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patrimonio arqueológico

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PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO, NUESTRA HERENCIA

A la mayoría de nosotros nos gustan las historias sobre nuestros ancestros y en muchos casos nos imaginamos como pudieron haber sido en el pasado los sitios que hoy habitamos. Sin embargo, ¿cómo podríamos saber acerca de nuestros antepasados, si de la mayoría de ellos no poseemos fotografías ni tampoco quien nos cuente su historia?

Figura 2. estudiantes de la Universidad de Caldas realizando excavaciones en la granja Tesorito, Manizales (Colombia)

La respuesta la podemos encontrar en la Arqueología, una disciplina científica a través de la cual podemos llegar a conocer acerca de nuestros antepasados. Al igual que nosotros, nuestros ancestros para poder vivir tenían que trabajar ya fuera cazando animales, recolectando frutos, pescando, sembrando huertas o criando animales domésticos; y para llevar a cabo estas actividades nuestros antepasados necesitaron inventar herramientas. También necesitaron confeccionar vestidos y casas que los resguardara del medio ambiente y armas que los protegiera de los animales peligrosos, además de crear medios de

transporte. También necesitaron inventar libros, letras y números que les permitiera escribir sus leyes, transmitir sus tradiciones, contar su historia y llevar sus negocios. Debido al desgaste por el uso y la invención de objetos mejores para la realización de las actividades ya mencionadas, muchos de éstos objetos fueron abandonados y con el paso de muchísimos siglos fueron quedando enterrados y así se preservaron, junto con restos de comida, de plantas y de animales de su época. Muchos de estos objetos también fueron enterrados intencionalmente en rituales religiosos, mágicos y fúnebres y así se han preservado hasta nuestros días.

Figura 3. Esta es una de las llamadas puntas de Clovis que utilizaron las antiguas poblaciones cazadoras de grandes animales de Norteamérica en el año 11.500 antes de Cristo (Enciclopedia Encarta, 2007)

Los arqueólogos desentierran estos objetos antiguos, no porque ellos sean costosos en los anticuarios ni tampoco porque se vean bonitos en los estantes de los museos. Estos objetos son excavados porque nos permiten, en mayor o menor medida, conocer acerca de la manera en que vivían las personas que los crearon y los usaron. Por ejemplo, el hallazgo en excavaciones

arqueológicas de vasijas de cerámica cubiertas de tizne junto con restos de comida, semillas, huesos de animales, y estufas o fogones podría indicar que la zona excavada se trata de una cocina asociada muy probablemente a una vivienda. Los restos de comida pueden dar una idea acerca de la dieta de los habitantes de esa vivienda y de su economía; los restos de fauna y flora puedan dar pistas acerca del medio ambiente en que los habitantes de esa casa se desenvolvieron. Por lo tanto, a falta de fotografías, de libros y de personas que nos cuenten una historia, estos objetos antiguos excavados por los arqueólogos nos relatan muchos aspectos de la vida de nuestros ancestros; Ese es su verdadero valor, y como tales son el legado de nuestros antepasados para que aprendamos muchas cosas de sus experiencias. Por eso, estos objetos antiguos hacen parte del patrimonio de la humanidad y por eso se consideran como “patrimonio arqueológico”. Debido a lo anterior, debemos preservar y hacer buen uso de nuestro patrimonio arqueológico. No debemos permitir que “guaqueros” y personas irresponsables trafiquen con nuestro pasado; a estas personas en la mayoría de los casos solo les interesa vender los objetos excavados pensando en su propio beneficio. Así mismo, los guaqueros no poseen suficientes conocimientos sobre las técnicas correctas para estudiar los objetos antiguos y por lo tanto, destruyen la información que dichos objetos nos pueden aportar acerca del modo de vida de las gentes más antiguas. Es por ello que debemos dejar nuestro patrimonio arqueológico en manos de expertos, en este caso en manos de los arqueólogos, quienes dominan todas las técnicas para llevar a cabo de manera correcta la excavación y el estudio de los objetos antiguos. Dejar el patrimonio arqueológico en manos de “guaqueros” y traficantes de objetos antiguos, es como si dejáramos nuestras cuentas bancarias y nuestras propiedades en manos de desconocidos; es como si dejáramos nuestras vidas y nuestros álbumes fotográficos en manos de personas chismosas que pueden tergiversar toda nuestra historia. Por eso, debemos cuidar nuestro patrimonio arqueológico como la única posibilidad que tenemos los seres humanos de

conocer la historia de nuestros antepasados desconocidos y de aprender de sus experiencias.

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