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El club sanador

No había sonido de teclado pero sus ágiles dedos pulsaban las letras sobre una superficie donde se veían ordenadamente el alfabeto y los signos de puntuación. El soporte era a penas más grueso que una hoja de papel vegetal y sin embargo, servía para escribir tal cual lo hacía con el teclado anterior.

El artilugio era una novedad presentada en el campus y suponía una mejora importante para los espacios donde se movían últimamente. La superficie era suave, fría, pero si se ponía atención era también aterciopelada. El material estaba hecho con un producto de investigación textil desarrollado por unos ancianos que trabajaban en Xorlito. Era una versión beta, pero todos sabían que sería un éxito porque las nuevas pantallas no tenían respuesta emotiva y el usuario se desconcertaba. Eran tiempos revolucionarios y las herramientas iban transformándose.

Las pantallas, terminales, teclados, cámaras… evolucionaban en tamaño y prestaciones sensitivas. Las tendencias favorecían los elementos de omega 3, calcio, melatonina y triglicéridos que se inhalaban a través de la superficie aterciopelada.

Por las mañanas al llegar a la oficina quienes pertenecían al departamento de ambientación sensorial alimentaría, asignaban a cada terminal el contenido microbiológico necesario para mantener el ritmo de trabajo. Sólo al atardecer se vaciaban los escasos depósitos que no se habían inhalado dáctilmente para volverlos a llenar durante la madrugada. El personal de limpieza era altamente especializado pues sólo microbiólogos, bacteriólogos y virólogos podían manejar los aparatos y cambiar sus contenidos. Desarrollos novedosos en constante avance pretendían sustituir personal cualificado, por un sistema de gestión para personal no especializado, tendente a los automatismos.

Ambrosía llegaba siempre tarde pero pese a ello, la productividad era la esperada y estaba dentro de los marcadores. También su equilibrio biológico se ajustaba a la norma. Sus instrumentos eran estándares y por ello no era coartada.

Aquella tarde al salir del edificio donde trabajaba se dirigió al club sanador. Estaba dispuesta a gastar parte de la sal del mes en tomar unas espumas creadas por un genio de la orgánica somática agrícola. La espuma era una especie de nube con sabor orgasmático que al ser paladeada transportaba al individuo que la ingería, apareciendo de inmediato en el lugar y espacio que previamente había seleccionado del menú principal. Ello producía un placer indescriptible y de tal la intensidad, que emocionaba y reconfortaba los sinsabores diarios.

Un aroma de gajo de naranja fresco, balsámico y jugoso provocaba un placer virtual suave que iba erizando los cabellos de la nuca, un cosquilleo por el cuerpo pausado y lánguido que recordaba el lamer la piel de un cuerpo rotundo, recio y rozagante, sin aristas, sin quebrantos, suave. Ambrosía cerró los ojos y se dejó llevar. Al volver a la realidad supo que esta nube la había afectado más de lo deseado. Sonaba en la radio una música instrumental movida, algo metálica que le recordaba con placer el lugar del que acababa de regresar.

Ambrosía salió del edificio cuando las lunas se estaban ocultando y la oscuridad cubría el espacio. La intensidad que acababa de recrear su mente la acompañó a lo largo del camino, se cruzó con poca gente, a penas un par de individuos y un anciano que caminaba rápido entre los carriles de paseo protegidos. Ella iba saboreando su recuerdo y por primera vez desde que tenía su nuevo trabajo, pensó que le hacía bien. La simplicidad que acompañaba a sus quehaceres y el mejor salario, favorecían por igual su estado de ánimo.

Al llegar a su casa, la puerta estaba entreabierta y encontró nada más abrirla ropa esparcida por el suelo, libros desparramados por los estantes, las ventanas abierta, y al ver una de ellas sin protección, supo por donde habían entrado. No parecía que las alarmas hubieran funcionado, ni el perro automático estaba activado, que extrañopensó.

Llamó a seguridad para informar y a los pocos minutos operarios del servicio de urgencia de reparaciones especiales llegaron y convirtieron el espacio caótico, de nuevo en orden y armonía con libros, ropas y cachivaches colocados tal y como se encontraba. Para hacerlo, miraban los datos en un pequeño portátil que disponía de las imágenes: plano, muebles, ubicación de los

elementos decorativos y reconstruían el lugar, tal y como había estado antes del incidente.

Llamó a Petra.

Hola Petra, ¿Qué tal estás?

Bien, justo estaba ahora pensando en hablar contigo. Tengo entradas para la danza Geographic Zona, es mañana por la tarde.

Me encantaría ir, pero llevo un día muy extraño. Acabo de llegar a casa y estaba todo revuelto. Alguien o algo han estado husmeando en mis cosas y empiezo a creer que algo extraordinario me está pasando

Pero que dices, Ambrosía creo que estás mal de la cabeza, ¿Quién va a querer hacerte daño?

No es que piense que me quieran hacer daño pero con el nuevo trabajo y

la lo que he visto en el club sanador… no sé… es un presentimiento, han entrado buscando algo. Hace poco, he estado en el restaurante creador de los

sabores orgasmáticos y ya sé que sabor tiene una de sus famosas espumas…

Pero que me dices! si es muy exclusivo….

Sí, pero valió la pena. Y lo raro Petra, es que fue increíble, parecía que

estaba viviendo un placer intenso que golpeaba mi cuerpo y me estremecía, era como su publicidad cuenta. He estado en las nubes, flotaba y curiosamente era un atractivo mareo que me ha hecho olvidarme de todo. Ha sido increíble. En el mismo comedor había otros comensales que al abrir mis ojos les he visto mirarme con cara de asombro. No sé muy bien que ha ocurrido pero, de verdad! ha sido fantástico, jamás había tenido un placer tan intenso, tan arrebatador.

- Jesús hija, pero que me cuentas!. Con razón cuesta tanta sal. ¿Y los otros que probaban los platos también sentían tanto placer?

- No lo sé, estaban todos muy asombrados con lo que yo he debido de exteriorizar, pero no se que decirte.

- Ambrosía, ¿no será que al ver tu reacción quieren investigarte para obtener datos y mejorar lo que hacen?. Ya sabes que siempre nos miran…

- ¿Tu crees?.

- Mira yo no se tú, pero en general, en esta lugar y este tiempo, todos andan revueltos y excepto los que de verdad son friquis, el resto pululamos como buenamente podemos, así que no me extrañaría que los sabihondos culinarios agrícolas orgasmáticos quieran saber más de ti y de tu vida para aplicarlo a su cocina.

- Petra, me dejas de piedra, pero es una explicación. Yo lo he pasado genial, y no me importa volver al teclado aterciopelado porque recordaré lo que he sentido y vivido en el club sanador. Mañana seguiré trabajando y cuando consiga más sal, volveré.

Estaba muy contenta, nada de ansiedad, de agotamiento, de cansancio. Eran tiempos convulsos de cambio y transiciones. Eran tiempos interesantes y ella podía ir de vez en cuando al club sanador.

Otro día pensaría en la propuesta de Erasmo para ir a la parte oscura de la luna terrícola y ayudar a unos alienígenas, pero eso sería en otro momento.

Otoño 2010

Petra Osnofla