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MARCOS Y LA PALOMA DE LA PAZ

La paloma estaba cansada de tanto volar, aún le quedaba un largo viaje. Debía llevar su
rama de olivo a tierras lejanas. Tenía sueño y hambre, mucho sueño…. Desperezó las
alas y bostezó… y entonces se le cayó la ramita que llevaba en el pico y cayó sobre la
tierra.

Hugo encontró la rama de olivo y pensó en hacerse un tirachinas.

La paloma lo saludó y le pidió que le devolviera su ramita, pero Hugo le dijo que no se
la daría, que la quería para él.

La paloma levantó el vuelo y se alejó de Hugo.

PALOMA: ¡Qué niño tan malo!

Allá, a lo lejos, le pareció ver un olivo y decidió que cortaría una ramita y continuaría su
camino.

Roberto vio a Hugo jugando con el tirachinas y se lo quitó de un manotazo, apuntó al


cielo y tiró una piedra que le llegó a la pobre palomita.

La paloma, con el ala magullada, se alejó volando de allí.

PALOMA: ¡Qué bruto es ese niño y cómo me duele ¡

La paloma vio una fuente de agua y como tenía tanta sed fue a beber pero se encontró
con una niña que no le dejaba porque estaba llenando su cantimplora, era María.

PALOMA: María ¿Me das un poco de agua que tengo mucha sed?

María la empujó y le dijo que ella estaba primero.

La paloma estaba cansada y pensó que María era una niña muy antipática.

Soplaba viento del norte y el cielo se puso muy oscuro con nubes negras. La paloma
temblaba de frío y necesitaba un lugar para refugiarse. Entró en casa de Sofía y le
preguntó si se podía calentar allí, pero Sofía intentó cazarla para tenerla como un
juguete que hiciera todo lo que le mandara.

La paloma volaba ya sin fuerzas, en medio de una gran tormenta. Todo le salía mal y
creyó que nunca encontraría la ramita de olivo y que moriría de hambre, de sed y de
frío. Un rayo cayó junto a ella y le chamuscó un ala.

Pero… apareció Marcos, un niño muy educado y bueno que dijo:


MARCOS: paloma bonita ¡qué ojos más tristes tienes y que sucia estás! Necesito que
mis amigos me ayuden a curarte.

Marcos lavó a la paloma, curó su herida y la consoló.

MARCOS: No te apures paloma. Encontrarás tu ramita y el camino para continuar tu


viaje.

PALOMA: ¡qué suerte haber encontrado a Marcos!

Marcos habló con Hugo y le dijo que la paloma perdió su rama y que como él era un
buen amigo le podía buscar otra.

Hugo reconoció a la paloma y se avergonzó de lo que había hecho. Al rato, Hugo


regresó con otra ramita verde y tierna, acabada de cortar, la puso en el pico de la
paloma.

Marcos buscó a Roberto y le dijo que como era un buen amigo que si podía traer un
poco de millo para que la paloma comiera. Cuando Roberto vio la herida del ala de la
paloma se acordó que le había tirado la piedra y se sintió mal. Al poco rato, regresó con
las manos llenas de granitos de millo y la paloma comió hasta que se sintió mejor.

Marcos habló con María y le dijo que como era una buena amiga le trajera un poco de
agua de su cantimplora. María se puso roja de la vergüenza cuando se acordó que no la
había dejado beber y le dio agua. La paloma bebió y bebió y se sintió mejor.

Marcos fue a hablar con Sofía y le dijo que como era una buena amiga que le dejara
una mantita para que se calentara la palomita. Sofía le acercó una silla junto al fuego. La
paloma se secó las plumas hasta que volvieron a brillar.

Marcos estaba orgulloso de sus amigos. Gracias a ellos la paloma había recuperado su
sonrisa y su ramita de olivo para seguir el camino. Se despidió de todos los niños
pensando que Marcos era un niño genial igual que todos sus amigos.

La paloma blanca volaba feliz entre las nubes. Había encontrado de nuevo el camino y
llevaba su mensaje de PAZ en el pico.
Marcos y sus amigos agitaron las manos deseándole suerte.

LA PALOMA DE LA PAZ sabía que no estaba sola.

FIN

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