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Elementos Del Proceso Grupal - Isabel Diaz Portillo

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Resumen del capitulo 8 del libro Bases de la Terapia de Grupo de Isabel Diaz Portillo
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Alumna: Dorotea Milke M. Profesor: Mtra.

Nora Gurrola Materia: Modelos de Psicoterapia de Grupo I

ELEMENTOS DEL PROCESO GRUPAL: Capítulo 8 EL TERAPEUTA
y El terapeuta grupal está expuesto a una gran diversidad de estímulos que reducen su habilidad para observar las dinámicas individuales, reacciones transferenciales y contratransferenciales, sus propios actingsy los de los miembros. Necesita observar y tolerar los intensos intercambios emocionales que se producen durante las relaciones interpersonales en el aquí y ahora del grupo, que incluyen transferencias y contratransferencias de cada uno y del grupo. Debe estar dispuesto para la escucha analítica del grupo , que consiste en considerar el discurso y la acción manifiestos del grupo, como expresión y a la vez ocultamiento de su discurso latente. los efectos del inconsciente se expresan a través de los mecanismos de defensa, son síntoma de los conflictos defensivos y se elaboran en resistencias, que se actualizan en la transferencia, con las formas específicas que asumen ambas en los grupos. Las bases del ejercicio de la función analítica son: la observación de las configuraciones grupales, el reconocimiento de la particular modalidad de cada integrante, la captación de los cambios y la capacidad de discriminar y tolerar la ansiedad. La atención flotante en la escucha del paciente individual se reemplaza por una atención seleccionadora de estímulos en el grupo Cualidades del terapeuta para hacer una psicoterapia efectiva: honestidad, interés, capacidad de aceptación incondicional genuina, calidez no posesiva, auténtica motivación de ayudar a los demás, empatía adecuada, curiosidad y espíritu de investigación sin abandonar el lugar de miembro participante por el de observador parásito . Que respete la individualidad de sus pacientes y se despoje de todo vestigio de omnipotencia, para poder así reafirmar el valor esencial de la interacción, percepciones de insight de los miembros del grupo. Un terapeuta empeñado en ser siempre la figura central, priva a sus pacientes de la oportunidad de superar su desconfianza pregenital a favor de una agresividad responsable. Una parte de la honestidad y transparencia del terapeuta se expresa en el contrato porque se compromete a realizar un trabajo y espera recibir el pago correspondiente, debe ser cuidadoso en la honestidad y la transparencia, antes está la responsabilidad. El entrenamiento enfatiza la habilidad para funcionar como un igual, el tener la humildad suficiente para considerarse un simple humano. Es el único responsable de la creación y reunión del grupo, establecer las metas sobre bases científicas, no dogmáticas; el tiempo y lugar para los encuentros; hacerel contrato 1

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con los miembros. Su selección y preparación de los futuros integrantes influye decisivamente en el destino del grupo. Debe estar alerta a los posibles significados emocionales ocultos de las comunicaciones, interacciones, postura, gestos y demás manifestaciones físicas de los miembros y prestar atención a las discusiones del grupo. Evalúar la disponibilidad de los pacientes para la interpretación y el insight, dependiendo del trabajo previo que ha realizado sobre las defensas de los miembros del grupo, para evitar que al profundizar la exploración de los conflictos se genere tanta angustia que se incremente la resistencia. También señala e interpreta las tensiones grupales. Ver no sólo el contenido de las comunicaciones, sino el cómo y el por qué (aspecto metacomunicacional del mensaje). La comunicación de estas observaciones y, de ser conveniente, su exploración, enseña al grupo que, descubrir el significado oculto de la conducta implica primero registrar lo que acontece en la interacción, para después interrogarse sobre su posible sentido. Las intervenciones deben tender a lograr que continúe el curso de los aportes de los pacientes, si son fructíferos o prometen serlo, y a facilitar la catarsis, por lo que participa lo menos posible mientras la asociación libre fluya sin obstáculos Transmitir un interés silencioso a través de su actitud, gestos, observaciones breves, monosílabos. Escucha empática y acrítica que favorece la revelación y catarsis de los contenidos más profundos de la personalidad Para la mayor parte de los terapeutas seguidores de la psicología del self, la tarea del terapeuta es proveer (o ayudar a que el grupo responda en forma óptima) a lo que el paciente necesita y busca en el tratamiento, a través del suministro de espejeo, empatía y objetos idealizados y alterego, para llevar a cabo la internalización transmutadora que requiere. Su rol implica tolerar, en ciertos momentos, ser colocado en el lugar del chivo expiatorio , no en el del ideal del yo, y adoptar una conducta que facilita el que los miembros del grupo tomen iniciativas El terapeuta de grupo no es inmune a los deseos destructivos hacia sus grupos El proceso terapéutico se ve interferido por la existencia de puntos ciegos en el terapeuta, los cuales pueden llevarlo a insistir sobre determinados temas, con lo que impide la libre interacción. Si pierde la empatía, manifestará impaciencia o enojo El terapeuta hostil puede activar esta tendencia en sus pacientes, o inhibirla como resultado de una formación reactiva El narcisismo patológico lleva al terapeuta a actitudes de dominio y exhibicionismo que incluyen la necesidad de demostrar brillantez intelectual, amplia cultura y otros dones excepcionales, o puede producir una pasividad excesiva como defensa contra la culpa que le produce el deseo de dirigir.

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Otra fuente inconsciente de pasividad es el voyeurismo clínico, que sirve como defensa contra la abrumadora necesidad, por parte del terapeuta, en lugar de sobrellevar las responsabilidades del liderazgo apropiado. Algunos terapeutas rehuyen la agresión adoptando una actitud de extrema amabilidad, simpatía y paternalismo, o rebajan su status al de un miembro más del grupo, inclusive al punto de discutir sus problemas personales. Ambas actitudes reducen los resultados terapéuticos a una simple mejoría sintomática. Si tolera la confrontación, puede resolver las contratransferencias que limitan la efectividad del grupo y madurar a través de los años, junto con sus pacientes. El terapeuta debería haber superado sus conflictos neuróticos, sin residuos de amargura o cinismo, sentimientos cuya existencia puede reforzar los de los pacientes. La resistencia de muchos terapeutas individuales a analizarse en grupo se justifica tras un análisis personal llega a racionalizarse con la referencia a la falta de análisis grupal de los pioneros del movimiento. Esta situación, le impide ceder el liderazgo interpretativo a los pacientes, con lo que se retrasa o anula la posibilidad de que rompan su dependencia de figuras omnipotentes idealizadas. Negarse a la experiencia de salir del cálido refugio materno que brinda el análisis individual, al mundo más real del grupo terapéutico, incluyendo con su amenaza a la identidad que con tanto trabajo se ha logrado construir, es un reto que no todo mundo es capaz de tolerar. La falta de reconocimiento del terapeuta respecto a sus motivaciones inconscientes, debido a la carencia de análisis grupal, puede llevarlo: a) evitar conflictos en el grupo, b) estimular indebidamente confrontaciones y retos para vivir a través de los pacientes; c) hacer interpretaciones tan brillantes que inhiben al grupo; d) su temor a la intimidad puede coartar la expresión abierta de sentimientos, a través de interpretaciones prematuras; e) verse arrastrado por las situaciones grupales al grado de perder la capacidad de distinguir lo real de lo transferencial.

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