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Historia de la educacion en Mexico despues de la independencia, 2 de 4 pdf

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2o. archivo de 4 pdf. Historia de la educacion en Mexico despues de la independencia. Exelente!
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MÓDULO 2

TEMA 12.- LA EDUCACIÓN DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA La Revolución de Independencia, fue un movimiento social cuyo propósito esencial fue la reivindicación de los derechos humanos y sociales fundamentales del pueblo mexicano. Tuvo causas externas e internas. Entre las primeras están las noticias llegadas de Europa, la invasión de España por José Bonaparte, y las ideas independentistas provenientes de los Estados Unidos de Norteamérica. Las segundas estuvieron dadas por la esclavitud, la discriminación de los criollos por los peninsulares, la pobreza y explotación en que vivían los mestizos, indígenas, negros y castas. En marzo de 1812 se expidió en las Cortes de Cádiz, la Constitución Política de la Monarquía Española, que en artículo 336 señalaba “…que en todos los pueblos de la monarquía, se establecieran escuelas de primeras letras, en las que los niños aprendieran la lectura, la escritura, el cálculo y el catecismo”. Don José María Morelos y Pavón.- Convocó al Congreso de Chilpancingo declarando oficialmente la Independencia de México, y expidió la Constitución de Apatzingán de tipo liberal y representativo, que en su artículo 39 señalaba, que la ilustración era necesaria. En diferentes formas el movimiento iba delineando objetivos que incluían el derecho a la educación y la gratuidad de ésta, aunque en la práctica, no había condiciones para llevar a la realidad los textos legislativos, y la clase dominante seguía teniendo en su poder la educación secundaria y superior. La consumación de la Independencia.- Ocurrió el 27 de septiembre de 1821. La educación pública, de por sí incipiente, prácticamente se extinguió. Los gobiernos de la Independencia tuvieron el reto de construir un sistema educativo o por lo menos, empezar a atender este reclamo social. Por esos años era ya conocida y apreciada como empresa educativa seria, la compañía inglesa de Bell y Lancaster. Ellos usaban un método denominado lancasteriano o de enseñanza mutua, que se basaba en que los alumnos más destacados denominados monitores o ayudantes se hicieran cargo de grupos pequeños para enseñarles, bajo la guía del maestro titular del grupo. La compañía lancasteriana.- Se fundó en México como empresa privada el 22 de febrero de 1822 por Manuel Cordoniú, Agustín Buenrostro, Eulogio Villaurrutia, Manuel Fernández Aguado, Eduardo Turreau e Ignacio Rivoll. La primera escuela lancasteriana se fundó en 1822 a iniciativa del periódico El Sol y llevó ese mismo nombre, fue dirigida por Andrés Millán, se instaló en la Sala del Secreto de la extinta Inquisición.

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En 1823 se fundó la segunda escuela lancasteriana en el Convento de los Betlemitas, con el nombre de Filantropía, bajo la dirección de Turreu y Riveroll. Esta empresa creció de tal manera que en 1842 fue designada como Dirección General de Instrucción Primaria, para toda la República. Hacia 1869 la empresa había caído en decadencia y se retiró del país entregando sus planteles al gobierno mexicano, habiendo servido por 68 años. La Constitución de 1824.- En su Artículo 50 estableció como facultades del Congreso General promover la ilustración y establecer colegios de diversas especialidades, sin perjudicar la facultad de las legislaturas para el arreglo de la educación pública en las entidades federativas. La educación básica fue incorporando poco a poco metodologías más innovadoras que dejaban atrás el deletreo y el silabeo. En Chiapas don Matías de Córdova fundó una escuela Normal en 1823. Antonio López de Santa Anna.- Con Valentín Gómez Farías (1781-1858) como Vicepresidente de la República, en ausencia del General Antonio López de Santa Anna, en 1833 dio inicio a la educación cívica y política del pueblo. Junto con José Ma. Luis Mora, fueron los más grandes políticos de la educación, realizando una reforma legislativa radical a fin de suprimir la enseñanza dirigida por el clero, organizaron las tareas educativas del gobierno, crearon la Dirección General de Instrucción Pública con una nueva concepción del problema educativo mexicano y los estatutos de enseñanza libre a favor de cualquier persona para abrir escuelas, promover la creación de escuelas Normales, fomentar la instrucción primaria para niños y adultos analfabetas. Suprimieron la Universidad, a la que se declaró inútil, irreformable y perniciosa. TEMA 13.- PROYECTO REFORMA DE 1833 EDUCATIVO DE LOS LIBERALES Y

La promulgación de la Constitución de Cádiz el año de 1812 no entró en vigor, pero tuvo la importancia de ser el primer documento que expresaba una nueva forma de organización político-social para España y sus colonias, ya que condenaba el absolutismo teocrático y proponía la adopción del Estado de Derecho con base en la idea de soberanía nacional. Como fruto de la lucha armada Morelos promulgó el Decreto Constitucional para la libertad de la América Mexicana de 1814, conocida más comúnmente como Constitución de Apatzingán tampoco tuvo vigencia, pero su gran valor reside en que expresa con gran claridad y extraordinaria lucidez el sentir de los insurgentes de la época. En ella se encuentran las bases de lo que más tarde sería llamado liberalismo social. Otorga al pueblo un papel fundamental para la construcción de su gobierno y muestra la preocupación por organizar un sistema de gobierno vinculado estrechamente a los interés de la nació. A partir de 1820 se reanudó la vigencia de la Constitución de Cádiz en nuestro país. Tal acontecimiento aceleró la consumación de la Independencia. El pacto celebrado entre Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide como consecuencia de una conciliación que sólo era aparente, el país se mantendría a 2

partir de entonces “en una especie de fluctuación entre dos órdenes, uno que no acababa de nacer y otro que no terminaba de morir”. La creación de un estado de Derecho basado en la soberanía del pueblo, la subordinación de todo ejercicio del poder a la ley y la formación de un régimen de libertades para los individuos y del federalismo como forma de organización que garantizaba la participación de las provincias en las decisiones políticas, constituían los principios fundamentales por los cuales lucharía la tendencia liberal. Estos principios quedarían establecidos en gran medida, de manera formal en la constitución de 1824. Entre las tareas prioritarias a emprender se encontraba la de ofrecer educación al pueblo; una educación que les permitiese comprender y participar en el establecimiento de las instituciones políticas liberales y actuar conscientemente en el proceso de construcción del país naciente. La instrucción que se impartía en aquella época se encontraba en manos de la iglesia y su contenido era, en consecuencia, contradictorio con el propósito liberal; ¿en quien debía recaer la obligación de impartir la enseñanza? Don José Ma. Luis Mora dio la respuesta al decir: el Estado, como representante de los intereses generales, era el más indicado para garantizar la formación de hombres para construir una sociedad libre. Don José Ma. Luís Mora precursor del liberalismo mexicano al lado de don Valentín Gómez Farías, en 1833 acaban con los privilegios del clero, lo cual en materia educativa se expresó en la clausura de la Real y Pontificia Universidad de México, y en la reorganización de la educación responsabilizando al Estado impartirla. Los escoceses (partido formado por las logias masónicas del rito escocés, competidoras de las logias del rito yorquino), que promovían entonces las reformas, procuraron la introducción de nuevos métodos que mejorasen la enseñanza primaria, y establecieron la escuela lancasteriana, designando para fondos los productos de su periódico El Sol, una contribución mensual de dos pesos que se impusieron a sí mismos y el valor de sus dietas, que para efecto les cedió don José María Fagoaga. La escuela lancasteriana constituía en aquel entonces la última palabra en materia pedagógica y tenia especial eficacia para la enseñanza primaria elemental. Fue un sistema ideado por el cuáquero inglés Joseph Lancaster (1778-1838), de quien recibió nombre, que lo demostró en una escuela donde enseñaban a mas de mil niños. El propósito del sistema era proporcionar educación elemental a bajo costo, en un plazo relativamente rápido y supliendo la falta de suficientes maestros y escuelas. Lo cual se lograba mediante la sencilla pero en aquella época novísima y revolucionaria idea de utilizar a los alumnos de más edad y adelanto en la instrucción de los más pequeños y menos avanzados. Estos alumnos maestros recibirían el nombre de monitores (de donde también recibió el sistema su otro nombre “monitorial”), y después de escuchar del maestro propiamente dicho las instrucciones del caso, repetían las 3

lecciones a pequeños grupos de condiscípulos que estaban a su cuidado. La escuela lancasteriana introdujo algunos métodos nuevos y más efectivos que los que entonces se usaban, como, por ejemplo, el empleo de mapas y carteles, los areneros y los ejercicios de dictado. Principal introductor de la escuela lancasteriana en América Latina (en Estados Unidos la introdujo el propio Lancaster) fue otro inglés, Diego Tomson, quién fundó escuelas de ese tipo en Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y las Antillas. Al la vez que representaba a la Sociedad Lancasteriana de Londres lo era de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, lo que explica que en las escuelas lancasterianas se utilizara la Biblia como el principal libro de la lectura. En 1830, la decadencia de los colegios y la universidad era ya insostenible. El conservador Lucas Alamán propuso a las cámaras, un plan de reformas mucho más realizables que el que había abortado la acalorada imaginación del señor Ignacio De la Llave. El mérito principal de este trabajo consistía en la división y calificación de la enseñanza, repartida en tantas escuelas cuantos eran los ramos que debían constituirla; en el establecimiento de la enseñanza de ramos, antes desconocidos y sin objeto en el sistema colonial, pero indispensables a un pueblo que debía ya gobernarse a si mismo y tener lo que se llama hombres de Estado; en la supresión de la multitud exorbitante de cátedras de teología, que se pasaba años enteros para que tuviese un cursante y eran de hecho en los más de los colegios absolutamente inútiles; y por último, en la dedicación exclusiva de cada colegio a un solo ramo de enseñanza o a los que con él tuviesen alguna relación. Instalada la comisión del Plan de Estudios con las mismas personas que más adelante formaron la Dirección General de Instrucción Pública, se ocupó ante todo de examinar el estado de los establecimientos existentes destinados al objeto. La Universidad se declaró inútil, irreformable y perniciosa: inútil. Las instituciones de los demás colegios fueron consideradas bajo tres aspectos: la educación, la enseñanza y los métodos. Las primeras notas de observación, señalaban: “La educación de los colegios es más bien monacal que civil: muchas devociones, mas propias de la vida mística que la del cristianismo; mucho encierro, mucho recogimiento, quietud y silencio, esencialmente incompatibles con las facultades activas propias de la juventud y que deben procurar desarrollarse en ella. Muchos castigos corporales, bárbaros y humillantes, entre los cuales, a pesar de las prohibiciones, no dejan de figurar todavía los azotes y la vergonzosa desnudez que debe por el uso precederlos y acompañarlos. Nada se le habla de patria, de deberes civiles, de los principios de justicia y del honor; no se le instruye en la historia ni se le hacen lecturas de la vida de los grandes hombres, a pesar de que todo esto se haya más en relación con el género de la vida a que están destinados la mayor parte de los educandos. En el orden de los métodos de enseñanza, no había otros que el de elegir un autor con la reciente fecha de cincuenta a cien años de atraso, cuyas doctrinas se explicaban bien o mal por el catedrático y se sostenían aun contra la misma 4

evidencia. Este dogmatismo, que no es propio sino de las materias religiosas, se extendía y se extiende a ramos que son susceptibles de aumento o perfección en la sustancia y en el modo. El irracional dogma de la letra con sangre entra, que a servido de regla de conducta a nuestros antepasados, es todavía reclamando y puesto en acción con bastante frecuencia por nuestros nuevos institutores, y se ve gemir a jóvenes de una inocente incapacidad bajo el peso de castigos no merecidos.” Los principios educativos básicos enunciados por José María Luis Mora, son: 1° Destruir cuanto era inútil o perjudicial a la educación y enseñanza. 2° Establecer está en conformidad con las necesidades determinadas por el nuevo estado social. 3° Difundir entre las masas los medios más preciosos e indispensables de aprender. La necesidad de destruir el monopolio del clero en materia educativa se propuso como primer objetivo sacar las escuelas del monopolio del clero, no sólo por el principio general y solidísimo de que todo ramo monopolizado es incapaz de perfecciones y adelantos, sino porque la clase en cuyo favor existía este monopolio era la menos a propósito para ejercerlo en el estado que hoy tienen y supuestas las exigencias de las sociedades actuales. Los conocimientos del clero, más que los de otras clases propenden por su naturaleza al estado estacionario, o, lo que es lo mismo, dogmático. En lugar de crear en los jóvenes el espíritu de investigación y de duda, que conduce siempre y aproxima más o menos el entendimiento humano a la verdad, se les inspira el hábito de dogmatismo y disputa. Que tanto aleja de ella en los conocimientos puramente humanos. La supresión de los castigos en las escuelas fue un gran avance educativo. Quienes en los nuevos establecimientos infringían los reglamentos no podían ser castigados sino con privaciones de goces permitidos; estas privaciones, en las faltas más graves, podían extenderse hasta la de libertad por algunas horas; pero los castigos corporales fueron desterrados todos, y aun los de privaciones quedaron abolidos para las faltas de inteligencia o de memoria en el estudio de las lecciones, o en las explicaciones de las materias de enseñanza. Por estas providencias, los profesores, privados del funesto derecho de castigar, recobraron la noble dignidad de la enseñanza, dejando el carácter pedante que envilecía sus nobles funciones; los alumnos pudieron ya ser más sensibles a los estímulos del honor y la vergüenza, y los regentes o directores de los establecimientos de educación perdieron el odioso carácter de verdugos, que los hacía terribles y detestables a la juventud. Una Universidad existía anteriormente de nombre y muchas que lo eran realmente, pues en cada uno de los colegios había cuanto era necesario para ser tenido y considerado como tal. Suprimir estas universidades bastardas y formar escuelas de cada ramo, como se hace en el resto del mundo literario; escuelas en las cuales se enseñasen las materias que constituyen cada ramo y fuesen examinados los que aspiran a obtener los grados académicos o a ejercer alguna 5

de las profesiones que la sociedad no puede permitir si no a personas instruidas en ellas y de aptitud calificada. Nuevas instituciones de educación superior.- Bajo la influencia de esta idea y en conciencia con ella se formaron seis escuelas, la primera de estudios preparatorios, la segunda de estudios teológicos y humanidades, la tercera de estudios físicos y matemáticos, la cuarta de estudios médicos, la quinta de estudios de jurisprudencia y la sexta de estudios sagrados; a todas estas escuelas se dio el nombre de establecimientos, excluyendo el de colegios, para que no sirviese de precedente y volver al uso o abuso de las rutinas establecidas en ellos. Primer establecimiento: el estudio de las lenguas sabias, antiguas y modernas, el idioma patrio y los más notables de las antiguas naciones indianas. Segundo establecimiento: el buen uso y ejercicio de la razón natural o al desarrollo de las facultades mentales del hombre y es conocido hoy en el mundo filosófico bajo el nombre de Ideología; estudios metafísicos, morales, económicos, literarios e históricos. Tercer establecimiento: estudios científicos con temáticas puras de física, de historia natural, de química, de cosmografía, astronomía y geografía, de geología, de mineralogía. Cuarto establecimiento: el de ciencias médicas, era y es una de las necesidades más ejecutivas del país, porque en él nada había ni hay que pueda llamarse una Escuela de Medicina. Enseñanza de anatomía general descriptiva y patológica, de fisiología e higiene, de patología interna y externa, de operaciones y obstetricia, de medicina legal, de farmacia interna y externa. Se le destinó el convento de Belén, próximo al hospital de San Andrés, y se mandó establecer un gabinete de disección y cuanto fue necesario para hacer este estudio lo más práctico posible. Esta tolerancia no duró mucho y acabo por remplazar la Escuela de Medicina con un convento de monjas. Quinto establecimiento: destinado a estudios jurídicos, fue dotado de las cátedras de derecho natural de gentes y marítimo, de derecho político constitucional, de derecho romano, de derecho patrio y de elocuencia forense; se llenaron en este ramo no todos los vacíos, sólo los que más se notaban en la antigua enseñanza. Sexto establecimiento: abrazaba los principales ramos que constituyen los estudios sagrados: Historia Sagrada del Antiguo y Nuevo Testamento, fundamentos teológicos de la religión, exposición de la Biblia, estudios de concilios, padres y escritores eclesiásticos y de teología práctica o moral cristiana, fue lo que se acordó enseñar en él. Para el Gobierno de Gómez Farías la instrucción Primaria era un ramo prioritario.- Justamente porque si la mejora de las masas en todas partes es urgente, lo era y lo es mucho más en México, razón de que bien o mal, de una manera o de otra, ellas hacen o influyen de una manera muy directa en la confección de leyes. 6

Este género de instrucción no puede, pues, sufrir retardos, y debe extenderse a los que sin ella se hayan en el ejercicio de los derechos políticos y a los que deben ejercerlos en la generación que ha de remplazarnos; los primeros son los adultos, los segundos los niños, y para unos y otros se establecieron escuelas primarias, cuyo número se habría aumentado si no se hubiese abolido cuanto se hizo. Dos fueron las escuelas de adultos que se llegaron a plantear: la una en el ex hospital de Jesús y la otra en el ex convento de Belén, ambas bajo la inspección de los directores del segundo y del cuarto establecimiento a que se hallaban anexas. Estas escuelas se abrían a las siete de la mañana y se cerraban a las diez de la noche; en ellas se enseñaba a leer, escribir, las cuatro reglas de aritmética y el dibujo lineal, dando a los concurrentes: papel, tinta, plumas y lápices. ¿Por qué, pues, no subsistió? Porque en la administración arbitraria del general Santa Anna hubo un hombre que quiso vengar en las instituciones del nuevo arreglo los desaires que en su establecimiento tuvo que sufrir por parte del vicepresidente Gómez Farías. Este hombre fue don Francisco Lombardo, que era ministro, pero irresponsable a quien daban hechos y redactados los proyectos de decretos para los que firmase sin haberlos acordado anticipadamente con Gómez Farías. El pensamiento de Mora es de excepcional lucidez para entender el papel tan importante que el Estado debe otorgar a la educación. A partir de él, el pensamiento liberal concebiría a la ley como un instrumento indispensable para lograr una acción del poder público capaz de extender a todo el país el brazo educador del Estado. La Ley, bajo el concepto de Estado de Derecho, era concebida como la base de acción para el establecimiento de la educación pública. Esa educación podía ser colocada al alcance de las masas sólo por un gobierno de ideología liberal. TEMA 14.- ACCIÓN EDUCATIVA DE LOS CONSERVADORES La aplicación de las reformas promovidas por Valentín Gómez Farías en 1833, en su calidad de vicepresidente de la República, afectaba los intereses de de los conservadores, quienes reaccionaron violentamente para impedirlas, un movimiento militar hizo que Santa Anna reasumiera la presidencia y eliminara del gobierno a los liberales; una vez más, los conservadores llegaron a tener el control político del país. Durante los siguientes doce años, con el respaldo del sector militar, el grupo conservador aplicó una serie de medidas tendientes a anular los avances conquistados por los liberales en el periodo anterior. El régimen federal fue substituido por el régimen centralista; los principales apoyos jurídicos que respaldaron a los gobiernos conservadores fueron consignados en las “Siete Leyes Constitucionales” que incluían, desde luego, en algunos de sus artículos lo relativo a materia educativa.

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La política educativa aplicada por los conservadores protegió los intereses de la iglesia y le permitió prolongar su influencia sobre la educación aunque, por otra parte, fueron emprendidas importantes acciones dirigidas a reorganizar la enseñanza a través del funcionamiento de una Dirección General de Instrucción Primaria, así como de acciones tendientes a establecer una mayor colaboración con las instituciones privadas, como por ejemplo el caso de la Compañía Lancasteriana. El 26 de octubre de 1842 el general Santa Anna expidió decreto del gobierno por el cual se creaba la Dirección General de Instrucción Primaria y subdirecciones dependientes de dicho organismo en la capital y en todos los Departamentos de la República. Esta institución se confió al control de la Compañía Lancasteriana a la que se reconocían sus esfuerzos en pro de la instrucción de los mexicanos en todo el país. El decreto determinó también el plan de estudios. A los padres y tutores se les obligaba a enviar a los niños entre siete y quince años de edad a recibir la instrucción primaria, bajo la pena de multarlos. TEMA 15.- CONCEPCIÓN SOCIAL DE LA EDUCACIÓN A partir de diciembre de 1842 una junta legislativa, integrada por una mayoría de miembros del partido conservador y por algunos liberales moderados, se dio a la tarea de elaborar un nuevo documento constitucional. En junio de 1843 sus trabajos concluyeron y se promulgaron las “Bases Orgánicas de la República Mexicana”. En dichas Bases Orgánicas se manifestaba la inquietud nacional, compartida por liberales y conservadores, por elevar el nivel de la educación. Cualquiera que fuera la ideología del partido gobernante, se reconocía que atender el aspecto educativo era una función muy importante para el Estado. Una de las pocas medidas acertadas del gobierno santanista fue el haber nombrado como colaborador a Manuel Baranda. En cumplimiento de sus funciones como encargado de la instrucción, procuró aplicar los contenidos de la legislación educativa que entonces regía; en especial se preocupó por el establecimiento de mayor número de escuelas de instrucción primaria. En enero de 1844, Baranda presentó ante el congreso una memoria de las acciones emprendidas en el cumplimiento de su cargo, hizo un balance de la situación difícil por la que pasaba el país y declaró que el principal problema consistía en la falta de fondos para atender la instrucción, recomendaba el aprovechamiento de los planteles antiguos a su máxima capacidad, sin menoscabo de fundar otros; señalaba la conveniencia de crear nuevas instituciones de educación superior con planes de estudios más avanzados que los entonces existentes; proponía que el Estado expidiera normas generales para regir los colegios y universidades, incluyendo en ellas un señalamiento claro de los contenidos programáticos de cada una de las carreras, y finalmente, manifestaba su reconocimiento al esfuerzo desempeñado por las asambleas departamentales y por la Compañía Lancasteriana en pro del impulso a la educación. 8

Se facultó a la Secretaria de Relaciones Interiores y Exteriores para encargarse de la instrucción pública; sin embargo, debido a las graves dificultades que existían para obtener fondos destinados a la educación, por decreto de octubre de 1846 se hizo recaer en cada estado de la Federación el compromiso de arreglar por si mismo todo aquello relacionado con la instrucción pública, el manejo de las instituciones escolares y el acopio de fondos necesarios para mantenerlas. No olvidemos que en esos años (1847) México fue invadido por EU. El 2 de febrero de 1848 fue firmado por los representantes de ambos países el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual México perdió una gran parte de su territorio nacional. Al concluir la guerra, nuestro país se encontraba en pésimas condiciones económicas, políticas y sociales. La presencia de la educación nacional bajo este panorama era casi nula. TEMA 16.- EL ARTÍCULO 3° EN LA CONSTITUCIÓN DE 1857 La revolución de Ayutla de 1854, terminó en la presencia de Santa Anna en el escenario político nacional, al poner fin a su dictadura. Fue también un movimiento que permitió a los liberales instaurarse en el poder y replantear nuevamente las bases sobre las cuales habría de erigirse el estado mexicano. La miseria pública era la principal causa del rezago educativo.- Se nota también, tanto en la instrucción primaria como en la secundaria, que, aunque los maestros tengan una decente compensación, y no obstante que la instrucción es gratuita, hay menos concurrencia de niños que la que era de esperase; de manera que, aunque se multiplique el número de escuelas y cátedras a un grado excesivo, dotadas competentemente, habrá siempre escasez de alumnos, mientras no se remueva la causa que impide la concurrencia de niños a la enseñanza. Esa causa es la miseria pública. El hombre que carece de lo preciso para alimentar a su familia, ve la instrucción de sus hijos como un bien remoto, o como un obstáculo para conseguir el sustento diario. En vez de destinarlos a la escuela, se sirve de ellos para el cuidado de la casa o para alquilar su débil trabajo personal, con qué poder aliviar un tanto el peso de la miseria que lo agobia. Si ese hombre tuviera algunas comodidades; si su trabajo diario le produjera alguna utilidad, él cuidaría de que sus hijos se educasen y recibieran una instrucción sólida en cualquiera de los ramos del saber humano. El deseo de saber y de ilustrarse es innato en el corazón del hombre. Quítensele las trabas que la miseria y el despotismo le oponen, y él se ilustrará naturalmente, aún cuando no se le dé una protección directa. TEMA 17.- LEY DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA DE 1861 Y LA EDUCACIÓN DURANTE EL SEGUNDO IMPERIO Contenido de la Ley de 1861.- Para 1861, apenas concluida la Guerra de Tres Años el gobierno del presidente Benito Juárez expidió en el mes de abril de ese mismo año, una ley de instrucción pública en la que se destacaba lo siguiente:

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La creación y mantenimiento de escuelas de instrucción primaria y la organización de los planes de estudio para todos los niveles de instrucción. En el mismo documento también se establecían los procedimientos para exámenes, las obligaciones de los profesores y la administración de los fondos escolares. Es conveniente señalar que en esta legislación se habla de la educación como necesaria, pero ajena a cualquier religión. Contenido de la ley de Instrucción decretada por Maximiliano en 1865.- Maximiliano, inspirado en los modelos franceses, decretó, en diciembre de 1865, una ley de instrucción Pública en la cual se definían las diferentes clases de instrucción pública y privada: las condiciones en que debería realizarse la instrucción primaria, la participación de los ayuntamientos para vigilar su funcionamiento, la creación de liceos y colegios en donde se daría la instrucción secundaria y los medios para dotar de fondos a los establecimientos educativos. Los artículos más importantes de esta ley preconizan el carácter obligatorio de la instrucción primaria así como la decisión de que ésta sería gratuita para quien demostrara no poder pagar la cuota que se exigía; además, establecía la enseñanza de la religión. La dirección y el gobierno de la instrucción pública corresponderían al emperador, quien sería asesorado por un Ministerio. Esta ley tuvo vigencia por breve tiempo y sólo en el espacio territorial controlado por los ejércitos de Maximiliano hasta la restauración de la República. TEMA 18.- EL POSITIVISMO Y LA EDUCACIÓN (1867-1880) Con la cancelación del imperio de Maximiliano y con la retirada de los invasores franceses, se inicio un nuevo periodo en la historia nacional: la restauración del régimen republicano, para él fue electo como presidente Don Benito Juárez. Todo parecía indicar que había llegado el momento en que el país podría gobernarse institucionalmente; sin embargo, la inercia de tantos años de violencia, convertía el paso a la vida institucional en un gran reto. Los liberales se apoyaron en el positivismo para consolidar el carácter laico de la educación.- El grupo liberal triunfante tenía conciencia de que la plena realización de los ideales liberales sólo sería factible en un Estado laico; la educación pública recobraba, de esta de esta manera, el carácter de una preocupación fundamental. Para cumplir esta meta, las ideas positivistas introducidas en México por Gabino Barreda (al parecer Juárez se interesó en Barreda al conocer el contenido de su Oración Cívica, pronunciada en Guanajuato el 16 de Noviembre de 1867) adquiriendo una gran importancia. En adelante, la educación se basaría en los principios de la ciencia, inspiradas en la filosofía de Augusto Comte. El Presidente Juárez confirmó a Barreda la responsabilidad de elaborar un programa educativo. En la Escuela Nacional Preparatoria se materializó la orientación positivista.- El positivismo se convirtió en el fundamento indispensable para orientar la educación hacia el progreso, sólo así, se pensaba, se cumpliría el ideal liberal de libertad científica. En diciembre de 1867 el gobierno de Juárez expidió la Ley de Instrucción Pública, en la que se reglamenta el carácter gratuito y obligatorio de la enseñanza elemental, con base en la cual se funda la

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Escuela Nacional Preparatoria como la institución más representativa de la nueva orientación de la educación. No obstante que la ley que decretó la creación de la Escuela Nacional Preparatoria se contemplaba sólo para el Distrito Federal, sirvió de base para la creación de instituciones similares en las entidades federativas bajo el nombre de Colegios Civiles; estos colegios siguieron la misma orientación positivista de la Escuela Nacional Preparatoria; por consiguiente, los principios rectores de la instrucción en México partirían -en oposición al dogma-, de la observación y la experiencia. Contenido de la oración cívica de Gabino Barreda. (El contenido completo en 20 páginas se puede descargar de http://www.biblioteca.org.ar/libros/1112.pdf) El Dr. Gabino Barreda, que había dado a conocer su famosa oración cívica pronunciada en Guanajuato pocos meses después del triunfo liberal, hacía en ella la apología de este hecho como el triunfo del progreso universal. En está oración México representa uno de los papeles más importantes de la historia de la humanidad en su marcha hacia el progreso. El triunfo del liberalismo mexicano es nada menos que el triunfo del espíritu positivo en la lucha que sostiene éste en todo el mundo. Gabino Barreda comulgaba con la doctrina filosófica positivista que había asimilado en Europa, ya que había sido discípulo de Augusto Comte, creador del positivismo. En México Barreda realiza un cambio a la divisa comtiana de Amor, orden y Progreso, por la Libertad, Orden y progreso. Ley de instrucción Pública de 1867.- El 2 de diciembre del mismo año quedó publicada la ley que orienta y reorganiza la instrucción en México desde la primaria hasta la profesional. En esta ley se hicieron presentes los viejos ideales liberales de una enseñanza gratuita y obligatoria al menos para la educación elemental; además se unificaba la enseñanza, se reorganizaba la educación secundaria y, lo más importante en está etapa educativa, se establecía la Escuela Nacional Preparatoria. El laicismo positivista.- Tanto la ley del 2 de diciembre de 1867 como la ley orgánica de Instrucción Pública del 15 de mayo de 1869, dieron a la educación de México las tres divisas por las que había pugnado el liberalismo: educación obligatoria, gratuita y laica. La última de las tres resultaba más difícil de aplicar porque implicaba la orientación que el Estado daba a la educación y el rompimiento total con la Iglesia. Concepto de laicismo.- En el campo educativo, apoyados en sus propios principios, los más que se permitieron fue una instrucción, referida únicamente a la otorgada por el estado, de carácter laico; esto es, una instrucción que se abstuviese de tocar problemas ideológicos, abandonando éstos al fuero interno de los ciudadanos y las escuelas no dependientes del gobierno. Principios de liberalismo europeo.- El liberalismo mientras no tuviese otra meta que la libertad por la libertad, en un medio en que podría implicar libertad para su destrucción, resultaba simple forma vacía, ideal sin contenidos

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y por lo mismo utópica. El liberalismo, en los países donde se había originado, en lugar de ser una meta era pura y simplemente un medio para otro fin. Este otro fin era la felicidad del individuo. En este caso su felicidad material, su confort. La libertad y sus instituciones no eran sino medios para que el individuo pudiese obtener su felicidad sin las trabas ideológicas que habían justificado antes la felicidad de unos y la infelicidad de otros. Diferencias de liberalismo en México respecto al europeo.- En México esto no podía suceder por la sencilla razón de que no existía una burguesía. Los liberales mexicanos, ya lo hemos dicho, aspiraban a creer una burguesía y con ello una nación que se semejase a las creadas por las burguesía occidental. En México los líderes del liberalismo actuaban en nombre de una clase y una sociedad por nacer; en nombre de una clase y una sociedad inexistente, por realizarse. Las instituciones liberales por cuyo establecimiento pugnaban, no tenían otra finalidad que establecer las condiciones que hiciesen posible la aparición de la clase cuya creación se buscaba. Antes de que se diesen las condiciones reales se establecían las condiciones ideales. Por ello se perdía a veces la noción de que trataba únicamente de condiciones ideales y se quería actuar como si ya se hubiesen presentado las situaciones reales. En México había surgido un nuevo grupo de individuos distinto del español metropolitano que había detentado el poder durante la Colonia y distinto del criollo que aspiró a substituirlo cuando éste se vio forzado a abandonar la conquista. Este nuevo grupo que se reconoce a sí mismo de formación mestiza, aspiró también al poder, sustituir al metropolitano y al criollo. Su diferencia con el criollo está en que éste pretende gobernar de acuerdo con la realidad que ha dejado el metropolitano, mientras el mestizo se empeñará en transformar está realidad gobernándola como si fuera distinta, más de acuerdo con lo que quisiera que fuese y no con lo que era. El gobierno de Juárez encarga esta tarea al positivista Gabino Barreda. El positivismo iba a dar las ideas que permitiesen un contenido más concreto a la educación en México, que el puramente declamatorio del liberalismo abstracto. La educación pública se encaminaba ahora a la formación del grupo que un futuro inmediato estableciese las condiciones de posibilidad en que habría de surgir la clase que se encargaría de engrandecer materialmente a México, incorporándolo en el rol de la naciones modernas. Se iba a poner fin a toda pugna ideológica para encaminar todos los esfuerzos en la formación de mexicanos preocupados por el progreso material del país. La educación continuará siendo laica; pero laica en el sentido de no poner a discusión ningún principio ideológico, ya fuera éste religioso o político. Las pugnas que habían sostenido entre sí católicos y jacobinos 1 iban a quedar fuera del ámbito de la instrucción pública.

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Para los jacobinos, el Estado es el velador del bien común. Por lo tanto, es fundamental la obediencia a la Constitución y a las leyes. De ahí nace un alto grado de patriotismo y la exaltación de la nación concebida como una unidad indivisible.

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La nueva educación se orienta a la formación de hombres prácticos, para lo cual se les dotaría del conocimiento de todas las ciencias positivas que permiten al hombre dominar a la naturaleza. No se expondría a los educandos otra cosa que la verdad, la verdad positiva, la verdad que alcanza experimentando la realidad. Una verdad que cada individuo podía captar en los laboratorios de experimentación. Una verdad concreta, sin apoyos ajenos a la realidad; una verdad ajena a todo presupuesto que no fuese la experiencia misma, ajena a cualquier presupuesto teológico o metafísico. La educación laica, entendida desde este punto de vista, dejaba de ser neutral. La neutralidad de la educación apoyada en principios positivistas resultaba relativa. No se aludía ya ni a principios religiosos ni a principios metafísicos; porque el positivismo partía del supuesto de que estos principios habían ya perdido su vigencia. La religión y la metafísica fueron consideradas como cosas del pasado, fuera ya de la marcha del progreso; por ello era innecesario aludirlos. Esto fue comprendido por católicos y liberales jacobinos, quienes empezaron a oponerse a la educación positivista. El positivismo era todo menos neutral. Por un lado ponía en duda todo principio de autoridad que no tuviese su base en la experiencia de la realidad, y por el otro, negaba, en nombre de está experiencia la vigencia de cualquier principio abstracto no apoyado en la misma. Los resultados de esta educación se habrían de hacer patentes en pocos años. Pronto, los jóvenes formados en los principios positivistas empezaron a desdeñar a católicos y liberales como expresiones de un pasado que no tenía derecho a seguir estorbando la marcha de la nación hacia el progreso. Estos mismos jóvenes empezaron a ver en los viejos liberales reliquias del mundo que había sido necesario para que ellos existiesen, pero ya fuera de lugar en el nuevo México que se estaba formando. La constitución del 57 y los ideales de sus realizadores fueron vistos como simples anhelos irrealizables, como utopías. La nueva generación iba, por fin, a realizar los sueños del liberalismo empezando por crear las condiciones materiales que lo harían posible. Lo importante era crear el progreso material del país; después vendrían las leyes y libertades que lo garantizasen. Antes que leyes era menester crear fábricas, industrias, caminos, ferrocarriles. De allí saldrían las clases o grupos sociales encargados de reclamar la legislación que mejor conviniese a sus intereses. Por lo pronto la nueva generación se designó a si misma como liberal-conservadora. Liberal, si, en cuanto quería la realización de los mismos bienes por los cuales habían luchado los viejos liberales; pero conservadora en cuanto consideraba el orden de la nación como base para su progreso material, el cual, a su vez, originaría las instituciones políticas y sociales adecuadas. Instituciones que, al ser creadas sin base en la realidad mexicana por los antiguos liberales, habrían fracasado al carecer de vigencia. Orientación del Plan de Estudios en la Escuela Nacional Preparatoria.- Barreda al formar la Escuela Nacional Preparatoria elabora un plan en el que se enfocan los problemas en un orden que va de lo más abstracto, como las matemáticas, a lo más concreto y complejo como la sociología, de acuerdo con la jerarquía establecida por Augusto Comte.

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Este Plan de estudios es válido para todas las orientaciones, además de obligatorio para seguir cualquier carrera. Mediante este plan se requiere unificar las mentes dentro de un conjunto de puntos de vista semejantes. “se necesita –dice Barreda refiriéndose a ésta instrucción uniforme- que ésta sea igual para todos, cualquiera que sea la profesión que deba abrazar, pues por más que estas profesiones parezcan disímbolas, todas deben de hablar de consumo, porque todas tienen un mismo fin, que es el bienestar social.” La generación positivista.- La nueva generación, la formada en la reforma educativa de Barreda, se hace pronto patente. Una de sus más claras expresiones se destaca en la obra realizada por un grupo de esta generación reunido en torno a un periodo político al que titulan “La Libertad” (1878–1884), redactado por varios discípulos y amigos del que fuera fundador de la Escuela Nacional Preparatoria: Francisco G. Cosmes, Eduardo Garay, Telésforo García, Justo Sierra y Santiago Sierra, a los que se irán agregando otros muchos de los que van a ser, en pleno régimen porfirista, miembros del partido “Los Científicos”, llamado así despectivamente por el pueblo y opositores. Dicho periódico retoma como lema el establecido por Comte: “Orden y Progreso”. Este nuevo grupo asume el nombre de conservador-liberal. Este orden sólo podrá lograrlo un hombre con suficiente prestigio político, un caudillo. Pero un caudillo al servicio de la nueva nación, y no al servicio de sus personales intereses o los de sus seguidores. Este caudillo ideal va a ser el general Porfirio Díaz. Hay que confiar en este caudillo y sus consejeros delegándole libertades que hasta ahora son simplemente nominales. Las autoridades, en vez de lanzarse a la caza, al vuelo del ideal, ahorcaran a los plagiarios, a los ladrones, a los revolucionarios. “Menos derechos y menos libertades, a cambio de mayor orden y paz, aún cuando sea a costa de todos los derechos que tan caro me cuestan”. Y eso hay que obtenerlo porque se corre el peligro de que un día la nación, harta de tanto desorden como consecuencia de sus falsas libertades, diga-Quiero orden y paz aún a costa de mi independencia-. La generación positivista justifica la “tiranía Honrada”.- Francisco G. Cosmes dice al respecto: “ya hemos realizado infinidad de derechos que no producen más que miseria y malestar a la sociedad. Ahora vamos a ensayar un poco de tiranía honrada, a ver qué efecto produce.” La “tiranía honrada” se iniciaba con el gobierno de Porfirio Díaz en 1878. Con esta tiranía parecía que se iniciaba también la marcha hacía el progreso material del País. Liberalismo contra Positivismo.- Desde sus inicios el positivismo encontró la oposición de los grupos liberales más revolucionarios. Estos se dan pronto cuenta de lo que representa la nueva doctrina. Cierto que Barreda y sus seguidores se llaman a sí mismos liberales; pero la libertad tiene para éstos un sentido que ya no coincide con el sostenido por el liberalismo. Para Barreda, lo central es el orden y no la libertad. El positivismo es, desde su aparición en México, una filosofía de orden. Este orden, por supuesto, es considerado compatible con la libertad; pero sobre la base de una limitación de ésta. Dice 14

Barreda: “Represéntase comúnmente la libertad como una facultad de hacer o querer cualquier cosa sin sujeción a la ley o a la fuerza alguna que la dirija; si semejante libertad pudiera haber, ella sería tan inmoral como absurda, porque haría imposible toda disciplina y por consiguiente todo orden”. Todo lo contrario. “Lejos de ser incompatible con el orden, la libertad consiste, en todos los fenómenos tanto orgánicos como inorgánicos, en someterse con entera plenitud a las leyes que los determina.” Por lo que se refiere al hombre, por encima de su libertad como individuo está el orden social. En 1868, un año después de que Barreda ha sido llamado por Juárez para elaborar la reforma educativa de su gobierno, el positivista mexicano ataca a los jacobinos mexicanos al rendir su dictamen sobre un libro propuesto como texto oficial de moral: el Catecismo moral, de Nicolás Pizarro. Este libro –considera-, no llena los requisitos establecidos por la escuela laica, entendida como escuela neutral en el campo ideológico, pues se trata de un libro que combate lo que considera prejuicios religiosos. Está al servicio de una ideología en perjuicio de otra. Al servicio de una metodología metafísica en contra de una ideología teológica. Y dentro de la sociedad ni una ni otra deben ser impuestas. El Estado, y con él todo organismo social, debe permanecer al margen de las ideologías o doctrinas preocupándose únicamente por guardar el orden social y lograr el mayor bienestar de la comunidad. El orden defendido por Barreda tiene, en efecto, otra meta. Esta meta la hace patente el mismo maestro positivista. Barreda que acepta la intervención del Estado en la formación de la moral de los mexicanos, mediante una educación que estimule los sentimientos de orden y colaboración social limitando los que puedan estorbarlos; este mismo Barreda que en nombre de una nueva idea de la libertad habla de la necesidad de que el Estado intervenga en el campo ideológico como neutralizador no aceptando la expresión social de ideas que sean contrarias al llamado orden social; este mismo Barreda se opone a las ideas del autor del Catecismo Moral, cuando éste propone la intervención del Estado contra los abusos de los prestamistas o usureros. “Lo que yo reprocho al Catecismo -dice-, no es que él trate de corregir este funesto abuso, sino el que quiera recurrir para ello a la coacción civil, que no sólo se convierte en intolerable tiranía y en motivo de nuevas inmortalidades, si no que además, es insuficiente para alcanzar el objeto que se busca. “No; el Estado no debe intervenir en la administración de la riqueza; lo único que puede hacer es convencer, mediante una educación moral adecuada, “a los ricos de que, si bien están autorizados moralmente de tomar de ese mismo capital, que el estado social les ha permitido aumentar y conservar, todo aquello que sea preciso para sus necesidades reales y también para mantener su rango y dignidad, el excedente tienen que cultivarlo y utilizarlo, so pena de responsabilidad moral, como una fuerza pública que la sociedad ha puesto en sus manos para el bien y el progreso común”. No es necesario reglamentar la riqueza; lo que se debe hacer es “humanizara los ricos”. El liberalismo, consciente desde los inicios del positivismo de lo que esta doctrina significaría para las conquistas liberales, someterá la reforma de Barreda a continuas críticas y mutilaciones antes de que este plan pueda 15

imponerse definitivamente al consolidarse el régimen de Porfirio Díaz. Antes de esta consolidación, dentro del propio gobierno de Benito Juárez, a pesar de haber sido este Presidente el que ha llamado a Gabino Barreda para establecer la reforma, su plan es atacado y mutilado, aunque sólo fuese parcialmente. En 1868 y 1869 el plan de Barreda es combatido y se le acepta con varios cambios. En 1873 un nuevo ataque liberal logra que varias de las materias consideradas por los críticos como innecesarias, sean eliminadas en las carreras de medicina y jurisprudencia. Materias como la analítica y el cálculo infinitesimal. En 1877, siendo ministro de Educación Ignacio Ramírez, dispone éste que los estudiantes de arquitectura sean eximidos de cursar varias de las materias que establecían el plan de Barreda para la preparatoria, tales como el castellano, la literatura y la lógica. Detrás de todas estas críticas y amputaciones al plan están siempre las ideas que se hacen patentes a varios diarios liberales, contra lo que el positivismo representa como filosofía de carácter dogmático y, por ende, contrario a todas las libertades. Ezequiel Montes, portavoz del viejo liberalismo, señala los efectos negativos de la instrucción positivista.-“¿Cuál sería el porvenir de la nación –pregunta Montes- si la clase más instruida, la clase científica y literaria, careciese de todo principio moral y profesara una ignorancia sistemática de lo que forma la ciencia de la vida en su parte más noble y trascendental, y no admitiera otra norma de sus acciones que la pasión y el interés, el egoísmo con todas sus aspiraciones disolventes y mezquinas? ¿A qué quedaría reducida la suerte de la República si los hombres que llegasen algún día empuñar las riendas del Estado comenzaran por hacer befa y escarnio de las instituciones democrática, por negar la existencia de derechos imprescriptibles en que aquéllas se fundan para relegar a la esfera de las fábulas de la libertad humana, base fundamental de la responsabilidad, de la virtud, del patriotismo, de la abnegación sublime que forma a los héroes y los mártires? José María Vigil y el positivismo.- El más agudo de los críticos que tuvo la educación positivista fue José María Vigil. Desde las páginas del periódico El Monitor Republicano inicia está crítica mostrando las raíces conservadoras del positivismo y su peligro para los liberales. Pero no se conforma con atacar el positivismo desde un punto de vista político y educativo; también le ataca en el plano puramente filosófico mostrando el entresijo de esta ideología a sus fatales consecuencias. Moviendo por está preocupación. Vigil publica en 1882 su revista filosófica, en la que realiza el ataque mostrando cómo esta filosofía, lejos de cumplir los propósitos que dicen anima a sus mantenedores; los hace imposibles: el positivismo, lejos de ser una doctrina de orden, es una doctrina anárquica; el positivismo lejos de ser una doctrina social, es una filosofía antisocial. José María Vigil argumenta que el positivismo es una doctrina contraria a las instituciones y libertades. Y esta doctrina, por ello la ocultan, es contraria a las instituciones liberales que dicen tratan de guardar. Es una doctrina contraria al orden liberal, contraria a las instituciones y libertades de la nación. Aceptar la doctrina es aceptar también sus negaciones, ya que el positivismo tiene un carácter negativo desde 16

el momento en que encierra al hombre en el estrecho círculo del empirismo y el sensualismo. El hombre no puede aspirar a otro tipo de conocimiento que el que le ofrecen sus sentidos. Lo cual equivale a pasar del dogmatismo teológico al dogmatismo materialista; esto es: hacer nula la obra de los hombres que lucharon por independizar a México del dogmatismo, hacer nula la obra de los hombres de la reforma cuya obra se trunca frente a un nuevo dogmatismo. El peligro que representó el positivismo se originó porque la aplicación de sus postulados llevó a considerar que los principios liberales eran parte del pasado y que la generación positivista los había superado anteponiendo el progreso material, al ejercicio de las libertades por las que el liberalismo había luchado. La oposición liberal no cesó en su intento por reivindicar la vuelta al liberalismo original. El liberalismo no negaba el progreso, por el contrario, quería progreso pero con libertad y seguía considerándose a la educación como vía para recuperar esa libertad. TEMA 19.- LA EDUCACIÓN EN EL PORFIRIATO Acción educativa de Joaquín Baranda.- En septiembre de 1882 fue nombrado Secretario de Justicia e Instrucción Pública Joaquín Baranda. Su labor fue rica en realizaciones a lo largo de más de dieciocho años que permaneció al frente del ministerio. La acción de Baranda se dirigió al aplicar tres grandes medidas que hicieron posible la reorganización del sistema educativo nacional: en primer término, era imperativo impulsar la instrucción primaria y para lograrlo se requería apoyar la formación de los profesores que deberían atenderla; un segundo paso necesario consistía en rescatar los principios de obligatoriedad, gratuidad y laicismo en la enseñanza, a fin de vencer los obstáculos que pudieran oponerse a dichos principios, era necesario el respaldo de una legislación; por último, tendría que unificarse el sistema educativo en todo el país, para lo cual se convocaría a la celebración de Congresos Pedagógicos en donde se definirían los rumbos de la política educativa nacional. Baranda decretó, en abril de 1883, algunas adiciones al Reglamento de la Ley Orgánica de Instrucción de 1869 con la finalidad de actualizar su contenido y preparar el camino para futuras modificaciones legislativas. Impulso la educación primaria.- Fueron creadas numerosas escuelas primarias, entre otras la “Escuela Modelo” de Orizaba, fundada en 1883, y considerada como la primera escuela moderna de México, ya que en ella se pusieron en marcha los postulados de la llamada enseñanza objetiva; las experiencias positivas que se alcanzaron en la institución pronto se difundieron en el país y otras escuelas adoptaron los métodos de la “Escuela Moderna”. Impulso a la formación de profesores.- Baranda se preocupó por la formación de profesores mediante la creación de nuevas escuelas normales en las que se incorporaron los últimos avances conseguidos en materia pedagógica; 17

asimismo, se buscó unificar criterios en lo relativo a los planes de estudio. Los nuevos planteles fueron La escuela Normal Veracruzana de Jalapa fundada en 1886, y la Escuela Normal de Profesores de Instrucción Primaria, establecida en la ciudad de México de 1887. Se integró una comisión formada por Justo Sierra, Leonardo Fortuño y Julio Zárate, encargada de elaborar un proyecto de ley, sus trabajos se realizaron entre octubre y diciembre de 1887. Contenido de la Ley de 1888.- El 17 de diciembre de 1887 fue aprobado el proyecto por la Cámara de Diputados y el 23 de Mayo de 1888 por la Cámara de Senadores. La ley recogió las principales ideas expuestas por la Comisión. • • • • • • La división de la instrucción primaria en elemental y superior, la primera atendida por los municipios, la segunda a cargo del Ejecutivo y ambas financiadas por éste; La gratitud en todas las escuelas oficiales de instrucción primaria y la prohibición de que en ellas participaran miembros del clero; El nombramiento de los maestros ambulantes en las localidades en que no hubiera escuelas; Los nuevos planes de estudio; El carácter obligatorio de la instrucción primaria elemental ya fuera en planteles oficiales o particulares en el Distrito y territorios federales; y Las normas de vigilancia y las sanciones para los infractores.

Mediante la Ley de 1888 el Estado se comprometía a ofrecer una instrucción obligatoria y gratuita y aunque el documento sólo tendría vigencia en el Distrito y territorios federales, se recomendaba a las autoridades locales su aplicación en las respectivas entidades para alcanzar la anhelada meta de uniformidad en la enseñanza, que era el tercer paso del proyecto educativo de Baranda. En concurrencia, con éste propósito fue convocado en 1889 el Primer Congreso Nacional de Instrucción Pública. TEMA 20.- LOS CONGRESOS NACIONALES DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA El Primer Congreso (1889-1990).- El Primer Congreso Nacional de Instrucción Pública inició sus trabajos el 1° de diciembre de 1889 y concluyó el 31 de marzo de 1890; Baranda lo llamó “Congreso Constituyente de la Enseñanza”. En él participaron como delegados, representantes notables del magisterio de todas las entidades del país. La mesa directiva se integró con Baranda en calidad de presidente honorario. Justo Sierra como presidente de trabajos, Enrique C. Rébsamen como vicepresidente, Luis E. Ruiz como secretario y Manuel Cervantes Imaz como prosecretario. En el discurso de la inauguración de los trabajos del Congreso, Baranda expresó: “El Estado no se suicida, suicidarse sería mostrar indiferencia respecto a la instrucción de la juventud, en la que todos los pueblos, antiguos y modernos, bajo distintas formas de gobierno, han vinculado su fuerza, su gloria y su porvenir”.

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Los principales temas que se abordaron en este primer Congreso de Instrucción Pública fueron: enseñanza elemental obligatoria, escuelas rurales, maestros ambulantes y colonias infantiles, escuelas de párvulos, escuelas de adultos, escuelas de instrucción primaria superior, medios de sanción de la enseñanza primaria laica y emolumentos de los maestros. Se introduce el concepto de educación popular.- La Comisión propone un cambio que va ser el índice del espíritu que anima a los miembros de la misma: “Educación popular en vez de enseñanza elemental”. Con este cambio se requiere significar el espíritu que debe animar a la educación en México: el de la unificación nacional por medio de la educación. La nación debe incorporar a todos sus miembros a través de la instrucción pública obligatoria. Se utiliza el término porque está más de acuerdo con el sentido que debe tener la educación pública en México. “La palabra popular es más comprensiva, porque no determina tal o cual grado de enseñanza si no que se refiere a la cultura general que se considera indispensable para el pueblo, en todos los países civilizados. Contenidos propuestos para la enseñanza primaria elemental.- El programa general de enseñanza primaria elemental obligatoria propuesto, y que se dará en un periodo de cuatro años, es el siguiente: Moral práctica, instrucción cívica, Lengua Nacional, incluyendo la enseñanza de escritura y lectura; Lecciones de cosas, Aritmética incluyendo la enseñanza de los pesos y medidas antiguas y métricos; Geografía empírica, Nociones de Historia Patria, Dibujo, Caligrafía, Canto, Gimnasia, Labores manuales para niñas. Conclusiones acerca de la Educación Primara Superior.- Esta es la finalidad social de la Escuela primaria superior, dice la Comisión, dar a estos grupos mayores medios en el campo cultural dentro de sus naturales dificultades. “La escuela de instrucción primaria superior, complemento de la elemental, viene a ser por lo tanto el summum de los estudios para los niños que pertenezcan a las clases pobre, como la enseñanza profesional es el summum de los estudios para los niños de otras clases”. Es por estos que algunos pedagogos como Alcántara García llaman a esta escuela, perfectamente, escuela popular complementaria. Partiendo de este punto de vista la Comisión considera la necesidad de dar a esta etapa de la educación un carácter especial que no llena la llamada Educación Primaria Elemental obligatoria, puesto que ésta “no esta formada si no por aquellas materias que nadie debe ignorar”. Esta educación, además de sus fines de ensanchamiento tiene el ofertar la instrucción popular, ser un nexo o puente con la llamada educación secundaria o preparatoria. La escuela superior, considerada desde éste nuevo aspecto, debe servir de intermediaria entre la elemental y la preparatoria. Enseñanza obligatoria, gratuita y laica.- Este Congreso, temiendo que mañana fuese tarde, abordó sin vacilar la solución y adoptó la uniformidad, no absoluta; sino fácilmente relacionable a las distintas condiciones del país. Consolidado con el voto del Congreso este punto, se decidió en seguida que la forma por excelencia de la uniformidad en la educación nacional, consistiría en la enseñanza obligatoria, gratuita y laica.

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Jardines de niños y escuelas para adultos.- Más acá y más allá de la escuela ajustada a la edad en que la obligación es exigible, el Congreso tenía un campo fértil para sus labores. Más allá estaba la escuela de párvulos. ¿Escuelas para los niños menores de seis años? ¿ y más acá de la escuela elemental? Más acá se abre para el hombre desheredado del alfabeto y de la ciencia, la escuela de adultos. En ella el obrero y la obrera, pasado un tiempo en el reposo del trabajo cotidiano (reposo necesario, porque está demostrado que la fatiga física y la intelectual no se neutraliza, si no que se suman), encontrarán abiertas de par en parlas puertas de una vida nueva. Convenciones de los trabajos manuales en las escuelas.- Nota: Este rubro se refiere a la formación física y no a las actividades que muchos años después se llamaron “trabajos manuales”. A los elementos educativos que habían adquirido su naturalización definitiva en la escuela, había que agregar uno al que consagraron atención especial los autores del Congreso: los trabajos manuales. Si, todo es en las instituciones escolares obra de energías democráticas que nos penetran y nos dominan; todo está animado de su viril espíritu en que todo procede develando privilegios y creando deberes. La igualdad entre el deber de defender la ley y el hogar se ha traducido por ese afán, para algunos censurable, de familiarizar al niño con sus futuros deberes de soldado-ciudadano; esos creen que basta hacer del escolar un vigoroso y ágil gimnasta, y que toca al batallón formar al soldado. El Congreso, al prescribir los ejercicios militares en las escuelas públicas, ha pensado, no sólo en el desarrollo de la fuerza física y la disciplina, ha pensado también, sobre todo, en la patria. Instrucción primaria superior. Necesidad de la higiene escolar. El maestro laico.- Y queremos también que todas las ventajas que puede la ley, sin violar el derecho, otorgar a un individuo, aprovechen al maestro. Hay que pensar en rodearlo de respeto y prestigio: en cura de almas. No es un apóstol de impiedad; no debe ni puede predicar la lucha religiosa; pero tiene a su cargo una iglesia laica, quiere decir, humana, cuya divisa es patriotismo y ciencia; es preciso que cuando salga de la escuela confesional una palabra sacrílega de odio a nuestras instituciones, el maestro pueda responder con una palabra de libertad y que ésta sea escuchada y bendecida. Las resoluciones del primer Congreso Nacional de Instrucción Pública no tenían efecto de carácter legal, contribuyeron en buena medida a la determinación de los lineamientos que en lo sucesivo tendría la política educativa nacional. Fue muy importante el señalamiento en el sentido de que la instrucción es solamente un medio para educar, entendida la educación como un concepto mucho más amplio, que contiene la suma de los factores intelectuales, físicos y morales de los seres humanos. El 28 de mayo de 1890, después de haber concluido los trabajos del Primer Congreso Nacional de Instrucción Pública, las cámaras legislativas autorizaron plenamente al Ejecutivo a legislar en materia educativa, sobre la base de una educación uniforme, laica, gratuita y obligatoria. Con ello, las principales

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recomendaciones del Congreso obtuvieron el respaldo jurídico necesario para hacer realidad su aplicación. El Segundo Congreso (1890-1891).- El Segundo Congreso Nacional de Instrucción Pública trabajó durante tres meses a partir del primero de diciembre de 1890. Las comisiones que se formaron atendieron, por una parte, algunos puntos no resueltos por el primer congreso en relación con enseñanza elemental obligatoria y escuelas de instrucción primaria superior y, por otra, discutieron nuevos temas referentes a escuelas preparatorias, escuelas especiales y escuelas normales. Supresión de la escuela lancasteriana.- El Congreso condenó muy justamente el sistema mutuo, ilustrado antaño con el nombre de Lancaster, y adoptó una escala de modos simultáneos y mixtos, que hacía indispensable la escasez de escuelas y la carencia de maestros. Todas las sólidas conquistas de la ciencia pedagógica quedaron formuladas en claras y terminantes conclusiones por el Congreso. No descuidó puntualizar el reducido, pero ya utilísimo papel del libro de texto en la escuela elemental, ni el inventario más completo que le fue dado a los útiles y mobiliario, adecuados a las necesidades de la escuela nueva. Imposibilidad de exigir títulos profesionales a los maestros en servicio.- Los estudios sobre instrucción primaria elemental, se cerraron con brillante y ruidosa discusión sobre un punto constitucional, relativo a las facultades con que el Estado podía exigir títulos profesionales a cuantos se encargasen públicamente de impartir la instrucción elemental. Abrirse, además, tomando por imperdonables inconsecuencias, que la declara obligatoria la primera instrucción, fijando sus programas; que al colocar los gobiernos en el caso de apelar a todos sus recursos para llevarla a cabo; que habiendo, en suma, asignado como objetivos supremos al poder público la indefinida difusión de enseñanza primaria, hubiésemos inutilizado de golpe las cuatro quintas partes de los maestros de la República, y extremado las dificultades que tendrán que sortear quienes se encarguen de reducir a la práctica nuestras consultas, hasta hacer la empresa rayana en lo imposible. Era de creerse que el resultado de todo ello habría sido el aplazamiento indefinido de la instrucción obligatoria. Instrucción primaria superior.- Nota: La primaria elemental comprendía de primero a cuarto grado, que en muchos casos tenía carácter unitario, es decir, un solo maestro atendía los cuatro grados; la primaria superior ofrecía el quinto y sexto grados, y en algunas ocasiones utilizaba edificios con infraestructura muy amplia que ostentaban en su fachada el letrero “Escuela Monumental”. De buen grado asintió el Congreso las conclusiones tan acertadamente formuladas por la comisión proponente, y que reducen a claros y terminantes preceptos la moderna teoría de la enseñanza primaria; los métodos

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lógicos, y los procedimientos pedagógicos, forman en ellas un bien atado conjunto. Impulso al libro de texto nacional.- Hemos querido, al trazar las bases definitivas de nuestra educación nacional, llamar a la vida al libro nacional, sin que corra peligro de ser frustrada o de retardar por algunas generaciones sus efectos redentores. Enseñanza preparatoria.- Así como la obra principal del primer Congreso fue la definición de la enseñanza obligatoria, la organización de la secundaria o preparatoria caracterizará la obra del actual, y será su título superior a ocupar un puesto prócer en los anales de instrucción nacional. La lógica como asignatura necesaria.- El Congreso declaró que la Lógica debería colocarse en el remate de los cursos preparatorios, e hizo subir de punto la significación de su acuerdo señalando su verdadero carácter a esta enseñanza, al convertirla en la sistematización de los métodos científicos, con total exclusión de todo elemento teológico o metafísico. El punto segundo de nuestra resolución, es el que prescribe la eliminación de todo elemento teológico o metafísico, lejos de tender un fin sectario, fluye de la decisión bien marcada de buscar a los términos de enseñanza laica, su legítima sinonimia en estos otros: enseñanza neutral. Importancia de la literatura.- Pero este plan de estudios, a pesar de su unidad filosófica, habría sido en extremo deficiente, si con el no formara un todo orgánico, un programa de estudios literarios; las letras no sólo tienen valor porque perfeccionan el instrumento supremo del pensamiento que es el idioma, si no que al perfeccionarlo recobran a su vez sobre el pensamiento mismo que no es más que un lenguaje interno que tiene las mismas formas que el otro y que será más preciso, más correcto y más justo mientras aquel más lo sea. De aquí el valor eminentemente educativo de los estudios literarios, que sube de quilates cuando la adquisición científica ha enriquecido nuestra sustancia mental; cuando en la ciencia, la forma encuentra lo que el gran triunfo de la democracia francesa llamaba “la médula de los leones”. Eliminación del latín como asignatura general.- La enseñanza latina no tiene el doble carácter de estudio preparatorio general y particular que posee cada una de las materias componentes del plan aceptado. Basta el hecho de que su conocimiento se destina años posteriores al aprendizaje gramatical del castellano, para demostrar que no se le considera seriamente como una preparación indispensable a la adquisición de la lengua vernácula, y, por consiguiente, que no tiene un valor de primera importancia como preparación en la economía íntima del plan. Plan de estudios integral.- Para que el conjunto del plan fuera verdaderamente educativo, necesitaba ser integral, es decir, no desentenderse del ejercicio de una sola facultad, sino desenvolver en el adolescente al hombre entero, y de aquí el programa de conferencias que fue preparando el terreno para adquisiciones mentales superiores, y relacionándose gradualmente a la 22

adquisición mental realizada, pone en movimiento, para llegar a este fin, todos los resortes de la imaginación y la sensibilidad. Los estudios preparatorios considerados como nivel terminal.- Si el Congreso había aceptado y hecho suya la idea de dar a las Escuelas Preparatorias un valor propio sin ligarlas necesariamente a las profesiones; si habíamos declarado que en nuestro concepto de preparación debía ser general, no para carrera determinada, si no para vivir últimamente en el grupo ilustrado de la nación, ¿por qué coronar estos estudios, no con un certificado vulgar que poco dice entre sociedades, del temperamento de la muestra, sino con un documento especial, diploma o título, que expresase bien que el que lo había merecido no interrumpía sus estudios, sino que había complementado en un grado suficiente; diploma que algún día tendría valor positivo para penetrar o abrir senderos cerrados hoy ignorados? Así lo comprendió el Congreso y así lo dispuso. Escuelas especiales.- El Congreso avanzó un paso más y definió las relaciones entre los estudios preparatorios o generales y los especiales: bajo el nombre de escuelas especiales pueden efectivamente comprenderse todas aquellas en las que se cultiva la teoría de un ramo determinado del conocimiento hasta transformarlo en el conjunto de reglas que constituye propiamente un arte; así la jurisprudencia, la medicina, la arquitectura y la ingeniería en sus diferentes aplicaciones. Este trabajo de especialización es común a las escuelas que entre nosotros se denominan profesionales y en Europa facultades, y a las industriales a que generalmente se da allá el nombre de profesionales. Necesidad de impulsar la creación de escuelas normales.- Declara el deber de crear en cada entidad federativa un centro de propagación del magisterio; determinar, con la división prudentísima del normalismo primario en dos grados, la formación real de dos especies de escuelas normales, una para la instrucción elemental de primer grado, la más importante porque es la obligatoria, y otra para la elemental superior. De las resoluciones acordadas por el Segundo Congreso Nacional de Instrucción Pública, conviene destacar: la supresión de las escuelas lancasterianas, el reconocimiento de la imposibilidad de exigir de inmediato los títulos profesionales a los maestros en servicio; el libro de texto nacional fue considerado como factor importante para educar a las generaciones jóvenes sobre la base de una conciencia nacionalista; el positivismo fue reconocido como la doctrina más conveniente para obtener una sólida educación basada en el conocimiento científico; el latín fue eliminado como asignatura de aprendizaje obligatorio por considerarlo inútil y se fortaleció la literatura en la lengua española para rescatar una de las raíces culturales de los mexicanos; los planes de estudio deberían ser integrales y los estudios preparatorios concebidos como un nivel terminal y dotados de contenidos adecuados para procurar la formación de mexicanos preparados y útiles. Poco tiempo después de la clausura del Segundo Congreso, se promulgó la ley reglamentaria de la instrucción obligatoria que convertía en normas legales la mayoría de las resoluciones logradas en ambas reuniones pedagógicas. 23

TEMA 21.- ÚLTIMOS AÑOS DE LA ADMINISTRACIÓN DE BARANDA En 1896, Baranda obtuvo del Congreso de la Unión la autorización para que el Ejecutivo aplicara en todas las instituciones y grados las reformas que considerara pertinente. En el decreto del 19 de mayo se establecía que la instrucción oficial primaria elemental en el Distrito y territorios federales, dependería exclusivamente del Ejecutivo; la instrucción primaria superior seria considerada como enseñanza media entre la elemental y la preparatoria: se crearía la Dirección General de Instrucción Primaria para fortalecer la uniformidad de la enseñanza; se reorganiza la instrucción preparatoria para que sirva de base a todas las carreras profesionales. Como resultado inmediato de esa Ley se reformaron los planes de estudio de las Escuelas Nacionales de Ingeniería, Jurisprudencia, Bellas Artes y Medicina. Al final del siglo XIX la población del país llegaba a la cifra de doce y medio millones de habitantes. Dé estos, 2,500.000 aproximadamente, estaban en edad escolar y solo disfrutaban de enseñanza primaria alrededor de 800,000 alojados en 11,800 escuelas; de suerte que no más de un 33% de los niños recibían esta clase de instrucción. Pero hay que recordar que un siglo antes sólo existían 10 planteles destinados a la enseñanza elemental en Nueva España. De las 11,800 escuelas, -mencionada- , 531 estaban radicadas en el Distrito Federal: de las cuales 202 eran sostenidas por los particulares. Ante el grave problema del analfabetismo en el país el censo de 1895 indicaba: De los 12 631 558 habitantes, 10 445 520 no sabían leer ni escribir, y 328 007 sólo sabían mal leer. Pero desde entonces se preocupó el ministro Baranda de esta delicada cuestión: creó en el Distrito Federal una red de 16 escuelas primarias para adultos (suplementarias), y recomendó a los gobiernos de las Estados que fundaran parecidas instituciones en sus propios territorios. En materia de presupuesto, es interesante considerar que la instrucción pública recibió solamente el 4.5% de la totalidad del gasto público en el periodo de 1868 -1907. No obstante las importantes realizaciones logradas en materia educativa, muchas de ellas por el entusiasmo y el esfuerzo personal de Baranda, en abril de 1901 fue retirado de su cargo, debido a sus diferencias con el grupo político de los “científicos” encabezado por José Ives Limantour. Le sucedió en el cargo como Secretario de Justicia e Instrucción Pública don Justino Fernández. TEMA 22.- JUSTO SIERRA Y LA EDUCACIÓN NACIONAL Hacia el ocaso del régimen porfirista, la figura de Justo Sierra y su acción educativa configuran una etapa relevante en el largo proceso de búsqueda de nuestra identidad nacional, en la cual la educación es su fundamental apoyo ideológico. Sierra tenía una visón clara del mundo y dentro de ella confería a la educación un papel fundamental. Su idea estuvo por encima de la estrechez de miras que el 24

porfiriato tuvo en torno al problema de lo humano y de lo social; en un contexto adverso combatió incansablemente a favor de una educación y una cultura nacionales integradas de manera proporcional al sentido universal de las cosas. Hasta 1905 la educación no había merecido al gobierno una dependencia propia y exclusiva. Para ese año se crea la Secretaria de Instrucción Pública y Bellas Artes, y se designa al maestro Sierra como su titular. Durante su gestión, buscó mejorar la educación nacional en todos sus niveles haciendo énfasis en que el proceso educativo era ciclo que debía iniciar con la educación primaria y concluir con la educación superior. La formación de los maestros representaba un campo de atención prioritaria, lo cual explica la importancia conferida a las escuelas normales, así como a la fundación de la Escuela Nacional de Altos Estudios. A propósito de la fundación de esta última institución, Sierra señalaba: “La Escuela de Altos Estudios… no está destinada solamente a prepara profesores; su objeto supremo es hacer sabios”. De las escuelas profesionales, consideraba que además de formar hombres prácticos en su campo, debían constituir un territorio elevado y libre donde algunos escogidos pudieran ser iniciados en las lucubraciones más altas y menos accesibles, en donde los cursos se hicieran no con objeto de preparar alumnos para los exámenes, si no de revelar hombres de estudio y buscar para ellos y con ellos los secretos del saber humano, era preciso consagrar un lugar en nuestra enseñanza a esta parte de creación en el limitado dominio de lo posible. Recordemos que a partir de la consumación de la independencia, la institución colonial denominada Real y Pontificada Universidad de México siguió la misma suerte que las tendencias políticas liberal y conservadora; en sus momentos de victoria, los primeros los cerraban y los segundos los reabrían, hasta que en 1865 la clausuró Maximiliano. La parte cumbre de la obra de Sierre fue la creación de la Universidad Nacional en 1910. Desde 1881, siendo diputado, propuso el Congreso el establecimiento de una Universidad Nacional que dependiera del Estado en lo material y se ejerciera autónomamente en su vida académica. En torno a la iniciativa se discutió sobre las funciones de la universidad y su relación con el Estado y, finalmente, el proyecto fue rechazado. Más adelante, en su carácter de Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, en el año de 1910, Sierra pudo volver a plantear su iniciativa de creación de la Universidad Nacional. Recuérdese que Díaz intentó algunas reformas en su gobierno como último recurso frente a la pérdida casi completa de consenso social. Justo Sierra proyectó una reforma educativa global basada en principios que más tarde fueron consagrados en la Constitución de 1917. En efecto, frente al debate sobre la libertad de la enseñanza, reivindicó el principio del Estadoeducador como indispensable para rebasar en materia educativa la simple instrucción y contribuir a crear una conciencia nacional.

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Con esto se opuso a seguir manteniendo como prioritaria la idea de progreso, en sentido material; para él, la verdadera fuerza de la nación era la espiritual, la cultura. Su orientación fue eminentemente nacionalista, criticó la dependencia del país como resultado del crecimiento económico de la época. Ante este peligro el maestro Sierra puso énfasis en la necesidad de mexicanizar la ciencia y la cultura; para lograrlo, el semillero tendría que ser la universidad. Se opuso a la idea de que la ciencia no tiene patria; el desarrollo de la cultura mexicana tendría que partir del conocimiento profundo de la universal, pero sólo para enriquecer el análisis concreto de la problemática real de nuestra sociedad. Este era para él, el mejor de los caminos para romper la dependencia frente a los países extranjeros.

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