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Revisión Bibliográfica

Texto:

Adell, J. (1997) Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías de la información. Edutec, 7.

El autor inicia el texto señalando que desde inicios de los años 70 se anuncia el advenimiento de la sociedad de la información, en la cual las nuevas formas de comunicación cambiarán todos los aspectos de la vida de las personas, así como su forma de pensar. Las tecnologías que los seres humanos crean para adaptar su entorno a sus necesidades terminan, tarde o temprano, modificando a las personas y a la sociedad; su constante presencia se hace invisible, como una segunda piel. Sólo percibimos la importancia que tienen los medios de comunicación cuando estos fallan. En general, cuando se habla del papel de las TIC en educación, se suele sólo tocar su uso como uno más de los instrumentos pedagógicos. Adell señala que es necesario comprender que hay que adoptar una visión más amplia, “telescópica”, en sus propias palabras. Las TIC han cambiado las formas de transmisión, almacenamiento y difusión de la información, alterando con ello la forma de concebir el conocimiento y, por tanto, obligando a la educación a realizar una profunda revisión de sus fundamentos. Ahora bien, todos los cambios que eventualmente pueden afectar al sistema educativo están mediados tanto por factores sociales, políticos, como por las prácticas fuertemente instituidas dentro de éste sistema; es de esperar que el esfuerzo invertido para provocar un cambio en las formas educativas sea muy grande, ya que debe vencer la inercia de cientos de años de prácticas pedagógicas instituidas. Adell continúa su análisis realizando una síntesis de los estudios que se han realizado desde los años 60 sobre la historia de las tecnologías de las información, ya que sólo a través de una perspectiva histórica se puede comprender los cambios que sufrimos en estos momentos; muchas de las “pérdidas de humanidad” que se le achacan a las nuevas formas de comunicación, vistas a la luz de la historia, pueden aparecer como verdaderos renacimientos de formas de expresión más antiguas y, tal vez, más humanas. El primer adelanto de la especie humana, en el campo de la información, fue el desarrollo del lenguaje oral. Este permitió el hacer referencia a objetos no presentes en el momento, traspasar estados internos y, tal vez lo más importante, entregar y almacenar, en la memoria de los oyentes, las experiencias y conocimientos acumulados por los individuos, tanto actuales como pretéritos. La cultura

oral, según Ong (1995, en Adell, 1997) destaca por ser tradicionalista, analítica, redundante, centrada en lo cotidiano, empática y participativa. La segunda gran evolución en la información es el desarrollo del lenguaje escrito. En un proceso que duró miles de años, el desarrollo de la escritura permitió separar al emisor del receptor de la información, objetivizando el conocimiento. Este podía ser transportado y almacenado de una manera fiable, por lo cual adquirió un carácter estratégico. Si bien es una ficción moderna, el Nombre de la Rosa, de Humberto Eco nos permite apreciar la importancia que podía tener, en esa época, la presencia (o ausencia) de un libro considerado fundamental. La difusión de la escritura no fue rápida ni generalizada; sólo unos pocos tenían la posibilidad de acceder a ella, generalmente aquellos que tenían algún tipo de relación con el aparato político- económico de los gobiernos. La escuela, tal como lo concebimos ahora, tuvo su origen en los intentos de alfabetizar a estas personas; la escritura no es una habilidad que se pueda aprender en el día a día a través de la observación y la repetición, sino que requiere métodos específicos, que obligan al estudiante a separarse de su medio cotidiano. La tercera revolución fue la de la imprenta. Su capacidad para difundir de manera masiva el conocimiento ha modelado nuestras conductas y nuestras instituciones. La forma en la cual se organiza el conocimiento en el mundo moderno, dividido en especialidades donde el conocimiento aparece sistematizado y ordenado lógicamente, sería el reflejo de la estructura que tiene el libro (Bosco, 1995, en Adell, 1997). En el campo de la educación, la difusión de la imprenta llevo a que la lectura y la escritura ya no podía ser el privilegio de unos pocos, sino el primer requisito para ingresar a la sociedad de todos los ciudadanos, promoviendo esto el nacimiento de la educación masiva actual. Ésta, caracterizada por la estandarización de contenidos y métodos, imposible de concebir sin la difusión de textos masivos, sumado a los objetivos básicos de proveer de una fuerza laboral disciplinada para el trabajo industrial y el sostenimiento de los incipientes Estados-Nación, se ha mantenido hasta ahora como el modelo predominante de sistema educativo(Brunner, 2000). El escrito impreso, sin embargo, tiene dos grandes limitaciones. Primero, el coste de producir un texto, si bien no es tan alto como en la etapa pre-imprenta, sigue siendo importante, por lo que el conocimiento que se difunde de forma masiva es aquel que aquellos con los recursos económicos decide que debe distribuirse, ya sea porque genera ingresos – casas editoriales -, o porque ayuda a sus objetivos – grupos de poder, Estado-Nación. En segundo término, tal como señala Adell, la difusión de un texto está limitada por la velocidad de los medios de transporte: la lentitud de los cambios en las

normativas de las instituciones y en la expansión de los nuevos conocimientos es directamente proporcional a la cantidad y calidad de los medios de transporte existentes en una sociedad determinada. En estos momentos, nos encontramos inmersos en la cuarta revolución, la de los medios electrónicos. El factor fundamental que diferencia a esta etapa de la anterior es la posibilidad de transmitir información a grandes distancias, sin que esta esté atada a los objetos a los cuales esta originalmente unida. Desde el nacimiento del telégrafo, en el año 1844, hasta el desarrollo de la actual

Internet, sucesivas tecnologías como el teléfono, la radio, la televisión, el fax y otras han aumentado de manera considerable la capacidad de transmitir, almacenar y procesar la información. Tal vez lo más relevante, en estos momentos, es la capacidad que brindan los computadores y máquinas relacionadas para generar y transformar la información de miles de maneras distintas, las cuales no podrían ni siquiera haber sido soñadas por los emisores originales. Estos cambios en las comunicaciones no se restringen a aspectos tecnológicos, sino que también influencian y son influenciados por variables sociales, políticas y económicas. El concepto de

globalización, entendida como “el movimiento transnacional de bienes y servicios [

inversiones, ideas, valores y tecnologías más allá de los fronteras de los países” (Brunner, 2000, p.9) da cuenta del proceso más importante que ha provocado esta cuarta revolución. Esta no sólo se circunscribe al ámbito económico, sino que afecta también a las relaciones políticas entre los países y al entramado social dentro de ellos. Las exigencias que impone la globalización a la educación no pueden ser soslayadas, tanto porque provocan efectos directos y a corto plazo, como la necesidad de mejorar el capital humano en competencias específicas para enfrentarse al competitivo mercado internacional, lo cual debe ser refrendado por pruebas estandarizadas de rendimiento, como también a largo plazo, porque hacen necesario revisar los objetivos y fundamentos de la educación en un contexto económico y social marcado por el cambio acelerado y constante. Adell destaca, de manera muy acertada, que muchos de los análisis que se realizan de los efectos de las TICs sufren de un fuerte determinismo tecnológico. Esto es, no consideran que la tecnología no sólo afecta a las variables sociales, sino que también se ve influenciada su desarrollo por las condiciones sociales, políticas y culturales reinantes en una sociedad. Por ejemplo, la prehistoria de Internet se remonta a los años 60, cuando la red DARPA nace en EEUU como una forma de reponder a la necesidad de mantener canales de comunicación que fuesen resistentes a un ataque nuclear; en los años 70 y 80, el desarrollo de la red ARPANET estuvo ligado a la necesidad de las universidades y departamentos gubernamentales de crear un medio de comunicación fluido. A inicios de los 90, al

de personas,

]

permitirse el uso comercial de las redes que ya en ese momento se denominaban Internet, produjo la expansión masiva de este medio que ya es por todos conocido (Wikipedia, 2006). Al hablar de las nuevas tecnologías de las información, los más distintivo es el papel de las redes y la digitalización. Un computador, por ejemplo, tiene un valor intrínseco en relación a los datos con los cuales cuenta y a la capacidad de proceso que tiene, la cual podríamos decir que aumenta de forma lineal tanto en relación al valor del hardware, del software y de la información contenida. En una red, el cambio, el valor de esta se incrementa de forma exponencial con cada nodo que se agrega, de acuerdo a la ley de Metcalf(Robertson, 2004). Además del valor de la redes, la digitalización provoca un cambio radical en la forma en que concebimos la información. Antes, para duplicar o almacenar información debíamos recurrir a procesos heterogéneos, de costo relativamente alto en algunos casos; más oneroso resultaba, aún, si deseábamos hacer algún tipo de modificación (por ejemplo, retocar una foto). En la actualidad, se ha liberado a la información de sus objetos de origen, pudiendo aquélla ser transportada en espacios reducidos, modificada casi a voluntad y distribuida a todo el mundo, todo esto a un costo mínimo. Las posibilidades que abre la digitalización llevan consigo importantes cambios en la forma en que concebimos y debemos concebir lo que es información y conocimiento. Por ejemplo, hace unos 20 años una fotografía podía ser considerara una prueba casi absolutamente fiable de un hecho; en estos momentos, es mucho más difícil confiar en los registros fotográficos debido a los adelantos en el procesamiento digital de las imágenes. Los medios de comunicación masiva “tradicionales”, como la TV y la radio, se basan en modelo de transmisión unilateral de la información, en las cual estaba claro quien es el editor y quien el receptor de la información. En la actualidad, debido a los medios que brinda Internet para publicar y modificar contenido multimedial de manera masiva, la posibilidad de transmitir contenido ajeno y propio se hacen casi ilimitados, haciendo borrosa la frontera entre autor/editor/receptor; conceptos como la propiedad intelectual se hacen, por lo menos a un nivel práctico, muy difíciles de sostener sin una profunda revisión. Un ejemplo de una postura moderna frente a este último tema lo tenemos en las corrientes del Copyleft, las cuales cuentan con su mayor representante en el mundo del software en la Fundación del Software Libre (FSF, por sus siglas en inglés) y en el ámbito de las letras y las artes en el proyecto Creative Commons. Con respecto a los efectos de las nuevas TICs, podemos nombrar en primer lugar la ingente cantidad de información que tienen a disposición las personas en la actualidad. El conocimiento que la humanidad logró adquirir en 10.000 años ahora se puede lograr en 15 años. Un resultado concreto de esto es que se hace necesario acreditar, de forma periódica, los conocimientos y habilidades de los

profesionales. Nace así el concepto de formación continua: no se puede limitar la adquisición de conocimientos de las personas a un período de su vida, sino que se debe considerar como un proceso permanente a lo largo de su carrera profesional. En Chile, se ha institucionalizado esta idea en el programa Chile Califica, el cual tiene como objetivo la creación de un sistema de educación y capacitación permanente. Este crecimiento inusitado en la cantidad de formación trae aparejado consigo un aumento del ruido – información inútil o falsa. El problema ya no es conseguir información, sino discriminar aquello que es útil o verdadero para obtener conocimiento. El torrente de información, nos dice Adell, genera una nueva cultura, superficial, inestructurada, llena de imágenes incoherentes que se superponen una sobre otra tratando de llamar nuestra atención. Esta distinción entre información y conocimiento, tan patente en nuestros días, ha destacado la importancia de lo individual en la educación. La información puede ser transmisible, pero no su utilización provechosa. La escuela, acostumbrada a la entrega de una información estandarizada y estable a lo largo de los años, no está preparada para la irrupción que hacen los medios de comunicación masiva en la educación de las personas: “ha entrado en crisis la idea de que existe un saber constituido, y que basta la transmisión de la información de profesor a alumno para que tenga sentido la enseñanza”(De Fontcuberta, 2003, p. 100). Adell muestra una postura crítica frente a estos medios, que autores como De Fontcuberta considerarían un tanto reaccionaria: más que considerar a la TV o a Internet como medios a combatir, De Fontcuberta considera que estos son entes válidos de información sobre la cultura y la sociedad actual, razón por la cual deben ser incluidos dentro del trabajo cotidiano del profesor. Un segundo efecto de las TICs en la educación es la transformación que se produce en dos conceptos fundamentales: espacio y tiempo. La transmisión de información y la educación se basaban (y se basan, todavía), en la transmisión de información almacenada en objetos que debían ser transportados y hechos públicos en lugares específicos – una reunión, un seminario, un aula. El ciberespacio ha eliminado la necesidad de un espacio y tiempo común para la transmisión, permitiendo que cualquiera, en todo tiempo y lugar, pueda acceder a una información que, además, puede cambiar constantemente. La necesidad de reunir a las personas en un lugar y tiempo específico desaparece, abriendo innumerables formas de organización de la educación y del trabajo; por ejemplo, se abren la posibilidad de realizar educación a distancia, tanto en forma sincrónica como asincrónica, así como la creación de espacios colectivos virtuales de aprendizaje. Si bien muchos alegan que este proceso desnaturaliza la comunicación, un autor como Levinson(1990, en Adell, 1997) destaca que las

Tecnologías de la Información han logrado aumentar el número de canales disponible para la comunicación que las tecnologías “primitivas” relacionadas con la escritura eliminaron. Un tercer efecto de las nuevas TICs en la educación es la interactividad. En los medios escritos y de comunicación masiva tradicionales, el receptor es siempre pasivo y acepta, sin posibilidad de retroalimentar, la información que le es entregada. En un entorno como internet, cada usuario es un posible editor, creando una organización descentralizada en la que los antiguos dueños de los medios no pueden imponer una pauta sin tomar en consideración la preferencia de sus usuarios. Pasamos de la masa indiferenciada a una gran cantidad de micro-mercados, que buscan y exigen el ajuste de los contenidos a sus necesidades. Un interesante modelo para entender este fenómeno lo entrega Anderson(2006) en su libro y bitácora “The Long Tail” (La cola larga), el cual declara que en la actualidad existe un gran mercado potencial para productos que, por separado, tienen poca demanda, pero que en su conjunto pueden representar una gran cantidad de ventas, si se cuenta con una gran variedad de stock y una alta posibilidad de encontrar los productos por parte de los usuarios, última de estas características que sólo se puede desarrollar a partir de redes como Internet, en las cuales los usuarios pueden difundir la presencia de un grupo, autor o producto “de blog en blog”, sin necesidad de realizar campañas masivas de publicidad. Si bien podemos hablar que en la actualidad estamos en presencia de una sociedad de la información, no podemos decir que estamos aún en una sociedad del aprendizaje, que se corresponda con este desarrollo en las comunicaciones. Las formas de educación actuales son muy similares a las de un siglo atrás, por lo que se hacen necesarios cambios profundos en la forma en que se concibe la educación para que cumpla con su función en los tiempos actuales. Un primer factor, que ya hemos declarado, es la necesidad de un proceso de formación continua. La gran velocidad de cambio en las tecnologías y la globalización provocan una aceleración de la economía que implica la aparición, modificación y desaparición de puestos de trabajo a una alta velocidad. Por tanto, es necesario que las personas cuenten con los medios necesarios para acceder a formación de manera económica y rápida, teniendo en esto las TICs un papel muy relevante. Ahora, la relevancia del conocimiento lo hace valioso y, por lo tanto, posible víctima de los embates del mercado. Así como en la era industrial la posesión de capital transformaba a unos en dueños de los materiales y maquinarias y a otros en proletariado, ahora este mismo capital puede hacer que algunos tengan acceso a información que otros no poseen, manteniendo la desigualdad de épocas anteriores. Es fundamental que el estado tome un rol activo en entregar las herramientas y los contenidos necesarios a todos los ciudadanos para que exista una verdadera igualdad de oportunidades,

por lo menos en este ámbito social. Un sector factor, relacionado con este proceso de formación continua, es la ampliación de los escenarios educativos. Ya no será sólo la escuela, el centro de formación y las universidades los espacios donde las personas aprenden, sino que también el puesto de trabajo y el hogar se convertirán en lugares de formación. Las TICs no sólo serán contenidos a aprender, sino que se convertirán en el medio a través del cual se lleven a cabo los nuevos aprendizajes; los medios sincrónicos permiten una alta interactividad entre docente y alumno, en tanto que los asincrónicos otorgan la flexibilidad necesaria para que personas con dificultades para acceder a los horarios regulares de formación puedan participar de una educación formal. Autores como Perelman(1992, en Adell, 1997) o Cantón(s.f) muestran visiones del futuro de la educación donde las escuelas son reemplazadas por centros de “hiperaprendizaje”, en los cuales se reúnen personas, procesos e información al acceso de todos, en todo momento, sin que sea necesaria la presencia de un aula o del contacto personal profesor-alumno. Como irónicamente señala Adell, esto corresponde a una postura extrema que confunde el medio con el fin, la información con el conocimiento y que privilegia la economía por sobre la educación. Una postura más racional y respetuosa de los cientos de años de tradición educativa es ampliar, no eliminar, los espacios de aprendizaje; la escuela y los centros de formación superior deben dejar de ser los únicos representantes válidos de la educación, para ser parte de una red mayor de formación, en la cual se considere válidas las competencia adquiridas por los estudiantes y trabajadores en sus puestos de trabajo, por su cuenta en el hogar o en diversas instituciones o individuos que pueden especializarse en determinadas áreas del conocimiento. Los mercados educativos han iniciado un proceso de globalización, el cual se expresa en el uso de las redes telemáticas. No sólo se ocupa la red para ofrecer información, sino para crear ambientes propicios al aprendizaje, tanto entre el docente y el alumno, como entre los alumnos. Además de la educación a distancia propiamente tal, es posible implementar programas mixtos, en los cuales se combine el trabajo en aula real con el de aula “virtual”, lo que aumenta el grado de flexibilidad de la propuesta educativa. El sustituir las aulas por entornos virtuales trae otra posible consecuencia, cual es la de la disgregación de los servicios que actualmente se centralizan en una institución. Por ejemplo, no sería necesario que las mismas personas, o incluso la misma institución, realice el proceso de evaluación de un determinado alumno y, después, el de acreditación de competencias para entregar títulos. Nace así el concepto de “hiper-universidad”, un centro encargado de coordinar diversas instituciones relacionadas

con el ámbito educativo, que permita al alumno acceder a diversas alternativas que se adecuen a sus recursos y necesidades. Con respecto al rol de docentes y alumnos, lo primero que salta a la vista es la necesidad de aceptar que el profesor ya no es el poseedor de la verdad. El conjunto de los alumnos de un curso puede obtener información que un docente no podría recoger en meses de trabajo. Los docentes, en este nuevo entorno, aparecen como mediadores o guías del aprendizaje, centrando su interés más en las formas que los alumnos tienen para obtener y procesar información que en el contenido propiamente tal. Las TICs, por otra parte, abren nuevos canales de comunicación entre docentes y alumnos; la interacción no se tiene porque limitar al aula, sino que a través de medios sincrónicos y asincrónicos puede hacerse continua, permitiendo a los alumnos reforzar sus conocimientos y habilidades a lo largo de todo el periodo lectivo, lo cual es especialmente relevante en el caso de los trabajadores. Finalmente, es conveniente considerar que el trabajo en aula tradicional no tiene porque desaparecer, así como los medios escritos no desaparecieron con la irrupción de la TV o la radio; debe, sin embargo, adaptarse. Haciendo referencia a los nuevos materiales pedagógicos, lo primero que resalta es que existen nuevas (y muy interesantes) formas de presentar la información. Imágenes, textos, videos, procesos en vivo pueden ser presentados a costos muy bajos, entregando un amplio abanico de posibilidades a los docentes. Lo segundo es que las herramientas de autoría permiten que los docentes puedan preparar sus propios materiales, adecuándolos a las necesidades de los estudiantes; si bien las leyes de derechos de autor entorpecen un tanto el proceso, ya se ha extendido la costumbre de crear dossier de información, con las modificaciones que el docente estima pertinentes, que son fácilmente accesibles a los alumnos a través de las redes internas o externas de las universidades. Finalmente, existe toda una industria editorial, que combina educación con entretenimiento, que bien utilizada puede ser una poderosa herramienta pedagógica; por dar un ejemplo concreto, baste recordar la entretenida serie Matemágica, dirigida a la entrega de conocimientos matemáticos a niños de primer ciclo. Como conclusión, el autor señala que la evolución de las formas sociales, y de la educación por tanto, sigue un proceso lento. En un primer momento, se hace lo mismo, pero de una manera distinta; en un momento posterior, la tecnología comienza a alterar las estructuras que antes las sostenían. Las redes no sólo potencian el trabajo en aula, sino que cambian la manera de relacionarse entre los docentes y los alumnos; los medios de comunicación de masa son ya la principal fuente de educación de los niños, aunque muchos no quieran reconocerlo. La desaparición de la escuela no es un hecho, pero es una posibilidad. La formación de nuevas personas para su integración a la sociedad ha adoptado diversas formas culturales, de las cuales la

escuela es su expresión actual. Si la sociedad cambia, deben cambiar también las formas de educar. El problema, entonces, radica en como ayudamos a nuestros alumnos a lograr verdadero conocimiento, para que puedan distinguir entre el ruido y la información útil. En el nivel público, la problemática central será como lograr que la educación se convierta, como siempre se ha querido, en una forma de lograr la equidad social, y no sólo en uno más de los instrumentos del mercado.

Re f e renci a s .

Anderson, C.(2006). The Long Tail. A public diary on themes around my book. Extraído de la red el 7 de Octubre de 2006, desde http://longtail.typepad.com/the_long_tail/ Brunner(2000). Educación: Escenarios de Futuro. Nuevas tecnologías y sociedad de la información. Fundación Chile. Cantón, I.(s.f). Nueva Organización Escolar en la Sociedad del Conocimiento. Extraído de la red el 20 de Septiembre de 2006, desde link:http://dewey.uab.es/pmarques/dior/canton.pdf De Fontcuberta, M.(2003). Medios de Comunicación y Gestión del Conocimiento. Revista Iberoamericana de Educación, 32, 95-188. Robertson, J.(2004). Metcalf's Law. Extraído de la red el 7 de Octubre de 2006, desde http://www-ec.njit.edu/~robertso/infosci/metcalf.html Wikipedia(2006). History of the Internet. Extraído de la red el 7 de Octubre de 2006, desde http://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Internet