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Desarrollo de Japón en la posguerra Un efecto único

Desarrollo de Japón en la posguerra Un efecto único

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Este trabajo fue presentado por Carlos Díez, durante el curso de Sistemas Basados en el Conocimiento I, el cual hace parte del programa de Matemáticas ofrecido por la Fundación Universitaria Konrad Lorenz
Este trabajo fue presentado por Carlos Díez, durante el curso de Sistemas Basados en el Conocimiento I, el cual hace parte del programa de Matemáticas ofrecido por la Fundación Universitaria Konrad Lorenz

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FUNDACIÓN UNIVERSITARIA KONRAD LORENZ FACULTAD DE MATEMÁTICAS E INGENIERÍAS PROGRAMA DE MATEMÁTICAS SISTEMAS BASADOS EN EL CONOCIMIENTO I Conductor del curso

: Pervys Rengifo Rengifo Abril de 2008 DESARROLLO ECONÓMICO DE JAPÓN EN LA POSGUERRA: UN EFECTO ÚNICO Por: Carlos Díez “En la década de 1960 Japón superaba a todas las naciones de Europa Occidental en el producto nacional bruto y seguía a Estados Unidos como potencia industrial mundial”. “La Exposición Mundial de Osaka, que tuvo lugar en 1970, demostró que el país había restablecido su posición en el comercio internacional: en 1971 Japón era el tercer país exportador más importante del mundo, después de Estados Unidos y de Alemania Occidental (ahora parte de la unificada República Federal de Alemania), y el quinto en importaciones”. “La economía japonesa ocupó el primer puesto mundial por su tasa de crecimiento en 1964”. Los últimos tres párrafos son indicadores del efecto único que logró Japón después de la Segunda Guerra Mundial con relación a su desarrollo económico, ligado directamente con su desarrollo tecnológico. Este efecto no se puede explicar por una sola causa, sino que más bien es resultado de una articulación de múltiples y variados fenómenos, que como una máquina bien aceitada hicieron que este país remontará la situación vivida en la guerra y llegara a ser lo que es hoy. En este ensayo procederé a analizar brevemente cada una de ellas y la forma como contribuyeron al efecto. En primer lugar, es necesario entender que ningún país puede modificar su idiosincrasia de un día para otro. Las tendencias históricas son demasiado fuertes para que cualquier hecho, por impactante que sea, cambie la filosofía vital de una comunidad del tamaño de un país de manera abrupta. Desde antiguo los japoneses se caracterizaron por ser un pueblo que basaba su existencia en la disciplina, la obediencia y el honor; estos tres pilares le permitieron reaccionar rápida y unificadamente al duro golpe recibido en la Segunda Guerra Mundial. De hecho, Nobuhide Sawamura, que hace una aproximación a la realidad japonesa desde la cooperación para el desarrollo (básicamente con países, si no del tercer mundo exactamente, sí al menos de un menor desarrollo económico, o nuevos países industrializados) insiste en que la concepción que se tiene en su país está profundamente arraigada en los valores culturales propios, así como en la diferente concepción del conocimiento.

Sin embargo, Japón no giró en esquina después de la guerra. Los orígenes de su brillante economía se remontan a fines del siglo XIX, cuando decidió convertirse en un país industrializado. Hasta mediados del siglo XIX, Japón mantenía una economía básicamente agrícola. Fue con la llamada Revolución Meiji (1868) que se inició una nueva etapa para este país en el orden político, social, económico, cultural y educativo. Esta revolución marcó la ruptura de la organización feudal anterior y el impulso de la industrialización. El Estado invirtió en empresas industriales; contrató profesionales extranjeros, envió misiones especiales fuera del país para estudiar la organización política y económica de Occidente e impulsó la copia y el mejoramiento de las tareas de producción para luego privatizar parte de las empresas públicas y ponerlas a cargo de japoneses. A medida que la economía se fue modernizando, fueron surgiendo empresarios privados. Además, Japón supo impedir cualquier intento de dominio colonial; por otra parte, su pobreza en recursos naturales lo hacía un país poco atractivo para las potencias coloniales europeas. Lo anterior se suma a que, aunque perdió la guerra, y esto fue un duro golpe a su honor, no tuvo gran destrucción de su infraestructura, y esto y la ayuda que recibió de Estados Unidos y Rusia le dieron el impulso en técnica y dinero necesario para desarrollar su economía y su tecnología. La ocupación norteamericana después de finalizada la Segunda Guerra Mundial (de la cual Japón salió derrotado, junto con Alemania e Italia) obligó a dar un nuevo vuelco a su perfil político. Era importante recuperarse de los efectos devastadores de la guerra, democratizar la sociedad y abandonar el perfil militarista. En este esfuerzo, la adopción de un régimen constitucional parecido al occidental tuvo un papel importante. También, fue decisivo renunciar al uso de la fuerza como medio para resolver conflictos internacionales. Al no verse obligado a producir con fines bélicos, Japón pudo orientar su economía exclusivamente al desarrollo industrial y científico. El desarrollo industrial se vio beneficiado indirectamente por la guerra entre Corea y Estados Unidos (1950-1953), ya que éstos utilizaron a Japón como asiento militar y como base para la producción industrial. Esto estimuló todavía más el acercamiento de Japón a Estados Unidos. Así, los japoneses aprendieron a copiar y superar la tecnología norteamericana y sus formas de producción, lo cual sería una constante que en lo sucesivo le permitiría escalar rápidamente los peldaños del éxito económico por el desarrollo tecnológico. Con respecto a las causas internas, tres sobresalen. La primera tiene que ver con el empleo, que, según los mismos analistas japoneses, es el principal factor de su vertiginoso crecimiento; este sistema se organizó sobre la base de la siguiente modalidad:

Empleo vitalicio: los trabajadores de una empresa relativamente grande permanecen en ella hasta el retiro obligatorio; el empleo se prolonga hasta pasados los setenta años, acompañando el aumento de la esperanza de vida. Salarios basados en antigüedad, experiencia y capacitación: en Japón tienen mucho valor la formación profesional y la experiencia adquirida en el trabajo. Sindicalismo empresarial: las posibles situaciones de conflicto por cuestiones laborales se resuelven dentro de cada empresa. En Japón se piensa que la empresa es una comunidad o una ‘gran familia’. Los directores se ocupan del bienestar de los trabajadores, ya que lo consideran una inversión que implica beneficios para la compañía. Las empresas tratan de unir a todos los empleados de la compañía independientemente del puesto que ocupen. Estos principios han permitido mantener muy bajo el nivel de desempleo, que durante varios años estuvo en un 2% hasta llegar a un 4% a fines de 1990. El estímulo al trabajo es muy importante. Los empleados saben que pueden ascender de categoría y, por lo tanto, de salario si se capacitan en forma continua. Gerentes y empleados cooperan en un sistema que enfatiza las relaciones de confianza mutua. La segunda causa interna es la preponderancia de la educación. La educación es muy valorada en todos sus niveles. El sistema de enseñanza es muy competitivo y la inserción laboral de cualquier persona depende en gran medida del rendimiento escolar y universitario. Actualmente, la esfera profesional que reviste mayor interés es la gestión y la administración del conocimiento, es decir, no sólo se busca capacitar para producir innovaciones tecnológicas sino también para evaluar las necesidades y producir en el momento adecuado y de la manera correcta. Las fábricas son ‘fábricas de conocimiento’ La tercera es la valoración del capital intangible. Este concepto designa el conjunto de conocimientos generados en los departamentos de investigación científica y desarrollo de las empresas y aplicados a la producción de bienes y servicios. El capital intangible es un insumo básico en la producción mundial actual: la capacidad creadora de las personas. Por eso se fijan reglas para que no exista apropiación de inventos por parte de otras empresas de la competencia y se controla la dedicación exclusiva de los investigadores. Con estos impulsos, tanto externos como internos, sumados a la filosofía autorreflexiva de sus habitantes y por supuesto de sus gobernantes, que lo hacen un territorio que sabe evaluar la situación epistémica en la que se encuentra, Japón pudo instalar un dispositivo institucional, de métodos y organismos que le permitieron transformar los conocimientos disponibles en una tecnología genérica, en nuevas industrias y nuevos productos. Se encontraba, de ese modo, más avanzado que la casi totalidad de los demás países. En efecto, Japón instaló así una verdadera máquina para innovar que lo ha llevado a la posición que ocupa actualmente en la economía mundial.

Bibliografía: http://www.portalplanetasedna.com.ar/economia_mundo02.htm http://www.gobiernoelectronico.org/node/5924 http://www.nihongostudy.com/cultura/historia/historia.php#showa

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