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Yo no conozco

el mar 1

Por J. Jesús Nambo Arenas

Yo del mar no sé nada porque nunca anduve con Cristóbal Colón, ni con Simbad el
Marino. Yo sólo he sido testigo de lo que mis ojos han visto y mi corazón ha sentido.

En el estado de Guerrero, en la sierra de Guayameo, conocí una gran cascada


que nació en dos partes, el pedazo de sierra se dividía formando una “V”, parecía una
gran cola de pescado colgando de lo más alto y caía dando nacimiento a un río que
llamaban “De los Tecuiches”, por tener tantas piedras planas parecidas a metates que
usaban nuestros antepasados para moler.

Este río puso en alarma a toda a la gente que vivía en sus riberas en el año de
1931, como resultado de unas lluvias que duraron más de treinta días, lloviendo día y
noche. ¡Fue una cosa espantosa!, el río se salió de su cauce, llevándose a su paso
cuanto se encontraba. Casas, cultivos de caña de azúcar y otras plantas que se
cultivaban en esa época. En la zona de la sierra se formaban nubes oscuras de las que
caían chorros que jamás se habían visto en ese lugar a los que la gente llamaba
“Culebras de mar” o “Chorriones” pues parecía agua que desbarataba cerros en
arena. ¿Así es la fuerza del mar? ¿Así de impactante?....

Esto es lo que se vio en la sierra grande de Guerrero, aquella sierra hermosa


donde se deleita uno en canto de tantos pajaritos, como el gorrión y el jilguerito y el
cenzontle, con el aroma de tantos árboles que adornan la sierra donde abunda la
fauna más rara hecha por la mano del Señor Dios…. ¿Y a qué huele el mar? ¿A qué
sabe la brisa?...

En la sierra usted puede ver chorros de agua cayendo de lo más alto de las
montañas jamás escaladas por el hombre, ¡donde ni siquiera la mirada del hombre se
atreve a cruzar!... o raras veces…donde las enormes montañas nos hacen reflexionar
sobre la grandeza del Creador… ¿Así se siente el mar? ¿Así se mira? ¿Cómo vemos el
sol que se pierde en la serranía, donde parece que cielo está bajito? ¿Dónde a usted
no le huele a gasolina, ni cosa parecida? ¿Dónde reina el silencio sepulcral? ¿Así se
escucha el mar?

1
Texto ganador del Primer Lugar por el estado de Michoacán en el del Primer Concurso Literario “Memorias del
viejo y la Mar” organizado por la Secretaría de Marina- Armada de México
Ahí donde cruzan diferentes animales, usted ve pasar grandes serpientes como
pequeños trenes que se deslizan por las rocas gigantescas, pero esos tenecitos no
echan humo y se percibe en su lugar el olor de diferentes flores que son cultivadas
por la mano de Dios. Las maravillas de los desiertos de lo alto, donde sólo han visto
los pilotos en sus aeroplanos. Yo Jesús Nambo nací muy cerca de estos lugares y como
pude contemplar allá no hay aguas purificadas, el agua ya es limpia y sale de una
gran montaña donde el hombre se pierde, entre montes y filas de montes, ¡es la
grandeza…! Pero… ¿Cómo es el agua del mar?

A Guerrero y Michoacán los divide el gran río Balsas que como una serpiente se
desliza rumbo al mar…el mar…se pierde de vista antes de que llegue al mar….

En Michoacán también conocí grandes maravillas, entre ellas la maravilla que fue
mi esposa a quien sus padres llamaron María de la Luz. Nunca supimos por que le
pusieron “Luz” pero yo le contaba que era por lo que decía la canción: “Dios escogió
de entre las estrellas las más brillantes y lejanas, por eso las hembras michoacanas
son más bellas que una flor” y María fue por el Cerro de Mariana que se levanta como
genio salido del libro de las mil y una noches. Así es que llamaron a mi Lucecita, como
el Cerro milagroso, ahí donde en el 1964 dieron indulgencia a más de 30mil hombres,
donde el cielo se siente más bajito,

Mi Lucecita, mi Lucecita michoacana…, dime que tú lo sabes, ¿Cómo es el mar?


¿A qué sabe la brisa? ¿Cómo se escuchan las olas? ¿La sal se siente en granitos?
¿Cómo huele la playa? Dime como lo vives más arriba de esas montañas, ¿Cómo se ve
desde ahí? Platícame, cuéntame, no te quedes callada, quiero
conocer el mar que ahora ves desde el cielo…

El relato de Don Jesús aquí termina entre lágrimas,


sollozos entrecortados en la añoranza de un recuerdo que
debía ser compartido. Pero entre los llantos se oye la voz
cálida de una mujer con acento de michoacana que le recita
despacito al corazón de Don Jesús…

- ¡Es grandote, Chuche! Casi tan grande como nuestro


amor. Azul, azul como el manto de la Virgen de San Lucas.
Huele bien bonito, que si lo olieras te pondrías contento como
cuando olías, llegando de la Florida, tus chicharroncitos de
puerco con salsa verde que te tenía preparado, con tortillas
calientitas…El agua es fresca como el agua cuando
construiste la presa allá en Huetamo y si te quedas quietecito
hasta que el sol se vaya a dormir, puedes ver a Dios Nuestro
Señor….

Es así como Don Chuche Nambo conoció el


mar.