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Camus, Albert. El mito de Sísifo (1942). 8ª. reimpr.

Madrid: Alianza
Editorial, 2009 (Biblioteca Camus).
El mito de Sísifo

Lo absurdo y el suicidio
15. El gusano se encuentra en el corazón del hombre. Allí hay que buscarlo.
Es preciso seguir y comprender el juego moral que lleva de la lucidez frente
a la existencia a la evasión fuera de la luz.

16. Matarse es, en cierto sentido, como el melodrama, confesar. Es confesar
que la vida nos supera o que no la entendemos.

Morir voluntariamente supone que hemos reconocido, aunque sea
instintivamente, el carácter ridículo de esta costumbre, la ausencia de toda
razón profunda para vivir, el carácter insensato de esta agitación cotidiana y
la inutilidad del sufrimiento.

Un mundo que podemos explicar, aunque sea con malas razones, es un
mundo familiar. Pero en cambio en un universo privado de pronto de
ilusiones y de luces, el hombre se siente extranjero. Es un destierro sin
remedio, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la
esperanza de una tierra prometida. Ese divorcio entre el hombre y su vida,
el actor y su decorado, es propiamente el sentimiento de lo absurdo. Y como
todos los hombres sanos han pensado en el suicidio, cabe reconocer, sin
más explicaciones, que hay un lazo directo en ese sentimiento y la
aspiración a la nada.

Los muros absurdos


24. Todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un
razonamiento irrisorio. Las grandes obras nacen a menudo a la vuelta de
una esquina o en la puerta de un restaurante. Y lo mismo la absurdidad. El
mundo absurdo extrae su nobleza, más que ningún otro, de este nacimiento
miserable.
25. Suele suceder que los decorados se derrumben. Despertar, tranvía,
cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de
trabajo, cena, sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al
mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día
surge el <<porqué>> y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro.
<<Comienza>>, eso es importante. La lasitud está al final de los actos de
una vida maquinal, pero inaugura al mismo tiempo el movimiento de la
conciencia. Lo despierta y provoca la continuación. La continuación es la
vuelta inconsciente a la cadena, o el despertar definitivo. Al final del
despertar llega, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.
27. Ese espesor y esa extrañeza del mundo es lo absurdo.

Ese malestar ante la inhumanidad del hombre, esa incalculable caída ante
la imagen de lo que somos, esa <<náusea>>, como la llama un autor de
nuestros días, es también lo absurdo.
30. Esa nostalgia de unidad, ese apetito de absoluto ilustra el movimiento
esencial del drama humano.
36. Nuestra época asiste al renacimiento de esos sistemas paradójicos que
se las ingenian para que se tambalee la razón, como si ésta siempre
hubiese avanzado con pasos seguros.
37. […] todos partieron de ese universo indecible donde reinan la
contradicción, la antinomia, la angustia o la impotencia.

Heidegger considera fríamente la condición humana y anuncia que esta
existencia está humillada. La única realidad es el <<cuidado>> en toda la
escala de los seres.

<<el mundo ya no puede ofrecer nada al hombre angustiado>> […]
Enumera sus rostros: de hastío, cuando el hombre trivial trata de nivelarlo
en sí mismo y de aturdirlo; de terror cuando el espíritu contempla la
muerte. Tampoco él separa la conciencia de lo absurdo. La conciencia de la
muerte es el llamamiento del cuidado y la <<existencia se dirige entonces
a una llamada propia por medio de la conciencia>>. Ésta es la voz misma
de la angustia y exhorta a la existencia a <<recobrarse ella misma de su
pérdida en el Se anónimo>>. También él opina que no hay que dormir y
que es preciso velar hasta la consumación. Se mantiene en este mundo
absurdo y acusa a su carácter perecedero. Busca su camino entre esos
escombros.
28. Chestov. A través de las experiencias dostoyevskianas del condenado a
muerte, de las aventuras exasperadas del espíritu nietzscheano, de las
imprecaciones de Hamlet, o de la amarga aristocracia de un Ibsen,
descubre, ilumina y magnifica la rebelión humana contra lo irremediable. Le
niega a la razón sus razones y sólo empieza a encaminar sus pasos con
cierta decisión en medio de ese desierto sin colores donde todas las
certidumbres se han convertido en piedras.
Kierkegaard […] hace algo más que descubrir lo absurdo, lo vive.
40. Husserl y los fenomenólogos restituyen el mundo en su diversidad y
niegan el poder trascendente de la razón. El universo espiritual se enriquece
con ellos de forma incalculable. […] Pensar es aprender de nuevo a ver, a
estar atento, es orientar la conciencia, es hacer de cada idea y cada
imagen, a la manera de Proust, un lugar privilegiado.
41. ¿Cómo no percibir el terrible parentesco de estos espíritus? ¿Cómo no
ver que se agrupan en torno a un lugar privilegiado y amargo donde ya no
tiene cabida la esperanza? Quiero que me lo expliquen todo, o nada. La
mente despertada por esta exigencia busca y no encuentra sino
contradicciones y desatinos. Lo que yo no comprendo carece de razón. El
mundo está poblado de esas irracionalidades. Por sí solo, cuyo significado
único no comprendo, no es sino una inmensa irracionalidad. Si pudiera decir
una sola vez ‘esto está claro’, todo se salvaría. Pero estos hombres
proclaman a porfía que nada está claro, todo es caos, que al hombre sólo le
queda su clarividencia y el conocimiento preciso de los muros que lo
rodean.
42. Lo absurdo nace de esa confrontación entre el llamamiento humano y el
silencio irrazonable del mundo. Eso es lo que no hay que olvidar. A eso hay
que aferrarse, pues toda la consecuencia de una vida puede nacer de ello.
Lo irracional, la nostalgia humana y lo absurdo que surge de su cara a cara,
he aquí los tres personajes del drama que debe terminar necesariamente
con toda la lógica que es capaz una existencia.
El suicidio filosófico
46. Llevando al extremo esta lógica absurda, debo reconocer que esa lucha
supone la ausencia total de esperanza (que nada tiene que ver con la
desesperación), el rechazo continuo (que no se debe confundir con la
renuncia) y la insatisfacción consciente (que no cabría asimilar con la
inquietud juvenil). O la insatisfacción inconsciente de Madame Bovary.
47. Existe un hecho evidente que parece enteramente moral: un hombre es
siempre presa de sus verdades. […] Un hombre sin esperanza y consciente
de serlo no pertenece ya al provenir.
50. Desembarazarse de las ilusiones racionales.
Lo absurdo es lo contrario a la esperanza.
51. La embriaguez de lo irracional y la vocación del éxtasis apartan de lo
absurdo a un espíritu clarividente.
52. Nostalgia de absoluto.
57. Lo absurdo es el pecado sin Dios.
Pregunto qué trae aparejada la condición que reconozco como mía, sé que
implica oscuridad e ignorancia y me aseguran que esa ignorancia lo explica
todo y esa noche es mi luz.
58. Me tomo la libertad de llamar aquí suicidio filosófico a la actitud
existencial. Pero eso no implica un juicio. Es una forma cómoda de designar
el movimiento por el cual un pensamiento se niega a sí mismo y tiende a
superarse en lo que constituye su negación. La negación es el Dios de los
existencialistas. Concretamente, ese dios sólo se sostiene gracias a la
negación de la razón humana.
59. [Sobre Husserl] Pensar es aprender de nuevo a ver, dirigir la propia
consciencia, hacer de cada imagen un lugar privilegiado. Dicho de otro
modo, la fenomenología se niega a explicar el mundo, quiere solamente ser
una descripción de lo vivido.
66. El tema de lo irracional, tal como lo conciben los existencialistas, es la
razón que se enreda y se libera negándose. Lo absurdo es la razón lúcida
que comprueba sus límites.
La libertad absurda
No sé si este mundo tiene un sentido que lo supera. Pero sé que no conozco
ese sentido y que de momento me es imposible conocerlo. […] Y estas dos
incertidumbres, mi apetito de absoluto y de unidad y la irreductibilidad de
este mundo a un principio racional y razonable, sé también que no puedo
conciliarlas
70. Yo sería este mundo al que me opongo ahora con toda mi consciencia y
con toda mi exigencia de familiaridad. Esta razón tan irrisoria es la que me
opone a toda la creación. […] ¿Y qué es lo que constituye el fondo del
conflicto, de la fractura entre el mundo y mi espíritu, sino la conciencia que
tengo de ella?
72. [La vida] se la vivirá mejor cuanto menos sentido tenga. Vivir una
experiencia, un destino, es aceptarlo plenamente. Ahora bien, no se vivirá
ese destino, sabiéndolo absurdo, si no se hace todo para mantener ante sí
ese absurdo iluminado por la conciencia. […] El tema de la revolución
permanente se traslada a la experiencia individual. Vivir es hacer que viva
lo absurdo. Hacerlo vivir es, ante todo, contemplarlo. […] Por eso una de las
pocas posiciones filosóficas coherentes es la rebelión. Ésta es un
enfrentamiento perpetuo del hombre con su propia oscuridad. […] La
rebelión metafísica extiende la conciencia a lo largo de la experiencia. Es
esa presencia constante del hombre ante sí mismo. No es aspiración, carece
de esperanza. Esta rebelión no es sino la seguridad de un destino
aplastante, sin la resignación que debería acompañarla.
73. No hay espectáculo más hermoso para un hombre sin anteojeras que el
de la inteligencia enfrentada a una realidad que la supera.
74. Empobrecer esa realidad, cuya humanidad constituye la grandeza del
hombre, supone a un tiempo empobrecerlo a él. Comprendo entonces por
qué las doctrinas que me explican todo me debilitan al mismo tiempo. Me
descargan del peso de mi propia vida, siendo así que es preciso que lo lleve
yo solo.
76. Antes de encontrarse con lo absurdo el hombre cotidiano vive con
metas, con un afán de futuro o de justificación (no importa con respecto a
quién o a otro qué). […] Después de lo absurdo, todo se derrumba. […] Pero
en ese momento sé perfectamente que no existe esa libertad superior, esa
libertad de existir que es la única que puede fundamentar una verdad. La
muerte está ahí como única realidad. Después de ella la suerte está echada.
Ya no soy libre de perpetuarme, sino que soy esclavo, y sobre todo esclavo
sin esperanza de revolución eterna, sin el recurso del desprecio. […] ¿Qué
libertad en sentido pleno puede existir sin seguridad de eternidad?
77. Así, el hombre absurdo comprende que no era realmente libre. [...] Lo
absurdo me aclara este punto: no hay mañana.
78. El retorno a la conciencia, la evasión del sueño cotidiano representan los
primeros pasos de la libertad absurda.
Abismarse en esta certidumbre sin fondo, sentirse en adelante lo bastante
ajeno a la propia vida para acrecentarla y recorrerla sin la miopía del
amante, ahí está el principio de una liberación.
79. Reemplaza las ilusiones de libertad, que se detenían todas en la muerte.
La divina disponibilidad del condenado a muerte ante el cual se abren las
puertas de la prisión cierta madrugada, ese increíble desinterés por todo,
salvo por la llama pura de la vida, ponen de manifiesto que la muerte y lo
absurdo son los principios de la única libertad razonable.
80. Lo que importa no es vivir lo mejor posible sino vivir lo más posible.
82. Sentir la propia vida, la rebelión, la libertad, y lo más posible, es vivir lo
más posible.
83. El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar
consciente, tal es la idea del hombre absurdo.
84. La meditación sobre lo absurdo regresa, al final de su itinerario, al seno
mismo de las llamas apasionadas de la rebelión humana.
Saco así de lo absurdo tres consecuencias que son mi rebelión, mi libertad y
mi pasión.
Obedecer a la llama es a la vez lo más fácil y lo más difícil que hay.
85. <<La plegaria –dice Alain- es cuando la noche cae sobre el
pensamiento.>> <<Pero es necesario que el espíritu se encuentre con la
noche>>, responden los místicos y los existencialistas. Ciertamente, mas
no esa noche que nace ante los ojos cerrados y por la sola voluntad del
hombre –noche oscura y cerrada que el espíritu suscita para perderse en
ella-. Si debe encontrarse con una noche, sea ésta más bien la de la
desesperación que sigue siendo lúcida, noche polar, vigilia del espíritu de la
que se alzará quizás esa claridad blanca e intacta que dibuja cada objeto en
la luz de la inteligencia.
Ahora se trata de vivir.
90. No hay elección y entonces comienza la amargura. Lo absurdo no libera,
ata. No autoriza todas las acciones. Todo está permitido no significa que
nada esté prohibido. Lo absurdo devuelve solamente su equivalencia a las
consecuencias de los actos. No recomienda el crimen, sería pueril, mas
devuelve su inutilidad al remordimiento.
91. Un espíritu impregnado de absurdo juzga solamente que esas
consecuencias han de ser consideradas con serenidad. Está dispuesto a
pagar. Dicho de otro modo, aunque para él pueda haber responsables, pero
no hay culpables.
92. Todas las experiencias son indiferentes a este respecto. Las hay que
sirven al hombre y otras lo perjudican. Le sirven si es consciente. Si no, no
tiene importancia: las derrotas de un hombre no juzgan a las circunstancias,
sino a él.
Todo lo que hace trabajar y agitarse al hombre utiliza la esperanza. El único
pensamiento que no sea engañoso es, por ende, un pensamiento estéril. En
el mundo absurdo, el valor de una noción o de una vida se mide por su
infecundidad.
El donjuanismo
93. Cuánto más se ama, más se consolida lo absurdo.
96. Lo propio del hombre absurdo es no creer en el sentido profundo de las
cosas.
98. [La forma de amar de don Juan] es la forma que él tiene de dar y de
hacer vivir.
99. Un destino no es una punición.
101. Sí, hay que detenerse en esta imagen melancólica y radiante. El fin
último, esperado mas nunca deseado, el fin último es despreciable.
La conquista
110. Un hombre lo es más por las cosas que calla que por las que dice.
112. Llega siempre un momento en el que hay que elegir entre la
contemplación y la acción. Eso se llama hacerse hombre. […] Hay que vivir
con el tiempo y morir con él, o hurtarse a él para una vida más grande. […]
No quiero que entren en mi cuenta la nostalgia o la amargura, lo único que
quiero es ver claro. […] El individuo nada puede y no obstante lo puede
todo. con esta maravillosa disponibilidad, comprenderéis que yo lo ensalce y
lo aplaste a la vez. El mundo lo tritura y yo lo libero. Yo le proporciono todos
sus derechos.
113. Una revolución se cumple siempre contra los dioses […] Es una
reivindicación del hombre contra su destino. […] Ensalzo el hombre ante
lo que lo aplasta y mi libertad, mi rebeldía y mi pasión se unen a
esa tensión, esa clarividencia y esa repetición desmesurada.
119. Si la palabra <<sabio>> se aplica al hombre que vive de lo que tiene,
sin especular sobre lo que no tiene, entonces ellos [los personajes absurdos]
son sabios.

La creación absurda
Filosofía y novela
123. La conquista o el escenario, el amor innumerable, la revuelta absurda,
son homenajes que el hombre rinde a su dignidad en una campaña en la
que está vencido de antemano.
124. El goce absurdo por excelencia es la creación. <<El arte y nada más
que el arte –dice Nietzsche-, tenemos el arte para no morir de la verdad>>.
Todos intentan imitar, repetir y recrear la realidad que es la suya. […] La
creación es el gran mimo.
125. Para el hombre absurdo no se trata de resolver, sino de sentir y
describir. Todo comienza con la indiferencia clarividente.
Describir, tal es la suprema ambición de un pensamiento absurdo.
Es como una repetición monótona y apasionada de los temas orquestados
por el mundo.
[La obra de arte] es en sí misma un fenómeno absurdo y se trata solamente
de describirla. No ofrece una salida al mal ánimo. Es, por el contrario, uno
de los signos de ese mal, que lo repercute en todo el pensamiento de un
hombre.
126. En la época del razonamiento absurdo, la creación sigue a la
indiferencia y al descubrimiento.
127. La obra de arte es también una construcción. […] El artista, como el
pensador, se compromete con su obra y deviene en ella.
Para que sea posible una obra absurda es preciso que el pensamiento esté
mezclado en ella en su forma más lúcida. Mas es preciso al mismo tiempo
que no parezca en ella sino como la inteligencia ordenadora. Esta paradoja
se explica con arreglo a lo absurdo. La obra de arte nace del renunciamiento
de la inteligencia a razonar lo concreto. Marca el triunfo de lo carnal. Lo que
la provoca es el pensamiento lúcido, pero en este mismo acto se niega. No
cederá a la tentación de añadir a lo descrito un sentido más profundo cuya
ilegitimidad conoce. La obra de arte encarna un drama de la inteligencia,
pero no lo demuestra sino indirectamente. La obra absurda exige un artista
consciente de sus límites y un arte en el cual lo concreto no signifique nada
más que lo concreto. No puede ser el fin, el sentido y el consuelo de una
vida. Crear o no crear no cambia nada. El creador absurdo no se apega a su
obra. Podría renunciar a ella; a veces renuncia.
129. El problema para el artista absurdo es adquirir el savoir-vivre que
supera al savori-faire. Para terminar, el gran artista, en este clima, es ante
todo un gran ser vivo, si entendemos que ser vivo es tanto sentir como
reflexionar. La obra encarna, pues, un drama intelectual. La obra absurda
ilustra la renuncia del pensamiento a sus prestigios y su resignación a no
ser sino inteligencia que pone en marcha las apariencias y cubre con
imágenes lo que carece de razón. Si el mundo fuese claro no existiría el
arte.
130. La novela tiene su lógica, sus razonamientos, su intuición y sus
postulados.
131. Los grandes novelistas son novelistas filósofos.
132. Quiero saber si, cuando se acepta vivir sin apelación, se puede
consentir también en trabajar y crear sin apelación y cuál es la ruta que
lleva esas libertades.
133. Lo que vale para la creación, considerada como una de las actitudes
posibles para el hombre consciente de lo absurdo, vale para todos los
estilos de vida que se le ofrecen.
134. Los fracasos de la existencia absurda son los que nos han informado
mejor sobre lo que ésta es.
Kirilov
139. Solamente en ese sentido Jesús encarna todo el drama humano. Es el
hombre perfecto, pues es quien ha realizado la condición más absurda. No
es el Dios-hombre, sino el hombre-dios. Y, como él, cada uno de nosotros
puede ser crucificado y engañado –lo es en cierta medida.
140. Si Dios existe, todo depende de él y contra su voluntad nada podemos.
Si no existe, todo depende de nosotros. Para Kirilov, como para Nietzsche,
matar a Dios es hacerse dios uno mismo –es realizar en esta tierra la vida
eterna de que habla el Evangelio.
141. Sigue siendo hombre-dios, persuadido de una muerte sin futuro.
145. La existencia es engañosa y eterna.
La creación sin mañana
Nada sirve tan bien al arte como un pensamiento negativo.
[…]
Trabajar y crear <<para nada>>, modelar el barro, saber que la propia
creación carece de futuro, ver esa obra destruida en un día siendo
consciente de que, en el fondo, eso no tiene más importancia que construir
para los siglos, es la sabiduría difícil que autoriza el pensamiento absurdo.
[…] Debe dar al vacío sus colores.
149. Todo eso <<para nada>>, para repetir y atascarse. Mas acaso la gran
obra de arte tiene menos importancia en sí que la prueba que exige de un
hombre la ocasión que le brinda de superar sus fantasmas y acercarse un
poco más a su realidad desnuda.
150. En el esfuerzo cotidiano en que la inteligencia y la pasión se mezclan y
arrebatan, el hombre absurdo descubre una disciplina que será lo esencial
de sus fuerzas. La aplicación que se necesita, la obstinación y la
clarividencia coinciden así con la actitud conquistadora.
151. Lo que queda es un destino cuya única salida es fatal. […] La suerte de
su pensamiento ya no es renunciar a sí, sino reanudarse en imágenes. Se
presentará en mitos, sin duda, pero en mitos sin otra profundidad que la del
dolor humano, y como éste inagotable. No ya la fábula divina que divierte y
ciega, sino el rostro, el gesto y el drama terrenales en los que se resumen
una difícil sabiduría y una pasión sin mañana.
El mito de Sísifo
155. Los dioses condenaron a Sísifo a empujar eternamente una roca hasta
lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio
peso. Pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el
trabajo inútil y sin esperanza.
157. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. ¡Un rostro que pena
tan cerca de las piedras es ya de piedra! Veo a ese hombre bajar con pasos
pesados aunque regulares hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esa hora
que es como un respiro y que se repite con tanta seguridad como su
desgracia, esa hora es la de la conciencia. En cada uno de esos instantes,
cuando abandona las cimas y se hunde poco a poco hacia las guardias de
los dioses, Sísifo es superior a su destino. Es más fuerte que su roca.
Lo trágico de este mito estriba en que su héroe es consciente.
158. Si el descenso se hace ciertos días con dolor, puede también hacerse
con gozo. […] Cuando la llamada de la felicidad se hace demasiado
apremiante, entonces la tristeza se alza en el corazón del hombre: es la
victoria de la roca, es la propia roca. Una angustia inmensa es demasiado
pesada de llevar. […]Pero las verdades aplastantes desaparecen al ser
reconocidas.
159. Su destino le pertenece, su roca es su casa. […] No hay sol sin sombra,
y es menester conocer la noche. […] En ese instante sutil en el que el
hombre se vuelve sobre su vida, Sísifo, regresando hacia su roca, contempla
esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por
él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado con su muerte. Así,
persuadido del origen plenamente humano de cuanto es humano, ciego que
desea ver u que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha.
[…]
160. Este universo en adelante sin dueño no le parece estéril ni fútil. Cada
uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esa montaña
llena de noche, forma por sí solo un mundo. La lucha por llegar a las
cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a
Sísifo feliz.
La esperanza y lo absurdo en la obra de Kafka
163. Un símbolo supera siempre a quien lo usa y le hace decir en realidad
más de lo que él tiene conciencia de expresar.
166. Incalculable asombro que experimenta el hombre al notar el animal en
que se convierte sin esfuerzo.
Hay que enumerar esas paradojas y reforzar esas contradicciones.
[…]
En Kafka esos dos mundos son los de la vida cotidiana, por una parte, y la
inquietud sobre natural, por otra. […] Nietzsche: <<Los grandes problemas
están en la calle>>
167. Así es como Kafka expresa la tragedia a través de lo cotidiano, y lo
absurdo a través de lo lógico.
169. Los principios de una obra absurda:
* Rebelión inexpresada.
*Desesperación lúcida y muda.
*Libertad de conducta que los personajes reflejan hasta la muerte final.
169. Universo sin progreso.
170. Ese sutil remedio que nos hace amar lo que nos aplasta y engendra la
esperanza en un mundo sin salida, ese <<salto>> brusco que todo lo
cambia, es el secreto de la revolución existencial.
174. La obra que no era sino repetición sin alcance de una condición estéril,
exaltación clarividente de lo perecedero, se convierte aquí en una cuna de
ilusiones. Explica, de una forma a la esperanza.
176. El paso de lo cotidiano de la esperanza a la angustia y de la sensatez
desesperada a la ceguera voluntaria, [una obra absurda representa] el
rostro conmovedor del hombre que huye de la humanidad […] llama vida a
su aterrador aprendizaje de la muerte.