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Vida, obras e ideas de Herbart.

Vida:
Nació en Oldemburg, el 4 mayo 1776.
En uno de sus viajes al país de los Alpes visita la escuela de Pestalozzi en Burgdorf, y se entabla
entre ambos una relación que dejará huellas en la obra herbartiana.
Desde 1808, con la muerte de Kant ocupa su puesto en Kónisberg.
En 1831 se le ofrece suceder a Hegel en su cátedra de Berlín; propuesta que no se llevó a cabo.
Enseña en Gotinga casi hasta su muerte en 1841.
La figura de H. presenta un relieve muy especial, por su actitud francamente realista, en un
momento en que alcanza pleno auge el idealismo alemán. Postura serena, equilibrada, racional,
tan opuesta al romanticismo reinante, que Ortega y Gasset lo ubica como pensador de la
Ilustración; en cierto sentido puede afirmarse que su pedagogía es una expresión coherente, con
el optimismo intelectualista de la época de las luces.
Biografía GER, Ediciones Rialp S.A. , 1991

Obras:
A pesar de sus publicaciones de carácter metafísico y psicológico, su actividad de escritor está
enmarcada -en los comienzos y en el ocaso- por la temática pedagógica. Comienza ésta con las
Cartas a Von Steiger (1797-99) sobre la educación de sus hijos, y concluye con el Bosquejo para
un curso de pedagogía, 1835. Pero el jalón más importante es el de 1806, con la publicación de
Pedagogía general derivada del fin de la educación), en que H. constituye la Pedagogía como
ciencia teórica.

Ideas:
La pedagogía como ciencia: El pedagogo Herbart se eleva de los elementos empíricos e
intuiciones dispersas hasta los conceptos y la sistematización lógica. Establece por primera vez
la posibililidad de un planteamiento del problema de la educación a nivel científico. Ante la
alternativa ciencia o arte, considera que ambas perspectivas pueden referirse a la educación,
pero él adopta la primera: «nuestra esfera es la ciencia».

Psicología y Ética. La Pedagogía como ciencia toma su fin, la perfección, de la Ética, y la clase
para trabajar su materia, la naturaleza humana, de los conocimientos que le proporciona la
Psicología. Ética y Psicología son soportes fundamentales de esta Pedagogía, y está, por tanto,
condicionada por ellas.

Psicología:
- Traspasa a la psicología una imagen físico-matemática del mundo, influido sin duda por los
progresos realizados por esa ciencia.
- Concibe la vida del espíritu como una mecánica de representaciones. Todo se reduce al juego
de las representaciones.
- Concepción atomista y mecánica de la inteligencia: átomos psíquicos que van de lo simple a lo
complejo, se unen entre sí o se rechazan. Forman una masa apercibiente central, no están
dispersas. Esa masa es estable y articulada y va solidificando el carácter. La libertad del hombre
Habla de una estática y de una dinámica del espíritu, al mismo tiempo que de unas fuerzas de
atracción y de repulsión, que van constituyendo la personalidad del sujeto.
- La dinámica del espíritu consiste en una especie de lucha por la vida, en la que las
representaciones actúan entre sí como fuerzas que se atraen o se repelen. Se atraen cuando
son de la misma naturaleza y, en ese caso, forman una fusión; si la naturaleza es diversa, el
resultado del encuentro es una detención, porque una de las fuerzas suprime o disminuye el
poder de la otra. La fuerza disminuida cae bajo el umbral de la conciencia. Permanece allí en un
estado subconsciente, aunque latente y dispuesta a traspasar el umbral en cuanto sea atraída
por nuevas representaciones.
- H. tuvo la intuición de que semejante flujo y reflujo de las ideas podía someterse a expresión
cuantitativa. Intento de medida de los fenómenos psicológicos que dará lugar a los experimentos
entre otros de Wundt. También es precursor de Freud en el descubrimiento de una zona
psicológica establecida al margen de la conciencia.

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- H. lleva a tal extremo su intelectualismo, que afirma como efecto del flujo de las
representaciones no sólo los fenómenos de conocimiento -memoria e imaginación, abstracción,
juicio, razón, idea del yo-, sino también los actos de la voluntad y de la afectividad. Deseo y
amor, placer y dolor no pasan de ser unas modificaciones accidentales en el campo de las ideas.

Ética: En otro plano, en relación con la Estética, no con la Metafísica, encontramos la moral.
La ética herbartiana es una parte de la Estética porque su objeto, el bien, constituye una especie
de lo bello. Ambos dan lugar a juicios de valor positivos o negativos, aprobación o reprobación,
basados en relaciones que son en los dos casos universales, eternas e inmutables.
Sin embargo, las relaciones morales se distinguen de las estéticas, porque son esencialmente
relaciones de voluntad. De ellas se deducen unos conceptos o ideas, Ideen de Platón, que
señalan el ideal de la vida práctica. Son cinco: libertad interior, perfección, benevolencia, justicia
y equidad. Ideales que se han elaborado como un producto de la experiencia humana a través
de los tiempos, y que no son para el hombre obstáculo y traba, como a veces se supone, sino
«un principio de fuerza y vitalidad».

- La instrucción educativa. H. señala a la educación, o más aún a la instrucción, el papel de
construir desde fuera, y por medio de estímulos externos, la personalidad del niño. Lejos de
considerar en éste la presencia de un espíritu intrínsecamente activo, dinámico y creador, cuya
evolución debe más ser respetada que dirigida, de acuerdo con la Bildung idealista, el alma es,
en la psicología herbartiana, un ser simple, inmutable, autosuficiente, pasivo y receptivo, cuya
función parece quedar reducida a la recepción de las representaciones, actuadas desde el
exterior. De aquí que la labor del educador consista en «edificar el espíritu infantil, construirle
una experiencia determinada y claramente instruida; no actuar como si el niño tuviese ya
experiencia, sino cuidar que obtenga experiencia».

- No es que H. separe el cultivo de la inteligencia del cultivo del carácter, porque en último
término las dos tienen el mismo fin, el perfeccionamiento moral del niño, que es el fin de toda
educación. Pero actúan sobre un aspecto diverso del sujeto. Mientras la enseñanza se dirige a
las representaciones -su aumento y organización-, la cultura moral influye en los sentimientos
-alabanza y censura-. Ambas son necesarias, pues H. considera que «no hay educación sin
instrucción»: «una cultura moral sin instrucción será un fin sin medio, lo mismo que una
instrucción sin cultura moral sería un medio sin fin». Sólo se forma a una persona cuando se
logra organizar en ella un sólido sistema de ideas (Gedankenkreis) que, a su vez, constituyen la
voluntad -«acción combinada de ideas adquiridas»- y ésta actúa sobre los sentimientos, estados
particulares de las representaciones. Es decir, las ideas forman al individuo, su carácter, su
personalidad.
-El concepto básico de la pedagogía herbartiana es el de interés, que es principio de vida
intelectual, fuente de actividad y principio de moralidad. Supone, en un conjunto de ideas, cierta
predisposición a unirse con otras: El interés evoca las ideas antiguas, llama a las nuevas, dirige
la dinámica del espíritu. Deben fomentarse las dos vertientes desde donde éste puede ser
fecundado:
*la experiencia de las cosas de la naturaleza y
*el trato con los seres humanos.
H. teme toda formación parcializada o monopolizada estrechamente. Para evitarlo pide al
educador que cultive en el alumno la multiplicidad o multilateralidad de los intereses. El valor
pedagógico del interés múltiple no tiene aquí el sentido dispersivo de una mera acumulación
enciclopédica de datos. Se trata de enriquecer al espíritu con gran número de tendencias
armónicas, de asegurarle una actitud abierta y universal que le impida caer en la deformación de
un profesionalismo absorbente y monopolizador.

- Aportaciones a la didáctica. En cuanto a la formación ética y el proceder en la enseñanza:
*la formación ética, distingue entre gobierno y disciplina. Gobierno: El sujeto humano, en sus
primeros años, requiere unas medidas coercitivas, externas, que le empujan a mantener el orden
y a someter la voluntad. El fin de este sistema de gobierno extrínseco es asegurar las
condiciones que faciliten el ejercicio de la instrucción. Frente a él, la disciplina busca un efecto
intensivo, la adquisición del carácter y la preparación para la autodisciplina, puesto que «la
educación sería una tiranía si no desembocase en la libertad». La libertad interior es la más
importante de las ideas morales.

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*Respecto al proceder en la enseñanza, la teoría de los grados formales. La teoría didáctica de
los grados formales ha sido la más aprovechada por sus discípulos. H. habla de dos
procedimientos del espíritu para captar la realidad: aprehensión, que supone la adopción por el
pensamiento de una dirección centrífuga, y la reflexión como dirección centrípeta. En cada uno
de estos movimientos se da, a su vez, un doble proceso: claridad y asociación, sistema y
método.
El primer paso formal de la instrucción debe consistir, pues, en la presentación clara, distinta y
bien delimitada del objeto a enseñar.
Tras de esta intuición se procurará la asociación o comparación del elemento nuevo con otros
semejantes;
La sistematización lo estructura en relación con un todo orgánico y, finalmente,
- el método (de aplicación) consiste en utilizar lo aprehendido y establecer conexión con la
práctica, en todas las formas posibles: elaboraciones originales, resolución de problemas, etc.
H. ha acertado a dejar muy patente que la problemática pedagógica, por su complejidad y
trascendencia, requiere -si se ha de tratar adecuadamente- atención especial y fundamentación
científica. Aunque sus exposiciones aparezcan con frecuencia cargadas de una excesiva
sistematización, varias de sus aportaciones pedagógicas, como la idea de una instrucción
educativa, el concepto de interés, la formación multilateral, el sentido de la disciplina, la teoría de
los grados formales, etc., han ejercido una influencia excepcional en el movimiento pedagógico
del s. XIX

Autora: Isabel G.Zuluaga
Algunas ideas están tomadas de:
Abbagnano, N. y Visalberghi, A . (1969), Historia de la pedagogía. México, Fondo de Cultura
Económica.

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