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La Santa Biblia (Parte 2)

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La Santa Biblia

(Parte 2)
PROVERBIOS Proverbios 1
1 Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel: 2 para aprender sabiduría e instrucción, para entender los discursos profundos, 3 para alcanzar instrucción y perspicacia, - justicia, equidad y rectitud -, 4 para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión, 5 Que atienda el sabio y crecerá en doctrina, y el inteligente aprenderá a hacer proyectos. 6 para descifrar proverbios y enigmas, los dichos de los sabios y sus adivinanzas. 7 El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción. 8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre: 9 corona graciosa son para tu cabeza y un collar para tu cuello. 10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no vayas. 11 Si te dicen: «¡Vente con nosotros, estemos al acecho para derramar sangre, apostémonos contra el inocente sin motivo alguno, 12 devorémoslos vivos como el seol, enteros como los que bajan a la fosa!; 13 ¡hallaremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas de botín, 14 te tocará tu parte igual que a nosotros, para todos habrá bolsa común!»: 15 no te pongas, hijo mío, en camino con ellos, tu pie detén ante su senda, 16 = porque sus pies corren hacia el mal y a derramar sangre se apresuran; = 17 pues es inútil tender la red a los ojos mismos de los pajarillos. 18 Contra su propia sangre están acechando, apostados están contra sus propias vidas. 19 Esa es la senda de todo el que se entrega a la rapiña: ella quita la vida a su propio dueño. 20 La Sabiduría clama por las calles, por las plazas alza su voz, 21 llama en la esquina de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:

La Santa Biblia (Parte 2)

22 «¿Hasta cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza y arrogantes os gozaréis en la arrogancia y necios tendréis odio a la ciencia? 23 Convertíos por mis reprensiones: voy a derramar mi espíritu para vosotros, os voy a comunicar mis palabras. 24 Ya que os he llamado y no habéis querido, he tendido mi mano y nadie ha prestado atención, 25 habéis despreciado todos mis consejos, no habéis hecho caso de mis reprensiones; 26 también yo me reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando llegue vuestro espanto, 27 cuando llegue, como huracán, vuestro espanto, vuestra desgracia sobrevenga como torbellino, cuando os alcancen la angustia y la tribulación. 28 Entonces me llamarán y no responderé, me buscarán y no me hallarán. 29 Porque tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh, 30 no hicieron caso de mi consejo, ni admitieron de mí ninguna reprensión; 31 comerán del fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán. 32 Su propio descarrío matará a los simples, la despreocupación perderá a los insensatos. 33 Pero el que me escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia.»

Proverbios 2
1 Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos, 2 prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; 3 si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; 4 si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, 5 entonces entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás. 6 Porque Yahveh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia. 7 Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza, 8 vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos. 9 Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien. 10 Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma, 11 velará sobre ti la reflexión y la prudencia te guardará, 12 apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos, 13 de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos, 14 de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad, 15 cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas. 16 Ella te apartará de la mujer ajena, de la extraña de melosas palabras, 17 que ha dejado al amigo de su juventud y ha olvidado la alianza de su Dios; 18 su casa está inclinada hacia la muerte, hacia las sombras sus tortuosos senderos. 19 Nadie que entre por ella volverá, no alcanzará las sendas de la vida. 20 Por eso has de ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos. 21 Porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella; 22 pero los malos serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales.

Proverbios 3
1 Hijo mío, no olvides mi lección, en tu corazón guarda mis mandatos, 2 pues largos días y años de vida y bienestar te añadirán. 3 La piedad y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón. 4 Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres. 5 Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; 6 reconócele en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. 7 No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal:

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8 medicina será para tu carne y refrigerio para tus huesos. 9 Honra a Yahveh con tus riquezas, con las primicias de todas tus ganancias: 10 tus trojes se llenarán de grano y rebosará de mosto tu lagar. 11 No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, 12 porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. 13 Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia; 14 más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro. 15 Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala. 16 Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria. 17 Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar. 18 Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan. 19 Con la Sabiduría fundó Yahveh la tierra, consolidó los cielos con inteligencia; 20 con su ciencia se abrieron los océanos y las nubes destilan el rocío. 21 Hijo mío, guarda la prudencia y la reflexión, no se aparten nunca de tus ojos: 22 serán vida para tu alma y adorno para tu cuello. 23 Así irás tranquilo por tu camino y no tropezará tu pie. 24 No tendrás miedo al acostarte, una vez acostado, será dulce tu sueño. 25 No temerás el espanto repentino, ni cuando llegue la tormenta de los malos, 26 porque Yahveh será tu tranquilidad y guardará tu pie de caer en el cepo. 27 No niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo. 28 No digas a tu prójimo: «Vete y vuelve, mañana te daré», si tienes algo en tu poder. 29 No trames mal contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti. 30 No te querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal. 31 No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos; 32 porque Yahveh abomina a los perversos, pero su intimidad la tiene con los rectos. 33 La maldición de Yahveh en la casa del malvado, en cambio bendice la mansión del justo. 34 Con los arrogantes es también arrogante, otorga su favor a los pobres. 35 La gloria es patrimonio de los sabios y los necios heredarán la ignominia.

Proverbios 4
1 Escuchad, hijos, la instrucción del padre, estad atentos para aprender inteligencia, 2 porque es buena la doctrina que os enseño; no abandonéis mi lección. 3 También yo fui hijo para mi padre, tierno y querido a los ojos de mi madre, 4 El me enseñaba y me decía: «Retén mis palabras en tu corazón, guarda mis mandatos y vivirás. 5 Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia, no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca. 6 No la abandones y ella te guardará, ámala y ella será tu defensa. 7 El comienzo de la sabiduría es: adquiere la sabiduría, a costa de todos tus bienes adquiere la inteligencia. 8 Haz acopio de ella, y ella te ensalzará; ella te honrará, si tú la abrazas; 9 pondrá en tu cabeza una diadema de gracia, una espléndida corona será tu regalo». 10 Escucha, hijo mío, recibe mis palabras, y los años de tu vida se te multiplicarán. 11 En el camino de la sabiduría te he instruido, te he encaminado por los senderos de la rectitud. 12 Al andar no se enredarán tus pasos, y si corres, no tropezarás. 13 Aférrate a la instrucción, no la sueltes; guárdala, que es tu vida. 14 No te metas por la senda de los perversos, ni vayas por el camino de los malvados.

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15 Evítalo, no pases por él, apártate de él, pasa adelante. 16 Porque ésos no duermen si no obran el mal, se les quita el sueño si no han hecho caer a alguno. 17 Es que su pan es pan de maldad, y vino de violencia es su bebida. 18 La senda de los justos es como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día. 19 Pero el camino de los malos es como tinieblas, no saben dónde han tropezado. 20 Atiende, hijo mío, a mis palabras, inclina tu oído a mis razones. 21 No las apartes de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón. 22 Porque son vida para los que las encuentran, y curación para toda carne. 23 Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. 24 Aparta de ti la falsía de la boca y el enredo de los labios arrójalo de ti. 25 Miren de frente tus ojos, tus párpados derechos a lo que está ante tí. 26 Tantea bien el sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos. 27 No te tuerzas ni a derecha ni a izquierda, aparta tu pie de la maldad.

Proverbios 5
1 Presta, hijo mío, atención a mi sabiduría, aplica tu oído a mi prudencia, 2 para que guardes tú la reflexión y tus labios conserven la ciencia. No hagas caso de la mujer perversa, 3 pues miel destilan los labios de la extraña, su paladar es más suave que el aceite; 4 pero al fin es amarga como el ajenjo, mordaz como espada de dos filos. 5 Sus pies descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol. 6 Por no seguir la senda de la vida, se desvía por sus vericuetos sin saberlo. 7 Así pues, hijo mío, escúchame, no te apartes de los dichos de mi boca: 8 aleja de ella tu camino, no te acerques a la puerta de su casa; 9 no sea que ella dé tu honor a otro y tus años a un hombre cruel; 10 no se harten de tus bienes los extraños, ni paren tus fatigas en casa del extranjero; 11 no sea que gimas a la postre cuando tu cuerpo y tu carne se consuman, 12 y digas: «Ay de mí, que he odiado la instrucción, mi corazón ha despreciado los reproches, 13 no he escuchado la voz de mis maestros ni he prestado oídos a los que me instruían. 14 A punto he estado de cualquier desgracia, en medio de la asamblea y la comunidad.» 15 Bebe el agua de tu cisterna, la que brota de tu pozo. 16 ¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas? 17 Que sean para ti solo, no para que las beban contigo los extraños. 18 - Sea tu fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad, 19 cierva amable, graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione para siempre. 20 ¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una ajena, abrazar el seno de una extraña? 21 Pues los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus senderos. 22 El malvado será presa de sus propias maldades, con los lazos de su pecado se le capturará. 23 Morirá por su falta de instrucción, por su gran necedad se perderá.

Proverbios 6
1 Si has salido, hijo mío, fiador de tu prójimo, si has chocado tu mano con un extraño,

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2 si te has obligado con las palabras de tu boca, si de la palabra de tu boca te has dejado prender, 3 haz esto, hijo mío, para quedar libre, pues has caído en manos de tu prójimo: Vete, póstrate, importuna a tu prójimo; 4 no concedas a tus ojos sueño ni a tus párpados reposo; 5 líbrate, como la gacela del lazo, como el pájaro de la mano del pajarero. 6 Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio. 7 Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo; 8 asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies. 9 ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados; 11 y llegará como vagabundo tu miseria y como un mendigo tu pobreza. 12 Un malvado, un hombre inicuo, anda con la boca torcida, 13 guiña el ojo, arrastra los pies, hace señas con los dedos. 14 Torcido está su corazón, medita el mal, pleitos siembra en todo tiempo. 15 Por eso vendrá su ruina de repente, de improviso quebrará, y no habrá remedio. 16 Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma: 17 ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, 18 corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, 19 testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos. 20 Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre. 21 Tenlos atados siempre a tu corazón, enlázalos a tu cuello; 22 en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar. 23 Porque el mandato es una lámpara y la lección una luz; camino de vida los reproches y la instrucción, 24 para librarte de la mujer perversa, de la lengua suave de la extraña. 25 No codicies su hermosura en tu corazón, no te cautive con sus párpados, 26 porque un mendrugo de pan basta a la prostituta, pero la casada va a la caza de una vida preciosa. 27 ¿Puede uno meter fuego en su regazo sin que le ardan los vestidos? 28 ¿Puede uno andar sobre las brasas sin que se le quemen los pies? 29 Así le pasa al que se llega a la mujer del prójimo: no saldrá ileso ninguno que la toque. 30 No se desprecia al ladrón cuando roba para llenar su estómago, porque tiene hambre. 31 Mas, si le sorprenden, paga el séptuplo, tiene que dar todos los bienes de su casa. 32 Pero el que hace adulterar a una mujer es un mentecato; un suicida es el que lo hace; 33 encontrará golpes y deshonra y su vergüenza no se borrará. 34 Porque los celos enfurecen al marido. y no tendrá piedad el día de la venganza. 35 No hará caso de compensación alguna; aunque prodigues regalos, no aceptará.

Proverbios 7
1 Guarda, hijo mío, mis palabras, conserva como un tesoro mis mandatos. 2 Guarda mis mandamientos y vivirás; sea mi lección como la niña de tus ojos. 3 Átalos a tus dedos, escríbelos en la tablilla de tu corazón. 4 Dile a la sabiduría: «Tú eres mi hermana», llama pariente a la inteligencia, 5 para que te guarde de la mujer ajena, de la extraña de palabras melosas. 6 Estaba yo a la ventana de mi casa y miraba a través de las celosías,

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7 cuando ví, en el grupo de los simples, distinguí entre los muchachos a un joven falto de juicio: 8 pasaba por la calle, junto a la esquina donde ella vivía, iba camino de su casa, 9 al atardecer, ya oscurecido, en lo negro de la noche y de las sombras. 10 De repente, le sale al paso una mujer, con atavío de ramera y astucia en el corazón. 11 Es alborotada y revoltosa, sus pies nunca paran en su casa. 12 Tan pronto en las calles como en las plazas, acecha por todas las esquinas. 13 Ella lo agarró y lo abrazó, y desvergonzada le dijo: 14 «Tenía que ofrecer un sacrificio de comunión y hoy he cumplido mi voto; 15 por eso he salido a tu encuentro para buscarte en seguida; y va te he encontrado. 16 He puesto en mi lecho cobertores policromos, lencería de Egipto, 17 con mirra mi cama he rociado, con áloes y cinamomo. 18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, solacémonos los dos, entre caricias. 19 Porque no está el marido en casa, está de viaje muy lejos; 20 ha llevado en su mano la bolsa del dinero, volverá a casa para la luna llena.» 21 Con sus muchas artes lo seduce, lo rinde con el halago de sus labios. 22 Se va tras ella en seguida, como buey al matadero, como el ciervo atrapado en el cepo, 23 hasta que una flecha le atraviese el hígado; como pájaro que se precipita en la red, sin saber que le va en ello la vida. 24 Ahora pues, hijo mío, escúchame, pon atención a las palabras de mi boca: 25 no se desvíe tu corazón hacia sus caminos, no te descarríes por sus senderos, 26 porque a muchos ha hecho caer muertos, robustos eran todos los que ella mató. 27 Su morada es camino del seol, que baja hacia las cámaras de la muerte.

Proverbios 8
1 ¿No está llamando la Sabiduría? y la Prudencia, ¿no alza su voz? 2 En la cumbre de las colinas que hay sobre el camino, en los cruces de sendas se detiene; 3 junto a las puertas, a la salida de la ciudad, a la entrada de los portales, da sus voces: 4 «A vosotros, hombres, os llamo, para los hijos de hombre es mi voz. 5 Entended, simples, la prudencia y vosotros, necios, sed razonables. 6 Escuchad: voy a decir cosas importantes y es recto cuanto sale de mis labios. 7 Porque verdad es el susurro de mi boca y mis labios abominan la maldad. 8 Justos son todos los dichos de mi boca, nada hay en ellos astuto ni tortuoso. 9 Todos están abiertos para el inteligente y rectos para los que la ciencia han encontrado. 10 Recibid mi instrucción y no la plata, la ciencia más bien que el oro puro. 11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas, ninguna cosa apetecible se le puede igualar. 12 «Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia, yo he inventado la ciencia de la reflexión. 13 (El temor de Yahveh es odiar el mal.) La soberbia y la arrogancia y el camino malo y la boca torcida yo aborrezco. 14 Míos son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza. 15 Por mí los reyes reinan y los magistrados administran la justicia. 16 Por mí los príncipes gobiernan y los magnates, todos los jueces justos. 17 Yo amo a los que me aman y los que me buscan me encontrarán. 18 Conmigo están la riqueza y la gloria, la fortuna sólida y la justicia. 19 Mejor es mi fruto que el oro, que el oro puro, y mi renta mejor que la plata acrisolada. 20 Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad, 21 para repartir hacienda a los que me aman y así llenar sus arcas.» 22 «Yahveh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. 23 Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra.

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24 Cuando no existían los abismos fui engendrada, cuando no había fuentes cargadas de agua. 25 Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada. 26 No había hecho aún la tierra ni los campos, ni el polvo primordial del orbe. 27 Cuando asentó los cielos, allí estaba yo, cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, 28 cuando arriba condensó las nubes, cuando afianzó las fuentes del abismo, 29 cuando al mar dio su precepto - y las aguas no rebasarán su orilla - cuando asentó los cimientos de la tierra, 30 yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, 31 jugando por el orbe de su tierra; y mis delicias están con los hijos de los hombres.» 32 «Ahora pues, hijos, escuchadme, dichosos los que guardan mis caminos. 33 Escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despreciéis. 34 Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada. 35 Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de Yahveh. 36 Pero el que me ofende, hace daño a su alma; todos los que me odian, aman la muerte.»

Proverbios 9
1 La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas, 2 ha hecho su matanza, ha mezclado su vino, ha aderezado también su mesa. 3 Ha mandado a sus criadas y anuncia en lo alto de las colinas de la ciudad: 4 «Si alguno es simple, véngase acá.» Y al falto de juicio le dice: 5 «Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado; 6 dejaos de simplezas y viviréis, y dirigíos por los caminos de la inteligencia.» 7 El que corrige al arrogante se acarrea desprecio, y el que reprende al malvado, insultos. 8 No reprendas al arrogante, porque te aborrecerá; reprende al sabio, y te amará. 9 Da al sabio, y se hará más sabio todavía; enseña al justo, y crecerá su doctrina. 10 Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh, y la ciencia de los santos es inteligencia. 11 Pues por mí se multiplicarán tus días y se aumentarán los años de tu vida. 12 Si te haces sabio, te haces sabio para tu provecho, y si arrogante, tú solo lo tendrás que pagar. 13 La mujer necia es alborotada, todo simpleza, no sabe nada. 14 Se sienta a la puerta de su casa, sobre un trono, en las colinas de la ciudad, 15 para llamar a los que pasan por el camino, a los que van derechos por sus sendas: 16 «Si alguno es simple, véngase acá» y al falto de juicio le dice: 17 «Son dulces las aguas robadas y el pan a escondidas es sabroso.» 18 No sabe el hombre que allí moran las Sombras; sus invitados van a los valles del seol.

Proverbios 10
1 = Proverbios de Salomón. = El hijo sabio es la alegría de su padre, el hijo necio entristece a su madre. 2 Tesoros mal adquiridos no aprovechan, mas la justicia libra de la muerte. 3 Yahveh no permite que el justo pase hambre, pero rechaza la codicia de los malos. 4 Mano indolente empobrece, la mano de los diligentes enriquece. 5 Amontonar en verano es de hombre sensato, dormirse en la cosecha es de hombre indigno. 6 Bendiciones sobre la cabeza del justo; pero la boca de los impíos rezuma violencia. 7 El recuerdo del justo sirve de bendición; el nombre de los malos se pudre.

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8 El sensato de corazón acepta los mandatos, el hombre charlatán corre a su ruina. 9 Quien va a derecho, va seguro, quien va con rodeos es descubierto. 10 El que guiña de ojos, dará disgustos, quien reprende a la cara, proporciona paz. 11 Manantial de vida la boca del justo; la boca de los impíos rezuma violencia. 12 El odio provoca discusiones, el amor cubre todas las faltas. 13 En labios del inteligente se encuentra sabiduría, palo a las espaldas del falto de seso. 14 Los sabios atesoran conocimiento, la boca del necio es ruina inmediata. 15 La fortuna del rico es su plaza fuerte, la ruina de los débiles es su pobreza. 16 El salario del justo es para vivir, la renta del malo es para pecar. 17 Camina hacia la vida el que guarda las instrucciones; quien desatiende la reprensión se extravía. 18 Los labios mentirosos disimulan el odio; quien profiere una calumnia es un necio. 19 En las muchas palabras no faltará pecado; quien reprime sus labios es sensato. 20 Plata elegida es la lengua del justo, el corazón de los malos vale poco. 21 Los labios del justo apacientan a muchos, los insensatos mueren en su falta de seso. 22 La bendición de Yahveh es la que enriquece, y nada le añade el trabajo a que obliga. 23 Como un juego es para el necio cometer el crimen, la sabiduría lo es para el hombre inteligente. 24 Lo que teme el malo, eso le sucede, lo que el justo desea, se le da. 25 Cuando pasa la tormenta, ya no existe el malo, mas el justo es construcción eterna. 26 Vinagre para los dientes y humo para los ojos: así es el perezoso para quien lo envía. 27 El temor de Yahveh prolonga los días, los años de los malos son acortados. 28 La espera de los justos es alegría, la esperanza de los malos fracasará. 29 Fortaleza es para el íntegro la senda de Yahveh; pero ruina para los malhechores. 30 Jamás el justo será conmovido, pero los malos no habitarán la tierra. 31 La boca del justo da frutos de sabiduría, la lengua perversa será cortada. 32 Los labios del justo saben de benevolencia; la boca de los malos, de perversidad.

Proverbios 11
1 Abominación de Yahveh la balanza falsa, pero el peso justo gana su favor. 2 Detrás de la insolencia viene el insulto; mas con los modosos está la sabiduría. 3 A los rectos su integridad les guía; a los pérfidos les arruina su perversidad. 4 Nada servirán riquezas el día de la ira, mas la justicia libra de la muerte. 5 A los íntegros su justicia les allana el camino, pero el malo cae en su malicia. 6 A los rectos les salva su justicia, los pérfidos en su codicia son atrapados. 7 En la muerte del malo se esfuma su esperanza, la confianza en las riquezas se desvanece. 8 El justo es librado de la angustia, y el malo viene a ocupar su lugar. 9 Con la boca el impío pierde a su vecino, por la ciencia se libran los justos. 10 Con el bien de los justos la ciudad se regocija, con la perdición de los malos grita de alegría. 11 Con la bendición de los rectos, se levanta la ciudad; la boca de los malos la destruye. 12 Quien desprecia a su vecino es un insensato; el hombre discreto se calla. 13 El que anda calumniando descubre secretos, el de espíritu leal oculta las cosas. 14 Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación. 15 El mal se busca quien avala al desconocido, quien no es amigo de chocar la mano está seguro. 16 Mujer graciosa consigue honor, y los audaces consiguen la riqueza.

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17 A sí mismo se beneficia el que es compasivo, a sí mismo se perjudica el hombre cruel. 18 El malo consigue un jornal falso; el que siembra justicia, un salario verdadero. 19 Al que establece justicia, la vida, al que obra el mal, la muerte. 20 A los de corazón torcido abomina Yahveh; a los de camino intachable da su favor. 21 De cierto que el malo no quedará impune, mas la raza de los justos quedará a salvo. 22 Anillo de oro en nariz de un puerco, mujer hermosa pero sin gusto. 23 El deseo de los justos es sólo el bien, la esperanza de los malos, la ira. 24 Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos. 25 El alma generosa será colmada, y el que sacia a otro la sed, también será saciado. 26 El pueblo maldice al que acapara trigo; bendición para la cabeza del que vende. 27 Quien busca el bien, se procura favor, quien va tras el mal, le saldrá al encuentro. 28 Quien confía en su riqueza, ése caerá, los justos brotarán como follaje. 29 Quien desordena su casa, hereda viento, el insensato será esclavo del sabio. 30 El fruto del justo es un árbol de vida; cautivador de las almas es el sabio. 31 Si el justo recibe su recompensa en la tierra, ¡cuánto más el pecador y el malo!

Proverbios 12
1 El que ama la instrucción ama la ciencia, el que odia la reprensión es tonto. 2 El bueno obtiene el favor de Yahveh; pero él condena al hombre taimado. 3 Nadie se afianza por la maldad, la raíz de los justos no vacilará. 4 Mujer virtuosa, corona del marido, mujer desvergonzada, caries en los huesos. 5 Las intenciones de los justos son equidad, los planes de los malos, son engaño. 6 Las palabras de los malos son trampas sangrientas, pero a los rectos su boca los pone a salvo. 7 Derribados los malos, no existen ya más, mas la casa de los justos permanece. 8 Se alaba al hombre según su prudencia, el de corazón torcido será despreciado. 9 Más vale hombre sencillo que tiene un esclavo, que hombre glorioso a quien falta el pan. 10 El justo se cuida de su ganado, pero las entrañas de los malos son crueles. 11 Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato. 12 El placer del impío está en la maquinación de los malvados, pero la raíz de los justos producirá. 13 En el delito de los labios hay una trampa fatal, pero el justo saldrá de la angustia. 14 Por el fruto de su boca, se harta de bien el hombre, cada cual recibe el salario de sus obras. 15 El necio tiene por recto su camino, pero el sabio escucha los consejos. 16 El necio, al momento descubre su pena, el prudente oculta la ignominia. 17 Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad. 18 Quien habla sin tino, hiere como espada; mas la lengua de los sabios cura. 19 Los labios sinceros permanecen por siempre, la lengua mentirosa dura un instante. 20 Fraude en el corazón de quien trama el mal; gozo para los que aconsejan paz. 21 Ninguna desgracia le sucede al justo, pero los malos están llenos de miserias. 22 Los labios mentirosos abomina Yahveh; los que practican la verdad alcanzan su favor. 23 El hombre cauto oculta su ciencia, el corazón del insensato proclama su necedad. 24 La mano diligente obtiene el mando; la flojedad acaba en trabajos forzados. 25 Ansiedad en el corazón deprime al hombre, pero una palabra buena le causa alegría. 26 El justo enseña el camino a su prójimo, el camino de los malos los extravía.

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La Santa Biblia (Parte 2)

27 El indolente no pone a asar su caza; la diligencia es la mejor fortuna del hombre. 28 En la senda de la justicia está la vida; el camino de los rencorosos lleva a la muerte.

Proverbios 13
1 El hijo sabio atiende a la instrucción de su padre, el arrogante no escucha la reprensión. 2 Con el fruto de su boca, come el hombre lo que es bueno, pero el alma de los pérfidos se nutre de violencia. 3 Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina. 4 Tiene hambre el perezoso, mas no se cumple su deseo; el deseo de los diligentes queda satisfecho. 5 El justo odia la palabra mentirosa, pero el malo infama y deshonra. 6 La justicia guarda al íntegro en su camino, mas la maldad arruina al pecador. 7 Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna. 8 El precio de la vida de un hombre es su riqueza; pero el pobre no hace caso a la amenaza. 9 La luz de los justos alegremente luce, la lámpara de los malos se apaga. 10 La insolencia sólo disputas proporciona; con los que admiten consejos está la sabiduría. 11 Fortuna rápida, vendrá a menos, quien junta poco a poco, irá en aumento. 12 Espera prolongada enferma el corazón; árbol de vida es el deseo cumplido. 13 Quien desprecia la palabra se perderá, quien respeta el mandato se salvará. 14 La lección del sabio es fuente de vida, para sortear las trampas de la muerte. 15 Una gran prudencia alcanza favor, el camino de los pérfidos no tiene fin, 16 Todo hombre cauto obra con conocimiento, el tonto ostenta su necedad. 17 Mensajero perverso cae en desgracia, mensajero leal trae la curación. 18 Miseria e ignominia al que rechaza la instrucción, gloria al que acepta la reprensión. 19 Deseo cumplido, dulzura para el alma, los necios detestan abandonar el mal. 20 El que anda con los sabios será sabio; quien frecuenta los necios se hará malo. 21 A los pecadores los persigue la desgracia, los justos son colmados de dicha. 22 El hombre de bien deja herencia a los hijos de sus hijos, al justo se reserva la riqueza del pecador. 23 Las roturas de los pobres dan mucho de comer; pero hay perdición cuando falta justicia. 24 Quien escatima la vara, odia a su hijo, quien le tiene amor, le castiga. 25 Come el justo y queda satisfecho, pero el vientre de los malos pasa necesidad.

Proverbios 14
1 La Sabiduría edifica su casa; le Necedad con sus manos la destruye. 2 Quien anda en rectitud, teme a Yahveh; el de torcido camino le desprecia. 3 En la boca del necio hay una raíz de orgullo, pero los labios de los sabios los protegen. 4 Donde no hay bueyes, pesebre vacío; cosecha abundante con la fuerza del toro. 5 Testigo veraz no miente, testigo falso respira mentiras. 6 Busca el arrogante la sabiduría pero en vano, al inteligente la ciencia le es fácil. 7 Apártate del hombre necio, pues no conocerías labios doctos. 8 Sabiduría del cauto es atender a su conducta, la necedad de los tontos es engaño. 9 De los necios se aparta el sacrificio expiatorio, pero entre los rectos se encuentra el favor de Dios. 10 El corazón conoce su propia amargura, y con ningún extraño comparte su alegría. 11 La casa de los malos será destruida, la tienda de los rectos florecerá. 12 Hay caminos que parecen rectos, pero, al cabo, son caminos de muerte. 13 También en el reír padece el corazón, y al cabo la alegría es dolor. 14 El perverso de corazón está satisfecho de su conducta, y el hombre de bien, de sus obras.

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La Santa Biblia (Parte 2)

15 El simple cree cuanto se dice, el cauto medita sus propios pasos. 16 El sabio teme el mal y de él se aparta, el necio es presuntuoso y confiado. 17 El de genio pronto, hace necedades, el hombre artero es odiado. 18 La herencia de los simples es la necedad, los cautos son coronados de ciencia. 19 Los malos se postran ante los buenos, los malvados a la puerta de los justos. 20 Incluso a su vecino es odioso el pobre, pero son muchos los amigos del rico. 21 Quien desprecia a su vecino comete pecado; dichoso el que tiene piedad de los pobres. 22 ¿No andan extraviados los que planean el mal?; amor y lealtad a los que planean el bien. 23 Todo trabajo produce abundancia, la charlatanería sólo indigencia. 24 Corona de los sabios es la riqueza, la necedad de los insensatos es necedad. 25 Salvador de vidas es el testigo veraz, quien profiere mentira es un impostor. 26 El temor de Yahveh es seguridad inexpugnable; sus hijos tendrán en él refugio. 27 El temor de Yahveh es fuente de vida, para apartarse de las trampas de la muerte. 28 Pueblo numeroso, gloria del rey; pueblo escaso, ruina del príncipe. 29 El tardo a la ira tiene gran prudencia, el de genio pronto pone de manifiesto su necedad 30 El corazón manso es vida del cuerpo; la envidia es caries de los huesos. 31 Quien oprime al débil, ultraja a su Hacedor; mas el que se apiada del pobre, le da gloria. 32 El malo es derribado por su propia malicia, el justo en su integridad halla refugio. 33 En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida. 34 La justicia eleva a las naciones, el pecado es la vergüenza de los pueblos. 35 El favor del rey para el siervo prudente; y su cólera para el que le avergüenza.

Proverbios 15
1 Una respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira. 2 La lengua de los sabios hace agradable la ciencia, la boca de los insensatos esparce necedad. 3 En todo lugar, los ojos de Yahveh, observando a los malos y a los buenos. 4 Lengua mansa, árbol de vida, lengua perversa rompe el alma. 5 El tonto desprecia la corrección de su padre; quien sigue la reprensión es cauto. 6 La casa del justo abunda en riquezas, en las rentas del malo no falta inquietud. 7 Los labios de los sabios siembran ciencia, pero no así el corazón de los necios. 8 Yahveh abomina el sacrificio de los malos; la oración de los rectos alcanza su favor. 9 Yahveh abomina el camino malo; y ama al que va tras la justicia. 10 Corrección severa a quien deja el camino; el que odia la reprensión perecerá. 11 Seol y Perdición están ante Yahveh: ¡cuánto más los corazones de los hombres! 12 El arrogante no quiere ser reprendido, no va junto a los sabios. 13 Corazón alegre hace buena cara, corazón en pena deprime el espíritu. 14 Corazón inteligente busca la ciencia, los labios de los necios se alimentan de necedad. 15 Todos los días del pobre son malos, para el corazón dichoso, banquetes sin fin. 16 Mejor es poco con temor de Yahveh, que gran tesoro con inquietud. 17 Más vale un plato de legumbres, con cariño, que un buey cebado, con odio. 18 El hombre violento provoca disputas, el tardo a la ira aplaca las querellas. 19 El camino del perezoso es como un seto de espinos. la senda de los rectos es llana. 20 El hijo sabio es la alegría de su padre, el hombre necio desprecia a su madre. 21 La necedad alegra al insensato, el hombre inteligente camina en derechura. 22 Donde no hay consultas, los planes fracasan; con muchos consejeros, se llevan a cabo.

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La Santa Biblia (Parte 2)

23 El hombre halla alegría en la respuesta de su boca; una palabra a tiempo, ¡qué cosa más buena! 24 Camino de la vida, hacia arriba, para el sabio, para que se aparte del seol, que está abajo. 25 La casa de los soberbios la destruye Yahveh, y mantiene en pie los linderos de la viuda. 26 Yahveh abomina los proyectos perversos; pero son puras las palabras agradables. 27 Quien se da al robo, perturba su casa, quien odia los regalos, vivirá. 28 El corazón del justo recapacita para responder, la boca de los malos esparce maldades. 29 Yahveh se aleja de los malos, y escucha la plegaria de los justos. 30 Una mirada luminosa alegra el corazón, una buena noticia reanima el vigor. 31 Oído que escucha reprensión saludable, tiene su morada entre los sabios. 32 Quien desatiende la corrección se desprecia a sí mismo, quien escucha la reprensión adquiere sensatez. 33 El temor de Yahveh instruye en sabiduría: y delante de la gloria va la humildad.

Proverbios 16
1 Al hombre, los planes del corazón; pero de Yahveh, la respuesta. 2 Al hombre le parecen puros todos sus caminos, pero Yahveh pondera los espíritus. 3 Encomienda tus obras a Yahveh y tus proyectos se llevarán a cabo. 4 Todas las obras de Yahveh tienen su propio fin, hasta el malvado, para el día del mal 5 Yahveh abomina al de corazón altivo, de cierto no quedará impune. 6 Con amor y lealtad se expía la falta; con el temor de Yahveh se evita el mal. 7 Cuando Yahveh se complace en la conducta de un hombre. hasta a sus enemigos los reconcilia con él. 8 Más vale poco, con justicia, que mucha renta sin equidad. 9 El corazón del hombre medita su camino, pero es Yahveh quien asegura sus pasos 10 Oráculo en los labios del rey: en el juicio no comete falta su boca. 11 De Yahveh son la balanza y los platillos justos, todas las pesas del saco son obra suya. 12 Los reyes aborrecen las malas acciones, pues su trono en la justicia se afianza. 13 El favor del rey para los labios justos; y ama al que habla rectamente. 14 El furor del rey es mensajero de muerte; pero el hombre sabio lo apacigua. 15 Si el rostro del rey se ilumina, hay vida; su favor es como nube de lluvia tardía. 16 Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro; adquirir inteligencia es preferible a la plata. 17 La calzada de los rectos es apartarse del mal; el que atiende a su camino, guarda su alma. 18 La arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída. 19 Mejor es ser humilde con los pobres que participar en el botín con los soberbios. 20 El que está atento a la palabra encontrará la dicha, el que confía en Yahveh será feliz. 21 Al de corazón sabio, se le llama inteligente, la dulzura de labios aumenta el saber. 22 La prudencia es fuente de vida para el que la tiene, el castigo de los necios es la necedad. 23 El corazón del sabio hace circunspecta su boca, y aumenta el saber de sus labios. 24 Palabras suaves, panal de miel: dulces al alma, saludables al cuerpo. 25 Hay caminos que parecen rectos, pero al cabo son caminos de muerte. 26 El ansia del trabajador para él trabaja, pues le empuja el hambre de su boca. 27 El hombre malvado trama el mal, tiene en los labios como un fuego ardiente. 28 El hombre perverso provoca querellas, el delator divide a los amigos. 29 El hombre violento seduce al vecino, y le hace ir por camino no bueno. 30 Quien cierra los ojos es para meditar maldades, el que se muerde los labios, ha consumado el mal.

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La Santa Biblia (Parte 2)

31 Cabellos blancos son corona de honor; y en el camino de la justicia se la encuentra. 32 Más vale el hombre paciente que el héroe, el dueño de sí que el conquistador de ciudades. 33 Se echan las suertes en el seno, pero la decisión viene de Yahveh.

Proverbios 17
1 Mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad, que casa llena de sacrificios de discordia. 2 El siervo prudente prevalece sobre el hijo sin honra; tendrá, con los hermanos, parte en la herencia. 3 Crisol para la plata, horno para el oro; los corazones, Yahveh mismo los prueba. 4 El malo está atento a los labios inicuos, el mentiroso presta oído a la lengua perversa. 5 Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor, quien se ríe de la desgracia no quedará impune. 6 Corona de los ancianos son los hijos de los hijos; los padres son el honor de los hijos. 7 Al necio no le sienta un lenguaje pulido, y aún menos al noble un hablar engañoso. 8 El obsequio es un talismán, para el que puede hacerlo; dondequiera que vaya, tiene éxito. 9 El que cubre un delito, se gana una amistad el que propala cosas, divide a los amigos. 10 Más afecta un reproche a un hombre inteligente que cien golpes a un necio. 11 El malvado sólo busca rebeliones, pero le será enviado un cruel mensajero. 12 Mejor topar con osa privada de sus cachorros que con tonto en su necedad. 13 Si uno devuelve mal por bien no se alejará la desdicha de su casa. 14 Entablar proceso es dar curso libre a las aguas; interrúmpelo antes de que se extienda. 15 Justificar al malo y condenar al justo; ambas cosas abomina Yahveh. 16 ¿De qué sirve la riqueza en manos del necio? ¿Para adquirir sabiduría, siendo un insensato? 17 El amigo ama en toda ocasión, el hermano nace para tiempo de angustia. 18 Es hombre insensato el que choca la mano y sale fiador de su vecino. 19 El que ama el pecado, ama los golpes, el que es altanero, busca la ruina. 20 El de corazón pervertido, no hallará la dicha; el de lengua doble caerá en desgracia. 21 El que engendra un necio, es para su mal; no tendrá alegría el padre del insensato. 22 El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos. 23 El malo acepta regalos en su seno, para torcer las sendas del derecho. 24 Ante el hombre inteligente está la sabiduría, los ojos del necio en los confines de la tierra. 25 Hijo necio, tristeza de su padre, y amargura de la que lo engendró. 26 No es bueno poner multa al justo, golpear a los nobles es contra derecho. 27 El que retiene sus palabras es conocedor de la ciencia, el de sangre fría es hombre inteligente. 28 Hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio, por inteligente, si cierra los labios.

Proverbios 18
1 El que vive apartado, busca su capricho, se enfada por cualquier consejo. 2 El necio no halla gusto en la prudencia, sino en manifestar su corazón. 3 Cuando llega la maldad, también llega el desprecio; y con la afrenta viene la ignominia. 4 Las palabras en la boca del hombre son aguas profundas: torrente desbordado, fuente de sabiduría. 5 No es bueno tener miramientos con el malo, para quitar, en el juicio, la razón al justo.

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La Santa Biblia (Parte 2)

6 Los labios del necio se meten en el proceso, y su boca llama a los golpes. 7 La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su vida. 8 Las palabras del delator son golosinas, que bajan hasta el fondo de las entrañas. 9 El que es perezoso en el trabajo, es hermano del que destruye. 10 El nombre de Yahveh es torre fuerte, a ella corre el justo y no es alcanzado. 11 La fortuna del rico es su plaza fuerte; como muralla inexpugnable, en su opinión. 12 El corazón humano se engríe antes de la ruina, y delante de la gloria va la humildad. 13 Si uno responde antes de escuchar eso es para él necedad y confusión. 14 El ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad; pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará? 15 Corazón inteligente adquiere ciencia, el oído de los sabios busca la ciencia. 16 El regalo de un hombre todo se lo allana, y le lleva hasta la presencia de los grandes. 17 Parece justo el primero que pleitea; mas llega su contendiente y lo pone al descubierto. 18 Las suertes ponen fin a los litigios y deciden entre los poderosos. 19 Un hermano ofendido es peor que una plaza fuerte, y las querellas son como cerrojos de ciudadela. 20 Con el fruto de la boca sacia el hombre su vientre, con los frutos de sus labios se sacia. 21 Muerte y vida están en poder de la lengua, el que la ama comerá su fruto. 22 Quien halló mujer, halló cosa buena, y alcanzó favor de Yahveh. 23 El pobre habla suplicando, pero el rico responde con dureza. 24 Hay amigos que causan la ruina, y hay quien ama con más apego que un hermano.

Proverbios 19
1 Mejor es el pobre que camina en su integridad que el de labios perversos y además necio. 2 Tampoco es bueno el afán cuando falta la ciencia, el de pies precipitados se extravía. 3 La necedad del hombre pervierte su camino, y luego en su corazón se irrita contra Yahveh. 4 La riqueza multiplica los amigos, pero el pobre de su amigo es separado. 5 El testigo falso no quedará impune, el que profiere mentiras no escapará. 6 Son numerosos los que halagan al noble, todos son amigos del hombre que da. 7 Los hermanos del pobre le odian todos, ¡cuánto más se alejarán de él los amigos! Persigue palabras, pero no hay. 8 El que adquiere cordura se ama a sí mismo, el que sigue la prudencia, hallará la dicha. 9 El testigo falso no quedará impune, el que profiere mentiras perecerá. 10 No sienta bien al necio vivir en delicias, y menos al siervo dominar a los príncipes. 11 La prudencia del hombre domina su ira, y su gloria es dejar pasar una ofensa. 12 Como rugido de león la indignación del rey, su favor, como rocío sobre la hierba. 13 El hijo necio, calamidad para su padre, goteo sin fin las querellas de mujer. 14 Casa y fortuna se heredan de los padres, mujer prudente viene de Yahveh. 15 La pereza hunde en el sopor, el alma indolente pasará hambre. 16 Quien guarda los mandatos se guarda a sí mismo, quien desprecia sus caminos morirá. 17 Quien se apiada del débil, presta a Yahveh, el cual le dará su recompensa. 18 Mientras hay esperanza corrige a tu hijo, pero no te excites hasta hacerle morir. 19 El iracundo carga con la multa; pues si le perdonas, se la tendrás que aumentar. 20 Escucha el consejo, acoge la corrección, para llegar, por fin, a ser sabio. 21 Muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Yahveh se realiza. 22 Lo que se desea en un hombre es la bondad, más vale un pobre que un mentiroso. 23 El temor de Yahveh es para vida, vive satisfecho sin ser visitado por el mal. 24 El perezoso hunde la mano en el plato, y no es capaz ni de llevarla a la boca.

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La Santa Biblia (Parte 2)

25 Golpea al arrogante y el simple se volverá sensato; reprende al inteligente y alcanzará el saber. 26 El que despoja a su padre y expulsa a su madre, es hijo infamante y desvergonzado. 27 Deja ya, hijo, de escuchar la instrucción, y de apartarte de las palabras de la ciencia. 28 El testigo malvado se burla del derecho; la boca de los malos devora iniquidad. 29 Los castigos están hechos para los arrogantes; y los golpes para la espalda de los necios.

Proverbios 20
1 Arrogante es el vino, tumultuosa la bebida; quien en ellas se pierde, no llegará a sabio. 2 Como rugido de león la indignación del rey, el que la excita, se daña a sí mismo. 3 Es gloria para el hombre apartarse de litigios, pero todo necio se sale de sí. 4 A partir del otoño, el perezoso no trabaja, en la cosecha busca, pero no hay nada. 5 El consejo en el corazón del hombre es agua profunda, el hombre inteligente sabrá sacarla. 6 Muchos hombres se dicen piadosos; pero un hombre fiel, ¿quién lo encontrará? 7 El justo camina en la integridad; ¡dichosos sus hijos después de él! 8 Un rey sentado en el tribunal disipa con sus ojos todo mal. 9 ¿Quién puede decir: «Purifiqué mi corazón, estoy limpio de mi pecado?» 10 Dos pesos y dos medidas, ambas cosas aborrece Yahveh. 11 Incluso en sus acciones da el muchacho a conocer si sus obras serán puras y rectas. 12 El oído que oye y el ojo que ve; ambas cosas las hizo Yahveh. 13 No ames el sueño, para no hacerte pobre; ten abiertos los ojos y te hartarás de pan. 14 «¡Malo, malo!» dice el comprador, pero al marchar se felicita. 15 Hay oro y numerosas perlas, pero los labios instruidos son la cosa más preciosa. 16 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños. 17 El pan de fraude le es dulce al hombre, pero luego la boca se llena de grava. 18 Los proyectos con el consejo se afianzan: haz con táctica la guerra. 19 El que anda murmurando descubre secretos; no andes con quien tiene la lengua suelta. 20 Al que maldice a su padre y a su madre, se le extinguirá su lámpara en medio de tinieblas. 21 Herencia adquirida al principio con presteza, no será a la postre bendecida. 22 No digas: «Voy a devolver el mal»; confía en Yahveh, que te salvará. 23 Tener dos pesas lo abomina Yahveh; tener balanzas falsas no está bien. 24 De Yahveh dependen los pasos del hombre: ¿cómo puede el hombre comprender su camino? 25 Lazo es para el hombre pronunciar a la ligera: «¡Sagrado!» y después de haber hecho el voto reflexionar. 26 Un rey sabio aventa a los malos y hace pasar su rueda sobre ellos. 27 Lámpara de Yahveh es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser. 28 Bondad y lealtad custodian al rey, fundamenta su trono en la bondad. 29 El vigor es la belleza de los jóvenes, las canas el ornato de los viejos. 30 Las cicatrices de las heridas son remedio contra el mal, los golpes curan hasta el fondo de las entrañas.

Proverbios 21
1 Corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Yahveh, que él dirige donde quiere. 2 Al hombre le parecen rectos todos sus caminos, pero es Yahveh quien pesa los corazones.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 Practicar la justicia y la equidad, es mejor ante Yahveh que el sacrificio. 4 Ojos altivos, corazón arrogante, antorcha de malvados, es pecado. 5 Los proyectos del diligente, todo son ganancia; para el que se precipita, todo es indigencia. 6 Hacer tesoros con lengua engañosa, es vanidad fugitiva de quienes buscan la muerte. 7 La violencia de los malos los domina, porque se niegan a practicar la equidad. 8 Tortuoso es el camino del hombre criminal, pero el puro es recto en sus obras. 9 Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa. 10 El alma del malvado desea el mal, su vecino no halla gracia a sus ojos. 11 Cuando se castiga al arrogante, el simple se hace sabio; cuando se instruye al sabio, adquiere ciencia. 12 El Justo observa la casa del malvado, y arroja a los malvados a la desgracia. 13 Quien cierra los oídos a las súplicas del débil clamará también él y no hallará respuesta. 14 Regalo a escondidas, aplaca la cólera, y obsequio oculto, la ira violenta. 15 Alegría para el justo es el cumplimiento de la justicia, pero horror para los que hacen el mal. 16 El hombre que se aparta del camino de la prudencia reposará en la asamblea de las sombras. 17 Se arruina el hombre que ama el placer, no será rico el aficionado a banquetes. 18 Rescate del justo es el malo, y en lugar de los rectos, el traidor. 19 Mejor es habitar en el desierto que con mujer litigiosa y triste. 20 Tesoro precioso y aceite en la casa del sabio, pero el hombre necio los devora. 21 Quien va tras la justicia y el amor hallará vida, justicia y honor. 22 El sabio escala la ciudad de los fuertes, y derriba la fortaleza en que confiaban. 23 El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de la angustia. 24 Al insolente y altivo se le llama: «arrogante»; actúa en el exceso de su insolencia. 25 El deseo del perezoso le lleva a la muerte, porque sus manos rehúsan el trabajo. 26 Todo el día está el malo codicioso; pero el justo da sin rehusar jamás. 27 El sacrificio de los malos es abominable, sobre todo si se ofrece con mala intención. 28 El testigo falso perecerá, el hombre que escucha, por siempre podrá hablar. 29 El hombre malo se muestra atrevido, el recto afianza su camino. 30 No hay sabiduría, ni hay prudencia ni hay consejo, delante de Yahveh. 31 Se prepara el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahveh.

Proverbios 22
1 Más vale buen nombre que muchas riquezas, y mejor es favor que plata y oro. 2 El rico y el pobre se encuentran, a los dos los hizo Yahveh. 3 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo. 4 Premio de la humildad, el temor de Yahveh, la riqueza, el honor y la vida. 5 Espinas y lazos en la senda del malo, el que cuida de su vida, se aleja de ellos. 6 Instruye al joven según sus disposiciones, que luego, de viejo, no se apartará de ellas. 7 El rico domina a los pobres, el deudor es esclavo de su acreedor. 8 Quien siembra injusticia cosecha miserias y la vara de su cólera desaparecerá. 9 El de buena intención será bendito, porque da de su pan al débil. 10 Expulsa al arrogante y se irá el litigio, y pleitos e injurias cesarán. 11 El que ama los corazones puros, el de gracia en los labios, es amigo del rey. 12 Los ojos de Yahveh custodian la ciencia, pero confunden las palabras del pérfido. 13 El perezoso dice: «Hay fuera un león; voy a ser muerto en medio de la calle.» 14 Fosa profunda la boca de las mujeres ajenas: aquel contra el que Yahveh se aíra, caerá en ella.

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La Santa Biblia (Parte 2)

15 La necedad está enraizada en el corazón del joven, la vara de la instrucción lo alejará de ella. 16 El que oprime a un débil, lo engrandece; el que da a un rico, llega a empobrecerlo. 17 Presta oído y escucha las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi ciencia, 18 porque te será dulce guardarlas en tu seno, y tener todas a punto en tus labios. 19 Para que esté en Yahveh tu confianza también a ti hoy te enseñaré. 20 ¿No he escrito para ti treinta capítulos de consejos y ciencia, 21 para hacerte conocer la certeza de las palabras verdaderas, y puedas responder palabras verdaderas a quien te envíe? 22 No despojes al débil, porque es débil, y no aplastes al desdichado en la puerta, 23 porque Yahveh defenderá su causa y despojará de la vida a los despojadores. 24 No tomes por compañero a un hombre airado, ni vayas con un hombre violento, 25 no sea que aprendas sus senderos, y te encuentres con un lazo para tu vida. 26 No seas de los que chocan la mano, y salen fiadores de préstamos: 27 porque si no tienes con qué pagar, te tomarán el lecho en que te acuestas. 28 No desplaces el lindero antiguo que tus padres pusieron. 29 ¿Has visto un hombre hábil en su oficio? Se colocará al servicio de los reyes. No quedará al servicio de gentes oscuras.

Proverbios 23
1 Si te sientas a comer con poderoso, mira bien al que está frente a ti; 2 pon un cuchillo a tu garganta si eres hombre de apetito; 3 no desees sus manjares, porque es alimento engañoso. 4 No te fatigues por enriquecerte, deja de pensar en ello. 5 Pones tus ojos en ello y no hay nada. Porque se hace alas como águila, y se vuela hasta el cielo. 6 No comas pan con hombre de malas intenciones, ni desees sus manjares. 7 Porque, según lo que calcula en su interior, te dice: «¡Come y bebe!», pero su corazón no está contigo. 8 Nada más comer lo vomitarías y tus palabras amables serían tu ruina. 9 A oídos de necio no hables, porque se burlará de la prudencia de tus dichos. 10 No desplaces el lindero antiguo, no entres en el campo de los huérfanos, 11 porque su vengador es poderoso, y defendería su pleito contra ti. 12 Aplica tu corazón a la instrucción, y tus oídos a las palabras de la ciencia. 13 No ahorres corrección al niño, que no se va a morir porque le castigues con la vara. 14 Con la vara le castigarás y librarás su alma del seol. 15 Hijo mío, si tu corazón es sabio, se alegrará también mi corazón, 16 y exultarán mis riñones al decir tus labios cosas rectas. 17 No envidie tu corazón a los pecadores, más bien en el temor de Yahveh permanezca todo el día, 18 porque hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada. 19 Escucha, hijo, y serás sabio, y endereza tu corazón por el camino... 20 No seas de los que se emborrachan de vino, ni de los que se ahítan de carne, 21 porque borracho y glotón se empobrecen y el sopor se viste de harapos. 22 Escucha a tu padre, que él te engendró, y no desprecies a tu madre por ser vieja. 23 Adquiere la verdad y no la vendas: la sabiduría, la instrucción, la inteligencia. 24 El padre del justo rebosa de gozo, quien engendra un sabio por él se regocija. 25 Se alegrarán tu padre y tu madre, y gozará la que te ha engendrado. 26 Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos hallen deleite en mis caminos. 27 Fosa profunda es la prostituta, pozo angosto la mujer extraña.

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La Santa Biblia (Parte 2)

28 También ella como ladrón pone emboscadas, y multiplica entre los hombres los traidores. 29 ¿Para quién las «Desgracias»? ¿para quién los «Ayes»? ¿para quién los litigios? ¿para quién los lloros? ¿para quién los golpes sin motivo? ¿para quién los ojos turbios? 30 Para los que se eternizan con el vino, los que van en busca de vinos mezclados. 31 No mires el vino: ¡Qué buen color tiene! ¡cómo brinca en la copa! ¡qué bien entra! 32 Pero, a la postre, como serpiente muerde, como víbora pica. 33 Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón hablará sin ton ni son. 34 Estarás como acostado en el corazón del mar, o acostado en la punta de un mástil. 35 «Me han golpeado, pero no estoy enfermo; me han tundido a palos, pero no lo he sentido, ¿Cuándo me despertaré...?, me lo seguiré preguntando.»

Proverbios 24
1 No tengas envidia de los malos, no desees estar con ellos, 2 porque su corazón trama violencias, y sus labios hablan de desgracias. 3 Con la sabiduría se construye una casa, y con la prudencia se afianza; 4 con la ciencia se llenan los cilleros de todo bien precioso y deseable. 5 El varón sabio está fuerte, el hombre de ciencia fortalece su vigor; 6 porque con sabios consejos harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está el éxito. 7 Muy alta está la sabiduría para el necio: no abre su boca en la puerta. 8 Al que piensa en hacer mal, se le llama maestro en intrigas. 9 La necedad sólo maquina pecados, el arrogante es abominable a los hombres. 10 Si te dejas abatir el día de la angustia, angosta es tu fuerza. 11 Libra a los que son llevados a la muerte, y a los conducidos al suplicio ¡si los pudieras retener! 12 Si dices: «Mira que no lo sabíamos», ¿acaso el que pesa los corazones no comprende? ¿el que vigila tu alma, no lo sabe? El da a cada hombre según sus obras. 13 Come miel, hijo mío, porque es buena. Panal de miel es dulce a tu paladar. 14 Pues sábete que así será la sabiduría para tu alma, y si la hallas, hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada. 15 No pongas, malvado, asechanzas en la mansión del justo, no hagas violencia a su morada. 16 Que siete veces cae el justo, pero se levanta, mientras los malos se hunden en la desgracia. 17 No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde; 18 no sea que lo vea Yahveh y le desagrade, y aparte de él su ira. 19 No te enfurezcas por causa de los malvados, ni tengas envidia de los malos. 20 Porque para el malvado no hay un mañana: la lámpara de los malos se extinguirá. 21 Teme, hijo mío, a Yahveh y al rey, no te relaciones con los innovadores, 22 porque al instante surgirá su calamidad, y ¿quién sabe el castigo que pueden ambos dar? 23 También esto pertenece a los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no está bien. 24 Al que dice al malo: «Eres justo», le maldicen los pueblos y le detestan las naciones; 25 los que los castigan, viven felices, y viene sobre ellos la bendición del bien. 26 Besa en los labios, el que responde con franqueza. 27 Ordena tus trabajos de fuera y prepara tus faenas en el campo; y después puedes construirte tu casa. 28 No des testimonio, en vano, contra tu prójimo, ni engañes con tus labios.

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29 No digas: «Como él me ha hecho a mí, le haré yo a él, daré a cada uno según sus obras.» 30 He pasado junto al campo de un perezoso, y junto a la viña de un hombre insensato, 31 y estaba todo invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba derruída. 32 Al verlo, medité en mi corazón, al contemplarlo aprendí la lección: 33 «Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados 34 y llegará, como vagabundo, tu miseria y como un mendigo tu pobreza.» Proverbios 25 1 También estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá. 2 Es gloria de Dios ocultar una cosa, y gloria de los reyes escrutarla. 3 Los cielos por su altura, la tierra por su profundidad, y el corazón de los reyes: son inescrutables. 4 Quita las escorias de la plata, y quedará enteramente pura; 5 quita al malo de delante del rey, y su trono se afianzará en la justicia. 6 No te des importancia ante el rey, no te coloques en el sitio de los grandes; 7 porque es mejor que te digan: «Sube acá», que ser humillado delante del príncipe. Lo que han visto tus ojos, 8 no te apresures a llevarlo a juicio; pues ¿qué harás a la postre cuando tu prójimo te confunda? 9 Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no descubras los secretos de otro, 10 no sea que el que lo oye te avergüence, y que tu difamación no tenga vuelta. 11 Manzanas de oro con adornos de plata, es la palabra dicha a tiempo. 12 Anillo de oro, o collar de oro fino, la reprensión sabia en oído atento. 13 Como frescor de nieve el día de la siega el mensajero leal, para el que lo envía: conforta el ánimo de su señor. 14 Nubes y viento, pero no lluvia, el hombre que se jacta de que va a hacer un regalo, pero miente. 15 Con paciencia se persuade al juez, una lengua dulce quebranta los huesos. 16 ¿Has hallado miel?, come lo que necesites; no llegues a hartarte y la vomites. 17 Pon tu pie pocas veces en casa del vecino, no sea que se hastíe y te aborrezca. 18 Martillo, espada, flecha aguda: es el hombre que da testimonio falso contra su prójimo. 19 Diente roto, pie titubeante: la confianza en el pérfido, el día de la angustia, 20 como quitar el vestido en día helado. Poner vinagre sobre salitre, es cantar canciones a un corazón triste. 21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber; 22 así amontonas sobre su cabeza brasas y Yahveh te dará la recompensa. 23 El viento norte trae la lluvia, la lengua que disimula, rostros airados. 24 Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa. 25 Agua fresca en fauces sedientas: la noticia buena de un país lejano. 26 Fuente hollada, manantial ensuciado, el justo que titubea ante el malo. 27 No es bueno comer mucha miel, ni buscar gloria y más gloria. 28 Ciudad abierta y sin muralla es el hombre que no domina su ánimo.

Proverbios 26
1 Como nieve en verano y lluvia en la siega, así de mal le sienta la gloria al insensato. 2 Como se escapa el pájaro y vuela la golondrina, así no se realiza la maldición sin motivo. 3 Látigo para el caballo, brida para el asno y vara para la espalda de los necios. 4 No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te vuelvas como él.

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5 Responde al necio según su necedad, no vaya a creerse que es un sabio. 6 Se corta los pies, se empapa de amargura, el que envía un recado en mano de necio. 7 Como las piernas vacilantes del cojo, es el proverbio en boca de los necios. 8 Como sujetar una piedra en la honda, es conceder honores a un necio. 9 Como espino que va a parar a mano de borracho, es el proverbio en boca de los necios. 10 Como arquero que a todos hiere, es el que toma a sueldo al necio y al borracho que pasan. 11 Como el perro vuelve a su vómito, vuelve el necio a su insensatez. 12 ¿Has visto a un hombre que se cree sabio? Más se puede esperar de un necio que de él. 13 Dice el perezoso: «¡Un león en el camino! ¡Un león en la plaza!» 14 La puerta gira en los goznes, y el perezoso en la cama. 15 El perezoso hunde la mano en el plato; pero le fatiga llevarla a la boca. 16 El perezoso se tiene por más sabio que siete personas que responden con tacto. 17 Agarra por las orejas a un perro que pasa el que se mete en litigio que no le incumbe. 18 Como un loco que arroja saetas escondidas, flechas y muerte, 19 tal es el hombre que engaña a su prójimo, y dice: «¿No ves que estaba bromeando?» 20 Cuando se acaba la leña, se apaga el fuego, cuando no hay chismoso, se apacigua la disputa. 21 Carbón sobre brasas y leña sobre fuego, es el pleiteador para atizar querellas. 22 Las palabras del delator son golosinas que bajan hasta el fondo de las entrañas. 23 Plata con escorias esmaltada sobre arcilla, son los labios dulces con corazón perverso. 24 El que odia, disimula con sus labios, pero en su interior comete perfidia; 25 si da a su voz un tono amable, no te fíes, porque hay siete abominaciones en su corazón. 26 Encubrirá su odio con engaño, pero en la asamblea se descubrirá su malicia. 27 El que excava una fosa caerá en ella, el que hace rodar una piedra se le vendrá encima. 28 La lengua mentirosa odia a sus víctimas, la boca melosa labra la ruina.

Proverbios 27
1 No te regocijes por el día de mañana, porque no sabes lo que deparará el día de hoy. 2 Que otro te alabe y no tu propia boca; un extraño, que no tus labios. 3 Pesada es la piedra y pesada la arena, la ira del necio es más pesada que ellas. 4 El furor es cruel, agua desbordada la cólera; mas ¿quién resistirá ante la envidia? 5 Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. 6 Leales son las heridas del amigo, falsos los besos del enemigo. 7 Alma saciada pisotea la miel, al alma hambrienta, hasta lo amargo es dulce. 8 Como yerra el pájaro lejos de su nido, así yerra el hombre lejos de su lugar. 9 El aceite y el perfume alegran el corazón, la dulzura del amigo consuela el alma. 10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre; no entres en la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es vecino próximo que hermano alejado. 11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón; y podré responder al que me ultraja. 12 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo. 13 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños. 14 Al que ya de mañana a su prójimo bendice en alta voz, le será contado como una maldición. 15 Goteo incesante en día de lluvia y mujer chismosa, son iguales; 16 el que la retiene, retiene viento y aceite encuentra su derecha. 17 El hierro con hierro se aguza, y el hombre con su prójimo se afina. 18 El que vigila una higuera come de su fruto, el que guarda a su señor será honrado. 19 Como en el agua un rostro refleja otro rostro, así el corazón de un hombre refleja el de otro hombre.

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20 Seol y Perdición son insaciables; tampoco se sacian los ojos del hombre. 21 Crisol para la plata, horno para el oro, el hombre vale según su reputación. 22 Aunque machaques al necio en el mortero, (entre el grano, con el pilón) no se apartará de él su necedad. 23 Conoce a fondo el estado de tu ganado, aplica tu corazón a tu rebaño; 24 porque no es eterna la riqueza, no se transmite una corona de edad en edad. 25 Cortada la hierba, aparecido el retoño, y apilado el heno de los montes, 26 ten corderos para poderte vestir, machos cabríos con que pagar un campo, 27 leche de cabras abundante para tu sustento, para alimentar a tu familia y mantener a tus criados.

Proverbios 28
1 El malo huye sin que nadie le persiga, pero el justo como un león está seguro. 2 Cuando un país es rebelde, son muchos sus príncipes; con un hombre inteligente y sabio hay estabilidad. 3 Hombre malo que oprime a los débiles es como lluvia devastadora que deja sin pan. 4 Los que abandonan la ley alaban al malo, los que guardan la ley se irritan contra ellos. 5 Los hombres malos no entienden de equidad, los que buscan a Yahveh lo comprenden todo. 6 Mejor es el pobre que camina en su integridad que el de caminos tortuosos, por más que sea rico. 7 El que guarda la ley es un hijo inteligente, el que frecuenta orgías es la deshonra de su padre. 8 El que aumenta su riqueza por usura e interés, la amontona para el que se compadece de los pobres. 9 El que aparta su oído para no oír la ley, hasta su oración es abominable. 10 El que extravía a los rectos por el mal camino, en su propia fosa caerá. Los hombres sin tacha heredarán la dicha. 11 El hombre rico se cree sabio, pero el pobre inteligente, lo desenmascara. 12 Cuando se alegran los justos, es grande el regocijo, cuando se alzan los malos, todos se esconden. 13 Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad. 14 Dichoso el hombre que siempre está en temor; el que endurece su corazón caerá en el mal. 15 León rugiente, oso hambriento, es el malo que domina al pueblo débil. 16 Príncipe sin inteligencia multiplica la opresión, el que odia el lucro prolongará sus días. 17 El hombre culpable de una muerte huirá hasta la tumba; ¡que nadie le detenga! 18 El que anda sin tacha será salvo, el que va oscilante entre dos caminos, caerá en uno de ellos. 19 Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien va tras naderías, se hartará de pobreza. 20 El hombre leal será muy bendecido, quien se hace rico aprisa, no quedará impune. 21 No es bueno hacer acepción de personas, que por un bocado de pan el hombre prevarica. 22 El hombre de malas intenciones corre tras la riqueza, sin saber que lo que le viene es la indigencia. 23 El hombre que reprende halla al cabo más gracia que el de lengua aduladora. 24 El que roba a su padre y a su madre y dice: «No hay en ello falta», es compañero del hombre destructor. 25 El hombre ambicioso azuza querellas, el que confía en Yahveh prosperará.

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26 El que confía en su corazón es un necio, el que anda con sabiduría se salvará. 27 El que da a los pobres no conocerá la indigencia, para el que se tapa los ojos abundante maldición. 28 Cuando se alzan los malos, todos se esconden, cuando perecen, los justos se multiplican.

Proverbios 29
1 El hombre que, reprendido, endurece la cerviz, será pronto deshecho y sin remedio. 2 Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra, cuando dominan los malos, el pueblo gime. 3 El que ama la sabiduría, da alegría a su padre, el que anda con prostitutas, disipa su fortuna. 4 El rey, con la equidad, mantiene el país, el hombre exactor lo arruina. 5 El hombre que adula a su prójimo pone una red bajo sus pasos. 6 En el pecado del malo hay una trampa, pero el justo se regocija y alegra. 7 El justo conoce la causa de los débiles, el malo no tiene inteligencia para conocerla. 8 Los arrogantes turban la ciudad, los sabios alejan la cólera. 9 Cuando el sabio tiene un pleito con el necio, ya se exaspere o se ría, no logrará sosiego. 10 Los hombres sanguinarios odian al intachable, los rectos van en busca de su persona. 11 El necio da salida a toda su pasión; el sabio la reprime y apacigua. 12 Si un jefe hace caso de las palabras mentirosas, todos sus servidores serán malos. 13 El pobre y el opresor se encuentran, Yahveh da la luz a los ojos de ambos. 14 El rey que juzga con verdad a los débiles, asegura su trono para siempre. 15 Vara y reprensión dan sabiduría, muchacho dejado a sí mismo, avergüenza a su madre. 16 Cuando se multiplican los malos, se multiplican los delitos, pero los justos contemplarán su caída. 17 Corrige a tu hijo y te dejará tranquilo; y hará las delicias de tu alma. 18 Cuando no hay visiones, el pueblo se relaja, pero el que guarda la ley es dichoso. 19 No se corrige a un siervo con palabras, porque aunque las entienda, no las cumple. 20 ¿Has visto un hombre dispuesto siempre a hablar? más se puede esperar de un necio que de él. 21 Si se mima a un esclavo desde niño, al final será un ingrato. 22 El hombre violento provoca querellas, el hombre airado multiplica los delitos. 23 El orgullo del pobre lo humillará; el humilde de espíritu obtendrá honores. 24 El que reparte con ladrón se odia a sí mismo, oye la imprecación, pero no revela nada. 25 Temblar ante los hombres es un lazo; el que confía en Yahveh está seguro. 26 Son muchos los que buscan el favor del jefe, pero es Yahveh el que juzga a cada uno. 27 Abominación para los justos es el hombre inicuo abominación para el malo el de recto camino.

Proverbios 30
1 Palabras de Agur, hijo de Yaqué, de Massá. Oráculo de este hombre para Itiel, para Itiel y para Ukal. 2 ¡Soy el más estúpido de los hombres! No tengo inteligencia humana. 3 No he aprendido la sabiduría, ¿y voy a conocer la ciencia de los santos?

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4 ¿Quién subió a los cielos y volvió a bajar? ¿quién ha recogido viento en sus palmas? ¿quién retuvo las aguas en su manto? ¿quién estableció los linderos de la tierra? ¿Cuál es su nombre y el nombre de su hijo, si es que lo sabes? 5 Probadas son todas las palabras de Dios; él es un escudo para cuantos a él se acogen. 6 No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y pases por mentiroso. 7 Dos cosas te pido. no me las rehúses antes de mi muerte: 8 Aleja de mí la mentira y la palabra engañosa; no me des pobreza ni riqueza, déjame gustar mi bocado de pan, 9 no sea que llegue a hartarme y reniegue, y diga: «¿Quién es Yahveh?». o no sea que, siendo pobre, me dé al robo, e injurie el nombre de mi Dios. 10 No calumnies a un siervo ante su amo no sea que te maldiga y tengas que pagar la pena. 11 Hay gente que maldice a su padre, y a su madre no bendice, 12 gente que se cree pura y no está limpia de su mancha, 13 ¡gente de qué altivos ojos, cuyos párpados se alzan!; 14 gente cuyos dientes son espadas, y sus mandíbulas cuchillos, para devorar a los desvalidos echándolos del país y a los pobres de entre los hombres. 15 La sanguijuela tiene dos hijas: «¡Daca, daca!» Hay tres cosas insaciables y cuatro que no dicen: «¡Basta!» 16 El seol, el seno estéril, la tierra que no se sacia de agua, y el fuego que no dice: «¡Basta!» 17 Al ojo que se ríe del padre y desprecia la obediencia de una madre, lo picotearán los cuervos del torrente, los aguiluchos lo devorarán. 18 Tres cosas hay que me desbordan y cuatro que no conozco: 19 el camino del águila en el cielo, el camino de la serpiente por la roca, el camino del navío en alta mar, el camino del hombre en la doncella. 20 Este es el camino de la mujer adúltera: come, se limpia la boca y dice: «¡No he hecho nada de malo ¡» 21 Por tres cosas tiembla la tierra y cuatro no puede soportar: 22 Por esclavo que llega a rey, por idiota que se ahíta de comer, 23 por mujer odiada que se casa, por esclava que hereda a su señora. 24 Hay cuatro seres los más pequeños de la tierra, pero que son más sabios que los sabios: 25 las hormigas - multitud sin fuerza - que preparan en verano su alimento; 26 los damanes - multitud sin poder -, que ponen sus casas en la roca; 27 las langostas, que sin tener rey, salen todas en orden; 28 el lagarto, al que se agarra con la mano y está en los palacios de los reyes. 29 Hay tres cosas de paso gallardo y cuatro de elegante marcha: 30 el león - fuerte entre los animales -, que ante nada retrocede, 31 el esbelto gallo o el macho cabrío, y el rey que arenga a su pueblo. 32 Si hiciste el necio, envalentonándote, y has reflexionado, pon mano en boca, 33 pues apretando la leche se saca mantequilla apretando la nariz se saca sangre y apretando la ira, se saca querella.

Proverbios 31
1 Palabras de Lemuel, rey de Massá, que le enseño su madre: 2 ¡No, hijo mío, no, hijo de mis entrañas! ¡No, hijo de mis votos! 3 No entregues tu vigor a las mujeres, ni tus caminos a las que pierden a los reyes. 4 No es para los reyes, Lemuel, no es para los reyes beber vino, ni para los príncipes ser aficionado a la bebida. 5 No sea que, bebiendo, olviden sus decretos y perviertan las causas de todos los desvalidos.

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6 Dad bebidas fuertes al que va a perecer y vino al de alma amargada; 7 que beba y olvide su miseria, y no se acuerde ya de su desgracia. 8 Abre tu boca en favor del mudo, por la causa de todos los abandonados, 9 abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del mísero y del pobre. 10 = Alef. = Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. 11 = Bet. = En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho. 12 = Guímel. = Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida. 13 = Dálet. = Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes. 14 = He. = Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión. 15 = Vau. = Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre. 16 = Zain. = Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña. 17 = Jet. = Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos. 18 = Tet. = Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara. 19 = Tod. = Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso. 20 = Kaf. = Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre. 21 = Lámed. = No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble. 22 = Mem. = Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura. 23 = Nun. = Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país. 24 = Sámek. = Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores. 25 = Ain. = Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana. 26 = Pe. = Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua. 27 = Sade. = Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad. 28 = Qof. = Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio: 29 = Res. = «¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!» 30 = Sin. = Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada. 31 = Tau. = Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.

ECLESIASTÉS Eclesiastés 1
1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén. 2 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! 3 ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol? 4 Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece. 5 Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir. 6 Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar. 7 Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir. 8 Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír. 9 Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol. 10 Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.

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11 No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán. 12 Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén. 13 He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan! 14 He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos. 15 Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar. 16 Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia. 17 He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos, 18 pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.

Eclesiastés 2
1 Hablé en mi corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad. 2 A la risa la llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale? 3 Traté de regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida. 4 Emprendí mis grandes obras; me construí palacios, me planté viñas; 5 me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales. 6 Me construí albercas con aguas para regar la frondosa plantación. 7 Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén. 8 Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros. 9 Seguí engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría se mantenía. 10 De cuanto me pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas. 11 Consideré entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol. 12 Yo me volví a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron? 13 Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas. 14 El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé que la misma suerte alcanza a ambos. 15 Entonces me dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad. 16 No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio. 17 He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos. 18 Detesté todos mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor. 19 ¿Quién sabe si será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad. 20 Entregué mi corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,

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21 pues un hombre que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave. 22 Pues ¿qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol? 23 Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad. 24 No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios, 25 pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios. 26 Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

Eclesiastés 3
1 Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: 2 Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. 3 Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar. 4 Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. 5 Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse. 6 Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar. 7 Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar. 8 Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. 9 ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? 10 He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen. 11 El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin. 12 Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida. 13 Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios. 14 Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así hace Dios que se le tema. 15 Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado. 16 Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el sitial del justo, allí el impío. 17 Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra. 18 Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias. 19 Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. 20 Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. 21 ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?

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La Santa Biblia (Parte 2)

22 Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

Eclesiastés 4
1 Yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin tener quien los vengue. 2 Felicité a los muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven. 3 Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad que se comete bajo el sol. 4 He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro. También esto es vanidad y atrapar vientos. 5 El necio se cruza de manos, y devora su carne. 6 Más vale llenar un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos. 7 Volví de nuevo a considerar otra vanidad bajo el sol: 8 a saber, un hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio. 9 Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. 10 Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante. 11 Si dos se acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará? 12 Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper. 13 Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar. 14 Pues de prisión salió quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera. 15 Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el que ocupará su puesto. 16 Era sin fin la multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él. También esto es vanidad y atrapar vientos. 17 Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.

Eclesiastés 5
1 No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras. 2 Porque, los sueños vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras. 3 Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo. 4 Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. 5 No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos? 6 Cuantos los sueños, tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios. 7 Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otra más dignas sobre ambas. 8 Se invocará el interés común y el servicio del rey. 9 Quien ama el dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias. También esto es vanidad. 10 A muchos bienes, muchos que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de espectáculo para sus ojos?

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11 Dulce el sueño del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja dormir. 12 Hay un grave mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo sirve para su mal, 13 pues las riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya en su mano. 14 Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda llevar en la mano. 15 También esto es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para el viento? 16 Todos los días pasa en oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia. 17 Esto he experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios le da; porque esta es su paga. 18 Y además: cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un don de Dios. 19 Porque así no recuerda mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el corazón.

Eclesiastés 6
1 Hay otro mal que observo bajo el sol, y que pesa sobre el hombre: 2 Un hombre a quien Dios da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea, pero Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta. Esto es vanidad y gran desgracia. 3 Si alguno que tiene cien hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se sacia su alma de felicidad y ni siquiera halla sepultura, entonces yo digo: Más feliz es un aborto, 4 pues, entre vanidades vino y en la oscuridad se va; mientras su nombre queda oculto en las tinieblas. 5 No ha visto el sol, no lo ha conocido, y ha tenido más descanso que el otro. 6 Y aunque hubiera vivido por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no caminan acaso todos al mismo lugar? 7 Todo el mundo se fatiga para comer, y a pesar de todo nunca se harta. 8 ¿En qué supera el sabio al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida? 9 Mejor es lo que los ojos ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar vientos. 10 De lo que existe, ya se anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede litigar con quien es más fuerte que él. 11 A más palabras, más vanidades. ¿Qué provecho saca el hombre? 12 Porque, ¿quién sabe lo que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?

Eclesiastés 7
1 Más vale el renombre que óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del nacimiento. 2 Más vale ir a casa de luto que ir a casa de festín; porque allí termina todo hombre, y allí el que vive, reflexiona. 3 Más vale llorar que reír, pues tras una cara triste hay un corazón feliz.

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4 El corazón de los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la casa de alegría. 5 Más vale oír reproche de sabio, que oír alabanza de necios. 6 Porque como crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es vanidad. 7 El halago atonta al sabio, y el regalo pervierte el corazón. 8 Más vale el término de una cosa que su comienzo, más vale el paciente que el soberbio. 9 No te dejes llevar del enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios. 10 No digas: ¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello. 11 Tan buena es la sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol. 12 Porque la sabiduría protege como el dinero, pero el saber le aventaja en que hace vivir al que lo posee. 13 Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció? 14 Alégrate en el día feliz y, en el día desgraciado, considera que, tanto uno como otro, Dios lo hace para que el hombre nada descubra de su porvenir. 15 En mi vano vivir, de todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer en su iniquidad. 16 No quieras ser justo en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte? 17 No quieras ser demasiado impío, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tu tiempo? 18 Bueno es que mantengas esto sin dejar aquellos de la mano, porque el temeroso de Dios con todo ello se sale. 19 La sabiduría da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad. 20 Cierto es que no hay ningún justo en la tierra que haga el bien sin nunca pecar. 21 Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra. 22 Que tu corazón bien sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros. 23 Todo esto lo intenté con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí. 24 Lejos está cualquier cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará? 25 He aplicado mi corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como una necedad, y la necedad como una locura. 26 He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella, mas el pecador cae en su trampa. 27 Mira, esto he hallado, dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso. 28 Aunque he seguido buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo; pero mujer entre todas ellas, no la encuentro. 29 Mira, lo que hallé fue sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones.

Eclesiastés 8
1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién otro sabe explicar una cosa? La sabiduría del hombre hace brillar su rostro, y sus facciones severas transfigura. 2 Aténte al dictado del rey, y por causa del juramento divino 3 no te apresures a irte de su presencia; no te mezcles en conspiración, pues todo cuanto le plazca puede hacerlo, 4 ya que la palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces? 5 Quien se atiene al mandamiento, no sabe de conspiraciones. Y el corazón del sabio sabe el cuándo y el cómo.

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6 Porque todo asunto tiene su cuándo y su cómo. Pues es grande el peligro que acecha al hombre, 7 ya que éste ignora lo que está por venir, pues lo que está por venir, ¿quién va a anunciárselo? 8 No es el hombre señor del viento para domeñar al viento. Tampoco hay señorío sobre el día de la muerte, ni hay evasión en la agonía, ni libra la maldad a sus autores. 9 Todo esto tengo visto al aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre domina en el hombre para causarle el mal. 10 Por ejemplo, he visto a gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se dio al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro absurdo!: 11 que no se ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal; 12 que el pecador haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen, 13 y que no le va bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el rostro de Dios. 14 Pues bien, un absurdo se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde a las obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo. 15 Y yo por mí alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el sol, si no es comer, beber y divertirse; y eso es lo que le acompaña en sus fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado bajo el sol. 16 Cuanto más apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se da sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el sueño - 17 fui viendo que el ser humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo.

Eclesiastés 9
1 Pues bien, a todo eso he aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor ni de odio saben los hombres nada: todo les resulta 2 absurdo. Como el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, así el bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de jurar. 3 Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos! 4 Pues mientras uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro vivo que león muerto. 5 Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria. 6 Tanto su amor, como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol. 7 Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras. 8 En toda sazón sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza. 9 Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol.

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10 Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te encaminas. 11 Vi además que bajo el sol no siempre es de los ligeros el correr ni de los esforzados la pelea; como también hay sabios sin pan, como también discretos sin hacienda, como también hay doctos que no gustan, pues a todos les llega algún mal momento. 12 Porque, además, el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso. 13 También he visto otro acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío: 14 Una ciudad chiquita, con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco, levantando frente a ella empalizadas potentes. 15 Encontrábase allí un hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre! 16 Y yo me digo: Más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan. 17 Mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los necios. 18 Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.

Eclesiastés 10
1 Una mosca muerta pudre una copa de ungüento de perfumista; monta más un poco de necedad que sabiduría y honor. 2 El sabio tiene el corazón a la derecha, el necio tiene el corazón a la izquierda. 3 Además, en cualquier camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice de todo el mundo: «Ese es un necio.» 4 Si el enojo del que manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra de graves yerros. 5 Otra calamidad he visto bajo el sol, como error que emana de la autoridad: 6 La necedad elevada a grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo. 7 He visto siervos a caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos. 8 El que cava la hoya cae en ella, y al que atraviesa el seto le muerde la culebra. 9 El que saca piedras se lastima con ellas, el que raja maderos puede hacerse daño. 10 Si se embota el hierro y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también supone ganancia afinar en sabiduría. 11 Si pica culebra por falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador. 12 Palabras de boca de sabio agradan, mas los labios del necio a él lo engullen. 13 Empieza diciendo necedades, para acabar en locura de las malas. 14 Y el necio dice más y más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo, ¿quién puede pronosticárselo? 15 Lo que más molesta al necio es que no sabe ir a la ciudad. 16 ¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana! 17 ¡Dichosa tú, tierra, cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes comen a la hora, por cobrar vigor y no por banquetear! 18 Por estar mano sobre mano se desploma la viga, y por brazos caídos la casa se viene abajo. 19 Para holgar preparan su banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana. 20 Ni aun en tu rincón faltes al rey, ni en tu misma alcoba faltes al rico, que un pájaro del cielo hace correr la voz, y un ser alado va a contar la cosa.

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Eclesiastés 11
1 Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás. 2 Reparte con siete, y también con ocho, que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra. 3 Si las nubes van llenas, vierten lluvia sobre la tierra, y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda. 4 El que vigila el viento no siembra, el que mira a las nubes no siega. 5 Como no sabes cómo viene el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta, así tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace. 6 De madrugada siembra tu simiente y a la tarde no des paz a tu mano. Pues no sabes si es menor esto o lo otro o si ambas cosas son igual de buenas. 7 Dulce es la luz y bueno para los ojos ver el sol. 8 Si uno vive muchos años, que se alegre en todos ellos, y tenga en cuenta que los días de tinieblas muchos serán, que es vanidad todo el porvenir. 9 Alégrate, mozo, en tu juventud, ten buen humor en tus años mozos, Vete por donde te lleve el corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo ello te emplazará Dios a juicio. 10 Aparta el mal humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne, pero juventud y pelo negro, vanidad.

Eclesiastés 12
1 Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: «No me agradan»; 2 mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia; 3 cuando tiemblen los guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las moledoras, por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por las ventanas, 4 y se cierren las puertas de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante al canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones. 5 También la altura da recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está grávida la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo; 6 mientras no se quiebre la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo, 7 vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio. 8 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -: ¡todo vanidad! 9 Cohélet, a más de ser un sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso muchos proverbios. 10 Cohélet trabajó mucho en inventar frases felices, y escribir bien sentencias verídicas. 11 Las palabras de los sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un pastor para controlar el rebaño. 12 Lo que de ellas se saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca acabar, y estudiar demasiado daña la salud. 13 Basta de palabras. Todo está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal. 14 Porque toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo.

CANTAR DE LOS CANTARES Cantar 1
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1 Cantar de los cantares, de Salomón. 2 ¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores; 3 mejores al olfato tus perfumes; ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas. 4 Llévame en pos de ti: ¡Corramos! El Rey me ha introducido en sus mansiones; por ti exultaremos y nos alegraremos. Evocaremos tus amores más que el vino; ¡con qué razón eres amado! 5 Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, como los pabellones de Salmá. 6 No os fijéis en que estoy morena: es que el sol me ha quemado. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas, ¡mi propia viña no la había guardado! 7 Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, dónde lo llevas a sestear a mediodía, para que no ande yo como errante tras los rebaños de tus compañeros. 8 Si no lo sabes, ¡oh la más bella de las mujeres!, sigue las huellas de las ovejas, y lleva a pacer tus cabritas junto al jacal de los pastores. 9 A mi yegua, entre los carros de Faraón, yo te comparo, amada mía. 10 Graciosas son tus mejillas entre los zarcillos, y tu cuello entre los collares. 11 Zarcillos de oro haremos para ti, con cuentas de plata. 12 - Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia. 13 Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis pechos. 14 Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Engadí. 15 - ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos! 16 - ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho. 17 - Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de ciprés.

Cantar 2
1 - Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles. 2 - Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas. 3 - Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar. 4 Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor. 5 Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor. 6 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza. 7 - Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca. 8 ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados. 9 Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas. 10 Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente. 11 Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. 12 Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra. 13 Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente! 14 Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»

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15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor. 16 Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los lirios. 17 Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras, vuelve, sé semejante, amado mío, a una gacela o a un joven cervatillo por los montes de Béter.

Cantar 3
1 En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé. 2 Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad. Por las calles y las plazas buscaré al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé. 3 Los centinelas me encontraron, los que hacen la ronda en la ciudad: «¿Habéis visto al amor de mi alma?» 4 Apenas habíalos pasado, cuando encontré al amor de mi alma. Le aprehendí y no le soltaré hasta que le haya introducido en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió. 5 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca. 6 ¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos? 7 Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor de los valientes de Israel: 8 todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su espada al cinto, por las alarmas de la noche. 9 El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano. 10 Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén. 11 Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su corazón.

Cantar 4
1 ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el monte Galaad. 2 Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse: todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril. 3 Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo. 4 Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes. 5 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. 6 Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso. 7 ¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti! 8 Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos. 9 Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar. 10 ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!

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11 Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del Líbano. 12 Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada. 13 Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos: 14 nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos. 15 ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen! 16 ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

Cantar 5
1 Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos! 2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.» 3 - «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?» 4 ¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas. 5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura. 6 Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huida. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me respondió. 7 Me encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de las murallas. 8 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor. 9 ¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures? 10 Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil. 11 Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo. 12 Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque. 13 Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida. 14 Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros. 15 Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros. 16 Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

Cantar 6
1 ¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que contigo le busquemos? 2 Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos, y recoger lirios. 3 Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los lirios.

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La Santa Biblia (Parte 2)

4 Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones. 5 Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño de cabras que ondulan por el monte Galaad. 6 Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril. 7 Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo. 8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las doncellas). 9 Única es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian: 10 «¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?» 11 Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, y si florecían los granados. 12 ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!

Cantar 7
1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros? 2 ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista. 3 Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado. 4 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela. 5 Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco. 6 Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso! 7 ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias! 8 Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos. 9 Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas, 10 tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan. 11 Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo. 12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas. 13 De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores. 14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.

Cantar 8
1 ¡Ah, si fueras tú un hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre! Podría besarte, al encontrarte afuera, sin que me despreciaran. 2 Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas. 3 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza. 4 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.

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La Santa Biblia (Parte 2)

5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado? Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te dio a luz. 6 Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh. 7 Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio. 8 Tenemos una hermana pequeña: no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día que se hable de ella? 9 - Si es una muralla, construiremos sobre ella almenas de plata si es una puerta, apoyaremos contra ella barras de cedro. 10 - Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres. Así soy a sus ojos como quien ha hallado la paz. 11 Salomón tenía una viña en Baal Hamón. Encomendó la viña a los guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil siclos de plata. 12 Mi viña, la mía, está ante mí; los mil siclos para ti, Salomón; y doscientos para los guardas de su fruto. 13 ¡Oh tú, que moras en los huertos, mis compañeros prestan oído a tu voz: ¡deja que la oiga! 14 ¡Huye, amado mío, sé como la gacela o el joven cervatillo, por los montes de las balsameras!

SABIDURÍA Sabiduría 1
1 Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle. 2 Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifesta a los que no desconfían de él. 3 Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos. 4 En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al pecado; 5 pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad. 6 La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo; que Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua. 7 Porque el espíritu del Señor llena la tierra y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra. 8 Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la Justicia vengadora. 9 Las deliberaciones del impío serán examinadas; el eco de sus palabras llegará hasta el Señor para castigo de sus maldades. 10 Un oído celoso lo escucha todo, no se le oculta ni el rumor de la murmuración. 11 Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles, preservad vuestra lengua de la maledicencia; que la palabra más secreta no se pronuncia en vano, y la boca mentirosa da muerte al alma. 12 No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida, no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras manos; 13 que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes;

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La Santa Biblia (Parte 2)

14 él todo lo creó para que subsistiera, las criaturas del mundo non saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Hades sobre la tierra, 15 porque la justicia es inmortal. 16 Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella, y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que les tenga por suyos.

Sabiduría 2
1 Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades. 2 Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón; 3 al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente. 4 Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida. 5 Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa. 6 Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud. 7 Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral, 8 coronémonos de rosas antes que se marchiten; 9 ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia. 10 Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano. 11 Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve. 12 Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. 13 Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14 Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, 15 lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. 16 Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre. 17 Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. 18 Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos. 19 Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. 20 Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.» 21 Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; 22 no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables. 23 Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; 24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Sabiduría 3

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La Santa Biblia (Parte 2)

1 En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. 2 A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida, 3 y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz. 4 Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad; 5 por una corta corrección recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; 6 como oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó. 7 El día de su visita resplandecerán, y como chispas en rastrojo correrán. 8 Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos y sobre ellos el Señor reinará eternamente. 9 Los que en él confían entenderán la verdad y los que son fieles permanecerán junto a él en el amor, porque la gracia y la misericordia son para sus santos y su visita para sus elegidos. 10 En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen, por desdeñar al justo y separarse del Señor. 11 Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras; 12 sus mujeres son insensatas, malvados sus hijos, maldita su posteridad. 13 Dichosa la estéril sin mancilla, la que no conoce lecho de pecado; tendrá su fruto en la visita de las almas. 14 Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor; por su fidelidad se le dará una escogida recompensa, una herencia muy agradable en el Santurario del Señor. 15 Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso, imperecedera la raíz de la prudencia. 16 En cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón, desaparecerá la raza nacida de una unión culpable. 17 Si viven largos años, no alcanzarán estima alguna y al fin su ancianidad carecerá de honor. 18 Y si mueren pronto, no tendrán esperanza ni consuelo en el día de la sentencia, 19 pues duro es el fin de una raza inicua.

Sabiduría 4
1 Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud, pues hay inmortalidad en su recuerdo, porque es conocida por Dios y por los hombres; 2 presente, la imitan, ausente, la añoran; en la eternidad, ceñida de una corona, celebra su triunfo porque venció en la lucha por premios incorruptibles. 3 En cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil; viniendo de renuevos bastardos, no echará raíces profundas ni se asentará sobre fundamento sólido. 4 Aunque despliegue por su tiempo su ramaje, precariamente arraigada, será sacudida por el viento, arrancada de raíz por la furia del vendaval; 5 se quebrarán sus ramas todavía tiernas, inútiles serán sus frutos, sin sazón para comerlos, para nada servirán. 6 Que los hijos nacidos de sueños culpables son testigos, en su examen, de la maldad de los padres. 7 El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso. 8 La ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por el número de años; 9 la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada.

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 Agradó a Dios y fue amado, y como vivía entre pecadores, fue trasladado. 11 Fue arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma; 12 pues la fascinación del mal empaña el bien y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el espíritu ingenuo. 13 Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años. 14 Su alma era del agrado del Señor, por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no comprenden, ni caen en cuenta 15 que la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos. 16 El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad del inicuo. 17 Ven la muerte del sabio, mas no comprenden los planes del Señor sobre él ni por qué le ha puesto en seguridad; 18 lo ven y lo desprecian, pero el Señor se reirá de ellos. 19 Después serán cadáveres despreciables, objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá. 20 Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.

Sabiduría 5
1 Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron sus trabajos. 2 Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación. 3 Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu: 4 «Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos. Locura nos pareció su vida y su muerte, una ignominia. 5 ¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos? 6 Luego vagamos fuera del camino de la verdad; la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros. 7 Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables; pero el camino del Señor, no lo conocimos. 8 ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De qué la riqueza y la jactancia? 9 Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo; 10 como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas; 11 como pájaro que volando atraviesa el aire, y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno; con el golpe de sus remos azota el aire ligero, lo corta con agudo silbido, se abre camino batiendo las alas y después, no se descubre señal de su paso; 12 como flecha disparada al blanco; el aire hendido refluye al instante sobre sí y no sabe el camino que la flecha siguió. 13 Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir, y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud; nos gastamos en nuestra maldad.» 14 En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el huracán, se desvanece como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un día. 15 Los justos, en cambio, viven eternamente; en el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo.

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La Santa Biblia (Parte 2)

16 Recibirán por eso de mano del Señor la corona real del honor y la diadema de la hermosura; pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo. 17 Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos; 18 por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero, 19 tomará por escudo su santidad invencible, 20 afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos. 21 Partirán certeros los tiros de los rayos, de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al blanco, 22 de una ballesta se disparará furioso granizo; las olas del mar se encresparán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad; 23 se levantará contra ellos un viento poderoso y como huracán los aventará. Así la iniquidad asolará la tierra entera y la maldad derribará los tronos de los que están en el poder.

Sabiduría 6
1 Oíd, pues, reyes, y enteded. Aprended, jueces de los confines de la tierra. 2 Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos. 3 Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía; él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones. 4 Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios, 5 terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que están en lo alto; 6 al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados. 7 Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado, 8 pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder. 9 A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendaís sabiduría y no faltéis; 10 porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán defensa. 11 Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán. 12 Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan. 13 Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan. 14 Quien madruge para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada. 15 Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados. 16 Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos. 17 Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es el amor, 18 el amor es la observancia de sus leyes, la atención a las leyes es la garantía de la incorruptibilidad 19 y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios; 20 por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza. 21 Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.

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La Santa Biblia (Parte 2)

22 Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar; no os ocultaré los misterios, sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su existencia, pondré su conocimiento al descubierto y no me apartaré de la verdad. 23 Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene que ver con la Sabiduría. 24 Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo y un rey prudente, la estabilidad del pueblo. 25 Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.

Sabiduría 7
1 Yo también soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue formado de la tierra. En el seno de una madre fui hecho carne; 2 durante diez meses fui modelado en su sangre, de una semilla de hombre y del placer que acompaña al sueño. 3 Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común, caí en la tierra que a todos recibe por igual y mi primera voz fue la de todos: lloré. 4 Me crié entre pañales y cuidados. 5 Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia; 6 una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida. 7 Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría. 8 Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella. 9 Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia. 10 La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche. 11 Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos. 12 Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre. 13 Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas 14 porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la instrucción. 15 Concédame Dios hablar según él quiere y concebir pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige a los sabios; 16 que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar. 17 Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres, para conocer la estructura del mundo y la actividad de los elementos, 18 el principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la sucesión de las estaciones, 19 los ciclos del año y la posición de las estrellas, 20 la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces. 21 Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí, porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo enseñó. 22 Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo, 23 incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.

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La Santa Biblia (Parte 2)

24 Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. 25 Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. 26 Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad. 27 Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva el universo; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas, 28 porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría. 29 Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora, 30 porque a la luz sucede la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad.

Sabiduría 8
1 Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo. 2 Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza. 3 Realza su nobleza por su convivencia con Dios, pues el Señor de todas las cosas la amó. 4 Pues está iniciada en la ciencia de Dios y es la que elige sus obras. 5 Si en la vida la riqueza es una posesión deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace? 6 Si la inteligencia es creadora, ¿quién sino la Sabiduría es el artífice de cuanto existe? 7 ¿Amas la justicia? Las virtudes son sus empeños, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza: lo más provechoso para el hombre en la vida. 8 ¿Deseas además gran experiencia? Ella conoce el pasado y conjetura el porvenir, sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas, conoce de antemano las señales y los prodigios, así como la sucesión de épocas y tiempos. 9 Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y penas: 10 «Tendré gracias a ella gloria entre la gente, y, aunque joven, honor ante los ancianos. 11 Apareceré agudo en el juicio y en presencia de los poderosos seré admirado. 12 Si callo, esperarán; si hablo, prestarán atención; si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca. 13 Gracias a ella tendré la inmortalidad y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí vengan. 14 Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas. 15 Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán. Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la guerra. 16 Vuelto a casa, junto a ella descansaré, pues no causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con ella, sino satisfacción y alegría». 17 Pensando esto conmigo mismo y considerando en mi corazón que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la Sabiduría, 18 en su amistad un placer bueno, en los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en cultivar su trato y prestigio en conversar con ella, por todos los medios buscaba la manera de hacérmela mía. 19 Era yo un muchacho de buen natural, me cupo en suerte un alma buena, 20 o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;

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La Santa Biblia (Parte 2)

21 pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba, - y ya era un fruto de la prudencia saber de quién procedía esta gracia - recurrí al Señor y le pedí, y dije con todo mi corazón:

Sabiduría 9
1 «Dios de los Padres, Señor de la misericordia, que hiciste el universo con tu palabra, 2 y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados, 3 administrase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu, 4 dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos. 5 Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y las leyes. 6 Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada será tenido. 7 Tú me elegiste como rey de tu pueblo, como juez de tus hijos y tus hijas; 8 tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde habitas, imitación de la Tienda santa que habías preparado desde el principio. 9 Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos. 10 Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable, 11 pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su gloria. 12 Entonces mis obras serán aceptables, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre. 13 ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere? 14 Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas, 15 pues un cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones. 16 Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los cielos? 17 Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo? 18 Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron.»

Sabiduría 10
1 Ella protegió al primer modelado, padre del mundo, que había sido creado solo; ella le sacó de su caída 2 y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas. 3 Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella, pereció por su furor fraticida. 4 Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó conduciendo al justo en un vulgar leño. 5 En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones, ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante Dios y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su hijo. 6 Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.

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7 Como testimonio de aquella maldad queda todavía una tierra desolada humeando, unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su tiempo, y, como monumento de un alma incrédula, se alza una columna de sal. 8 Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien, sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de su insensatez, para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas. 9 En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas. 10 Ella al justo que huía de la cólera de su hermano le guió por caminos rectos; le mostró el reino de Dios y le dio el conocimiento de cosas santas; le dio éxito en sus duros trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas; 11 le asistió contra la avaricia de sus opresores y le enriqueció; 12 le preservó de sus enemigos y le protegió de los que le tendían asechanzas; y le concedió la palma en un duro combate para enseñarle que la piedad contra todo prevalece. 13 Ella no desamparó al justo vendido, sino que le libró del pecado; 14 bajó con él a la cisterna y no le abandonó en las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos, hasta mostrar mentirosos a sus difamadores y concederle una gloria eterna. 15 Ella libró de una nación opresora a un pueblo santo y a una raza irreprochable. 16 Entró en el alma de un servidor del Señor e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales; 17 pagó a los santos el salario de sus trabajos; los guió por un camino maravilloso, fue para ellos cobertura durante el día y lumbre de estrellas durante la noche; 18 les abrió paso por el mar Rojo y los condujo a través de las inmensas aguas, 19 mientras a sus enemigos los sumergió y luego los hizo saltar de las profundidades del abismo. 20 De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora, 21 porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.

Sabiduría 11
1 Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo. 2 Atravesaron un desierto deshabitado y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles; 3 hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios. 4 Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed. 5 Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio. 6 En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro 7 en pena de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante, 8 mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios. 9 Pues cuando sufrieron su prueba - si bien con misericordia corregidos - conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran torturados; 10 pues a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado como rey severo que condena. 11 Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían, 12 pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado: 13 porque, al oír que lo mismo que era su castigo, era para los otros un beneficio, reconocieron al Señor;

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14 pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los justos. 15 Por sus locos e inicuos pensamientos por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin razón, 16 para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado. 17 Pues bien podía tu mano omnipotente - ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces leones, 18 o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor, respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas, 19 capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques, sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto. 20 Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso. 21 Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo? 22 Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. 23 Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. 24 Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho. 25 Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? 26 Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,

Sabiduría 12
1 pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas. 2 Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor. 3 A los antiguos habitantes de tu tierra santa 4 los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de hechicería, iniciaciones impías. 5 A estos despiadados asesinos de sus hijos, devoradores de entrañas en banquetes de carne humana y de sangre, a estos iniciados en bacanales, 6 padres asesinos de seres indefensos, habías querido destruirlos a manos de nuestros padres, 7 para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una digna colonia de hijos de Dios. 8 Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente, y les enviaste avispas, como precursoras de tu ejército, que les fuesen poco a poco destruyendo. 9 No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una palabra inexorable, 10 sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar 11 por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus pecados.

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12 Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?» ¿Quién se opondría a tu sentencia? ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por ti creadas? ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres inicuos? 13 Pues fuera de ti no hay un Dios que de todas las cosas cuide, a quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus juicios; 14 ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has castigado. 15 Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo, y miras como extraño a tu poder condenar a quien no merece ser castigado. 16 Tu fuerza es el principio de tu justicia y tu señorío sobre todos los seres te hace indulgente con todos ellos 17 Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder, y confundes la audacia de los que la conocen. 18 Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia porque, con sólo quererlo, lo puedes todo. 19 Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento. 20 Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte, con tanto miramiento e indulgencia los castigaste dándoles tiempo y lugar para apartarse de la maldad, 21 ¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos, a cuyos padres con juramentos y pactos tan buenas promesas hiciste? 22 Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia. 23 Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones. 24 Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del error, teniendo por dioses a los más viles y despreciables, animales, dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes. 25 Por eso, como a niños sin seso, les enviaste una irrisión de castigo. 26 Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron, iban a experimentar un castigo digno de Dios. 27 A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban, de aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora su castigo, abrieron los ojos y reconocieron por el Dios verdadero a aquel que antes se negaban a conocer. Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.

Sabiduría 13
1 Sí, vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios y no fueron capaces de conocer por las cosas buenas que se ven a Aquél que es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice; 2 sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, señores del mundo. 3 Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó. 4 Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los hizo; 5 pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor. 6 Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar.

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7 Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a los ojos! 8 Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables; 9 pues si llegaron a adquirir tanta ciencia que les capacitó para indagar el mundo, ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor? 10 Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin vida, los que llamaron dioses a obras hechas por mano de hombre, al oro, a la plata, trabajados con arte, a representaciones de animales o a una piedra inútil, esculpida por mano antigua. 11 Un leñador abate con la sierra un árbol conveniente, lo despoja diestramente de toda su corteza, lo trabaja con habilidad y fabrica un objeto útil a las necesidades de la vida. 12 Con los restos de su trabajo se prepara la comida que le deja satisfecho. 13 Queda todavía un resto del árbol que para nada sirve, un tronco torcido y lleno de nudos. Lo toma y lo labra para llenar los ratos de ocio, le da forma con la destreza adquirida en sus tiempos libres; le da el parecido de una imagen de hombre 14 o bien la semejanza de algún vil animal. Lo pinta de bermellón, colorea de rojo su cuerpo y salva todos sus defectos bajo la capa de pintura. 15 Luego le prepara un alojamiento digno y lo pone en una pared asegurándolo con un hierro. 16 Mira por él, no se le caiga, pues sabe que no puede valerse por sí mismo, que sólo es una imagen y necesita que le ayuden. 17 Pues bien, cuando por su hacienda, bodas o hijos ruega, no se le cae la cara al dirigirse a este ser sin vida. Y pide salud a un inválido, 18 vida a un muerto, auxilio al más inexperto, un viaje feliz al que ni de los pies se puede valer, 19 y para sus ganancias y empresas, para el exito en el trabajo de sus manos, al ser más desmañado le pide destreza.

Sabiduría 14
1 Otro, preparándose a embarcar para cruzar el mar bravío, invoca a un leño más frágil que la nave que le lleva. 2 Que a la nave, al fin, la inventó el afán de lucro, y la sabiduría fue el artífice que la construyó; 3 y es tu Providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar abriste un camino, una ruta segura a través de las olas, 4 mostrando así que de todo peligro puedes salvar para que hasta el inexperto pueda embarcarse. 5 No quieres que queden inactivas las obras de tu Sabiduría; por eso, a un minúsculo leño fían los hombres su vida, cruzan el oleaje en una barquichuela y arriban salvos a puerto. 6 También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían, se refugió en una barquichuela la esperanza del mundo, y, guiada por tu mano, dejó al mundo semilla de una nueva generación. 7 Pues bendito es el leño por el que viene la justicia, 8 pero el ídolo fabricado, maldito él y el que lo hizo; uno por hacerle, el otro porque, corruptible, es llamado dios, 9 y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad; 10 ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados. 11 Por eso también habrá una visita para los ídolos de las naciones, porque son una abominación entre las criaturas de Dios, un escándalo para las almas de los hombres, un lazo para los pies de los insensatos.

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12 La invención de los ídolos fue el principio de la fornicación; su descubrimiento, la corrupción de la vida. 13 No los hubo al principio ni siempre existirán; 14 por la vanidad de los hombres entraron en el mundo y, por eso, está decidido su rápido fin. 15 Un padre atribulado por un luto prematuro encarga una imagen del hijo malogrado; al hombre muerto de ayer, hoy como un dios le venera y transmite a los suyos misterios y ritos. 16 Luego, la impía costumbre, afianzada con el tiempo, se acata como ley. 17 También por decretos de los soberanos recibían culto las estatuas. Unos hombres que, por vivir apartados, no les podían honrar en persona, representaron su lejana figura encargando una imagen, reflejo del rey venerado; así lisonjearían con su celo al ausente como si presente se hallara. 18 A extender este culto contribuyó la ambición del artista y arrastró incluso a quienes nada del rey sabían; 19 pues deseoso, sin duda, de complacer al soberano, alteró con su arte la semejanza para que saliese más bella, 20 y la muchedumbre seducida por el encanto de la obra, al que poco antes como hombre honraba, le consideró ya objeto de adoración. 21 De aquí provino la asechanza que se le tendió a la vida: que, víctimas de la desgracia o del poder de los soberanos, dieron los hombres a piedras y leños el Nombre incomunicable. 22 Luego, no bastó con errar en el conocimiento de Dios; viviendo además la guerra que esta ignorancia les mueve, ellos a tan graves males les dan el nombre de paz. 23 Con sus ritos infanticidas, sus misterios secretos, sus delirantes orgías de costumbres extravagantes, 24 ni sus vidas ni sus matrimonios conservan ya puros. Uno elimina a otro a traición o le aflige dándole bastardos; 25 por doquiera, en confusión, sangre y muerte, robo y fraude, corrupción, deslealtad, agitación, perjurio, 26 trastorno del bien, olvido de la gratitud, inmundicia en las almas, inversión en los sexos, matrimonios libres, adulterios, libertinaje. 27 Que es culto de los ídolos sin nombre principio, causa y término de todos los males. 28 Porque o se divierten alocadamente, o manifiestan oráculos falsos, o viven una vida de injusticia, o con toda facilidad perjuran: 29 como los ídolos en que confían no tienen vida, no esperan que del perjurio se les siga algún mal. 30 Una justa sanción les alcanzará, sin embargo, por doble motivo: por formarse de Dios una idea falsa al darse a los ídolos y por jurar injustamente contra la verdad con desprecio de toda santidad. 31 Que no es el poder de aquellos en cuyo nombre juran; es la sanción que merece todo el que peca, la que persigue siempre la transgresión de los inicuos.

Sabiduría 15
1 Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo. 2 Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados por tuyos. 3 Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.

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4 A nosotros no nos extraviaron las creaciones humanas de un arte perverso, ni el inútil trabajo de los pintores, figuras embadurnadas de colores abigarrados, 5 cuya contemplación despierta la pasión en los insensatos que codician la figura sin aliento de una imagen muerta. 6 Apasionados del mal son y dignos de tales esperanzas los que las crean, los que las codician, los que las adoran. 7 Un alfarero trabaja laboriosamente la tierra blanda y modela diversas piezas, todas para nuestro uso; unas van destinadas a usos nobles, otras al contrario, pero todas las modela de igual manera y de la misma arcilla. Sobre el servicio diverso que unas y otras han de prestar, es el alfarero quien decide. 8 Pero luego - ¡mala pena que se toma! - de la misma arcilla modela una vana divinidad. Y la modela él, que poco ha nació de la tierra y que pronto habrá de volver a la tierra de donde fue sacado, cuando le reclamen la devolución de su alma. 9 Pero no se preocupa de que va a morir, de que es efímera su vida; antes rivaliza con orfebres y plateros, imita las obras del broncista y se ufana de modelar falsificaciones. 10 Escoria es su corazón, más vil que la tierra su esperanza, más abyecta que la arcilla su vida, 11 porque desconoció al que le modeló a él, al que le inspiró un alma activa y le infundió un espíritu vivificante. 12 Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida, un lucrativo mercado: «Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun malos.» 13 Este hombre más que nadie sabe que peca, como quien de una misma masa de tierra fabrica frágiles piezas y estatuas de ídolos. 14 Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño, los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron; 15 como que tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de la nariz para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para tocar, y sus pies son torpes para andar. 16 Al fin, un hombre los hizo, uno que recibió en préstamo el espíritu los modeló; y no hay hombre que modele un dios igual a sí mismo; 17 mortal como es, un ser muerto produce con sus manos impías. Vale ciertamente más que las cosas que adora: él, un tiempo al menos, goza de vida, ellos jamás. 18 Adoran, además, a los bichos más repugnantes que en estupidez superan a todos los demás; 19 ni siquiera poseen la belleza de los animales que, a su modo, cautiva al contemplarlos; están excluidos de la aprobación de Dios y de su bendición.

Sabiduría 16
1 Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento. 2 En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo: para satisfacer su voraz apetito, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices; 3 para que aquéllos, aun ansiando el alimento, por el asqueroso aspecto de los bichos que les enviabas, hasta el apetito natural perdiesen, y éstos, pasadas unas breves privaciones, viniesen a gustar manjares exquisitos. 4 Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de tormento que sus enemigos padecían.

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5 Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces, cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían, no persistió tu cólera hasta el fin. 6 Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación como recuerdo del mandamiento de tu Ley; 7 y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos. 8 De este modo convenciste a nuestros enemigos de que tú eres el que libras de todo mal: 9 a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban, - y bien merecían que bichos tales los castigasen - sin que remedio hallaran para su vida; 10 a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó. 11 Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptos no fuera que, cayendo en profundo olvido, se vieran excluidos de tu liberalidad. 12 Ni los curó hierba ni emplasto alguno, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana. 13 Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir. 14 El hombre, en cambio, puede matar por su maldad, pero no hacer tornar al espíritu que se fue, ni liberar al alma ya acogida en el Hades. 15 Es imposible escapar de tu mano. 16 Los impíos que rehusaban conocerte fueron fustigados por la fuerza de tu brazo; lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables los persigueron y el fuego los devoró. 17 Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor. El universo, en efecto, combate en favor de los justos. 18 Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los impíos, y darles a entender, por lo que veían, que el juicio de Dios les hostigaba; 19 pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego para destruir las cosechas de una tierra inicua. 20 A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya preparado que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos. 21 El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se tranformaba en lo que cada uno quería. 22 Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego, para destruir las cosechas de sus enemigos, entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia, 23 mientras que, para que los justos pudieran sustentarse, hasta de su natural poder se olvidaba. 24 Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor, se embravece para castigo de los inicuos y se amansa en favor de los que en ti confían. 25 Por eso, también entonces, cambiándose en todo, servía a tu liberalidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados. 26 De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Señor, que no son las diversas especies de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti. 27 El fuego no alcanzaba a disolver lo que sencillamente derretía el calor de un breve rayo de sol. 28 Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias y recurrir a ti al rayar el día, 29 pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite y corre como agua inútil.

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Sabiduría 17
1 Grandes son en verdad tus juicios e inenarrables, por donde almas ignorantes se vinieron a engañar. 2 Imaginaban los impíos que podrían oprimir a una nación santa; y se encontraron prisioneros de tinieblas, en larga noche trabados, recluidos en sus casas, desterrados de la Providencia eterna. 3 Creían que se mantendrían ocultos con sus secretos pecados bajo el oscuro velo del olvido; y se vieron dispersos, presa de terrible espanto, sobresaltados por apariciones. 4 Pues ni el escondrijo que les protegía les libraba del miedo; que también allí resonaban ruidos escalofriantes y se aparecían espectros sombríos de lúgubre aspecto. 5 No había fuego intenso capaz de alumbrarles, ni las brillantes llamas de las estrellas alcanzaban a esclarecer aquella odiosa noche. 6 Tan sólo una llamarada, por sí misma encendida, se dejaba entrever sembrando el terror; pues en su espanto, al desaparecer la visión, imaginaban más horrible aún lo que acababan de ver. 7 Los artificios de la magia resultaron ineficaces; con gran afrenta quedó refutado su pretendido saber, 8 pues los que prometían expulsar miedos y sobresaltos de las almas enloquecidas, enloquecían ellos mismos con ridículos temores. 9 Incluso cuando otro espanto no les atemorizara, sobresaltados por el paso de los bichos y el silbido de los reptiles, 10 se morían de miedo, y rehusaban mirar aquel aire que de ninguna manera podían evitar. 11 Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena; acosada por la conciencia imagina siempre lo peor; 12 pues no es otra cosa el miedo sino el abandono del apoyo que presta la reflexión; 13 y cuanto menos se cuenta con los recursos interiores, tanto mayor parece la desconocida causa que produce el tormento. 14 Durante aquella noche verdaderamente inerte, surgida de las profundidades del inerte Hades, en un mismo sueño sepultados, 15 al invadirles un miedo repentino e inesperado, se vieron, de un lado, perseguidos de espectrales apariciones y, de otro, paralizados por el abandono de su alma. 16 De este modo, cualquiera que en tal situación cayera, quedaba encarcelado, encerrado en aquella prisión sin hierros; 17 ya fuera labrador o pastor, o bien un obrero dedicado en la soledad a su trabajo, sorprendido, soportaba la ineludible necesidad, 18 atados todos como estaban por una misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el melodioso canto de las aves en la enramada, el ruido regulado del agua que corría impetuosa, 19 el horrísimo fragor de rocas que caían de las alturas, la invisible carrera de animales que saltando pasaban, el rugido de las fieras más salvajes, el eco que devolvían las oquedades de las montañas, todo les aterrorizaba y les dejaba paralizados. 20 Estaba entonces el mundo entero iluminado de luz esplendorosa, y, sin traba alguna, se ocupaba en sus quehaceres; 21 sólo sobre ellos se extendía pesada noche, imagen de las tinieblas que les esperaban recibir. Aunque ellos a sí mismos se eran más pesados que las tinieblas.

Sabiduría 18
1 Entre tanto para tus santos había una grandísima luz. Los egipcios,

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que oían su voz aunque no distinguían su figura, les proclamaban dichosos por no haber padecido ellos también; 2 les daban gracias porque agraviados no se vengaban y les pedían perdón por su conducta hostil. 3 En vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, guía a través de rutas desconocidas, y sol inofensivo en su gloriosa emigración. 4 Bien merecían verse de luz privados y prisioneros de tinieblas, los que en prisión tuvieron encerrados a aquellos hijos tuyos que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la Ley. 5 Por haber decretado matar a los niños de los santos, salvándose de los hijos expuestos uno tan sólo, les arrebataste en castigo la multitud de sus hijos y a ellos, a una, les hiciste perecer bajo la violencia de las aguas. 6 Aquella noche fue previamente conocida por nuestros padres, para que se confortasen al reconocer firmes los juramentos en que creyeron. 7 Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y la destrucción de sus enemigos. 8 Y, en efecto, con el castigo mismo de nuestros adversarios, nos colmaste de gloria llamándonos a ti. 9 Los santos hijos de los buenos ofrecieron sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los santos correrían en común las mismas aventuras y riesgos; y, previamente, cantaron ya los himnos de los Padres. 10 A estos cánticos respondía el discordante clamor de sus enemigos, se disfundían los lamentos de los que lloraban a sus hijos. 11 Un mismo castigo alcanzaba al esclavo y al señor; el hombre del pueblo sufría la misma pena que el rey. 12 Todos a la vez contaban con muertos innumerables abatidos por un mismo género de muerte. Los vivos no se bastaban a darles sepultura, como que, de un solo golpe, había caído la flor de su descendencia. 13 Mantenidos en absoluta incredulidad por los artificios de la magia, acabaron por confesar, ante la muerte de sus primogénitos, que aquel pueblo era hijo de Dios. 14 Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, 15 tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable, 16 se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra. 17 Entonces, de repente, sueños y horribles visiones les sobresaltaron, les sobrevinieron terrores imprevistos. 18 Aquí y allá tendidos, ya moribundos, daban a conocer la causa de su muerte, 19 pues los sueños que les habían pertubado, se lo habían indicado a tiempo para que no muriesen sin saber la razón de su desgracia. 20 También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte; una multitud de ellos pereció en el desierto. Pero no duró la Cólera mucho tiempo, 21 que pronto un hombre irreprochable salió en su defensa. Con las armas de su propio ministerio, la oración y el incienso expiatorio, se enfrentó a la ira y dio fin a la plaga, mostrando con ello que era en verdad siervo tuyo. 22 Y venció a la Cólera no con la fuerza de su cuerpo, ni con el poder de las armas, sino que sometió con su palabra al que traía el castigo recordándole los juramentos hechos a los Padres y las alianzas. 23 Cuando ya los muertos, unos sobre otros, yacían hacinados, frenó,

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interponiéndose, el avance de la Cólera y le cerró el camino hacia los que todavía vivían. 24 Llevaba en su vestido talar el mundo entero, grabados en cuatro hileras de piedras los nombres gloriosos de los Padres y tu majestad en la diadema de su cabeza. 25 Ante esto, el Exterminador cedió y se atemorizó; pues era suficiente la sola experiencia de tu Cólera.

Sabiduría 19
1 Pero, sobre los impíos, descargó hasta el fin una ira sin misericordia, pues Dios sabía de antemano lo que iban a tramar: 2 que, luego de permitir marchar a su pueblo y apremiarle en su partida, mudando de parecer, saldrían a perseguirle. 3 Ocupados estaban todavía en su duelo y lamentándose junto a las tumbas de sus muertos, cuando concibieron otro proyecto insensato: a los que con ruegos despacharon, dieron en perseguirlos como fugitivos. 4 Una justa fatalidad los arrastraba a tales extremos y les borraba el recuerdo de los sucesos precedentes; así completarían con un nuevo castigo lo que a sus tormentos faltaba, 5 así mientras tu pueblo gozaba de un viaje maravilloso, ellos encontrarían una muerte extraña. 6 Pues para preservar a tus hijos de todo daño, la creación entera, obediente a tus órdenes, se rehízo de nuevo en su propia naturaleza. 7 Se vio una nube proteger con su sombra el campamento, emerger del agua que la cubría una tierra enjuta, del mar Rojo un camino expedito, una verde llanura del oleaje impetuoso, 8 por donde, formando un solo pueblo, pasaron los que tu mano protegía mientras contemplaban tan admirables prodigios. 9 Como caballos se apacentaban, y retozaban como corderos alabándote a ti, Señor que los habías liberado. 10 Recordaban todavía lo sucedido en su destierro, cómo, en vez de nacer los mosquitos de animales, los produjo la tierra, cómo, en vez de nacer las ranas de seres acuáticos, las vomitó el Río en abundancia. 11 Más tarde, vieron además un modo nuevo de nacer las aves; cuando, llevados de la gula, pidieron manjares delicados, 12 para satisfacerles, subieron codornices desde el mar. 13 Mas sobre los pecadores cayeron los castigos, precedidos, como aviso, de la violencia de los rayos. Con toda justicia sufrían por sus propias maldades, por haber extremado su odio contra el extranjero. 14 Otros no recibieron a unos desconocidos a su llegada. pero éstos redujeron a esclavitud a huéspedes bienhechores. 15 Además habrá una visita para ellos porque recibieron hostilmente a los extranjeros... 16 pero éstos, después de acoger con fiestas a los que ya participaban en los mismos derechos que ellos, los aplastaron con terribles trabajos. 17 Por eso, también fueron éstos heridos de ceguera, como aquéllos a las puertas del justo, cuando, envueltos en inmensas tinieblas, buscaba cada uno el acceso a su puerta. 18 Los elementos se adaptaron de una nueva manera entre sí como cambian la naturaleza del ritmo los sonidos en un salterio sin que cambie por eso su tonalidad, cosa que se puede deducir claramente examinando lo sucedido. 19 Seres terrestres se tornaban acuáticos, y los que nadan pasaban a caminar sobre la tierra. 20 El fuego aumentaba en el agua su fuerza natural y el agua olvidaba su poder de apagar.

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21 Por el contrario, las llamas no consumían las carnes de los endebles animales que sobre ellas caminaban, ni fundían aquel alimento divino, parecido a la escarcha, tan fácil de derretirse. 22 En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste, y no te descuidaste en asistirle en todo tiempo y en todo lugar.

ECLESIÁSTICO Eclesiástico 0
1 Muchas e importantes lecciones se nos han transmitido 2 por la Ley, los Profetas y los otros que les han seguido, 3 por las cuales bien se debe encomiar a Israel por su instrucción y sabiduría. 4 Mas como es razón que no sólo los lectores se hagan sabios, 5 sino que puedan también estos amigos del saber ser útiles a los de fuera, 6 tanto de palabra como por escrito, 7 mi abuelo Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura 8 de la Ley, 9 los Profetas 10 y los otros libros de los antepasados, 11 y haber adquirido un gran dominio en ellos, 12 se propuso también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría, 13 con ánimo de que los amigos del saber, lo aceptaran 14 y progresaran más todavía en la vida según la Ley. 15 Estáis, pues, invitados 16 a leerlo 17 con benevolencia y atención, 18 así como a mostrar indulgencia 19 allí donde se crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, 20 no hemos podido acertar en alguna expresión. 21 Pues no tienen la misma fuerza 22 las cosas expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua. 23 Cosa que no sucede sólo en esto, 24 sino que también la misma Ley, los Profetas, 25 y los otros libros 26 presentan no pequeña diferencia respecto de lo que dice el original. 27 Fue, pues, en el año treinta y ocho del rey Evergetes 28 cuando, después de venir a Egipto y residir allí, 29 encontré una obra de no pequeña enseñanza, 30 y juzgué muy necesario aportar yo también algún interés y esfuerzo para traducir este libro. 31 Mucha vigilia y ciencia he puesto en juego 32 durante este período, 33 hasta llegar a buen término y publicar el libro 34 para uso de aquellos que, en el extranjero, quieren ser amigos del saber, 35 y conformar sus costumbres a una vida de acuerdo con la Ley.

Eclesiástico 1
1 Toda sabiduría viene del Señor, y con él está por siempre. 2 La arena de los mares, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, ¿quién los puede contar? 3 La altura del cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo, ¿quién los alcanzará? 4 Antes de todo estaba creada la Sabiduría, la inteligente prudencia desde la eternidad. 6 La raíz de la sabiduría ¿a quién fue revelada?, sus recursos, ¿quién los conoció? 8 Sólo uno hay sabio, en extremo temible, el que en su trono está sentado. 9 El Señor mismo la creó, la vio y la contó y la derramó sobre todas sus obras,

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10 en toda carne conforme a su largueza, y se la dispensó a los que le aman. 11 Gloria es y orgullo el temor del Señor, contento y corona de júbilo. 12 El temor del Señor recrea el corazón, da contento y recocijo y largos días. 13 Para el que teme al Señor, todo irá bien al fin, en el día de su muerte se le bendecirá. 14 Principio de la sabiduría es temer al Señor, fue creada en el seno materno juntamente con los fieles. 15 Entre los hombres puso su nido, fundación eterna, y con su linaje se mantendrá fielmente. 16 Plenitud de la sabiduría es temer al Señor, ella les embriaga de sus frutos. 17 Toda su casa colma de cosas deseables, y de sus productos sus graneros. 18 Corona de la sabiduría el temor del Señor, ella hace florecer paz y buena salud. 19 (El la vio y la contó), ciencia y conocimiento inteligente hizo llover, y la gloria de los que la poseen exaltó. 20 Raíz de la sabiduría es temer al Señor, sus ramas, los largos días. 22 No puede justificarse la pasión del injusto, que el impulso de su pasión le hace caer. 23 Hasta su hora aguanta el que es paciente, mas después se le brinda contento. 24 Hasta su hora oculta sus palabras, y entonces muchos labios prolamarán su inteligencia. 25 En los tesoros de la sabiduría están las máximas de la ciencia, mas abominación para el pecador es la piedad para con Dios. 26 Si apeteces sabiduría, guarda los mandamientos, y el Señor te la dispensará. 27 Pues sabiduría y enseñanza es el temor del Señor; su complacencia, la fidelidad y mansedumbre. 28 No seas indócil al temor del Señor, ni te acerques a él con corazón partido. 29 No seas hipócrita delante de los hombres, pon guardia a tus labios. 30 No te exaltes a ti mismo, para no caer y acarrearte deshonra, porque el Señor revelaría tus secretos y en medio de la asamblea te echaría por tierra, por no haberte llegado al temor del Señor, porque tu corazón está lleno de fraude.

Eclesiástico 2
1 Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. 2 Endereza tu corazón, manténte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad. 3 Adhiérete a él, no te separes, para que seas exaltado en tus postrimerías. 4 Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente. 5 Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el honor de la humillación. 6 Confíate a él, y él, a su vez, te cuidará, endereza tus caminos y espera en él. 7 Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia, y no os desviéis, para no caer. 8 Los que teméis al Señor, confiaos a él, y no os faltará la recompensa. 9 Los que teméis al Señor, esperad bienes, contento eterno y misericordia. 10 Mirad a las generaciones de antaño y ved: ¿Quién se confió al Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado? ¿Quién le invocó y fue desatendido? 11 Que el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la tribulación. 12 ¡Ay de los corazones flacos y las manos caídas, del pecador que va por senda doble! 13 ¡Ay del corazón caído, que no tiene confianza! por eso no será protegido. 14 ¡Ay de vosotros que perdisteis el aguante! ¿Qué vais a hacer cuando el Señor os visite? 15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras, los que le aman guardan sus caminos. 16 Los que temen al Señor buscan su agrado, los que le aman quedan llenos de su Ley.

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17 Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan. 18 Caeremos en manos del Señor y no en manos de los hombres, pues como es su grandeza, tal su misericordia.

Eclesiástico 3
1 A mí que soy vuestro padre escuchadme, hijos, y obrad así para salvaros. 2 Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. 3 Quien honra a su padre expía sus pecados; 4 como el que atesora es quien da gloria a su madre. 5 Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. 6 Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre: 7 como a su Señor sirve a los que le engendraron. 8 En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición. 9 Pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos. 10 No te gloríes en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para ti. 11 Pues la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y baldón de los hijos es la madre en desdoro. 12 Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. 13 Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor. 14 Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados. 15 El día de tu tribulación se acordará El de ti; como hielo en buen tiempo, se disolverán tus pecados. 16 Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre. 17 Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás amado por el acepto a Dios. 18 Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia. 20 Pues grande es el poderío del Señor, y por los humildes es glorificado. 21 No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar. 22 Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto. 23 En lo que excede a tus obras no te fatigues, pues más de lo que alcanza la inteligencia humana se te ha mostrado ya. 24 Que a muchos descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos. 26 El corazón obstinado en mal acaba, y el que ama el peligro caerá en él. 27 El corazón obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado. 28 Para la adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en él raíces. 29 El corazón del prudente medita los enigmas. un oído que le escuche es el anhelo del sabio. 30 El agua apaga el fuego llameante, la limosma perdona los pecados. 31 Quien con favor responde prepara el porvenir, el día de su caída encontrará un apoyo.

Eclesiástico 4
1 Hijo, no prives al pobre del sustento, ni dejes en suspenso los ojos suplicantes. 2 No entristezcas al que tiene hambre, no exasperes al hombre en su indigencia.

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3 No te ensañes con el corazón exasperado, no hagas esperar la dádiva al mendigo. 4 No rechaces al suplicante atribulado, ni apartes tu rostro del pobre. 5 No apartes del mendigo tus ojos, ni des a nadie ocasión de maldecirte. 6 Pues si maldice en la amargura de su alma, su Hacedor escuchará su imprecación. 7 Hazte querer de la asamblea, ante un grande baja tu cabeza. 8 Inclina al pobre tus oídos, responde a su saludo de paz con dulzura. 9 Arranca al oprimido de manos del opresor, y a la hora de juzgar no seas pusilánime. 10 Sé para los huérfanos un padre, haz con su madre lo que hizo su marido. Y serás como un hijo del Altísimo; él te amará más que tu madre. 11 La sabiduría a sus hijos exalta, y cuida de los que la buscan. 12 El que la ama, ama la vida, los que en su busca madrugan serán colmados de contento. 13 El que la posee tendrá gloria en herencia, dondequiera que él entre, le bendecirá el Señor. 14 Los que la sirven, rinden culto al Santo, a los que la aman, los ama el Señor. 15 El que la escucha, juzgará a las naciones, el que la sigue, su tienda montará en seguro. 16 Si se confía a ella, la poseerá en herencia, y su posteridad seguirá poseyéndola. 17 Pues, al principio, le llevará por recovecos, miedo y pavor hará caer sobre él, con su disciplina le atormentará hasta que tenga confianza en su alma y le pondrá a prueba con sus preceptos, 18 mas luego le volverá al camino recto, le regocijará y le revelará sus secretos. 19 Que si él se descarría, le abandonará, y le dejará a merced de su propia caída. 20 Ten en cuenta el momento y guárdate del mal, no te avergüences de ti mismo. 21 Porque hay una vergüenza que conduce al pecado, y otra vergüenza hay que es gloria y gracia. 22 No tengas miramientos en contra de ti mismo, y no mudes de color por tu caída. 23 No contengas la palabra cuando pueda salvar, y no escondas tu sabiduría. 24 Que la sabiduría se da a conocer en la palabra, y la educación en los discursos de la lengua. 25 A la verdad no contradigas, mas ruborízate de no estar educado. 26 No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río. 27 No te aplanes ante el hombre insensato, ni tengas miramiento al poderoso. 28 Hasta la muerte por la verdad combate, y el Señor Dios peleará por ti. 29 No seas atrevido con tu lengua, ni perezoso y negligente en tus obras. 30 No seas un león en tu casa y un corbade entre tus servidores. 31 No sea tu mano abierta para recibir, y cerrada para dar.

Eclesiástico 5
1 En tus riquezas no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.» 2 No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón. 3 No digas: «¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará. 4 No digas: «Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente. 5 Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado. 6 No digas: «Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor. 7 No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo. 8 No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad. 9 No avientes a cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de lengua doble).

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10 Manténte firme en tu pensamiento, y sea una tu palabra. 11 Sé pronto en escuchar, y tardo en responder. 12 Si sabes alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca. 13 Gloria y deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina. 14 Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble. 15 Ni en lo grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.

Eclesiástico 5
1 En tus riquezas no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.» 2 No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón. 3 No digas: «¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará. 4 No digas: «Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente. 5 Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado. 6 No digas: «Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor. 7 No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo. 8 No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad. 9 No avientes a cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de lengua doble). 10 Manténte firme en tu pensamiento, y sea una tu palabra. 11 Sé pronto en escuchar, y tardo en responder. 12 Si sabes alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca. 13 Gloria y deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina. 14 Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble. 15 Ni en lo grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.

Eclesiástico 7
1 No hagas mal, y el mal no te dominará, 2 sepárate del injusto, y él se alejará de ti. 3 No siempres, hijo, en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más. 4 No pidas al Señor la preeminencia, ni al rey silla de gloria. 5 No te hagas el justo delante del Señor, ante el rey no te las des de sabio. 6 No te empeñes en llegar a ser juez, no sea que no puedas extirpar la injusticia, o te dejes influir del poderoso, y pongas un tropiezo en tu entereza. 7 No peques contra la asamblea de la ciudad, ni te rebajes a ti mismo ante el pueblo. 8 En el pecado no te enredes dos veces, pues ni una sola quedarás impune. 9 No digas: «Pondrá él sus ojos en la abundancia de mis dones, cuando se los presente al Dios Altísimo, los aceptará.» 10 No seas en tu plegaria pusilánime, y hacer limosna no descuides. 11 No te burles del hombre que vive en aflicción, porque el que humilla, también exalta. 12 No trames mentira contra tu hermano ni hagas otro tanto con tu amigo. 13 Propónte no decir mentira alguna, que persistir en ello no lleva a nada bueno. 14 No seas hablador en la reunión de los ancianos, en tu plegaria no repitas palabras. 15 No rehúyas el trabajo penoso, ni la labor del campo que creó el Altísimo. 16 No te incluyas en el grupo de los pecadores, recuerda que la Cólera no se hará esperar. 17 Humilla hondamente tu alma, que el castigo del impío es fuego y gusanos.

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18 No cambies un amigo por dinero, ni un hermano de veras por el oro de Ofir. 19 No faltes a la mujer sabia y buena, que su gracia vale más que el oro. 20 No maltrates al criado que trabaja fielmente, ni al jornalero que pone su empeño. 21 Al criado prudente ame tu alma, y no le prives de la libertad. 22 ¿Tienes rebaños? Pásales revista; y si te dan ganancia, consérvalos. 23 ¿Tienes hijos? Adoctrínalos, doblega su cerviz desde su juventud. 24 ¿Tienes hijas? Cuídate de ellas, y no pongas ante ellas cara muy risueña. 25 Casa a tu hija y habrás hecho una gran cosa, pero dásela a un hombre prudente. 26 ¿Tienes una mujer que te gusta? No la despidas, pero si la aborreces, no te confíes a ella. 27 Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. 28 Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho? 29 Con toda tu alma reverencia al Señor, y venera a sus sacerdotes. 30 Con todas tus fuerzas ama al que te hizo, y a sus ministros no abandones. 31 Teme al Señor y honra el sacerdote, dale su porción como te está prescrito: primicias, sacrificios de reparación, pierna de las ofrendas, oblación de santidad y primicias de las cosas sagradas. 32 También al pobre tiéndele tu mano, para que tu bendición sea perfecta. 33 La gracia de tu dádiva llegue a todo viviente, ni siquiera a los muertos les rehúses tu gracia. 34 No te rezagues ante los que lloran, y con los afligidos muéstrate afligido. 35 No descuides visitar al enfermo, que por obras de éstas ganarás amor. 36 En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado.

Eclesiástico 8
1 No disputes con hombre poderoso, no sea que caigas en sus manos. 2 No discutas con hombre rico, no sea que te venza con su peso. Porque a muchos perdió el oro, hasta los corazones de los reyes descarrió. 3 No disputes con hombre charlatán, no eches más leña a su fuego. 4 No bromees con el ineducado, para que tus mayores no queden en deshonra. 5 No reproches al hombre que se vuelve del pecado, recuerda que culpables somos todos. 6 No deshonres al hombre en su vejez, que entre nosotros también se llega a viejos. 7 No te alegres de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos. 8 No dedeñes lo que narran los sabios, vuelve a menudo a sus proverbios, que de ellos aprenderás doctrina y el modo de servir a los grandes. 9 No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres; pues de ellos aprenderás prudencia y a dar respuesta en el momento justo. 10 No enciendas los carbones del pecador, no sea que te abrases en el fuego de su llama. 11 No te encares con el insolente, para que no sea como trampa tendida a tu boca. 12 No prestes al que puede más que tú; si prestas, dalo por perdido. 13 No salgas fiador por encima de tus medios; si lo haces, date por deudor. 14 No entres en pleito con un juez, que por su dignidad fallarán en su favor. 15 Con el osado no te pongas en camino, para que no te agote, pues él procederá a su antojo, y por su locura te perderás con él. 16 Con el colérico no entres en pelea, ni te adentres con él en el desierto, porque a sus ojos nada es la sangre, y donde no haya quien te auxilie se echará sobre ti. 17 No le pidas consejo al insensato, pues no podrá mantenerlo en silencio. 18 Delante de un extraño no hagas cosa secreta, pues no sabes qué inventará después. 19 No abras tu corazón a todo el mundo, pues no te han de compensar con gracia alguna.

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Eclesiástico 9
1 No tengas celos de tu propia mujer, para no enseñarle a hacerte mal. 2 No te entregues del todo a tu mujer, no sea que te llegue a dominar. 3 No vayas al encuentro de una mujer prostituta, no sea que caigas en sus redes. 4 Con cantadora no frecuentes el trato, para no quedar prendido en sus enredos. 5 No te quedes mirando a doncella, para que no incurras en su propio castigo. 6 A prostitutas no te entregues, para no perder tu herencia. 7 No andes fisgando por los calles de la ciudad, ni divagues por sus sitios solitarios. 8 Aparta tu ojo de mujer hermosa, no te quedes mirando la belleza ajena. Por la belleza de la mujer se perdieron muchos, junto a ella el amor se inflama como fuego. 9 Junto a mujer casada no te sientes jamás, a la mesa con ella no te huelgues con vino, para que tu corazón no se desvíe hacia ella y en tu ímpetu te deslices a la ruina. 10 No abandones a un viejo amigo, porque el nuevo no le iguala. Vino nuevo, amigo nuevo, cuando sea añejo, con placer lo beberás. 11 No envidies la gloria del pecador, pues no sabes cómo se le volverá la fortuna. 12 No asientas al éxito de los impíos, recuerda que no quedarán hasta el seol impunes. 13 Ponte lejos del hombre que es capaz de matar, y no experimentarás miedo a la muerte. Si te acercas a él, no te descuides, para que no te quite la vida. Date cuenta de que pasas entre lazos y que caminas sobre el muro de la ciudad. 14 Cuando puedas acude a tu prójimo, y con los sabios aconséjate. 15 Con los inteligentes ten conversación, y tus charlas versen sobre la Ley del Altísimo. 16 Varones justos sean tus comensales, y en el temor del Señor esté tu orgullo. 17 Por la mano del artista la obra es alabada, y el jefe del pueblo aparece sabio en su palabra. 18 Temible en su ciudad el hombre charlatán, el desmedido por su lenguaje se hace odioso.

Eclesiástico 10
1 El juez sabio adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada. 2 Según el juez del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes. 3 El rey sin instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia de los dirigentes. 4 En manos del Señor está el gobierno de la tierra, a su tiempo suscita para ella al que conviene. 5 En manos del Señor el recto camino del hombre, él pone su gloria en el escriba. 6 Sea cual fuere su agravio, no guardes rencor al prójimo, y no hagas nada en un arrebato de violencia. 7 Odioso es al Señor y a los hombres el orgullo, para ambos es un yerro la injusticia. 8 La soberanía pasa de una nación a otra, por las injusticias, las violencias y el dinero. 9 ¿Por qué se enorgullece el que es tierra y ceniza? ¡si ya en vida es su vientre podredumbre! 10 La larga enfermedad deja perplejo al médico, y el que hoy es rey fenecerá mañana. 11 Y cuando un hombre muere, recibe como herencia reptiles, fieras y gusanos. 12 El comienzo del orgullo del hombre es alejarse del Señor, cuando de su Hacedor se apartó su corazón. 13 Que el comienzo del orgullo es el pecado, el que se agarra a él vierte abominación. Por eso les dio el Señor asombrosos castigos, y les abatió hasta aniquilarlos. 14 Los tronos de los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos. 15 Las raíces de los orgullosos las arrancó el Señor, y en su lugar plantó a los humildes.

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La Santa Biblia (Parte 2)

16 Las comarcas de las naciones las arrasó el Señor, y las destruyó hasta los cimientos de la tierra. 17 Tomó algunos de ellos y los destruyó, y borró de la tierra su recuerdo. 18 No se ha hecho para los hombres el orgullo, ni el furor de la ira para los nacidos de mujer. 19 ¿Qué raza es honorable? La del hombre. ¿Qué raza es honorable? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La del hombre. ¿Qué raza es despreciable? Los que violan sus mandatos. 20 En medio de sus hermanos es honorable el jefe, y los que temen al Señor, a los ojos de él. 22 Sean ricos, llenos de gloria o pobres, su orgullo es el temor del Señor. 23 No es justo despreciar al pobre inteligente, ni procede glorificar al pecador. 24 Grande, juez y poderoso reciben honores, mas no hay mayor entre ellos que el que teme al Señor. 25 Al siervo sabio los hombres libres sirven, y el hombre de saber no lo critica. 26 No te hagas el sabio cuando cumples tu obra, no te gloríes en el momento de tu aprieto. 27 Más vale el que trabaja y le sobra de todo que el que anda gloriándose y carece de pan. 28 Hijo, gloríate con moderación, y estímate en lo que vales. 29 Al que peca contra sí mismo, ¿quién le justificará? ¿quién apreciará al que desprecia su vida? 30 El pobre es honrado por su saber, y el rico lo es por su riqueza. 31 Quien es estimado en la pobreza, ¡cuánto más en la riqueza! quien es despreciado en la riqueza, ¡cuánto más en la pobreza!

Eclesiástico 11
1 La sabiduría del humilde le hace erguir la cabeza, y le da asiento entre los grandes. 2 No alabes nunca a un hombre por su buen parecer, ni abomines de nadie por su aspecto. 3 Pequeña entre los que vuelan es la abeja, mas lo que ella elabora es lo más dulce. 4 No te gloríes del manto que te envuelve, el día de la gloria no te engrías; pues admirables son las obras del Señor, pero están ocultas a los hombres. 5 Muchos tiranos se sentaron en el suelo, y un desconocido se puso la diadema. 6 Muchos poderosos fueron muy deshonrados, y hombres ilustres entregados a otras manos. 7 Sin haberte informado no reprendas, reflexiona primero y haz luego tu reproche. 8 Sin haber escuchado no respondas ni interrumpas en medio del discuro. 9 Por lo que no te incumbe no discutas, y en las contiendas de los pecadores no te mezcles. 10 Hijo, no te metas en múltiples asuntos, si los multiplicas no saldrás bien parado; aunque los persigas no los alcanzarás ni podrás escapar aunque quieras huir. 11 Hay quien se agota, se fatiga y se apresura, y cuanto más, más tarde llega. 12 Hay quien es débil, necesitado de apoyo, falto de bienes y sobrado de pobreza, mas los ojos del Señor le miran para bien, él le recobra de su humillación. 13 Levanta su cabeza, y por él se admiran muchos. 14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor. 17 El don del Señor con los piadosos permanece, y su complacencia les lleva por buen camino para siempre. 18 Hay quien se hace rico a fuerza de engaño y avaricia, y esta es la parte de su recompensa: 19 cuando dice: «Ya he logrado reposo, ahora voy a comer de mis bienes», no sabe qué tiempo va a venir, morirá y se lo dejará a otros. 20 Manténte en tu quehacer y conságrate a él, en tu tarea envejece.

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La Santa Biblia (Parte 2)

21 No te admires de las obras del pecador, confía en el Señor y en tu esfuerzo persevera. Que es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de golpe al indigente. 22 La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, y en un instante hace florecer su bendición. 23 No digas: «¿De qué he menester? o ¿qué bienes me vendrán todavía?» 24 No digas: «Tengo bastante con ellos, ¿qué mal puede alcanzarme ahora?» 25 Día de bienes, olvido de males, día de males, olvido de bienes. 26 Que es fácil al Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su proceder. 27 El mal de una hora el placer hace olvidar, al final del hombre se descubren sus obras. 28 Antes del fin no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre. 29 No metas a cualquiera en tu casa, que son muchos los lazos del taimado. 30 Perdiz cautiva en su jaula, tal es el corazón del orgulloso, como el espía acecha tu caída. 31 Cambiando el bien por el mal, está al acecho, y a las cosas más limpias pone mancha. 32 Con una chispa se enciende un brasero, así el pecador tiende lazos en busca de sangre. 33 Guárdate del malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre. 34 Mete en casa al extraño, y te traerá el desorden, te hará extraño a tu propia familia.

Eclesiástico 12
1 Si haces el bien, mira a quién lo haces, y por tus beneficios recibirás favor. 2 Haz bien al piadoso; hallarás recompensa, si no de él, al menos del Altísimo. 3 No habrá bienes para el que en mal persiste, ni para quien no agradece la limosna. 4 Da al hombre piadoso, y del pecador no te cuides. 5 Haz bien al humilde y no des al impío; niégale su pan, no se lo des, para que no llegue con ello a dominarte. Pues un mal duplicado encontrarías por todos los bienes que le hubieres hecho. 6 Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza. 7 Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides. 8 No se demuestra en la prosperidad el amigo, ni queda oculto en la adversidad el enemigo. 9 Cuando hay prosperidad, los enemigos se entristecen, mas en la adversidad, hasta el amigo se aleja. 10 No confíes jamás en tu enemigo, que cual bronce roñoso, así es su maldad. 11 Aunque se haga el humilde y camine encorvado, mira por ti mismo y guárdate de él. Pórtate con él como el que pule un espejo, sábete que no retendrá hasta el fin su roña. 12 No le pongas junto a ti, no sea que se te revuelva y suplante tu puesto. No le sientes a tu diestra, no sea que tu asiento pretenda, y que al fin comprendas mis palabras, y te pese al recordar mis consejos. 13 ¿Quién se compadecerá del encantador mordido de serpiente y de todos los que se acercan a las fieras? 14 Lo mismo le ocurre al que convive con el pecador y comparte sus pecados. 15 Una hora aguantará contigo, mas si te desmandas, no lo soportará. 16 En sus labios pone dulzura el enemigo, mas en su corazón trama arrojarte a la fosa. En sus ojos lagrimea el enemigo, mas si topa ocasión, no se verá harto de tu sangre. 17 Si los males te visitan, primero que tú le encontrarás allí, fingiendo ayurdarte te agarrará el talón. 18 Meneará su cabeza, batirá palmas, cuchicheará mucho y mudará de cara.

Eclesiástico 13
1 El que toca la pez, se mancha, el que convive con el orgulloso, se hará como él. 2 No tomes sobre ti carga pesada, con el más fuerte y rico que tú no convivas. ¿Por qué juntar cántaro con caldero? Este le chocará y aquél se romperá.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 El rico agravia y encima se envalentona, el pobre es agraviado y encima ha de excusarse. 4 Si le eres útil, se servirá de ti, si eres torpe, te abandonará. 5 Si tienes algo, vivirá contigo, y te despojará sin fatigarse él. 6 ¿Ha menester de ti? Tratará de engañarte, te sonreirá y te dará esperanzas; buenas palabras te dará y dirá: «¿Qué te hace falta?» 7 Te avergonzará en sus festines, hasta despojarte dos, tres veces, y para terminar se burlará de ti. Después, si te ve, te dejará a un lado, y meneará la cabeza ante ti. 8 Guárdate de dejarte engañar, y de ser humillado por estúpido. 9 Cuando te llame un poderoso, quédate a distancia, que tanto más te llamará. 10 No te presentes por ti mismo, no sea que te rechace, ni te quedes muy lejos, para no pasar inadvertido. 11 No pretendas hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras. Que con su mucho hablar te pondrá a prueba, como quien pasa el rato, te examinará. 12 Despiadado es quien no guarda tus palabras, no te ahorrará ni golpes ni cadenas. 13 Observa y ponte bien en guardia, porque caminas junto a tu propia ruina. 15 Todo viviente ama a su semejante, y todo hombre a su prójimo. 16 Todo animal según su especie se une, a su semejante se adhiere el hombre. 17 ¿Cómo podrá convivir lobo con cordero? Así el pecador con el piadoso. 18 ¿Qué paz puede tener la hiena con el perro? ¿qué paz el rico con el indigente? 19 Caza de leones son los onagros en el desierto, así los pobres son presa de los ricos. 20 Abonimación para el orgulloso es la humilidad, así para el rico es abominación el pobre. 21 El rico que vacila es sostenido por sus amigos, al humilde que cae sus amigos le rechazan. 22 Cuando el rico resbala, muchos le toman en sus brazos, dice estupideces, y le justifican; resbala el humilde, y se le hacen reproches, dice cosas sensatas, y no se le hace caso. 23 Habla el rico, y todos se callan, y exaltan su palabra hasta las nubes. Habla el pobre y dicen: «¿Quién es éste?» y si se equivoca, se le echa por tierra. 24 Buena es la riqueza en la que no hay pecado, mala la pobreza al decir del impío. 25 El corazón del hombre modela su rostro tanto hacia el bien como hacia el mal. 26 Signo de un corazón dichoso es un rostro alegre, la invención de proverbios es penoso ejercicio.

Eclesiástico 14
1 Feliz el hombre que no se ha deslizado con su boca, ni sufre tormento por la tristeza del pecado. 2 Feliz aquel a quien su conciencia no reprocha, y que no queda corrido en su esperanza. 3 Para el hombre mezquino no es buena la riqueza, para el envidioso, ¿de qué sirve el dinero? 4 Quien amontona a expensas de sí mismo, para otros amontona, con sus bienes se regalarán otros. 5 El que es malo para sí, ¿para quién será bueno? No logrará contento en medio de sus tesoros. 6 Nadie peor que el que se tortura a sí mismo, esa es la paga de su maldad. 7 Aun si llega a hacer el bien, lo hace por descuido, al final dejará ver su maldad. 8 Malo es el de ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás. 9 El ojo del avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma. 10 El ojo malo se alampa por el pan, hambriento está en su propia mesa. 11 Hijo, trátate bien, conforme a lo que tengas, y presenta dignamente tus ofrendas al Señor.

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La Santa Biblia (Parte 2)

12 Recuerda que la muerte no se tardará, y que el pacto del seol no se te ha revelado. 13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo, según tus medios dale con largueza. 14 No te prives de pasarte un buen día, no se te escape la posesión de un deseo legítimo. 15 ¿No dejarás a otro el fruto de tus trabajos y el de tus fatigas, para que a suertes se reparta? 16 Da y recibe, y recrea tu alma, que en el seol no se puede esperar buena vida. 17 Toda carne como un vestido envejece, pues ley eterna es: hay que morir. 18 Lo mismo que las hojas sobre árbol tupido, que unas caen y otras brotan, así la generación de carne y sangre: una muere y otra nace. 19 Toda obra corruptible desaparece, y su autor se irá con ella. 20 Feliz el hombre que se ejercita en la sabiduría, y que en su inteligencia reflexiona, 21 que medita sus caminos en su corazón, y sus secretos considera. 22 Sale en su busca como el que sigue el rastro, y en sus caminos se pone al acecho. 23 Se asoma a sus ventanas, y a sus puertas escucha. 24 Acampa muy cerca de su casa, y clava la clavija en sus muros. 25 Monta su tienda junto a ella, y se alberga en su albergue dichoso. 26 Pone sus hijos a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija. 27 Por ella es protegido del calor, y en su gloria se alberga.

Eclesiástico 15
1 Así hace el que teme al Señor, el que abraza la Ley logra sabiduría. 2 Como una madre le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa virgen. 3 Le alimenta con pan de inteligencia, el agua de la sabiduría le da a beber. 4 Se apoya él en ella y no se dobla, a ella se adhiere y no queda confundido. 5 Ella le exalta por encima de sus prójimos, en medio de la asamblea le abre la boca. 6 Contento y corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia recibe. 7 Jamás la lograrán los insensatos, los pecadores nunca la verán. 8 Lejos está del orgullo, los mentirosos no se acuerdan de ella. 9 No cabe la alabanza en boca del pecador, porque no le viene del Señor. 10 Que en la sabiduría se expresa la alabanza, y el Señor la guía por buen camino. 11 No digas: «Por el Señor me he apartado», que lo que él destesta, no lo hace. 12 No digas: «El me ha extraviado», pues él no ha menester del pecador. 13 Toda abominación odia el Señor, tampoco la aman los que le temen a él. 14 El fue quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío. 15 Si tú quieres, guardarás los mandamientos, para permanecer fiel a su beneplácito. 16 El te ha puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano. 17 Ante los hombres la vida está y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dará. 18 Que grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder, todo lo ve. 19 Sus ojos están sobre los que le temen, él conoce todas las obras del hombre. 20 A nadie ha mandado ser impío, a nadie ha dado licencia de pecar.

Eclesiástico 16
1 No desees multitud de hijos malvados, no te goces en tener hijos impíos. 2 Aunque sean muchos, no te goces en ellos, si con ellos no se halla el temor del Señor. 3 No pongas en su vida tu confianza, ni te creas seguro por ser muchos, que más vale uno que mil, y morir sin hijos que tener hijos impíos. 4 Pues uno solo inteligente poblará una ciudad mas la raza de los sin ley quedará despoblada. 5 Muchas cosas así han visto mis ojos, y más graves aún oyeron mis oídos.

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La Santa Biblia (Parte 2)

6 En la reunión de los pecadores prende el fuego, contra la nación rebelde se inflama la Cólera. 7 No perdonó él a los antiguos gigantes que se rebelaron fiados de su fuerza. 8 No pasó por alto al vecindario de Lot, a los que abominaba por su orgullo. 9 No se apiadó de la nación perdida, de los que estaban engreídos en sus pecados. 10 Igual trató a los seiscientos mil de a pie que se habían unido en la dureza de su corazón. 11 Aunque fuera uno solo el de dura cerviz, sería asombroso que quedara impune. Pues misericordia e ira están con El, tan poderoso en perdón como pródigo en ira. 12 Tan grande como su misericordia es su severidad, según sus obras juzga al hombre. 13 No escapará el pecador con su rapiña, ni quedará fallida la paciencia del piadoso. 14 Para toda limosna tiene él un sitio, cada cual hallará según sus obras. 17 No digas: «Del Señor me esconderé, y ¿quién allá arriba se acordará de mí? Entre la gran muchedumbre no seré reconocido, pues ¿qué soy yo en la inmensa creación?» 18 Mira, el cielo, y el cielo de los cielos, el abismo y la tierra serán sacudidos a la hora de su visita. 19 A una los montes y los cimientos de la tierra bajo su mirada temblarán de espanto. 20 Mas en todo esto no piensa el corazón del hombre, y en sus caminos, ¿quién repara? 21 Hay tempestad que no ve el hombre, y la mayoría de sus obras se hacen en secreto. 22 «Las obras de la justicia, ¿quién las anuncia? ¿quién las aguarda? ¡Pues la alianza está lejos!» 23 Esto piensa el ruin de corazón; el estúpido, el perdido, sólo piensa necedades. 24 Escúchame, hijo, y el saber aprende, aplica tu corazón a mis palabras. 25 Con mesura te revelaré la doctrina, con precisión anunciaré el saber. 26 Cuando creó el Señor sus obras desde el principio, desde que las hizo les asignó su puesto. 27 Ordenó para la eternidad sus obras, desde sus comienzos por todas sus edades. Ni tienen hambre ni se cansan, y eso que no abandonan su tarea. 28 Ninguna choca con otra, jamás desobedecen su palabra. 29 Después de esto el Señor miró a la tierra, y de sus bienes la colmó. 30 De todo ser viviente cubrió su faz, y a ella vuelven todos.

Eclesiástico 17
1 De la tierra creó el Señor al hombre, y de nuevo le hizo volver a ella. 2 Días contados le dio y tiempo fijo, y dioles también poder sobre las cosas de la tierra. 3 De una fuerza como la suya los revistió, a su imagen los hizo. 4 Sobre toda carne impuso su temor para que dominara a fieras y volátiles. 6 Les formó lengua, ojos, oídos, y un corazón para pensar. 7 De saber e inteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal. 8 Puso su ojo en sus corazones, para mostrarles la grandeza de sus obras. 10 Por eso su santo nombre alabarán, contando la grandeza de sus obras. 11 Aun les añadió el saber, la ley de vida dioles en herencia. 12 Alianza eterna estableció con ellos, y sus juicios les enseñó. 13 Los ojos de ellos vieron la grandeza de su gloria, la gloria de su voz oyeron sus oídos. 14 Y les dijo: «Guardaos de toda iniquidad», y a cada cual le dio órdenes respecto de su prójimo. 15 Sus caminos están ante él en todo tiempo, no se ocultan a sus ojos. 17 A cada nación asignó un jefe, mas la porción del Señor es Israel. 19 Todas sus obras están ante él, igual que el sol, e incesantes sus ojos sobre sus caminos. 20 No se le ocultan sus iniquidades, todos sus pecados están ante el Señor.

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La Santa Biblia (Parte 2)

22 La limosna del hombre es como un sello para él, el favor del hombre lo guarda como la pupila de sus ojos. 23 Después se levantará y les retribuirá, sobre su cabeza pondrá su recompensa. 24 Pero a los que se arrepienten les concede retorno, y consuela a los que perdieron la esperanza. 25 Conviértete al Señor y deja tus pecados, suplica ante su faz y quita los obstáculos. 26 Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia, odia con toda el alma la abominación. 27 ¿Quién en el seol alabará al Altísimo si los vivientes no le dan gloria? 28 No hay alabanza que venga de muerto, como de quien no existe; es el que vive y goza de salud quien alaba al Señor. 29 ¡Qué grande es la misericordia del Señor, y su perdón para los que a él se convierten! 30 Pues no todo puede estar en poder de los hombres, que no es inmortal el hijo de hombre. 31 ¿Qué hay más luminoso que el sol? Con todo, desaparece. Mas la carne y la sangre sólo el mal conciben. 32 Al ejército de lo alto de los cielos pasa él revista, pero polvo y ceniza son los hombres.

Eclesiástico 18
1 El que vive eternamente lo creó todo por igual, 2 sólo el Señor será llamado justo. 4 A nadie dio poder de proclamar sus obras, pues ¿quién podrá rastrear sus maravillas? 5 El poder de su majestad, ¿quién lo calculará? ¿quién pretenderá contar sus misericordias? 6 Nada hay que quitar, nada que añadir, y no se pueden rastrear las maravillas del Señor. 7 Cuando el hombre cree acabar, comienza entonces, cuando se para, se queda perplejo. 8 ¿Qué es el hombre? ¿para qué sirve? ¿cuál es su bien y cuál su mal? 9 El número de los días del hombre mucho será si llega a los cien años. 10 Como gota de agua del mar, como grano de arena, tan pocos son sus años frente a la eternidad. 11 Por eso el Señor es paciente con ellos, y derrama sobre ellos su misericordia. 12 El ve y sabe que su fin es miserable, por eso multiplica su perdón. 13 La misericordia del hombre sólo alcanza a su prójimo, la misericorida del Señor abarca a todo el mundo. El reprende, adoctrina y enseña, y hace volver, como un pastor, a su rebaño. 14 Tiene piedad de los que acogen la instrucción, y de los que se afanan por sus juicios. 15 Hijo, con tus beneficios no mezcles el reproche ni a tus regalos juntes palabras tristes. 16 ¿No aplaca el rocío el viento ardiente? Así vale más la palabra que el regalo. 17 ¿No ves que la palabra es más que un buen presente? Pues el hombre dadivoso une los dos. 18 El necio aun sin dar hace afrenta, quema los ojos el don del envidioso. 19 Antes de hablar infórmate, cuídate antes de estar enfermo. 20 Antes de juzgar examínate a ti mismo, y en el día de la visita encontrarás perdón. 21 Antes de estar enfermo humíllate, cuando peques muestra arrepentimiento. 22 Nada te impida cumplir tu voto en el momento dado, no aguardes hasta la muerte para justificarte. 23 Antes de hacer un voto prepárate; no seas como el hombre que tienta al Señor. 24 Acuérdate de la ira de los últimos días, y del momento del castigo, cuando Dios vuelva su rostro. 25 En tiempo de abundancia recuerda el tiempo de hambre, la pobreza y la penuria en días de riqueza.

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La Santa Biblia (Parte 2)

26 De la mañana a la tarde corre el tiempo, todo pasa presto delante del Señor. 27 El hombre sabio es precavido en todo, en la ocasión de pecar se anda con cuidado. 28 Todo hombre prudente conoce la sabiduría, al que la encuentra le da su parabién. 29 Los prudentes en palabras hacen sabiduría y prodigan los proverbios acertados. 30 No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena. 31 Si te consientes en todos los deseos, te harás la irrisión de tus enemigos. 32 No te complazcas en la buena vida, no te avengas a asociarte con ella. 33 No te empobrezcas festejando con dinero prestado, cuando nada tienes en tu bolsa.

Eclesiástico 19
1 Un obrero bebedor nunca se enriquecerá, el que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco caerá. 2 Vino y mujeres pervierten a los inteligentes, el que va a prostitutas es aún más temerario. 3 De larvas y gusanos será herencia, el temerario perderá su vida. 4 Quien se confía enseguida, ligero es de corazón, el que peca, a sí mismo se hace daño. 5 El que se regodea en el mal será condenado, 6 el que odia la verborrea escapará al mal. 7 No repitas nunca lo que se dice, y en nada sufrirás menoscabo. 8 Ni a amigo ni a enemigo cuentes nada, a menos que sea pecado para ti, no le descubras. 9 Porque te escucharía y se guardaría de ti, y en la ocasión propicia te detestaría. 10 ¿Has oído algo? ¡Quede muerto en ti! ¡Animo, no reventarás! 11 Por una palabra oída ya está el necio en dolores, como por el hijo la mujer que da a luz. 12 Una flecha clavada en el muslo, tal es la palabra en las entrañas del necio. 13 Interoga a tu amigo: quizá no haya hecho nada, y si acaso lo ha hecho, para que no reincida. 14 Interroga a tu prójimo: quizá no ha dicho nada, y si acaso lo ha dicho, para que no repita. 15 Interroga a tu amigo: que hay calumnia a menudo, no creas todo lo que se dice. 16 A veces se resbala uno sin querer, y ¿quién no ha pecado con su lengua? 17 Interroga a tu prójimo antes de amenazarle, y obedece a la ley del Altísimo. 20 Toda sabiduría es temor del Señor, y en toda sabiduría se practica la ley. 22 Mas no es sabiduría el conocimiento del mal, no está en el consejo de los pecadores la prudencia. 23 Hay un saberlo todo que es abominación, es estúpido el que carece de sabiduría. 24 Más vale ser vacío de inteligencia y lleno de temor, que desbordar prudencia y traspasar la ley. 25 Hay un saberlo todo que sirve a la injusticia, que para mantener el derecho usa de argucias. 26 Hay malhechor que anda encorvado por el tedio, mas su interior está lleno de dolo: 27 tapándose la cara, haciéndose el sordo, mientras no es reconocido te tomará la delantera. 28 Si por su escasa fuerza no se atreve a pecar, en cuanto encuentre ocasión, se dará a hacer el mal. 29 Por la mirada se reconoce al hombre, por el aspecto del rostro se reconoce al pensador. 30 El atuendo del hombre, la risa de sus dientes, su caminar revelan lo que es.

Eclesiástico 20
1 Hay reprensión intempestiva, y hay silencioso de verdad sensato. 2 ¡Cuánto mejor reprender que estar airado! 3 El que se acusa de su falta evita la pena.

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La Santa Biblia (Parte 2)

4 Como pasión de eunuco por desflorar a una moza, así el que ejecuta la justicia con violencia. 5 Hay silencioso tenido por sabio, y quien se hace odioso por su verborrea. 6 Hay quien se calla por no tener respuesta, y quien se calla porque sabe su hora. 7 El sabio guarda silencio hasta su hora, mas el fanfarrón e insensato adelanta el momento. 8 El desmedido en palabras se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso. 9 Hay quien encuentra fortuna en la desgracia, y hay suerte que acaba en postración. 10 Hay dádiva que no te da provecho, y dádiva que recibe el doble. 11 Hay postración causada por la gloria, y hay quien, desde la humillación, levanta la cabeza. 12 Hay quien compra mucho con poco dinero, pero luego lo paga siete veces más caro. 13 Por sus palabras se hace amable el sabio, mas los favores de los necios se malgastan. 14 El don del insensato no te sirve de nada, porque sus ojos no son uno, son muchos; 15 da poco y echa en cara mucho, y abre su boca como un pregonero; presta hoy y mañana reclama, es un hombre detestable este sujeto. 16 Dice el necio: «No tengo ni un amigo, no hay gratitud para mis beneficios; 17 los que comen mi pan tienen lengua insolente.» ¡Cuántos con frecuencia se ríen de él! 18 Mejor es resbalar en empredado que resbalar con la lengua, así la caída de los malos llega de repente. 19 Hombre sin gracia es cuento inoportuno por boca de ignorantes repetido. 20 De boca de necio no se acepta el proverbio, pues jamás lo dice a su hora. 21 Hay quien no puede pecar por indigencia: en su reposo no tendrá remordimiento. 22 Hay quien se pierde a sí mismo por vergüenza, por respeto a un insensato se pierde. 23 Hay quien por timidez hace promesas a su amigo, y así, por nada se gana un enemigo. 24 Gran baldón para un hombre la mentira en boca de ignorantes repetida. 25 Es preferible un ladrón que el que persiste en la mentira, aunque ambos heredarán la perdición. 26 El hábito de mentiroso es una deshonra, su vergüenza le acompaña sin cesar. 27 Por sus palabras el sabio se hace grande, y el hombre sensato a los grandes agrada. 28 El que cultiva la tierra llena hasta arriba su granero, el que agrada a los grandes expía la injusticia. 29 Presentes y regalos ciegan los ojos de los sabios, como bozal en boca ahogan los reproches. 30 Sabiduría escondida y tesoro invisible, ¿qué provecho hay en ambos? 31 Más vale hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría.

Eclesiástico 21
1 Hijo, ¿has pecado? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus pecados anteriores. 2 Como de serpiente huye del pecado, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres. 3 Como espada de dos filos es toda iniquidad, para su herida no hay remedio. 4 El terror y la violencia arrasan la riqueza, así quedará arrasada la casa del orgulloso. 5 La oración del pobre va de su boca a los oídos de Dios, y el juicio divino no se deja esperar. 6 El que odia la reprensión sigue las huellas del pecador, el que teme al Señor se convierte en su corazón. 7 De lejos se conoce al charlatán, y el hombre reflexivo le adivina los deslices. 8 Quien edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para su tumba. 9 Estopa hacinada es la reunión de los sin ley, su meta es la llama de fuego.

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 El camino de los pecadores está bien enlosado, pero a su término está la fosa del seol. 11 El que guarda la Ley controla sus ideas, la meta del temor del Señor es la sabiduría. 12 No alcanzará doctrina quien no es habilidoso, pero no hay habilidades que llenan de amargura. 13 La ciencia del sabio crecerá como una inundación, y su consejo será fuente de vida. 14 El interior del necio es como un vaso roto, que no retiene ningún conocimiento. 15 Si un hombre de saber oye palabra sabia, la elogia y otra suya añade. Si la oye el libertino, le desagrada y la echa detrás de sus espaldas. 16 El relato del necio es como fardo en el camino, mas en los labios del inteligente se halla gracia. 17 La boca del sensato es buscada en la asamblea, sus palabras se meditan de corazón. 18 Como casa en ruinas, así la sabiduría del necio, el conocimiento del tonto, palabras incoherentes. 19 Cadenas en los pies, es la educación para el mentecato, como esposas en su mano derecha. 20 El necio, cuando ríe, lo hace a carcajadas, mas el hombre sensato apenas si sonríe. 21 Adorno de oro es la educación para el sensato, como un brazalete en su brazo derecho. 22 El pie del necio entra rápido en la casa, el hombre experimentado se presenta con modestia. 23 Desde la puerta el insensato fisga el interior, el hombre bien educado queda afuera. 24 Es falta de educación escuchar a la puerta, tal descortesía indigna al sensato. 25 Los labios de los habladores repiten las palabras ajenas, mas las palabras de los prudentes se pesan en balanza. 26 En la boca de los necios está su corazón, pero el corazón de los sabios es su boca. 27 Cuando el impío maldice a Satanás, a sí mismo se maldice. 28 El murmurador mancha su propia alma, y es detestado por el vecindario.

Eclesiástico 22
1 A una piedra sucia se parece el perezoso, todo el mundo silba sobre su deshonra. 2 Bola de excrementos es el perezoso, que todo el que la toca se sacude la mano. 3 Es vergüenza de un padre tener un hijo ineducado, pero la hija le nace ya para su confusión. 4 Para la hija prudente la herencia es su marido, la desvergonzada es la tristeza de su progenitor. 5 La hija insolente es la vergüenza del padre y del marido, y por los dos es despreciada. 6 Música en duelo es un relato inoportuno, azotes y corrección son siempre sabiduría. 9 Como pegar cascotes es enseñar al necio, o despertar al que duerme con sueño pesado. 10 Conversar con el necio es conversar con un dormido; al acabar dirá: «¿Qué estás diciendo?» 11 Llora al muerto, pues la luz le abandonó, llora también al necio, porque dejó la inteligencia. Llora más suavemente al muerto, porque ya reposa, que la vida del necio es peor que la muerte. 12 El duelo por un muerto dura siete días, por el necio y el impío, todos los días de su vida. 13 Con el insensato no multipliques las palabras, con el tonto no vayas de camino; guárdate de él para evitar el aburrimiento, y para que su contacto no te manche. Apártate de él y encontrarás descanso, y no te enervarán sus arrebatos. 14 ¿Qué hay más pesado que el plomo? ¿qué nombre dar a esto sino «necio»? 15 Arena, sal, o una bola de hierro son más fáciles de llevar que el hombre tonto.

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La Santa Biblia (Parte 2)

16 El maderamen bien trabado de una casa ni por un terremoto es dislocado; así un corazón firme por reflexión madura, llegado el momento no se achica. 17 Corazón apoyado en reflexión prudente es como revoque de arena en pared raspada. 18 Estacas plantadas en altura no resisten al viento; así el corazón del necio, falto de reflexión, ante un miedo cualquiera no resiste. 19 Quien hiere el ojo hace correr las lágrimas, quien hiere el corazón descubre el sentimiento. 20 Quien tira una piedra a un pájaro, lo ahuyenta, quien afrenta al amigo, rompe la amistad. 21 Si has sacado la espada contra tu amigo, no desesperes, que aún puede volver; 22 si contra tu amigo has abierto la boca, no te inquietes, que aún cabe reconciliación, salvo caso de ultraje, altanería, revelación de secreto, golpe traidor, que ante esto se marcha todo amigo. 23 Gana la confianza de tu prójimo en la pobreza, para que, en su prosperidad, con él te satisfagas; en tiempo de tribulación permanece con él, para que cuando herede con él lo compartas. 24 Antes del fuego sale vapor del horno y humo, así las injurias preceden a la sangre. 25 No me avergonzaré yo de proteger a un amigo, de su presencia no me esconderé; 26 y si por su causa me ocurre algún mal, todo el que lo oiga se guardará de él. 27 ¿Quién pondrá guardia a mi boca, y a mis labios sello de prudencia, para que no venga a caer por su culpa, y que mi lengua no me pierda?

Eclesiástico 23
1 Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios, no permitas que por ellos caiga. 2 ¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores, ni pasen por alto mis pecados? 3 No sea que mis yerros aumenten, y que abunden mis pecados, que caiga yo ante mis adversarios, y de mí se ría mi enemigo. 4 Señor, padre y Dios de mi vida, no me des altanería de ojos, 5 aparta de mí la pasión. 6 Que el apetito sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues al deseo impúdico. 7 La instrucción de mi boca escuchad, hijos, el que la guarda no caerá en el lazo. 8 Por sus labios es atrapado el pecador, el maldiciente, el altanero, caen por ellos. 9 Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo. 10 Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado. 11 Hombre muy jurador, lleno está de iniquidad, y no se apartará de su casa el látigo. Si se descuida, su pecado cae sobre él, si pasa por alto el juramento, doble es su pecado; y si jura en falso, no será justificado, que su casa se llenará de adversidades. 12 Hay un lenguaje que equivale a la muerte, ¡que no se halle en la heredad de Jacob! Pues los piadosos rechazan todo esto, y en los pecados no se revuelcan. 13 A la baja grosería no habitúes tu boca, porque hay en ella palabra de pecado. 14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuanto te sientes en medio de los grandes, no sea que te olvides ante ellos, como un necio te conduzcas, y llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento. 15 El hombre habituado a palabras ultrajantes no se corregirá en toda su existencia. 16 Dos clases de gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira:

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La Santa Biblia (Parte 2)

17 El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto. 18 El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: «¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados», 19 lo que teme son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos. 20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía lo son después de acabadas. 21 En las plazas de la ciudad será éste castigado, será apresado donde menos lo esperaba. 22 Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero. 23 Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido, tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha dado hijos. 24 Esta será llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará investigación. 25 Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos. 26 Dejará un recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará. 27 Y reconocerán los que queden que nada vale más que el temor del Señor, nada más dulce que atender a los mandatos del Señor.

Eclesiástico 24
1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se gloría. 2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se gloría. 3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra. 4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube. 5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos paseé. 6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio. 7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme. 8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel." 9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré. 10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he afirmado, 11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder. 12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. 13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte del Hermón. 14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado. 15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda. 16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de gloria y de gracia. 17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza. 19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos. 20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que panal de miel. 21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me beben sienten todavía sed. 22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se ejercitan, no llegan a pecar.»

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La Santa Biblia (Parte 2)

23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob; 25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días de frutos nuevos; 26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en días de cosecha; 27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de vendimia. 28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el último la ha descubierto aún. 29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más que el gran abismo. 30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale, 31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar. 32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer. 33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos. 34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan.

Eclesiástico 24
1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se gloría. 2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se gloría. 3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra. 4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube. 5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos paseé. 6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio. 7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme. 8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel." 9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré. 10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he afirmado, 11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder. 12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. 13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte del Hermón. 14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado. 15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda. 16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de gloria y de gracia. 17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza. 19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos. 20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que panal de miel. 21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me beben sienten todavía sed. 22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se ejercitan, no llegan a pecar.» 23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob; 25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días de frutos nuevos; 26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en días de cosecha; 27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de vendimia. 28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el último la ha descubierto aún.

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29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más que el gran abismo. 30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale, 31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar. 32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer. 33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos. 34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan.

Eclesiástico 26
1 Feliz el marido de mujer buena, el número de sus días se duplicará. 2 Mujer varonil da contento a su marido, que acaba en paz la suma de sus años. 3 Mujer buena es buena herencia, asignada a los que temen al Señor: 4 sea rico o pobre, su corazón es feliz, en todo tiempo alegre su semblante. 5 Tres cosas hay que teme mi corazón, y una cuarta me espanta: desunión de ciudad, motín de plebe, y falsa acusación: todo ello más penoso que la muerte; 6 pero dolor de corazón y duelo es una mujer celosa de otra, látigo de lengua que con todos se enzarza. 7 Yugo mal sujeto es la mujer mala, tratar de dominarla es como agarrar un escorpión. 8 Blanco de gran ira es la mujer bebedora, no podrá ocultar su ignominia. 9 La lujuria de la mujer se ve en la procacidad de sus ojos, en sus párpados se reconoce. 10 Sobre hija desenvuelta refuerza la guardia, no sea que, si ve descuido, se aproveche. 11 Guárdate de ir tras ojos descarados, no te extrañes si te llevan al mal. 12 Cual caminante sediento abre ella la boca, y de toda agua que se topa bebe; ante toda clavija de tienda, impúdica, se sienta, y a toda flecha abre su aljaba. 13 La gracia de la mujer recrea a su marido, y su ciencia reconforta sus huesos. 14 Un don del Señor la mujer silenciosa, no tiene precio la bien educada. 15 Gracia de gracias la mujer pudorosa, no hay medida para pesar a la dueña de sí misma. 16 Sol que sale por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en orden. 17 Lámpara que brilla en sagrado candelero es la hermosura de un rostro sobre un cuerpo esbelto. 18 Columnas de oro sobre basas de plata, las bellas pierras sobre talones firmes. 28 Dos cosas entristecen mi corazón y la tercera me produce mal humor: el guerrero que desfallece de indigencia, los inteligentes cuando son menospreciados, y el que de la justicia al pecado reincide: el Señor le destina a la espada. 29 Difícilmente se libra de falta el negociante, el comerciante no quedará limpio de pecado.

Eclesiástico 27
1 Por amor a la ganancia han pecado muchos, el que trata de enriquecerse desvía la mirada. 2 Entre dos piedras juntas se planta una estaca, y entre venta y compra se introduce el pecado. 3 Quien no se aferra enseguida al temor del Señor, pronto verá derruida su casa. 4 Cuando la criba se sacude, quedan los desechos; así en su reflexión se ven las vilezas del hombre. 5 El horno prueba las vasijas de alfarero, la prueba del hombre está en su razonamiento. 6 El fruto manifiesta el cultivo del árbol; así la palabra, el del pensamiento del corazón humano. 7 Antes que se pronuncie no elogies a nadie, que esa es la prueba de los hombres. 8 Si persigues la justicia, la alcanzarás, y la revestirás como túnica de gloria.

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La Santa Biblia (Parte 2)

9 Los pájaros van a posarse donde sus semejantes, la verdad vuelve a quienes la practican. 10 El león acecha a su presa, así el pecado a los que practican la injusticia. 11 La conversación del piadoso es siempre sabiduría, mas el insensato cambia como la luna. 12 En medio de imbéciles aguarda tu momento, entre los que piensan demórate. 13 La conversación de los necios es algo irritante, su risa estalla en la molicie del pecado. 14 El hablar del jurador eriza los cabellos, ante sus disputas se tapan los oídos. 15 Disputa de orgullosos trae efusión de sangre, sus injurias son penosas de oír. 16 Quien revela los secretos, pierde el crédito, no encontrará jamás amigo íntimo. 17 Ama a tu amigo y confíate a él, mas si revelas sus secretos, deja de ir tras él; 18 porque como el que mata elimina a su víctima, así has destruido la amistad de tu compañero. 19 Como a pájaro que soltaste de tu mano, así has perdido a tu compañero y no lo recobrarás. 20 No vayas en su busca, porque se fue lejos, huyó como gacela de la red. 21 Que la herida puede ser vendada, y para la injuria hay reconciliación, pero el que reveló el secreto, perdió toda esperanza. 22 Quien guiña el ojo, anda urdiendo el mal, nadie podrá apartarle de él. 23 Ante tus ojos pone dulce su boca, y por tus palabras muestra admiración; mas después cambia de lenguaje, y con tus palabras anda dando escándalo. 24 Muchas cosas detesto, mas nada como a éste, y también el Señor le detesta. 25 Quien tira una piedra al aire, sobre su propia cabeza la tira, el golpe a traición devuelve heridas. 26 Quien cava una fosa, caerá en ella, quien tiende una red, en ella quedará preso. 27 Quien hace el mal, lo verá caer sobre sí sin saber de dónde le viene. 28 Escarnio y ultraje son cosa de orgulloso, mas la venganza como león le acecha. 29 Caerán en la red los que se alegran de la caída de los piadosos, el dolor los consumirá antes de su muerte. 30 Rencor e ira son también abominables, esa es la propiedad del pecador.

Eclesiástico 28
1 El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. 2 Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. 3 Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? 4 De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados! 5 El, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados? 6 Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los mandamientos. 7 Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa. 8 Absténte de disputas y evitarás el pecado, porque el apasionado atiza las disputas. 9 El pecador enzarza a los amigos, entre los que están en paz siembra discordia. 10 Según sea la leña, así arde el fuego, según su violencia, arde la disputa; según la fuerza del hombre es su furor y conforme a su riqueza sube su ira. 11 Riña súbita prende fuego, disputa precipitada vierte sangre. 12 Si soplas una chispa, prenderá, si la escupes, se apagará, y ambas cosas salen de tu boca. 13 Al soplón de lengua doble, maldícele, que ha perdido a muchos que vivían en paz. 14 A muchos sacudió la lengua triple, los dispersó de nación en nación; arrasó ciudades fuertes y derruyó casas de magnates.

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La Santa Biblia (Parte 2)

15 La lengua triple repudió a mujeres varoniles, las privó del fruto de sus trabajos. 16 El que la atiende no encontrará reposo, ni plantará su tienda en paz. 17 El golpe del látigo produce cardenales, el golpe de la lengua quebranta los huesos. 18 Muchos han caído a filo de espada, mas no tantos como los caídos por la lengua. 19 Feliz el que de ella se resguarda, el que no pasa a través de su furor, el que su yugo no ha cargado, ni ha sido atado con sus coyundas. 20 Porque su yugo es yugo de hierro, y coyundas de bronce sus coyundas. 21 Muerte funesta la muerte que ella da, ¡el seol es preferible a ella! 22 Mas no tiene poder sobre los piadosos, en su llama no se quemarán. 23 Los que abandonan al Señor caerán en ella, en ellos arderá y no se apagará. Como un león se lanzará contra ellos, como una pantera los desgarrará. 24 Mira, cerca tu hacienda con espinos, encierra bien tu plata y tu oro. 25 A tus palabras pon balanza y peso, a tu boca pon puerta y cerrojo. 26 Guárdate bien de resbalar por ella, no sea que caigas ante el que te acecha.

Eclesiástico 29
1 Quien hace misericordia, presta al prójimo, quien le apoya con su mano, guarda los mandamientos. 2 Presta a tu prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al prójimo. 3 Mantén tu palabra y ten confianza en él, y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas. 4 Muchos consideran el préstamo como una ganga, y a los que les han socorrido causan sinsabores. 5 Hasta que no recibe, besa las manos de su prójimo, y ante su dinero humilla la voz; pero al tiempo de la restitución da largas, responde con palabras negligentes y echa la culpa a las circustancias. 6 Si puede, el otro recibirá apenas la mitad, y aun lo tendrá como una ganga. Si no, se quedará sin su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un enemigo, que le devolverá maldiciones e injurias y le dará, en vez de gloria, vilipendio. 7 Muchos, sin malicia, vuelven las espaldas, pues temen ser despojados sin necesidad. 8 Pero con el humilde muéstrate paciente, y a tu limosna no des largas. 9 En atención al mandamiento, acoge al indigente, según su necesidad no le despidas vacío. 10 Gasta dinero por el hermano y el amigo, que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas. 11 Coloca tu tesoro según los mandamientos del Altísimo, y te dará provecho más que el oro. 12 Encierra la limosna en tus graneros, ella te preservará de todo mal. 13 Mejor que recio escudo y que pesada lanza frente al enemigo combatirá por ti. 14 El hombre bueno sale fiador de su prójimo, el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado. 15 No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti. 16 El pecador dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al que le ha salvado. 17 La fianza perdió a muchos que iban bien, los sacudió como ola del mar. 18 Echó de su patria a hombres poderosos, que anduvieron errando por naciones extrañas. 19 Pecador que se presta a la fianza buscando especular, incurre en juicio. 20 Acoge al prójimo según tus recursos, y cuida de no caer tú mismo. 21 Lo primero para vivir es agua, pan, vestido, y casa para abrigarse. 22 Más vale vida de pobre bajo techo de tablas que comida suntuosa en casa de extraños.

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La Santa Biblia (Parte 2)

23 En lo poco y en lo mucho ten buena cara, y no escucharás reproches de tu huésped. 24 Triste vida andar de casa en casa: donde te hospedes no podrás abrir la boca. 25 Hospedarás y darás de beber a desagradecidos, y encima tendrás que oír cosas amargas: 26 «Pasa, huésped, adereza la mesa, si tienes algo a mano, dame de comer.» 27 - «Vete, huésped, cede el puesto a uno más digno, viene a hospedarse mi hermano, necesito la casa.» 28 Duro es para un hombre de sentimiento tal desprecio de la casa, tal insulto propio para un deudor.

Eclesiástico 30
1 El que ama a su hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro. 2 El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará. 3 El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso. 4 Murió su padre, y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él. 5 En su vida le mira con contento, y a su muerte no se siente triste. 6 Contra sus enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores. 7 El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas. 8 Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino. 9 Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares. 10 No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes. 11 No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores. 12 Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma. 13 Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza. 14 Vale más pobre sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo. 15 Salud y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna. 16 Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón. 17 Mejor es la muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente. 18 Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba. 19 ¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien persigue el Señor, 20 que mira con sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime. 21 No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones. 22 La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días. 23 Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió a muchos, y no hay en ella utilidad. 24 Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo. 25 Un corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.

Eclesiástico 31
1 El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño. 2 Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres. 4 Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia. 5 El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él. 6 Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante. 7 Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él. 8 Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue. 9 ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo. 10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo? 11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades. 12 ¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!» 13 Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora. 14 Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él. 15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión. 16 Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso. 17 Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo. 18 Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos. 19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella. 20 A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable. 21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo. 22 Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna. 23 Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme. 24 Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso. 25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino. 26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos. 27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres? 28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida. 29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío. 30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas. 31 En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.

Eclesiástico 32
1 ¿Te han nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas. 2 Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona. 3 Habla, anciano, que te está bien, pero con discreción y sin estorbar la música.

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4 Durante la audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a destiempo. 5 Sello de carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de un banquete. 6 Sello de esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino delicioso. 7 Habla, joven, si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta. 8 Resume tu discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla. 9 Entre grandes no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en hablar. 10 Al trueno se adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la gracia. 11 Llegada la hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón. 12 Allí, diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras insolentes. 13 Y por todo esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes. 14 El que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor. 15 El que busca la ley se llena de ella, al hipócrita le sirve de tropiezo. 16 Los que temen al Señor son justificados, hacen brillar sus buenas acciones como luz. 17 El pecador rehúye la reprensión, según su voluntad encuentra excusa. 18 El varón de consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se encogen de miedo. 19 Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones. 20 Por caminos escabrosos no vayas, y no tropezarás en piedras. 21 No te confies en camino inexplorado, 22 y de tus hijos guárdate. 23 En todos tus actos vela sobre ti, que esto es también guardar los mandamientos. 24 El que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza en el Señor no sufre daño.

Eclesiástico 33
1 Al que teme al Señor ningún mal le sucede, aunque sufra una prueba, se verá librado. 2 El varón sabio no aborrece la ley, mas el que finge observarla es como nave en borrasca. 3 El hombre inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como un oráculo. 4 Prepara tu discurso, y serás así escuchado, concentra tu saber y responde. 5 Rueda de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento. 6 Caballo de remonta, así el amigo burlón, bajo todo el que lo monta relincha. 7 ¿Por qué un día es superior a otro, si toda la luz de cada día del año viene del sol? 8 En la mente del Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y fiestas. 9 A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios. 10 Así todos los hombres vienen del suelo, de la tierra fue creado Adán. 11 Con su gran sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos. 12 A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto. 13 Como la arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad -, así los hombres en la mano de su Hacedor, que a cada uno da según su juicio. 14 Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida. Así frente al piadoso, el pecador. 15 Fíjate, pues, en todas las obras del Altísimo, dos a dos, una frente a otra. 16 También yo, el último, me he desvelado, como quien racima tras de los viñadores. 17 Por la bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar. 18 Mirad que no para mí solo me he afanado, sino para todos los que buscan la instrucción. 19 Escuchadme, grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído. 20 A hijo y mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti en vida tuya. No des a otros tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.

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21 Mientras vivas y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie. 22 Pues es mejor que tus hijos te pidan, que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos. 23 En todas tus obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria. 24 Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia. 25 Al asno, forraje, palo y carga, al criado, pan, instrucción y trabajo. 26 Haz trabajar al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la libertad. 27 Yugo y riendas doblegan la cerviz, al mal criado torturas e inquisiciones. 28 Mándale trabajar para que no esté ocioso, que mucho mal enseñó la ociosidad. 29 Ponle trabajo como le corresponde, si no obedece, carga sus pies de grillos. 30 Pero no te sobrepases con nadie, no hagas nada sin equidad. 31 Si tienes un criado, sea como tú, porque con sangre lo adquiriste. 32 Si tienes un criado, trátale como hermano, porque has menester de él como de ti mismo. 33 Si le maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?

Eclesiástico 34
1 Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos. 2 Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños. 3 Espejo y sueño son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro. 4 De los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir? 5 Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en parto. 6 A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas. 7 Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban. 8 Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección. 9 Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia. 10 Quien no ha pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza. 11 Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi inteligencia. 12 Bien de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto. 13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que los salva. 14 Quien teme al Señor de nada tiene miedo, y no se intimida, porque él es su esperanza. 15 Feliz el alma del que teme al Señor: ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo? 16 Los ojos del Señor sobre quienes le aman, poderosa protección, probado apoyo, abrigo contra el viento abrasador, abrigo contra el ardor del mediodía, guardia contra tropiezos, auxilio contra caídas, 17 que levanta el alma, alumbra los ojos, da salud, vida y bendición. 18 Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes de los sin ley. 19 No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados. 20 Inmola a un hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes. 21 Pan de indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre sanguinario.

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22 Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero. 23 Uno edifica, el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas? 24 Uno bendice, el otro maldice, ¿a quién de los dos escuchará el amo? 25 Quien se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con su baño de purificación? 26 Así el hombre que ayuna por sus pecados y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?

Eclesiástico 35
1 Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión. 2 Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza. 3 Apartarse del mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia. 4 No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento. 5 La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo. 6 El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará. 7 Con ojo generoso glorifica al Señor, y no escatimes las primicias de tus manos. 8 En todos tus dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos. 9 Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios. 10 Porque el Señor sabe pagar, y te devolverá siete veces más. 11 No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto. 12 Porque el Señor es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie. 13 No hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha. 14 No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento. 15 Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las provocó? 16 Quien sirve de buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes. 17 La oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela él. 18 Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta el juicio. 19 Y el Señor no se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia, 20 hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las naciones, 21 haber extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos, 22 hasta no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus intenciones, 23 haber hecho justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia. 24 Grata es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de sequía.

Eclesiástico 36
1 Ten piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre todas las naciones. 2 Alza tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.

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3 Como ante ellas te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande con ellas. 4 Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor. 5 Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho. 6 Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario, aniquila al enemigo. 7 Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se publiquen tus grandezas. 8 Que el fuego de la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo hallen la perdición. 9 Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Nadie más que nosotros.» 10 Congrega todas las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio. 11 Ten piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el primogénito. 12 Ten compasión de tu santa ciudad, de Jerusalén, lugar de tu reposo. 13 Llena a Sión de tu alabanza, y de tu gloria tu santuario. 14 Da testimonio a tus primeras criaturas, mantén las profecías dichas en tu nombre. 15 Da su recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados. 16 Escucha, Señor, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo. 17 Y todos los de la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno. 18 Todo alimento traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros. 19 El paladar distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las palabras mentirosas. 20 El corazón perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido. 21 A cualquier marido acepta la mujer, pero unas hijas son mejores que otras. 22 La belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna cosa. 23 Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres. 24 El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y columna de apoyo. 25 Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva. 26 ¿Quién se fiará del ladrón ágil que salta de ciudad en ciudad? 27 Así tampoco del hombre que no tiene nido y que se alberga donde la noche le sorprende.

Eclesiástico 37
1 Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigo que lo es sólo de nombre. 2 ¿No es para uno una mortal tristeza un compañero o amigo trocado en enemigo? 3 ¡Oh intención perversa! ¿de dónde saliste para cubrir la tierra de engaño? 4 El compañero disfruta en el contento del amigo, pero al tiempo de tribulación se volverá contra él. 5 El compañero compadece al amigo por interés, y cuando llega el combate embraza el escudo. 6 No te olvides de tu amigo en tu alma, ni pierdas su recuerdo cuando seas rico. 7 Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés. 8 Del consejero guarda tu alma, conoce primero qué necesita - porque en su propio interés dará consejo -, no sea que eche sobre ti la suerte, 9 y te diga: «Bueno es tu camino», quedándose enfrente para ver qué te sucede. 10 No te aconsejes del que te mira con desprecio, y de los que te envidian oculta tu consejo;

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11 ni te aconsejes con mujer sobre su rival, con cobarde acerca la guerra, con negociante respecto del comercio, con comprador sobre la venta, con envidioso sobre la gratitud, con despiadado sobre la generosidad, con perezoso sobre cualquier trabajo, con temporero sobre el término de una obra, con siervo ocioso sobre un trabajo grande: no cuentes con éstos para ningún consejo. 12 Sino recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es según tu alma, y que, si caes, sufrirá contigo. 13 Y mantén firme el consejo de tu corazón, que nadie es para ti más fiel que él. 14 Pues el alma del hombre puede a veces advertir más que siete vigías sentados en lo alto para vigilar. 15 Y por encima de todo esto suplica al Altísimo, para que enderece tu camino en la verdad. 16 Principio de toda obra es la palabra, y antes de toda acción está el consejo. 17 Raíz de los pensamientos es el corazón, de él salen cuatro ramas: 18 bien y mal, vida y muerte, mas la que siempre los domina es la lengua. 19 Hay hombre diestro que adoctrina a muchos, y para sí mismo es un inútil. 20 Hay quien se hace el sabio en palabras y es aborrecido, y que acabará sin tener qué comer. 21 Pues no se le dio la gracia que viene del Señor, porque estaba vacío de toda sabiduría. 22 Hay quien para sí mismo es sabio, y los frutos de su inteligencia son, según él, dignos de fe. 23 El varón sabio enseña a su pueblo, y los frutos de su inteligencia son dignos de fe. 24 El varón sabio es colmado de bendiciones, y le llaman feliz todos los que le ven. 25 La vida del hombre tiene días contados, mas los días de Israel no tienen número. 26 El sabio en su pueblo se gana la confianza, y su nombre vivirá por los siglos. 27 Hijo, en tu vida prueba tu alma, ve lo que es malo para ella y no se los des. 28 Pues no a todos les conviene todo, y no a todo el mundo le gusta lo mismo. 29 No seas insaciable de todo placer, y no te abalances sobre la comida, 30 porque en el exceso de alimento hay enfermedad, y la intemperancia acaba en cólicos. 31 Por intemperancia han muerto muchos, pero el que se vigila prolongará su vida.

Eclesiástico 38
1 Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. 2 Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe. 3 La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado. 4 El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña. 5 ¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud? 6 El mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas. 7 Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas. 8 Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra. 9 Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará. 10 Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón. 11 Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios. 12 Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester. 13 Hay momentos en que en su mano está la solución, 14 pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida.

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15 El que peca delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico! 16 Hijo, por un muerto lágrimas derrama, como quien sufre cruelmente, entona la lamentación; según el ceremonial entierra su cadáver y no seas negligente con su sepultura. 17 Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, haz el duelo según su dignidad, un día o dos, para evitar murmullos; después, consuélate de la tristeza. 18 Porque de la tristeza sale la muerte, la tristeza del corazón enerva las fuerzas. 19 En la adversidad permanece también la tristeza, una vida de miseria va contra el corazón. 20 No des tu corazón a la tristeza, evítala acordándote del fin. 21 No lo olvides: no hay retorno, a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo. 22 «Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: a mí ayer, a ti te toca hoy.» 23 Cuando un muerto reposa, deja en paz su memoria, consuélate de él, porque su espíritu ha partido. 24 La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de sosiego, el que se libera de negocios se hará sabio. 25 ¿Cómo va a hacerse sabio el que empuña el arado, y se gloría de tener por lanza el aguijón, el que conduce bueyes, los arrea en sus trabajos y no sabe hablar más que de novillos? 26 Aplica su corazón a abrir surcos, y sus vigilias a cebar terneras. 27 De igual modo todo obrero o artesano, que trabaja día y noche; los que graban las efigies de los sellos, y su afán se centra en variar los detalles; ponen todo su corazón en igualar el modelo y gastan sus vigilias en rematar la obra. 28 También el herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos del hierro; el vaho del fuego sus carnes derrite, en el calor de la fragua se debate, el ruido del martillo le ensordece, y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos; pone su corazón en concluir sus obras, y sus vigilias en adornarlas al detalle. 29 De igual modo el alfarero sentado a su tarea y dando a la rueda con sus pies, preocupado sin cesar por su trabajo, toda su actividad concentrada en el número; 30 con su brazo moldea la arcilla, con sus pies vence su resistencia; pone su corazón en acabar el barnizado, y gasta sus vigilias en limpiar el horno. 31 Todos éstos ponen su confianza en sus manos, y cada uno se muestra sabio en su tarea. 32 Sin ellos no se construiría ciudad alguna, ni se podría habitar ni circular por ella. 33 Mas para el consejo del pueblo no se les busca, ni se les distingue en la asamblea. No se sientan en sitial de juez, ni meditan en la alianza del juicio. 34 No demuestran instrucción ni juicio, ni se les encuentra entre los que dicen máximas. Pero aseguran la creación eterna, el objeto de su oración son los trabajos de su oficio.

Eclesiástico 39
1 No así el que aplica su alma a meditar la ley del Altísimo. La sabiduría de todos los antiguos rebusca, a los profecías consagra sus ocios, 2 conserva los relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra, 3 busca los secretos de los proverbios y en los enigmas de las parábolas insiste. 4 En medio de los grandes ejerce su servicio, ante los jefes aparece; viaja por tierras extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres. 5 Aplica su corazón a ir bien de mañana donde el Señor su Hacedor; suplica ante el Altísimo, abre su boca en oración y por sus pecados suplica. 6 Si el gran Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. El mismo derramará como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al Señor. 7 Enderezará su consejo y su ciencia. y en sus misterios ocultos hará meditación. 8 Mostrará la instrucción recibida, y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.

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9 Muchos elogiarán su inteligencia, jamás será olvidada. No desaparecerá su recuerdo, su nombre vivirá de generación en generación. 10 Su sabiduría comentarán las naciones, su elogio, lo publicará la asamblea. 11 Mientras viva, su nombre dejará atrás a mil, y cuando descanse, él le bastará. 12 Aún voy a hablar después de meditar, que estoy colmado como la luna llena. 13 Escuchadme, hijos piadosos, y creced como rosa que brota junto a corrientes de agua. 14 Como incienso derramad buen olor, abríos en flor como el lirio, exhalad perfume, cantad un cantar, bendecid al Señor por todas sus obras. 15 Engrandeced su nombre, dadle gracias por su alabanza, con los cantares de vuestros labios y con cítaras, decid así en acción de gracias: 16 ¡Qué hermosas son todas las obras del Señor! todas sus órdenes se ejecutan a su hora. No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, que todo se ha de buscar a su tiempo. 17 A su orden el agua se detiene en una masa, a la palabra de su boca se forman los depósitos de las aguas. 18 A una orden suya se hace todo lo que desea, y no hay quien pueda estorbar su salvación. 19 Las obras de toda carne están delante de él, y nada puede ocultarse a sus ojos. 20 Su mirada abarca de eternidad a eternidad, y nada hay admirable para él. 21 No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, pues todo ha sido creado con un fin. 22 Su bendición se ha desbordado como un río, como un diluvio ha inundado la tierra. 23 De igual modo las naciones recibirán en herencia su ira, como cuando él cambió las aguas en salinas. 24 Sus caminos rectos son para los santos, así como para los sin ley son piedras de tropiezo. 25 Los bienes están desde el principio creados para los buenos, así como los males para los pecadores. 26 De primera necesidad para la vida del hombre es el agua, el fuego, el hierro y la sal, la flor de harina de trigo, la leche y la miel, el jugo de uva, el aceite y el vestido. 27 Todo esto son bienes para los piadosos, mas para los pecadores se truecan en males. 28 Hay vientos creados para el castigo, en su furor ha endurecido él sus látigos; al tiempo de la consumación su fuerza expanden, y desahogan el furor del que los hizo. 29 Fuego y granizo, hambre y muerte, para el castigo ha sido creado todo esto. 30 Y dientes de fieras, escorpiones, víboras y espada vengadora para la perdición del impío. 31 Todos hallan contento en hacer su mandato, en la tierra están prontos para su menester, y llegada la ocasión no traspasarán su orden. 32 Por eso desde el principio me reafirmé, medité y he puesto por escrito: 33 «Las obras del Señor son todas buenas, a su tiempo provee él a toda necesidad. 34 No hay por qué decir: Esto es peor que aquello, porque todo a su tiempo es aprobado. 35 Y ahora con todo el corazón y la boca cantad himnos y bendecid el nombre del Señor.»

Eclesiástico 40
1 Grandes trabajos han sido creados para todo hombre, un yugo pesado hay sobre los hijos de Adán, desde el día que salieron del vientre de su madre, hasta el día del retorno a la madre de todo. 2 Sus reflexiones, el miedo de su corazón es la idea del futuro, el día de la muerte. 3 Desde el que está sentado en un trono glorioso, hasta el que en tierra y ceniza está humillado,

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4 desde el que lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre de tela grosera, sólo furor, envidia, turbación, inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y discordia. 5 A la hora del descanso en la cama, el sueño de la noche altera el conocimiento. 6 Poco, casi nada, reposa, y ya en sueños, como en día de guardia, se ve turbado por las visiones de su corazón, como el que ha huído ante el combate. 7 A la hora de su turno se despierta, sorprendido de su vano temor. 8 Para toda carne, del hombre hasta la bestia, mas para los pecadores siete veces más: 9 Muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote. 10 Contra los sin ley fue creado todo esto, y por su culpa se produjo el diluvio. 11 Todo cuanto de tierra viene, a tierra vuelve, y cuanto de agua, en el mar desemboca. 12 Todo don e injusticia serán aventados, más la fidelidad subsistirá por siempre. 13 Las riquezas de los injustos se esfumarán como un torrente, como un gran trueno que en tormenta estalla. 14 Cuando él abre las manos, se contenta, así los transgresores desaparecerán por completo. 15 Los vástagos de los impíos no tienen muchas ramas, las raíces impuras sólo hallan piedra áspera. 16 Caña que brota en toda agua o borde de río será arrancada antes que toda hierba. 17 La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre. 18 La vida del que se basta a sí mismo y del obrero es dulce, pero más que ambos el que encuentra un tesoro. 19 Los hijos y la fundación de una ciudad perpetúan el nombre, pero más que ambas cosas es estimada la mujer intachable. 20 El vino y la música ponen contento el corazón, pero más que ambas cosas el amor a la sabiduría. 21 La flauta y el salterio hacen el canto suave, pero más que ambas cosas la lengua dulce. 22 Gracia y belleza el ojo anhela, pero más que ambas cosas el verdor del sembrado. 23 Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero más que ambos la mujer con el marido. 24 Amigos y socorro para el tiempo de tribulación, pero más que ambos salva la limosna. 25 Oro y plata hacen el paso firme, pero más que ambos se estima el consejo. 26 La riqueza y la fuerza realzan el corazón, pero más que las dos, el temor del Señor. En el temor del Señor no existe mengua, con él no hay ya por qué buscar ayuda. 27 El temor del Señor como un paraíso de bendición, protege él más que toda gloria. 28 Hijo, no lleves una vida de mendicidad, que más vale morir que mendigar. 29 Hombre que mira a la mesa de otro no merece el nombre de vida su existencia. Con comida ajena mancha su boca, pero el hombre instruido y educado de ello se guardará. 30 En la boca del descarado la mendicidad resulta dulce, pero en su vientre es un fuego que abrasa.

Eclesiástico 41
1 ¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el hombre que vive en paz entre sus bienes, para el varón desocupado a quien en todo le va bien, y todavía con fuerzas para servirse el alimento! 2 ¡Oh muerte, buena es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, ahíto de cuidados, que se rebela y ha perdido la paciencia! 3 No temas la sentencia de la muerte, recuerda tus comienzos y tu fin.

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La Santa Biblia (Parte 2)

4 Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo? Ya se viva diez, cien, mil años, no se reprocha en el seol la vida. 5 Hijos abominables son los hijos de los pecadores que viven en vecindad de impíos. 6 La herencia de los hijos de los pecadores va a la ruina, con su linaje se perpetúa el oprobio. 7 Al padre impío le reprochan sus hijos, porque por causa de él viven en oprobio. 8 ¡Ay de vosotros, impíos, que la ley del Altísimo habéis abandonado! 9 Si nacéis, para la maldición nacéis, si morís, la maldición heredáis. 10 Todo cuanto viene de tierra, a tierra volverá, así irán los impíos de la maldición a la ruina. 11 El duelo de los hombres se dirige a sus cuerpos, pero el nombre de los pecadores, que no es bueno, se borrará. 12 Preocúpate de tu nombre, que eso te queda, más que mil grandes tesoros de oro. 13 La vida buena tiene un límite de días, pero el buen nombre permanece para siempre. 14 Conservad la instrucción en paz, hijos. Sabiduría escondida y tesoro invisible, ¿qué provecho hay en ambos? 15 Más vale hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría. 16 Así pues, ruborizaos de lo que os voy a señalar, que no es bueno guardar toda vergüenza, ni todo es apreciato fielmente por todos. 17 Ante un padre y una madre avergonzaos de la fornicación, de la mentira, ante el jefe y el poderoso; 18 del extravío, ante juez y el magistrado, de la iniquidad, ante la asamblea y el pueblo; 19 de la injusticia, ante el compañero y el amigo, del robo, ante el lugar en que resides; 20 y ante la verdad de Dios y la alianza: de clavar los codos en los panes, 21 de despreciar la recepción y el don, de callarse ante los que saludan, 22 de mirar a mujer prostituta, de volver la cara a tu pariente, 23 de quitar la parte y el don de otro, de clavar los ojos en mujer casada, 24 de intimidades con la criada - ¡no te acerques a su lecho! - 25 de palabras injuriosas ante los amigos - después de dar no hagas reproches - 26 de repetir la palabra oída, de revelar las palabras secretas. 27 Serás entonces de verdad un hombre ruboroso, y ante todo el mundo hallarás gracia.

Eclesiástico 42
1 Pero de lo que sigue no te avergüences, y no peques por tener acepción de personas: 2 de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos, 3 de contar con compañero de viaje, de dar la herencia a compañeros, 4 de la exactitud de balanzas y pesas, de obtener grandes y pequeñas ganancias, 5 de provecho en la venta a comerciantes, de la copiosa instrucción de los hijos, de ensangrentar las costillas de un mal siervo. 6 Con mujer mala es bueno usar el sello, y, donde hay muchas manos, echa la llave. 7 Lo que entregues, hazlo con cuenta y medida, el haber y el debe, sea todo por escrito. 8 No te avergüences de enseñar al tonto y al necio, y al viejo acabado juzgado como joven. Serás entonces de verdad educado, y estimado de todo viviente. 9 Una hija es para el padre un secreto desvelo, aleja el sueño la inquietud por ella. En su juventud, miedo a que se le pase la edad, si está casada, a que sea aborrecida. 10 Cuando virgen, no sea mancillada y en la casa paterna quede encinta. Cuando casada, a que sea infiel, cohabitando, a que sea estéril.

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La Santa Biblia (Parte 2)

11 Sobre la hija desenvuelta refuerza la vigilancia, no sea que te haga la irrisión de tus enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y ante el vulgo espeso te avergüence. 12 De ningún hombre te quedes mirando la belleza, y entre mujeres no te sientes. 13 Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina. 14 Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio. 15 Voy a evocar las obras del Señor, lo que tengo visto contaré. Por las palabras del Señor fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad. 16 El sol mira a todo iluminándolo, de la gloria del Señor está llena su obra. 17 No son capaces los Santos del Señor de contar todas sus maravillas, que firmemente estableció el Señor omnipotente, para que en su gloria el universo subsistiera. 18 El sondea el abismo y el corazón humano, y sus secretos cálculos penetra. Pues el Altísimo todo saber conoce, y fija sus ojos en las señales de los tiempos. 19 Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas secretas. 20 No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta. 21 Las grandezas de su sabiduría las puso en orden, porque él es antes de la eternidad y por la eternidad; nada le ha sido añadido ni quitado, y de ningún consejero necesita. 22 ¡Qué amables son todas sus obras!: como una centella hay que contemplarlas. 23 Todo esto vive y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece. 24 Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha hecho deficiente. 25 Cada cosa afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria?

Eclesiástico 43
1 Orgullo de las alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria. 2 El sol apareciendo proclama a su salida: «¡Qué admirable la obra del Altísimo!» 3 En su mediodía reseca la tierra, ante su ardor, ¿quién puede resistir? 4 Se atiza el horno para obras de forja: tres veces más el sol que abrasa las montañas; vapores ardientes despide, ciega los ojos con el brillo de sus rayos. 5 Grande es el Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera. 6 También la luna: sale siempre a su hora, para marcar los tiempos, señal eterna. 7 De la luna procede la señal de las fiestas, astro que mengua, después del plenilunio. 8 Lleva el mes su nombre; crece ella maravillosamente cuando cambia, enseña del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo. 9 Hermosura del cielo es la gloria de las estrellas. orden radiante en las alturas del Señor. 10 Por las palabras del Señor están fijas según su orden. y no aflojan en su puesto de guardia. 11 Mira el arco iris y a su Hacedor bendice, ¡qué bonito en su esplendor! 12 Rodea el cielo con aureola de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo. 13 Con su orden precipita la nieve, y fulmina los rayos según su decreto. 14 Por eso se abren sus cilleros, y vuelvan las nubes como pájaros. 15 Con su grandeza hace espesas las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo. 16 a su vista se conmueven los montes. A su voluntad sopla el viento del sur, 17 El bramido de su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones. 18 Como pájaros que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo. Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el corazón.

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La Santa Biblia (Parte 2)

19 El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como pinchos de espinas. 20 El viento frío del norte sopla y se forma el hielo sobre el agua; sobre toda masa de agua se posa, y el agua se reviste como de coraza. 21 Devora los montes, quema el desierto, y consume como fuego el verdor. 22 Como remedio de todo llega presto la niebla, el rocío, después del viento ardiente, devuelve la alegría. 23 Según su designio domeña el abismo, y planta islas en él. 24 Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y de lo que oyen nuestros oídos nos maravillamos. 25 Allí están las cosas raras y maravillosas, variedad de animales, especies de monstruos marinos. 26 Gracias a Dios tiene éxito su mensajero, y por su palabra todo está en su sitio. 27 Muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: «El lo es todo.» 28 ¿Dónde hallar fuerza para glorificarle? ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras! 29 Temible es el Señor, inmensamente grande, maravilloso su poderío. 30 Con vuestra alabanza ensalzad al Señor, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis. 31 ¿Quién le ha visto para que pueda describirle? ¿quién puede engrandecerle tal como es? 32 Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto. 33 Porque el Señor lo hizo todo, y dio a los piadosos la sabiduría.

Eclesiástico 44
1 Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión. 2 Grandes glorias que creó el Señor, grandezas desde tiempos antiguos. 3 Hubo soberanos en sus reinos, hombres renombrados por su poderío, consejeros por su inteligencia, vaticinadores de oráculos en sus profecías, 4 guías del pueblo por sus consejos, por su inteligencia de la literatura popular, - sabias palabras había en su instrucción - 5 inventores de melodías musicales, compositores de escritos poéticos, 6 hombres ricos bien provistos de fuerza, viviendo en paz en sus moradas. 7 Todos estos fueron honrados en su generación, objeto de gloria fueron en sus días. 8 Hubo entre ellos quienes dejaron nombre, para que se hablara de ellos con elogio. 9 De otros no ha quedado recuerdo, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron cual si a ser no llegaran, así como sus hijos después de ellos. 10 Mas de otro modo estos hombres de bien, cuyas acciones justas no han quedado en olvido. 11 Con su linaje permanece una rica herencia, su posteridad. 12 En las alianzas se mantuvo su linaje, y sus hijos gracias a ellos. 13 Para siempre permanece su linaje, y su gloria no se borrará. 14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones. 15 Su sabiduría comentarán los pueblos, su elogio lo publicará la asamblea. 16 Henoc agradó al Señor, y fue arrebatado, ejemplo de penitencia para las generaciones. 17 Perfectamente justo Noé fue hallado, en el tiempo de la ira se hizo reconciliación. Gracias a él tuvo un resto la tierra, cuando llegó el diluvio. 18 Alianzas eternas fueron con él pactadas, para que no fuera ya aniquilada por el diluvio toda carne.

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La Santa Biblia (Parte 2)

19 Abraham, padre insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en gloria. 20 El guardó la ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su carne grabó la alianza, y en la prueba fue hallado fiel. 21 Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra. 22 A Isaac le aseguró lo mismo, en gracia a su padre Abraham. 23 La bendición de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en la cabeza de Jacob. Le confirmó en sus bendiciones, y le otorgó su herencia. El dividió sus partes y las repartió entre las doce tribus.

Eclesiástico 45
1 Hizo salir de él un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios y por los hombres, Moisés, cuya memoria está envuelta en bendiciones. 2 Le hizo en gloria comparable a los santos, le engrandeció para temor de los enemigos. 3 Por su palabra puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los reyes; le dio para su pueblo mandamientos, y le mostró algo de su gloria. 4 En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne. 5 Le hizo oír su voz, y le introdujo en la calígine; cara a cara le dio los mandamientos, la ley de vida y de saber, para enseñar a Jacob su alianza, y sus decretos a Israel. 6 Exaltó a Aarón, un santo semejante a éste, su hermano, de la tribu de Leví. 7 Le afirmó como alianza eterna, y le dio el sacerdocio del pueblo. Le hizo feliz con su espléndido ornamento, le ciño de gloriosa vestidura. 8 Le vistió de honor perfecto, y le confirmó con insignias de poder, calzones, túnica y efod. 9 Le puso alrededor granadas, y campanillas de oro, bien de ellas todo en torno, para que tintinearan al andar y resonaran bien por todo el Templo, como memorial para los hijos de su pueblo; 10 y vestimenta sacra, de oro y de jacinto y de púrpura, obra de bordador, y pectoral del juicio, el Urim y el Tummim, hilado de escarlata, obra de artista; 11 piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, para memorial por la escritura grabada, según el número de las tribus de Israel; 12 corona de oro por encima de la tiara, inscripción del sello de consagración, prestigio de honor, obra magnífica, delicia de los ojos este adorno. 13 Galanuras no hubo tales antes de él, y jamás se las vistió extranjero, sino sólo sus hijos, sus vástagos por siempre. 14 Sus sacrificios se consumían totalmente dos veces al día sin interrupción. 15 Llenó Moisés sus manos, le ungió con óleo santo. Fue ello para él alianza eterna, y para su linaje cuanto dure el cielo, para presidir el culto, ejercer el sacerdocio y bendecir a su pueblo en nombre del Señor. 16 Le eligió entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y el aroma en memorial, y hacer expiación por el pueblo. 17 Le dio, por sus mandamientos, potestad sobre las prescripciones legales, para enseñar a Jacob sus dictámenes e ilustrar a Israel en su ley. 18 Se confabularon contra él extranjeros y en el desierto tuvieron celos de él, los hombres de Datán y de Abirón, la banda de Coré, llena de ira y de furor. 19 Lo vió el Señor y se irritó, y acabó con ellos en el ardor de su ira. Hizo prodigios contra ellos, devorándolos por el fuego de su llama.

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La Santa Biblia (Parte 2)

20 Aumentó la gloria de Aarón y le dio una heredad, le otorgó las primicias, sobre todo el pan a saciedad. 21 Por eso comen ellos los sacrificios del Señor, que él le concedió a él y a su linaje. 22 Aunque en la tierra del pueblo no tiene heredad, ni hay en el pueblo parte para él: que «Yo soy tu parte y tu heredad». 23 Pinjás, hijo de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del temor del Señor, y se mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía de su alma resuelta, y obtuvo así el perdón para Israel. 24 Por eso se hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y a su pueblo, para que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo sacerdocio por los siglos. 25 Hubo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá, herencia real de hijo a hijo sólo, mientras la herencia de Aarón pasa a todo su linaje. 26 Dé Dios sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con justicia, y que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus generaciones.

Eclesiástico 46
1 Esforzado en la guerra fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés como profeta; él fue, de acuerdo con su nombre, grande para salvar a los elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos que surgían e introducir a Israel en su heredad. 2 ¡Qué gloria ganó cuando alzaba la mano y blandía la espada contra las ciudades! 3 ¿Quién antes de él tan firme fue? ¡Que las batallas del Señor él las hacía! 4 ¿No se detuvo el sol ante su mano y un día llegó a ser como dos? 5 El invocó al Altísimo Soberano, cuando los enemigos por todas partes le estrechaban, y le atendió el Gran Señor lanzando piedras de granizo de terrible violencia. 6 Cayó de golpe sobre la nación hostil, y en la bajada aniquiló a los adversarios, para que conocieran las naciones la fuerza de sus armas, porque era frente al Señor la guerra de ellas. 7 Pues caminó en seguimiento del Todopoderoso, hizo el bien en los días de Moisés, él y también Caleb, hijo de Yefunné, resistiendo ante la asamblea, cerrando al pueblo el paso del pecado, reduciendo a silencio la murmuración de la maldad. 8 Y ellos dos solos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie, para ser introducidos en la herencia, en la tierra que mana leche y miel. 9 Y el Señor dio a Caleb la fuerza que le duró hasta su vejez, le hizo subir a lo alto de la tierra, que como herencia conservó su linaje, 10 para que sepan todos los hijos de Israel que es bueno caminar en seguimiento del Señor. 11 También los jueces, cada cual según su nombre, ellos cuyo corazón no se prostituyó, y que del Señor no se apartaron: ¡sea su recuerdo lleno de bendición, 12 reflorezcan sus huesos en la tumba, y sus nombres se renueven en los hijos de estos hombres ilustres! 13 Amado fue de su Señor Samuel, profeta del Señor fundó la realeza, y ungió a los príncipes puestos sobre su pueblo. 14 Según la ley del Señor juzgó a la asamblea, y el Señor pueso sus ojos en Jacob. 15 Por su fidelidad se acreditó como profeta, por sus oráculos fue reconocido fiel vidente. 16 Invocó al Señor Todopoderoso cuando los enemigos por todas partes le estrechaban, ofreciendo un cordero lechal. 17 Y tronó el Señor desde los cielos, con gran ruido hizo resonar su voz; 18 aplastó a los jefes adversarios y a todos los príncipes de los filisteos. 19 Antes de la hora de su sueño eterno, dio testimonio ante el Señor y su ungido: «Bienes, ni siquiera sandalias, a nadie le he tomado», y nadie reclamó nada de él. 20 Y después de dormido todavía profetizó y anunció al rey su fin;

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La Santa Biblia (Parte 2)

del seno de la tierra alzó su voz en profecía para borrar la iniquidad del pueblo.

Eclesiástico 47
1 Después de él surgió Natán para profetizar en los días de David. 2 Como grasa puesta aparte en el sacrificio de comunión, así David de entre los hijos de Israel. 3 Con leones jugó cual con cabritos, con osos como con corderos. 4 ¿No mató de joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, blandiendo en la mano la piedra de la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat? 5 Pues invocó al Señor Altísimo, que a su diestra dio vigor, para aniquilar a un potente guerrero, y realzar el cuerno de su pueblo. 6 Por eso le dieron gloria por diez mil, y le alabaron con las bendiciones del Señor, ofreciéndole la diadema de gloria. 7 Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para siempre quebrantó su cuerno. 8 En todas sus obras elevó acción de gracias al Santo Altísimo en oráculo de gloria. Con todo su corazón entonó himnos, mostrando su amor a su Hacedor. 9 Ante el altar instituyó salmistas y con sus voces dio dulzura a los cantos. 10 Dio a las fiestas esplendor, vistosidad acabada a las solemnidades, cuando ellos alaban el santo nombre del Señor, cuando resuena desde la aurora el santuario. 11 El Señor le perdonó sus pecados y exaltó su cuerno para siempre: le otorgó la alianza real, un trono de gloria en Israel. 12 Después de él surgió un hijo sabio, que gracias a él vivió en holgura. 13 Reinó Salomón en días de paz, Dios le concedió reposo por doquier, para que levantara una Casa a su nombre y preparara un santuario eterno. 14 ¡Qué sabio eras en tu juventud, lleno de inteligencia como un río! 15 Cubrió tu alma la tierra, la llenaste de proverbios enigmáticos. 16 Tu nombre llegó hasta las islas lejanas, y fuiste amado en medio de tu paz. 17 Por tus cantos, tus sentencias, tus proverbios y tus interpretaciones te admiraron los países. 18 En nombre del Señor Dios, el llamado Dios de Israel, amontonaste oro como estaño, como plomo multiplicaste plata. 19 Mas reclinaste tu costado en mujeres, y te dejaste dominar en tu cuerpo. 20 Pusiste así tacha a tu gloria, y profanaste tu linaje, acarreando la ira sobre tus hijos y llenándoles de aflicción por tu locura, 21 hasta quedar partida en dos la dinastía y surgir de Efraím un reino apóstata. 22 Pero el Señor no renuncia jamás a su misericordia, no deja que se pierdan sus palabras ni que se borre la descendencia de su elegido, el linaje de quien le amó no extirpa. Por eso dio a Jacob un resto, y un brote a David salido de él. 23 Descansó Salomón con sus padres, y después de él dejó a uno de su linaje, lo más loco del pueblo, falto de inteligencia, Roboam, que apartó de su cordura al pueblo. 24 Y Jeroboam, hijo de Nabat, fue el que hizo pecar a Israel, y señaló a Efraím el camino del pecado. Desde entonces se multiplicaron sus pecados tanto que expulsaron al pueblo de su tierra. 25 Toda clase de maldades frecuentaron, hasta que vino sobre ellos el castigo.

Eclesiástico 48
1 Después surgió el profeta Elías como fuego, su palabra abrasaba como antorcha. 2 El atrajo sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 Por la palabra del Señor cerró los cielos, e hizo también caer fuego tres veces. 4 ¡Qué glorioso fuiste, Elías, en tus portentos! ¿quién puede jactarse de ser igual que tú? 5 Tú que despertaste a un cadáver de la muerte y del seol, por la palabra del Altísimo; 6 que hiciste caer a reyes en la ruina, y a hombres insignes fuera de su lecho; 7 oíste en el Sinaí la reprensión, y en el Horeb los decretos de castigo; 8 ungiste reyes para tomar venganza, y profetas para ser tus sucesores; 9 en torbellino de fuego fuiste arrebatado en carro de caballos ígneos; 10 fuiste designado en los reproches futuros, para calmar la ira antes que estallara, = para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, = y restablecer las tribus de Jacob. 11 Felices aquellos que te vieron y que se durmieron en el amor, que nosotros también viviremos sin duda. 12 Cuando Elías en el torbellino quedó envuelto, Eliseo se llenó de su espíritu. En sus días no fue zarandeado por príncipe, y no pudo dominarle nadie. 13 Nada era imposible para él, hasta en el sueño de la muerte profetizó su cuerpo. 14 Durante su vida hizo prodigios, y después de su muerte fueron admirables sus obras. 15 Con todo esto, el pueblo no se arrepintió, ni de sus pecados se apartaron, hasta que fueron deportados de la tierra y esparcidos por el mundo entero. 16 Sólo quedó un pueblo reducido, con un príncipe de la casa de David. Algunos de ellos hicieron lo agradable a Dios, pero otros multiplicaron los pecados. 17 Fortificó Ezequías su ciudad y metió el agua dentro de ella; con el hierro horadó la roca y construyó cisternas para el agua. 18 En sus días, subió Senaquerib, que envió por delante a Rabsaqués; éste partió, levantó contra Sión la mano, y se engrió en su altanería. 19 Temblaron entonces corazones y manos, y sufrieron dolores cual mujeres en parto. 20 Invocaron al Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él. Y el Santo, desde el cielo, les escuchó al instante, y los rescató por mano de Isaías. 21 Hirió el real de los asirios, y su Angel los exterminó. 22 Porque hizo Ezequías lo que agrada al Señor, y se mantuvo firme en los caminos de David su padre, como le ordenó el profeta Isaías, el grande y digno de fe en sus visiones. 23 En sus días el sol retrocedió, y él prolongó la vida del rey. 24 Con el poder del espíritu vio el fin de los tiempos, y consoló a los afligidos de Sión. 25 Hasta la eternidad reveló el porvenir y las cosas ocultas antes que sucedieran.

Eclesiástico 49
1 La memoria de Josías es mixtura de incienso preparado por arte de perfumista. En toda boca es dulce como miel, como música en medio de un banquete. 2 El llevó a buen fin la conversión del pueblo, y extirpó la abominación de la iniquidad. 3 Enderezó su corazón hacia el Señor, en los días de los impíos reafirmó la piedad. 4 Fuera de David, Ezequías y Josías, todos abundaron en sus culpas. Porque abandonaron la ley del Altísimo, los reyes de Judá fueron abandonados. 5 Pues entregaron a otros su cuerno, y su gloria a una nación extraña. 6 Prendieron fuego a la elegida ciudad del santuario, dejaron desiertas sus calles, 7 según la palabra de Jeremías, a quien habían maltratado, a él, consagrado profeta desde el vientre de su madre, = para extirpar =, destruir = y perder = y también = para construir y plantar =. 8 Ezequiel tuvo la visión de la gloria que Dios le manifestó en el carro de Querubines, 9 porque se acordó de los enemigos en la tempestad, y favoreció a los que seguían el camino derecho. 10 Cuanto a los doce profetas, que sus huesos reflorezcan en su tumba. Porque ellos consolaron a Jacob, y lo rescataron por la fidelidad y la esperanza.

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La Santa Biblia (Parte 2)

11 ¿Cómo celebraremos a Zorobabel? ¡Fue él como sello en la mano derecha, 12 así como Josué hijo de Josedec! Ellos en sus días construyeron la Casa y levantaron el Templo consagrado al Señor, destinado a una gloria eterna. 13 También de Nehemías es grande la memoria, él, que nos levantó las murallas en ruinas, puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras moradas. 14 Nadie fue creado en la tierra igual a Henoc, pues él fue arrebatado de la tierra. 15 Ni como José nació hombre alguno, el guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; sus huesos fueron visitados. 16 Sem y Set fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de toda criatura viviente está Adán.

Eclesiástico 50
1 Simón, hijo de Onías, fue el sumo sacerdote que en su vida reparó la Casa, y en sus días fortificó el santuario. 2 El echó los cimientos de la altura doble, del alto contrafuerte de la cerca del Templo. 3 En sus días fue excavado el depósito de agua, un estanque como el mar de ancho. 4 El cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra el asedio. 5 ¡Que glorioso era, rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del velo! 6 Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena, 7 como el sol que brilla sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, 8 como flor del rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como brote del Líbano en verano, 9 como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas, 10 como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes. 11 Cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos, al subir al santo altar, llenaba de gloria el recinto del santuario. 12 Y cuando recibía las porciones de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al hogar del altar, y en torno a él la corona de sus hermanos, como brotes de cedros en el Líbano; le rodeaban como tallos de palmera 13 todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, en presencia de toda la asamblea de Israel. 14 Y cuando cumplía el ministerio de los altares ordenando la ofrenda del Altísimo Todopoderoso, 15 alargaba su mano a la copa, hacía la libación del jugo de racimo, y lo derramaba al pie del altar, como calmante aroma al Altísimo Rey universal. 16 Entonces prorrumpían en gritos los hijos de Aarón, tocaban con sus trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo. 17 Todo el pueblo entonces de repente, en masa, caía rostro en tierra, para adorar a su Señor, al Todopoderoso, Dios Altísimo. 18 Y los salmistas también le alababan con sus voces, el son vibrante formaba una dulce melodía. 19 Y suplicaba el pueblo al Señor Altísimo, orando ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia del Señor y concluía su liturgia. 20 Entonces bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre. 21 Y por segunda vez todos se postraban para recibir la bendición del Altísimo. 22 Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia.

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La Santa Biblia (Parte 2)

23 Que nos dé contento de corazón, y que haya paz en nuestros días en Israel por los siglos de los siglos. 24 Que su misericordia sea fiel con nosotros y en nuestros días nos rescate. 25 Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación: 26 los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquem. 27 Instrucción de inteligencia y ciencia ha grabado en este libro Jesús, hijo de Sirá, Eleazar, de Jerusalén, que vertió de su corazón sabiduría a raudales. 28 Feliz quien repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio. 29 Y si lo practica, para todo será fuerte, porque la huella que sigue es la luz del Señor.

Eclesiástico 51
1 Quiero darte gracias, Señor, Rey, y alabarte, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias. 2 Pues protector y auxilio has sido para mí, y has rescatado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua insidiosa, de los labios que urden mentira; frente a mis adversarios has sido auxilio y me has rescatado, 3 según la abundancia de tu misericordia y la gloria de tu nombre, de las dentelladas de los dispuestos a devorarme, de la mano de los que buscan mi alma, de las muchas tribulaciones que he sufrido, 4 del ahogo del fuego que me envolvía, de entre el fuego que yo no había encendido, 5 de la hondura de las entrañas del seol, de la lengua impura, de la palabra mentirosa, 6 - calumnia de lengua injusta ante el rey. Cerca de la muerte estaba mi alma, mi vida estaba junto al seol, abajo. 7 Por todas partes me asediaban y no había quien auxiliara, volví los ojos a un apoyo humano y no había ninguno. 8 Entonces me acordé de tu misericordia, Señor, y de tu actuación desde la eternidad, que tú levantas a los que en ti esperan, y los salvas de la mano de enemigos. 9 Y elevé de la tierra mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte. 10 Clamé al Señor, padre de mi Señor: «No me abandones en días de tribulación, en la hora de los orgullosos, cuando no hay socorro. Alabaré tu nombre sin cesar, te cantaré en acción de gracias.» 11 Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste del momento malo. 12 Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor. 13 Siendo joven aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en mi oración, 14 a la puerta delante del templo la pedí, y hasta mi último día la andaré buscando. 15 En su flor, como en racimo que madura, se recreó mi corazón. Mi pie avanzó en derechura, desde mi juventud he seguido sus huellas. 16 Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré una gran enseñanza. 17 Gracias a ella he hecho progesos, a quien me dio sabiduría daré gloria. 18 Pues decidí ponerla en práctica, tuve celo por el bien y no quedaré confundido. 19 Mi alma ha luchado por ella, a la práctica de la ley he estado atento, he tendido mis manos a la altura y he llorado mi ignorancia de ella. 20 Hacia ella endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón desde el principio, por eso no quedaré abandonado. 21 Mis entrañas se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición. 22 Me dio el Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré. 23 Acercaos a mí, ignorantes, instalaos en la casa de instrucción.

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24 ¿Por qué habéis de decir que estáis privados de ella, cuando vuestras almas tienen tanta sed? 25 He abierto mi boca y he hablado: Adquiridla sin dinero; 26 someted al yugo vuestro cuello, que vuestra alma reciba la instrucción: está ahí a vuestro alcance. 27 Ved con vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado para mí. 28 Participad de la instrucción con una gran suma de dinero, que mucho oro adquiriréis con ella. 29 Que vuestra alma se recree en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su alabanza. 30 Ejecutad vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

ISAÍAS Isaías 1
1 Visión que Isaías, hijo de Amós, vio tocante a Judá y Jerusalén en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá. 2 Oíd, cielos, escucha, tierra, que habla Yahveh; «Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí. 3 Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne.» 4 ¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa. semilla de malvados, hijos de perdición! Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de Israel, se han vuelto de espaldas. 5 ¿En dónde golpearos ya, si seguís contumaces? La cabeza toda está enferma, toda entraña doliente. 6 De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes, magulladuras y heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite. 7 Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego; vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo comen, y es una desolación como devastación de extranjeros. 8 Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña, como albergue en pepinar, como ciudad sitiada. 9 De no habernos dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos. 10 Oíd una palabra de Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 «¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? - dice Yahveh -. Harto estoy de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y machos cabríos no me agrada, 12 cuando venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura de mis atrios? 13 No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad. 14 Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un gravamen que me cuesta llevar. 15 Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de sangre llenas: 16 lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista,

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desistid de hacer el mal, 17 aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda. 18 Venid, pues, y disputemos - dice Yahveh -: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán. 19 Si aceptáis obedecer, lo bueno de la tierra comeréis. 20 Pero si rehusando os oponéis, por la espada seréis devorados, que ha hablado la boca de Yahveh. 21 ¡Cómo se ha hecho adúltera la villa leal! Sión llena estaba de equidad, justicia se albergaba en ella, pero ahora, asesinos. 22 Tu plata se ha hecho escoria. Tu bebida se ha aguado. 23 Tus jefes, revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el soborno y va tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la viuda no llega hasta ellos. 24 Por eso - oráculo del Señor Yahveh Sebaot, el Fuerte de Israel -: ¡Ay! Voy a desquitarme de mis contrarios, voy a vengarme de mis enemigos. 25 Voy a volver mi mano contra ti y purificaré al crisol tu escoria, hasta quitar toda tu ganga. 26 Voy a volver a tus jueces como eran al principio, y a tus consejeros como antaño. Tras de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-leal. 27 Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia. 28 Padecerán quebranto rebeldes y pecadores a una, y los desertores de Yahveh se acabarán. 29 Porque os avergonzaréis de las encinas que anhelabais, y os afrentaréis de los jardines que preferíais. 30 Porque seréis como encina que se le cae la hoja, y como jardín que a falta de agua está. 31 El hombre fuerte se volverá estopa, y su trabajo, chispa: arderán ambos a una, y no habrá quien apague.

Isaías 2
1 Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén. 2 Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, 3 y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh. 4 Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra. 5 Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh. 6 Has desechado a tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos de adivinos y evocadores, como los filisteos, y con extraños chocan la mano; 7 se llenó su tierra de plata y oro, y no tienen límite sus tesoros; se llenó su tierra de caballos, y no tienen límite sus carros; 8 se llenó su tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan, ante lo que hicieron sus dedos. 9 Se humilla el hombre, y se abaja el varón: pero no les perdones. 10 Entra en la peña, húndete en el polvo, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.

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11 Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día. 12 Pues será aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea enaltecida, y para todo lo levantado, que será rebajado: 13 contra todos los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas las encinas del Basán, 14 contra todos los montes altos, contra todos los cerros elevados, 15 contra toda torre prominente, contra todo muro inaccesible, 16 contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados de tesoros. 17 Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día, 18 y los ídolos completamente abatidos. 19 Entrarán en las grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra. 20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos, 21 y se meterá en los agujeros de las peñas y en las hendiduras de las piedras, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra. 22 Desentendeos del hombre, en cuya nariz sólo hay aliento, porque ¿qué vale él?

Isaías 3
1 Pues he aquí que el Señor Yahveh Sebaot está quitando de Jerusalén y de Judá todo sustento y apoyo: (todo sustento de pan y todo sustento de agua); 2 el valiente y el guerrero, el juez y el profeta, el augur y el anciano, 3 el jefe de escuadra y el favorito, el consejero, el sabio hechicero y el hábil encantador. 4 Les daré mozos por jefes, y mozalbetes les dominarán. 5 Querrá mandar la gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros y cada cual en su compañero. Se revolverá el mozo contra el anciano, y el vil contra el hombre de peso. 6 Pues agarrará uno a su hermano al de su mismo apellido, diciéndole: «Túnica gastas: príncipe nuestro seas, toma a tu cargo esta ruina.» 7 Pero el otro exclamará aquel día: «No seré vuestro médico; en mi casa no hay pan ni túnica: no me pongáis por príncipe del pueblo.» 8 Así que tropezó Jerusalén, y Judá ha caído; pues sus lenguas y sus fechorías a Yahveh han llegado, irritando los ojos de su majestad. 9 La expresión de su rostro les denuncia, y sus pecados como Sodoma manifiestan, no se ocultan. ¡Ay de ellos, porque han merecido su propio mal! 10 Decid al justo que bien, que el fruto de sus acciones comerá. 11 ¡Ay del malvado! que le irá mal, que el mérito de sus manos se le dará. 12 A mi pueblo le oprime un mozalbete, y mujeres le dominan. Pueblo mío, tus regidores vacilan y tus derroteros confunden. 13 Se levanta a pleitear Yahveh y está en pie para juzgar a los pueblos. 14 Yahveh demanda en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus jefes. «Vosotros habéis incendiado la viña, el despojo del mísero tenéis en vuestras casas. 15 Pero ¿qué os importa? Machacáis a mi pueblo y moléis el rostro de los pobres» oráculo del Señor Yahveh Sebaot -. 16 Dice Yahveh: «Por cuanto son altivas las hijas de Sión, y andan con el cuello estirado y guiñando los ojos, y andan a pasitos menudos, y con sus pies hacen tintinear las ajorcas», 17 rapará el Señor el cráneo de las hijas de Sión, y Yahveh destapará su desnudez. 18 Aquel día quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y las lunetas;

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19 los aljófares, las lentejuelas y los cascabeles; 20 los peinados, las cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de olor y los amuletos, 21 los anillos y aretes de nariz; 22 los vestidos preciosos, los mantos, los chales, los bolsos, 23 los espejos, las ropas finas, los turbantes y las mantillas. 24 Por debajo del bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja, soga, por debajo de la peluca, rapadura, y por debajo del traje, refajo de arpillera. y por debajo de la hermosura, vergüenza. 25 Tus gentes a espada caerán, y tus campeones en guerra. 26 Y darán ayes y se dolerán a las puertas, y tú, asolada, te sentarás por tierra.

Isaías 4
1 Asirán siete mujeres a un hombre en aquel día diciendo: «Nuestro pan comeremos, y con nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos llevar tu nombre: quita nuestro oprobio.» 2 Aquel día el germen de Yahveh será magnífico y glorioso, y el fruto de la tierra será la prez y ornato de los bien librados de Israel. 3 A los restantes de Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les llamará santos: serán todos los apuntados como vivos en Jerusalén. 4 Cuando haya lavado el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, y las manchas de sangre de Jerusalén haya limpiado del interior de ella con viento justiciero y viento abrasador, 5 creará Yahveh sobre todo lugar del monte de Sión y sobre toda su reunión, nube y humo de día, y resplandor de fuego llameante de noche. Y por encima la gloria de Yahveh será toldo 6 y tienda para sombra contra el calor diurno, y para abrigo y reparo contra el aguacero y la lluvia.

Isaías 5
1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. 2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces. 3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo: 4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces? 5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada. 6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella. 7 Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos. 8 ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país! 9 Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores! 10 Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de simiente producirá una medida.» 11 ¡Ay, los que despertando por la mañana andan tras el licor; los que trasnochan, encandilados por el vino! 12 Sólo hay arpas y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no contemplan la obra de Yahveh, no ven la acción de sus manos.

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13 Por eso fue deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban muertos de hambre, y su plebe se resecaba de sed. 14 Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa. 15 Se humilla el hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son abajados; 16 es ensalzado Yahveh Sebaot en juicio, el Dios Santo muestra su santidad por su justicia. 17 Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán. 18 ¡Ay, los que arrastran la culpa con coyundas de engaños y el pecado como con bridas de novilla! 19 Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción, de modo que la veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!» 20 ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo! 21 ¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos! 22 ¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor, 23 los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho. 24 Tal devora las espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se derrumba: la raíz de ellos será como podre, y su flor subirá como tamo. Pues recusaron la enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el dicho del Santo de Israel. 25 Por eso se ha encendido la ira de Yahveh contra su pueblo, extendió su mano sobre él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían como basura en medio de las calles. Con todo eso, no se ha calmado su ira, y aún sigue extendida su mano. 26 Iza bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero. 27 No hay en él quien se canse y tropiece, quien se duerma y se amodorre; nadie se suelta el cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de su calzado. 28 Sus saetas son agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de sus caballos semejan pedernal y sus ruedas, torbellino. 29 Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre. 30 Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.

Isaías 6
1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo. 2 Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban, 3 Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.». 4 Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo. 5 Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!» 6 Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, 7 y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»

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8 Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.» 9 Dijo: «Ve y di a ese pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis.” 10 Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure.» 11 Yo dije: «¿Hasta dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin habitantes, las casas sin hombres, la campiña desolada, 12 y haya alejado Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro del país. 13 Aun el décimo que quede en él volverá a ser devastado como la encina o el roble, en cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón.» Isaías 7 1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo. 2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento. 3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz, 4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón por ese par de cabos de tizones humeantes, 5 ya que Aram, Efraím y el hijo de Remalías han maquinado tu ruina diciendo: 6 Subamos contra Judá y desmembrémoslo, abramos brecha en él y pongamos allí por rey al hijo de Tabel.” 7 Así ha dicho el Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así; 8 porque la capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco, Rasón; Pues bien: dentro de sesenta y cinco años, Efraím dejará de ser pueblo. 9 La capital de Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el hijo de Remalías. Si no os afirmáis en mí no seréis firmes.» 10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo: 11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto.» 12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.» 13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios? 14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. 15 Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno. 16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo. 17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá (el rey de Asur). 18 Aquel día silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines de los ríos de Egipto, y a las abejas que hay en tierra de Asur; 19 vendrán y se posarán todas ellas en las quebradas, en los resquicios de las peñas, en todas las corrientes y en todos los arroyos. 20 Aquel día rapará el Señor con navaja alquilada allende el Río, con el rey de Asur, la cabeza y el vello de las piernas y también la barba afeitará, 21 Aquel día criará cada uno una novilla y un par de ovejas.

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22 Y así de tanto dar leche, comerá cuajada, porque «cuajada y miel comerá todo el que quedare dentro del país». 23 Aquel día, cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de mil piezas de plata, será de la zarza y el abrojo. 24 Con flechas y arco se entrará allí, pues zarza y abrojo será toda la tierra, 25 y en ninguno de los montes que se desbrozan con la azada se podrá entrar por temor de las zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes y pastizal de ovejas.» Isaías 8 1 Yahveh me dijo: «Toma una placa grande, escribe en ella con buril: de Maher Salal Jas Baz, 2 y toma por fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.» 3 Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh me dijo: «Llámale Maher Salal Jas Baz, 4 pues antes que sepa el niño decir “papá” y “mamá”, la riqueza de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asur.» 5 Volvió Yahveh a hablarme de nuevo: 6 «Porque ha rehusado ese pueblo las aguas de Siloé que van de vagar y se ha desmoralizado ante Rasón y el hijo de Remalías, 7 por lo mismo, he aquí que el Señor hace subir contra ellos las aguas del Río embravecidas y copiosas. Desbordará por todos sus cauces, (el rey de Asur y todo su esplendor) invadirá todas sus riberas. 8 Seguirá por Judá anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y la envergadura de sus alas abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel. 9 Sabedlo, pueblos: seréis destrozados; escuchad, confines todos de la tierra; en guardia: seréis destrozados; en guardia: seréis destrozados. 10 Trazad un plan: fracasará. Decid una palabra: no se cumplirá. Porque con nosotros está Dios. 11 Pues así me ha dicho Yahveh cuando me tomó de la mano y me apartó de seguir por el camino de ese pueblo: 12 No llaméis conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración, ni temáis ni tembléis de lo que él teme. 13 A Yahveh Sebaot, a ése tened por santo, sea él vuestro temor y él vuestro temblor. 14 Será un santuario y piedra de tropiezo y peña de escándalo para entrambas Casas de Israel; lazo y trampa para los moradores de Jerusalén. 15 Allí tropezarán muchos, caerán, se estrellarán y serán atrapados y presos. 16 Envuelve el testimonio, sella la enseñanza entre mis discípulos. 17 Aguardaré por Yahveh, el que vela su faz de la casa de Jacob, y esperaré por él. 18 Aquí estamos yo y los hijos que me ha dado Yahveh, por señales y pruebas en Israel, de parte de Yahveh Sebaot, el que reside en el monte Sión. 19 Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los adivinos que bisbisean y murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses, por los vivos a los muertos?»: 20 en pro de la enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa tal! Lo que no tiene provecho. 21 Pasará por allí lacerado y hambriento, y así que le dé el hambre, se enojará y faltará a su rey y a su Dios. Volverá el rostro a lo alto, 22 la tierra oteará, y sólo habrá cerrazón y negrura, lobreguez prieta y tiniebla espesa. 23 Pues, ¿no hay lobreguez para quien tiene apretura? Como el tiempo primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los Gentiles.

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Isaías 9
1 El pueblo que andaba a oscuras 2 vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín. 3 Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su tirano - has roto, como el día de Madián. 4 Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego. 5 Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz». 6 Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso. 7 Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel. 8 Sabedla, pueblo todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los que con arrogancia y engreimiento dicen: 9 «Los ladrillos han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados, pero por cedros los cambiaremos.» 10 Pues bien, Yahveh ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y azuzó a sus enemigos: 11 Aram por delante y los filisteos por detrás, devoraron a Israel a boca llena. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida. 12 Pero el pueblo no se volvió hacia el que le castigaba, no buscaron a Yahveh Sebaot. 13 Por eso ha cercenado Yahveh a Israel cabeza y cola, palmera y junco, en un mismo día. 14 El anciano y honorable es la cabeza, y el profeta impostor es la cola. 15 Los directores de este pueblo han resultado desviadores, y sus dirigidos, extraviados. 16 Por eso, de sus jóvenes no se apiadará el Señor, con sus huérfanos y viudas no tendrá misericordia, pues todos son impíos y malvados, y toda boca profiere majadería Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida. 17 Porque ha ardido como fuego la maldad, zarza y espino devora, y va a prender en las espesuras del bosque: ya se estiran en columna de humo. 18 Por el arrebato de Yahveh la tierra ha sido quemada, y es el pueblo como pasto de fuego; nadie tiene piedad de su hermano, 19 Corta a diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come la carne de su brazo. 20 Manasés devora a Efraím Efraím a Manasés, y ambos a una van contra Judá. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.

Isaías 10
1 ¡Ay! los que decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones, 2 excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín, y despojando a los huérfanos. 3 Pues ¿qué haréis para el día de la cuenta y la devastación que de lontananza viene? ¿a quién acudiréis para pedir socorro? ¿dónde dejaréis vuestra gravedad? 4 Con tal de no arrodillarse entre los prisioneros, entre los muertos caerían. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida. 5 ¡Ay, Asur, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja! 6 Contra gente impía voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo, a saquear saqueo y pillar pillaje, y hacer que lo pateen como el lodo de las calles.

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La Santa Biblia (Parte 2)

7 Pero él no se lo figura así, ni su corazón así lo estima, sino que su intención es arrasar y exterminar gentes no pocas. 8 Pues dice: «¿No son mis jefes todos ellos reyes? 9 ¿No es Kalnó como Karkemis? ¿No es Jamat como Arpad? ¿No es Samaría como Damasco? 10 Como alcanzó mi mano a los reinos de los ídolos - cuyas estatuas eran más que las de Jerusalén y Samaría - 11 como hice con Samaría y sus ídolos, ¿no haré asimismo con Jerusalén y sus simulacros?» 12 Pues bien, cuando hubiere dado remate el Señor a todas sus empresas en el monte Sión y en Jerusalén, pasará revista al fruto del engreimiento del rey de Asur y al orgullo altivo de sus ojos. 13 Porque dijo: «Con el poder de mi mano lo hice, y con mi sabiduría, porque soy inteligente, he borrado las fronteras de los pueblos, sus almacenes he saqueado, y he abatido como un fuerte a sus habitantes. 14 Como un nido ha alcanzado mi mano la riqueza de los pueblos, y como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra, y no hubo quien aleteara ni abriera el pico ni piara.» 15 ¿Acaso se jacta el hacha frente al que corta con ella? ¿o se tiene por más grande la sierra que el que la blande? ¡como si la vara moviera al que la levanta! ¡como si a quien no es madera el bastón alzara! 16 Por eso enviará Yahveh Sebaot entre sus bien comidos, enflaquecimiento, y, debajo de su opulencia, encenderá un incendio como de fuego. 17 La luz de Israel vendrá a ser fuego, y su Santo, llama; arderá y devorará su espino y su zarza en un solo día, 18 y el esplendor de su bosque y de su vergel en alma y en cuerpo será consumido: será como el languidecer de un enfermo. 19 Lo que quede de los árboles de su bosque será tan poco, que un niño los podrá contar. 20 Aquel día no volverán ya el resto de Israel y los bien librados de la casa de Jacob a apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con firmeza en Yahveh. 21 Un resto volverá, el resto de Jacob, al Dios poderoso. 22 Que aunque sea tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá. Exterminio decidido, rebosante de justicia. 23 Porque es un exterminio decidido lo que Yahveh Sebaot realizará en medio de toda la tierra. 24 Por tanto, así dice el Señor Yahveh Sebaot: «No temas, pueblo mío que moras en Sión, a Asur que con la vara te da golpes y su bastón levanta contra ti (en el camino de Egipto). 25 Porque un poquito más y se habrá consumado el furor, y mi ira los consumirá.» 26 Despertará contra él Yahveh Sebaot un azote, como cuando la derrota de Madián en la peña de Horeb, o cuando levantó su bastón contra el mar en el camino de Egipto. 27 Aquel día te quitará su carga de encima del hombro y su yugo de sobre tu cerviz será arrancado. Y el yugo será destruido (...) 28 Vino sobre Ayyat, pasó por Migrón, en Mikmás pasó revista. 29 Han pasado el Vado: «Haremos noche en Gueba.» Temblaba Ramá, Guibeá de Saúl huía. 30 ¡Da gritos de júbilo, Bat Gallim, escucha Laisa! ¡Respóndele, Anatot! 31 Se desbandó Madmená. Los habitantes de Guebim se han puesto a salvo. 32 Hoy mismo en Nob haciendo alto menea su mano contra el Monte de la hija de Sión, la colina de Jerusalén.

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33 He aquí que el Señor Yahveh Sebaot sacude el ramaje con estrépito; las guías más altas están partidas y las elevadas van a caer. 34 Golpeará las espesuras del bosque con el hierro, y por los golpes de un Poderoso, caerá.

Isaías 11
1 Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. 2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. 3 Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. 4 Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. 5 Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. 6 Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. 7 La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. 8 Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. 9 Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar. 10 Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa. 11 Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar el resto de su pueblo que haya quedado de Asur y de Egipto, de Patrós, de Kus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar. 12 Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales. 13 Cesará la envidia de Efraím, y los opresores de Judá serán exterminados. Efraím no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím. 14 Ellos se lanzarán sobre la espalda de Filistea Marítima, a una saquearán a los hijos de Oriente. Edom y Moab bajo el dominio de su mano, y los ammonitas bajo su obediencia. 15 Secará Yahveh el golfo del mar de Egipto y agitará su mano contra el Río. Con la violencia de su soplo lo partirá en siete arroyos, y hará posible pasarlo en sandalias; 16 habrá un camino real para el resto de su pueblo que haya sobrevivido de Asur, como lo hubo para Israel, cuando subió del país de Egipto.

Isaías 12
1 Y dirás aquel día: «Yo te alabo, Yahveh, pues aunque te airaste contra mí, se ha calmado tu ira y me has compadecido. 2 He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues Yahveh es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación,» 3 Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación.» 4 y diréis aquel día: «Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su nombre. 5 Cantad a Yahveh, porque ha hecho algo sublime, que es digno de saberse en toda la tierra.

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6 Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión, que grande es en medio de ti el Santo de Israel.» Isaías 13 1 Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós. 2 Sobre el monte pelado izad la bandera, levantad la voz a ellos, agitad la mano y que entren por las puertas de los nobles. 3 Yo he mandado a mis consagrados y también he llamado a mis valientes, para ejecutar mi ira a mis gallardos. 4 ¡Ruido estruendoso en los montes, como de mucha gente! ¡Ruido estrepitoso de reinos, naciones reunidas! Yahveh Sebaot pasa revista a su tropa de combate. 5 Vienen de tierra lejana, del cabo de los cielos, Yahveh y los instrumentos de su enojo para arrasar toda la tierra. 6 Ululad, que cercano está el Día de Yahveh, como la destrucción de Sadday viene. 7 Por eso todos los brazos decaen y todo corazón humano se derrite. 8 Se empavorecen, angustias y apuros les sobrecogen, cual parturienta se duelen. Cada cual se asusta de su prójimo. Son los suyos rostros llameantes. 9 He aquí que el Día de Yahveh viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores. 10 Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna, 11 pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré. 12 Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino, y la humanidad más que metal de Ofir. 13 Por eso haré temblar los cielos, y se removerá la tierra de su sitio, en el arrebato de Yahveh Sebaot, en el día de su ira hirviente. 14 Será como gacela acosada, como ovejas cuando no hay quien las reúna: cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra. 15 Todo el que fuere descubierto será traspasado, y todo el que fuere apresado caerá por la espada. 16 Sus párvulos serán estrellados ante sus ojos, serán saqueadas sus casas, y sus mujeres violadas. 17 He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni desean el oro. 18 Machacarán a todos sus muchachos, estrellarán a todas sus muchachas, del fruto del vientre no se apiadarán ni de las criaturas tendrán lástima sus ojos. 19 Babilonia, la flor de los reinos, prez y orgullo de Caldea, será semejante a Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios. 20 No será habitada jamás ni poblada en generaciones y generaciones, ni pondrá tienda allí el árabe, ni pastores apacentarán allí. 21 Allí tendrán aprisco bestias del desierto y se llenarán sus casas de mochuelos. Allí morarán las avestruces y los sátiros brincarán allí. 22 Se responderán las hienas en sus alcázares y los chacales en sus palacios de recreo. Su hora está para llegar y sus días no tendrán prórroga.

Isaías 14
1 Cuando se compadezca Yahveh de Jacob y prefiera todavía a Israel, los afincará en el solar de ellos, y se les juntarán forasteros, que serán incorporados a la casa de Jacob.

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2 Tomarán a otros pueblos y, llevándoselos a su lugar, se los apropiará la casa de Israel sobre el solar de Yahveh como esclavos y esclavas. Harán cautivos a sus cautivadores, y dominarán sobre sus tiranos. 3 Entonces, cuando te haya calmado Yahveh de tu disgusto y tu desazón y de la dura servidumbre a que fuiste sometido, 4 dirigirás esta sátira al rey de Babilonia. Dirás: ¡Cómo ha acabado el tirano, cómo ha cesado su arrogancia! 5 Ha quebrado Yahveh la vara de los malvados, el bastón de los déspotas, 6 que golpeaba a los pueblos con saña golpes sin parar, que dominaba con ira a las naciones acosándolas sin tregua. 7 Está tranquila y quieta la tierra toda, prorrumpe en aclamaciones. 8 Hasta los cipreses se alegran por ti, los cedros del Líbano: «Desde que tú has caído en paz, no sube el talador a nosotros.» 9 El seol, allá abajo, se estremeció por ti saliéndote al encuentro; por ti despierta a las sombras, a todos los jerifaltes de la tierra; hace levantarse de sus tronos a los reyes de todas las naciones. 10 Todos ellos responden y te dicen: «¡También tú te has vuelto débil como nosotros, y a nosotros eres semejante! 11 Ha sido precipitada al seol tu arrogancia al son de tus cítaras. Tienes bajo ti una cama de gusanos, tus mantas son gusanera. 12 ¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones! 13 Tú que habías dicho en tu corazón: «Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte. 14 Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo. 15 ¡Ya!: al seol has sido precipitado, a lo más hondo del pozo.» 16 Los que te ven, en ti se fijan; te miran con atención: «¿Ese es aquél, el que hacía estremecer la tierra, el que hacía temblar los reinos, 17 el que puso el orbe como un desierto, y asoló sus ciudades, el que a sus prisioneros no abría la cárcel?» 18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honor, cada uno en su morada. 19 Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro, como un brote abominable, recubierto de muertos acuchillados, arrojados sobre las piedras de la fosa, como cadáver pisoteado. 20 No tendrás con ellos sepultura, porque tu tierra has destruido, a tu pueblo has asesinado. No se nombrará jamás la descendencia de los malhechores. 21 Preparad a sus hijos degollina por la culpa de sus padres: no sea que se levanten y se apoderen de la tierra, y llenen de ciudades la haz del orbe. 22 Yo me alzaré contra ellos - oráculo de Yahveh Sebaot - y suprimiré en Babilonia el nombre y resto, hijos y nietos - oráculo de Yahveh. 23 La convertiré en patrimonio de erizos y tierra pantanosa, la barreré con escoba exterminadora - oráculo de Yahveh Sebaot. 24 Ha jurado Yahveh Sebaot diciendo: «Tal como lo había ideado, así fue. Y como lo planeé, así se cumplirá: 25 Quebrantaré a Asur en mi tierra, sobre mis montes le pisotearé. Se apartará su yugo de sobre ellos, su fardo de sobre sus hombros se apartará.» 26 Este es el plan tocante a toda la tierra, y ésta la mano extendida sobre las naciones. 27 Si Yahveh Sebaot toma una decisión, ¿quién la frustrará? Si él extiende su mano, ¿quién se la hará retirar? 28 El año en que murió el rey Ajaz hubo esta oráculo:

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29 No te alegres, Filistea toda, porque se haya quebrado la vara del que te hería; pues de raíz de culebra saldrá víbora, y su fruto será dragón volador. 30 Los débiles pacerán en mis pastos y los pobres en seguro se acostarán, mientras que haré morir de hambre tu posteridad, y mataré lo que de ti reste 31 ¡Ulula, puerta! ¡grita, ciudad! ¡derrítete, Filistea toda, que del norte una humareda viene, y nadie deserta en sus columnas! 32 ¿Y qué se responderá a los mensajeros de esa gente?: «Que Yahveh fundó a Sión, y en ella se refugiarán los pobres de su pueblo.» Isaías 15 1 Oráculo sobre Moab. Porque de noche ha sido saqueada, Ar Moab ha perecido Porque de noche ha sido saqueada, Quir Moab ha perecido. 2 Subía la hija de Dibbón a los oteros llorando: sobre el Nebo y sobre Medba Moab ulula. En todas sus cabezas, calvicie; toda barba, raída. 3 En sus calles se han ceñido sayal, sobre sus azoteas y en sus plazas todo el mundo ulula, baja llorando. 4 Gritaban Jesbón y Elalé, hasta Yahas se oía su voz. Por eso los guerreros de Moab tiemblan, su alma le tiembla dentro. 5 Su corazón por Moab clama, sus fugitivos van hasta Soar (Eglat Selisiyyá). ¡La cuesta de Lujit la suben llorando, y por el camino de Joronáyim dan gritos desgarrados! 6 ¡Las aguas de Nimrim son un sequedal, y se ha secado la hierba, se agostó el césped, no hay verdor! 7 Por eso hicieron ahorros... y sus reservas allende el arroyo de los Sauces se las llevan. 8 ¡Los gritos han rodeado las fronteras de Moab; hasta Egláyim llega su ulular, en Beer Elim su ulular! 9 ¡Las aguas de Dimón van llenas de sangre! ¡Aún más añadiré sobre Dimón! ¡Contra los escapados de Moab, y contra los que queden en su suelo un león!

Isaías 16
1 Enviad corderos al señor del país desde la Roca del Desierto al monte de la hija de Sión. 2 Como aves espantadas, nidada dispersa, serán las hijas de Moab cabe los vados del Arnón. 3 Presenta algún plan, toma una decisión. Haz tu sombra como la noche en pleno mediodía; esconde a los acosados, al fugitivo no delates. 4 Acójanse en ti los acosados de Moab; sé para ellos cobijo ante el devastador. Cuando no queden tiranos, acabe la devastación, y desaparezcan del país los opresores, 5 será establecido sobre la piedad el trono, y se sentará en él con lealtad - en la tienda de David - un juez que busque el derecho, y sea presto a la justicia. 6 Hemos oído la arrogancia de Moab: ¡una gran arrogancia! Su altanería, su arrogancia y su furor y sus bravatas sin fuerza. 7 Por eso, que ulule Moab por Moab; ulule todo él. Por los panes de uvas de Quir Jaréset gimen: «¡Ay, abatidos!» 8 Pues la campiña de Jesbón se ha marchitado, el viñedo de Sibmá, cuyas cepas majaron los señores de las gentes. Hasta Yazer alcanzaban, se perdían por el desierto, sus frondas se extendían, pasaban la mar. 9 Por eso voy a llorar como llora Yazer, viña de Sibmá. Te regaré con mis lágrimas, Jesbón y Elalé, porque sobre tu cosecha y sobre tu segada se ha extinguido el clamor, 10 y se retira del vergel alegría y alborozo, y en las viñas no se lanzan cantos de júbilo, ni gritos. Vino en los lagares no pisa el pisador: el clamor ha cesado. 11 Por eso mis entrañas por Moab como el arpa resuenan, y mi interior por Quir Jeres.

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12 Luego, cuando vea Moab que se cansa sobre el alto, entrará a su santuario a orar, pero nada podrá. 13 Esta es la palabra que en un tiempo pronunció Yahveh acerca de Moab. 14 Y ahora ha hablado Yahveh diciendo: «Dentro de tres años, como años de jornalero, será despreciada la gloria de Moab con toda su numerosa muchedumbre, y el resto será pequeñísimo, insignificante.» Isaías 17 1 Oráculo contra Damasco. He aquí que Damasco deja de ser ciudad, y va a ser montón de derribo. 2 Abandonadas sus ciudades para siempre, serán para los ganados; se acostarán allí y no habrá quien los espante. 3 Dejará de existir el baluarte de Efraím y el reinado de Damasco, y el resto de Aram vendrá a ser como la gloria de los israelitas - oráculo de Yahveh Sebaot -. 4 Aquel día, será debilitada la gloria de Jacob, y su gordura enflaquecerá. 5 Será como cuando apuña un segador la mies, y su brazo las espigas siega; será como espigador en el valle de Refaím, 6 - que quedan en él rebuscos -; como en el vareo del olivo: dos, tres bayas en la punta de la guía; cuatro, cinco en sus ramas fructíferas - oráculo de Yahveh, el Dios de Israel -. 7 Aquel día se dirigirá el hombre a su Hacedor, y sus ojos hacia el Santo de Israel mirarán. 8 No se fijará en los altares, obras de sus manos, ni lo que hicieron sus dedos mirará: los cipos y las estelas solares. 9 Aquel día estarán tus ciudades abandonadas, como cuando el abandono de los bosques y matorrales, ante los hijos de Israel: habrá desolación. 10 Porque olvidaste a Dios tu salvador, y de la Roca de tu fortaleza no te acordaste. Por eso plantabas plantíos deleitosos, y de mugrón extranjero los sembraste. 11 Hoy tu plantío veías crecer, y florecer desde la mañana tu simiente. Pero desaparecerá la mies el día de la enfermedad, y el dolor será incurable. 12 ¡Ay!, bramar de muchos pueblos, como bramar de mares braman. Retumbar de naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas. 13 (De naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas.) Pero él las increpa, y de lejos huyen, y son perseguidas como el tamo de los montes por el viento, y como torbellino por el huracán. 14 A la hora del atardecer se presenta el miedo, antes de la mañana ya no existen. Esea sea la parte de nuestros despojadores, la suerte de nuestros saqueadores.

Isaías 18
1 ¡Ay, tierra de susurro de alas, la de allende los ríos de Kus, 2 la que envía por mar embajadores, y en barcos de juncos sobre la haz de las aguas! Id, mensajeros ligeros, a la nación esbelta y de brillante piel, al pueblo temible desde siempre, nación vigorosa y dominadora, cuya tierra surcan ríos. 3 Todos los moradores del orbe y habitantes de la tierra, al izarse pendón en los montes, mirad, al tañerse el cuerno, escuchad; 4 que así me ha dicho Yahveh: Estaré quedo y observaré desde mi puesto, como calor ardiente al brillar la luz, como nube de rocío en el calor de la siega. 5 Pues antes de la siega, al acabar la floración, cuando su fruto en cierne comience a madurar, cortará los sarmientos con la podadera y los pámpanos viciosos arrancará y podará. 6 Serán dejados juntamente a merced de las aves rapaces de los montes y de las bestias de la tierra; pasarán allí el verano las rapaces y toda bestia terrestre allí invernará.

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7 En aquel tiempo se presentará un obsequio a Yahveh Sebaot, al lugar del nombre de Yahveh Sebaot, el monte Sión, de parte de un pueblo esbelto y de brillante piel, y de parte de un pueblo temible desde siempre, nación vigorosa y dominadora, cuya tierra surcan ríos.

Isaías 19
1 Oráculo contra Egipto. Allá va Yahveh cabalgando sobre nube ligera y entra en Egipto, se tambalean los ídolos de Egipto ante él y el corazón de Egipto se derrite en su interior. 2 Revolveré a egipcios contra egipcios, peleará cada cual con su hermano, y cada uno con su compañero, ciudad contra ciudad, reino contra reino. 3 Se trastornará el espíritu de Egipto en su interior, y sus planes anularé. Consultarán a los ídolos, a los brujos, a los nigromantes y los adivinos. 4 Entregaré a Egipto en manos de un señor duro, y un rey cruel los dominará - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -. 5 Se desecarán las aguas del mar, y el Río se secará y quedará seco; hederán los ríos, 6 menguarán y se secarán los canales de Egipto. La caña y el junco se marchitarán. 7 Los prados junto al canal, junto al borde del canal, y todo sembrado del canal se secarán, serán aventados y desaparecerán. 8 Gemirán los pescadores, y se lamentarán todos los que echan en el canal anzuelo; y los que extienden red sobre las aguas, languidecerán. 9 Estarán confusos los que trabajan el lino, cardadoras y tejedores palidecerán. 10 Estarán sus tejedores abatidos, todos los jornaleros desanimados. 11 En verdad, están locos los príncipes de Soán, los sabios consejeros de Faraón forman un estúpido consejo. ¿Cómo decís a Faraón: «Hijo de sabios soy, hijo de reyes antiguos?» 12 Pues entonces, ¿dónde están tus sabios? Que te manifiesten, pues, y te hagan conocer lo que ha planeado Yahveh Sebaot tocante a Egipto. 13 Han enloquecido los príncipes de Soán, han sido engañados los príncipes de Nof; los jefes de sus tribus extravían a Egipto. 14 Yahveh ha infundido en ellos espíritu de vértigo que hace dar tumbos a Egipto en todas sus empresas, como se tambalea el ebrio en su vomitona. 15 Y no le sale bien a Egipto empresa alguna que haga la cabeza o la cola, la palmera o el junco. 16 Aquel día será Egipto como las mujeres. Temblará y se espantará cada vez que Yahveh Sebaot menee su mano contra él. 17 El territorio de Judá será la afrenta de Egipto: cada vez que se lo mienten, se espantará ante los planes que Yahveh Sebaot está trazando contra él. 18 Aquel día habrá cinco ciudades en tierra de Egipto que hablarán la lengua de Canaán y que jurarán por Yahveh Sebaot: Ir Haheres se llamará una de ellas. 19 Aquel día habrá un altar de Yahveh en medio del país de Egipto y una estela de Yahveh junto a su frontera. 20 Estará como señal y testimonio de Yahveh Sebaot en el país de Egipto. Cuando clamen a Yahveh a causa de los opresores, les enviará un libertador que los defenderá y librará. 21 Será conocido Yahveh de Egipto, y conocerá Egipto a Yahveh aquel día, le servirán con sacrificio y ofrenda, harán votos a Yahveh y los cumplirán. 22 Yahveh herirá a Egipto, pero al punto le curará. Se convertirán a Yahveh, y él será propicio y los curará. 23 Aquel día habrá una calzada desde Egipto a Asiria. Vendrá Asur a Egipto y Egipto a Asiria, y Egipto servirá a Asur.

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24 Aquel día será Israel tercero con Egipto y Asur, objeto de bendición en medio de la tierra, 25 pues le bendecirá Yahveh Sebaot diciendo: «Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asur, y mi heredad Israel.» Isaías 20 1 El año en que vino el copero mayor a Asdod - cuando le envió Sargón, rey de Asur, y atacó a Asdod y la tomó -, 2 en aquella sazón habló Yahveh por medio de Isaías, hijo de Amós, en estos términos: «Ve y desata el sayal de tu cintura, y quítate las sandalias de los pies.» El lo hizo así, y anduvo desnudo y descalzo. 3 Dijo Yahveh: «Así como ha andado mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años como señal y presagio respecto a Egipto y Kus, 4 así conducirá el rey de Asur a los cautivos de Egipto y a los deportados de Kus, mozos y viejos, desnudos, descalzos y nalgas al aire - desnudez de Egipto. 5 Se quedarán asustados y confusos por Kus, su esperanza, y por Egipto, su prez. 6 Y dirán los habitantes de esta costa aquel día: «Ahí tenéis en qué ha parado la esperanza nuestra, adonde acudíamos en busca de auxilio para librarnos del rey de Asur. Pues ¿cómo nos escaparemos nosotros?

Isaías 21
1 Oráculo sobre el Desierto Marítimo. Como torbellinos pasando por el Négueb vienen del desierto, del país temible. 2 Una visión dura me ha sido mostrada: El saqueador saquea y el devastador devasta. Sube Elam; asedia, Media. He hecho cesar todo suspiro. 3 Por eso mis riñones se han llenado de espanto. En mí hacen presa dolores, como dolores de parturienta. Estoy pasmado sin poder oír, me estremezco sin ver. 4 He perdido el sentido, escalofríos me sobrecogen. El crepúsculo de mis anhelos se me convierte en sobresalto. 5 Se prepara la mesa, se despliega el mantel, se come y se bebe. - ¡Levantaos, jefes, engrasad el escudo! 6 Pues así me ha dicho el Señor: «Anda, pon un vigía que vea y avise. 7 Cuando vea carros, troncos de caballos, jinetes en burro, jinetes en camello, preste atención, mucha atención.» 8 Y exclamó el vigía: «Sobre la atalaya, mi señor, estoy firme a lo largo del día, y en mi puesto de guardia estoy firme noches enteras. 9 Pues bien: por ahí vienen jinetes, troncos de caballos.» Replicó y dijo: «¡Cayó, cayó Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han estrellado contra el suelo!» 10 Trilla mía y parva de mi era: lo que he oído de parte de Yahveh Sebaot, Dios de Israel, os lo he anunciado. 11 Oráculo sobre Duma. Alguien me grita desde Seír: «Centinela, ¿qué hay de la noche? centinela, ¿qué hay de la noche?» 12 Dice el centinela: «Se hizo de mañana y también de noche. Si queréis preguntar, volveos, venid.» 13 Oráculo en la estepa. En el bosque, en la estepa, haced noche, caravanas de dedanitas. 14 Al encuentro del sediento llevad agua, habitantes del país de Temá; salid con pan al encuentro del fugitivo. 15 Pues de las espadas huyen, de la espada desnuda, del arco tendido, de la pesadumbre de la guerra.

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La Santa Biblia (Parte 2)

16 Pues así me ha dicho el Señor: «Al cabo de un año como año de jornalero se habrá consumido toda la gloria de Quedar. 17 Del resto de los arqueros, de los paladines, de los bravos de los hijos de Quedar, quedarán pocos, porque Yahveh, Dios de Israel, lo ha dicho.» Isaías 22 1 Oráculo contra el valle de la Visión. ¿Qué tienes ahora, que has subido en pleno a las azoteas, 2 de rumores henchida, ciudad alborotada, villa bullanguera? Tus caídos no son caídos a espada ni muertos en guerra. 3 Todos sus jefes huyeron a una: del arco escapaban. Todos tus valientes fueron apresados a una: lejos huían. 4 Por eso he dicho: «¡Apartaos de mí! Voy a llorar amargamente. No os empeñéis en consolarme por la devastación de la hija de mi pueblo.» 5 Porque es día de perturbación, de extravío y de aplastamiento para el Señor Yahveh Sebaot. En el valle de la Visión se zapa un muro y el grito de socorro llega a la montaña, 6 Elam lleva el carcaj, Aram monta a caballo, Quir desnuda el escudo. 7 Tus mejores valles se vieron llenos de carros, y los de a caballo formaron frente a la puerta. 8 Entonces cayó la defensa de Judá. Contemplasteis aquel día el arsenal de la Casa del Bosque. 9 Y las brechas de la ciudad de David visteis que eran muchas, y reunisteis las aguas de la alberca inferior. 10 Las casas de Jerusalén contasteis, y demolisteis casas para fortificar la muralla. 11 Un estanque hicisteis entre ambos muros para las aguas de la alberca vieja; pero no os fijasteis en su Hacedor, al que desde antiguo lo ideó de lejos no le visteis. 12 Llamaba el Señor Yahveh Sebaot aquel día a lloro y a lamento y a raparse y ceñirse de sayal, 13 mas lo que hubo fue jolgorio y alegría, matanza de bueyes y degüello de ovejas, comer carne y beber vino: «¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!» 14 Entonces me reveló al oído Yahveh Sebaot: «No será expiada esa culpa hasta que muráis» - ha dicho el Señor Yahveh Sebaot -. 15 Así dice el Señor Yahveh Sebaot: Preséntate al mayordomo, a Sebná, encargado del palacio, 16 el que labra en alto su tumba, el que se talla en la peña una morada: «¿Qué es tuyo aquí y a quién tienes aquí, que te has labrado aquí una tumba?» 17 He aquí que Yahveh te hace rebotar, hombre, y te vuelve a agarrar. 18 Te enrolla en ovillo, como una pelota en tierra de amplios espacios. Allí morirás, y allí irán tus carrozas gloriosas, vergüenza del palacio de tu señor. 19 Te empujaré de tu peana y de tu pedestal te apearé. 20 Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías. 21 Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. 22 Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá. 23 Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre. 24 Colgarán allí todo lo de valor de la casa de su padre - sus descendientes y su posteridad -, todo el ajuar menudo, todas las tazas y cántaros. 25 Aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - se removerá la clavija hincada en sitio seguro, cederá y caerá, y se hará añicos el peso que sostenía, porque Yahveh ha hablado.

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Isaías 23
1 Oráculo sobre Tiro. Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza. De vuelta del país de Kittim les ha sido descubierto. 2 Quedad mudos, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón, cuyos viajantes atravesaban el mar 3 por las aguas inmensas. La siembra del canal, la siega del Nilo, era su riqueza, y ella era el mercado de las naciones. 4 Avergüénzate, Sidón, porque ha dicho la mar: «No tuve dolores ni di a luz, ni crié mancebos, ni eduqué doncellas.» 5 En cuanto se oiga la nueva en Egipto, se dolerán de las nuevas de Tiro. 6 Pasad a Tarsis, ululad, habitantes de la costa: 7 ¿Es ése vuestro emporio arrogante, de remota antigüedad, cuyos pies le llevaron lejos en sus andanzas? 8 ¿Quién ha planeado esto contra Tiro, la coronada cuyos comerciantes eran príncipes, cuyos traficantes eran nobles de la tierra? 9 Es Yahveh Sebaot quien ha planeado profanar el orgullo de toda su magnificencia y envilecer a todos los nobles de la tierra. 10 Cultiva tu tierra, hija de Tarsis: no hay puerto ya. 11 Su mano extendió él sobre la mar, hizo estremecer los reinos. Yahveh mandó respecto a Canaán, demoler sus castillos, 12 y dijo: No vuelvas más a rebullir, doncella oprimida, hija de Sidón. Levántate y vete a Kittim, que tampoco allí tendrás reposo. 13 Ahí tienes la tierra de los caldeos; no eran un pueblo; Asur la fundó para las bestias del desierto. Levantaron torres de asalto, demolieron sus alcázares, la convirtieron en ruinas. 14 Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza. 15 Aquel día quedará en olvido Tiro durante setenta años. En los días de otro rey, al cabo de setenta años, le sucederá a Tiro como en la canción de la ramera: 16 «Toma el arpa, rodea la ciudad, ramera olvidada: tócala bien, canta a más y mejor, para que seas recordada.» 17 Bien, al cabo de los setenta años visitará Yahveh a Tiro, y ella volverá a su ganancia y se prostituirá a todos los reinos de la tierra sobre la haz de la tierra. 18 Será su mercadería y su ganancia consagrada a Yahveh. No será atesorada ni almacenada, sino que para los que moren delante de Yahveh será su mercadería, para comer a saciedad y para cubrirse espléndidamente.

Isaías 24
1 He aquí que Yahveh estraga la tierra, la despuebla, trastorna su superficie y dispersa a los habitantes de ella: 2 al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al acreedor como a su deudor. 3 Devastada será la tierra y del todo saqueada, porque así ha hablado Yahveh. 4 En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita. 5 La tierra ha sido profanada bajo sus habitantes, pues traspasaron las leyes, violaron el precepto, rompieron la alianza eterna. 6 Por eso una maldición ha devorado la tierra, y tienen la culpa los que habitan en ella. Por eso han sido consumidos los habitantes de la tierra, y quedan pocos del linaje humano. 7 El mosto estaba triste, la viña mustia: se trocaron en suspiros todas las alegrías del corazón.

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8 Cesó el alborozo de los tímpanos, suspendióse el estrépito de los alegres, cesó el alborozo del arpa. 9 No beben vino cantando: amarga el licor a sus bebedores. 10 Ha quedado la villa vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se puede entrar. 11 Se lamentan en las calles por el vino. Desapareció toda alegría, emigró el alborozo de la tierra. 12 Ha quedado en la ciudad soledad, y de desolación está herida la puerta. 13 Porque en medio de la tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en el vareo del olivo, como en los rebuscos cuando acaba la vendimia. 14 Ellos levantan su voz y lanzan hurras; la majestad de Yahveh aclaman desde el mar. 15 Por eso, en Oriente glorificad a Yahveh, en las islas del mar el nombre de Yahveh, Dios de Israel. 16 Desde el confín de la tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria al justo!» Y digo: «¡Menguado de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y de estos malvados que hacen maldad, los malvados que han consumado la maldad!» 17 ¡Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de la tierra! 18 Sucederá que el que escape del pánico, caerá en la hoya, y el que suba de la hoya, será preso en la trampa. Porque las esclusas de lo alto han sido abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra, 19 Estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra, 20 vacila, vacila la tierra como un beodo, se balancea como una cabaña; pesa sobre ella su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse. 21 Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra; 22 serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados. 23 Se afrentará la luna llena, se avergonzará el pleno sol, cuando reine Yahveh Sebaot en el monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria en presencia de sus ancianos.

Isaías 25
1 Yahveh, tú eres mi Dios, yo te ensalzo, alabo tu nombre, porque has hecho maravillas y planes muy de antemano que no fallan. 2 Porque has puesto la ciudad como un majano, y la villa fortificada, hecha como una ruina; el alcázar de orgullosos no es ya ciudad, y nunca será reedificado. 3 Por eso te glorificará un pueblo poderoso, villa de gentes despóticas te temerá. 4 Porque fuiste fortaleza para el débil, fortaleza para el pobre en su aprieto, parapeto contra el temporal, sombra contra el calor. Porque el aliento de los déspotas es como lluvia de invierno. 5 Como calor en sequedal humillarás el estrépito de los poderosos; como el calor a la sombra de una nube, el himno de los déspotas se debilitará. 6 Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados; 7 consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todos los gentes; 8 consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado. 9 Se dirá aquel día: «Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahveh en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su salvación.»

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10 Porque la mano de Yahveh reposará en este monte, Moab será aplastado en su sitio como se aplasta la paja en el muladar. 11 Extenderá en medio de él sus manos como las extiende el nadador al nadar, pero Yahveh abajará su altivez y el esfuerzo de sus manos. 12 La fortificación inaccesible de tus murallas derrocará, abajará, la hará tocar la tierra, hasta el polvo.

Isaías 26
1 Aquel día se cantará este cantar en tierra de Judá: «Ciudad fuerte tenemos; para protección se le han puesto murallas y antemuro. 2 Abrid las puertas, y entrará una gente justa que guarda fidelidad; 3 de ánimo firme y que conserva la paz, porque en ti confió. 4 Confiad en Yahveh por siempre jamás, porque en Yahveh tenéis una Roca eterna. 5 Porque él derroca a los habitantes de los altos, a la villa inaccesible; la hace caer, la abaja hasta la tierra, la hace tocar el polvo; 6 la pisan pies, pies de pobres, pisadas de débiles.» 7 La senda del justo es recta; tú allanas la senda recta del justo. 8 Pues bien, en la senda de tus juicios te esperamos, Yahveh; tu nombre y tu recuerdo son el anhelo del alma. 9 Con toda mi alma te anhelo en la noche, y con todo mi espíritu por la mañana te busco. Porque cuando tú juzgas a la tierra, aprenden justicia los habitantes del orbe. 10 Aunque se haga gracia al malvado, no aprende justicia; en tierra recta se tuerce, y no teme la majestad de Yahveh. 11 Yahveh, alzada está tu mano, pero no la ven; verán tu celo por el pueblo y se avergonzarán, tu ira ardiente devorará a tus adversarios. 12 Yahveh, tú nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras obras. 13 Yahveh, Dios nuestro, nos han dominado otros señores fuera de ti, pero no recordaremos otro Nombre sino el tuyo. 14 Los muertos no vivirán, las sombras no se levantarán, pues los has castigado, los has exterminado y has borrado todo recuerdo de ellos. 15 Has aumentado la nación, Yahveh, has aumentado la nación y te has glorificado, has ampliado todos los límites del país. 16 Yahveh, en el aprieto de tu castigo te buscamos; la angustia de la opresión era tu castigo para nosotros. 17 Como cuando la mujer encinta está próxima al parto sufre, y se queja en su trance, así éramos nosotros delante de ti, Yahveh. 18 Hemos concebido, tenemos dolores como si diésemos a luz viento; pero no hemos traído a la tierra salvación, y no le nacerán habitantes al orbe. 19 Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras. 20 Vete, pueblo mío, entra en tus cámaras y cierra tu puerta tras de ti, escóndete un instante hasta que pase la ira. 21 Porque he ahí a Yahveh que sale de su lugar a castigar la culpa de todos los habitantes de la tierra contra él; descubre la tierra sus manchas de sangre y no tapa ya a sus asesinados.

Isaías 27
1 Aquel día castigará Yahveh con su espada dura, grande, fuerte, a Leviatán, serpiente huidiza, a Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al dragón que hay en el mar.

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2 Aquel día se dirá: Viña deliciosa, cantadla. 3 Yo, Yahveh, soy su guardián. A su tiempo la regaré. Para que no se la castigue, de noche y de día la guardaré. 4 - Ya no tengo muralla. ¿Quién me ha convertido en espinos y abrojos? - Yo les haré guerra y los pisotearé, los quemaré todos a una, 5 o que se acojan a mi amparo, que hagan la paz conmigo, que conmigo hagan la paz. 6 En los días que vienen arraigará Jacob, echará Israel flores y frutos, y se llenará la haz de la tierra de sus productos. 7 ¿Acaso le ha herido como hirió a quien le hería? ¿ha sido muerto él como fueron muertos sus matadores? 8 Te querellaste con ella y la echaste, la despediste; la echó con su aliento áspero como viento de Oriente. 9 En verdad, con esto sería expiada la culpa de Jacob, y éste sería todo el fruto capaz de apartar su pecado; dejar todas las piedras que le sirven de ara de altar como piedras de cal desmenuzadas. Cipos y estelas del sol no se erigirán, 10 pues la ciudad fortificada ha quedado solitaria, mansión dejada y abandonada como un desierto donde el novillo pace, se tumba y ramonea. 11 Cuando se seca su ramaje es quebrado en astillas: vienen mujeres y le prenden fuego. Por no ser éste un pueblo inteligente, por eso no le tiene piedad su Hacedor, su Plasmador no le otorga gracia. 12 Aquel día vareará Yahveh desde la corriente del Río hasta el torrente de Egipto, y vosotros seréis reunidos de uno en uno, hijos de Israel. 13 Aquel día se tocará un cuerno grande, y vendrán los perdidos por tierra de Asur y los dispersos por tierra de Egipto, y adorarán a Yahveh en el monte santo de Jerusalén.

Isaías 28
1 ¡Ay, corona de arrogancia - borrachos de Efraím - y capullo marchito - gala de su adorno - que está en el cabezo del valle fértil, aficionados al vino! 2 He aquí que uno, fuerte y robusto, enviado por el Señor, como una granizada, como huracán devastador, como aguacero torrencial de desbordadas aguas, los echará a tierra con la mano. 3 Con los pies será hollada la corona de arrogancia, los borrachos de Efraím, 4 y el capullo marchito, gala de su adorno, que está en el cabezo del valle fértil; y serán como la breva que precede al verano, que, en cuanto la ve uno, la toma con la mano y se la come. 5 Aquel día será Yahveh Sebaot corona de gala, diadema de adorno para el resto de su pueblo, 6 espíritu de juicio para el que se siente en el tribunal, y energía para los que rechazan hacia la puerta a los atacantes. 7 También ésos por el vino desatinan y por el licor divagan: sacerdotes y profetas desatinan por el licor, se ahogan en vino, divagan por causa del licor, desatinan en sus visiones, titubean en sus decisiones. 8 Porque todas las mesas están cubiertas de vómito asqueroso, sin respetar sitio. 9 «¿A quién se instruirá en el conocimiento? ¿a quién se le hará entender lo que oye? A los recién destetados, a los retirados de los pechos. 10 Porque dice: = Sau la sau, sau la sau, cau la cau, cau la cau, zeer sam, zeer sam. =» 11 Sí, con palabras extrañas y con lengua extranjera hablará a este pueblo 12 él, que les había dicho: «¡Ahora, descanso! Dejad reposar al fatigado. ¡Ahora, calma!» Pero ellos no han querido escuchar.

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13 Ahora Yahveh les dice: «= Sau la sau, sau la sau, cau la cau, cau la cau, zeer sam, zeer sam =», de suerte que vayan y caigan hacia atrás y se fracturen, caigan en la trampa y sean presos. 14 Por tanto oíd la palabra de Yahveh, hombres burlones, señores de este pueblo de Jerusalén. 15 Porque habéis dicho: «Hemos celebrado alianza con la muerte, y con el seol hemos hecho pacto, cuando pasare el azote desbordado, no nos alcanzará, porque hemos puesto la mentira por refugio nuestro y en el engaño nos hemos escondido.» 16 Por eso, así dice el Señor Yahveh: «He aquí que yo pongo por fundamento en Sión una piedra elegida, angular, preciosa y fundamental: quien tuviere fe en ella no vacilará. 17 Pondré la equidad como medida y la justicia como nivel.» Barrerá el granizo el refugio de mentira y las aguas inundarán el escondite. 18 Será rota vuestra alianza con la muerte y vuestro pacto con el seol no se mantendrá. Cuando pasare el azote desbordado, os aplastará. 19 Siempre que pase os alcanzará. Porque mañana tras mañana pasará, de día y de noche, y habrá estremecimiento sólo con oírlo. 20 La cama será corta para poder estirarse y el cobertor será estrecho para poder taparse. 21 Porque como en el monte Perasim surgirá Yahveh, como en el valle de Gabaón se enfurecerá para hacer su acción, su extraña acción, y para trabajar su trabajo, su exótico trabajo. 22 Ahora no os burléis, no sea que se aprieten vuestras ligaduras. Porque cosa concluida y decidida he oído de parte de Yahveh Sebaot, tocante a toda la tierra. 23 Escuchad y oíd mi voz, atended y oíd mi palabra. 24 ¿Acaso cada día ara al arador para sembrar, abre y rompe su terreno? 25 Luego que ha igualado su superficie, ¿no esparce la neguilla, y desparrama el comino, y pone trigo, cebada y espelta, cada cosa en su tablar? 26 Quien le enseña esta usanza, quien le instruye es su Dios. 27 Porque no con el trillo es trillada la neguilla, ni se hace girar rueda de carreta sobre el comino; sino que con el bastón es apaleada la neguilla, y el comino con la vara. 28 ¿Se tritura el grano? No. No se le trilla indefinidamente; se hace girar la rueda de la carreta, y se le limpia, pero sin triturarlo. 29 También esto de Yahveh Sebaot ha salido: trazar un plan maravilloso, llevar a un gran acierto.

Isaías 29
1 ¡Ay, Ariel, Ariel, villa donde acampó David! Añadid año sobre año, las fiestas completen su ciclo, 2 y pondré en angustias a Ariel, y habrá llanto y gemido. Ella será para mí un Ariel; 3 acamparé en círculo contra ti, estrecharé contra ti la estacada, y levantaré contra ti trinchera; 4 serás abatida, desde la tierra hablarás, por el polvo será ahogada tu palabra, tu voz será como un espectro de la tierra, y desde el polvo tu palabra será como un susurro. 5 Y será como polvareda fina la turba de tus soberbios, y como tamo que pasa la turba de tus potentados. Sucederá que, de un momento a otro, 6 de parte de Yahveh Sebaot serás visitada con trueno, estrépito y estruendo, turbión, ventolera y llama de fuego devoradora, 7 Será como un sueño, visión nocturna, la turba de todas las gentes que guerrean contra Ariel, todas sus milicias y las máquinas de guerra que la oprimen.

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8 Será como cuando el hambriento sueña que está comiendo, pero despierta y tiene el estómago vacío; como cuando el sediento sueña que está bebiendo, pero se despierta cansado y sediento. Así será la turba de todas las gentes, que guerrean contra el monte Sión. 9 Idiotizaos y quedad idiotas, cegaos y quedad ciegos; emborrachaos, pero no de vino, tambaleaos, y no por el licor. 10 Porque ha vertido sobre vosotros Yahveh espíritu de sopor, he pegado vuestros ojos (profetas) y ha cubierto vuestras cabezas (videntes). 11 Toda revelación será para vosotros como palabras de un libro sellado, que da uno al que sabe leer diciendo: «Ea, lee eso»; y dice el otro: «No puedo, porque está sellado»; 12 y luego pone el libro frente a quien no sabe leer, diciendo: «Ea, lee eso»; y dice éste: «No sé leer» 13 Dice el Señor: Por cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene son preceptos enseñados por hombres, 14 por eso he aquí que yo sigo haciendo maravillas con ese pueblo, haciendo portentosas maravillas; perderé la sabiduría de sus sabios, y eclipsaré el entendimiento de sus entendidos. 15 Ay de los que se esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y ejecutan sus obras en las tinieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién nos conoce?» 16 ¡Qué error el vuestro! ¿Es el alfarero como la arcilla, para que diga la obra a su hacedor: «No me ha hecho», y la vasija diga de su alfarero: «No entiende el oficio?» 17 ¿Acaso no falta sólo un poco, para que el Líbano se convierta en vergel, y el vergel se considere una selva? 18 Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán, 19 los pobres volverán a alegrarse en Yahveh, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán. 20 Porque se habrán terminado los tiranos, se habrá acabado el hombre burlador, y serán exterminados todos los que desean el mal; 21 los que declaran culpable a otro con su palabra, y tienden lazos al que juzga en la puerta, y desatienden al justo por una nonada. 22 Por tanto, así dice Yahveh, Dios de la casa de Jacob, el que rescató a Abraham: «No se avergonzará en adelante Jacob, ni en adelante su rostro palidecerá; 23 porque en viendo a sus hijos, las obras de mis manos, en medio de él, santificarán mi Nombre.» Santificarán al Santo de Jacob, y al Dios de Israel tendrán miedo. 24 Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.

Isaías 30
1 ¡Ay de los hijos rebeldes - oráculo de Yahveh - para ejecutar planes, que no son míos, y para hacer libaciones de alianza, mas no a mi aire, amontonando pecado sobre pecado! 2 Los que bajan a Egipto sin consultar a mi boca, para buscar apoyo en la fuerza de Faraón y ampararse a la sombra de Egipto. 3 La fuerza del Faraón se os convertirá en vergüenza, y el amparo de la sombra de Egipto, en confusión. 4 Cuando estuvieron en Soán sus jefes, y cuando sus emisarios llegaron a Janés, 5 todos llevaron presentes a un pueblo que les será inútil, a un pueblo que no sirve de ayuda - ni de utilidad - sino de vergüenza y de oprobio.

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6 Oráculo sobre los animales del Négueb. Por tierra de angustia y aridez, de leona y de león rugiente, de áspid y dragón volador, llevan a lomos de pollinos su riqueza, y sobre jiba de camellos sus tesoros hacia un pueblo que no les será útil, 7 a Egipto, cuyo apoyo es huero y vano. Por eso he llamado a ese pueblo «Ráhab la cesante.» 8 Ahora ven, escríbelo en una tablilla, grábalo en un libro, y que dure hasta el último día, para testimonio hasta siempre: 9 Que es un pueblo terco, criaturas hipócritas, hijos que no aceptan escuchar la instrucción de Yahveh; 10 que han dicho a los videntes: «No veáis»; y a los visionarios: «No veáis para nosotros visiones verdaderas; habladnos cosas halagüeñas, contemplad ilusiones. 11 Apartaos del camino, desviaos de la ruta, dejadnos en paz del Santo de Israel.» 12 Por tanto, así dice el Santo de Israel: Por cuanto habéis rechazado vosotros esta palabra, y por cuanto habéis fiado en lo torcido y perverso y os habéis apoyado en ello, 13 por eso será para vosotros esta culpa como brecha ruinosa en una alta muralla, cuya quiebra sobrevendrá de un momento a otro, 14 y va a ser su quiebra como la de una vasija de alfarero, rota sin compasión, en la que al romperse no se encuentra una sola tejoleta bastante grande para tomar fuego del hogar o para extraer agua del aljibe. 15 Porque así dice el Señor Yahveh, el Santo de Israel: «Por la conversión y calma seréis liberados, en el sosiego y seguridad estará vuestra fuerza.» Pero no aceptasteis, 16 sino que dijisteis: «No, huiremos a caballo.» ¡Pues, bien, huid! Y «sobre rápidos carros montaremos». ¡Pues bien, rápidamente seréis perseguidos! 17 Mil temblarán ante la amenaza de uno solo; ante la amenaza de cinco huiréis, hasta que seáis dejados como mástil en la cúspide del monte y como gallardete sobre una colina. 18 Sin embargo aguardará Yahveh para haceros gracia, y así se levantará para compadeceros, porque Dios de equidad es Yahveh: ¡dichosos todos los que en él esperan! 19 Sí, pueblo de Sión que habitas en Jerusalén, no llorarás ya más; de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto lo oyere, te responderá. 20 Os dará el Señor pan de asedio y aguas de opresión, y después no será ya ocultado el que te enseña; con tus ojos verás al que te enseña, 21 y con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras: «Ese es el camino, id por él», ya sea a la derecha, ya a la izquierda. 22 Declararás impuro el revestimiento de tus ídolos de plata y el ornato de tus imágenes fundidas en oro. Los rechazarás como paño inmundo: «¡Fuera de aquí!», les dirás. 23 El dará lluvia a tu sementera con que hayas sembrado el suelo, y la tierra te producirá pan que será pingüe y sustancioso. Pacerán tus ganados aquel día en pastizal dilatado; 24 los bueyes y asnos que trabajan el suelo comerán forraje salado, cribado con bieldo y con criba. 25 Habrá sobre todo monte alto y sobre todo cerro elevado manantiales que den aguas perennes, el día de la gran matanza, cuando caigan las fortalezas. 26 Será la luz de la luna como la luz del sol meridiano, y la luz del sol meridiano será siete veces mayor - con luz de siete días - el día que vende Yahveh la herida de su pueblo y cure la contusión de su golpe. 27 He aquí que el nombre de Yahveh viene de lejos, ardiente su ira y pesada su opresión. Sus labios llenos están de furor, su lengua es como fuego que devora, 28 y su aliento como torrente desbordado que cubre hasta el cuello. Cribará a las naciones con criba nefasta, pondrá el bocado de sus bridas en la mandíbula de sus pueblos.

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La Santa Biblia (Parte 2)

29 Vosotros cantaréis como en la noche de santificar fiesta; se os alegrará el corazón como el de quien va al son de flauta a entrar en el monte de Yahveh, a la Peña de Israel. 30 Hará oír Yahveh la majestad de su voz, y mostrará la descarga de su brazo con ira inflamada y llama de fuego devoradora, turbión, aguacero y granizo. 31 Pues por la voz de Yahveh será hecho añicos Asur: con un bastón le golpeará. 32 A cada pasada de la vara de castigo que Yahveh descargue sobre él - con adufes y con arpas - y con guerras de sacudir las manos guerreará contra él. 33 Porque de antemano está preparado un Tófet - también para el rey - un foso profundo y ancho; hay paja y madera en abundancia. El aliento de Yahveh, cual torrente de azufre, lo enciende.

Isaías 31
1 ¡Ay, los que bajan a Egipto por ayuda! En la caballería se apoyan, y fían en los carros porque abundan y en los jinetes porque son muchos; mas no han puesto su mirada en el Santo de Israel, ni a Yahveh han buscado. 2 Pero también él es sabio, hará venir el mal, y no retirará sus palabras; se levantará contra la casa de los malhechores y contra la ayuda de los que obran la iniquidad. 3 En cuanto a Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu; Yahveh extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el ayudado y todos a una perecerán. 4 Porque así me ha dicho Yahveh: Como ruge el león y el cachorro sobre su presa, y cuando se convoca contra él a todos los pastores, de sus voces no se intimida, ni de su tumulto se apoca: tal será el descenso de Yahveh Sebaot para guerrear sobre el monte Sión y sobre su colina. 5 Como pájaros que vuelan, así protegerá Yahveh Sebaot a Jerusalén, protegerá y librará, perdonará y salvará. 6 Volveos a aquel de quien profundamente os apartasteis, hijos de Israel. 7 Porque aquel día repudiará cada uno las divinidades de plata y las divinidades de oro que hicieron vuestras manos pecadoras. 8 Caerá Asur por espada no de hombres, y por espada no humana serán devorados; se dará a la fuga ante la espada, y sus mejores guerreros serán destinados a trabajos. 9 Aterrado, abandonará su tropa, y sus jefes espantados abandonarán su estandarte. Oráculo de Yahveh, que tiene fuego en Sión, y horno en Jerusalén.

Isaías 32
1 He aquí que para hacer justicia reinará un rey, y los jefes juzgarán según derecho. 2 Será cada uno como un sitio abrigado contra el viento y a cubierto del temporal; como fluir de aguas en sequedal, como sombra de peñón en tierra agostada. 3 No se cerrarán los ojos de los videntes, y los oídos de los que escuchan percibirán; 4 el corazón de los alocados se esforzará en aprender, y la lengua de los tartamudos hablará claro y ligero. 5 No se llamará ya noble al necio, ni al desaprensivo se le llamará magnífico. 6 Porque el necio dice necedades y su corazón medita el mal, haciendo impiedad y profiriendo contra Yahveh desatinos, dejando vacío el estómago hambriento y privando de bebida al sediento. 7 Cuanto al desaprensivo, sus tramas son malas, se dedica a inventar maquinaciones para sorprender a los pobres con palabras engañosas, cuando el pobre expone su causa. 8 Mientras que el noble medita nobles cosas, y en las cosas nobles está firme. 9 Mujeres indolentes, ¡arriba!, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi palabra.

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 Dentro de un año y algunos días temblaréis las que confiáis, pues se habrá acabado la vendimia para no volver más. 11 Espantaos, indolentes, temblad, confiadas, desvestíos, desnudaos, ceñid vuestra cintura, 12 golpeaos el pecho, por los campos atrayentes, por las viñas fructíferas. 13 Sobre el solar de mi pueblo zarza y espino crecerá, y también sobre todas las casas de placer de la villa alegre, 14 porque el alcázar habrá sido abandonado, el genio de la ciudad habrá desaparecido; Ofel y el Torreón quedarán en adelante vacíos por siempre, para delicia de asnos y pastizal de rebaños. 15 Al fin será derramado desde arriba sobre nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel, y el vergel será considerado como selva. 16 Reposará en la estepa la equidad, y la justicia morará en el vergel; 17 el producto de la justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad perpetua. 18 Y habitará mi pueblo en albergue de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas. 19 - La selva será abatida y la ciudad hundida. 20 Dichosos vosotros, que sembraréis cabe todas las corrientes, y dejaréis sueltos el buey y el asno.

Isaías 33
1 ¡Ay, tú que saqueas, y no has sido saqueado, que despojas, y no has sido despojado! En terminando tú de saquear, serás saqueado; así que acabes de despojar, serás despojado; 2 Yahveh, ten piedad de nosotros, en ti esperamos. Sé nuestro brazo por las mañanas y nuestra salvación en tiempo de apretura. 3 Al fragor del estrépito se dispersan los pueblos, al alzarte tú se desperdigan las gentes, 4 se amontona el botín como quien amontona saltamontes, se abalanzan sobre él, como se abalanzan las langostas. 5 Exaltado sea Yahveh, pues reposa en lo alto; llene a Sión de equidad y de justicia. 6 Sean tus días estables; la riqueza que salva son la sabiduría y la ciencia, el temor de Yahveh sea tu tesoro. 7 ¡Mirad! Ariel se lamenta por las calles, los embajadores de paz amargamente lloran. 8 Han quedado desiertas las calzadas, ya no hay transeúntes por los caminos. Han violado la alianza, han recusado los testimonios, no se tiene en cuenta a nadie. 9 La tierra está en duelo, languidece; el líbano está ajado y mustio. Ha quedado el Sarón como la estepa, se van pelando el Basán y el Carmelo. 10 «Ahora me levanto - dice Yahveh - ahora me exalto, ahora me elevo. 11 Concebiréis forraje, pariréis paja, y mi soplo como fuego os devorará; 12 los pueblos serán calcinados, espinos cercenados que en fuego arderán. 13 Oíd, los alejados, lo que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi fuerza.» 14 Se espantaron en Sión los pecadores, sobrecogió el temblor a los impíos: ¿Quién de nosotros podrá habitar con el fuego consumidor? ¿quién de nosotros podrá habitar con las llamas eternas? 15 El que anda en justicia y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal. 16 Ese morará en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura. 17 Tus ojos contemplarán un rey en su belleza, verán una tierra dilatada. 18 Tu corazón musitará con sobresalto: «¿Dónde está el que contaba, dónde el que pesaba, dónde el que contaba torres?»

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La Santa Biblia (Parte 2)

19 Y no verás al pueblo audaz, pueblo de lenguaje oscuro, incomprensible, al bárbaro cuya lengua no se entiende. 20 Contempla a Sión, villa de nuestras solemnidades: tus ojos verán a Jerusalén, albergue fijo, tienda sin trashumancia, cuyas clavijas no serán removidas nunca y cuyas cuerdas no serán rotas. 21 Sino que allí Yahveh será magnífico para con nosotros; como un lugar de ríos y amplios canales, por donde no ande ninguna embarcación de remos, ni navío de alto bordo lo atraviese. 22 (Porque Yahveh es nuestro juez, Yahveh nuestro legislador, Yahveh nuestro rey: él nos salvará.) 23 Se han distendido las cuerdas, no sujetan derecho el mástil, no despliegan estandarte. Entonces será repartido un botín numeroso: hasta los cojos tendrán botín, 24 y no dirá ningún habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que allí mora le será perdonada su culpa.

Isaías 34
1 Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota, 2 que ira tiene Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza. 3 Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre; 4 se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera. 5 Porque se ha emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia. 6 La espada de Yahveh está llena de sangre, engrasada de sebo, de sangre de carneros y machos cabríos, de sebo de riñones de carneros, porque tiene Yahveh un sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom. 7 En vez de búfalos caerán pueblos, y en vez de toros un pueblo de valientes. Se emborrachará su tierra con sangre, y su polvo será engrasado de sebo. 8 Porque es día de venganza para Yahveh, año de desquite del defensor de Sión. 9 Se convertirán sus torrentes en pez, su polvo en azufre, y se hará su tierra pez ardiente. 10 Ni de noche ni de día se apagará, por siempre subirá el humo de ella. De generación en generación quedará arruinada, y nunca jamás habrá quien pase por ella. 11 La heredarán el pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo residirán en ella. Tenderá Yahveh sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío. 12 Los sátiros habitarán en ella, ya no habrá en ella nobles que proclamen la realeza, y todos sus príncipes serán aniquilados. 13 En sus alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas; será morada de chacales y dominio de avestruces. 14 Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso. 15 Allí anidará la víbora, pondrá, incubará y hará salir del huevo. También allí se juntarán los buitres. 16 Buscad el libro de Yahveh y leed; no faltará ninguno de ellos, ninguno de ellos echará en falta a otro. Pues su misma boca lo ha ordenado y su mismo espíritu los junta. 17 Es él mismo el que los echa a suertes, con su mano les reparte el país a cordel; lo poseerán por siempre y morarán en él de generación en generación.

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Isaías 35
1 Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor; 2 estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios. 3 Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. 4 Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará. 5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. 6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, 7 se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro. 8 Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán. 9 No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán. 10 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!

Isaías 36
1 En el año catorce del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asur, contra todas las ciudades fortificadas de Judá y se apoderó de ellas. 2 El rey de Asur envió desde Lakís a Jerusalén, donde el rey Ezequías, al copero mayor con un fuerte destacamento. Se colocó éste en el canal de la alberca superior, que está junto al camino del campo del Batanero. 3 El mayordomo de palacio, Elyaquim, hijo de Jilquías, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, salieron donde él. 4 El copero mayor les dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el gran rey, el rey de Asur: ¿Qué confianza es ésa en la que fías? 5 Te has pensado que meras palabras de los labios son consejo y bravura para la guerra. Pero ahora ¿en quién confías, que te has rebelado contra mí? 6 Mira: te has confiado al apoyo de esa caña rota, de Egipto, que penetra y traspasa la mano del que se apoya sobre ella. Pues así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él. 7 Pero vais a decirme: “Nosotros confiamos en Yahveh nuestro Dios.” ¿No ha sido él, Ezequías, quien ha suprimido los altos y los altares y ha dicho a Judá y a Jerusalén: “Os postraréis delante de este altar?” 8 Pues apuesta ahora con mi señor, el rey de Asur: te daré dos mil caballos si eres capaz de encontrarte jinetes para ellos. 9 ¿Cómo harías retroceder a uno solo de los más pequeños servidores de mi señor? ¡Te fías de Egipto para tener carros y gentes de carro! 10 Y ahora ¿acaso he subido yo contra esta tierra para destruirla, sin contar con Yahveh? Yahveh me ha dicho: “Sube contra esta tierra y destrúyela.”» 11 Dijeron Elyaquim, Sebná y Yoaj al copero mayor: «Por favor, háblanos a nosotros tus siervos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla.»

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12 El copero mayor dijo: «¿Acaso mi señor me ha enviado a decir estas cosas a tu señor, o a ti, y no a los hombres que se encuentran sobre la muralla, que tienen que comer sus excrementos y beber sus orinas con vosotros?» 13 Se puso en pie el copero mayor y gritó con gran voz en lengua judía, diciendo: «Escuchad las palabras del gran rey, el rey de Asur. 14 Así dice el rey: No os engañe Ezequías, porque no podrá libraros. 15 Que Ezequías no os haga confiar en Yahveh diciendo: “De cierto nos librará Yahveh, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asur.” 16 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asur: Haced paces conmigo, rendíos a mí, y comerá cada uno de su viña y de su higuera, y beberá cada uno de su cisterna, 17 hasta que yo llegue y os lleve a una tierra como vuestra tierra, tierra de trigo y de mosto, tierra de pan y de viñas. 18 Que no os engañe Ezequías, diciendo: “Yahveh nos librará.” ¿Acaso los dioses de las naciones han librado cada uno a su tierra de la mano del rey de Asur? 19 ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad, dónde los dioses de Sefarváyim, dónde están los dioses de Samaría? ¿Acaso han librado a Samaría de mi mano? 20 ¿Quiénes, de entre todos los dioses de los países, los han librado de mi poder, para que libre Yahveh a Jerusalén de mi mano?» 21 Calló el pueblo y no le respondió una palabra, porque el rey había dado esta orden diciendo: «No le respondáis.» 22 Elyaquim, hijo de Jilquías, mayordomo de palacio, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, fueron donde Ezequías, desgarrados los vestidos, y le relataron las palabras del copero mayor.

Isaías 37
1 Cuando lo oyó el rey Ezequías desgarró sus vestidos, se cubrió de sayal y se fue a la Casa de Yahveh. 2 Envió a Elyaquim, mayordomo, a Sebná, secretario, y a los sacerdotes ancianos cubiertos de sayal donde el profeta Isaías, hijo de Amós. 3 Ellos le dijeron: «Así habla Ezequías: Este día es día de angustia, de castigo y de vergüenza. Los hijos están para salir del seno, pero no hay fuerza para dar a luz. 4 ¿No habrá oído Yahveh tu Dios las palabras del copero mayor al que ha enviado el rey de Asur, su señor, para insultar al Dios vivo? ¿No castigará Yahveh tu Dios las palabras que ha oído? Dirige una plegaria en favor del Resto que aún queda!» 5 Cuando los siervos del rey Ezequías llegaron donde Isaías, 6 éste les dijo: «Así diréis a vuestro señor: Esto dice Yahveh: No tengas miedo por las palabras que has oído, con las que me insultaron los criados del rey de Asur. 7 Voy a poner en él un espíritu, oirá una noticia y se volverá a su tierra, y en su tierra yo lo haré caer a espada.» 8 El copero mayor se volvió y encontró al rey de Asur atacando a Libná , pues había oído que había partido de Lakís, 9 porque había recibido esta noticia acerca de Tirhacá, rey de Kus: «Ha salido a guerrear contra ti.» Senaquerib volvió a enviar mensajeros para decir a Ezequías: 10 «Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Dios en el que confías pensando: “No será entregada Jerusalén en manos del rey de Asur”. 11 Bien has oído lo que los reyes de Asur han hecho a todos los países, entregándolos al anatema, ¡y tú te vas a librar!

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12 ¿Acaso los dioses de las naciones salvaron a aquellos que mis padres aniquilaron, a Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que estaban en Tel Basar? 13 ¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de Sefarváyim, de Hená y de Ivvá?» 14 Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Luego subió a la Casa de Yahveh y Ezequías la desenrolló ante Yahveh. 15 Hizo Ezequías esta plegaria ante Yahveh: 16 «Yahveh Sebaot, Dios de Israel, que estás sobre los Querubines, tú sólo eres Dios en todos los reinos de la tierra, tú el que has hecho los cielos y la tierra. 17 «Tiende, Yahveh, tu oído y escucha; abre, Yahveh, tus ojos y mira. Oye las palabras con que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo. 18 Es verdad, Yahveh, que los reyes de Asur han exterminado a todas las naciones y su territorio, 19 y han entregado sus dioses al fuego, porque ellos no son dioses, sino hechuras de mano de hombre, de madera y de piedra, y por eso han sido aniquilados. 20 Ahora, pues, Yahveh, Dios nuestro, sálvanos de su mano, y sabrán todos los reinos de la tierra que sólo tú eres Dios, Yahveh.» 21 Isaías, hijo de Amós, envió a decir a Ezequías: «Así dice Yahveh, Dios de Israel, a quien has suplicado acerca de Senaquerib, rey de Asur. 22 Esta es la palabra que Yahveh pronuncia contra él: Ella te desprecia, ella te hace burla, la virgen hija de Sión. Mueve la cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalén. 23 ¿A quién has insultado y blasfemado? ¿Contra quién has alzado tu voz y levantas tus ojos altaneros? ¡Contra el Santo de Israel! 24 Por tus siervos insultas a Adonay y dices: “Con mis muchos carros subo a las cumbres de los montes, a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus cedros, la flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios su jardín del bosque. 25 Yo he cavado y bebido en extranjeras aguas. Secaré bajo la planta de mis pies, todos los Nilos del Egipto.” 26 ¿Lo oyes bien? Desde antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado, ahora lo ejecuto. Tú has convertido en cúmulos de ruinas las fuertes ciudades. 27 Sus habitantes, de débiles manos, confusos y aterrados, son planta del campo, verdor de hierba, hierba de tejados, pasto quemado por el viento de Oriente. 28 Si te alzas o te sientas, si sales o entras, yo lo sé; (y que te alzas airado contra mí). 29 Pues que te alzas airado contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner mi anillo en tus narices, mi brida en tu boca, y voy a devolverte por la ruta por la que has venido. 30 La señal será ésta: Este año se comerá lo que rebrote, lo que nazca de sí al año siguiente. Al año tercero sembrad y segad, plantad las viñas y comed su fruto. 31 El resto que se salve de la casa de Judá echará raíces por debajo y fruto en lo alto. 32 Pues saldrá un Resto de Jerusalén, y supervivientes del monte Sión; el celo de Yahveh Sebaot lo hará. 33 Por eso, así dice Yahveh del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no lanzará flechas en ella, no le opondrá escudo, ni alzará en contra de ella empalizada. 34 Volverá por la ruta que ha traído. No entrará en esta ciudad, oráculo de Yahveh. 35 Yo protegeré a esta ciudad para salvarla, por quien soy y por mi siervo David.» 36 Aquella misma noche salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres. 37 Senaquerib, rey de Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.

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38 Y sucedió que estando él postrado en el templo de su dios Nisrok, sus hijos Adrammélek y Saréser le mataron a espada y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Su hijo Asarjaddón reinó en su lugar.

Isaías 38
1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: «Así habla Yahveh: Haz testamento, porque muerto eres y no vivirás.» 2 Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahveh. 3 Dijo: «¡Ah, Yahveh! Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas. 4 Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra de Yahveh, diciendo: 5 «Vete y di a Ezequías: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de Yahveh. Añadiré quince años a tus días. 6 Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.» 7 Isaías respondió: «Esta será para ti de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh hará lo que ha dicho. 8 Mira, voy a hacer retroceder a la sombra diez gradas de las que ha descendido el sol por las gradas de Ajaz. Y desanduvo el sol diez gradas por las que había descendido. 9 Cántico de Ezequías, rey de Judá cuando estuvo enfermo y sanó de su mal: 10 Yo dije: A la mitad de mis días me voy; en las puertas del seol se me asigna un lugar para el resto de mis años. 11 Dije: No veré a Yahveh en la tierra de los vivos; no veré ya a ningún hombre de los que habitan el mundo. 12 Mi morada es arrancada, se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi vida, del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas conmigo; 13 grité hasta la madrugada: Como león tritura todos mis huesos. De la noche a la mañana acabas conmigo. 14 Como grulla, como golondrina chirrío, zureo como paloma. Se consumen mis ojos de mirar hacia arriba. Yahveh, estoy oprimido, sal por mí. 15 ¿Qué diré? ¿De qué le hablaré, cuando él mismo lo ha hecho? Caminaré todos mis años en la amargura de mi alma. 16 El Señor está con ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú me curarás, me darás la vida. 17 Entonces mi amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados. 18 Que el Seol no te alaba ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu fidelidad. 19 El que vive, el que vive, ése te alaba, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu fidelidad. 20 Yahveh, sálvame, y mis canciones cantaremos todos los días de nuestra vida junto a la Casa de Yahveh. 21 Isaías dijo: «Traed una masa de higos, aplicadla sobre la úlcera y sanará.» 22 Ezequías dijo: «¿Cuál será la señal de que subiré a la Casa de Yahveh?» Isaías

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1 En aquel tiempo, Merodak Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías porque había oído que había estado enfermo y se había curado.

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2 Se alegró Ezequías por ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el oro, los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en los tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y en todo su dominio. 3 Entonces el profeta Isaías fue donde el rey Ezequías y le dijo: «¿Qué han dicho esos hombres y de dónde han venido a ti?» Respondió Ezequías: «Han venido de un país lejano, de Babilonia.» 4 Dijo: «¿Qué han visto en tu casa?» Respondió Ezequías: «Han visto cuanto hay en mi casa; nada hay en los tesoros que no les haya enseñado.» 5 Dijo Isaías a Ezequías: «Escucha la palabra de Yahveh Sebaot: 6 Vendrán días en que todo cuanto hay en tu casa y cuanto reunieron tus padres hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará, dice Yahveh. 7 Y se tomará de entre tus hijos, los que han salido de ti, los que has engendrado, para que sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia.» 8 Respondió Ezequías a Isaías: «Es buena la palabra de Yahveh que me dices.» Pues pensaba: «¡Con tal que haya paz y seguridad en mis días!» Isaías 40 1 Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios. 2 Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya ha satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de Yahveh castigo doble por todos sus pecados. 3 Una voz clama: «En el desierto abrid camino a Yahveh, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro Dios. 4 Que todo valle sea elevado, y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano, y las breñas planicie. 5 Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado.» 6 Una voz dice: «¡Grita!» Y digo: «¿Qué he de gritar?» - «Toda carne es hierba y todo su esplendor como flor del campo. 7 La flor se marchita, se seca la hierba, en cuanto le dé el viento de Yahveh (pues, cierto, hierba es el pueblo). 8 La hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por siempre. 9 Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén, clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: «Ahí está vuestro Dios.» 10 Ahí viene el Señor Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo. Ved que su salario le acompaña, y su paga le precede. 11 Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas. 12 ¿Quién midió los mares con el cuenco de la mano, y abarcó con su palmo la dimensión de los cielos, metió en un tercio de medida el polvo de la tierra, pesó con la romana los montes, y los cerros con la balanza? 13 ¿Quién abarcó el espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó? 14 ¿Con quién se aconsejó, quién le explicó y le enseñó la senda de la justicia, y le enseñó la ciencia, y el camino de la inteligencia le mostró? 15 Las naciones son como gota de un cazo, como escrúpulo de balanza son estimadas. Las islas como una chinita pesan. 16 El Líbano no basta para la quema, ni sus animales para holocausto. 17 Todas las naciones son como nada ante él, como nada y vacío son estimadas por él.

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18 Pues ¿con quién asemejaréis a Dios, qué semejanza le aplicaréis? 19 El fundidor funde la estatua, el orfebre con oro la recubre y funde cadenas de plata. 20 El que presenta una ofrenda de pobre escoge madera incorruptible, se busca un hábil artista para erigir una estatua que no vacile. 21 ¿No lo sabíais? ¿No lo habíais oído? ¿No os lo había mostrado desde el principio? ¿No lo entendisteis desde que se fundó la tierra? 22 El está sentado sobre el orbe terrestre, cuyos habitantes son como saltamontes; él expande los cielos como un tul, y los ha desplegado como una tienda que se habita. 23 El aniquila a los tiranos, y a los árbitros de la tierra los reduce a la nada. 24 Apenas han sido plantados, apenas sembrados, apenas arraiga en tierra su esqueje, cuando sopla sobre ellos y se secan, y una ráfaga como tamo se los lleva. 25 ¿Con quién me asemejaréis y seré igualado?, dice el Santo. 26 Alzad a lo alto los ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al ejército celeste, y a cada estrella por su nombre llama. Gracias a su esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una. 27 ¿Por qué dices, Jacob, y hablas, Israel: «Oculto está mi camino para Yahveh, y a Dios se le pasa mi derecho?» 28 ¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia es inescrutable. 29 Que al cansado da vigor, y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta. 30 Los jóvenes se cansan, se fatigan, los valientes tropiezan y vacilan, 31 mientras que a los que esperan en Yahveh él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse.

Isaías 41
1 Hacedme silencio, islas, y renueven su fuerza las naciones. Alléguense y entonces hablarán, reunámonos todos a juicio. 2 ¿Quién ha suscitado de Oriente a aquel a quien la justicia sale al paso? ¿Quién le entrega las naciones, y a los reyes abaja? Conviértelos en polvo su espada, en paja dispersa su arco; 3 les persigue, pasa incólume, el sendero con sus pies no toca. 4 ¿Quién lo realizó y lo hizo? El que llama a las generaciones desde el principio: yo, Yahveh, el primero, y con los últimos yo mismo. 5 Ved, islas, y temed; confines de la tierra, y temblad. Acercaos y venid. 6 El uno ayuda al otro y dice a su colega: «¡Animo!» 7 Anima el fundidor al orfebre, el que pule a martillo al que bate en el yunque, diciendo de la soldadura: «Está bien.» Y fija el ídolo con clavos para que no se mueva. 8 Y tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien elegí, simiente de mi amigo Abraham; 9 que te así desde los cabos de la tierra, y desde lo más remoto te llamé y te dije: «Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado»: 10 No temas, que contigo estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera. 11 ¡Oh! Se avergonzarán y confundirán todos los abrasados en ira contra ti. Serán como nada y perecerán los que buscan querella. 12 Los buscarás y no los hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los que te hacen la guerra. 13 Porque yo, Yahveh tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: «No temas, yo te ayudo.» 14 No temas, gusano de Jacob, gente de Israel: yo te ayudo - oráculo de Yahveh - y tu redentor es el Santo de Israel.

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La Santa Biblia (Parte 2)

15 He aquí que te he convertido en trillo nuevo, de dientes dobles. Triturarás los montes y los desmenuzarás, y los cerros convertirás en tamo. 16 Los beldarás, y el viento se los llevará, y una ráfaga los dispersará. Y tú te regocijarás en Yahveh, en el Santo de Israel te gloriarás. 17 Los humildes y los pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed. Yo, Yahveh, les responderé, Yo, Dios de Israel, no los desampararé. 18 Abriré sobre los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas. 19 Pondré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivares. Pondré en la estepa el enebro, el olmo y el ciprés a una, 20 de modo que todos vean y sepan, adviertan y consideren que la mano de Yahveh ha hecho eso, el Santo de Israel lo ha creado. 21 «Aducid vuestra defensa - dice Yahveh - allegad vuestras pruebas - dice el rey de Jacob. 22 Alléguense e indíquennos lo que va a suceder. Indicadnos cómo fue lo pasado, y reflexionaremos; o bien hacednos oír lo venidero para que lo conozcamos. 23 Indicadnos las señales del porvenir, y sabremos que sois dioses. En suma, haced algún bien o algún mal, para que nos pongamos en guardia y os temamos. 24 ¡Oh! Vosotros sois nada, y vuestros hechos, nulidad, lo mejor de vosotros, abominación.» 25 Le he suscitado del norte, y viene, del sol naciente le he llamado por su nombre. Ha hollado a los sátrapas como lodo, como el alfarero patea el barro. 26 ¿Quién lo indicó desde el principio, para que se supiese, o desde antiguo, para que se dijese: «Es justo»? Ni hubo quien lo indicase, ni hubo quien lo hiciese oír, ni hubo quien oyese vuestras palabras. 27 Primicias de Sión: «¡Aquí están, aquí están!» envío a Jerusalén la buena nueva. 28 Miré, y no había nadie; entre éstos no había consejeros a quienes yo preguntara y ellos respondieran. 29 ¡Oh! Todos ellos son nada; nulidad sus obras, viento y vacuidad sus estatuas.

Isaías 42
1 He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones. 2 No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz. 3 Caña quebrada no partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia; 4 no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho, y su instrucción atenderán las islas. 5 Así dice el Dios Yahveh, el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la tierra y lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu a los que por ella andan. 6 Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes, 7 para abrir los ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que viven en tinieblas. 8 Yo, Yahveh, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos. 9 Lo de antes ya ha llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago saber. 10 Cantad a Yahveh un cántico nuevo, su loor desde los confines de la tierra. Que le cante el mar y cuanto contiene, las islas y sus habitantes.

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La Santa Biblia (Parte 2)

11 Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las explanadas en que habita Quedar. Aclamen los habitantes de Petra, desde la cima de los montes vociferen. 12 Den gloria a Yahveh, su loor en las islas publiquen. 13 Yahveh como un bravo sale, su furor despierta como el de un guerrero; grita y vocifera, contra sus enemigos se muestra valeroso. 14 «Estaba mudo desde mucho ha, había ensordecido, me había reprimido. Como parturienta grito, resoplo y jadeo entrecortadamente. 15 Derribaré montes y cedros, y todo su césped secaré; convertiré los ríos en tierra firme y las lagunas secaré. 16 Haré andar a los ciegos por un camino que no conocían, por senderos que no conocían les encaminaré. Trocaré delante de ellos la tiniebla en luz, y lo tortuoso en llano. Estas cosas haré, y no las omitiré.» 17 Haceos atrás, confusos de vergüenza, los que confiáis en ídolos, los que decís a la estatua fundida: «Vosotros sois nuestros dioses.» 18 ¡Sordos, oíd! ¡Ciegos, mirad y ved! 19 ¿Quién está ciego, sino mi siervo? ¿y quién tan sordo como el mensajero a quien envío? (¿Quién es tan ciego como el enviado y tan sordo como el siervo de Yahveh?) 20 Por más que has visto, no has hecho caso; mucho abrir las orejas, pero no has oído. 21 Yahveh se interesa, por causa de su justicia, en engrandecer y dar lustre a la Ley. 22 Pero es un pueblo saqueado y despojado, han sido atrapados en agujeros todos ellos, y en cárceles han sido encerrados. Se les despojaba y no había quien salvase; se les depredaba y nadie decía: «¡Devuelve!» 23 ¿Quién de vosotros escuchará esto, atenderá y hará caso para el futuro? 24 ¿Quién entregó al pillaje a Jacob, y a Israel a los saqueadores? ¿No ha sido Yahveh, contra quien pecamos, rehusamos andar por sus caminos, y no escuchamos sus instrucciones? 25 Vertió sobre él el ardor de su ira, y la violencia de la guerra le abrasó, por todos lados sin que se apercibiese, le consumió, sin que él reflexionase.

Isaías 43
1 Ahora, así dice Yahveh tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel. «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío. 2 Si pasas por las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti. 3 Porque yo soy Yahveh tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. He puesto por expiación tuya a Egipto, a Kus y Seba en tu lugar 4 dado que eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo. Pondré la humanidad en tu lugar, y los pueblos en pago de tu vida. 5 No temas, que yo estoy contigo; desde Oriente haré volver tu raza, y desde Poniente te reuniré. 6 Diré al Norte: “Dámelos”; y al Sur: “No los retengas”, Traeré a mis hijos de lejos, y a mis hijas de los confines de la tierra; 7 a todos los que se llamen por mi nombre, a los que para mi gloria creé, plasmé e hice.» 8 Haced salir al pueblo ciego, aunque tiene ojos, y sordo, aunque tiene orejas. 9 Congréguense todas las gentes y reúnanse los pueblos. ¿Quién de entre ellos anuncia eso, y desde antiguo nos lo hace oír? Aduzcan sus testigos, y que se justifiquen; que se oiga para que se pueda decir: «Es verdad.»

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y mi siervo a quien elegí, para que me conozcáis y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá. 11 Yo, yo soy Yahveh, y fuera de mí no hay salvador. 12 Yo lo he anunciado, he salvado y lo he hecho saber, y no hay entre vosotros ningún extraño. Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y yo soy Dios; 13 yo lo soy desde siempre, y no hay quien libre de mi mano. Yo lo tracé, y ¿quién lo revocará? 14 Así dice Yahveh que os ha rescatado, el Santo de Israel. Por vuestra causa he enviado a hacer caer todos sus cerrojos de las prisiones de Babilonia, y se volverán en ayes los hurras de los caldeos 15 Yo, Yahveh vuestro Santo, el creador de Israel, vuestro Rey. 16 Así dice Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas. 17 El que hizo salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron. 18 ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo? 19 Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo. 20 Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido. 21 El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas. 22 Tú no me has invocado, Jacob, porque te has fatigado de mí, Israel. 23 No me has traído tus ovejas en holocausto ni me has honrado con tus sacrificios. No te obligué yo a servirme con oblación ni te he fatigado a causa del incienso. 24 No me has comprado cañas con dinero ni con la grasa de tus sacrificios me has saciado; hasta me has convertido en siervo con tus pecados, y me has cansado con tus iniquidades. 25 Era yo, yo mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus pecados. 26 Házmelo recordar y vayamos a juicio juntos, haz tú mismo el recuento para justificarte. 27 Pecó tu primer padre y tus intérpretes se rebelaron contra mí. 28 Destituía los príncipes de mi santuario; por eso entregué a Jacob al anatema y a Israel a los ultrajes.

Isaías 44
1 Ahora, pues, escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo elegí. 2 Así dice Yahveh que te creó, te plasmó ya en el seno y te da ayuda: «No temas, siervo mío, Jacob, Yesurún a quien yo elegí. 3 Derramaré agua sobre el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca. Derramaré mi espíritu sobre tu linaje, mi bendición sobre cuanto de ti nazca. 4 Crecerán como en medio de hierbas, como álamos junto a corrientes de aguas. 5 El uno dirá: “Yo soy de Yahveh”, el otro llevará el nombre de Jacob. Un tercero escribirá en su mano: “De Yahveh” y se le llamará Israel.» 6 Así dice Yahveh el rey de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: «Yo soy el primero y el último, fuera de mí, no hay ningún dios. 7 ¿Quién como yo? Que se levante y hable. Que lo anuncie y argumente contra mí; desde que fundé un pueblo eterno, cuanto sucede, que lo diga, y las cosas del futuro, que las revele. 8 No tembléis ni temáis; ¿no lo he dicho y anunciado desde hace tiempo? Vosotros sois testigos; ¿hay otro dios fuera de mí? ¡No hay otra Roca, yo no la conozco!» 9 ¡Escultores de ídolos! Todos ellos son vacuidad; de nada sirven sus obras más estimadas; sus testigos nada ven y nada saben, y por eso quedarán abochornados.

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 ¿Quién modela un dios o funde un ídolo, sin esperar una ganancia? 11 Mas ved que todos sus devotos quedarán abochornados y sus artífices, que no son más que hombres; se reunirán todos y comparecerán; y todos temblarán avergonzados. 12 El forjador trabaja con los brazos, configura a golpe de martillo, ejecuta su obra a fuerza de brazo; pasa hambre y se extenúa; no bebe agua y queda agotado. 13 El escultor tallista toma la medida, hace un diseño con el lápiz, trabaja con la gubia, diseña a compás de puntos y le da figura varonil y belleza humana, para que habite en un templo. 14 Taló un cedro para sí, o tomó un roble, o una encima y los dejó hacerse grandes entre los árboles del bosque; o plantó un cedro que la lluvia hizo crecer. 15 Sirven ellos para que la gente haga fuego. Echan mano de ellos para calentarse. O encienden lumbre para cocer pan. O hacen un dios, al que se adora, un ídolo para inclinarse ante él. 16 Quema uno la mitad y sobre las brasas asa carne y come el asado hasta hartarse. También se calienta y dice: «¡ Ah! ¡me caliento mientras contemplo el resplandor!» 17 Y con el resto hace un dios, su ídolo, ante el que se inclina, le adora y le suplica, diciendo: «¡Sálvame, pues tú eres mi dios!» 18 No saben ni entienden, sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende. 19 No reflexionan, no tienen ciencia ni entendimiento para decirse: «He quemado una mitad, he cocido pan sobre las brasas; he asado carne y la he comido; y ¡voy a hacer con lo restante algo abominable! ¡voy a inclinarme ante un trozo de madera! 20 A quien se apega a la ceniza, su corazón engañado le extravía. No salvará su vida. Nunca dirá: «¿Acaso lo que tengo en la mano es engañoso?» 21 Recuerda esto, Jacob, y que eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel, yo no te olvido! 22 He disipado como una nube tus rebeldías, como un nublado tus pecados. ¡Vuélvete a mí, pues te he rescatado! 23 ¡Gritad, cielos, de júbilo, porque Yahveh lo ha hecho! ¡Clamad, profundidades de la tierra! ¡Lanzad gritos de júbilo, montañas, y bosque con todo su arbolado, pues Yahveh ha rescatado a Jacob y manifiesta su gloria en Israel! 24 Así dice Yahveh, tu redentor, el que te formó desde el seno. Yo, Yahveh, lo he hecho todo, yo, solo, extendí los cielos, yo asenté la tierra, sin ayuda alguna. 25 Yo hago que fallen las señales de los magos y que deliren los adivinos; hago retroceder a los sabios y convierto su ciencia en necedad. 26 Yo confirmo la palabra de mi siervo y hago que triunfe el proyecto de mis mensajeros. Yo digo a Jerusalén: «Serás habitada», y a las ciudades de Judá: «Seréis reconstruidas.» ¡Yo levantaré sus ruinas! 27 Yo digo al abismo: «¡Sécate! Yo desecaré tus ríos.» 28 Yo soy el que dice a Ciro: «Tú eres mi pastor y darás cumplimiento a todos mis deseos, cuando digas de Jerusalén: “Que sea reconstruida” y del santuario: “¡Echa los cimientos!”»

Isaías 45
1 Así dice Yahveh a su Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él a las naciones y desceñir las cinturas de los reyes, para abrir ante él los batientes de modo que no queden cerradas las puertas.

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La Santa Biblia (Parte 2)

2 Yo marcharé delante de ti y allanaré las pendientes. Quebraré los batientes de bronce y romperé los cerrojos de hierro. 3 Te daré los tesoros ocultos y las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy Yahveh, el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre. 4 A causa de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he ennoblecido, sin que tú me conozcas. 5 Yo soy Yahveh, no hay ningún otro; fuera de mí ningún dios existe. Yo te he ceñido, sin que tú me conozcas, 6 para que se sepa desde el sol levante hasta el poniente, que todo es nada fuera de mí. Yo soy Yahveh, no ningún otro; 7 yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahveh, el que hago todo esto. 8 Destilad, cielos, como rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria. Abrase la tierra y produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, Yahveh, lo he creado. 9 ¡Ay de quien litiga con el que la ha modelado, la vasija entre las vasijas de barro! ¿Dice la arcilla al que la modela: «¿Qué haces tú?», y «¿Tu obra no está hecha con destreza?» 10 ¡Ay del que dice a su padre!: «¿Qué has engendrado?» y a su madre: «¿Qué has dado a luz?» 11 Así dice Yahveh, el Santo de Israel y su modelador: «¿Vais a pedirme señales acerca de mis hijos y a darme órdenes acerca de la obra de mis manos? 12 Yo hice la tierra y creé al hombre en ella. Yo extendí los cielos con mis manos y doy órdenes a todo su ejército. 13 Yo le he suscitado para la victoria y he allanado todos sus caminos. El reconstruirá mi ciudad y enviará a mis deportados sin rescate y sin recompensa», dice Yahveh Sebaot. 14 Así dice Yahveh: Los productos de Egipto, el comercio de Kus y los sebaítas, de elevada estatura, vendrán a ti y tuyos serán. Irán detrás de ti, encadenados, ante ti se postrarán, y te suplicarán: «Sólo en ti hay Dios, no hay ningún otro, no hay más dioses.» 15 De cierto que tú eres un dios oculto, el Dios de Israel, salvador. 16 Quedarán abochornados, afrentados, marcharán con ignominia los fabricadores de ídolos. 17 Israel será salvado por Yahveh, con salvación perpetua. No quedaréis abochornados ni afrentados nunca jamás. 18 Pues así dice Yahveh, creador de los cielos, él, que es Dios, plasmador de la tierra y su hacedor, él, que la ha fundamentado, y no la creó caótica, sino que para ser habitada la plasmó: «Yo soy Yahveh, no existe ningún otro. 19 No he hablado en oculto ni en lugar tenebroso. No he dicho al linaje de Jacob: Buscadme en el caos. Yo soy Yahveh, que digo lo que es justo y anuncio lo que es recto.» 20 Reuníos y venid, acercaos todos, supervivientes de las naciones. No saben nada los que llevan sus ídolos de madera, los que suplican a un dios que no puede salvar. 21 Exponed, aducid vuestras pruebas, deliberad todos juntos: «¿Quién hizo oír esto desde antiguo y lo anunció hace tiempo? ¿No he sido yo Yahveh? No hay otro dios, fuera de mí. Dios justo y salvador, no hay otro fuera de mí. 22 Volveos a mí y seréis salvados confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro.

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La Santa Biblia (Parte 2)

23 Yo juro por mi nombre; de mi boca sale palabra verdadera y no será vana: Que ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará 24 diciendo: ¡Sólo en Yahveh hay victoria y fuerza! A él se volverán abochornados todos los que se inflamaban contra él. 25 Por Yahveh triunfará y será gloriosa toda la raza de Israel.

Isaías 46
1 Bel se desploma, Nebó se derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de carga; llevados como fardos sobre un animal desfallecido. 2 Se derrumbaron, se desplomaron todos, no pudieron salvar la carga; ellos mismos van cautivos. 3 Escuchadme, casa de Jacob, y todos los supervivientes de la casa de Israel, los que habéis sido transportados desde el seno, llevados desde el vientre materno. 4 Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os llevaré. Ya lo tengo hecho, yo me encargaré, yo me encargo de ello, yo os salvaré. 5 ¿A quién me podréis asemejar o comparar? ¿A quién me asemejaréis para que seamos parecidos? 6 Sacan el oro de sus bolsas, pesan la plata en la balanza, y pagan a un orfebre para que les haga un dios, al que adoran y ante el cual se postran. 7 Se lo cargan al hombro y lo transportan, lo colocan en su sitio y allí se queda. No se mueve de su lugar. Hasta llegan a invocarle, mas no responde, no salva de la angustia. 8 Recordad esto y sed hombres, tened seso, rebeldes, 9 recordad lo pasado desde antiguo, pues yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios, no hay otro como yo. 10 Yo anuncio desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a cabo. 11 Yo llamo del Oriente un ave rapaz de un país lejano al hombre en quien pensé. Tal como lo he dicho, así se cumplirá; como lo he planeado, así lo haré. 12 Escuchadme vosotros, los que habéis perdido el corazón, los que estáis alejados de lo justo. 13 Yo hago acercarse mi victoria, no está lejos, mi salvación no tardará. Pondré salvación en Sión, mi prez será para Israel.

Isaías 47
1 Baja, siéntate en el polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija de los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita. 2 Toma el molino y muele la harina. Despójate de tu velo, descubre la cola de tu vestido, desnuda tus piernas y vadea los ríos. 3 Descubre tu desnudez y se vean tus vergüenzas. Voy a vengarme y nadie intervendrá. 4 Nuestro redentor, cuyo nombre es Yahveh Sebaot, el Santo de Israel, dice: 5 Siéntate en silencio y entra en la tiniebla, hija de los caldeos, que ya no se te volverá a llamar señora de reinos. 6 Irritado estaba yo contra mi pueblo, había profanado mi heredad y en tus manos los había entregado; pero tú no tuviste piedad de ellos; hiciste caer pesadamente tu yugo sobre el anciano. 7 Tú decías: «Seré por siempre la señora eterna.» No has meditado esto en tu corazón no te has acordado de su fin. 8 Pero ahora, voluptuosa, escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu corazón: «¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de hijos.»

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La Santa Biblia (Parte 2)

9 Estas dos desgracias vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de hijos y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios. 10 Te sentías segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma ciencia te han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!» 11 Vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no sospechas. 12 ¡Quédate, pues, con tus sortilegios y tus muchas hechicerías con que te fatigas desde tu juventud! ¿Te podrán servir de algo? ¿Acaso harás temblar? 13 Te has cansado de tus planes. Que se presenten, pues, y que te salven los que describen los cielos, los que observan las estrellas y hacen saber, en cada mes, lo que te sucederá. 14 Mira, ellos serán como tamo que el fuego quemará. No librarán sus vidas del poder de las llamas. No serán brasas para el pan ni llama ante la cual sentarse. 15 Eso serán para ti tus hechiceros por los que te has fatigado desde tu juventud. Cada uno errará por su camino, y no habrá quien te salve.

Isaías 48
1 Escucha esto, casa de Jacob, los que lleváis el nombre de Israel, los que habéis salido de las aguas de Judá. Los que juráis por el nombre de Yahveh, los que invocáis al Dios de Israel, mas no según verdad y justicia. 2 Porque lleváis el nombre de la ciudad santa y os apoyáis en el Dios de Israel, cuyo nombre es Yahveh Sebaot. 3 Yo anuncié desde hace tiempo las cosas pasadas, salieron de mi boca y las di a conocer; de pronto, las hice y se cumplieron. 4 Yo sabía que tú eres obstinado, que es tu cerviz una barra de hierro y tu frente de bronce. 5 Por eso te anuncié las cosas hace tiempo y antes que ocurrieran te las di a conocer, no sea que dijeras: «Las hizo mi ídolo, mi estatua, mi imagen fundida lo ordenó.» 6 Tú has oído todo esto, ¿no vas a admitirlo? Ahora te hago saber cosas nuevas, secretas, no sabidas, 7 que han sido creadas ahora, no hace tiempo, de las que hasta ahora nada oíste, para que no puedas decir: «Ya lo sabía.» 8 Ni las oíste ni las hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que tú eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno. 9 Por amor de mi nombre retardé mi cólera, a causa de mi alabanza me contuve para no arrancarte. 10 Mira que te he apurado, y no había en ti plata, te he probado en el crisol de la desgracia. 11 Por mí, por mí, lo hago, pues ¿cómo mi nombre sería profanado? No cederé a otro mi gloria. 12 Escúchame, Jacob, Israel, a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el último. 13 Sí, es mi mano la que fundamentó la tierra y mi diestra la que extendió los cielos. Yo los llamo y todos se presentan. 14 Reuníos todos y escuchad: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? «Mi amigo cumplirá mi deseo contra Babilonia y la raza de los caldeos.» 15 Yo mismo le he hablado, le he llamado, le he hecho que venga y triunfe en sus empresas. 16 Acercaos a mí y escuchad esto: Desde el principio no he hablado en oculto, desde que sucedió estoy yo allí. Y ahora el Señor Yahveh me envía con su espíritu. 17 Así dice Yahveh, tu redentor, el Santo de Israel. Yo, Yahveh, tu Dios, te instruyo en lo que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir.

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La Santa Biblia (Parte 2)

18 ¡Si hubieras atendido a mis mandatos, tu dicha habría sido como un río y tu victoria como las olas del mar! 19 ¡Tu raza sería como la arena los salidos de ti como sus granos! ¡Nunca habría sido arrancado ni borrado de mi presencia su nombre! 20 ¡Salid de Babilonia! ¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber, proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: Yahveh ha rescatado a su siervo Jacob! 21 No padecieron sed en los sequedales a donde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la roca. Rompió la roca y corrieron las aguas. 22 No hay paz para los malvados, dice Yahveh.

Isaías 49
1 ¡Oídme, islas, atended, pueblos lejanos! Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. 2 Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta aguda, en su carcaj me guardó. 3 Me dijo: «Tú eres mi siervo (Israel), en quien me gloriaré.» 4 Pues yo decía: «Por poco me he fatigado, en vano e inútilmente mi vigor he gastado. ¿De veras que Yahveh se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo?» 5 Ahora, pues, dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era glorificado a los ojos de Yahveh, mi Dios era mi fuerza. 6 «Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.» 7 Así dice Yahveh, el que rescata a Israel, el Santo suyo, a aquel cuya vida es despreciada, y es abominado de las gentes, al esclavo de los dominadores: Veránlo reyes y se pondrán en pie, príncipes y se postrarán por respeto a Yahveh, que es leal, al Santo de Israel, que te ha elegido. 8 Así dice Yahveh: En tiempo favorable te escucharé, y en día nefasto te asistiré. Yo te formé y te he destinado a ser alianza del pueblo, para levantar la tierra, para repartir las heredades desoladas, 9 para decir a los presos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Mostraos». Por los caminos pacerán y en todos los calveros tendrán pasto. 10 No tendrán hambre ni sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiará. 11 Convertiré todos mis montes en caminos, y mis calzadas serán levantadas. 12 Mira: Estos vienen de lejos, esos otros del norte y del oeste, y aquéllos de la tierra de Sinim. 13 ¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido. 14 Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.» 15 - ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. 16 Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente. 17 Apresúrense los que te reedifican, y salgan de ti los que te arruinaron y demolieron. 18 Alza en torno los ojos y mira: todos ellos se han reunido y han venido a ti. ¡Por mi vida! - oráculo de Yahveh - que con todos ellos como con velo nupcial te vestirás, y te ceñirás con ellos como una novia.

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La Santa Biblia (Parte 2)

19 Porque tus ruinas y desolaciones y tu tierra arrasada van a ser ahora demasiado estrechas para tanto morador, y se habrán alejado tus devoradores. 20 Todavía te dirán al oído los hijos de que fuiste privada: «El lugar es estrecho para mí, Cédeme sitio para alojarme.» 21 Y dirás para ti misma: «¿Quién me ha dado a luz éstos? Pues yo había quedado sin hijos y estéril, desterrada y aparte, y a éstos ¿quién los crió? He aquí que yo había quedado sola, pues éstos ¿dónde estaban?» 22 Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a alzar hacia las gentes de mi mano, y hacia los pueblos voy a levantar mi bandera; traerán a tus hijos en brazos, y tus hijas serán llevadas a hombros. 23 Reyes serán tus tutores, y sus princesas, nodrizas tuyas. Rostro en tierra se postrarán ante ti, y el polvo de tus pies lamerán. Y sabrás que yo soy Yahveh; no se avergonzarán los que en mí esperan. 24 ¿Se arrebata al valiente la presa, o se escapa el prisionero del guerrero? 25 Pues así dice Yahveh: Sí, al valiente se le quitará el prisionero, y la presa del guerrero se le escapará; con tus litigantes yo litigaré, y a tus hijos yo salvaré. 26 Haré comer a tus opresores su propia carne, como con vino nuevo, con su sangre se embriagarán. Y sabrá todo el mundo que yo, Yahveh, soy el que te salva, y el que te rescata, el Fuerte de Jacob.

Isaías 50
1 Así dice Yahveh: ¿Dónde está esa carta de divorcio de vuestra madre a quien repudié? o ¿a cuál de mis acreedores os vendí? Mirad que por vuestras culpas fuisteis vendidos, y por vuestras rebeldías fue repudiada vuestra madre. 2 ¿Por qué cuando he venido no había nadie, cuando he llamado no hubo quien respondiera? ¿Acaso se ha vuelto mi mano demasiado corta para rescatar o quizá no habrá en mí vigor para salvar? He aquí que con un gesto seco el mar, convierto los ríos en desierto; quedan en seco sus peces por falta de agua y mueren de sed. 3 Yo visto los cielos de crespón y los cubro de sayal. 4 El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; 5 el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. 6 Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. 7 Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado. 8 Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se llegue a mí! 9 He aquí que el Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá. 10 El que de entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios. 11 ¡Oh vosotros, todos los que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.

Isaías 51
1 Prestadme oído, seguidores de lo justo, los que buscáis a Yahveh.

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La Santa Biblia (Parte 2)

Reparad en la peña de donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde fuisteis excavados. 2 Reparad en Abraham vuestro padre, y en Sara, que os dio a luz; pues uno solo era cuando le llamé, pero le bendije y le multipliqué. 3 Cuando haya consolado Yahveh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahveh, regocijo y alegría se encontrarán en ella, alabanza y son de canciones. 4 Préstame atención, pueblo mío, mi nación, escúchame; que una instrucción saldrá de mí, y juicio mío para luz de las naciones. Inminente, 5 cercana está mi justicia, saldrá mi liberación, y mis brazos juzgarán a los pueblos. Las islas esperan en mí y cuentan con mi brazo. 6 Alzad a los cielos vuestros ojos y contemplad la tierra abajo, pues los cielos como humareda se disiparán, la tierra como un vestido se gastará y sus moradores como el mosquito morirán. Pero mi salvación por siempre será, y mi justicia se mantendrá intacta. 7 Prestadme oído, sabedores de lo justo, pueblo consciente de mi ley. No temáis las injurias de los hombres, y de sus ultrajes no os asustéis; 8 pues como un vestido se los comerá la polilla, y como lana los comerá la tiña. Pero mi justicia por siempre será, y mi salvación por generaciones de generaciones. 9 ¡Despierta, despierta, revístete de poderío, oh brazo de Yahveh! ¡Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que partió a Ráhab, el que atravesó al Dragón? 10 ¿No eres tú el que secó la Mar, las aguas del gran Océano, el que trocó las honduras del mar en camino para que pasasen los rescatados? 11 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, el penar y suspiros! 12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú, que tienes miedo del mortal y del hijo del hombre, al heno equiparado? 13 Olvidas a Yahveh, tu hacedor, el que extendió los cielos y cimentó la tierra; y te estás despavorido todo a lo largo del día ante la furia del opresor, en cuanto se aplica a destruir. Pues ¿dónde está esa furia del opresor? 14 Pronto saldrá libre el que está en la cárcel, no morirá en la hoya, no le faltará el pan. 15 Yo soy Yahveh tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas; Yahveh Sebaot es mi nombre. 16 Yo he puesto mis palabras en tu boca y te he escondido a la sombra de mi mano, cuando extendía los cielos y cimentaba la tierra, diciendo a Sión: «Mi pueblo eres tú.» 17 ¡Despierta, despierta! ¡Levántate, Jerusalén! Tú, que has bebido de mano de Yahveh la copa de su ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo. 18 No hay quien la guíe de entre todos los hijos que ha dado a luz, no hay quien la tome de la mano de entre todos los hijos que ha criado. 19 Estas dos cosas te han acaecido - ¿quién te conduele? - saqueo y quebranto, hambre y espada - ¿quién te consuela? - 20 Tus hijos desfallecen, yacen, en la esquina de todas las calles como antílope en la red, llenos de la ira de Yahveh, de la amenaza de tu Dios. 21 Por eso, escucha esto, pobrecilla, ebria, pero no de vino. 22 Así dice tu Señor Yahveh, tu Dios, defensor de tu pueblo. Mira que yo te quito de la mano la copa del vértigo, el cáliz de mi ira; ya no tendrás que seguir bebiéndolo. 23 Yo lo pondré en la mano de los que te afligían, de los que a ti misma te decían: «Póstrate para que pasemos», y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle de los que pasaban.

Isaías 52
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La Santa Biblia (Parte 2)

1 ¡Despierta, despierta! ¡Revístete de tu fortaleza, Sión! ¡Vístete tus ropas de gala, Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. 2 Sacúdete el polvo, levántate, cautiva Jerusalén, Líbrate de las ligaduras de tu cerviz, cautiva hija de Sión. 3 Porque así dice Yahveh: De balde fuisteis vendidos, y sin plata seréis rescatados. 4 Sí, así dice el Señor Yahveh: A Egipto bajó mi pueblo en un principio, a ser forastero allí, y luego Asiria le oprimió sin motivo. 5 Y ahora, ¿qué voy a hacer aquí - oráculo de Yahveh - pues mi pueblo ha sido arrebatado sin motivo? Sus dominadores profieren gritos - oráculo de Yahveh - y todo a lo largo del día mi nombre es blasfemado. 6 Por eso mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que decía: «Aquí estoy.» 7 ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» 8 ¡Una voz! Tus vigías alzan la voz, a una dan gritos de júbilo, porque con sus propios ojos ven el retorno de Yahveh a Sión. 9 Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahveh a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. 10 Ha desnudado Yahveh su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos los cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios. 11 ¡Apartaos, apartaos, salid de allí! ¡Cosa impura no toquéis! ¡Salid de en medio de ella, manteneos limpios, portadores del ajuar de Yahveh! 12 Pues sin prisa habréis de salir, no iréis a la desbandada, que va al frente de vosotros Yahveh, y os cierra la retaguardia el Dios de Israel. 13 He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera. 14 Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana - 15 otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.

Isaías 53
1 ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló? 2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. 3 Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. 4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. 5 El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. 6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros. 7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. 8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; 9 y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.

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La Santa Biblia (Parte 2)

10 Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. 11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. 12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.

Isaías 54
1 Grita de júbilo, estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha tenido los dolores; que más son los hijos de la abandonada, que los hijos de la casada, dice Yahveh. 2 Ensancha el espacio de tu tienda las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; 3 porque a derecha e izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblarán. 4 No temas, que no te avergonzarás, ni te sonrojes, que no quedarás confundida, pues la vergüenza de tu mocedad olvidarás, y la afrenta de tu viudez no recordarás jamás. 5 Porque tu esposo es tu Hacedor, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra se llama. 6 Porque como a mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahveh; y la mujer de la juventud ¿es repudiada? - dice tu Dios. 7 Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. 8 En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido - dice Yahveh tu Redentor. 9 Será para mí como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre la tierra, así he jurado que no me irritaré mas contra ti ni te amenazaré. 10 Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá - dice Yahveh, que tiene compasión de ti. 11 Pobrecilla, azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros. 12 Haré de rubí tus baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras preciosas. 13 Todos tus hijos serán discípulos de Yahveh, y será grande la dicha de tus hijos. 14 En justicia serás consolidada. Manténte lejos de la opresión, pues ya no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti. 15 Si alguien te ataca, no será de parte mía; quienquiera que te ataque, contra ti se estrellará. 16 He aquí que yo he creado al herrero, que sopla en el fuego las brasas y saca los instrumentos para su trabajo. 17 Yo he creado al destructor para aniquilar. Ningún arma forjada contra ti tendrá éxito, e impugnarás a toda lengua que se levante a juicio contigo. Tal será la heredad de los siervos de Yahveh y las victorias que alcanzarán por mí - oráculo de Yahveh -.

Isaías 55
1 ¡Oh, todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche! 2 ¿Por qué gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 Aplicad el oído y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David. 4 Mira que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones. 5 Mira que a un pueblo que no conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti correrá por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha honrado. 6 Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano. 7 Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar. 8 Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahveh -. 9 Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros. 10 Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, 11 así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié. 12 Sí, con alegría saldréis, y en paz seréis traídos. Los montes y las colinas romperán ante vosotros en gritos de júbilo, y todos los árboles del campo batirán palmas. 13 En lugar del espino crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para renombre de Yahveh, para señal eterna que no será borrada.

Isaías 56
1 Así dice Yahveh: Velad por la equidad y practicad la justicia, que mi salvación está para llegar y mi justicia para manifestarse. 2 Dichoso el mortal que tal haga, el hombre que persevere en ello, guardándose de profanar el sábado, guardando su mano de hacer nada malo. 3 Que el extranjero que se adhiera a Yahveh, no diga: «¡De cierto que Yahveh me separará de su pueblo!» No diga el eunuco: «Soy un árbol seco.» 4 Pues así dice Yahveh: Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que me agrada y se mantienen firmes en mi alianza, 5 yo he de darles en mi Casa y en mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no será borrado. 6 En cuanto a los extranjeros adheridos a Yahveh para su ministerio, para amar el nombre de Yahveh, y para ser sus siervos, a todo aquel que guarda el sábado sin profanarle y a los que se mantienen firmes en mi alianza, 7 yo les traeré a mi monte santo y les alegraré en mi Casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos. 8 Oráculo del Señor Yahveh que reúne a los dispersos de Israel. A los ya reunidos todavía añadiré otros. 9 Bestias todas del campo, venid a comer, bestias todas del bosque. 10 Sus vigías son ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven visiones, se acuestan, amigos de dormir. 11 Son perros voraces, no conocen hartura, y ni los pastores saben entender. Cada uno sigue su propio camino cada cual, hasta el último, busca su provecho 12 «Venid, voy a sacar vino y nos emborracharemos de licor, que el día de mañana será como el de hoy, o muchísimo mejor.» Isaías 57

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1 El justo perece, y no hay quien haga caso; los hombres buenos son arrebatados, y no hay quien lo considere. Cuando ante la desgracia es arrebatado el justo, 2 se va en paz. ¡Descansen en sus lechos todos los que anduvieron en camino recto! 3 Pero vosotros venid acá, hijos de hechicera, raza adúltera que te prostituyes: 4 ¿De quién os mofáis? ¿Contra quién abrís la boca y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros engendros de pecado, prole bastarda? 5 Los que entráis en calor entre terebintos, bajo cualquier árbol frondoso, degolladores de niños en las torrenteras, debajo de los resquicios de las peñas. 6 En las piedras lisas del torrente tengas tu parte: ¡ellas, ellas te toquen en suerte! Que también sobre ellas vertiste libaciones, hiciste oblación. ¿Acaso con estas cosas me voy a aplacar? 7 Sobre montaña alta y empinada pusiste tu lecho. Hasta allí subiste a hacer el sacrificio. 8 Detrás de la puerta y de la jamba pusiste tu memorial. Sí, te desnudaste, subiste, y no conmigo, a tu lecho, y lo extendiste. Llegaste a un acuerdo con aquellos con quienes te plugo acostarte, mirando el monumento. 9 Te has acercado con aceite para Mélek, multiplicaste tus aromas. Enviaste a tus emisarios muy lejos, y los hiciste bajar hasta el seol. 10 De tanto caminar te cansaste, pero sin decir: «Me rindo.» Hallaste el vigor de tu mano, y así no quedaste debilitada. 11 Pues bien, ¿de quién te asustaste y tuviste miedo, que fuiste embustera, y de mí no te acordaste, no hiciste caso de ello? ¿No es que porque me callé desde siempre, a mí no me temiste? 12 Yo voy a denunciar tu virtud y tus hechos, y no te aprovecharán. 13 Cuando grites, que te salven los reunidos en torno a ti, que a todos ellos los llevará el viento, los arrebatará el aire. Pero aquel que se ampare en mí poseerá la tierra y heredará mi monte santo. 14 Entonces se dirá: Reparad, reparad, abrid camino, quitad los obstáculos del camino de mi pueblo. 15 Que así dice el Excelso y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo. «En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados. 16 Pues no disputaré por siempre ni estaré eternamente enojado, pues entonces el espíritu ante mí desmayaría y las almas que yo he creado. 17 Por culpa de su codicia me enojé y le herí, ocultándome en mi enojo. Pero el rebelde seguía su capricho. 18 Sus caminos vi. Yo le curaré y le guiaré, y le daré ánimos a él y a los que con él lloraban, 19 poniendo alabanza en los labios: ¡Paz, paz al de lejos y al de cerca! - dice Yahveh -. Yo le curaré.» 20 Los malos son como mar agitada cuando no puede calmarse, cuyas aguas lanzan cieno y lodo. 21 «No hay paz para los malvados» - dice mi Dios Isaías

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1 Clama a voz en grito, no te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados. 2 A mí me buscan día a día y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la virtud practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.

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La Santa Biblia (Parte 2)

3 - ¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores. 4 Es que ayunáis para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz. 5 ¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh? 6 ¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo? 7 ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? 8 Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá. 9 Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy.» Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad, 10 repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía. 11 Te guiará Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan. 12 Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos frecuentados. 13 Si apartas del sábado tu pie, de hacer tu negocio en el día santo, y llamas al sábado «Delicia», al día santo de Yahveh «Honorable», y lo honras evitando tus viajes, no buscando tu interés ni tratando asuntos, 14 entonces te deleitarás en Yahveh, y yo te haré cabalgar sobre los altozanos de la tierra. Te alimentaré con la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Yahveh ha hablado.

Isaías 59
1 Mirad, no es demasiado corta la mano de Yahveh para salvar, ni es duro su oído para oír, 2 sino que vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios, y vuestros pecados le hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír. 3 Porque vuestras manos están manchadas de sangre y vuestros dedos de culpa, vuestros labios hablan falsedad y vuestra lengua habla perfidia. 4 No hay quien clame con justicia ni quien juzgue con lealtad. Se confían en la nada y hablan falsedad, conciben malicia y dan a luz iniquidad. 5 Hacen que rompan su cascarón las víboras y tejen telas de araña; el que come de sus huevos muere, y si son aplastados sale una víbora. 6 Sus hilos no sirven para vestido ni con sus tejidos se pueden cubrir. Sus obras son obras inicuas y acciones violentas hay en sus manos. 7 Sus pies corren al mal y se apresuran a verter sangre inocente. Sus proyectos son proyectos inicuos, destrucción y quebranto en sus caminos. 8 Camino de paz no conocen, y derecho no hay en sus pasos. Tuercen sus caminos para provecho propio, ninguno de los que por ellos pasan conoce la paz. 9 Por eso se alejó de nosotros el derecho y no nos alcanzó la justicia. Esperábamos la luz, y hubo tinieblas, la claridad, y anduvimos en oscuridad.

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10 Palpamos la pared como los ciegos y como los que no tienen ojos vacilamos. Tropezamos al mediodía como si fuera al anochecer, y habitamos entre los sanos como los muertos. 11 Todos nosotros gruñimos como osos y zureamos sin cesar como palomas. Esperamos el derecho y no hubo, la salvación, y se alejó de nosotros. 12 Porque fueron muchas nuestras rebeldías delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros, pues nuestras rebeldías nos acompañan y conocemos nuestras culpas: 13 rebelarse y renegar de Yahveh, apartarse de seguir a nuestro Dios, hablar de opresión y revueltas, concebir y musitar en el corazón palabras engañosas. 14 Porque ha sido rechazado el juicio y la justicia queda lejos. Porque la verdad en la plaza ha tropezado y la rectitud no puede entrar. 15 La verdad se echa en falta y el que se aparta del mal es despojado. Lo vio Yahveh y pareció mal a sus ojos que no hubiera derecho. 16 Vio que no había nadie y se maravilló de que no hubiera intercesor. Entonces le salvó su brazo y su justicia le sostuvo. 17 Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en su cabeza. Se puso como túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto. 18 Según los merecimientos así pagará: ira para sus opresores y represalia para sus enemigos. Dará a las islas su merecido. 19 Temerán desde Occidente el nombre de Yahveh y desde el Oriente verán su gloria, pues vendrá como un torrente encajonado contra el que irrumpe con fuerza el soplo de Yahveh. 20 Vendrá a Sión para rescatar, a aquellos de Jacob que se conviertan de su rebeldía. Oráculo de Yahveh -. 21 Cuanto a mí, esta es la alianza con ellos, dice Yahveh. Mi espíritu que ha venido sobre ti y mis palabras que he puesto en tus labios no caerán de tu boca ni de la boca de tu descendencia ni de la boca de la descendencia de tu descendencia, dice Yahveh, desde ahora y para siempre.

Isaías 60
1 ¡Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahveh sobre ti ha amanecido! 2 Pues mira cómo la oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece Yahveh y su gloria sobre ti aparece. 3 Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada. 4 Alza los ojos en torno y mira: todos se reúnen y vienen a ti. Tus hijos vienen de lejos, y tus hijas son llevadas en brazos. 5 Tú entonces al verlo te pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti. 6 Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá vienen portadores de oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahveh. 7 Todas las ovejas de Quedar se apiñarán junto a ti, los machos cabríos de Nebayot estarán a tu servicio. Subirán en holocausto agradable a mi altar, y mi hermosa Casa hermosearé aún más. 8 ¿Quiénes son éstos que como nube vuelan, como palomas a sus palomares? 9 Los barcos se juntan para mí, los navíos de Tarsis en cabeza, para traer a tus hijos de lejos, junto con su plata y su oro, por el nombre de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, que te hermosea. 10 Hijos de extranjeros construirán tus muros, y sus reyes se pondrán a tu servicio, porque en mi cólera te herí, pero en mi benevolencia he tenido compasión de ti. 11 Abiertas estarán tus puertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán, para dejar entrar a ti las riquezas de las naciones, traídas por sus reyes.

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La Santa Biblia (Parte 2)

12 Pues la nación y el reino que no se sometan a ti perecerán, esas naciones serán arruinadas por completo. 13 La gloria del Líbano vendrá a ti, el ciprés, el olmo y el boj a una, a embellecer mi Lugar Santo y honrar el lugar donde mis pies reposan. 14 Acudirán a ti encorvados los hijos de los que te humillaban, se postrarán a tus pies todos los que te menospreciaban, y te llamarán la Ciudad de Yahveh, la Sión del Santo de Israel. 15 En vez de estar tú abandonada, aborrecida y sin viandantes, yo te convertiré en lozanía eterna, gozo de siglos y siglos. 16 Te nutrirás con la leche de las naciones, con las riquezas de los reyes serás amamantada, y sabrás que yo soy Yahveh tu Salvador, y el que rescata, el Fuerte de Jacob. 17 En vez de bronce traeré oro, en vez de hierro traeré plata, en vez de madera, bronce, y en vez de piedras, hierro. Te pondré como gobernantes la Paz, y por gobierno la Justicia. 18 No se oirá más hablar de violencia en tu tierra, ni de despojo o quebranto en tus fronteras, antes llamarás a tus murallas «Salvación» y a tus puertas «Alabanza». 19 No será para ti ya nunca más el sol luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará de noche, sino que tendrás a Yahveh por luz eterna, y a tu Dios por tu hermosura. 20 No se pondrá jamás tu sol, ni tu luna menguará, pues Yahveh será para ti luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto. 21 Todos los de tu pueblo serán justos, para siempre heredarán la tierra; retoño de mis plantaciones, obra de mis manos para manifestar mi gloria. 22 El más pequeño vendrá a ser un millar, el más chiquito, una nación poderosa. Yo, Yahveh, a su tiempo me apresuraré a cumplirlo.

Isaías 61
1 El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; 2 a pregonar año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, 3 para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia, plantación de Yahveh para manifestar su gloria. 4 Edificarán las ruinas seculares, los lugares de antiguo desolados levantarán, y restaurarán las ciudades en ruinas, los lugares por siempre desolados. 5 Vendrán extranjeros y apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extraños serán vuestros labradores y viñadores. 6 Y vosotros seréis llamados «sacerdotes de Yahveh», «ministros de nuestro Dios» se os llamará. La riqueza de las naciones comeréis y en su gloria les sucederéis. 7 Por cuanto su vergüenza había sido doble, y en lugar de afrenta, gritos de regocijo fueron su herencia, por eso en su propia tierra heredarán el doble, y tendrán ellos alegría eterna. 8 Pues yo, Yahveh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos. 9 Será conocida en las naciones su raza y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los vean reconocerán que son raza bendita de Yahveh. 10 «Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos.

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11 Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones.» Isaías 62 1 Por amor de Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha. 2 Verán las naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo que la boca de Yahveh declarará. 3 Serás corona de adorno en la mano de Yahveh, y tiara real en la palma de tu Dios. 4 No se dirá de ti jamás «Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada. 5 Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios. 6 Sobre los muros de Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la noche estarán callados. Los que hacéis que Yahveh recuerde, no guardéis silencio. 7 No le dejéis descansar, hasta que restablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza en la tierra. 8 Ha jurado Yahveh por su diestra y por su fuerte brazo: «No daré tu grano jamás por manjar a tus enemigos. No beberán hijos de extraños tu mosto por el que te fatigaste, 9 sino que los que lo cosechen lo comerán y alabarán a Yahveh, y los que los recolecten lo beberán en mis atrios sagrados.» 10 ¡Pasad, pasad por las puertas! ¡Abrid camino al pueblo! ¡Reparad, reparad el camino, y limpiadlo de piedras! ¡Izad pendón hacia los pueblos! 11 Mirad que Yahveh hace oír hasta los confines de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le precede. 12 Se les llamará “Pueblo Santo”, “Rescatados de Yahveh”; y a ti se te llamará “Buscada”, “Ciudad no Abandonada”.» Isaías 63 1 - ¿Quién es ése que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo? ¿Ese del vestido esplendoroso, y de andar tan esforzado? - Soy yo que hablo con justicia, un gran libertador. 2 - Y ¿por qué está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero? 3 - El lagar he pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he manchado. 4 ¡Era el día de la venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado! 5 Miré bien y no había auxiliador; me asombré de que no hubiera quien apoyase. Así que me salvó mi propio brazo, y fue mi furia la que me sostuvo. 6 Pisoteé a pueblos en mi ira, los pise con furia e hice correr por tierra su sangre. 7 Las misericordias de Yahveh quiero recordar, las alabanzas de Yahveh, por todo lo que nos ha premiado Yahveh, por la gran bondad para la casa de Israel, que tuvo con nosotros en su misericordia, y por la abundancia de sus bondades. 8 Dijo él: «De cierto que ellos son mi pueblo, hijos que no engañarán.» Y fue él su Salvador 9 en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel: él mismo en persona los liberó. Por su amor y su compasión él los rescató: los levantó y los llevó todos los días desde siempre. 10 Mas ellos se rebelaron y contristaron a su Espíritu santo, y él se convirtió en su enemigo, guerreó contra ellos. 11 Entonces se acordó de los días antiguos, de Moisés su siervo.

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¿Dónde está el que los sacó de la mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en él su Espíritu santo, 12 el que hizo que su brazo fuerte marchase al lado de Moisés, el que hendió las aguas ante ellos para hacerse un nombre eterno, 13 el que les hizo andar por los abismos como un caballo por el desierto, sin que tropezaran, 14 cual ganado que desciende al valle? El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso. 15 observa desde los cielos y ve desde tu aposento santo y glorioso. ¿Dónde está tu celo y tu fuerza, la conmoción de tus entrañas? ¿Es que tus entrañas se han cerrado para mí? 16 Porque tú eres nuestro Padre, que Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda. Tú, Yahveh, eres nuestro Padre, tu nombre es «El que nos rescata» desde siempre. 17 ¿Por qué nos dejaste errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad. 18 ¿Por qué el enemigo ha invalido tu santuario, tu santuario han pisoteado nuestros opresores? 19 Somos desde antiguo gente a la que no gobiernas, no se nos llama por tu nombre. ¡Ah si rompieses los cielos y descendieses - ante tu faz los montes se derretirían,

Isaías 64
1 como prende el fuego en la hojarasca, como el fuego hace hervir al agua - para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, y hacer temblar a las naciones ante ti, 2 haciendo tú cosas terribles, inesperadas. (Tú descendiste: ante tu faz, los montes se derretirán.) 3 Nunca se oyó. No se oyó decir, ni se escuchó, ni ojo vio a un Dios, sino a ti, que tal hiciese para el que espera en él. 4 Te haces encontradizo de quienes se alegran y practican justicia y recuerdan tus caminos. He aquí que estuviste enojado, pero es que fuimos pecadores; estamos para siempre en tu camino y nos salvaremos. 5 Somos como impuros todos nosotros, como paño inmundo todas nuestras obras justas. Caímos como la hoja todos nosotros, y nuestras culpas como el viento nos llevaron. 6 No hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para asirse a ti. Pues encubriste tu rostro de nosotros, y nos dejaste a merced de nuestras culpas. 7 Pues bien, Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros. 8 No te irrites, Yahveh, demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa. Ea, mira, todos nosotros somos tu pueblo. 9 Tus ciudades santas han quedado desiertas, Sión desierta ha quedado, Jerusalén desolada. 10 Nuestra Casa santa y gloriosa, en donde te alabaron nuestros padres, ha parado en hoguera de fuego, y todas nuestras cosas más queridas han parado en ruinas. 11 ¿Es que ante esto te endurecerás, Yahveh, callarás y nos humillarás sin medida?

Isaías 65
1 Me he hecho encontradizo de quienes no preguntaban por mí; me he dejado hallar de quienes no me buscaban. Dije: «Aquí estoy, aquí estoy» a gente que no invocaba mi nombre. 2 Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en pos de sus pensamientos;

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3 pueblo que me irrita en mi propia cara de continuo, que sacrifican en los jardines y queman incienso sobre ladrillos; 4 que habitan en tumbas y en antros hacen noche; que comen carne de cerdo y bazofia descompuesta en sus cacharros; 5 los que dicen: «Quédate ahí, no te llegues a mí, que te santificaría.» Estos son humo en mi nariz, fuego que abrasa siempre. 6 Mirad que está escrito delante de mí: no callaré hasta no haber puesto su paga en su seno, 7 la de vuestras culpas y las de vuestros padres juntamente - dice Yahveh - que quemaron incienso en los montes y en las colinas me afrentaron; pero yo voy a medirles la paga de su obra y se la pondré en su seno. 8 Así dice Yahveh: Como cuando se encuentra mosto en el racimo y se dice: «No lo eches a perder, porque es una bendición», así haré yo por amor de mis siervos, evitando destruirlos a todos. 9 Sacaré de Jacob simiente y de Judá heredero de mis montes; los heredarán mis elegidos y mis siervos morarán allí. 10 Sarón será majada de ovejas y el valle de Akor corral de vacas para mi pueblo, los que me buscaron. 11 Mas vosotros, los que abandonáis a Yahveh, los que olvidáis mi monte santo, los que ponéis una mesa a Gad y llenáis una copa a Mení, 12 Yo os destino a la espada y todos vosotros caeréis degollados, porque os llamé y no respondisteis, hablé y no oísteis, sino que hicisteis lo que me desagrada, y lo que no me gusta elegisteis. 13 Por tanto, así dice el Señor Yahveh: Mirad que mis siervos comerán, mas vosotros tendréis hambre; mirad que mis siervos beberán, mas vosotros tendréis sed; mirad que mis siervos se alegrarán, mas vosotros padeceréis vergüenza; 14 mirad que mis siervos cantarán con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con corazón triste, y con espíritu quebrantado gemiréis. 15 Dejaréis vuestro nombre a mis elegidos para que sirva de imprecación: «¡Así te haga morir el Señor Yahveh...!», pero a sus siervos les dará un nombre nuevo 16 tal que, quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén, y quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén; cuando se hayan olvidado las angustias primeras, y cuando estén ocultas a mis ojos. 17 Pues he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los primeros ni vendrán a la memoria; 18 antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que yo voy a crear a Jerusalén «Regocijo», y a su pueblo «Alegría»; 19 me regocijaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga allí jamás lloro ni quejido. 20 No habrá allí jamás niño que viva pocos días, o viejo que no llene sus días, pues morir joven será morir a los cien años, y el que no alcance los cien años será porque está maldito. 21 Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto. 22 No edificarán para que otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un árbol vivirá mi pueblo, y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos. 23 No se fatigarán en vano ni tendrán hijos para sobresalto, pues serán raza bendita de Yahveh ellos y sus retoños con ellos. 24 Antes que me llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo les escucharé. 25 Lobo y cordero pacerán a una, = el león comerá paja como el buey =, y la serpiente se alimentará de polvo, = no harán más daño ni perjuicio en todo mi santo monte - dice Yahveh.

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Isaías 66
1 Así dice Yahveh: Los cielos son mi trono y la tierra el estrado de mis pies, Pues ¿qué casa vais a edificarme, o qué lugar para mi reposo, 2 si todo lo hizo mi mano, y es mío todo ello? - Oráculo de Yahveh -. Y ¿en quién voy a fijarme? En el humilde y contrito que tiembla a mi palabra. 3 Se inmola un buey, se abate un hombre, se sacrifica una oveja, se desnuca un perro, se ofrece en oblación sangre de cerdo, se hace un memorial de incienso, se bendice a los ídolos. Ellos mismos eligieron sus propios caminos y en sus monstruos abominables halló su alma complacencia. 4 También yo elegiré el vejarlos y sus temores traeré sobre ellos, por cuanto que llamé y nadie respondió, hablé y no escucharon, sino que hicieron lo que me parece mal y lo que no me gusta eligieron. 5 Escuchad la palabra de Yahveh, los que tembláis a su palabra. Dijeron vuestros hermanos que os aborrecen, que os rechazan por causa de mi nombre: «Que Yahveh muestre su gloria y veamos vuestra alegría.» Pero ellos quedarán avergonzados. 6 Voz estruendosa viene de la ciudad, voz del Templo: la voz de Yahveh que paga el merecido a sus enemigos. 7 Antes de tener dolores dio a luz, antes de llegarle el parto dio a luz varón. 8 ¿Quién oyó tal? ¿Quién vio cosa semejante? ¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿O nace un pueblo todo de una vez? Pues bien: Tuvo dolores y dio a luz Sión a sus hijos. 9 ¿Abriré yo el seno sin hacer dar a luz - dice Yahveh - o lo cerraré yo, que hago dar a luz? - Dice tu Dios. 10 Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacíais duelo; 11 de modo que maméis y os hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os deleitéis de los pechos de su gloria. 12 Porque así dice Yahveh: Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados. 13 Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis consolados). 14 Al verlo se os regocijará el corazón, vuestros huesos como el césped florecerán, la mano de Yahveh se dará a conocer a sus siervos, y su enojo a sus enemigos. 15 Pues he aquí que Yahveh en fuego viene y como torbellino son sus carros, para desfogar su cólera con ira y su amenaza con llamas de fuego. 16 Porque con fuego Yahveh va a juzgar y con su espada a toda carne, y serán muchas las víctimas de Yahveh. 17 Los que se consagran y los que se purifican en los jardines, detrás de uno que está en medio, que comen carne de cerdo, cosas inmundas y de rata, a una serán eliminados con sus acciones y sus pensamientos, - oráculo de Yahveh -. 18 Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria. 19 Pondré en ellos señal y enviaré de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y Lud, Mések, Ros, Túbal, Yaván; a las islas remotas que no oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones. 20 Y traerán a todos vuestros hermanos de todas las naciones como oblación a Yahveh - en caballos, carros, literas, mulos y dromedarios - a mi monte santo de Jerusalén - dice Yahveh - como traen los hijos de Israel la oblación en recipiente limpio a la Casa de Yahveh. 21 Y también de entre ellos tomaré para sacerdotes y levitas - dice Yahveh.
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22 Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mi presencia - oráculo de Yahveh - así permanecerá vuestra raza y vuestro nombre. 23 Así pues, de luna en luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a prosternarse ante mí - dice Yahveh. 24 Y en saliendo, verán los cadáveres de aquellos que se rebelaron contra mí; su gusano no morirá su fuego no se apagará, y serán el asco de todo el mundo.

JEREMÍAS Jeremías 1
1 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de Benjamín, 2 a quien fue dirigida la palabra de Yahveh en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año trece de su reinado, 3 y después en tiempo de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, o sea, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto. 4 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 5 Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí. 6 Yo dije: «¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.» 7 Y me dijo Yahveh: No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. 8 No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte - oráculo de Yahveh -. 9 Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. 10 Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar. 11 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo, Jeremías?» «Una rama de almendro estoy viendo.» 12 Y me dijo Yahveh: «Bien has visto. Pues así soy yo, velador de mi palabra para cumplirla.» 13 Nuevamente me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo?» «Un puchero hirviendo estoy viendo, que se vuelca de norte a sur.» 14 Y me dijo Yahveh: «Es que desde el norte se iniciará el desastre sobre todos los moradores de esta tierra. 15 Porque en seguida llamo yo a todas las familias reinos del norte - oráculo de Yahveh - y vendrán a instalarse a las mismas puertas de Jerusalén, y frente a todas sus murallas en torno, y contra todas las ciudades de Judá, 16 a las que yo sentenciaré por toda su malicia: por haberme dejado a mí para ofrecer incienso a otros dioses, y adorar la obra de sus propias manos. 17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos; 18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra. 19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh para salvarte.» Jeremías 2 1 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

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2 Ve y grita a los oídos de Jerusalén: Así dice Yahveh: De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la tierra no sembrada. 3 Consagrado a Yahveh estaba Israel, primicias de su cosecha. «Quienquiera que lo coma, será reo; mal le sucederá» - oráculo de Yahveh - . 4 Oíd la palabra de Yahveh, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. 5 Así dice Yahveh: ¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido, que se alejaron de mi vera, y yendo en pos de la Vanidad se hicieron vanos? 6 En cambio no dijeron: «¿Dónde está Yahveh, que nos subió de la tierra de Egipto, que nos llevó por el desierto, por la estepa y la paramera, por tierra seca y sombría, tierra por donde nadie pasa y en donde nadie se asienta?» 7 Luego os traje a la tierra del vergel, para comer su fruto y su bien. Llegasteis y ensuciasteis mi tierra, y pusisteis mi heredad asquerosa. 8 Los sacerdotes no decían: «¿Dónde está Yahveh?»; ni los peritos de la Ley me conocían; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban por Baal, y en pos de los Inútiles andaban. 9 Por eso, continuaré litigando con vosotros - oráculo de Yahveh - y hasta con los hijos de vuestros hijos litigaré. 10 Porque, en efecto, pasad a las islas de los Kittim y ved, enviad a Quedar quien investigue a fondo, pensadlo bien y ved si aconteció cosa tal: 11 si las gentes cambiaron de dioses - ¡aunque aquéllos no son dioses! -. Pues mi pueblo ha trocado su Gloria por el Inútil. 12 Pasmaos, cielos, de ello, erizaos y cobrad gran espanto - oráculo de Yahveh -. 13 Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen. 14 ¿Es un esclavo Israel, o nació siervo? Pues ¿cómo es que ha servido de botín? 15 Contra él rugieron leoncillos, dieron voces y dejaron su país hecho una desolación, sus ciudades incendiadas, sin habitantes. 16 Hasta los hijos de Nof y de Tafnis te han rapado el cráneo. 17 ¿No te ha sucedido esto por haber dejado a Yahveh tu Dios cuando te guiaba en tu camino? 18 Y entonces, ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Egipto para beber las aguas del Nilo?, o ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Asur para beber las aguas del Río? 19 Que te enseñe tu propio daño, que tus apostasías te escarmienten; reconoce y ve lo malo y amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios y no temblar ante mí - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -. 20 Oh tú, que rompiste desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: «¡No serviré!», tú, que sobre todo otero prominente y bajo todo árbol frondoso estabas yaciendo, prostituta. 21 Yo te había plantado de la cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te has mudado en sarmiento de vid bastarda? 22 Porque, así te blanquees con salitre y te des cantidad de lejía, se te nota la culpa en mi presencia - oráculo del Señor Yahveh -. 23 Cómo dices: «No estoy manchada; en pos de los Baales no anduve?» ¡Mira tu rastro en el Valle! Reconoce lo que has hecho, camellita liviana que trenza sus derroteros, 24 irrumpe en el desierto y en puro celo se bebe los vientos: su estro, ¿quién lo calmará? Cualquiera que la busca la topa, ¡bien acompañada la encuentra! 25 Guarda tu pie de la descalcez y tu garganta de la sed. Pero tú dices: «No hay remedio: a mí me gustan los extranjeros, y tras ellos he de ir.»

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La Santa Biblia (Parte 2)

26 Cual se avergüenza el ladrón cuando es sorprendido, así se ha avergonzado la casa de Israel: ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas, 27 los que dicen al madero: «Mi padre eres tú», y a la piedra: «Tú me diste a luz.» Tras de volverme la espalda, que no la cara, al tiempo de su mal dice: «¡Levántate y sálvanos!» 28 Pues ¿dónde están tus dioses, los que tú mismo te hiciste? ¡Que se levanten ellos, a ver si te salvan en tiempo de desgracia! Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; (y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares hay de Baal). 29 ¿Por qué os querelláis conmigo, si todos vosotros os habéis rebelado contra mí? oráculo de Yahveh -. 30 En vano golpeé a vuestros hijos, pues no aprendieron. Ha devorado vuestra espada a vuestos profetas, como el león cuando estraga. 31 ¡Vaya generación la vuestra!; atended a la palabra de Yahveh: ¿Fui yo un desierto para Israel o una tierra malhadada? ¿Por qué, entonces, dice mi pueblo: «¡Bajemos! No vendremos más a ti.»? 32 ¿Se olvida la doncella de su aderezo, la novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha olvidado días sin número. 33 ¡Qué hermoso te parece tu camino en busca del amor! A la verdad, hasta con maldades aprendiste tus caminos. 34 En tus mismas haldas se encontraban manchas de sangre de las almas de pobres inocentes: no los sorprendiste en escalo. Y con todo eso, 35 dices: «Soy inocente; basta ya de ira contra mí.» Pues bien, aquí me tienes para discutir contigo eso que has dicho: «No he pecado.» 36 ¡Cuánta ligereza la tuya para cambiar de dirección! También de Egipto te avergonzarás como te avergonzaste de Asur. 37 También de ésta saldrás con las manos en la cabeza. Porque Yahveh ha rechazado aquello en que confías, y no saldrás bien de ello.

Jeremías 3
1 «Supongamos que despide un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre: ¿podrá volver a él? ¿no sería como una tierra manchada?» Pues bien, tú has fornicado con muchos compañeros, ¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahveh -. 2 Alza los ojos a los calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los caminos te sentabas para ellos, como el árabe en el desierto, y manchaste la tierra con tus fornicaciones y malicia. 3 Se suspendieron las lloviznas de otoño, y faltó lluvia tardía; pero tú tenías rostro de mujer descarada, rehusaste avergonzarte. 4 ¿Es que entonces mismo no me llamabas: «Padre mío; el amigo de mi juventud eres tú?; 5 ¿tendrá rencor para siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?» Ahí tienes cómo has hablado; las maldades que hiciste las has colmado. 6 Yahveh me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso, fornicando allí. 7 En vista de lo que había hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida; 8 vio que a causa de todas las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella, 9 tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño.

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10 A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente - oráculo de Yahveh. 11 Y me dijo Yahveh: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida. 12 Anda y pregona estas palabras al Norte y di: Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahveh -; no estará airado mi semblante contra vosotros, porque piadoso soy - oráculo de Yahveh - no guardo rencor para siempre. 13 Tan sólo reconoce tu culpa, pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste, frecuentaste a extranjeros bajo todo árbol frondoso, y mi voz no oísteis - oráculo de Yahveh -. 14 Volved, hijos apóstatas - oráculo de Yahveh - porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré a Sión. 15 Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia. 16 Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo de Yahveh - no se hablará más del arca de la alianza de Yahveh, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás. 17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahveh» y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahveh, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones. 18 En aquellos días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres. 19 Yo había dicho: «Sí, te tendré como a un hijo y te daré una tierra espléndida, flor de las heredades de las naciones.» Y añadí: «Padre me llamaréis y de mi seguimiento no os volveréis.» 20 Pues bien, como engaña una mujer a su compañero, así me ha engañado la casa de Israel, oráculo de Yahveh. 21 Voces sobre los calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de Israel, porque torcieron su camino, olvidaron a su Dios Yahveh. 22 - Volved, hijos apóstatas; yo remediaré vuestras apostasías. - Aquí nos tienes de vuelta a ti, porque tú, Yahveh, eres nuestro Dios. 23 ¡Luego eran mentira los altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahveh, nuestro Dios, se salva Israel! 24 La Vergüenza se comió la laceria de nuestros padres desde nuestra mocedad: sus ovejas y vacas, sus hijos e hijas. 25 Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra propia confusión, ya que contra Yahveh nuestro Dios hemos pecado nosotros como nuestros padres desde nuestra mocedad hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahveh nuestro Dios.

Jeremías 4
1 ¡Si volvieras, Israel!, oráculo de Yahveh, ¡si a mí volvieras!, si quitaras tus Monstruos abominables, y de mí no huyeras! 2 Jurarías: «¡Por vida de Yahveh!» con verdad, con derecho y con justicia, y se bendecirían por él las naciones, y por él se alabarían. 3 Porque así dice Yahveh al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no sembréis sobre cardos. 4 Circuncidaos para Yahveh y extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda y no haya quien la apague, en vista de vuestras perversas acciones. 5 Avisad en Judá y que se oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!

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6 ¡Izad bandera hacia Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del norte y un quebranto grande. 7 Se ha levantado el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha: salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes. 8 Por ende, ceñíos de sayal, endechad y plañid: - «¡No; no se va de nosotros la ardiente ira de Yahveh!» 9 Sucederá aquel día - oráculo de Yahveh - que se perderá el ánimo del rey y el de los príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán. 10 Y yo digo: «¡Ay, Señor Yahveh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo: “Paz tendréis”, y ha penetrado la espada hasta el alma!» 11 En aquella sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén: - Un viento ardiente viene por el desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para limpiar. 12 Un viento lleno de amenazas viene de mi parte. Ahora me toca a mí alegar mis razones respecto a ellos. 13 Ved cómo se levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que águilas sus corceles. - ¡Ay de nosotros, estamos perdidos! 14 - Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti tus pensamientos torcidos? 15 Una voz avisa desde Dan y da la mala nueva desde la sierra de Efraím. 16 Pregonad: «¡Los gentiles! ¡Ya están aquí!»; hacedlo oír en Jerusalén. Los enemigos vienen de tierra lejana y dan voces contra las ciudades de Judá. 17 Como guardas de campo se han puesto frente a ella en torno, porque contra mí se rebelaron - oráculo de Yahveh -. 18 Tu proceder y fechorías te acarrearon esto; esto tu desgracia te ha penetrado hasta el corazón porque te rebelaste contra mí. 19 - ¡Mis entrañas, mis entrañas!, ¡me duelen las telas del corazón, se me salta el corazón del pecho! No callaré, porque mi alma ha oído sones de cuerno, el clamoreo del combate. 20 Se anuncia quebranto sobre quebranto, porque es saqueada toda la tierra. En un punto son saqueadas mis tiendas, y en un cerrar de ojos mis toldos. 21 ¿Hasta cuándo veré enseñas, y oiré sones de cuerno? 22 - Es porque mi pueblo es necio: A mí no me conocen. Criaturas necias son, carecen de talento. Sabios son para lo malo, ignorantes para el bien. 23 Miré a la tierra, y he aquí que era un caos; a los cielos, y faltaba su luz. 24 Miré a los montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban. 25 Miré, y he aquí que no había un alma, y todas las aves del cielo se habían volado. 26 Miré, y he aquí que el vergel era yermo, y todas las ciudades estaban arrasadas delante de Yahveh y del ardor de su ira. 27 Porque así dice Yahveh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella. 28 Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella. 29 Al ruido de jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas habitantes. 30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan! 31 Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi alma desfallece a manos de asesinos!» Jeremías

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1 Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría. 2 Pues, si bien dicen: «¡Por vida de Yahveh!», también juran en falso. 3 - ¡Oh Yahveh! tus ojos, ¿no son para la verdad? Les heriste, mas no acusaron el golpe; acabaste con ellos, pero no quisieron aprender. Endurecieron sus caras más que peñascos, rehusaron convertirse. 4 Yo decía: «Naturalmente, el vulgo es necio, pues ignora el camino de Yahveh, el derecho de su Dios. 5 Voy a acudir a los grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de Yahveh, el derecho de su Dios.» Pues bien, todos a una habían quebrado el yugo y arrancado las coyundas. 6 Por eso los herirá el león de la selva, el lobo de los desiertos los destrozará, el leopardo acechará sus ciudades: todo el que saliere de ellas será despedazado. - Porque son muchas sus rebeldías, y sus apostasías son grandes. 7 ¿Cómo te voy a perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no - dios. Yo los harté, y ellos se hicieron adúlteros, y el lupanar frecuentaron. 8 Son caballos lustrosos y vagabundos: cada cual relincha por la mujer de su prójimo. 9 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma? 10 Escalad sus murallas, destruid, mas no acabéis con ella. Quitad sus sarmientos porque no son de Yahveh. 11 Porque bien me engañaron, la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo de Yahveh -. 12 Renegaron de Yahveh diciendo: «¡El no cuenta!, ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada ni hambre veremos! 13 Cuanto a los profetas, el viento se los lleve, pues carecen de Palabra.» - Así les será hecho. 14 Por tanto, así dice Yahveh, el Dios Sebaot: Por haber hablado ellos tal palabra, he aquí que yo pongo las mías en tu boca como fuego, y a este pueblo como leños, y los consumirá. 15 He aquí que yo traigo sobre vosotros, una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! oráculo de Yahveh -; una nación que no mengua, nación antiquísima aquélla, nación cuya lengua ignoras y no entiendes los que habla; 16 cuyo carcaj es como tumba abierta: todos son valientes. 17 Comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá tus viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas fuertes en que confías. 18 Por lo demás, en los días aquellos - oráculo de Yahveh - todavía no acabaré con vosotros. 19 - Y cuando dijereis: «¿Por qué nos hace Yahveh nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.» 20 Anunciad esto a la casa de Jacob y hacedlo oír en Judá: 21 - Ea, oíd esto, pueblo necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen -: 22 ¿A mí no me temeréis? - oráculo de Yahveh -, ¿delante de mí no temblaréis, que puse la arena por término al mar, límite eterno, que no traspasará? Se agitará, mas no lo logrará; mugirán sus olas, pero no pasarán. 23 Pero este pueblo tiene un corazón traidor y rebelde: traicionaron llegando hasta el fin. 24 Y no se les ocurrió decir: «Ea, temamos a Yahveh nuestro Dios, que da la lluvia tempranera y la tardía a su tiempo; que nos garantiza las semanas que regulan la siega.» 25 Todo esto lo trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del bien.

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26 Porque se encuentran en mi pueblo malhechores: preparan la red, cual paranceros montan celada: ¡hombres son atrapados! 27 Como jaula llena de aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron y se enriquecieron, 28 engordaron, se alustraron. Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban. 29 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma? 30 Algo pasmoso y horrendo se ha dado en la tierra: 31 los profetas profetizaron con mentira, y los sacerdotes dispusieron a su guisa. Pero mi pueblo lo prefiere así. ¿A dónde vais a parar?

Jeremías 6
1 Escapad, hijos de Benjamín, de dentro de Jerusalén, en Técoa tañed el cuerno, y sobre Bet Hakkérem izad bandera, porque una desgracia amenaza del norte y un quebranto grande. 2 ¿Acaso a una deliciosa pradera te comparas, hija de Sión? 3 A ella vienen pastores con sus rebaños, han montado las tiendas, junto a ella en derredor, y apacientan cada cual su manada. 4 - «¡Declaradle la guerra santa! ¡En pie y subamos contra ella a mediodía!... ¡Ay de nosotros, que el día va cayendo, y se alargan las sombras de la tarde!... 5 ¡Pues arriba y subamos de noche y destruiremos sus alcázares!» 6 Porque así dice Yahveh Sebaot: «Talad sus árboles y alzad contra Jerusalén un terraplén.» Es la ciudad de visita. Todo el mundo se atropella en su interior. 7 Cual mana un pozo sus aguas, tal mana ella su malicia. «¡Atropello!», «¡despojo!» - se oye decir en ella; ante mí de continuo heridas y golpes. 8 Aprende, Jerusalén, no sea que se despegue mi alma de ti, no sea que te convierta en desolación, en tierra despoblada. 9 Así dice Yahveh Sebaot: Busca, rebusca como en una cepa en el resto de Israel; vuelve a pasar tu mano como el vendimiador por los pámpanos. 10 - ¿A quiénes que me oigan voy a hablar y avisar? He aquí que su oído es incircunciso y no pueden entender. He aquí que la palabra de Yahveh se les ha vuelto oprobio: no les agrada. 11 También yo estoy lleno de la saña de Yahveh y cansado de retenerla. La verteré sobre el niño de la calle y sobre el grupo de mancebos juntos. También el hombre y la mujer serán apresados, el viejo con la anciana. 12 Pasarán sus casas a otros, campos y mujeres a la vez, cuando extienda yo mi mano sobre los habitantes de esta tierra - oráculo de Yahveh -. 13 Porque desde el más chiquito de ellos hasta el más grande, todos andan buscando su provecho, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude. 14 Han curado el quebranto de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando no había paz. 15 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron; por tanto caerán con los que cayeren; tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh. 16 Así dice Yahveh: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno, y andad por él, y encontraréis sosiego para vuestras almas. Pero dijeron: «No vamos.» 17 Entonces les puse centinelas: «¡Atención al toque de cuerno!» Pero dijeron: «No atendemos.»

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18 Por tanto, oíd, naciones, y conoce, asamblea, lo que vendrá sobre ellos; 19 oye, tierra: He aquí que traigo desgracia a este pueblo, como fruto de sus pensamientos, porque a mis razones no atendieron, y por lo que respecta a mi Ley, la desecharon. 20 - ¿A qué traerme incienso de Seba y canela fina de país remoto? Ni vuestros holocaustos me son gratos, ni vuestros sacrificios me complacen. 21 Por tanto, así dice Yahveh: Mirad que pongo a este pueblo tropiezos y tropezarán en ellos padres e hijos a una, el vecino y su prójimo perecerán. 22 Así dice Yahveh: Mirad que un pueblo viene de tierras del norte y una gran nación se despierta de los confines de la tierra. 23 Arco y lanza blanden, crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo van montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti, hija de Sión. 24 - Oímos su fama, flaquean nuestras manos, angustia nos asalta, dolor como de parturienta. 25 No salgáis al campo, no andéis por el camino, que el enemigo lleva espada: terror por doquier. 26 - Hija de mi pueblo, cíñete de sayal y revuélcate en ceniza, haz por ti misma un duelo de hijo único, una endecha amarguísima, porque en seguida viene el saqueador sobre nosotros. 27 - A ti te puse en mi pueblo por inquisidor sagaz para que examinaras y probaras su conducta. 28 - Todos ellos son rebeldes que andan difamando; bronce y hierro; todos son degenerados. 29 Jadeó el fuelle, el plomo se consumió por el fuego. En vano afinó el afinador, porque la ganga no se desprendió. 30 Serán llamados «plata de desecho», porque Yahveh los desechó.

Jeremías 7
1 Palabra que llegó de parte de Yahveh a Jeremías: 2 Párate en la puerta de la Casa de Yahveh y proclamarás allí esta palabra. Dirás: Oíd la palabra de Yahveh, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahveh. 3 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar. 4 No fiéis en palabras engañosas diciendo: «¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de Yahveh es éste!» 5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua 6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, 7 entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre. 8 Pero he aquí que vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven, 9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. 10 Luego venís y os paráis ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos seguros!», para seguir haciendo todas esas abominaciones. 11 ¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre? ¡Que bien visto lo tengo! - oráculo de Yahveh -. 12 Pues andad ahora a mi lugar de Silo, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él ante la maldad de mi pueblo Israel. 13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto - oráculo de Yahveh - por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis,

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14 yo haré con la Casa que se llama por mi Nombre, en la que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo, 15 y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraím. 16 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me insistas, porque no te oiré. 17 ¿Es que no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén? 18 Los hijos recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la Reina de los Cielos, y se liba en honor de otros dioses para exasperarme. 19 ¿A mí me exasperan ésos? - oráculo de Yahveh -, ¿no es a sí mismos, para vergüenza de sus rostros? 20 Por tanto, así dice el Señor Yahveh: He aquí que mi ira y mi saña se vuelca sobre este lugar, sobre hombres y bestias bestias, sobre los árboles del campo y el fruto del suelo; arderá y no se apagará. 21 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne. 22 Que cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada tocante a holocausto y sacrificio. 23 Lo que les mandé fue esto otro: «Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os vaya bien.» 24 Mas ellos no escucharon ni prestaron el oído, sino que procedieron en sus consejos según la pertinacia de su mal corazón, y se pusieron de espaldas, que no de cara; 25 desde la fecha en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente. 26 Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor que sus padres. 27 Les dirás, pues, todas estas palabras, mas no te escucharán. Les llamarás y no te responderán. 28 Entonces les dirás: Esta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahveh su Dios, ni ha querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca. 29 Córtate tus guedejas y tíralas, y entona por los calveros una elegía; que Yahveh ha desechado y repudiado a la generación objeto de su cólera. 30 Los hijos de Judá han hecho lo que me parece malo - oráculo de Yahveh -: han puesto sus Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre profanándola, 31 y han construido los altos de Tófet - que está en el valle de Ben Hinnom - para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó por las mientes. 32 Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tófet, ni del valle de Ben Hinnom, sino del “valle de la Matanza”. Se harán enterramientos en Tófet por falta de sitio, 33 y los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante. 34 Suspenderé en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque toda la tierra quedará desolada.

Jeremías 8
1 En aquel tiempo - oráculo de Yahveh - sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los moradores de Jerusalén, 2 y los dispersarán ante el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron y sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron,

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para no ser recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de la tierra. 3 Y será preferible la muerte a la vida para todo el resto que subsistiere de este linaje malo adondequiera que yo les relegue - oráculo de Yahveh Sebaot -. 4 Les dirás: Así dice Yahveh: Los que caen ¿no se levantan? y si uno se extravía ¿no cabe tornar? 5 Pues ¿por qué este pueblo sigue apostatando, Jerusalén con apostasía perpetua? Se aferran a la mentira, rehúsan convertirse. 6 He escuchado atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo: «¿Qué he hecho?» Todos se extravían, cada cual en su carrera, cual caballo que irrumpe en la batalla. 7 Hasta la cigüeña en el cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la grulla observan la época de sus migraciones. Pero mi pueblo ignora el derecho de Yahveh. 8 ¿Cómo decís: «Somos sabios, y poseemos la Ley de Yahveh?» Cuando es bien cierto que en mentira la ha cambiado el cálamo mentiroso de los escribas. 9 Los sabios pasarán vergüenza, serán abatidos y presos. He aquí que han desechado la palabra de Yahveh, y su sabiduría ¿de qué les sirve? 10 Así que yo daré sus mujeres a otros, sus campos a nuevos amos, porque del más chiquito al más grande todos andan buscando su provecho, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude. 11 Han curado el quebranto de la hija de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando no había paz. 12 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? ¡Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron! Por tanto caerán con los que cayeren; tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh -. 13 Quisiera recoger de ellos alguna cosa - oráculo de Yahveh - pero no hay racimos en la vid ni higos en la higuera, y están mustias sus hojas. Es que yo les he dado quien les despoje. 14 - «¿Por qué nos quedamos tranquilos? ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes para enmudecer allí, pues Yahveh nuestro Dios nos hace morir y nos propina agua envenenada, porque hemos pecado contra Yahveh! 15 Esperábamos paz, y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo. 16 Desde Dan se deja oír. el resuello de sus caballos. Al relincho sonoro de sus corceles tembló la tierra toda. Vendrán y comerán el país y sus bienes, la ciudad y sus habitantes.» 17 - Sí, he aquí que yo envío contra vosotros sierpes venenosas contra las que no existe encantamiento, y os picarán - oráculo de Yahveh -. 18 Sin remedio el dolor me acomete, el corazón me falla; 19 he aquí el grito lastimero de la hija de mi pueblo desde todos los rincones del país: «¿No está Yahveh en Sión? ¿su Rey no mora ya en ella? (¿Por qué me han irritado con sus ídolos, con esas Vanidades traídas del extranjero?) 20 La siega pasó, el verano acabó, mas nosotros no estamos a salvo.» 21 Me duele el quebranto de la hija de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de mí. 22 ¿No hay sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el remedio para la hija de mi pueblo? 23 ¡Quién convirtiera mi cabeza en llanto, mis ojos en manantial de lágrimas para llorar día y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!

Jeremías 9

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La Santa Biblia (Parte 2)

1 ¡Quién me diese en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo de traidores 2 que tienden su lengua como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahveh desconocen. 3 ¡Que cada cual se guarde de su prójimo!, ¡desconfiad de cualquier hermano!, porque todo hermano pone la zancadilla, y todo prójimo propala la calumnia. 4 Se engañan unos a otros, no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han pervertido, incapaces 5 de convertirse. Fraude por fraude, engaño por engaño, se niegan a reconocer a Yahveh. 6 Por ende, así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo voy a afinarlos y probarlos; mas ¿cómo haré para tratar a la hija de mi pueblo? 7 Su lengua es saeta mortífera, las palabras de su boca, embusteras. Se saluda al prójimo, pero por dentro se le pone celada. 8 Y por estas acciones, ¿no les he de castigar? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma? 9 Alzo sobre los montes lloro y lamento, y una elegía por las dehesas del desierto, porque han sido incendiadas; nadie pasa por allí, y no se oyen los gritos del ganado. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todas han huido, se han marchado. 10 Voy a hacer de Jerusalén un montón de piedras, guarida de chacales, y de las ciudades de Judá haré una soledad sin ningún habitante. 11 ¿Quién es el sabio?, pues que entienda esto; a quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues que lo diga; ¿por qué el país se ha perdido, incendiado como el desierto donde no pasa nadie? 12 Yahveh lo ha dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido; 13 sino que han ido en pos de la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales que sus padres les enseñaron. 14 Por eso, así dice Yahveh Sebaot, el dios de Israel: He aquí que voy a dar de comer a este pueblo ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada. 15 Les voy a dispersar entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré detrás de ellos la espada hasta exterminarlos. 16 Así habla Yahveh Sebaot: ¡Hala! Llamad a las plañideras, que vengan: mandad por las más hábiles, que vengan. 17 ¡Pronto! que entonen por nosotros una lamentación. Dejen caer lágrimas nuestros ojos, y nuestros párpados den curso al llanto. 18 Sí, una lamentación se deja oír desde Sión: «¡Ay, que somos saqueados!, ¡qué vergüenza tan grande, que se nos hace dejar nuestra tierra, han derruido nuestros hogares!» 19 Oíd, pues, mujeres, la palabra de Yahveh; reciba vuestro oído la palabra de su boca: Enseñad a vuestras hijas esta lamentación, y las unas a las otras esta elegía: 20 «La muerte ha trepado por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, barriendo de la calle al chiquillo, a los mozos de las plazas. 21 ¡Habla! Tal es el oráculo de Yahveh: Los cadáveres humanos yacen como boñigas por el campo, como manojos detrás del segador, y no hay quien los reúna.» 22 Así dice Yahveh: No se alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por su valentía, ni se alabe el rico por su riqueza; 23 mas en esto se alabe quien se alabare: en tener seso y conocerme, por que yo soy Yahveh, que hago merced, derecho y justicia sobre la tierra, porque en eso me complazco - oráculo de Yahveh -.

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La Santa Biblia (Parte 2)

24 He aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que he de visitar a todo circuncidado que sólo lo sea en su carne: 25 a Egipto, Judá, Edom y a los hijos de Ammón, a Moab, y a todos los de sien rapada, los que moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son. Pero también los de la casa de Israel son incircuncisos de corazón.

Jeremías 10
1 Oíd la palabra que os dedica Yahveh, oh casa de Israel. 2 Así dice Yahveh: Al proceder de los gentiles no os habituéis, ni de los signos celestes os espantéis. ¡Que se espanten de ellos los gentiles! 3 Porque las costumbres de los gentiles son vanidad: un madero del bosque, obra de manos del maestro que con el hacha lo cortó, 4 con plata y oro lo embellece, con clavos y a martillazos se lo sujeta para que no se menee. 5 Son como espantajos de pepinar, que ni hablan. Tienen que ser transportados, porque no andan. No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal. 6 No hay como tú, Yahveh; grande eres tú, y grande tu Nombre en poderío. 7 ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Porque a ti se te debe eso. Porque entre todos los sabios de las naciones y entre todos sus reinos no hay nadie como tú. 8 Todos a la par son estúpidos y necios: lección de madera la que dan los ídolos. 9 Plata laminada, de Tarsis importada, y oro de Ofir; hechura de maestro y de manos de platero (de púrpura violeta y escarlata es su vestido): todos son obra de artistas. 10 Pero Yahveh es el Dios verdadero; es el Dios vivo y el Rey eterno. Cuando se irrita, tiembla la tierra, y no aguantan las naciones su indignación. 11 (Así les diréis: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perecerán de la tierra y de debajo del cielo.») 12 El es quien hizo la tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con su inteligencia expandió los cielos. 13 Cuando da voces, hay estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos. 14 Todo hombre es torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas. 15 Vanidad son, cosa ridícula; al tiempo de su visita perecerán. 16 No es así la «Parte de Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuyo heredero es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre. 17 Recoge del suelo tu mercancía, oh tú, que estás sitiada: 18 porque así dice Yahveh: He aquí que yo voy a hondear a los moradores del país - ¡esta vez va de veras! - y les apremiaré de modo que den conmigo. 19 - «¡Ay de mí, por mi quebranto! ¡me duele la herida! Y yo que decía: “Ese es un sufrimiento, pero me lo aguantaré”... 20 Mi tienda ha sido saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han sido quitados y no existen. No hay quien despliegue ya mi tienda ni quien ice mis toldos.» 21 - Es que han sido torpes los pastores y no han buscado a Yahveh; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada. 22 ¡Se oye un rumor! ¡ya llega!: un gran estrépito del país del norte, para trocar las ciudades de Judá en desolación, guarida de chacales. 23 Yo sé, Yahveh, que no depende del hombre su camino, que no es del que anda enderezar su paso.

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La Santa Biblia (Parte 2)

24 Corrígeme, Yahveh, pero con tino, no con tu ira, no sea que me quede en poco. 25 Vierte tu cólera sobre las naciones que te desconocen, y sobre los linajes que no invocan tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta consumirle, lo han devorado y su mansión han desolado.

Jeremías 11
1 Palabra que llegó de parte de Yahveh a Jeremías: 2 Oíd los términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, 3 y diles: Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza 4 que mandé a vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, diciéndoles: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios, 5 en orden a cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel - como se cumple hoy.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahveh! 6 Y me dijo Yahveh: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos: 7 que bien advertí a vuestros padres el día que les hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz! 8 Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.» 9 Y me dijo Yahveh: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén. 10 Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la casa de Israel y la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres. 11 Por ende, así dice Yahveh: He aquí que yo les traigo una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré. 12 ¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es salvarles, no les salvarán al tiempo de su desgracia. 13 Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares a la Vergüenza, otros tantos altares hay de Baal. 14 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia. 15 ¿Qué hace mi amada en mi Casa?; su obrar ¿no es pura doblez? ¿Es que los votos y la carne consagrada harán pasar de ti tu desgracia? Entonces sí que te regocijarías. 16 «Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso» te había puesto Yahveh por nombre. Pero con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías. 17 Yahveh Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la casa de Israel y la casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal. 18 Yahveh me lo hizo saber, y me enteré de ello. Entonces me descubriste, Yahveh, sus maquinaciones. 19 Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.» 20 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.

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La Santa Biblia (Parte 2)

21 Y en efecto, así dice Yahveh tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte diciendo: «No profetices en nombre de Yahveh, y no morirás a nuestras manos». 22 Por eso así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo les voy a visitar. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre, 23 y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que sean visitados.

Jeremías 12
1 Tu llevas la razón, Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices todos los felones? 2 Los plantas, y enseguida arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero lejos de sus riñones. 3 En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo. Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el día de la matanza. 4 (¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.) Porque han dicho: «No ve Dios nuestros senderos.» 5 - Si con los de a pie corriste y te cansaron, ¿cómo competirás con los de a caballo? Y si en tierra abierta te sientes seguro. ¿qué harás entre el boscaje del Jordán? 6 Porque incluso tus hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus espaldas gritarán. No te fíes de ellos cuando te digan hermosas palabras. 7 Dejé mi casa, abandoné mi heredad, entregué el cariño de mi alma en manos de sus enemigos. 8 Se ha portado conmigo mi heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por eso la aborrecí. 9 ¿Es por ventura un pájaro pinto mi heredad? Las rapaces merodean sobre ella. ¡Andad, juntaos, fieras todas del campo: id al yantar! 10 Entre muchos pastores destruyeron mi viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campa en un yermo desolado. 11 La convirtieron en desolación lamentable, en inculta para mí. Totalmente desolado está todo el país porque no hay allí nadie que lo sienta. 12 Sobre todos los calveros del desierto han venido saqueadores (porque una espada tiene Yahveh devorada), de un cabo al otro de la tierra no hubo cuartel para alma viviente. 13 Sembraron trigo, y espinos segaron, se afanaron sin provecho. Vergüenza les dan sus cosechas, por causa de la ira ardiente de Yahveh. 14 Así dice Yahveh: En cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la heredad que di en precio a mi pueblo Israel, he aquí que yo los arranco de su solar. (Y a la casa de Judá voy a arrancarla de en medio de ellos.) 15 Pero luego de haberlos arrancado, me volveré y les tendré lástima, y les haré retornar, cada cual a su heredad y a su tierra. 16 Y entonces, si de veras aprendieron el camino de mi pueblo jurando en mi Nombre: «¡Por vida de Yahveh!» - lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal serán restablecidos a la par de mi pueblo. 17 Mas si no obedecen, arrancaré a aquella gente y arrancada quedará y la haré perecer oráculo de Yahveh -.

Jeremías 13
1 Yahveh me dijo así: «Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua.»

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La Santa Biblia (Parte 2)

2 Compré la faja, según la orden de Yahveh, y me la puse a la cintura. 3 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh por la segunda vez: 4 «Toma la faja que has comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Eufrates y la escondes allí en un resquicio de la peña.» 5 Yo fui y la escondí en el Eufrates como me había mandado Yahveh. 6 Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahveh: «Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí la faja que te mandé que escondieras allí.» 7 Yo fui al Eufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y he aquí que se había echado a perder la faja: no valía para nada. 8 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 9 «Así dice Yahveh: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén. 10 Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada. 11 Porque así como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahveh - con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron. 12 Diles este refrán: Así dice Yahveh, el Dios de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?» 13 Entonces les dices: «Pues así dice Yahveh: He aquí que yo lleno de borrachera a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén, 14 y los estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de Yahveh - sin que piedad, compasión y lástima me quiten de destruirlos.» 15 Oíd y escuchad, no seáis altaneros, porque habla Yahveh. 16 Dad gloria a vuestro Dios Yahveh antes que haga oscurecer, y antes que se os vayan los pies sobre la sierra oscura, y esperéis la luz, y él la haya convertido en negrura, la haya trocado en tiniebla densa. 17 Pero si no le oyereis, en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mi ojos lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey de Yahveh. 18 Di al rey y a la Gran Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas vuestra diadema preciosa. 19 Las ciudades del Négueb están cercadas, y no hay quien abra. Todo Judá es deportado, deportado en masa. 20 Alza tus ojos, Jerusalén, y mira a los que vienen del norte. ¿Dónde está la grey que se te dio, tus preciosas ovejas? 21 ¿Qué dirás cuando te visiten con autoridad sobre ti? Pues lo que tú les enseñabas a hacer sobre ti eran caricias. ¿No te acometerán dolores como de parturienta? 22 Pero acaso digas en tus adentros: «¿Por qué me ocurren estas cosas?» Por tu gran culpa han sido alzadas tus faldas y han sido forzados tus calcañales. 23 ¿Muda el kusita su piel, o el leopardo sus pintas? ¡También vosotros podéis entonces hacer el bien, los avezados a hacer el mal! 24 Por eso os esparcí como paja liviana al viento de la estepa. 25 Esa es tu suerte, el tanto por tu medida que te toca de mi parte - oráculo de Yahveh -: por cuanto que me olvidaste y te fiaste de la Mentira. 26 Pues también yo te he levantado las faldas sobre tu rostro, y se ha visto tu indecencia. 27 ¡Ah, tus adulterios y tus relinchos, la bajeza de tu prostitución! Sobre los altos, por la campiña he visto tus Monstruos abominables. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no estás pura! ¿Hasta cuándo todavía...?

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Jeremías 14
1 Palabra de Yahveh a Jeremías, a propósito de la sequía. 2 Judá está de luto, y sus ciudades lánguidas: están sórdidas de tierra, y sube el alarido de Jerusalén. 3 Sus nobles mandaban a los pequeños por agua: llegaban a los aljibes y no la encontraban; volvían con sus cántaros vacíos. Quedaban confundidos y avergonzados y se cubrían la cabeza. 4 El suelo está consternado por no haber lluvia en la tierra. Confusos andan los labriegos, se han cubierto la cabeza. 5 Hasta la cierva en el campo parió y abandonó, porque no había césped. 6 Los onagros se paraban sobre los calveros, aspiraban el aire como chacales, tenían los ojos consumidos por falta de hierba. 7 Aunque nuestras culpas atesten contra nosotros, Yahveh, obra por amor de tu Nombre. Cierto, son muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado. 8 ¡Oh esperanza de Israel, Yahveh, Salvador suyo en tiempo de angustia! ¿Por qué has de ser cual forastero en la tierra, o cual viajero que se tumba para hacer noche? 9 ¿Por qué has de ser como un pasmado, como un valiente incapaz de ayudar? Pues tú estás entre nosotros, Yahveh, y por tu Nombre se nos llama, ¡no te deshagas de nosotros! 10 Así dice Yahveh de este pueblo: ¡Cómo les gusta vagabundear!, no contienen sus pies. Pero Yahveh no se complace en ellos: ahora se va a acordar de su culpa y a castigar su pecado. 11 Y me dijo Yahveh: «No intercedas en pro de este pueblo. 12 Así ayunen, no escucharé su clamoreo; y así levanten holocausto y ofrenda, no me complacerán; sino que con espada, con hambre y con peste voy a acabarlos.» 13 Dije yo: «¡Ah, Señor Yahveh! Pues he aquí que los profetas están diciéndoles: No veréis espada, ni tendréis hambre, sino que voy a daros paz segura en este lugar.» 14 Y me dijo Yahveh: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no les he enviado ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio fútil y delirio de sus corazones os dan por profecía. 15 Por tanto, así dice Yahveh: Tocante a los profetas que profetizan en mi nombre sin haberles enviado yo, y que dicen: No habrá espada ni hambre en este país, con espada y con hambre serán rematados los tales profetas, 16 y el pueblo al que profetizan yacerá derribado por las calles de Jerusalén, por causa del hambre y de la espada, y no habrá sepulturero para ellos ni para sus mujeres, sus hijos y sus hijas; pues volcaré sobre ellos mismos su maldad.» 17 Les dirás esta palabra: Dejen caer mis ojos lágrimas de noche y de día sin parar, porque de quebranto grande es quebrantada la doncella, hija de mi pueblo, de golpe gravísimo, 18 Si salgo al campo encuentro heridos de espada; y si entro en la ciudad, encuentro desfallecidos de hambre. Y aun el mismo profeta, aun el mismo sacerdote andan errantes por el país y nada saben. 19 - ¿Es que has desechado a Judá? ¿o acaso de Sión se ha hastiado tu alma? ¿Por qué nos has herido, que no tenemos cura? Esperábamos paz, y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo. 20 Reconocemos, Yahveh, nuestras maldades, la culpa de nuestros padres; que hemos pecado contra ti. 21 No desprecies, por amor de tu Nombre, no deshonres la sede de tu Gloria. Recuerda, no anules tu alianza con nosotros. 22 ¿Hay entre las Vanidades gentílicas quienes hagan llover? ¿o acaso los cielos dan de suyo la llovizna? ¿No eres tú mismo, oh Yahveh? ¡Dios nuestro, esperamos en ti, porque tú hiciste todas estas cosas!
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Jeremías 15
1 Y me dijo Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por delante, no estará mi alma por este pueblo. Échales de mi presencia y que salgan. 2 Y como te digan: «¿A dónde salimos?», les dices: Así dice Yahveh: Quien sea para la muerte, a la muerte; quien para la espada, a la espada; quien para el hambre, al hambre, y quien para el cautiverio, al cautiverio. 3 Haré que se encarguen de ellos cuatro géneros (de males) - oráculo de Yahveh -: la espada para degollar, los perros para despedazar, las aves del cielo y las bestias terrestres para devorar y estragar. 4 Los convertiré en espantajo para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén. 5 ¿Quién, pues, te tendrá lástima, Jerusalén? ¿quién meneará la cabeza por ti? ¿quién se alargará a saludarte? 6 Tú me has abandonado - oráculo de Yahveh - de espaldas te has ido. Pues yo extiendo mi mano sobre ti y te destruyo. Estoy cansado de apiadarme, 7 y voy a beldarlos con el bieldo en las puertas del país. He dejado sin hijos, he malhadado a mi pueblo, porque de sus caminos no se convertían. 8 Yo les he hecho más viudas que la arena de los mares. He traído sobre las madres de los jóvenes guerreros al saqueador en el pleno mediodía. He hecho caer sobre ellos de pronto sobresalto y alarma. 9 Mal lo pasó la madre de siete hijos: exhalaba el alma, se puso su sol siendo aún de día, se avergonzó y se abochornó. Y lo que queda de ellos, a la espada voy a entregarlo delante de sus enemigos - oráculo de Yahveh -. 10 ¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz varón discutido y debatido por todo el país! Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen! 11 Di, Yahveh, si no te he servido bien: intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su mal y de su apuro. 12 ¿Se mella el hiero, el hierro del norte, y el bronce? 13 Tu haber y tus tesoros al pillaje voy a dar gratis, por todos tus pecados en todas tus fronteras, 14 y te haré esclavo de tus enemigos en un país que no conoces, porque un fuego ha saltado en mi ira que sobre vosotros estará encendido. 15 Tú lo sabes. Yahveh, acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No dejes que por alargarse tu ira sea yo arrebatado. Sábelo: he soportado por ti el oprobio. 16 Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de corazón, porque se me llamaba por tu Nombre Yahveh, Dios Sebaot. 17 No me senté en peña de gente alegre y me holgué: por obra tuya, solitario me senté, porque de rabia me llenaste. 18 ¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo, y mi herida irremediable, rebelde a la medicina? ¡Ay! ¿serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas? 19 Entonces Yahveh dijo así: Si te vuelves por que yo te haga volver, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que ellos se vuelvan a ti, y no tú a ellos. 20 Yo te pondré para este pueblo por muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte oráculo de Yahveh -. 21 Te salvaré de mano de los malos y te rescataré del puño de esos rabiosos.

Jeremías 16
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La Santa Biblia (Parte 2)

1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 No tomes mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar. 3 Que así dice Yahveh de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de sus madres que los dieron a luz y de sus padres que los engendraron en esta tierra: 4 De muertes miserables morirán, sin que sean plañidos ni sepultados. Se volverán estiércol sobre la haz del suelo. Con espada y hambre serán acabados, y serán sus cadáveres pasto para las aves del cielo y las bestias de la tierra. 5 Sí, así dice Yahveh: No entres en casa de duelo, ni vayas a plañir, ni les consueles; pues he retirado mi paz de este pueblo - oráculo de Yahveh - la merced y la compasión. 6 Morirán grandes y chicos en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se arañarán ni se raparán por ellos, 7 ni se partirá el pan al que está de luto para consolarle por el muerto, ni le darán a beber la taza consolatoria por su padre o por su madre. 8 Y en casa de convite tampoco entres a sentarte con ellos a comer y beber. 9 Que así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que voy a hacer desaparecer de este lugar, a vuestros propios ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia. 10 Luego, cuando hayas comunicado a este pueblo todas estas palabras, y te digan: «¿Por qué ha pronunciado Yahveh contra nosotros toda esta gran desgracia? ¿cuál es nuestra culpa, y cuál nuestro pecado que hemos cometido contra Yahveh nuestro Dios?», 11 tú les dirás: «Es porque me dejaron vuestros padres - oráculo de Yahveh - y se fueron tras otros dioses y les sirvieron y adoraron, y a mí me dejaron, y mi Ley no guardaron. 12 Y vosotros mismos habéis hecho peor que vuestros padres, pues he aquí que va cada uno en pos de la dureza de su mal corazón, sin escucharme. 13 Pero yo os echaré lejos de esta tierra, a otra que no habéis conocido vosotros ni vuestros padres, y serviréis allí a otros dioses día y noche, pues no os otorgaré perdón.» 14 En efecto, mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!», 15 sino: «¡Por vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel del país del norte, y de todos los países a donde los arrojara!» Pues yo los devolveré a su solar, que di a sus padres. 16 He aquí que envío a muchos pescadores - oráculo de Yahveh - y los pescarán. Y luego de esto enviaré a muchos cazadores, y los cazarán de encima de cada monte y de cada cerro y de los resquicios de las peñas. 17 Porque mis ojos están puestos sobre todos sus caminos: no se me ocultan, ni se zafa su culpa de delante de mis ojos. 18 Pagaré doblado por su culpa y su pecado, porque ellos execraron mi tierra con la carroña de sus Monstruos abominables, y de sus Abominaciones llenaron mi heredad. 19 ¡Oh Yahveh, mi fuerza y mi refuerzo, mi refugio en día de apuro! A ti las gentes vendrán de los confines de la tierra y dirán: ¡Luego Mentira recibieron de herencia nuestros padres, Vanidad y cosas sin provecho! 20 ¿Es que va a hacerse el hombre dioses para sí? ¡aunque aquellos no son dioses! 21 Por tanto, he aquí que yo les hago conocer - esta vez sí - mi mano y mi poderío, y sabrán que mi nombre es Yahveh.

Jeremías 17
1 El pecado de Judá está escrito con buril de hierro; con punta de diamante está grabado sobre la tabla de su corazón y en los cuernos de sus aras, 2 así, recordarán sus hijos sus aras y sus cipos cabe los árboles frondosos, sobre los oteros altos,

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3 mi monte, en la campiña. Tu haber y todos tus tesoros al pillaje voy a dar, en pago por todos tus pecados de los altos, en todas tus fronteras. 4 Tendrás que deshacerte de tu heredad que yo te di, y te haré esclavo de tus enemigos en un país que no conoces, porque un fuego ha saltado en mi ira que para siempre estará encendido. 5 Así dice Yahveh: Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de Yahveh se aparta en su corazón. 6 Pues es como el tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. Vive en los sitios quemados del desierto, en saladar inhabitable. 7 Bendito sea aquel que fía en Yahveh, pues no defraudará Yahveh su confianza. 8 Es como árbol plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto. 9 El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce? 10 Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras. 11 La perdiz incuba lo que no ha puesto; así es el que hace dinero, mas no con justicia: en mitad de sus días lo ha de dejar y a la postre resultará un necio. 12 Solio de Gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario... 13 Esperanza de Israel, Yahveh: todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se apartan de ti, en la tierra serán escritos, por haber abandonado el manantial de aguas vivas, Yahveh. 14 Cúrame, Yahveh, y sea yo curado; sálvame, y sea yo salvo, pues mi prez eres tú. 15 Mira que ellos me dicen: «¿Dónde está la palabra de Yahveh? ¡vamos, que venga!» 16 Yo nunca te apremié a hacer daño; el día irremediable no he anhelado; tú lo sabes: lo salido de mis labios enfrente de tu faz ha estado. 17 No seas para mí espanto, ¡oh tú, mi amparo en el día aciago! 18 Avergüéncense mis perseguidores, y no me avergüence yo; espántense ellos, y no me espante yo. Trae sobre ellos el día aciago, y con doble quebrantamiento quebrántalos. 19 Yahveh me dijo así: Ve y te paras a la puerta de los Hijos del pueblo, por la que entran los reyes de Judá y por la que salen, y asimismo en todas las puertas de Jerusalén, 20 y les dices: Oíd la palabra de Yahveh, reyes de Judá, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas. 21 Así dice Yahveh: «Guardaos, por vida vuestra, de llevar carga en día de sábado y meterla por las puertas de Jerusalén. 22 No saquéis tampoco carga de vuestras casas en sábado, ni hagáis trabajo alguno, antes bien santificad el sábado como mandé a vuestros padres. 23 Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que atiesaron su cerviz sin oír ni aprender. 24 Que si me hacéis caso - oráculo de Yahveh - no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en sábado y santificando el día de sábado sin realizar en él trabajo alguno, 25 entonces entrarán por las puertas de esta ciudad reyes que se sienten sobre el trono de David, montados en carros y caballos, ellos y sus oficiales, la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén. Y durará esta ciudad para siempre. 26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los aledaños de Jerusalén, del país de Benjamín, de la Tierra Baja, de la Sierra y del Négueb a traer holocaustos, sacrificios, oblaciones e incienso y a traer ofrendas de acción de gracias a la Casa de Yahveh.

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27 Pero si no me oyereis en cuanto a santificar el sábado y no llevar carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en sábado, entonces prenderé fuego a sus puertas, que consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.

Jeremías 18
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh: 2 Levántate y baja a la alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras. 3 Bajé a la alfarería, y he aquí que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno. 4 El cacharro que estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió a empezar, trasformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le pareció al alfarero. 5 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 6 ¿No puedo hacer yo con vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero? - oráculo de Yahveh -. Mirad que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel. 7 De pronto hablo contra una nación o reino, de arrancar, derrocar y perder; 8 pero se vuelve atrás de su mal aquella gente contra la que hablé, y yo también desisto del mal que pensaba hacerle. 9 Y de pronto hablo, tocante a una nación o un reino, de edificar y plantar; 10 pero hace lo que parece malo desoyendo mi voz, y entonces yo también desisto del bien que había decidido hacerle. 11 Ahora, pues, di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así dice Yahveh: «Mirad que estoy ideando contra vosotros cosa mala y pensando algo contra vosotros. Ea, pues; volveos cada cual de su mal camino y mejorad vuestra conducta y acciones.» 12 Pero van a decir: «Es inútil; porque iremos en pos de nuestros pensamientos y cada uno de nosotros hará conforme a la terquedad de su mal corazón.» 13 Por tanto, así dice Yahveh: Vamos, preguntad entre las naciones: ¿Quién oyó tal cosa? ¡Bien fea cosa ha hecho la virgen de Israel! 14 ¿Faltará acaso de la peña excelsa la nieve del Líbano? ¿o se agotarán las aguas crecidas, frescas, corrientes? 15 Pues bien, mi pueblo me ha olvidado. A la Nada inciensan. Han tropezado en sus caminos, aquellos senderos de siempre, para irse por trochas, por camino no trillado. 16 Es para trocar su tierra en desolación, en eterna rechifla: todo el que pasare se asombrará de ella y meneará la cabeza. 17 Como el viento solano los esparciré delante del enemigo. La espalda, que no la cara, les mostraré el día de su infortunio. 18 Entonces dijeron: «Venid y tramemos algo contra Jeremías, porque no va a faltarle la ley al sacerdote, el consejo al sabio, ni al profeta la palabra. Venid e hirámosle por su propia lengua: no estemos atentos a todas sus palabras.» 19 Estáte atento a mí, Yahveh, y oye lo que dicen mis contrincantes. 20 ¿Es que se paga mal por bien? (Porque han cavado una hoya para mi persona.) Recuerda cuando yo me ponía en tu presencia para hablar en bien de ellos, para apartar tu cólera de ellos. 21 Por tanto, entrega a sus hijos al hambre y desángralos a filo de espada; queden sus mujeres sin hijos y viudas, sean sus varones asesinados, sus mancebos acuchillados en la guerra. 22 Oigase griterío en sus casas, cuando traigas sobre ellos pillaje repentino. Porque han cavado una hoya para prenderme, y trampas han escondido para mis pies.

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23 Pero tú, Yahveh, conoces todo su plan de muerte contra mí. ¡No disimules su culpa, no borres de tu presencia su pecado! ¡Que caigan ante ti, al tiempo de tu ira, descarga en ellos!

Jeremías 19
1 Entonces Yahveh dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica; tomas contigo a algunos ancianos del pueblo y algunos sacerdotes, 2 sales al valle de Ben Hinnom, a la entrada de la puerta de las Tejoletas, y pregonas allí las palabras que voy a decirte. 3 Dirás: Oíd la palabra de Yahveh, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: «He aquí que yo traigo sobre este lugar una desgracia, que a todo el que la oyere le zumbarán los oídos. 4 Porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses que ni ellos ni sus padres conocían. Los reyes de Judá han llenado este lugar de sangre de inocentes, 5 y han construido los altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego, en holocausto a Baal, - lo que no les mandé ni les dije ni me pasó por las mientes -. 6 Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tofet ni del valle de Ben Hinnom, sino del “Valle de la Matanza”. 7 Vaciaré la prudencia de Judá y Jerusalén a causa de este lugar: les haré caer a espada ante sus enemigos por mano de los que busquen su muerte; daré sus cadáveres por comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, 8 y convertiré esta ciudad en desolación y en rechifla: todo el que pase a su vera se quedará atónito y silbará en vista de sus heridas. 9 Les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerán cada uno la carne de su prójimo, en el aprieto y la estrechez con que les estrecharán sus enemigos y los que busquen su muerte.» 10 Luego rompes el jarro a la vista de los hombres que vayan contigo 11 y les dices: Así dice Yahveh Sebaot: «Asimismo quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo. «Y se harán enterramientos en Tófet, hasta que falte sitio para enterrar. 12 Así haré con este lugar - oráculo de Yahveh - y con sus habitantes, hasta dejar a esta ciudad lo mismo que Tófet, 13 y que sean las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá como el lugar de Tófet: una inmundicia; todas las casas en cuyas azoteas incensaron a toda la tropa celeste y libaron libación a otros dioses.» 14 Partió Jeremías de Tófet a donde le había enviado Yahveh a profetizar y, parándose en el atrio de la Casa de Yahveh, dijo a todo el pueblo: 15 «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo a esta ciudad y a todos sus aledaños toda la calamidad que he pronunciado contra ella, porque ha atiesado su cerviz, desoyendo mis palabras.» Jeremías 20 1 El sacerdote Pasjur, hijo de Immer, que era inspector jefe de la Casa de Yahveh, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. 2 Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y le hizo meter en el calabozo de la Puerta Alta de Benjamín - la que está en la Casa de Yahveh -. 3 Al día siguiente sacó Pasjur a Jeremías del calabozo. Díjole Jeremías: No es Pasjur el nombre que te ha puesto Yahveh, sino «Terror en torno». 4 Porque así dice Yahveh: «He aquí que yo te convierto en terror para ti mismo y para todos tus allegados, los cuales caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo estarán

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viendo. Y asimismo a todo Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia y los acuchillará. 5 Y entregaré todas las reservas de esta ciudad y todo lo atesorado, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos de sus enemigos que los pillarán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia. 6 En cuanto a ti, Pasjur, y todos los moradores de tu casa, iréis al cautiverio. En Babilonia entrarás, allí morirás y allí mismo serás sepultado tú y todos tus allegados a quienes has profetizado en falso.» 7 Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban. 8 Pues cada vez que hablo es para clamar: «¡Atropello!», y para gritar: «¡Expolio!». La palabra de Yahveh ha sido para mí oprobio y befa cotidiana. 9 Yo decía: «No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajada por ahogarlo, no podía. 10 Escuchaba las calumnias de la turba: «¡Terror por doquier!, ¡denunciadle!, ¡denunciémosle!» Todos aquellos con quienes me saludaba estaban acechando un traspiés mío: «¡A ver si se distrae, y le podremos, y tomaremos venganza de él!» 11 Pero Yahveh está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perseguidores tropezarán impotentes; se avergonzarán mucho de su imprudencia: confusión eterna, inolvidable. 12 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa. 13 Cantad a Yahveh, alabad a Yahveh, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos de malhechores. 14 ¡Maldito el día en que nací! ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito! 15 ¡Maldito aquel que felicitó a mi padre diciendo: «Te ha nacido un hijo varón», y le llenó de alegría! 16 Sea el hombre aquel semejante a las ciudades que destruyó Yahveh sin que le pesara, y escuche alaridos de mañana y gritos de ataque al mediodía. 17 ¡Oh, que no me haya hecho morir desde el vientre, y hubiese sido mi madre mi sepultura, con seno preñado eternamente! 18 ¿Para qué haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis días?

Jeremías 21
1 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, cuando el rey Sedecías mandó donde él a Pasjur, hijo de Malkiyías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decirle: 2 «Ea, consulta de nuestra parte a Yahveh, porque el rey de Babilonia, Nabucodonosor, nos ataca. A ver si nos hace Yahveh un milagro de los suyos, y aquél se retira de encima de nosotros.» 3 Díjoles Jeremías: «Así diréis a Sedecías: 4 Esto dice Yahveh, el Dios de Israel: Mirad que yo hago rebotar las armas que tenéis en las manos y con las que os batís contra el rey de Babilonia y contra los caldeos que os cercan extramuros, y las amontonaré en medio de esta ciudad. 5 Yo voy a batirme contra vosotros con mano fuerte y tenso brazo, con ira, con cólera y con encono grande. 6 Heriré a los habitantes de esta ciudad, hombres y bestias, con una gran peste; ¡morirán! 7 Y tras de esto - oráculo de Yahveh - entregaré al rey de Judá, Sedecías, a sus siervos y al pueblo que en esta ciudad quedare de la peste,

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de la espada y del hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y de los que buscan su muerte. El los herirá a filo de espada. No les dará cuartel, ni les tendrá clemencia ni lástima.» 8 Y a ese pueblo le dirás: «Así dice Yahveh: Mirad que yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte. 9 Quien se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste. El que salga y caiga en manos de los caldeos que os cercan, vivirá, y eso saldrá ganando. 10 Porque me he fijado en esta ciudad para su daño, no para su bien - oráculo de Yahveh -: será puesta en manos del rey de Babilonia, que la incendiará.» 11 A la casa real de Judá. ¡Oíd la palabra de Yahveh, 12 casa de David! Así dice Yahveh: Haced justicia cada mañana, y salvad al oprimido de mano del opresor, so pena de que brote como fuego mi cólera, y arda y no haya quien apague, a causa de vuestras malas acciones. 13 Mira que por ti va, población del valle, la Roca del Llano - oráculo de Yahveh -: vosotros, los que decís: «¿Quién se nos echará encima? ¿quién entrará en nuestras guaridas?» 14 (Yo os visitaré según el fruto de vuestras acciones - oráculo de Yahveh -.) Encenderé fuego en su bosque, y devorará todos sus contornos.

Jeremías 22
1 Yahveh dijo así: Baja a la casa real de Judá y pronuncias allí estas palabras. 2 Dirás: Oye la palabra de Yahveh, tú, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y tus servidores y pueblo - los que entran por estas puertas - . 3 Así dice Yahveh: Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del opresor, y al forastero, al huérfano y a la viuda no atropelléis; no hagáis violencia ni derraméis sangre inocente en este lugar. 4 Porque si ponéis en práctica esta palabra, entonces seguirán entrando por las puertas de esta casa reyes sucesores de David en el trono, montados en carros y caballos, junto con sus servidores y su pueblo. 5 Mas si no oís estas palabras, por mí mismo os juro - oráculo de Yahveh - que en ruinas parará esta casa. 6 Pues así dice Yahveh respecto a la casa real de Judá: Galaad eras tú para mí, cumbre del Líbano: pero ¡vaya si te trocaré en desierto, en ciudades deshabitadas! 7 Voy a consagrar contra ti a quienes te destruyan: ¡cada uno a sus hachas! Talarán lo selecto de tus cedros, y lo arrojarán al fuego. 8 Muchas gentes pasarán a la vera de esta ciudad y dirán cada cual a su prójimo: «¿Por qué ha hecho Yahveh semejante cosa a esta gran ciudad?» 9 Y les dirán: «Es porque dejaron la alianza de su Dios Yahveh, y adoraron a otros dioses y les sirvieron.» 10 No lloréis al muerto ni plañáis por él: llorad, llorad por el que se va, porque jamás volverá ni verá su patria. 11 Pues así dice Yahveh respecto a Sallum, hijo de Josías, rey de Judá y sucesor de su padre Josías en el reino, el cual salió de este lugar: «No volverá más aquí, 12 sino que en el lugar a donde le deportaron, allí mismo morirá, y no verá jamás este país.» 13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus pisos sin derecho! De su prójimo se sirve de balde y su trabajo no le paga. 14 El que dice: «Voy a edificarme una casa espaciosa y pisos ventilados», y le abre sus correspondientes ventanas; pone paneles de cedro y los pinta de rojo. 15 ¿Serás acaso rey porque seas un apasionado del cedro? Tu padre,

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¿no comía y bebía? - «También hizo justicia y equidad.» - Pues mejor para él. 16 «- Juzgó la causa del cuitado y del pobrecillo.» - Pues mejor. ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahveh -. 17 Pero tus ojos y tu corazón no están más que a tu granjería, - ¡Y a la sangre inocente! Para verterla. - ¡Y al atropello y al entuerto! - Para hacer tú lo propio. 18 Por tanto, así dice Yahveh respecto a Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No plañirán por él: «¡Ay hermano mío!, ¡ay hermana mía!»; no plañirán por él: «¡Ay Señor!, ¡ay su Majestad!» 19 El entierro de un borrico será el suyo: arrastrarlo y tirarlo fuera de las puertas de Jerusalén. 20 Sube al Líbano y clama, por Basán da voces y clama desde Abarim, porque han sido quebrantados todos tus amantes. 21 Te había hablado en tu prosperidad. Dijiste: «No oigo.» Tal ha sido tu costumbre desde tu mocedad, nunca oíste mi voz. 22 A todos tus pastores les pastoreará el viento, y tus amantes cautivos irán. Entonces sí que estarás avergonzada y confusa de toda tu malicia. 23 Tú, que te asentabas en el Líbano, que anidabas en los cedros, ¡cómo suspirarás, en viniéndote los dolores, el trance como de parturienta! 24 Por mi vida - oráculo de Yahveh -, aunque fuese Konías, el hijo de Yoyaquim, rey de Judá, un sello en mi mano diestra, de allí te arrancaría. 25 Yo te pondré en manos de los que buscan tu muerte, y en manos de los que te atemorizan: en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos; 26 y te arrojaré a ti y a la madre que te engendró a otra tierra donde no habéis nacido, y allí moriréis. 27 Pero a la tierra a donde anhelan volver, no volverán. 28 ¿Es algún trasto despreciable, roto, este individuo, Konías?; ¿quizá un objeto sin interés? Pues entonces, ¿por qué han sido arrojados él y su prole, y echados a una tierra, que no conocían? 29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye la palabra de Yahveh. 30 Así dice Yahveh: Inscribid a este hombre: «Un sin hijos, un fracasado en la vida»; porque ninguno de su descendencia tendrá la suerte de sentarse en el trono de David y de ser jamás señor en Judá.

Jeremías 23
1 ¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! oráculo de Yahveh -. 2 Pues así dice Yahveh, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado las ovejas mías, las empujasteis y no las atendisteis. Mirad que voy a pasaros revista por vuestras malas obras - oráculo de Yahveh -. 3 Yo recogeré el Resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar a sus estancias, criarán y se multiplicarán. 4 Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna - oráculo de Yahveh -. 5 Mirad que días vienen - oráculo de Yahveh - en que suscitaré a David un Germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. 6 En sus días estará a salvo Judá, e Israel vivirá en seguro. Y este es el nombre con que te llamarán: «Yahveh, justicia nuestra.» 7 Por tanto, mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!»,

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8 sino: «¡Por vida de Yahveh, que subió y trajo la simiente de la casa de Israel de tierras del norte y de todas las tierras a donde los arrojara!», y habitarán en su propio suelo. 9 A los profetas. Se me partió el corazón en mis adentros, estremeciéronse todos mis huesos, me quedé como un borracho, como aquél a quien le domina el vino, por causa de Yahveh, por causa de sus santas palabras. 10 «Porque de fornicadores se ha henchido la tierra. (A causa de una maldición se ha enlutado la tierra, se han secado los pastos de la estepa.) Se ha vuelto la carrera de ellos mala y su esfuerzo no recto. 11 Tanto el profeta como el sacerdote se han vuelto impíos; en mi misma Casa topé con su maldad - oráculo de Yahveh -. 12 Por ende su camino vendrá a ser su despeñadero: a la sima serán empujados y caerán en ella. Porque voy a traer sobre ellos una calamidad, al tiempo de su visita» - oráculo de Yahveh -. 13 En los profetas de Samaría, he observado una inepcia: profetizaban por Baal y hacían errar a mi pueblo Israel. 14 Mas en los profetas de Jerusalén he observado una monstruosidad: fornicar y proceder con falsía, dándose la mano con los malhechores, sin volverse cada cual de su malicia. Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, y los habitantes de la ciudad, cual Gomorra. 15 Por tanto, así dice Yahveh Sebaot tocante a los profetas: He aquí que les voy a dar de comer ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada. Porque a partir de los profetas de Jerusalén se ha propagado la impiedad por toda la tierra. 16 Así dice Yahveh Sebaot: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahveh. 17 Dicen a los que me desprecian: «Yahveh dice: ¡Paz tendréis!» y a todo el que camina en terquedad de corazón: «No os sucederá nada malo.» 18 (Porque ¿quién asistió al consejo de Yahveh y vio y oyó su palabra?, ¿quién escuchó su palabra y la ha oído?) 19 Mirad que una tormenta de Yahveh, su ira, ha estallado, un torbellino remolinea, sobre la cabeza de los malos descarga. 20 No ha de apaciguarse la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello. 21 Yo no envié a esos profetas, y ellos corrieron. No les hablé, y ellos profetizaron. 22 Pues si asistieron a mi consejo, hagan oír mi palabra a mi pueblo, y háganle tornar de su mal camino y de sus acciones malas. 23 ¿Soy yo un Dios sólo de cerca - oráculo de Yahveh - y no soy Dios de lejos? 24 ¿O se esconderá alguno en escondite donde yo no le vea? - oráculo de Yahveh -. ¿Los cielos y la tierra no los lleno yo? - oráculo de Yahveh -. 25 Ya he oído lo que dicen esos profetas que profetizan falsamente en mi nombre diciendo: «¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!» 26 ¿Hasta cuándo va a durar esto en el corazón de los profetas que profetizan en falso y son profetas de la impostura de su corazón?, 27 ¿los que piensan hacer olvidarse a mi pueblo de mi Nombre por los sueños que se cuentan cada cual a su vecino, como olvidaron sus padres mi Nombre por Baal? 28 Profeta que tenga un sueño, cuente un sueño, y el que tenga consigo mi palabra, que hable mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? - oráculo de Yahveh -. 29 ¿No es así mi palabra, como el fuego, y como un martillo golpea la peña? 30 Pues bien, aquí estoy yo contra los profetas - oráculo de Yahveh - que se roban mis palabras el uno al otro.

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31 Aquí estoy yo contra los profetas - oráculo de Yahveh - que usan de su lengua y emiten oráculo. 32 Aquí estoy yo contra los profetas que profetizan falsos sueños - oráculo de Yahveh - y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus falsedades y su presunción, cuando yo ni les he enviado ni dado órdenes, y ellos de ningún provecho han sido para este pueblo - oráculo de Yahveh -. 33 Y cuando te pregunte este pueblo - o un profeta o un sacerdote -. «¿Cuál es la carga de Yahveh?» les dirás: «Vosotros sois la carga, y voy a dejaros en el suelo - oráculo de Yahveh -.» 34 Y el profeta, el sacerdote o cualquiera que dijere: «Una carga de Yahveh», yo me las entenderé con él y con su casa. 35 Así os diréis cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano: «¿Qué ha respondido Yahveh?, ¿qué ha dicho Yahveh?» 36 Pero de eso de la «carga de Yahveh» no os acordaréis más, porque tal carga sería para cada uno su propia palabra. Porque trastornáis las palabras del Dios vivo, Yahveh Sebaot nuestro Dios. 37 Así diréis al profeta: «¿Qué te ha respondido Yahveh?, ¿qué ha dicho Yahveh?» 38 Pero como habléis de «carga de Yahveh», entonces así dice Yahveh: «Por haber dicho eso de carga de Yahveh por más que os avisé que no dijerais carga de Yahveh, 39 por lo mismo, he aquí que yo os levanto en alto y os dejo caer a vosotros y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres. 40 Y os pondré encima oprobio eterno y baldón eterno que no será olvidado.»

Jeremías

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1 Hízome ver Yahveh, y he aquí que había un par de cestos de higos presentados delante del Templo de Yahveh - esto era después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, hubo deportado de Jerusalén al rey de Judá, Jeconías, hijo de Yoyaquim, a los principales de Judá y a los herreros y cerrajeros de Jerusalén, y los llevó a Babilonia -. 2 Un cesto era de higos muy buenos, como los primerizos, y el otro de higos malos, tan malos que no se podían comer. 3 Y me dijo Yahveh: «¿Qué estás viendo Jeremías?» Dije: «Higos. Los higos buenos son muy buenos; y los higos malos, muy malos, que no se dejan comer de puro malos.» 4 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 5 Así habla Yahveh, Dios de Israel: Como por estos higos buenos, así me interesaré en favor de los desterrados de Judá que yo eché de este lugar al país de los caldeos. 6 Pondré la vista en ellos para su bien, los devolveré a este país, los reconstruiré para no derrocarlos y los plantaré para no arrancarlos. 7 Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí con todo su corazón. 8 Pero igual que a los higos malos, que no se pueden comer de malos - sí, así dice Yahveh -, así haré al rey Sedecías, a sus principales y al resto de Jerusalén: a los que quedaren en este país, y a los que están en el país de Egipto. 9 Haré de ellos el espantajo, una calamidad, de todos los reinos de la tierra; el oprobio y el ejemplo, la burla y la maldición por dondequiera que los empuje, 10 daré suelta entre ellos a la espada, al hambre y a la peste, hasta que sean acabados de sobre el solar que di a ellos y a sus padres.

Jeremías 25

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1 Palabra que fue dirigida a Jeremías tocante a todo el pueblo de Judá el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, - o sea el año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia -, 2 la cual pronunció e profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a toda la población de Jerusalén, en estos términos: 3 Desde el año trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, veintitrés años hace que me es dirigida la palabra de Yahveh, y os la he comunicado puntualmente (pero no habéis oído. 4 También os envió Yahveh puntualmente a todos sus siervos los profetas, y tampoco oísteis ni aplicasteis el oído), 5 diciendo: Ea, volveos cada cual de su mal camino y de sus malas acciones, y volveréis al solar que os dio Yahveh a vosotros y a vuestros padres, desde siempre hasta siempre. 6 (No vayáis en pos de otros dioses para servirles y adorarles, no me provoquéis con las hechuras de vuestras manos, y no os haré mal.) 7 Pero no me habéis oído (- oráculo de Yahveh - de suerte que con las hechuras de vuestras manos me provocasteis, para vuestro mal). 8 Por eso, así dice Yahveh Sebaot: Puesto que no habéis oído mis palabras, 9 he aquí que yo mando a buscar a todos los linajes del norte (- oráculo de Yahveh - y a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia), y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores (y contra todas estas gentes de alrededor); los anatematizaré y los pondré por pasmo, rechifla y ruinas eternos, 10 y haré desaparecer de ellos voz de gozo y voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido de la muela y la luz de la candela. 11 Será reducida toda esta tierra a pura desolación, y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años. 12 (Luego, en cumpliéndose los setenta años, visitaré al rey de Babilonia y a dicha gente por su delito - oráculo de Yahveh - y a la tierra de los caldeos trocándola en ruinas eternas). 13 Y atraeré sobre aquella tierra todas las palabras que he hablado respecto a ella, todo lo que está escrito en este libro. Lo que profetizó Jeremías tocante a la generalidad de las naciones. 14 (Pues también a ellos los reducirán a servidumbre muchas naciones y reyes grandes, y les pagaré según sus obras y según la hechura de sus manos.) 15 Así me ha dicho Yahveh Dios de Israel: Toma esta copa de vino de furia, y hazla beber a todas las naciones a las que yo te envíe; 16 beberán, y trompicarán, y se enloquecerán ante la espada que voy a soltar entre ellas. 17 Tomé la copa de mano de Yahveh, e hice beber a todas las naciones a las que me había enviado Yahveh: 18 (a Jerusalén y a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus principales, para trocarlo todo en desolación, pasmo, rechifla y maldición, como hoy está sucediendo); 19 a Faraón, rey de Egipto, a sus siervos, a sus principales y a todo su pueblo, 20 a todos los mestizos (a todos los reyes de Us); a todos los reyes de Filistea: a Ascalón, Gaza, Ecrón y al residuo de Asdod; 21 a Edom, Moab, y los ammonitas, 22 a (todos) los reyes de Tiro, a (todos) los reyes de Sidón y a los reyes de las islas de allende el mar; 23 a Dedán, Temá, Buz; a todos los que se afeitan las sienes, 24 a todos los reyes de Arabia y a todos los reyes de los mestizos habitantes del desierto; 25 (a todos los reyes de Zimrí) a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media,

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26 a todos los reyes del norte, los próximos y los remotos, cada uno con su hermano, y a todos los reinos que hay sobre la haz de la tierra. (Y el rey de Sesak beberá después de ellos.) 27 Y les dirás: Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Bebed, emborrachaos, vomitad, caed y no os levantéis delante de la espada que yo voy a soltar entre vosotros. 28 Y si rehúsan tomar la copa de tu mano para beber, les dices: Así dice Yahveh Sebaot: Tenéis que beber sin falta, 29 porque precisamente por la ciudad que lleva mi Nombre empiezo a castigar; ¿y vosotros, quedaréis impunes?: ¡no, no quedaréis!, porque a la espada llamo yo contra todos los habitantes de la tierra - oráculo de Yahveh Sebaot -. 30 Tú, pues, les profetizas todas estas palabras y les dices: Yahveh desde lo alto ruge, y desde su santa Morada da su voz. Ruge contra su aprisco: grita como los lagareros. A todos los habitantes de la tierra 31 llega el eco, hasta el fin de la tierra. Porque pleitea Yahveh con las naciones y vence en juicio a toda criatura. A los malos los entrega a la espada oráculo de Yahveh -. 32 Así dice Yahveh Sebaot: Mirad que una desgracia se propaga de nación a nación, y una gran tormenta surge del fin del mundo. 33 Habrá víctimas de Yahveh en aquel día de cabo a cabo de la tierra; no serán plañidos ni recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de la tierra. 34 Ululad, pastores, y clamad; revolcaos, mayorales, porque se han cumplido vuestros días para la matanza, y caeréis como objetos escogidos. 35 No habrá evasión para los pastores ni escapatoria para los mayorales. 36 Se oye el grito de los pastores, el ulular de los mayorales, porque devasta Yahveh su pastizal, 37 y son aniquiladas las estancias más seguras por la ardiente cólera de Yahveh. 38 Ha dejado el león su cubil, y se ha convertido su tierra en desolación ante la cólera irresistible, ante la ardiente cólera.

Jeremías 26
1 Al principio del reinado de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida a Jeremías esta palabra de Yahveh: 2 Así dice Yahveh: Párate en el patio de la Casa de Yahveh y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen a adorar en la Casa de Yahveh, todas las palabras que yo te he mandado hablarles, sin omitir ninguna. 3 Puede que oigan y se torne cada cual de su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras. 4 Les dirás, pues: «Así dice Yahveh: Si no me oís para andar según mi Ley que os propuse, 5 oyendo las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no habéis hecho caso), 6 entonces haré con esta Casa como con Silo, y esta ciudad entregaré a la maldición de todas las gentes de la tierra.» 7 Oyeron los sacerdotes y profetas y todo el pueblo a Jeremías decir estas palabras en la Casa de Yahveh, 8 y luego que hubo acabado Jeremías de hablar todo lo que le había ordenado Yahveh que hablase a todo el pueblo, le prendieron los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo diciendo: «¡Vas a morir!

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9 ¿Por qué has profetizado en nombre de Yahveh, diciendo: “Como Silo quedará esta Casa, y esta ciudad será arrasada, sin quedar habitante”?» Y se juntó todo el pueblo en torno a Jeremías en la Casa de Yahveh. 10 Oyeron esto los jefes de Judá, y subieron de la casa del rey a la Casa de Yahveh, y se sentaron a la entrada de la Puerta Nueva de la Casa de Yahveh. 11 Y los sacerdotes y profetas, dirigiéndose a los jefes y a todo el pueblo, dijeron: «¡Sentencia de muerte para este hombre, por haber profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!» 12 Dijo Jeremías a todos los jefes y al pueblo todo: «Yahveh me ha enviado a profetizar sobre esta Casa y esta ciudad todo lo que habéis oído. 13 Ahora bien, mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahveh vuestro Dios, y se arrepentirá Yahveh del mal que ha pronunciado contra vosotros. 14 En cuanto a mí, aquí me tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más acertado os parezca. 15 Empero, sabed de fijo que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad Yahveh me ha enviado a vosotros para pronunciar en vuestros oídos todas estas palabras.» 16 Dijeron los jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No merece este hombre sentencia de muerte, porque en nombre de Yahveh nuestro Dios nos ha hablado.» 17 Y se levantaron algunos de los más viejos del país y dijeron a toda la asamblea del pueblo: 18 «Miqueas de Moréset profetizaba en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: Así dice Yahveh Sebaot: = Sión será un campo que se ara, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la Casa un otero salvaje. = 19 ¿Por ventura le mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió a Yahveh y suplicó a la faz de Yahveh, y se arrepintió Yahveh del daño con que les había amenazado? Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a nosotros mismos.» 20 Pero también hubo otro que decía profetizar en nombre de Yahveh - Urías hijo de Semaías de Quiryat Yearim - el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra enteramente lo mismo que Jeremías, 21 y oyó el rey Yoyaquim y todos sus grandes señores y jefes sus palabras, y el rey buscaba matarle. Enteróse Urías, tuvo miedo, huyó y entró en Egipto. 22 Pero envió el rey Yoyaquim a Elnatán, hijo de Akbor, y otros con él a Egipto, 23 y sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Yoyaquim, quien lo acuchilló y echó su cadáver a la fosa común. 24 Gracias a que Ajicam, hijo de Safán, defendió a Jeremías, impidiendo entregarlo en manos del pueblo para matarle.

Jeremías 27
1 (Al principio del reinado de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta palabra a Jeremías de parte de Yahveh:) 2 Así me ha dicho Yahveh: «Hazte unas coyundas y un yugo, póntelo sobre la cerviz, 3 y envíalos al rey de Edom, al rey de Moab y al rey de los ammonitas, al rey de Tiro y al rey de Sidón por medio de los embajadores que vienen a Jerusalén a ver a Sedecías, rey de Judá, 4 y dales estas instrucciones para sus señores: «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Así diréis a vuestros señores: 5 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que hay sobre la haz de la tierra, con mi gran poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo.

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6 Ahora yo he puesto todos estos países en manos de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y también los animales del campo le he dado para servirle 7 (y todas las naciones le servirán a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que llegue también el turno a su propio país - y le reducirán a servidumbre muchas naciones y reyes grandes -). 8 Así que las naciones y reinos que no sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no sometan su cerviz al yugo del rey de Babilonia, con la espada, con el hambre y con la peste los visitaré - oráculo de Yahveh - hasta acabarlos por medio de él. 9 Vosotros, pues, no oigáis a vuestros profetas, adivinos, soñadores, augures ni hechiceros que os hablan diciendo: “No serviréis al rey de Babilonia”, 10 porque cosa falsa os profetizan para alejaros de sobre vuestro suelo, de suerte que yo os arroje y perezcáis. 11 Pero la nación que someta su cerviz al yugo de Babilonia y le sirva, yo la dejaré tranquila en su suelo - oráculo de Yahveh - y lo labrará y morará en él.» 12 A Sedecías, rey de Judá, le hablé en estos mismos términos, diciendo: «Someted vuestras cervices al yugo del rey de Babilonia, servidle a él y a su pueblo, y quedaréis con vida. 13 (¿A qué morir tú y tu pueblo por la espada, el hambre y la peste, como ha amenazado Yahveh a aquella nación que no sirva al rey de Babilonia?) 14 ¡No oigáis, pues, las palabras de los profetas que os dicen: “No serviréis al rey de Babilonia”, porque cosa falsa os profetizan, 15 pues yo no les he enviado - oráculo de Yahveh - y ellos andan profetizando en mi Nombre falsamente; no sea que yo os arroje, y perezcáis vosotros y los profetas que os profetizan.» 16 Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé diciendo: «Así dice Yahveh: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: “He aquí que el ajuar de la Casa de Yahveh va a ser devuelto de Babilonia en seguida”, porque cosa falsa os profetizan. 17 (No les hagáis caso. Servid al rey de Babilonia y quedaréis con vida. ¿Para qué ha de quedar esta ciudad arrasada?) 18 Y si ellos son profetas y la palabra de Yahveh les acompaña, que conjuren, ea, a Yahveh Sebaot para que los objetos que quedaron en la Casa de Yahveh, en la casa del rey de Judá y en Jerusalén no vayan a Babilonia. 19 Porque así dice Yahveh Sebaot de las columnas, del Mar, de las basas y de los demás objetos que quedaron en esta ciudad, 20 de los cuales no se apoderó Nabucodonosor, rey de Babilonia, al deportar a Jeconías, hijo de Yoyaquim, rey de Judá, de Jerusalén a Babilonia (así como a todos los nobles de Judá y Jerusalén). 21 Sí, porque así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, respecto a los objetos que quedaron en la Casa de Yahveh, en la casa del rey de Judá y en Jerusalén: 22 A Babilonia serán llevados (y allí estarán hasta el día que yo los visite) - oráculo de Yahveh - (y entonces los subiré y devolveré a este lugar).» Jeremías 28 1 Aconteció en aquel mismo año - al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto - que se dirigió a mí el profeta Jananías, hijo de Azzur, que era de Gabaón, en la Casa de Yahveh, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo diciendo: 2 «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia. 3 Dentro de dos años completos yo hago devolver a este lugar todos los objetos de la Casa de Yahveh que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó de este lugar y llevó a Babilonia;

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4 y a Jeconías, hijo de Yoyaquim, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que han ido a Babilonia, yo les hago volver a este lugar - oráculo de Yahveh - en cuanto rompa el yugo del rey de Babilonia.» 5 Dijo el profeta Jeremías al profeta Jananías, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo, que estaban parados en la Casa de Yahveh; 6 dijo, pues, el profeta Jeremías: «¡Amen! Así haga Yahveh. Confirme Yahveh las palabras que has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos de la Casa de Yahveh, y a todos los deportados. 7 Pero, oye ahora esta palabra que pronunció a oídos tuyos y de todo el pueblo: 8 Profetas hubo antes de mí y de ti desde siempre, que profetizaron a muchos países y a grandes reinos la guerra, el mal y la peste. 9 Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que le había enviado Yahveh de verdad.» 10 Entonces tomó el profeta Jananías el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y lo rompió; 11 y habló Jananías delante de todo el pueblo: «Así dice Yahveh: Así romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, de sobre la cerviz de todas las naciones.» Y se fue el profeta Jeremías por su camino. 12 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos, después que el profeta Jananías hubo roto el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías: 13 «Ve y dices a Jananías: Así dice Yahveh: Yugo de palo has roto, pero tú lo reemplazarás por yugo de hierro. 14 Porque así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la cerviz de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán (y también los animales del campo le he dado...).» 15 Dijo también el profeta Jeremías al profeta Jananías: «Oye, Jananías: No te envió Yahveh, y tú has hecho confiar a este pueblo en cosa falsa. 16 Por eso, así dice Yahveh: He aquí que yo te arrojo de sobre la haz del suelo. Este año morirás (porque rebelión has predicado contra Yahveh).» 17 Y murió el profeta Jananías aquel mismo año, en el mes séptimo.

Jeremías 29
1 Este es el tenor de la carta que envió el profeta Jeremías desde Jerusalén al resto de los ancianos de la deportación, a los sacerdotes, profetas y pueblo en general, que había deportado Nabucodonosor desde Jerusalén a Babilonia 2 - después de salir de Jerusalén el rey Jeconías y la Gran Dama, los eunucos, los jefes de Judá y Jerusalén, los herreros y cerrajeros -, 3 por mediación de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes Sedecías, rey de Judá, envió a Babilonia, donde Nabucodonosor, rey de Babilonia: 4 «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, a toda la deportación que deporté de Jerusalén a Babilonia: 5 Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto; 6 tomad mujeres y engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y medrad allí y no mengüéis; 7 procurad el bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahveh, porque su bien será el vuestro. 8 Así dice Yahveh Sebaot, el dios de Israel: No os embauquen los profetas que hay entre vosotros ni vuestros adivinos, y no hagáis caso de vuestros soñadores que sueñan por cuenta propia,

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9 porque falsamente os profetizan en mi Nombre. Yo no los he enviado - oráculo de Yahveh -. 10 «Pues así dice Yahveh: Al filo de cumplírsele a Babilonia setenta años, yo os visitaré y confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este lugar; 11 que bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros - oráculo de Yahveh pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza. 12 Me invocaréis y vendréis a rogarme, y yo os escucharé. 13 Me buscaréis y me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón; 14 me dejaré encontrar de vosotros (- oráculo de Yahveh -; devolveré vuestros cautivos, os recogeré de todas las naciones y lugares a donde os arrojé - oráculo de Yahveh - y os haré tornar al sitio de donde os hice que fueseis desterrados). 15 «En cuanto a eso que decís: “Nos ha suscitado Yahveh profetas en Babilonia”, 16 así dice Yahveh del rey que se sienta sobre el solio de David y de todo el pueblo que se asienta en esta ciudad, los hermanos vuestros que no salieron con vosotros al destierro; 17 así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo suelto contra ellos la espada, el hambre y la peste, y los pondré como aquellos higos reventados,, tan malos que no se podían comer. 18 Los perseguiré con la espada, el hambre y la peste, y los convertiré en espantajo para todos los reinos de la tierra: maldición, pasmo, rechifla y oprobio entre todas las naciones a donde los arroje, 19 por cuanto que no oyeron las palabras - oráculo de Yahveh - que les envié por mis siervos los profetas asiduamente; pero no oísteis - oráculo de Yahveh -. 20 Vosotros, pues, oíd la palabra de Yahveh, todos los deportados que envié de Jerusalén a Babilonia. 21 «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colaías, y sobre Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi Nombre: He aquí que yo los pongo en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; él los herirá ante vuestros ojos, 22 y de ellos tomarán esta maldición todos los deportados de Judá que se encuentran en Babilonia: “Vuélvate Yahveh como a Sedecías y como a Ajab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia”, 23 porque obraron con fatuidad en Jerusalén, cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos y fingieron pronunciar en mi Nombre palabras que yo no les mandé. Yo soy sabedor y testigo - oráculo de Yahveh -.» 24 Semaías el najlamita despachó en su propio nombre cartas (a todo el pueblo que hay en Jerusalén) a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías (y a todos los sacerdotes), diciendo: 26 «Yahveh te ha puesto por sacerdote en vez del sacerdote Yehoyadá como inspector en la Casa de Yahveh de todos los locos y seudoprofetas: tú debes meterlos en los cepos y en el calabozo. 27 Pues entonces, ¿por qué no has sancionado a Jeremías de Anatot que se os hace pasar por profeta? 28 Porque, en efecto, nos ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo: “Es para largo. Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto”» 29 El sacerdote Sofonías leyó esta carta a oídos del profeta Jeremías. 30 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos: 31 «Envía este mensaje a todos los deportados: Así dice Yahveh respecto a Semaías el najlamita, por haberos profetizado sin haberle yo enviado, inspirándoos una falsa seguridad. 32 Sí, por cierto, así dice Yahveh: He aquí que yo voy a visitar a Semaías el najlamita y a su descendencia. No habrá en ella ninguno que se siente en medio de este pueblo ni que

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vea el bien que yo haga a mi pueblo - oráculo de Yahveh - porque predicó la desobediencia a Yahveh.» Jeremías 30 1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh: 2 Así dice Yahveh el Dios de Israel: Escríbete todas las palabras que te he hablado en un libro. 3 Pues he aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que haré tornar a los cautivos de mi pueblo Israel (y de Judá) - dice Yahveh - y les haré volver a la tierra que di a sus padres en posesión. 4 Estas son las palabras que dirigió Yahveh a Israel (y a Judá). 5 Así dice Yahveh: Voces estremecedoras oímos: ¡Pánico, y no paz! 6 Id a preguntar, y ved si pare el macho. Entonces ¿por qué he visto a todo varón con las manos en las caderas, como la que da a luz, y todas las caras se han vuelto amarillas? 7 ¡Ay! porque grande es aquel día, sin semejante, y tiempo de angustia es para Jacob; pero de ella quedará salvo. 8 (Acontecerá aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - que romperé el yugo de sobre tu cerviz y tus coyundas arrancaré, y no te servirán más los extranjeros, 9 sino que Israel y Judá servirán a Yahveh su Dios y a David su rey, que yo les suscitaré.) 10 Pero tú no temas, siervo mío Jacob - oráculo de Yahveh - ni desmayes, Israel, pues mira que yo acudo a salvarte desde lejos y tu linaje del país de su cautiverio; volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete, 11 pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh - para salvarte: pues acabaré con todas las naciones entre las cuales te dispersé. pero contigo no acabaré; aunque sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré. 12 Porque así dice Yahveh: Irremediable es tu quebranto, incurable tu herida. 13 Estás desahuciado; para una herida hay cura, para ti no hay remedio. 14 Todos tus amantes te olvidaron, por tu salud no preguntaron. Porque con herida de enemigo te herí, castigo de hombre cruel, (por tu gran culpa, porque son enormes tus pecados). 15 ¿Por qué te quejas de tu quebranto? Irremediable es tu sufrimiento; por tu gran culpa, por ser enormes tus pecados te he hecho esto. 16 No obstante todos los que te devoran serán devorados, y todos tus opresores, todos ellos, irán al cautiverio; serán tus despojadores despojados, y a todos tus saqueadores los entregaré al saqueo. 17 Sí; haré que tengas alivio, de tus llagas te curaré - oráculo de Yahveh -. Porque «La Repudiada» te llamaron. «Sión de la que nadie se preocupa». 18 Así dice Yahveh: He aquí que yo hago volver a los cautivos de las tiendas de Jacob y de sus mansiones me apiadaré; será reedificada la ciudad sobre su montículo de ruinas y el alcázar tal como era será restablecido. 19 Y saldrá de entre ellos loor y voz de gente alegre; los multiplicaré y no serán pocos, los honraré y no serán menguados, 20 sino que serán sus hijos como antes, su comunidad ante mí estará en pie, y yo visitaré a todos sus opresores. 21 Será su soberano uno de ellos, su jefe de entre ellos saldrá, y le haré acercarse y él llegará hasta mí, porque ¿quién es el que se jugaría la vida por llegarse hasta mí? - oráculo de Yahveh -. 22 Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. 23 Mirad que una tormenta de Yahveh ha estallado, un torbellino remolinea: sobre la cabeza de los malos descarga.

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24 No ha de apaciguarse el ardor de la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello.

Jeremías 31
1 En aquel tiempo - oráculo de Yahveh - seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo. 2 Así dice Yahveh: Halló gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada: va a su descanso Israel. 3 De lejos Yahveh se me apareció. Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti. 4 Volveré a edificarte y serás reedificada, virgen de Israel; aún volverás a tener el adorno de tus adufes, y saldrás a bailar entre gentes festivas. 5 Aún volverás a plantar viñas en los montes de Samaría: (plantarán los plantadores, y disfrutarán). 6 Pues habrá un día en que griten los centinelas en la montaña de Efraím: «¡Levantaos y subamos a Sión, adonde Yahveh, el Dios nuestro!» 7 Pues así dice Yahveh: Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las naciones; hacedlo oír, alabad y decid: «¡Ha salvado Yahveh a su pueblo, al Resto de Israel!» 8 Mirad que yo los traigo del país del norte, y los recojo de los confines de la tierra. Entre ellos, el ciego y el cojo, la preñada y la parida a una. Gran asamblea vuelve acá. 9 Con lloro vienen y con súplicas los devuelvo, los llevo a arroyos de agua por camino llano, en que no tropiecen. Porque yo soy para Israel un padre, y Efraím es mi primogénito. 10 Oíd la palabra de Yahveh, naciones, y anunciad por las islas a lo lejos, y decid: «El que dispersó a Israel le reunirá y le guardará cual un pastor su hato.» 11 Porque ha rescatado Yahveh a Jacob, y le ha redimido de la mano de otro más fuerte. 12 Vendrán y darán hurras en la cima de Sión y acudirán al regalo de Yahveh: al grano, al mosto, y al aceite virgen, a las crías de ovejas y de vacas, y será su alma como huerto empapado, no volverán a estar ya macilentos. 13 Entonces se alegrará la doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su duelo en regocijo, y les consolaré y alegraré de su tristeza; 14 empaparé el alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo de mi regalo se hartará oráculo de Yahveh -. 15 Así dice Yahveh: En Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo. Raquel que llora por sus hijos, que rehúsa consolarse - por sus hijos - porque no existen. 16 Así dice Yahveh: Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para tu trabajo - oráculo de Yahveh -: volverán de tierra hostil, 17 y hay esperanza para tu futuro - oráculo de Yahveh -: volverán los hijos a su territorio. 18 Bien he oído a Efraím lamentarse: «Me corregiste y corregido fui, cual becerro no domado. Hazme volver y volveré, pues tú, Yahveh, eres mi Dios. 19 Porque luego de desviarme, me arrepiento, y luego de darme cuenta, me golpeo el pecho, me avergüenzo y me confundo luego, porque aguanto el oprobio de mi mocedad.» 20 ¿Es un hijo tan caro para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme - oráculo de Yahveh -. 21 Plántate hitos, ponte jalones de ruta, presta atención a la calzada al camino que anduviste. Vuelve, virgen de Israel, vuelve a estas ciudades. 22 ¿Hasta cuándo darás rodeos, oh díscola muchacha? Pues ha creado Yahveh una novedad en la tierra: la Mujer ronda al Varón.

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23 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Todavía dirán este refrán en tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: «¡Bendígate Yahveh, oh estancia justa, oh monte santo!» 24 Y morarán allí Judá y todas sus ciudades juntamente, los labradores y los que trashuman con el rebaño, 25 porque yo empaparé el alma agotada y toda alma macilenta colmaré. 26 En esto, me desperté y vi que mi sueño era sabroso para mí. 27 He aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombres y ganados. 28 Entonces, del mismo modo que anduve presto contra ellos para extirpar, destruir, arruinar, perder y dañar, así andaré respecto a ellos para reconstruir y replantar - oráculo de Yahveh -. 29 En aquellos días no dirán más: «Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren de dentera»; 30 sino que cada uno por su culpa morirá: quienquiera que coma el agraz tendrá la dentera. 31 He aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; 32 no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos - oráculo de Yahveh -. 33 Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: «Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande - oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme. 35 Así dice Yahveh, el que da el sol para alumbrar el día, y gobierna la luna y las estrellas para alumbrar la noche, el que agita el mar y hace bramar sus olas, cuyo nombre es Yahveh Sebaot. 36 Si fallaren estas normas en mi presencia - oráculo de Yahveh - también la prole de Israel dejaría de ser una nación en mi presencia a perpetuidad. 37 Así dice Yahveh: Si fueren medidos los cielos por arriba, y sondeadas las bases de la tierra por abajo, entonces también yo renegaría de todo el linaje de Israel por todo cuanto hicieron - oráculo de Yahveh -. 38 He aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que será reconstruida la ciudad de Yahveh desde la torre de Jananel hasta la Puerta del Angulo; 39 y volverá a salir la cuerda de medir toda derecha hasta la cuesta de Gareb, y torcerá hasta Goá, 40 y toda la hondonada de los Cuerpos Muertos y de la Ceniza, y toda la Campa del Muerto hasta el torrente Cedrón, hasta la esquina de la Puerta de los Caballos hacia oriente será sagrado de Yahveh: no volverá a ser destruido ni dado al anatema nunca jamás.

Jeremías 32
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh el año diez de Sedecías, rey de Judá - o sea, el año dieciocho de Nabucodonosor: 2 A la sazón las fuerzas del rey de Babilonia sitiaban a Jerusalén, mientras el profeta Jeremías estaba detenido en el patio de la guardia de la casa del rey de Judá, 3 donde le tenía detenido Sedecías, rey de Judá, bajo esta acusación:

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«¿Por qué has profetizado: Así dice Yahveh: He aquí que yo entrego esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que la tomará, 4 y el rey de Judá, Sedecías, no escapará de manos de los caldeos, sino que será entregado sin remisión en manos del rey de Babilonia, con quien hablará boca a boca, y sus ojos se encontrarán con sus ojos, 5 y a Babilonia llevará a Sedecías, y allí estará (hasta que yo le visite - oráculo de Yahveh. ¡Aunque luchéis con los caldeos, no triunfaréis!)» 6 Dijo Jeremías: He recibido una palabra de Yahveh que dice así: 7 «He aquí que Janamel, hijo de tu tío Sallum, va a dirigirse a ti diciendo: “Ea, cómprame el campo de Anatot, porque a ti te toca el derecho de rescate para comprarlo.”» 8 Vino, pues, a mí Janamel, hijo de mi tío, conforme al dicho de Yahveh, al patio de la guardia, y me dijo: «Ea, cómprame el campo de Anatot - que cae en territorio de Benjamín - porque tuyo es el derecho de adquisición y a ti te toca el rescate. Cómpratelo.» Yo reconocí en aquello la palabra de Yahveh, 9 y compré a Janamel, hijo de mi tío, el campo que está en Anatot. Le pesé la plata: diecisiete siclos de plata. 10 Lo apunté en mi escritura, sellé, aduje testigos y pesé la plata en la balanza. 11 Luego tomé la escritura de la compra, el documento sellado según ley y la copia abierta, 12 y pasé la escritura de la compra a Baruc, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, a vista de mi primo Janamel y de los testigos firmantes en la escritura de la compra, y a vista de todos los judíos presentes en el patio de la guardia, 13 y a vista de todos ellos di a Baruc este encargo: 14 Así dice Yahveh Sebaot el Dios de Israel: Toma estas escrituras: la escritura de compra, el documento sellado y la copia abierta, y las pones en un cántaro de arcilla para que duren mucho tiempo. 15 Porque así dice Yahveh Sebaot el Dios de Israel: «Todavía se comprarán casas y campos y viñas en esta tierra.» 16 Después de haber entregado la escritura de propiedad a Baruc, hijo de Neriyías, oré a Yahveh diciendo: 17 «¡Ay, Señor Yahveh! He aquí que tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y tenso brazo: nada es extraordinario para ti, 18 el que hace merced a millares, que se cobra la culpa de los padres a costa de los hijos que les suceden, el Dios grande, el Fuerte, cuyo nombre es Yahveh Sebaot, 19 grande en designios y rico en recursos, que tiene los ojos fijos en la conducta de los humanos, para dar a cada uno según su conducta y el fruto de sus obras; 20 tú que has obrado señales y portentos en Egipto, hasta hoy, y en Israel y en la humanidad entera, y te has hecho un nombre, como hoy se ve; 21 y sacaste a tu pueblo Israel de Egipto con señales y prodigios y con mano fuerte y tenso brazo y con gran aparato, 22 y les diste esta tierra que habías jurado darla a sus padres: tierra que mana leche y miel. 23 Entraron en ella y la poseyeron, pero no hicieron caso de tu voz, ni conforme a tus leyes anduvieron: nada de lo que les mandaste hacer hicieron, y les conminaste con esta calamidad. 24 He aquí que los terraplenes llegan a la ciudad para tomarla y la ciudad está ya a merced de los caldeos que la atacan, por causa de la espada y del hambre y de la peste; lo que habías dicho, ha sido, y tú mismo lo estás viendo. 25 ¡Precisamente tú me has dicho, oh Señor Yahveh: “Cómprate el campo y aduce testigos” cuando la ciudad está entregada a manos de los caldeos!» 26 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh como sigue: 27 Mira que yo soy Yahveh, el Dios de toda carne. ¿Habrá cosa extraordinaria para mi?

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28 Pues así dice Yahveh: He aquí que yo pongo esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la tomará, 29 y entrarán los caldeos que atacan a esta ciudad y le prenderán fuego incendiándola junto con las casas en cuyos terrados se incensaba a Baal y se libaban libaciones a otros dioses para provocarme. 30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho otra cosa sino lo que me disgusta desde sus mocedades (porque los hijos de Israel no han hecho más que provocarme con las obras de sus manos - oráculo de Yahveh -). 31 Porque motivo de mi furor y de mi ira ha sido para mí esta ciudad, desde el día en que la edificaron hasta hoy, que es como para quitármela de delante, 32 por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que, para provocarme, obraron ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y profetas, el hombre de Judá y el habitante de Jerusalén, 33 y me volvieron la espalda, que no la cara. Yo les adoctriné asiduamente, mas ellos no quisieron aprender la lección, 34 sino que pusieron sus Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre, profanándola, 35 y fraguaron los altos del Baal que hay en el Valle de Ben Hinnom para hacer pasar por el fuego a sus hijos e hijas en honor del Moloc - lo que no les mandé ni me pasó por las mientes -, obrando semejante abominación con el fin de hacer pecar a Judá. 36 Ahora, pues, en verdad así dice Yahveh, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad que - al decir de vosotros - está ya a merced del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste. 37 He aquí que yo los reúno de todos los países a donde los empujé en mi ira y mi furor y enojo grande, y les haré volver a este lugar, y les haré vivir en seguridad, 38 serán mi pueblo, y yo seré su Dios; 39 y les daré otro corazón y otro camino, de suerte que me teman todos los días para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. 40 Les pactaré alianza eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí; 41 me dedicaré a hacerles bien, y los plantaré en esta tierra firmemente, con todo mi corazón y con toda mi alma. 42 Porque así dice Yahveh: Como he traído sobre este pueblo todo este gran perjuicio, así yo mismo voy a traer sobre ellos todo el beneficio que pronuncio sobre ellos, 43 y se comprarán campos en esta tierra de la que decís vosotros que es una desolación, sin personas ni ganados, y que está a merced de los caldeos; 44 se comprarán campos con dinero, anotándose en escritura, sellándose y llamando testigos, en la tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, en las ciudades de Judá, en las de la Montaña, en las de la Tierra Baja y en las del Négueb, pues haré tornar a sus cautivos - oráculo de Yahveh -.

Jeremías 33
1 De nuevo fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías, que estaba aún detenido en el patio de la guardia, en estos términos: 2 Así dice Yahveh, hacedor de la tierra, que la formó para hacerla subsistir, Yahveh es su nombre: 3 Llámame y te responderé y mostraré cosas grandes, inaccesibles, que desconocías. 4 Porque así dice Yahveh, el Dios de Israel, tocante a las casas de esta ciudad y a las de los reyes de Judá que han sido derruidas. Junto a los terraplenes y a la espada,

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5 se traba combate con los caldeos para llenar la ciudad de cadáveres humanos, a los que herí en mi ira y mi furor, y por cuya malicia oculté mi rostro de esta ciudad. 6 He aquí que yo les aporto su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré una corona de paz y seguridad. 7 Haré tornar a los cautivos de Judá y a los cautivos de Israel y los reedificaré como en el pasado, 8 y los purificaré de toda culpa que cometieron contra mí, y perdonaré todas las culpas que cometieron contra mí, y con que me fueron rebeldes. 9 Jerusalén será para mí un nombre evocador de alegría, será prez y ornato para todas las naciones de la tierra que oyeren todo el bien que voy a hacerle, y se asustarán y estremecerán de tanta bondad y de tanta paz como voy a concederle. 10 Así dice Yahveh: Aún se oirá en este lugar, del que vosotros decís que está abandonado, sin personas ni ganados, en todas las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén desoladas, sin personas ni habitantes ni ganados, 11 voz de gozo y de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de cuantos traigan sacrificios de alabanza a la Casa de Yahveh diciendo: «Alabad a Yahveh Sebaot, porque es bueno Yahveh, porque es eterno su amor», pues haré tomar a los cautivos del país, y volverán a ser como antes - dice Yahveh -. 12 Así dice Yahveh Sebaot: Aún habrá en este lugar abandonado de hombres y ganados y en todas sus ciudades, dehesa de pastores que hagan acostarse a las ovejas: 13 en las ciudades de la Montaña, y en las de la Tierra Baja, en las del Négueb y en la tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén y en las ciudades de Judá, volverán a pasar ovejas ante la mano del que las cuente - dice Yahveh. 14 Mirad que días vienen - oráculo de Yahveh - en que confirmaré la buena palabra que dije a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15 En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. 16 En aquellos días estará a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará: «Yahveh, justicia nuestra.» 17 Pues así dice Yahveh: No le faltará a David quien se siente en el trono de la casa de Israel; 18 y a los sacerdotes levíticos no les faltará quien en presencia mía eleve holocaustos y queme incienso de oblación y haga sacrificio cada día. 19 Fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue: 20 Así dice Yahveh: Si llegareis a romper mi alianza con el día y con la noche, de suerte que no sea de día o de noche a su debido tiempo, 21 entonces también mi alianza romperíais con mi siervo David, de suerte que le falte un hijo que reine sobre su trono y con los levitas sacerdotes, mis servidores. 22 Así como es incontable el ejército de los cielos, e incalculable la arena de la mar, así multiplicaré el linaje de mi siervo David y de los levitas que me sirven. 23 Fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue: 24 ¿No has visto qué ha dicho este pueblo?: «Los dos linajes que había elegido Yahveh, los ha rechazado», y a mi pueblo menosprecian, como que ni lo tienen por nación. 25 Pues bien, dice Yahveh: Si no he creado el día y la noche, ni las leyes de los cielos y la tierra he puesto, 26 en ese caso también rechazaré el linaje de Jacob y de mi siervo David, para no escoger más de su linaje a quienes imperen sobre el linaje de Abraham, Isaac y Jacob, cuando yo haga tornar a sus cautivos y les tenga misericordia.

Jeremías 34
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1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todas sus fuerzas y todos los reinos de la tierra sometidos a su poder y todos los pueblos atacaban a Jerusalén y a todas sus ciudades: 2 Así dice Yahveh el Dios de Israel: Ve y dices a Sedecías, rey de Judá; le dices: Así dice Yahveh: «Mira que yo entrego esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y la incendiará. 3 En cuanto a ti, no te escaparás de su mano, sino que sin falta serás capturado, y en sus manos te pondré y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y su boca hablará a tu boca, y a Babilonia irás. 4 Empero, oye una palabra de Yahveh, oh Sedecías, rey de Judá: Así dice Yahveh respecto a ti: No morirás por la espada. 5 En paz morirás. Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡ay, señor!» te plañirán, porque lo digo yo - oráculo de Yahveh -. 6 Y habló el profeta Jeremías a Sedecías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén, 7 mientras las fuerzas del rey de Babilonia atacaban a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá que quedaban: a Lakís y Azecá, pues estas dos plazas fuertes habían quedado de todas las ciudades de Judá. 8 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, después de llegar el rey Sedecías a un acuerdo con todo el pueblo de Jerusalén, proclamándoles una manumisión, 9 en orden a dejar cada uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano. 10 Todos los jefes y todo el pueblo que entraba en el acuerdo obedecieron, dejando libres quién a su siervo, quién a su esclava, dándoles la libertad de modo que no hubiese entre ellos más esclavos: obedecieron y les dejaron libres. 11 Pero luego volvieron a apoderarse de los siervos y esclavas que habían manumitido y los redujeron a servidumbre y esclavitud. 12 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos: 13 Así dice Yahveh, el Dios de Israel: yo hice alianza con vuestros padres el día que los saqué de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo: 14 «Al cabo de siete años cada uno de vosotros dejará libre al hermano hebreo que se le hubiera vendido. Te servirá por seis años, y le enviarás libre de junto a ti.» Pero no me hicieron caso vuestros padres ni aplicaron el oído. 15 Vosotros os habéis convertido hoy y habéis hecho lo que es recto a mis ojos proclamando manumisión general, y llegando a un acuerdo en mi presencia, en la Casa que se llama por mi Nombre; 16 pero os habéis echado atrás y profanado mi Nombre, os habéis apoderado de vuestros respectivos siervos y esclavas a quienes habíais manumitido, reduciéndolos de nuevo a esclavitud. 17 Por tanto, así dice Yahveh: Vosotros no me habéis hecho caso al proclamar manumisión general. He aquí que yo proclamo contra vosotros manumisión de la espada, de la peste y del hambre - oráculo de Yahveh - y os doy por espantajo de todos los reinos de la tierra. 18 Y a los individuos que traspasaron mi acuerdo, aquellos que no han hecho válidos los términos del acuerdo que firmaron en mi presencia, yo los volveré como el becerro que cortaron en dos y por entre cuyos pedazos pasaron: 19 a los jefes de Judá, los jefes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo de la tierra que han pasado por entre los pedazos del becerro, 20 les pondré en manos de sus enemigos y de quienes buscan su muerte y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.

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La Santa Biblia (Parte 2)

21 Y a Sedecías, rey de Judá, y a sus jefes les pondré en manos de sus enemigos y de quienes buscan su muerte y del ejército del rey de Babilonia que se ha retirado de vosotros. 22 Mirad que yo lo ordeno - oráculo de Yahveh - y les hago volver sobre esta ciudad, y la atacarán, la tomarán y le darán fuego, y las ciudades de Judá las trocaré en desolación sin habitantes.

Jeremías 35
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, en tiempo de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá. 2 «Ve a la casa de los rekabitas y les hablas. Les llevas a la Casa de Yahveh, a una de las cámaras, y les escancias vino.» 3 Tomé, pues, a Yazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabassinías, y a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la casa de los rekabitas, 4 y les llevé a la Casa de Yahveh, a la cámara de Ben Yojanán, hijo de Yigdalías, hombre de Dios, la cual cámara está al lado de la de los jefes, y encima de la de Maaseías, hijo de Sallum, guarda del umbral, 5 y presentando a los hijos de la casa de los rekabitas unos jarros llenos de vino y tazas, les dije: «¡Bebed vino!» 6 Dijeron ellos: «No bebemos vino, porque nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, nos dio este mandato: “No beberéis vino ni vosotros ni vuestros hijos nunca jamás, 7 ni edificaréis casa, ni sembraréis semilla, ni plantaréis viñedo, ni poseeréis nada, sino que en tiendas pasaréis toda vuestra existencia, para que viváis muchos días sobre la faz del suelo, donde sois forasteros.” 8 Nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, en todo cuanto nos mandó, absteniéndonos de beber vino de por vida, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas, 9 y no edificando casas donde vivir, ni poseyendo viña ni campo de sementera, 10 sino que hemos vivido en tiendas, obedeciendo y obrando en todo conforme a lo que nos mandó nuestro padre Yonadab. 11 Pero al subir Nabucodonosor, rey de Babilonia, contra el país, dijimos: “Venid y entremos en Jerusalén, para huir de las fuerzas caldeas y de las de Arán”, y nos instalamos en Jerusalén.» 12 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue: 13 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Ve y dices a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿ No aprenderéis la lección que os invita a escuchar mis palabras? - oráculo de Yahveh -. 14 Se ha cumplido la palabra de Yonadab, hijo de Rekab, que prohibió a sus hijos beber vino, y no han bebido hasta la fecha, porque obedecieron la orden de su padre. Yo me afané en hablaros a vosotros y no me oísteis. 15 Me afané en enviaros a todos mis siervos los profetas a deciros: Ea, tornad cada uno de vuestro mal camino, mejorad vuestras acciones y no andéis en pos de otros dioses para servirles, y os quedaréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres; mas no aplicasteis el oído ni me hicisteis caso. 16 Así, los hijos de Yonadab, hijo de Rekab, han cumplido el precepto que su padre les impuso, mientras que este pueblo no me ha hecho caso. 17 Por tanto, así ha dicho Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todo el mal que pronuncié respecto a ellos, por cuanto les hablé y no me oyeron, les llamé y no me respondieron. 18 A la casa de los rekabitas dijo Jeremías: «Así dice Yahveh Sebaot,

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el Dios de Israel: Por cuanto que habéis hecho caso del precepto de vuestro padre Yonadab y habéis guardado todos esos preceptos y obrado conforme a cuanto os mandó, 19 por lo mismo, así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: No faltará a Yonadab, hijo de Rekab, quien siga ante mi faz todos los días.» Jeremías 36 1 Aconteció que en el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta palabra a Jeremías de parte de Yahveh: 2 Tómate un rollo de escribir, y apuntas en él todas las palabras que te he hablado tocante a Israel, a Judá y a todas las naciones, desde la fecha en que te vengo hablando - desde los tiempos de Josías hasta hoy -. 3 A ver si la casa de Judá se entera de todo el mal que he pensado hacerle, de modo que se convierta cada uno de su mal camino, y entonces yo perdonaría su culpa y su pecado. 4 Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Neriyías, y apuntó Baruc al dictado de Jeremías todas las palabras que Yahveh le había hablado, en un rollo de escribir. 5 Dio Jeremías a Baruc estas instrucciones: «Yo estoy detenido; no puedo ir a la Casa de Yahveh. 6 Así que, vete tú, y lees en voz alta el rollo en que has apuntado al dictado mío las palabras de Yahveh, a oídos del público de la Casa de Yahveh el día del ayuno, y las lees también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades; 7 a ver si presentan sus súplicas a Yahveh, y se vuelven cada uno de su mal camino; porque grande es la ira y el furor que ha expresado Yahveh contra este pueblo.» 8 Hizo Baruc, hijo de Neriyías, conforme a todo cuanto le había mandado el profeta Jeremías, y leyó en el libro las palabras de Yahveh en la Casa de Yahveh. 9 Precisamente en el año quinto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, el mes noveno, se proclamaba ayuno general delante de Yahveh, tanto para el pueblo de Jerusalén como para toda la gente venida de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10 Baruc, pues, leyó en el libro las palabras de Jeremías en la Casa de Yahveh, en la cámara de Guemarías, hijo de Safán el escriba, en el patio alto, a la entrada de la Puerta Nueva de la Casa de Yahveh, a oídos de todo el pueblo. 11 Oye Miqueas, hijo de Guemarías, hijo de Safán, todas las palabras de Yahveh según el libro, 12 baja a la casa del rey, al cuarto del escriba, y se encuentra con que allí estaban todos los jefes sentados: el escribano Elisamá, Delaías, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Akbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de Jananías, y todos los demás jefes. 13 Y Miqueas declaró todas las palabras que había oído leer a Baruc en el libro a oídos del pueblo. 14 Entonces todos los jefes enviaron a Yehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Kusí a decir a Baruc: «Toma en tus propias manos el rollo en el que has leído en voz alta al pueblo y vente.» Baruc, hijo de Neriyías, tomó el rollo en sus manos y se dirigió adonde ellos. 15 Dícenle: «Ea, siéntate y ten a bien leérnoslo a nosotros.» Y Baruc se lo leyó. 16 Como oyeron todas aquellas palabras, se asustaron y dijeron cada cual a su vecino: «Anunciemos sin falta al rey todas estas palabras.» 17 Y a Baruc le pidieron: «Explícanos cómo has escrito todas estas palabras.» 18 Díceles Baruc: «Al dictado. El me recitaba todas estas palabras y yo las iba escribiendo en el libro con tinta.» 19 Dicen los jefes a Baruc: «Vete, escondeos tú y Jeremías, y que nadie sepa dónde estáis.» 20 Y entraron adonde el rey, a la corte (el rollo lo consignaron en la cámara de Elisamá el escriba) y anunciaron a oídos del rey todas aquellas palabras.

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21 Entonces envió el rey a Yehudí a apoderarse del rollo, y éste lo tomó del cuarto de Elisamá el escriba. Y Yehudí lo leyó en voz alta al rey y a todos los jefes que estaban en pie en torno al rey. 22 El rey estaba sentado en la casa de invierno, - era en el mes noveno -, con un brasero delante encendido. 23 Y así que había leído Yehudí tres hojas o cuatro, él las rasgaba con el cortaplumas del escriba y las echaba al fuego del brasero, hasta terminar con todo el rollo en el fuego del brasero. 24 Ni se asustaron ni se rasgaron los vestidos el rey ni ninguno de sus siervos que oían todas estas cosas, 25 y por más que Elnatán, Delaías y Guemarías suplicaron el rey que no quemara el rollo, no les hizo caso. 26 Luego el rey ordenó a Yerajmeel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdel, apoderarse del escriba Baruc y del profeta Jeremías, pero Yahveh los ocultó. 27 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías - tras de haber quemado el rey el rollo y las cosas que había escrito Baruc al dictado de Jeremías - como sigue: 28 «Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las cosas que antes había en el primer rollo que quemó Yoyaquim, rey de Judá. 29 Y a Yoyaquim, rey de Judá, le dices: Así dice Yahveh: Tú has quemado aquel rollo, diciendo: “¿Por qué has escrito en él: Vendrá sin falta el rey de Babilonia y destruirá esta tierra y se llevará cautivos de ella a hombres y bestias?” 30 Por tanto, así dice Yahveh a propósito de Yoyaquim, rey de Judá: No tendrá quien le suceda en el trono de David y su propio cadáver yacerá tirado, expuesto al calor del día y al frío de la noche. 31 Yo pasaré revista a sus culpas y las de su linaje y sus siervos, y traeré sobre ellos y sobre todos los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá todo el mal que les dije, sin que hicieran caso.» 32 Entonces Jeremías tomó otro rollo, que dio al escriba Baruc, hijo de Neriyías, y éste escribió al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que había quemado Yoyaquim, rey de Judá, e incluso se añadió a aquéllas otras muchas por el estilo.

Jeremías 37
1 Vino a reinar, en vez de Konías, hijo de Yoyaquim, el rey Sedecías, hijo de Josías, al que Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso por rey en tierra de Judá, 2 pero tampoco él ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra, hicieron caso de las palabras que Yahveh había hablado por medio del profeta Jeremías. 3 El rey Sedecías envió a Yukal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, a decir al profeta Jeremías: «¡Ea! Ruega por nosotros a nuestro Dios Yahveh.» 4 Y Jeremías iba y venía en público, pues no le habían encarcelado. 5 Las fuerzas de Faraón salieron de Egipto, y al oír hablar de ellos los caldeos que sitiaban a Jerusalén, levantaron el sitio de Jerusalén. 6 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta Jeremías: 7 Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Así diréis al rey de Judá que os envía a mí, a consultarme: He aquí que las fuerzas de Faraón que salían en vuestro socorro se han vuelto a su tierra de Egipto, 8 y volverán los caldeos que atacan a esta ciudad, la tomarán y la incendiarán. 9 Así dice Yahveh: No cobréis ánimos diciendo: «Seguro que los caldeos terminarán por dejarnos y marcharse»; porque no se marcharán,

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10 pues aunque hubieseis derrotado a todas las fuerzas de los caldeos que os atacan y les quedaren sólo hombres acribillados, se levantarían cada cual en su tienda e incendiarían esta ciudad. 11 Cuando las tropas caldeas estaban levantando el sitio de Jerusalén, replegándose ante las tropas del Faraón, aconteció que 12 Jeremías salía de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a asistir a un reparto en el pueblo. 13 Y encontrándose él en la puerta de Benjamín, donde había un vigilante llamado Yiriyías, hijo de Selemías, hijo de Jananías, éste prendió al profeta Jeremías diciendo: «¡Tú te pasas a los caldeos!» 14 Dice Jeremías: «¡Falso! Yo no me paso a los caldeos.» Pero Yiriyías no le hizo caso, y poniendo preso a Jeremías, le llevó a los jefes, 15 los cuales se irritaron contra Jeremías, le dieron de golpes y le encarcelaron en casa del escriba Jonatán, convertida en prisión. 16 Así que Jeremías ingresó en el calabozo y en las bóvedas y permaneció allí mucho tiempo. 17 El rey Sedecías mandó traerle, y le interrogó en su casa, en secreto: «¿Hay algo de parte de Yahveh?» Dijo Jeremías: «Lo hay.» Y añadió: «En mano del rey de Babilonia serás entregado.» 18 Y dijo Jeremías al rey Sedecías: «¿En qué te he faltado a ti, a tus siervos y a este pueblo, para que me hayáis puesto en prisión? 19 ¿Pues dónde están vuestros profetas que os profetizaban: “No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros ni contra esta tierra? 20 Ahora, pues, oiga el rey mi señor, caiga bien en tu presencia mi petición de gracia y no me vuelvas a casa del escriba Jonatán, no muera yo allí.» 21 Entonces el rey Sedecías mandó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia y se le diese un rosco de pan por día de la calle de los panaderos, hasta que se acabase todo el pan de la ciudad. Y Jeremías permaneció en el patio de la guardia.

Jeremías 38
1 Oyeron Sefatías, hijo de Mattán, Guedalías, hijo de Pasjur, hijo de Malkiyías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo: 2 «Así dice Yahveh: Quien se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste, mas el que se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando. 3 Así dice Yahveh: Sin remisión será entregada esta ciudad en mano de las tropas del rey de Babilonia, que la tomará.» 4 Y dijeron aquellos jefes al rey: «Ea, hágase morir a ese hombre, porque con eso desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien del pueblo, sino su daño.» 5 Dijo el rey Sedecías: «Ahí le tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra vosotros.» 6 Ellos se apoderaron de Jeremías, y lo echaron a la cisterna de Malkiyías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas. En el pozo no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en el fango. 7 Pero Ebed Mélek el kusita - un eunuco de la casa del rey - oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de Benjamín. 8 Salió Ebed Mélek de la casa del rey, y habló al rey en estos términos: 9 «Oh mi señor el rey, está mal hecho todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta Jeremías, arrojándole a la cisterna. Total lo mismo se iba a morir de hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.»

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10 Entonces ordenó el rey a Ebed Mélek el kusita: «Toma tú mismo de aquí treinta hombres, y subes al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.» 11 Ebed Mélek tomó consigo a los hombres y entrando en la casa del rey, al vestuario del tesoro, tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los descolgó por la cisterna hasta Jeremías. 12 Dijo Ebed Mélek el kusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas entre los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías, 13 y halando a Jeremías con las sogas le subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia. 14 Entonces el rey Sedecías mandó traer al profeta Jeremías a la entrada tercera que había en la Casa de Yahveh, y dijo el rey a Jeremías: «Yo te pregunto una cosa: no me ocultes nada.» 15 Dijo Jeremías a Sedecías: «Si te soy sincero, seguro que me matarás; y aunque te aconseje, no me escucharás.» 16 El rey Sedecías juró a Jeremías en secreto: «Por vida de Yahveh, y por la vida que nos ha dado, que no te haré morir ni te entregaré en manos de estos hombres que andan buscando tu muerte.» 17 Dijo Jeremías a Sedecías: «Así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Si sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, vivirás tú mismo y esta ciudad no será incendiada: tanto tú como los tuyos viviréis. 18 Pero si no te entregas a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad será puesta en manos de los caldeos e incendiada, y tú no escaparás de sus manos.» 19 Dijo el rey Sedecías a Jeremías: «Me preocupan los judíos que se han pasado a los caldeos, no vaya a ser que me entreguen en sus manos, y éstos hagan mofa de mí.» 20 Pero replicó Jeremías: «No te entregarán. ¡Ea!, oye la voz de Yahveh en esto que te digo, que te resultará bien y quedarás con vida. 21 Mas si rehusas a salir, esto es lo que me ha mostrado Yahveh. 22 Mira que todas las mujeres que han permanecido en la casa del rey de Judá serán sacadas adonde los jefes del rey de Babilonia, e irán diciendo: Te empujaron y pudieron contigo aquellos con quienes te saludabas. Se hundieron en el lodo tus pies, hiciéronse atrás. 23 Y a todas tus mujeres y tus hijos irán sacando adonde los caldeos, y tú no escaparás de ellos, sino que en manos del rey de Babilonia serás puesto, y esta ciudad será incendiada.» 24 Entonces dijo Sedecías a Jeremías: «Que nadie sepa nada de esto, y no morirás. 25 Aunque se enteren los jefes de que he estado hablando contigo, y viniendo a ti te digan: “Decláranos qué has dicho al rey sin ocultárnoslo, y así no te mataremos, como también lo que el rey te ha hablado”, 26 tú les dirás: “He pedido al rey la gracia de que no se me devuelva a casa de Jonatán a morirme allí.”» 27 En efecto, vinieron todos los jefes a Jeremías, le interrogaron, y él les respondió conforme a lo que queda dicho que le había mandado el rey: y ellos quedaron satisfechos, porque nada se sabía de lo hablado. 28 Así quedó Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día en que fue tomada Jerusalén. Ahora bien, cuando fue tomada Jerusalén...

Jeremías 39
1 En el año nueve de Sedecías, rey de Judá, el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. 2 En el año once de Sedecías, el cuarto mes, el nueve del mes, se abrió una brecha en la ciudad,

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3 y entraron todos los jefes del rey de Babilonia y se instalaron en la Puerta Central: Nergal Sareser, Samgar Nebo, Sar Sekim, jefe superior, Nergal Sareser, alto funcionario y todos los demás jefes del rey de Babilonia. 4 Al verles Sedecías, rey de Judá, y todos los guerreros, huyeron de la ciudad salieron de noche camino del parque del rey por la puerta que está entre los dos muros, y se fueron por el camino de la Arabá. 5 Las tropas caldeas les persiguieron y dando alcance a Sedecías en los llanos de Jericó, le prendieron y le subieron a Riblá, en tierra de Jamat, adonde Nabucodonosor, rey de Babilonia, que lo sometió a juicio. 6 Y el rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedecías en Riblá a la vista de éste; luego el rey de Babilonia degolló a toda la aristocracia de Judá, 7 y habiendo cegado los ojos a Sedecías le ató con doble cadena de bronce para llevárselo a Babilonia. 8 Los caldeos incendiaron la casa del rey y las casas del pueblo y demolieron los muros de Jerusalén; 9 cuanto al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado a él y a los artesanos restantes los deportó Nebuzaradán, jefe de la guardia, a Babilonia. 10 En cuanto a la plebe baja, los que no tienen nada, hízoles quedar Nebuzaradán, jefe de la guardia, en tierra de Judá, y en aquella ocasión les dio viñas y parcelas. 11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado instrucciones a Nebuzaradán, jefe de la guardia, respecto a Jeremías en este sentido: 12 «Préndele y tenle a la vista; y no le hagas daño alguno, antes harás con él lo que él mismo te diga.» 13 Entonces (Nebuzaradán, jefe de la guardia) Nebusazbán, jefe superior, Nergal Sareser, oficial superior, y todos los grandes del rey de Babilonia 14 enviaron en busca de Jeremías, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, para que le hiciese salir a casa, y permaneció entre la gente. 15 Estando Jeremías detenido en el patio de la guardia, le había sido dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 16 Vete y dices a Ebed Mélek el kusita: Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mira que yo hago llegar mis palabras a esta ciudad para su daño, que no para su bien, y tú serás testigo en aquel día, 17 pero yo te salvaré a ti aquel día - oráculo de Yahveh - y no serás puesto en manos de aquellos cuya presencia evitas temeroso, 18 antes bien te libraré, y no caerás a espada. Saldrás ganando la propia vida, porque confiaste en mí - oráculo de Yahveh.

Jeremías 40
1 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, luego que Nebuzaradán, jefe de la guardia, le dejó libre en Ramá, cuando le tomó aparte, estando él esposado con todos los deportados de Jerusalén y Judá que iban camino de Babilonia. 2 En efecto, el jefe de la guardia tomó aparte a Jeremías y le dijo: «Tu Dios Yahveh había predicho esta desgracia a este lugar, 3 y lo ha cumplido. Yahveh ha hecho conforme había predicho. Y esto os ha sucedido porque pecasteis contra Yahveh y no oísteis su voz. 4 Ahora bien, desde hoy te suelto las esposas de tus muñecas. Si te parece bien venirte conmigo a Babilonia, vente, y yo miraré por ti. Pero si te parece mal venirte conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, tienes toda la tierra por delante; adonde mejor y más cómodo te parezca ir, vete.»

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5 Aún no había dado media vuelta cuando le dijo: «Vuelve adonde Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha encargado de las ciudades de Judá, y quédate a vivir con él entre esta gente. En suma, vete adonde mejor te acomode.» Luego el jefe de la guardia le proporcionó algunos víveres y ayuda de costa y le despidió. 6 Jeremías, por su parte, vino al lado de Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y se quedó a vivir con él entre la población que había quedado en el país. 7 Todos los jefes de guerrilleros, así como sus hombres, oyeron cómo el rey de Babilonia había encargado del país a Godolías, hijo de Ajicam, y cómo le había encargado de los hombres, mujeres, niños y de aquella gente baja de la tierra, que no habían sido deportados a Babilonia, 8 y fueron donde Godolías, a Mispá, Ismael, hijo de Netanías, Yojanán y Jonatán, hijo de Caréaj, Seraías, hijo de Tanjumet, los hijos de Efay el netofita y Yaazanías de Maaká en compañía de sus hombres. 9 Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, les hizo un juramento a ellos y a sus hombres: «No temáis ser siervos de los caldeos. Quedaos en el país y servid al rey de Babilonia, y os irá bien. 10 Por mi parte, aquí me tenéis establecido en Mispá, para responder a los caldeos que vengan a nosotros; y vosotros cosechad vino, mieses y aceite, metedlo en vuestras vasijas, y vivid en las ciudades que hayáis recuperado.» 11 También todos los judíos que había en Moab, entre los ammonitas, y en Edom, y los que había en todos los demás países oyeron que había dejado el rey de Babilonia un resto a Judá y que había encargado de él a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán. 12 Todos estos judíos regresaron de los distintos lugares adonde se habían refugiado y venidos al país de Judá, junto a Godolías, a Mispá, cosecharon vino y mieses en gran abundancia. 13 Entonces Yojanán, hijo de Caréaj, y todos sus jefes de guerrilleros vinieron adonde Godolías a Mispá 14 y le dijeron: «¿Sabes que Baalís, rey de los ammonitas, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para asesinarte?» Godolías, hijo de Ajicam, no les dio crédito. 15 Entonces Yojanán, hijo de Caréaj, dijo a Godolías secretamente en Mispá: «Ea, iré yo y asestaré el golpe a Ismael, hijo de Netanías, sin que nadie lo sepa. ¿Por qué tiene que asesinarte él a ti, lo que supondría la desbandada de todo Judá, apiñado en torno tuyo, y la pérdida del resto de Judá?» 16 Godolías, hijo de Ajicam, replicó a Yojanán, hijo de Caréaj: «No hagas eso, porque es falso lo que dices de Ismael.» Jeremías 41 1 Pues bien, el mes séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de linaje real, se dirigió en compañía de algunos grandes del rey y diez hombres a Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y allí en Mispá comieron juntos. 2 Se levantó Ismael, hijo de Netanías, y los diez que estaban con él, y acuchillaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y dieron muerte a aquel a quien el rey de Babilonia había encargado del país. 3 También mató Ismael a todos los judíos que estaban con él, con Godolías, en Mispá y a los guerreros caldeos que se hallaban allí. 4 Era al día siguiente del asesinato de Godolías, y nadie lo sabía. 5 Unos hombres venían de Siquem de Silo y de Samaría, ochenta entre todos, la barba raída, harapientos y arañados, portadores de oblaciones e incienso que traían a la Casa de Yahveh.

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6 Salió Ismael, hijo de Netanías, a su encuentro desde Mispá. Iba llorando mientras caminaba, y llegando junto a ellos, les dijo: «Venid adonde Godolías, hijo de Ajicam.» 7 Y así que hubieron entrado dentro de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, los degolló con la ayuda de sus hombres, y los echó dentro de una cisterna. 8 Entre aquellos hombres hubo diez que dijeron a Ismael: «No nos mates, que en el campo tenemos escondites de trigo, cebada, aceite y miel.» Y no les mató como a sus hermanos. 9 La cisterna adonde echó Ismael todos los cadáveres de los hombres que mató, era la cisterna grande. Es la que hizo el rey Asá para prevenirse contra Basá, rey de Israel; Ismael, hijo de Netanías, la llenó de asesinados. 10 Luego Ismael hizo prisioneros a todo el resto del pueblo que quedaba en Mispá, a las hijas del rey y a todo el pueblo que quedaba en Mispá, que Nebuzaradán, jefe de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ajicam; y de madrugada se fue Ismael, hijo de Netanías, a pasarse a los ammonitas. 11 Oyó Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, todos los crímenes que había hecho Ismael, hijo de Netanías. 12 Tomando a todos sus hombres fueron a luchar con Ismael, hijo de Netanías, al que encontraron junto a la gran alberca, que está en Gabaón. 13 Apenas toda la gente que esta con Ismael vio a Yojanán, hijo de Caréaj, y a todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, se llenaron de gozo, 14 y dando media vuelta toda aquella gente que Ismael llevaba prisionera de Mispá, regresaron al lado de Yojanán, hijo de Caréaj, 15 en tanto que Ismael, hijo de Netanías, se escapaba de Yojanán con ocho hombres, rumbo a los ammonitas. 16 Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban recogieron de Mispá a todo el resto de la gente que Ismael, hijo de Netanías, había hecho prisionera después que hubo matado a Godolías, hijo de Ajicam - hombres, gente de guerra, mujeres, niños y eunucos -, a los cuales hizo volver de Gabaón. 17 Ellos se fueron y se instalaron en el Refugio de Kimham, que está al lado de Belén, para seguir luego hasta Egipto 18 huyendo de los caldeos, pues les temían por haber matado Ismael, hijo de Netanías, a Godolías, hijo de Ajicam, a quien el rey de Babilonia había encargado del país.

Jeremías 42
1 Entonces se llegaron todos los jefes de las fuerzas, así como Yojanán, hijo de Caréaj, Azarías, hijo de Hosaías y el pueblo en masa, del chico al grande, 2 y dijeron al profeta Jeremías: «Caiga bien nuestra demanda de favor ante ti, y ruega a tu Dios Yahveh por nosotros, por todo este resto, pues hemos quedado pocos de muchos que éramos, como tus ojos están viendo, 3 y que nos indique tu Dios Yahveh el camino por donde hemos de ir y lo que hemos de hacer.» 4 Díceles el profeta Jeremías: «De acuerdo: ahora mismo me pongo a rogar a vuestro Dios Yahveh como decís, y sea cual fuere la respuesta de Yahveh para vosotros, yo os la declararé sin ocultaros palabra.» 5 Y ellos dijeron a Jeremías: «Séanos Yahveh testigo veraz y leal, si no obramos conforme a cualquier mensaje que tu Dios Yahveh te envía para nosotros. 6 Sea grata o sea ingrata, nosotros oiremos la voz de nuestro Dios Yahveh a quien te enviamos, por cuanto que bien nos va cuando oímos la voz de nuestro Dios Yahveh.» 7 Pues bien, al cabo de diez días fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías.

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8 Este llamó a Yojanán, hijo de Caréaj, a todos los jefes de las fuerzas que había con él y al pueblo todo, del chico al grande, 9 y les dijo: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel, a quien me habéis enviado en demanda de su favor: 10 Si os quedáis a vivir en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, porque me pesa del mal que os he hecho. 11 No temáis al rey de Babilonia, que tanto os asusta: no temáis nada de él - oráculo de Yahveh - que con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano. 12 Haré que se os tenga compasión y él os la tendrá y os devolverá a vuestro suelo. 13 Pero si decís vosotros: “No nos quedamos en este país”, desoyendo así la voz de vuestro Dios Yahveh, 14 diciendo: “No, sino que al país de Egipto iremos, donde no veamos guerra, ni oigamos toque de cuerno, ni tengamos hambre de pan, y allí nos quedaremos”; 15 ¡pues bien! en ese caso, oíd la palabra de Yahveh, oh resto de Judá. Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Si vosotros enderezáis rumbo a Egipto, y entráis como refugiados allí, 16 entonces la espada que teméis os alcanzará allí en Egipto, y el hambre que receláis, allá os irá pisando los talones; y allí, en Egipto mismo, moriréis. 17 Así sucederá que todos los que enderecen rumbo a Egipto como refugiados morirán por la espada, por el hambre y por la peste, y no les quedará superviviente ni evadido del daño que yo traiga sobre ellos. 18 Porque así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Como se vertió mi ira y mi cólera sobre los habitantes de Jerusalén, así se verterá mi cólera contra vosotros como entréis en Egipto, y seréis tema de imprecación y asombro, de maldición y oprobio, y no veréis más este lugar. 19 Ha dicho Yahveh respecto a vosotros, resto de Judá: “No entréis en Egipto.” Podéis estar seguros que os lo he avisado hoy, 20 que os estáis engañando a vosotros mismos, pues que vosotros me habéis enviado a vuestro Dios Yahveh diciendo: “Ruega por nosotros a nuestro Dios Yahveh, y cuanto diga nuestro Dios Yahveh nos lo declaras, que lo haremos.” 21 Yo os lo he declarado hoy, pero no hacéis caso de vuestro Dios Yahveh en nada de cuanto me ha enviado a deciros. 22 Ahora, pues, podéis estar seguros de que por la espada, el hambre y la peste moriréis en aquel lugar adonde deseáis refugiaros.» Jeremías 43 1 Ahora bien, así que hubo acabado Jeremías de transmitir a todo el pueblo el recado de Yahveh su Dios, que Yahveh le había dado para ellos, 2 dijo Azarías, hijo de Hosaías, y también Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los hombres insolentes se pusieron a decir a Jeremías: «Estás mintiendo. No te ha encargado nuestro Dios Yahveh decir: “No vayáis a Egipto como refugiados allí”». 3 Sino que Baruc, hijo de Neriyías, te azuza contra nosotros con objeto de ponernos en manos de los caldeos para que nos hagan morir y nos deporten a Babilonia. 4 Además, ni Yojanán, hijo de Caréaj, ni ninguno de los jefes de las tropas, ni nadie del pueblo escuchó la voz de Yahveh que mandaba quedarse en tierra de Judá; 5 antes bien, Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas tomaron consigo a todo el resto de Judá, los que habían regresado, para habitar en tierra de Judá, de todas las naciones adonde habían sido rechazados:

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6 a hombres, mujeres, niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nebuzaradán, jefe de la guardia, había dejado en paz con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Neriyías, 7 y entrando en la tierra de Egipto, - pues desoyeron la voz de Yahveh -, se adentraron hasta Tafnis. 8 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en Tafnis como sigue: 9 Toma en tus manos piedras grandes, y las hundes en el cemento de la terraza que hay a la entrada del palacio de Faraón en Tafnis, a vista de los judíos, 10 y les dices: Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo mando en busca de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y pondrá su sede por encima de estas piedras que he enterrado, y desplegaré su pabellón sobre ellas. 11 Vendrá y herirá a Egipto, quien sea para la muerte, a la muerte; quien para el cautiverio, al cautiverio; quien para la espada, a la espada; 12 y prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto, los incendiará, y a los dioses les hará cautivos. Despiojará a Egipto como despioja un pastor su zalea, y saldrá de allí victorioso. 13 Romperá los cipos de Bet Semes que hay en Egipto, y los templos de los dioses egipcios abrasará.

Jeremías 44
1 Palabra que fue dirigida a Jeremías con destino a todos los judíos establecidos en territorio egipcio en Migdol, Tafnis, Nof, y en territorio de Patrós. 2 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros habéis visto la calamidad que he acarreado a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, y ahí las tenéis arruinadas hoy en día, sin que haya en ellas habitante, 3 en vista de la maldad que hicieron para irritarme, yendo a incensar y servir a otros dioses desconocidos de ellos, de vosotros y de vuestros padres. 4 Yo me afané por enviaros a todos mis siervos, los profetas, a deciros: «Ea, no hagáis esta abominación que detesto.» 5 Mas no oyeron ni aplicaron el oído para convertirse de su malicia y dejar de incensar a otros dioses. 6 Derramóse mi cólera y mi ira y ardió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que fueron reducidas a ruinas desoladas, como lo están hoy día. 7 Ahora, pues, así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis tanto daño a vosotros mismos, hasta borraros a hombre y mujer, niño y lactante de en medio de Judá sin que os quede resto, 8 irritándome con las hechuras de vuestras manos, quemando incienso a otros dioses en Egipto, adonde habéis venido como refugiados, como queriendo acabar de borraros a vosotros mismos y acabar en tema de maldición y oprobio en todas las naciones de la tierra? 9 ¿Si será que habéis olvidado las maldades de vuestros padres y las de los reyes de Judá y de sus caudillos, y las propias vuestras y las de vuestras mujeres; maldades que hacían en tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10 No se han compungido hasta la fecha, ni han temido ni andado en la Ley y los preceptos que propuse a vosotros y a vuestros padres. 11 Por tanto, así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mirad que yo me fijo en vosotros para mal, y para raer a todo Judá. 12 Echaré mano al resto de Judá - los que enderezaron rumbo a Egipto, para entrar allí como refugiados - y serán acabados todos ellos en Egipto, y caerán por la espada, por el

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hambre serán acabados. Del chico al grande por la espada y por el hambre morirán, y serán tema de imprecación y asombro, de maldición y oprobio. 13 Visitaré a los que viven en Egipto, lo mismo que visité a Jerusalén: con la espada, el hambre y la peste, 14 y del resto de Judá, que, como refugiados vinieron acá a Egipto, no quedará evadido ni superviviente para volver a tierra de Judá, adonde se prometen volver para quedarse allí, porque ya no volverán más que algunos huidos. 15 Respondieron a Jeremías todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses, y todas las mujeres presentes - una gran concurrencia - y todo el pueblo establecido en territorio egipcio, en Patrós: 16 «En eso que nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso, 17 sino que cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. 18 En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados.» 19 «Pues y cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿ acaso sin contar con nuestros maridos le hacíamos pasteles con su efigie derramando libaciones?» 20 Jeremías dijo a todo el pueblo, a hombres, a mujeres y a todos sus interlocutores: 21 «¿No es aquel incienso que ofrecíais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y jefes y el pueblo de la tierra lo que ha recordado Yahveh y le ha venido a las mientes? 22 ¿Y no pudiendo Yahveh aguantar más el espectáculo de vuestras malas acciones, de las abominaciones que habíais hecho, ha venido a ser la tierra vuestra una ruina, tema de pasmo y maldición y sin habitantes - como lo es hoy día -; 23 y porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Yahveh y desoísteis la voz de Yahveh, y no os condujisteis según su Ley, sus preceptos y sus estatutos, pronunció contra vosotros esta calamidad, como sucede hoy día?» 24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: «Oíd la palabra de Yahveh todo Judá, los que vivís en Egipto -. 25 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras manos cumplisteis lo dicho: “Sin falta realizaremos los votos que hicimos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones.” Mantened, pues, vosotras vuestros votos y realizad vuestros votos sin falta. 26 Empero, oíd la palabra de Yahveh, todo Judá, los que vivís en Egipto. Mirad que yo he jurado por mi gran Nombre - dice Yahveh - que no será más mi Nombre pronunciado por boca de ninguno de Judá que diga: “¡Por vida del Señor Yahveh!” en toda la tierra de Egipto. 27 Mirad que yo estoy alerta sobre ellos para mal, no para bien, y serán consumidos todos los de Judá que están en Egipto, por la espada y el hambre hasta su acabamiento, 28 sólo unos pocos, escapados de la espada, volverán de Egipto a Judá y sabrá todo el resto de Judá, los que han venido a Egipto como refugiados aquí, qué palabra se mantendrá: si la mía o la suya. 29 Y esto será para vosotros señal - oráculo de Yahveh - de que os visito yo en este lugar, de suerte que sepáis que han de mantenerse sin falta mis palabras para desgracia vuestra.

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30 Así dice Yahveh: Mirad que yo entrego al Faraón Jofrá, rey de Egipto, en manos de sus enemigos y de los que buscan su muerte, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su muerte.» Jeremías

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1 Palabra que dijo el profeta Jeremías a Baruc, hijo de Neriyías, cuando éste copiaba estas palabras en un libro al dictado de Jeremías, en el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá. 2 Así dice Yahveh, el Dios de Israel, respecto a ti, oh Baruc: 3 Tú dijiste: «¡Ay de mí, que añade Yahveh congoja a mi sufrimiento! Me he agotado en mi jadeo, pero sosiego no hallé.» 4 Así le dirás: Esto dice Yahveh: Mira que lo que edifiqué, yo lo derribo, y aquello que planté, yo lo arranco, esto por toda la tierra. 5 ¡Y tú andas buscándote grandezas! No las busques porque mira que yo traigo desgracia sobre toda carne - oráculo de Yahveh - pero a ti te daré la vida salva por botín a donde quiera que vayas.

Jeremías 46
1 Lo que fue dicho por Yahveh al profeta Jeremías sobre las naciones. 2 Para Egipto. Sobre el ejército del Faraón Nekó, rey de Egipto, que estuvo sobre el río Eufrates, en Karkemis, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá. 3 Ordenad escudo y pavés, y avanzad a la batalla. 4 Uncid los caballos y montad, caballeros. Poneos firmes con los cascos, pulid las lanzas, vestíos las cotas. 5 ¡Pero qué veo! Ellos se desmoralizan, retroceden, y sus valientes son batidos y huyen a la desbandada sin dar la cara. Terror por doquier - oráculo de Yahveh -. 6 No huirá el ligero, ni escapará el valiente: al norte, a la orilla del Eufrates, tropezaron y cayeron. 7 ¿Quién es ése que como el Nilo sube, y como los ríos de entrechocantes aguas? 8 Egipto como el Nilo sube, y como ríos de entrechocantes aguas. Y dice: «Voy a subir, voy a cubrir la tierra. Haré perecer a la ciudad y a los que viven en ella. 9 Subid, caballos, y enfureceos, carros, y salgan los valientes de Kus y de Put que manejan escudo, y los ludios que asestan el arco.» 10 Aquel día será para el Señor Yahveh, día de venganza para vengarse de sus adversarios. Devorará la espada y se hartará y se abrevará de su sangre; pues será la matanza de Yahveh Sebaot en la tierra del norte, cabe el río Eufrates. 11 Sube a Galaad y recoge bálsamo, virgen, hija de Egipto; en vano menudeas las curas: alivio no hay para ti. 12 Han oído las naciones tu deshonra, y tu alarido llenó la tierra, porque valiente contra valiente tropezaron, a una cayeron entrambos. 13 La palabra que habló Yahveh al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para atacar a Egipto. 14 Anunciad en Egipto y hacedlo oír en Migdol, y hacedlo en Nof y en Tafnis. Decid: Tente tieso y erguido, que ha devorado la espada tus contornos. 15 ¡Cómo es que ha huido Apis y tu forzudo no se ha sostenido! Es que Yahveh le empujó. 16 Hizo menudear los tropezones, hasta hacer caer al uno sobre el otro; y decía: «Arriba, y volvamos a nuestro pueblo y a nuestra patria, ante la espada irresistible.» 17 Llamad a Faraón, rey de Egipto: «Ruido. - Dejó pasar la ocasión.»

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18 ¡Por vida mía! - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot - que cual el Tabor entre los montes, y como el Carmelo sobre el mar ha de venir. 19 Avíos de destierro haz para ti, población, hija de Egipto, porque Nof parará en desolación, y quedará arrasada sin habitantes. 20 Novilla hermosísima era Egipto: un tábano del norte vino sobre ella. 21 Asimismo sus mercenarios que había en ella eran como novillos de engorde. Pues también ellos volvieron la cara, huyeron a una, sin pararse, cuando el día de su infortunio les sobrevino, el tiempo de su castigo. 22 Una voz emite como de serpiente que silba, mientras en torno suyo andan y con hachas le acometen, como leñadores. 23 Talaron su selva - oráculo de Yahveh - porque era impenetrable, pues eran más numerosos que la langosta, y no se les podía contar. 24 Han puesto en vergüenza a la hija de Egipto: ha sido entregada al pueblo del norte. 25 Dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo visito a Amón de No, a Faraón y a Egipto y a sus dioses y reyes, a Faraón y a los que confían en él, 26 y los pongo en manos de los que buscan su muerte, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos; tras de lo cual será repoblado como antaño - oráculo de Yahveh. 27 Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel, pues mira que yo acudo a salvarte desde lejos y a tu linaje del país de su cautiverio; volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete. 28 Tú no temas, siervo mío Jacob, - oráculo de Yahveh - que contigo estoy yo, pues acabaré con todas las naciones adonde te empujé, pero contigo no acabaré; aunque sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.

Jeremías 47
1 Lo que fue dicho por Yahveh al profeta Jeremías sobre los filisteos, en vísperas de batir el Faraón a Gaza. 2 Así dice Yahveh: He aquí unas aguas que suben del norte y se hacen torrente inundante, y van a inundar la tierra y lo que la llena, la ciudad y los que moran en ella; y clamará la gente, y ululará todo morador de la tierra 3 al son del galopar de los caballos de sus adalides, al ruido de sus carros y al estrépito de sus ruedas. No se volverán padres a hijos, por el cansancio de sus brazos, 4 hasta que llegue el día de asolar a toda Filistea, y de raer a Tiro y a Sidón todo auxiliar fugado, porque va a asolar Yahveh a Filistea, residuo de la isla de Kaftor. 5 Llegó la rapadura a Gaza, muda ha quedado Ascalón; tú, el resto de su valle, ¿hasta cuándo te arañarás? 6 ¡Ay, espada de Yahveh! ¿Cómo va a estarse quieta? Recógete a tu vaina, date reposo y calla. 7 ¿Cómo va a estarse quieta, si Yahveh la mandó? En Ascalón y el litoral marítimo, allá la citó.

Jeremías 48
1 Sobre Moab. Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, porque ha sido saqueada! Está confusa, ha sido tomada Quiryatáyim. Está confusa la acrópolis y anonadada. 2 Ya no existe la prez de Moab. En Jesbón han planeado su ruina: «Vamos y borrémosla de entre las naciones.» También a ti, Madmén, se te hará callar. La espada te va a la zaga. 3 Gritos desde Joronáyim, devastación y quebranto grande.

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4 Quebrantada fue Moab. Hácense oír los gritos de sus pequeños. 5 La cuesta de Lujit, llorando se la suben, y a la bajada de Joronáyim gritos desgarrados se oyen. 6 «Huid, poneos en salvo, haced como el onagro en el desierto.» 7 En réplica a tu confianza en tus obras y tus tesoros, también tú eres tomada, y sale Kemós desterrado, sus sacerdotes y jefes a una, 8 Viene el devastador a todas las ciudades, y ni una ciudad se salva. Y se pierde el valle, y es asolada la meseta: tal ha dicho Yahveh. 9 Dad alas, a Moab, porque ha de salir volando, y sus ciudades se volverán desolación sin nadie que las habite. 10 (Maldito quien haga el trabajo de Yahveh con dejadez, y maldito el que prive a sus espada de sangre). 11 Tranquilo estaba Moab desde su mocedad, y quieto se estaba en sus atalayas. Nunca fue trasegado, ni al destierro marchó. Por eso le duraba su gusto, y su sabor no se picó. 12 Empero, he aquí que días vienen, - oráculo de Yahveh - en que yo le he de enviar decantadores que lo decanten. Sus vasijas vaciarán, y sus odres reventarán. 13 Se avergonzará Moab de Kemós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, en el que confiaba. 14 ¿Cómo decís: «Valientes somos, y hombres fuertes para la guerra»? 15 Moab está devastado; han escalado sus ciudades, y la flor de sus mancebos bajaron a la matanza - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot. 16 El infortunio de Moab es inminente, y su calamidad se precipita. 17 Lloradle, todos sus vecinos y todos los que conocen su nombradía. Decid: «¿Cómo ha sido quebrantada la vara poderosa, el báculo precioso?» 18 Desciende del honor y siéntate en la tierra seca, población hija de Dibón, porque el devastador de Moab ha subido contra ti, ha destruido tus fortalezas. 19 En el camino párate y otea, población de Aroer; pregunta al fugitivo y al escapado; di: «¿Qué ha sucedido?» 20 Confuso está Moab porque fue destruido. Ululad y clamad. Anunciad en el Arnón que ha sido saqueado Moab. 21 Y la sentencia ha llegado a la meseta, a Jolón, a Yahsá y a Mefaat, 22 a Dibón, a Nebo y a Bet Diblatáyim, 23 a Quiryatáyim, a Bet Gamul y a Bet Maón, 24 a Queriyyot, a Bosrá y a todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las cercanas. 25 «Se partió el cuerno de Moab y su brazo se rompió», - oráculo de Yahveh -. 26 Emborrachadle porque contra Yahveh se engrandeció. Moab se revolcará en su vómito, y quedará en ridículo él también. 27 Pues qué, ¿no te pareció a ti ridículo Israel? ¿o quizá entre ladrones fue sorprendido, que siempre que hablas de él meneas la cabeza? 28 «Dejad las ciudades y acomodaos en la peña, habitantes de Moab, sed como la paloma cuando anida en las paredes de las simas...» 29 Hemos oído la arrogancia de Moab: ¡es muy arrogante!, su orgullo, su arrogancia, su altanería y la soberbia de su corazón. 30 Conozco - oráculo de Yahveh - su presunción, y que sus bravatas no son como sus hechos. 31 Así que, por Moab ulularé y por Moab entero gritaré; por los hombres de Quir Jeres suspiraré: 32 Más que se lloró a Yazer lloraré por ti, ¡oh viña de Sibmá! Tus sarmientos pasaban la mar, hasta Yazer alcanzaban. Sobre tu cosecha y sobre tu vendimia el saqueador se abatió,

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33 y fue quitada alegría y alborozo de Carmelo y del país de Moab, y el vino a los trujales he quitado, no se oye el grito alegre del pisador, ya no se oyen gritos. 34 De tanto gritar en Jesbón, hasta Elalé, hasta Yahas llegaron las voces desde Soar hasta Joronáyim, - Eglat Selisiyyá -, porque también las aguas de Nimrim se han trocado en aridez. 35 Quitaré a Moab - oráculo de Yahveh - de subirse al alto e incensar a sus dioses. 36 Por eso mi corazón por Moab como flauta resuena, porque cuanto habían guardado se perdió, 37 pues toda cabeza ha sido rapada y toda barba raída: en todas las manos arañazos y en todos los lomos saco, 38 en todos los terrados de Moab y por sus calles todo el mundo se lamentaba, porque he quebrantado a Moab como vaso de desecho - oráculo de Yahveh -. 39 ¡Cómo has sido destruida! ululad. ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab con vergüenza, y ha venido a ser Moab la burla y el espanto de todos sus vecinos! 40 Porque así ha dicho Yahveh: (Ved cómo cual un águila se remonta y extiende sus alas sobre Moab.) 41 Tomadas fueron las plazas, y las fortalezas ocupadas. (Vendrá a ser el corazón de los valientes de Moab en aquel día como corazón de mujer en parto.) 42 Devastado está Moab que ya no es pueblo, porque contra Yahveh se engrandeció. 43 Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de Moab, - oráculo de Yahveh. 44 El que huya del pánico, caerá en la hoya y el que suba de la hoya será preso en la trampa, porque voy a hacer que se llegue a ella, a Moab, el año de su castigo - oráculo de Yahveh -. 45 A la sombra de Jesbón se pararon sin fuerza los fugitivos, cuando fuego salió de Jesbón y llama de la casa de Sijón, y devoró las sienes de Moab y el cráneo de los hijos del ruido. 46 ¡Ay de ti Moab! Pereció el pueblo de Kemós, pues han sido tomados sus hijos en cautiverio y sus hijas en cautividad. 47 Pero yo haré volverse a los cautivos de Moab en días futuros - oráculo de Yahveh -. Hasta aquí la sentencia de Moab.

Jeremías 49
1 A los ammonitas. Así dice Yahveh: ¿Hijos no tiene Israel? ¿o heredero no tiene? Entonces ¿por qué ha heredado Milkom a Gad, y su pueblo en las ciudades de éste habita? 2 Por eso, he aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que haré oír a Rabbá de los ammonitas el clamoreo del combate y ella parará el montículo de ruinas; y sus hijas serán abrasadas y heredará Israel a los que le heredaron - oráculo de Yahveh -. 3 Ulula, Jesbón, porque Ar ha sido devastada. Gritad, hijas de Rabbá, ceñíos de sayal, lamentaos y discurrid por las cercas. Porque Milkom al destierro va, sus sacerdotes y sus jefes a una. 4 ¿Por qué te jactas de tu Valle, criatura independiente, confiada en sus tesoros: «¿Quién llegará hasta mí?» 5 Mira que yo traigo sobre ti espanto - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - por todos tus alrededores, y seréis ahuyentados cada uno por su lado y no habrá quien reúna a los errantes. 6 (Tras de lo cual haré volverse a los cautivos, de los ammonitas - oráculo de Yahveh -.) 7 A Edom. Así dice Yahveh Sebaot: ¿No queda ya sabiduría en Temán? ¿Pereció la prudencia de los entendidos, se evaporó su sabiduría? 8 Huid, dad media vuelta, buscad profunda morada, moradores de Dedán, porque el infortunio de Esaú he traído sobre él, la hora de su visita.

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9 Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no dejarían rebuscos? Si ladrones por la noche, dañarían hasta donde les bastase. 10 Pues bien, yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no puede. Ha sido aniquilado su linaje, sus hermanos y vecinos, y él mismo no aparece. 11 Deja a tus huérfanos, yo haré que vivan, y tus viudas en mí confiarán. 12 Pues así dice Yahveh: Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin falta la beberás. 13 Porque por mí lo he jurado - oráculo de Yahveh - que en desolación se convertirá Bosrá, y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas. 14 Una nueva he oído de parte de Yahveh, un mensajero entre las naciones enviado: «Juntaos y venid contra él y poneos en pie de guerra.» 15 Porque es cierto que pequeño te hice yo entre las naciones, despreciable entre los hombres. 16 El espanto que infundías te engañó, la soberbia de tu corazón, tú, el que habitas en las hendiduras de la roca, que ocupas lo alto de la cuesta. Aunque pongas en alto, como el águila, tu nido, de allí te haré bajar - oráculo de Yahveh -. 17 Edom parará en desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver todas sus heridas. 18 Cual la catástrofe de Sodoma y Gomorra y sus vecinas - dice Yahveh - donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano. 19 Vedlo como león que sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me plazca. Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el pastor que aguante en mi presencia? 20 Así pues, oíd la decisión que Yahveh ha tomado sobre Edom y sus planes sobre los moradores de Temán. Juro que les han de llevar a rastras las crías de los rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales. 21 Al son de su caída retumbó la tierra y el griterío hasta el mar de las Cañas se dejó oír. 22 Ved cómo cual un águila sube, se remonta y extiende sus alas sobre Bosrá; y vendrá a ser el corazón de los valientes de Edom en aquel día como corazón de mujer en parto. 23 A Damasco. Avergonzadas están Jamat y Arpad. Porque una noticia mala oyeron, su corazón tembló de espanto; como el mar que no se puede calmar. 24 Flaqueó Damasco, dio vuelta para huir y escalofríos la sobrecogieron: apuro y dolores la acometieron como a parturienta. 25 ¡Cómo! ¿No fue abandonada la ciudad celebrada, la villa de mi contento? 26 En verdad, caerán sus jóvenes escogidos en sus plazas, y todos los guerreros perecerán aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot -. 27 Prenderé fuego a la muralla de Damasco, y consumirá los alcázares de Ben Hadad. 28 A Quedar y a los reinos de Jasor, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Así dice Yahveh: Alzaos, subid a Quedar y saquead a los hijos de oriente. 29 Sus tiendas y rebaños serán tomados; sus toldos y todo su ajuar y sus camellos les serán arrebatados, y a ellos se les llamará «Terror por doquier». 30 Huid, emigrad muy lejos, buscad profunda morada, moradores de Jasor - oráculo de Yahveh - porque ha tomado contra vosotros Nabucodonosor, rey de Babilonia, una decisión, y ha trazado un plan contra vosotros. 31 Alzaos, subid contra la nación pacífica que vive confiada - oráculo de Yahveh -. Ni puertas ni cerrojos tiene. En aislamiento viven. 32 Y serán sus camellos objeto del pillaje y el tropel de sus ganados para botín, y esparciré a todo viento a los que se afeitan las sienes, y de todos sus aledaños traeré su infortunio oráculo de Yahveh -.

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33 Y vendrá a ser Jasor guarida de chacales, desolación sempiterna, donde no se asienta nadie y en la que no reside ser humano. 34 Lo que fue dicho por Yahveh al profeta Jeremías tocante a Elam en el principio del reinado de Sedecías, rey de Judá. 35 Así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo rompo el arco de Elam, primicia de su fuerza 36 y voy a traer sobre Elam los cuatro vientos desde los cuatro cabos de los cielos, y a ellos les esparciré a todos estos vientos, y no habrá nación a donde no lleguen los arrojados de Elam. 37 Haré desmayar a Elam ante sus enemigos y ante los que buscan su muerte y traeré sobre ellos cosa mala, el ardor de mi ira - oráculo de Yahveh - y soltaré tras ellos la espada hasta acabarlos. 38 Pondré mi trono en Elam y haré desaparecer de allí a rey y jefes - oráculo de Yahveh -. 39 Luego, en días futuros, haré volver a los cautivos de Elam - oráculo de Yahveh -.

Jeremías 50
1 La palabra que habló Yahveh contra Babilonia, contra el país de los caldeos, por medio del profeta Jeremías. 2 Anunciadlo y hacedlo oír entre las gentes; levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis; decid: Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel, desmayó Marduk, están confusos sus ídolos, (desmayaron sus inmundicias). 3 Porque subió contra ella una gente del norte, que va a convertir su territorio en desolación, y no habrá en él habitante. Tanto personas como bestias emigraron, se fueron. 4 En aquellos días y en aquella sazón - oráculo de Yahveh - vendrán los hijos de Israel, (y los hijos de Judá junto con ellos), andando y llorando, en busca de Yahveh su Dios. 5 De Sión preguntaron por el camino, allá se dirigen: «Venid y aliémonos a Yahveh con pacto eterno, inolvidable.» 6 Ovejas perdidas era mi pueblo. Sus pastores las descarriaron, extraviándolas por los montes. De monte en collado andaban, olvidaron su aprisco. 7 Cualquiera que les topaba los devoraba, y sus contrarios decían: «No cometemos ningún delito, puesto que ellos pecaron contra Yahveh, ¡el pastizal de justicia y la esperanza de sus padres - Yahveh!» 8 Emigrad de Babilonia, y del país de los caldeos salid. Sed como los machos cabríos al frente del rebaño. 9 Porque mirad que yo hago que despierte y suba contra Babilonia una confederación de grandes naciones del norte, que se organizarán contra ella. Y por allí será tomada. Sus saetas, cual de valiente experto, no volverán de vacío. 10 Entonces será entregada Caldea al saqueo: todos los que la saqueen se hartarán, oráculo de Yahveh. 11 Porque os alegrasteis, porque gozasteis, depredadores de mi heredad, porque dabais corcovos como novilla en dehesa, y relinchos como animales fuertes. 12 Vergonzosa está vuestra madre sobremanera, abochornada la que os dio a luz. Es ahora la última de las naciones: desierto, sequedad y paramera. 13 Por la cólera de Yahveh no será poblada, mas estará desolada toda ella. Todo el que pase a la vera de Babilonia quedará atónito, y silbará al ver todas sus heridas. 14 Ordenaos contra Babilonia en derredor, todos los que asestáis arco; tirad contra ella, no escatiméis las flechas pues ha pecado contra Yahveh. 15 Dad gritos contra ella en derredor. Ella tiende su mano. Fallaron sus cimientos, se derrumbaron sus muros. Era la venganza de Yahveh. Tomad venganza de ella: Tal cual hizo, haced con ella.

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16 Suprimid de Babilonia al sembrador y al que maneja la hoz al tiempo de la siega. Ante la espada irresistible, cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá a su tierra. 17 Rebaño disperso es Israel: leones lo ahuyentaron. El rey de Asiria lo devoró el primero, y Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo quebrantó después. 18 Por tanto, así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo visito al rey de Babilonia y su territorio, lo mismo que visité al rey de Asiria. 19 Y devolveré a Israel a sus pastizal, y pacerá el Carmelo y el Basán, y en la montaña de Efraím y Galaad se saciará. 20 En aquellos días y en aquella sazón - oráculo de Yahveh -, se buscará la culpa de Israel y no la habrá, y el pecado de Judá y no se hallará, porque seré piadoso con el resto que yo deje. 21 «Sube a la tierra de Meratáyim, sube contra ella; y a los habitantes de Pecod pásalos a espada y dalos al anatema hasta el último - oráculo de Yahveh -: haz en todo según te lo he mandado.» 22 Ruido de guerra en el país y quebranto grande. 23 ¡Cómo se partió y fue quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo vino a ser pasmo Babilonia entre las naciones! 24 Te puse lazo y quedaste atrapada, Babilonia, sin darte cuenta; se dio contigo y fuiste capturada, porque contra Yahveh te sublevaste. 25 Abrió Yahveh su arsenal y sacó las armas de su ira. Era la tarea del Señor Yahveh Sebaot en tierra de caldeos. 26 «Venid a ella desde el confín, abrid sus almacenes. Haced con ellos montones y dadlos al anatema: no quede de ella reliquia. 27 Acuchillad todos sus bueyes, bajen a la degollina. ¡Ay de ellos, que llegó su día, la hora de su castigo!» 28 ¡Voces de huidos y escapados del país de Babilonia anunciando en Sión la venganza de Yahveh nuestro Dios, la venganza de su santuario! 29 Haced leva de flecheros contra Babilonia, todos los que asestáis arco acampad en torno suyo. Que no se escape nadie. Pagadle lo que vale su trabajo, Tal cual hizo, haced con ella, porque contra Yahveh se insolentó, contra el Santo de Israel. 30 En verdad, caerán sus mancebos escogidos en sus plazas, y todos sus guerreros perecerán aquel día - oráculo de Yahveh -. 31 Heme aquí contra ti, «Insolencia», - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - porque ha llegado tu día, la hora en que yo te castigue. 32 Tropezará «Insolencia» y caerá, sin tener quien la levante. Prenderé fuego a sus ciudades, y devorará todos sus contornos. 33 Así dice Yahveh Sebaot: Oprimidos estaban los hijos de Israel y los hijos de Judá a una. Todos sus cautivadores los retenían, se negaban a soltarlos. 34 Su Redentor esforzado, Yahveh Sebaot se llama. El tomará la defensa de su causa hasta hacer temblar la tierra y estremecerse a los habitantes de Babilonia. 35 ¡Espada a los caldeos - oráculo de Yahveh - y a los habitantes de Babilonia, a sus jefes y a sus sabios! 36 Espada a sus adivinos, y quedarán por necios. Espada a sus valientes, y desmayarán. 37 Espada a sus caballos y a sus carros, a toda la mezcolanza de gentes que hay dentro de ella, y serán como mujeres. Espada a sus tesoros y serán saqueados. 38 ¡Sequía a sus aguas y se secarán; porque tierra de ídolos es aquélla, y por sus Espantos pierden la cabeza! 39 Por eso vivirán las hienas con los chacales y vivirán en ella las avestruces, y no será habitada nunca jamás ni será poblada por siglos y siglos.

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40 Como en la catástrofe causada por Dios a Sodoma, Gomorra y sus vecinas - oráculo de Yahveh - donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano. 41 Mirad que un pueblo viene del norte, una gran nación, y muchos reyes se despiertan de los confines de la tierra. 42 Arco y lanza blanden, crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo van montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti, hija de Babel. 43 Oyó el rey de Babilonia nuevas de ellos y flaquean sus manos. Angustia le asaltó, dolor como de parturienta. 44 Vedlo como león que sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me plazca. Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el pastor que aguante en mi presencia? 45 Así pues, oíd la decisión que Yahveh ha tomado sobre Babilonia y sus planes sobre el país de los caldeos. Juro que les han de llevar a rastras las crías de los rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales. 46 Al son de la conquista de Babilonia retumbó la tierra, y el griterío de las naciones se dejó oír.

Jeremías 51
1 Así dice Yahveh: Mirad que yo despierto contra Babilonia y los habitantes de Leb Camay un viento destructor. 2 Enviaré a Babilonia beldadores que la bielden y dejen vacío su territorio, porque se la acosará por todas partes el día aciago. 3 El arquero que no aseste su arco, ni se jacte de su cota. No tengáis piedad para sus jóvenes escogidos: dad al anatema todo su ejército. 4 Caerán heridos en tierra de Caldea, y traspasados en sus calles. 5 Pero no ha enviudado Israel ni Judá de su Dios, de Yahveh Sebaot. Sus tierras estaban llenas de delitos contra el Santo de Israel. 6 Huid del interior de Babilonia, (y salvad cada cual vuestra vida), no perezcáis por su culpa, pues es hora de venganza para Yahveh: le está pagando su merecido. 7 Copa de oro era Babilonia en la mano de Yahveh, que embriagaba toda la tierra. De su vino bebieron las naciones, lo que las hizo enloquecer. 8 De pronto cayó Babilonia y se rompió. Ululad por ella, tomad bálsamo para su sufrimiento, a ver si sana. 9 Hemos curado a Babilonia, pero no ha sanado, dejadla y vayamos, cada cual a su tierra, porque ha llegado a los cielos el juicio contra ella, se ha elevado hasta las nubes. 10 Yahveh hizo patente nuestra justicia; venid y cantemos en Sión las obras de Yahveh nuestro Dios. 11 Aguzad las saetas, llenad las aljabas. Ha despertado Yahveh el espíritu de los reyes de Media, porque sobre Babilonia está su designio de destruirla, porque esta será la venganza de Yahveh, la venganza de su santuario. 12 Sobre las murallas de Babilonia izad bandera, reforzad la guardia, apostad centinelas, preparad celadas; que también Yahveh ha tomado un acuerdo, también él va a cumplir lo que dijo sobre los habitantes de Babilonia. 13 Tú, la que estás instalada sobre ingentes aguas, la de ingentes tesoros, llegó tu fin, el término de tus ganancias. 14 Lo ha jurado Yahveh Sebaot por sí mismo: Yo he de colmarte de hombres como de langostas, y entonarán contra ti el cantar de los lagareros. 15 El es quien hizo la tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con su inteligencia expandió los cielos.

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16 Cuando da voces, hay estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos. 17 Todo hombre es torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas. 18 Vanidad son, cosa ridícula; al tiempo de su visita perecerán. 19 No es así la «Parte de Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuy heredero es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre. 20 Un martillo eras tú para mí, un arma de guerra: contigo machaqué naciones, contigo destruí reinos, 21 contigo machaqué caballo y caballero, contigo machaqué el carro y a quien lo monta. 22 contigo machaqué a hombre y mujer, contigo machaqué al viejo y al muchacho, contigo machaqué al joven y a la doncella, 23 contigo machaqué al pastor y su hato, contigo machaqué al labrador y su yunta, contigo machaqué a gobernadores y magistrados. 24 Y haré que Babilonia y todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que hicieron en Sión, delante de vuestros ojos - oráculo de Yahveh -. 25 Heme aquí en contra tuya, montaña destructora - oráculo de Yahveh -, destructora toda la tierra. Voy a echarte mano y a hacerte rodar desde las peñas, y a convertirte en montaña quemada. 26 No tomarán de ti piedra angular ni piedra de cimientos, porque desolación por siempre serás - oráculo de Yahveh -. 27 Alzad bandera en la tierra, tocad cuerno en las naciones. Haced leva santa contra ella en las naciones, citad contra ella a los reinos. de Ararat, Minní y Askenaz, estableced contra ella reclutador, haced que ataque la caballería cual langosta. 28 Haced leva santa contra ella en las naciones, los reyes de Media, sus gobernadores y todos sus magistrados y todo el país de su dominio. 29 Y retiembla la tierra, y da vueltas, por haberse cumplido contra Babilonia los planes de Yahveh, de convertir la tierra de Babel en desolación sin habitantes. 30 Cesaron de guerrear los valientes de Babilonia, se han quedado en las fortalezas. Agotóse su bravura, se volvieron mujeres; quemaron sus aposentos, se rompieron sus barras. 31 Correo al alcance de correo corre, e informador al alcance de informador, para informar al rey de Babilonia que ha sido tomada su ciudad de cabo a cabo, 32 y sus vados fueron ocupados y los cañaverales incendiados, y los guerreros se atemorizaron. 33 Porque así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: La hija de Babel es como era al tiempo de apisonarla; un poco más, y le habrá llegado el tiempo de la siega. 34 Me comió, me arrebañó el rey de Babilonia, me dejó como cacharro vacío, me tragó como un dragón, llenó su vientre con mis buenos trozos, me expulsó. 35 «Mi atropello y mis sufrimientos sobre Babilonia», dirá la población de Sión; y «mi sangre sobre los habitantes de Caldea», dirá Jerusalén. 36 Por tanto, así dice Yahveh: Heme aquí, que defiendo tu causa y vengo tu venganza, y deseco el mar de el y dejo enjuto su hontanar, 37 y vendrá a ser Babilonia montón de piedras, guarida de chacales, tema de pasmo y rechifla, sin ningún habitante. 38 A una cual leones rugen, gruñen como cachorros de leonas. 39 En teniendo ellos calor les serviré su bebida y les embriagaré de modo que se alegren, y dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo de Yahveh -. 40 Les haré bajar como corderos al matadero, como carneros y machos cabríos. 41 ¡Cómo fue tomada Sesac, y ocupada la prez de toda la tierra!

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¡Cómo vino a ser pasmo Babilonia entre las naciones! 42 Subió contra Babilonia el mar, por el tropel de sus olas quedó cubierta. 43 Vinieron a quedar sus ciudades devastadas, tierra reseca y yerma, no vive en ellas nadie, ni discurre por ellas ser humano. 44 Visitaré a Bel en Babilonia, y le sacaré su bocado de la boca, y no afluirán a él ya más las naciones. Hasta la muralla de Babilonia ha caído. 45 Salid de en medio de ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida del ardor de la ira de Yahveh. 46 Y que no se marchite vuestro corazón y tengáis miedo por el rumor que se oirá en la tierra. Cierto correrá un año tal rumor, y luego al año siguiente, otro distinto: violencia en la tierra, y domeñador sobre domeñador. 47 Pues bien, mirad que vienen días en que visitaré a los ídolos de Babilonia, y todo su territorio se abochornará, y todos sus heridos caerán en medio de ella. 48 Y harán corro contra Babilonia cielos y tierra y todo cuanto hay en ellos, cuando del norte lleguen los devastadores - oráculo de Yahveh -. 49 También Babilonia caerá, oh heridos de Israel. También por Babilonia cayeron los heridos de toda la tierra. 50 Escapados de la espada, andad, no os paréis, recordad desde lejos a Yahveh, y que Jerusalén os venga en mientes. 51 - «Quedamos abochornados al oír tal afrenta; cubrió la vergüenza nuestros rostros. ¡Habían penetrado extranjeros hasta los santuarios de la Casa de Yahveh!» 52 - Pues bien, mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que visitaré a sus ídolos, y en todo su territorio se quejarán los heridos. 53 Aunque suba Babilonia a los cielos y encastille en lo alto su poder, de mi parte llegarán saqueadores hasta ella - oráculo de Yahveh -. 54 Suenan gritos de socorro desde Babilonia, y un fragor desde Caldea. 55 Es que devasta Yahveh a Babilonia, apaga de ella el gran ruido, y mugen sus olas como las de alta mar, cuyo son es estruendoso. 56 Es que viene sobre ella, sobre Babilonia el devastador, van a ser apresados sus valientes, se han aflojado sus arcos. Porque Dios retribuidor es Yahveh: cierto pagará. 57 Yo embriagaré a sus jefes y a sus sabios, a sus gobernadores y a sus magistrados y a sus valientes, y dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot -. 58 Así dice Yahveh Sebaot: Aquella ancha muralla de Babilonia ha de ser socavada, y aquellas sus altas puertas con fuego han de ser quemadas, y se habrán fatigado pueblos para nada, y naciones para el fuego se habrán cansado. 59 Orden que dio el profeta Jeremías a Seraías, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, al partir éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año cuarto de su reinado, siendo Seraías jefe de etapas. 60 Escribió, pues, Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia - 61 y dijo Jeremías a Seraías: «En llegando tú a Babilonia, mira de leer en voz alta todas estas palabras, 62 y dirás: “Yahveh, tú has hablado respecto a este lugar, de destruirlo sin que haya en él habitante, ya sea persona o animal, sino que soledad por siempre será.” 63 Luego, en acabando tú de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arroja al Eufrates, 64 y dices: “Así se hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer sobre ella.”» Hasta aquí las palabras de Jeremías.

Jeremías 52

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1 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén; el nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná. 2 Hizo el mal a los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho Yoyaquim. 3 Esto sucedió a causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia. 4 En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén, acampó contra ella, y la cercaron con una empalizada. 5 La ciudad estuvo sitiada hasta el año once del rey Sedecías. 6 El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente del pueblo, 7 se abrió una brecha en la ciudad y al verlo el rey y todos los guerreros, huyeron de la ciudad saliendo de noche, por el camino de la puerta que está entre los dos muros que dan al jardín del rey, mientras los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se fueron por el camino de la Arabá. 8 Las tropas caldeas persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance en los llanos de Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado. 9 Capturaron al rey y lo subieron a Riblá, en la tierra de Jamat, donde el rey de Babilonia, que le sometió a juicio. 10 Los hijos de Sedecías fueron degollados a su vista, y lo mismo a todos los jefes de Judá degolló en Riblá. 11 A Sedecías le sacó los ojos, lo encadenó con cadenas de bronce, y el rey de Babilonia lo llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el día de su muerte. 12 En el mes quinto, el diez del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, uno de los que servían ante el rey de Babilonia, vino a Jerusalén. 13 Incendió la Casa de Yahveh y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén. 14 Todas las tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén. 15 Cuanto (a una parte de los pobres del país) al resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los artesanos, Nebuzaradán, jefe de la guardia, los deportó, 16 Nebuzaradán el jefe de la guardia, dejó algunos de entre la gente pobre como viñadores y labradores. 17 Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la Casa de Yahveh, las basas, el Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 Tomaron también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, los acetres, las cucharas y todos los utensilios de bronce de que se servían. 19 El jefe de la guardia tomó las vasijas, los incensarios y los aspersorios, los ceniceros, los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto había de oro y plata. 20 Cuanto a las dos columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que estaban bajo el Mar y las basas que Salomón había hecho para la Casa de Yahveh, no se pudo calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos. 21 La altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía su perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por dentro, 22 y encima tenía un capitel de bronce; la altura del capitel era de cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo para la segunda columna. 23 Había noventa y seis granadas que pendían a los lados. En total había cien granadas rodeando el trenzado.

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24 El jefe de la guardia tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo sacerdote, y a los tres encargados del umbral. 25 Tomó a un eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, siete hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad. 26 Nebuzaradán, jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia, 27 y el rey de Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue deportado Judá, lejos de su tierra. 28 Este es el número de los deportados por Nabucodonosor. El año séptimo: 3.023 de Judá; 29 el año dieciocho de Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén 832 personas; 30 el año veintitrés de Nabucodonosor, Nebuzaradán, jefe de la guardia, deportó a 745 de Judá. En total: 4.600 personas. 31 En el año treinta y seis de la deportación de Joaquín, rey de Judá, en el mes doce, el veinticinco del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo gracia en el año en que comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. 32 Le habló con benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que estaban con él en Babilonia. 33 Joaquín se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los días de su vida. 34 Le fue dado constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.

LAMENTACIONES Lamentaciones 1
1 = Alef. = ¡Cómo, ay, yace solitaria la Ciudad populosa! Como una viuda se ha quedado la grande entre las naciones. La Princesa entre las provincias sujeta está a tributo. 2 = Bet. = Llora que llora por la noche, y las lágrimas surcan sus mejillas. Ni uno hay que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos la han traicionado, ¡se le han trocado en enemigos! 3 = Guímel. = Judá está desterrada, en postración y en extrema servidumbre. Sentada entre las naciones, no encuentra sosiego. La alcanzan todos sus perseguidores entre las angosturas. 4 = Dálet. = Las calzadas de Sión están de luto, que nadie viene a las solemnidades. Todas sus puertas desoladas, sus sacerdotes gimiendo, afligidas sus vírgenes, ¡y ella misma en amargura! 5 = He. = Sus adversarios están a la cabeza, sus enemigos bien felices, porque Yahveh la ha afligido por sus muchos delitos. Sus niños han partido al cautiverio delante del adversario. 6 = Vau. = De la hija de Sión se ha ido todo su esplendor. Sus príncipes son como ciervos que no encuentran pasto, caminando van sin fuerzas delante del hostigador. 7 = Zain. = Jerusalén recuerda sus días de miseria y vida errante, cuando a manos del adversario sucumbía su pueblo, sin que nadie viniera en su ayuda. Los adversarios la miraban, riéndose de su ruina. 8 = Jet. = Mucho ha pecado Jerusalén, por eso se ha hecho cosa impura. Todos los que la honraban la desprecian, porque han visto su desnudez; y ella misma gime y se vuelve de espaldas.

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9 = Tet. = Su inmundicia se pega a su ropa; no pensó ella en su fin, ¡y ha caído asombrosamente! No hay quien la consuele. «¡Mira, Yahveh, mi miseria, que el enemigo se agiganta!» 10 = Yod. = El adversario ha echado mano a todos sus tesoros; ha visto ella a las gentes entrar en su santuario, aquellos de quienes tú ordenaste: «¡No entrarán en tu asamblea!» 11 = Kaf. = Su pueblo entero gime buscando pan; dan sus tesoros a cambio de alimento, por recobrar la vida. «Mira, Yahveh, y contempla qué envilecida estoy.» 12 = Lámed. = Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta, con el que Yahveh me ha herido el día de su ardiente cólera. 13 = Mem. = Ha lanzado fuego de lo alto, lo ha metido en mis huesos. Ante mis pies ha tendido una red, me ha tirado hacia atrás; me ha dejado desolada, todo el día dolorida. 14 = Nun. = Ligado ha sido el yugo de mis delitos, entrelazados por su mano. Sobre mi cuello su yugo doblega mi vigor. El Señor me ha dejado a merced de ellos, ¡ya no puedo tenerme! 15 = Sámek. = Ha desechado a todos mis valientes de en medio de mí el Señor. Ha convocado un concejo contra mí para acabar con mis jóvenes. El Señor ha pisado en lagar a la virgen, hija de Judá. 16 = Ain. = Por esto lloro yo; mi ojo, mi ojo se va en agua, porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Mis hijos están desolados, porque ha ganado el enemigo. 17 = Pe. = Tiende Sión sus manos: ¡no hay quien la consuele! Ha mandado Yahveh contra Jacob sus adversarios por doquier; Jerusalén se ha hecho cosa impura en medio de ellos. 18 = Sade. = Justo, justo es Yahveh, porque yo he sido indócil a sus órdenes. Escuchad, pues, pueblos todos, y mirad mi dolor. Mis doncellas y mis jóvenes han ido al cautiverio. 19 = Qof. = He llamado a mis amantes: me han traicionado ellos. Mis sacerdotes y mis ancianos han expirado en la ciudad, mientras se buscaban alimento por recobrar la vida. 20 = Res. = ¡Mira, Yahveh, que estoy en angustias! ¡Me hierven las entrañas, el corazón se me retuerce dentro, pues he sido muy rebelde! Afuera, la espada priva de hijos, en casa es como la muerte. 21 = Sin. = ¡Oye cómo gimo: no hay quien me consuele! Todos mis enemigos, enterados de mi mal, se alegran de lo que tú has hecho. ¡Haz que llegue el Día que tienes anunciado, para que sean como yo! 22 = Tau. = ¡Llegue ante ti toda su maldad, y trátalos como a mí me trataste por todos mis delitos! Pues son muchos mis gemidos, y languidece mi corazón.

Lamentaciones 2
1 = Alef. = ¡Cómo, ay, ha anublado, en su cólera, el Señor a la hija de Sión! ¡Del cielo a la tierra ha precipitado el esplendor de Israel, sin acordarse del estrado de sus pies, en el día de su cólera! 2 = Bet. = El Señor ha destruido sin piedad todas las moradas de Jacob; ha derruido, en su furor, las fortalezas de la hija de Judá; por tierra ha echado, ha profanado al reino y a sus príncipes. 3 = Guímel. = En el ardor de su cólera ha quebrado todo el vigor de Israel; ha echado atrás su diestra de frente al enemigo; ha prendido en Jacob como fuego llameante que devora a la redonda. 4 = Dálet. = Ha tensado su arco, igual que un enemigo, ha afirmado su diestra; como un adversario ha matado a todos los que eran encanto de los ojos; en la tienda de la hija de Sión ha vertido su furor como fuego. 5 = He. = Se ha portado el Señor como enemigo; ha destruido a Israel,

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ha destruido todos sus palacios, ha derruido sus fortalezas, ha acumulado en la hija de Judá gemidos y gemidos. 6 = Vau. = Ha forzado, como a un huerto, su cerca, ha derruido su lugar de reunión. Ha hecho olvidar Yahveh en Sión solemnidades y sábados; ha desechado en el ardor de su cólera a rey y sacerdote. 7 = Zain. = El Señor ha rechazado su altar, su santuario ha desdeñado; ha dejado a merced del enemigo los muros de sus palacios; ¡gritos se dieron en la Casa de Yahveh, como en día solemne! 8 = Jet. = Yahveh decidió destruir la muralla de la hija de Sión. Tiró el cordel, y no retrajo su mano de arrasar; ha envuelto en luto antemural y muro, que a la vez se desmoronan. 9 = Tet. = Sus puertas en tierra se han hundido, él ha deshecho y roto sus cerrojos; su rey y sus príncipes están entre las gentes; ¡ya no hay Ley! Y tampoco sus profetas logran visiones de Yahveh. 10 = Yod. = En tierra están sentados, en silencio, los ancianos de la hija de Sión; se han echado polvo en su cabeza, se han ceñido de sayal. Inclinan su cabeza hasta la tierra las vírgenes de Jerusalén. 11 = Kaf. = Se agotan de lágrimas mis ojos, las entrañas me hierven, mi hígado por tierra se derrama, por el desastre de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen niños y lactantes en las plazas de la ciudad. 12 = Lámed. = Dicen ellos a sus madres: «¿Dónde hay pan?», mientras caen desfallecidos, como víctimas, en las plazas de la ciudad, mientras exhalan el espíritu en el regazo de sus madres. 13 = Mem. = ¿A quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Grande como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar? 14 = Nun. = Tus profetas vieron para ti visiones de falsedad e insipidez. No revelaron tu culpa, para cambiar tu suerte. Oráculos tuvieron para ti de falacia e ilusión. 15 = Sámek. = Sobre ti baten palmas todos los que pasan de camino; silban y menean la cabeza sobre la hija de Jerusalén. «¿Esa es la ciudad que llamaban la Hermosa, la alegría de toda la tierra?» 16 = Pe. = Abren su boca contra ti todos tus enemigos; silban y rechinan de dientes, dicen: «¡Nos la hemos tragado! ¡Ah, éste es el Día que esperábamos! 11 Ya lo alcanzamos, ya lo vemos!» 17 = Ain. = Yahveh ha hecho lo que había resuelto, ha cumplido su palabra que había empeñado desde antiguo; ha destruido sin piedad; ha hecho alegrarse sobre ti al enemigo, ha exaltado la frente de tus adversarios. 18 = Sade. = ¡Clama, pues, al Señor, muralla de la hija de Sión; deja correr a torrentes tus lágrimas, durante día y noche; no te concedas tregua, no cese la niña de tu ojo! 19 = Qof. = ¡En pie, lanza un grito en la noche, cuando comienza la ronda; como agua tu corazón derrama ante el rostro del Señor, alza tus manos hacia él por la vida de tus pequeñuelos (que de hambre desfallecen por las esquinas de todas las calles)! 20 = Res. = Mira, Yahveh, y considera: ¿a quién has tratado de esta suerte? ¿Tenían las mujeres que comer sus frutos, a sus niños de pecho? ¿Tenían que ser asesinados en el santuario del Señor sacerdote y profeta? 21 = Sin. = Por tierra yacen en las calles niños y ancianos; mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a cuchillo; ¡has matado en el día de tu cólera, has inmolado sin piedad! 22 = Tau. = Como en día solemne congregaste por todo el ámbito terrores; no hubo en el día de la ira de Yahveh fugitivo ni evadido. Los que yo había criado y mantenido mi enemigo los exterminó.

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Lamentaciones 3
1 = Alef. = Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. 2 El me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. 3 Contra mí solo vuelve él y revuelve su mano todo el día. 4 = Bet. = Mi carne y mi piel ha consumido, ha quebrado mis huesos. 5 Ha levantado contra mí en asedio amargor y tortura. 6 Me ha hecho morar en las tinieblas, como los muertos para siempre. 7 = Guímel. = Me ha emparedado y no puedo salir; ha hecho pesadas mis cadenas. 8 Aun cuando grito y pido auxilio, él sofoca mi súplica. 9 Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. 10 = Dálet. = Oso en acecho ha sido para mí, león en escondite. 11 Intrincando mis caminos, me ha desgarrado, me ha dejado hecho un horror. 12 Ha tensado su arco y me ha fijado como blanco de sus flechas. 13 = He. = Ha clavado en mis lomos los hijos de su aljaba. 14 De todo mi pueblo me he hecho la irrisión, su copla todo el día. 15 El me ha colmado de amargura, me ha abrevado con ajenjo. 16 = Vau. = Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza. 17 Mi alma está alejada de la paz, he olvidado la dicha. 18 Digo: ¡Ha fenecido mi vigor, y la esperanza que me venía de Yahveh! 19 = Zain. = Recuerda mi miseria y vida errante: ¡es ajenjo y amargor! 20 Lo recuerda, lo recuerda, y se hunde mi alma en mí. 21 Esto revolveré en mi corazón, por ello esperaré: 22 = Jet. = Que el amor de Yahveh no se ha acabado, ni se ha agotado su ternura; 23 cada mañana se renuevan: ¡grande es tu lealtad! 24 «¡Mi porción es Yahveh, dice mi alma, por eso en él espero!» 25 = Tet. = Bueno es Yahveh para el que en él espera, para el alma que le busca. 26 Bueno es esperar en silencio la salvación de Yahveh. 27 Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. 28 = Yod. = Que se siente solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; 29 que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; 30 que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. 31 = Kaf. = Porque no desecha para siempre a los humanos el Señor: 32 si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor; 33 pues no de corazón humilla él ni aflige a los hijos de hombre. 34 = Lámed. = Cuando se aplasta bajo el pie a todos los cautivos de un país, 35 cuando se tuerce el derecho de un hombre ante la faz del Altísimo, 36 cuando se causa entuerto a un hombre en su proceso, ¿el Señor no lo ve? 37 = Mem. = ¿Quién habló y ello fue? ¿No es el Señor el que decide? 38 ¿No salen de la boca del Altísimo los males y los bienes? 39 ¿De qué, pues, se queja el hombre? ¡Que sea hombre contra sus pecados! 40 = Nun. = Examinemos nuestros caminos, escudriñémoslos, y convirtámonos a Yahveh. 41 Alcemos nuestro corazón y nuestras manos al Dios que está en los cielos. 42 Nosotros hemos sido rebeldes y traidores: ¡Tú no has perdonado! 43 = Sámek. = Te has envuelto en cólera y nos has perseguido, has matado sin piedad; 44 te has arropado en una nube para que no pasara la oración; 45 basura y abyección nos has hecho en medio de los pueblos. 46 = Pe. = Abren su boca contra nosotros todos nuestros enemigos. 47 Terror y fosa es nuestra suerte, desolación y ruina. 48 Arroyos de lágrimas derraman mis ojos por la ruina de la hija de mi pueblo.

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49 = Ain. = Mis ojos fluyen y no cesan; ya no hay alivio 50 hasta que mire y vea Yahveh desde los cielos. 51 Me hacen daño mis ojos por todas las hijas de mi ciudad. 52 = Sade. = Cazar me cazaron como a un pájaro, mis enemigos sin motivo. 53 Sofocaron mi vida en una fosa y echaron piedras sobre mí. 54 Sumergieron las aguas mi cabeza, dije: «¡Estoy perdido!» 55 = Qof. = Invoqué tu Nombre, Yahveh, desde la hondura de la fosa. 56 Tú oíste mi grito: «¡No cierres tu oído a mi oración que pide ayuda!» 57 Te acercaste el día en que te invocaba, dijiste: «¡No temas!» 58 = Res. = Tú has defendido, Señor, la causa de mi alma, mi vida has rescatado. 59 Has visto, Yahveh, el entuerto que me hacían: ¡lleva tú mi juicio! 60 Has visto toda su venganza, todos sus planes contra mí. 61 = Sin. = Has oído sus insultos, Yahveh, todos sus planes contra mí, 62 los labios de mis agresores y sus tramas, contra mí todo el día. 63 Estén sentados o en pie, mira: yo soy la copla de ellos. 64 = Tau. = Retribúyeles, Yahveh, según la obra de sus manos. 65 Dales embotamiento de corazón, ¡tu maldición sobre ellos! 66 ¡Persíguelos con saña, extírpalos de debajo de tus cielos!

Lamentaciones 4
1 = Alef. = ¡Cómo, ay, se ha deslucido, el oro se ha alterado el oro mejor! Las piedras sagradas están, ay, esparcidas por las esquinas de todas las calles. 2 = Bet. = Los hijos de Sión, los excelentes, valiosos como el oro fino, ¡son, ay, considerados como vasos de arcilla, obra de manos de alfarero! 3 = Guímel. = Hasta los chacales desnudan la teta, dan de mamar a sus cachorros; la hija de mi pueblo se ha vuelto tan cruel como las avestruces del desierto. 4 = Dálet. = La lengua del niño de pecho se pega de sed al paladar; los pequeñuelos piden pan: no hay quien se lo reparta. 5 = He. = Los que comían manjares deliciosos desfallecen por las calles; los que se criaban entre púrpura abrazan los estercoleros. 6 = Vau. = La culpa de la hija de mi pueblo supera al pecado de Sodoma, que fue aniquilada en un instante sin que manos en ello se cansaran. 7 = Zain. = Más limpios que la nieve eran sus nazireos, más blancos que la leche; de cuerpo más rojo que corales, un zafiro su figura. 8 = Jet. = Más oscuro es su semblante que el hollín, ya no se les reconoce por las calles. Su piel está pegada a sus huesos, seca como madera. 9 = Tet. = Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos de hambre, que extenuados sucumben, por falta de los frutos de los campos. 10 = Yod. = Las mismas manos de tiernas mujeres cocieron a sus hijos: triste alimento fueron para ellas, en la ruina de la hija de mi pueblo. 11 = Kaf. = Yahveh ha apurado su furor, ha derramado el ardor de su cólera; encendió fuego en Sión que ha devorado sus cimientos. 12 = Lámed. = Nunca creyeron los reyes de la tierra ni cuantos moran en el mundo, que el adversario y el enemigo entrarían por las puertas de Jerusalén. 13 = Mem. = ¡Fue por los pecados de sus profetas, por las culpas de sus sacerdotes, que en medio de ella derramaron sangre de justos! 14 = Nun. = Titubeaban por las calles como ciegos, manchados de sangre, sin que nadie pudiera tocar sus vestiduras. 15 = Sámek. = «¡Apartaos! ¡Un impuro!», les gritaban, «¡Apartaos,

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apartaos! ¡No tocar!» Si huían errantes, se decía entre las naciones: «¡No seguirán de huéspedes aquí!» 16 = Pe. = El Rostro de Yahveh los dispersó, no volverá a mirarlos. No hubo respeto para los sacerdotes, ni piedad para los ancianos. 17 = Ain. = Y aún se consumían nuestros ojos, esperando un socorro: ¡ilusión! Desde nuestros oteros oteábamos a una nación incapaz de salvar. 18 = Sade. = Se acechaban nuestros pasos, para que no anduviéramos por nuestras plazas. Cerca estaba nuestro fin, cumplidos nuestros días, sí, llegaba nuestro fin. 19 = Qof. = Nuestros perseguidores eran raudos, más que las águilas del cielo; nos acosaban por los montes, en el desierto nos tendían emboscadas. 20 = Res. = Nuestro aliento vital, el ungido de Yahveh, quedó preso en sus fosas; aquel de quien decíamos: «¡A su sombra viviremos entre las naciones!» 21 = Sin. = ¡Regocíjate, exulta, hija de Edom, que habitas en el país de Us! ¡También a ti pasará la copa: te embriagarás y te desnudarás! 22 = Tau. = ¡Se ha borrado tu culpa, hija de Sión; no volverá él a desterrarte! ¡Pero ha de visitar tu culpa, hija de Edom, pondrá al desnudo tus pecados!

Lamentaciones 5
1 ¡Acuérdate, Yahveh, de lo que nos ha sobrevenido, mira y ve nuestro oprobio! 2 Nuestra heredad ha pasado a extranjeros, nuestras casas a extraños. 3 Somos huérfanos, sin padre; nuestras madres, como viudas. 4 A precio de plata bebemos nuestra agua, nuestra leña nos llega por dinero. 5 El yugo a nuestro cuello, andamos acosados; estamos agotados, no se nos da respiro. 6 Hacia Egipto tendemos nuestra mano, hacia Asur para quitar el hambre. 7 Nuestros padres pecaron: ya no existen; y nosotros cargamos con sus culpas. 8 Esclavos nos dominan, nadie nos libra de su mano. 9 A riesgo de la vida logramos nuestro pan, afrontando la espada del desierto. 10 Nuestra piel abrasa como un horno, a causa del ardor del hambre. 11 Han violado a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. 12 Colgados fueron por sus manos los príncipes; la faz de los ancianos no ha sido respetada. 13 Han arrastrado la muela los muchachos, bajo la leña se han doblado los niños. 14 Los ancianos han dejado de acudir a la puerta, los muchachos han parado sus cantares. 15 Ha cesado la alegría de nuestro corazón, se ha trocado en duelo nuestra danza. 16 Ha caído la corona de nuestra cabeza. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! 17 Por eso está dolorido nuestro corazón, por eso se nublan nuestros ojos: 18 por el monte Sión, que está asolado; ¡las raposas merodean en él! 19 Mas tú, Yahveh, para siempre te sientas; ¡tu trono de generación en generación! 20 ¿Por qué has de olvidarnos para siempre, por qué toda la vida abandonarnos? 21 ¡Haznos volver a ti, Yahveh, y volveremos. Renueva nuestros días como antaño, 22 si es que no nos has desechado totalmente, irritado contra nosotros sin medida!

BARUC Baruc 1
1 Este es el texto del libro que Baruc, hijo de Neriyías, hijo de Maaseías, hijo de Sedecías, hijo de Asadías, hijo de Jilquías, escribió en Babilonia, 2 el año quinto, el día siete del mes, en el tiempo en que los caldeos habían tomado e incendiado Jerusalén.

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3 Baru leyó el texto de este libro a oídos de Jeconías, hijo de Yoyaquim, rey de Judá, y a oídos de todo el pueblo venido para escuchar el libro; 4 a oídos de las autoridades y de los hijos del rey, a oídos de los ancianos, a oídos del pueblo entero desde el menor al mayor, de todos los que habitaban en Babilonia, a orillas del río Sud. 5 Todos lloraron, ayunaron y oraron delante del Señor. 6 Luego reunieron dinero, según las posibilidades de cada uno, 7 y lo enviaron a Jerusalén, al sacerdote Joaquín, hijo de Jilquías, hijo de Salom, a los demás sacerdotes y a todo el pueblo que se encontraba con él en Jerusalén. 8 Y a Baruc, el día diez del mes de Siván, había tomado los objetos sagrados de la Casa del Señor que habían sido llevados del Templo, con ánimo de volverlos a llevar a la tierra de Judá; objetos de plata mandados hacer por Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, 9 después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, deportó de Jerusalén a Jeconías, a los príncipes, a los cerrajeros, a las autoridades y al pueblo de la tierra, llevándolos a Babilonia. 10 Se les decía: Ahí os enviamos dinero; comprad con él holocaustos, sacrificios por el pecado e incienso; haced oblaciones y ofrendas sobre el altar del Señor Dios nuestro. 11 Rogad por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y por la vida de su hijo Baltasar, para que sean sus días como los días del cielo sobre la tierra. 12 El Señor nos dará fuerzas e iluminará nuestros ojos para vivir a la sombra de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y a la sombra de su hijo Baltasar; les serviremos largos días y hallaremos gracia a sus ojos. 13 Rogad también por nosotros al Señor Dios nuestro, porque hemos pecado contra el Señor Dios nuestro, y todavía hoy no se ha retirado de nosotros el furor y la ira del Señor. 14 Y leed este libro que os mandamos para que hagáis lectura pública en la Casa del Señor, el día de la fiesta y en días oportunos. 15 Diréis: Al Señor Dios nuestro la justicia, a nosotros, en cambio, la confusión del rostro, como sucede en este día; a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, 16 a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas y a nuestros padres. 17 Porque hemos pecado ante el Señor, 18 le hemos desobedecido y no hemos escuchado la voz del Señor Dios nuestro siguiendo las órdenes que el Señor nos había puesto delante. 19 Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy hemos sido indóciles al Señor Dios nuestro y prestos en desoír su voz. 20 Por esto se nos han pegado los males y la maldición con que el Señor conminó a su siervo Moisés el día que sacó a nuestros padres del país de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel, como sucede en este día. 21 Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor Dios nuestro de acuerdo con todas las palabras de los profetas que nos ha enviado, 22 sino que hemos sido, cada uno de nosotros según el capricho de su perverso corazón, a servir a dioses extraños, a hacer lo malo a los ojos del Señor Dios nuestro.

Baruc 2
1 Por eso el Señor Dios nuesro ha cumplido la palabra que había pronunciado contra nosotros, contra nuestros jueces que juzgaron a Israel, contra nuestros reyes y nuestros príncipes, contra los habitantes de Israel y de Judá. 2 Jamás se hizo debajo del cielo entero nada semejante a lo que hizo él en Jerusalén, conforme está escrito en la Ley de Moisés,

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3 hasta el punto de que llegamos a comer uno la carne de su propio hijo, otro la carne de su propia hija. 4 Y los entregó el Señor en poder de todos los reinos de nuestro alrededor para que fuesen objeto de oprobio y maldición entre todos los pueblos circundantes donde el Señor los dispersó. 5 Hemos pasado a estar debajo y no encima, por haber pecado contra el Señor Dios nuestro desoyendo su voz. 6 Al Señor Dios nuestro la justicia; a nosotros y a nuestros padres la confusión del rostro, como sucede en este día. 7 Lo que el Señor había dicho contra nosotros, todos esos males nos han sobrevenido. 8 Pero nosotros no hemos suplicado al rostro del Señor volviéndonos cada uno de los pensamientos de su perverso corazón. 9 Por eso el Señor ha estado atento a los males y los ha descargado el Señor sobre nosotros; porque es justo el Señor en todas las obras que nos ordenó; 10 y nosotros no hemos escuchado su voz siguiendo las órdenes que el Señor nos había puesto delante. 11 Y ahora, oh Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo del país de Egipto con mano fuerte, entre señales y prodigios, con gran poder y tenso brazo, haciéndote así un nombre como se ve en este día, 12 nosotros hemos pecado, hemos sido impíos, hemos cometido injusticia, Señor Dios nuestro, contra todos tus decretos. 13 Que tu furor se retire de nosotros, porque hemos quedado bien pocos entre las naciones en medio de las cuales tú nos dispersaste. 14 Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra súplica, líbranos por ti mismo, y haz que hallemos gracia a los ojos de los que nos deportaron, 15 para que sepa toda la tierra que tú eres el Señor Dios nuestro y que tu Nombre se invoca sobre Israel y sobre su raza. 16 Mira, Señor, desde tu santa Casa y piensa en nosotros; inclina, Señor, tu oído y escucha; 17 abre, Señor, tus ojos y mira que no son los muertos en el seol, aquellos cuyo espíritu fue arrancado de sus entrañas, los que dan gloria y justicia al Señor, 18 sino el alma comada de aflición, el que camina encorvado y extenuado, los ojos lánguidos y el alma hambrienta, esos son los que te dan gloria y justicia, Señor. 19 No apoyados en las obras justas de nuestros padres y de nuestros reyes derramamos nuestra súplica de piedad ante tu rostro, oh Señor Dios nuestro. 20 Porque has descargado sobre nosotros tu furor y tu ira, como habías hablado por medio de tus siervos los profetas diciendo diciendo: 21 «Así dice el Señor: = Doblegad vuestra espalda, servid al rey de Babilonia, = y os asentaréis en la tierra que yo di a vuestros padres. 22 Pero si no escucháis la invitación del Señor a servir al rey de Babilonia, 23 = yo haré cesar en las ciudades de Judá y en Jerusalén el canto de alegría y el canto de alborozo, el canto del novio y el canto de la novia, y todo el país quedará hecho un desierto, sin habitantes.» = 24 Pero nosotros no escuchamos tu invitación de servir al rey de Babilonia, y tú entonces ha cumplido tus palabras, pronunciadas por medio de tus siervos los profetas: que los huesos de nuestros reyes y los huesos de nuestros padres serían sacados de sus sepulcros. 25 Y he aquí que efectivamente yacen = tirados por el suelo al calor del día y al frío de la noche; = y ellos murieron en medio en medio de atroces sufrimientos,de hambre, de espada y de peste;

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26 y la Casa sobre la que se invoca tu Nombre la has reducido al estado en que se encuentra en este día, a causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá. 27 Sin embargo has obrado con nosotros, Señor Dios nuestro, según toda tu indulgencia y tu gran misericordia, 28 como habías hablado por medio de tu siervo Moisés, el día en que le ordenaste escribir tu Ley en presencia de los hijos de Israel, diciendo: 29 «Si no escucháis mi voz, esta misma grande, inmensa muchedumbre quedará reducida a un pequeño número en medio de las naciones donde yo los dispersaré. 30 Pues bien sé que no me escucharán, porque es un pueblo de dura cerviz; pero se convertirán en sus corazones en el país de su destierro; 31 y reconocerán entonces que yo soy el Señor su Dios. Yo les daré un corazón y unos oídos que oigan. 32 Y ellos me alabarán en el país de su destierro, se acordarán de mi nombre, 33 desistirán de su dura cerviz y de su perversa conducta acordándose de lo que les sucedió a sus padres que pecaron delante del Señor. 34 Yo les volveré a la tierra que bajo juramento prometí a sus padres, a Abraham, Isaac y Jacob, y tomarán posesión de ella. Los multiplicaré y ya no menguarán. 35 Y estableceré con ellos una alianza eterna de ser yo su Dios y ser ellos mi pueblo, y no volveré a arrojar ya a mi pueblo Israel de la tierra que les di.» Baruc 3 1 Señor omnipotente, Dios de Israel, mi alma en angustia, mi espíritu abatido es el que clama a ti. 2 Escucha, Señor, ten piedad, porque hemos pecado ante ti. 3 Pues tú te sientas en tu trono eternamente; mas nosotros por siempre perecemos. 4 Señor omnipotente, Dios de Israel, escucha la oración los muertos de Israel, de los hijos de aquellos que pecaron contra ti: desoyeron ellos la voz del Señor su Dios, y por eso se han pegado a nosotros estos males. 5 No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres, sino acuérdate de tu mano y de tu Nombre en esta hora. 6 Pues eres el Señor Dios nuestro, y nosotros queremos alabarte, Señor. 7 Para eso pusiste tu temor en nuestros corazones, para que invocáramos tu Nombre. Queremos alabarte en nuestro destierro, porque hemos apartado de nuestro corazón toda la iniquidad de nuestros padres, que pecaron ante ti. 8 Aquí estamos todavía en nuestro destierro, donde tú nos dispersaste, para que fuésemos oprobio, maldición y condenación por todas las iniquidades de nuestros padres que apartaron del Señor Dios nuestro. 9 Escucha, Israel, los mandamientos de vida, tiende tu oído para conocer la prudencia. 10 ¿Por qué, Israel, por qué estás en país de enemigos, has envejecido en un país extraño, 11 te has contaminado con cadáveres, contado entre los que bajan al seol? 12 ¡Es que abandonaste la fuente de la sabiduría! 13 Si hubieras andado por el camino de Dios, habrías vivido en paz eternamente. 14 Aprende dónde está la prudencia, dónde la fuerza, dónde la inteligencia, para saber al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. 15 Pero ¿quién ha encontrado su mansión, quién ha entrado en sus tesoros? 16 ¿Dónde están los príncipes de las naciones, y los que dominan las bestias de la tierra, 17 los que juegan con las aves del cielo, los que atesoran la plata y el oro en que confían los hombres, y cuyo afán de adquirir no tiene fin; 18 los que labran la plata con cuidado, mas no dejan rastro de sus obras? 19 Desaparecieron, bajaron al seol, y otros surgieron en su lugar.

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20 Otros más jóvenes que ellos vieron la luz, y vivieron en la tierra; pero el camino de la ciencia no lo conocieron, 21 ni comprendieron sus senderos. Sus hijos tampoco se preocuparon de ella, quedaron lejos de su camino. 22 No se oyó hablar de ella en Canaán, ni fue vista en Temán. 23 Los hijos de Agar, que andan buscando la inteligencia en la tierra, los mercaderes de Madián y de Temán, los autores de fábulas y los buscadores de inteligencia, no conocieron el camino de la sabiduría ni tuvieron memoria de sus senderos. 24 ¡Oh Israel, qué grande es la casa de Dios, qué vasto el lugar de su dominio! 25 Grande es y sin límites, excelso y sin medida. 26 Allí nacieron los famosos gigantes antiguos, de alta estatura y expertos en la guerra. 27 Pero no fue a éstos a quienes eligió Dios ni les enseñó el camino de la ciencia; 28 y perecieron por no tener prudencia, por su locura perecieron. 29 ¿Quién subió al cielo y la tomó? ¿quién la hizo bajar desde las nubes? 30 ¿Quién atravesó el mar y la encontró? ¿quién la traerá a precio de oro puro? 31 No hay quien conozca su camino, nadie imagina sus senderos. 32 Pero el que todo lo sabe la conoce, con su inteligencia la escrutó, el que dispuso la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos, 33 el que envía la luz, y ella va, el que llama, y temblorosa le obedece; 34 brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegría, 35 los llama él y dicen: ¡Aquí estamos!, y brillan alegres para su Hacedor. 36 Este es nuestro Dios, ningún otro es comparable a él. 37 El descubrió el camino entero de la ciencia, y se lo enseñó a su siervo Jacob, y a Israel su amado. 38 Después apareció ella en la tierra, y entre los hombres convivió.

Baruc 4
1 Ella es el libro de los preceptos de Dios, la Ley que subsiste eternamente: todos los que la retienen alcanzarán la vida, mas los que la abandonan morirán. 2 Vuelve, Jacob y abrázala, camina hacia el esplendor bajo su luz. 3 No des tu gloria a otro, ni tus privilegios a nación extranjera. 4 Felices somos, Israel, pues lo que agrada al Señor se nos ha revelado. 5 ¡Animo, pueblo mío, memorial de Israel! 6 Vendidos habéis sido a las naciones, mas no para la destrucción. Por haber provocado la ira de Dios, habéis sido entregados a los enemigos. 7 Pues irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a los demonios y no a Dios. 8 Olvidasteis al Dios eterno, el que os sustenta, y afligisteis a Jerusalén, la que os crió. 9 Pues vio ella caer sobre vosotros la ira que viene de Dios, y dijo: Escuchad, vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor: 10 he visto el cautiverio de mis hijos y mis hijas que el Eterno hizo venir sobre ellos. 11 Con gozo los había yo criado, y los he despedido con lágrimas y duelo. 12 Que nadie se regocije de mí, la viuda abandonada de tantos; estoy en soledad por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios, 13 no conocieron sus decretos, no fueron por el camino de los mandamientos de Dios, ni siguieron las sendas de disciplina según su justicia. 14 ¡Que vengan las vecinas de Sión! Acordaos del cautiverio de mis hijos y mis hijas, que el Eterno hizo venir sobre ellos. 15 Pues él trajo sobre ellos una nación de lejos, nación insolente, de lenguaje extraño, que no respetó al anciano, ni del niño tuvo compasión, 16 se llevó a los hijos amados de la viuda, y la dejó sola, privada de sus hijas.

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17 Y yo ¿cómo puedo ayudaros? 18 Aquel que trajo sobre vosotros los males os librará de la mano de vuestros enemigos. 19 Andad, hijos, andad vuestro camino, que yo me he quedado sola. 20 Me ha quitado el vestido de paz, me he puesto el sayal de mis súplicas, clamaré al Eterno mientras viva. 21 Animo, hijos, clamad al Señor: el os librará de la tiranía y de la mano de vuestros enemigos. 22 Yo espero del Eterno vuestra salvación, del Santo me ha venido la alegría, por la misericordia que llegará pronto a vosotros de parte del Eterno, vuestro Salvador. 23 Os despedí con duelo y lágrimas, pero Dios os devolverá a mí entre contento y regocijo para siempre. 24 Y como las vecinas de Sión ven ahora vuestro cautiverio, así verán pronto vuestra salvación de parte de Dios, que os llegará con gran gloria y resplandor del Eterno. 25 Hijos, soportad con paciencia la ira que de parte de Dios os ha sobrevenido. Te ha perseguido tu enemigo, pero pronto verás su ruina y en su cerviz pondrás tu pie. 26 Mis hijos más delicados han marchado por ásperos caminos, han sido llevados como rebaño arrebatado por enemigos. 27 ¡Animo, hijos, clamad a Dios! pues el que os trajo esto se acordará de vosotros; 28 y como vuestro pensamiento sólo fue de alejaros de Dios, vueltos a él, buscadle con ardor diez veces mayor. 29 Pues el que trajo sobre vosotros estos males os traerá la alegría eterna con vuestra salvación. 30 ¡Animo, Jerusalén!: te consolará Aquel que te dio nombre. 31 Desdichados los que te hicieron daño y se alegraron de tu caída. 32 Desdichadas las ciudades a las que sirvieron tus hijos. desdichada la que a tus hijos recibió. 33 Pues como se alegró de tu caída y de tu ruina se regocijó, así se afligirá por su desolación. 34 Yo le quitaré su alborozo de ciudad bien poblada y en duelo se trocará su orgullo. 35 Fuego vendrá sobre ella de parte del Eterno por largos días, y será morada de demonios durante mucho tiempo. 36 Mira hacia Oriente, Jerusalén, y ve la alegría que te viene de Dios. 37 Mira, llegan tus hijos, a los que despediste, vuelven reunidos desde oriente a accidente, a la voz del Santo, alegres de la gloria de Dios.

Baruc 5
1 Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflición, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios. 2 Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. 3 Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. 4 Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: «Paz de la Justicia» y «Gloria de la Piedad». 5 Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios. 6 Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos con gloria, como un trono real.

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7 Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y comados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios. 8 Y hasta las selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios. 9 Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él. Copia de la carta que envió Jeremías a los que iban a ser llevados cautivos a Babilonia por el rey de los babilonios, para comunicarles lo que Dios le había ordenado.

Baruc 6
1 Por los pecados que habéis cometido delante de Dios, vais a ser llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios. 2 Una vez llegados a Babilonia, estaréis allí muchos años y por largo tiempo, hasta siete generaciones; pero después yo os sacaré de allí en paz. 3 Ahora vais a ver en Babilonia dioses de plata, de oro y de ma madera, que son llevados a hombros y que infunden temor a los gentiles. 4 Estad alerta, no hagáis vosotros también como los extranjeros de modo que os entre temor de esos dioses, 5 cuando veáis la turba delante y detrás de ellos adorándoles. Decid entonces en vuestro interior: «A ti solo se debe adoración, Señor.» 6 Pues mi ángel está con vosotros: él tiene cuidado de vuestras vidas. 7 Porque la lengua de esos dioses ha sido limada por un artesano, y ellos, por muy dorados y plateados que estén, son falsos y no pueden hablar. 8 Como para una joven presumida, así ellos toman oro y preparan coronas para las cabezas de sus dioses. 9 Ocurre a veces que los sacerdotes roban a sus dioses oro y plata y lo emplean en sus propios gastos, y llegan a dárselo incluso a las prostitutas de la terraza. 10 Los adornan también con vestidos como si fuesen hombres, a esos dioses de plata, oro y madera; pero éstos no se libran ni de la roña ni de los gusanos. 11 Por muy envueltos que estén en vestidos de púrpura, tienen que lavarles la cara, debido al polvo de la casa que los recubre espesamente. 12 Hay quien empuña el cetro como un gobernador de provincia, pero no podría aniquilar al que le ha ofendido. 13 Otro tiene en su diestra espada y hacha, pero no puede defenderse de la guerra ni de los ladrones. 14 Por donde bien dejan ver que no son dioses. Así que no les temáis. 15 Como el vaso que un hombre usa, cuando se rompe, se hace inservible, así les pasa a sus dioses una vez colocados en el templo. 16 Sus ojos están llenos del polvo levantado por los pies de los que entran. 17 Lo mismo que a uno que ha ofendido al rey se le cierran bien las puertas, como que está condenado a muerte, así los sacerdotes aseguran las casas de estos dioses con puertas, cerrojos y trancas, para que no sean saqueados por los ladrones. 18 Les encienden lámparas y aun más que para ellos mismos, cuando los dioses no pueden ver ni una sola de ellas. 19 Les pasa lo mismo que a las vigas de la casa cuyo interior se dice que está aplillado. A los gusanos que suben del suelo y los devoran, a ellos y sus vestidos, no los sienten. 20 Sus caras están ennegrecidas por la humareda de la casa. 21 Sobre su cuerpo y sus cabezas revolotean lechuzas vencejos y otros pájaros; y también hay gatos. 22 Por donde podéis ver que no son dioses; así que no les temáis.

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23 El oro mismo con que los recubren para embellecerlos no lograría hacerlos brillar si no hubiera quien le limpiara la herrumbre, pues ni cuando eran fundidos se daban cuenta. 24 A enorme precio han sido comprados esos dioses en los que no hay soplo de vida. 25 Al no tener pies, son llevados a hombros, exhibiendo así a los hombres su propia ignominia; y quedan también en vergüenza sus servidores, porque si aquéllos llegan a caer en tierra, tienen que ser levantados por ellos. 26 Si se les pone en pie, no pueden moverse por sí mismos; si se les tumba, no logran enderezarse solos; como a muertos, se les presentan las ofrendas. 27 Sus víctimas las venden los sacerdotes y sacan provecho de ellas; también sus mujeres ponen una parte en conserva, sin repartir nada al pobre ni al enfermo; y las mujeres que acaban de dar a luz y las que están en estado de impureza tocan sus víctimas. 28 Conociendo, pues, por todo esto que no son dioses, no les temáis. 29 ¿Cómo, en efecto, podrían llamarse dioses? Son mujeres las que presentan ofrendas ante estos dioses de plata, oro y madera. 30 Y en sus templos los sacerdotes se están sentados, con las túnicas desgarradas, las cabezas y las barbas rapadas y la cabeza descubierta; 31 y vocean chillando delante de sus dioses como hacen algunos en un banquete fúnebre. 32 Los sacerdotes les quitan la vestimenta para vestir a sus mujeres y sus hijos. 33 Si alguien les hace daño o favor, no pueden darle su merecido. Ni pueden poner ni quitar rey. 34 Tampoco son capaces de dar ni riquezas ni dinero. Si alguien les hace un voto y no lo cumple, no le piden cuentas. 35 Jamás libran a un hombre de la muerte, ni arrancan al débil de las manos del poderoso. 36 No pueden devolver la vista al ciego, ni liberar al hombre que se halla en necesidad. 37 No tienen piedad de la viuda ni hacen bien al huérfano. 38 A los peñasos sacados del monte se parecen esos maderos recubiertos de oro y plata, y sus servidores quedan en vergüenza. 39 ¿Cómo, pues, se puede creer o afirmar que son dioses? 40 Más aún, los mismos caldeos los desacreditan cuando, al ver a un mudo que no puede hablar, lo llevan donde Bel, pidiéndole que le devuelva el habla, como si este dios pudiera percibir. 41 Y no pueden ellos, que piensan, abandonar a sus dioses que no sienten nada. 42 Las mujeres, ceñidas de cuerdas, se sientan junto a los casminos quemando como incienso el salvado, 43 y, cuando una de ellas, solicitada por algún transeúnte, se acuesta con él, reprocha a su vecina de no haber sido hallada digna como ella y de no haber sido rota su cuerda. 44 Todo lo que se hace en honor de ellos es engaño. ¿Cómo, pues, se puede creer o afirmar que son dioses? 45 Han sido fabricados por artesanos y orfebres, y no son cosa que lo que sus artífices quieren que sean. 46 Los mismos que los han fabricado no duran mucho tiempo; ¿cómo, pues, van a ser dioses las cosas fabricadas por ellos? 47 Sólo mentira y oprobio han dejado a su posteridad. 48 Y cuando les sobrevienen guerras o calamidades, los sacerdotes deliberan entre sí dónde esconderse con ellos. 49 ¿Cómo, pues, no darse cuenta de que no son dioses los que no pueden salvarse a sí mismos de la guerra ni de las calamidades? 50 No siendo otra cosa que madera dorada y plateada, se reconocer reconocerá más tarde que no son más que mentira. Para todos, naciones y reyes,

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quedará claro que no son dioses, sino obras de manos de hombres, y que no hay en ellos obra alguna de un dios. 51 ¿A quién, pues, no parecerá evidente que no son dioses? 52 No pueden poner rey en un país, ni dar a los hombres la lluvia. 53 No saben juzgar sus pleitos, ni liberar y proteger al agraviado, porque son incapaces; como cornejas son entre el cielo y la tierra. 54 Pues si llega a prender el fuego en la casa de esos dioses de madera, dorados y plateados, sus sacerdotes escaparán y se pondrán a salvo, pero ellos serán, como postes, presa de las llamas. 55 Tampoco pueden resistir a rey ni a ejército enemigo. 56 ¿Cómo pues, admitir o creer que son dioses? 57 Ni de ladrones y salteadores pueden defenderse estos dioses de madera, plateados y dorados; aquéllos, más fuertes que ellos, les quitan el oro, la plata y la vestimenta que los recubre, y se van con ello, sin que los dioses puedan socorrerse a sí mismos. 58 De modo que es mucho mejor ser un rey que ostenda su poder, o un utensilio provechoso en una casa, del cual se sirve su dueño, que no estos falsos dioses; o una puerta en una casa, que guarda cuanto hay dentro de ella, que no estos falsos dioses; o bien un poste de madera en un palacio, que no estos falsos dioses. 59 El sol, la luna y las estrellas, que brillan y tienen una misión, son obedientes: 60 igualmente el relámpago, cuando aparece, es bien visible; asimismo el viento sopla en todo país; 61 las nubes, cuando reciben de Dios la orden de recorrer toda la tierra, la ejecutan al punto; y el fuego, enviado de lo alto a consumir montes y bosques, hace lo que se le ha ordenado. 62 Pero aquéllos no pueden compararse a ninguna de estas cosas, ni en presencia, ni en potentia. 63 Así que no se puede creer ni afirmar que sean dioses, puesto que no son capaces de hacer justicia ni de proporcionar bien alguno a los hombres. 64 Sabiendo, pues, que no son dioses, no les temáis. 65 Tampoco pueden maldecir ni bendecir a los reyes; 66 ni hacer ver a las naciones señales en el cielo; ni resplandecen como el sol, ni alumbran como la luna. 67 Las bestias valen más que ellos, porque pueden, refugiándose bajo cubierto, ser útiles a sí mismas. 68 Por ningún lado, pues, aparece que sean dioses; así que no les temáis. 69 Como espantajo en cohombral, que no guarda nada, así son sus dioses de madera, dorados y plateados. 70 También a un espino en un huerto, en el que todos los pájaros se posan, o a un muerto echado en lugar oscuro, se pueden comparar sus dioses de madera, dorados y plateados. 71 Por la púrpura y el lino que se pudre encima de ellos, conoceréis también que no son dioses. Ellos mismos serán al fin devorados y serán un oprobio para el país. 72 Mucho más vale, pues, el hombre justo, que no tiene ídolos; él estará lejos del oprobio.

EZEQUIEL Ezequiel 1
1 El año treinta, el día cinco el cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Kebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.

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2 El día cinco del mes - era el año quinto de la deportación del rey Joaquín - 3 la palabra de Yahveh fue dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre él la mano de Yahveh. 4 Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio del fuego. 5 Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. 6 Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno. 7 Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. 8 Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro. 9 Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. 10 En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila. 11 Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada uno tenía dos alas que se tocaban entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo; 12 y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían en su marcha. 13 Entre los seres había algo como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego salían rayos. 14 Y los seres iban y venían con el aspecto del relámpago. 15 Miré entonces a los seres y vi que había una rueda en el suelo, al lado de los seres de cuatro caras. 16 El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese dentro de la otra. 17 En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha. 18 Su circunferencia tenía gran altura, era imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor. 19 Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas. 20 Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas. 21 Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas. 22 Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal, extendida por encima de sus cabezas, 23 y bajo la bóveda sus alas estaban rectas, una paralela a la otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo. 24 Y oí el ruido de sus alas, como un ruido de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando marchaban, era un ruido atronador, como ruido de batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas. 25 Y se produjo un ruido. 26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono,

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por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana. 27 Vi luego como el fulgor del electro, algo como un fuego que formaba una envoltura, todo alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi algo como fuego que producía un resplandor en torno, 28 con el aspecto del arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor, todo en torno. Era algo como la forma de la gloria de Yahveh. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.

Ezequiel 2
1 Me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte». 2 El espíritu entró en mí como se me había dicho y me hizo tenerme en pie; y oí al que me hablaba. 3 Me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación de los rebeldes, que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han sido contumaces hasta este mismo día. 4 Los hijos tienen la cabeza dura y el corazón empedernido; hacia ellos te envío para decirles: Así dice el señor Yahveh. 5 Y ellos, escuchen o no escuchen, ya que son una casa de rebeldía, sabrán que hay un profeta en medio de ellos. 6 Y tú, hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo de sus palabras si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones. No tengas miedo de sus palabras, no te asustes de ellos, porque son una casa de rebeldía. 7 Les comunicarás mis palabras, escuchen o no escuchen, porque son una casa de rebeldía. 8 «Y tú, hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte, no seas rebelde como esa casa de rebeldía. Abre la boca y come lo que te voy a dar.» 9 Yo miré: vi una mano que estaba tendida hacia mí, y tenía dentro un libro enrollado. 10 Lo desenrolló ante mi vista: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito: «Lamentaciones, gemidos y ayes.» Ezequiel 3 1 Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.» 2 Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, 3 y me dijo: «Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.» Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel. 4 Entonces me dijo: «Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con mis palabras. 5 Pues no eres enviado a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil, sino a la casa de Israel. 6 No a pueblos numerosos, de habla oscura y de lengua difícil cuyas palabras no entenderías. Si te enviara a ellos, ¿no es verdad que te escucharían? 7 Pero la casa de Israel no quiere escucharte a ti porque no quiere escucharme a mí, ya que toda la casa de Israel tiene la cabeza dura y el corazón empedernido. 8 Mira, yo he hecho tu rostro duro como su rostro, y tu frente tan dura como su frente; 9 yo te hecho tu frente dura como el diamante, que es más duro que la roca. No los temas, no tengas miedo de ellos, porque son una casa de rebeldía.» 10 Luego me dijo: «Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente, 11 y luego, anda, ve donde los deportados, donde los hijos de tu pueblo; les hablarás y les dirás: “Así dice el Señor Yahveh”, escuchen o no escuchen.» 12 Entonces, el espíritu me levantó y oí detrás de mí el ruido de una gran trepidación: «Bendita sea la gloria de Yahveh, en el lugar donde está»,

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13 el ruido que hacían las alas de los seres al batir una contra otra, y el ruido de las ruedas junto a ellos, ruido de gran trepidación. 14 Y el espíritu me levantó y me arrebató; yo iba amargado con quemazón de espíritu, mientras la mano de Yahveh pesaba fuertemente sobre mí. 15 Llegué donde los deportados de Tel Abib que residían junto al río Kebar - era aquí donde ellos residían -, y permanecí allí siete días, aturdido, en medio de ellos. 16 Al cabo de los siete días, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 17 «Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte. 18 Cuando yo diga al malvado: “Vas a morir”, si tú no le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. 19 Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida. 20 Cuando el justo se aparte de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él por su pecado y no se recordará la justicia que había practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. 21 Si por el contrario adviertes al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber sido advertido, y tú habrás salvado tu vida.» 22 Allí fue sobre mí la mano de Yahveh; me dijo: «Levántate, sal a la vega, y allí te hablaré.» 23 Me levanté y salí a la vega, y he aquí que la gloria de Yahveh estaba parada allí, semejante a la gloria que yo había visto junto al río Kebar, y caí rostro en tierra. 24 Entonces, el espíritu entró en mí y me hizo tenerme en pie, y me habló. Me dijo: «Ve a encerrarte en tu casa. 25 Hijo de hombre, he aquí que se te van a echar cuerdas con las que serás atado, para que no aparezcas en medio de ellos. 26 Yo haré que tu lengua se te pegue al paladar, quedarás mudo y dejarás de ser su censor, porque son una casa de rebeldía. 27 Mas cuando yo te hable, abriré tu boca y les dirás: Así dice el Señor Yahveh; quien quiera escuchar, que escuche, y quien no quiera, que lo deje; porque son una casa de rebeldía.» Ezequiel 4 1 Tú, hijo de hombre, toma un ladrillo y ponlo delante de ti; grabarás en él una ciudad, Jerusalén, 2 y emprenderás contra ella un asedio: construirás contra ella trincheras, levantarás contra ella terraplenes, emplazarás contra ella campamentos, instalarás contra ella arietes, todo alrededor. 3 Toma luego una sartén de hierro y colócala como un muro de hierro entre ti y la ciudad. Fijarás tu rostro sobre ella, y quedará en estado de sitio: tú la sitiarás. Es una señal para la casa de Israel. 4 Acuéstate del lado izquierdo y pon sobre ti la culpa de la casa de Israel. Todo el tiempo que estés acostado así, llevarás su culpa. 5 Yo te he impuesto los años de su culpa en una duración de trescientos noventa días, durante los cuales cargarás con la culpa de la casa de Israel. 6 Cuando hayas terminado estos últimos, te acostarás otra vez del lado derecho, y llevarás la culpa de la casa de Judá durante cuarenta días. Yo te he impuesto un día por año. 7 Después fijarás tu rostro y tu brazo desnudo sobre el asedio de Jerusalén, y profetizarás contra ella.

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8 He aquí que yo te he atado con cuerdas, y no te darás vuelta de un lado a otro hasta que no hayas cumplido los días de tu reclusión. 9 Toma, pues, trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, espelta: ponlo en una misma vasija y haz con ello tu pan. Durante todo el tiempo que estés acostado de un lado - trescientos noventa días - comerás de ello. 10 El alimento que comas será de un peso de veinte siclos por día, que comerás de tal a tal hora. 11 También beberás el agua con medida, beberás la sexta parte de un sextario, de tal a tal hora. 12 Comerás este alimento en forma de galleta de cebada que será cocida, a la vista de ellos, sobre excrementos humanos.» 13 Y dijo Yahveh: «Así comerán los israelitas su alimento impuro en medio de las naciones donde yo los arrojaré.» 14 Yo dije entonces: «¡Ah, Señor Yahveh!, mi alma no está impura. Desde mi infancia hasta el presente jamás he comido bestia muerta o despedazada, ni carne corrompida entró en mi boca.» 15 El me dijo: «Bien, en lugar de excrementos humanos te permito usar boñiga de buey para que hagas tu pan encima.» 16 Luego me dijo: «Hijo de hombre, he aquí que yo voy a destruir la provisión de pan en Jerusalén: comerán el pan con peso y con angustia; y el agua con medida y con ansiedad la beberán, 17 porque faltarán el pan y el agua: quedarán pasmados todos juntos y se consumirán por sus culpas.» Ezequiel 5 1 Tú, hijo de hombre, toma una espada afilada, tómala como navaja de barbero, y pásatela por tu cabeza y tu barba. Luego tomarás una balanza y dividirás en partes lo que hayas cortado. 2 A un tercio le prenderás fuego en medio de la ciudad, al cumplirse los días del asedio. El otro tercio lo tomarás y lo cortarás con la espada todo alrededor de la ciudad. El último tercio lo esparcirás al viento, y yo desenvainaré la espada detrás de ellos. 3 Pero de aquí tomarás una pequeña cantidad que recogerás en el vuelo de tu manto, 4 y de éstos tomarás todavía un poco, lo echarás en medio del fuego y lo quemarás en él. De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa de Israel. 5 Así dice el Señor Yahveh: Esta es Jerusalén; yo lo había colocado en medio de las naciones, y rodeado de países. 6 Pero ella se ha rebelado contra mis normas con más perversidad que las naciones, y contra mis decretos más que los países que la rodean. Sí, han rechazado mis normas y no se han conducido según mis decretos. 7 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Porque vuestro tumulto es mayor que el de las naciones que os rodean, porque no os habéis conducido según mis decretos ni habéis observado mis normas, y ni siquiera os habéis ajustado a las normas de las naciones que os rodean, 8 por eso, así dice el Señor Yahveh: También yo me declaro contra ti, ejecutaré mis juicios en medio de ti a los ojos de las naciones, 9 y haré contigo lo que jamás he hecho y lo que no volveré a hacer jamás, a causa de todas tus abominaciones. 10 Por eso, los padres devorarán a sus hijos, en medio de ti, y los hijos devorarán a sus padres. Yo haré justicia de ti y esparciré lo que quede de ti a todos los vientos.

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11 Por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que de la misma manera que tú has contaminado mi santuario con todos tus horrores y todas tus abominaciones, yo también te rechazaré a ti sin una mirada de piedad, tampoco yo perdonaré. 12 Un tercio de los tuyos morirá de peste o perecerá de hambre en medio de ti, otro tercio caerá a espada, en tus alrededores, y al otro tercio lo esparciré yo a todos los vientos, desenvainando la espada detrás de ellos. 13 Mi cólera se desahogará y saciaré en ellos mi furor; me vengaré y sabrán entonces que yo, Yahveh, he hablado en mi celo, cuando desahogue mi furor en ellos. 14 Y haré de ti una ruina, un oprobio entre las naciones que te rodean, a los ojos de todos los transeúntes. 15 Serás oprobio y blanco de insultos, ejemplo y asombro para las naciones que te rodean, cuando yo haga justicia de ti con cólera y furor, con furiosos escarmientos. Yo, Yahveh, he hablado. 16 Cuando lance contra ellos las terribles flechas del hambre, que causan el exterminio, y que yo enviaré para exterminaros, añadiré el hambre contra vosotros, y destruiré vuestras provisiones de pan. 17 Enviaré contra vosotros el hambre y las bestias feroces, que te dejarán sin hijos; la peste y la sangre pasarán por ti, y haré venir contra ti la espada. Yo, Yahveh, he hablado.

Ezequiel 6
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a los montes, a las colinas, a los barrancos y a los valles: He aquí que yo voy a hacer venir contra vosotros la espada y destruiré vuestros altos. 4 Vuestros altares serán devastados, vuestros braseros de incienso serán rotos, haré caer a vuestros habitantes, acribillados, delante de vuestras basuras, 5 pondré los cadáveres de los israelitas delante de sus basuras, y esparciré sus huesos alrededor de vuestros altares. 6 En todo lugar donde habitéis, las ciudades quedarán en ruinas y los altos serán devastados, de forma que vuestros altares queden en ruinas, como cosa culpable, vuestras basuras sean destrozadas y aventadas, vuestros braseros de incienso hechos pedazos y aniquiladas vuestras obras. 7 Caerán las víctimas en medio de vosotros, y sabréis que yo soy Yahveh. 8 Pero haré que os queden, entre las naciones, algunos supervivientes de la espada, cuando seáis dispersados por los países. 9 Y vuestros supervivientes se acordarán de mí, entre las naciones adonde hayan sido deportados, aquellos a quienes yo haya quebrantado el corazón adúltero que se apartó de mí y los ojos que se prostituyeron detrás de sus basuras. Tendrán horror de sí mismos por las maldades que cometieron con todas sus abominaciones. 10 Y sabrán que yo soy Yahveh: no había hablado en vano de infligirles todos estos males. 11 Así dice el Señor Yahveh. Bate las manos, patalea y di: «¡Ay!», por todas las execrables abominaciones de la casa de Israel, que va a caer por la espada, el hambre y la peste. 12 El que esté lejos morirá de peste, el que esté cerca caerá a espada, el que quede sitiado morirá de hambre, porque yo desahogaré mi furor en ellos. 13 Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando sus víctimas queden allí entre sus basuras alrededor de sus altares, en toda colina elevada, en la cima de todos los montes, bajo todo árbol verde, bajo toda encina frondosa,

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dondequiera que ofrecen calmante aroma a todas sus basuras. 14 Extenderé mi mano contra ellos y haré de esta tierra una soledad desolada, desde el desierto hasta Riblá, en todo lugar donde habiten; y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 7
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, di: Así dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel: ¡El fin! Llega el fin sobre los cuatro extremos de esta tierra. 3 Ahora es el fin para ti; voy a desencadenar mi cólera contra ti, para juzgarte según tu conducta y pedirte cuentas de todas tus abominaciones. 4 No tendré para ti una mirada de piedad, no te perdonaré, sino que te pediré cuentas de tu conducta; aparecerán tus abominaciones en medio de ti, y sabréis que yo soy Yahveh. 5 Así dice el Señor Yahveh: ¡Desgracia única! ¡Ya viene la desgracia! 6 Se acerca el fin, el fin se acerca vigilante sobre ti, es ya inminente. 7 Te llega el turno, habitante del país. Llega el tiempo, está cercano el día, consternación, que no ya ¡hurra!, en los montes. 8 Ahora voy a derramar sin tregua mi furor sobre ti y a desahogar mi cólera en ti; voy a juzgarte según tu conducta y a pedirte cuentas de todas tus abominaciones. 9 No tendré una mirada de piedad, no perdonaré; te pediré cuentas de tu conducta; tus abominaciones aparecerán en medio de ti, y sabréis que yo soy Yahveh, el que hiere. 10 He aquí el día, hele que viene: sale el turno, la vara está florida, florida la insolencia. 11 Se ha erguido la violencia para hacerse vara de maldad... 12 Ha llegado el momento, está cercano el día. No se alegre el comprador, no se entristezca el vendedor, porque la ira es contra toda su multitud. 13 El vendedor no volverá a lo vendido, mientras viva entre los vivos, pues la ira contra toda su multitud no será revocada; y nadie, por su iniquidad, tendrá segura su vida. 14 Se tocará la trompeta, todo estará a punto, pero nadie marchará al combate, porque mi ira es contra toda su multitud. 15 Está la espada afuera, la peste y el hambre dentro. El que se encuentre en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad, el hambre y la peste lo devorarán. 16 Sus supervivientes escaparán, andarán por los montes, como las palomas de los valles, todos ellos gimiendo, cada uno por sus culpas. 17 Todas las manos desmayarán, todas las rodillas se irán en agua. 18 Se ceñirán ellos de sayal, un escalofrío los invadirá. En todos los rostros la vergüenza, todas las cabezas rasuradas. 19 Arrojarán su plata por las calles y su oro se convertirá en inmundicia; ni su plata, ni su oro les podrán salvar el día del enojo de Yahveh. No se saciarán más, no llenarán más su vientre, porque ello era la ocasión de su culpa. 20 De la hermosura de sus joyas hicieron el objeto de su orgullo: con ellas fabricaron las imágenes de sus monstruos abominables; por eso yo se lo convertiré en inmundicia. 21 Yo lo entregaré al saqueo de los extranjeros, al despojo de los más impíos de la tierra, que lo profanarán. 22 Retiraré mi rostro de ellos, mi tesoro será profanado: los invasores penetrarán en él y lo profanarán. 23 Haz una cadena, porque esta tierra está llena de delitos de sangre, la ciudad repleta de violencia. 24 Yo haré venir a las naciones más crueles, que se apoderarán de sus casas. Pondré fin al orgullo de los poderosos y sus santuarios serán profanados.

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25 Llega el terror; ellos buscarán la paz, pero no la habrá. 26 Vendrá desastre tras desastre, noticia tras noticia: se pedirá al profeta una visión, le faltará al sacerdote la ley, el consejo a los ancianos. 27 El rey estará en duelo, el príncipe hundido en la desolación, las manos del pueblo de la tierra temblarán. Yo los trataré según su conducta, los juzgaré según sus juicios, y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 8
1 El año sexto, el día cinco del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá sentados ante mí, cuando se posó allí sobre mí la mano del Señor Yahveh. 2 Miré: había allí una forma con aspecto de hombre. Desde lo que parecían ser sus caderas para abajo era de fuego, y desde sus caderas para arriba era algo como un resplandor, como el fulgor del electro. 3 Alargó una especie de mano y me agarró por un mechón de mi cabeza; el espíritu me elevó entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén, en visiones divinas, a la entrada del pórtico interior que mira al norte, allí donde se alza el ídolo de los celos, que provoca los celos. 4 Y he aquí que la gloria del Dios de Israel estaba allí; tenía el aspecto de lo que yo había visto en la vega. 5 El me dijo: «Hijo de hombre, levanta tus ojos hacia el norte.» Levanté mis ojos hacia el norte y vi que al norte del pórtico del altar estaba este ídolo de los celos, a la entrada. 6 Me dijo: «Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las grandes abominaciones que la casa de Israel comete aquí para alejarme de mi santuario? Todavía has de ver otras grandes abominaciones». 7 Me llevó a la entrada del atrio. Yo miré: había un agujero en la pared. 8 Y me dijo: «Hijo de hombre, perfora la pared.» Perforé la pared y se hizo una abertura. 9 Y me dijo: «Entra y contempla las execrables abominaciones que éstos cometen ahí.» 10 Entré y observé: toda clase de representaciones de reptiles y animales repugnantes, y todas las basuras de la casa de Israel estaban grabados en la pared, todo alrededor. 11 Y setenta hombres, de los ancianos de la casa de Israel - uno de ellos era Yazanías, hijo de Safán -, estaban de pie delante de ellos cada uno con su incensario en la mano. Y el perfume de la nube de incienso subía. 12 Me dijo entonces: «¿Has visto, hijo de hombre, lo que hacen en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su estancia adornada de pinturas? Están diciendo: “Yahveh no nos ve, Yahveh ha abandonado esta tierra.”» 13 Y me dijo: «Todavía les verás cometer otras grandes abominaciones.» 14 Me llevó a la entrada del pórtico de la Casa de Yahveh que mira al norte, y vi que allí estaban sentadas las mujeres, plañiendo a Tammuz. 15 Me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? Todavía verás abominaciones mayores que éstas.» 16 Me condujo luego al atrio interior de la Casa de Yahveh. Y he aquí que a la entrada del santuario de Yahveh, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco hombres que, vuelta la espalda al santuario de Yahveh y la cara a oriente, se postraban en dirección a oriente hacia el sol. 17 Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿Aún no le bastan a la casa de Judá las abominaciones que cometen aquí, para que llenen también la tierra de violencia y vuelvan a irritarme? Mira cómo se llevan el ramo a la nariz. 18 Pues yo también he de obrar con furor; no tendré una mirada de piedad, no perdonaré. Con voz fuerte gritarán a mis oídos, pero yo no les escucharé.

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Ezequiel 9
1 Entonces gritó a mis oídos con voz fuerte: «¡Se acercan los castigos de la ciudad, cada uno con su azote en la mano!» 2 Y en esto vinieron, de la dirección del pórtico superior que mira al norte, seis hombres, cada cual con su azote en la mano. En medio de ellos había un hombre vestido de lino con una cartera de escriba a la cintura. Entraron y se detuvieron ante al altar de bronce. 3 La gloria del Dios de Israel se levantó de sobre los querubines sobre los cuales estaba, hacia el umbral de la Casa. Llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba a la cintura; 4 y Yahveh le dijo: «Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella.» 5 Y a los otros oí que les dijo: «Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis una mirada de piedad, no perdonéis; 6 a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres matadlos hasta que no quede uno. Pero al que lleve la cruz en la frente, no le toquéis. Empezad a partir de mi santuario.» Empezaron, pues, por los ancianos que estaban delante de la Casa. 7 Luego les dijo: «Manchad la Casa, llenad de víctimas los atrios; salid.» Salieron y fueron hiriendo por la ciudad. 8 Mientras ellos herían, yo quedé solo allí y caí rostro en tierra. Exclamé: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a exterminar a todo el resto de Israel, derramando tu furor contra Jerusalén?» 9 Me dijo: «La culpa de la casa de Israel y de Judá es muy grande, mucho; la tierra está llena de sangre, la ciudad llena de perversidad. Pues dicen: “Yahveh ha abandonado la tierra, Yahveh no ve nada.” 10 Pues bien, tampoco yo tendré una mirada de piedad ni perdonaré. Haré caer su conducta sobre su cabeza». 11 En aquel momento el hombre vestido de lino que llevaba la cartera a la cintura, vino a hacer su relación: «He ejecutado lo que me ordenaste.» Ezequiel 10 1 Miré y vi que sobre el firmamento que estaba sobre la cabeza de los querubines aparecía, semejante a la piedra de zafiro, algo como una forma de trono, por encima de ellos. 2 Y dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas, debajo de los querubines, toma a manos llenas brasas ardientes de entre los querubines y espárcelas por la ciudad.» Y él entró, ante mis ojos. 3 Los querubines estaban parados a la derecha de la Casa cuando el hombre entró, y la nube llenaba el atrio interior. 4 La gloria de Yahveh se elevó de encima de los querubines hacia el umbral de la Casa y la Casa se llenó de la nube, mientras el atrio estaba lleno del resplandor de la gloria de Yahveh. 5 Y el ruido de las alas de los querubines llegaba hasta el atrio exterior, semejante a la voz del Dios Sadday cuando habla. 6 Cuando dio esta orden al hombre vestido de lino: «Toma fuego de en medio de las ruedas, de entre los querubines», el hombre fue y se detuvo junto a la rueda; 7 el querubín alargó su mano de entre los querubines hacia el fuego que había en medio de los querubines, lo tomó y lo puso en las manos del hombre vestido de lino. Este lo tomó y salió. 8 Entonces apareció en los querubines una especie de mano humana debajo de sus alas.

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9 Miré: había cuatro ruedas al lado de los querubines, cada rueda junto a cada querubín, y el aspecto de las ruedas era como el destello del crisólito. 10 Las cuatro parecían tener la misma forma, como si una rueda estuviese dentro de la otra. 11 En su marcha, avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha; seguían, en efecto, la dirección del lado adonde miraba la cabeza, y no se volvían en su marcha. 12 Y todo su cuerpo, su espalda, sus manos y sus alas, así como las ruedas, estaban llenos de destellos todo alrededor; sus ruedas, las de los cuatro. 13 Oí que a las ruedas se les daba el nombre de «galgal». 14 Y cada uno tenía cuatro caras: la primera era la cara del querubín, la segunda una cara de hombre, la tercera una cara de león y la cuarta una cara de águila. 15 Los querubines se levantaron: era el ser que yo había visto sobre el río Kebar. 16 Cuando los querubines avanzaban, avanzaban las ruedas a su lado; cuando los querubines desplegaban sus alas para elevarse del suelo, las ruedas no se volvían tampoco de su lado. 17 Cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban, se elevaban con ellos las ruedas, porque el espíritu del ser estaba en ellas. 18 La gloria de Yahveh salió de sobre el umbral de la Casa y se posó sobre los querubines. 19 Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis ojos, al salir, y las ruedas con ellos. Y se detuvieron a la entrada del pórtico oriental de la Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos. 20 Era el ser que yo había visto debajo del Dios de Israel en el río Kebar; y supe que eran querubines. 21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y bajo sus alas formas de manos humanas. 22 En cuanto a la forma de sus caras, tenían la apariencia de las caras que yo había visto junto al río Kebar. Cada uno marchaba de frente a derecho.

Ezequiel 11
1 El espíritu me elevó y me condujo al pórtico oriental de la Casa de Yahveh, el que mira a oriente. Y he aquí que a la entrada del pórtico había veinticinco hombres, entre los cuales vi a Yazanías, hijo de Azzur, y a Pelatías, hijo de Benaías, jefes del pueblo. 2 El me dijo: «Hijo de hombre, éstos son los hombres que maquinan el mal, que dan malos consejos en esta ciudad. 3 Dicen: “¡No es para pronto el construir casas! Ella es la olla y nosotros somos la carne.” 4 Por eso, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre.» 5 El espíritu de Yahveh irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así dice Yahveh: Eso es lo que habéis dicho, casa de Israel, conozco bien vuestra insolencia. 6 Habéis multiplicado vuestras víctimas en esta ciudad; habéis llenado de víctimas sus calles. 7 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Las víctimas que habéis tirado en medio de ella son la carne, y ella es la olla; pero yo os haré salir de ella. 8 Teméis la espada, pues yo traeré espada contra vosotros, oráculo del Señor Yahveh. 9 Os sacaré de la ciudad, os entregaré en mano de extranjeros, y haré justicia de vosotros. 10 A espada caeréis; en el término de Israel os juzgaré yo, y sabréis que yo soy Yahveh. 11 Esta ciudad no será olla para vosotros, ni vosotros seréis carne en medio de ella; dentro del término de Israel os juzgaré yo. 12 Y sabréis que yo soy Yahveh cuyos preceptos no habéis seguido y cuyas normas no habéis guardado - por el contrario habéis obrado según las normas de las naciones que os circundan.» 13 En esto, mientras yo estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías,

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murió. Yo caí rostro en tierra y grité con voz fuerte: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a aniquilar al resto de Israel?» 14 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 15 «Hijo de hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de toda la casa de Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos de Yahveh; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión. 16 Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Sí, yo los he alejado entre las naciones, y los he dispersado por los países, pero yo he sido un santuario para ellos, por poco tiempo, en los países adonde han ido. 17 Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel. 18 Vendrán y quitarán de ella todos sus monstruos y abominaciones; 19 yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, 20 para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios. 21 En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.» 22 Los querubines desplegaron sus alas y las ruedas les siguieron, mientras la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos. 23 La gloria de Yahveh se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el monte que está al oriente de la ciudad. 24 El espíritu me elevó y me llevó a Caldea, donde los desterrados, en visión, en el espíritu de Dios; y la visión que había contemplado se retiró de mí. 25 Yo conté a los desterrados todo lo que Yahveh me había dado a ver.

Ezequiel 12
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, tú vives en medio de la casa de rebeldía: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldía. 3 Ahora, pues, hijo de hombre, prepárate un equipo de deportado y sal deportado en pleno día, a sus propios ojos. Saldrás del lugar en que te encuentras hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa de rebeldía. 4 Arreglarás tu equipo como un equipo de deportado, de día, ante sus ojos. Y saldrás por la tarde, ante sus ojos, como salen los deportados. 5 Haz a vista de ellos un agujero en la pared, por donde saldrás. 6 A sus ojos, cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en la oscuridad; te cubrirás el rostro para no ver la tierra, porque yo he hecho de ti un símbolo para la casa de Israel. 7 Yo hice como se me había ordenado; preparé de día mi equipo, como un equipo de deportado, y por la tarde hice un agujero en la pared con la mano. Y salí en la oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas, ante sus ojos. 8 Por la mañana la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 9 Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta casa de rebeldía: «Qué es lo que haces»? 10 Diles: Así dice el Señor Yahveh. Este oráculo se refiere a Jerusalén y a toda la casa de Israel que está en medio de ella. 11 Di: Yo soy un símbolo para vosotros; como he hecho yo, así se hará con ellos; serán deportados, irán al destierro.

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12 El príncipe que está en medio de ellos cargará con su equipo a la espalda, en la oscuridad, y saldrá; horadarán la muralla para hacerle salir por ella; y se tapará la cara para no ver la tierra con sus propios ojos. 13 Mas yo tenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le conduciré a Babilonia, al país de los caldeos; pero no lo verá, y morirá allí. 14 Y a todo su séquito, su guardia y todas sus tropas, yo los esparciré a todos los vientos y desenvainaré la espada detrás de ellos. 15 Y sabrán que yo soy Yahveh cuando los disperse entre las naciones y los esparza por los países. 16 Sin embargo, dejaré que un pequeño número de ellos escapen a la espada, al hambre y a la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde vayan, a fin de que sepan que yo soy Yahveh. 17 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 18 Hijo de hombre, comerás tu pan con temblor y beberás tu agua con inquietud y angustia; 19 y dirás al pueblo de la tierra: Así dice el Señor Yahveh a los habitantes de Jerusalén que andan por el suelo de Israel: comerán su pan con angustia, beberán su agua con estremecimiento, para que esta tierra y los que en ella se encuentran queden libres de la violencia de todos sus habitantes. 20 Las ciudades populosas serán destruidas y esta tierra se convertirá en desolación; y sabréis que yo soy Yahveh. 21 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 22 Hijo de hombre, ¿qué queréis decir con ese proverbio que circula acerca del suelo de Israel: Los días se prolongan y toda visión se desvanece? 23 Pues bien diles: Así dice el Señor Yahveh: Yo haré que calle ese proverbio; no se le repetirá más en Israel. Diles en cambio: Llegan los días en que toda visión se cumplirá, 24 pues ya no habrá ni visión vana ni presagio mentiroso en medio de la casa de Israel. 25 Yo, Yahveh, hablaré, y lo que yo hablo es una palabra que cumple sin dilación. Sí, en vuestros días, casa de rebeldía, yo pronunciaré una palabra y la ejecutaré, oráculo del Señor Yahveh. 26 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 27 Hijo de hombre, mira, la casa de Israel está diciendo: «La visión que éste contempla es para días lejanos, éste profetiza para una época remota.» 28 Pues bien, diles: Así dice el Señor Yahveh: Ya no habrá más dilación para ninguna de mis palabras. Lo que yo hablo es una palabra que se cumple, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 13
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel; profetiza y di a los que profetizan por su propia cuenta: Escuchad la palabra de Yahveh. 3 Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los profetas insensatos que siguen su propia inspiración, sin haber visto nada! 4 Como chacales entre las ruinas, tales han sido tus profetas, Israel. 5 No habéis escalado a las brechas, no habéis construido una muralla en torno a la casa de Israel, para que pueda resistir en el combate, en el día de Yahveh. 6 Tienen visiones vanas, presagio mentiroso los que dicen: «Oráculo de Yahveh», sin que Yahveh les haya enviado; ¡y esperan que se confirme su palabra! 7 ¿No es cierto que no tenéis más que visiones vanas, y no anunciáis más que presagios mentirosos, cuando decís: «Oráculo de Yahveh», siendo así que yo no he hablado?

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8 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por causa de vuestras palabras vanas y vuestras visiones mentirosas, sí, aquí estoy contra vosotros, oráculo del Señor Yahveh. 9 Extenderé mi mano contra los profetas de visiones vanas y presagios mentirosos; no serán admitidos en la asamblea de mi pueblo, no serán inscritos en el libro de la casa de Israel, no entrarán en el suelo de Israel, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh. 10 Porque, en efecto, extravían a mi pueblo diciendo: «¡Paz!», cuando no hay paz. Y mientras él construye un muro, ellos le recubren de argamasa. 11 Di a los que lo recubren de argamasa: ¡Que haya una lluvia torrencial, que caiga granizo y un viento de tormenta se desencadene, 12 y ved ahí el muro derrumbado! ¿No se os dirá entonces: «¿Dónde está la argamasa con que lo recubristeis?» 13 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Voy a desencadenar en mi furor un viento de tormenta, una lluvia torrencial habrá en mi cólera, granizos caerán en mi furia destructora. 14 Derribaré el muro que habéis recubierto de argamasa, lo echaré por tierra, y sus cimientos quedarán al desnudo. Caerá y vosotros pereceréis debajo de él, y sabréis que yo soy Yahveh. 15 Cuando haya desahogado mi furor contra el muro y contra los que lo recubren de argamasa, os diré: Ya no existe el muro ni los que lo revocaban, 16 los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y veían para ella visiones de paz, cuando no había paz, oráculo del Señor Yahveh. 17 Y tú, hijo de hombre, vuélvete hacia las hijas de tu pueblo que profetizan pro su propia cuenta, y profetiza contra ellas. 18 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que cosen bandas para todos los puños, que hacen velos para cabezas de todas las tallas, con ánimo de atrapar a las almas! Vosotras atrapáis a las almas de mi pueblo, ¿y vais a asegurar la vida de vuestras propias almas? 19 Me deshonráis delante de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos pedazos de pan, haciendo morir a las almas que no deben morir y dejando vivir a las almas que no deben vivir, diciendo mentiras al pueblo que escucha la mentira. 20 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Heme aquí contra vuestras bandas con las cuales atrapáis a las almas como pájaros. Yo las desgarraré en vuestros brazos, y soltaré libres las almas que atrapáis como pájaros. 21 Rasgaré vuestros velos y libraré a mi pueblo de vuestras manos; ya no serán más presa en vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh. 22 Porque afligís el corazón del justo con mentiras, cuando yo no lo aflijo, y aseguráis las manos del malvado para que no se convierta de su mala conducta a fin de salvar su vida, 23 por eso, no veréis más visiones vanas ni pronunciaréis más presagios. Yo libraré a mi pueblo de vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.

Ezequiel 14
1 Algunos ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron ante mí. 2 Entonces la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 3 Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus basuras en su corazón, han puesto delante de su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a dejarme consultar por ellos? 4 Habla, pues, y diles: Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel de la casa de Israel que erija sus basuras en su corazón o que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y luego se presente al profeta, yo mismo, Yahveh, le responderé, a causa de la multitud de sus basuras,

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5 a fin de prender a la casa de Israel en su corazón, a aquellos que se han alejado de mí a causa de todas sus basuras. 6 Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Convertíos, apartaos de vuestras basuras, de todas vuestras abominaciones apartad vuestro rostro, 7 porque a todo hombre de la casa de Israel, o de los forasteros residentes en Israel, que se aleje de mí para erigir sus basuras en su corazón, que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y se presente al profeta para consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé. 8 Volveré mi rostro contra ese hombre, haré de él ejemplo y proverbio, le extirparé de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy Yahveh. 9 Y si el profeta se deja seducir y pronuncia una palabra, es que yo, Yahveh, he seducido a ese profeta; extenderé mi mano contra él y le exterminaré de en medio de mi pueblo Israel. 10 Cargarán con el peso de sus culpas ambos: la culpa del profeta será como la del que le consulte. 11 Así, la casa de Israel no se desviará más lejos de mí ni seguirá manchándose con todas sus culpas. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, oráculo del Señor Yahveh. 12 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 13 Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y yo extiendo mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío contra él el hambre para extirpar de allí hombres y bestias, 14 y en ese país se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos salvarán su vida por su justicia, oráculo del Señor Yahveh. 15 Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para privarle de sus hijos y convertirle en una desolación por donde nadie pase a causa de las bestias, 16 y en ese país se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos, pero el país quedará convertido en desolación. 17 O bien, si yo hago venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la espada por este país», y extirpo de él hombres y bestias, 18 y esos tres hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se salvarán. 19 O si envío la peste sobre ese país y derramo en sangre mi furor contra ellos, extirpando de él hombres y bestias, 20 y en ese país se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos por su justicia. 21 Pues así dice el Señor Yahveh: Aun cuando yo mande contra Jerusalén mis cuatro terribles azotes: espada, hambre, bestias feroces y peste, para extirpar de ella hombres y bestias, 22 he aquí que quedan en ella algunos supervivientes que han podido salir, hijos e hijas; y he aquí que salen hacia vosotros, para que veáis su conducta y sus obras y os consoléis de la desgracia que yo he acarreado sobre Jerusalén, de todo lo que he acarreado sobre ella. 23 Ellos os consolarán cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis que no sin motivo hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 15
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, ¿en qué vale más el leño de la vid que el leño de cualquier rama que haya entre los árboles del bosque?

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3 ¿Se toma de él madera para hacer alguna cosa? ¿Se hace con él un gancho para colgar algún objeto? 4 No, se tira al fuego para que lo devore: el fuego devora los dos cabos; el centro está quemado, ¿sirve aún para hacer algo? 5 Si ya, cuando estaba intacto, no se podía hacer nada con él, ¡cuánto menos, cuando lo ha devorado el fuego y lo ha quemado, se podrá hacer con él alguna cosa! 6 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Lo mismo que el leño de la vid, entre los árboles del bosque, al cual he arrojado al fuego para que lo devore, así he entregado a los habitantes de Jerusalén. 7 He vuelto mi rostro contra ellos. Han escapado al fuego, pero el fuego los devorará. Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando vuelva mi rostro contra ellos. 8 Convertiré esta tierra en desolación, porque han cometido infidelidad, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 16
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones. 3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y tu nacimiento eres del país de Canaán. Tu padre era amorreo y tu madre hitita. 4 Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no se te cortó el cordón, no se te lavó con agua para limpiarte, no se te frotó con sal, ni se te envolvió en pañales. 5 Ningún ojo se apiadó de ti para brindarte alguno de estos menesteres, por compasión a ti. Quedaste expuesta en pleno campo, porque dabas repugnancia, el día en que viniste al mundo. 6 Yo pasé junto a ti y te vi agitándote en tu sangre. Y te dije, cuando estabas en tu sangre: «Vive», 7 y te hice crecer como la hierba de los campos. Tú creciste, te desarrollaste, y llegaste a la edad núbil. Se formaron tus senos, tu cabellera creció; pero estabas completamente desnuda. 8 Entonces pasé yo junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo de los amores. Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; me comprometí con juramento, hice alianza contigo - oráculo del señor Yahveh - y tú fuiste mía. 9 Te bañé con agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con óleo. 10 Te puse vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino fino y un manto de seda. 11 Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar a tu cuello. 12 Puse un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas, y una espléndida diadema en tu cabeza. 13 Brillabas así de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y recamados. Flor de harina, miel y aceite era tu alimento. Te hiciste cada día más hermosa, y llegaste al esplendor de una reina. 14 Tu nombre se difundió entre las naciones, debido a tu belleza, que era perfecta, gracias al esplendor de que yo te había revestido - oráculo del Señor Yahveh. 15 Pero tú te pagaste de tu belleza, te aprovechaste de tu fama para prostituirte, prodigaste tu lascivia a todo transeúnte entregándote a él. 16 Tomaste tus vestidos para hacerte altos de ricos colores y te prostituiste en ellos. 17 Tomaste tus joyas de oro y plata que yo te había dado y te hiciste imágenes de hombres para prostituirte ante ellas. 18 Tomaste tus vestidos recamados y las recubriste con ellos; y pusiste ante ellas mi aceite y mi incienso.

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19 El pan que yo te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te alimentaba, lo presentaste ante ellas como calmante aroma. Y sucedió incluso - oráculo del Señor Yahveh - 20 que tomaste a tus hijos y a tus hijas que me habías dado a luz y se los sacrificaste como alimento. ¿Acaso no era suficiente tu prostitución, 21 que inmolaste también a mis hijos y los entregaste haciéndoles pasar por el fuego en su honor? 22 Y en medio de todas tus abominaciones y tus prostituciones no te acordaste de los días de tu juventud, cuando estabas completamente desnuda, agitándote en tu sangre. 23 Y para colmo de maldad - ¡ay, ay de ti!, oráculo del Señor Yahveh - 24 te construiste un prostíbulo, te hiciste una altura en todas las plazas. 25 En la cabecera de todo camino te construiste tu altura y allí contaminaste tu hermosura, entregaste tu cuerpo a todo transeúnte y multiplicaste tus prostituciones. 26 Te prostituiste a los egipcios, tus vecinos, de cuerpos fornidos, y multiplicaste tus prostituciones para irritarme. 27 Entonces yo levanté mi mano contra ti. Disminuí tu ración y te entregué a la animosidad de tus enemigas, las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de la infamia de tu conducta. 28 Y no harta todavía, te prostituiste a los asirios; te prostituiste sin hartarte tampoco. 29 Luego, multiplicaste tus prostituciones en el país de los mercaderes, en Caldea, y tampoco esta vez quedaste harta. 30 ¡Oh, qué débil era tu corazón - oráculo del Señor Yahveh - para cometer todas estas acciones, dignas de una prostituta descarada! 31 Cuando te construías un prostíbulo a la cabecera de todo camino, cuando te hacías una altura en todas las plazas, despreciando el salario, no eras como la prostituta. 32 La mujer adúltera, en lugar de su marido, toma ajenos. 33 A toda prostituta se le da un regalo. Tú, en cambio, dabas regalos a todos tus amantes, y los atraías con mercedes para que vinieron a ti de los alrededores y se prestasen a tus prostituciones. 34 Contigo ha pasado en tus prostituciones al revés que con las otras mujeres; nadie andaba solicitando detrás de ti; eras tú la que pagabas, y no se te pagaba: ¡ha sido al revés! 35 Pues bien, prostituta, escucha la palabra de Yahveh. 36 Así dice el Señor Yahveh: Por haber prodigado tu bronce y descubierto tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con todas tus abominables basuras, por la sangre de tus hijos que les has dado, 37 por esto he aquí que yo voy a reunir a todos los amantes a quienes complaciste, a todos los que amaste y también a los que aborreciste; los voy a congregar de todas partes contra ti, y descubriré tu desnudez delante de ellos, para que vean toda tu desnudez. 38 Voy a aplicarte el castigo de las mujeres adúlteras y de las que derraman sangre: te entregaré al furor y a los celos, 39 te entregaré en sus manos, ellos arrasarán tu prostíbulo y demolerán tus alturas, te despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus joyas y te dejarán completamente desnuda. 40 Luego, incitarán a la multitud contra ti, te lapidarán, te acribillarán con sus espadas, 41 prenderán fuego a tus casas y harán justicia de ti, a la vista de una multitud de mujeres; yo pondré fin a tus prostituciones, y no volverás a dar salario de prostituta. 42 Desahogaré mi furor en ti; luego mis celos se retirarán de ti, me apaciguaré y no me airaré más. 43 Porque no te has acordado de los días de tu juventud, y con todas estas cosas me has provocado, he aquí que también yo por mi parte haré recaer tu conducta sobre tu cabeza, oráculo del Señor Yahveh. Pues ¿no has cometido infamia con todas tus abominaciones?

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44 Mira, todos los autores de proverbios harán uno a propósito de ti, diciendo: «Cual la madre, tal la hija.» 45 Hija eres, sí, de tu madre, que dejó de amar a sus maridos y a sus hijos, y hermana de tus hermanas, que dejaron de amar a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre era una hitita y vuestro padre un amorreo. 46 Tu hermana mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas. Tu hermana menor es Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas. 47 No has sido parca en imitar su conducta y en cometer sus abominaciones; te has mostrado más corrompida que ellas en toda tu conducta. 48 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como habéis obrado vosotras, tú y tus hijas. 49 Este fue el crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad, indolencia de la dulce vida tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al pobre y al indigente, 50 se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso las hice desaparecer, como tú viste. 51 En cuanto a Samaria, ni la mitad de tus pecados ha cometido. Tú has cometido muchas más abominaciones que ellas y, al cometer tantas abominaciones, has hecho parecer justas a tus hermanas. 52 Así, pues, carga con tu ignominia por haber decidido el fallo en favor de tus hermanas: a causa de los pecados que has cometido, mucho más abominables que los suyos, ellas resultan ser más justas que tú. Avergüénzate, pues, y carga con tu ignominia por hacer parecer justas a tus hermanas. 53 Yo las restableceré. Restableceré a Sodoma y a sus hijas, restableceré a Samaria y a sus hijas, y después te restableceré a ti en medio de ella, 54 a fin de que soportes tu ignominia y te avergüences de todo lo que has hecho, para consuelo de ellas. 55 Tu hermana Sodoma y sus hijas serán restablecidas en su antiguo estado. Samaria y sus hijas serán restablecidas en su antiguo estado. Tú y tus hijas seréis restablecidas también en vuestro antiguo estado. 56 ¿No hiciste burla de tu hermana Sodoma, el día de tu orgullo, 57 antes que fuese puesta al descubierto tu desnudez? Como ella, eres tú ahora el blanco de las burlas de las hijas de Edom y de todas las de los alrededores, de las hijas de los filisteos, que por todas partes te agobian a desprecios. 58 Tú misma soportas las consecuencias de tu infamia y tus abominaciones, oráculo de Yahveh. 59 Pues así dice el Señor Yahveh: Yo haré contigo como has hecho tú, que menospreciaste el juramento, rompiendo la alianza. 60 Pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud, y estableceré en tu favor una alianza eterna. 61 Y tú te acordarás de tu conducta y te avergonzarás de ella, cuando acojas a tus hermanas, las mayores y las menores, y yo te las dé como hijas, si bien no en virtud de tu alianza. 62 Yo mismo restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahveh, 63 para que te acuerdes y te avergüences y no oses más abrir la boca de vergüenza, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 17
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, propón un enigma, presenta una parábola a la casa de Israel. 3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: El águila grande, de grandes alas,

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de enorme envergadura, de espeso plumaje abigarrado, vino al Líbano y cortó la cima del cedro; 4 arrancó la punta más alta de sus ramas, la llevó a un país de mercaderes y la colocó en una ciudad de comerciantes. 5 Luego, tomó de la semilla de la tierra y la puso en un campo de siembra; junto a una corriente de agua abundante la colocó como un sauce. 6 Y brotó y se hizo una vid desbordante, de pequeña talla, que volvió sus ramas hacia el águila, mientras sus raíces estaban bajo ella. Se hizo una vid, echó cepas y alargó sarmientos. 7 Había otra águila grande, de grandes alas, de abundante plumaje, y he aquí que esta vid tendió sus raíces hacia ella, hacia ella alargó sus ramas, para que la regase desde el terreno donde estaba plantada. 8 En campo fértil, junto a una corriente de agua abundante, estaba plantada, para echar ramaje y dar fruto, para hacerse una vid magnífica. 9 Di: Así dice el Señor Yahveh: ¿Le saldrá bien acaso? ¿No arrancará sus raíces el águila, no cortará sus frutos, de suerte que se sequen todos los brotes tiernos que eche, sin que sea menester brazo grande ni pueblo numeroso para arrancarla de raíz? 10 Vedla ahí plantada, ¿prosperará tal vez? Al soplar el viento del este, ¿no se secará totalmente? En el terreno en que brotó, se secará. 11 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 12 Di a esa casa de rebeldía: ¿No sabéis lo que significa esto? Di: Mirad, el rey de Babilonia vino a Jerusalén; tomó al rey y a los príncipes y los llevó con él a Babilonia. 13 Escogió luego a uno de estirpe real, concluyó un pacto con él y le hizo prestar juramento, después de haberse llevado a los grandes del país, 14 a fin de que el reino quedase modesto y sin ambición, para guardar su alianza y mantenerla. 15 Pero este príncipe se ha rebelado contra él enviando mensajeros a Egipto en busca de caballos y tropas en gran número. ¿Le saldrá bien? ¿Se salvará el que ha hecho esto? Ha roto el pacto ¡y va a salvarse! 16 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que en el lugar del rey que le puso en el trono, cuyo juramento despreció y cuyo pacto rompió, allí en medio de Babilonia morirá. 17 Ni con su gran ejército y sus numerosas tropas le salvará Faraón en la guerra, cuando se levanten terraplenes y se hagan trincheras para exterminar muchas vidas humanas. 18 Ha despreciado el juramento, rompiendo el pacto; aun después de haber dado su mano, ha hecho todo esto: ¡no tendrá remedio! 19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por mi vida que el juramento mío que ha despreciado, mi alianza que ha roto, lo haré recaer sobre su cabeza. 20 Extenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le llevaré a Babilonia y allí le pediré cuentas de la infidelidad que ha cometido contra mí. 21 Lo más selecto, entre todas sus tropas, caerá a espada, y los que queden serán dispersados a todos los vientos. Y sabréis que yo, Yahveh, he hablado. 22 Así dice el Señor Yahveh: También yo tomaré de la copa del alto cedro, de la punta de sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una montaña elevada y excelsa: 23 en la alta montaña de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus ramas. 24 Y todos los árboles del campo sabrán que yo, Yahveh, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde, hago secarse al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.

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Ezequiel 18
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 ¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera? 3 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este proverbio en Israel. 4 Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá. 5 El que es justo y practica el derecho y la justicia, 6 no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza, 7 no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento y viste al desnudo, 8 no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre, 9 se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahveh. 10 Si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas 11 que él mismo no había hecho, un hijo que come en los montes, contamina a la mujer de su prójimo, 12 oprime al pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la prenda, alza sus ojos a las basuras, comete abominación, 13 presta con usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno después de haber cometido todas estas abominaciones; morirá sin remedio, y su sangre recaerá sobre él. 14 Y si éste, a su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados que ha cometido su padre, que los ve sin imitarlos, 15 que no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, 16 no oprime a nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento, viste al desnudo, 17 aparta su mano de la injusticia, no presta con usura, ni cobra intereses, practica mis normas y se conduce según mis preceptos, éste no morirá por la culpa de su padre, vivirá sin duda. 18 Su padre, porque fue violento, cometió rapiñas y no obró bien en medio de su pueblo, por eso morirá a causa de su culpa. 19 Y vosotros decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?» Pero el hijo ha practicado el derecho y la justicia, ha observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin duda. 20 El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al malvado su maldad. 21 En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. 22 Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. 23 ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? 24 Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado,
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sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá. 25 Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 26 Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muere. 27 Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. 28 Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá. 29 Y sin embargo la casa de Israel dice: «No es justo el proceder del Señor.» ¿Que mi proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 30 Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa. 31 Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel? 32 Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.

Ezequiel 19
1 Y tú entona una elegía sobre los príncipes de Israel. 2 Dirás: ¿Qué era tu madre? Una leona entre leones. Echada entre los leoncillos, criaba a sus cachorros. 3 Exaltó a uno de sus cachorros, que se hizo un león joven; y aprendió a desgarrar su presa, devoró hombres. 4 Oyeron hablar de él las naciones, en su fosa quedó preso; con garfios le llevaron al país de Egipto. 5 Vio ella que su espera era fallida, fallida su esperanza; y tomo otro de sus cachorros, le hizo un león joven. 6 Andaba éste entre los leones, se hizo un león joven, aprendió a desgarrar su presa, devoró hombres; 7 derribó sus palacios, devastó sus ciudades; la tierra y sus habitantes estaban aterrados por la voz de su rugido. 8 Se alzaron contra él las naciones, las provincias circundantes; tendieron sobre él su red y en su fosa quedó preso. 9 Con garfios le cerraron en jaula, le llevaron al rey de Babilonia en calabozos le metieron, para que no se oyese más su voz por los montes de Israel. 10 Tu madre se parecía a una vid plantada a orillas de las aguas. Era fecunda, exuberante, por la abundancia de agua. 11 Tenía ramas fuertes para ser cetros reales; su talla se elevó hasta dentro de las nubes. Era imponente por su altura, por su abundancia de ramaje. 12 Pero ha sido arrancada con furor, tirada por tierra; el viento del este ha agostado su fruto; ha sido rota, su rama fuerte se ha secado, la ha devorado el fuego. 13 Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed. 14 Ha salido fuego de su rama, ha devorado sus sarmientos y su fruto. No volverá a tener su rama fuerte, su cetro real. Esto es una elegía; y de elegía sirvió.

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Ezequiel 20
1 El año séptimo, el día diez del quinto mes, algunos de los ancianos de Israel vinieron a consultar a Yahveh y se sentaron ante mí. 2 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: 3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¿A consultarme venís? Por mi vida, que no me dejaré consultar por vosotros, oráculo del Señor Yahveh. 4 ¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a juzgar, hijo de hombre? Hazles saber las abominaciones de sus padres. 5 Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: El día que yo elegí a Israel, alcé mi mano hacia la raza de la casa de Jacob, me manifesté a ellos en el país de Egipto, y levanté mi mano hacia ellos diciendo: Yo soy Yahveh, vuestro Dios. 6 Aquel día alcé mi mano hacia ellos jurando sacarlos del país de Egipto hacia una tierra que había explorado para ellos, que mana leche y miel, la más hermosa de todas las tierras. 7 Y les dije: Arrojad cada uno los monstruos que seducen vuestros ojos, no os contaminéis con las basuras de Egipto; yo soy Yahveh, vuestro Dios. 8 Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme. Ninguno arrojó los monstruos que seducían sus ojos; ninguno abandonó las basuras de Egipto. Pensé entonces, derramar mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi cólera, en medio del país de Egipto. 9 Pero tuve consideración a mi nombre y procedí de modo que no fuese profanado a los ojos de las naciones entre las que ellos se encontraban, y a la vista de las cuales me había manifestado a ellos, sacándolos del país de Egipto. 10 Por eso, los saqué del país de Egipto y los conduje al desierto. 11 Les di mis preceptos y les di a conocer mis normas, por las que el hombre vive, si las pone en práctica. 12 Y les di además mis sábados como señal entre ellos y yo, para que supieran que yo soy Yahveh, que los santifico. 13 Pero la casa de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no se condujeron según mis preceptos, rechazaron mis normas por las que vive el hombre, si las pone en práctica, y no hicieron más que profanar mis sábados. Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos en el desierto, para exterminarlos. 14 Pero tuve consideración a mi nombre, y procedí de modo que no fuese profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los había sacado. 15 Y, una vez más alcé mi mano hacia ellos en el desierto, jurando que no les dejaría entrar en la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más hermosa de todas las tierras. 16 Pues habían despreciado mis normas, no se habían conducido según mis preceptos y habían profanado mis sábados; porque su corazón se iba tras sus basuras. 17 Pero tuve una mirada de piedad para no exterminarlos, y no acabé con ellos en el desierto. 18 Y dije a sus hijos en el desierto: No sigáis las reglas de vuestros padres, no imitéis sus normas, no os contaminéis con sus basuras. 19 Yo soy Yahveh, vuestro Dios. Seguid mis preceptos, guardad mis normas y ponedlas en práctica. 20 Santificad mis sábados; que sean una señal entre yo y vosotros, para que se sepa que yo soy Yahveh, vuestro Dios.

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21 Pero los hijos se rebelaron contra mí, no se condujeron según mis preceptos, no guardaron ni pusieron en práctica mis normas, aquéllas por las que vive el hombre, si las pone en práctica, y profanaron mis sábados. Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi cólera, en el desierto. 22 Pero retiré mi mano y tuve consideración a mi nombre, procediendo de modo que no fuese profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los había sacado. 23 Pero una vez más alcé mi mano hacia ellos, en el desierto, jurando dispersarlos entre las naciones y esparcirlos por los países. 24 Porque no habían puesto en práctica mis normas, habían despreciado mis preceptos y profanado mis sábados, y sus ojos se habían ido tras las basuras de sus padres. 25 E incluso llegué a darles preceptos que no eran buenos y normas con las que no podrían vivir, 26 y los contaminé con sus propias ofrendas, haciendo que pasaran por el fuego a todo primogénito, a fin de infundirles horror, para que supiesen que yo soy Yahveh. 27 Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: En esto todavía me ultrajaron vuestros padres siéndome infieles. 28 Yo les conduje a la tierra que, mano en alto, había jurado darles. Allí vieron toda clase de colinas elevadas, toda suerte de árboles frondosos, y en ellos ofrecieron sus sacrificios y presentaron sus ofrendas provocadoras; allí depositaron el calmante aroma y derramaron sus libaciones. 29 Y yo les dije: ¿Qué es el alto adonde vosotros vais?; y se le puso el nombre de = Bamá =, hasta el día de hoy. 30 Pues bien, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Conque vosotros os contamináis conduciéndoos como vuestros padres, prostituyéndoos detrás de sus monstruos, 31 presentando vuestras ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos por el fuego; os contamináis con todas vuestras basuras, hasta el día de hoy, ¿y yo voy a dejarme consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no me dejaré consultar por vosotros. 32 Y no se realizará jamás lo que se os pasa por la imaginación, cuando decís: «Seremos como las naciones, como las tribus de los otros países, adoradores del leño y de la piedra.» 33 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo reinaré sobre vosotros, con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado. 34 Os haré salir de entre los pueblos y os reuniré de los países donde fuisteis dispersados, con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado; 35 os conduciré al desierto de los pueblos y allí os juzgaré cara a cara. 36 Como juzgué a vuestros padres en el desierto de Egipto, así os juzgaré a vosotros, oráculo del Señor Yahveh. 37 Os haré pasar bajo el cayado y os haré entrar por el aro de la alianza; 38 separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se han rebelado contra mí: les haré salir del país en que residen, pero no entrarán en la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahveh. 39 En cuanto a vosotros, casa de Israel, así dice el Señor Yahveh: Que vaya cada uno a servir a sus basuras; después, yo juro que me escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestras basuras. 40 Porque será en mi santa montaña, en la alta montaña de Israel - oráculo del Señor Yahveh - donde me servirá toda la casa de Israel, toda ella en esta tierra. Allí los acogeré

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amorosamente y allí solicitaré vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas santas. 41 Como calmante aroma yo os acogeré amorosamente, cuando os haya hecho salir de entre los pueblos, y os reúna de en medio de los países en los que habéis sido dispersados; y por vosotros me mostraré santo a los ojos de las naciones. 42 Sabréis que yo soy Yahveh, cuando os conduzca al suelo de Israel, a la tierra que, mano en alto, juré dar a vuestros padres. 43 Allí os acordaréis de vuestra conducta y de todas las acciones con las que os habéis contaminado, y cobraréis asco de vosotros mismos por todas las maldades que habéis cometido. 44 Sabréis que yo soy Yahveh, cuando actúe con vosotros por consideración a mi nombre, y no con arreglo a vuestra mala conducta y a vuestras corrompidas acciones, casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 21
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el mediodía, destila tus palabras hacia el sur, profetiza contra el bosque de la región del Négueb. 3 Dirás al bosque del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol verde y todo árbol seco; será una llama que no se apagará, y arderá todo, desde el Négueb hasta el Norte. 4 Todo el mundo verá que yo, Yahveh, lo he encendido; y no se apagará. 5 - Yo dije: ¡Ah, Señor Yahveh!, ésos andan diciendo de mí: «¿No es éste un charlatán de parábolas?» - 6 Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 7 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Jerusalén, destila tus palabras hacia su santuario y profetiza contra la tierra de Israel. 8 Dirás a la tierra de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti; voy a sacar mi espada de la vaina y extirparé de ti al justo y al malvado. 9 Para extirpar de ti al justo y al malvado va a salir mi espada de la vaina, contra toda carne, desde el Négueb hasta el Norte. 10 Y todo el mundo sabrá que yo, Yahveh, he sacado mi espada de la vaina; no será envainada. 11 Y tú, hijo de hombre, lanza gemidos, con corazón quebrantado. Lleno de amargura, lanzarás gemidos ante sus ojos. 12 Y si acaso te dicen: «¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por causa de una noticia a cuya llegada todos los corazones desfallecerán, desmayarán todos los brazos, todos los espíritus se amilanarán, y todas las rodillas se irán en agua. Ved que ya llega; es cosa hecha, oráculo del Señor Yahveh.» 13 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 14 Hijo de hombre, profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada, espada! Afilada está, bruñida. 15 Para la matanza está afilada, para centellear está bruñida... 16 Se la ha hecho bruñir para empuñarla; ha sido afilada la espada, ha sido bruñida para ponerla en mano de matador. 17 Grita, da alaridos, hijo de hombre, porque está destinada a mi pueblo, a todos los príncipes de Israel destinados a la espada con mi pueblo. Por eso golpéate el pecho, 18 pues la prueba está hecha... oráculo del Señor Yahveh.

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19 Y tú, hijo de hombre, profetiza y bate palmas. ¡Golpee la espada dos, tres veces, la espada de las víctimas, la espada de la gran víctima, que les amenaza en torno! 20 A fin de que desmaye el corazón y abunden las ocasiones de caída, en todas las puertas he puesto yo matanza por la espada, hecha para centellear, bruñida para la matanza. 21 ¡Toma un rumbo: a la derecha, vuélvete a la izquierda, donde tus filos sean requeridos! 22 Yo también batiré palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he hablado. 23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 24 Y tú, hijo de hombre, marca dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia, que salgan los dos del mismo país, y marca una señalización, márcala en la cabecera del camino de la ciudad; 25 trazarás el camino para que venga la espada hacia Rabbá de los ammonitas y hacia Judá, a la fortaleza de Jerusalén. 26 Porque el rey de Babilonia se ha detenido en el cruce, en la cabecera de los dos caminos, para consultar a la suerte. Ha sacudido las flechas, ha interrogado a los terafim, ha observado el hígado. 27 En su mano derecha está la suerte de Jerusalén: para situar arietes, dar la orden de matanza, lanzar el grito de guerra, situar arietes contra las puertas, levantar un terraplén, hacer trincheras. 28 Para ellos y a sus ojos, no es más que un vano presagio: se les había dado un juramento. Pero él recuerda las culpas por las que caerán presos. 29 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haber hecho recordar vuestras culpas, descubriendo vuestros crímenes, haciendo aparecer vuestros pecados en todas vuestras acciones, y porque así se os ha recordado, caeréis presos en su mano. 30 En cuanto a ti, vil criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha llegado con la última culpa, 31 así dice el Señor Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá la corona, todo será transformado; lo humilde será elevado, lo elevado será humillado. 32 Ruina, ruina, ruina, eso es lo que haré con él, como jamás la hubo, hasta que llegue aquel a quien corresponde el juicio y a quien yo se lo entregaré. 33 Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a los ammonitas y sus burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está desenvainada para la matanza, bruñida para devorar, para centellear 34 - mientras se tienen para ti visiones vanas, y para ti se presagia la mentira -, para degollar a los viles criminales cuya hora ha llegado con la última culpa! 35 Vuélvela a la vaina. En el lugar donde fuiste creada, en tu tierra de origen, te juzgaré yo; 36 derramaré sobre ti mi ira, soplaré contra ti el fuego de mi furia, y te entregaré en manos de hombres bárbaros, agentes de destrucción. 37 Serás pasto del fuego, tu sangre correrá en medio del país, no quedará de ti recuerdo alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.

Ezequiel 22
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Y tú, hijo de hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Hazle saber todas sus abominaciones. 3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Ciudad que derramas sangre en medio de ti para que llegue tu hora, que haces basuras en tu suelo para contaminarte, 4 por la sangre que derramaste te has hecho culpable, con las basuras que hiciste te has contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el término de tus años. Por eso yo he hecho de ti la burla de las naciones y la irrisión de todos los países. 5 Próximos y lejanos, se reirán de ti, ciudad de nombre impuro, llena de desórdenes.

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6 Ahí están dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según su poder, sólo ocupados en derramar sangre. 7 En ti se desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al forastero residente, en ti se oprime al huérfano y a la viuda. 8 No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados. 9 Hay en ti gente que calumnia para verter sangre. En ti se come en los montes, y se comete infamia. 10 En ti se descubre la desnudez del propio padre, en ti se hace violencia a la mujer en estado de impureza. 11 Un comete abominación con la mujer de su prójimo, el otro se contamina de manera infame con su nuera, otro hace violencia a su hermana, la hija de su propio padre; 12 en ti se acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e interés, explotas a tu prójimo con violencia, y te has olvidado de mí, oráculo del Señor Yahveh. 13 Mira, yo voy a batir palmas a causa de los actos de pillaje que has cometido y de la sangre que corre en medio de ti. 14 ¿Podrá tu corazón resistir y tus manos seguir firmes el día en que yo actúe contra ti? Yo, Yahveh, he hablado y lo haré. 15 Te dispersaré entre las naciones, te esparciré por los países, borraré la impureza que hay en medio de ti, 16 por ti misma te verás profanada a los ojos de las naciones, y sabrás que yo soy Yahveh. 17 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos son cobre, estaño, hierro, plomo, en medio de un horno; ¡escoria son! 19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haberos convertido todos vosotros en escoria, por eso voy a juntaros en medio de Jerusalén. 20 Como se pone junto plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el horno, y se atiza el fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en mi cólera y mi furor; os pondré y os fundiré. 21 Os reuniré, atizaré contra vosotros el fuego de mi furia, y os fundiré en medio de la ciudad. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos vosotros en medio de ella, y sabréis que yo, Yahveh, he derramado mi furor sobre vosotros. 23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 24 Hijo de hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia ni inundación en el día de la Ira; 25 los príncipes que en ella residen son como un león rugiente que desgarra su presa. Han devorado a la gente, se han apoderado de haciendas y joyas, han multiplicado las viudas en medio de ella. 26 Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos para no ver mis sábados, y yo he sido deshonrado en medio de ellos. 27 Sus jefes, en medio de ella, son como lobos que desgarran su presa, que derraman sangre, matando a las personas para robar sus bienes. 28 Sus profetas los han recubierto de argamasa con sus vanas visiones y sus presagios mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor Yahveh», cuando Yahveh no había hablado. 29 El pueblo de la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje, ha oprimido al pobre y al indigente, ha maltratado al forastero sin ningún derecho.

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30 He buscado entre ellos alguno que construyera un muro y se mantuviera de pie en la brecha ante mí, para proteger la tierra e impedir que yo la destruyera, y no he encontrado a nadie. 31 Entonces he derramado mi ira sobre ellos; en el fuego de mi furia los he exterminado: he hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 23
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre: Había dos mujeres, hijas de la misma madre. 3 Se prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí fueron palpados sus pechos y acariciado su seno virginal. 4 Estos eran sus nombres: Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana. Fueron mías y dieron a luz hijos e hijas. Sus nombres: Oholá es Samaria; Oholibá, Jerusalén. 5 Oholá se prostituyó cuando me pertenecía a mí; se enamoró perdidamente de sus amantes, los asirios sus vecinos, 6 vestidos de púrpura, gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes apuestos y hábiles caballeros. 7 Les otorgó sus favores - eran todos ellos la flor de los asirios - y, con todos aquellos de los que se había enamorado, se contaminó al contacto de todas sus basuras. 8 No cejó en sus prostituciones comenzadas en Egipto, donde se habían acostado con ella en su juventud, acariciando su seno virginal, y desahogando con ella su lascivia. 9 Por eso yo la entregué en manos de sus amantes, en manos de los asirios de los que se había enamorado. 10 Estos descubrieron su desnudez, se llevaron a sus hijos y sus hijas, y a ella misma la mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para las mujeres, porque se había hecho justicia de ella. 11 Su hermana Oholibá vio esto, pero su pasión y sus prostituciones fueron todavía más escandalosas que las de su hermana. 12 Se enamoró de los asirios, gobernadores y prefectos, vecinos suyos, magníficamente vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes apuestos. 13 Yo vi que estaba impura; la conducta era la misma para las dos, 14 pero ésta superó sus prostituciones: vio hombres pintados en la pared, figuras de caldeos pintadas con bermellón, 15 con cinto en las caderas y amplios turbantes en sus cabezas, con aspecto de escuderos todos ellos, que representaban a los babilonios, caldeos de origen, 16 y en cuanto los vio se enamoró de ellos y les envió mensajeros a Caldea. 17 Los babilonios vinieron donde ella, a compartir el lecho de los amores y a contaminarla con su lascivia; y cuando se contaminó con ellos, su deseo se apartó de ellos. 18 Dejó así al descubierto sus prostituciones y su desnudez; y yo me aparté de ella como me había apartado de su hermana. 19 Pero ésta multiplicó sus prostituciones, acordándose de los días de su juventud, cuando se prostituía en el país de Egipto, 20 y se enamoraba de aquellos disolutos de carne de asnos y miembros de caballos. 21 Has renovado así la inmoralidad de tu juventud, cuando en Egipto acariciaban tu busto palpando tus pechos juveniles. 22 Pues bien, Oholibá, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo suscito contra ti a todos tus amantes, de los que te has apartado; los voy a traer contra ti de todas partes,

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23 a los babilonios y a todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de Coa, y con ellos a todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y prefectos, todos ellos escuderos de título y hábiles caballeros; 24 y vendrán contra ti desde el norte carros y carretas, con una asamblea de pueblos. Por todas partes te opondrán el pavés, el escudo y el yelmo. Yo les daré el encargo de juzgarte y te juzgarán conforme a su derecho. 25 Desencadenaré mis celos contra ti, y te tratarán con furor, te arrancarán la nariz y las orejas, y lo que quede de los tuyos caerá a espada; se llevarán a tus hijos y a tus hijas, y lo que quede de los tuyos será devorado por el fuego. 26 Te despojarán de tus vestidos y se apoderarán de tus joyas. 27 Yo pondré fin a tu inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas en Egipto; no levantarás más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte de Egipto. 28 Porque así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego en manos de los que detestas, en manos de aquellos de los que te has apartado. 29 Ellos te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu trabajo y te dejarán completamente desnuda. Así quedará al descubierto la vergüenza de tus prostituciones. Tu inmoralidad y tus prostituciones 30 te han acarreado todo esto, por haberte prostituido a las naciones, por haberte contaminado con sus basuras. 31 Has imitado la conducta de tu hermana, y yo pondré su cáliz en tu mano. 32 Así dice el Señor Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz ancho y profundo, que servirá de burla e irrisión, tan grande es su cabida. 33 Te empaparás de embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y de angustia, el cáliz de tu hermana Samaria. 34 Lo beberás, lo apurarás; roerás hasta los cascotes, y te desgarrarás el seno. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. 35 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado y me has arrojado a tus espaldas, carga tú también con tu inmoralidad y tus prostituciones. 36 Después, Yahveh me dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y Oholibá? Repróchales sus abominaciones. 37 Han cometido adulterio, están ensangrentadas sus manos, han cometido adulterio con sus basuras, y hasta a sus hijos, que me habían dado a luz, los han hecho pasar por el fuego como alimento para ellas. 38 Han llegado a hacerme hasta esto: han contaminado mi santuario en este día y han profanado mis sábados; 39 después de haber inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día, han entrado en mi santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en mi propia casa. 40 Más aún, mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos, enviándoles un mensajero, y cuando vinieron te bañaste, te pintaste los ojos y te pusiste las joyas; 41 luego te reclinaste en un espléndido diván, ante el cual estaba aderezada una mesa en la que habías puesto mi incienso y mi aceite. 42 Se oía allí el ruido de una turba indolente, por la multitud de hombres, de bebedores traídos del desierto; ponían ellos brazaletes en las manos de ellas y una corona preciosa en su cabeza. 43 Y yo decía de aquella que estaba gastada de adulterios: Todavía sigue entregándose a sus prostituciones, 44 y vienen donde ella, como se viene donde una prostituta. Así han venido donde Oholá y Oholibá, estas mujeres depravadas.

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45 Pero hay hombres justos que les aplicarán el juicio reservado a las adúlteras y a las que derraman sangre, porque ellas son adúlteras y hay sangre en sus manos. 46 Porque así dice el Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una asamblea para entregarlas al terror y al pillaje, 47 y la asamblea las matará a pedradas y las acribillará a golpes de espada; matarán a sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus casas. 48 Yo pondré fin a la inmoralidad en esta tierra; todas las mujeres quedarán así avisadas y no imitarán vuestra inmoralidad. 49 Se hará recaer sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los pecados cometidos con vuestras basuras, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh.

Ezequiel 24
1 El año noveno, el día diez del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, escribe la fecha de hoy, de este mismo día, porque el rey de Babilonia se ha lanzado sobre Jerusalén precisamente en este día. 3 Compón una parábola sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua en ella. 4 Amontona dentro trozos de carne, todos los trozos buenos, pierna y espalda. Llénala de los huesos mejores. 5 Toma lo mejor del ganado menor. Apila en torno la leña debajo, hazla hervir a borbotones, de modo que hasta los huesos se cuezan. 6 Porque así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla toda roñosa, cuya herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella! 7 Porque su sangre está en medio de ella, la ha esparcido sobre la roca desnuda, no la ha derramado en la tierra recubriéndola de polvo. 8 Para que el furor desborde, para tomar venganza, he puesto yo su sangre sobre roca desnuda, para que no fuera recubierta. 9 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo voy a hacer un gran montón de leña. 10 Apila bien la leña, enciende el fuego, cuece la carne a punto, prepara las especias, que los huesos se abrasen. 11 Y mantén la olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se ponga al rojo el bronce, se funda dentro de ella su suciedad, y su herrumbre se consuma. 12 Pero ni por el fuego se va la herrumbre de la que está roñosa. 13 De la impureza de tu inmoralidad he querido purificarte, pero tú no te has dejado purificar de tu impureza. No serás, pues, purificada hasta que yo no desahogue mi furor en ti. 14 Yo, Yahveh, he hablado, y cumplo la palabra: no me retraeré, no tendré piedad ni me compadeceré. Según tu conducta y según tus obras te juzgarán, oráculo del Señor Yahveh. 15 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 16 «Hijo de hombre, mira, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos. Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima. 17 Suspira en silencio, no hagas duelo de muertos; ciñe el turbante a tu cabeza, ponte tus sandalias en los pies, no te cubras la barba, no comas pan ordinario.» 18 Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y al día siguiente por la mañana hice como se me había ordenado. 19 El pueblo me dijo: «¿No nos explicarás qué significado tiene para nosotros lo que estás haciendo?» 20 Yo les dije: «La palabra de Yahveh me ha sido dirigida en estos términos:

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21 Di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a profanar mi santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de vuestros ojos, pasión de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras hijas que habéis abandonado, caerán a espada. 22 Y vosotros haréis como yo he hecho: no os cubriréis la barba, no comeréis pan ordinario, 23 seguiréis llevando vuestros adornos en la cabeza y vuestras sandalias en los pies, no os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis a causa de vuestras culpas y gemiréis los unos con los otros. 24 Ezequiel será para vosotros un símbolo; haréis todo lo que él ha hecho. Y cuando esto suceda, sabréis que yo soy el Señor Yahveh.» 25 Y tú, hijo de hombre, el día en que yo les quite su apoyo, su alegre ornato, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y sus hijas, 26 ese día llegará donde ti el fugitivo que traerá la noticia. 27 Aquel día se abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no seguirás mudo; serás un símbolo para ellos, y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 25
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza contra ellos. 3 Dirás a los ammonitas: Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: Por haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario cuando era profanado, sobre la tierra de Israel cuando era devastada y sobre la casa de Judá cuando marchaba al destierro, 4 por eso, he aquí que yo te entrego en posesión a los hijos de Oriente; emplazarán en ti sus campamentos, y pondrán en ti sus tiendas; ellos comerán tus frutos y ellos beberán tu leche. 5 Yo haré de Rabbá un establo de camellos, y de las ciudades de Ammón un redil de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahveh. 6 Así dice el Señor Yahveh: Por haber batido palmas y haber pataleado, por haberte alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a costa de la tierra de Israel, 7 por eso, he aquí que yo extiendo mi mano contra ti y te entregaré al saqueo de las naciones, te extirparé de entre los pueblos y te exterminaré de entre los países. Te destruiré, y sabrás que yo soy Yahveh. 8 Así dice el Señor Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad, la casa de Judá es igual que todas las naciones», 9 por eso, he aquí que yo voy a abrir las espaldas de Moab, y a destruir de un extremo al otro sus ciudades, las joyas de ese país, Bet Hayesimot, Baal Meón, Quiryatáyim. 10 A los hijos de Oriente, además de los ammonitas, la entrego en posesión, para que no se recuerde más entre las naciones. 11 Haré justicia de Moab, y se sabrá que yo soy Yahveh. 12 Así dice el Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza sobre la casa de Judá y se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella, 13 por eso, así dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra Edom y extirparé de ella hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde Temán a Dedán caerán a espada. 14 Pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom según mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi venganza, oráculo del Señor Yahveh. 15 Así dice el Señor Yahveh: Porque los filisteos han actuado vengativamente y han ejecutado su venganza con desprecio y animosidad, tratando de destruir a impulsos de un odio eterno,

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16 por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo mi mano contra los filisteos; extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda en el litoral del mar. 17 Ejecutaré contra ellos terribles venganzas, furiosos escarmientos, y sabrán que yo soy Yahveh, cuando les aplique mi venganza.

Ezequiel 26
1 El año undécimo, el día primero del mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, porque Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja, ja! ahí está rota, la puerta de los pueblos; se vuelve hacia mí, su riqueza está en ruinas», 3 por eso, así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy a hacer subir contra ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus olas. 4 Derruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Yo barreré de ella hasta el polvo y la dejaré como roca pelada. 5 Quedará, en medio del mar, como un secadero de redes. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para las naciones. 6 Y sus hijas que están tierra adentro serán muertas a espada. Y se sabrá que yo soy Yahveh. 7 Pues así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra Tiro, por el norte, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y jinetes y gran número de tropas. 8 A tus hijas que están tierra adentro las matará a espada. Hará contra ti trincheras, levantará contra ti un terraplén, alzará contra ti un testudo, 9 lanzará los golpes de su ariete contra tus murallas, demolerá tus torres con sus máquinas. 10 Sus caballos son tan numerosos que su polvo te cubrirá. Al estrépito de su caballería, de sus carros y carretas, trepidarán tus murallas cuando entre él por tus puertas, como se entra en una ciudad, brecha abierta. 11 Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, a tu pueblo pasará a cuchillo, y tus grandiosas estelas se desplomarán en tierra. 12 Se llevarán como botín tus riquezas, saquearán tus mercancías, destruirán tus murallas, demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras, tus vigas y tus escombros los echarán al fondo de las aguas. 13 Yo haré cesar la armonía de tus canciones, y no se volverá a oír el son de tus cítaras. 14 Te convertiré en roca pelada, quedarás como secadero de redes; no volverás a ser reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado, oráculo del Señor Yahveh. 15 Así dice el Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, cuando giman las víctimas, cuando hierva la carnicería en medio de ti, ¿no temblarán las islas? 16 Bajarán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus mantos, dejarán sus vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se sentarán en tierra, sin tregua temblarán y quedarán pasmados por ti. 17 Entonarán por ti una elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás destruida, desaparecida de los mares, la ciudad famosa, que fue poderosa en el mar, con tus habitantes, los que infundían el terror en todo el continente. 18 Ahora tiemblan las islas en el día de tu caída, las islas del mar están aterradas de tu fin. 19 Porque así dice el Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en una ciudad en ruinas como las ciudades despobladas, cuando yo empuje sobre ti el océano, y te cubran las muchas aguas, 20 entonces te precipitaré con los que bajan a la fosa, con el pueblo de antaño; te haré habitar en los infiernos, como las ruinas de antaño, con los que bajan a la fosa, para que no vuelvas a ser restablecida en la tierra de los vivos.

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21 Haré de ti un objeto de espanto, y no existirás más. Se te buscará y no se te encontrará jamás, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 27
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Y tú, hijo de hombre, entona una elegía sobre Tiro. 3 Dirás a Tiro, la ciudad sentada a la entrada del mar, centro del tráfico de los pueblos hacia islas sin cuento: Así dice el Señor Yahveh: Tiro, tú decías: Yo soy un navío de perfecta hermosura. 4 En el corazón de los mares estaban tus fronteras. Tus fundadores hicieron perfecta tu hermosura. 5 Con cipreses de Senir te construyeron todas tus planchas. Del Líbano tomaron un cedro para erigirte un mástil. 6 De las encinas de Basán hicieron tus remos. El puente te lo hicieron de marfil incrustado en cedro de las islas de Kittim. 7 De lino recamado de Egipto era tu vela que te servía de enseña. Púrpura y escarlata de las islas de Elisá formaban tu toldo. 8 Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros. Y tus sabios, Tiro, iban a bordo como timoneles. 9 En ti estaban los ancianos de Guebal y sus artesanos para reparar tus averías. Todas las naves del mar y sus marineros estaban contigo para asegurar tu comercio. 10 Los de Persia, de Lud y de Put servían en tu ejército como hombres de guerra; suspendían en ti el escudo y el yelmo, te daban esplendor. 11 Los hijos de Arvad, con tu ejército, guarnecían por todas partes tus murallas, y los gammadeos tus torres. Suspendían sus escudos en tus murallas, todo alrededor, y hacían perfecta tu hermosura. 12 Tarsis era cliente tuya, por la abundancia de toda riqueza: plata, hierro, estaño y plomo daba por tus mercancías. 13 Yaván, Túbal y Mések traficaban contigo: te daban a cambio hombres y utensilios de bronce. 14 Los de Bet Togarmá daban por tus mercancías caballos de tiro y de silla, y mulos. 15 Los hijos de Rodán traficaban contigo; numerosas islas eran clientes tuyas; te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano. 16 Edom era cliente tuyo por la abundancia de tus productos: daba por tus mercancías malaquita, púrpura, recamados, batista, coral y rubíes. 17 Judá y la tierra de Israel traficaban también contigo: te daban a cambio trigo de Minnit, pannag, miel, aceite y resina. 18 Damasco era cliente tuya por la abundancia de tus productos; gracias a la abundancia de toda riqueza, te proveía de vino de Jelbón y lana de Sajar. 19 Dan y Yaván, desde Uzal, daban por tus mercancías hierro forjado, canela y caña. 20 Dedán traficaba contigo en sillas de montar. 21 Arabia y todos los príncipes de Quedar eran también tus clientes: pagaban con corderos, carneros y machos cabríos. 22 Los mercaderes de Sabá y de Ramá traficaban contigo: aromas de primera calidad y toda clase de piedras preciosas y oro daban por tus mercancías. 23 Jarán, Kanné y Edén, los mercaderes de Sabá, de Asur y de Kilmad traficaban contigo. 24 Traían a tu mercado vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado, tapices multicolores y maromas trenzadas.

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25 Las naves de Tarsis formaban tu flota comercial. Estabas repleta y pesada en el corazón de los mares. 26 A alta mar te condujeron los que a remo te llevaban. El viento de oriente te ha quebrado en el corazón de los mares. 27 Tus riquezas, tus mercancías y tus fletes, tus marineros y tus timoneles, tus calafates, tus agentes comerciales, todos los guerreros que llevas, toda la tripulación que transportas, se hundirán en el corazón de los mares el día de tu naufragio. 28 Al oír los gritos de tus marinos, se asustarán las costas. 29 Entonces desembarcarán de sus naves todos los remeros. Los marineros, todos los hombres de mar, se quedarán en tierra. 30 Lanzarán su clamor por ti, gritarán amargamente. Se echarán polvo en la cabeza, se revolcarán en la ceniza; 31 se raparán el pelo por tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por ti, en la amargura de su alma, con amargo lamento. 32 Entonarán por ti, en su duelo, una elegía, harán por ti esta lamentación: «¿Quién era semejante a Tiro en medio del mar? 33 Cuando tus mercancías se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de tus riquezas y productos enriquecías a los reyes de la tierra. 34 Mas ahora estás ahí quebrada por los mares en las honduras de las aguas. Tu carga y toda tu tripulación se han hundido contigo. 35 Todos los habitantes de las islas están pasmados por tu causa. Sus reyes están estremecidos de terror, descompuesto su rostro. 36 Los mercaderes de los pueblos silban sobre ti, porque te has convertido en objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.» Ezequiel 28 1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así dice el Señor Yahveh: ¡Oh!, tu corazón se ha engreído y has dicho: «Soy un dios, estoy sentado en un trono divino, en el corazón de los mares.» Tú que eres un hombre y no un dios, equiparas tu corazón al corazón de Dios. 3 ¡Oh sí, eres más sabio que Danel! Ningún sabio es semejante a ti. 4 Con tu sabiduría y tu inteligencia te has hecho una fortuna, has amontonado oro y plata en tus tesoros. 5 Por tu gran sabiduría y tu comercio has multiplicado tu fortuna, y por su fortuna se ha engreído tu corazón. 6 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Porque has equiparado tu corazón al corazón de Dios, 7 por eso, he aquí que yo traigo contra ti extranjeros, los más bárbaros entre las naciones. Desenvainarán la espada contra tu linda sabiduría, y profanarán tu esplendor; 8 te precipitarán en la fosa, y morirás de muerte violenta en el corazón de los mares. 9 ¿Podrás decir aún: «Soy un dios», ante tus verdugos? Pero serás un hombre, que no un dios, entre las manos de los que te traspasen. 10 Tendrás la muerte de los incircuncisos, a manos de extranjeros. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. 11 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 12 Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. 13 En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita,

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esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. 14 Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. 15 Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. 16 Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. 17 Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. 18 Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. 19 Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre. 20 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 21 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella. 22 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Sidón; en medio de ti seré glorificado. Se sabrá que yo soy Yahveh, cuando yo haga justicia de ella y manifieste en ella mi santidad. 23 Mandaré contra ella la peste, habrá sangre en sus calles; las víctimas caerán en medio de ella, bajo la espada que la cercará por todas partes, y se sabrá que yo soy Yahveh. 24 No habrá más, para la casa de Israel, espina que punce ni zarza que lacere, entre todos sus vecinos que la desprecian, y se sabrá que yo soy el Señor Yahveh. 25 Así dice el Señor Yahveh: Cuando yo reúna a la casa de Israel de en medio de los pueblos donde está dispersa, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de las naciones. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob; 26 habitarán allí con seguridad, construirán casas y plantarán viñas; vivirán seguros. Cuando yo haga justicia de todos sus vecinos que los desprecian, se sabrá que yo soy Yahveh su Dios.

Ezequiel 29
1 El año décimo, el día doce del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. 3 Habla y di: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, gran cocodrilo, recostado en medio de sus Nilos, tú que has dicho: «Mi Nilo es mío. yo mismo lo he hecho.» 4 Voy a ponerte garfios en las quijadas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos, te sacaré fuera de tus Nilos, con todos los peces de tus Nilos, pegados a tus escamas. 5 Te arrojaré al desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos. En la haz del campo caerás, no serás recogido ni enterrado. A las bestias de la tierra y a las aves del cielo te entregaré como pasto, 6 y sabrán todos los habitantes de Egipto que yo soy Yahveh. Porque has sido un apoyo de caña para la casa de Israel; 7 cuando ellos te agarraban, te rompías en sus manos y desgarrabas toda su palma; cuando se apoyaban en tí, te hacías pedazos y hacías vacilar todos los riñones.

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8 Por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra ti la espada, para extirpar de ti hombres y bestias. 9 El país de Egipto se convertirá en desolación y ruina, y se sabrá que yo soy Yahveh. Por haber dicho: «El Nilo es mío, yo mismo lo he hecho», 10 por eso, aquí estoy yo contra ti y contra tus Nilos. Convertiré el país de Egipto en ruinas, devastación y desolación, desde Migdol hasta Siene y hasta la frontera de Etiopía. 11 No pasará por él pie de hombre, pie de animal no pasará por él. Quedará deshabitado durante cuarenta años. 12 Yo haré del país de Egipto una desolación en medio de países desolados; sus ciudades serán una desolación entre ciudades en ruinas, durante cuarenta años. Dispersaré a los egipcios entre las naciones y los esparciré por los países. 13 Porque así dice el Señor Yahveh: Al cabo de cuarenta años, reuniré a los habitantes de Egipto de entre los pueblos en los que habían sido dispersados. 14 Recogeré a los cautivos egipcios y los haré volver al país de Patrós, su país de origen. Allí formarán un reino modesto. 15 Egipto será el más modesto de los reinos y no se alzará más sobre las naciones; le haré pequeño para que no vuelva a imponerse a las naciones. 16 No volverá a ser para la casa de Israel apoyo de su confianza, que provoque el delito de irse en pos de él. Y se sabrá que yo soy el Señor Yahveh. 17 El año veintisiete, el día uno del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 18 Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha emprendido con su ejército grandes movimientos contra Tiro. Todas las cabezas han quedado peladas y todas las espaldas llagadas, pero no ha obtenido de Tiro, ni para sí ni para su ejército, ningún provecho de la empresa acometida contra ella. 19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo entrego a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el país de Egipto. El saqueará sus riquezas, se apoderará de sus despojos y se llevará su botín, que será la paga de su ejército. 20 En compensación de su esfuerzo contra Tiro, yo le entrego el país de Egipto, porque han trabajado para mí, oráculo del Señor Yahveh. 21 Aquel día yo haré brotar un cuerno a la casa de Israel, y a ti te permitiré abrir la boca en medio de ellos. Y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 30
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh: Gemid: «¡Ah, el día aquel!» 3 Porque está cercano el día, está cercano el día de Yahveh, día cargado de nubarrones, la hora de las naciones será. 4 Vendrá la espada sobre Egipto, cundirá el pánico en Kus, cuando las víctimas caigan en Egipto, cuando sean saqueadas sus riquezas y sus cimientos derruidos. 5 Kus, Put y Lud, toda Arabia y Kub, y los hijos del país de la alianza, caerán con ellos a espada. 6 Así dice Yahveh: Caerán los apoyos de Egipto, se desplomará el orgullo de su fuerza; desde Migdol a Siene, caerán todos a espada, oráculo del Señor Yahveh. 7 Quedarán desolados entre los países desolados, y sus ciudades estarán entre las ciudades en ruinas. 8 Sabrán que yo soy Yahveh, cuando prenda fuego a Egipto, y se rompan todos sus apoyos.

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9 Aquel día saldrán de mi presencia mensajeros en navíos a sembrar el terror en Kus que se cree segura. Cundirá el pánico entre sus habitantes, en el día de Egipto, vedle aquí que llega. 10 Así dice el Señor Yahveh: Yo pondré fin a la multitud de Egipto, por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia. 11 El, y su pueblo con él, la más bárbara de las naciones, serán enviados a asolar el país. Desenvainarán la espada contra Egipto, y llenarán el país de víctimas. 12 Yo dejaré secos los Nilos, y venderé el país en manos de malvados. Devastaré el país y todo lo que encierra, por mano de extranjeros. Yo, Yahveh, he hablado. 13 Así dice el Señor Yahveh: Haré desaparecer las basuras, y pondré fin a los falsos dioses de Nof. No habrá más príncipes en Egipto, y yo sembraré el terror en el país de Egipto. 14 Devastaré Patrós, prenderé fuego a Soán, haré justicia de No. 15 Derramaré mi furor en Sin, la fortaleza de Egipto, exterminaré la multitud de No. 16 Prenderé fuego a Egipto. Sin se retorcerá de dolor, en No se abrirá brecha y cundirán las aguas. 17 Los jóvenes de On y de Pi Béset caerán a espada, y las ciudades mismas partirán al cautiverio. 18 En Tafnis el día se convertirá en tinieblas cuando yo quiebre allí el yugo de Egipto y se acabe el orgullo de su fuerza. A ella le cubrirá un nubarrón, y sus hijas partirán al cautiverio. 19 Así haré justicia de Egipto, y se sabrá que yo soy Yahveh. 20 El año undécimo, el día siete del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 21 Hijo de hombre, yo he roto el brazo de Faraón, rey de Egipto, y he aquí que nadie ha curado su herida aplicándole medicamentos y vendas para curarle, de modo que recobre el vigor para empuñar la espada. 22 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra Faraón, rey de Egipto; quebraré sus brazos, el que está sano y el que está roto, y haré que la espada caiga de su mano. 23 Dispersaré a Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países. 24 Robusteceré los brazos del rey de Babilonia, pondré mi espada en su mano y romperé los brazos de Faraón, que lanzará ante él gemidos de víctima. 25 Robusteceré los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón desmayarán. Y se sabrá que yo soy Yahveh, cuando pongo mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la esgrima contra el país de Egipto. 26 Dispersaré a Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países; y se sabrá que yo soy Yahveh.

Ezequiel 31
1 El año undécimo, el día uno del tercer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, di a Faraón, rey de Egipto, y a la multitud de sus súbditos: ¿A quién compararte en tu grandeza? 3 Mira: a un cedro del Líbano de espléndido ramaje, de fronda de amplia sombra y de elevada talla. Entre las nubes despuntaba su copa. 4 Las aguas le hicieron crecer, el abismo le hizo subir, derramando sus aguas en torno a su plantación, enviando sus acequias a todos los árboles del campo. 5 Por eso su tronco superaba en altura a todos los árboles del campo,

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sus ramas se multiplicaban, se alargaba su ramaje, por la abundancia de agua que le hacía crecer. 6 En sus ramas anidaban todos los pájaros del cielo, bajo su fronda parían todas las bestias del campo, a su sombra se sentaban naciones numerosas. 7 Era hermoso en su grandeza, en su despliegue de ramaje, porque sus raíces se alargaban hacia aguas abundantes. 8 No le igualaban los demás cedros en el jardín de Dios, los cipreses no podían competir con su ramaje, los plátanos no tenían ramas como las suyas. Ningún árbol, en el jardín de Dios, le igualaba en belleza. 9 Yo le había embellecido con follaje abundante, y le envidiaban todos los árboles de Edén, los del jardín de Dios. 10 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por haber exagerado su talla, levantando su copa por entre las nubes, y haberse engreído su corazón de su altura, 11 yo le he entregado en manos del conductor de las naciones, para que le trate conforme a su maldad; ¡le he desechado! 12 Extranjeros, los más bárbaros entre las naciones, lo han talado y lo han abandonado. En los montes y por todos los valles yace su ramaje; sus ramas están destrozadas por todos los barrancos del país; toda la población del país se ha retirado de su sombra y lo ha abandonado. 13 Sobre sus despojos se han posado todos los pájaros del cielo, a sus ramas han venido todas las bestias del campo. 14 Ha sido para que ningún árbol plantado junto a las aguas se engría de su talla, ni levante su copa por entre las nubes, y para que ningún árbol bien regado se estire hacia ellas con su altura. ¡Porque todos ellos están destinados a la muerte, a los infiernos, como el común de los hombres, como los que bajan a la fosa! 15 Así dice el Señor Yahveh: El día que bajó al seol, en señal de duelo yo cerré sobre él el abismo, detuve sus ríos, y las aguas abundantes cesaron; por causa de él llené de sombra el Líbano, y todos los árboles del campo se amustiaron por él. 16 Hice temblar a las naciones por el estrépito de su caída, cuando le precipité en el seol, con los que bajan a la fosa. En los infiernos se consolaron todos los árboles de Edén, lo más selecto y más bello del Líbano, regados todos por las aguas. 17 Y al mismo tiempo que él, bajaron al seol, donde las víctimas de la espada, los que eran su brazo y moraban a su sombra en medio de las naciones. 18 ¿A quién eras comparable en gloria y en grandeza, entre los árboles de Edén? Sin embargo has sido precipitado, con los árboles de Edén, en los infiernos; en medio de incircuncisos yaces, con las víctimas de la espada: ése es Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 32
1 El año duodécimo, el día uno del duodécimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, entona una elegía sobre Faraón, rey de Egipto. Le dirás: Leoncillo de las naciones, estás perdido. Eras como un cocodrilo en los mares, chapoteabas en tus ríos, enturbiabas el agua con tus patas, agitabas su corriente. 3 Así dice el Señor Yahveh: Yo echaré sobre ti mi red entre una asamblea de pueblos numerosos, en mi red te sacarán. 4 Te dejaré abandonado por tierra, te tiraré sobre la haz del campo,

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haré que se posen sobre ti todos los pájaros del cielo, hartaré de ti a todas las bestias de la tierra. 5 Echaré tu carne por los montes, de tu carroña llenaré los valles. 6 Regaré el país con tus despojos, con tu sangre, sobre los montes, y los barrancos se llenarán de ti. 7 Cuando te extingas, velaré los cielos y oscureceré las estrellas. Cubriré el sol de nubes y la luna no dará más su claridad. 8 Oscureceré por tu causa todos los astros que brillan en el cielo, y traeré tinieblas sobre tu país, oráculo del Señor Yahveh. 9 Entristeceré el corazón de muchos pueblos cuando haga llegar la noticia de tu ruina entre las naciones, hasta países que no conoces. 10 Dejaré pasmados por ti a muchos pueblos, y sus reyes se estremecerán de horror por tu causa, cuando yo blanda mi espada ante ellos. Temblarán sin tregua, cada uno por su vida, el día de tu caída. 11 Porque así dice el Señor Yahveh: La espada del rey de Babilonia caerá sobre ti. 12 Abatiré la multitud de tus súbditos, por la espada de guerreros, todos ellos los más bárbaros de las naciones; arrasarán el orgullo de Egipto y toda su multitud será exterminada. 13 Y haré perecer a todo tu ganado, junto a las aguas abundantes. No las enturbiará más pie de hombre, no volverá a enturbiarlas pezuña de animal. 14 Entonces yo amansaré sus aguas, haré correr sus ríos como aceite, oráculo del Señor Yahveh. 15 Cuando yo convierta a Egipto en desolación, y el país sea despojado de cuanto contiene, cuando hiera a todos los que lo habitan, sabrán que yo soy Yahveh. 16 Una elegía es ésta, que cantarán las hijas de las naciones. La cantarán sobre Egipto y sobre toda su multitud. Cantarán esta elegía, oráculo del Señor Yahveh. 17 El año duodécimo, el quince del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 18 Hijo de hombre, haz una lamentación sobre la multitud de Egipto, hazle bajar, a él y a las hijas de las naciones, majestuosas, a los infiernos, con los que bajan a la fosa. 19 ¿A quién superas en belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos. 20 En medio de las víctimas de la espada caen (la espada ha sido entregada, la han sacado) él y todas sus multitudes. 21 Le hablan de en medio del seol los más esclarecidos héroes, con sus auxiliares: «Han bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la espada». 22 Allí está Asur y toda su asamblea con sus sepulcros en torno a él, todos caídos, víctimas de la espada; 23 sus sepulcros han sido puestos en las profundidades de la fosa, y su asamblea está en torno a su sepulcro, todos caídos víctimas de la espada, los que sembraban el pánico en la tierra de los vivos. 24 Allí está Elam con toda su multitud en torno a su sepulcro; todos caídos víctimas de la espada, han bajado, incircuncisos, a los infiernos, ellos que sembraban el pánico en la tierra de los vivos. Soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. 25 En medio de estas víctimas se le ha preparado un lecho, entre toda su multitud con sus sepulcros en torno a él; todos ellos incircuncisos, víctimas de la espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos; soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. Se les ha puesto en medio de estas víctimas.

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26 Allí están Mesek, Túbal y toda su multitud con sus sepulcros en torno a él, todos incircuncisos, atravesados por la espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos. 27 No yacen con los héroes caídos de antaño, aquellos que bajaron al seol con sus armas de guerra, a los que se les ha puesto la espada bajo su cabeza y los escudos sobre sus huesos, porque el pánico de los héroes cundía en la tierra de los vivos. 28 Pero tú serás quebrantado en medio de incircuncisos y yacerás con las víctimas de la espada. 29 Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos, a pesar de su prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre incircuncisos, con los que bajan a la fosa. 30 Allí están todos los príncipes del norte, todos los sidonios, que bajaron con las víctimas, a pesar del pánico que sembraba su prepotencia. Confundidos, yacen, incircuncisos, entre las víctimas de la espada, y soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. 31 Faraón los verá y se consolará a la vista de toda esa multitud, víctima de la espada, Faraón y todo su ejército, oráculo del Señor Yahveh. 32 Porque había sembrado el pánico en la tierra de los vivos, será tendido en medio de incircuncisos, con las víctimas de la espada: Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 33
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo. Les dirás: Si yo hago venir la espada sobre un país, y la gente de ese país escoge a uno de los suyos y le ponen como centinela; 3 y éste, al ver venir la espada sobre el país, toca el cuerno para advertir al pueblo: 4 si resulta que alguien oye bien el sonido del cuerno, pero no hace caso, de suerte que la espada sobreviene y le mata, la sangre de este hombre recaerá sobre su propia cabeza. 5 Ha oído el sonido del cuerno y no ha hecho caso: su sangre recaerá sobre él. En cambio, el que haya hecho caso, salvará su vida. 6 Si, por el contrario, el centinela ve venir la espada y no toca el cuerno, de suerte que el pueblo no es advertido, y la espada sobreviene y mata a alguno de ellos, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre yo pediré cuentas al centinela. 7 A ti, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte. 8 Si yo digo al malvado: «Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. 9 Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu vida. 10 Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: Vosotros andáis diciendo: «Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos consumimos. ¿Cómo podremos vivir?» 11 Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?» 12 Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el día de su perversión, ni la maldad del malvado le hará sucumbir el día en que se aparte de su maldad. Pero tampoco el justo vivirá en virtud de su justicia el día en que peque.

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13 Si yo digo al justo: «Vivirás», pero él, fiándose de su justicia, comete la injusticia, no quedará memoria de toda su justicia, sino que morirá por la injusticia que cometió. 14 Y si digo al malvado: «Vas a morir», y él se aparta de pecado y practica el derecho y la justicia, 15 si devuelve la prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos que dan la vida y deja de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no morirá. 16 Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más: ha observado el derecho y la justicia; ciertamente vivirá. 17 Y los hijos de tu pueblo dicen: «No es justo el proceder del Señor.» El proceder de ellos es el que no es justo. 18 Cuando el justo se aparta de su justicia para cometer injusticia, muere por ello. 19 Y cuando el malvado se aparta de su maldad y observa el derecho y la justicia, vive por ello. 20 Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.» Yo os juzgaré, a cada uno según su conducta, casa de Israel. 21 El año duodécimo, el día cinco del décimo mes de nuestra cautividad, llegó donde mí el fugitivo de Jerusalén y me anunció: «La ciudad ha sido tomada.» 22 La mano de Yahveh había venido sobre mí, la tarde antes de llegar el fugitivo, y me había abierto la boca para cuando éste llegó donde mí por la mañana; mi boca se abrió y no estuve más mudo. 23 Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 24 Hijo de hombre, los que habitan esas ruinas, en el suelo de Israel, dicen: «Uno solo era Abraham y obtuvo en posesión esta tierra. Nosotros somos muchos; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.» 25 Pues bien, diles: Así dice el Señor Yahveh: Vosotros coméis con sangre, alzáis los ojos hacia vuestras basuras, derramáis sangre, ¡y vais a poseer esta tierra! 26 Confiáis en vuestras espadas, cometéis abominación, cada cual contamina a la mujer de su prójimo, ¡y vais a poseer esta tierra! 27 Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: Por mi vida, que los que están entre las ruinas caerán a espada, a los que andan por el campo los entregaré a las bestias como pasto, y los que están en las escarpaduras y en las cuevas morirán de peste. 28 Convertiré esta tierra en soledad desolada, y se acabará el orgullo de su fuerza. Los montes de Israel serán devastados y nadie pasará más por ellos. 29 Y se sabrá que yo soy Yahveh, cuando convierta esta tierra soledad desolada, por todas las abominaciones que han cometido. 30 En cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti a la vera de los muros y a las puertas de las casas. Se dicen unos a otros: «Vamos a escuchar qué palabra viene de parte de Yahveh.» 31 Y vienen a ti en masa, y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no las ponen en práctica. Porque hacen amores con su boca, pero su corazón sólo anda buscando su interés. 32 Tú eres para ellos como una canción de amor, graciosamente cantada, con acompañamiento de buena música. Escuchan tus palabras, pero no hay quien las cumpla. 33 Mas cuando todo esto llegue - y he aquí que ya llega -, sabrán que había un profeta en medio de ellos.

Ezequiel 34
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1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? 3 Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño. 4 No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza. 5 Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas. 6 Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca. 7 Por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh: 8 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño; 9 por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh. 10 Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más su presa. 11 Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. 12 Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. 13 Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra. 14 Las apacentaré en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de Israel. 15 Yo mismo apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahveh. 16 Buscaré la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; pero a la que está gorda y robusta la exterminaré: las pastorearé con justicia. 17 En cuanto a vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío. 18 ¿Os parece poco pacer en buenos pastos, para que pisoteéis con los pies el resto de vuestros pastos? Os parece poco beber en agua limpia, para que enturbiéis el resto con los pies? 19 ¡Mis ovejas tienen que pastar lo que vuestros pies han pisoteado y beber lo que vuestros pies han enturbiado! 20 Por eso, así les dice el Señor Yahveh: Yo mismo voy a juzgar entre la oveja gorda y la flaca. 21 Puesto que vosotras habéis empujado con el flanco y con el lomo y habéis topado con los cuernos a todas las ovejas más débiles hasta dispersarlas fuera, 22 yo vendré a salvar a mis ovejas para que no estén más expuestas al pillaje; voy a juzgar entre oveja y oveja.

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23 Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo David: él las apacentará y será su pastor. 24 Yo, Yahveh, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, Yahveh, he hablado. 25 Concluiré con ellos una alianza de paz, haré desaparecer de esta tierra las bestias feroces. Habitarán en seguridad en el desierto y dormirán en los bosques. 26 Yo los asentaré en los alrededores de mi colina, y mandaré a su tiempo la lluvia, que será una lluvia de bendición. 27 El árbol del campo dará su fruto, la tierra dará sus productos, y ellos vivirán en seguridad en su suelo. Y sabrán que yo soy Yahveh, cuando despedace las barras de su yugo y los libre de la mano de los que los tienen esclavizados. 28 No volverán a ser presa de las naciones, las bestias salvajes no volverán a devorarlos. Habitarán en seguridad y no se les turbará más. 29 Haré brotar para ellos un plantío famoso; no habrá más víctimas del hambre en el país, ni sufrirán más el ultraje de las naciones. 30 Y sabrán que yo, Yahveh su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, oráculo del Señor Yahveh. 31 Vosotras, ovejas mías, sois el rebaño humano que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 35
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia la montaña de Seír, y profetiza contra ella. 3 Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, montaña de Seír. Voy a extender mi mano contra ti: te convertiré en soledad desolada, 4 y dejaré en ruinas tus ciudades; serás una desolación, y sabrás que yo soy Yahveh. 5 Por haber alimentado un odio eterno y haber entregado a la espada a los hijos de Israel el día de su desastre, el día de su última culpa, 6 por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo te dejaré en sangre y la sangre te perseguirá. Sí, eres rea de sangre, ¡y la sangre te perseguirá! 7 Haré de la montaña de Seír una soledad desolada, y extirparé de allí al que va y al que viene. 8 Llenaré de víctimas sus montes; en tus colinas, en tus valles y en todos tus barrancos, caerán las víctimas de la espada. 9 Te convertiré en soledades eternas, tus ciudades no volverán a ser habitadas, y sabréis que yo soy Yahveh. 10 Por haber dicho tú: «Las dos naciones, los dos países son míos, vamos a tomarlos en posesión», siendo así que Yahveh estaba allí, 11 por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que procederé con la misma cólera y los mismos celos con que tú has procedido en tu odio contra ellos, y me daré a conocer, por ellos, cuando te castigue. 12 Sabrás que yo, Yahveh, he oído todos los insultos que lanzabas contra los montes de Israel diciendo: «Están devastados, nos han sido entregados como pasto.» 13 Me habéis desafiado con vuestra boca, habéis multiplicado contra mí vuestras palabras, lo he oído todo. 14 Así dice el Señor Yahveh: Para alegría de toda esta tierra yo haré de ti una desolación. 15 Como tú te alegraste cuando la heredad de la casa de Israel era una desolación, yo te trataré a ti de la misma manera. Serás una desolación, montaña de Seír, así como Edom entero, y se sabrá que yo soy Yahveh.

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Ezequiel 36
1 Y tú, hijo de hombre, profetiza sobre los montes de Israel. Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra de Yahveh. 2 Así dice el Señor Yahveh: Porque el enemigo ha dicho contra vosotros: «¡Ja, ja, estas alturas eternas han pasado a ser posesión nuestra!», 3 por eso, profetiza. Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Porque habéis sido asolados y se os ha codiciado por todas partes hasta pasar a ser posesión de las otras naciones, porque habéis sido el blanco de la habladuría y de la difamación de la gente, 4 por eso, escuchad, montes de Israel, la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a los montes, a las colinas, a los barrancos y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas que han sido entregadas al pillaje y a la irrisión del resto de las naciones circunvecinas. 5 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Sí, en el ardor de mis celos voy a hablar contra las otras naciones y contra Edom entero, que, con alegría en el corazón y desprecio en el alma, se han atribuido mi tierra en posesión para entregar su pasto al pillaje. 6 Por ello, profetiza sobre la tierra de Israel. Dirás a los montes y a las colinas, a los barrancos y a los valles: Así dice el Señor Yahveh: Ved que hablo en mis celos y mi furor: Porque habéis sufrido el ultraje de las naciones, 7 por eso, así dice el Señor Yahveh: Juro mano en alto que las naciones que os rodean cargarán con sus propios ultrajes. 8 Y vosotros, montes de Israel, vais a echar vuestras ramas y a producir vuestros frutos para mi pueblo Israel, porque está a punto de volver. 9 Sí, heme aquí por vosotros, a vosotros me vuelvo, vais a ser cultivados y sembrados. 10 Yo multiplicaré sobre vosotros los hombres, la casa de Israel entera. Las ciudades serán habitadas y las ruinas reconstruidas. 11 Multiplicaré en vosotros hombres y bestias, y serán numerosos y fecundos. Os repoblaré como antaño, mejoraré vuestra condición precedente, y sabréis que yo soy Yahveh. 12 Haré que circulen por vosotros los hombres, mi pueblo Israel. Tomarán posesión de ti, y tu serás su heredad, y no volverás a privarles de sus hijos. 13 Así dice el Señor Yahveh: Porque se ha dicho de ti que devoras a los hombres y que has privado a tu nación de hijos, 14 por eso, ya no devorarás más hombres, ni volverás a privar de hijos a tu nación, oráculo del Señor Yahveh. 15 No consentiré que vuelvas a oír el ultraje de las naciones, no sufrirás más los insultos de los pueblos, y no volverás a privar de hijos a tu nación, oráculo del Señor Yahveh. 16 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 17 Hijo de hombre, los de la casa de Israel que habitaban en su tierra, la contaminaron con su conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su conducta ante mí. 18 Entonces yo derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían vertido en su tierra y por las basuras con las que la habían contaminado. 19 Los dispersé entre las naciones y fueron esparcidos por los países. Los juzgué según su conducta y sus obras. 20 Y en las naciones donde llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera a propósito de ellos: «Son el pueblo de Yahveh, y han tenido que salir de su tierra.» 21 Pero yo he tenido consideración a mi santo nombre que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde había ido.

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22 Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: No hago esto por consideración a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis. 23 Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahveh - oráculo del Señor Yahveh - cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos. 24 Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo. 25 Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. 26 Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. 28 Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. 29 Os salvaré de todas vuestras impurezas, llamaré al trigo y lo multiplicaré y no os someteré más al hambre. 30 Multiplicaré los frutos de los árboles y los productos de los campos, para que no sufráis más el oprobio del hambre entre las naciones. 31 Entonces os acordaréis de vuestra mala conducta y de vuestras acciones que no eran buenas, y sentiréis asco de vosotros mismos por vuestras culpas y vuestras abominaciones. 32 No hago esto por vosotros - oráculo del Señor Yahveh - sabedlo bien. Avergonzaos y confundíos de vuestra conducta, casa de Israel. 33 Así dice el Señor Yahveh: El día que yo os purifique de todas vuestras culpas, repoblaré las ciudades y las ruinas serán reconstruidas; 34 la tierra devastada será cultivada, después de haber sido una desolación a los ojos de todos los transeúntes. 35 Y se dirá: «Esta tierra, hasta ahora devastada, se ha hecho como jardín de Edén, y las ciudades en ruinas, devastadas y demolidas, están de nuevo fortificadas y habitadas.» 36 Y las naciones que quedan a vuestro alrededor sabrán que yo, Yahveh, he reconstruido lo que estaba demolido y he replantado lo que estaba devastado. Yo, Yahveh, lo digo y lo hago. 37 Así dice el Señor Yahveh: Me dejaré todavía buscar por la casa de Israel, para hacer por ellos esto: multiplicarlos como un rebaño humano, 38 como un rebaño de reses consagradas, como el rebaño reunido en Jerusalén, en las fiestas solemnes. Así se llenarán de un rebaño humano vuestras ciudades en ruinas, y se sabrá que yo soy Yahveh.

Ezequiel 37
1 La mano de Yahveh fue sobre mí y, por su espíritu, Yahveh me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. 2 Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. 3 Me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor Yahveh, tú lo sabes.» 4 Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. 5 Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis.

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6 Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.» 7 Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. 8 Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. 9 El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.» 10 Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército. 11 Entonces me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. 12 Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. 13 Sabréis que yo soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. 14 Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo haga, oráculo de Yahveh.» 15 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 16 Y tú, hijo de hombre, toma un leño y escribe en él: «Judá y los israelitas que están con él.» Toma luego otro leño y escribe en él: «José, leño de Efraím, y toda la casa de Israel que está con él.» 17 Júntalos el uno con el otro de suerte que formen un solo leño, que sean una sola cosa en tu mano. 18 Y cuando los hijos de tu pueblo te digan: «¿No nos explicarás qué es eso que tienes ahí?», 19 les dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que voy a tomar el leño de José (que está en la mano de Efraím) y las tribus de Israel que están con él, los pondré junto al leño de Judá, haré de todo un solo leño, y serán una sola cosa en mi mano. 20 Los leños en los cuales hayas escrito tenlos en tu mano, ante sus ojos, 21 y diles: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre las naciones a las que marcharon. Los congregaré de todas partes para conducirlos a su suelo. 22 Haré de ellos una sola nación en esta tierra, en los montes de Israel, y un solo rey será el rey de todos ellos; no volverán a formar dos naciones, ni volverán a estar divididos en dos reinos. 23 No se contaminarán más con sus basuras, con sus monstruos y con todos sus crímenes. Los salvaré de las infidelidades por las que pecaron, los purificaré, y serán mi pueblo y yo seré su Dios. 24 Mi siervo David reinará sobre ellos, y será para todos ellos el único pastor; obedecerán mis normas, observarán mis preceptos y los pondrán en práctica. 25 Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para siempre, y mi siervo David será su príncipe eternamente. 26 Concluiré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. 27 Mi morada estará junto a ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

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28 Y sabrán las naciones que yo soy Yahveh, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.

Ezequiel 38
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Gog, en el país de Magog, príncipe supremo de Mesek y Túbal, y profetiza contra él. 3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Gog, príncipe supremo de Mesek y Túbal. 4 Yo te haré dar media vuelta, te pondré garfios en las quijadas, y te haré salir con todo tu ejército, caballos y caballeros, todos bien equipados, inmensa asamblea, todos con escudos y paveses, y diestros en el manejo de la espada. 5 Persia, Kus y Put están con ellos, todos con escudo y yelmo. 6 Gómer, con todas sus huestes, Bet Togarmá, en el extremo norte, con todas sus huestes, pueblos numerosos, están contigo. 7 Disponte y prepárate, tú y toda tu asamblea concentrada en torno a ti, y ponte a mi servicio. 8 Al cabo de muchos días, recibirás órdenes. Después de muchos años, vendrás hacia la tierra cuyos habitantes escaparon a la espada y fueron congregados de entre una multitud de pueblos en los montes de Israel, que habían sido un desierto permanente. Desde que fueron separados de los otros pueblos, habitan todos en seguridad. 9 Tú subirás, avanzarás como un huracán, como un nubarrón que cubrirá la tierra, tú y todas tus huestes, y los numerosos pueblos que están contigo. 10 Así dice el Señor Yahveh: Aquel día te vendrán al corazón proyectos y concebirás perversos planes. 11 Dirás: «Voy a subir contra una tierra abierta, marcharé contra gente tranquila que habita en seguridad. Habitan todos en ciudades sin murallas, sin cerrojos ni puertas.» 12 Irás a saquear, a hacer botín, a poner tu mano sobre ruinas repobladas, en un pueblo congregado de entre las naciones, entregado a reponer el ganado y la hacienda, que habita en el centro de la tierra.» 13 Sabá, Dedán, los mercaderes de Tarsis y todos sus leoncillos te dirán: «¿A saquear has venido? ¿Para hacer botín has concentrado tu asamblea? ¿Para llevarte el oro y la plata, para apoderarte de ganados y haciendas, para hacer un gran botín?» 14 Por eso, profetiza, hijo de hombre. Dirás a Gog: Así dice el Señor Yahveh: ¿No es verdad que aquel día, cuando mi pueblo Israel viva en seguridad, te pondrás en movimiento? 15 Vendrás de tu lugar, del extremo norte, tú y pueblos numerosos contigo, todos montados a caballo, enorme asamblea, ejército innumerable. 16 Subirás contra mi pueblo Israel como un nublado que recubre la tierra. Será al fin de los días; yo te haré venir entonces contra mi tierra para que las naciones me conozcan, cuando yo manifieste mi santidad a sus ojos, a costa tuya, Gog. 17 Así dice el Señor Yahveh: Tú eres aquel de quien yo hablé antaño, por medio de mis siervos los profetas de Israel, que profetizaron en aquel tiempo, durante años, que yo te haría venir contra ellos. 18 Aquel día, cuando Gog avance contra el suelo de Israel - oráculo del Señor Yahveh estallará mi furor. En mi cólera, 19 en mis celos, en el ardor de mi furia lo digo: Sí, aquel día habrá un gran terremoto en el suelo de Israel.

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La Santa Biblia (Parte 2)

20 Temblarán entonces ante mí los peces del mar y los pájaros del cielo, las bestias del campo y todos los reptiles que serpean por el suelo, y todos los hombres de sobre la haz de la tierra. Se desplomarán los montes, caerán las rocas, todas las murallas caerán por tierra. 21 Convocaré contra él toda clase de terrores, oráculo del Señor Yahveh. Volverán la espada unos contra otros. 22 Le castigaré con la peste y la sangre, haré caer una lluvia torrencial, granizos, fuego y azufre, sobre él, sobre sus huestes y sobre los numerosos pueblos que van con él. 23 Manifestaré mi grandeza y mi santidad, me daré a conocer a los ojos de numerosas naciones y sabrán que yo soy Yahveh.

Ezequiel 39
1 Y tú, hijo de hombre, profetiza contra Gog. Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Gog, príncipe supremo de Mések y Túbal. 2 Yo te haré dar media vuelta, te conduciré, te haré subir desde el extremo norte y te guiaré a los montes de Israel. 3 Romperé tu arco en tu mano izquierda y haré caer tus flechas de tu mano derecha. 4 En los montes de Israel caerás tú, tus huestes y los pueblos que van contigo. Te he entregado como pasto a toda clase de aves de rapiña y a las fieras del campo. 5 En la haz del campo caerás, porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. 6 Mandaré fuego sobre Magog y sobre los que viven seguros en las islas, y sabrán que yo soy Yahveh. 7 Manifestaré mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré que vuelva a ser profanado mi santo nombre, y las naciones sabrán que yo soy Yahveh, santo en Israel. 8 He aquí que todo esto llega y se va a realizar - oráculo del Señor Yahveh -: éste es el día que yo he anunciado. 9 Entonces los habitantes de las ciudades de Israel saldrán a quemar y a entregar a las llamas las armas, paveses y escudos, arcos y flechas, mazas y lanzas. Harán fuego con ello durante siete años. 10 No irán ya a buscar leña en el campo, ni la recogerán en el bosque, porque harán el fuego con las armas. Saquearán a sus saqueadores y harán botín de sus depredadores, oráculo del Señor Yahveh. 11 Aquel día, yo daré a Gog como sepulcro en Israel un lugar famoso, el valle de los Oberim, al este del mar, el que corta el paso a los viajeros: allí será enterrado Gog con toda su multitud, y se le llamará valle de Hamón Gog. 12 La casa de Israel los enterrará para purificar la tierra, durante siete meses. 13 Todo el pueblo de la tierra será movilizado para enterrarlos, y ello les dará renombre el día que yo manifieste mi gloria, oráculo del Señor Yahveh. 14 Luego se escogerán hombres que recorran constantemente el país y entierren a los que hayan quedado por el suelo, para purificarlo. Al cabo de siete meses empezarán su búsqueda. 15 Cuando, al recorrer el país, alguno de ellos vea huesos humanos, pondrá al lado una señal hasta que los sepultureros los entierren en el valle de Hamón Gog, 16 (Hamoná es también el nombre de una ciudad) y purifiquen así la tierra. 17 En cuanto a ti, hijo de hombre, así dice el Señor Yahveh: Di a los pájaros de todas clases y a todas las fieras del campo: Congregaos, venid, reuníos de todas partes para el sacrificio que yo os ofrezco, un gran sacrificio sobre los montes de Israel; comeréis carne y beberéis sangre. 18 Carne de héroes comeréis, sangre de príncipes de la tierra beberéis.

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La Santa Biblia (Parte 2)

Todos son carneros, corderos, machos cabríos, pingües toros de Basán. 19 Comeréis grasa hasta la saciedad y beberéis sangre hasta la embriaguez, en este sacrificio que yo os brindo. 20 Os hartaréis a mi mesa de caballos y caballeros, de héroes y de toda clase de guerreros, oráculo del Señor Yahveh. 21 Así manifestaré yo mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos. 22 Y la casa de Israel sabrá desde ese día en adelante que yo soy Yahveh su Dios. 23 Y sabrán las naciones que la casa de Israel fue deportada por sus culpas, que, por haberme sido infieles, yo les oculté mi rostro y los entregué en manos de sus enemigos, y cayeron todos a espada. 24 Los traté como lo merecían sus impurezas y sus crímenes, y les oculté mi rostro. 25 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Ahora voy a hacer volver a los cautivos de Jacob, me compadeceré de toda la casa de Israel, y me mostraré celoso de mi santo nombre. 26 Ellos olvidarán su ignominia y todas las infidelidades que cometieron contra mí, cuando vivan seguros en su país, sin que nadie los inquiete. 27 Cuando yo los haga volver de entre los pueblos y los recoja de los países de sus enemigos, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de numerosas naciones, 28 y sabrán que yo soy Yahveh su Dios, cuando, después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna en su suelo sin dejar allí a ninguno de ellos. 29 No les ocultaré más mi rostro, porque derramaré mi Espíritu sobre la casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 40
1 El año veinticinco de nuestra cautividad, al comienzo del año, el día diez del mes, catorce años después de la caída de la ciudad, el mismo día, la mano de Yahveh fue sobre mí, y me llevó allá. 2 En visiones divinas, me llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre un monte muy alto, en cuya cima parecía que estaba edificada una ciudad, al mediodía. 3 Me llevó allá, y he aquí que había allí un hombre de aspecto semejante al del bronce. Tenía en la mano una cuerda de lino y una vara de medir, y estaba de pie en el pórtico. 4 El hombre me dijo: «Hijo de hombre, mira bien, escucha atentamente y presta atención a todo lo que te voy a mostrar, porque has sido traído aquí para que yo te lo muestre. Comunica a la casa de Israel todo lo que vas a ver.» 5 Y he aquí que por el exterior de la Casa había un muro, todo alrededor. La vara de medir que el hombre tenía en la mano era de seis codos de codo y palmo. Midió el espesor de la construcción: una vara, y su altura: una vara. 6 Vino luego al pórtico que miraba a oriente, subió sus gradas y midió el umbral del pórtico: una vara de profundidad. 7 La lonja: una vara de largo por una vara de ancho; la pilastra entre las lonjas: cinco codos; el umbral del pórtico por el lado del vestíbulo del pórtico, hacia el interior: una vara. 9 Midió el vestíbulo del pórtico: ocho codos; su pilastra: dos codos; el vestíbulo del pórtico estaba situado hacia el interior. 10 Las lonjas del pórtico oriental eran tres por cada lado, todas ellas de la misma dimensión; las pilastras tenían también las mismas dimensiones por cada lado. 11 Midió la anchura del vano del pórtico: diez codos, y la longitud del pórtico: trece codos. 12 Había un parapeto delante de las lonjas; cada parapeto tenía un codo por ambos lados. Y la lonja tenía seis codos por cada lado.

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13 Midió el pórtico desde el fondo de una lonja hasta el fondo de la otra; anchura: veinticinco codos de una entrada a la otra. 14 Midió el vestíbulo: veinte codos; el atrio giraba todo alrededor del pórtico. 15 Desde la fachada del pórtico donde estaba la entrada, hasta el fondo del vestíbulo interior del pórtico, había cincuenta codos. 16 Había ventanas enrejadas sobre las lonjas y sobre sus pilastras, hacia el interior del pórtico, todo alrededor, e igualmente el vestíbulo tenía, por el interior, ventanas todo alrededor; y sobre las pilastras había palmeras. 17 Me llevó al atrio exterior, y he aquí que allí había salas y un enlosado tirado alrededor del atrio: treinta salas daban a este enlosado. 18 El enlosado que flanqueaba los pórticos correspondía a la profundidad de los mismos: esto es el enlosado inferior. 19 Midió la anchura del atrio, desde la fachada del pórtico inferior hasta la fachada del atrio interior, por fuera: cien codos (a oriente y al norte). 20 Midió después la longitud y la anchura del pórtico que daba al norte del atrio exterior. 21 Sus lonjas eran tres por cada lado; sus pilastras y vestíbulos tenían las mismas dimensiones que los del primer pórtico: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 22 Sus ventanas, su vestíbulo y sus palmeras tenían las mismas dimensiones que las del pórtico que daba a oriente. Se subía a él por siete gradas y su vestíbulo estaba situado hacia el interior. 23 Había un pórtico en el atrio interior, frente al pórtico septentrional, lo mismo que en el pórtico oriental. Midió la distancia de un pórtico a otro: cien codos. 24 Me condujo luego hacia el lado del mediodía: había allí un pórtico en dirección del mediodía; midió sus lonjas, sus pilastras y su vestíbulo: tenían las mismas dimensiones. 25 Tenía, lo mismo que su vestíbulo, ventanas todo alrededor, iguales que las otras ventanas; dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho; 26 su escalera tenía siete gradas; su vestíbulo estaba situado hacia el interior, y tenía palmeras, una a cada lado, sobre sus pilastras. 27 El atrio interior tenía también un pórtico hacia el mediodía; midió la distancia de un pórtico a otro, en dirección del mediodía: cien codos. 28 Luego me llevó al atrio, por el pórtico meridional; midió el pórtico meridional: tenía las mismas dimensiones. 29 Sus lonjas, pilastras y vestíbulo tenían estas mismas dimensiones. Lo mismo que su vestíbulo, tenía ventanas todo alrededor; dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 30 Y el perímetro del vestíbulo: veinticinco codos de largo y cinco de ancho. 31 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras y su escalera tenía ocho gradas. 32 Me llevó al pórtico interior, hacia oriente, y midió el pórtico: 33 tenía las mismas dimensiones. Sus lonjas, pilastras y vestíbulo tenían estas mismas dimensiones. Tenía, así como su vestíbulo, ventanas alrededor. Dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 34 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y su escalera tenía ocho gradas. 35 Me llevó luego al pórtico septentrional y lo midió: tenía las mismas dimensiones: 36 tenía alrededor, sus lonjas, sus pilastras, su vestíbulo y sus ventanas. Dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.

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37 Su vestíbulo daba al atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y su escalera tenía ocho gradas. 38 Había una sala cuya entrada estaba en el vestíbulo del pórtico. Allí se lavaba el holocausto. 39 Y en el vestíbulo del pórtico había, a cada lado, dos mesas para inmolar sobre ellas el holocausto, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación. 40 Por el lado exterior de quien sube hacia la entrada del pórtico, al norte, había dos mesas, y al otro lado, hacia el vestíbulo del pórtico, dos mesas. 41 Cuatro mesas a un lado y cuatro mesas al otro lado del pórtico, o sea ocho mesas sobre las que se hacía la inmolación. 42 Además cuatro mesas para el holocausto, de piedra de sillería, de codo y medio de largo, codo y medio de ancho y un codo de alto, sobre las cuales se colocaban los instrumentos con los que se inmolaba el holocausto y el sacrificio. 43 Las ranuras, de un palmo de anchura, estaban dispuestas en el interior, todo en torno. Sobre estas mesas se ponía la carne de las ofrendas. 44 Me llevó al atrio interior; había allí, en el atrio interior, dos salas, una al lado del pórtico septentrional, con su fachada al mediodía, y la otra al lado del pórtico meridional, con su fachada al norte. 45 Me dijo: «Esta sala que mira al mediodía está destinada a los sacerdotes que cumplen el ministerio de la Casa. 46 Y la sala que mira al norte está destinada a los sacerdotes que cumplen el ministerio del altar. Son los hijos de Sadoq, los que, entre los hijos de Leví, se acercan a Yahveh para servirle.» 47 Midió el atrio. Tenía cien codos de largo y cien codos de ancho, o sea un cuadrado, y el altar estaba delante de la Casa. 48 Me llevó al Vestíbulo de la Casa y midió las pilastras del Vestíbulo: cinco codos por cada lado; luego la anchura del pórtico: catorce codos; y las paredes laterales del pórtico: tres codos por cada lado. 49 La longitud del Vestíbulo era de veinte codos y su anchura de doce codos. Se subía a él por diez gradas, y tenía columnas junto a las pilastras, una a cada lado.

Ezequiel 41
1 Me llevó dentro del Santo y midió sus pilastras: seis codos de ancho por un lado y seis codos de ancho por el otro. 2 Anchura de la entrada: diez codos. Las paredes laterales de la entrada: cinco codos de ancho por un lado y cinco por el otro. Midió su longitud: cuarenta codos; y su anchura: veinte codos. 3 Penetró en el interior y midió la pilastra de la entrada: dos codos; después la entrada: seis codos; y las paredes laterales de la entrada: siete codos. 4 Midió su longitud: veinte codos; y su anchura: veinte codos delante del Santo; y me dijo: «Esto es el Santo de los Santos.» 5 Midió el muro de la Casa: seis codos; y la anchura de la parte lateral: cuatro codos, todo alrededor de la Casa. 6 Las celdas laterales estaban superpuestas en tres pisos de treinta celdas cada uno. Se habían dispuesto en el muro de la Casa salientes para estribar las celdas por todo el ámbito: así las celdas no estribaban en el muro de la Casa. 7 La anchura de las celdas aumentaba a medida que se subía,

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ensanchamiento que se lograba, a costa del muro, según se subía, y todo alrededor de la Casa; por eso el interior se ensanchaba por arriba. Del piso inferior se subía al del medio, y de éste al superior. 8 Y vi que la Casa tenía un talud todo alrededor. Era la base de las celdas laterales, de una vara entera de seis codos. 9 El espesor del muro de las celdas laterales, por el exterior, era de cinco codos; quedaba un pasadizo entre las celdas laterales de la Casa. 10 Entre las salas había una anchura de veinte codos, por todo el ámbito de la Casa. 11 Y las celdas laterales tenían dos entradas sobre el pasadizo, una hacia el norte y otra hacia el mediodía. La anchura del pasadizo era de cinco codos todo alrededor. 12 El edificio que bordeaba el patio por el lado occidental tenía setenta codos de anchura; y la pared de este edificio tenía un espesor de cinco codos, todo alrededor, con una longitud de noventa codos. 13 Midió la Casa: su longitud era de cien codos. El patio más el edifico y sus muros tenían una longitud de cien codos. 14 Anchura de la fachada de la Casa más el patio hasta oriente: cien codos. 15 Midió la longitud del edificio a lo largo del patio que tenía detrás, y sus galerías a cada lado: cien codos. El interior del Santo y los vestíbulos del atrio, 16 los umbrales, las ventanas enrejadas, las galerías de los tres lados, alrededor, frente al umbral, estaban recubiertos de madera por todo el ámbito, desde el suelo hasta las ventanas, y las ventanas estaban guarnecidas de un enrejado. 17 Desde la entrada hasta el interior de la Casa, y por fuera, así como en todo el ámbito del muro, por fuera y por dentro, 18 había representado querubines y palmeras, una palmera entre querubín y querubín; cada querubín tenía dos caras: 19 una cara de hombre vuelta hacia la palmera de un lado y una cara de león hacia la palmera del otro lado; así por todo el ámbito de la Casa. 20 Desde el suelo hasta encima de la entrada estaban representados los querubines y las palmeras en el muro. 21 El jambaje del Santo era cuadrado. Delante del Santuario se veía algo como 22 un altar de madera de tres codos de alto, dos codos de largo y dos de ancho. Sus ángulos, su base y sus lados eran de madera. El hombre me dijo: «Esta es la mesa que está delante de Yahveh.» 23 El Santo tenía una puerta doble, y el Santuario una puerta doble. 24 Eran puertas de dos hojas movibles, dos hojas en una puerta y dos en la otra. 25 Y por encima (sobre las puertas del Santo), había representados querubines y palmeras como los representados en los muros. Sobre la fachada del Vestíbulo, por el exterior, había un arquitrabe de madera. 26 Ventanas enrejadas y palmeras había a ambos lados, en las paredes laterales del Vestíbulo, las celdas laterales de la Casa y los arquitrabes.

Ezequiel 42
1 Luego me hizo salir al atrio exterior, hacia el norte, y me llevó a las salas situadas cara al patio, es decir frente al edificio, al norte. 2 La longitud era de cien codos, hacia el norte, y la anchura de cincuenta codos. 3 Frente a los pórticos del atrio interior, y frente al enlosado del atrio exterior, había una galería a lo largo de la galería triple, 4 y, por delante de las salas, un corredor de diez codos de ancho hacia el interior, y cien codos de largo; sus puertas daban al norte.

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5 Las salas superiores eran estrechas, porque las galerías les comían parte de su espacio, más estrechas que las de abajo y las del medio del edificio, 6 porque estaban divididas en tres pisos y no tenían columnas como el atrio. Por eso, se iban estrechando con relación a las de abajo y las del medio (a partir del suelo). 7 Y el muro exterior, paralelo a las salas, en dirección al atrio exterior, frente a las salas, tenía cincuenta codos de longitud. 8 Pues la longitud de las salas que daban al atrio exterior era de cincuenta codos, mientras que las que miraban al Santo tenían cien codos. 9 Por debajo de las salas había una entrada del lado de oriente, que daba acceso desde el atrio exterior. 10 A todo lo largo del muro del atrio, en dirección del mediodía, cara al patio y al edificio, había salas. 11 Un corredor pasaba por delante de ellas, como en las salas situadas en dirección norte; tenían igual longitud e igual anchura; iguales salidas, igual disposición y entradas iguales. 12 Por debajo de las salas orientadas al mediodía había una entrada al comienzo de cada corredor, frente al muro situado hacia oriente, según se entra. 13 El me dijo: «Las salas del norte y las salas del mediodía que miran al patio son las salas del Santuario, donde los sacerdotes que se acercan a Yahveh comerán las cosas sacratísimas. Allí depositarán las cosas sacratísimas, la oblación, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación, porque es un lugar santo. 14 Y cuando los sacerdotes entren allí, no saldrán del santuario al atrio exterior sin haber dejado allí sus vestiduras litúrgicas, porque estas vestiduras son santas; para acercarse a los lugares destinados al pueblo se pondrán otras ropas.» 15 Cuando acabó de medir el interior de la Casa, me hizo salir en dirección al pórtico que mira a oriente y midió todo el ámbito. 16 Midió el lado oriental con su vara de medir: quinientos codos de perímetro, con la vara de medir. 17 Luego midió el lado norte con la vara de medir: quinientos codos de perímetro. 18 Después midió el lado sur con la vara de medir: quinientos codos 19 de perímetro. Por el lado occidental midió con la vara de medir: quinientos codos. 20 Midió por fin por los cuatro lados el muro que lo cercaba, todo alrededor: longitud, quinientos; anchura, quinientos; para separar lo sagrado de lo profano.

Ezequiel 43
1 Me condujo luego hacia el pórtico, el pórtico que miraba a oriente, 2 y he aquí que la gloria del Dios de Israel llegaba de la parte de oriente, con un ruido como el ruido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria. 3 Esta visión era como la que yo había visto cuando vine para la destrucción de la ciudad, y también como lo que había visto junto al río Kebar. Entonces caí rostro en tierra. 4 La gloria de Yahveh entró en la Casa por el pórtico que mira a oriente. 5 El espíritu me levantó y me introdujo en el atrio interior, y he aquí que la gloria de Yahveh llenaba la Casa. 6 Y oí que alguien me hablaba desde la Casa, mientras el hombre permanecía en pie junto a mí. 7 Me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde se posa la planta de mis pies. Aquí habitaré en medio de los hijos de Israel para siempre; y la casa de Israel, así como sus reyes, no contaminarán más mi santo nombre con sus prostituciones y con los cadáveres de sus reyes,

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8 poniendo su umbral junto a mi umbral y sus jambas junto a mis jambas, con un muro común entre ellos y yo. Ellos contaminaron mi santo nombre con las abominaciones que cometieron; por eso los he devorado en mi cólera. 9 De ahora en adelante alejarán de mí sus prostituciones y los cadáveres de sus reyes, y yo habitaré en medio de ellos para siempre. 10 «Y tú, hijo de hombre, describe este Templo a la casa de Israel, para que queden avergonzados de sus culpas y tomen nota de su plano. 11 Se avergüenzan de toda su conducta, enséñales la forma del Templo y su plano, sus salidas y entradas, su forma y todas sus disposiciones, toda su forma y todas sus leyes. Pon todo esto por escrito ante sus ojos, para que guarden con exactitud todas sus leyes y disposiciones, y las pongan en práctica. 12 Este es el fuero del Templo: En la cumbre del monte, todo el territorio en su ámbito es santísimo. (Tal es el fuero del Templo.)» 13 Y estas son las dimensiones del altar en codos de codo y palmo: su cavidad, un codo por un codo de ancha. El reborde junto a la ranura, todo alrededor, un palmo. Y está la altura del altar: 14 desde la cavidad del suelo hasta el zócalo inferior, dos codos por un codo de ancho; desde el zócalo pequeño hasta el grande, cuatro codos por un codo de ancho. 15 El fóculo tenía cuatro codos, y por encima del fóculo había cuatro cuernos. 16 El fóculo medía doce codos de largo por doce codos de ancho: era cuadrado por sus cuatro lados. 17 Y el zócalo: catorce codos de largo por catorce de ancho: un cuadrado. El reborde todo alrededor: medio codo; y la cavidad, todo alrededor: un codo. Las gradas estaban vueltas hacia oriente. 18 Y me dijo: Hijo de hombre, así dice el Señor Yahveh: Estas son las disposiciones del altar el día en que sea erigido para ofrecer en él el holocausto y derramar la sangre. 19 A los sacerdotes levitas - los de la descendencia de Sadoq que se acercan a mí para servirme, oráculo del Señor Yahveh - les darás un novillo en sacrificio por el pecado. 20 Tomarás su sangre, y rociarás los cuatro cuernos, los cuatro ángulos del zócalo y el reborde todo alrededor. Así quitarás el pecado y harás expiación por él. 21 Luego tomarás el novillo del sacrificio por el pecado: se le quemará en una dependencia de la Casa, fuera del Santuario. 22 El segundo día, ofrecerás un macho cabrío sin defecto en sacrificio por el pecado y se quitará el pecado del altar como se hizo con el novillo. 23 Cuando hayas acabado de quitar el pecado, ofrecerás un novillo sin defecto y un carnero del rebaño sin defecto. 24 Los ofrecerás delante de Yahveh, y los sacerdotes les echarán sal y los ofrecerán en holocausto a Yahveh. 25 Durante siete días ofrecerás el macho cabrío del sacrificio por el pecado, cada día; se hará también el sacrificio del novillo y del carnero sin defecto tomado del rebaño. 26 Así, durante siete días se hará la expiación del altar, se le purificará y se le consagrará. 27 Pasados estos días, desde el octavo en adelante, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar vuestros holocaustos y vuestros sacrificios de comunión. Y yo os seré propicio, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 44
1 Me volvió después hacia el pórtico exterior del santuario, que miraba a oriente. Estaba cerrado. 2 Y Yahveh me dijo: Este pórtico permanecerá cerrado. No se le abrirá, y nadie pasará por él, porque por él ha pasado Yahveh, el Dios de Israel. Quedará, pues, cerrado.

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3 Pero el príncipe sí podrá sentarse en él para tomar su comida en presencia de Yahveh. Entrará por el vestíbulo del pórtico y por el mismo saldrá. 4 Luego me llevó por el pórtico septentrional hacia la fachada de la Casa; miré, y he aquí que la gloria de Yahveh llenaba la Casa de Yahveh, y caí rostro en tierra. 5 Yahveh me dijo: Hijo de hombre, presta atención, mira bien y escucha con cuidado lo que te voy a decir acerca de todas las disposiciones de la Casa de Yahveh y de todas sus leyes. Te fijarás bien en lo que respecta a la admisión en la Casa y a la exclusión del santuario. 6 Y dirás a esta casa de rebeldía, la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Ya pasan de la raya todas vuestras abominaciones, casa de Israel, 7 que habéis cometido introduciendo extranjeros incircuncisos de corazón y de cuerpo para que estuvieran en mi santuario y profanaran mi Casa, cuando me ofrecíais mi alimento, grasa y sangre; así habéis roto mi alianza con todas vuestras abominaciones. 8 En lugar de atender al ministerio de mis cosas santas, habéis encargado a otros el ejercicio de mi ministerio en mi Santuario, en lugar vuestro. 9 Así dice el Señor Yahveh: Ningún extranjero, incircunciso de corazón y de cuerpo, entrará en mi santuario, ninguno de los extranjeros que viven en medio de los israelitas. 10 En cuanto a los levitas, que me abandonaron cuando Israel se descarriaba lejos de mí para ir en pos de sus basuras, soportarán el peso de sus culpas. 11 Serán en mi Santuario los encargados de la guardia de las puertas de la Casa y ministros del servicio de la Casa. Ellos inmolarán el holocausto y el sacrificio por el pueblo, y estarán a su disposición para servirle. 12 Por haberse puesto a su servicio delante de sus basuras y haber sido para la casa de Israel ocasión de culpa, por eso, yo levanto la mano contra ellos - oráculo del Señor Yahveh - y soportarán el peso de su culpa. 13 No se acercarán más a mí para ejercer ante mí el sacerdocio ni para tocar mis cosas santas y las cosas sacratísimas: soportarán el peso de su ignominia y de las abominaciones que cometieron. 14 Les encargaré de ejercer el ministerio en la Casa, en lo que atañe a su servicio y a todo lo que allí se hace. 15 Pero los sacerdotes levitas, hijos de Sadoq, que cumplieron mi ministerio en el santuario cuando los israelitas se descarriaban lejos de mí, ellos sí se acercarán a mí para servirme, y estarán en mi presencia para ofrecerme la grasa y la sangre, oráculo del Señor Yahveh. 16 Ellos entrarán en mi Santuario y se acercarán a mi mesa para servirme; ellos cumplirán mi ministerio. 17 Cuando entren por los pórticos del atrio interior, llevarán hábitos de lino; no irán vestidos de lana cuando oficien en los pórticos del atrio interior, y en la Casa. 18 Llevarán en la cabeza turbantes de lino, y fajas de lino a los riñones; no se ceñirán nada que transpire el sudor. 19 Cuando salgan al atrio exterior, donde el pueblo, se quitarán las vestiduras con que hayan oficiado, las dejarán en las salas del Santo, y se pondrán otras ropas, con el fin de no santificar al pueblo con sus vestiduras. 20 No se raparán la cabeza, ni dejarán crecer libremente su cabellera, sino que se cortarán cuidadosamente el pelo. 21 Ningún sacerdote beberá vino el día que tenga que entrar en el atrio interior. 22 No tomarán por esposa ni una viuda ni una mujer repudiada, sino una virgen de la raza de Israel; una viuda sólo en el caso de que sea viuda de un sacerdote. 23 Enseñarán a mi pueblo a distinguir lo sagrado de lo profano y le harán saber la diferencia entre lo puro y lo impuro.

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24 En los pleitos serán ellos los jueces; juzgarán conforme a mi derecho; observarán en todas mis fiestas mis leyes y preceptos, y santificarán mis sábados. 25 No se acercarán a un muerto, para no contaminarse, pero por un padre, una madre, un hijo, una hija, un hermano, o una hermana no casada podrán contaminarse. 26 Después de haberse purificado, se contará una semana, 27 y luego, el día en que entre en el Santo, en el atrio interior para oficiar en el Santo, ofrecerá su sacrificio por el pecado, oráculo del Señor Yahveh. 28 No tendrán heredad alguna: yo seré su heredad. No les daréis propiedad en Israel: yo seré su propiedad particular. 29 Ellos comerán la oblación, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación. Todo lo que sea consagrado al anatema en Israel será para ellos. 30 Lo mejor de todas vuestras primicias y de toda clase de ofrendas reservadas que ofrezcáis, será para los sacerdotes; y lo mejor de vuestras moliendas, se lo daréis a los sacerdotes, para que la bendición repose sobre vuestra casa. 31 Los sacerdotes no comerán carne de ningún ave ni bestia muerta o desgarrada.

Ezequiel 45
1 Cuando os repartáis por sorteo esta tierra en heredad, reservaréis como ofrenda para Yahveh un recinto sagrado de la tierra, de una longitud de veinticinco mil codos por una anchura de veinte mil. Será sagrado en toda su extensión. 2 De aquí se tomará para el santuario un cuadrado de quinientos codos por quinientos, alrededor del cual habrá un margen de cincuenta codos. 3 También de su área medirás una longitud de veinticinco mil codos por una anchura de diez mil: aquí estará el santuario, el Santo de los Santos. 4 Será el recinto sagrado de la tierra, destinado a los sacerdotes, que ejercen el ministerio del santuario y que se acercan a Yahveh para servirle. Para ellos será este lugar, para que construyan sus casas y como lugar sagrado para el santuario. 5 Un terreno de veinticinco mil codos de largo por diez mil de ancho será reservado a los levitas, servidores de la Casa, en propiedad, con ciudades para vivir. 6 Y como propiedad de la ciudad fijaréis un terreno de cinco mil codos de ancho por veinticinco mil de largo, junto a la parte reservada del santuario: esto será para toda la casa de Israel. 7 Al príncipe le tocará, a ambos lados del recinto de la parte reservada para el santuario y de la propiedad de la ciudad, a lo largo de la parte reservada para el santuario y de la propiedad de la ciudad, por el lado occidental hacia occidente, y por el oriental hacia oriente, una longitud igual a cada una de las partes, desde la frontera occidental hasta la frontera oriental 8 de la tierra. Esto será su propiedad en Israel. Así mis príncipes no oprimirán más a mi pueblo: dejarán la tierra a la casa de Israel, a sus tribus. 9 Así dice el Señor Yahveh: Ya es demasiado, príncipes de Israel. Desistid de la opresión y de la violencia, practicad el derecho y la justicia, liberad a mi pueblo de vuestros impuestos, oráculo del Señor Yahveh. 10 Usad balanzas justas, una arroba justa, una medida justa. 11 La arroba y la medida sean iguales, de suerte que la medida contenga un décimo de carga y la arroba un décimo de carga. A partir de la carga serán fijadas las medidas. 12 El siclo será de veinte óbolos. Veinte siclos, veinticinco siclos y quince siclos harán una mina. 13 Esta es la ofrenda que reservaréis: un sexto de arroba por cada carga de trigo y un sexto de arroba por cada carga de cebada.

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14 Regla para el aceite, para la medida de aceite: una medida de aceite por cada diez medidas, es decir, por un tonel de diez medidas, o de una carga, pues diez medidas hacen una carga. 15 Se reservará una oveja por cada rebaño de doscientas de las praderas de Israel, para la oblación, el holocausto y el sacrificio de comunión, como expiación por ellos, oráculo del Señor Yahveh. 16 Todo el pueblo de la tierra contribuirá a esta ofrenda reservada para el príncipe de Israel. 17 El príncipe se encargará de los holocaustos, de la oblación y de la libación en las fiestas, novilunios y sábados, en todas las solemnidades de la casa de Israel. El proveerá lo necesario para el sacrificio por el pecado, para la oblación, el holocausto y los sacrificios de comunión, para la expiación de la casa de Israel. 18 Así dice el Señor Yahveh: El primer mes, el día uno del mes, tomarás un novillo sin defecto, para quitar el pecado del santuario. 19 El sacerdote tomará la sangre de la víctima por el pecado y la pondrá en las jambas del pórtico de la Casa, en los cuatro ángulos del zócalo del altar, y en las jambas de los pórticos del atrio interior. 20 Lo mismo harás el día siete del mes, en favor de todo aquel que haya pecado por inadvertencia o irreflexión. Así haréis la expiación de la Casa. 21 El día catorce del primer mes será para vosotros la fiesta de la Pascua. Durante siete días se comerá el pan sin levadura. 22 Aquel día, el príncipe ofrecerá por sí mismo y por todo el pueblo de la tierra un novillo en sacrificio por el pecado. 23 Durante los siete días de la fiesta, ofrecerá en holocausto a Yahveh siete novillos y siete carneros sin defecto, cada uno de los siete días, y en sacrificio por el pecado, un macho cabrío cada día. 24 Como oblación, ofrecerá una medida por novillo y una medida por carnero, y de aceite un sextario por medida. 25 El día quince del séptimo mes, en la fiesta, hará lo mismo durante siete días, ofreciendo el sacrificio por el pecado, el holocausto, la oblación y el aceite.

Ezequiel 46
1 Así dice el Señor Yahveh: El pórtico del atrio interior que mira a oriente estará cerrado los seis días laborables. El sábado se le abrirá, así como el día del novilunio; 2 y el príncipe entrará desde el exterior por el vestíbulo del pórtico y se quedará de pie junto a las jambas del pórtico. Entonces los sacerdotes ofrecerán su holocausto y su sacrificio de comunión. El se postrará en el umbral del pórtico, luego saldrá, y no se cerrará el pórtico hasta la tarde. 3 El pueblo de la tierra se postrará ante Yahveh a la entrada de este pórtico, los sábados y los días de novilunio. 4 El holocausto que el príncipe ofrecerá a Yahveh el sábado, será de seis corderos sin defecto y de un carnero sin defecto; 5 y como oblación una medida por carnero; por los corderos, una oblación que queda a discreción, y de aceite un sextario por medida. 6 En el día del novilunio: un novillo sin defecto, seis corderos y un carnero sin defecto. 7 Y hará oblación de una medida por novillo y de una medida por carnero; por los corderos, lo que pueda, y de aceite un sextario por medida. 8 Cuando el príncipe entre, entrará por el vestíbulo del pórtico y por el mismo saldrá. 9 Y cuando el pueblo de la tierra venga ante Yahveh en las solemnidades, los que entren por el pórtico septentrional para postrarse,

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saldrán por el pórtico meridional, y los que entren por el pórtico meridional saldrán por el pórtico septentrional. Nadie volverá a salir por el pórtico por donde entró, sino que saldrá por el de enfrente. 10 Y el príncipe irá en medio de ellos; entrará como ellos y saldrá como ellos. 11 En las fiestas y solemnidades, la oblación será de una medida por novillo, de una medida por carnero, por los corderos a discreción, y de aceite, un sextario por medida. 12 Cuando el príncipe ofrezca un holocausto voluntario o un sacrificio de comunión voluntario a Yahveh, se le abrirá el pórtico que mira a oriente, ofrecerá su holocausto y su sacrificio de comunión, de la misma manera que el día de sábado, saldrá luego, y el pórtico se cerrará en cuanto haya salido. 13 Ofrecerás cada día en holocausto a Yahveh un cordero de un año sin defecto: lo ofrecerás cada mañana. 14 Ofrecerás además cada mañana, como oblación, un sexto de medida, y de aceite, un tercio de sextario, para amasar la flor de harina. Esto es la oblación a Yahveh, decreto eterno, fijo para siempre. 15 Se ofrecerá el cordero, la oblación y el aceite, cada mañana, como holocausto perpetuo. 16 Así dice el Señor Yahveh: Si el príncipe hace un regalo a alguno de sus hijos, tomándolo de su heredad, el regalo pertenecerá a sus hijos, será su propiedad por derecho de herencia. 17 Pero si hace de su heredad un regalo a uno de sus siervos, pertenecerá a éste sólo hasta el año de la liberación, luego retornará al príncipe. Solamente a sus hijos podrá pasar su heredad. 18 El príncipe no tomará nada de la heredad del pueblo despojándole de su propiedad; sólo de su propiedad particular legará partes a sus hijos, para que nadie de mi pueblo sea privado de su propiedad. 19 Luego me llevó, por la entrada que estaba al lado del pórtico, a las salas del Santo reservadas a los sacerdotes, las que miraban al norte. Allí, en la extremidad occidental, había un espacio. 20 Me dijo: «Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán las víctimas de los sacrificios de expiación y de los sacrificios por el pecado, y donde cocerán la oblación, a fin de que no se saque nada al atrio exterior y se ve santifique así al pueblo.» 21 Me sacó luego al atrio exterior y me hizo pasar junto a los cuatro ángulos del atrio; en cada uno de los ángulos del atrio había un patio: 22 esto es, en los cuatro ángulos del atrio, cuatro pequeños patios de cuarenta codos de longitud y treinta de anchura, los cuatro de las mismas dimensiones. 23 Una tapia cercaba los cuatro, y en la parte baja de la tapia había levantados unos fogones, todo alrededor. 24 Y me dijo: «Estos son los fogones donde los servidores de la Casa cocerán los sacrificios del pueblo.» Ezequiel 47 1 Me llevó a la entrada de la Casa, y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua, en dirección a oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia oriente. El agua bajaba de debajo del lado derecho de la Casa, al sur del altar. 2 Luego me hizo salir por el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior, hasta el pórtico exterior que miraba hacia oriente, y he aquí que el agua fluía del lado derecho. 3 El hombre salió hacia oriente con la cuerda que tenía en la mano, midió mil codos y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta los tobillos. 4 Midió otros mil codos y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta las rodillas. Midió mil más y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta la cintura.

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5 Midió otros mil: era ya un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido hasta hacerse un agua de pasar a nado, un torrente que no se podía atravesar. 6 Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?» Me condujo, y luego me hizo volver a la orilla del torrente. 7 Y a volver vi que a la orilla del torrente había gran cantidad de árboles, a ambos lados. 8 Me dijo: «Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. 9 Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente. 10 A sus orillas vendrán los pescadores; desde Engadí hasta Eneglayim se tenderán redes. Los peces serán de la misma especie que los peces del mar Grande, y muy numerosos. 11 Pero sus marismas y sus lagunas no serán saneadas, serán abandonadas a la sal. 12 A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina.» 13 Así dice el Señor Yahveh: Esta es la frontera de la tierra que os repartiréis entre las doce tribus de Israel, dando a José dos partes. 14 Recibiréis cada uno por igual vuestra parte, porque yo juré, mano en alto, dársela a vuestros padres, y esta tierra os pertenecerá en heredad. 15 Esta es la frontera de la tierra: lado septentrional: desde el mar Grande, el camino de Jetlón hasta la Entrada de Jamat, Sedad, 16 Berotá, Sibráyim, que está entre el territorio de Damasco y el de Jamar, Jaser Hattikón hacia el territorio del Jaurán; 17 la frontera correrá desde el mar hasta Jasar Enán, quedando al norte el territorio de Damasco, así como el territorio de Jamat. Este, el lado septentrional. 18 Lado oriental: entre el Jaurán y Damasco, entre Galaad y la tierra de Israel, el Jordán servirá de frontera hacia el mar oriental, hasta Tamar: Este, el lado oriental. 19 Lado meridional, al sur: desde Tamar hasta las aguas de Meribá de Cadés, hacia el torrente, hasta el mar Grande. Este, el lado meridional, al sur. 20 Lado occidental: el mar Grande será la frontera hasta enfrente de la Entrada de Jamat. Este, el lado occidental. 21 Os repartiréis esta tierra, según las tribus de Israel. 22 Os la repartiréis como heredad para vosotros y para los forasteros que residan con vosotros y que hayan engendrado hijos entre vosotros, porque los consideraréis como al israelita nativo. Con vosotros participarán en la suerte de la heredad, en medio de las tribus de Israel. 23 En la tribu donde resida el forastero, allí le daréis su heredad, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel 48
1 Y estos son los nombres de las tribus. Desde el extremo norte, a lo largo del camino de Jetlón, hacia la Entrada de Jamat, Jasar Enán, quedando al norte el territorio de Damasco, a lo largo de Jamat: será para él desde el lado oriental hasta el lado occidental: Dan, una parte. 2 Limitando con Dan, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Aser, una parte. 3 Limitando con Aser, desde el lado oriental hasta el lado occidental:

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Neftalí, una parte. 4 Limitando con Neftalí, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Manasés, una parte. 5 Limitando con Manasés, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Efraím, una parte. 6 Limitando con Efraím, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Rubén, una parte. 7 Limitando con Rubén, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Judá, una parte. 8 Limitando con Judá, desde el lado oriental hasta el lado occidental, estará la ofrenda sagrada que reservaréis, de veinticinco mil codos de ancha, y de larga como cada una de las otras partes desde el lado oriental hasta el lado occidental. Y en medio estará el santuario. 9 La ofrenda sagrada que reservaréis para Yahveh tendrá veinticinco mil codos de longitud y diez mil de anchura. 10 A ellos, a los sacerdotes, pertenecerá la ofrenda santa reservada: veinticinco mil codos al norte, diez mil codos de anchura al oeste, diez mil codos de anchura al este, y veinticinco mil codos de longitud al sur; y el santuario de Yahveh estará en el medio; 11 a los sacerdotes consagrados, aquellos de entre los hijos de Sadoq que cumplieron mi ministerio, y que no se descarriaron al descarriarse los israelitas, como se descarriaron los levitas, 12 a ellos les corresponderá una parte de la tierra reservada como ofrenda sacratísima, junto al territorio de los levitas. 13 Los levitas, a semejanza del territorio de los sacerdotes, tendrán un territorio de veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho - longitud total, veinticinco mil, y anchura, diez mil. 14 No podrán vender ni cambiar ni ceder nada de esta parte de la tierra, porque está consagrada a Yahveh. 15 Los cinco mil codos de anchura que quedan a lo largo de los veinticinco mil, serán un terreno profano para la ciudad, para viviendas y pastizales. La ciudad quedará en medio. 16 Y estas serán sus dimensiones: por el lado norte, cuatro mil quinientos codos; por el lado sur, cuatro mil quinientos codos; por el lado este, cuatro mil quinientos codos; por el lado oeste, cuatro mil quinientos codos. 17 Y los pastizales de la ciudad se extenderán hacia el norte doscientos cincuenta codos, hacia el sur doscientos cincuenta, hacia el este doscientos cincuenta y hacia el oeste doscientos cincuenta. 18 Quedará una extensión, a lo largo de la ofrenda santa reservada, de diez mil codos hacia oriente y diez mil hacia occidente, a lo largo de la ofrenda santa reservada: sus productos servirán para la alimentación de los trabajadores de la ciudad. 19 Los trabajadores que trabajen en la ciudad serán tomados de todas las tribus de Israel. 20 El total de la ofrenda reservada será de veinticinco mil codos por veinticinco mil. Reservaréis un cuarto de la ofrenda santa reservada para la propiedad de la ciudad. 21 Lo que quede será para el príncipe, a uno y otro lado de la ofrenda santa reservada y de la propiedad de la ciudad, a lo largo de los veinticinco mil codos al este, hasta la frontera oriental, y al oeste a lo largo de los veinticinco mil codos hasta la frontera occidental, para el príncipe, en correspondencia a las demás partes; y en el medio estará la ofrenda santa res reservada y el santuario de la Casa. 22 Así, desde la propiedad de los levitas y la propiedad de la ciudad que están en medio de la parte del príncipe, entre la frontera de Judá y la de Benjamín, pertenecerá al príncipe. 23 Y las demás tribus: desde el lado oriental hasta el lado occidental: Benjamín, una parte.

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24 Limitando con Benjamín, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Simeón, una parte. 25 Limitando con Simeón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Isacar, una parte. 26 Limitando con Isacar, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Zabulón, una parte. 27 Limitando con Zabulón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Gad, una parte. 28 Y limitando con Gad, por el lado meridional, al sur, la frontera correrá desde Tamar hacia las aguas de Meribá de Cadés, el torrente, hasta el mar Grande. 29 Tal es la tierra que repartiréis en heredad entre las tribus de Israel y tales serán sus partes, oráculo del Señor Yahveh. 30 Y estas son las salidas de la ciudad: por el lado norte, se medirán cuatro mil quinientos codos. 31 Las puertas de la ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel. Al norte tres puertas: la puerta de Rubén, la puerta de Judá y la puerta de Leví. 32 Por el lado oriental, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de José, la puerta de Benjamín y la puerta de Dan. 33 Por el lado meridional, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Simeón, la puerta de Isacar y la puerta de Zabulón. 34 Por el lado occidental, cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Gad, la puerta de Aser y la puerta de Neftalí. 35 El perímetro total será de dieciocho mil codos. Y en adelante el nombre de la ciudad será: «Yahveh está allí.» DANIEL

Daniel 1
1 El año tercero del reinado de Yoyaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén y la sitió. 2 El Señor entregó en sus manos a Yoyaquim rey de Judá, así como parte de los objetos de la Casa de Dios. El los llevó al país de Senaar y depositó los objetos en la casa del tesoro de sus dioses. 3 El rey mandó a Aspenaz, jefe de sus eunucos, tomar de entre los israelitas de estirpe real o de familia noble, 4 algunos jóvenes, sin defecto corporal, de buen parecer, instruidos en toda sabiduría, cultos e inteligentes, idóneos para servir en la corte del rey, con el fin de enseñarles la escritura y la lengua de los caldeos. 5 El rey les asignó una ración diaria de los manjares del rey y del vino de su mesa. Deberían ser educados durante tres años, después de lo cual entrarían al servicio del rey. 6 Entre ellos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran judíos. 7 El jefe de los eunucos les puso nombres nuevos: Daniel se llamaría Beltsassar, Ananías Sadrak, Misael Mesak y Azarías Abed Negó. 8 Daniel, que tenía el propósito de no mancharse compartiendo los manjares del rey y el vino de su mesa, pidió al jefe de los eunucos permiso para no mancharse. 9 Dios concedió a Daniel hallar gracia y benevolencia ante el jefe de los eunucos. 10 Pero el jefe de los eunucos dijo a Daniel: «Temo al rey, mi señor; él ha asignado vuestra comida y vuestra bebida, y si llega a ver vuestros rostros más macilentos que los de los jóvenes de vuestra edad, expondríais mi cabeza a los ojos del rey.» 11 Daniel dijo entonces al guarda a quien el jefe de los eunucos había confiado el cuidado de Daniel, Ananías, Misael y Azarías:

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12 «Por favor, pon a prueba a tus siervos durante diez días: que nos den de comer legumbres y de beber agua; 13 después puedes comparar nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen los manjares del rey, y hacer con tus siervos con arreglo a lo que hayas visto.» 14 Aceptó él la propuesta y les puso a prueba durante diez días. 15 Al cabo de los diez días se vio que tenían mejor aspecto y estaban más rollizos que todos los jóvenes que comían los manjares del rey. 16 Desde entonces el guarda retiró sus manjares y el vino que tenían que beber, y les dio legumbres. 17 A estos cuatro jóvenes les concedió Dios ciencia e inteligencia en toda clase de letras y sabiduría. Particularmente Daniel poseía el discernimiento de visiones y sueños. 18 Al cabo del tiempo establecido por el rey para que le fueran presentados los jóvenes, el jefe de los eunucos los llevó ante Nabucodonosor. 19 El rey conversó con ellos, y entre todos no se encontró ningún otro como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Quedaron, pues, al servicio del rey. 20 Y en cuantas cosas de sabiduría o de inteligencia les consultó el rey, los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos que había en todo su reino. 21 Daniel permaneció allí hasta el año primero del rey Ciro.

Daniel 2
1 El año segundo del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños, y su espíritu se turbó hasta el punto de no poder dormir. 2 El rey mandó llamar a los magos y adivinos, encantadores y caldeos para que manifestaran al rey sus sueños. Vinieron ellos y se presentaron al rey. 3 El rey les dijo: «He tenido un sueño y mi espíritu se ha turbado por el deseo de comprender este sueño.» 4 Los caldeos respondieron al rey: (Arameo) «¡Viva e