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Diversidad Cultural Antología

Diversidad Cultural Antología

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El tratamiento de la diversidad cultural puede concebirse, en principio, como continuación de lo visto en el apartado
dedicado a la biodiversidad, en cuanto extiende la preocupación por la pérdida de biodiversidad al ámbito cultural. La
pregunta que se hace Maaluf (1999) expresa muy claramente esta vinculación: "¿Por qué habríamos de preocuparnos
menos por la diversidad de culturas humanas que por la diversidad de especies animales o vegetales? Ese deseo nuestro,
tan legítimo, de conservar el entorno natural, ¿no deberíamos extenderlo también al entorno humano?". Pero decimos en
principio, porque es preciso desconfiar del "biologismo", es decir, de los intentos de extender a los procesos
socioculturales las leyes de los procesos biológicos. Son intentos frecuentemente simplistas y absolutamente inaceptables,
como muestran, por ejemplo, las referencias a la selección natural para interpretar y justificar el éxito o fracaso de las
personas en la vida social.

En el tema de la diversidad cultural o etnodiversidad se incurre en este biologismo cuando se afirma, como hace Clément
(1999), que "El aislamiento geográfico crea la diversidad. De un lado, la diversidad de los seres por el aislamiento
geográfico, tal es la historia natural de la naturaleza; del otro, la diversidad de las creencias por el aislamiento cultural, tal
es la historia cultural de la naturaleza". Esa asociación entre diversidad y aislamiento es, desde el punto de vista cultural,
cuestionable: pensemos que la vivencia de la diversidad aparece precisamente cuando se rompe el aislamiento; sin
contacto entre lugares aislados solo tenemos una pluralidad de situaciones cada una de las cuales contiene escasa
diversidad y nadie puede concebir (y, menos, aprovechar) la riqueza que supone la diversidad del conjunto de esos lugares
aislados.

Por la misma razón, no puede decirse que los contactos se traducen en empobrecimiento de la diversidad cultural. Al
contrario, es el aislamiento completo el que supone falta de diversidad en cada uno de los fragmentos del planeta, y es la
puesta en contacto de esos fragmentos lo que da lugar a la diversidad. Es necesario, pues, cuestionar el tratamiento de la
diversidad cultural con los mismos patrones que la biológica. Y ello obliga a preguntarse si la diversidad cultural es algo
tan positivo como la biodiversidad.

De hecho, la diversidad de lenguas y formas de vida es vista por muchas personas como un inconveniente, cuando no como
una amenaza, como un peligro. Mayor Zaragoza (2000), en el libro "Un mundo nuevo", reconoce que la diversidad
lingüística ha sido y sigue siendo víctima de fuertes prejuicios. Su eliminación ha sido considerada por muchos una
condición indispensable para la comunicación y entendimiento entre los seres humanos, como expresa muy claramente el
mito de la "Torre de Babel", que atribuye la pluralidad de lenguas a un castigo divino.

La conocida expresión italiana "traduttore - traditore" (traductor - traidor) refleja bien esta desconfianza en la
comunicación inter-lenguas, que se traduce en la imposición política de lenguas oficiales únicas como supuesta garantía de
la unidad de las poblaciones de un estado. A esta desconfianza se une el rechazo de la "pérdida de tiempo" que supone, por
ejemplo, aprender varias lenguas. Sin embargo todos los expertos, nos recuerda Mayor Zaragoza, coinciden en reconocer
que los bilingües suelen poseer una maleabilidad y flexibilidad cognitivas superiores a los monolingües, lo que supone una
importante ayuda para su desarrollo mental, no una pérdida de tiempo. Y ello es así porque cada lengua constituye una

estructura de pensamiento que posee características y potencialidades específicas. Pensar en varias lenguas supone un
ejercicio de adecuación a esas diferentes estructuras, favoreciendo la adquisición de una mayor flexibilidad mental. De ahí
que los psicólogos del aprendizaje recomienden vivamente el bilingüismo temprano para facilitar el mejor desarrollo
mental. En ese sentido, la sesión plenaria de mayo de 2007 Naciones Unidas declaró el año 2008 Año Internacional de las
Lenguas, reconociendo que el multilingüismo promueve la unidad en la diversidad y el entendimiento internacional.
Celebración que debe constituir una ocasión para fortalecer la diversidad lingüística, para impulsar y apoyar proyectos de
revitalización de lenguas minoritarias, en particular en los ámbitos educativos.

Pero las ventajas de la diversidad cultural no se reducen a las de la pluralidad lingüística. Es fácil mostrar que la diversidad
de las contribuciones que los distintos pueblos han hecho en cualquier aspecto (agricultura, la cocina, la música«)
constituye una riqueza para toda la humanidad. Como señala Sen (2007, p.36), ´la principal fuente de esperanza en la
posible armonía en el mundo contemporáneo radica en la pluralidad de nuestras identidadesµ.

Podemos referirnos, en particular, a un aspecto de esa diversidad muy relacionado con la historia de nuestra civilización:
la cultura campesina. A medida que la agricultura se desarrolló durante los ocho últimos milenios, los agricultores
domesticaron centenares de especies de cultivos distintos y cientos de miles de variedades dentro de cada cultivo. Esta
cooperación entre personas y plantas generó una inmensa riqueza de diversidad genética dentro de las especies que se
cultivaban, con un notable valor estético, culinario y social. La biodiversidad agrícola mundial ²fruto de la diversidad
cultural de las sociedades campesinas- que representa una ayuda frente a las variaciones climáticas, las plagas y otras
amenazas que pueden afectar a la seguridad alimentaria, depende de millones de pequeños agricultores. Cabe lamentar
por ello que muchas comunidades y pueblos autóctonos, poseedores de una cultura profundamente anclada en su
ambiente, estén en vías de desaparición, obligados a abandonar su tierra hacia las grandes ciudades, a menudo como
consecuencia de la degradación ambiental,

Sin embargo, parece obligado reconocer que esta diversidad cultural está generando terribles conflictos. ¿No son, acaso,
las particularidades las que enfrentan sectariamente a unos grupos con otros, las causantes del racismo, de las "limpiezas
étnicas", de los genocidios, de los rechazos a los inmigrantes«?

Es preciso rechazar contundentemente esa atribución de los conflictos a la diversidad cultural. Son los intentos de
suprimir la diversidad lo que genera los problemas, cuando se exalta "lo propio" como lo único bueno, lo verdadero, y se
mira a los otros como infieles a convertir, si es necesario por la fuerza. O cuando se considera que los otros representan
"el mal", la causa de nuestros problemas, y se busca "la solución" en su aplastamiento. Los enfrentamientos no surgen
porque existan particularismos, no son debidos a la diversidad, sino a su rechazo (Vilches y Gil, 2003). Son debidos a los
intentos de homogeneización forzada, a los fundamentalismos, que nos transforman en víctimas o verdugos« y a menudo
en víctimas y verdugos, las dos cosas a la vez o alternativamente, según se modifique la correlación de fuerzas. Pueblos
que han visto negado el derecho a hablar su lengua, a practicar su religión, etc., pasan a sojuzgar a otros cuando las
circunstancias les son "favorables". Todo ello en nombre de lo propio contra los otros. Todo en nombre del rechazo de la
diversidad y la sacralización de la propia identidad. Por eso Maaluf (1999) habla de "identidades asesinas".

Conviene aclarar, por otra parte, que la defensa de la diversidad cultural no significa aceptar que todo vale, que todo lo que
los pueblos crean sea siempre bueno. Lo que es siempre bueno, en cualquier dominio, es la diversidad«si es auténtica, es
decir, si no hay imposición forzada de unas formas sobre las otras. Y cabe afirmar eso, entre otras razones, precisamente
porque no todo vale. A menudo es el contacto entre diferentes culturas lo que permite cuestionar los aspectos negativos y
aprovechar los positivos de cada una de ellas. Podemos concluir que la diversidad cultural es siempre positiva en sí misma
porque nos hace ver que no hay una única solución a los problemas, una única ley incuestionable« y eso nos autoriza a

pensar en distintas posibilidades, a optar sin quedar prisioneros de una única norma. Con otras palabras, en situaciones de
libertad, ninguna peculiaridad cultural, digamos "regresiva", acaba imponiéndose a otras más avanzadas, más
satisfactorias para la generalidad de las personas.

Algunos se preguntan, sin embargo, si ello no supone una homogeneización, una pérdida de diversidad cultural. ¿No se
puede caer en etnocentrismos estrechos? ¿Por qué, por ejemplo, hay que imponer a otros pueblos los derechos humanos
propios de la civilización occidental?

Para empezar, los derechos humanos, no pertenecen a la cultura occidental; son el fruto reciente y todavía incompleto de
una batalla contra las tradiciones opresivas presentes en todas las culturas. Y se apoyan en elementos liberadores
presentes también en las diversas culturas. No se puede hablar, como han hecho algunos líderes políticos, de la
"superioridad de la tradición cultural occidental" porque respeta los derechos humanos y reconoce la igualdad de
derechos de ambos sexos« olvidando que hasta hace muy poco ninguna mujer tenía derecho a votar, ni podía viajar a otro
país, ni tampoco realizar una transacción económica de alguna entidad sin permiso del marido.

No tiene sentido hablar de los derechos humanos como una imposición de la cultura occidental, ni como un ataque a la
diversidad cultural. Se trata de un movimiento transversal que recorre todas las culturas y que va abriéndose paso con
mayor o menor dificultad en todas ellas. Cuando el burka y todo lo que representa constituya un objeto visible únicamente
en los museos, ello no constituirá ninguna pérdida de diversidad cultural, sino que significará el fin de una trasgresión de
derechos fundamentales de las mujeres, liberará la creatividad de un segmento importante de la humanidad y dará paso a
nuevas creaciones culturales.

Pero, ¿no nos condena eso a la homogeneización, a la pérdida de la diversidad cultural? "¿No nos estaremos yendo -se
pregunta Maaluf, criticando el actual proceso de globalización- hacia un mundo gris en el que pronto no se hablará más que
una lengua, en el que todos compartiremos unas cuantas e iguales creencias mínimas, en el que todos veremos en la
televisión las mismas series americanas mordisqueando los mismos sándwiches?".

Hoy existen riesgos serios, muy serios, sin duda, de pérdidas irreparables del patrimonio cultural de la humanidad: ya
hemos hablado de las miles de lenguas y otras aportaciones culturales en peligro. Pero el hecho mismo de tener
conciencia de los riesgos crea condiciones para atajarlos. El verdadero peligro estriba, ante todo, en no ser conscientes de
los problemas o en tener una percepción equivocada de los mismos.

Por eso es importante profundizar en los problemas y no contentarse con los tópicos. Es necesario, pues, analizar más
detenidamente ese proceso de globalización o mundialización cuyos efectos homogeneizadores tanto nos asustan. Quizás
ello nos permita ver que no todos los signos son tan negativos y podamos separar el grano de la paja.

Recurriremos al ejemplo de la restauración: un signo evidente de la homogeneización que nos amenaza lo tenemos, se
denuncia, en la proliferación de los "fast food" que encontramos en cualquier parte del mundo: desde la Plaza Roja de
Moscú al centro de Pekín o de Buenos Aires« como también encontramos restaurantes italianos, chinos, mexicanos,
vietnamitas, cubanos, libaneses« Si miramos bien, por lo que a la cocina se refiere, hemos de concluir que los signos no
son de homogeneización, sino de un creciente disfrute de la diversidad. Además, la cocina italiana está más extendida y
desde hace mucho más tiempo que los McDonalds y similares. Y nunca se nos ocurrió pensar que eso representara un
peligroso signo de pérdida de diversidad cultural. . De hecho los movimientos ciudadanos críticos no cuestionan la difusión
de las cocinas propias de las distintas culturas y solo dirigen sus ataques a la invasión, con pretensiones

homogeneizadoras de los ´fast foodµ, lo que ha dado lugar al movimiento ´slow foodµ, defensor de las cocinas locales, y,
por extensión, al movimiento ´slowµ, que promueve un buen hacer y un buen vivir contrario a la aceleración productivista.

Es cierto, sin embargo, que la situación es mucho más grave en otros campos como, por ejemplo, el cine, porque su
producción tiene exigencias económicas que se convierten en auténticas barreras a las iniciativas independientes y los
poderosos circuitos holliwoodenses controlan desde la producción a la distribución. Pero debemos llamar la atención
sobre el hecho de que esta situación de auténtico peligro no es el resultado de la mundialización de la cultura, sino la
expresión más clara de un particularismo triunfante. Un particularismo invasor, de raíz mercantilista, que trata los
productos culturales como simple mercancía, buscando el máximo beneficio sin atender a las consecuencias. Es ahí donde
reside el peligro, no en el libre contacto de distintas culturas. De ese contacto sólo podemos esperar mutuo
enriquecimiento, fecundos mestizajes y, en definitiva, disfrute de una creciente pluralidad de creaciones. Ello, insistimos,
siempre que el contacto sea realmente libre, es decir, que no esté desvirtuado por la imposición de particularismos
mediante mecanismos económicos y/o políticos.

Hay que señalar esto con mucho énfasis, porque es fácil caer en analogías biologicistas y pensar que la solución para la
diversidad cultural está en el aislamiento, en "evitar las contaminaciones". La puesta en contacto de culturas diferentes
puede traducirse (y a menudo así ha sucedido, lamentablemente) en la hegemonía de una de esas culturas y la destrucción
de otras; pero también es cierto el frecuente efecto fecundador, generador de novedad, del mestizaje cultural, con
creación de nuevas formas que hacen saltar normas y "verdades" que eran consideradas "eternas e incuestionables" por
la misma ausencia de alternativas. El aislamiento absoluto, a lo "talibán", no genera diversidad, sino empobrecimiento
cultural.

Como indican los estatutos de la Académie Universelle des Cultures, con sede en Paris, se debe alentar ´cualquier
contribución a la lucha contra la intolerancia, contra la xenofobia...µ. Pero ha llegado el momento de dar un paso más e
introducir el concepto de xenofilia ²que aún no existe en los diccionarios- para expresar el amor hacia lo que nos pueden
aportar los ´extranjerosµ, es decir, las otras culturas, como un elemento básico de la construcción de un futuro sostenible.

Esta importancia dada a la diversidad cultural quedó reflejada en la Declaración Universal de la UNESCO sobre la
diversidad cultural-2001 adoptada por la 31 reunión de la Conferencia General de UNESCO, celebrada en París el 2 de
noviembre de 2001. Como se señala en la presentación de dicha declaración, ´Se trata de un instrumento jurídico novedoso
que trata de elevar la diversidad cultural a la categoría de ¶Patrimonio común de la humanidad· y erige su defensa en
imperativo ético indisociable del respeto de la dignidad de la personaµ. (Ver Declaración). Como seguimiento a esta
Declaración, la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 57/249) proclamó el 21 de Mayo como Día Mundial de la
Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo.

En el año 2003, los Estados Miembros pidieron a la UNESCO que continuara su acción normativa para defender el contenido
de dicha Declaración. Como fruto de un amplio proceso, la Conferencia General de la UNESCO, reunida de nuevo en París
del 3 al 21 de octubre de 2005, aprobó la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones
Culturales, un instrumento jurídico internacional que entrará en vigor tres meses después de su ratificación por 30
Estados.

Como se señala en la web de UNESCO, dicha Convención se propone ´reafirmar los vínculos que unen cultura, desarrollo y
diálogo y crear una plataforma innovadora de cooperación cultural internacionalµ. Con este fin, el texto reafirma el
derecho soberano de los Estados a elaborar políticas culturales con miras a "proteger y promover la diversidad de las

expresiones culturales", por una parte, y a "crear las condiciones para que las culturas puedan prosperar y mantener
interacciones libremente de forma mutuamente provechosaµ.

Referencias en este tema ´Diversidad culturalµ

BOVET, P., REKACEWICZ, P, SINAÏ, A. y VIDAL, A. (Eds.) (2008). Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique, París:
Cybermonde.
CLÉMENT, G. (1999). Le Jardín Planétaire, Paris: Albin Michel.
MAALUF, A.(1999). Identidades asesinas. Madrid: Alianza.
SEN, A. y KLIKS BERG, B. (2007). Primero la gente, Barcelona: Deusto.
MAYOR ZARAGOZA, F. (2000) Un mundo nuevo, Barcelona, UNESCO: Círculo de lectores.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University
Presss. Capítulo 5.

Educación y problemas sociales

y

y 13-Agosto-2009

y En la junta de inicio de semestre, el director del Tec de Monterrey nos presentó una anécdota.

A un legislador griego le pidieron que hablara sobre el tema de la educación. Él pidió seis meses para prepararse, a pesar de que tenía
la capacidad de hacerlo en ese instante.

Cumplido el plazo, la concurrencia observó cómo el griego portaba una jaula con una liebre y otra con un perro. Abrió primero la de la
liebre y ésta salió corriendo. En seguida abrió la del perro, éste alcanzó a la liebre y la destrozó. Ante la mirada aterrorizada del
público y sin decir nada, sacó otra jaula con otra liebre y también la soltó. Esta segunda liebre se quedó tranquila. Acto seguido abrió
otra jaula con otro perro y éste se quedó junto a la liebre conviviendo y jugueteando con ella. Luego el griego dijo: ´La diferencia entre
los primeros animales y los segundos se llama educaciónµ.

En Coahuila padecemos de varios problemas sociales que VANGUARDIA ha señalado con oportunidad. Coahuila es el estado con mayor
índice de obesidad infantil a nivel nacional. La niñez de Saltillo figura en el quinto lugar entre los más obesos de Coahuila. Las
enfermedades relacionadas con la obesidad cuestan al IMSS en Coahuila la nada despreciable cantidad de 2 mil millones de pesos. Lo
más impactante es que si no se abaten los niveles de obesidad infantil, la actual generación de niños morirá primero que sus padres.
Esto según la Organización Mundial de la Salud, es digno de elogio el que se atienda este problema mediante educación.

La SEC giró oficios a presidentes municipales y a directores de escuelas para alejar a vendedores de comida chatarra, así como para
que vendan productos nutritivos en las cafeterías. También 70 profesores se están capacitando en nutrición y educación física para
que, con educación, ellos ataquen la raíz del problema.

El director del DIF, Guillermo Ponce Lagos está haciendo un buen trabajo. Organizó un campamento que en el parque El Chapulín al que
asistieron 300 niños con obesidad y se les promueve una cultura de salud y se les ayuda a vivir una vida más sana. Todo esto como
parte de un programa que combate la obesidad entre los alumnos coahuilenses.

Qué bueno que se empiece a tratar con la educación este problema. Lo malo es que esos niños luego van y ven a sus padres tomando
refresco.

La educación nos llena de algunos conocimientos inútiles, pero nunca nos prepara para lo más importante, lo que casi todos seremos:
esposos y padres de familia.

Tenemos cuatro problemas sociales que, desde mi punto de vista, requieren mayor atención con educación por parte de la sociedad y
el Gobierno: los suicidios que ha reportado VANGUARDIA un día sí y el otro también; la violencia intrafamiliar; el incremento de madres
solteras, y el número de divorcios.

Como dijera Óscar Wilde: ´La principal causa de divorcio es el matrimonioµ. Su máxima se aplica a la realidad coahuilense, en donde
cada vez más parejas prefieren vivir en unión libre. Esto no creo que sea la mejor solución, ya que indica una falta de compromiso y
eventualmente se abandona y desampara a la pareja y a los hijos. ´Una sociedad es tan fuerte como el más débil de sus miembrosµ.

OBJ. 1.4 PERSPECTIVAS Y RETOS DE LA DIVERSIDAD CULTURAL EN
AMERICA LATINA

Las puertas de cada nación deben estar abiertas a la actividad fecundante y legítima de todos los pueblos. Las manos de
cada nación deben estar libres para desenvolver sin trabas el país, con arreglo a su naturaleza distintiva y a sus elementos
propios. Los pueblos todos deben reunirse en amistad y con mayor frecuencia dable, para ir reemplazando, con el sistema
del acercamiento universal, por sobre la lengua de los istmos y la barrera de los mares, el sistema, muerto para siempre,
de dinastías y de grupos".[1]
José Martí
________

El problema de la globalización al aplicarse al área cultural se transforma cada vez más en un tema de particular interés
por las múltiples repercusiones que conlleva. Ello se debe a que este proceso afecta la cultura política y económica del
continente; ya que cuando se modifican los instrumentos, valores y prácticas que constituyen la cultura política de la
sociedad, ello requiere de profundas transformaciones de la base y la superestructura.

Ante esta situación se abren una serie de interrogantes que incluyen variadas preocupaciones: ¿Hasta que punto la
introducción de los elementos de la revolución científica técnica pueden constituir un arma de doble filo para los países del
Tercer Mundo?. ¿Cuáles son las bondades y cuáles los peligros que representa plegarse incondicionalmente al uso de los
avanzados sistemas de información?. ¿La adaptación a esos cambios como solución informativa y soporte educacional
supondrá el sometimiento a los centros de poder transnacional?. ¿Cambiará nuestras costumbres y cultura?. ¿Hasta que
punto la pretendida "aldea global" que se oferta por el imperio no vendrá a ser una amenaza contra las identidades
nacionales, la diversidad cultural y la integración cultural latinoamericana y caribeña?.

A partir de estas interrogantes el propósito de este artículo es ofrecer un conjunto de consideraciones referidas a los
desafíos culturales de la globalización, de manera que ello contribuya a la reflexión en torno como enfrentar los mismos
por parte de la sociedad latinoamericana y caribeña. Más que un desarrollo en extenso del tema -cosa que difícilmente
podría lograrse en un documento de este carácter-, lo que se ha buscado es una presentación breve de las principales
tendencias y discusiones vinculadas al tema, en el entendido de que muchos de los puntos que se abordan podrían ser
objeto de un tratamiento detallado.

En rigor las ideas que aquí se plantean, solo pretenden ser una modesta contribución a la divulgación y al debate de un
tema, que por su importancia para la toma de decisiones en la práctica de la cultura política de cualquier país, necesita un
estudio constante. A lo más que se aspira es a haber esbozado los contornos generales de los desafíos culturales de la
globalización y por tanto, a presentar un mapa tentativo cuya función, sea la de alentar análisis posteriores y estimular su
exploración más a fondo.

¿Asumir las nuevas tecnologías?

Esta realidad amerita un profundo ejercicio de reflexión crítica, que observe que la implantación de nuevas tecnologías
ligadas a la globalización constituye un fenómeno cultural, en lo que hay que pensar también que la globalización misma
ofrece opciones de falsa universalidad, por lo que debe concebirse de donde provienen esos adelantos, como poderlos
utilizar en función de las mejoras y el progreso social, sin que su uso acentúe la relación de dependencia y sumisión que ha
caracterizado al mundo subdesarrollado.

Al igual que todos los fenómenos sociales, este proceso debe ser analizado de forma histórico concreta, si bien no es
posible, ni deseable, escapar de los avances científicos y tecnológicos, es importante, para poder participar, identificar las
condiciones de esa participación, que haya equidad en el acceso a la información y en la producción de materiales, que no
desvirtúen la función que compete a los formadores de los educandos.

Resulta evidente que en aquellos países donde no se ha logrado un desarrollo tecnológico e industrial propio la
transferencia de tecnología puede resultar fuente de contradicciones sociales tales como: divorcio entre las necesidades
reales y las tecnologías importadas; creación de tecnologías contrarias o en todo caso sin una relación raigal con el
contexto social en que se promueve. Es por ello indispensable tener en cuenta que las transformaciones se adapten a las
necesidades y condiciones específicas de cada sociedad, en proporción a su desarrollo social y promoviendo soluciones
originales y autóctonas. En esta tarea es fundamental la formación de una intelectualidad científico-técnica capaz de lograr
la conjugación orgánica entre un alto nivel científico técnico y la realidad social en que tiene que desplegar su actividad.
Por lo que, siempre y cuando no se afecte la identidad cultural y ello favorezca la cooperación internacional y el logro de la
integración cultural del mundo subdesarrollado, bienvenido sea el desarrollo tecnológico.

Buscar sostenibilidad

Este conjunto de transformaciones debe enfrentar el cambio de los valores relativos a lo público y lo privado; la estabilidad
de las instituciones; la participación de ramas que tradicionalmente fueron líderes en el proceso de crecimiento económico
y que son reemplazadas por nuevos sectores; el reemplazo de un paradigma tecnológico por otro; de la modificación de las
preferencias sociales en la forma de organización colectiva o de la legitimidad y el peso asignado al Estado frente a las
diversas organizaciones que integran la sociedad civil. Sin embargo, el problema no está en las transformaciones que se
operan, sino en sus direcciones y en sus resultados sociales. La sostenibilidad del desarrollo, no sólo se garantiza por
medio de la preservación y/o formación de las condiciones del medio ambiente; el bienestar de las presentes y futuras
generaciones sólo se podrá lograr y sostener si tomamos en consideración los siguientes elementos:

Una cultura que se despliegue sin violentar la naturaleza, promover un crecimiento sin violentar el costo de la vida, sin
desmejorar las condiciones de vida de las personas, es no enriquecer a un grupo y empobrecer a otros; es pensar en
políticas gubernamentales que no afecten o atenten contra la naturaleza, es no vender la soberanía nacional en aras del
turismo; es proponer proyectos que logren la igualdad de géneros y la educación ambiental; es contribuir a erradicar la
pobreza y la violencia en todo los ámbitos, es pensar que las políticas económicas no estén desfasadas de lo social; es en
síntesis el respeto a la conservación de los valores, costumbres y modo de vida autónomos de los pueblos.[2]

El cumplimiento de este complejo sistema de intervinculaciones del desarrollo sostenible requiere de:[3] Un sistema
político y cultural que asegure una participación efectiva en el proceso de adopción de decisiones; un sistema económico
capaz de generar excedentes y conocimientos técnicos sobre una base autónoma sostenida; un sistema social que facilite
soluciones para las tensiones resultantes de la falta de armonía en el desarrollo; un sistema de producción que respetase
la obligación de preservar la base ecológica del desarrollo; un sistema tecnológico que pueda buscar continuamente
nuevas soluciones; un sistema internacional que promoviese estructuras sustentables del comercio y las finanzas; un
sistema administrativo flexible con capacidad de auto corrección.

En las circunstancias explicadas es conveniente tomar en consideración los aspectos de la globalización cultural en el
diseño de políticas de desarrollo sostenible. El desarrollo de la cultura se manifiesta cuando el hombre por un lado crea un
mundo variado, crea las bases materiales y espirituales de su existencia. Ello en primer lugar requiere de promover
variaciones en el contenido y enfoque de las políticas culturales, lo que no debe significar la mera adopción directa del
mundo de los conocimientos, modos de vida o experiencia de una región; es necesario tomar en cuenta que el desarrollo
local, nacional y regional este en relación con sus valores y con su cultura propia.

Preservar lo nacional

Mantener y crear una verdadera diversidad, asignando un lugar a la racionalidad nacional, garantizándole un poder de
iniciativa equivalente por lo menos al poder de integración del sistema mundial, debido a que el espacio nacional, es el
lugar de transformación de los impulsos externos con arreglo a procedimientos específicos, y está ligado en gran medida
al exterior y por ende al sistema mundial. Los cambios en la cultura política de la sociedad requieren transformaciones en
el papel del Estado, por lo que según las particularidades de la gran mayoría de los países subdesarrollados, de lo que
requiere este proceso es de un fortalecimiento del liderazgo del Estado en la gestión del mercado, incluyendo los
elementos del sector público y privado. Ello supone colocar barreras a la hegemonía del capital, de manera que este
responda a los intereses del pueblo, evitando el carácter injerencista del capital.

Política del Estado activa

La política exterior del Estado debe ser dinámica frente a las corrientes homogeneizadoras externas en los distintos planos
del desarrollo social, construyendo prácticas viables y legitimas de conducción del proceso, que se sustenten en el respeto
de la unidad y la diversidad de situaciones nacionales para emprender con éxito las transformaciones económicas,
políticas, y culturales. Es de particular importancia la preservación de la identidad cultural y los valores nacionales en lo
que deviene la estrategia martiana de que "el único modo de ser libres es ser cultos". Esto indica la necesidad de crear
programas educativos, ya que no es posible enfrentar los retos culturales de la globalización con la gran suma de

analfabetos y subescolarizados que tiene el mundo subdesarrollado.

Rol de la educación

Es importante destacar que la educación no debe ser vista solo como un elemento transmisor de conocimientos, sino
también de tradiciones culturales, esta representa también una vía para el cultivo de tradiciones que contribuyan al
desarrollo de raíces sociales con las que se identifica cada proyecto, cada sociedad. Estos atributos son importantes en la
determinación de la concepción del mundo de los individuos de la sociedad de que se trate, quienes imprimirán una manera
específica al despliegue poli funcional de la cultura en cada ingrediente de las fuerzas productivas, las relaciones sociales
de producción y la superestructura que la representa.

Rescatar la historia

La concepción planteada supone rescatar y desarrollar los elementos de la historia local, regional y nacional poniéndose en
función del proceso de creación de valores; supone la interpretación dialéctica del mundo de manera que se asuman los
aspectos inéditos de la cultura universal y su incorporación a lo que identifica la realidad nacional de cada país. En la
medida en que las poblaciones estén dotadas de mayores grados de conocimientos de sus raíces, así crecerá el desarrollo
autóctono y formativo cultural, el resultado podría ser, una paulatina disminución de la capacidad de manipulación de los
"grandes centros culturales" del mundo desarrollado sobre las culturas del Tercer Mundo.

Las experiencias empíricas muestran que mientras la capacidad del Estado para intervenir por la vía de políticas culturales
disminuye, la identidad de las nuevas generaciones se construye más por la lógica del mercado que por los símbolos
patrios de naturaleza histórica y regional. Si un país quiere circular por las sendas del desarrollo sostenible debe crear su
ventaja comparativa en términos de capacidades científicas y culturales. Debe dar prioridad a la historia nacional, a la
ciencia, la tecnología, y a su cultura, desarrollando estrategias vinculadas a los nuevos escenarios de información y
comunicación para construir un sitio a sus relaciones externas y conectarse así con el mercado mundial. Los recursos
humanos, la educación y la formación son básicas en este vínculo.
Acercarse al mundo

Resulta además, conveniente poner en práctica, políticas de acercamiento y colaboración con otros contextos culturales,
lo cual en la estrategia de desarrollo que aborda Martí para América Latina se conoce bajo el legado de "Injértese en
nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas".[4] Esto tiene su base en el argumento
de que "la cultura del desarrollo parte del desarrollo de la cultura y para que perdure el modelo de desarrollo tiene que
afirmarse en la identidad y en los valores autóctonos".[5] Cuando se plantean nuevas formas de organización, la cultura se
dibuja como mapa para orientar la tarea de reconstruir los acontecimientos del mundo, lo que indica ir hacia los
significados que guían la acción racional que coloca como centro al hombre.

Participación democrática

Un proyecto alternativo a los problemas que confronta el mundo de hoy no puede ser viable si no se apoya en nuevas
maneras de hacer política cultural. Para construir una nueva sociedad es necesario sustentarlas en nuevas formas de

participación democrática, donde el trabajo comunitario debe ocupar un lugar privilegiado, creando los mecanismos que
puedan hacer reales y efectivos los derechos individuales y sociales. Esto exige crear una integración social que comienza
por la organización social de los consumidores de los habitantes de una región, donde el hombre y sus organizaciones se
transformen en protagonistas; asegurando la existencia y reproducción de una diversidad de circuitos culturales con sus
variadas formas de operación es decir, con participación de diversos agentes sociales organizados según sus instancias
institucionales.

Un mensaje para América Latina y el Caribe

El mensaje conclusivo podría ser, que en la medida en que se diseñen políticas culturales que contribuyan al desarrollo
cultural, teniendo en cuenta lo universal de los procesos, así se podrán enfrentar los efectos nocivos del proceso de
globalización en lo económico, político, ecológico y cultural. Para ello globalización cultural y desarrollo sostenible deberán
convertirse en la práctica real en una unidad dialéctica, teniendo como centro al hombre y su entorno. La relación entre la
globalización cultural y el desarrollo sostenible debe convertirse en un elemento estratégico. A través de ella, se pueden
abordar respuestas a importantes problemas sobre las presentes y futuras generaciones al tomar en consideración a la
cultura como el barómetro de la calidad del desarrollo. Esta unidad dialéctica requiere de acciones constantes, proceder
afirmativamente en los programas que se propongan, dándoles el contenido y los recursos necesarios para que se
ejecuten eficientemente; en ello reside el carácter sostenido del desarrollo. Sin embargo, este será sustentable cuando se
logra consolidar desde la perspectiva temporal y espacial.

Pero más que nada será sustentable cuando confiemos en él. Cuando exista una conciencia clara del horizonte en el
pasado, presente y futuro, en los marcos de una racionalidad que perdure política, económica, ecológica, cultural y
socialmente. Hay que partir de un factor decisivo, y es que en última instancia lo determinante es el factor económico, sin
el cual, no se puede sustentar ningún proyecto social. No se debe ignorar que sin "economía sólida todas las aspiraciones
políticas y sociales se convierten en un sueño utópico".[6]

El desarrollo sostenible requiere de tecnología y creatividad humana de manera que se globalice una nueva ética que
involucre la justicia social y enaltezca la vida en todos sus ordenes en lo que se debería tener en cuenta lo siguiente: "El
poder no reside únicamente en el saber técnico, sino en la apropiación de la capacidad social y técnica reunidas, en la
acumulación de recursos culturales para usar esta apropiación y en la formación de vínculos entre lo local y lo mundial. Se
ha logrado pasar con éxito del sistema "global" al "local" cuando los factores culturales han sido tenidos en cuenta
explícita y cuidadosamente. Esas transferencias requieren innovación técnica, económica y social conforme los pueblos
recuperan la iniciativa. Por lo tanto, hay que prestar especial atención al saber que cada cultura ha aportado al patrimonio
intelectual del mundo".[7]

Lo anterior sugiere que la defensa de la identidad nacional no es la incomunicación, sino una mayor y auténtica apertura
hacia lo universal. Sólo se puede preservar lo nacional si esta se abre a todo lo legítimamente culto que no es nuestro. Esto
supone un proceso de auto creación incompatible con las formas culturales importadas, donde los valores culturales
deben ser interpretados y actualizados por los grupos que participan en ellos. En tal sentido, la formulación de políticas
culturales, no debe ser exclusiva de los Estados o de la iniciativa privada, sino que debe incluir a educadores,
profesionales, trabajadores de la cultura, asociaciones; capaces de generar ideas, alternativas, proyectos socioculturales,

que conduzcan al fortalecimiento de la identidad y al enriquecimiento de la pluralidad de nuestros pueblos.

En conclusión, para los países de América Latina y el Caribe en realidad no se trata de elegir entre la autarquía y la
apertura. De lo que se trata, es de elegir entre el sendero hasta ahora seguido, de aceptación pasiva y sin reservas de todo
aquello implicado en la globalización, o un sendero diferente, que implique el despliegue de capacidades en distintos niveles
-(comunitario, territorial, regional, nacional, continental, en lo económico, político, ecológico, cultural, es decir social etc.)-
para asumir o rechazar las tendencias globales y colocarlas en función de un desarrollo multidimensional.

Asumir las reglas del debate en cuanto al proceso de globalización cultural implica el reconocimiento objetivo del
fenómeno. Este proceso involucra la creación de una "sociedad global" que no representa meramente la suma de Estados
nacionales. La globalización es una poderosa realidad creada por la división internacional del trabajo, y la cultura de una
economía de mercado, la misma en el presente predomina por encima de las sociedades nacionales. Por lo tanto no puede
ser ignorada, de lo que se deriva entonces interiorizar e identificar cuales son las oportunidades que ofrece este proceso
para el desarrollo; el problema consiste en la visión que pudiera tenerse del mismo.

Es fundamental destacar que la globalización como proceso constituye una reestructuración, que tiene su contenido más
profundo en la evolución del conocimiento científico. Este razonamiento expresa una realidad operativa y esta consiste en
esencia en un amplio, complejo y dinámico proceso de modificaciones, que afecta a todos los componentes de la sociedad
global contemporánea y cuyos factores determinantes son tanto económicos, tecnológicos, ecológicos, culturales, como
políticos y en su más amplia dimensión social. Identificada como reestructuración que comprende las fuerzas productivas
y las relaciones de producción y la superestructura que la representa dinamizando estos nexos, la globalización no debe
ser ignorada ni evitada. Hace ya algún tiempo que fue superada la época en que los países podían tratar de desarrollarse
con relativa independencia de lo que sucediera en el resto del mundo.

Debe quedar claro que lo que ha estado transformándose de manera vertiginosa en los últimos años, no es solamente el
país, sino la sociedad mundial en su conjunto, y que en este entorno, los parámetros de inserción en la cultura mundial
globalizada son volubles y están sujetos a certidumbre e incertidumbres debido al carácter dominante de las leyes del
capital, y este se extiende y modifica con particular celeridad y en trayectorias incalculables.

Esta fluctuación consustancial a la globalización dictada por la ley del valor, debe ser tenida muy en cuenta por las
alternativas de desarrollo, prestando especial atención al establecimiento de dispositivos para reducir los dilemas
culturales de los procesos que la acompañan, y de hecho, para tratar de sacar ventajas de los desafíos que se generan,
tanto de las certidumbres como de las incertidumbres ocasionadas por las transformaciones que ocurren en la economía
mundial contemporánea.

La relación que hay entre globalización, cultura y desarrollo es mucho más dinámica, también podría admitir la existencia
de oportunidades para el desarrollo cultural. El reto para los países subdesarrollados en el contexto de la globalización, no
es que las oportunidades de desarrollo no estén presentes, el dilema está en lograr aprovechar las oportunidades
existentes, las cuales exigen determinados requerimientos que muy pocos países subdesarrollados pueden o han sido
´capaces de alcanzarµ.

Esta última meditación conduce a la idea, de que la globalización pudiera ser inevitable en tanto se considere como un
proceso de reestructuración económica y cultural global resultado de la evolución del conocimiento científico. Esto no
implica que no se reconozcan sus efectos dañinos, los cuales en cuanto a posibilidades de desarrollo los mismos si deben
ser evitados. Una visión de ese tipo se podría apoyar en hechos reales y en tendencias evidentes del proceso, fundadas en
las consecuencias negativas que ha tenido para los países subdesarrollados y también para vastos sectores sociales en
las propias naciones más industrializadas.

El carácter contradictorio y heterogéneo de la reestructuración de la economía y la cultura mundial se expresa, de
diversas maneras, entre ellas en el hecho de que este proceso que ha favorecido la extensión a escala planetaria de
prácticas inhumanas de obtención de plusvalía y de diferenciación social, también ha conducido a una dispersión de la base
industrial y cultural del mundo en ´favorµ de un grupo de países subdesarrollados, cuyos efectos no pueden ser ignorados
ni menoscabados. Estos efectos diferenciados dejan ver variados desafíos y lecciones en el plano del diseño de políticas de
desarrollo.

Las lecturas del marxismo indican que la solución de la contradicción económica fundamental del capitalismo está en
reconocer de modo efectivo el carácter social de las fuerzas productivas modernas, y por tanto, de armonizar el régimen
de apropiación y de cambio con el carácter social de los medios de producción. ´Las fuerzas activas de la sociedad obran
mientras no las conocemos ni contamos con ellas, exactamente lo mismo que las fuerzas de la naturaleza: de un modo
ciego, violento destructor, pero una vez conocidas, tan pronto ´se sepaµ comprender su actividad, su tendencia y sus
efectos, depende de nosotros supeditarlas cada vez más de lleno a nuestra voluntad y alcanzar por medio de ellas nuestros
propios finesµ.[8]

Tal es lo que ocurre con las gigantescas fuerzas de la globalización y el mercado, mientras haya resistencia a comprender
su naturaleza y su carácter, estas fuerzas actuaran de manera opuesta. ´En cambio,- parafraseando a Engels - tan pronto
penetremos en su naturaleza esas fuerzas en manos de productores asociados, se convertirán de tiranos demoníacos, en
fuerzas sumisasµ..[9]

Notas, fuentes y recursos:

[1] José Martí. Informe presentado en la Comisión Monetaria Internacional Americana celebrada en Washington, 30 de
marzo de 1891. En Obras Completas, tomo 6. Editora Nacional de Cuba, La Habana, 1963 p. 153.
[2] Lidia Córdoba. "Educación para la no violencia: Hacia un desarrollo sostenible sustentable y sostenido con perspectiva
de género". Ciencias Sociales No. 71 Costa rica, marzo de 1996 p. 128.
[3] Ver: The World Commission on Environment and Development. Our Common Future, 1987 Oxford University Press, p. 102.
[4] José Martí. Nuestra América. Obras Completas, tomo 6 Editora Nacional de Cuba, la Habana 1963 p. 18.
[5] José Luis Rodríguez. Ministro de Finanzas y Economía de Cuba. En inauguración del I Encuentro Iberoamericano "Cultura
y Desarrollo: retos y estrategias" convocado por el Centro de Superación para la Cultura del Ministerio de Cultura de Cuba.
La Habana, noviembre de 1995.

UNIDAD II

LA DIVERSIDAD CULTURAL EN VERACRUZ
OBJ. 2.1 RELACION DEL ESTADO CON LOS PUEBLOS INDIOS

Nuevas relaciones Estado-pueblos indígenas

Carlos Tello
Doctor en Economía por la Universidad de Cambridge.
Cónsul de México en San Francisco, California, y ex director general del Instituto Nacional Indigenista.

1

México es y se reconoce jurídicamente como un país pluriétnico y multicultural. La
variada presencia de los pueblos y culturas indias, herederas directas de los pueblos
mesoamericanos, dan fe de la diversidad de nuestro origen. Ésta se mantuvo y
enriqueció con el encuentro dramático de Europa con América. A la diversidad de origen
se le suma la de nuestra historia.

2

Por otra parte, nuestra debilidad como nación y nuestras mayores flaquezas culturales
provienen de la perversa relación con los pueblos indios y sigue teniendo en ella su
mejor presentación.

Los más de diez millones de indígenas mexicanos están marcados por un denominador común: la pobreza.

De este rasgo compartido deriva la práctica de reducir su singularidad cultural a denominaciones que apelan en mayor
medida su situación social: ser indio en México hoy es sinónimo de ser pobre.

Los pueblos y las comunidades indígenas de México viven en condiciones extremadamente distantes de la equidad y el
bienestar.

Cualquier diagnóstico al respecto arroja un cuadro alarmante: 97 por ciento de los indígenas viven en municipios con alto y
muy alto grado de marginalidad. De todos los mexicanos que habitan en municipios rurales con muy alto grado de
marginación, 41 por ciento son indígenas.

Las condiciones de existencia de los indígenas asentados en municipios urbanos del país -llegados ahí generalmente por
migraciones forzadas en razón de la misma condición de pobreza en sus lugares de origen- no son en lo absoluto mejores,
como lo demuestran, por sólo citar dos casos, los mixtecos en Tijuana y los mazahuas en la ciudad de México.

El denominador común es la pobreza, la desigualdad y la explotación.

La desigualdad que afecta a los pueblos indígenas, como lo ha sostenido en repetidas ocasiones el Instituto Nacional
Indigenista, "es un fenómeno estructural, histórico y por lo mismo integral. No se trata de un fenómeno residual producido
por la falta de integración de los indígenas a una supuesta sociedad mayor. Por el contrario, se deriva de un modelo de
integración asimétrico y desventajoso. La desigualdad se manifiesta en todas las relaciones que vinculan a los pueblos
indígenas con otros sectores.

La pobreza extrema que unifica a los muy diversos indios en México paradójicamente encierra, degrada y oculta esa
riqueza cultural en cientos de comunidades, por lo general rurales, con escasa comunicación entre sí y con muy limitadas
posibilidades de que sus culturas aporten al desarrollo nacional un legado de enorme significación histórica y, lo que es
aún más relevante, su potencial de soluciones al futuro de toda la nación mexicana.

Durante muchos, pero muchos años, desde nuestros orígenes como nación independiente y hasta ya entrado el siglo que
está próximo a concluir, los pueblos indígenas fueron vistos, en el mejor de los casos, como materia de redención
civilizadora y de asimilación cultural y, en el peor, como ominoso lastre para el desarrollo y el progreso.

Entre uno y otro polo se desplegaron numerosas iniciativas políticas que, vistas en retrospectiva y más allá de sus
bondades particulares, fueron -al final de cuentas- incapaces de proveer a los pueblos y comunidades las condiciones de
equidad, bienestar e igualdad jurídica que proclamó para todos la Revolución mexicana.

Desde la revolución, el Estado definió una política de incorporación de los pueblos indios a la corriente central de la
mexicanidad y su integración al desarrollo nacional.

No sólo fue insuficiente esta política, sino que la integración propuesta, al no reconocer como sujetos de derecho a los
pueblos indios, derivó en un menosprecio de su capacidad para definir sus propias alternativas de progreso basadas en
sus culturas milenarias, y produjo, en consecuencia, una subestimación de las culturas indígenas para enfrentar
exitosamente el futuro.

Si bien el propósito integrador partía del reconocimiento de la necesidad de hacer justicia a los pueblos indios e implicó la
entrega desinteresada de funcionarios públicos y pensadores de México, no dejó de considerarse en la acción institucional
que la pobreza histórica y ostensible era consecuencia de la práctica de culturas diversas dentro de la nación.

Esta actitud ha ido cambiando lenta, pero indefectiblemente, conforme ha ganado espacio en la conciencia nacional la
convicción de que somos una nación pluricultural y que de esa diversidad sólo pueden derivar vigor y riqueza.

La reforma al párrafo primero del artículo 4º de la Constitución mexicana dio carta de naturalización a la diversidad
cultural en nuestro país.

Hoy, no sólo en México, sino en el mundo entero, se ha demostrado que la idea y práctica de lograr naciones homogéneas
no significa un camino viable y deseable a la rica diversidad del mundo, ni una senda adecuada para la democratización de
las sociedades. Por el contrario, esta aspiración se reveló como empobrecedora y como un potente obstáculo para su
desarrollo futuro.

La singularidad de México en el contexto mundial, por ser región rica culturalmente, hace todavía más incomprensible toda
pretensión de uniformidad. El nuevo proyecto de nación ha de estar sustentado en la pluralidad, entendida no sólo como
heterogeneidad, sino como convivencia pacífica, productiva, respetuosa y equitativa de lo diverso.

Los mexicanos debemos enfrentar una realidad compleja de desigualdad, explotación e injusticia. Por ello, es preciso ir
más allá y asumir la necesidad de revenir esta realidad, de cambiar para avanzar.

El reto es hacer que estas ideas sean asumidas por nosotros de manera que la diversidad sea atributo de todos y no sólo
de los pueblos indios. Estas ideas constituyen la verdadera matriz de la que debe desprenderse la política estatal a seguir.

Este desafío ancestral de la nación mexicana tiene que abordarse. El rezago secular que define la situación contemporánea
de los pueblos indios de México reclama, para su solución, el concurso de la sociedad mexicana. Requiere también el fin de
la simulación y el ocultamiento.

Los históricos reclamos de los pueblos indígenas en materia de impartición de justicia, de tenencia de la tierra, de
servicios de infraestructura básica, de derechos políticos y sociales de autodeterminación no sólo son legítimos en sí
mismos, sino que se vuelven cruciales en el horizonte de la construcción consensual de un México más justo y democrático.

Más allá de la cuantificación de las carencias de los pueblos indios de México, liquidar las condiciones de extrema pobreza
en que viven se convierte en la piedra angular de la verdadera modernización del país. Sin el concurso de los pueblos
indios y sus soluciones no hay integridad posible; con su presencia vigorosa y actuante se fortalece la soberanía nacional.

Para avanzar hoy en esta dirección se tiene un marco propicio. Hay una sensibilidad nueva en la sociedad y en el Estado
mexicano hacia la cuestón indígena. Ella forma parte de la agenda de autoridades, legisladores, partidos políticos,
organizaciones sociales y medios de comunicación.

Son muchos los actores que reclaman un espacio en la cuestión indígena; son diversas y numerosas las propuestas que se
hacen al respecto; son muchas y delicadas las aristas de esta compleja y problemática cuestión.

Si bien el gobierno asume explícita y cabalmente este renovado compromiso, es indispensable que la sociedad toda
participe en lo que constituye una urgente tarea nacional: definir una nueva alianza de los pueblos indios y la sociedad
mexicana.

La nueva alianza implica un cambio sustantivo de la política estatal a partir del reconocimiento autocrítico de la
insuficiencia de las estrategias para abatir los problemas ancestrales de los pueblos indios y facilitar su propio desarrollo.
Y de la ausencia de corresponsabilidad de los otros poderes del Estado en los diversos niveles de gobierno y de la sociedad
en su conjunto.

Esta nueva alianza se debe concretar en el respeto a un conjunto de derechos legítimos de los pueblos indios, codificado en
el derecho internacional y en la Constitución mexicana: derechos políticos que permitan escuchar su voz y sus demandas;
derechos jurídicos que enriquezcan el derecho positivo y las garantías individuales con la probada y ancestral práctica de

sus sistemas normativos y de cargos; derechos sociales que posibiliten libertad en la forma de organizarse, de elegir a sus
autoridades y para alcanzar una vida digna; derechos económicos que den pie al desarrollo autónomo de sus propios
esquemas y alternativas de organización para el trabajo, la producción y la comercialización, y derechos culturales que
estimulen su diversidad.

La complejidad del asunto y la multiplicidad de actores involucrados obligan a introducir orden y dirección en este terreno.
Por lo mismo, el proceso hacia un nuevo compromiso entre Estado y pueblos indios pasa por la elaboración conjunta y
consensual -Poder Legislativo, Ejecutivo, partidos, pueblos indígenas y sociedad civil en general- de una agenda que
permita un ejercicio de democracia que se traduzca en una justicia real para los indígenas.

En este proceso, el Poder Legislativo puede hacer una contribución invaluable al incorporar al debate las iniciativas de sus
representados y operar como un espacio de concertación entre los partidos políticos.

El reconocimiento constitucional de la pluriculturalidad debería conducirnos a una revisión exhaustiva de la legislación
vigente para eliminar todo aquello que pueda ser interpretado como discriminación y para adicionar, de ser el caso, que
esté dentro del espíritu de respeto a la diversidad y que garantice la unidad nacional. Dicha revisión debería dar prioridad
a aspectos sustantivos: los que se refieren al manejo de recursos naturales, tierras, aguas, bosques, administración de
justicia en sus diferentes ámbitos y educación, entre otros. Es importante considerar que la Constitución general de la
república rige para todos los mexicanos y es por ello el sustento fundamental de los derechos de los pueblos indígenas.

El sentido general de la reforma ha quedado plasmado en el compromiso del presidente Zedillo de reconocer en los pueblos
indígenas a los sujetos de su propio destino y, por tanto, de diseñar y perfeccionar con ellos las políticas y acciones
adecuadas para que la lucha por remontar sus carencias responda a sus demandas y aspiraciones.

Su significado es claro: nuestro país ha decidido establecer los parámetros normativos para el libre desarrollo de los
pueblos indígenas en el marco de la diversidad de alternativas y soluciones.

El libre desarrollo de los pueblos indios debe ser entendido como la capacidad de los pueblos y comunidades indígenas de
ser sujetos de las decisiones que les son propias en los ámbitos económico y sociocultural, pero primordialmente en el
político. Este último elemento es una condición fundamental para su desarrollo libre y autónomo. No existe mayor
discriminación, desigualdad y pobreza que aquella que deriva de la marginación en las decisiones de carácter político.

La relación del Estado mexicano con los pueblos indios en este fin de siglo implica construir nuevos equilibrios políticos que
involucren a todos los actores nacionales. Configurar un nuevo pacto social exige incorporar a los indígenas a las
dinámicas del desarrollo nacional, pero desde sus propias demandas y necesidades.

De cara a la nación, la actual generación de mexicanos por voluntad y circunstancia está enfrentada al reto de terminar
con el concepto de rezago histórico. Una gran movilización de la sociedad mexicana, de sus instituciones estatales,
agrupaciones políticas y organizaciones sociales, deberá acometer la tarea de la misma manera como ha asumido el
compromiso de forjar una cultura de los derechos humanos y una de la democracia. La gran tarea hoy es crear y afianzar
en nuestro país una cultura profunda de la pluralidad y del respeto a la diversidad, una cultura del reconocimiento pleno de
nosotros mismos. Ello nos dará la fortaleza y unión necesarias para hacer frente como nación a los años por venir.

Participación y representación de los pueblos indígenas.

Este es uno de los temas de mayor preocupación en los diferentes procesos de debate y consulta. En torno a él se han
planteado una gran cantidad de propuestas, que tienen como finalidad establecer garantías y mecanismos concretos para
la incorporación de los pueblos indígenas en la toma de decisiones sobre políticas y acciones institucionales que les
afectan.

2.1. Participación

Se señala, de manera reiterada, la exigencia a participar en el diseño, seguimiento y fiscalización de los planes de
desarrollo, políticas públicas y aplicación de recursos. De hecho, esta reivindicación es recogida por las distintas
iniciativas de ley que se han presentado al Congreso federal, en formulaciones idénticas, pero que no están destinadas
exclusivamente a los pueblos indígenas sino a las poblaciones de los municipios en general.

Las propuestas enfatizan la necesidad de respetar las formas de organización interna de los pueblos indígenas para la
toma de decisiones, fortaleciendo sus capacidades de participación y gestión. Además, se establece que este propósito
requiere de una reforma institucional que transforme las actuales instancias y políticas indigenistas y de desarrollo social,
para que permitan la incorporación corresponsable y copartícipe de los pueblos en la definición y operación de dichas
políticas cuando éstas les afecten de alguna manera.

2.2. Representación

En este rubro, se plantea el derecho de los pueblos indios a elegir a sus representantes en el gobierno local y el
reconocimiento de formas de elección que correspondan con sus prácticas tradicionales, sin la necesaria intervención de
los partidos políticos; y además, el derecho a participar en la difusión y vigilancia de los procesos electorales. De igual
manera, entre las propuestas se destaca la necesidad de establecer mecanismos que garanticen la representación de las
comunidades indígenas en el gobierno municipal, particularmente en los casos donde la población indígena es minoritaria,
así como la creación de algunas figuras que fortalezcan la presencia indígena en los ayuntamientos, como pueden ser la
sindicatura o las regidurías indígenas. En el mismo sentido, se reivindica el principio de que las autoridades auxiliares sean
electas y no designadas por el presidente municipal, respetando a los procedimientos tradicionales para hacer esta
elección. Finalmente, otro aspecto relevante es el reconocimiento a la participación de las mujeres en un plano de igualdad
en las instancias de representación política.

Un aspecto adicional, no relacionado directamente con la reforma municipal pero que expresa el sentido más amplio de las
reivindicaciones indígenas sobre el tema, es el planteamiento sobre la necesidad de representación de los pueblos
indígenas en los congresos estatales y federal. Con este propósito, se sugieren modificaciones a la distritación territorial,
considerando criterios que faciliten la correspondencia de las delimitaciones electorales con los asentamientos indígenas
y, además, la creación de una sexta circunscripción para garantizar la representación indígena por la vía plurinominal.

Cabe señalar que en el tema de la representación política, existe una amplia convergencia de la perspectiva indígena con
los planteamientos que se han elaborado desde la agenda municipalista en general. Coinciden en reivindicar garantías
legales e institucionales a la participación social, así como ir democratizando la representación al interior de los gobiernos
municipales para que los diferentes sectores e intereses sociales del municipio tengan canales de expresión e
interlocución en el gobierno municipal. En este sentido, cualquier enunciado que pretenda definir un marco jurídico a este
derecho, tendría que formularse de tal manera que diera cabida a las más diversas formas de participación social.

3. Derechos jurídicos y de justicia.

En este rubro de los derechos indígenas, los enfoques son muy diversos. El espectro abarca desde el pluralismo jurídico, el
reconocimiento a los sistemas normativos, el derecho de jurisdicción, hasta el acceso real de los indígenas a la impartición
de justicia.

3.1. Derechos jurídicos.

El tema parte de reconocer la existencia de un debate sobre el pluralismo jurídico, que plantea el reconocimiento del
derecho indígena como una de las fuentes del derecho mexicano. Aún cuando es un debate vigente, no resuelto por ahora,
se reconoce la necesidad de una reconceptualización de algunas categorías, como la de derechos colectivos, autonomía,
territorio, el principio de equidad, el valor de la jurisprudencia, entre otras. Su inadecuada definición ha dado pie a una
serie de interpretaciones particulares, resultando legislaciones locales dispares y contradictorias en torno a los derechos
indígenas.

Las propuestas más recurridas se centran en el reconocimiento de los sistemas normativos de los pueblos indígenas para
la resolución de sus conflictos internos y para la procuración de justicia en el caso de delitos menores. De manera
paralela, el alcance y legitimación de estas prácticas de impartición de justicia están acotadas por el respeto a los
derechos humanos, a los derechos de las mujeres, a las garantías individuales y a la convalidación del sistema judicial
mexicano.

Precisamente, el debate sobre este punto se refiere a los mecanismos de convalidación, que se concretarían en
procedimientos simples, cuando lo solicite alguna de las partes involucradas y en los plazos que la ley señale. Sin estos
mecanismos, ninguna resolución indígena quedaría firme y quedarían en entredicho tanto su derecho de jurisdicción como
esta práctica que tradicionalmente ha sido funcional para la convivencia interna.

Debemos reconocer que las comunidades y pueblos indígenas han desarrollado mecanismos de articulación entre sus
tradiciones para impartir justicia y el orden jurídico nacional. También, que sus órganos jurisdiccionales locales en muchos
casos tienen más autoridad y capacidad que los órganos municipales que cumplen estas funciones. Que la complejidad de
la tarea radica en la gran diversidad y profundidad de las especificidades culturales para definir criterios, para dirimir sus
controversias internas y para aplicar justicia en función de la vida y tradición comunitaria.

Seguramente, este es uno de los temas donde la especificidad indígena encuentra mejor respuesta en la conformación de
ámbitos autonómicos locales, que les otorguen la capacidad de autoregularse en función del interés local y a partir de sus
principios de convivencia. En esta esfera la agenda municipalista tiene todavía el desafío de proponer los mecanismos e
instancias adecuados para fortalecer su función judicial como parte de sus facultades fundamentales.

3.2. Derecho a la justicia.

El planteamiento central en este aspecto es la introducción de modificaciones al marco jurídico para garantizar el acceso
real a la justicia. Entre otros, el derecho a traductores, los peritajes antropológicos, compurgar sus penas en los
establecimientos penitenciarios más cercanos a sus domicilios, propiciar la reintegración a la comunidad como mecanismo
esencial de readaptación social y la creación de una cuarta visitaduría de derechos humanos, para servicio de los pueblos
indígenas.

4. Desarrollo, políticas públicas y recursos económicos.

En relación con esta temática, se demanda un proceso de transferencias y descentralización de funciones relativas al
desarrollo, hacia los pueblos indígenas, para impulsar su base económica mediante estrategias específicas que
aprovechen sus potencialidades para hacerlos sustentables. Se parte del principio de que deben ser ellos mismos quienes
diseñen o participen en la formulación de planes y programas de desarrollo, ya sea garantizando su representación en las
instancias y mecanismos actualmente existentes, o bien mediante la creación de canales de participación específicos. En la
misma dirección, existe la necesidad de concertación entre los pueblos indígenas y los distintos ámbitos de gobierno, para
la promoción de programas y proyectos especiales que permitan compensar rezagos y marginación.

Por otro lado, las propuestas anteriores se complementan con algunos criterios para definir el tipo de desarrollo que se
debería impulsar en las localidades indígenas. Estos son la integralidad, equidad y sustentabilidad, especialmente en lo
relativo al aprovechamiento y protección de los recursos naturales. No se excluye la necesidad de capacitación, en algunos
casos orientada al impulso de proyectos específicos y, en otros, hacia el fortalecimiento de capacidades para gestionar
políticas y programas de desarrollo.

En cuanto al gasto, se demandan mecanismos que garanticen una distribución directa de los recursos públicos hacia las
comunidades, para evitar su concentración en las cabeceras municipales, y así resarcirlas del abandono en el que han
permanecido hasta ahora. De la misma manera, se exige la transparencia en el manejo y aplicación de los recursos
públicos, conformando la creación de órganos de vigilancia y fiscalización de los mismos.

5. Territorio, tierra y recursos naturales.

El concepto de territorio ha sido uno de los aspectos más controvertidos en el debate sobre derechos indígenas. Sin
embargo, hay un consenso en el concepto que establece el Convenio 169 de la OIT, que lo define como "la totalidad del
habitat que los pueblos indígenas usan y ocupan de alguna manera"; y la ley COCOPA añade: "salvo aquellos cuyo dominio
directo está reservado a la nación". El territorio se reivindica como un componente de la autonomía y como base material
de la reproducción de los pueblos indígenas; como condición de su reconstitución y sobrevivencia histórica. La polémica se
abre en torno al vínculo entre el territorio y el acceso a los recursos naturales; y en acotaciones posteriores, sobre las
modalidades de tenencia de la tierra.

La propuesta indígena señala, por un lado, la necesaria jurisdicción territorial para el ejercicio de la autonomía; y por otro,
el derecho a la protección y uso racional de los recursos naturales donde se encuentran asentados los pueblos indígenas.
El acceso colectivo a dichos recursos se establece en términos del derecho mismo y no dependiente del tipo de tenencia de
la tierra.

En el caso de la tenencia de la tierra, los lineamientos propuestos se dirigen a garantizar y proteger la propiedad comunal
de los pueblos indígenas y respetar las costumbres comunitarias de herencia y tenencia de la tierra, sin detrimento de
cualquier otra forma de tenencia. Cabe señalar que a partir de las modificaciones del Art. 4º constitucional en 1992, quedó
un vacio jurídico al no regular la protección a la integridad de las tierras de los grupos indígenas.

Para el caso de los municipios, las competencias que tienen en este campo son muy limitadas. Sin embargo, la protección
de su medio ambiente es una cuestión fundamental para un proyecto de desarrollo estratégico. Por otro lado, si bien no
tiene potestad el ayuntamiento para atender asuntos agrarios, éstos son una fuente permanente de conflictos en la
comunidad municipal. En los foros municipalistas se ha propuesto establecer mecanismos de coordinación entre

autoridades agrarias y municipales, de tal manera que las segundas puedan insertar sus necesidades y aspiraciones en el
marco del plan de desarrollo municipal, y disponer así de canales de interlocución que permitan atender los conflictos
sociales derivados de la problemática agraria.

6. Iniciativas legislativas federales

El debate sobre los pueblos indígenas y los municipios ha tenido, hasta el momento, una interpretación jurídica a través de
tres iniciativas de ley federales. Se hará enseguida un recuento de las implicaciones de estos proyectos sobre el ámbito
municipal.

Acuerdos de San Andrés y el municipio

Con el propósito de construir una nueva relación entre los pueblos indígenas y el Estado, basada en los principios de
pluralismo, sustentabilidad, integralidad, participación y libre determinación, el gobierno federal asume los siguientes
compromisos:

Reconocer a los pueblos indígenas en la constitución general; ampliar su participación y representación políticas;
garantizar el acceso pleno a la justicia; promover las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas; asegurar
educación y capacitación; garantizar la satisfacción de las necesidades básicas; impulsar la producción y el empleo, y
proteger a los indígenas migrantes. Para lograrlo, se establece la necesidad de edificar un nuevo marco jurídico nacional y
estatal que incorpore los derechos políticos, de jurisdicción, sociales, económicos y culturales de los pueblos indígenas.
Asimismo el reconocimiento en la legislación nacional de:

Las comunidades como entidades de derecho público; el derecho a asociarse libremente en municipios con población
mayoritariamente indígena; así como el derecho de varios municipios a asociarse, a fin de coordinar sus acciones como
pueblos indígenas.

Las características particulares de la autonomía; la transferencia de facultades, funciones y recursos, así como los
procesos de remunicipalización, previa consulta a las poblaciones involucradas, se establecerán por las legislaturas
locales, a partir de la reforma constitucional de los artículos 4, 115 y otros que de éstos se deriven. Particularmente, se
señala que el propósito de la reforma al Art. 115 será fortalecer el pacto federal, garantizar la participación de las
comunidades indígenas en la integración de los ayuntamientos y de los municipios mayoritariamente indígenas en los
asuntos públicos.

Respecto a los derechos indígenas en el ámbito municipal, los acuerdos plantean que:

y Que el municipio con población mayoritariamente indígena no constituye un tipo diferente de municipio, sino aquel

que en el marco del concepto general de esta institución política permita la participación indígena en su
composición e integración, y fomente e incorpore la integración de las comunidades indígenas en los
ayuntamientos.

y Que éstos deben ser fortalecidos constitucionalmente, de tal manera que se les dote de funciones para garantizar

la autonomía de los pueblos indígenas y se revise la organización prevista en las leyes orgánicas municipales
para adecuarlos a los nuevos retos del desarrollo y a las necesidades y nuevas formas de organización
relacionadas con los pueblos indígenas.

y Que se hace necesario un proceso de descentralización de las facultades, funciones y recursos de las instancias

federales y estatales a los gobiernos municipales, para que con la participación activa de las comunidades
indígenas y de la población en general asuman las iniciativas de los mismos.

y Establecer que los agentes municipales o figuras afines sean electos o, en su caso, nombrados por los pueblos y

comunidades correspondientes.

y La designación de sus representantes, tanto comunitarios como en los órganos de gobierno municipal, y a sus

autoridades como pueblos indígenas, sea de conformidad con las instituciones y tradiciones propias de cada
pueblo.

y Reconocimiento de las figuras del sistema de cargos y otras formas de organización, métodos de designación de

representantes y toma de decisiones en asamblea y de consulta popular.

y Prever en la legislación estatal los mecanismos que permitirán la revisión y, en su caso, modificación de los

nombres de los municipios, a propuesta de la población asentada en las demarcaciones correspondientes.

y El reconocimiento de espacios jurisdiccionales a las autoridades designadas en el seno de las comunidades,

pueblos indígenas y municipios, a partir de una redistribución de competencias del fuero estatal, para que dichas
autoridades estén en aptitud de dirimir las controversias internas de convivencia, cuyo conocimiento y resolución
impliquen una mejor procuración e impartición de justicia.

Todo lo anterior, en el marco de los principios, contenidos y procesos que la definición que los niveles y modalidades de la
autonomía implican: territorio, ámbito de aplicación, competencias, autodesarrollo, participación en los órganos de
representación estatales y nacionales.

En el caso de los compromisos para Chiapas, se da un peso muy importante al ámbito municipal respecto a las
características específicas del municipio con población mayoritariamente indígena, el proceso de remunicipalización y la
conformación de una Comisión para la Reforma Municipal y la Redistritación en Chiapas, cuya implementación tendrá que
darse en correspondencia con las reformas de la Constitución Federal.

Actualmente se encuentran a debate, aunque en tregua legislativa, tres iniciativas que pretenden dar interpretación
jurídica a estos acuerdos. La iniciativa de la COCOPA, avalada por el EZLN y por una amplia representación del movimiento
indígena nacional; la iniciativa del Ejecutivo Federal (administración de Ernesto Zedillo) y la iniciativa del PAN. En lo que se
refiere al ámbito municipal, los lineamientos que cada una de éstas plantea para reformar el Art. 115 constitucional son los
siguientes:

Participación y Representación

COCOPA, Ejecutivo Federal y PAN

y En los planes de desarrollo municipal y en los programas que de ellos se deriven, los ayuntamientos le darán

participación a los núcleos de población ubicados dentro de la circunscripción municipal, en los términos que
establezca la legislación local.

y En cada municipio se establecerán mecanismos de participación ciudadana para coadyuvar con los

ayuntamientos en la programación, ejercicio, evaluación y control de los recursos, incluidos los federales, que se
destinen al desarrollo social.

COCOPA

y En los municipios, comunidades, organismos auxiliares del ayuntamiento e instancias afines que asuman su

pertenencia a un pueblo indígena, se reconocerá a sus habitantes el derecho para que definan de acuerdo con las
prácticas políticas de la tradición de cada uno de ellos, los procedimientos para la elección de sus autoridades o
representantes y para el ejercicio de sus formas propias de gobierno interno, en un marco que asegure la unidad
del Estado nacional. La legislación local establecerá las bases y modalidades para asegurar el ejercicio pleno de
este derecho.

Ejecutivo Federal

y En los municipios con población mayoritariamente indígena, la legislación local establecerá las bases y

modalidades para asegurar la participación de las comunidades indígenas en la integración de los ayuntamientos,
organismos auxiliares e instancias afines.

Libre determinación y autonomía

COCOPA

y Se respetará el ejercicio de la libre determinación de los pueblos indígenas en cada uno de los ámbitos y niveles

en que hagan valer su autonomía, pudiendo abarcar uno o más pueblos indígenas, de acuerdo a las circunstancias
y específicas de cada entidad federativa.

PAN

y Los ayuntamientos tendrán derecho de iniciativa para proponer una carta municipal, que deberá ser aprobada

por la legislatura del estado y que fijará las bases y modalidades para su organización y administración conforme
a sus características sociales y culturales. La legislación local deberá asegurar el ejercicio pleno de este
derecho y de los contenidos en el art. 4º de la constitución.

Derechos de Asociación y coordinación

COCOPA

y Las comunidades indígenas, como entidades de derecho público, y los municipios que reconozcan su pertenencia

a un pueblo indígena, tendrán la facultad de asociarse libremente a fin de coordinar sus acciones.

Ejecutivo Federal

y En cada municipio las comunidades indígenas tendrán derecho a asociarse libremente con el fin de coordinar sus

acciones para la promoción de su desarrollo económico y social.

y En términos del último párrafo de la fracción III de este artículo ("los municipios de un mismo estado, previo

acuerdo entre sus ayuntamientos y con sujeción a la ley, podrán coordinarse y asociarse para la más eficaz
prestación de los servicios públicos que les corresponda"), los municipios con población mayoritariamente
indígena podrán coordinarse y asociarse para promover su desarrollo.

Descentralización y fortalecimiento municipal

COCOPA

y Las autoridades competentes realizarán la transferencia ordenada y paulatina de recursos, para que ellos

mismos administren los fondos públicos que se les asignen. Corresponderá a las legislaturas estatales
determinar, en su caso, las funciones y facultades que pudieran ser transferidas, y

Ejecutivo Federal

y Las autoridades competentes transferirán de manera ordenada los recursos que se asignen a estos municipios

para su administración directa por los mismos y,

Remunicipalización

COCOPA

y Las legislaturas de los estados podrán proceder a la remunicipalización de los territorios en que estén asentados

los pueblos indígenas, la cual deberá realizarse en consulta con las poblaciones involucradas.

Ejecutivo Federal

y Las legislaturas de los estados, al aprobar la creación de nuevos municipios, tomarán en cuenta la distribución

geográfica de las comunidades indígenas, previa opinión de las poblaciones involucradas.

PAN

y Las legislaturas de los estados podrán proceder a la remunicipalización de los territorios en que estén asentadas

las comunidades indígenas, la cual deberá realizarse en consulta con las poblaciones involucradas y responder a
criterios de racionalidad cultural, política, geográfica y social.

Artículo 4º constitucional. Autonomía.

COCOPA

Todo ello en el marco del ejercicio de la autonomía que se concreta en el derecho a: decidir sus formas internas de
convivencia y organización; aplicar sus sistemas normativos; elegir a sus autoridades y ejercer sus formas de gobierno;
fortalecer su participación y representación; acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales;
preservar y enriquecer sus lenguas y culturas; y adquirir y administrar sus propios medios de comunicación.

Ejecutivo Federal

En el artículo 4º constitucional se establecen los derechos para el ejercicio de su autonomía: decidir sus formas internas
de convivencia y organización; aplicar sus sistemas normativos; elegir a sus autoridades y ejercer sus formas de gobierno
interno de acuerdo con sus normas; fortalecer su participación y representación política de conformidad con sus
tradiciones; acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales de acuerdo a lo establecido por el

artículo 27 constitucional, preservar y enriquecer sus lenguas y culturas; adquirir, operar y administrar sus propios
medios de comunicación en los términos que las leyes de la materia establezcan.

PAN

En el art. 4º constitucional se dice que las comunidades indígenas gozarán de autonomía expresada y ejercida dentro del
ámbito municipal...
Para su ejercicio, los ayuntamientos deberán elaborar cartas municipales, las cuales serán aprobadas
por las legislaturas de los estados a los que pertenezcan. En las cartas deberá preverse como mínimo: las normas para
decidir su organización, la facultad de aplicar sus usos y costumbres en la regulación y solución de conflictos internos, el
procedimiento para elegir a sus autoridades, las formas de acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos
naturales en su ámbito territorial, que se respeten derechos de terceros, las disposiciones para preservar y enriquecer su
lengua.

Como puede apreciarse, entre las iniciativas existen diferencias sustanciales en lo que al ámbito municipal se refiere y que
podemos enunciar de manera general en los siguientes términos:

1. Considerando que los acuerdos han definido la necesidad de fortalecer constitucionalmente a los municipios que
reconozcan su pertenencia a un pueblo indígena, solamente en el caso de la iniciativa de la COCO
PA se plantea
con claridad la transferencia de facultades y funciones, que no solamente de recursos, para enfrentar los nuevos
retos del desarrollo y la nueva relación del Estado con los pueblos indígenas.
2.
En el caso de la iniciativa del PAN, se reducen incluso las facultades actuales de los municipios, como es la
facultad reglamentaria, que no precisa de la aprobación de las legislaturas locales para la expedición de los
ordenamientos jurídicos municipales.
3.
Que el fortalecimiento de las comunidades no está dado solamente por su integración a los ayuntamientos, sino
por su reconocimiento jurídico como entidad de derecho público, es decir como sujeto de los procesos de
desarrollo y formas de convivencia que decida adoptar, así como en su relación con las instancias
gubernamentales. Solamente la iniciativa de la COCO
PA especifica este carácter.
4.
Que por los contenidos del art. 115 constitucional es necesario explicitar el derecho a la elección y organización
del gobierno conforme a las prácticas tradicionales. Este elemento solamente es recuperado por la iniciativa de
la COCO
PA.

5. Que el propósito de la capacidad de asociación y coordinación de comunidades y municipios indígenas está
planteado en función de su actual distribución y cohesión regional, para dar viabilidad a sus procesos de
desarrollo y condiciones para la preservación cultural.
6.
Cabe destacar que la mayor coincidencia se encuentra en un tema que no se refiere específicamente a los
derechos indígenas, sino al derecho de participación en la planeación y evaluación de acciones gubernamentales
para la población municipal.

7. Leyes estatales y municipio indígena

En los últimos años se ha dado una tendencia, cada vez más extendida, de legislar en las entidades federativas los
derechos indígenas, desde algún aspecto particular o bien mediante una ley general de la materia. Las modificaciones a los
marcos jurídicos estatales expresan la diversidad de visiones y respuestas que intentan comprender y plasmar los
derechos indígenas; sin embargo, en su mayoría adolecen de una orientación común desde la doctrina jurídica nacional y
de la ausencia de mecanismos que hagan posible el ejercicio de esos derechos.

Para la realización de esta parte del trabajo se hizo una recopilación y selección de textos legislativos en materia de
Derechos Indígenas, de lo cual resulto que: sólo tres estados tienen ley específica sobre el tema (Chihuahua, Quintana Roo
y Oaxaca); dos estados tiene reformas al poder judicial estatal (Campeche y Quintana Roo, que tiene una Ley de Justicia
Indígena); tres estados tienen en sus constituciones contenidos que permiten una reflexión sobre el ámbito municipal de
los derechos indígenas (Guerrero, Nayarit, Veracruz); ocho estados tratan el tema de los derechos indígenas, pero sin
referirse a lo municipal o bien lo hacen de manera ambigua; el resto de las entidades federativas no tiene contenido
constitucional o legal sobre derechos indígenas.

Buscando que la presentación se relacionara con los puntos expuestos en el apartado de legislación federal, los temas
para el ordenamiento son coincidentes para poder clasificar los contenidos legislativos. A saber: participación y
representación; transferencia de facultades; reconocimiento de la composición pluricultural; libre determinación y
autonomía; derechos de asociación y coordinación municipal; descentralización y fortalecimiento municipal; y
remunicipalización.

Se hace la aclaración que cuando el contenido de los artículos se enmarca en alguno de los rubros señalados, no
necesariamente significa que corresponden al contenido que estos derechos debieran tener, tal como se plantean en la
demanda de reforma municipal y reforma indígena; solo indican un agrupamiento de los temas y de la forma, muchas veces
limitada, en que están contenidos por las leyes estatales vigentes. Adicionalmente, al momento de realizar este trabajo
(1999), se encontraban en curso legislativo leyes sobre la materia en los estados de San Luis Potosí, Morelos, Chiapas,
Veracruz, Guerrero y Jalisco, que no fueron incluidas por no ser vigentes. La investigación y ordenamiento de la
información fue realizada con la colaboración de Claudia Cruz, investigadora del Taller Universitario de Derechos Humanos.

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