 271); o en el enfrentamiento del desti-
no: «que durante tanto tiempo -dice Aquiles (9, 160) Yrepite Agamen6n (10, 90)-
el aliento subsista en mi pecho y que se muevan mis phfla goúna/a». Es en este mo-
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mwto cuando. escogido por d destino de ZCUs, el béroe afronta la prueba suprema 'i
debe combatir hasta el limite de 5\L5 fucruu. cuando habla de sus phRa goú""lll: IUI
rod1l1as le sostuvieron huta el final. DO desfallecieron '1 en mo se mostraron phíJtJ. El
(:CIDtato haa: comprender lo que representa esta cualidad ro una circuastancia sane-
jUlc.
Muy cercano por el sentido es la relación dephno.s con g&lw. losphf-
/Q gufa del guClTCfl) se lCdeiatlUl», se «fatigan.) en el combate. Hay que ver en phUa
IIIT.a una expresión tan significante: como phafdima gufo, «miembrO! brillantes,..
Llqamos ímalmente a los ejemplos -y son muy nwncrosos- en que phOos
acompaAa el nombre del «corazón»: phRan iJar (o tír) es una locución tan frecumte
que pa58. por el modelo mismo del empleo «posesivo» de phffos. Nosotros, por el COD-
trario, creemOl que el adjetivo conserva aqut toda su (UC"I'U. y basta, a menudo. refe-
rirse al contexto para verlo. Nos limitaremos por necesidad a at,unos cjcmplOll.
En el primer canto de la Odisea no hay meno'! de sds. Atenea quiere inclinar a su
pad.re Zeus en favor de tniscs: «tu corazón (phl/on), ¿no 51: deja, pues, enternecer?»
(v. 60), Yle recuerda que aDtal\o sentía placer con 11.1 ofrendas de Ulises. Quiere,
pues, que Zeus vuelva a ser phllos para con Ulises, y ella repite (v. 82): «si es phi/on a
los dioses que Uliscs pueda volver a su hogar... »En las relaciones familiares: Teléma-
ce se aflige en su corazbn (phnon) cuando vuelve a ver en el recuerdo a su padre (114)
'1 el corazón (phf/on klr) ele Pentlope se atormenta cuando el canto del aedo le recuer-
da su duelo (341). En la relación de hospitalidad: Tclémaco acoge el xinas. quiere re-
tenerle y le asegura que: le deVolverá bañado, colmado de regalos y feliz en su corazón
ph/Ion (310). Pan el XInOl (ele hecho Atenea disfrazada) IIC excusa pOT no poderse
quedar: volveré. para aceptar el regaJo que el coruón phUon de TeUmaco incita a áte
a darle (316). Es la tcrminologia de: la p!lil6lh, yel eptteto se ha transferido solamen-
te del hospedador a su coraz.6n.
Sipmos lcycDdo: el corazón de Menelao le rompe cuando sabe que su hermano
ha sido ucsinado (Od. 4, !38); el corazón plulon de Pcn80pc se aflige temiendo por
su hijo (804) Yqueda aliviado cuando un suei'lo la tranquiliza (840). A veces se juqa
al la misma expresión con un doble sentido. Mcnelao informa a Protco de que dd;)e
volver a las riberas de Egipto antes de volver a su casa y de encontrar nuevamente a
sus phlToi, su familia (47S), Yentonces su coraz6n phUon iC lamenta (481). Aqul los
dos empk:os se le com:spondcn. Pero cuando Menc:lao recuerda la va1enda de tJIi5a Y
dice no haber visto jarnu há"oc: que tuviera un cora.zón phl/on semejante al suyo
(270), aviva en ceo la queja de Telémaco: «¿de le ba servido tener un corazón de
bic:rro (kradli sidim) en su petho?» (293). Aqui, como en los phílQ got1nata. la call-
dad el no dc.sfalleccr, pennancocr constante y firme.
Se nccc:sitarlan largos capltulos para enumerar y analizar con el cuidado deseable
todos los ejemplos de este plll/os llamado «posesivo)l. Pensamos. sin embargo, haber
interpretado los mú notables. Esta verificación era necesaria para eliminar un error
secu1IU", tan viejo probablemente como la exégesis hommca, y que las generaciones se
han transmitido. El problema de phI/os debe replanteane por completo. Habr' Que
partir de los empleos y de los contextos que revelan en C51e tbmino una red compleja
de uociaciones, WlIl5 000. W institucioncs de hospitalidad. otras con las costumbres
d.cl hope. otras tambitn. COJ1los comportamientoo afectivos. para entender plenamen-
te Iu mc:tafórlcu a que puede prestanc. Toda esta riqueza conceptual
ha sido scpuhada Yescapa a las mir.tdaJ desde que se ha reducido pllUos a una noción
vap de amistad o a una nociOn falsa de adjetivo posesivo. Es hora ya de aprender
nKVaIIlCD.te a leer a Homero.
226
En cuanto a la etimología de phUos. ahora está claro que nada dI; ID que se ha
adelantado a este respecto se swtime
4
• Abora sabc:mos que la protohistoria de la pa-
labra pertcncoc al griego mis antiguo: el mIotnico tiene ya nombres propios compUC5-
tos con phi/os: pi-ro-pa-ta-rv (= Philopatra), (- Pbilowcr806), etc. No se
ha terminado, pues, de discutir su origen. Es mls importante comenzar viendo 10 que
significa..
4 La lntapmed6a depltl1wdada Ycusnpkca unpl:ianIente I1 q_ '-bIa Mdo propwesl:ll en
lIdcmlln dE 19]6 ClllUa leIióa de 1& Sodtd de y que cati rrsu.mida co d S.S.L. H, 1937.

"
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1
CAP\TIJLO l
EL ESCLAYO, EL EXTRANJERO
SM-no. Al hambre libre, Jlacido al el ploIpo, K opgnc el alr.njcro (Ir. dIotos), 1:11
dt:r:ir. d mcmi&o (IaI. 1fo:sIU), de c:onvatirJll al nri tnIbpuI (¡r.... lal.
JIrJr;pll!l) o milClCia'tO Ii le capluro en IaI\lCfIa. (p. wIk"rrrilOlm• .... c.pfillIlSJ.
NaDariameate caraajero, el esclavo &va. 1m las Ienpu llldoal,opa.s. illduso 1ftD-
ctemu. btcD un oombre aU'Ujcro (sr. Lat. -lIS). I*n un nombre de aIraDjc-
ro (aMvo < esino).
La noción de C5CJavo no implica una denominación 'linica: ni para el conjunto de
la }enIUU indoeuropeas ni tampoco al varios gupos dialectales.
En bu civilizadoncs antiJUU. la condición del esclavo lo pone al maracn de la co-
munidad. BIJa esta definición negativa es como se ROl prCSC(lta el nombre del es-
clavo. .
No hay eK1&vos que sean ciudadan05. Son siempre gentes del int.rodua-
dos en la ciudad. ante todo como prisioneros de ILICITll. Tanto en la .sociedad mdocu-
ropea primitiva como en las anti&uu soc::iedadc:s no indoeuropau por
ejemplo), el esdavo es un hombre sin derechos, sometido a esta I:OIldicaOn en virtud
de las leyes de la IUtrra.
Un poco m" tarde el esclavo puede ser adquirido por compra. A los .randel mer-
cados dd Asia Menor atluyen c.sclavos que provienen de todlls las rerJoncs; pero, en
dclinitiva su estado le remonta simpre al de prisioneros de ¡UcrTa o de lentes rapta-
das por El Asia Menor proporciona a juzglU
105 sobrenombres de esclavos, que son a menudo étmcos: tnpa. helo. Udio. larmo,
etcétera.
En estas condiciones se concibe que el esclavo sc:a asiIJlÜado a un exuanjero. y que
tenga nombres locales y especificos. Ademfls ciertas ea1itíc:acioncs le clctlnen como
capturado o comprado. Hay. por tanto. dos series de designaciones, que a VIC'CCI pue-
den coincidir: la del prisionero de guerra y la del esclavo propiamente dicho.
Conlideremos. en primer lugar. al «prisionero de suena». Su condición se expresa
a menudo por palabras diltintas que quieren decir "prendido», «prilionero»; tal c:.s el
caso dellat. CtlplJU. copliulU. del gr. aikhm61olos homérico
(3aupúmrrol¡) abOco f1't1lJunjJans. a. eslavo plln'tnikÑ (rulo
lIikhmdllJlos debe ser considerado a1J;o mú de cerca, y no porque el sentido literal
«co&ido a punta de lanza» sea 05CUro¡ la composic:ión de la palabra era clara pera 101
mismos ¡ric:aDa. asi lo prueba el doblete dourlklilCM que aearon con d nombre (dó-
223
ru) de la lanza como primer elemento. Pero aikhm6/ólos no es una interpretacibn tan
inmediata como puede parecer; IIlolos no siJnific:a simplemente «COlmo»: t51 es una
traducciOn aJao sumaria. En el radical de lJallskomai (lUÚl'll.D\o"II) esti la idea de ser
cogido repentinamente, de ser aprehendido con las manos en la mua. sin capacidad
de detendiCrse, ya se trate de una ciudad o de un hombre: de: ahi el sentido del pertec-
to t(cstoy perdido», entre las c1emAs formas baJtante irregulares que
se relacionan oon haltskomaL Esta noción de sorpn:sa que abole la capacidad de re·
aiJtcncia crea una apTcsi60 completamente diferenle de CQptus. CflPlhnls. sacadas
de CflPio. «eogQ" con la muo».
El su!tantivo QIkltmJ (..lXi1/ú tambUn es di¡no de consideración. Desi&na la «pun·
ta. de la Ianzu· lUCIO por extensión el arma entc::m, lanza. pica. jabalina, 110 se sabe
, , .
bien. Lo que debe JUbra)'IUIC es que aikhmt es el arma por excelencia del comballeDlC
hommco, huta el punlO de que el derivado aiklunilb (cnXJol7JT'1K) e'!I el término poéti.
ca para «guencrolt, y que en Homero tiene el valor de un termino noble. Pa.
ra poner fin al combate de Ayax y de Héctor, Ta1tibios les dice: t(VOSOtr05 wis dos
lUDadas de Zcus... vOSQlrOI lOis los dos guerreros (valerosos): r«,
....1• .>.ü. .. Zolo;, ¡¡..., a'crlxJuJ<'. III 7, 28().281). El arma llamada aüchml .., po<
tanto, aquc:lla que e¡pccifica al guerrero, sin la cual pierde iU cualiclad, y. por tanto,
su poder en el combate.
En iranio, la ckJianaci60 del «prisionero de gucrru adopta una ima¡cn aJao dife-
rente: medioiranio dast-grtlb. lileralmente, «eogid.o por la mano... Ella vez es la roa·
no el instrumento de la captura como lo IUgicn:: tambU::n. azp/.iuIU Yel aLto-aIcmáo
Iulfta. sacadol del radical correspondiente a11at1n ctI"'·o. El verbo inulio If'lb-. «c:o-
¡CTIt. es emplcado desde Lo inscripcloocs penas aquem&üdu de Daño para decir:
«coger prisioncro& de auecra». Dasta. «mUUUt, se refiere a la misma noci6o: di lo ha
pu.esl.O en mi mano". dioc Darlo de Ahora Mazda respecto de un enemigo. De esta
forma. rhIltIl y grab-- conjuam IUI va10res propios en la C:Xpml:i6n de: la conquista de
guerra. Asimismo, el arm.cn.'o jub-D-kal. «prisionero de gucrTU (literalmenle «coci·
do por la mano,,), calca el medioiranio dast-grab: es un nuevo te5limoDio de 1u in·
t1ucocW: iranias en Arrntnia.
Todos esl05 compuestO& pintan al prisionero de guerra según la fOlDla en que ha
sido co&ido. Pero no son Jo¡ (micol términos. Hay que mencionar todaVÚl: anli¡uo
iranio lXl7Idll(IUlJ, ser. bandltin. que definen al prisionero como a aquel que clti «ata-
do». Encontramos eD ¡:6tico /T'tlhJi.njJans. participio de lrahin/Jan. «hacer prisione-
ro, a;khmallJtfr.e;n», cfr. hun/M. «batiD de guerra, aikhmale»((J»¡ a. 1runta. «ca-
zador», hunt;an. ((cazar» hunt), derivados de una raiz no atcstisuada en. otra
parte y cspccializadO& en la terminologia de la caza y de la guerra. A la misma noción
se retierc el viejo eslavo pllnlJ} «botiD» (ruso paJón), de donde p/lniti. «hacer prialo.
ncrO», y pJ(nYnücIJ. «prisionero», a lo que responde el lituano pi/nas. «(Canancia, ven·
taja»; scr. /XIrpl-. «c:nVile»,lo que orientarla hacia la ra1z ·pel- de ir. poJern. «poner
en vcota» (cfr. anteriormente pp. 86 YIS.), y uociada la idea de «batiD., conQuista
de guerra» a la de «provecho. económico».
En secundo lupr. veamos el nombre del elcla.vo.
El Itrmino aricgo mú conocido, doQ/os (bí.od.1CS umaI en. la tpoca hom6rJca.
aunque DO aparezca en Homero; pero 101 derivados son ya bom«icoll, como el fe-
menino dcnJ/i y el adjetivo dod/WI en exprCl!lioncll como doaUon ¡"""
T¡.u.p), «dla de la servidumbre, condiciOn de esclavo» (cfr., sobre todo, D.
6,463),
Z29
Hay en Homero otras palabras tales como dmÓs y también en cierta medi-
da oikétes aunque la distinción sea difícil de hacer, para este último, entre
«servidor» y «esclavo». Nosotros dejaremos estos dos términos de lado: derivan cla-
ramente del nombre de la «casa» (cfr. anteriormente, p. 196). Aproximadamente equi-
valente es el famu/us latino, aunque la represesentación sea diferente. De famu/us se
ha sacado el colectivo familia. Lo que constituye la familia es, etimológicamente, el
conjunto de los famu/i, de los servidores que viven en el mismo hogar. La noción no
coincide, por tanto, con lo que nosotros entendemos por «familia», es decir, exclusi-
vamente aquellos que están unidos por el parentesco.
Parece que puede asociarse a esta noción el término doU/os, nombre específico del
esclavo, si se acepta el testimonio de Hesiquio que da doúlos glosado oikía, «casa», y
un compuesto dolodomeís, glosado oikogenefs, «nacidos en la casa». En consecuen-
cia, doúlos sería vecino, por el sentido, de oikétes, en algún dialecto griego al que ha-
ya pertenecido primero.
Pero he aquí que doU/os ha aparecido en micénico bajo la forma do-e-ro (do-e-lo),
que supone un prototipo *dowelo- o *doselo. Esto complica mucho el problema del
origen de este término que, por tanto, era usual en el mundo helénico desde el si-
glo XII por lo menos. Habrá que considerar únicamente dos hipótesis, compatibles
con esta situación. Un antiguo *doselo- podría compararse por el radical con el tér-
mino indoiranio dilsa- que, como hemos visto, tomó en indio el sentido de «bárbaro,
esclavo». Pero también se ha visto que dilsa-, en el estado indoiranio, no era proba-
blemente más que un nombre del «hombre» (cfr. p. 207). No se entiende bien cómo el
correspondiente habría derivado desde el griego más antiguo, bajo la forma *doselo-,
al sentido de «esclavo». Sólo queda, por tanto, suponer, como se había hecho ante-
riormente, que doíllos está tomado de una lengua no indoeuropea de la cuenca egea.
Pero entonces el préstamo se habría hecho mucho antes de lo que se pensaba y habría
entrado en griego bajo la forma que el micénico representa por doelo. Las posibilida-
des de encontrar su origen se alejan en la misma medida en que la aparición del térmi-
no en griego retrocede en el tiempo.
Otros indicios nos llevan a considerar doúlos como una palabra extranjera. Es,
ante todo, la repartición geográfica de los nombres propios en doulo-, que hace pen-
sar en un origen asiático, sin que pueda especificarse, por ello, la lengua de Asia Me-
nor a la que se vincula la palabra. Lambertz ha reunido ejemplos antiguos de
doalos l. La mayoría de estos nombres se encuentran atestiguados en Asia Menor; de
forma que parece probable que doalos proviene de Asia Menor.
Por otra parte, no nos sorprendería que el griego haya empleado un término ex-
tranjero para designar al esclavo, puesto que -y es ésta una condición frecuente de
esta denominación en indoeuropeo- el esclavo es necesariamente un extranjero: los
pueblos indoeuropeos no conocieron más que la exodulia.
Esta condición se verifica en la historia de la palabra latina seruus
2
• Es imposible
considerar seruus como un derivado del verbo seruare e imaginar que el seruus tenía
por función «guardar». El verbo seruare tiene una etimología indoeuropea clara: av.
harva, «que vigila», gr. horlin (ópav), «observar, considerar». Pero seruus enuncia la
I 0101/0, V, 1914, p. 146, n. 1.
2 La demostración ha sido publicada en el tomo X de la Revue des Études Latines (1932), pp. 429 Yss.
230
condición jurídica y social de «esclavo» y no una función doméstica determinada.
Con toda seguridad, el seruus no está encargado de seruare.
Como ningún ciudadano puede ser esclavo en Roma, es muy probablemente fuera
de Roma y del vocabulario romano donde hay que buscar el origen de la palabra se-
ruus. Ahora bien, tenemos numerosos testimonios onomásticos que prueban que el
radical de seruus existía en etrusco bajo la torma serui-, serue-. También se encuen-
tran en la onomástica latina nombres propios latinos de formación etrusca, como Se-
ruenius, Seruena, Seruoleni, con sufijos que caracterizan los nombres latinos de ori-
gen etrusco. Es probable, por tanto, que seruus sea un término etrusco, aunque aún
no se lo haya encontrado en las inscripciones etruscas que somos capaces de interpre-
tar. Así, en condiciones históricas diferentes, se encontraría para seruus la misma si-
tuación inicial en la que verosímilmente se encuentra el caso de doUlos [*).
También podemos recordar el término moderno esclavo: es propiamente el nom-
bre mismo de los Eslavos en la forma eslava del sur (servio o cercano a él), un étnico
Sloveninu. De SIoveninu deriva una torma griega bizantina Sklavenoí
(italiano schiavoni) que, tratada como derivada, ha producido el étnico Sk/ávoi
De ahi, en el mundo occidental entero, esclavo y las tormas emparentadas.
En el mundo anglosajón tenemos otro paralelo, donde wealh, «esclavo», quiere decir
propiamente «el Celta», el pueblo sometido.
Otro paralelo más, éste medieval: no se trata del esclavo, sino del vasallo, que se
encuentra en una condición inferior y sometida: vasuus (de donde vassa/is) es, en latín
de la época, un préstamo de la torma céltica representada por el irlandés foss, galo
guas, que signitican, ambos, «servidor, esclavo».
De este modo, cada lengua pide prestada a otra la designación del esclavo. Un
pueblo designa incluso al esclavo con el nombre de un pueblo vecino, si éste le está
sometido. Se ve aparecer una correlación semántica profunda entre la expresión del
«hombre libre» y la opuesta, «del esclavo». El hombre libre se designa como inge-
nuus, como «nacido en» la sociedad considerada, por tanto provisto de la plenitud de
sus derechos; correlativamente, aquel que no es libre es necesariamente alguien que
no pertenece a esta sociedad, un extranjero sin derechos. Un esclavo es algo más: un
extranjero capturado o vendido como botín de guerra.
La noción de extranjero no se detíne en las civilizaciones antiguas por criterios
constantes, como en las sociedades modernas. Alguien nacido en otra parte, a condi-
ción de que esté unido por ciertas convenciones, goza de derechos específicos que no
pueden ser reconocidos a los ciudadanos del país siquiera: es lo que muestra el griego
xénos, «extranjero» y «hospedado»; es decir, el extranjero que se beneficia de las le-
yes de la hospitalidad. Hay otras definiciones disponibles: el extranjero es «aquel que
viene de fuera», latín aduena o simplemente «aquel que está fuera de los límites de la
comunidad», lat. peregrinus. No hay, por tanto, extranjero en sí. En la diversidad de
estas nociones, el extranjero es siempre un extranjero particular, aquel que depende
de un estatuto distinto.
En suma, las nociones de enemigo, de extranjero, de huésped, que para nosotros
forman tres entidades distintas - semánticas y jurídicas- presentan, en las lenguas
indoeuropeas antiguas, estrechas conexiones.
La interpretación de Benveniste ha sido rebatida por Antonio TOVAR, «Lat. Seruus. ein indoger-
marnsches Wort». Sprache und Oeschichte. Festschrift fUr Harri Meier, Munich, 1971, pp. 557-562
(J. S.).
231
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l
Hemos cstudiRdo anteriormente (pp. 61 Y55.) las relaciones entre hOSIIs, «(enemi-
go», y ho.Jpe$, (chub:ped,.; allatln hosrls. «enemigo», responde. por otra parte, el gó-
tico gas", «hutsped». En Briego :anos designa «(el extranjero» )' el verbo :reinko el
comportlUDiento de hospitalidad.
EKto sólo puede: comprenderse: plU1icndo de la idea de que el extranjero es necesa-
riamente un cncrnilo - y correlativamente, que el enemigo es necesariamente un ex-
traDjero. Precisamente porque el que ha nacido tUCfll es a priori un enemS¡D, es pDr
lo que se precisa un compromiso mutuo para establecer, entre él y eco, relacione¡ de
hospitalidad que no scrlan concebibles en el iCnO mismo de la comunidad. Esta día-
«ami¡o.memi¡OM. ya lo hemos visto. juep en la oocl6n de phltos: un cncmi-
CO, el mismo quc K combate, puede convertirse temporalmente en un phUos. por
decto de u.na convmd6n pactada segWt los ritos y con los compromisos consa¡rados.
Asimismo. en la Roma primitiva, el extranjero que se convierte en has/u. se en-
cuentra pari ¡un aun populo Romano. igual en derecho al ciudadano romano. Los
ritos, 101 acuerdos, los tratados intClTUlllpcn de esta forma esta situac:i6n permanen-
te de intu-hostilidad que reina entre los pueblos o Ia.s ciudades. Al abril:o de las con-
venciones solemnes y mcn:cd a las reciprocidades, pueden nacer relaciOQ(;5 humanas,
y entonces lo. nombres de ententes o de estatutos jurldicos vienen a denotar sen-
timientos.
232
CAPiTULO 6
CIUDADES Y COMUNIDADES
SMIfNIrio. LoI cUalcaos -adcnlab itilicu. prdnil:a. b6ltico) I\an c:onItf.
vado. P&fJ. dal¡nu al .-pueblo... d lIOIDbre ·'nI'¡', deri...mo de una rab., ·tr...
1lInch-.lo, iCI' POOuOlOIO: el pUlCbla...uJ es, por tanto, denominlda CDlnO pImo lina·
rrollo del cuerpo locial. Nuul'1mcnte., ella dcsi¡nad6n que proporciooll kaical udo-
D&IeII kM ItrIIWlCll (TftlrotIl. rkur.xJI) adquiere W1 nkJr iDYenO cuando el a.Ia'tO lo to-
lIlIII. prestado del p;nninku; L Cll. titidhi&llirlCll
El &riCIO p61i.r '1 el Iadn rlIIUa, Cltrcduuneote lsocjldo!! ca la daborad.6n de la civíll-
q,c:I6o ocddnlrll, iNltrlll bi= el len6m.cno de 1:OCI1C1FIICia Oe Iu ck:IipulCiorles mml ....
donlles: Dada mil dircra:ltc, lCIl efecto, en el punlo de pactida, que et anticuo llnmbft In.
doeuropeo de la ..r:ludaddu (dr. JI". t1kr6-poI"a) '1 d lierivado latiDO cuira• .-conJunlo
de IDI dl.ld-.dlmOl".
A"., qUlt 1IIll1nc..-pucblo.. ( .. ",i pucbk) en iDdio, '1 proportiofta hist6fU:amcnte d
nomlKe del Ird" ( < el 11 desiFm6n comCln antisul de IDI ..lnctomDloI•.
AII1ado en ltallio, "". le UlaJju, en tinlCrilD, axno defi1ldo de fIrl,' este 6Jrlmo
dnl&nu, por op0&id60 al CAb"Uljcf'O. al '-rime de mi pueblo. quid mis aad.Imente;
el alJado, IIllembfo de 11 otnI mil. aoPma
Se na analizado, en los tá'minos que la expresan, la condición del hombre, es de-
cir, del hombre nacido e Inte.rado en una sociedad y que !OU de los plenos derechos
que desde su nacimiento tiene.
Pero este hombre, ¿cómo se imagina la SQl;icdad a la que pertenece? Y nosotrO!,
¿c6mo nos la imaglnanmos? ¿Se conoce una «naci6n», que date del perlado de co-
munidad indoeuropea, que sea desi8nllda por un término único y constante? ¿En qué
medida un agregado de tribus ha podido plantearse asimismo como totalidad polltica
y denominarse una «nación»?
Constatemos, de entrada, que no hay término que, de un extremo a otro del mun-
do indoeuropeo, designe: la sociedad organizada. Esto no quiere decir que los pueblos
indoeuropeos no se haYKl1 c1evado a esta concepción; hay que cuidarse mucho de de-
ducir de una detic1encia del vocabulario común la ausencia de la noci6n correspon-
diente en la prehistoria dialectal.
De hecno, hay términos. series de términos, que abarcan la extensión de una divi-
sión territorial y social de dimensiones variables. Desde el origen, estas organizacionc:s
territoriales parecen ser bastante complejas y cada pueblo presenta una variedad
distinta.
No obstante, hay un término que está atestiguado en el occidente del mundo in-
doeuropeo &Obre un área considerable. En itilico, pero tuera del1atin, este término
esti representado por la pa1a.bol umbra lora. que quiere decir «urbs» o nciuiWlt, «vi-
233
"
.,
1
-,
"
,

I

na» o «dudad•. En el gan ritual de: lustración denominado Tablas "uvinas, que
contiene una enumeracibn detallada de los ritos de otrcnda, pr<x:csioncs. p1cprias,
realizados para atraer los favores de los dioses a la ciudad y el territorio de 19u'Yium,
vuelven. menudo las t6rmulas to/aper ¡¡ouina. tulaper #ruvJna, «para la ciudad de
Iauviumlt. No se distingue entre la ciudad y la sociedad: hay ah( una sola y misma no-
clOn. Los llm1tc:& del btbitat del grupo constituido scna1an Iu ti'onteras de la sociedad
miIma. El oseo tiene la miama denominación bajo la torma to.410, y Tito
livio (XXIII. 3'. 13) nos intonna quc el magistrado supremo ae Uamaba en Campa-
nia m«IrJix tWl/<Us, «luclcx publil:uP.
Se eucuentra • ftllta en. dltico en el antiguo ir1anc!és mal". «pueblo, paiJ»; en el
plés INd. «pa1s» (bretón hUl. «gentes») y en los nombres propios galos TeutatD,
Teu10mDlws. etc. [-l·
El ttrmino corrlClpOndientc en gcnnánico el el g6tico /JiMda, pueblo. na·
Pi:i6mt; tUmino importante por su fecha debido a que es CODltantc desde el texto cer'
DWüw mil antiguo. y también por su cxtcn.sión y su persistcnda. Antes hemos visto
(p. 197) el dcrlvado notable. jJiudons. «jefe». De la fonna del lUlti¡uo-aho-alemin
deo'. «Voltlt, se ha sacado oon el sufijo muy frecuente -isc-, el adjetivo diutuc. trans-
c:rito eo 1atIn medieval por tlteodiscus, que proporciona el origen del akmin deutseh.
Eot. derivado dcsipa, ante tocio, la \cngua del palo, IcRCUa popular opu<sla a Ien¡ua
culta, ellatln; toeao se: conviate en el de una fracción de los OermanD5, que se
n¡nan como «aquellos del pueblo»; e:ntendúnonos. «aquel1ol del mismo pueblo
que nosotros, aquellos de nuestra comunidacb. Otro étn.iw formado sobre el mismo
radi.caI el! TtulOl'lt. Conviene observar que, en la evoluci6n que ha producido el &nico
...__ ha sido, ca primer Iupr, .. la Icngua doode se ha ap"'do esta_.
De ata particularidad de empleo queda UD curioso tCltimonio en la forma ck:I verbo
aJcmin dalun. que se refiere al miJmo origen que dalrsc:h. En efecto, La.a.
JC apOya en UD JUlDinll:o ./Jeudjtur. verbo derivado de tq)UCblo»,
que literalmente habrta significado ..popularizar, hacc:r accesible al pueblo (el mensaje
de las BlcrilUru)It, luego, 0Il gcnc:ra.l, ((explicar, interpretaD.
Bn este área dialcctaJ. estA. COIDpI"cndid.o también el biltico. lit. tautd. ((pueblo,
Zlllt. antiguo-prurdano tDulo. upais>t. Aqui el antigua el!lavo muestra UDa discordancia
interesante, ea relaciOn al biltico, en la forma y en el sentido de 106 adjetivos tiiítJf y
'itiJidl1. que sigoit1can «extranjero» (ruso Cu'iOJ). En realidad, lu fonDas eslavas, que
repn:5eIItan • tud}o- y .. tjudjo-, no continúan un radical heredado, derivan de un
pr"tanlo del ¡c:rm.Anico, y por ahi se explica el sentido de «extrlllljr:ro». uEs ficil
imqinar, dice Meillet, que un adjetivo sacado de una palabra CltIranjera que significa
«nación», delJi¡ne precisamente al extranjero; la nación prminica era para 101 ICIla-
VDS la nación extranjera por excelencia: el ninifCf, es dcclr, el mudo, el ICI el
germano. Por otro lado. resulta curioso que el letón tauta deligne en fccha antigua
sobre todo un pueblo extranjero» l. De cate modo, la forma y ellentido del ell. tlti.dr
conruma que el támino • truta caracterizaba propiamente a 101 pueblos germjnico.s
ante IUS vecinos cllaYOl.
Adcmil del itüico. el ctltico. el Serm6nico y el biltico. parcl;C que deben fiaurar
el tracia y el Wrlo en el nómero de Icnguas que conocen • trutrt, si se juzga por 101
1"1 Tam\ritn en la prdalioa di .. l'fIÚDIuIa Ib&-ka. Cfr_al rcapc:d;g kJ lJtdicadCI en lICIta m
ti HbI"u l, Q1P. :¡ (1 JlUU') (J. tL).
1 M8aJ.IIT. GtwJu _bvWnth hrtI, 19Q'l..19lrJ, p. 175.
nombres propios üir. TruID/lD. Teuticws, tracio Tautomedu. lo wal ampliarla este
irea-1Wca hacia Europa central y oriental. Pero contrariamente a una afirmación
muy difundida. hay que acluir el bitita luW- que significa «campm. y 1010 se refiere
al ejúcito. Otros ctimolo¡istas han conjeturado. por otro camino. que .. tendrla
CDl'fClIIpondencia en latiD en el adjetivo lótus, 4Ctodo, Esta comparaciOo pue-
de llamar la atencibn, rdacionarla la noci60 dc totalidad con la de soQcdad, &51 como
otro adjetivo «todo», ser. VliWl., ay. vupo, se ha conformado con viJ.. «tribu". Puo
estc origen <le toOO sólo seda admisible al precio de varias bipOtcsil iDdc:momab\es:
que la ode 10ius. en JUf,ll1 del • lfltus esperado, proviniese de WUl fOJ1IlJl dialec:taJ; qoc
el femenino· lf!UJi bubSen propordooado diRctameDte en 1at1n un adjetivo, ·1tVtu1.
y luego bubiera desapa:ncido liD dejar buel1&s, miemms que eo la5 Ienpu en que
·tCUÚl permanece yjvD, jlUllis ha producido un derivado indicando una totalidad. Bs-
t:a fiHacUm es, por tanto, poco vUDlímil. Par«e que tolJiS debe ser relacionado en la-
tin con 16moIhlm, «relIenolt, y quc clscotido primero de tOtus fue, mis YIl1pnDmte,
«I'cUeno, compactOlt, de donde «completo, enterolt.
La formaci6n dcl tbmino social es claro. El UD abstracto pimarlo en • ti
sacado de la riz ·teu·, «estar hinchado. ser poderoso». Esta núz ha lido muy produc-
tiva. Ha COOfitituido. sobre todo ca indoitanio. el verbo «poden•• avcst. 111'1-. y nume-
rosas tonnas nominales de la misma noción: ser. taYtD-. d'UCI'7.P. tcnq;, 1rpOtJ::ucia»,
L persa ",nuvant-, «poderosolt, cte. Se explicar., por tanto, .. reula aproximativa.
mente como ceplenitud», indicando el pleno desarroDo del cuerpo social. Una expre·
&ión aniloga se cncuc:otra en a. eslavo pkm,. «tribuN (ruso «tribu. pueblo»)
que ha derivado de la rah • pii·, estar pJcoOlt, como el griego pIIthos, «IDucbcdum·
brelt y quizi el1at. pwb.1, «plebe».
E agrupamiento de dialectos que tien.co .. trutil (clltico. gc:rm6nico, biltico. itül·
00) dibuja una zona europea continua, de la que CIÚIl QCluidos al sur ellaUn y el
griego, al este el cslB.vo. tllU'lllCll.io '1 el indoiranio. BIta rcpartici6n dialectal impUc::a
aparcntemmte que ciertos grUpol étnicos, aquellos que debfan CODBtituir 1.of indoa·
rios, 105 latinos y los helenos, se habtian separado de la comunidad antes de que pro-
valcci.ese el término • rtutl en cierto número de pueblos que iban a cstablcce:rle en el
centro y en el ocatc de Europa. De hecho, en latin, en gr1eJO y en indoiranio, estjn en
uso términos diferentes que caracterizan propiamente a Iu respectivo ¡ociedadC6.
Hay que analizar jWltOS los términos ariego p6Jis (mSAlIO) Yel latino ciullas. En ISl
mimlDs no tienen nada en c:omÍlll. Pero la historia los asoció primero en la formación
de la cultura romana, en la que la influencia griega fue determinantc, y luego en la
elaboración de la civilización occidental moderna. Ambos derivan de UD estudio com-
parado ----$e todavfa DO se ha b.eeho- de la terminología y de la fcnomcnololw. pe>
Iitica en Om:ia y Roma. PIU'Il nucstro objeto hClIlOl de subrayar dos puntos. En ¡rie-
go, p6/i.r muestra aón en fecha histórica cl sentido de «fortaleza, ciudadela», como
sefta1a Tucididcs: «1a aJcropo/u ("ciudadela") todavla es llamada pó/is por los
nicnses» 01, )j). t!se era el lentido prehistórico de la palabra, según SUI c0JTC8pon·
dientes pur. «ciudadela». y lituano pi/ra. «burgo, fortaleza». Se trata, por
tanto, de un antiguo tmnino indoeuropeo que ha tomado en &rielO -y sólo en pie-
ao--- el sentido de 'Cciudad, villa» y luelo el de «Estado». No ocurre ClO en latin. El
nombre de 1& «villa», urbl. es de origen desconocido; se ha conjeturado -por otra
pute sin pruebu- quc veadria del etrusco. Lo cierto es quc, al dcli¡nar a la .celu·
cWb, "r1M no es com18tivo del 11' • pd&. sino de 41111 (&mi). cuyos matices die ¡col!- ,
doI ha cakado en IUI derivados; urhan"" «de la ciudad» (contrario a .del
235
11
..
II
r:
..
·
..
r:
I •



1

1
campo»), de donde «tino, cortés», según el gr. asteros. Para corresponder al er. pd/iJ.
ellatin ticne el t!rmino ciuitas, que indica litcralmentc cl conjunto de los ciua, «con-
ciudadanos». De donde se deriva que la relación que el latin establece entre ciui.s y
ciuitQS C.! 10 contrario de lo que el griego muestra entre pdlis, «ciudad», y pa/fti1.
«ciudadano».

• •
En el principal grupo orienta! del indoeuropeo, en indoinutio, un término de natu-
raleza completamente distinta puede representar la nocibn aqul estudiada, pero bajo
un IUpcctO mis étnico que politico: es lUYfl-, primero califícación 5Ocial, luego dcaig·
naciOn de la comunidad, usado tanto en la India como en lrin desde 101 inicios de la
tradici6n.
Toda apelaci6n de caricter étnico es, en las q,ocas anti&uu, difc:renclaJ yoporitiva.
En cl nombre que un pueblo se da csti, manifiesta o no, la intcnci6n de dist.in.guirse
de 105 pueblos vecinos, de afirmar esa impcrioridad que es 1& posesi6n de una 1enaua
común e intcli¡ible. De ahí deriva que la !tnica torme a menudo una pareja
con la ttnica opuesta. Este estado de cosa.s estriba en una diterencia, que no le ha re·
calcado lo suticiente, entre tu soci.cdades modemaJ y las sociedades antiauu, en lo
que se renere a lu nociones de suena y de paz. La rdaci6n cutre el catado de paz y e!
estado de guerra es, de antali.o a hoy, exactamente inversa. La paz es para nOlOtrOl d
estado nonnal, que una cucrra viene a romper; para los antiguos, el estado normal es
d esta40 <le guerra. al que una paz viene a poner fin. No se comprende nada de la 00-
ci6n de paz. y del vocabulario que la designa en la sociedad antigua. si DO nos imagi-
namos que la paz interviene como la soh1ci6n a Vl:CCI accidental, a menudo temporal,
de conflictos cuasi-permanentes entre ciudades o Eataclol.
El problema del nombre luya nos interesa porque cs, en el área definida como in-
doinmio, una dcsignacioo Que se aplican a si mismos los hombres libre! por oporici6n
a los esclavos, y tambi!n la ÜDica designación Que rCÚDe, en una nacionalidad com'fin,
a aquellos a los que hay que llamar 105 «indoirani06lt.
Para nosotros, hay dos entidades distintllli, India, Irán. Pero respecto a la deseen·
dcncia. indocW'opea, la distinción entre «India» e «lrAn» es inadccuada. El nombre de
«India» no ha sido aceptado nunca por los habitantes del pals; mientras que los ira-
nios se llaman a si mismos «Iranios.).
Esta diferencia atafte precisamente a la supervivencia desigual, en una y otra par-
te, de la antiJua desiIDaci6n de luya. Los griegos, a travb de los cuales nos ha llega-
do el conocimiento de la India, conocieron la India al principio por medio de Pcrsia.
Una prueba evidente de cl10 es la fonna del radical IndiQ (IY3(lIl), leneralmente Indikt
('I... que de hecho corresponde al nombre del río y de la provincia denornilUldos
«Indus», ser. Sindhu. La discordancia entre el griego y el sirulcrito es tal que un PRS-
tamo directo de la forma indJgcna queda cxcluido. Todo se expUca, por e! contrario,
con la mediación persa, Hindu. en el que la h- inicial responde regularmente al s-
¡ l!Ile punto ha .kIo dcurrollado en llII artIcuJo pub6aIdo en 101 Mllanps ofreddol • C. lbi-
"'--
236
sánscrito, mientras que la psUosls jonia justifica el radical ¡nd- (¡...8·), sin aspirada ini-
cial. En las inscripciones persas de Darfo, el Hindu corresponde únicamente: a
la provincia hoy llamada Sindh. EJ uso griego cxtendi6 este nombre a to<1o e! paú.
Los Indios, en techa and¡zua, se dan a si mismos la designación de irya. Esta mis-
ma torma i,ya es empleada en el dominio iranio como designación étnica. Cuando
Darlo enumera su ccncaJos.la, "hijo de Viitüpa, nieto de Ariima». aftade, para ca·
racterizarsc, QryfI Qriyriéi,ssa, «ario de cepa ariu. Se de este modo la calif'lC8cUm que
nosotros c:xprcsarlamos por el término de «Iranio». En efecto, es mya- que, • panir
del genitivo plW1Ü aryilnim. ha desembocado. en una tase mis redcnte del pena, en
la torma ifin, 1uqo Wn. «Iranio» cs, por tanto, la continllllCió.n del antiauo itya,
en el trea proplamcnte pc:na.
Muy lejos de ahI, bada el noroeste, en el ccnlrO del Ctncaso. hay un enclave ira·
nio, en el !lCDO de las poblaciones de lenguas caucásicas, el pueblo de los OKtas, des·
cendicotes de Jo¡ anti¡uos Alanl, a su vez: de cepa. sirmata. Rcprcscntan 1& supervi·
vencia de antiguas poblaciones csciticas (escitas y sirmata5) cuyo territorio compren·
dla todo el sur de Rwia basta la Trada bllIcánica. El nombre AIQ1Ii remonta a
• AI)'ClIIQ-, que todavía es una torma del antiguo QI)'fl. He ahI, pues. la prueba de
que se trata ele una dcsi¡naci6n étnica conservada por varios pueblos de la tamil1a
«iraniu.
En iranio, QryfI $C opone a IInaT)'Q, «n.o-aryu; en indio iN'ytz sirve de ttrmino ud·
tético a diN-, <eextranjero, esclavo, enemigo•. Por ah! CIIte t&miDo comprueba la
scrvad6n hecha antmonnente de que hay una dücrc:ncia fundamental entre el indiF·
na, o uno miJmo, "J el atranjcro.
l.Qut signitica GryrI? Es un problema muy dificil y que adquiere toda su compleji-
dad si volvemos a situarlo en el seno del vocabulario védico. porque QI)lfl no cstt BU-
lado en sinK:rito como 10 estA en iranio (donde es una palabra inanalmable que sirve
IÓlo para nombrar a aquellos que derivan de una misma pcrtmcneia étnica). Tenemos
en védico una serie cohcrmu:. QUC proocdc de la forma a la vet mÍllimple y mú an·
ligua que es arl, y que no cuenta con menos de cuatro términos: lUÍ, con IUB deriva·
dos temáticos, áryg y 1Iry6, JueCO. por alarSBIDicnto radical, Qlyfl. La dificultad con·
siste en distinguir por su sentido eltas formas y rcconOCCt" su relaci6n. Ya el ttrmino
de base, arl, se de forma tan confusa y contradictoria que admite traducdo·
nes opuestas. Se apUea I una categoría de personas, a veces a una persona, desiplada
unas vcces de manera favorable, otras como un enemigo. A menudo el autor del him·
no describe al ur{, de donde puede concluirse que lo tiene por su rival. Sin embarao,
el arf. como el chantre, ofrenda sacriticios, distribuye riquezas; su culto se diriae a
los mismos dioses, con hu mi5mas operaciones rituales. De este modo, en 105 dicclo·
narios se encuentra Qr( traducido por «amigo» y por «enemigo», de modo con·
CUITCIlte.
A este problema consagró, en 1938, un estudio detallado el indianista alemln
P. Thieme; se titula /k, Frtmdllng im RgV«iQ, porque es por «extranjero» como. al
cabo de un largo aruWsis, plerua el autcJ poder traducir el radical Qrf-. Los dos senti·
d03 contradictorios. tlamiao» y «enemigo» de arí. serían comparables a los dos senti-
dos de '" IhO$';-; de un lado, lat. hastu. «huésped», lot. gasts, «huéspedlt; dd otro,
Iat. hosOs, «enemigoll. Del a;rlsmo modo, 11,1 es «el extranjero, amilO o enemigo».
A partir de arf. e! derivado QtyQ sijnificaría «que tiene re1aci6n con el extranjero»,
por tanto, «protector de! extranjero, gflSl1ich», de donde también «amo de casa». Fi-
nalmente. de: af'J'll-. el derivado secundario if)'Q signiticarla literalmente «que pcrtene·
237
"
••


·
·
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ce a lo. buápcdc!»¡ de ahi «hospitalario». Los ",ya se habrían Uamado celos hospita-
lariol» para oponer su humanidad a la barbarie de loa pueblos que les rodeaban.
A ralz de ese cstudio han aparecido, a partir de 1941, vados de Dumézil
que propone otras intcrprctaciooerl. tendentes a restablecer el senddo social y luego
de esta familia).
En conjunto. DUClItrOl puntal de vista estin (:CrC8 de los de Dumtzil. Pero no po-
demos juatiflcarlal aqul detalladamente. Los ejemplos dcriVRn sobre todo de la c:dlC-
ds v6dica. Yla diBcurión cxi&iJ1a una obra entera. Nos limitaremos a aJaunas observa-
ciones y a una definición de ccnjunto.
En IIl:JDejante matcña. los criterios tilol6gicos no deben perjudicar a las versomill-
ludes intrlniclc:as. Detinir a 1.01 arios como «10& bospitalariD61t es una opfnión alejada
de toda realidad biItórica: en nin¡(m momento, UD pueblo. cualquicr& que sea, se ha
dcnominlldo a &t mismo dos hospitaJarioslt.
0w1d0 105 pueblos se dan a sí mismo nombres, éltm; se reparten, hasta donde po-
dem05 r;:omprmdcrlos. y hecha abstracc:i.Ón de las denominaciones de caricter scogri-
rICO, en doI eatqorias: o Mal la étnica consiste en un cpltcto decorativo: «Los Va-
lientes. los Fuertes. 10& Excelentcs, los Eminenteslt, o bien, '1 es lo m.ts trecuente, se
Daman simpkme.nte «los Hombrcs». Partiendo de los A/Iz-11IIlnni ,ermbic:os y si-
guiendo la cadena de pueblos, cua1qukra que sea su origen y su lengua. hasta Kamt-
chato o huta la e:xtremid&d meridional de América del Sur, cntoDtraremos por dece-
nas pueblos que se designan a si mismo como «los bombre:sn; cada uno de ellos se
oÜ'eiCC 11,$1 oomo una tomunidad de i¡uallcngua y de la misma uccndencia y se opone
impücitamentc a los pueblos vecinos. Hemos insistido muchas VCCQ sobre este
ter propio de muchas socicda.dc:&.
En estas condidol'iCS, imagiDar que un pueblo, en este caso loa .,.,.as, se hayan
mado «los hospi.talarioP es ir mntra toda verosimilitud histórica. Un pueblo no
Ola uf su individualidad frente a sus va::in05, si¡:mpre prcsuntamenle hostiles.
más hemos vislO (anteriormente, pp. fiS y n.) que la rela.ciOn de hospitalidad 1610 se
ba cstableádo entre individuos o entre colectividade5 tras un pacto concluido en cir·
cunstancias particulares. Cada vez se trata de una relaci6n especifica. No se concibe,
pues, que UD pueblo se proclame «los en general y respecto a todos
distfnlamente. Siempre hay que esclarecer, por contextos precisos, el uso primero de
105 ttrminos de instituciones como «hospitalidad», que no tienen para nosotros mj,s
que un seDtldo moral o sentimental.
Sin entrar detalladamente en ejemplos, muy nWDerOBOS y de extgesis dificil a me-
nudo, podemos subrayar ciertos rasgos que ayudan a definir el estatuto del arE o del
.",..
La COMotaci6n, tan pronto favorable como desfavorable, de la ptl1abra ar( no
atecta al sentido mismo de la palabra. Desi.¡:na a un hombre del mi.mo pueblo que
quien habla de !l. Este hombre nunca será considerado como mlembro de W1 pueblo
enemilO, ni siquiera cuando el chantre se enfurece contra tI. JamAs es
con un btrbaro. Participa en todos los cuitas; recibe dones que el chantre puede
diarle, pero que le ponen en pie de igualdad. Puede ser perOlo o avaro, amistoso u
hostil - perO en Cite c:UO con una hostilidad personal- . En niIl.gdn momento se
vislumbra que el ar/sea de otra etnia que el autor del himno.
Adcmú, los ar/ KJD &llocWios a menudo a los 'IaUya, el decir, a 101 miembros de
la tercera clue social. lo que c:onflrma que d ar{ DO es un extranjero. Hay un tclItimo-
nio mil prceilo sobre la posiclón aoda1 del aT! en esta queja de la nuera de Indr. (Ría
Veda. X. 21, 1); «Todoa lO! dcmú Ilri haD venido (al.sacriiic:io); sólo mi luc:grO DO ha
venido". Por tanto, Indra mi entre IoIIlrl de su nuera. Tomando la opresión al pie
de la letra, IC puecle roocJuir que los liT/ forman la otra mitad. de una sociedad aop·
1IlÍli:a. Nada. contnu!ice esta dcc!ucci6n. Yalgunos c1atol pIIRCCD mntirmarla. Se com·
pn:ndcri de este modo que los arf cstin en relaci60 tan pronto de amistad como rl·
valiclad. Yque fooman juntOl una social: la Cl<p<Cli.60 _leo arl (o Iya).
le repite a menudo eD d Ri& Veda, también es amocida. eD el Avesta, es una hcrcocia
de la fraseoIo&1a jnc;loirania. Hay que prestar ateDcUm ademí.s al DOmbR y al papel
del dios A'J'Ilmarr., que pcrteDecc al pantc6n indoiranio. Este nombre es un 1D1i¡u0
compuesto «de espiriw tz17'Il". Ahora bien, el dios Aryaman, en la mitolo-
gia v&1ica. funda la amiltad y, mis puticulacmcnte, uegora los mabimoIÜol. Tam-
bién panlloa iranios, Arya.man es un dios amistoso. en un papel un tanto diferente de
sanador". Como IU5tantivo, 1I1')1Q1nQ1I. designa en las GithU zoroastrianos, el miem-
bro de la c:otradia rdl¡ioM. En el nombre propio persa. A1ycrIjnura, «que da paz a
los tlf'YtZ», se cncuc:ntra el smtido comunitario de arytI.
Fn renmen, a travts de la. meociooea y alUBiODC!l a menudo fupccs de los textos
vl:dicos, se dcscubreu aJ.cunos raaJO! constantes, de donde puede extraerse una idea
verotIlmiI de la noción: los tul o Ilrytl (no ricm.pre podrlamo& dcsiparlos de las dos
fOtlDllJ) forman UDll cIue !ÍJ1 duda privilegiada de la &OCiodad, en rdaci6D probobl<
de mitades cxoPmicaJ, que mantienen reIacionea de i.ntr=reambio o de rivalidad; y el
derivado tlI)'Q, que designa primero a los dcsc:cndicntes de los arl (o de los 1lf'YU) o ca·
1ifica 5U pa1enenQa. d.ebi6 lICI'Vir pronto de denominador comf1a a las bibUJ que se
rcconodan lof mLsmOl antepuad.os y ¡ncticaban los mismos cultos. Ah1 pertib!mos
al menos algunas componeotel de la noción de tuya. que &efta1a, tanto entre los indios
como entre 101 irInio5; el despertar de una c:on.ciencia nacional.
Queda por saber la que dgnitlca propiamente el tema tui, arya-, y decidir si la tar-
ma tul- pertenece 111 vocabulario indoeuropeo o si eati limitada 111 indoiranio. Se ha
pensado a menudo en una relación de arl con el prefijo ar{- que marca ea SÚlJcrlto UD
grado eminente. y que puede corresponder el pretijo griego 1lTf- (tip\-) que indica tam-
bién la excelencia; y como a este pretijo ar{- se vincula probablemente el arupo de
áristos, «excelente, lupremo», obtendriamos para 1lTf-. arya. un sentido como el de:
«eminente, Pero nada impone esta comparacióa, y, en el punto de pctida,
la idea de UD comportamiento mutuo (sea la acepcilm favorable °no) es mil ICJ],-
sibIe en a,.[-, arya- que la de una calificaci6n elogiosa. Sólo UD anilisis mú profundo,
apoyado en datos nuevos, permitiría pronunciarse sobre la etimologla.
J Tesis e lntUpretadoaCl aot.,ooiJw: por un lado, P. THIDlE, Dv FmmIliIr, /m 1931; M;'
"." .nd A,rtrvtrlfJn; 1"1; por otro. G. OuMEzlL, 11 1r0i8liwn souwnlilf. 15149; L'kHoIorW t,.;p.rtk •
1"1, pp. IOB, u.
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11 PARTE
LIBRO 1
LA REALEZA Y SUS PRIVILEGIOS

1
1
CAPiTULO I
REX
S.",tflrio. Alclriluado ml.menle en itiliaJ. eHl1c:o)' en Indio. es decir, en lu el-
DlX:idcntal ":1 orit:atal del mundo Indoeuropeo, rrx Pl'tllMCla un .rupo and-
qullimo de tbminos relativo. ala RUBión)' al dem:bo.
BI accR:mli.cnto del Iar.. NfO too ellrleso oriID. ICll:tmC!cr m llalla lllIl.Ult (donde la
o- inidll1lC explica por ruona tonul6IkU). el cumcn de 11M valora utiluOl de fq-,
en Iatln (por ejempJo, en /1,., • fKfIlI, ro: JIICfOratm), permiten pcJlsar
que el ru, mili iIK:CI1Iote en _lO que rey'" d ICnlldo modr:mo, era d que talla ••torl·
dMl JlUI' truar 10i CII1lplallllDleruol de la. dudlllkl y dclcl11Iinar la. rq1u del dcra:ho.
Hay deno nociDnes que sólo podemos aJcanzar indira:tamcnte en IU CItado in-
doeuropeo, porque, aunque derivan de ca.lidades sociales, no se manirlell&D por- he-
chos de vocabulario comUDCI al conjunto de 10 implAS.
Ta! es el concepto de sociftJ«J. En el indoeuropeo occidental es desi¡nado por un
ttnnino comlÍD. Pa"o en los dcmis JfUPCJS parece faltar. De bcd:J.o. ti apraado de
forma diferente. Se le reconoce en panicular bajo el oombre de reino: 100limitC5 de la
sociedad ooincidcn con cic:rto poder. que ti d poder del rr:y. Así le plantea el proble-
ma de los nombres del problema que: afee:ta. ala vez, al estudio de la socic:dad Y
de las divisiones que la caractc:rizan '1 al estudio de las jcrarquias que, en CISCDO de la
sociedad. defiDcn los grupos.
Cuando se aborda esta noci6n del terey. en su expresión Ibica. qucd& uno sor-
prendido al conatatar que el nombre representado por fU no apucoc: mil que en las
dos extremidades del mundo indoeuropeo y falta en la parte central. Por un lado. te-
nemOll en ladn TU, en ir. ,j, en aalo -rir, por otro. en s'nscrito 1'4j-(Qn); nada
cotrc los dos, ni en ninluna otra lenaua itilica, ni en gcrminico. ni en blltico, ni en
eslavo ni en arteco. y tampoco lCIl hitita. Esta correlaci6n es extremadamentc impor-
tantc para apreciar la repartici6n dcl vocabulario común a travf,s de las IcDJWll. Hay
que ver. en tI caso de rtX, un testimonlo -probablemente el mu notable- de un
gran fenómeno estudiado por J. Vendrycs 1: el dc las supervivencias de términos rela-
tivos a la religión y al derecho en las dos c:xtrcmidades del área indoeuropea en la 50-
cieda.des mdoiraniu c italo-célticu.
Este hocbo alá unido a la estructura miJma de lu sociedades consldcr.adas. No es
un simple acc:idalte hirtóñco el que no 5IC cncucntre en tu 1en¡uu «interzncdiu» ni
una IOla hue1ll de ese nombre del Tanto del lado indoiranio como del lado
243
italo-céltico, tenemos que vérnoslas con sociedades de estructura arcaica, de tendencia
muy conservadora, donde durame mucho tiempo han persistido instituciones y voca-
bulario abolidos en otras partes. El hecho esencial que cxplica las supervivencias co-
munes a las sociedades indoiranias e italo-célticas es la existencia de poderosos cole-
gios sacerdotales, despositarios de las tradiciones sagradas -que mantienen con rigor
formalista.
Entre los romanos, basta con citar los colegios de los hermanos Arvales -entre
los umbroso los lrolres AtiedU de 19uvio-, entre los celtas, los druidas -en oriente,
cuerpos de sacerdotes como los brahmanes o los atharvanes de la India, los a9ravanes
o los magos en Irán.
Gracias a la persistencia de estas instituciones ha sobrevivido, y nos es conocida,
una gran parte de las nociones religiosas de los indoeuropeos, tal como estaban regla-
mentadas en grandes rituales que siguen siendo nuestras mejores fuentes.
Sin embargo, no hemos de creer que se deba únicamente al hecho del arcalsmo de
la sociedad el que estos datos se hayan conservado ahí y no en otras partes, Los cam-
bios introducidos en la estructura misma de las instituciones han hecho que la noción
específica del rex sea desconocida para los demás pueblos. Por supuesto, en griego 'j
en germánico hay palabras que pueden traducirse por «rey». Pero el basiletís no tiene
nada en común con el riIj. y .la pluralidad de palabras griegas que significan «rey) o
bien «jefe» muestra claramente que la institución se habia renovado.
mtema nominal '" tig- dellat. rix, rigis es exactamente el del irlandés I"i y del ga-
lo -rix, que se encuentra como ténnino de nombres propios compuestos, tales como
Dumno-rix. Vercingeto-rix. La forma supuesta por el riJj- del sánscrito es exactamen-
te la misma: por tanto. un antiguo ·reg-. También probablemente se encuentre en el
nombre real tracia Rhisos.
¿Que significa este término? ¿Cuál es la base semántica de este concepto? En la-
tin, TU ha producido toda una familia de palabras, entre ellas el verbo derivado rego,
regere, el derivado neutro reg-no-m.,·el femenino tigina. de forma muy caracteristi-
ca, como el sánscrito rQjlli. «reina», utilizando esas dos fonnaciones un sufijo en n
para marcar la «moción», la feminización de un antiguo masculino. Dejaremos apar-
te regio y también rectus. que estáíl separados de este grupo. No hay ya relación, ni
siquiera en latin, entre rex y rectus; sin embargo, relaciones morfológicas claras y de
tipo perfectamente conocido unen regio y rectus a la raíz de rex. Talo cual de estos
derivados tiene una correspondencia en otra parte. De este modo, allat. rectus res-
ponde el got. raihts (al. recht); pero el germánico ignora el término nominal ·reg-.
En primer lugar, tenemos que preguntarnos si no habrian conservado otras len-
guas indoeuropeas, incluso en estado de vestigios. alguna forma emparentada. Hay
un verbo griego que se ha tratado de relacionar con rego y con la familia de rex; pero
es lo bastante diferente para que no se haya vacilado en hacerlo de modo fonnal. Se
trata de orégo (optY6'), que se traduce por «extender». No se ve con claridad cómo
fWldamentar esta comparación; por eso se la propone entre dudas generalmente, y só-
lo como una posibilidad. Si pudiéramos rechazar o hacer aceptable esta comparación,
lograríamos una precisión importante para definir la noción de «realeza».
El problema es, ante todo, fonético: dado que la correspondencia entre los radica-
les '" reg- de lat. ngo y reg- del griego o-rég-o es evidente, ¿puede justificarse la o- ini-
cial del griego? Este detalle no carece de importancia. Afecta a la morfologia máB an-
tigua del indoeuropeo. En griego se constata en condiciones semejantes, sobre todo
ante r. una prótesis de uno de los tres timbres vocAlicos a, e. o. alli donde no figura
244
ninguna vocal inicial en otras lenguas. Asi eruthr6s (ipu9p6r;) frente aliar. ruber, com-
porta una vocal protética e-o Vemos en este caso particular el mismo fenómeno que en
orégo. Sin poder discutir aqui al detalle esta particularidad, contentémonos con indi-
car que deriva de una condición lingUistica general. Las lenguas del mundo no poseen
necesariamente ni juntas las líquidas r y l. No hay que creer en la necesidad de distin-
guir estas dos liquidas, y seda vano buscarlas en todas las lenguas, De hecho se en-
cuentra bien r. bien l. bien las dos juntas según las lenguas. Un contraste sorprenden-
te es el del chino, que conoce 1, pero no r. y el del japonés que conoce r. pero no l. En
otros casos, 1y r dan la impresión de aparecer materialmente en la lengua, pero no
responden a dos fonemas distintos. En francés no se puede confundir roy y loi, por-
que r y I son dos fonemas diferentes, cada uno de los cuales tiene su realidad en el Se-
no del sistema fonológico. Pero hay lenguas muy variadas que presentan rol indis-
tintamente (en polinesio, por ejemplo), es decir, una sola liquida con modo de articu-
lación variable.
¿Qué ocurre en indoeuropeo? El sistema común posee dos fonemas r y l. con va-
lor funcional desigual: r, en general, es de empleo más frecuente. más variado que l.
Pero los dos existlan desde la época común, aunque r y , se hayan confundido en amo
plia medida en indoiranio.
No basta, sin embargo, constatar la presencia de dos liquidas en indoeuropeo. Se
sabe que todos los fonemas de una lengua no aparecen en cualquier posición. Se ad-
miten ciertas posiciones para cada fonema, y se excluyen otras. En griego no se puede
terminar una palabra más que por las consonantes -n. -r o -s, con la única excepción
de la negación ou(k). De este modo, en cada lengua hay un registro de posibilidades y
de imposibilidades que caracterizan el empleo de su sistema fonológico.
Ahora bien, se constata en muchas lenguas que no hay r inicial. En finougrio, en
vasco, también en otros, no se puede comenzar una palabra por r. Si un préstamo
comporta una r inicial, se le hace preceder de una vocal que pone la r en posición in-
terior. Ésa es también la situación en indoeuropeo común: no se admite una r como
inicial. En hitita, por c:jemplo, no hay r inicial, mientras que se encuentra I inicial. Lo
mismo en annenio; para acomodar las palabras tomadas en préstamos con r inicial, el
annenio pone una e protética o, en fecha reciente. reemplaza la r- original por una r
fuerte, roulé, distinta de la r ordinaria. Ése es el caso del griego, donde una «prótesis
vocálica» aparece ante r, de suerte que la inicial es er-, ar-. or-.
Hay que insistir en ello. Si el griego, el armenio y el hitita no tienen r· inicial, es
porque perpetúan la ausencia de r- inicial en indoeuropeo. Estas lenguas conservan el
estado antiguo. En virtud de una transformacion fonética, el latín por un lado, el in-
doiranio por otro, tienen r al comienzo de una palabra. En cambio, I inicial existe en
indoeuropc:o y se conserva tal cual: cfr. la raiz "'/eik"'- y gr. lelpo p..d7l:toJ), lat. linquo.
sin prótesis. Cuando el griego ofrece una r- inicial, es siempre con espíritu grave, bien
(- rh-) lo que indica un antiguo '"SI"- o un antiguo • w/·_; fuera de ahí, la .. r· inicial
va prc:cedida siempre de una prótesis.
De este modo, en tcoria nada Se opone a la comparación de rex con eL griego
orégo; la o no supone ningún obstáculo, atestigua una inicial antigua que el latm no
ha conservado. ro sentido de las formas griegas queda por prccísar. El presente orégo
u orégnumi (ÓptYVUI'l.t) con c:I derivado órgu;a femenino de participio perfec-
to sustantivado en elllentido de «braza», no significa solamente «extender»; este sen-
tido CS, también, el de otro verbo, petánnumi Pero pettinnum; es «desple-
gar en el sentido de lo largo», mientras que orégo, orégnumi es «cxtenedcr en linea
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m:tn, de modo más explícito: «B partir del puniD que se ocupa, tirar hacia adelante
una línea Rlcta» o bien «dlri¡inc hacia adelante en la dirección de una 11nca rect.B)t.
En Homero orórllcJH¡ta; describe el movimiento de 101 caballos que se
estiran en toda su lonJitud al saltar.
Este sentido está pn:sente en latln. La importante palabra regio no quiere
decir en origen «la rqión», sino f(cl punto alcanzado en Una De este modo
le: apnea e regiane. «en lo opuesto)t, es decir, «en el punto n:r;to, enfrcote)t. En la
lengua de los augures, neJo indica «el punto alcanz.ado por una linc:a. recta trazada en
la tierra o en el ciclo»: lue¡o, d «espacio comprendido entre tales rectas trazada..s en
diferentes sentidos».
Se interpretad de forma panüc:ta el adjetivo rrclll$ como «recto a la manera de
cs. Unea que se traza». Noci6n material '1 tambim mor-al: la .erecta» rcpresc:nta la
norma; regultl. es el. «inatrumento para trazar la recta". que fija la repa. Lo que:
es recto se opone en el orden moral a lo que está torcido. curvado; ahora bien, co-
mo recto equivale a justo. honesto. su contrario torcido. curvado, se identificara
con pérfido. mentiroso. etc. Esta representaci6n es ya indoeuropea. Al lat. r«11l3
corresponde el adjetivo aótico fJIihts que traduce el ¡rieto I!llthús. «rectaD, tambim
el anticuo persa ras/a, que califica la «\lia» con esta prea;cripci6n: «No abandones la
via recta».
Hay que partir de esta noción completamente materilli en origen, pero presta a
desarrollarse en sentido moral, para entender pedc:ctamente la formaci6n de: rex y del
verbo regtt". Esta noción doble se prc:scnta en la cxprcsí6n importante fmn.
acto religioso. acto prelirnlnar de: la construcción; furt!S lignifica litClll1mc:nte
«truar en lineas rectas las fronteras». Es la operación a la que procede el gran sacer·
dote para la construcción de un templo o de una ciudad y que consiste en determinar
sobre el terreno el espacio consacrado. 0peraci6n cuyo cartcter migico es visible: se
trata de delimitar el interior y el c:::tterior, el reino de lo sacrado y el reino de lo profa-
no, el territorio nacional y el territorio extranjero. Este trazado es efectuado por el
penonaje investido de: los más altos podc:rcs, el ra.
En rex hay que ver menos al soberano que a aquel que traza la llnc:a. la vis a se-
gWr, QUe encama al mismo tiempo lo que es recto: la DO<:ión concreta enunciada por
la raÍZ • rq- es mucho más viva en rtt. en origen, de lo que pensamos. Y esta concep-
ciOn de la naturaleza y dd. poder del tl!X concuerda con la forma misma de la pa.labra.
Una forma atemAtica sin sufijo, como f'f!X, tiene la apariencia de esas palabras que 5C
emplean en elsc811Ddo túmino de compuesto. como -da en iii-du. nombre de aaente:
sacado de ·deik-. Es lo que lie verifica al marlen dellat1n: asi, en los nombres com-
puestos del galo con -rix, Dummo-rix. Yer<illgelo-rix. Eo d,nscrito, rij es meno¡ fre-
cuente: en c:.stado libre que en composici6n: sam-rij-. «rey común a tDdos», :rw¡-rQJ.
«aquel que es rey de sí mismo)t. Dc hecho. incluso tillado ru aparece con dctcnn1-
nantc:s especificas. sobre todo en la locución anti¡ua rrx sacronlm. El ra estaba en-
cargado de: en c:l5entido en que: se toma la expre.siÓD rqttnflnes.
AsI 1IC dibuja la noción de la realeza in4oeuropcL El ru indoc:uropeo ca mucho
más rdigioso que poHtico. Su misión no es mandu. ejereer un poder. lino fijar unas
realu. detennin&r lo que es «m:tolJ en sentido propio. De fUme que el ut defi-
nido, se c:mparmta mú con un sacerdote que con un IObc:raoo. Es esta realeza lo que
cdtu e: ittikos, de un lado. indio3, de otro. han conservado.
Esta noción estaba_unida a la cMencla de k>I &fUlda colqios de I8CCfdotcs que
tc:utan por funci6D perpetuar la obIervancia de los rito•. Ha Iido. pues, necesario uo&
246
. di al llc:pr a la realeza de: tipo etuico,
larga evoluci6n Yuna lransfOrmaclón ra C para ve la autoridad politica le fuese
fundada cxclUJivamente sobre poder, y para.J;...; que SClula atribuido. los
hecieoóo poco a poco independIente: dd poder .--..oJO,
sacerdotcs .
247
1,
: .
• • ,
"
1
1
CAPiruLO 2
x,t4Y- y LA REALEZA IRANIA
SullltJrlfJ. Bl hin a un imperio y la nocilln del .obtnno lIlU no tiene Dada en comOn
con la Se CDUm:M. el titulo pena iliytlfllyimrm (sr. btIsIklb,
/Jo.rt1lfHl. pcru. Jt¡Ir,i" liII), el Rey de rcya:¡ elte 1111,110 deUpa.1 soberano como • aqud
que csd. InvDlddo del poder real, dd .
Pero UD CP!lcto del aqUCIJlá¡IcIIl, vauahr, que tamblál puede calirK:ar al dio.
Abunmazda y. la tierra, revela que el poder del ny es de lICnCia m15tica.
Lo5 términos que acabamos de examinar no forman sino una de la5 expresiones de
esta noción de realeza: la que es com6n solamente a dos extremidades del mundo
doeuropco. a 101 dominios italo«ltico e indio.
En esta noci.6o fundamental. el iranio se aparta dellndio. El término fi.f-.
r1itico del indio, falta en el vocabulario antiguo del IrAn.
No quedan huellaa en iranio de una deiignaciÓIl. correspondiente. salvo en el dia-
lecto de la regiÓll de Kot!n (cn el cxtrano liudCltc dd trio que colinda ron la lndia.).
atcsti¡:uado desde el siglo VIU de nuestra era en una Üten.tunl de inspiración búdica y
hecha, 501xl: todo, de traducciones. Este dialecto kotanb conoce el t&mino m,
«rey»; rris-pw. «hijo de 1'C)')t. designaciones que corresponden al sánscrito rijtz y ti-
JI¡'¡J'Iltl"rl: pero no es totalroente squro que se tnltc de un prestamo del indio, siendo
Dwncl'OlOS préstamos que esta lengua vchk:ula y la fecha tudia en que se ha o>
nO<:i4o.
Si, en iRmo. el thmino • ni;- como nombre del 4acy» no tiene alISO, es porque,
hablando en propiedad, DO hubo ni rey ni reino, sino un imperio iranio; esa el la ra-
ZÓD de esta rcD.ovacibn Ibita.
En el mundo indoeuropeo, y especialmente a los ojos de los griegos y de los roma-
nos, fue el Irán el que instaurO la nociOn de imperio. Anteriormente, por supuesto,
hubo el imperio hitita, pero "te no constituyó un modelo histbrico para los pueblos
vecinos. La organizadOn ori¡:inal es aquella que los iranios crearon y son tCnninos
iranios los que constituyeron el vocabulario nuevo a ella referido.
En el vocabulario común a la India y al Irin, hay un término representado en
sánscrito por klOtra. en iranio por i.Mzera que indica, en ambas partc5, el poder real.
Es un derivado de Iqi¡. (x'iáy-j. tcser ducfto. disponer de», ralz: que: ha proporcionado
en iranio loa derivados mis numerosos y mU importantes. Sobre todo. mediante:
WI derivado de esta raIz: se en anti¡uo pera. (pero no ca el Aveata) al rey:
Xiilyri;yrz. De este vocablo antiguo pena, mantenido dCl4e bacc veinticinco ai¡Ios por
lo menos, proviene el pena moderno iiJr. por evolucibn rqular.
La forma de CIta palabra permite un aniIisiI m..ú predso: Xiiya9iycr- es un adjed·
248
YO derivado en -yrt de un a.b5tracto ·xiiya9a-. que, a su vez. es un derivado en -lI del
tema vctbaI Bl «rey» es mianado como aquel que CIti investido de
Se observar" que la nocióo abstracta el aqu! primari&; paralelo es el abstnu:-
to ser. /qalrtl quc" ha proporcionado IqGtriyu. tanicm.bro de la c1aJc: de los
propiamente «el qlJC csti investido de batra-».
Observemos adcmis qlJC la forma iiaya8(i)ya esti en contradi.cei6n con la fonéti·
ca pena, donde d ¡rupo -IJ(iJJL da ':¡y-; de modo, el iranio hD8ya. «verdadero»,
da htiiiyg en anti¡uo persa. Se impone la licuicnte conc1usióo: no es una
forma del dialecto propiamente pena. No ha nacido en la lengua en que tan gran for-
tuna ha conocido, lino en una l.cnJua irania en que el paso de -fJiy- a'¡"" no le produ-
clL Por r&ZCDCS 1ing(llsticu e biJt6rias. ésta debe ser la lengua de los medos en el no-
roem dcl1rtu. BI. oombR pena del «rey» ha MO tomado prestado por los persas a
los mcdo!I: concluaión importante desde el punto de vista hilIt6rioo.
Ese t!rm,ino entra en una fOrmula que es taractedstica ele la titularidad aqucméni-
da, xiaya6lya JizygBiyarr.am. «l'C)' de reyes». Persia fue la primera en fijar esta f6r-
mula de titularidad que se oonvirtiO inmediatamente entre los IricaOl, bajo la forma
de basiltrJs bosiUim (j3or;O'lltÚiO PcwU.ifoW) , en la designación del rey de 101 persas. Expre-
sión curiosa que no significa «el rey entre 105 reyes», sino «aquel que reina sobre los
demás reyes». Es una superrealeza, una realeza al cuadrado que le ejerce sobre aqueo
llos que el resto del mundo considera como reyes. Sin embullO, la expresión revela
una anomaJia: el orden de las palabrlll no es el esperado. En la forma moderna 'ifzhlIn
"iah ha sido invertido; de este modo, responde a la. sintaxis de los JfUJ)Os nomina1cs en
iranio. Hay que ver ahi un segundo indicio de un origen extranjero, no pena. La cx-
presión ha debido ser recibida tal cual Yno comtituida con la realeza de los Aqucmé-
nidal. Probablemente estaba ya elaborada entre los medos.
De esta misma ra1z, el iranio ha sacado muchos otros En primer lugar,
en avbtico :i!iafJra. Q.ue responde al sinscrito 1qcztrrJ, y cuya forma persa distinta es
iias§tl; es, a un tiempo, el poder y el dominio en que se ejerce ese poder,la rc:alcza y d
reino. Cuando en SWI culogias Darlo dice: «Ahuramuda me ha otorpdo este
se trata de 106 dos, del podO" mismo y del reino. Eita palabra entra en un compuesto
importante que es en a. pcDa En una forma dialectal vecina
que en jonio se reproduce con 011)'01' fidelidad por «ejm;er el poder de
sitrapa», es el titulo el que se ha convertido en ¡riCIO de donde «SátRlp8H.
Este titulo ai¡nifaba «que guarda el reino». Los alt1simos dignatarios all d.csi¡nados
tenían a su cargo la administraciOn de lal Irandel provincias (usattapla:I»), y de ase-
gurar asi la custodia del imperio.
Esta nociOn, fijada por el Irtn. de un mundo constituido como imperio, no es sO-
lo poUtica, slno 1ambim religiosa. Se dida que cierta organizaciOn terrC'Strc y celeste
ha tomado por modelo la realeza de los soberanos persas. En el universo espiritual de
los iranios, fuera incluso de Pcrsia, y panicularmente en la escatologia mazdea, el do-
minio al que acccder6n los Ílelcs es designado por x'ia6ra. «reinol) o por Jtia8rrJ vau-
ya. «d reino (o la rcaleza) deseable». Penonir1C&da, X'ia(JrQva;rya (en medio iranio
salrri'WIl) una de las divinidades llamadal «Santas Inmortales., cada una de
las cuales simboliza UD elemento del munc:lo y jucp un doble papel. tseato16gico Y
material al mismo tkmpo.
Ahí estA el prototipo de lo que en la escatoloaia QcI judabmo profttico y clcl cris-
tianismo se ha convertido en el «reino de los deJos», imagen que refk:ja una
ción irania.


..
El vocabulario iranio de la realeza ba utilizado, además. otras formas de esa raiz
iiil-; los términos propiamcntdaqueménidas no son los únicos. Títulos nuevos se han
formado, lo que muestra a las claras la importancia de la noción de xsa- y la unidad
del mundo iranio. La más notable, iiavan, «soberano», era usada en el Kotán. La
en la titularidad de las pequeftas realezas in4o-cscitas, cuyas monedas
Devan, con los nombres de los reyes, el titulo de i'AONANO tlAO, que fonéticamente
hay que transcribir por faunanu S(fU. No es el correspondiente de 'iahsizn iiIh, sino una
exprel!li6n construida sobre el mismo tipo, con Sou salido de XáiJvan.
Hubo, sin embargo, otras titularidades locales. En el dialecto rncdioiranio del nor-
oeste, el sasdio. que abarcaba la región ele Samarkanda, conocemos un nombre dife-
rente del «rey» bajo la forma xwt'w, es decir. xwutiiw. que representa un antiguo
xwa-tfrw-(ya). «aquel que es poderoso por si mismo. que no obtiene su poder más que
de si mismo». Esta formaci6n es muy sisniticativa y -MeiUct fue el prlmero en darse
cuenta- tenemos ahl la pareja exacta del griego au/o-králor (rxth:oxpm't(¡)p). Es imposi-
ble decidir si el iranio esti traducido del griego, porque, por un lado, el compuesto
sogdio podria ser mucho más antiguo, como prueba el epiteto védic:o SWl-taWl. «pode-
roso por si mismo»; de otro, el titulo griego aulo-krátiJr no aparece antes del siglo v.
Se haya forjado o no en Irán mismo, este titulo, xwa-taw. es significativo también
desde otro punto de vista. Ha pasado al mediopcrsa, donde ba llegado a dar la forma
xudii que es boy, en persa, el nombre de «Dios», concebido, pues. en tanto que osten-
ta la soberania absoluta.
De este modo, se mide la distancia entre este concepto y la noción de realeza, tal
como la traducen el lato rex y el ser. rQ}. No se trata ya de una realeza de carácter
«rector»; el papel del soberano no consiste ya en «trazar la via recta» según la ideolo-
gla indoeuropea. Vemos en Irán el advenimiento de un poder absoluto que se ha en-
carnado, a los ojos del occidente clásico, en la realeza persa aqucménida.
La tradici6n persa aqueménida muestra su originalidad no s610 en el nombre del
rey, sino también en algunas de sus calificaciones.
El iranio persa es el único que posee ciertos términos relativos a la realeza, entre
éstos se halla el adjetivo a. persa vrnra/ca. «grande», convertido en persa moderno en
buzurg. Es un adjetivo exclusivamente persa; no se le conoce en ningún otro dialecto
iranio y el indio no ofrece ningún correspondiente exacto. En los textos aqueménidas.
que son proclamas reales, este adjetivo apercce como cpitcto de nociones especificas.
a) baga Wluulul. «el gran dios», es la designaci6n de Ahuramazda y s610 de él .
Algunos textos comienzan por esta eulogia: boga vaua/ca ahuramazdo. «el gran dios
es Aburamazda».
b) vRraka se aplica al rey: iiiJyaBJya wn.ralca. protocolo real, inmutablemente
repetido tras el nombre del soberano, en sus tres titulosj «Rey xSaya()iya
vauaka¡ «Rey de reyes», iiayaB;ya xsoya8iyimim. «Rey de los paises»; x'iayarJ;ya
dahyunam. Triple defmición de su estatuto. La cualidad de «grande», atJadida al títu-
lo de «rey», era una novedad para los griegos; de ahi barileus megas ¡A.l-yw;;),
para designar al rey persa. m segundo titulo, «:Rey de reyes», hace de él un soberano
supremo, duefio de un imperio que engloba a las otras re&lczas. Por último, «Rey de
los paises» detennina su autoridad labre las provincias del imperio aquCIIÚ:nida: Per-
sia, Media, Babilonia. Egipto, etc., que son otros tantos «paises».
c:) vauakil se aplica tambié a la «tierra», bum;, entendida en sentido lato, como
dominio. de la soberania real.
manilisis del adjetivo sigue siendo en parte hipotético. Según toda verosimilitud, es
250
un derivado en -ka de un tema en r- no atestiguado, ·vazar o ·vaUQ-. de una raíz
.VR-. «ser fuerte, estar animado de vigor» (cfr. lato uegeo) que corresponde a la del
sustantivo védico vija-. «fuerza, combate». En la terminologia «heroica» del Veda.
vQja con sus derivados ocupa un lugar importante e implica una variedad de acepcio-
nes que ocultan su significación primera. Parec:e ser que viija u,na
de los dioses, de los héroes, de los caballos, que les asegura la vlctona; es, aSUDlsmo,
la virtud mistica del sacrificio con lo que procura: bienestar, contento, poder; es,
también. el poder que se manifiesta en el don, de donde: generosidad, riqueza: .
Un reflejo de esta noci6n se percibe: en los empleos persas de SI el diOS
Ahuramazda es definido como vazraka. es porque está animado de esa fuerza mistica
(el vQja- indio). También el rey es titular de ese poder; y también la tierra. elemento
natural que soporta y nutre todo.
Quizá esta califICación mediante vazraka- esté repartida según el esquema de l,as
tres clases: el dios, fuente del poder religioso; el rey, duefto del poder guerrero; la tle-
Tra, prototipo de la fecundidad. Un simple adjetivo puede encerrar una materia con-
ceptual muy rica.
251
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CAPÍTULO 3
LA REALEZA HELÉNICA
SIumlrlu. Comparada con la l:OIlC:CpdOO iodoirania del reJ. el UDa lKld6rl más 1:WOIu-
donada YdUncnci.t.a -prólrima en mudlol aspec:lDl • la lermánica-. lo
que MlIieftn 101 nombra; lriqm del uey_, baüaiI J lÑIIGib.
De etimol.oata deicoDodda, pero I.IC11i¡ualb &D1bo1 dalle 101 rutOl mid:miaM, cs-
101 dos Itnainol se 0IJl)DaI. cIrorameute eA que d lqpJnlSo Il61o Qoipa al J)CIICCdor del
.......
Ea. C'II&Dlo al baihIb, sir1_ un l!IoI como el rij-lDdio, cjallr: fundoDcl de tipo mi-
Jico-rdiaiolo. sin duda CIltUeturw:la lllI m.m lqÍln .. utpudc:t6I ,.. Cltudiada. BI ce-
tto. IlrnboIa (de orisen propi&mente heIlmkol de 1\1 &lIlOridIId, no al ea d pualo de par-
tklI. sino d but6a de m.m.a dd poftadlk de una palabra autorbada.
Nada permilC medir mejor la transformación de las estructuras pollticas indo-
europeas que el vocabulu:io de las instituciones de la Grecia primitiva. Desde el alba
de la historia, la rca1eza y todo cuanto a ella se refiere tienen en ¡riego designaciones
nuevas, desconocidas en otras partes y que hasta ahora nada permite t'J(pticar.
Hay r;n griego dos nombres del rey. y wánaks {wúvu6, Estos
dos términos no están en el mismo plano. pero ambos escapan por ¡cual a toda inter-
pretación etimológica rigurosa: no tienen correspondiente C1 otras lenguas y no se les
puede encontrar siquiera un parenlc:llco. aunque sea parcial, en griego.
Se ha discutido mucho, sin éxito, sobre el origen de basileÚs. Aunque es imposible
la identificación del radical, al menos se percibe un anilisis veroslmil de la formación;
bDsileús es un derivado con sufijo -eús, precedido de un morfema ·tI-, que es un ele-
mento de derivación propio de los nombres personales de Asia Menor; all, TrOj/-os,
al que corresponde el hitita Mursilíi. Es todo lo que puede decirle.
En cuanto al radical bus-, ninguno de las numcrosW!i hipótesis que los diccionarios
etimológicos han registrado puede ser siquiera discutida hoy. En efecto. el término
basileús ha sido reconocido en las tablillas micénicas. donde tiene la forma qa..si-re-Il,
con el derivado femenino qa..si-re-wi-ya, que probablemente equivale a basi/I!ía. Aun-
que el valor fonético del signo qa- es seguro, la b- inicial de basi/l!Ú3 representa una
antigulI ,oo-. Por tanto, hay que plantear la forma micénica como g-osi-
leús. De ahl será preciso partir el día en que se presente alguna posibilidad de compa-
ración. Por ahora, hemos ganado sólo una etapa en la vía de la reconstrucción.
El cuo de w6nak.f es a la vez comparable y diferente. Como bu.siJeús, es
y midnico. Pero tiene una extensión dialectal mayor y se encuentra una vez fuera del
griego.
En muchas inacripc:ioncs anticuas ese titulo se da. bien a divinidades corno Posci-
252
dón o a los Dioscuros, bien a hombres investidos del poder supremo; asl. en una Ins·
cripci6n bilin¡Qe ¡reco·fenicia de Chipre, wdnaks traduce el fenicio 6dQn. «sellar».
También se: subraya con Interés el hecho de que en una dedicatoria en antiguo frigio,
que data aproximadamente del 600 antes de Cristo. el rey Midas es calificado de wd·
naks. sin que pueda decirse, no obstante, si la palabra es indígena en frigio o si proce·
de del grlcgo.
Pero los datos más importantes son proporcionados por el micénico. donde el
término aparece en muchas formas: wa-na-/w (- wdnak.f), wa-na-/co-Ie
(= wan6klei, dativo singular), wa-na-ku-te-ro (= forma con sufijo de
comparativo). Wfl-na-sa-wI-ya. wo-no-so-i o wa-no-so-i. de interpretación menos c\ara.
Además, los contextos de los empleos en micénico aclaran la relación dI: los ttlU-
los: ba.sikús (de hect\O rasIleú.s) es wd"w. Parece que el lJasiJe:J1s es solamente un je.
fe local. un notable. en modo alguno un rey. No pllf'CCC investido de ninguna autori-
dad política. Por el contrario. e:t w6naks esti considerado como poseedor del poder
real, indUJO aunque toda\lia no pueda definine la extensión de su territorio. ¿El tltu·
lo es también patrimonio de las divinidades o de los sacerdotes? No podrlamos afir·
marIa. pero es posible.
la situación respectiva del basilm y del w6nak.J en la epopeya homerica responde
penectamente a la que caracteriza a estos dos personajes en la sociedad micen\ca. so-
10 hay que notar que wónaks es. ademAs. una calificación divina rc:sc:rnda a los dio-
ses mis &hos. Apalo, dios de los troyanos, es el wdnaks por excelencia. Zewi también,
pero con menos frecuencia. Se denomina as! especlficamente a los D103CurOS como
wánake (fonna de dual que contrasta con la flexi6n que: se construyt: sobre el tema de:
'WQnakl-).
Seria interesante precisar la relacibn de .sentido entre basiJeús y lVÚnalu al menos
en sus rasgos mis importantes. Según Ari!;t6teles,l05 hftmanos y los hijos del rey lle-
vaban el titulo de WÓnak$. Da la impresión, por tanto, de que: la relación enlre basl·
Wús y w6nalcs C5 la que cxiste entre «rey» y «príncipe». Esa $Cría entonces la justifica·
ción del titulo w6nalce concedido a los DioscllfOS, prindpcs reales. Sin
embargo. no puede admitirse que l4IÓnaks esté limitado al hijo o al hermano del rey;
porque en Homero, incluso. un personaje puede ser. al mismo tiempo, basileúJ '1 wd-
naks: un titulo no contradice al otro, como se \le en la Odisea (lO, I!M). Ademis, sólo
w6nalcs sirve de calificativo divino: la invocación a Zcus Dodonio, uno de lo.s textos
más solemnes de la lIIada, comienza asl: ZtU &\111 (16, 233). Un dios jamás es llamado
basileús. Por el contrarlo. basilelÍS está ampliamente difundido en la sociedad de
hombres; no s610 Agamenón, sino una multitud de personajes menores reciben este
titulo. Hay incluso grados 'f una especie de jerarquia entre los basileis, a juzgar par el
comparativo basilníleros, y el superlativo basiJeútatos. mientras Que en Homero w6·
nala no comporta ninguna variación semejante. Excepción hecha del wanaklero- mi-
cénico, cuyo sentido permanece incierto, el titulo de w6na/cs denota una cualidad ab-
soluta. Ademis, debe observarse que en la casi totalidad de los casos, bu.sileús no tie.-
ne determinante; se es baJiltús a secas. No hay más que dos o tres ejemplos de basi-
/ew con genitivo. Wónaks, por el contrario, tiene por regla general un determinante,
nombre de comunidad: wónab and,8n. «wánaks de h.ombres)), o bien nombre de
pais: wúnaks Luk(és, «wánaks de licia», Asimismo, el \lerbo wan6.1'.JÓ, «ser w6nalcs»,
se construye con un nombre de localidad.
·Y es que s610 wt1nalu designa la realidad del poder real; basileús no es mis que un
título tradicional que ostenta el jefe del génos. pero que no corresponde a una sabera·
I •
..
..
..
..
·
·
·
I

..
r
.

Dla territorial, y que varios hombres pueden poseer en el mismo lugar. Hay muchos
basüles que viven en llaca (Od. 1,394). Una sola ciudad, la de 10i feacios, no tenía
menos de trece basi1h3 (8, 390). Pawnajc respetado, el basikús tenia c:ierw preITo-
privas en la asamblea, pero el ejercicio dd pode!" corrcspoooe al w6naks que lo ejerce
solo, y eso es lo que tambi&l indica el verbo wanásso. Eso testimonia, asimismo. ex-
presiones que se han consc:rva.do como nombres propios: Iphi-4nasso. «que reina con
poder», nombre de: la hija de A¡amenOn. FJ femenino (w)ánosso es el epíteto de dio-
sas como Dbneter y Atenea. También cuando Ulises ve, por primera vez. a Nausicaa,
la llama 81Ií diosa.

••
En. la nociOn de la realeza sobreviven nociones que, en cierto modo, sc=
encuentran en otnu sociedades lndoeuropeas. Se trata, sobre todo, de la idea de que
el rey C5 el autor y d garante de la prosperidad de su pueblo, si sigue Las reglas de la
justicia y los mandamientos divinos. En la Odisea se lee (19, 110 Yss.) este elogio de'
buen rey: «un bum rey (bosiJeús) que respela a los dIosei, que vive según la justicia.
que reina (andsslJnj sobre hombres numerosos y wlientes, para él la tierra ncgnl pm-
duce los trigos y las cebadas, los irboles se cargan de frutos, los rebanas aumentan
sin cesar, mar aporta sus peces, gracias a su buena administración; los pueblos
prosperan bajo éL».
Este pasaje ha tenido en la literatura chisica laraa descendencla.; los autores se han
complacido en oponer la felicidad de los pueblos gobernados según la justicia a las
calamidades nacen de la mentira y det crimen. .Pero no es éste un t6pico de mo-
ral. En realidad. el poc:ta exalta la virtud mística y productiva det rey. cuya función es
desarrollar la fecundidad a su alrededor, en los 5Crcs y la naturaleza.
Mucho mu tarde, es verdad. encontramos concepción en la sociedad genní.-
nica, atesti¡uada prácticamente en los mismos términos. Entre 105 escandinavos. el
rey asegura la prosperidad en tierra y en mar: su rano se caracteriza por la abundan-
cia de frutos y la fecundidad de las mujeres. Según una fórmula sagrada, se le pide úr
ok/,idr. «la abundancia y la paz», que en Atenas, durante las BuphonIas, se sa-
crificaba «por la paz Yla riqueza».
No son ésas vanas fórmulas. Amiano Marcclino refiere que los Burgondios, tras
una derrota o una calamidad, ejecutaban ritualme:nte: a su rey. porque no habla sabi-
do hacer prosperar y triunfar a lIU pueblo. Aqul, blljo otra forma, volvemos a encon-
trar la idea que anima una plegaria del rey persa que Darlo formula de
la siguiente manera: «ojalá Que Ahuramazda me traiga ayuda con todos los demás
dioses y proteja este país del e:jército e:nemigo, de la mala cosecha, de la mentira».
Anteriormente (parte 1, pp. 288 y ss.) hemos comentado esa plegaria. Hnuncia lo¡
mmpropios de las lIn divisiones de la sociedad Ysus respectivas actividades: csp\ri-
tu religioso (drauga. «lJlerHira»). cultivo del5uelo (dliiiyarfl. «mala coscchu), activi-
dad guerrera (hailla. o:ejúcito enemigo»). Esta totalidad de desgracias, que Darlo pi-
de al dios alejar de JU reino, es la c:ontrapanida de los beneficios que mismo debe
procurar al pueblo; '1 en la. medida en que tenga el favor de Ahuramazda, ti asegurará
la prosperidad del país. la derrota de sus enemigos y el triunfo d.cI cspiritu de verdad.
254
Esta imagm dd jefe nutricio ha creado en anglosajón la des1anación misma del
«señor». El término ingles lord, represmta un antiguo compuesto h/iJ/ord.
cuyo primer elemento es hlQ,f. «pan» (inglés loa/. «hogaza [de pan],,). Se m;oostruye
hlQ/ord en • h{(if-weard, «<guardián del pan": es un señor alimentario, nutricio, el
dueoo ele la hogaza de pan. 1¡uaJmcnte, /Ddy, «dama, duena», es, en antiguo inglés,
«amasadora de pan». Los súbditos del lord. aqucUos que le alin someti-
dOl, son los «comedores de: pan"_ En la economia medieval el pequefto «sci\ortl jnglñ
recupera. sobre su dominio el mismo papel que el Icrcylt poscta según las
concepciones indoeuropeas.
Sin embargo, no todos los pueblos tienen la misma representación de la función
real. Entre la realeza védica y la realeza griega se manifiesta una diferencia que puede
surgir de las dos definiciones que vamos a confrontar.
En las Leyes de Manu, el es caracterizado en una 1i0la frase: «El reyes una
gran divinidad (mahll/i deva/Qhi) bajo forma humana definición
queda confirmada por otros enunciados: (Hay ocho cosas sagradas, objetos de reve-
rencia, de culto y de circumambulaci6n: el brahmim. la vaca (sagrada), el fuego, el
oro, ellh(/a (mant.cca. fundida), el sol, las aguas y el rey (como
A esto se opone la definición ele Aristóteles. PQ/í(ica, 1, p. 1259. «El rey elti con
sus súbditos en la mi5ma relación que un jefe de familia con sus hijos.» Es, en suma,
un desp/)tts. en el sentido etimológico, el duefto de la casa, due1\o absoluto. sin duda,
pero no dios. . •
Desde luego, en la fnlseologia homérica, el basileús es diogents, «(Rael-
do de Zeus» y «educado por Zeus»; tiene atributos que le vienen de Zeus, como su .cc-
tro. Todo lo que es y todo cuanto posee, SU5 insignias y sus le es
por los di05cs, pero no lo ostenta en virtud de una asccndenaa dlvma. Este cambiO
esencial, propio a la vez del mundo griego y del mundo germánico, hace prevalecer un
tipo de realeza que se opone: a la concepción india y romana del rey: el rex romano e5·
ti, en efecto, en el mismo plano que el rfQ indio; 105 dos personajes tienen una comu-
nidad de papel y de nombre.
La concepcioo mis «rno<lcma», mu .danocritica)l, que sc= manifu:sta en las so-
ciedades ¡;ri¡;ga y germánlca, ha debido realizarse de una mantta independiente. No
va acompaftllda de denominaciones comunes, mientnu que la India y Roma son, a a-
te rcspeao, profundamente conservadoras. La coincidencla de términos es instructi·
va: d término fel- sob«:vive al las lenlUu itAlicas y en indio, en las dos extremidades
del dominio indoeuropeo; es alú donde se conservan las initituciones más tradiciona-
les, los COnccpt05 más arc-.ucos. solidarios de una organización religiosa que es mante-
nida por los colegios de sacerdotes (cfr. anteriormente p. 246).
Por el c:ontrario, en el centro de Europa ¡randes movimientos de pueblos han per-
turbado las estructuras antiguas. No hay que pensar sólo en Grecia y en 105 germa-
nos, sino también en otros pueblos mucho menos conocidos que parecen haber com·
-partido la misma organi.zll.ción social, como los ilirios y los vénetos, sobre los cuales
sólo tenemos testimonios escasos e indirectos.

• •
255
t •
I
: :
..

••


..
1:
l'
En la sale de términos relativas al rey y a la realeza, parece legitimo incluir el
nombre de una de las insignillS propias de la función real. el cetro, que en griego es
designado por skiptron (axij1t'fpO'l). No es un lámina indoeuropeo; de hecho estA res-
tringido algric=go. VernOl! en ello algo singular. porque la institución del cetro se di·
fundió muy pronto entre: numerosos pueblos europeos. En efecto, del griego el téTmi·
no pasO aliado y al eslavo, lue¡o dcllattn al gt'l'minico. cubriendo de esta fonna una
gran parle de Europa. Esto hace mi\s notabk: aún la ausencia de la noción en indoira-
nio.
No na)' designación del cetro ni en la India. ni en el Irán mazdeo; ninguna palabra
de ese senlido se conoce en ellbico del Rig Veda o del Avesta; es un hecho negativo,
pero de alcance considerable. Algunos han creído reconocer un cetro en un bajorrelie-
ve aqueméllida. en el objeto que un sirviente del rey neva, y el portador es designado
en ese monumento por WlS.'JCl-bara, «portador de: WlSSQ». ¡Era el porta.a:tro del rey1
Hoy se está de: acuerdo en ver en el objeto en cuestión un arco; el túmlno designari,
por tanto, al porta-arco o al arquero del rey. La invatigaci6n es negativa para la Pcr-
5ia aquem!nlda como tambitJ1 para todo el hin y para la India.
Es de todos conocida la importancia del cetro en la rcaIeza homérica, puesto que
los reyes son de:fmidos como «porta-cctros»: El nombre mismo,
en Homero y en la lengua ordinaria, es skiptron. convertido en latin en M:tptrtlm, pe-
ro lambicn tenemos sk8pton en dorio. en Pindaro. Adcmas, con un grado
vocilico diferente, lat. scipio, y de modo paralelo, el sklpón del griego.
En Homero, ate sklptron es el atributo del rey, de los heraldos, de los mensaje-
ros, de los jueces, personajes todos ellos que, por naturaleza y por
investidos de autoridad. Se pasa el skiptron al orador antes de que cormence su dis-
curso y para permitirle hablar con autoridad. En si, el «cetro» es un bastón, el bastón
del viajero, del mendigo. Se hace augusto cuando catA en manos de un personaje real,
como el cctro de Agarnen6n, a propósito del cual el poeta enumera todos aquellrn¡
que lo han trll.Dsmitido, remontindo5C hasta ZCus. Este cetro divino era conservado
000 gnm reverencia y como objClo de culto en Quetonea: segUn Pausanlas, estaba ba-
jo la guardia de un sacerdote que recibia anualmente el cargo en el curro de una cere-
monia. Sin embargo, no se le llamaba sklptron. sino d6ru, literalmente «IIl8.dera»
(pausanias, IX, 40, 11). m, por tanto, un bast6n largo, un palo de lanza. Ahora
bien, en los orlgenes de Roma, el cetro de los reyes se llamaba hasta. según .Justino
(43, 3): .Juutar quos Gra«i scepttrl dk:ue...•• Hasta es, pues, en lad.n el
del «cetro» como palo de lanza. En cuanto al cetro de los germanos, los hirtonadores
latinos lo llaman «pica», contra. El nombre cerm'nic:o es R.a.a. chunin-gerta,
a. inglés cyne-gerd. «varita dc reylt; pero el antiguo-alto·a1emán gerta. «varita» (góti-
CO gazds. «aguijón») corresponde alladn hasta.
Es interesante buscar la significación propia del skiptron para ver si de ella se pue-
de inferir la representación que se haclan de esta insignia. Deriva de la idea misma de
realeza, porque los atributos de la realeza son al,o más que ornamentos: el cetro 'J la
corona son la realeza misma. No es el rey quien reina. es la corona, porque ella hace
al rey; es la corona la que, en su perennidad. funda la realeza. Hoy todavía se habla
de los «bienes de la Corona»; el hijo del rey es el eprincipe de la Corona» (akmin
De este modo, el rr:y recibe su poder de la corona, de la .9ue no es mis
que: el depositario. Esta noción mistica está vinculada, también, a! boméri-
co; un pc:nonaje no reina, no juzga, no arenga a DO ser que tenga el skIptron en las
manos.
2S6
La formación y el Koddo primero del túmino ¡riego no tienen nada de misterio-
so: sklptron es d nombre de instrumento del verbo sklpto, IKlpoyarse sobre»; es un
objeto IObre el. que uno se apoya, el butóu. pero este sentido etimológico nada revela
sobre d origen de los poc1ercI que estin unidos a esa insi¡nia. Inclwo esta traducci6n
es demasiado sumaria. «Apoyarse» puede decirse de otraI maneru, por ejemplo, con
IdllflJ. El sentido propio de ú/ptó es «pesar con todo su peso sobre alguna COA Yen·
contrar en ella apoyo... ». Para desaibir la actitud de un hombre herido, sostenido
por SUl companeros, el poeta dice que: «ptl5a con todo su peso» sobre aquellos que lt
ayudan a desplazarse:. Bl mendigo de la Odisea «se apoya» sobre su bastón. De aht el
sentido derivado dc:l verbo skhto: «alegar como pretexto. dar como c:xcusa», es de·
cir, justificarse «apoybdose» en un hecho establecido.
A veces, este verbo también se traduce por «volar, lanzarse», según algunos cjem·
plos de los trtgicoll. Es una traducción que hay que refonnar. En un pasaje del Ata-
1MIIÓfI. de Esquilo, aparea:n aeguidoe cuatro ejemplos cid verbo (en los veTSOI 302.
301. 310) que describen un futgo que sirve de setlal. trammitido de UJloa estación a atta.
A lo largo de toda una c;adena, el fuego enciende los bogares. La llama franquea cier·
ta distancia y la luz «Se precipita» (úki¡nen) por encima dellqo Gor¡ópide, en un
detennJn.ad.o lugar, e invita al fuego siguientc a no perder d tiempo 'J a encenderse: a
su va.: «Helo ahl quc se precipita (hkipsen), que alcanza el monte de Aracnf:.» Loe·
go: «beta ahl que se abate (.tlJUi) sobre el techo de los Anidas». La llama parte de
una cima y va il npoyane» en las dife:rentes cimas que debe aa1tar. Es siempre el
mismo movimiento lo que se dibuja.
Hablando del dios que trae una calamidad, Sófocles (Edipo Rey. 28) dice: que el
diOl se precipita, se abate (skhJs,u) sobre la ciudad. Por último, en una inscripción
(1. O. UZ, 1629) se trata de:: las trirremc.s sobre las que la tempestad se ha precipitad.o,
«se ha abatido».
El sentido del verbo CS, en todas partes, «hacerse más pesado, pesar con todo su
peso». Por consiguiente, el sklptron es el baltón sobre el que uno deja caer su peso 'J
que bnpide caerse. Ahora bien, el único tipo de bast6n que responde a cslc destino es
el bastón de rruzrcJza.
¿Cómo un instrumento asl defUlido por su denominación puede ase!WV semejan·
te dignidad1
Podemos dejar a un lado divc:nas c:xpllcaciODCl que K ban propuesto: no es
en 5t la insignia del poclcr, el emblema <k la autoridad. el bastón de arcn,ga. No es,
tampoco, una varita mágica.: la varita se denomina rh4bdos y ademis el skiptron
nunca es e:l atributo del malO. Dado que sklptron significa «bastón de apoyo, de
marcha», tenemOl que preguntarnos cómo uniflcar, en cierto modo, las diferentes
funcioDCI de este skÍptron en las manO! de diferentes personajes habilitados para
tenerlo.
La flauraciÓD primordial del sklptron C5, en nuestra opinión, el bastón del mensa-
jero. Es el atributo del itinerante, que avanza con autoridad no para obrar, sino para
hablar. &1a.s tres condiciones (d hombre en marcha, d hombre de autoridad, el ham·
bJ"e que neva una palabIll) implican una sola funci6n, 181 del mmu.jero que re6nc las
tres Yque es la única que puede cxplicarlu. Debido a que el ponador de un mensaje
lo necesita, el sklptron se convierte en UD simbolo de: su fDllci6n y en un signo mlstlco
de qitimaci6n. A partir de ese momento, califl.ca al per$ODajc que se conviene en
portavoz, personaje q¡rado, cuya misi6n es transmitir d mcosaje de autoridad. De
este modo, es de Zeus de quien parte: el. sklptron, que por una cadena. de poticedorcs
257
l'
sucesivos recae en Agamenón. Zeus lo da, como insignia de legitimación, a aquellos
que él designa para hablar en su nombre.
La repartición desigual del cetro en el mundo indoeuropeo refleja, pues, la con-
cepción variable de la realeza. Para los indoiranios, el reyes un dios; no tiene que ser
legitimado por una insignia como el cetro. Pero, sin embargo, el rey homérico no es
más que un hombre que recibe de Zeus su calificación y los atributos que la ponen de
manifiesto [*]. Entre los germanos, el rey ejerce una autoridad completamente huma-
na, mientras que en Roma el reyes de la misma esencia y está investido de los mismos
poderes divinos que el raj- indio.
Sólo en los inicios de Roma, y bajo influencia helénica, el rey adopta el sceptrum
por insignia. Tanto la palabra como la cosa les vienen a los romanos de la civilización
griega. De este préstamo reciente nada se puede inferir sobre el estatuto original del
rex romano. Todo este gran proceso muestra cómo un fenómeno secundario de difu-
sión histórica puede recubrir y enmascarar profundas diferencias de origen.
[*¡ Una inlerpretación bien distinta del cetro y la realeza puede encontrarse en J. L. MELENA, «En tor-
no al cncTj1t1:pOV homérico», Cuadernos de Filología Clásica, 3, Madrid, 1972, pp. 321-356. (J. S.)
258
CAPÍrULO 4
LA AUTORIDAD DEL REY
Sumario. El gr. krafnein se dice de la divinidad que sanciona (con un gesto de cabe-
za, kraíno deriva del nombre de la «cabeza» kára) y por imitación de la autoridad divi-
na, del rey que da fuerza ejecutoria a un proyecto, una proposición -pero sin ejecutarla
por si mismo-o Kra{no aparece, pues, como la expresión especifica del acto de autori-
dad -divina en origen, luego real, e incluso susceptible de otras extensiones precisadas
por los contextos- que permite a una palabra realizarse en acto.
Cuando se estudia el vocabulario de la realeza en griego, se observa que, entre los
verbos y los sustantivos relativos a la noción de «reinar», la relación es unilateral. De
este modo, basileúein es el verbo denominativo de basi/eús, y anássein el verbo deno-
minativo de ánaks. De donde se deduce que, por sí mismos, estos verbos no nos apor-
tan ningún elemento que no esté ya contenido en el sustantivo de base.
No obstante, se conoce un verbo importante que no aparece como un derivado de
un sustantivo viviente. Al menos en la sincronía del griego homérico, es un verbo pri-
mario. En la lengua épica, tiene la forma kraiaíno, que se ha reducido a kraíno.
Este verbo, exclusivamente poético, bastante frecuente en Homero, está amplia-
mente atestiguado en los trágicos, con el sentido de «reinar». Pero en la mayor parte
de los empleos homéricos, kraíno significa «ejecutar, realizar». Al menos así es como
se traduce en todas partes. Comparemos dos fórmulas homéricas para medir el desvío
de sentido de que es susceptible este verbo en las mismas lenguas: kréenon eé/dor,
«realizado este deseo»; pero también kraínousi, «reyes reinan». ¿Cómo con-
ciliar estos dos sentidos? No se sabe. Sin embargo, sería importante ver a partir de
qué noción se ha formado cierto concepto del poder (real).
Desde el punto de vista morfológico, kraíniJ es un denominativo derivado del
nombre de la «cabeza». El presente homérico kraiaíniJ se apoJa en *krasOn-yiJ, for-
mado, a su vez, sobre el tema indoeuropeo de gr. kára, scr. etc., «cabeza».
¿Cuál es la relación de sentido entre el nombre radical y el verbo derivado? Sería la
misma que entre el francés chef y achever. También se cita un paralelo semántico en
griego: kepha/oióiJ. Los antiguos ya lo habían imaginado cuando decían que kraínein
es «poner la cabeza en algo».
Pero estas comparaciones no resuelven nada. La relación en francés es de un or-
den completamente distinto: «achever» es «mener tI chef». Este «chef» es la cabeza,
pero entendida como término último del movimiento, de donde el sentido «llevar a su
término, a su extremidad». Ahora bien, en griego, la «cabeza», sea kephaM o kára,
no suscita sino las metáforas inversas, las del punto inicial, de la fuente, del origen.
259
Por tanto no podemos uimilarla .. caput en la latinidad tardía o a cM.! en francés,
que delicDa la 4<punta. la cxtrcm.idad•. En roanto alctpha/oi6ó. si&nifi.ca no «QChe-...rr
(acabar)., lino caaumir. devolver a su principio" o wnbim. como nos-
otros 4ec:imos. poner el c:ncabezamimto. .' .
Ali. estos pandeJos DO aclaran la formación de mEno y la dada
los anti¡:uo5 no sirve. S610 un estudio completo de los empleos homéncos puede lIll5-
truirnOI. .. ...
Vamos a revisarlos para volver a situar cada vez el verbo en su contexto. I'tiIUI
se encontrari la casi totalidad de los ejemplos twmmcos de krailliniJ. y tambitn de
qJikraiafnl>.
En la lliada (1, 41 • '04, cfr. Od, 20, 11S). t6de mo; krÑ,,,on es una f6r-
mula de plcpria que .se dirige a un dios y que se traduce: «realiza pU deseo,..
Si ahora leemos D. 1. 419. Wc; r,cn', oQ&' Ipar. 01 que
el dios nO tiene propiamente que «realizar,. el daca; DO ejecuta nada si ID;W"0'
D:be aceptar el ruCIo, Ysólo esta saoci6n divina permite al rueco e:ll.lstenaa..La
acci6n marcada por el verbo se ejerce siempre como un acto de autoridad. de arnba
aba.jo. Sólo el dios tiene calidad para kra{nein. lo Que implica na la ejecuci6n mate-
rial, sino: 1) la aceptación por el dio5 del ruego formulado por el hombre, y 2) la
autorización divina concedida al ruego de recibir cumplimiento.
He lIhIlos dos componentes del .entido. FJ proceso enunciado por este verbo tiene
siempR por agente a un dios o a un personaje real o tambim .. UD
ral; y este proceso consiste en una GlDci6wt, en un acto de: aprobaci6n que C5 el úni-
co que puede hacer ejClCU10ria una medida. . .
En d pasaje citado (2, 419>, el dios ha negado, por tanto, esa sanc:t6n, &m la cual
el ruego se queda en pI1abn, en al&<> vaoío y ... efecto. En (11. 5, 5(8), "'"
¿puede entenderse que Iu incitaciOD.CS de Apelo wn fuea1i-
zadas» por Arca? Pero repitamos que el verbo no se dice más que de un dios. De he-
cho Ares no ejecuta ac¡ui una orden, el contexto lo demuClitra. Derrama sobre los
una nube, actúa de tal forma que el deseo de Febo pueda realizanie..Pe-
ro de la ejecución se encargan los mismos combatientes; no podrian hacer lUIda Si no
se lcI!i otorpdo esa sanción, que el de autoridad divina. Aqulla explicación se
deja pm:isar por la simple consideración de las circunstaneiaJ Yde 105 pcnonajes Q.DC
estin delante.
Un puaje (9, 100 YSI.) ya habia preocupado a los comentaristas antiguos:
," .. xtñi.,.l ,.l. f""" Ifl -',
51 "'" GÑt>, 5<' ;¡, 90,,",
I!ftttv &It; ci:yu86v.
El un discurso de: Néltor a Asamenón. pera incitarle a no descuidar las opiDiow:s
expresadas ante a Responsable de numerosos hombres en virtud de la autoridad real.
debe escuchar los consejos lCIlSlltOS que puedan dincIc. cNece5:ita& mú que otros ha-
blar y C5C\1char Yllcpdo el CllSO obrar sc¡ún la opinión de otro cuando su coraz.óo le
baya impulsado a hablar por el bieo de todos.» En CIte punto, debe com:girsc la tra-
ducción de P. Mazon. Antes de nada, hay que elucidar 1& constrUcd6n krilmri tU kai
6Uói. se eKp1ica poc una elipsis del rtgimen directo c¡ue es yque se"sara del ver-
bo anlerior: «pronunciar y escuchar la palabra (qw,)>>, as1 como de eipem en el vena
siguiente. La coDStrucci6n debe entenderse, por tanto: kribwi (q,os) ,u/oi. y se con-
2{j()
vierte en simétrica euctamente de Julenorr laIi emollpos (Od. 20. 115). Podr6 tradu-
cinc, por tanto: «Mil que. ninalln otro te bace taha hablar, prestar oiclo, ratificar
(krilnai) incluso la palabra de otro, si su esplrito le incita • hablar por el bien.»
En l. __de Aquib (9, 310), flat> ...... u "'" uuh.¡ú_ lo=, _
coordinados dos verbos: 1utlíMin y /ektn. La traduccibn de P. Muon: «Debo deciros
brutalmente la cosa, cómo pretendo hacerla, cómo se harb, no valoriza la relación
lógica entre krafMJn, ((hacer ejecutorio» «realizarlt. Nosotros tracluciremo.s:
«Debo decirte claramente mi propósito, tal como voy a confirmarlo y tal como se
realizar•. »
Dc:spuk de la neptiva de Mulles a pRSl&r ayuda a tos aqueos: «¡Partamosl
-dice Ajax-, DO me pan:ce que d cumpllmjcnto de nuestro plan este: sancionado
(kranhsthlzi) por me viaje)lo (9, 626). La embajada ante Aquiles no ser. seguida, por
tanto, de ningún efecto. Ha fracasado.
IJc¡amos a una nueva etapa de este anilisi.s conridcnmdo en la Odisea (S, 169) la
DpOlSici6n entre noba; '1 Calipso se compromete a hactt todo lo nOCC$Ario
para que Ulises vuelva a su casa «si place a los dioses, que me son superiores tanto en
concebir (noba;) como en efectuar (/ednai).".
El hecho notable es el empleo absoluto de kroínein y que el acto de krolnein se
cargue adem's a la cuenta de los dioses. Estos «(realizan», pero siempre en su esfera
propta; jamts se dice knl/nein d.e una realización humana individual. Desde C&1e mo-
mcoto se asiste a un deslizamiento de: sentido que va a dividir los empleos según la
oonmucciÓD del verbo. Tendrl la constrtJCCi6n transitiva., de la que ya hemos visto
Ulteriormente ejemplos (sobre todo con y la construccióo intransitiva, Q.ue
abara hemos de ilustrar con qunOl ejemp1oll.
Aparece ya en la Odisea y da a krofMin el sentido de «decidir- por autoridad su-
De ahí deriva que Alcinoo pueda decir: «doce reyes (8, 390) entre
los rcacios. Lo cual equivale 1. reinar, pero sin que ese verbo esté vinculado por nece-
sidad al ejercicio de la función real. Significa siempre la capacidad de dar cumpli-
miento a una decisión de autoridad. SegÚll Homero, la cODltrucción intransitiva de
krvfnein sigue en el mismo sentido; por ejemplo, en Esquilo: IpIY1k&an hin
«'es ha ocurrido lo que Zeus ha decidido soberanamente» (Ag. 169); o -tCl-
rimonio paniculanncnte interesante, por ónico en su género, de un texto epl¡ráfico---
en la f6rmula del juramento de los efebos 1; .Yo obedecert a aque1lo& que ejerzan la
autoridad (tOn krvinMton) con sabidurlu, aludiendo a }os mqistrados supremos de
la ciudad.
La contrucci6n transitiva de krrlfnein en loe: tfi&icos se encuentra sobre todo en
pasiva; sirve para enunciar las COSIIS efectuados por la.s srandes fuerz&5 5Obcranas:
«Más de una vez mi madre me habia predicho c6mo se cumplirla (kralnoiro) el porve-
nir» (Esquilo, Prom., 211). -«No está determinado que la Moira deba cumplir
(kr4nQi) estas cOlias» (ibid.• 592); -«(La maldición de su padre eronaa se cumplir'
(kfTlntJr&etoi) entonces enteramente» (ibid.• 911); -"As! el voto uninirne se ha reali-
",<lo (klkrturl.i). _dlclopo< d pueblo. (SopI. 943).
A ID que se rcílUe el adjetivo negativo bomerico akr6llntos (elas. tJkrantOof), «no-
efectuado)) (11., 2. 131), uheriormente «vano», es siempre a la acci60 de una potencia
supn.individual. 11eDe toda IAI fuerza en dos pasajes de la Odisea; en uno, se aplica a
una profeda que no se efectúa (2. 202). Fl otro, es el c&br'e razonamiento ¡obre los
suef\Ol (19, 564). Aqu( debemos recocdu la datinci6n hombica. entre el Mur. el me-
I Tufo dcsl:ubierlo y publll:.do por Loull RoBUT, t,,#Ju Ip;""'phiquu'" pIIilologlqua. 1931, p. ]02.
261
1
l

I


·

·•

"
no que no puede sct mis que ilusl6n. y el «buen lrúpar que va a realizarse)t (ibid.,
Los suenas tienen una realidad en su orden prDpio, independiente de la reali4ad
humana. Es en el seno de este oedro onírico donde bay que pllllUeaI la rdaci6n entre
lu dos v.ñcc1ades de sueftos: unos (aqui dcjuemos de lado los iuqos de asonancias
del texto griego) vienen por pumas de marfil, defraudan «aportando palabras
akrdanta»; los otros vienen por puertu de cuerno, éstos dan la sanción de realización
(kralnousl) a cosas verdaderas (Ituma). El poder soberano de los sucilos c.s la condi-
ción de: su verdad. ya adquirida. sensible s6lo a lo divino, y que el acontecer humano
se encargará de confirmllT. De este modo, los dos Il.C1jetivos se corresponden: akr6antrz
des:igrnllas COA! que no recibírAn ejecución. por oposición a 4tuma. l.a.s cosas que se
revelarAn como verdaderas.
Para oomp1etar esta revisión, be aqul ahora empleos mis diftciles de kra{Mm: los
tres ejemplos del Himno homirico ti Humes. Q.ue vamos a constdc:nr uno tras otro.
«Hcrmes eleva Ja voz. tocando armoniosamente la citara cuyo canto amable le: acoD1-
pall.a y "cclebrando" (k",(non) a los dioaes inmOnalCl, as{ como a la tierra tenebro-
sa» (v. 427). La tradu<:ción por «celebrar» adoptada por J. Humbert (cel. Budf) ha si-
do tomada en a los antiguos <:omentaristas. El emp1co del verbo ha parecido
tan diferente de los que Homero presenta, e incluso de los que se encuentran luego,
que se ha considerado imposible la traducción habitual. Se han vuelto sobre una glosa
de Hcsiquio que krrJfnOn por «bononmte, (lim8n. pralrVn). Es
muy probable que la &losa se aplique a ate pasaje¡ indica simpkmcnte el apuro de los
comentaristas anti¡u05 ante un empko tan aberrante en apariencia. Otros han pensa-
do verter /cTa{nOn por apote/lNt. «realizando el canto hasta el final», <:OSa que es <:Om-
pletamentc artificial. En nuestra opinión, kraino se define aqu! como en la Odisea. El
dios canta d origen de las cosas y por IU anto «promueve a la existencia» a los dio-
ses. MetifOl"a audaz. pero que concuerda con el papel de un poeta que es en si mismo
un dios. Un poeta hace existir¡ las cosas toman nacimiento en IU canto. Este ejemplo,
lejos de romper la hiltoria del túmmo, ilustra su continuidad.
Las condiciones textuales hacen que en el verso SS9 el problema sea algo mAs com-
plejo, pero sigue siendo de la misma naturaleza. El poeta alude • las MoTra!, a Ia.s
Dcstinadu, invcstidu de un poder profético e iNtituci.onal en el arte de la adivina-
ci6n. Son 1u 1'hriD{ Cmujcra-abejas). Apelo niqa a Hcnnes 101 secretos de su minti-
ca, pero le ofm:e lu Th.rj¡¡{ que:. riendo niOO, le ensenaron una parte de ese arte:
«... tres YÚ'FDeS, hc:nnanaa por el nacimiento...• me cnsd1atOn el arte adivinatorio
que yo be ejercitado con mis bueyes; siendo nifto a6n, mi padre no le oponía • ello.
De ese arte ellu toman IU vuelo para ir poi" todas partc:r a alimentarle de cera hacien-
do que se: rcaliCCD (JerainoU3;n) todu 181 cosas. Cuando, alimentadas con miel rubia,
estin dominadas por un arrebato consienten voluntariamente en decir la
vcrdad¡ por el contrario. si eltán privadas del dulce alimento de los dioses. tratan
luego de induciros a error. Yo te las otorgo de ahora en adelante» (trad. [francesa]
J. Humben).
PAtas mujcres-abeju que. tomando vuelo. van a alimentarse de cera. Iuc¡o krvl-
/JOU.fin MkIl3til, DO podrlan «hacer que realiz.arao. todas 1u cosalt. EJlas no tiCOCll
d poder, mis que divino, que cxisirla CIta rcalizaciÓD, sino lOl.amente el don p-oftti-
co que es IU (mica facuhad. A partir de CK momento, d sentido de kmfMin ti aqui c:l
miJmo que en el anterior. Es elpocler de convertir en efectivo, pero en el orden
de la profeda. No «baccr que se reaIicc:n., Ilno «p"edccir» lu CONJ o. como le dice
en la <:ontinuaci6n il/itlrrlln illOreJÍein, «decir la vccdacb, que explicita luaf-
neill. La palabra llama a hu cosas a la exiltencia. He aqul, por 61timo, el
262
ejemplo más dir)Ql, en d verso j29 del Himno. Apelo mep a Hermes ese don adivi-
natorio, privilegio exclusivo de ZewJ, concc:dido Unicamente a él, Apelo. Pero para
no desesperar a HI:m1Cl1, Apelo le concede cierto.s poderes menort:S y un atnouto des-
crito de la siguiente manera: ((una varil.a maravillosa de opulencia y de riqueza. en
oro y de triple hoja: ella te protejeré. contra todo peligro haciendo que se
(epikrcz{nouso) 105 decretos favorables, palabras y actos, que yo declaro conocer de la
bocK. de Zeus» (trad. [francesa] Humbert).
. A decir verdad. el texto no es seguro: los manuscritos dan como complemento de
ep,lcrainollSQ el acusativo rheolÚ, «dioses», que no ofrece nin¡úD sc:ntido. y que se ha
corrc¡ido en IMmoús. «dispositionc:s, decretos•. Mediante esta corra:ción, el vena
se vuelve inteligIble. y encuentra el sentido que tiene en la cpopc)'1I. La n-
rita «da sanciÓn de a los consejos que Apolo munda al recibidos de la
boca de Zeus, es decir, a sus oráculos. Tampoco aqul hay nada que nos obligue a in-
terpretar luafnein de otro modo a como hemos hecho.
Oc C5te modo, podemos volver a tomar en conjunro la si¡nifM:aCi6n de kfTllno: la
iclca primera es la de sancionar Can autoridad la realización de un proyecto humano y
con ello darle exiJtencia. De ahl proceden los empleos a que hemos pasado revista:
detener con autoridad una decisión política: ejercer la autoridad que sancJona y vuel-
ve lal decisiones tomadas; en geDent, estar investido de una autoridad eje-
cutiva.
Si buscamos abora, en el punto de partida de esta significación una y constante la
rdaci6n de kraiMin con k6Trl, «cabeza», podemos considerarla de modo a
como 51: ha hecho. Ea una sanción que se repR;5Clta mediante un movimiento de la
cabeza. La aprobadón es pronunciada por c:I signo de cabeza divino (gr. nnío. latin
ad-. in-lUlo. nutus). En el Himno homJ.rico a Afrodita, se lee en el VCf50 n.2:
... Zcus hizo una senal de la <:abcza (epéneuse) y ratificó (ekrti"en) su deseo».
Lo haya buscado el poeta o no, se ha encusado de este modo de esclarecer lo que
bien podría ser el sentido propio de kra(n{). Y si mAs tarde Sófocles emplea krczínein
para Indi<:ar el poder lIobre un paIs (xpar.€nt'll TiC, vemos que este poder huma-
no le defme por el ¡esto que indica el asentimiento divino.
E& esta sanción divina, d siano cIc la cabeza del dios, lo que transfiere una palabra
al orden de la realidad. Por este motivo. el poder real indicado por el verbo IulIfnein.
procc:dc del gesto por el que el dioa da existencia a lo QUC, de otro modo. no seria más
que palabra.
263
'.. ...
i : 1
• ,..
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..
CAPiTULO S
EL HONOR Y LOS HONORES
Sutmlrio. En Briega, ghvs -cuya c:ompIl.rad6n r.:on rWn. flvilljo», no el nada mis
que una etimolasll. popular- es l. partr: de honor suplCIIIl:Iltaria. otorgada
mente al rey por IUIldbditOI. y distintiva dI: su dignidad.
Si la limi. I:Omo el drus. cnlra eo el purimonio del rey, ¡j, implica pral••
ciOI1Cll mlterllllC& honorincu, se dlsrtns;ue de eU. romo una dignidad permanente 'f de
ori¡m divino; da_oda ellolc de honor rcaI que loIi diolCs del destino 'f 101
hombres de zeus. r,mi debe separarse dclgrupo del Ir. tino, .pape», poi"í. «RICate,
easll&o», cuya significación constante es de orlblo jurldico.
Los privilegios particulares de la realeza homérica son enunciados por cierto nú-
mero de términos que se refieren al honor y a Jos hono1Y!S. Forman parte de un voca-
bulario cuyos valores especificos están unidos a instituciones arcaicas y que hay que
separar mediante un análisis textual.
Comenzamos este examen por una palabra que ocupa UD lugar considerable en la
epopeya: es la palabra gbYIs (répg;Ii), ordinariamente traducida «honor», «parte de
honor», «testimonio honorUico», y esta traducci6n parece desde luego concordar en
todas partes.
El interéll particular de esta palabra. independientemente de 10 que nos enscfta so·
bre las condiciones sociales, es que está explicada por una comparaci6n etimol6gica
que hace ley. Se ensci\a que géras está emparentado con gbOn. «viejo». Se dcfme,
por tanto, esta noci6n como un privilegio vinculado a la edad, como un honor rendi-
do a los vicjos; un derecho propio de cierta clase de edad más que de un rango social
o de una funci6n politiea.
Desde el punto de vista de la fonna, géras es un neutro cuya antigüedad muestra
su propia estructura. La forma en -lIS flgUl'a, en efecto. entre las más viejas de la cate-
garla de neutros. como xpíexr;, 't'Ípw;. que son especificadas es su función por el
vocalismo radical e (que es propio de los anti&uos neutros indoeuropeos) y por el sufi·
jo -lIS con sus variaciones. También se ha propUCIto que se reconozca géf'QS en el mi·
c6oico lce-ra.
De géras se ha sacado un adjetivo gerards ('PPIllflÓr;), de donde, a su vez, el verbo
denominativo geratrO (yapcxCpw), lo que supone una antigua forma. ·gerar, frente a
giras. tema en -8-. confirmado por la forma negativa agéraslos (ckyfP«G'w¡;:). Asi este
neutro en -Q8 colinda con un tema en -aro según el viejo tipo de los neutros indo-
eurOpeol.
El sentido de géras sale de cicrtoa empleos. sobre todo en el primer canto de la
264
IIiada Yespecialmente en la parte central de ese: primer canto. El géras es, precisamen-
te, el objeto de una reivindicaci6n que enfrenta a AgamenÓD y Aquiles.
La situaci6n es conocida. El oráculo divino invita a A¡amen6n a devolver a Cri-
seida, a la que tiene. Consiente en ello con una condición. «Pero entonces, sin demo-
ra, preparadme otra parte de honor (géras) para que no sea yo el único entre los &rSi-
vos privado de esa parte (agérastos); seria incorrecto. Y -todos lo veis- mi parte, la
mia propia (a: lun yipllt;) se va a otra parte» (118-120). El gbas esté. representado na-
turalmente aqu1 por la cautiva. Se trata de una parte de honor, pero, ¿en calidad de
qué la ha recibido Agamenón'l
Aquiles replica vivamente: «¿Cómo los magnánimos aqucos podrian darte seme-
jante parte de honor? Que yo sepa, no tenemos tesoro común en reserva. Todo 10 que
hemos sacado del saqueo de las ciudades ha sido repartido: ¿cree él que las sentes lo
devolverán de nuevo en masa?» (123-126).
El géras es, por tanto, un beneficio en especie, conferido por el conjunto de los
miembros de un grupo social en virtud de un reparto durante una conquista de despo-
jos (saquco de una ciudad), por medio de una previa puesta en comWI de todo este
botiD del que precisamentc se saca ese géras. parte del jefe.
Aquiles prosigue: «Deja, pues, esa mujer al dios, y nosotros los aqueos te la de-
volveremos triplicada y cuadriplicada, si Zcus nos concede un dia asolar Troya» (127-
129), es decir, si las condiciones son favorablcs a la concesión de un nuevo gbas.
Luego la discusión continúa, Agamenón se enfada; es. pues, a casa de Aquiles, de
Ajax o de Ulises adonde ir! a tomar la parte de compensación.
Asl pues, Agamenón, Ajall, Ulises, Aquiles, ésos son los héroes que tienen dere-
cho al géras. Todos son basilw. hombres de clase real.
El motivo se repetirá con frecuencia: géras es la palabra clave de todo el primer
canto de la I1iada. De ahi dependerá. el curso de los acontecimientos que van a seguir-
se. A partir del momento en que Agamenón le ha arrebatado a Briseida, Aquiles, pri-
vado de su géros, se estima deshonrado, átimos (it"tJWt;): «Porque he aqui al hijo de
Atreo, el poderoso príncipe AgarnenÓD, que acaba de hacerme afrenta (TrnIUlcnltl), me
ha cogido, me retiene mi parte de honor (géras); por 51 mismo me ha despojado»
(355-6). He ahi el origen del resentimiento de Aquiles, y mas tarde Agamenón cUra
que fue como golpeado por la locura el dia en que privó a Aquiles de su géras.
En el canto 9, verso 334, se precisan las condiciones de esta atribución. Es siempre
Agamenón el que distribuia a los clpLCJrljlCJCJL y a los a los sel\Dres y a los re-
yes, su su parte de honor.
Aquiles interpela, además, al troyano Eneas que avanza contra él: «¿Qué razón te
empuja a afrentanne'l ¿Esperas reinar sobre los troyanos y obtener el rango que tiene
Priamo? Incluso si me mataras, Prlamo no POD(lria en tus manos su giras. Tiene hi-
jos, no es tan tonto. A menos que los troyanos te hayan atribuido ya un lémenos en
caso de que me mates» (11. lO, 178 Yss.).
El puede ser atribuido como recompensa de una hazaña; comporta una rea-
leza efectiva como la que. según dice Aquiles, Eneas espera que le ha de ser conferida
por el soberano en ejercicio, Priamo. Esta prerrogativa es, o puede ser, hereditaria,
según la alusión a los hijos de Prlamo. La concesión de este géras pucc1e acompaftarse
de una atribución de terreno (tlmenas), pero son dos cosas independientes.
Durante la toma de Troya, NeoptoJemo se distingue por su valor; recibe en conse-
cuencia IU parte (mofra) -a la que tienen derecho todos los suerreros- y además un
hermoso géra.J. La naturaleza de ese géI'as no se cspccif1C8i puede pensarse que es una
mujer, como Oiscida en el canto 1 de la IIÚldll. o como "Eurimedusa, atribuida en gI-
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f'QS al re)' Alcinoo. y de la que éste habia hecho su camarera en ISU palacio de Feacla
(Od. 7, 10-1\).
En el canto 4 de la Odisea, se ve a Mcnc1ao. que es rey. ofrecer a Sl.15
des. por debajo de lu viandas que se les ha servido (37-59), su propio cllomo
de un buey, atribución suplementaria de carne (v. 65-66).
Cuando Ulises. en los infiemos, se informa de su hacienda, c1c 11 suerte presente
de su familLa, pre¡unta ha sido de su giras: «Dime qm ha sido de: mi padre Yde
mi hijo, ¿tienen alm mi gútlS?» (0cI. 11. 174 Yss.). Se le mspondc: «Nadie tiene tu
giras, pero Tdánaco administra tus /mtlnefl.» 1.a5 dos nociones no esUn unidas: el
Irmenos es distinto del prlvnegio de La. dignidad rc:aJ. Por eso, al desposar a Pe-
né'lope. cada prctendknte desea obtener el patrimonio real de tJ)úes.
Estos ejmJplos permiten ver lo que representa giras. Se trata, en principio, de
prcstadones extraordinarias n:scrvadas por dc:recho al rey, sobre todo. una parte CI-
pecial del botín. y ventajas maIeria.lcs procuradas poi' el pueblo: puesto de hoOOI,
atribuci6n de las carnes mu hcnnosas, de coJ'llJ de vino. Escuchemos 8 Sarped6n,
rey de Uda. enumerar 105 privilegios reales (D., 12, 310)' ss.): «¿.por qué somos hon·
rados con tanto¡ privl1e,ios. puesto de honor, viandas. copas de vino? ¿Por qué
dm nos honran como a dioses? ¿Por qué gozamos de una gran atribución de tcm:no
miga)...? LNuestro deber no cs, por eso, combatir w 1. primera fila para
que iC dip de nosotras: «No son lentes sin gloria nuestros reyes ...• sino acotcs va-
lientCll que combaten en la primera fila?»
No son atas palabru imaginadas por poetas. Tocamos reaUdades de in&tituc:io-
nes, cuya memoria ¡uardan los historiadores. Tuddidcs (l. 13). hablando de la Grecia
primitiva, dice en una fórmula lapidaria: «realezas hereditaria, que comportan ,br1
determinados». Los gerrJ forman. por tanto. parte de la defmiciÓD de la basiJela. de la
realeza.
Huoc1oto (VI, 56 Yss.) da una rclaci6n detallada de los privilc¡ios de los reyes en.
la anli.¡ua Esparta. Tienen dos saettd0tc5, el dl:recho de Ikvar la guerra donde les
place; en el campo. todo el ganado que quieren. las pieles y los 10mOl cfr. an-
tcrionnmte, Od., 4, 65) de los animales que se inmola.
Más Iar,a a6n es la enumeración de sus dert:ehos en tiempos de paz: el primer
pueslo en 105 banquetes públicm, lu primicias de todas las COSIl5. una ración doble de
la de 101 demás invitados (cada término parece estar hecho para ilUlttat un texto ho-
mérico); tienen derecho a una concesi6n de víctimas para los sacrificios. En los juegos
tienen el pucsto de honor (cfr. anteriormente.n., 12. 331); cuando no aparecen en la
comida pública. se les lleva su parte. pero esta parte es doble si uisten; conservan los
or6.culos que le hacen, etc.
A su vez, estos testimonio& hist6ricos pueden arrojar alguna luz sobre una puaje
del Himno a Hl!rme3 (versos 128-129). Se trata de un sacrificio que hace
Henoe¡ siendo o1llo. Ha cogido las vacll5 del reballo y sacrifica dos; las traspasa con
un espet6n. las asa. las extiende. Luego divide las carnes en doce partes que sortea, y
ademis «aftade a cada morro un
Anterionnente Hermes habia adornado 105 carros: ... xcd y(ytCl
(v. 122); pODpmoa cuidado en esta expresión: n"tu pnísmiu. «el lomo que constituye
el trozo del rey»; eti siempre el lomo lo que se ofrece como Ihwen los festines.
Asl. a cada una de las doce partes. Hermc:s allade un trozo de n"ta que, por defi·
nkión, sirven de ,bm. Como no quiere cometer ninguna falta. hace esto doce veces;
ofm:c a cada uno de los diOles el gka.s que debla corTeSpOnder a uno solo. Eittrmino
es aqul muy conaeto, es un «privilegio de carne•.
266
La definición a la que llegamos parece butante unitaria y comporta en todas par-
tes los raslos que sucesivamente hemos recoJido en los textos. Ahora ya estamos en
condicioIlCl de abordar el problema de la etimologia y de la relaci6n de gérfls con
glron. «viejo•.
Esta comparación fue propuesta por Osthoff en 1906
1
y admitida lUCIO en todas
partes. Ostboff parti6 de: una fórmula hommca: 'tó .,.mp ten! que apare-
ce dos veces en la ll1ada (4. 323: 9. 422), de donde parea: resultar que el ,lrlU perte-
nece en propiedad a los viejos «&«onten. Esto seria ilwtracl6n de una etirnoloila
que parece imponer la forma misma de las palabras. Ptto. ¿qué significa exactamente
esta apn:si6n? Lcimosla en su contexto.
En 4. 323. Ntstor declara: «soy demasiado viejo para combatir, pero no obstante
sigo estando todavia entre los guerreros a fin de guiarles con mi coJUCjo y mi voz: 15te
es el giras de los viejos. su privi1qio•.
En otro ejemplo (9. 422). Aquiles dcapide en estos términos a los venerables envia-
dos de A¡amen6n: «Id. decid mi mensaje a los jefes de }os aqueos. porque tal es el
privilc¡io de los viejos». .
Esta expresiÓll que Ostboft ha juzgado tan reveladora se' refiere a un sunple em·
pleo metafórico en el que,&as desborda su valor especifico: hacer olr un con!ejo. in·
tervenir para reconciliar a los poderosos, es el giros de los viejos. el privile¡io de
aquellos a quil:nes la edad ha apartado de los combates. No hay que extraer dI:
ahl por lo que a ctimolo¡ia SI: rer)CR. Podemos convencernos medianle otra fórmula
de igual cstructw1l. qUI: se lec seis vca:s y no ya dos. y que Ostbotl' ha ¡anorado:
'tO T«P ylpx( lcrrl hv6vnol'W, «tal es el privilegio de los mwerlos»: que a muertos se.les
hap. ofrendas ése es el prlvilqio (gbm) que les corresponde. A nadIe se 11: ocumria
conc:luir de ahi que el giras tiene relación alguna con la muerte.
Asi no bay nada que emparente «privilegio». con gériJ.n, «viejolJ. La fór-
mula. que estos dos ténninos se encuentran próximos. no plantea ninguna relación
de etimología ent!: ellos. Por otra parte, en ninguna parte se ve que d gúas Ka el
privilegio de los viejos. Desde luego, la vejer. está rodeada de los vicjos for-
man el consejo de los ancianos. el senado; pero jamás le son honores
les. jamás un viejo rct:ibe un pri.vilegio real, un gh'as en el sentido del térm!-
no. Osthoff ha sido vlctima de una etimologia popular. que la preocupación de expli-
carlo todo ha sugerido a los comentaristas antiguos de la IlIada: geflliós hlf'lXl6(),
«viejo» viene de porque los viejos. gtrontes. son gtraio{. «dignos de honor y de
respeto».
Estas fantadas de escoliastas quedan ya refutadas por las formas en cuesti6n. Por-
que frente a CrIfCl;). «privileaio», hay otra palabra en -as: ,Iros (lfifIG;),
jez». que tiene el vocalismo del aoristo (IYTJpar.). Entoncc.s. una de dos, bIen
giras, «vejez», es una fonna de arado largo antiguo y 5610 se la puede con<::eb¡r
tonces si gbRs, «privilegiolf. viene de la misma raiz. o bien ellrado larca de giras.
«vejez», ha sido tomado al tema del aoriBto del verbo «envejecer». 'J es la prueba que
diferenciarla a ,'raJ. «vejez», de ,¡NlS, «privilegio». Todo confirma que hay que
Dcr por distintos Citos entre los cuales no se había observado ninguna
relaci6n. .
Se sabe. ademis. que ,4r(m. «viejo». y,lrfM, «vejez», estAn en relaci6n etirnolóJI-
ca con el stnscrito jQrutl. «volverse: decrépito», jurant-, viejo»; avéstico Vlr",,,,. «ve-
1 IItdoprmfurIJdw Fonclbl"",,,, XIX, 19O1l. pp. 1t7 JI!.
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jez.». Lu formas der1vada5 de esta núz no indican nada mú que la decrepitud flsi-
ca )' jamú "tin wúdu a la noción de honor: como puede juzpne por la expre-
sión. homérica sdkps pron (Od., 22, 184), que desi¡na un c¡cudo viejo, usado, de-
crépltO.
. BIta compuadón mire Pnu y rúón tendrá que ser dejada. UD lado, por tanto.
Ubcrado de un parCll1eKo etimológico que 10 falseaba, elttrmino ,1tr1s vuelve a al-
canzar su va1r;w y ni antiancdad. Designa una de lu prCITOIativas reales, una pmita-
ci6n debida y ooDStitutiva de su rtignidad Aquiles no es ya él miJmo, pier-
de su ranao si se le qwta su lúas.
Asiac caracteriza en 1& socicclad homtrica CIta noáóu. Aunque ya. no podanos
encontrar &U prehistoria indoeuropea. al mCDOf estamDl ae¡uros de que la. institución
pertenece ala torma mU antigua de realeza en Grecia.
En el vocabulario que estudiamos, mtdw pa1abru 00 parccc:n rem1tine a in5tttu-
cionCl. Parecc.n DO tew:r mú que una significación generaL Sólo algunu modalidades
del empleo pueden rcvdlu su caricter institucional.
Mientras que ,mz., le encuentra sobre todo en poesía y queda limitado a la. fue
antigua de la 1en¡ua. la palabra tim¿ ('nti'fi) que ahora c:onsidetaremOl, " conoce en
toda Yen todos 106 g&leros. mpuesto que ocupa en la lengua ce mide: y. en un
número de formu que pc:rteucccn a la m..i.sm.a familia. Ademú, es una palabr. tan
clara, coDltanlc:mmte empleada, que parcecria suficiente rca:>rdar que IfmJ, «bo-
nDl', dianidad» (de ah1 deriva el verbo limdó) es el abstracto de un verbo anti¡uo tlO
(n.ol. «honrar•.
En realidad. Ilmí es uno de 101 términos más c:sped6C01, de cicrtu condiciones 10-
cialcs. Hay quc IIl8Jiqrlo todav1a y, plU1l dar al problema lodo IU a.lcance se comi-
primero el wnjunto al que Cfti unido timJ. Connituye' una eran
familia. lo bastante vasta y diYaM para que lu relaciones entre 1&1 formu aeen a ve-
ces RecordcmOllu principalea: adcmú de /(ó, tbndO,
de timJ». etc•• hay qlX citar el grupo de tino «P&Pr»; t(numal ('ffwlo'#l). w-
hacer expiar»; tisis. «castigo, VCDgiLllZb; dtUm (1n'COtO), mo pap_
do, unpune», etc. Como 5C ve. cstol térmiDo& son relativos al pago de una deuda a la
compeDlaciÓR de: Wla fethoria. Estin emparentados tambibJ. po/"J. (71:01.""),
que se debe pa¡ar para reparar un crimen, yen latinpoellD, puniu.
Fuera del arieao se registnl el sinscrito ciyate, upagar, hacer pqa.r, punir, calti-
gar»; ciryDtl. tcrelpetar»; ciyu, avéstico, kiy-. 'éikay-, «castigar»: kai-
6á. ka/ni, «vensanza, odio», Cite último correspondiente del grielo poi"l.
Asl se presenta en indoiranio y en s:ric:go este conjunto de fonnas que, material-
mente, se organizan • partir de una ralz • JcWei-.
Pero la diJpw.ridad de sentido.s crea una dificukad: ¿predomina la noci6n de ucas.
tigar» o la de «hODJlU"»? ¿De «obtener Cl5tigo, sacar venganza» le puede pasar a la
idea de «honraro'hacer honor»? Sólo por una relación bastante Villa se lleprla a uni-
ficar lal <los aipif'lCa.cionCS. Hace ya mucho tiempo, también W. SchuJze, en sus
Qwn;stiones q/cgr (1892), propWlO "parar dos familias etimológicu.
Habrla una forma en i • • rii-. de donde /(0, Y1u formas lénscritu con el
ICntido de «respeto», y una forma en e, ·rr/-, de donde t/nó. tlnum'Ii. /flls, y lu
tOrmal ainstrltu con d ICDtido de «castigar», etc.
En Jeneral, no 5C sucJc: tomar una posición clara ante eata alternativa. A Schulu
corresponde el mérito de haber subrayado la dificultad de un ori¡cn (¡nico y ha pro-
porcionado el medio de remediarla. La cuestión coMiste en saber &1 el. sentido de timl
268
y de las palabru emparentadas recomienda o impide una comparación con la familia
de poinl. No basta con precisar la defmición por relación a los términos de lentido
próximo. E.scolercmos aJ.¡unOIJ ejemplos entre 105 mis explicitas.
En primer lUJar, volvamos al pasaje en que liras y li",1 están asociados como dos
conceptos CODCXDl: es la querella de ApmeD6n y de: Aquiles en el primer canto de la
lUada. Cuando A¡amcnÓfl trata de quitarle su parte de botillo Aquiles le suclta este
«Yo 00 tenia nin¡Un intcrts personal en venir aquf. Ea a ti a quien bemos
scsuid<> patt .....dam. pan _ una (inri (v. 159)•• ti Y• M..
oclao, contra b troyanos.lt
La traducci6n de timI por «m:OmpenJU (p. Mazan) es impropia; no se ve con
pociria ac:r n::compc:nsado A¡amcD6n y cómo reábiria una rccompenu. de aque-
IIos mismos a b que ibe. • vcnocr. Se trata de la pertc de hoDor y de vcotajas mate·
rialcs que los hombres otorpn • un en virtud de su digDidld, de: ro condi·
ci.6n. Apmcn6n responde: «Vele, li el corazón te lo dice. Hay muchO! otros 8 mi la-
do que me ooncedertn la limJ (t;mhousi) y, y el primero, el prudente ZeuJ.lt (174
y SI.). Ah1 tenemos un fUlO importante: la consideración de que los hombres -y
tunbim 101 dioses-le conoedcrtn esa t;mi que es, por tanto, patrimonio de la condi-
ción real: comerida por los hombres y los dioses, comprende a la vez miramientos,
manilcataciollCl de respeto y tambieu ventajas materiales.
Esta defmici6n puede complelane con muchos otros testimonios. Cuando trata de:
calmar la qucuUa, Nbtor le dice • Apmcn60: «Deja (a Aqw11Cl1) el glftl3 que loa
aqueos le han atribuidolt, ya Aquücs: «DO diputes con un rey. El rey a quien Zeus ha
otorgado el /dldas, "gloria" (véase mis abajo, cap. 6), no tiene que repartir la timi.
Tú CR5 fuerte, una diosa fue tu madre; pero a es superior, porque manda a mis
hombres» (1:16 y SI.). Aqui aparctC una diferencia importante entre elghmy la rim/:
&On los hombres quienes aripan un rlrw, pero la (1m; ea conferida por el dtstioo:
forma parte de la luerte personal. Un lato como Illada (J', 189) lo confirma. Los
tres hijo! de Cronos, Zeut, Posddón, Hades, se han repartido todo: el mundo ha sido
dividido en tres y cada uno ha tenido en suerte su timl obtenida por el sorteo (lID.
khelt). De este modo. tanto entre 106 dioses como entre los hombres, es el IOrteo el que
decidid la atribución de la t/mí. y 106 términos clave. moÚ'tl y lakJtetn. IOn la prueba
en este caso. Por tanto, nadie puede poner en cueatión la legitimidad de este patrio
monio.
Si quedara alguna duda lobre la relaci6n entre la time y el poder real. leria cililipa-
da por n., 6, 193. El rey de Lida, queriendo retener a Bclcrofonte, le da a su hija y
«la mitad de toda IU tim¿ rew» (timio basiliídos 1rJmiJu ptJsel). En un pasaje ya ci-
tado (a propósito de glft/s), Aquiles se burla de Eneas. que camina hacia
ras que este combate te dt el derecho a reinar sobre los troyanos con la a",J de PIla.
mo? (ll., 20, 180 y 11.) -la expresión asocia la timi al ejercicio del poder real-. Y
son muchos reyes (basJJiu) 101 que cuentan, en el número de sus privilegios, e!OI (1-
mtl(: puestos de honor, procedcnciu, carnes abundantes y copas llenas (11., 12,310).
Y no sólo el honor, hay ventajas sustanciales unidas a la condici6n de
leús. otorgadas por el sorteo. ¿Cuil el, pues, el origen de la timt? ID pocta ID dice en
ténninos expresol: «La tlml (del rey) YÍCne de Zeus, y Zcus siente amistad por il»
(11., 2, 197). La ti",i el de ori¡cn divino. Esta afirmación puede encontrarse
en otros lugares. Hay que observar adcmis que los verbos que rigen ti",i son verbos
de don: Wóv«\. «dar:$; «otors:ar»; ,Epr.t'l, «conferir», o de retirada: se ha pri-
vado a f\Quiles de una parte de IU timJ quitándole su cautiva. Ella noción de timí se
defme como una dignidad de origen divino. oonrerido por sorteo a un personaje real,
269
y que DO s610 comprende el poder, sino privilegios de respelo y rentas personales. La
timl se dist.l.n¡ue, por tanto, del géf'Cls. prestaci6n material y ocasional que los hom-
bres otorpn al sobc:Tano o a un héroe.
¿Hay una signift.eacl6n religiosa de limi? A menudo Imele afinna.rse, alelando un
pasaje del Himno homlrico a Hnmes (verso 172), en el que limí está vinculado a
Iwsfi (6cú¡). &e es el 6nico ejemplo en los poe:mu homéricos que parece sup:rir este
valor de amI.
Hcrmes rupont1e a 4V madre. que le rifk:. que DO tiene deseos de pcrmanCfJCf ele
este modo. occuro y dc5pl1:lCiado. Mis vale vivir" con 10s inmortales. antes que pudrir-
se en casa en un antro oscuro, y añade: «Por tanto. en punto a honores (timis). yo
tendrt -voy a con5CgUirlo-- los mismos privile¡ios sagrados (lis hostis) que Apelo»
(!rae!. [lrana:sa) Humbcl\l.
A&:l, l,.habria una relación entre timí y hosfi como privilegios saarados, Jo cual ba-
ria de la limJ el privile¡io de un dios? El sentido de la palabra sobrepasarla entonces
todo 10 que huta aqui se ha leido. No designarla solamente los miramicntoa que tic--
neo por un pcnonajc poderoso.
Pero, ¿es ese ellCntido de hasle? En otro pa.sajc: del himno, Henn", que desea
que 105 ruegos que ha formulado se: cumplan, recon()(% en Apolo todo cuanto ha pe-
dido para sl mismo: consideración, bonor, ventajas de todas clases.•Tú en:s el pri-
mero, tú te simtas entre los inmortales, Zeus te tiene afecto b 6e:ñ'K (470) --esto
no es miJ qucjlUtkiil- y te ha concedido dones esplendentes.,.
La traducd.ón de Iwsfis por «jwticia» (Humbc:rt), término desprovisto de valor
uli¡ioso, podria sorprender. Mi.5 (libro 3, cap. 1) en el estudio coosagrado a
hÓJiOJ, le vcrt que este adjetivo no es el equivalente de se opone a hiu6s ea-
mo lo «profanolt a lo ua¡nulolt.
Por tanto. el primer pasaje del Himno a Hcnnc:s (173 y ss.), debe enten<1ene 4e la
siguiente manera: «respecto a la timí. tambim yo quiero tener derecho a CA hosfi de
que goza Apolo». Se trata de profanas y no de un privilegio sagrado. La me-
jor prueba de ello nOI la aporta la continuación: «... si mi padre no me 18.5 concede,
yo me Prlncipc de 106 BandidD.ll. Si se me castiga, a Pitio y me Uevar61a tr6-
bede, el oro, los caldlC'fos". Éstas son las ventajas de que loza un dios fuera del domi-
nio 4e lo sqrado. No ha lu!ar a dar aqui a timí un sentido particular. La palabra 1:$-
ti tomada en su acepción ordinaria, y no denota niDJUDa noción religioaa.
Pasamos ahora al examen de la otra mitad del problema. La noción que estt en
juego es la que CJl:presan línumai, tisis y poinl con las formas correspondientes en
otras lenguilJ, y que pueden describirse como: «hacer pagar una prima, exl¡ir el pre-
cio de una fecharla y especialmente ele un crimen ¿Tiene alauoa' relacl6n con
limt!
En prbner lu¡ar, consideremos las formas mismas, y la diferencia en el vocaliBmo
radical. Tenemos, por un lado, 'dw; por otro, 'tiVUILL ("" ULW', cfr, en
el siglo v en Creta). La diferencia formal da cuenta de la distMnWi que liepara las
nociones.
Se ha sostenido que, en un pasaje homúico, timé es el equivalente de poin/. Sobre
este texto se apoyan para afirmar el parentesco de las dos familia& lbJcas. Relc6mos-
lo. A¡am.enÓD enuncia el pacto solemne que va a unir a aqueos y troyanos y pide a ro-
dos los dioses que le sirvan de testigos: «Si es Alejandro quien mata a Menclao, que él
solo tenga a Helena y todos los tesoros; DOBOtrOB n05 iremos en nuestru naves mari-
nas. Pero si, por el contrario, es el rubio Menelao el que mata a A1ejlUldro. entonces
los troyanos deberán devolvemos a Hc1cna y todo& los tesoros y dar a los arsiv05 una
27IJ
recompensa apotwmen) decente que aproveche a las generaciones futuras. y
4i Prlamo y el hijo de Prlamo se niegan a dirnosla (timbr enlonces ser6 yo
quien combata para obtener satisfacción (poinl) y no dejare el lugar hlUta haber lle-
vado la guerra huta el (Il., 3, 27' YSS., trad. Mazan).
Se ha querido leer ahl una relación etimológica entre Uno. opot/no. y
timl, por un lado, y una equiVll1encia entre Oml y poin¿' poc otro.
De hecho, ninguna dI: tu dos relaciones rcsiR.e el examen. B1 pacto prevé que, en
cuo de vi1:toria de Menelao. los trO)'iUlO5 devolveriD a Helena y todos los tesor05 y
que, adc:mis. paprb la riml a AgamenÓD y a los argivOl. Ahi tenemos un tributo
que sobrepasa 1& simple devolución c1e bieocs: implica el reconocimiento del poder
real y la atribución de honor que lo acompafta. Debido a ello y en las condiciones en
que es concluido el pacto, la timl se CIlCUentnl asim.i1ada a un pago que 101 troyanos
efectu&rin adcmu de loa bienes que han de devolver. S6lo por casualidad, y en este
imico ejemplo, timl est6. asociado al verbo «pagar en la misma moneda»; no se siaue
de: ello que el poeta haya coooebido como un correlato morfo161ico de apolÚló.
Todo 10 contrario, Clle texto muestra claramente la distancia entre timl y poi"í. Si
l.olI troyanos nicpn la timl, entonces AgamenÓD tendrá base para combatir poc la ob-
tención de una poiní. Eso es totalmente distinto: la poinl es el castigo y la reparación
debidos por la violaci6n del juramento.
Las formas comparables, fUQ"B del ¡riego. SOIl, asimismo, cxtra.ftal a la idea de
comideradón o de honor y se reficn:n t0da.5 ellas al castigo: es el caso dellatin poma,
término del dc:reeho c:rlminal. prtstamo antiguo de la forma ¡riega poinÍ. Es evidente
que poena. punin. no tienen nada en común con la noción de honos. En el
verbo kfly-, los derivados Ialina, kaiBa- se ufieren a la idea de &acar venganza, obte·
llCI' repara.ci60 de un delito, de una injuria. Ning(m t.érmioo de este grupo responde
en avártico al sá.nscri.to cilyatf. «respetar».
En resumco, fuera del griego. con el sentido de «.honrar" no podemos comparar
mú quc algunas formas indias. eJ verbo aiyu- y el adjetivo cQyu-. «respetuaso,..
Sin embargo. hubo en griego contactos aecundarios mtre las dos lam.ili.a.!. de doo-
de resuha, sobre todo, Jimónt'n. «llevar ayuda, ayudar, castigar»; limiJros, «protee:·
tor, vengador»; literalmente «aquel que vela por la timl» (tima-orr»); es una mezcla
de das nocioDCS. Asimismo, las fO"l'mas mis antisuu de lIno. tindó. parecen habc:.r to-
mado el vocalismo i de como lo indica la fluctuación entre L y tt. atestiguado
clialcctalmcnte 1,
1 Veuc &Obt"t d ddalJc de Iu clatiora de .cx:aJiJmo y ele cantidad, ScH...vzo, Gri«lJildw Grdmntll-
tUc, 1, p. 6'T1 '1 n••.
271
CAPÍTULO 6
EL PODER MÁGICO
KiIdor. tmnkw t'Ui del Que toda la IrwliciOll, md-
¡ua '1 moderna, W1 Ib16oimo de tIéo:I. qlorib, tiene, por d ctmtrario, WI Imticlo
PUl'! c:spmfK:Q; cblpa IIJI poder miP:o inaislible, patrimorlio de D cI:U»n
ÑODalmcntc kI al bi:ruc por cIIoI '1 utpI1ln ui IU aiWl1Iil. XOdos
1Ptst., 1:$ PfQPtammte, hablado lk un III.CJTefO, (a ro. c6oIa) d Y.
por c:wutauimu, prvristo!le a.lIl talismi.D, a1brirK ele: poria..
Entre tfIdw de esta lIW1era yllll L Cllayo évdo. -mi\aa:ro, manvilWo,
no fNCde loIiJij)laJCk:r la corrapoDdcDcia rcmal¡ la llOci6n, coman a Iof; dos ltnniQtIt. de
.fuera •• la bacc pknamaJtc inteü&ibrk:.
Cuando se estudia este vocabulario. hay que estar atento .. las rda.ciones que se cs-
tablectn entre los ttrminos. Cada uno de ellos. considerado a 51 mismo, DO licmprc
parece si¡nirlcaljvo, pero se aclanl en sus relaciones. Entonces se obsa'van ciertas de-
terminaciones Que revtllan su sentido pleno y bacm aparectt un nuevo valor. En Ho-
mero hay que leer a VCCClI un largo fragmento seguido para captar valores que se in-
duyen rutilmcnte: un túmino importante. puede. por fu relaciones en que esta inmer-
so, urojar luz sobre: ttrminOl que llaman menos la atención.
Dcspu&: de gbl13, de ami. veamos ahora otra nociÓn que .!le vincula a cUas y que
es notable: la de kQdos (xu&c;). De este neutro, unifotmeroentc traducido
por «g1.oria)), y de sus derivados nominales y verbales, latdrds. lcudd/imos. kuddno,
latdolnlJ. kudidneira. etc.• tenemos varias centenares de ejemplos en Homero.
Este sentido tradicional de «gloria» que parece exigido por el contexto en ciertos
pasajes. nos fue dado ya por los comentaristas antiguos. Esti fijado desde la antl¡Qe-
dad, pertenece" la herencia humanista.
Hay que decir, sin embarao, que nuestro conocimiento del voc:abulario homérico
esté. aún en mantillas. Hemos recibido de la antigüedad un sistema de interpretación
al que continuamos ateniéndonos y que marca nuestros l!xicos y nuestras
nes. Mientras que se ha empleado un esfuerzo considerable en restaurar un texto se-
guro, yen definir las características dialectales de la lengua nuestras interpreta-
ciones &laueo siendo, en aran medida. las de una época en que las convenciones esttti-
Cll!i primaban sobre el cuidado de la exactitud. Cuanto mejor se estudian 105 textos
homéricos, mejor se percibe la distancia entre la naturaleza rcal de los conceptos y la
imagen que de ellos da la tradici6n
A este respecto, ciertos estudios recientes no seftalan ningún proareso real; asl, la
tClis doctoral de: Orcindl, constituida por el estudio de cinco palabrlU ¡rieps, kJéos,
kQdcu, timÉ, plrótil. dóxa (Munich, 1938), rdule c6modlUIlCDte los datos, pero, en lo
272
esencial, es un cstudio literario, psicológico. El autor estima que IdJdos de&.ignll la
apariencia majestuosa y también una ventaja en los combates que equiva1c a la victo-
ria: el sentido seria, por tinto, «Rwh"" ¡loria, lutoridad»; lo cual equivale a la tra-
ducción uninimcmente admitida:.
Hay, &.in embar¡o, una razón para que Idldos DO signifique «glorialt; es que la
"g1oriu encuentra su expresión en Homero con 1cJhJs. Estamos seguros de que el
concepto de klhM el uno de los mis anti¡uos '1 constantes del mundo indoeuropeo: el
vMico .brIwu1 el avéstico srrrvalr· 100 rus partic:l.o$ exactos. '1 tienen el minno sentido.
Ademis, la lengua consan en &rieco y en védko una misma expresilm Cor-
mularia.: ham. kJlwos 6pltlhifOfr, ved.1nnwaJqitam, «¡loria impcrecederu, que
dan_ la recompensa suprema del ¡ucrrcro, esa «a1oria impcrccedcru que el Mroe in·
doeuropeo deaea por encima de todo, por la que cIar1a su vida. Tenemos ahi uno de
101 testimonioe, baltante tarOl, de donde puede interine la existencia, si no de una
lengua épica, al menos de expre:sionCl poéticas consagradas desde el indoeuropeo
común.
Esto hace improbable para .tf1dos el sentido de qloria». En la tcrmi.nolo&f.a tpica,
'1 bemos de convencerDOl de ello, los ttrminos mayores son tooOli c1los espec1ficos y
no conocen sinonimia. A priori, klI08. «gloria", 'J /c:I2dJ:J.s no son equivalentta, y de
hecho, como se vert, kQdO$ no si¡uifJea nunca ttgl.ori.u. Esta traducción, uninimente
admitida. debe ser rechazada. No hay siquiera relaci6n particular entre las dos nocio-
nes. Sus calificaciones rupectlvas diflCren en nÚDlCl'o 'J en naturaleza. Mientras que
de kMos se dice esthJ6n, .hermoso", mIrtz, «¡cande» (con los grados md:on y mI-
luton. «mis, muy ¡randClt); n4f11. «amplio", tfsberton, inertinllJible»; dphJhJton,
«impcrccedera»; haqxJW6nlon. «sub-ulestc», que implica un plural klh. y determi-
nantes (<<gloria de 105 hombrts», etc.), que favorece la hip&bole (<<ro ¡Ioria que se
eleva h&sta el cielo»), no se: encucptra para kOdOJ m. que doI epttetas: miga, «gran-
de». lrupbteron. «superiorlll. y una sola vez d.lpeton, «inme1llO»; no tiene plwaJ.
nunca tat' en sintagma de determinación y no imptica descripción aIsuna. Semejante!
difCl'cocias hacen presentir ya que kQdos es un concepto distinto que debe ser definido
por si mismo.
maentido de kQdos no es, por tanto, el de ccg1oria», que nuestros diccionarios
y comentaristas cnseftan. Tenemos que encontrarlo guiAndon05 exclusivamente por
los contextos y lacando t'anicamente de los empleos los elementos de la definici6n.
Tambi6n esta vez la cú:gesis tradicional de Homero debc str revisada dc aniba
abajo.
Las construcciones de kQdos no tiencn ¡ran variedad. A excepción de la f6rmula
ktú:lel guíiJII, donde el csti unido a un sintagma 6nico en la for-
ma participial tambitD única tafó", el nominativo acusativo IdJdos es el (mico caso
empleado. Pero los empleos, mAs de sesenta en total, se reparten en dos grandes ,tu-
pos. En uno, kQdos es de un verbo, «dar», cuyo sujeto gramatical ea un
nombre de divinidad¡ en el otro, kQdCM ca de un verbo, «ganar», cuyo sujeto
gramatical es UD nombre de: hombre. Hay que analizarlos por separado.
En la primera catelorla de empleo, el kOdCM designa algo que el dios «da» (dldfJIl.
«ofrece» (orIgti) o, por el contrario, quita (apirúi). El. don del kfJdcu asep-
1"1 el triunfo de aquel que lo recibe: en el combate el poseedor delldldcu es victoriOlo
sin que nunca deje de serlo. He Ilú el C81"icter fundamental de kfJda.r. actua como UD
talism6n de supnmacÚl. Decimos un talismin. porque la atribución del kOdos por el
dios procura una ventajl iDitantinca e irresistible, a la manera de un poder m'P:o, y
273
d dicx 10 concede tu pronto a uno como • otro, según su JUlto, y siempre pan. dar
la venfaja en el momento decisivo de un combate o de una rivalidad.
La diosa Atenea para faVOl"ClCa' a Diomedcl en la ClUT'CI'8 de carros, rompe La yun-
ta de su competidor Eumclos, que rueda por tierra., y de esta forma Diomcdcs
porque <'(Atenea ha Uenado sus caballos de ardor y ha puesto en ti el kQdos (q' aulo;
kOdos éthike). lnmcdiauuncnte. loa dcnW comprcnc1cn de dónde le viene a Diomcdes
esa ventaja y saben que no podrían disputirscla. D:trAs de él, AntUoco, al tiempo que
aviva a sus caballos, le dice: «No 0& pido que luch.6is contra los de Diomcdc&, a quien
Atenea acaba de dar la velocidad. y ha puesto en él el kfJdas (la misma fórmull.lt) (D.
D. 40()..4()6). Todo estA daca: cuando UD dios ha dado ellc:Qdos a un hombre, áte tic-
nc squro el triunfo, y IUI advcnarios o sns riva1a: saben que CI vano OpoDerse a él
(efr., adcmú, S, 215). Por eso Aquiles, en el momento en que Patroclo va a enfren-
tarse en 10 lupr con H6ctor, mptica a Zew: «IEnviale el kQdo.I Yfortalece IU cora-
{J6. 241). Ea tambiéllla plepria de Néstor: AquiIeI no debe obstinane CODt1'a
Apmenón, 4CptlCStO que la timí no ha sido jamAs igual para UD porta-cetro, a
quien Zeus ha dado el kQdos» {J, 279). Cuando Héctor es pcrscauido y amenazado de
cerca por el carro de Diomcdcs y Néltor, Zeus truena violcntamenfe ante ellol. Néstor
asusfado advierte al punto a su eompaAero: «No nos queda mil que volver grupas y
huir. IoNo ves que hoy Zeus concoc:lc el kQd08 a nuestro advcnlrio1 Maftana 008 lo
dari a nDlOtrO&. Ii quiere.» Sin embalso, DioID.DCk:s quanta: l.JIO va a en el
rcprocbc de cobardial Contra la opinión de N&tor, pcniBtc en querer cnfrj:lJuane a
Héaor. EntODCCI Zew: trucoa tres veces qrcsaglando a los troyanos su revanchu, y
H6d:or exulta de a1epia: «Veo que Zeus me promete la victoria y un gran kfJdos, y a
los dinaos, la ruina)) (8. 140-160). Se 1aJwt, pues, y presiona irresistiblemente 10m
loa dinaol «puesto qoc ZCUs le ha dado el kIJdo.r'Jt (w;d.• 2J6). Ante el peligro, Aga-
menón esfimu1a con apelaciones y SafCllSIILOI d valor de sus guerreros y le dirile a
Zcul: «¿Has cepdo alguna vez de CIte modo a uno de los reyes todopoderoaoiJ qui-
tlndolc el.ran kfJdos?» (ibid., 237).
Eo este largo episodio, jalonado de empleol caracteristicos, una nueva condición
se aI'l.a.dc a la dc:rmición del kfJdos. Ya sabemos que ea:te atributo emana de un dios,
que es concedido a un dios o a un héroe y que le confiere 18 victoria. Pero, ¿cómo 58-
be en la conflWÓD de la pelea, que el dios acaba de oforprk el tlJdos y cómo
tambiál su adversario le da cuenta? Uno y otro "Jn informados por un silno prodi-
giOlO, que maniflCSta la elección divina. Es el trueno que malla y redobla en medio
del combate; es el cano de un rival que se rompe en plena canefll; es la cuerda del ar-
co que se rompe en manos de TeDC:rOl cuando apunta a Héctor. y la flccha que se
pierde lejos del blanco; y Héctor no se engal&a, Zeus estA. de IU parte: «Si, he vilto
con mis ojos las flccbu de un héroe perderse bajo la acción de Zcu15. FtcU de recono-
cer el la ayuda de Zeus a los hombres, sea que ofrezca a unos un kQdos superior, o
que debilite a los otrol ne¡mdosc a ayudarles. Ahora, be aqui que debilita el ardor de
Iot ar¡:ivos y que viene a apoyarnOSlt (IS. 488 y n.). De ah1 saJe clsentido de kQdos
hupbteron. Mia:J.tru Zeus no interviene, las fuerzas cstin cquiUbnldas: «Los troya-
nos y len. aquCOl luchan para ver a quito Zeus padre oftcceri. el /r:Ddcmt (S, 33); es en
el momento del mayor pdisro para Hélctor, cuando Zeus hace incli.Darsc la balanza en
SU favor dindoJe un kiklos superior (12, 437). Esta imqen inJpi.ra. bajo otr'U fonnas,
la rdadón de: las fuen.as cnfren1adalI: cuando Zeus ha dado el kQdOl a aqud al que
favorcc:c, el adw:nario el abocado de pronto a la derrota y kJ ..be: 101 troyanos se
lanzan «ejecutando la orden de ZCuI»; el jefe de los dio6es «estimula grandemcnfe
274
su corazón y arroja UD CJlcanto en el conzón de bs arcivos, ncPndoicl el kQdOl
mientru que excita a rua advenarios. Porque es a Hb:tor a quica desea ofJ"CQC[ el
1cIId_ (IS, 5!l3 y ...).
. La virtud d.cl ldJdo.r es tcmjtOrl.1. bus o AteDca lo otorpn para que UD hb"oc
tnuofe en el momento del combate o Dc:vc IU vontaja huta UD punfo dado: \e dan «el
kDd08 de matar» (S, 260; 17, .S3, cxprcsWn comparable al «krlUos de matar», 11,
192, 207). Es siempre para el momento y sepo las fluctuaciones de la batalla cuando
uno u otro de 105 adversarios recibe este atributo, que restablece IUS p05i.b1lidadel en
el momento dd pc1i¡ro. Los diOle¡ hacen jupr ••{ l5UI prcfet'Cnciu propia y laIdan
sus rivalidades p:rsonales eoncx:dimdo el kOdoa unas veces • JoI aqueos y ouu a Jos
troyanos. VcmOl c6mo Zeua se de él para a¡Uau la dilpu.ta que se be airado en
el campo de los di.... ""' la victoria de AQui1,.. Unos, iDdilnados po< los ullraj..
que Aquiles ha hecho lUfrir al cuerpo de Hkt.or. quiclm. enviar a Ar¡cifOOtCI a qui_
WuJo. 0U0s le opoocn: DO ea i¡uaI la tinfI para H6ctor YAquilea: Héctor DO ea mil
que UD moctal, AqaDcs es hijo de una diosa. Zeul interviene entonces: no, la ,¡mi no
ser" 1&ual entre ellos, pero no fratemos de quitarle el cuerpo. Hace venir a TetiI, ma-
dre de: Aquiles, y le dice: «Algunos dioses impulsan a Argeifontcs a sustraer el cuerpo
de Htetor. Pero yo 8!ribuyo a Aquiles este 1dJdCJS, al mismo tiempo que coucrvaré
para el tu aidOs y phi/6Iis» (cfr. vol. 1, libro 3, canfo 4). He aqul el plan de
z.eus: Aquücs clcvolvl::I"á el cuerpo de Héctor, pero IoIamcnte cumcIo Priamo vaya en
persona a rc:scat:arlo y le Dcve cspláldidol presentes (2.4, 109 YSI.). De CIte modo,
Aquiles no se vcrt defraudado en MI biunfo al restituir el cuerpo de Héctor.
En aIJUIlOl ejemplos, elldJdos es dado a un há'oc no por UD mOl, sino pOr IU ad-
vcnario mismo. Bs entonces una siJ:Dple fi&ura de estilo. El euerrcro que, por mala
fortuna o por temeridad, se expone pcIisroIamente y se ofrece a los ¡oIpca dd mcmi-
'0, «proporciona» !I mismo el kQdos a ID adversario. De este modo, Pcrifetcs «pro-
porciona» el kQdos a Héctor cuando, tropezando con su elcudo. cae al suelo delante
de él (1S, 644). Htcuba suplica a IU hijo Héctor que se quede en los muros de Troya y
que no proporciOJloe a Aquiles UD ¡ran kOdOflt yendo a enfrentarse coo ti (22, 57).
De ClIe modo, OOlOtros dcdmos lo mismo de un imprudente que buaca .u propia
ruina.
Puamos ahora al se_do grupo de ejcmplos, doDdc: pndolDina la 1_kQ_
dQf rubtltai, «obtcua" el k:4don. que le dice de un JUCII'UO en el combate (jamis de
UD cIioo). .... 1_lO ......... tan a lIlCOudo (una _ ..... lIe voca), bacc
pensar que 1ieDC un valor prec:iIo, Yya el hecho de que en Cite cmpieo el klJdOl DO sea
conhrido por 1lIl dios, lino «logrado» poi' UD bombn:, dala tma 8CCpCi6n nueva que
merece nuestra atcnci6n. ¿Cómo es que estA en poder de un hombre el «quitar» c:llra.
dos sin el eODscntimimto de un diOl, puesto Que, como se ha Visto, sólo 106 dioles Jo
conceden a los hombr'cs? Este privilegio e:sti presente una vez como don divino:
«Zeus me ha dado (edOlce) llevar ellctJdoa junto a las naYeI y blc:cr retroceder a 1015
aqueos hasta el mar., prodama HéoW< ante la RNDlbloa de los lrOYlUlOl (D. lB. 293).
Sin embarco, salvo muy r&rOI c;cmplos, la mc:nci6a de un dios Clti ausente de tu cir-
cunttanciu donde UD ¡ucne:ro «lleva elldJJJOI». AdemiI, la etpraión va acompda-
da a DlCDudo de un dativo que iDdk::a al beneficiarlo: «llevar el kQdOlJ para aJ.auicnlt.
Se trata de una Iocucilm c:spcdfica que debe ICI' ClhKJiad· ala vez en las circuDJ-
taDciu que la hacen apam:u y ea 101 caracte:res dzu6cüco& eh su articuJadón fO'J'mlJ.
Al examinarla de Cite modo, descubrimos que comporta dos tipoI de empleos.
He I.Q.W el primero: es la oferta hecha a un ,uc:m:ro de Intmtar 5010 UDa huaila
275
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sin¡:u1ar. Si triunfa, «ganar' el leUdos» para su rey, su pueblo o para si mismo, y se le
promete una 'fan recompensa.
La lowción se coloca en un contexto prospcctivo y es cmUlciada en futuro. acom-
panado a menudo del nombre del benefiCiario dat,ivo. . •
ScSUimos este esquema en una serie de episodios. Atenea, incita a
Panders a un acto audaz.: ddparar una flecha a Menelao. ccAsl -dtce dJa- pnarias
la kh4ru y el kfJdo.r para los troyanOJ .,. ante todo, para el rey Alejandro. Obtendrtas
de ti espUndjdos prcsc:ntes si él viera al va1a-oso Mentlaa domel'lado por tu Oecllu
(4, 9S). Enviado como embajador ante Aquiles. le a iniciar nuevammte el
combate: _Los aquem te honcartn como a un dios, pUC5 Iu pnarlas para rea}-
mmtc un gran kQd(}¡f, pul:S esta vez tú venccrias a Héaont (9. 303). H6ctDY pide en su
campo un voluntario para una incursión nocturna, de m;:onocimienlo. en el campo
aqueo. El que tenga esa audacia tendrá una :nm recompensa y pnari. el
H mismo (lO. 307). Poseidón exhorta a)os dinaos: «¿Vamos a la viCtona a
para que coja nuestros bajeles y poc el tQdos"! .. (14, 36.5). Aqwles instruye ,s
Patroclo cnvitndole al combate contra Héctor: el plan que: te: meto en el espin-
tu, de: (orma que pnc:s para mi uan (imi y IdJdos de: parte: de todos los dánaos ... Pe:-
ro una vez ¡ea rechazado el c:ncmigo de los bajeles, vuelve:. Aún cuando ZeU5 te con-
cede: pnar un nuevo IcfJdos, pWdate: dc:l delco de combatir sin mi a los troyanos beli-
cosos» (16, 84-88). Las falanges de: los troyanos «r:stln plantadas en torno al cuerpo
de Patroclo con el orgulloso deseo de llevarlo hacia su ciudad y de ¡aoar cl kr2das»
(17,286 y ss.). «Zcus -dice Htctor- me ha concedido lanar c:I cerca
naves y c1c hac:cr retroceder a los aqueos basta el mar. (18, 293). AquUes se preclplta
y aplasta a sus enc:mi805, tcardiendo por ganar el kfJdon <20, cfr. 12,40'7; 21,
543), pero Apelo 00 lc permite pnar cl kfJdos (21, S96). Disfrazaóo de Agcnor, Apo-
lo le: hace pc:nquir por Aquiles, lUCIO, habif:ndo1c alejado del combate, vue\.vc a to-
mar .u fllUla divina. Aquiks furioso le inkrpc:1a: «Me has enpAado, execrable entre
todos los dloses. Devándome huta aqut, lejos de 105 muros..• ¡T6 me ha;' quitado d
gran krldos y hu salvado a los (22, lB). Aquib, al perae'Lllr a H&:tor,
hace Wla sefta a los lU)'Ol para que no disparen flechas, UpoT miedo 1 que a1cuna fle-
cha alcanzando a Héctor le quite el kados, y que éJ llepse el segundOlt (22, 207). Las
balanza¡¡: de Zeus han marcado para Héctor el dia fatal. Entonces Atenea va a decir B
Aquilea:: «Esta vez tcn¡o confianza en que nosotros dos ganaremos un arlln kf¡dN pa-
ra los aqueos en sus naves abatie:ndo a Héctont (ibid.• 217).. .
Es excepcional que la expresión esté en un tiempo pasado indicando el acto reali-
zado; un solo ejemplo lo muestra, asociand,o otro rasgo excepcional, el sujeto en plu-
ral. Es cl pein que entonan los argivos victoriosos: «Hemos ganado lUl eran kQdfJ3;
hemos matado al divino Héctor» (22, 393).
El seJUDdo tipo de empleo de kQdo.r at'lslhai está en condicional pasado: el héroe
«hubierll pnado el /dJdas» si un dios no hubiera intervenido para sBlvar al adversa-
rio. Los ejemplos IOn mucho men08 numerosos. En su combate sintular contra Ale-
jandro, Menelao Ic aprieta el cuello de la correa de su cuco: «lo arrllstrado y
de este modo habrla ganado asl un kOdos inmenso si Afrodita no lo hubiera visto»; la
diosa rompe la correa y libra a Alejandro (3, 373). «Los arcivos por su fuerza y
habrlan IlUlIdo cl ktldos, por encima de la suertc inclUID (que depende) de Zeus, SI
Apolo en persooa no hubiera provocado a Enean (17, 321), habria lllrastrado
el cuerpo de Patroclo y ganado un kQdOlS inmenso, si Iris, enviada por Mera, no hu-
biera advertido 8 Aquiles (18, 16').
Bajo cstoa dos aspectos, proapcctivo (futuro) o retrospectivo (condkional), tcgaDar
176
el ca generalmente COSIl de un hombrc, a veces, aunque raramente, de un pue·
blo, mientras que:, como hemOl visto, «dBr el /r;(¡dos» es siempre cosa de un dios. Hay
una difc:rcnda mu: «dar el 1rQdD8» es uua condición que precede a la victoria, micn·
tru que «canar el k¡;dos» aparece como lB consecuencia de una hazana: «con tal que
ZeuJ nos pennita abatir a Uli5C5 y IBnar clldJdas» (Od. 22, 2.53). Por tanto, hemos
de: concluir que IáJdos, que es propiamente el talismin del triunfo, se ha desplazado al
aentido de «triunfo» en la expresión «ganar elldJdon, por unB tllUUici6n que pode.
mos imqinar; bU haber rca1izado una buaiia insigne, cl htroe comisue con su va)or
ese ld1dos que sólo un diOli puede otorpr; en cierta forma, se lo quíta al dios. Ast. la
fOrmula IcQdos lUWt/JQ; mira en cl repertorio del e1ogio heroico, 4e igual fonna que
kJIw aml,",i, «pnar la gloria. (11, S, 3). Adcmis se babri notado que d ld1dos asi
ganado por d héroe va a menudo en beneficio 4el rey. «No haré reproche • Apme-
m6n ----dice l)iomedes- por impuJsar a los aqueos a combali:r; porque Bél iri ellcti-
do.! si los aqueos aplutan a 106 troyanos '1 toman la sacna 1li60, a él tambitn m-ertiri
gran duelo si 101 aqueos son aplastados» (4, 41$). De este modo, se establete: una si-
militud entre el tOdos y la limí, ambas prerrogativas del rey, dos sustantivos ilua1-
mente construidos rron el mismo verbo: «te hemos seguido para agradarte y sanar (fU·
mJmenoi) pllT8 Menclao y para ti una tim¿ de los troyanos» (1, 159). El kGd03 puede
ir también a la comunidad CIltera de un pueblo (13, 676).
Una nueva tnmsic16n YB a hacer de kOdos una califl.C8.ciÓll aplicada II los hombres.
Se diri de ciertos hombres que son ccel gran Jaidont de los aquCOll (Agarncn6n, Ná·
tor, U1ises), O de 10$ troyanos (H&:tor). Por sí solos, soq. un tallsmln de
A partir de la definición aquI propuesta de kfJdos, de su naturaleza, de lo que re-
presenta C11 las relaciones entre los dioses y los hombres y para las posibilidades dd
combate. se puede apreciar con mis claridad el sentido de los derivados que kf¡dos ha
fonnado; el adjetivo kudr6s. sobre todo en el superlativo k'údislos. calirtcatjvo de los
mú altos dioses, sobre: todo Zcus, o entre los hombres, de Agamen6n únicamente; de
igual forma que: kudóflmos es concedido a o a pueblos. De los verbos: deriva-
dos de kOdos nos quedaremos en particular con. lcudolnó o IaIddnó, que siprlficari li-
tenlmente «llenar ae kQd08»: &ea en el sentido flsico para decir «dotar del kOdos, del
talismin de victoria (13, 348; 14, 73), de ahi, «infundir en un cuerpo herido el poder
de: superar el mal», como Leto y Artcmis hacen a Eneas, al que cuidBn (S, 448); sea
por mctlfora para cchonrar por un atributo de suprcmacia» (lO, 69; Od., l., 438).
Tan fuerte era 1& denotación de kt1dos, que se prestabB a muchos e:mplcos fiJurados,
en 105 que siempre se reconoce el valor esencial. Y este valor es, en origen, de naturB-
leza mágica, como se deduce de lBS oposiciones que constituye. El Jc(Jdos IlctúB a la
manera de un sortilegio: a5egLlrB el triunfo dcl guerrero o del campo al quc ZCUIi 10
concede, mientras que los brllZOS y los corazoncs de: sus adversarios están «entumeci-
dos» o «atados» como por encanto. Estc motivo aparece en muchos episodios y hace
surgir la potencia de este atributo. «Ahora sé -dice Agamenón ante la derrota de su
ejército- que ZCus dota de: ktJdos Bciertos hombres (toUs men kudánel) Igual que a
los dioses bienaventurados, mientras que a nosotros nos ata cl corazlm y los brazos»
(14, 73). «Zeus lanza un encanto sobre el esplritu de los aqueos, pero a los
troyanos y a Htetor les otorga ellcfJdos» (12, 225). «Los troyanos, 5CIIIejantes a leo·
nes carniceros, se lanzan hl:lCia 101 bajcles, cumplen la ordcn de Zeus, que 5in cesar
reanima su poderoso ardor, micntra5 que lanza un encanto (IM/ge) sobre el corazón
de: los ar¡ivos y les niega el tOdos, excitando a SU5 BdvcrsariO$. Es quc, en 5U fuero in-
terno habla decidido otorgar el kf4dos a Héctor el Pritmida para que vaya sobre las
naves' curvadas a lanzar un rueca prodi¡iO/!lolt (IS, 595-6). Apolo, agitando la égida
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ante los dánaos y lanzando un gran grito, «lanza un encanto (éthelxe) sobre su cora-
zón, y olvidan su fogosidad en el combate... Privados de fuerza, los aqueos huyen.
Porque Apolo ha extendido entre ellos el pánico, concediendo a lo troyanos y a Héc-
tor el kudos (15, 327).
Ha sido preciso recorrer con cierto detalle los empleos de kúdos, caracterizarlos en
sus relaciones, sus oposiciones, sus derivaciones, para acceder al sentido auténtico de
este término tan mal conocido. El kúdos real o heroico forma parte de estos encantos
de poder que los dioses conceden o retiran instantáneamente, según sus preferencias a
una u otra de las partes en guerra, para restablecer el equilibrio de los combates, para
salvar a tal jefe que les ha honrado con ofrendas, o para mantener sus propias rivali-
dades. Estos favores cambiantes reflejan el juego móvil de las fracciones en el campo
de los dioses, que Zeus arbitra. El kúdos pasa, por tanto, de uno a otro, de los
aqueos a los troyanos, luego de Héctor a Aquiles, atributo invisible y mágico rodeado
de prodigios y prodigio él mismo, instrumento del triunfo, que sólo Zeus posee per-
manentemente y que concede por un día a los reyes o a los héroes.
Esta descripción del sentido abre una perspectiva sobre la etimología. Desde hace
mucho tiempo se ha puesto de manifiesto la coincidencia formal del gr. kúdos con el
eslavo cudo, «milagro, maravilla», pero el sentido de gloria tradicionalmente atribui-
do a kados apenas si favorecía la comparación. En la actualidad la cuestión se plan-
tea en términos nuevos: kados no significa nunca «gloria», designa un atributo de na-
turaleza mágíca que asegura el triunfo. El carácter prodigioso del küdos, sus efectos
inmensos e instantáneos, la confusión que siembra entre los enemigos, todo le acerca
al cudo eslavo, y la correspondencia etimológica resulta por completo aceptable. Am-
bos términos se vinculan además a una misma raíz verbal, la de roti, «sentir», en esla-
vo, de koefn, «percibir, observar», en griego, cuyo sentido propío debió ser «observar
alguna cosa insólita, percibir como nuevo o extraño». Esto concuerda perfectamente
con el valor central que parece común al griego kúdos y al eslavo cudos.
Es de la Ilíada de donde hemos sacado la totalidad o casi la totalidad de nuestros
ejemplos, que son, de hecho, la totalidad o casi la totalidad de los ejemplos de la pa-
labra. La Odisea proporciona pocos, sobre todo si excluimos los pasajes considerados
como interpolados; unos reproducen empleos ya estudiados (Od., 4, 275; 22, 253),
otros se remiten a la autoridad del rey o del jefe de casa (3, 57; 19, 161).
En todos estos ejemplos, el kúdos es siempre la condición previa al éxito, cual-
quiera que sea, a la superioridad, sea el que fuere el dominio en que se manifiesta.
Podemos definirlo con fundamento como una ventaja de supremacía que se manifies-
ta por un triunfo de esencia mágica, ventaja tan pronto permanente, cuando está en
manos de Zeus, como temporal, cuando los dioses la otorgan a los hombres. Es ese
talismán, destinado por favor divino al rey, al jefe, al guerrero valeroso, el que, en
cualquier circunstancia, les asegura la preeminencia y, eventualmente, les confiere la
victoria. Pero si no hay victoria sin kudos, el kudos no está vinculado necesariamente
al triunfo guerrero. Aunque nunca se ha descrito, ha podido ser representado bajo
una apariencia material; parece conferir cierto resplandor a quienes lo poseen. En el
epíteto kudrós, vinculado a las divinidades, está la idea de cierta majestad, de res-
plandor, que manifiesta exteriormente la posesión del kudos.
Volviendo a las nociones de que hemos partido, ahora vemos cómo se distinguen.
El géras indica exclusivamente los bienes materiales; corresponde a los hombres, es la
prestación debida al personaje soberano, el reconocimiento mediante ofrendas de su
rango, de su supremacía; la timi es un honor, reconocido a los dioses, otorgado tam-
bién por los dioses a los hombres en recompensa de sus méritos bajo la forma de res-
278
petos y también de dones; el kudos, por último, no depende de los hombres, sino que
está exclusivamente en manos de los dioses y parece poner al humano que lo recibe en
el rango de los dioses, por ser patrimonio de las divinidades. Es un poder mágico cu-
ya posesión confiere la superioridad en circunstancias dadas, a menudo en el comba-
te, en el que es garantía de victoria.
El análisis del término kudos nos abre un dominio en que rara vez nos introducen
los términos griegos: el de los poderes mágicos de la realeza. El rey tiene, en el estado
antiguo de las concepciones indoeuropeas, un papel a la vez político y religioso; asu-
me la totalidad de los poderes, rigiendo las relaciones de los hombres entre sí y las re-
laciones de los hombres con los dioses. Por esto, ostenta una autoridad temible for-
mada por el derecho y por la magia.
Es notable que una noción como la de kados haya sobrevivido en un mundo tan
despojado de valores mágicos como el de los poemas homéricos. Quizá se deba a que,
en buena parte, sus empleos no eran más que formularios. Los antiguos no compren-
dían ya muy bien este término, que asimilaban a kléos, «gloria», o a níke, «victoria»,
Hay que superar estas interpretaciones racionalizantes para reencontrarlo en su fuerza
y su verdad.
279
1
CAPÍTULO 7
KRÁTOS
SumarlQ. KrdtrJI no significa ni uCuerza rtsica» (iskhlk. stlthlos). ni de Ani.
mo" fatki), sino «superioridad, preYalcncia». bien en el combate, bien en la asamblea.
BIte senddo, constante pa.n. "rátos, queda conflrmado por una parte de los Ilmplcol del
derivado "rateros, que entonces si¡nifica «sin igual", sobre todo en el combate.
Pero en otros emplol, krateros se relacioM, por el sentido, con k",tal6s, «duro,
cruclJtj /rraIWs, «duro».
La ctimologfll da cuenta de esta situación irregular: "ráu» debe relacionarse con el
i. ir. krutu-. que dcsigna la «virtud (mAgica) del gucn-ero»; krarw se rdaciollll con un
grupo ewnp!ctaIncnlc diferente, el del gótico JwrdJa, que slg¡¡ifica "duro» cllclupvamen-
te. Bn griego se han producido imbricacione5. particularmente bien ilUlltrB.dll5 por la do-
ble serie de mnplc:os de kra/llr6B.
Los términos a que hemos pasado revista penniten circunscribir ciertos conceptos
ideales de la sociedad homérica. Contribuyen a definir el estatuto del rey, a determi-
nar los predicados de la basüefa, de la realeza. Ya hemos analizado tres: /dldos, timi,
géras.
Queda por considerar otro atributo que los textos asocian estrechamente con los
precedentes y que, por su misma significación, tiene una importancia primordial para
la comprensión de esa realeza. Es la palabra krotos (ltpti'tor;), término bien conocido,
de gran uso y que, en la sencillez misma de su sentido, parece de análisis fácil. Desde
el principio no significarla más que «fuerza, potencia». La forma es krátos o k6rtos.
sin distinción. Este ncutro antiguo comporta una larga serie de derivados en tema
/crat- o kart-.
TcncmOli: kroterós O karterós con el comparativo krefs.son, el superlativo kr6tistos
o kártistos; cl verbo kratetn. Con tema en -U-, el adjetivo kratús y el verbo krotúnem;
por último, derivados en -ai-. krataiós y los compuestos Jeratalpous, krataigÚilfos.
La traducción admitida cn todas partcs, «fuerza, potcncia), no puede satisfacer-
nos. Vamos a intentar prccisarla mediante empleos a menudo ya fonnularios, y a cir-
cunscribir con ellos el concepto inicial.
Quc krótos no puede significar simplementc «fuerza), deriva ya del hccho siguien-
te: al menos otros seis términos homéricos tienen cse sentido: bfa, &, iskhús. sthénos,
a/ki. dúnamis. Esta abundancia crea muchas dificultades a los traductorcs. Pcro la
clecci6n de equivalentcs sólo puedc ser guiada por definiciones exactas, es decir, por
una noci6n exacta de las diferencias entrc estas siete maneras de designar la «fucrza».
Aqui rcinan todavía lo arbitrario y la incertidumbrc. Se traduce a ojo dc buen cubero,
y cada ejemplo de forma distinta.
280
y he aqui precisamente que, como un desafio, surge un encarecimicnto de krátos
asociado a alkt, en el apóstrofe mordaz de Diom.edes a Aj:amenón: «Zcus ha puesto
en ti dones contrarios: te ha dado el ser más honrado que ningún otro por el cetro,
pero no te ha dado la a/Ici. que es el mayor krátos» (11., 9, 39). ¿Qué quiere decir
Diomedcs? ¿Y qué puede significar una traducci6n como ésta: «El valor, él te lo ha
negado. V cs, sin embargo, la fucrza suprcma»? (p. Mazon). Todo estriba en estos
problemas, y cuando uno trata de fijar cl sentido de una palabra, los s.inÓnimos aflu-
yen y se encabalgan. Tratemos, pues, de delimitar krátos y a/kí, y antes que nada de
decir qué es la alké.
Es cierta «fuerza», con toda seguridad, pero no la fuerza flsica, que sc dice sthi-
nos. Para reconocer su naturaleza, hay que rccurrir al enunciado mismo en que se de-
nuncia la ausencia de esta cualidad.. ¿Por qué Diomedcs reprocha a Agamenón que le
faIte la a/ké'! Porque Agamenón, bajo cl golpe de los reveses sufridos, juzgando per-
dida la partida desde el momento en que Zeus le habla traicionado, aconsejaba a la
asamblea levantar el asedio y partir: «Huyamos con nuestras naves hacia nucstra pa-
tria: ya no tomaremos Troya la dc las amplias callcs» (9, 27). Diomedes le intcrpela
cntonces: «Zcus no te ha dado a/ké... ¡Si tantas ganas tienes de volver, vete!. .. Otros
se quedarán para destruir Troya. ¡Que huyan con sus navcs hacia su patria! Entonces
nosotros dos, yo y Stenelos, combatiremos solos hasta que alcanccmos cl objetivo de
Troya, porque nosotros vinimos con el dios)) (ibid.• 39 Yss.).
Renunciar al combate cs no tcner ya a/ké. igual que las ciervas que, cansadas de
correr, sc detienen «sin ninguna alké en el coraz6n» (4, 245). En el momento dcl com-
bate decisivo cn su morada, Uliscs se ve 5010 con tres companeros frente a pretendien-
tes «numerosos y valicntcs). Atenca sc presenta aRte: él bajo el aspecto de Mentor, y
Ulises la implora: «Mentor, sálvame dc la dcsgracia»). Atcnea primero le reprende:
«Ulises, ¿ya no tienes valor ni alk;... '! ¿Cómo es quc cuando IIcgas a tus casas y tus
bienes, ante los pretendientes, deploras tencr quc ser á/kimos?» (Od., 22, 226; 231
Ysiguientes).
De ahí se deduce -Q contra/·io- la definición de la alkt: hacer frente al peligro
sin retroceder jamás, no ccdcr ante el asalto, aguantar finnementc en el cuerpo a
cuerpo, eso es la alké. Estos caracteres marcan la noción en todos los ejemplos.
Bajo los rasgos de Calcas, Poseid6n se dirige a Ayax cuando los aqueos se doble-
gan bajo cl empuje troyano: «Id vosotros dos a salvar al ejército aqueo, llevando en
el coraz6n la alke, no la derrota cscalofriante» (II., 13,48). La altcrnativa es siempre
la misma: o la alké o la huida. Menelao, cuando defiendc cl cuerpo de Patroclo frente
a Euforbio, lc amcnaza: «Vo romperé tu fogosidad si tc cnfrcntas a mi. Te conmino a
retrocedcr y a reunirte con la Pcro Euforbio lc respondc: «El combate decidi-
rá: o la a/ké o la fuga» (17, 42). Entrc Aquilcs y Eneas sc intcrcambian largos desa-
fios, que el último rcsume: «No es con palabras como me alejarás, a mi, ardiente de
u/ké, antes dc habernos enfrentado con el bronce» (20, 256). En muchas ocasiones,
cuando una tropa se doblega, resuena la exhortaci6n del jefe «apelando a la ulké», a
mantcnersc sin miedo, a no retroceder. Los Ayax hacen una muralla ante el cuerpo de
Patroclo; «habiendo asumido la u/ké», rechazan por tres veces el asalto de Héctor.
:este, también «seguro en su tan pronto se abalanza como se detiene, ((pero sin
retroceder un paso». Como un león al que los pastores no pueden apartar de una vic-
tima, «así 105 dos Ayax no pueden asustar a Héctor y apartarle del muerto» (18, 157
Yss.). La comparación no cs vana: también las grandes fieras dan muestas de a/ké en
la hora del peligro. ((Como una pantera quc surgiendo dc una espesura profunda, ha-
ce frente a un cazador; no piensa ni cn tencr micdo ni cn huir al oie los ladridos. Si el
281
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hombre la hiere o alcanza primero, aunque esté atravesada, ella no abandona la alke.
sino que antes ataca o sucumbe» (21, 573 Y ss.). Los términos antitéticos alk¿ y
phóbos reaparecen en los derivados álkimos, «dotado de y phobefn, «asustar,
poner en fuga», tal como Héctor los articula: «Zeus es siempre superior, pone en fu-
ga (phobef) incluso al guerrero álkimos» (17, 177) Pero cuando la alk¿ manifestada
por prodigios viene de Zeus, es infrangible. Un rayo inesperado ante el carro de Dio-
medes, intrépido frente a Héctor. .. , y su compañero Néstor es presa de temor: «¡Vol-
vamos grupas! ¿No comprendes que la alki que procede de Zeus no te acompaña?»
(8, 140). Y cuando Zeus aparta la flecha que Teucro disparaba a Héctor y la
cuerda del arco, Héctor no se engaña: «Fácil es reconocer para los hombres la alke de
Zeus» (15, 490).
Es la misma virtud que designa Hesíodo cuando, describiendo los furores de los
vientos que se abaten sobre el mar, ponen a los navíos en fuga y hacen perecer a los
marineros, proclama: «Contra esta desventura no hay alki" (Teog., 876). La fórmula
se repite para concluir una visión de las edades futuras, donde todo estará subvertido:
«Contra el mal no habrá alkl» (Trab., 201). Podríamos continuar esta lectura en
Pindaro, en Herodoto: en todas partes alki muestra el mismo sentido: es la fuerza del
alma, la jortitudo, que no cede ante el peligro y permanece resuelta cualquiera que
sea el destino.
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Una vez determinada la naturaleza de la alki, podemos abordar la definici6n del
krátos. Hemos visto que un pasaje de la Ilíada citado más arriba asimila estas dos
cualidades. Sin embargo, no podríamos poner un signo de igualdad entre los dos tér-
minos. Inmediatamente otro ejemplo nos disuadiría: «¡Acudid, amigos, estoy solo,
ayudadmeb>, clama Idomeneo, «tengo mucho miedo de Eneas que se acerca con pies
rápidos, y va a caer sobre mí, él que en el combate es muy karterós en matar a los
hombres, y tiene la flor de la juventud, que es el mayor krátos» (11., 13,481 Yss.). En
esta ocasi6n es una ventaja fisica, la flor de la juventud, lo que es el krátos. Más arri-
ba era la alki. En conclusión: en esta f6rmula 16gica, «la x que es el krátos», donde x
admite argumentos diferentes, el predicado «que es... » no implica la identidad, sino
la condici6n necesaria. Por tanto, según las circunstancias hay condiciones diversas
del krátos; unas afectan a la edad y al estado físico, otras a facultades como la alkl
Añadamos a rengl6n seguido otra condici6n más, primordial: la buena voluntad de
los dioses, lo cual muestra en el krátos una relaci6n de fuerzas suceptibles de variar:
«Dejemos ahora ese arco, y confiémonos a los dioses. Mañana el dios dará el krdtos a
quien él quiera», dice Ulises a sus j6venes rivales (Od., 21, 280). Aqui el krátos es la
facultad de vencer en una prueba de fuerza. Ahora bien, si se consideran las circuns-
tancias en que krátos aparece, se ve que siempre se refieren a una prueba semejante, y
que en todas partes krátos indica la superioridad de un hombre, ya afirme su fuerza
sobre los de su bando o sobre los enemigos. Esta «superioridad» es calificada de
«grande» (méga) o «la más grande» (mégiston). No tiene otros calificativos.
Siempre aparece temporalmente. Quizá sea la superioridad de la fuerza corporal.
Idomeneo, al ver a Eneas avanzar contra él, grita a sus amigos: «tengo miedo: él está
en la flor de la edad, la superioridad más alta (krátos mégiston). Porque si tuviéramos
282
la misma edad con este ardor, o pronto él me sacaría gran ventaja (mega krátos) o yo
le vencería» (n., 13,486). A Atenea, que bajo la apariencia de Fénix acucia a Mene-
lao para que defienda a cualquier precio el cuerpo de Patroclo, Menelao le responde:
«¡ Si Atenea me diera el krátos y desviara las flechas impetuosas ... !» Entonces Ate-
nea, feliz porque la ha invocado la primera de todos los dioses, pone vigor en sus
hombros y en sus rodillas, y en su pecho la audacia de una mosca (17, 561 y ss.).
Glauco, herido, implora a Apolo: «Pero tú, señor, cuida mi dolorosa herida; aduer-
me mis dolores; dame el krátos, para que yo llame e impulse al combate a mis compa-
ñeros licios y yo mismo pelee alrededor del cuerpo difunto» (16, 524). Apolo acaba de
lanzar a Eneas contra Aquiles. Hera se rebela y convoca a los dioses: «Que de igual
modo uno de nosotros vaya a asistir a Aquiles y le dé gran krátos, para que no le falte
corazóm) (20, 121). «Yo daré a Héctor el krátos de matar», declara Zeus (11, 192;
cfr. 17,205). Y Peleo, al enviar alIado de Agamenón a su hijo Aquiles, le da un con-
sejo: «El krátos, eso te lo darán Atenea y Hera si ellas quieren. Tú contén en tu pecho
tu orgulloso corazón» (9, 254).
Zeus puede conferir el krátos a uno de los dos ejércitos en lucha; el beneficiario de
esta superioridad es, entonces, un pueblo, no un invididuo. Tetis implora a Zeus en
favor de su hijo ultrajado: «Pon el krátos en los troyanos hasta que los aqueos rindan
estima a mi hijo y le acrecienten en honor» (1, 509). Esta «prevalencia» cambia de
campo según el humor de los dioses. Diomedes le dice a Ulises durante el ataque de
los troyanos: «Desde luego me quedo y aguantaré; pero muy corto será el provecho
para nosotros, porque Zeus prefiere dar el krátos a los troyanos antes que a noso-
tros» (11, 319). «Ella (Andr6maca) ha oído decir que los troyanos flaqueaban, que un
gran králos había en los aqueos» (6, 387). «Golpea ahora hasta que llegues a nuestras
rápidas naves: ya lo ves, el krátos no está ya en los aqueos» (17, 623). «¿Debemos
caer sobre las naves multirremas en caso de que el dios nos otorgara el krátos?» (13,
743). «Zeus concedió aquel día gran krátos a los Pilios» (11, 753). «Si Zeus pretende
proteger a la abrupta Ilión, si se niega a aniquilarla y dar gran krátos a los argivos,
que lo sepa, habrá entre nosotros un rencor sin remedio» (15, 216).
Pero esta «superioridad» no se afirma s610 en el combate, como harían creer los
ejemplos a que hemos pasado revista y que proceden de la Iliada en su totalidad. Se
manifiesta en la otra actividad del héroe, en la asamblea (cfr. 12, 214) Ydesemboca en
un «poder que ejerce el rey o el jefe. Aquiles se indigna de que un hombre, Agame-
nón, quiera quitar a un igual su parte legítima, «porque le es superior en krátos». La
muchacha que los aqueos le habían asignado para él y que había conquistado con las
armas en la mano, «Agamenón, soberano, se la quita de las manos» (16, 54 y ss.). Se
ve que krátos es aquí el «poden> del rey, ventaja personal y permanente, como el krá-
tos mégistos de Polifemo sobre los demás Cíclopes (Od., 1, 70), el de Alcinoo en su
demo (11, 353), el de Telémaco en su casa (21, 353).
Estos dos valores de krótos, «superioridad; prevalencia», en una prueba de fuerza
o de habilidad, Y'más particularmente «poder (de autoridad)>>, se encuentran en los
empleos homéricos del verbo kratem. Por un lado, «tener la ventaja, triunfar» (11.,5,
175; 21, 315); por otro, «ejercer el poden>, a menudo con un determinante en geniti-
vo, hombre de país o de pueblo, los argivos» (1, 79), «sobre todos» (1, 288) o
en dativo en la Odisea «sobre los muertos» (11, 485); «sobre los hombres y los dio-
ses» (16, 265).
Queda por ver el sentido del adjetivo derivado karterós. Aquí surge una complica-
ción inesperada. En principio karterós, formado con el mismo sufijo en -r- que otros
adjetivos del mismo grupo de sentido como iskhurós, slhenarós, «fuerte», significa
283


,

1
«provisto de 1mJtOD. En muchos de: liU5 emplcos, confirma claramente la dr;finici6n
mú arriba del término IuTJt08, y califICa, bien a titulo ele epiteto permanente
• C1CItOl hér"oCl. en "pedal a Diomedcs. bien como predicado nomiDal • diverso.
pel'son.ljel. c<r6. eres muy b,ter6.J. una diosa te dio le cii= Nbtor a
Aquiles (11., l
t
280), el decir. «16 aventaju a los demás hombres (eo fuerza o en va-
1ont; tlJklunltts krrzlUÓ6. qucrrcro que triunfa (de su advcnario)>>. Ilm!Imón uf krrl-
l'o"M que le podña tcaducir fUin reproche ., sin i,ual». El lUpcrlativo knillstos 1leYa
esta QI.lid.d • JU punto mis alto: .,o soy el kr6tiJtos de todos 101 dioses., proclama
ZcuJ (1, 17), aquel que OIteoa el poder ruprc:D:ID. Todo eno. una vez confirmada 1&
relaci6:n entre e!laLtido de kralefÓS y el ele kr6tM. no e:xiF ni comentario ni amplia
oomprobad6n. LOI cjcmplol de k1'altrós en CIte sentido le CDCUentran ficilmeatc.
Sin embarco" hay otro. quid. mú frecuente aún, que los diccionarios hutican, por
supuesto. pero rm lCdalar huta qué punto es diferente. y lo el en muchos aspectoI.
• Cuando de krtJtCXJ se pasa • k1TzlerÓJ uno espera en cladjetivo una noción de i¡ual
que en d sustantivo: al denotar Bicmprc kr6tos una cll.lUd,d de héroeJ, cic va·
lientes, de jc1a1. es 1.6cico. "J csti constatado. cn efecto, que el acijctivo kra1erÓS tc:np.
valor de cloJio. Por eIO, hay que sorprenderse mis cuando se cneucD.tra IualUós en
otros empleos, todo menos c:lo¡iosos, que implican cenrura o reproc:bc. Cuan40 Hl·
cuba, de Prlamo, d.iri¡iéndosc a Aquiles que acaba de mawle a.u bija Hl!:ctor,
le Jlama anb IcrrlterÓ1 (24, 112), no es probablc:mcnte un homenaje a su vwguerreo
roi P. Mazon traduce dlá'oc /)nltlll.,.. Para entender bien IuaJmSs aplicado a ArCl (2,
115) hay que compararlo con otrol epitct:os del dios: homicida (miaiph6n08), matador
de 110mb,., (androph6n..¡. f..-o a los mortalcs (brolDlolKo.r¡. dcstnJctor (aldllos¡.
etcétera. NiD¡uno lo presenta bajo una luz favmable.
La discordaDda Dep mis lejos alm, Yse: muestra bajo otra rclacl6n. MJentras que
krtlto.r le dice exc1u5i.VIUDCIll'e de los moscs y de los hombres. puede califloCar
tambiála anImaJea, • <:01&1, Yel sentido es sicmpR «doro. aue1. violento». E poeta
llama allcó.n krtlter63 no por .u oorajc, lino porque prepara a la cierva cxm rul cerva-
tillos «un destino ultrajante» (Od.• 4, 33'l. Metido en la madrisuera de Ja cierva, el
kón tritura a loe ron 4l1UJ dientes luaterol» (D., 11,114, cfr. 17'). La ba-
talla (hUSmlM), la CÜIalrdia (1m), reciben tambUn el epttcto, y en contextos ilustra-
dores: Ir;., UDido a homolios «combate aueb (1) (13, 3'8) y
kl1lted }uu.mlni a 101 adjetivos QrgalN polúdQkrw, «(batalla) dolorosa, que produce
tantas Itgrima.» (17, '43). Tambim es muy significativa Ja reJación de: krate,w con
nombres de sufrimientos o de enfermedades. No podemos cc¡uivoearnoa sobre: el sen-
tido del adjetivo krateros cuando Be aplica a hl/kos. «herida» arler6n, n.,
16. '17; '23),Ii.e observa que los dcmú epitetos son «penoso» (Ilr,a/«n). «funesto»
(lugrds). «malvado» (ktlk.dI). Asimismo, con 6Igetl, «sufrimientos», en la expfC!ión,
convertida en clkht. mtl,' 6/gea pdskhfm, «que sufre duras sufrimientos» (2, 721);
con «dolor», en krrztero'l pémhos. «dolor violento" (11, 2(9)¡ con 1l'l6rki,
«ncces:!dadlO. en krr1trrt ll'ldgJc..i. «destino brutal» (6, 458); con delm6.J. «1aw, atadu-
ra»: dbD'l kratrr8/ rnl tinmfJ/ (<<eUos [le] ataron con una atadura bruta1») (3, 386,
tI'ad:. Mamn). además Ja locución /cartero «cosas penosu», en la
qUeja de Ara hendo a bus: kQ páter, Oll nemes(zii horÓ1f tdde laznrÑ 1rKa, que
P. Mamn traduce: «ZCus padre, tno te indignas cuando ves todos horrores?»
(S, 872, cfr. 7$7). Eitamos realmente muy lejos del kraterÓf laudatorio. Tambitn con
el .sentido de «duro» krtzter61 forma el compuesto kratttrimwc «(lobo, le6n, caballo)
de ufia5 y fi¡uradamentc, en /crlltW$11!f2t1ros. «palabra dura, hiriente», don.
de los anti¡UDI ya observaban que kfTIfrrris CCllüvale a sic/iros. «duro».
2&1
En Hesíodo encontradamos, en parte en Jas mismas expresioncl. los dos vllorCl5
que distinplim.oa para el krtltert» homi:rico: favorable cuando acampana a amlJm6n
«sin reproche» (Tra,.• 1013). desfavorable cuando califica a Arel matador de bom:
brcs (&r:udo. 91; 101), UD dragón (T.• 322), Las Erinias (T.• 1al), Equidna, .de al-
ma violenta» (kizrtrr6phr6n, T., 297), etc. También aquf coostatamOl la accpdÓll ma-
terial de tlduro» para kTlltnW aplicado al hierro krrIteriJtatOl. TIr., 164) Yal
0=0 (Trvb.• 1(7).
Cotuidcmno¡ ahora )u formas nomiDaJcs construidu sobI"c el tana latrtaJ.. El
adjetivo kl'flttli68 es cpb:eto de a1¡unos penonajcf. y tambiéD del Dmizlo (motirl k1YI-
tJUi¡. dcIlcóo; podrIa acbJñr cualquiera de loo dos VlI1on:s. I'm> la cIcccIón queda
zanjada CIl 101 Q)[DpucstoI: knlta/ptdoslipúfica ciertamente tlck suelo 411I'O»: k1a1.
gJÍIÚOJ, 4l(ooraz.a) de s6/ido pdo», ., karta/pous (krr$fptna). sobre todo poIbom&i-
COI eplteto de mulos, «de piCl chtro.s», rdadonado por el sentido coa k1tIlJk6pou:l
«(caballos) de pies de brooco. (11.,1. (1). •
Por último, el adjetivo kn1tw, fljaeo CIl la fórmula kratii.J Arrr1'Ph6nli.., debe en-
teDdcrse como «duro». Este :scntid.o Cit' ucgurado por d verbo denominativo knzta-
Mm, tlcndurcc:c:r», que en Homero desa¡"be la maniobra de las falaqes. El cuerpo de
batalla le forma en «masas apretadas, sombrias, erizadas de CICUdolI y de pica.. (4,
212). Prelenta frente continuo, compKto. De ahi 111. selección de las imqcnes, to-
das clIa.s materiales. que representan 11. la fallUJ.lC como un cuerpo s61ido y metilico:
le «rompe» las falanges, le 111.5 «eonquistu (16, 394), se _choca» con las fa1an¡a:
apretadas (13, 1-4!) o se lu «endurece» (rJuzrníflcurto pJuzJáua (11, 215). También en
la edad clúica tenemos el sentido propio de brtÚNl1f. por ejemplo, en. Hip6cwes
para el «endurccimieo.tolt de 101 hUCSOl, o CID JCDOfonte: mientras los demis lrieaos
«ablandan. (Ita/NI/Últous/) los pilC5 de IUS hijos caJziDdolos, los espartanos ueo.duJe..
CClUt (krtlhínoJJ.Ji) los pie5 de los IU)'OS haci&ldob caminar de5calzos (República tk
los 1..«ftJmJonios, 11. ). Hay que autnyar el delvio entre ese /rrrltúnWt, tlCOdure-
CCOf. sacado de krrJtúJ. y el klTlh1nein, «¡obemllClt, de los tJisicos. deaarroDo aecun·
darlo salido ele mM'''. «ejen:cr el poden.
Por tanto, hay que tomar conciencia de una situaciÓll sanintica muy smaular que
CIte cxamCll saca a la hu y cuya partkularidad aOO no ha sido sctl.alada: el conjunto
Itxico oonstituido en tomo .. kr6tCM DO es una Camilia homo¡tl1ea. Se divide en dos
grupos distintos 4pe pueden caracterizarse por lIeparado.
1) . ro. primero elti articulado por la noción fisica o moral de «prevalencia», de
«ventaja» en el combate o Cn la lsamblea: krrftos. Se desarrolla en una serie de tt'rmi-
nos con referencia moral y poJltica, que enuncian el «poder» como facultad indivi.
dual (rrkra1h, akratb. «que es. o «que no es duei\o de si mismo»), o el «poderl') co-
mo «potencialt territorial y política: kTlltrTn, «ser duei'lo, tener la autoridad», con 101
numerosos derivados y compuestos en -krátis, -krátor. -krdtria, etc., asl como los
comparativos y superlativos Iu8fs.rOn. kr6tl.Jtos. Es Ja autoridad palltica en tanto que
individual o colectiva lo que cxmltituye 11 unidad de este desarroJlo.
2) FJ. segundo procede de la noci6n fisica de «duro» (contrario de (cblandolt):
kratlÍS, «endurecerl'), /crllta/-, «durolt. No comporta más que este sentido,
sea en el prDptO o en el fiIu"do: «brutal, cruel, penoso». Jamí.s evoluciona hl.CÜ\ un
valor .ocial o politico, y .e caracteriza por una connotación desfavorable.
Se trata de dOl dominios distintos. Bntre ambos se extiende el é.rca del adjetivo
/crIl1erW. cuyos empleos le dividen, como hemos visto: uno. pertenecen a kr6tos e in·
dican la poaeaiÓtl de la autDridlld; otros se relacionaD con krah1J, «duro», y calificaD
lo que -herida, CIlfermedad, discocdia- el "penoso, duro. brutal». No habria que
2M
complicar esta diferencia traduciendo kraterós por «fuerte»: estos artificios de tra-
ducción no hacen más que oscurecer los problemas. Se ha demostrado suficientemen-
te que kraterós no significa «fuerte»; una prueba suplementaria de ello es que este ad-
jetivo puede calificar, sin pleonasmo ís, «fuerza corporal»: ís odusios, «el ru-
do vigor de Ulises» (Il., 23, 720; trad. Mazon). Contentémonos con concluir, por el
momento, que en los empleos de kraterós coexisten, sin confundirse, las dos nociones
que los otros términos en krat- permiten distinguir: por un lado, la noción abstracta
de «prevalencia, dominacióD»); por otro, la cualidad fisica de «durm).
Ahora bien, resulta que esta distinción, que hemos derivado del análisis de los em-
pleos y de la confrontación de los valores de sentido en griego mismo, encuentra fue-
ra del griego su justificación en las correspondencias etimológicas.
Hasta ahora los comparatistas han buscado los paralelos de la familia de krátos en
dos direcciones: por un lado, con el gótico hardus; por el otro, con L-ir. kralu-. Pero
la mayor parte se sienten obligados a optar por una de las dos comparaciones; dudan
en admitir las dos juntas: tan grande es el desacuerdo del sentido. De cualquier modo,
la interpretación del gr. králos por «fuerza» no ha sido puesta en duda nunca. Ahí es-
taba el error. Ahora queda claro que al restituir a las formas griegas su sentido autén-
tico, puede renovarse la solución del problema etimológico.
El adjetivo gótico hardus significa «durm), como el al. hart, ingl. hard. Traduce el
griego sklerós, «durm); austerós, «severo, rudm) , De ahi el adverbio harduba, «dura-
mente)), el compuesto harduhairtei, «dureza de corazón, sklerokardía», y el verbo ga-
hardjan, «enducerer, sklerúneim). Ahora vemos que, en todos los aspectos, el gótico
hardus «duro)), de • kartu-, responde exactamente al gr. «duro», lCCX("tÚVW (de
• karlu- o • kfl). Es la misma forma del adjetivo y el mismo sentido, puesto que el gr.
kralús y karlúnein denotan lo «duro)) como propiedad f"lSica.
Completamente diferente es la esfera del kr6tu- védico, xratu- avéstico. Este sus-
tantivo designa una facultad intelectual y espiritual, el «poden> del espíritu, del ardor,
de la inspiración, que anima al guerrero, al poeta, al creyente. Noción muy
compleja 1, que la especulación ulterior ha enriquecido y afinado también. Aquí nos
basta con señalar la vinculación evidente del kratu- indoiranio en su noción inicial
con el krátos homérico, que indica siempre la «prevalencia». En ambos casos se trata
de un sustantivo, no de un adjetivo; sólo la formación difiere algo (masculino en -u
en indoiranio, neutro en -es en griego). El núcleo conceptual es el mismo.
No nos parece posible devolver a la unidad estos dos grupos léxicos: deben prove-
nir de dos radicales distintos, aunque muy cercanos en la forma, si es que no eran se-
mejantes en indoeuropeo. Distinguimos, por tanto: 1) un adjetivo que significa «du-
rm>, representado por gr. kratús, etc., y gótico hardus; 2) un sustantivo que denota la
«potencia)), la «prevalencia», continuado por i.-ir. kratu-, y por griego krátos. Se ob-
servará que en germánico las formas de hart, ingI. hard nunca han evolucionado en
valor moral o politico; y que en indoeuropeo, las formas de kratu- no muestran nun-
ca la menor relación con la idea de «duro». Esto mismo pone mejor de relieve la dis-
paridad que hemos seí'i.alado, en el seno del griego, entre kr6tus, «duro», y krátos,
kratefn, «dominar». Pero el adjetivo kraterós ha realizado una contaminación entre
las dos familias: por un lado, ha dado un doblete (sobre el modelo de iskhurós, sthe-
I Analizada detalladamente por K. RONNOW, Le Monde Oriental, XXVI, 1932, pp. 1-90. Los estudios
aparecidos después están resellados en L. RENOU, Études védiques et paninéennes, 11I, 1957, p. 59; IV,
1958, p. 18.
286
narós) a kratús, con el sentido de «duro, cruel, penoso)); por otro, proporciona a krá-
tos un adjetivo que significa «dotado de autoridad, de superioridad)).
La noción de krátos recupera de este modo su definición propia y al mismo tiem-
po su correspondencia indoeuropea. Ya están puestas las bases para un estudio de es-
te concepto en la epopeya. Corresponderá a los helenistas seguir la evolución del tér-
mino con el vocabulario político del griego poshomérico, donde ha proliferado en
abundancia.
287
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1I


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•1
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: I
CAPITULO 8
REALEZA Y NOBLEZA
SllmarirJ. El fr)', m SCfmlnico (inst. tI"•• al. K6tt/,. etc.), I:a aquel ha nrocido, ti
dn:lr. bien natido. noble (ralz gnaecI"I'),
Pero el noble IlttlC' ,Olro nombrt\', mur lnllfuctlvo. pD'I" ejemplo, al. tdtJ. antiluo
• "'al",.., derivado de alll1• • padre nutricio»; ala deslloaciOn del noble hace suponer que
I&s &tanda familias iodocuropea.s praclicllban el/ostffJIIr. De hecho, el empleo en el ft'-
¡alo de tllra, atu/6s, ,,'111110 PUC'CI wnfirmar esta hlp6tcUl.
Prosiguiendo con cata descripción en el dominio occidental. consideraremos ahora
el nombre del «rey» y del .cDoblc» en el mundo aennf.nlco.
La dcsignacibn del «rey» dada por el inalf:s kin•• alemtn XiJ,,;'. ete., se apoya en
-kuff-;nx-az,; es un dmvado en -inl del racücallnm. cfr. 86tico lelO';, «raZa,
forma nominal derivada a su va de 1& núz .If"-. «nacent. y que pc:rtcDcce al mumo
pupa que el tat1n gms Yel crie&o gbros. El taeYl' es denominado. en de 5U na-
cimiento, como «aquel del linaje», aquel que lo representa. que es su Jefe. PO,r,lo de--
más. siempre que se cspcd.fh:a el nacimiento, CI que es noble. Regm nobültgtr...
sumllnt dice T6cito de los JttftWlOI (Gmn., VII, 1). En esta COncepc16n, d
estt como el rqJR'ICl1tante de los miembros de su tribu.
Completamente distinto es en ¡c:rmlnico el concepto de «noblelf, expresado por el
aIcmtn ttkl. Yplantea \lO problema mucho mú diflcil. .
1.& pa1abnI fi¡ura ya en antiguo-inllts. en medio-in¡W:!, en antiguo-alto-alemin.
bljo formas que no difieren mucho de Iu que hoy tenemos; todu se apoyan lObre un
antiluo .gltdo-, cfr. antipo noruego tdQ/, ett., alternando con que n:Jponde
11 alelllÚl AfÜl «la Este tema ·Ilta/o, restituido en Icrmánico, no le: presta
a etimol6¡icas: la forma JCI1Ilánica parece estar completamente ai5Ja-
da. Sin embargo, hay una forma que se cOlTC5ponde con él. pero con un sentido total-
mente diferente: es el adjetivo ¡riela ata/m «de Difto, infantil, De
e.ste adjetivo se pasa al verbo at6/10 (u't&:&). cuya traducci6n seria; «jugar como un
nlfto, saltar, divertirse,.; por fin. el presente con
«alimentar a un Dilo, Todo esto no es muy preciSO DI siquiera en aneso; y
sobre todo. no se ve puntO de contacto con la nocibn prqpia dellJllpo ¡enninico. De
este modo, por reela Ic:neral, los diccionarios etimol6aiCos apartan al nombre delaen-
tido de ata co:rraponOeuda.
No obstante. nle la pena examinar de cerca el sentido de tu pa1ahru arie¡u. 1.&
invc:stipc:ión va a OevamDl a otra esfera del vocabulario. pero siempc CII el mundo
deluinstituciona.
Mientras que el verbo I1t4/16 DO está pri.cticamcnte atestiguado, podemos consta-
288
tal que IIt;,4U6 lo est' muy bien y con un ICntido mts pred:so que el de «educar, ali-
mcnt.aD: asto lliada. 60: «yo ti: be alimmtado y le be educado,,; pero se obstna
(Odisea, 18, 323): «d1a le edUQldo como un hijo". Estos doIS verbos contienen
la siprlficad:bn esencial: ueducar romo un bija», el decir. como si fuen de la familia,
lo que no es d C850. En todos los ejemplos d verbo se aplica exclusivamente al nifto
que no es el hijo propio: asl Hcra como madre de Aquiles (Il., 24. 60); jamu se cm-
pka C$C verbo hablando de su propio bija. Tambien Heslodo lo toma en este ICIltido
(Tea,.• 480).
EntollCCl VemDI con qut se rdac:iooa CIte verbo. Denota UII& instituei6n que neva
un nombre consa¡rado CIlla tem1inolosta cicnt1fica, es el hecho de!ClVir
de p¡uho Dutrlcio.
Elta t:Ottumbre es importanltsima. sobre todo en 1& socied.d ct:Wca y escandina-
va, y es la tegla general para Jo¡ hijos reales. Las familias nobles me1en confiar a otra
familia 50S hijos para que sean cducad05 huta cicna edad. Es UD. verdadero parentcs-
co. a menudo más fuerte que el parentesco natural. lo que se: establece de este modo
entre las dos familias. En los &nti.¡uoa c6digos escandinavos, hay leyes. grrtgllS, que
dcfmen el e5tatuto del niil.o entregado y la conducta de los padres que lo educan. En-
tre los celtas, la prictica es perfectamente conocida en las tradiciones históricas y le-
gendarias; normalmente, los hijos reales son conf18.dos a otra familia, generalmente la
de la madre. C!5 decir, al abuelo materno del niOo. Un particular de.signa al
padre nuuicio: es aile, correspondiente dellatln atta, dclariea:o aUil, y el verbo que
designa esta prictica es, en cscandinavo,/ostnz. Hubert, en su Ubro sobre lO! celtas,
cita muchos testimonios de esta institucibn. mf()¡ffeJ'rlp cst' bien atesti¡uado tam-
bién entre la nobleza caucasüma. en particular en Ckor¡ia.
AhOCll podcm.o& plantear la existeDcia de esta insti:tocl6D CII Grecia. donde debe
ser reconocida en el verbo atit4llo. Debieron existir otros términos que !le vinculaban
a esta noci6n. pero sólo !le han amscrvado por casualidad. Asi, UDa inscripci6n de
GortiDa, en Creta, nD!l da atit6ltllS que cJesiSO' al t1'OphtJá. al. tlpadre DU-

Deade el momento en que le ha fijado lC1 sentido institudoDa1 de este verbo, hay
que unirlo a Iu tradiciones. Recordemos cómo Aquiles es educado por Fcnix (D., 9,
485-495) o. se¡(In otros poet:u. por Qulrbn. Explorando las tradiciones mlticas y le-
gendarias, se enoontrarlan probabJcmente otras confirmacioneJ: b c:seocial es poder-
identiflCM y dc:sigoar por 5U nombre este uso. Puede a.segurllBe que atit4110 se dice
solamente de nirlo& educados fuera de la familia, sea cual sea el motivo, para escapar
a un pcügro o para ser educados 5egÚD c!uta tradición.
Examinemos ahora este radical *ala/o- del adjetivo gria:go. Coincide curiosamente
con el tocario a1/11, pero esta palabra significa «hombre»; no se ve claramente si sólo
se trata de una coincidencia. La formaci6n misma de atalás hace pensar en un deriva-
do en -/0- de la misma palabra que: elt' representada por dtta. el nombre del padre
conocido por todo el mundo indoeuropeo; ast, sot. I1Ua, lat. atta, «padre»; griego 41-
tao sAnscrito attl. femenino, desigruu:i6n ramiliar de la hermana mayor, aile.
hitita (fUM, «padre» (ptller DO apaRee en rutita).
La forma atta se CQIUtdc:ra riempre con su gcminada interior como una forma del
lenguaje infantll (cfr. JHlp¡Ja. mamrrJll)'.
Sin embarlO, la forma irlandesa alte, ocpadre nutriciolt, adquiere un valor particu-
I WsJe 1 parte, pp. 13151M.
289

lar debido a que la instituci6n todavia existe en Irlanda, en fecha históri
M
ca: aite ea el nombre del padre: nutricio y no del padre natural. No es por casualidad
por lo que se diriae con el término atta a Eumeo que le ha educ:adoj a/ta era
en &riCIO el nombre cspccffico del padre: nutricio.
Al tmnino de este examen, volvamos al gennlnico Bde/. Si fuera tradicional en
las ¡ranc1cs familias, particulanncnte en las familias rca1C1, con(ar 101 hijos a padres
nutricios, puede admitirse que: e15010 hecho de ser educado de: esta forma especiftca
M
na delta nobleza. EdeJ seria entonces propiamente el 4Cnifto de petbo», estando so-
brccnte:Ddido que los nUlos educados por loa padres nutridOf DO pueden ser mú que
de uacimic:nlO noble. Por- ah! le habña cspc:cificado la R1tK:i6n indicada por a.a.a.
ruW, «ntU», ags. tuh/v. «noble ori¡mJt, etc. Frqmentos dirpenos: de una tcadici6n
prdlill6rica encontrarlan, aegún esta hip6tesis, su unidad primera y las c:orresponden
M
cias formales coincidirlan de este modo con el KIltido supuesto.
290
CAPITULO 9
EL REY Y SU PUEBLO
SJuJwrlo. LoI dOI oombra bOI:lH!:riCOI del qxxbk»t, dm,t1/I J '-d.. R dbtillcum por
Al Kntido Ypor su ort&ca.. .
DImwclc:siaaa a la yu LlDI. pon:Ióa de terrltorio J el puebkJ que en et el Qa t&-
mino 4e ori¡al dorio.
L«i6 a la comuniclad viril, lJlCI'T'CR, que 11I: por su rdad60. COI' el jde. d
"PUlan (poIml) o tamba. d COIIdueton (6rtJtlImoIJ de 1GJl. Eu Homero redbeo el
tkulo de poi"'" _&1 b&oes prindpallPaltl' taaIioI "1 fril;ioI; otl"a. tadmoniOl -ltt.
rvioI, epi¡rtfk:oI- axd'lfmIIll lCIla rcpartidOn del [fnaJDQ qDe debe pIIl1encocr,
por tullO. deIck: d punto de vistalriqo, al fondo pcnI que atal"" taml:Iitft ...
ed.....r...... cierta lDDunidId calio-Iri¡ia apenas anterior al priocipio de l. tr.clk:i6G.6.
¡riqa, J di: la que DO debe encoDtrar iodkb al la epopc:ya Jl¡g.

Al cIefiIlk la posldón y Iu caractcrlrtil:u del '"'1. debemos <:<>DSÍlIlnr .omblln.
las pcnonu aobre lu que se ejerce esa reaIe7a. Jos t&mioos que dcai¡n·n de modo di·
vena al ClJ'UCblo» dd que el rey es tan pronto el amo como el representante máJ in·
mediato.
En Homero hay dos nombres difercntC'l del que lD.CRlCCIl lCr CODJidcrRM
dos de cerca: dimos y fads (b6d. Se conoce tamlmn la mettfora del rey
«panor de poi",l" /a8n. ¿Qué significa exactamente esta exprcsi6n? Debe
observarse que poimín, como algunos otros titulos de sentido más politico, 6rkluz..
mOl. kO(ril1IOI. no rice dimos, sino exclusivamente 'aM,· micnttu que
tJnflks. tlg6s y, a veces, 6rklulmOl rigen solamente andrDn. «hombres».
Nosotros. por necesidad, tuducimOl dlmos y /a6s por «pueblo». Seria intCRSante
precisar la diferencia entre estu dos nociones. Porque la hay, y considerable.
Dimos, concepto tttritorial y politico, designa a la vez una porci6n de territorio y
el pueblo que vive en 61. Por «pueblo» hay que entender aqut una cosa distinta a
éthnos (i&Yod. debido a que I/hnos no se dice solamente de hombres, sino tamb16n de
animales, de abejas, mientru que jamis se emplea dimos en casos parecidos. Adcmú
Ilhnos CODItituyt: cxplCSlionCSl como l/linOS /aDn, Ithnos etafron para designar al trU-
po de los compattcrol de combate. De los ejemplos homéricOl!l, por dltimo, le deduce
que ctlntCM el un crupo de hombres unidOl solamente por una condición social comÓD.
y no por un vinculo de parentclco o una pertenencia de: carácter poUtico.
La particularidad de la61 (el tfrmino también se emplea tan a meuudo en aiD¡uJar
como en plwal) es expreu.r la relación personal de un grupo de hombres con un jefe.
El una OfIpnizaclOn propia de .las antiguas sociedades gucm:nu, que bemOl coaItata
M
291
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do entre loI JCDD.anos, y que con el tmoino ÜIÓ$ raucita en la antigua sociedad beli:-
niea. Loa /lIol forman parte del séquito del jefe; catAn sometidos a IU mando; le deben
fidelidad y obcd.icndI; no serian too/si no estuvieran unidos a t1 por consentimiento
mutuo. Pueden vaR compromc1ic1o& por ru causa en el combate, C5 el ClUO que DOS
resulta mú familiar; pero CIte hecho qua se deba al auid:er tpico de la lIIada. En
cualquier caso, /aós ea el nombre del pueblo en tanto que porta las armas. El término
DO conclcrnc ni a los vicjos ni a 101 niftos, sino lotamente a los hombres de edad viril.
ElIQÓI es, por tanto, la comunidad sucrrera, a diferencia del dimos; 'JI el plurallaoí
permite pensar que esta comunidad comprendia vlrias fraccione¡.
Hay que estudiar aqui mh atcntameote 11lS condiciones en que se emplea la aprc-
si6n poimin w&n. LA quim se aplica ata calificaeiOn, en quh d.n:unstarKiaJ aparece
CIlla Wada y en la Odisea? Al paleta", se trata de una cuestibn que jlUIlÚ habla sido
planteada.
BIta expresión es antiqu1sima '11 lo que da la medida de su antigdedad es que: en-
c:ontramDl cuarenta y cuatro ejemplos en la Illada emite a sólo doce en la OdiKa; c
incluso estos últimos en de carj,cter formulario; no es mu que una supervi-
vencia para el poeta de la Odisea.
Si se trata de c1asif1car los ejemplos, de hacer una lista de: personajes a los que se
aplica la expresión, 11eprnos a una comprobación singular, y que da que pensar. La
encontramos la mayorla de 1M YCCeti vinculada a Agamen6n, y también a Aquiles,
Macaóo, Jasón, UD lapita (Driante) y, por último, • Néstor. Esta cnumeBd6n no es
cüaustiva, pero conatituye, como va a verse. un crupo en el interior del mundo
aqueo.
¿Hay algo común entre todos estos per¡on.ajes1 Son todos dios hombrc:s cuya 31-
ce:ndcncia Yorigen conocemos. El poeta nos dice de dónde vienen. Aquiles procede de
la Ptla. de la Ptiótide, región tesalia; Maca6n de ltame, localidad de Tesalia; JASÓn
de Yoicos, localidad de Tesalia, de donde partió la expedidón de los argonautas.
Driantel el lapita, como todos los lapitas procede del norte de l. Tesalia. Por último,
Néstor es rey de Pilo, pero (esta observaci6n ya citaba hecha) diferentes rasgos de su
leyenda y la expresión I1rnÓ"l;IX Nmwp le vinculan, asimismo, a la región tesalia.
Alcanzamos aqui la capa más antigua de la epopeya. No es un simple hallazlo que
algunos de los nW notables «poimbH!s IaÓn.. provengan de Tesalia. EJ titulo, C:OOVU'-
licio en ctidl.t. se extendió luego a todos los de los aqueos, por ejemplo, a
Apmenón.
Hay algunos otros en el campamento opuesto: HI!:ctor, Bienor, Hipeirón, Hipm:-
nor. Agenor. Sobre btos nos haDamos peor infonnados. Pertenecm al campamento
troyano, WlO& son propIamente troyanos, otros frigios.
He aqul cómo se esboza la distribución de los paimln lalm en dos grupos homm.-
cos: el primero es especlflcamente tesalio, el se¡undo ilio-frigio.
Conocido este punto, volvamos a la palabra la6s para prose&uir el examen. Es una
palabra que no tiene paralelo fuera del ¡riego; no podemos situarla, por tanto, en el
vocabulario indoeuropeo, ni ilustrarla mediante la prehistoria. Pero hay butantcs la-
zos en el seno mismo <1d griego para permitir una investigaci6n mis profWlda. y para
aportamos al¡unu precisiones nuevas.
Un elato histórico importante, aunque indirecto, sobre /Qds nos ha sido transmiti-
do por Herodoto (VU. !97) • propó<ito de la cxpedici6n de Jcrjes • Tcsa1ia. Coando
Jcrjca Dcp a esta región, a Alos de Acaya, sus gtrlaa le reMen lma Jcycnda b.xaJ so-
bn: Zcus LaflStio. Atamas habla conspirado con lno contra Frixo y, para castigarle,
los aqueos decretaron una regla aplicable a sus descendientes. Al primog&tito le esté.
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prohibido bajo pena de muerte entrar en el pritanco. Si entra, no saldri ele: alI1 mis
que para ser sacrificado. Es una historia curiosa y que parece ser recuerdo del sacrifi-
cio obligatorio del primOCénito a Zeus LafllltiO.
Al_ referir esta prohibición. Hcrodoto dice: uG lJ¡t'CUU «prohibir claa:cso
del/ii/OIJ.'», y aftade esta slosa: )."'tOV &i XClUoucn W KpumUlLcr- al ·AXIX.m, «105 aquCOll
llaman llTlon al pritanco».
esta escena transcurre en Acaya phtiotide. Esa palabra 1e7ton
(forma Joma de 1d11on) a UDa serie de formas conservado en los ¡Iosadores
y, sobre todo, en HcslQulo: tO d,xlI'rw (<<la residencia de los maptrados»)·
1at_..'... es docir. «de los !...... púbtiooo»: Af,n,.
53 p6blil.'u; luqo tttulo de aquellos