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Proceso Laboral I

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'Proceso Laboral I' publicado por Thomson Reuters Aranzadi con ISBN: 978-84-470-3521-2
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02/02/2011

CAP. I.

CUESTIONES GENERALES

1.

La jurisdicción social Regulación legal: arts. 1 a 5 LPL

1.1. ÁMBITO DE LA JURISDICCIÓN SOCIAL 1.1.1. Ámbito de la jurisdicción a efectos internacionales 1.1.2. Competencia genérica 1.1.3. Delimitación positiva de la jurisdicción 1.1.4. Delimitación con otros órdenes jurisdiccionales 1.1.4.1. Materias excluidas 1.1.4.2. Delimitación con la jurisdicción contencioso-administrativa 1.1.4.3. Delimitación con la jurisdicción civil 1.1.4.4. Delimitación de competencias con el juez del concurso 1.2. TRATAMIENTO PROCESAL DE LA JURISDICCIÓN 1.2.1. Planteamiento de la falta de jurisdicción F.1.E. Providencia poniendo de manifiesto la falta de jurisdicción y dando audiencia a las partes (art. 5 LPL) F.2.E. Escrito del demandado planteando la falta de jurisdicción con anterioridad al juicio 1.2.2. Sustanciación y decisión F.3.E. Informe del Ministerio Fiscal sobre competencia del Orden Jurisdiccional Social F.4.E. Auto declarando la incompetencia del Orden Jurisdiccional Social 1.3. CUESTIONES PREJUDICIALES 1.3.1. La competencia prejudicial 1.3.2. Prejudicialidad penal suspensiva F.5.E. Escrito del demandado planteando suspensión por prejudicialidad penal en un proceso laboral F.6.E. Auto decretando la suspensión por cuestión prejudicial penal 1.3.3. Prejudicialidad del juez del concurso

a) La jurisdicción social. El art. 9.5 de la LOPJ establece que los Órganos del Orden Jurisdiccional Social conocerán de las pretensiones que se promuevan dentro de la rama social del Derecho, tanto en conflictos individuales como colectivos, así como las
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reclamaciones en materia de Seguridad Social, o contra el Estado cuando le atribuya responsabilidad la legislación laboral. En forma concorde con la delimitación de la jurisdicción social realizada por el referido precepto, los arts. 1 a 3 de la LPL desarrollan las materias que están atribuidas al conocimiento del orden jurisdiccional social. En los citados preceptos, se parte de una atribución genérica (v. gr. pretensiones derivadas de conflictos individuales y colectivos que se promuevan en la rama social del Derecho), para, a reglón seguido, enumerar una larga serie de atribuciones específicas de forma abierta (art. 2 LPL) y enumerar también una serie de exclusiones concretas (art. 3 LPL). La expresión legal básica para delimitar el ámbito de la jurisdicción social es la referencia a «la rama social del Derecho», que es coextensa con la noción de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (CONDE MARTÍN DE HIJAS, cit. bibl., 1990, p. 9) y que tiene la virtud de hacer manifiesta la llamada vis atractiva de la jurisdicción social hacia los conflictos que tengan relación con la prestación de trabajo por cuenta ajena, e incluso por cuenta propia, siempre que el conflicto se centre en la prestación y su remuneración o en las relaciones de aseguramiento derivadas (GARCÍA FERNÁNDEZ, cit. bibl., 1991, p. 16). b) Antecedentes. La jurisdicción social se encuentra regulada en el vigente Texto Refundido de la Ley de Procedimiento Laboral, aprobado por Real Decreto Legislativo 2/1995, de 7 de abril, que refundió el texto de 1990 con las diferentes reformas que le habían afectado y que se produjeron principalmente en el año 1994 (Leyes 11/1994, 14/1994, 18/1994 y 42/1994, cuya Disposición Final sexta autorizaba al Gobierno a la elaboración del Texto Refundido). Históricamente, el proceso laboral surgió como consecuencia de la necesidad de dar respuesta a los conflictos derivados del Derecho del Trabajo, atendidas las insuficiencias que se imputaban al proceso civil y a la jurisdicción ordinaria para tutelar los derechos sustantivos de naturaleza laboral, por su excesivo coste en términos temporales y económicos (TESORIERE, cit. bibl., 1991, pp. 70-71). Por ello, desde sus inicios, el proceso laboral acoge los principios que le caracterizan como son los de oralidad, inmediación,
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celeridad, concentración, publicidad y gratuidad, lo cual ya se pone de manifiesto en la Ley de Tribunales Industriales de 19 de mayo de 1908 y en los posteriores textos normativos (Ley de Tribunales Industriales de 23 de julio de 1912 y Código de Trabajo de 23 de agosto de 1926). Los primeros órganos que conocían de conflictos laborales (Tribunales Industriales y Jurados mixtos) dieron paso en el año 1940 a las Magistraturas de Trabajo, reguladas por Ley Orgánica de 17 de octubre de 1940, que aparecían como una jurisdicción especial dentro de la estructura del Ministerio de Trabajo, culminada por el Tribunal Central de Trabajo con competencia en todo el territorio nacional para conocer del recurso de suplicación contra determinadas sentencias de las Magistraturas. En el ámbito de la regulación del proceso laboral, el primer texto articulado data del año 1958, que fue objeto de sucesivas modificaciones, hasta que la aprobación del Estatuto de los Trabajadores da lugar a la adopción de un nuevo Texto Refundido en el Real Decreto Legislativo 1568/1980, de 13 de junio, precedente inmediato de la Ley de Procedimiento Laboral aprobada por el Real Decreto 521/1990, de 27 de abril, en desarrollo de la Ley de Bases de Procedimiento Laboral 7/1989, de 12 de abril, y del vigente Texto Refundido de 1995, al que ya se ha hecho referencia. En el ámbito de los órganos jurisdiccionales, la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 modificó la organización de los Juzgados y Tribunales del orden social, estableciendo la estructura que debía adoptarse, lo cual se hizo efectivamente con la entrada en vigor de la Ley de Demarcación y Planta Judicial (Ley 38/1988), suprimiéndose el Tribunal Central de Trabajo y residenciando la potestad jurisdiccional en los Juzgados de lo Social, Tribunales Superiores de Justicia, Audiencia Nacional y Sala Cuarta del Tribunal Supremo. c) Reformas. El Texto Refundido de la Ley de Procedimiento Laboral ha sido objeto de sucesivas reformas, siendo las más importantes las que derivan de la reforma de la Ley Concursal (Ley 22/2003, de 9 julio 2003), de la reforma introducida por el Estatuto del Trabajo Autónomo (Ley 20/2007, de 11 de julio) y, especialmente, por las modificaciones que se introducen por la adaptación de la Ley a la Nueva Oficina Judicial introducidas por Ley 13/ 2009, de 3 de noviembre, de la Nueva Oficina Judicial. Final45

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mente, la reforma laboral de 2010 modificó el art. 122 de la LPL para adecuar la calificación del despido a la nueva redacción del art. 53 del ET. d) Sistemática. El estudio de la jurisdicción social debe partir de la delimitación de la extensión y límites de la jurisdicción, y los problemas de delimitación de competencias con otros órdenes jurisdiccionales, con referencia al tratamiento procesal de la jurisdicción. Por último, se realizará el estudio de las cuestiones prejudiciales en el proceso laboral, como cuestión conexa con la jurisdicción. 1.1. ÁMBITO DE LA JURISDICCIÓN SOCIAL Previamente a definir el ámbito, debe hacerse referencia a la extensión de la jurisdicción de los Tribunales españoles en el orden social a nivel internacional. Una vez delimitada la jurisdicción nacional, debe tenerse en cuenta que la potestad jurisdiccional en cada orden es de configuración legal, lo cual significa que es la Ley la que delimita el ámbito del ejercicio de la jurisdicción social. El art. 9 de la LOPJ, partiendo del principio de la unidad de jurisdicción, regula la distribución de las materias atribuidas a su conocimiento entre los diferentes órdenes jurisdiccionales, sobre la base de unos criterios generales de atribución a cada uno de ellos, que posteriormente son especificados en otras normas legales. A la hora de definir el ámbito de la jurisdicción social, debe hacerse referencia, por una parte, al principio general del art. 1 de la LPL, y, por otra parte, a la extensión de la jurisdicción social a las materias relacionadas en el art. 2 de la LPL. Dicha regulación se complementa con las materias excluidas del ámbito de su conocimiento, que se enumeran en el art. 3 de la LPL. 1.1.1. Ámbito de la jurisdicción a efectos internacionales

En el orden social, la delimitación de la jurisdicción de los Jueces y Tribunales españoles se encuentra establecida en el art. 25 de la LOPJ, que se divide en tres apartados que hacen referen46

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cia a los derechos y obligaciones derivados del contrato de trabajo, conflictos y convenios colectivos, y Seguridad Social. Todos estos supuestos de atribución competencial parten del principio común de territorialidad establecido con carácter general en el art. 21 de la LOPJ y en virtud del cual son competentes los Juzgados y Tribunales españoles para conocer de los juicios que se susciten en territorio español entre españoles, entre extranjeros y entre españoles y extranjeros con arreglo a lo establecido en la propia LOPJ y en los tratados y convenios internacionales en los que España sea parte. a) Contrato de trabajo. En materia de derechos y obligaciones derivados del contrato de trabajo, se siguen los criterios comunes de determinación de la competencia internacional en materia contractual, si bien con algunas precisiones derivadas de la peculiar naturaleza del contrato de trabajo. Así, el primer criterio enumerado en el art. 25.1 de la LOPJ es el común en materia contractual referido al lugar de celebración del contrato de trabajo o de prestación de servicios, de manera que cuando el contrato se haya celebrado en territorio español o cuando los servicios se hayan prestado en España, serán competentes los Juzgados y Tribunales españoles. El mismo apartado 1 del art. 25 de la LOPJ recoge una atribución específica en el caso del contrato de embarque, donde se establece la competencia de los órganos jurisdiccionales españoles cuando el contrato fue precedido de oferta recibida en España por trabajador español. Junto a este criterio real de atribución, también se recoge el criterio personal, conociendo la jurisdicción española en dos supuestos: a) cuando el trabajador y empresario tengan nacionalidad española, cualquiera que sea el lugar de prestación de los servicios o de celebración del contrato; y b) cuando el demandado, generalmente el empresario, tenga su domicilio en territorio español o una agencia, sucursal, delegación o cualquier otra representación en España. Por tanto, y a la hora de determinar la competencia de los Tribunales españoles, es capital concretar los aspectos fácticos del litigio tales como la naturaleza de la relación que ha unido a las partes y el lugar de su celebración, la nacionalidad, el domicilio de las partes y el lugar de prestación de los servicios, así como la
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naturaleza de la controversia (en este sentido, SSTSJ Madrid 26 junio 2001 [AS 2001, 2944] y 18 julio 2001 [AS 2001, 3695]). Por último, y en materia de sumisión a los Tribunales de otros países, ha de tenerse en cuenta que están expresamente prohibidos los pactos de sumisión a Tribunales extranjeros en materia de litigios derivados de un contrato de trabajo cuando los servicios se hayan prestado en un único país, con dos salvedades: a) cuando la sumisión se hubiera convenido después de nacer la controversia; y b) cuando sea el trabajador –y no el empresario– el que invoque el pacto de sumisión (STSJ País Vasco 20 febrero 2001 [AS 2001, 1277]). Por otra parte, también ha de estarse a lo dispuesto en los Tratados y Convenios Internacionales en que España sea parte, siendo de especial relevancia las normas de Derecho Comunitario en la materia. Las normas internacionales más importantes en esta materia son el Convenio de Bruselas de 27 de septiembre de 1968, al cual se adhirió España mediante el Convenio de San Sebastián de 26 de mayo de 1989 (BOE 28 de enero de 1991), así como Convenio paralelo de Lugano de 16 de septiembre de 1988 (BOE 20 de octubre de 1994), que son los que fijan el forum, y el Convenio de Roma de 19 de junio de 1980 (BOE 19 de julio de 1993 y BOE 6 de abril de 1999, que contiene la ratificación de España a la última versión), que contiene los criterios de determinación de la ley aplicable al litigio. Asimismo, en la actualidad es de aplicación el Reglamento (CE) nº 44/2001 del Consejo, de 22 de diciembre de 2000, relativo a la competencia judicial, el reconocimiento y la ejecución de resoluciones judiciales en materia civil y mercantil, que entró en vigor el día 1 de marzo de 2002. En relación a estas normas internacionales sobre atribución de la jurisdicción hay que distinguir entre fuero para conocer el asunto y derecho aplicable al mismo. Así, el Tribunal Supremo ha indicado que el Convenio de Roma de 1980 –actualmente sustituido por el Reglamento CE nº 593/2008, del Parlamento Europeo y del Consejo de 17 de junio de 2008 sobre ley aplicable a las obligaciones contractuales («Roma I»; DOUE L 177 de 4 de julio de 2008)– únicamente regula la ley que ha de regir una determinada relación jurídica, de forma preferente a las normas de derecho internacional privado recogidas en el Código Civil, de manera que el
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fuero se determina por los otros instrumentos normativos internacionales que fijan quien debe conocer y aplicar la ley determinada conforme al Convenio de Roma (SSTS 29 septiembre 1998 [RJ 1998, 8554] y 20 noviembre 1998 [RJ 1998, 10009]). La problemática más importante en materia de jurisdicción internacional se genera en los supuestos de movilidad geográfica internacional, cuando se produce desplazamiento de los trabajadores a otro Estado en el marco de una prestación de servicios, o cuando se prestan servicios en el marco de un grupo de empresas de dimensión supranacional. En esta materia de desplazamientos internacionales hay que tener en cuenta las normas de competencia judicial internacional establecidas por la Directiva 96/71/CE que añaden un nuevo fuero (el del Estado de destino del trabajador desplazado) al fuero general que establecía el art. 5.1 del Convenio de Bruselas de 27 de septiembre de 1968 (país de origen, salvo supuestos de sumisión voluntaria) y al del Convenio de Lugano de 16 de septiembre de 1988. Este fuero del Estado de destino del trabajador introducido por la Directiva de 1996 es compatible con el que corresponda conforme al Derecho Internacional Privado, y tiene una finalidad protectora, puesto que es electivo únicamente es el trabajador y garantiza su protección, en el sentido que se tratan de evitar los riesgos derivados de la aplicación de la ley propia por el Tribunal del Estado de origen del trabajador. Este fuero está vigente en los arts. 15 a 17 de la Ley 45/1999, de 29 de noviembre, sobre desplazamiento de los trabajadores en el marco de una prestación de servicios transnacional, que transpuso la Directiva 96/71/CE del Parlamento y Consejo antes citada. Así, estos preceptos reconocen la competencia de los Tribunales españoles del orden social para el conocimiento de las cuestiones litigiosas que se susciten en el ámbito de aplicación de la Ley, sin perjuicio del fuero que corresponde conforme al Derecho Internacional Privado. En el ámbito de los grupos de empresa de dimensión comunitaria, han de tenerse en cuenta las prescripciones de la Ley 10/ 1997, de 24 de abril, sobre Derechos de Información y Consulta de los Trabajadores en las empresas y grupos de empresas de dimen49

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sión Comunitaria, que traspuso al ordenamiento jurídico español la Directiva 94/45/CE, y cuyo artículo 36.1 establece que los órganos jurisdiccionales españoles del orden social serán competentes para conocer de los litigios comprendidos en el ámbito de aplicación de la ley cuando las partes se hayan sometido expresa o tácitamente a los mismos o, en su defecto, cuando el demandado tenga su domicilio en España o cuando la obligación que sirviese de base a la demanda hubiese sido o debiese ser cumplida en territorio español. b) Conflictos y convenios colectivos. El apartado 2 del art. 25 de la LOPJ sigue el criterio de la territorialidad en cuanto a la competencia de los Juzgados y Tribunales españoles en materia de control de legalidad de los convenios colectivos de trabajo, de manera que conocerá la jurisdicción española cuando los mismos se hayan celebrado en España, así como en materia de pretensiones derivadas de conflictos colectivos de trabajo, de modo que conocerá de éstos cuando se hayan promovido en territorio español. c) Seguridad Social. El apartado 3 del art. 25 de la LOPJ contempla la competencia de los Juzgados y Tribunales españoles en materia de pretensiones de Seguridad Social. En este caso, se combina el criterio de la nacionalidad, que en todo caso determina la atribución competencial a favor de los Tribunales españoles cuando se trata de Entes Públicos, tal como se infiere del art. 24 de la LOPJ, con el del domicilio. Así, los Juzgados y Tribunales españoles conocen de las pretensiones de Seguridad Social que se deduzcan frente a entidades españolas, o que tengan domicilio, agencia, delegación o cualquier otra representación en España. 1.1.2. Competencia genérica

El art. 9.5 de la LOPJ y el art. 1 de la LPL expresan la cláusula genérica de atribución competencial al orden jurisdiccional social al indicar que los órganos jurisdiccionales del orden social conocerán de las pretensiones que se promuevan dentro de la rama social del Derecho en conflictos tanto individuales como colectivos. La atribución genérica se completa con la delimitación positiva de las materias atribuidas a este orden jurisdiccional (art. 2 LPL), que en ocasiones son una mera concreción de la cláusula
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genérica, y con la delimitación negativa en relación a las materias excluidas (art. 3 LPL). La técnica de atribución genérica consiste en una vis attractiva que MONTERO AROCA (cit. bibl., 1993, p. 35) califica como de segunda categoría, en virtud de la cual la identificación del ámbito de la jurisdicción social requiere que se defina previamente lo que se entiende por «rama social del Derecho». La doctrina identifica la rama social del Derecho con la noción de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, por lo que la competencia de los órganos jurisdiccionales del orden social está vinculada a los fenómenos de extensión y huida del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (CRUZ VILLALÓN, cit. bibl., 1991, p. 19). Esta atribución genérica determina la vis atractiva de la jurisdicción social hacia cualquier conflicto que tenga relación con la prestación de trabajo por cuenta ajena, incluso propia, si el conflicto se centra en la prestación y su remuneración o relaciones derivadas, lo cual comporta en la práctica, en denominación de GARCÍA FERNÁNDEZ (cit. bibl., 1991, p. 16), una «presunción»: cuando por la naturaleza del litigio las fronteras jurisdiccionales son inciertas, la jurisdicción social atraerá en principio la competencia. De alguna manera, la cláusula genérica de atribución de competencia del orden social hace ceder la vis attractiva del orden jurisdiccional civil establecida en el art. 9.2 de la LOPJ, cuando se trata de una materia que puede incluirse en el ámbito del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, no obstante presente contornos difusos. La atribución se completa con la lista de materia atribuidas al conocimiento del orden social que se enumera de forma abierta en el art. 2 de la LPL y con la exclusión de las materias recogida en el art. 3 de la LPL. 1.1.3. Delimitación positiva de la jurisdicción

El art. 2 de la LPL atribuye al conocimiento de la jurisdicción social un conjunto de cuestiones minuciosamente detallado y enumerado en forma abierta, tal como se expresa en el apartado q) del precepto, que indica que los órganos del orden social conocerán de cualesquiera otras cuestiones que les sean atribuidas por normas con rango de ley.
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Para enumerar de forma sistemática los supuestos de las modalidades de cuestiones atribuidas al conocimiento del orden jurisdiccional social, puede seguirse la sistematización de MONTOYA MELGAR (cit. bibl., 1995, p. 32) que distingue entre: a) conflictos individuales, b) conflictos de naturaleza colectiva, c) conflictos en materia sindical, d) conflictos sobre Seguridad Social y materias conexas, e) conflictos derivados de reclamaciones contra el Estado y el FOGASA, y f) conflictos entre sociedades cooperativas de trabajo asociado o sociedades anónimas laborales y sus respectivos socios trabajadores. a) Conflictos individuales. Dentro de los conflictos individuales podemos incluir aquéllos que se promuevan entre empresarios y trabajadores como consecuencia del contrato de trabajo, y a salvo de lo dispuesto en la Ley Concursal [apartado a)], así como los que surgen como consecuencia del contrato de puesta a disposición [apartado o)], como los que se plantean en relación con el régimen profesional, tanto en su vertiente individual como colectiva, de los trabajadores autónomos económicamente dependientes a los que se refiere la Ley del Estatuto del Trabajo Autónomo [apartado p), introducido por Ley 20/2007]. Dentro de los conflictos individuales atribuidos al conocimiento del orden jurisdiccional social se incluyen los derivados de las relaciones laborales especiales del art. 2 del ET. El elemento rector básico para que un conflicto sea atribuido al conocimiento de la jurisdicción laboral es el de la naturaleza de la relación jurídica en cuyo seno se promueve el conflicto, de forma que si se trata de un contrato de otra naturaleza el conocimiento del asunto corresponderá al orden jurisdiccional correspondiente. En este punto, se plantean problemas de delimitación con los órdenes jurisdiccionales civil y contencioso-administrativo, como veremos en el epígrafe siguiente (vid. infra 1.1.4). b) Conflictos de naturaleza colectiva. El art. 1 de la LPL atribuye genéricamente del orden jurisdiccional social el conocimiento de los conflictos colectivos que se promuevan en la rama social del Derecho. El art. 2 concreta algunos de ellos como son los procesos de conflictos colectivos [apartado l)], la impugnación de convenios colectivos [apartado m)] o los procesos en materia electoral, incluida la denegación del registro de actas electorales, también
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cuando se refieran a elecciones a órganos de representación del personal al servicio de las Administraciones Públicas [apartado n)]. c) Conflictos en materia sindical. Las cuestiones litigiosas atribuidas al orden jurisdiccional social en este ámbito se refieren tanto al control de legalidad en la constitución y actuación de sindicatos y asociaciones empresariales, al funcionamiento interno de los sindicatos, así como a la tutela de los derechos de libertad sindical a nivel individual. Así, se atribuyen al conocimiento del orden social el conocimiento de las cuestiones litigiosas que se promuevan sobre constitución y reconocimiento de la personalidad jurídica de los sindicatos, impugnación de sus estatutos y su modificación [art. 2, apartado g)], en materia de régimen jurídico específico de los sindicatos, tanto legal como estatutario, en lo relativo al funcionamiento interno y a las relaciones con sus afiliados [art. 2, apartado h)], en relación a la constitución y reconocimiento de la personalidad jurídica de las asociaciones empresariales en los términos referidos en la disposición derogatoria de la LOLS, impugnación de sus estatutos y su modificación [art. 2, apartado i)]; sobre responsabilidad de los sindicatos y asociaciones empresariales por infracción de normas de la rama social del Derecho [art. 2, apartado j)]; y sobre tutela de la libertad sindical [art. 2, apartado k)]. d) Conflictos sobre Seguridad Social y materias conexas. Se atribuye el conocimiento de la materia de Seguridad Social, incluida la protección por desempleo [art. 2, apartado b)]; la aplicación de los sistemas de mejoras de la acción protectora de la Seguridad Social incluidos los planes de pensiones y contratos de seguros siempre que su causa derive de un contrato de trabajo o convenio colectivo [art. 2, apartado c)]; y las cuestiones que surjan entre los asociados y las Mutualidades, excepto las establecidas por los Colegios Profesionales, en los términos previstos en los arts. 64 y siguientes y en la disposición adicional decimoquinta de la Ley 30/1995, de 8 de octubre, de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados (actualmente RDlegislativo 6/2004, de 29 de octubre), así como entre las fundaciones laborales o entre éstas y sus beneficiarios, sobre cumplimiento, existencia o declaración de sus obligaciones específicas y derechos de carácter patrimonial, relacionados con los fines y obligaciones propios de esas entidades [art. 2, apartado d)].
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