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Transformar la sociedad

La calidad de la vida social es el resultado de las relaciones de las personas entre sí. Algunos eligen
vivir de un modo egoísta, buscando el placer en todo momento y a cualquier costo. Otros se esfuerzan
por lograr lo necesario para vivir dignamente y dejar un legado a sus hijos y nietos. También hay
muchos que trabajan sin conseguir lo necesario para sustentarse. Unos pocos se ocupan no sólo de
sobrevivir, sino también de ayudar a que otros vivan mejor, generando un cambio en el modo de pensar
y de actuar de la mayoría de la gente.

La transformación de la sociedad es un ideal y una realidad que siempre nos acompañará, porque por
nuestra condición humana, siempre estamos invitados a mejorar. Cuando alguien se estanca, se frena o
se niega a cambiar positivamente, todos nos vemos afectados.

Nuestra libertad no termina donde empieza la del otro, esa es la mejor excusa para no comprometernos
invocando el respeto al otro. Nuestra libertad es plena cuando a la hora de elegir pienso en los demás.

Jesús ya sabía de esto y nos invita a pensar un poco los otros con la parábola del buen samaritano.

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué
tengo que hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la
Ley? ¿Qué lees en ella?». Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi
prójimo?». Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y
cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio
muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También
pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar
junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y
vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al
día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que
gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del
hombre asaltado por los ladrones?». «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le
dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera». (Lc 10, 25-37)

Actividades:
Completar el siguiente cuadro:

¿Cómo describirías las actitudes de cada una ¿A qué personas de nuestra sociedad de hoy se
de las tres personas que pasan al lado del parecen?
hombre asaltado y malherido?
Sacerdote

Levita

Samaritano
• Observar los pasos y actitudes del samaritano. Hacer una lista de las acciones que
realiza.

¿Qué nos dice el texto?

• ¿Qué significa ser prójimo para Jesús? ¿Por qué?


• En nuestra sociedad, ¿quiénes podrían ser los personajes de la parábola?
• ¿En qué situaciones de hoy se plantean cosas parecidas a este relato?
• Revisar los pasos y actitudes del samaritano y aplicarlas a las situaciones que
hayamos señalado en la pregunta anterior.
• ¿Qué nos enseña el texto sobre la solidaridad?

Historias solidarias

Cuando dar de comer es la excusa para acompañar a los


que sufren
Hace tres meses que más de 150 jóvenes tienen una excusa. Pero no para evadirse, sino para comprometerse:
desde el 2 de agosto, con frío, lluvia y aunque sea feriado, salen todos los lunes a llevar comida a quienes
viven en la calle.

Y son más de 350 personas -entre chicos, grandes y familias enteras- las que esperan su visita. No sólo por el
sandwich, el chocolate, el caldo y las frutas que puedan darles. Los esperan para conversar, para sentirse
escuchados, para jugar. Porque precisamente eso significa la comida para unos y otros: una excusa. Un
pretexto para estar un rato juntos.

Los jóvenes, liderados por el padre Horacio Ortiz, se reúnen todos los lunes, a las 21, en la parroquia Nuestra
Señora de Loreto, en Coronel Díaz y Juncal. Después de rezar, se dividen en once grupos. Unos van a Retiro,
otros a Chacarita, a las inmediaciones de los hospitales Rivadavia y Fernández, a Plaza Italia, a Santa Fe y
Callao. Los que tienen auto llevan a otros y algunos deben viajar en colectivo.

La idea surgió hace más de un año en la parroquia Nuestra Señora


de Balvanera. Se le ocurrió al padre Fabricio, amigo de Ortiz, y
cuando a este último lo enviaron a la parroquia de Loreto, decidió
imitarla.

Antes de la primera "noche de la caridad", como ellos la llaman,


Ortiz y algunos de los jóvenes voluntarios hicieron una recorrida por
las zonas donde vieron más necesidades para dibujar un trayecto
básico. Según contó, cubren la franja que va desde Retiro hasta
Belgrano entre Córdoba y Avenida del Libertador.

La iniciativa se repite en otras iglesias, pero con diferentes


modalidades. En algunas, los que viven en la calle se acercan a la
parroquia a cenar. En otras, cada voluntario aporta lo que después se reparte.

En Nuestra Señora de Loreto optaron por unificar lo que dan: sandwiches y algo caliente para beber. "Lo que
repartimos lo dona la comunidad cuando pedimos ayuda en misa. De todos modos, de lunes en lunes, a partir
de las cosas que vamos viendo, corregimos la cantidad de alimentos -explicó Ortiz-. La gente es muy
generosa, pero igualmente tenemos muchos gastos."

Para el sacerdote, la propuesta tiene mucho futuro: "No va a parar en vacaciones. Es de acá al fin del mundo,
hasta que Dios nos siga inspirando".

Un día olvidado

¿Por qué los lunes? "Suelen ser días "sin dueño". En general, en ningún lado se brinda asistencia los lunes",
consideró Ortiz e invitó a participar a todos los mayores de 18 años. Además, aclaró que no es obligatorio
estar presente en la hora de oración previa a la salida. Los que quieran hacer donaciones o sumarse al grupo
pueden llamar al 4804-4873.

El lunes último, Evelyn, Juan, Gonzalo, Fabián y Juan Martín partieron para Chacarita con las mismas ganas de
los 14 lunes anteriores.

En la plaza frente al cementerio, en una improvisada casa bajo un árbol, vive una veintena de chicos y
jóvenes. No bien vieron llegar a los voluntarios, los chicos salieron del refugio. Después de la cena llegó el
momento que unos y otros esperaban: el de las confidencias, los consejos, la guitarreada y, también, el del
obligado "picadito" de fútbol.

"Es increíble lo felices que se ponen con lo poco que les traemos -contó Fabián, de 25 años-. Aunque en
realidad la comida no es lo que les importa, ellos quieren que juguemos, que los acompañemos."

Aunque ahora los encuentros están llenos de abrazos y de muestras de cariño, no les resultó sencillo ganarse
la confianza de los chicos que viven en la calle. Los jóvenes voluntarios se preocupan porque se alejen de la
droga, les preguntan por sus familias y apoyan sus proyectos. También se ocupan de otras necesidades, como
llevarles ropa o calzado.

"Porque ves que, a pesar de que les cuesta tanto, todavía están a tiempo de salir, pero necesitan mucha
fuerza", confió Fabián.

Al volver de la recorrida, los voluntarios se reúnen en la parroquia para compartir las experiencias y ajustar lo
que sea necesario para el lunes siguiente.

A la mayoría de los voluntarios, que estudian y trabajan, no le resulta fácil trasnochar. Pero lejos de
quejarse, agradecen la oportunidad de ayudar a otros. "Termino muerto, pero siento una alegría tan grande
que me dan ganas de volver -afirmó Gonzalo, de 25 años-. Hasta el jueves me la paso pensando cómo nos fue
y, a partir de ahí, sólo espero que llegue otra vez el lunes."

Cynthia Palacios

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